La nueva Al Qaeda

Juan José Escobar Stemmann

La organización de Osama bin Laden es el vértice de un movimiento yihadista descentralizado y flexible. Células terroristas globales, agentes individuales, grupos afiliados y, sobre todo, redes de base han creado una estructura resistente capaz de regenerarse continuamente.

l atentado con coche bomba contra una patrulla del ejército español en el sur de Líbano el 24 de junio y el ataque suicida a un grupo de turistas españoles en Yemen el 2 de julio han vuelto a situar España como objetivo del terrorismo de origen yihadista. Seis años después de los ataques del 11-S, continúa el debate sobre el estatuto de Al Qaeda y su papel en la construcción del movimiento yihadista global. Tras el éxito de la intervención militar contra el régimen talibán en Afganistán en 2001, ciertas voces auguraron una rápida desarticulación de la organización y su conversión en mera franquicia de grupos islamistas radicales con menor capacidad para atentar contra el territorio de Estados Unidos. Es cierto que este país no ha vuelto a sufrir un ataque desde entonces, y que los sucesivos golpes contra Al Qaeda han permitido la detención de más de dos tercios de sus dirigentes, acabando con su infraestructura en Afganistán. Sin embargo, se minusvaloró la capacidad de adaptación y el dinamismo del movimiento yihadista. Los máximos dirigentes de la organización, Osama bin Laden y Ayman al Zawahiri, han logrado sobrevivir a la persecución, convirtiéndose en mitos para la insurgencia islamista radical. La intervención militar en Irak dio un balón de oxígeno a Al Qaeda que, desde entonces, ha conseguido realizar o inspirar cientos de atentados en distintos lugares del mundo. Ha facilitado, además, la constitución de una coalición de grupos insurgentes repartidos por todo el arco musulmán, desde el Magreb a Indonesia. El creciente empuje de los talibanes en Afganistán y la incapacidad del gobierno pakistaní para controlar las regiones tribales fronterizas con ese país han permitido a Al

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Juan José Escobar Stemmann es diplomático.
POLÍTICA EXTERIOR, núm. 119. Septiembre / Octubre 2007

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Qaeda renovar su propia organización, descentralizándola y sustituyendo a buena parte de sus cuadros operativos. La organización de Bin Laden es hoy la punta de lanza de un movimiento yihadista global, descentralizado y estructurado en redes multidimensionales, que gira en torno a tres ejes operativos; Al Qaeda y su infraestructura global de células locales y agentes individuales; los grupos terroristas afiliados, que mantienen una cierta independencia operativa, aunque reciben el apoyo espiritual e incluso material de la organización; y finalmente los grupos yihadistas de base, cuyos miembros no pertenecen formalmente a la estructura jerárquica de la organización, pero aceptan los objetivos estratégicos del movimiento yihadista global. Se trata de una red global de terrorismo resistente y capaz de regenerarse continuamente. Su estructura celular dispersa y el método de “franquiciar” el mensaje a grupos locales le permiten superar fronteras y desafiar a las respuestas militares tradicionales.

El legado de Bin Laden
Los líderes de Al Qaeda han logrado sobrevivir en las montañas de las comarcas pakistaníes limítrofes con Afganistán, protegidos por las tribus locales y la red de madrazas Deobandi que nutre de militantes a los talibanes. A pesar del compromiso del presidente de Pakistán, Pervez Musharraf, el país no ha conseguido eliminar este santuario. En abril de 2004, tras una fallida operación para capturar a Al Zawahiri, se produjo un enfrentamiento armado en Waziristán del Sur, donde el ejército pakistaní pactó con los notables de la zona y detuvo sus operaciones a cambio de que las tribus organizaran una fuerza de voluntarios para expulsar de su territorio a todos los extranjeros. La falta de cooperación de las tribus pakistaníes provocó en septiembre de 2006 una nueva operación contra militantes talibanes y de Al Qaeda en Waziristán del Norte, que se saldó con un nuevo fracaso y un nuevo pacto con las tribus. Se liberó a los activistas detenidos y se les devolvieron las armas. Con el ejército pakistaní replegado en sus cuarteles, los talibanes han podido consolidar su ofensiva sobre Afganistán, y Al Qaeda ha reconstruido su poder en Waziristán del Norte, donde hoy cuenta con más de 100 activistas que asesoran a más de 5.000 insurgentes talibanes. La estructura de la organización se ha descentralizado y su liderazgo es más difuso, con varios núcleos de planificación que operan de manera autónoma y no dependen del permanente contacto con Bin Laden y Al Zawahiri. Su estructura operativa se ha traspasado a grupos e individuos afiliados, mientras que la dirección se centra en la articulación de la ideología yihadista. Poco se sabe sobre los nuevos líderes de Al Qaeda. La mayoría tiene poco más de 30 años y gran experiencia en el campo de batalla, tras combatir en lugares como Afganistán y Chechenia. El origen geográfico de los nuevos

