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LA SANTÍSIMA TRINIDAD DE LAS 4 ESQUINAS

AÑO I NÚMERO IX EDICIÓN DE AGOSTO DEL 2009

Editado en Arica- Chile 2009 Diseño: Daniel Rojas Pachas Cinosargo © Daniel Rojas Pachas 2000-2009 Contacto: carrollera@gmail.com Web: www.cinosargo.cl.kz Cinosargo by Daniel Rojas Pachas Creative Commons Reconocimiento-No comercial-Sin obras derivadas 2.0 Chile

EDITORIAL. LA SANTÍSIMA LLEGA ESTE MES ULTRA RECARGADA... CONTAMOS CON DOS TEXTOS DE MARCHANT UNA CRÓNICA SOBRE LA IGLESIA DE LA COMPAÑIA DE JESUS CONSUMIDA POR UN SINIESTRO Y LA OBRA RECOPILATORIA DE MAYO MUÑOZ, POETAS EN DICTADURA QUE TAMBIÉN SERÁ ANALIZADA DESDE LA ÓPTICA DE QUIEN SUSCRIBE, EN UNA SEMBLANZA PROFUNDA, GABRIELLI SE REFIERE AL RECIENTEMENTE DESAPARECIDO ALFONSO CALDERÓN, LA CRÍTICA LITERARIA VIENE DE LA MANO DE ALEJANDRO PÉREZ QUE SE DETIENE A ANALIZAR CALLATE VIEJO E´MIERDA DE LUIS SEGUEL VORPHAL, FINALMENTE LA POESÍA FUNDACIONAL DEL NORTE ES COMUNICADA A TRAVÉS DE UNA RESEÑA DE LUIS ARAYA NOVOA QUE NOS EXPONE SU MIRADA A LA POÉTICA DE ARTURO VOLANTINES, ESO Y MMUCHOS MÁS, EN ESTA EDICIÓN COMPLETÍSIMA QUE... ...ESPERAMOS DISFRUTEN!!!!!!!!!!!!!!!! LA SANTÍSIMA, SIEMPRE DEDICADA A LA LITERATURA NACIONAL... "DANIEL ROJAS PACHAS" ARICA 06/ 08/09

Los muer tos hablan: Iglesia de La Compañía.
por Carlos Amador Marchant Siempre al caminar por los alrededores de la Plaza de Armas de Santiago, me pregunté por qué un aire frío recorría los contornos de mis piernas, una especie de bruma o no que salía invisible y decía cosas indescifrables. Algo similar me ocurrió hace mucho tiempo, en los años de mi niñez, por allá en 1963, cuando estudiaba mi primaria en la Escuela Santa María de Iquique. Nada sabía por aquel entonces de la matanza de obreros en ese mismo terreno donde fue edificada la escuela. Sin embargo, era el mismo aire, era la misma bruma que llegaba a golpearme el pecho, la espalda. Era mejor no saber, por cierto, de muertes y sufrimientos humanos. Era mejor no saber en su momento. En Santiago, insisto, me ocurrió lo mismo, mucho antes de indagar sobre los muertos en los alrededores de esa plaza, en los alrededores de esas calles del actual centro de la capital chilena, donde se originaba, sin duda, la vida del siglo 19. Mucho más tarde de estas sensaciones, muchas más aguas turbulentas pasando sobre ríos, indagué sobre los sucesos de la Iglesia de La Compañía, construida por los jesuitas tras toda una historia misionera en los territorios de nuestro país. Si bien es cierto que al paso de los años mucha gente sabe de estos sucesos, también hay que decir que un gran porcentaje de habitantes nada atisba al respecto. Me ocurrió, precisamente, en una biblioteca pública, donde una funcionaria administrativa al consultarle sobre algún texto indagatorio de este tema, puso cara de interrogación y me consultó si le estaba preguntando sobre alguna calle de Valparaíso o de otra ciudad nuestra. Es decir, no sabía absolutamente nada. Estoy hablando del gran incendio de la Iglesia de la Compañía de Jesús en Santiago de Chile, hecho acaecido en el mes de diciembre de 1863. Tema apasionante que, tal vez, me permitió conocer hace muchos años cómo se van dejando en el olvido temas que no se pueden olvidar. No conozco el libro de la licenciada en arte Carolina Romo, quien hizo su tesis trayendo al presente este hecho, pero esas sensaciones de las cuales hablé al comienzo de estos escritos, dicen precisamente que esas almas sufrientes, de manera alguna dejarán que sus muertes queden en la nebulosa.

Son las calles Compañía y Bandera las señaladas al paso de la historia, como los lugares fijos donde se hallaba la Iglesia de la Compañía. Unas semanas después de ocurrido el incendio, por decreto ley, se exigió la demolición total de aquel reducto que lo único que hacía era traer recuerdos de los acontecimientos trágicos ocurridos nada menos que dentro de una iglesia. En el mundo de la época, en el mundo de las comunicaciones escasas, de las tardías comunicaciones, Chile logró ser conocido por esta masacre y además por los minerales que se exportaban al extranjero. Pero todo esto fue silenciado al transcurrir de los años, y hay muchos historiadores que se preguntan por qué una de las tragedias más grandes de la historia, en cuanto a incendios se refiere, por la cantidad de almas que sufrieron, por la cantidad de cuerpos carbonizados, fue de alguna manera tapiado en el real sentido de la palabra. Me causa curiosidad que cada año, que cada 8 de diciembre, el Día de la Fiesta de la Inmaculada Concepción, no se rece en primera instancia por esas 1.800 personas que murieron dentro de esa iglesia. Hace unos meses, precisamente en el mes de mayo de este año (2009), a raíz de un viaje a la capital de Chile, y transitando por los subterráneos del metro Santiago, me encontré con una exposición de Bomberos. Me impactaron las maquetas que allí se presentaban sobre esta tragedia, acción que está estrechamente relacionada con que después de estos acontecimientos fue creado el primer cuerpo de bomberos de Chile, en Santiago. La catástrofe en cuestión no sólo grafica las equivocaciones del momento, sino la indiscreción en cuanto a los devotos. Se dice que la gran iglesia no contaba con una cantidad de puertas de salida, es decir, la construcción en sí, majestuosa, adolecía de una real capacidad de precaución en caso de estos accidentes. El 8 de diciembre se congregó gran cantidad de feligreses, muchos de los cuales entre hombres y mujeres fueron a presenciar y ser partícipes de tan magna ceremonia. Ninguno de ellos, por cierto, imaginó que esos minutos serían los últimos de sus vidas. El altar y los alrededores estaban sofocados de velas. Daniel Riquelme, escritor chileno de época, quien escribió sobre este acontecimiento, y quien, al mismo tiempo muere en Europa tan sólo a los 55 años tras una tuberculosis, y quien, además, es tirado a fosa común sin saberse hasta la actualidad donde quedaron sus huesos, grafica los hechos en forma magistral y terrible. En Biblioteca Severín de Valparaíso, sólo se encuentra este libro al cual no se le puede sacar fotocopias por sus páginas endebles. Sólo se le puede fotografiar. Hay que cuidar este texto. Frente a tal cantidad de devotos que se encontraban en el recinto, una vela cayó al suelo y topó una tela. Las primeras incipientes llamas lograron inquietar a una mujer quien gritó despavorida desproporcionando la tranquilidad. Frente a este panorama de pánico, el resto comenzó a inquietarse hasta provocar una turba.

