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A LOS 25 A€OS DE LA GUERRA •CIVIL‚

JUSTIFICACIƒN

HASTA LA BALLENA PIDIƒ LA REVOLUCIƒN

Desde la terminaci€n de la guerra •civil‚, en muchas ocasiones, colectivos falangistas manifestaron su disconformidad con el Rƒgimen de Franco que enarbol€ sus banderas, sus s„mbolos, para encubrir algo que nada ten„a que ver con lo que Josƒ Antonio Primo de Rivera pretendi€: Pocos supieron y su realidad ocultada. La Falange autƒntica, de la que Patricio Gonz…lez de Canales fue Secretario, organizada con el prop€sito de matar al •Caudillo‚. La rebeli€n de Narciso Perales, Palma de Plata de Josƒ Antonio, que fund€ el Frente Sindicalista Revolucionario. en la clandestinidad. El mot„n hedillista de Labajos. El repudio p†blico a Franco de la centuria de monta‡eros. encabezada por Cepeda, en el Valle de los Ca„dos; la carta de ruptura de Dionisio Rodruejo, sin olvidar la condena, por Franco, a muerte de Manuel Hedilla, que hab„a sido elegido Jefe Nacional para suceder a Josƒ Antonio.

UN INTENTO DE RESURRECCIƒN FALANGISTA. C.L. MAESTU

Y mucho m…s que reflejaba un clima mientras que todo seguir„a aparentemente sin novedad. En los a‡os 1963 y 1964, cuando a†n quedaba tiempo para el final del periodo franquista, Narciso Perales Herrero, Patricio Gonz…lez de Canales, Carlos Juan Ruiz de la Fuente, secretario de la Vieja Guardia. m…s Ceferino Maestu y Sigfredo Hillers, procedentes del Frente de Juventudes, constituimos un grupo activista de reactivaci€n falangista, p†blica y clandestina, al margen y contra la Dictadura. Fruto de aquella colaboraci€n fue la edici€n de la revista •Sindicalismo‚, de la que solo logramos editar siete n†meros hasta que el Gobierno la prohibi€. Otra iniciativa fue la promoci€n de una tertulia •falangista‚ en el s€tano del Cafƒ Lion, cerca de Cibeles, conocido por la •Ballena Alegre‚. Con paredes adornadas de pinturas de Hidalgo de Caviedes, se hab„an

reunido, en ƒl, antes de la guerra, diversos grupos pol„ticos. Nosotros lo intentamos, muchos a‡os despuƒs. Los viernes en la noche, reun„amos a m…s de un centenar de universitarios y trabajadores, falangistas y no falangistas, para descubrir la historia del movimiento obrero y la elaboraci€n de una doctrina sindicalista revolucionaria ajustada a las exigencias de la realidad, de aquel tiempo. L€gicamente, terminaron por prohibirla, como la revista, y solo nos qued€ la posibilidad de hacer un folleto de miles de ejemplares con las •charlas‚ de la •Ballena Alegre‚ y se acab€. Carlos Juan se muri€ y los dem…s continuamos, como se pudo, con la voluntad de abrir caminos de esperanza para el pueblo espa‡ol. Ha pasado mucho tiempo. Nada menos que 45 a‡os y son pocos quienes recuerdan y viven. Para los m…s, solo una referencia vaga.

Este librito recoge las charlas de quienes nos atrevimos a dar la cara como expresi€n de fidelidad. Llegamos hasta donde pudimos y como supimos. El texto completo lo podƒis conocer ahora. Puede que algo ser… aprovechable y no disparatado. Conf„o en que Narciso, Patricio y Carlos Juan, desde el Cielo me den su aprobaci€n, porque lo de la •Ballena‚ no fue para olvidar.

INDICE

I. Los hombres necesitan un trato de hombres.

II. La empresa para los que la trabajan..

III. 124 señores controlan el 50 por ciento del capital de las empresas españolas.

Ceferino Maestu 88 a‡os

IV. Queremos que la empresa sea de todos y de cada uno

V. Por mundial.

la

revolución

sindicalista

VI. El mito de la competencia y de la iniciativa privada. VII. Somos partidarios de una economía planificada.

VIII. Los sindicatos como organización de la producción. EPILOGO.

I

LOS HOMBRES NECESITAN UN TRATO DE HOMBRES

El concepto de Propiedad Privada puede cambiarse por una simple Ley. La propiedad privada no es el capital, dijo José Antonio Primo de Rivera. Los hombres necesitan un trato de hombres y no de máquinas. Queremos que España no sea la propiedad privada de dos centenares de personas. La destrucción del orden socioeconómico medieval, representado por los gremios, las corporaciones, las cofradías, dio paso al liberalismo capitalista, al dejar hacer a cada uno lo que le fuera posible, a las guerrillas en el campo de la actividad económica, con todas las repercusiones de esto en el campo social. De un sistema

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rígido de regulaciones se pasó a la libertad para todo. Fruto de esta época, consecuencia de las nuevas filosofías, de la forma de entender la vida que se impone, es la concepción de la propiedad, según la cual el individuo que es propietario de algo lo es por entero, sin limitación moral o legal alguna. La propiedad adquiere un sentido marcadamente individualista, sin obligación social de ningún género. Pasa a justificarse por el dinero con que se adquiere. El que tiene dinero es dueño de las cosas y, como es propietario sin limitación ni justificación moral alguna, solo en función del dinero con el que la adquiere, puede hacer con su propiedad lo que le venga en gana, sin que ninguna otra autoridad pueda influir sobre ella. Sobre esta filosof€a se monta el capitalismo moderno y se llega, en el mundo del trabajo econ•mico, a las situaciones que han sido descritas en tantos y tantos libros,

hasta poner los pelos de punta sobre la explotaci•n inhumana de los trabajadores que, como te•ricamente eran libres para cambiar de ocupaci•n, no ten€an derecho a quejarse de su situaci•n laboral. Cada vez que los trabajadores o los soci•logos y pol€ticos o moralistas, deseosos de una reordenaci•n justa de la sociedad, han pretendido enfrentarse con esta situaci•n, se les ha echado encima la tremenda acusaci•n de que iban contra el derecho natural poniendo en peligro la instituci•n milenaria de la propiedad privada. Han sido muchos los argumentos esgrimidos y, como era de esperar, tambi‚n, se ha utilizado el de la interpretaci•n jur€dica romana de propiedad. Pero, como dice el profesor Pascual Mar€n: ƒEn el aut‚ntico Derecho Romano, eran de car„cter eminentemente colectivo, puesto que estaban rigurosamente vinculadas a la familia….

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¿LA PROPIEDAD ES UN ROBO? Por otra parte, frente al extremismo de la propiedad capitalista, otros levantaron la tesis de que la propiedad es un robo. Y quiz… no les falta del todo raz€n, al menos por lo que se refiere a la propiedad capitalista y desde el …ngulo de visi€n de miembros de una sociedad cristiana. En efecto, Dios hizo la Tierra para que la gozasen y la poseyesen todos los hombres, para que todos pudieran disponer de sus bienes. La propiedad capitalista, concebida como un dominio total, absoluto, sobre las cosas, sobre los bienes, pasa a ser una usurpaci€n, una violaci€n de la voluntad de Dios, una transgresi€n del orden natural, una falsificaci€n de la propiedad privada, en beneficio de unos pocos. Josƒ Antonio Primo de Rivera, en su Conferencia del C„rculo Mercantil de Madrid, dijo: •Precisamente uno de los efectos del capitalismo fue el aniquilar, casi por entero,

la propiedad tradicionales‚.

privada

en

sus

formas

FUNCIÓN SOCIAL DE LA PROPIEDAD Hay quien dice que la concepci€n de la propiedad cambia. Es verdad. El concepto de propiedad privada es variable y el derecho positivo ha ido consagrando en los cuerpos legales las exigencias de la cambiante realidad social Sin embargo, el concepto cristiano de la propiedad no ha cambiado y la Iglesia Cat€lica y los Pont„fices han sostenido repetidamente que la propiedad privada s€lo se justifica por su funci€n social. Esta tesis ha sido sostenida insistentemente por los dos †ltimos pont„fices en sus Enc„clicas y est… recogida, incluso, en las Leyes fundamentales actualmente vigentes en Espa‡a. Pascual Mar„n, en su conferencia pronunciada en mayo del 62 en el C„rculo Josƒ Antonio, de Madrid, dijo: •Y si no es derecho el que no tiende a la realizaci€n de la Justicia, es tambiƒn perfectamente l€gico

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que nadie pretenda rasgarse las vestiduras cuando se le niegue el car…cter de derecho de propiedad al que le falte uno de sus caracteres esenciales: el condicionamiento al cumplimiento de una funci€n social, exactamente igual que nadie se escandaliza cuando se niega el car…cter de derecho de propiedad al que pudiera recaer sobre las cosas abandonadas; porque, sˆ se puede perder la propiedad sobre una cosa por voluntad social, cuando la funci€n de esta „ndole, que est…, inexorablemente llamado a realizar el propietario, no la realiza. Y entonces el Estado, exactamente igual que se puede apropiar de la •res nulius‚ (cosas que no tienen due‡o), podr… tambiƒn hacerlo de las que lleguen a convertirse en tales por faltarles la funci€n social que est…n llamadas a realizar. Y no hay otra soluci€n ‰ termina diciendo -: la propiedad debe de cumplir una funci€n social, con todas sus consecuencias como estima el Cristianismo‚. Y esto lo dice un jurista, un profesor universitario, un magistrado, no un simple revolucionario , iconoclasta.

LA REVOLUCIÓN DE LAS LEYES Unos, como promotores de una reconstrucci€n del orden natural conculcado por la sociedad, y otros como restauradores de la voluntad de Dios, la verdad es que son muchos los que, desde plataformas intelectuales o desde movimientos populares revolucionarios han pretendido, en el pasado y en el presente, profundas transformaciones leggales en el concepto de la propiedad privada. •Por ello †como a‡ad€a Pascual Mar€n- el ilustre civilista italiano, Profesor Barassi, dice que siendo la propiedad un derecho configurado por normas de derecho positivo, ser„ ‚ste y no la especulaci•n abstracta, quien habr„ de determinar su contenido normal, de modo que en circunstancias normales tendr„ unos l€mites m„s restringidos que los que le corresponder€an desde un punto de vista abstracto y filos•fico. L€mites que no constituyen propiamente una limitaci•n, sino que determinan el estado normal….

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Y de esta forma, pueden abrirse caminos insospechados para la modificación revolucionaria de la empresa, como unidad de trabajo económico. LA EMPRESA DE HOY Pero volvamos a la realidad: ¿quién es el propietario de la empresa en un sistema capitalista?. Como es lógico, según su filosofía, el propietario del capital, del dinero. Al menos, teóricamente, así es. En la práctica ocurren otras cosas. Los pobres accionistas son unos peleles en manos de los grupos oligárquicos que controlan la economía de un país y que, como revelaba el profesor Juan Velarde, se refleja en esos 124 consejeros que controlan 69 empresas, equivalentes al 49,4 por 100 de los capitales de todas las sociedades españolas dedicadas a actividades económicas. Es decir, que 124 personas vienen a controlar prácticamente casi el 50 por 100 de la inversión de capital en empresas de nuestro país.

Son muchos más los accionistas, pero el desarrollo de la sociedad anónima, ente jurídico respaldador de la mediana y gran empresa, normalmente ha hecho que la figura antigua del accionista vaya desapareciendo progresivamente del panorama empresarial, se vaya difuminando y cada vez juegue un papel más pequeño, de menor importancia, para pasar a primer plano el representante de los juegos financieros, de créditos y de influencias, de mercados y de contratos. EL HOMBRE MAQUINA Ahora bien, de hecho, lo que ocurre es que los que se amparan en la concepción de la propiedad capitalista son los que dominan en la empresa económica. ¿Cuál es la situación personal de quien en ella trabaja?. Con excepción de los interventores en representación del capital, el resto del personal son asalariados, mejor o peor pagados. Proletarios que no tienen, en el mundo al que dedican las mejores horas de su juventud y de su ancianidad, otra cosa

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que un salario, un pago con el que los representantes del capital le despachan; una retribuci•n similar a la que la m„quina recibe en aceite o en petr•leo, en electricidad o en reparaciones, una retribuci•n que le permita subsistir para seguir rindiendo su aportaci•n, cumpliendo su misi•n limitada, maquinal. Jos‚ Antonio, como todos record„is, dec€a: ƒˆSe concibe forma m„s feroz de existencia que la del proletario, que acaso vive durante cuatro lustros fabricando el mismo tornillo‰., sin ver jam„s completo el artificio de que aquel tornillo va a formar parte y sin estar ligado a la f„brica m„s que por la inhumana frialdad de la nomina?. Sin estar ligado a su empresa m…s que por la inhumana frialdad de la n€mina. Los hombres necesitan un trato de hombres y ƒste no es trato de hombres, de personas. La relaci€n entre personas representa siempre el establecimiento de lazos humanos, de participaci€n, de entendimiento.

Pero el sistema capitalista de empresa lo rechaza siempre porque por ese camino teme que se produzca •la subversi€n‚. Por ello, insiste en considerar al trabajador (y llamo trabajador a todo el que vive de su trabajo, de un salario, cualquiera que sea su categor„a laboral) como simple asalariado, al que se le paga por la tarea realizada y no se le dan m…s derechos ni responsabilidades. ESTÁ MADURANDO LA REALIDAD Esta realidad empresarial, a lo largo de m…s de cien a‡os, ha provocado y provoca tensiones, enfrentamientos, colisiones, en el marco de la comunidad de trabajo y, tambiƒn, todo ello provoca la ausencia de la necesaria solidaridad, del mutuo interƒs. Los trabajadores, sin atractivos empresariales, se limitan a cumplir con su labor, sin entusiasmo, sin pasi€n. Los empresarios tratan de animarles a un rendimiento mayor a un rendimiento condicionado por una voluntaria aplicaci€n individual, mediante la implantaci€n de sistemas de ‚primas‚, f€rmulas de •participaci€n en beneficios‚ y de relaciones

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humanas, o bien mediante sistemas cient„ficos de racionalizaci€n del trabajo o control psicol€gico del individuo. Pero la realidad es que s€lo en los pa„ses imperialistas, en los que logran elevados niveles de vida. mediante la explotaci€n de pueblos subdesarrollados, que les compran su producci€n industrial, a cambio de materias primas a bajo precio, comunidades humanas altamente materializadas, prototipos de la moderna filosof„a materialista de la avaricia, la satisfacci€n creciente de apetencias materiales (que cultivan por igual capitalistas liberales y capitalistas comunistas), el individuo se aviene a esta situaci€n animal recibiendo su salario y desvincul…ndose cordial y radicalmente de la empresa en la que vive m…s horas que en su casa. La realidad, en nuestro pa€s, es que las cosas est„n mucho m„s maduras de lo que parece, para la revoluci•n en la concepci•n de la propiedad empresarial. Por un lado est„ la filosof€a cristiana, que impone una funci•n social a la propiedad, que no admite su entendimiento como patri-

monio exclusivo y sin l€mites, sino como administraci•n temporal de bienes, condicionada por el bien comŠn. Por otra parte, la acentuaci•n de la crisis de la empresa capitalista, por las causas tradicionales, consecuencia de su propia constituci•n, y por el car„cter aristocr„tico-feudal que la caracteriza. Los trabajadores que salen a otros pa€ses, las nuevas corrientes de ideas y nuestra siembra sindicalista van creando una conciencia nueva, van haciendo comprender a los trabajadores cu„l es la realidad que deben intentar dominar. Har€a falta, tan s•lo, que un movimiento pol€tico estuviera en condiciones de promover nuevas leyes para que todo cambiase. Razones hondas y cristianas existen para respaldarles. Solo falta la voluntad de realizaci•n, el prop•sito revolucionario decidido. Pero, por ahora, esa tiene que ser una de nuestras banderas. Josƒ Antonio Primo de Rivera dijo que •la propiedad no es el capital: y que el capital es s•lo un instrumento econ•mico….

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Pues bien, nuestra revoluci€n en la empresa tiene que basarse en esta idea de Josƒ Antonio, en esta intuici€n genial. NO PRETENDEMOS LA DESTRUCCIÓN No pretendemos destruir la propiedad privada, sino hacer que la propiedad privada no sea de un grupo de oligarcas dominadores de una comunidad humana de trabajo o de una sociedad de accionistas aportadores de este capital, y sea en cambio de todos los que participan en las tareas de la empresa, cualquiera que sea su categor„a. Queremos que la propiedad privada no sea exclusiva de 124 consejeros en el pa„s, sino de los millones de hombres y de mujeres que cada d„a se dejan la vida junto a las m…quinas o en los campos, multiplicando la riqueza. Como dice Carlos Juan Ru„z, de la Fuente en uno de los †ltimos boletines de la Vieja Guardia: •Al dinero habr… que reconocerle un derecho de renta: pero hay que negarle el derecho de propiedad. Hay que

dar a Dios lo que es de Dios, y al Cesar lo que es del Cesar; hay que dar al hombre el ejercicio de poderes y derechos que de su origen divino emanan, y dar a la moneda lo que es de la moneda, por convencionalismo humano: el interƒs‚.

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II

por el camino de sus reivindicaciones revolucionarias. Quizá haya quien sea partidario de la acción subversiva, sin justificación suficiente, pero los que seguimos a José Antonio sabemos cuántas veces señaló la necesidad de armarse de buenas razones que dieran solidez moral a cualquier actitud. Existe, naturalmente, para una acción concreta revolucionaria, el gravísimo problema de la situación a la que tiene forzosamente que enfrentarse. En principio, a la acción revolucionaria se le presentan dos posibilidades: respetar esta situación que, aunque pueda ser injusta, está amparada por la legalidad anterior, o bien, violentamente, despojar a los propietarios anteriores para ajustar los bienes a los nuevos tipos de propiedad que en el futuro se creen. Ante este problema existen razones, y razones de peso, para cualquier solución que se adopte. Es un hecho cierto que el origen de la mayor parte de la propiedad privada existente es el despojo, el terrible despojo ejercido día tras

LA EMPRESA PARA LOS QUE LA TRABAJAN.

La emancipación de los obreros de la industria sólo puede consistir en la toma de posesión de los instrumentos de producción. El concepto cristiano, moderno y que se ajusta plenamente al pensamiento joseantoniano, es el de la propiedad como derecho justificado sólo por el cumplimiento de una función social y examináremos cómo la propiedad capitalista no cumple con estos requisitos esenciales. Por ello, sostenemos que, armados de razón, con la fuerza moral de la defensa y promoción de la Justicia, amparados por la doctrina jurídica moderna, por José Antonio Primo de Rivera, por las encíclicas pontificias, y hasta, en cierto modo, por las leyes fundamentales del actual régimen político español, los sindicalistas pueden avanzar con paso seguro

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d€a a las masas productoras de todos los tiempos‰…. Esto ha dicho Pascual Mar€n, jurista destacado con cargos importantes en el R‚gimen. En un art„culo publicado en la revista •INDICE‚, de Madrid, el profesor universitario Josƒ Lu„s Rubio Cord€n contaba: •Un sacerdote especializado en cuestiones sociales, muy enterado, muy equilibrado y nada demagogo, me dec„a en una ocasi€n: He llegado a la conclusi€n de que si los obreros ocuparan la propiedad de las empresas, obrar„an en justicia, porque la suma de lo que les ha sido defraudado por los propietarios a lo largo de tantos a‡os, teniendo en cuenta lo que hubiera sido un salario justo con arreglo a las normas pontificias, cubre el valor actual de las empresas‚. Pascual Mar„n, en su disertaci€n, segu„a con estas ideas: Pero. al propio tiempo, el despojo no puede justificar el despojo, y unos siglos de legalidad (yo me permitir„a rectificar que quiz… unas decenas de a‡os.

en muchos casos), aunque sea injusta ofrecen ciertos derechos indudables, aunque no todos los que para si pretenden los propietarios. Adem…s, aunque no existieran otras razones, hay algunas de orden pr…ctico que aconsejan evitar las convulsiones demasiado violentas; las sociedades necesitan cierto tiempo para adaptarse a las nuevas situaciones; por eso, en general, es de aconsejar cierta mesura en los mƒtodos revolucionarios en relaci€n con la situaci€n de hecho con la que se encuentren. En algunos casos ser…n necesarias las expropiaciones con indemnizaci€n dineraria pero. en otros, como luego veremos, no; en otros, utilizar las transmisiones por herencia; en otros, ir sin vacilaciones a la sustituci€n de la propiedad de forma expeditiva; no se puede llegar a determinar por anticipado c€mo debe realizarse la acci€n revolucionaria sobre una situaci€n de hecho; precisamente por tratarse de situaci€n de hecho, como tal debe resolverse, Conjugando la prudencia con la firmeza, y la decisi€n con la caridad cristiana. No olvidemos que - como dec„a Josƒ Antonio, en

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un texto poco conocido, informando ante el Tribunal Supremo de Justicia - •al propugnar por la revoluci€n, nos referimos a la transformaci€n jur„dico-pol„tico-econ€mica del pa„s‚. EL CAMINO DE LA REVOLUCIÓN Evidentemente, la revoluci€n debe ser una transformaci€n de las estructuras jur„dicas, sociales y econ€micas de un pa„s, pero procurando evitar, hasta donde sea posible, el desorden provocado por el cambio de un orden a otro, con todas las consecuencias nefastas que pueden sobrevenir. La revoluci€n no est… en la algarada, sino en la transformaci€n real. Muchas veces ha ocurrido que los trabajadores han desahogado sus aspiraciones en una simple revuelta ciega sin objetivos precisos. Y no se trata de desahogarse, de vengarse, sino de modificar una realidad, de construir un orden nuevo para la sociedad y para la econom„a.

