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Jinkis, Jorge ( 1993): Mujeres, decir la muerte.

En Lo que el psicoanálisis nos enseña.
Bs.As. , Argentina: Lugar
Muj eres, decir la muerte·
"Abrumamos al abismo con preguntas. Nada más. "
Víctor Hugo
"El hombre que no medit a vive en la ceguedad, el hombre cue medí·
ta vive en la oscuridad. Ño pod; mOséScoger sino entre lo negro ... " Menos
romántico que Hugoí , Lacan dice _no podemos sino escoger :ntre locu·
ra y clebWdad mentaJ2. Pero ¿no se trata de un solo y mismo ve:? En ton· J
ces no podemos elegir. El psicoanálisis. se desenvuelve sobre el borde impo·
siblc de una superfi cie que por el lado de la clínica refleja la cara oscura del
pensurnícnto, y por su lado "teórico" muestra la cara ciega de las letras.
Si l10mbres, entonces no podemos sino escoger, al menos en la lengua cas·
• Título no elegido. result ó más bien una interpelación q ue dio lugar a tres ch;,rlas
en In Escuela Freudiana de la Argentina. Aquí presentamos la primera dln,
(17{10{79). corregida en su redacción y con el agregado de las La< o1ras
dos cs1uvicron a cargo de Anabel $alafia y Germán García.
No habría que reducir las jistancias. pero tampoco acentuarlas. Ha) un fuc¡:o
del Hiows Jrrationalis que 1ambién consume a Lacan. Amante de   y de
las formas, puede interpelarlas con el lenguaje del alma románt ica·: "Votrc to·
rrent n'est pas plus dense que mon reve". Es que la interrogación rorrántica tic·
ne el mérito de sostener la pregunta quemante por la causa. Así: dt un modo
que sería excesivo llamar lacaniano, Víctor Hugo habla de la verdad: "F.n cuan·
to a las respuestas, están ahí, pero mezcladas con la sombra. Los enorme< con·
tornos de la verdad parecen mostrarse un instante, y luego vuelven a lo ab!<Oiu·
LO y en él se pierden".
Si hay una imposibilidad de "elegir" la locura. la debilidad mental es ll locura de
la razón cuando cree elegir. Pero elegir ante la ¡;,posibilidad de elegir una pnmc-
ra vez es, en una vertiente :al vez más optimista, la intuición de Milton que (\O·
bierna su Areo{Xlgita: Rearson is but chossing".
141
tellana. Pero psicoanálisis reside en poder no elegir entre lo único que se
puede escoger. La ft.losofía y la lógica son los límites del psicoanálisis, pe·
ro nada más difícil que no traspasar estos límites cuando se trata de la
transmisión de la clínica psicoanalítica. .
Se conocen las vacilaciones de la moral médica en cuanto a decir lo
que se sabe. Esas vacilacioneS.10 dejan de estar presentes en la práctica del
psicoanálisis, esto es, que se puede llegar a creer que se sabe lo que se sabe,
y entonces hasta decidir ocultarlo o deformarlo. ¿No escribe Freud "el tío
de la paciente" cuándo sabe que es el padre? Pero no nos apresuremos a re-
conocer en esta discreción alguna censura Pues ¿quién ha pO·
dido sacar provecho desde que Freud suministró ese dato más "exacto"?
Freud pide discreción ... pero discreción con lo que se sabe. ¿No hay un
cierto regocijo obsceno
3
en esas _exposiciones de casos abrumadas por lo
que allí se expone de más particular? Y en el mejor de los casos, ¿no es el
11 recurso a la fenomenología una lógica de amparo para la falta de lógica?
Para decirlo brevemente, la regla analítica del amor a la verdad no es el
asiento de ninguna fllosofía. Significa sencillamente que no se puede de-
jar de decir lo que se igHora y que "indiscreción" _esTaexigencia pri·
mera de la transmisión de la clínica
4
.
Decir la ignorancia no es la oport unidad de confesar alguna impoten-
cia del practicante, ni la práctica del autoanálisis. Consiste en permitir que
un discurso alcance ese punto imposible.en el que la lógica llega a escribir·
se en el cuerpo del texto. Este clivaje del texto deja aparecer lo que lla-
mo ignorancia y que el discurso presenta como novedad irreductible al
cuerpo. Esta es la primera consecuencia del acto analítico que los analistas
3
4
14:!
Obscenidad : Jo que se agrega de efecto imaginario al efecto de discurso. (J. J,
La can, "L'étourdit", en Scilicet NO 4, París, Seuil).
Comentando un trabajo de Pfister, Freud escribe al pastor: "Creo que el análisis
(se trata de "Analytische Untersuchung über die Psychologie des Hasses und dcr
Versühung") peca de la calamidad hereditaria de la virtud; es la obra de un hom·
bre demasiado correcto que se siente por lo tanto obligado también a la discre·
ción ... La discreción no se concilia, por lo tanto, con la exposición de un psicoa·
nálisis; se necesita volverse un mal sujeto, transformarse, renunciar. comportarse
como un artista que compra pinturas con el dinero para gastos de su mujer, o
llUC hace fuego con los muebles para que no sien tu frío su modelo. Sin un poco
de esa calidad de malhechor no se obtiene un resultado correcto". (Freud /.
Pfistcr: Correspondencia, pp. 35/6, F.C.E.).
t
l
no soportan: léanse los infom1cs de análisis y se comprobará que hasta los
"fracasos" sirven para verificar la teoría, pongamos, del actmg out. . .
' Este texto pretende el ejercicio de lo que se puede
de la clínica psicoanalítica cuando se elige !lo hacer el relato d_e una se·
· sión
0
el relato de un análisis. .
Pero entonces, ¿cómo alcanzar ese límite que llan:amos nuestra ¡gno·
rancia, y detenemos allí, entre la angustia y la sm nues·
tro desconocimiento? ¿y no es pretensión convertl! tex·
to en sujeto de empresa semejante? ¿Pero hay semeJante en tamana em·
presa? ¿No bordeamos aquí el otro lado de la debilidad mental? .
Esa empresa no puede ser colect iva; en ese Jugar no hay smo
ra un cuerpo que a su vez arriesga límites. Hay u_na. ex¡genc_1a Ull·
puesta por la transmisión de la clínica, de bordear ese hm1te.
que tal vez no se puede comprender, puede, de derecho,
pero en ese límite se arriesga convertir el propio cuerpo en cuerpo de esa
escritura. Es lo que se llama locura.