En medio de la confusión, mientras todos comenzaron a correr por pánico, las llamas al mismo tiempo empezaron a agrandarse hasta alcanzar metros de alturas. Mujeres y hombres, niños desprovistos, frente a la confusión fueron pisoteados por quienes pretendían salvarse. Pero las llamas producto de las lámparas de gas hidrógeno se elevaron rápidamente hasta lograr en menos de media hora dominar casi todo el recinto. Diarios de épocas como El Ferrocarril y El Mercurio de Valparaíso, días después, graficaban los acontecimientos. Daniel Riquelme da a conocer el pavor del momento. Campesinos de un Santiago de pocos habitantes trataban de lanzar a las puertas troncos para sacar a la gente, pero quienes lograban salir ardían en llamas. Al día siguiente de la tragedia, el olor de los alrededores de Santiago era inclemente. Y quienes lograron entrar a la iglesia ya sofocada vieron con pavor más de 1.800 personas transformadas en estatuas negras, carbonizadas. En ese momento ya había llegado a Chile la fotografía, pero estas mismas no eran utilizadas en periodismo. Sólo una persona anónima logró sacar ocho fotos posteriores, las que se encuentran en el Museo del Carmen de Maipú. Hasta la fecha, de esas fotos, sólo han sido autorizadas tres para el público, las que ya se encuentran en Internet. Estamos hablando de una masacre de gran esfera. Aquel anónimo fotógrafo, quien hizo reproducciones del exterior e interior de la iglesia ya calcinada, si hubiese tenido el permiso de retratar a los calcinados que no fueron tres sino más de mil, pudo haber quedado en la historia. Nunca antes se vio en el planeta morir tanta gente de esta forma, así lo grafica en sus textos Daniel Riquelme. Los jesuitas iniciaron su caminar en 1539 y llegaron a Chile en 1593 para evangelizar a los aborígenes. Así dice la historia. Sin embargo estos aborígenes eran seres humanos que ya habían llegado a este continente cruzando por el estrecho de Behring más de 50.000 años antes. Es decir que los españoles ni la iglesia misma nunca descubrieron algo, porque todo ya se encontraba en este suelo. Hablar de las congregaciones y de los jesuitas en especial nos quitará muchas páginas. Eran seres desprovistos, sacrificados, emprendedores al mismo tiempo, excluidos de algunos países de Europa y América.

La Iglesia de La Compañía sigue siendo una incógnita en nuestro país e incluso en esferas celestiales. ¿Acaso fueron castigados los jesuitas? Pero ¿qué culpa tuvo esa gente que murió y a quienes nadie pudo identificar tras esa maligna ceremonia del 8 de diciembre?. Ninguna. Y los días siguen pasando y corren por carreteras. Sin embargo, nadie ha podido sacarme ese aire, esa bruma helada, cada vez que camino por las cercanías de las calles Compañía y Bandera, tras 146 años de tanto grito y pánico.

La última rumba de Calderón
Por Rolando Gabrielli

Recuerdo como si fuera hoy la última vez que vi a Alfonso Calderón en Chile, profesor de la Escuela de Periodismo, escritor, poeta y miembro de la Academia Chilena de la Lengua. Fue en la Sociedad de Escritores de Chile (SECH), una tarde neutra de invierno, cuando el terror escribía sus mejores poemas. Me voy le dije, qué libros cree debiera llevarme, le pregunté. Es algo personal, me dijo, pero incluye la Antología de la Poesía Chilena. Se refería a una antología que él hizo y en verdad es la más equilibrada y completa hasta los años setenta, que haya conocido. Además le quitó las pestes adolescentes de la escarlatina (sarampión), alfombrilla y peste cristal, a las antologías arbitrarias chilenas y de todas partes. Siempre queda alguien por fuera por a,b,c,d, razones, pero la Antología de Calderón es un documento a leer, conservar y seguir leyendo. Hablamos que los verdaderos libros de un escritor eran aquellos que se refieren a la vida, naturaleza y yo le comentaba que me sumergía en mi trabajo en todos esos textos relacionados con la ganadería, el campo, algo de ecología y naturaleza. Caminó ese día por el centro de la SECH, el lobby, con un cartapacio y nos despedimos, sin saber que ya no le vería más. Lo último que se filtró aquella tarde fue algo de luz que llegó al salón solitario, donde alguien se despedía de su país. Incluí varios libros, en mi mochila Muerte y Maravillas de Teillier, me lo recomendó, creo, o al menos me dijo, autores chilenos, poetas. Lihn, Parra, Neruda, Huidobro, etc. Algunos de esos libros no sobrevivieron, me los robó literalmente hablando un poeta y decano de Filosofía de la Universidad Nacional de Colombia. Alfonso Calderón murió hoy de un infarto, era un hombre estudioso, silencioso, académico y tenía una biblioteca que llegaba a las márgenes del rìo Mapocho y podía inundar todo Santiago de palabras e historias. Había en él, mucho de chileno raizal, conocedor de la cultura del país austral, animador de foros y charlas, publicaciones, Premio Nacional de Literatura de Chile, autor de Isla de los Bienaventurados. (Cuando se pierde un solo libro/en tu biblioteca/es el que has estado buscando/Todos los títulos parecieran desfilar/menos el más buscado/Aparecen Los Pasos perdidos/Crónicas marcianas/El cetro de los jóvenes/ Cuando Chile cumplió cien años/Las obras completas de no se quien/Dublín y Praga/Reconozco y me resigno/he perdido el control de mi biblioteca/los libros andan por su cuenta y riesgo/eso ocurre /cuando me lleno de actualidad) Por fin apareció, desde ayer la buscaba e hice un alto en esta nota, una edición de Nascimiento del 1977 y que conservo de 1978, del poemario de Calderón intitulado: Isla de los Bienaventurados, que lo antecede y preside un epígrafe de Robert Frost...."en las Islas de los Bienaventurados, ni un solo bienaventurado hallé."