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dirigentes es más variado que en la primera generación, en la que provenían preferentemente de Egipto y de los países del golfo Pérsico. Hoy abundan los agentes operativos pakistaníes y norteafricanos. La regeneración del liderazgo de Al Qaeda sugiere que su núcleo contaba con una estructura de agentes operativos experimentados más profunda de lo que algunos expertos vaticinaron. No hay que olvidar que Al Qaeda y los talibanes entrenaron a cerca de 70.000 combatientes en los campos de Afganistán. Desde 2004, la dirección de la red ha multiplicado sus apariciones en los medios de comunicación y sus amenazas se han convertido en tristes realidades. Hoy sabemos que la cúpula de Al Qaeda estuvo implicada de forma indirecta en los atentados de Madrid y Londres. Aunque los dos ataques fueron obra de redes yihadistas de base, las conexiones con la organización son evidentes. En los atentados de Madrid, la figura clave es Serhane ben Abdelmajid, El tunecino, vinculado con Amer el Azizzi, destacado militante de Al Qaeda. Otro hombre de la célula de Madrid, Mohamed al Falah, pudo huir de España a Bélgica gracias a la ayuda de Omar Nackhcha, dirigente de la organización en Europa y responsable del envío de militantes yihadistas europeos a Irak. Los atentados de Londres del 7 de julio de 2005 también llevan la huella de Al Qaeda. El líder de la célula que actuó en Londres, Mohamed Sidique Khan, visitó Pakistán en 2003 y posiblemente Afganistán, donde habría recibido entrenamiento y conocido a diversos líderes de la red. La planificación del ataque comenzó poco después de la visita que hizo Khan con otros suicidas como Shehzad Tanweer a Pakistán entre noviembre de 2004 y febrero de 2005. Las últimas tentativas en Reino Unido demuestran la implicación directa de la nueva dirección operativa de Al Qaeda. En agosto de 2006 la policía británica desbarató un plan para atentar con explosivos líquidos contra diversos aviones con destino a EE UU. Hoy sabemos que uno de los nuevos dirigentes operativos de la organización, Abu Ubaida al Masri, coordinó desde Pakistán a la célula encargada de ejecutar el atentado. Al Qaeda sigue existiendo como estructura terrorista diferenciada de otros grupos que integran las redes del movimiento yihadista global, y se ha fortalecido gracias a la impunidad con la que se mueve en las provincias fronterizas entre Pakistán y Afganistán.

El movimiento yihadista global
Al Qaeda no solo ha sobrevivido, sino que ha logrado convertirse en líder de una coalición de cerca de 20 organizaciones terroristas que se extienden por todos los países musulmanes. Desde el 11-S, sus grupos afiliados han sido los responsables de la mayor parte de los ataques terroristas que se han producido en el mundo. La intervención militar en Irak ha sido determinante en la evolución del movimiento yihadista global, pues le ha permitido volver al

