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DOCUMENTO

IMPORTANTE PARA LA ILUSTRACIÓN DE ALGUNAS
DE LAS

Zameo

^

CUESTIONES DE TERRITORIO
ENTRE LA

COI EDERACIi ARJEWINA T EL PARAGUAY,
PUBLICADO E N BUENOS-AIRES, En la Gazeta Mercantil del 11 de Febrero de 1851.

CORRIENTES,

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SOBRE EL MANIFIESTO
Que el Jefe «le los Paraguayos publicó en T i l l a del P i l a r el 1 8 «le Febrero «le 1 8

El manifiesto que el Jefe de los Paraguayos ha publicado en la "Villa del Pilar el 13 de Febrero de 1848 es una pieza digna de leerse, no solo por los principios político-morales que a p u n ta, sino también por lo bello del lenguaje en que está escrito; pero por lo relativo á la aplicación de aquellos principios, por lo relativo á la substancia del asunto, que aquel Jefe se p r o p o ne, es un papel digno de desprecio por su mala lójica; por lo falso de los hechos, en que pretende fundar los derechos, c o n que se cree; por las indebidas reticencias de que usa al fundar esos derechos; y por la multitud de errores históricos y j e o g r á ficos que contiene, ó llamaréles equivocaciones en que parece ha caido adrede. Lo que intenta el Jefe Paraguayo con la publicación de su papel, está visto en el epígrafe con que lo corona. Dice así: Manifiesto sobre los títulos y derechos de la República del Paraguay al territorio sito sobre la izquierda del Paraná, y la injusticia con que el Gobernador de Buenos-Ayres pretende á mano armada ese territorio. Como los datos con que se pretenden probar esos títulos y derechos de la República Paraguaya se ven sin orden diseminados en el manifiesto, los refutare del mismo m o d o y según se me vayan presentando en esta segunda lectura sin hacer caso de las amargas quejas, que en él mezcla, ni de las cáusticas r e c o n venciones con que trata de herir; y sin cuidarme de las a m e nazas que, con la fuerza que Dios le ha dado, hace al Gobierno de Buenos-Ayres.

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Dice el Jefe paraguayo que la ciudad de la Asunción, hoy capital de la República del Paraguay, fundada por los españoles en 4536, fué también la capital de todo el imperio español en esta parte del Rio de la Plata, comprendiendo en su jurisdicción todo el territorio que hoy abraza la Confederación Arjentina. Nada de lo que contiene este período puede servir de lójico antecedente para deducir la consecuencia que el autor del manifiesto se propone probar; porque el que la Asunción se f u n dase en 1536, q u e s e a capital de la República paraguaya, que haya sido capital de todo el territorio español en esta parte del R i o de la Plata, no es una prueba de que el Gobierno paraguay o tenga hoy dominio y jurisdicción en el territorio sito en la parte izquierda del Paraná. El período que queda antes copiado es un conjunto de falsedades: solo hay en él de cierto, el que «los españoles fundaran la ciudad de la x\suncion.» No se nombra el fundador; pero se dice que fué fundada el año 1 5 3 6 . El Jefe paraguay o , á pesar de ostentarse tan instruido en la historia de su pais, no sabe que á la época á que se refiere no había Españoles en el sitio, en que se fundó la Asunción, ni en muchas leguas á la redonda. Ninguno, que esté un poco versado en la historia de estos países, puede ignorar que en el referido año de 1536 su Capitán Jeneral, el adelantado D. Pedro de Mendoza, mandó desde Ruenos-Ayres una espedicion marítima y de desembarco á descubrir y conquistar al Norte del Rio de la Plata; nadie, que esté un p o c o versado en la historia de estos países, puede ignorar que el Adelantado dio el mando de ella á su Teniente D. Juan de Oyólas; quien en cumplimiento de su comisión navegó el R i o Paraná, entró en él Paraguay, y subió hasta tomar Puerto y sentar sus cuarteles en el lugar en que está h o y situada la c i u dad de la Asunción. Ninguno, que esté un ¡poco versado en la historia de estos países, puede ignorar que los Guaranis de la Comarca se opusieron al asiento de los españoles, y los g u e r rearon acaudillados por el cacique Lambaré. Aquí tuvo lugar la famosa batalla, en que Oyólas derrotó completamente ú los Giaaranis: el resultado de esta victoria fué el tratado de paz, amistad y alianza ofensiva y defensiva, que celebraron los n a turales con los EspañoJes, el dia 15 de Agosto ( dia de la Asunción) de 1536. En este tratado c o n v i n i é r o n l o s Guaranis en

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concurrir c o m o aliados de los Españoles á todas sus empresas, y fortalecer el sitio en que estos tenían su cuartel; y los españoles convinieron en aucsiliar c o m o aliados á los Guaranis, y ayudarles en todas sus guerras, principalmente en la que en la actualidad tenian con los Agáces. En cumplimiento de este tratado salió Oyólas en persecución de los Agáces aucsiliado por 8,000 Guaranis, llevando consigo á todos los Españoles, y dejando la custodia del cuartel á los indios que para ello le dio el cacique Lambavé. Vencidos los Agáces, y destruidos casi hasta el esterminio de su raza, siguió Oyólas su ruta con algunos de sus aliados hasta un P u e r to, rio arriba del Paraguay, á cuyo puerto llamaron Candelaria. Allí se detuvo algunos dias hasta el 12 de Febrero de 1537 en que salió con parte de su fuerza hacia las tierras de los Xarayes, buscando la comunicación con los Conquistadores del Perú, y dejando el mando del resto de su ejército y de los buques en el dicho Puerto de Candelaria al capitán Domingo Martínez Yrala, con instrucción y espresa orden de que allí lo aguardase por seis meses, c o m o de facto lo aguardó sin que Oyólas volviese. T o d o esto es histórico, y manifiesta ser falso que la ciudad de la Asunción se fundase por los Españoles el año 1536. Pero dejemos el Jefe Paraguayo en su jactancia pueril y vamos adelante. Dice el Manifiesto: que esa ciudad de la Asunción fué también la capital de todo el imperio Español en esta parte del Rio de la Plata, comprendiendo en su jurisdicción todo el territorio que hoy abraza la Confederación Arjentina. Vituperable sería la conducta del autor del manifiesto, al sostener que la ciudad de la Asunción fué capital de todo el t e rritorio del R i o de la Plata, si no debiéramos atribuir su error solo á falta de crítica. Se c o n o c e que ha tenido la desgracia de no haber leido otra historia que la escrita por un c o n t e m p o r á neo nuestro; y esta desgracia le ha traído la de llenarse de falsas ideas acerca de la de su mismo pais. En 1816 publicó en Buenos-Ayres el Dr. D. Gregorio Funes, Dean de la Catedral de Córdoba, su obra titulada: Ensaijo de la historia civil del Paraguay, Buenos-Ayres y Tucuman, dividida en tres tomos. El primero comprende un espacio de tiempo
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dé 112 años, contados desde 1508 hasta 1620. La lectura de esté primer tomo hace ver la impropiedad del titulo de la obra: historia civil del Paraguay, y aun no habia Gobierno ni Provincia del Paraguay! Pero el Sr. Dean, sin censurar, imitó á sus modelos Lozano, Guevara y otros Padres de la compañía que escribieron la historia Jesuítica de Misiones y Paraguay. Bien lo da á entender asi el mismo Padre Guevara, y lo confiesa paladinamente el P. Lozano, que á mas de lo que dice en el prólogo empieza su obra con estas palabras: La historia de la compañía de Jesús en esta su I rovincia del Paraguay, dice que vá escribir. El ex-Jesuita, Abate Ybanez de Echavarri, bien c o n o c i d o en Buenos-Ayres, tituló una de sus obras Beyno Jesuítico de Misiones y Paraguay; y el que por provincia Paraguay entendiesen sus establecimientos de propaganda los Padres de la compañía, lo anotó bien claro nuestro erudito literato D. Pedro de Anjelis en su discurso preliminar á la historia del P. Guevara.
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Asi se entendian estas cosas en el siglo diez y seis, y así los espresaban los cronistas Reverendos: pero que así lo haya entendido en el siglo 19 el venerable Dean Funes, es cosa digna de notarse; y mas lo es el que así lo haya espresado en la pajina 164, tomo I . de su Ensayo y en otras. Debe dispensárseme esta digresión, porque la he hecho con solo el objeto de disminuir algún tanto la culpabilidad de los errores del Jefe Paraguayo. Yuelvo á su manifiesto. La ciudad de la Asunción fué también la capital de todo el imperio Español en esta parle del Rio de la Plata. Este período pide un particnlar eesámen. P o r Capital entiendo yo (y creo que cualquiera entiende lo mismo) una ciudad, villa ó pueblo que es cabeza de un Estado, Provincia ó Distrito. La categoría de Capital se confiere por rescripto de la autoritad suprema que manda en el territorio, á que corresponde la que se denomina Capital. El autor del Manifiesto en sosten de su conclusión invoca á cada paso documentos auténticos; pero no cita n i n g u n o , ni puede citarlo, p o r que no ecsiste. Por el contrario, en los reales rescriptos ó despachos, en que se nombraban Adelantados y Capitanes Jenerales para estos destinos, desde el de Nuñez Cabeza de Baca, se dice Jenerales
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de las Provincias ó distrito del Rio de la Plata; del mismo lenguaje usa la cédula de Carlos V, fecha 12 de Septiembre de 1537, del mismo Felipe II en la instrucción que dio el 12 de Junio de 1569 para adelantar la conquista del Rio de la Plata, y del mismo Felipe III en el despacho de Capitán Jeneral á favor de Hernán de Arias, y en la cédula para hacer, de una parte del territorio del Rio de la Plata, la Provincia y Gobierno del Paraguay. En ningún Rescripto anterior al año de 1620 he visto n o m brada la Asunción c o m o Capital. Desde el principio de la c o n quista se titularon los Adelantados Gobernadores de las Provincias del Rio de la Plata; y aunque, con poca discreción, añadió D. Juan Orliz de Zarate á su título, y del Uruguay, de Tapé y de Albiará, este aditamento duró p o c o . Dirá el autor del manifiesto, que aunque la Ciudad de la Asunción no fué Capital de todo el territorio del Plata por Rescripto de la Autoridad, lo fué de hecho; por haber tenido en ella de continuo su residencia el Jeneral de estas Provincias con sus Estados político y militar; por haber estado siempre en la Asunción el Gobierno de todo el territorio,hasta el año de 1620 en que se hizo del Paraguay gobierno separado. Pero ni este refujio le queda al Jefe de los Paraguayos para salvar su error; porque es falso el hecho de que la Ciudad de la Asunción hubiese sido la fija y continua residencia de los Adelantados, Capitanes Jencrales ó Gobernadores de todo este t e rritorio. Ni la Asunción, ni ningún otro punto, puede decirse que ha sido la residencia esclusiva de sus mandones. Esto es histórico c o m o lo va á ver el Jefe Paraguayo. La conquista del R i o de la Plata fué trabajosa y difícil, no por debilidad de la espedicion que la emprendía, sino por las circunstancias de la tierra y carácter de sus habitantes. No fué la conquista de Méjico y Perú. Hernán Cortés y Pizarro encontraron grandes poblaciones ordenadas, ricas y populosas ciudades, capitales establecidas, donde habia todo lo necesario para la vida. Los Españoles vinieron á América c o m o aventureros. Aunque sabian á lo que venían, no sabian que h o s p e daje, ó que resistencia encontrarían. En muchas partes se hizo por la fuerza desistir á nuestros antepasados de su intento; en otras fueron amigablemente acójido.s; y en otras c o m o en el

