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Breve Historia de la España de Franco

Prof. Eloy Arias Castañón La España Actual Curso 2011/2012
Manuel Terrero García

Los orígenes de la dictadura de Franco se remontan a la Guerra Civil (1936-1939), tras el fracaso del golpe de estado del 18 de julio de 1936. La Junta de Defensa Nacional lo nombró Generalísimo. El ejército se sometió en bloque y su nombramiento estuvo apoyado por Kindelán, aunque hubo detractores como Cabanellas y hay autores que opinan que Franco alargó la guerra para que fuera indiscutible su liderazgo. Franco había sido oficial colonial en África, donde forjó su ideología de supremacía militar en la política española. En 1926 era el general más joven de Europa y al año siguiente, director de la Academia General Militar de Zaragoza. Tras la victoria en la guerra, Franco reunió en su persona la Jefatura del Gobierno y la del Estado, iniciando la denominada democracia orgánica en la que ni siquiera existía separación de poderes. Los altos cargos eran cooptados de los grupos dirigentes. La falange, el ejército y la iglesia se convirtieron en la base del nuevo estado, manteniendo un equilibrio de fuerzas, además de rodearse de personas de toda confianza para ejercer el poder con el apoyo de sus leales. En julio de 1942, Franco anunció la creación de las Cortes, sucedáneo del poder legislativo. Las consultas populares eran claros ejemplos de ficción plebiscitaria y la Administración de Justicia estaba sometida la las jurisdicciones especiales, fundamentalmente la jurisdicción militar. Franco prohibió las organizaciones políticas, unió la Falange y la Comunión Tradicionalista y asumió su jefatura. La Falange jugó un papel importante en la represión de la disidencia y el dominio social, político y económico a través del sindicalismo vertical, haciéndose notar en todos los actos públicos. El principal objetivo era el control de la sociedad, ejercido desde los Gobiernos Civiles, buscando siempre el orden público.

Toda vez acabada la guerra, el objetivo fundamental en política exterior fue el reconocimiento del régimen. En la Segunda Guerra Mundial Franco estuvo entre una neutralidad ambigua y una no beligerancia. Nada más iniciarse la contienda, el gobierno español se declaró neutral esgrimiendo la coyuntura de crisis económica, lo que facilitó las relaciones con Francia y Portugal y se aseguraba su integridad territorial. Con la ocupación nazi de Francia España pasó a la no beligerancia y se produjo el encuentro entre Hitler y Franco en Hendaya, en octubre de 1940. Franco se comprometía a un pacto bélico si Hitler le daba a cambio Gibraltar, Marruecos francés, Argelia española, Rio de Oro y Guinea Ecuatorial. Esto habría generado conflictos dentro del Eje, y Franco tuvo que aceptar la firma de un pacto secreto para entrar en guerra contra Gran Bretaña cuando determinase el gobierno español. La invasión alemana de la URSS impulsó un alineamiento más directo con el régimen. Evitó el conflicto directo con este país mediante la creación de la División Azul, formada por voluntarios falangistas para luchar junto a los alemanes en este frente. Además, la División Azul sirvió para cancelar la deuda contraída con Alemania en la Guerra Civil. En la Conferencia de Potsdam fue tratado el problema español. Los aliados acordaron que no había lugar en Europa para un gobierno fascista. La ONU aprobó en 1946 la recomendación de retiradas de embajadas en España y no fue aceptada en el organismo internacional ni en el Plan Marshall. Las relaciones solo continuaron con Portugal, Suiza y el Vaticano, además de los gobiernos latinoamericanos de Argentina, El Salvador y la República Dominicana.

La guerra fría dibujó un nuevo panorama internacional, donde Franco mostró sus méritos frente al comunismo. En 1948 se abrieron las fronteras con Francia y en 1950 se levantó el veto al régimen, volviendo los embajadores e incorporándose en organismos dependientes de las Naciones Unidas. En 1953, Franco firmó una serie de pactos secretos con EEUU que le valdrían el reconocimiento internacional.

