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El Espolón

Nº14/ENERO 2014

Revista de pensamiento libre y doliente

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Vivimos en un mundo globalizado que afronta problemas globales como el cambio climático, la pobreza, el hambre, la corrupción, el fin de recursos naturales vitales etc. Y sin embargo, la estulticia de lo políticos, enfermos psicológicamente con el complejo de Dios, hace que afloren los sentimientos nacionalistas más intensos, como si una nación por si sola pudiera con todos estos retos. Este resurgir nacionalista, no es más que una CORTINA DE HUMO, para tapar las vergüenzas de la ineptitud del político de turno. Científicamente se ha demostrado recientemente que el cerebro no puede hacer dos cosas a la vez, pensar con lógica y a la vez expresar los sentimientos más humanos, y es esta imposibilidad que los políticos y empresarios usan, como bien ha demostrado Chomsky, para manipularnos y llevarnos a su redil. Antes de dejarnos llevar por extremismo absurdos que ya sabemos por experiencia (II Guerra Mundial) a lo que conducen, mejor sería, sabiendo como usan nuestros sentimientos para manipularnos, que pensáramos y analizáramos fríamente lo que los medios y políticos lacayos nos ladran para ser capaces de discernir si realmente es coherente o por el contrario tratan de estimular nuestra querencia innata de pertenencia a un grupo, de la cual se nutren los nacionalismos.

Ya decía José Luis Sampedro hace algunos años, que en lugar de separarnos, deberíamos de estar más unidos si cabe, pero reforzando nuestra cultura propia eso sí, ya que todos dependemos de todos. Y también alertaba del “Espíritu de Frontera” es decir, de culpabilizar a un enemigo exterior, como solución a los problemas interiores, estrategia usada por el macabro Kissinger para afrontar las crisis.
No tengo que recordar a nadie, quienes son hoy día, los políticos nacionalistas, que están haciendo uso de estas estrategias, para sus fines personales. Es de todos de sobra conocido. Desde esta humilde publicación, ya son incontable las veces que destapamos los tejemanejes, artimañas y argucias de los verdaderos poderes que maquinan en la sombra, así como las estrategias de manipulación que usan, con el fin de que, un ciudadano bien informado sea un ciudadano bien preparado antes los envites neofeudales de una serie de personas, enfermas de Complejo de Dios que lo único que tienen en mente, es aumentan los miles de millones de euros que poseen en su cuenta. Mientras que esta avaricia extrema, esta falta de empatía y solidaridad con los más necesitados, no sea considera una enfermedad y sea vista como una lacra, aquí estaremos al pié del teclado para intentar que un grupo de irreductibles ciudadanos vean la realidad tal como es, y no como los grandes poderes fácticos y sus medios afines quieren que sean, porque como decía el Mahatma:

“La verdad es siempre la verdad, aunque la posea una minoría, y aunque esa minoría sea de uno solo”

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ÍNDICE
PORTADA Página 2 Página 3 Página 4 Página 5 Página 6 Página 7-8 Página 9 Página 10-11-12 Saludo Este índice Poema La política. Los políticos La política. Los políticos Las desigualdades como causa de la crisis El dedo de los políticos Ceguera y aspereza civil Dibujo : Oscar Muñoz Rojas Diseño: Ojito Saltón Adrián Toomes La tribu Espolón Mª Antonia Gutiérrez Huete Juan Carlos CdLis Juan Carlos CdLis Vicens Navarro Oscar Muñoz Rojas Pedro Ojeda Escudero

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Página 14 Página 15 Página 16-17 Página 18 Página 19-20 Página 21 Página 22-23 Página 24 Página 25 Página 26 Página 27 Página 28-29 Página 30 Página 31 Página 32

Queridos Partidos
Crecimiento infinito es imposible Violencia del pobre Participación ciudadana ¡ ILLO RAJOY ¡ La enfermedad del clientelismo Ciudadanos confíen en nosotros La crisis como excusa para doctrina Skock La gente feliz no suele consumir Opio del pueblo Deuda pública aumenta Susanita Diaz Alegoría de la persecución En el Gulag de aquí Frases para la reflexión Contraportada

Sebastián de la Obra
Silvester Man La tribu Espolón Antonio Aguilera García Juan Ramirez Torres “Curro” César García Oscar Muñoz Rojas Olga Rodríguez – El Diario.es Serge Latouche J. Gallego El Plural.com Antonio Aguilera García

Eloy García.
Rafael Ruiz BLOG: Fray Liberto Ojito Saltón: montaje fotos Diseño: Oscar Muñoz Rojas

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Son tambores de nostalgia, rumores de malos tiempos; quejidos de mil gargantas resonando a pecho abierto. Navidades, ¿Quién os llama? ¿Quién celebra el Nacimiento si la vida anda descalza y el amor se está muriendo? Son tambores de nostalgia disfrazados de contento; zapatos en las ventanas sin cristales, del obrero.

Son tambores de nostalgia, son tic-tacs de viejos sueños; villancicos desde el alma por los muchos que se fueron.
Navidades antes blancas, hoy pintadas de decenios adornados de hojarasca y de algunos tallos nuevos. Son tambores de nostalgia, son susurros, son lamentos; campanillas de mi infancia colgadas en un abeto. Navidades de palabras ausentes de sentimientos; Navidades de pancartas, de familias sin sustento.

Navidad, no pido nada que se compre con dinero: quiero paz en esta casa, quien la habite es lo de menos.
Son tambores de nostalgia por el llanto de los buenos; Los Magos no hicieron magia y murió el Hechicero. Navidades ¿No os cansa predicar en el desierto? Ojalá que un día nazca un niño sin sufrimientos.
Mª Antonia Gutiérrez Huete

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La Política. Los Políticos.
No se puede pretender la imposición de un esquema cerrado a la sociedad por mucho que éste pueda parecerle perfecto al gobernante desde el punto de vista racional. Con estas actitudes, con un pseudoracionalismo que se introduce en la política e intenta modificar la sociedad para acomodarla a lo que dicta esa "razón", solo puede surgir un fuerte impulso hacia la agitación social y/o revolución. Es absolutamente necesario acabar con esta forma de interpretar las relaciones entre el pensamiento político y la realidad social. Hace 100 años Ortega afirmaba que el artista, el héroe y el político no son tres sujetos distintos. La estética es una cuestión política que sirve para justificarse ante la sociedad. La tarea del héroe y del político es la misma que la del artista: instaurar un orden "ideal" que niega y modifica el orden real. Desde el punto de vista sociológico el Estado intenta encauzar el comportamiento individual en la vida social. Pero cada agresión al conjunto de garantías, cada recorte de libertades, cada paso hacia un "Estado Policial", es una grave lesión al fundamento y legitimidad del Estado de Derecho. Por desgracia los españoles hemos tenido una secular ceguera para distinguir al individuo mejor del peor. Cuando surgen individuos de visión privilegiada, preclaros y con liderazgo social, no hemos sabido aprovecharlos, y es mas, a menudo hemos acabado aniquilándolos. Es por esto que el pretendido aliento democrático que sopla en nuestra legislación es resultado de odio, rencillas y suspicacias, de simples intentos de "valer mas" que la masa, de intentar dirigirla.
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La degeneración democrática, la burocratización de las instituciones, la extensión de las relaciones económico-monetarias a toda forma de relación entre individuos hace que cada persona nos sintamos como comparsas, con función impuesta desde fuera. La ola de rebeldía que está ocurriendo en España, y que aumenta día a día, es un reflejo del deseo social de que las cosas sean diferentes. Y surge este rechazo en nuestro país antes que en otros debido a la protesta social contra la cultura política practicada. Por supuesto que estamos resentidos por la situación económica, pero también nos damos cuenta de que los graves problemas derivan de la irresponsabilidad de los políticos. Y los partidos además se han aislado de sus bases sociales. Es necesario, vital y urgente un cambio en nuestro sistema político para que no "viva" de espaldas a la sociedad. El ciudadano percibe claramente que el político no lo representa, que actúa de espaldas a sus necesidades, debido en gran parte a la propia estructura de sus partidos. Se plantea pues una clara dicotomía a los gobernantes y pretendientes. O bien cambian sus estructuras, democratizan realmente los partidos y jubilan a "dinosaurios" caducos, obligándose a seguir los designios de las bases sociales que los sustentan (que no son los "trepas"), o bien se verán abocados a una "muerte" inexorable, a la total pérdida de la poca legitimidad social que aun les quede. Es la sociedad la que ha de designar los objetivos políticos, y no los políticos los que han de intentar modificar el orden real social existente. O lo entienden así o acabarán siendo pasto de las llamas. Cualquier otra opción es un engaño intolerable que les llevará al desastre orgánico. Juan Carlos CdLis

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Las desigualdades como causa de la crisis

