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A plena luz de sol sucede el día, el día sol, el silencioso sello extendido en los campos del camino.

Pablo Neruda

P lectro Solar
Primera edición: mayo, 2013 Segunda edición: marzo, 2014 Coordinador: Roberto Velasco D.R. ® 2013 Deniss Guerra, Adonay Meza, Eduardo de los Ríos Macondo Editores www.gcmacondo.com 55 52521616

P lectro Solar
Deniss Guerra Eduardo de los Ríos Adonay Meza

Prólogo
El carro conducido por Helios nos ampara en las montañas. Los poetas guerreros emergen de la tierra a recibir su místico plectro mientras los hombres vociferan injurias y calumnias; condenan la liberación humana y exigen sus cadenas intactas. La luz se alza en las montañas y la estrella asoma por oriente su cresta; hoy hace un buen día para regar las letras, para oler sus fragancias, para cosechar almas. Las voces se alzan imponentes y salen a las calles a protestar por el silencio; ¡Maldito silencio cómplice! Silencio asesino, silencio hipócrita, silencio fruto del miedo, de la desesperanza, de la impotencia. Los intensos rayos del alba incitan a los fuertes alaridos de los dispuestos a gritar, a gritar con todas sus fuerzas, a ensordecer los oídos necios, a desgastar el alma en sonoros borbotones.

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Morados y naranjas en el cielo anuncian el éxodo lírico. Los soldados combatientes esperan la señal de partida. Entre estridentes clarines que retumban en el centro, se detona el alma humana que, con plumas y versos, defiende su fatua pureza lozana.

Roberto Velasco

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Nuestro héroe vivía plácidamente en su aldea disfrutando de placeres superfluos y de una vida sin agitaciones; hasta que de pronto, un llamado existencial lo llevó a cuestionarse acerca de su vigente estado; la resistencia al cambio que ejerció durante sus primeras reflexiones fue prontamente mermada por los experimentados consejos de su respetado dómine, y se encaminó a su nueva aventura. El eco del veloz galopar de los cascos de su caballo era lo único que acompañaba al ruido que el viento producía al deslizarse a gran velocidad por las ropas de nuestro héroe, que iba surcando los valles en busca de su destino. Al llegar a las altísimas puertas del lugar, el guardián puso a prueba la gallardía del héroe tejiendo enredadas estratagemas de las que salió ileso. En el interior de la fortaleza la realidad se advertía de manera diferente y habilitaba millones de posibilidades que abrumaban la limitada percepción de nuestro héroe. La lucha incansable por dominar la nueva realidad en la que se encontraba, hizo considerablemente más afanosas las batallas con los demonios que se fueron presentando durante la travesía. Debilitado y fatigado subió el último peldaño de la monstruosa escalera que terminaba al pie de un arco de oro, donde fue abatido a golpes por un espíritu adalid de magnitudes cósmicas que lo cuestionaba y confrontaba de soeces formas; cuando el último aliento del héroe estuvo a punto de apagarse, un eterno instante lo inundó de oníricas visiones en las que reparó en el gigantesco salto que había hecho desde que dejó su aldea y en lo que se había convertido su existencia; al desaparecer los espejismos, el salvaje arrojo que caracterizaba a nuestro personaje engrosó en poderío y, de un solo movimiento, esgrimió un potente golpe que aniquiló a su enemigo definitivamente. Antes de emprender el camino de regreso, realizó una profunda reconciliación consigo mismo de la que se derivó la asimilación de una poderosa enseñanza espiritual que, después de una tranquila expedición de regreso, compartió generosamente con sus allegados.

Instrucciones para comer tacos
Después de haber pedido la cantidad de ácido úrico y de manteca a consumir, espere unos momentos; en el tiempo de espera no deje de saborearse la boca haciendo unos cuantos movimientos con su lengua, pasándola unas cuantas veces por sus labios y cachetes e imaginando el sabor de aquello que ordenó al hombre que está junto al fogón. Para recibir el plato que sostiene su producto, estire el brazo y sosténgalo firmemente con la mano, acerque el brazo y ayudándose de su otra mano, siéntase libre de incluir la salsa y cantidad de limón que usted esté esperando. Hay que tener cuidado en no excederse con la salsa; no queremos que ocurra ningún accidente, ni que desperdiciemos muchas servilletas limpiando secreciones nasales; se recomienda servir con la cuchara poco a poco. Al momento de exprimir el limón también hay que tener cuidado; esto para que el fruto no salga volando y no salpique al comensal de al lado. Una vez que sus tacos luzcan como usted quiere, tome una de las tortillas por los extremos, preferentemente con el dedo índice y medio de un lado y con el dedo pulgar por el otro, doble la tortilla hacía adentro cubriendo la carne, la salsa y el jugo del limón como si estuvieran en una pequeña sábana. Teniendo bien sostenido el taco para no dejarlo caer, lo siguiente es inclinar el cuello haciéndolo en dirección hacia donde está su producto a ingerir; si está parado saque un poco las asentaderas, esto para que no pierda el equilibrio; si está sentado no es necesario tener tanto cuidado. Acerque la boca al taco, no el taco a

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la boca, y muerda; aléjese del plato, mueva la mandíbula repetidamente hasta triturar todo y saboree. Si cree que el producto es o muy seco o muy picante, pida de manera rápida y algo enérgica que le proporcionen algo de beber, preferentemente agua carbonatada con azúcar, saborizantes y colorantes, aunque si es de su preferencia, pida alguna bebida a base de arroz y azúcar o algún otro brebaje típico de la región. Repita el proceso hasta quedar satisfecho.

Adonay Meza

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Navegante

Amanecía ya el quinto día y el navegante encontraba, con pala en mano, el tesoro que desenterraría.

