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Moderadora
 Emii_Gregori

Traductores
 Akanet
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 Carmen170796
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Traducción SOS
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Staff de Corrección
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 BrendaCarpio
 Dianita
 Mishy
 Niii
Recopilación y Revisión
 Akanet
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 Majo2340
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 Niii
Diseño
 Kernel



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Índice

Sinopsis ............................................................................................................................. 6
Capítulo 1 ......................................................................................................................... 7
Capítulo 2 ....................................................................................................................... 12
Capítulo 3 ....................................................................................................................... 19
Capítulo 4 ....................................................................................................................... 26
Capítulo 5 ....................................................................................................................... 32
Capítulo 6 ....................................................................................................................... 43
Capítulo 7 ....................................................................................................................... 52
Capítulo 8 ....................................................................................................................... 59
Capítulo 9 ....................................................................................................................... 67
Capítulo 10 ..................................................................................................................... 72
Capítulo 11 ..................................................................................................................... 80
Capítulo 12 ..................................................................................................................... 97
Capítulo 13 ................................................................................................................... 108
Capítulo 14 ................................................................................................................... 126
Capítulo 15 ................................................................................................................... 145
Capítulo 16 ................................................................................................................... 155
Capítulo 17 ................................................................................................................... 162
Capítulo 18 ................................................................................................................... 174
Capítulo 19 ................................................................................................................... 178
Capítulo 20 ................................................................................................................... 195
Capítulo 21 ................................................................................................................... 210
Capítulo 22 ................................................................................................................... 216
Capítulo 23 ................................................................................................................... 222
Epílogo ......................................................................................................................... 238
Sobre la Autora .............................................................................................................. 241



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Sinopsis

usto como tu mediocre historia de chicos-conociendo-chicas, y chicas-matando-
personas.

Cas Lowood ha heredado una vocación singular: Mata a los muertos.

Lo mismo hizo su padre antes que él, hasta que fue asesinado por un fantasma al
que trató de matar. Ahora, armado con la misteriosa y mortal daga de su padre,
Cas viaja por el país con su madre, y su gato rastreador de espíritus. Juntos siguen
las leyendas y las tradiciones locales, tratando de mantenerse al día con los asesinos
de la muerte… manteniendo cosas malditas como el futuro y los amigos en la
bahía.

Cuando llegan a una nueva ciudad en busca de un fantasma que los lugareños
llaman ―Anna Dressed in Blood‖, Cas no espera nada fuera de lo normal: avanzar,
cazar, matar. Lo que encuentra en su lugar es una chica atrapada entre maldiciones
y rabia, un fantasma al que nunca se había enfrentado hasta ahora. Ella todavía usa
el vestido que llevaba el día de su brutal asesinato en 1958: antes blanco, ahora
manchado de rojo y chorreando sangre. Desde su muerte, Anna ha matado a todas
y cada una de las personas que se han atrevido a entrar en la desierta Victorian a la
que suele llamar casa.

Y ella, por alguna razón, le perdona la vida a Cas.



Primer libro de la saga Anna

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Capítulo 1

Traducido por Kernel
Corregido por Niii

l cabello engominado de grasa es obviamente un regalo sin vida—sin
intención de doble sentido.

Así como también lo es el abrigo de cuero flojo y descolorido, aunque no tanto
como las patillas
1
. Y la forma en que él se mantiene asintiendo y agitando su Zippo
abierto y cerrado a ritmo con su cabeza. Él pertenece a un coro de baile Jets y
Sharks.

Por otra parte, tengo un buen ojo para estas cosas. Sé lo que hay que buscar, porque
he visto casi todas las variedades de espantos y espectros que puedas imaginar.

El autoestopista
2
frecuenta un tramo de la carretera de Carolina del Norte,
bordeada por cercas de maderas sin pintar y un montón de nada. Los conductores
desprevenidos, probablemente lo recogerán por aburrimiento, pensando que es sólo
un chico universitario que lee demasiado Kerouac.

—Mi chica, ella me está esperando —dice ahora con voz emocionada, como si
fuera a verla en el minuto que nosotros pasemos la cima de la otra colina. Golpea
fuertemente el encendedor sobre el tablero de mandos, dos veces, y echo un vistazo
para asegurarme de que no haya dejado una abolladura en el panel. Este no es mi
automóvil. Y he sufrido ocho semanas de trabajo en el césped del Sr. Dean, el
coronel del ejército jubilado que vive en la manzana, sólo para pedírselo prestado.
Para un hombre de setenta años, tiene la espalda más recta que he visto jamás. Si
tuviera más tiempo, me podría haber pasado un verano escuchando historias
interesantes sobre Vietnam. En lugar de eso despejé arbustos de una parcela de
ocho por diez para los rosales nuevos, mientras él me miraba con una mirada
hosca, asegurándose de que su bebé estaría seguro con este chico de diecisiete años
de edad con una vieja camiseta de Rolling Stones y los guantes de jardinería de su
madre.

A decir verdad, sabiendo para qué iba a usar el coche, me sentí un poco culpable.
Es un Camaro Rally Sport 1969 de azul crepúsculo, en perfecto estado. Avanza
suave como la seda y ruge en las curvas. No puedo creer que me dejara tomarlo,

1
Patillas: Tramo de barba que se deja crecer en las mejillas.
2
Autoestopista: Persona que practica el autostop que es una forma de viajar por carretera
solicitando a los conductores o conductoras que pasan el favor de que te lleven.
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trabajando en el jardín o no. Pero gracias a Dios lo hizo, porque sin ello hubiera
estado acabado. Era algo por lo que el autoestopista iría—algo por lo que valía la
pena arrastrarse fuera de la tierra.

—Debe de ser muy bonita —le digo sin mucho interés.

—Sí, hombre, sí —dice y, por enésima vez desde que lo recogí ocho kilómetros
atrás, me pregunto cómo alguien no podría saber que está muerto. Suena como una
película de James Dean. Y luego está el olor. No del todo podrido, pero
definitivamente cubierto de musgo, colgando a su alrededor como una niebla.
¿Cómo alguien puede confundirlo con los vivos? ¿Cómo alguien lo ha mantenido
en el automóvil por los dieciséis kilómetros que se necesitan para llegar al puente de
la Lowren, donde él inevitablemente agarra el volante y arroja tanto al coche como
al conductor al río? Lo más probable es que ellos se asusten por su ropa y su voz, y
por el olor de los huesos—aquel olor que creen conocer a pesar de que
probablemente nunca lo han olido. Pero para entonces, siempre es demasiado
tarde. Ya habían tomado la decisión de recoger a un autoestopista, y no estaban
dispuestos a dejarse llevar por miedo y dejar que se bajara. Racionalizaron sus
temores. La gente no debería hacer eso.

En el asiento del pasajero, el autoestopista sigue hablando con una voz lejana sobre
la chica, alguien llamada Lisa, y cómo ella tiene el cabello rubio más brillante y la
sonrisa roja más bonita, y cómo van a huir y se casaran tan pronto como regrese
por medio de aventones desde Florida. Él estaba en un trabajo de verano allí con su
tío, en un concesionario de automóviles: la mejor oportunidad de ahorrar para su
boda, incluso si significaba que no se verían durante meses.

—Debe haber sido difícil estar lejos de casa tanto tiempo —digo, y de hecho hay un
poco de lástima en mi voz—. Pero estoy seguro que se alegrará de verte.

—Sí, hombre. De eso es de lo que estoy hablando. Tengo todo lo que necesitamos,
justo en el bolsillo de mi chaqueta. Nos casaremos y nos mudaremos a la costa.
Tengo un amigo allí, Robby. Podemos quedarnos con él hasta que consiga un
trabajo que tenga que ver con automóviles.

—Claro —le digo. El autoestopista tiene esa mirada tristemente optimista sobre su
rostro, iluminado por la luna y las luces brillantes. Él nunca vio a Robby, por
supuesto. Nunca volvió a ver a su chica Lisa, tampoco. Porque tres kilómetros
adelante en la carretera en el verano de 1970, se metió en un coche, probablemente
muy similar a éste. Y le dijo al que estaba manejando que tenía una manera de
empezar toda una vida en el bolsillo de su abrigo.

Los lugareños dicen que lo golpearon bastante por el puente y luego lo arrastraron



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de vuelta a los árboles, donde lo apuñalaron un par de veces y luego le cortaron la
garganta. Empujaron su cuerpo por un terraplén y hacia uno de los afluentes. Allí
es donde un campesino lo encontró, casi seis meses más tarde, las heridas cubiertas
de enredaderas, su mandíbula colgando abierta en sorpresa, como si todavía no
creyera que estaba atrapado allí.

Y ahora él no sabe que está atrapado aquí. Ninguno de ellos parece saberlo. En este
momento el autoestopista está silbando y moviéndose junto a una música no
existente. Probablemente aún escucha lo que ellos estaban escuchando la noche que
lo mataron.

Él es perfectamente agradable. Un tipo agradable con quién pasear. Pero cuando
lleguemos a ese puente, estará tan enojado y tan feo como cualquiera que alguna
vez hayas visto. Se informa que su fantasma, nombrado originalmente como El
Caminante del Condado 12, ha matado al menos a una docena de personas y ha
herido a otros ocho. Pero realmente no puedo culparlo. Nunca llegó a casa a ver a
su chica, y ahora no quiere que nadie más llegue a casa tampoco.

Pasamos por el marcador del kilometro veintitrés, el puente está a menos de dos
minutos. He conducido por este camino casi todas las noches desde que nos
mudamos aquí con la esperanza de ver su pulgar en los faros, pero no tuve suerte.
No hasta que me puse detrás del volante del Rally Sport. Antes de esto sólo fue la
mitad de un verano en la misma maldita carretera, la misma maldita cuchilla
atorada bajo mi pierna. Odio cuando es así, como una especie de viaje de pesca
terriblemente extendido. Pero no me rindo con ellos. Siempre vienen al final.

Dejo que mis pies aflojen un poco el acelerador.

—¿Pasa algo, amigo? —me pregunta.

Niego con la cabeza. —Sólo que este no es mi automóvil, y no tengo el dinero para
arreglarlo si decides tratar de sacarme del puente.

El autoestopista se ríe, sólo un poco demasiado fuerte para ser normal.
—Creo que has estado bebiendo esta noche o algo, amigo. Puede que simplemente
me tengas que dejar bajar aquí.

Me doy cuenta demasiado tarde de que no debí haber dicho eso. No puedo dejarlo
salir. Sería mi culpa si se baja y desaparece. Voy a tener que matarlo mientras el
coche está en movimiento o voy a tener que hacerlo todo de nuevo, y dudo que el
Sr. Dean esté dispuesto a dejar el automóvil en otras manos muchas más noches.
Además, me voy a mudar a Thunder Bay en tres días.



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También existe el pensamiento de que le estoy haciendo esto a este pobre bastardo
todo de nuevo. Pero ese pensamiento es efímero. Él ya está muerto.

Trato de mantener el velocímetro en más de cincuenta —demasiado rápido para él
realmente considere saltar, pero con los fantasmas nunca se puede estar seguro.
Tendré que trabajar rápido.

Es cuando estiro mi mano hacia abajo para sacar mi espada de debajo de la pierna
de mi pantalón que veo la silueta del puente en la luz de la luna. En el momento
justo, el autoestopista agarra el volante y tira hacia la izquierda. Trato de tirar de
nuevo hacia la derecha y golpeo el freno con mi pie. Oigo el sonido de la goma
sobre el asfalto y por el rabillo del ojo puedo ver que la cara del autoestopista se ha
ido. No más tipo tranquilo, no más cabello engominado y sonrisa entusiasta. No es
más que una máscara de piel podrida con agujeros negros al descubierto, con
dientes como piedras sin filo. Parece que está sonriendo, pero podría ser el efecto de
sus labios que se están despegando.

A pesar de que el coche está coleando y tratando de detenerse, no tengo ninguna
imagen de mi vida ante mis ojos. ¿Pero cómo podría siquiera ser eso? Un carrete
destacado de los fantasmas asesinados. En lugar de eso veo una serie de imágenes
rápidas y ordenadas de mi cadáver: una con el volante a través de mi pecho, otra
sin mi cabeza mientras el resto de mi cuerpo cuelga por la ventana faltante.

Un árbol aparece de la nada, apuntando directo la puerta lateral del conductor. No
tengo tiempo para maldecir, sólo para tirar del volante y apretar el acelerador, y el
árbol está detrás de mí. Lo que no quiero hacer es ir al puente. El coche está sobre
la vereda y el puente no tiene una. Es estrecho y de madera, y anticuado.

—No es tan malo, estar muerto —me dice el autoestopista, aferrándose a mi brazo,
tratando de apartarme del volante.

—¿Qué pasa con el olor? —siseo. A través de todo esto no he perdido el agarre
sobre el mango de mi cuchillo. No me preguntes cómo, mi muñeca se siente como
si los huesos se fueran a separar en unos diez segundos, y he sido apartado de mi
asiento por lo que estoy manteniéndome sobre la palanca de cambios. Lanzo el
automóvil a un punto muerto con la cadera —algo que debería haber hecho antes—
y saco mi espada rápidamente.

Lo que sucede después es una especie de sorpresa: la piel vuelve a la cara del
autoestopista, y el verde vuelve a sus ojos. Es sólo un chico, mirando mi cuchillo.
Vuelvo a tener el automóvil bajo control y golpeo los frenos.



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La sacudida de la parada lo hace pestañear. Me mira.

—He trabajado todo el verano por este dinero —dice en voz baja—. Mi chica me
matará si lo pierdo.

Mi corazón esta latiendo con fuerza por el esfuerzo de controlar el coche dando
bandazos. No quiero decir nada. Sólo quiero acabar con esto de una vez. Pero en
vez de eso escucho mi voz.

—Tu chica te perdonará. Te lo prometo. —El cuchillo, la daga de mi padre, es
ligera en mi mano.

—No quiero hacer esto de nuevo —susurra el autoestopista.

—Ésta es la última vez —digo, y luego lo golpeo, atravesando la hoja por su
garganta, abriendo una línea negra. Los dedos del autoestopista llegan hasta su
cuello. Tratando de unir de nuevo su piel con la presión, pero algo tan oscuro y
espeso como el aceite fluye de la herida y lo cubre, sangrando no sólo en su
chaqueta de otra época, sino también a lo largo de su cara y sus ojos, en su cabello.
El autoestopista no grita mientras se marchita, pero tal vez es porque no puede: su
garganta fue cortada y el líquido negro se ha abierto camino en su boca. En menos
de un minuto se ha ido, sin dejar rastro.

Paso mi mano sobre el asiento. Está seco. Entonces salgo del coche y doy una
vuelta alrededor lo mejor que puedo en la oscuridad, en busca de arañazos. La
válvula del neumático sigue ahumando y derritiéndose. Puedo oír los dientes del Sr.
Dean apretándose. Me voy de la ciudad en tres días, y ahora voy a pasar por lo
menos uno de ellos poniendo un nuevo set de Goodyears
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. Pensándolo bien, tal vez
no debería regresar el coche hasta que estén puestos los neumáticos nuevos.


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Goodyears: Marca que fabrica ruedas para autos.



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Capítulo 2

Traducido por Emii_Gregori y Dyanna
Corregido por Niii

uando son más de las doce, aparco el Rally Sport en nuestro camino de
acceso. El Sr. Dean probablemente todavía esté despierto, tieso y lleno de
café negro como él, mirándome manejar cuidadosamente por la calle. Pero
él no esperaba que el coche regresara hasta la mañana. Si madrugo lo suficiente,
puedo llevarlo a la tienda y sustituir los neumáticos antes de que note alguna
diferencia.

Mientras los focos delanteros atraviesan el patio y salpican el frente de la casa, veo
dos puntos verdes: los ojos del gato de mi madre. Cuando llego a la puerta
principal, ya no está en la ventana. Le dirá que estoy en casa. Tybalt es el nombre
del gato. Es algo rebelde, y no le preocupo mucho. Tampoco es que me importe
mucho. Tiene el hábito extraño de sacar todo el pelo de su cola, dejando pequeños
mechones negros por toda la casa. Pero a mi madre le gusta tener un gato. Como la
mayoría de los niños, pueden ver y escuchar cosas que ya están muertas. Un truco
muy útil, cuando se vive con nosotros.

Entro en la casa, me quito los zapatos, y subo las escaleras de dos en dos. Me
muero por una ducha—quiero quitar esa sensación musgosa y podrida de mi
muñeca y de mi hombro. Y quiero comprobar la daga mi padre y enjuagar
cualquier cosa negra que pueda estar en el filo.

En lo alto de las escaleras, tropiezo contra una caja y digo: —¡Mierda! —Un poco
fuerte. Debería saberlo. Mi vida se vive en un laberinto de cajas embaladas. Mi
madre y yo somos empacadores profesionales, no perdemos el tiempo con cartones
desechados de los supermercados o de las licorerías. Tenemos cajas de alta calidad,
reforzadas y resistentes con etiquetas permanentes. Incluso en la oscuridad puedo
ver que acabo de tropezar con la caja 2 de los utensilios de cocina.

Voy de puntillas al baño y saco mi cuchillo de la mochila de cuero. Después de
haber acabado con el autoestopista lo envolví en un paño de terciopelo negro, pero
no muy bien. Estaba apurado. Ya no quería estar más en el camino, o en cualquier
lugar cerca del puente. Ver al autoestopista desintegrarse no me asustó. He visto
cosas peores. Pero no son exactamente la clase de cosas a las que te acostumbras.

—¿Cas?

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Miro hacia el espejo y veo el soñoliento reflejo de mi madre, sosteniendo el gato
negro en sus brazos. Coloco la daga sobre el mostrador.

—Hola, mamá. Siento despertarte.

—Sabes que me gusta estar despierta cuando llegas, de todos modos. Deberías
despertarme siempre, así puedo dormir.

No le digo lo tonto que suena eso, sólo abro el grifo y empiezo a limpiar la hoja
bajo el agua fría.

—Yo lo haré —dice, y toca mi brazo. Entonces desde luego agarra mi muñeca,
porque puede ver los moretones que están empezando a ponerse purpura a lo largo
de mi antebrazo.

Espero que diga algo maternal, espero que cotorree como un pato preocupado
durante algunos minutos y vaya a la cocina a buscar hielo y una toalla mojada, a
pesar de que los golpes no son la peor marca que he conseguido. Pero esta vez no lo
hace. Tal vez porque ya es tarde, y está cansada. O tal vez porque después de tres
años finalmente empieza a darse cuenta de que no voy a rendirme.

—Dámela —dice, y lo hago, porque ya he conseguido quitar lo peor de esa mugre
negra. Ella la toma y se va. Sé que ella es libre de hacer lo que siempre hace, que es
hervir la hoja y después clavarla en un gran frasco de sal, donde se quedará bajo la
luz de la luna durante tres días. Cuando la saque, la limpiará con aceite de canela y
la llamará como nueva.

Solía hacer lo mismo por mi padre. Él llegaba a casa después de matar algo que ya
estaba muerto y ella lo besaba en la mejilla y le quitaba la daga, tan naturalmente
como cualquier esposa podría llevar un portafolio. Él y yo solíamos mirar la cosa
mientras se quedaba en su frasco de sal, con nuestros brazos cruzados sobre
nuestros pechos, transmitiéndonos el uno al otro que ambos pensamos que era
ridículo. Siempre me pareció un ejercicio de simulación. Como si fuera Excalibur
en la roca.

Pero mi padre la dejó hacerlo. Sabía en lo que se estaba metiendo cuando se
conocieron y se casaron, una hermosa chica Wicca de cabello castaño rojizo con
una cadena de flores blancas trenzadas alrededor de su cuello. Había mentido en
ese entonces y se hacía llamar Wicca también, por falta de una palabra mejor. Pero
en realidad, mi padre no era gran cosa.




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Simplemente amaba las leyendas. Amaba una buena historia, cuentos sobre el
mundo que lo hacían parecer más genial de lo que realmente era. Estaba loco con la
mitología griega, que es de donde conseguí mi nombre.

Se comprometieron con ello, porque mi madre amaba Shakespeare, y acabé
llamado Theseus Cassio. Theseus por el asesino del Minotauro, y Cassio por el
teniente condenado de Otelo. Creo que suena estúpido. Theseus Cassio Lowood.
Todos me llaman simplemente Cas. Supongo que debería estar agradecido—mi
padre también amaba la mitología nórdica, así que podría haber terminado siendo
llamado Thor, que habría sido básicamente insoportable.

Exhalo y miro el espejo. No hay marcas en mi cara, o en mi ropa gris abotonada, al
igual que no habían marcas en la tapicería del Rally Deportivo —gracias a Dios—.
Luzco ridículo. Estoy en pantalones y mangas como si estuviera en una cita
importante, porque así fue como convencí al Sr. Dean de que me diera el coche.
Cuando me fui de la casa esta noche, mi cabello estaba peinado hacia atrás, y había
un poco de gel en él, pero después de ese maldito alboroto esta colgando sobre mi
frente en vetas oscuras.

—Deberías apresurarte e ir a la cama, cariño. Es tarde y tenemos más por empacar.

Mi madre termina con el cuchillo. Ella flota de regreso contra la jamba de la puerta
y su gato negro está girando alrededor de sus tobillos como un pez aburrido
alrededor de un castillo de plástico.

—Sólo quiero entrar en la ducha —le digo. Ella suspira y se aleja.

—Lo atrapaste, ¿no? —dice sobre su hombro, casi como una ocurrencia tardía.

—Sí, lo hice.

Me sonríe. Su boca luce triste y melancólica. —Estuviste cerca esta vez. Creíste
tenerlo terminado antes de finales de julio. Ahora estamos en agosto.

—Fue una caza más difícil —digo, sacando una toalla de la estantería. No creo que
vaya a decir algo más, pero se detiene y retrocede.

—¿Te habrías quedado aquí, si no lo hubieras conseguido? ¿La habrías dejado a un
lado?

Pienso por unos segundos, sólo una pausa natural en la conversación, porque sabía
la respuesta antes de que ella terminara la pregunta.




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—No.

Mientras mi madre se va, suelto la bomba. —Oye, ¿puedo pedir prestado algo de
dinero para un nuevo set de neumáticos?

—Theseus Cassio —gime, y hago una mueca, pero su suspiro agotado me dice que
estoy listo para ir por la mañana.

***

Thunder Bay, Ontario, es nuestro destino. Iré allí a matarla. Anna. Anna Korlov.
Anna Dressed in Blood.

—Esta te tiene preocupado, no es así Cas —dice mi madre desde atrás del volante
de la camioneta U-Haul. Sigo diciéndole que deberíamos comprar nuestra propia
camioneta de mudanza, en vez de alquilarla. Dios sabe que nos mudamos con
bastante frecuencia, siguiendo a los fantasmas.

—¿Por qué lo dices? —pregunto, y ella asiente con la cabeza hacia mis manos. No
me había dado cuenta de que estaba dándole golpecitos a mi bolsa de cuero, que es
donde la daga de papá estaba. Con un enfocado esfuerzo, no lo cogí. Solamente
sigo dándole golpecitos como si no importara, como si ella sobre-analizara e
interpretara las cosas.

—Asesiné a Peter Carver cuando tenía catorce, mamá —digo—. He estado
haciendo esto desde entonces. Nada más me sorprende.

Su rostro se endurece. —No deberías decirlo de ese modo. No ―mataste‖ a Peter
Carver. Fuiste atacado por Peter Carver y él ya estaba muerto.

Me asombra como a veces como puede cambiar algo simplemente usando las
palabras adecuadas. Si su tienda de suministros para lo oculto alguna vez quebrara,
ella tendría un buen futuro en gestión de marcas.

Fui atacado por Peter Carver, dijo ella. Sí. Fui atacado. Pero sólo después de
irrumpir en la casa abandonada de la familia Carver. Este había sido mi primer
trabajo. Lo hice sin el permiso de mi mamá, que es en realidad una atenuación. Lo
hice contra los gritos protestantes de mi mamá y tuve que forzar la cerradura de la
ventana de mi dormitorio para salir de la casa. Pero lo hice. Tome la daga de mi
padre y entre ilegalmente. Espere hasta las dos A.M. en la habitación donde Peter
Carver le disparó a su esposa con un revólver calibre .44 y luego se colgó con su
propio cinturón en el armario. Espere en la misma habitación donde su fantasma



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había asesinado a un agente de bienes raíces tratando de vender su casa dos años
más tarde, y luego un inspector de la propiedad un año después.

Pensando en eso ahora, recuerdo mis manos templando y mi estómago cerrado por
la agitación. Recuerdo la desesperación por hacerlo, por hacer lo que se suponía
que hiciera, como mi padre lo había hecho. Cuando los fantasmas finalmente
aparecieron —si, fantasmas en plural, resulta que Peter y su esposa se habían
reconciliado, encontrando un interés común en matar— creo que casi me desmaye.
Uno salió del armario con su cuello tan purpura e inclinado que parecía que estaba
de lado, y el otro sangraba sobre el piso como una toalla de papel comercial en
inversa. Ella apenas salió de las tablas, estoy orgullosa de decirlo. El instinto tomo
el control y clave su espalda hacia abajo antes de que ella pudiera hacer otro
movimiento. Sin embargo Carver me ataco, mientras yo intentaba sacar mi cuchillo
de la madera cubierta con la mancha que solía ser su esposa. Él casi me lanzo por la
ventana antes de que volviera a sacar la daga, maullando como un gatito.
Apuñalarlo fue casi un accidente. El cuchillo solamente por suerte tropezó con él
cuando envolvía el extremo de su cuerda alrededor de mi garganta y me hacía girar
alrededor. Nunca le conté eso a mi mamá.

—Lo sabes mejor que eso mamá —dije—. Es solo otra gente que piensa que no se
puede matar lo que ya está muerto. —Quiero decir que mi padre también lo sabía,
pero yo no. a ella no le gusta hablar de él, y sé que no ha sido la misma desde que él
murió. Ella ya no está completamente aquí, hay algo que falta en todas sus
sonrisas, como una mancha borrosa o una lente de cámara fuera de foco. Una parte
de ella lo siguió, a cualquier parte donde sea que él fuera. Sé que no es que ella no
me ame. Pero creo que nunca pensó que criaría un hijo por su cuenta. Se suponía
que su familia formaría un círculo. Ahora andábamos por ahí como una fotografía
de la que mi padre había sido cortado.

—Entraré y saldré en un santiamén —dije, chasqueando mis dedos, retomando el
tema—. Ni siquiera pasaré todo año escolar en Thunder Bay.

Ella se inclino sobre el volante y negó con la cabeza. —Deberías pensar en quedarte
más tiempo. He oído que es un lugar agradable.

Puse los ojos en blanco. Ella lo sabía mejor. Nuestra vida no es tranquila. No es
como las otras vidas, donde puedes echar raíces y crear rutinas. Somos como un
circo andante. Y ni siquiera puede echarle la culpa a mi padre por ser asesinado, ya
que también viajábamos con él, aunque ciertamente no tanto. Esa es la razón por la
que ella trabaja de ese modo, haciendo lecturas de tarot y limpiando auras a través
del teléfono, y vendiendo provisiones para lo oculto en línea. Mi madre la bruja
móvil. Se gana la vida sorprendentemente bien. Incluso sin las cuentas de
fidecomiso de mi padre, probablemente todavía estaríamos bien.



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Nos dirigimos en ese momento hacia el norte por un camino sinuoso que estaba a
la orilla del Lake Superior. Yo estaba feliz de salir de Carolina del Norte, lejos del
té helado y los acentos y la hospitalidad que nunca me había convencido. Estando
en el camino me siento libre, cuando estoy de camino de aquí para allá, y no sería
hasta que pusiera los pies en el pavimento de Thunder Bay que sentiría que estaba
trabajando de nuevo. Por ahora puedo disfrutar de los montones de pinos y las
capas de roca sedimentaria a lo largo de la orilla del camino, y el agua chocando
contra la carretera constantemente. El Lake Superior es más azul que el azul y más
verde que el verde, y la luz clara que entraba por las ventanas me hace entrecerrar
los ojos detrás de mis gafas de sol.

—¿Qué vas a hacer con la universidad?

—Mamá —me queje. La frustración saliendo de mí, de repente. Ella está haciendo
su rutina de mitad y mitad. La mitad aceptando lo que soy, la otra mitad
insistiendo en que sea alguien normal. Me pregunto si le también se lo hacía a mi
padre. No lo creo.

—Cas —responde con un quejido—. Los superhéroes también van a la universidad.

—No soy una superhéroe —le digo. Es una etiqueta terrible. Es egoísta, y no
encaja. No me pavoneo en ropa de látex. Y con lo que hago no recibo elogios ni las
llaves de las ciudades. Trabajo en la oscuridad, matando a lo que debería haberse
quedado muerto. Si la gente supiera lo que estaba haciendo, probablemente
tratarían de detenerme. Los idiotas se pondrían del lado de Casper y entonces
tendría que matarlo y a ellos después de que les arrancara la garganta. No soy
ningún superhéroe. Si mucho soy Rorschach
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del Vigilante .Soy Grendel. Soy el
sobreviviente de Silent Hill.

—Si estás tan determinado en hacer esto durante la universidad, hay un montón de
ciudades que podrían mantenerte ocupado durante cuatro años. —Ella da vuelta en
U hacia una estación de servicio, la último del lado de EE.UU—. ¿Qué te parece
Birmingham? Ese lugar está tan embrujado que podrás atrapar a dos por mes, y
probablemente aún así tengas suficientes hasta que termines el post-grado.

—Sí, pero entonces tendría que ir a la universidad en el maldito Birmingham —le
digo, y me lanza una mirada. Murmuro una disculpa. Ella puede ser la madre de
mente más liberal de todas, dejando a su hijo adolescente vagar por la noche

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Rorschach (Walter Joseph Kovacs): Es un antihéroe ficticio que protagoniza la aclamada serie de
DC Comics de 1986, Watchmen



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cazando los restos de los asesinos, pero aún así no le gusta escuchar la palabra M
saliendo de mi boca.

Levanta el surtidor de gasolina y toma una respiración profunda. —Lo has vengado
cinco veces, sabes. —Antes de que pueda decir que no lo hice, ella sale y cierra la
puerta de un golpe.




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Capítulo 3

Traducido por Kirara7 y Alba M. Grigori
Corregido por Akanet

l escenario cambió rápidamente una vez cruzamos hacia Canadá, estoy
mirando por la ventana a kilómetros de colinas cubiertas de bosques. Mi
madre dice que es algo llamado Bosque boreal. Recientemente, desde que
comenzamos realmente a desplazarnos, ha desarrollado este pasatiempo de
investigar intensamente cada lugar nuevo en el que vivimos, ella dice que esto lo
hace sentir más como unas vacaciones. Conocer lugares en los que quiere comer y
cosas que quiere hacer cuando lleguemos allí. Creo que la hacer sentir como en un
hogar.

Deja salir a Tybalt de su jaula para animales, y él se posa en su hombro con su cola
envuelta alrededor de su cuello. Él ni siquiera me mira. Ese gato es mitad siamés y
tiene ese rasgo de la raza donde elige a una persona a la cual adorar y se
desentiende de las demás. No es que me importe, me encanta cuando me gruñe y
molesta. Y la única cosa para la que es bueno es ocasionalmente viendo fantasmas
antes que yo.

Mi mamá está observando las nubes, tarareando algo que no es una canción real.
Tiene la misma sonrisa que su gato.

—¿Por qué el buen humor? —pregunto—. ¿Todavía no está dormido tu trasero?

—Ha estado dormido por horas —contesta ella—. Pero creo que me va a gustar
Thunder Bay. Y por como lucen estas nubes, podre disfrutarla por un buen tiempo.

Miro hacia arriba, las nubes son enormes y perfectamente blancas. Se quedan
perfectamente quietas en el cielo mientras manejamos hacia ellas. Las miro sin
parpadear hasta que mis ojos se secan, no se mueven o cambian de ninguna
manera.

—Manejando hacia nubes que no se mueven —susurra ella—. Las cosas van a
tomar más de lo que esperas.

Quiero decirle que está siendo supersticiosa, que las nubes que no se mueven no
quieren decir nada y además, si las ves el tiempo suficiente tienen que moverse,
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pero eso haría de mí un hipócrita, de este chico que la deja limpiar sus dagas con sal
a la luz de la luna.

Las nubes quietas por alguna razón me enferman, así que vuelvo a mirar el bosque,
una manta de pinos de color verde, marrón y oxido, atravesados con bosque de
abedul sobresaliendo como huesos. Usualmente estoy de un mejor humor en estos
viajes. El entusiasmo de algún lugar nuevo, un nuevo fantasma para cazar, cosas
nuevas que ver... los prospectos usualmente mantienen mi cerebro ocupado por al
menos la duración del viaje. Tal vez es que simplemente estoy cansado. No duermo
mucho, y cuando lo hago, normalmente hay alguna clase de pesadilla involucrada.
Pero no me quejo. Las he tenido constantemente desde que empecé a usar la daga.
Riesgo ocupacional, supongo, mi subconsciente dejando salir el miedo que debería
tener cuando camino por lugares que tienen fantasmas asesinos. Aún así, debería
tratar de descansar. Los sueños son particularmente malos la noche después de una
cacería exitosa, y no se han calmado realmente desde que termine con el
autoestopista.