Ahora, en cualquier lugar, la tentaci€n de los revolucionarios es escuchar las voces de sirena, atender a quienes pretenden distraerlos con peque‡eces, enzarzarles en las luchas peque‡as, en las polƒmicas sin trascendencia, gastar su pasi€n y su capacidad de acci€n en despejar el camino de perros. Pero, como nos ense‡aba Ramiro Ledesma Ramos, hay que ponerse algodones en los o„dos, si es necesario, para concentrar todo el esfuerzo en una sola direcci€n, hacia la conquista de las metas revolucionarias propuestas. Hay que pelear como si nada ocurriera a nuestro alrededor, preparando unos equipos de hombres con ideas claras, se‡al…ndose unos objetivos sucesivos que nos acerquen a donde queremos ir, y despreciando ol„mpicamente a quienes tratan de llevarnos a su terreno para tendernos sus trampas y hacernos fracasar. Pero volvamos a la l„nea de nuestra exposici€n. Aunque pueda haber casos en los que est… plenamente justificada la expropiaci€n

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sin indemnizaci€n previa ni posterior, la norma general, creo que debe ser la de considerar una transferencia de derechos, condicionada por una legislaci€n revolucionaria. Tal y como dec„a Ramiro de Maeztu en junio de 1919, cuando las derechas le llamaban •el malo‚ y manten„a estrechos contactos con el movimiento guildista brit…nico, hasta el punto de que escrib„a m…s en Inglaterra - donde ten„a un extraordinario prestigio, en los sectores intelectuales partidarios de una modificaci€n de las estructuras sociales - que en Espa‡a: •la emancipaci€n de los obreros de la industria solo puede consistir en la toma de posesi€n de los instrumentos de producci€n por los obreros mismos, como piden los sindicalistasŠ.‚.

LA TONTERÍA DE LA ARMONIZACIÓN DEL CAPITAL Y EL TRABAJO

Josƒ Antonio Primo de Rivera despeja una primera inc€gnita para aclarar la situaci€n cuando hace su famosa y sensacional declaraci€n de que •la propiedad no es el capital‚ y que •el capital es un instrumento econ€mico‚. Bastantes a‡os antes, la Uni€n Internacional de Estudios Sociales, fundada en Malinas por el santo Cardenal Mercier, y que formul€ muchas tesis que siguen estando en la vanguardia del pensamiento social, ya hab„a dicho algo similar: •El capital es el factor instrumental de la producci•n… y, previamente, en su tambiƒn famoso C€digo, dec„a: •El trabajo no es una fuerza instrumental, una mercanc€a que se compra y se vende, que se transporta a voluntad…. Por ello, cuando los innovadores, los reformistas moderados, se arriesgan a proclamar la necesidad de armonizar el capital

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y el trabajo en la empresa de hoy o del futuro, hay que recordarles la necesidad de basar en el hombre, en los hombres, el nuevo orden socio-econ€mico, situando en otro plano a los factores instrumentales. Y para nosotros, para los sindicalistas, nos bastan aquellas palabras de Josƒ Antonio Primo de Rivera en Valladolid: •‹Quƒ es esto de armonizar el capital y el trabajo?. El trabajo es una funci€n humana, como es un atributo humano la propiedad‚. E insist„a: •Pero la propiedad no es el capital, el capital es un instrumento econ€mico‚. SUPRESIÓN DEL SALARIADO Por otra parte, Josƒ Antonio tambiƒn despeja otra inc€gnita de gran valor cuando dice: •Los sindicatos no ser…n ya arquitecturas parasitarias •seg†n el actual planteamiento de la relaci€n de trabajo‚ y cuando a‡ade sus comentarios sobre la tr…gica situaci€n del trabajador que vive •sin estar ligado a la f…brica m…s que por la inhumana frialdad de la n€mina‚.

En el Circulo Mercantil madrile‡o insist€a en que ƒse llegar„ a no enajenar el trabajo como una mercanc€a, a no conservar esta relaci•n bilateral del trabajo‰…. ˆCu„l es esta relaci•n bilateral que representa la enajenaci•n del trabajo como una mercanc€a y que es caracter€stica de la empresa capitalista?. La respuesta es f„cil para cualquiera: el salariado, que no liga al trabajador a la empresa ƒmas que por la inhumana frialdad de la n•mina…. ¿CÓMO SERÁ LA EMPRESA SINDICALISTA? Pues bien, Jos‚ Antonio nos ayuda a despejar dos inc•gnitas fundamentales para la concepci•n de la nueva empresa. Por un lado, otorga al capital s•lo un valor Instrumental y afirma el car„cter de la propiedad como atributo humano. Por el otro, se‡ala la necesidad de suprimir el salariado capitalista en la concepci•n sindicalista de la empresa.

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Sobre esta base, podemos concebir la empresa como una comunidad humana de trabajo para la producción económica. Por tanto, la primera medida sería disponer de una legislación revolucionaria, modificadora de derechos, ordenadora de los nuevos y encauzadora de la constitución empresarial de nuevo cuño. Sobre esta base, debería constituirse la comunidad empresarial, integrada por la totalidad de los que cumplen una función determinada, específica, en la organización del trabajo. En esta comunidad podrán estar, si cumplen estos requisitos, incluso los actuales propietarios, los actuales dirigentes de la empresa, pero no como propietarios, sino como tales miembros de una comunidad de trabajo con funciones específicas que lo justifiquen. Los representantes de esta comunidad de trabajo, de los nuevos propietarios de la empresa, deberán, por las razones expuestas anteriormente y salvo los casos especiales, más o menos numerosos, en los que

esté plenamente justificada la expropiación sin indemnización, negociar con los antiguos propietarios (los representantes del capital) los términos de un pacto o acuerdo de indemnización. En primer lugar, habría que determinar el valor de la empresa, lo que debería fijarse de acuerdo con la última evaluación fiscal, única fórmula justa desde el punto de vista social y político; en segundo lugar, habría que concretar, de acuerdo con la legislación puesta en vigor por la Revolución, los plazos posibles para la devolución del capital, los intereses a pagar durante el tiempo que se tarde en devolverlo, y hasta las posibles garantías que sea necesario comprometer. Se trataría de concretar una relación similar a la que actualmente mantiene un Banco con la empresa a la que hace un préstamo o concede un crédito y nada más. Carlos Juan Ruiz de la Fuente, secretario de la Vieja Guardia, que tuvo oportunidad de conversar con José Antonio de estas cosas, en julio de 1963 decía en el

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Bolet„n •Vieja Guardia‚ que •al dinero habr… que reconocerle un derecho de renta, pero hay que negarle el derecho de propiedad‚. Un famoso profesor me coment• que convendr€a siempre, en estos casos, ofrecer f•rmulas flexibles para adecuarse a la cambiante realidad socio-econ•mica, a las diversas situaciones que puedan plantearse. El propio Jos‚ Antonio lo ve con claridad cuando se‡ala que habr„ propiedad individual, familiar, comunal, sindical y, por tanto, la posibilidad de empresas individuales, familiares, comunales y sindicales. Y quiz„s otras clases m„s de unidad y de propiedad empresarial. Ahora bien, lo importante es que todas ellas se basen en la supresi•n, definitivamente, del salariado. Si alguien crea una empresa tendr„ que formar sociedad con cuantos hayan de intervenir en el trabajo econ•mico, que no ser„n nunca enajenadores de su trabajo, sino socios de una tarea comŠn.

TODO FUNCIONARÁ BIEN En la nueva empresa, constituida por todos los integrantes de la organizaci•n de trabajo, una vez concluido el pacto con los antiguos propietarios y bien definidos sus derechos, todo deber€a seguir funcionando como hasta ahora, como en cualquier otra empresa de trabajo. Una f•rmula, una experiencia realizada con ‚xito. es la de las cooperativas de Mondrag•n, de las que hemos hablado varias veces y a las que la revista ƒSindicalismo… dedic• sus p„ginas centrales en el primer nŠmero aparecido. Quiz„ puedan aprovecharse tambi‚n otras experiencias, pero quiz„ tambi‚n la legislaci•n revolucionaria deba se‡alar solo unas normas concretas, pero flexibles, para la organizaci•n empresarial de acuerdo con la psicolog€a de sus miembros y las necesidades reales. En fin, este es un problema t‚cnico que a nadie debe preocupar demasiado. Lo importante es que hay experiencias diversas, que hay que estudiar a fondo, de empresas comunitarias, y que ha-

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brán de ser tenidas en cuenta por expertos, una vez llegado el caso. Autom…ticamente, surge la prudente advertencia de que, si todos son propietarios, todos querr…n mandar. Sin embargo, bastar… una reglamentaci€n clara, concreta, terminante, una adscripci€n de derechos y obligaciones a todos y cada uno de los integrantes de la empresa. Y, para evitar los incidentes de car…cter humano, hasta donde esto sea posible, habr„a que someter a los trabajadores a una instrucci€n adecuada, para la comprensi€n de la nueva situacion y aprovechamiento de sus posibilidades. LOS TRABAJADORES EMPRESARIOS Cada uno de los miembros de la comunidad empresarial, al igual que en las actuales sociedades empresariales capitalistas, pertenecer„a a dos corrientes de funciones y derechos: Por un lado, cada uno de los miembros de la empresa ser„a integrante de la sociedad legal de propietarios, similar a la actual sociedad de accionistas. En este

caso, deber„a reunirse en junta general, elegir a los componentes del Consejo de Administraci€n o similar, fiscalizar la marcha general de la empresa, aprobar o rechazar los balances, etc. etc. Por otra parte, pertenecer„a a la comunidad de trabajo en que s€lo tendr… los derechos y obligaciones que por su categor„a profesional y funci€n org…nica le correspondan. Josƒ Antonio Primo de Rivera dec„a, de la nueva empresa sindicalista, que •funcionar… org…nicamente, como funciona el Ejƒrcito‚. Es decir, que el capit…n act†a como capit…n y el soldado como soldado, que cada uno hace lo que debe hacer y no hay m…s problemas. Pero no s€lo en funci€n de una disciplina, sino por el cumplimiento de una tarea que a cada uno corresponde. Surge, con frecuencia, el reparo de que los trabajadores no est…n preparados. Ahora bien, nosotros, los sindicalistas, consideramos que trabajador es todo el que vive de su trabajo, todo asalariado actual. Por ello, englobamos a todas las categor„as

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profesionales de una empresa. Lo l€gico, por tanto, es que cada puesto sea ocupado por el m…s capaz y, si no lo hay en la empresa, por el que pueda ser •fichado‚ para ocuparle y que pasar„a a ser un nuevo socio de ella. Ahora bien: todos los integrantes de la comunidad empresarial necesitan ser instruidos sistem…ticamente para el mejor conocimiento de los problemas econ€micos y de los problemas particulares de su empresa y del sector de producci€n al que pertenece. As„ se les capacitar… para ejercer sus funciones con la mayor eficacia en el Consejo de Administraci€n o colaborar eficazmente en la marcha empresarial. De todas formas, creo que el incentivo del beneficio, de la propiedad empresarial, de la vinculaci•n personal a la organizaci•n, le har„, en todo caso, rendir al m„ximo, colaborar en todo lo que pueda, con la mayor eficacia.

LOS CAPITALISTAS SON LOS QUE NO EST„N •MADUROS‚ El magnifico Padre Arizmendi, promotor de las cooperativas industriales de Mondrag•n, en una carta que me escrib€a hace unos d€as afirmaba: ƒLo que les afecta m„s (se refiere a los actuales empresarios capitalistas) es otra cosa y concretamente el que se tuviera que admitir que los trabajadores, hoy entre nosotros, est„n en condiciones de que se les considere como mayores de edad; est„n maduros para las reformas m„s radicales de la empresa, si es que por su parte los empresarios son capaces de situarse en el plano que demanda nuestra conciencia humana y cristiana. Se ha especulado e interesa seguir especulando con que los trabajadores no est„n maduros. Ser€a mejor decir - a‡ade el Padre Arizmendi - que los que no est„n maduros para nada que signifique promoci•n social, con mengua de sus privilegios, son los capitalistas….

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Y el Padre Arizmendi tiene esa magnifica experiencia de unas cooperativas industriales que engloban a 2.500 trabajadores, actualmente, y en vías de crecimiento. (ya tiene más de 70.000). Como no es cosa de continuar unas cuantas horas más, creo que es preferible que dejemos para el próximo viernes, si Dios quiere, la exposición de nuevas ideas sobre la organización de la empresa y de la economía sindicalista. Aún hay mucho que ver y, con vuestra buena voluntad, podremos irlo logrando. Lo importante es que estas ideas, que tratan de responder fielmente a la tradición sindicalista y al esquema de ideas joseantoniano, sean consideradas por vosotros como aportaciones personales, como planteamientos de problemas que, en el mejor de los casos puedan servir para que vosotros también penséis, le deis vueltas a las cosas, aportéis nuevas ideas, nuevos ángulos de visión, señaléis defectos, para, entre todos, terminar haciendo del sindicalismo una

doctrina viva en cada uno de los que aquí estamos y en cada uno de los españoles, capaz de ser, algún día, la solución a los trágicos dilemas entre los que se debate nuestra Patria desde hace muchos años, sin que hasta ahora hayamos acertado en el momento oportuno o hayamos sido capaces de vencer las resistencias de los empeñados en sostener un orden injusto.

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III

pietario, en un patrono due‡o del capital. El patrono pod„a decir tranquilamente: •la empresa soy yoŠ.‚. La empresa, o el empresario o patrono era el que contrataba el trabajo, el que vend„a, el que ganaba o perd„a en el balance final de resultados. Poco a poco, con la evoluci€n de las formas de propiedad capitalista, la figura del patrono ha ido casi desapareciendo. En las modernas sociedades, el patrono ha sido sustituido por un Consejero-delegado, representante de un Consejo de Administraci€n que, a su vez, representa a unas acciones de capital, normalmente no vinculadas nominalmente a persona alguna. Por otra parte, estos accionistas an€nimos son fantasmas desconocidos en el marco de la empresa y no juegan m…s papel que el de simples contempladores en una junta general anual o el de cobradores de unos dividendos que se les conceden sin que ellos intervengan en su determinaci€n.

124 SEÑORES CONTROLAN EL 5º POR 100 DEL CAPITAL DE LAS EMPRESAS ESPAÑOLAS.

Los trabajadores carecen del cauce necesario para sus inquietudes y problemas. Josƒ Antonio apoy€ el sindicalismo clasista para un rƒgimen capitalista. Hay que econ€mico. crear un nuevo orden

Hace relativamente pocos a‡os y solo por las reformas que la realidad social y las exigencias econ€micas han ido imponiendo en la empresa, se ha planteado la necesidad de definirla. Hasta entonces, y a pesar de la evoluci€n formal de la propiedad capitalista, la empresa estaba personalizada en su pro-

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Los que manejan las empresas son ciertos grupos, amparados en determinadas capacidades de crƒditos bancarios u oficiales, en influencias pol„ticas, en intereses comunes del ramo de producci€n, etc.. Como os dec„a el viernes pasado, el profesor Juan Velarde, en su Conferencia sobre el Capitalismo en el C„rculo Josƒ Antonio, denunci€ c€mo 124 consejeros controlaban el 49,5 por 100 del capital social de las empresas espa‡olas. Evidentemente, el empresario capitalista es hoy una figura blanda, a la que no se puede acometer, que no tiene responsabilidad personal directa, que no da la cara, que se encubre tras la responsabilidad compartida con una serie de personajes an€nimos y que esgrime s€lo el poder que le da su privilegiada posici€n, tanto en el seno de la empresa como en el conjunto de la sociedad nacional e internacional. Cuando se acosa al representante empresarial, siempre termina escabullƒndose en su responsabilidad concreta de •consejero delegado‚ y cede responsabilidades y decisiones al Consejo que,

a su vez, puede jugar con esa caja de resonancias y oficializaciones semip†blicas que es la Junta General. Josƒ Antonio Primo de Rivera, como todos recordarƒis, dec„a: •Y cuando llega el capitalismo a sus †ltimos perfeccionamientos, el verdadero titular de la propiedad antigua ya no es un hombre, ya no es un conjunto de hombres, sino que es una abstracci€n representada por trozos de papel‚. EL CAPITALISMO COMO PODER En este mundo empresarial capitalista, hay dos comunidades: la de los fantasmas, titulares innominados de las acciones, y por otra parte los hombres, con nombres y apellidos, esfuerzo diario e inteligente, responsabilidad personal y colectiva, una auténtica comunidad humana, que hacen producir económicamente a unas máquinas, a una organización administrativa, a unos servicios comerciales de distribución y de venta. Sobre la comunidad de fantasmas y la de

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hombres, aparecen aupados esos 124 personajes que integran los consejos de administración de las empresas españolas que controlan la economía del país y la venden, con sus vinculaciones de todo tipo, a los intereses incontrolables de la gran finanza internacional. Esos 124 hombres, que controlan el 49,5 por 100 del capital invertido en las empresas españolas. ¿Quiénes son los accionistas?. En la mayoría de los casos, al menos en nuestro país, los accionistas están representados por esos 124 personajes o por los intereses que ellos controlan. Es verdad que hay muchos pequeños accionistas, pero esos no pesan, no cuentan para nada. Por ello, en los últimos años, aunque por razones que habría que averiguar, diversas revistas especializadas, de esas que empiezan y necesitan publicidad, se han permitido reclamar un mayor respeto para los accionistas. Esto, evidentemente, quiere decir que se les tiene en poco. Y es lógico, ya que la figura romántica del accionista como el pequeño ahorrador que, a costa de grandes

sacrificios, ha logrado comprar una acción, se ha visto sustituida por fuertes grupos bancarios, industriales y comerciales, en la mayoría de los casos, que actúan en reuniones privadas, deciden lo que les conviene, y convocan sólo las juntas generales de accionistas como cumplimiento de un mero formulismo obligado por la ley. Entonces nos encontramos con esa realidad abrumadora de la empresa capitalista, vinculada al superestado económico privado, que, básicamente, es sólo un instrumento de poder deshumanizado, para el que los trabajadores no son sino piezas de una máquina, de una organización; seres a los que se les paga por el trabajo realizado y se les despacha sin más. ¿Qué posibilidad de relación humana existe entre uno de esos 124 consejeros de que hemos hablado y, cualquiera de los trabajadores de una empresa?. Si la aportación de éste interesa económicamente a la empresa, entonces interesa conocerle; si es el trabajador el que pretende interesar a la empresa en sus problemas particulares, entonces está la barre-