Deniss Guerra

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Segunda Vida
Estás acostado, como siempre, esperando a que el sueño te envuelva para que duermas después de una larga jornada de duro trabajo; de pronto, tu cama se parte en dos y caes a un profundo abismo que parce no tener fin; la cabeza te da vueltas, tienes ganas de vomitar pero a pesar de ello te contienes; no sabes a qué hora terminaste de caer ya que te quedas un buen rato en el suelo esperado poder incorporarte. Te levantas con dificultad y está todo muy oscuro pero sabes que hay algo raro porque sientes más ligeras algunas partes de tu cuerpo mientras otras están más pesadas; como si hubieses cambiado de cuerpo o como si te hubieran añadido peso extra. Te diriges con algo de dificultad hacia la puerta que yace en el fondo del cuarto y tomas la perilla entre los dedos, que antes eran como gordas ramas y ahora los sientes delgados y finos como lápices; parce que te crecieron las uñas mientras caías porque están tan largas que se han vuelto molestas, pero eso sí; están perfectamente recortadas y pulidas. Lo puedes sentir. Al girar la perilla se abre la puerta que descubre un hermoso campo con flores al que entras sin dudarlo para brincar y revolcarte en la hierba; pero al ir corriendo te tropiezas y caes sobre tus manos de uñas largas; hay algo raro: tus uñas son rojas y el cabello te cubre la cara. Sabes que eso es imposible porque tú usas el pelo corto y además sientes que te falta algo vital que normalmente cargas entre tus piernas; el peso de tu pecho se ha acrecentado y es cómodo. ¿Será posible que?, ¿acaso soy…? No, eso no; corres presuroso al lago cercano para mirar tu reflejo en el agua y comprobar que tu teoría es correcta; te inclinas con algo de miedo hacia el agua y compruebas que estás en lo cierto: has

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cambiado de cuerpo totalmente pero tu mente es la misma. Te sobresaltas al ver a aquel ser tan hermoso y ajeno para tu mente. Te incorporas pensando en que ya no hay solución; comienzas a vivir una vida muy distinta a la que tenías antes de este cambio; ahora tienes armas distintas a las que estabas acostumbrado. Un día llegó el amor a tu vida en una forma en la que no estabas a acostumbrado a conocerlo; tu mente se niega a tal hecho que piensas innatural y que no te puedes dar el lujo de tener; tu cuerpo no lo resiste y se quema por experimentar aquel amor, por eso en el momento justo del primer beso… despiertas. Te levantas sudando frio. Rápidamente vas al baño a mirarte en el espejo y a revisarte cada milímetro del cuerpo comprobando que todo aquello fueron visiones oníricas causadas por el exceso de sueño, demasiada comida y el maratón de las telenovelas que te encanta ver a escondidas por las noches.

Eduardo de los Ríos

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De cuentos a cuentos
De cuentos a cuentos. ¿Para qué contar cuentos? No hacen más que mentir, decir aquello que no puede suceder y hacer creer que es posible; elevan expectativas, engañan, envuelven, convencen y hacen todo para que lleguen a un final; para que se queden ocultos entre empolvadas páginas y maltratadas portadas. De cuentos a cuentos, ya no cuento cuentos; ya no escuchan cuentos pero antes, ¿alguien escuchaba cuentos? Alguna vez creí en cuentos… Los cuentos eran como las canciones de antaño que tenían poder en sus palabras; narraban batallas, victorias y derrotas; situaciones coloquiales fingiendo ser grandes aventuras; las canciones eran cuentos; mágicos cuentos que viajaban en el tiempo a través del viento; no había frontera alguna, salvo la lengua; pero ni ella fue suficiente para detenerlos; se transformaban, eran entendidos y viajaban de nuevo. No iban solos; iban acompañados de tropas, de reyes, de viejos sabios, de doncellas, de criados, de valientes, de cobardes, de mendigos, de viajeros, sobre todo de viajeros; de aquellos que abandonaban el hogar para perseguir un sueño; que en un momento de lucidez habían cobrado fuerza y se habían escapado por la ventana. A eso salían los viajeros; a recuperar su sueño; y mientras tanto, encontraban aventuras; sobrevivían, y así escribían su cuento. Algunos encontraban su sueño revoloteando entre las copas de los árboles; otros en un beso, en un cumpleaños. Era común encontrarlos en charcos. Les fascinan los charcos; los sueños adoran los charcos; chapotean en ellos, se mojan unos a otros aun sabiendo que eran populares en los charcos; eran pocos los que encontraban su fugitivo sueño. No olvidemos los cuentos. Aquellos que mencionábamos de antaño y que antes eran canciones y después narraciones

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que se contaban en voz alta, se bailaban, se representaban. Al menos eso decía Antón, un viejo sabio que contaba cuentos; cuentos por aquí, cuentos por allá; en francés, en inglés, español, alemán, portugués y, si no me equivoco, también en danés. Iba de estación en estación; subía y bajaba de trenes, de barcos, incluso dijo que alguna vez voló; amaba los cuentos como amaba viajar; todo momento era digno de cuento; en la comida, en la cena, al cepillarse, al hacer ejercicio, a veces al estudiar; y es que siempre, entre las materias escolares, un tema sumamente interesante brincaba de los apuntes y pedía a gritos un cuento para disfrazar la realidad en algo que se hacía llamar “fantasía”; ¡oh poderosa emperatriz!, sí, ella reinaba sobre la lengua de los narradores y los envenenaba de pies a cabeza; sobre todo la cabeza. Quedaban rendidos ante su belleza, su poder y su esplendor; y es que sin ella, el cuento chocaba en las barreras del tiempo y se convertía en palabras vacías en el viento. Hablábamos de Antón; de esas veces que subía en trenes. En una ocasión olvidó su equipaje en la estación; algo muy común en él. Era sabio y viejo pero más viejo que sabio, así que los años se llevaban consigo un poco de su buena memoria y, para entonces, ya era común encontrar pertenecías de Antón en la calle; pero ese equipaje, aquel que olvidó en la estación, tenía entre las ropas su reloj de arena y su pequeño libro de cuentos. ¿Qué cómo lo sé?, pues no sólo soy el protagonista, sino el narrador omnisciente. Encontré su equipaje junto a un puesto de periódicos a lado de la taquilla; el viejo había cocido un parche con sus iniciales: A.B.C, Antón Burnus Cele. Imposible confundir sus iniciales. Tomé la maleta con toda la buena intención de regresarla; sin embargo, el tren había partido hace más de una hora, así que la llevé a casa; a fin de cuentas su dueño regresaría en cuestión de semanas; me presentaría en su pequeño departamento, entregaría su equipaje y seguro estaría muy agradecido de haberlo recuperado.