Una hora o algo así más tarde, después de muchos intentos para dormir, Thunder
Bay aparece en nuestro parabrisas, una expansión de una ciudad urbana donde más
cien mil personas viven. Manejamos por los distritos de negocios y comercial, y
estoy impresionado. Walmart es un lugar conveniente para los que respiran, pero
nunca he visto un fantasma comparando precios de aceite de motor o tratando de
forzar su camino hacia los estuches de juegos de la Xbox 360. Es solo cuando
entramos al corazón de la ciudad, la parte más vieja de la ciudad que yace sobre el
puerto, que veo lo que estoy buscando.

Situada en medio de casas familiares reformadas hay casas construidas con malos
ángulos, sus capas de pinturas descascarándose en costras, y sus persianas colgando
desviadas en las ventanas por lo que parecen ojos torcidos. Apenas note las mejores
casas. Parpadeo mientras pasamos y han desaparecido, aburridas e irrelevantes.

Durante el curso de mi vida he ido a muchos lugares, lugares sombríos donde han
sucedido cosas malas. Lugares siniestros donde aún hay cosas. Siempre odio las
ciudades iluminadas por el sol, llenas de construcciones recién construidas con dos
garajes en tonos de cascara de huevo, rodeadas de césped verde y con niños riendo.
Esas ciudades no están menos encantadas que las otras. Sólo son mejores
mentirosas. Me gusta más venir a un lugar como este, donde el aroma a muerte es
llevado hacia ti cada siete respiraciones.

Veo el agua de Superior que yace junto a la ciudad como un perro dormido. Mi
padre siempre dijo que el agua hace a los muertos sentirse seguros. Nada los atrae
más. O los esconde mejor.




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Mi mamá ha encendido el GPS, el cual ha nombrado afectuosamente Fran por un
tío con un particular sentido de la dirección. La voz monótona de Fran nos está
guiando por la ciudad, dirigiéndonos como si fuéramos idiotas. Prepárese para girar
a la izquierda en treinta metros. Prepárese para girar a la izquierda. Gire a la
izquierda. Tybalt, detectando el final del viaje, ha regresado a su jaula para
mascotas, y yo estiro la mano y cierro la puerta. Me gruñe como si pudiera haberlo
hecho por sí mismo.

La casa que alquilamos es pequeña, dos manos de pintura fresca marrón, con
acabados en gris oscuro y persianas. Está en la base de la colina, al inicio de una
bonita parcela plana de tierra. Cuando estacionamos no hay vecinos espiándonos
desde la ventana o saliendo a sus pórticos para saludar, la casa parece contenida y
solitaria.

—¿Qué te parece? —pregunta mamá.

—Me gusta —respondo honestamente—. Puedes ver las cosas que vienen.

Ella suspira hacia mí. Sería más feliz si yo riera y saltara a las escaleras del pórtico
delantero, abriera la puerta de un tirón y corriera escaleras arriba hasta el segundo
piso para intentar reclamar mi derecho sobre el dormitorio principal. Solía hacer
esa clase de cosas cuando nos mudábamos a un nuevo lugar con papá. Pero tenía
siete años. No voy a dejar que sus ojos cansados por el recorrido me llenen de culpa
por algo así. Antes de que me dé cuenta, estaremos haciendo collares de margaritas
en el patio trasero y coronando al gato rey del solsticio de verano.

En lugar de eso, agarro la jaula para mascotas y me alejo del U-haul. No pasan ni
diez segundos cuando escucho los pasos de mi mamá tras los míos. Espero a que
abra la puerta del frente y luego entramos, oliendo el aire de verano encerrado y la
vieja suciedad de los extraños. La puerta se abre a una gran sala de estar, ya
amueblada con un sillón color crema y una silla mecedora. Hay una lámpara de
bronce que necesita una pantalla nueva y un café y juego de mesas terminadas de
color caoba oscuro, más atrás un arco de madera conduce a la cocina y un comedor
abierto.

Miro hacia arriba a las sombras de la escalera a mi derecha. Silenciosamente, cierro
la puerta principal detrás de nosotros y dejo en el suelo de madera la jaula de
mascotas, luego la abro. Después de un momento, un par de ojos verdes aparecen,
seguidos por un negro, y ondulante cuerpo. Este es un truco que aprendí de mi
padre. O más bien, que mi padre aprendió de sí mismo.

Él había estado siguiendo un aviso hasta Portland. El trabajo en cuestión era el de
las múltiples víctimas de un incendio en una fábrica de conservas. Su mente estaba



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llena con pensamientos de maquinaria y cosas cuyos labios agrietados se abrían
cuando hablaban. No había prestado mucha atención cuando alquiló la casa a la
que nos trasladamos, y por supuesto el propietario no menciono que una mujer y su
bebé no nacido murieron allí cuando su marido los empujó por las escaleras. Estas
son cosas que uno tiende a encubrir.

Es algo gracioso sobre los fantasmas. Podrían haber sido normales, o relativamente
normales, cuando todavía estaban vivos, pero una vez que mueren son los típicos
obsesivos. Se vuelven obsesivos con lo que les sucedió y se atrapan a sí mismos en
el peor momento. Nada más existe en su mundo, excepto el borde de ese cuchillo,
el tacto de esas manos alrededor de su garganta. Tienen la costumbre de mostrarte
estas cosas, generalmente por demostración. Si conoces su historia, no es difícil de
predecir lo que van a hacer.

En ese particular día en Portland, mi mamá me estaba ayudando a subir mis cajas a
mi nueva habitación. Esto fue en el pasado cuando todavía usábamos cartón barato
y estaba lloviendo, la mayoría de las tapas de la caja se fueron suavizando como el
cereal en leche. Recuerdo reírme sobre cuán mojados estábamos quedando, y cómo
dejabais charcos en forma de zapatas por toda la entrada de linóleo. Por el sonido
de nuestros pies arrastrándose habrías pensado que se estaba mudando una familia
de Golden retriever hipoglicémicos.

Esto sucedió en nuestro tercer viaje hacia arriba por la escalera. Yo estaba
golpeando mis zapatos hacia abajo, haciendo un desorden, y había sacado mi
guante de béisbol de la caja porque no quería que se manchara con agua. Entonces
lo sentí, algo se deslizo junto a mí en la escalera, rozando mi hombro al pasar. No
había nada enojado o apresurado en ese toque. Nunca le dije a nadie, debido a lo
que sucedió después, pero se sentía maternal, como si hubiera sido cuidadosamente
movido fuera del camino. En ese momento creo que pensé que era mi mamá,
haciendo un agarre juguetón en mi brazo, ya que gire con una gran sonrisa en mi
cara, justo a tiempo para ver al fantasma de la mujer cambiando de aire a niebla.
Ella parecía estar usando una capa y su cabello era tan pálido que podía ver su
rostro a través de la parte posterior de su cabeza. Había visto fantasmas antes.
Cuando estaba creciendo con mi papá, era tan rutinario como el pastel de carne del
jueves por la noche. Pero nunca había visto uno empujar a mi madre en el aire.

Traté de alcanzarla, pero con todo lo que termine fue con un trozo desgarrado de la
caja de cartón. Ella cayó hacia atrás, el fantasma oscilando triunfalmente. Pude ver
la expresión de mi mamá a través de la capa flotante. Curiosamente, puedo
recordar que podía ver sus muelas de atrás mientras caía, y que tenía dos caries en
ellas. Eso es en lo que pienso cuando pienso en ese incidente: el sentimiento de
nauseas, y vulgar que conseguí al ver las caries de mi madre. Ella aterrizó en las
escaleras primero con el trasero e hizo un pequeño sonido de "oh", después rodó



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hacia atrás hasta que golpeó la pared. No recuerdo nada después de eso. Ni siquiera
recuerdo si nos quedamos en la casa. Por supuesto mi padre debe haber despachado
al fantasma, probablemente ese mismo día, pero no recuerdo nada más de
Portland. Lo único que sé es que, después de eso mi padre comenzó a usar a
Tybalt, que entonces era sólo un gatito, y mamá todavía camina con una cojera el
día antes de una tormenta.

Tybalt esta ojeando el techo, oliendo las paredes. Su cola se contorsiona
ocasionalmente. Lo seguimos para comprobar la totalidad del nivel inferior. Me
pongo impaciente con él en el baño, porque parece que se le ha olvidado que tiene
un trabajo que hacer y en su lugar quiere rodar por el piso frio. Chasqueo mis
dedos. Él me mira resentidamente entrecerrando los ojos, pero se levanta y
continúa con su inspección.

En las escaleras vacila. No me preocupa. Lo que estoy buscando es que él le silbe al
aire, o que se siente tranquilamente y mire fijamente a nada. Vacilar no significa
nada. Los gatos pueden ver a fantasmas, pero no tienen precognición. Lo seguimos
subiendo la escalera e inconscientemente tomo la mano de mi mamá. He traído mi
bolso de cuero sobre mi hombro. La daga es una presencia reconfortante dentro, mi
propio pequeño medallón de San Cristóbal.

Hay tres dormitorios y un baño completo en el cuarto piso, además de un pequeño
ático con una escalera de jalar hacia abajo. Eso huele a pintura fresca, lo que es
bueno. Las cosas nuevas son buenas. Ninguna posibilidad de que alguna cosa
muerta sentimental se haya adjuntado a sí misma. Tybalt serpentea su camino a
través del baño y luego camina dentro de un dormitorio. Mira fijamente el vestidor,
sus cajones abiertos y torcidos y considera a la cama desnuda con disgusto. A
continuación, se sienta y se limpia ambas patas delanteras.

―No hay nada aquí. Vamos a mover nuestras cosas y sellarla. —Ante la sugerencia
de actividad, el gato perezoso gira su cabeza y gruñe hacía mí, sus ojos verdes como
reflectores tan redondos como relojes de pared. Lo ignorarlo y estiro la mano hacia
arriba para alcanzar la puerta al ático―. ¡Ay! —Miro hacia abajo. Tybalt se ha
escalado como si fuera un árbol. Había puesto ambas manos en su espalda, y él
tiene los cuatro conjuntos de garras cómodamente incrustados en mi piel. Y la
maldita cosa esta ronroneando.

―Simplemente jugando, cariño ―dice mi mamá dice y cuidadosamente aparta
cada pata de mi ropa―. Lo pondré de nuevo en su jaula y lo guardaré en una
habitación hasta que entremos las cajas. Quizás debería buscar en el tráiler y
encontrar su caja de arena.




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―Genial ―digo sarcásticamente. Pero dejo acomodado al gato en la nueva
habitación de mi mamá con comida, agua y su caja de arena antes de que movamos
el resto de nuestras cosas dentro de la casa. Toma sólo dos horas. Somos expertos
en esto. Aún así, el sol está empezando a ocultarse cuando mi mamá termina con
los asuntos de cocina de bruja: aceites hirvientes y hierbas para untar en las puertas
y ventanas, manteniendo eficazmente afuera cualquier cosa que no estuviera dentro
cuando llegamos aquí. No sé si eso funciona, pero en realidad no puedo decir que
no lo hace. Siempre hemos estado seguros en nuestros hogares. Sé, sin embargo,
que huele como sándalo y romero.

Después de que la casa está sellada, empiezo un pequeño fuego en el patio trasero,
y mi mamá y quemamos todas las pequeñas baratijas que encontramos que podrían
haber significado algo para un inquilino anterior: un collar de perlas moradas que
dejaron en un cajón, unos pocos agarradores para recipientes caseros, e incluso un
pequeño libro de partidos que parecía demasiado bien preservado. No necesitamos
fantasmas tratando de volver por algo que dejaron atrás. Mi mamá presiona su
pulgar mojado en mi frente. Puedo oler el romero y el aceite dulce.

―Mamá.

―Sabes las reglas. Cada noche durante las primeras tres noches ―Ella sonríe, y en
la luz del fuego su cabello castaño parece rojizo―. Esto te mantendrá a salvo.

―Esto me dará acné ―protesto, pero no hago ningún movimiento para
limpiarlo―. Tengo que empezar la escuela en dos semanas.

Ella no dice nada. Sólo mira hacia abajo, a su pulgar con hierbas como si pudiera
presionarlo entre sus propios ojos. Pero luego parpadea y lo limpia sobre la pierna
de sus pantalones vaqueros.

Esta ciudad huele a humo y cosas que se pudren en el verano. Esto está más
embrujada de lo que pensé que estaría, una capa entera de actividad justo por
debajo de la tierra: susurros detrás de las risas de las personas, o movimientos que
no deberías ver por el rabillo del ojo. La mayoría de ellos son inofensivos, tristes y
pequeños puntos fríos o gemidos en la oscuridad. Parches borrosos de color blanco
que sólo se muestran en una Polaroid. No tengo nada que ver con ellos.

Pero en algún sitio por ahí esta uno que importa. En algún lugar allá afuera esta
aquel por el que vine, algo que es lo suficientemente fuerte como para exprimir el
aliento a gargantas vivas.

Creo que en ella de nuevo. Anna. Anna dressed in blood. Me pregunto qué trucos
tratará de hacer. Me pregunto si será inteligente. ¿Flotará? ¿Se reirá o gritará?



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¿Cómo intentará matarme?






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Capítulo 4

Traducido por kirara7
Corregido por Akanet

¿Preferirías ser un troyano o un tigre? ―pregunta mi
madre mientras está de pie haciéndonos tortilla de
harina en la parrilla. Es el último día para registrarme
en el colegio antes de que empiece mañana. Sé que ella
quería hacerlo antes, pero ha estado ocupada haciendo relaciones con una serie de
comerciantes en el centro, tratando de lograr que anuncien su negocio de
adivinación, y viendo si aceptarían sus suministros de ocultismo. Hay
aparentemente un fabricante de velas que ha aceptado impulsar su producto con
una combinación específica de aceites, algo así como velas de hechizos en una caja.
Ellos venderán estas creaciones personalizadas en tiendas alrededor de la ciudad, y
mamá también las enviara a sus clientes telefónicos.

―¿Qué clase de pregunta es esa? ¿Tenemos jalea?

―Fresa o algo llamado saskatoon, que parece arándano.

Hago malacara. ―Tomaré la fresa.

―Deberías vivir peligrosamente. Prueba el Saskatoon.

―Vivo lo suficientemente en peligro, ahora esto era sobre condones o tigres.

Ella baja un plato de panqueques y pan tostado frente a mí, cada uno con una pila
de lo que desesperadamente espero sea jalea de fresa.

―Pórtate bien, pequeño. Son las mascotas del colegio. ¿Quieres ir a Sir Winston
Churchill o a Westgate Collegiate? Aparentemente estamos bastante cerca de
ambas.

Suspiro. Eso no importa. Tomaré mis clases y pasaré los examines, y luego me
trasferiré a otro lugar, como siempre. Estoy aquí para matar a Anna. Pero debería
demostrar interés, para complacer a mamá.

―Papá querría que fuera un Troyano ―digo tranquilamente, y ella pausa por sólo
un segundo sobre la parrilla antes de deslizar el último panqueque en su plato.





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―Iré a Winston Churchill entonces ―dice ella. Qué suerte. Elegí el que suena
como idiota. Pero como dije, no importa. Estoy aquí por una cosa, algo que cayó
en mi regazo mientras estaba infructuosamente esperando por el caminante del
condado 12.

Llego, encantadoramente, por correo. Mi nombre y mi dirección en un sobre
manchado de café, y dentro sólo un pedazo de papel con el nombre de Anna.
Estaba escrito con sangre. Recibo estas sugerencias de todo el país, de todo el
mundo. No hay mucha gente que pueda hacer lo que yo hago, pero hay mucha
gente que quiera que lo haga, y ellos me buscan, preguntándole a aquellos que
saben de mí y siguen mi rastro. Nos movemos mucho pero soy muy fácil de
encontrar si ellos miran. Mamá hace un anuncio en una página web indicando
donde sea que nos reubiquemos, y siempre le decimos a unos pocos de los viejos
amigos de mi padre a donde nos dirigimos. Cada mes, como un reloj, un montón
de archivos de fantasmas vuela sobre mi metafórico escritorio: un correo
electrónico de gente desapareciendo en una iglesia satánica en el norte de Italia, un
recorte de periódico de animales sacrificados cerca de un túmulo funerario Ojibwe
5
.
Confió sólo en unas pocas fuentes. La mayoría son los contactos de mi padre,
ancianos en la secta de la cual era miembro en la universidad o académicos que
conoció en sus viajes y por su reputación. Ellos son en los que puedo confiar para
que no me envíen en una persecución absurda. Ellos hacen su tarea.

Pero, con el paso de los años, he adquirido mis propios contactos. Cuando mire las
letras garabateadas en rojo, cortadas a través del papel como marcas de garras,
sabía que tenía que ser una sugerencia de Rudy Bristol. Por la teatralidad en ello. El
romance gótico del pergamino amarillo. Como si debería suponer que la fantasma
lo hizo por sí misma, escribiendo su nombre con la sangre de alguien más y
enviándomelo como una tarjeta de invitación a cenar.

Rudy ―la margarita‖ Bristol es un chico gótico duro de Nuevo Orleans. Él ronda los
alrededores atendiendo un bar en las profundidades del barrio Francés, perdido en
algún lugar a mediados de sus veintes y deseando aún tener dieciséis. Es delgado y
pálido como un vampiro, y usa demasiada malla. Hasta ahora me ha llevado a tres
buenos fantasmas: muertes agradables y rápidas. Uno de ellos en realidad colgaba
de su cuello en un sótano, susurrando a través de las tablas del suelo y atrayendo a
los nuevos residentes a reunirse con él en la tierra. Entre, lo destripe y volví a salir.
Fue ese trabajo el que hizo que me gustara ―Daisy‖. No fue hasta después que
aprendí a disfrutar su extremadamente entusiasta personalidad.

Lo llame al minuto que recibí la carta.


5
Ojibwe: Nativos Americanos.



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―Hola viejo, ¿Cómo supiste que era yo? ―No había decepción en su voz, sólo un
entusiasta y halagado tono que me recordaba a un chico en un concierto de los
Jonas Brothers. Él es un fanático. Si lo permitiera, se habría puesto su mochila y me
seguiría por el país.

―Por supuesto que eras tú. ¿Cuántos intentos te tomo para que las letras lucieran
reales? ¿Es la sangre incluso real?

―Sí, es real.

―¿Qué clase de sangre es?

―Humana

Sonreí. ―Usante tú propia sangre, ¿cierto? ―Había un sonido de resoplido, y
movimiento a su alrededor.

―Mira, ¿quieres la sugerencia o no?

―Sí, adelante ―Mis ojos estaban en el trozo de papel. Anna. Incluso aunque sabía
que era uno de los trucos baratos de ―Daisy‖, su nombre en sangre lucia hermoso.

―Anna Korlov. Asesinada en 1958.

―¿Por quién?

―Nadie lo sabe.

―¿Cómo?

―Nadie tampoco sabe eso en realidad.

Estaba empezando a sonar como un cacharro
6
. Siempre hay archivos, siempre hay
investigaciones. Cada gota de sangre derramada deja un rastro de aquí a Oregon. Y
la forma en que él sigue diciendo la frase ―nadie sabe‖ haciéndola sonar
espeluznante estaba comenzando a afectar mis nervios.

―¿Entonces cómo lo sabes? ―le pregunte.

―Mucha gente lo sabe ―respondió él―. Ella es la historia de fantasmas favorita
en Thunder Bay.

6
Cacharro: Aparato viejo, deteriorado o que funciona mal. Recipiente para usos culinarios.



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―Las historias de fantasmas normalmente resultan ser sólo eso: historias. ¿Por qué
me haces perder mi tiempo? ―Trate de alcanzar el papel con mi mano, dispuesto a
arrugarlo en mi puño. Pero no lo hice. No sé porque estaba siendo escéptico. La
gente siempre sabe. A veces mucha gente. Pero en realidad no hacen nada acerca
de eso. Ellos no dicen nada en realidad. En su lugar escuchan las advertencias y
chasquean su lengua ante cualquier ignorante que cae en la guarida de la araña. Es
más fácil para ellos de esta forma. Les permite vivir a la luz del día.

―Ella no es esa clase de historia de fantasmas ―insistió Daisy―. No preguntarás
por la ciudad y obtendrás algo de ella, a menos que preguntes en los lugares
adecuados. Ella no es una atracción turística. Pero entras a cualquier fiesta de
pijamas de adolecentes, y te garantizo que contarán la historia de Anna a media
noche.

―Ya que yo entro a toneladas de fiestas de pijamas de chicas ―suspire. Por
supuesto, supongo que Daisy lo hizo realmente, de vuelta en su época―. ¿Cuál es
el problema?

―Ella tenía dieciséis años cuando murió, hija de inmigrantes finlandeses. Su padre
estaba muerto, murió de alguna enfermedad o algo así, y su madre tenía una casa
de huéspedes en el centro de la ciudad. Anna se dirigía a la escuela de baile cuando
fue asesinada. Alguien corto su garganta, pero eso es quedarse corto. Alguien casi
le corta la cabeza. Dicen que ella usaba un vestido blanco de fiesta, y cuando ellos
la encontraron, todo estaba manchado de rojo. Por eso la llaman Anna Dressed in
Blood.

―Anna Dressed in Blood ―repetí suavemente.

―Algunas personas piensan que algún huésped lo hizo. Que algún pervertido le
hecho una mirada y le gusto lo que vio, la siguió y la dejo desangrándose en una
zanja. Otros dice que fue su cita, o un novio celoso.

Respire profundamente para salir de mi trance. Era malo, pero todos eran malos, y
no era ni mucho menos la peor cosa de la que alguna vez había escuchado. Howard
Sowberg, un granjero en el centro de lowa, mato a su familia entera con unas tijeras
de podar, alternativamente apuñalando y cortando cuando el caso lo permitía. Su
familia entera consistía en su esposa, sus dos hijos jóvenes, un recién nacido, y su
vieja madre. Ahora esa era una de las peores cosas de las que alguna vez había
escuchado. Estuve decepcionado cuando llegue a lowa central y descubrí que el
fantasma de Howard Sowberg no estaba lo suficientemente arrepentido para
aparecer. Por extraño que parezca, normalmente son las victimas las que se vuelven
malas después de la muerte. El verdadero malvado avanzo, para quemarse o



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convertirse en polvo o reencarnar en un escarabajo pelotero. Ellos utilizan toda su
furia mientras aún viven.

Daisy aun seguía hablando sobre la leyenda de Anna. Su voz se hacía más baja y
respiraba con entusiasmo. No podía decidir entre reírme o molestarme.

―De acuerdo, entonces, ¿qué hace ella ahora?

Él hizo una pausa. ―Ha matado a veintisiete adolecentes… que yo sepa.

Veintisiete adolecentes en el último medio siglo. Empezaba a sonar como un
cuento de hadas de nuevo. Era eso o el más extraño encubrimiento en la historia.
Nadie mata a veintisiete adolecentes y escapa sin ser proseguido a un castillo por
una multitud sosteniendo antorchas y tridentes. Ni siquiera un fantasma.

―¿Veintisiete chicos locales? Tienes que estar bromeando, ¿no vagabundos o
fugitivos?

―Bueno…

―Bueno, ¿qué? Alguien esta bromeando contigo, Bristol ―La amargura creció en
la parte posterior de mi garganta. No sé porque. ¿Y que si la sugerencia era falsa?
Había otros quince fantasmas esperando en la pila. Uno de ellos era de Colorado,
algún tipo como Homero Adams que estaba asesinando cazadores en una montaña
entera. Ahora eso suena divertido.

―Ellos nunca encontraron ningún cuerpo ―dijo Daisy dijo en un esfuerzo por
explicarse―. Debieron simplemente imaginar que los chicos huyeron o fueron
secuestrados. Son sólo los otros chicos los que dirán algo sobre Anna, y por
supuesto nadie lo hace. Lo sabes mejor que nadie.

Sí. Lo sabía mejor que nadie. Y sabía algo más también. Hay más sobre la historia
de Anna de lo que Daisy me estaba diciendo. No sé que era, llámalo intuición. Tal
vez era su nombre, garabateado en carmesí. Tal vez los trucos baratos y
masoquistas de Daisy si funcionaban después de todo. Pero lo sabía. Lo sé. Lo
siento en mis entrañas y mi padre siempre me dijo que cuando sientes algo en las
entrañas, lo escuchas.

―Lo miraré.

―¿Vas a ir? ―Ahí estaba ese tono emocionado de nuevo, como un beagle
demasiado ansioso esperando a que le lancen una cuerda.




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―Dije que le echaría un vistazo. Tengo algo que desenredar aquí primero.

―¿Qué es?

Brevemente le conté sobre el Caminante del condado 12. Hizo algunas sugerencias
tontas de cómo sacarlo, que eran tan tontas que ni siquiera las recuerdo. Luego,
como era usual, trato de intentar que bajara a Nuevo Orleans.

No tacaría Nueva Orleans con una vara de tres metros. Esa ciudad está encantada
como ninguna, y tiene lo mejor. Ningún lugar en el mundo ama más los fantasmas
que esa ciudad. Algunas veces me preocupo por Daisy, me preocupa que alguien se
entere de que está hablando conmigo, enviándome a cazas, y entonces algún día
tendré que cazarlo a él, alguna versión plagiada de él arrastrándose con sus
extremidades cortadas cerca de un almacén.

Le mentí ese día. No busque más información acerca de eso. Para el momento en
que colgué el teléfono, supe que iría tras Anna. Mis entrañas me dijeron que no era
sólo una historia, quería verla, vestida en sangre.




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Capítulo 5

Traducido por LizC
Corregido por BrendaCarpio

e lo que puedo ver, el Colegiado y Vocacional Sir Winston Churchill es
casi igual a cualquier otra secundaria a la que he ido en Estados Unidos.
Me pasé todo el primer período trabajando en mi horario con el consejero
escolar, la Sra. Ben, una amable joven mujer parecida a un pájaro quien estaba
destinada a vestir holgados cuellos tortuga y tener muchos gatos.

Ahora, en el camino, todas las miradas están en mí. Soy nuevo y diferente, pero eso
no es la única cosa. Los ojos de todos están encima de todo el mundo, porque es el
primer día de clases y las personas se están muriendo por saber qué compañero de
clases ha cambiado durante el verano. Debe de haber al menos cincuenta
renovaciones y nuevos look tratando de salir en algún lugar del edificio. La pálida
gusana de biblioteca ha teñido su cabello de blanco y está usando un collar de
perro. El flacucho chico del equipo de pista se ha pasado todo julio y agosto
levantando pesas y comprándose camisetas ajustadas.

Aún así, las miradas de las personas tienden a posarse sobre mí un poco más,
porque a pesar de todo soy nuevo, no me muevo como ellos. Apenas miro a los
números de las aulas por las que voy pasando. Encontraré mi salón de clases en
algún momento, ¿verdad? No hay razón para entrar en pánico. Además, tengo
experiencia en esto. He estado en doce secundarias en los últimos tres años. Y estoy
buscando algo.

Necesito estar conectado al conducto social. Necesito que las personas hablen
conmigo, para que así pueda hacerles preguntas que necesito que me respondan.
Siempre que soy transferido, busco a la abeja reina.

Toda escuela tiene una. La chica que sabe todo y conoce a todos. Podría tratar de
relacionarme a la fuerza con el bromista, supongo, pero nunca he sido bueno en
eso. Mi papá y yo nunca vemos deportes o jugamos a las atrapadas. Puedo luchar
contra los muertos todo el día, pero el fútbol podría dejarme inconsciente. Las
chicas, por otro lado, siempre resultan más fáciles. Exactamente, no sé por qué. Tal
vez es esa vibra de forastero que tengo y una inquietante mirada en su lugar. Tal
vez que es algo que pienso que veo a veces en el espejo, algo que me recuerda a mi
padre. O quizá soy malditamente agradable a la vista. Así que simplemente recorro
los pasillos hasta que por fin la veo, sonriente y rodeada de personas.

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No hay duda que es ella: la reina de toda la escuela siempre es bonita, pero esta es
francamente hermosa. Tiene algo así como noventa centímetros de cabello rubio en
capas y labios del color de melocotones maduros. Tan pronto como me ve, ladea su
barbilla. Una sonrisa viene fácilmente a su rostro. Esta es la chica que consigue
todo lo que quiere en el Winston Churchill. Ella es la mascota de la maestra, la
nueva reina del baile de bienvenida y fiesta principal. Todo lo que quiero saber,
puede decírmelo. Que es lo que espero que haga. Cuando paso delante de ella, la
ignoro deliberadamente. Unos segundos más tarde deja a su grupo de amigos y
salta a mi lado.

―Oye. No te había visto por aquí antes.

―Me acabo de mudar al pueblo.

Ella vuelve a sonreír. Tiene una dentadura perfecta y cálidos ojos marrones. Es
encantadora inmediatamente. ―Entonces vas a necesitar un poco de ayuda para
familiarizarte. Soy Carmel Jones.

―Theseus Cassio Lowood. ¿Qué clase de padres nombran a su hija Carmel?

Ella se ríe. ―¿Qué clase de padres nombran a su hijo Theseus Cassio?

―Hippies ―le respondo.

―Exactamente.

Nos reímos juntos, y mi risa no es completamente falsa.

Carmel Jones es dueña de esta escuela, lo puedo decir por la forma en que anda,
como si nunca ha tenido que arrodillarse en su vida. Puedo decirlo por la forma en
que la multitud revolotea lejos de ella como pájaros de un gato al acecho. De igual
forma, no parece arrogante o engreída como muchas de estas chicas. Le muestro mi
horario y ella se da cuenta que tenemos la misma clase de biología en el cuarto
período y, mejor aún, la misma hora del almuerzo. Cuando me deja en la puerta de
mi segundo período, se da la vuelta y me guiña por encima de su hombro.

Las abejas reina son sólo una parte del trabajo. A veces eso es difícil de recordar.

***


A la hora del almuerzo, Carmel me hace señas, pero no voy de inmediato. No estoy
aquí para salir con nadie, y no quiero darle una idea equivocada. Sin embargo, es



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muy atractiva, y tengo que recordarme que toda esa popularidad y facilidad
probablemente la hace increíblemente aburrida. Es demasiada luminosa para mí. A
decir verdad, así son todos. ¿Qué esperas? Me mudo demasiado, y gasto
demasiadas noches matando cosas. ¿Quién va a aguantar eso?

Exploro el resto de la cafetería, tomando nota de todos los diferentes grupos y
preguntándome cuál sería el más probable que me lleve a Anna. Los chicos góticos
pudieran saber mejor la historia, pero también son los más difíciles de acercarse. Si
se hacen la idea de que voy en serio con eso de matar a sus fantasmas,
probablemente terminaría haciéndolo con una pandilla usando delineador negro,
llevando crucifijos, aspirantes a Buffy la Caza vampiros canturreando por detrás de
mí.

―¡Theseus!

Mierda, se me olvido decirle a Carmel que me llamara Cas. La última cosa que
necesito es tener la cosa de ―Theseus‖ moviéndose alrededor y molestando. Me
dirijo a su mesa, viendo como todas las miradas se agrandan mientras lo hago. Una
decena de otras chicas probablemente acaban de desarrollar instantáneamente un
enamoramiento en mí, porque ven que le gusto a Carmel. O eso es lo que el
sociólogo en mi cerebro dice.

―Hey, Carmel.

―Hey. ¿Cómo te está pareciendo SWC?

Hago una referencia mental para nunca referirme a la escuela como ―SWC‖.

―No está mal, gracias a tu recorrido de esta mañana. Y por cierto, la mayoría de la
gente sólo me llama Cas.

―¿Caz?

―Sí, pero más suave en la s. ¿Qué es lo que almuerzan por aquí?

―Por lo general tenemos esto de Pizza Hut por la barra de pizza de allí. ―Hace un
gesto vago con la cabeza, y yo volteo y echo un vistazo vago en esa dirección―.
Así que, Cas, ¿por qué te mudaste a Thunder bay?

―Por el paisaje ―digo, y sonrió―. Honestamente, no me creerías si te dijera.

―Ponme a prueba ―dice ella. De nuevo se me ocurre que Carmel Jones sabe
exactamente cómo obtener lo que quiere. Pero también me está dando la



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oportunidad de ser completamente honesto. Mi boca en realidad se mueve para
formar las palabras: Anna, estoy aquí por Anna, cuando el maldito Troyan Army
se pone detrás de nosotros en una línea de formación de camisetas del equipo de
Lucha del Winston Churchill.

―Carmel ―dice uno de ellos. Sin necesidad de mirarlo sé inmediatamente que él
es, o fue hasta hace poco, el novio de Carmel.

La forma en que él dijo su nombre se adhiere en sus mejillas. Por la forma en que
Carmel reacciona, con una elevación de su barbilla y arqueando su ceja, me
imagino que él es más bien del tipo de ex.

―¿Vienes esta noche? ―pregunta él, ignorándome por completo. Lo observo con
diversión. Hay un foco azul especial en deportistas territoriales en el pasillo cuatro.

―¿Qué hay esta noche? ―pregunto.

―El Canto anual de la Fiesta Mundial. ―Carmel pone los ojos en blanco―. Algo
que hacemos desde siempre, en la noche del primer día de escuela.

Bueno, desde siempre, o al menos desde que las Reglas del Juego fueron liberadas.

―Suena bien ―digo. Ya no puedo seguir ignorando al Neandertal detrás de mí, así
que extiendo mi mano y me presento.

Sólo el más idiota de todos los idiotas se negaría a darme la mano.