Este artículo analiza como la enorme concentración de las rentas y de la propiedad que ha ocurrido durante los últimos treinta años en los países de la OCDE, resultado de la aplicación de las políticas neoliberales en la mayoría de estos países, ha jugado un papel clave en la crisis financiera y económica. Uno de los fenómenos sociales y económicos más inquietantes que ha estado ocurriendo en las últimas tres décadas es el enorme crecimiento de las desigualdades, las cuales han crecido todavía más durante esta gran crisis económica y financiera que los países de la OCDE están experimentando. De ahí que haya aparecido un número considerable de estudios e informes de organismos internacionales que han intentado analizar las causas de tal crecimiento de las desigualdades. Entre ellos, el más conocido es el producido por la OCDE titulado Divided We Stand. Why Inequality Keeps Rising, publicado en 2011, y que generó gran interés y debate. Entre las causas que tal estudio consideró como de gran importancia estaba el cambio tecnológico que afectaba en gran medida a la distribución y la productividad dentro del mundo del trabajo y de las rentas generadas por él. El estudio más reciente en esta bibliografía científica sobre las desigualdades es el publicado por el Center for Economic and Policy Research, de Washington DC titulado Missing the Story: The OECD’s Analysis of Inequality, en el que sus autores David Rosnick y Dean Baker critican extensamente el estudio de la OCDE mostrando serias limitaciones en la conceptualización y metodología del estudio. Muestran convincentemente que el enorme crecimiento de las desigualdades de los países de la OCDE no ha ocurrido entre la mayoría de la población (el 90%) que deriva sus ingresos de la renta del trabajo, sino entre una minoría muy exigua (el 1%) de la población que deriva sus ingresos de las rentas del capital y muy en especial del capital financiero (0,2% de la población) y todos los demás. El crecimiento de las rentas de estos últimos ha sido geométrico, es decir, explosivo. El documento muestra que este hecho ha ocurrido también en España, donde el mayor crecimiento de las rentas ha sido también en este 1% (y muy en especial en el 0,12%) de la población. En lenguaje normal y corriente, los súper ricos se han ido forrando de dinero. Como bien señalan los autores, esta enorme concentración de las rentas (y también, por

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cierto, de las riquezas) no se debe al cambio del sistema educativo o a cambios tecnológicos, sino a las políticas públicas llevadas a cabo durante los últimos treinta años en la mayoría de países de la OCDE (iniciadas por el Presidente Reagan en EEUU y la Sra. Thatcher en Gran Bretaña), políticas conocidas en lenguaje normal y corriente como políticas neoliberales y que sistemáticamente han favorecido a las rentas del capital a costa de las rentas del trabajo. David Rosnick y Dean Baker muestran claramente que el debilitamiento de las instituciones que defienden los intereses del mundo del trabajo ha jugado un papel clave en esta redistribución de las rentas a favor de las rentas del capital y de la consecuente concentración tan acentuada de las rentas. Es importante y justo señalar que el informe de la OCDE había reconocido también la enorme importancia del debilitamiento de las instituciones que regulan el mercado del trabajo y garantizan la protección social para explicar también el crecimiento de las desigualdades. Pero los autores del CEPR ponen esta causa en el centro de su explicación, señalando convincentemente el papel clave que tal debilitamiento ha tenido en el crecimiento de las desigualdades. David Rosnick y Dean Baker también señalan que otro factor determinante de esta enorme concentración de las rentas son las políticas fiscales llevadas a cabo por los Estados que sistemáticamente han favorecido de forma exagerada a las rentas del capital y a las rentas superiores a costa de las rentas de la mayoría de la ciudadanía. Basta sólo comparar los niveles de imposición de las rentas superiores en los años cincuenta en EEUU, por ejemplo, con tales niveles ahora. La diferencia es enorme. El estudio de CEPR también señala lo que un número creciente de estudios está documentando y es que la concentración de las rentas está ligada a la expansión del sector financiero. Éste es uno de los hechos de mayor importancia para explicar la crisis y que menos atención ha recibido en los análisis de la crisis actual. La evidencia es abrumadora. A mayor concentración de las rentas, mayor es el crecimiento del tamaño del sector financiero medido como porcentaje del PIB. Y lo que es igualmente importante es que a mayor concentración de las rentas (en una minoría muy reducida de la población), mayor es la actividad especulativa del capital (y de las instituciones financieras), una de las mayores causas de la crisis. Este comportamiento especulativo se basa en la escasa rentabilidad de la economía productiva, resultado de una escasez de demanda, consecuencia de la disminución de las rentas del trabajo. Esta disminución de las rentas del trabajo es la que está también detrás del enorme endeudamiento de las familias, endeudamiento que enriquece el capital financiero. Y ahí está la clave del problema, y que nunca aparece en los mayores medios de difusión, y ello debido a su propio endeudamiento y, por lo tanto, dependencia del capital financiero (los mayores medios de información y persuasión españoles tienen en sus consejos de dirección a representantes de las instituciones financieras que les han prestado el dinero). La crisis actual la han creado las políticas públicas neoliberales, que han determinado una gran concentración de las rentas y de la riqueza, lo que ha afectado negativamente la propia eficiencia del sistema económico. Pero, lo que es todavía peor es que esta concentración ha deteriorado enormemente la calidad de las instituciones democráticas, las cuales han pasado a ser meros instrumentos de tal capital financiero. Lo que está ocurriendo hoy en España es un claro ejemplo de ello.
Viçens Navarro

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Ceguera y aspereza civil: dos claves de inicio en “Todo lo que era sólido”

Todo ensayo nace de premisas iniciales que soportan el resto de la argumentación. Muñoz Molina propone dos muy interesantes para comenzar Todo lo que era sólido: la ceguera ante lo que ocurría en la España de la burbuja inmobiliaria y lo que él llama la aspereza civil.
La primera es común a todos los países que han vivido una burbuja inmobiliaria como la que se dio en España a partir de los gobiernos del PP presididos por José María Aznar (1996-2004), en los que se liberalizó todo el suelo disponible y se dinamizó la economía española de forma casi exclusiva con el motor de la construcción sin establecer los controles necesarios. Si el efecto más inmediato fue la creación de millones de puestos de trabajo y la rápida circulación de dinero en España, las demoledoras consecuencias de aquello explican las causas de que en España la crisis última haya sido más profunda que en otros países: escasa formación de los trabajadores y fragilidad de los puestos de trabajo generados, corrupción generalizada, crecimiento irresponsable basado en la megalomanía de los políticos españoles, falta de inversión de los beneficios en el fomento de una economía sostenible y propia, extensión de una cultura de nuevo rico en la sociedad española, destrucción de los valores éticos y sociales que marcan un comportamiento cívico, etc. Como señala Muñoz Molina, los españoles demostramos un grado elevado de ceguera para no darnos cuenta de que repetíamos los mismos errores que otros países que habían tenido la misma tentación de crecimiento fácil. Es más, adorábamos a los políticos y a los personajes más significados que lo hacían posible y no veíamos ni sus malas maneras ni su interés personal ni los casos de corrupción que los salpicaban. O, lo que es peor, las disculpábamos. Pero esto es común a todos los países en los que ha sucedido una burbuja inmobiliaria de la magnitud que tuvo España. Una de las causas y de las consecuencias de este tipo de crisis es, precisamente, que la sociedad se convierte en sorda y ciega y pierde todo comportamiento basado en la buena ética. La segunda base sobre la que construye su argumentación es más propia de España. Se explica en raíces históricas nacionales y es una idea que Muñoz Molina ha reiterado en varios de sus escritos. Me refiero a la aspereza civil y la violencia verbal con la que se manifesta. En contra de lo que podría esperarse, este clima de confrontación no ha sucedido en épocas de carencias o problemas graves. En la Transición española se dieron una serie de pactos -acuciados muchos por la excepcionales circunstancias históricas- que favorecieron la llegada de la Democracia. Aunque estos pactos fueron contestados por ambos extremos del abanico político -incluso con violencia y asesinatos-, la mayoría de los partidos políticos y de la sociedad española favoreció Revista de pensamiento libre y doliente