El libro se abre con Tardes de verano, como si fuera hoy, venías en tardes del verano/A ras de hierba, el año indolente coronaba/unos muros que creímos invencibles. Tú olías/a cebada, en un vago almacén aquella esquina. Poesía sutil, de nostalgia, amor, me recuerda a los làricos con Jorge Teiller a la cabeza, pero es Alfonso Calderón, su vida en provincia, donde nació, en la zona central de Chile, San Fernando, tierra de huasos orgullosos y de espuelas. A lo largo del libro están reflejadas sus lecturas, amigos, épocas, sueños, la vocación definitiva de un poeta, la poesía. El detalle, la mirada, el fragmento de la realidad, la asombra del asombro, la vida. Palomas...Caen de pie, fulminadas por las migas/de los viejos. Ricas y pobres duermen/juntas y les importa un cuerno/la decencia, el frío/el que dirán. La infancia, la biografía, el Yo,...A gran distancia del suelo, quiero ocultarme. /Pregunto qué es lo que desean y llamo a mi tía/o al abuelo. Paso un pie por la ventana y veo/a los hombres flotar en el espacio llamando/a las ventanas/La brisa me refresca la cara/y no me queda pro delante sino caer, caer. No me fío de las apariencia y vuelvo/en mí. Siguen diciéndome:"no tengas mas secretos" Son los temas cotidianos de Alfonso Calderón que incursionó en Chile como pocos.

Fue testigo, protagonista, cronista de nuestra época y del pasado chileno. Renunció a su cátedra den la Universidad de Chile en 1974 y posteriormente fue desginado Director de la Escuela de Periodismo de la Universidad Católica. Fue uno de los que se quedó en Chile. En 3 mil páginas y siete tomos escribió Memorias de Memorias, libro que no conocemos y debe ser un legado de lo que vivió, sintió, percibió, acuño y transformó en lenguaje para todos y la posteridad. Ha partido un incansable trabajador de las letras, investigador a tiempo completo, una referencia obligada para toda una época y la literatura chilena del siglo XX. Memorial del viejo Santiago (1984) y Una bujía a pleno sol (1997) , fueron sus últimos libros, pero escribió también entre otros: Primer consejo a los arcángeles del viento" (1949), "El país jubiloso (1958), "La Tempestad" (1961), "Los cielos interiores" (1962), "Antología de fábulas" (1964), "Grandes cuentos humorísticos" (1966), "El cuento chileno actual: 1950-1967" (1969), "Toca esa rumba don Azpiazú" (1970). " Se fue sin hacer bulla, tal y como vivía, escribiendo, proyectando su mundo y el de Chile, su tiempo, fue ese cronista que miraba el tiempo detrás de un espejo imborrable. Memoria, memoria... Rolando Gabrielli ©2009

Poesía Fundacional Del Norte Atacameño
Luis Araya Novoa Poeta y Académico, Arica. No es fortuito que en la página 45 de su libro “ Lo que la tierra echa a volar en pájaros”, edición de la Universidad Católica del Norte, nº 84, 2003, el poeta copiapino, Arturo Volantines Reinoso, Primer lugar “Juegos Florales de Vicuña” 1995, apunte: “Y distraído en el fresco atardecer de la posmodernidad”, y luego, en página 97, explique con palabra a la vez lugareña y universal, el código emotivo del sujeto de su pasión, que “entre el rouge y el vino blanco”, decía, “que el barroco era clítoris de la modernidad”. Porque tales versos orientan la captación exacta del contenido lírico expresado por su decir que, siendo tenue a ratos y tonante casi todo el tiempo de lectura en su superficie, en su densa profundidad es torrente de sonido sinfónico, cadencioso y comunicativo de que el lector no sólo será convocado por informaciones y/o referencias latentes en el imaginario colectivo regional, sino -y lo importante– será estimulado en su subjetividad fundacional de participante de la vida del lugar, del país y del planeta. El primero de estos estímulos es la combinación de vivencias nacidas de lecturas temáticas variadas con percepciones surgida del trajín diario en los entornos natural y urbano, rasgo que por persistencia se proyecta como instrumento provocador de contradicciones y asombros, concordante y coherente respecto del contenido lírico formulado: el amor es relación sensual y vitalista en la medida en que es también actitud pragmática y reflexiva. Se consolida y confirma dicha noción en consonancias más sensitivas que conceptuales en un segundo estímulo, el basado en la creatividad de seres reproducidos por hibridaje inventivo lingüístico de una especie con otra: “flameñandúes”, “páramosantos”, “óvulabras”, “queltehuanaco”, “loicañores”, “jozorrotes”, “alpacactáceos”, “aractáceas”, “tataramontes”, “comecabellos”,“guardaire”, “quirquintáceos”, que, como la “mamaíz” y el “Popolgallo”, contribuyen a la configuración de un espacio, no por poético, menos real, si se piensa en la índole onírica de los antes creados por jitanjaforización. Asimismo refrenda, y categoriza la idea de amor sensual y reflexivo el estímulo apoyado en imágenes de cuño plástico y cinematográfico tal “girasol desdentado en un escaño”, “pampa celuloide”, “jotes (que) duermen en el mecer de las victrolas“, “acordeón del viento” “boleros que dejan los tordos en hojas del bosque”, “boca: tumba de los besos”, “trompo del sol”, y otras que marcan y demarcan el tono de himno trágicorromantico de los versos.

