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espectáculos

| Domingo 8 De Diciembre De 2013

Corea quiere entretener al mundo
Viene de tapa
l DÍA 1: Una alfombra roja al otro lado del mundoTodas las alfombras rojas se parecen. Sin embargo, la de los premios al cine Daejong es un poco distinta de las demás. Están, como en el resto del mundo, los fans que esperan a sus estrellas favoritas. Pero cuando llega el actor Ryu Seung-ryong –cuya película, Miracle in Cell N° 7 lleva más de siete meses en cartel y casi de 82 millones de dólares de recaudación– no gritan demasiado. O tal vez sus alaridos queden tapados por los sonidos de orquesta en vivo que ameniza el desfile de los actores de la pantalla grande (que suelen ser los de la chica) y, muchas veces, también cantantes famosos. Como Seo In-Guk, que pasó de ganador de un reality show musical a galán de TV y de allí a coprotagonista de No Breathing, uno de los films más vistos del año. Una trayectoria que en el mundo del espectáculo coreano no es la excepción, sino la regla.

tendencia. El gigante asiático no es sólo el pop viral de “Gangnam Style”, los carilindos del k-pop o el cine tan personal como

exitoso de Park Chan-wook o Hong Sang-soo, además, su industria televisiva conquista toda Asia con dramas y telenovelas
luego se graba. Todo ocurre en el living de una familia de clase media (las tomas de la casa de sus rivales ricos se harán más tarde). Allí, el lujo se ve en los jarrones gigantes, los sillones ostentosos y los protagonistas vestidos con elegancia. Pero hasta los tobillos. Es que, siguiendo con la costumbre de quitarse los zapatos al ingresar en una casa, los personajes de ficción juegan su historia en pantuflas. Y, en este caso, la juegan para un público madrugador. La tira de MBC Toma mi mano se emite a las 7.50 de la mañana, de lunes a viernes. “Para que la vean las amas de casa y la gente de camino al trabajo en sus tabletas o teléfonos”, dice su productora, como si nada.
l DÍA 5. La estación del cine Viajar en tren bala de Seúl a Busan. Porque está buenísimo y porque a Busan, segunda ciudad de Corea del Sur, se mudó la sede del Kofic, el ente cinematográfico nacional. Allí, entre playas amplias y unos acantilados de postal se lleva a cabo el festival donde anualmente se reúne lo mejor del cine local, que no sólo gana premios sino que, para asombro y curiosidad del mundo entero, suma espectadores de a millones. “En el verano hizo muchísimo calor y por eso fue tanta gente al cine”, dice en

broma Woody Kim, responsable de la difusión internacional de las películas coreanas. En realidad, más allá del fenómeno meteorológico, lo cierto es que un verano sofocante no alcanza para explicar que en Corea se vaya más al cine que en Inglaterra. Y que se elijan ver películas locales. Tantas que alcanzan una cuota de pantalla de más del sesenta por ciento. “La calidad del cine coreano crece y el trabajo en conjunto con el mundo del k-pop y la TV también ayuda”, explican los directivos del Kofic mientras muestran su nueva casa, justo frente de la imponente sede del festival y de Shinsegae, el shopping más grande del mundo según el libro Guinness.
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ción de nuestras miniseries a China, comenzó el impulso de la ola coreana y ahora superamos a Japón.” Lo dice con orgullo Lee Kang-Hyun, director de programación de los dramas o miniseries del prime time, que se emiten dos veces por semana en los tres canales líderes. Cada episodio cuesta cerca de medio millón de dólares y en pantalla se ve cada centavo invertido. Comedias románticas, policiales, fantasías e historias de época: no hay género que no se intente, para alegría de los millones de fieles espectadores, siempre ávidos de más drama.
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DÍA 1 BIS. Super Star K 5, o cómo hacer un reality show Son casi las once de la noche y el programa está por empezar. En el bellísimo auditorio de la Universidad Kyunghee, transformado en estudio de TV para albergar al reality show de competencia más visto del país, no queda asiento sin ocupar. Son los cuartos de final y la emoción de los fanáticos es tanta que, sin conocer a los participantes ni las reglas del concurso, uno se contagia. La producción se ve arriba y abajo del escenario, los seguidores de los cuatro finalistas no se conforman con las cartulinas pintadas: sus carteles tienen luces de neón, las vinchas brillan en la oscuridad y su pasión es duradera. Saben que el canal que emite el programa, Mnet, también es una productora que se hará cargo de la carrera de los favoritos. Quienes llegaron a esta instancia ya tienen un lugar asegurado en la escena del k-pop y ésta podría ser su puerta de entrada a la popularidad en toda Asia (tal vez el mundo), al cine y a la TV. Claro que por ahora, los dos muchachos y las dos chicas cantan por los votos que los ayuden a subir al podio que, obvio, tiene forma de escalera. Hacia arriba queda la fama y abajo el regreso al anonimato.
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cantante de pop coreano que se hizo famoso en el mundo por ella. Un solista, en un género, el k-pop, que suele rebasar de grupos de chicos y chicas jóvenes y bellos, ídolos de millones que copian sus movimientos coordinados y cantan sus canciones aun sin saber el idioma. “¿Nos conocen en Argentina?”, me preguntan casi a coro, como suelen cantar, las seis integrantes de T-ara. Se ilusionan cuando les digo que sí, que tienen perfiles en Facebook y Twitter armados por sus fanáticos del sur del planeta. Es sábado a la noche. Afuera las espera una camioneta de vidrios de negros extrapolarizados para llevarlas a ensayar. “Yo audicioné, sin éxito, para otras productoras. Ésta era mi última oportunidad. Cuando entré estaba feliz aunque tuve que dejar mi casa para vivir en un dormitorio con mis compañeras. Durante tres años entrenamos sin saber si alguna vez llegaría nuestro debut”, dice So Yeon, que a los 26 años se considera una veterana para el k-pop. Sus compañeras no la contradicen. Como los futbolistas en busca de un equipo antes de que sea demasiado tarde, saben que el éxito les llegó justo a tiempo. Y por eso se van tan sonrientes como llegaron. A ensayar. Un sábado a la noche en Gangnam.
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mercado del siglo XV donde lo único que rompe la fantasía del viaje en el tiempo es ese cartel que pide: “Silencio, por favor. Se está grabando”.
l DÍA 4. Una tira sin zapatos

