Contenido

Quince días con Cenicienta
Cubierta y diseño editorial: Éride, Diseño Gráfico Dirección editorial: Sylvia Martínez Maquetación: Carlos Esteso

Primera edición: diciembre, 2013 Quince días con Cenicienta © Verónica García © éride ediciones, 2013 Collado Bajo, 13 28053 Madrid éride ediciones ISBN libro impreso: 978-84-16085-05-7 ISBN libro electrónico: 978-84-16085-18-7 Diseño y preimpresión: Éride, Diseño Gráfico Cualquier forma de reproducción, distribución, comunicación pública o transformación de esta obra solo puede ser realizada con la autorización de sus titulares, salvo excepción prevista por la ley. Diríjase a CEDRO (Centro Español de Derechos Reprográficos, www.cedro.org) si necesita fotocopiar o escanear algún fragmento de esta obra. Todos los derechos reservados

Verónica García

Quince días con Cenicienta

Me he refugiado en la noche y la luna se ha convertido en mi mejor cómplice sin ser consciente que la noche y la oscuridad es el mismo refugio que el de los lobos. Sentía la angustia que ella padecía..El tiempo ha pasado tan lento que los minutos se convirtieron en años y los años en siglos. era mi preferido. Caperucita Roja. frío como el hielo. sin imaginarme ni una tercera parte de lo cerca que estaba de verme inmersa en mi . Aun sin saber lo que el destino me deparaba. quizá sea Caperucita Roja. pero quien sabe. Recuerdo vagamente a mi padre. Capítulo 1 Los recuerdos duelen mas que el presente Siempre me gustaron los cuentos. su dolor. Cenicienta. me fascinaban sus finales felices. Cenicienta conmovió mi interior. leyéndome mi la larga colección: Blancanieves y los siete enanitos. sentado en los pies de mi cama. Alicia en el país de las maravillas y muchos más de los que nunca me cansaba ni saciaba de escuchar. He vivido en un castillo en ruinas.. llámame Cenicienta. Uno en especial.

que era un buen hombre. La tarde que cambió mi felicidad y truncó mi vida. las tres personas encargadas de hacer de mi vida un paño de lágrimas. aprovechándose de su enfermedad y sus preocupaciones. Mi madrastra me castigaba constantemente en mi habitación. Una mujer que engatusó a mi padre. La señora Santo Polo se convirtió en mi madrastra. Se frustró pensando que yo no podía crecer sin una figura materna. Mi padre. Isabela y Charlot. según las voces que corrían por el pueblo. yo deseaba estar con ella. llevándome de la mano a la desesperación. no pudo evitar facilitársela aunque la señora Melan advirtió a mi padre. junto a sus dos hijas. He escuchado que la soledad nadie la quiere y tenerla cerca hiere. los insultos ni las humillaciones de tanto la señora Santo Polo como de sus dos hijas. que se ensañaban conmigo. a la angustia y a la soledad infinita… Llamaron a la puerta pidiendo ayuda. Me da la calma. a los cuales ella desvalijó y dejó en la ruina antes de abandonarles y . Fue una tarde que recordaré toda mi vida. lo más parecido a mi mejor amiga. Apenas unas horas después de haber nacido. Mi padre las acogió en mi casa. pues cuando estoy con la soledad nadie me ofende ni me daña. Mi padre sufrió un duro golpe que lo llevó directo a la depresión.cuento preferido. suplicando por favor acogida para ella y sus hijas. era una caza fortunas. En cambio. La soledad es mi mayor aliada. quien se preocupaba de las labores de la casa y su mantenimiento. Que sus dos hijas eran de padres diferentes. pensando que eso me dolía y sin embargo era mi mejor refugio. mi madre murió en el parto. No tenía que aguantar las impertinencias. ya que no asumió la perdida de mi madre. Una mujer que me ha atormentado casi toda mi vida. Melan era nuestra ama de llaves. como protagonista. ella es mi tranquilidad. Melan le advirtió de que la señora Santo Polo tenía un largo y no agradable historial y que.

A mano derecha estaba la señora Santo Polo y sus dos hijas. no me daban tregua y seguían amargándome incluso a la hora de dormir.. comenzaban las torturas. La gente anda diciendo que no es una mujer digna. Aquella tarde estaba dibujando en un cuaderno que mi padre me había comprado sobre la mesita del recibidor. Ella y sus hijas se reían de mí continuamente. La mujer tiene la ventaja que es madre y sabrá cuidar de ella y darle la educación adecuada.. mi padre y la señora Melan discutiendo sobre la decisión. Le traerá problemas —dijo Melan con angustia. Mi padre se acercó más a ella y bajó un poco el tono. pero un carraspeo en forma de aviso por parte de mi padre le hizo abandonar el intento. decían que era fea. esperando la respuesta de mi padre. Mi padre se comprometió a acogerlas con la condición de que cuidaran de mí en sus largas ausencias. sentadas en el comedor. Mi padre le dio el poder de mi felicidad y ella la destrozó durante su primera ausencia. —Señor. en la cocina.encaminarse hacia otra presa. —Sabes que yo necesito una mujer en casa. Creo que sería buena idea. limpiando sobre limpio una y otra vez. Después de largas horas explotándome. ya que me hicieron abandonar mi cuarto y me . casi en un susurro que aún así conseguí escuchar. recompuso las ideas y continuó—. Mi madrastra accedió de inmediato y mi vida cayó en picado hacia la penumbra. no es buena idea. Gelina necesita una figura materna y yo no le puedo ofrecer eso. que mi pelo no tenía brillo y que mis ojos eran horribles. Melan se dispuso a contestarle. que por mi trabajo me es imposible dársela yo mismo. Cuando Melan regresaba de trabajar. Los dos posaron su mirada en mí. Me hacía fregar hasta altas horas de la noche y darle interminables masajes con las mejores cremas que había en el mercado. A mano izquierda. Por la niña… —Hizo una larga pausa antes de seguir hablando.

Por la mañana. Mi padre accedió a darle todo lo que pedía y decidió casarse con ella para que pudiera conseguirlo. ella cuidaba de mí y a cambio obtenía lo que quería. la señora Santo Polo ya se había crecido. Pero en menos de un año mi padre murió. Mi padre. Al cabo de unos meses. Algo que no me amedrentó y tampoco me dolió. desconocedor de todo lo que sucedía a sus espaldas. dándome una educación y ejerciendo de figura digna de aprender de ella y emular. En aquellos entonces tan solo tenía siete años. ahora quería economía y vivir al mismo nivel que nosotros. callaba cada macabra escena que presenciaba en ausencia de Melan y de él. Jamás se me comunicó que mi padre padeciera una enfermedad. convencerían a mi padre para que me abandonara en algún orfanato. culpar a mi padre. contando con que en aquellos entonces tenía seis años. me llevarían a un orfanato. pensando que estaba ejerciendo satisfactoriamente su trabajo. creyó que ella merecía tener una economía y un nivel de vida mejor. me abrían la puerta y me amenazaban con que si contaba algo de lo sucedido.trasladaron al sótano. Pero mi mala suerte se negaba a abandonarme tan fácilmente. Como aquel no fue un matrimonio por amor. El miedo de que mi padre me abandonara. Mi padre dejó en el testamento que ellas podrían gozar de su dinero y vivienda mientras cuidaran de mí hasta mi mayoría de edad. Ella quería más y ya no le bastaba con vivir allí. Una vez . Con sorna y burla me dijeron que pronto me quedaría sola. en cuanto eso sucediera. Incorrecto. Si mi padre ya no estaba ahí. él lo hizo con buena intención. antes de que llegara Melan. no quería seguir sufriendo bajo las garras de aquellas depredadoras. salvo cuando su estado de salud ya era visible. ni puedo. lo hizo por mí. pero no podía. huérfana por completo y que. las reglas seguían siendo las mismas. Y consideró que esta mayoría era a los veintidós años.

yo sería dueña y propietaria de toda la casa. además de su dinero y también de sus empresas. era más bien tenue y amarillenta. aunque me he acostumbrado a la tristeza. que se movían como si . Sentí el aire fresco y limpio rozar con delicadeza mi piel. Se puede vivir sin caricias y sin risas. que ese cruel castigo tenía fecha de caducidad. He aprendido a vivir entre tanta malicia. se puede vivir sin luz ni día… doy fe. Una noche como tantas otras. quizá dos. Dos años serían dos siglos. no puedo añorar algo que jamás poseí. Capítulo 2 Vecinos nuevos Ahora ya tengo veinte años. Me levanté y abrí la ventanita del sótano que quedaba a la altura de mis ojos. Sudorosa. intentando tranquilizarme y dar paso a mi sosiego. me masajee la nuca e intenté controlar mi respiración agitada. No era muy fuerte. Yo no puedo añorar la felicidad porque estuvo ausente durante muchos años… Y en los pocos que la tuve. con el pelo empapado y pegado al rostro. pero estaba cerca del fin. desperté entre mis propios llantos.cumplidos. posiblemente del comedor. a pesar de que solía salir siempre a tirar la basura. ni siquiera el recuerdo los acompaña. más que años atrás… Hacía mucho que no abría la ventana y no me había fijado en que había vecinos nuevos en la casa de enfrente. las pesadillas que sufría me desvelaron. Era lo más parecido a una caricia que podía tener en aquellos instantes. Apoyé mi espalda contra el cabecero y dejé caer mi peso contra él. Me consolaba pensando que en menos de dos años ya sería libre de aquel infierno. No puedo echar de menos una familia feliz porque jamás la tuve. pero no he dejado de sufrir. Vi una luz encendida que provenía del interior. pero ya no duele porque las palabras no penetran. Me incorporé en la cama. Me subí a un pequeño peldaño y pude apreciar una silueta. Mi curiosidad hizo que abriera un poco más la ventana y me asomara para poder ver mejor. podía sentir la leve brisa mover mi vello y apreciar un cosquilleo en la mejilla.

Sin más. Cerré rápidamente la dichosa ventana. Luego se paró al lado del piloto. pero la luz siguió encendida. de pelo negro y bastante corpulento. que por mi urgencia resultó un movimiento torpe y ruidoso. que bajó su ventanilla. sentí de nuevo el pánico que me . Si alguien se hace eco… —Dejó la frase en el aire. —Es muy importante que nadie sepa que he estado aquí. salía de él. Al recordar lo ocurrido hacía escasas cuatro horas. Escuché un ruido que provenía de la puerta automática del garaje. amenazante. —Tranquilo. No tardó en localizarme. Mi casa es de confianza. salió por la puerta delantera de la casa. —Su voz no sonaba tan dura y seca como la del conductor. quise bajar el peldaño. Corrí hacia mi cama y me metí en ella. flamante. Me costó pero finalmente lo conseguí. temblorosa. Sentí mi respiración detenerse y el corazón latiendo con fuerza. Vi los ojos negros clavarse en mí como flechas. pero también era escalofriante. que ellas sí iban a la universidad.estuvieran manteniendo una conversación. siguió el ruido y allí estaba yo. —Era una voz fría y seria—. Cada día debía de levantarme para preparar el desayuno a mis hermanastras. nadie se enterará de nada —contestó el chico que permanecía al lado de la ventana—. yo mismo me encargaría de ello. un escalofrió que me provocó un temblor. dichas siluetas se esfumaron. Me acurruqué e intente conciliar el sueño. Asustada y agitada recé para que no me reconociera. pero mi torpeza hizo que me resbalara y una pequeña foto de mis padres cayó de la estantería. tapándome incluso la cabeza. El BMV se puso en marcha dejando al chico completamente visible. Su mirada era mil veces más dura que su voz. me agaché un poco y vi cómo un BMV negro. como de costumbre. fría como el hielo y un tanto maliciosa. Mi despertador sonó a las seis y media de la mañana. Un chico alto. Sentí pánico y. Si alguien se llegara a enterar. y yo pude escuchar claramente su conversación.

Aun todavía de noche. . Estaba angustiada. aquello serenaba mi miedo aunque no lo hacía desaparecer. con firmeza a pesar del miedo. Era la misma voz fría. Era él. como en ocasiones anteriores. no podía dejar de enviar rápidas miradas hacia la casa para asegurarme que nadie salía de ella. sirviendo a mi madrastra que no podía ni respirar sin tener que nombrarme. sin ver ningún rayo de sol. pero sabía que no serviría de nada. No bastante con todo lo que hice. Respiré lentamente hasta hinchar por completo mis pulmones para encontrar la calma. cogí mi ropa limpia y subí las escaleras. solo me quedaba dejar la tapadera en su lugar. —¿Necesitas ayuda? —El tono confirmó mis sospechas. Un suspiro se escapó de mis labios y sentí alivio y relajación en los músculos. me quedé de piedra cuando su voz afilada y taladrante me ordenó con exigencia que arreglara el jardín delantero. Rogué que por favor me dejara descansar. Hice toda la faena de casa.hizo despertar en cuestión de segundos. comencé a preparar los bocadillos y el desayuno de Isabela y Charlot. Me asomé lentamente y con cautela por la ventana en dirección a la casa. Se me agitó el pulso. Enseguida tenía todos los sacos dentro. así que me puse manos a la obra intentando terminar lo más rápido posible. Tragué saliva y cerré mis ojos con fuerza. Al poco rato solo me quedaba verter los enormes y pesados sacos llenos de césped en el contenedor. Cogí la carretilla y. Me senté en una silla de la cocina a esperar que las fieras despertaran. nada me libraría de cortar y arreglar el césped. Sabía que debía hacerlo. pero cuando fui a cerrarla noté una presencia justo a mi espalda. concentrada en mi carga sin mirar a los alrededores. Me fui en busca de la corta césped y me dirigí hacia el jardín delantero. fui directa a lugar. Pero aún no había pasado lo peor. sentí terror e incluso un mareo. creo que decía mi nombre incluso mientras dormía. Me levanté agitada. los dichosos contenedores estaban justo al lado derecho de la casa de enfrente. pero estaba todo apagado.

rompía la imagen encantadora y la convertía en aterradora. el pánico y el terror agarrotaron cada musculo de mi cuerpo. Sentí la punta de su nariz rozar suavemente mi piel. Su rostro era perfecto. —No. Fue entonces que vi en su mirada la crispación que creó mi respuesta. —Luego sacudí mis manos y me giré rápidamente para retomar la dirección a mi casa. pero aquella chispa de furia. Si de lejos tenía un aspecto frío. pero él estaba demasiado cerca. Pasó un brazo por cada lateral de mi cuerpo hasta dejarme encerrada entre ellos al aplastar las manos contra el contenedor—. de cerca aumentaba y resaltaba su imagen de tipo duro.Contesté sin girarme y casi sin mover una molécula de mi cuerpo. empotrándome aun más contra el recipiente de basura. Con el pelo moreno y los ojos tan oscuros como la noche. mezclada con algo más que reflejaban sus ojos. Él se acercó al hueco de mi cuello e inhaló mi olor. rígida como el acero y con palabras temblorosas. podría pasar por modelo. No sé de lo que me habla… —repliqué. La saliva recorrió escandalosa mi garganta y el miedo. Deseé que creyera mis palabras y supliqué en mi interior para aquel hombre me dejara marchar de nuevo a casa sin pena ni gloria. ¿No sabes que eso puede traerte muchos problemas? —Yo no he espiado a nadie. Puedo yo sola. muchas gracias. Sus ojos eran amenazantes como cuchillos. con el pánico reflejado en cada rasgo de mi rostro. con los que enseguida me acorraló empotrándome contra el contenedor. negando con la cabeza e intentando separarme más de su proximidad. —¿No te han enseñado que no se debe espiar? —dijo con tono enfadado pero sin alterarse. Sus ojos volvieron a mirarme y el lobo volvió aparecer. . Me sacaba más de dos palmos de altura. suave y fuerte al mismo tiempo. como si el lobo que llevaba dentro por un instante se amansara. Él apretó los labios y entrecerró los ojos.

sujetándome todavía por el brazo con firmeza. Mi madrastra fue quien abrió la puerta. por favor. Llamó a la puerta con determinación. si permanecer bajo las garras del lobo o entregarme a la tortura de las hienas. dejando ver lo poco que le importaba mi angustia. pues no sabía que sería mejor. tendremos grandes problemas —amenazó sin tutearla—. Su cara de desconcierto y sorpresa se vieron reflejados en el momento en que posó la mirada en el brazo que él sostenía con saña. me soltó con repugnancia. Noté sus dedos clavarse con fuerza en mi piel. pero no movió ni un milímetro su punto de vista ni para mirarme de reojo. Se lo suplico. pero mucho menos los mentirosos. Lo miré con angustia y pavor. Luego tiró sin delicadeza de mí. Otra ola de pánico se apoderó de mí. se acercó . Volví a mirarlo con angustia. arrastrándome con sus pasos rápidos y ágiles en dirección a mi casa. —¿Adónde me lleva? —Él me miró por el rabillo del ojo y contestó con voz dura—.—No me gusta la gente que espía. A decir a tu madre que te enseñe buena educación y que te recuerde que espiar no es una de las cosas que te recomendó como buenas. tirando hacia atrás con todas mis fuerzas—. —Cómo no enseñe a su hija que no debe espiar a los demás. no tenía fuerza ni para forcejear una vez más. no le diga nada a mi madre… —Dejé morir la frase en el momento en que él esbozó una sonrisa malévola. Me temblaban las piernas. empujando a la señora Santo Polo hacia dentro. Estaba a punto de ser devorada… —No. hablo en escalas superiores. ¡no! —le rogué. me echó una vista fugaz y se dirigió hacia mi madrastra. Sin contestarle. Y cuando digo «grandes». Mi madrastra parecía tan asustada como yo. me agarró del brazo derecho con firmeza. —Con el enfado reflejado en su tono. El extraño entró en la casa. Una vez en el interior.

la cual yo no tenía intención de darle—. Capítulo 3 Cinco dias de oscuridad Pasaron dos días. bajo el dolor la musa siempre prometía acompañarme. Mi pequeño reloj marcaban las doce. escuché un ruido que provenía del exterior. Me quedé callada y sin hacer ruido. penetrante y enfadada. para mi gran sorpresa. Una voz fría y calculadora retumbó en el silencio. Era entonces cuando cogía mi cuaderno y liberaba mi alma escribiendo versos. Había perdido la noción del tiempo. las largas risas y alegrías de la familia feliz del piso de arriba parecían haber desaparecido. desde entonces. Ya se podía apreciar el silencio. Nuevamente se repitieron los golpecitos. del extraño. las lágrimas recorrían mis mejillas sin sollozos. zarandeando una y otra vez mi melena. Era la voz del lobo. aferró un mechón de pelo y tiró fuertemente de él. inhalando pequeños golpes de aire y conteniendo su expulsión. por la libertad. Fuere quien fuese sabía perfectamente que yo estaba allí. Fui en busca de mi bloc y. La última visión antes de que mi madrastra me arrestara en el sótano fue la mirada de lobo. Era la mejor manera de lidiar con la necesidad que sentía por el sol. vi que sus ojos reflejaban el doble de ira y furia. Mantuve el silencio. Esa persona en cambio se agachó y repicó con los nudillos en el cristal. Dormía durante el día y despertaba en la noche. una silueta parecida a dos piernas firmes apareció frente a la ventana. esperando a que se marchase. a medio camino. —Sé que estás ahí. Frustrando mi angustia en un papel parecía dar calma a mi interior.a mí. Gelina — . —Hizo una larga pausa intentando escuchar alguna respuesta. pues en una ocasión más se repitieron los golpes. reculé y me senté en una esquina de la vieja cama. Miré al chico de nuevo y. Mi llanto no tardo en aparecer. Me era conocida. casi ni respiraba.

Posiblemente por la falta de visibilidad no vi tanta seriedad en sus facciones. — Aquel tono brusco y agrio en sus palabras dejaban entrever su desafío. Aunque para ser sincera. no sonó tan escalofriante como su nota de voz y tampoco contenía la sequedad que acompañaba mi nombre y que estaba acostumbrada a escuchar en boca de mis familiares. casi un suspiro. o pedirle que se marchara.dijo con exigencia. la segunda opción… No me atrevía a llevarle la contraria. Tan ágil como un leopardo saltando entre las rocas. deslizó su cuerpo por la ventana hasta tocar el suelo. —Sí —dije en voz baja. Una vez en el interior. ¿Es aquí donde vive la dueña de la casa? — preguntó con el ceño fruncido. Él me miró serio de arriba abajo. —Gelina. y la aparté hacia un lado. se sacudió las manos mientras miraba su alrededor con interés—. la misma que aquella noche me delató. Un vuelco en el estómago. Sin contestar ni añadir palabra. fue el efecto causado por la sorpresa de que el lobo supiese mi nombre. Mi nombre. —Échate a un lado —ordenó. No sabía si debía contestar. ¿Es esta tu habitación? —preguntó mientras detenía su vista en la pequeña foto de mis padres. pronunciado por él. . que me provocó una sensación de adrenalina como si cayese en picado. me acerqué. pero sin extrañarle. Me estremeció. aunque algo en él no me dejaba olvidar al lobo depredador que me acorraló el primer día. tiré de la cadena que desenganchaba el pestillo en lo más alto de la ventana y que yo misma había colocado para poder abrirla de vez en cuando. o me abres o rompo la maldita ventana de una patada. —Vaya… —Se quedó pensativo mirando mi cama hasta que finalmente continuó—.

Le eché una mirada por el rabillo del ojo. de los momentos de tristeza y desolación que viví durante la infancia. —Sus palabras fueron rápidas y fugaces. puesto que le supliqué mil veces que no lo hiciera en el tramo de diez pasos y a cambio encontré a un hombre frío y de hierro que no fue capaz de ver la Angustia en mis súplicas. Creo que pronunciarlas le costaron incluso a él mismo. —Sí me importa. Pero no creo que todo eso te importe. El miedo brotaba de vez en cuando con pequeños escalofríos que recorrían mi nuca. Quizá la tortura del lobo fuese más rápida y menos tortuosa. pero no con la misma intensidad después de permanecer dos días en la oscuridad y sin saber cuántos más quedaban aún. No recordaba la última vez que alguien había dicho que le importaba. en el barrio todo el mundo se conoce y las malas lenguas son más largas que el radio de la ciudad… —Le miré sorprendida. y no lo recordaba porque creo que desde que murió mi padre no lo había vuelto a escuchar. seguía estando en la misma posición. Algo en mi interior se conmovió muy a mi pesar. No creía que le importara. pero finalmente me atreví a preguntar. Escuchar esas palabras fue una sensación distinta. . —Bueno. Pero aquellos recuerdos habían sido borrados por culpa de las manchas negras.—¿Cómo sabes eso? ¿Y cómo sabes mi nombre? —repliqué a la vez que me dejaba caer en la cama. Dudé durante unos segundos. a la cual no estaba acostumbrada. Seguía sintiendo miedo. Parecía que tuviera sentido del humor e incluso la voz sonó suave. —Supongo que las lenguas largas son largas por saber más de la cuenta —dije con mi mirada fijada en el techo—. —¿Qué me va a pasar por ver lo que vi? —Sentí la saliva recorrer mi garganta y las puntas de los dedos de mis manos quedarse fríos. ¿verdad? Y no lo creía.

. suavemente. —Vi cómo su figura se acercaba y se sentaba en la cama—. Ya no temía a ese lobo. —Cenicienta… —rompió el silencio. demasiado dulce para venir de un depredador.. gracias a la luz que emanaba la luna. Carraspeé levemente para aclarar mi garganta y contesté. —¿Has venido a concederme la libertad? —pregunté con ironía al mismo tiempo que me incorporaba. acercarla a su boca. —En un principio pensé que era un rechazo. Esa acción me aclaró el error.En medio de tanta oscuridad.. —Sus palabras dejaron claro que nada bueno. la muerte.. Puede que mi personaje se identifique más con el lobo del cuento de Caperucita Roja que con un príncipe trotando sobre su caballo. Podía encender la pequeña lámpara que había encima de la mesita. me perdí en sus ojos. podía notar su respiración chocar contra mi piel y sentir el calor de sus labios a escasos milímetros de los míos. pero colocó una mano bajo mi barbilla para. trayéndome de golpe a la realidad y alejándome de aquellos deseos—. por alguna razón desconocida cualquier tipo de sensación de terror desapareció. Si hubiese sido al contrario.. Y yo. pero parecía que de aquel modo no sentía tanto miedo estando enfrente de él. que me consideraba inteligente. Intuitivamente y casi por inercia me acerqué lentamente. Luego separó sus labios lo justo para poder hablar—. Tampoco me alivió conocer que tuve suerte.. Sus labios eran blandos y cálidos. un beso delicado y sin prisas. Mejor no preguntes. Como si hubiese leído mi mente o adivinase mis pensamientos sobre él… Lo cierto es que ya no sentía miedo. porque dudaba que mi vida fuese mucho mejor a. —Has tenido suerte. . podía ver su sudadera de color blanca y un poco su rostro. Te vi yo y no él. Pude tener su rostro a veinte centímetros y ver claramente los rasgos de su cara. en la comisura de sus labios y en un deseo incontrolable por besarle. Por un momento pensé que el tiempo se paralizaba. preferí no saberlo. puede que yo no sea el final de tu cuento. Si buscas un Príncipe Azul. sin rastros del lobo.

Finalmente conseguí decir algo—. Además. —No. —¿Por qué no puedes? —preguntó con el ceño fruncido. Solo tienes la casa. no podía. mi cabeza ya estaba ilusionada con marcharse. pero él en cambio se retiró unos centímetros hacia atrás. Pude apreciarlo en sus palabras. —Vadeé durante unos segundos. Además tenía algo por lo que luchar. esta es mi casa y sólo me faltan dos años para cumplir la mayoría de edad que mi padre consideró apropiada para adueñarme de todo. negando con la cabeza. todo lo que mi padre había dejado a mi merced y que hasta ahora me había sido negado. no sabía su nombre ni quién era.. mi casa. pensé y vi cómo una pequeña sonrisa se dibujaba en ellos. al igual que tú. Supongo que era extraño creer que no deseaba marcharme y prefería quedarme. fueron descuidadas porque a ellas solo les interesaba el dinero. no trabajar. No puedo porque ni siquiera sé tu nombre. los únicos recuerdos de ambos. pero quería mis pertenencias. Volví acercarme para besarle de nuevo. pero si te quedas con ella adquirirás también las deudas. Mi cuerpo.. —Ven conmigo. Ellas están deseando. No sabía si eso era una respuesta a su propuesta o un intento de mentalizarme. poniendo mis ideas y pensamientos en claro. provocadas . No hay empresas. sin andarse por las ramas. —No tienes nada.. sin anestesia. —Su voz volvió a ser fría como el hielo.. el lobo volvió a aparecer con la gelidez que le caracterizaba—. Pero no podía hacerlo. —No puedo —dije. negándose a besarme nuevamente. aquellas que pertenecieron a mis padres. —Una propuesta que aceleró el pulso de mi corazón hasta dejarlo al borde de la desesperación. extrañado por mi respuesta. reaccionando ya por sus ansias a marcharse detrás de él. que cumplas la mayoría de edad para dejarte una cifra escalofriante de deudas im-pa-ga-bles. están todas embargadas. tan claro como el agua y con algo de burla. —Pronunció última palabra por sílabas. No era mi deseo. —Volví a fijar mi mirada en sus labios.—Puede que sea más fácil domar a un lobo que a tres hienas. «Adicta a ellos». mis pertenencias.

por mi inocencia. Estaba perdida y desorientada por tantas verdades. Había creído que en el plazo de dos años sería libre y tendría a mi alcance el principio de una nueva vida, pero en cambio el destino se empeñaba en negarme la felicidad, concediéndome más tortura después de la tortura. —Y entonces, ¿cómo me voy a marchar? —pregunté incrédula—. Si las deudas están a mi nombre, al igual que todo, en el momento que cumpla los veintidós años caerán sobre mí, por mucho que yo marche. —Se hizo un pequeño silencio que finalmente él rompió. —Piénsalo, Cenicienta —repuso al tiempo que se levantó de la cama, haciendo un movimiento de vaivén en el colchón. Luego vi cómo se dirigía hacia la ventana. Yo me levanté y me acerqué a él, no quería que se marchara, era la primera vez que hablaba con alguien en dos largos días y, por alguna extraña sensación que desconocía, mi cuerpo parecía conocerlo mucho más que mi mente. Incluso lo añoraba antes de haberse ido... —¿Quieres otro beso, Cenicienta? —preguntó con una sonrisa pícara, que dio paso a mi crispación. —No —contesté secamente, manteniendo la barbilla en alto. El esbozó una sonrisa al ver mi reacción, algo que ignoré. Era más fascinante mirar sus ojos y perderme nuevamente en ellos. Algo en aquel hombre hacía cosas en mi cuerpo que nunca antes había experimentado y que me eran desconocidas. Sentir el deseo, por ejemplo. —¿Estás segura? —me susurró, rozando sus labios primeramente contra mi oreja para ir bajando, haciendo un cosquilleo, por mi cuello. Parecían quemar mi piel por debajo de ellos, eran abrasadores y tentadores. Podía haberlo ignorado si mi cuerpo y mi mente me hubiesen

acompañado en aquel momento, pero al contrario, enredé mis manos en su pelo corto. Él, enseguida que se percató de mi gesto y subió lentamente su boca por el mismo recorrido que acababa de bajar. —Pídemelo —ordenó mientras se mantenía quieto en un punto de mi cuello, esperando una respuesta. Sentí mis mejillas ruborizarse, nunca antes había pedido a alguien que me besase. Pero para ser sincera, prefería morirme de la vergüenza a que se marchara y quedarme con las ganas... Carraspeé para aclarar mi voz antes de hablar. —Dame un beso —balbucee. Sonó tan tonto como imaginaba, máxime contando que venía de una inexperta. Me sentí ridícula... Cerré los ojos intentando escabullirme de su mirada y de algún gesto que me hiciera sentir aún más ridícula. Fue entonces cuando sentí sus labios acariciar los míos, moviéndose suave y lento, hasta que finalmente me invitó a besarlos. Fue un beso tan sorprendente como el primero, con los mismos efectos sobre mí. A continuación, pegó un pequeño salto y salió igual de ágil que cuando entró. Me lo quedé mirando desde abajo, en la oscuridad. —Kaden. Ese es mi nombre —dijo, girándose por última vez en el momento que terminó con sus palabras para retomar su camino.

Capítulo 4
La oscuridad tiene luz No fue difícil conciliar el sueño aquella noche, o por lo menos mis tormentos me abandonaron por primera vez. No podía dejar de pensar en aquel hombre, el lobo, había cambiado mis sentidos. Mis miedos se esfumaron y los sentimientos brotaron, tan extraños como inexplicables. Sentía pavor la primera noche que lo vi, al igual que la dichosa tarde de mi castigo y en cambio ahora... Ahora deseaba que me secuestrara, deseaba marcharme con él.

—¡Gelina! —La repelente voz de Charlot me despertó, gritando mi nombre desde arriba de las escaleras. La luz me dio directa en el rostro. Sentí la ceguera a causa de la luminosidad excesiva. Me tapé los ojos con los brazos y escuché sus pasos bajar las escaleras, así como el ruido del plato al chocar contra la madera de mi mesita. —Ahí te dejo la comida —dijo con su tono de voz repulsivo—. Aunque si fuera por mí, no comerías nada —informó Charlot, mirándome con excesivo desdén. Estaba enfadada. Seguro que ella no quería bajar y su cariñosa madre la obligó. Para ellas mi cuarto era una cuadra y en las cuadras solo viven animales... Volvió a cerrar la puerta devolviéndome a la oscuridad. No era necesario mirar el plato para saber que era crema de calabaza, como siempre... Olfateé la comida y la devolví a su sitio. Volvieron a brotar los recuerdos de la noche anterior, como un destello. Su rostro, el rostro de Kaden, iluminó la oscuridad que me rodeaba. Me recosté nuevamente y comencé a recordar cada instante, cada beso, perdida en mis fantasías. No sé cuánto tiempo me perdí en ellas, hasta que finalmente me levante y abrí la ventana para que el aire fresco entrara y renovara el impuro de la noche y el olor a moho. No me pesó el día. No me pesó porque, como el sol, yo me sentía iluminada y mis recelos hacia él no eran tan grandes. Por primera vez no me sentía tan desdichada e incluso pensé que la suerte podría acordarse de mí. Tanto tiempo a su sombra, viviendo detrás de ella y, por primera vez, creía que me acompañaba. No pensé en la propuesta porque no tenía nada que decidir. Quería marcharme con el lobo y lo haría sí o sí. Quería marcharme ya, ojalá la suerte se acercara un poco más y esta misma noche desapareciera de este infierno. Pero enseguida llegaron mis miedos, miedo de que Kaden se arrepintiera. Fui tonta por haberle dicho que no, si mi respuesta hubiese sido sí, posiblemente hoy ya estaría planeando mi huida. Me gustaría poder verlo para decirle que no tenía nada que

pensar, pero ahora debía de esperar a que nuevamente llamara a mi ventana. Estaba obsesionada. Obsesionada por la ventana. Me situé enfrente de ella, con los dedos cruzados, suplicando en mi fuero interno que Kaden se acordara de mí esa noche. «Una más», me repetía una y otra vez en mi mente... Sabía que si miraba constantemente la ventana me desesperaría, así que me abracé las piernas sentada en la cama y escondí mi rostro en ellas. El corazón se me disparó al escuchar los golpes. Salí corriendo y casi de un salto me planté enfrente de la ventana. La abrí con destreza y rapidez. —¿Me has echado de menos? —dijo, exagerando la expresión de sorpresa, una vez tocó el suelo del sótano. Sentí como mis labios se tensaban y se curvaban hacia arriba. Por primera vez utilicé una sonrisa, sin saber el placer que escondía detrás de ella. Fue agradable. Fue satisfacción y plenitud. La felicidad era... muy placentera. —Sí —dejé escapar de mis labios, flojos y suaves, casi en un siseo apenas audible. Aunque me costó, no agaché la mirada. —¿Has comido? —preguntó mientras se acercaba al plato para observarlo. —Este mediodía el chef de cocina me ha bajado sopa de calabaza y esta noche pollo de anteayer... —dije con ironía, intentando hacer algo de humor. Vi la ira reflejarse en su rostro y nuevamente el lobo amenazó con salir. Pude notar cómo tensaba sus músculos y apretaba los puños. Me aproximé a él y pasé una mano por su hombro, intentando apaciguarle—. No te preocupes por eso, a mí ya no me duele... —A pesar de que mi voz sonaba apagada no quería dar imagen de víctima, ni teniendo ni sin tener motivos; jamás la había utilizado.

pues a mi parecer la vivienda estaba rigurosamente conjuntada. casi igual de grande que mi sótano. —No —contesté secamente.. Sin embargo. mala suerte. Kaden me soltó y se dirigió a unas enormes puertas correderas. —¿Tienes miedo? —interrumpió mis pensamientos. Me acerqué y me alcé de puntillas para besarle la mejilla. y los muebles eran de roble. Entrelazó sus dedos con los míos y me guió hacia la ventana. Las luces se encendieron automáticamente dejándome ver el enorme recibidor. .. Todo lo que venía de aquel hombre parecía ser delicado y suave como un algodón. dando solamente bien y placer. sus manos y sus gestos parecían venir de algún santo o dios desconocido.. Para mi sorpresa. que abrió antes de poner una mano en mi espalda guiándome para que entrara. El color de las paredes hacían juego con el sofá. quizá porque en realidad algo de temor sí había en mí. simplemente desfavorecida en la vida. —Todo está a punto de cambiar —me tranquilizó acariciando mi pelo de color bronce con delicadeza. que podía ser tan fría y calculadora como parecían. al igual que las puertas y sus marcos. él hizo un giro inesperado y me besó en los labios.Entre otras cosas porque no me consideraba de tal. de color ocre. No era necesario entender para saber que eran de calidad. Tanto como su mirada. Aún me sostenía por la cintura. Con pasos ligeros y rápidos me dirigió hacia su casa. Primero salió él y después agarró fuertemente mis manos y empujó de mí hasta tenerme fuera. Luego me rodeó la cintura con un brazo y me atrajo hacia él como si quisiera esconderme. Costaba creer que en aquella casa viviera un hombre y no una mujer.

Me senté en un esquina del enorme sofá y miré hacia la ventana. Algo en mi interior suspiraba por él.—Enseguida vuelvo —exclamó Kaden. Pude ver la diferencia entre el bien y el mal. No quería volver. Desde allí pude verlo. Era fascinante lo que despertaba en mí. Pude ver la ventanilla del sótano y una ola de pánico me embargó. que desapareció a mi espalda. Era Kaden. ya que a pesar de que la casa de Kaden no era familiar... —Disculpe. en ella se respiraba la calma y el silencio junto a colores que emanaban armonía. oscura y apagada. Me dirigió por el pasillo hasta la habitación del final. Sus hermosas alfombras de color blanco roto con unas aguas dibujadas en color rosa pálido. de donde partían . sabía que tenía que ver algo con aquello llamado amor. ¿Mi corazón o mi alma? Fuere cual fuese. madame. todo lo contrario de lo que pasaba en la casa que veía enfrente. Noté una presencia que venía del exterior de la habitación y me giré. No había fotos ni ningún otro objeto personal. aquel lugar estaba lleno de lujos. pero no sabía qué era. muy cortés. Me quedé observando cada detalle de aquella habitación. observándome en silencio con ambas manos metidas en los bolsillos. una enorme chimenea de mármol tan brillante que podías ver tu rostro como si se tratase de un espejo… Pero algo más sorprendente llamó mi atención. pero sin nada que pudiese identificar al lobo ni a nadie de su familia. No quería volver y verme nuevamente presa de aquellas paredes que habían presenciado mis penas. Se acercó y extendió su mano. un tumulto de sentimientos que aún no sabía descifrar. ¿Me permite? —preguntó con una sonrisa que dejaba ver sus dientes inmaculados. pero de nada más. era una casa muy mona. apoyado en el marco de la puerta.

pero no tengo hambre —le dije.unas escaleras que subían a la segunda planta. por eso estoy aquí —le aclaré. en el que había dos rebanadas de pan tostado y huevos revueltos. —Le miré firmemente para que viera mi sinceridad. Luego rozó su nariz con la punta de la mía y siguió preguntándome. Obedecí y lo hice justo enfrente del plato. así que suavemente me levanté y dejé el plato en la pila. Fue entonces cuando escuche a Kaden. empequeñeciendo los ojos. y en medio un plato de comida. Cogí rápidamente el tenedor y me dispuse a comer. Pegué un par de bocados al pan y comí más de la mitad de los huevos. arrugando la nariz. —Sí. Con un solo movimiento me tomó por la cintura y me giró. pero si no me dejas otra opción lo haré. completamente. Entramos a una enorme cocina. tan espectacular como el resto de la casa. mi respiración se saltó un latido y luego aceleró. En medio había una mesa de color blanca. a conjunto con las dos sillas. —¿Estás segura? —cuestionó. —Come —ordenó—. —¿Te has pensado ya mi propuesta? —rompió el silencio. Sus besos se deslizaron por mi cuello hasta llegar al valle entre mis pechos y con sus manos ágiles y suaves me desabrochó los botones de . No quiero que me veas como tu padre. cogeré el tenedor y yo mismo te lo daré —amenazó. observándome. —Gracias. Por más que quisiera era incapaz de meter nada más en la boca. No es un manjar. —Sí. —Come —repitió algo más severo—. pero es lo único que sé cocinar. y eso hacía que me costase aún más comer. Noté que se levantaba y sentí su aliento rozar mi nunca. —Acto seguido estiró su brazo y me aproximó más el plato. Él aceleró su paso y retiró una de la sillas para indicarme con una mano que me sentara. Él estaba en silencio.

. creo que arrepentido. Él se acercó y besó una . pidiendo… ¿qué? Sentí su suaves manos correr por los laterales de mi abdomen. Sequé mis lágrimas con las manos. —No quiero volver —mascullé con rabia. yo respondí rodeando su cintura con mis piernas. Yo no sabía qué era. dio un paso repentino hacia atrás y enredó sus dedos en su pelo. la oscuridad ya no estaba hecha para mí. Volver a aquella cárcel oscura. todo era nuevo para a mí.. pues como siempre. Fue entonces cuando me miró. Yo me sentí desnuda e intenté taparme como pude. Me los abroché de tres en tres. era como dar un juguete a un niño y poco después de que comenzara a jugar. Luego volvió a trazar un recorrido de besos hasta llegar y deslizarse en mis labios. para mi sorpresa. —No me lo pongas más difícil. pegándome más a él.. Ahora el miedo se apoderó de mí por entero. Estaba hambriento de algo de lo que jamás se había alimentado..la camisa hasta dejarla completamente abierta. Me subió encima de la repisa y. despertando aún mas mi deseo. Era ilógico.. No quería volver. la idea me horrorizaba. ¿Se habría arrepentido? Sentí nauseas. Un monstruo se despertó en mi interior y tenía hambre. El llanto no tardó en manifestarse y rodar por mis mejillas. no quería volver allí. pero me temblaban las manos y era difícil abrochar los diminutos botones. Vi que en su mirada había fuego y tanto deseo como el que yo sentía. Mis instintos me hacían hacer cosas que nunca imaginé. ternura que no entendía ya que él volvía a arrastrarme nuevamente a mi infierno. —Debes volver… —rompió Kaden el intenso e incómodo momento. Algo de miedo porque pensara que era una promiscua me hizo arrepentirme de haberme comportado como lo hice. Gelina —dijo con ternura. pero eran tantas que no daba abasto. arrebatárselo..

pero yo estaba inmersa en mi llanto. él se rio. Pero para eso necesito más tiempo.. Comenzó a acariciar mi pelo y poco a poco mi llanto se calmó. Kaden enseguida me recogió e intentó ponerme de pie. —Sí —contesté. ni tormentos que me desvelaran. No hubo pesadillas en mis sueños. ya no puedo.. No desapareció mi Angustia. Volver era un duro golpe para mí. —Dejé resbalar mi espalda por la pared. Tú eres fuerte. —Quiero que salgas de esta situación lo más gloriosa posible. intentando hacerme a la idea que aquella era mi casa y debía volver. Quizá tres. Será cuestión de un par de días. sin fuerzas.. tan . No puedo volver sola. Incluso de la mas cuerda. podía acabar con la cordura de cualquier persona.. —Dejó una pausa en la que apoyó su frente contra la mía y soltó un suspiro fuerte—. me dejé caer entre sus fuertes brazos. pero se suavizó. Me prometió que no se marcharía hasta el amanecer y que cuando fuera a hacerlo me despertaría. Gelina.. volviendo a reavivar mi llanto. —¿Quieres que me quede contigo esta noche? —me susurró al oído. Cansada y abatida. —No puedo —dije entre sollozos—. —¡No! ¡No! —exclamó Kaden—. Capítulo 5 La oscuridad no es infinita Me quede dormida con el cosquilleo que provocaba su mano revolviendo mi pelo.. descansando. Fue la primera noche que dormí de un tirón y con placer. sin ánimos ni deseo de tenerlo. La soledad de allí abajo era desesperante. Pensaba que él se había arrepentido porque creía que esa era ya la huida. hasta quedar sentada en el suelo. supongo que por pesada.lágrima que se deslizaba mejilla abajo. Hice que lo prometiera unas cuantas veces.

de acuerdo con las manías de mi madrastra.solo una respiración a mi lado que me tranquilizaba y calmaba. yo fui a tirar la basura y observé la casa para ver si lo veía. Luego preparé la mesa de las marquesas. simple y rápido. me asustó y me incorporé en cuestión de segundos. Nos vemos esta noche. me besó en la frente. No me gustó nada y él soltó una risilla. con un mínimo de descanso para comer. el pestillo estaría abierto. limpié y desinfecté los lavabos. Era extraño si él se fuese marchado. observándolas. mientras comían. Mi sonrisa apareció en el mismo instante en que lo descubrí. afilada. sino que la dejó abierta de par en par. No cerró la puerta tras ella. con el pollo al horno. me levanté rápidamente y me peiné con mis dedos. pero parecía no haber nadie. Preparé la comida. taladrante y desquiciada—.. ¿Qué haría él durante el día? Regresé. Mientras ellas comían. Cenicienta —finalizó con un beso. era mi madrastra. . —Se te acabaron las vacaciones. como me ordenaron de menú. Debía avisar a Kaden. Pero antes de dirigirse hacia la ventana. El crujir de la puerta me despertó. a ellas les gustaba que estuviera a su lado.. Vi la figura de mi madrastra aparecer en las escaleras. Disfrutaban con ello. Estuve cerca de cuatro horas dando brillo sin parar. Y sin esperar contestación. Luego eché una mirada fugaz a la ventanita y vi que estaba cerrada. Ya puedes vestirte y comenzar con tus labores —ordenó. Me giré rápidamente pero para mi sorpresa él no estaba. Fui en busca de mi ropa y vi que Kaden estaba detrás de un pilar en la parte más oscura del sótano. Gelina —dijo con el tono de voz que la caracterizaba. se fue más rápido de lo que llegó. lo justo para terminar y volver a comenzar. —Defiéndete lo mejor que puedas con esas hienas —dijo mientras pasaba su dedo índice por mi entrecejo—.