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una salida constitucional en la que se integró. Ante la necesidad, la sociedad reclamó pacto, estabilidad y una altura histórica. En efecto, en la época de euforia económica sucedió algo que merecerá un estudio por parte de los sociólogos e historiadores de años venideros precisamente por haber sucedido cuando nos creíamos ricos: la aparición en la primera línea política de un estado de confrontación permanente a pesar de que todo parecía ir bien en el país. Desde mi punto de vista, esto se debió a varias causas que paso a describir. La primera, indiscutible, es la forma en la que salió del poder Felipe González. Sobre todo desde su última victoria electoral en 1993. Los últimos años de Felipe González en el gobierno evidenciaron una decadencia de su figura que fue aprovechada por los medios de comunicación contrarios para comenzar una crispación social como estrategia para terminar a toda costa con la larga etapa en el gobierno del PSOE. Aquello ha sido reconocido, explícitamente, por varios de los que participaron, por lo que no es rumorología sino historia. José María Aznar supo aprovecharse de esa política de crispación social y definirla políticamente mucho mejor que sus antecesores al frente del PP con aquella célebre frase: Váyase, señor González. Aznar es el típico ejemplo de político que llega en el momento oportuno y sabe aprovecharlo y que cinco minutos antes o cinco minutos después no hubieran pasado a la historia. La segunda es la estrategia de varios medios de comunicación que radicalizaron sus mensajes. La política de los empresarios de este sector comenzó a extenderse más allá de la propiamente informativa. Aparte del fortalecimiento de la prensa en papel por aquellos años -aún Internet no les había hecho daño-, el reparto de las televisiones privadas y las nuevas emisoras radiofónicas fueron el objetivo fundamental de empresas que también se relacionaban con otros sectores, como el de la construcción. De hecho, los gobiernos nacionales de uno y otro color y los autonómicos comenzaron una estrategia a través de inversiones indirectas en estas empresas de la comunicación, favoreciendo a unas o a otras según su afinidad y lealtad. Hubo casos verdaderamente escandalosos. Estos medios de comunicación han radicalizado su mensaje desde entonces y hoy vivimos casi en un territorio de banderías que no beneficia a nadie y que se ha crispado más aún con la aparición de la conocida como TDTparty. Algunos empresarios, para terminar de potenciar esta radicalización, tienen acciones en medios de comunicación contrarios que procuran atizar el fuego del conflicto para ganar la fidelidad de sus seguidores, cada vez más repartidos en compartimentos estancos. Con ello se crea una base de audiencia potencial que se proyecta en su peso en la opinión publicada, con los consiguientes beneficios por ingresos publicitarios o por posicionamiento como herramientas para la divulgación de estrategias electorales. La tercera es la actitud con la que el PP ha accedido al Gobierno nacional tanto en 1996 como en 2011. No me refiero, ahora, a su ideario político, sino a las maneras. En ambos casos, significados miembros de este partido han demostrado un afán revanchista y un cierto tono de suficiencia, contrario a todas las maneras de la corrección política en una democracia asentada. Con ocasión de perder el poder en 2004 tampoco encajó bien la derrota y las acusaciones al PSOE de urdir una gran conjura siguen hasta hoy. Todo ello no ha contribuido a un clima de sosiego sino que ha fomentado, interesadamente, esa aspereza civil de la que habla Muñoz Molina. La cuarta tiene su raíz en algunas claves de la política de José Luis Rodríguez Zapatero tras su Revista de pensamiento libre y doliente

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acceso al poder en el 2004. Ni Zapatero ni Aznar son parte de la generación que protagonizó la Transición. A esto se suma que cada vez un sector mayor de la población se siente desvinculado de los pactos que llevaron a la Constitución española de 1978, bien por edad bien porque se han liberado de los temores y compromisos de aquellos años. Una de las grietas de esos pactos es, precisamente, todo lo englobado en la Memoria histórica. Un sector cada vez más amplio de la izquierda demanda la corrección o anulación de algunas de las bases que llevaron a aquel pacto: la concepción misma del Estado -República o Monarquía, centralismo o federalismo, independentismo, etc.-, la reparación de los derechos de las víctimas del franquismo o la condena de la dictadura de Franco a la manera de lo que sucede en Alemania con el nazismo. Esto ha provocado la reacción contraria, manifestada de una forma radical en los medios de comunicación afines a la derecha. La quinta, el descrédito cada vez mayor de las instituciones básicas del estado español actual: partidos políticos, sistema parlamentario y Monarquía. Este descrédito se ha generado también en la época de abundancia: las imágenes de políticos imputados o condenados que no eran apartados por sus partidos, la conversión de la Monarquía en una familia mediática cada vez menos respetada por la opinión pública, el estado de algarabía continua del Congreso de Diputados, etc Sin duda, el perfecto ejemplo de cómo se ponen las semillas de la futura decadencia. Todo ello está en la base de esa aspereza civil de la que habla Muñoz Molina. En España solo se amortiguaron los efectos de la Guerra civil provocada por el golpe de Estado de los generales en 1936 -que se sublevaron contra el poder legítimo del momento- en los pactos que llevaron a la Constitución de 1978. A partir de los últimos años de Felipe González la crispación ha regresado al país, alimentada por medios de comunicación necesitados de la cercanía al poder para subsistir y sedientos de cuotas de audiencia aun a costa de una escalada verbal que a todos perjudica. Hay poca altura política incluso para solucionar problemas históricos fácilmente solucionables, como las fosas comunes que aún existen en España con los cuerpos de las víctimas de los represaliados por el bando franquista. La mediocridad cada vez mayor de nuestros gobernantes -tanto en sus maneras como en sus discursos- sirve, a la vez de espoleta y de mal ejemplo en un país que siempre ha estado abonado a estos radicalismos. Lo único sorprendente, en este caso, es que se diera en los mejores momentos económicos de los últimos cien años. Ambas cosas, ceguera y aspereza civil llevaron a que no se pudiera llegar a un acuerdo de desarrollo sostenible del país que nos hubiera ahorrado las consecuencias más dramáticas de la crisis. Un ejemplo: uno de los mejores ministros de educación de los útlimos años ha sido Ángel Gabilondo (2009-2011). A pesar de que estuvo a punto de conseguir un gran pacto de estado para reformar la educación en España, a última hora todo fue imposible precisamente por la estrategia de crispación según la cual al enemigo político no se le debía dar esa baza. Es curioso que los dos grandes partidos políticos españoles solo hayan llegado a un gran acuerdo en los últimos tiempos: una reforma urgente de la Constitución española no sometida a referendum y obligada por la Unión Europea para limitar el déficit público. Pedro Ojeda Escudero Blog: La Acequia Revista de pensamiento libre y doliente

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El Espolón Queridos partidos políticos...

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Imagen: Cortesia de Ojito Saltón

La grieta abierta entre la sociedad y los partidos políticos, todos, es enorme, y continúa creciendo cada día que pasa. Por ella se cuela lo mejor de la democracia. Llevamos décadas en las que el modelo de relación que se ha establecido entre las instituciones públicas, los partidos políticos y la sociedad se fundamenta en una promoción del desinterés por lo público, convertido en patrimonio de "los que saben", los partidos y las instituciones; y en una marcada indiferencia de la sociedad hacia las cosas públicas. "Es mejor no preocuparse", no hace falta la participación. Si los partidos fueran, y ejercieran, de instrumento real de participación, otro gallo nos hubiera cantado en este corral. Pero no es verdad. No ha sido verdad. Los partidos, todos, se han confundido con las propias instituciones. Ya no sabemos con quién estamos hablando. Quien en el interior de los partidos, grandes y pequeños, han discrepado o cuestionado su propia situación interna, han sido automáticamente eliminados por traidores o por desleales, o por demasiados críticos o por derrotistas, o por irresponsables. Se logra establecer que toda crítica y discrepancia es fruto de un complot oculto. Las oligarquías de los partidos, los jefes, ponen en marcha un excelente y eficaz mecanismo dentro de sus propios partidos: el miedo. Siempre el miedo. Desde aquella famosa expresión de alguien que dijo "quien se mueve no sale en la foto", esta forma de actuar alimenta la distancia hacia la política, alimenta el desprecio hacia el ejercicio de lo público, y lo que es peor, disuelve el vínculo imprescindible en una democracia entre los representantes y representados. Los partidos políticos son necesarios, pero no así. Un elogio. Son estas palabras para aquellos que se atreven a discrepar, a nadar contra corriente: ¿cómo se puede distinguir entre un pez vivo de un pez muerto?... Debemos lanzarlos a un rio; el que nada contra corriente es el que está vivo."
Sebastián de la Obra

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“Quién piense que el crecimiento infinito en un planeta finito es posible, es un LOCO o un ECONOMISTA Sí ya en el artículo anterior “La Razón Oculta de la Crisis” se explicaron desde un punto de vista biofísico y ambiental, las causas de la crisis, los actores que la diseñan y las manipulaciones psicológicas y mentales que los poderes fácticos pretenden ejercer sobre nosotros, voy a dar más aclaraciones al hecho de que la realidad mundial, es que tras unas décadas de despilfarro, consumismo, ausencia de reciclaje de materiales imprescindibles y explosión demográfica, la capacidad de carga del planeta, finito en sus limitaciones, está al borde de colapsar. Y sí, no lo ha hecho ya, sobre todo en nuestro mal llamado “Primer Mundo”, es merced al expolio continuado que hacemos de los recursos energéticos, minerales, biológicos y ambientales de los pobres, para así poder sostener nuestro nivel de vida. En este gráfico, se representan tres variables en forma de curvas que se han trazado a lo largo del tiempo.