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R i o déla Plata les dio la codiciosa constancia para v e n c e r l a o p o sición; oposición que, aun pasados trescientos años, dura en algunas partes. Tal estado de cosas hacia que los conquistadores se empleasen, mas que en nada, en buscar su seguridad y los necesarios bastimentos para no perecer: esto les impedia fijarse en un l u gar: eran verdaderamente ambulantes, y no es estraño que en m u c h o s y muchos años no pudiesen cimentarse, fundar c i u d a des, y elejir capitales. La historia de estos paises , á quien de continuo invoca el autor del Manifiesto, es la prueba de estas verdades. La mas grande espedicion conquistadora, de empresa particular, que ha surcado estos m i r e s , es l a q u e trajo de España D . Pedro de Mendoza. Fuerte en mas de 2,500 hombres de a r mas, con una lista civil completa, y aparejada lujosamente de todo lo necesario (gracias a! saqueo de Roma) arribó á BuenosAyres, donde desembarcó y fundó la ciudad de este nombre, que fortificó lo mejor posible; pero, antes de mucho tiempo, las flechas, las bolas, las macanas de los Queraindis, y mas que t o do la falta de víveres, obligaron á los Españoles á refujiarse á la Fortaleza de Corpus Cristi; y el Adelantado Mendoza se embarcó para España, sin haber siquiera cumplido el término pactado con el Monarca español en el Asiento para su empresa. El Adelantado encargó interinamente el mando de este territorio de su jurisdicción á D. Francisco Ruiz Galán; porque aunque en pliego de providencia era llamado á gobernar el Teniente Jeneral D. Juan de Oyólas, este se hallaba ausente, c o misionado por Mendoza al descubrimiento y conquista de la parte norte del Plata. En el Gobierno de Ruiz Galán crecieron los males de la e s pedicion. La poca previsión del Gobernante aumentó las p e nurias, y su áspero carácter debilitó los sufrimientos. Pasóse con su jente á la Isla de San Gabriel, y hambreándolo allí los Charrúas, tuvo que refujiarse á la de Martin García; pero t a m p o c o en ella pudo subsistir, y se fué c o m o huyendo á la ciudad de la Asunción, donde ensayó su mando con la prisión del c a pitán Martínez de Yrala, hombre querido de los espedicionarios y oficial respetado por todo el Ejército: él desagradó á todos con este hecho, y acabó de desconceptuarse con la traición á

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los Caracarás, indios amigos, y de la devoción de los españoles. Cansados al fin los espedicionarios de sufrirlo, cerciorados de la muerte del Teniente Jeneral Oyólas, lo depusieron del mando; y usando de la perjudicial facultad que les concedía la c é dula de 12 de Setiembre de 1537, elijieron por capitán j e n e ral del R i o de la Plata al dicho D. Domingo Martinez de Yrala. Hecho Yrala cargo de la capitanía jeneral, no se detuvo en la Asunción mas tiempo que el que le fué preciso para el castigo de los cabezas de la sublevación, que habían proyectado los indios subyugados de la comarca, y que descubrió la india c o n cubina del capitán Salazar: dejó á este el mando del presidio y vecindario de la Asunción, y salió con el ejército á tierra de los Xarayes, cuya correría duró hasta el año de 1542 en que regresó á la Asunción. Én el mismo año llegó á la Asunción el Adelantado Albar Nuñez Cabeza de Baca, que había arrivado con su espedicion á la Isla de Santa Catalina. En p o c o s meses alistó el ejército, n o m b r ó su Maestre de Campo al mismo Yrala: dio algunas d i s posiciones tendentes al Gobierno del vecindario, y salió con su ejército llevándose al Factor y Contador. Dejó el mando del presidio al capitán Salazar con un piquete crecido de a r c a b u ceros y seis caballos. En esta correría pasó casi todo el tiempo de su gobierno; c o n la idea de ponerse en comunicación con los conquistadores del Perú se avanzó á gran distancia, hizo sufrir á los espedicionarios los trabajos mas graves en todo jénero: el sufrió también el disgusto de verse muchas veces contrariado por sus subditos, y un motin militar le obligó á regresar á la Asunción sin haber logrado su objeto. En el ejército venía el jérmen de una gran revolución, que amalgamado con el que ecsistía en el vecindario de la ciudad, estalló luego. El Adelantado fué depuesto, sumido en un calabozo, hasta que lo remitieron preso á España. Por su falta fué otra vez electo Capitán Jeneral el sagaz y justificadamente a s pirante D . Domingo Martínez de Yrala. Por aquella elección se hizo cargo del mando, en que siguió aun después de embarcado Alvar Nuñez, hollando la justa nota de intruso, que le objetaban muchos de sus compañeros; por cuanto el Adelantado, al embarcarse, había á nombre del R e y 3.
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electo al capitán Salazar, para que le sucediera en el mando interinamente. Sin embargo, Yrala continuó en el mando después de la ausencia del Adelantado, y lo ejerció por mas tiempo que n i n guno de sus antecesores ni sucesores. Luego que salió del Puerto la Carabela, que conducía al A d e lantado, dedicó Yrala toda su atención al apresto del ejército, y salió con él á tierras de los Xarayes. Esta incursión duró m u c h o s años. En eila aumentó Yrala la dominación española con la sumisión de varias naciones; se avanzó hasta la Provincia de Chichas; se puso en contacto con los conquistadores del Perú; y entró en comunicaciones con el Presidente Gasea que estaba en Lima. Este tirano usurpador de la autoridad fué feliz en esta correría. No obstante, tuvo sus sinsabores que supo disimular. P o r los años de 1555 regresó Yrala á la Asunción, y encontró allí el pliego que había traído el comandante Unuc, en que le n o m braba el R e y Gobernador del R i o de la Plata. Con este suceso cambió el carácter de Yrala. El acabó con sus aspiraciones, c hizo de él un hombre pacato, injenuo, solícito del bien c o m ú n ; pero duró p o c o ; pues murió el año siguiente. Mucho perdió en ello el cantón principal del Paraguay. Yrala sería digno de alabanza, sin los grandes crímenes que le hizo cometer la codicia del mando; si no hubiera permitido tanta licencia á sus soldados; si no hubiera introducido las malditas encomiendas para sostenerse en él. P o r nombramiento que había hecho Yrala, le sucedió en el mando su hijo político D . Gonzalo Mendoza, hombre b o n d a doso, inactivo y apático, no se sabe si por sistema, ó por jenio; gobernó un año sin hacer nada, manteniendo la ciudad de la Asunción tranquila y sin alborotos. Ni de las murmuraciones de los que se quejaban de que su suegro Yrala les habia privado del derecho que les concedía la citada cédula de 12 de S e tiembre, hizo caso. Por su muerte se reunieron los conquistadores, presididos por el Obispo Latorre, en la Iglesia de la Encarnación (parroquia de los Caxapiás),y elijieron Gobernador y Capitán Jeneral á D. Francisco Ortiz de Yergara. Este bravo Capitán, sosegados en la Asunción ios alborotos que habian ocasionado los

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soldados de Nuflo Chaves, desertados de los Xarayes y Chiquitos, salió á la campaña para sujetar á los Guaraníes, y otras n a ciones que se habían sublevado contra los Españoles. A pesar de ser victorioso en sus campañas, ellas tuvieron un mal resultado. En vista de ellas, le aconsejaron (sin duda sus enemigos) que pasase á Chuquizaca, á obtener de aquella Audiencia la aprobación de la elección que se había hecho por los c o n q u i s tadores. Emprendió su viaje, y después de muchos trabajos y disgustos que le ocasionó la pérfida conducta de su subalterno Chavez, en Santa Cruz de la Sierra, llegado á Chuquizaca, se e n contró envuelto en lazos que no esperaba. Aquella A u d i e n cia lo capituló, y lo suspendió del Gobierno del Rio de la Plata. Ortiz de Yergará no volvió al territorio: tuvo que ir á Lima, y de allí á España á seguir su pleito: ignoro cual seria el fin que tuvo. La Audiencia no se encontró competente para nombrar sucesor á Yergará, y remitió el negocio al gobierno jeneral que r e sidía en la ciudad de los Reyes. Ante él pretendió el b e n e mérito D . Juan Ortiz de Zarate la capitanía Jeneral del R i o de la Plata, con el título de Adelantado, ofreciendo contribuir al resto de la conquista del territorio con ochenta mil ducadosijbfi su caudal. &w Todo se le concedió con la condición de obtener la apjwaajg cion del R e y . Con el Gobernador Vergará habían pasado quizaca el l i m o . Obispo del R i o de la Plata D . F. Pedro « p S i £ Torre y el contador D . Felipe Cáceres. A este n o m b r ó Ói$t¿ de Zarate por su Teniente Jeneral,para que gobernase estos países durante su ausencia, y él se embarcó para España á solicitar su confirmación. Acompañado del Obispo regresó á la Asunción el Jeneral Gáceres y se recibió del mando; todo el tiempo que duró en él no hubo sino disturbios y riñas hasta el estremo de batirse unos contra otros en las calles los habitantes de la Ciudad. El J e neral Cáceres y el Obispo se habían hecho capitales enemigos, y estaba la población dividida en dos parcialidades. Cáceres puso preso al Prelado é irritándose mas con esto sus parciales, se suscitó un motin, á cuya cabeza puestos el Provisor y un fraile llamado Ocampo, depusieron al Gobernador, lo prendie-