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De cuentos a cuentos, comenzaba a olvidarlos; La monotonía de mi vida no dejaba espacio en mi agenda para contar cuentos y, mucho menos, para creer en cuentos; pero fue esa maleta deslavada, parchada y sucia la que destruyó mi monotonía y la hizo añicos; no dejó nada de ella. Llegué a casa deslizando la maleta por sus dos llantas traseras; no recuerdo que, a lo largo del camino, la maleta se me haya hecho pesada en absoluto; sin embargo, entre más me acercaba a la puerta de mi hogar, su hogar por supuesto, pesaba increíblemente más a cada paso pero, al cruzar el umbral, fue lo peor; no podía avanzar un solo paso; la maleta se resistía a entrar; yo desde dentro jalando y ella desde fuera aferrándose al suelo, ¡qué batalla aquella!, pero por fin uno de los dos venció; como no pude lograr meter la maleta, opté por sacar el sillón, lo situé en el umbral de la puerta y me senté a vigilar que nadie se llevara la berrinchuda maleta. -Antón Burnus Cele, -leí en voz alta. ¿Acaso se molestaría si echaba un ojo al interior de la maleta? Antes de abrirla quise intentar de nuevo meterla a la casa; si la abría sería incómodo que los vecinos comunicativos observaran lo que hacía. Quite el sillón de la puerta, tomé la maleta y, sin haberlo pensado antes, la invité a pasar con tono irónico y exagerando ademanes; la sujeté con fuerza y cerré los ojos al dar el primer paso; para mi sorpresa era tan ligera como en un principio. ¡Vaya!, era cuestión de un poco de educación. Ya instalados en la sala: el sillón en su lugar y yo sentado en él, una taza de café en mano y, sobre la mesa de centro, la maleta. Quería abrirla pero… en realidad no era de mi incumbencia. Estaba metiendo las narizotas en donde no debía pero… era como si el destino la hubiera puesto en mi camino. Por lo tanto podía abrirla. Antón seguro no lo notaría y sólo acomodaría todo en su lugar. Estaba decidido; dejé a un lado la taza de café y, con mucho cuidado, abrí los cierres de la maleta. Antes de mover cualquier cosa memoricé el acomodo de todo en la

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maleta. Encima estaba un abrigo, debajo el reloj de arena: preciosa pieza de madera y cristal con arena dorada y detalles tallados en sus bases; después de examinarlo lo dejé sobre la mesa y lo giré para que la arena fuera cayendo. En la maleta sólo quedaban unos guantes de piel, una boina y un suéter de lana en el que venía envuelto un pequeño libro; seguro era el libro de cuentos de Antón. Cuentos… ¿Cuántos cuentos no habría allí? ¡Vaya sorpresa que me llevé al abrirlo! El libro estaba vacío. Ni una sola página estaba escrita, no había ni un solo garabato; pasé las páginas de principio a fin y nada, pero, ¿cómo podía ser? ¡Ese era el libro que Antón leía enfrente de todos! No era un viejo sabio, era un viejo loco; ya decía yo que los cuentos engañan y él nos engañó a todos; no había ni un solo cuento pero, ¿y esas maravillosas historias que nos contaba? Completamente desilusionado tomé la taza mientras sostenía el libro aún tratando de entender lo que sucedía; al ver nuevamente el reloj me llevé tal sorpresa que, sin darme cuenta, derrame el café sobre las páginas blancas del libro. El reloj era verdaderamente sorprendente: la arena que caía estaba formando la fachada del edificio donde vivo, con cada detalle, hermosamente construida en miniatura; sólo le faltaban algunos pisos. Calculé el tiempo que restaba y me di cuenta que el reloj no marcaba horas enteras sino sólo cuartos; sin permitirle al reloj terminar de construir la fachada, lo giré en espera de ver otra asombrosa construcción pero la arena comenzó a caer nuevamente y poco a poco fui encontrando la forma de lo que construía. No podía creer lo que veía; al pasar los minutos ya era clara la imagen: era su yo mismo derramando el café en las páginas blancas. ¡Increíble! ¡El reloj tenía memoria! Precioso instrumento perfecto para un viejo que está dejando en el camino sus recuerdos, ¿Serían acaso memorias de sus aventuras? ¡Ja! Viejo pero curioso. ¿Quién se hubiera imaginado que las historias, las grandiosas historias que contaba, salieran de un reloj mágico y un libro en blanco? En blanco… ¡Oh, pero que descuidado había sido! Cientos de

