El pentagrama del Bosco. I “Fuera de acá, maldito” Le gritaba el carnicero a Hyerónimus.

El joven, aun con su bata manchada de sangre de animales sintió ganas de quemar la tienda donde había estado trabajando los últimos meses. Sin embargo, se sentía defraudado de sí mismo al haber perdido el trabajo y, por ende, el ingreso que tanto necesitaba para sobrevivir. Estaba en una ciudad nueva, había terminado la escuela y comenzaba su vida de “adulto”. Según su ficha de alumno, él estaba hecho para trabajar con la muerte y la vida. Matando o faenando animales; O humanos, si se iba a ciertas ciudades del país que estipulaban la pena capital en muerte por otro humano. Los cadáveres se usaban para comidas varias en países pobres. “Un asco de mundo” Pensó, al ver las vitrinas llenas de baratijas innecesarias, libros sobre nada, y esas maquinitas dispensadoras de deseos materiales. Metías una moneda y aparecía lo que deseabas. Hyerónimus la usaba muchas veces porque siempre se sentía vacío pero sin saber cómo llenar ese espacio. Creía que algún día aparecería lo que de verdad necesitaba. Desde la 5º guerra del péndulo el mundo, la sociedad, se había vuelto de manera asquerosa hacía un lugar de perdición. Mucha gente buscó matarse en el mar, buscando algo de naturaleza. Otras se perdieron en las pocas reservas forestales que quedaban. Las más apegadas a los cultos religiosos se tiraban a los volcanes en erupción, activados por las bombas nucleares subterráneas; Y Hyerónimus, viviendo en pleno todo esto. Buscando un poco de dinero para seguir su aburrido destino que le dio la escuela. Se sacó la bata y la recicló en un bote. Le dieron un poco de dinero que usó para ir a ver a su familia. No quería ir a su departamento de adulto. Estaba solo, frio pero sofocante. Lleno de nada y vacío de todo. -Eres un vago, no duras en ningún trabajo. Deberías estar buscando uno ahora mismo! Tu tía necesita carniceros en la cárcel del oeste. Ve con ella mañana, aun hay muchos presos y buscan bajar el hacinamiento carcelario- Su madre querida era una maldita puta del estado frustrada, amargada y solterona. El padre de Hyerónimus había muerto al comienzo de la 5ª guerra. Y el dinero de viuda se lo gastaba en implantes vaginales para sobrevivir en el trabajo más antiguo del mundo. Era de buen gusto en esta época. -Cállate, madre. Sabes bien que detesto carnear, incluso humanos. Iré a buscar un trabajo, pero será en lo que yo quiera. Y que sea mejor!- Hyerónimus siempre había querido dejar alguna huella en la historia o, mínimo, en la vida de las pocas personas que lo rodeaban-. Si me necesitas estaré en el desván. Subió al entretecho de la casa. Había una ventana que daba a los cerros de grafito, por donde se ponía el gigante rojo (El sol, cuentan los libros, era más pequeño, pero fue creciendo hasta el tamaño de ahora), dando una vista hermosa. El desván tenía cajas y cajas agrupadas en archivadores. Al sacarlas se agrandaban y contenían las cosas de toda la familia desde la Tercera Guerra Mundial. También cosas de los antepasados y familiares que lucharon en las guerras del péndulo. Se dio cuenta que él era el séptimo Hyerónimus en la familia. Le pareció curioso que solo algunos llevaban el nombre. Siguió registrando las cajas hasta que dio con una llena de libros que No hablaban de nada. Comenzó a ojearlos y encontró signos extraños. Unas líneas paralelas a las que llamaban “pentagramas”. Unos puntos y círculos, con palitos y curvas, que le llamaban Negras, Corcheas, Redondas, Blancas… Unas líneas cruzadas, unas letras “b” muy esbeltas, “Escalas” “Intervalos” “Armonía” “Música”. “Que es esto?” pensó. Había leído muchos libros, algunos con contenido sobre poesía, pintura, teatro, danza muda. Pero “Música” era una palabra perdida en algunas reminiscencias. No estaba seguro así que bajó a preguntarle a su abuela. Era una enciclopedia con pelo cano y labios de esmeraldas. -Abuela, que es la “Música”? -Un silencio sepulcral cayó sobre la casa. La madre salió de la escena y la abuela se levantó de su silla, dispuesta a golpear al joven que inocentemente preguntaba. La luna se asomaba y un aspecto lúgubre invadió todo. -No vuelvas a mencionar eso. Tu abuelo… deja de hacer preguntas y vete al desván! -Pero! Quiero saber! Que tiene que ver mi abuelo Hyerónimus con la música?

-Que te calles! No te basta con ser una escoria de la sociedad acaso? Sino que ahora eres un hereje! De esos que andan en las plazas distrayendo a la gente de sus labores, ensuciando la palabra! Perdimos la primera guerra del péndulo por culpa de ese arte macabro….- Y se calló, dándose cuenta que había dicho demasiado. Hyerónimus volvió al desván, más enfadado que nunca. Pero más sabio también. Se avocó a los libros del desván para saber más. Quería conocer. Si este arte hizo perder una guerra a una sociedad, debe ser muy poderoso. Algunos libros hablaban de impurezas, caos, libidinismo, carnavales, bacanales, fiestas, distracción. Todo esto habría llevado a la gente que peleó en la primera guerra a perderla. Entonces el corazón del joven comenzó a sentir un sentimiento extraño. Una idea de surgir, de hacer algo importante. Se le venían ideas a la cabeza a medida que leía más y más sobre lo supuesto efectos en los humanos. Y como podría usar esto a su favor. “Me vengaré de mi familia decadente, de la sociedad asquerosa y del mundo muerto. Estudiaré la Música y veré si lo que dicen sobre su efecto en las personas es tan terrible como cuentan” Se estaba quedando dormido tanto leer cuando, al final de un libro, leyó una dirección donde antiguamente vendían artículos musicales.

II A escondidas sacó la reliquia de automóvil ix35 que tenían en su casa familiar. Recordó un curso de manejo que había visto por internet en sus tardes aburridas en la otra ciudad y se lanzó a la calle. Era de madrugada, pero estaba tan extasiado con su idea de hacer resurgir la música que no le importó el sueño ni nada. Manejó hasta la dirección que había leído y llegó a un terreno eriazo cuyo suelo de concreto era iluminado por las luces de las ciudades de la luna. Extrañado, Hyerónimus comenzó a recorrerlo buscando algún indicio antiguo. Nada parecía quedar de la tienda de artículos musicales, hasta que se percató de un monolito en el centro cuya sombra proyectaba un símbolo parecido al que había visto en los libros. Una inscripción recitaba algo: “Ocultos, callados, los instrumentos de la perdición nunca han de volver a ser escuchados” Bajo ello una manilla de bronce colgaba oxidada. Hyerónimus la agarró y con fuerza tiró y tiró, hasta que el monolito se derrumbó y un agujero quedó al descubierto. “Bajo o no bajo? Es una ruina de hace siglos y quizá me arriesgue en busca de una ciencia tan extraña que hasta puede no ser verdad” pensó. Pero algo le instó a tirarse por el agujero. Cayó al techo de una casa de los años 2000. Estaba bien conservada y el lugar era rodeado por plantas como si alguien las cuidara. Un vago olor a humo extrañó aun más a Hyerónimus, quien había descubierto la tienda de “Instrumentos y Artículos Musicales Sforzando” Al llegar al suelo entró por la puerta principal. Su joven mente y ojos quedaron enceguecidos por la cantidad ridícula de instrumentos musicales que colgaban llenos de polvo desde las paredes. Instrumentos que decoraban un pasillo hasta el fondo, donde había libros y cuadernos adornados por 5 líneas paralelas y un montón de puntitos, signos, números, etc. Nombres difíciles de pronunciar, años tan antiguos que nadie hablaba ya de ellos, cajitas con una especie de resina, con pedazos de madera, trozos de fierros que al golpear sonaba algo remotamente conocido. “Una nota” Dijo, sin saber. Se quedó aun más estupefacto al decir esto. Sentía que todo aquello se le hacía conocido. Siguió recorriendo la tienda, y encontró muchos cajones cerrados. Trató de abrirlos a la fuerza pero le fue imposible. Al final de la tienda había un cuarto cerrado. Al abrirlo la cerradura cayó y un olor pesado y caustico penetró su nariz y le hizo lagrimear. Empujó la puerta y se encontró con el esqueleto de una persona, vestido con lo que debió ser un traje negro y camisa blanca. Un agujero yacía en un su sien y un arma antigua en su mano. En las paredes del cuarto colgaban cuadros enmohecidos, cuyos diseños se le hacían conocidos a Hyerónimus. Se acercó a retirar el vidrio y leer lo que ponían. “Diploma entregado a don Hyerónimus Aeken Bosch por su participación y contribución en los talleres de Música a las bandas de las fuerzas armadas de la Nación… ” Sin creerlo, leyó otro diploma “La universidad Nacional certifica que don Hyerónimus Æken Bosch ha egresado y titulado de la carrera de Maestro en Música con mención Instrumentista” Y otro… “La comunidad científica hace entrega de este diploma a Hyerónimus Aeken Bosch por sus estudios en el campo del comportamiento humano y su relación con la música” Y así, todos los diplomas hablaban de don Hyerónimus Aeken Bosch. El abuelo de Hyerónimus. “Mi padre… de él recuerdo hablar sobre música. Y mi abuela lo callaba cada vez. Ahora entiendo todo. Mi abuelo fue músico de profesión. Y si le enseñó algo a las bandas de la época de las guerras del péndulo es porque algo más ha de haber” Siguió buscando en el cuarto y se encontró con un diario disuelto encima de una mesa. Aun se podía leer lo que ponía sobre la madera: “Nación enemiga roba archivos ultra secretos de músico local que demuestra los efectos de la música en los soldados que fueron enviados a la guerra. El péndulo ha sido puesto en marcha y se espera una catástrofe para nuestro país. El presidente…” Hyerónimus no pudo más y salió corriendo a buscar más respuestas. Estaba amaneciendo y al llegar a su casa increpó a su abuela