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corazón del mundo árabe tras años luchando en el exilio, en lugares como Afganistán, Bosnia, Kosovo o Asia central. Irak es hoy escuela del nuevo yihadismo transnacional, centro de entrenamiento y reclutamiento y polo magnético para muchos terroristas. Ha provocado, además, la aparición de una nueva generación de ideólogos salafistas que han elaborado un nuevo conjunto de principios sobre el significado y los objetivos de la yihad, incorporándolos a la estrategia global de Al Qaeda. La consagración de Abu Musaf al Zarqawi al frente de la insurgencia yihadista en Irak, tras los atentados en agosto de 2003 contra la embajada de Jordania y el hotel Canal, sede principal de las Naciones Unidas en Bagdad, facilitó la integración de parte de la insurgencia iraquí en Al Qaeda. Antiguo miembro de la organización, Al Zarqawi reclamó el apoyo de Al Qaeda en una carta a Al Zawahiri en enero de 2004. En octubre de ese año selló su alianza con Bin Laden tras el juramento de adhesión del grupo Tawhid wa Yihad y la creación del Comité de Al Qaeda para Mesopotamia, coalición de varios grupos insurgentes de origen salafista. La integración de la rama iraquí tuvo una serie de consecuencias para la propia Al Qaeda, que hizo suyos los objetivos estratégicos de la insurgencia y las ideas de una nueva generación de ideólogos yihadistas centrados en la península Arábiga. Al Qaeda en Mesopotamia ha conseguido sobrevivir a la muerte de Al Zarqawi y hoy funciona de forma autónoma, siendo un foco de atracción para miles de yihadistas en todo el mundo. En 2006 se produjeron 14.338 atentados en todo el mundo que causaron más de 20.000 muertos. El 45 por cien de los ataques y el 65 por cien de las víctimas se produjeron en Irak. El principal representante de la nueva hornada de ideólogos yihadistas fue Yusef al Ayiri, líder de Al Qaeda en Arabia Saudí hasta su muerte, en junio de 2003. Al Ayiri fue autor de numerosos libros y artículos sobre la estrategia y los objetivos de la yihad. En su obra principal, El futuro de Irak y la península Arábiga tras la caída de Bagdad, desarrollaba una nueva estrategia que proponía no solo luchar contra Occidente y los regímenes impíos, sino también contra el expansionismo iraní, cuya punta de lanza son las poblaciones de origen chií en todo Oriente Próximo, y muy especialmente en Irak. Al Ayiri proponía también extender el círculo de la lucha yihadista a los países limítrofes. Tras su muerte, varios académicos salafistas como Fares al Zahrani, Abu Omar Seyf –ideólogo de los batallones de voluntarios árabes en Chechenia– o Hamed al Ali han intentado recoger su testigo. Sus textos circulan hoy por todos los foros yihadistas. La nueva estrategia de Al Qaeda en Oriente Próximo se ha ido imponiendo lenta pero inexorablemente. Arabia Saudí ha sufrido desde mayo de 2003 una cadena de atentados contra complejos residenciales, instalaciones petrolíferas y edificios públicos que han provocado la muerte a más de 300 personas. El último, el pasado 26 de febrero, en el que murieron cuatro ciudadanos franceses. Aunque la policía saudí ha logrado desarticular un gran número de

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células, Al Qaeda sigue manteniendo capacidad de acción en la península Árábiga. El atentado contra los turistas españoles en Yemen así lo atestigua. Jordania también ha sufrido los embates de Al Qaeda, cuya rama iraquí ejecutó los ataques contra tres hoteles de Ammán en noviembre de 2005, causando 56 muertos. El mensaje de la organización también ha calado en el Sinaí egipcio. En octubre de 2004, tres bombas explotaban en Taba, Ras al Shaytan y Nuwaiba, en el sur de la península del Sinaí, cerca de la frontera con Israel, matando a 34 personas. En julio de 2005 un atentado en Sharm el Sheij provocó la muerte de 70 personas. En abril de 2006 otra localidad turística del sur del Sinaí era golpeada por tres atentados simultáneos que causaron 19 muertos y cerca de 90 heridos. Aunque los ataques fueron realizados por una red yihadista de base, liderada por Khalid al Masaid, sin aparentes conexiones con el núcleo de Al Qaeda, compartían con ésta la ideología salafista, los objetivos y los métodos de acción. Al Qaeda ha intentado también establecerse en La guerra entre Siria y Líbano. El grupo salafista sirio Jund as Hamás y Al Fatah Sham, cuyos miembros estuvieron implicados en ha permitido a septiembre de 2006 en el ataque a la embajada de Al Qaeda abrir EE UU en Damasco, anunció ese año su integración en la organización, aunque apenas ha inquietaun frente en do al gobierno sirio. En Líbano, el grupo palestino terreno palestino libanés Usbat al Ansar también anunció en 2006 su incorporación a la coalición yihadista. Sin embargo, a partir de la aparición del grupo Fatah al Islam y su sublevación en el campo de refugiados de Nahed al Bared el pasado mes de mayo, Al Qaeda se ha convertido en un actor más del laberinto libanés. Fatah al Islam nace en 2006 tras una escisión de la organización palestina prosiria Fatah al Intifada, promovida por Shaker al Absi, compañero de Zarqawi y condenado a muerte por las autoridades jordanas por su participación en el asesinato del diplomático norteamericano Laurence Foley en noviembre de 2002 en Ammán. Al Absi permaneció tres años encarcelado en Siria hasta que las autoridades lo liberaron en 2005. Ello lleva al gobierno libanés a acusar a Siria de haber enviado a Al Absi a Líbano para desestabilizarlo. Sea como fuere, Fatah al Islam permite a Al Qaeda abrir en Líbano un nuevo frente no sólo contra el enemigo chií, sino también contra Occidente, como demuestra el atentado a las tropas españolas el 24 de junio. Aunque hasta ahora Al Qaeda no había podido abrir un frente en los territorios palestinos, el grave deterioro de la situación en los mismos y la guerra abierta entre Hamás y Al Fatah en Gaza ofrecen una oportunidad de oro a la organización. De hecho, ya ha surgido un grupo, denominado Ejército del Islam, que ha mostrado sus simpatías por Al Qaeda y que se ha hecho responsable del secuestro en Gaza, el pasado marzo, del periodista de