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páginas se habían mojado de café, ni secándolo podría eliminar las manchas. Ahora no podía devolverlo así; Antón se daría cuenta de que había husmeado entre sus cosas y, peor aún, no había tenido el cuidado suficiente. -De los males, el menor. Decidí secar las hojas una por una y, mientras lo hacía, algunas imágenes empezaron a dibujarse en las páginas del mismo tono que el café; se trazaban delicadas líneas que más tarde formaron bellísimas imágenes y, en un abrir y cerrar de ojos, el libro entero estaba ilustrado, de principio a fin; el viejo aparecía en algunas de ellas subiendo a trenes, platicando con personas, tomando el té en bellísimos lugares como montañas, lagos, ríos, ruinas, casas, barcos, impresionantes puertos y un faro. ¡Un faro! ¡Ese faro yo lo recuerdo! ¡El de aquel cuento! ¡Vaya que lo recuerdo! ¡Me encantaba ese cuento! La última vez que lo oí era un muchacho iluso que aún creía en los cuentos pero, el faro en realidad existía, las imágenes eran como fotografías, ¡claro que había historias en ese libro!, pero no en palabras sino en imágenes. ¡Oh qué sorprendido estaba!, sentía una gran emoción; a fin de cuentas, de cuentos a cuentos descubrí la mentira. ¡Vaya que era sabio el viejo! Ahora entendía todo. Le daba color a la realidad, la disfrazaba, le mentía, la adornaba, la hacía viajar, le daba compañía, la volvía mágica, le contaba un cuento para hacerla reír; un momento cotidiano como viajar en tren, de repente era una maravillosa aventura, ¡Oh ese viejo pillo! Cuentista, autor, cantante, pintor y hasta mentiroso; pero sobretodo fascinante personaje. Aquello que no puede suceder, seguro Antón lo hacía posible. La emoción se me desbordaba a chorros así que continué pasando páginas. Pretendía llegar al final pero me detuve en una imagen que me parecía algo familiar; era una maleta sin dueño justo a un lado de un puesto de periódicos; este libro era especial ya que me estaba regalando un recuerdo más, pero no era de Antón, ¡Oh no!, no de Antón. Por un momento me sentí observado, cerré el libro dejando dentro un par de dedos, mire alrededor y, cuando repasé con la mirada la maleta, el parche

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cocido en su exterior ya no llevaba las iniciales A.B.C sino, LMV, Luca Mirlo Vuló, su servidor. Los cuentos se reían de mí. Me habían convertido en cómplice y, más que dichoso, acepté sin dudarlo; abrí nuevamente el libro, justo donde me había detenido, y como heredero entendí que una imagen, un recuerdo, una situación, una rutina, eran el pilar de una maravillosa construcción. Con mi taza nuevamente en mano y sosteniendo el libro a la altura de mi cara, situé imaginariamente a un público delante de mí. Recuerdo una ocasión en la que un viejo olvidó su equipaje en la estación, algo muy común en él, era sabio y viejo, pero más viejo que sabio…

Deniss Guerra

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Paradojas
El haber encontrado todo lo que buscaba y necesitaba en una sola persona pudo no haber sido suficiente; o quizás fue demasiado. Tal vez, sólo tal vez, el que me haya correspondido tan rápido fue algo que no pude asimilar jamás. No digo que fuera perfecta pero había momentos en que parecía serlo; tampoco digo que la amaba más que a nada en el mundo, ¡claro que no! Cuando eres joven hay demasiadas experiencias desconocidas aún, la juventud trae grandes cosas consigo, que alguien como yo llega a apreciar aún más que el calor de una mujer o aún más que el sentirse amado por una de ellas; Yo no quería ser uno de esos jóvenes para los cuales el mundo gira alrededor de su pareja (pienso que lucen como idiotas) pero indudablemente la quería más que a ninguna mujer que haya conocido y, sin duda alguna, jamás dejare de quererla. Fue curiosa la manera de mostrarle que la quería; a decir verdad fue estúpida pero para mí era suficiente, un “te quiero” o un “te amo” dicho ocasionalmente pero de manera sincera y desinteresada, o detalles que algunos considerarían tontos como hacerle burlas cuando se equivocaba o a veces solamente guardando silencio y sonriendo. Esa era mi manera de demostrar mi cariño; ¿ella se daba cuenta de eso? No lo sé y creo que la respuesta nunca la conoceré del todo. Aunque a veces puedo imaginar que sí. ¿Por qué pelear y enojarte con una persona que amas tanto? ¿Por qué salen de tus labios palabras de ominosa envergadura o furiosos reclamos? ¿Por qué sucede que algo que te disfrutabas en demasía de una persona, algo particular que hacía ver lo especial que era, ahora te molesta tanto? Cuando todo terminó, ella rápidamente se olvidó de mí o se obligó a hacerlo; esa es la forma correcta de decirlo; olvidó todo aquello que me dijo algún día. Encontró a alguien que la hizo sentir