Y acabo de conocer al más idiota de todos los idiotas. Él cabecea hacia mí y dice―:
Qué tal. ―Y no se presenta a sí mismo, pero Carmel lo hace.

―Este es Mike Andover. ―Ella gesticula hacia los demás―. Y Chase Putnam,
Simon Parry, y Will Rosenberg.

Todos ellos cabecean hacia mí como unos totales imbéciles excepto por Will
Rosenberg, quien me da la mano. Él es el único que no parece un completo imbécil.
Lleva su chaqueta estampada suelta y con sus hombros encorvados como si
estuviera en parte avergonzado de ello. O al menos avergonzado de su actual
compañía.

―Así que, ¿vienes, o qué?

―No sé ―responde Carmel. Suena molesta―. Voy a tener que ver.




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―Vamos a estar por las cascadas alrededor de las diez ―dice él―. Avísame si
necesitas un aventón. ―Cuando él se va, Carmel suspira.

―¿De qué están hablando? ¿Las cascadas? ―pregunto, fingiendo interés.

―La fiesta es en las Cascadas Kakabeka. Cada año se mueve a otro sitio, para
mantener a la policía alejada. El año pasado fue en las Cascadas Trowbrindge, pero
todo el mundo se asustó cuando… ―ella hace una pausa.

―¿Cuándo qué?

―Nada. Sólo un montón de historias de fantasmas.

¿Podría ser tan afortunado? Por lo general estoy una semana en ello antes de hacer
el conveniente giro en las conversaciones inquietantes. No es exactamente la cosa
más fácil de traer a colación.

―Me encantan las historias de fantasmas. De hecho, me estoy muriendo por una
buena historia de fantasmas. ―Me muevo para sentarme frente a ella y me inclino
hacia delante sobre mis codos―. Y de hecho necesito que alguien me enseñe todo
lo relacionado con la vida nocturna de Thunder Bay.

Ella me mira directamente a los ojos. ―Podemos ir en mi auto. ¿Dónde vives?

***


Alguien me está siguiendo. La sensación es tan aguda que realmente puedo sentir
mis ojos tratar de deslizarse a través de mi cráneo y parte del cabello hasta la parte
posterior de mi cabeza. Soy demasiado orgulloso para dar la vuelta; he pasado por
muchas mierdas escalofriantes para ser sacado de juego por un atacante humano.
Aunque también existe la pequeña posibilidad de que simplemente esté siendo
paranoico. Pero no lo creo. Hay algo allí atrás, y es algo que todavía respira, lo que
me inquieta. Los muertos tienen motivos simples: odio, dolor y confusión. Te
matan porque es la única cosa que les queda por hacer. Los vivos tienen
necesidades, y quienquiera que me esté siguiendo quiere algo de mí o algo mío. Eso
me pone nervioso.

Tercamente, miro hacia adelante, tomando pausas extra largas y asegurándome de
esperar en los semáforos de paso en cada intersección.

En mi cabeza estoy pensando que soy un idiota por posponer la compra de un auto
nuevo, y preguntándome dónde puedo pasar el rato durante un par de horas para



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reagruparme y evitar ser seguido a casa. Me detengo y alcanzo la mochila de cuero
en mi hombro y busco en el interior hasta que mi mano está agarrando la funda que
sostiene mi Athame. Esto me está fastidiando.

Estoy pasando por un cementerio, alguna cosa triste presbiteriana, que no está bien
cuidada; las lápidas están adornadas con flores sin vida y las cintas rasgadas por el
viento y oscurecidas por el lodo. Cerca de mí, una de las lápidas yace en el suelo,
caída muerta justo como la persona que está enterrada debajo de ella.

A pesar de toda esta tristeza, también es tranquilo, e inmutable, y eso me calma un
poco. Hay una mujer parada en el centro, una viuda, mirando fijamente a la lápida
de su esposo.

Su abrigo de lana cuelga rígido sobre sus hombros y tiene un delgado pañuelo fino
atado bajo su barbilla. Estoy tan distraído por quienquiera que me estuviera
siguiendo que me toma un minuto darme cuenta que está usando un abrigo de lana
en agosto.

Siento un tirón en mi garganta. Ella vuelve su cabeza al escuchar el ruido y puedo
ver, incluso desde aquí, que no tiene ojos. Sólo un conjunto de piedras grises donde
solían estar sus ojos, y sin embargo nos miramos el uno al otro, sin parpadear. Las
arrugas en sus mejillas son tan profundas que podrían haber sido dibujadas con
marcador negro. Ella debe tener una historia. Algún perturbador cuento de angustia
que le dio esas piedras por ojos y la trajo de vuelta para que viera lo que ahora
sospecho que es su propio cuerpo. Pero ahora mismo estoy siendo seguido. No
tengo tiempo para esto.

Abro el cierre de mi mochila y saco mi cuchillo por el mango, mostrando sólo un
destello de la hoja. La anciana retrocede sus labios y muestra sus dientes en un
siseo silencioso.

Luego se aleja, hundiéndose en el suelo lentamente mientras lo hace, y el efecto es
algo así como ver a alguien despedirse desde una escalera mecánica. No siento
miedo, sólo una sombría vergüenza que me tomara tanto tiempo darme cuenta de
que estaba muerta. Podría haber tratado de darme un susto si hubiera llegado lo
suficientemente cerca, pero no es del tipo de fantasma que mata. Si hubiera sido
cualquier otra persona, pudiera ser que ni siquiera me fijara en ella. Pero estoy en
sintonía con estas cosas.

―Yo también.

Salto al escuchar la voz, a la derecha de mi hombro. Hay un chico a mi lado,
estando allí de pie sabe Dios por cuánto tiempo. Tiene el cabello negro



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desordenado y lentes de montura negra, un cuerpo delgado y desgarbado oculto
bajo ropas que no le sirven bien. Siento que lo reconozco de la escuela.

Él asiente hacia el cementerio.

―Una anciana de miedo, ¿eh? ―dice―. No te preocupes. Es inofensiva, está por
aquí por lo menos tres veces a la semana. Y sólo puedo leer mentes cuando las
personas están pensando fuertemente en algo. ―Aparece media sonrisa en su
boca―. Pero tengo el presentimiento de que siempre estás pensando fuertemente.

Escucho un ruido sordo que viene de algún lado cerca y me doy cuenta de que he
soltado mi Athame. El ruido sordo que escucho es el sonido del Athame golpeando
el fondo de mi mochila. Sé que él es quien me seguía, y es un alivio haber tenido
razón. Al mismo tiempo, encuentro la perspectiva de él siendo telepático
desorientador.

He conocido a telépatas antes. Algunos de los amigos de mi padre eran telepáticos
en diversos grados. Papá dijo que era útil. Yo pienso que es sobre todo
espeluznante. La primera vez que conocí a su amigo Jackson, con quien ahora
estoy muy encariñado, forré el interior de mi gorra de béisbol con papel de
aluminio. ¿Qué? Tenía cinco años. Pensé que funcionaría. Pero resulta que ahora
no tengo una gorra de béisbol o un poco de papel de aluminio a la mano, así que
trato de pensar suavemente… lo que sea que eso signifique.

―¿Quién eres? ―pregunto―. ¿Por qué me estás siguiendo?

Y entonces lo sé. Él es quien le avisó a Daisy.

Algún chico telepático que quiere entrar en algo de acción. ¿De qué otra forma iba
a saber que tenía que seguirme? ¿De qué otra forma sabría quién soy? Él estaba
esperándome. Esperando a que llegara a la escuela, como alguna extraña serpiente
en la hierba.

―¿Quieres comer algo? Me muero de hambre. No te he estado siguiendo por
mucho tiempo. Mi auto está calle arriba.

Se da la vuelta y se va, los extremos raídos de sus jeans rozan a lo largo de la acera
a medida que arrastra un poco los pies. Camina como un perro cuando ha sido
pateado, con la cabeza baja y las manos metidas en sus bolsillos. No sé de dónde
recogió su chaqueta verde polvorienta, pero sospecho que fue de la tienda de
Excedentes del Ejército que pasé a pocas cuadras atrás.

―Te voy a explicar todo cuando lleguemos allí ―dice sobre su hombro―. Vamos.



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No sé porque lo seguí, pero lo hice.

Maneja un Ford Tempo. Éste tiene como seis diferentes tonos de gris y suena como
un niño muy enojado pretendiendo conducir una lancha a motor en la bañera. El
lugar al que me lleva es un pequeño antro llamado The Sushi Bowl, el cual parece
absolutamente un basurero desde afuera, pero por dentro no está tan mal. La
camarera nos pregunta si deseamos asientos tradicionales o regulares.

Miro alrededor y veo mesas bajas con cojines alrededor de ellas.

―Regulares ―digo rápidamente, antes que el Psicópata Excedentes del Ejército
empezara a hablar. Nunca antes he comido nada encaramado sobre mis rodillas, y
justo ahora prefiero no verme tan torpe como me siento.

Después de decirle al chico que nunca he comido sushi, él ordena por ambos, lo
que no me ayuda para nada a evitar la sensación de desorientación. Es como si
estuviera atrapado en uno de esos sueños omniscientes donde simplemente te vez
hacer estupideces, gritándote a ti mismo acerca de lo estúpido que es eso, y el tú del
sueño sólo continúa haciendo lo que está haciendo de todas formas.

El chico al otro lado de la mesa está sonriendo como un idiota. ―Hoy te vi con
Carmel Jones ―dice―. No pierdes el tiempo.

―¿Qué quieres? ―pregunto.

―Simplemente ayudar.

―No necesito ayuda.

―Ya la tienes. ―Él se inclina cuando llega la comida: dos platos con misteriosos
círculos, uno frito y el otro cubierto con pequeños puntos naranja―. Prueba un
poco ―dice.

―¿Qué es eso?

―Rollos Filadelfia.

Miro el plato escépticamente. ―¿Qué es esa cosa naranja?

―Huevas de bacalao.

―¿Qué demonios es hueva de bacalao?



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―Huevas de bacalao.

―No gracias. ―Estoy tan contento de que haya un McDonald al cruzar la calle.
Huevos de pescado. ¿Quién demonios es este chico?

―Soy Thomas Sabin.

―Deja de hacer eso.

―Lo siento. ―Sonríe―. Es sólo que eres tan fácil a veces. Sé que es de mala
educación. Y en serio, no puedo hacerlo todo el tiempo. ―Se mete un círculo
completo de huevas de pescado incrustadas en el pescado crudo a la boca. Trato de
no inhalar mientras lo mastica―. Pero ya te he ayudado. El Troyan Army,
¿recuerdas? Cuando esos chicos se acercaron por detrás de ti hoy. ¿Quién crees que
te lo dijo? Yo te di la advertencia. De nada.

El Troyan Army. Eso fue lo que pensé cuando Mike y compañía se acercaron
detrás de mí en el almuerzo. Pero ahora que lo pienso, no estoy seguro de por qué
lo había pensado. El único vistazo que había tenido de ellos había sido por el
rabillo de mi ojo. El Troyan Army. El chico había puesto el pensamiento en mi
cabeza con tanta facilidad, como una nota tirada en el suelo en un lugar visible.

Ahora continuó acerca de cómo no es tan fácil de enviar ese tipo de cosas, y cómo
eso le había provocado un poco de sangrado nasal por hacerlo. Suena como si
pensara que él es mi pequeño ángel de la guarda o algo así.

―¿Por qué debería estarte agradecido? ¿Por ser ingenioso? Pusiste tu criterio
personal en mi cabeza. Ahora tengo que ir por ahí preguntándome si yo pensé que
esos sujetos eran unos imbéciles porque en realidad lo pensé así, o simplemente
porque tú lo pensaste primero.

―Confía en mí, estarías de acuerdo. Y realmente no deberías estar hablando con
Carmel Jones. Al menos, no todavía. Acaba de terminar con Mike ―Cabeza
Hueca‖ Andover la semana pasada. Y es conocido por golpear a las personas con
su auto sólo por mirarla mientras ella iba en el asiento de pasajeros.

No me gustaba este chico. Es presuntuoso. Y sin embargo, es sincero y bien
intencionado, lo que me ablanda un poco. Si está escuchando lo que estoy
pensando, voy a acuchillar sus neumáticos.

―No necesito tu ayuda ―le digo. Desearía no tener que verlo comer más. Pero la
cosa frita no se ve tan mal, y como que huele bien.



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―Creo que si la necesitas. Ya has notado que soy un poquito extraño. ¿Te mudaste
aquí hace qué, diecisiete días?

Asiento lentamente. Fue exactamente hace diecisiete días que fui empujado a
Thunder Bay.

―Eso pensé. Durante los últimos diecisiete días, he tenido el peor dolor de cabeza
psíquico en mi vida. Del tipo que realmente palpita y hace una cosa detrás de mi
ojo izquierdo. Hace que todo huela a sal. Es sólo hasta ahora que estamos hablando
que ha desaparecido. ―Se limpia la boca, y de repente se pone todo serio―. Es
difícil de creer, pero tienes que hacerlo. Sólo tengo estos dolores de cabeza cuando
algo malo va a suceder. Y nunca había sido tan malo antes.

Me recuesto y suspiro. ―¿Con qué piensas ayudarme? ¿Quién piensas que soy?
―Claro, creo que ya sé las respuestas a estas preguntas, pero no hace daño
comprobar dos veces. Y además, me siento completamente en desventaja,
totalmente fuera de mi juego. Me sentiría mejor si pudiera detener este infernal
monólogo interior. Tal vez simplemente debería de vocalizar todo. O pensar
constantemente en imágenes: gatitos jugando con bolas de estambre, vendedores de
perros calientes en la esquina de la calle, vendedores de perros calientes sosteniendo
gatitos.

Thomas se limpia la comisura de su boca con su servilleta.

―Es una ingeniosa pieza de disco duro la que tienes allí en tu bolso ―dice―. La
anciana Sra. Ojos-Muertos parecía muy impresionada por ella. ―Chasquea sus
palillos chinos juntos y toma un pedazo de las cosas fritas, y luego se lo lleva a la
boca. Mientras mastica, también habla, y desearía que no lo hiciera―. Así que yo
digo que eres algún tipo de caza fantasma. Y sé que estás aquí por Anna.

Probablemente debería de preguntar cómo es que lo sabe. Pero no lo hago. No
quiero hablar más con él. Ya sabe demasiado sobre mí.

Maldito Daisy Bristol. Voy a desgarrarlo en dos, me envía aquí, donde hay un
metiche telepático al acecho, y ni siquiera me advierte.

Mirando ahora a Thomas Sabin, veo que tiene una pequeña arrogante sonrisa en su
pálido rostro. Empuja sus lentes en su nariz, en un gesto tan rápido y fácil que
puedo decir que lo hace a menudo. Hay tanta confianza en esos ojos azules astutos;
él nunca podría ser convencido de que su intuición psíquica estaba equivocada. Y
quién sabe cuánto ha sido capaz de leer de mi mente.




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Impulsivamente, arrebato del plato un círculo de pescado frito y lo meto en mi
boca. Hay una cierta clase de salsa dulce y sabrosa encima de él. Esto es
sorprendentemente bueno, espeso y masticable. Pero aún así no pienso tocar los
huevos de pescado. Ya he tenido suficiente de esto. Si no puedo hacerle creer que
no soy quien dice que soy, al menos tengo que hacerlo caer de su arrogante caballo
y enviarlo de paseo.

Frunzo mis cejas en una expresión de perplejidad.

―¿Anna quién? ―digo.

Él parpadea, y cuando empieza a farfullar me inclino hacia adelante sobre mis
codos. ―Quiero que me escuches con mucha atención, Thomas ―digo―. Aprecio
el dato. Pero no hay ninguna caballería, y no estoy de reclutamiento. ¿Entiendes?
―Y luego, antes de que pueda protestar, pienso muy duro, pienso en todas las
cosas horribles que he hecho, la inmensidad de maneras en que he visto cosas
sangrar y quemarse y retorcerse a la distancia. Le envió las imágenes de los ojos de
Peter Carver explotando en sus órbitas. Le envió imágenes del Caminante del
Condado 12, rezumando sangre negra como lodo, empujando la piel seca y tirante
de sus huesos.

Es como si lo hubiera pegado en la cara. Su cabeza de hecho se balancea hacia
atrás y el sudor inmediatamente empieza a aparecer sobre su fruente y su labio
superior. Traga saliva, el bulto de su manzana de Adán rebota de arriba hacia
abajo. Creo que el pobre chico en realidad podría perder su sushi.

Él no protesta cuando pido la cuenta.






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Capítulo 6

Traducido por Little Rose
Corregido por BrendaCarpio

ejé que Thomas me llevara a casa. Después de que estuve menos a la
defensiva, no me puso tan loco al menos. En mi camino a los escalones
del porche lo escucho bajar la ventanilla y preguntarme incómodamente si
voy a ir a la fiesta del Límite del Mundo. No digo nada. Ver esas muertes lo dejó
bastante fuera de combate. Cada vez me parece simplemente un chico solitario, y
no quiero volver a decirle que se aleje de mí. Además, si es tan psíquico no tendría
que preguntar.

Cuando entro dejo mi mochila en la mesa de la cocina. Mi mamá esta ahí,
cortando hierbas para lo que puede ser la cena o uno de sus extraños conjuros
mágicos. Veo hojas de frutillas y canela. Eso es o un hechizo de amor o el inicio de
una tarta. Mi estómago comienza a crujir por lo que voy al refrigerador.

—Hey, la cena estará lista en una hora.

—Lo sé, pero tengo hambre ahora. Chico en crecimiento. —Saco mayonesa, Colby
Jack y salsa hindú. Mientras mis manos se mueven sobre el pan estoy pensando en
todo lo que necesito para esta noche. La daga está limpia, pero eso realmente no
importa. No anticipo ver a nadie muerto, sin importar lo que digan los rumores.
Nunca he oído de que un fantasma atacara a un grupo de más de diez. Eso sólo
pasa en las películas malas.

Esta noche es sobre entrar. Quiero oír la historia de Anna. Quiero conocer a las
personas que pueden llevarme a ella. Por todo lo que Daisy pudo contarme, su
apellido, su edad, no podía decirme donde cazaba ella. Todo lo que sabía era que
era el hogar de su familia. Podía, por supuesto, ir a la biblioteca local y rastrear la
residencia de los Korlov. Algo como el asesinato de Anna tendría que haber salido
en los periódicos. ¿Pero qué tendría de divertido eso? Esta es mi parte favorita de la
cacería. Conocerlos. Oír las leyendas. Quiero tener tanto de ellos en mi mente
como sea posible, y cuando los vea no me quiero decepcionar.

—¿Cómo estuvo tu día mamá?

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—Bien —dice, inclinada sobre la tabla de picar—. Tengo que llamar al
exterminador. Estaba sacando una caja del ático y vi una cola de rata
desapareciendo detrás de la pared. —Se estremece y hace un sonido de asco.

—¿Por qué no simplemente dejas a Tybalt ahí arriba? Para eso están los gatos,
sabes. Atrapar ratas y ratones.

Su cara se transforma en una mueca horrorizada. —Dios. No quiero que le agarre
alguna infección por andar comiendo ratas. Sólo llamaré al exterminador. O
podrías subir y poner algunas trampas.

—Claro —digo—. Pero no esta noche. Tengo una cita.

—¿Una cita? ¿Con quién?

—Carmel Jones. —Sonrío y sacudo la cabeza—. Es por el trabajo. Hay una fiesta
en algún tipo de parque esta noche y allí podría conseguir información decente.

Mi mamá suspira y vuelve a rebanar. —¿Es una chica amable?

Como siempre, le interesa la parte menos importante de la noticia.

—No me gusta la idea de que uses a estas chicas todo el tiempo. —Me río y de un
salto me siento en la mesada a su lado. Le robo una frutilla.

—Haces que suene tan sucio.

—Usar, aunque sea para una misión noble, sigue siendo utilizar.

—Nunca he roto ningún corazón mamá.

Chasquea la lengua. —Tampoco has estado enamorado, Cas.

Una charla sobre amor con mi madre es peor que la charla que involucra aves y
abejas, por lo que murmuro algo sobre mi sándwich y salgo huyendo de la cocina.
No aprecio las implicaciones de que voy a lastimar a alguien. ¿No cree que sea
cuidadoso? ¿No sabe los problemas por los que paso para mantener las personas a
salvo? Mastico con fuerza e intento no enfurecerme. Sólo está siendo una madre,
después de todo. Aún así, todos esos años sin que trajera amigos a casa deberían
darle una mejor idea.

Pero no es momento de pensar en esto. Estas son complicaciones que no necesito.
Ocurrirá, en algún momento. Estoy seguro. O quizás no. Porque nadie debería



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verse metido en esto, y no me imagino terminando mi labor algún día. Siempre
habrá más muerte, y los muertos matarán.


* * *


Carmel pasa por mí pasadas las nueve. Se ve genial, con un top rosado extraño y
una falda ligera blanca. Su cabello rubio cae libremente sobre sus hombros. Debería
decirle algún cumplido. Debería sonreír, pero me contengo. Las palabras de mi
madre interfieren con mi trabajo.

Carmel conduce un Audi plateado que tiene un par de años, y dobla perfectamente
en las curvas mientras pasamos a toda velocidad frente a señales de tránsito que
parecen la camiseta de Charlie Brown, y otras que avisan que un alce podría atacar
el auto. Se está acercando el atardecer y la luz se vuelve naranja; la humedad del
aire se está desvaneciendo y el viento golpea fuertemente en mi cara. Quiero sacar
mi cabeza por la ventana como un perro. Mientras dejamos la ciudad atrás estoy a
la espera de oír a Anna, preguntándome si me sentirá alejándome.

Puedo sentirla aquí, oculta entre cientos de fantasmas, algunos tranquilos e
inocentes, otros llenos de ira. No me imagino lo que se sentirá estar muerto, se me
hace una idea extraña, al haber conocido tantos fantasmas. Sigue siendo un
misterio. No entiendo del todo por qué algunos se quedan y otros se van. Me
pregunto adonde se van los que lo hacen. Me pregunto si los que mato se van al
mismo lugar.

Carmel me pregunta sobre mis clases y sobre mi vieja escuela. Le doy algunas
respuestas vagas. El escenario se ha convertido en rural de repente, y pasamos por
un pueblo donde la mitad de las construcciones están en ruinas. Hay vehículos
aparcados, viejas carcasas. Me recuerda a lugares en los que he estado y se me
ocurre que he visto demasiados lugares; que quizás ya no hay nada nuevo.

—Bebes, ¿cierto? —me pregunta Carmel.

—Sí, claro. —La verdad no. Nunca he tenido la oportunidad de dedicarme a ello.

—Genial. Siempre hay botellas, pero normalmente alguien consigue instalar un
barril en la parte trasera de su camioneta. —Enciende las luces de giro y estaciona.
Puedo oír el ruido de las cascadas en algún lugar detrás de los árboles. El camino
fue corto; no le presté mucha atención. Estaba demasiado ocupado pensando en la
muerte, y en una chica muerta en particular, que usaba un vestido hermoso,
manchado con su propia sangre.



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* * *


La fiesta va como normalmente lo hacen las fiestas. Me presentan una multitud de
rostros que no logro conectar con nombres. Las chicas están todas alteradas
buscando llamar la atención de los chicos. Los chicos se han agrupado y dejaron
sus cerebros en los autos. He bebido dos cervezas; esta tercera la llevo en mi mano
hace más de una hora. Es bastante aburrido.

El Límite del mundo no parece el límite de nada, a menos que lo tomes
literalmente. Están todos reunidos junto a las cascadas, y muchos están mirando
cómo el agua marrón pasa sobre las rocas negras. Tampoco es que hubiera mucha
agua. Oí a alguien decir que era un verano seco. Aún así, que la cascada que el
agua ha cortado con el paso del tiempo es impresionante, una caída en picado a
ambos lados, y en el centro de las cataratas hay una enorme formación de rocas que
me gustaría subir, si tan sólo tuviera un mejor calzado.

Quiero estar con Carmel a solas, pero desde que llegamos aquí, Mike Andover nos
ha interrumpido en cada oportunidad y ha tratado de mantenerme lejos con tanto
éxito que es como si estuviera hipnotizado. Y cada vez que llega a desaparecer, las
amigas de Carmel, Natalie y Katie aparecen, mirándome expectantes. Ni siquiera
estoy seguro de cuál es cuál, ambas son muy morenas y tienen características
similares, hasta pinzas para el cabello haciendo juego. Me descubro sonriendo
mucho, y tengo este impulso extraño de ser ingenioso e inteligente. La presión de
mi pulso se siente en mis oídos. Cada vez que digo algo se ríen, miran para
encontrar el permiso de una a otra para reír, y miran hacia atrás de nuevo hacia mí.
Dios, las personas vivas son irritantes.

Finalmente, una chica llamada Wendy comienza a vomitar sobre la barandilla, y la
distracción es suficiente para que tome a Carmel por el brazo y camine con ella a
solas junto a la pasarela de madera. Quería hacer todo el camino al otro lado, pero
cuando llegamos al centro mirando hacia abajo sobre la caída de la cascada, se
detiene.

—¿Te estás divirtiendo? —pregunta, y yo asiento—. A todo el mundo le gustas.

No me puedo imaginar por qué. Yo no he dicho una sola cosa interesante. No creo
que haya nada interesante sobre mí, a excepción de la cosa que no le digo a nadie.

—Tal vez a todos les guste, porque les gustas tú —le digo enfáticamente, y
esperaba que ella se burlara, o hiciera alguna observación acerca de la adulación,



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pero ella no lo hace. En lugar de eso sólo asiente con la cabeza en silencio, como si
yo estuviera en lo cierto. Ella es inteligente, y consciente de sí misma. Me pregunto
qué estaba haciendo con alguien como Mike. Alguien del ejército troyano.

Pensar en el Ejército me hace pensar en Thomas Sabin. Pensé que estaría aquí,
acechando entre los árboles, mirando todos mis movimientos como un enfermo de
amor... bueno, como un colegial con mal de amores, pero no lo he visto. Después
de algunas de las conversaciones huecas que he tenido esta noche, como que lo
lamento.

—Ibas a contarme acerca de los fantasmas —le digo. Carmel parpadea y luego
comienza a sonreír.

—Yo estaba… —Se aclara la garganta y hace todo lo posible por empezar,
explayándose en las especificaciones técnicas de la fiesta del año pasado: quién
estaba allí, que estaban haciendo, por qué vinieron con tal o cual persona. Supongo
que quiere que yo tenga una imagen completa y realista. Algunas personas
necesitan eso, supongo. Personalmente, soy el tipo que le gusta llenar los espacios
en blanco y hacerlo mío.

Es probablemente mejor de lo que realmente fue.

Finalmente llega a lo oscuro, con la oscuridad llena de niños ebrios y poco fiables, y
oigo un relato de tercera mano de las historias de fantasmas que se les dijo esa
noche. Acerca de los nadadores y excursionistas que murieron en Trowbrindge
Falls, donde el partido se realizaba ese mismo año. Acerca de cómo les gustaba
tratar de hacer que tuvieras los mismos accidentes que ellos, y hubo más de una
persona que fue víctima de un empujón invisible en el borde del acantilado, o que
una mano invisible la arrastrara hacia abajo en la corriente del río.

Esa parte me hace prestar más atención. Por lo que sé de fantasmas, parece
probable. En general, les gusta pasarles a otros las cosas malas que les pasaron a
ellos. Tomen el ejemplo del que hacía auto stop.

—Luego Tony Gibney y Susanna Norman vinieron gritando desde uno de los
caminos, gritando cómo fueron asaltados por algo mientras se estaban besando. —
Carmel sacude la cabeza—. Se estaba volviendo tarde, y muchos estábamos
asustados, por lo que nos subimos a los autos y nos fuimos. Yo iba con Mike y
Chase, Will conducía, y mientras nos íbamos, algo saltó frente a nosotros. Aún no
sé de dónde salió, si vino corriendo de la colina, o cayó de un árbol. Parecía un
gran puma o algo. Bueno, Will frenó y la cosa simplemente se quedó allí por un
segundo. Pensé que iba a saltar sobre el capó y juro que habría gritado. Pero en su
lugar, nos mostró los dientes y siseó y entonces…



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—¿Y entonces? —la animé, porque sé que es lo que debo hacer.

—Y entonces se alejó de los faros del auto, se puso de pie, y se metió en el bosque
caminando.

Comienzo a reír y ella me golpea el brazo. —No soy buena para contar esto —dice,
pero también está intentando no reír—. A Mike se le da mejor.

—Sí, probablemente maldice más y hace expresiones con las manos.

—Carmel.

Me vuelvo y ahí está Mike otra vez, con Chase y Will a sus lados, escupiendo el
nombre de Carmel como si fuera una araña. Es raro como el nombre de una
persona puede actuar como una marca.

—¿Qué es tan gracioso? —pregunta Chase. Apaga el cigarrillo contra un árbol y lo
guarda de nuevo en su cajita. Estoy algo molesto, pero impresionado por su
conciencia ecológica.

—Nada —respondo—. Carmel sólo pasó los últimos veinte minutos contándome
como la pasaron en el Sasquatch el año pasado.

Mike sonríe. Hay algo diferente. Algo apagado, y no creo que sea el hecho de que
han estado bebiendo. —Esa historia es más cierta que la mierda —dice y
comprendo que lo que cambió es que está siendo amable. Me mira a mí en vez de a
Carmel. Ni por un segundo me lo creo. Sólo está intentando algo nuevo. Quiere
algo, o peor, va a intentar conseguir algo de mí.

Escucho como Mike me cuenta la historia que Carmel acababa de contarme,
solamente con muchas más malas palabras y gestos con las manos. Las versiones
son sorprendentemente similares, pero no sé si eso significa que son ciertas, o que
sólo ambos la han contado muchas veces. Cuando termina, parece vacilar sobre
donde está de pie, con la mirada perdida.

—¿Te van las historias de fantasmas? —pregunta Will Rosenberg, llenando el
espacio.

—Las amo —le digo, de pie un poco más erguido. Hay una brisa húmeda que
viene del agua en todas direcciones y mi remera negra se pega a mi piel, y me da un
escalofrío.




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—Al menos no cuando terminan con un monstruo atravesándose en el camino, que
no se toma la molestia de atacar a nadie.

Se ríe. —Lo sé. Ese es el tipo de historia que debería terminar con el remate del
chiste, ¨nunca el pequeño gatito dañó a nadie.¨ Les digo que lo agreguen, pero
nadie escucha.

Yo me río demasiado, a pesar de que oigo a Carmel murmurando en mi hombro lo
repugnante que es. Oh, bueno. Me gusta Will Rosenberg. En realidad, él tiene un
cerebro. Por supuesto, que lo convierte en el más peligroso de los tres. Por la forma
en que Mike está de pie, yo sé que está esperando a que Will le consiga algo. Por
pura curiosidad me decidí a hacerlo fácil para él.

—¿Conoces algunos mejores? —pregunto.

—Sé unos pocos —dice.

—He oído de Natalie que tu madre es una especie de bruja —Chase interrumpe.

—No me digas. —Me encojo de hombros—. Ella le dice suerte —le digo a
Carmel—. Vende velas y material en línea. No creerían cuánto dinero hay en ello.

—Cool —dice Carmel, y sonríe—. Tal vez pueda leer el mío en algún momento.

—Jesús —dice Mike—. Justo lo que esta ciudad necesita: otro maldito bicho raro.
Si tu madre es una bruja, ¿qué eres tú? ¿Harry Potter?

—Mike —dice Carmel—. No seas un idiota.

—Creo que eso es mucho pedir —le digo en voz baja, pero Mike me ignora y le
pregunta a Carmel por qué se molesta en andar con un bicho raro. Es muy
halagador. Carmel está comenzando a parecer nerviosa, como si creyera que Mike
podría perder la cabeza y tratar de arrojarme sobre la barandilla de madera y a las
aguas poco profundas. Echo un vistazo por encima del borde. En la oscuridad, no
puedo hacerme una idea de lo profundo que es, pero yo no creo que eso sea lo
suficientemente profundo para amortiguar una caída, y yo probablemente me
rompería el cuello en una roca o algo así. Intento mantener la calma con las manos
en los bolsillos. Y al mismo tiempo espero que mi indiferencia los enloquezca,
porque el comentario sobre mi madre y que podría ser un hechicero o algo me
molestó. Si me arrojara a las rocas ahora mismo, probablemente volvería como
fantasma, muerto y buscándolo, incapaz de descansar en paz hasta vengarme.




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—Mike, tranquilo —dice Will—. Si quiere un cuento de fantasmas, démosle uno
bueno. Digámosle el que mantiene a los pequeños despiertos de noche.

—¿Cuál sería? —pregunto. Se me erizan los vellos del cuerpo.

—Anna Korlov. Anna vestida de sangre.

Su nombre se mueve en la oscuridad como un bailarín. Al oírlo en labios de alguien
más, fuera de mi mente, tiemblo.

—¿Anna vestida de sangre? ¿Cómo Cenicienta vestida de amarillo? —lo tomo a la
ligera, porque los frustrará. Intentarán pintarla más sanguinaria, hacerla terrorífica,
que es lo que espero. Pero Will me mira divertido, como si se preguntara por qué
conozco esa rima infantil.

—Anna Korlov murió cuando tenía dieciséis —dice después de un momento—. Le
cortaron el cuello de lado a lado. Estaba en camino a un baile escolar cuando
ocurrió. Encontraron su cuerpo al día siguiente, ya cubierta de moscas, y su vestido
blanco empapado en sangre.