ron, y engrillado lo remitieron á España. Del motin para la prisión del Jeneral Cacares nació otro, ;í cuya cabeza se puso D. Martin Suarez de Toledo que se hizo proclamar Teniente Jeneral de D. Juan Ortiz de Zarate. El usurpador, después de mandar á España al Jeneral Cáceres, de nada se ocupó sino de ganar parciales de mammona iniquitatis; pero todas sus gracias y concesiones quedaron en nada al arrib o del Adelantado. Obtenida por Ortiz de Zarata la real confirmación de su adelantazgo regresó á estos Países y arribó con su escuadra á las costas del Brasil. Se adelantó c o a un b u q u e al R i o de la Plata, y en 1573 tomó puerto en San Gabriel: subid el Uruguay, y fundó la ciudad de San Salvador, que tituló capital de todo el territorio del R i o de la Plata, formando para ello una Acta, que publicó y circuló, espresando en ella, que para hacerlo e s taba facultado por el R e y . Pero ni esto bastó, porque nada basta cuando la constitución de las cosas se opone á la práctica de lo que se intenta. Los Charrúas y Minuanes arrojaron al Adelantado de su p r e tendida capital, que no es hoy mas que una aldea de la R e p ú blica Oriental. No encontrándose seguro el Adelantado, ni teniendo medios c o m o satisfacer sus necesidades en las Islas, que corrió, se dirije c o n su jeñte á la Asunción, donde con alegría y benevolencia fué recibido de su guarnición y v e c i n d a rio. Murió allí el Adelantado el año siguiente, (1575) dejando el Gobierno á su sobrino D . Diego Mendieta para que lo ejerciera interinamente. El cronicón de estas cuatro Décadas que he recorrido, m a nifiesta, que ni la Asunción ni ningún otro punto del territorio fué residencia fija de su gobierno superior, y que no hubo c i u dad, villa ó lugar, que por razón de esa residencia pudiese denominarse capital. Lo mismo debe decirse de los años posteriores hasta el de 1620 y aun con mayor razón para la e s c l u siva de la ciudad paraguaya; porque desde el Gobierno de D. Juan de Caray todas, ó las mas de las operaciones de la c o n quista fueron del rio paraguay abajo, y hasta muy al Sud de n u estras Pampas. Es verdad que al principio, desde el triunfo de Oyólas sobre Lambaré el cuartel de la Asunción era c o m o el alcázar de r e -

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í'ujio: díganlo Ruis Galán y Ortiz de Zarate; y así debía ser, por la seguridad que daban sus breñas, por la abundancia de s u b sistencias debida á la fertilidad del pais, y porque los indíjenas era amigos y aliados de los Españoles. Estos nuestros a n tepasados eran conquistadores; llenos de deseos, de aspiraciones y esperanzas, no debían contentarse con la ocupación de un s o lo lugar. Así los proclamaba Yrala para su segunda espedicion á los Xarayes. Conozco que he estado fastidioso, y aun yo mismo estoy fastidiado de la estensiou que he dado á la prueba en este p u n t o . La argumentación que llaman los lójicos á sufficienli partium enameratione es majadera, pero es convincente. La he elejido, por si logro con ella desterrar del mundo paraguayo el c o m ú n error de que su ciudad de la Asunción fué alguna vez capital de todo este territorio. No ignoro el oríjen del error, conozco lo antiguo que e s , y ha padecido mi amor propio que m u c h o tiempo los efectos de su vulgaridad. Esto no obstante, entro en la ardua empresa. La fiebre capital, que padece el Jefe paraguayo y ha dejado sentir en su manifiesto, me dá esperanza de poder lograr aquel destierro. El Jefe ha agrandado el error c o m ú n , pues no c o n tento con decir que la ciudad de la Asunción desde el año de 1539 fué capital de toda la gubernacion del R i o de la Plata, añade; comprendiendo en su jurisdicción todo el territorio que hoy abraza la Confederación Arjenlina. De m o d o que Córdoba, Santiago, Tucuman, Salta, Jujui, Rioja, Catamarca, las P r o v i n cias de Cuyo, todo, todo, estaba sujeto á la jurisdicción de la Asunción paraguaya. ¡Qué delirio! Si resucitará el Cordobés, Dean Funes, al ver tratada así la grandeza de su serpentoso P u cará, vería los efectos de su ensayo histórico, y se volvería á morir. T o d o esos pueblos que he nombrado, y que abraza hoy la Confederación Arjentina, eran correspondientes á la Capitanía jeneral de Tucuman, que fundó el Presidente Gasea luego que pacificó los alborotos ocasionados por Gonzalo Pizarro. Ella era independiente, y diversa de la Capitanía jeneral del R i o de la Plata. El primer nombramiento que hizo Gasea en Nuñez de P r a d o ; los que después hicieron los Yireyes del P e r ú ; las conferencias y mutuos requirimientos que tuvieron lugar entre

el Capitán Jeneral del Tucuman D. Gerónimo Luis de Cabrera y nuestro inmortal D . Juan de Garay sobre la dominación de Santa-Fé, son datos consignados en la historia, y lo son t a m b i én las pretensiones del Gobierno del Chile, que sofocó la d e c i sión de Felipe II por la cédula del año do 1563, en que d e c l a r ó al Gobierno y Capitanía jeneral del Tucuman, separado é independientes de aquel. Resulta de esto, que la adición que ha hecho el manifiesto al error c o m ú n , es un absurdo tan garrafal, que ni contestación m e r e c e . Ne responded stulto juxla stultitiam nam. (Prov. c . 2 6 . v. 4.)
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He historiado el espacio de los 84 años corrido desde 1539, en que dice el manifiesto fué fundada la ciudad de la Asunción, hasta el de 1620, en que se hizo capital del nuevo gobierno y Provincia del Paraguay: y no se encuentra en todo lo s u c e d i do dato alguno, de que queda deducirse, ni que la dicha ciudad fué capital de todo este territorio, ni m u c h o menos que tenga ni haya jamas tenido títulos ni derechos sobre el que se halla sito en la márjen izquierda del Paraná, esto es, sobre los P u e blos que forman el departamento de Candelaria. En esta segunda época viene el Jefe paraguayo á probar c o n documentos auténticos innegables su pleno y absoluto dominio (dominación diría otro) en el territorio cuestionado. Dice asi: En 4620. ochenta y cuatro años después (de la fundación de la Asunción), el mismo monarca español crió y estableció el Gobierno y Obispado de Buenos-Ayres, separando del gobierno rj jurisdicción del Paraguay el territorio que durante el Vireynato, formaba la provincia de Buenos-Ayres, y el de las demás; dejando á la Provincia y Obispado de Buenos-Ayres diez y siete pueblos de los treinta que componían las Misiones. La Provincia del Paraguay continuó reteniendo en su jurisdicción todo el territorio que espresamenle no se le quitó para el nuevo gobierno. A cada paso se aumenta la fiebre del Jefe paraguayo. Ha llegado al grado de entender espresar las cosas al revés de lo que son, al revés de lo que todos las entienden, y al revés de lo que todos las espresan. El párrafo que dejo copiado, es referente al hecho de haber el Rey de España dividido el-gran territorio que formaba el

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Gobierno del R i o de la Plata, que c o m o se ha dicho, se eslendía Sud Norte desde el Magallanes hasta los términos del R r a sil hoy Cuyaba y Matogroso; y haber de la parte cercenada formado una Provincia separada é instituido un nuevo Gobierno con el nombre de Gobierno de la Provincia del Paraguay, cuya capital debía ser la ciudad de la Asunción. Nada podía ser mas útil y conveniente á los efectos de la conquista, que aquella división. La estencion del territorio la ecsijía imperiosamente. El Gobernador y Capitán Jeneral del territorio del R i o de la Plata, D . Hernando Arias de Saavedra, la solicitó v obtuvo de Felipe 3 . en 1620. De este suceso bastante sencillo, de este suceso consiguiente á los progresos de la conquista, y á la grande estension que abrazaban los términos del asiento celebrado entre el Rey de España, y el Adelantado D. Pedro de Mendoza; de este suceso, cuyo oríjen, objeto y fines rejistramos conformes en todos los historiadores [no hablo de Jesuitas ni de Deanes]; de este suceso, cuya no interrumpida práctica de 190 años contados desde 1620 hasta 1810, ha sancionado el tiempo; de este suceso, marcable (;n los fastos de la conquista, ha tomado argumento el autor del manifestó para probar, que el departamento de Candelaria, los Pueblos de la izquierda del Paraná, c o r r e s p o n den á la jurisdicción del Gobierno Paraguayo. Veamos c o m o lo hace. Contra la evidencia de los hechos; contra el testo espreso de la solicitud hecha al Rey por el Gobernador y Capitán Jeneral Hernando Arias de Saavedra; contra el de la cédula de 1620; contra el de todos los rescriptos que dejo citados el Jefe p a raguayo, afectado de aquella maldita fiebre que todo se lo h a ce ver, concebir y esplicar al revés de lo que en sí es, motiva la división del territorio, no en la ecscesiva estension del g o bierno de las Provincias del R i o de Ja Plata, sino en la estension de la Provincia del Paraguay, que no ecsistía aun, y dice, que el Rey crió y estableció el Gobierno y Obispado de BuenosAyres, separando del Gobierno y jurisdicción del Paraguay su territorio. Todo es al revés. Prescindiendo de la blasfemia de que el Rey de España, c o m o si fuera sucesor de Enrique 8 . de Inglaterra, crió y estableció el Obispado; los términos con que se esplica el Jefe paraf o o

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guayo en su relación nos dá á entender que no ha leido n i n guno de los documentos de que ha debido formarla; porque no ha leido lo Bula de Paulo 3 , dada en 1547, ni las de los d e mas Sumos Pontífices, espedidas para la erección de Obispados y elección de Obispos en estos países; porque no ha leido las peticiones de los Reyes para conseguirlas; porque no ha l e i do la Cédula de 1620, en cuya virtud se hizo la división de que trata. Dije al principio que los P P . de la Compañía de Jesús, que habían escrito la historia de estos países, entendían p o r Provincias los establecimientos jesuíticos de propaganda; y p o r eso sientan, y á esto aluden, cuando dicen que de la Provincia del Paraguay se formó la del R i o de la Plata. Procediendo sin c r í tica, habló del m o d o que ellos el Venerable Dean Funes al fin del Cap. 14, L i b . 2 . de su Ensayo; y confundió el gobierno c a tequístico, de que hablan aquellos historiadores, c o n el g o b i e r no político,de cuya división trata él en dicho capitulo. Sabido es, que desde que los hijos de S. Ignacio, P . R o q u e González, José de Cataldino y o t r o s , emprendieron su predicación evanjélica en el territorio que cruza el R i o Paraguay, los Jesuítas en R o m a y en Madrid decían nuestra Provincia del Paraguay. L o mismo acostumbraron los Relijiosos Franciscanos, desde que Fr. Luis Bolaños fundó las reducciones de Caasapa, Ativá y otras; y hasta nuestros dias duran los efectos de esa frailuna costumbre. Los Padres de San Francisco elijen hoy en las Provincias de la Confederación [menos en B u e n o s - A y res] su R. P. Provincial; y este R . Padre se titula: Ministro Provincial de la Santa Provincia del Paraguay, á pesar de que ni un Convento, ni un Relijioso del Orden de San Francisco hay en la Provincia de Paraguay. Dice el Jefe paraguayo, que la división se hizo en 1620 dejando á la Provincia y Obispado de Buenos-Ayres diez y siete Pueblos de los treinta que componían las Misiones. A ser esto cierto, ello formaría un argumento incontrastable contra el intento que se propone el manifiesto, porque no se pueden contar esos diez y siete Pueblos, que ecsistian entre el Uruguay y Paraná, sin que en ellos se comprendan todos los del Departamento de Candelaria, esto es, los de la márjen i z quierda del Paraná por que tanto disputa él Jefe paraguayo.o o