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ra fría de lo reglamentado, de la ley, del consejero-delegado, aún suponiendo que pueda llegarse a éste. Las 124 personalidades que controlan la economía española son los propietarios de la economía española. Ellos pueden hacer que las cosas marchen o que no marchen. Tienen una concentración tal de poder que de sus decisiones dependen demasiadas cosas en el país. LOS TRABAJADORES Y LOS SINDICATOS ¿Cuál es la situación del trabajador en la Empresa?. Aclaremos que nosotros entendemos por trabajador a todo el que vive de su trabajo y no del trabajo de otros. Las categorías profesionales son independientes, así como los ingresos personales, para la catalogación de trabajador. Tanto el peón como el ingeniero son asalariados, aunque con frecuencia haya quienes traicionan a sus compañeros de trabajo, confundiendo una función de mando - y a veces no siem-

pre de mando superior - con una adscripción al bando empresarial capitalista, en busca de prebendas personales. Pues bien, la situación del trabajador en la empresa capitalista es la que hemos indicado anteriormente: Es un simple asalariado, al que se le contrata para una función, se le asigna un horario y, actualmente, determinados derechos, y se le exige radicalmente el cumplimiento de sus obligaciones. El trabajador pasa al cabo de la semana más horas en su trabajo, o camino de él, que despierto en su hogar. En otros países, y en España en otras épocas, los trabajadores, siguiendo la tradición reivindicadora de un siglo, se reúnen en sindicatos. Desde ellos dialogan colectivamente con los representantes de las empresas y van consiguiendo, pacíficamente o por la violencia de las huelgas, una serie de reconocimientos progresivos de derechos. Muchas veces, los empresarios han promovido, financiado y manejado centrales sindicales, sindicatos amarillos, que

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han servido para debilitar el movimiento obrero, en beneficio de los capitalistas. En España, las reglamentaciones de trabajo y los convenios colectivos son el instrumento para el diálogo entre los empresarios o representantes de la empresa y los trabajadores de ella. Los trabajadores y los empresarios están encuadrados en el mismo sindicato. (Se hablaba en los años 60 del siglo pasado). Los empresarios disponen de medios de información, de estudio, de gestión propios, independientes de los sindicatos y hasta legalmente reconocidos. Los trabajadores no tienen más posibilidad que la de utilizar los medios del sindicalismo estatal. El diálogo se logra en condiciones desventajosas. Eso, al menos, puede justificar el hecho de tantos convenios colectivos en los que los negociadores del mundo del trabajo aceptan condiciones y salarios injustificables. Por otra parte, mientras los representantes empresariales si que saben hasta dónde pueden llegar y hasta dónde les conviene llegar, los trabajadores actúan a ciegas. En Estados Unidos, según creo,

en la negociación de los convenios colectivos, los poderosos sindicatos de algunas ramas de la producción, pueden estudiar, con sus técnicos, los libros de contabilidad de las empresas para saber exactamente hasta dónde pueden llegar en su reivindicación de mejoras. En España, hace un par de años, la Compañía Auxiliar de Ferrocarriles, de Beasain, sostuvo un grave conflicto huelguístico porque los negociadores de un convenio se permitieron solicitar los libros de contabilidad de la empresa, para comprobar las aseveraciones de los representantes de ésta. Por otra parte, en España, los sindicatos carecen de auténtica vida interna, y los trabajadores carecen, normalmente, no sólo del respaldo legal suficiente, sino del cauce necesario para sus inquietudes y problemas. ¿UN SINDICALISMO CLASISTA? Ante esta situación, de un capitalismo omnipotente y la limitada posibilidad empre-

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sarial y sindical del trabajador, a nadie tiene que extra‡ar, conociendo al mundo del trabajo, la aparici€n de las cada vez m…s frecuentes rebeld„as laborales, alentadas por los que creen en el sindicalismo clasista, reivindicador parcial, como f€rmula de car…cter permanente, o inducidos por el agotamiento de las v„as legales de actuaci€n, sin resultado. Efectivamente, hoy son muchos los que est…n aireando nuevamente la necesidad de un sindicalismo clasista, para conseguir, mediante el fortalecimiento de la lucha de clases, una defensa de los intereses de los trabajadores y una mejora de salarios y de condiciones laborales. En parte tienen raz€n. En un sistema capitalista, los sindicatos •verticales‚ no son m…s que una f€rmula de enmascaramiento. La lucha de clases subsiste porque subsisten las clases enfrentadas. Los trabajadores se encuentran con un sistema capitalista que ellos no han creado y con ese enfrentamiento. ‹Puede haber di…logo entre las clases, cuando los intereses que se pretenden defender o rei-

vindicar en el di…logo son diferentes y radicalmente contrapuestos?. Al capitalista, al representante empresarial, a la empresa capitalista, le importa un bledo el trabajador y los trabajadores y sus problemas. A los trabajadores, desvinculados de la problem…tica empresarial y de sus responsabilidades y beneficios, sometidos a simples asalariados dadores de trabajo, a pesar de toda su vinculaci€n humana a la empresa, tambiƒn se les termina por apagar todo afecto hacia ella y se encierran en sus intereses personales y de grupo. As„ no hay m…s que la guerra para ver quiƒn saca m…s a quiƒn. Aceptando la realidad del sistema capitalista como una f€rmula definitiva de la organizaci€n de la econom„a, socialistas, comunistas, los llamados oficialmente •cristianos‚, creen que hay que ir a una f€rmula de sindicalismo horizontal y re‡ir las batallas de t† a t† con las empresas. Sobre esta base hay una larga experiencia en Espa‡a y en muchos pa„ses. Normalmente, la lucha sindicalista horizontal siempre mantendr… en el mundo actual en

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inferioridad de condiciones a los trabajadores frente a los empresarios. Los sacrificios que el trabajador tiene que realizar por la huelga y la violencia son siempre infinitamente superiores a los perjuicios que se ocasionan al empresario para que ceda. Por otra parte, cuando los trabajadores consiguen una mejora, automáticamente se ponen en juego una serie de factores económicos que ellos no controlan, y sí los capitalistas, para restablecer el equilibrio que ellos habían creído modificar en su provecho, y todas las cosas quedan como estaban. Hoy, en Inglaterra y en Francia, sobre todo, hay una tendencia fascistizante que trata de vincular a las organizaciones obreras a equipos nacionales de planificación, en los que puedan dialogar con los capitalistas sobre mejoras de salarios, etc., sin recurrir a la huelga. Algo similar a lo español. Pero esto, que es expresión de la crisis del sindicalismo horizontal, de la lucha clasista, aceptando el sistema capitalista

como ordenación permanente de la economía, pronto ha de hacer crisis, pronto se darán cuenta los trabajadores de su situación real y caerán, tarde o temprano, cuando las cosas vayan mal, en los gestos conocidos de desesperación o de heroísmo, o en fórmulas parcialmente subversivas, como el comunismo. Hoy, en España, los patrocinadores de los sindicalismos horizontales, en unos casos y siguiendo la trágica experiencia de la división de los trabajadores, en muchos otros, están siendo instrumentos conscientes o inconscientes de los intereses capitalistas. En Cataluña y en otros lugares, donde determinados sectores de la producción han dejado de ser económicos o no todo lo económicos que convenía a sus controladores capitalistas, se han fomentado conflictos huelguísticos que han provocado la cancelación de los contratos de trabajo y el cierre de la fábrica, La fábrica no se volvió a abrir, y los propietarios del capital empresarial crearon otras sociedades, sin necesidad de pagar a sus trabajadores la

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indemnización que les hubiera correspondido normalmente. Quizá algún día podamos publicar una historia larga y detallada de todo esto. Uno de nuestros camaradas la tiene en preparación. JOSÉ ANTONIO Y EL SINDICATO CLASISTA Jos‚ Antonio Primo de Rivera, como ya os he contado en otras reuniones, en la Espa‡a de anteguerra y ante una organizaci•n econ•mica capitalista de la econom€a, concibi• unos sindicatos horizontales, de los que s•lo cuajaron los de trabajadores. Y una lucha sindical t€pica del sistema. Recordar‚is aquella huelga de la construcci•n de 1936, patrocinada por la CNT en Madrid y que Jos‚ Antonio orden• apoyar sin reservas. Ah€ est„ Camilo Olcina, que era uno de los dirigentes sindicales falangistas de anteguerra para apoyar esta afirmaci•n, ya que fue testigo de aquella orden.

Ahora, en la Espa‡a actual, con el mismo sistema capitalista, mucho m„s desarrollado y concentrado, l•gicamente habr€a que sostener las mismas tesis joseantonianas de anteguerra. La postguerra, la falta de l€deres, de ide•logos, de organizaciones adecuadas impidi• el ejercicio abierto de la lucha de clases. Emilio Romero, en su libro editado por los Sindicatos, dec€a en 1951: ƒLa lucha de clases est„ viva. Lo que ocurre ahora es que es sorda…. Pues bien, poco a poco, al amparo de particulares circunstancias (aparici•n en la vida espa‡ola de nuevas generaciones, agudizaci•n de problemas, experiencias personales en el extranjero, adoctrinamiento sindical y pol€tico progresivo, suavizaci•n de los procedimientos, etc..) esta lucha sorda se va haciendo o€r. LA EMPRESA DE LOS SINDICALISTAS Ya hemos hecho la crítica de la empresa capitalista. ¿Cómo la conciben los falangistas?. José Antonio decía que el capital tiene que ser sólo un instrumento y que no

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hab„a forma alguna de armonizaci€n entre el capital y el trabajo. Toda asociaci€n representa una cierta armonizaci€n de factores. El principio XI de la Ley Fundamental del Movimiento Nacional dice que •La Empresa es la asociaci€n de hombres y medios ordenados a la producci€n‚. Josƒ Antonio, convencido de que el gran problema del mundo moderno era crear un orden socio-econ€mico, una ordenaci€n de la producci€n econ€mica, en beneficio de las mayor„as del pa„s, convencido de la necesidad de humanizar el trabajo, de dar al hombre el puesto en la propiedad de los bienes de producci€n que le corresponde por voluntad divina, dec„a que •hab„a que vincular al hombre a la obra diaria de sus manos‚, modificando •el actual planteamiento de la relaci€n de trabajo‚; es decir, el salariado, que habr„a que evitar el enajenamiento del •trabajo como una mercanc„a‚, •conservar esta relaci€n bilateral de trabajo‚ sino que todos los que intervienen en la tarea •deber„an estar constituidos en sindicatos‚ (sindicatos de empresa y sindicatos

de rama de producci€n) que •funcionar…n org…nicamente‚ como funciona el Ejƒrcito‚. Josƒ Antonio, en la l„nea de todos los sindicalistas de siempre, consideraba que hab„a que acabar con la empresa capitalista, con su situaci€n injusta de predominio social y nacional, ven„a a decir que la empresa ten„a que ser para los que la trabajan, y s€lo para los que la trabajan, reserv…ndole al capital una funci€n estrictamente instrumental y en ning†n caso la propiedad de la empresa. Como dice Carlos Juan Ruiz de la Fuente, Secretario de la Vieja Guardia, al capital, en el mejor de los casos, habr„a que reconocerle el derecho de renta pero nunca el de propiedad. Los sindicalistas, ahora, los sindicalistas que asuman las responsabilidades actuales del futuro, consideramos que los trabajadores debemos luchar y tenemos que luchar, por la propia dignidad humana y por el bienestar de nuestras familias. La lucha se tendr… que desarrollar de acuerdo con la realidad existente, con los condicionamien-

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tos que los poderosos capitalistas imponen, con las posibilidades legales que puedan ofrecerse o las fórmulas de hecho que se hagan necesarias y convenientes. Pero sería lamentable que se pusiera la pasión en la viabilidad permanente de esta fórmula fracasada. Igualmente sería ridículo que se creyera en la progresiva transformación de la empresa capitalista y del sistema en el que se encuadra. Pasarían cientos de años y todo seguiría igual. Por ese camino, quizá haya algunos beneméritos que actúen con generosidad. Pero la inmensa mayoría se aferrará a las posiciones actuales, conscientes de que, por ese camino, la más mínima concesión auténtica representa la puerta abierta para su eliminación definitiva. EL COMBATE DE LOS TRABAJADORES Habrá que promover y organizar el combate de los trabajadores, pero no para quedarse en las metas limitadas de una mejora de salarios, sino para que esa gimnasia de lucha sirva como instrumento revolucio-

nario capaz de obligar a ceder posiciones y restablecer el imperio de la justicia. El viernes pasado veíamos cual era el concepto de propiedad, según la doctrina cristiana y según el derecho natural. Las encíclicas pontificias han determinado que la propiedad es un derecho sólo justificado por el cumplimiento de una función social. Pues bien, queremos una propiedad para todos los trabajadores y no sólo para esos 124 consejeros. Queremos que sean propietarios de sus empresas todos los trabajadores y no sólo unos pequeños grupos de privilegiados en la sociedad española. ¿Cómo se puede cambiar el orden actual?. Resulta demasiado fácil para un auténtico movimiento revolucionario. Basta con dictar una ley. A fin de cuentas, todo el derecho de propiedad capitalista se basa en unas disposiciones legales que pueden ser modificadas y que nadie moralmente se opondría o podría oponerse a ello; es tan grave la injusticia, el despojo ocasionado a los trabajadores, que resulta difícil sostener

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con argumentos lo que es una simple situación de hecho consagrada por la ley de los poderosos. Basta dictar una ley, haciendo que los propietarios de las empresas sean sólo los que las trabajan. Todo lo demás son problemas técnicos de fácil solución, como podremos ir viendo en viernes sucesivos.

IV

QUEREMOS QUE LA EMPRESA SEA DE TODOS Y DE CADA UNO.

Patrocinamos la propiedad privada de los medios de producción. El viernes último vimos cómo podía pasarse de la empresa capitalista a la empresa sindicalista. Insistimos en la definición de la propiedad, en la línea de la tradición natural y cristiana, como un derecho justificado solo por el cumplimiento de una función social; insistimos también en la tesis joseantoniana, sostenida asimismo en forma similar por el famoso Código de Malinas, fruto de las inquietudes sociales del Cardenal Mercier, de que el capital es sólo un instrumento y que no puede otorgársele el derecho de propiedad a un instrumento; aclaramos el ideal de José Antonio de la supresión del salariado, de la actual relación bilateral en la empresa, condicionada por él;

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y llegamos, por fin, a la conclusión de que podía llegarse fácilmente a la conversión de la empresa capitalista, con una simple ley modificadora de los actuales derechos por medios pacíficos y reconociendo, en gran parte de los casos, los antiguos derechos del capital que deberían poder indemnizarse, de acuerdo con la última evaluación fiscal de la empresa. Expusimos cómo a partir de aquel momento, la empresa pasaría a ser una comunidad humana de trabajo para la producción económica, sin intervención en ella de factores ajenos a esa comunidad humana. Y vimos cómo cada uno de los miembros de esa comunidad tendría una doble personalidad jurídica: por un lado seria copropietario de la empresa, miembro de la sociedad de copropietarios, con todos los derechos que puedan asignarse, aproximadamente, hoy, a los integrantes de la Junta General en una Sociedad Anónima capitalista; y, por otro lado, ocuparía en la organización del trabajo el puesto que por su categoría profesional le correspondiera o el que por sus especiales condiciones

personales pudieran asignarle en el mundo de la dirección empresarial. Alguien me ha dicho que todo esto entra dentro del campo de la utopía, que los sindicalistas desconocemos la realidad y que por ello vivimos entre nubes. Pues bien, resulta que no sólo podríamos aducir las experiencias existentes de este tipo de empresas, de las que las cooperativas de Mondragón, con 2.500 trabajadores industriales, pueden ser buena muestra, sino que también hay otras similares en Israel, en Argelia, etcétera, que aunque imperfectas en su planteamiento muchas veces, y aunque no estemos de acuerdo teóricamente con ellas, plenamente, representan experiencias concretas en las que los trabajadores comparten la propiedad de una empresa, con las responsabilidades que puedan corresponderles y, por otra parte, ocupan su puesto en la organización del trabajo, sometidos a la necesaria disciplina empresarial.

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Si existen estas empresas en marcha, si se cuenta con una experiencia concreta ‹por quƒ raz€n han de aducirse las reservas de que s€lo la empresa capitalista es viable y que todas las dem…s experiencias forman parte del mundo del hero„smo o de la utop„a?. LAS COLECTIVIZACIONES ROJA DE ZONA

nejan datos y fotocopias de documentos, pueden sacarse conclusiones objetivas. No hay duda de que el clima de subversi€n demag€gica que caracteriz€ aquellos meses de 1936 ten„a que reflejarse en todos los lugares. Como es l€gico, en el campo de la empresa, en el mundo de la organizaci€n del trabajo. El desorden, la tropel„a, el latrocinio, estuvieron a la orden del d„a. Se hab„a dicho a los trabajadores que con el triunfo de la revoluci€n todos iban a ser iguales, que todos iban a mandar, que todos iban a poder satisfacer sus apetencias personales por igual. Sobre esta base, ‹quiƒn pensaba que no habr„an de producirse anormalidades con la colectivizaci€n?. Con cualquier otra f€rmula habr„an ocurrido tambiƒn. Manuel Rold…n, en su libro, dice: •Los Comitƒs declararon que la propiedad hab„a cesado de existir en Catalu‡a. Los antiguos propietarios de bienes perdieron todos sus derechos cuando estall€ la revoluci€n. Este fue un principio inquebrantable. Catalu‡a,

Quiz… la cercana experiencia espa‡ola de la zona roja, y sus versiones conocidas hoy por nosotros, nos hagan pensar en que todo aquƒl que intente romper con el sistema empresarial capitalista est… creando una fuente de caos social y econ€mico. Resulta, sin embargo, dif„cil el estudio de la realidad en las empresas colectivizadas de la zona roja. Yo he tenido oportunidad de leer con calma un libro escrito en agosto de 1940, en Barcelona, por Manuel Rold…n, por iniciativa del Capit…n General de Catalu‡a, Teniente General Orgaz, y titulado: •Las colectivizaciones en Catalu‡a‚. C€mo se ma-

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pues, liquidaba su pasado sin derecho a indemnizaci€n alguna, es decir: que proclamaban como acabamos de decir, su derecho a no reconocer las deudas contra„das, a no restituir las propiedades confiscadas, a disponer de ellas como les viniera en gana‚. En otra p…gina de su libro concreta: •Las bases principales de la colectivizaci€n oficial fueron: 1.- Todas las empresas deber„an pasar a formar parte de la colectividad y su organizaci€n y administraci€n se realizar„a por los propios trabajadores. 2.- Tambiƒn pasar„an a la colectividad el activo y pasivo de las empresas, quedando nulas las cargas financieras as„ como las deudas anteriores al 1Œ de julio. 3.- Para la buena marcha de las colectivizaciones se constituir„an Comitƒs profesionales en conexi€n intima con el Departamento de Econom„a de la ex-Generalidad de Catalu‡a‚.

‹Quƒ pas€?. Con el clima de demagogia subversiva sembrado en los meses de 1936 por marxistas y anarquistas, nadie quer„a trabajar; la desorganizaci€n de la econom„a, en general, y la organizaci€n de guerra dificultaron los suministros de materias primas y muchas industrias dejaron de trabajar cuando se les terminaron los •stocks‚ que en ellas exist„an; las empresas, aisladas, sin una organizaci€n superior, tuvieron que recurrir a los organismos oficiales para que, en esta situaci€n, les pagasen los salarios de los obreros, mientras muchos de estos recurr„an tambiƒn a la venta de las herramientas de f…bricas y talleres para subsistir. Pero esto tampoco ocurri€ siempre, ni en todos los sitios, Manuel Rold…n dice en su libro que muchas empresas colectivizadas •las aprovecharon para hacer (sus nuevos dirigentes) negocios en el plan de explotaci€n burguesa, y con el deseo puesto en realizar grandes beneficios‚. Al mismo tiempo, el libro presenta una serie de balan-

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ces de empresas bastante interesantes y que, en muchos casos, son la prueba de una buena administraci€n interna. Finalmente, hay otro factor positivo en este trabajo, y es la lista de los directores y de los integrantes de los comitƒs de explotaci€n. En ellas vemos c€mo muchas de las empresas familiares antiguas, las empresas con un apellido en su raz€n social, segu„an siendo dirigidas y controladas por sus anteriores directores o propietarios. Por mi parte, he recogido versiones directas de personas (ingenieros, administrativos y obreros), que participaron en las tareas de direcci€n de empresas colectivizadas tales como la Compa‡„a de Tranv„as de Madrid; la •Mengemor‚,de distribuci€n y producci€n de energ„a elƒctrica; la actual •Material y Construcciones‚, fabricante de locomotoras, vagones, etc. de Valencia. Las tres, seg†n las versiones recibidas de personas honorables, fueron bien administradas, se mantuvo la disciplina laboral, se defendieron los intereses de la empresa y hasta se introdujeron mejoras de las que

despuƒs se beneficiaron los antiguos propietarios, al recuperar el pleno uso de sus antiguos derechos. UNA EXPERIENCIA No se trata de alabar la colectivizaci€n de la zona roja espa‡ola. Pero aquella experiencia es v…lida en muchos aspectos, como tal experiencia, digna de ser considerada y estudiada. Los hombres aprenden tropezando y nosotros podemos escarmentar en cabeza ajena, para no cometer errores, equivocaciones, torpezas, que otros cometieron anteriormente. ‹D€nde estuvo el fallo?. En primer lugar en la filosof„a, en la ideolog„a que moviliz€ a los hombres en aquellos momentos, en las justificaciones morales que daban a sus actos. Esto ya es importante. Nosotros buscamos la modificaci€n, la revoluci€n de las empresas capitalistas y la sustituci€n por organizaciones comunitarias de trabajo para la producci€n econ€mica. Pero ni creemos que todos los hombres deben mandar, ni

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creemos en la destrucci€n de todo orden legal, ni sostenemos que todos los hombres deban ser socialmente iguales - si iguales como personas pero ocupando cada uno en la sociedad el puesto que le corresponda, seg†n la escala jer…rquica que valore su honradez, su inteligencia, su preparaci€n, su tenacidad -. Cuando los sindicalistas joseantonianos hablamos de revoluci€n no estamos animando al desorden, a tirar los pies por alto, sino a la tarea trascendental de cambiar un orden por otro m…s justo. No patrocinamos el desorden, el caos, el que cada uno haga lo que quiera o pueda, sino una nueva norma social al servicio de los intereses de todos y de cada uno. Son muchos los que pasan la vida reclamando derechos. Son muchos los movimientos sociales que exaltan al hombre como fuente de derechos. Pero olvidan o callan que, junto a los derechos del hombre tienen que estar sus deberes, sus responsa-

bilidades, para que la sociedad civilizada pueda existir y perfeccionarse. La destrucci€n del orden social-econ€mico medieval por el capitalismo liberal ha creado el proletariado moderno. Hombres que no tienen m…s enraizamiento social que el de la cƒlula b…sica de la familia; hombres que est…n vinculados a su trabajo, a su empresa, s€lo •por la inhumana frialdad de la n€mina‚. Durante alg†n tiempo, y volviendo a f€rmulas antiguas, durante la Monarqu„a, se contaba pol„ticamente con el primer contribuyente, con los primeros contribuyentes, con los contribuyentes, con los propietarios. El resto del pueblo, los trabajadores, eran solo vendedores de su trabajo, asalariados, ciudadanos de segunda categor„a. Esta situaci€n ha creado el clima de indiferencia del trabajador hacia el mundo que le rodea; su condici€n de desarraigado, de desenraizado le sit†a como irresponsable, como superficial, como elemental, como un hombre inferior, de segunda categor„a.