El psicoanálisis ha revelado que el conocimiento Y el
corresponde, se construyen sobre el fondo de .una  
para siempre sobre el deseo. Este descub.rumen.t.o del el
inconsciente, pudo ser definido corno una dtsyuncton entre sabe¡ Y
-y digo locuñl en la vaga imprecisión del ténnino y en .'.oda su. poltvalen·
cia empírica: inclÜyendo la exclusión de aquella noc1on estncta de m·
consciente. .
Freud también supo de ese horror fascinado que desptt:r_!_an lo.s loco.s
desde el nacimiento del hombre. Pero definir la locura como _la

bilidad de aquella disyunción, ¿no es convertir alloco en el mas .sabw.de
Jos sabios? Pregunta en más de un sentido pcrtlllente ... Pues ah01a no
tan sólo los poetns, los pintores, quienes se vuelven locos: son los ctentt ·
ficos. y esos sistemas morales que algunos cien! íncos levantan en las pos·
· · d ·da ·no se parecen acaso exageradamente a las restt\U·
trunenas e su v1 , , .
cioncs psicóticas'l Estas reapariciones tardías del Filósofo en la pra\:11\:a
científica tienen el valor de una verdadera enseñanza: art1culan un deseo
como única defensa de un sujeto que fue muy lejos en el goce de es·
critura de una ciencia
5

M 1 bes Po
drían dtarse. Pero q uiero dctencrn1e en un ejemplo del <1"'"
uc tos nom r f . d 1 locun ha>·
está ausente toda espectacularidad, desde la pantalla ascutantc e a • ·
143
r
. Entonces, es una misma pregunta sostenida tal vez con el mismo rigor.
_¿Como alcanzar· el máximo de nuestra libertad ... sin perderla?6. No hubo
que esperar al psicoanálisis para saber que el hombre está enfermo de su
humanidad. Pero la llegada del psicoanálisis permitió convertir este saber
en una fonna de conocimiento que revela la impostura intrínseca a todo
intento de curar al hombre de esta pregunta. ·
Cuando se recuerda el origen médico del psicoanálisis, habría que acla-
que no se de determinación real. Freud dice que el psicoanáli-
Sis de la md¡gencJa médica. Entonces, si se recuerda ese origen porque
se esta po.r la cura, se estaría mejor advirtiendo que
su ongen lo que determina el discurso analítico, sino un límite siem-
pre actual de ese discurso que llamarnos locura. ·
- C:l de la medicina logra un aumento de! promedio de viu::, pe-
ro no aleJa la muerte como límite de la medicina. Ese límite es segu-
144
Interrogación acucian te, que algunas circunstancias pueden volver más real de lo
que parece. Bastaría leer "On a forgo ttcn kind of writing", de Leo Strauss apa·
rcctdo en Chicago Review, 8.1.1954. Inh¡tllablc, ha y una e.xcelcnt'Ci'faducci,ón al
de Nicolas Ruwet en Poétique NO 38, SeuiJ, 1979 (Cfr. en la revista
Sato NO l, Buenos Aires, 1981, entre l íneas un arte olvidado" nota
1982). . • . •
ta cautivante de la defensa de alguna causa perdida. Se trata de un pe·
queno, mstgntficantc accidente en un te.xto, árido en su rigor t écnico y
en el desphcguc de audacia teórica. l'or atiadidura, que su autor sea Benvenis·
te. un lingiiista en muchos sen tidos anticipatorio y sensible al discurso analítico,
nos ahorra una demostración que necesitaría el espacio de otra oportunidad. En
los. "Fundamentos sintácticos de la composición nominal" (Problemas de ¡¡
11

lfUtSttca   11, PI'· 147/163, XX!), y en el lugar de! texto que preludia
el p.aso dectstvo de su dcmostracion. esto cs. que una cla5e de compuesto norni-
una doble de cualidad y de atribudón, Jo que le permití·
ra dcfinu la estructura smtacuca que emerge en la zona nominal e
11
••• 1 .
1 1
• · • ese ugar.
de .la demostración se toma un respiro. Surge entonces. de un modo
mutll; un tangencial a una dcnommación: "compuesto
para dccu ·cuyo centro C'.Je fuera del compuesto', lo cual riene el
de recur.rir a una geometría azarosa .. . (¿cómo va a estar el centro
un ObJeto do: .:l?l". Pero no es que Bcnvcniste proteja a Euclides del es·
candaJo: coloca entre parentésis el deseo, resistencia contra el goce de una escri·
el que no h.ay sujeto. No hablo del contenido del paréntesis, hablo del
p.arcmests como respuo, la tido, temblor de un texto vedado por la letra de la
ctencta.
¡:
1
1}
rarnente condición de su posibilidad. El "genio creador", la "inspiración"
u otros nombres, son nombres de un Íúnjte lo que llamamos arte .. Y
locura es el nombre que tenemos para el límite del discurso psicoanalí·
tico. En este sentido se puede decir que no hay analista que no esté con·
cemido por la locura: aunque la a curar las enfermedades
"mentales" habrá locura como límite del
El prestigio de la muerte
Sería posible mostrar que Freud deja de considerar a la mujer como
enigma, no precisamente cuando lo resuelve, sino cuando d<!ja de buscar
Jo que ella esconde. Este "esconder" será entonces el signo por el que de-
finirá su ser. De un extremo a otro de este arco, una concc.ptuali.zación
que se sostiene desde una interrogación siempre abierta sobre las funcio-
nes, el valor, los límites de la noción de trausferencia. Por otra parte, y
esto no sería menos posibie de señalar, lo que el an:ílisis de mujeres le
revela, es lo que podría llamarse la constitución melancólica del suje;
to humano. Pero ¿no hay aquí un desplazamiento del enigma? Y, ¿que
significa la frecuente sustitución que hace la li teratura psicoanulítica
entre castración y muerte? Cuando Lacan habla de esa profunda Vcr-
werfung de la mujer, ¿no reintroduce el enigma por el abismo del goce?
En todo caso, cuando la mujer histérica de Freud dejó de ser impenetra·
ble, y Freud no deja de recordar que fue penetrada por en po-
sición de madre?, se ingresa en el universo mortífero de la civilización
premicénica. Allí, la locura, la locur3 de las mujeres, deja adivinar LOO la-
'LO íntimo -en todo el equívoco del término- entre las mujeres y la
muerte
8
.
1 Cfr. Freud, S., "Sobre la sex"llalidad femenina", O. C. Tomo Vlll. 1'· 3078. M:o·
d! id, Biblioteca t-.'beva.