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A ser ello cierto, en carro de triunfo hace este rodar la intimación que el benemérito Coronel D. Benjamin Virasoro hizo á los ofiales Paraguayos Lopez y Duarte, y de que c o m o de un insulto se ha quejado su Jefe. Se ha metido este en un atolladero,deque no le es posible salir. El ha oido hablar de 17 Pueblos que estaban situados entre rios Uruguay y Paraná: ha leido quizá á alguno de los historiadores del siglo 18, que refiriendo los servicios de los Padres de la Compañía, los encomian por el establecimiento de las 17 R e ducciones, que formaron desde Yapeyú hasta Corpus; y esto le bastó y aun sobró, para afirmar que en la division de 1620 quedaron á la Provincia y obispado de Buenos-Ayres, diez y siete Pueblos de los treinta que componían las Misiones. ¿Y qué se hizo de los otros trece Pueblos restantes? En c o n cepto del Sr D . Carlos Antonio Lopez quedaron bajo el dominio del Paraguay; porque c o m o dice el manifiesto, siguió su gobierno reteniendo en su jurisdicción todo el territorio que espresamente no se le quitó para el nuevo gobierno. Nuevo gobierno llama al de las Provincias del Rio de la Plata, que estableció Carlos Y . en 1534, y llamará viejo gobierno al que su nieto Felipe III. estableció con el nombre de gobierno del Paraguay en 1 6 2 0 . Aun son efectos de la fiebre capital, que tiene asido al autor del manifiesto. De este erróneo concepto del Jefe paraguayo les precisa c o n secuencia, el que han estado bajo la jurisdicción del Paraguay los pueblos de San Borja, San Nicolas, San Luis, San Juan, San Miguel, San Lorenzo y Santo Anjel, que son los siete que de los treinta están situados á la izquierda del Uruguay; pero esto es evidentemente falso; porque esos siete Pueblos son cabalmente los que nos tomaron los Portugueses á principios de este siglo. Digo que nos tomaron, porque esos siete Pueblos pertenecían esclusivamente á la gubernacion del R i o de la Plata, á quien espero se devuelvan; por cuanto es injusta, en mi concepto, la retención que de ellos hacen los brasileros: Prim e r o ; porque los Portugueses se apoderaron de esos Pueblos, después de firmada la paz con España: Segundo; porque entiendo que su devolución está pactada en los tratados de Badaj o s y de Madrid. Tercero; porque entiendo y estoy en la creencia, de que la Corte Española tenía comunicada orden al V i ri.

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rey del R i o de la Plata para reclamar la devolución de esos Pueblos. No he visto esas comunicaciones; pero en 1807 se lo oí decir al Yirey Liniers, y en el año siguiente vi preparativos para ello. Dicho Virey mandó á la Asunción dos cañoneras al mando del oficial de marina D . José Aldana; y mandó un plantel de oficiales de artillería á las órdenes del Teniente Coronel D . N. Rodríguez. El Yirey Cisneros hizo retirar aquellos preparativos. Habla ocurrido la revolución de España y sobrevino la nuestra. Aquella esperanza, de que mi Patria sea alguna vez reintegrada de aquella usurpación portuguesa, m e tiene inquieto mas há de cuarenta años, y ella m e ha hecho distraer, y formar una digresión inútil en la cuestión presente. Yuelvo á los 3 0 P u e blos de Misiones de que habla el manifiesto. Los seis que faltan para completar el número de los establecidos por los Jesuítas, son Ytapúa, San Cosme, San Ignacio Guazú, Santiago el Mayor, Sta. Rosa y Sta. María de Fé que están situados en la parte derecha del Paraná; y según el Jefe paraguayo, también estos seis Pueblos están bajo su jurisdicción; porque, c o m o dice en el manifiesto, su Provincia ha c o n tinuado reteniendo la de todo el territorio, que espresamente no se le quitó por la división de 1620. Yo desafio al autor del manifiesto, á que en los 190 años c o rridos desde que se hizo la división hasta el de 1810, cite un solo acto jurisdiccional del gobierno del Paraguay, ejercido s o bre esos Pueblos, ni en su distrito. Una ojeada sobre cualquiera carta jeográfica; los hechos que uniformes nos ha trasmitido la historia: los que han esperimentado nuchos de los coetáneos, que aun viven y sobre que pueden testificar, no solo ellos sino innumerables, por la tradiccion de sus mayores, son otros tantos datos que no deja duda de que esos seis Pueblos de la derecha del Paraná, pertenecieron hasta el año de 1810 á los treinta de Misiones, que c o rresponden hoy á la Confederación Arjentina, y que nunca e s tuvieron bajo la jurisdicción del gobierno de la provincia del Paraguay, sino por delegación del de Buenos-Ayres desde el convenio de 1 8 1 1 . El Mapa de estas Provincias nos presenta el Pueblo Sta. María de Fé, c o m o el último hacia el N. de los del departamento

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de Santiago; y á tres ó cuatro leguas de distancia al mismo rumbo se encuentra el R i o Tebiquari, que es el que parte términos entre ambos gobiernos desde el año de 1620. Sí, Sr. Jefe Paraguayo, es necesario que V. S. se conforme, y sufra esta estocada, que dá en tierra con todo su manifiesto. El rio Tebiquari es el lindero entre la Provincia del Paraguay y las del rio de la Plata. Esto dice la histoia de estos Países, que tan de continuo invoca V. S. en su manifiesto; pero no es para mi de tanto peso la autoridad de los Reverendos, que asi lo dicen, c o m o lo son los sucesos prácticos que así lo canonizan. Cuando en el año de 1637 ó 1638 el Gobernador del Paraguay, D . Pedro de Lugo y Navarra se hallaba en las cercanías del Tebiquari, visitando los pueblos de su gubernacion Yuti y Caasapá, los indios Guaranis de este lado de aquel rio le pidieron aucsilio contra una división de Mamelucos y Tupis, que venían contra sus poblaciones. El Gobernador viendo la multitud de enemigos, les mandó que se retiraran y no dieran batalla; pero los neófitos guaranis no quisieron obedecerle; pelearon y triunfaron. La historia, refiriendo este suceso, disculpa la desobediencia de los Guaranis, diciendo que no eran subditos del Gobernador del Paraguay, sino del de Buenos-Ayres. Las revueltas de la Asunción con motivo de la persecución que el Pesquisidor D. José Antequera desplegó contra el Gobernador D. Diego de los Reyes, fueron una verdadera guerra civil: hubo escaramuzas bélicas en el territorio. Muchas v e ces los parciales de Reyes tuvieron que huir con él, y refujiarse á las reducciones guaranis del departamento de Santiago: pasando el Tebiquari se encontraban seguros, y solían volver á inquietar á los del bando del Pesquisidor. De aqní el odio de este contra los Jesuítas que doctrinaban y dirijían aquellas r e ducciones. Aun respetaba Antequera y sus secuaces el territorio ultra Tebiquariano, c o m o correspondiente á la gubernacion del R i o de la Plata. Cuando el Teniente de R e y de Buenos-Ayres D. Baltazar R o s fué mandado por su inmediato Jefe D. Bruno Mauricio de Z a vala, á aquietar los alborotos del Paraguuy, según las órdenes del Yirey del Perú, llegado R o s al pueblo de Santiago y sus partidas avanzadas al paso del Tebiquari, el Cabildo de la Asunción le intimó, que no violase el territorio, que suspendiese sus

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marchas y que eshibiese los despachos de su comisión; y protestó contra sus procedimientos caso de no acceder. El Jefe paraguayo no puede ignorar estas cosas, pues se hallan los a n tecedentes referidos archivados en el Cabildo de la Asunción, y constan del proceso seguido contra Antequera, y que p u b l i cado impreso debe conservarse entre los espolios del último Obispo del Paraguay. El 25 de Agosto de 1724, los Paraguayos mandados por A n tequera batieron completameute el ejército de R o s . De estas resultas Antequera hizo una junta de sus Jefes, y les propuso el saqueo de los pueblos del departamento de Santiago, á que e s taban tan inmediatos. Se le opusieron algunos, y entre ellos su Maestre de Campo D. Sebastian Montiel, diciendo, que violar el territorio ajeno y robar los vecindarios, era propio de salteadores y no de ún ejército de leales. Antequera sin embargo entró á mano armada en los pueblos de Santa María de Fé y Santa Rosa; y esta violencia fué uno de los principales cargos que se le hicieron en la causa criminal que lo condujo al cadalso. Una de las piezas notables que juegan en la historia de estos países, con relación á la época de que se trata, es la carta que el Padre superior de las Misiones guaranis escribió al P. Ruiz de la R o c a , Provincial de su ó r d t n , consultándole la línea de conducta que debería seguir en el caso que el Gobernador A n tequera rompiese los límites, pasando el Tebiquari con jente armada. Yo vuelvo á provocar al autor del manifiesto á que cite un solo ejemplar de actos jurisdiccionales de los Gobernadores del Paraguay, ejercidos al Sud del Tebiquari. Ya he esceptuado los de las facultades, que le delegó Buenos-Ayres p o r el c o n v e nio de 1 8 1 1 . He tenido ocasión de imponerme de todos los antecedentes sobre este particular; mas, ha sido de mi deber el hacerlo, y no he visto, no he encontrado un dato de que pueda deducirse ese dominio y jurisdicción, que el Jefe paraguayo dice haber c o r respondido siempre al Gobierno de su tierra. Entre los Gobernadores intendentes que en fines del siglo anterior y principios de este mandaron en el Paraguay, es s o bresaliente D . Lázaro de Rivera por el celo en defender sus

