ESTE MATERIAL SE UTILIZA CON FINES EXCLUSIVAMENTE DIDÁCTICOS

MANUEL CASTELLS. (*) “FLUJOS, REDES E INFORMACIONAL”. (**)

IDENTIDADES: UNA TEORÍA CRÍTICA DE LA SOCIEDAD

En: Manuel Castells, Ramón Flecha, Paulo Freire, Henry Giroux, Donaldo Macedo, Paul Willis: Nuevas perspectivas críticas en educación, Barcelona, Paidós, 1994, pp. 13-53.

Es bien sabido que nos encontramos en un proceso de transformación estructural en las sociedades avanzadas. Este hecho es consecuencia del impacto combinado de una revolución tecnológica basada en tecnologías de información/ comunicación, la formación de la economía global y un proceso de cambio cultural cuyas principales manifestaciones son la transformación del rol de las mujeres en la sociedad y el aumento del desarrollo de una conciencia ecológica. El nuevo orden surgido de las transformaciones políticas y la desaparición del comunismo y de la ideología marxista-leninista son también retos fundamentales de nuestra época histórica. Sin embargo, argumentaré que el colapso del Imperio Soviético es también una consecuencia de las tensiones generadas por la transición a la sociedad de la información. Algunas teorías e interpretaciones sociales han intentado entender la esencia de la transformación estructural actual (Beniger, 1986; Miles, 1988; Mona, 1989; Martín, 1988; Williams, 1988; Lyon, 1988; Katz, 1988; Salvaggio, 1989; Cakwell, 1987; Forester, 1987; Hace y Powers, 1992, etc.). Todos ellos están de acuerdo en la centralidad de la generación de conocimiento y procesamiento de la información como las bases de la nueva revolución socio-técnica (Prat, 1977), igual que la revolución tecnológico-social basada en la producción y uso de energía constituyó la base de la aparición de la sociedad industrial (Kranzerg y Pursell, 1967). Por esta razón, denominaré a la nueva sociedad «información-al» para indicar que los atributos sociales de generación y procesamiento de la información van más allá del impacto de las tecnologías de información y de la información en sí misma, del mismo modo que la sociedad industrial no podría ser simplemente asimilada a la difusión de la producción industrial. Sin embargo, la intensidad de la estrella naciente deslumbra al observador. Pocas teorías son específicas, globales y bastante rigurosas para dar actualmente un marco interpretativo para la comprensión de la nueva historia. Hay una considerable cantidad de investigaciones sobre los impactos sociales y económicos de las nuevas tecnologías, pero éstos no son más que aspectos parciales cuyo significado fundamental debería estar integrado dentro de un sistema más amplio de interacción social. El carácter sistemático de la teoría es más necesario que nunca para comprender esta nueva sociedad porque una de sus características centrales es la estrecha interdependencia entre sus diferentes esferas sociales, políticas y económicas.

Catedrático de Planificación y de Sociología, Universidad de California en Berkeley. Miembro de la Academia Europea de Sociología. (**) Ponencia presentada en el Congreso Internacional de «Nuevas Perspectivas Críticas en Educación», organizado por la Universidad de Barcelona (traducida del original en inglés y posteriormente corregida por el autor). Barcelona, 6-8 de julio de 1994.
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Hay también un gran número de pseudo teorías pop-sociológicas, confirmando el hecho de que las profecías e ideologías ocupan rápidamente la falta de investigación académica en algunas situaciones de transición histórica. En resumen, hay poca sistematización, pocas teorías rigurosas que nos capaciten para comprender los perfiles actuales de la estructura social de las sociedades contemporáneas como sociedades informacionales. Los mejores análisis construidos sobre tal proceso de transformación de la estructura social están todavía basados en los clásicos análisis sociológicos sobre la sociedad postindustrial. Por eso debemos volver a los orígenes contrastando la hipótesis sobre el postindustrialismo con la evolución actual de las sociedades en los últimos veinte años. TEORÍAS DE LA SOCIEDAD POST INDUSTRIAL Es una sorprendente paradoja que la teoría de la sociedad postindustrial fuera formulada, en su núcleo esencial, a finales de los 60 (Touraine, 1969), y a principios de los 70 (Bell, 1973), antes de la consolidación de la revolución de las tecnologías de la información. Sin embargo, las teorizaciones sociales de hoy sobre la transformación estructural de nuestras sociedades están aún dominadas por estas primeras construcciones teóricas, precursoras de una serie más amplia de interpretaciones sociales y económicas elaboradas aproximadamente en la misma época (Richta, 1969; Fuchs, 1968; Prat, 1977 etc.). Todas estas teorías estaban basadas en la idea común de que la sociedad industrial (no capitalista) había sido suplantada históricamente en su lógica y su estructura. El hecho de que la teoría se anticipara a las grandes transformaciones tecnológicas (el micro-procesador [1971], el ordenador personal [1975], la recombinación del ADN [1973], etc.), muestra que las tecnologías de la información son un componente esencial de la transformación social en su conjunto, pero no el único factor determinante. Éstas son el resultado de las demandas sociales e institucionales para realizar determinadas tareas, además de ser origen de una serie de transformaciones fundamentales de la manera en que producimos, consumimos, realizamos, vivimos y morimos. En su esencia, la teoría del postindustrialismo se basa en una observación empírica fundamental: la productividad y el crecimiento económico aún organizan las sociedades alrededor de su lógica, en el proceso de trabajo y en la distribución de la riqueza de este modo generada. En este sentido, la teoría está en línea con la tradición marxiana. Además, el motor para el cambio al postindustrialismo es una innovación en las fuerzas de producción: durante la primera mitad del siglo XX la ciencia y la tecnología fueron las principales fuentes de productividad. En el período que transcurre después de la segunda guerra mundial, el conocimiento y la información se convierten en los elementos fundamentales de generación de riqueza y de poder en la sociedad. Ésta es la base de la teoría. Sin embargo, es necesario profundizar esta afirmación. La tecnología no es solamente la ciencia y las máquinas: es también tecnología social y organizativa. El primer análisis econométrico en que se basó la teoría del postindustrialismo (Solo, 1957; Kendrick, 1961) clarificó que la combinación de los factores de producción (básicamente el trabajo y el capital) y el uso eficaz de la energía, a través de la tecnología organizativa, sentaron las bases para la hipótesis de los orígenes de la productividad. Según estos análisis econométricos, el crecimiento de la productividad de las economías industrializadas no procede únicamente del
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crecimiento cuantitativo del capital o del trabajo en el proceso de producción, sino que se daba otro factor, reflejado en un residuo estadístico no identificado que apareció en las ecuaciones caracterizando la función de producción global. Se planteó la hipótesis de que el residuo era la expresión empírica de la ciencia, la tecnología y la administración. Tanto la ciencia (y sus aplicaciones tecnológicas) como la tecnología social (incluyendo algunos niveles de la ciencia social, junto con conocimientos técnicos administrativos) fueron consideradas las fuerzas principales en el crecimiento continuo de la productividad durante los últimos 50 años. Todos los procesos sociales e institucionales se vieron implicados en las fuerzas productivas. Los diferentes ámbitos de la sociedad se hacen más interdependientes, los mundos de la economía y tecnología dependen más que nunca del gobierno y, por lo tanto, de los procesos políticos: las sociedades postindustriales son más políticas y se organizan en torno a las opciones sociales, igual que las sociedades agrícolas estaban organizadas en función de la supervivencia frente a una naturaleza hostil y las sociedades industriales lo estaban alrededor de los procesos de acumulación de la economía. Además, la estructura ocupacional de la sociedad se diversifica en lo que se refiere a actividad. La expansión de los «servicios» significa simplemente una extensión de crecimiento de trabajo humano más allá de la esfera de la producción material. Las sociedades postindustriales están caracterizadas e, incluso definidas, en el pensamiento de algunos autores, por el cambio de los bienes de producción a las actividades de servicios. Ésta es la tendencia empírica más sólida, repetidamente usada por los teóricos sociales como evidencia del postindustrialismo. El peso decreciente de la producción industrial y su contribución al PIB es citado como el principal indicador de la situación industrial de la sociedad industrial. La expansión de los servicios es al mismo tiempo necesitado y posibilitada por las nuevas fuerzas de producción. Es necesaria porque el procesamiento de información, la generación de conocimientos y su distribución, y sus trabajos de apoyo son fundamentales para la obtención de beneficios y, en el futuro, para la economía informacional. Pero es también la productividad generada en la economía informacional la que permite la expansión de las actividades de servicios, algunas de las cuales (como los servicios sociales) están más unidas a las demandas sociales de la sociedad que a las demandas directas de la economía (aunque también tienen, en un segundo orden, efectos de incremento sobre la productividad en aumento). Así, como consecuencia de los imperativos económicos y de las demandas socioinstitucionales, una proporción creciente de la actividad humana y de los recursos es dedicada en nuestras sociedades al procesamiento de información y otras actividades no productivas. La transformación de la estructura ocupacional está caracterizada por el crecimiento de los grupos sociales con educación superior, en concreto directivos, profesionales y especialistas. Entre ellos, científicos y directivos tienen una especial importancia en la teoría. En la perspectiva de la teoría postindustrial se predice que estos grupos incrementarán en números absolutos, en proporción al total empleo y en importancia estratégica en las organizaciones y en la sociedad.

