CIENCIA Y NACIONALISMO EN LA NUEVA GRANADA EN LOS ALBORES DE LA REVOLUCION DE INDEPENDENCIA

LUIS CARLOS ARBOLEDA

La actividad intelectual del criollo Francisco José de Caldas ha sido objeto de múltiples estudios, específicamente en lo relacionado con la aparición en la Nueva Granada a comienzos del siglo XIX, de formas autóctonas de cultura científica moderna. Se ha hecho énfasis en estos estudios en dos aspectos característicos de la sociedad colombiana de aquella época: la transformación del espacio cultural del país como consecuencia de la influencia, en los cuarenta años precedentes, del mensaje de la Ilustración y, en segundo lugar, la aparición de los primeros signos de las contradicciones socio-políticas, que llevarían a la independencia de la corona española en 1810. En la vasta literatura sobre Caldas dos escritos en particular han aportado a mi modo de ver nuevos elementos para ilustrar el origen de su pensamiento científico. Estos textos, publicados en 1987 en periódicos importantes de España y Latinoamérica, fueron escritos por distinguidos historiadores, que dedicaron varios años al estudio de la vida y obra de Caldas. Jeanne Chenu examinó las objeciones a la acogida en los círculos científicos en la Nueva Granada de las investigaciones realizadas por Caldas acerca de la hipsometría y la geobotánica, mostrando que estas fueron guiadas por una mentalidad que ella propone llamar1 créolisme scientifique. Asimismo, dos historiadores en ciencias matemáticas, Víctor Albis y Regino MartínezChavanz, publicaron en 1987 un trabajo en el que se analizan en detalle las innovaciones en los métodos de medición de alturas en las condiciones geográficas especiales de Suramérica. Entre los múltiples factores que determinaron el "redescubrimiento" de este método realizado por Caldas, ellos serían las propiedades de una fórmula experimental, y el diseño y construcción de un prototipo, ambos producidos en un contexto local desfavorable. Esta situación se refiere a las dificultades y contingencias a las que se enfrentaron las experiencias geofísicas de Caldas, y la otra a su conocimiento tardío del estado de la literatura sobre el tema en Europa, después de su encuentro con Humboldt.2
Chenu, J. (1987): Du bon usage d'instruments imparfaits: Science technique dans Ie Vice-Royaume de Nouvelle Grenade (Deuxième moitié du XVllle siècle), Asclepio-Revista de Historia de la Medicina y de la Ciencia, vol 29, p.255-271; se publica en esta obra página 55 - 63. Para una biografía intelectual de Caldas ver: Arboleda Llorente, J.M. (1945): La plaza de Caldas en Popayán, Boletín de Historia y Antigüedades, Vol. 32, p. 877-907; Bateman, A.D.(1978): Francisco José de Caldas, EI hombre y el Sabio, Biblioteca Banco Popular, Vol. 79, Cali; Paredes Pardo, J. (1983); Repaso del sabio Caldas, Boletín Cultural y Bibliográfico, Bogotá, Vol. 20, p.98-130; Arias de Greiff, J. (1980); Aspectos inéditos de la vida y la obra de Caldas, en: Bases Biológicas de la vida y la enfermedad, Fundación OFA en Bogota; Arias de Greiff, J. (1985); La Astronomía, en: Historia social de las ciencias en Colombia, Vol. 2, Tercer Mundo Editores - Colciencias, Bogota, 1993. Albis, v., Martinez-Chavanz, R (1987); Las investigaciones meteorológicas de Caldas, Quipu, Revista Latinoamericana de Historia de las Ciencias y la Tecnología, México, Vol. A, p.413-432. Algunos estudios historiográficos que pueden ser útiles a este respecto son: Hernández de Alba G. (1947); Aspectos de la Cultura en Colombia, Ministerio de Educación, Biblioteca Popular Colombiana, Bogota; García Bacca, J.C. (1955): García Bacca, J.D. Antología del pensamiento filosófico en Colombia de 1647 a 1761, Selección de manuscritos, textos traducidos, introducciones, Imprenta Nacional, Bogotá; Jaramillo Uribe J. (1977): La personalidad histórica de Colombia y otros ensayos, Instituto Colombiano de Cultura, Bogotá;