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la BBC, Alan Johnston, liberado el 4 de julio. Tras haber criticado duramente a Hamás por su decisión de participar en las elecciones legislativas palestinas y su sumisión a Israel, la dirección de Al Qaeda ha modificado su discurso y ha realizado un llamamiento a Hamás para que se integre en su organización, a la vez que solicitaba a los musulmanes el envío de armas y dinero para hacer frente a la presumible invasión de Gaza por parte del ejercito israelí. Aunque es poco probable que Hamás preste oídos a los cantos de sirena de Al Qaeda, el deterioro de la situación en Gaza facilitará la extensión de la ideología yihadista en los territorios palestinos. El Magreb se ha convertido en otra de las áreas prioritarias para Al Qaeda. La organización lleva años intentando consolidar su presencia en la zona. Ya en 1996 fomentó una escisión en el Grupo Islámico Armado (GIA) argelino que terminó con la creación del Grupo Salafista para la Predicación y el Combate (GSPC). Otro año clave es 1998, cuando se forma una serie de grupos de orientación salafista radical en el Magreb. Auspiciados por Al Qaeda, que fija sus orientaciones estratégicas, surgen organizaciones como el Grupo Islámico Combatiente marroquí (GICM), el Grupo Combatiente Tunecino o el Grupo Islámico Combatiente Libio (GICL) para facilitar ayuda logística a la red de Bin Laden. Estos grupos se constituyen alrededor de predicadores salafistas y se nutren de activistas procedentes de los barrios marginales de las grandes ciudades y no de los barrios populares de la medina o de las zonas industriales, que han sido el vivero tradicional de los movimientos islamistas. Se trata de una nueva generación de islamistas totalmente excluidos de la sociedad y carentes de un sentimiento de pertenencia nacional. Son el producto de la ruptura entre la población desintegrada de la periferia de las ciudades y el resto de la sociedad. Aunque en un principio se formaron para dar apoyo logístico a Al Qaeda, los atentados del 11-S y la guerra internacional contra el terrorismo llevó a estos grupos a redefinir sus prioridades y a convertirse en actores autónomos del yihadismo global. En abril de 2002 un camión bomba estallaba en una sinagoga de la isla de Yerba en Túnez, matando a 14 turistas alemanes. En mayo de 2003, el GICM realizó una serie de ataques simultáneos contra varios edificios de Casablanca, entre ellos la Casa de España, provocando la muerte de 40 personas, cuatro de ellas españolas. La explosión sincronizada de siete coches bomba en la Cabilia en febrero de este año, y el ataque simultáneo en Argel contra el palacio de gobierno y la dirección de la policía judicial el pasado 11 de abril, que provocó la muerte de 33 personas, marcan el macabro inicio de las operaciones de un nuevo grupo, Al Qaeda en el Magreb, producto de la integración del GSPC en la organización. El 11 de septiembre de 2006, Al Zawahiri anunció la integración formal del GSPC en Al Qaeda. En enero de este año, el líder del GSPC, Abdelmalek Droukdel, conocido como Abu Musaf Abdelwadoud, anunciaba la creación de