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El cambio social no esta limitado a la transformación de la estructura social. Una nueva estructura social está unida a nuevas dinámicas sociales, estructuralmente opuesta a ciertos intereses, y crea nuevos centros de conflicto y de poder («situses», en términos de Bell). Desde este punto de vista, la teoría ofrece dos hipótesis diferentes que no son mutuamente excluyentes: 1. El control del conocimiento y la información decide quién tiene poder en la sociedad. Los tecnócratas son la nueva clase dominante, independientemente del hecho de que el poder político es ejercido por políticos que controlan el Estado. ¿Quiénes forman las clases «dominadas»? La respuesta teórica en este punto es menos sólida: en cualquier caso, no son los trabajadores, sino los «ciudadanos», los «consumidores», las comunidades, la población no participante. Pero esta clase también está formada por aquellos profesionales y expertos que, aún siendo parte del estamento generador de productividad no forman parte de su sistema de poder. Tal y como Touraine argumenta, es posible que sean los profesionales quienes lideren a los ciudadanos alienados, y se opongan a los profesionales-tecnócratas: el movimiento ecologista podría ser un buen ejemplo de los nuevos movimientos sociales de la sociedad de la información (científicos y expertos movilizan consumidores y ciudadanos a través de los medios de comunicación en la base del procesamiento y la comunicación de información sobre salud, seguridad y conservación de la Naturaleza). 2. El análisis de nuevas dinámicas sociales es más fácil si definimos la lógica estructural que hay detrás de los intereses opuestos. Los intereses dominantes son aquellos que responden a la racionalidad científico-tecnológica y al crecimiento económico. Los intereses alienados (más que los dominados) son los que, a su vez, responden a identidades sociales específicas. En palabras de Touraine, la oposición fundamental se da entre productividad y vida privada; o en palabras de Bell, entre las elites técnicas meritocráticas y la sociedad comunal. Los medios de comunicación son la instancia crucial para expresar la batalla socio-cultural, mientras la mayoría de instituciones sociales, que expresan las orientaciones de la sociedad como un todo (educación y salud), son las que están situadas privilegiadamente para los «juegos» de poder. Las teorías del postindustrialismo insisten en situar la definición del principio estructural de la nueva sociedad en un eje diferente a la oposición capitalismoestatismo. Tratan con las relaciones técnicas de producción y no con las relaciones sociales de producción (basadas en la propiedad). Los dos ejes deberían ser considerados para la comprensión de una sociedad específica. Valorando la teoría de la sociedad postindustrial más de 20 años después de su inicio, hay que tratar muchas nuevas cuestiones para entender nuestras sociedades, y en general, las sociedades del siglo XXI: 1. Aunque todas las teorías rechazan el etnocentrismo y proclaman la diversidad de las expresiones nacionales y culturales del postindustrialismo, su formulación, de hecho, se refiere a la experiencia americana y a la de Europa Occidental (en el caso de Daniel Bell, asume que América conduce hacia un futuro ampliamente común para todas las sociedades avanzadas, ignorando al resto de países). Esto es particularmente embarazoso en los años noventa cuando una de las sociedades más avanzadas económica y tecnológicamente, Japón, tiene que ser tenido en cuenta si la teoría quiere ser algo más que una descripción ad hoc de la
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evolución de un contexto cultural dado. Esto implica no sólo observar la evolución del Japón, para ver si se ajusta a la teoría y cómo lo hace, sino que es más importante aún incluir la necesidad de valorar el pensamiento japonés en el postindustrialismo, con el fin de corregir el sesgo etnocéntrico implícito de muchas teorías americanas y europeas. 2. La relación entre producción industrial y servicios, la diferenciación interna de las actividades de servicio, la especificación del procesamiento de la información y las actividades de generación de conocimiento son cuestiones todavía no resueltas. La teoría del postindustrialismo situada en las amplias tendencias de la evolución no hizo grandes diferenciaciones dentro de los procesos, ni estableció los vínculos entre los sectores de actividad bajo el nuevo paradigma tecnológico. 3. Aunque la teoría no ha sido del todo invalidada por el florecimiento y difusión de la revolución en las tecnologías de la información, las dos décadas de experiencia de esta revolución que ahora tenemos nos permitan una evaluación más precisa de las originales hipótesis teóricas a la luz de la actual transformación del paradigma tecnológico que ha tenido lugar. Por ejemplo, el énfasis de Bell en «la nueva tecnología intelectual» (modelos de simulación) ha sido mucho menos relevante de lo que él predijo, mientras que la penetración de sistemas microelectrónicos y ordenadores en el lugar de trabajo ha revolucionado verdaderamente el trabajo, la organización, la productividad y la competitividad; la biología, y no la física, es la ciencia decisiva del siglo XXI; y las universidades no parecen haber emergido como las instituciones centrales de la sociedad postindustrial: corporaciones (tanto privadas como públicas), sistema sanitario, sistema escolar y medios de comunicación son las instituciones centrales, profundamente transformadas por el uso intensivo de nuevas tecnologías de información-comunicación. 4. Las teorías del postindustrialismo generalmente subestimaron la transformación de la condición de la mujer en sociedades avanzadas, con la excepción de la aportación de Bell (en su prólogo a la edición de 1976) sobre la expansión de oportunidades de empleo para la mujer en la sociedad postindustrial. La experiencia histórica de estas dos décadas y razones teóricas generales sugieren que el análisis de los roles específicos de la mujer y de sus prácticas no sólo son una piedra angular de cualquier teoría social, sino que son particularmente relevantes para la comprensión de nuestras sociedades. 5. Un límite fundamental en el análisis del postindustrialismo es que éste se refiere al crecimiento económico como el valor central en nuestras sociedades. Esto no es así. El poder ha sido desde el principio un objetivo tan fundamental como la generación de riqueza. Tanto la estimulación y apropiación de la ciencia y la tecnología como el poder militar han influido de la misma manera que las bases de conocimiento de productividad en la reforma de nuestras sociedades durante y después de la segunda guerra mundial. Bell incluso comparte la visión de Herman Kanh de que «la tecnología militar» es el nuevo modo de producción, una formulación ambigua. Pero este comentario no es integrado en su teoría. Así, parecería que la productividad económica y el poder militar-estatal son el recurso de superar todas las dinámicas sociales en nuestras sociedades, y ambas (y su interacción) han sido decisivamente afectadas por el proceso de generación de conocimiento y la innovación tecnológica. Una teoría sistemática de la sociedad de la información debería romper para siempre con la visión economicista implícita del postindustrialismo.
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6. Por otro lado, la teoría postindustrial no prestó suficiente atención a un factor fundamental de nuestra sociedad: vivimos en una economía interdependiente, global, cuyos vínculos internos han sido reforzados hasta el punto de llegar a ser inextricables, en un movimiento de integración que se aceleró como salida a la crisis económica mundial del 1973-1974. Las sociedades no son reducibles a economías, pero parece ser intelectualmente inaceptable que las estructuras sociales se puedan analizar independientemente de lo que sucede al nivel de la estructura económica. Esto podría ser fácilmente aceptado por las teorías postindustrialistas sólo si se refieren al Norte, los llamados los países del OCDE (como Bell explícitamente mencionó en su libro, pág. 483). ¿Pero qué pasa con el resto de mundo? Bell identifica el problema pero declara que esto es «el límite exterior de nuestra trayectoria —un problema para el siglo XXI» (pág. 486). Touraine ha analizado extensa y, probablemente, más profundamente que cualquiera, las dinámicas contemporáneas de las sociedades dependientes (La Parole et le Sang, 1988). Sin embargo, en ambos casos (a fortiori en otras formulaciones teóricas del postindustrialismo menos relevantes), la nueva estructura social se analiza como específica de las sociedades dominantes occidentales. Con alguna rara excepción (la más notable, el trabajo de Katz, 1988) las sociedades menos avanzadas son consideradas externas al sistema, y sus efectos en las sociedades postindustriales no se toman en consideración, mientras los impactos de estos nuevos procesos informacionales en las sociedades no-postindustriales tampoco se consideran. Esta limitación reduce el poder exploratorio de cualquier teoría, no sólo porque deja a la mayoría del planeta fuera de su ámbito, sino porque no entiende puntos esenciales de las dinámicas de las sociedades más avanzadas. Ejemplos que justifican mi aserción son los siguientes: la crisis y el eventual colapso del Imperio Soviético no se puede entender sin considerar las contradicciones internas generadas en la economía Soviética y en la máquina militar Soviética por la lógica de la tecnología basada en la información y el conocimiento; la diferenciación creciente en el seno del Tercer Mundo, entre los países nuevamente industrializados (Pacífico asiático), sociedades relativamente automantenidas (India, China), y sociedades descompuestas (Africa sub-sahariana) tiene mucho que ver con los diferentes grados de integración y adaptación a los procesos de la economía informacional; la inmigración a los países de la OCDE desde el Sur es al mismo tiempo una consecuencia del patrón de inmigración asimétrica y una incorporación por abajo en la estructura ocupacional de la sociedad informacional; la producción de drogas, tráfico y consumo (una inclinación fundamental de nuestras economías y sociedades) demuestra las nuevas relaciones en la nueva infraestructura de comunicaciones y redes financieras, y en las demandas socioculturales de las sociedades informacionales. En resumen, una teoría de la sociedad de la información que no sitúe la interdependencia del nuevo mundo económico en el corazón de la teoría es simplemente irrelevante para el propósito de comprender la nueva estructura social de nuestras sociedades. Es ciertamente más fácil pensar que nuestras sociedades funcionan desde su lógica interna, pero esa «fácil» base intelectual no puede entender un punto clave sobre nuestra especificidad histórica. Éstos son los principales temas que deben abordarse para pasar del paradigma clásico del postindustrialismo a la nueva teoría de la sociedad informacional tal y como se ha constituido históricamente.

