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Ayudar con lo que se es

El ser humano tiene sentimientos arraigados, viscerales, que han permitido que nos
mantengamos en el tiempo, a que perpetuemos nuestra esencia. Uno de estos sentimientos es
la Solidaridad. Solidaridad entendida como ayuda hacia alguien que lo requiera (o que nosotros
creamos que la necesite).
Este sentimiento de solidaridad se refleja instintivamente con nuestra misma especie, pero por
extensión se aplica a cualquier ser, cualquier cosa o cualquier causa moral o filosófica.
A pesar de ser un sentimiento arraigado, muchas veces se ve solapado por otros sentimientos
propios, como pueden ser: el miedo, la vergüenza, la avaricia, el mismo peligro percibido o real
de perpetuidad propia, etc. En estos casos parecería que carecemos de dicha solidaridad, pero
en realidad lo que está es minimizada.
Hay personas en las que este sentimiento aparece de forma remarcada, y son las personas
que se reconocen con una alta Vocación de Servicio o Altruistas o simplemente “buena gente”.
Para este tipo de personas con deseo constante de ayudar a su prójimo muchas veces surge
otro dilema: ¿cómo ayudo?
Lo que a ojos de los demás puede parecer una bendición, la vocación de servicio puede ser
una lucha constante para el altruista. Una búsqueda continua convertida en lucha para
encontrar mejores o mas efectivas o mas eficientes formas de ayudar. En casos extremos esta
lucha pasa por estados de insatisfacción a depresión para el altruista ya que a ellos mismos
“nunca les parece que están ayudando lo suficiente”.
Algunos se plantean empresas gigantescas, metas grandiosas, negocios fabulosos, se
esfuerzan es sus estudios, todo con el prójimo en mente y eso está muy bien, pero a veces ese
esfuerzo es a costa de ellos mismos, a costa de su propia felicidad. Entonces, si por cosas de
la vida, lo emprendido no se logra, o las metas se obtienen solo modestamente, o los estudios
se interrumpen, el sentimiento de fracaso es de igual magnitud pero de sentido opuesto a las
expectativas soñadas.
Si esto fuera correcto, una persona con incapacidad para realizar grandes empresas o sin
recursos económicos o sin capacitación académica, no podría ayudar “tan bien” como seria
deseable.
Pero el Universo no es excluyente. Todos, con nuestras capacidades y limitaciones, podemos
dar mucho y esto no está condicionados por lo que hemos aprendido o por lo que tenemos. Por
tanto debe haber “algo” que nos permita actuar salvando esas diferencias. Debe haber algo
que sea inherente a nosotros mismos, que podamos dar sin limitación, ayudando también sin
limitación.
Ese algo es nuestro propio “Ser”. Todos tenemos un Ser, similar o diferente los demás. Un Ser
que es independiente a lo que sabemos o tenemos en esta vida.
Estamos hablando de “Ayudar con lo que se es”, no “con lo que se tiene” ni “con lo que se
sabe”

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“Lo que somos” siempre lo podemos dar. Y AYUDAR con lo que somos es dar lo mejor de
nosotros, bien sea con un abrazo, con una palabra amable, con una caricia, con un apretón de
manos, con una sonrisa, con nuestra atención callada, con nuestras oraciones, con nuestro
perdón, con nuestra comprensión, con nuestra paciencia, y nada de eso depende del dinero
que tengamos o del conocimiento en el cual seamos expertos.
Ayudar no es difícil, todos podemos ayudar, principalmente con lo que somos, que si bien lo
podemos complementar con otro dones, nunca será poca la ayuda.
Así que no es indispensable hacer planes para ayudar, esperar que tal o cual cosa se cristalice
para ayudar. Desde siempre hemos podido y desde ahora podemos ayudar, simplemente con
lo que somos ahora, no con lo que tal vez seamos, sepamos o tengamos algún día.

Namasté
Pedro A. Gómez R.
Master Reiki Usui-Tibetano
Septiembre, 01 del 2008
msm: pgomez777@hotmail.com
http://www.reiki.org.ve

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