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R. Murray Schafer.
Susana Espinosa Universidad Nacional de Lanús (Argentina)

El silencio suena y el hombre escucha y canta

Biografía
La nueva orquesta es el universo sonoro y los nuevos músicos, cualquiera y cualquier cosa que suene. (Murray Schafer)
Compositor, ecologista, educador, investigador. Nació en 1933 en Ontario, Canadá y estudió en el Conservatorio Real de Música de Toronto. Desde 1965 en adelante trabajó en la Simón Fraser University donde creó el New Soundscape Project (Proyecto del nuevo paisaje sonoro), piedra fundacional y marco conceptual para el desarrollo de sus largos y creativos aportes a la ecología acústica8. Fue éste el primer estudio sistemático e interdisciplinario que reunió aportes de la física, la acústica, la ciencia de la comunicación, la ecología y la psicología de la música. A partir de allí, e incursionando tanto en el campo de la composición musical como de la investigación, el periodismo, la educación y la experimentación sensible, Murray Schafer se convirtió en uno de los referentes importantes -sino el más importante- de la lucha contra la contaminación sonora, en pos del valor del silencio y del sonido como fuente de creatividad, independientemente de su discurso musical. Esta visión puede considerarse el factor de preeminencia en su concepción: el rol del sonido per se trascendiendo su rol discursivo, para adentrarse en el sonido como valor autónomo.
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Ecología acústica: ciencia que estudia la relación de los seres vivos con los sonidos del entorno.
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Bajo esta preocupación -que atravesará la totalidad de sus trabajosSchafer ancló en la educación musical, tarea que ejerció principalmente en la escuela secundaria, trabajando con adolescentes de entre 14 y 18 años. De esta actividad surgieron sus famosos trabajos bibliográficos concretados en los libros editados en Canadá por BMI El compositor en el aula (1965),

Limpieza de oídos (1967), El nuevo paisaje sonoro (1969), Cuando las palabras cantan (1970), y por Universal Edition El rinoceronte en el aula (1975).
Posteriormente en Argentina, Editorial Ricordi los publicó traducidos al castellano y con los prefacios a cargo de la reconocida pedagoga musical argentina Violeta Hemsy de Gainza9.

La docencia: una vocación

Conocer el pensamiento musical de Murray Schafer no es difícil, basta con recorrer sus cinco libros dedicados a la educación sonora arriba mencionados y trazar una línea trasversal con las ideas fuerza contenidas en cada uno de ellos, para obtener un verdadero decálogo de su postura sobre cómo enseñar música desde la música y para los no músicos. Es decir acercarse el mundo de los sonidos desde el propio hacer creativo de los aprendices guiados -y no conducidos- por un «docente-animador». En cada uno de estos libros, Schafer desarrolla magistralmente una propuesta distinta: música y creación musical en El compositor en el aula; experimentación sonora a partir de la sensibilización con el entorno acústico natural en Limpieza de oídos y El nuevo paisaje sonoro; relación del lenguaje musical con el lenguaje cotidiano en Cuando las palabras cantan; reflexión sobre la pedagogía musical abierta en El rinoceronte en el aula. Podríamos afirmar que Schafer es un docente atípico en el sentido literal o tradicional de la palabra, ya que su «metodología de enseñanza» consiste en abrir caminos de descubrimiento, revelación, acción, comprensión. Su método, en todo caso, transita el camino inductivo-deductivo, estimulador, informal, abierto, que genera espacios y situaciones para la reflexión y el posterior aprendizaje. Su camino es el de la conversación, el diálogo, la preguntarespuesta rápida, casual y hasta anecdótica para generar un feed-back con el alumno y, desde allí, pasar a la deducción y a la demostración de lo que se quiere enseñar. Pero su propósito es enseñar en un sentido diferente; no le
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Quien suscribe este artículo fue responsable de la coordinación de estas ediciones realizadas entre 1982 y 1984 cuando ocupaba su cargo de coordinadora del Centro Ricordi de Asesora miento Musical-CRAM y era, a la vez, directora editorial en las áreas de educación musical y música contemporánea.
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importa tanto el «concepto clave» como el pensar sobre el pensar, el mover rincones ocultos de la mente, el transitar más que el llegar...