Estas imágenes de efectividad preciosista, pero de consistente función comunicadora del mensaje señalando, se potencian en la relación ineludible que mantienen con los referentes literarios, pictóricos, musicales, históricos, geográficos, arqueológicos, míticos, legendarios y culto-populares, constituyentes del cuarto estímulo, el que sedimenta lecturas y vivencias intelectuales del poeta en su exploración y estudio del sistema de trabajo aplicado en su obra, incluso intertextualidad facilitadas por estructuras narrativas o propias de la canción citadina popular como el tango y el bolero, en especial con sus modos de ser melodramáticos y tremendistas. Un último estímulo lo configura la serie de engarces idiomáticos a la manera inconexa del superrealismo en que se unen situaciones por el estado de ánimo o la aproximación brotada de la aparente lejanía de los opuestos: “ataúd abrochado al monumento amado” lagartos de torsos “desnudos detrás de la carroza”, “flotas de navíos por la neblina”, “sequía devorando cabras y carnavalitos”, y “pala que cava dentro de las nubes”, “loro cantando por el cielo”. Los estímulos indicados, por sostenido afán de información y formación del lector para un auténtico entendimiento de los versos, se compaginan finalmente como procedimiento poético central establecido en el poemario, y en su calidad comunicacional y artística se familiarizan con las poéticas de Pablo Neruda en su “Canto General”, Vicente Huidobro” en su “Altazor” (en particular en su canto II), Humberto Díaz Casanueva, en su “Réquiem”, Rosamel del Valle, en su “Orfeo” y Eduardo Anguita, en su “Venus en el Pudridero”; pero no en subordinación de estilo o repetición de palabra creada, sino –y nada más que en esto– en el carácter fundacional del verbo dispuesto, que en el caso de Volantines captura la visión de un Copiapó cosmogónico y a medias fabuloso y planificado, pleno de historicidad y leyenda, palpitante en sus dominios real e imaginario, aunque no expresado literariamente en el sentido con que “ Lo que la tierra echa a volar en pájaros” lo fundó: espacio en que se revela el amor sensual y reflexivo, enriquecido en su formulación de amor por la tierra, la región, el lugar (sin por ello por relacionarse con la poesía lírica, pues a diferencia de ésta, el contexto de la obra de Volantines es muy cosmopolita, acorde las técnicas de formatividad empleadas). Los versos de las páginas 91-92, en que se organiza a nivel paradigmático, la intuición y el pensamiento poético puestos al servicios de un territorio artístico, como si en él “poéticamente habitara el hombre” (Holderlin), exaltan y completan el amor por la amada, encuentro y desencuentro, compañía y soledad límites, fascinación y desencanto alienantes, ya que es Eros urbi et orbi posicionándose y poseyendo la comarca toda, con el fortalecimiento, en consecuencia, del femenino regional, la zona novia, la provincia esposa, la mujer telúrica, por quién y desde quién se funda la vida geográfica, histórica, mítica y económica. Volantines proyecta así, desde aldea a metrópoli, un ritual oficiado con liturgia preparada en cánones del mejor verbo lírico traditivo y taraceado de sonoridades coloquiales y cultos, y sin menoscabar su romántica nostalgia y su anhelo fundacional atacameño, precisa que si “lo majestuoso amanece en mí de esta tierra....me basta ser grillo debajo de la piedra” para que “la plegaria de los memoriales elevándose” sea “el carnavalito del charantánceo borracho por el florecer del desierto” y “las palabras sean para procrear árboles y no corvo”. Poesía fundacional, ética y estética en grado sumo, en síntesis.

Alejandro Pérez Miranda “CÁLLATE VIEJO ‘E MIERDA” Luis Seguel Vorpahl; MAGO Editores, Santiago de Chile. Novela de Seguel con una propuesta de arquitectura novedosa, quizás no original pero si poco frecuente. Se comienza a leer con agrado, y con mas agrado aún si se es coterráneo del autor. Hay que decir sí, desde un inicio, que se nos presenta a un narrador complejo, que juega a confundirse con los personajes.

El personaje principal tiene por nombre Gracio (masculino de Gracia) y por apellido Espejo, que incluso tiene por oficio el escribir. Cómo en una novela nada es gratuito, la pregunta es legítima en este juego: a quién refleja?, quién ese agraciado?. Seguel mezcla, confunde deliberadamente los planos narrativos agregando misterio y gracia a la novela. Transcribo: “Lia lo invitó y se sentaron en un pequeño café a los pies del morro, cerca de la pieza donde vivía Gracio Espejo” en una historia en que Garcio Espejo es un personaje escritor que crea a Lía como heroína de su novela. Y de su vida. Junto a este modelaje y en el nivel del discurso, se constata también el uso de diminutivos, que es quizás el elemento mas sugerente y que cruza a todos los hablantes, así los personajes, los principales, hablan todos de forma semejante, lo que necesariamente sugiere interpretaciones al lector. Mas, desgraciadamente todo es solo sugerencias, propuestas en un juego de póker en que siempre se “paga por ver”. Los personajes de Seguel son sólidos, bien perfilados, quizás demasiado, pero ello ya es cosa de gustos, de equilibrios, de sensibilidades. Mas, en opinión de quien escribe y al decir de hoy: “se les acaba el cuento” a mitad de la novela. Quizás esa Arica novelada resulte muy pequeña para personajes que solicitan mas vuelo, quizás faltó imaginación para una trama acorde a sus tallas, pero es un hecho que a mitad de las 146 páginas la historia declina, los párrafos demasiado largos resultan tediosos, y el estilo no sostiene la atención: porque en un última o quizás primera instancia, Seguel es un escritor que no busca el placer de leer por leer, sino el placer de leer por la anécdota. Es su legitima y respetable elección. Hay dos formas, dos estilos que cruzan la historia de la literatura: están los escritores que su preocupación fundamental es el lenguaje, la forma, el estilo, como un Rivera Letelier; o su preocupación, su “karma” literario, es la anécdota, como un Poli Délano, por dar ejemplos dentro de nuestra literatura nacional. Ninguna de estas dos preocupaciones vitales, de estas vertientes son ilegitimas, son simplemente énfasis que marcan un texto y a un escritor. Personalmente, creo que es muy difícil resolver el dilema en una forma equilibrada, incluso no se si sea una preocupación o interés el resolver estos estilos en un equilibrio. Pienso que se puede ser bueno en una de ellas, e incluso en un equilibrio de ellas. Solo quería contextualizar así la afirmación que Luis Seguel apuesta, al menos en este libro, por la anécdota. E incluso para confirmar esta observación, valga mencionar y también como anécdota, que su personaje, al final de su vida como escritor, ya consagrado “hizo lo que muy pocas veces había hecho en su vidita” y a reglón seguido transcribo “se tiró a la cama y leyó completita la novela que estaba escribiendo”, corresponde preguntarse, en la lógica de la novela por supuesto, que clase de escritor es este que no relee lo que escribe. Que no corrige. Y quien ha leído la novela sabe que este hecho, el de re leer , es un hecho desencadenante de la anécdota y en la vida de Gracio Espejo.