La represión se activó desde el inicio de la Guerra Civil, de forma incontrolada y posteriormente a través de la Ley de Responsabilidades Políticas y de Depuración de Funcionarios de febrero de 1939. Esta ley penalizaba la afiliación política o sindical, haber sido cargo público y agresiones a personas de derechas. El proceso se iniciaba por condena de jurisdicción militar, por denuncia escrita de cualquier natural y por iniciativa de las autoridades. Se constituían Tribunales Regionales y además de cárcel, se preveía separación de la actividad profesional, limitaciones de residencia y sanciones económicas. Era de carácter retroactivo y fue suprimida en 1945, aunque la vigencia de la comisión competente se alargó hasta 1966. El objetivo de la ley era comprobar el comportamiento de los funcionarios y expedientar a los que aceptaron el gobierno republicano. Se reclamaba la obligatoriedad de una declaración jurada para ser incluido en la revisión del cobro del sueldo. La administración de justicia militar se reforzó y los derrotados pasaron a ocupar la categoría de rebelión militar y los acusados comparecieron en consejos de guerra sumarísimos. No había ninguna intención de perdonar a nadie que hubiera estado vinculado con el gobierno republicano. Cuando las cárceles estuvieron llenas, incluso se utilizaron recintos religiosos y campos de concentración. Se cifran en torno a 300.000 presos y unas 100.000 víctimas. La pena máxima se dictaba con casi nula deliberación y sin la menor garantía de un juicio justo. Estas ejecuciones quedaban en manos de falangistas y de la Guardia Civil con eficacia hasta 1945. También fueron importantes las desapariciones infantiles, en torno a 12.000. También hay que referir el número de exiliados que se vieron obligados a salir del país con el avance de las tropas franquistas, principalmente en 1939, cuando alrededor de 450.000 personas abandonaron el país en dirección a Francia. El gobierno francés intentó alentar el retorno a España y las migraciones a terceros países internando a un elevado número en campos de concentración. Otros países también dieron auxilio, como la URSS, Gran Bretaña y México, donde se inicio la reconstrucción de los órganos de gobierno y de las estructuras políticas, y donde continuaron las discrepancias de los republicanos. La Segunda Guerra Mundial afectó a los exiliados españoles, sobre todo a los que se encontraban en Francia, a los que se les instó a incorporarse a la contienda, muchos de los cuales fueron apresados por los alemanes o muertos.

Para la jerarquía eclesiástica española, la rebelión militar fue providencial y la guerra un plebiscito armado, una cruzada por la religión, la patria y la civilización. Se forjó el nacionalcatolicismo, una estrecha colaboración iglesia-estado para sanear la sociedad. Pla y Daniel fue el cardenal más explícito en este campo, quien mantuvo la idea de la guerra como una cruzada hasta su muerte en 1968. Fue primado de Toledo, lo que simultaneó con algunos cargos estatales. El obispado actuaba como una plataforma más del inmenso aparato burocrático creado por el régimen. Fue desde el estamento eclesiástico donde se decidían la selección de personal; se emitían informes morales de

individuos, se daban sermones muy ideologizados. En el gobierno estuvieron vinculados en un primer momento los católicos cohesionados por Herrera Oria y en los sesenta fueron relevados por los del Opus Dei. El CSIC fue creado en 1939, con el fin de cubrir todo el saber académico en la que la teología era la materia por excelencia. Fue la militancia seglar la que, a través de movimientos obreros católicos, consiguió romper el nacionalcatolicismo. La HOAC consiguió evangelizar el mundo obrero y dotar a la iglesia de unas bases para un futuro partido democratacristiano. Las relaciones con el Vaticano fueron beneficiosas para Franco, firmándose un concordato en 1953.