-Dígame todo lo que sabe sobre las guerras del péndulo. Quien la comenzó, por qué, cómo mi abuelo encaja en todo esto?! Acabo de venir de su tienda de artículos musicales. Sé mucho, pero no entiendo nada! -Eres un tonto insolente infeliz bueno para nada mequetrefe! –y le pegó una cachetada. Luego, con mirada tierna, lo sentó en un sofá y comenzó a relatarle la historia de la familia. -Tú lees mucho. Has leído sobre pinturas me imagino. Recuerdas haber leído sobre una llamada “El jardín de las delicias” -Sí, es un cuadro dividió en tres que representa el Infierno, el Edén y el Jardín de las Delicias -Recuerdas quien lo pintó? -Hierónymus Bosch, El Bosco…

III -Pero… -Escúchame. El Bosco tenía una seria afición por la música, pero también por lo prohibido y tabú de la época. Eso lo llevó a pintar el jardín de las delicias de tal forma que la música estaba junto al infierno, y con ciento de representaciones que no ha podido ser descifradas. Por generaciones los hombres de la familia han llevado el nombre de Hierónymus, pero por cosas del paso del tiempo se atrofió a Hyerónimus. -Y mi abuelo donde calza en las guerras del péndulo? -Bien… como un gen obstinado, los hombres han sido los avocados por la música. Tu abuelo descubrió algo importante mientras analizaba el infierno: El arpa, el laúd y la zanfona-organo aparecen como instrumentos de tortura, rodeados de gente con partitura. Esto como símbolo de castigo. Fue ahí cuando se le ocurrió la idea de investigar sobre los efectos de la música en las personas. Terminó descubriendo el arma que luego sería usada en nuestra contra… -El péndulo? -Correcto. -Pero si la música se prohibió después de las guerras, por qué se usó como… arma? -El mundo antes de la guerra era un lugar más funesto que ahora. La gente había sucumbido plenamente a lo mundano e industrial. Y la música era su principal arma de atraer consumismo. Ritmos repetitivos, melodías simples, costos bajos… se producía música más que la cantidad de humanos en la tierra. Algunas hablaban de cosas añejas, otras de nada, otras del futuro, pero ninguna hablaba algo presente o interesante o verdadero. Ficción por todas partes. Un mundo cuya sonrisa había sido grabada con un hierro oxidado en las caras de las personas. Esto llevó a una inflación y crisis económica horrible. La más grande de la historia. Los países caían y caían en banca rota uno tras otro. Devaluados todos los precios, la gente comenzó a usar el trueque. Esto no les gustó a algunos países ya que necesitaban dinero para salir de la banca rota, pero sin el respaldo en oro el dinero no era más que papel para limpiarse. El círculo vicioso de la inflación y del trueque llevó a los países a hostigar que la gente migrara. Esto enojó a los países estables hasta que comenzaron las revueltas. -Y mi abuelo había creado esta arma, que controlaba a las personas… -Las personas caían fáciles. Entonces, para suplir las demandas del ejército, se repartió un reproductor de música portátil a cada hombre mayor de 18. Esta tenía ciertas melodías, frecuencias y canciones que hacían entrar en una especie de trance a los soldados. Luego, se activaba el péndulo de la división y los hombres marchaban y hacían cosas fuera de su voluntad, manejados tanto por la oscilación como por la emisión de frecuencias desde el péndulo. Era como un metrónomo muy grande oculto en un camión blindado. -Metrónomo? Esa cajita que vi en la tienda? -Sí, la misma. -Entonces, los soldados manejados por esto sofocaban a los manifestantes? -Sí, pero recordemos que estábamos en países ajenos, lo que hizo que desplegaran sus fuerzas armadas, hasta que se declaró la primera guerra del péndulo. -Y luego…? -Se terminaba una, venía otra. Manejados por la música. Iba todo bien hasta que unos espías robaron los archivos de tu abuelo. -Sí, leí un diario… -Los infelices supieron cómo usar el péndulo. Contrarrestaron el nuestro y usaron el suyo para poner a nuestros soldados en nuestra contra. El presidente decidió no atacar pero si defenderse. Fue la catástrofe más grande, en plena 4ª guerra. Entre ciudades destruidas, muertos, prisioneros. Nadie quería atacar a sus propios compañeros.

-Y que pasó? -Yo me enojé con tu abuelo. Él se fue a seguir investigando para arreglar el caos que había causado. Tu padre era chico. Los enemigos con parte de nuestro ejército invadieron la ciudad. Yo me refugié, pero de él no supe hasta semanas después. Lo habían visto con una escopeta entrar a la tienda de artículos donde trabajaba. Así que asumí que debía estar muerto. Pero nunca supe si lo mataron o se mató…

-Se mató… -Imbécil. -Pero que pasó? Como se pudo ganar la guerra? -Tu abuelo mandó una última investigación. Y decidió cambiar la música de los soldados. En vez de lo industrial, puso cosas doctas. Lo hicieron. Pero eso causó algo extraño. Los soldados comenzaron a matarse. O se suicidaban o se mataban entre ellos. Pero esto no lo sabían las naciones enemigas, las cuales también se hicieron con la investigación. Los soldados murieron. Casi todos. Los que vivieron eran aquellos que estaban de reserva. O que ya no estaban bajo el efecto del péndulo. Por esa razón, se decidió prohibir la música. Los efectos de ella sobre la gente era devastadora; Si no sentían placer (cosa que los distraía) se convertían en vegetales manejables. Se borró todo rastro, incluyendo la tienda de tu abuelo que, por haber creado el arma, se le erigió el monolito. Pero la sangre puede más claramente. -Sí, abuela. Ahora quiero cambiar eso. Quiero hacer que la música vuelva a flote no como arma sino como distracción. -Pero eso está mal! -No desde mi punto de vista -Hyerónimus le dio un beso a su abuela y se fue a su ciudad. Ahora solo tenía que revisar más archivos para hacer realidad su idea.