8 ( Esta aftrmación, que no podré demostrar en el alcance estricto que esta palnl>r:t
tiene en lógica, para cuidarla, para seguir sosteniéndola, la coloco baJO la
ción de la consigna freudiana que dice que hay que ser prudente con lo que
ignora, pero no hay que dejar de dectr lo que uno sospecha. (Carta a )ung del .1
de abril de 1907, en Freud/Jung. Correspondencia,
145
Pero ¿cómo hacer el gesto pedantesco 'de ·hablar de la muerte sin ·
que se denuncie, no la pedantería, que s.ólo sería mía, sino la imp¿stu-
ra? Y eso ya concierne al psicoanálisis. Hablar de la muerte parece imponer
palabras que deben encontrar ocasión propicia y contar con lugar adecua-
do. Como para no hablar ...
. Hablar de la muerte era más fácil el cementerio medieval. Philippe
Anes
9
n · f, -- --
. os lfl orma que el cementerio medieval no era sólo el lugar en el
que se enterraba, sino donde se había dejado de enterrar incluso donde
nuaca.se enterrado. Hubo épocas en las tuvo del forum;
despues s1glo V Y hasta casi el XVII, el cementerio era Üna plaza pública y
reservado a los muertos. Doble función que se explica por el
pnvileg10 del derecho de asilo; el ejercicio de los poderes laicos se detenía
ante el muro de la iglesia y de su at rium. En el interior de estos muros,los
VIvos como los muertos, en la paz de Dios. quería de-
Cir. as1, asilo alrededor de la iglesia. Y en la vecindad de las grandes fosas
esperando que fueran llenadas, los habitantes de la comuna po-
d¡an_ encontrarse en esta singular plaza pública, no sólo para sus -asuntos
espmtuales; tan1bién para sus juegos y amores. -
. actitud ante la muerte está más cerca de la más antigua repug-
nanc¡a hacJa los muer tos, cuando los cadáveres se depositaban lejos de las
cmdades, protegerse de su profanación. Más tarde, en la Edad Media,
fue al reves: se enterraba cerca de la iglesia para evitar que los cadáveres
fueran . profanados. Pero _ese cementerio, casi inimaginable para nosotros,
era solidano de una relac1ón cercana, familiar y a la vez insensibilizada con
la muerte. Tal vez resignación, pero una resignación hecha de indiferencia.
Entre nosotros, se evita hablar, pensar en la muerte. No es que antes
se pensara: no se pensaba pero por demasiado cercana y porque formaba
parte Integrante de la vida cotidiana. En aquella época, la muerte no era
ante un sin recuerdo, no había vértigo y la angustia exis·
tenc¡aJ no se hab1a mventado. Nuestra idea es que no se en
la muerte, Y que es ella la que nos hace pensar. Pero ·a qué se debe que la
muerte se haya convertido en ese hecho salvaje, qu/queremos tan ajeno
a nuestra v1da?
9
146
Cfr. L 'homm; lo_ mort, Parh, Seuil, 1977. De este libro obtengo los da·
tos. serta ndtculo JUZgarlo por ello. Hay que leerlo para apreciar que la in·
tchgencm <'On la que está escrito va a la par de la erudición q ue despliega.
· Todo el_prestigio moderno de la muerte no se halla ya en su carácter
inevitable, reside en que se ha vuelto Y aunque son múltiples
las determinaciones históricas y culturales que han podido producir esta
transformación, habría que nombrar la erotización de los "cuidados" que
se organizan en forma creciente sobre los efectos de todas las formas de
la segregación - Y esto es el sadismo-, y muy especiahnente,la promoción
histórica del yo.
El prestigio de la muerte entre nosotros se fundamenta en esta pro-
moción del yo, en la improbable singularidad de un destino que se desvane-
ce y en la angustia. Ese prestigio de la muerte reside en la angustia definí·
46 por la espera, o mejor, como el tiempo de espera de ese acto absoluto
que llamamos muerte._ El temor a la muerte, pero también como se dice
a la separación, al abandono, _!10 es sino un efecto de ese corte. Pero ese
efecto es causa del prestigio de la muerte, pues el evitamiento, la fuga,
el retraso, la demora nci hacen sino précipitar lo que algunos han queri·
do llamar el encuentro, la cita con la muerte.
Pero, ¿se puede querer la muerte"> ¿Encaminarse hacia ella? ¿Ha·
bría una muerte que seria acuerdo, obediencia perfecta a la hostilidad
ele! ser? Esta pasión,la encuentro en las mujeres.
Tricbcntanlschu ng
(!
Cuando Freud se pregunta si no habrá más teoría en el delirio de
¡ciueber que delirio en su teoría, no hace un elogio romántico de la
locura: plantea la afirmación fuerte de que es inwosible reconocer
. a diferencia en el examen de los respectivo_s cnunciados
10
• Pero al
cerse la pregunta también afirma la diferenc1a por la que nos pregunta·
bamos, entre el sabio y el loco. no puede hacerse cargo con una
convicción absoluta de lo que dice. el sabio no saber. La
locura es ese saber absoluto, no un saber imaginario, errado; ni siquie·
ra hay un saber loco. Lo que es loco es el valor absoluto de ese saber.
10 En una 1 inca por completo diferente y teóricamente no complementaria. un a u·
tor alcanza conclusiones que no compartimos en un estudio de cnuncJados  
cÓlicos". ltcno de observaciones pertinentes, que contrasta con la mediocridad
de las descripciones emprendidas por psicoanalistas. Cfr. T. Todorov. "Le d is-
cours psychotlt¡ue". en Les genrcsdu discours. París, Scuil,
147
Pero esto no significa sino que para saber algo de la locura tendría-
mos que estudiar mejor -las. relaciones entre y counciad.Q._
Esto es.' nuestra afirmac16n anterior de que la locura se define por
e:':clus10n de S2, no implica la imposibilidad de distinguir la enun-
CJacton del enunciado. También para la locura podríamos escribir :
pero habría que mostrar la naruraleza de la barra que tacha al sujeto
  automatismo toma el lugar de la repeticióñ de la demanda:
Haora. que partirA_Ja demanda, y espero poder mostrar que
una aproX1mac10n a la loc\Jia"1e beneficia al apoyarse en una rcOcxión
Deberemos recordar algunos desarroUos. Se sabe
que todo el edificio lógico del discurso de Lacan parte del reconocimien-
to de esa dependencia original del sujeto de la estructura del significante.
estructura es . la que no se hace cargo de la -particulalidad de la nece-
Sidad, perdtda que subsiste como lo incondicional de la deman-
da: del Otro. El sujeto se constituye en el Otro,
los del Otro, y cua.nto más habla su lenguaje, menos sa-
- lo que O D. El lnc. freudiano es el corte en acto entre el sujeto
_ Y el Otro defirudo como el dominio en el que la palabra se afrrma como
verdad JI.
