You are on page 1of 1

El Estado centralizado «La maquinaria del Estado centralizada que, con sus ubicuos y complicados órganos militares, burocráticos

, clericales y judiciales, estruja a la sociedad civil viva como una boa constrictor, fuera forjado primero en los días de la monarquía absoluta como un arma de la naciente sociedad moderna en su lucha de emancipación del feudalismo. Los privilegios señoriales de los señores, ciudades y clero medievales fueron transformados en los atributos de un poder estatal unitario, desplazando a los dignatarios feudales por funcionarios asalariados del Estado, transfiriendo las armas de los guardas medievales de los señores de la tierra y las corporaciones de ciudadanos de la urbe a un ejército permanente, sustituyendo la cuadriculada (con colores de partido) anarquía de los poderes medievales contrapuestos por el plan regulado de un poder estatal, con una división sistemática y jerárquica de trabajo. (...) Esta parasitosa <excrecencia sobre> la sociedad civil, pretendiendo ser su contraparte ideal, creció hasta su pleno desarrollo bajo el poder del primer Bonaparte. (...) En su lucha contra la Revolución de 1848, la República parlamentaria de Francia y los gobiernos de toda la Europa continental, fueron obligados a fortalecer, con sus medidas de represión contra el movimiento popular, los medios de acción y la centralización de ese poder gubernamental. De este modo, todas las revoluciones sólo perfeccionaban la maquinaria del Estado, en lugar de arrojar fuera esta carga mortificadora. Las fracciones y partidos de las clases dominantes que alternativamente luchaban por la supremacía, consideraron la ocupación y la dirección de esta inmensa maquinaria de gobierno como el botín principal del vencedor. Ésta se centró en la creación de inmensos ejércitos permanentes, una hueste de sabandijas del Estado, y enormes deudas nacionales. Durante la época de la monarquía absoluta, era un instrumento de la lucha de la sociedad moderna contra el feudalismo, coronada por la Revolución francesa, y bajo el primer Bonaparte sirvió no sólo para subyugar la Revolución y aniquilar todas las libertades populares; era un instrumento de la Revolución francesa para golpear en el extranjero, para crear para Francia en el Continente, en lugar de monarquías feudales, Estados más o menos siguiendo la imagen de Francia. Bajo la Restauración y la Monarquía de julio se convirtió no sólo en medio de la violenta dominación de clase de la clase media, mas en medio de agregar a la explotación económica directa una segunda explotación del pueblo, asegurando a sus familias [es decir, a las de la clase media] todos los emplazamientos ricos de la casa del Estado (State household). Por último, durante la época de la lucha revolucionaria de 1848, sirvió como medio de la aniquilación de esa Revolución y de todas las aspiraciones a la emancipación de las masas populares. Pero el Estado parásito recibió sólo su último desarrollo durante el Segundo Imperio. El poder gubernamental, con su ejército permanente, su burocracia que todo lo dirige, su clero embobecedor (stultifying) y su servil jerarquía judicial, se habían hecho tan independientes de la sociedad misma que un aventurero grotescamente mediocre, con una hambrienta banda de bandidos detrás suya, bastaba para manejarlo.»