La escena se ensaya un par de veces y

6. Los reyes del drama La pared en la entrada de KBS, el canal público, lo dice todo. Aunque uno no pueda leer todo eso que dice, alcanza con contar los estantes del mueble donde se almacenan guiones para ver que en este momento hay casi una docena de ficciones en proceso de rodaje. Una producción constante: acá no hay temporadas ni pausa por vacaciones. Además de las varias tiras diarias, la grilla incluye a las joyas de la corona: los dramas. “Somos líderes en Asia. Desde los años noventa, gracias a la exporta-

DÍA 7. Una ciudad de película La rutina se repite. Parece ensayada. Cada vez que digo que me gusta el cine de Hong Sang-soo, Bong Joon-ho y Park Chan-wook, inmediatamente me aclaran: “Mire que no somos todos vengativos, torpes, mujeriegos y borrachines como se ve en sus películas” . Parece que el éxito en la pantalla grande puede ser un arma de doble filo. Tal vez por eso, la oficina de turismo de Seúl decidió tomar cartas en el asunto y le encargó a Park Chan-wook, el director de Oldboy, que edite con su equipo los videos de las experiencias anónimas en la ciudad realizadas por cineastas amateurs. El resultado se llamará Seoul, Our Movie, un título que suena más a oda que a venganza.

l DÍA 2. Cenando al estilo Gang-

nam Vistosas concesionarias de autos importados. Una cuadra entera de edificios lujosos que albergan a los cirujanos plásticos más solicitados de la ciudad. Estamos en Gangnam, el barrio que se hizo famoso en el mundo por la canción de Psy, el

DÍA 3. Un estudio en las montañas. Hasta hace algunos años, la ciudad de Yongin, ubicada a unos 40 kilómetros de Seúl, era conocida por su parque de diversiones y su aldea típica, una extensa área destinada a mostrar el modo de vida y la cultura coreana durante la dinastía Joseon (1392-1910). Pero a este señor chino –que hace rato dejó de tener 60– no lo emociona ver la reproducción de las casas de los nobles o los campesinos. A este señor lo entusiasma con fotográfico fervor el hecho de que acá se grabó Arang y el magistrado, su telenovela de época favorita. Y que en minutos, llegará a Dramia, el estudio de TV del canal MBC, un predio enorme donde los turistas se mezclan con los extras vestidos como guerreros a punto de salir a dar batalla a los invasores mongoles. Y ahí va el viejito, descubriendo un palacio que nada tiene que envidiarle a los verdaderos, caminando por un

l DÍA 8. Cuenta regresiva para el pop Hay ídolos en el pasillo. Hay ídolos en el baño. También están sobre el escenario, cantando sus temas a la espera de los votos del público que los hará subir en el ranking o desaparecer en el aire. M Countdown es el ciclo musical más visto de Asia: se emite en simultáneo por más de diez canales y es el lugar en el que hay que estar si se quiere ser alguien en el mundo del k-pop. No es el único, claro, pero es el más solicitado. Por eso las cinco novatas de BEstie, vestidas de un rosa chicle que no admite metáforas, se acercan a los fotógrafos al fondo del estudio para hacer una reverencia, esperando que mañana las recuerden e incluyan sus fotos en los sitios web más visitados. Esos que estarán empapelados con las imágenes de los conductores de esta temporada: Kim Woo-bin y Park Hyung-sik. Es que los muchachos no sólo actúan juntos en el drama del momento sino que, por separado, también forman parte del elenco de la película al tope de la taquilla, encabezan publicidades de cuanto producto se les ocurra y cantan en una banda. Ahí parados, vestidos con el uniforme de colegio que utilizan en la ficción televisiva, son parte y símbolo de un fenómeno que es pura sinergia pop. Una ola tan fuerte como fascinante, aunque haya que volar treinta horas y dar la vuelta al mundo para conocerla.ß