La clase de música es siempre una sociedad en microcosmo, y cada tipo de organización social debe equilibrar a las demás. El plan de estudios debería dejar un espacio para la expresión individual; sin embargo, tal como ha sido concebido hasta ahora, no daba oportunidad para esto, a menos que a lo sumo imagináramos su objetivo como un adiestramiento de virtuosos, en cuyo caso generalmente ha fallado. (Murray Schafer, 1984, p. 16)
A lo largo de su trayectoria creativa, Schafer nunca dejó de enseñar, tanto a niños y jóvenes como a colegas, entendiendo por esto -como él mismo diceuna manera de dialogar acerca de las cuestiones sonoras planetarias. Es acertado lo que dice Violeta Hemsy de Gainza en su Prefacio a la edición en español de El rinoceronte en el aula:

La mayoría de los libros «pedagógicos» de Schafer consisten en transcripciones directas de sus experiencias personales con grupos de niños y jóvenes. Por ese motivo, su estilo es informal y no por eso menos profundo ni poético. Nunca trata de explicar cómo se hacen las cosas: simplemente, el lector tiene la oportunidad de recorrer, palmo a palmo, el proceso vivo de la enseñanzaaprendizaje de la música y puede llegar hasta a captar en las entrelineas la vibración y el entusiasmo que cada nuevo descubrimiento produce tanto en el maestro como en sus alumnos. (Murray Schafer, 1984)

Una nueva pedagogía musical
El primer paso práctico en cualquier reforma educativa es darlo. (Murray Schafer)
De manera similar a lo que ocurrió con la revolución de la psicología cognitiva dando su aportación a la educación general al profundizar en principios y ordenamientos psicopedagógicos, la nueva pedagogía musical surgida en los años sesenta del siglo pasado, se ocupó más del sonido y de sus soportes o de las herramientas aportadas a la construcción de nuevos lenguajes que del discurso musical configurado sobre la base de consignas en las que el interés se centra en el aprendizaje de la tradición occidental y en su transmisión e interpretación unívoca. Aquellos caminos iniciados tempranamente por grandes compositores como Carl Orff y Zoltán Kodály, que se implantaron en la enseñanza construyendo nuevos métodos basados en la participación activa del alumno con

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propuestas dirigidas al discurso musical métrico-tonal, fueron después trascendido por la nueva generación de compositores contemporáneos que miraron al aula como un espacio para la experimentación, búsqueda y creación Específicamente, los compositores pedagogos construyeron caminos sin pretensión metodológica y, como creadores acordes a su hora, suscribieron a nuevos estilos compositivos. Disociar, desarticular para volver a articular, armar como en un puzle las partes de un todo, fue la meta tanto artística como pedagógica en la segunda mitad del siglo pasado. No se deseaba enseñar música sino hacer música en la escuela; no obstante, sí se deseaba establecer un espacio fronterizo entre lo previsible y lo imprevisible, lo conducido y lo libre, lo sabido y lo aprehendido, lo instituido y lo instituyente y, por lo tanto, correr los riesgos de aprendizajes desiguales y orientadores de los distintos caminos de aplicación del trabajo musical. En términos metodológicos esto da cuenta de un diferente estilo de educador: el riesgo forma parte del desafío de la enseñanza significativa. Importa menos llegar al resultado deseado que haber transitado un camino de reflexión y pensamiento autónomo. En la introducción de El rinoceronte en el aula Violeta de Gainza cita a Margaret Mead, quien en su libro Cultura y Compromiso (Mead, 1970) aporta un concepto acorde con nuestra reflexión sobre Murray Schafer:

En la cultura posfigurativa los niños aprenden primordialmente de sus mayores, en la configurativa, tanto los niños como los adultos aprenden de sus pares y en la prefigurativa los adultos también aprenden de los niños.