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LA NATURALEZA REVOLUCIONARIA DE LAS NUEVAS TECNOLOGÍAS DE LA INFORMACIÓN Y SU INTERACCIÓN CON EL SISTEMA SOCIAL

SOBRE

El determinismo tecnológico es en esencia la negación de la teoría social. Debemos rechazar desde el comienzo cualquier intento de situar el cambio tecnológico en las raíces del cambio histórico. Sin embargo, es importante reconocer el extraordinario cambio social representado por las nuevas tecnologías de la información. En un paralelismo histórico obvio, la máquina de vapor no creó la sociedad industrial por sí misma. Pero sin la máquina de vapor no habría sido posible una sociedad industrial. Sin el microprocesador y sin la recombinación del ADN no sería posible una sociedad informacional. Hay ahora una aceptación general de que ha tomado forma una revolución tecnológica de proporciones históricas en el último cuarto de siglo XX (aunque, como siempre, los fundamentos científicos de tal revolución pueden situarse mucho antes, por ejemplo en el descubrimiento del tubo de vacío en 1912 por De Forest en Stanford). Dos rasgos básicos caracterizan la revolución tecnológica actual: a) está enfocada hacia los procesos, como todas las revoluciones tecnológicas principales, aunque es también importante la innovación continua de productos. Porque está centrada en procesos (como fue la revolución industrial), sus efectos son intersticiales, y abarcan todos las esferas de la actividad humana; b) su materia prima fundamental, así como su principal resultado, es la información, como la energía fue la materia prima de la revolución industrial. De este modo, la información de la revolución tecnológica se distingue de las revoluciones tecnológicas que la preceden. Mientras que la información y el conocimiento fueron siempre, par definición, elementos esenciales en algunos procesos del descubrimiento científico y cambio técnico, éste es el primer momento de la historia en el que el nuevo conocimiento se aplica principalmente a los procesos de generación y al procesamiento del conocimiento y de la información. Las tecnologías de la información no están limitadas a la microelectrónica basada en las tecnologías. Debemos también incluir la ingeniería genética como componente fundamental de las tecnologías de la información, desde que se descubre la descodificación de la reprogramación individual de los códigos de información contenidos en la materia viva. Además, la interacción entre las tecnologías de la información basadas en la microelectrónica y las basadas en la genética es la nueva frontera de la ciencia y la tecnología en el siglo XXI. Los orígenes y trayectoria de los mayores cambios tecnológicos son sociales. La aplicación de la tecnología está determinada, como está socialmente determinado el efecto retroactivo de las consecuencias sociales de sus aplicaciones. Una vez que hemos supuesto estos puntos cruciales, pienso que aún es importante centrarse sobre los efectos específicos de esta revolución tecnológica en la estructura social para entender el nuevo surgimiento del sistema social. La primera característica distintiva es la de que información y conocimiento están profundamente insertos en la cultura de las sociedades. La cultura y el procesamiento de símbolos favorecen a las fuerzas productivas en la sociedad nueva. Esto hace difícil la distinción tradicional entre la producción y el consumo, y también supera el debate metafísico sobre trabajo productivo y no productivo. Si la manipulación del símbolo por una fuerza de trabajo altamente calificada, creativa y cada vez más autónoma favorece la fuente de productividad y competitividad, todos los factores que contribuyan directamente al aumento de tal
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capacidad son fuerzas de producción. La capacidad mental de trabajo está verdaderamente unida a la educación y a la formación, pero en una sociedad abierta y compleja, dependiendo de la variedad de culturas y de las condiciones institucionales: salud, comunicación, tiempo libre, condiciones de hábitat, recreación cultural, viajes, acceso al medio ambiente natural, sociabilidad, etc. Además, los procesos de producción y consumo, y más allá de éstos las esferas de la vida económica y social, están cada vez más entrelazadas. Un número importante de consecuencias institucionales que resultan de tal observación. Por ejemplo, el Estado del Bienestar no puede ser visto simplemente como una institución redistributiva no productiva. Para promover las condiciones de la vida social y la capacidad cultural, el Estado del Bienestar, en el sentido más amplio, puede ser una fuerza productiva decisiva en la sociedad informacional. La mayor distinción desde el punto de vista económico será entre los diferentes tipos de instituciones del Estado del Bienestar, dependiendo de sus roles: mejora de la vida social para la mayoría de la población versus la redistribución burocrática y el estigma de la caridad. Eliminando la distinción secular entre la producción y el consumo en el sistema social, el nuevo paradigma tecnológico fuerza a analizar las teorías en términos de relaciones sociales superando varias esferas institucionales de la acción social. Un segundo efecto principal de las nuevas tecnologías de la información es que unen procesos de producción, distribución y dirección por medio de organizaciones y diferentes tipos de actividades. Además, la industria o la agricultura no pueden ya ser concebidos independientemente de la información y de las actividades de servicio que forman parte de la producción de bienes (Cohen y Zysman, 1987). El trabajo y la estructura ocupacional no se pueden considerar como el resultado de una evolución lineal, la sucesión histórica desde los sectores primarios y secundarios a actividades terciarias. Por el contrario, hay un cambio fundamental desde la división tecno-organizacional del trabajo a una matriz compleja de unidades de producción y actividades directivas que ordenan la lógica del sistema ocupacional entero. Para comprobar este análisis he estudiado con mi ayudante Yudo Aoyama la evolución del trabajo y la estructura ocupacional de los países G-7 entre el 1920 y el 2005 (Castells y Aoyama, 1993). Lo que encontramos descubre algunas sorpresas para el dogma postindustrial: Japón y Alemania que se han convertido en los países de mayor competitividad y tecnología de las economías avanzadas, tienen un nivel más alto de trabajo industrial que EE.UU. o que el Reino Unido y un nivel menor de fuerza de trabajo informativa. Esto no significa que la información no sea importante. Lo que parece que ocurre es que la unión entre los procesos de la información y la producción material toma diferentes formas organizativas en las diferentes instituciones y estructuras directivas (por ejemplo, las empresas de fabricación interiorizan una proporción más alta de sus propios servicios; también Japón y Alemania mantienen una proporción industrial más baja que la de EE.UU.). En resumen, las tecnologías de la información permiten diferentes tipos de actividades acopladas de acuerdo a la forma organizativa que ajusta mejor la estrategia de la empresa o la historia de la institución. La flexibilidad de nuevas tecnologías permite una diversidad de esquemas organizativos que hace posible a la gente trabajar juntos en diferentes empresas, y/o distintas situaciones, y/o en diferentes sectores de actividad. La consecuencia es la superación de la distinción tradicional fundamental entre la agricultura y los servicios, o entre la manufactura y los servicios en el
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proceso de la producción, así como la enorme diversidad de «actividades de servicios» que hacen que la noción de «servicio» no tenga mucho sentido. Además, las nuevas tecnologías de la información continúan la Constitución de una producción y dirección del sistema extendiéndose por todo el mundo, trabajando ya en tiempo real y trabajando como una unidad por medio de la combinación de telecomunicaciones, transporte rápido y sistemas flexibles de producción computarizados. Este mundo que amplía el sistema de producción no sólo hace referencia a corporaciones multinacionales. Redes y empresas y las redes auxiliares de distribución también se organizan en una producción global de dirección (Castells, 1989). El proceso más obvio es el caso del mercado financiero global (Sassen, 1991). Tres conceptos clave emergen de esta transformación fundamental en el modo en que el sistema de producción opera:    Articulaciones entre las actividades. Redes que configuran las organizaciones. Flujos de factores de producción y de mercancías.