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Al Qaeda en el Magreb en un comunicado en el que subrayaba que no es posible luchar contra EE UU si no se produce la unidad de todos los combatientes yihadistas, y que no existía otro grupo más capaz que Al Qaeda para liderar esa lucha. El GSPC ha sufrido un severo desgaste en los últimos años, pero ha sido capaz de encajar los golpes y mantener su estructura operativa, como demuestran los atentados de Argel. La nueva organización está intentando incorporar a los militantes de otros grupos como el GIC marroquí o el GIC libio, cuyas estructuras han sido duramente golpeadas por la policía de estos países. La integración del GSPC en Al Qaeda traerá consigo una intensificación de la actividad terrorista en el Magreb, una mejora en la preparación de los terroristas y hará aumentar la amenaza contra Europa, muy especialmente contra España y Francia. Los grupos yihadistas magrebíes cuentan con numerosas redes de apoyo en Europa que constituyen una amenaza directa contra la seguridad de nuestro continente. Pero Al Qaeda en el Magreb también cuenta con infraestructura para tratar de extender su inLa integración fluencia en el Sahel. El GSPC ha logrado sobrevidel GSPC en Al vir al acoso de las fuerzas de seguridad argelinas Qaeda amenaza a protegido por los desiertos que rodean la región los europeos, de Taoudeni, donde confluyen el norte de Malí, el noroeste de Mauritania y el sur de Argelia. Allí especialmente a ha conseguido establecer una base operativa Francia y España desde la que se ha atrevido a asaltar un cuartel del ejército mauritano o derribar un helicóptero argelino sobre la frontera de Malí. El GSPC ha penetrado en las redes tradicionales de contrabando y se ha beneficiado de los conflictos tribales y la inestabilidad institucional de los países de la zona. El cinturón desértico que se extiende entre Sudán, Chad, Níger, Malí, Mauritania y el norte de Senegal amenaza con convertirse en un refugio para los miembros del movimiento yihadista global. EE UU impulsó en 2005 la creación de la Asociación Transahariana de Contraterrorismo para hacer frente a esta amenaza y en 2006 destinó 80 millones de dólares para entrenar a las fuerzas armadas de los países del Sahel. Argelia se ha implicado también y ha ofrecido su mediación para acabar con el conflicto que mantenía el gobierno de Bamako con los tuareg, financiando la conversión de los grupos armados tuareg en fuerzas auxiliares del ejército de Malí para combatir la presencia de fuerzas extranjeras en el norte del país. Con ello, pretende acabar con la impunidad con la que el GSPC se movía por el norte de Malí. Bin Laden siempre ha mostrado un especial interés en el Cuerno de África. Sudán ya sirvió de base a la organización antes de que los talibanes se hicieran con el poder en Afganistán. Sus últimas apariciones públicas se centraron en esta zona de África. El 23 de abril de 2006, Bin Laden hacía un

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llamamiento a sus seguidores para preparar una larga guerra contra los cruzados en Darfur. En septiembre de ese mismo año, un grupo denominado Al Qaeda en Sudán y África se hacía responsable del secuestro y posterior decapitación de Mohamed Taha, director del diario independiente sudanés Al Wifak. Al Qaeda mantiene, además, fluidas relaciones con las milicias árabes janjaweed, responsables de parte de las masacres de civiles de origen cristiano en Darfur. Las tropas que desplegarán la Unión Africana y la ONU en Darfur serán objetivo prioritario de Al Qaeda. Por otra parte, en junio de 2006, Bin Laden aludía a Somalia e instaba a sus seguidores a hacer frente al gobierno provisional del presidente Abdulahi Yousuf Ahmed, apoyado por el gobierno etíope. Poco después, la Unión de Tribunales Islámicos (UTI), coalición de diversos grupos islamistas somalíes, se hacía con el poder en Mogadiscio. La intervención del ejército etíope permitió al gobierno provisional recuperar el poder a principios de este año. Sin embargo, la inestabilidad continúa en medio de un desastre humanitario. Al Qaeda ha abierto un nuevo frente en Somalia, estableciendo lazos con la UTI y aprovechando el santuario que ésta posee en la zona comprendida entre el norte de Kenia y el sur de Etiopía y Somalia. Por otra parte, Al Qaeda tiene una larga trayectoria en el sureste asiático. La participación de islamistas indonesios en la yihad afgana facilitó la simbiosis de Al Qaeda con la Yemaa Islamiyya (YI), que lleva mas de 10 años ligada a la organización. YI funciona hoy como una red de radicales islámicos que se extiende a través del sureste asiático. En 2000 creó una organización paraguas que agrupa en la actualidad a un buen número de los grupos insurgentes de la zona, entre los que destacan el Frente Moro para la Liberación Islámica de Filipinas, el movimiento Aceh Libre o la Yemaa Salafiyya de Tailandia. YI es responsable de la mayor parte de los atentados que han sacudido la zona. Bali, en octubre de 2002, con 202 víctimas; el hotel Marriot en Yakarta, en 2003; la embajada australiana en Yakarta, en 2004; y nuevamente Bali, en 2005. Aunque la policía indonesia ha asestado varios golpes a la organización, YI cuenta con un núcleo importante de activistas que mantienen en jaque a las autoridades indonesias. Finalmente, cabe destacar a la organización Lashkar e Taiba en Cachemira, cuyos lazos con Al Qaeda son conocidos. Esta organización fue la responsable de los atentados a los trenes de cercanías de Bombay, que causaron más de 45 muertos en agosto de 2006.