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maravillosamente de un momento a otro; para mí, saber que sus besos, esos que tanto extraño ya son de otro, así de rápido, sin ceremonia ni luto. Traté de olvidar sin resultado alguno; traté de odiar y fue una tarea fácil de llevar a cabo. ¿Cómo puedes odiar a alguien que llegaste a amar? ¿Es posible? ¡No se puede! Es posible que sólo la haya escondido en alguna parte de mi alma. Sí… así es… aún la tengo presente; después busqué compañía y la encontré, ¿buscaba darle celos? Tal vez quería que al enterarse (porque estaba seguro que lo haría) supiera que ella no era la única chica hermosa y de gran figura capaz de llamar mi atención; en definitiva no soy un idiota; suelo actuar como uno pero no lo soy, ¿inteligente?, muchos dicen que si, ¿interesante?, supongo que para algunas personas lo soy y para otras seguro que no. ¡Por Dios! Ahora eres todo un don Juan; pero, a decir verdad, ese estilo de vida me ha venido bien. Sigo pensando en ella todo los días; a decir verdad, a cada momento del día; cada que salgo de casa y visito inconscientemente lugares que solíamos concurrir y escucho canciones que nos gustaban a los dos. He perdonado cosas que no me dejaban estar en paz. ¿Perdonar qué? Cosas que no se pueden explicar o que no quiero explicar y aunque lo hiciera, sólo yo las entendería; ella no hizo nada malo que yo tenga que perdonar o que decida no perdonar, pero para mí, hizo lo peor, lo peor que alguien me ha hecho, todos tienen una manera de ver las cosas, todos tienen su propio iris. Me gustaría encontrar próximamente a alguien que me haga sentir como ella me hizo sentir alguna vez, tal vez fui yo el tonto que no supo apreciar lo que ella me hacía sentir; cuando desprecie sus besos y sus caricias que ahora celo como un perro cela un hueso. Ese hueso ya no es mío aunque a veces imagino que algún día volverán a serlo. ¿Quiero a una mujer que me haga sentir como ella lo hizo o quiero más encontrar a una mujer que me haga olvidarla? No porque quiero obligarme a mí mismo a hacerlo. No quiero.

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Es cierto que ya no la extraño tanto como antes, pero continuo haciéndolo; es cierto que ya no la quiero como antes, pero todavía la quiero; “Nunca dejas de querer a una persona; simplemente aprendes a vivir sin ella.” ¿Dónde habré leído eso? Dicen los clichés que el tiempo y la distancia lo curan todo; yo digo que hay veces que sólo avivan las brasas que quedan. Quisiera obedecer a las normas sociales y poder verla como amiga pero creo sinceramente que es imposible. Admito que ella un día lo fue todo para mí y yo no se lo demostraba del todo. Me gustaría encontrar a alguien que me ayude a cruzar este largo, monótono camino en el que nos encontramos. ¡No! Quiero que sea ella; me haría desmesuradamente feliz encontrarme con ella otra vez en el camino y poder andarlo juntos. ¿Qué pasaría por mi mente si eso sucediera? No lo sé…a veces la furia se apodera de mí por tanta mentira que me hizo creer, furia porque su desinterés, por sustituirme como un jugador en un partido. Me gustaría poder despreciarla como ella me despreció cuando traté de enmendar las cosas. La furia se disipa y surge nuevamente el incontrolable deseo de estar con ella. ¡Sí, ve con él!, está bien… aléjate de mí un tiempo; no te sientas con remordimiento alguno, haz con quien tú quieras lo que te plazca que por un tiempo tú y yo no seremos nada y, cuando menos lo esperes, estaré de regreso en tus brazos… ¿Quién podría creer eso?

Adonay Meza

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Sin título
El sobresalto que me causó ver la luz encendida por el filo de la puerta me impidió recordar si había sido yo quien la había dejado encendida; incluso sabiendo que no acostumbro hacerlo, lo considero innecesario ya que conozco rincón y distancia de cada habitación. Jamás ando a ciegas. Era ya un hábito que, por la madrugada, ese intruso que se metía entre las cobijas lograba que la urgencia de levantarse a liberar necesidades fuera inmediata. Vestido sólo de la cintura hacia arriba y dejando desnudo y vulnerable el resto del cuerpo, incluso para el viento, me encontraba sentado. El cuerpo no recuperaba tranquilidad arrebatada por el sobresalto inicial; aún rondaba en mi cabeza la luz al filo de la puerta. La rutina encendió el cigarrillo; lo situó entre los labios y justo en ese momento la respiración detuvo su lineal curso. La luz a través de la puerta había sido interrumpida por una sombra andante que, después de detenerse frente a ésta, se desplazó a la habitación contigua. Mi vista directa a la puerta y el pensamiento fijo en dos ideas: la luz encendida y la sombra que se deslizaba suavemente y en silencio por las alfombras de las habitaciones.

La ceniza ya se había acumulado a punto de caída; la palma apoyada en el cancel ya había dejado marca en el empañado ocasionado por aquel intruso invisible que entraba por la pequeña ventana abierta. La respiración aumentaba gradualmente su ritmo; a través del grifo, que sin girar las llaves permitía la salida constante del agua. El sonido de las tuberías recibiendo agua en sus entrañas de madrugada, era diez veces más sonoro de lo normal. Un leve frío fue recorriendo punzantemente cada centímetro poroso y erizado de mi piel, pues ahora el fluido constante era

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irregular; como recubriendo las manos cuando uno las moja. Instintivamente dirigí la mirada hacia el espejo situado justo por encima del lavabo esperando, ambivalentemente, ver y no ver un reflejo. Además de la pared paralela al espejo, veía el vaho que formaba la obstaculizada y lenta respiración que ahora escuchaba. El estruendoso sonido que inundaba mi ser había provocado que una exclamación de sobresalto dejara caer el cigarrillo al suelo, que las manos se aferraran con fuerza a lo único que podían sujetarse y que sin pensarlo cerrara los ojos con la esperanza un tanto ingenua de evitar aquello que me acompañaba. Por el entreabierto del ojo izquierdo pude ver el espejo ya estrellado del centro y dividido en decenas de pedacitos. La impresión que me causaba lo que ahora veía me obligó a abrir y sostener para que, detenidamente, pudiera ver el rostro que se reflejaba en el espejo: reflejo sin cuerpo pero con sombra que gemía y dirigía su mirada para encontrarse con la mía. No podía levantarme ni salir corriendo; me había congelado. Mi cuerpo no respondía y la sombra iba deslizándose hacia mí; no veía claramente pero la sensación de su cercanía erizó de pies a cabeza cada parte de mi piel y, sin pensarlo, desde mis roncas tuberías arrojé un alarido que empapó las cuatro paredes que me rodeaban. Absurdo en mi reconocimiento, dejé de aullar y, aún aferrado a mi sitio, el remolino de agua debajo de mí se comenzaba a formar sin haber hecho yo un solo movimiento. Mi cuerpo no respondía, las piernas no se levantaban y el remolino se sentía tan cerca, tan sonoro. El inmenso frío que ahora corría en mi interior a ritmo de tambores exasperados empapaba el cuerpo entero.