La otra era de oro en la pantalla chica
SEÚL.– Hay una TV que no miramos. Hay ficciones entretenidas, bien escritas, actuadas y producidas que no provienen de los Estados Unidos, Inglaterra o de los tan de moda países escandinavos. En Corea del Sur se hacen miniseries –dramas, los llaman– para todos los gustos, pero de inconfundible sabor local. Unas historias que primero cautivaron al mercado local, pero que en la última década se transformaron en las preferidas de Asia. Relatos que funcionan como embajadores culturales, divulgadores de usos y costumbres que buena parte del mundo desconoce. O desconocía. Es que ya muchos televidentes globales descubrieron que hay detrás del fanatismo de millones de espectadores que siguen estos ciclos televisivos con voraz pasión. “Cuando empecé a hacer la primera sitcom de la TV coreana, en 1996, no había venta internacional, sólo se producía para el mercado local. Pero algo pasó. De repente los dramas coreanos se hicieron muy adictivos. Son lo más visto de la TV, la gente los ama y los canales, para conseguir

Las miniseries coreanas, adaptando relatos históricos, combinan sofisticación y drama
rating y, por ende, cobrar avisos más caros decidieron que se emitan dos veces por semana en lugar de una sola. Que duren más de una hora responde a la misma lógica. Son más largos para poder poner muchas publicidades”, explica el director Kim min Shik, responsable de varios exitosos ciclos del canal MBC y un verdadero estudioso de las razones del éxito de los dramas. Para él, todo comienza con la durísima competencia entre las emisoras y una historia varias veces centenaria . “En Japón, un canal emite su drama el lunes y su competidor los martes, no compiten. En Corea, las tres emisoras de aire los pasan al mismo tiempo. Entonces, si querés atrapar al público, tenés que empezar con capítulos muy fuertes, de mucho despliegue de producción y conceptos novedosos. La gente se tiene que enganchar desde el principio o se va al canal de enfrente. El boca a boca no funciona. Nadie se prende en el capítulo 5. El mercado local es tan competitivo que nuestros productos de TV, música y cine están diseñados para ser adictivos,

Una joya en el palacio, la miniserie histórica que se vio en 91 países
para atrapar al público y hacerlos fans de forma instantánea”, detalla Kim, que además agrega un dato que hace de las ficciones coreanas algo único en el mundo. “Tenemos que agradecer a nuestros ancestros por la cantidad de buenas historias que nos dejaron, que ahora utilizamos para el cine y laTV. La dinastía Joseon duró 500 años, es algo único, creo, en todo el mundo. Y, lo que es más interesante para nosotros, es que está documentada en crónicas diarias. De ahí salen muchos relatos y personajes. Por ejemplo, uno de nuestros dramas históricos más exitosos, Una joya en el palacio –se vio en 91 países– estaba centrado en un personaje femenino que era nombrado una vez en las crónicas del rey. Nuestro fuerte son los guiones y eso es gracias a nuestros ancestros.” Tanta riqueza narrativa está fuera de las pantallas argentinas, salvo por algún drama que aparece esporádicamente en Pasiones, la señal de DirecTV dedicada a las telenovelas del mundo. Aunque eso puede cambiar si los esfuerzos de los canales coreanos dan sus frutos. A esa compleja tarea se dedicó durante dos años Jung Kil-Hwa, periodista y ejecutivo de MBC que instaló una oficina en San Pablo para difundir las ficciones en este lado del mundo. Una misión que probó ser más que difícil. “La idea era expandirse a través de esa oficina en San Pablo. Pero en la Argentina y Brasil la estrategia no funcionó. En Panamá, Ecuador, Colombia, Chile y Perú sí pudimos poner nuestras series en pantalla. Curiosamente, los países en los que mejor nos fue están situados sobre el Pacífico, como Corea del Sur. Más allá de lo geográfico, creo que tuvimos éxito en lugares donde tenían menos capacidad de producir telenovelas propias que en la Argentina y Brasil”, relata el periodista, que luego de dos años de estadía en San Pablo volvió a Seúl con varias asignaturas pendientes. Especialmente la de conquistar los mercados que resistieron el intento de difundir la cultura coreana a través de esas notables miniseries que nos estamos perdiendo. Y no deberíamos .ß