Redes yihadistas de base
El tercer eje operativo del movimiento yihadista global está compuesto por lo que Javier Jordán denomina redes de base. Se trata de grupos constituidos generalmente de forma espontánea que comparten los objetivos del mo-

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vimiento, pero que carecen de lazos organizativos con el núcleo dirigente o con las organizaciones asociadas a Al Qaeda, aunque ocasionalmente puedan tener relación con sus miembros. Se trata de redes autónomas en términos de planificación, reclutamiento y financiación, lo que les proporciona mayor flexibilidad y eficacia. Las tareas de las redes de base pueden ser logísticas o de ataque. Su ámbito principal de actuación es Europa, y en menor medida otros países occidentales como Canadá, EE UU y Australia, ya que se nutren de musulmanes inmigrantes o de segunda generación con problemas de integración. Los tres principales atentados cometidos en Europa desde 2004 (los atentados de Madrid y Londres, así como el asesinato de Theo van Gogh en Holanda) y las innumerables tentativas abortadas por la policía son obra de este tipo de redes. Mustafa Setmarian, dirigente de Al Qaeda de origen sirio aunque nacionalizado español, y detenido por las autoridades pakistaníes en noInternet ha hecho viembre de 2005, ha sido quien mejor ha descrito este tipo de redes. En un libro de más de 1.600 posible la páginas publicado en Internet en enero de 2005, descentralización Llamada a la resistencia global islámica, que y ‘alimentación’ se ha convertido en obra de referencia para el movimiento yihadista global, Setmarian propone del movimiento dos nuevos objetivos para la yihad global. Por un yihadista global lado, identificar nuevos frentes en el mundo árabe más allá de Irak; por otro, conseguir la descentralización radical del movimiento. Uno de los mayores errores del movimiento yihadista fue depender de campos de entrenamiento en localizaciones fijas (Afganistán, Sudán) que podían ser atacados por las fuerzas occidentales. También considera Setmarian que el modelo jerárquico tradicional de los grupos insurgentes, que conforman el yihadismo de segunda generación, es un riesgo y un signo de debilidad. Por ello, propone una yihad de terroristas individuales, que denomina tercera generación de muyahidines, con células autónomas que deciden sus propios objetivos y sin lazos organizativos entre ellas. Los atributos esenciales de los miembros de las células deben ser la creatividad letal y la adaptabilidad. Las operaciones terroristas deben realizarse en los lugares de residencia de los militantes, especialmente si se trata de países europeos. En los procesos de ingreso y continuidad en las redes de base son fundamentales los vínculos de amistad y la participación en organizaciones sociales previas que pueden ser instrumentalizadas por los yihadistas con fines de captación (mezquitas, prisiones, universidades, militancia en movimientos islamistas, etcétera). Una vez formadas, adoptan una estructura en red y en círculos concéntricos que ofrece considerables ventajas en términos de operatividad, prevención de la infiltración y regeneración de nuevas estructuras.

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Aunque las redes de base son autónomas en su acción sobre el terreno, también se encuentran bajo la órbita del núcleo del movimiento yihadista global. Éste puede ejercer su influencia tanto estratégica, al establecer los objetivos y las directrices, como operativa, a través de la designación de posibles blancos y operaciones. En un contexto en el que las organizaciones yihadistas clásicas han sufrido un enorme desgaste y están sometidas a una importante presión, con cientos de militantes muertos o encarcelados, las redes de base ofrecen una tabla de salvación para los promotores de la yihad global. La tercera generación de yihadistas está en proceso de consolidación y de ella va a depender el futuro del movimiento yihadista. Este tipo de redes son las más peligrosas para la seguridad de los países occidentales. El hecho de que los grupos terroristas pueden formarse espontáneamente y causar grandes daños con escasos fondos muestra la complejidad de la amenaza a la que debemos hacer frente.