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Más adelante utilizaré algunos de los elementos presentados en estos dos manuscritos, con el propósito de hacer el análisis de un problema que a mi juicio es la clave para comprender la dinámica de la actividad científica en las áreas periféricas hacia el final del régimen colonial: la aparición entre los intelectuales con una visión nacionalista de un programa realista para la formación especializada e investigativa en sus países. Mis fuentes son los escritos de Caldas3 y, en primer lugar, las cartas que el dirigió a su amigo Santiago Arroyo4 entre 1795 y 1802. Las características del pensamiento de Caldas reflejado en sus cartas, destacan un vínculo esencial entre su orgullo nacionalista y su deseo de saber. Estas características personales están presentes en los orígenes de la determinación del erudito criollo de establecer un programa de investigación sistemática para el estudio del territorio y la sociedad de la Nueva Granada. Ello hace evidente desde las primeras cartas enviadas a partir de 1795, a su amigo y principal asociado en su proceso de auto-educación científica, Santiago Arroyo: 5 "(La naturaleza) me encanta, me arrebata, y ya estoy hecho un observador común: todo me llama la atención y mueve mi curiosidad. Esta ocupación no agrava mi cabeza con lecturas, no ocupa demasiado, agrada, divierte, instruye sin la menor pensión... Ojalá hubiera hallado este medio diez años antes." La observación espontánea de las maravillas de la naturaleza poco a poco llevó a Caldas de la curiosidad al compromiso intelectual. Comenzó a interesarse en leer los6 "Autores que tratan de este Nuevo Reino de América o de las casas que nos pertenecen”. De sus lecturas y de la confrontación de la teoría con la observación y la

Pacheco, J.M. (1976): La Ilustración en el Nuevo Reino, Universidad Católica Andrés Bello, Caracas; y Cristina M.T. (1982): La literatura en la conquista y la colonia, en: Jaramillo Uribe, J. (ed), Historia Social, económica y cultural, Vol. 2, ed., Procultura, Bogota vol. p.491-592. Otros escritos más especializados que clarifican nuevos aspectos de la acogida de la Ilustración en Colombia son: Chenu, J. (1977): Literature Scientifique en Nouvelle Grenade à la veille de l'indépendance: du discours à la pratique, Estudios de Voltaire y el Siglo XVIII. vol.97, p-313-336; Obregón D. y otros (1986): Historia social de las ciencias. Sabios, médicos y boticarios, Colección popular de la Universidad Nacional de Colombia, Bogotá, Restrepo Forero O. (1985): La formación del espíritu científico en el Nuevo. Reino de Granada, Revista Colombiana de Educación, Bogotá, vol.16" Quevedo, E. y Zaldúa, A. (1988): Institucionalización de la medicina en Colombia, I, Ciencia. Tecnología y Desarrollo, Bogotá, vol.12, p.137 - 221; Arboleda, L. C. (1987): Acerca del problema de la difusi6n científica en la periferia: EI caso de la física newtoniana en la Nueva Granada (1740-1820), Quipu, Revista Latinoamericana de Historia de las Ciencias y la Tecnología, Vol. A p.7-30 y Arboleda, L. C. (1990); Newton en la Nueva Granada. IN: Ma. Pilar de San Pío Aladren (ed), Mutis y la real expedición botánica del Nuevo Reino de Granada, Real Jardín Botánico de Madrid, 2 vols., Villegas Editores - Lunwerg Editores, Barcelona, 1992.
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Obras completas de Francisco José de Caldas, Imprenta Nacional, Bogotá, 1966. De aquí en adelante se llamará Obras. Cartas de Caldas, Editorial Kelly, Bogotá, 1978 De aquí en adelante se llamará Cartas.

Hago referencia aquí a la carta fechada en Diciembre 9 de 1795, Cartas, p.25, donde Caldas habla de sus viajes de comercio y el nacimiento de su espíritu científico de observación. Escapando de sus obligaciones como jurista que lo mantenían alejado de su vocación naturalista, Caldas escogió en ese momento la ruta comercial entre la sede del gobierno de la Presidencia de Quito y Santafé, la capital del Virreinato. Así encontró la manera de hacer su vida en la lucrativa actividad de comerciante, respondiendo al mismo tiempo a su vocación interior, el “llamado de la naturaleza", que lo llevaría a explorar el centro y posteriormente la región de los Andes del territorio de Nueva Granada. Bateman (1978), op. cit p.2531 tiene unos comentarios excelentes a este respecto, si bien en el estilo laudatorio tradicional. Comparar con Arias de Greiff (1985), op. cit. p.24-27. Cartas. p.25; ver la continuación de este comentario más adelante, infra p.3. El interés de Caldas en fundamentar la exploración del territorio en trabajos científicos sólidos, principalmente de física y ciencias naturales, se reitera en su correspondencia a través de los años 1795-1801, Cartas, p.25, 29, 33, 49, 60-62, 101.