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Josƒ Antonio dice: •Precisamente, la revoluci€n totalŠ. tiene que empezar por el individuo, por el que m…s ha padecido con este desquiciamiento; el que ha llegado a ser una molƒcula pura, sin personalidad, sin sustancia, sin contenido, sin existencia, es el pobre individuoŠ‚. LA CLAVE DEL ÉXITO Pues bien, nosotros, los sindicalistas, con la reforma de la empresa o, mejor dicho, con la revoluci€n en la empresa, que patrocinamos, damos el primer paso para esa reconstrucci€n del hombre, al menos en el campo socio-econ€mico, sin que ello sea, como pretenden los marxistas, factor condicionante de toda su personalidad. Los marxistas y los anarquistas hicieron en Espa‡a la experiencia colectivizadora. Le entregaron la empresa a los trabajadores, pero no les dijeron cu…les habr„an de ser sus nuevos deberes y responsabilidades. Al menos, la euforia revolucionaria no

les permiti€ pasar de la simple ocupaci€n y disfrute de bienes. Pero, en la empresa sindicalista, tal y como la hemos concebido, el trabajador, todos los integrantes de la unidad org…nica del trabajo, asumen la responsabilidad de su propia empresa y tienen que saber que su prosperidad personal depender…, por entero, de la buena marcha de los negocios empresariales, de la productividad, de la calidad del trabajo, del buen planteamiento de la empresa y de su buena administraci€n. Pero no est…n como en las empresas marxistas insertos, sumidos en una propiedad colectiva, que es de todos y no es de nadie. Es algo distinto e importante, esto, que merece la pena considerar. Hace unos d„as, en la reuni€n que celebramos con 200 universitarios, uno de ellos, de declarada filiaci€n socialista, opinaba que la empresa sindicalista ten„a que ser una empresa colectivizada. R…pidamente, pude aclararle, puntualizando, que la empresa sindicalista precisamente se diferenciar„a

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de la colectivista en que la propiedad no ser„a de todos y de ninguno en particular, sino que ser„a de todos y de cada uno en particular, seg†n su antig•edad, sus servicios a la comunidad, su categor„a profesional. ‹De quƒ le val„a al trabajador de la zona roja que la empresa se la hubieran colectivizado si ellos no se sent„an propietarios de aquella, propietarios de una parte, al menos?. Josƒ Antonio dec„a que •en tanto se es propietario en cuanto se puede tener cosas, usarlasŠ‚ y hablaba tambiƒn de la propiedad como ••Š esta proyecci€n directa, humana, elemental en relaci€n entre un hombre y sus cosasŠ.‚. Los t„tulos de propiedad de cada uno de los miembros de la empresa representan mucho para ellos: un reconocimiento legal de una propiedad personal, una garant„a de esos derechos, y, sobre todo, una capitalizaci€n de su trabajo que alg†n d„a deber… ser reconocida por la empresa, llegado el momento de la jubilaci€n o de su salida de ella,

por cualquier circunstancia, en forma similar a lo que ocurre en las cooperativas de Mondrag€n, que ya conocƒis. En la empresa sindicalista, el hombre se siente vinculado a su destino y lucha por el ƒxito, por la prosperidad econ€mica, incluso con sacrificio, si es necesario. En esta tarea de reconstrucción del hombre de hoy, devolviéndole la dignidad que en el mundo del trabajo le había arrebatado el salariado, hay que arraigarle profundamente a la empresa, a su participación en el campo de la producción económica. Y la empresa que es la célula básica del proceso económico, tiene una vida propia, autónoma, sometida a los condicionamientos particulares de cada una. El capitalismo marxista, de aspiraciones demagógicas igualitarias o de tácticas de lucha eficazmente perjudiciales para el capitalismo liberal, su competidor, ha patrocinado los mismo sueldos para las mismas categorías profesionales en todas las em-

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presas de un ramo, al menos mientras no se impone en el país. Esta corriente ha predominado incluso en el régimen español actual, en el que, independientemente, de la consideración particular de las empresas, se han impuesto salarios iguales a todas ellas. Claro está que, para evitar perjuicios a los más débiles o de más imperfecto planteamiento, tanto las reglamentaciones como los convenios provinciales o interprovinciales han fijado escalas de salarios siempre por debajo de la media normal en la zona. Pues bien, los sindicalistas, que haremos de la empresa una propiedad personal compartida, creemos que ésta ha de fijar libremente, según sus posibilidades y el acuerdo de sus miembros, las escalas de sueldos o salarios (suprimimos el salariado, pero no los salarios), que les sea posible abonar, como anticipo sobre beneficios, según las previsiones de ingresos que puedan hacerse cada año, y dentro del marco de los restantes condicionamientos empresariales.

Así los trabajadores sabrán que sí su trabajo rinde, si la empresa es próspera, también podrá serlo su economía individual, que dejará de serlo si esa célula básica de la producción económica no cumple los supuestos que se le han asignado. ANARQUISMO Y FASCISMO Josƒ Antonio Primo de Rivera, dec„a: •Esta pƒrdida de armon„a del hombre con su contorno origina dos actitudes: una, la que dice: •Esto ya no tiene remedio; ha sonado la hora decisiva para el mundo en que nos toc€ nacer, y no hay sino resignarse, llevar a sus †ltimas consecuencias la dispersi€n, la descomposici€n‚. Es la actitud del anarquismo; se resuelve la desarmon„a entre el hombre y la colectividad disolviendo la colectividad en los individuos; todo se disgrega como un trozo de tela que se desteje. Otra actitud es la heroica; la que, rota la armon„a entre el hombre y la colectividad, decide que ƒsta haga un esfuerzo desesperado para absorber a los individuos que tienden a dis-

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persarse. Estos son los Estados totales, los Estados absolutos. Yo digo - contin†a Josƒ Antonio - que si la primera de las dos soluciones es disolvente y funesta, la segunda no es definitiva. Su violento esfuerzo puede sostenerse por la tensi€n genial de unos cuantos hombres, pero en el alma de esos hombres late, de seguro, una vocaci€n de interinidad: esos hombres saben que su actitud se resiste en las horas de tr…nsito, pero que, a la larga, se llegar… a formas m…s maduras en que tampoco se resuelva la disformidad anulando al individuo, sino en que vuelva a hermanarse al individuo con su contornoŠ‚. El Sindicalismo, como bien dice José Antonio, no tiene vocación de interinidad, sino que trata, a costa de errores descomunales, de tragedias sin número, de aciertos geniales, de concebir un orden de futuro que permanezca, que sea definitivamente el camino por el que los hombres tras este purgatorio del capitalismo liberal, vuelvan a encontrar la armonía y la paz, la Justicia y la

Libertad. Y cada día está más claro y probado lo certero de este camino nuestro. ‹Cu…les son los grandes problemas de las empresas capitalistas contempor…neas?. Independientemente de los aspectos estrictamente tƒcnicos o estructurales de financiaci€n, comercializaci€n, utillaje, los grandes problemas de la empresa moderna est…n, siguen estando en lo que se ha dado en llamar •relaciones humanas‚. Hoy, por muy diversos procedimientos, se trata de interesar al trabajador en la marcha de la empresa; se intentan suavizar las naturales tensiones •clasistas entre los representantes de la empresa o empresarios y los trabajadores, con el di…logo, la informaci€n, una relativa intercomunicaci€n. El •regalo‚ de acciones a los m…s antiguos, los jurados de empresa, los buzones de ideas y los concursos de iniciativas, forman parte de este programa que, sin embargo, nada resuelve. La direcci€n empresarial capitalista moderna se da cuenta de que el trabajador no tiene interƒs en su trabajo, en su tarea. Y ante los escasos resultados econ€micos de las rela-

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ciones humanas, tambiƒn trata de estimularle con primas, destajos, etc.., y, al mismo tiempo, aprovecha su material interƒs para organizarle •sistemas‚ de regulaci€n de movimientos, de control, de cronometraci€n, que aumentan considerablemente el rendimiento medio de cada hombre y el beneficio de la empresa. Esto es inhumano, incalificable, y viene a confirmar la crisis moral interna de la empresa capitalista. Pero esta valoraci€n del trabajador representada por las •relaciones humanas‚, esta necesidad de contar con ƒl, como persona, y que viene a definir una tendencia que, llevada hasta sus †ltimas consecuencias, termina en la f€rmula sindicalista, con la supresi€n del rƒgimen de salariado y la asociaci€n de todos los integrantes de la unidad empresarial, confirma nuestra tesis. Las modernas orientaciones de la empresa capitalista, bajo la fuerte coacci€n de la cambiante realidad social, pueden ser para nosotros fuente de conocimiento y de experiencia, al igual que todos los dem…s

ensayos que por ah„ se realizan o se han realizado. Todos est…n confirmando o perfeccionando nuestra tesis. Los hombres tratan de encontrar una salida para su problem…tica, una soluci€n satisfactoria. A cabezazo limpio contra las paredes quieren abrir una puerta. Mientras tanto, el sindicalismo, incomprendido, derrotado, aplastado por el mundo de intereses de todos los capitalismos, estatales o privados, sigue siendo, claramente y cada vez m…s maduro, la soluci€n abierta para todos. Tarea nuestra es darlo a conocer a los trabajadores para que luchen por ƒl. LAS NUEVAS TÉCNICAS Al terminar estas disquisiciones sobre la problem…tica empresarial, en relaci€n con nuestras soluciones sindicalistas, tendrƒ que hacer una breve referencia al problema que uno de nuestros camaradas de •Ballena‚ me expon„a hace unos d„as y que considero de gran interƒs. Este camarada me hac„a ver c€mo las nuevas tƒcnicas de automoci€n, la utilizaci€n de cerebros electr€nicos, ordena-

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dores, computadores, etc., con la consiguiente reducción, en proporciones importantes, del personal, podría modificar fundamentalmente el actual planteamiento empresarial. Evidentemente estas innovaciones de carácter técnico crearán problemas, modificarán, obligarán a reajustes importantes. Quizá en determinados sectores y escalones de la producción económica sea conveniente y necesario introducir estas modernas innovaciones, aunque nadie sabe aún hasta dónde llegarán sus posibilidades y conveniencias económicas. También se pensó, en su momento, que la introducción de las máquinas en la Industria iba a causar problemas insolubles, de gravedad incalculable. La verdad es que se han ajustado las participaciones y las máquinas que desplazaron a muchos trabajadores de los talleres, al aumentar la producción, obligaron a un aumento de personal administrativo, del número de técnicos proyectadores de trabajo, de investigadores, etc.. . La introducción en la empresa de nue-

vas técnicas de producción en masa, por medios automáticos, no creo que elimine la presencia del hombre. Ahora bien, si creo que podría ser perjudicial la introducción masiva de las nuevas técnicas en un orden capitalista; pero no tanto en un orden sindicalista, en el que la problemática del hombre pesará siempre más que las razones estrictamente económicas. De todas formas, es un problema que se debe considerar, y que no podemos olvidar, cara al futuro.

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V

POR LA REVOLUCIÓN SINDICALISTA MUNDIAL

‹Quƒ es eso del •Estado Sindical? Mientras el orden capitalista llega casi a olvidar a los hombres, que pasan a tener en ƒl un valor secundario, bas…ndolo todo en justificaciones de „ndole material: mientras el orden socio-econ€mico capitalista sirve especialmente a peque‡as minor„as, que se benefician altamente de ƒl (recordemos los 124 consejeros que en Espa‡a controlan el 49,5 por 100 del capital de las empresas industriales), el Sindicalismo pretende basar toda la vida de la sociedad en el hombre, concebido por Dios como rey de la creaci€n, en los hombres, en su servicio y beneficio, en su dignificaci€n y exaltaci€n moralizadora.

Los pilares b…sicos de la nueva sociedad pol„tica, por tanto, han de ser el hombre, el pueblo y la Patria. El hombre y su proyecci€n en la cƒlula b…sica de la sociedad, que es la familia; el pueblo y sus formas sociales, pol„ticas y econ€micas, como el Municipio y el Estado; la empresa, el sindicato, la organizaci€n econ€mica nacional; y, finalmente, la Patria. Y para nosotros la Patria no es una entelequia, una ficci€n, una abstracci€n. Hubo un tiempo en el que los hombres lucharon y murieron por la •gloria de nuestros estandartes‚, •el honor de nuestros pendones‚, •por la bandera‚ incluso. Pero, cada d„a m…s, los hombres se dan cuenta de que s€lo los ideales encarnados son los que merecen atenci€n, respeto, sacrificio. Por eso, para los sindicalistas, en la l„nea del pensamiento de Garc„a Morente y de Ortega, en la corriente de las geniales instituciones hist€ricas de los espa‡oles, concebimos la Patria como •la unidad de destino en lo universal‚ como una empresa en marcha, como una tarea colectiva capaz de

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unirnos, de justificar nuestra unidad hist€rica por encima de la fuerte personalidad de nuestras antiguas y parciales nacionalidades. Josƒ Antonio Primote Rivera, que tanto nos habl€ de esto, dec„a en el Parlamento de la II Rep†blica Espa‡ola: •Espa‡a desde que existe, es y ser… siempre un quehacer; Š Espa‡a se justifica por una misi€n que cumplir; Š. a Espa‡a no se la puede entregar a temporadas inacabables de ocio, de dispersi€n, de falta de explicaci€n vital‚. Efectivamente, Espa‡a se hizo, con sentido de universalidad, en la gran Cruzada de la Reconquista, en la fabulosa empresa de completar el conocimiento del mundo y de llevar el conocimiento de Cristo a los nuevos mundos de Dios; en las luchas por la unidad espiritual de Europa. Y entra en decadencia cuando falta a sus hombres una raz€n suficiente para crecerse, para aunarse, para justificarse.

Pues bien, hoy, para nosotros los sindicalistas, la gran empresa unitaria de los espa‡oles, proyectada hacia lo universal y abierta a todos los hombres no puede ser otra que la de la Revoluci€n Sindicalista mundial. Josƒ Antonio dec„a que el alumbramiento de •las nuevas formas de vida, colocar… a la cabeza del mundo a la primera naci€n que lo logre‚. En la crisis de los capitalismos de todos los colores, los hombres buscan ansiosos una soluci€n esperanzadora. Miran a todos los lados y preguntan por las experiencias de Israel, por las de Yugoslavia, de Egipto, de Argelia, por las de Mondrag€n o de cualquier otro movimiento cooperativista. Pues bien, todas estas t„midas y parciales experiencias puedan servir para encender una gran ilusi€n en las masas populares, anim…ndolas a la comprensi€n de nuestro completo esquema de realizaciones posibles, a la soluci€n que los sindicalistas preconizamos.

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Efectivamente, como dec„a Josƒ Antonio, si Espa‡a quiere reencontrar su justificaci€n hist€rica, su tarea aunadora en lo universal, ha de alumbrar las nuevas formas de vida antes que nadie y ha de levantarlas como bandera para todos. De ah„ que la tarea concreta de los hombres espa‡oles de hoy, tenga que ser el planteamiento de la empresa revolucionaria y su implacable realizaci€n. Para ello, en primer tƒrmino, dado que el Estado es la residencia cumbre de los resortes del Poder Pol„tico, en una sociedad moderna, su conquista y control ha de ser objetivo central de los esfuerzos. LA CONQUISTA DEL PODER ‹C€mo conquistar el Poder?. Ramiro Ledesma Ramos quer„a para su JONS •una ancha base proletaria‚. Pues bien, nosotros tendremos que apoyarnos en esa fuerza fabulosa que es el mundo del trabajo. Los que no creen en los sindicatos de trabajadores m…s que como instrumentos de potenciaci€n pol„tica, al servicio de intereses ajenos al de los trabajadores, y como sim-

ples instrumentos de defensa y permanente e interminable reivindicaci€n laboral, sin que los afiliados a los sindicatos encuentren nunca la meta que les satisfaga, les hacen perder el tiempo, juegan con ellos. Nosotros los sindicalistas, tenemos que utilizar los sindicatos de trabajadores para que su acci€n reivindicadora sirva para que, llegado el momento, respalden con lealtad y entusiasmos, la acci€n revolucionaria de sus vanguardias: la •minor„a inasequible al desaliento‚ que, compartiendo sus problemas, viviƒndolos con ellos y luchando con ellos, se adelante para la realizaci€n de las transformaciones revolucionarias que pongan punto final al injusto sistema capitalista. ‹Ser… esto por medios pac„ficos? ‹Ser… necesaria la violencia?. Lo que si es verdad, como dec„a hace unos d„as un camarada en esta •Ballena‚, es que hay que controlar al Estado, dominar sus resortes, para poder iniciar una Revoluci€n que no ha de encontrar facilidades, precisamente, entre los beneficiarios del orden socio-econ€mico capitalista actual.

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EL ESTADO COMO INSTRUMENTO Pero hay que puntualizar que, para los sindicalistas, el Estado es s€lo un instrumento. Josƒ Antonio lo dice en los puntos program…ticos de la Falange: •Nuestro Estado ser… un instrumentoŠ‚. Nosotros no divinizamos al Estado, nosotros no creemos que el Estado sea la s„ntesis de todos los valores de un pueblo; nosotros no subordinamos todo a los intereses del Estado. Al revƒs, creemos que es el Estado el que debe subordinarse a los intereses del pueblo y de los ideales que hist€ricamente ƒste encarna. Hace unos d„as, en la •Ballena‚ juvenil, un universitario, destacado dirigente socialista dec„a que se sent„a defraudado parcialmente por nuestras tesis, porque no asign…bamos al Estado una esencia trascendente. Le dije que ese era el camino del fascismo y que los sindicalistas falangistas nada ten„amos que ver con el fascismo. Se qued€ bastante asombrado, al parecer.