Los sonidos del silencio
El silencio es el aspecto más potencializado de la música. Aun cuando se produce después de un sonido, reverbera con la textura de ese sonido y esa reverberación continúa hasta que otro sonido la desaloja o se pierde en la memoria. Ergo, si bien tenuemente, el silencio suena. (Murray Schafer, 1982, p. 17)
En gran parte de las sociedades actuales el silencio es considerado como un bien común; se vuelve necesario reivindicarlo, hacerlo presente. Podríamos decir que hoy al silencio se lo echa de menos. Sin embargo en sociedades como la canadiense esto no ocurre. Canadá encabeza el ranking de países que respetan la naturaleza y la calidad de vida,

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razón por la cual el silencio es considerado un bien común; casualmente es también un país de no fumadores, por lo que su población alcanza un alto nivel de salud. Se lo considera un país de gente respetuosa del hábitat, de buena convivencia y solidaridad entre las personas, de alto conocimiento de los derechos humanos y resulta conmovedora su política de inserción de las personas con capacidades diferentes. Es por todo ello una sociedad de avanzada, conocedora de la depredación que sufre el planeta si no se toman recaudos urgentes para revertir la situación de daño. Es un país de paz y armonía. Murray Schafer, como canadiense, no escapa al perfil general de sus compatriotas, el cual manifiesta en todos sus emprendimientos educativos. Así, se ha convertido en uno de los más importantes militantes ecologistas, como lo fue John Cage en EE.UU. Como asesor de empresas internacionales, consultor de estadistas para la construcción de programas de lucha contra la contaminación acústica, diseñador de prototipos tecnológicos silenciadores del ruido en automóviles, ferrocarriles y maquinarias industriales, investigador y director de proyectos de ecología sonora, trabaja hasta la actualidad por la protección acústica del ciudadano, por la recuperación de una escucha más sensible y profunda, más atenta a los pequeños sonidos que a aquellos que nos inundan autoritariamente desde las amplificaciones tecnológicas. Debemos considerar que el espacio sonoro natural, después de las guerras y revoluciones industriales de la modernidad, se transformó hasta tal punto, que construimos casi sin darnos cuenta algo así como «anfetaminas sonoras» para calmar el dolor auditivo que causa una creciente contaminación en el espacio acústico. Hoy aceptamos casi resignados el mal de la modernidad, «drogamos» a nuestros oídos y encontramos el paliativo engañoso: escuchar más selectivamente que antes, cada vez a mayor volumen, ayudados por los

walkman o los súper aparatos de amplificación que crean un espacio acústico
artificial y separado del entorno natural. A esto -dice Murray Schafer- se le agrega la invasión del espacio cósmico lograda por el hombre, lo cual también ha aportado nuevas sonoridades. El mundo planetario descubierto incorporó realidades sonoras que, importadas desde la televisión por satélite o la radio con antenas parabólicas, llegaron a nuestras casas mientras comíamos y se mezclaron con nuestras conversaciones y el ruido de platos y cubiertos. La era de los sonidos espaciales, de los amplificadores para la comunicación de masas, de los medios de comunicación masiva y los shows musicales hiperamplificados, generó nuevas maneras de oír, que modificaron nuestros gustos y hábitos estéticos.
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La ecología acústica se presenta como un paradigma del nuevo milenio que intenta recuperar la pureza del oído, limpiarlo de interferencias y sensibilizarlo para que -tal como asevera Schafer- «la nueva orquesta sea el universo». Dado que los sonidos del hábitat tienen un ciclo de vida inmutable (nacen con un ataque, se prolongan durante un determinado tiempo y finalmente se extinguen), la ecología acústica se ocupa de evidenciar sus fuentes, cuantificarlas, observar sus balances y proporciones con relación al silencio, fuente inmanente del sonido y razón de ser del mismo. Uno de los más importantes encuentros mundiales para reflexionar sobre estas cuestiones fue el realizado en agosto de 1993 en el Centro de Artes de Banff, Estado de Calgary, Canadá, a propósito del cumplimiento de los sesenta años de Murray Schafer. El equipo de investigadores que lo acompañó en el diseño del Nuevo Proyecto sonoro, Claude Schryer y Hildegard Westerkamp, reunieron a científicos, ecologistas, educadores y artistas sonoros en la Primera Conferencia mundial The Tuning of the World10. Durante una semana se presentaron conferencias, talleres, espectáculos,