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experiencia, Caldas pronto aprendió a desarrollar esa mirada7: "¡Que objeto tan nuevo y tan raro para mi; para mi que había pasado tres veces por estos lugares, que tanto me divertían y me admiraban, y no lo había notado!", Posteriormente trataré de descubrir en las cartas de Caldas el proceso que pudo haber dado lugar a la formación de esta mirada filosófica de la naturaleza. Veremos también que es el mismo proceso que dio nacimiento a una nueva conciencia sociopolítica sobre el rol de los miembros de la elite criolla al final del régimen colonial de la Nueva Granada. Desde el comienzo hubo un vínculo entre esta conciencia y el conocimiento del medio natural. En un momento determinado, la cultura científica obtenida a través de la lectura de los textos más avanzados de la época dentro de un entorno social bien determinado, llevó a Caldas a transformar la visión admirativa ingenua de los primeros viajes. Como consecuencia, adquirió una capacidad intelectual que lo volvió experto en describir las características geofísicas del territorio. Al mismo tiempo esto produjo un notable efecto de conjunto: la reafirmación de su conciencia telúrica y, por lo tanto, la emergencia de una voluntad política en los propósitos y orientaciones de su actividad científica. Al comienzo de su carrera como naturalista, Caldas comenzó su auto-educación científica leyendo descripciones de viajes a lo largo del territorio de la Nueva Granada. El 9 de Diciembre de 1795 le solicita a Arroyo, quien contaba con una buena posición social entre los círculos intelectuales de la capital, que pidiera prestados los siguientes libros de la Biblioteca Publica de Santafé en donde los había consultado durante sus años universitarios: EI Orinoco Ilustrado de Gumilla; La Descripción de la Provincia de Santa Marta de Julián; EI Viaje del Amazonas de La Condamine y de este mismo autor, La Relación del viaje en la Presidencia de Quito. Interesado en la identificación y análisis taxonómico de las especies de la vegetación de los Andes que había observado durante sus viajes, también le solicitó a su amigo la Flora Española de José Quer en donde pensaba encontrar las claves de la nomenclatura y la sistemática de Linneo y de Tournefort. La adquisición efectiva de estas obras y la más importante de todas, La Filosofía botánica de Linneo, dará lugar a numerosas negociaciones de Caldas con los ilustrados criollos, contando con Arroyo como intermediario. La carta del 20 de Julio de 1801 es la más relevante a este respecto. Caldas se felicita que su amigo finalmente hubiese descubierto un ejemplar de la Filosofía botánica en posesión de Joaquín Camacho8 :

Cartas, p.29. A partir de la lectura de relaciones de viajes a 10 largo de estas rutas, como la de Bouguer, Caldas acrecentó el sentido de la observación durante sus numerosos recorridos por estos parajes; se percató de detalles que antes no había reconocido en la naturaleza como unas ruinas de construcciones precolombinas que en varias ocasiones pasó sin detectar. La curiosidad científica hacia los objetos naturales, llevó a Caldas a interesarse en aquellos trabajos que estuvieron a su alcance y que más le ofrecieran una explicación de las características y propiedades de tales objetos.
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Cartas. p.86. Caldas todavía expresa aquí su ilimitada confianza (compartida por toda su generación como resultado de las enseñanzas de Mutis) en las ventajas y competencias del sistema de Linneo en la explicaci6n de la naturaleza ecuatorial. Esta confianza comenzara a disminuir en la medida que se fueron desarrollando las investigaciones botánicas en los años siguientes. Ver: Restrepo Forero, O. (1986): El tránsito de la historia natural a la biología en Colombia 17841936, Ciencia Tecnología y Desarrollo, Bogotá, Vol. 10, p.181-275; y Arboleda L. C. (1990): José Celestino Mutis (17321808), L’Expédition botanique (1783-1816) et la naissance d'une tradition scientifique à la Nouvelle-Grenade, en X. Polanco (ed): Naissance et dévéloppement de la Science-monde, Ed. La Découverte-Unesco, Paris.