Josƒ Antonio declar€ cierto d„a en el Parlamento de la Rep†blica: •Por eso es divinizar al Estado lo contrario de lo que nosotros queremos. Nosotros queremos que el Estado sea siempre instrumento al servicio de un destino hist€rico‚. Instrumento y no s„ntesis trascendente de valores. Como tal instrumento, es necesario controlarlo para poder iniciar y continuar nuestra Revoluci€n. Tomarlo en nuestras manos, ganando la plaza a los encargados de perpetuar el orden capitalista. ‹Cu…les ser„an las primeras medidas una vez alcanzada la cumbre del Poder pol„tico? Josƒ Antonio Primo de Rivera dec„a que quedar„an para una realizaci€n inmediata la nacionalizaci€n del crƒdito y la reforma del campo. Efectivamente, el control del capitalismo financiero y de su funci€n crediticia ser„a la carrera revolucionaria contra reloj y la que obligar„a a actuar con rapidez, por

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sorpresa, para evitar maniobras, evasiones de capitales, traiciones a la econom„a nacional. Ahora bien, a los propietarios de acciones de las entidades bancarias se les podr„an garantizar indemnizaciones similares a las que hab„amos propuesto para los propietarios del capital de las empresas de producci€n econ€mica, aunque el problema en la organizaci€n bancaria no son los accionistas sino los equipos de dominadores del mundo de la banca, que no s€lo tienen dispersados sus resortes, ra„ces y tent…culos por todo el pa„s sino que intentan garantizar sus posiciones complicando en sus negocios a los principales representantes de la alta firma internacional. Los accionistas son, simplemente, la tapadera para el imperio de los grupos de poder o de presi€n. No se trata de eliminar a los bancos, ni mucho menos. Josƒ Antonio dec„a: •Tal como est… montada la complejidad de la m…quina econ€mica, es necesario el crƒdito: primero, que alguien suministre los signos del crƒdito admitidos en las transacciones;

segundo, que cubra los espacios de tiempo que corren desde que empieza el proceso de producci€n hasta que termina. Pero cabe transformaci€n en el sentido de que este manejo de los signos econ€micos de crƒdito, en vez de ser negocio particular, de unos cuantos privilegiados, se convierta en misi€n de la comunidad econ€mica enteraŠ De modo que el capitalismo financiero se le puede desmontar sustituyƒndolo por la nacionalizaci€n del servicio de crƒdito‚. En el Teatro Pereda de Santander, Josƒ Antonio prometi€ que •si la Falange llega al Poder, a los quince d„as ser… nacionalizado el servicio de crƒdito‚, y que las empresas •en virtud de la organizaci€n nacional-sindicalista‚ podr„an suministrarse los signos de crƒdito. Mas tarde, el 8 de febrero de 1936, en el Teatro Principal de Sanl†car de Barrameda, a‡adi€: •Cuando todos nos unamos y nos constituyamos en nuestros propios banqueros y tengamos una organizaci€nŠ‚.

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Evidentemente, Josƒ Antonio conjuga la nacionalizaci€n del crƒdito con la actividad bancaria sindical, corporativa. Es decir, que el Estado se reservar„a, en el marco de su soberan„a, el poder de emitir moneda, de supervisar y de controlar, a travƒs de su Banco nacional, las actividades de la banca privada, que no ser„a nunca negocios al servicio de grupos de presi€n o de poder, sino instrumentos financieros al servicio de la comunidad econ€mica y controlados y financiados por esta, al utilizarlos como caja com†n de sus operaciones. Esto, que Josƒ Antonio considera como algo a realizar en el plazo m…s breve posible despuƒs del control del Poder Pol„tico, es sumamente importante para el ƒxito inicial de la Revoluci€n. Los expertos tendr…n que estudiar con precisi€n las medidas revolucionarias a prever llegado el caso, y la h…bil y decidida prudencia pol„tica que ha de informarlos. La otra medida inmediata para Josƒ Antonio era la revoluci€n agraria. •El pro-

cedimiento de desarticulaci€n del capitalismo rural - dec„a - es simplemente este: declarar cancelada la obligaci€n de pagar la renta. Esto podr… ser tremendamente revolucionario, pero, desde luego, no originar… el menor trastorno econ€mico; los labradores seguir…n cultivando sus tierras, los productos seguir…n recogiƒndose y todo funcionar„a igual‚ Pero este aspecto de la revoluci€n, el que afecta a la agricultura, por sus particulares dimensiones y aspectos, tendremos que intentar abordarlos m…s adelante, aunque podamos aparentar desorden de planteamiento, que en realidad existe, dada la complejidad del mundo que estamos estudiando. Ahora bien, hoy, en 1964, esas dos medidas inmediatas de una acci€n revolucionaria, habr„a que seguirlas con otras m…s. Josƒ Antonio, en los a‡os de la anteguerra, en 1935, consideraba que, dado que el capitalismo industrial no era demasiado en un pa„s como el nuestro, fundamentalmente agr„cola, bastar„a inicialmente con una serie de peque‡as reformas y controles en su estruc-

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tura. Pero, las cosas han cambiado desde entonces, y hoy la producci€n industrial alcanza unos niveles de empleo y de participaci€n, en la renta nacional que imponen la previsi€n de medidas inmediatas en un plan revolucionario, tambiƒn en este sector. Para nosotros, la primera medida sobre el capitalismo industrial ser„a la transformaci€n de las empresas en la l„nea que tanto hemos explicado en las †ltimas charlas. Es decir, pasar„an a ser propiedad de cuantos en ellas trabajan, de cuantos integran la organizaci€n laboral, pudiendo estudiarse, con relaci€n a los antiguos propietarios, f€rmulas de indemnizaci€n, tal y como ya expuse anteriormente. HACIA UN NUEVO ORDEN ECONÓMICO Sin embargo, con estas primeras medidas, evidentemente, no estar„a hecho todo. Se habr„a dado un primer paso, se habr„an sentado las bases para la construcci€n del orden nuevo, pero faltar„a lo m…s importante; la nueva organizaci€n de la eco-

nom„a, la nueva m…quina ordenadora del proceso de producci€n en sus diversos escalones, de la distribuci€n. etcŠ Hace dos viernes os contaba que las empresas colectivizadas de la zona roja, al menos en Catalu‡a, que es de donde encontrƒ datos, funcionaron mejor o peor, pero funcionaron, mientras dispusieron de materias primas en sus almacenes, mientras gozaron de la herencia que les hab„a dejado el sistema anterior. Despuƒs, sobrevino una paralizaci€n catastr€fica. Y es que la organizaci€n econ€mica no puede replantearse o subvertirse s€lo en el escal€n empresarial, en todos los estratos de ese mundo complejo que empieza en la mina, en el mar o en el campo y termina en el consumo directo o indirecto de los hombres de una sociedad. En el punto 9 de la Falange, en noviembre de 1934 dec„a Josƒ Antonio: •Concebimos a Espa‡a, en lo econ€mico, como un gigantesco sindicato de productores. OrganizaremosŠ. a la sociedad espa-

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‡ola mediante un sistema de sindicatos verticales, por ramas de producci€nŠ‚. Como esta cita de los sindicatos verticales podr„a llevar a enga‡o o confusi€n, ya que todo el mundo cree que los llamados actualmente sindicatos verticales son los patrocinados por Josƒ Antonio y la Falange, salgo al paso, record…ndoos que nosotros hemos considerado previamente a la organizaci€n de estos sindicatos verticales la reforma de la empresa capitalista, su replanteamiento sobre nuevos moldes. As„, todo queda m…s claro. No habr„a, como en los sindicatos actuales, una secci€n social y una secci€n econ€mica, ya que no aparecer… m…s que una l„nea de representaci€n, la de los componentes de la sociedad empresarial y sus intereses personales y colectivos. Por ello, los dirigentes de la empresa - del sindicato de empresa -ser…n los que representen los intereses de todos en esos sindicatos en los que, por tanto, ya no habr… patronos y obreros, representaci€n de intereses de clase (y de clases en constante lucha), sino representaci€n de intereses empresariales

comunitarios, de empresas de producci€n econ€mica. Tambiƒn recordarƒis como en el Front€n Betis, de Sevilla, dos d„as antes de la Nochebuena de 1935, repet„a Josƒ Antonio que conceb„a a los Sindicatos •como unidad de la existencia profesional y depositarios de la autoridad econ€mica que se necesita para cada una de las ramas de producci€n‚. LO QUE PENSABA ÁNGEL PESTAÑA Por su parte, Žngel Pesta‡a, en el programa de su Partido Sindicalista, publicado en 1934, sosten„a: •‹Cu…les ser…n, pues, las instituciones y organismos sobre los que el Partido Sindicalista cree necesario afianzar esa organizaci€n social futura, una vez hayan triunfado las clases productoras y destruido el Estado y el capitalismo burguƒs?. Sobre tres exclusivamente: los Sindicatos, que tomar…n a su cargo la organizaci€n de la producci€n; las cooperativas, que se encargar„an de la distribuci€n, y los

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municipios, que ser…n el €rgano de expresi€n pol„tica de la transformaci€n social a que aspira el Sindicalismo. Toda actividad productora, sea de la clase que sea.. se encuadrar… en el Sindicato respectivo, en organizaciones o corporaciones profesionales. Estos organismos, reunidos entre s„, agrupados por afinidad profesional o tƒcnica, ser…n los encargados de ejecutar los planes econ€micos que, de com†n acuerdo, hayan establecido. Ante la colectividad, ser…n cada uno, de por s„, los responsables de la parte de actividad, que les corresponda‚. Como podƒis comprobar,•cuan cerca estaban estos dos hombres en el planteamiento de sus aspiraciones!. Ambos eran sindicalistas, ambos hab„an bebido en la misma corriente de ideas y de experiencias hist€ricas, y los dos se segu„an mutuamente en sus formulaciones contempor…neas. Hemos hablado (en alguna ocasi€n), de la frustrada incorporaci€n - no por razones ideol€gicas, sino por compromisos perso-

nales - de Žngel Pesta‡a a la Falange de Josƒ Antonio Primo de Rivera. LOS SINDICATOS COMO RESPONSABLES DE LA PRODUCCIÓN Pues bien, Josƒ Antonio como ya hemos dicho anteriormente, no s€lo conceb„a a los Sindicatos como un sistema de organizaci€n corporativa de la producci€n nacional, sino que insist„a en la definici€n de sus responsabilidades al decir que en ellos el Estado se descargar… •de mil menesteres que ahora, innecesariamente desempe‡a‚, reserv…ndose s€lo •los de su misi€n ante el mundo y ante la historia‚. Evidentemente, en el pensamiento de Josƒ Antonio estaba bien claro que, pr…cticamente, todas las funciones econ€micas que actualmente asume el Estado pasar„an a depender de los Sindicatos, •como organismos vivos e imprescindibles‚, como el cuerpo vivo en el que se conjugan y armonizan los intereses de todos los que participan en el proceso de producci€n.

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Es m…s, para que no haya duda de esto, en el discurso de proclamaci€n de FE de las JONS, en Valladolid, hab„a repetido tambiƒn: •Y el Estado espa‡ol puede ce‡irse al cumplimiento de las funciones esenciales de Poder, descargando no ya el arbitraje, sino la regulaci€n completa, en muchos aspectos econ€micos, a entidades de gran abolengo tradicional: a los Sindicatos‚. ‹Cu…l ser„a entonces la funci€n del Estado en relaci€n con los Sindicatos, como organizaci€n corporativa de la producci€n econ€mica?. El 28 de marzo de 1935 -el a‡o clave de la maduraci€n del pensamiento joseantoniano - publicaba el semanario •Arriba‚ - el que s„ fue realmente fundado por Josƒ Antonio - una nota en la que el Jefe Nacional de la Falange, sin firma, dec„a: •El Estado debe tener autoridad e independencia para: a) Coordinar los intereses, casi siempre divergentes, de los cuerpos econ€micos y sociales (sindicatos, regiones) y arbitrar sus diferencias; b) Asegurar una disciplina, a la vez larga y estricta, con vistas a

orientar las actividades particulares hacia el sentido del interƒs general; c) Defender eventualmente los derechos y las libertades de la personalidad individual contra los abusos de la autoridad de las colectividades econ€micas y sociales‚. Es decir, que Josƒ Antonio era partidario de la constituci€n aut€noma de una serie de cuerpos sociales y econ€micos, de funcionamiento tambiƒn aut€nomo, reguladores de una serie de aspectos de la actividad nacional, correspondiendo al Estado una labor de coordinaci€n, de fiscalizaci€n, de defensa y garant„a de derechos, lo que representa encomendarle la m…s alta y limpias responsabilidades del Poder Pol„tico. Josƒ Antonio insist„a en que el Estado solo habr„a de reservarse las funciones propias de su misi€n ante el mundo y ante la historia. ¿QUÉ ES ESO DEL ESTADO SINDICAL? Veamos algunas cosas interesantes en las que merece la pena insistir. En primer lugar, que los Sindicatos no forman parte del

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Estado, sino que se constituyen al margen de él. En segundo lugar, observamos que queda sin precisar demasiado la organización política del país, aunque sí hay una orientación precisa, que podremos interpretar más adelante. Con relación al primero de los dos puntos anteriormente señalados, surge entonces, quizás para muchos de nosotros, una incógnita sorprendente: Entonces ¿dónde está el Estado Sindical?. Salvo equivocación mía, en 1935, José Antonio no habla del Estado Sindical, y sus declaraciones ideológicas vienen a definir al Sindicalismo como una doctrina aplicable principalmente al mundo de la organización económica y del planteamiento de las relaciones de trabajo. Creo que sus frases, citadas anteriormente, dicen bien claro lo que el primer y único Jefe Nacional de la Falange Española de las JONS pensaba en los meses anteriores a su muerte.

¿De dónde sale lo del Estado Sindical?. Sin duda alguna, de Ramiro Ledesma Ramos, el primero que dio a conocer la expresión política: Nacional-sindicalismo. EL SINDICALISMO DE RAMIRO LEDESMA RAMOS. Durante mucho tiempo, se ha estado concediendo a Ramiro una primacía en la doctrina socio-económica nacional-sindicalista. Sin duda alguna fue el primero en hablar de ella, pero el nacional-sindicalismo de Ledesma Ramos y el de José Antonio Primo de Rivera de 1935, poco o nada tienen que ver entre sí. Cuando uno y otro hablaban de nacional-sindicalismo estaban utilizando las mismas palabras, desde el mismo movimiento político incluso, para definir dos corrientes de pensamiento distintas, dos concepciones radicalmente diferentes. Ramiro Ledesma Ramos concebía los sindicatos como instrumentos para la política económica del Estado, para la intervención y control del Estado en el campo de

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la econom„a privada, con el fin de supeditarla a los supremos intereses del Estado. Ahora bien, creo que en ning†n caso se preocup€ Ramiro por la reforma de las relaciones laborales, por la revoluci€n en la estructura de la Empresa, ni concibi€ otra organizaci€n de la Econom„a que la capitalista. Para ƒl, los Sindicatos eran la horma que se colocaba sobre el mundo econ€mico para supeditar o armonizar, por las buenas o por las malas, los intereses particulares de la producci€n econ€mica a los superiores representados por el Estado. Resumiendo, en l„neas generales, Ramiro patrocinaba un sistema de intervencionismo estatal en lo econ€mico, sin modificar sustancialmente el orden capitalista. Se manifestaba en la l„nea de los movimientos europeos llamados •fascistas‚, que no s€lo fueron derrotados militarmente, sino que, en el campo socio-econ€mico, no han dejado unas f€rmulas de organizaci€n que puedan ser esgrimidas validamente hoy. El fascismo italiano, el primero de estos movimientos, despuƒs de una pol„tica de m…s de veinte

a‡os intent€, con la Rep†blica de Sal€, un cambio radical que, evidentemente, representaba un reconocimiento sustancial de la equivocaci€n de sus planteamientos anteriores. Ramiro Ledesma Ramos si hablaba del Estado Sindical porque los sindicatos eran €rganos del Estado. Josƒ Antonio, sin embargo, ya hemos visto c€mo sit†a a los Sindicatos al margen del Estado, sometidos a las leyes del pa„s, que el Estado est… obligado a hacer cumplir. La separaci€n de Ramiro de la Falange, en 1934-35, independientemente de los problemas personales (que los hubo) y por los que se pretende explicar todo, se debi€, sin duda alguna, a que ideol€gicamente Josƒ Antonio y Ramiro, aun hablando con las mismas palabras quer„an decir cosas diferentes. Frente a la progresiva radicalizaci€n fascista de Ramiro, est… la progresiva radicalizaci€n sindicalista de Josƒ Antonio,

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que lee a los ide€logos sindicalistas, comunitaristas, guildistas de su tiempo; que maneja toda la literatura de los cl…sicos y de los modernos sindicalistas y que encuentra en ese camino la soluci€n a los grandes problemas de nuestro tiempo. UNA TRADICIÓN SINDICALISTA Josƒ Antonio le„a lo que dec„a Žngel Pesta‡a, pero tambiƒn lo que elaboraba Larraz, lo que hab„a escrito Ramiro de Maeztu, las tesis de Georges Valois y de la •Acci€n Francesa‚, el solidarismo de Le€n Duguit, el guildismo brit…nico, el C€digo de Malinas, el federalismo de Pi y Margall, hasta alcanzar los a‡os en los que el sindicalismo gesta la definici€n inicial de su personalidad y en los que hombres como Sorel o como Proudhom estuvieron intentando descubrir el camino con palos de ciego. Pero tambiƒn manej€ Josƒ Antonio los textos de los acuerdos de congresos espa‡oles y extranjeros de trabajadores, en

los que se intu„an cosas francamente importantes. En 1864, el a‡o en el que se decidi€ la fundaci€n de la AIT, la Asociaci€n Internacional de Trabajadores, un grupo de obreros de Paris, la mayor„a de los cuales participaron en la creaci€n de esta entidad, decidieron presentar candidatos, por primera vez, en las elecciones generales de aquel a‡o. Con este motivo, lanzaron un manifiesto en el que dec„an: •Nosotros nos negamos a creer que la miseria sea de instituci€n divina. La caridad, virtud cristiana, ha demostrado radicalmente y reconocido su impotencia como instituci€n social.. . Nosotros no queremos ser ya ni •clientes‚ ni •asistidos‚. Rechazamos la limonada, queremos la Justicia‚. Y, m…s adelante, en su manifiesto, a‡ad„an: •Vosotros no conocƒis a los obreros; ellos persiguen un objetivo mucho m…s grande, mucho m…s fecundo que el de agotar sus fuerzas en luchas cotidianas donde, de ambos lados, los adversarios no encon-

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trar„an, en definitiva, m…s que la ruina para unos y la miseria para los otros‚. ‹No os recuerda esto tambiƒn una frase de Josƒ Antonio?. Hace un siglo, un grupo de trabajadores de Paris, reconoc„a la esterilidad de las luchas sindicales por mejoras circunstanciales de salarios o de condiciones de trabajo, y sosten„a que la meta del combate ten„a que ser un nuevo orden basado en la Justicia, distinto al actual. Espigando en este mundo de los congresos, vemos c€mo el XV Congreso Nacional Corporativo, celebrado en la ciudad de Amiens, del 8 al 16 de octubre de 1906, aprobaba una declaraci€n sobre los objetivos de la Confederaci€n General de Trabajadores de Francia, en la que se dec„a: •La CGT agrupa, al margen de toda escuela pol„tica, a todos los trabajadores conscientes de la lucha que hay que sostener para la desaparici€n del asalariado y el patrono‚.

Fijaos vosotros en que esto es lo que nosotros tambiƒn sostenemos ahora: la desaparici€n del salariado como f€rmula moderna de la esclavitud del Hombre, obligado a vender no el producto de su trabajo, sino su propio trabajo, como si fuera un animal y no el rey de la terrestre creaci€n divina. M…s adelante, la declaraci€n de Amiens, continuaba: •El Congreso concreta, por los puntos siguientes, esta afirmaci€n te€rica: En la obra reivindicadora cotidiana, el sindicalismo persigue la coordinaci€n de los esfuerzos obreros, el aumento del bienestar de los trabajadores por la realizaci€n de mejoras inmediatas, tales como la disminuci€n de las horas de trabajo, el aumento de los salarios, etc. Pero este trabajo - segu„an diciendo - no es m…s que un aspecto de la obra del sindicalismo: prepara la emancipaci€n integral que s€lo puede realizarse por la expropiaci€n capitalista; preconiza como medio de acci€n la huelga general y considera que el Sindicato, hoy d„a grupo de resistencia, ser… en el porvenir

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el núcleo de la producción y de la distribución, base de reorganización social. LA REVOLUCIÓN DE JOSÉ ANTONIO Como veis, el pensamiento sindicalista se manifiesta insistentemente acorde en una serie de tesis que llegan hasta José Antonio. Pero el Jefe Nacional de la Falange no se limita a una repetición, sino que hace algo más importante: darle a este mundo de ideas y de soluciones, alentadas hasta entonces, en la mayoría de los casos más conocidos, por una filosofía no cristiana, una justificación acorde con las tradiciones culturales de nuestro pueblo y un planteamiento según las corrientes modernas de las experiencias sociales y de las necesidades económicas y políticas. José Antonio hizo algo así como darle la vuelta al calcetín. Por ello, Pestaña y José Antonio podían ponerse rápidamente de acuerdo, en una comida y hasta decir las mismas cosas en sus escritos y discursos. Pero José Antonio incorporaba a aquel mundo de ideas la claridad del pensamiento cristiano. Es decir, que sí

no se prestase a confusiones, podría decirse que nacionalizó al sindicalismo, lo españolizó, con todo lo que España ha representado y representa en la historia universal como expresión de un estilo de vida, como justificación de una existencia humana, como trascendente manifestación popular. Pero, volviendo atrás, toda esa arquitectura sindicalista de que habla José Antonio, no puede responder sólo a una espontánea creación desde el plano de la empresa hasta los sectores superiores de comunidad de intereses. Esta corriente vital que se ha de manifestar con fuerza extraordinaria debe ser orientada, controlada y hasta promovida, en algunos casos, desde el Estado revolucionario, cuyos equipos solo darán por terminada su tarea cuando la nueva ordenación quede terminada y pueda establecerse el cuerpo de leyes por el que pueda regirse, madurar y desarrollarse el sindicalismo, al margen del Estado, tal y como José Antonio había previsto.