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prerogativas, su jurisdicción, su mando. Ni con los Vireyes contemporizó jamas en esto; y el archivo de la Secretaría del Vireynato debe estar lleno de sus reclamaciones aun por lo mas fútil é insignificante; pues este Gobernador Rivera, este h o m bre quisquilloso, nunca reclamó de que los Gobernadores de Misiones tuviesen su capital en Candelaria, ni de que desde allí gobernasen el Departamento de Santiago hasta el Tebiquari. Solo para los que no estén en antecedentes, puede el silencio y tolerancia del Gobernador Rivera no ser un insuperable a r g u mento que prueba, que el Tebiquari es el lindero Sud del territorio del Gobierno del Paraguay. En materia de límites y jurisdicciones no es incongruente la prueba testimonial. D. Carlos Genoves, antiguo vecino de la Asunción, reside hoy en las provincias de la Confederación A r jentina. Él sirvió de secretario á los Gobernadores D . Lázaro de Rivera, D . Manuel Gutiérrez Varona, D . Eustaquio Giannini y D. Bernardo de Velasco hasta el año de 1 8 1 1 . Él puede d e cir si en todo el tiempo de su servicio libró el Gobierno del Paraguay, bajo el concepto de tal, alguna orden, decreto ó mandato, que debiese ser obedecido de este lado del Tebiquari. En mi viaje al Paraguay, año de 1807, visité por encargo del Gobernador Velasco todos los Pueblos guaranis, sitos en la parte derecha del Paraná. Era administrador del de Ytapúa D . Rafael de los Rios, Santafecino; del de S. Cosme D. José Manuel Rivera, natural de Buenos-Ayres; del de Santiago D . Pedro Rivera, español vecino de Buenos-Ayres; del de Santa Rosa D. N. Esperati, italiano; del de Santa María de Fé, D . N. Mármol, paraguayo; no recuerdo el nombre del administrador de San Ignacio guazú. El Subdelegado de este Departamento era D . Pedro Alfaro, vecino también de Buenos-Ayres, que residía en Santiago. Aquí había un Colejio de enseñanza de primeras letras con treinta y tantos alumnos; lo rejentaba un porteño, llamado D. Luis Figueredo ó Figueroa. Todos estos individuos pueden atestiguar, que hasta el año de 1811 no reconocieron autoridad en el Gobierno del P a r a guay para cosa alguna relativa á sus acciones civiles y políticas: que no rendían cuenta de los tributos, que recaudaban en aquellos Pueblos, á las cajas del Paraguay, ni de ellas cobraban los sínodos para sus curas; pues, todo esto era competente al

22 Gobierno de las Misiones. Muchos de los iudividuos que he n o m b r a d o habrán fallecido; pero sus sucesores deben conservar algo por la tradición de sus mayores. No ha sido en vano, que al nombrarlos he añadido especificaciones. Yo he estado m u c h o tiempo en el Paraguay.. En los g o b i e r nos de Gutiérrez, Gianñini y Velasco he desempeñado el empleo de Teniente gobernador, letrado y asesor de aquella intendencia que me confirió el R e y de España; y nunca, jamas aconsejé providencias, ni las dicté c o m o Teniente, que tuvieran trascendencia mas acá del Tebiquari. Puede encontrarse alguna m á c sime en causas criminales, en que yo haya aconsejado c o m o abogado particular, encargado por el asesor titular de Misiones, D . Benito Marquina, para suplir su ausencia y enfermedades; pero ejerciendo mi empleo, repito que ninguna. Si esto no es así, en manos del jefe paraguayo está el medio de desmentirme; pues tiene en su poder los archivos con que hacerlo. Si me he detenido en manifestar, que el R i o Tebiquari es el lindero que se fijó al dividir los territorios el año de 1620, no lo he hecho por instruir al autor del manifiesto en la historia de estos países y su topografía; sino por volverle, c o m o dicen, la pelota, y hacer patente, que lejos de pretender la Confederación Arjentina usurpar al territorio que constituía el departamento de Candelaria en la márjen izquierda del Paraná es el Gobierno del Paraguay el que pretende hacer aquella usurpación; y á mas que es el mismo gobierno el que tiene usurpado todo el territorio, que media entre el Tebiquari y el Paraná. Usurpación, que solo puede hoy tolerársele por la consideración de que no deja de ser parte integrante de la Confederación Arjentina. Por lo demás, volviendo al parágrafo del manifiesto que trasladé antes, y dice: que en 1620 se hizo la división del territorio dejando á la Provincia y Obispado de Buenos-Ayres diez y siete Pueblos de los treinta que componían las Misiones, es una falsedad tan grosera que dá aseó; pues revela la mala fé del autor, la impavidez con que falta á la verdad, y la poca habilidad con que lo hace. Sepan cuantos el manifiesto leyeren, sepan los alucinados paraguayos, que lo que su Jefe dice, en cuanto á la adjudicación de Pueblos á la provincia de Büénos-Ayres en lá división

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ilu i 0 2 0 , es una evidente falsedad: porque en esta fecha no e c sistian todavía esos treinta pueblos de Misiones, de que hacen parte los diez y siete dejados á Buenos-Ayres. En todo ese territorio, que después se ha c o n o c i d o por gobierno de los T r e inta Pueblos de Misiones, solo hábia el año de 1620 dos p e q u e ñas reducciones que habian formado los Jesuítas: la reducción de San Ignacio Guazú, sita cerca de las puntas del Yabirí en la parte Oeste del Paraná, y la de Concepción, sita en la costa Oeste del Uruguay: aquella formada en 1610 por el P. Marcial Lorenzana, y esta formada en 1619 por el P. R o q u e González. D . Diego de Góngora, Gobernador de Buenos-Ayres, fué el primero que en 1621 á virtud de súplicas de algunos Caciques guaranis, proyectó la formación de esos Pueblos, encomendando la obra á los Padres de la Compañía. Si la solicitud de los Caciques fué jenuina ó enseñada y sujerida, no es del caso; lo cierto es, que la recomendación á los Jesuitas causó el efecto deseado; y segundado el proyecto de Góngora por sus s u c e s o res, especialmente por el Gobernador ü . Francisco Céspedes h e mos visto florecientes esos treinta pueblos, formados después del año de 1620 por los Jesuítas, con el auosilio del Gobierno de Buenos Ayres. Aunque por lo que el manifiesto dice, considere yo b a s tante versado á su autor en la historia jeneral de estos países, siendo el punto de que aquí trato peculiar á la del m i ó , no se creerá impertinencia dilucidarlo con la noticia de la fundación de cada uno dé los Pueblos guaranis, c o m o se encuentra en los cronistas de los hechos dé la Compañía de Jesús en estas M i siones. El aislamiento, en. que me veo obligado á vivir y la falta de documentos de aquella época; puede dar lugar á inecsactitudes; pero no serán tales que alteren la verdad, de que el año de 4820 no ecsislían los Pueblos de Misiones. Pasado la confluencia de los Rios Paraná y Uruguay, s u b i endo la costa Oeste del último, se encuentra el Pueblo de los Reyes, c o n o c i d o después con el nombre de, Pueblo Pueblos de Yapeyú Lo fundó el año de 1626 el P. Pedro R o m e r o . de la Cruz
1

Lo fundó en 1030 el P. Cristóbal Altamirano.»

Pueblo Pueblo Pueblo

de Santo de

Tomé

Lo fundó en 1632 el P . Luis Ernot. Concepción Mayor Lo fundó en 1619 el P. R o q u e Gonzales. Sa7ita María Lo fundó en 1626 el P . Diego Baroa. Pueblo de San Javier Lo fundó en 1623 el P . José Ordoñez. Mártires Pueblo Pueblo Pueblo Pueblo Pueblo de del Japón Lo fundó en 1629 el P. José Orighi. Apóstoles Carlos Lo fundó en 1624 el P. Pedro R o m e r o . de San Lo fundó en 1630 el P . Cristóbal Altamirano. de San José de la Asunción Lo fundó en 1633 el P . José Cataldino. Lo fundó en 1630 el P. Cristóbal Altamirano. de Candela7'ia Lo fundó en 1627 el P. Pedro R o m e r o , y fué trasladado del Piratini á la márjen izquierda del Paraná el año de 1630. Pueblo L o fundó en 1633 el P. de Santa de Ana Ignacio Martínez. Loreto

Pueblo

L o fundó el P . Cataldino en Pirapó, y lo trasladó al Paraná en 1631. L o mismo el de San Ygnacio Mini. (1) Pueblo de Trinidad Fué una fracción del pueblo de San Carlos, que el P . Juan de Anaya trasladó al Oeste del Paraná en 1 7 0 6 .
(1) El pueblo de Corpus—Lo fundó en 1622 el P. Pedro Romero.

— Pueblo

25 de

— Ytapúa. el P. R o q u e

Lo fundó en 1615 con nombre de Anunciación González. Pueblo de San Cosme

Lo fundó el año de 1634 en el Tapé el P. Tristan F ó r m o s o : el año de 1638, el P. Cristóbal Arenas lo trasladó á la márjen izquierda del Paraná, donde residió c o m o una colonia del de Candelaria hasta el año de 1701 en que P. Ventura Suarez lo trasladó á la parte derecha del Paraná, cerca del Aguapen, e n frente de la isla de Apipey, Pueblo de Santiago Lo fundó en 1633, el P . Justo Mansilla cerca del R i o T e p o t i , y lo trasladó donde h o y se halla, el P . Alonzo del Castillo el año de 1 6 6 9 . San Ignacio Lo fundó Guazú en 1610 el P . Marcial Lorenzana.

Pueblo de Santa Rosa Fué una colonia del Pueblo de Santa María de Fé, que el año de 1698 trasladó el P . Orga. Pueblo de Santa María de Fé Fundado en los itatines por el P . Diego Ramonier, y trasladado por el P . Pedro Lascamburú en 1669, á tres ó cuatro l e guas del Tebicuari, Pueblo de San Borja Uruguay. Fundado el año de 1637 en la parte oriental del No he podido investigar quien fué el fundador. Pueblo L o fundó Pueble Ló fundó en 1687 Pueblo de San Miguel 7de San Nicolás en 1625 el P . R o q u e González. de San Luis

Lo fundó en 1632 el P . Cristóbal Mendoza.