—¡Qué guapo! —dejó caer Isabela con un suspiro—. ya sabía todo lo que tenía que saber.. Cuántas veces había escuchado aquello mismo. Vi cómo me lanzó una rápida mirada al subirse las gafas. terminaron de disfrutar la delicia. . Llevaba gafas de sol. Fue por la tarde cuando a mi madre se le antojo un té a la fresa. Limpia —dijo prepotente. Ella se marchó. Retira mi plato —ordenó Yo obedecí. pensé. y tuve que dejar de planchar para darle lo que deseaba. «¡Asquerosas!».—Gelina… —Mi madrastra se levantó de la mesa—. perdiéndose pasillo adentro y mis hermanastras comenzaron a reírse y murmurar. señalando con el dedo lo que ella misma había provocado. así que cogí una bayeta. creo que fue lo que pensaron. pero me di cuenta de que las tres hienas se percataron y me miraron de arriba abajo. Era Karen. «Imposible». ¿verdad? —continuó Isabela con la maldad planeada entre las dos. estaban deseando librarse de las deudas.. Me dispuse a seguir con lo que estaba haciendo e ignoré todo tipo de provocaciones por parte de ellas. Entonces Charlot tiró todo el contenido del plato al suelo.. Me desquició. ¡Ese hombre es para mí! —exclamó mientras se perdía en sus fantasías. —Gelina… —pronunció mi nombre con burla—. me hizo permanecer de pie sin derecho a moverme hasta que ella y sus dos hijas. —Estarás deseando cumplir la mayoría de edad. al mismo tiempo que observé que desestimaban la idea. Supongo que les parecía un engorro tener que cuidar de mí sin obtener dinero a cambio. No contesté. el cubo de la basura y me dispuse a limpiar.. No tenía ánimos para enfadarme y mucho menos después del castigo. solo que ahora ya sabía por qué. subido en su Audi de color gris metalizado. como de costumbre. Entonces quiso tomárselo en el jardín y. Fue entonces cuando el ruido de un motor nos hizo girar la vista.

no tiene familia. Como no. se puso en contacto con la señora Santo Polo para comunicarle que me dormía en clase. mi madrastra me obligó. no estaba muy puesta en mi vida personal. pero no lo dijo tan flojo como para que la profesora no la escuchara. Yo en cambio tuve que abandonarlos en el momento que dejaron de ser obligatorios. sin ilusiones. es que la muerte de su padre ha sido un duro golpe para ella. ellas no me dejaban hacer mis deberes ni estudiar para los exámenes y apenas dormía. Sentí la mirada de compasión que me lanzó Magda que. claro que esa era su intención—. —¡Oh! —contestó mi madrastra indignada—. atormentada por el sótano que me daba un miedo terrible. los celos.. hablando de sus estudios y favorables notas. Menos mal que yo estoy con ella. . Por aquellos entonces yo tenía diez años. cada llanto. ni motivaciones. cada insulto me hicieron endurecer. Podía escuchar sus conversaciones en la lejanía.Sentí la rabia bullir en mi sangre y recorrerme bajo la piel. como me recordaban constantemente las tres hienas. mucho me temo. se aproximó más a Magda y colocó una mano para que no leyera sus labios. Es cierto que mis notas eran pésimas. —Puso cara de pena. convirtiéndome en un ser sin sentimientos. a pesar de mis esfuerzos no rendía lo suficiente. En una ocasión mi profesora. Yo daba por hecho que todo el mundo sabía que era completamente huérfana. Froté con brusquedad y durante largo rato hasta controlar la rabia. una edad que para nada se correspondía con mi madurez. o lo que fuese ese sentimiento que sentía me devoraba por dentro. Es normal.. hasta que poco a poco fueron acabando con aquella niña inocente hasta hacerla desaparecer por completo. Aguanté la ira.. Esas cosas me perjudicaron a la hora de involucrarme con los demás. pero era lo normal. tan risueñas como siempre. Crecí aceleradamente por culpa del maltrato constante.. Tenía unos deseos enormes de arremangarme el ridículo uniforme azul celeste y lanzarme a una pelea de gallos. la disimulé adentrándome en la casa en busca de la bayeta para limpiar con fuerza.. Magda Stahl..

.. no me enfadaba saber que eran dueñas de algo que debería corresponderme. pero ni todo el oro del mundo me devolvería la felicidad. Siempre pensaba que se reirían de mí tarde o temprano. para ser sinceros. así que me sentía más cómoda sentándome en algún lugar escondido y silencioso. desde sus zapatos a algo tan insignificante como un cinturón.. hoy no me vería rodeada de esta infelicidad. casi besando sus pies con una amplia sonrisa.. cuando seguro que por dentro se retorcían de la envidia. Ahora además tenía algo claro. Pero a mí no me crispaba. las más chics. si bien soy consciente de que mi actitud no ayudaba para nada. sí. risueña y feliz. de años atrás... chica. con su club de fans y todo. El dinero no era más que dinero. líderes absolutas. Solo una única cosa lo haría: una persona que emplease algo de tiempo en enseñarme qué era eso y cuáles eran sus efectos. Ellas eran quienes marcaban tendencia. seguiría habiendo en mi interior algo de aquella niña inocente... no había dinero.. En cambio mis hermanastras parecían ser las reinas del colegio.No era una chica alegre ni sociable. cada vez que mi furia aparecía me inundaban los recuerdos más dañinos del .. Si siempre hubiese sido así.. papeles que como en el caso de ellas podían causar una enfermedad. era cuestión de tiempo. y que no les pertenecían. Aunque. Lucían cosas que se ganan con esfuerzo. Y es que había llegado a la conclusión de que la maldad endurece más firmemente que la tristeza. lo que hacía crecer su ego mientras repetían una y otra vez el precio de las prendas que llevaban puestas. jamás reclamaron mi atención. me escabullía de la multitud porque me intimidaba. mi vida no sería esta y. Personas que parecían vivir en un mundo paralelo a la realidad. quizá. Podía tener dinero. eres divina de la muerte! —les alababan. Fue mi madrastra quien me sacó de mis pensamientos. a pesar de la ausencia de personas tan importantes como mis padres. Y yo era el mejor ejemplo. por ejemplo. —¡Jo. Me di cuenta que tenía el brazo agarrotado por la fuerza con que lo tensaba..

Cuando termines lo que estás haciendo. sus bolsas de la compra.. Nos marcharemos mañana a primera hora —puntualizó. —Se dibujó una media sonrisa torcida en su rostro.. ¡No! Lo que ocurría es que no tenía dinero y llevarme a mí era un gasto más.. Tan grande que. Podía recordar las del año anterior como si de hoy se tratase. tú esta vez no vas a tener tanta suerte. de títere y payaso. —¿No voy a ir? —pregunté. llevando su pesado equipaje. No prepares la tuya. asimilando la información que acaba de estallar en mis oídos. manteniendo un hilo de voz flemático para no dejar ver ni un ápice de mi alegría.. Lo último que quería escuchar era que nos íbamos de vacaciones. la opción de llevarme era imposible. ya fuese un jersey planchado o un clínex para secarse el sudor.. —Charlot e Isabela dejarán preparadas sus prendas —continuó—. Posiblemente.. —Gelina. de mayordomo. Para muchos serían tres días de soledad. sus fieles masajes en la nuca… Pendiente de que nunca les faltase de nada. antes de dirigirse nuevamente hacia el jardín.. si Kaden no me había engañado —y esto me lo confirmaba—. Eran simples recortes. —No querida.. quiero que te dirijas a nuestras respectivas habitaciones y nos prepares las maletas para tres días. ¿Me estaba diciendo que no me iba con ellas? ¿Era eso? Ella creía que eso me fastidiaría. con grandes esfuerzos contuve el entusiasmo.pasado. Esta vez no. Casi podía sentirme emocionada y alegre. no. esto dejaba claro que podía ser peor a medida que transcurrían las horas. Mi mente quedó en un estado lo más parecido al de shock. a mí me tocaba ir para seguir haciendo de sirvienta. Si pensaba que hasta ahora había sido mi día fatídico. para mi suponían tres días de libertad. Para complacerlas y evitar que ellas hicieran el más mínimo esfuerzo. hacerles las maletas no me causaba .. Pero no para mí. —Chasqueó lo dedos—..

. derrochando marca y firmas conocidas. con una hebilla en ambos lados de color dorado. y por último.. otro verde. unos vaqueros y una camisa de seda color gris perla. Terminé de colocar cada delicada prenda en su maleta y las completé con ropa íntima.ningún tipo de molestia. Capítulo 6 Un paseo al pais de las maravillas. Al contrario. y un jersey de cuello alto color crema junto con una falda de tubo negra. intenté limpiar para entretenerme y lidiarlas un poco más. y algo más cómodo. siguiendo mis pasos de cerca y pasando por encima de todas las superficies su dedo maléfico. Deseosa por que las horas pasaran rápidas y fugaces.. junto a unos zapatos de charol color blancos. un traje igual que los anteriores pero en color salmón. Charlot colocó un vestido elástico. un traje de chaqueta y pantalón color caqui. y por primera vez.. otro con un estampado de cachemir que jugaba con el color blanco de fondo. «gold» como ellas los llamaban. Era la exquisitez en persona. una de sus mejores prendas y a las que más cariño tenía.. Pusieron sus mejores galas. a media pierna y cuello de pico. Cada una dejó sus tres mudas encima de su cama. más o menos a conjunto. uno en color rosa pálido. de color blanco roto. La señora Santo Polo siguió su exquisita línea: pantalones de pinza de cintura alta con sus respectivas chaquetas. ceñido.. Todo ello con sus correspondientes zapatos a juego y sus mejores bolsos. Era evidente que a . Aunque mi madrastra ya estaba al tanto para que no me aburriera. con mangas con sisa. siguiendo la misma línea de glamour. el azul y el lila. no me resultaba pesado obedecerlas. comprobando que todo estaba como ella quería. de la ropa interior deduje que era yo quien me encargaba. Isabela eligió su vestido palabra de honor color granate.

Me preguntaba qué pasaría cuando nuestras vidas finalmente se separaran. era de seda color lila claro. a pesar de mi tristeza y de la agonía a la que en ocasiones me veía abocada.. Habían sido educadas para eso con rigurosos protocolos. su olor. Hoy de menú un risotto.. Pero poco a poco las dos cogieron el ritmo al que eran sometidas. para no perder su peculiar paladar a los diferentes sabores ni los recuerdos de mi madrastra adquiridos durante su estancia en Italia. La señora Santo Polo las llenaba de halagos y ellas se fueron creciendo hasta convertirse en todo lo que eran hoy: nadie. La señora Santo Polo se sentía orgullosa de las hijas que habría convertido en malignas. que parecían masajear todo mi cuerpo. fui en busca de un camisón y me dirigí a darme un baño. Mi mente se . Nunca desee ser bien mirada por mi madrastra. Desde la bañera podía ver el camisón.estas alturas no me iba a enseñar a limpiar. Me sumergí por completo debajo de las calientes aguas. Era evidente que mi ironía había aumentado con creces y es que cada vez la soportaba menos. ¿quién será ese millonario? Debía de haber alguna víctima rondando en las malvadas mentes de las tres hienas.. Me molestaba su presencia. en seres repugnantes. Más bien la pregunta sería. Estaba segura que tanto Charlot como Isabela acabarían casadas con algún multimillonario. y sentí el placer en mis músculos por primera vez en todo el día. Después de recoger la cocina y terminar algunas cosas más que me quedaban pendientes. Charlot fue la que más lloraba en aquellas clases educativas extremadamente estrictas. ella siempre tan magnífica. Isabela en cambio parecía disfrutar con las directrices de su madre. porque todavía no eran nadie. su mirada. nunca quise ser una de sus hijas. pues no quería aspirar a semejante futuro. ¿Irían en busca de otro millonario? Eso era evidente.. ya lo hizo años atrás. su voz. notando algo de relajación. Hora de la cena. sin sentimientos y superficiales. Toda entera era un cuadro patético. hasta conseguir que aquellas niñas aprendieran a comer rodeadas de personas tan importantes como reyes.

dividió en dos bandos. luego cogí un tubo de máscara de pestañas de Charlot y me di una pincelada en cada ojo. eran del tamaño de media naranja. Peiné mi pelo y lo dejé caer en cascada por mi espalda.. Cerré la puerta del cuarto de baño a mi espalda y recorrí el pasillo con pasos ligeros.. el bueno y el malo. ansiosa por llegar al sótano. —Mírala. una nueva Gelina que sonreía. Se verá bien y todo. contando los pasos que me separaban de la puerta de acceso. haciéndome constante burla. No lo pensé. obligándome a retroceder tres pasos. No me quedaba mal. No tenía unos pechos muy robustos. me sequé y dejé deslizar la fresca tela por mi fina y suave piel. Era la primera vez que captaba una imagen de mi rostro alegre. —Recuerda. con la mirada fija en mis pies. El bueno me aconsejaba que no me lo pusiera porque era una provocación sabiendo que Kaden vendría a verme. Es patética —susurró al oído de . el malo me aplaudía y animaba para que abandonara a la Gelina precavida y sumisa de siempre. En ese instante escuché a Isabela. parecían más grandes y vivos. escuché las risitas de mis dos hermanastras.. aunque tampoco creo que la palabra belleza me acompañara.. más despiertos. —¡Un momento! —alzó la voz mi madrastra. pensé mientras una sonrisa aparecía en la comisura de mis labios. Cuando hice el giro para seguir mi rumbo hacia el sótano. Era la primera vez que lo probaba y daba muy buenos resultados. Entonces pude ver en el reflejo del espejo a una Gelina completamente diferente. seguro que a Charlot o a Isabela le quedaría mucho mejor que a mí. —Dígame señora —respondí una vez la tuve enfrente. nuevamente y como de costumbre. así que eché los hombros hacia atrás para que parecieran algo más voluminosos. deberás estar en pie a las cinco de la madrugada — concluyó en un tono dominante.

Sin prisas. hice lo mismo. marcando cada uno que avanzaba… El silencio se produjo en el mismo segundo que vieron que me giraba y sus rostros se llenaron de incertidumbre y curiosidad por mi comportamiento. donde la paciencia ya no existe. ganarías la medalla de oro por patetismo infinito. meticulosamente cuidadas. Cuando estuve a escasos centímetros de ella. hasta que consiguieron separarme de ella. —¡Mamá! ¡Mamá! ¡Quítame a esta de encima! —chilló Isabela. Más que suficiente para aumentar mi ira. Ella tomó un mechón de mi pelo y tiró con fuerza hacia abajo. la misma que acababa de ver en el reflejo del espejo. la zarandeé del mismo modo que ella hacía conmigo. Mis pasos se quedaron clavados en aquel mismo lugar. Caí . Las tenía a mis espaldas riéndose ruidosamente de mí y eso fue bastante para que mis recuerdos llegaran hasta esa misma tarde. alcé la mía y agarré lo primero que encontré. por inercia y a modo de defensa. —Ella me empujó con un golpe seco y yo. pero la imagen de Isabela asustada y con los pelos revueltos fue una satisfacción y una extraña sensación de desahogo. incapaz de dar uno más. Yo simplemente me aferré a su jersey y la sacudí con agresividad. —Te puedo asegurar que si entre tú y yo hubiera un duelo. que en esos instantes rebosaba a nivel superior. Me giré lentamente. La señora Santo Polo no esperó a que me girara para cruzarme la cara con una de sus largas y finas manos. con la que al instante se fundió en una carcajada.Charlot. para defenderme. Entonces esbocé una de mis mejores sonrisas. Enseguida sentí unas manos estirando hacia atrás de mi pelo sin contemplaciones. Fue entonces cuando vi que alzaba una mano pero. fuera de sí. fui yo quien rompí el silencio exhalando mi aliento sobre el rostro de Isabela. sin acelerar mis pasos. Posiblemente yo ahora me llevaría la peor parte. cuando Isabela suspiró una docena de veces por Kaden. enseñando mis dientes perfectos.

El silencio reinaba en la casa. Quiero el suelo impecable. dejó caer el pesado balde de agua al suelo con la suficiente brusquedad como para salpicar todo alrededor y escuchar el chapoteo al chocar contra las pareces del cubo. casi sin aliento y sin fuerzas. pero la figura de ella bajo el marco de la puerta me aclaró y contradijo mis sospechas. . Sin necesidad de ser demasiado inteligente para adivinar o predecir que mi castigo consistía en limpiar. Arrodíllate y friégalo a mano —terminó. azul oscuro. pero dichos actos solo me perjudicaban a mí.hacia atrás hasta quedar sentada en el sofá y al instante coloqué mi mano encima de donde ella me había golpeado. Eran más de las tres de la madrugada cuando terminé con el último gres que rozaba la puerta de entrada. sintiendo mi pelo pegado a la piel. A fin de cuentas sería para despedirlas. y con un dolor intenso en mis rodillas enrojecidas. Después de varios minutos sin oír nada. ni negación. mientras que ellas dormían yo estaba en el comedor acabando mi castigo. aunque solo fuese durante unos días. pues ya había habido demasiada guerra. Faltaban menos de dos horas para volver a levantarme. Acepté sin añadir palabra alguna. pero me di cuenta de inmediato de que mi actitud era la culpable de que ahora me viera arrodillada frotando cada baldosa. El día se me había hecho largo y cansado. Vi que sostenía un cubo y una bayeta. Escuché susurrar y chismorrear en el pasillo. Acto seguido mi madrastra se llevó a las dos del brazo fuera del comedor. con el camisón hecho un trapo y la cara impregnada de sudor. creí que ya se habían marchado. aunque la ira todavía latía en mis venas y la furia chillaba venganza contra Isabela.. Es cierto que sentí satisfacción por haber enseñado los dientes por primera vez.. dejando ver en su tono de voz la impertinencia y la arrogancia. —Ya puedes comenzar a limpiar —espetó la señora Santo Polo. A esas horas ya debería de estar con Kaden y por el contrario estaba en la cocina escuchando el tictac del reloj. Estaba cansada. tirando con mala gana la bayeta en mi regazo—. pero no me preocupaba.

Deslizó una mano por mi cintura y me atrajo suavemente hacia él. La oscuridad me produjo ceguera al cerrar la puerta detrás de mí. Fue entonces cuando mis dedos tropezaron con algo cálido y suave. la serenidad y. por qué no. Levanté mi rostro para mirarlo y poder ver el brillo de la pasión en sus ojos. que rompió el infinito silencio con su chirrido. desde ahí todo parecía diferente. olía a calle. Noté el calor y el latido de su corazón. Una vez estuve en suelo firme. Olía a fresco.. Abatida por el cansancio me dirigí hacia el sótano. Sin tener control sobre mi cuerpo. y deje caer mi cabeza contra su pecho. .. seguro que Kaden ya se habría marchado. la felicidad. con tanta delicadeza que parecía estar besando las nubes y yo creí estar hundiendo mis labios en algodones. Mi interior pedía a gritos que Kaden me acariciara y consolara con sus suaves manos. Había un tramo de las escaleras hasta llegar a la pequeña mesita donde yacía la lámpara y fui deslizándome por la pared. Mis pensamientos parecieron enloquecer ante esa tranquilidad y me sobrevinieron imágenes de nuestros cuerpos enredados. enredando mis dedos en el camisón por los nervios que producían mi vergüenza.Acabé de recoger. —Dejó unos segundos de silencio y continuó—. coloqué mi mano donde más o menos tenía calculado encontrar el fino cordel de la luz. a puro. sintiéndome como la princesa de un cuento. Mis pupilas ya se habían acostumbrado a la escasa luz y poco a poco comencé a ver cómo una figura iba cogiendo forma hasta darme cuenta de que era Kaden. —Estuve a punto de abandonar el sótano. Él se agachó para besar mis labios. todo tenía otro significado. Abrí la puerta del sótano. En ese instante reinaba la calma. Lo encontré. acariciándola con mis manos para evitar caerme. Tuve que controlarme mucho para no subir las escaleras y dar a esa panda de payasas lo que se merecen. Aunque la luz hubiese sido más escasa lo hubiera reconocido igual por su olor. —Pensé que te habías marchado —susurré.

no. casi en una súplica. quedando aferrada por completo a él. te voy a dejar descansar —dijo mientras su dedo se deslizaba desde mi sien. y algo vibró en mi vientre parecido a una pequeña descarga eléctrica. Kaden me besó con más urgencia.. —¡Gelina! —dijo reprimiendo un grito mientras se recomponía—. mascullando una maldición. Sentí cómo mi boca producía excesiva saliva y cómo toda yo temblaba casi con los mismos efectos febriles. algo frustrado—. más bruscamente. cuando nadie parecía poder terminar con eso. No creo que sea el sitio más apropiado. donde ahora sí cogí yo el timón y le besé. Kaden soltó un gruñido. aquí no. No. Kaden me tumbó en la cama. —Cenicienta. algo que me dijo que mis tácticas estaban funcionando correcta y favorablemente. acrecentando el fuego de mi interior y esperando a que sucumbiera. Con impaciencia enredé mis piernas alrededor de su cintura. pero por el contrario él se dejó llevar con facilidad hasta que lo tuve enredado a mi cuerpo. ya en lo más alto del deseo. lento y sin prisas. dibujando el contorno de mi cara hasta llegar a mi barbilla. Su cuerpo rígido y duro encima del mío no parecía pesarme. y con facilidad y destreza se deshizo de mi agarre. La primera llamarada de fuego que recorrió mi cuerpo fue la mano que Kaden deslizó por mi muslo. aproximándome y apretándome con urgencia. con el ceño fruncido. —se quejó. tentado por los juegos que le ofrecían mis labios. Entonces. El plan tramado por mí había sido derrotado. Yo fui la primera que me perdí en la pura pasión. al mismo tiempo que me acercaba nuevamente a sus labios.totalmente fuera de control. Levanté mis brazos para a traerlo hacia mi cuerpo y los miedos afloraron ante un nuevo rechazo. ni poder dominar nada de él. Dejé escapar un suspiro dándome por vencida. —Todavía no —le pedí. ... agradable. piel adentro bajo el camisón...

tan pronto podía ser amable como despiadado. —Llevo aquí bastante tiempo... ¿Qué pensará de mí ahora? Era la primera vez que me comportaba así.. la sorpresa. nunca antes había hecho nada parecido y. quizá un minuto. como si estuviera analizando o intentando comprender algo que no entendía—. ... —Siento mi comportamiento —susurré encogiendo mis hombros. era cierto que al rato ya no me sentía orgullosa de mi forma de actuar. brusco y enfadado. ¡esas son unas brujas encabronadas! —exclamó de repente.. —rompió Kaden el silencio que siguió a continuación durante unos segundos. —¿Cómo lo sabes? —pregunté sorprendida. Dejó escapar un suspiro y se cruzó de brazos. Sus ojos en ocasiones desprendían ternura o podían convertirse en cuchillos afilados.. aunque en un principio sentí satisfacción. Era totalmente desconcertante. Me sobresalté y pegué un pequeño salto. el enfado. El lobo había vuelto. conocía poco a Kaden y sus distintas formas de actuar todavía eran una caja de sorpresas. Gelina. casi separando la frase por sílabas. reprochándomelo interiormente. Pero para ser sincera. la confusión o. Me puse a la misma altura que ellas y eso no me enorgullecía. —¿Te estás disculpando por tu actuación? —dijo. Vamos a ver. —¿Qué? —preguntó con una mezcla de sorpresa y confusión..—De acuerdo —acepté por fin. intentando mantener un tono de voz bajo.. ¿Habría escuchado entonces la discusión? Sentí mis mejillas acaloradas por la vergüenza que me producía ser consciente de que él había sido testigo de mi comportamiento. Por la falta de luz no podía ver las facciones de su rostro y era incapaz de saber a cierta ciencia qué era más potente.. dejando escapar un suspiro. —Así que se van mañana.

Respiré hondo varias veces. tanto que se me hizo una eternidad recorrer los escasos milímetros que nos separaban hasta sellar los míos con los suyos. Estaba sonriendo y me alivió saberlo. tenía la sensación de regresar al primer día que me topé con su mirada. lentamente y como un domador intentando hipnotizar a su serpiente. Tragué saliva de un modo que sonó igual de escandaloso que los platillos de una batería golpeada con fuerza—.. centímetro a centímetro. Podía aguantar que las tres hienas no pudieran ni verme. —No te enfades conmigo —susurré algo apenada contra su boca. —Sentí como se tensaba sus boca y se curvaba.. en busca de ella y con urgencia. Así que. —Bueno. rezando en mi fuero interno que de algún modo me perdonase. pero no soy de piedra.. No lo había hecho nunca. echando una mirada al reloj que se . no juegues con fuego. intentando buscar alguna solución rápida y ahuyentar al depredador que en estos momentos acorralaba a su presa. Supongo que. Dejé escapar el aire con alivio y. —Tienes que descansar —dijo... Cuando el lobo aparecía —y no era necesario verle claramente para saber que había vuelto—. Sin prisas. despacio. pero no podía soportar que él se distanciara o se enojara conmigo.. la misma que me dejó arrinconada y atemorizada. Sentí una respuesta en sus labios cuando con suavidad se abrieron y su lengua rozó con gracia la comisura de mis labios. No quería que se enfadara. —Bel viso. así que suavemente me retiré y me dejé caer de nuevo en la cama.. Quiero hacer las cosas bien. fui acercándome sin dejar de observarle. Dejando claro en mis intenciones que iba en son de paz. me fundí en un apasionado y brusco beso. notaba sus ojos acechándome y sentía que su mirada pesaba. hasta quedar a escasa distancia de él. Sabía que se refería al roce. —balbuceé. Aguanté la respiración esperando su respuesta.A pesar de la poca luz. intentando calmarme. no lo soportaba. Luego levanté una mano y la enredé en su pelo antes de ir en busca de sus labios.. que es normal.

Cierra el pestillo en cuanto salga —ordenó en un tono más severo. mientras dejaba salir el aire de mis pulmones.veía a duras penas—. Me dirigí al cuarto de baño y deshice la apretada coleta para dejar mi melena suelta por encima de mis hombros. decidí arriesgar un poquito más y me maquillé las pestañas antes de aplicarme un poco de polvos en el rostro. es un enfrentamiento con un posible ganador. Me tumbé en la cama. sonó el escandaloso timbre. Tenía suerte de que Charlotte y yo usáramos la misma talla. me quedé con esas dos prendas escondidas al final del cajón. Me quedaba una hora y poco más de descanso. pensé. Ahí estaba yo. esta vez sonriendo. «Libre». así que cogí unos tejanos bien apretados y una camisa blanca. Me sentía eufórica por la esbelta chica que veía. segundos después. ¿Quién sería? ¿Sería Kaden? Un hormigueo recorrió mi estomago haciendo que el corazón me diera un vuelco para latir loco y . parecía exactamente como suena. volví a repetir. con cara sonriente y ojos brillantes. Animada con la Gelina que veía en el espejo. pero no pensaba quedarme a descansar. así que cuando un día hizo limpieza de armario y me dio las bolsas para que las tirara. y sentí cómo mi colchón se acomodaba a mi espalda y mis músculos se iban relajando poco a poco. no mucha cantidad. y era que una presa se convierte en tal solo si se deja aterrar. Si no se deja intimidar ya no es una presa. No había dormido nada. que eran un total de setenta y dos horas. Me quité el uniforme azul celeste y fui en busca de algo más adecuado. «Libre». Una cosa había aprendido esa noche con él. tenía que disfrutar y las ganas hacían que estuviera más activa. Tres días. abatida. apenas unos cuarenta minutos si llegaban. como si estuviera hablando de otra persona y no de mí misma. Cuando me disponía a salir por la puerta vi una sombra detrás de los cristales ahumados y. Entré y cerré la puerta con el pie. y sí. en la puerta de casa viendo como el taxi se perdía calle abajo y con él las tres hienas.

debido a mi sorpresa y confusión. señorita —me saludó el cartero sin levantar la vista del papel que estaba rellenando sobre un paquete del tamaño de una caja de zapatos. —Un tal… —miró en el formulario—. no había tenido ninguno en mi vida y me daba miedo tocarlo y poder estropearlo. ¡Guau!. ¿A mi nombre? El teléfono ya estaba en marcha. ¿Para mí? ¿Cómo? ¿De quién? —So. espero que disfrutes de tu primer día de libertad. sentada en el sofá con el paquete en las manos. —Buenos días —contesté tímidamente. Eso sí que fue una sorpresa. Mi querida Cenicienta. por favor. —Me extendió el formulario junto con el bolígrafo. que tenía una nota encima y que reservé para el final. no era él. pero no tenía ni idea de cómo funcionaba. soy yo —dije a trompicones... —Buenos días. —Traigo un paquete para la señora Gelina. Durante un momento me sentí como una niña nerviosa. —Bien.descontrolado. Era un hombre de mediana edad vestido con uniforme y una gorra con el nombre de una empresa de mensajería. pensé. Dentro de él había un móvil de última generación y una tarjeta de crédito. Pero no... —Acto seguido me entregó el paquete. Con dedos temblorosos abrí el paquete. Kaden. pues firme aquí. —¿Quién lo envía? —pregunté intrigada. sin más. . No lleva apellido. ¿Correo? La señora Santo Polo no me habló de ningún correo y siempre solía avisarme cuando esperaba algo. ilusionada e intrigada por su regalo.

Gozaba de verlos sonreír y observar cómo sus madres calmaban sus llantos por alguna caída. divertida y encantada de conocer a aquella persona que me acompañaba en los reflejos. pensé con ironía. . llené los pulmones con aire fresco y deseé que aquel momento llegase a ser eterno. almas inocentes. a la sombra de los arboles la vida parecía tener sentido y el mundo conspiraba con mi propia felicidad. Ya estaba en la calle. andar por las calles y observar cómo las personas viven en su día a día. También estuve en el lago viendo a los patos y contemplando la naturaleza.No te olvides el teléfono. añoré. «Manos curativas». no para mantenerla intacta.. El calor del sol penetraba en mis poros y erizaban mi piel con repetidos escalofríos. pero si muchas risas».. Un sonido algo estresante me sacó de mis pensamientos. La tarjeta es para que la utilices.. lo he programado para que las llamadas de tu casa se desvíen a él. No quiero que te prives de nada. Puedes irte tranquila.. tumbarme en el verde césped de un parque hasta cansarme de los rayos de sol. Esa era mi felicidad. lo que yo en su día me perdí. mirándome de reojo en las cristaleras de locales. «No hubo diversión. Luego me dejé caer sobre el césped del primer parque con el que me topé. sonriente y contenta. pues mi libertad consistía en pasear al aire libre durante toda la jornada. pasear y sentirme libre hasta acabar rendida. en los escaparates y en cualquier superficie que me devolviera mi imagen. te llamaré. niños en el parque disfrutando y riendo… Parecían ángeles. si tu madrastra decide llamarte. Un sonido que parecía distante pero al ponerle atención daba la sensación de venir de dentro del bolso. Me sentía completamente enamorada de todo lo que veía. lo que nunca tuve durante mi infancia. Kaden No necesitaba la tarjeta.

capaz de mitigar cualquier tipo de herida o rozadura que hubiera en mi interior. —Hola. Mi nombre es Morgan. era el culpable de todas las nuevas sensaciones que descubría. capaz de dominar todo mi ser y conseguir de un paisaje de cenizas un hermoso jardín de flores. —¿Cómo va la mañana? —¡Por ahora bien! Estoy muy contenta —respondí entre carcajadas —Ya veo. buenos días.—¿Sí? —Hola. Pero si no la hacía servir. Sin ser él consciente de la Gelina que estaba despertando o dando forma. en el centro de la ciudad. —Hola. —Hola. sino de tener que hacer uso de la tarjeta extendida extrañamente a mi nombre. Enfrente de mí había una mujer que decía ser su secretaria. Mi nombre es Gelina. Sus palabras sonaban tan suaves como la misma brisa que rozaba mi piel. buenos días. Odiaba tener que hacer algo que no había pensado. llegar hasta el centro de Londres me llevaría demasiado tiempo. Kaden finalizó la llamada tras facilitarme la dirección de su oficina. ¿Está Kaden? —El señor Kaden no puede atenderla en este momento —comentó al . la sexta. ¿en qué puedo ayudarle? —dijo amablemente mientras se levantaba para ofrecerme la mano. Cenicienta. Me planté en la oficina y subí a la planta que me indicó. Kaden —contesté. que era más que evidente que me apetecía. contenta. y no hablo de ir a comer con Kaden. ¿Estás dispuesta a compartir esa felicidad y venir a comer conmigo? —¡Sí! ¿Adónde vamos? —Es una sorpresa.

repetí para mis adentros. démelo a mí y yo se lo haré llegar. si es para dejar un formulario de empleo. podría planteármelo en un futuro. Dejé de prestar atención a su conversación y me centré por los maravillosos cuadros que había colgados en las paredes. —Bueno. sino por intimidación y miedo a perder el control. confusa. El corazón me latía desbocado y un pequeño escalofrió recorrió mi nuca. sin necesidad de acercarse. ¿ha anulado todas la visitas. enseñando sus dientes perfectos e inmaculados. Mi pulso se aceleró y... ni por lo fría que pudiera ser. sería y formal. . señor —contestó ella. su mirada comenzó arrinconarme de nuevo.mismo tiempo que me miraba de arriba abajo—. en realidad no vengo por cuestiones de trabajo —contesté con una sonrisa—. Verá.. no me desagradó la idea. pero no por miedo. Me giré confusa y allí estaba él. Me resultó gracioso. En ese instante escuché un carraspeo que venía justo de mi espalda. muchos ni los entendí. si tenía que ser sincera. con el pelo revuelto. aquella muchacha inspiró en mí mucho más de lo que nadie había hecho hasta ahora. —Señorita Morgan. pero el contraste de las pinturas con el color gris azulado de las paredes creaban una fusión muy acertada. con un traje de chaqueta y pantalón color negro. He quedado con Kaden. «Becaria». Eran difíciles de descifrar y. y un brillo en los ojos que le daba una apariencia más juvenil y un tanto juguetona. como le ordené?— preguntó Kaden a su secretaria sin apartar sus brillantes ojos de los míos. mientras nos observaba. sin corbata y los primeros botones desabrochados. Dudó durante varios segundos hasta decantarse por llamarlo por teléfono. Tenía una sonrisa impecable. Intenté calmarme para no salir corriendo y agarrarme con fuerza a su cuello de un salto. estaba contemplando lo más parecido a un ángel caído del cielo. ¿Me había confundido con una aspirante a becaria? Bueno. —Sí.. dándole una chispa entre informal y chico malo recién sacado de una revista.

tan serio como él y tan poco familiar como su casa. En su línea. Incluso pude sentir algo de vértigo. Aquel espacio contenía un enorme escritorio de gruesa madera color dengue. me guió al interior de su despacho.. pasando un dedo por el filo del marco más grande. Me quedé impresionada cuando. Todo lo que fuera intriga parecía rodear a Kaden. —¿En qué piensas? —interrumpió Kaden mis pensamientos.Kaden dirigió en esta ocasión su mirada hacia la secretaria e hizo un gesto de aprobación con la cabeza. A la fabricación de barcos de lujo —contestó mientras se apoyaba en el escritorio con los brazos cruzados. Con un gesto rápido y repentino. Odiaba ser tan vergonzosa y quería romper barreras y separar a la Gelina sumisa de siempre de la Gelina de ahora. —En la elegancia. me encontré con una enorme cristalera y unas hermosas vistas de la ciudad. con un cortés gesto de la mano. Acto seguido volvió estudiar mi cuerpo con sus ojos oscuros y. con una estantería cuadrada a juego y unos hermosos cuadros de colores suaves que parecían desprender calma... pero aun así era una maravilla. —respondí tímidamente. . Un despacho interesante. Choqué contra su pecho y sentí que las piernas me flaqueaban bajo los temblores. Kaden estiró su brazo y me atrajo hacia su cuerpo. —Muy bien. muy sofisticado.. pero necesitaba acercarme y poder tocarle. Era difícil andar con soltura cuando su mirada estudiaba cada milímetro de mi rostro. pues puede marcharse. ¿A qué se dedica tu empresa? —Es una naviera. nada más entrar. Dudosa y algo avergonzada. Sentí cómo nuevamente mi cuerpo se estremecía en su presencia y los latidos del corazón chocaban con fuerza en mi pecho. que parecía divertirse en momentos como estos. me acerqué lentamente. ya no necesitaba que se acercara o me rozara para sentir la llamada de mi loba interior. situado justo en medio de la pared derecha —.

vacilante. Tenía la mandíbula ligeramente apretadas y en su mirada. Cada beso despertaba algo nuevo en mí. Romano. un tanto irritado y sorprendido... Colocó una mano en mi mentón para encontrarse nuevamente con mi mirada. me acerqué y agarré con más . Con esfuerzo conseguí mantenerla sin la necesidad de volver a huir de aquellos ojos tan oscuros como su presente. Mendax? —preguntó Kaden.. Kaden era mi ángel. Se acercó y dulcemente rozó su nariz con la mía.—¿Te he dicho que hoy estas extraordinariamente guapa? —dijo desafiándome con la mirada. que me recorrió y murió un poco más abajo. cara cuadrada. Ante el gesto. mi ángel oscuro. más yo. —escuché una voz masculina y ronca a mi espalda. piel aceituna y ojos verdosos. —¿Qué haces aquí. incluso sentí cómo su brazo se agarrotaba alrededor de mi cintura. —No sabía que estabas acompañado.. Fue entonces cuando vi a un hombre de pelo castaño y canoso. Asustada. Fue el ruido de la puerta lo que rompió la magia de aquel instante. tomó mi mano y me colocó a su lado. Justo unos segundos después dejó caer con suavidad su labios en los míos. por lo que miré a Kaden y observé que ahora estaba tenso. Vaya... Me escabullí de sus ojos penetrantes enfocando los míos en los primeros botones de su camisa. una excitación explotó en mi vientre. —dijo este mientras me devoraba con la mirada. espesas y despeinadas cejas.. de aquel beso.. Yo estaba de espaldas de la puerta. Kaden me soltó. estaba el lobo.. vaya. dándome más vida y haciéndome sentir en cada ocasión más viva. con una mirada de desdén y soberbia. más fuerte.. sintiendo el calor que mis mejillas despedían. consiguiendo los mismos efectos que el primero o el último. Mi saliva se espesó y ese deseo descontrolado volvió a brotar nuevamente.

—Sí —contesto Kaden con gruñido—. en ningún momento lo llamó por su nombre. él se llamaba Kaden. con mis pies clavados en el suelo. crispado. —dijo Mendax en una mezcla irónica y sarcástica—. —Perfectamente. las puse yo. Era curioso..fuerza que antes a Kaden. Noté cómo mis músculos se relajaron cuando la puerta chocó contra el marco. Además yo había podido percibir la amenaza continua detrás de cada palabra de ese tal Mendax. parecía un enfrentamiento y Kaden tenía cara de pocos amigos. ¿A qué has venido? —En realidad ya no tiene importancia. Romano? Él soltó mi mano y se acercó más al intruso. sorprendido por la aparición de ese hombre. —No recuerdo a esta fulana. rígida.. Luego volvió a girarse dirigiendo su mirada verdosa hacia mí —. En sus ojos se reflejaba ira e irritación. Algo no iba bien. —Entonces me estás diciendo que la veremos entre nosotros esta noche ¿no? —argumentó Mendax con una inocencia sobreactuada. Este lo había llamado Romano. Será un placer conocerla esta noche cuando Romano la presente. verdad. Kaden parecía enfadado. ¿Romano? No tenía sentido. que casi sonó como un gruñido. dejando un sonido seco y después un silencio. Así que no me jodas —repuso.. Kaden soltó un bufido. y enredó los dedos en su pelo con fuerza. Él acarició mi mano con el pulgar en un intento por tranquilizarme. Yo en cambio seguía en la misma posición. ¿Te acuerdas de las normas. puede esperar hasta la noche —dijo Mendax mientras rotaba sobre sí mismo en dirección a la puerta. ¿O no? Mantuve el silencio para darle tiempo a que ordenara lo que estuviera ..

fuera de ese vínculo. —Que han cambiado los planes para hoy —contestó. Me apoyé un poco más en el escritorio. dejó caer un suspiró y prosiguió—.. pero mis músculos aún estaban tensos y el recuerdo de aquellos ojos verdes me estremecía de miedo.. disgustado. maldiciendo algo en italiano. Cuando te dije que yo no era lo más parecido a tu príncipe azul no me refería a que no pudiera comportarme como tal. ¿Tenía miedo? . —Es mi alias en mi trabajo oscuro. Me regañé a mi misma e intenté concentrarme en la conversación. Debía de estar enferma cuando. todavía enfadado. —Dejó un silencio de varios segundos y retomó la conversación—. agobiado. me pareció el hombre más sexy sobre la faz de la tierra e imágenes eróticas se paseaban por mi mente. —¿Por qué te ha llamado Romano? —Formulé la pregunta casi sin darme cuenta que lo había hecho en voz alta. —Yo no quería esto para ti. Sentí cómo mis pulmones se llenaban de aire poco a poco sin expulsarlo.pensando malhumorado. más a salvo estarás. —dijo. Apretó con el pulgar e índice el puente de la nariz. así que no preguntes —puntualizó. bajo la situación en la que estábamos. mientras colocaba los brazos en jarra en su cintura. masajeándose una sien con frustración palpable en su rostro. caballeroso y educado. Me refería a que quizá yo no podía ser el príncipe con un final feliz. resoplando y bufando en repetidas ocasiones. Quería mantenerte alejada. Parecía abatido. Kaden se paseaba de un lado a otro de su despacho. —¿Qué es lo que pasa. Y créeme si te digo que cuanto menos sepas. Noté cómo mi expresión se tensaba. No puedo contarte nada — resopló—. Kaden? —me atreví a preguntar. se han jodido las cosas.. confusa por la situación. Estos no eran mis planes..

—¿Hasta dónde puedo saber? —pregunté al mismo tiempo que me sentí como una tonta por seguir preguntando.. No usamos nuestros verdaderos nombres en ese ámbito. poderosamente tentadora. —No tiene sentido. una presa fácil para ellos.. el mismo que rozó con gracia su nariz con la mía. pero quería desviar su atención y liberarme de su mirada.. Seré rápido e iré directamente al grano: mi mote es Romano porque soy italiano. Me gustaba más Kaden. —Gelina… —Mi nombre sonó como un gruñido—. ¿Cuál es tu trabajo oscuro? —Es curioso que te he dicho que no preguntes y desde que hemos comenzado la conversación solo has formulado preguntas —replicó con una media sonrisa. una fuente de información.. el que me besó hacía escasos diez minutos atrás—. No tenía coherencia. Cuando hablo de ellos no me estoy refiriendo a mi mundo. ¿De qué estaba hablando? No entendía nada de cebos. era intimidante. poderoso..¿Miedo de él? Sí y no. Eres un cebo. —Hasta ahí —respondió seco y contundente—. —¿Y por qué Romano? —No sabría decir por qué me decanté por esa pregunta. Mendax también es un mote que proviene del latín y significa mentiroso. . Todos tenemos alias en este mundillo. que ahí te protejo yo.. Parecía estar un poco más relajado y me tranquilizó saberlo—.. Nadie.. Mendax ya lo sabía. es más. Esta noche estaré en una cena de lo que sea que sois. Ellos sabrán que sé —dije confusa. Podrían pensar tranquilamente que yo sabía cosas aunque no fuese así. Vi cómo sus ojos estudiaban mi rostro en busca de un anticipo de miedo e intenté mantenerlo aséptico. peligroso y. Kaden soltó una risa amarga antes de hablar. ellos se enterarían que estaba con él. No me gustaba el lobo. presas y fuentes. Tenía miedo al final infeliz.

. —Ellos siempre van pisándonos los talones. créeme. —Sí. —Hizo un suspiro. petrificada con los pies clavados en el suelo y con los ojos tan abiertos como daban de sí. justo a mi lado y continuó—. No quería infiernos. De ahí nadie podría rescatarte. Me quede absorta. Bueno. Nada de eso. —No contestaría. pero no tienen ni puta idea. ¿Entiendes la diferencia? —Me crispó el tono que utilizó. apoyando sus caderas en el borde del escritorio. totalmente desconcertada.. tú sabes. ¿El mundo legal? ¿Qué quería decir con eso? Comencé a perderme en el primer punto de la conversación. no puedes llegar a imaginar qué sentirías si te vieras encerrada en un cuarto de hormigón y vallas el resto de tu vida. pero ahora ya no entendía absolutamente nada. Olfatean y huelen a mierda. Tú no sabes. Lo que fuera le enfadaba. eso lo que ellos se creen. parecía estar hablando con una tonta—. y creo que irritado por mi inocencia o falta de inteligencia. la presa perfecta para avasallarte a preguntas y que respondas fácilmente. Hablo de este mundo —dijo mientras pisoteaba con fuerza el suelo de su despacho—. No quería verme allí. —No sé a qué te refieres —dije con los ojos entrecerrados. Este..nadie —remarcó la última palabra— se atreverá a toserte encima. De esta manera te estoy asegurando tu inocencia. —dije firme. Eres una chica con un pasado «limpio». —Ah. eres cómplice. sí lo harías. ni en mi casa ni en la cárcel. . no eres culpable. el mundo legal. —¡Hablo de la Policía! —exclamó casi chillando. y eso te da todas las papeletas de ser ante sus ojos una ingenua. Te puedo asegurar que si crees vivir en un infierno por verte encerrada en tu propia casa.. no quería más jaulas. sin antecedentes. —fue lo único que conseguí decir...

cuando era pequeña. aferró mi mano y entrelazó sus dedos con los míos para dirigirse hacia la puerta de salida y el ascensor en silencio. —Vi en sus ojos un brillo de dolor. —Solté mi frase dejando a Kaden con la palabra en la boca. Me encantaban. Yo pretendía mantenerte en este mundo. sabía lo que sentía.. Entonces me esforzaba por comerme todo el plato y así poder elegir mi postre preferido. Dio por finalizada la charla. helado de fresa con jarabe de arándanos. Capítulo 7 Susurros en la noche Estábamos en un lujoso restaurante del centro de la ciudad. «Mmm. —Ni tú si yo contestaría —repliqué. Vamos a comer. mi padre me llevaba en algunas ocasiones a restaurantes italianos.Observé cómo sus ojos me escrutaban. solo y únicamente en este. —¿En qué piensas? . pensé con nostalgia. —Se acabó la conversación. alejada de todo lo demás. —No sabes de lo que estás hablando —repuso con algo del desprecio que impregnaba su voz. —Las cosas no han salido como yo quería. Gente de clase alta comiendo manjares. lo podía averiguar fácilmente en mi rostro y en mi cuerpo rígido y tenso. Recuerdo lo feliz que me hacía cuando dejaba algún hueco libre en su ajetreada agenda para hacer ese tipo de cosas. Recuerdo vagamente que. vestidos a la altura de sus carteras. cabezota. veía mi miedo. qué rico estaba». —No pasa nada. asumiré el riesgo..