—Dicen que fue su novio, ¿no? —Chase hace la audiencia atrapada perfecta.

—Pensaron que quizás sí. —Will se encoge de hombres—. Porque dejó el pueblo
unos pocos meses después. Pero todos lo vieron en el baile esa noche. Preguntando
por Anna, y figurándose que lo había dejado plantado.

—Pero cómo murió no importa. O quién la mató. Lo que importa es que no se
quedó muerta. Un año después de que la encontraron, apareció otra vez en su casa.
Verás, la vendieron después de que la mamá de Anna muriera de un ataque al
corazón seis meses antes. Este pescador y su familia la compraron y se mudaron.
Anna mató a todos. Los degolló de lado a lado. Dejó sus cabezas y brazos en pilas
en el sótano.

Miro alrededor y encuentro las caras pálidas de la pequeña multitud que atrajimos.
Algunos parecen incómodos, incluyendo a Carmel. La mayoría simplemente tienen
curiosidad, esperando mi reacción.

Respiro con más rapidez, pero me aseguro de parecer escéptico cuando pregunto,
—¿Cómo saben que no fue algún sicópata que simplemente los escogió cuando el
pescador no estaba?




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—Por cómo los policías lo cubrieron. Nunca arrestaron a nadie. Apenas
investigaron algo. Sólo aislaron el lugar y fingieron que nada pasó. Fue más fácil de
lo que pensaron. La gente estaba dispuesta a olvidar eso.

Asiento. Eso es verdad.

—Eso, y había palabras escritas en sangre en la pared. ANNA TALONI. La casa
de Anna.

Mike hace una mueca. —Además, no hay forma de que alguien desfigure un
cuerpo así. El pescador era un tipo de doscientos kilos. Le sacó los brazos y la
cabeza. Tendrías que tener el estado físico de La Roca Johnson, medir como dos
metros, y drogarlo para poder arrancarle la cabeza de esa manera a un tipo de
doscientos kilos.

Bufo, y el Ejército Troyano ríe.

—No nos cree —se mofa Chase.

—Sólo está asustado —dice Mike.

—Cállense —espeta Carmel, y me toma del brazo.

—No les prestes atención. Han querido meterse contigo desde el momento en que
vieron que podrías ser mi amigo. Son ridículos. Esto es pura mierda de secundaria,
como decir ¨María Sangrienta¨ frente a un espejo tres veces esperando que pase
algo.

Me gustaría decirle que está más lejos de la realidad, pero no lo hago. En su lugar,
la tomo de la mano de manera protectora y me vuelvo hacia ellos.

—Entonces, ¿dónde está la casa?

Y, por supuesto, se miran unos a otros como si fuera exactamente lo que esperaban
oír.




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Capítulo 7

Traducido por sophie12
Corregido por Anne_Belikov

ejamos atrás las cataratas y condujimos de vuelta hacia Thunder Bay,
pasando debajo de las farolas ambarinas yendo demasiado rápido a través
de las borrosas señales de tráfico. Chase y Mike se estaban riendo con sus
ventanas abiertas, hablando de Anna, haciendo que su leyenda creciera
aún más. La sangre en mis oídos cantaba con tanta fuerza que me olvidé de buscar
señales en la calle, olvidando hacer el mapa de mi camino.
Tomó un poco de delicadeza para que ellos abandonaran la fiesta y convencer a los
demás de que siguieran bebiendo y disfrutando del fin del mundo. Carmel incluso
tuvo que usar el viejo: ―Hey, ¿qué es eso de ahí?‖ con Natalie y Katie antes de
subirnos al SUV de Will. Pero ahora íbamos rápidamente a través del aire de
verano.
—Largo viaje —me dice Will, y esto hace que recuerde que él también fue el
conductor designado el año pasado después de la fiesta de Trowbridge Falls. Él
despierta mi curiosidad, su estado de DD# hace que parezca que está saliendo con
estos idiotas sólo para encajar, pero es demasiado inteligente, y algo en su actitud le
hace parecer como si fuera él quien mueve las piezas sin que los demás lo sepan.
—Ella aparece por ese camino. Hacia el norte.
—¿Qué vamos a hacer cuando lleguemos allí? —pregunto, y todos se ríen.
Will se encogió de hombros.
—Beber un poco de cerveza, lanzar algunas botellas a la casa. No lo sé. ¿Acaso
importa?
No lo hacía. No mataría a Anna esta noche, no frente a todas estas personas. Sólo
quería estar ahí. Quiero sentirla detrás de una ventana, mirando, fijamente hacia
mí, o tal vez retirándose profundo dentro de la casa. Si soy honesto conmigo
mismo, sé que Anna Korlov se ha metido en mi mente como pocos fantasmas han
podido antes que ella. No sé por qué. Sólo ha habido un fantasma aparte de ella
que ha ocupado mis pensamientos de esta forma, que haya sacado a la luz tal
despertar de sentimientos, y ese fue el fantasma que mató a mi padre.
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Estamos conduciendo cerca del lago, y puedo escuchar el susurro de Superior para
mí en oleadas sobre todas las cosas muertas que ella esconde bajo su superficie,
mirando a través de las profundidades con ojos oscuros y mejillas mordidas por los
peces. Ellos pueden esperar.
Will dobla hacia la derecha en un viejo camino sin pavimentar y los neumáticos del
SUV dan un chirrido y nos lanzan hacia adelante y atrás. Cuando miro hacia
arriba, puedo ver la casa, abandonada desde hace años y comenzando a inclinarse,
sólo una silueta negra agazapada en la oscuridad. Se detiene en lo que solía ser el
final del camino de entrada y me bajo. Los faros dan en la base de la casa,
iluminando la descascarada pintura gris, planos y podridos paneles en un porche
poblado por pasto y malezas. La vieja entrada es larga, estoy, por lo menos, a
treinta metros de la puerta delantera.
—¿Seguro que es aquí? —Escucho susurrar a Chase, pero sé que lo es. Puedo
distinguirlo por la forma en que la brisa mueve mi pelo y ropa, pero no mueve nada
más. La casa está tensamente en control, mirándonos. Doy un paso hacia adelante.
Después de unos segundos, sus pasos vacilantes suenan detrás de mí.
En el camino hacia la entrada me dicen que Anna mata a todo el que entra a su
casa. Me hablan de vagabundos que llegaban aquí en búsqueda de un lugar para
dormir, sólo para ser eviscerados cuando se acostaban. No podían haber sabido eso,
por supuesto, aunque probablemente sea cierto.
Hay un sonido agudo detrás de mí, seguido por rápidas pisadas.
—Esto es estúpido —dice Carmel enojada. La noche se había vuelto más fría y se
había puesto una chaqueta de punto gris sobre su top sin mangas. Sus manos están
metidas en los bolsillos de su falda color caqui y tiene los hombros encorvados—.
Debimos habernos quedado en la fiesta.
Nadie la escucha. Todos simplemente están tomando sorbos de cerveza y hablando
demasiado alto para cubrir su nerviosismo. Me arrastro hacia la casa con pasos
cuidadosos, mis ojos pasando de una ventana a otra, ansioso por un movimiento
que no debiera estar allí. Me agacho mientras una lata de cerveza pasa volando
junto a mi cabeza, golpea el camino de entrada y rebota hacia el porche.
—¡Anna! ¡Hey, Anna! ¡Sal a jugar, zorra muerta!
Mike se está riendo, y Chase le lanza otra cerveza.
Incluso en la oscuridad puedo ver que sus mejillas están ruborizadas por el alcohol.
Está empezando a tambalearse en sus pies.



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Echo un vistazo entre ellos y la casa. Por mucho que me gustaría investigar más a
fondo, voy a parar. Esto no es correcto. Ahora están aquí y asustados, se están
riendo de ella, tratando de convertirla en un chiste. Aplastar sus latas de cerveza
llenas contra su cabeza se siente como una gran idea, y sí, siento la hipocresía en mi
deseo de defender algo que estoy tratando de matar.
Miro más allá de ellos a Carmel inquieta cambiando su peso de un pie al otro,
abrazándose a sí misma contra la brisa del frío lago. Su cabello rubio se ve muy fino
a la luz de plata, hilos de tela de araña alrededor de su cara.
—Vamos muchachos, salgamos de aquí. Carmel se está poniendo nerviosa, y no
hay nada allí de todos modos, además de arañas y ratones. —Empujo a los chicos
para pasar entre ellos, pero Mike y Chase me agarran por cada brazo. Me doy
cuenta de que Will ha vuelto para acompañar a Carmel y le está hablando en voz
baja, inclinándose y señalando hacia el coche esperando. Ella niega con la cabeza y
da un paso hacia nosotros, pero él la sostiene y le impide seguir.
—De ninguna manera nos vamos a largar sin ir a mirar adentro —dice Mike.
Él y Chase me dan la vuelta y caminan conmigo hacia la casa, como guardias
escoltando a un preso, uno en cada hombro.
—Está bien. —No discuto tanto como tal vez debería. Porque me gustaría obtener
una vista más de cerca. Sólo que preferiría que ellos no estuvieran aquí cuando lo
hiciera. Saludo con la mano a Carmel para dejarle saber que todo está bien y me
encojo de hombros para que los chicos me suelten.
Cuando mi pie toca el primer mohoso tablero de los escalones del porche casi
puedo sentir a la casa contraerse, como si estuviera inspirando, despertando
después de estar demasiado tiempo sin tocar. Subo los dos últimos escalones y me
quedo de pie, solo, ante el gris oscuro de la puerta. Me gustaría tener una linterna o
una vela. No puedo decir de qué color solía ser la casa. Desde la distancia parecía
que alguna vez fue gris, la pintura descascarada eran astillas de gris cayendo al
suelo, pero ahora que estaba más cerca parecían podridas y negras. Lo cual es
imposible. Nadie pinta una casa negra.
Los altos ventanales a ambos lados de la puerta estaban apelmazados con tierra y
polvo. Camino a la izquierda y froto mi palma contra el cristal en un círculo rápido.
En el interior, la casa está casi vacía, a excepción de unas pocas piezas de muebles
esparcidos. Hay un sofá en el centro de lo que debe haber sido una sala de estar,
cubierto con una sábana blanca. Los restos de una lámpara de araña cuelgan del
techo.



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A pesar de la oscuridad, puedo ver el interior con facilidad. Está iluminado con
grises y azules que parecen venir de la nada. Hay algo extraño en la luz que no
puedo procesar inicialmente, hasta que me doy cuenta de que nada arroja una
sombra.
Un susurro me hace recordar que Mike y Chase están aquí. Empiezo a darme la
vuelta para decirles que no es nada que no haya visto antes, y podríamos por favor
volver a la fiesta, pero en el reflejo, en la ventana, veo que Mike está sosteniendo un
pedazo de tabla rota, apuntando a mi cráneo con los brazos levantados por encima
de su cabeza... y tengo la sensación de que no voy a decir nada durante bastante
tiempo.
Me despierto con el olor del polvo y la sensación de que la mayor parte de mi
cabeza yace en pedazos en algún lugar detrás de mí. Entonces parpadeo. Cada
respiración que tomo envía una pequeña nube gris sobre los envejecidos e
irregulares pisos. Rodando sobre mi espalda, me doy cuenta de que mi cabeza está
intacta, pero mi cerebro duele tanto que tengo que cerrar los ojos. No sé dónde
estoy. No recuerdo lo que estaba haciendo antes de llegar aquí. Todo en lo que
puedo pensar es en el hecho de que mi cerebro se siente como si estuviera dando
vueltas suelto dentro de mi cráneo. Una imagen llega a mi cabeza: un patán
Neanderthal balanceando una tabla. Las piezas del rompecabezas comienzan a
encajar. Parpadeo de nuevo en la extraña luz gris.
La extraña luz gris. Mis ojos se abren. Estoy dentro de la casa.
Mi cerebro se estremece como un perro sacudiéndose agua y cada gota es como
una pregunta. ¿Cuánto tiempo he estado inconsciente? ¿En qué habitación me encuentro?
¿Cómo puedo salir de aquí? Y, por supuesto, la más importante de todas: ¿Estos
cabrones me dejaron aquí?
Mi última pregunta es contestada rápidamente por la voz de Mike.
—Ves, te dije que no lo maté. —Golpea con el dedo sobre el cristal y me giro hacia
la ventana para ver su idiota sonrisa. Él dice algo estúpido acerca de cómo soy
hombre muerto y que esto es lo que le sucede a los hombres que se meten con su
propiedad. Ahí es cuando oigo a Carmel gritar que va a llamar a la policía,
preguntando con voz de pánico si por lo menos había despertado.
—¡Carmel! —grito, luchando hasta ponerme de rodillas—. Estoy bien.
—¡Cas! —grita de nuevo—. Estos idiotas… no lo sabían, lo juro.



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Le creo. Me froto la parte de atrás de la cabeza. Mis dedos salen con un poco de
sangre. En realidad, es una gran cantidad de sangre, pero no estoy preocupado,
porque las heridas de la cabeza sangran como el agua de un grifo, incluso cuando la
lesión es poco más que un corte de papel. Puse mi mano en el piso para empujarme
hacia arriba y la sangre se mezcla con el polvo hasta formar una pasta arenosa
rojiza.
Es demasiado pronto para levantarme. Mi cabeza da vueltas. Tengo que acostarme
de nuevo. La sala está empezando a moverse por su cuenta.
—Jesús, míralo. Está abajo de nuevo. Probablemente deberíamos sacarlo de aquí,
hombre. Podría tener una conmoción cerebral o algo así.
—Le pegué con una tabla, por supuesto que tiene una conmoción cerebral. No seas
idiota.
Mira quién habla, me gustaría decir. Todo esto se siente muy surrealista, muy
desconectado. Es casi como un sueño.
—Vamos a dejarlo. Ya encontrará su propio camino de regreso.
—Amigo, no podemos. Mírale la cabeza, está sangrando por todo el lugar.
Mientras Mike y Chase argumentaban de ida y vuelta sobre si cuidarme o dejarme
morir, me siento deslizar de vuelta hacia la oscuridad. Creo que realmente esta
podría ser. De hecho, podría ser asesinado por los vivos, bastante increíble.
Pero entonces oigo la voz de Chase subiendo alrededor de cinco o más octavas.
—¡Jesús! ¡Jesús!
—¿Qué? —grita Mike, su voz irritada y con pánico al mismo tiempo.
—¡Las escaleras! ¡Mierda, mira las jodidas escaleras!
Me fuerzo a abrir los ojos y levantar la cabeza dos o más centímetros. Al principio
no vi nada extraordinario en las escaleras. Son un poco estrechas, y la barandilla se
ha roto en no menos de tres lugares. Pero entonces miro más allá.
Es ella. Está parpadeando como una imagen en la pantalla de un ordenador, un
espectro oscuro tratando de abrirse camino fuera del video a la realidad. Cuando su
mano agarra el pasamanos se vuelve corpórea, y este se queja y cruje bajo la
presión.



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Sacudo la cabeza con suavidad. Todavía desorientado. Sé quién es, sé su nombre,
pero no puedo descubrir por qué estoy aquí. Se me ocurre de pronto que estoy
atrapado. No sé qué hacer. Puedo oír las repetidas oraciones de pánico de Chase y
Mike, mientras discuten sobre si deben o no correr o tratar de sacarme de la casa de
alguna manera.
Anna está descendiendo sobre mí, bajando las escaleras sin tomar pasos. Arrastra
horriblemente los pies como si no pudiera utilizarlos en absoluto. Venas oscuras y
de color púrpura cortan a través de su pálida piel blanca. Su pelo es un tono menos
negro, y se mueve a través del aire como si estuviera suspendida en el agua,
serpenteando detrás y a la deriva como juncos. Es la única cosa sobre ella que
parece viva.
No lleva sus heridas de muerte como otros fantasmas lo hacen.
Ellos dicen que su garganta fue cortada, y la garganta de esta chica es larga y
blanca. Pero está el vestido. Está húmedo y rojo, y en constante movimiento. Gotea
sobre el suelo.
No me doy cuenta de que me he deslizado hacia atrás contra la pared hasta que
siento la presión fría contra mi espalda y hombro. No puedo apartar la vista de sus
ojos. Son como gotas de aceite. Es imposible decir dónde está mirando, pero no soy
tan tonto como para esperar que no pueda verme o no me haya visto. Es terrible.
No grotesca, pero de otro mundo.
Mi corazón late con fuerza en mi pecho, y el dolor en mi cabeza es insoportable.
Me dice que me acueste. Me dice que no puedo salir. No tengo la fuerza para
luchar. Anna me va a matar, y estoy sorprendido de darme cuenta de que preferiría
ser asesinado por uno como ella, con su vestido hecho de sangre. Preferiría
sucumbir en el infierno que tiene en mente para mí que irme en silencio en un
hospital en algún lugar porque alguien me golpeó en la cabeza con una tabla.
Está cada vez más cerca. Mis ojos se están cerrando, pero puedo escuchar sus
movimientos susurrando a través del aire. Puedo oír cada gota de sangre golpear el
suelo.
Abro los ojos. Ella está de pie encima de mí, la diosa de la muerte, labios negros y
manos frías.
—Anna. —Mi boca se encrespa en una débil sonrisa.
Me mira, una cosa patética empujada contra su pared. Su ceño se frunce mientras
flota. Y luego aparta la mirada hacia la ventana por encima de mi cabeza. Antes de



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que pueda moverme, sus brazos se disparan hacia delante y rompe el vidrio. Oigo a
Mike o a Chase, o a ambos gritando casi en mi oído. Más lejos, oigo a Carmel.
Anna ha arrastrado a Mike a través de la ventana y dentro de la casa. Él está
gritando y berreando como un animal atrapado, girando en su agarre y tratando de
no mirarla a la cara. Su lucha no parece molestarle. Sus brazos tan inmóviles como
el mármol.
—Déjame ir —balbucea él—. Déjame ir, hombre. ¡Era sólo una broma! ¡Era sólo
una broma!
Ella lo pone sobre sus pies. Está sangrando de cortes en la cara y manos. Toma un
paso hacia atrás. Anna descubre sus dientes. Oigo mi voz que viene de otro lugar,
diciéndole a ella que se detenga o simplemente grita, y Mike no tiene tiempo de
gritar antes de que Anna empuje sus manos dentro de su pecho, desgarrándole piel
y músculo. Empuja los brazos hacia los lados, como si estuviera forzando su
camino a través de una puerta cerrándose, y Mike Andover es destrozado por la
mitad. Ambas mitades caen de rodillas, sacudiéndose y deslizándose como partes
de insectos.
Los gritos de Chase vienen de más lejos. Un coche se pone en marcha. Estoy
apartándome del caos que solía ser Mike, tratando de no mirar a la mitad de su
cuerpo que todavía está conectado con la cabeza. No quiero saber si todavía está
vivo. No quiero saber si está viendo la otra mitad de su cuerpo contraerse.
Anna está mirando hacia abajo, al cuerpo, con calma. Me mira durante un largo
rato antes de volver su atención a Mike. Cuando la puerta se abre, no parece darse
cuenta, y entonces estoy siendo arrastrado por los hombros hacia atrás, sacado de
la casa y lejos de la sangre, mis piernas golpeando los escalones del porche
delantero. Cuando quien quiera que sea me deja ir, me deja caer demasiado pronto
sobre mi cabeza, y ya no veo nada más.




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Capítulo 8

Traducción SOS por Emii_Gregori y carmen170796
Corregido por Anne_Belikov

Oye. Oye, hombre, ¿estás despierto?
Conozco esa voz. No me gusta esa voz. Abro mis
ojos, y allí está su rostro, cernido sobre mí.
—Nos tuviste preocupados durante un rato. Probablemente no deberíamos haberte
dejado dormir tanto tiempo. Probablemente deberíamos haberte llevado a un
hospital, pero en realidad no se nos ocurría nada que decir.
—Estoy bien, Thomas. —Levanto mi mano y froto mis ojos, y luego acumulo mi
voluntad para sentarme, sabiendo que mi mundo está a punto de nadar y chapotear
con fuerza de modo que pudiera vomitar. De alguna manera, logro balancear mis
piernas hasta asentarlas en el suelo—. ¿Qué pasó?
—Tú dime. —Enciende un cigarrillo. Me gustaría que lo apagara. Bajo su revuelto
cabello y gafas, parece un niño de doce años que robó un paquete del bolso de su
madre—. ¿Qué estabas haciendo en la casa Korlov?
—¿Qué estabas haciendo siguiéndome? —digo de regreso, aceptando el vaso de
agua que mantiene en espera.
—Lo que te dije que iba a hacer —responde—. Sólo que nunca imaginé que
necesitarías mucha ayuda. Ningún hijo de puta va a su casa. —Sus ojos azules me
miran detenidamente como si fuera una especie de idiota.
—Bueno, ni siquiera entré y caí.
—No lo pensé de ese modo. Pero no puedo creer que hicieran eso, echarte dentro
de la casa y tratar de matarte.
Miro a mí alrededor. No tengo idea de qué hora es, pero el sol está fuera y estoy en
una especie de tienda de antigüedades. Está desordenada, pero llena de cosas
buenas, sin esas pilas de chatarras que a veces ves en los lugares más turbios. Sin
embargo, huele a viejos.
Estoy sentado en un canapé viejo y polvoriento cerca de la parte de atrás, con una
almohada que está en su mayor parte saturada con mi sangre seca. Por lo menos




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espero que sea mi sangre seca. Espero no haber estado durmiendo en un trapo
acribillado por hepatitis.
Miro hacia Thomas. Parece loco. Odia el Ejército Troyano; sin duda han estado
metiéndose en él desde el jardín de infantes. Un torpe flaco como él, alguien que
dice ser psíquico y anda en tiendas de curiosidades polvorientas, era probablemente
su blanco favorito para remolinos y cuñas atómicas. Pero son bromistas
inofensivos. No creo que realmente trataran de matarme. Simplemente no la
tomaron en serio. Ellos no creen las historias. Y ahora uno de ellos está muerto.
—Mierda —digo en voz alta. Ahora, no se sabe qué pasará con Anna. Mike
Andover no era uno de sus habituales transitorios o fugitivos. Era uno de los atletas
de la escuela, uno de los chicos fiesteros, y Chase lo vio todo. Sólo espero que él
esté lo suficientemente asustado como para ir a la policía.
De todos modos, no es como si los policías pudieran detener a Anna. Si entran en
esa casa, sólo habría más muertos. Tal vez ella no se les muestre en absoluto. Y,
además, Anna es mía. La imagen de ella se evoca a mi mente por un segundo,
surgiendo pálida y goteando de rojo. Pero mi cerebro lesionado no puede
mantenerla.
Miro hacia Thomas, todavía fumando con nerviosismo.
—Gracias por sacarme —digo, y él asiente.
—No quería hacerlo —dice—. Quiero decir, quería, pero al ver a Mike yaciendo en
una pila desordenada no me entusiasmaba que digamos. —Chupa su cigarrillo—.
Jesús. No puedo creer que esté muerto. No puedo creer que lo haya matado.
—¿Por qué no? Creías en ella.
—Lo sé, pero realmente nunca la había visto. Nadie ve a Anna. Porque si la ves…
—No vives para contarle a alguien sobre eso —termino estrepitosamente.
Alzo la vista hacia el sonido de pasos en las frágiles tablas del suelo. Algún viejo ha
entrado, el tipo de viejo con una serpenteante barba gris que termina en una trenza.
Lleva una camiseta muy gastada de Grateful Dead y un chaleco de cuero. Hay
tatuajes extraños a lo largo de sus antebrazos: nada que reconozca.
—Eres un maldito chico con suerte. Tengo que decir que esperaba más de un
asesino profesional de fantasmas.
Tomo la bolsa de hielo que me arroja para mi cabeza. Él está sonriendo a través de
un rostro como el cuero y mirando detenidamente las especulaciones del
alambrado.



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—Tú eres quien advirtió a Daisy. —Lo sé instantáneamente—. Pensé que estaba el
viejecito Thomas, por aquí.
Una sonrisa es mi única respuesta. Pero es suficiente.
Thomas aclara su garganta.
—Este es mi abuelo, Morfran Starling Sabin.
Me tengo que reír.
—¿Por qué los tipos gordos siempre tienen nombres tan raros?
—Palabras fuertes provenientes de alguien que camina por las calles llamándose a
sí mismo Teseo Cassio.
Es un viejo salado, e inmediatamente agradable, con una voz que pertenece a una
película en blanco y negro del oeste. No me dejé intimidar por el hecho de que sabe
quién soy. De hecho, estoy casi aliviado por ello. Estoy feliz por encontrarme con
otro miembro de esta tierra peculiar, donde la gente conoce mi trabajo, conoce mi
reputación, conoce la reputación de mi padre. No vivo mi vida como un
superhéroe. Necesito gente que me señale en la dirección correcta. Necesito gente
que sabe lo que realmente soy. Pero no demasiado. No sé por qué Thomas no dijo
lo mismo cuando me encontró en el cementerio. Él tenía que ser tan
condenadamente críptico.
—¿Cómo está tu cabeza? —pregunta Thomas.
—¿No te das cuenta, chico psíquico?
Se encoge.
—Te lo dije; no soy esa clase de psíquico. Mi abuelo me dijo que ibas a venir y que
debería buscarte. Puedo leer la mente de vez en cuando. Pero no la tuya en este
momento. Tal vez sea la conmoción cerebral. Tal vez no pueda con cualquiera.
Viene y se va.
—Bien. Esa mierda de adivino me da escalofríos. —Miro hacia Morfran—.
Entonces, ¿por qué lo enviaste a buscarme? Y, ¿por qué no le dijiste a Daisy que
organizara una reunión para cuando llegara aquí, en lugar de enviar a Mentok, el
Tomador de Mentes? —Muevo de un tirón mi cabeza hacia Thomas y de
inmediato me maldigo por tratar de ser un sabelotodo. Mi cabeza no está lo
suficientemente sana como para ser inteligente.



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—Te quería aquí rápidamente —explica encogiéndose—. Conozco a Daisy, y
Daisy, te conoce, de forma personal. Dijo que no te gustaba ser molestado. Pero yo
quería conservar las etiquetas. Asesino de fantasmas o no, eres sólo un niño.
—De acuerdo —digo—. ¿Pero por qué la prisa? ¿Anna no ha estado aquí durante
décadas?
Morfran se apoya en el mostrador de cristal y sacude su cabeza.
—Algo está cambiando con Anna. Está furiosa estos días. Estoy vinculado a la
muerte… más de lo que lo estás en muchos sentidos. Los veo, y los siento,
pensando, pensando sobre lo qué quieren. Ha sido así desde…
Se encoge. Hay una historia allí. Pero es probablemente su mejor historia, y no
quiere desprenderse de ella tan pronto.
Se frota las sienes.
—Puedo sentirlo cuando ella mata. Cada vez que algún desafortunado se topa de
pronto con su casa. Solía ser nada más que un picor entre mis omóplatos. Ahora es
un giro completo en mis entrañas. Como solían ser las cosas, ni siquiera habría
salido a tu encuentro. Ella está muerta desde hace tiempo y no es tonta, sabe la
diferencia entre una presa fácil y los bebés de fondos fiduciarios. Pero se está
descuidando. Conseguirá estar en las noticias de primera plana. Y tú y yo sabemos
que algunas cosas es mejor mantenerlas en secreto.
Se sienta en una butaca y aplaude su mano contra la rodilla. Oigo el ruido de las
uñas del perro en el suelo y muy pronto un grueso Golden retriever negro con una
nariz grisácea se mueve sinuosamente para poner su cabeza en su regazo.
Pienso de vuelta en los eventos de la noche anterior. Ella no era nada como
esperaba, aunque, ahora que la he visto estoy teniendo apuros para recordar lo que
yo esperaba. Tal vez pensé que ella sería una chica triste, asustada que salía a matar
por miedo y misterio. Pensé que bajaría las escaleras en un vestido blanco con una
mancha negra en el cuello. Pensé que tendría dos sonrisas, una en su cara y una en
su cuello, húmeda y roja. Pensé que me preguntaría porque estaba en su casa, y
después vendría hacia mí con pequeños dientes como cuchillas de afeitar.
En lugar de eso encuentro un fantasma con la fuerza de un huracán, ojos negros,
pálidas manos, no una persona muerta en absoluto sino una diosa muerta.
Perséfone vuelta del Hades, o Hecate media mala.
La idea me hace temblar un poco, pero escojo culpar a la pérdida de sangre.



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—¿Que vas a hacer ahora? —pregunta Morfran.
Bajo la mirada hacia bolsa derretida de hielo, teñida de rosa con mi rehidratada
sangre. El primer asunto es ir a casa y bañarme, y tratar de evitar que mi mamá
enloquezca o me provea de más aceite de romero.
Después es de vuelta a la escuela, hacer algo de control de daños con Carmel y el
ejército troyano. Ellos probablemente no vieron a Thomas sacándome;
probablemente piensan que estoy muerto y están teniendo una muy dramática
reunión con vista al acantilado para decidir qué hacer acerca de Mike y de mí,
cómo explicarlo. No tengo duda de que Will tiene algunas grandes sugerencias.
Y después de eso, de regreso a casa. Porque he visto a Anna matar. Tengo que
detenerla.
***
Tengo suerte con mi mamá. Ella no está en casa cuando llego, y hay una nota en el
mostrador de la cocina diciéndome que mi almuerzo está en una bolsa en el
refrigerador. Ella no la firma con un corazón o cualquier cosa, así que sé que ella
está molesta de que estuviera afuera toda la noche y de que no llamara. Más tarde
pensaré en algo para decirle de tal manera que no me involucre estando
ensangrentado o inconsciente.
No tengo suerte con Thomas, quien me lleva a casa y después me sigue de cerca en
las escaleras del porche. Cuando bajo las escaleras después de mi ducha, mi cabeza
aún está palpitando como si mi corazón hubiera asumido una nueva residencia
detrás de mis ojos, él está sentado en la mesa de mi cocina, bajando la mirada hacia
Tybalt.
—Este no es un gato ordinario —dice Thomas entre dientes. Está viendo fijamente
dentro de los ojos verdes de Tyblat, ojos verdes que se movían hacia mí y parecían
decir: este chico es un idiota. Su cola se tuerce en la punta como un cebo para
pescar.
—Por supuesto que no lo es. —Rebusco entre el armario para masticar alguna
aspirina, un hábito que adquirí después de leer The Shinning de Stephen King—. Es
el gato de una bruja.
Thomas rompe el contacto visual y se me queda viendo. Él sabe cuándo se están
burlando de él. Le sonrío y le lanzo una lata de soda. Él la abre muy cerca de
Tybalt y el gato sisea y salta desde la mesa, gruñendo irritablemente cuando me



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pasa. Me inclino para rascar su espalda y él me golpea con su cola para decirme que
quiere a ese personaje desaseado fuera de su casa.
—¿Que vas a hacer con Mike? —Los ojos de Thomas son grandes y redondos sobre
el borde de su lata de Coca cola.
—Control de daños —digo, porque no hay nada más que pueda hacer. Tendría más
opciones si no hubiera estado inconsciente toda la noche anterior, pero eso es leche
derramada. Necesito encontrar a Carmel. Necesito hablar con Will. Necesito
callarlos a ambos—. Así que probablemente debas llevarnos a la escuela.
Él levanta sus cejas como si le sorprendiera que yo haya cesado de intentar
deshacerme de él.
—¿Qué esperabas? —pregunto—. Estás dentro de esto. Querías entrar a lo que sea
que es esto, bueno, felicitaciones. No hay tiempo para segundas ideas.
Thomas traga. Para su mérito, no dice nada.
***
Cuando entro a la escuela, el corredor está vacío. Por un segundo pienso que
nosotros estamos jodidos, totalmente jodidos, que hay algún tipo de vigilia por
Mike dentro de cada puerta cerrada.
Después me doy cuenta de que soy un idiota. El corredor está vacío porque están
en medio del tercer periodo.
Nosotros hacemos pausas en nuestros respectivos casilleros y evadimos las
preguntas del profesor errante. No voy a clases. Sólo vamos a esperar hasta el
almuerzo, rondando cerca del casillero de Carmel con la esperanza de que ella esté
aquí y no pálida y enferma y acostada en cama en casa. Pero aun cuando ella lo
estuviera, Thomas dice que sabe dónde vive. Podemos hacer una parada ahí más
tarde. Si nos queda algo de suerte, ella todavía no habrá hablado con sus padres.
Cuando la campana suena sólo me sacude fuera de mi piel. No hace nada para mi
dolor de cabeza. Pero parpadeo fuerte y miro por entre la multitud, y un
interminable flujo de cuerpos vestidos similarmente entrar a los corredores. Suspiro
con alivio cuando veo a Carmel. Ella se ve un poco pálida, como que podría haber
estado llorando o vomitando, pero aún está bien vestida y llevando libros. No es lo
peor para usar.
Una de las morenas de la última noche —no sé cual, pero la llamaré Natalie— va
dando tumbos y empieza a badajear acerca de algo. La reacción de Carmel es digna
de un Oscar: su cabeza se pone derecha y su mirada atenta, la volteada de sus ojos



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y su risa, todo tan fácil y genuino. Después ella dice algo, algunas cosas divertidas,
y Natalie voltea y se aleja dando tumbos. La máscara de Carmel se desliza de
nuevo.
Ella está a menos de diez pies del casillero cuando finalmente levanta sus ojos lo
suficientemente alto para notar que estoy de pie enfrente del casillero. Sus ojos se
vuelven blancos. Ella dice mi nombre en voz alta antes de mirar alrededor y
caminar más cerca, como si ella no quisiera ser oída.
—Estás… vivo. —La manera en que se atraganta en la frase habla de cuan extraña
se siente de estar diciendo eso. Sus ojos se mueven hacia arriba y hacia abajo de mi
cuerpo, como si ella esperara que yo estuviera exudando sangre o teniendo un
hueso expuesto—. ¿Cómo?
Asiento hacia Thomas, quien está moviéndose furtivamente a mi derecha.
—Thomas me sacó.
Carmel le da una sonrisa y una mirada. Ella no dice nada más. No me abraza como
yo más o menos pensé que haría. El hecho de que no lo haga hace que me agrade
más por alguna razón.
—¿Dónde está Will? ¿Y Chase? —pregunto. No pregunto si alguien más lo sabe. Es
obvio por la conducta en los corredores, la manera en que todo el mundo está
caminando alrededor hablando así normal, que nadie más lo hace. Pero nosotros
aún necesitamos resolver las cosas. Aclarar las historias.
—No lo sé. No los veo hasta el almuerzo. No estoy segura de a cuantas clases ellos
irán de todas formas. —Baja la mirada. Está teniendo el deseo de hablar de Mike.
Decir algo que siente que debería decir, como si estuviera arrepentida, o como él no
era realmente del todo malo y no merecía lo que le sucedió. Ella está mordiendo su
labio.
—Necesito hablar con ellos. Todos juntos. Encuéntralos en el almuerzo y diles que
estoy vivo. ¿Dónde nos podemos encontrar?
Ella no responde al instante, moviéndose nerviosamente alrededor. Vamos,
Carmel, no me decepciones.
—Los traeré al campo de futbol. Nadie estará usándolo.
Asiento rápidamente y ella yéndose de pronto, mirando atrás una vez como si se
estuviera asegurando de que yo aún estoy allí, de que soy real y ella no ha
enloquecido. Noto que Thomas esta siguiéndola con la mirada como un muy triste,
y leal perro de caza.