La guerra civil provocó que el producto per cápita fuera en 1939 un 21% inferior al de 1935. España tardó quince años en recuperarse, a diferencia de la mayoría de los países europeos, que tardaron tres veces menos. Las reservas del Banco de España eran escasas debido al pago en oro del gobierno republicano a la URSS para la compra de armas, siendo el mito del “oro de Moscú” totalmente falso. Por tanto, el retraso económico de los años cuarenta en España es atribuible no a los desastres de la guerra, ya que en Europa en 1950 el sector industrial creció un 20% con respecto a 1938, mientras que en España se recuperaban los niveles de 1935, sino a las desacertadas políticas económicas de la autarquía. El intervencionismo económico, en consonancia con el aislacionismo y la autarquía, fue el eje de la política económica del régimen. Desde 1938, estas directrices normativas se concentraron en el Servicio Nacional de Abastecimiento y Transportes, la intervención del sector triguero y las limitaciones industriales. A pesar de seguir el modelo italiano del IRI, se pueden ver rasgos diferenciadores en la creación del Instituto Nacional de Industria en 1941. El cierre de la frontera francesa y el bloqueo acordado en la ONU se utilizaron como justificación para explicar las dificultades económicas de la política autárquica. La política exterior favorable al eje hizo que el comercio con Italia y Alemania creciera espectacularmente, absorbiendo Alemania un 25% de las exportaciones españolas y un 16% de las importaciones. Esto, a su vez, redujo las posibilidades de colaboración con las potencias aliadas. El autoritarismo político y las influencias acentuaron el fraude fiscal y la distribución desigual de la carga impositiva, que se generalizo por el sistema tributario ineficiente. No se modernizó la hacienda pública: se dejó languidecer en provecho del interés de los grupos dominantes. La preocupación esencial hasta 1957, atendiendo a las partidas presupuestarias, fue rearmar el país mediante el mantenimiento de una economía de guerra. En 1937 se creó el Servicio Nacional del Trigo para controlar la producción, comercialización y consumo del trigo. Se pagaba un único precio de tasa para todo el trigo, sin considerar variables de calidad, peso ni transporte, lo que impulsó la actividad ilegal. Se consolidó un mercado negro o estraperlo, que llegó a ser mayor que el oficial. La rigidez del precio no contemplaba la existencia de malas cosechas ni las alzas de precios. Las consecuencias fueron muy negativas para un pueblo sometido al racionamiento. Se tuvo que recurrir a las importaciones para mantener los niveles mínimos de racionamiento, principalmente desde Alemania. Todo ello no evitó la desnutrición de la mayoría del pueblo español. Las plantas textiles fueron las que mayor protagonismo tuvieron durante la autarquía, especialmente el esparto, para la industria de celulosa, de saquerío y las manufacturas de trenzados. La política de colonización agraria, coordinada por el Instituto Nacional de Colonización, que se dedicó a la