Juntos, estos conceptos forman las bases actuales de la nueva economía y forzarán la redefinición de la estructura ocupacional además del sistema de clase de la nueva sociedad. La misma lógica se aplica al proceso fundamental del cambio organizativo subyacente, un tercer efecto distintivo de las tecnologías de la información. Como la complejidad y la incertidumbre son las características esenciales del nuevo medio ambiente en las que las organizaciones deben operar, las necesidades fundamentales para la dirección de organizaciones son de flexibilidad y adaptabilidad (Benveniste, en curso). La flexibilidad adapta el sistema externo de la organización de acuerdo con cada patrón nuevo de dirección estratégica. Las demandas para tales cambios organizativos han existido desde hace tiempo en el lugar de trabajo. Pero sólo con la extensión que dieron las tecnologías de la información fue cuando empresas e instituciones fueron capaces de descentralizar y llegar a ser flexibles sin socavar su control y sistemas de dirección. Además, las empresas pequeñas y medianas fueron capaces de unirse entre ellas, relacionarse con un mercado más grande y convertirse en distribuidoras de una variedad de empresas grandes, añadiendo una flexibilidad sustancial al sistema como un todo. Las corporaciones multinacionales descentralizaron sus unidades para formar constelaciones de entidades casi-independientes. Las grandes firmas forman alianzas/estrategias, unen empresas y se asocian en diferentes líneas de producto y en mercados y funciones diferentes, a menudo favorecen a los competidores de sus propias alianzas en áreas específicas de acción. Mientras la concentración de riqueza y poder en mayores conglomerados ha continuado en muchos países y a nivel mundial, la estructura de la economía y la estructura de las instituciones sociales en general ha favorecido cada vez más la descentralización y diversificación, con un número creciente de unidades tomando sus propias decisiones, mientras se relacionan con un sistema complejo de jerarquías, uniones y competencias. En conjunto, y como una tendencia general, las redes multidireccionales están sustituyendo a las burocracias verticales como las más eficientes, forma arquetípica del nuevo sistema, sobre las bases de unas tecnologías de la información/comunicación flexibles, asequibles y cada vez más poderosas.
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El impacto directo sobre los medios de comunicación y sobre la formación de imágenes, representaciones y opinión pública en sus sociedades es un impacto obvio y directo de las nuevas tecnologías de comunicación. Éste ha sido el objetivo de numerosos estudios e interpretaciones hasta el punto que parece innecesario elaborar sobre la cuestión. Sin embargo, las nuevas tecnologías de comunicación han hecho obsoletas la era de la «clásica televisión» forzando a reconocer la nueva interacción entre comunicación y tecnologías comunicativas. Lo que es nuevo es cómo han sido afectados los medios por la transmisión por satélite, por el cable, los VCRs, los aparatos de comunicación portátiles y la transmisión eventual por microondas. Es la tendencia simultanea hacia la globalización e individualización en la difusión imagen/sonido. Por un lado, el planeta (desigualmente) conectado en una red global de información e imágenes que viajan por todo el mundo instantáneamente, por otro lado, los media son menos y menos orientados hacia las masas. Los mercados y el público (últimamente lo mismo) han sido segmentados y estratégicamente elegidos. La emergencia de redes especializadas, a través de la televisión por cable o la transmisión satélite, dependiendo de las sociedades, no es sólo un desafío de las redes de la televisión tradicional, es una forma nueva de distribución de la imagen y de recepción. Junto con las emisoras de radio están formando un nuevo sistema de media que busca público específico o humor específico y prueba al público en general. Las VCRs están favoreciendo también instrumentos poderosos de individualización, desde que se alquilan menos películas y se incrementa el uso de las películas y programas de video, la selección disponible de imágenes mientras se mantiene el tiempo y las condiciones del consumo de la imagen. El recurso del walkman (que tendrá su equivalente en video dentro de muy poco, más allá de los aparatos de mini-TV rudimentarios actuales) alcanza la individualización última para la recepción de mensajes, moviendo desde los mass media el consumo individual y la distribución segmentada de una producción flexible, global de los mensajes audiovisuales. Hasta cierto punto, ahora el mensaje es el medio, puesto que es el mensaje el que determina el medio en el cual ha de ser usado, así como el cómo, dónde, cuándo y para quién es usado. En un desarrollo relacionado, la difusión rápida de la representación de «realidad virtual» en las redes del ordenador, crea la posibilidad de individualizar la representación y percepción de la imagen autoprogramada, que desconecta de una forma creciente a los individuos de los mass media, mientras que conecta las expresiones de comunicación individualizada al mundo mental de los individuos. Las consecuencias sociales de tales desarrollos de la tecnología son la tensión creciente entre globalización e individualización en el universo del audiovisual, suscitando el peligro de la ruptura de los patrones de comunicación social entre el mundo de los flujos de información y el ritmo de las experiencias personales. Por último, el carácter estratégico de las tecnologías de la información en la productividad de la economía y en la eficacia de las instituciones sociales cambia las fuentes de poder en la sociedad y entre sociedades. El control de la ciencia y la técnica de las tecnologías de la información llega a ser una fuente de poder en sí misma. Ciertamente el Estado, porque aún sostiene el monopolio institucional de violencia, aún es la fuente de poder en la sociedad. Pero un Estado incapaz de cambiar al ritmo de los rápidos procesos de cambio tecnológico se hará Estado débil internamente (sus bases económicas se deteriorarán) y externamente (los instrumentos coercitivos de su monopolio institucional de violencia llegarán a ser obsoletos tecnológicamente). Éste es un desarrollo fundamental, porque la habilidad de fomentar el cambio tecnológico bajo las nuevas condiciones de información de
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revolución tecnológica están relacionadas directamente con la habilidad de una sociedad para difundir e intercambiar información y relacionarlo con el resto del mundo. En ambos niveles, los imperios militares herméticos no pueden competir con sociedades abiertas y economías de mercado en el fomento de nuevas tecnologías. El poder nuclear es un hecho del pasado, la tecnología más destructiva de la era industrial. Las tecnologías de la comunicación, en realidad, pueden usarse para propósitos de la destrucción de la guerra y del control político. Pero el potencial de un sistema institucional para desarrollar tecnologías de comunicación depende de un número de condiciones sociales que encuentran serios obstáculos en sociedades cerradas en aparatos militarmente orientados (Guile, 1987). El sorprendente colapso del Imperio Soviético es la evidencia más fuerte en apoyo de esta hipótesis: la incapacidad del sistema soviético para competir con el Occidente en tecnologías de la información debilitó decisivamente su poder militar, abriendo el camino para un último intento de reformar el sistema que precipitó su colapso (para un análisis provisional de este proceso véase Castells (1992). LA
TRANSFORMACIÓN DE LA CONDICIÓN DE LA MUJER Y LA REDEFINICIÓN SOCIAL DE LA FAMILIA, LA SEXUALIDAD Y LA PERSONALIDAD