"¡Que hallazgo! Alégrese usted conmigo de que había conseguido esta producción maestra y clásica del naturalista del norte, producción de primera necesidad para saber botánica". Sus posteriores comentarios testimonian el prestigio social del que se beneficiaban los pocos criollos ilustrados que eran dueños en las principales ciudades del Virreinato de libros científicos. Caldas advierte a Santiago Arroyo que no se deje tramar en estas negociaciones: 9 “El mismo Camacho dice que Manuel del Socorro Rodríguez ha engañado a usted diciéndole que él tenia la figura de la Tierra de Bouguer”. En su carta fechada el 20 de Marzo de 1797 en Popayán, Caldas dice haber conocido recientemente la noticia sobre el origen verdadero del río Orinoco, descubierto por la expedici6n que entre 1754 y 1761 adelantaba la tarea de demarcación de límites entre España y las posesiones de Portugal en América. Al mismo tiempo, se dio cuenta que la mayoría de los anteriores estudios más autorizados, como los de La Condamine, d'Anbille, Magnin y Gumilla, ubicaban el nacimiento del Orinoco en otro sitio. Su confianza en los resultados de las exploraciones de los territorios americanos por las expediciones metropolitanas comenzó a flaquear. Insatisfecho con la autoridad del saber establecido, Caldas desea describir su país de origen, fortalecido por su convicción de que era necesario a cualquier costo dedicarse él mismo a10 "reformar la geografía de estos países abandonados de los sabios y desconocido de la Europa". Emprendió pues el estudio de los mapas más conocidos, incluyendo los de Piedrahita y Maldonado sobre la Nueva Granada. Le encargó a Santiago Arroyo que Ie enviara a Popayán el mapa de la América Meridional de Juan de la Cruz Cano y Olmedilla, el cual fue reconocido oficialmente por las Academias de Ciencias de Londres y París y publicado por la Corona Española en 1775. Ocupado en 1798 en el levantamiento del mapa de una porción de la Provincia de Popayán,11 en más de una oportunidad Caldas pudo percatarse de las deficiencias en técnicas y en conocimiento de los europeos que habían estudiado la geografía local. Lo paradójico, decía en su carta fechada 5 de Diciembre anteriormente mencionada, es que para levantar el mapa del Virreinato ("Objeto de mis deseos y que solo la muerte acabará ") se tenían que tener en cuenta las conclusiones de los libros disponibles; pero tales libros "¿No se habían formado en el descuido y la ignorancia en estas materias?".
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J. Camacho y C. Torres, cuñados de Caldas, fueron juristas reputados e ideólogos de la Revolución de la Independencia. M. del Socorro Rodríguez, de origen cubano, fue contratado por el Virreinato para establecer la imprenta y la Biblioteca Pública de Santafé. En su carta del 5 de Diciembre de 1798 aparece por primera vez la necesidad de un proyecto para levantar los mapas del territorio de Nueva Granada, incluyendo la Provincia de Quito. (Cartas, p.42). Caldas consagró mucho tiempo y esfuerzo a la investigación geográfica y a la elaboración de mapas del territorio en relación con la economía y el comercio. Su más importante publicación sobre este tema, fue su relación sobre el Estado de la Geografía del Virreinato de Santafé de Bogotá, publicada en los primeros números del Semanario del Nuevo Reino de Granada, correspondientes a 1808, Ver Obras, p.183-211. Las disputas fronterizas entre los terratenientes de la región de Timaná no podían resolverse consultando mapas tan incompletos como el de Piedrahita elaborado en el siglo anterior. Caldas encuentra aquí la primera oportunidad para vender sus servicios profesionales como geógrafo, con lo cual está en capacidad de determinar exactamente la latitud y la longitud de varios sitios, y corregir mapas tan prestigiosos como los de Maldonado y La Condamine (Cartas p.279).
