You are on page 1of 2

A LA DERIVA El hombre pisó algo blancuzco, y en seguida sintió la mordedura en el pie. Saltó adelante, y al ol erse, con un !

uramento io una yaracacus" #ue, arrollada sobre s$ misma, esperaba otro ata#ue. El hombre echó una eloz o!eada a su pie, donde dos gotitas de sangre engrosaban di%icultosamente, y sacó el machete de la cintura. La $bora io la amenaza y hundió m&s la cabeza en el centro mismo de su espiral' pero el machete cayó de lomo, disloc&ndole las (rtebras. El hombre se ba!ó hasta la mordedura, #uitó las gotitas de sangre y durante un instante contempló. )n dolor agudo nac$a de los dos puntitos ioleta y comenzaba a in adir todo el pie. Apresuradamente se ligó el tobillo con su pa*uelo y siguió por la picada hacia su rancho. El dolor en el pie aumentaba, con sensación de tirante abultamiento, y de pronto el hombre sintió dos o tres %ulgurantes puntadas #ue, como rel&mpagos, hab$an irradiado desde la herida hasta la mitad de la pantorrilla. +o $a la pierna con di%icultad' una met&lica se#uedad de garganta, seguida de sed #uemante, le arrancó un nue o !uramento. Llegó por %in al rancho y se echó de brazos sobre la rueda de un trapiche. Los dos puntitos ioleta desaparec$an ahora en la monstruosa hinchazón del pie entero. La piel parec$a adelgazada ya punto de ceder, de tensa. ,uiso llamar a su mu!er, y la oz se #uebró en un ronco arrastre de garganta reseca. La sed lo de oraba. -.Dorotea/ -alcanzó a lanzar en un estertor-. .Dame ca*a/ Su mu!er corrió con un aso lleno, #ue el hombre sorbió en tres tragos. 0ero no hab$a sentido gusto alguno. -.1e ped$ ca*a, no agua/ -rugió de nue o. .Dame ca*a/ -.0ero es ca*a, 0aulino/ -protestó la mu!er, espantada. -.2o, me diste agua/ .,uiero ca*a, te digo/ La mu!er corrió otra ez, ol iendo con la dama!uana. El hombre tragó un tras otro dos asos, pero no sintió nada en la garganta. -3ueno' esto se pone %eo... -murmuró entonces, mirando su pie, l$ ido y ya con lustre gangrenoso. Sobre la honda ligadura del pa*uelo la carne

desbordaba como una monstruosa morcilla. Los dolores %ulgurantes se suced$an en continuos relampagueos y llegaban ahora a la ingle. La atroz se#uedad de garganta, #ue el aliento parec$a caldear m&s, aumentaba a la par. 4uando pretendió incorporarse, un %ulminante ómito lo mantu o medio minuto con la %rente apoyada en la rueda de palo. 0ero el hombre no #uer$a morir, y descendiendo hasta la costa subió a su canoa. Sentóse en la popa y comenzó a palear hasta el centro del 0aran&. All$ la corriente del r$o, #ue en las inmediaciones del Iguaz" corre seis millas, lo lle ar$a antes de cinco horas a 1acur"-0uc". El hombre, con sombr$a energ$a, pudo e%ecti amente llegar hasta el medio del r$o' pero all$ sus manos dormidas de!aron caer la pala en la canoa, y tras un nue o ómito -de sangre esta ez- dirigió una mirada al sol, #ue ya traspon$a el monte. La pierna entera, hasta medio muslo, era ya un blo#ue de%orme y dur$simo #ue re entaba la ropa. El hombre cortó la ligadura y abrió el pantalón con su cuchillo5 el ba!o ientre desbordó hinchado, con gran-des manchas l$ idas y terriblemente doloroso. El hombre pensó #ue no podr$a llegar !am&s (l solo a 1acur"-0uc" y se decidió a pedir ayuda a su compadre Al es, aun#ue hac$a mucho tiempo #ue estaban disgustados. La corriente del r$o se precipitaba ahora hacia la costa brasile*a, y el hombre pudo %&cilmente atracar. Se arrastró por la picada en cuesta arriba' pero a los einte metros, e6hausto, #uedó tendido de pecho. -.Al es/ -gritó con cuanta %uerza pudo' y prestó o$do en ano-. .4ompadre Al es/ .2o me niegues este %a or/ -clamó de nue o, alzando la cabeza del suelo. En el silencio de la sel a no se oyó rumor. El hombre tu o a"n alor para llegar hasta su canoa, y la corriente, cogi(ndola de nue o, la lle ó elozmente a la deri a. El 0aran& corre all$ en el %ondo de una inmensa hoya, cuyas paredes, altas de cien metros, enca!onan %"nebremente el r$o. Desde las orillas, bordeadas de negros blo#ues de basalto, asciende el bos#ue, negro tambi(n. Adelante, a los costados, atr&s, siempre la eterna muralla l"gubre, en cuyo %ondo el r$o arremolinado se precipita en incesantes borbollones de agua

Al atardecer. con asombro.. 7 de pronto. sobre el r$o de oro. y con (l una somnolencia llena de recuerdos.. y aun#ue no ten$a %uerzas para mo er la mano. Al recibidor de maderas de m$ster Dougald. y su pecho. 8. El paisa!e es agresi o y reina en (l un silencio de muerte. la canoa deri aba elozmente. 8Llegar$a pronto: El cielo. Lorenzo 4ubilla. su belleza sombr$a y calma cobra una ma!estad "nica. tu o un iolento escalo%r$o. lo hab$a conocido en 0uerto Esperanza un Viernes Santo. 8. ya entenebrecida. )na pare!a de guacamayos cruzó muy alto y en silencio hacia el 0araguay.. Se hallaba casi bien.cho meses y medio: Eso s$.. y pensaba entretanto en el tiempo !usto #ue hab$a pasado sin er a su e6 patrón Dougald. De pronto sintió #ue estaba helado hasta el pecho. no hab$a duda. seguramente. la sed disminu$a. 7 cesó de respirar.. 4alculó #ue antes de tres horas estar$a en 1acur"0uc". El bienestar a anzaba. El hombre estiró lentamente los dedos de la mano. . El sol hab$a ca$do ya cuando el hombre. semitendido en el %ondo de la canoa. el monte de!aba caer sobre el r$o su %rescura crepuscular en penetrantes e%lu ios de azahar y miel sil estre. El eneno comenzaba a irse.u( ser$a: 7 la respiración. 81res a*os: 1al ez no. enderezó pesadamente la cabeza5 se sent$a me!or. -)n !ue es. libre ya. Desde la costa paraguaya. El hombre #ue iba en ella se sent$a cada ez me!or. en 1acur"-0uc": Acaso iera tambi(n a su e6 patrón m$ster Dougald y al recibidor del obra!e. 8Vi ir$a a"n su compadre 9aona. o !ue es. La pierna le dol$a apenas. 8Dos a*os y nue e meses: Acaso. al poniente.%angosa. se abr$a ahora en pantalla de oro. 8Viernes: S$. no tanto. girando a ratos sobre s$ misma ante el borbollón de un remolino.. y el r$o se hab$a coloreado tambi(n.. All& aba!o. sin embargo. contaba con la ca$da del roc$o para reponerse del todo. 2o sent$a ya nada ni en la pierna ni en el ientre. se abr$a en lenta inspiración..