IV Más sabio, volvió a la tienda de música y disparó a los cajones sin abrir de la tienda con la escopeta de su abuelo que aun funcionaba. De ellas sacó partituras e investigaciones. Pasó un día entero leyendo biografías, análisis, organologías, etc. Hasta que escuchó bulla desde el exterior del agujero donde había entrado. - Aquí coronel Stefan Zphin, alguien ha roto el monolito de Sforzando 10-4 -10-4 recibido, mandando refuerzos al lugar. Cambio y fuera. “Mierda” pensó Hyerónimus. Salió por una ventana trasera y esperó escondido a que se fuera la policía. Empero al llegar los refuerzos estos comenzaron a buscar en los alrededores. Uno se fue acercando a donde estaba él. Lentamente sus pasos se sentían más cerca mientras hacía crujir la hojarasca acumulada por siglos. A Hyerónimus no se le ocurría que hacer, hasta que se acordó de lo que su abuela le dijo sobre la música. Había sacado un diapasón desde la tienda y rápidamente asimiló que aquello daba una nota, correspondiente a cierto espacio en el pentagrama. Entonces, como rememorando una vieja melodía, comenzó a silbar las partituras. El policía oyó eso y en vez de acercarse a donde estaba él, se quedó inmóvil, sus ojos se desorbitaron y una sonrisa extraña apareció en su rostro. Luego se sentó en el suelo y se puso a jugar con las hojas. Hyerónimus aprovechó de escapar mientras se alejaba con su silbido. Lo último que hoyó fue “Central, comunícale al gobierno central que alguien ha redescubierto la Música” Asustado, volvió a donde su familia para coger su auto e irse a su ciudad. Había mucho que hacer. -Abuela, tengo que volver al distrito. No estoy seguro acá. -Te dije que no te involucraras en esto, la música es un Infierno del cual no puedes escapar. Y sus instrumentos son aparatos de tortura. Está en la sangre esta visión. -No me importa. Dile a mi madre que le dejé algo de dinero en la mesa de noche. Adiós abuela, ya sabrás de mi. -Adiós Hyerónimus, col do re mi fa sol la…- tarareó la abuela mientras se alejaba hacía un cuarto interior. Hyerónimus rió y pescó su antiguo auto rumbo su ciudad. Al pasar por el monolito vio una cantidad ridícula de guardias, burócratas, policías, y ramas varias de las fuerzas armadas. Ya en las noticias ponían que era posible que estallara una última guerra del péndulo. “Qué raro, como estallaría una guerra del péndulo si los péndulos fueron…” y se dio cuenta que nunca los destruyeron, que en verdad la música no estaban tan fuera de la vida de las personas como hacen creer. Al llegar a su casa imprimió una versión tamaño real del Jardín de las Delicias de El Bosco. Comenzó a analizar el infierno y se encontró con la parte de la música. Ahora tan cerca podía darse cuenta de muchos detalles, y debía descifrarlos. Llamó a sus dos mejores amigos: Arderian, que era experto en pintura antigua, y Uberto, que era semiótico, aunque esas no eran las especificaciones laborales de sus fichas de alumno. Esperando que llegaran, Hyerónimus sacó el diapasón y comenzó a hacerlo sonar. Se dio cuenta de que podía hacerlo sonar en muchos objetos y se distrajo en eso hasta que llegaron sus amigos. -Hola Hyerónimus, tanto tiempo. Como te trata la vida señor carnicero? –Le dijo Uberto, dándole un abrazo fuerte. -Tal parece que mal, tienes una cara como para retratarte, jajaja –Rió Arderian, que en un reojo se dio cuenta del diapasón en mano de Hyerónimus. –Que es ese pedazo de metal? -Nada, Arde –Al tratar de ocultarlo cayó sobre un mueble hueco, el cual resonó la nota por todo el lugar. Los amigos quedaron estupefactos. -Hereje, eso significa que fuiste tú el que entró a ese lugar en la otra ciudad! Eres el que ha redescubierto la Música! –Le gritó Uberto y estuvo a punto de pegarle cuando Hyerónimus recordó lo del policía, y comenzó a cantar. Ambos amigos se arrodillaron, y cuando dejó de cantar recuperaron la consciencia. -Con que este es el poder de la Música. Es una sensación extraña, nueva. Pero no es mala. Da paz…- Dijo Arderian -Es hermoso amigo mío!- Gritó Uberto medio lloroso.

-Amigos, necesito de su ayuda con todo esto. Quiero descubrir cómo funcionaba el péndulo original que mi abuelo creó, quiero saber que pinta esta pintura en todo esto y sobre todo quiero hacer una revolución. Quiero que esta nota que resonó en mi cuarto resuene en todo el país. Quiero que el péndulo deje de caer!- Hyerónimus cada vez con más brío se encausaba en su meta. En la noche, mientras sus amigos lo ayudaban, bajó de su departamento y a escondidas usó la máquina expendedora de deseos… La máquina estalló. Pero un sonido quedó resonando en sus oídos “Es una nota” pensó, y al tocar objetos cercanos se percató que estos vibraban aun con el sonido… “Vibraciones… transformadas a impulsos eléctricos para el cerebro. Quizá el péndulo no era el único culpable. Quizá había algo más para poder transformar las señales” Pensado esto corrió hacia el departamento para buscar entre los archivos que había sacado desde la tienda. Entre los papeles halló un manual de instrucciones con timbre de “Top Secret” del ejército. Al abrirlo sus dos amigos se hallaban detrás de él. -Eso, Hyerónimus, sale en el cuadro- Dijo Uberto apuntando hacia un instrumento extraño que aparecía en el manual, el cual la designaba como “Zanfona” -Estos también aparece, pero acá están un poco cambiado- Arderian apuntaba hacia otros instrumento que se les designaban como “Laúd” y “Arpa”. -Y estos también los he visto –Dijo Hyerónimus, apuntando hacia lo que se designaban como “Tambor atonal”, “Fagot sin llaves” y “Trompeta natural”. Siguió hojeando el manual. Pasó tiempo tratando de entender. Sus amigos estaban medios dormidos pero él seguía comparando, hasta que llegó a una hoja donde salía una partitura parecida a la que estaba debajo del laúd en la pintura. Volvió a dar vuelta la página y tenía un titulo que ponía…

V “El pentagrama del Bosco” -Pero qué demonios es esto?! –exclamó Hyerónimus despertando a sus compañeros. -Tal parece que hace referencia a una especie de circuito integrado con forma de pentagrama –Dijo Uberto, comparando la imagen con la pintura. -“El pentagrama del Bosco es el nombre que le fue concebido al chip semiconductor conmutador de señales, parte integral del péndulo, que va unido al tríodo “Laúd” y al diodo “Arpa”. Esta se conecta al pentodo “Zanfona” produciendo el intercambio térmico de iones necesarios para la modulación de onda requerida por el usuario de este sistema (…)”- Arderian había buscado en Internet al respecto. Sabía bien dónde encontrar información antigua. -Nos falta alguien que nos explique todo esto sobre electrónica. Llamaré a Kristina… -No, Kristina no! –Exclamó Uberto, y luego se sonrojó. -Deberías invitarla a salir, cierto Hyerónimus? -Cierto, Arde. Pero no ahora. Por lo menos espera a que resolvamos esto. Además, mientras más gente de confianza se sume a esto es mejor. La verdad os hará libre Hyerónimus llamó a Kristina y ella apareció esa misma tarde. Le contó toda la historia de su abuelo, de la tienda de música, del péndulo (lo que sabía), lo del diapasón, la pintura del Bosco, etc. Ella era Ingeniera en Ciencias Antiguas y tenía un magíster secreto en artes perdidas y electrónica de las frecuencias, por ende sabía sobre el tema, sobre el sonido y de la historia oculta de las guerras del péndulo. El estado no enseñaba estas cosas, sino las academias privadas que aun esmeraban una luz de esperanza dentro de la basura social del momento. -En palabras simples, amigos míos, se le llamaba péndulo a todo este mecanismo porque, al igual que el péndulo sube y baja por el peso de éste dentro de cierto tiempo, la emisión de frecuencias por parte del chip llevaba a su vez su propia frecuencia. Así como el movimiento del péndulo. Mientras más bajas las frecuencias el pentagrama emitía más rápido las ondas para compensarlas. A su vez, mientras más altas las frecuencia menos era la oscilación del péndulo al emitirlas. Y así se lograba un patrón que producía el manejo eléctrico nervioso en el humano… -Espera, Kristina. Entonces el péndulo iba dentro de los soldados? –Dijo Hyerónimus, boquiabierto. -Se le dice a la gente que no, pero las autopsias a los militares muertos en las guerras revelan que este chip estaba al final de los audífonos correspondientes a los reproductores de música que se les entregaban. Este hacía de receptor de la señal y emisor del impulso nervioso a la vez. -Y el mecanismo grande? Iba todo eso en la cabeza del soldado?- Comentó Arderian con cierta ironía. -No, este mecanismo más grande estaba en el camión blindado, donde había un péndulo de verdad, el cual era usado para regular la oscilación del chip y la modulación de la onda. -Eso que se parecía a un metrónomo? -Correcto. Al final el circuito era: Metrónomo, péndulo grande, reproductor de música, péndulo pequeño. Los países enemigos al robar los archivos de tu abuelo, Hyerónimus, aprendieron a interferir la oscilación del metrónomo y por ende la del péndulo. Así perdimos la guerra, el enemigo comenzó a usar música de distracción en los péndulos. -Dieron con la frecuencia del ejército. Pero, por qué la prohibieron a todas las personas si solo los soldados contenían el chip? –Uberto estaba cada vez más intrigado. -Porque el pueblo sucumbió al dolor de la muerte. Y comenzó a recelar de las artes sonoras. La música era la culpable, no el péndulo ni el “pentagrama”. -Y tu como sabes tanto, Kristina? Digo, una cosa es saber cómo funciona un circuito pero otra es saber el contexto. Nosotros éramos muy pequeños en la última guerra del péndulo para siquiera estar conscientes de tantas cosas –Uberto escarbaba más en las memorias de Kristina. Quizá movido por el cariño, quizá movido por el conocimiento. Kristina era muchas veces reticente a contestar cosas de su pasado. Era una muchacha que había sufrido las consecuencias de la guerra en su niñez de manera casi palpable. Su familia era de dinero, pero quedó en bancarrota al financiar la investigación del péndulo. Al no poder inyectar