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Al girar nuevamente la cabeza hacia el espejo, las decenas de pedazos en las que se partía, habían desaparecido; se habían vuelto a unir. El remolino se había detenido, el grifo estaba más seco que mi propia garganta y el cigarrillo se terminaba de consumir lentamente entre mis pies. La luz al filo de la puerta también había desaparecido. El camino de regreso a la habitación parecía ahora tan lejano que, aunque todo indicaba haber sido una alucinación, los tambores sonoros de mi pecho que aún dejaban secuelas, no me permitían creer que sólo lo había soñado.

Deniss Guerra

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Que vibren las voces de los poetas y con ellas los delirios humanos, que quiebren los hastíos cotidianos y encaminen las sonrisas inquietas.

Levanten las voces niños y ancianos que retiemble su canto en los planetas su cargo inevitable es de profetas acojan a su pueblo, a sus hermanos.

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¡Hoy es el día! poetas guerreros; de batirse en el campo de batalla donde a veces caen los caballeros. No habrá condecoración ni medalla; habrá comida para los viajeros y cripta a los que mate la metralla.

Amorosa
Eres amorosa, linda y mentirosa. Tu forma de querer es tan única, peculiar, creativa, ningún hombre se daría cuenta de tu engaño. Amas, besas y acaricias, qué bien te sale todo eso. De tu parte dices dar el todo, das tus labios, tu cuello, tus caderas que hipnotizan a cualquiera. Pides a cambio que te den todo, tiempo, risas y dinero. Es perfume de tu piel que ciega cuando está bañada en diamantes transparentes, uno a uno va brotando de tu carne como recompensa al que te posea. Cuando tratas de tocarlos, no se dejan y huyen transformándose en agua. Nadie puede resistirse al ver tu cabellera despeinada, ahí tendida sobre una almohada, despidiendo un olor parecido al de mil fragancias de verano combinadas. Tu sonrisa es hermosa y llamativa, todos los varones voltean la mirada para ver inigualable belleza, es la curva más perfecta de tu rostro, es la que engaña, la que envenena. Haces sentir cual gigante al hombre que te tenga, al mismo tiempo lo transformas en sumiso y cuando tiene aires de grandeza, lo vuelves dócil con tus ojos de inocencia.

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Tras pasar el tiempo en compañía, te cansas, te desesperas y es cuando comienzas a dar de beber tu dulce veneno que nadie nota, hasta que los deja desahuciados o muertos. Yo he notado que no das del todo, sólo un hombre astuto puede hacerlo; tus ojos, tu mirada, no la entregas, sólo la prestas, la puerta a tu alma la mantienes cerrada. Muestras a otros hombres esa chapa mientras besas al que engañas, mientras juegas, y sin pensarlo lo desgarras, no te puedes dar cuenta del daño que provocas. Como ya he notado lo que tramas, seré tierno, detallista, animoso, seré todo lo que tú quieras; besaré tus labios, acariciaré tu cabellera, oleré tu esencia. De tu parte, tú serás mi dueña, mi sol, mi luna y mis estrellas y cuando empieces a darme tu veneno, yo ya te habré dado a beber del mío toda la botella y veremos al final quién lo lamenta.

Adonay Meza
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Batalla Mortal
Batalla mortal, líneas que perdían; hoy con trazos mi corazón hablaba, ideas latentes en mente andaban, indomables bestias en tinta ardían. Sin su consentimiento las usaba, las volvía presas y ellas gemían; ante la inspiración no se rendían, en una pausa sentí que ganaba. Con la pasión de un beso, con sabor, con la esencia la idea doblegó, no en su querer en tinta delegó, su poder, su voz, ha dejado su hedor batalla mortal al verso venció domino la idea, soy vencedor.

Deniss Guerra

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Canto Suave

Amo los cantos suaves, me hacen vivir bien los cantos de las aves.

Eduardo de los Ríos

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Cuando miro atrás para ver mi sombra
Cuando miro atrás para ver mi sombra anhelo ver amigos ver sonrisas cuando recuerden mi obra que inicien grandes fuegos que inspiren muchos cuentos. No quiero que cuando se llegue el día no haber dejado nada desaparecería el alma mía triste y arrinconada haber dejado sueños en la almohada vivir pura agonía.

Adonay Meza

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Décima

Se ha ausentado la expresión Dejando a un lado la esencia, Tu música y tu presencia, ¿dónde estás inspiración? He buscado tu prisión en rincones de tristeza, en palacios de grandeza, y en pilares del amor; sin ti es lienzo sin color, es verso final sin fuerza

Deniss Guerra

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Luna de Abril
Dicen que la luna es más bella en abril porque brilla más que en el resto del año. Parece que me vigila como atalaya al horizonte su forma redonda me recuerda a tus ojos, esos bellos ojos que guían como los faros a los barcos Tú eres mi hermosa luna, mi luna de abril mi musa e inspiración. Letal y bella porque en tus ojos me muero, haces que te persiga como Alicia al conejo; pero atraparte nunca puedo. Con tu voz me hipnotizas como a un niño; es entonces cuando yo te aúllo, luna mía, todas las noches apareces peinándote en el rio, tus cabellos color plata brillan con la luz estelar. Te vas al cuarto menguante y sólo me queda tu estupenda sonrisa que me hiere, me desangra y casi me mata al saber que te has ido Sólo para volver en abril, Sólo tú mi luna de abril.