Una característica fundamental de la nueva sociedad se refiere a la transformación de la condición de la mujer en los países más desarrollados. En las raíces de tal transformación que desde 1960 ha tenido lugar con paso acelerado hay dos fenómenos interrelacionados: la entrada masiva de la mujer en el mercado de trabajo en la mayoría de economías avanzadas; los movimientos sociales basados en la defensa de la identidad que alimenta el desarrollo del movimiento de las mujeres y del feminismo en general. Ambos, el cambio estructural y la movilización social son importantes para entender la transformación de los roles de las mujeres y los valores en la sociedad. Pero porque el feminismo y/o los movimientos de mujeres han tenido lugar en períodos históricos anteriores, me inclino a atribuir el mayor peso en el proceso de cambio a la transformación del mercado de trabajo y al acceso de las mujeres a trabajos pagados, incluso bajo condiciones de discriminación estructural. Además, la transformación de la estructura del trabajo bajo las condiciones de la creciente economía de la información está directamente relacionada con el cambio de la posición de la mujer en la sociedad. En cualquier caso, las mujeres que se inscriben en una vida como trabajadoras se encuentran ellas mismas en una posición de negociación mejor en el hogar, mientras la división social del trabajo entre «el que gana el pan» y «el que cuida la casa» pierde sus bases de legitimación cultural. Al mismo tiempo el hecho de tener que hacer frente simultáneamente a cuatro tareas (trabajando por un salario, cuidar la casa, criar a los hijos y gestionar el marido) tensiona la vida cotidiana de las mujeres al límite, en un contexto donde la sociedad no complementa la incorporación de mujeres al trabajo con la provisión de servicios para el funcionamiento de la casa. Este fenómeno produjo un gran aumento de receptividad entre las mujeres por los valores del feminismo debatidos por los medios de comunicación por la iniciativa de los movimientos sociales e ideologías. Además, mientras la mayoría de las mujeres en muchas sociedades no se llamarían a ellas mismas feministas, un cambio dramático en los valores de la sociedad y particularmente en los valores de las mujeres ha sucedido en tan sólo una generación. La igualdad de derechos favorece una meta institucional para muchas
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mujeres. Pero más importante, la mayoría de mujeres de países avanzados en los 90 no aceptan los valores que fundamentan la institución social de la familia patriarcal. La discriminación del género es aún un hecho en todas las sociedades, y el compartir el trabajo de la casa es todavía una práctica insignificante en la población en general. Pero la estructura de legitimación de patriarcado ha sido fundamentalmente socavada. Las mujeres ya no aceptan la autoridad de los hombres. El juego de poder se ha implantado ahora sobre unas bases interpersonales. Las instituciones de la sociedad no pueden venir a rescatar el patriarcalismo. La penetración de las mujeres en los medios de comunicación y la rápida movilización política de la demanda de las mujeres ha sido una incursión sustancial en la estructura de poder de todas las sociedades, subrayando inconfundiblemente el reto histórico hacia la igualdad de género. Cierto, millones de años de patriarcado no desaparecerán fácilmente. Los reflejos arraigados de la dominación del género permanecerán vivos durante generaciones, transmitidos por algunos de los más fundamentales valores culturales de cualquier sociedad. Pero la necesidad económica de incorporar a la mujer dentro del mercado laboral, el interés político por apelar para el voto de la mujer, y la presión de un poderoso, aunque difuso y dividido, movimiento feminista se combinan para crear un nuevo terreno histórico que ya ha tenido un impacto fundamental en la totalidad del sistema social. El primer y más importante impacto ha sido en la familia. La familia patriarcal se ha puesto en tela de juicio. Un período de crisis institucional ha seguido, como después de todas las transiciones históricas. Las demandas de las mujeres en sus vidas encuentran fuertes resistencias por parte de los hombres que ven sus intereses amenazados y sus valores puestos en cuestión. El separatismo entre géneros ha aumentado, con la proporción de divorcios elevándose en la mayoría de sociedades y el número de hogares de solteros aumentando. En los Estados Unidos, por ejemplo, un 50% de matrimonios acaba en divorcio. También, la familia tradicional, formada por una pareja casada con niños/as, es hoy la excepción en los Estados Unidos: sólo un 25% de las casas encajan en este modelo. Las familias de padres/madres son la categoría que más crece, seguida de solos y después la de parejas sin hijos. Aunque las familias patriarcales nucleares resisten mejor en la Europa Occidental (y todavía crecen en Japón), los cambios hacia la desintegración de tal modelo son similares en todas las sociedades. Para parejas que están juntas hay una transformación fundamental de los roles en la familia. El trabajo dual en la familia se ha convertido en norma. Esto significa continuas negociaciones para acomodar las necesidades que cada miembro de la familia debe responder en su vida profesional. Porque la sociedad continúa considerando que no es necesario dotar de un servicio de cuidado de los niños para la totalidad de la población trabajadora, el cuidado de los niños se ha convertido en un elemento fundamental sobre el que gira la vida familiar. Cada sociedad adopta de forma diferente la crisis del cuidado de los niños. En la Europa Occidental las relaciones familiares ampliadas desempeñan un cierto papel amortiguando la crisis, con los abuelos/as realizando esta parte del trabajo familiar que, suficientemente interesante, permite la rehabilitación de las relaciones familiares. En los Estados Unidos (en donde se alcanzó la más alta proporción de participación de las mujeres en la fuerza de trabajo), se utilizan dos grandes vías para el cuidado de los niños, dependiendo de la clase social. Para la clase media profesional, las mujeres subcontratan trabajadores domésticos para que realicen esta tarea; son mayoritariamente personas de los países del tercer
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mundo. Para las mujeres de clase trabajadora, ellas confían en las redes que socializan a las/os niñas/os en la base de la vecindad. En ambos casos, los modelos de socialización de los niños/as están siendo fundamentalmente afectados. Además, mientras el hombre sigue participando muy poco en el trabajo doméstico, cuida más a los hijos/as, por la gratificación emocional que implica. El resultado es que las nuevas generaciones están siendo socializadas al margen de los modelos tradicionales de la familia patriarcal, y están siendo expuestas desde una edad muy temprana a enfrentarse con diferentes mundos y diferentes roles adultos. En términos sociológicos, en el nuevo proceso de socialización de alguna manera se minimiza la importancia del rol de la familia patriarcal y se diversifican los roles dentro del mundo de la familia. Los resultados que deberíamos esperar son personalidades más complejas, menos seguras y más capaces de adaptarse a roles cambiantes y a contextos sociales (véase Hage and Powers [1992] en este tema). El aumento de las relaciones individualizadas dentro de la familia tiende a enfatizar la importancia de las demandas individualizadas más allá de los roles de la institución. Así, de alguna manera, la sexualidad se convierte, al nivel de los valores sociales, en una necesidad personal que no debe ser necesariamente dirigida e institucionalizada dentro de la familia. Con la mayoría de la población viviendo fuera de los límites de la familia nuclear tradicional, la expresión de la sexualidad se concentra en las relaciones interpersonales y se convierte en una dimensión abierta de un nuevo yo. La socialización de los adolescentes en este nuevo modelo cultural permite un grado mayor de libertad sexual en comparación con las generaciones precedentes. Éste es el motivo por el que incluso con la amenaza de la epidemia del SIDA no ha sido posible reducir la promiscuidad entre los adolescentes. La expresión abierta de la sexualidad y la aún débil pero creciente aceptación de la sexualidad por la sociedad ha permitido la expresión de la homosexualidad, promovida por los movimientos gays y lesbianas que se han convertido en agentes importantes del cambio cultural. Por esto, el movimiento gay, al menos de acuerdo con los resultados de mi propio estudio sobre la comunidad gay de San Francisco, es no sólo un movimiento para la defensa de los derechos gays, sino un movimiento para la legitimización de la sexualidad en la sociedad, sin límites o controles relativos al tipo de sexualidad. Así, la revolución de la mujer en contra de su condición sumisa en la familia casa, inducida y permitida por su masiva entrada en la fuerza de trabajo informativa, ha puesto en cuestión la familia nuclear patriarcal. La crisis de la familia tradicional ha tomado la forma de la creciente separación entre las diferentes dimensiones que habían sido previamente defendidas en la misma institución:       relaciones interpersonales entre los dos miembros de la pareja, la vida profesional de cada uno de los miembros de la casa, la asociación económica de los miembros de la casa, la distribución del trabajo doméstico, la educación de los hijos/as, sexualidad.

La dificultad para afrontar todos estos roles al mismo tiempo, cuando no están fijados en una estructura formal dada como la familia patriarca, explica la dificultad
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para mantener relaciones sociales estables dentro del hogar familiar. Es obvio que para que las familias sobrevivan deberán emerger nuevas formas institucionalizadas de relaciones sociales, adaptadas a los nuevos roles sociales y a las funciones de la mujer. Al mismo tiempo, el cambio tecnológico en las técnicas reproductivas ha permitido la posibilidad de disociar la función reproductora de las funciones sociales y personales de la familia. Las posibilidades de la fertilización i vibro, de las madres de alquiler, y la producción de niños de laboratorio abren una nueva área de experimentación social que la sociedad tratará de controlar y reprimir tanto como sea posible por su amenaza potencial a nuestros principios morales y legales. Aunque el hecho de que la mujer pueda tener hijos/as por sí misma sin ni tan siquiera tener que conocer al padre, o el que los hombres puedan utilizar madres de alquiler para tener sus propios hijos, rompe las relaciones fundamentales entre biología y sociedad en la reproducción de la especie humana, y por lo tanto, separa la socialización del hecho de ser padres. Bajo tales condiciones históricas, las familias están siendo redefinidas en términos todavía poco claros. Porque la familia y la sexualidad son determinantes fundamentales de los sistemas de personalidad, la puesta en cuestión de las estructuras familiares conocidas y la difusión de la sexualidad abierta ocasionan la posibilidad de nuevos tipos de personalidad que sólo ahora empezamos a percibir. Mi hipótesis combina la visión de Hages y Powers (op. cit., 1992) con una especulación más aventurada. Estoy de acuerdo con ellos en que la clave para responder a los cambios en la sociedad a un nivel individual es la habilidad para manejar «la redefinición de roles», lo que ellos consideran ser «el micro-proceso central» de una sociedad postindustrial. Éste es un principio fundamental, pero es demasiado general y no nos permite especificar las dinámicas sociales emergentes en un nuevo contexto histórico. Probemos un análisis complementario a su análisis de sistemas nuevos de personalidad emergente. Si nos atrevemos a introducir algunos elementos de la teoría psicoanalítica en este excursus podríamos decir que el reconocimiento abierto del deseo individual permitiría tal aberración como la institucionalización del deseo. Porque el deseo es, por definición, la transgresión constante, el reconocimiento de la sexualidad fuera de la familia, llevaría a extremar la tensión social. Esto es porque en tanto la transgresión consistió meramente en expresar la sexualidad fuera de los límites familiares, la sociedad podía fácilmente enfrentarse con ella canalizándola mediante situaciones codificadas y contextos organizados (p. ej. prostitución, acoso sexual tolerado, etc.). Si la familia patriarcal ya no existe, no puede ya ser traicionada. Entonces la transgresión deberá convertirse en un acto individual contra la sociedad. La función de control de la familia está perdida. Esto abre el camino a la expresión del deseo en forma de violencia irracional. El final de la familia tradicional (la única existente hasta ahora) está dando paso a la normalización de la sexualidad (películas porno en la primera cadena de TV), y a la expansión de la violencia sin sentido en la sociedad mediante el regreso a los callejones incontrolados del deseo. La liberación de la familia enfrenta el yo (the self) con su propia opresión impuesta. La salida a la libertad en la abierta sociedad informacional. Suscitará ansiedad individual y la violencia social hasta que se encuentren nuevas formas de control y reúnan de nuevo a hombres, mujeres y niños/as en una reestructurada estructura familiar más adaptada a la mujer doméstica liberada y al hombre incierto.
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LA