más dinero, el gobierno ordenó represalias al perder la guerra (bajo el alero de la ley marcial, fueron considerados traidores) y se llevó a la familia a trabajar en las lavanderías de las prostitutas estatales. Luego se llevaron a su madre y a su hermana. A ella no porque era pequeña y quedó al cuidado de su padre. Esto hasta que fue una adolescente, su padre murió en un ajuste de cuentas (Había pedido demasiado dinero prestado). Tampoco supo nunca más de su madre y de su hermana. Comenzó a vivir sola y se metió en el mundo de las ciencias antiguas. Y como había sido criada rodeada de la palabra “música”, pero consciente de que estaba prohibida, halló la manera de conocerla mediante su plano físico, y sacó el magíster a escondidas del gobierno. Sin embargo, el gobierno sabía que ella estaba viva y que era alguien a quien exterminar.

VI Golpearon la puerta, interrumpiendo la respuesta de Kristina a la pregunta de Uberto. Era un grupo de policías del interior. -Señor Hyerónimus Æken!, de profesión carnicero!, se ha emitido una orden para entrar a su casa con o sin consentimiento! –Grito uno de los policías. -Me buscan –Dijo Kristina- El incidente en la tienda de música lo han de haber vinculado conmigo. Estoy fichada, el gobierno de alguna manera siempre me halla. -Señor, entraremos a la cuenta de 3! –Se sintió movimiento en el pasillo fuera del departamento. -Arranquen por el ducto de la lavandería, yo me encargo de ellos! –Susurró Hyerónimus. Los demás hicieron lo que dijo y él abrió la puerta. -Hyerónimus Æken, se ha detectado la presencia de Kristina Wolt en su departamento y tenemos la orden de investigar. Si se niega, nos veremos en la obligación de detenerlo por obstrucción a la ley. -Entren, por favor –Dijo Hyerónimus, que sostenía el diapasón escondido en su mano. Los policías registraron todo el lugar, hasta que dieron con la pintura de El Bosco sobre la mesa. El entrenamiento de los policías estatales los preparaba para conocer todo al respecto de la música, del péndulo, etc. Por lo que comenzaron agresivamente a preguntar al respecto. -Que significa todo esto?! Sabe en lo que se acaba de involucrar?! –Dijo uno de los policías. -Hyerónimus Æken… eres pariente de ese viejo de mierda! –Gritó el jefe de la operación- Y te estás involucrando con la bastarda de Kristina! Si te mato ahora nos ascenderán y pasaremos a la historia!. El policía apuntó a Hyerónimus con una pistola de pulsos. Esta funcionaba sobrecalentando el cerebro de la persona, lo que provocaba una muerte segura pero lenta y dolorosa. Sin embargo, Hyerónimus tenía una carta bajo la manga. O más bien un diapasón. Como un mundo decadente, había que combatir basura con basura, lo mostró en el alto -Qué es eso?! –Dijo el otro policía, horrorizado. Sin embargo, no habían alcanzado ni a reaccionar cuando Hyerónimus estaba golpeando el trozo de metal contra su mano, obteniendo una nota. Recordó una partitura que había leído mientras investigaba y comenzó a cantarla: -Siamo ciechi, siamo nati per campar di cortesía. In giornata d’allegria non si niega carità… Los policías se sujetaron los oídos y comenzaron a gritar. Sin embargo, Hyerónimus no se detuvo. Quería comenzar su venganza contra el mundo muerto y la sociedad decadente asquerosa. Lentamente una sensación extraña pero placentera lo inundó, poniéndole la piel de gallina. -Donne belle, donne care, per pietá non siate avare. Fate a poveri ciechieti un tantin di caritá! Un hilo carmesí corría por sus oídos. Hyerónimus miraba la escena con una sonrisa extraña en el rostro. Siguió cantando, hasta que llegó a una estrofa que le hizo conocida. -Col do re mi fa sol la! Los policías se retorcieron de dolor en el suelo y luego perdieron la consciencia. Hyerónimus se percató que la frase fue la misma que le dijo su abuela antes de que se fuera a su ciudad. Salió del edificio, llamó a sus amigos les pidió que se reuniera cerca de la tienda de música Sforzando. Llegó al lugar al atardecer. El sol se ponía en las montañas cubiertas de chimeneas y torres de condensación. El monolito derruido estaba cerca pero con poca seguridad. -Hyerónimus, que pasó?! Por qué has demorado tanto? –Exclamó Arderian, preocupado. -Era por mí, cierto? –Dijo con pena Kristina. -Si, Kristina. Era por ti. Pero luego fue por mí. El jefe de la operación conocía la historia de mi abuelo. Sin embargo, me encargué de ellos… -Te encargaste de ellos?! Mierda, Hyerónimus, que diablos hiciste?! -Les canté -Les cantaste?! –Dijeron todos sorprendidos. Hyerónimus les contó lo que pasó.

-Creo que ahora si estamos en problema –Dijo Kristina- El nieto del creador del péndulo y la hija sobreviviente de los Wolt están involucrados en el ataque a policías del interior. Estos tienen un dispositivo que manda señales vitales al cuartel. Espero que no hayan muerto. -No, pero han de estar inconscientes. Igual sus pulsos subieron y bajaron mucho. Nos han de estar buscando. Hyerónimus estaba en lo correcto. Los estaban buscando. Sin embargo, había comenzado una cruzada y ahora tendría que continuarla. Mientras tanto, en el departamento de Hyerónimus, los tres policías despertaron sintiendo una paz interior como nunca la habían sentido. No les preocupó la marca roja en el oído. Un hilo de sangre que significaba algo más que una herida. Oyeron la radio del cuartel preguntando su situación, atinaron a decir que nada malo había pasado y preguntaron si habían dado con los prófugos. Les dijeron que muy posiblemente fueran a las ruinas de la tienda de música. Con esta información, los policías, con sonrisas en sus rostros, apagaron la radio y se fueron con la intención de ayudar a Hyerónimus, Arderian, Uberto y Kristina.

