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Desactivación y conversión electoral en escenarios de crisis: una aproximación en abstracto

Joaquín Oría

Los contextos de crisis económica son extremadamente complicados a nivel electoral. El descontento de la población es generalizado y las preocupaciones principales están ligadas a cuestiones tan sensibles como el mantenimiento del empleo, del salario y el ahorro, centrales en cualquier economía de mercado. Así, las crisis ligadas a lo económico suelen engendrar otras de carácter político e institucional, razón por la que afirmamos el carácter complejo de estos escenarios a la hora de las urnas. Es interesante analizar dos fenómenos que se producen especialmente en las campañas electorales, tal como señala Martínez i Coma (2008): la desactivación y la conversión. El primero se refiere a aquél efecto por el cual ciudadanos que pretendían votar dejan de hacerlo, mientras que el segundo apunta a aquéllos que manifestaban en la previa votar por un candidato y luego lo hacen por otro. A los fines de este trabajo lo veremos en abstracto y desde varias aristas posibles, señalando la conveniencia o el perjuicio para tres tipos de partidos: el oficialista, el principal competidor y partidos no tradicionales, entendiendo que los dos primeros revisten un carácter tradicional (hay pocos ejemplos donde esto no ocurre). Entonces, decimos que nos encontramos ante una crisis económica. La misma puede derivar en una crisis política, de representatividad, donde los ciudadanos ya no se sientan representados por los partidos o candidatos. De ser así, se trata de un escenario propicio para el surgimiento de nuevas fuerzas políticas, con aire renovado, que recuperen la confianza del electorado. Sin dudas, existirá una fuerte desactivación, especialmente si se mantienen las agrupaciones tradicionales como principales opciones de poder. Por ende, ante una crisis de representatividad se verán desfavorecidos los partidos tradicionales por un efecto de conversión, pero algo favorecidos por la desactivación: es de esperar que los votantes, excepto aquéllos cautivos, se vuelquen a las nuevas fuerzas surgidas en este contexto. Podemos citar como ejemplo a la mayoría de los países latinoamericanos a comienzos del siglo XXI, sumidos en profundas crisis que exigieron una renovación política que llevo a nuevos partidos a ocupar el gobierno: el Frente Amplio en Uruguay, el Movimiento Alianza País en Ecuador o la Alianza Patriótica para el Cambio en Paraguay son los ejemplos más claros.

la realidad es que lo que verdaderamente define quién ganará es la construcción política y la coyuntura. En general. es de esperarse que el principal opositor sume menos votos. movimiento surgido en los años 40 y que marca un antes y un después en la historia de ese país. es probable la victoria del primero. en caso de existir una contienda donde un partido pertenezca al mismo y el otro no. social. puede suponerse que una desactivación beneficiará al oficialismo. a partir de dicha crisis. sumamente influyente en democracias no maduras. alzándose con una cantidad inferior de escaños: la caída oficialista no sería tan dura.Puede ocurrir también que la crisis económica no se manifieste a nivel político representativo. Las motivaciones de voto son múltiples y muchas de ellas no son circunstanciales. aunque con ciertas limitaciones: si la conversión se da hacia partidos no tradicionales. hay quienes consideran que la única fuerza política capaz de gobernar el país es el peronismo. La Argentina es un buen ejemplo de ello: luego de la profunda crisis de tipo económico. en distintas fuerzas que no comparten nada más que la autoreferencia a dicho movimiento. político e institucional de 2001-2002. Sin dudas hemos simplificado bastante las cosas. junto a variables de tipo histórico y estructural. Si bien el peronismo suele disgregarse. puesto que deben analizarse múltiples variables. los electores suelen castigar con su voto a aquél partido responsable de la crisis. Asimismo. Por último. en cuyo caso la contienda tendrá lugar entre los dos partidos tradicionales. cabe aclarar que la influencia de las campañas electorales en el resultado de una elección es por demás limitada. a pesar de los múltiples efectos que puedan ocurrir en campaña. no nos hemos detenido en la variable gobernabilidad. mientras que una conversión lo perjudicará. especialmente aquéllas de carácter histórico. Si bien es cierto que son fundamentales y pueden hacer la diferencia en batallas reñidas. Así. especialmente a aquél a quien atribuyen su generación. . La España de 2011 es un claro ejemplo de ello.