Eduardo de los Ríos

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Cuando volteo por la gran ventana
Cuando volteo por la gran ventana, el camino se acerca no debo dejar ir otra semana mi pereza no debe ser tan terca. Tornarme veloz debo victoria aún no pruebo. No quiero cuando volteé algún día ver muerte y ninguna huella Sería en vida más que una agonía la muerte que embotella.

Adonay Meza

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Sólo Hoy
(y tal vez mañana)
Me dejaré de censuras pues el cuerpo, sí, el cuerpo no se permite censura; esta vez me rendiré a su gobierno, me perderé en su vaivén. Me dejaré de censuras en los trazos del amor; sólo hoy y tal vez mañana y otras lunas; pero esta noche, esta noche, con el silencio de mi voz y el murmullo de mi pecho te imploro te ruego te pido me dejes sin aliento. Escribe en mí, narra tu historia, deja recuerdos, graba el momento. Ven, acércate, tómame, deja que el tiempo sea el juez que sus horas caigan sobre dos, sin intención de interrumpir sólo de trascender. Ven, piérdete, ámame, busca estrellas en mi piel, sé navegante de mi aliento

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y en mi pecho y en mi pecho suspira tan suave, tan fuerte, tan libre, tan tú. Desata el deseo, dale manos dale besos y a la razón, ¡oh, la razón! déjala en las sábanas, no hace falta. Me dejaré de censuras, me volveré tuya, me fundiré en vos. Ven, acércate; tómame, sí, tómame.

Deniss Guerra

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Oda al Jitomate
Jito pasó por aquí, mate de mi corazón y el alma de mi sazón. Bello capullo cual carmín que destacas por encimas de la insípida y verde lechuga; con mejor sabor que el amargo rábano. Por eso, cada vez que llega la cosecha, espero con ansia el poder morder tu suave piel y embarrarme de tu néctar celestial. Tú padre supremo de todas las salsas; padre la dulce cátsup; padre de la salsa roja de los tacos y padre de la espléndida Ragú del espagueti de Boloña. Yo te amo, tú me odias, yo te mato. Me ruegas piedad pero no acepto y te mueres. Es así como mis platillos adornas con tu exquisito cadáver de color escarlata.

Eduardo de los Ríos

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Tiempo

Me diste vida; tú, el inmortal tiempo, tú me mataste.

Adonay Meza

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Romance
Será siguiendo tu sombra con buen porte de Don Juan talento de caballero a la dama hasta el portal. Ya se siente acorralada me mira con desconfianza sus pupilas se dilatan es el miedo quien la abraza. Lo confieso, soy culpable la atrapé, yo la seduje de ella me apoderé tomé su sonrisa dulce y le mentí a la mujer pero yo, me soy sincero, yo no buscaba tu amor. Pongo a su lado el tintero, soy seductor y escritor en su piel tibia, mi lienzo diseño mi obra maestra fulminante como el cielo trazando sobre su cuerpo desgarrando el interior hago inmortal la belleza todo a través de traición. Ella se vuelve mi reina yo me convierto en peón un beso cierra la escena, con un suspiro el telón.

Deniss Guerra

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¿Que cuál me encrispoidea la médulea? ¡Dotos! Son unícovos e irrespentibles quada uno de elios. La cadénsula con la que esplovan los trémicos senderos de sutalma, irrumpe en las honestabundas puertas del maravisíaco empíreo.

Explorinen caudentemente laudaxia con la que se intrefundan en los más recovénsulos espeditos del centraterísimo coramiento. ¡Trastánicos unápticos se enmermelean en mi psíquiade con esta hermotante piésula de termentura!

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Un lengüetando
Luca.- ¡Gomba que viene una corza! Antón.- No guacho pero hazte que alaridea; alarideando de cachubis. Luca.- Pensaba que cachubis, era de los pigmieros; de no más de diecitantos. Antón.- Para nada; es más, hasta callosfríos que ahora siente, mapirosa que le revolo a la tea, cada que la visilumbra, ahora tan a ser queya, que la besimuchuea, que la acarichea, que la luenguetechea. Luca.- Ah, ¡pero es que no es un pigmiero!, que ellos no luenguetean; es un ladrante, de esos que colamuevean; pero es tan chulodebonito el ladrante, y tan fiel a su andante, que nomás le hole la encuentrada y se le lanzapa haciendo el colamuevando. Antón.- ¿Pues qué más crevías que era?

Deniss Guerra

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La Boliesfera
VS

El Fantaespectro
Rata, ratata, ratatata, tatata, tataaaaaaaaaaaa, trompicantaban la trompicanas; la leónida leonera rugimaullaba por sólo watchaloookear sus dos gasnápidos idoinflados partiromperse la matracatraca en cascajos. Pero ahí estaban esos jidobrios manvolándose tremendos matamarranos, cachimadrazos y, ¿por qué no?, uno que otro mazapanazo bien targeteado al ranflico. ¡Ay ay ay, qué descagaladera está ocurriendo arriba del calibrestero, este zafarrancho entre la boliesfera y el fantaespectro se antoja para otros 5 rondi pleitos más. Ahora ya andamos en el sexto rondipleito, entre el mostacho y el frutiloopeado que le vocifuga al amarillo un tremeputo ganchápido. Uppernzas, chiminos del demoño y también piedrazos al hocibocón esferado. ¡OH POR SAN QUETZALCOATLALOCHANEKE! ¡EL FANTAESPECTRO LE MOFOPUNTEÓ UN TREMENDO MATAMARRANO A LA BOLIESFERA!. La señora boliesfera berrichilla por su mediabola que yace dormimadreado en la cuadrera. El espectromán festeja su vitrufia, los trompicasas no cabían de la etrufación y el publimonstro decía: “bolipuerco a la sabalona, cariesfera a la luna y prestigullo a la garbacha.”