VII Oscureció. Los jóvenes aun reunidos cerca de las ruinas de la tienda de música habían planeado entrar para sacar todo lo que pudieran: instrumentos, diapasones, afinadores, consolas electrónicas, y algún aparato que contuviera los análogos a las partes del Péndulo militar. Primero irían Uberto y Arderian a distraer a los pocos guardias y luego Kristina e Hyerónimus se adentraría en las ruinas para sacar cosas. Esperando que anocheciera estuvieron estado investigando la zona y descubrieron una antigua alcantarilla que daba al lecho del extinto río… o más bien a la autopista central. Ahí los recibirían Uberto y Arderian, para luego irse a casa de uno de ellos. Fue en este entretanto donde los tres policías del incidente en el departamento aparecieron donde estaban ellos, con sonrisas en sus rostros. -Hyerónimus Æken; Kristina Wolt; amigos. No venimos en son de pelea, más bien venimos a agradecerles por tan grato regalo que nos dieron. Nos mostraron la música, y hemos encontrado en ella algo que nos llena en cuerpo y alma. Queremos ayudarles en lo que sea que estén haciendo… -Cómo sé que no es una trampa para capturarnos?! –Dijo Hyerónimus con cierto enojo. -Tranquilo, observa –Le susurró Kristina al oído. Apuntó hacia las patillas ensangrentadas de los policías. Estos se tocaron, y entendieron. -Al unirme al cuerpo policiaco interior me hicieron un chequeo “de rutina”, y sentí que introdujeron algo en mi oído. Posiblemente con la música se rompió y por eso sangramos y nos desmayamos… -Una especie de péndulo provisorio. Por si a alguien se le ocurría jugar con él –Dijo el otro policía. -Pero no esperábamos que alguien nos atacara con verdadera música. El péndulo no soportó y explotó. Por cierto, me llamo Derek. Coronel J. Derek. Ellos son el cabo primero Ralph y el cabo segundo Terriam. Un gusto. -Bueno, a nosotros ya nos conoce. Podremos confiar en ustedes. Tenemos un plan, ustedes deben quedarse vigilando una vez que los guardias sean distraídos… Repitieron el plan y se pusieron en marcha. Uberto y Arderian distrajeron magistralmente a los guardias, los cuales les persiguieron y hasta que se perdieron de vista. Luego, Kristina e Hyerónimus se colaron por el agujero del monolito, y los uniformados se quedaron vigilando, pistola en mano. Hyerónimus y Kristina entraron en la tienda, y comenzaron a acarrear todo lo que les cabía en las manos hasta el ducto de la alcantarilla antigua. Al llegar al río-autopista, los otros dos muchachos les recibirían las cosas y luego partirían. Sin embargo, pasaron las horas y ellos no aparecieron. Se asomaron arriba y le preguntaron a los policías si habían visto movimiento alguno. No respondieron, pero uno de ellos había escrito en el suelo: “Nos descubrieron” Entonces volvieron abajo y comenzaron a sacar las cosas de la alcantarilla a como dé lugar. Alcanzaron a correr de vuelta a casa de Hyerónimus, pero ellos sabían que los habían seguido. Así que ambos llamaron a todos los amigos y familiares que estaban cerca y grabaron un video explicando la situación con lujo de detalles. Al terminar de grabar, un pelotón entero entró en el departamento. “Hyerónimus Æken; Kristina Wolt; Quedan arrestados por los cargos de traición a la patria y de uso de armamento bélico contra oficiales del gobierno. Tienen derecho a guardar silencio. Sin embargo, el uso de la música los veta del derecho a abogado” Se los llevaron.

Al rato, los amigos y familiares de ambos se reunieron en el departamento asediado por el gobierno. Vieron el video y pescaron los instrumentos, diapasones, lo que pudiera emitir una frecuencia definida. Leyeron los libros y comenzaron a practicar esa misma noche. No durmieron, solo tomaban algo de las máquinas expendedoras de bebidas. Algunos bajaban constantemente a las máquinas de deseos; y es que nadie sabía por qué, ni como, pero ese extraño arte, esa extraña ciencia de la música comenzaba a llenarlos. A tener sensaciones que nunca antes habían sentido. Y querían dedicarse a ello con alma y corazón. Querían dedicarse al arte del placer auditivo; al arte de los aplausos; al arte de hacer algo en comunión; al arte de ir en contra de lo establecido. Una revelación. Una revolución. Una ciencia oscura que infundía distracción y sentimientos que sacaban al humano del camino escrito por la escuela al momento de salir, que sacaban al humano del orden para sumergirlo en el caos ordenado de la música. Ahora, ellos comenzarían a contar esto a sus conocidos, a los conocidos de los conocidos. Ahora, la cruzada real había comenzado. El pentagrama del Bosco se había rebelado.

VIII Olía a mierda y a orina. La humedad se sentía en la piel semidesnuda de los jóvenes que yacían colgando de la pared mediante cadenas de uranio empobrecido. Habían violado una de las leyes más estrictas del país desde que terminaron las guerras y tenían que pagar. Los guardias estatales de más alto rango usaban lentes especiales para medir su frecuencia cardiaca y ondas cerebrales. Esto los tenía al tanto de si estaban pensando más de la cuenta o si estaban a punto de cometer alguna sublevación. “Por qué lo hicieron? Sus padres no les dijeron cuando pequeños que todo esto estaba prohibido? Y de grande no aprendieron la verdad? El dolor, el sufrimiento, las muertes que la música nos dejó?” decían con ira y sarcasmo los carceleros. En verdad, sus sentimientos eran de la boca hacia afuera. Estaban vigilados y aunque no lo sintieran de verdad, tenían que demostrarlo. El gobierno controlaba todo de manera ridículamente minuciosa. Las horas pasaban y el cansancio los obligaba a dormir, aun con el dolor de estar colgado de los brazos. Cuando sentían pasos se despertaban y comenzaban a sudar. Su destino ahora era incierto ya que aparte de los insultos de los guardias (y los cuentos sobre las noches que pasaron con la puta estatal y madre de Hyerónimus) no se oía nada más. Fue en una de esas dormitadas donde oyeron pasos distintos y unas cadenas sonando. Levantaron su cabeza y un hombre de unos 55 años, pálido, calvo, con ojos tornasoles los miraba. Las cadenas colgaban de su cinturón hasta las rodillas. Tenía cuchillas clavadas en el torso y unos rifles en la espalda. -Jóvenes, soy Frank Blüthel. El alcaide de esta prisión y Comisario de la ciudad. Le deben haber leído sus derechos. Ahora yo les relataré su futuro: En primer lugar no podrán defenderse ya que se les tomará por dementes. En segundo lugar, cualquier intervención de su familia al momento del juicio será tomada como desacato al orden y serán detenidos. En tercer lugar, si tienen suerte podrán optar a cadena perpetua cocinando cadáveres en las cárceles o sino para mandar a los países pobres. Señor Æken, su familia tiene una íntima relación con el estado. Su madre todos la conocemos y su tía cocina a los reos como nadie en todo el país. Y nos faltan carniceros; las cárceles están demasiadas atestadas hoy en día y usted debería volver a su oficio de alguna forma, no? Ah! Y señorita Wolt. No me extraña que esté con el nieto del culpable de todo esto. Fue fácil hallarla así. Bien niños, los trasladaremos al patio. Demasiada humedad creo, ¡es hora de que se sequen! Y los comenzó a arrastrar por el reciento penitenciario. El calabozo estaba unos 5 niveles bajos la tierra. Les habían quitado toda herramienta y no podían mover nada que pudiera ayudarlos. También le taparon la boca para que no pudieran cantar. Iban llegando al último nivel cuando comenzó a temblar… pero un temblor algo periódico. Eran pulsos constantes, rítmicos. El comisario se detuvo y su piel pálida se puso roja. Conocía esa sensación de pulso. Esa base de la música. Dejó a los muchachos ahí y corrió a la superficie. El cielo nublado era rematado en la tierra por una masa, quizá no más de 60 personas, de gente con instrumentos en mano, boca y garganta dispuestos a ejecutar alguna de las piezas que habían aprendido. Los policías comenzaron a salir para repeler a la multitud, pero ya era muy tarde. Un violín comenzó a afinar, y los demás instrumentos le siguieron. Lentamente los uniformados fueron cayendo por el dolor de cabeza. Luego, un silencio y el violín que comenzó a afinar habló en voz alta: -Damas y caballeros, hoy le presentaremos una obra de un tal Brahms, un caballero que vivió en la época en que la música era tan común como lo es para nosotros contemplar las ciudades de la luna. Esta es una de sus “sinfonías”; La número 4. Al alzar de los violines comenzaron a sangrar los oídos de los oficiales. Los pequeños péndulos no soportaban la complejidad de esa música y estallaban uno tras otro. A medida que avanzaba la música estos se iban poniendo de pie y oían, disfrutando. Con una sonrisa en la cara

y los ojos brillosos de lágrimas. Para la mayoría era primera vez que escuchaban música en vivo como tal y no las frecuencias raras de los péndulos. Esas frecuencias que los obligaban a no pensar y a solo obedecer lo que les decían. Mientras el comisario Blüthel miraba anonadado e impotente. Él no tenía el péndulo incrustado, sin embargo había vivido las guerras en todo su esplendor y sabía lo que podía llegar a causar la música. Bajó lentamente a donde estaban Hyerónimus y Kristina y los encerró en un cuarto. -Oyes? –Le dijo una voz familiar a Hyerónimus –No sé qué habrás hecho después que nos pillaron pero está resultando. Que hermosos suenan esos bronces. -Uberto? -Y compañía –Dijo Arderian. -Amigos míos, están vivos por lo menos. Todo esto va mejor de lo que alguna vez soñé, excepto por nosotros, claro. -Tenemos que salir de acá de alguna manera- Dijo Kristina –No anda ninguno de ustedes con su comunicador para llamar a Derek? -Yo sí, me lo escondí antes que nos pillaran. Pero no puedo llamar, le mandaré un mensaje- Dijo Arderian, tecleando el aparato. Al rato se oyeron unos pasos y todos se pusieron nerviosos. Uberto se asomó por los barrotes y vio dos gorros de policía. Eran Ralph y Terriam que se habían escabullido dentro del calabozo. De alguna manera no los vieron, eran claramente más astutos de lo que aparentaban. Sacaron una cuchilla de plasma que derritió la cerradura. Los muchachos corrieron por los pasillos subiendo escalera tras escaleras hasta que lograron arrancar a la superficie. Luego del esplendor que los encegueció, un panorama de gente dispuesta en muchas formas con muchos instrumentos sonando los anonadó. Hyerónimus vio su idea realizada. Había revivido la música Desde una torre, el comisario se preparaba para contraatacar. No podía ver a su regimiento caer a los pies de unos jóvenes curiosos y sus amigos músicos. No podía dejar que la música arruinara de nuevo el plan del gobierno. Un plan que iba más allá del entendimiento físico.