—Agua —aclaré. quizá demasiado para mí gusto… Estaba tan tenso que parecía un palo. junto a un pelo débilmente despeinado daban como resultado a un chico terriblemente atractivo. —Solamente por la sonrisa que he visto. Intente deshacerme de ellas y volví a concentrarme en la carta que sostenía en mis manos. Al final me decanté por un terciopelo tibio de espárragos blancos con verdel escabechado. la sentía. No necesitaba dirigir la mía hacia él para saber que yo era su objetivo. encogiéndome de hombros mientras dirigía mi mirada a la carta del menú. él y yo besándonos. capaz de hacer palpitar el corazón más frío y destrozado del mundo. — respondí con una sonrisa hasta dejar los dientes al descubierto. parecía estar más relajado y en sus ojos vi algo de tranquilidad. oscuros ojos marrones.. —Que me gusta el helado de fresa con jarabe de arándanos.La pregunta de Kaden me trajo al presente de golpe. Le observé. —¿Qué vino prefieren para beber? —preguntó el camarero con una correcta postura. Levanté la vista y observé sus ojos. él lamiendo mi cuello. Sentí como su mirada entraba en mi alma y en mi mente y depositaba una serie de imágenes. Sus facciones eran perfectas. —¿Sabes ya lo que quieres? —me preguntó mientras alzaba una mano para llamar la atención del camarero. . —Viejos recuerdos —contesté. Yo afirmé con la cabeza. —¿Y cuáles eran esos recuerdos? —Seguía con la mirada fija en mí. —¿Qué te apetece? —quiso saber Kaden.. se ha convertido también en mi postre favorito —dijo divertido. él acariciando mi piel. eran penetrantes. espesas pestañas y piel blanca sin ser pálida. cuadrada mandíbula sin ser excesivamente pronunciada.

pero a medida que iba bebiendo. Kaden parecía tener un muro protector. destruida por los fantasmas de mis sueños y los del presente. Viendo por donde iba me explayé en el tema. con elegancia. Justo después pedimos los platos y con gran esfuerzo logré decir lo que había elegido. recordando que me bebí la botella entera —. No se podía sobrepasar el . no me sentía orgullosa de mi borrachera y tampoco me hizo feliz recordar el castigo. arrugando la nariz. abrió la botella de agua mineral y vertió hasta media copa.. El primer trago no fue agradable. una bofetada y un severo castigo. Sería una sorpresa con lo que me encontrara. divertido. Kaden le dio las gracias y una vez el camarero se marchó volvió a dirigirse hacia mí. —¿Cómo se llamaba tu madre biológica? —Tenía curiosidad. sin saber aún lo que había pedido. —Esbocé una media sonrisa. E l maître interrumpió para dejar la bebida encima de la mesa y. —¿No te gusta el vino? —preguntó Kaden mientras observaba el teléfono móvil y lo posaba sobre la mesa..—Muy bien. el sabor era más dulce. —Una noche. —Quise finalizar el episodio lo antes posible.. Después de una pesadilla. se le notaba en la mirada.. era fuerte y amargo.. casi meloso. —Eso quiere decir que lo has probado —argumentó. siguiendo el protocolo. Después. Cerré la carta. —No —insistí. me dirigí a la cocina y cogí una cara botella de vino de mi madrastra que ella guardaba para una ocasión especial… —dejé una pequeña pausa para coger aire y continué—. que parecía estar escrita en otro idioma y con platos tan raros que podrían haber sido traídos del espacio.. pues agua para los dos —informó él al camarero. tuve que lidiar con un fuerte dolor cabeza.

me levantó la barbilla con una . Él escuchó atento y. tenía el alma bonita. Se acercó a mí y me atrajo hacia él agarrándome por la cintura. Sonaron raros en mis labios y en mi voz adulta. El plato fue una sorpresa pero me gustó. Y ahora también sabía cuándo tenía curiosidad.. nadie quería saber nada. aprendí desde el primer momento a conocerlo a través de sus ojos. La comida fue estupenda. era dulce. pero este Kaden me tenía absorta y locamente enamorada. y había ocurrido en poco tiempo. Los quieres —repuso mientras estiraba un brazo y me acariciaba la mejilla. Nadie me preguntaba. Kaden me decía con la mirada lo que los labios nunca expresaban. —No debes sentirlo. sin secretos. Supe entonces que yo le importaba. —A continuación bajé la mirada hacia mis manos que estaban entrelazadas la una con la otra. Cuando Kaden se convertía en lobo no me gustaba. cuándo tenía carta blanca para acercarme y cuándo era «basta». amable y transparente. desde el minuto cero. cuándo se enfadaba. cuándo estaba relajado. todo lo que excedía de él iba acompañado de silencio. una sensación muy extraña. estaba exquisito. Ya estábamos en la calle a las tres de la tarde. Lo siento. es normal que los eches de menos. —Mi madre se llamaba Aline y mi padre Edison —dije con la voz quebrada por la nostalgia. quería contárselo todo. en sus ojos se reflejaba el dolor. cuándo preocupado. Él tenía curiosidad y me preguntó cómo fue la llegada de la familia Santo Polo a mi vida. de vez en cuando. Él a mí también me importaba. le importaba de verdad. Carraspeé para aliviar el nudo que tenía en la garganta y aclaré la voz—. Sentí su aliento en mi cara.límite. Pero yo había aprendido a sobrepasarlo sin que él se diese cuenta. dejaba ver su alma y era bello por dentro. más de lo que imaginaba. Contesté a todas y cada una de las preguntas.. sin tabúes. con el aire fresco rozando nuestra piel y el calorcito del sol chocando contra nuestros rostros. Hacía muchos años que no decía sus nombres en voz alta. qué recordaba de mi niñez y qué significó para mí la perdida de mi padre.

no me gusta. me decanté por el último. Puedo ayudarle si me dice cómo irá vestida. uno en azul oscuro y otro color champán. largo y sin ser excesivamente ajustado.mano que colocó en mi mentón y me dio un beso rápido. todavía atrapada entre los brazos de Kaden. Resoplé dando casi por imposible que pudiera enseñarme algo que acabara convenciéndome. ¿Podrás hacerlo tú sola? —Sí. Me probé varios vestidos. dos en negro. Me convenció el color. Después fui a otra conocida tienda en busca de unos zapatos. Jamás me había colocado unos tacones de vértigo y no quería que Kaden hiciera el ridículo por ir del brazo de una mujer que no sabía andar con zapatos altos. —Discúlpeme. Me adentré en el centro de la ciudad en busca de las mejores boutiques. El color del vestido era especial y eso complicaba la búsqueda de un zapato adecuado. pero el hecho de venir a comer contigo ya ha supuesto un retraso importante en mi trabajo. —Me hizo un mohín. —Necesitas un vestido y unos zapatos adecuados para la fiesta de esta noche. —Usa la tarjeta. Era de tela brillante. Eso fue lo que me desquició más. Después de varias peleas mentales. de tirantes. señorita —dijo la dependienta—. Me gustaría acompañarte. No me hagas esperar. Necesito unos zapatos . Cuento con unas a expertas del glamur que me han enseñado las últimas tendencias —dije con una sonrisa. pero ninguno acababa de convencerme y empecé a sentirme agobiada. fugaz y sonoro. —El vestido es color champán —le informé—. Estuve mirando docenas y docenas de ellos. no será difícil. —Pasaré a buscarte por tu casa a eso de las siete y media. y los que tenían un color que podían conjuntar tenían demasiado tacón. mi piel era bastante pálida y me favorecía más que el negro.

que queden bien. y sobre cada empeine un adorno de piedrecitas finas que rodeaban un abalorio en el medio un poco más grande. —Veamos. parecían de cristal. de color gris perla exageradamente brillante. del tamaño de una moneda. colgadas de su cuello. me pregunté para mis adentros.. Lo cogí con manos inseguras. ni redondeada ni demasiado puntiaguda. Deposité en ella todas mis esperanzas para encontrar algo medio en condiciones. Eran muy finos y elegantes.. que pudiera llevar aquella noche sin hacer el ridículo debido a un traspiés.. un icono color verde con un teléfono dibujado palpitaba. (enviado a las 17:38) ¿Has terminado de hacer las compras? Después de un cuarto de hora observando como una tonta y experimentando con el cacharro que tenía entre mis manos comencé a saber.. pero que no sean excesivamente altos… —Y acto seguido resoplé nuevamente. ¿Qué era eso?. escuché un sonido parecido a un pip pip. —A ver. ¡Eran perfectos! Me relajé cuando ya me dirigía a casa con todo lo que necesitaba: el vestido y los zapatos. . Yo me conocía. Tenían punta mixta. más o menos. de modo que pudiera observar los magníficos zapatos.. con una media melena rubia y unas gafas con cordel que reposaban contra su pecho. así que di un toque con el dedo en aquello y directamente salió un mensaje. Instantes más tarde apareció con una caja entre sus manos. Tengo unos en la parte de atrás que creo que son lo que busca.. era táctil. Sentada en la parte de atrás del taxi. ¿qué le parecen estos? Abrió la caja y retiró una tela protectora de terciopelo color cereza que los cubría. cómo funcionaba ese chisme. Debería tener unos cincuenta años más o menos.. Miré dentro de mi bolso y vi la luz del teléfono encendida.. Kaden. —La dependienta se alejó. Si me permite.

un poco agobiante. después los pantalones. continuaré por el sujetador y por último. divertida como nunca. Gelina (enviado a las 18:12) Me voy a duchar con agua excesivamente caliente.. Pagué y amablemente me despedí.. Ya te acostumbrarás.. Kaden (enviado a las 17:56) ¡Joder! ¿Por qué has tardado tanto en contestar? Gelina (enviado a las 18:04) ¡Porque no tengo ni idea de cómo funciona este chisme! Kaden (enviado a las 18:05) Ya veo. llena de vaho. las braguitas. En ese instante. pero al final todo salió estupendamente. ¿Ha ido bien la tarde? ¿Espero tu mensaje ahora o llegaré yo antes a tu casa? El taxi acababa de dejarme en la puerta. . Comenzaré a quitarme el jersey. Encendí el grifo y puse el agua caliente. Kaden (enviado a las 18:11) ¿Me estas provocando? «¿Provocando? ¡No!».. me puse a escribir. Me voy a duchar. Volví en busca del móvil y. una sonrisa malvada dándome ideas rebeldes se pasaron por mi mente.. estoy a punto de llegar a casa..Gelina (enviado a las 17:54) Sí. Gelina (enviado a las 18:10) ¡No te cachondees! Bien.

sentada sobre la tapa del inodoro esperando a que el agua saliera caliente. para mantener mi inocencia a salvo». Pero sí me parecía a la mujer que en algunas ocasiones soñaba con llegar a ser. dejando escapar un suspiro. enrollando los dedos de las manos entre sí con fuerza. las manos empapadas de sudor frío y la boca tan seca que me costaba esfuerzo tragar saliva. El reloj de la sala de estar marcaba las siete en punto. HAY LOBOS EN EL RECINTO». De repente sonó el timbre de la puerta de . me apliqué máscara de pestañas y suspiré al verme frente al espejo con un aspecto que nunca antes habría reconocido. sinceramente. él había levantado el muro de hormigón donde un cartel grande decía: «PROHIBIDO EL PASO. Mecía mis piernas con impaciencia. ¡Hasta luego! Capté el mensaje y arrugué la nariz. pero no podía relajarme mucho. Me maquillé un poco y puse algo de sombra de color dorado tirando a marrón en los párpados. Me sumergí en el agua. Ahora que me lo estaba pasando bien. No sabía a lo que me enfrentaba.Estaba riéndome a carcajadas yo sola. aun quitándote tantas cosas… No sigas por ahí. no le había dado tiempo a leerlo! Kaden (enviado a las 18:13) Pues. No estaba agotada. «¿Quién estará en la cena? ¿Quiénes son? ¿Cuál es el mundo de Kaden? Ese que no quiere que sepa. No parecía yo. Pero en ese momento sonó el teléfono.. reposando la cabeza contra el borde de la bañera. Estaba nerviosa e impaciente. en realidad era el día que menos había hecho desde… ¡A saber cuánto tiempo hacía!. No podía ser. según él. Has batido un récord… No has tardado ni un minuto en enviar el mensaje. ese que debe ser un secreto que jamás me contará.. me has dejado sorprendido. intentaba calmar mis respiraciones y controlar mis nervios. Quedaba una hora para que Kaden llegara. me recogí el pelo en un moño despeinado. Ya vestida.

Cogí un vaso y lo llené de agua fresca lo más rápido que mis nervios y la emoción me permitieron. sollozando.entrada. Me llevé una sorpresa cuando abrí la puerta y. A su lado seguro que me tranquilizaba. grandes y espesas lágrimas que se deslizaban mejilla abajo. «Menos mal que él ya había llegado. con el pelo completamente blanco recogido en un moño apretado y ojos verde esmeralda. ven. se lo ofrecí con manos temblorosas. mi Melan. Fui hacia donde estaba ella. —Necesito hablar contigo. echándome un vistazo de arriba abajo. A mí me temblaban las piernas. no sabes cómo te he echado de menos. —¿Melan? —pregunté. la mujer que me daba de comer las comidas más sanas. la misma que advirtió a mi pobre padre del error que estaba a punto de cometer. Mi pequeña Gelina. —¡Oh. Salí corriendo hacia la puerta. —Yo también te he echado de menos… —repuse mientras me separaba hacia atrás para poder mirarle y. de unos sesenta años. hija! —exclamó al mismo tiempo que se abrazaba a mí con ímpetu—. la persona más parecida a una madre que jamás tuve. así como un nudo en mi garganta que ardía. nuevamente volví a abrazarla con más fuerza. Era Melan. después. la que sufría cuando enfermaba. vi a una mujer mayor. me senté a su lado y sorbí por la nariz. . parecía tan afectada como yo misma. Estás muy guapa — argumentó. Enseguida sentí nostalgia en cuanto la observé. cómo has crecido… —dijo con voz apenada. —Pasa. Vayamos al salón —dije mientras le guiaba pasillo adentro. no tardaré mucho. en vez de encontrarme a Kaden. porque tenía el don de que cuando estaba con él olvidara todo pensamiento». Tesoro. acompañada por el llanto que apenas dejaba entender con claridad sus palabras. ¡Era Melan! Mis lágrimas comenzaron a brotar. Una vez allí le ofrecí que se sentara y fui en busca de un vaso de agua para ofrecerle.

Me froté la frente con fuerza para alejar esos pensamientos que. Recuerdo con facilidad cómo me hundí al saber que ella ya no trabajaba en casa. con las que sostenía el vaso. después de más de una década. que un día ya no vino a trabajar y que eso me ocasionó una depresión a la edad de siete años. porque a ti nadie te quiere… —argumentó con una sonrisa malvada llena de retintín. no podía tener ninguna deuda con mi madre. . mientras acariciaba su espalda con la palma de mi mano. pues yo jamás dude del amor de Melan hacia mí. ¿verdad? Ahora sí que estás más sola que la una —se regodeó con su tono malicioso y esa afilada nota que tenía su despreciable voz—. sino porque aquella malvada y retorcida mujer consiguiera separarme una vez mas de la pequeña felicidad que aún con esfuerzo conservaba. —Te he traído una cosa. Con gran esfuerzo conseguí volver al presente. con la mirada fija en sus manos. sé que desapareció. «¿Por qué?». comenzando por mi nuca hasta mis pantorrillas. «¿En deuda con mi madre?». por lo que dejé de tener ganas de levantarme y de ir al colegio. Ella era la segunda mejor persona que había tenido en vida. seguían haciendo el mismo daño que en aquel momento.—Estoy en deuda con tu madre —comentó de repente. Sí. —¿Por qué dice eso? —pregunté. ¿Sabes por qué se ha ido? Porque no te quiere. También vinieron a mi mente las palabras de la señora Santo Polo. Lloré tanto después de escuchar aquellas palabras que me hundieron… Pero no por el hecho de que la señora Santo Polo me dijera que Melan no me quería. —Qué pena. Melan abrió su bolso de cuero negro y extrajo una cajita aterciopelada de color rojo y un sobre con un tono amarillento. Comencé a notar cómo los músculos se me agarrotaban.

Con mis manos heladas y torpes levanté la tapa de la cajita y dentro vi un fino cordel de oro y una medalla con mi nombre grabado. yo también…». Ante todo quiero dar las gracias a Melan. Tu madre me la dio en el octavo mes de embarazo. y besaba una y otra vez la pequeña medalla enredada entre mis dedos mientras mis lágrimas brotaban sin ánimos de aminorar. si alguna de las dos se salvaba sería un autentico milagro. casi a ciencia cierta. sonriente. Di la vuelta a la medalla. Mi querida hija. hasta que me tranquilicé. —Lee la carta —me pidió mientras me secaba una lágrima con el pulgar de su mano—. Me dejé llevar por el llanto. y después rompió el silencio. siempre contigo Te quiero. —Gírala —susurró Melan. Melan esperó varios minutos. hasta el punto de que. que tenía forma de corazón con dos diamantes no más grandes que un grano de arena en un extremo redondeado. porque si estás leyendo esto es gracias a ella. Mamá. sollozando palabras que salían directamente de mi corazón. cuando los médicos le comunicaron que tenía una serie de problemas y que el parto era seriamente complicado. Solo repetía: «yo también. .—Un mes antes de tu nacimiento me entregó ambas cosas para que te las diera en un futuro —dijo Melan con la voz quebrada.

mi princesa. Si esta carta está en tus manos es porque yo no estoy ahí contigo.. pero por problemas de salud no puedo salir de la cama. no lo hagas. No me eches de menos. princesa. eso significará que tú sí lo estás. yo estaré a tu lado bendiciéndote. Pero ella ha sabido elegir justo lo que quería para ti. PD: Todas las noches te daré un beso. ojos rasgados color miel. ¡Qué curiosa que es la vida! . Leí de nuevo la carta intentando imaginarme a esa mujer de larga y espesa melena ondulada de color castaño claro. He mandado a Melan comprar esta medalla que te entrego junto a mi carta. Cuando estés en la oscuridad. una medalla con el símbolo del corazón y mis palabras grabadas detrás. no necesito verte para saber que eres hermosa. Toda yo era emociones y sensaciones. Que te quiero con toda mi alma y con todo mi ser. según había podido apreciar en la pequeña foto que guardaba en el sótano. Sé que a estas alturas ya serás lo suficientemente mayor como para comprender estas palabras. Todas. Mi querida Gelina.. La misma que me delató la noche que vi por primera vez a Kaden. Cuando llores.Necesito decirte que te quiero. pero no te apenes. porque justo en ese lugar es donde estaré yo contigo. Cuando sonrías yo estaré apreciando esa sonrisa y dando gracias porque siempre sea así. hija. Me hubiese gustado ir yo misma a elegirla. No necesito tenerte entre mis brazos para amarte y no quiero que jamás te culpes por nada. Mi madre. Mamá. Te quiere. yo he dado mi vida por ti y recuerda que la daría nuevamente si así tú lograras vivir. yo estaré iluminándote para que pronto el sol rompa las nubes que te hacen sombra. el mismo tono de piel que yo y una dulce sonrisa.

llorando porque no podía escalar al árbol y quería subir a la primera rama… Lo veía muy alto. volviendo a rebuscar en su bolso—. Sacó la mano y me entregó una cinta de vídeo que venía envuelta en una carcasa de plástico color marrón. No era la herida lo que me dolía. La quería. —Es imposible. —¡Pues busca otra forma! —me animó mientras acariciaba mi melena. pero a mi padre solo le llagaba a la altura del pecho. Ahí estaba yo.. —¿También te pidió mi madre que me lo entregaras? —pregunté con curiosidad sin dejar de observar aquellos magníficos ojos color verde esmeralda y entonces tuve la sensación de entrar en su mirada y ver dentro de ella. la quería muchísimo. dando un beso dulce en mi frente… Volví nuevamente al presente y la abracé con fuerzas. era el orgullo. —¿Entonces qué sucede. soltando el cesto de ropa que se disponía a tender—. ¿qué te ha pasado? —preguntó Melan con tono alarmado. —contesté angustiada. ¿Te has hecho daño.—Tengo algo más que darte —me espetó Melan. —Gelina. Para todo hay una forma.. tesoro. pensando en todo lo que ya había puesto en práctica sin éxito. tesoro. Esto también te pertenece. —Nada es imposible. hija? —No —contesté casi chillando mientras lloraba sin consuelo. hija? —su voz estaba más calmada. Para todo… — remarcó sus últimas palabras. Me dolía la rodilla y salía mucha sangre. Ella era todo lo que yo admiraba de pequeña como . —Que no puedo subir ahí —dije mientras con el dedo índice señalaba la primera rama. Me escocía. no se puede.

terriblemente apenada y apagada. o al menos no todo. es un vídeo muy emotivo —argumentó. gracias a ella sabía cosas de mi madre. Yo lo sabía y evitaba preguntarle para no provocar más dolor del que ya sentía. eras como mi hija y sabía que algo pasaba. se dirigió al desván y tiró todo lo que había en el baúl de las pertenencias de tu madre. —Sé que te gustará. porque creía que el día de mañana te gustaría tener algo de tu madre. No suelo fisgonear en las cosas de los demás. sola con la señora Santo Polo. Cogió aire y continuó. serenidad. tanto como sus ojos en ese mismo instante. —Sabía lo que te hacían y necesitaba pruebas. .mujer. Gelina. Ellos dos eran las figuras en las que quería verme reflejada el día de mañana. al tiempo que sus lágrimas brotaban nuevamente. paz y mi amor. —Esto fue uno de los objetos de los que tu padre se desprendió. Ya no reías como siempre ni salías a jugar al jardín. Tu padre se había ido a un viaje de negocios y yo sufría cada noche dejándote aquí. —Hizo una respiración profunda y continuó—. dejando sus preciosos ojos verdes brillantes. Su voz era apenada. —Así que fui en busca de una cámara que tenía tu padre y la escondí. Gracias a ella la falta de mi madre no fue tan atroz. —¿Por qué te fuiste? —pregunté al mismo tiempo que cogía el vídeo y lo colocaba en mi regazo sin dejar de mirarla. Tenías ojeras y estabas distante. después de una terapia con la psicóloga. —Gracias por haber fisgoneado en esta ocasión —dije con una tímida sonrisa. —Melan tenía la mirada perdida en el vacío en un punto de la pared de enfrente—. eran sabiduría. Intenté decirle que no lo hiciera. aún cuando mi padre parecía haberse encerrado en banda a no querer hablar de ella por el dolor que le ocasionaba recordarla. Un día. Te conocía. pero al ver que se deshacía de este vídeo tuve que ir en busca de aquella bolsa al cubo de basura y sacarlo. del mismo modo que a mi padre como hombre.

tenía dinero. pobre Melan! Ella jamás dijo nada. Siempre venía feliz. Cuando ella llegaba a las siete de la mañana. Y además. desprotegida y sin nadie en quien refugiarte… —Melan estaba padeciendo ante el recuerdo. ¡Jo. llorando desconsolada mientras ella te decía barbaridades. que ya se elevaban a una cuantía muy importante. chillándome diciendo lo inútil que me veían sus ojos. para advertirle que jamás se le ocurriera poner sus asquerosas manos encima de ti —continuó con una pequeña pausa. —¿Qué mala situación. —La rabia corría por mis venas. Era la alegría de la casa. se gastaba todo el dinero que entraba en casa. sus manos perfumadas de crema abofeteando mi mejilla… El sonido de la llave girando en la puerta del sótano y su voz desde el otro lado diciendo lo mucho que merecía estar encerrada. Mi madrastra zarandeando mi cabello. Pero ella tenía poder en aquellos entonces —adujo con una sonrisa amarga —. Dios mío. Era malvada y tenía lo que necesitaba para tener poder. recordaba muchas escenas como esa. subía . siempre contenta y animada. Justo un mes antes nos habían desahuciado por incumplimiento de pagos. casi destruida—. quizá poniendo orden en sus recuerdos—. clavando sus finos y largos dedos en mi brazo. o al menos yo no lo recordaba. Me dirigí a ella para echarle en cara sus acciones. Melan? —Mi marido en aquellos entonces era ludópata y alcohólico. y se me cayó el alma a pedazos cuando te agarró la melena y te zarandeó. el dinero de tu padre. en mi contra. una mala situación por la que pasaba en aquel momento. cientos de situaciones parecidas. Mi cuerpo se puso alerta. lloraba. Sentí tanto dolor al ver a mi pequeña sufrir.Al día siguiente volví a por ella y palidecí en el momento que te vi encogida en el sofá. Cerré con fuerza mis ojos para escapar de esas espantosas imágenes y volví a poner la atención en las palabras de Melan. y tuve que recurrir a unos vecinos conocidos y dejar a mis hijos con ellos hasta yo consiguiera algo de dinero para poder recogerlos en un hogar.

las persianas y preparaba el desayuno con la radio encendida mientras cantaba canciones conocidas. Ya no la temo. —Así es. Ya no me sentía bien conmigo misma. —Ella sabía esa información. porque yo no me enfadé contigo y. No te sientas mal.. Gelina.. Tuve miedo de perder lo poco que tenía. demasiado. totalmente destrozada y confundida. —¿Por qué no le pediste ayuda a papá? —pregunté. pero también era cierto que yo todavía era demasiado pequeña e ingenua. ni por lo más remoto. por eso acogió a la familia Santo Polo. —Ya no tengo miedo. Mi Melan. pero eso provocó mi desasosiego durante todos los días de mi vida. el día que te fuiste. —Porque no podía pedir más ayuda a tu padre. Voy a cuidarte. ¡Todos! Y créeme. ni aún por mucho que la necesitará. No te sientas mal. Me amenazó con llamar a los Servicios Sociales y contarles todo para arrebatarme a mis hijos —explicó Melan entre sollozos—. Melan. Supe. —le susurré en medio del llanto. —Justo después de esas palabras la abracé con fuerza—. no! —repetí con impotencia—. No podía aceptar más ayuda de él. no. Nunca imaginé. . Hiciste bien. No sabes cómo me arrepiento y la culpabilidad que me acecha cada noche antes de dormirme por no haber seguido adelante. pesa mucho. ¡No. Lo siento. que tuviera tantos problemas. ¿verdad? Ella sabía todo. Porque sé que mi padre la hubiese ayudado. hoy yo me sentiría terriblemente culpable si por mi culpa hubieses perdido a tus hijos. así que tuve que carraspear y después continué—. Gelina. —Melan asintió con la cabeza. no lo hagas. que ella era la culpable de tu marcha. desde el primer momento que me lo comunicó la señora Santa Polo. —Me ardía la garganta. lo siento. Si hubieses hecho lo contrario. tampoco pensé que no me quisieras. no. seguro. Cuidaste de tus hijos como la buena madre que eres. Mi padre era noble y humilde.

Dirigí con esfuerzos nuevamente la mirada a Melan. No quiero que sientas esa culpabilidad. No voy a volver a dejarte sola nunca más. ya puedes dormir tranquila con tu conciencia. para que vengas cuando quieras. señor Di Stefano. ¿Cómo había entrado? Pregunté para mis adentros con sorpresa. —Ahí he anotado mi dirección. me la cerró dejando el papel dentro. Perdón por no avisar. Quédese tranquila. me cogió la mano y me lo puso en la palma.—Melan. Un placer conocerla. —Melan Sheffield. Era fascinante lo que me ocasionaba solo mirarlo. . Tengo a alguien que me cuida —le susurré. Él habló como si me hubiese leído la mente. Kaden se acercó y estiró uno de sus brazos para ofrecer la mano que Melan estrechó con suavidad. educadamente. Cuídela. Giré la vista y vi a Kaden. acompañando una leve inclinación con la cabeza—. El corazón me latió con fuerza y me provocó un pequeño mareo. —Sus facciones estaban relajadas. con las piernas cruzadas dejando el peso en uno de sus pies. por favor. —Quiero presentarte a alguien —le dije con una sonrisa en los labios. Sentí un carraspeo que provenía de atrás. el placer es mío —contestó ella. Melan volvió a dirigirme la mirada. Luego. Había calma en su rostro y brillo en sus ojos. apoyando un hombro en el marco de la puerta. —Kaden —la corrigió—. —Kaden Di Stefano. apretó suavemente una de mis manos y continuó hablando. —La puerta estaba abierta. Sacó un pequeño papel doblado. con un suave movimiento.

no podía soportar el dolor y la pena que eso me provocaba. —Por supuesto que lo haré. dándome un exquisito placer parecido a un cosquilleo. Tengo muchas cosas que contarte. Estás guapísima. Cerró el enganche sin complicaciones y noté las yemas de sus dedos rozar mi nuca. no quería verla llorar más. Pegué un pequeño respingo. — Volvieron a brillar sus ojos empañándose de lágrimas que amenazaban con brotar de nuevo. de pie en medio del comedor. Seguía estando en la misma posición que antes de marcharme. —Me acerqué más a ella y le di un beso en la mejilla—. Una vez que despedí a Melan. fui en busca de la pequeña cajita que reposaba en el sofá y me dirigí nuevamente a él. Miré el reloj y pasaba un cuarto de hora de la cita acordada. —Lo sé —me susurró al oído. —Era mi nana de pequeña —comenté mientras me acercaba a él y dejaba caer los brazos en un movimiento perezoso encima de sus hombros. Sentí una descarga eléctrica recorrer mi vientre y noté el calor de una de sus manos un poco más arriba de mi nalga. Otro calambre me sacudió. me deshice de su cuerpo con naturalidad. donde estaba Kaden.—Tesoro. volví al comedor. Ya afuera. como si lo hubiese hecho durante toda la vida. en esta ocasión desde la nunca hasta donde posaba su mano relajada. vi el coche aparcado justo enfrente. —Puedes ponérmela —dije con la voz teñida con algo de súplica. Gracias por venir. Con la mano que le quedaba libre. ven a verme. Se me encogió el estomago. con las manos metidas en los bolsillos. Me dio la vuelta y sentí el frío del fino cordel caer sobre mi pecho. . —En sus ojos seguía habiendo un brillo que no supe descifrar. Entonces vino a mi mente el «no me gusta que me hagan esperar». a la entrada de casa. retiró un mechón que colgaba sobre mi cara y lo colocó detrás de mi oreja—.

Miré por el rabillo del ojo a Kaden. Sin un adiós o un bien. tecleó y a continuación se lo colocó en la oreja. con gran esfuerzo. pero me sorprendió. prepotente y amenazador. Una vez dentro aprecié el olor a cuero de los asientos y me di cuenta de que estaba impecable. el lobo. Fruncí el ceño. Tomé la parte de atrás con una mano apoyada en el asiento y acto seguido cruce las piernas y me giré hacia la ventana de mi lado perdida en mis recuerdos. —No. Me sentía feliz y se estaba bien al lado de la felicidad. ¿Sería su chófer personal? Era evidente que su estatus económico y social podía permitirle gozar de esos lujos. así que para evitar pisarlo y ensuciarlo coloqué el bajo de la falda sobre mis piernas. El chófer se puso en marcha al instante. Con cortesía abrió la puerta trasera que daba a la acera y me invitó a entrar con un amable movimiento de la mano. Con dedos ágiles y rápidos. Al estar sentada en el asiento el vestido largo rozaba el suelo.pero no era el Audi. aunque la pobre Melan había tenido que sufrir durante muchos años debido a la culpabilidad que sentía y eso no me hacía sentir bien del todo. Colgó en el mismo instante que escuchó lo que quería. dejando las rodillas y un poco más de medio muslo al descubierto. recordando la visita de Melan. sino un BMV negro con los cristales de la parte trasera tintados. —¿Nos siguen?—la voz era afilada y algo ronca. Justo después de colgar. jefe —logré escuchar. por no decir nuevo. El siempre llevaba un Audi deportivo color gris metalizado. todo en orden. Por . insensible y radical. Para mi sorpresa vi a un conductor. levantó una mano y chasqueó los dedos. Ese tono me era familiar. El lobo era así. a la voz masculina que sonaba al otro extremo del teléfono. Eso era una orden. Me moví inquieta por la Angustia que me provocaron los recuerdos: «la culpabilidad que me acecha todas las noches antes de dormirme». confusa. que el sostenía el móvil.

—Bá-ja-te el vestido —gruñó. desafiándole con la mirada. —No —volví a repetir. con la mirada clavada en la suya. Rápidamente estiró sus brazos hacia mí y. Quería que me besara. —¿Puedes bajarte el vestido? —susurró Kaden en mi oído. —Tienes ganas de jugar… —No fue una pregunta—. Estaba claro. Escuché como inspiraba aire con fuerza por la nariz. en una décima de segundo. deseaba sentir su aliento chocar contra el . chillé para mis adentros. de color negro. Vi cómo tensaba su mandíbula y apretaba ligeramente sus dientes. Discúlpenos un momento.abandonarme. —No me hagas hacer cosas que no quiero —amenazó. quizá que se me había subido un poco más de como yo lo dejé. pero no vi nada fuera de lugar. puesto que la tela era sedosa y resbaladiza. ¿podría dar al botón de la ventanilla? —pidió fingiendo una calma que no sentía. nos separó del chófer. —No —le contesté. nuevamente en mi oreja. ¿Tenía ganas de jugar? Sí las tenía. Después se inclinó hacia el conductor y espetó—. Resopló fuerte y renegó algo que no llegué a entender. Bien. era el lobo. enfadado. Echó un vistazo rápido al reloj. me colocó a horcajadas sobre sus muslos. pues juguemos. —Tú a mí tampoco —le recriminé. ¡Dios mío!. Segundos después una cristalera tintada. Yo deslicé la vista hasta mis piernas. pero nunca lo hizo y yo lo sabía. Mis ojos se abrieron como platos y mi cuerpo se tensó. El lobo venia con ganas de guerra.

Luego aminoró la fuerza de sus besos y fue recorriendo mi cuello hasta llegar a mi pecho. porque Kaden introdujo su mano en la parte inferior de mi ropa íntima y tocó mi piel más sensible. te vuelves adicta… En su voz había una nota burlona y creí que estaba más cerca de Kaden que del lobo. —Eres una cabezota —replicó Kaden. a arquear mi espalda y a suplicar más. quería más. lo que me hizo relajarme un poco más. totalmente excitantes. encima del clítoris. Era placentero. Comencé a removerme. Me mordí el labio inferior y resoplé de placer. me gustaba. antes de lamer y acto seguido soplar encima de mi ya resentido pezón. Dejó de maltratar mi pezón y volvió a devorarme los labios con un beso que ardía. Pero no mucho. tenía ganas de jugar con él. Volví a gruñir. Una vibración en el vientre me recorrió hasta la entrepierna y solté un gruñido de placer. —¿De verdad que quieres jugar? —preguntó con voz ronca. —Sí —contesté mientras inspiraba aire. Sus dedos seguían acariciando mi piel en mis labios inferiores. Me estremecí. puro fuego. Kaden posó sus labios en los míos. antes de mordisquearlo. Finalmente apartó la copa hasta que el pezón quedó al aire libre y pasó la lengua por encima de él. Volvió a apretar suavemente mi pezón con los dientes una y otra vez. . —Sí —respondí por inercia. donde tiró del vestido dejando el sujetador al descubierto. —¿Segura? Piensa que. sin saber bien a qué contestaba. Una de sus manos se deslizó por mis piernas hasta llegar a las bragas y con un dedo resiguió el elástico pegado a la ingle.mío. voraces y con movimientos salvajes. una vez lo pruebas. haciendo lentos y suaves círculos.

derrotada por el cansancio. —Pues ve a por ello —susurró en mi oreja. por favor. has sido muy casta. un placer parecido a un huracán nació de mi sexo. Permanecimos en esa posición durante mucho rato. Con el aire entrecortado y moviendo mis caderas con impaciencia. Él chasqueó la lengua. —¿Te sientes cerca de algo que no sabes explicar? —preguntó Kaden. Sus dedos tomaron un ritmo más elevado. —Mi comportamiento ha sido vulgar —dije mientras hundía más mi rostro en el hueco de su cuello. Oliendo a Kaden. apretando ligeramente un poco más fuerte. oliendo a fresco. Delicadamente y sin esfuerzo. ahora más fuerte. Me dejé caer contra su hombro. no sabría decir cuánto pues perdí la noción del tiempo. —¿Sabes dónde estás? —No —gimoteé.—Por favor. Se estaba bien apoyada en su hombro. Kaden. dulce y sexy. —Para mí. Kaden me colocó en mi sitio. —Sí —volví a gemir. Eso era demasiado. —Comencé a sentir placer justo donde él estaba tocando de forma tan tormentosa y dulce al mismo tiempo. esparciéndose por todo mi cuerpo y haciéndome gritar del placer. más rápido. —Ha estado bien —comentó mientras me acariciaba con la punta del dedo índice la mejilla. y Kaden me rodeó con sus brazos mientras me mecía. —Y por primera vez escuché el ruido que producía su risa.. —¡Qué vergüenza! —chillé horrorizada. alisó mi .. dándome un mordisco en el lóbulo. pronunciando su nombre. Volví a gemir. divertido.

me soltó la mano para rodearme con su brazo por la cintura. yo recordando lo que hacía escasos minutos acaba de pasar y él perdido en algún lugar de su mente. Una vez que me puse en pie. Había allí una multitud de gente entrando y saliendo. —¿Estás nerviosa? —Sí. Después nos quedamos en silencio. —Sí. «¡Olvídame. con el jardín elegantemente adornado con mesas redondas cubiertas con manteles rojos cereza y enormes velas de color crema con pies de hierro trabajados en forma de espiral. —Lo sé. amenazándome. A continuación extendió un brazo para tomar una de mis frías manos. El coche aminoró hasta detenerse del todo. pero me gusta más tu rostro al descubierto. cosa. Tú solo limítate a agarrarte de mi brazo y sonreír. Aquello que se apoderó de mí en el trayecto volvió a florecer. . quizá en un lugar prohibido para mí. —Ese mechón forma parte del peinado —le informé y acto seguido le saqué la lengua. dio la vuelta por la parte trasera y abrió con cortesía mi puerta... lo que sea que seas! No voy a volver hacerlo más». Miré a través del cristal tintado y al otro lado vislumbré una mansión rústica. y si él quería volvería a comportarme como una vulgar.falda y volvió a colocarme el mechón que colgaba sobre mi cara detrás de la oreja. sin nada que estropee la visión —contestó con algo parecido a un mohín. —Pues no deberías. Kaden salió del BMV. elegantemente vestidos. me regañé para mis adentros. Dejé escapar un suspiro y vi por el rabillo del ojo que Kaden me observaba.

Que sí. incluso los ojos me escocían. Sentí arder mis mejillas. Cuando sonreía rozaba la perfección. pero por un momento me has recordado el. —Recatada —volvió a susurrar mientras nos adentrábamos en el jardín. mejoradas por la cirugía hasta el último dedo del pie. —Sí —volví a repetir —¿Sabes decir algo más que «sí»? —Sí. incluido el cuello.. todos se acercaban a él y lo llamaban Romano con profundo y excesivo respeto.. . como salidas todas de la misma fábrica. pechos voluminosos.—¿Te encuentras bien? —dijo frunciendo el ceño. Me aproximé más a Kaden.. todos eran lobos y lobas. Dejé a un lado sus conversaciones mientras lo saludaban y me distraje observando. —Tengo la mente muy perturbada. Digo. Forcé una sonrisa para nada convincente. divertido. rasgos felinos y labios gruesos. observando meticulosamente todo. Era curioso. según tú. en el que «sí» era lo único que sabías decir… —susurró en mi oído. «comportamiento vulgar». Hombres bien vestidos y mujeres exageradamente retocadas que parecían clónicas.. los ojos se me abrieron como platos y pegué un respingo. Me era difícil comportarme con naturalidad cuando todos los ojos parecían acecharme. Kaden era el centro de atención. La única señal que delataba que más de una no era tan jovencita eran las arrugas de sus manos. Una sonrisa apareció en sus labios dejando ver sus perfectos dientes y un rostro infinitamente sexy. —balbuceé —. Yo me sorprendí. que sé decir más cosas. mientras que la piel de la cara estaba meticulosamente planchada y alisada. Acto seguido bajó la mano a mi nalga y me dio un pellizco y un manotazo. pero aún así me sentía expuesta como un maniquí en el escaparate. buscando refugio de todas las docenas de miradas.

Miradas frías y recelosas de algunas mujeres. simplemente estoy nerviosa. ya casi podía decir que estaba metida entre medio de una de sus costillas.Mi acompañante parecía estar en su salsa y rodeado de personas normales. estaba asustada y no me gustaban las personas que había allí. Tenía la piel color aceituna. ¡Sí. yo diría que no llegaba a los treinta. . —Kaden… —escuché una voz masculina que me distrajo de mis miedos. En cuanto a mí. inclinándose ligeramente hacia Kaden. rodeada por lobos y panteras. Me sentía desprotegida y la mujer de la otra punta del jardín me aterraba. me asusté. —¿Pasa algo? —me susurró él. Anhelé aire y poco a poco lo expulsé. y ojos negros. no transmitían confianza. unos milímetros. Volví a acercarme un poco más a Kaden. Me mordí el labio con nerviosismo. buscando la calma y tranquilizarme de nuevo. en especial de una. No tanto como mi lobo. —Eso sonó a una orden y yo asentí con la cabeza. tenían la mirada afilada. Era un chico más o menos de la misma edad de Kaden. destensando mi rostro e intentando ocultar cualquier señal de miedo. de unos sesenta y pico años. con mechones que le caían sobre la frente. el pelo moreno y más bien largo. Él me separó un poco. —Tenemos que hablar —dijo este en un tono más bajo. Era atractivo. —dije. Yo saqué la mía al momento y un escalofrió recorrió mi espalda. —Nada. que dejó de lado la conversación que mantenía con un hombre completamente canoso.. pero sí que era atractivo.. y acarició mi espalda con un suave movimiento con su pulgar un poco más arriba de la cintura. situada al otro lado del jardín que sostenía una copa de champán en su mano derecha y diría que me estaba fulminando con la mirada. sí que pasaba! Tenía miedo. lo que veía a través de mis ojos era a una pobre indefensa en medio de una jaula enorme. eso nunca. —Pues relájate.

Y. —No —ahogué un chillido. Será poco tiempo. Tenía un cuerpo atlético. Yo me quede pálida. Eché un vistazo al amplio jardín y nuevamente la mirada recelosa volvió a cruzarse . tengo que ausentarme un momento. Suave. —Y. de espalda ancha y caderas estrechas. —Kaden me tranquilizó al acariciar mi mejilla antes de darme un beso casto en los labios—. te lo dije esta mañana y te lo vuelvo a repetir. Dejé escapar un resoplido que no llegó a escapar por completo porque Kaden volvió a besarme. —Gelina. Las manos comenzaron a sudarme y la respiración a ser trabajosa. —Un momento… El chico se abrió camino entre la multitud. Mientras que veía la figura de Kaden desaparecer entre la multitud en dirección a la mansión. —Me quedé atrancada en mis palabras. sus hombros también eran anchos y la cadera tenía justo la proporción perfecta. —Chist. era amargo y un repelús me provocó un pequeño temblor. sin exigencias sin voracidad.. calmado. solo audible a oídos de Kaden.. —No tardaré. en mi mundo nadie se atreverá toserte encima.Kaden afirmó con la cabeza y continuó. —Será un instante. las vistas eran espectaculares. rozando mis labios y acariciando mi lengua... Volvió a vibrar mi entrepierna y emití un pequeño gemido. Finge ir al baño si hay alguien que te incomoda. Gelina. te lo prometo. Un camarero se acercó con una bandeja de champán. Di el primer trago. Nunca lo había probado y cogí la copa que este me ofrecía.

—Perdone —me dirigí al primero que encontré. «¿Quién era esa mujer y qué quería de mí?». «¿pero que quiere?». con el pelo liso a la altura de los hombros. —Dígame. Me relajé. solo se escuchaban el cloc-cloc de mis zapatos. Una vez crucé la enorme puerta aligeré el paso. —Gracias —le contesté. ojos azules y rasgos felinos. al final del mismo pude ver las puertas de ambos aseos. Seguí andando por el corredor. roté sobre mí misma y con ligereza me acerqué a unos de los camareros que constantemente paseaban con bandejas. dentro de la mansión. Por fin. se encuentran los lavabos. De repente me sorprendí cuando vi a aquella mujer dirigirse con pasos ligeros y seguros hacia a mí. Por un momento me puse rígida. La imagen de aquella mujer me aterraba. señora. Siga el largo pasillo y al final. —Sí. que ahora hacía un giro a la derecha y continué avanzando pasillo adelante. Volví a pegar mis labios a la copa. que miedo!». nerviosa. parecía un museo antiguo.. a mano derecha. pero a diferencia de la vez anterior no los despegué hasta haberme bebido todo el champán de un solo trago. Fui al de señoras y me apoyé con las dos manos en el lavabo. cogí aire profundamente y levanté la vista. Volví a girarme. Todo estaba silencioso y con luz tenue. pero para mí tranquilidad aquella mujer no parecía venir detrás de mí. me pregunté si Kaden estaría tras alguna de ellas. —¿El aseo? —Eché un vistazo rápido hacia atrás..con la mía. Se . Al ver claras sus intenciones. pero sí mi boca fresca. pechos de un tamaño considerable y diría que un aire prepotente. Claramente venía a por mí. «¡Joder. y vi que la mujer se acercaba en mi dirección. Era rubia. El pasillo era muy largo y a ambos lados había puertas que permanecían cerradas. No sentí el repelús. Más que una mansión. ya andando en dirección a la mansión.

La imagen me recordó la última vez que tuve el vestido levantado. cuando llegara al jardín Kaden ya estaría allí. ¿Pero qué voy a ganar yo con eso? —Quitarnos de encima al puto Romano. aún sin saber del qué. A lo mejor. Una vez en el pasillo aquel infinito silencio acompañó de nuevo el repique de mis tacones sobre el brillante suelo de mármol blanco. me aterró. luego me pasé una por la nuca. Solté el aire como si me hubiese salvado de algo. me puse de puntillas y me arremangué el vestido. el hombre que horas antes había puesto de mal humor a Kaden y que a mí. —Necesito que me ayudes —dijo Mendax. Froté mis sienes y mojé mis manos debajo del grifo. cuyo rostro no entraba en mi ángulo de visión—. pero torpemente taconeé . Eso provocó un cosquilleo en mi vientre. Trabajaríamos juntos tú y yo. ¡¿Qué?! Puse mi mano sobre mi boca para evitar chillar e hice un movimiento hacia atrás para salir corriendo. Mi sorpresa fue ver a Mendax.me veía aterrada. Para evitar el ruido de mis tacones. cómo no. se notaba en mi rostro y estaba casi pálida. Continué caminando hasta que vi una puerta entreabierta y unos susurros que provenían del interior llamaron mi atención. más cuando el nombre de Kaden resonó adentro. Entré en el baño y me senté en un inodoro para hacer tiempo. el beneficio está asegurado. desanduve el camino en dirección al jardín. —¿Y qué propones? —Que lo matemos —dijo Mendax con frialdad. Sigilosamente me acerqué hacia la puerta y me asomé. Dejé pasar unos minutos hasta serenarme y cuando ya me noté más tranquila. —Eso ya lo sé —replicó una voz desconocida y penetrante. dirigiéndose a alguien que no alcanzaba a ver. con suerte.