El tiempo “Cero”, puede ser cualquier punto de los últimos diez años, y el tiempo último, que se representa en la gráfica, es el presente. Pues bien, aquí se puede observar como los agregados financieros (créditos, bonos, letras, préstamos , hedge funds etc...) y los agregados monetarios, es decir, el dinero imprimido y puesto en circulación por los Bancos Centrales, con el paso del tiempo tienden a tener una variación positiva (+∆), o lo que es lo mismo, a incrementarse. Esto significa, que los que tienen mucha pasta, están invirtiendo en innumerables productos para obtener cierta rentabilidad, y que para que estos productos o inversiones (como p.e vivienda, petróleo, alimentos etc...) se lleven a cabo, tiene que haber una masa de aborregados consumidores analfabetos económica y medioambientalmente hablando, que se gaste el dinero impreso y dado a préstamo a dicha masa. Pero veamos la parte negativa del gráfico, si +∆ es variación positiva o incremento, lógicamente -∆ es variación negativa o disminución. Y según este gráfico, la producción físico - económica, o sea, la que se sustenta en los recursos y bienes materiales para fabricar cositas que nos gustan a los borregos consumidores, viene disminuyendo, como no podría ser de otra manera, en un planeta finito, con recursos que se agotan a marchas forzadas, y con un nivel de reciclado casi nulo. ¿Que panorama tenemos pues? Uno en el que los poderes fácticos con mucha pasta han invertido en productos que se sostienen en economía biofísica real, que disminuye por cuestiones de lógica matemática (si saco de mi hucha y no repongo, al final se agotará) y que para que estos pueden recuperar lo invertido (crédito viene del latín “credere” o creer, en la posibilidad de devolución de lo prestado) han de imponernos unas restricciones de consumo, para que el fin último de nuestra existencia, sea satisfacer los intereses esperados de las inversiones por estos realizadas.
Sylvester Mann

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LA IMPRESCINDIBLE PARTICIPACIÓN CIUDADANA VIª Reflexión después de la lectura de “TODO LO QUE ERA SÓLIDO”

DIAGNOSIS: EL SISTEMA ESTÁ GRAVEMENTE ENFERMO. TRATAMIENTO EFICAZ: CONCIENCIA DE QUE LO PÚBLICO ES DE TODOS Y ES INTRANSFERIBLE Y MASIVA PARTICIPACIÓN CIUDADANA.

Se pregunta uno que cómo hemos podido llegar, en este rico país donde tenemos una exquisita variedad de tierras, cultivos, mares... todo tipo de actividades agrícolas y pesqueras, industriales y comerciales: al depauperado estado democrático en que nos encontramos. Entendiendo por democrático una separación real entre los tres poderes (o cuatro), una justicia que funciona, una enseñanza que nos ha dado la generación de licenciados mejor formada de la Historia. Una de las mejores Sanidades Públicas del mundo (quizás la mejor). Tenemos los mejores trenes y autovías del orbe (pudiéndonos permitir el lujo de tener varios aeropuertos inaugurados –para la fotillo- sin estrenar). Votamos sin incidentes y sin fraudes (el fraude vino de antemano: es la propia Ley Electoral). Muy bien, ¿entonces por qué se ha colapsado el sistema? Bien fácil de contestar: hemos dejado a la zorra guardando el gallinero, no hemos ejercido control ni coerción sobre nuestros supuestos representantes: los políticos. Nos hemos desentendido de lo público con la falsa ilusión de que España era la Arcadia feliz. Hemos olvidado que sin nosotros no hay democracia En treinta y tantos años de democracia y después de cuarenta de dictadura no se ha hecho ninguna pedagogía democrática. La democracia tiene que ser enseñada, porque no es natural, porque va en contra de inclinaciones muy arraigadas en los seres humanos (…) Lo natural es exigir límites a los demás y no aceptarlos de unos mismo. (…) Lo natural es la barbarie, no la civilización , el grito o el puñetazo y no el argumento persuasivo (…) Lo natural es la ignorancia: no hay aprendizaje que no requiera un esfuerzo y que no tarde en dar fruto. Y si la democracia no se enseña con paciencia y dedicación y no se aprende en la práctica cotidiana, sus grandes principios quedan en el vacío o sirven como pantalla a la corrupción y la demagogia La democracia hay que enseñarla con el ejemplo, es la única manera. Por desgracia lo que mayoritariamente se ha predicado es todo lo contrario: el mangoneo, la greña, la violencia verbal, el halago, la intransigencia, la palabrearía embustera, la falta de rigor, la indulgencia hacia el robo….la grosería populista, el desprecio a las leyes ¿Quién da más? Nosotros, que tanto nos mofamos de las “repúblicas bananeras” ¿En qué nos hemos convertido? Hemos de conseguir una auténtica democracia participativa, de forma que los ciudadanos controlemos día a día nuestro presente y nuestro porvenir. La democracia representativa, sin la función vigilante del Pueblo, se ha demostrado por activa y por pasiva, una tomadura de pelo a la Revista de pensamiento y doliente gente, evidenciando a las claras cuán amigos de lo ajenolibre somos cuando nos dejan sin vigilancia. Para regenerar la desastrosa situación en que nos encontramos Hace falta una serena rebelión cívica (…) que utilice con inteligencia y astucia todos los recursos de las leyes y toda la fuerza de la movilización

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para rescatar los territorios de soberanía usurpados por la clase política. (…) Hay que defender sin timidez ni mala conciencia el valor de lo público, que lleva tantos años sometido obstinadamente al descrédito Asimismo, es imprescindible identificar y “desarmar” los argumentos de todos aquellos (mayormente políticos y sus amigotes) que reniegan de lo público y celebran la excelente gestión de lo privado (aunque los listillos cuando no ganan dinero vienen a pedir subvenciones a papá estado) y en cuanto pueden aprovechan contratos públicos amañados para enriquecerse con lo que es de todos; últimamente (desde que explotó el ladrillo) les encanta quedarse con la gestión de servicios públicos esenciales desde hospitales a suministro de aguas (más de la mitad ya privatizada en España), recogida de basuras... Muñoz Molina lo resume de manera muy acertada en: EL PATRIMONIO COMÚN CONVERTIDO EN DESPOJOS. Pero esta situación corrupta e injusta en que nos encontramos tiene arreglo. Aunque antes debemos perder el miedo, la resignación y el egoísmo, tomando conciencia de que debemos ser dueños de nuestro futuro, de que nosotros solos nos representamos, y que si a alguien damos esa potestad nos debe rendir cuentas, para eso tiene una buena retribución económica que sale de la caja común, que es de todos. Dice Antonio Machado: Qué difícil es/ cuando todo baja/ no bajar también. En un ambiente donde la corrupción es normal es más fácil ser corrupto (…) pero lo contrario también es cier to, y la excelencia puede ser emulada igual que la mediocridad, y la buena educación se contagia igual que la grosería. Para arreglar nuestro lastimoso déficit democrático hay que impartir masiva Pedagogía Democrática: conciencia de lo público y participación ciudadana (creo que lo he repetido 4 o 5 veces, todas son pocas) Este comentario pertenece al club de lectura La acequia que dirige el profesor Pedro Ojeda Escudero
Antonio Aguilera Garcia

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Illo Rajoy
Illo Rajoy pues no estoy en la cama desvelao y con las cosas que hay en el mundo me e acordao de tí, me e puesto a pensar y me e dicho que no tienes ni puta idea de lo que te estás perdiendo en la vida, mira Mariano, tú no tienes ni puta idea de lo que es un amigo, tú vas a comparar al De Guindos o al Aznar con mi amigo Quini o su hermano David, tú vas a comparar a la Cospedal o a la Aguirre con mi amiga Virtud o su hermana Sole, tú vas a comparar una comida tuya en un restaurante mu fisno donde todo son apariencias con un buen arroz o unas migas con mi amigo Bonilla y su sra. en la casa de mi amiga Gloria, tu vas a comparar una sesión tuya en un spa con un día de playa en el Morche con mi amiga Encarni y Pepe jartandonos de comer pan de mi amigo Juan el hojaldres y haciendo hora con mi amigo Tomasín y la María pa ver a los pecos, tu vas a comparar a las hijas de tu amigo Zapatero con las hijas de mi amiga Encarni, tú eres capaz de tener amigos como yo que solo con verte un poco triste saben acercarte a tí y echarte un cable como mi amiga Paloma o tienes un primo de leche como tengo yo que es capaz de dejarlo todo y acompañarte al fin del mundo o un montón de amigos en facebook que te saben sacar una sonrisa, tú tiene un cuñao como yo más noble que grande o una hermana que siempre te sabe dar es empujoncito y lo más importante Rajoy, tú sabes lo que es llegar a tu casa después de unos días trabajando fuera y que tu mujer te esté esperando con un potaje de friguelos, con un beso que sabe a gloria y con dos hijos que te abrazan y ves como cae una lagrima por tu mejilla y la disimulas para que no te vean y piensas que mañana de nuevo te tienes que ir para poder trabajar e intentar darles un futuro, pués escucha Rajoy, esa es mi vida y no te la cambio ni por las escrituras de España entera, porque lo que yo tengo vale más que tó lo que tú y tos lo políticos podais ofrecerme, porque mañana vosotros ireis por la calle y vereis como os insultan y os gritan barbaridades mientras que yo volveré a my pueblo y la gente me saludará y se alegrará de verme y allí estará mi Barea y mis niños y mis amigos para hacerme felíz. Bueno artista te dejo que yo mañana tengo que currar, aunque el café ya no me lo tome con mi amigo Momparler. Buenas noches.