IX “Increíble” pensaba Hyerónimus. La sinfonía 4 ya no sonaba, sino ahora una obertura de Beethoven. Los policías del cuartel lentamente comenzaban a recuperarse de la explosión del péndulo dentro de ellos. Algunos se conmovían demasiado con la música. Otros saltaban de alegría. Los intérpretes estaban cada vez más motivados, pero se les acababa el repertorio. Eran pocas las partituras orquestales que quedaban, pero no así las de instrumentos solistas. Esto le preocupaba de sobremanera a Frank. Ya conocía todo este proceso, y quería capturar ahora a los rebeldes para poder hacerles entender el error en que habían caído. Para que supieran la verdad desde la vereda del gobierno. El tiempo pasaba y ya no le quedaban soldados a su mandar. Logró localizar el grupo de Hyerónimus entre la multitud de público y orquesta. El cuartel y cárcel y había convertido en una especie de teatro gubernamental donde la gente se convertía al arte en una orgía musical. La tarde estaba bajando ya y comenzó a sonar el último tema para orquesta completa que quedaba en las carpetas de los músicos: La Danse Macabre de Camille Saint-Saëns. La danza ya tenía una reminiscencia futura de instrumento solista. El sonido del violín descompuso al comisario, el que comenzó a bajar de la torre para ir directamente a hablar con todos ellos. Se hacía tarde, la danza de la muerte avanzaba lentamente. Él atravesó la muchedumbre hasta que logró ubicar y llegar donde Hyerónimus. Los muchachos asustados comenzaron a retirarse, pero él los llamó y pidió que conversaran en la torre. Subieron a ella. -Bien, estimados sublevados musicales, en primer lugar espero que estén contentos por lo que han hecho –Dijo Frank con ironía. -Contentos? Estamos eufóricos! Ni con droga ni con la máquina de deseos de la esquina he logrado tal nivel de felicidad. Usted debería estar con nosotros. Claramente no tiene el péndulo, no sé porque no se unió a la fiesta –Dijo Arderían, imprudente pasando a llevar la autoridad del comisario. -Pues no les durará tanto la alegría. No saben lo que han hecho –El comisario se tornó severo al pronunciar estas palabras. -Es usted un amargado, maldito cafiche del estado. No les bastó con exterminar a mis padres sino que ahora quieren exterminar para siempre el legado de esa época. Por más daño que haya causado no se puede negar la historia. Menos aun un evento tan increíble como las guerras del péndulo. Un péndulo que oscilaba y producía el manejo mental de las personas. Al terminar la guerra podrían haber hecho algún bien... –No alcanzó a terminar el discurso cuando el comisario se encolerizó. -Qué bien puede hacer un arte que producía tales bajezas?! Esa distracción placentera fue lo que nos costó medio país y media población! Y ahora están reviviendo el vestigio más real de todo eso. Están reviviendo un “horror” que nadie vio en las pruebas con música antes de poner en marcha el péndulo! –Un silencio siguió a tales palabras. Ya no sonaba nada afuera. Uberto se asomó a la ventana y extrañado llamó a los demás para que vieran que estaba pasando. “ha comenzado” dijo para sí Frank. En el patio, la gente de la orquesta comenzó a buscar partituras para ellos como solistas. El primero que se puso a tocar fue un corno. Todos los demás lo abuchearon y un violín comenzó a tocar. Tampoco dejaron que siguiera y de a uno todos se pusieron a interpretar piezas solistas. Como no se podían oír entre ellos surgieron discusiones, de las discusiones peleas más grandes hasta que llegaron a los golpes. -Esto pasaba en las pruebas del péndulo. Las gentes comenzaban a pelear en función de su ego. De quien era mejor músico. Se mataron entre ellos unas 500 personas por querer tocar o sobresalir de la masa. Eran lentamente aplastados por piedras, a golpes, a “instrumentazos”. El

gobierno sabía que el ego sería la piedra angular del fracaso. Por eso decidimos ponerle un alto mediante el control y luego erradicar para siempre las luchas personales. -Pero ustedes no entienden que el ego es humano? No se les puede privar del sentido del Yo a uno! Menos aun mediante la misma forma en la que se gana! –Uberto lo increpó. -Por qué no, pendejo?! Ensucian con humanidad algo tan divino como el arte! Aquello que te hace sentir cosas tan complejas que no entendemos y por eso caemos en lo bizarro y pecaminoso. -Eres un imbécil comisario. El arte es divino porque lo hace el mismo hombre. Es la humanidad la que logra alcanzar semejante valor y no es el valor el que llega al hombre. Si no, la vida sería asquerosamente fácil esperando a que Dios te entregara todo. Lo único increíble en todo esto es su morbo por ver a gente pelear y no interceder –Arderian sabía de lo que hablaba. Era experto en pintura y también pintor. -Para ganar algo debe haber un sacrificio. Es necesario que esta gente pueda morir para que entiendan el poder con el que se están metiendo. Son fuerzas que no entienden! –el comisario Frank ya estaba perdiendo la cabeza. De todas maneras estaba bien entrenado y se percató que había gente común y corriente fuera del cuartel. Gente que había oído la música y que quería oír más. Era justamente ese deseo el que el gobierno no quería en las personas. -Señores, creo que sé cómo resolver esto. Sé que el comisario no estará de acuerdo, pero debemos irrumpir en la gente que está allá abajo peleando por tocar antes que alguien muera y todo esto se salga de control. Son todos conocidos nuestros, sabremos llegar a ellos. Digámosle que se turnen para tocar. Y que los que quieran oír que oigan. Hay gente afuera que nunca había oído esto. Démosle la oportunidad a que presencien semejante espectáculo. Vamos! Se estaban yendo cuando el comisario les bloqueó la salida. Sacó un chip con 5 rayas dibujadas y se lo incrustó en el oído. Rápidamente sacó un cable que conectó a un reproductor. -No, no lo harán.