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Esta es precisamente la conducta que conduciría la actividad cultural y científica de Caldas y los criollos eruditos de la generación de la independencia. Formados en el pensamiento de la Ilustración, ellos sabían que en última instancia todas las ambigüedades de la razón serían disipadas por la nuda experiencia. Por otra parte, la conciencia de las particularidades de su situación geográfica, social y política con relación a los centros Europeos les había conducido a reconocer el papel sin precedentes que tenían que cumplir en la traducción y domesticación de la ciencia a las circunstancias de la nueva sociedad que se iría a construir. 12 Regresemos a las Cartas de Caldas y a nuestro inmediato propósito de reconstruir la formación, entre la juventud de la Nueva Granada, de un espíritu científico a través de la lectura de libros científicos representativos de la época, y a su apropiación en las actividades prácticas e intelectuales en su país. El 5 de Enero de 1799 Caldas lamenta las circunstancias adversas que le impidieron llevar a cabo los cálculos astronómicos y las observaciones necesarias para determinar la situación de su ciudad natal, Popayán. Además de las pobres condiciones atmosféricas de la época, los conflictos armados que perturbaban la tranquilidad de la sociedad española en ese momento también bloqueaban el comercio de libros e instrumentos científicos al otro lado del Atlántico. Sin tener disponibles almanaques actualizados ni tablas astronómicas, Caldas recuerda haber consultado durante su estadía en Santafé los dos volúmenes de la Astronomía de Lalande. Así que presiona a Arroyo para que utilice todos los medios posibles a su alcance a fin de persuadir a Fernando Vergara de que le venda esta obra. Vergara era el sustituto de Mutis en la Cátedra de Matemáticas, una de las nuevas instituciones que contaba con el más alto prestigio y autoridad académica entre los miembros de la élite y los círculos sociales cultos, con la única excepción del establecimiento de la Expedición Botánica, donde Mutis reinaba soberano. Por su parte, Caldas trabajaba solitario en Popayán, sostenido por su férrea voluntad del saber y el aprecio de sus familiares y amigos ilustrados. Solo después de que fuera descubierto por Humboldt y fuera nombrado miembro correspondiente de la Expedición Botánica para la Presidencia de Quito y, en especial, a partir de su nombramiento como Director del Observatorio Astronómico en Santafé, gozaría de un prestigio único. 13 La falta de legitimidad social no será impedimento para que Caldas trate de apropiarse de aquellos instrumentos de saber que otros detentaban y que el creía serían más funcionales en su trabajo como astrónomo. Estaba tan convencido de la absoluta importancia de las actividades que realizaba, que no podía imaginar cómo alguien más podría hacer efectivo el propósito de divulgación cultural y explicación del sistema del mundo de un libro como el de Lalande. Caldas afirma categóricamente a Arroyo en su carta de Enero 5 que ese libro en manos de Vergara era inútil. Esta negociación por la posesión del único ejemplar disponible en el país de una obra de reputación paradigmática en la Astronomía, revela de hecho las discrepancias entre los miembros de la elite local con respecto a la función social del saber. Tales discrepancias se ventilaron abiertamente en las páginas del Papel Periódico de Santa Fe de Bogota, el primer periódico local de popularización científica, e instrumento de cohesión social e intelectual de los eruditos dispersos en todas las provincias del virreinato. Un grupo agresivo de eruditos, que tendrían un papel decisivo en los eventos
Comparar con las notas 15 y 30 Las cartas de finales de 1808 y comienzos de 1809 refieren las maniobras de Caldas, ayudado por amigos y familiares, para obtener de las autoridades del Virreinato su nombramiento oficial como Director del Observatorio. Ver Cartas, p.284286. Finalmente el 10 de Julio de 1809 Caldas agradece al Virrey Amar y Borbón el nombramiento para una posici6n que "me ha concedido el más brillante destino y la más armoniosa de mis inclinaciones" (Cartas, p-293).
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políticos de la Independencia, oponían la estrategia de la ciencia pragmática a la estrategia académica del ejercicio del saber. A finales del siglo, esta última tendencia, de la cual Caldas sería un partidario abierto, se proponía orientar la ciencia en la Nueva Granada hacia la exploración del territorio. Incluso se planteaban dudas con respecto a la conveniencia del tan prestigioso proyecto de la Expedición Botánica que al menos en teoría debía estar al servicio de la política de ciencia colonial de la Corona con beneficios eventuales para la ciencia nacional, pero que en la práctica, estaba restringida por Mutis a la sola descripción de la flora en las regiones vecinas de Santafé, lo cual no permitía la realización de los propósitos del grupo pragmático de criollos ilustrados. En cierto momento algunos de los antiguos colaboradores de Mutis en la Expedición, Zea, Pombo y Valenzuela, llegaron a proponer un cambio de rumbo en la institución. En su opinión, era urgente volverla itinerante; se requería abandonar el gusto excesivo por la iconografía muy elaborada de las plantas de la región central, y abordar el estudio sistemático de la población y la naturaleza (en el sentido integral del termino; es decir, no restringido solo a la parte botánica) en otras regiones del país. Con el fin de lograr este objetivo, sugirieron reunir a los grupos de jóvenes naturalistas localizados en las diferentes provincias del Virreinato. 