Eduardo de los Ríos
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La patunia hace al boligolero
Borja pariboleaba el esfero, lo movirodaba de un lado al otro, corría deprillanado, saltuneaba a los pataduras cuando le soltarrajaban leña; merengueaba con las piernoblias, mandaba el esfero al vuelo, cuando éste retorgrasaba, se los volvía a maribailar a toduchos. Los tacos salpilanzaban tanto, que el pastunio parecía cilantro; pero Borja seguía deprillanado por toda la canchunia, tanto, que el público vocichillaba de la exalmación. De pronto un cochicalzado se deja venir cual locodio y lanza su barrittada haciendo que Borja de un grichido al cielo, al mismo lápsules que cae al pastunio, ahí tinrrado se sobagea el tograne de la patunia derenchuta; suerte que no fue la izquierbola, con la que sorrapatea y mete los golesucos en la portepanta. El árbitro se acercucha verrapitamente y hace sonar su silvacucho. La genturia vociclama que es una falturia. El juezucho no lo piensuqueta y sin máscule ni ménusle marca falturia. Borja se incorvanta y deja atrás el teafrucho. Tiene que sorrapatear el tirucho de castunio. La barreraca se preparunia, los cochicalzados se cubren sus genipartes; Borja por su partunia se preparuca, toma distancia, corre hacia el esfero y lo sorrapatea. El esfero velopitamente pasa por entremule de la barreraca mientras que los que estabanle en ésta no hacen máscule que getaras, El esfero llega a la portepanta y el guardapanta no hace mascule que divillorar. El estaducho enternulio vocichilla: ¡Goooolesuco!

Adonay Meza
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Locuta Inturable
Me discusoparló de la trémula apción, la locuta inturable. Que ante la temptacreción que es la arterícula marvavilosa, resulta la triuda. Se satisfacea con la libertad subleminzada y fluita en propia eprexión, que se vuelve ajenso nensamiento. Ahora lupea para que el grafovariable chiporínfulosea cura de las lintreas abísmicas.

Deniss Guerra

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Deniss Guerra
30 de enero de 1991
Nacida en la ciudad de León Guanajuato, primogénita y precedida por tres preciosas mujeres más. Varios acontecimientos han marcado su vida y posiblemente su sello al escribir. La muerte de su padre fue un suceso decisivo en un su vida pues años después dejaría su lugar de nacimiento, una ciudad que le había dado tanto. Ya con diez años, había comenzado sus primeros trabajos escritos como compositora amateur; más tarde le siguieron los textos reflexivos, para después inspirarse en grandes escritores y comenzar su verdadero interés por la escritura buscándose como novelista y dirigiendo sus estudios hacía ese rumbo. Hasta encontrar en los cuentos y en la poesía aquello que quería decirle al mundo en la forma más natural de su expresión.

Eduardo de los Ríos
28 de octubre de 1991
Desde chico tuvo fascinación por los dinosaurios, el cine y los cuentos de aventuras en los que soñaba un día vivir. Era muy travieso; le gustaba romper los huevos del refrigerador para buscar pollitos, comerse las cebollas a mordidas y dormirse en el baúl de sus juguetes. Gracias a doce años inmerso en el Movimiento Scout de México, que ama y es motor de su vida, ha podido desarrollar un gran amor por México y por la vida misma.

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Adonay Meza
8 de septiembre de 1988
Desde muy niño demostró interés por todo aquello que pudiera contar una historia: cuentos, anécdotas y, en especial, cintas de cine. Su abuela materna fue la que despertó este gusto en él; casi todos los días solía contarle alguna historia. Estudió la licenciatura en Administración de Empresas en la Universidad del Valle de México (UVM) y actualmente estudia la carrera de cinematografía en la Asociación Mexicana de Cineastas Independientes (AMCI). Le hubiera gustado poder llegar a ser futbolista profesional al igual que su padre, ex jugador de los pumas de la UNAM, pero al notar que no tenía las facultadas suficientes decidió enfocarse en otras cosas.

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Índice
Prólogo ………………………………………………………………..5 La Ruta del Héroe ………………………………………………7 Instrucciones para comer tacos …………………………...9 Navegante ………………………………………………………….11 Segunda Vida ………………………………….………………….12 De cuentos a cuentos………………………………………….14 Paradojas...............................................................................20 Sin título …………………….………………………………………23 Ut Pictura Poiesis …………..………….……….……………..27 Amorosa …………………………………………….………………29 Batalla Mortal ………………………………………..……………31 Canto Suave ……………………………………….………………32 Cuando miro atrás para ver mi sombra ……..……….33 Décima ……………………………………………………….………34 Luna de Abril …………………………….……………….……….35 Cuando volteo por la gran ventana …………….……..36 Sólo Hoy ………………………………………….…………………37 Oda al Jitomate …………………………….……………………39 Tiempo …………………………………….…………………………40 Romance …………………………………………………….……...41 Jitanjaforismos ……………………….……………................43 Un lengüetando ………………………….…………….………..45 La Boliesfera VS El Fantaespectro …………….…….…..46 La patunia hace al Boligolero …………………..…………47 Locuta Inturable ……………………………………..…………..48

Deniss Guerra ………………………………….…………………49 Eduardo de los Ríos ……………………………….…………..49 Adonay Meza …………………………………….……………….50

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Esta es la segunda edición de

P lectro Solar
de Deniss Guerra, Adonay Meza y Eduardo de los Ríos. Consta de 200 ejemplares y fue impresa en febrero de 2014.

Hecho en México

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