X -Imbécil, el péndulo no aguantará a los solistas y terminarás igual que ellos. Ahora córrete! Uberto empujó a Frank y corrieron torre abajo a tratar de hablar con los instrumentistas que estaban en una gran pelea en la cual ya había muchos heridos. La gente curiosa que se asomaba desde afuera del recinto terminaba involucrada en el caótico espectáculo creado por la música, lo que fue agrandando los disturbios. Hyerónimus, resguardado por sus amigos de la policía interior estatal, comenzó a vociferar con la voz más fuerte que pudo. Nadie le prestó atención. Él sabía que todo esto se le estaba yendo de las manos y comenzó a preocuparse. Luego, su preocupación se volvió estrés y lo inmovilizó al ver el rumbo cuasi sanguinolento que estaba tomando su inocente plan. Había despertado la consciencia de un yo inexistente desde la última guerra del péndulo. Un yo alimentado por el placer de los aplausos, de recibir una palmadita en la espalda. La humanidad se había liberado de eso al exterminar el arte más humano concebible, la música. Ahora esta emergía desde las profundidades pero de manera improvista y sin control. La abuela de Hyerónimus sabía también todo esto, lo había vivido por su esposo, por su hijo y ahora era el turno de su nieto. Sabía de ese gen de querer revivir algo en función de ser pionero, por lo que tenía que hacer algo antes que algún problema más grande que un grupo de revoltosos tocando música por dinero en la calle se desatara. Tomó un tren en dirección del cuartel. Había pasado tiempo sin saber de Hyerónimus por lo que supuso que estaba metido en algún meollo grave. Y así era. -Hyerónimus, tenemos que salir de acá –Le dijo Kristina tomando de un brazo al joven que yacía paralizado, con la boca semiabierta y los ojos dilatados. -Vámonos! Esto está fuera de contr… -Arderian gritaba pero fue interrumpido por un estruendo proveniente de la torre de guardia. Una polvareda se elevó y calló a todos los presentes. De entre el humo unos ojos relucientes se asomaron y luego la silueta de un hombre fornido apareció. Era Frank, con sangre corriendo de los oídos, unos cables incrustados en la piel y un cuerpo que no era el de antes. -Les mostraré el verdadero poder del pentagrama del Bosco! –Gritó el comisario mutante desde lo alto. Luego saltó y una onda expansiva hizo caer a toda la gente –Ustedes, que desafiaron la paz, morirán primero. Esto, señores, es lo que se escondía en aquél pequeño chip. Los humanos débiles eran controlados, pero una excepción siempre ha de haber y esa era yo. Yo logré manejar el péndulo para que los impulsos mejoraran mis habilidades físicas. Tienes razón, pequeño Æken, la música es increíble. Comenzó a acercarse a donde estaban los muchachos. Los policías trataban de detenerle disparando pero no le hacían daño alguno. Tomó a Hyerónimus del cuello y comenzó a estrangularlo. En ese momento una voz resonó en todas las paredes del patio interior. Una voz increíble de mezzo-soprano, tratada con dedicación. Era la abuela de Hyerónimus. Frank miró con odio a la señora que aparecía en escena, la cual comenzó a cantar que se detuvieran y que ayudaran al que estaba siendo agredido. A los espectadores la voz los unió en un gusto común y en vano se tiraban contra el comisario, que con una mano sujetaba a Hyerónimus y con la otra golpeaba a los atacantes. En un descuido lo soltó y Arderian con Uberto se lo llevaron; sin embargo, Kristina se halló indefensa ante él, que comenzó a gritar con voz de barítono, convirtiendo la pelea en una escena de ópera. -Mirad, mirad lo que he capturado! Es la Señorita Wolt, hija de los insurrectos musicales de hace años atrás. Es hora, de que te juntes con tus padres! -No! –Gritó la abuela Æken, pero era demasiado tarde para hacer algo. El comisario Frank atravesó el abdomen de la muchacha con su mano y sacó sus entrañas de cuajo. Luego, expuso el corazón y comenzó a reír. Hyerónimus entonces reaccionó, y les dijo a todos que huyeran a la plaza más cercana. Luego, se acercó al comisario con un instrumento y comenzó a tocarlo. El péndulo de todas

maneras seguía siendo sensible a la música exterior, así que lo confundió , dándole tiempo suficiente para poder arrancar hasta la plaza más cercana. Ahí les dijo que entre las partituras que habían sacado, se encontraba una para coro y piano, y que para aprovechar las pocas copias que habían leyeran los más que pudieran de la misma hoja. Una muchedumbre de espectadores se congregó alrededor de los instrumentistas heridos. Comenzaron a afinar y con ese simple acto la gente abrió sus ojos que se habían humedecido al oír tal simpleza. Estaban en eso cuando el comisario apareció: -Maldito imbécil, morirás igual que la perra de tu amiga! –Le grito el comisario, casi riendo. -Cállate hijo de la grandísima puta! Me vengaré de todo lo que han hecho, y sobre todo por la muerte de Kristina! Oirás una revolución ahora! –Hyerónimus hablaba con tan brío y rabia que les era desconocido a todos. -No sabes de lo que hablas! El ego… -El ego? EL EGO?! Sabes por qué se formó la batahola en la prisión?! Eran gentes oprimidas del arte de la música! La música es algo inmediatamente humano, ya que con solo emitir un sonido con la boca puedes hacerla. No requieres de otras herramientas. Eso viene después si te place. Era una sensación nueva, estaba claro que reaccionarían de manera inesperada… -Pero entonces por qué en esa época de las guerra ocurría lo mismo?! -Porque eran tiempo peores que ahora. Hacer buena música era acaso tan raro como hacer música normal ahora! Hasta yo sé eso y ni siquiera había nacido! -Sigue siendo individualista… -Individualista? INDIVIDUALISTA?! Veamos entonces que puede hacer un grupo de gente “individualista” - sacó una batuta de uno de sus bolsillos, rápidamente la dirigió hacia la orquesta y a todos aquellos que pudieran cantar, y comenzó: -Con toda la ironía del mundo, para el gobierno!: Il carnevale de Venecia! “Siamo ciechi, siamo nati per campar di cortesía. In giornata d’allegria non si niega carità. Donne belle, donne care, per pietá non siate avare. Fate a poveri ciechieti un tantin di caritá!” La suma de los instrumentos en la orquesta, como un grupo humano, como una unidad, desestabilizó el dispositivo de Frank, volviéndolo loco a medida que la pieza rápidamente avanzó. La orquesta tocaba con mucho ahínco y la gente cantaba feliz. El clímax llegaba en aquél ocaso entre las cuchillas truncas de concreto. La música fluía por cada calle. Y el gran final, con los agudos de la abuela y el Sforzando de los músicos: “Deh! Soccorreteci, per caritá. Che carnevale morendo stà!” El carnaval moría y junto a él moría Frank Blüthel, con la sangre saliendo de sus oídos destruidos en miles de pedazos y tornándose a un esquelético panorama carmesí.

XII Los aplausos hicieron sucumbir hasta las lágrimas a los participantes del concierto. La alegría corría entre todos los músicos, menos entre Arderian, Uberto y Hyerónimus. Se devolvieron al cuartel a buscar el cuerpo destrozado de Kristina, lo envolvieron en sus ropajes y lo cargaron hasta la plaza, donde místicamente comenzó a sonar música improvisada pero consciente de su armonía fúnebre… -Es un comienzo –Le murmuró la abuela a Hyerónimus –Quizá la cruzada que emprendiste requería de un sacrificio grande. Así como al irse se llevó a miles de personas, al volver solo necesitó una, porque la música no pide grandes cosas… -Abuela… era mi amiga! Y con Uberto podrían haber sido algo más… -Dijo Hyerónimus, llorando. -Podríamos haber sido algo más, y lo seremos. Creo que me dedicaré a la composición musical de ahora en adelante. Usaré todos mis conocimientos en semiótica para hacer un arte fusión, y le dedicaré todo a Kristina, con el amor que siento por ella aun. Nunca la olvidaré – Aunque estaba quebrado, Uberto sonreía. Al igual que Arderian, el que solo guardaba silencio, sabía que su muerte no había sido en vano. Hyerónimus se subió a una banca de la plaza y comenzó a discursear: -Amigos, lo que hemos hecho ha puesto en marcha una revolución artística y social no vista hace siglos. Seremos buscados por el gobierno ya que liquidamos a un agente importante de él y hemos amotinado a un cuartel entero. Sin embargo, han de llevar a sus familias, a sus amigos, a los amigos de los amigos de sus amigos, la música. Ahora, volvamos con un grupo a rescatar desde las ruinas la tienda de música Sforzando. Ahí hay partituras, instrumentos, y el cadáver de mi abuelo.

Caída la noche partió un grupo de gente junto a Hyerónimus, su abuela, Uberto, Arderian, el coronel Derek, el cabo primero Ralph y el cabo segundo Terriam, a la ciudad donde estaba la tienda. Los policías del interior andaban ya buscando a los responsables de los disturbios con resultado de muerte. Al llegar al lugar, escarbaron todo lo que pudieron y se establecieron en la tienda, mientras que en la superficie los policías sin efecto del péndulo vigilaban. Al amanecer los tenían rodeados agentes del gobierno central. Pidieron hablar con Hyerónimus. No había dormido por pasar la noche en vela junto a sus amigos y al cuerpo de Kristina. - Hyerónimus Æken, usted vendrá con nosotros –Dijo un agente. -Adiós, amigos. Nos vemos en la próxima vida… -A Hyerónimus ya no le quedaban fuerzas para ni para llorar ni para resistirse a su captura. -Que cosas está diciendo?! –Exclamó el agente –A ver, mi nombre es Marcial Tlow, Trabajo en el gobierno central como jefe de operación para la cultura y las artes del país y presido el partido opositor al gobierno. Usted sabrá que el gobierno acepta a gente de cualquier bando contar que el pueblo se esté quiero, así que usé este método para poder llegar a ti. Quiero que vengas conmigo para que apelemos a que la música renazca en la sociedad. Hay que empezar por algo… reconstruiremos la tienda de música, y crearemos una academia llamada “Kristina Wolt”. Qué te parece? -Sería increíble… -Pero, para llegar a eso, tendremos que apelar ante los superiores. Estás dispuesto a guardarte todo tu orgullo para poder lograr algo así de grande?