colonización y a la política de concentración parcelaria, pero no tuvo un presupuesto asignado suficiente para desarrollar su tarea, lo que demuestra su carácter ficticio. En la estructura industrial española durante el periodo autárquico adquiere un mayor protagonismo la industria pesada. La institución que se configuró como modelo del intervencionismo industrial fue el Instituto Nacional de Industria, a cargo de Juan Antonio Suanzes, ministro de industria desde 1941, fecha de su creación, hasta 22 años después. Su gestión estuvo subordinada a los principios militares y los artículos económicos básicos fueron el cemento, el acero, el carbón y la electricidad. El INI se organizó como un holding empresarial y muchas empresas fueron declaradas industrias de interés nacional. Funcionaron al margen de la competencia internacional, sin preocuparse por costes ni competitividad. La agricultura de los años 40 acumulaba recursos para financiar el proceso de crecimiento industrial, lo que se tradujo en miseria, hambre y protestas del pueblo español. Era necesaria una remodelación aparente del sistema. Las reformas internas respondían a las presiones exteriores de EEUU. La hostilidad de la mayoría de los gobiernos occidentales hacia el régimen franquista hasta el fin de la autarquía no se tradujo nunca en una apertura política de la dictadura. La política intervencionista de la dictadura pretendió un sistema de distribución de la renta nacional que armonizase los intereses de los terratenientes y los grupos financieros e industriales basándose en la congelación de salarios de los trabajadores. Mediante esta red de intereses se afianzaba aun más el régimen. La economía a lo largo de cuarenta años del franquismo se puede dividir en tres etapas. La primera se inicia, se extiende en al década de los cuarenta y se caracteriza por la práctica de una política intervencionista. La segunda etapa ocupa los años cincuenta, marcada por un crecimiento marcado por las medidas autárquicas. La tercera fase es la que ocupa los años sesenta hasta la desaparición de la dictadura, caracterizada por la modernización económica del país. La corrupción estraperlista se extendió a toda la sociedad española, aunque no todos con la misma implicación. La oligarquía estraperlista la constituían grandes empresarios, financieros, terratenientes y altos funcionarios. La mayoría de los españoles tenían que recurrir al mercado negro para sobrevivir. Las penas recayeron en los pequeños y los medianos estraperlistas y los consumidores. En cuanto a la demografía, la sociedad española logro la modernización demográfica acontecida en otros lugares de Europa, Entre 1930 y 1950 se desaceleró el crecimiento para recuperarlo en las dos décadas siguientes. Este proceso dio lugar a un crecimiento de 23.000.000 a 33.000.000 habitantes. Esto se debe a una bajada de la tasa de mortalidad, fundamentalmente la infantil y a un aumento de la tasa de natalidad. La esperanza de vida aumento en 20 años en la década de los 40. Sin embargo, este crecimiento se vio coartado por la emigración, principalmente hacia la Europa desarrollada.

El racionamiento fue establecido en todo el territorio en mayo de 1939, siendo la Comisión General de Abastecimientos y Transporte la encargada de asegurar la distribución de artículos de consumo imprescindibles para la supervivencia. La dieta para un adulto se estableció en 1265 calorías, pero resultó ser muy optimista ya que el

abastecimiento fue escaso, discontinuo y desigual en su distribución. La calidad del pan era mala, mezclándose la harina de trigo con la de maíz. En los Gobiernos Civiles se establecieron las Delegaciones Provinciales de abastecimientos y en los ayuntamientos a nivel local. Existen muchos informes que reflejan la imposibilidad de subsistencia en sus territorios. Las enfermedades contagiosas (paludismo, difteria, fiebre tifoidea y tuberculosis) se extendieron rápidamente a causa de la desnutrición y la insalubridad. Son frecuentes los bandos que prohíben la estancia de enfermos contagiosos en lugares públicos. La pobreza fue otra lacra social durante la postguerra. Eran frecuentes muchos niños indigentes o dados a Hogares de Auxilio Social. Los más necesitados se vieron abocados a realizar delitos contra la propiedad, contra el racionamiento y moral. A partir de 1941 aumentaron los procesos judiciales, en su mayoría robos y hurtos. Casi el 90% de los fallos son condenatorios y recaen sobre personas sin antecedentes penales. Desde el poder se instó a la sociedad a la contumacia de una censura oficial en la prensa diaria y en los espectáculos, con el peso de la moral católica siempre presente. La preocupación por la mujer respondía a una actitud antifeminista del régimen. El lugar de la mujer estaba en la casa, núcleo de la familia unida, convenientemente vestida, las mujeres no debían salir solas o acompañadas de hombres que no fueran familiares.