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de San Juan de San Lorenzo Anjel

Fundado en 1638 con una fracción del de San Miguel. L o fundó en 1691 el P . Bernardo de la Vega. Pueblo de Santo L o fundó en 1706 el P. Diego García con una colonia que condujo del Pueblo de Concepción. De estos Pueblos puede el Sr. Jefe Paraguayo elejir y nombrar los diez y siete que guste, c o m o dejados á la Provincia de Buenos-Ayres en la división ordenada el año de 1620. Así dará la patente de adivino al Duque de Uceda, ministro de Felipe 3°. q u e redactó la cédula. 3°. Cansado el autor del manifiesto de la Historia de estos países, entra á probar los títulos y derechos que tiene el Paraguay al territorio, sito sobre la izquierda del Paraná, con posteriores resoluciones de los Reyes de España, con clásicos convenios entre ambos gobiernos argentino y paraguayo, y con hechos que no pueden negarse ni terj i versarse; pero por mas sofismas de que se vale; por mas embustes en que se envuelve, por mas supercherías de que usa el Jefe Paraguayo no puede lograr su intento* con lo que aquí dice: al contrario, él ha empeorado su causa y dado fundamento que confirma y ratifica la verdad de que su Provincia jamas tuvo títulos, ni derechos, ni j u r i s d i c c i ó n , ni dominio en el territorio de la márjen izquierda del R i o Paraná. Lo primero que aduce el Jefe Paraguayo, es una cédula de 11 de Febrero de 1724 comunicada al Obispo de Paraguay,para que de acuerdo con el de Buenos-Ayres arreglasen los límites de ambos obispados. Al empezar el manifiesto, á hablar sobre este pnnto, al referir la razón inductiva de esta disposición, ya deja ver su sofistería. Dice que la imperfecta demarcación del Gobierno y Obispado de Buenos-Ayres, para el ejercicio de la jurisdicción civil y eclesiástica, orijinó conflictos y competencias entre el l i m o , de esta diócesis D. Fr. Pedro Fajardo, y el del Paraguay D. Fr. José de Palos. ¿Qué tiene que hacer lo imperfecto de la demarcación del

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territorio del Gobierno de Buenos-Ayres con las Bendiciones y Quartas de los Obispos Palos y Fajardo? ¿Qué jurisdicción civil tenían estos Reverendos en los respectivos territorios, para, que aquella imperfecta demarcación orijinase conflictos y competencias entre ellos sobre el ejercicio de esa jurisdicción civil'} Nada de esto ha habido. Es falsa la razón inductiva de la c é dula; el Jefe Paraguayo, que trata de alucinar con sofismas y embustes á sus paisanos, la ha inventado La cédula de H de Febrero (no de 1724, c o m o dice el manifiesto, sino de 1725 c o m o dice Lozano, Vergara, y demás historiadores) no tuvo por objeto demarcar territorios, ni aclarar linderos de gubernaciones; y mucho menos deslindar j u r i s d i c ciones civiles. Esto estaba hecho un siglo había. El lindero de ambos gobiernos era, c o m o se ha demostrado, el R i o Tebicuarí, que es un mojón invariable y permanente, no obstante el significado de esa palabra. (El autor del manifiesto me e n tiende). También hacía mas de un siglo que los Obispados estaban deslindados. Paulo Y. por una Bula, y Felipe III por una c é d u la (ó sea Felipe IV c o m o dice el P. Maestro Gil González), e n comendaron en 1620 al l i m o . D. Fr. Pedro Carranza la división y deslinde de ambas Diócesis; y á esto sin duda alude la c é dula en las palabras que traslada el manifiesto, cuando dice: se arreglen á las erecciones de las iglesias, y á la posesión y c o s tumbre en que estuviesen. Destarado así el preámbulo á la Cédula, ecsamínese su d i s posición y los resultados de su práctica, para saberse cual es el valor de lo que con ella prueba el autor del manifiesto. Dice, que en vista de esta Real Orden (ya no es Cédula), a m bos Obispos nombraron sus comisionados, por cuyo parecer se comprometieron pasar: dice que el Obispo del Paraguay n o m bró por su parte al Padre Ynzaurralde, Superior de los Jesuítas, y el Obispo de Buenos-Ayres por la suya, al Padre Anselmo de la Mata, también Jesuíta; dice, que en calidad de Jueces c o m promisarios se reunieron estos erl el Pueblo de Candelaria el 8 de Junio de 1727, y declararon: «Que la jurisdicción del O b i s p a d o del Paraguay había corrido lo mismo en lo político, sin «contradicción de los Señores Gobernadores de Buenos-Ayres «hasta las vertientes todas del R i o Paraná, y la del Obispado de

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«Buenos-Ayres las del R i o Uruguay, que son las divisiones de «ambos obispados, y que los Pueblos de Candelaria, San Cosme « y Santa Ana, sobre que es el litijio, se hallan en el territorio «del Paraguay.» El Jefe Paraguayo nos presenta cómoda esta declaratoria, para denotar que es el texto literal de la que dieron los c o m p r o misarios; y añade: según resulta de los documentos auténticos, que se hallan en los archivos de la Asunción. Conforme al cuento que sobre esto nos hace el autor del manifiesto, los Obispos contendores trataron de nombrar personas de esperiencia práctica y conocimiento formal de todos los lugares y parajes, donde están situadas las poblaciones de dichas Misiones; y nombraron, el Obispo del Paraguay á P . Superior de los Jesuítas, José de Ynzaurralde; y el Obispo de Buenos-Ayres, al P. Anselmo de la Mata; los cuales reunidos en Junio de 1727 en el pueblo de Candelaria sobre la izquierda del Paraná, declararon que los pueblos de Candelaria, S. Cosme y Sla. Ana, sobre que es el litijio se hallan en el territorio del Paraguay. Pero no hubo tal declaratoria. No es creíble que pudieran hacerla aquellos Padres Jesuitas; porque ellos sabían que no ecsistía en esa márjen izquierda del Paraná ese pueblo de S. Cosme que la declaratoria espresa; porque ambos sabían que cuando fueron nombrados Jueces compromisarios, hacía ya mas de veinte y c i n c o años que el pueblo de S. Cosme había sido trasladado á la márjen derecha del Paraná distante mas de 5 0 millas del lugar del deslinde. Yéase la tabla de la f u n dación de los Pueblos Guaranís que antecede. Si el Jefe Paraguayo ha estado en el Pueblo de San Cosme, debe haber observado la visible cifra 1704 que está en su gran portada; y t a m bién la que se vé grabada en el magnífico cuadrante que está en el patio del Colejio. No la recuerdo, pero es muy anterior á 1727. Para sostener el autor del manifiesto la mentida declaratoria que nos copia, c o m o texto del j u i c i o de los compromisarios, se refiere á los documentos auténticos que se hallan en los archivos de la Asunción, Es táctica de todo embustero en viéndose cójido en la m e n tira, ó temiendo serlo, echar otra y otras para sostener aquella; y esto ha hecho el autor del manifiesto. Levantó un falso t e s -

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timomo á los Jesuítas Ynzaurralde y Mata; y para sostenerlo, levanta otro á los archivos de la Asunción, diciendo: que c o n tienen auténticos documentos en que consta su embuste. ¡Miserable! Si yo pudiera disculparlo y atribuir su superchería á e r rores y equivocaciones, lo haría c o m o lo hice antes, pero m e es imposible; porque aunque es cierto que en la sala capitular de la Asunción hay ( lo había en 1809) un plano topográfico de estas Provincias levantado en el siglo XVII, y en él se ve el pueblo de San Cosme situado en la parte izquierda del Paraná, cerca de Candelaria, nadie podrá creer que el autor del manifiesto entienda por documentos auténticos ese viejo plano. Antes de concluir-sobre este punto, debe notarse q u e e n e l juicio que se ha finjido, dado por los Jesuítas compromisarios, se dice, que los pueblos de la izquierda del Paraná se hallan en el teritorio del Paraguay. Si el que así ha escrito, fuera h o m bre de buena fé, habría dicho se hallan en la Diócesis del Paraguay; pero el autor del manifiesto no puede dejar sus sofismas. ; Es también de notar, que encargando la cédula á los Obispos que después de tratadas, y conferidas (sus diferencias) remitiesen su resulta al Presidente y Audiencia de Charcas, á quien se espedía la orden correspondiente para que determinase, nada diga el manifiesto sobre la resolución de aquel Tribunal. Hay reticencias prudentes, oportunas y justas; pero también las hay dolosas é inicuas, que tienden á engañar. Guarde esta verdad para luego el autor del manifiesto; y entre tanto c o n c e dámosle que el departamento de Candelaria, sito en la izquierda del Paraná, está comprendido en la Diócesis de la A s u n c i ó n , porque la Audiencia de Charcas aprobó el convenio de los Obispos, conforme con la declaratoria de los compromisarios Jesuitas. Así es que los Pueblos de quel departamento corresponden al Paraguay, en lo eclesiástico no en lo secular, pues desde el año de 1620, en que se hizo la división, el Rio Tebieuari es el término de aquella Provincia. Esto es lo que vino á confirmar la cédula de 6 de Noviembre de 1 7 2 5 . En ella declaró el Rey de España, que todos los pueblos de indios que doctrinaban ios Padres Jesuitas en las Misiones Guaranís, se entendiesen separados en lo secular del Gobierno del Paraguay y agregados al Gobierno de B u e n o s - /
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res. Si esto le parece una anomalía al Jefe Paraguayo, recuerde que por mas de dos siglos correspondieron San Juan y Metir doza, y estuvieron sujetos en lo secular á la Capitanía Jeneral del Tucuman y al Godierno de Córdoba; estándolo en lo e c l e siástico al Obispado de Chile. De esta cédula de 4725 hacen mérito los historiadores Lozano y Yergará al hablar de la división de estos Gobiernos; y aun nuestro amigo el Dean Funes en su Ensayo (páj. 3 2 9 , T o m . 2.) hace memoria dé ella. El Jefe Paraguayo no debe ignorar e s ta disposición, pues se encuentra entre los documentos auténticos de la Asunción; y el callarla en el manifiesto, confirma lo que antes dije sobre las reticencias dolosas é inicuas que t i e nen por objeto engañar. Otra resolución del Rey de España, con que pretende probar el Manifiesto, que el territorio de la izquierda del Paraná c o rresponde al Paraguay, es la Cédula de 17 de Mayo de 1807>. Yo no sé c o m o de ese documento deduce el Jefe Paraguayo su consecuencia! Su lójica será admirable; pero yo no la entiendo. Ciertamente que ella no es la que he visto enseñar al sabio Dr. Casajus. Esa cédula no hizo mas que variar el plan de Gobierno de los Pueblos guaranís, instituyendo la emancipación de los i n d i os en lugar del pupilaje á que los habían sujetado los Jesuítas, y reformado el Jeneral Bucareli. Si el autor del manifiesto hubiera leido con reflecsion y cuidado la cédula, si hubiera ecsaminado los antecedentes á que ella se refiere, habría e n c o n trado ser ese el principal objeto de dicha disposición, con solo haber leido la suma ó membrete, cualquiera intelijente se h a bría puesto al cabo, porque ella dice: al Yirey de Buenos-Ayres sobre lo resuelto acerca del arreglo y plan de gobierno de los indios Guaranís y Tapes. El nombramiento de Gobernador en la persona del Teniente Coronel D. Bernardo Velazoo, es lo mas incidental en esa disposición. El fué el encargado de hacer efectiva la emancipación de los indios; y para ello esa total independencia que dice la cédula y que ha medio trastornado el juicio al autor del Manifiesto. El no ha entendido lo que se quiso mandar y se mandó, y no lo ha entendido, porque no s<¿ ha impuesto de ¡as referencias, y porque no sabe cual era la composición de los Gobiernos de este Vireinato, ni cuales las f a -