-Por mi gente, todo señor. -Bien. También me llevaré el cuerpo de Kristina para que le demos una sepultura digna. Se despidió de sus amigos y de su abuela. También de Kristina. Llegó un helicóptero a buscarlos y se fueron a la metrópolis para hablar con la gente del gobierno. Se le dio un hotel y ropa nueva para cambiarse. Se le presentó como Hyerónimus Æken, el nuevo Bosco. Confesó todo lo que sabía y contó su versión de los hechos. A su vez el gobierno había visto todo por los nanorobots-cámara que vigilaban la ciudad. Aceptaron su solicitud para debatirlo en el congreso. El tema se extendió por todo el país y comenzaron revueltas y marchas. La música volvía a la mente de las personas pero no como el recuerdo de una guerra perdida, sino como un futuro más próspero y una mejora en la calidad de vida. De apoco se fueron permitiendo muestras musicales hasta que el gobierno aceptó la reincorporación de la música a la vida artístico-cultural de los ciudadanos. También liberó archivos secretos sobre la música: Tratados, documentos históricos, partituras por cientos de miles. Uberto partió hacia las montañas de cuarzo que habían emergido por las bombas nucleares subterráneas para poder fundirse en sus conocimientos y a la vez aprender todo lo posible respecto a composición. Arderian se especializó en tocar el violoncello, y en musicalizar cuadros. La abuela perdonó al cadáver de su esposo y le dio entierro cerca de donde estaba Kristina con sus padres. Hyerónimus volvió a su ciudad para dirigir la academia que luego se convertiría en conservatorio. Había ido en contra de su destino de carnicero estatal, y si bien ya no le aparecía nada en la máquina de deseos, se sentía más pleno que nunca. Se había vengado de la sociedad de mierda. Revivió la música. Y un pariente de Kristina Wolt le había ayudado… Wolt? Tlow?

Epílogo 45 años después aprox. Hyerónimus estaba ya viejo, pero también sabio y se dedicaba a hacer coloquios y seminarios a lo largo del país. Había mejorado mucho la calidad de vida de los ciudadanos, pero como todo también había otro lado de la moneda. Un día decidió juntarse con Arderian y Uberto, ambos maestros en sus artes y de gran reconocimiento a nivel nacional. Se juntaron en una plaza cerca de donde ocurrieron aquellos eventos que ahora yacían parte del ADN de la gente común, como si hubiera sido algo realmente innato al ser humano. La música y todos sus aspectos. Ahora, un día domingo, un quinteto sonaba a la luz del atardecer por detrás de los cerros de grafito, y los caballeros se disponían a conversar con una botella de bueno vino: -Ha pasado tiempo… y no siento que haya sido precisamente ayer cuando encontré el libro de armonía (de un tal Pozzoli supo después) en el desván de mi casa. Soy presidente emérito del conservatorio, pero ya no tomo parte de ninguna decisión. He estado recorriendo el país desde ya hace varios años y me he encontrado con un panorama confuso –Dijo Hyerónimus con voz de quien tiene experiencia. -Más de 45 años desde entonces, y sí: la revolución dejó algo que nunca ni siquiera se nos ocurrió ni vimos, aunque claro nunca pensamos que fuera tan improbable, eran significados de objetos muy nimios –Uberto hablaba con pesar y preocupación. -No solo en la música, también en otras artes. Pero claro, la música es la que más fervor ha causado. Si me refiero a lo mismo que ustedes se refieren entonces es algo malo pero que ya a estas alturas de nuestras vidas no podemos hacer nada: Se ha sobrevalorado y “sobregirado” la música. Era algo tan nuevo que la usaron demasiado en poco tiempo –Arderian con cierta rabia se expresaba. -Es algo muy malo, ya que ahora ha pasado al otro extremo: Desde un arte-ciencia prohibida a algo que se idolatra. -Así es Uberto, y no solo se le idolatra, se le ve como algo que nos dará la salvación absoluta a nuestros problemas mundanos. -No solo eso Arderian, la gente se ha enceguecido y piensan que todo lo artístico, en este caso la música, tiene un significado divino y metafísico, siendo que es quizá el arte más humano que existe. La gente debería agradecerse a sí misma de poder crear música y no darle una significancia tan vaga, o me equivoco Uberto? –Hyerónimus miraba el horizonte con la copa de vino dando vueltas en su mano. -No te equivocas amigo mío, las investigaciones y datos empíricos que he vivenciado dan por hecho eso. El arte no es más divino que andar en automóvil. -Igual es extraño que eso nunca se nos haya ocurrido. Digo, peleamos contra la idea del estado de liberarnos del ego de la música, y su pensamiento de algo divino, cuando en verdad el ser humano común tiene por default ese pensamiento. Tratamos de eliminar lo mismo que terminamos comenzando –Arderian reflexionaba mirando el piso. -Pero ese no era nuestro deber, ni nuestra meta final. Solo queríamos recuperar a la música, no hacerla otra ideología o religión más. No nos salvará de nada y peor aún: nos embaucará en una búsqueda con poco o inexistente sentido. Aunque de todas formas hay esperanzas –Hyerónimus sonrió. -Esperanza? –Dijeron los otros dos. -En nombre de Kristina no podemos ser tan pesimistas. De todas formas a las cosas siempre se les da un valor agregado, y es preferible que la gente piense en el carácter salvatorio de la música a que piensa en la guerra: un carácter de algo que trasciende y que nos hace

mejores personas. Porque eso no está en duda, la música trasciende gracias a los hombres, ellos ven como la manejan y queda al libro albedrío de cada quien. Incluso hay una ley que regula y protege la libre creencia de las artes. Además, mientras haya alguien dentro de la música que haga lo correcto sin importar nada, vale la pena seguir haciendo lo que hacemos. El egoísmo está presente en todo lo que hacemos, y si es por hacer lo correcto entonces no está mal, por mucho que pueda perjudicar a otros. Mejor usar pantuflas que alfombrar el mundo y nada ni nadie nos tiene que pasar a llevar en nuestras decisiones. De eso se trata la música. Quizá no estamos viendo el trasfondo de la gente pero ellos han de estar haciendo lo que ellos creen correcto y no somos nada ni nadie para impedirlo. Y como les digo, no es algo malo la idea metafísica de la música. Si nos hace ser buenas personas y hacer una mejor sociedad entonces está bien. Hace 45 años que vivimos en paz, dejémosle a los que vengan los problemas que esto puedan causar, si es que puede haber alguno, y vivamos lo que nos queda de vida haciendo lo que creemos correcto –Hyerónimus miraba con ahínco hacia un futuro lleno de nada. -Tiene razón, no podemos ver el vaso medio vacío siendo que siempre ha estado lleno. No perdimos el tiempo ni a Kristina en vano. Supieron que descontinuaron las máquinas de deseos? -Si, Uberto. Según supe el estado pidió disculpas por tener a la gente pensando en otras cosas para que no se metieran en asuntos de política. De todas maneras funcionaban –Arderian calló y de repente exclamó con su poca voz de viejo –La música si tiene un carácter más allá de lo humano! - Ah?! Cómo argumentas eso? -Es simple, por dos cosas: La primera por lo que produjo en la gente hace muchos siglos, si no tenía ese carácter no humano entonces por qué habían tantos genios? No creen que es raro que no todos los humanos puedan hacer la misma música? He oído música que de verdad avoca a algo superior, y ese sentimiento va más allá del hombre!; Y lo segundo: Porque todo lo que a la música me concierne me hace feliz, más feliz que lo que cualquier ser humano me ha hecho –Sonrió y algunas lágrimas cayeron. -Nos cagó! –Dijo Hyerónimus y se largaron a reír. La noche cayó y se fueron los tres a sus hogares con sus familias. El vino se saboreaba aun en sus bocas, y cierto sentimiento de esperanza los plenaba, pero no sabían por qué. Quizá por el carácter trascendental de la música; O porque tenían una vejez plena… El pentagrama del Bosco terminó en el museo que recordaba las guerras del péndulo, incluyendo la casi sexta guerra que comenzó la rebelión y posterior revolución de la música en la sociedad. Habían pasado muchos años desde eso, y el mundo comenzaba a vivir un futuro pasado…