La oposición interior en los primeros años de la postguerra fue muy reducida debido a la dura represión franquista. El maquis se localizó en el mundo rural y dirigido contra la Guardia Civil. En cuanto a la resistencia política, en un primer momento fue endeble. Conforme se reconstruían algunos partidos, se hacía evidente la división entre el exilio y la oposición interior. La colaboración con los comunistas o la fidelidad a los republicanos fueron los temas más polémicos entre los socialistas. La actividad política antifranquista no tuvo un análisis crítico acertado y esto impidió percibir la separación entre las fracciones de la oposición y la sociedad española. Las organizaciones sindicales fueron desmanteladas en los centros de trabajo, lo que acarreó muerte, exilio o reclusión de la mayoría de sus líderes. La clase obrera entró en un refugio de sometimiento y silencio para sobrevivir, con un régimen disciplinario muy fuerte. La dureza de la postguerra se atenuó en 1952 con el fin del racionamiento y paralelo a esto, la represión se suavizó y modificó, debido a la firmeza y estabilidad en la que ya confiaba que poseía el régimen. La Falange quedó desplazada en 1958 por un grupo de tecnócratas vinculados al Opus Dei del protagonismo político. La guerra fría favoreció que Franco quedara asociado al bloque anticomunista, con los pactos bilaterales entre España y EEUU y el reconocimiento de las democracias occidentales en esta década. Fue en 1953 cuando se firmó el Concordato hoy día vigente con la Santa Sede. El Vaticano legitimaba el gobierno de Franco a cambio de los privilegios derivados de un estado confesional. Después de estos acuerdos, España ingresó en la ONU en 1955, debido al levantamiento del veto de la URSS, lo que supuso una grave frustración para el gobierno republicano en el exilio. Las movilizaciones populares se hicieron notar en la calle, pero eran aún muy dispersas. Desde el inicio de la configuración de bloques de la guerra fría, Franco busco por todos los medios profundizar las relaciones con EEUU, siendo el estallido de la guerra de Corea el punto de inflexión de la política exterior estadounidense. Los pactos fueron negociados y se firmaron en 1953. En ellos se recogía que las fuerzas norteamericanas podían hacer uso de las zonas e instalaciones españolas como base contra objetivos militares para la defensa de occidente, siendo ellos mismos quienes se reservaban la

decisión, obteniendo de este modo las bases de Torrejón, Zaragoza, Morón y Rota casi a su libre disposición, y sin contemplar ningún acuerdo en el caso de que España fuera atacada. Además, los norteamericanos tenían un régimen penal y procesal privilegiado y distinto al español. Todos estos acuerdos eran secretos, a pesar de las evidencias y perduraron hasta 1970. Con respecto a la política colonial, debemos recordar en primer lugar que Franco forjó su carrera militar en estos territorios. A partir de 1939, hay una cierta ambigüedad en las actuaciones de los comisarios militares. En 1955, la administración española aumento la dureza de la represión para evitar un Marruecos independiente, pero la concesión en 1956 de la independencia del Marruecos francés no dejaba otra elección. La descolonización de Tarfaya e Ifni ocasionó una última guerra colonial, que acabó en los acuerdos de Cintra de 1958. España se retiraba de la zona sur del protectorado, manteniendo su presencia en Ifni y el Sáhara hasta 1969 como provincia española. Guinea Ecuatorial era el dominio más rentable. La actividad económica estuvo controlada por el Banco Exterior de España y otras agrupaciones. El malestar por el espolio contribuyó a la formación del movimiento nacionalista en 1958, sin éxito. A partir de 1964, la ONU comenzó a presionar a España para que concediese autodeterminación al territorio, provocando esto tensiones en el seno del gobierno entre Carrero Blanco, Castiella y Fagra. En 1968 nació la República de Guinea Ecuatorial, iniciando una dura dictadura.