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—Amigo —digo, y me dirijo al gimnasio, para pasarlo hacia el campo de fútbol—.
No es el momento. —Detrás de mí lo escucho murmurar que siempre es el
momento. Me permito sonreír burlonamente antes de preguntarme qué voy a hacer
para mantener a Will y a Chase con una correa.





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Capítulo 9

Traducido por Ale Grigori
Corregido por Abrilnya

uando Will y Chase llegaron al campo de fútbol, ellos se encontraron con
Thomas y conmigo adormecidos sobre las gradas, mirando fijamente al
cielo. El día era soleado, suave y cálido. La Madre Naturaleza no se
lamentaba por la pérdida de Mike Andover. La luz se sentía fantástica sobre mi
cabeza palpitante.

—Jesús —dice uno de ellos, y después hubo un montón de palabrotas que no vale
la pena repetir. La diatriba finalmente termina con—: Él realmente está vivo.

—No gracias a tus estupideces. —Me siento. Thomas también lo hace, pero se
queda ligeramente encorvado. Esos idiotas lo habían pateado demasiadas veces.

—Oye —dice Will bruscamente—. Nosotros no te hicimos nada, ¿entiendes?

—Mantén tu maldita boca cerrada —añade Chase, señalándome con un dedo. Por
un minuto, no sé qué decir. No había pensado que ellos vendrían a tratar de
mantenerme a mí callado.

Sacudo la rodilla de mis jeans. Había un poco de polvo sobre ellas, que fue donde
me apoyé en la parte inferior de la grada.

—Ustedes no trataron de hacerme nada —digo honestamente—. Me llevaron a una
casa porque querían asustarme. No sabían que su amigo terminaría partido por la
mitad y destripado. —Eso era cruel. Lo admito. Chase se puso pálido
inmediatamente. Los últimos momentos de Mike reproduciéndose detrás de sus
ojos. Por un segundo me suavicé, pero mi cabeza palpitante me recordó que ellos
trataron de matarme.

De pie junto a ellos pero una grada abajo, Carmel se abraza a sí misma y mira
hacia lo lejos. Quizás no debería estar tan enojado. Pero qué, ¿ella está bromeando?
Por supuesto que debería. No estoy feliz con lo que le pasó a Mike. Nunca habría
dejado que eso sucediera si ellos no me hubieran vuelto inútil pegándome con una
tabla en la cabeza.

—¿Qué deberíamos decirle a la gente acerca de Mike? —pregunta Carmel—. Harán
algunas preguntas. Todos lo vieron salir de la fiesta con nosotros.
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—No podemos decirles la verdad —dice Will arrepentido.

—¿Cuál es la verdad? —pregunta Carmel—. ¿Qué sucedió en esa casa? ¿Se supone
que de verdad debo creer que Mike fue asesinado por un fantasma? Cas…

Me encuentro con sus ojos.

—Yo lo vi.

—También lo vi —añade Chase, se veía como si fuera a vomitar.

Carmel sacudió su cabeza.

—Esto no es real. Cas está vivo. Mike también lo está. Todo esto sólo es alguna
jodida broma que todos ustedes planearon a mis espaldas porque rompí con él.

—No seas tan egocéntrica —dice Will—. Vi sus brazos alcanzar la ventana. La vi
jalarlo. Escuché a alguien gritar. Y luego vi la silueta de Mike partida en dos. —Él
me miró—. Entonces, ¿qué era eso? ¿Qué está viviendo en esa casa?

—Era un vampiro, hombre. —Chase tartamudea.

Idiota. Lo ignoro completamente.

—Nada está viviendo en esa casa. Mike fue asesinado por Anna Korlov.

—De ninguna manera, hombre, de ninguna manera —dice Chase con creciente
pánico, pero yo no tenía tiempo para sus olas de negación. Por suerte, tampoco
Will, quien le dice que se calle.

—Le decimos a la policía que manejamos alrededor por un rato. Luego Mike se
enojó por lo de Carmel y Cas, y salió de la camioneta. Ninguno de nosotros pudo
detenerlo. Él dijo que caminaría a casa, ya que no estaba tan lejos, no le vimos
nada de raro. Cuando él no llego hoy a la preparatoria, nosotros supusimos que él
tenía resaca. —La mandíbula de Will se tensa. Él puede improvisar, incluso cuando
no quiere—. Tendremos que aguantar unos días o semanas de grupos de búsqueda.
Ellos nos preguntaran. Y luego se rendirán.

Will está mirándome. No importa cuán idiota era Mike, él era amigo de Will, y
ahora Will Rosenberg está tratando de desear que yo desaparezca. Si nadie
estuviera mirando, él intentaría golpear sus talones tres veces o algo así.




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Y quizás él tenga razón. Quizás esto es mi culpa. Pude haber encontrado otra
manera de llegar a Anna. Pero al diablo con eso. Mike Andover me había golpeado
en la parte de atrás de la cabeza con un tabla y me había tirado en una casa
abandonada, todo porque hablé con su exnovia. Él no merecía ser partido a la
mitad, pero se merecía al menos una patada en las bolas.

Chase está sosteniendo su cabeza en sus manos, hablando consigo mismo acerca de
cómo de jodido es esto, sobre qué pesadilla iba a ser mentirle a los policías. Era más
fácil para él no concentrarse en el aspecto sobrenatural del problema. Era más fácil
para la mayoría de las personas. Eso era lo que permitía cosas como que Anna se
mantuviera en secreto durante tanto tiempo.

Will le empuja el hombro.

—¿Qué vamos a hacer con ella? —pregunta Will. Por un segundo pienso que él está
hablando de Carmel.

—Tú no puedes hacer nada con respecto a ella —dice Thomas, hablando por
primera vez en lo que se sienten como décadas, captándolo antes que yo—. Ella
está fuera de nuestro alcance.

—Ella mató a mi mejor amigo —escupe Will—. ¿Qué se supone que haga? ¿Nada?

—Sí —dice Thomas y se encoge de hombros con una sonrisa torcida que va a
conseguir que lo golpeen en la cara.

—Bueno, tenemos que hacer algo.

Miro a Carmel. Sus ojos están grandes y tristes, su cabello rubio cayendo a través
de ellos por mechones. Era más emo de lo que probablemente fue alguna vez.

—Si ella es real —continúa ella—, entonces probablemente deberíamos. No
podemos dejar que siga matando gente.

—No lo haremos —le dice Thomas confortablemente. Me gustaría tirarlo de las
gradas. ¿Acaso no escucho mi discurso de ―ahora no es el momento‖?

—Miren —digo—. No todos vamos a saltar en una camioneta verde e ir a atraparla
con ayuda de los Harlem Globetrotters
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. Cualquier persona que vuelva a entrar en
esa casa está muerto. A menos de que quieran terminar partidos por la mitad y

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Harlem Globetrotters: es un equipo de baloncesto de los Estados Unidos que mezcla partidos de
baloncesto con el entretenimiento y el show que hacen en cada uno de sus encuentros.



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mirando una pila de sus propios intestinos en el piso, manténganse alejados. —No
quería ser tan duro con ellos, pero esto era un desastre. Alguien que he involucrado
está muerto, y ahora todos estos otros novatos, quieren unírsele. No sé cómo he
conseguido meterme en tanta mierda. He complicado las cosas demasiado rápido.

—Voy a volver —dice Will—. Tengo que hacer algo.

—Voy contigo —añade Carmel, y me mira como si me estuviera retando a
detenerla. Ella obviamente está olvidando que yo estaba mirando una cara muerta
atravesada con venas oscuras hace menos de veinticuatro horas. No estoy
impresionado por su rutina de chica lista.

—Ninguno de ustedes va a ir a ninguna parte —digo, pero luego me sorprendo—.
No sin estar preparados. —Miro de reojo a Thomas, cuya boca esta ligeramente
abierta—. Thomas tiene un abuelo. Un tipo espiritual. Morfran Starling. Él sabe de
Anna. Necesitamos hablar con él primero si vamos a hacer algo. —Le doy un
puñetazo a Thomas en el hombro y él intenta colocar una expresión normal de
nuevo en su rostro.

—¿Cómo se puede matar a algo así, de todos modos? —pregunta Chase—.
¿Colocando una estaca en su corazón?

Quiero mencionar de nuevo que Anna no es un vampiro, pero voy a esperar hasta
que él sugiera balas de plata para empujarlo de las gradas.

—No seas tonto —se burla Thomas—. Ella ya está muerta. No la puedes matar.
Tienes que desterrarla o algo así. Mi abuelo lo ha hecho una o dos veces. Existe ese
gran hechizo, con velas y hierbas y esas cosas. —Thomas y yo nos miramos. Él
chico es realmente útil, otra vez—. Te puedo llevar a él. Esta noche, si quieres.

Will está mirando a Thomas, y luego a mí, y luego a Thomas de nuevo. Chase se
ve como si deseara no tener que intentar ser un grande y fuerte idiota todo el
tiempo, pero como sea, esa es la fama que él mismo se ha hecho. Carmel esta sólo
mirándome.

—Está bien —dice Will finalmente—. Nos encontramos después de la escuela.

—No puedo —digo rápidamente—. Cosas de mamá. Pero puedo estar en la tienda
más tarde.

Ellos hacen su camino bajando las gradas torpemente, la cual es la única manera de
bajar las gradas. Thomas sonríe cuando ellos están lejos.




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—Bastante bueno, ¿eh? —dice sonriendo—. ¿Quién dice que no soy psíquico?

—Probablemente sólo es intuición femenina —contesto—. Sólo asegúrate de que tú
y el viejo Morfran le den a ellos una convincente caza de gansos salvajes.

—¿Dónde estarás? —pregunta él, pero no contesto. Él sabe a donde voy a ir. Estaré
con Anna.




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Capítulo 10

Traducido por xAVEr
Corregido por Abrilnya

uevamente estoy mirando la casa de Anna. La parte lógica de mi cerebro
me dice que es sólo una casa. Lo que hay en su interior es lo que la hace
horrible, lo que la hace peligrosa, que posiblemente no puede estar
inclinándose hacia mí como si me estuviera cazando a través del crecimiento
excesivo de hierbajos. No es posible que esté tratando de liberarse de su base para
tragarme entero. Pero parece que lo hiciera.

Detrás de mí, escucho un silbido leve. Me doy la vuelta. Tybalt está de pie con sus
patas delanteras en la puerta del lado del conductor del auto de mi madre, mirando
por la ventana.

—No es mentira, gato —le digo. No sé por qué mi madre me pide que lo traiga
conmigo. No podrá ser de ayuda. Cuando llega el momento, parece más un
detector de humo que un perro de caza. Pero cuando llegué a casa después de la
escuela, le dije a mamá a dónde había ido y lo que había sucedido —dejando de
lado la parte en que casi me matan y que a uno de mis compañeros de clase lo
partieron en dos—, y ella debió adivinar que había algo más, porque ahora tengo
una capa fresca de aceite de romero en forma de triángulo en la frente, y me hizo
traer al gato. A veces, creo que no tiene ninguna idea de qué es lo que hago aquí.

Ella no me dice mucho. Siempre está allí, en la punta de la lengua, decirme que me
detenga. Decirme que es peligroso, y que la gente muere. Pero morirían muchos
más si no hago mi trabajo. Es el trabajo que mi padre comenzó. Es para lo que
nací, el legado de mi padre, y esa es la verdadera razón por la que ella se mantiene
en silencio. Creía en él. Ella sabía el resultado, hasta el mismo día en que fue
asesinado… asesinado por lo que él pensaba que era sólo otro más de una larga
línea de fantasmas.

Tomé el cuchillo de mi mochila y lo deslicé hacia fuera. Un día, mi padre se fue de
casa con este cuchillo, como siempre lo había hecho antes de que yo naciera. Y
nunca regresó. Algo fue mejor que él. La policía llegó un día después, luego de que
mi madre denunciara su desaparición. Nos dijeron que mi padre había muerto. Me
escondí entre las sombras para escuchar las preguntas que le hacían a mi madre y
eventualmente el detective le susurró en secreto: que el cuerpo de mi padre estaba
cubierto de mordeduras; que trozos de él habían desaparecido.

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Por meses, la horrible muerte de mi padre rondó mis pensamientos. Lo imaginé de
todas las maneras posibles. Soñaba con ello. Lo dibujé en un papel con lápiz negro
y lápices rojos, figuras esqueléticas y sangre. Mi madre trató de ayudarme,
cantando constantemente y dejando las luces encendidas, tratando de mantenerme
fuera de la oscuridad. Sin embargo, las visiones y las pesadillas no se detuvieron
hasta el día en que tomé el cuchillo.

Nunca atraparon al asesino, obviamente. Porque el asesino ya estaba muerto. Así
supe lo que tenía que hacer. Ahora, vuelvo mi mirada hacia la casa de Anna, sin
miedo, porque Anna Korlov no me asesinará. Algún día, regresaré al lugar donde
murió mi padre, y cortaré con el cuchillo la boca de aquello que lo mató.

Tomo dos respiraciones profundas. El cuchillo permanece fuera, no hay necesidad
de fingir. Sé que está allí, y sabe que voy por ella. Puedo sentirla observándome. El
gato me mira con ojos reflectores desde el interior del auto, y puedo sentir su
mirada también mientras me dirijo hacia la puerta principal.

No creo que haya habido una noche más tranquila que esta. No hay viento, no hay
bichos, ni nada. El sonido de la grava bajo mis zapatos es doloroso y fuerte. No
tiene sentido tratar de ser cauteloso. Es como ser el primero en levantarse por la
mañana, cuando cada movimiento que haces es tan fuerte como una sirena, sin
importar lo silencioso que seas. Quiero pisar esos escalones del porche. Quiero
romper uno, arrancarlo y utilizarlo para derribar la puerta. Pero eso sería una
grosería y, además, no es necesario. La puerta ya está abierta.

Un haz de luz gris se filtra fundiéndose en la oscuridad, como si se iluminara la
niebla. Me esfuerzo por escuchar todo lo que puedo, a lo lejos me parece distinguir
el ruido sordo de un tren, y hay un chillido de cuero mientras aprieto mi daga con
fuerza. Cruzo la puerta, cerrándola detrás de mí. No voy a darle a ningún fantasma
la oportunidad de asustarme como en una película de terror clase B.

La entrada está vacía, la escalera al descubierto. Lo que queda de una lámpara de
araña cuelga en el techo sin dejar de ladearse, y hay una mesa cubierta con una
sábana con polvo que podría jurar que no estaba anoche. Hay algo fuera de sitio en
esta casa. Algo además de la presencia que obviamente acecha el lugar.

—Anna —digo, mi voz surca el aire sin producir eco alguno.

Miro a mi izquierda. El lugar donde murió Mike Andover está vacío a excepción de
una mancha oscura. No tengo idea de lo que Anna ha hecho con el cuerpo, y
sinceramente, prefiero no pensar en ello.




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Nada se mueve, y no estoy de humor para esperar. De todos modos, no quiero
enfrentarla en las escaleras. Ella tiene una gran ventaja, siendo tan fuerte como una
diosa vikinga, un muerto viviente y todo eso. Camino un poco más dentro de la
casa, cuidadosamente a través de los muebles dispersos y las sábanas cubiertas de
polvo. La idea de que puede estar al acecho cruza mi mente, de que el sofá no es un
sofá en absoluto, que es una chica muerta esperándome. Estoy a punto apuñalar el
sofá para estar seguro cuando oigo que algo se materializa detrás de mí y volteo.

—Jesús.

—¿Ya pasaron tres días? —me pregunta el fantasma de Mike Andover. Está de pie
cerca de la ventana por donde lo arrojaron, en una sola pieza. Esbozo una sonrisa.
Al parecer, el estar muerto lo hizo más ingenioso. Pero parte de mí sospecha que no
estoy viendo a Mike Andover, que es un truco de Anna. Pero si no lo es...

—Siento lo que paso, se suponía que no pasaría.

Mike mueve su cabeza.

—A veces no se supone que pase. O a veces sí. No importa. —Simplemente sonríe.
No sé si intenta ser amable o irónico, pero definitivamente es algo espeluznante. En
especial cuando se detiene abruptamente—. Ésta casa no está bien, una vez que
entras, no sales. No debiste volver.

—Tengo cosas que resolver aquí —contesto. Trato de ignorar la idea de que nunca
podré salir. Es demasiado terrible e injusto.

—¿Los mismos asuntos que tengo aquí? —pregunta en un gruñido. Antes de que
pueda responder, Mike es partido en dos por manos invisibles, una recreación
exacta de su muerte. Tropiezo contra una tabla o algo así, no sé qué es y no me
importa. La impresión de verlo partirse en dos charcos húmedos llama mi atención
más que un montón de muebles. Me digo a mí mismo que es un truco barato y que
vi peores. Trato de reducir la velocidad de mi respiración. Entonces escucho la voz
de Mike desde el suelo.

—Hey, Cas.

Intento distinguir su rostro en medio de este desastre, tiene el cráneo torcido, que
aún sigue unido por el lado derecho de su cuerpo, justo en la parte de la medula
espinal. Trago saliva y continúo observando las vértebras expuestas. Luego, Mike
voltea sus ojos para verme.




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—Sólo duele un poco —dice, y se hunde en el piso, muy lentamente. No cierra los
ojos mientras desaparece, manteniendo la mirada fija. Mientras observo la mancha
oscura en el suelo noto que aún contengo la respiración. Me pregunto cuántas
personas fueron asesinadas por Anna en esta casa, si aún siguen aquí y si ella puede
usarlos como marionetas, arrastrándolos hacia mí mientras se descomponen.

Contrólate. No es momento de entrar en pánico. Es momento de tomar el cuchillo y
darme cuenta muy tarde de que algo viene detrás de mí.

Hay un destello de cabello negro alrededor de mis hombros, dos o tres mechones
negros como la tinta me invitan a acercarme. Volteo y siento como el aire se corta,
deseo que ella no esté ahí, que ya haya desaparecido. Pero no, ella está frente a mí,
flotando a quince centímetros sobre el suelo.

Nos observamos el uno al otro por un segundo, mis ojos cafés mirando
directamente a los suyos. Ella debe medir alrededor de un metro setenta, no es muy
alta, pero como está flotando tengo que mirar hacia arriba. Escucho mi propia
respiración, su vestido gotea sangre suavemente. ¿En qué se convirtió después de su
muerte? ¿Qué fuerza encontró, qué clase de ira la llevó a dejar de ser nada más que
un fantasma para convertirse en un demonio sediento de venganza?

La hoja de mi cuchillo está a la altura del final de su cabello. Tras flotar, empieza a
descender, igual que como Mike lo hizo hace unos momentos. Su expresión refleja
frialdad y tristeza, entonces posa su mirada en mí mostrándome sus dientes.

—¿Por qué regresaste? —pregunta, trago saliva nuevamente. No sé qué decir. Mi
confianza no es tan fuerte como pensé—. Me acabas de entregar tu vida como si
fuera un regalo. —Su voz es profunda y espeluznante. Es el sonido de una voz sin
aliento. Aún mantiene un suave acento finlandés—. ¿Pensaste que sería fácil? ¿O
acaso quieres morir?

Hay algo de esperanza en la forma como pregunta la última parte, algo que hace
que su mirada sea más aguda. Ella observa hacia abajo, a mi cuchillo, contrayendo
su cabeza de forma anormal. Luego hace una mueca, sus expresiones son extrañas,
como ondas de un lago.

Entonces el aire a su alrededor cambia y la diosa que estaba delante de mí
desaparece. En su lugar está una chica pálida con el cabello largo y oscuro. Sus pies
están firmemente plantados en la tierra. Le doy una mirada.

—¿Cómo te llamas? —pregunta, y no le contesto—. Conoces el mío, acabo de
salvar tu vida, ¿qué acaso no es justo que me digas tu nombre?




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—Me llamo Theseus Cassio —digo, aunque sigo pensando que esto es un truco
barato y es totalmente estúpido. Si ella cree que no la mataré, se equivoca. Pero es
un buen engaño, así que voy a seguir con esto. La máscara que tiene refleja un
rostro pensativo y ojos suaves color violeta, también usa un vestido blanco
tradicional.

—Theseus Cassio —repite.

—Theseus Cassio Lowood —digo, aunque no sé por qué se lo acabo de decir—.
Todo el mundo me llama Cas.

—Viniste a matarme —dice, mientras camina a mi alrededor formando un amplio
círculo. Dejo que pase mis hombros, antes de voltearme también. De ninguna
manera voy a dejar que esté detrás de mí. Puede que sea dulce e inocente ahora,
pero sé que la bestia estallará tan pronto como tenga la oportunidad.

—Alguien ya lo hizo —contesto. No voy a contarle bonitas historias sobre que vine
aquí para liberarla. Sería hacer trampa, facilitar las cosas, tratando de llegar hacia
ella. Además, sería mentirle. No tengo idea de a donde la enviaré, y no me importa.
Sólo sé que estará lejos de aquí, donde puede matar personas y hundirlos en esta
casa de mala muerte.

—Alguien lo hizo, sí —dice, y luego la cabeza se retuerce para luego volver a
ajustarse en su sitio. Por un segundo, su cabello se retuerce otra vez, como una
serpiente—. Pero no puedes.

Ella sabe que está muerta. Eso es interesante. La mayoría de ellos no lo saben. La
mayoría están enojados y asustados, son como la impresión de una emoción —de
un momento terrible— más que de un ser real. Puedes hablar con algunos de ellos,
pero ellos creen que eres alguna persona que estuvo presente en su pasado. Que ella
esté consciente de esto es casi como un golpe. Decido seguir hablando para ganar
tiempo.

—Cariño, mi padre y yo hemos enviado más fantasmas bajo tierra de lo que te
puedes imaginar.

—Pero nunca enfrentaron a alguien como yo.

Hay un tono en su voz cuando dice esto, algo que no es orgullo, pero es parecido.
Orgullo teñido de amargura. Me quedo quieto, porque prefiero que no sepa que
tiene razón. Anna no es nada de lo que he visto antes. Su fuerza parece no tener
límites, y tiene muchos trucos bajo la manga. No es un fantasma que vague
arrastrando los pies, molesto por haber sido acribillado. Ella es la misma muerte,



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terrible y sin sentido, y aun cuando está vestida de sangre y venas no puedo hacer
más que mirarla.

Pero no tengo miedo. Fuerte o no, lo único que necesito es darle un buen golpe.
Ella no está fuera del alcance de mi daga, y si puedo llegar a ella, la mataré al igual
que al resto.

—Tal vez quieras buscar la ayuda de tu padre —dice. Yo aprieto mi daga.

—Mi padre está muerto.

Entonces sus ojos reflejan otra emoción. No puedo creer que se esté lamentando, o
sienta vergüenza por lo que acaba de decir sobre mi padre, pero al parecer lo siente.

—Mi padre también murió, cuando yo era una niña —dice en voz baja—. En una
tormenta en el lago.

No puedo dejar que esto siga así. Puedo sentir algo en mi pecho, algo que me hace
bajar la guardia. Su fuerza radica en el hecho de ser vulnerable, debo prever esto.

—Anna —digo, y sus ojos se encuentran con los míos. Levanto la hoja y la luz se
refleja en sus ojos.

—Vete —me ordena la reina de este castillo muerto—. No quiero matarte, por
alguna razón no quiero hacerlo. Así que vete.

Las preguntas rondan mi cabeza a causa de esto, pero no pienso irme aún.

—No me iré hasta que estés fuera de esta casa y hayas regresado al inframundo.

—Nunca estuve en el inframundo —susurra entre dientes. Sus pupilas son cada vez
más oscuras, el remolino oscuro que la rodeaba se ha ido. Las venas se arrastran a
través sus mejillas terminando en su sien y la garganta. Manchas de sangre en su
piel recorren todo su cuerpo, su falda ensangrentada gotea en el suelo.

Me lanzo con mi cuchillo y se siente algo pesado conectado con mi brazo antes de
arrojarme contra la pared. Mierda. Ni siquiera pude ver su movimiento. Ella sigue
flotando en el centro de la habitación donde yo solía estar. El hombro me duele
mucho tras el impacto con la pared y mi brazo me duele tras el contacto con Anna.
Pero soy muy obstinado, así que voy por ella otra vez, avanzando lento esta vez, ni
siquiera intento matarla, pero por lo menos quiero hacerle un corte. En este
momento, me conformaría con cortar algo de su cabello.




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Lo siguiente que sé es que estoy cruzando la habitación de nuevo, pero esta vez de
espaldas sobre el suelo. Creo que hay astillas en mis pantalones. Anna sigue ahí,
mirándome con un resentimiento cada vez mayor. El sonido de su vestido
goteando por el piso me recuerda a un profesor que tenía que solía tocarse la sien
cuando estaba realmente molesto por mi falta de estudio.

Me pongo de pie nuevamente, esta vez más despacio. Intento parecer una persona
que está planeando su siguiente jugada lentamente, en vez de parecer alguien que
apenas se mueve por el dolor —lo que siento realmente—. Ella no trata de
asesinarme y eso empieza a molestarme. En vez de ello está jugando conmigo,
como si fuera un juguete de un gato. Tybalt encontraría esto muy gracioso. Me
pregunto si puede verme desde el auto.

—Basta ya —dice con su voz cavernosa.

Corro hacia ella, y me agarra por las muñecas. Me esfuerzo, pero es como tratar de
luchar contra concreto.

—Déjame asesinarte —murmuro frustrado. Sus ojos se encienden por la rabia. Por
un segundo pienso que acabo de cometer un error, que olvidé lo que es realmente y
que voy a terminar como Mike Andover. Mi cuerpo se arruga en realidad, tratando
de evitar ser partido en dos.

—No voy a dejar que me mates —escupe, y me empuja hacia la puerta.

—¿Por qué? ¿No crees que descansarías al fin? —pregunto, para luego preguntarme
por millonésima vez porque no mantengo la boca cerrada.

Ella mira de reojo como si fuera un idiota.

—¿Descansar? ¿Después de lo que he hecho? ¿Descansar, en una casa llena de
niños y extraños destripados? —Tira de mí, dejando su rostro muy cerca del mío.
Sus ojos negros son astutos—. No puedo dejar que me mates —dice, y entonces
grita, grita lo suficientemente fuerte como para romperme los tímpanos mientras
me arroja hacia afuera por la puerta principal, incluso más allá de las escaleras rotas
y sobre la grava del camino de entrada.

—¡Nunca quise estar muerta!

Golpeo el suelo rodando, y me detengo justo a tiempo para ver la entrada cerrarse
de un portazo. La casa continúa viéndose vacía, como si nada hubiera pasado allí
en un millón de años. Le doy un vistazo al estado de mis miembros, para
encontrarlos en estado funcional aún. Luego me pongo a mí mismo sobre mis pies.



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Ninguno de ellos quería estar muerto. Realmente no. Ni siquiera los casos de
suicidio; todos cambiaron de opinión en el último segundo. Me gustaría contarle
sobre ello, decirle que no es la única, para que no se sienta tan sola. Además no me
sentiría tan idiota después de haber sido arrojado de un lado a otro como a un
personaje de relleno de una película de James Bond. Saldría como el asesino
profesional de fantasmas que soy.

Camino hacia el auto de mi mamá, y trató de tranquilizarme. Porque voy a
conseguir a Anna, sin importar lo que ella crea. Lo haré porque nunca he fallado
antes, y también porque en el momento en que me dijo que no dejaría que la
matara, sonó como si deseara que ella pudiera hacerlo. Su conciencia la hace
especial en más de un sentido. A diferencia de los otros, Anna siente
remordimiento. Me froto el brazo izquierdo para calmar el dolor, y veo que está
cubierto de moretones. La fuerza no va a funcionar. Necesito un plan B.




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Capítulo 11


Traducción SOS por PokerF ♠ y Susanauribe
Corregido por Mishy


i madre me permite dormir la mayor parte del día, cuando finalmente
me despierta es para decirme que preparó un baño de hojas de té,
lavanda, belladona para mitigar mi imprudente comportamiento, pero
no me niego. Me duele todo. Eso es lo que te haría si estás siendo lanzado toda la
noche alrededor de la casa por la diosa de la muerte.

Mientras me hundo dentro de la tina, lentamente, con una mueca en mi rostro,
empiezo a pensar en mi próximo movimiento. Lo importante es que estoy en
desventaja. No pasa muy a menudo, y jamás a estas alturas. Pero en ocasiones,
necesito pedir ayuda. Alcanzo mi teléfono en el mostrador del baño y llamo a un
viejo amigo. Un amigo por generaciones, en realidad, él conoció a mi padre.

—Theseus Cassio —dice cuando contesta. Sonreí satisfecho. Nunca me llama Cas.
Encuentra mi nombre completo demasiado sorprendente.

—Gideon Palmer —digo como respuesta, y me lo imagino al otro lado de la línea,
al otro lado del mundo, sentado en una apropiada casa inglesa que vigila
Hampstead Heath
8
al norte de Londres.

—Ha pasado mucho tiempo —dice, y puedo imaginarlo cruzando o estirando sus
piernas. Casi puedo oír el murmullo del tweed a través del teléfono. Gideon es un
clásico caballero inglés, sesenta y cinco si él está un día, con cabello blanco y gafas.
Es la clase de hombre con relojes de bolsillo y largos estantes de meticulosos libros
empolvados que van desde el piso hasta el techo. Solía empujarme en la escaleras
movedizas cuando era una niña quería que buscara algún extraño volumen con
duendes, hechizos cegadores, o lo que sea. Mi familia y yo pasamos un verano con
él, mientras mi padre casaba un fantasma que estaba asechando Whitechapel
9
,
alguna clase de aspirante de Jack el Destripador.


8
Hampstead Heath (conocido como el "Heath") es un antiguo parque de Londres.
9
Whitechapel es un barrio construido en el centro de la ciudad en el distrito londinense de Tower
Hamlets, Londres, Inglaterra.
M



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—Dime Theseus —dice—. ¿Cuándo piensas volver a Londres? Muchas cosas que
se agitan en la noche para mantenerte ocupado, varias universidades excelentes,
todas embrujadas hasta los topes.

—¿Has estado hablando con mi madre?

Se ríe, pero por supuesto que lo ha hecho, han sido cercanos desde que mi padre
murió, supongo que fue el mejor mentor de mi padre. Pero más que eso, cuando
papá fue asesinado. Tomó un avión el mismo día. Nos mantuvo juntas a mamá y a
mí, luego empezó a meterse en este problema sobre como mis estudios tienen que
continuar el año siguiente, y sobre como soy realmente suertudo de que mi padre
proveyera para mi educación y no me tendré que molestar con préstamos
estudiantiles y esas cosas. Era realmente afortunado porque una beca no está sólo
en las cartas, pero lo detengo. Tengo asuntos más importantes y urgentes.

—Necesito ayuda. Estoy metido en un lío.

—¿Qué clase de lío?

—Del tipo de muerte.

Escucha mientras le cuento sobre Anna. Escucho el sonido de la escalera
movediza, y jadea suavemente mientras sube para alcanzar un libro.

—Ella no es un fantasma ordinario, parece segura —dice.

—Lo sé algo la ha hecho más fuerte.

—¿De qué manera murió? —pregunta.

—No estoy seguro, según lo que he oído, fue asesinada por otros. Le cortaron la
garganta. Pero ahora ella esta embrujando su propia casa, matando a cualquiera
que dé un paso en ella, como alguna clase de araña maldita.