Abrí nuevamente mis ojos. Poco a poco comencé a serenarme. Tenía ganas de vomitar. . Yo no hice nada. quizá no me habrían visto. Comencé a enredar mis dedos entre sí. mi respiración se paró y el corazón chocó con fuerza contra mis costillas. Dejé caer mi peso contra la pared y cerré con fuerza los ojos.. Eso podía hacerlo. apoyé una mano en la pared de la mansión con la respiración trabajosa y la otra mano sobre mi vientre. Mis músculos se contrajeron dejando todo mi cuerpo rígido como una piedra.. Una vez ya en el jardín.. una frase que se repetía una y otra vez en mi mente. yo levanté la mía y él la apretó con fuerza. me decía yo misma mientras contemplaba la jaula de lobos y panteras ronroneando ante mis ojos.en el suelo. siempre lo había conseguido. Estaba de mal humor y tenía los labios ligeramente apretados. Sentí pánico. pero no estaba allí. Antes de hacer el giro hacia la izquierda. así que seguí pasillo adelante lo más rápida que pude. Siempre.. la conocía. ahora con más calma. no podía o me acabaría delatando. necesitaba encontrarlo. escuché el sonido de una las piedras de mi zapato al caer. que vi brillar mientras rodaba en dirección opuesta a la mía. Lo busqué con la vista por todo el jardín. no moví ni un pelo. —Esa voz retumbó en mis oídos. Me alargó la mano para estrechármela. haciendo un ruido más que sonoro.. estaba nerviosa. No veía a Kaden. haciendo un gran esfuerzo para sonreír. cientos de veces me había serenado ante momentos de pánico y dolor. Nadie». pero mira quien tenemos por aquí. «Él no me ha visto». Con él estas sensaciones no eran tan fuertes y tenía la tranquilidad de estar a salvo. La habitación se quedó en silencio y yo comencé a correr tan rápido como pude. Era capaz de calmar a mi mente aún en estado de shock y animarme yo misma. —Hombre. lo había hecho toda mi vida. Hice ademán de ir a buscarla pero me detuve.. era Mendax. Había allí muchas mujeres con tacones y podría ser cualquier asistente a la cena. «En mi mundo nadie se atreverá a toserte encima.

me quedé en la misma posición sin poder moverme. Tú eres su fulana. clavada por completo al suelo. . así que no será difícil convencerlo. cuando me hizo ver que yo le preocupaba. Me incliné hacia él y contesté antes de que mis lágrimas rodaran mejilla abajo. tanto que empezaba a ser doloroso—. —Su voz era dulce y su aliento acariciaba mi mejilla dándome tranquilidad. En cuanto a ti. —dejó la amenaza en el aire. Gelina… —repitió mientras me zarandeaba—. ¡Era la piedra de mi zapato! Horrorizada. Me rodeó con los brazos y me apretó con delicadeza. Por favor.. Si comentas algo me enteraré. Me soltó y noté que había dejado algo en la palma de mi mano. ese mismo día. pues mi miedo me mantenía alejada de la realidad. —Nos vamos ya. Dijo algo que no escuché. contesta. —¡Gelina! —escuché a Kaden en la distancia. como cuando le explicaba algún que otro mal recuerdo de mi infancia. mantén tu puta boca callada. —Su aliento caliente y repugnante chocó contra mi mejilla.. Tienes todas las de perder. Mi cuerpo no podía estar más espantado. Y después iré a por ti. sino porque mi mente se hallaba en algún lugar muy lejano —.. —¿Qué pasa. No porque estuviera apartado. Kaden y yo nos conocemos hace mucho tiempo. es decir. como cuando estuvimos comiendo. así que se mantuvo como estaba. Kaden sacó el móvil del interior de su americana y marcó rápidamente. —Estoy bien —logré decir.. zorra. Sus palabras amansaban a la Gelina aterrada. —Me quiero ir —dije sin evitar dejar escapar las lágrimas y algún que otro puchero. Gelina? —En su voz se percibía la inquietud.—Por tu bien. rígido. nadie. e incluso pude apreciar el brillo de dolor en sus ojos.

la vida somos tú y yo. cariño. Love lift us up where we belong… —canté a pleno pulmón. —Su voz era áspera y enfadada aunque sé que no conmigo. lejos de los mundos que conocemos. Kaden me observaba y cuando vino el estribillo alzó el volumen casi al máximo. cuando yo estaba con Melan. sino por la situación. mi canción preferida. el amor nos eleva a donde pertenecemos cuando las águilas lloran en lo alto de las montañas. Dio la vuelta por la parte trasera y se dejó caer en el asiento del piloto. Vive hoy. Kaden me observó en silencio y dirigió su mirada hacia donde yo tenía la mía. pero no me molestaba. Viendo que no hablaba. Sostuvo mi rostro entre sus manos y rompió el silencio. era una canción. soltó mi rostro e hizo algo parecido a un resoplido antes de arrancar el motor del coche. Mientras las notas del piano comenzaban. Solo se dirigió hacia a las afueras del jardín. pero aún así no lograba escucharme por encima de la música. hasta donde los claros vientos soplan. —Love lift us up where we belong. on a mountain high.. El tiempo pasa. si no me lo dices no puedo ayudarte. donde su Audi deportivo de siempre estaba aparcado. la radio. moviendo hacia ambos lados mi cabeza.. metida totalmente en el papel. mojando las manos de Kaden. where the eagles cry. Yo sollocé y mis lágrimas volvieron a derramarse. ¿Cómo podía ser? ¿Dónde estaba el BMV? Me abrió la puerta y me senté.Kaden no se despidió de nadie. me gustaba y el sonrió mientras me veía cantar. El subió la música y yo le sonreí. no hay tiempo para llorar. Como dice la canción. No sé cuánto tiempo había pasado desde que nos subimos al automóvil pero algo que sonaba en la lejanía me trajo de golpe a la realidad. —Gelina. yo me estremecí al escuchar la canción. . Solté una carcajada echando la cabeza hacia atrás y pude ver cómo sus ojos brillaban de la misma forma que cuando entró en la sala de estar. Comencé a canturrear la melodía. Love lifts us up were we belong sonaba por los altavoces.

Entramos en la casa y Kaden soltó mi mano para encaminarse hacia el salón. una vez fuera. todavía sentía pánico. Él se colocó en medio de la sala y estiró un brazo para invitarme a bailar. dulce y lenta. pero ahora estaba algo más relajada. . ¿Te gusta? Yo afirmé con la cabeza. algo que se había convertido en una costumbre. —Claro de luna. Parecía un momento mágico. —Ven —me ordenó con dulzura y brillo en sus ojos marrones . Kaden me pegó a su torso y comenzó a balancear sus caderas arrasando las mías con ellas lentamente. levantó el brazo con dulzura y me hizo rotar sobre mis pies una vuelta completa. Un escalofrió siguió el camino de ellos haciéndome vibrar. Viendo que no contestaba. Yo sonreí mientras las dulces notas del piano parecían amansarme. Yo accedí y me dejé arrastrar por su brazo. Una vez allí se dirigió a la radio y una melodía comenzó a sonar. Levantó una de mis manos y me hizo rotar sobre mis pies hasta volver a tenerlo de frente. —¿Qué es lo que suena?—pregunté mientras dejaba caer una de mis manos por su pecho y apoyaba mi mejilla en él. Yo salí al mismo tiempo que él y.Capítulo 8 Entre bellas melodías Cuando el coche se detuvo enfrente de la casa de Kaden. —¿Qué ha pasado?—preguntó Kaden al mismo tiempo que recorría mi espalda con las yemas de sus dedos. Era clásica. el esperó a tenerme cerca para enredar sus dedos con los míos. rozando la mejilla contra su reconfortante pecho. —¿En qué cuento de Cenicienta ella no baila con el príncipe? —me susurró. pero no conocía el título de la canción. luego volvió a acercarme a su cuerpo al compás de la música que sonaba calmada. de Debussy.

como mis sollozos me lo permitían. «¿Tenía miedo? Sí. Me sentó con delicadeza en un sillón y. —No tengo miedo por mí. ¿verdad? —La música aminoraba a ratos y él se movía con suave movimientos simulando la canción. Comencé a sollozar más fuerte. Me aterrorizaba la idea de volverme a encontrar entre tantas fieras. por Kaden. —Sí —susurré cuando volví a refugiarme en su pecho. —Mi dulce Cenicienta… —Sentí tantas sensaciones al escuchar sus palabras que mis lágrimas volvieron a brotar nuevamente. porque se enfurecía con las hienas. de esa misma que parecía estar hablando la melodía de Debussy. intenté reconstruir en mi mente el momento. —¿Qué ha pasado? —dijo con algo de exigencia y enfado en su voz. No temía por mí. Lo sabes. temía por él. casi petrificado con los pies anclados al suelo. tengo miedo por ti —sollocé. al igual que sus facciones. Me aterrorizaba la idea que le hicieran daño. sin movimiento en sus caderas. Sabía que él no permitiría que nadie me hiciera daño. Levanté mi vista para observarlo aunque la borrosidad de mis lágrimas me complicaba la faena. tenía pánico». como hoy. Casi parecía estar todo perfecto. mojando la blanca camisa de él—. pero parecía tener la mandíbula rígida. Pero en realidad no era eso lo que me tenía aterrorizaba. porque el brillo de dolor me lo dijo esta misma mañana durante la comida y porque no tenía ningún tipo de interés cuando me ofreció una fuga. ¿Tienes miedo? —Y volvió a acercarme a su cuerpo. no podría soportar nuevamente la soledad infinita. Kaden se quedó rígido. No le . Yo nunca dejaría que nadie te dañara. Lo sabía porque no lo soportaba.Entonces posó sus ojos sobre los míos y vi el dolor reflejarse nuevamente en ellos—.

creo que eso lo enfadó más—. tecleó con rapidez. pero los imaginé. ¡No me toques los huevos. Me levanté con calma. tapando el altavoz. Se levantó. —¡Cierra la puerta! —escuché la voz de Kaden a mi espalda. Cogió el móvil. Yo obedecí y dejé arrastrar la enorme puerta corredera. Me preguntó una docena de veces si podría identificar la otra voz masculina cuyo rostro no pude ver. Jamás lo había visto de ese modo. —Sube a la habitación. Yo me quedé en donde estaba. Gelina! ¡Sube! ¡Y es una puta orden! —El lobo había vuelto. Fui en dirección a las escaleras que estaban al final del ancho pasillo y quedaban enfrente de la puerta de entrada. «¡Pues no ves que sí!». casi enloquecido. Me cabreé. No tenía ninguna intención de fisgonear. me iba acojonada. para que viera que no me aterraba y que me iba porque yo quería. no sé adónde quería que me fuera. Una vez en el segundo piso vi cuatro puertas cerradas. pero sí quería saber cuál era la habitación. se lo colocó en la oreja y chasqueó los dedos haciendo un gesto. agarró un jarrón y lo estampó contra la pared haciendo un estruendo que me asustó. y me dio una orden. Cuando ya estaba a la mitad de ellas escuché el ruido de la puerta al deslizarse y vi asomar la cabeza de Kaden para asegurarse de que obedecía. Tenía que abrir al menos una e intentar acertar a la . Lo sé. —¡Rata asquerosa! ¡Cabrón de mierda! —chilló desquiciado.comenté nada sobra la chica rubia porque ya carecía de importancia después de lo de Mendax. pero él puso su mano sobre el teléfono. grité para mis adentros. que no pesaba nada. Esos y otros insultos y unos cuantos más en italiano que no entendí. hasta chocar con fuerza contra el marco. Cuando le explique qué fue lo que me dijo Mendax una vez en el jardín. con la barandilla en un extremo de madera maciza color blanco. Yo dije que no. —Yo negué con la cabeza. se puso como loco. dedicados a Mendax. era una tontería. Estaba fuera de sí.

enfadado y desquiciado. color blanco. dos habitaciones dobles. y había trajes planchados. aliviada. se escondía detrás de la puerta. —¿Estás dormida? —me preguntó en voz baja. por gama de colores de más claro a más oscuro. en el piso de abajo. Ya que no tenía pijama. Adormilada. miré a mi alrededor y me relajé por completo al ver que estaba en casa de Kaden y él estaba metiéndose en la cama. situada justo enfrente. y me acurruqué un poco más. Desorientada. olían bien. Tenía una ducha XL. pues su casa era tan poco personal que era casi imposible adivinar. ¿quería que me acostase? En fin. yo diría que mil veces seguidas. Su ropa estaba meticulosamente colgada. si había profanado algún sitio prohibido. Así que me dirigí a la qué tenía las sábanas blancas.. Era difícil saber cuál de las dos era la de Kaden. color blanca sin más. con un lavabo de mármol de diseño y adornos dorados. Pensé que él ya me lo haría saber luego.. solté el aire. de madera oscura. algunos sin estrenar. lo que hacía que se abrazara bien a mi cabeza y cuello. Una enorme mesa de despacho. con una estantería llena de archivadores y las paredes pintadas en color crema. Una tenía una colcha con diminutos estampados floreados de un tono amarillento y el fondo blanco. un riguroso cuarto de baño.. de color perla y cortinas blancas. Abrí la puerta del armario para asegurarme de que era su habitación. Me metí en la cama y me tapé hasta las orejas. Había una repisa más abajo sobre la que había camisetas de algodón. La otra una colcha básica. Abrí la que quedaba a mano izquierda. el colchón era blando y la almohada esponjosa.. en la que cabrían a gusto cuatro personas. Cerré esta y fui a la siguiente. Suspiré. Luego fui a las dos últimas. si era la suya o la de invitados. De repente me tensé. Mmm.. abrí los ojos al notar un vaivén en el colchón.primera. enorme. Un placer. Se estaba a gusto. Esa tampoco era. pero no creo que el estampado floreado se identificara con el lobo que se hallaba hablando. me coloqué una de sus camisetas blancas. ¿quería Kaden que me acostase allí? ¿O se refería a la otra habitación? Peor aún.. .

Volvió a tensarse. Al escuchar silencio durante varios segundos. el lobo ya no me intimidaba. confusa por su actuación. Esa cosa que se apoderó de mí en el coche había vuelto con ganas. Después me quité la camiseta por encima de mis hombros y la tiré con energía al suelo. —¿Qué quieres. —¿Te has enfadado porque estoy en tu cama? —pregunté. a pesar de que cuando el lobo se apoderaba de él. Kaden se tensó y yo reí para mis adentros. Estaba contenta de estar con él. Pero ya no le temía. La toqué con un dedo. Me acerqué hasta rozar mis pechos desnudos contra su espalda. con muchas ganas de manifestarse. Gelina? —Su voz me estremeció y retrocedí unos centímetros. tenía la espalda al descubierto y parecía suave. ¡¿Y ahora qué le pasa?! Me enfadé. Resoplé con fuerza para que me escuchara. —Ahora no —le contesté con una nota dulce en mi voz. Buenas noches —contestó. pero continuaba sin hablar. —No. coloqué una de mis piernas encima de sus caderas. —Ya sabes lo que quiero —contesté con seguridad en mis palabras. era un poco mandón y grosero. tajante. para que la viera. por encima de Kaden. pero podía verlo por la luz que entraba de la calle. Se me escapó una risilla y me esforcé para silenciarla mordiéndome el labio inferior. Sonreí. pero él parecía no haber oído nada. —Siento haberte despertado —se disculpó mientras se giraba hacia el otro lado y me daba la espalda. siguiendo la columna vertebral desde la nunca hasta al final de la espalda. . Todavía no estaba dormido.La luz estaba apagada.

únicamente en mí. Te puedo asegurar que tengo mucho carrete corrido. Eso. Creí que no volvería a hablar hasta que rompió el silencio y continuó—.Pero la realidad es que no sabía lo que quería. Eso era lo que quería. pasando mi lengua primero por el labio inferior y después por el superior. Algo duro y caliente me molestó en la entrepierna. Así que me armé de valor y. Yo eché una pequeña carcajada. aunque quedaba bien decirlo. —Yo no puedo darte eso. Esperé varios segundos. Para mi sorpresa. me giró poniendo mi espalda contra el colchón. «¿Cómo que no sabía hacer el amor?». Con toda su atención en mí. frunciendo el ceño. pero su respuesta solo consiguió confundirme un poco más. me coloqué a horcajadas encima de sus caderas. Me acerqué a sus labios y le besé suavemente. . con un movimiento rápido. Con otro movimiento rápido. Me quedé de piedra. —No puedo —dejó una pausa. seguro que después me arrepentiría. Segurísimo. observando el techo. Gelina. Me froté contra ello con suavidad. O sí… Quería sentirme como en el coche. y no me pareció que fuera virgen. pero no contestó y creo que tampoco tenía intención. —Sí que puedes —le repliqué. No sé hacer el amor. —No. colocándome en la misma posición que él. —¿Eres virgen? —pregunté con sorpresa. con su cuerpo empotrado contra el mío y su duro pene presionando en mi entrepierna. explorando mi cuerpo. En el coche se había comportado con destreza. enseñándome cosas nuevas. — Creo que había un tono divertido en el timbre de su voz. —Eres una vulgar —dijo sonriente. con un brazo debajo de su cabeza. Entonces resopló. Kaden cambió de posición hasta quedar boca arriba. seguro de lo que hacía.

—En sus palabras arrastraba su rendición y una sonrisa de victoria apareció en mis labios. —Házmelo —repetí. ¿no? —fue lo único que logré decir. No tengo nada de virgen. otras con nominas mensuales y otras. —Ah. Pensé que volvería a escabullirse. Yo gemí y él también. —Me sorprendió mi contestación tanto como a él.. ¿Todas? — volví a preguntar. —No. mantenidas. —¡Tú estás loca! —dijo. —dejó pasar una décima de segundo—. —¿Todas son prostitutas? —Él afirmó con la cabeza—. pero en cambio sentí cómo sus manos cálidas atrapaban mis caderas y me apretaba con fuerza contra su sexo.—¿Entonces? —Voy a volver a contarte lo justo. deseaba que me hiciera de todo. Escuché el resoplido que se escapó entre sus labios. Te cuento hasta dónde puedo. a cambio de lujo. —Pues házmelo salvaje. Lo deseaba.. . y nada bueno. Cuando es sexo solo por placer. pero yo reaccione atrapándolo con mis piernas cruzadas alrededor de su cintura. divertido. es muy importante que me lo digas.. Las mujeres que has visto en esa fiesta como parejas de mis compañeros son. —Si te hago daño. pero no es el mismo sexo el que se vincula con sentimientos que sin él. más salvaje. —Todas. casas o coches. es más. —Yo afirmé con la cabeza y el empezó a hablar—. que abrió los ojos como platos y enarcó una ceja. Algunas pagadas al momento. pero mantuve mi oferta. pero no preguntes más allá. Hizo ademán de quitarse de encima.. prostitutas —aclaró finalmente—.

—Me has cortado el rollo. Pensé que eso valdría. se retiró un poco hacia atrás y las deslizó por mis piernas hasta abajo. El contacto de mi piel desnuda contra su bóxer me hizo suspirar. Y si no quiero hacerlo contigo es por no hacerte daño. Soltó mis brazos. pero me di cuenta que la había fastidiado. —Pero él me interrumpió. definitivamente estaba enfado. así que me elevé. ya me vale. como llamas de fuego. subió y me beso con pasión. Tiró de mis bragas. —A mí el sado no me va. la única ropa que llevaba puesta. volví a gemir. Luego volvió a colocarse en la misma posición que antes. —¿De qué coño hablas?—preguntó.—¿Una palabra de seguridad? —le pregunté. Me estremecí y. Lo escuché gemir y eso me proporcionó placer. colocando mis piernas una a cada lado de sus caderas y presionó nuevamente con suavidad. Comenzó a bajar nuevamente. Con un «basta». a pesar de mi esfuerzo por reprimirlo. agarrándome con más fuerza con mis piernas a sus caderas.. un «me duele» o un «para». pensando que pararía en uno de mis pechos. pero continuó descendiendo. —Su voz era crispada y casi parecía que me estaba regañando—. pero él los agarró por las muñecas y los extendió a lo ancho de la cama apretándolos contra el colchón.. Retiró la colcha con un brazo y . —Sí. y volví a besarle. —Una vez leí en una guía de sumisión de mi madrastra que. restregándome nuevamente con suavidad sobre su sexo. Lo tenía abrazado por la nuca con ambos brazos. Lamió un pezón y luego el otro y se metió uno en la boca para succionarlo suave y delicadamente. —Vale. sorprendido. Me reí. Su mirada ardía como la mía.

dos y tres veces. se me erizó la piel al sentir el frescor. Me mordí el labio inferior arqueando mi espalda. —Mírame. con la lengua. abandonó la dulce tortura que prometía hacer perder mi cordura. Lo paseó de dentro a fuera con un movimiento continuo. Verlo. me excitaba—. Mírame —volvió a repetir. que rasgó con los dientes. aunque a oídos de Kaden fue un simple gemido. Suspiré. Se frenó un poco más abajo de mi ombligo y besó con suavidad mi monte de Venus. por favor… —le supliqué. cariño. carne adentro. ¡Oh. Era puro placer.vi cómo revoloteó por los aires hasta terminar en el suelo. Me estaba volviendo loca. —Relájate. Después continuó bajando hasta llegar a los labios de mi sexo y se abrió paso. grande y ancho. mucho. —Yo hice lo que me ordenó y una ola de placer me recorrió el cuerpo. Bajó su bóxer y dejo al descubierto su miembro completamente endurecido. Estaba muy excitada. Dios mío!. completamente loca. ¡Uau! Era la primera que veía uno y me asusté. y se incorporó sobre sus rodillas. Estiró su brazo hacia la mesita de noche y sacó una paquetito plateado. —Recuerda lo que te dije —dijo con la voz ronca. . grité para mis adentros. justo ahí. Inmediatamente después me tensé al sentir un dedo de Kaden entrar en mi hendidura. lamiendo en ese lugar. Pero él seguía entretenido en la parte más sensible de mi sexo. Cerré los ojos con fuerza y me tranquilicé diciendo «no me dolerá» repetidas veces en mi mente. Me agarré a la almohada con fuerza cuando su lengua lamió mi clítoris y alrededores. —No puedo —contesté en un gemido. Asentí. Luego introdujo otro dedo. lamiendo una. Al escuchar mis ruegos. pero yo necesitaba más. —Su manera de llamarme volvió a estremecerme. —Kaden. con este ya dos. Volvió a subir hasta ponerse a la misma altura de mi mirada y besó voraz mis labios. Gelina.

intentando calmarme y noté cómo mi carne rodeaba su pene. pero sin llegar a entrar. —Te va a doler. Chillé de placer mientras me agarraba con fuerza a la espalda de él. Yo seguía reteniendo la respiración. —¿Cómo te encuentras? —Bien —contesté al mismo tiempo que soltaba el aire que tenía retenido desde su primera embestida. Mi vagina volvió a amoldarse a él. derretida bajo el cuerpo de Kaden. . dos y tres. salió y entró. cuando estaba a punto de rozar sus labios. Mientras. ajustándose a él. Entró una vez más para salir a continuación. Apretó levemente. Kaden bajó unos centímetros para besarme y. que me observaba fijamente acrecentando así mis ansias de más. —Carraspeó.Él se deshizo del bóxer sin ningún tipo de complicaciones y con manos ágiles se colocó el preservativo a lo largo de su pene antes de volver a recostarse encima de mi cuerpo. Lo quería dentro de mi cuerpo. otro nuevo empujón rápido y firme. repitiendo durante un rato el movimiento. hincando mis uñas en su piel. Pero antes de terminar la palabra volvió a hacer lo mismo. pero ya no iba acompañado de un dolor tan agudo. fue más bien un escozor. Paraba las embestidas haciendo círculos redondos con mis caderas y nuevamente una embestida más. Él colocó ambas manos en mis caderas. y con movimientos rápidos penetró una. Una vez bien colocado entre medias de mis piernas. ahora con más calma. dos y tres veces más. las aferró y las elevó. apoyando su mano a un lado de mi cabeza. Sentí una punzada de dolor agudo. un poco. apretándolas contra él. mi cuerpo experimentaba un placer inexplicable. Deseaba que lo hiciera. una embestida rápida me cortó la respiración. —Vale. que lo pedía a gritos. no se movió ni un milímetro. Él permaneció inmóvil durante esos instantes. colocó la punta de su miembro rozando mis labios menores.

después. que estaba muy receptiva. Me deshice ante eso y. abrir despacio sus piernas. Salió de dentro de mi cuerpo y se tumbó a mi lado antes de darme la vuelta para colocarme a horcajadas sobre sus muslos. mirando hacia sus pies. Kaden colocó una mano en mi vientre y presiono lentamente. —Sí —sollocé. Escuché su gruñido y me sentí como una diosa. Me gustaba lo que veía. me dejé llevar por el tumulto de sensaciones bajo el efecto placentero y adicto del orgasmo. pero me dejé llevar por su experiencia. buscando mi placer y el de él. pronuncié su nombre. Chillé de placer. con Kaden entre mis piernas. completamente hechizada por el placer que me estaba proporcionando y. abriéndolas a medida que su duro miembro entraba más y más adentro. Él deslizó los dedos hacia abajo. Cenicienta?—preguntó Kaden. su cara quedaba en la parte de atrás de mi espalda y no lograba adivinar qué es lo que él quería hacer. ¡Ah! No podía más. me sorprendí al verme en el espejo de enfrente. poniéndose de rodillas. llevando un brazo hacia atrás para enredar los dedos en su pelo. No podía verle. me estaban volviendo a llevar a aquel lugar alejado de la realidad. Kaden . —¿Todo bien.Rendida. cuando abrí los ojos. bajo el cansancio. en una pose muy sexual. estirando de mis nalgas y. Y me gustaba verme en esa situación tan comprometida. Comencé a mover mis caderas hacia fuera y hacia dentro. Noté el aliento de su sonrisa chocar en mi oído. arrastrando las mías. colocó su pene justo en la entrada de mi vagina para. Él levantó un poco mi trasero con sus manos. con el pelo alborotado y la máscara de pestañas corrida. y presionó con ellos encima de mi clítoris. Segura de mí misma incrementé el movimiento. provocando un cosquilleo en mi piel. Acto seguido sus embestidas cogieron un ritmo más rápido que. Me arqueé. totalmente desarmada. junto a sus dulces movimientos en mi parte más sensible. cada vez más rápido. divertido y a la misma vez jadeante. entre gemidos.

dándome un toque con la punta de sus dedos en la cabeza con simpatía. señora Darlo-todo-coneuforia —comentó. Escuché a Kaden reírse y tuve que girarme para observarle.. Ahora no me vengas de retacada. —Me miró con ojos chispeantes. Me reí. sintiendo así los primeros espasmos. sonriendo hasta dejar mis dientes al descubierto. Me dejé caer hacia atrás y rodamos hasta quedar uno al lado del otro. chistoso. no puedes hacer nada.. —¿De qué te ríes? —me preguntó. así… —susurró contra mi hombro mientras su sudor se derramaba en mi piel. casi al unísono. pero mi resistencia ya no podía más. —Me ha gustado —contesté. Sin bajarte las bragas. —Así.volvió a gruñir. —Lo he notado. —A continuación volvió a reírse . Nunca antes había vivido algo similar. Estaba agotada y con el pelo pegado en el sudor del cuello. Kaden pasó un brazo por debajo de mi nuca y con la otra mano peinó mi melena alborotada. —En estos términos todos somos vulgares.. parecía una leona. —Soy una vulgar… —dije con la voz teñida de vergüenza y algo de reproche hacia mí misma. preciosa. se rindió ante el placer jadeando en mi oreja. —Eres muy fogosa. Gelina. mientras sacaba mis manos de mi rostro. la pena es que no lo hiciera demasiado a menudo. y mi cuerpo se deslizó hasta aquel lugar tan placentero. —Uy. totalmente desorientada y relajada. era bonita.. Comencé a notar el calor de mis mejillas y me tapé la cara con la palma de mis manos al recordar algunas imágenes y algún que otro gemido. Me gustaba su sonrisa. Él.

pero no hasta qué punto.. Pero. —Entonces. ¿que había temas que estaban blindados y en el lugar prohibido? Pensé que me había leído la mente. —Yo. ¿Eso quería decir que podía preguntar? ¿Que estaba dispuesto a contestarme? O. . ¿podría compartir a Kaden? ¡No! Mi mente se hizo un nudo de pensamientos. Dejó caer la mano con la que jugaba con mi pelo al colchón. mejor dicho. Entonces me vino a la mente algo que me comentó justo antes de hacer el amor.? Verás.mientras besaba mi cabeza.. Volví a intentarlo—. de mala gana.. de preguntas que me angustiaban y me dolían. pero me decanté por preguntar. pero sí crispado.. Yo solo quería saber cosas de ti —aclaré a modo de disculpa. aun sin saber la respuesta. ¿Tú tienes prostituta? —conseguí formular la pregunta.. No sabía si pertenecería a una de sus líneas infranqueables o no. Ese mundo queda excluido —concluyó con un gesto con la mano. tajante. Yo también me reí. La curva de sus labios desapareció y sus facciones volvieron a ser serias. Hice un mohín. tendría que haber dejado esa conversación para otro momento. —No preguntes nada que tenga que ver con lo que tú ya sabes. —Pues cambia la pregunta —argumentó. ¿Tú.. ¿tenía yo derecho a prohibírselo? Sabía que yo le importaba. —dejé un silencio para pensar lo que realmente quería decir y proseguí—... ¿tú…? — ¡Ah! No sabía cómo decírselo. Intenté serenarme y hacerle creer que no tenía ninguna curiosidad. —¿Hace falta que hablemos de esto ahora? —Su tono de voz no era enfadado. ¿Quería decir eso que sí la tenía? Sentí una punzada de dolor. quedándome alerta a la espera de su respuesta y sintiendo mi cuerpo rígido como el acero. Y en el peor de los casos.

no sé en que estas pensando. Muy sofisticada. dan la vida por sus ellos. ¿Cómo no podía saberlo? Era su familia. —Verás. —Cuando entré en tu casa la primera vez. El problema es que de mi familia hace mucho que no sé nada. qué preguntar. como el caso de mi madre. pero antes de nada debo de decirte que no todos los padres se comportan como tal. —dejé una pequeña pausa — me extraño encontrarme una vivienda tan fría.. comenzó a coger forma. . —¿A dónde quieres llegar? —Su voz era tranquila y calmada.. sin un ápice de nostalgia. pero realmente era algo que me preocupaba ya que mi vida había sido tan marcada por la muerte de los míos. —¿Puedo preguntar por tu familia? —cuestioné con cautela.... Hay una cosa que desde la primera vez que estuve aquí me chocó bastante… —comenté. O. —¿El qué?—me interrumpió.. sin saber cómo preguntar o. —Su voz era un poco más dura y delataba algo de resentimiento.. —No tengo ni idea. —Le miré a los ojos y creí ver algo de dolor reflejado en sus facciones. Esas personas que nos brindan la oportunidad de vivir. —Su voz seguía en la misma línea.. aunque su voz no anticipaba nada de él. que se desviven por sus hijos día y noche. —Gelina. Seguía perdida. y que hasta ahora no sabía adónde quería llegar. sus padres. más bien. aún sin saber muy bien adónde quería llegar. Me sorprendió su contestación. pero muy neutra en cuanto a la personalidad de su dueño.Algo que rondaba mi mente desde el primer día en que entré en su casa. —¿Tus padres están vivos? —sabía que la pregunta podía ser un poco brusca. —Sí.

así que no necesitaba que me explicara sus sentimientos para suponerlo. —Yo tampoco tuve un cuento de hadas. Cenicienta. comenzó —... sabrás. ¿pero era la vida culpable de mi prisión? —Bueno pues. Las tortugas ninja… —Esbozó una sonrisa marga. era la primera vez que experimentaba una sensación así. ese reflejo me era conocido. Todo —remarqué la última palabra. necesito conocerte. —Se hizo el silencio. curiosa toda ella en sí que.. —dije algo frustrada. que me tranquilizaba y creaba entre nosotros una familiaridad como si de años se tratase. Sentí sus labios besar mi mejilla con ternura y me deshice ante ese nuevo pequeño detalle. Una mañana acababa de despertar. algo apenada.. Mi imaginación me llevó a ver a un niño pequeño sentado en el sofá.. pero quiero saber todo lo que esté antes de esa línea divisoria.. pues yo sabía lo que era eso. apenas hoy he sabido tu apellido. a veces. como cada mañana. —¿Qué es lo que quieres que te cuente? — preguntó en un susurro. por supuesto. Me levanté y fui en busca de mi desayuno. con las piernas cruzadas a lo indio comiéndose un . Kaden. Curiosa la vida. mirando al techo con la misma atención que si se tratase de un televisor. Sé que hay una línea que no puedo rebasar. No me gustaba. —Sentí el cosquilleo de una de sus manos jugar con mi pelo. Me molestó y casi me dolió ver o captar algo de sufrimiento en él. Miré al techo y suspiré para luego seguir hablando—. Kaden me había devorado escasos minutos atrás. me relajé y agradecí ese pequeño detalle. —Todo. —repliqué. Me puse a ver mis dibujos preferidos. — Recostó su cabeza mejor acomodada en la almohada y. con los ojos clavados en el mismo lugar. Kaden permanecía serio.—Supongo que es como todo. si lo que quieres es saber. pero hasta ahora no me había besado de esa manera que. ¿Estaría comenzando a entenderla? Nunca la había entendido y la culpaba de mi desdicha. las cosas más insignificantes y con menos tamaño son las más importantes. pero de pronto siguió hablando—. me decía más que sus besos voraces. y dude en darle un codazo o un golpecito.

—Se justificó y me extrañó que lo hiciera. Él hizo lo que debía. Años más tarde entendí que ella no me quería a mí y que sufrí por haberla querido. pues no se estaba quedando con mi cara. Me dolía. no sentirte querido ni correspondido. Era un niño. Pero aun así.. marginado. —¿Se portaba bien contigo? —¿Mi madre? —Peinó sus cabellos hacia atrás con los dedos y contestó—. no él por amar. Conclusión. Jugando en un cuarto oscuro con la soledad. echaba de menos a mi madre y necesitaba estar con ella. confundí mis sentimientos con los de ella y creí que si yo la quería ella también lo haría. más que mi . porque simplemente no tienes un hombro en donde hacerlo. —Según el informe que leí años más tarde.. Se me hizo un nudo en el estómago y mi voz sonó ronca. Cerré los ojos con fuerza. Yo pensaba que sí. y deslicé mi dedo índice por su torso. Pero realmente eso no fue lo que hizo llegar a la Asistencia Social a mi casa. ¿Estaría quedándose con mi cara?— llamaron a la puerta. —«Ah.bollicao ¿sería así?—. —¿Por qué? —pregunté. que me quería. mientras encogía los hombros—.. Y justo cuando empezaba la canción. Me dolía saber que sufrió la soledad y otra cosa que a mí también me atormentaba. Nadie que te seque las lágrimas. mi madre alegó que no podía hacerse cargo de mí por motivos económicos —contestó. Era una pareja de la Asistencia Social. —Sentí una punzada de dolor—. pero la Asistencia Social se hizo cargo de mí en un centro de acogida.». que yo cantaba a la par con euforia —volvió a sonreír. Preguntaron por mi madre y yo les informé que estaba durmiendo y a ella no le gustaba que la despertara. El informe decía que el colegio les había llamado por la cantidad de faltas de asistencia. aquello me dolía más que mi soledad. era su madre quien no había procedido como es debido. —Yo fui quien los abrí. —Es normal que la quisieras —intenté explicarle.. solo y sin saber donde apoyarte. quisieron entrar y yo fui a despertarla. Fue todo muy rápido y apenas lo recuerdo muy bien. Lloré desconsolado en aquel centro durante muchas noches.

me dieron la mejor educación y gracias a ellos supe lo que era tener un hermano mayor. —Me arrepiento de haberlo hecho. Se levantó y se dirigió hacia el empotrado armario de madera de roble. «¿Qué me iba a enseñar?». mucho. No era el lobo. —Sus músculos se relajaron y entonces me percaté de que había estado tenso mientras hablaba—. parecido a una funda de guitarra. Lo apoyó sobre la cama y lo abrió. La familia Bianchi me dio mucho. saber que a él alguien lo quiso me hizo relajar. Justo un año después de estar en el centro. pues en sus palabras vi que quiso a cada uno de los componentes de aquella familia—. Pero gracias a ellos pude descubrir todo aquello que nunca viví. —¿Te gusta la música clásica? —Sinceramente. era Kaden dolido. una madre y un padre. puesto que mi padre biológico no supo nunca de mi nacimiento y que mi madre biológica jamás se comportó como tal. —¿Querías a la señora Bianchi? —realmente lo pregunté por preguntar. más que mi propio sufrimiento. Kaden me dolía más que yo misma.verdad y mi realidad. no lo sabía. —Aprecié cómo la curva de sus labios se curvaba hacia arriba y entonces sentí mis músculos relajarse. más feliz y tranquila—. . muchísimo. Vi un violín brillante y reluciente que sacó con mucho cuidado. —Sí —respondí sonriente. Apoyé mi mejilla en su pecho. la familia Bianchi me acogió como familia canguro. Quieres que te enseñe una de las oportunidades que me brindó la familia Bianchi? —me preguntó con la cabeza rígida y levantada. Nunca había escuchado música clásica. ¿Ella te quería? —Sí. pero no sé por qué. Quise contestar. Me arrepiento de haberla querido. yo también había estado tensa. —Su voz era dura. en busca de mi mirada. pero su dedo apoyado encima de mis labios me silenció y el continuó con la conversación—. Dado todo lo anterior. rebuscó dentro y se sentó a los pies de la cama con algo en las manos. Me enseñaron a apreciar.

ese ángel oscuro que después de hoy tenía luz. como un relajante muscular. yo. La melodía envolvió la habitación y tuve la sensación de retroceder en el tiempo siglos atrás. Yo me incorporé. pero él me amenazó—. esa música era gloria.. —Puede que no lo interpretes bien y no la entiendas. así que comenzaré con algo alegre como… Canon en re mayor. Era una gloria verlo tocar con los ojos cerrados. él era luz en mi alma y en mi vida. joderme la marrana. sintiendo lo que provocaba en mi interior. sintiendo lo que hacía. era tan adorable lo que veía… Y entonces me di cuenta de que nadie se libra de los malos momentos y que. Volví abrir los ojos y él seguía en la misma posición. quizá. —me encasquillé. el peor error que podemos cometer es intentar entender la vida. —Se rio.. colocando las sábanas encima de mis pechos y retirando mi pelo hacia un lado. —La verdad es que no —contesté con una media sonrisa. porque cuando menos piensas en analizar las . Hice ademán de colocar las manos encima de ellos. Me apoyé en el cabecero de la cama y comencé a disfrutar del gran espectáculo. La música comenzó a sonar en dulces melodías alegres.—Bueno. ¿verdad? —sonrió alzando sus cejas en un arco. — Yo solté una carcajada. alargó una mano hacia mí y estiró de la sabana hasta dejar mis pechos desnudos al descubierto. —Pues disfruta de tu primer concierto privado —bromeó. —Así mejor. sin pudor… Miré a mi ángel. pero entonces frunció el ceño algo extrañado y yo hice lo mismo. ¿Qué pasaba? Soltó el arco.. relajado. desnudo. deseosa por ver la actuación. alcé mis manos mostrando las palmas y las coloqué sobre mi regazo.. Cerré los ojos y me dejé llevar por la melodía. Ni se te ocurra. de Pachebel. Él colocó el violín entre el hombro y la parte inferior de su mentón. —No tienes ni idea de música clásica.

del que no hablaré. colocando el violín en su sitio. —Eres muy gracioso cuando quieres —le dije algo crispada. ¿qué? —Sí me gusta la música clásica— le informé. A pesar de que esta golpee con fuerza. Hasta que no había escuchado su melodía no sabía si me gustaba.cosas es cuando se convierten en sencillas. —Ya sabes lo que hay sobre ese tema. no tendré nada más que contarte mañana y te encontrarás con esa línea divisoria del mutismo. ¿qué? —A lo mejor muerto te cuento algo. me pregunté en el silencio. Él me atrajo . como aquel. Obedecí y le di la espalda. —Se estaba quedando con mi cara y lo sabía. «¿Estaría en un sueño?».. Pero no se levantó para dejarlo en el armario. Creo que lo hizo inconscientemente y eso me encantó. —Fin del cuento. Que bipolar era este hombre. Quise preguntarle algo más. a no ser.. Si no. —Sí —dije mientras me acurrucaba contra él. Aunque sean escasos.. Date la vuelta —ordenó en tono severo. Cenicienta. Cuando la música terminó.. Ahora sí. —Sí.. porque se estaba riendo. —Y esto es todo por hoy —rompió el silencio.. tapándose hasta la cintura. siempre te dará momentos dulces. la vida es vida.. Lo he averiguado en cuanto he abierto los ojos y he mirado los tuyos —repuso mientras besaba mi frente con un beso rápido y desinteresado.. —A no ser. —Ya lo sé. pero en cuanto abrí la boca me silenció. sino que lo dejó con delicadeza en el suelo y se metió en la cama. Kaden abrió los ojos y sonrió.

—¡Hija. ¡qué faena me iba a dar entender a este hombre! Capítulo 9 Sin preguntas Estaba contenta. Sonreí al verla. y me coloqué un sobresaliente.. —Es por tu bien. lo he conseguido! —dije. a pleno pulmón. aunque este ya era otra vez Kaden. a dormir —dijo algo dominante. Estaba feliz. imaginándome que era un caballo. —Shh. porque lo había logrado esta vez y lo volvería hacer. Uff. —Y a continuación besó mi coronilla e inspiró el olor de mi pelo—. —¡Mira. Me había costado horrores. . Ningún pequeño comentario. Nada del tema. antes de que se me olvide… —Abrí un ojo y esperé. Otra cosa. encima de la rama del árbol. ¡Ahora soy una princesa que va a caballo! — Estaba eufórica. ¿Queda claro? —Era la voz del lobo. ten cuidado! Puedes caerte —chilló Melan mientras recogía las sábanas rosas. sonriente.hacia él y me rodeo por la cintura. Nunca comentes nada sobre la línea divisoria cuando hablemos por teléfono. Me tensé un poco y conteste: —Sss. Sabía que tarde o temprano lo conseguiría. quería subir a la rama que se encontraba un poco más arriba. mis preferidas porque eran de princesa.. —¡Arre! ¡Arre. allí sentada. Melan. pero no del todo. alzando la mano y saludándola—. pero por fin había encontrado la manera de subir.. a la escucha—. Sí —logré decir—... Nunca olvides eso. Me sentía triunfante y orgullosa. caballito! —chillaba a la rama mientras fingía movimientos como si trotase. hinchada como un pollo..

—¿Eso es bueno?—pregunte. acompañado de agujetas en los muslos.. Qué bien olía. No aún.. la almohada estaba muy blandida y el colchón me acogía bien. así es la vida… —repuso Melan meneando la cabeza—. —Ay. —Vaya. pero ahora quiero subir allí —contesté. cuando los abrí estaba sola. para mi sorpresa. porque yo no sabía si algún día tendría bastante hasta llegar a la cima. La luz que entraba por la ventana me hizo remover. Ley de vida —comentó.. ¡Eres una niña muy lista! Estarás contenta. encogiendo los hombros. ya lo veo —replicó con fingida sorpresa—. Mi querida señora Darlo-todo-con-euforia... señalando la otra rama. alimenta la esperanza.». Tiré de la sabana hasta taparme las orejas y me acurruqué en un ovillo. Pero no lo estaba del todo. preocupada. Me los froté con las mangas de la sudadera. «Con razón dicen que pierdes no sé cuantas calorías haciendo sexo. antes de despegar un ojo. —Si no quieres que te falte la alegría. ¿Dónde estaba Kaden? En su lugar había una nota. Me incorporé para cogerla y… ¡Au! Un escozor en mi entrepierna me molestó. disfruta de tu segundo día de libertad. Mmm. Miré hacia el sol y me cegó los ojos. brazos y abdomen. Si te das una ducha con agua caliente ese dolor se marchará. hija. comencé a recordar la noche anterior y una sonrisa se dibujó en mis labios. Pero.. . Cuando conseguimos un propósito nace otro. Tenía todo el cuerpo dolorido. Ah. un poco más alta. —Sí.... Y entonces. cariño. Cenicienta..Melan dejó la ropa y se apresuró hacia el árbol.

. Pero ahora que pienso. saqué el móvil y le escribí: Gelina (enviado a las 09:12) ¡Buenos días! Siento molestarte. ¿pero realmente podía salir sin problemas? Mendax me había amenazado.. He soñado que un tiburón me perseguía.. Tú estás andando cuando también deberías estar en el agua. así que podía salir tranquila al mar abierto a nadar entre boquerones. Kaden No me gustó la idea de esperar su llamada para verlo y más después de lo que había pasado la noche anterior.. ¿eh. Te llamaré. Dori? PD: ¿Llamas tiburón a un boquerón? Segunda PD: ¡Ni el más resfriado! Evidentemente lo había pillado. muy mala que he tenido. Me dirigí a la bañera XXL. pero es que quería explicarte una pesadilla muy. la contestación me lo dejó claro.Llévate el teléfono. Me dirigí hacia bolso. ni el más resfriado.. Tenía los ojos verdes… Ahora tengo miedo. abrí el grifo del agua caliente y dejé que se . nadie me tosería encima. Y. ¿Puede el tiburón de mis pesadillas comerme? Kaden (enviado a las 09:14) No sé si reír o llorar. eso de que tenía memoria de pez… Saqué la lengua al teléfono y lo tiré de malagana al colchón. bueno.. No creo que un tiburón ande cerca de tu casa porque los tiburones nadan en el océano. Un temblor me recorrió la espalda cuando recordé su mirada clavada en la mía y su caliente aliento chocando contra mi rostro mientras escupía sus palabras amenazantes. ¿Se acordaría Kaden de eso? ¿Y si me lo encontraba en la calle? ¿Me estaría esperando cuando saliera? Tenía que preguntar a Kaden y después de trazar un plan.

En realidad yo no sabía nada.. a día de hoy. Kaden (enviado a las 09:42) Me alegro. Aunque el tema de Mendax… Ese era otro tema. adulta. La vida quizá tuvo la culpa años atrás. Yo ya era mayor. Ese era mi problema. . apenas quince pasos. hacer todo lo que quería conmigo. ahora que estoy dentro de la bañera. Solo tenía que cruzar la calle. Hundí la cabeza y apreté fuerte los ojos mientras me chillaba en mi mente «¡Tienes que cambiar! ¡Tienes que dejar de ser tan miedica!». y lo había comprobado. El escozor volvió a parecer un poco más agudo. Fui en busca del teléfono y me sumergí en el ella. siempre vivía con miedo. por eso podía.llenara.. color negro. No sabía qué era lo que me ocultaba Kaden tras la línea divisoria. Tengo una charla pendiente contigo. la señora Santo Polo todavía seguía ejerciendo derechos sobre mí. tenía que llegar a casa para poder cambiarme. señal de que estas viva. Gelina (enviado a las 09:40) La verdad es que. pero no me veía capaz de ponerme nuevamente el vestido. nadie me vería. otra historia.. por mucho que Kaden dijera que no lo tuviera. pero no ahora. boca-chancla. pero por culpa de mi temor. Eso sí me daba miedo. sobre mi vida. a poder ser escociéndote. Saqué con fuerza la cabeza fuera del agua e inhalé fuerte. Finalmente encontré otra camiseta de algodón y unos pantalones deportivos cortos.». Disfruta del día. Eso era. lo único de lo que estaba segura era que allí había peligro. pensé. «Espero que no se enfade. por eso a la edad de veinte años todavía vivía en una cárcel. así que rebusqué un poco en el armario de Kaden.. Apoyé la espalda en la bañera y dejé caer la cabeza hacia atrás. Dejé el teléfono apoyado sobre la taza del inodoro y me sumergí por completo. Una vez que salí de la bañera fui en busca de mi ropa. sí que me escuece un poco. pero nada que no pudiera soportar.