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cuitados de cada uno según su categoría. Si él hubiera ecsaminado esos antecedentes, que ha debido y podido ccsarninar; pues se encuentran en los archivos de la Asunción, habría encontrado en ella la tenaz oposición del G o bernador D. Lázaro Kivera á la emancipación de los indios, las disputa sobre ello con el Vircy Márquez de Aviles, y hasta las desvergüenzas de aquel subalterno que después le costaron tan caras; hubiera visto 1;¡ intelijencia que Rivera quería dar á las disposiciones de la Corte, para que la emancipación no se e s tendiera á los indios de los pueblos de Yuti, de Atirá, de Casapa, y domas ultra-Tebiquarianos que correspondían al G o b i e r no del Paraguay; hubiera visto últimamente que era imposible la jeneral y uniforme emancipación de los Guaranís, si al c o m i sionado de hacerla efectiva no se le ponia en total independencia de los gobiernos del Paraguay y Buenos-Ayres, bajo los cuales se hallan divididos en el dia, dice la cédula; con lo que dá á entender, que la emancipación de los Guaranís, querida y decretada por el Rey de España, no solo era para los indios de los treinta pueblos doctrinados por los Jesuítas en las misiones del Uruguay y Paraná, sino para todos los Guaranís en jeneral, comprendidos los del Paraguay; y no solo los doctrinados por los Jesuítas, sino también los doctrinados por los Franciscanos, c o m o Casapa, Atirá, Yaguaron, Yltá. Pero aquella total independencia de los Gobiernos era ai hoc, osto os, para la emancipación de los indios, y para nada mas. Así lo indica Ja cédula cuando dice, á cuyo fin he venido en conferir el gobierno militar y político &a. De este m o d o lo entendió el Gobernador Velazco, y de este modo lo ejerció. Jamas entró sobre ello en contestaciones con el Gobierno de Buenos-Ayres. Bien sabía este, que la cédula en cuanto á la total independencia no había hecho otra cosa, que alzar al Gobierno de Misiones la interdicción que le había puesto el Art. 7 . de la ordenanza de Intendentes, que dice que ha de continuar con la causa de Justicia, unida al mando militar, c o m o también de la Policía, en cuanto loque á lo particular de la Ciudad, Villa ó Pueblo en que tuviese su fija residencia el Gobernador, porque en lo que sea jeneral de la provincia se reserva al intendente de ella. Por manera, que el dar comisión á Velazco para la e mancipación de los Indios, procediendo con total independen-'
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cía del Gobierno de Buenos-Ayres, no fué mas que alzar la i n terdicción impuesta por el artículo 7°. á los Gobernadores de Misiones sobre las causas de Policía. Otro rescripto del Rey de España, CIHI que pretende probar el Jefe Paraguayo sus derechos en el territorio d e la izquierda, del Paraná, es la cédula de principios de 1806, por la cual fué nombrado D. Bernardo de Velazco Gobernador Intendente de la Provincia del Paraguay, con retención del gobierno de Misiones. Por este acto, dice, volvió á la jurisdicción del Gobierno del Paraguay el territorio de las Misiones; ¡siempre sofistico! s i e m pre anfibolój ico! ¿Que entiende aquí por Gobierno del Paraguay'? Entiende sin duda la persona de D. Bernardo Velazco, porque este fué nombrado Gobernador del Paraguay con retención del de Misiones; pero tal intelijencia es absurda, y ni bajo de ella puede decirse, que volvió á la jurisdicción del Gobierno del Paraguay el territorio de Misiones. No puede decirse, que volvió á esa jurisdicción; porque nunca salió de ella; y nunca salió de ella porque nunca estuvo en ella. Cerca de cuarenta añoi pasaron desde que D . Francisco B u careli estableció en Misiones el nuevo plan del gobierno, que sucedió al de los Jesuitas espulsos. En este tiempo g o b e r n a ron aquel territorio Riba-Herrera, Zabala, Liniers, Soria y otros, y últimamente Velazco, teniendo todos su residencia en Candelaria, Pueblo principal de la izquierda del Paraná. En 1806, se nombró á Vdlazco Intendente de la Provincia del Paraguay con intención del Gobierno de Misiones esto es, uti tenes. Tal nombramiento con esta calidad es, lo que mas ha-turbado al autor del manifiesto, á pesar de que esa retención nada añadió ni quitó, á lo dispuesto en la cédula de 1 8 0 3 . 1). Bernardo de Velazco residía en la Asunción, y desde allí despachaba los asuntos de Misiones con el asesor Licenciado I). Benito Marquina, nombrado por el R e y para este destino: tonía un especial Secretario para aquel Gobierno, y lo era e n tonces D. Manuel Ydalgo, Oficial que habia sido de la Aduana de B u e n o s - A y r e s . A mas, en cada departamento de Misiones tenia un subdelegado, encargado del mando político y de la recaudación de los tributos. En el Departamento de Santiago, entre el Tebicuari y Pacana, era el subdelegado D. Pedro Alfa-

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ro: en el de Candelaria, D . N. Lobato; en el de Concepción, D . Pablo Tompso; y en el de Yapeyú, D. José Laris, que residía en Santo T o m é . Asi gobernaba Yelazco á Misiones, sin que la i n tendencia del Paraguay ni ninguno de sus funcionarios tomase parte, ni interviniese en los negocios de dicho Gobierno. El título del Gobernador Yelazco, que para sostener aquello de volvió á la jurisdicción, nos copia el manifiesto, es aprócrifo. Nunca se tituló Velazco intendente de los 3 0 Pueblos de Misiones de indios Guaranis, y Tapes del Paraná y Uruguay. No ha de citar el autor del manifiesto instrumento en que aparezca el Gobierno de Misiones elevado al rango de intendencia; y lo ú n i co que ha logrado con su finjido titulo, es darnos envuelta en un embuste, una verdad que tanto ha negado; á saber, que los Pueblos de indios del Paraná son correspondientes á los 30 de Misiones Guaranis y Tapes. Si el Jefe de los Paraguayos hubiera meditado un p o c o las cédulas de 1803 y 1806 que ha citado; si se hubiera impuesto de los antecedentes, que en ellas se refieren; si hubiera leido el informe que sobre estos particulares dio al Jeneralísimo P r í n cipe de la Paz, el Conde de Casa - Yalencia, presidente de la Junta de fortificaciones de Indias, se habría puesto al cabo de la necesidad de destituir al Gobernador D . Lázaro Rivera, que tanta oposición hacia á la emancipación de los indios; de la n e cesidad de poner á Yelazco en su lugar, y de ponerlo con r e tención del Gobierno de Misiones. En ese caso, ni le hubiera turbado el con total independencia de la cédula de 1803; ni el con retención del Gobierno de Misiones de la de 1806; porque habría c o n o c i d o la perfecta hilacion de esos sucesos. Según se vé del manifiesto, parece que todas estas cosas son peregrinas á su autor, no debiendo serlo, porque él ha debido imponerse de ella; pues se encuentran en los archivos d e j a Asunción. El informe de Casa-Valencia, que precedió al último nombramiento de Velazco, compila todos los antecedentes. Está en el Cabildo de la Asunción, y los capitulares enemigos de Rivera hacían alarde de mostrarlo á todos. El año de 1808 obtuve un testimonio de él, autorizado por los Alcaides Dr. Francia y D.José Carísimo. Habría por esos antecedentes c o n o c i d o también que la r é 9.

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tención del gobierno de Misiones no fué una amalgama con el gobierno intendencia del Paraguay; que no fué un patrimonio concedido á Velazco, c o m o el manifiesto lo dá á entender; y últimamente, que esa retención fué una interinidad, precisa é indispensable; asi para que se pusiese en planta la e m a n c i p a c i ón; de los indios encargada á Velazco desde el año de 1803, c o m o para esperar la variación de circunstancias. El año de 1806 estaba bloqueado por los ingleses el Rio de la Plata, y no era fácil a' España mandar un oficial, que sucediese á Velazco en Misiones. A no ser así, la disposición de 1806, hubiera s i do una contradicción de la España. Recuérdense los i n c o n v e nientes que representó Hernando Arias de Saavedra; r e c u é r d e se lo que en fuerza de sus razones dispuso España en 1620, y convengamos en que no quiso al nombrar á Velazco, Intendente del Paraguay con retención del Gobierno de Misiones, hacer aqmella amalgama. Porque la España no sea nuestra amiga la hemos de. suponer cayendo en contradicciones! Un hecho vino á hacer realidad la presunción, y á demostrar que hj retención del Gobierno de Misiones en Velazco importaba una interinidad. Alzado el bloqueo del Rio de la Plata por la paz de Inglaterra con la España revolucionada contra los Franceses, viraos arribar á Montevideo á D. Gaspar Vigodet c o n despachos de Gobernador de los Pueblos Guaranis, sucediendo á/Velazco en dicho empleo. Vigodet tuvo la fortuna de llegar á Montevideo después de nuestra gloriosa revolución del 2 5 de táayo-, y permaneció allí hasta el año de 1814, en que fué hecho nuestro prisionero. El destino con que ese funcionario vino al R i o de la Plata, c o m o p o c o influyente é insubstancial de la historia d e la revolución, es ignorado jeneralmente; pero ha d e bido saberlo el Jefe de los Paraguayos; porquetas c o m u n i c a c i o nes de ©se nuevo Gobernador de Misiones á D . Bernardo Velazc o , en que le daba cuenta de su destino, comunicaciones, q u e yo he leído c i a b a n en los papeles de este, de que se apoderó el Gobierno que le sucedió. De este destino de Vigodet debe también haber constancia en el archivo del Gobierno de Buenos Ayres entre los legajos que en 1814 remitió el de Montevideo al -Directorio del Sr. Posadas. Él Jefe Paraguayo, c o m o tan versado en la historia antigua y moderna de estos países, gustará que le recuerde un pasage h i s -