ECONOMÍA GLOBAL, LA SOCIEDAD INFORMACIONAL Y LA INTERDEPENDENCIA DE LA ESTRUCTURA SOCIAL ALREDEDOR DEL MUNDO

Vivimos en una economía global. Esto no es lo mismo que en una economía mundial, una realidad que ha existido desde el siglo XVI. Una economía global es una economía en donde todos los procesos trabajan como una unidad en tiempo real a lo largo y ancho del planeta. Esto es, una economía en la que el flujo de capital, el mercado de trabajo, el mercado, el proceso de producción, la organización, la información, y la tecnología operan simultáneamente a nivel mundial. Esto no quiere decir que las naciones y las naciones-Estado desaparezcan. De hecho, los Estados se convierten en agentes esenciales en la economía global basándose en la defensa de los intereses nacionales específicos que representan. Pero la unidad económica de operación (y de análisis) es el sistema global de interacciones: ya no hay más economías nacionales ni políticas económicas nacionales son estrategias basadas nacionalmente que operan en un sistema global diferenciado y articulado a través y por encima de los límites nacionales. En el libro que he escrito recientemente sobre la economía global en la era de la información, juntamente con Martín Carnoy, Stephen Cohen y Fernando Henrique Cardoso (Carnoy et al., 1993) hemos mostrado la conexión entre la globalización y la informacionalización de la economía, y hemos tratado de analizar la estructura y las dinámicas de la nueva economía global. Así, no voy a elaborar más acerca de la dimensión económica de mi análisis. Lo que quiero subrayar aquí es la consecuencia de tal análisis para la teoría de la sociedad de la información. Si las economías están articuladas alrededor del planeta, ¿cómo pueden ser analizadas las sociedades independientemente? A menos que afirmemos que economías y sociedades son enteramente sistemas autónomos, si hay una economía global, debe haber una relación estructural entre las sociedades integradas en tal economía. Así, la teoría de la sociedad informacional no puede estar concentrada exclusivamente en las sociedades más avanzadas. Debe ser también tenida en cuenta para la estructura de las sociedades dependientes y para los efectos interactivos entre estructuras sociales asimétricamente localizadas junto con las redes de la economía global. Las tecnologías informativas se expanden en el mundo entero y la información de la fuerza de trabajo ha aumentado en todos los continentes. El estudio de Katz, el único estudio existente sobre la sociedad informacional en una perspectiva verdaderamente internacional, ha demostrado que el significado de la información de la fuerza de trabajo en los «países en vías de desarrollo» es muy diferente al de los países avanzados: su expansión está principalmente unida al trabajo gubernamental, concentrado en actividades generalmente no productivas. También, muestra una limitada difusión de tecnologías informativas en la mayoría de «países en vías de desarrollo», y generalmente bajo la supervisión del gobierno. La evaluación del rol de las industrias de tecnología de la información en el desarrollo del tercer mundo que yo conduje con Laura Tyson en 1988 muestra el desfase existente entre la mayoría de países de este planeta y el área OCDE. Por otro lado, el trabajo de Dieter Ernst sobre las industrias electrónicas en el círculo del Pacífico asiático muestra que la habilidad de los nuevos países industrializados para adaptar, producir y difundir nuevas tecnologías de la información se ha convertido en el factor crítico para su desarrollo.
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Así, no hay necesariamente un solo camino hacia la sociedad informacional que todos los países deban seguir. Pero hay una estructura global basada en los procesos de la sociedad informacional que afecta a todos los países de alguna manera u otra. Vamos a ver con más precisión cuáles son estos caminos. Primeramente, la habilidad de usar (y de alguna manera producir) tecnologías de la información se ha convertido en una herramienta fundamental de desarrollo. Es el equivalente histórico a lo que fue la electrificación. Pero sabemos que el uso de tecnologías de información no es sólo un problema de hardware. Sin la capacidad informacional de la sociedad, es decir sin el trabajo informacional, organización e instituciones, tendrán pocas oportunidades para llevar países al desarrollo. La dependencia tecnológica en el más amplio sentido se convierte en el Obstáculo fundamental para el desarrollo en nuestro mundo. En segundo lugar, el mundo entero queda interconectado en sus funciones económicas a través de flujos de información y comunicación. El acceso a tales flujos se hace crítico para cualquier economía, y por lo tanto para cualquier sociedad. Estar desconectado de la red es equivalente a no existir en la economía global. La posición en la red, es decir la función obtenida en la nueva división internacional del trabajo, se convierte en un elemento esencial para definir las condiciones materiales de existencia de cada país o región. En tercer lugar, la economía informacional, mientras conecta al planeta entero en una serie de redes de flujos lo hace selectivamente. Porque la productividad y la competitividad se basa cada vez menos en los recursos primarios, y cada vez más en el conocimiento y la información, el trabajo no cualificado y las materias primas dejan de ser estratégicas en la nueva economía. Nuestros estudios muestran el aumento de la irrelevancia para la economía informacional global de grandes áreas del mundo. La explotación del trabajo o de los recursos naturales llegan a ser demasiado costosos para los beneficios actuales obtenidos de ello. Como la economía se desarrolla hacia valores añadidos más elevados, la información basada en productos, la acumulación del capital aumenta los beneficios hacia el centro y no hacia la periferia: las teorías económicas del Imperialismo son ahora obsoletas. En la nueva economía, los mercados, el trabajo especializado, el capital y la tecnología se están concentrando cada vez más en los países de la OCDE, con la suma de algunas nuevas economías industrializadas y de china como un superpoder económico potencial. Más allá de esto, la incorporación de la Europa del Este y Rusia en el sistema central proveerá mercados y los recursos naturales requeridos (traídos desde Siberia) para que el sistema prospere por mucho tiempo. La consecuencia es que muchos países, y muchas regiones de muchos países están siendo marginadas por la expansión de la economía informacional global. Sociedades nacionales, locales y regionales están cambiando de una posición de explotación dependiente a la irrelevancia estructural en la nueva economía. Este desarrollo está trabando diversos procesos que son todos parte de la nueva estructura social característica de la sociedad informacional:  La dualización en aumento de las sociedades dependientes con pocos segmentos incorporados a la economía global y cultural, con la marginación extendiéndose en una variable, pero sustancial proporción de la población. Un intento desesperado, manifestado por las sociedades excluidas, para rechazar las reglas del juego es afirmar su identidad cultural en términos

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fundamentalistas abriendo el camino para una variedad de jihads en contra de los infieles del orden dominante.  Los esfuerzos de los países marginales para establecer lo que he llamado «la conexión perversa» a la economía global, especializándose en negocios ilegales: drogas, armas, blanqueo de dinero, tráfico de personas (mujeres para prostituir, bebés para adoptar, órganos humanos para ser trasplantados, etc.). Reconstruyendo la unidad del mundo mediante migraciones en masa a los países centrales en flujos de gente que sólo podrán ser parados por medidas policíacas masivas que fundamentalmente afectarán al carácter democrático de los países avanzados.