¡Tú te lo pierdes. nena.Ya vestida. me coloqué los zapatos. Volví a recordar su visita. Segundos más tarde escuché la voz de uno de ellos en la lejanía.. idiotas también.. «¡Así mejor!». ¡Iba hecha un cromo! De repente.. —Es una pena. esa casa era una belleza. tenía mucha claridad y sus colores claros la convertían en un calmado hogar. esos quince pasos que observaba a través de la ventana se convirtieron en quince kilómetros. Vi unas gafas encima de la mesa y me las coloqué. —Oh. con un pie encima de la acera. nena!. —¡Que os den! —añadí. ¡Serán gilipollas!». te lo pasaras bien —dijo uno de los que iban en el asiento trasero. Fue muy gratificante y reconfortante . como siempre y para no variar. pero inofensivos.. pero evidentemente eran un par de niñatos inofensivos. Bajé las escaleras.. «Nena. Una vez dentro de casa vi la cinta de vídeo que me había entregado Melan la tarde anterior. Los cuatro miraban hacia mí. retomando mi rumbo en dirección a casa. uno en el asiento del copiloto y dos más en parte trasera. —¿Quieres dar una vuelta? Vamos... nena. Tuve miedo. Salí a la calle y. no merecía la pena. con el cuerpo casi fuera de la ventanilla. Pero ni me giré. cuando me quedaba menos de la mitad para llegar a la puerta de casa. nena. me dije a mí misma frente al espejo que había junto a la entrada... nena.. ¡Hasta con esas pintas estás para darte un revolcón! Me giré desconcertada y me encontré con un chico de unos ventipocos años acompañado de otros tres más. escuché el silbido que provenía de un coche que pasaba por allí. Les hice un corte de mangas. Creo que por eso soñé con ella por la noche. Y con las mismas me giré.

el jardín y el desván eran mis sitios preferidos para jugar. Inconscientemente me llevé la mano al colgante y lo abracé con mi mano antes de acercármelo a la boca y besarlo. —comenzó a explicar . —Por las buenas notas que has tenido.. arrancando el papel con fuerza.. —Aquí papá en el desván —le dije. siempre que me ponía nerviosa la vejiga me jugaba malas pasadas y me entraban unas ganas enormes de ir al baño. Antiguamente era mi cuarto de juegos.. pero mi padre me lo impidió. —Mi padre estaba contento e ilusionado por dármelo. papá? ¿Qué es? —pregunté nerviosa y contenta. papá? Porfi. Casi del ... no bajes Gelina. ya eres libre para abrirlo. subí al desván y desempolvé el reproductor de vídeos. ¡Dímelo! —supliqué con mis manos juntas mientras daba saltitos. —¡Sí! ¡Bien! —grité con los brazos al aire. Yo por mi parte no podía esperar más. asomando mi cabeza por el hueco de las escaleras. Me lancé hacia el regalo.dejando el paquete en el suelo del desván—.. nunca olvidaré ese día. —Hale. De pequeña era muy nerviosa. —No. porfi. ¡Uau! Mi padre llevaba un paquete envuelto en papel de regalo. Me giré para bajar. impaciente! —se rio. Cogí la cinta. ¡Enorme! —¿Qué es eso. —¡Hija! ¿Dónde estás? —escuché a mi padre gritar desde abajo.volver a verla. Crucé las piernas. —¡Un momento. ya subo yo. lo que aumentó mi impaciencia y mis nervios. Mi padre me compró el televisor. ansiosa. —¿Qué es. Hacía años que no subía allí. Y por la evaluación que tu profesora ha hecho sobre ti te has ganado un premio.

—A veces creía que mi padre se metía en mi mente y yo siempre le preguntaba si teníamos telepatía. Por eso soy feliz. tanto puedes jugar a princesas como a guerreros y eres igual que tu madre. Tiré la corona de plástico que sostenía en la mano y me sequé una lágrima que corría a toda prisa por mi mejilla. Al ver su reacción alcé la vista y vi sus ojos brillantes. —No sé si te has dado cuenta que lleva incorporado un reproductor de video. Sabiendo que estaba haciendo un gran esfuerzo por no hacerlo. Siempre me haces feliz. estoy muy feliz. con un nudo en la garganta. —¡Sí! —chillé con euforia. —Me alegra saber que te hago feliz —le dije entre pucheros. yo quería una en mi cuarto pero él siempre me decía que no. Pero mi padre aguantó sin echar una lágrima. Pero por las noches lo . casi a punto de llorar. ¿estás triste? —dije. Mi padre se quedó callado y muy quieto. papá — le dije. Gracias. —Él tenía la voz ronca. —Sí. casi en un susurro—. «Eso. y que las ideas se te reflejan en la cara».primer estirón lo dejé al descubierto. Él siempre contestaba. ¿Sabes por qué? Porque eres un torbellino que da luz a mis días. un culo inquieto. —¿Es un televisor para mí? —Me sorprendió. Me acarició el pelo—. es para el desván. —¡Uau! ¡Es verdad! —Lo llevaba incorporado justo debajo de la pantalla. tiré de él con fuerza para animarlo y que enchufara el televisor.. que me ardía. —Papá. pero no es para tu cuarto.. —No. cielo. hija. Me giré hacia él y lo abracé con fuerza—. mi padre era muy reacio para esas cosas. Se me iluminó la cara cuando vi el televisor.

—Levántate la camiseta —le ordenó. La Sienita y un sinfín de películas más. Aunque había pasado el tiempo. Yo creo que es un guerrero —comentó. Sequé mis lágrimas con la palma de mis manos. . —Con el estómago revuelto —contestó. Me reí.escuchaba llorar. Coloqué la cinta. y eso me partía el corazón. con cara de angustia. di al play y me senté en la butaca de piel marrón. —¡Hola! —contestó ella. cariño —saludó mi padre a mi madre. justo catorce años. acercándose a ella. arrasando con todo y dejando penuria y tinieblas. pero vi a mi madre en la cocina mientras hacía la comida. Tenía una barriga pequeña y redondita. aunque los aparqué en algún momento de mi vida. susurrando amargas palabras. Meses más tarde se iría todo por la borda. con un moño despeinado y un delantal de vaca. dejando el cuchillo de picar sobre el mármol. —¿Cómo se encuentra el amor de mi vida? —preguntó mi padre. junto con las palomitas. —El mes que viene ya sabremos lo que es —le informó mi madre—. Recordar aquel momento me hizo añorarlo. los recuerdos seguían frescos en mi mente. Mi madre sonrió y levantó la camiseta y el delantal hasta dejar su barriga al aire libre. por el dolor que me causaba rememorarlos y pensar en mi padre y en mí cuando yo era feliz. la misma que me acompañó en tantas sesiones mientras veía El rey león . —Hola. Aunque recordaba aquella butaca mucho más grande… No llegaba con los pies al suelo. grabados con fuerza. Él grababa y no se le veía.

—No. Mi madre frunció el ceño y puso los brazos en jarra. aparte de en aquella foto pequeñita que me acompañaba en el sótano. yo no tenía su sonrisa. que apoyó la cámara encima del mármol de la cocina. Yo estaba llorando. la estaba besando. —Sentí la carcajada de mi padre. Di algo a la cámara. Era más guapa que yo. con una sonrisa preciosa en sus labios. Además. Mi madre estaba colocando ropita de bebé en una cómoda. —Mi querida princesa —comenzó mi madre—. era la viva imagen de la felicidad—. que seguro que dentro de unos años lo estaremos viendo en el sofá de casa con ella en medio — comentó mi padre. será una princesa —replicó él. No me lleves la contraria. Escuché el sonido de labios chocando. ahora entendía a mi padre cuando decía que le recordaba a ella. a quien hoy han hecho la mujer más feliz de la tierra porque lleva una princesa—. —Siempre me haces feliz —contestó mi madre. era la primera vez que veía a mi madre. —Si me hubieran dicho que era un guerrero estaría igual de feliz. quiero que sepas que te queremos mucho. pero por las patadas que pega creo que es un guerrero—. papá? . —Yo solo quiero que seas feliz —escuché decir a mi padre con dulzura. lo dejaremos en una princesa guerrera y punto. «Ojalá». —¿A quién tenemos aquí? A la futura mamá. pensé entre llanto y llanto. con el corazón encogido. Nos parecíamos. Ojalá hubiera sido así. Ni para ti ni para mí. ¿Por qué no dices tú algo. Muchísimo —dijo mientras abrazaba un oso de peluche—. fingiendo estar enfadada—. tenía los ojos color miel y el pelo más oscuro que el mío. —A mi madre se le achicaban los ojos cuando sonreía. —Lo que tú digas. Tengo muchas ganas de que nazcas y tenerte en mis brazos.

—Hizo una pausa para tragar saliva y continuó—. siempre estaré contigo. Segundos después. cielo. luego apareció un trapo que le había lanzado ella. Mi madre se estaba grabando ella misma. llorando desconsolada. princesa. siempre. abrazada a mis piernas. que no estaré físicamente en ese sofá dentro de un tiempo viendo esto contigo ni con tu padre.. Me cuesta mucho aguantarte a ti. Las cosas se han girado.. en la pantalla volvió a parecer otra imagen. Y quiero que sepas. y yo también desde donde esté. Os quiero a los dos con locura pero. Te quiero princesa. —Hola. tú eres mi vida.Mi madre le quitó la cámara y se puso a grabar. Quiero decirte que te quiero… —Pero sus lágrimas ya corrían mejilla abajo—. para acariciarme a través de su piel. pero estaré. «¿Por qué.. Gelina.». Después de eso terminaron las grabaciones. —Volvió a gemir. que. Mi llanto se incrementó al verlo. mamá? ¿Por qué? No tendrías que haber hecho eso. chocando contra su hombro. —Su voz ya no era feliz—. sé que ahora no lo entiende pero cuando te tenga en sus brazos me entenderá. pero esta vez no lo reprimió—. Haz que tu padre se sienta feliz. siempre. Papá te cuidará bien. dentro de poco tendré dos mujeres en mi casa y no sé cómo voy a llevarlo. —No son tonterías. Volvió a haber una pausa.. —¡Anda ya! No digas tonterías… —le regañó mi madre.. —Sorbió por la nariz—.. sino a su vientre. Él suspiró y comenzó a hablar. yo apenas podía ver a través de mis ojos empañados de lágrimas. yo apenas he vivido y papá se murió por no estar contigo. Yo me quedé en la butaca. —Y esta vez no dirigió su mirada a la cámara. El esfuerzo de mi madre no . princesa. —Mi madre dirigía la vista al techo intentando aguantar las lágrimas y dejó escapar un gemido que reprimió forzando un carraspeo—. sentada en la cama y con la piel de un tono grisáceo. —La verdad es que estoy acojonado. ahora era mi padre quien quedaba en el marco de visión. no sé si podre con otra —bromeó él y sentí la carcajada de mi madre.

. Sé que ella me amaba. ¿De quién es?—pregunté. pues dejé de vivir. El ruidoso timbre de la puerta me obligó a secarme las lágrimas. con una gorra donde ponía «correo rápido y seguro». fuera del dolor y la penuria. pero no podía reprimir las lágrimas.. No sé cuánto tiempo me mantuve en la misma posición. No culpo a mi padre. hacerme una vida más estable. dejé de ser feliz. Los dos hicieron sacrificios. Tenía la sensación que lo había estropeado todo. fuera de juego. sonriente. —Viene a nombre de Kaden. más o menos de mi misma edad.. yo. dirigiendo su mirada al paquete de un tamaño considerable que tenía al lado de sus pies. exclusivamente. ellos dos murieron y yo. con los ojos enrojecidos e hinchados. pensé. si yo no hubiera nacido mis padres estarían juntos y. Mi madre entregó su vida y mi padre empleó todo su esfuerzo en mi felicidad.había valido para mucho. creía que la señora Santo Polo podría darme unos cuidados más exclusivos. —Traigo un paquete para la señorita Gelina —comentó. llorando. Luego volvió a dirigir su mirada hacia mí—. tanto que me la destruyó. Eran padres ideales. —Buenos días —le devolví el saludo. Yo había estado catorce largos años viviendo en una agonía. sé que todo lo que hicieron por mí fue. Rabia por haber estropeado la felicidad de mis padres. —Buenos días.. —Era una chica rubia y jovencita. con una pequeña idea de quién podía ser. —«Cómo no». les rompí la vida. sin felicidad. no puedo. Sacrificios nulos. sé que mi padre me quería. recomponerme y bajar a abrir la puerta. por mí.. Sus deseos por darme lo mejor en cada momento rompió el fin de sus intenciones. me sentía orgullosa de ellos. él quiso darme lo mejor en cada momento... Firmé el certificado y la despedí con amabilidad. Por eso tenía esa sensación de culpa. Sentía rabia e impotencia. ¿Es usted? —Sí —le aclaré—.

El otro. Kaden (enviado a las 11:15) Tienes treinta y cinco minutos para cambiarte. y por último.. Uno estaba compuesto por una falda de tubo. Otro más. ¿Qué me tendría preparado? Sonreí feliz. y largo. Despegué la cinta que sellaban las ranuras de las tapas. un pantalón deportivo a conjunto con una sudadera color negro. Pesaba bastante. ¡Uau! Aluciné cuando al abrirlo. así que lo dejé encima de la mesa. un tejano pitillo con una camisa blanca de media manga.El paquete era bastante grande. Se me iluminó la mirada cuando vi al fondo del todo unos zapatos de vértigo. de unos dos palmos de alto y unos tres de ancho. unas deportivas. mordiéndome el labio inferior. . de color crema.. unas bailarinas color blancas. Y además. Un precioso y elegante vestido de etiqueta. y un vestido largo con escote palabra de honor y un corte en la falda que iba desde de los pies hasta el muslo. básicos. por ahí. tres cajas en las que dentro había: unos zapatos de tacón no excesivo. me encontré con un montón de conjuntos. ¿Cómo narices sabía que estaba en mi casa? Gelina: (enviado a las 11:17) ¿Cómo sabes que estoy en mi casa? Podía estar mar adentro. negros purpurina. otro par planos. jersey crema de cuello barco y chaqueta a conjuro de color coral. Pero ahí no acabó mi sorpresa. nerviosa.

. al final. decidí no usar sombra de ojos. Gracias por tus regalos. Me alisé el pelo y me pegué un brochazo con base de maquillaje y un toque de polvos. Hice una línea negra en todo el contorno de los ojos con un lápiz delineador. era inexplicable lo que era capaz de hacer en mi cuerpo. de AC/DC. El corazón chocaba a velocidad de vértigo contra las costillas.. me gustaba lo que veía! Kaden (enviado a las 11:45) Te espero fuera. Si aquel momento hubiera sido la escena de una película. Sí. Gelina: (enviado a las 11:20) Te he echado de menos.. Al final me decanté por el tejano pitillo y la camisa blanca.. Pero no contestó. ¡Joder! ¿Siempre me pasará lo mismo? . me puse las Ray-ban de Kaden y abrí con seguridad la puerta de la calle. porque tenía tantas ganas de verte.. Mi mensaje no decía nada. hubiera ido acompañada con una canción rockera de esas enloquecidas que ponen la piel de gallina. Leí el mensaje. Estaba enfadado por el mensaje del tiburón. respiré hondo. pero tampoco había sido para tanto. pensé mientras ponía morritos frente al espejo con pose sensual y me daba media vuelta para observarme desde atrás. ¡Sí. me provocaba taquicardias y mi mente perturbada navegaba entre aguas de pasión recordando los detalles de la noche anterior. que acompañé con los zapatos color crema. «¡Bendito sea el maquillaje y el resto de la gama de pinturas!». Y en contestación a tu pregunta. la respuesta es: no preguntes. como Highway to hell. Me cortaba la respiración nada más verlo. Me maquillé con ganas. puse máscara en las pestañas y.Kaden: (enviado a las 11:18) Gracias por recordarme. ahí estaba mi lobo metido en su Audi..

—Sí —me limité a decir. pero el repitió mis palabras con sorna. más feliz que una perdiz. será por algo. ni leches! —Su voz seguía siendo dura. yo soy tu amo... desapareció del mismo modo que la música y el momento mágico. —¿Entonces. igual que unos segundos antes.. ¡Eres tonta! —Bendita la hora en que se me ocurrió decirle lo de la palabra de seguridad. —Lo siento —logré decir..Con un movimiento vacilante me senté en el asiento del copiloto. con un nudo en la garganta. —¡Ni siento. que no . El enfado seguía estando reflejado en su rostro. —Gelina. —¡Te digo que no hagas cierta cosa y lo primero que haces cuando te levantas es eso! —Seguía chillando y creo que cada vez estaba más enfadado. no sé. ¿tú y yo hablamos el mismo idioma? —Su voz era neutra. sonriendo de oreja a oreja. con la boca pequeña.. Me tensé y decidí quedarme en silencio. «Siempre tenía que cagarla. pero la culpa es tuya. me recriminé para mis adentros. —Quita esa sonrisa —dijo con un tono severo y tajante. siempre metiendo la pata». —Bueno. Me acojoné mas. por qué cojones no haces caso a lo que te digo? —Ahora sí chillaba. Digo yo. ya he dicho que lo siento —dije enfadada—. pero no tan alta.. y la música roquera se esfumó para dar paso a los sonidos de un grillo. cuando chillaba—. que… —Intenté explicarme. ¡Siento haber enviado el mensaje. A lo mejor piensas que es para dominarte. ni siente.. —Puso gesto pensativo y prosiguió—. así tipo «sumisión». Si te digo que no lo hagas. La sonrisa. —Bueno. me he comportado como una gilipollas y una niñata! —Ahora yo también chillaba—. Pensaba. evidentemente. yo..

«¡Sal. ofendida. hacía que me mantuviera sería y distante. Kaden arrancó el coche y seguimos en silencio. acojonada. «¿Robarle?». —Sí. Y otra cosa… —Hizo una pausa. Ya no estaba enfadada. cruzándome de brazos y girando la cabeza hacia la ventanilla de mi derecha para mirar el exterior. tanto que mi cuerpo se precipitó hacia el salpicadero y tuve que estirar el brazo hacia adelante para frenar el movimiento. Enarqué un ceja y me gire hacia él. Ayer me amenazaron. Y al día siguiente me dices.. —Gracias —dije elevando la barbilla e intentando que mi voz sonara aún enfadada. —Yo no robo —dije entre dientes. eso nos dividía en dos equipos y yo quería que fuéramos uno siempre. Kaden bufó con cansancio y pegó un volantazo saliendo de la carretera para adentrarse en un camino de tierra. no me agradaba verlo malencarado conmigo. —Me da igual. en la que me esforcé para no mirarlo—. sujetando el volante con una mano. cagada. pero te las regalo porque me gustan como te quedan. Escuché como resoplaba con fuerza. No soportaba sentir su enfado. En la radio sonó una canción que conocía: Whithout you. .quieres contarme nada. al percatarme de que hablaba de las gafas. estaba aterrada.. «¿Qué?». pero él todavía seguía rígido y eso me retenía. Transcurridos unos minutos volvieron a llamar. dándole la espalda. Me entraron unas ganas de darle un bofetón. Otro sonido se incorporó en medio de nuestro silencio. de Air Supply. Kaden observó el teléfono. pero no me giré. tampoco vuelvas a robarme. cómete el mundo y disfruta!» —repliqué. tuve que controlarme mucho para no cantarla. no vuelvas a hacerlo —contestó con la voz más calmada—. estropeando el momento de unas de mis canciones preferidas. Escuché el chirriar de las ruedas y frenó en seco. —Me mordí el labio inferior para disimular la sonrisa. pero lo dejó sonar.

¿y a ese hombre le gustaba la música clásica?!». a vivir la vida. Total. Mientras que las guitarras resonaban con fuerza. —Tengo que coger el teléfono —chilló Kaden por encima de la música. acabaría enrabietada.Kaden puso el CD en marcha. Quédate dentro y ni se te ocurra bajar el volumen —me amenazó y. que son dos días!. acto seguido. el cantante chillaba como loco a pleno pulmón. con los pelos largos negro azabache. «Pobre del que esté al otro lado del teléfono». salió del coche.. enloquecidas junto a la batería. comencé a tararear fingiendo el sonido de la guitarra. Me giré hacia fuera y vi a Kaden hablar por teléfono. vestido con pantalones de cuero ceñidos y un chaleco del mismo material. Gelina. —«¡Vamos. pegando un portazo tras él. dio al play y comenzó a sonar una música heavy metal.. alcé el volumen hasta sesenta y los altavoces comenzaron a vibrar con fuerza. otras tantas me daría con un canto en los dientes. pensé. ¡Naranarana naranaranaranaa uu! ¡Naranarana naranaranaraa yea! Capítulo 10 . Y lo peor era que no conseguiría nadas más que mi propio enfado. comenzaron a retumbar en mis tímpanos. pero a pesar de tener las venas del cuello hinchadas era difícil escucharlo por encima de los berridos que pegaba el cantante—. Las guitarras eléctricas. «¡Dios mío de mi vida. Cómo la canción no me era conocida. me animé a mí misma. Dirigió la mirada hacia mí y cuando vio que le observaba puso cara enfadada. Alzó el volumen hasta el nivel cincuenta. La música no estaba mal. Tenía las cejas arrugadas y con el dedo pulgar y el índice se apretaba el puente de la nariz. así que me giré. cuantas veces intentara acercarme a la línea divisoria. Si seguía pensando en todo aquello que nos separaba a Kaden y a mí. dándolo todo. que acompañó con un gesto de la mano para que siguiera con lo mío y dejara de fisgonear. Pude imaginármelo. Dejé de esforzarme.

Alcé la vista y la observé. pero entre dientes—. —Las palabras de Ángelus sonaron como bombas explotando en mis tímpanos. el enfado era evidente. las normas son las normas. No lo pienso hacer. Había dos razones por la cual no tenía intención de hacerlo.Arco rojo No quería coger el teléfono. Relajé los músculos para que no se percatara de mi enfado y le hice un gesto con la mano. pero algo pasaba. me estaba mirando con esos ojos brillantes y chispeantes. —Lo siento. una era. y dos. Y muy en contra de mi voluntad. —¡Mierda. —Ha dicho que rompas las normas. Cuando quería era obediente… Y compuse una sonrisa amarga. Sabes perfectamente que ella está con . —¿Qué pasa? —Mi voz era molesta. —Romano. Se giró. tío —contestó Ángelus en modo de disculpa—. —¿Qué sucede? —pregunté con impaciencia. mierda. Ángelus solo llamaba en ocasiones de emergencia o importancia. —¡Y una mierda que se coma! —chillé enrabietado—. pero es importante —argumentó. son órdenes de Arco Rojo —dijo en un tono algo más suave. —Arco Rojo se ha puesto en contacto con nosotros hace escasos minutos. tenía ganas de pasar el día con Gelina lejos de toda aquella mierda. Sabe lo que pasó ayer noche con Mendax. la más importante. decidí cogerlo. que el teléfono podía estar pinchado por la policía. capaz de domar a la fiera mas indomable hasta convertir un león en un gatito indefenso. mierda! —chillé con frustración y después apreté el puente de la nariz con fuerza. y aunque elevé la voz. —Dile que no hay nada de lo que preocuparse.

—Dile a Arco Rojo que si la toco es porque me lo suplica hasta . —Podemos descubrirlo sin la necesidad de llevarla allí —aclaré—. —También me ha dicho… —Hizo una pausa y sentí algo de incomodidad en sus palabras—. pero odiaba tener que llevar a Gelina y exponerla a los ojos de todos ellos. —Estaba muy cabreado. el anónimo y la policía. Ángelus hizo ver que no me escuchaba y continuó con las instrucciones que le dieron. él no está moviendo ni una ficha. Además. me sentía impotente y la rabia hervía bajo mis venas. él es el primer interesado en que no se entere. la primera vez fue por Mendax. por eso es importante saber quién es el segundo traidor. porque creemos que es él quien está haciendo el trabajo sucio. Solo es cuestión de tiempo —puntualicé. sabe que es cuestión de tiempo que acabaran descubriendo quién es ella. pero las cosas acababan jodiéndose por momentos.esta mierda hasta el cuello. —Sí. seguro. Pero además. Nunca quise hacerlo. Para colmo el hijo de puta de Mendax lo tiene todo muy bien estudiado y programado. —Muy bien —dije arrastrando las palabras. pero necesitamos que vaya a la mansión para que pueda reconocer la voz del misterioso. dándome por rendido. tenía que hacerlo. —Quiere que la lleves esta noche a la mansión Roberte. todavía no estamos seguros. pero no disponemos de él y tenemos tres frentes con los que lidiar: Mendax. procures no tocarla. No quiere que le expliques nada. Arco Rojo no quiere arriesgar más. casi más que nosotros. Que si duerme en tu casa. No quería llevarla de nuevo allí. ahora por la necesidad de saber el nombre del traidor en anonimato. —Ella no tiene ni puñetera idea de nada. era necesario para la seguridad de todos. Estaba claro. pero sospechamos de un clan.

—¡Calla! —le ordené. por favor. ve con cuidado. Lentamente levanté la cabeza. tío! ¿No me jodas que es ella? —dijo Ángelus. Y lo era.!». —«Ángelus hablando como mi fiel amigo».volverme lo-co —repliqué en un tono chulesco. supliqué en mi fuero interno.. pronunciando la última palabra por sílabas. Era mi amigo. —Y yo que me pensaba que era Ágata quien te tenía estos días absorbido… Kaden. por favor. y yo totalmente entregada en cuerpo y alma. Sentí la risa que reprimió Ángelus al otro lado del teléfono. «¡Oh. moviendo mi melena hacia delante y hacia atrás. que la música haya terminado. el cabello hacia delante cubriendo mi rostro y un pie apoyado en el salpicadero... Ya estaba preparada para otro naranaranaranaaa. La música estaba en el momento más alto. con una mano arriba y otra en mi vientre. ahora en serio. ¡Naranaranaa naranaranaranaaa! ¡Naranarana naranaranaranaaa! —¡Eso es! Otro exagerado movimiento con la cabeza. ya sabes quién es ella y por qué estamos aquí. una vez más —grité. cuando de golpe se hizo el silencio. sorprendido como si acabara de resolver algún misterio de su mente. guardándome para mis adentros un «que me coma la…». pensé. —¡Ay. dejándome bien quieta.. sentí el cosquilleo que provocaban mis pelos a medida que alzaba la . el único que jamás de los jamases me apuñalaría.. —Vamos.. el único en el que podía confiar a ciegas. Dios mío. por el que pondría la mano en el fuego y no me quemaría. Fingí estar tocando la guitarra. la cabeza inclinada. metida en el papel. Comencé a agitar mi cabeza con frenesí.

.. Yo no era tan bipolar. —¿Estás enfadada. Alcé mi barbilla y me volví a cruzar de brazos. «Estoy esperando. —¡Porque nada más montarme en el coche me has echado los perros! .». ¿Y se puede saber por qué? ¿Pero por qué era tan chulo? Le lancé una mirada rápida. Gelina? —preguntó con incredulidad. Bufé con desquicio y volví a darle la espalda.. Y vi que enarcaba una ceja... —Eso mismo me pregunto yo... —Ya. Lo observé fijamente a los ojos. vaya.. haciendo revolotear un mechón hasta dejar partida en dos mi cortina de pelo.! ¿En qué te estoy convirtiendo? —Justo después apretó los labios para reprimir una carcajada. con los brazos cruzados esperando mi respuesta.. que también me acaloró. Resoplé hacia arriba. el lobo. y a saber con cuántos más me toparía en el futuro. ahí estaba él. repetí en mi mente con retintín. porque aquel hombre era de lo más imprevisible.. el Romano. todavía recordaba que estábamos enfadados. Se había recostado contra el respaldo del asiento. —Estaba sudorosa por el meneo. mientras giraba mi mirada y le daba la espalda. creo que desconcertado. Ah... abrí un ojo y. —Estoy esperando… —me advirtió. pensé mientras me daba una palmadita en la espalda en mi imaginación. el Kaden clásico. —¡Santa madre de Dios. y la vergüenza. ¡zas!. Era un hombre que tenía varios Kaden dentro. Y digo creo.mirada. ¿Es que no tenía razones para estarlo? ¿Él era el único que podía mosquearse? ¿Y que durara lo que a él le diera la gana? ¡Pues estaba flipando! —Sí —dije tajante.

Retiró mi pelo. Mi entrepierna comenzó a palpitar. —Seguro que quieres decírmelo. Esas manos suaves tocando mi piel desnuda despertaban mi ser más primario. creo que no.. —No —dije con esfuerzo.—grité. Yo sentí una pequeña molestia que segundos después se convirtió en puro placer. —No —me negué en rotundo. Kaden guardó silencio y se inclinó hacia mí. Tomó el pezón y lo estrujó. Te había echado de menos y. sin girarme. —Dejé morir la frase. humedeciéndose.. que intercalaba rozando con la lengua mi cuello.? —Nada. Sus dedos juguetearon con la camisa y después los introdujo en la copa del sujetador. erizaban mi piel.. produciéndome un cosquilleo. dejando mi cuello y oreja al descubierto para rozar con sus carnosos labios mi oreja.. —Sigue. Yo reaccioné echando la cabeza hacia atrás y me mordí el labio inferior. —No lo era. No sabía si era tan valiente como para decir lo siguiente. Me agarré al asiento . ¿No me lo vas a decir? —Su voz era sensual y sobreactuada. explicándole el porqué de mi enfado—. Reprimí un gemido apretando los labios.. —¿Y. —No —repliqué de nuevo. casi en un sollozo. Con una mano desabrochó los primeros botones de mi camisa.. sacó la lengua y paseó la punta por mi garganta de una forma muy erótica. fingiendo pena. embriagándome con su aliento caliente—. Sus labios daban pequeños y delicados besos en mi cuello. Tenía ganas de verte. —Dímelo —dijo entre beso y beso. —Dime… —susurró en mi oído.

Segundos después Kaden se retiró. aunque no sabría decir si era por su tajante cambio de actitud o por haber dejado de tocarme. negándome al clímax. colocándose en su asiento y cambiando radicalmente. Estaba tan excitada que con un simple movimiento me derretiría en gemidos producidos por un orgasmo. para evitar enredarlos en su pelo para atraerlo como una loca posesa hacia mí.. conseguí terminar la frase. encima de mi sexo. dejando de besar mi cuello pero sin despegar sus labios de mi piel. te puedo asegurar que mi perdón no te servirá para nada. volvía a estar furioso. —Quería un beso. Mientras él se abrochaba el cinturón con templanza. posándola sobre mi entrepierna. ¡Qué capullo! Estaba enfada. Sacó la mano de dentro de la camisa y la dirigió hacia abajo. —dijo con un parpadeo de ojos.. que palpitaba con ansias y se humedecía como las cascadas de Niágara. ¡Porque te dije que no hablaras de nada de la línea divisoria por el teléfono! — Sí.. —No es cuestión de perdonarte o no. —¿Qué?—preguntó. tirada y sofocada en el asiento del copiloto. —Ya he dicho que lo siento.hasta que la punta de los dedos se me quedaron blancas. —balbuceé. y el pantalón pareció desaparecer ante esa caricia. de abajo arriba. como si estuviera coqueteando como una mujer —. yo todavía estaba desarmada. porque si vuelves hacer algo así y te buscas un problema. ¡Ya no podía más! —Un… beso. como si la excitación no hubiera pasado por él. Recorrió mi vagina con un dedo. —Con gran esfuerzo.. ¿Sabes por qué me he enfadado yo? —dijo más serio—. —¿Qué puedo hacer para que se te pase el enfado? —pregunté. . —La niñita se ha enfado porque no le he dado un besito.

aunque era normal que en mi mente ninguna pieza coincidiera con otra. Kaden insistía en mantener la línea divisoria. si él me lo contara yo le ayudaría como fuera.. Blanco y embotella. la verdad es que no suelo desayunar —le expliqué. a la espera de que algún día la abriera y decidiese confiar en mí. lo necesitaba como el aire que respiraba pero. Así que cuando sentí que el tenso ambiente aminoraba. —No. Yo ya había estrechado lazos con él. ¿Has desayunado hoy? —La voz de Kaden me trajo de regreso de mis pensamientos. del que jamás me enteraría. lo había dejado abatido...mirándolo de reojo. Fuere lo que fuese con lo que había estado lidiando en su mente. Cuando él se relajaba. automáticamente y de una forma inexplicable yo también lo hacia. Temía por la policía. leche. puesto que no sabía casi nada. Había cosas que no encajaban. ¿en qué? Era un misterio. creo que más relajado. El silencio se instaló entre nosotros. pero no podía hacer nada mientras esa puerta siguiera cerrada con veinte candados y muro de contención. Estaba metido en algo sucio pero. piensa mejor qué hacer para que no me vuelva a enfadar —contestó él mientras arrancaba el motor del coche. apoyando la cabeza. Un misterio.. pero no era coherente en su reacción. —Ayer no cenaste. . mientras miraba por la ventanilla. Y saber que nunca me lo diría me molestaba y me dolía. Solo podía quedarme enfrente de ella. ¿Kaden me necesitaba tanto como yo a él? Pensar lo contrario me originaba una punzada de dolor.. —No te centres pensando qué hacer para que se me pase el enfado.. —¿No has vuelto a comer desde que almorzamos juntos? —Su voz sonaba preocupada y cansada. Lo miré de soslayo y parecía estar concentrado en algún lugar de su mente. En esos momentos odiaba la línea divisoria. me dejé caer contra el asiento. eso me dio tiempo que pensar.

Suspiré.. aunque no sabía si era fingida o real. el conjunto lo hacían para mí el hombre perfecto. Giré mi cuello para volver a mirar el cartel—. te sentaré en mis piernas y te daré de comer yo mismo. Él me beso en la cabeza y por un momento quise que ese instante. Se reflejó en mi rostro la felicidad cuando vi La raffinata cucina italiana. —No quiero que lo vuelvas hacer. A pesar de todo. Y dejé caer mis propias defensas. si llega el caso. de todos esos Kaden que vivían es su interior. aumentando la velocidad de mis pasos y dejando a Kaden un poco rezagado. Odiaba eso.—No te preocupes.. —¿Te enfadarás conmigo si no lo hago? —Mucho. odiaba la separación de menos de un metro que nos separaba. ese justo momento. Capítulo 11 Realidad irreal Me quedé en esa posición todo el trayecto. Hasta el fin de mis días. Aparcó el Audi en un parking en medio de la ciudad y nos dirigimos a un restaurante. casi gritando de alegría. fuese eterno. —¡Sí! —exclamé al mismo tiempo que daba media vuelta hasta quedar frente a él. a él no parecía importarle ni incomodarle. pero sin abandonar la sonrisa . Me verás más enfado que nunca y. —Ah. Me deshice del orgullo y apoyé mi mejilla en su hombro. necesitas comer cuatro veces al día como mínimo —me amonestó en modo paternal. —Sonreí al imaginarme la escena. —¡Este restaurante lo conozco! —dije. Me traía mi padre —le expliqué con anhelo. ¿sí? —dijo con asombro. he estado mucho más tiempo sin comer —dije en un intento de suavizar o calmar su preocupación.

Yo elegí mi plato preferido. —Ya te dije que no lo vi. mientras jugaba con el tenedor en el plato de comida. pero no podía fingir que no estaba asustada. Luego beso mi mejilla y avanzó con energía hacia la puerta. Pues sí que entendía tu padre de buena comida italiana — argumentó Kaden mientras alcanzaba mi paso y colocaba un brazo por encima de mi hombro.. y creo que también de respirar. la mañana anterior. —Tengo que decirte una cosa.. Estaba contenta. Mendax me dio miedo desde el mismo instante que entró al despacho de Kaden. gnocchis a la carbonara. ni intención tenía. Dejé de masticar. ¿Lo sabes. —Gelina. sabes que si no fuera imprescindible no volverías a pisar esa mierda de mansión. verdad? —Yo asentí con la cabeza —. —comenzó a hablar Kaden. porque lo estaba. Pero para mí es muy importante que lo hagas por última vez… —¿Por qué? —Porque necesitamos saber quién es nuestro segundo traidor. —Me da miedo —dije arrastrando las palabras. llevándose el tenedor con espaguetis enrollados a la boca—.. en mi boca con ruido. . y evidentemente se incrementó después de su amenaza. arrastrándome con él. Tragué la comida que aún permanecía. no podía reprimirlo. la mera idea de ver a Mendax a tres millas de mí me aterraba. bueno por lo menos lo era en aquellos entonces. y la sonrisa dejaba mis dientes al descubierto..de mis labios. No quería ir de nuevo a ese lugar. Necesito que me acompañes esta noche a la mansión. masticada. rodeando mi nuca. —Vaya. Sentía los ojos de Kaden observarme detenidamente.

Eso hizo que le mirara. —¿Para qué? —pregunté para animarlo a que continuara. Sentí un poco de desilusión. —Mucho.—Pero lo escuchaste. —Carta blanca —espetó Kaden. obligándose a callar. sin entender lo que quería decir. estaba aterrada. estará en la mansión esta noche. Que me preguntes todo lo que quieras saber. fijando la mirada en el tenedor que yo sostenía haciendo círculos en el plato.. la idea de volver a la mansión me había quitado el apetito.. Me tranquilizó saber que no me dejaría sola. Volvió a mirarme a los ojos. —¿Por eso me has regalado ese vestido? —le pregunté sin levantar la vista de mi plato. Me metí otro gnocchi en la boca y me esforcé por masticar. Para el resto de temas tienes carta blanca para preguntar. —Eso era un regalo que yo quise hacerte para. no me moveré de tu lado en ningún momento. y me enfrentaría al mismo diablo si con eso consiguiera ayudarlo. —Su mano se acercó la mía y la acarició. Pero debía hacerlo. Come —me ordenó. pero sin la más mínima gana de meterlo en la boca. antes que el miedo estaba él.. . pero aun así. excepto lo que tú ya sabes que no contestaré. —¿Es muy importante? —pregunté mientras pinchaba un gnocchi y lo bañé en salsa. te concentres en las voces. Sea quien sea. Él entendió el gesto y me aclaró su expresión—. pero supongo que el lobo era demasiado calculador. Pero no temas. —Tenía otros planes para hoy —contestó mientras se frotaba con una de las manos la frente—. será un placer contestarlas. Lo único que tienes que hacer es que. Si así consigo alejarte de los pensamientos que corren ahora mismo por tu mente. una vez allí. había pensado que lo hizo por placer. —No —dijo ofendido.. —Y curvó los labios en una sonrisa. —pero giró la vista hacia un lado y apretó los labios. y yo me quedé con el ceño fruncido.

con puntería. lo había conseguido. desorientada. —¿No lo sabes? —pregunté extrañada. —Y acto seguido pegó la copa a sus labios. —Compuse un gesto pensativo-exagerado y proseguí—.. la servilleta de tela a la cara. la imagen que con más frecuencia me aparecía era su cara relajada y con los ojos cerrados mientras tocaba el violín—.La verdad es que me pilló por sorpresa y con la guardia baja. como si fuera una diapositiva de la noche anterior. —Creo que tienes razón.. —Ah. ¿Cómo podía no saber algo tan simple como eso? —No. —¿Podía hacerlo? —Sí. . Si su intención era sacarme de mis pensamientos. ¿No tienes contacto con tu familia de acogida? —Esa pregunta está un pelín mejor. Y déjame decirte que eres muy mala preguntando. no valdrías como entrevistadora. no lo sé. —dije mientras las imágenes regresaban a mi mente.. cuando mi madre biológica reclamó la custodia. empezó a hablar—. encogiéndose de hombros.. pero aun así no puede evitar que mis mejillas se sonrojaran y alcanzaran casi un tono al rojo vivo. —lancé una carcajada y le tiré. ¿Por dónde nos quedamos ayer? Él sonrió. pero a diferencia de otras ocasiones. repitió con gracia mi gesto y continuó. ya recuerdo. Recordaba que el día antes habló de ellos con admiración y agradecimiento. Fue entonces. cuando yo tenía diez años... —A ver. ¿Tu familia Bianchi vive en Italia? —Supongo —contestó. porque yo no era adoptado. —Nos quedemos muy a gusto. sí. bebió un trago. No sé nada de ellos desde mil novecientos noventa y cinco.

. Por desgracia. saqué algo bueno de todo eso. —Simplemente. un desgraciado hijo de puta... pero le duró poco… No llevaba ni un año viviendo con ella.. ¡Desgraciados! ¡Cómo podía una madre biológica hacer eso? ¿Cómo se podía ser tan ruin? Imaginarme a Kaden en esa situación cuando apenas tenía diez años me desgarraba el alma. —Como era de esperar. después de cuatro años largos. que nos juntemos el hambre. sí. A pesar de no haber estado nunca en situaciones parecidas. que yo y mi penuria. cuando volvió a las andadas. la asistenta social volvió a recogerme para llevarme al Centro. con las ganas de comer.. Me dolía y me enfurecía. pasando un frío de mil demonios. Él continuó explicando. ¿Podía una persona sacar algo bueno de todo aquello? Porque en mi mente era imposible. problemático y conflictivo. Misteriosas casualidades de la vida. de la que todavía andaba de la mano.. —Su mirada perdida destilaba ira—. Pero aun así. No fue más traumático que las noches que había pasado recostado contra la puerta de mi casa. Pero para aquel entonces. —Sí. Se echó a un machote como pareja..—O sea. aquello era diferente. si al final del día no traía dinero. ¿verdad? —pregunté con la voz impregnada de pena. incluso a pesar de haber pasado lo mío. —Las facciones de su cara se endurecieron—-. ¿volviste con tu madre? —hinqué un codo en la mesa y apoyé la barbilla en la palma de mi mano. Y a pesar de todo. Pero no más que ella… Me obligaban a robar y. —Tuvo que ser duro para ti.. me dolía más Kaden y su pasado. . Al parecer ella había conseguido trabajo y llevaba una vida asentada. la criatura que entró llorando la primera vez. fue. se había esfumado y entró un chico en plena pubertad. no me dejaban entrar en casa.

. Aunque aquel día también tuve miedo. Los dos con un fuerte carácter. Vaya. no tenía nada que ver con el mismo miedo que sentía por Mendax. aunque no sé cuándo comencé a hacerlo. pero Kaden me calló. algo interior sabía que él nunca me haría daño.. por eso cuando me hizo aquella propuesta de fuga. termina —ordenó. en busca del futuro que queríamos. Desde aquel entonces nos hicimos inseparables. lo amaba. lo que nos hacía comprendernos mutuamente. hasta que no comas. eso sí que fue una sorpresa. —¿Ángelus también estará en la mansión? —Kaden afirmó con la cabeza—. señalando el plato casi intacto. te lo presentaré esta noche. mi mente no tuvo ninguna duda en aceptar dicha propuesta. Me limité a comer. Entré el mismo día que mi compañero de habitación: Ángelus. no podía engañarme. Y si por el hombre al que amaba debía volver a mi jaula de lobos y . y en mi hermano en el momento en que salimos juntos del centro. pero creo que el mismo día en que lo vi a través de la pequeña ventana del oscuro y frió sótano. yo quería a Kaden. ¿Él también está metido en la línea divisoria? —volvió a confirmar. —No. No podía negar mis sentimientos.—¿Sí? —Sí. —¿Tienes contacto con él? —Sí. No tenía ninguna duda. situada a ras del suelo en la calle. teníamos la misma edad. —Y ahora. cogiendo bastante fundamento en cada bocado. y así terminar antes. Se convirtió en mi amigo desde el primer día que nos conocimos. Abrí la boca para preguntarle si el futuro al que iban en busca era este que ahora tenían.

de aquellas personas de allí abajo con prisas por llegar tarde a la faena. pero se mostró receloso a explicarme lo que quería de mí por teléfono. madres que llevaban a sus hijos al colegio. café con amigos y familias unidas.panteras como carnaza. miré hacia lo que para muchos serían unas vistas impresionantes. Personas normales con vidas normales y. algo que nunca había tenido. pero en ocasiones echaba algo en falta. Capítulo 12 Unas semanas antes… Recostado desde la silla de mi despacho.. —Y colgué acto seguido.. me creaba un bucle de pensamientos que acababan siendo ilógicos. Casi se me había olvidado. pero comenzaba a estar cansado de tanto tono gris. te animaba para levantarte y después otro empujón de morros. todo perdía el sentido. Yo tan solo veía un cristal antibalas que me separaba de la realidad. tan fría como el Polo Norte y tan insípida como el mismo aire. Quizá luz. La vida era una mierda de las grandes.. quizá calor o más sabor. Hacía años que mi vida era tan gris como los días de tormenta. No es que no me gustara. iría.. —De acuerdo. tenía que acabar de hacer el trato. Tuve dudas de que fuera . yo elegí cada paso que di. te tiraba al suelo. lo más seguro. siempre jodiéndote. —Dime. Era Ángelus. Arco Rojo era un hombre un tanto misterioso que se había puesto en contacto conmigo un par de días antes. un futuro normal. Ángelus. soy lo que quise ser. —Arco Rojo acaba de entrar. El sonido del teléfono me alejó de mis negativos y normales pensamientos. Pero pensarlo demasiado me agobiaba. Era algo que no sabría explicar con palabras acertadas. con una pierna cruzada y las manos detrás de la nuca.

porque era ambicioso y competitivo. —Señor.un agente infiltrado de la Policía. Me fiaba de él. Éramos uña y carne. —¿Qué trato? —Empequeñecí los ojos. donde yo iba él venía. tiene una visita. llevaba una carpeta granate en una mano. porque era fiel y amigo de sus amigos. tenía buena planta. —Gracias —contestó él mientras tomaba asiento. bellísima. —¿Qué es lo que quiere de mí? —pregunté con la mirada fija en la misteriosa e intrigante carpeta. con tejanos y un jersey negro. el primero. Como buena secretaria obedeció y dio paso a un hombre de unos cincuenta y pocos años. y hacía bien su trabajo por dos motivos. Colocó la carpeta sobre la mesa. a la espera. —Siéntese —le ofrecí. con algunas canas. . y viceversa. pero sin ser abusivas. si yo ganaba él también lo hacía y lo sabía. Con pulso sereno tiró de la gomillas. —Quiero hacer un trato con usted. Me giré y segundos más tarde asomó en el vano la cabeza de mi secretaria. Lo escruté con la mirada. jamás me hacía dudar. pegada al lateral del torso. Vestía de calle. abrió la tapa y dejó al descubierto la foto de una joven muchacha de pelo cobrizo. Un repiqueteo sonó en la puerta. —Dígale que entre —le contesté sin levantarme de mi asiento y con los brazos todavía colocados en la nuca. pero según las investigaciones de Ángelus no había nada que lo relacionara con el cuerpo de seguridad. Me acomodé en mi butaca y coloqué mis antebrazos cruzados sobre el tablero. y el segundo. haciendo un gesto hacia la silla situada enfrente de mi mesa.

incapaz de digerir lo que aquel tal Arco Rojo me estaba ofreciendo. —No quiero que hagan nada con ella —dijo casi entre dientes—. de las que te hacía la boca agua y ansiabas devorarla. —¿Sí? ¿Y por qué tendría que hacer yo eso? —pregunté con chulería. todos los nombres de los clanes más grandes e importantes.. Me relamí el labio inferior y me recosté contra el respaldo del asiento. el poder. Si Gelina Wells llega sana y salva a California en un plazo de tiempo máximo de dos semanas. Me costó apartar la vista de aquella imagen y poder concentrarme en otra cosa que no fueran sus ojos y pensar qué sensación tendría si besara su boca. — Se sentía seguro y eso acrecentó mi curiosidad—. lo más parecido a un pedazo de tarta de chocolate rellena de nata y mermelada de fresa. —¿Qué quiere que hagamos con esta dulzura? —pregunté algo cínico. yo deseaba tocarla. —Y además… —continuó—. Eso me acabó de petrificar. pistas suficientes para saber que no quería que la tocaran. La lista más buscada.Ojos castaños y expresivos. los peces más gordos. para despistar por el largo rato que había estado observándola. —Porque le interesa lo que puedo entregarle si hace lo que le pido. Necesito que la saquen del país en menos de dos semanas. le daré la lista más buscada del mundo de la mafia. Sus ojos se oscurecieron y su mandíbula se tensó.. piel blanca casi pálida y rosados labios gruesos y recogidos. Los ojos se me abrieron como platos. diez millones de dólares. . para tener ese precio tan elevado? —¿Y por qué yo?—dije mientras estiraba un brazo y repicaba con los dedos sobre la mesa. ¿Pero quién coño era aquel pastel. Me reí para mis adentros. con una guinda. Una dulzura.