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tórico de ellos, para concluir con este punto del Gobierno del Paraguay en Velazco con retención del de Misiones. En 1594 el Gobernador Capitán Jeneral del Tucurnan D. Fernando Zarate, fué nombrado Gobernador y Capitán Jeneral del R i o de la Plata con retención del gobierno y Capitanía J e neral de Tucurnan. Vino al Plata, gobernó con bien ambos p a í ses, dicen los historiadores. Trató de poner en seguridad el nuestro de los ataques estranjeros; por su mandato y dirección se empezó á construir la fortaleza que hoy c o n o c e m o s por el Fuerte de Buenos Ayres. Murió aquí Zarate, y el que sucedió en el gobierno del Plata, jamas pretendió jurisdicción en ningunos de los Pueblos de la Capitanía Jeneral del Tucurnan. Esta aspiración estaba reservada al actual Jefe de los Paraguayos, Porque D . Fernando Zarate fué nombrado en 1594 Gobernador y Capitán Jeneral del R i o de la Plata con retención del Gobierno y Capitanía Jeneral de Tucurnan, dijo al p r i n cipio de su manifiesto, que la Asunción fué capital de todas comarcas, y que comprendía en su jurisdicción todo el territorio (pie hoy abraza la Confederación Arjenlina; consecuente él en sus principios, dice ahora, que el gobierno del Paraguay que sucedió á Velzaco, aunque por el hecho de la retención podía estender su jurisdicción á todo el territorio de Misiones (hasta el arroyo de la China, ó mas acá) por moderación quiso limitarse á la parte que habia tenido antes de la real cédula de 1 8 0 3 ; es decir, á los Pueblos d é l a izquierda del Paraná. ¡Gracias, Señor Elefante! 4 .
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Trata por último el Manifiesto de probar les títulos, los d e r e chos, el dominio del Gobierno del Paraguay en el territorio de la parte izquierda del Paraná con el Tratado ó convenio, q u e en 12 de Octubre de 4811 celebraron en la Asunción los cornil sionados del Gobierno de Buenos-Ayres, Jeneral D . Manuel Bel» grano y Dr. D . Vicente Anastasio Echeverría c o n la Junta g u bernativa del Paraguay. Esto es mas moderno, vá á tratarse d e lo acaecido en una época, en que S. S. el Jefe Paraguayo podía tener ya uso de razón, á tratarse de sucesos, que él podía presenciar y sentir; de sucesos en que D O caben las equivocaciones padecidas en la

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lectura sin crítica de antiguas historias; vá á tratarse en fin de hechos no sujetos á los embustes de consejos, que le contaban para divertirlo; de hechos sucedidos en su tiempo. Yo protesto no contradecir el antecedente, con que fundado en el c o n v e nio de 12 de Octubre, forma su argumento; pero no dejaré de hacer algunas observaciones á que provoca el artículo 4 . de d i cho convenio, que nos traslada el manifiesto. No me detendré en la guardia de Curupaíti ni en la feligresía de Pedro González, ni en el curato de las Encenadas. Han convenido las partes contratantes, que esto quede in statu quo «hasta tanto (dice el art. 4 ) que con mas conocimiento se «establezca en el Congreso Jeneral la demarcación fija de a m ibas provincias.» Esto es, reconocer, y confesar paladinamente, que la Provincia del Paraguay era una de las Provincias unidas del R i o de la Plata, sujeta en sus grandes cuestiones á la decisión del congreso jeneral. Ni podían en otro concepto proceder los Paraguayos, m e d i ante á que la revolución de 14 de Mayo de 1811, el derroque del Gobierno de los Españoles habia sido precisamente para unirse con Buenos-Ayres. P o c o s , de los que tuvieron una parte activa en el acto heroico, que vio la Ciudad de la A s u n c i ón en la mencionada noche del 14 de Mayo, vivimos h o y . Hay sin embargo algunos en Buenos-Ayres, en Montevideo, en E n tre-Rios, en el Paraguay mismo, que podrán contestar de esta verdad. Los hechos de la época la demuestran; y me refiero al opúsculo que escribí, impugnando lo que en su ensayo histórico sobre la involución del Paraguay, publicaron los Doctores Rengger y Longchamp. En Julio de 1846 publicó mi escrito en Montevideo el Comercio del Plata. Allí se vé que el Dr. D. José Gaspar Rodríguez Francia (olim Franza) no tomó parte alguna en la revolución del 14 de Mayo; pero que ni lá supo hasta el dia siguiente, en que se lo avisé yo por una carta, que le dirijí á su chacra de Ybiray, donde se hallaba. Vino á la capital el mismo dia; y fué el p r i m e r o y ú n i c o quien o c u p ó la idea de no unión con Buenos Ayres, la idea de una República independiente. A pesar de ser Francia (olim Franza) un vocal de la Junta gubernativa, nadie pensó c o m o él; ni un eco tuvo su grito. T o d o s despreciamos su l o c o capricho; peto pocos son los que no han pagado bien caro ese
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desprecio. Con infame astucia, con hipócrita disimulo palió sus intenciones: engañó á los paraguayos, engañó al gobierno jeneral de las Provincias, y fué p o c o á p o c o avanzado hasta que logró la oportunidad de quitarse la máscara y vestir la Dictadura. P o c o mas de un mes habia pasado de la revolución; y de t o dos los que habían tomado parte en tila, no habia uno en libertad, escepto los oficiales y tropa del cuartel. Todos estábamos presos á diversos pretestos, y yo fui la primera víctima. En vano me reclamaron el comandante Caballero y sus oficiales: á todos alucinó con decir, que era una medida política, que por algunos dias tomaba por mi seguridad; pues los Pitanguas [ E s pañoles ] trataban de asesinarme. Noventa y tres dias de absoluta incomunicación en prisión incómoda duró la medida p o l í tica. No pudo por entonces hacer mas mal al que le había negado la posibilidad de que el Paraguay fuese República independiente. Aun no estaba establecido su predominio: sus c o m p a ñeros en el mando le contenían en m u c h o . Él disimulaba é iba adelante con su tema. Así gateó Francia por algunos años hasta lograr que entre la multitud hiciese el terror responder á su grito. ¡Pobres Paraguayos! ¿Dónde están los que os ayudaron á libertaros del yugo de la España? ¿Dónde los héroes de Paraguari, de Taquari y la Asunción? ¿Dónde están los Yegros, los Caballeros, los Yturbes, los Montieles, los Zarcos, y tantos otros que os guiaron á las victorias? Todos ellos fueron v í c timas de un hombre astuto, que nada habia hecho por el Pais. Todos ellos murieron, ó en el cadalso ó en los crueles tormentos de las prisiones; porque no quisieron contestar al grito de República independiente del Paraguay, que lanzó Francia [olim Franza]. No debo seguir hablando sobre este punto; porque n e cesariamente he de parecer parcial. El citado artículo 4 . del Convenio de 12 de Octubre es el antecedente del último argumento que forma el manifiesto para probar los títulos y derechos del Paraguay en los pueblos del departamento de Candelaria, sitos en la márjen izquierda del Paraná. Ya he dicho que no he de contradecir ese antecedente; pero es necesario advertir para su mejor intelijencia, que á la fecha del convenio se habia situado en la Banda Oriental del 40,
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R i o Uruguay un fuerte ejército portugués que estaba c o m o á la espectativa de nuestras operaciones; que el. Jeneral Souza, que mandaba ese ejéreito, habia ofrecido al Gobernador y Cabildo del Paraguay la fuerza que se creyese necesaria para asegurar Ja Provincia de otra tentativa que quisiese Buenos-Ayres hacer contra ella, c o m o la anterior á las órdenes de Belgrano: que después de los debates entre el Cabildo de la Asunción, que a ceptaba la oferta y pedia al Portugués quinientos hombres; y entre el Gobernador Velazco que la rechazaba (consta de los acuerdos del Cablido ) ; la revolución del 14 de Mayo vino á terminar aquella cuestión, por cuya causa el 15 ó 16 se retiraron los enviados del Jeneral Souza. No recuerdo bien sus nombres, pero que se llamaban uno Abreú, y otro Nuñez. A m b o s se habían hospedado en casa de D. José Elizalde. Este era el estado de las cosas á la fecha del convenio. El Paraguay en nada habia servido á la causa americana. B u e n o s Ayres se necesitaba todo para la guerra de la independencia en el Perú y Montevideo. Temia por otra parte una invasión d t los Portugueses, pues al ejército de Souza habían precedido las pretensiones de la Princesa Doña Carlota y del Infante D . P e dro, bien sabidas por todos. El Paraguay conocía que estaba en el deber de concurrir, c o m o lo demás pueblos, á la defensa y sosten de la causa jeneral; pero protestaba no poderlo hacer por la debilidad en que le habia dejado la guerra que acababa de concluir; pronta no obstante la Provincia á cooperar del m o do que le fuese posible. Parece que los comisionados Jeneral Belgrano y Dr. E c h e verría encontraron buenos visos en esta razón para minorar sus ecsijencias, y convenir en que por entonces, y por toda c o n currencia, quedase la Provincia del Paraguay obligada á guardar los pueblos del Departamento de Candelaria, que eran los mas espuestos á la invasión portuguesa. Esto ajustaron, en esto convinieron, encargándose consiguientemente su Gobierno de custodiar el departamento de Candelaria. Es el testo del artículo 4 . que traslada el manifiesto. -Y aunque es cierto que el peligro que dio ocasión á aquel convenio duró p o c o ; pues al año siguiente (1812) trató el P o r tugal, por medio de su ministro Rademaker con el Gobierno de Buenos-Ayres, y resultó de ello la retirada del jeneral Souza
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cen su ejército; las cosas, en cuanto al tratado de 12 de Octubre con el Paraguay, parece que no tuvieron alteración; y que s i mpre siguió encargándose su gobierno de custodiar el Departamento de Candelaria. Confieso, que no estoy muy impuesto en lo que sobre ello hubo; pero creo que el Gobierno Jeneral, p o r razones que no alcanzo, se contentó con que sola aquella carga gravitase sobre la Provincia del Paraguay, cuando las demás contribuían á la jeneral independencia con sus hombres, con sus bienes, c o n todo. Sea de esto lo que fuere: estoy conforme, y'perfectamente convenido con el antecedente, que sienta el manifiesto, á saber: el Gobierno del Paraguay por un contrato solemne tomó en c o n desijo ó depósito los Pueblos de la izquierda del Paraná, que para custodiarlos le entregó Buenos-Ayres. Las consecuencias, que discurriendo con los principios se siguen este antecedente, son: Primera, que á la fecha del tratado de 12 de Octubre, esos Pueblos correspondían al Gobierno de Buenos-Ayres; porque el depósito se verifica solamente cuando uno dá á otro su cosa en guarda. (Ley I . tít. 3. p . 5.) Segunda: que el Gobierno del Paraguay por ese acto no adquirió el dominio, ni la posesión de la cosa depositada, eaun decimos, que el señorío, é la tenencia de la cosa, que se dá en guarda, no pasa á aquel que la recibe. (Ley 2 . ) Tercera: que el Gobierno del Paraguay, que recibió en guarda esos Pueblos, temido es él é sus sucesores de t o m a r los, cada que gelos demanden, y no los puede retener, ni por el tiempo trascursado, ni por gastos, que haya hecho en la g u a r dia de ellos. (Ley 5.) El Jefe paraguayo sabe, que las citadas leyes rijen en el P a raguay; debe saber que son las mismas del derecho c o m ú n , que rijen en todo el mundo; y debe ver, que aplicadas con rectitud al antecedente, que fija el artículo 4 . del convenio de 12 de Octubre, que nos ha trasladado, dá por precisa consecuencia, que el Gobierno del Paraguay no tiene títulos, ni derecho al territorio sito sobre la izquierda del Paraná, al departamento de Candelaria, que se encargó de custodiar.
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Buenos-Ayres,

Diciembre de 1850.

PEDRO SOMELLERA.