La separación entre la dinámica de la economía global y la estructura de la sociedad informacional está transformando el tejido social de los países avanzados y dependientes de forma importante. La reintegración de ambos procesos en una práctica histórica articulada requiere un cuerpo concertado de acción institucional que no existe hoy. El proceso de la transición histórica a la economía informacional viene a ser dominado por la disfunción fundamental entre, por un lado una economía global y una amplia red informativa a nivel mundial y, por otro lado, sociedades civiles nacionalistas, culturas comunales y estados parroquiales. LA SOCIEDAD DE FLUJOS Después de veinte años de esfuerzos y especulaciones para describir, analizar y teorizar la «nueva sociedad» hay una gran incertidumbre sobre lo que es esta sociedad. La reconstrucción de un paradigma teórico adaptado para entender los nuevos procesos sociales que estamos observando debe empezar por una observación crítica que debía haber sido aparente en las páginas precedentes de esta ponencia: nuestras sociedades están fundamentalmente compuestas por flujos intercambiados a través de redes de organizaciones e instituciones. Por flujos entiendo secuencias programables repetitivas, de intercambio e interacción entre posiciones físicamente distanciadas asumidas por actores sociales en organizaciones e instituciones de la sociedad. La convergencia de la evolución social y las tecnologías de la información ha creado unas nuevas bases materiales para la acción de las actividades procesadas a través del sistema social. Esta base material históricamente específica es la que impone su lógica inherente en la mayoría de procesos sociales, condicionando la estructura de la sociedad. La determinación de estas redes de flujo en las estructuras sociales opera al menos en cuatro niveles diferentes:  Las redes organizan las posiciones de actores, organizaciones y instituciones en las sociedades y las economías. La relevancia social de cualquier unidad social está condicionada por su presencia o ausencia en las redes específicas. La ausencia en la red dominante lleva a una estructura irrelevante. Sólo vivir en las redes permite acceder a la existencia social de acuerdo con los valores e intereses estructuralmente dominantes. Porque las redes se forman en sociedades desiguales, segmentos de la sociedad, grupos sociales e individuales, la distinción social más importante se refiere a la posición dada en una red. Ejemplos de esta presencia/ausencia lógica son las posiciones de países y regiones en la economía
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mundial (algunas áreas son estructuralmente irrelevantes, incluyendo sus poblaciones en su irrelevancia, mientras que otras se hacen cruciales) o las posiciones de individuos de diferentes niveles educativos en la nueva estructura organizativa (los que mantienen la información y generan el conocimiento son críticos a la organización, mientras que los ejecutantes del procesamiento de la información son periódicamente desplazados por automatización).  Hay también importantes diferencias dentro de las redes y entre las redes en términos de la importancia estructural de los flujos generados en tales redes (o en algunas posiciones de las redes) por unos objetivos dados al sistema. La jerarquía estructural entre redes y la jerarquía entre las posiciones dentro de los flujos de las redes determinan la habilidad para influir la lógica social total desde una postura particular. De todas maneras, tal jerarquía es inestable y puede cambiar constantemente dependiendo de las transformaciones de las condiciones sociales. La pregunta crítica relacionada con la dinámica de la sociedad es la que comporta las relaciones entre los cambios en la jerarquía de los flujos y los cambios en la asignación de individuos respecto a las posiciones en esos flujos. Por ejemplo, una región debe incrementar o disminuir su competitividad en la economía mundial, reflejando estos cambios en las condiciones económicas de sus residentes. Pero es crucial saber si cuando hay crisis los residentes de la región sufren la crisis en sus posiciones dentro de las redes económicas, mientras cuando hay prosperidad es la fuerza de trabajo de los de fuera la que se introduce porque ellos cumplen mejor los requisitos de las redes mundiales para la reactivación de las regiones.  Dentro de las redes hay importantes asimetrías entre las diferentes posiciones: los ejecutivos de las mayores instituciones financieras tienen una posición dominante con relación a los usuarios; los editores de las revistas científicas controlan los esfuerzos de innovación de los investigadores jóvenes; los editores nuevos de la red de TV desarrollan el contenido de la información para los espectadores; el jefe de taller de una empresa organiza el equipo de trabajo dirigido a los procesos de producción específicos, etc. Quién envía el mensaje y quién desarrolla el canal de transmisión del flujo en gran parte de los efectos sociales de redes de comunicación, siendo una orden, una inversión, una instrucción o una imagen de auto-servicio. Las redes de flujos se ocupan de favorecer en gran parte a los autónomos poseedores del poder que controlan los nudos de la red. Los flujos de poder se transforman fácilmente en el poder de flujos: ésta es una característica fundamental de la nueva sociedad. Un ejemplo obvio es el de los mercados financieros: una Vez que un movimiento «especulativo» es provocado en el mercado internacional, las reservas de los Bancos Centrales de las naciones más ricas pueden ser tragadas en pocos días intentando ir contra el flujo. ¿Quiénes son estos «especuladores»? Muchos y nadie. Por supuesto que hay organizaciones (redes) que viven de la confusión en los mercados financieros. Pero no tienen un poder real por ellos mismos. Su rol es provocar una dinámica de redes que superan con mucho a algunas organizaciones (o grupo de organizaciones) en el control de la riqueza y el poder. En algunos casos, los ordenadores, por un efecto aleatorio de sus programas, siendo provocado al mismo tiempo en la compra o venta preventiva, son los «especuladores». Similares ejemplos se pueden encontrar en el mundo de las imágenes políticas, de la moda intelectual o de la música comercial. En todos los casos, la importancia social, económica y las consecuencias culturales siguen la formación de «turbulencias» en el espacio de redes.  La lógica de flujos de nuestras sociedades es universal pero no comprehensiva. La red selectiva cubre a través de sus flujos todas las esferas de la
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sociedad y todas las áreas del planeta. Pero segmenta los países y personas de acuerdo a metas específicas de cada red y a las características de la gente y de los países. Esto sigue una geografía social desigual, donde el significado estructural para cada lugar, para cada grupo, para cada persona es desconstruido desde su experiencia y reconstruido en los flujos de la red. La reacción contra tal desestructuración toma la forma de afirmación básica, identidad cultural, histórica o biológica (real o reconstruida) como principio fundamental de existencia. La sociedad de redes es también una sociedad de comunidades de atribución primaria donde la afirmación del ser (identidad étnica, identidad territorial, identidad de género, identidad religiosa, identidad histórico/nacional) favorece el principio de organización para un sistema en sí mismo que llega a ser sistema para él mismo. Bajo tales predicciones podemos predecir una tendencia hacia la descomposición del patrón de comunicación entre las instituciones dominantes de la sociedad que trabajan a lo largo de redes abstractas a-históricas de flujos funcionales, y las comunidades dominadas que defienden su existencia alrededor del principio de la identidad irreducible, fundamental y no comunicable. Una sociedad formada de la yuxtaposición de flujos y tribus deja de ser una sociedad. La estructura lógica de la edad de la información siembra la semilla de un barbarismo nuevo y fundamental. La dominación estructural de la lógica organizacional de redes y de la lógica relacional de flujos tiene consecuencias sustanciales sobre la estructura social, todos las que son a menudo consideradas como indicadores de la nueva sociedad de la información. De hecho, son la manifestación de una tendencia profunda: la emergencia de flujos como la materia desde la que nuestras sociedades están hechas. Hipotetizaré la consecuencia principal de tal manifestación histórica:  La habilidad de generar conocimiento nuevo y recoger información estratégica depende del acceso de los flujos de tal conocimiento e información, ya sean flujos entre los centros de investigación o conocimiento privilegiado en el comercio de Wall Street. Es consecuencia que el poder de las organizaciones y la fortuna de particulares dependa de sus posiciones respecto a tales recursos de conocimiento y de su capacidad para entender y procesar realmente tal conocimiento. Es en este sentido fundamental en el que vivimos en una sociedad de la información basada en el conocimiento. Pero el punto clave a tener en mente es que no hay fuente privilegiada y simple de la ciencia o la información. El conocimiento es también un flujo. Ningún investigador o centro de investigación puede estudiar en aislamiento en la ciencia moderna. La inversión financiera puede ser hecha sin información especializada en el mercado, esto es sobre un flujo de transacciones.  La productividad y la competitividad del sistema económico, un subsistema fundamental en nuestra sociedad, depende de la posición de las unidades económicas en las redes de la economía global. Estas unidades pueden ser empresas, ciudades, regiones, países o áreas económicas (tal como la U.E.). Todos ellos dependen de su posición en una red de cambios económicos. Tal red no es sólo el mercado. Es un mercado sometido a la intervención del gobierno, al cambio tecnológico, a la información privilegiada de negocios, a las estrategias de empresas y a las amplias redes mundiales del capital, trabajo y materia prima. Así, la red actual operacional está hecha para una conexión de redes, haciendo la estructura de flujos tan compleja que la posición exitosa últimamente depende de la unidad económica hasta un flujo que es estratégico: por ejemplo las relaciones históricas de las empresas de Silicon Valley con la Universidad de Stanford; la suerte de las