Cuando cerremos el trato y yo esté seguro de que se compromete. —Mucho. …que me interesase ese trato… —Fijé la mirada en la de él—. aunque ninguno de aquellos nombres me sonaban. —Supongamos. Romano. confió en usted y en los suyos. están muy bien camuflados y son los que realmente me preocupan. y a otro clan llamado Devú. calmado—. aparte del nombre. —No por ahora —informó Arco Rojo. —¿Y qué hay del clan Devú? —Si iba a enfrentarme a algo. —No puedo decirle mucho de ese clan. Cuando ya tenía la mano en el picaporte le detuve. apretando la mandíbula. la señora Santo Polo. —¿Y qué tiene que ver esa chica con todo esto? —pregunté. medítelo. Le dejo la carpeta con la información que le he dado. está sola. que pertenece al clan Coheski. póngase en contacto conmigo. colocó la silla en su lugar y giró sobre sí mismo hasta darme la espalda.. —No pienso aceptar si no me da más información —dije. Y cuando esté completamente seguro. Ellos fueron los que se cargaron al jefe del clan Coheski. le explicaré más. ¿A quién me enfrento? —Se enfrentará a la señora Santo Polo. Piénselo. Dichas esas palabras se levantó. Odiaba trabajar sin saber con qué me movía. señalando con el dedo la foto. pero no se lo contaré hoy. pero por más que he investigado no he encontrado nada. . hace cinco días se cargaron al jefe y su mano derecha. Pero no tema por el clan Coheski.—Porque actualmente usted es el mejor en este mundo. tenía que saber contra qué.. —Me hice el interesante y proseguí—.

pero estaba pálida. Cogí la foto de la chica dulce con un precio casi ilógico y la observé detalladamente. asintió con la cabeza y un segundo después se perdió tras la puerta. ¿Quién era? Y. Bebí un sorbo de agua y seguí masticando. obviamente. un huracán desbastador se hizo con todo. —Tienes que volver. Lo miré a los ojos. no tienes por qué aguantarlas.. Cuando mi mundo parecía un poco organizado. Me dirigí hacia la carpeta y leí la poca información que me proporcionaba. demacrada y con la mirada agotada. pero mañana regresa la señora Santo Polo. como tengo planeado que saldrá. Kaden ya se había terminado su plato y me estaba poniendo de los nervios porque no paraba de mirarme. mi mente las había eliminado por completo. Cuando ya solo me faltaba tres gnoccis por engullir. su mano cerrada con fuerza me dejaba entrever que estaba . Si queremos que todo salga bien. Kaden rompió el silencio. No pensaba en las hienas. yo comería menos coaccionada. ¿por qué ese precio? Era hermosa y joven. Mi rostro se descompuso y toda la felicidad que creí tener se desvaneció en un soplo. —No quiero estropearte el momento. excepto en algunos momentos en que las recordaba a consecuencia de algún mal recuerdo que. —Sin darse la vuelta.. dejando trozos de basura a mi alrededor. Yo seguía comiendo en silencio. tienes que volver. que ahora estaban empañados por la humedad de las lágrimas que estaba conteniendo. —Gelina —continuó Kaden—. aunque pareciera mentira. habían protagonizado ellas.—Le llamaré mañana. —Aunque su tono era calmado y sereno. Lo había olvidado. Se me hizo un nudo y tuve que toser para que la comida bajara por la tráquea. Si por lo menos hablara. —No quiero volver —lloriqueé. los gnoccis se me estaban quedando pegados en las paredes de la garganta.

Yo quería ver una película romántica. —No tienes por qué sufrir por culpa de ellas. me lo dices. Sus ojos se desviaron a un cartel de una película de acción y negué con la cabeza.. —Yo rompí en una carcajada. Pero tendremos que ser discretos en cuanto a nosotros dos. El caso es que mejor veamos una de humor y punto. Yo resoplé. y dejé que siguiera con la propuesta. —Dejó un segundo de silencio y prosiguió—. «¡Qué mandón!». —No quiero volver a sufrir a manos de esas hienas —dije con angustia y pavor. aunque sonara sorprendente. —No sé si podré. —Bueno. Enfréntate y. Tanto. grité para mis adentros. Después de terminar de comer. Yo accedí y. Yo lo corté para corregirlo. romance —aclaré. Kaden me dejó anonadada cuando me ofreció ir a ver una película al cine. moriré por exceso de glucosa. negándose a contestar. pensé con gracia. Soltó un bufido—. Puesto que a mí no me gusta el azúcar y a ti no te gusta la acción… — propuso. acojónalas como ellas lo hacen contigo. no. —Eso es azucarillo puro en vena.. —Línea divisoria —me informó. —¿Por qué? —pregunté disgustada. Sabía Dios cuándo fue la última vez que había ido al cine. con una mezcla de . marca territorio. si necesitas ayuda. que no sé si se entendió.tenso. —repliqué débilmente. «esto es lo más parecido a una típica cita». pero él se negó. es igual. Él en cambio meneó su cabeza de un lado a otro. —Sí que podrás. defiéndete con uñas y dientes. —Azúcar. estaba nerviosa.

Pasamos primero por mi casa para recoger el vestido y los zapatos. antes de dirigirnos a la mansión. Cerré los ojos y volví a jadear. Ahogué un grito. chillé a ese yo primitivo que vivía en mi interior. «Pero él no me dejará sola». Una vez cruzamos el umbral de su domicilio me deshice de los zapatos. me tranquilicé. así que no tuvo que insistir mucho. Yo deseé hacer lo mismo con la mía en su labio. como el lobo que era. muy abajo. Estaba absorta en el hombre que tenía a mi lado. —¿Y ese gesto? —preguntó Kaden con una ceja enarcada. dejando a la vista a un Kaden diferente y juvenil.. pensé. parecíamos una pareja. Me ofrecía palomitas con su mano y las metía en mi boca y yo reía de forma patética. Cuando volví a abrirlos me topé con el rostro de Kaden. «Qué placer». tanto que no hubiese espacio entre nuestros cuerpos ni para un pétalo de rosa. Me estremecí de placer y un escalofrío se deslizó espalda abajo. Bueno. Kaden me ofreció prepararme en su casa y yo. . no me enteré de nada de la película. deseando que se acercara más. —Los zapatos me estaban matando —aclaré con toda la calma que conseguí reunir. que me observaba fijamente mientras con la punta de su lengua se relamía el labio inferior. ¡Dios. de camino a casa para cambiarnos. manifestándose únicamente en momentos como estos.. la verdad. un muchacho sin más. Sonreí ante el recuerdo. Él sonrió. los tenía ardiendo por el dolor. acorralando a su presa. Ahí el estómago me dio un vuelco. mientras se acercaba con pasos lentos hacia mí. arpía! ¡Sal de mí. Incluso Kaden perdió ese carácter duro que lo hacía parecer tres veces más mayor. yo deseaba quedarme con él en todo momento. El cine fue estupendo aunque. bruja!». si era sincera.. sentada en el asiento del copiloto del coche de Kaden.crispación y diversión. me estaban matando! Gemí y me mordí el labio inferior cuando mis pies descalzos quedaron planos contra el fresco suelo. «¡Sal..

Niágara. pues si a la hora de quitarlas están húmedas. nena. mejor. Con las mismas. —Abrí los ojos todo lo que me dieron de sí. —Pues. En el primer rellano me empotró contra la pared. —Sentí que mi boca se volvía pastosa—. pero qué cosas dice! ¡Qué ordinariez!». un poco más y me corro solo de mirarte. —Y esbozó una sonrisa pícara. —¿Te acuerdas de lo que te dije de la vulgaridad y las bragas? —me preguntó con un nuevo susurro.. Yo le rodeé con los brazos y las piernas por la nuca y las caderas. sin saber bien de lo que estaba hablando. Jadeé. sin casi saber cómo me llamaba ni quién era.. Sin dejar de besarnos subimos las escaleras. aplastándome con suavidad y fuerza contra su cuerpo y su erección. Es del placer que he sentido al quitármelos —le informé. intentando respirar. Suspiré mientras la lengua de Kaden lamía mis labios de abajo arriba. Una descarga eléctrica hizo hinchar y humedecer mi parte más sensible. Lo pilló y me avergoncé. «¡Dios mío. Ya no pensaba. —Y yo. pero ahora justo debajo de mi mentón. —Ah.. me acercó a su pecho y su dura erección se apretó contra mi vientre—. ¿sí? —dije por decir. —Vale. y después con un impulso me subió a sus caderas. —susurró en mi oído—. Él bajó las manos hasta mis nalgas.. «Que ordinariez que me pone como una moto…». —Tragué con esfuerzo. eran cálidas y fuertes. una en cada. Se acercó otro paso más.. Me he puesto cabezón. extrañado.. —Él echó la cabeza hacia atrás y soltó una carcajada. Rodeó mi cintura con sus manos. y me quedé aferrada a él por completo. —Sí —susurré.—¿Ese gesto era de dolor? —preguntó subiendo aún más la ceja. —No exactamente. pero .

lo deseaba en ese instante. —Estás más que preparada y apenas te he tocado —dijo con voz ronca. de un tirón. colocó la palma de su mano en mi vientre y empujó. Una vez desnudos. hasta llegar a su habitación. surcando el resbaladizo conducto hasta golpear contra el útero. casi al mismo instante. Luego tomó una de mis manos y la guió hasta . Un par de minutos después. Continuó escaleras arriba.. me desabrochó los vaqueros y. pero el ancló sus manos en las caderas para impedir el movimiento. Obedecí como una niña buena.no sé si se me olvidó. Me arqueé y sollocé. Vi que estiraba unos de sus brazos y escuché el roce de la madera de la cajonera al abrirse para sacar un paquetito plateado que rasgó con los dientes. Suspiré con fuerza y él también. Besó mis labios con urgencia. —dijo horrorizado. elevándola. Luego él se quitó la camiseta y yo me deshice de la camisa. Yo meneé la pelvis a modo de reclamo. se colocó entre mis piernas y se hincó de rodillas hasta tocar con los muslos en mis nalgas. casi arrancándomela. Y salió de mi interior. dejándome una sensación de vacío infinito—. hasta que mis rodillas quedaron clavadas en el colchón. mi vagina quedó abierta y expuesta al aire libre. dejando mis piernas totalmente abiertas. los liberó de mi cuerpo. con la otra.. Con un gesto rápido echó su bóxer hacia abajo y dejó su miembro duro al descubierto. no. Posó su peso sobre una mano en el colchón y. Colocó su glande justo en la entrada de mi vagina y empujó suave hasta hundirse en mi cuerpo. creo que algo sorprendido. y me tumbó con delicadeza sobre la cama. sus finos dedos retiraron el tanga hacia un lado. no. bebiéndose mi gemido. Se quedó quieto como una estatua. casi sin esfuerzo. apoyando mi rostro en la almohada. —No. Me haces perder el control —me recriminó—. y metió un dedo entre las carnes húmedas. todavía empujando hacia adentro. salvo por la ropa interior. Date la vuelta. Lo deseaba. Él gruñó y con un empujón me penetró por completo. pero Kaden no se movió.

mientras sacaba el instrumento de su rígido estuche de cuero negro. como si mi vida fuera en ello. Me dio un beso fugaz en la frente y salió en dirección al armario—. entre el hombro y el mentón. ¿Qué quieres que toque? —preguntó. Lo que tú quieras. —No lo sé. Subí a la cima del placer para dejarme caer en picado. Apreté con fuerza el filo de la madera del cabecero. Yo obedecí y me así con fuerza al apoyo. —¿Quieres que toque el violín? —Asentí con la cabeza y sus ojos brillaron con ilusión.el cabecero de la cama. Posó sus manos en mis muslos y los arrastró hacia él. —Tocaré Sad romance. Me giré hacia él para observarlo detenidamente. entusiasmado. hasta hundir mi rostro en la almohada. Sonreí al ver a mi ángel. provocando una penetración brusca pero placentera. con su pesado cuerpo encima. Agárrate —susurró. separo ambas y se enterró por completo en mi vagina. Cerró los ojos y las notas de la melodía . con la mano posada al final de mi espalda. más primitivos. no supe descifrarlo bien. jod. Sollocé por el placer y me aferré con más fuerza al cabecero. — Colocó el violín en posición. antes de repetir el movimiento con la otra—. —Sus ojos dejaron entrever algo de dolor. Sudorosa y sofocada entre gemidos y placer. ambos jadeantes de placer. y dejé escapar un gemido. o tal vez añoranza.. Retiró el pelo de mi nuca y aplastó con suavidad sus labios.. Sentí a Kaden tensarse y luego venirse abajo conmigo. tenía las mejillas rosadas y la frente brillante por el sudor. —Jo. —Vuelve a tocar el violín —susurré. con movimientos rítmicos. Rodó y se colocó a un lado. sentí sus labios rozando mi oreja y gruñendo al tiempo que los movimientos dejaban de ser eróticos para convertirse en duros y descontrolados... joder —consiguió decir. Con sus suaves dedos remoloneó en círculos entre mis nalgas.

pensé. completamente sumergido en algún alejado lugar. de escote palabra de honor y un riguroso corte que finalizaba un poco más arriba de la mitad de mi muslo izquierdo para dejar mi pierna libre de la tela a cada paso. unos zapatos de charol negro. hipando. que enrollaba los dedos entre los míos. Cuando la música desgranaba las últimas notas. de vértigo. pero él no lo escuchó. ceñido hasta la cintura y holgado desde ahí hasta abajo. Sentí unas lágrimas correr por mis mejillas. Yo apretaba con fuerza la mano de Kaden. «Lo amo». Quería verlo así siempre. Kaden vestía con un traje de chaqueta y pantalón negro y camisa blanca inmaculada. rompí el silencio que quedó tras aquellas tristes notas. Lo amaba con todo mi ser. Iba ataviada con un elegante vestido negro. me lo había olvidado en mi casa. pero debía aceptar que Kaden todavía no quisiera abrir la suya con palabras. simplemente me abrazó y me acunó con cariño.. completamente natural y sin una pizca de maquillaje.. seguía siendo sexy. Con traje. aunque yo sabía que también me amaba. Pero no podía enfadarme por no escuchar un «yo también» o un «yo más». dejando atrás el coche. Y pensar que al día siguiente aquella burbuja se esfumaría para dar paso a la rutina. sintiendo lo que estaba tocando. Sorbí la nariz. lo quería siempre conmigo. sin traje. —Triste amor —traduje con un susurro.. A falta de diez pasos para adentrarnos en el jardín de la mansión. o hasta con trapos raídos.. sentí que las piernas me . Su rostro angelical parecía hipnotizar junto con la música. me apresuré hacia él y me lancé a su cuello. No podía porque yo había elegido desnudar mi alma. melancólica. Mis lágrimas se animaron y corrieron a chorros mejilla abajo.comenzaron a vibrar. —Te quiero —dije con la voz quebrada—. Pillé a Kaden por sorpresa y. Te amo —me reafirmé. deslizándose hacia el silencio final. antes de que dijera nada. lo sabía. y el pelo suelto. creando una tierna y dulce canción. Él no me contestó.

¿de acuerdo? —Asentí con la cabeza. —Tengo miedo —dije. mirándome fijamente a los ojos—. mi cuerpo. Cuanto antes identifiques la voz. cruzando por completo el jardín. Con esos zapatos teníamos la misma altura. peligrosos y con aires de poderosos. para intentar calmarme.. Él me soltó la mano y la colocó al final de mi espalda para empujarme suavemente en la misma dirección. mientras sentía las miradas clavarse en mí como flechas y hacían que me pusiera cada vez más tensa. antes nos iremos. revestidas de una agresiva carga sexual. automáticamente. y yo. él tiró de mí hasta hacerme chocar contra su pecho y me dio un beso casto. No tengo intención de estar aquí contigo más tiempo del necesario. lo justo para poder caminar sin que me interpusiera a su paso.temblaban y mi respiración se hizo un tanto trabajosa. al tiempo que mantenía la cabeza erguida.. Caminé interpretando una calma y esgrimiendo sonrisa que dudaba que creyeran. Ante mis ojos apareció de nuevo la jaula. sin dejar de caminar con la mirada al frente. Inspiré hondo y lo expulsé lentamente. se empotró contra el de Kaden y él me retiró unos milímetros con disimulo. sin ser consciente. Justo cuando quedaban menos de cinco pasos para adentrarnos en aquella jaula de lobos y panteras. a la casa del terror. —Tranquilízate —musitó él en mi oído. puesta en el jardín. dejé los dientes al aire. . —Concéntrate —dijo. con disimulo. Como la vez anterior. A lo lejos uno de ellos saludó a Kaden y él le respondió con un gesto de la mano. hombres caracterizados por ser intimidatorios. mientras las mujeres ronroneaban felinas. —Sonríe —me ordenó en un susurró. Seguimos en línea recta. Ellos las miraban hambrientos y ellas deseosas de ser devoradas. casi en un susurro.

enganchadas a su brazo o con el antebrazo apoyado sobre el hombro de sus respectivas parejas. Dejé que ellos dos hablaran y dirigí mi mirada hacia las personas que estaban en el jardín «¿Estará aquí Mendax?». Pero no juzgaría a nadie. «¡Hoy no te lo llevas!». «A lo mejor. Kaden le susurró algo y el chico le contestó. házmelo saber e intentaré acercarme para mantener una conversación. era el mismo que lo había apartado de mi lado la noche anterior. y si aquellas mujeres lo vendían voluntariamente y aquellos hombres despilfarraban su dinero y se lo podían costear. Cada cual hacía lo que quería con su cuerpo. Las voces que rondaban cerca no me recordaban al misterioso pero. —Agudiza el oído y si descubres al tipo que buscamos. Así que me puse manos a la obra. nadie tenía derecho a juzgarles. Aproximé mi cuerpo al de Kaden. reían por cada palabra que el macho cabrío decía.. si identifico la voz del misterioso lo más rápido posible. Algo llamó mi atención y entre la gente vi unos ojos que ya había visto anteriormente. puedo marcharme triunfante sin cruzarme con ese hombre». cada uno era libre de llevar el timón de su vida como quisiera y elegir su profesión o estilo de vida.Kaden frenó sus pasos al lado de un joven al que reconocí en cuanto lo miré. Le tenía pánico. La mujer de pelo rubio y media melena se deslizaba entre los invitados con la mirada fija en . grité para mis adentros.. ¿Entendido? —me aclaró Kaden. —Sí —dije casi en un suspiro. sonrientes y en su apogeo. pero el bajo tono hacía que sus palabras fueran inaudibles para mis oídos. Incluso algún macho alfa llevaba a dos mujeres colgadas de sus brazos. mientras ellas. o sospechas de alguien. Todos se sentían en su lugar. no estaba segura de poder reconocerla. con suerte. justo la noche anterior. me pregunté en mi mente con terror. para ser sinceros. todos ellos se conocían y se saludaban. Ante mis ojos había una multitud de unas ciento y pico personas que se llevaban copas a los labios.

. pues con rapidez. —Dijiste que me llamarías —dijo ella—. ya no podía callarme más... él y el chico que lo acompañaba dieron un paso hacia delante. enseguida me di cuenta que sus ojos estaban fijos en Kaden. manteniendo las distancias. Aunque al principio pensé que me observaba a mí. Pero eso yo no iba a permitirlo. «¿Ya sabes por qué no te he llamado?». —¿Por qué no me has llamado? —preguntó la chorizo multicolores. «¡Es mío!». —Ya sabes por qué no te he llamado. más resguardada. Él observó lo mismo. pitando descontrolada. Papá me informó que vendrías hoy.. de manera rápida y fugaz. Kaden echó la cabeza hacia atrás. pero lo que sí estaba claro es que estaba enfadada. La mujer avanzaba con cara de pocos amigos y destilaba rabia o ira por los ojos. a continuación y . —Deslizó una mano por la solapa de la chaqueta de Kaden y le besó en los labios. Ella me miró victoriosa. ¿Le había besado en los labios? «¡Zorra asquerosa de mierda!». «¿Tenía pensamiento de llamarla?». Di un paso hacia adelante. con una maliciosa sonrisa en sus labios pintados de rojo locura. y cerré con fuerza los puños y la mandíbula. la retiró con suavidad y me miró de reojo. Me sentí como una olla a presión. a la vez. gritó una voz interior cuando esta llegó a donde estábamos e hizo un puchero con los morritos antes de hablar con voz seductora. Llevaba un vestido tan corto que se le veían las ideas. decidida. Seguía hacia adelante.nosotros. dirigiendo sus pasos en nuestra dirección. dejándome justo entre medias de ambos y. —contestó Kaden. firme. no estaba segura. y abracé su muñeca con mi mano para. con la mirada fija de un halcón centrada en Kaden. Y otra vez ella volvió a levantar una de sus manos para acercarlas de nuevo a Kaden. más apretado que la piel de un chorizo y más pintada que un cuadro de Picasso. di que no!».. «¡Gilipollas..

Interesante. ¡Lárgate! —contestó Kaden mientras agarraba mi mano con suavidad para que le soltara la muñeca. victoriosa. —Una voz a mis espaldas me hizo tensar. —Ya la has escuchado. la voz del misterioso. —Yo no me moví ni un milímetro. repitiendo el mismo gesto que ella había esgrimido contra mí escasos minutos anteriores. «¡Arpía!». —Llámame. que si estas matasen él ya estaría muerto y enterrado a diez kilómetros bajo tierra. leyó mi mente y miró por encima de mi hombro hacia donde este se hallaba. Ágata. con la mirada desafiante. Creo que incluso le salía humo por las orejas. —Romano envuelto en líos de faldas. pómulos sobresalientes y nariz con un puente largo. entró por mis tímpanos e hizo eco en mi cerebro.. Yo le lancé una mirada. vaya. Ella aguantó con toda la dignidad que pudo y yo le sonreí.fuera de mí. —¿Nueva prostituta? —dijo la voz del misterioso. haciéndose el interesante. —Ya sabes. Durante un momento creí estar detrás de aquella puerta entreabierta... Su . Mis músculos se volvieron rígidos y miré a Kaden con los ojos muy abiertos. —Vaya. —Fue lo último que dijo antes de darse la vuelta con cara de pocos amigos. recordando la conversación.. ¡Lárgate ahora! —Eso lo tendrá que decidir él —dijo ella. Era delgado y alto.. vaya. amenazarle. así que no podía verle el rostro. que con pasos gélidos acabó poniéndose enfrente para mirarme de arriba abajo. el segundo traidor. muerta de miedo. —No vuelvas a trocarle con tus asquerosas zarpas o juro que no respondo. que siguió hablando sin percatarse de nada. Las dos nos giramos hacia Kaden. mujeres —argumentó Kaden. Él me observó.. elevando la barbilla.

sonriente—. con los labios apretados. El barbullo se había alejado y el silencio y los sonidos de algún grillo era lo único que se escuchaba. ciega. inmersa en mi frustración y enfado. Guapa. aparte de la que emanaba la luna. ¿Qué precio tienes. cabreada. Me entraron unas ganas tremendas de darle una patada en medio de las ingles y me lo imaginé volando a una velocidad de vértigo hasta el firmamento. devorándome con los ojos—. ¿verdad? —Me alzó la mano que todavía sostenía y me hizo girar en redondo. —Sí —mintió Kaden. sin saber ni pensar adónde me dirigía. me giré para . «¿Qué?». los ojos entrecerrados y los puños cerrados con fuerza en la tela de la falda de mi vestido. enojada. Durante toda mi vida. un ochenta por ciento de ella me había dedicado a llorar. casi frío. sin luz alguna. Pero permanecí callada. no quería llorar. sin mirar a atrás. así que me giré y me fui en busca de la salida. e iba excesivamente engominado y repeinado hacia un lado. chocando y apartando a todo el que se interponía en mi camino. como el que mostraba un coche o moto nueva ante sus colegas. «¡No soy ninguna prostituta!». bonita? —¡Demasiado cara para cualquiera de vosotros! —rugí furiosa. de sufrir y de las humillaciones por parte de las personas que pululaban a mi alrededor. con la mirada al frente. de la noche. Me deslicé entre la gente. irritada y todos los sinónimos que significan enfado. esperando que Kaden le cerrara la boca. una puta muy guapa —declaró este. por miedo. desapareciendo con un destello. Me sentí desnuda y decepcionada. Pegando casi zapatazos a cada paso. chillé para mis adentros. ¡Me importaba una mierda si él se quedaba! Aguanté las lágrimas. En dos zancadas ya estaba a las afueras de la mansión.cara tenía forma de pitillo. con barbilla fina y ojos saltones. «¡Capullo!». Estaba harta de secarme las lágrimas. estaba cansada de tanto llanto. además del refrescante viento. Más que miedosa me sentía engañada y desilusionada con Kaden. en una carretera rodeada de bosque. —Pues sí.

Retomé mi camino y escuché que él soltaba el aire con fuerza por sus fosas nasales. Seguía corriendo con pasos largos. a gran velocidad removiendo el aire y con él mi melena. —¡Que te den! —chillé a las luces traseras del coche. Pero no le temía. pero Kaden no aparecía. —¡Tu madre! ¡Se va a subir tu madre! —me encaré a él. me hizo asustar y dar un salto hacia el arcén. con el ceño «¡Soy yo la que debo estas enfadada. Varios minutos después el camino se convirtió en una pesadilla. Sentí un escalofrío en la espalda y me subí el bajo de la falda para salir corriendo carretera abajo. porque no tenía ni idea de dónde estaba. Kaden. con zapatos de vértigo incluidos. «A algún sitio irá esta carretera oscura». El coche se puso en marcha. Continué caminando siguiendo la carretera. El chirriar de las ruedas de un coche que frenó en seco. furioso.mirar hacia atrás. y un miedo espantoso. no tú!». volvió a crujir. esta más próxima. —¡No pienso subir! —repliqué sin girar la mirada. De nuevo otra rama. chirriando ruedas. —Muy bien. siguiendo mi camino. mucho más enfado que antes. justo a mi lado. miré hacia los lados pero apenas podía ver. como desees —espetó con rabia. que ya casi no estaban en mi campo de visión. El crujido de una rama me hizo pegar un brinco. —¡Sube al coche! —chilló completamente arrugado. a saber hacia dónde. aunque a causa del enfado tenía los ojos cerrados con fuerza. . Eso me enfadó aún más. pero me callé y lo ignoré. el aire refrescante se convirtió en un frío interno y ya ni los grillos se escuchaban. —¡Su-be! —chilló. La carretera parecía no tener fin.

pero con la mirada seria y fría. No pensaba girarme. creándome más furia: «Nadie te toserá encima…». No sé si para concienciarme y no cambiar de opinión. rote sobre mis pies y anduve en dirección contraria. No veía el momento de llegar. ¡Y eso. . con las ideas y el rumbo tan firmes como claros. Este puso la marcha atrás hasta quedar a mi lado y abrió con un impulso la puerta del copiloto. cerraría la puerta tras de mí y primero paz y después gloria. él no. para intentar controlar el aire. concluí en mis pensamientos.sintiendo la asfixia y tuve que parar. Carraspeé y. Tan rápido como pude abrí la puerta y di dos pasos hacia la casa de él. me coloqué mirando hacia la ventanilla de mi derecha. Solo una frase se hizo eco en mi mente. cuando vi el coche de Kaden unos metros más adelante. cerrando con un portazo. argumenté en mis pensamientos. seguiría hacia mi destino. me senté en el asiento. e hice caso omiso. Finalmente el coche se detuvo frente a la casa de Kaden. del que en otras ocasiones casi ni me enteré. ignorándolo por completo. se me hizo eterno. «¡Solo si tú no quieres!». pero después lo pensé mejor. Como hacía siempre que me enfadaba. —Sube —dijo ahora más calmado. Levanté mi barbilla con toda la dignidad que pude. No pensaba mirarlo. apoyando las palmas de las manos en las rodillas. rígida como un palo. pues no quería que me embrujara con sus encantos o acabaría olvidándome del motivo de mi enfado. en el desván o en el mismo infierno. De vez en cuando sentía la mirada de Kaden sobre mí y el alivio me inundaba en el momento en que quitaba sus ojos de mi nuca. Levanté la vista y di gracias a Dios y a todos los dioses y mitos importantes de todas las religiones y mitologías. y él también. Me mantuve en silencio. casi grité aleluya. El trayecto. hacia mi casa. Yo con motivo. —¿Adónde vas? —Hice como que no le escuchaba y seguí caminando. furiosa. Me daba igual pasar la noche sola. no! Escuché una maldición en italiano que profirió Kaden entre dientes.

impidiendo y haciendo fracasar mi plan de huida. Y acto seguido seguí mi camino. Entonces comencé a pegarle manotazos en la espalda y. Una vez que cerró la puerta de su casa con una patada. Me quedé observándole con los labios . hasta que mi boca quedó a centímetros de sus nalgas. agarrándome desde atrás para. Apreté los labios para callarme. mientras mi cabeza se meneaba al vaivén de sus andares. —¡Déjame en paz! —le chillé sobre el rostro. —¡No chilles! —dijo con los dientes apretados. sino que andaba como el que llevara un saco de patatas de pocos kilos encima. ¡Ay! —Sentí un azote en el culo que me picó. —¡Y una mierda! —gritó Kaden. Yo me deshice de sus manos con un movimiento brusco y rápido. este con más fuerza que la vez anterior. con un movimiento rápido. pasando mi mano por la zona dolorida. dicen los perros. —¡Déjame en el suelo! —vociferé fuera de mí—. en su defensa. Me giré. No parecía arrastrar sus pies a causa de mi peso. mientras movía el culo para deshacerse de mi agarre. Me propinó otro manotazo en las nalgas. —¡Serás bruja! —dijo. —No te pongas tonta o te daré otro.Kaden aligeró el paso y me agarró de un brazo. Luego me dejé caer como un peso muerto. —¡Au! —exclamé. ¡Socorro! —volví a chillar—. me dejó en el suelo y se colocó justo enfrente de la puerta. Apreté los dientes y le mordí. —Y los lobos —contesté furiosa. pero cerré un puño y le di en la zona lumbar antes de rendirme. agacharse y alzarme sobre uno de sus hombros. dándole la espalda. levantó mis piernas haciendo que quedase más bocabajo. —Au.

Kaden seguía en la misma posición. —¡Sí. tú!—afirmó. dando rienda suelta a mi llanto y con él a mi pena. ¡Shh! —le ordené callar. tan fuerte que sentí que me arañaba la garganta—. colocando mi dedo índice en vertical sobre mis labios—. —Eres igual que una niña pequeña —dijo.. hicieron estallar un llanto devastador.apretados hasta que se convirtieron en una línea. —¿Yo? —chillé. . En cuanto cogí la posición. ahora enfadado. tan dolida. Me sentía tan perdida.. señalándome con los dos dedos índices.. Kaden? ¿Cómo se comporta tu prostituta en momentos como estos? —La imagen de la del vestidocinturón golpeó mi mente como un mazazo. mi furia. me ridiculicen y se mofen de mí. Hoy he desnudado mi alma. revuelta con mi rabia y el fuerte dolor. Por más que intenté aguantar las lágrimas. apoyando la frente en las rodillas. —¿Cómo debería comportarme. de miedos y de orgullos y te he dicho que te amaba… —Esbocé una sonrisa amarga y continué—. por mucho que no quería llorar. Di media vuelta y subí con rapidez las escaleras hacia el piso superior. ¿Sabes qué pasa? —proseguí. me senté en la taza del inodoro. El abrió su boca para interrumpirme—. Me he deshecho de vergüenzas.. Me hice un gurruño y me abracé las piernas. me dejé llevar. sollozando. con la furia corriendo salvaje en mi interior. cerré con un portazo. en un tono llano y calmado—. entré en el cuarto de baño. Estoy harta de que las personas que tengo a mi alrededor se burlen. cruzándose de brazos al mismo tiempo que recostaba la espalda contra la puerta de salida. Que no sean capaces de mirar dentro de mi piel y entiendan que dentro hay un. me quité los zapatos y. tan mal. con el ceño ligeramente arrugado. corazón que late. con el rostro petrificado y guardando el silencio que le ordené. ¡Tú quizá no lo hayas valorado porque no sabes lo que significa desnudar tu alma sin miedo a que te la vuelvan a patear! ¡Si supieras el desengaño que me he llevado cuando me has tratado como a tu fulana! —dije con un grito.

pero solo para golpearme después donde más me dolía. abrazado con fuerza a mis piernas—. siempre haciéndome daño. Por favor… —suplicó con amargura. aferrado a mis piernas. Sentí unos brazos en torno a mis piernas y un beso cálido en la piel desnuda de una de ellas. porque mi vida era un castigo. siguiendo con la de mi padre y continuando con todo el mundo que se acercaba a mi alrededor. No puedo más —dije mientras me mecía hacia delante y atrás. no vuelvas a decirlo. Con el corazón encogido. Gelina. completamente derrotado. Un grito devastador que parecía provenir de un león. —Estoy harta —musité—. porque ya tienes una. —Sentí arder nuevamente mi garganta. Estoy cansada. Me sequé las lágrimas y pude ver que estaba arrodillado en el suelo. Tú nunca serás mi fulana… —No. No vuelvas a decir eso. El seguía musitando. .. —Estoy cansada —volví a repetir. junto a unas palabras de Kaden que no llegué a escuchar por su bajo tono y mi llanto desesperado. no me hagas contártelo. mi llanto prosiguió haciéndome hipar. Comenzando por la muerte de mi madre. un cruel castigo. pero yo no le prestaba atención. sin hacer caso a la presencia de él —. Luego él apoyó la frente en el empeine de mis pies. —Volvió a rugir con impotencia y continuó—.. —No eres mi fulana. un sufrimiento constante que de vez en cuando daba tregua.. es. torturándose. —¡Gelina! —rugió. En el infierno de mi mente había demasiado fuego para poder abandonar el llanto y mis amargos pensamientos.. Eso hizo que me quedara quieta y en silencio—.Me preguntaba si vivir era un premio o un castigo por algo que hice mal en alguna vida anterior.. —dijo.... No puedo contártelo… Por favor. Te juro que si he hecho algo que te ha ofendido.

Paseó los dedos sobre toda mi figura con un cosquilleo. observando el suelo. no! —chilló sin levantar su rostro. Nunca. —Él suspiró y rodeó mi cintura con sus brazos. aproximé mi cuerpo hacia el suyo lo más cerca que pude y le rodeé la nuca con mis brazos. Luego se puso de pie. la furia y el orgullo. Él no los abrió. pero jamás dejaría que Kaden llorara y no tuviera mi comprensión. Jamás de los jamases. Se quedó con la cabeza agachada. Más tarde. —¿Qué nos jugamos? —Tu vida y la mía —musitó al mismo tiempo que sus ojos capturaban los míos. solo te pido que confíes en mí un poco más —terminó con la voz rota. enrojecidos por las lágrimas. —Confío en ti. bajó la cremallera de mi vestido y. —No puedo explicártelo. cuando se desprendió de toda su ropa. algo que me hizo olvidar la rabia. Abrió la cama y me dejó sobre el colchón. Sentí humedad en mis pies y sus largas y espesas pestañas mojadas. Tienes que confiar en mí. Besé sus labios y los sellé con los míos. antes de desnudarse a sí mismo. —¿Qué es lo que quieres saber? —pero seguía con la mirada agachada. solo lo justo para que mis pies no arrastraran. encima de su regazo. se tumbó en la cama y se pegó a mí.—¡No. lacios. Yo podría llorar durante toda mi vida sin la necesidad del consuelo. Algo se me hizo añicos en el alma cuando me percaté de que estaba llorando. Me llevó a la habitación. . que aún se escondía en mis pies. me desvistió por completo. no. casi diría que ardía. erizándome la piel en su camino. levantándome con él. simplemente los apretó un poco más. Luego arropó mi cuerpo desnudo con las sábanas y me besó. Me arrodillé ante él. con calma. Bajé los pies al suelo. Él se retiró unos centímetros y dejó caer los brazos. pero necesito saber algo para poder comprender tu comportamiento. haciéndome sentir el calor que emanaba.

Yo movía mis caderas simulando ser Britney Spears. —Sí. ya lo decía mi padre. ¡Ya sé lo .. clavando un rodilla en el colchón. —dijo mientras reprimía una carcajada. Descansa. En la realidad en frente había una pared rosa palo.. Sentí una risilla que esfumó de un soplo el concierto con todas las entradas vendidas. —¡Hola papá! —sonreí cuando lo vi apoyado contra el marco de la puerta con los brazos cruzados. mientras cantaba desafinando de manera espantosa.—Kaden. Tenía una tremenda imaginación. ¡riéndose de mí! Le saqué la lengua. pues en vez de ver una cama. para dar paso a mi habitación y a esa sin gracia pared rosa palo.. One more time. una multitud de fans enloquecidos pedían una última canción mientras me aplaudían y me alababan como la reina del pop. Aquel cosquilleo me fue adormeciendo. —Shh —me interrumpió—. alzando los brazos en uve y la mirada hacia arriba.. —Hit me baby one more time! —finalicé la canción. pero en mi imaginación. con un micrófono de oreja que acababan de regalarme por mi sexto cumpleaños. retumbando a todo volumen en la habitación... veía un escenario con grandes y potentes focos alumbrando mi cara. Capítulo 13 La realidad duele Estaba subida en la cama.. con la canción de Britney Spears. Cada vez lo hacía mejor. la verdad es que quería comentártelo hace tiempo. —Se te da bien esto.. lo que gracias al volumen de la música no estropeaba mis fantasías. me alagué.

te gustaría que Andrea te perdonara? —Sí. —Papá.. Me ha comentado un pajarito. Todo el mundo cometemos errores. Ahora. —Tiene que ser muy divertido jugar con el orgullo a la hora del recreo.. los pajaritos no hablan. —¿Vas a dejar que el orgullo os aburra y os separe definitivamente? —preguntó mientras retiraba un mechón de pelo pegado por el sudor a mi frente.. nadie se salva de equivocarse en esta vida. te desprendes del dolor.. ¡Una estrella del pop! —Sí. —Telepatía —aclaró al mismo tiempo que se sentaba a mi lado—. si te quedas con el orgullo.... Me gustaría comentarte algo —cambió de tema—. Fue directo al grano. papá —dije en un siseo. —le interrumpí. —El dolor y el orgullo van juntos. —Sí —dije en un tono enfadado. Me crucé de brazos y elevé mi barbilla.. —Este sí —me cortó—. apenada. tu mejor amiga. te quedas . ¿Si tú cometieras un error.que quiero ser de mayor! —No me lo digas. —suspiré. Me ha comentado que te enfadaste con Andrea —. Él volvió a cortarme. —Hizo una pausa y peinó mi melena con sus dedos—. Verás. con una exagerada expresión de sorpresa.... Si te desprendes del orgullo. ¿Cómo lo has sabido? —dije abriendo mucho los ojos.. dejando caer la mirada y con los brazos flácidos hacia abajo. —Pero es que ella. papá. —Pero es que ella es Andrea. —No.. —comencé a explicarle..

—¿Te encuentras bien? —Asentí con la cabeza—. —Compraré pizzas.también con el dolor. Siento lo que ha pasado hoy —continuó hablando... —¿Una pesadilla? —preguntó. suspiré.. —Nada. hija. hija. —No lo olvidaré. la había echado mucho de menos y sentía celos de Sofía. Sonreí feliz. —Lo hemos arreglado. —¿Qué pasa Cenicienta?—preguntó con la voz ronca. ofreciéndome el teléfono. —¿Un recuerdo? —Sí. le comenté: —Gracias... La mano de Kaden acarició mi muslo. . —susurré. Aturdida por el sueño. levanté la vista y pude ver que el despertador digital marcaba las tres y media de la madrugada. No olvides eso. ya da igual —le informé. —Y tú a mí. Y tú a mí. Me desperté con las piernas enredadas a las de Kaden. Tenía ganas de jugar con Andrea. —Quiero que le llames ahora y que la invites a casa a dormir esta noche —insistió. Siempre me haces feliz. Cuando papá estaba a punto de cruzar el lumbral. un sueño. medio dormido. de quien últimamente se había convertido en inseparable. —No.. Volví a tumbarme y posé la mejilla en el pecho de él. —Escuché cómo un suspiro escapaba de sus labios. papá.

mordí mi labio inferior. atrayéndolo hacia él. sin aceleraciones. Sujetó mi pierna y la colocó encima de su cadera. adiós resistencia. Catorce días antes. —Y acto seguido volvió a gruñir de placer. Luego tomó mi trasero. para dominar el placer y alargarlo un poco más. Toda la concentración se cayó por la borda. al unísono. al igual que yo. pero no sin ti». juro que quería observarle a los ojos.. colocándose sobre un costado. Fue el último pensamiento antes de que llegara la inconsciencia de un profundo sueño.. nos dejemos caer para elevarnos hasta las mismísimas estrellas. Pude ver entonces el esfuerzo que estaba haciendo. y el placer recorrió el interior de mi cuerpo haciéndome alcanzar unos de los mejores orgasmos logrados hasta ahora..Se giró. Obedecí. Bendita locura. Lo amaba. —Mírame a los ojos.. situando su mirada frente a la mía. penetrándome en el movimiento y besó mis labios para beberse mi gemido.. sintiendo mis últimos espasmos y cómo los músculos internos de mi vagina se contraían alrededor de su pene. con un ritmo marcado. hacia delante y hacia atrás.. pero si lo hacía derramaría por todo los poros de mi piel el sudor provocado por un orgasmo. del gusto que sentía. con movimientos lentos.. y en un intento por dominar las sensaciones placenteras que amenazaban con llevarme a la cima de la locura. demasiado. con pausa. «Contigo.. fue lo que dijo antes de empezar a embestir con movimientos más rápidos y un poco más fuertes. tortuosos.. tan lentos que dolían. .. Mírame. Se colocó encima sin salirse de mí y. Quería mirarlo. comenzó a menear sus caderas. —Te quiero —gruñó en mi oído—. Los dos.

¿Qué tiene que ver esta chica… —Metí la mano en el bolsillo inferior de mi chaqueta y saqué la foto que había estado observando toda la noche y que mis ojos habían grabado y tatuado en mi mente— …con todo esto? —finalicé.. parecía huir de algo y realmente me mosqueaba no disponer de la tranquilidad de conocer toda la información para poder tener todo bajo control. retirándose hacia un lado para abrirme el camino. arrastrándola con un pie.. Estaba en el centro de Londres. —Me encogí de hombros—.. Arco Rojo se sentó en una de las sillas y me ofreció la otra.. donde Arco Rojo me había citado pocas horas antes. a punto de entrar en un sótano clandestino. yo le informaré de todos los datos que precise. siempre y cuando cumpla su palabra y me de toda la información que yo considere necesaria —le aclare. Casi no me dio tiempo de terminar de repicar cuando se abrió. Llamé con los nudillos en la vieja madera de la puerta. Acepté su ofrecimiento y me senté. recostándome en el respaldo de la silla y cruzando las piernas a lo macho—.Era un día lluvioso y frío. tiene mi palabra. —Muy bien. —¿Se ha pensado bien la decisión? —Creí haberlo dejado claro con la llamada —contesté.. una cama individual en un lateral y una mesa redonda con dos sillas eran lo único que se vislumbraba bajo aquella luz amarillenta. —Pase —dijo este. —repliqué. —Gelina Wells es muy importante para mí. Comencemos entonces. Pero. —Negué. Una habitación de no más de diez metros cuadrados. no necesitaba a Ángelus para cerrar tratos.. . —Si usted se compromete. Era un hombre bastante extraño. chasqueando con la lengua. —proseguí—. —No es suficiente. dejándola sobre la mesa. cuando lo llamé. Había decidido ir solo.

No era suficiente, quería saber más: ¿Por qué debía salir del país? ¿Quién era él para ella? Y, ¿por qué estaba ella en esta mierda? —Antiguamente yo era el cabecilla de mi clan, uno de los mejores mafiosos. Poseía información de alta importancia; información que yo me gané, puesto que tenía los mejores contactos, y de gente importante. —Dejó unos segundos de silencio y prosiguió—. Digamos... que creé mi trampa. Todo estaba bajo control, hasta que uno de los míos me traicionó. No sabía adónde quería llegar... Mi pregunta era sobre la chica y no sobre su vida pasada... —¿Que tiene que ver ella en todo eso? —pregunté en un tono más enfadado por mi falta de paciencia. —O se lo explico todo o no entenderá una puta mierda. —Pues continúe. Y abrevie, a poder ser —exigí entre dientes. Arco Rojo no parecía tener miedo a nada... —La traición me costó cara. Enseguida se levantaron varios frentes, algunos conocidos y otros no, pero todos dispuestos a matar por obtener la dichosa lista. Demasiados… No podía enfrentarme con todos, incluido mi propio clan. Y no podía fiarme de nadie. La única solución que encontré fue aliarme con unos de los clanes más grandes de aquellos entonces: el clan Coheski. ¿Qué coño me estaba contando aquel hombre? Pero callé y seguí escuchando. —Así pues, en el año mil novecientos noventa y nueve tuve que fingir mi muerte. Yo soy Edien Wells, el padre de Gelina Wells. Vaya sorpresa... Así que él era el padre del pastelito... —¿Qué trato hizo con el clan Coheski? —Aunque más o menos podía imaginármelo...