. Per o la definición lacaniana de la demanda implica afirmar que el su-
est á por la del lugar del Otro. Así, la enuncia-
cwn forma de la demanda de lo que al otro le falta, esto es, que
la conduce a enunciados de los que está sustraído el sujeto de
pero esos enunciados justamente marcados por las
operac1ones de sustracción. Pero defini1 al sujeto por Ja estructura de
la obliga a una afirmación casi paradójica: cuanto más demanda
¿Por_ esa escritura de la fórmula, si la misma
afirma una conJuncJOn de '!:!!J2licaci6n recíproca entre los dos dominios?
Pa.ra responder, se hace introducir la pulsión; el sujeto c onsti-
tUido s1gmficante define la pulsión corno efecto de es-
tructura. No es que ha'ua u · r -- -
.r n su¡e o que se sexual!za en el encuentro con
la pulsión; la P!:fsión se hace sexual cua'!._do al sujeto definido
1 1
Lacan, J., "Posilion de L'lnconscicnt", en Ecrits, p. 839, J>arís, Seuil, 1966.
148
,,
' .
1
1
___p_or esta estroc!!!!:._a de lq_cj_emanda
1
'l. Se sabe que Lacan ha desmontado
la estructura de la pulsión alrededor de la función del objeto,
J_eto en el plano de la pulsión no es sino un vacío que la pulsión rodea.
Lo que Freud llamaba el carácter constante de la pulsión se motiva en la
imposibilidad de atrapar ese vacío que la pulsión rodea;
oonsiste, y es toda su consistencia,eñla pérdida de un objeto caído del
ese objeto es Jo único que resta, que es resÜ)de lo íjüe S!_ha
--¡iOd.ido la al Otro. Pero de este resto hay huell:,
hay sí significante como testimonio de ese resto. Las llamadas zonas ero·
gcnas, agujeros y partes perdidas qué derivan del cuerpo vienen a cubrir,
a doblarese agujerOde la relación con el Otro.
As( aquí se anudan la y la pulsión. Salvo en la locura J3.
Reiteremos: la estructura de la demanda explica la pulsión como efecto
de esa estructura, pero ese efecto definido como elrodeo del lugar
del objeto, explica la reiteración de la de"manda. _§!_sujeto del psicoanáli-
sis es este anudamiento de los agujeros del cuerpo a agujeros del sig-
- nificante, sujeto al azar sÍgnificante- dc los traumatismos que hacen su
'ñístorla particular y de los significantes traumáticos en los que se inscri·
be, sin él, su destino universal.
Pero este anudamiento es lo que se encuentra desa"'udado en las neu-
rosis narcisistas
14
. Deberemos pues volver a interrogarnos sobre el estatu-
to del objeto y partir nuevamente de la demanda.
11 Osear Massotta y Orlando Gimeno-Crendi, en $U traducción de Rodio[oiiÍo &
Televisión (Edit. Anug¡ama, 1977), se preguntan en una nota:
propia del lenguaje es homóloga o idéntica a la del sexo?" (p. 118). Hemos re-
cogido esta pregunta para optar por la primera alternativa, pues si bien es obvio
que Lacan avanza comentando una Spolmng en los términos de la otra, nos pa-
rece que la que se refiere al t iene un estatuto lógico primero.
u Nuestro desarrollo, qur paso a paso el de Lacan, nos parece la única con-
ceptualización de un término freudinno que parece habe1 sido abandonado en el
desván las cosas viejas: !!fischur.g/Entmischur'L. En castellano, lengua a la que
no se los ha traducido pues se ut ilizan los ingleses "fusi6n/dP.fusión", se hacen
cada vez más infrecuentes referencias a alguna vaga y oscura mezcla instintiva .
en las el r'eeurso a "lo siempre implica alusión a al¡:üña
proporción de esa mezcla.
8 Digo     para: 1 O). la de_satención freudiana por )3
psicopatologta ps.qu1atnca de su epoca (unpresJOna la ausencJa de referenciaS o
149
La mística i.Qglesa
Amor de transferencia es un texto que parece proceder de algunos
análisis de liTstérico.IAUí Freüd habla de Ja' abstinencia=---abste nerse,
no digamos de satisfacer el amor de una mujer, sino de querer amansado
con subrogados, esto es, de comprender tmto como para ilusionarnos
(he aquí nuestro amor) con la posibilidad de que también ella comprend;yl
"Las relaciones amorosas (y cualquier forma de comprensión es para-
digma) ponen, en efecto, un término a toca posibilidad de influjo por
medio del tratamiento analítico. La reunión de ambas cosas es algo im·
posible"
15
• El sent ido pri!llero y principal ce la regla de abstinencia es,
para Freud, el principio de que es necesario dejar subsistir el de-
seo". Así, Freud reconoce ' la incondicional de la de;;,nndo,
aunque la lengua alemana sólo le ofrezca el WLinsch 16.
C Por o tra parte, cuando en los primeros gráficos del deseo se distingue
la sugestién de la transferencia, La can sitúa al deseo del analista (y no al
analista amado) por la función que d.eja subsistir la diferencia entre deman-
Y desee . De allí deriva lo que alcanzó el valor de una consigna: no res-
_ _ponder a la demanda. Pero tanto la idea de Lacan como la de F;;;ud, se
ha como la demanda. La noción dc'frustración ])a
prevalcc1do durante largos años en la práctica anal ítica, y aunque hoy algo
desacreditada, sigue vigente en dicha práctica. Pero si nos referimos a ella
es en A campo de lo que se da en llamar el trl!_tamiento de la psi-
-cos1s, su m:portancia es mayor y _sus efectos más .
15
16
150
Frcud, S .. "Amor de en O. C., tomo V. p. 1693.
Cfr. Lacan, J .. Apertura de In sección clínica. Owdcmos de Psicoanálisis, A1io X.