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empresas japonesas de ser las campeonas nacionales para el proyecto nacionalista MITI; la conexión Airbus con la última posición de la magnificencia francesa, etc... Además, la dominación económica últimamente depende de la posición relativa con relación a un flujo en el sistema total de redes. Las posiciones relativas en realidad pueden ser cambiadas y esto es sobre lo que se fundamenta toda competencia. Pero estos cambios también dependen de la habilidad de manejar los flujos económicos a través de los flujos de la información (mejor dirección, mejor estratégica de marketing, más trabajo educativo, mejor acceso a los distribuidores de las redes, mejor tecnología, etc.).  Los flujos de imágenes/sonidos/mensajes creados a través de los media son elementos fundamentales en la representación de la formación y en los patrones de comunicación de nuestras sociedades. Hemos dejado la galaxia Gutemberg hace tiempo, y ahora vivimos, como mencioné antes brevemente, en una colección de constelaciones relacionadas, hechas de universos audiovisuales especializados que viven de los puentes formados por redes mundiales de formación y entretenimiento.  El sistema político es ahora fundamentalmente dependiente de la manipulación de habilidades de los mensajes y de los símbolos. Los media son el campo de batalla fundamental del control político, al menos en los sistemas democráticos. «La realidad» está cada vez más mediatizada por los media, porque son en realidad la «realidad virtual» de la mayoría de la población. Un buen ejemplo del absoluto entrelazado entre los media y los políticos fue el incidente en la Campaña Presidencial Americana en 1992, cuando el Vicepresidente Quayle criticó un personaje de televisión («Murphy Brown») por tener un hijo fuera del matrimonio. A lo que «Murphy Brown» respondió enfáticamente en un episodio subsiguiente de las series. Así se abordó un debate político crucial sobre moralidad entre un personaje de la televisión y el Vicepresidente de los Estados Unidos. Por supuesto el personaje de la televisión ganó el debate como recordará la historia... Las políticas que no están en los medios de comunicación, especialmente en la televisión, simplemente no figuran en la política democrática de hoy en día. Hasta el punto de que otras formas de expresión política que también se consideran relevantes, se basan en redes de otro tipo: redes locales o organizacionales, ligadas a bases políticas con fuerte raíz histórica, tales como sedes locales de un partido o como organizaciones sindicales bajo la influencia directa de un partido. En efecto, los únicos partidos que todavía tienen una función relevante como tales, lejos de ser meras máquinas electorales, son aquellos que tienen organizaciones de base muy extendidas que proporcionan un substrato adecuado para el despliegue de una estrategia política orientada hacia los medios de comunicación (p. ej.: prometiendo y alentando, los mitines políticos masificados tienen como función principal dar la imagen de apoyo popular a las ideas y personalidad del candidato). La personalización de la política es una tendencia fundamental en todas las sociedades. Debido a que los candidatos son símbolos, sus personalidades son escrutinizadas en los medios de comunicación y el resultado de dicho escrutinio a menudo es decisivo para su suerte. De esta manera, los flujos de imágenes y de información en nuestras sociedades son los ingredientes críticos del poder político. El poder ya no reside en el cañón del fusil, sino en los programas editados por los canales televisivos.  Debido a que la materialidad de nuestra existencia está hecha de flujos y/o de resistencias a estos flujos basados en la comunidad, la representación de los valores e intereses en nuestras sociedades ya no se estructuran sobre las bases del
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trabajo. Así pues se expresan en términos de un mensaje simbólico o en términos de la defensa de las identidades primarias de comunidades autoidentificadas. De este modo, la acción colectiva se suele expresar como rechazo a la lógica de los flujos en nombre de comunidades étnicas, locales, de género, o definidas cultural/biológicamente (minusválidos, gays, etc.). A veces el rechazo se dirige en contra de otras comunidades identificadas de forma similar por lo que respecta a su atribución primaria: esto suele ser la base del racismo y la xenofobia. La acción colectiva que rompe con las condiciones socialmente atribuidas se construye alrededor de mensajes y símbolos que chocan con el acorde de un electorado diverso e impredecible, desde una reacción de indignación en contra de la corrupción política hasta una defensa de las ballenas. Estos mensajes habitualmente se generan, o como mínimo se transmiten, en el mundo de los medios de comunicación, o sea en un mundo de flujos, imágenes y representaciones. Su atractivo a menudo rebasa un amplio segmento de la población, aunque generalmente se movilizan más fácilmente los grupos mejor educados. Esta movilización simbólica puede ser el resultado de una acción deliberada, como ocurre a menudo con el movimiento ecologista. Pero generalmente, su éxito depende de circunstancias fortuitas. Si mi hipótesis es correcta, entonces hemos perdido el enlace directo entre la estructura de organización social en términos de intereses materiales identificables y la lógica de la movilización social. Los procesos de cambio ocurren de acuerdo con una lógica simbólica localizada en los procesos de representación del espacio de los flujos. Tales tendencias llevan al fracaso de las formas de acción colectiva que no se basan en identidades primarias o no están movidas por un símbolo poderoso. Éste es por ejemplo el caso del movimiento sindical, que en nuestras sociedades se convierte en organizaciones profesionalizadas especializadas en articular y negociar reivindicaciones de varios grupos de interés. De este modo, cuando los profesores ayudantes de Berkeley se declararon en huelga en 1992 reclamando el derecho a ser representados en su condición de docente por los trabajadores del Sindicato del Automóvil (UAW) en realidad estaban manifestando el colapso del movimiento laboral que querían impulsar: si UAW pudiera representar a los estudiantes licenciados de Berkeley esto significaría que el enlace entre la posición dentro de la estructura social y la representación de intereses se ha perdido en beneficio de representantes profesionales con dominio de la tecnología del pleito y el regateo. A nivel de interacción personal, Hage y Powers (1992) han propuesto la hipótesis de que aquello que caracteriza la nueva sociedad es la ilimitada reconstrucción del yo por la gente en el proceso de interacción, en lugar de representarse a sí mismos en la vida cotidiana a la Goffman. Esto ocurre porque el constante cambio de roles y situaciones en una sociedad definida por la innovación, flexibilidad e impredecibilidad en todas las esferas, requiere que la gente redefina constantemente sus roles en el trabajo, en la familia, con sus amigos. Por lo tanto, la reestructuración de la personalidad para satisfacer adecuadamente las nuevas funciones demandadas por la sociedad requiere reunir todos los nuevos códigos y mensajes desde diferentes redes relacionadas con las diversas dimensiones de la vida de la gente. La construcción/reconstrucción del yo requiere gestionar el conjunto cambiante de flujos y códigos a los que la gente se enfrenta en su experiencia diaria. Por lo tanto, la materialidad de las redes y flujos crea una nueva estructura social a todos los niveles de la sociedad. Esta estructura es la que actualmente
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constituye la nueva sociedad de la información, una sociedad que podría ser llamada sociedad de los flujos, ya que los flujos están hechos no sólo de información sino de todo lo material de la actividad humana (capital, trabajo, mercancías, imágenes, viajeros, roles cambiantes en interacción personal, etc.). En una amplia perspectiva histórica, la sociedad del flujo representa un cambio cualitativo en la experiencia humana. Si nos referimos a una vieja tradición sociológica según la cual la acción social en su nivel más fundamental puede ser entendido como patrón de relaciones entre Naturaleza y cultura, estamos realmente en una nueva era de la experiencia humana. El primer modelo de relación entre los dos polos fundamentales de nuestra existencia estuvo dominado durante milenios por la dominación de la Naturaleza sobre la cultura. Los códigos de organización social expresaban casi directamente la lucha por la supervivencia bajo la incontrolada dureza de la Naturaleza, como la antropología estructural nos ha enseñado, remontando los códigos de vida social a las raíces de nuestra identidad biológica. El segundo modelo de relación establecido en los orígenes de la Edad Moderna, y asociado a la revolución comercial/industrial y al triunfo de la razón, vio la dominación de la Naturaleza por la cultura, produciendo la sociedad a través del proceso de trabajo por el cual la Humanidad encontró a la vez su liberación de las fuerzas naturales y la sumisión a sus propios abismos de opresión y explotación. Estamos justo entrando en un nuevo estadio en el que la cultura se remite a Cultura, habiendo sustituido la Naturaleza hasta el punto de que la Naturaleza está artificialmente reconstruida («conservada») como una forma cultural: esto es en efecto el significado del movimiento ecológico, para reconstruir la Naturaleza como una forma ideal de cultura. A causa de la convergencia del cambio de la evolución histórica y tecnológica hemos entrado en un patrón puramente cultural de interacción social y organización social. Éste es el motivo por el cual la información es el ingrediente clave de nuestra organización social y por qué el fluir de imágenes y mensajes entre redes constituye el hilo básico de nuestra estructura social. Esto no quiere decir que la historia ha llegado a su fin en una reconciliación feliz de la Humanidad consigo misma. En realidad es más bien lo contrario: la historia está justamente empezando, si por historia entendemos el momento cuando, después de milenios de una prehistórica batalla con la Naturaleza, primero para sobrevivir, y luego para conquistarla, nuestra especie ha logrado el nivel de conocimiento y organización social que nos permitirá vivir en un mundo puramente social. Esto es el comienzo de una nueva existencia, y casi el comienzo de una nueva sociedad, marcada por la plena autonomía de la cultura respecto a las bases materiales de nuestra existencia. Pero no es necesariamente un momento alegre. Porque, al fin solos en nuestro mundo humano, tendremos que mirarnos a nosotros mismos en el espejo de la realidad histórica. Y puede ser que no nos guste esa visión.

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