Juan Ramirez Torres “Curro”

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La enfermedad del clientelismo

Si según Karl Popper una sociedad abierta se caracteriza por ser “una asociación de individuos libres que respetan los derechos el uno del otro dentro del marco de la mutua protección proporcionada por el Estado y que logra, mediante la toma responsable y racional de decisiones, una vida más humana y rica para todos”, e ntonces España ha fracasado estrepitosamente. Dejando de lado lo engorroso de la definición (incluida quizá la traducción del propio articulista), lo que ponen de manifiesto los últimos acontecimientos de presunta corrupción que han indignado hasta el límite a la opinión pública española (empezando con Iñaki Urdangarin, pasando por Amy Martin y Carlos Mulas y acabando con Luis Bárcenas) es que vivimos en un coto cerrado en el que los mayores enemigos de las sociedades abiertas, los Gobiernos, las partitocracias y las oligarquías económicas, han sabido sacar provecho de un viejo patrón organizativo de las sociedades mediterráneas llamado clientelismo, o caciquismo en su versión más castiza. El clientelismo es, no nos engañemos, una variante o sucedáneo de la corrupción. Es una forma de organización social que se salta las fronteras geográficas, llamado rousfeti en Grecia y de la misma forma en Italia y Portugal, y une en un mismo destino a los países del sur de Europa y a los latinoamericanos. La principal consecuencia que el clientelismo tiene en la vida de los ciudadanos es que el acceso a determinados recursos es controlado por una serie de patrones, cuya condición viene determinada por tratarse de políticos, detentadores de poder económico o ambas cosas a la vez, que reparten dádivas a sus clientes a cambio de su apoyo. Es un fenómeno social con raíces profundas en nuestro país, heredado de los tiempos feudales en que una mayoría de la población campesina dependía de los latifundistas.

La pertenencia o proximidad a un partido facilita en España llegar a determinados puestos. La longevidad del fenómeno clientelista en una sociedad como la española solo puede explicarse como una carencia de capital social (usando el término del sociólogo francés Pierre Bourdieu, referido a la suma de los recursos con los que cuenta cada individuo en virtud de sus relaciones personales) de una mayoría de la población que carece de acceso a los centros de poder mediante un mercado libre, unas instituciones políticas representativas o un sistema legal igual para todos. Al individuo sin capital social no le queda más remedio que conectarse a redes de influencia buscando un atajo que le permita saltarse las barreras sociales. Este atajo puede consistir en entrar a formar parte de un partido político o, si se ofrece la posibilidad, aprovechar las conexiones familiares que uno tiene a mano.
El clientelismo, en suma, vendría a ser una respuesta a la persistencia de tradicionales estructuras sociales jerárquicas que alienan al individuo y caracterizan a las sociedades cerradas. Esta cruda naturaleza de las desigualdades sociales se expresa incluso en Norteamérica, paradigma de las sociedades abiertas, con el famoso dicho It is not what you know, it is who you know (“No es lo que uno sabe, sino a quién conoce”) que en román paladino vendría a equivaler que un buen enchufe vale más que una carrera. En las sociedades regidas por una lógica clientelista los niveles de protesta tienden a ser más bien escasos. El individuo acepta las situaciones injustas, tiende a desconfiar del Estado y de las instituciones y a buscar la solución

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individual renunciando a la lógica, la racionalidad o la aplicación de las leyes. La lógica clientelista salpica a la sociedad en su conjunto y no solamente a los políticos o los empresarios. De la misma forma que determinadas empresas que querían beneficiarse de subvenciones o fondos públicos se aliaron con uno de los “patronos”, por ejemplo Iñaki Urdangarin o Luis Bárcenas and company, para compartir juntos el botín, el resto de los ciudadanos también tratan de saltarse las reglas del sistema. Que tire la primera piedra, por ejemplo, quien no ha conocido a alguien en lista de espera que, tras ponerse en contacto con un familiar o un conocido, ha logrado ser operado antes, pasando por encima de aquellos que se encontraban por delante de él en la misma lista desde la absoluta comprensión de sus allegados. Lo cierto es que la vida de las empresas y cualquier organización en nuestra sociedad depende en gran medida de sus relaciones con el Gobierno o los partidos políticos que han asumido muchas de las funciones de los patrones individuales en el pasado. De hecho, los partidos políticos que, no olvidemos, se financian en buena parte con el dinero de los ciudadanos, son la piedra angular del clientelismo. No dejan de ser el equivalente contemporáneo, en términos de movilidad social, de lo que era el clero y la milicia en tiempos pasados al estar en muchos casos integrados por personas de escasa formación que ven en la política una posibilidad de progreso social en ausencia de otro tipo de méritos.

La pertenencia a Europa no ha significado que se impongan sus estándares de razón y legalidad
No era este necesariamente el caso de Carlos Mulas y Irene Zoe Alameda. Muy al contrario, ambos tienen doctorados en universidades de prestigio y son beneficiarios directos del célebre cierre de clase weberiano, es decir, del afán de las clases privilegiadas de subir los requisitos para poder pertenecer a ellas que en España hoy día se traduce, debido al descrédito de la universidad local, a que las familias pudientes manden a estudiar a sus chicos a universidades de élite generalmente norteamericanas para seguir manteniendo las distancias sociales. Para qué engañarse, cualquiera mínimamente versado en el mundo académico norteamericano sabe que obtener un doctorado en una universidad de prestigio, sobre todo si se viene del extranjero, depende tanto de los méritos académicos como de la solvencia económica. Pero incluso teniendo en cuenta sus favorables circunstancias de partida, Mulas y Alameda entendieron que la pertenencia o proximidad a un partido era un camino mucho más corto de acceder a determinados puestos adjudicados por criterios más políticos que profesionales (como por ejemplo el de director de la sede del Instituto Cervantes en Estocolmo o el de asesor del FMI). En lo que su caso no se distingue en absoluto de muchos otros es en la lógica cínica (alguno de los artículos de Amy Martin versaba sobre el hambre en Somalia) y familiarista (enchufar a la mujer) típica de las maniobras clientelares. La indignación creciente de la opinión pública española no es solo un suceso puntual como respuesta a unos acontecimientos de corrupción y nepotismo que se acumulan en tiempo de crisis acuciante. Es sobre todo una reacción de hartazgo y de decepción ante una realidad indubitable: España sigue siendo una sociedad cerrada y dual como siempre ha sido aunque de vez en cuando se den algunos Antonios Alcántara (el personaje de Imanol Arias en Cuéntame lo que pasó). Si alguna vez hubo un ascensor que permitía el ascenso (y se supone que la caída también) social de los individuos, este se averió hace mucho tiempo. España sigue pareciéndose al reino en el que, parafraseando a la reina del relato Alicia en el País de las Maravillas, da igual que uno corra lo más rápido que pueda, ya que hay muchas posibilidades de permanecer en el mismo lugar. El viejo sueño de que la pertenencia a Europa impondría unos estándares en los que regiría la razón y la legalidad en nuestra sociedad parece haberse desvanecido. Ni siquiera la dictadura de la eficacia que parecía traer aparejada la globalización ha logrado alterar el sistema de relaciones que rige en nuestras instituciones. Desafortunadamente, como afirma el politólogo italiano Caciagli, el clientelismo tiene raíces profundas. Implica “un lenguaje, unos ritos, unos valores y símbolos, pautas de comportamiento y redes de relaciones aceptadas por una comunidad que comparte una mentalidad”. Se adapta bien a la mentalidad posmoderna siempre en búsqueda de soluciones flexibles orientadas a satisfacer las necesidades individuales, al declive de las ideologías, a la fuerza de lo local y a la personalización de la política. El cerrojo está bien echado y sus beneficiarios lo saben.

César García es profesor en la Universidad Pública del Estado de Washington. Es autor de American psique (Editorial Lo Que No Existe).