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Sin embargo, la reforma de la empresa, la creación de los Sindicatos, la nacionalización y sindicalización de la Banca, son garantía suficiente de que, en ningún caso, el control revolucionario del Estado podrá desembocar en la creación de una nueva clase o en un retroceso engañoso hacía formas socio-económicas anteriores. Si a José Antonio se le escuchase, si se tratase de cumplir, por un momento, la programática del Jefe Nacional de la Falange, fácilmente podría rectificarse el camino de los últimos veinticinco años. Por un momento, cerrad los ojos y soñad que, por un Decreto o por una Ley votada en las Cortes con el apoyo de todos los procuradores sindicales, se decidía sindicalizar todas o gran parte de las empresas, y, al mismo tiempo, se nacionalizaba toda la banca privada. Este golpe de timón ofrecería a nuestro pueblo una nueva ilusión y evitaría las tensiones sociales a las que estamos llegando sin remedio.

Un camarada nuestro, recién llegado de Asturias, me decía que allí los trabajadores han alcanzado una madurez sindical similar a la que en 1968 tendrán los de Madrid. Si esto se extiende a toda España, como es de prever, veremos a nuestros capitalistas doliéndose de la lucha de clases, sin darse cuenta, como decía el número uno de la revista SINDICALISMO, que no son los trabajadores los culpables de ella, sino que es el sistema capitalista el que plantea las cosas de tal forma que no hay otra salida posible y quizá hasta equitativa. Nosotros queremos acabar con la lucha de clases, pero no sobre la base de tácticas represivas, sino eliminando las causas que la provocan. Algunos nos dirán: ¿Pero qué pensáis de los problemas políticos?. ¿Sois monárquicos o republicanos? ¿Sois partidarios de la dictadura o de la democracia?. Claro que debemos definirnos sobre los aspectos políticos pero a nosotros nos interesa, sobre todo, poner el acento en el mundo de lo

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socio-económico, en donde el hombre está sometido a particulares y graves situaciones de injusticia, que atentan contra su dignidad de hijo de Dios y le apartan de El; en donde se plantean los más graves problemas de nuestro tiempo y en donde el mundo sigue buscando afanosamente una solución que en nuestra mano está.

VI

EL MITO DE LA COMPETENCIA Y DE LA INICIATIVA PRIVADA

La economía capitalista está concebida para el beneficio de unas minorías. La Ineficacia de la Legislación contra los monopolios. LO QUE DIJO JUAN VELARDE La mayoría de los economistas, que han sido especialmente preparados para servir al sistema liberal capitalista, cantan constantemente sus ventajas y afirman que ningún otro puede sustituirlo por que éste realiza ese ideal de las relaciones basadas en los estímulos de la competencia y la capacidad promotora de la iniciativa privada. Por otra parte, sostienen que sólo una economía basada en un régimen de mer-

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cado, en una densa trama de ofertas y demandas, de luchas por ofrecer y conseguir mejores condiciones, puede ser considerada como el óptimo deseable. Ahora bien, una pregunta, que muchas veces ellos mismos ni se plantean ni se atreven a contestar, hace tambalear los argumentos esgrimidos habitualmente: ¿Es que en una economía liberal capitalista se da en todos los estadios, en todos los campos, ese ideal de libre mercado basado en el juego de la oferta y la demanda, en la competencia y en la iniciativa privada?. Honradamente, habría que reconocer que ese libre mercado es solo una auténtica utopía, una aspiración ideal de los teóricos y de los gobernantes ingenuos y que sólo se da parcialmente en sectores poco importantes de la producción económica, en el campo de los servicios, y siempre con numerosas limitaciones. Teóricamente, según ellos, cuando una empresa no está en condiciones de

competir, debe morir aplastada por la fuerza de lo nuevo, de lo más fuerte, Se trataría de un juego de poder a poder en el que siempre vencería él más fuerte, para dominar un mercado, sin reservas. Si así fuera, ¡qué despilfarro de esfuerzos y de posibilidades!. Claro está que esto no se produce salvo en circunstancias menores o en condiciones muy particulares. En ningún caso, cuando la empresa está ligada al mundo de intereses coordinados que caracteriza de hecho hoy a la economía capitalista, mal llamada libertad. Cuando cualquier empresa de producción económica se inserta en ese complejo representado por los 124 consejeros que controlan el 49,4 por 100 del capital de las sociedades de nuestro país, entonces no existe tal posibilidad de aplastamiento por competencia. Esa empresa dispondrá siempre de los medios económicos para su modernización, para su mantenimiento, para hacer frente a cualquier dificultad; al menos, mientras represente o pueda representar un negocio.

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Pero los poderosos no suelen luchar entre s„. Las luchas, si se dan, carecen de importancia, son conflictos menudos, y afectan solo, como hemos dicho, a sectores poco importantes de la actividad econ€mica. Normalmente, los poderosos se respetan, se al„an, conciertan acuerdos, se distribuyen sectores de comercializaci€n, limitan la producci€n, se garantizan mutuamente el m…ximo de beneficios con el m„nimo de inversi€n y de riesgo. Hasta cierto punto, es comprensible y l€gico que as„ sea. ‹C€mo van a enzarzarse, por ejemplo, en una batalla feroz de precios y facilidades de pago empresas como Pegaso y Barreiros?. Eso les obligar„a a llegar a reducciones de •dumping‚ tremendamente peligrosas para ellos. Desde luego, no es posible esto. Las inversiones de capital de ambas empresas, de cualquier empresa moderna son suficientemente importantes como para que nadie se anime a arriesgarlas en la lucha por el dominio de una clientela. Llegado ese momento, los do-

minadores de la econom„a prefieren negociar, pactar, asociarse. Este fen€meno, con unas u otras caracter„sticas, se da en todo el mundo, en forma m…s o menos escandalosa, mas o menos burda o sut„l; pero se da. Y en Espa‡a alcanza un grado tal que los hechos revelados en los estudios del antiguo equipo de economistas del •Arriba‚ (que fue r…pidamente desmontado por Rodrigo Royo y Jes†s Fueyo, cuando llegaron a la direcci€n del peri€dico y a la Delegaci€n Nacional de Prensa, Propaganda y Radio del Movimiento) son francamente vergonzosos. Juan Velarde ha pronunciado una conferencia que vosotros conocƒis, en el Circulo Josƒ Antonio y public€ un trabajo sensacional en la Revista de Econom„a del Instituto de Estudios Pol„ticos, creo que del mes de mayo pasado; Ferm„n de la Sierra, en el n†mero 1 de la misma revista, hace muchos a‡os, public€ un trabajo sensacional sobre las estructuras oligopolistas de los sectores b…sicos, de las industrias de cabecera de la econom„a espa‡ola, del carb€n, del acero,

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del cemento, de la energía hidroeléctrica. Era francamente asombroso. Ahí están para quien quiera buscar en estas investigaciones de las que las citadas son sólo dos muestras. LOS PODEROSOS PREFIEREN DARSE LA MANO ¿Dónde esta la libertad de mercado?. ¿Dónde está el mercado en el país? ¿Dónde esta la competencia?. Nadie cree en esto. Ningún sector importante de la vida española considera la competencia de otras empresas como algo temible, como algo que les preocupe sinceramente. Los gigantes, los poderosos, los que controlan la vida económica no luchan entre sí. Pueden pegarse algún codazo, aprovechando alguna debilidad, pero nunca hasta el extremo de provocar el encono, la reacción violenta del otro. Los poderosos se respetan, prefieren darse la mano y actuar de común acuerdo. Ahí es donde se mueven esos 124 consejeros que hace unos años controlaban el 49,4 del capital social de las empresas

españolas. ¿Quién sabe donde estarán ahora?. Si esto es así, ¿quién se atreve a patrocinar honradamente el mantenimiento de este sistema económico no basado en la libertad de mercado, ni en la competencia, ni prácticamente en la iniciativa personal, como veremos más adelante?. Juan Velarde, Vicesecretario General Técnico del Ministerio de Trabajo, comentando la creación del Tribunal de Defensa de la Competencia y de la Ley Antimonopolio en nuestro país, aquí, en esta misma Ballena, y está grabado en cinta magnetofónica, decía que no creía en su eficacia, en su viabilidad, ya que si se quisiese aplicar a fondo la Ley, habría que desmontar todas las actuales estructuras de la organización económica de nuestro país, enfrentarse con intereses tan sólidamente asentados, tan fuertes, que resultaría prácticamente imposible hacerlo.

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Efectivamente, como dec„a anteriormente, de vez en cuando, los te€ricos del capitalismo liberal o los gobernantes ingenuos, o los pol„ticos que quieren contentar a las masas y envolverlas en el enga‡o, organizan leyes y tribunales similares. Pero, ‹quƒ se consigue con ello?. De vez en cuando en Estados Unidos, capitana de estas medidas de gobierno, se descubre y sanciona una pr…ctica monopol„stica. Se‡al evidente de que se siguen dando y de que hay f€rmulas para enmascarar una realidad y seguir gozando de los beneficios del monopolio de grupo. Con relaci€n a la iniciativa privada, ‹quien dispone normalmente, salvo que le toque la loter„a o similar o estƒ vinculado a cualquiera de los grupos de poder econ€mico, del dinero suficiente para la promoci€n de una empresa importante de producci€n econ€mica, sobre bases de competencia y rentabilidad econ€mica?. Cuando esa iniciativa privada descubre o promueve una actividad interesante, autom…ticamente se tiene

que ver envuelta en la €rbita de los benefactores, que terminan qued…ndose con todo. En Espa‡a, la iniciativa privada se queda para los puestos de pipas y la venta de globos, poniendo un ejemplo humor„stico. Y es lo que ocurre, en la pr…ctica, en todo el mundo. El desarrollo de las actividades econ€micas nacionales en rƒgimen capitalista no lo pueden promover las iniciativas de los titanes, de los hombres de calidad, independientes, con personalidad, sino que lo usurpan las grandes y fr„as planificaciones de los poderosos. Ellos estudian las posibilidades del mercado, la rentabilidad de la inversi€n, disponen el capital, buscan a los tƒcnicos, a los expertos, estƒn donde estƒn, y •permiten‚ una nueva actividad, una nueva f…brica, una nueva mina, una nueva empresa. Los poderosos que dominan y controlan Espa‡a planifican el desarrollo de nuestra econom„a, pero lo hacen no al servicio, no en beneficio de las mayor„as, sino al servicio y beneficio de peque‡os grupos

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detentadores de posiciones de privilegio, en la inmensa mayoría de los casos heredadas o montadas sobre viejos derechos jurisdiccionales transformados en derechos patrimoniales absolutos. ¿Cuántos aristócratas han montado sobre sus latifundios imperios financieros e industriales?. Cuando el Estado, al amparo del impulso innovador de los falangistas insertados en el Movimiento Nacional crea y desarrolla el I.N.I. provocó contra él los más feroces ataques de cuantos han visto crecer un poder económico no vinculado totalmente a ellos. Las negociaciones entre Suanzes y la banca privada para comprar las empresas del I.N.I. y facilitarle así fondos para la promoción de nuevas empresas es conocida y no hace falta insistir en ella. Hoy, anchos sectores del I.N.I. están vinculados ya a empresas privadas que, a su vez, están insertadas en el mundo de los poderes capitalistas de grupo, y, en muchos casos, ha venido a reforzar sus posiciones. Hoy, el I.N.I. lleva una vida lánguida y se dice que va a dedicarse a promover actividades econó-

micas relacionadas con la agricultura, es decir, con el sector que goza del más completo desamparo del gran capitalismo, que no invierte en regadíos, embalses, caminos, etc. EL FRACASO DE LOS CAPITALISMOS ¿Dónde esta la economía capitalista liberal que los teorizantes soñaron con levantar?. La realidad demuestra el gran fracaso y descubre las semejanzas entre el capitalismo liberal y el capitalismo marxista. Los beneficiarios del sistema, en uno y otro, no son las masas populares, sino los intereses políticos y económicos, públicos y privados de unos grupos, de una clase dominadora: la burocracia del partido o los grupos financieros. Sobre esta critica es posible ver con más claridad esa solución joseantoniana que, basada en la reforma de la empresa, en la supresión del salariado, en la nacionalización y sindicalización de la banca, podría permitir la construcción del orden

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vertical sindicalista, autónomo respecto del Estado, al servicio de los intereses de cuantos participan en el proceso de producción y de los intereses generales del país, salvaguardados por la defensa de las leyes que a la soberanía del Estado compete. LAS EXPERIENCIAS AJENAS Pero no podemos despreciar las experiencias que la moderna realidad económica capitalista nos ofrece. En ella se manifiestan claramente o se insinúan tendencias que vienen a confirmar gran parte de nuestra tesis. Hoy, la complicada organización económica española y la de todos los países capitalistas, manifiesta, entre otras cosas: a) No se deja por los grupos nada al azar, a la improvisación, en la promoción y desarrollo de las actividades económicas. b) Los riesgos quedan reducidos al mínimo. Se busca garantizar plenamente la

colocación de los productos, manteniendo así, sin preocupación alguna, el nivel de rendimiento previsto en cada centro de producción. La planificación y la previsión de riesgos con ella son dos características o tendencias de la moderna economía capitalista en todos los países y sus experiencias deberán ser consideradas a fondo, seguidas con atención por los teóricos sindicalistas, mucho más, casi, que las de los países situados en el polo opuesto, en el capitalismo marxista, aunque tampoco hay que olvidarlas. Y señalo el interés de las experiencias del capitalismo occidental o liberal, porque se basan en una actividad distinta de la del Estado, con un juego de factores que no aparecen en la fría contabilidad de la planificación soviética.

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LA ECONOMÍA CONTRACTUAL En este marco de la planificaci€n y previsi€n de riesgos se habla mucho ahora de la econom„a contractual, o de la econom„a concertada. Recientemente, public€ varios trabajos sobre el tema el profesor de la Facultad de Derecho y Ciencias Econ€micas de Paris, Monsieur Andrƒ Pietre. Entre otras cosas, dec„a: •Š.. la •econom„a contractual‚ refleja nuestra ƒpoca a base de agrupaciones y entregada al juego de intereses. Es, se suele decir, agregativa y prospectiva. Lejos de aislar al individuo, le engloba en un conjunto y le compromete cara al futuro. Los contratos que la expresan, ligan a las partes a una comunidad, que les supera y vincula su voluntad en una finalidad com†n. El libre compromiso que existe en su origen, pasa a ser entonces el medio de organizar la libertad‚.

El estudio explica con ejemplos c€mo los diversos escalones de la producci€n, vinculados a los mismos intereses financieros o comprometidos mutuamente por contrato, planifican sus actividades, libremente, y garantizan plenamente el ƒxito de todos, en funci€n de los comunes intereses. Pues bien, esto, realizado de forma consciente, bajo las garant„as de libertad de nuestras leyes, aplicando a todas las actividades del pa„s, es lo que Josƒ Antonio defin„a como un sistema de sindicatos verticales, por ramas de la producci€n, en los que las empresas puedan concertar sus mutuos intereses, garantizar una estabilidad econ€mica y unos resultados finales y con ello un progreso uniforme del pa„s. Aquella ut€pica econom„a de las luchas empresariales, del hero„smo de la competencia, del libre juego de las fuerzas, se ha visto desplazada radicalmente hoy, y nadie piensa en que pueda realizarse. Aquella econom„a del despilfarro que los pa„ses altamente desarrollados predican para los

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poco evolucionados econ€micamente, quiz… para mantener el dominio sobre ellos, se ha visto sustituida por esta otra de las garant„as, de la previsi€n de riesgos, de la producci€n colocada, del comprador seguro. Los que no ven claro en esto son los que fracasan, los que fallan, los que ponen en peligro sus intereses. En el discurso de la unificaci€n de Falange Espa‡ola y de las J.O.N.S., en Valladolid, afirm€ el Jefe Nacional de la Falange: •El liberalismo dijo al hombre que pod„a hacer lo que quiera, pero no le asegur€ un orden econ€mico que fuera garant„a de esa libertad. Es, pues, necesaria una garant„a econ€mica organizadaŠ‚. LA POLAR Y EL RUMBO Ahora, se nos van a plantear una serie de problemas. Sobre ellos, a veces, Josƒ Antonio ha dicho algo. Sobre otros, ni siquiera se los ha planteado en los textos de que disponemos. Josƒ Antonio dio claramente las l„neas generales, los planteamien-

tos claves para el acierto. El resto son problemas para los tƒcnicos y para los hombres con experiencia personal. Y habr… siempre nuevos problemas que resolver. A la econom„a capitalista, que lleva muchos a‡os de experiencia le nacen problemas nuevos todos los d„as, ‹c€mo no lo ha de tener el sistema econ€mico que nosotros los sindicalistas patrocinamos?. Aqu„ hay tarea para muchos, para muy diversas aportaciones ya que para un mismo problema pueden darse algunas soluciones. Entre estos problemas, m…s o menos orientados por Josƒ Antonio, est… la constituci€n y funcionamiento •de los sindicatos verticales, si deben cubrir monol„ticamente todos los sectores de la econom„a: la promoci€n del desarrollo de las empresas y la creaci€n de otras nuevas: la realizaci€n del comercio exterior: la nacionalizaci€n de los servicios p†blicos y de la banca: la seguridad social; el sistema fiscal; el control de los capitales no invertidos en la producci€n econ€mica, etc.

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Con ánimo de adivinación, una vez superado el planteamiento general de la economía y criticado positivamente el sistema capitalista, podremos entrar en una serie de especulaciones que confío en que os lleguen a preocupar, os hagan pensar, y nos ayuden humildemente a perfilar un esquema coherente de nuestra solución sindicalista en la España de hoy.

VII

SOMOS PARTIDARIOS DE UNA ECONOMÍA PLANIFICADA

Como crear nuevas empresas en el sistema sindicalista. Posibles soluciones para los servicios públicos.

En la charla del viernes pasado, decía que el momento actual de la economía capitalista liberal ofrecía al observador medio la conclusión de que ya no se basa en el juego de la competencia ni en la iniciativa privada, de que las condiciones mínimas del mercado, ideal utópico de los teóricos y de los gobernantes real o supuestamente ingenuos, no se producen salvo en sectores reducidos.