El poder de la comunicación
El proceso de descentralización del movimiento yihadista global no se entiende sin una referencia a Internet, que se ha convertido en uno de sus pilares. Desde hace años, los grupos yihadistas hacen un uso intensivo de la red con fines de comunicación interna, propaganda, adoctrinamiento, captación, financiación y apoyo operativo. Internet facilita el adoctrinamiento ideológico y contribuye a que los individuos inmersos en la cultura yihadista no se perciban a sí mismos como sujetos aislados, sino como miembros de una amplia comunidad global. Internet refuerza los valores del imaginario yihadista, justifica las conductas transgresoras y deshumaniza al enemigo, al tiempo que mantiene unidos virtualmente a yihadistas de diferentes países. Cumple, además, una función de transmisión de conocimientos terroristas. La red se ha convertido en una verdadera universidad abierta para los yihadistas. La célula que cometió los atentados de Londres fabricó los explosivos con fórmulas obtenidas en Internet. La proliferación de páginas web con contenidos radicales facilita esta labor. Hasta el momento se han censado más de 5.000 páginas en más de 40 países, y el número continúa aumentando. Hoy nadie discute la idea de que Al Qaeda ha encontrado un santuario en el ciberespacio. Internet también ha permitido a Al Qaeda desplegar una maquinaria propagandística cada vez más sofisticada y efectiva que le permite estar presente en todos los medios de comunicación. La política de comunicación del movimiento yihadista gira en torno dos ejes. La dirección de Al Qaeda y los distintos foros yihadistas impulsados por la nueva generación de académicos salafistas en la península Árábiga. Tras varios años de co-

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municaciones esporádicas, imprevisibles y cargadas de mensajes genéricos, Bin Laden y sobre todo Al Zawahiri aumentaron desde 2004 el ritmo de sus intervenciones, asociando su política comunicativa a hechos concretos de la realidad geopolítica. La televisión qatarí Al Yazira, la productora yihadista As Sahab, medios de comunicación on line como Global Islamic Media Front (GIMF), con su informativo “La voz del califato”, o las revistas virtuales como Sada al Yihad sirven de voceros a la dirección de Al Qaeda, cuyos comunicados son siempre recogidos por la prensa occidental. Al Zawahiri continúa hoy arengando a sus tropas y no sólo se dedica a amenazar a distintos países, sino que se permite afirmar, como hizo en un comunicado el pasado mayo, que la lucha de Al Qaeda redunda en beneficio de los musulmanes y de todos los oprimidos del mundo. La organización trata de convertir el radicalismo yihadista en una ideología alternativa y militante contra el orden neoliberal. El conflicto iraquí ha provocado la proliferación de foros y blog donde, además de introducir en la red, en tiempo real, vídeos y grabaciones con comunicados, secuestros y atentados de los diversos grupos que componen el movimiento, circulan documentos estratégicos de los nuevos ideólogos de Al Qaeda. En estos foros podemos encontrar desde un “Manifiesto en favor de la unidad de todos los yihadistas”, publicado hace unos meses por el jeque Hamed al Ali, uno de los principales ideólogos del movimiento yihadista, hasta artículos que subrayan la importancia estratégica de África para Al Qaeda o la necesidad de potenciar la actividad yihadista en Egipto. Los grupos insurgentes iraquíes han ido más allá y han creado Al Qaeda TV, que desde noviembre de 2006 ha emitido las 24 horas del día en el satélite egipcio Nilesat. El objetivo es alcanzar la máxima audiencia posible para seguir reclutando adeptos y prolongar la insurgencia en Irak.