Pero a los personajes, y no solo a los de Seguel, los hacen sus acciones mas que sus descripciones. Esta acción, la de re leer, tiene coherencia con su discurso maniqueo y mesiánico que plantea finalmente ante el grupo de escritores de Arica. Dicho de forma prosaica, temporal e intrascendente, el personaje Espejo, termina construido, expuesto, como un Marco Ominami de nuestra política actual. Sin embargo, creo que a la novela también le faltó corrección, le faltó, desbrozar. José Donoso (que entre paréntesis encontró un buen equilibrio entre la anécdota y el estilo) decía que la novela era como un iceberg, que el texto, o lo expuesto, es solo lo que está sobre el agua, pero que necesita todo esa inmensa masa de hielo debajo para sostenerla. Creo que Seguel no resistió el mostrar todo, a riesgo de reiterar. Y reiteró. Incluso sus personajes que en Seguel son claros y enteros desgraciadamente se los conoce mas por sus descripciones que por sus acciones, y ese decir de ellos los sobreexpone. Dicho de otra forma: no había que decir que Lía es hermosa, hay que mostrarla hermosa. Seguel hace las dos cosas. Era mejor solo la segunda. Personajes sólidos, un ambiente atractivo, excelentemente descrito, y mas aún para los ariqueños, la presencia de arquetipos que nos son familiares hacen de la novela un texto sugerente y cautivante. Un acierto es el calor, este es un logro, el calor que uno padece leyendo a Espejo en la iglesia, y sucede porque Seguel conoce bien de lo que habla, y esto se agradece. Y aún mas, es un placer leer esa fiesta, enterarse de aquellos años del mundial de fútbol, de la visita de famosos. La novela ayuda a construir la épica de Arica, algo que esta en deuda con esta ciudad. Y, decir humilla quizás sea una exageración, pero la descripción de Iquique es inigualable en el contexto histórico que une a ambas ciudades. Mas escritores como Seguel y no solo este puerto tendrá un pasado mejor que otros puertos del norte, sino también un futuro. Y es en este nivel del discurso en que el aporte de Seguel es importante al ir exponiendo elementos constitutivos para una construcción colectiva, una épica, que consolide una cultura ariqueña . Qué mejor ejemplo que aquel en que Lia dice que “este pueblo tirado a grande tiene las mejores playas de Chile” e inmediatamente “tenemos el lago mas alto del planeta (…) y las aceitunas mas exqusitas de América”; años en que no existía el crédito, dice antes, rememorando una época dorada que hacen los pueblos orgullosos de su historia. Son los cimientes de una edificación mítica, y son los mitos los que construyen identidad. En esta tarea solo resta agradecer una novela como la de nuestro escritor.

“Cállate Viejo ‘e Mierda”. Que mal título para una buena novela. Un lenguaje agresivo, una frase poco original, pero, fundamentalmente, no representa la sensación básica de las que se impregnan las casi 150 páginas, su justificación es una construcción improvisada en las once últimas líneas, una situación que no se propone, no se insinúa, no se edifica a lo largo de los tres capítulos. Las novelas cuando son tales, cuando cobran el carácter de novela, lo que seguro un escritor como Seguel lo sabe, tienen vida propia, adquieren su ritmo, los personajes se desbandan y hay que atraparlos, circunscribirlos a la anécdota. Al igual el texto, ya escrito las correcciones van siendo mínimas, de coherencia, de estilo, tiene su impronta, su carácter, su alma, su sello. El texto ya se diferencia de los otros miles de otros textos (nadie es Pierre Menard) y digo esto porque el título que tiene esta obra es de Seguel Vorpahl, de su carácter, de su visión de mundo, no el de la novela. Esta novela tenía otro título, no uno tan pedestre. Para terminar quiero insistir en que es una novela que debería ser leída, la mayoría de las construcciones humanas son perfectibles (había escrito “todas” pero pensé en una escultura de Rodin y puse “la mayoría de”), y debo decir claramente y por ello lo digo al final, que fue un placer leer esta novela, con todas las imperfecciones mencionadas, con esos párrafos tan largos de hechos tan intrascendentes para la construcción de la anécdota, aún así debo reconocer que Seguel Vorpalh logra un relato de calidad, una historia que no solo aporta a la construcción de nuestro imaginario colectivo, sino que también lo inscribe con dignidad en nuestra literatura nacional.

CON MÁXIMAS AUTORIDADES CULTURALES DEL PAÍS SE ENTREGAN PREMIOS LAGAR
En el marco de las actividades de homenaje a nuestra gran poeta, ganadora del Premio Nobel de Literatura, Gabriela Mistral, se efectuó el “Premio Lagar”, concurso Nacional de Literatura, menciones Ensayo y Poesía. El jurado, compuesto por destacados escritores y académicos, trabajó arduamente para seleccionar a los ganadores entre las más de seiscientas obras participantes. La compleja labor de lectura y selección estuvo a cargo de Elvira Hernández, Daniel Rojas Pachas y Juan García Ro en el género poesía y en ensayo a cargo de Jaime Quezada, Fernando Moraga y José Casas. Los resultados se entregaron hace algunas semanas en conferencia de prensa con la presencia del Intendente Regional, Ricardo Cifuentes, el Secretario Regional del Consejo de la Cultura y las Artes, Pablo Nicolai y de los miembros de la Comisión organizadora del Certamen. Los ganadores en cada uno de los géneros provienen de distintos lugares del país y del extranjero, algunos son destacados escritores y otros son jóvenes emergentes que representan un descubrimiento para la literatura nacional. Todos ellos se reunirán en la ceremonia de premiación, lo que representa todo un hito para nuestra región por constituir una instancia de intercambio cultural entre personas que por las características geográficas de nuestro país resulta tan difícil reunir.