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En efecto, se da en la comercialización, de ciertos artículos de consumo, en el sector servicios y en algunos aspectos más, pero falla en el cuerpo central del proceso económico de producción en el que los poderosos prefieren no arriesgar sus inversiones, garantizando unos beneficios sobre la base de pactar con los que podrían ser objeto de competencia. Insistíamos también en que la economía española actual, como la de los demás países del llamado mundo occidental, se veía ampliamente planificada por el capitalismo financiero e industrial, en beneficio exclusivo de unas minorías. Y que lo mismo ocurre en los países comunistas en los que el beneficio directo del gran propietario que es el Estado recae principalmente sobre una minoría: la nueva clase burocrático-política, de la habló Djilas, el vicepresidente yugoslavo, actualmente en las cárceles de Tito por denunciarlo. Al pueblo, como colectividad, llega algo de esta planificación, pera nada individualmente aparte de su salario. La situación es bastante parecida a la del capita-

lismo liberal que impera en el mundo occidental de hoy. Terminábamos indicando que si fallan los supuestos teóricos que servían para justificar el orden capitalista occidental, encubriendo tras unos supuestos beneficios para todos la realidad del privilegio clasista de unos pocos, ¿Qué justificación moral puede existir para que, en función de la Justicia y la dignificación del hombre no se busquen fórmulas nuevas de organización económica que lleven a beneficiar directamente a las mayorías?. José Antonio Primo de Rivera nos habló, previa la reforma de la empresa y la supresión del salariado, de la organización de la economía a base de grandes sindicatos verticales por ramas de la producción. Y, como decía Narciso Perales la semana pasada, vio esta solución inspirándose en las tendencias de la economía capitalista que vivimos, en la que se dan vinculaciones fuertes, al servicio del interés del grupo, entre empresas de producción que abarcan

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los diversos escalones del proceso productivo. Desde la mina, desde el mar o desde el campo, hasta el consumidor. Josƒ Antonio, como dec„amos se‡alo en el discurso de la unificaci€n de Falange Espa‡ola y de las J.O.N.S., en Valladolid, que •El liberalismo dijo al hombre que pod„a hacer lo que quisiera, pero no le asegur€ un orden econ€mico que fuera garant„a de esa libertad. Es pues - continuaba diciendo - necesaria una garant„a econ€mica organizadaŠ.‚. LO QUE PUEDE VER EL HOMBRE DE LA CALLE En el mundo moderno se dan dos tendencias que cualquiera de vosotros puede palpar, simplemente leyendo los peri€dicos. Por un lado, est…n los neoliberales capitalistas partidarios de lo que llaman la econom„a de mercado y que bien claro sabemos en Espa‡a lo que es. Por el otro, los partidarios de una econom„a planificada.

Los primeros gozan de la simpat„a de los pa„ses fuertes, de los imperialistas y colonialistas, de los que han montado su prosperidad sobre la pobreza del 70 por 100 de las gentes y de los pueblos. Con el respaldo del Fondo Monetario Internacional, del Banco Mundial y dem…s organismos de la plutocracia internacionalista, patrocinan pol„ticas que conducen a la vinculaci€n de los pa„ses a sus intereses supernacionales, a nuevas situaciones de colonialismo y vasallaje. Los segundos, los partidarios de una econom„a planificada alumbran la esperanza de los pueblos del tercer mundo, todos esos que peyorativamente han sido llamados subdesarrollados, los de la geograf„a del hambre. Todos los nuevos pa„ses, todos los que intentan iniciar su construcci€n independiente o los que tratan de salir de los estadios m…s bajos como punto de partida, vuelven sus ojos, ilusionados, hacia las experiencias planificadoras, y ƒstas, como todos sabƒis, se han dado sobre todo hasta ahora en los pa„ses comunistas.

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Algunos pa„ses occidentales han hecho t„midos ensayos planificadores que s€lo han servido para aumentar los beneficios de los poderosos y nunca en igual proporci€n los del resto del pa„s. Quiz… por ello, los nuevos pa„ses se sienten atra„dos por los ƒxitos de la planificaci€n soviƒtica. La propaganda sencilla hace mella en ellos, en sus dirigentes, aunque no sean comunistas. Se trata de una experiencia que valoran objetivamente. ‹Quƒ importa que la propaganda anticomunista diga que el obrero soviƒtico vive peor que el norteamericano o que la U.R.S.S. est… por debajo de los Estados Unidos en producci€n de acero!. El hombre de la calle, como el dirigente pol„tico del •tercer mundo‚, de millones de hombres esparcidos por Amƒrica, Europa, Africa y Asia, piensa que la U.R.S.S. compite con los Estados Unidos en muchas cosas y hay en las que le gana, y que la U.R.S.S. hered€ una situaci€n econ€mica y cultural atrasada, de la Rusia de los zares. Si no hubiera sido por la planificaci€n soviƒtica ‹que ser„a hoy Rusia?. Es probable, se contesta el hombre

de la calle, que hoy fuese un pa„s atrasado, tan atrasado como cualquier otro de los que est…n situados en el enorme continente asi…tico. Hasta el hombre de la calle ve los beneficios de la planificaci€n econ€mica, pero no los de una planificaci€n que sirva para aumentar los beneficios de unos pocos, sino de una planificaci€n en beneficio de las mayor„as de un pa„s. As„, la planificaci€n econ€mica es un factor importante a considerar, que los sindicalistas no marginamos sino que colocamos en primer tƒrmino. Nosotros no somos partidarios de una econom„a planificada como la conciben los capitalistas en su beneficio, ni como la plantean los comunistas, en directo beneficio de una clase nueva sino que somos partidarios de una planificaci€n econ€mica en beneficio de todos los que intervienen en el proceso productivo, propietarios de las empresas en las que centran sus vidas. ‹Quƒ ventajas tiene adem…s un sistema de econom„a planificada?. Normal-

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mente, los economistas aceptan que ofrece mayores posibilidades de m…xima ocupaci€n, que hace posible la receptividad plena de los adelantos tecnol€gicos, que aminora •las fluctuaciones funcionales de las masas y de los valores‚. LOS FALLOS DE LA PLANIFICACIÓN SOVIÉTICA ‹D€nde esta el fallo de la planificaci€n comunista y por d€nde la ataca la elemental sensibilidad popular?. Don Josƒ Larraz, dice en su libro •La meta de dos revoluciones‚: •Nada hay m…s propicio al atentado de los justos derechos de los miembros de la Comunidad que convertir la poblaci€n entera en asalariada del Estado-Leviathan. Pronto hacen su aparici€n las formas serviles del trabajo; pronto queda a merced de un grupo de dƒspotas, la capitalizaci€n o el consumo de los frutos laborales; pronto deviene el asociacionismo econ€mico m…s que convertido en un sistema institucional de Corporaciones de derecho p†blico, que fuera l„cito,

en un encuadramiento cuartelero, inorg…nico, privado de toda vida espont…nea, a†n por buena que sea‚. Burnham, comentando un art„culo de Trotsky, dec„a: •Seg†n Leon Trotsky, en un art„culo aparecido en el reciente 1939, y a mi personal entender basado sobre un cuidadoso cotejo y an…lisis de estad„sticas publicadas en la prensa soviƒtica, a lo m…s el 11 € 12 por 100 de la poblaci€n soviƒtica recibe ahora, aproximadamente, el 50 por 100 de la renta nacional. Esta diferencia es m…s aguda que en los Estados Unidos, donde, a lo m…s, el 10 por 100 de la poblaci€n recibe aproximadamente el 35 por 100 de la renta nacional‚. No, no es esta planificaci€n que beneficia en uno como en otro capitalismo, siempre a una clase reducida, en funci€n de las estructuras sociales y econ€micas existentes. No, no es esta planificaci€n en la que los bur€cratas, friamente, sin intervenci€n de los trabajadores de las empresas, se‡alan metas a conseguir, sin que ello

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sirva, en ning†n caso para mejorar la situaci€n social y hasta econ€mica del asalariado. La planificaci€n es una tƒcnica y como tal tƒcnica puede ser instrumento utilizable en una u otra direcci€n, para la consecuci€n de uno u otro objetivo. Nosotros, los sindicalistas, creemos en las virtudes de la planificaci€n y tendremos que ser portavoces de ella, incluirla en nuestros programas. Que nadie pretenda sumarla a un partido pol„tico, como una conquista particular del comunismo o nuestra. Sin duda alguna, Josƒ Antonio intu„a, cuando hablaba de •una garant„a econ€mica organizada‚, la necesidad de la planificaci€n econ€mica en un orden sindicalista. UNA PLANIFICACIÓN SINDICALISTA ‹C€mo se realizar„a esta planificaci€n?. Evidentemente, por un lado est… el conocimiento estad„stico de la realidad econ€mica de un pa„s en los †ltimos a‡os y

de ella pueden deducirse tendencias orientadoras. Este tipo de trabajo puede permitir a las empresas y a los sindicatos conocer la situaci€n matem…tico-estad„stica y contrastarla con las opiniones y apreciaciones personales de sus dirigentes. As„, desde la base, desde la mina, o desde la cabecera, las empresas de la misma producci€n deber…n establecer estudios de posibilidades en funci€n de las necesidades estad„sticas y dialogar…n con las empresas del sector inmediatamente vinculado a ellas para concretar planes de producci€n y trabajo. Sucesivamente, se ir…n concertando planes similares con los sucesivos escalones de la producci€n directamente vinculados. Estos mutuos acuerdos de producci€n, concertados en el plano empresarial, deber…n ser armonizados y reajustados en la cumbre, si es necesario (s€lo si es muy necesario) en funci€n de los intereses generales y de las posibilidades reales, cient„ficamente contrastadas. En todos estos acuerdos deber…n jugar un papel asesor soci€logos y economistas,

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para evitar conclusiones simplistas sin una base científica. Y esto es, precisamente más o menos, lo que veíamos el viernes pasado, anteriormente, que hoy el moderno capitalismo está ensayando en diversos sectores con él nombre de economía concertada, contractual. Lo joseantoniano aquí no es por tanto, tampoco, una utopía. Como es lógico suponer, en la cima de la organización económica sindicalista y controlada por los representantes de las empresas, a través de los diversos escalones electivos del Poder ejecutivo encargado de hacer cumplir las reglamentaciones y acuerdos, de la coordinación, y de la orientación general, debe existir un Consejo de Planificación de carácter estrictamente técnico, orientador del Ejecutivo y del Legislativo Económico, que también debe funcionar, con la debida autonomía.

LA FUNDACIÓN DE NUEVAS EMPRESAS Pero, ¿cómo se fundarían nuevas empresas, se modificarían las actuales e incluso se cerrarían las que técnicamente no fueran aconsejables como hemos dicho, antes, mantener?. Para todo ello está la autoridad económica constituida por la voluntad delegada de todos los integrantes del proceso productivo, a través de sus empresas y de los sindicatos. Cuando una medida deba adoptarse, en función del interés general, las conveniencias o intereses particulares tendrán que sacrificarse, hasta donde sea posible (¿no ocurre lo mismo y despiadadamente al menos para el trabajador en una economía capitalista?), para garantizar el progreso económico general. Claro que en cualquiera de estas medidas, sobre todo en las referentes a supresión o cierre de empresas, en un orden económico sindicalista, habrán de ser considerados no sólo los factores técnicos,

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sino las repercusiones humanas y habrá que salvarlas y garantizarlas en todo momento y lugar. Normalmente, al igual que los planificadores capitalistas privados, cuando la organización sindicalista prevea la necesidad de ampliar la producción en un determinado sector, podrá decidir o la modernización del utillaje de las empresas existentes, o la creación de nuevas empresas, o la ampliación de alguna de las que funcionan, o medidas que participen de varias de las formulas anteriores. Si se trata de una posible modernización de utillaje, la banca industrial deberá garantizar y facilitar la operación, con lo que siempre resultaría fácil; si se trata de una ampliación, la banca sindical debería facilitar los créditos necesarios a la empresa, y si debe aumentarse la plantilla laboral, parte de ese crédito deberá asignarse a los nuevos trabajadores de la plantilla empresarial, que lo aportarán para obtenerla igualdad de derechos básicos con los demás

copropietarios y que deberán devolver al banco sindical en cuotas a concertar y a un tipo de interés bajo. Si hay que crear una nueva empresa, tan fríamente como podría hacerlo hoy un capitalista liberal, deberá seleccionarse al personal adecuado, con experiencia empresarial y laboral en anteriores empresas, y a los trabajadores procedentes de las Escuelas de Formación Profesional o Técnica. Al abandonar sus empresas de origen, los integrantes de la nueva habrán percibido en metálico o en créditos el importe de su parte alícuota de participación en la anterior propiedad empresarial. Estos créditos o sumas en dinero efectivo serán las aportaciones personales a la nueva empresa, a la nueva propiedad empresarial, según la valoración inicial que de ella se haga. Las diferencias entre los topes máximos de aportación y los mínimos se cubrirán con créditos de la banca sindical para que todos estén en pie de igualdad. Los trabajadores que por primera vez se incorporan a una empresa, deberán recibir de la banca sindical créditos

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personales que cubran la totalidad de su participaci€n en la propiedad o la diferencia entre sus aportaciones personales y la suma necesaria para igualarse a los dem…s. Si a†n con todas estas aportaciones personales, en crƒdito o dinero, no se llegase a cubrir el valor total de la inversi€n empresarial y de la cantidad necesaria para hacer frente a lo que se ha llamado •necesidades de caja‚, la banca sindical tendr… que cubrir la diferencia con sus prƒstamos reintegrables y avalados colectivamente por la totalidad de los integrantes de la nueva empresa. LA INICIATIVA PERSONAL O FAMILIAR Pero ‹todo deber… estar sujeto a este juego de la planificaci€n?. Al menos en anchos sectores de la producci€n industrial, pr…cticamente en todos, s„, sin duda alguna. Ahora bien, las leyes del Estado deber„an garantizar la posibilidad de que, al amparo de los planes generales de planificaci€n o siempre y cuando no los perjudiquen, puedan montarse y desarrollarse otras empresas, de iniciativa estrictamente particular

con las garant„as y facilidades crediticias de las dem…s, sobre todo de car…cter personal o familiar. Siempre sobre la base de que ser…n en todo momento asociaciones de hombres, con supresi€n radical del salariado. Don Josƒ Larranz, en una carta que me escribi€ comentando la charla que, sobre Sindicalismo Falangista di en el C„rculo Josƒ Antonio de Madrid, dec„a que ƒste, •aun siendo factor indispensable de reconstrucci€n (se refiere a la reconstrucci€n del orden socio-econ€mico seg†n el Derecho Natural), no he cre„do, ni creo que haya de cubrir toda la vida econ€mica. Esas pretensiones totales suelen ser equivocadas. Las experiencia rusa demuestra que lo fuerte de la estatificaci€n se halla en sectores de la zona de actividades secundarias, pero no tanto en la agricultura, ni en muchos servicios terciarios‚ Por eso, Josƒ Antonio preve„a la posibilidad factible de la empresa personal, familiar, comunal y sindical. Tambiƒn opino

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que debe ser as„, que nuestra organizaci€n no debe ser como un aparato ortopƒdico sino que, en funci€n de la experiencia y de la teor„a econ€mica, tendr… que ser un sistema flexible, no r„gido, capaz de conjugar, en el seno de la producci€n econ€mica, las iniciativas particulares •empresariales‚ con la planificaci€n, el interƒs particular de las empresas y sus propietarios con los de toda la organizaci€n de la producci€n econ€mica, y los de esta organizaci€n con los generales del pa„s, y con los de los consumidores. En el montaje de la organizaci€n habr„a que ir relativamente despacio, sumando experiencias, una vez realizado el salto de la nacionalizaci€n y sindicalizaci€n de las tierras a los arrendatarios, cancelando la obligaci€n de pagar la renta; la cooperativizaci€n de las empresas mediante la supresi€n del salariado y la eliminaci€n de los antiguos propietarios capitalistas del seno de ellas. No hay que precipitarse en una construcci€n definitiva del nuevo orden socio-econ€mico, aunque s„ hay que sentar

inmediatamente las bases irreversibles de partida.

LA AUTOMATIZACIÓN Cara al futuro habr… que considerar otro problema, e incluso cara al presente. Me lo planteaba hace unos d„as Josƒ Lu„s Sobrino. ‹Quƒ pasar… con las empresas altamente automatizadas, o con las que exigen una fuerte inversi€n de capital y un corto n†mero de personal, en proporci€n al capital invertido?. Si en una empresa de producci€n de energ„a hidroelƒctrica, por ejemplo, que ha necesitado muchos millones para la construcci€n del salto de agua, de la central generadora, de todas las instalaciones de distribuci€n y transformaci€n, se dividiera su propiedad entre los trabajadores de ella, todos ser„an millonarios, pero ‹cu…ndo podr„an devolver esa inicialmente suma fabulosa a los antiguos propietarios o c€mo podr„an garantizar el prƒstamo que la banca sindical les hiciese?.Realmente, estos casos no son muy

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numerosos, pero son importantes y hay que considerarlos. En principio, creo que estas empresas deberían ser propiedad colectiva de la organización sindical o incluso del propio Estado, si el interés general, no estrictamente de productores sino también de consumidores y hasta de los intereses que al Estado le han sido confiados, lo hiciese necesario. Los trabajadores en estas empresas tendrían que ser socios, en cierta medida, de las empresas en las que trabajen y participar, en la proporción de sus aportaciones, de los reales beneficios empresariales. También habría otras fórmulas que podrían estudiarse. Efectivamente, esta es solo una. AHORRO Y CAPITALIZACIÓN Otra pregunta importante: ¿Qué ocurrirá con el dinero que las empresas devuelvan a los antiguos capitalistas, por la transmisión de propiedad?.¿Qué ocurriría con los beneficios empresariales que las empresas distribuirán entre sus propietarios?.

Los primeros, deberán ingresarse automáticamente en los bancos sindicales y quedarán bloqueados. La banca sindical pagará un interés justo a los propietarios de esos depósitos, e incluso permitiría a sus propietarios disponer de ciertas cantidades libremente, aumentando las facilidades siempre que se trate de promoción de empresas personales o familiares, de utilización para cubrir cuotas personales en la propiedad de empresas sindicalizadas, o de constitución de fundaciones para el cultivo de las ciencias, las artes o las letras, en territorio nacional. A los depósitos bancarios procedentes de la amortización de la inversión capitalista en empresas, se aplicará por el Estado una política fiscal determinada, gravando sobre todo la herencia, según es habitual en la mayoría de los países occídentales actualmente. Con los beneficios empresariales que a cada trabajador correspondan, este podrá amortizar más rápidamente los créditos bancarios que haya podido percibir para ad-

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quirir la propiedad alícuota de su empresa; podrá utilizarlo en bienes de consumo o ingresarlo en la banca sindical, para percibir unos intereses lo más elevados posibles, fomentando así el ahorro popular, voluntario, hasta donde se pueda. ¿Y LOS SERVICIOS?

decir, que en ellas deber„a haber una asociaci€n y participaci€n en administraci€n y beneficios del personal que las trabaja, pero la direcci€n y administraci€n general podr„a hacerse mediante f€rmulas a estudiar, conjuntamente por el Estado, los Sindicatos y el personal. UNA LLAMADA A LOS TÉCNICOS

‹Y quƒ ser… de los servicios p†blicos?. En el a‡o 1934, Josƒ Antonio dijo: •Defendemos la tendencia a la nacionalizaci€n del servicio de banca y, mediante las corporaciones, a la de los grandes servicios p†blicos‚. Es decir, que Josƒ Antonio opinaba en aquel momento que habr„a que sindicalizar los grandes servicios p†blicos. Ahora bien, en mi modesta opini€n, creo que por estar vinculados a ellos no s€lo los intereses de la organizaci€n productiva econ€mica sino tambiƒn otros de car…cter m…s general, habr„a que buscar para ellos unas f€rmulas similares a las que anteriormente hemos estudiado para las empresas con una alta inversi€n inicial de capital. Es

Quedan multitud de problemas que se pueden dar y resolver. Esta muestra es una aportaci€n de aficionado, de preocupado por los problemas del mundo de hoy, por sus soluciones. Ya que nadie hablaba, hemos sentido la necesidad de hablar de ello y de hablaros a todos. Si de algo ha servido, con eso nos damos por satisfechos. Ser…n muchas las criticas de los expertos, si llegan a leer estas palabras, o a escucharlas, pero confi€ en que todo lo dicho pueda no ser considerado como disparatado o como del reino de la utop„a y que las cr„ticas queden limitadas a se‡alar errores, conclusiones incorrectas, planteamientos equivocados que puedan obligar a la realizaci€n de un re-

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planteamiento o reajuste. Ojalá los técnicos no se limiten a la crítica negativa y que estas ideas sirvan para ponerles en marcha junto a los que del sindicalismo falangista tenemos un sentimiento vivo: necesidad apremiante. Otro día, seguiremos con los seguros sociales, los problemas de la conexión del consumo y de la producción, y la revolución agraria. Con la ayuda de Dios y vuestra paciencia seguiremos este estudio improvisado y elemental. JOSÉ ANTONIO Y LARRAZ Ahora, solo quiero leeros lo que Jos‚ Antonio dec€a de esta organizaci•n econ•mica el 21 de noviembre de 1935: ƒEsta soluci•n nacionalsindicalista ha de producir las consecuencias m„s fecundas. Acabar„ de una vez con los intermediarios pol€ticos y los par„sitos. Aliviar„ la producci•n de las cargas con que la abruma el capital financiero. Superar„ su anarqu€a,

orden„ndola. Impedir„ la especulaci•n con los productos, asegurando un precio remunerador. Y, sobre todo, asignar„ la plusval€a, no al capitalista, no al Estado, sino al productor encuadrado en sus Sindicatos…. Aunque para nosotros no tan valiosas como las apreciaciones del Jefe Nacional de la Falange, son interesantes tambi‚n las palabras de don Jos‚ Larraz sobre el sistema que ‚l patrocina en su libro ƒLa meta de dos revoluciones…, y en el que hay jugosas ense‡anzas para todos nosotros: ƒEl gremialismo no tiene nada que ver con la burocracia. El gremialismo viene de la Comunidad, tan jer„rquica y org„nicamente como se quiera, pero no del Estado, aunque a este toque dictar las normas legales, generales y pertinentes. El gremialismo es un sistema que discute a puerta abierta las regulaciones econ•micas que haya lugar a aplicar m„s o menos duraderamente, es un celoso censor de sus gastos y de sus caudales, un fiscal severo de sus cuentas, un moderador de las administraciones que por

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s€ mismo designa, un colaborador del Poder PŠblico, sin dejar de estimarle…. Ambas frases se complementan. Las ideas de Larraz ya hemos visto como responden plenamente a lo que anteriormente hemos construido, interpretando el pensamiento de Jos‚ Antonio. Y resulta curioso comprobar como hoy, un hombre que est„ en la l€nea de Ramiro de Maeztu, al igual que hace unos d€as ve€amos con ‹ngel Pesta‡a, coincide con Jos‚ Antonio Primo de Rivera, s€ntesis aunadora y creaci•n perfeccionadora, de cuantos buscan un camino para la liberaci•n del hombre.