El régimen de Franco nunca fue contrario al capitalismo. Tras el fracaso del autarquismo y el aislacionismo, se tuvo que liberalizar la economía, consiguiendo se esto en los años sesenta. En esto tuvo que ver la fuerte emigración hacia Europa, el crecimiento del turismo y la demanda europea de productos agrarios. Los cambios se iniciaron en 1951 determinados por un fuerte pragmatismo. Los grandes propietarios agrarios pasaron a un segundo plano en la economía en favor de los grupos financieros e industriales. El capital estadounidense de los acuerdo de 1953 contribuyeron a financiar el déficit comercial. El PIB creció por encima del 4% en la década de los cincuenta y la renta por habitante se cuadruplicó. El índice de crecimiento industrial ascendió al 6.6% anual. Se recuperó la inversión privada y se aumentaron las exportaciones, a lo que contribuyeron las devaluaciones de la peseta. Se redujo la inflación congelando el sueldo de los funcionarios, hubo una reforma tributaria y del crédito. El Plan de Estabilización consistió en una liberalización de la economía con el exterior. La industria impulsó la competencia y entraron tecnologías modernas. Se restableció la balanza de pagos y se contuvo la inflación. Sin embargo, el empresario acostumbrado a vivir bajo la protección estatal, se mostró contrario a estas medidas. Los costes sociales fueron importantes. La recesión que acompaño estas medidas provocó una fuerte emigración y un descenso notable de los salarios. Pero la economía española se incorporó a la internacional con este plan gracias a la apertura comercial y financiera. Se consiguió un crecimiento espectacular y sin precedentes de la demanda laboral urbana, las migraciones internas y la concentración poblacional en la ciudad. En esta nueva situación, el régimen fraguó su madurez. Fue en la década de los 50 cuando personal cualificado accedió a los ministerios e instituciones y se recibió el reconocimiento internacional. Era Carrero Blanco, el hombre de confianza de franco, quien nombraba las carteras. En 1958 se estableció la Ley de Convenios Colectivos en la Organización Sindical Española. Se establece un tibio reconocimiento oficial para la

negociación con la OSE de las reivindicaciones laborales, pero si había falta de acuerdo, era el ministerio de Trabajo quien intervenía y dictaba una Norma de Obligado Cumplimiento. Se buscó un consenso entre los trabajadores por vía de elecciones, suponiendo estas la fisura más importante de la institución. Franco encargó en 1957 la redefinición de los Principios del Movimiento. Se integraban definitivamente FET y las JONS en el Movimiento. Se definía como una monarquía tradicional, católica, social y representativa. La represión continuó, aunque la dureza física de los primeros años no fue tan recurrente. Para mantener el orden, Franco se servía del estado de excepción, donde se suprimían todas las garantías recogidas en el Fuero de los Españoles y canalizado a través del Ministerio de gobernación dirigido por Camilo Alonso Vega. El primer estado de excepción fue decretado en 1956, ante las protestas estudiantiles en la universidad Complutense, el segundo para las huelgas mineras en Asturias en 1958 y en 1962, además de a Asturias, a Guipúzcoa y Vizcaya. Fruto de estas situaciones nación la Ley de orden Público, fortaleciendo la coerción. Esta ley entendía como actos contrarios al orden público las manifestaciones, reuniones políticas, los paros colectivos o los cierres de empresas. Todo ello se completó con la Ley contra la Rebelión Militar, que prohibía la publicación de noticias falsas o tendenciosas que pudieran causar mal para el gobierno. El gran cambio entre los años 50 y 70 se dio en la organización social y demográfica. Un gran número de españoles migraron de España al extranjero y del campo a la ciudad, principalmente desde Andalucía, las dos Castillas, Galicia y Murcia. Los cambios en el sistema educativo contribuyeron a una mejor cualificación profesional, creando especializaciones y haciendo más accesible el nivel educativo. Los españoles fueron experimentando una mejora en su vida cotidiana y una evolución en el cambio de mentalidad, que fue influido por la llegada de turistas y la emergencia de nuevas formas de lucha política y social. La vía sindical presentada por Franco no permitía avances sociales, son una apariencia, pero los obreros aprovecharon los pocos resquicios que ésta les permitía. La universidad, sobre todo a partir de 1956 ofrecía una creciente oposición al régimen. La ausencia de libertades formales había relegado la lucha política a la clandestinidad, por lo que produjo una gran dispersión, incluso en el seno de las mismas organizaciones políticas.

