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Los ferrocarriles Un poco menos de la mitad del total de la red ferrocarrilera nacional actual fue construida en el primer cuarto

de siglo. La tasa anual de crecimiento alcanzada durante este período (6%) nunca más fue igualada y Bolivia llegó a ocupar el sexto lugar en Sud América, en Kilómetros de ferrocarril construidos, superando a Colombia, a Venezuela y al Ecuador. Par entender el auge ferrocarrilero de principios de siglo es fundamental comprender que la construcción de vías férreas era necesaria para la supervivencia política de liberales y republicanos. Para el criterio de la época, los ferrocarriles tenían una aureola de modernidad y desarrollo que los y hacia imprescindibles en todo programa de gobierno. Ante la necesidad política y económica de construir ferrocarriles, no debe sorprendernos que absorbieran aproximadamente el 40% ($us 29 millones) de la deuda externa contraída por Bolivia entre 1900 y 1930 la cual ascendía a $us 72 millones. Los ferrocarriles se financiaron también con las indemnizaciones recibidas luego de las guerras del Pacífico y del Acre. Producto del Tratado de Petrópolis (1903), el país recibió £ 2 millones, que constituyeron la base de los recursos utilizados por la Bolivian Railway (formada en 1906) para construir las principales vías férreas. Asimismo, por el Tratado de Paz con Chile en 1904, el gobierno chileno se comprometió a financiar el ferrocarril Arica-La Paz concluido en 1913. También hubo capitales privados que invirtieron en líneas férreas. En base a todas estas fuentes, se estima que del flujo total de capitales extranjeros que ingresaron al país entre 1900 y 1930, que sumaron $us 182 millones, las inversiones en ferrocarriles absorbieron $us 73,4 millones (40%) constituyéndose en el principal rubro de inversión, seguido por la industria minera, con $us 48.8 millones (27%). Este financiamiento estaba compuesto por capitales británicos, estadounidenses y franceses. Para 1925, más del 50% de las líneas en explotación habían sido tendidas con capitales británicos. El estaño y la plata El continuo crecimiento de la minería estannífera acrecentó su importancia en la economía nacional. El valor de las exportaciones de estaño se incremento de un 40% del valor total de las exportaciones en 1900 a un 60% en 1905, nivel en el cual se mantuvieron hasta la década del veinte cuando llegaron a su nivel más alto superando el 70% del valor total de las exportaciones. Los impuestos que la minería pagaba al gobierno han sido siempre la principal medida para cuantificar la contribución de la minería a la economía. Sin embargo, no debe perderse de vista que la actividad minera tuvo un gran impacto regional al crear una demanda por insumos nacionales (estimulando la industria manufacturera y la agricultura) y por insumos importados que, al ser introducidos al país, pagaban impuestos de importación y creaban riqueza en los sectores importadores. Resta todavía estudiar el impacto de la minería en el entorno rural como factor de expansión de la hacienda y monetización el campesinado. La minería estañífera no fue el gran impulsor del desarrollo boliviano que pudo haber sido. El porqué de esta realidad rebasa el propósito de este trabajo; pero, tres de las principales causas fueron: (i)la incapacidad gubernamental de extraer mayores impuestos a la minería –particularmente en las primeras décadas de auge-, (ii) el inadecuado uso que se dio a esto ingresos (Presupuesto Militar e infraestructura no productiva) y (iii) el que las principales empresas mineras, que lograron grandes utilidades, no hubieran invertido en el país. El clásico indicador par cuantificar la contribución de la minería ha sido el porcentaje del valor total de las exportaciones mineras que representa el monto global que pagaban las empresas mientras por concepto de impuestos de exportación. Este porcentaje incrementó de un promedio decenal de 2,7% en la primera década a 4% en la segunda, llegando a 9,2% en los años veinte. Sin embargo, de un análisis más detallado de las principales empresas mineras se desprende que, si bien en 1925 este porcentaje ascendía a 9,1% en promedio, si consideramos la relación entre los impuestos pagados y las utilidades de las empresas, en promedio este porcentaje ascendía al 17,7%. Asimismo, el valor de los impuestos de exportación pagados por la producción estañífera como porcentaje del total de ingresos fiscales incrementaron de un promedio del 6% para el quinquenio 1901-1904 a un 22% para el quinquenio 1916 -1920. Hasta principios de la década del veinte el principal impuesto a la minería era el de la exportación, con una escala móvil en función al precio de la cotización internacional. En 1920, el gobierno, ante dificultades financieras, introdujo el primer impuesto a las utilidades. Pero no fue sino hasta 1923 que, para poder cubrir las obligaciones financieras del empréstito “Nicolaus”, contraído en 1922 para

refinanciar la deuda pública, el gobierno de Bautista Saavedra (1921 - 1925) introdujo un nuevo impuesto sobre utilidades que establecía claramente los montos que se podía deducir para determinar la utilidad; fueron la introducción de esta ley y la existencia de un ente idóneo ara su recolección (la Comisión Fiscal Permanente, creada para fiscalizar el empréstito de 1922), los que aumentaron significativamente la tributación de la minería (el porcentaje del impuesto total –de exportación y de utilidades- en relación al valor de la exportación duplico: de 7,4% en 1923 a 15,6% en 1924) . De acuerdo a Gomez-D’Angelo, esta década se distingue de las demás precisamente porque en ella fue mayor la capacidad del sistema tributario de extraer una porción mayor de cualquier incremento en el valor de la producción. Sin embargo, a partir de la década del veinte la importancia relativa de los impuestos de exportación del estaño sobre el total de ingresos disminuyó paulatinamente, en la medida a que el impuesto a las utilidades (década del 20) y el control de divisas (década del treinta en adelante) serían las nuevas medidas gubernamentales para obtener recursos de la minería estanífera.

Propuesta educativa de la época liberal
En estos cien años de la creación de la primera escuela normal, se hace preciso analizar desde la historia y la pedagogía, la formación docente que ha transitado desde la formación inicial, el perfeccionamiento, la capacitación, la formación permanente y la actualización docente. Permiten comprender los postulados de los lineamientos pedagógicos que se han ido aplicando en las escuelas normales. Como los postulados de inicio y consolidación de la formación docente se establecen en la reforma educativa liberal (1900-1920), con sus aportes pedagógicos, mediante la aplicación de políticas educativas dirigidas a la formación de maestros en Escuelas Normales Extranjeras, los reglamentos de ejercicio docente, marcan los inicios que se consolidan con la creación de la ‚Escuela Normal de Profesores y Preceptores de la república‛ (1909), el establecimiento de otras escuelas, como el Instituto Normal Superior, las Escuelas Normales Rurales y los cursos normales de Educación Física. Se ven fortalecidos con el registro de maestros en la ‚Matricula Nacional de profesores y preceptores de la república.‛ Acontecimientos que hacen evidenciar el papel fundamental que juegan los maestros en el sistema educativo, la aplicación de reformas educativas. Especialmente desde la formación inicial y permanente que se otorgan en los institutos normales que han buscado consolidar la sublime labor de los maestros en la praxis pedagógica (aulas, escuelas y colegios).