VIII

LOS SINDICATOS COMO ORGANIZACIÓN DE LA PRODUCCIÓN

LA ECONOMÍA DE LOS CONSUMIDORES El Poder Económico al Servicio de los Trabajadores.

Josƒ Antonio Primo de Rivera, el 9 de abril de 1935, ese decisivo a‡o 1935 de la maduraci€n ideol€gica joseantoniana, dec„a en el C„rculo Mercantil de Madrid: •Esta revoluci€n en la econom„a no va a consistir, como dicen por ah„ que queremos nosotrosŠ. en la absorci€n del individuo por el EstadoŠ.‚. En el mes de marzo anterior y en el seminario •Arriba‚, escrib„a que: •El Estado debe tener autoridad e independencia para: •Coordinar los intereses, casi siempre divergentes, de los cuerpos econ€micos y sociales (sindicatos y regiones) y

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arbitrar sus diferencias‚.‚Asegurar una disciplina, a la vez larga y estricta, con vistas a orientar las actividades particulares hacia el sentido del interƒs general‚. Tambiƒn, en 1935, en el curso de formaci€n de la Falange de Madrid, a‡adi€ que el Estado •se descarga Šde mil menesteres que ahora, innecesariamente, desempe‡a‚. Anteriormente, en el discurso de la uni€n de FE y las JONS, en Valladolid, insist„a: •Y el Estado espa‡ol puede ce‡irse al cumplimiento de las funciones esenciales del Poder, descargando no ya el arbitraje, sino la regulaci€n completa, en muchos aspectos econ€micos a entidades de gran abolengo tradicional: a los Sindicatos‚.Y en el Front€n Betis de Sevilla confirmaba esta tesis al decir que consideraba a los futuros Sindicatos como •depositarios de la autoridad econ€mica que se necesita para cada una de las ramas de la producci€n‚. Y he aqu„ otro de los grandes aciertos joseanton„anos: el precisar que la organizaci€n sindical ha de ce‡irse a •cada una de las ramas de la producci€n‚. En efecto, la

moda totalitaria de su tiempo, e incluso las tendencias capitalistas. Principalmente las comunistas, consideraban que la organizaci€n deber„a abarcar siempre desde la producci€n al consumo, es decir, todos los escalones del proceso econ€mico. Pero Josƒ Antonio vio claro, una vez m…s, e insiste en que los Sindicatos asumir…n solo •la autoridad econ€mica que se necesita para cada una de las ramas de la producci€n‚. El viernes pasado expon„amos la necesidad y las ventajas de que esta organizaci€n sindical por ramas de la producci€n fuera acompa‡ada de una tƒcnica que ha dado excelentes resultados: la planificaci€n. Si siempre ha sido la planificaci€n la base de cualquier actividad econ€mica, solo en nuestro tiempo se ha utilizado para grandes espacios, concebidos como unidad. UN SISTEMA DE LIBERTAD En 1939, el famoso economista alem…n Walter Eucken, a quien el profesor Stackelberg ha situado en la l„nea de Som-

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bart, publicaba un libro que, m…s tarde, cuando la guerra mundial estaba en su apogeo, dedicar„a a su •sobrino Hans Joachim Eucken, ca„do por la Patria el 12 de septiembre de 1942‚. El libro se titula: •Cuestiones fundamentales de la Econom„a Pol„tica‚. En esta obra, que he le„do varias veces con gran interƒs y con cierta emoci€n, por el sentido humano, trascendente, de la dedicatoria, como un mensaje a la juventud de hoy, se viene a sostener, seg†n resume el traductor, profesor Miguel Paredes Marcos, que •la vida econ€mica de cada ƒpoca y de cada pueblo arranca de los planes de los sujetos econ€micos, y el plan, a su vez, solo tiene sentido dentro de un orden econ€mico determinado‚. En este libro se estudian, objetivamente, todos los sistemas de organizaci€n econ€mica, menos el sindicalista, aunque al referirse a las econom„as de direcci€n central defina muchas cosas, casi todas las cosas que pueden avalar las ventajas de nuestro sistema. Uno de los tipos de ƒsta es •la econom„a de direcci€n central con libre

intercambio de bienes de consumo‚, en la que •el organismo central es el que determina la aplicaci€n de las fuerzas productivas, la estructura temporal de la producci€n, la distribuci€n de los productos entre los miembros de la comunidad, la tƒcnica a emplear y la localizaci€n de la producci€n. Pero, en contraste - a‡ade Walter Eucken los consumidores pueden introducir, mediante el cambio, correcciones en la distribuci€n de los distintos art„culos que les han sido asignadosŠ‚. Otro tipo posible, que el economista alem…n se‡ala, es •la econom„a de direcci€n central, con libre elecci€n de consumo‚, en el que, aunque la producci€n est… altamente planificada y disciplinada, •los ciudadanos tienen el derecho de libre elecci€n del consumo. No reciben, por tanto - continua diciendo Eucken - el pan, la carne, su vivienda y otros bienes de consumo, directamente del organismo central o mediante el sistema de cartillas, sino que perciben salarios y sueldos en forma de crƒditos generales sobre bienes de consumo.. . Los s†bditos de este Estado -precisa el profesor Eucken - tienen libertad de

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compra‚. Hay otra f€rmula posible, que se‡ala, igualmente Eucken en su libro y es •la econom„a con direcci€n central y libre elecci€n de oficio y de puesto‚, y que dice que •puede estar enlazada con la elecci€n libre de consumo‚. •En caso afirmativo a‡ade - nos encontrar„amos ante aquella forma de econom„a con direcci€n central que presenta mayor parentesco con la econom„a de tr…fico. Est… - dice - despuƒs de todo, tambiƒn en el margen del sistema econ€mico‚, es decir, dentro de las posibilidades reales. ECONOMÍA PLANIFICADA Los que habƒis seguido, en semanas anteriores, el desarrollo que, con la colaboraci€n de todos, hemos realizado del pensamiento econ€mico de Josƒ Antonio Primo de Rivera, habrƒis visto como estas f€rmulas encajan perfectamente en nuestras concepciones sindicalistas. En efecto, somos partidarios de una econom„a planificada, organizada por los sindicatos de empresas en cada rama de la producci€n, aunque en

forma concertada, de abajo arriba, pero defendemos la personalidad, la libertad individual al m…ximo, y hemos previsto la posibilidad de que cualquier trabajador pueda cambiar de ocupaci€n, rescatando la parte de propiedad empresarial que por su aportaci€n inicial, sus a‡os de trabajo y su intervenci€n jer…rquica en el proceso de producci€n y en los resultados, pueda corresponderle. Creemos que esta es la f€rmula ideal y posible de vincular al hombre a su contorno, de reconstruirle en lo econ€mico, de restablecer, en gran parte, el orden natural concebido por Dios. Don Jos‚ Larraz, en la carta que me escribi• hace a‡o y medio comentando mi charla sobre Sindicalismo Falangista en el C€rculo Jos‚ Antonio de Madrid, se‡alaba, como ya visteis la semana pasada que la organizaci•n sindicalista no cre€a que deb€a ƒcubrir toda la vida econ•mica…. Jos‚ Antonio, por su parte, hablaba de la organizaci•n de la producci•n. Y he aqu€ su acierto, su gran acierto.

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DISTRIBUCIÓN Y CONSUMO ˆQu‚ es lo que queda al margen?. En principio, queda al margen, en otro plano, la organizaci•n de la distribuci•n para el consumo y el consumo mismo. Larraz dice en su libro: ƒLa meta de dos revoluciones… que ƒningŠn procedimiento puede armonizar mejor las necesidades, las preferencias y las conveniencias subjetivas de los miembros individuales de una econom€a, con la composici•n f€sica del producto total y objetivo de tal econom€a, que el procedimiento de mercado, aunado a la libre determinaci•n de aquellos individuos…. Pues bien, en principio, la econom€a sindicalista compartir€a los otros aspectos de las f•rmulas ideales de econom€a con direcci•n central, expuestas por Walter Eucken, la posibilidad de intercambiar y elegir, libremente, los bienes de consumo. Y con ello habr€amos salvado esos condicionamientos ideales que Larraz se‡ala para la econom€a de mercado.

Es decir, que nosotros, los sindicalistas, ser€amos partidarios de una econom€a de producci•n, organizada por ramas de empresas, y altamente planificada, pero dejar€amos al margen de esta organizaci•n todo lo referente al consumo, que deber€a regirse, al menos en principio, por las leyes del mercado. Pero volvamos al hilo de la exposición. Como veíamos anteriormente, la planificación sería concertada, de abajo arriba por las empresas interesadas en cada escalón de la producción y, sobre la base de estos acuerdos, debería organizarse el plan general, mediante la aplicación de las modernas técnicas y experiencias. Como es lógico, una vez aprobado el Plan, la cima del poder económico deberá asumir la gran responsabilidad de vigilar su cumplimiento, de imponer una disciplina, de hacer cumplir los pactos y las normas libremente aceptadas, de superar las diferencias que puedan plantearse, al servicio del interés común.

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PODER ECONÓMICO En el mundo capitalista liberal, el poder econ€mico es una realidad de hecho, no de Derecho. El poder econ€mico manda, dirige, disciplina, orienta, encauza, y hasta influye decisivamente sobre el Poder Pol„tico, haciƒndolo muchas veces, instrumento suyo. Aqu„, en nuestra econom„a sindicalista, el poder econ€mico, con funciones definidas, con la autoridad delegada del Estado para organizar la producci€n, tiene una €rbita de funciones propias, amparadas y reguladas por el Derecho que el Estado debe cuidar que no desborde. En las econom„as capitalistas tiene necesidad el poder econ€mico de aspirar a controlar el Poder Pol„tico por que ƒste asume las m…s importantes funciones de regulaci€n econ€mica. En nuestra econom„a sindicalista, gran parte de estos problemas, o todos, pueden quedar perfectamente superados. Pues bien, para la organizaci€n de la producci€n, deber… constituirse un Poder Econ€mico en el que haya funciones legisla-

tivas, ejecutivas y judiciales. Ejecutivas, para hacer cumplir los acuerdos y las normas; judiciales para resolver, en primeras instancias, cuantos conflictos y diferencias puedan producirse en el seno de la producci€n econ€mica: legislativa, para estudiar en un C…mara del Trabajo, como dec„a Pesta‡a, o en cualquier organismo similar, las normas objetivas para la organizaci€n y funcionamiento de los Sindicatos y las empresas, estudiar los planes de trabajo y producci€n, las rectificaciones necesarias en el Plan, etc. EL PODER ECONÓMICO EN PESTAÑA Žngel Pesta‡a hablaba de este organismo legislativo del Poder Econ€mico y le asignaba funciones muy amplias, Pesta‡a no establec„a un sistema tan equilibrado y perfecto como el joseantoniano. Por ello, dec„a que la C…mara de Trabajo, como transformaci€n del Parlamento o las Cortes, tendr„a por misi€n •establecer la legislaci€n y las normas de convivencia social apropiadas, tanto en lo econ€mico como en lo pol„tico‚.

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Pero es interesante conocer lo que ƒl dec„a sobre la C…mara del Trabajo, •a la que s€lo tendr„an acceso delegados de los sindicatos, de las cooperativas (de consumo), de las corporaciones profesionales y de los municipios‚. El fundador del Partido Sindicalista a‡ad„a: •La C…mara de Trabajo tendr… car…cter nacional. Pero habr… tambiƒn c…maras regionales. Estas c…maras regionales, de acuerdo con los sindicatos y dem…s organismos de la producci€n, elaborar…n los planes econ€micos que necesite cada regi€n. Y la nacional elaborar…, con los informes de las c…maras regionales, el plan general de la econom„a del pa„s‚. Desde luego, creo que Pesta‡a en esto no estaba acertado ya que pienso que el plan debe ser de car…cter nacional porque nacional es el mercado y por todo el territorio nacional est…n extendidas las industrias y las mismas, cuya interconexi€n condiciona la eficacia del plan. No existen econom„as regionales, sino econom„a nacional en

funci€n de un plan nacional. He aqu„ un factor decisivo para la pol„tica de unidad pol„tica. Podr… concederse toda clase de autonom„as administrativas que sea necesario, y hasta se favorecer… el adecuado desarrollo y conservaci€n de las culturas regionales, pero lo econ€mico ser… siempre un factor condicionante de la m…s s€lida unidad a travƒs del Plan. Y esto es aplicable tambiƒn, por ejemplo, al campo de la unidad supernacional. Pesta‡a terminaba diciendo: •La C…mara Nacional del Trabajo, al igual que las c…maras regionales, no solo tendr…n a su cargo elaborar los proyectos econ€micos, sino que, adem…s, ser…n las encargadas de velar porque se ejecuten, una vez haya sido acordada su aplicaci€n‚. En esto, como puede verse, le asignaba misiones similares a las que nosotros hemos fijado para el Legislativo Econ€mico.

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¿Y LOS CONSUMIDORES? Una vez más, insisto en que este esquema, desarrollado a lo largo de varias charlas, no es garantía de que ya nunca habrá problemas. Claro que habrá problemas. Los hombres siempre tendrán problemas con los hombres y todos los organismos deberán abordar constantemente fallos, imprevisiones, accidentes, por muy perfectos que sean. Ahora bien, ésta es una organización de la producción en la que las mayorías juegan un papel y en la que los beneficios no serán para unos pocos, como ocurren en los capitalismos, sino para todos, en función de sus aportaciones personales. Quiz„ sorprenda que durante semanas, a lo largo de esta prolongada exposici•n, no haya hecho pr„cticamente menci•n del consumo, al que ahora empezamos a referirnos. Es l•gico que as€ haya sido. Como dec€a Manuel Mateo, en 1935: ƒEl Sindicalismo es un movimiento de productores; es la filosof€a del trabajo y la m€stica de la producci•n….

Sin embargo, el consumo est„ ah€, estrechamente vinculado a la producci•n, y viene a ser como un planteamiento del problema desde un „ngulo opuesto al de la producci•n. Por ello, tendremos que estudiarlo, si es que pretendemos hacer frente a la realidad, abordando todos sus aspectos, replante„ndola en funci•n del nuevo humanismo econ•mico. En principio, en una primera etapa hemos dicho que el consumo deber€a quedar organizado, m„s o menos, como lo est„ ahora. Es decir, que la organizaci•n de la producci•n ofrecer„ sus art€culos al consumo, pr„cticamente, igual que ahora lo hace la econom€a capitalista. ˆEn una primera etapa? ˆDefinitivamente?. En efecto, hay muchas razones para aconsejar el mantenimiento inicial del sistema. En primer lugar, una de las cosas m„s dif€ciles de organizar es la comercializaci•n de los productos, la red que llega hasta el Šltimo consumidor y recibe de ‚ste la declaraci•n de sus preferencias, Es una

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larga experiencia cuya sustituci•n no se improvisa. Por intentarlo, han fallado estrepitosamente muchas pol€ticas econ•micas. Creo, por tanto, que convendr„ mantener el r‚gimen de mercado libre en el sector consumo, con las regulaciones que en colaboraci•n puedan establecer la organizaci•n de la producci•n, los consumidores y el propio Estado. Me dir‚is que el Estado vuelve a intervenir en la Econom€a. Jos‚ Antonio lo prev‚ cuando, en Valladolid, se‡ala que el Estado descargar€a ƒla regulaci•n completa, en muchos aspectos econ•micos…, no en todos, en los Sindicatos. Y es l•gico ya que en la Econom€a no todo es producci•n, ni mucho menos producci•n industrial y minera. Quedan otros muchos aspectos que el Estado tendr„ que controlar, vigilar, orientar y encauzar. Uno de ellos es el consumo. El hecho de que inicialmente consideremos que debe mantenerse la situaci•n actual no quiere decir, ni por asomo, que eso

sea la soluci•n definitiva, Si creo que debe mantenerse una situaci•n de mercado, pero pueden establecerse grandes modificaciones en la actual estructura comercial, o puede llegarse a ellas, prudentemente. COOPERATIVAS DE CONSUMO Ángel Pestaña, en el programa de su Partido, decía que las cooperativas se encargarían de la distribución. Quizá sea esta una solución. La promoción de una amplia gama de cooperativas de consumo, según las experiencias existentes en todo el mundo, y gozando de las facilidades y apoyos que el Estado pudiera otorgarles (incluso de una Banca encargada de promoverlas y financiarlas) podría permitir un día, mediante una organización nacional, y con criterios similares a los aplicados para la organización de la producción, el montaje de un sistema capaz de cubrir anchos sectores del consumo, con abaratamiento de precios, eliminación de intermediarios, etc. Esta organización cooperativista del consumo podría montar incluso su propia red de

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distribución y transporte, y llegaría a poder concertar pedidos de gran volumen a la organización de la producción económica. Ahora bien, creo que en ningún caso la organización cooperativista del consumo debería sustituir totalmente al comercio, al comerciante tradicional, y que éste debería contar también con todas las garantías necesarias para el ejercicio de su actividad. Su competencia, su presencia en el mercado, siempre sería un aliciente para la agilización de la organización cooperativa e impediría su burocratización. NO TODOS SON PRODUCTORES Me diréis que si el consumo es la prolongación final del proceso de producción, ¿porqué no se engloba todo en una misma organización general de la Economía?. Aparte las razones que ya hemos expuesto anteriormente, ahora sólo quiero señalar que aunque muchos de los productores integran también la legión de los consumidores, no todos los consumidores (agricultores,

hombres vinculados a toda la gama de servicios, profesionales liberales, muchas mujeres, niños, ancianos, etc.), están insertos en el mundo de la producción industrial y minera. Por otra parte, aún considerando a los hombres vinculados a los dos campos, una es su actitud como fabricantes, como productores, como vendedores, y otra muy distinta la que adoptan como consumidores. Sus reacciones, sus intereses, son diferentes. Por ello, lo tenemos en cuenta y facilitamos un panorama flexible que impida los fracasos estrepitosos que en el mundo de la economía han sufrido países como la URSS, o como la misma España, cuando han pretendido controlar y orientar el consumo sobre la base de montar una horma sobre ellos. Creo que con esto hemos dejado perfilados tres campos autónomos: el de la producción, regulado y organizado por los Sindicatos; el de los grandes servicios públicos, en cuya administración deberán intervenir todos los en ellos interesados (consumidores, productores, Estado, trabajado-

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res de las empresas que los realizan, etc.); y el del consumo. Ahora nos falta hablar del campo.

EPILOGO
Hasta aquí llegamos. La policía nos montó una alteración teatral del orden público que utilizaron para justificar la prohibición de las reuniones pacíficas en las que se hablaba de la Revolución. Así terminó un intento de reactivación falangista, a los 25 años de la terminación de la guerra. Fue solo una etapa de la lucha de hombres de buena voluntad que hicieron en sus vidas, como objetivo. La Justicia y la Libertad. Y siguieron.

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