14 Caldas compartió estas concepciones nacionalistas y pragmáticas sobre la investigación científica. Fue el primero en demostrar la posibilidad de tal acercamiento a la teoría y a sus aplicaciones, a través de sus contribuciones a la astronomía, la geografía, la física, la biología y la sociología. A lo largo de su vida Caldas fue fiel al proyecto nacionalista cuya prefiguración se encuentra en sus primeras cartas de finales de los años 1790. Pero es en las páginas del Semanario del Nuevo Reino, el periódico del cual fue editor entre 1808-1811, donde esta posición se expresa más claramente. Así, por ejemplo, en el prefacio al almanaque de 1811, el año I de la Independencia, Caldas, el astrónomo cuyos meritos Humboldt había elogiado altamente y quien posteriormente fuera Director del Observatorio de Bogota,15 escribió lo siguiente: "Observar el cielo por observarlo, sería una ocupación honesta, pero no pasaría de ser una curiosidad estéril que llenase los momentos del hombre ocioso y acomodado. Este observador seria inútil, y la Patria lo miraría como un consumidor de quien no esperaba nada. Nosotros no queremos representar este papel en la sociedad: queremos que nuestros trabajos astronómicos mejoren nuestra geografía, nuestros caminos y nuestro comercio." El propósito nacionalista, el deseo de ser útil en la ciencia y con la ciencia al proyecto social de la élite criolla, es aquello que marca de manera especial el estilo cognitivo de Caldas. En el caso de la Astronomía, las primeras cartas nos hablan de un joven abogado que desde el principio toma la decisión de escoger esta línea de investigación, en la cual proseguirá posteriormente, con la idea de colocar su país en los mapas del mundo y, mas concretamente, para ayudar a dirimir las disputas sobre linderos entre los terratenientes de su entorno. El pensamiento astronómico de Caldas estuvo marcado desde el principio por un interés práctico en la geografía y se constituyó en función de la actividad técnica de construcción de instrumentos. Debido a las dificultades de consecución de libros e
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Consultar Restrepo Forero, O. (1986), op. cit. y Arboleda, L. C. (1990), op. cit. Ver Obras, p.401-404

instrumentos de esos años, Caldas se vio obligado a construir él mismo el cuadrante que necesitaba. Lo hizo siguiendo las indicaciones dadas al respecto en la obra Observaciones Astronómicas de Jorge Juan con la cual estaba aparentemente familiarizado. Caldas le explica a su amigo Arroyo cómo, por procedimientos de ensayo y error controlados teóricamente, logró elaborar el instrumento con el cual finalmente identificó el anillo de Saturno, los satélites de Júpiter, y determinó la posición de Popayán.16 Conviene recordar a este respecto, que Jorge Juan fue uno de los expedicionarios al Perú de los años 1740 que sacó mejor provecho de la experiencia para ampliar su formación científica, y para desarrollar un esquema objetivo sobre cómo formular y apropiarse de la teoría en las condiciones concretas de exploración de la naturaleza.17 Su tratado era entonces un vector privilegiado de difusión de la mecánica racional y del sistema del mundo. Escrito con un conocimiento muy avanzado acerca de las teorías de Newton del momento, le permitía al lector interesado familiarizarse con estas teorías y ponerlas en práctica. Caldas fue uno de esos afortunados lectores a quien este libro dio desde el comienzo la formación en física y astronomía mas acertada para adelantar el programa de investigación que él estaba tratando de implantar en la Nueva Granada.18 En carta fechada el 1º de Julio de 1809 al Virrey Amar y Borbón, recuerda las circunstancias del contexto local en las cuales realizó la lectura del libro que lo orientaría en la profesión de astrónomo. 19 "En 1796 hice un viaje a esta capital (Santafé) para buscar algunos libros, algunas luces y algunos instrumentos. Yo vi que era necesario concentrarme dentro de mi mismo, y que en la capital, como en mi patria (Popayán), no había instrumentos y mucho menos astrónomos. En el silencio, en la oscuridad de Popayán, traté de formarme un Cuarto de Círculo conforme al que describe el Excelentísimo, señor don Jorge Juan en sus Observaciones Astronómicas. Este sabio español, honor de la Nación y de las ciencias, fue mi guía en medio de las densas tinieblas que me rodeaban." En esta cita se encuentra una vez más en Caldas ese sentimiento de soledad, también compartido por otros miembros de la élite, que lo condenaba casi que irremediablemente a proseguir sus estudios en el más completo aislamiento. Le era indispensable asociarse con otros jóvenes ilustrados, encontrar recursos materiales, técnicos y humanos para llevar a cabo su investigación y, al mismo tiempo, consolidar una posición en el limitado espacio de las instituciones académicas del país. Esta evolución se observa a través de su correspondencia. 20

Cartas, p.43-48. Cuando Humboldt pasó por Popayán, conoció los trabajos de Caldas y no dudó en incluirlos en su Diario de Observaciones Astronómicas. También elogió su capacidad y su talento en circunstancias tan desfavorables, comparadas con los centros internacionales. (Ver por ejemplo, la carta de Humboldt a Mutis de Noviembre 10 de 1801, en: Hernández de Alba, G. (ed) (1983); Archivo epistolar del sabio naturalista José Celestino Mutis. Instituto de Cultura Hispánica, Bogotá, Vol. IV. p.12; Cartas, p.151). Sobre la expedición geodésica al Perú es de interés consultar a: Lafuente, A. y Mazuecos, A. (1987): Los Caballeros de punto fijo, Ed. del Serval, Barcelona. Además de las instrucciones para construir un cuadrante, Caldas encontró en las Observaciones, métodos de geometrización, cálculos astronómicos y técnicas geodésicas utilizadas en Perú por Juan y Ulloa. Otras fuentes de conocimiento astronómico y metereológico de Caldas están resumidas en Albis, V. y Martínez-Chavanz (1987), y Chenu, J. (1987)
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Cartas, p.287. Comparar con la nota 16. Ver en particular las notas 13 y 27.

