Así que pasen treinta y cinco años

JUAN LUIS CEBRIÁN Foto: TOMÁS ONDARRA Hace treinta y cinco años no había democracia en España. Tampoco en muchos países europeos y de América Latina. Alemania estaba dividida en dos y todavía padecíamos la tiritera de la guerra fría. Hace treinta y cinco años los partidos políticos y los sindicatos estaban prohibidos aquí, existía la pena de muerte, el único canal de televisión (en blanco y negro) era del Estado, el servicio militar obligatorio, no había derecho de manifestación, tampoco libertad religiosa, las huelgas eran ilegales, funcionaban tribunales especiales, a veces constituidos en consejos de guerra, para los delitos políticos. Hace treinta y cinco años no se habían inventado los ordenadores personales, no existían los teléfonos celulares y había que esperar meses, hasta años, para que te concedieran una línea fija, los informativos de la radio, de todas las radios, eran dictados por el Gobierno, y este mantenía la mayor cadena de periódicos locales de todo el país. Hace ahora treinta y cinco años no existía divorcio en España, el aborto, incluso el terapéutico, era castigado con la cárcel, el adulterio justificaba los crímenes llamados pasionales, se perseguía el uso de anticonceptivos, se encarcelaba a los homosexuales, las mujeres tenían mermados sus derechos civiles y los jóvenes no alcanzaban la mayoría de edad hasta los veintiuno. Hace treinta y cinco años España no pertenecía al Mercado Común Europeo (hoy Unión Europea) ni a la Alianza Atlántica, nuestros deportistas cosechaban escasos triunfos, salvo en el caso del Real Madrid, no existían relaciones diplomáticas con México ni la antigua Unión Soviética, la mayoría de los países de Europa del Este o Israel, no contábamos con un Parlamento libremente elegido, ni con una carta constitucional, se discriminaba el uso de lenguas vernáculas en las comunidades catalana, vasca y gallega, se torturaba impunemente en las comisarías y apenas nadie pagaba impuestos, como no fuera lo que Hacienda descontaba de la nómina. Hace poco más de treinta y cinco años el único dignatario internacional de alto rango que asistió a las exequias del jefe del Estado español fue el general Pinochet, el franquito austral, el aprendiz de Drácula chileno. Y es que hace treinta y cinco años este país era en muchos aspectos el culo del mundo, un portaviones en la bocana del Mediterráneo, una playa gigantesca y bullanguera que exportaba cerebros y naranjas y todavía mano de obra barata, gastarbeiters, a la Europa calvinista y severa. Eso era hace treinta y cinco años.

Puede que los periódicos mueran, no el periodismo. EL PAÍS seguirá dentro de 35 años

y nuestro diario en particular. No hace falta acudir al optimismo antropológico. Las interrogantes sobre el futuro de los periódicos nos persiguen a quienes los fabricamos y a quienes los leemos. basta echar mano del simplemente lógico: aquel de quien sabe que el hombre es un ser racional y un animal que habla. ¿Qué ha de quedar de todo ello en un mundo sin intermediarios?. algunos incluso se atrevían a leer lo que en ellas se publicaba. que nos empuja hacia la autoflagelación y el pesimismo. recibidas las felicitaciones. más cosmopolita. pero todo el invento acabó siendo muy incómodo porque manchaba las manos y. Como el arte. No está de más poner esto de relieve en medio de la tribulación que ahora vivimos. Y bien.alimentando el diálogo. crecer hasta el infinito? Sin embargo. Comprendí entonces que el destino de los pobres mortales era padecerlos. de ejemplos capaces de ilustrar cuánto ha cambiado para mejor la vida española en las últimas tres décadas y media. en la construcción democrática española. pasemos página. También sus consecuencias. Para quien. un atadillo de resmas de papel que se vendían o regalaban por la calle y servían entre otras cosas para educar al perro o encender la chimenea. en general. nace del corazón y de las tripas. Tan distinto que no sé si dentro de treinta y cinco años. jugó un papel importante. centenares más. de todos y para todos. algo nos dice que sobreviviremos. porque lo que viene ahora es completamente distinto. Hace poco escuché a un científico que la misión de la tecnología moderna era crear milagros. También un rincón para las emociones. Para resolver los problemas tiene que reflexionar sobre ellos y debatirlos con los demás. quienes festejen día como este no han de comentar "hasta qué punto ha cambiado el mundo. La prensa. aunque las noticias caigan de la nube Como cito de memoria no pretendo ser exhaustivo y hay desde luego decenas. como la empresa. y un poco se comportan como filósofos de urgencia: les mueve la curiosidad. parece no tener fin. Como hoy es una fecha para la celebración creo poder decir que en su conjunto acertamos. como yo. Los periodistas son mediadores entre el lector y la realidad. me atrevería a decir que decisivo. quedará todavía hueco para contarle algo a alguien y explicar su significado. A establecer un diálogo abierto sobre los desafíos de una sociedad que queríamos más moderna. la capacidad de asombro. a veces. más libre y justa. almacenado ya en la Nube (in the Cloud). ¿para qué sirve un periodista en la red? y ¿cómo van a migrar estos imperios verticales a la estructura estrellada y lábil de Internet que. lleva cincuenta años dedicado a ella no podría existir peor noticia. De todas las definiciones que se han hecho del periodismo me quedo con la más elemental: se trata de contarle algo a alguien. y tratan de explicar el porqué de las cosas. Frente al poder divinizado del conocimiento universal. . A eso precisamente quisimos contribuir quienes fundamos EL PAÍS. con mayor conciencia de su ciudadanía. el periodismo es un esfuerzo creador. que antes había algo llamado periódico. como el Universo. La verdad sea dicha: es una industria con alto índice de mortandad. también las conciencias". La Historia enseña que todo puede empeorar pero también que nada está escrito porque la gente puede cambiar la realidad.

Y estoy seguro. como la lluvia fina o el maná. o acaben siendo distribuidos en las tiendas de antigüedades.O sea que puede que los periódicos se mueran. . pero no ha de morir el periodismo. y aun como las mismísimas tablas de la ley. que dentro de otros treinta y cinco años este órgano de opinión que es EL PAÍS seguirá alimentando la discusión y el diálogo. Aunque las generaciones venideras no lean en papel y las noticias nos caigan del cielo o de las nubes. en un esfuerzo nunca inútil por buscar la verdad y defender la transparencia. como un objeto exótico o de lujo. aunque no lo verán mis ojos.