España y Al Qaeda
Los atentados contra las tropas españolas en Líbano, el 24 de junio, y el primer atentado suicida contra una columna española en Afganistán, en noviembre de 2006, dejan pocas dudas sobre nuestra situación en la lucha contra el terrorismo internacional. España está entre los objetivos del movimiento yihadista y va a seguir intentando atacar los intereses españoles en cualquier lugar del mundo. En diciembre de 2003, Global Islamic Media, el antecedente de GIMF, distribuyó dos documentos en los que se comentaba la situación en Irak y se recomendaba golpear a España. Poco después, se producían los atentados del 11-M. Desde entonces no hemos dejado de estar entre los objetivos de Al Qaeda y el ritmo de las alusiones a nuestro país se ha incrementado a partir de 2006. En diciembre de ese año, Al Zawahiri hacía un llamamiento a

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sus seguidores para liberar Ceuta y Melilla. En marzo de 2007, el GIMF publicó un comunicado exigiendo a los gobiernos de Alemania, Austria y España la retirada de las tropas en Afganistán, y tras los atentados del 11 de abril en Argel, Al Qaeda en el Magreb instaba a sus partidarios a recuperar las tierras de Al Andalus. El pasado mayo, la misma organización volvía a aludir a Ceuta y Melilla en un comunicado en el que amenazaba con más atentados suicidas. La amenaza no sólo proviene de los grupos insurgentes que conforman el movimiento yihadista global, sino también, y muy especialmente, de las redes de base que pueden constituirse en nuestro territorio. Los atentados de Madrid marcan un antes y un después en la evolución del activismo yihadista en España, que había sido hasta entonces una base de apoyo. Desde esa fecha, la policía española ha detenido a más de 330 personas acusadas de actividades ligadas al radicalismo islámico. Se han desarticulado varias redes de apoyo al GSPC y al GICM que siguen siendo las organizaciones que mayores riesgos plantean para la seguridad del país. También se han detenido varios grupos ligados a Al Qaeda en Mesopotamia. Fuentes policiales estiman que más de 100 jóvenes musulmanes residentes en España podrían haber sido reclutados y enviados a Irak. Entre ellos se cita a Belgacem Bellil, de origen argelino, responsable del atentado suicida que acabó con la vida de 16 soldados italianos en Nasiriya. La creación de Al Qaeda en el Magreb y las continuas alusiones a Ceuta y Melilla son señales de alarma. Los cuerpos y fuerzas de seguridad del Estado han realizado un importante esfuerzo en los tres últimos años para mejorar sus capacidades en la lucha contra el activismo yihadista, y han conseguido importantes éxitos. El número de detenidos así lo atestigua, aunque también muestra la extensión y el dinamismo de las redes de base. El radicalismo islámico constituye hoy la principal amenaza para la seguridad de España. El país está experimentando una profunda transformación demográfica y la población de origen musulmán seguirá creciendo en los próximos años. La falta de integración de los recién llegados y los problemas de identidad de los jóvenes musulmanes españoles de segunda generación son factores de riesgo que seguirán siendo aprovechados por el movimiento yihadista para potenciar la creación de redes de base.

Controlar las bases
Las redes yihadistas de base constituyen hoy la principal amenaza para Europa. Al igual que España, los principales países europeos han detenido a cientos de activistas en los últimos años. Especialmente preocupante es la situación de Reino Unido, cuya policía ha desbaratado en los últimos años más de 30 tentativas de atentados. Especialmente preocupante es la situación de Reino Unido que este verano volvia a sufrir nuevos ataques en sus aeropuertos por parte de redes yihadistas constituidas en el propio país,

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aunque afortunadamente sin causar víctimas. La policia británica ha desbaratado en los últimos años mas de 30 tentativas de atentados. Aunque el modelo organizativo de las redes de base conlleva importantes ventajas, también presenta grandes vulnerabilidades. La escasa profesionalidad de sus miembros y la necesidad de abrirse al entorno para poder captar recursos humanos y materiales han permitido la desarticulación anticipada de numerosas redes. Las fuerzas de seguridad europeas deben seguir infiltrando las organizaciones yihadistas y controlando las redes sociales que utilizan para captar nuevos militantes. Todavía hay mucho que hacer en la comprensión de los procesos sociales que están fomentando los sentimientos de agravio y la radicalización de una parte de las comunidades musulmanas que viven en Europa. No sólo se necesitan medidas para garantizar la correcta integración de la población de origen musulmán, sino una decidida actuación para hacer frente a una ideología que disfraza de contenido religioso un mensaje radical que se nutre de la frustración y la desesperación. El conflicto es ante todo un conflicto de ideas. El reto es hacer frente a la extensión de la ideología yihadista y, para ello, se precisa la colaboración de las comunidades musulmanas residentes en Europa. Éstas deben ser conscientes de que el activismo yihadista es su principal enemigo, por lo que deben abandonar la ambigüedad y el doble lenguaje e implicarse más en la lucha contra el movimiento yihadista global.