A pesar de las atribuciones propagandísticas realizadas por el régimen, el crecimiento económico español no esta determinado por la política económica de la dictadura, sino por la mejor coyuntura del capitalismo internacional y de factores externos tales como el turismo, las inversiones extranjeras y las transferencias migratorias. Franco buscó siempre la permanencia en la dictadura, y para ello tuvo que modificar su apariencia autoritaria. La represión no cesó hasta su muerte, siendo el problema más grave con el que se tuvo que enfrentar el nacionalismo vasco representado en la banda terrorista ETA, que asesinó al presidente del gobierno, Carrero Blanco, en 1973. Con la muerte de Franco, no se finalizó la dictadura. El desajuste entre poder político y poder económico favoreció una transición dirigida por la clase política más dinámica del franquismo, mudado a las convicciones democráticas y con la colaboración de las organizaciones de izquierdas. En 1958 comenzó a funcionar la Comunidad Económica Europea y aumentaron las inversiones de capital extranjero. Esto debe compaginarse la buena evolución demográfica, gracias a la baja tasa de mortalidad, lo que supuso un aumento de la

demanda. Gracias a todo ello, España alcanzo una de las máximas tasas de expansión del mundo. Se animó la inversión privada, mejoró el sector público y se produjo una mayor integración en el mercado internacional, aunque no se preocuparon por las cuestiones sociales ni los desequilibrios regionales. En estos años, el proceso de modernización agraria se extendió rápidamente. Las obras de transformación en regadío recibieron gran parte de la inversión pública. El sector industrial actuó el motor de la expansión económica española. Las industrias químicas, metalúrgicas y de bienes de equipo ocuparon los primeros puestos. De igual manera, el sector servicios aumentó y generó mayores necesidades financieras y de comercialización. Pero como contrapartida, los desequilibrios en la balanza comercial aumentaron, principalmente por la demanda de bienes de equipo y de petróleo. La crisis económica de 1973 puso en evidencia las necesidades de la economía española, principalmente la dependencia energética externa, la fragilidad de muchos sectores ante la competencia externa y el intervencionismo del sector público. Los movimientos migratorios dieron como resultado una transferencia de la población de las zonas más pobres a las más ricas. Este crecimiento económico modifico las relaciones entre los distintos grupos sociales. La incorporación de una nueva elite vinculada a la banca, a la gran empresa y los más cualificados de la Administración a la clase dominante fue el acontecimiento más relevante. Sin embargo, el desarrollismo económico trajo equilibrio a las desigualdades sociales. En los años sesenta, Franco promueve innovaciones institucionales para enmascarar la dictadura. Nombró a Muñoz Grandes como vicepresidente del gobierno, aunque pronto le sucedería Carrero Blanco. La nota contradictoria fue Manuel Fraga, quien promovió el Gabinete de Enlace para investigar la subversión a través del Ministerio de Información y Turismo. El cambio mas importante fue el nombramiento de Laureano López como responsable del Plan de Desarrollo. En el ámbito de la educación, se promovió su renovación a través de la Ley general de Educación, con el objetivo de preparar y especializar el capital humano para un mayor desarrollo económico, superándose por primera vez esta partida presupuestaria a la militar. En 1964, Franco planteo una democracia de nueva planta, concretándose a finales de la década. Se aprobó la Ley de Prensa en 1966, por la que desaparecía la consulta obligatoria antes de la publicación. Durante este mismo año, Franco dictó la Ley Orgánica del Estado, por la que se separaba la jefatura del Estado y la Presidencia del Gobierno y se regulaban sus interrelaciones. En 1967, la ley de Libertad Religiosa y de la Representación Familiar y el Estatuto Orgánico del Movimiento, por la que se podían formar asociaciones para defender los intereses de los obreros no representados por la Organización Sindical. Franco designó a Juan Carlos, su sucesor a título de rey en 1969. Esto ocasionó una crisis familiar, ya que su padre don Juan, legítimo sucesor, no estaba de acuerdo. El 22 de noviembre de 1975, Juan Carlos asumió de plenos poderes la Jefatura del Estado y en 1977 don Juan abdicó definitivamente. Carrero Blanco era vicepresidente desde 1967. Una situación de orden publico critica el 1º de mayo de 1973 en Madrid origino una crisis de gobierno, en la que Franco decidió separar la Jefatura del Estado y del Gobierno, nombrando para el cargo del ejecutivo, hecho insólito en la dictadura, a Carrero Blanco. El nuevo presidente tuvo que afrontar el empeoramiento del orden público y la actitud “inexplicable” de la jerarquía eclesiástica vasca. Tras su asesinato, Franco nombró a Arias Navarro para ocupar el cargo, una persona muy identificada con la extrema derecha. Su intolerancia le llevó a enfrentarse con la jerarquía eclesiástica y a promulgar una nueva Ley Antiterrorista que recuperaba los consejos de guerra sumarísimos.