N° l , Buenos 1\ ires. Altazor. 1980.
la brevedad de las mi.lmas a KJaepelin, Bleulcr, Janct, y seguramente Junl! es el
psiquiatra mas citado); 20) porque de esta forma no se aceptan términos que
son ex tenores al campo de operaciones en el qu! se ha construido el objeto del
psicoanáJjsis. El psicoan:ílisis puede ayudar a la psiquiatría. y la brc·
ve historia de sus relaciones muest ra a la psiqu.iatría tomando nombres de Jos
conceptos psicoanalíticos para fortalecer la Jógka de su discurso. Por últ imo,
3°). esta denominación plantea una exigencia explicativa a la teoría del
mo para esclarecer este campo. Espero que este trabajo esa necesidad.
La teoría de la .fP¡&tnci ¡2(!}
7
es una interpretación de la regla de abs·
tinencia e implica de!_ origen y  
. Resumamos, para ser rápidos, de un modo guii'lolesco. Se mduce
mero la transtfrencia: "ésa del sueño es su madre, pero en soy yo '
-p;iiilluego lñterpretarla: "soy yo, en verdad; pero en realidad es su ma·
dre". Frustrar al sujeto del objeto que de !!Landa para luego esclarecerle
ese objeto sustituye al objeto originaljPero si un objeto es el recorte lib1·
(ifnal de una cosa, si un obj eto es erótico precisamente porque es falaz en
cuanto a la falta de objeto que me constituye, y si queremos que sea la
madre el primer objeto, el primer objeto que esa A con·
trarnano de esta interpretación, la teoría de la frustrac1on poslllVIZa en el
origen un objetojLuego, y haciendo la anamnesis de oficio en los casos
-¡¡e psh:Úsis, no se encuentra ese objeto, o se encue'ntra una mala per_f'oman·
ce del mismo-:-se explica así que no haya transferencia en las psJcos¡s Y
la cura intentaráque el psicótico logre liacer una experiencia del  
Si la terapia (y los autores son casi unánin1es en evitar la palabra anális1s,
pero ·por qué insistirán con lo de inspiración analítica?) el su·
jeto acceso a la tierra prometida de un análisis.
Ideas tan banales engendran tanto poder y dominan el noventa por
ciento de las formas de terapizar la psicosis. Pero cuando el poder toca
al sabe, el efecto es más cómico que
Kyrle llega a hablar de una pulsión parental , reparatona! Otras
- Aulagnier, Mannoni, que se hicieron conocer porque alguna •¡ez
seguir a Lacan, le reprochan su de la y mch-
- nan significativamente hacia algunos autores mgleses, qu1ero dectr con
una formación inglesa; en este sentido, Melanit: Klt:in no es inglesa. P•cnso
sobre todo en Winn.icott y en su más célebre, Masud Khan.
- Este último nos relata un episodio que presenta como la culminación
del análisis de un paciente que mantiene una relación problematizada con
un amigo. Al regreso de unas vacaciones, relata al analista, que pasó la.s
mismas con su amigo, en una casa cerca de la playa. Pudo alh, con tranqUI·
17 Quien quiera conocer cómo la teoría de la frusuación puede desnaturaJiz_ar el al·
canee del psicoanátisis, cc·nsultará de Favez: "Nature ct PO!tee de la
frustration dans la t echniquc psychanalyfique" en J:. ' tre Dunod,
1976. Pero -estas cumbres que nos parecían inalcanzables tamb1cn fueron
quistadas por Masud Khan en "Fruslrer, reconnaitrc el raire daaut dans la s1tua·
tjon analytique". N. R. F. NO 17, Gallimard, 1978.
151
de espíritu, entregarse al goce del .
anvgo. Habría pues un suJ·eto . . .. a contemplación del cuerpo de su
1 t • ' capaz de asurru · 1
o ernuna, comenzaría el análisis par F re goce. Aquí, donde Khan
M· a reud
r_evelador aún es lo que nos infor .
con Wrerucott 18. Hay que leerlo pe ma       Guntrip de su análisis
la pantalla de la muerte de su he , ro ;s claro que set rata de atravesar
- una madre, mala desde los d rmano ercy. Allí nos encontramos con
brá entonces ese eda<!_ de !"fll.!!:Y· Pues bien, ha-
Todo el análisis está gobe - d ·- eno, antenor a los dos meses
. . rna o por un pro d. . - .
vert¡ente la mística: et   defme cier:ta
part¡c¡paciOn en el objeto lEs q

o,   hacia el obieto ·
d - . ue os psJcoanali t . gl --- J '
experiencia del ob· t • s as ..!E eses que se
ga esta corriente del p§!coanáli'Sis r!o    
la   _ta referencia
empmsmo conductista, behaviorist . - glesa, diferente al
_ a, norteamencano.
El amor loco
Se entiende lo que sugiero: ue u "
. ....9:' una noción de obieto y ql concepcJon de la demanda impJi.
s d - - • que as diferentes · -
de las vías gue s· - 1 noclOnes sobre el obieto
t H-- - - -- 1gue e anális' d ¡ J
agamos entonces en busca d . f -

e as neurosis narcisis-
C1 freudiana . Volvamo; a u l de arre resco, mover las aspas de la éti-
do . n ugar e su obra que di:[ · • ilm
por anahstas mujeres y que c't . JC ente es retoma-
mujeres fracasará sin en toda su extensión: "Con cierta ca-
satisfacerla l a t';ansflere . , argo_, esta tentativa de conserv-ar s'
S ' nc¡a amorosa pa 'li.z , m
on éstas las de easiones el' ra ut.t aria en la labor analítica.
tales no toleran subrogado
Estas personas nos acepJ_ar lo )o
o atraernos la hostilidad d 1 . ilema de correspQn.der_a su
e a muJer despreciada N'
· mguna de estas
18 G .
•untnp, Harry "Mon ex • .