—Modales —regaña.

—Lo siento.

—Ciertamente, no es un fantasma cambiante —murmura, para él mismo—. Y su
comportamiento es demasiado controlado para ser un poltergeist
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—Se detiene, y

10
Poltergeist: es un supuesto fenómeno paranormal que engloba cualquier hecho perceptible, El
término suele utilizarse para definir todos los acontecimientos violentos que suceden en un lugar



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escucho voltear las páginas—. ¿Estás en Ontario, dices? ¿La casa no está construida
sobre alguna necrópolis nativa?

—No lo creo.

—Ummm.

Hay un par de umm más antes de que sugiera que sólo quemaré la casa y veré qué
pasa.

—No lo recomendaría —dice severamente—. La casa puede ser lo único que la está
atando.

—O podría ser la fuente de su poder.

—De hecho podría serlo, pero eso requiere investigación.

—¿Qué clase de investigación? —Sé lo que va a decir, que no sea perezoso que vaya
ahí y haga el trabajo de campo. Va a decirme que mi padre nunca rehuyó de la
aparición de grietas en un libro. Entonces va a quejarse de los jóvenes de hoy en
día. Si sólo supiera.

—Vas a tener que encontrar a un proveedor oculto.

—¿Ah?

—La chica debe de haber sido creada para guardar y vencer sus secretos. Algo le
ha… pasado algo la ha afectado y antes de que puedas exorcizar su espíritu de esa
casa, debes averiguar qué le pasó.

Eso no es lo que esperaba. Quiere que haga un hechizo. No hago hechizos. No soy
un brujo.

—¿Entonces para qué necesito un proveedor oculto? Mamá es una proveedora
oculta. —Veo mis brazos bajo el agua. Mi piel está empezando a picar, pero mis
músculos se sienten frescos. Y puedo ver detrás de la ennegrecida agua que mis
moretones están desapareciendo. Mi madre es una bruja herbal muy buena.

Gideon se ríe.


supuestamente encantado y para los cuales no existe una causa aparente que pueda describir la
ciencia.



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—Dios bendiga a tu madre, pero ella no es una proveedora oculta, ella es una muy
talentosa bruja blanca, pero ella no tiene interés en lo que se necesita aquí. No
necesitas un círculo de flores o un frasco de crisantemo
11
. Necesitas una pata de
pollo. Un pentagrama desenterrado. Algo de agua o un espejo de adivinación y un
círculo de piedras consagradas.

—También necesito una bruja.

—Luego de todos estos años, confío en que tienes lo necesario para encontrar al
menos eso.

Hago una mueca. Pero sólo dos personajes vienen a mi mente. Thomas y Morfan
Starling.

—Déjame terminar de investigar esto, Theseus, y te enviaré un email en uno o dos
días con el ritual completo.

—Está bien, Gideon Gracias.

—De nada, y Theseus.

—¿Sí?

—Mientras tanto, ve a la biblioteca y trata de averiguar lo que puedas acerca de la
forma en que esta chica murió. El conocimiento es poder ¿Sabes?

Sonrío.

—Trabajo de campo, correcto. —Cuelgo el teléfono. Él piensa que soy un
instrumento contundente, nada más que las manos y la pala y la agilidad, pero la
verdad es que he estado haciendo trabajo de campo, haciendo la investigación,
desde antes de empezar a usar el ―athame
12
‖.

Luego de la muerte de papá, tenía preguntas. El problema era, que nadie parecía
tener alguna respuesta. Así que las busqué por mí mismo, mamá y Gideon
empacaron y nos mudamos de la casa de Baton Rouge en la que nos alojamos muy
poco tiempo, pero no antes de que me las arreglé para hacer un viaje de regreso a la
finca en ruinas donde mi padre llegó a su fin.


11
Crisantemo: Chrysanthemum, es una flor, nativa de Asia y nordeste de Europa.
12
Athame: El athame es una daga ceremonial utilizada en la Wicca.



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Era una casa malditamente fea. Incluso enojado como estaba. No quería entrar. Si
es posible para un objeto inanimado brillar, resplandecer, entonces fue lo que esta
casa hizo. Cuando tenía siete años. Vi tirar al lado de las viñas. Vi secarse el musgo
y mostrar sus dientes. La imaginación es algo maravillosa ¿cierto?

Mi mamá y Gideon habían despejado el lugar días antes, tirando las runas y
encendiendo velas, asegurándose de que mi papá estaba en reposo, asegurándose de
que los fantasmas se habían ido. Sin embargo, cuando me acerqué al portón me
puse a llorar. Mi corazón me decía que mi padre estaba allí, que se escondió de
ellos para que me esperara, y que en cualquier momento iba a abrir la puerta,
mostrando esa gran sonrisa, muerto. Sus ojos se han ido, y su sonrisa no sería
enorme, en forma de medialuna, heridas en los costados y los brazos. Esto suena
estúpido, pero creo que me puse a llorar más cuando abrí la puerta y no estaba allí.

Respiro profundamente y siento el olor del té y lavanda. Que me lleva de vuelta a
mi cuerpo. Recordando aquel día, la exploración de esa casa, mi corazón late con
fuerza en mis oídos. En el otro lado de la puerta encontré signos de lucha y cambié
mi expresión de nuevo. Quería respuestas pero no me quiero imaginar los latidos de
mi padre yendo al infierno y regresando. No quería pensar en él estando asustado.
Pasé junto a la barandilla de grietas y me dirigí instintivamente a la chimenea. Las
habitaciones olían a madera vieja, como la putrefacción. También estaba el aroma
fresco de la sangre. No sé cómo sabía que era el olor de la sangre, más de lo que
sabía por qué me dirigí directamente a la chimenea.

No había nada en la chimenea, excepto décadas de carbón y ceniza. Y entonces lo
vi. Sólo una parte de ella, negro como el carbón, pero diferente de alguna manera.
Más suave. Fue notable y ominosa. Estiré el brazo y la saqué de las cenizas: una
cruz de color negro delgado de unas pulgadas de largo. Había una serpiente negra
enroscada en ella, cuidadosamente tejida en lo que enseguida supe que era un
cabello humano.

La seguridad que sentí cuando agarré esa cruz era la misma seguridad que corría a
través de mí cuando agarré un cuchillo de mi padre siete años más tarde. Fue en ese
momento que lo supe a ciencia cierta. Fue entonces cuando supe todo sobre la
magia que corría por la sangre de mi padre, que le permitió cortar a través de la
carne muerta y la envió fuera de nuestro mundo… también fluía por mis venas.

Cuando les mostré la cruz a Gideon y a mi madre, y les dije lo que había hecho,
ellos estaban desesperados. Yo esperaba que me calmaran, me mandaran como a
un bebé y me preguntaran si yo estaba bien. En cambio, Gideon agarró mis
hombros.




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—¡Nunca, nunca volverás allí! —gritó, y me sacudió con tanta fuerza que mis
dientes resonaban juntos. Agarró la cruz negra que tenía y nunca lo volví a ver. Mi
madre se quedó muy lejos y gritó. Había tenido miedo, Gideon nunca me había
hecho algo así antes. Siempre había sido como un abuelo, a escondidas me daba
dulces y me guiñaba un ojo, ese tipo de cosas. Sin embargo, papá acababa de ser
asesinado, y yo estaba enojado. Le pregunté a Gideon qué era la cruz.

Él me miró con frialdad, y luego retiró la mano y me apretó en la cara con tanta
fuerza que caí al suelo. Oí a mi madre soltar una especie de quejido, pero no
intervino. Entonces, los dos salieron de la habitación y me dejó allí. Cuando me
llamaron para la cena, estaban sonriendo y todo normal, como si nada hubiese
pasado.

Esto fue suficiente como para asustarme en silencio. Nunca me la devolvió. Pero
eso no significa que lo olvidé, y durante los últimos diez años he estado leyendo y
aprendiendo, siempre que podía. La cruz de color negro fue un talismán de vudú.
No se han dado cuenta de la importancia de la misma, o por qué estaba adornado
con una serpiente hecha de cabello humano. Según la tradición, la serpiente
sagrada se alimenta de sus víctimas por comer enteras. Mi padre fue devorado en
trozos.

El problema con esta investigación es que no puedo preguntar a las fuentes más
confiables que tengo. Me veo obligado a esconderme y hablar en clave, para
mantener a mamá y Gideon fuera de esto. También hace las cosas difíciles que el
vudú sea una mierda desorganizada. Todo el mundo parece que la practica de
manera diferente y el análisis es condenadamente casi imposible.

Dudo acerca de preguntarle a Gideon nuevamente, después que sus negocios con
Anna terminaron. Soy más maduro y experimentado ahora. No sería lo mismo esta
vez. Incluso yo lo creo, me hundo más en mi baño de burbujas. Porque aún
recuerdo la sensación de su mano a través de mi mejilla, y la furia en sus ojos, y
todavía me hace sentir como si tuviera siete.

***

Después me visto llamo a Thomas para pedirle que me recogiera y me llevara a la
tienda. Es curioso, pero me las arreglo para mantenerlo al margen. Estas son cosas
que tengo que decir a Morfran también, y no quiero tener que decirlas dos veces.

Me estoy preparando para un sermón de mi madre acerca de faltar a la escuela y
algunos recordatorios sobre porqué tenía que llamar a Gideon, lo que ella no duda
por casualidad, pero cuando camino por las escaleras oigo voces. Dos voces
femeninas. Una de ellas es mi madre. La otra es de Carmel .Yo recorro las escaleras



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y al salir a la luz, observo como los ladrones… Están sentadas en la sala de estar en
la silla de al lado, inclinándose hacia ellas y charlando con una bandeja de galletas
entre ellas. Una vez que ambos pies están en el nivel del suelo, dejan de hablar y me
sonríen.

—Hola Cas —dice Carmel.

—Hola Carmel. ¿Qué haces aquí?

Se gira y saca algo de su mochila.

—Traje tu tarea de biología. Es una tarea en pareja. Pensé que podríamos hacerla
juntos.

—¿Eso es dulce de su parte, no lo crees, Cas? —dice mi madre—. No quieres estar
atrasado en tu tercer día.

—Podríamos empezar ya —sugirió Carmel—, sosteniendo el papel.

Me acerco y se lo quito, le doy un vistazo. No sé por qué es un trabajo en grupo.
No es nada más que encontrar un montón de respuestas en el libro de texto. Pero
ella tiene razón. No debería quedarme atrás. No importa que cosas importantes,
como salvavidas había empezado.

—Eso fue bastante genial de tu parte —le digo, y lo digo en serio, a pesar de que
existe algún otro motivo en el trabajo aquí. Carmel no entiende una mierda acerca
de la biología. Me sorprendería si fuera a clase por sí misma. Carmel tomo la
materia porque quería una excusa para hablar conmigo. Ella quiere respuestas.

Enrollo la tarea de biología y golpeo con ella mi mano.

—Tal vez podamos trabajar en la biblioteca —le dije a Carmel—, y ella se coloca su
mochila y sonríe.

—Toma más de un galleta para el camino, querida —dice mamá, ambas tomamos
una, Carmel algo vacilante, y se dirige a la puerta.

—No tienes que comerla —le digo a Carmel una vez estamos en el portón—. Las
galletas de anís de mamá son definitivamente de un sabor distintivo.

Carmel ríe.

—Comí una ahí dentro y casi no logro comerla. Son como sucias medusas negras.



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Yo sonrío.

—No le digas a mi madre sobre eso. Ella misma inventó la receta. Ella está
totalmente orgullosa de ello. Se supone que te traerá suerte o algo así.

—Tal vez debería comer luego. —Ella mira hacia abajo a lo largo por un minuto,
luego levanta la vista y se queda mirando fijamente mi mejilla. Sé que hay un gran
espacio de moretón negro a través del hueso—. Volviste a casa sin nosotros.

—Carmel.

—¿Estás loco? Pudiste haber sido asesinado.

—Y si hubiéramos ido todos, todos habríamos muerto. Escucha, sólo sigue con
Thomas y su abuelo. Van a encontrar algo mejor. Mantente calmada.

Hay una ráfaga de viento fría, una previa visión de una caída, moviéndose a través
de mi cabello como dedos de agua… congelada. Mientras miro por la calle, veo el
Tempo
13
de Thomas dirigiéndose a nosotros, con puerta de reemplazo y una
pegatina de parachoques de Willy Wonka. El chico conduce con estilo, y eso me
hace sonreír.

—¿Puedo verte en la biblioteca en una hora o más? —le pregunto a Carmel.

Ella sigue mi mirada y ve a Thomas que se acercaba.

—Por supuesto que no. Quiero saber lo que está pasando. Si pensaste por un
minuto que creía en alguna de esas tonterías que Morfran y Thomas estaban
tratando de decirnos anoche... no soy estúpida, Cas. Conozco una distracción
cuando la veo.

—Sé que no eres estúpida, Carmel. Y si eres tan inteligente como creo que eres, vas
a permanecer fuera de esto y nos veremos en la biblioteca en una hora. —Voy por
los escalones del portón y camino, haciendo un gesto con mis dedos rodándolos
para que Thomas no se detenga. Lo entiende y se desacelera lo suficiente como
para que yo abra la puerta y salte dentro del auto. Luego nos alejamos, dejando a
Carmel mirando detrás de nosotros.

—¿Qué estaba haciendo Carmel en tu casa? —pregunta hay algo más que un poco
de celos en eso.

13
Tempo: El Ford Tempo es un automóvil coupé.



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—Yo quería un masaje en la espalda y luego lo hicimos durante una hora —le digo,
y luego le doy un golpe en el hombro—. Thomas. Vamos. Ella estaba dejándome la
tarea de biología. Iremos a su encuentro en la biblioteca después de hablar con tu
abuelo. Ahora dime lo que pasó con los chicos ayer por la noche.

—Realmente le gustas, ¿Lo sabes?

—Pero te gusta más —digo—. ¿Así que, qué paso? —Está tratando de creerme que
no estoy interesado en Carmel y que soy su amigo para respetar sus sentimientos
hacia ella Por extraño que parezca, las dos cosas son ciertas.

Finalmente, él suspiró.

—Los llevamos en una real búsqueda de una aguja de un pajar. Fue la bomba. Los
convencimos de que si colgaban sacos de sulfuro encima de sus camas, ella no sería
capaz de atacarlos en sus sueños.

—Jesús. No lo hagan tan poco realista. Necesitamos mantenerlos ocupados.

—No te preocupes. Morfran hizo un buen espectáculo. Conjuró una llama azul e
hizo un falso trance y todo. Les dijo que estaría trabajando en un conjuro de
destierro, pero necesitaría la luz de la próxima luna llena para terminarlo. ¿Crees
que eso será tiempo suficiente?

Normalmente hubiera dicho que sí. Después de todo, el asunto no es localizar a
Anna. Sé donde está.

—No estoy seguro —repliqué—. Regresé anoche y pateó mi trasero por toda la
habitación.

—¿Entonces qué harás?

—Le hablé a un amigo de mi padre. Dijo que necesitaríamos averiguar qué es lo
que está dando toda su fuerza extra. ¿Conoces alguna bruja?

Me entrecerró los ojos.

—¿No es tu madre una?

—¿Conoces alguna bruja oscura?

Él se retorció un poco y luego se encogió de hombros.



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—Bueno, yo, supongo. No soy realmente tan bueno, pero puedo lanzar barreras y
hacer que los elementos trabajen para mí y esas cosas. Morfran lo es, pero él ya no
práctica tanto —hace un giro a la izquierda y se detiene fuera de una tienda de
antigüedades. A través de la ventana puedo ver el entrecano perro negro, su nariz
contra el vidrio y su cola golpeando contra el suelo.

Entramos y encontramos a Morfran parado detrás del mostrador fijando el precio
de un anillo nuevo, algo hermoso y de época con la gran piedra negra.

—¿Sabes algo sobre el oficio de los conjuros y exorcismos? —pregunté.

—Claro —dice sin mirar hacia arriba de su trabajo. Su perro negro ha terminado de
saludar a Thomas y mueve el resto de su cuerpo pesadamente contra su muslo—.
Este lugar estuvo hechizado hasta la mierda cuando lo compré. A veces todavía lo
está. Las cosas vienen con sus dueños todavía encariñados, si sabes lo que quiero
decir.

Miro alrededor de la tienda. Por supuesto. Las tiendas de antigüedades casi siempre
tienen un espectro o dos moviéndose alrededor. Mis ojos se posan en un gran
espejo en forma de óvalo puesto en la parte trasera de un tocador de roble.
¿Cuántos rostros han mirado en él? ¿Cuántos reflejos muertos esperan ahí y se
susurran los unos a los otros en la oscuridad?

—¿Puedes darme suministros? —pregunto.

—¿De qué clase?

—Necesito patas de pollo, un círculo de piedras consagradas, un pentagrama de
destierro, y alguna clase de cosita de adivinación

Me dirigió una mirada asesina.

—¿Cosita de adivinación? Suena bastante técnico.

—Todavía no tengo detalles, ¿está bien? ¿Puedes conseguirlo o no?

Morfran se encoge de hombros.

—Puedo enviar a Thomas abajo al Superior con una bolsa. Saca trece piedras del
lago. No vienen más consagradas que eso. Las patas de pollo las tendré que
ordenar, a la cosita de adivinación, bueno, apuesto a que quieres un espejo o algo
por el estilo, o posiblemente un tazón de adivinación.



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—Un tazón de adivinación ve el futuro —Thomas dice—. ¿Qué querría él con eso?

—Un tazón de adivinación ve lo que sea que quieras ver —Morfran lo corrigió—.
Y el pentagrama de adivinación, creo que podría ser exagerado. Quema algunos
inciensos protectores, o algunas hierbas. Eso debería ser suficiente.

—No sabes con lo que estamos tratando aquí, ¿cierto? —pregunto—. Ella no es
solamente un fantasma. Es un huracán. La exageración está bien para mí.

—Escucha, niño. De lo que estás hablando no es nada más que una falsa sesión de
espiritismo. Convocando el espíritu y atándolo en el círculo de piedras. Usa el
tazón de adivinación para obtener tus respuestas. ¿Estoy en lo cierto?

Asiento. Él hace que suene tan fácil. Pero para alguien que no hace hechizos y pasó
la última noche siendo lanzado como una bola de goma, va a ser jodidamente cerca
a imposible.

—Tengo a un amigo en Londres haciendo lo específico. Tendré el hechizo en unos
días. Podría necesitar un par de suministros, dependiendo.

Morfran se encogió de hombros.

—El mejor momento para hacer un conjuro de vínculo es la luna menguante de
todos modos —dice él—. Eso te da una semana y media. Suficiente tiempo. —Me
entrecierra los ojos y se parece demasiado a su nieto—. Ella está sacando lo mejor
de ti, ¿verdad?

—No por mucho.

***

La biblioteca pública no es tan impresionante de mirar, aunque se supone que yo he
sido mimado creciendo con mi padre y las colecciones de sus amigos de
polvorientos tomos. Lo hace, de todos modos, tiene una colección de historia local
bastante decente, lo cual es realmente importante. Ya que tengo que encontrar a
Carmel y fijar toda su tarea de biología, pongo a Thomas en la computadora,
buscando por la base de datos en línea por algún registro de Anna y su muerte.

Encuentro a Carmel esperando en la mesa detrás de los estantes.

—¿Qué está haciendo Thomas aquí? —ella pregunta mientras me siento.




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—Buscando —me encojo de hombros—. ¿Así que de qué es la tarea de biología?

Ella me sonríe.

—Clasificación taxonómica.

—Asqueroso. Y aburrido.

—Tenemos que hacer un cuadro que va desde filum hasta especies. Tenernos
cangrejos ermitaños y pulpo. —Ella alza sus cejas—. ¿Cuál es el plural para pulpo?
¿Es ―pulposes‖?

—Creo es pulpos —dije, volteando el libro abierto hacia mí. Necesitamos empezar,
aunque es la última cosa que quiero estar haciendo. Quiero tener papel periódico en
mis dedos con Thomas, buscando nuestra chica asesinada. Puedo verlo en la
computadora desde donde estoy sentado, encorvado hacia la pantalla, haciendo clic
febrilmente con el mouse. Luego escribe algo en un trozo de papel y se levanta.

—Cas —escucho a Carmel decir, y por el tono de su voz ella ha estado hablando
por un rato. Pongo mi mejor encantadora sonrisa.

—¿Hm?

—Dije, ¿quieres hacer el pulpo, o el cangrejo ermitaño?

—Pulpo —digo—. Son buenos con un poco de aceite de oliva y limón. Poco
freídos.

Carmel hace un gesto de asco.

—Eso es asqueroso.

—No, no lo es. Solía comerlos todo el tiempo con mi padre en Grecia.

—¿Has estado en Grecia?

—Sí —dije, hablando distraídamente mientras pasaba las páginas de
invertebrados—. Vivimos allí por unos meses cuando tenía cuatro. No recuerdo
mucho.

—¿Tu padre viaja mucho? ¿Por trabajo o algo así?

—Sí. O al menos lo hacía.



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—¿Ya no lo hace?

—Mi padre está muerto —digo. Odio decirle esto a la gente. Nunca sé exactamente
cómo va a sonar mi voz diciéndolo, y odio las miradas de lástima que tienen en sus
rostro cuando no saben que decir. No miro a Carmel. Sólo sigo leyendo sobre los
diferentes géneros. Ella dice que lo siento, y pregunta cómo sucedió. Le cuento que
fue asesinado y ella da un grito ahogado.

Esas son las respuestas correctas. Debería ser golpeado por intentar ser simpática.
No es su culpa que no lo esté. Es sólo que he visto esas miradas y escuchado esos
gritos ahogados por mucho tiempo. No hay nada sobre la muerte de mi padre que
me haga enojar más.

Me golpea de repente que Anna es mi último trabajo de entrenamiento. Ella es
increíblemente fuerte. Es la cosa más difícil que puedo imaginar enfrentarme. Si la
venzo, estaré listo. Estaré listo para vengar a mi padre.

La idea me hace detener. La idea de regresar a Baton Rouge, volver a esa casa,
siempre ha sido casi abstracta. Sólo una idea, un plan a largo plazo. Supongo que
por toda mi búsqueda sobre vudú, parte de mi ha estado procrastinando. No he
sido particularmente efectivo, después de todo. Todavía no sé cómo fue asesinado
mi padre. No sé si seré capaz de conseguirlos, y estaré por mi cuenta. Traer a
Mamá está fuera de cuestión. No después de año de esconder libros y discretamente
hacer clic saliéndome de sitios web cuando ella entraba a la habitación. Me
castigaría de por vida si siquiera supiera que lo estaba pensando.

Un golpe en mi hombro de saca de mi trance. Thomas pone un periódico frente a
mí… una frágil y amarilla cosa vieja que estoy sorprendido de lo dejen fuera de
cristal.

—Esto es lo que pude encontrar —dice, y ahí está ella, en la página principal,
debajo del encabezado que dice ―Chica Se Encuentra Asesinada‖

Carmel se pone de pie para observar mejor.

—¿Es esa…?

—Es ella —Thomas suelta emocionadamente—. No hay tantos otros artículos. La
policía fue inútil. Duramente interrogaron a alguien. —Tiene diferentes periódicos
en sus manos; está hojeándolos—. Él último es solamente su necrología: Anna
Korlov, amada hija de Malvina, fue enterrada para descansar el jueves en el Cementerio
Kivikoski.



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—Pensé que estabas buscando un papel, Thomas —Carmel comentó, y Thomas
comenzó a chisporrotear y explicar. No me importaba un carajo lo que estuvieran
diciendo. Estoy mirando su foto, una foto de una chica viva, con piel pálida y largo
y oscuro cabello. No está cerca de atreverse a sonreír, pero sus ojos son brillantes,
curiosos y emocionados.

—Es una pena —Carmel suspira—. Era tan bonita. —Extiende su mano para tocar
el rostro de Anna, y pasa sus dedos. Algo me está sucediendo, no sé que es. Esta
chica que estoy mirando es un monstruo, una asesina. Esta chica por alguna razón
sacudió mi vida. Cuidadosamente trazo su cabello, el cual está sostenido hacia
arriba con un moño. Hay una sensación cálida en mi pecho pero mi cabeza está
helada. Creo que podría desmayarme.

—Hey, hombre —Thomas dice, y mueve mis hombros un poco—. ¿Qué está mal?

—Uh —medio balbuceo, no sabiendo qué decirle, o a mí mismo. Miro lejos para
ganar tiempo, y ver algo que hace que mi mandíbula se tense. Hay dos oficiales de
policía parados en la recepción de la biblioteca.

Decirle algo a Carmel y Thomas sería estúpido. Ellos instintivamente mirarían por
encima de sus hombros y eso sería condenadamente sospechoso. Así que sólo
espero, discretamente desgarrando la necrología de Anna fuera del frágil periódico.
Ignoro el furioso siseo de Carmel de ―¡No puedes hacer eso!‖ y lo pongo en mi
bolsillo. Luego discretamente cubro el periódico con mis libros y mochilas y señalo
una imagen de una jibia.

—¿Alguna idea de dónde encaja eso? —pregunto. Ambos me están mirando como
si hubiera me hubiera vuelto loco. Lo cual está bien porque la bibliotecaria se ha
volteado y nos señala. Los policías están comenzando a venir hacia nuestra mesa,
justo como sabía que harían.

—¿De qué estás hablando? —Carmel pregunta.

—Estoy hablando sobre la jibia —digo medianamente—. Y te digo que luces
sorprendida, pero tan sorprendida.

Antes de que ella pueda preguntar, el ruido de pasos de dos hombres llegando con
esposas, linternas y armas de bolsillos es lo suficientemente alto para justificar
voltearnos. No puedo ver su rostro, pero espero que ella no luzca tan mortalmente
culpable como Thomas. Me inclino hacia él y él traga y se recompone.




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—Hola, niños —el primer policía dice con una sonrisa. Él es un tipo de aspecto
robusto y amigable que es alrededor de tres centímetros más bajo que Carmel y yo.
Él dice esto al mirar a Thomas directo a los ojos—. ¿Estudiando un poco?

—S… sí—Thomas tartamudea—. ¿Hay algún problema, Oficial?

El otro policía está echando un vistazo a nuestra mesa, mirando nuestros libros
abiertos. Es más alto que su pareja, y más delgado, con una nariz de águila llena de
poros y una barbilla pequeña. Él es tan feo como un insecto pero espero que no sea
malvado.

—Soy el Oficial Roebuck —dice amigablemente—. Este es el Oficial Davis. ¿Les
importa si les preguntamos algunas cosas niños?

Un encogimiento de hombros grupal nos pasa.

—¿Todos conocen a un chico por el nombre de Mike Andover?

—Sí —Carmel dice.

—Sí —Thomas concuerda.

—Un poco —digo—. Lo conocí hace unos días. —Demonios esto es desagradable.
El sudor está pasando por mi frente y no puedo hacer nada al respecto. Nunca
había hecho esto antes. Nunca había matado a alguien.

—¿Saben cómo despareció? —Roebuck nos mira a cada uno cuidadosamente.
Thomas solamente asiente; así que yo también lo hago.

—¿Ya lo encontraron? —Carmel pregunta—. ¿Está bien?

—No, no lo hemos encontrado. Pero de acuerdo a testigos visuales, ustedes dos
fueron las últimas personas vistas con él. ¿Les importaría decirnos que sucedió?

—Mike no quería quedarse en la fiesta —Carmel dice fácilmente—. Nos fuimos
para pasar el rato en otra parte, no sabíamos exactamente en donde. Will
Rosenberg estaba conduciendo. Salimos de las carreteras de Dawson. Bastante
rápido Will se detuvo y Mike salió.

—¿Él solamente salió?




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—Él estaba molesto porque yo estuviera saliendo con Carmel —interrumpí—. Will
y Chase estaba tratando de ayudar, calmarlo, pero él no quería. Dijo que iba a
caminar a casa. Que quería estar sólo.

—¿Estaban conscientes de que Mike Andover vivía al menos a diez kilómetros del
área de la que están hablando? —dijo el Oficial Roebuck.

—No, no lo sabía —respondí.

—Tratamos de detenerlo —Carmel dice—, pero él no escuchaba. Así que nos
fuimos. Pensé que él solamente llamaría después, e iríamos a recogerlo. Pero nunca
lo hizo. —La facilidad de mentir es inquietante, pero al menos explica la
culpabilidad escrita en nuestros rostros—. ¿Está en verdad desaparecido? —Carmel
pregunta estridentemente—. Pensé… esperé que sólo fuera un rumor.

Ella nos vende por todos. Los policías visiblemente se suavizan después de su
preocupación. Roebuck nos dice que Will y Chase los llevaron a donde habían
dejado a Mike, y que hubo una búsqueda en donde la fiesta comenzó. Preguntamos
que si podíamos ayudar pero él nos dijo que era mejor que se lo dejáramos a
profesionales. En unas horas el rostro de Mike debería estar puesto en los
noticieros. Toda la ciudad se movilizaría a los bosques con linternas y protectores
de lluvia, rebuscando pistas de él. Pero de alguna manera sabía que no lo harían.
Esto es todo lo que Mike Andover va a obtener. Una mala búsqueda y unos pocos
policías preguntando. No sé cómo lo sé. Algo en sus ojos, como si estuviera
caminando medio dormidos. Como si no pudieran esperar para que se terminara,
para comida caliente en sus barrigas y sus pies alzados en el sofá. Me pregunto si
pueden sentir que hay algo más sucediendo con lo que pueden tratar. Si la muerte
de Mike está transmitiéndose en una frecuencia baja de extrañez en sucesos sin
explicación, diciéndole en un suave zumbido que solamente lo dejen en paz.

Después de unos minutos más los oficiales Roebuck y Davis dicen sus adioses hacia
nosotros y nos hundimos de nuevo en nuestras sillas.

—Eso fue… —Thomas comenzó y no terminó.

Carmel tiene una llamada en su móvil y la entiende. Cuando se voltea lejos para
hablar, escucho que susurra cosas como: ―no lo sé‖ y ―estoy segura de que lo
encontrarán‖. Luego cuelga y sus ojos están tensos.

Ella sostiene su móvil como una clase de indiferencia.

—Nat —dice ella—. Está tratando de consolarme, supongo. Pero no estoy de
ánimo para una noche de chicas de películas, ¿sabes?



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—¿Hay algo que pueda hacer? —Thomas pregunta gentilmente, y Carmel
comienza a hojear los papeles.

—Solamente me gustaría terminar esta tarea, honestamente —dice, y asiento.
Deberíamos tomarnos tiempo para algo normal ahora. Deberíamos trabajar,
estudiar y prepararnos para rendir nuestro examen del viernes. —Porque yo puedo
sentir el recorte de periódico en mi bolsillo como si pesara cien kilos. Sentir la foto
de Anna, salida de hace sesenta años, y no puedo evitar desear protegerla, querer
salvarla de convertirse en lo que ya es.

Creo que no habrá mucho tiempo para la normalidad, después.




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Capítulo 12


Traducido por Sophie12 y Emii_Gregori
Corregido por Mishy


e despierto cubierto en sudor, he estado soñando, soñando con algo
descansando sobre mí. Algo con dientes torcidos y dedos curvados.
Algo con el aliento que huele como si hubiera estado comiendo
personas por décadas sin cepillárselos. Mi corazón golpea en mi pecho. Busco
debajo de mi almohada la daga de mi papá, y por un segundo podría jurar que mis
dedos se cierran alrededor de una cruz, una cruz enrollada con una serpiente
áspera. Luego el mango de mi cuchillo está ahí, sano y salvo en su funda de cuero.
Malditas pesadillas.

Mi corazón comienza a bajar el ritmo. Miro al piso, y veo a Tybalt, que me está
mirando con la cola inflada. Me pregunto si él estaba durmiendo en mi pecho y lo
empujé lejos cuando desperté. No lo recuerdo, pero desearía hacerlo, porque sería
muy chistoso.

Pienso en recostarme de nuevo, pero no. Tengo esta molesta, tensa, sensación en
todos mis músculos, y, aunque estoy cansado, lo que realmente quiero hacer es algo
de atletismo y hacer… unos lanzamientos de bala y correr algunos obstáculos.
Afuera, el viento debe estar soplando, porque esta vieja casa cruje y gime en sus
cimientos, las tablas del suelo se mueven como fichas de dominó así que suenan
como pasos rápidos.

El reloj a mi lado marca las 3:47. Por un segundo olvido qué día es hoy. Pero es
sábado. Así que al menos no tengo que levantarme para la escuela mañana. Las
noches están comenzando a sangrar juntas. He tenido tal vez tres noches buenas de
sueño desde que llegamos.

Salgo de la cama sin pensarlo y me pongo mis jeans y una camiseta, luego meto mi
daga en mi bolsillo trasero y bajo las escaleras. Me detengo sólo para ponerme los
zapatos y tomar las llaves del auto de mi mamá de la mesa de café. Después, estoy
manejando a través de calles oscuras bajo la luz de una luna creciente. Sé a dónde
me dirijo, aunque no recuerdo haberlo decidido.

***

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Estaciono al final de la entrada cubierta de Anna y salgo del auto, aún sintiéndome
como si estuviera caminando dormido. Nada de la tensión de mi pesadilla se ha ido
aún de mis extremidades. Ni siquiera escucho el sonido de mis propios pies en los
escalones del destartalado porche, o siento mis dedos cerrarse alrededor del pomo
de la puerta. Luego entro, y caigo.