Los autores de las obras elegidas como primer lugar recibirán un millón de pesos y la Estatuilla Premio Lagar, los que obtienen el segundo lugar, así como los ganadores del Premio Joven recibirán quinientos mil pesos y la Estatuilla Premio Lagar y los autores que obtuvieron el tercer lugar recibirán trescientos mil pesos y la misma estatuilla. La “Estatuilla Premio Lagar” es una pieza original, prediseñada por la artista visual Catherine Trigo y realizada por el Pintor y académico de la Universidad de La Serena, Hernán Godoy. El acabado estuvo a cargo de la Broncería Chile. Nunca en nuestra región se había realizado una obra semejante, y se espera que con el paso de los años se convierta en el signo de este homenaje regional a Gabriela Mistral y sea todo un sello distintivo de los escritores y artistas que cada año resulten merecedores de este histórico reconocimiento. La entrega de este importante galardón se hará este viernes 14 de Agosto, a las 18:00 horas en el Museo Histórico Regional Presidente Gabriel González Videla. En la ceremonia se espera contar con la presencia de la Ministra de Cultura, Paulina Urrutia y del Intendente de la Región de Coquimbo.

Vagón de metro
¿Hasta qué punto el sistema nos acorraló y no nos dejó sostener nuestras vidas? ¿Qué motivación hay para sobrellevar una vida de espectador y no de protagonista? ¿Cuándo romperemos el plástico? Después de las 19 horas, los vagones del Metro de Santiago, en especial la línea que conduce a La Florida y Puente Alto, permanecen repletos. En la estación Baquedano es necesario hacer fila para abordarlos. Con un pie dentro del vagón el cuerpo de manera espontánea adopta la forma necesaria para ensartarse en los huecos que deja el puzzle humano. Olvídate si andas cargado. Dentro del vagón los rostros van cabizbajos, y las miradas revelan indiferencia y cansancio. No hay risas, no hay humor. Mañana será lo mismo y así sucesivamente hasta el viernes. La mayoría, los del vagón, hacemos trabajos parasitarios. Por un sueldo -que sube poco- hacemos lo mismo. Al principio nos costó, pero después cuando le tomamos el pulso, cuando nos acostumbramos, cuando nos mediocrizamos –si se me permite aquella expresión- nos sentimos útiles. Por fin nos ubicamos dentro del mundo laboral. Por fin podríamos optar a los créditos. Por fin el sistema nos iba amarrar. Entonces de acuerdo al cálculo del vendedor de crédito, que va con cara de espectro en el mismo vagón del metro, puedes con tranquilidad seguir haciéndole las marquitas verdes a las tasas que fabrica la empresa donde trabajas. Tú eres un obrero especializado en pintar tazas. Puedes hacer lo mismo toda la vida, y claro la vida se extiende con los créditos. “Al cabo de un par de meses produciendo esas tazas yo me di cuenta que mi felicidad era artificial. Me sentí feliz porque veía a los otros felices y porque sabía que tenía que sentirme feliz, pero no era feliz” (Pag 72, 2666, Roberto Bolaño). La calidad de vida es igual a sacrificio. El tipo se sacrifica por su familia. Sacrificio. Por esto cuando llega a su casa en Puente Alto, quiere estar tranquilo sin embargo siempre hay imprevistos. Aquello lo descontrola. Entre muchas cosas también descontrola no poder satisfacerle los gustos de quien ama. Siempre exigen. Exigen lo que sale en la tele. “El bombardeo de información ligado al tema del consumo, a que nos digan qué necesitamos para estar bien, tener mejor calidad de vida, o ser correctos. Ahí aparece el formateo de los medios. Uno termina siendo pensado por los medios, cuando les creés como palabra autorizada. Ya no es la cura de la iglesia, ahora es el comunicador, la publicidad, el marketing. Terminan formateándote no sólo lo que pensás, sino también las emociones” (Pág 6, revista MU, Buenos Aires http://www.lavaca.org/). Como dice el pensador italiano, Mauricio Lazzarato, “el capitalismo no es un modo de producción, sino una producción de modos de vivir, de ser y de pensar. Los medios crean un mundo cerrado, hecho y el sujeto ya no forma parte tanto de la sociedad, la clase o la población, sino del público o los públicos. Como si el modelo actual fuese una gran fábrica de espectadores. Incluso la máquina mediática puede proponer que uno sea protagonista a través de la fama, facebook o cosas que en realidad funcionan con retroalimentación del modelo,y como instrumento de captura y control de facultades de la persona ¿Qué facultades? Dice Lazzarato: la memoria, la atención y su capacidad de relacionarse con otros. Las muevas sociedades “modelan los cerebros y constituyen hábitos, principalmente en la memoria espiritual”. Las empresas más que productos, fabrican mundos. Por eso sus mayores inversiones no son en la producción, sino en el marketing y la publicidad, en la captura del público”. De lunes a viernes, el despertador a las 6 de la madrugada. Luego lo mismo de siempre. Si claro, soy víctima de este sistema. Lo asumo. Es imposible salir. Te aprieta la máquina. El trabajo es algo necesario. Eso de dignificar es un mal chiste. El trabajo como está dado acá, en Chile, no te dignifica. Te tecnifica. En trabajar debo ocupar una mínima parte de mi cerebro. Las cosas están dadas así. Nadie discute en el trabajo respecto a porqué las cosas están dadas así. Esto es por miedo. Por miedo al desempleo. El desempleo es el peor escenario ¿Qué le diré a mi familia si me echan? Por Rodrigo Ramos.