—Que la mantuvieran a salvo hasta que yo pudiera volver. Puse un margen de tiempo de dieciséis años, con la intención de volver a buscarla en cuanto todo se hubiese calmado y, a cambio, les ofrecí la lista y una importante suma de dinero; exactamente lo mismo que a usted. Ese era el plan, hasta que hace unos días todo se vino abajo... Temo por si han descubierto algo sobre mi nueva vida y quieran chantajearme con mi hija, aparte de temer por su integridad física. Si le pasara algo no me lo perdonaría jamás. Mmm... Me removí entre las sábanas. Sentí un cosquilleo que me dibujaba la columna vertebral, renegué y me volví a retorcer, acurrucándome un poco más. —Gelina —escuché la voz de Kaden. Abrí rápidamente los ojos con una sonrisa dibujada en los labios. Me llevé una sorpresa cuando al abrirlos lo vi sentado sobre el colchón, a mi lado, recién duchado, con el pelo aún húmedo y vestido con pantalones negros de pinzas y una camisa blanca arremangada por debajo de los codos, que se ajustaba a sus anchos hombros, fuertes brazos, pecho y abdomen... Era tan... Tan... ¿él? —Si quieres que desayunemos juntos deberías levantarte —dijo al mismo tiempo que se ponía en pie—. Tengo media hora antes de marcharme. Me levanté automáticamente, me lié la sabana alrededor del pecho y tiré con todas mis fuerzas hasta arrancarla del colchón. Luego me retiré el pelo alborotado de la cara y le dirigí una mirada—. Me voy a duchar —le informé. Él posó sus manos en la cadera, con un gesto de interrogación en la cara. —¿Qué te pasa con tu cuerpo? —¿A mí? Nada. —Me encogí de hombros. —Pues a ver si te quitas esa manía de ocultarlo a toda costa. No creo que me enseñes nada nuevo a estas alturas... —dijo, recalcando la palabra manía, y un poco mandón también... Se giró y cruzó el marco

de la puerta—. Te espero abajo, quiero presentarte a alguien — escuché que decía una vez a fuera de la habitación. Esa mañana estaba de lo más sorprendente... ¿Me presentaría a Ángelus? Me duché todo lo rápido que pude, me vestí con los tejanos del día anterior y una camiseta básica de color blanco que había recogido el día anterior, cuando Kaden me acercó a casa en busca del vestido. Me cepillé el pelo y lo meneé con la mano, para que cogiera un poco de volumen y no se me quedara aplastado en el contorno de la cara. Me coloqué las bailarinas y bajé. Mis ojos se abrieron como platos cuando, una vez dentro de la cocina, se toparon con el rostro del chico de la mansión; aquel que se llevó a Kaden en la primera visita y el mismo que nos acompañó la noche anterior. Mi cuerpo se tensó, se puso rígido. ¿Qué hacía ese chico allí? Un punto de miedo brotó en mi interior. Kaden se acercó y colocó una mano al final de mi espalda. —Te presento a mi amigo Ángelus. —Noté cómo la cara se me descuadraba por la sorpresa. ¿Ese era Ángelus? Y disimulé, forzando una sonrisa al mismo tiempo que tendía la mano para estrechársela. —Encantada de conocerle —dije, intentando disimular por todos los medios mi sorpresa—. Yo... —«¿Quién era yo para él? ¿Era Gelina, o una chica de alquiler para los momentos fogosos de Kaden?»—. Yo... Verás… —Carraspeé y tragué saliva—. Yo soy... —Una famosa frase retumbó en mi mente: «Sin bajarte las bragas no puedes hacer nada...»—. Yo soy la que me bajo las bragas por dinero. Noté como Ángelus se tensaba y abría los ojos, perplejo, lanzando una mirada a Kaden y vi como este hacía un esfuerzo infrahumano para no reírse a carcajada limpia. Aunque ya lo estaba haciendo de modo insonoro, pues me percaté de los leves saltitos que daban sus hombros. Sentí mis mejillas ruborizarse hasta el rojo vivo, emanando calor, y los ojos me escocieron. ¡Me quería morir!

—Verás... —Soltó un suspiro para no romper a reír—. Gelina, cariño... Él es de confianza —me informó Kaden, desgraciadamente tarde... Aguanté el tipo todo lo mejor que las circunstancias permitían. No me consideraba una persona agresiva, jamás la haría servir a no ser por modus vivendi, pero justo en aquel instante las ganas de darle un coscorrón eran inconmensurables. —Gelina Wells —volví a dirigirme hacia Ángelus, y de nuevo estiré el brazo para estrechar su mano. —Encantado. —Él esbozó una media sonrisa, era serio, distante y frío. Me recordó al Kaden del principio, cuando le conocí; intimidaba pero no aterraba, o por lo menos no tanto como Mendax. Había algo en Ángelus que transmitía confianza... Quizá porque jugaba con la ventaja de saber cosas de él. —Tampoco te pases —me dijo Kaden en un tono más serio—. Si la persona no es de confianza, evita decir tu apellido. —«¿En qué quedamos? ¿Es, o no es de confianza?», pensé irritada. Era un hombre mareante... —Vale, señor. —Y acto seguido dejé escapar un suspiro de resignación. Yo podía decir tranquilamente mi apellido, a mi no me rodeaban tantos secretos como a él. —Déjate de tonterías y desayuna. —Más que una orden sonó a amenaza. La noche anterior Kaden me dijo que me quería, pero esa mañana... Esa mañana estaba desayunando con el lobo. Encima de la mesa blanca de la cocina había una variada gama de alimentos, zumo de naranja, leche, café, té, bollos, tostadas, galletas y cereales... Era lo más parecido a un bufet de hotel. La verdad es que yo no solía desayunar, era costumbre... supongo. Cogí un vaso y vertí en su interior un poco de zumo antes de dar un trago. —¿Solo vas a desayunar eso? —preguntó, observando el vaso que

Era eso. —Te espero fuera. yo me limitaba a terminar el desayuno que papá lobo me había ordenado. Él asintió. ni aun no estando ellas.tenía entre mis manos.. o me ahogaba. estiré mi mano hasta alcanzar lo primero que toqué. Deje escapar el aire con pesadez. Lo observé con los ojos empequeñecidos y.. Entonces seré tu padre. No quería porque yo deseaba quedarme con Kaden y el lobo. —Muy bien. sucede algo? —la pregunta de Kaden me alejó de mis pensamientos. sin mirar hacia la mesa.. cogiendo la chaqueta que colgaba del respaldo de la silla. Fue un bollo. desafiante. «¡Estás loco!»—. . lo que para uno era merecido y para el otro no tanto. —Batallé para sonreír. —Igualmente. y se pegó unas palmaditas en su regazo animándome para que me sentara en él.. Ángelus se levantó de la mesa. estiró su brazo y agarró mi mano —Ha sido un placer conocerla. Mientras ellos hablaban del fútbol y del último resultado del Arsenal. Me mordí el labio inferior y suspiré. No quería volver a verlas ni tenerlas cerca de nuevo. —Se retiró hacia atrás. Kaden —le informó Ángelus. —Sí —respondí. En realidad no quería volver a casa. Un nudo se me hizo en el estomago cuando recordé la llegada de la señora Santo Polo y sus dos hijas. —Era broma. —A continuación di un trago al zumo. arrastrando la silla con él hasta separarse medio metro de la mesa. De un solo bocado metí tres cuartas partes en la boca y como pude contesté. ¿Gelina.

Me levanté sin pensármelo dos veces y me senté en su regazo. Momentos antes. Necesito que me lo . Él suspiró relajado—. le hubiese propinado una palmadita en el hombro. ni en tu casa ni en tu vida. pero no sin ti —me recordó en un siseo. Él negó con la cabeza—. —Señaló con el dedo. Noté cómo una primera lágrima comenzaba a recorrer mi mejilla. —¿Tiene que ver conmigo? —negué con la cabeza. Esa casa de ahí enfrente es tuya. Únicamente tuya y nadie tiene ningún derecho de acorralarte. No sé si podré. junto a una quemazón. Ese era Kaden. antes de girarlo hacia mi pecho—. pero ahora deseaba hacerlo. Pero ayer estabas tú contigo. Entonces. ¿qué sucede? —Que no quiero volver. —Es que. Contigo.. —Siempre vas a estar conmigo. —La voz se me quebró y un puchero incontrolable se dibujó en mis labios. él se aproximó arrastrando la silla y recogió un mechón de pelo que caía sobre mi frente para colocarlo detrás de mi oreja.. —Ellas no tienen ningún poder sobre ti. —Los ojos se me inundaron de lágrimas y un nudo. —No me dejarás sola nunca ¿verdad? —le dije mientras atrapaba su rostro con mis manos. se agarraron en mi garganta. creándome un escalofrío. Descendió un poco más abajo y besó el hueco de mi cuello. —Ayer defendiste muy bien tu terreno —susurró con los labios pegados a mi piel. Gelina Wells. Era casi asfixiante—.Cuando Ángelus desapareció por la puerta. lo reconocía. —¿He hecho algo que te ha molestado? —No —dije apenada. cuando él me lo ordenó. Kaden acerco sus labios y la absorbió con un beso. —Paró y volvió a besarme un poco más arriba—. —Sí —musité—. Aprende a marcar territorio.

Me deslumbró el sol. —¡Au! —me quejé. ¿Cómo podía ser que cambiara su estado de ánimo tan rápido? Verla caminar era casi un espejismo. sus andares eran característicos y graciosos. mientras que ahora su cuerpo y su edad coincidían. —Es que te las ganas a pulso. dándome por un caso perdido. pero después capturó de nuevo mi mirada y rompió el silencio. Con un impulso agarró mis piernas por la parte del muslo y se puso de pie.digas—. Por un momento creí que se escabullía de mis ojos y eso me asustó. . —Si llego tarde al trabajo por tu culpa. —Por las gafas. Le saqué la lengua. al mismo tiempo que abría la puerta del Audi. desee que ese instante no terminara nunca. señor Di Stefano —me despedí. la camiseta y mis pantalones deportivos ya podría denunciarte —dijo sonriendo. —Nunca. —Rodeó mi nuca con su brazo y nos dirigimos hacia la puerta. —Que tenga un buen día de trabajo. hacia un día de primavera. sus pasos eran cansados y arrastrados. ni frío ni calor. sonriente. Él meneó su cabeza. pero Gelina Wells comenzó siendo una mujer de cincuenta años atrapada en un cuerpo de veinte. daba pequeños saltos en cada paso y recordé la primera vez que la observé. Me coloqué las Ray-ban y le sonreí. Como en otra ocasión anterior. Ella no parecía percatarse del cambio. La miré a través del cristal del coche y me reí. esta noche no voy a verte… — Me dejó en el suelo y me propinó un manotazo en la nalga. Besó mis labios con suavidad y dulzura y creí fundirme en sus brazos. y entró en el coche.

Mi cuerpo la reclamaba a gritos.—Tiene su encanto la chica. a pesar del esfuerzo que empleara en intentar mantener las distancias. una fuerza mayor me impedía mantener las distancias. —Si .. Más bien. fulminándolo. Estamos metidos en el meollo de un puto trabajo que se complica por instantes. ¿Te has acostado con ella? —dirigió ahora su mirada hacia mí. Esa chica es inocente y.. Se enamorará. no sé qué estás haciendo. Me giré hacia él y lo vi observándola. —Me lo confesó ayer —dije con cuidado. Ángelus se quedó pensativo ante mi respuesta. Le comprendía. Cerré los ojos y los labios con fuerza para deshacerme de mis pensamientos. y resoplé con cansancio. me costaba horrores hacerlo a mí mismo. —Sí —contesté.. y faltó un pelo para encarame a él como un loco. —Joder. casi tan alucinado como yo—. guardó unos segundos de silencio y una vez que el coche se incorporó a la carretera. —No puedo pensar con claridad cuando estoy con ella —contesté abatido. ¿En qué coño estás pensando? Supongo que para él era difícil entenderlo. creo que ya está enamorada de ti. ¡la estás cagando. pensamientos que dejaban claro lo que sentía por ella. para no mezclar y enredar sentimientos de los que para nada me sentía orgulloso. —Tío. —interrumpió Ángelus mis pensamientos. Kaden! —chilló enfadado—. pero ándate con ojo. poniendo en marcha el coche. —Paró una décimas de segundo poniendo en orden sus pensamientos para volver a arrancar con su discurso-consejo—. lo que mi cuerpo experimentaba estando cerca de Gelina era algo que no podía descifrar y. rompió el silencio. —Déjate de tonterías y mariconadas. todo mi ser la necesitaba. tío.. —Le eché una mirada. fijando la mirada hacia el frente.

¡Y guárdate tus putos consejos! —le espeté. Aunque supongo que solo para mi. —Mostré una risa amarga. Disponer de ti misma. Sus consejos me estaban hinchando los huevos de mala manera y mi paciencia rondaba en un círculo muy reducido. me lo confesó. La libertad sabía bien. Incluso hijos. colega. no me jodas. Imaginarme esa escena con otra persona que no fuese yo me enfureció más. un hombre que tenía trapicheos constantes. te lo dará. Capítulo 14 El sabor de la libertad Hacía un magnifico día. que le diese una vida feliz y cachorrillos. Quédate tú con ella. era un placer inexplicable. Ella es la única que puede darte más sin complicaciones en ningún ámbito. e incluso para mí. enfadado.. el sol penetraba por mis poros y casi podía decir que sentía la vitamina C entrar por ellos. No era una prostituta. tienes a Ágata. —Mira. a cómo era unas semanas antes. era la hija de mi compañero Jim. satisfacción y adiós. aunque mi relación con ella era igual pero sin dinero por medio. —Ágata solo puede darme sexo —le corregí. pero no me alimentaba el alma. Estaba cabreado porque en el fondo sabía que Ángelus tenía razón y una pequeña parte de mí deseaba que todo volviera a la normalidad. y para la persona que . Ágata. de cuándo entrar y cuándo salir. Ágata me saciaba el hambre. Si le pides algo más serio.quieres más. no podía ofrecerle nada… Yo era un mafioso. limpio.. rodeado de gente peligrosa para ella. Ella merecía un hombre sin mierda. si quieres jugar a la familia feliz. Yo no podía quedarme con Gelina. —Está enamorada de ti.

La había estado buscando durante mucho tiempo. pero no fui capaz de encontrarla. sentirme simplemente yo. aunque no por el miedo. Era una casa acogedora a simple vista. Pensé que aquellos tres días con Kaden habían revivido a aquella inocente niña risueña que tanto añoraba. sino por no saber manejar la situación. pero lo solucioné cerrando un ojo. —Dios mío… —susurré al mismo tiempo que colocaba mi mano en la . sacudí mis manos y. de los que colgaban campanillas amarillas. con aquellos claros ya era feliz. Estaba tumbada sobre el césped verde de un parque. estaba nerviosa. unos tiestos en forma de cuenco colgaban del techo.. Pero si a ellas las odiaba por ser cómo eran. y una persona que apenas me conocía la encontró escondida en algún rincón de mi interior. me dispuse a seguir con los planes que programé en mi mente para esa jornada. Entré en el jardín y presioné el timbre. todavía había manchas negras. me levanté. fachada blanca con un pequeño porche y la típica mecedora. Estaba enfrente de la casa cuya dirección Melan había escrito en un papel. dando un último respiro de aire fresco. de algún modo. Hace falta añorar para apreciar. ¿me odiaría también a mí misma por un comportamiento parecido? Después de pasarme hora y media contemplando las nubes y tomando el sol. Pero no era una desagradecida. Me consideraba una chica calmada y esta calma. Tenía la sensación de sentirme completa..se haya visto alguna vez en situaciones parecidas a las mías. me pedía que me comportara como ellas. lo que me provocó una pequeña sensación de mareo. era algo que me preocupaba. Aunque comenzaba a ver claros de luz en el oscuro presente. gracias a Mendax ya no les temía. mirando al cielo y observando cómo las nubes se movían. Enfrentarme a ella y sus hijas. la señora Santo Polo todavía me lo nublaba y hacía sombra. donde los fantasmas y los monstruos del presente la habían arrinconado.

arrastrando mi nombre.. ¡Gelina! —repitió. tan sorprendido como yo—. me puse a lloriquear. cuando al abrirse la puerta vi a… ¡Alexander! Era él. —Me crucé de brazos. Yo he batallado cinco veces en una sola tarde. Estaba cansada de jugar a piratas. Trepé hasta llegar a la segunda rama y. Le sonreí. Me abrazó con ímpetu y me volteó en círculos. —¡Pero si estamos en medio de una batalla para conseguir el oro! — se enfadó. —Vale… —Siempre acababa dirigiéndome al árbol del jardín. —¡Oye! —le regañé—. —Llevamos ya cinco batallas. Alexander se dio por rendido con un soplido. —Gelina… —dijo en voz baja. —¿Otra vez? —se quejó.boca a causa de la sorpresa. chillando y sonriendo. una vez allí. —¡Socorro! ¡Socorro! ¡La malvada Bruja de las Tinieblas me tiene atrapada en lo alto de la torre del castillo! —Puse una mano sobre . —De acuerdo. Tiré enfada mi parche del ojo y la espada. pude viajar al pasado. más mayor pero con la misma cara que cuando era pequeño. mientras besaba con fuerza mi mejilla. —dijo quitándose el pañuelo de la cabeza—. —Cambiemos de juego ya —recriminé a Alexander. Y como en un viaje astral.. ¿A qué quieres que juguemos? —A la princesa raptada. Bufé. haciéndome caso.

Volví a cerrar mis ojos y me metí otra vez en el papel. —Coloqué los brazos en jarras—. —Esa puerta también está cerrada. se supone que salvarme es difícil. —Volví a chillar. —No tiene gracia. —Ha sido difícil despistar a la bruja —me comentó—. —Volví a fingir el llanto. Volví a lloriquear. —Me reí y él se sentó en la rama—. ¿te rescato o te dejo ahí? —preguntó Alexander. Abrí un ojo y aparqué mi papel. En las películas todo se complica hasta el final. —Tranquila. justo a mi espalda.. —Está bien.. me animé. La bruja ha cerrado esa puerta—. ¿Sabes. Observé todo el jardín y no vi ni rastro de él. con una mezcla de enfado y cansancio. Bajó nuevamente y trepó por la izquierda. Gelina. «Qué bien lo hacía».. pero ya estás a salvo.mis ojos y fingí llorar. yo te salvaré. Y de repente me sorprendió por la parte de atrás. Alexander cogió la espada y chilló. —No. cerrando con fuerza los ojos. —Él puso los ojos en blanco. princesa. —Alexander. —¡Socorro! ¡Socorro! ¡Sálvame. princesa. metida en el papel de princesa sufridora. por ahí no —le informé—. No es solo trepar. ¿Alexander? —No estaba—.. —Trepó por la derecha.? Quizá . ¡Alexander! —grité. —Vamos a ver. porque para eso podría salvarme yo sola. apuesto caballero. solo tú tienes el poder! —Abrí un ojo y al no verlo abrí los dos—.

Las cosas se complicaban por momentos. —Quién sabe. mira quién ha venido! —¿Quién.algún día tú seas una princesa y yo tu salvador. —Sin dejar de abrazarme se volvió hacia atrás y gritó —. con la frente pegada sobre la madera de ella. Has venido.. Le miré los músculos enclenques del brazo y lo dudé. me apoyó en el suelo y se inclinó hacia atrás para mirarme mejor. Primero el discurso-consejo de Ángelus. —Me encogí de hombros... asomándose a la puerta—. . que me había puesto de mal humor a primera hora de la mañana. pero no se lo dije. —No has cambiado nada —le comenté.. hijo? —preguntó Melan. Gael no parecía estar moviendo ninguna ficha. hija. ahora creía que era la mejor idea que había tenido nunca. feliz. —Gelina Wells. hoy era un día de perros.. al mismo tiempo que se iluminaban los ojos —. todavía no estaba en casa.... Yo le sonreí.. ¡Mamá. —Sí —contesté. —Tú tampoco. desde ese momento todo iba de mal en peor. Le había colocado un GPS en el teléfono y. aunque cuando se lo puse no me sentí muy bien. En otro lugar de Londres.. Y Mendax tampoco. y después. ¿qué estás haciendo conmigo? —dije al mismo tiempo que me dejaba caer en la mesa del despacho. Según las investigaciones que Ángelus puso en marcha justo al instante en que Gelina reconoció la voz del misterioso. ¡Gelina! —exclamó ella. Alexander... Observé la pantalla del ordenador y me relajé al saber donde estaba Gelina.

. —A la escucha.. entré en ella por la fuerza. al otro lado de la línea. —Por donde quieras.. —Primero te diré que Mendax ha desaparecido. tío. Me sentía frustrado. y por otro me enrabiaba pensar en dejar de sentir. Incluso sospecho que se lo llevaron desde allí. Toda la casa estaba desbaratada.. «¿Más? Qué asco de día.. ¡pero escupe ya! —Me levanté y me apreté el puente de la nariz. Había rastro de sangre.Los tres días con ella habían cambiado todo. diría que sí. —Resoplé al escuchar eso. El teléfono comenzó a vibrar en el bolsillo de mi chaqueta y el nombre de Ángelus se iluminó en la pantalla. —¿Tenías conocimiento de que tuviera problemas con alguien? ¿Algún ajuste de cuentas? —Si los tenía. así que hoy me he acercado a su casa y. al ver que no contestaba al teléfono ni abría la puerta. yo no estaba enterado —aclaró. —Hinqué un codo en la mesa y posé el peso de la cabeza en la palma de la mano.». pensé. —¿Qué es lo que pasa? —No sé por dónde comenzar. Por un lado deseaba que se esfumara ese sentimiento lo antes posible.. peinada y rebuscada hasta el último cajón. ¡Qué mierda! Todo cambió en el mismo instante en que la vi el primer día. tenemos problemas.. —Hizo una pausa y continuó—. Era todo tan confuso. cosa que me extrañó. —replicó Ángelus. —Kaden.... Ayer no estuvo en la mansión. . —¿Crees que está muerto? —Tal y como he visto la casa.

ya estaban casados y tenían hijos. Sí que tengo talento para conquistar. pensé. y segundo. —Hija comes menos que cuando eras pequeña —me riñó—. era tan añorado. «Costumbres son costumbres». pero creo que no tiene talento para conquistar a una mujer. limpiando con mi mano las migas de las galletas de mi regazo.. —Bueno. Hablamos de todo. Siguiente problema —le animé a continuar.. Melan me informó que sus dos hijos mayores. Eso no es saludable. Melan me invitó a comer y accedí. lo que sucede es que no quiero pareja —se defendió. esta buenísima.. Alguien se ha chivado a la Policía de que Gelina Wells estuvo en la mansión. si eso era así.. pero yo casi no tenía hambre. para esquivar todo lo posible a las hienas antes de encarame con ellas.. Y eso la ponía en peligro.—Uno menos —musité—. —Me encogí de hombros. —Melan hay una cosa que siempre te quise preguntar… —comencé a decir. Dan y Parker. Después tomamos el café con unos dulces que Melan solía hacer cuando trabajaba en casa. Que era abuela de dos nietos y una nieta.. Melan preparó lasaña de carne. un tanto avergonzado ante las palabras de su madre. Alguien sabía cómo se llamaba y. primeramente porque me apetecía más que nada en este mundo pasar un tiempo con ellos. —¡Mamá! —le regañó—. . las posibilidades de saber quién era se multiplicaban.. —Yo lancé una carcajada. Cuando di el primer bocado casi me derrito al reconocer el sabor. Este es un poco más gordo. —El único que me queda libre es Alexander. ¡¿Qué?! ¡Cómo podía ser? Nadie sabía su identidad.. ¡Joder! Me golpeé con el puño cerrado en la cabeza.

Recuerdo vagamente que a mí me impidieron asistir y esa era una espina que tenía clavada. apenada. Y. —Mi padre nunca se recuperó de la muerte de mi madre. me considero una persona con suerte por haber tenido los mejores padres del mundo. eran mi familia. con los ojos empañados de lágrimas. él dejó por escrito que no quería que celebraran su funeral.. a pesar de todo el dolor que he sufrido —comencé a decir —. hija —respondió ella. —¿Fuiste al entierro de mi padre? —Ella negó en silencio con la cabeza. hija. —¿Tú tampoco.—Dime. quería ser incinerado y en soledad.. para despedirme. —A veces. por no haber podido despedirme de mi padre. . hija. Yo me enteré de su enfermedad de la noche al día y casi nadie me informó de nada. —Pues sí. que me dieron la oportunidad de sentirme rodeada de familia. de cierta manera. simplemente me dijeron que sufría una extraña enfermedad y que.? —Por lo que me dijeron. La verdad es que estuve muy a gusto con ellos. ¿verdad? —Parece ser que no. Di dos besos a Melan y otros dos a Alexander.. pues sí. por su propia voluntad. se había negado a recibir visitas cuando esta comenzó a ser notable. —Le sonreí.. —¿Volverás? —me preguntó Melan con algo de pavor en el brillo de sus ojos. —Se encogió de hombros. —Siempre que pueda.

. pero no he podido. —Me abrazó por la nuca. —Sí que has comido sopas. —le comenté. Me sacaba tres cabezas. Yo se la estreché.—Ven. para haber un huevo se necesitaba una gallina y viceversa. acompañado de un tumulto de sensaciones tan inexplicables como reconfortantes. he planeado millones de formas de rescatarte. Apreté un poco más su mano y la solté. Pues con la felicidad saqué la misma conclusión. No te busques un problema por mí. —No es necesario. ofreciéndome una de sus manos. más bien. como el que anda sin objetivo fijo. te acompañaré a la puerta —me dijo Alexander. Una vez en la puerta. el huevo o la gallina?» Jamás pude llegar a una respuesta satisfactoria. Me vino a la cabeza una famosa pregunta: «¿Qué fue primero. era muy alto. —Al escucharlo decir eso se me encogió el corazón—. la felicidad o los momentos agradables? Porque no hay momentos agradables sin felicidad. todavía no he encontrado una. ¿qué existió primero. —Se me quebró la voz—. la alcanzamos a un metro o a miles de kilómetros de distancia. sin querer llegar. me di cuenta de que la felicidad se halla a un paso de nosotros y que. Me puse en marcha rumbo a la casa de las tinieblas. Casi una cada noche. —Igualmente... empotrada en su pecho.. Andando. dulce y fresco. me giré y le besé en la mejilla. —Sí —musité—. sin saber adónde querer dirigirse o. No te preocupes. —Mamá me ha dicho que hay alguien que te está ayudando.. sonriente. —Me alegro mucho de volver a verte —le informé.. —Gelina. pues era ilógica. ni felicidad sin momentos . según nuestro estado de ánimo. Degustar la felicidad era sabroso.

—Escúchame con atención. pero no digas que estuviste allí. No quería llegar porque me asustaba la idea de que dicha felicidad se truncara una vez cruzara la puerta de la casa de las tinieblas y decidí que. dejaría que me la arrebataran aquellas hienas. —¡Joder. sin darte cuenta. alguien se ha chivado que te vio en la mansión. Eso fue justo lo que me hizo analizar. —Gelina… —La voz de Kaden me relajó—. mis pasos. sin miedos. «¡Dios mío. ¿Me escuchas? —Sí —repetí. Niégalo. inventa o improvisa. —¿Sí? —pregunté. bajo ningún concepto.. eso hizo que tensara los músculos de la parte inferior del abdomen—. mi felicidad me pertenecía y lucharía por ella. y mucho menos a la Policía. Comenzó a sonar el teléfono. ahora más relajada. pensé con pavor y congoja. No tenía ni idea sobre mentir. Y me percaté de que aquel paso de un metro o kilómetros se da sin complicaciones. —¿Qué? ¿Quién? —¡No lo sé! —chilló con frustración—. La Policía va hacia tu casa.. que estaba en el bolsillo de la parte trasera de mi pantalón vaquero. intimidaban demasiado.. no voy a poder!».. pero también era consciente de que nunca luché por salir de aquella profundidad oscura.agradables. ¿me estas escuchando?! —los chillidos de Kaden me . confusa. ¿Me oyes? ¿Podría hacer eso? Nunca en mi vida había mentido. Miré y un número desconocido iluminó la pantalla. Acabarían descubriéndome. Echando la vista atrás me di cuenta de que hasta entonces había vivido en un agujero negro. —Su voz era preocupada y crispada.

Pero te pido un favor… —La última frase parecía pesarle. «¿Cómo sabía que no estaba en mi casa?»—. Justo en la acera de enfrente. No salgas de casa hasta nueva orden. —¡No. —Eso. Esperé a la escucha—. Esas personas te vigilarán hasta que todo vuelva a la normalidad. efectivamente. ¿Eso es un adiós? —logré decir. dos esquinas más hacia arriba.atrajeron de golpe a la conversación. Enfrente de la cafetería hay un hombre con gafas de sol y sudadera gris. a unos diez metros de distancia. joder! ¡No! Y deja las putas preguntas ya —rugió con rabia—.. —Obedecí—. Mira hacia delante. ¿Qué sucede? —Las cosas se han complicado y no pienso arriesgar tu vida. un BMV gris. lo vi tal cual lo describía—.. —Se me hizo un nudo en la garganta y sentí su quemazón—. No te acerques a ellos bajo ningún concepto y haz como si no los vieras. Las cosas se han complicado — comenzó a explicar—. —Y justo a dos pasos de ti. hay un hombre rapado con chaqueta de cuero negro. —Miré hacia donde me indicó y. noté en sus palabras cómo estaba apretando la mandíbula. sin saber a qué venía todo aquello—. —¿Vas a venir a verme esta noche? —necesitaba saberlo. —Sí —volví a afirmar. —Aligera el paso. Echa un vistazo hacia atrás. ¿Es por Mendax? —No preguntes y no me llames ni me escribas mensajes durante un tiempo. —De acuerdo. no podía . Cuelga y haz lo que te he dicho. —¡Sí! —chillé agobiada. están a punto de llegar —me informó. —Sí —musité. Aunque no podía verle.

fuera de sí. y me percate de cómo las miradas de las personas de mi alrededor que andaban por la calle se posaban en mi rostro. no el mío —respondí sin prestarle atención. —¡Cuelga el puto teléfono ya! —Su enfado crecía. —¿Pero dónde crees que vas? —escuché que preguntaba a mi espalda y me agarraba con fuerza del brazo. no pienso colgar hasta que me prometas que volverás! —hablé todo lo alto que mis pulmones dieron de sí. sin comer — chilló. Aceleré el paso. sin saber si volvería. Vi de reojo cómo aquellas personas de la que Kaden me informó se ponían en marcha para seguirme disimuladamente. No. Estructuré en mi mente más o menos lo que tenía pensado decir. Se hizo un silencio tan largo que casi pensé que me había colgado. dejándome un adiós en la boca y mis ojos llenos de lágrimas. —Ese es tu problema. —Sí. Necesitaba hacer algo que me alejara de mis pensamientos. —¿Dónde estabas? Llevamos más de tres horas aquí. Solo quedaban dos manzanas y llegaría a casa.colgar sin que él me lo prometiera. casi corriendo calle arriba. aunque sabía que a la hora de la verdad el ensayo se iría al garete. y justo después de aquellas palabras colgó. ¿Por qué le costaba tanto decir que volvería? Algo no iba bien. pero Isabela se cruzó en mi camino. Gelina Wells. algo me decía que algún día no volvería y eso me produjo un vuelco en el corazón. donde podría esperar relajada hasta la llegada de la Policía. . pero él no me asustaba. Abrí la puerta con ímpetu y me dirigí directa al sótano. —¡No. provocándome un dolor asfixiante. descompuesto por la ira. te lo prometí esta mañana —respondió abatido. al mismo tiempo que la esquivaba de mi camino.

recordé las palabras de Kaden. repetía en mi mente. Aprende a marcar territorio Gelina Wells». porque a mis espaldas sonó la voz de la señora Santo Polo. haciéndome recordar lo muchísimo que la odiaba. Vi como su rostro se petrificaba. . y su brazo automáticamente se levantó.. —Dejé morir la frase mientras marcaba el numero de emergencia y se lo puse frente a la cara para que observara—. sin que ningún anticipo de miedo destellara en mi cara.». Me zafé de su presa con un movimiento brusco y rápido y me encaré a ella. Miré su mano suspendida en el aire como el que observaba un cuadro en la pared. «Que no vean el miedo.. preparando su ataque. —¿Qué has dicho? —Su repelente y afilado tono resonó en mis tímpanos. di media vuelta y me encaré a ella. —Finalicé mi amenaza con una sonrisa.. maldita zorra —le dije. No volverían a ponerme una mano encima y sus mierdas de caprichos se los concederían ellas mismas. Expulsé con fuerza el aire por mis fosas nasales. asquerosas!». «¡Ya no más. furiosa por mi comportamiento. como el lobo que acorrala en su presa. Compuse una media sonrisa. querida? —A mí no me vengas con tonterías —argumentó. ni en tu casa ni en tu vida. llamaré a la policía. manteniendo un hilo de voz. —¿Se lo repito a usted también. Tan solo seguridad. Su cara de sorpresa no tardó en manifestarse y reí victoriosa en mi interior. grité para mis adentros..«¡No!». —Metí la mano en el bolsillo trasero del pantalón en busca del teléfono y lo saqué como el que enseña un arma peligrosa—. sin encontrar el ángulo para verlo bien. Porque si me roza un pelo. Seguro que les interesará saber en las condiciones en que he estado viviendo aquí en todos estos años. «Nadie tiene ningún derecho a acorralarte. —No vuelvas a ponerme una mano encima. —Yo que usted la bajaría. que no vean el miedo... neutra y llana. Pero no duró mucho tiempo mi victoria.

El corazón me iba a mil por ambas situaciones. Necesitamos hablar con la señorita Gelina Wells. —Buenas tardes —dijo una voz femenina—.. Póngalo a prueba. Gelina Wells es mi hijastra —explicó a los dos agentes de policía. Cerré con fuerza los ojos. Soy la agente Pryce y mi compañero. finalmente la señora Santo Polo rompió el silencio. justo antes de dirigirse hacia la puerta—. el agente Queen. deme una bofetada —le animé—. ¿Es usted? —¿En qué lío te has metido. el timbre sonó en el silencio que se creó tras mis palabras. apretando los dientes. Isabela resopló y se dirigió hacia la puerta. y verá qué poco tardo en poner el grito en el cielo. recordando distintas respuestas. —No —repliqué. encogiéndome de hombros—. niñata insolente? —me preguntó mi madrastra. Después de varios segundos. ve abrir. pero. Las tres posaron sus miradas en mí. justo a espaldas de su madre. La discusión con las hienas había desbarajustado todo lo ensayado en mi mente. ¡Ja! Lo llevaban claro.. intentando calmar mi miedo. Mis manos comenzaron a empaparse con un sudor frío. —Isabela. . —Haz lo que te he ordenado. —Al mismo tiempo que Charlot aparecía en mi campo de visión. «¡La Policía!». recordé. Apoyé la espalda en la pared del largo y estrecho pasillo.—No juegues conmigo —dijo. señora Santo Polo. en voz baja. —Pe. la protagonizada hacía escasos segundos y la que estaba a punto de protagonizar en los minutos siguientes. supongo que a la espera de que me dirigiera hacia la puerta para abrirla. ¡mamá! —contestó esta ofendida.. Mi respiración era acelerada.. Hace muchos años que dejé de jugar. Volví a poner orden en lo ensayado con anterioridad.

pasen —me entrometí en la conversación—. con los brazos cruzados. Gelina. —Emití otro suspiro. —Estuvimos comiendo en La raffinata cucina italiana. cerrando la puerta detrás de mí. Bueno...—Querríamos hacerle unas preguntas. ¿Les apetece té o café? —No. fingiendo enamoramiento. —Encantado de conocerla. —¿Qué relación tiene con el señor Kaden Di Stefano? Por lo menos esa pregunta sí que la ensayé en mi mente y tenía la respuesta preparada. Respiré un poco más aliviada. ofreciéndoles la mano. No le quitaremos mucho tiempo. Es tan. —Es un vecino muy amable. ¿He hecho algo malo o desafiado a la ley? —pregunté con fingida inocencia. —Dejé escapar un suspiro.. con una sonrisa en los labios. Me encogí de hombros y contesté. Agradable. eso no era fingir—.. —En el Princes Charles. Gelina Wells —les informé. Gelina —argumentó el agente Queen—. Querríamos hacerle unas preguntas. —Adelante —les dije mientras los guiaba hacia la cocina. que se mantenía en una posición rígida.. gracias por su ofrecimiento —contestó la agente Pryce. Si nos permite… —Por supuesto. «¡Vamos. en las narices de la señora Santo Polo—.. —¿Visitasteis algún lugar más? —preguntó la agente Pryce. ayer me invitó al cine. —¿En qué cine estuvisteis? —preguntó el agente Queen. un poco más! Ya casi está…». al mismo tiempo que se frotaba la barbilla. tan.. —Pues adelante —les animé. —«¡Vamos. me animé en mi fuero interno—. haz el papel de tu vida!». ..

colega!». y no me encontraba en condiciones de seguir aguantando su presencia cerca de la mía. gracias por el consejo. «¡Dos puntos. Kaden Di Stefano no es una buena compañía. en ningún sitio —sonreí—. —¿Quién es ese Di Stefano? —escuché la voz de mi madrastra. —Tendió su mano para estrechármela. —Ha sido un placer. claro. . jovencita. —No. —Después del cine. Acababa de pasar la entrevista más difícil de mi vida. y mi madrastra es mi mejor compañía…». Nada más. Sentí como mis pulmones se vaciaban en el momento en que cerré la puerta. rompiendo ese momento que me estaba poniendo de los nervios. me coloqué el camisón y me fui a dormir. «Sí. además de agobiada. Gelina —contestó la agente. mientras yo cruzaba los dedos para que tanto el agente Queen como la agente Pryce creyesen mi versión. argumentando un poco más. supongo que no debería confiarme tan rápido —puntualicé. Vine a casa. me sentía cansada y aturdida. Todo había salido bien y eso era lo que importaba. pensé. Los músculos del abdomen se relajaron y un suspiro se escapó de mis labios. haciendo caso omiso a mi pregunta. pero déjeme que le dé un consejo… —Asentí—. a mis espaldas. Se miraron entre ellos con complicidad. Aferré mis manos una con la otra. No lo conozco mucho.—¿Dónde estuviste ayer noche? —volvió a preguntar la agente Pryce. —Sentimos la intromisión —dijo el agente Queen. y que la vean con él puede crear confusiones serias. ya que cuando me ponía nerviosa tendía a enrollar el dedo en la tela del jersey. sonriente—. Tenga una buena tarde. —Iré con cuidado. —¿He hecho algo que no debía? —pregunté.

Un secreto se podría llevar. dudaba de su palabra. Limitémonos a hacernos la estancia pasable. Aquello contribuía a mi falta de confianza. Entonces solté una risa sorda y proseguí—. hicieron que me encaminara hacia el sótano. pero juro que se lo devolvería con la misma moneda. interponiéndose en mi camino. No sabía qué pasaba. Di tres pasos y volví a hablar—. quizá detrás de aquella línea divisoria que nos separaba. supuestamente por el bien de nuestras vidas. pero Kaden no daba señales. No puedo luchar contra tres. —Me giré para observarla—. tuvieron que joderla mucho para llegar a ser tan asquerosamente maligna. pues no fue convincente. Vigílalo bien. no duerma sola. El teléfono se había convertido en mi obsesión. hasta que nuestras vidas tomen rumbos distintos. . había demasiados secretos por su parte. —Me zafé de su mano y seguí mi camino sin dirigir mi mirada hacia ella. porque te lo arrebataré —me amenazó—. —No tenía fuerzas para encararme.. así que mis palabras sonaron en un tono calmado y cansado que. «¡Qué pesada!». al mismo tiempo que sentía sus finos y asquerosos dedos abrazar mi muñeca con fuerza—. —Pues procure darme un castigo muy duro que me deje muy escarmentada. —No te creas la reina por tener un teléfono a tu disposición — contribuyó. pero el sol todavía se rendía pronto.¡Demasiado para un solo día! —Mi vida personal no le interesa una mierda. eran inmanejables. Llegó la noche. Dígame. —Y con las mismas seguí mi camino y logré mi objetivo. no habría llamadas ni mensajes hasta que el agua volviera a su cauce. una vez dichas.. ¿Sabe? La vida es tan sabia que creo firmemente en la idea de que puede dar sentencia antes de que se cometa el delito. Ya me lo advirtió. pero tantos como comenzaba a sospechar. ¿verdad? —No contestó. Y puedo asegurarte que disfrutaré dándote un severo castigo. entrar al sótano. así que si eso sucede. refunfuñé con falta de paciencia. Apenas quedaba un mes para primavera. Aunque prometió volver.

ni en las mejores peluquerías tendría un acabado tan perfecto. Algunas sombras hicieron que el corazón se me disparase. —Yo me reí. y me dirigí a la cocina. Vamos a echar estas migas de pan a los pájaros del jardín. Una vez fuera. Mis parpados cansados luchaban por mantenerse abiertos.. pero después. —Por supuesto. cuando me daba cuenta de que no era él. . «aquella misma que podía matarlo» me reí al recordar el cine. no necesitaba que un experto me lo contara. con los ojos posados en la ventana. tan monos. la desilusión arrasaba con los latidos. que se disponía a recoger la mesa.. era evidente que Melan siempre me diría lo que quería escuchar. creo que podrías venir a verme —me ofrecí con franqueza e ingenuidad. Su personalidad era desconcertante. Ella levantó la mirada y sonrió. ayúdame. Melan sacudió el mantel y los pájaros se acercaron picoteando el suelo. que adorné con mechas rosas. —¿Qué te parece el nuevo look de mi Barbie? —pregunté a Melan. —Si algún día te quedas sin peluquera. como ser tan duro y frío como un barra de hielo. —Bellísima. —Le voy a pedir a papá que me deje tener un pájaro —comenté a Melan al mismo tiempo que observaba aquellos animalitos. Ven. dando paso a una punzada de dolor. pero no sin ti Cogí la Barbie peinados mágicos. y con rapidez bajé las escaleras.Era un hombre que manejaba trapos sucios. Me puse el camisón y me metí en la cama. tanto podía ser dulce como el azúcar. Capítulo 15 Contigo.

—No me parece buena idea. —Si cogieras un pájaro pequeño y lo encerraras en una jaula. como cualquier humano. Estaba allí. vi luz en el interior. —¿De verdad quieres tener a un indefenso animal enjaulado.. —Dicho así. —Ah. Como de costumbre. Me incorporé y con la mano eché la melena hacia atrás para dejar mi cara al descubierto. se pondría como un ogro. durante un tiempo —expuse mi idea como si acabara de descubrir el mejor invento. Mi pequeño reloj de hojalata marcaba casi las cuatro de la mañana. No había pasado ni veinticuatro horas sin verlo y tenía la sensación de no haberlo visto en días.. que ya son grandes. —Los animales son seres vivos y necesitan la libertad. Mi sorpresa fue que. Posiblemente Kaden se enfurecería.. —Sentí lastima por el pajarito y la lucidez vino a mi mente. cuando observé la casa de Kaden. disfruta de ellos de esta manera —finalizó. Soy responsable. el sueño y el malestar que me causaba la añoranza de Kaden me hicieron despertar.. justo en la ventana del salón.. Solo durante un tiempo. ¿sí? —pregunté apenada. —¿Por qué? Prometo cuidarlo —le informé de mis buenas intenciones —.. pero no . perdería el instinto de supervivencia y el día que le dieras la libertad tendría muchas posibilidades de morir. —Pues podría coger un pajarito de aquí. La incómoda cama.. me acerqué a la ventana y la abrí en busca del aire fresco y puro. dando un beso en mi frente. Si amas a los pájaros.. Lo echaba tanto de menos. solo por placer? —Me encogí de hombros. —Moriría de depresión.

. al tiempo que con la punta de los pies trepaba por la pared. Sentí algo de pavor y. ¿Será cabrón? ¡Gilipollas! ¡Imbécil! y una retahíla más de palabrotas que.podía irme a dormir sabiendo que él estaba ahí.. El pistolero lloriqueo y se echó a dormir nuevamente. Tanto. En otras ocasiones ya le hubiera dado para el pelo de mil formas distintas. pude ver a Kaden sentado en el sofá. Me hice daño en las costillas y pegué. cogí impulso y con un salto apoyé mis antebrazos en el marco de aluminio oxidado. Sin pensármelo dos veces. Ágata se frotaba con ansias sobre mi miembro. una patada a la pequeña estantería.. con la chorizo-multicolores encima de él. completamente espatarrada. Sacudí las manos y me alisé el camisón.... le contesté en mi mente. «¿Qué quieres que haga. pero tan pronto como miré el rostro de Ágata. a solo unos metros de distancia. tanto que dudé si funcionaria para orinar. Me quedé helada. estaba más muerto que muerto. sin darme cuenta. me coloqué las bailarinas... agujero. dije en voz alta. con los labios en morritos y voz sensual. El rostro de Gelina vino a mi mente como un destello y mi pene reaccionó al instante. enrabietada y furiosa. Y reí para mis adentros. frotándose cada vez más fuerte. El BMV gris seguía haciendo guardia y pude ver cómo los dos gorilas se tensaban cuando me vieron salir de aquel. —Romano. sin querer. antes de llamar a la puerta. sin utilidad. que me puse roja como un pimiento. sin aliento. si hoy no estoy para trotes?». todo volvió a caer. petrificada y clavada al suelo cuando me di cuenta de las imágenes que captaban mis retinas.. Flácido. pero mi pistolero no tenía ganas de desenfundar y disparar. compuestas por Kaden y Ágata. Tras la borrosidad de las tupidas. pero no lo suficiente. Metí las palmas de las manos bajo . pero finalmente pude darme impulso con ella.. —Pedía ella más. miré por la ventana.. Aquello que habitaba entre mis ingles.. cortinas de seda blanca. Crucé la carretera y a dos pasos de la casa comencé a ser consciente de lo que estaba haciendo.