N.R.F .• No de l'analyse avec Fairbairn et Winnicott", en
152
dos actitudes es favorable a la cura, y por tanto, habremos de retiramos
sin obtener resultado alguno y reflexionando sobreefproblema de córño
puede ser compatihleTaaPtitud para la neurosis   itldomJi.hle
necesidad de amor"
19
• -- -
Si es verdad q ue Freud hace referencia aquí a la vertiente erotómana
de la transferencia hlstérica
20
, tendríamos que, por un instante, desatender
]as estrategias del deseo para aventuramos en el delirio amoroso. Es posi·
ble aflfffiar que una estructura rustérica del deseo, en tanto fallida, es con·
dición de la erotomanía. Pero no es en Jos accidentes de esa
donde se puede da-;cuenta de la especificidad de ésta, es más bien, en el
plano del narcisismo. • -
19 Freud, S., "Amor de transferencia", en O. C. tomo V. p . 1693/4.
20 He aquí una cuestión espinosa comentada y en un punto esclarecida por Massotta
(Cfr. Cuadernos de Psicoanálisis, Año X, NO 1: "ffistoriar la f:stá la
transferencia amorosa como soporte de la pregunta histérica, lo que significa que la
- pregunta es siempre una interrogación sobre el deseo del otro. L. Carnngton en ef
--relato, de incomparable bellcz;, que hace de su ("Abajo", en Las
Moradas NO 5 y NO 6, Julio y Octubre de 1948, Lima, Perú), nos explica: "Sin
esperar que él (su médico) me preguntara a este respecto, le decía: "yo no tengo
idea fija, juego. ¿Cuándo cesará Ud. de jugar conmigo? El me miraba estupefac-
to al verme lúcida ... y reía. Yo decía entonces:' ¿Quién soy yo?' Mientras pensa·
ba: ¿quién soy yo para usted?". Por supuesto, el subrayado es de la autora. El
borde erotomaníaco de la histeria, earece Masot.!!l, menos üñ'"
el se deslizB.!_Í!! el En este sentido, Y_l!_ll_:I..Y!Sta experiencia
confirma, proria,          

erótica, e.sta segunda palabra nombra la resiste ncia t. el desli·
Ziiiñiento de ese borde de la tran$ferencia hacia la seducción.
E;ün pequeño a rtículo que no t iene desperdicio ("El papel de las confusiones
pregenitales en la erotomanía", !mago NO 5, Lr.tra Viva), Donald Meltzer llama
erotómana a una mujer ... ·que tiene un amante! Es interesante observar que
- erotomanía corre a con un totald esintef6s por el análisis, y que antes de su
aparición el análisiS transcurría "norm"'iiímente" a pe sar "de una transferencia in·
tensamente erótica": Dejemos ahora la gazmoñería psicoanalítica que con admi-
rable desparpajo conliesa Meltzer como "incertidumbre ética del analista", y
"escuchemos" a Herbert Rosenfeld investigando la necesidad del acting out en
sus pacientes: "Era evidente que trataba de desvalorizanne, pues temía llegar a
sentirse muy abrumada por los celos y la envidia si aceptaba la importancia que
yo tenía para ella" ... "Poco a poco algunas de mis interpretaciones lograron im·
presionarla" ... "tras unas semanas de análisis en la fase aguda, confesó que esta·
ba locament e enamorada de mí, y que yo era el único hombre con quien quería.
153
La fenomenología clinica
21
encuentra un realismo de la sexualidad
se dic<:_reaJismo- en literat ura; la falta de
algún la sexualidad
22
• Es distancia insalvable respec-
to dua histeria. Si la "belle indifférence" puede, por desatención inadver-
tida, "olvidar" detalles y construir una hist oria agujereada pero de relieves
claros y distintos, esos huecos sitúan al relato en una perspectiva subjeti-
vista y lo _abren sobre otro tiempo. Así, la tranquilidad de alma con la que
habla la facilitada porque la estructura dramát ica de su re-
hace cargo de una desesperación de su espíritu. Nada de
esto hallamos en en la que ·el relato sitúa la tranquila, aun-
que no siempre pacífica, de las cosas, _según su propia naturaleza,
l!!em2re e!!_Pr.i!!_ler plano y en unpresente eterno. -
  un- rasg? erotómano; proviene de la es-
histérica, pero en la erotomanía esa perfecCion está fundada
eñ precariedad específica del ñalcisismo . .Pues aquellos agujeros que
provienen del cuerpo y que, decíamos, vienen a cubrir los agujeros signifi-
cantes, no parecen tener esa función de recubrimiento de la falta, soporte
de la sin1bolización. Es conocida la bse de Lacan: "dar lo que no se tie-
ne, es el amor" . Pero Freud dice: "es un loco el que da más de lo que tie-
"23 La t ' .
ne . _,«:ro_oman¡a _!lO amor, o meJor, .!:_S U_!! am.2r loco pues da lo
_9..ue no se tiene, pero lo que no se tiene es esa estructura del amor defini-
".dar Jo que no se tiene". -- -
21
23
154
El mejor trabajo que hemos hallado en esta vertiente, es el ya clásico deJ'rancois
Perrier: ''De l'érotomanic", en Le désir ct la perversion, París, Seuil,
sión castellana óeRoberto BixiO,Buenos Aires, Sudamericana, 1968).
·zar la fantasía del hombre. Tal de allí,
autores clásicos han postulado la exigencia p atorusmo. Pero Cié·
rambault demuestra la no pertinencia de este rasgo en la erotomanía. (Cfr.
Bulletin de la Socielé Qinique de Médecine Menta/e, Febrero y Junio de 1921 ).
En Freud 1 Jung, Correspondencia, Madrid, Taurus, 1979. p. 77.
casarse" ... "Pero fue a mí a quien trató de matar cuando acercándose muy se-
ductora, trató de estrangularme" .. . "Sus deseos de matarme -celos y frustración
porque yo me negaba a casarme con ella .. . ". Se entiende que haya buscado inú-
tilmente alguna sobre erotomanía en la literatura psicoanalítica, pe-
ro no dejan de encontrarse numerosos montados sobre un delirio de auto-
rreferencia:-
24 Freud, S., "Caso Schreber", en O. C. orno IV, p. 1518.
,., d s •·¡ delirio y los suetios en lo "Cradilw" de 11!. Jensen, O. C., tomo IV.
1·reu •. , w
15
p. 1307.
155
racterísticamente femeninas; además que _en .esta de la madre
se halla ·el germen de la ulterior paranoia' de la mujer''
26
• ¡,Podrá la eroto-
manía ayudamos a estudiar otra en la que la mujer
histérica busca la femineidad, y la Otra en donde Freud sitúa a la madre de
Taparanoica? Se sabe la dificultad, pero en ella nos detendremos: se trata de
ser muerta por la Freud se in-
clina a pensarlo como devoración., Pero también se refiere al padre, só1o
que allí se t rata de comerse un muerto.,
_En_E erotom3llía se !ntrega una cosa realización (subrayo- lapa·
labra real y el lugar del sujeto como agente) de una falta. Sin angustia, pues
"tan indomable necesidad de amor no es compatible con la aptitud para la
neurosis". Esa entrega de un objeto, que no es un sacrificio en el sentido
psicológicod"éitérmino, por sÚpuesto que   como restitu-
ción de la función del objeto perdid.o, no especularizable, condición de la
del cuerpo. -- - -
- Pero no nos precipitemos hacia la Verwerfung. Si la parcialidad del ob-
jeto se halla en la la entrega es real y el estatuto dclobjeto parcial
imaginario, esto es, apto para convertirse en el significante del deseo de al-
gún d¡ro. De allí arranca la erotomanía: entrega algo a quien, pobre ino-
cente, cree no pedirle nada. Todo el ser está suspendido de esa nada que el
- - -
_ que el otro tiene que tener. A diferencia de la en
que esa nada es consumida inagotablemente.