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La crisis como excusa para una doctrina del shock
Dice Naomi Klein que la estrategia de la doctrina del shock, ideada por el economista Milton Friedman y puesta en práctica por sus poderosos seguidores -desde presidentes estadounidenses hasta oligarcas rusos, pasando por dictadores del Tercer Mundo, catedráticos de universidad o directores del Fondo Monetario Internacional-, consiste en “esperar a que se produzca una crisis de primer orden o estado de shock, y luego vender al mejor postor los pedazos de la red estatal a los agentes privados mientras los ciudadanos aún se recuperan del trauma, para rápidamente lograr que las “reformas” sean permanentes”. El propio Friedman describió así la táctica del capitalismo contemporáneo: “Solo una crisis -real o percibida- da lugar a un cambio verdadero. Cuando esa crisis tiene lugar, las acciones que se llevan a cabo depende de las ideas que flotan en el ambiente. Creo que ésa ha de ser nuestra función básica: desarrollar alternativas a las políticas existentes, para mantenerlas vivas y activas hasta que lo políticamente imposible se vuelva políticamente inevitable”. Chile se convirtió en el primer escenario donde se aplicó la doctrina del shock. Allí la “crisis aprovechable” fue el golpe de Estado de Pinochet y la represión impuesta por él. Aquello allanó el camino para imponer grandes transformaciones económicas en un breve periodo de tiempo. Friedman, que asesoró a Pinochet, predijo que las características de esos cambios económicos provocarían una serie de reacciones psicológicas en la gente que “facilitarían el proceso de ajuste”. A ese proceso lo llamó el “tratamiento de choque” económico. En el caso de Irak el shock colectivo lo provocó la invasión, los bombardeos, dentro de una operación denominada precisamente “Conmoción y pavor” - ”Shock and awe”- con el objetivo de “controlar la voluntad del adversario, sus percepciones y su comprensión, y literalmente lograr que quede impotente para cualquier acción o reacción”, según los autores del documento de doctrina militar que llevaba el mismo nombre . Tras ello, Paul Bremer decretó privatizaciones masivas en Irak y la liberalización del mercado. Friedman era ya un anciano cuando se produjo la inundación de Nueva Orleans en 2005, pero también vio en aquello una oportunidad. Y así lo escribió en The Wall Street Journal: “La mayor parte de las escuelas en Nueva Orleans están en ruinas. Esto es una tragedia. También es una oportunidad para emprender una reforma radical del sistema educativo”. Dicho y hecho. Tras el huracán Katrina, think tanks y grupos estratégicos se abalanzaron sobre la ciudad estadounidense con el propósito de convertir los colegios de Nueva Orleans en “escuelas chárter”; es decir, escuelas públicas que pasarían a ser gestionadas por instituciones privadas. ¿Os suena? Aquí en España el escenario del shock no lo provoca un golpe de Estado ni una invasión ilegal con bombardeos masivos, ni una inundación de consecuencias catastróficas, sino la propia crisis económica. Es ella la justificación de la que se sirve el Gobierno -y sobre todo, los poderes económicos y financieros que auspician sus medidas- para abordar un tratamiento de choque económico que nos receta descargas eléctricas de forma continuada hasta provocar un cortocircuito en nuestra capacidad de respuesta o, dicho en palabras de Friedman, reacciones psicológicas que facilitan “el proceso de ajuste”.

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Con la excusa de responder contra la crisis, se nos impone más crisis para crear una modificación permanente a través de recortes drásticos en derechos y servicios sociales: Nada volverá a ser lo que era. No hay mes en que no nos desayunemos con alguna nueva medida que quiebra aún más nuestra posibilidad de vivir con cierta dignidad y bienestar. No hay tiempo para asimilar. La rapidez con la que se están acometiendo las ‘reformas’ impide una capacidad de reacción continuada ante tantos nuevos frentes. Cuando se denuncia el desagüe por el que se nos esfuma la educación pública, nos comunican nuevos tijeretazos en la sanidad; cuando ponemos empeño en detener desahucios, se reforman las pensiones para devaluarlas. Y así, un largo etcétera. Pero incluso en este negro escenario la reacción de la sociedad civil importa, y mucho. Por ello organismos como el Fondo Monetario Internacional están pendientes de la respuesta ciudadana. Cuando en el Egipto de 2008 surgieron grandes protestas en ciudades y fábricas, la preocupación era que estas pudieran “impedir a Mubarak acometer su reforma económica”, consistente en la liberalización del mercado, privatizaciones masivas y recortes de los servicios sociales. Ahora que el FMI vigila a España de cerca -con su propio “hombre de negro” destinado en nuestro país para supervisar de cerca el rescate de la banca con nuestro dinero-, es interesante observar qué dice de nosotros. Su informe de agosto destaca que “la situación política parece estable pero la tensión social podría comprometer el esfuerzo de reforma. El gobierno tiene una amplia mayoría, no habrá elecciones generales hasta finales de 2015 y solo se ha enfrentado a disturbios sociales limitados”. Y prosigue: “Pero el contexto económico ha reducido la popularidad de los dos principales partidos, lo que podría hacer que el apoyo público a nuevas y difíciles reformas fuera más complicado”. En los despachos del poder se observa con preocupación el descenso de las dos organizaciones políticas que sostienen el bipartidismo y se mide el pulso de la sociedad civil, de la ciudadanía activa. Hasta ahora , los ‘disturbios’ sociales les parecen limitados. ¿Y si crecieran? Probablemente aumentaría la carga de electroshocks, con todo tipo de estrategias: mayor represión, medidas que crean más pobreza, e incluso mecanismos para hacer tambalear, desde dentro, a los grupos organizados. Mientras que 2011 fue el año del despertar, de las revueltas árabes, de los indignados, del movimiento Occupy, 2013 podría ser su reverso. Hubo un momento hace dos años en que la calle fue capaz de imponer agenda en el debate público. Pero el poder tomó rápidamente la delantera, y ahora la agenda oficial nos bombardea. Aun así se ha construido tejido social y político con capacidad para responder a determinadas estafas. No es todavía suficiente para evitar el tratamiento de choque. Pero todo suma. Mientras haya memoria, conciencia y resistencia, se estará abriendo un camino para un futuro diferente al que nos tienen preparado. De momento se está erosionando el monopolio de la verdad. El poder tiene los mecanismos para seguir gobernando contra los intereses de la mayoría. Pero no está siendo capaz de inocular su mentira en la sociedad. Por ahora dispone de impunidad, pero carece de hegemonía moral. Y esto, ya de por sí, simboliza toda una grieta en el tenebroso tratamiento de choque de la doctrina del shock.

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Serge Latouche: “La gente feliz no suele consumir”

Serge Latouche, ideólogo del decrecimiento
Serge Latouche es un economista y filósofo francés -profesor emérito de Economía en la Universidad París-Sud- muy conocido por defender los principios del movimiento decrecionista. Hace más de dos años estuvo en Pamplona impartiendo una conferencia bajo el título de El decrecimiento, ¿una alternativa al capitalismo?, y diarionavarra.es se hizo eco del evento en este interesante reportaje: Serge Latouche: “La gente feliz no suele consumir”. Es decir, este profesor ha llegado a la conclusión de que la economía de acumulación desenfrenada de bienes materiales nos lleva a la frustración y “a querer lo que no tenemos y ni necesitamos”. Algo que ya sospechábamos, ¿verdad?… y si a eso le añadimos una crisis brutal que está empobreciendo cada vez a más personas, expulsándolas de la sociedad de consumo, la frustración se quintuplica y surge el drama que estamos viviendo. Latouche propone trabajar menos y repartir el empleo, aprovechando el mayor tiempo libre obtenido para enriquecer nuestras vidas. Lógicamente, eso será más factible si eliminamos de las mismas el consumo superfluo y el despilfarro: si limitamos nuestras necesidades materiales, precisaremos menos horas de trabajo (esto es, menos dinero) y ganaremos en libertad. Por supuesto, esta filosofía de vida es objeto de muchas críticas (cuando no de mofa)… al fin y al cabo mucha gente no puede vivir sin su iphone, televisión de plasma, etc etc. Sin embargo, el modelo actual (basado en la dilapidación de recursos naturales y destrucción medioambiental) es insostenible, y el movimiento decrecionista ofrece unas soluciones que implican un cambio radical de paradigma…

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El opio del pueblo
Ha sido un robo. Una decisión totalmente injusta e injustificada. Todo el mundo lo ha visto. Las redes han ardido de indignación durante días. La prensa lo ha denunciado. Ha ocupado las portadas, tertulias y los comentarios más encendidos en radios y televisiones. Ha habido incluso personas que han perseguido a los culpables para manifestarse en contra de esta puñalada trapera al equipo más débil. Estaban dispuestos a lincharles. La reacción ciudadana por fin se ha producido. No estoy hablando de la Marea Verde en Baleares que lucha contra los recortes en Educación Pública. Tampoco hablo del nuevo atraco del Ministerio de Hacienda a los funcionarios a los que ha congelado el sueldo por cuarto año consecutivo. Ni tampoco de la estocada que les han asestado a los pacientes. No estoy hablando del copago que obligará a partir de octubre a los enfermos crónicos y graves a repagar los medicamentos dispensados en las farmacias de los hospitales que antes eran gratuitos. No. Eso ya no nos hace reaccionar. Nos han apuñalado tantas veces que estamos anestesiados contra el robo de derechos incluso cuando afectan a los más vulnerables.