La entrada ha desaparecido. En cambio caigo unos dos metros de cara a una
polvorienta, fría tierra. Unas respiraciones profundas llevan aire de nuevo a mis
pulmones y en un reflejo estiro mis piernas hacia arriba, sin pensar nada más que
¿qué carajo? Cuando mi cerebro se enciende de nuevo espero medio agachado y
flexiono mis cuádriceps. Tengo suerte de tener ambas piernas aún funcionando,
pero ¿dónde demonios estoy? Mi cuerpo se siente como si estuviera por quedarse sin
energía. Donde sea que esté, es oscuro, y apesta. Intento mantener mi respiración
calmada para no entrar en pánico, y también para no aspirar demasiado. Apesta a
humedad y putrefacción. Muchas cosas han, o muerto aquí abajo o muerto en otra
parte y han sido metidos aquí.

Ese pensamiento me hace buscar de nuevo mi cuchillo, mi afilada, corta-gargantas
red de seguridad, mientras miro alrededor. Reconozco la etérea luz gris de la casa;
está filtrándose a través de lo que creo son las tablas del suelo. Ahora que mis ojos
están concentrados, veo que las paredes y el piso son en parte mugre y parte roca
áspera cortada. Mi mente me ve rápidamente, caminando a través de los escalones
del porche y atravesando la puerta. ¿Cómo terminé en el sótano?

—¿Anna? —llamo suavemente, y el suelo se tambalea bajo mis pies. Me apoyo
contra una pared, pero la superficie bajo mi mano no es tierra. Es blanda. Y
húmeda. Y está respirando.

El cuerpo de Mike Andover está medio sumergido en la pared. Yo estaba
descansando mi mano en su estómago. Los ojos de Mike están cerrados, como si
estuviera durmiendo. Su piel luce más oscura y flexible que antes. Se está
pudriendo, y por la forma en que está situado en las rocas, me da la impresión de
que la casa está lentamente tragándolo. Lo está digiriendo.

Me muevo lejos unos pasos. Realmente preferiría que no me contara de esto.

Un suave sonido de algo arrastrándose llama mi atención y giro para ver una figura
cojeando hacia mí, como si estuviera borracha, tambaleándose y sacudiéndose. El
shock de no estar solo es momentáneamente eclipsado por la pesadez de mi
estómago. Es un hombre, y huele a orina y alcohol. Está vestido con ropa sucia, un
viejo abrigo envuelto y pantalones con hoyos en las rodillas. Antes de que pueda
quitarme del camino, una mirada de miedo cruza su rostro. Su cuello gira alrededor



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de sus hombros como si fuera la tapa de una botella. Escucho el largo crujido de su
médula espinal y se desploma en el suelo, a mis pies.

Estoy empezando a preguntarme, si alguna vez me desperté. Luego, por alguna
razón, la voz de mi padre surge entre mis orejas.

“No temas a la oscuridad, Cas. Sin embargo no dejes que te digan que todo lo que está ahí en
la oscuridad está también en la luz. No es así.”

Gracias, papá. Sólo una de las muchas joyas de emotiva sabiduría que tenías que
impartir.

Pero tenía razón. Bueno, razón acerca de la última parte al menos. Mi sangre está
bombeando y puedo sentir la vena yugular en mi cuello. Después escucho a Anna
hablar.

—¿Ves lo que hago? —pregunta, pero antes de que pueda contestar, me rodea con
cuerpos, más de los que puedo contar, esparcidos por el suelo como basura, y
apilados hasta el techo, brazos y piernas arreglados en una grotesca trenza. La
pestilencia es horrible. Con el rabillo del ojo, veo uno moverse, pero cuando miro
más de cerca veo que es el movimiento de insectos comiéndose el cuerpo,
torciéndose bajo la piel y levantándose en imposibles pequeños aleteos. Sólo algo
en los cuerpos se mueve con su propio poder: Los ojos ruedan débilmente dentro y
fuera de sus cabezas, cubiertos en moco y lechosos, como si estuvieran tratando ver
lo que ocurre con ellos pero ya no tienen la energía.

—Anna —digo suavemente.

—Estos no son los peores —sisea. Tiene que estar bromeando. A algunos de estos
cuerpos les han hecho cosas horribles. Les faltan extremidades o todos sus dientes.
Están cubiertos en sangre seca de cientos de costras sobre los cortes. Y muchos de
ellos son jóvenes.

Rostros como el mío o más jóvenes, con sus mandíbulas arrancadas y moho en sus
dientes. Cuando miro detrás de mí y me doy cuenta de que los ojos de Mike se han
abierto, sé que tengo que salir de aquí. Condenado cazador de fantasmas, a la
mierda con el legado familiar. No me estoy quedando un minuto más en una
habitación llenándose de cuerpos.

No soy claustrofóbico, pero ahora mismo parece que tengo que decírmelo muy
alto. Después veo lo que no tuve tiempo de ver antes. Hay una escalera, que guía al
piso principal. No sé cómo me dirigió directamente al sótano, y no me importa.



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Sólo quiero estar de nuevo en el vestíbulo. Y una vez que esté ahí arriba, quiero
olvidar lo que reside bajo mis pies.

Voy hacia las escaleras, y ahí es cuando envía el agua, brotando y levantándose de
todas partes… quebrando las paredes, filtrándose directamente del suelo. Es
inmundo, es tan lodoso y líquido, y en un segundo está subiendo hasta mi cintura.
Comienzo a entrar en pánico cuando el cuerpo del vagabundo con el cuello roto
flota más allá. No quiero nadar con ellos. No quiero pensar en todo lo que está
debajo del agua, y mi imaginación inventa algo realmente estúpido, como cuerpos
desde el fondo de las pilas abriendo sus mandíbulas de repente y revolviéndose a lo
largo del piso, apurándose para tomar mis piernas como cocodrilos. Empujo más
allá del vagabundo, flotando como una manzana agusanada, y me sorprende oír un
pequeño gemido de mis labios. Me voy a atragantar.

Llego a la escalera justo cuando una pila de cuerpos se desplaza y colapsa con un
chapuzón enfermizo.

—Anna, ¡detente! —Toso, intentando mantener al agua verde fuera de mi boca. No
creo que lo lograré. Mis ropas están tan pesadas como en una pesadilla y estoy
subiendo los escalones en cámara lenta. Finalmente golpeo mi mano con el suelo
seco y me sacudo hacia el nivel del suelo.

El alivio dura casi medio segundo. Luego chillo como un pollo y me alejo de la
puerta del sótano, esperando que el agua y las manos muertas vengan a arrastrarme
de vuelta. Pero el sótano está seco. La luz gris se derrama hacia abajo y puedo ver
los escalones y unos pocos pies del suelo. Está todo seco. No hay nada ahí. Luce
como cualquier bodega en la que puedas almacenar latas. Para hacerme sentir aún
más estúpido, mis ropas tampoco están mojadas.

Demonios Anna. Odio esa manipulación tiempo-espacio, alucinaciones, lo que sea.
Nunca te acostumbras.

Me paro y sacudo mi camisa aunque no hay nada que sacudir, observando
alrededor. Estoy en lo que solía ser la cocina. Hay un polvoriento horno negro y
una mesa con tres sillas. Realmente me gustaría sentarme en una, pero los armarios
empiezan a abrirse y cerrarse por sí solos, los cajones cerrándose de golpe y las
paredes comienzan a sangrar. Golpeando puertas y rompiendo platos. Anna está
actuando como un poltergeist común. Que vergonzoso.

Una sensación de seguridad se instala en mi piel. Puedo manejar un poltergeist. Me
encojo de hombros y camino fuera de la cocina y hacia la sala de estar, donde el
sofá con sábanas luce confortablemente familiar. Colapso sobre este con lo que



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espero luzca como una decente demostración de valentía. No importa que mis
manos sigan temblando.

—¡Vete! —grita Anna directamente desde arriba de mi hombro. Ojeo sobre la parte
de atrás del sofá y ahí está, mi diosa de la muerte, su cabello serpenteando en una
gran nube de humo negro, sus dientes rechinando lo suficiente para hacer sangrar
las encías vivas. El impulso de saltar con mi daga en la mano hace latir mi corazón
a doble velocidad. Pero respiro hondo. Anna no me mató antes. Y mi instinto tiene
una corazonada de que ahora ella no quiere matarme. ¿Por qué más desperdiciaría
tiempo en el show de luces cargado de cuerpos escaleras abajo? Le doy mi mejor
sonrisa arrogante.

—¿Qué si no lo hago? —pregunto.

—Viniste a matarme —gruñe, obviamente decidiendo ignorar mi pregunta—. Pero
no puedes.

—¿Qué parte de eso verdaderamente te enoja? —Sangre oscura se mueve a través
de sus ojos y su piel. Ella es terrible, repugnante, una asesina. Y sospecho que estoy
completamente seguro con ella—. Encontraré una manera, Anna —le prometo—.
Habrá una manera de matarte, de enviarte lejos.

—No quiero irme —dice. Su forma completa aparece y la oscuridad se derrite en su
interior, y parada frente a mí está Anna Korlov, la chica de la foto del periódico—.
Pero merezco ser asesinada.

—No lo hiciste una vez —digo, no exactamente en desacuerdo. Porque no creo que
esos cuerpos escaleras abajo hayan sido sólo creaciones de su imaginación. Creo
que en alguna parte, Mike Andover está probablemente siendo lentamente
devorado por las paredes de esta casa, aún si no puedo verlo.

Está sacudiendo sus brazos, abajo cerca de las muñecas en las que hay venas
persistentemente negras. Los sacude más fuerte y cierra los ojos, y desaparecen. Me
llama la atención que no estoy solamente mirando un fantasma. Estoy mirando un
fantasma, y a algo que se le hizo a ese fantasma. Son dos cosas diferentes.

—Tienes que luchar contra eso, ¿no? —digo suavemente.

Sus ojos están sorprendidos.

—Al principio, no podía luchar para nada. No era yo. Estaba loca, atrapada dentro,
y esto era simplemente terror, haciendo cosas horribles mientras yo observaba,
acurrucada en un rincón de nuestra mente. —Ladea la cabeza y el cabello cae



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suavemente sobre sus hombros. No puedo pensar en ellas como la misma persona.
La diosa y esta chica. Me la imagino mirando por sus propios ojos como si no
fueran nada más que ventanas, tranquila y con miedo en su vestido blanco.

—Ahora nuestras pieles han crecido juntas —continua—. Soy ella. Soy eso.

—No —digo, y en el minuto que lo digo, sé que es verdad—. La usas como una
máscara. Puedes quitártela. Lo hiciste para perdonarme. —Me levanto y camino
alrededor del sofá. Luce tan frágil, comparada con lo que era, pero no retrocede, y
no rompe el contacto visual. Ella no tiene miedo. Está triste, y curiosa, como la
chica en la fotografía. Me pregunto cómo fue cuando estaba viva, si se reía
fácilmente, si era lista. Es imposible pensar que mucho de esa chica permanece
ahora, sesenta años y Dios sabe cuántas muertes después.

Luego recuerdo que estoy realmente molesto. Agito mi mano hacia la cocina y la
puerta del sótano.

—¿De qué demonios iba eso?

—Pensé que deberías saber con lo que estás lidiando.

—¿Qué? ¿Una chica malcriada haciendo un berrinche en la cocina? —Estrecho mis
ojos—. Estabas intentando asustarme. Esa triste pequeña demostración se suponía
que debía enviarme corriendo por las colinas.

—¿Triste pequeña demostración? —se burla de mí—. Apuesto a que casi te haces
encima.

Abro mi boca y rápidamente la cierro. Ella casi me hizo reír, y a pesar de eso me
gusta estar molesto. Sólo que no literalmente. Oh, mierda. Estoy riendo.

Anna parpadea y sonríe, fugazmente. Está tratando de no reír.

—Yo estaba… —Se detiene—. Estaba enojada contigo.

—¿Por qué?

—Por tratar de matarme —dice, y entonces ambos nos reímos.




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—Y después trataste fuertemente de no matarme. —Sonrío—. Supongo que debió
parecer bastante rudo. —Estoy riendo con ella. Tenemos una conversación. Qué es
esto, ¿algún retorcido síndrome de Stockholm
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?

—¿Por qué estás aquí? ¿Viniste para intentar matarme de nuevo?

—Por extraño que parezca, no. Yo… he tenido pesadillas. Necesito hablar con
alguien. —Paso mi mano a través de mi cabello. Hace años que no me sentía tan
torpe. Tal vez nunca me he sentido de esta manera—. Supongo que sólo imaginé
que, bueno, Anna debería estar despierta. Así que aquí estoy.

Ella bufó un poco. Luego su frente se surcó.

—¿Qué puedo decir? ¿De qué podríamos hablar? He estado desconectada del
mundo por mucho tiempo.

Me encojo. Las siguientes palabras salen de mi boca, antes de saber lo que estaba
sucediendo:

—Bueno, realmente nunca estuve conectado al mundo en primer lugar, tampoco.
—Aprieto mi mandíbula y bajo mi mirada al suelo. No puedo creer que esté siendo
tan ―emo‖. Me estoy quejando con una chica que fue brutalmente asesinada a los
dieciséis años. Ella está atrapada en ésta casa de cadáveres y yo puedo ir a la
escuela y ser un troyano; puedo comer la asada mantequilla de maní de mamá,
emparedados de Cheez Whiz y…

—Caminas con los muertos —dice suavemente. Sus ojos están luminosos y (no
puedo creerlo) simpáticos—. Caminabas con nosotros desde…

—Desde que mi padre murió —dije—. Y antes de que él caminara con ustedes y yo
lo siguiera. La muerte es mi mundo. Todo lo demás, la escuela y los amigos, sólo
son cosas que consigo por medio de mi siguiente fantasma. —Nunca antes había
dicho esto. Nunca antes me había permitido pensar más de un segundo. Me
mantenía enfocado, y al hacerlo, logré no pensar demasiado sobre la vida o, sobre
vivir, sin importar lo mucho que mi madre me incitaba a divertirme, a salir, a
aplicarme para universidades.

—¿Nunca estuviste triste? —pregunta.


14
Strockholm: Podría traducirse como síndrome de ―estocolmo”. Es una reacción psíquica en la cual
la víctima de un secuestro, o persona retenida contra su propia voluntad, desarrolla una relación de
complicidad con quien la ha secuestrado. En ocasiones, dichas personas secuestradas pueden acabar
ayudando a sus captores a alcanzar sus fines o a evadir a la policía.



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—No mucho. Tenía este gran poder, ¿sabes? Tenía este objetivo. —Meto la mano
en el bolsillo de atrás y saco mi daga, extrayéndola de su cuero. La hoja brilla en la
grisácea luz. Algo en mi sangre, la sangre de mi padre y de mi abuelo, hace que sea
más que un cuchillo—. Soy el único en el mundo que puede hacer esto. ¿No
significa eso lo que se supone que debo hacer? —Mientras las palabras salían, las
resentí. Se llevan todas mis opciones. Anna cruza sus pálidos brazos. La inclinación
de su cabeza barre su cabello por encima de su hombro y es raro verlo allí tendido,
como siempre, con líneas oscuras. Estoy esperando a que se contraiga, para
moverse sobre aquella corriente invisible.

—El no tener elección no me parece justo —dice, pareciendo leer mi mente—. Pero
tenerlas a todas no es realmente fácil. Cuando estaba viva, nunca podía decidir lo
que quería hacer, lo que quería llegar a ser. Amaba tomar fotos, quería fotografiar
para un periódico. Amaba cocinar, y quería ir a Vancouver y abrir un restaurante.
Tenía un millón de sueños diferentes pero ninguno de ellos era más fuerte que el
resto. Al final, probablemente me habrían paralizado. Habría terminado aquí,
recorriendo la casa de huéspedes.

—No lo creo. —Ella parece una chica fuerte y razonable que fue asesinada con un
giro de sus dedos. Habría dejado todo esto atrás, si hubiera tenido la oportunidad.

—Honestamente, no recuerdo —suspira—. No creo haber sido fuerte cuando
estaba viva. Ahora parece como si amara cada momento, cada respiración era
encantadora y crujiente. —Ella bate sus palmas cómicamente en su pecho y respira
profundamente por la nariz, luego resopla en un ataque de furia—. Probablemente
no lo hice. Para todos mis sueños y fantasías, no recuerdo haber sido... ¿cómo lo
llaman? Vivaz.

Sonrío y ella también lo hace, entonces entremete su cabello detrás de su oreja en
un gesto que es tan vivo y humano que me hace olvidar lo que iba a decir.

—¿Qué estamos haciendo? —pregunto—. Estás tratando de que no te mate,
¿verdad?

Anna cruza sus brazos.

—Considerando que no puedes matarme, creo que sería un esfuerzo inútil.

Río.

—Eres muy confiada.




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—¿Lo soy? Sé que lo que me has mostrado no son tus mejores movimientos, Cas.
Puedo sentir la tensión en la hoja que llevas en la espalda. ¿Cuántas veces has
hecho esto? ¿Cuántas veces has luchado y ganado?

—Veintidós en los últimos tres años. —Lo digo con orgullo. Es más de lo que mi
padre ha hecho en la misma cantidad de tiempo. Soy lo que podrías llamar un
mérito adicional. Quería ser mejor que él. Más rápido. Más confiado. Porque no
quería terminar como él lo hizo.

Sin mi cuchillo no soy nada especial, sólo un chico normal de diecisiete años con
un cuerpo regular, tal vez un poco más flaco. Pero con la daga en mi mano podrías
pensar que era un cinturón negro de triple o algo así. Mis movimientos son seguros,
fuertes y rápidos. Tiene razón cuando dice que no ha visto lo mejor de mí, y no sé
por qué.

—No quiero hacerte daño, Anna. Lo sabes, ¿verdad? No es nada personal.

—Así como no quería matar a todas esas personas pudriéndose en mi sótano.
—Sonríe con tristeza.

Así que eran reales. —¿Qué te pasó? —pregunto—. ¿Qué te hace hacer esto?

—No es asunto tuyo —contesta.

—Si me dices... —comienzo pero no termino. Si ella me dice, podría entenderla. Y
una vez que la entienda, podría matarla.

Todo se vuelve más complicado. Esta inquisidora chica y ese monstruo negro sin
palabras son la misma persona. No es justo. Cuando deslice mi cuchillo a través de
ella, ¿podría cortarle? ¿Iría Anna a un lugar y su cuerpo a otro? ¿O se escapará al
vacío donde van los demás?

Pensé que había sacado esos pensamientos hace mucho tiempo. Mi padre siempre
me dijo que no era nuestro lugar juzgar, que sólo éramos el instrumento. Nuestra
tarea consistía en apartarlos de la vida. Sus ojos habían sido muy claros cuando lo
había dicho. ¿Por qué no tengo esa clase de certeza?

Levanto mi mano lentamente para tocar ese rostro frío, para rozar mis dedos a lo
largo de su mejilla, y estoy sorprendido de encontrarlo suave, y no de mármol. Ella
se paralizó, luego tímidamente levanta su mano para descansar en la mía.

El hechizo es tan fuerte que cuando la puerta se abre y Carmel entra, ninguno de
nosotros se mueve hasta que ella dice mi nombre.



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—¿Cas? ¿Qué estás haciendo?

—Carmel —dejo escapar, y allí está ella, con su figura enmarcada en la puerta.
Tiene su mano en el pomo y parece como si estuviera temblando. Da un paso
indeciso en la casa.

—Carmel, no te muevas —digo, pero ella está mirando a Anna, quien se aleja de
mí, arrugando su cara y agarrando su cabeza.

—¿Es ella? ¿Eso fue lo que mató a Mike?

Chica estúpida, se está alejando cada vez más de la casa. Anna se marcha tan
rápido como pueden en sus pies inestables, pero veo que sus ojos se han vuelto
negros.

—Anna, no lo hagas, ella no lo sabe —digo demasiado tarde. Lo que sea que le
permite a Anna perdonarme es, obviamente, un contrato por un tiempo. Se fue en
un giro de cabellos negros y sangre, piel pálida y dientes. Hay un momento de
silencio y escuchamos el goteo, goteo, goteo de su vestido.

Y luego se lanza, lista para empujar sus manos en las entrañas de Carmel.

Salto y le hago frente, pensando en el momento en que choco con esa fuerza de
granito que soy un idiota. Pero me las arreglo para alterar su curso, y Carmel salta a
un lado. Es el camino equivocado. Ahora está más lejos de la puerta. Se me ocurre
que sólo algunas personas tienen libros perspicaces. Carmel es un manso gato de
casa y Anna la convertirá en su almuerzo si no hago algo. Mientras Anna se agacha
en el suelo, con el rojo de su vestido fluyendo mórbidamente en el suelo y su
cabello y sus ojos desorbitados, me precipito hacia Carmel y me pongo entre ellas.

—Cas, ¿qué estabas haciendo? —pregunta Carmel, aterrorizada.

—Cállate y ve a la puerta —grito. Sostengo mi daga en frente de nosotros a pesar
de que Anna no tiene miedo. Cuando salta, es hacia mí esta vez, y le agarro la
muñeca con mi mano libre, usando mi otra mano para tratar de mantenerla al
margen con mi cuchillo.

—¡Anna, detente! —siseo, y el blanco vuelve a sus ojos. Sus dientes rechinan
mientras escupe sus palabras a través de ellos.

—¡Sácala de aquí! —gime. La empujo con fuerza, golpeando su espalda una vez
más. Entonces agarro a Carmel y nos escapamos por la puerta. No nos giramos



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hasta que estamos por los escalones del porche y de vuelta en tierra y pasto. La
puerta se cierra y escucho a Anna furiosa adentro, rompiendo y rasgando cosas.

—Dios mío, ella es horrible —susurra Carmel, enterrando su cabeza en mi hombro.
La aprieto suavemente por un momento antes de alejarla y caminar de regreso
hasta los escalones del porche.

—¡Cas! Aléjate de allí —grita Carmel. Sé lo que ella piensa que vio, pero lo que vi
fue a Anna tratando de detenerse. Cuando mi pie toca el porche, la cara de Anna
aparece en la ventana, con sus dientes al descubierto y sus venas sobresaliendo
contra la piel blanca. Ella golpea su mano contra el vidrio, sacudiéndolo
ruidosamente. Hay un agua oscura unida a sus ojos.

—Anna —susurro. Voy a la ventana, pero antes de que pueda levantar mi mano
ella se aleja flotando y da vuelta, deslizándose por las escaleras, y desapareciendo.





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Capítulo 13

Traducido por karoru
Corregido por Dianita

armel no dejaba de parlotear a medida que caminábamos rápidamente por
el descuidado camino de grava de Anna. Formulaba un millón de
preguntas a las cuales no les prestaba atención. Todo en lo que puedo
pensar es que Anna es una asesina. A pesar de todo Anna no es mala. Anna mata,
pero Anna no quiere matar. No es como cualquier otro fantasma que haya
enfrentado. Naturalmente, he escuchado de fantasmas sensibles, los que parecen
saber que están muertos. De acuerdo con Gideon son fuertes, pero raramente
hostiles. No sé qué hacer. Carmel agarra mi codo y me giro.

—¿Qué? —chasqueo.

—¿Me quieres decir exactamente qué estabas haciendo allí?

—Realmente no. —Debo hacer dormido más de lo que pensé… eso o estuve
hablando con Anna más rato que lo que pensé que fue, porque algunos rayitos
solares estaban atravesando las bajas nubes en el este. El sol es gentil pero se siente
rudo para mis ojos. Algo se me ocurre y pestañeo a Carmel, comprendiendo por
primera vez que ella está realmente aquí.

—Me seguiste —digo—. ¿Qué estás haciendo aquí?

Cambia torpemente su peso.

—No podía dormir. Y quería ver si era verdad, así que fui a tu casa y te vi salir.

—¿Querías ver si era verdad qué?

Me mira bajo sus pestañas, quiere que lo resuelva por mí mismo así que no me la
va a decir en voz alta, pero odio este juego. Después de unos largos segundos de
molesto silencio, ella lo rompe.

—Hablé con Thomas. Él dijo que tú… —niega con la cabeza como si se sintiera
estúpida por creer eso. Yo me siento estúpido por confiar en Thomas—. Él dijo que
tú asesinas fantasmas para ganarte la vida. Como que tú eres un caza fantasmas o
algo así.
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—No soy un cazador de fantasmas.

—¿Entonces que estabas haciendo ahí?

—Fui a hablar con Anna.

—¿Hablar con ella? ¡Ella mató a Mike! ¡Podría haberte matado!

—No puede —miro hacia la casa. Se siente extraño, hablar de ella tan cerca a su
casa. No se siente correcto.

—¿Hablaste con ella acerca de qué? —pregunta Carmel.

—¿Siempre eres tan molesta?

—¿Qué, cómo si fuera algo personal? —bufa.

—Tal vez lo fue —replico. Quiero salir de aquí. Quiero tomar el auto de mi mamá
y que Carmel me lleve a despertar a Thomas. Pienso que rasgaré el colchón bajo él.
Será divertido verlo rebotar aturdido en su caja de resortes—. Escucha, salgamos de
aquí, ¿vale? Sígueme de regreso a mi casa y podemos llevarle el auto a Thomas. Te
explicaré todo, lo prometo —agrego cuando se ve escéptica.

—Vale —dice.

—Y Carmel.

—¿Si?

—No me vuelvas a llamar caza fantasmas de nuevo, ¿correcto? —Sonríe, y yo
sonrío de vuelta—. Sólo para dejarlo claro.

Me pasa rozando para meterse en su coche, pero la agarro del brazo.

—No le has mencionado lo que Thomas te dijo a alguien más, ¿verdad?

Ella niega con la cabeza.

—¿Ni a Natalie o Katie?

—Le dije a Nat que nos encontraríamos así que cuidara mis espaldas por si mis
padres la llamaban. Les dije que me hospedaba allí.



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—¿Le dijiste que nos encontraríamos para...? —pregunté. Me dio una mirada
resentida. Supongo que Carmel Jones sólo se encuentra secretamente con chicos en
la noche por razones románticas. Pasé toscamente mi mano por mi pelo.

—Así que, ¿Qué se supone que haga en la escuela? ¿Qué hacemos? —creo que
estoy parpadeando demasiado. Y mis hombros están encorvados así que siento que
soy quince centímetros más pequeño que ella. Me mira fijamente, aturdida.

—¿No eres muy bueno en esto, o si?

—No he tenido mucha práctica, Carmel.

Se ríe. Maldita sea, realmente es adorable. No es de extrañar que Thomas vertiera
todos mis secretos. Un bateo de sus pestañas, probablemente lo derribó.

—No te preocupes —dijo—. Haré algo. Les diré a todos que eres un gran besador.

—No me hagas ningún favor. Escucha, solo sígueme a mi casa, ¿de acuerdo?

Inclina la cabeza y entra a su auto. Cuando entro al mío, quiero presionar mi
cabeza contra el volante hasta que la bocina suene. De esa forma la bocina cubrirá
mis gritos. ¿Por qué mi trabajo es tan duro? ¿Es por Anna? ¿O es algo más? ¿Por
qué no puedo mantenerlos alejados de mis asuntos? Esto nunca antes ha sido
difícil. Ellos aceptaron cualquier artículo de portada cursi que me inventé, porque
en el fondo no quieren saber la verdad. Como Chase y Will. Se tragaron fácilmente
la historia de cuento de hada de Thomas.

Pero es demasiado tarde también. Thomas y Carmel están dentro del juego. Y en
esta ocasión el juego es más peligroso.


* * *


—¿Thomas vive con sus padres?

—No lo creo —dice Carmel dijo—. Sus padres murieron en un accidente de auto.
Un conductor ebrio cruzo la línea. O al menos eso es lo que dicen las personas en la
escuela —se encoge de hombros—. Creo que solo vive con su abuelo. Un viejo
extraño.




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—Bien —golpeo la puerta. No me importa si despierto a Morfan. El viejo buitre lo
puede usar para emocionarse. Después de trece golpes muy fuertes y ruidosos, la
puerta se abre y ahí está Thomas, de pie ante nosotros con una no muy atractiva
bata verde.

—¿Cas? —susurra con una rana en su garganta. No puedo evitar reír. Es difícil
estar enojado con él cuando se ve como un gran niño de cuatro años, con su pelo
revuelto a un lado y sus gafas sólo a mitad de camino. Cuando se da cuenta que
Carmel está detrás de mí, rápidamente chequea su cara de saliva y trata de alisarse
el pelo sin éxito hacia abajo—. ¿Uh, que están haciendo aquí?

—Carmel me siguió hasta donde está Anna —digo con una sonrisa de
satisfacción—. ¿Puedes decirme por qué?

Comienza a sonrojarse. No sé si es porque se siente culpable o porque Carmel lo
está viendo en pijama. De una u otra manera, se mueve a un lado para dejarnos
entrar y nos conduce a través de la escasa luz de la casa hacia la cocina.

Todo el lugar huele a la pipa de hierbas de Morfan. Luego veo, la corpulenta y
encorvada figura sirviendo café. Me entrega una taza antes de que pueda preguntar.
Quejándose de nosotros, deja la cocina.

Entretanto, Thomas, ha dejado de dar vueltas y está mirando fijamente a Carmel.

—Ella trato de matarte —suelta, con los ojos abiertos—. No puedo dejar de pensar
en la forma en que sus dedos estaban agarrando tu estómago.

Carmel parpadea.

—¿Cómo lo sabes?

—No debería saberlo —le advierto a Thomas—. Eso hace que las personas se
incomoden. Invasión a la privacidad, ya sabes.

—Lo sé —dice—. No puedo hacerlo muy a menudo —agrega a Carmel—.
Usualmente sólo cuando las personas tienen poderosos y violentos pensamientos, o
se mantienen pensando en algo una y otra vez —sonríe—. En tu caso, las tres.

—¿Puedes leer mentes? —pregunta incrédulamente.

—Siéntate, Carmel —digo.




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—No quiero —dice—. Estoy aprendiendo tantas cosas interesantes acerca de
Thunder Bay estos días —sus brazos están cruzados sobre su pecho—. Tú puedes
leer mentes, hay algo allá arriba matando a mis ex novios, y tú….

—Asesino fantasmas —termino por ella—. Con esto —saco mi daga y la coloco en
la mesa—. ¿Qué más te dijo Thomas?

—Que tu padre también lo hacía —dice—. Supongo que eso lo mató.

Miró a Thomas.

—Lo siento —dice impotente.

—Está bien. Lo tienes mal. Lo sé. —Sonrío y me mira desesperado. Como si
Carmel no lo supiera ya. Tendría que estar ciega.

Suspiro.

—¿Ahora qué? ¿Posiblemente puedo decirte que te vayas a casa y te olvides de esto?
¿Hay alguna forma que nos pueda evitar formar algún tipo de grupo de…? —antes
de que mi boca pueda terminar. Me inclino hacia adelante y gimo entre mis manos.
Carmel se pone en primer lugar, y ríe.

—¿Un vivaz grupo de caza fantasmas? —pregunta.

—Quiero ser Peter Venkman —dice Thomas.

—Nadie va a ser nadie —chasqueo—. Nosotros no somos caza fantasmas. Tengo
un cuchillo, y mato fantasmas, y no puedo estar tropezándome contigo todo el
tiempo. Además, es obvio que yo sería Peter Venkman —miro fijamente a
Thomas—. Tú serías Egon.

—Espera un minuto —dice Carmel—. Tú no tienes la última palabra. Mike fue mi
amigo, algo así.

—Eso no quiere decir que puedas ayudar. Esto no es acerca de venganza.

—¿Entonces de que se trata?

—Esto es acerca… de detenerla.




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—Bueno, no has hecho un gran trabajo por aquí. Y por lo que vi, no veo que estés
intentándolo —Carmel me levanta su ceja. Su mirada me está produciendo algún
tipo de calor en mis mejillas. Mierda, me estoy sonrojando.

—Es estúpido —balbuceo—. Ella es agobiante, ¿vale? Pero tengo un plan.

—Sí —dice Thomas, saliendo en mi defensa—. Cas lo tiene todo resuelto. Yo ya
tengo las piedras del lago. Están cargándose bajo la luna hasta que se desvanezca.
Las patas de pollo están pedidas.

Hablando del hechizo por alguna razón me intranquiliza, como que hay algo no
está encajando. Algo que he pasado por alto.

Alguien atraviesa la puerta sin llamar. Apenas lo noto, porque eso me hace tener la
impresión de que también he pasado algo por alto. Después de algunos segundos de
aguijonear mi cerebro, miro hacia arriba y veo a Will Rosenberg. Se ve como si no
hubiera dormido en días. Su respiración es pesada y su barbilla cuelga hacia su
pecho. Me pregunto si ha estado bebiendo. Hay manchas de suciedad y de aceite en
sus pantalones. El pobre chico lo está pasando mal. Clava sus ojos en mi cuchillo
de la mesa, así que lo levanto y lo deslizo en mi bolsillo de atrás.

—Sabía que había algo extraño en ti —dice. La esencia de su aliento es sesenta por
ciento cerveza—. De alguna manera, todo esto es por tu culpa, ¿no? Desde que
llegaste aquí, las cosas han estado mal. Mike lo sabía. Por eso no quería que
estuvieras alrededor de Carmel.

—Mike no sabía nada —digo calmadamente—.Lo que le paso fue un accidente.

—Ser asesinado no es accidente —murmura Will—. Deja de mentirme. Lo que sea
que están haciendo, quiero entrar.