Úodo el cuadro clínico de la 'é'rotomanía)odría ser descripto como un
tiempo (que goza de algunas de las notas¡(el llamado presente histórico)
de espera (si la angustia es la falta de la falta, la falta de la que hablamos
es'"'Ta falta de angustia)j Pero ¿de qué puede un tiem.e_o
sin tiempo y esperable ya se ef!...El postulado rle ori·
gen? ¿Qué esperanza, o mejor, de qué aspiración se trata? Pues no reco-
nocemos allí un anhelo, sino un estado anhelante en el gue ella no deja
de aspirarse, absorberse, atraerse hacia un interior (que está af;;-era)
diante un vacío producido e n ella. - - - -- -
Esta espera .-que noes anhelo- tarde o temprano se derrumba. Deja
--------
entonces aparecer un deseo de destrucción del otro para borrar el
que desrniéñtelmistencia de es30ada atm;-o se- identifi·
-
16
Freud, S., "Sobre la sexualidad femenina", en O. C, tomo VIII, p. 3078.
156
1
. 'd' 27 y
nada y es cuando La mujer se universaliza en..:_ SUJCI 10 · ¿
ca a esa • - - - -
1
- - d d o de Hol
unproceso anoréx.ico sino la pintura enta e_ un cua r . ·
Quiero decir, la acomodación deJa anamorfosiS para que la fJgu·
del esqueleto haga reaEarece! la
ra C's XVI y XVIP8 están compuestas por dos ele·
ltos que son a uellos de los que aquí retrato_je alg':!,!los
a Pero hay una naturaleza que tradu-
J s
0
por la vida y por las cosas de esta v1da; en ellas,
ce 11n amor apa 1 'f'
1
la permanencia de los objetos es un rechazo de la Y maru testa a
resolución de seguir gozando de la vida. Pero la es una
za muerta, en la que Jos objetos tienen la de dar una
del tiempo y de Ja muerte. Y esta diferente de los r.erma
necc más allá del propósito religioso de preC1pttar 1!  
un gusto por la melancolía, que no es sino esa y dtfu·
sa de la muerte en el corazón de las cosas fememnas. '
La histeria era primero sólo de mujeres; luego m_uJeres
histéricas. y no es que no lo a la pregunta muJer. , la
histeria responde: una mujer es Jo gue es ulli!_!l'IUJer parl!_un hombre. Pero
-;sta identificación al hombre el de! yo ho.mo-
- al y esto es bien neurótico: un desequilibrio identificatono podra lle-

que suele llamarse un exy avío_de !!J_dentidad personal. Pero este
var . de "ida" parece s;e;;j;re recordarse, y posibilitar el
/ canuno - . . · · u
rentesco profundo entre las mu·eres la la un os 1 - .- __ •
- par ese lugar que llamamos enunciación. Y no por ser no todas, de1an_ de
ser todaS JaS muj ereS, OCaS. C_f0 3 !OCUfa de }aS mujereS DQ es la pSJCO·
sis,' que mascuhna, smo una "perversión" inexistente que llamo erotq·
man1a : la de hacer EL HOMBRE. . .
s
1
bten la noc!On de ha permitido las a
la histeria, no hay nada más femenino que ese cálido encanto que conVIer-

2
, .. ·Cómo podría concernirme si no me dijer_a qué esperar? ¿Piensa usted a la es·
· - b. to?-,-"Sepa solamente que vi muchas veces la esperanza,
pernnza como sm o JC · .. . · b
lo que llaman los mañanas que cantan, conducir a gentes yo
to como lo estimo a usted, únicamente al suicidio. ¿Por que no?   el
único acto que tiene éxito     J. Lacan en Radiofonra & Televmon,
Anagmma, p. 131. _
18 Otra vez Phi!ippe Aries, pero también Panofsky, E!_tudios sobre iconolo-
gía, Madrid, Alianza, 1976.
157
te a los hombres en unos santos. Sírvanos para recerdar que hablamos de
las mujeres. diso que lq_quc_Q_i/lo no valga para lo.§__ digo que
  la imposibilidad de dejar de
  Contra lo cual, la defensa natural son las cadenas realmente
quebradas del signüicante.
El predominio de lo que Freud llamó "la memoria visual de la ruste·
ria" '.le explicaba a Fcrenczi por se evitan las malas palabras. !'orgue
nos dice, una imagen porque están demasiado pegadas
a imágenes como si hubiera una obscenidad de la imagen que tal
vez no ajena a su carácter presente
29
• Llamo defensa a un despegamien-
to de la unagen, al arrancar la imagen de la Qalabra
30
• •
Consideremos un soporte imaginario para describir esta defensa. A
pesar del valor inmediatamente metafórico de algunos términos, tomemos
por ejemplo 1a imagen acude fácil aunque cada uno de nosotros
tenga imaginac.iones distintas. Pero pasemos a "caca" de allí a "excremen-
tos". No es que se haga más difícil imaginar,pero demos un paso más y
Ueguemos a las "heces". Ahora, me resulta más fácil imaginar "eses":
S, S, S, S, .. alcanzamos la escritura, e_odemos descansar de la ima-
gen) . - --
A esta cadena realmente quebrada de Jos significantes, corresponde, en
el plano identiflcatorio, una imagen monstruosa de un cuerpo liberado de
las coordenadas kantianas y aristotélicas. Una presencia fragmentaria y
multilocal en el cráneo,las piernas, los brazos, pero fragmentos simultánea-
mente indisolubles. Todos los agujeros, la boca, la vagina, la nariz, el ano,
las orejas, tapados con el mismo pene; una boca que habla desde una habi-
tación para sus· orejas que están en ésta. Pero la recuperación del sentimien·
to de sólo parece urgente en la esquizofrenia que puede bus·
cario homogeneizando las partes del cuerpo untándolas prolija y unüonne-
mente con En la erotomani!J>en cambio; esta fragmentación
parece ser casi una condición de lo que sería abusivo llamar unificación: el
mundo parece carecer de al@_na consistencia y todo el ser está suspendido
del objeto único y centro de gravedad del sujeto.