En la medida que despliega, en las condiciones desfavorables de su entorno, una habilidad autónoma para manipular e instrumentar un conjunto competente de saberes y técnicas, Caldas aprende a negociar y adelantar los programas investigativos más cercanos a sus preferencias. La actividad científica de Caldas es pues relativa a las interacciones suyas con ese contexto. Los resultados intelectuales de su experiencia están marcados por las negociaciones con sus interlocutores y las instituciones. Ello es valido tanto a nivel de los problemas, ideas e hipótesis que más le interesaron, como de los criterios, normas y significaciones que debía emplear en su solución. Tomemos por ejemplo el caso bien conocido de su invención del método de la hipsometría, el cual le proporcionó una técnica para calcular altitudes valiéndose únicamente del termómetro y de un principio teórico: el punto de ebullición del agua se mantiene constante bajo condiciones constantes de presión barométrica. Muy frecuentemente este "descubrimiento" de Caldas ha sido explicado, de acuerdo con el punto de vista de Humboldt,21 en relación con el estado de la cuestión en Europa. La explicación sociológica sobre la originalidad, simultaneidad o repetición de este descubrimiento, comparte la creencia trascendental en la acción necesaria de un principio lógico que produce el mismo efecto (o casi el mismo) en las mismas condiciones de tiempo y lugar. Tal concepción limita el análisis de los hechos históricos a una constatación de similitudes y diferencias (o inclusive de anomalías), con respecto a la norma de la innovación Europea. Valdría la pena meditar a este respecto no tanto con la idea de algo novedoso que debía producirse de manera inevitable, sino como resultado de una serie de acciones contingentes entre la actividad científica de Caldas y su medio. 22 Tal como lo refiere en su carta de Julio 5 de 1801 a su amigo Arroyo, Caldas llegó a esta innovación técnica y posteriormente a su formulación matemática, a partir de observaciones y cálculos sobre las variaciones de temperatura a diferentes niveles barométricos en la región andina, la cual había recorrido en sus viajes de los años 1796 1800. El método termométrico para calcular altitudes fue así perfeccionado poco a poco a través de una práctica de varios años en nivelaciones barométricas para determinar la longitud y la latitud de varias localidades prominentes en el espacio geofísico de la Nueva Granada. Esta experiencia fue controlada por la teoría, como se deduce de los trabajos mencionados por Caldas en sus publicaciones sobre este tema. Además de las Observaciones Astronómicas y la Figure de la Terre de Bouger, Caldas consultó textos canónicos23 de la nueva fisica: Los Eléments de physique théorique et expérimentale de Sigaud de la Fond. En este último libro encontró la siguiente observación: 24(24) "Siendo el ascenso ó descenso del mercurio en el bar6metro una pulgada, la temperatura de ebullici6n del agua cambiaria aproximadamente dos grados Fahrenheit" Esto Ie proporciona en primer lugar un criterio empírico para resolver un problema práctico inmediato: como reconstruir su termómetro roto recientemente en un
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Un típico ejemplo de este enfoque se encuentra en Bateman, A. (1978), op cit, p.1 01-132. Una lectura cuidadosa de las Cartas, desde este punto de vista, descubriría otros factores contingentes que intervinieron en las investigaciones metereológicas de Caldas y no simplemente el famoso accidente del termómetro, al cual el mismo Caldas parece asignarle una importancia exclusiva. Ver la referencia en la nota 25. Esta obra fue instrumento privilegiado de la difusión de la "nueva física" en el país, en: Arboleda (1987), op. cit. Albis, V. y Martinez-Chavanz, R. (1987), p. 422.