Con la reactivación de la economía, surgieron movilizaciones laborales en la mayor parte del país, debido al cambio generacional y a una nueva conciencia sindical. La debilidad de la oposición se evidenció en la reunión de Múnich de 1962, en la que representantes españoles del interior y del exilio se reunieron para acordar un gobierno democrático sin aludir a la forma de estado y para estudiar la futura integración de España en Europa. El gobierno de la republica en el exilio finalizó con las primeras elecciones democráticas en España en junio de 1977, sin la concurrencia de los partidos republicanos y cuya legitimidad y legalidad se silenció. El PCE mantuvo la política de reconciliación nacional y las alianzas con otras fuerzas políticas para luchar contra la dictadura. El éxito de renovación del PSOE fue posible gracias al apoyo del SPD. Felipe González y Alfonso Guerra ofrecieron un programa pragmático en consonancia con la izquierda socialdemócrata alemana. Los conflictos laborales para la mejora de las condiciones de vida fueron en aumento, focalizándose en Asturias, Cataluña, Andalucía y el país Vasco, formándose comisiones para negociar directamente con los empresarios sin intervención sindical. Este fue el origen de Comisiones Obreras. En los años 70, las acciones de casi todos los grupos convergieron hacia el objetivo de acabar con el régimen e instaurar libertades democráticas. ETA optó por una lucha armada contra el régimen, que mantuvo tras la muerte de Franco como expresión de su nacionalismo radical. La lucha contra el franquismo adoptó nuevas formas en los años sesenta, ya que las reivindicaciones quedaron ligadas a la consecución de derechos democráticos. La universidad española se convirtió en un espacio de protesta y actividades culturales de estudiantes con el apoyo de profesores, muchos de ellos expedientados y expulsados. Para los estudiantes supuso el primer encuentro con la política y un cambio en la percepción de las injusticias provocadas por la dictadura, mientras que Carrero Blanco pensaba que los estudiantes estaban “envenenados de cuerpo y alma”. En general, las profesiones liberales constituyeron asociaciones representativas e incluso se presentaron a las elecciones, siendo uno de los movimientos más activos el de los profesores. La rebeldía también llegó a los propios pilares del régimen, tanto a la iglesia como al ejército. También son reseñables las actuaciones de las primeras asociaciones de vecinos y la configuración del movimiento feminista. Franco murió el 20 de noviembre de 1975, con el deseo de que nada cambiara tras su muerte. Su fallecimiento no significó el fin del régimen franquista. En los primeros momentos, el rey, sucesor en la jefatura estatal, no deseaba alinearse ni con el mantenimiento del sistema ni con la ruptura total. El presidente del gobierno, Arias Navarro, aspiraba a prolongar la dictadura. Los cambios propuestos por Fraga se encauzaban más por el mantenimiento del orden público que por el cambio institucional. El rey destituyó a Arias Navarro en julio de 1976 y nombró presidente a Adolfo Suárez, con quien iniciaría el proyecto de reformas que facilitaría la transición a la democracia. En noviembre de 1976 se promulgó la Ley para la Reforma Política, aunque no garantizaba que pudieran concurrir todas las formaciones políticas ni que las elecciones fueran la libre expresión de la voluntad popular.