Pero lo que no podemos soportar es que un árbitro le robe el partido al Elche para regalárselo al Real Madrid. Eso sí que no. El equipo multimillonario abusando del más débil. Y encima en el último minuto. ¡Qué vergüenza! Eso sí ha hecho que un grupo de seguidores persiga al árbitro hasta el aeropuerto para abuchearle y amenazarle. Eso ha sido comentado hasta el hartazgo en las redes y los medios. Sí, los medios hemos dedicado minutos a hinchar la indignación del hincha. Somos los médicos que inyectamos al pueblo el opio del fútbol. A mí me gusta el fútbol algunos programas deportivos, pero está colonizando nuestras vidas como yo no recordaba. Decían que Franco utilizaba el balompié como pan y circo para amansar a las fieras. Pues ahora tenemos anestesia diaria. Hay partidos casi todos los días de la semana. Hay una invasión futbolera del calendario que empiezo a pensar que interesa a quienes nos gobiernan para ocultar sus jugarretas. Si nos pasamos todo el día mirando al balón, no tenemos tiempo de darle a la pelota, a la cabeza, para preocuparnos de lo importante. Un poco de opio está bien para mitigar el dolor. ¡Pero España se ha convertido en un fumadero de opio futbolero! Si la Liga de Fútbol Profesional fuese el Estado, el robo del partido del Madrid le costaba la dimisión al gobierno. Pero al gobierno no le cuesta ni una disculpa que Rajoy mienta en el Congreso, que el PP tenga secuestrado el Parlamento, que saque la recortada cada semana para acribillar al Estado social, que le venda nuestra Sanidad y Educación a la empresa privada, que coloque a un militante del partido al frente del Tribunal Constitucional o que destruya pruebas judiciales. Nada de eso le cuesta ni una amonestación al gobierno. La tarjeta nos la tenemos que sacar a nosotros porque estamos dejando que unos árbitros comprados perpetren el mayor robo de la historia de nuestra democracia. Como decía José Luis Sampedro, el sistema está muy bien pensado para que no pensemos. Se han encargado durante años de convertir la democracia en un simulacro y ahora se encargan de ahogar a la cultura y la educación en una bañera de impuestos y recortes. Y nosotros nos metemos una sobredosis de tele, nos dopamos en el centro comercial y nos chutamos fútbol en vena cada día mientras nos arrancan las venas de cuajo. Hemos dado el partido por perdido, ¿o qué nos pasa? J. Gallego

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La deuda pública aumenta 390 millones de euros cada día, 16 millones por hora
La premisa de la gestión de Mariano Rajoy es la austeridad , el control del gasto, sin embargo, su Gobierno ha hecho endeudarse a España al mayor ritmo de toda su historia. Hasta el momento, en 23 puntos del Producto Interior Bruto (PIB). Cada día, la deuda pública aumenta 390 millones de euros; cada hora, 16 millones. EL 92% del PIB Las cifras son alarmantes, pero el Gobierno las esconde bajo sus mensajes triunfalistas de una supuesta recuperación que no ven ni los ciudadanos ni Bruselas. La deuda pública (942.758 millones de euros ) alcanza ya el 92% del PIB y supera la media europea. Rajoy se ha hartado de achacar el alto déficit a la gestión del anterior Gobierno socialista, pero lo cierto es que cuando Rajoy llegó a La Moncloa, la deuda pública representaba el 69% del PIB y es justo destacar que era mucho menor que la del resto de los países de la Unión Europea. El ahorro de los recortes se destina a pagar los intereses de la deuda Los españoles pagan 38.000 millones de euros en 2013 sólo por intereses de la deuda, son 11.000 millones más que cuando llegó el PP al Gobierno. El ahorro conseguido con los recortes en Sanidad, Educación, Servicios Sociales y los ingresos provenientes de las subidas de impuestos está sirviendo para pagar los intereses de la deuda.

2,6 millones para la publicidad del FROB Una muestra de que el discurso de austeridad del Gobierno de Rajoy da al traste con la realidad de su gestión es el hecho de que se ha gastado la friolera de 2,6 millones de euros en la campaña de publicidad del Fondo de Restructuración Ordenada Bancaria (FROB), con el objetivo de resaltar las ventajas del rescate bancario.
“Rebasaremos el billón de euros de deuda” La número dos del PSOE, Elena Valenciano, ha señalado en su perfil de Facebook que si el Gobierno “sigue este ritmo” en una legislatura a la que le quedan aproximadamente 800 días, “rebasaremos con creces el billón de euros de deuda pública” y ha recriminado al Ejecutivo que hable de “austeridad”. Recortan a los ciudadanos, mientras se endeudan hasta las cejas Valenciano ha escrito que “lo más triste es pensar que el sacrificio de los recortes sociales y de las subidas de impuestos” va a parar al pago de “los intereses de la gigantesca deuda que ellos mismos crean”. Para Valenciano, es evidente que los populares “con una mano le sacan el dinero del bolsillo a la gente, le recortan la sanidad y la educación, y con la otra, se endeudan hasta las cejas” mientras que los intereses “que pagamos entre todos, nos abruman”.

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Sobre el nombramiento de Susanita Diaz como presidenta Junta Andalucia:

Es que lo hace por vocación. Esto es como el que va para médico o cura: tiene que sentir una llamada interior que le empuja a dedicarse a servir a los demás. Bueno, eso era la teoría, que como casi todas son muy bonitas, y ellos en sus discursos así lo explican, de forma que parece que se les va a escapar el alma filántropica por la boca. La emoción les embarga y algunos tienen los ojos a punto de estallarle las lágrimas para derrapar mejilla abajo; el nudo en la garganta que no deja ni tragar saliva. Al final les queda una puesta en escena perfecta donde todos se quieren mucho. Pero al día siguiente se encuentran la realidad tal es, y que no es otra que ver de qué manera nos echamos unas comisiones al bolsillo porque hay que acabar el chalet (que desde que hay poca obra pública no hay jodío constructor que suelte un duro), a la mujer le prometimos un Golf nuevo porque el Polo está ya hecho una cascarria, y el niño que ya a tirao pa la Gran Bretaña donde estudia lo mejor de la crême, donde hay que mandarle 2000 pavos to los meses. CAGO EN TO LO QUE SE MENEA, ¿QUÉ QUEREIS QUE PASEMOS HAMBRE ENCIMA QUE NOS DEJAMOS EL PELLEJO SIRVIENDO A LOS CIUDADANOS?? Al político no se le debe frenar su tren de vida, porque es arduo y abnegado -casi nunca reconocido- su trabajo y mucho lo que tiene que sufrir para defender los intereses de todos los ciudadanos.
Antonio Aguilera García

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Por Eloy García. ¿Se acuerdan del mexicano con cara de malo que persigue a Janet Leigh al principio de Sed de mal, la obra maestra de Orson Welles? Charlton Heston, aquí policía, es requerido para investigar un extraño caso en la frontera, por lo que deja a su pobre esposa sola ante el peligro. Entonces aparece nuestro muchacho. El tipo, un matón a sueldo de un grupo de mafiosos fronterizos, se va detrás de la chica con fingida determinación. Reafirma la legitimidad de su actuación a través de lo físico. Su actitud exterior es con cierta probabilidad su único baluarte. En el fondo, me quedo con la sensación de que tan solo delega su voluntad en la de otros, y a veces pienso que se siente triste por ello, pero ni siquiera encuentra el motivo. Está en su conciencia y no es capaz de entenderlo del todo, como quién siente el dolor sin conocer con exactitud el nombre de la enfermedad. O quizás lo intuya. Seguro que no le falta inteligencia para hacerlo, pero si la adquiriese dentro de aquella inteligencia que es asequible los problemas serían otros, seguro que mucho más complejos, pero problemas igualmente. Al fin y al cabo obra por miedo, subordinación, educación, lealtad ciega, cualquier suerte de convencimiento tajante e irreflexivo. Pues bien, esta puede ser una forma curiosa de colocar al individuo ante sí. Cada vez que pongo la escena y veo la cara del muchacho pienso en lo que ocurriría en el caso de que existiese realmente. Cuánto tardaría en darse cuenta de su contrato de servidumbre y, lo que es aún peor, cuánto en darse cuenta de que está solo, radicalmente solo. Incluso termino imaginando la magnitud del sentimiento de culpabilidad derivado de ello, por ejemplo. Aplicado ese proceso a la circunstancia personal, parece un obstáculo obligatorio de salvar para alcanzar un cierto valor como persona. Al menos para quién lo haya vivido y así lo sienta. Ocurre lo mismo en el plano político, si entendemos, claro, que la política no es más que un problema humano basado en el distanciamiento de lo precisamente humano. Aquel que aspira a ostentar el poder político se da el lujo de crear pseudocategorías de racionalidad: seres que aseguran tener las características necesarias para tomar el control sobre las vidas de una mayoría de ciudadanos. Sin embargo, lo realmente interesante es el fenómeno que se da en el otro lado; la lícita aceptación del poder político por parte de esa mayoría, o más bien su justificación. Es la mitología de la democracia: nadie firma el contrato social, pero la manera en que se demuestra su existencia se asemeja más a un conjunto de creencias míticas de naturaleza tan dogmática que llega a transformarse en un rasgo cultural (más aún que la Biblia o el Corán; en consecuencia parte del aprendizaje de todo aquel que quiera integrarse mínimamente en el devenir de cualquier moderna sociedad democrática) que a un juicio ético o científico; eso sí, puramente utilitario para aquellos que disfrutan del engaño. Hay un viejo chiste que ejemplifica a la perfección el problema de la libertad, que llegamos a considerar intrínseca en cualquier sociedad civilizada. Un turista visita la Ucrania comunista, y pregunta a un campesino: <<¿qué tal se vive aquí?>>. El campesino responde: <<No nos podemos quejar>>. El turista vuelve a replicar: <<Entonces bien, ¿no?>>, a lo que el campesino contesta: <<No, no, he dicho que no nos podemos quejar>>. Somos libres en la exacta medida en que nos dicen que lo somos, y si seguimos el hilo de la paradoja entramos en una serie de incoherencias que cuestionan los cimientos de este desarrollo cultural. Goethe lo explica mucho mejor: la libertad consiste en aceptar aquello que está por encima de nosotros; el lenguaje se convierte en un arma de ecos orwellianos (<<La libertad es la esclavitud>>) donde los conceptos se transfiguran en función de una convención social. Si el sistema político se basa en la libertad para elegir, ¿es posible escapar a esa misma libertad? De la imposibilidad de la desaparición de las figuras políticas nacen monstruos que nos atan aún más a ese dogmatismo, y que terminan conduciendo al exceso de autoridad, la esperanza ciega o incluso el amor platónico. Depositar nuestras ilusiones en los representantes del país se convierte en parte del desarrollo personal, una reconciliación con el statu quo como signo inequívoco de madurez. La Revista de pensamiento libre y doliente