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accidente.25 Pero también le permitió reconocer que existe una relación lineal entre el punto de ebullición del agua y la presión atmosférica, caracterizada por una constante que era necesario determinar a través de la observación y la experiencia. Posteriormente, Caldas aprovechará un largo viaje a los Andes ecuatoriales cuyo objeto había sido casi exclusivamente fijado por Mutis para realizar exploraciones botánicas, para proseguir las experiencias que le permitieran ajustar las fórmulas de nivelación barométricas y determinar la constante en las condiciones locales de la latitud del ecuador.26 Recordemos de otra parte, que este trabajo fue realizado en el marco de una interesante negociación sobre las estrategias de la investigaci6n en Ecuador entre Caldas, Mutis y el Cónsul de Cartagena y benefactor de Caldas, José Ignacio Pombo. Los detalles de las negociaciones se encontraran en la correspondencia entre ellos.27 Es importante tener en cuenta que en un cierto momento en el proceso de innovación, Caldas toma conciencia de la originalidad de sus procedimientos. El sabía en particular que Bouguer, Juan y Ulloa estaban equivocados al suponer que 28 "la atmósfera pesa igualmente en Europa y en América", aunque la diferencia fuera pequeña. Este hecho se vería finalmente confirmado en 1805 en la fórmula diferencial de Laplace que da el cálculo de la altitud barométrica en términos de la gravedad, de las variaciones en altitud, la temperatura y otros factores. Aparentemente Caldas nunca conoció este resultado.29 A mi manera de ver, el caso histórico de Caldas aporta un testimonio sobre la existencia, en los centros periféricos a finales del siglo XVIII, de una cultura realista de la actividad científica, entre los intelectuales con tendencias nacionalistas. Esta cultura se habría expresado en el campo de fuerzas constituidas por dos vectores independientes. El primero, caracterizado por un optimismo telúrico, apuntaría a la realización del saber en el espacio local geo-cultural; el segundo, animado por un sentimiento de soledad, promovería la toma de conciencia del erudito sobre la naturaleza peculiar de la empresa de formación e investigaci6n en las periferias alejadas de los centros científicos internacionales. Esta tendencia realista se halla presente en todos esos raros momentos de la historia de las ciencias, en los cuales ha existido en la periferia la lucidez de sacar adelante proyectos para la institucionalización de la investigación y el entrenamiento de especialistas adaptados a las circunstancias locales. Muchas veces, esto se asumía en oposición a concepciones ingenuas del progreso científico que se obstinaban en calcar en la periferia modelos de institucionalización científica para los países centrales.30 A tales concepciones, Caldas y el grupo editorial del Semanario de Nuevo Reino de
En Chenu, J. (1987), op cit., p.263-264, se puede encontrar un relato de cómo este factor contingente contribuyó a la innovación de Caldas en los métodos de medición de alturas. La correspondencia de Caldas durante sus numerosos viajes de Popayán a Quito, demuestra sus esfuerzos por determinar la constante basándose en lecturas barométricas significativas. Este interés se hace bien evidente en su trabajo póstumo: Sobre un nuevo método de medir la altura de las montanas por medio del termómetro y el agua hirviendo, en: Obras, p.153-173 y 487. También en Cartas, p. 91, 160, 170.
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Ver la correspondencia entre Mutis y Pombo en Hernández de Alba, G. (1983). Obras, p.156, 395 Y Cartas, p.246 Albis, V. y Martínez-Chavanz, R. (1987), p.419-420. Ver Arboleda (1990), op.cit.

Granada respondían en el prospecto al primer número en 1809, con las siguientes palabras que es necesario valorar adecuadamente en el contexto de la época. 31 "Un pueblo que no tiene caminos, que su agricultura, su industria, su comercio casi agonizan, ¿cómo puede ocuparse en proyectos brillantes y la más de las veces imaginarios? El cultivo de una planta, un camino cómodo y más pronto, el piano de un departamento, la latitud y temperatura de un lugar, el reconocimiento de un río, etc., son asuntos más importantes que todas aquellas cuestiones ruidosas en que pueden lucir el genio, la erudici6n y la elocuencia... El Semanario es un papel serio, y está consagrado a memorias útiles sobre los puntos que más nos interesan."

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Citado en Pacheco (1976), op.cit.; p. 146.

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