Teníamos normas en nuestra relación. —Se cruzó de brazos. con una mezcla de placer y furia. para nada amigable. con un . —La odio —dijo entre dientes. —Mentira. Por fin dijo lo que quería saber. no había afecto. era fácil dar con el nombre. ¿Quién te dio la información sobre sus datos personales? Contéstame o te juro que te saldrá caro —dije en tono severo. si la animaba. Esta mañana vine a verte y vi como salía de tu casa y se iba a la suya. me bastaba—.la falda. era de Gelina. no había besos. —¡Nadie! —chilló enfadada—. Con un poco de suerte. hija de perra!». pero no tenía por qué contárselo. ese que no entendía de sentimientos ni ñoñadas. «¡Has sido tú. Paré los movimientos de su cadera en seco y ella sollozó de frustración. —Sabes que un chivatazo de este tipo tiene grandes consecuencias — le amenacé. Con el aliento entrecortado fue en busca de mis labios y los retiré rápidamente. —¡Tú eres mío! —Yo no soy de nadie. las caricias dieron los frutos deseados y su respiración comenzó a ser trabajosa. La miré a los ojos. se correría. Apreté la mandíbula y luché con todas mis fuerzas por no tirarla al suelo de un empujón. Aproximé mis labios a los suyos y me relamí el labio. Con que lo supiera Gelina. Me alegré al escuchar el timbre y. dando rienda suelta a Romano. paseando mis dedos por sus muslos. Sospeché de ella en el primer instante. ¿Por qué te has chivado a la Policía? Ella gimió y se quedó en silencio. Efectivamente. —Ágata —le susurré en el oído al mismo tiempo que agarraba sus caderas y le ayudaba con movimientos más rápidos a que se fusionara en un orgasmo—. Sabiendo la dirección.

y le propiné un puñetazo en el pecho. con puntería. ¿Cómo has podido hacerme esto? —Me quité un zapato y se lo tiré—. Y como en otra ocasión anterior. —¡Eres un miserable! ¡Un mentiroso de mierda! ¡Un gilipollas! ¡Imbécil! —Cerré con fuerza los ojos mientras gritaba a todo pulmón toda clase de palabrotas que lo definían a la perfección. Un olor a colonia femenina me abofeteó la cara. tenía demasiada fuerza. parecía ser de hierro. antes de bufar y maldecir algo en italiano. apretando con fuerza el timbre con la intención de fundirlo. después de un empujón que le hizo dar dos pasos hacia atrás—. —No me toques —le ordené mientras luchaba por desprenderme de sus brazos. Su rostro parecía sorprendido y confuso. mientras él se resguardaba con los brazos. bastardo! —chillé con impotencia. Con las venas del cuello hinchadas y el rostro acalorado. como el que cogía un peso pluma. Pero era imposible. que estaba cerrada con fuerza. propinando golpes en toda su espalada en busca de algún punto débil. con el pelo revuelto.movimiento rápido. Elevé una mano. pero no dejé que hablara. «Este se va a enterar… ¡Mal nacido!». intentando articular palabra. dejándome inmovilizada. Arrugó su rostro por el dolor que le provocó. la retiré de mi regazo para dejarla de malas maneras a un lado del sofá. Ni siquiera lloraba de la furia que sentía. —¡Bájame. los primeros botones de su camisa desabrochados y unas manchas de pintalabios color carmín en el cuello. La puerta se abrió dando paso a la figura de Kaden. pataleé con mis pies descalzos en el suelo. quitándome el otro zapato y lanzándoselo a la cabeza. ¡¿Por qué?! —volví a preguntar. y me rodeó con sus brazos. grité con furia para mis adentros. —Cállate —dijo enfadado. . sin esfuerzo. Le hinqué la rodilla en el muslo derecho. me sostuvo como un saco de patatas en uno de sus hombros. Pero nada.

—Muy bien —y con algo parecido a una llave de judo. .. El silencio se adueñó del ambiente. —Gelina. dejando solo el ruido de mis gimoteos por el llanto. que si no. —Y la última —le corrigió él—. pisando con fuerza. —le dijo a Ágata. más severo. salió de casa.. —Kaden me acarició con suavidad en el muslo y yo lo aparté como si sus manos quemaran—. —Anda. Yo le sonreí y con los labios pronuncie un jó-de-te en silencio. ¿volverás a pegarme? —Por tu bien —dije entre llanto y llanto—. en el momento que me dejes en el suelo. Lo siento —susurró a milímetros de mis labios—. Ágata resoplo casi hasta quedarse bizca y... —Porque me tiene sujeta y no puedo moverme.. Escuché la risa ahogada de Kaden y volví a patalear como una loca. con ambas muñecas sujetas sobre mi cabeza por una de las suyas y todo él colocado entre medias de mis piernas—. Lárgate. señalándola con el dedo. Tenía que hacerlo para que confesara y admitiera que era ella quien dio el chivatazo a la Policía.—¿Qué hace esta aquí? —La voz de Ágata me revolvió las tripas y agudizó mi enfado.. ¡Te patearía el culo! —le amenacé bocabajo. me dejó empotrada en la pared. señalando la puerta. —¡Esta es la segunda vez que me echas! —dijo esta enfurecida y desquiciada. te partiré la cara. Si te dejo en el suelo. cerrando con fuerza la mano en el bolso. no me sueltes en tu vida porque. guapita. No dio casi tiempo a que saliera cuando Kaden cerró la puerta. ¿Cómo podía reírse? Kaden estiró un pie para dar con la puerta y la abrió hasta que el pomo chocó contra la pared. no me gusta repetir las cosas —dijo ahora. lárgate.

Te quiero. —Con ella sí —contestó. Finalmente acabé rindiéndome por la necesidad del deseo. lo justo para poder hablar—. Su beso dejó de ser brusco en el instante en que yo lo acepté y dio paso a uno suave y lento. —Júralo —exigí. no quiero seguir viviendo. Con su pulgar secó una de mis lágrimas. pero todos mis intentos fueron nulos. Juro por mi vida que. si no es contigo el resto del camino. con él por estar pensando en hacer el amor cuando todavía la furia latía bajo mi piel. vociferando sobre su rostro. Sus embestidas esparcían en mi interior oleadas de placer que recorrían todo mi cuerpo—. y devoró mi boca con urgencia y brusquedad. jadeante. Intenté deshacerme de sus labios. Bajó la mano y escuché el ruido de la cremallera del pantalón. Volvió a besar mis labios y nuestras lenguas se acariciaron con la necesidad de sentirse una a la otra. Sentí cómo mis ojos se humedecían y mi alma se caía a mis pies. Soltó mis manos y yo las uní tras su nuca. casi sin aliento mientras se hundía y una y otra vez. —Yo también —susurré. No lo he tenido desde el mismo día en que te conocí. Gelina. Júralo —repetí. Obedecí y lo aferré con fuerza. porque quiero mis días contigo. . pero no sin ti. y con mi cuerpo por desear que me lo hiciera sin contemplaciones. Retiró hacia un lado mi ropa interior y se enterró en mi interior sin prisas. antes de separar sus labios unos milímetros. hasta mi último aliento —declaró sin detener sus movimientos dentro de mí—. Me enfadé con él y con mi cuerpo. —Rodea mis caderas con las piernas —me ordenó.—¿Es la única forma que conoces para conseguir que la gente confiese? —le pregunté. Su gruñido pareció más una muestra de dolor que de placer—. No tenía pensamiento de acostarme con ella. —Juro solemnemente que te querré hasta el último día de mi vida. Quería besarle.

suave y flojo. pero no sin ti. Te elegiría a ti porque quiero mis días contigo. nos dejemos caer. contesta —me interrumpió. el placer estalló como fuegos artificiales. Eso no es. mirando firmemente mis ojos. Kaden me acompañó hasta casa. Toqueteó y volvió a colocarlo en el bolsillo del pantalón. me ayudó a bajar por la ventana y . siempre te elegiría a ti. arrastrándonos contra la pared hasta llegar al frío suelo. ¿qué elegirías? —Su voz era ronca y estaba rota. —Eso. cansados y medio asfixiados. con un hilo de voz. Tanto que me costó entenderlo.. —Hizo una pausa y apoyó su frente contra la mía con un suspiró— …y te proporcionara el milagro de poder estar con tus padres o conmigo. —No quiero marcharme —susurré... Gelina. y los seguiré añorando el resto de mi vida. Ya he lidiado con la muerte de mis padres. los añoro.. agarró el teléfono y comenzó a teclear la pantalla táctil.. Kaden se retiró. dando paso a un cielo azulado oscuro. Si la vida concediera milagros. escuchando los latidos de ambos que parecían contestarse entre ellos. Si la vida concediese milagros. —Si la vida me concediera milagros y eso fuera posible… —Me detuve para contemplarlo y con una mano le acaricié el contorno del rostro—. El sol comenzaba a romper la oscuridad de la noche. ¿Por qué me estaba preguntando eso? Eso no era posible. —Tienes que marcharte —rompió él el silencio. pero esa es una batalla ya ganada al dolor. con lo que pude apreciar pena y dolor en los suyos—. abrazados y callados.Finalmente.. —Por favor. No sabría decir cuánto tiempo nos quedamos en esa posición. sudorosos. Saciados. —Gelina Wells… —comenzó a decir.

Haré todo lo posible por volver. Haz lo que te ordene Ángelus. Ni toda la soledad de aquellos años atrás. empotrada en su pecho—. Se deshizo de mis brazos. —Tienes que prometerme una cosa —comenzó a decir con la mirada puesta en mí. —¡No. harás caso a lo que te ordene Ángelus. y me abrazó con fuerza—. porque no contestaré. no! ¡No dejaré que la línea divisoria nos separe! — exclamé angustiada—. ¿cuál es el problema? —chillé. Con delicadeza me peinó la melena con los dedos. Sentí un nudo en la garganta y me aferré a él con fuerza. . pero no puedo asegurarte nada. Me has jurado que me querías. —Entonces. besó mi frente sujetando mi cabeza con ambas manos y me susurró una vez más… —Te quiero. Prométeme que si no vuelvo. pero a la misma vez perdida en sus pensamientos—. Y con la agilidad de un leopardo. te lo prometo. —No te vayas —le rogué.besó mis labios una vez abajo. Me alarmé. frustrada y desesperada. Él dejó caer un suspiro. no. —No puedo prometerte eso —contestó abatido. trepó y salió por la ventana dejándome más sola y vacía que nunca. no te vayas. por favor. hipando. —No preguntes. «¿Como que si no vuelves?». ni las peores palabras de la ruin de mi madrastra. —Yo también —sollocé. Por favor. —Y te quiero con toda mi alma. Prométeme que volverás. ni la añoranza de mis padres y de una familia… Jamás me había sentido tan sola y triste como en aquel instante.

. —¿Para qué? —preguntó algo alarmado. y me gustaría que mi amigo de toda la vida me entendiera. ahora chillando.. idiota! —Pues planearé mi propio suicidio. voy hacerlo sí o sí. ¡No te la entregará. —¡No! No pienso permitirlo.Capítulo 16 Entre la vida y la muerte —Ángelus. —¡No quiero que lo entiendas! Me da igual. Solo necesito .. —Dile que quiero hablar con él en persona —repetí más serio.. No pienso cambiar de idea. —Dime. me va hacer cambiar de opinión. ¡maldita sea! ¡Haz lo que te ordeno! —grité como un loco. Romano. —Apoyé la frente en la palma de mi mano y respiré hondo—. —¡Un amigo de toda la vida jamás estará a favor del suicidio de la persona que considera su hermano! —Ángelus seguía vociferando. ¡nadie!.. —Eso es como planear tu propio suicidio. Y nadie… repito. —¡Dime de qué coño quieres hablar con Arco Rojo! —exigió. —contestó al otro lado de la línea. sin ser una pregunta. —Ya lo sabes. —Llama a Arco Rojo y dile que quiero hablar con él en persona. —No te estoy pidiendo permiso. —dejé morir la frase con un suspiro.. —dije sujetando el teléfono en la oreja. —¡¿De qué coño quieres hablar con él?! —No es asunto tuyo —repliqué con un tono de voz más flojo.

—Por favor. en medio de un descampado. Un 4x4 color negro hizo chirriar las ruedas y paró en seco a tres metros de distancia. Bien.. pase lo que pase. Estaba apoyado en el capó del Audi. el mundo sin su amor no era nada. No podía dejar de pensar en Gelina.. esperando la llegada de Arco Rojo... posar las palmas de las manos en la nuca y esperar a que una bala atravesara mi cráneo. si cerraba los ojos. justo enfrente. Todavía mi camisa desprendía el olor de su piel y de su sudor y. . apartando el teléfono de mi oído. seguirás con el trato. Es más. Ángelus. —¡No! No cuentes conmigo.. —¡Eres un hijo de puta! ¡Un mierda! ¡Imbécil. Me dolía saber que se había quedado destruida. —Se apoyó en el capó del 4x4 y se cruzó de brazos.. Retiré las gafas de sol. y me las apoyé en la frente. pues aquí estoy. La amaba más que a nada en el mundo. dejando al descubierto mis ojos. La amaba.. a la espera. ya sea yo o él quien dé las ordenes. lo haría. Suspiré al darme cuenta de que quizá ya no volvería a verla más.que me des tu palabra de que. No me defraudes ahora. Para morir en vida prefería morir de verdad y deshacerme de todo lo que me rodeaba. había accedido y esa era su forma de decirme que sí. Porque seguro que eso era más sencillo que vivir sin estar con ella.! —dejé de escucharlo. pero no más que yo. —le supliqué—. Se abrió la puerta con cristales tintados de color negro y Arco Rojo salió de su interior.. —Ángelus me ha dicho que querías hablar conmigo. incluso podía sentirla entre mis brazos. —Se encogió de hombros y siguió—. Si por la mujer a la que amaba tanto que incluso dolía debía de hincar las rodillas en el suelo. y sonreí. — susurré.

Ella se ha ganado mi confianza y yo la suya. habías formado una familia feliz y tienes una hija y un hijo. Romano? —preguntó con verdadera confusión—. —Si no me la entregas. solo la quiero a ella — mascullé entre dientes. —No quiero tu puto dinero ni la puñetera lista. La furia comenzó a hacer bullir mi sangre. —Se le quebró la voz. ¿Quieres más dinero? ¿Es eso? Todo se puede arreglar. —Lo desafié con la mirada. —¡Claro! —dije abriendo los brazos. —No querías ocasionarle más traumas. incrédulo. —No quería ocasionarle más traumas. Arco Rojo empequeñeció los ojos. ¡Yo te propuse un plan mejor. pero quieres que te la entregue y que vea que su padre no estaba muerto y que. secuestrarla esa misma noche y entregártela cuanto antes! Pero tú… —le dije señalándolo—. tú te habías casado nuevamente. a los que sí has cuidado y por los que has velado. en manos de una hija de puta. —¡Todo esto es por tu culpa! —grité como un loco desquiciado—. Me aplastó una de sus manos en el pecho y me empujó hacia atrás. y ahora me veo incapaz de entregártela. no quisiste. te mataré —amenazó. ¡No me toques a Gelina! — . tal y como acordamos cuando cerramos el trato. Con un manotazo la aparté de mi pecho. durante el tiempo que ella estaba sola.—No pienso entregarte a Gelina. —Pues tiene gracia la cosa —sonreí con amargura—. intentando no elevar la voz y permanecer tranquilo. En dos zancadas me coloqué a un palmo de él. —¡No quería que se viese forzada! Por eso te pedí que te ganaras su confianza. Me puse rígido y apreté la mandíbula hasta que mis dientes rechinaron. —¿Qué me estas contando.

Cuando abrí los ojos. recorriendo todo lo vivido. si la vida concediese milagros y te proporcionara el milagro de poder estar con tus padres o conmigo. Había escuchado que antes de morir tu vida se reproducía ante ti como una película.. —Si la vida concediera milagros y eso fuera posible. Me había pasado toda la mañana abrazándome sobre la . pero no sin ti. le di al play e hinqué las rodillas en el suelo al tiempo que tiraba el teléfono. saqué el teléfono. —Gelina Wells. la primera vez que le hice el amor. ¿qué elegirías? —Eso.. la primera vez que me confesó que me amaba y la última vez que pronuncio «yo también». Extrañamente. contesta. Te elegiría a ti porque quiero mis días contigo. la primera vez que la vi en una foto. —He sufrido mucho durante todos estos largos años sin ella y no voy a permitir que en el último momento se estropee todo.. Ya he lidiado con la muerte de mis padres. siempre te elegiría a ti. a mi mente solo acudían imágenes de Gelina.terminé. firme. pero esa es una batalla ganada al dolor. —Por favor. —Metí la mano en el bolsillo del pantalón. —Pues entonces acaba conmigo. la primera vez que la besé en la oscuridad del sótano. Luego puse las palmas de las manos en mi nuca y la grabación comenzó a sonar. porque mientras mi corazón siga latiendo no te la entregaré.. Al ver que Kaden no había vuelto. —Contigo. Arco Rojo tenía los ojos enrojecidos y me apuntaba con la pistola. los añoro y los seguiré añorando el resto de mi vida. pero no sin ti —susurré al mismo tiempo que Gelina lo hacía en la grabación. Cuando desperté ya había oscurecido. ya casi no me quedaban lágrimas. mi llanto volvió a reavivarse. Eso no es. Gelina. amenazante.

. me propino un puñetazo. a moho y cerrado. tenía los pies atados. pero no podía. Sentía un fuerte dolor de cabeza. El pequeño reloj marcaba más de las nueve. Eché con brusquedad la cabeza hacia atrás. por primera vez recé. sabía a quién pertenecían. parecida a un foco se encendió y tuve que cerrar mis ojos por la molestia que me produjo. Una fuerte luz. —Está ahí abajo. y las muñecas sujetas con una cuerda detrás del respaldo. Era Mendax. intentando levantarme. pero mi boca estaba amordazada con cinta adhesiva. lo sabía por el olor que lo caracterizaba. cruzada de brazos con una sonrisa triunfante y malévola. para que volviera por siempre a mí. La puerta del sótano se abrió haciendo un fuerte sonido al chocar contra la pared. Tengo muchas cosas que contarte. obligándome a que lo mirara. Volví a abrir los ojos y mi cuerpo se tensó cuando pude reconocer los ojos que me acechaban. se acercó a mí y. y él apretó los labios hasta convertirlos en una fina línea. Gelina —comenzó a decir Mendax. ¿Quieres que te las cuente? —me preguntó como si estuviera hablando con un niño pequeño. Se acercó con pasos gélidos. —Vaya. que aún sujetaba con fuerza mi barbilla—. Eché la vista hacia un lado y pude ver a la señora Santo Polo. pero me percaté que estaba inmovilizada de pies y manos. Un hombre de gran tamaño que no pude reconocer debido a la escasa luz que había bajo las escaleras. llorando desconsolada y rezando. con un golpe en seco. Cerró un puño sobre mi pelo y estiró con fuerza. Todo se quedó en negro. para que dejara de tocarme. atada a una silla. Seguía estando en el sótano. Bajo la cinta . Quise chillar. Me desperté sobresaltada.cama. vaya. paseó un dedo por el contorno de mi rostro hasta llegar a mi barbilla y la sujetó con fuerza. Me removí.. uno a cada pata de la silla. —Era la voz de la señora Santo Polo.

ya que con ella solo tiene que dividirlo en dos partes. por eso se ausentó durante tres días —dijo. Una pena. No podía ser. lo juro —dije enrabietado y furioso—. ¿verdad? «¿Qué? ¿Kaden muerto?» ¡No! ¡No! ¡No!. —Ángelus. pero a esta perra no hay quien la dome —ironizó la señora Santo Polo. Resoplé por la nariz como un toro. ¡Era mi amigo. que seguía estando en un segundo término. «Tarde o temprano me las pagarás. Me dejaron llorar. ¡Kaden. Se aproximó a mi oído susurrando—. —A la escucha —dije en tono severo y seco. Arco Rojo». asesinado. Él es el cabecilla del clan Devú. ¡hijo de puta! Vengaré la muerte de mi hermano. —Tú eres el único que está en problemas. El muy hijo de perra se ha aliado con la señora Santo Polo. El teléfono sonó. Fue ella quien estaba moviendo todas las fichas. agonizante. Chasqueó la lengua. ignorando mis . —Yo lo intenté. chillé al mismo tiempo que me removía con furia. tenemos un grave problema.. maldito cabrón! —Mendax no está muerto. era ese hijo de puta. no!. grité bajo la mordaza. —¿Es que no te ha enseñado Romano a no ser grosera? —preguntó con una sonrisa maligna.adhesiva gemí por el dolor que me produjo y unas primeras lágrimas de pavor salieron de mis ojos. Con rugidos guturales lloré casi frenéticamente mientras luchaba por deshacerme de mi inmovilidad.. Kaden para ti —dejó una pausa— ha sido hallado en Italia. mientras me miraban como si estuvieran viendo uno de los mejores shows. —Tengo que darte una muy mala noticia —dijo Mendax con fingida lástima. Romano. pero se separó de ellos para no repartir el botín.

palabras. No podría vivir con mi conciencia si a ella le pasara algo. . cabrón! —Y justo después de finalizar la última palabra colgué. Era un experto hurgando hasta dar con el punto. Me enfurecí como no podía haberlo imaginado antes. dejé caer la cabeza hacia a delante. va y se enamora! —Nunca te perdonaré que me dejaras solo —susurré con amargura. el dolor era agotador. ¡Y el muy hijo de su madre. Y si no lo está ya. Estaba casi sin aliento. Debilitada y cansada por todo el llanto. ni aun no estando ya entre los vivos. el sufrimiento era desmesurado y mi cuerpo se sentía tan dolorido como si acabara de atropellarme un camión. Iría en busca de Gelina por la única razón de que se lo prometí a Kaden. ¿Cómo fui tan imbécil? —¿Y qué quieres que haga yo? —pregunté entre dientes. Pero a mí solo me daba órdenes Kaden… —Si lo hago es solo porque le prometí a Romano que lo haría. Cuando nuestros padres no parecían sentir ningún lazo de sentimientos hacia nosotros. Ya no me quedaban fuerzas. nos aconsejamos y nos cuidamos cuando enfermábamos. ¡No por ti. fuimos nosotros mismos quienes nos defendimos. Él había sido mi única familia. tirando el teléfono con fuerza. ¡Coge a tus matones y dirígete a la casa! ¡Ahora! —chilló dando una orden. Nunca se me escapaban los detalles. El siempre me quitó de la cabeza la idea del amor. —Gelina está en peligro. pronto lo estará. decía que el amor no existía y que una mujer solo podía hacer daño. mientras recordaba algunos momentos vividos—. porque me sentiría como un falso y yo a mi amigo jamás lo apuñalaría. nunca. ¡Nunca! —grité. siempre hacía bien mi trabajo.

—¡Levanta la cabeza. zorra! —Viendo que no obedecía. atravesaron el pecho de .. Cuando volvió a abrir la boca para seguir hablando.—No tardarán mucho en enterarse de que estoy aquí. —Aléjate de ella. rodearon a mi madrastra y la voz de Ángelus resonó en el silencio. La cara de Mendax pasó de ser divertida a petrificada. Mendax ignoró la advertencia y se dirigió a mí. amortiguados por un sonido sordo.. —Yo no he matado a tu querido Kaden. divertida. —«¿Él? ¿De quién hablaban?». Unos ruidos de pasos corriendo escaleras abajo hicieron que Mendax y yo nos giráramos al mismo tiempo. —Ha matado a tu amigo —dijo Mendax entre dientes—. No había ninguna duda que se lo estaba pasando bien. —No. exclamé bajo la mordaza. así que nos la llevaremos ya. —¿Sabe lo de Arco Rojo? —preguntó Mendax a la señora Santo Polo. Así. «¡Que te follen!». —Ha sido un placer darle la noticia —escuché la voz de mi madrastra. ¿Sabes quién ha sido? — preguntó con sorna. no sabría decir cuántos. apuntaba con una pistola a Mendax. —Lo observé. ¿Cómo puedes seguir trabajando con él? —Cállate o te disparo a bocajarro. Él vendrá en su busca. Varios hombres. muy bien. pero eran muchos. Yo fruncí el ceño y las lágrimas volvieron a brotar al recordar a Kaden. no lo sabe. unos disparos. agarró mi melena y estiró con fuerza hasta conseguir que lo mirase—. Tengo más cosas que contarte. «¿De quién hablaba? ¿Quién era Arco Rojo?».

Mendax. Uno, otro, otro y otro más, hasta que su cuerpo cayó desplomado. Ángelus se dirigió a mí como si no acabara de matar a alguien. Desató la cuerda que sujetaba mis muñecas y cortó con una navaja la cinta adhesiva enrollada en cada uno de mis tobillos. —Te va a doler un poco —me advirtió antes de tirar de la cinta adhesiva de mi boca. Pero ya no existía más dolor que la muerte de Kaden. Escrutó con sus ojos oscuros mi rostro. —¿Te duele? —me preguntó mientras pasaba un dedo por encima de un moretón en mi mejilla, que había provocado Mendax cuando me dejó inconsciente. Hice una mueca de dolor—. No es nada, se curará pronto —me tranquilizó. Luego tomó una de mis manos y se dirigió hacia las escaleras. Pasé al lado de la señora Santo Polo y me paré en seco, obligando a Ángelus a detener sus pasos. —No hay palabras para definir lo maligna que puede llegar a ser y lo podrida que tiene el alma. —Le escupí en la cara y, por primera vez en toda mi vida, vi el miedo en su rostro; el mismo miedo que yo anteriormente había padecido estando en sus garras—. No me da ninguna pena. Ángelus volvió a tirar de mí para retomar la marcha. —¿Ángelus, que hacemos con ella? —dijo uno de los gorilas que sostenían a mi madrastra. —Ya sabéis lo que tenéis que hacer en estos casos —contestó él sin girarse. Una vez fuera me guió hasta su coche. Ángelus no abrió la boca en todo el trayecto. En cuanto a mí, no podía dejar de llorar; no concebía mis días sin Kaden, «o eran con él o no los quería», pensaba con amargura.

—¿Quién es Arco Rojo? —pregunté entre llanto y llanto. Él contestó sin apartar la vista de la carretera. —No puedo responderte a eso. —«¡Maldita línea divisoria!, chillé en mi interior. —¿Quien mató a Kaden? ¿Fue ese tal Arco Rojo ? ¿Qué tiene que ver él conmigo? —pregunté en una mezcla de frustración y furia. — Ángelus pegó un volantazo e hizo que mi cuerpo se empotrara contra la puerta y la ventanilla. —¡Mira, tía, a mí no me rayes! —se me encaró, con el rostro desencajado por el enfado—. ¡Si te digo que no contesto, no hagas putas preguntas! Tengo que dejarte en el aeropuerto en menos de una hora y voy a cumplir mi trato. Después preguntas a quien tengas que preguntar —terminó algo más relajado. «¿Después preguntas? ¿A quién? ¿Me tenía que dejar en el aeropuerto?». La situación me estaba superando y noté un mareo que me obligó a recostar mi espalda en el asiento. Y volví a llorar, mi mente estaba saturada por el dolor, la confusión y la soledad. Ángelus volvió a incorporarse a la carretera, camino a quién sabía dónde. Me giré hacia mi ventanilla y recordé la primera vez que vi a Kaden, la primera vez que me besó, la primera vez que hice el amor con él y el último «te quiero» que pronunció. Me di cuenta que no sería capaz de amar de aquella manera tan desmesurada a nadie nunca más. El coche estaba aparcado y Ángelus me abrió la puerta. —Sal —me ordenó. Obedecí y seguí sus pasos hacia el interior de un bloque de pisos. Subimos las escaleras y, en la tercera planta, tocó el timbre de uno de los apartamentos. Abrió la puerta una mujer rubia que nos invitó a pasar con cortesía. Una vez dentro observé que aquel lugar era algo parecido a un centro de estética.

—Ya sabéis lo que tenéis que hacer —informó Ángelus a las tres chicas que estaban allí, muy bien arregladas. Una de ellas me sonrió y me invitó a sentarme en una silla, dando unas palmaditas en el respaldo de ella. Obedecí. Me habían teñido el pelo color negro azabache, cortado por capas a ras de nuca en la parte de atrás y dejado tres dedos por debajo de la oreja en la parte delantera, con el flequillo desfilado hacia un lado. —Vamos a darte un poco de color en la piel con caña de azúcar —me comentó una de las tres chicas, sonriente—. Cierra los ojos —me ordenó. Después me maquillaron, me quitaron el camisón y me colocaron unos pantalones cortos vaqueros, unas sandalias con piedrecitas a los lados y una camisa de látex blanca con florecidas rosas. Muy... Muy turista. Las tres me miraron, satisfechas con su trabajo. —Y por último —dijo la chica rubia que nos abrió la puerta—. Te colocaremos esto. Yo miré aquellas cosas diminutas que flotaban en un bote de líquido. Eran redondas, de un tono verdusco. —¿Qué es eso? —pregunté. —Lentillas. Tenía los ojos tan resentidos por el llanto que casi no me supuso ninguna molestia adicional que me las colocaran. —¡Listo! Hemos batido un récord, chicas, ¡os felicito! Me miré en el espejo y casi me desplomo al no reconocerme en el reflejo. Era tan diferente a lo que estaba acostumbrada a ver... Me habían maquillado tan bien que el moretón de mi mejilla parecía no haber existido nunca. Pero a pesar de todo el cambio, mis ojos

desprendían tristeza, desde su forma hasta su brillo. Me equivoqué al pensar que los maltratos constantes de mi madrastra, sus dos hijas y la pérdida completa de toda mi familia habían logrado crear un escudo anti-dolor. Muy lejos de ser cierto, la perdida de Kaden era el golpe más duro, más doloroso y más penetrante que nada de lo que había vivido en el pasado. Nuevamente volvieron las lágrimas y luché con rápidos parpadeos para que no se deslizaran por mi piel. —No llores o perderemos todo el trabajo que hemos conseguido —me dijo una de las chicas, con compasión y dulzura, acariciándome con la mirada. Ángelus se quedó perplejo mirándome de hito en hito. Lo entendía, yo me encontraba igual. Tuve la extraña sensación de no ser Gelina Wells y lo asocié a un personaje que ya no me correspondía. —Tenemos que marcharnos ya —me informó, aún mirándome anonadado. Escrutándome con la mirada desde la cabeza a los pies. De camino al aeropuerto, toda clase de pensamientos vinieron a visitarme ¿Por qué debía de marcharme? Ya no tenía sentido. Ya no quería la libertad de aquella manera tan a la fuga. Quería quedarme allí, Melan me acogería, estaba segura, y por lo menos no estaría sola. Me sentí como el pájaro encerrado en una jaula desde pequeño, había perdido mi instinto de supervivencia. Pero también me sentía como el salvaje encerrado en una jaula... Moriría de depresión. —Ángelus, no quiero marcharme —dije con voz temblorosa—. No me dejes en el aeropuerto, por favor... —le supliqué, haciendo un esfuerzo infrahumano por no volver a llorar. —No puedo hacer otra cosa —contestó frío y distante. —Es que no quiero estar sola —le respondí sin poder evitar un puchero en mis labios, parecido a un tic. El resopló, cansado.

—No puedo hacer otra cosa. Tengo un trato y es entregarte. Aunque su tono no fue elevado, su voz era dura. Ángelus se parecía a Kaden cuando se convertía en Romano para los demás. Aunque Kaden nunca pudo mantener aquellos muros de hormigón conmigo de la misma manera que los levantaba Ángelus, porque él me amaba y me amó desde el principio. Aparcó el coche en silencio; silencio que nos acompaño todo el trayecto. —Toma esto —dijo, ofreciéndome un pasaporte—. Tu nombre es ahora Emily Thompson. Naciste en Nueva York en el año mil novecientos noventa, el veintitrés de junio. Tus padres, Henry y Anahí, murieron hace cinco años en un accidente de coche y el año pasado terminaste la carrera de bellas artes. ¿Queda claro? —Sí —dije abriendo mucho los ojos—. Creo... —Repite lo que te acabo de decir —me animó, abanicando una mano. —Mi nombre es Emily Thompson, hija huérfana desde hace cinco años de Henry y Anahí, a causa de un accidente. El día veintitrés de junio cumpliré veintitrés años, con la carrera de bellas artes finalizada hace un año. —Bien —Esbozó media sonrisa—. Ahora bajaremos del coche y te acompañaré hasta la puerta de embarque. Nos despediremos como dos amigos y te subirás a ese avión, rumbo a Cuba. —¿A Cuba? ¿Por qué a Cuba? Por favor, Ángelus... —volví a suplicar —. Dime quién me espera al otro lado del avión. —Estaba aterrada, no quería ir—. Tengo miedo… —Me acerqué a él para preguntarle en voz baja—. ¿Esa persona que me está esperando en Cuba es quien mató a Kaden? Vi como la cara de Ángelus se agarrotaba y apretaba con fuerza la mandíbula, dando a su rostro un contorno más cuadrado.

—No —contestó. No me lo creí, sus facciones decían lo contrario. —¿Debo temer algo? —pregunté con cautela. —Se acabó, ¡bájate del coche! Salió con rapidez, se dirigió al maletero, sacó una maleta de mano y, después, abrió mi puerta. Me agarró con fuerza del codo y con largos pasos nos adentremos en el aeropuerto. Me dejó en la puerta de embarque que me correspondía y me colocó la maleta en una mano y el pasaporte en la otra. Lo miré con ojos llorosos, con una última suplica en ellos, pero él los ignoró. Sin embargo, antes de darse la vuelta, se acercó a mi oreja. —Ese cabrón es un hijo de puta, pero no te hará nada. Lo entenderás todo una vez lo veas. Y no sentirás miedo, te lo prometo. —Dichas aquellas palabras, en voz baja, siguió su rumbo. Me giré hacia atrás para mirarle, pero desapareció entre la multitud.

Capítulo 17
El final del cuento —Señora, su pasaporte. ¿Señora? Me giré hacia la persona que me hablaba y le enseñé mi documentación. Él la miró con atención y después me observó. Yo me tensé y permanecí callada. —Adelante, pase —dijo al mismo tiempo que me entregaba los papeles. En otras circunstancias, sentada en el asiento del avión, habría estado nerviosa, incluso histérica, ante la idea de volar. En cambio en la situación en la que me encontraba, volar no creaba en mí ningún tipo de sensación. En realidad, ya nada me hacía reaccionar ni me emocionaba.

Ante mis ojos una multitud de turistas paseaban de un lado a otro de la terminal. Con calma me adentré en el túnel de acceso que daban paso a las puertas correderas del aeropuerto de Cuba. El amor me enseñó que podía curar las heridas más profundas e infectadas del alma.. la azafata comunicó que ya íbamos aterrizar. que era mi único equipaje.. Quizá la solución era hacer la vista gorda y no sacar conclusiones. Por más que. descubrirme a mí misma y quitarme el temor de vivir. Mis opiniones y conclusiones variaban tanto como el tiempo. y eso siempre nos dejaría en desventaja. Apoyé la frente en el cristal y dejé caer las lágrimas que había retenido hasta ese momento. así que me coloqué a un lado y miré por la cristalera. sentir la paz interior. Era fácil diferenciarlos. recogimos nuestras pertenencias del estante de arriba. imaginé el amor y las sensaciones que este podría producir. . El amor era la clave para sentirse vivo. Se me escapó una media sonrisa. lágrimas que hablaban de él. Me coloqué el cinturón de seguridad. y las puertas se abrieron. y después de haberla analizado casi a diario. de modo que no me confundiera lo suficiente como para que todo perdiera su significado.Pararme a pensar en la vida era como analizar el clima de un día cualquiera. Tomé mi maleta de mano. Lágrimas que reclamaban a Kaden. algunos llegaban y otros se iban. Para entender lo que nos ocurría deberíamos ser tan sabios como la misma vida y tener los mismos años. yo incluida. Solté la maleta y posé mis palmas en el ventanal. Resultaba difícil encontrar a alguien que no conocía. Después de largas horas de vuelo. nunca acerté en lo más mínimo. intentando imaginar qué vida me esperaba a partir de ahora. todos los pasajeros. me di cuenta de que pensar demasiado en ello me confundía más. Una vez que los tripulantes fuimos informados de que el aterrizaje se había efectuado con normalidad y correctamente. los que se marchaban parecían gambas rojizas. durante muchos años. Nuestra corta existencia no suponía ni un pequeño paréntesis sobre ella.

cariño. —Juro solemnemente que te querré hasta el último día de mi vida. sin moverme ni un milímetro.. —No sabes lo mal que lo he pasado. hasta mi último aliento. Me dijeron. Me quedé quieta. Mi llanto rompió en sollozos agonizantes y él me giró. allí donde nadie alcanzaba.... con las piernas temblorosas. el resto de mi camino no quiero seguir viviendo. Nadie que no fuera Kaden Di Stefano. De repente todo cobró vida. y con su pulgar acarició la comisura de mi boca—. al mismo tiempo que pequeños besos que me provocaban cosquilleo se paseaban libremente por mi espalda. Sentí que moría cuando vi que era Kaden y me pregunté si aquel avión había volado tan alto como para llegar hasta el Cielo.. Más tarde hablaremos. Kaden me sujetó con fuerza para evitar que me cayera allí mismo. —tartamudeé.Unos labios cálidos me besaron en la nuca y unos brazos fuertes rodearon mi cintura desde atrás. Lo siento. —Volví a romper a llorar. allí donde nadie tenía acceso... —Señora Crawford. Ángelus no quería decirme. Y fue entonces cuando su voz susurró en mi oído. Unas manos que pertenecían al mismo dueño acariciaron mi vientre y bajaron por mis caderas. —comencé a explicarle. si no es contigo. pero no sin ti. con una extraña mezcla de dolor y alegría. porque quiero mis días contigo.. mi alma volvió a tener luz y sentí cómo sus besos sanaban poco a poco aquella herida en mi interior. —Chist —me ordenó a callar—. —Yo. la vida en sí volvió a tener explicación. disfrutemos de nuestro viaje a Cuba —dijo . Ángelus. empotrada en su pecho—. Juro por mi vida que. —Ya sé lo que te dijeron —me cortó. Sus labios fueron en busca de los míos hasta quedar aplastados como imán y hierro..

—Ah. me llamo Emily Thompson.. Arrimó sus caderas a las mías y las movió como un experto bailarín de salsa. —No. ¿Ya nos hemos casado? —Sí —dijo con una sonrisa flamante. ya había oscurecido. —¡Sí! —Me empujó con fuerza hasta quedar en mitad del meollo. en algún bolsillo? — pregunté mientras le buscaba con la mirada. que bailaba salsa y merengue. El sonrió y contestó. Yo lo miré con los ojos muy abiertos y él me hizo dar una . —dejé morir la frase. —Me besó la frente—. Para esas cosas prefiero emplearme… —Me reí y le besé por impulso. —Vamos a bailar —me animó. Sonreí cuando lo hizo. empujándome hacia la gente que se movía al son de la música.. Recorrimos la playa llena de chiringuitos al aire libre..sonriente... —¿Qué? —¿Tienes también algún hijo por ahí escondido. —Me preguntaba. esperando que me interrumpiera. Era una locura.. Me reí mientras nos desplazábamos entre la multitud. para hacer la broma real. —Ese es tu nombre de soltera. —¡No! ¡No! ¡No! —me negué y clavé los pies en el suelo. y me rodeó la nuca con el brazo para besarme en la frente. —¡No! —bajé la voz y le corregí con disimulo—. Me agarré con fuerza a la mano de Kaden para no perderme y él me tomó por la cintura para colocarme por delante de sus pasos.

¡pero no estaba ciega! —Si te dejas llevar y abandonas esa rigidez. Estaba enamorada y casada. estaba con un codo apoyado en la barra. Y quita esa cara de terror. Terminó la canción y me despedí. —Lo intentaré. es sin querer! —Te perdonaré —repuso. agradeciendo el baile al muchacho... «¡La banda gorda! ¡Buenísimo. por más que tú brinques y saltes. —Voy a buscar algo para beber. muere aquí. junto a dos cócteles. que solo quiere bailar contigo. Yo me reí y le advertí—.. —¡No sé bailar! El chico me cogió por la cintura y me arrastró hacia su cuerpo. La Conga.vuelta sobre mis pies. ¡Si te piso. ¡Se sabía la canción! Solté una carcajada y dejé que magrease mi cuerpo a su antojo.! Muere aquí. no iba a mentir. ¡No sé bailar! Él se encogió de hombros. Mi sorpresa fue cuando una canción conocida comenzó a sonar. antes de acercarme nuevamente a su pecho y empezar a canturrear la canción. lo harás a la perfección —me aconsejó.. La canción decía algo así como. quizá por lo que había pasado tenía miedo de que volviera a desaparecer. de Gloria Estefan. entre . sonreí al recordarlo. Me giré y vi a Kaden. estaba disfrutando como una loca. De vez en cuando echaba un vistazo hacia Kaden. tú muere aquí».. sonriente.. Kaden le ofreció mi mano y yo lo miré sobresaltada. Era un chico cubano y muy guapo. Un chico me invitaba a bailar. Comencé a bailar sensual. La canción finalizó y sentí unos golpecitos en la espalda. y el nudo en la boca del estomago desaparecía en cada ocasión que mis ojos se cruzaban con él.

—¡Suéltame! —le regañé reprimiendo un chillido. —Apaga el despertador.. con la cabeza debajo de la almohada. que yo rodeé con las piernas. Viendo que no acertaba. no te soltara en mi vida o me partirías la cara. caderazo para un lado. Cuando quise retirarme y volver a mi lugar. como una gata en celo. los ojos se le achinaron y creí enamorarme diez veces más. ¡Hoy es sábado! —Voy. animándolo a que viniera a bailar. aferró mis nalgas y. con un impulso. Me giró. —En ese momento te hubiese dado una paliza —me reí. El lanzó una carcajada. caderazo para otro. por mi bien.. Fingió sentirse arrastrado por la brujería de mi sensualidad.. Observé a una chica que bailaba bien e intenté imitar algunos de sus pasos. Niko —dije adormilada—. —Dio unos manotazos sobre la mesita de noche intentando hacer puntería en el despertador. pasé por encima de él hasta dar con el dichoso botoncito. impidiendo el movimiento. pero desistí. Comenzó a darme besos en la zona de las costillas y yo rompí en una carcajada . me subió sobre sus caderas.. El sonrió y rotó hasta quedar encima. Le miré con ojos felinos y le restregué el culo. me agarró por las caderas. —¡Esto ha llegado a su fin. eran muy difíciles y volví a mi rollo.. en algún lugar de Nueva York.. —¿Soltarte? Nunca. porque más que movimientos de cadera parecía que me acabaran de dar la corriente. Lo señalé con el dedo y lo moví. Recuerdo que hace ya un tiempo me amenazaste diciendo que. nena! Epílogo Diez años más tarde.comillas.

que tenía diez años y era lo único que nos trajimos de nuestra vida pasada. Era la mayor de todos. —¡Cuento hasta tres! — chilló mi marido. cuando todavía éramos Kaden y Gelina. con la piel muy blanquita. de cinco años. hincando una rodilla en el colchón y andando a gatas hasta colocarse junto a sus hermanos. Tenían el pelo castaño y los ojos color miel. mami. con medio cuerpo a fuera. —se excusó Lain.. Le besé en la frente. —¡No hagas eso! —exclamé. Él pegó un salto para colocarse en un lado de la cama con un codo hincado en el colchón y la cabeza apoyada en la palma de la mano. —¡Nos prometisteis que hoy iríamos al zoo! —exclamó Janes. y acto seguido rompí en otra carcajada..por las cosquillas que me provocaba. Abrieron la puerta con ímpetu y Lain y Janes. en una mezcla de enfado y cansancio. —contestó él. —Sí. Me tenían loca. —Se puso serio. —Sí. Abie. Niko y yo nos quedamos en las esquinas de la cama. —¡Shh! —me ordenó a callar y agudizó el oído. —¿Qué pasa? —susurré. Me quedé quieta. Escuché el sonido de unos pasos rápidos. con la paciencia agotada—. —¡Qué pesados sois! —se quejó Niko. toc de la puerta desvió nuestras miradas hacia ella. A la de tres no quiero . —Ya no podíamos dormir más. saltaron y se colocaron justo entre medias de Niko y de mí.... —¿Mamá? ¿Papá? ¿Estáis despiertos? —La voz de los gemelos sonaron detrás de la puerta. —He escuchado un ruido... El toc.. Los niños comenzaron a protestar y aquello parecía un gallinero. pero no a las siete de la mañana —les informé. —¿Os levantáis ya? —dijo esta.

—No podrían gustarme más. boca arriba. —¿En qué piensas? —me preguntó. Tuve que reprimir una carcajada colocando una mano en la boca—. pero no sin ti». arrimándose a mí. —dijeron al unísono. —¿Te gustan así? —preguntó con cautela y esperó algo rígido mi respuesta. Porque estoy dispuesta a pasar por esto «contigo. ahora más enfado al ver que ninguno se movía. Kaden Di Stefano —le susurré al acercarme para besarle. Te amo. —Otra cosa —cambié de tema—.. —Me giré para observarlo y le acaricie la mejilla. Solo se escuchó el suspiro de Niko.. o vivir en una pequeña quimera. ¡Dos! — Incorporó otro más—. todo se quedó en silencio. donde no podrás explicar a tus hijos tu verdadera identidad. mirando el techo. Ya no me guardas secretos. Cuando los tres terremotos abandonaron la habitación. que me gustan —le informé—. con una línea divisoria que nos separa de ellos? —Aunque tenga que llevar el pelo negro como la noche y unas lentillas verdes.! —La amenaza surtió efecto y los tres pegaron un salto con las manos en alto. ¡Uno! —Levantó un dedo—. ¡Dos y media! —exclamó. gracias a la cual tengo una familia que adoro... ¡Dos y un cuarto! —me reí—. —Yo también. Él me abrazó con fuerza. Yo me quedé pensando. —En cuánto han cambiado las cosas.ver a nadie en la cama. —¿Aunque tengas que llevar el pelo teñido de negro azabache y unas lentillas que oculten el verdadero color de tus ojos? ¿Aunque tengas que vivir en una quimera. .. —Vale. ¡Si digo tres os saldrá caro! ¡No iremos al zoo. vale..

El otro. Mira que eres pesada con ese tema. La puerta se abrió nuevamente y los dos al unísono preguntamos. —No. no haber podido comunicar a Melan que estaba bien y muy feliz. —Tomé el cuento de sus manos y me dispuse a leer. —Quiero que mamá me lea un cuento. pero sabía que solo lo haría si con eso me libraba de un mal mayor. —A mí también me gusta más ese —comentó él. sonriente.¿verdad? —Negó con la cabeza. mamá —me interrumpió—.. pero tampoco quería saberlo. —¿Qué pasa. ¿Tú te hiciste pasar por Arco Rojo para recrear tu muerte y que Ángelus no supiera que seguías vivo? —Te he dicho mil veces que sí. tenía solo dos años. No lo creía. —¿Bryanna? —Sí. —Escuchamos la vocecilla de la más chiquitina de la casa. el de la Cenicienta y el lobo—. agarrado por las orejas. Su padre la animó a subir y nos retiramos para hacerle espacio entre nosotros. —A mí también —les informé. Con el pelo rubio alborotado y su fina cara ocultada entre los cabellos. Yo miré a Niko con complicidad. Después de diez años de felicidad absoluta. —¿Cuál quieres que te cuente? —Retiré los cabellos para dejar su rostro al descubierto. todavía no sabía descifrar qué sensaciones me producía sentirme feliz. Su padre se rio y le besó la coronilla. con cautela—. —El de Cenicienta. llevaba un cuento bajo el brazo y un conejito de peluche. que arrasaba por el suelo. Me ocultaba algo. Solo me quedaba una espina clavada en el alma.. Supongo que ese fue nuestro sacrificio. Y yo confiaba ciegamente en mi marido. chiquitina? —le susurró con dulzura su padre. .

que sentirse vivo. de Verónica García.Me di cuenta que no era lo mismo vivir.. . S. Fin Esta primera edición de Quince días con Cenicienta.L. terminó de imprimirse el veinte de diciembre de dos mil trece en los talleres de Safekat. en Madrid..