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AD DE LAS CUATRO ESQUINAS

Los poetas en Dictadura
Escribe Carlos Amador Marchant Acuciosidad es la palabra para definir el trabajo que hace cinco años nos mostró el poeta nortino Mayo Muñoz, con el nombre de “Poetas en dictadura”. Alrededor de 70 autores que estuvieron ahí, en los momentos difíciles que nos interponía la bota militar, son los que recopila Muñoz no al dedillo, sino en el fragor de los años y la vida misma y el valioso accionar de guardar cosas en medio del tiempo. Han pasado muchos años sin hablar de esta publicación y lo hacemos ahora rescatando la perseverancia del autor, quien al mismo tiempo se ha destacado por el esfuerzo de hacer las ediciones con sus propias manos, de lanzar mil ejemplares, en tomos que tienen más de cuatrocientas páginas. Y es que Mayo Muñoz siempre se destacó por esto, por planificar sin importar los años venideros, sino llevando siempre en su mente hacer cosas y cumplirlas contra vientos y maremotos. Entre tantas y tantas anécdotas que me tocó vivir con este poeta de Illapel, hay una que rescato porque está relacionada con esto de “contra vientos y maremotos”. En su lejana casa de Arica, en esa vivienda humilde a los pies del valle de Azapa, el otrora José Muñoz Olivares (hoy Mayo Muñoz, en honor al mes de los trabajadores del mundo), tenía una pieza atestada de botellas de vidrios. Cada vez que pasaba a visitarlo veía más botellas. Un día llegué y me di cuenta que al paso de los meses éstas llegaban hasta el techo del lugar. Mi curiosidad no se dejó esperar y le consulté para qué las compraba. Me respondió que el 1 de noviembre haría el negocio del siglo, cortaría cada botella y las vendería a las puertas del cementerio como vajillas para depositar flores. Era, por cierto, una idea atractiva para los años. Ese día de los muertos o de todos los santos, el poeta llegó con su cargamento de vasos de vidrios y se instaló a la mala en medio de los puesteros del lugar, pero con tan mala suerte, con tan pésima suerte, que otros tres comerciantes habían imitado la idea. Desprovisto de perspectivas para lograr su ansiado negocio del siglo, miró para todos lados y a una hora en que ya sabía que no caerían monedas a sus bolsillos, conversó con un comerciante establecido en el lugar y remató su cargamento de vasos. De esa forma logró recuperar rápidamente, por lo menos, algo de lo que había gastado en las compras de botellas. Mayo siempre fue así, en la derrota o en el triunfo, un hombre ágil de ideas y de físico.

“Poetas en dictadura” es precisamente lo narrado, un texto planificado por muchos años y que vio la luz en el 2004 para, incluso, informarnos de paraderos, de muertes, de gente en el norte de Chile que no hemos visto de mucho tiempo. La publicación tiene el mérito de rescatar del olvido a 70 almas que estuvieron y vivieron en los momentos álgidos del proceso dictatorial. Tiene la validez, por otra parte, de no olvidarse de nadie, de haber mantenido en el cofre todos los datos y antecedentes de cada autor, a diferencia de muchos (me incluyo) que hemos ido perdiendo libros y archivos en cada lugar del territorio una vez que nos cambiamos de domicilio. Por este texto me enteré, por nombrar a algunos, que el doctor Jaime Barros-Pérez Cotapos, ex senador de la república por la región de Valparaíso, impenitente orador y cronista de diarios con pluma ágil y descubierta, y con quien dialogué en muchas ocasiones sobre el destino de nuestro país, también escribía poesía. Barros-Pérez Cotapos falleció en Arica en el 2004. Se le negó trabajar en el Hospital Dr. Juan Noé incluso ad honorem. Sin embargo, y menos mal, en 1998 se le declara Hijo Ilustre de Arica. Este es un libro que nos trae el recuerdo de muchas personas queridas y otras no tanto. Pero no excluye a diferencia de otras publicaciones que son hechas con el dedo de la amistad. Mayo Muñoz en “Poetas en dictadura” no se preocupa de seleccionar poesía buena o mala, le interesa más bien el contingente de personas que crearon en aquellos momentos difíciles, que estuvieron en las peñas, en las lejanas peñas, conversando y acompañándose en esa soledad y cielo gris. Me atrevo a decir que es este poeta quien mantiene en su poder el mayor archivo de fotos y textos de aquellos años, donde no se escapa ni una gota del acontecer ariqueño. Al recorrer las páginas de esta compilación voy retrocediendo en el tiempo y veo las calles de esa ciudad como si fuera hoy. “Poetas en dictadura” representa al mismo tiempo la personalidad de este poeta, un hombre al que siempre le interesó la amistad, el ser humano en su vida cuotidiana, las personas en su mundo no importan las que sean. Implacable recitador, Muñoz se destacaba en las peñas por la forma de dar a conocer sus versos. Lo hacía con gallardía, con voz socarrona y al mismo tiempo llena de sentimientos, sintiendo cada paso por la tierra, cada sonido de la vida. Cuado se editó este libro que hoy tengo en mis manos nuevamente, Mayo Muñoz apareció sorpresivamente (2004) por Valparaíso. Con su típica personalidad de buscador empedernido, actual profesor de educación básica en la Escuela de Alto Hospicio, en Iquique, no sé cómo dio con mi paradero. Al verlo fue como ver de nuevo la tierra del desierto, el valle de Azapa y Lluta, los montes y los caballos por donde anduvo Pedro de Valdivia fundando pueblos desde Tacana hasta Cosayapu. Se alojó en mi casa y luego viajó al sur. Volvió y se encontró de nuevo conmigo en la Feria del Libro de Viña del Mar. Bebimos varios vinos para recordar lo vivido. Yo era, por aquel entonces, presidente de la Sociedad de Escritores de Chile Versión Valparaíso. Es por esto que al paso de los años volví a tomar este libro de más de cuatrocientas páginas. Texto que estaba escondido en un rincón de mi nueva biblioteca y que me reclamaba. Y ahora al tocarlo veo la imprenta de Mayo Muñoz, esa imprenta artesanal, esas manos religiosamente en función de la poesía, y en donde una dedicatoria me dice, tras no habernos visto por más de 10 años: “A Carlos Amador Marchant, desaparecido en acción”.

Semblanzas Profundas: Poetas en Dictadura de Mayo Muñoz
Poetas en Dictadura, nombre que el mismo autor, Mayo Muñoz, reconoce en el prologo del texto, puede provocar resquemor, pugnas y prejuicio, resulta como obra y totalidad, incluso para el lector de hoy, muchas veces indiferente o el de ayer, de cara al conflicto, sumido en cualquiera de los bandos, imposible de escamotear en su valor estético. Desde luego que hay un fuerte factor documental y cronístico implícito, pero no se debe imponer y eludir por ello, el ejercicio literario que supera toda barrera de intolerancia, a medida que se van desplegando los versos, sin perder en lo absoluto, la fibra personal e íntimo sentir de cada creador, al punto de elevarse más allá del álgido contexto histórico.