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única posibilidad es identificar libertad y obediencia a una ley que sólo puede excusarse en un largo tiempo histórico de vigencia, o en el derecho natural. La idea es decimonónica. Sartre lo enfoca de una manera interesante: la existencia es un lleno que el hombre no puede abandonar. O en otras palabras, estamos asustados de vivir y, de hecho, de no poder escapar de lo que ocurra en esa vida, donde los hechos sólo se repiten en nuestra mente y cada vez con menor intensidad. El chico mexicano tiene miedo al cambio. Preferimos otorgar esa soberanía a las mismas figuras que presumen de poder hacerlo mejor de lo que lo haríamos nosotros mismos. Es un juego de vergüenzas que se justifica en el hecho del voto, ninguno de nuestros compañeros puede reprochar nuestra temeraria donación de independencia si participan en la misma bacanal. Volviendo a un tópico: ¿Hace ruido un árbol que cae en el bosque cuando nadie puede escucharlo? La política se ha convertido en un acto metafísico. Basta comprender para estar equivocado. Esa última filosofía que intentaba dar respuestas a los problemas terrenales hablaba de cumplir un papel histórico. Buscar una verdad adecuada al tiempo que nos toca vivir y profundizar en ella. Bajo las directrices mencionadas, esto solo parece un pretexto más para grabar a fuego nuevas ideas en la mente de una sociedad poseída por aquello que posee. Quizás sea mucho más sencillo, y solo nos corresponde relativizar todo lo que damos por sentado. Lacan: lo propio del saber no es ver ni demostrar, sino interpretar. Al final parece irónico y absurdo que el ciudadano confiado critique el fenómeno de la corrupción, la atracción por el poder o la búsqueda del reconocimiento personal a través del protagonismo mediático o la paranoia de la autoridad, que podría no ser más que una forma de narcisismo inconsciente. En tiempos de crisis, la calidad de los políticos destinados a salvar un país del hundimiento baja de forma sustancial; los nuevos se contentarán en concentrar el odio de los ciudadanos y ni siquiera la bondad y la admiración serán necesarias cuando se trate de dar salida a una vida –la del gobernante narcisista- que amenaza con caer en el vacío si no aparece en ella el reconocimiento social. El político es un sacerdote en el sentido nietzscheano. El país es un triste campo de batalla. No hay nadie que se dedique a recoger los cadáveres. Consignas y lemas; personalidades y líderes están en quirófano, resucitarán de nuevo con estrategias que requerirán toda nuestra atención para no caer en los mismos errores en diferentes formatos. Es la biopolítica, basada en una imagen de reciclaje de los procedimientos políticos que antes nos habían llevado al fracaso. Se traduce en la práctica como una preocupación efectiva por parte de nuestros representantes por mantener sus sueldos a flote. Han hecho falta siglos y siglos de administración pública para observar una preocupación efectiva por parte de la clase política en mantener el interés del ciudadano. Ahora, nuestro chico mexicano abandera los problemas de los más desfavorecidos en las secciones juveniles de algún partido político. En ese tira y afloja entre ciudadanos y gobernantes sólo puede salvarnos la inercia, ya que hemos comprobado que apenas existe la rabia en esta tierra. Una sociedad tozuda no cambia de la noche a la mañana. Por algún motivo diez millones de personas votaron al actual gobierno. Eso significa, ni más ni menos, que una cantidad ingente de ciudadanos vieron la posibilidad de alcanzar la estabilidad social y económica cuando depositaron su voto en las urnas, y que el enfado por el desarrollo antagónico de los acontecimientos debería llevarnos a decisiones radicales. Si aún nos corre sangre por las venas, claro. Ya no tenemos el influjo de teorías políticas que prometen un mundo mejor aquí y ahora, sino que la misma consigna tiende a convertirse en un canto engañoso y correlativo a cualquier ideología. Y yo vuelvo a pensar: somos jóvenes mexicanos que persiguen a Janet Leigh. La chica sabe que está en peligro y aun así accede a ir con el matón. A pesar de que tengan cara de malo y vistan chupa de cuero, nosotros seguimos votando a los mismos mafiosos de la frontera, quizá esperando que algún día Charlton Heston aparezca para salvarnos el pellejo. Será que nos gusta sufrir, o algo.

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En el Gulag de aquí : Ulises
Nacimos bajo los auspicios de comadronas y ginecólogos —algunos controladores de natalidad erraron en la entrega, equivocando o vendiendo a terceros lo que a otros pertenecían,— menos mal que muchos se libraron y sus padres pudieron disfrutar, con mucha preocupación, de sus hazañas: fueron trescientos mil los desarraigados. Después se cayó en manos de los educadores del Régimen que controlaron la educación bajo los lemas del Nacional-Catolicismo, y los que no se libraron del rapto, del hospicio, de la pederastia eclesiástica o no y del Auxilio Social: fueron doce mil, pero todos sufrieron para superar educación tan decadente y cruel. Más tarde, los controladores de la Paz, con la milicia, les obligaron a manejar el máuser que tanto daño hizo a las familias con las tragedias que ocasionaron y en las cunetas siguen: fueron centenares de miles y aunque se objeto la milicia obligatoria, los Objetores de Conciencia fueron a parar a la cárcel. Mi esposa dice que, dada su presumible ideología política y religiosa, los masacrados, quizás prefirieran seguir junto a sus compañeros muertos en las cunetas por los ideales compartidos, y que nosotros deberíamos de respetar esas cunetas elevándolas a la categoría de monumento a la humanidad para llenarlas de flores y jardines en su recuerdo—. A renglón seguido, conforme se incorporaban al sufrido gremio de los asalariados, los controladores financieros que, con sus préstamos e hipotecas, manejan los salarios, nos pusieron a trabajar para ellos: ahora son millones. Pasadas unas décadas nos jubilamos y los controladores de la jubilación con sus fondos de inversión e hipotecas —puede leerse por ejemplo: Forum Filatélico, Preferentes, Desahucios —, rapiñaron los ahorros cuando ya se es nadie y no hay posibilidad de recuperar con más trabajo lo perdido; también se cuentan por millones. Y cuando comenzaron a disfrutar de decir lo que da la gana y sin miedo, se nos ocurre gritar como el cíclope herido y ciego de Ulises: «¡Nadie, el responsable de todos los quebrantos¡» y, como al cíclope, no hacen ningún caso y, como Ulises, los financieros repletos de plata escapan con la argucia de ser NADIE a los paraísos fiscales. Ya veremos, porque si nos fijamos en los controladores de más enjundia que han perjudicado mucho más y durante toda la vida, como los de la paz, los financieros, los de la educación etc. que hoy ocupan grades palacios o disfrutan en los paraísos de toda índole por causa del grito: ¡Fue Nadie¡, resulta que son muchos “Nadie” de Ulises los que gritamos al cabo de la vida para que los controladores de Todo escapen de la Justicia. El control es del Pueblo y lo delega en su Parlamento y, como se ve, están agobiados de trabajo inútil en contra de una mayoría absoluta reinante para llevar a las cárceles a los controladores en los que no se ha delegado potestad alguna y, hoy, aún insatisfechos, quieren más y de mejor calidad lo que esquilman y hurtan. Como dicen los del fútbol: «¡A por ellos¡». Pero…ojo, curemos antes la ceguera de cíclope y nunca jamás gritemos: «! Fue Nadie¡», para que nuestros controladores no puedan escapar de la Justicia del buen ogro que nosotros somos.
Rafael Ruiz BLOG: Fray Liberto

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