29
30
158
Ferenczi, S .. "'Sobre las palabras obscenas", en Sexo y Psicoanálisis, Buenos Ai·
res. Hormé, 1959. Por otra parte,&_caracter .2!_escnte de la imagen no podría
traducir un deseo sino
Así presenta Masona, !}ablando de la histerU!, el concepto de represiÓn, como
una Spaltung entre lo es_:?pico y el lenguaje. ·
.
.
Todo el mundo es el cuerpo, pero el retiro del mundo,
de la que habla Freud
31
, no es sino retiro del cuerpo, '!!!3bandono
cuerpo al mundo, en el mundo. Cuando esto se logra, ya no hay angustia:
sino eñ los otros. Se entiende entonces la tentación, pues ¿qué hacer con
estos trozos de cuerpo en nuestras manos? La angustia puede motivar una
"estrategia terapéutica": ¿cómo no restituirle ese cuerpo? ; ¿cómo no ser
el soporte de ese objeto originariamente faltan te? Esto Jl!_ra d.eci,r que.
.,concepciones vigentes tratamiento de las equtvo-
can, pero no se equivocan s_2.bre el lugar en el que se   .
Se sabe que la peculiar referencia fálica en la mujer, le explicaba. a
Freud esa mejor disposición para la que Lacan lee como dis-
posición para ser analista. También sabemos que atrapa:
este mundo l.a imagen entrevista en sueños, está neurot1camente tratc!O-
nando. Hay sin embargo en la mujer una consecuencia que no es masculi·
na: en la Úotomanía ella avanza, sin el miedo que la imaginación t iene de
sus propias criaturas, sola en su sueño y sin la nostalgia de ningún despertar.
Podemos ya resumir nuestra idea:4P
Que la locura "es el desanudamiento de la pulsión y 0:..!!.!'nanda.
Que este desanudamiento lo hemos presentado por el rodeo
tomania, porque la demanda, .demanda de amor, se :evela cuaj¡
do es pura demanda como pulston s¡_gnificanre: Freud, la llamo de muert
Que entre el de;;;nudamiento y la aparición de la pulsión significante,
se halla.J!!..!:ie_ocondr(a como !!!.odelo de introversión !.!!!E.i!.Jal.
Para terminar, y por razones de lealtad metodológica, debo hacer ex-
plícitos algunos supuestos que calladamente dirigen lo dicho hasta aquí.
31 Sobre Ja íntroversióm Freud nos aclara: "No es que yo piense que la libido se re·
tire del objeto reai para arrojarse sobre la represenlación fantást ica suslitutiva,
con la que emprende luego su juego autoerótico. Con arreglo al sentido, del voca·
blo no es, desde luego, autoerótica, en tanto tiene un objeto, ya sea o
fantaseado. Creo por el conuario, que la libido abandona la representacton del
objeto, la cual, precisamente por ser despojada de la ocupación, que la ha caza?
terizado como -interior, es tratada como una percepción y puede ser proyectada
hacia afue¡a". (Catt-;; del23 de mayo de 1907, a Jung).
159
Hablo desde una lectura de Introducción al Narcisismo; entiendo que cuan-
do Freud dice "hipocondr ía y no se refiere a entidades clí-
.-..::;-- --= - -:-----
nicas. Pensarlo ast e-quiváldría a convertirlas en las dos psicosis de base, Jo
que la clínica demuestra que es falso. Se trata de dos modelos de introver·
sión de la libido; la introversión que toma la forma @pocond-rfuca nombra
-et fracaso l dentificación, Jo que no significa fracaso
Pongo obviamente de ese lado lo que se da en llamar histérica, ei_o·
tomanía ... El modelo de introversión llamado megalomanía, nombra el la·
do exitoso de la identificación corno defensa , que aquí dej amos comple·
de .- • - . ·
Este supuesto teórico se traduce metodológicamente en aftrmar que
en la locuNn y es lo que la distingue de la neurosis, no hay homologia
estructura entre lo que se llama curación y lo que se supone como cau-
sa de la enfermedad. La Cu;aci6n--;¡;j;;¡fermedad y su causa ño se sitúan
.,¡::n el núsmo registro; si la neurosis se cura vía la transferencia es porque to·
da neurosis es transferencia], pero no ocurre lo mismo con las neurosis
narcisistas. Laing encuentra "curaciones sociales" y piensa entonces en una
caüSa "social": falso. Podría muy bien llegar a ser, cualquier cosa, hasta
enzimática. Quienes conocen la historia de la paráHsis general progresiva
saben cuántos años se demoró su desenlace por suponerle una causación
social. I:,os caminos de restitución son azarosamente infinitos z..no_Eablan
de la causa. Esta persecución de la causa, se conoce, ha arrastrado a los
- psiquiatias a IOsdestlladeros de la locura. Y los psiquiatras
enuncian precisamente la tesis inversa, pero simétrica de la ps.iquiatría más
clásica. El "viaje" facilitado por las drogas, no es sino un retorno de la me·
ditación combatida. Por otra parte, f.enía ser inglesa esta idea mística
que posibilitaría una deflJlida como ensanchanúentg
de la conciencia. Se ve: anti-Janet, quien explicaba por un angostamiento
de la conciencia. -
El abandono de esta pregunta por la causa tiene por sí mismo un efec·
to   plano de la clínica. Pero h.ay que agregar que a ello nos obliga
nuestro lugar de analista, de donde nos saca esa esperanza loca de esperarlo
todo de él. y sólo por ignorancia de lo que él nos enseña: que cuáiquier
todo es Joco. Así pues, trata de dar respuesta a todo, y cuando se de-
ja la salida   puede dejar de ignorar
la psicosis es la salida que se busca. No se trata de hacer regresar al sujeto
a su pasado, ni recolocarlo-;-ni genétiCa ni t ópicamente, allí donde ello era.
- - - - -
160
El .momento de l?roducción sintomática   de trau-
- tarnpo"Zo se trata entonces de reemplazar o alguna
cualquier espera ¿no a_¡¡n SUJC·
to no en su el que su !Qf_ura_
- ' d- ce;¡--Tal vez para ncrrnitirle un reconoclllUe_nto, cómo llamarlo ..
pro .. '-J . • •
(¿Cstructural?) de que reconoc1J111ento.
Octubre, 1979
161