performances, conciertos, caminatas al aire libre para la escucha reducida del
medioambiente. Se suministró bibliografía y discografia y todas las actividades dieron cuenta de lo que se hacía en el mundo alrededor de la ecología del sonido y permitieron el nacimiento del World Forum of Acoustic Ecology WFAE-, donde quien suscribe fue elegida como representante por América del Sur. La propuesta de Murray Schafer cubre dos facetas relacionadas, aunque diferentes: por un lado, el sonido como materia prima del discurso sonoro es un objeto sensorial digno de ser entendido en sus componentes de color, espacialidad, textura, resonancia, cristalinidad (entre tantos otros atributos) y su rol en la narrativa musical es tan atrayente como lo fueron en otras estéticas las relaciones tonales; por otro lado, el sonido como componente del ambiente necesita ser resguardado, custodiado en su esencia, entendido como calidad de vida, protegido del mal uso y restaurado en su pequeña (y grandiosa) dimensión original. Esto hace de la propuesta de Murray Schafer una contribución digna de abrazar: volvamos al sonido como fuente de comunicación y vida. Como metáfora de lo expresado en esta semblanza sobre el gran educador que es Murray Schafer, podríamos decir que para el docente de música cualquiera de
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Paráfrasis del título de uno de los libros clave de R. Murray Schafer (1997), que ha merecido elogios y apoyos de Carl Sagan y Yehudi Menuhin, así como del New York Times.
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sus «cuadernos de trabajo» es un bien acomodable en la mesilla de noche a la hora de irnos a descansar.

Bibliografía
Libros
AUGOYARD, J.F. (1999): «L'objet sonore ou l'environnement suspendu», en Oüir,

entendre, écouter, comprender après Scheffer. Paris. Buchet/Chastel.
CAGE, J. (1961): Silence. Flannover. Wesleyan University Press. CHION, M. (1993): Le promeneur écoutant. Essais D'Acoulogie. Paris. Editions Plume.

ESPINOSA, S. (2006): Ecología acústica y educación. Bases para el diseño de un nuevo paisaje sonoro. Premio Embat. Barcelona. Graó. MURRAY SCHAFER, R. (1979): Le paysage sonore. J.C. Lattes. Fondation de
France. Francia.

-(1994): Hacia una educación sonora: 100 ejercicios de producción y audición sonora. Buenos Aires. Pedagogías Musicales Abiertas. REYBEL, G. (1984): Jeux Musicaux. Paris. Editions Salabert. SCHAEFFER, P. (1966): Traité des Objets Musicaux. Paris. Editions du Seuil TRENCH DE OLIVEIRA FONTERRADA, M. (2004): Música e meio ambiente.
Ecología Sonora. Brasil. Irmaos Vítale Editores.

Revistas
-(1976): Pédagogie musicale d'éveil. Cahiers recherche/musique. París. INA-GRM.

-(1994): «The soundscape newsletter». Revista World Forum of Acoustic Ecology. —(1996-1997): «Notas al margen del pentagrama». Revista 5, 6, 7.
Buenos Aires. Fundación para la Educación Musical.

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