Sin duda el devenir motivó muchas de las piezas, no podemos negar con respecto al libro, su condición de vaso comunicante y referencia obligada a un pasado todavía palpitante, tour de force a las impresiones del momento y el sentir que subyace como herida aunque también, cual búsqueda constante de un sueño, esperanza que no se diluye, arrebato, rabia, escape, tortura o delusión, una gama extensa de sensaciones y sensibilidades que alejan a esta compilación, de la univocidad del folletín. Distanciamiento peculiar y propio del arte. Reside en la manera en que los autores se apropian del mundo que los rodea y el lenguaje cotidiano, para crear su propio código, una metáfora de lo esencial, con lectura abierta y pluralista, sin el peso, que imponen los abanderamientos e ideologías. No es tampoco la intención del texto, fragmentar un país que empieza y trata tozudo, aunque muchas veces falle en sus intentos por lograr unirse y edificar una identidad por medio de su más grande valor, las personas, el diálogo, la empatía y esa capacidad de sentir y comunicar sin restricciones y represión. La Creación de Poetas en Dictadura, antología de la primera región procura retomar y en muchos casos, azuzar esa incesante necesidad dialéctica, la confrontación de ideas y la construcción de nuevos caminos a partir de las impredecibles rutas que genera el debate. Gestada en su totalidad por el poeta y narrador nacional Mayo Muñoz, Poetas en dictadura vio la luz el año 2004.

Mayo, escritor del norte de Chile, nació en Illapel, cuarta región del país y fue testigo y protagonista preferencial de los cambios y conflictos que enfrentó la nación. Exonerado y preso político, ha publicado Alambradas Rotas que cuenta con tres ediciones (1981, 1997 y 2002) 56 kilos de carne y hueso del 84, para criar cantando del 87 y Norteamar también del 2004. Además de otras antologías breves entre los años 97 y 98. De este recorrido por las letras, nace una combinación de creador y ávido lector de sus pares, capaz de establecer un criterio de selección equitativo en la distribución de espacio y entrega del material literario y no por ello reduccionista, pues el antologador, reconoce diferencias de envergadura, alcance de las obras y calidad, pero sin duda no olvida la constancia, maduración y reflejo de un sentir que impulsó el desarrollo social, la restauración y en mayor medida, hizo patente el latido más visceral de voces y discursos que se presumían silenciados En términos técnicos, esto se traduce en su interés por considerar como obra publicada para la compilación, los diversos medios de transmisión de textos: Oral, canto popular, revistas, poesía visual, trípticos, cintas grabadas, mimeografía y una larga lista de alternativas de difusión algunas precarias y otras subversivas. Finalmente, de la misma forma que señala su interés por considerar todos los focos y vías de poetizar, el autor no olvida en su abordaje (nombre del prefacio) señalar el problema de irrealidad que descansa en toda antología gestada con buenas intenciones pero con una lejanía tangencial al universo que viven y sufren los actores recoplidados. Primero alude a las publicaciones hechas por cofradías y grupos y luego a aquellas que se tramitan desde un bureau en el centro, el cual sólo atiende a un número restringido y muestra sesgada. En sentido contrario a estos ejemplos, Muñoz destaca la labor de algunos compañeros de ruta, Martínez Fernández en Palabra escrita, Juvenal Ayala con su Antología Poética del Norte en el 98 y la de Luís Araya Novoa llamada Espejismos del 97. Entre los nombres que forman Poetas en dictadura y sin ánimo de exclusión o preferencia, podemos nombrar a: Nana Gutiérrez, Alicia Galaz Vivar, Iris Fernández Ángel, José Martínez Fernández, Ariel Santibáñez, Luís Araya Novoa, Patricio Ubeda, Walter Rojas, Rodolfo Khan, José Morales Salazar, Carlos Mamani, Miguel Duran Candia, Omar Alegría, Pachita Arancibia, Juvenal Ayala, Alberto Carrizo, Claudio Castro, Florencio Faundez, Luisa Guerra Moreno, Oscar Hahn Gastón Herrera Cortes, Carlos Marchant, Priscilla Marinkovic Tapia, Raquel Pino Parraguez, Guillermo Ross-Murray, Ariel Santibañez, Ramón Seguel Vorpahl, Oliver. Welden y el antologador, Mayo Muñoz entre otros. Es importante también, no hacer caso omiso al epígrafe de Lihn. Este nos sirve para comprender la filosofía y visión que reposa tras esta mirada literaria, que surge treinta y un años después de los eventos, que produjeran el gran quiebre vital que aún acosa a nuestro país y a sus habitantes. Los escritores del texto no son la excepción. Por tanto, al revisar las palabras de inicio que dicen: Ni a pesar de la cólera quise desbaratar a mi enemigo. Pero escribí y me muero por mi cuenta, porque escribí, porque escribí estoy vivo.

Descubrimos la acertada elección de Mayo, al utilizar los versos del ineludible escritor de la generación del 50, él sabe lo duro y confrontacional de su empresa y la asume con coraje hasta el final, dejando en claro la necesidad de reconstruirnos y crecer pero el rencor no es la opción sino la autonomía e impenetrabilidad de nuestras conciencias y eso sólo se consigue cuando somos verdaderamente libres y no cifras o autómatas por voluntad propia, presas de la autocompasión o víctimas serviles de la mano traidora que ansía el poder a cualquier precio. El devenir, (vida y obra) de los autores que tengo en mis manos al realizar esta lectura y crónica, me compele como escritor, poeta y sobre todo como persona y así mismo a toda una nueva generación, a reflexionar y entender la calidad de sucesor, no sólo en lo artístico, sino humano, lo cual implica a su vez, un limpio llamado y apelación general, en la cual es indispensable reconocer las diferencias y los puntos de encuentro, pues en esa frontera y concordia, duerme el eje de nuestra propio desiderar. Sin duda, semejante tarea también le tocó a los poetas de la obra, Muñoz al tanto, no quiso que sus amigos, gesta y poesía, quedaran en las sombras de una selva que muchas veces tiende con indiferencia, a devorarnos sin piedad. Solo queda señalar que esta obra será un modelo de antología y una brújula para todos los que se aproximen al universo de la poesía contemporánea del norte de Chile. Autor: Daniel Rojas Pachas También Publicado en Cinosargo Muestra de Poemas de Mayo Muñoz ROSA DE FUEGO En nuestro territorio tenemos encendida aún la rosa y juramos que ni siquiera la mordedura del hambre ni los húmedos ladrillos podrán tapiarla para siempre en el foso del silencio.

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