Gimo. Nada va bien. Morfan vuelve a la cocina y nos ignora a todos, en lugar de
eso mira perdidamente su café como estuviera súper interesando.

—El círculo está creciendo —es todo lo que digo, y el problema que no podía
descifrar encaja en su lugar.

—Mierda —digo. Mi cabeza cae hacia atrás, mirando el cielo.

—¿Qué? —pregunta Thomas—. ¿Qué está mal?

—El hechizo —respondo—. El círculo. Tenemos que estar en la casa para
invocarlo.



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—¿Ya, así qué? —dice Thomas. Carmel lo entiende enseguida; su cara esta
abatida.

—Carmel entró a la casa esta mañana y Anna casi se la come. La única persona
que puede entrar a la casa de forma segura soy yo, y no soy un brujo lo suficiente
poderoso como para invocar el círculo.

—¿No la puedes sujetar lo suficiente para poder invocarlo? Una vez arriba,
estaremos protegidos.

—No —dice Carmel—. No hay remedio. Debiste haberlo visto esta mañana; ella lo
aplastó como una mosca.

—Gracias —bufo.

—Es verdad. Thomas nunca lo haría. Además, ¿no tiene que concentrarse o algo
así?

Will salta adelante y agarra a Carmel del brazo.

—¿De qué estás hablando? ¿Fuiste a la casa? ¿Estás loca? ¡Mike me mataría si algo
te pasa!

Y luego recuerda que Mike está muerto.

—Tenemos que encontrar una forma de invocar ese círculo y el hechizo —pienso
en voz alta—. Ella nunca me dirá por su cuenta qué le sucedió.

Morfan finalmente habla.

—Todo sucede por una razón, Theaseus Cassio. Tienes una semana para
resolverlo.


* * *


Menos de una semana. Menos de una semana. No puedo convertirme en un
competente brujo en menos de una semana, y no estoy seguro de conseguir ser más
poderoso o ser capaz de controlar a Anna. Necesito respaldo. Necesito llamar a
Gideon.



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Todos permanecemos en el camino de acceso, habiéndonos separado en la cocina.
Es domingo, un perezoso y quieto domingo, demasiado temprano aún para los
feligreses. Carmel está caminando con Will hacia sus autos. Ella dijo que lo iba a
seguir a casa, para pasar el rato con él. Se fue, después de todo, era la más cercana a
él, y no podía imaginarme a Chase siendo un buen confort. Imagino que ella está
en lo correcto. Antes de irse, llevó a Thomas a un lado y susurró unos minutos.
Cuando vemos a Carmel y a Will irse, pregunto sobre que era todo eso.

Se encoge de hombros.

—Solo quería decirme que estaba contenta que le dijera a ella. Y espera que no
estés enojado conmigo por contarle, porque ella guardará el secreto. Solo quiere
ayudar —Y luego sigue y sigue, intentando llamar la atención sobre la forma en
que le tocó el brazo. Deseo no haber preguntado, porque ahora no se callara.

—Escucha —digo—. Estoy contento de que Carmel te notara. Si juegas tus cartas
correctamente, podrías tener una oportunidad. Sólo no invadas mucho su mente.
Se asusta demasiado con eso.

—Carmel Jones y yo —se burla, incluso mientras sigue esperanzadoramente con la
mirada su coche—. En un millón de años tal vez. Probablemente termine
confortando a Will. Él es inteligente y más como ella. No es un mal chico
—Thomas ajusta sus gafas. Thomas tampoco es un mal chico, y algún día tal vez
también se dé cuenta de eso. Por ahora le digo que vaya a colocarse algo de ropa.

Cuando me doy vuelta y camino hacia el coche, noto algo. Hay un camino circular
cerca a la casa que se conecta al final con el camino de acceso. En la bifurcación del
pequeño árbol blanco, un joven árbol de abedul. Y colgando de la rama más baja
hay una delgada cruz de color negro.

—Oye —lo llamo, y señalo—. ¿Qué es eso?

No es él quién contesta. Morfan se mofa en el porche con sus pantuflas y su pijama
azul, una bata amarrada alrededores de su extenso vientre. El atuendo se ve
ridículo en contraste con esa tupida y trenzada barba de rock ―n‖ roll, pero no estoy
pensando en de eso ahora.

—Es una cruz del Papa Legba —dice.

—Practicaste vudú —digo, y él se encoge de hombros en lo que pienso es una
afirmación—. Yo también.




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Resopla en su taza de café.

—No, no lo hago. Y Tú tampoco deberías.

Fue un engaño. No practico. Aprendo. Y aquí hay una oportunidad de oro.

—¿Por qué no debería? —pregunto.

—Hijo, el vudú es acerca del poder. Se trata del poder dentro de ti y el poder que
canalizas. El poder que acaparas y el poder que tomas de tu maldita cena de pollo.
Y tienes cerca diez mil voltios en ese pedazo de cuero.

Instintivamente toco el athame en mi bolsillo trasero.

—Si fueras vudú y lo canalizaras, bueno, te verías como una polilla volando hacia
un exterminador de insectos. Estarías brillando, 24/7 —entrecierra sus ojos—. Tal
vez algún día pueda enseñarte.

—Me gustaría —digo cuando Thomas irrumpe en el porche con su ropa limpia
pero todavía sin coincidir. Se escabulle por lo escalones del porche.

—¿Adónde van? —pregunta.

—De vuelta con Anna —digo. Se torna algo verde—. Necesito resolver este ritual o
dentro de una semana desde ahora clavaré los ojos en tu cabeza degollada y en tus
órganos internos Carmel —Thomas se torna más verde, y le golpeo la espalda.
Vuelvo la mirada hacia Morfan. Él nos escudriña sobre su taza de café. Así que
canalizar el poder del vudú. Es un tipo interesante. Y me ha dado mucho, como
para pensar en dormir.


* * *


En el paseo en auto, paso por alto los eventos de la noche anterior. Mis ojos se
sienten como lija, y mi cabeza esta embotada, incluso después tragar una
descolorida taza que Morfan llamó café. Thomas está en silencio todo el camino
hacia Anna. Probablemente está pensando en la sensación de la mano de Carmel
en su brazo. Si la vida fuera justa, Carmel miraría alrededor y vería dentro de sus
ojos, vería que él es su esclavo voluntariamente, y estaría agradecido. Ella lo
levantaría y no sería su esclavo más, él sería solamente Thomas, y se tendrían el
uno al otro. Pero la vida no es justa. Ella probablemente termine con Will, o algún
otro, y Thomas sufrirá en silencio.



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—No te quiero en ningún lugar cerca a la casa —digo al salir y asegurándome que
no regrese—. Puedes quedarte en el auto, o me puedes seguir al camino de acceso.
Pero ella probablemente esta inestable después de lo esta mañana, así que deberías
quedarte en el porche.

—No tienes que decírmelo dos veces —bufa.

Cuando estamos en el camino de acceso, él elige quedarse en el auto. Me abro paso
solo. Cuando abro la puerta principal, miro hacia abajo para asegurarme que entré
al vestíbulo y no estoy a punto de caer de bruces en un bote lleno de cadáveres.

—Anna —digo—. ¿Anna? ¿Estás bien?

—Esa es una pregunta absurda.

Acababa de salir de una habitación en la parte superior de las escaleras. Se apoya
contra la barandilla, no la diosa oscura, sino la chica.

—Estoy muerta. No puedo estar bien más de lo que puedo estar completamente
bien.

Sus ojos están abatidos. Está sola, culpable, y atrapada. Siente lástima por sí
misma, y no puedo decir que la culpe.

—No quise decir nada para que algo como eso sucediera —digo honestamente, y
doy un paso hacia la escalera—. No debería haberte metido en esta situación. Ella
me siguió.

—¿Está bien? —pregunta Anna con una voz curiosamente alta.

—Está bien.

—Bien. Creí que podría haberla golpeado. Y ella tiene una cara bonita.

Anna no me estaba mirando. Está jugando con la madera de la barandilla.
Tratando de obligarme a decir algo, pero no sé qué.

—Necesito que me digas que te pasó. Necesito que me digas como moriste.

—¿Por qué quieres hacerme recordar eso? —pregunta suavemente.




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—Porque necesito entenderte. Necesito saber por qué eres tan fuerte —pensando en
voz alta—. Lo qué sé, es que tu asesinato no fue extraño u horrible. No fue tan
brutal. Así que no puedo entender por qué eres así. Tiene que haber algo… —
cuando termino, Anna me miraba con los ojos muy abiertos, disgustada—. ¿Qué?

—Comienzo a lamentar no haberte matado —dice. Le toma un minuto a mi
cerebro despojado de sueño entender, pero luego me siento como un asno. He
estado alrededor de demasiada muerte.

He visto tanta mierda enfermiza y retorcida, que comienza a salir fuera de mi
lengua como las canciones infantiles.

—¿Cuánto sabes —pregunta—, acerca de lo que me pasó?

Su voz es suave, casi tenue. Hablar de asesinatos, escupir hechos es algo que crecí
haciendo. Sólo ahora no sé qué hacer. Con Anna estando de pie frente a mí, es más
que solo palabras o imágenes en un libro. Cuando finalmente los escupo, lo hago
rápidamente y de una vez, como tirando de una curita.

—Sé que fuiste asesinada en 1958, cuando tenías dieciséis. Alguien cortó tu
garganta. Te encontrabas de camino al baile de la escuela.

Una pequeña sonrisa aparece es sus labios pero no se mantiene.

—Realmente quería ir —dice quedamente—. Sería mi último. Mi primero y último
—ella se mira y sostiene el dobladillo de su falda—. Este era mi vestido.

No se parece mucho, solamente cámbialo a blanco con algunos listones y cintas,
pero ¿Qué se yo? en primer lugar, no soy una chica, y en segundo, no sé mucha
acerca de 1958. En aquel entonces podrían haber sido las rodillas de la abeja, como
mi mamá diría.

—No es mucho —dice, leyendo mi mente—. Uno de los huéspedes que tuvimos en
ese tiempo fue una costurera. María. De España. Pensé que era muy exótica. Había
tenido que dejar a su hija, sólo un poco más joven que yo, cuando llegó aquí, le
gustaba hablar conmigo. Tomó mis medidas y me ayudó a coserlo. Quería algo
más elegante pero nunca fui tan buena cociendo. Dedos torpes —dice, y los levanta
para que pueda ver el desorden que pueden hacer.

—Te ves hermosa —digo, porque es la primera cosa que pienso que aparece dentro
de mi estúpida, vacía cabeza. Estoy considerando usar mi athame para córtame la
lengua. Probablemente no era lo que quería oír, y salió todo mal. Mi voz no



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funciona. Tengo suerte que esto no lo haya hecho Peter Brady y crack—. ¿Por qué
iba a ser tu último baile? —pregunto rápidamente.

—Iba a escaparme —dice. El desafío brilla en sus ojos igual a como debe haber sido
entonces, y hay un fuego detrás de su voz que me pone triste. Luego sale, y ella
parece confundida—. No sé si lo habría hecho. Yo quería.

—¿Por qué?

—Quería comenzar mi vida —explica—. Sabía que nunca haría nada si me
quedaba aquí. Habría tenido que encargarme de la casa de huéspedes. Y estaba
cansada de pelear.

—¿Pelear? —tomo otro paso más cerca. Una cola de caballo negro cae sobre sus
hombros, la cual cae bruscamente mientras se abraza. Ella es tan pálida y pequeña,
apenas puedo imaginarla peleando con alguien. No con sus puños de cualquier
manera.

—No peleaba —dice—. Y así fue. Con ella. Y con él. Estaba escondiéndome,
haciéndoles pensar que era un poco débil, porque eso era lo que querían. Eso es lo
que ella me dijo que mi padre había querido. Una quieta, obediente niña. No una
ramera. No una puta.

Respiro profundamente. Me pregunto quién la llamo eso, quien diría eso, pero ya
no me estaba escuchando.

—Él era un mentiroso. Un mentiroso. Le juró amor a mi madre pero nunca fue
real. Dijo que quería casarse con ella y luego él tendría todo lo demás.

No sé acerca de quién estaba hablando, pero puedo adivinar ―el resto‖.

—Eras tú —digo suavemente—. Eras tú por quién realmente iba.

—Él quería…. arrinconarme, en la cocina, o afuera en el pozo. Fue paralizante. Lo
odie.

—¿Por qué no le dijiste a tu madre?

—No podía… —se detuvo y comenzó de nuevo—. Pero no podía dejarlo. Iba a
escaparme. Tenía que —su cara esta blanca. Ni sus ojos están vivos. Solo está
moviendo sus labios y voz. El resto de ella ha regresado adentro.

La alcanzo y toco su mejilla, fría como hielo.



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—¿Fue él? ¿Fue quién te mato? Él que te siguió esa noche y…

Anna niega rapidísimo con la cabeza y se aparta.

—Ya basta —dice en su tono de voz intentando ser dura.

—Anna, tengo que saber.

—¿Por qué tienes que saberlo? ¿Por qué te importa? —pone su mano en su frente—.
Apenas puedo recordarlo. Todo está enlodado y sangrante —niega con la cabeza,
frustrada—. ¡No hay nada que pueda decirte! Fui asesinada, luego todo esta negro
y luego estoy aquí. Eso es todo, y maté, y maté, no podía detenerme —suelta su
aliento—. Ellos me hicieron algo pero no sé qué. No sé cómo.

—Ellos —digo curiosamente, pero esto está yendo muy lejos. Puedo literalmente
verla cerrarse, y en otro par de minutos, podría estar de pie tratando de agarrarme a
una chica con venas negras y un vestido que chorrea agua.

—Hay un hechizo —digo—. Un hechizo que me puede ayudar a entender.

Ella se calma un poco y me mira como si estuviera loco.

—¿Hechizo mágico? —una sonrisa incrédula se le escapa—. ¿Creeré en alas de
hadas y saltar a través del fuego?

—¿De qué estás hablando?

—La magia no es real. Es fantasía y superstición, viejas maldiciones en la lengua de
mis abuelas Finlandesas.

No puedo creer que ella cuestioné la existencia de la magia cuando está de pie ante
mi muerta y hablando. Pero no tengo oportunidad para convencerla, porque algo
comienza a pasar, algo torciéndose en su cerebro, y ella avanza dando sacudidas.
Cuando parpadea, sus ojos están muy lejos.

—¿Anna?

Su brazo salé disparado para retenerme.

—No es nada.

Miro con atención más cerca.



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—Eso no fue nada. Recordaste algo, ¿no? ¿Qué es? ¡Cuéntame!

—No, yo… no fue nada. No sé —ella se toca sus sienes—. No sé qué fue eso.

Esto no está siendo fácil. Esto va a ser condenadamente imposible si no obtengo su
cooperación. Una sensación de pesadez, sin esperanza avanza arrastrándose por
mis exhaustas extremidades. Siento que mis músculos comienzan a atrofiarse, y no
tengo tanto músculo con el que comenzar.

—Por favor Anna —digo—. Necesito tu ayuda. Necesito que me dejes invocar un
hechizo. Necesito que dejes entrar a otras personas conmigo.

—No —dice—. ¡Hechizo no! ¡Y personas no! Sabes lo que podría pasar. No lo
puedo controlar.

—Tú puedes controlarte conmigo. También lo puedes hacer con ellos.

—No sé por qué no tengo que matarte. Y por cierto, ¿no es suficiente? ¿Por qué me
está pidiendo más favores?

—Anna, por favor. Necesito mínimo a Thomas, y probablemente a Carmel, la
chica que conociste esta mañana.

Ella mira sus zapatos. Está triste, sé que esta triste, pero el estúpido de Morfan
―menos de una semana‖ su voz está sonando en mis oídos, y quiero terminar con
esto. No puedo dejar a Anna otro mes, probablemente reuniendo a más personas en
su sótano. No importa que me guste hablar con ella. No importa que me guste ella.
No importa que lo que le sucedio no fuera justo.

—Deseo que te marches —dice suavemente, y cuando mira hacia arriba, veo que
está a punto de llorar, y mira sobre mi hombro a la puerta o tal vez fuera de la
ventana.

—Sabes que no puedo —digo, reflejando sus palabras hace un momento atrás.

—Me haces querer cosas que no puedo tener.

Antes de que pueda entender lo que significa, se hunde a través de sus pasos, baja,
profundamente al sótano donde sabe que no la seguiré.


* * *



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Gideon llama después de que Thomas me deja en mi casa.

—Buenos días, Theaseus. Siento levantarte tan temprano un domingo.

—Estoy levantado hace horas, Gideon. Listo para un duro trabajo.

A través del Atlántico, sonríe burlonamente. Cuando entro a la casa, inclino la
cabeza dándole los buenos días a mi madre, quien está persiguiendo a Tybalt
escaleras abajo y silbándole que las ratas no son buenas para él.

—Qué lástima —Gideon se ríe—. He estado esperando llamarte hace horas,
intentando dejarte descansar un poco. Que dolor fue. Es cerca de las cuatro de la
tarde, sabes. Pero creo que tengo la esencia de ese hechizo para ti.

—No sé si tenga importancia. Te iba a llamar más tarde. Hay un problema.

—¿De qué clase?

—La clase de que nadie puede entrar a la casa excepto yo, y no soy un brujo —le
digo un poco más, acerca de lo que sucedió, por alguna razón dejando salir que he
estado teniendo largas conversaciones con Anna en la noche. En el otro extremo lo
oigo chasquear su lengua. Estoy seguro que se restriega su barbulla y también
limpia sus lentes.

—¿Has sido incapaz de doblegarla? —finalmente pregunta.

—Completamente. Es como Bruce Lee, Hulk y Neo de Matrix todo en uno.

—Sí. Gracias por las interesantes e incomprensibles referencias de la cultura pop.

Sonrió. Él sabe perfectamente quien es Bruce Lee, al menos.

—El hecho es que debes hacer el hechizo. Algo acerca de la forma en que esta chica
murió la impregna de un terrible poder. Simplemente es cuestión de encontrar los
secretos. Recuerdo un fantasma que le dio a tu padre algunos problemas en 1985.
Por alguna razón fue capaz de matar sin ser corpóreo. Fue sólo después de tres
sesiones y un viaje a una iglesia Satánica en Italia, que descubrimos que la única
cosa que le permitía permanecer en el plano terrenal era un hechizo colocado en un
ordinario cáliz de piedra. Tu padre lo rompió y así como así, no más fantasma.
Será lo mismo para ti.




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Mi padre me contó esa historia una vez, y recuerdo que fue mucho más complicado
que eso. Pero lo dejo ir. De todas formas, él está en lo correcto. Cada fantasma
tiene sus propios métodos, su propia caja de trucos. Tienen diferentes maneras y
diferentes deseos. Y luego cuando los asesino, seguirán su propio camino.

—¿Exactamente qué hará este hechizo? —pregunto.

—Las piedras consagradas formaran un círculo protector. Después de que lo
invoques, ella no tendrá ningún poder sobre los que están adentro. Él brujo que esté
realizando el ritual puede tomar la energía que posee la casa y reflejarla dentro de la
bola de cristal. La bola de cristal te mostrará lo que sea que buscas. Por supuesto no
es tan simple como todo eso; hay algo de patas de pollo y una mezcla de hierbas de
tu madre que puede ayudar, luego algunos cantos. Te haré llegar el texto vía e-mail.

Él lo hacía sonar fácil. ¿Piensa que estoy exagerando? ¿No sabe lo difícil que es
para mí admitir que Anna me puede tomar cuando quiera? ¿Lanzarme como una
muñeca de trapo, darme coscorrones y hacerme el calzón chino, luego apuntarme y
reírse?

—No va a surtir efecto. No puedo invocar el círculo. Nunca he tenido el talento
natural para la brujería. Mamá debería habértelo dicho. Cada año estropeé sus
galletas de Beltane
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hasta que tuve siete.

Sé lo que va a decirme. Va a suspirar y me aconsejará que vaya a la biblioteca,
comience hablando con las personas que podrían saber lo qué pasó. Que trate de
resolver un asesinato que ha estado sin resolver desde cincuenta años. Y eso es lo
que tendré que hacer. Porque no voy a poner a Thomas o a Carmel en peligro.

—Hm.

—Hm ¿Qué?

—Bueno, estaba pensando en todos los rituales que he hecho en mis años de
parasicología y misticismo…

Actualmente puedo escuchar su cerebro cambiando de dirección. Él tiene algo, y
comienzo a tener esperanza. Sabía que valía más que salchichas con puré.

—¿Dijiste que tenías algunos adeptos a tu disposición?

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Beltane: Es un antiguo día festivo irlandés celebrado el 1 de mayo en el hemisferio norte y el 31
de Octubre en el hemisferio sur.




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—Algunos brujos. Tengo un brujo, actualmente. Mi amigo Thomas.

Finalmente Gideon, inspira seguido por una pausa de placer. Sé lo que el viejo
bollo está pensando. Nunca antes me ha oído usar la palabra ―amigo‖. Es mejor
que no se esté poniendo emocional.

—Él no es muy avanzado.

—Si confías en él, es todo lo que importa. Pero lo necesitarás más que él a ti. Tú
mismo y los otros dos. Cada uno debe representar una esquina del círculo. Tú
invocaras el círculo, ves, entrarás listo a trabajar —hace una pausa para pensar en
algo más. Está muy complacido consigo mismo—. Atrapa a tu fantasma en el
centro y estarás completamente a salvo. Atrapando su energía podrás también
hacer un hechizo más potente y extremo. Podrías debilitarla lo suficiente para
terminar el trabajo.

Trago con fuerza y siento el peso de mi navaja en mi bolsillo trasero.

—Absolutamente —digo. Escucho otros diez minutos como él repasa los detalles,
pienso todo el tiempo en Anna y que me va mostrar. Al final de todo creo recordar
más de lo que tengo que hacer, pero aún así le pido que me envié el e-mail con las
instrucciones.

—¿Ahora con quién completarás el círculo? Aquellos con una conexión con los
fantasmas son los mejores.

—Tengo a un chico, Will, y mi amiga Carmel —digo—. Y no les he dicho nada. Sé
que estoy teniendo algunos problemas manteniendo a las personas lejos de mis
asuntos.

Gideon suspira.

—Ah, Theaseus. Esto nunca significó quedarte solo. Tú padre tuvo muchos
amigos, y tuvo a tu madre, y a ti. Conforme pase el tiempo, tu círculo será muy
grande. No hay nada de qué avergonzarse.

El círculo es cada vez más grande. ¿Por qué todos están diciendo eso? Un círculo
grande son más personas con la que tropezar. Yo he conseguido salir de Thunder
Bay. Fuera de este lío y de vuelta mi movida rutina, cazar, matar. Moverse, cazar,
matar. Como enjabonar, enjuagar, y repetir. Mi vida, extendida en una simple
rutina. Me siento vacío y opresivo al mismo tiempo. Creo en lo que Anna dijo,
acerca de querer algo que ella no puede tener. Tal vez entiendo a qué se refiere.



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Gideon todavía está hablando.

—Déjame saber si necesitas cualquier cosa —dijo—. Aunque sólo sea polvorientos
libros y viejas historias a un océano de distancia. El verdadero trabajo es el que tú
vas a hacer.

—Sí. Mis amigos y yo.

—Sí. Destrozando. Serás igual que esos cuatro chicos de esa película. Tú la
conoces, la del malvavisco de gran tamaño.

Tiene que estar bromeando.




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Capítulo 14

Traducido por Akanet y Looney
Corregido por Dianita

i mamá y yo nos sentamos en su coche al final del estacionamiento de la
escuela, viendo los autobuses llegar y descargar, derramando
estudiantes en la acera para que entraran rápidamente a través de las
puertas. Todo el proceso es como algo de una planta industrial, una fábrica de
embotellamiento en sentido inverso.

Le conté lo que Gideon dijo y le pedí su ayuda para hacer la mezcla de hierbas, la
cual dijo que haría. Me doy cuenta que luce un poco decaída. Hay círculos oscuros,
y púrpura rosáceos bajo sus ojos, y su pelo está opaco. Por lo general, brilla como
una olla de cobre.

—¿Estás bien, mamá?

Ella sonríe y me mira.

—Claro, pequeño. Sólo preocupada por ti, como siempre. Y Tybalt. Me despertó
anoche, lanzándose contra la trampilla del ático.

—Maldita sea, lo siento —le digo—. Olvidé subir y poner las trampas.

—Está bien. Oí algo moverse ahí arriba la semana pasada, y me pareció mucho
más grande que una rata. ¿Los mapaches pueden entrar a los áticos?

—Tal vez sólo es un montón de ratas —le sugiero, y ella se estremece—. Será mejor
que lleves a alguien allí para comprobarlo.

Suspira y golpea suavemente el volante.

—Tal vez. —Se encoge de hombros.

Luce triste, y se me ocurre que no sé de qué manera está progresando aquí. No la
he ayudado mucho con la mudanza, ni con la casa, ni con nada. Apenas he estado
allí. Echando un vistazo al asiento trasero, veo una caja de cartón llena de velas
encantadas de varios colores, listas para ser vendidas en una librería local.
Normalmente las habría cargado por ella y atado las etiquetas apropiadamente con
trozos de cuerdas de colores.

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—Gideon dice que has hecho algunos amigos —dice, mirando a la multitud de la
escuela como si pudiera ser capaz de distinguirlos. Debería haber sabido que
Gideon lo divulgaría. Él es como un padre sustituto. No como un padrastro,
exactamente, es más bien como un padrino, o un caballito de mar que quiere
meterme en su bolsa.

—Sólo Thomas y Carmel —le digo—. Los que conociste antes.

—Carmel es una chica muy bonita —dice esperanzada.

—Thomas parece pensar que sí.

Ella suspira, luego sonríe.

—Bueno. Él podría beneficiarse del toque de una mujer.

—Mamá —me quejo—. Asqueroso.

—No ese tipo de contacto —dice riendo—. Quiero decir que necesita que alguien lo
limpie. Hacer que se mantenga derecho. Ese chico es todo arrugas. Y huele como la
pipa de un hombre viejo.

Rebusca un segundo en el asiento trasero, y su mano regresa llena de sobres.

—Me estaba preguntando qué pasó con todo mi correo —le digo, examinándolo
rápidamente. Ya están abiertos. Me da lo mismo. Sólo son sugerencias fantasma,
nada personal. En el centro de la pila hay una gran carta de Daisy Bristol.

—Daisy, escribió —digo—. ¿La leíste?

—Él sólo quería saber cómo te está yendo. Y para contarte todo lo que le sucedió el
último mes. Quiere que vayas a Nueva Orleans por algún espíritu de bruja
merodeando alrededor de la base de un árbol. Se supone que ella solía usar la cosa
para sacrificios. No me gusta la forma en que hablaba de ella.

Sonrió.

—No toda bruja es buena, madre.

—Lo sé. Perdón por leer tu carta. Estabas demasiado concentrado para notarlo de
todos modos, la mayoría de ellas simplemente estaban en el escritorio de correo.
Quería encargarme de ellas por ti. Asegurarme de que no te estuvieras perdiendo de
nada importante.



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—¿Lo estaba?

—Un profesor en Montana quiere que vayas y mates un Windigo
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—¿Quién soy? ¿Van Helsing?

—Dice que conoce al Dr. Barrows, de Holyoke.

Resoplo.

—El Dr. Barrows sabe que los monstruos no son reales.

Mi madre suspira.

—¿Cómo sabemos qué es real? La mayoría de las cosas que has encerrado podrían
ser llamadas monstruos por alguien.

—Sí. —Pongo mi mano en la puerta—. ¿Estás segura de que puedes conseguir las
hierbas que necesito?

Asiente con la cabeza.

—¿Estás seguro de que puedes lograr que ellos te ayuden?

Miro a la multitud.

—Veremos.


* * *


Los pasillos hoy parecen como salidos de una película. Ya sabes, aquellos en los
que los personajes principales caminan en cámara lenta y el resto de la gente se
mueve rápidamente como diferentes manchas de carne y ropa de color. Vislumbro
a Carmel y a Will en la multitud, pero Will esta alejándose de mí, y no puedo
llamar la atención de Carmel. Nunca vi a Thomas, a pesar de haber ido dos veces a
su casillero. Así que trato de permanecer despierto durante geometría. No hago un

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Windigo: También conocido como windibum o witiko, es una criatura o espíritu propio de la
mitología de los indios algonquinos.




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gran trabajo. No deberían permitirles enseñar matemáticas tan temprano en la
mañana.

A mitad de la clase sobre demostraciones, un rectángulo de papel doblado consigue
llegar a mi escritorio. Cuando lo abro veo una nota de Heidi, una hermosa chica
rubia que se sienta tres filas más atrás. Está preguntando si necesito ayuda para
estudiar. Y si quiero ir a ver la nueva película de Clive Owen. Meto la nota en mi
libro de matemáticas, como si la fuera a responderla más tarde. No lo haré, por
supuesto, y si pregunta por ella, le diré que estoy bien por mi cuenta, y que tal vez
en otro momento. Podría preguntar de nuevo, tal vez dos o tres veces más, pero
después de eso entenderá la indirecta. Probablemente parezca malo, pero no lo es.
¿Cuál es el propósito de ver una película, empezando algo que no puedo terminar?
No quiero extrañar amigos, y no quiero que me extrañen.

Después de clase me deslizo rápidamente por la puerta y me mezclo entre la
multitud. Me parece oír la voz de Heidi diciendo mi nombre pero no me doy la
vuelta. Hay trabajo por hacer.

El casillero de Will es el más cercano. Él ya está allí, como siempre, con Chase
apoyado en su cadera. Cuando me ve, me da una mirada furtiva de derecha a
izquierda, como si creyera que no debemos ser vistos hablando.

—¿Qué hay de nuevo, Will? —pregunto. Asiento con la cabeza hacia Chase, quien
me da esta cara sin expresión como diciendo lo mejor es que tenga cuidado o él va
a golpearme en cualquier momento. Will no dice nada. Sólo mira en mi dirección y
sigue haciendo lo que está haciendo, cambiando sus libros de texto para su próxima
clase. Me doy cuenta con una especie de sobresalto que Will me odia. Nunca le he
agradado, por lealtad a Mike, y ahora me odia, por lo que pasó. No sé por qué no
me había dado cuenta antes. Supongo que nunca doy demasiada importancia a los
vivos. En cualquier caso, me hace feliz decirle lo que tengo que decirle, acerca de
ser parte del hechizo. Eso le dará un cierre.

—Dijiste que querías entrar. He aquí tu oportunidad.

—¿Qué oportunidad es esa? —pregunta. Sus ojos son fríos y grises. Fuertes e
inteligentes.

—¿No puedes primero sacar de aquí a tu mono volador? —Hago un gesto hacia
Chase, pero ninguno se mueve—. Estamos haciendo un hechizo para ligar al
fantasma. Nos vemos en la tienda de Morfan después de la escuela.

—Eres tan raro, hombre —Chase declara hacia mí—. Trayendo esa mierda aquí.
Haciéndonos hablar con la policía.



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No sé de qué se está quejando. Si los policías fueron tan informales como lo fueron
con Carmel y conmigo, ¿Cuál es el gran problema? Y tengo que creer que lo fueron,
porque estaba en lo cierto acerca de ellos. La desaparición de Mike generó sólo un
pequeño grupo de búsqueda que peinó las colinas alrededor de una semana. Hubo
unos pocos artículos periodísticos que rápidamente cayeron de la primera página.

Todos se están tragando el cuento de que él se levantó y escapó. No es más que lo
esperado. Cuando la gente ve algo sobrenatural, lo racionalizan de manera práctica.
Los policías en Baton Rouge lo hicieron con el asesinato de mi padre. Lo llamaron
un acto aislado de violencia extrema, probablemente perpetrado por alguien que
viajaba a través del estado. No importa que haya sido condenadamente comido. No
importa que ningún ser humano pudiera haber hecho esas mordidas tan grandes.

—Por lo menos los policías no creen que estés involucrado —me oigo decir
distraídamente. Will cierra su casillero de un golpe.

—Eso no es lo que importa —dice en voz baja. Me mira severo—. Es mejor que
esta no sea otra evasiva. Es mejor que te dejes ver.

Mientras se alejan, Carmel aparece en mi hombro.

—¿Qué pasa con ellos? —pregunta.

—Todavía están pensando en Mike —le digo—. ¿Hay algo extraño en eso?

Ella suspira.

—Sólo que parece que somos los únicos. Pensé, después de que ocurriera, que
estaría rodeada por una multitud de gente haciendo un millón de preguntas. Pero ni
siquiera Nat y Katie preguntan más. Están más interesadas en cómo van las cosas
contigo, si somos un punto caliente y cuándo te voy a llevar a las fiestas—. Mira a
la gente que pasa. Muchas chicas sonríen y algunas la llaman y la saludan con la
mano, pero ninguna se acerca. Es como si estuviera usando repelente para
personas.

—Creo que se están enojando un poco —continua ella—. Porque últimamente no
he querido pasar el tiempo. Es jodido, supongo. Son mis amigas. Pero... todo lo
que quiero discutir no se los puedo decir. Se siente tan apartado, como si hubiera
tocado algo que ha tomado el color de mí. O tal vez ahora estoy en color y ellas
están en blanco y negro.

Da la vuelta hacia mí.



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—Estamos al tanto del secreto, ¿cierto, Cas? Y eso nos está alejando del mundo.

—Esa generalmente es la forma en que funciona —le digo en voz baja.


* * *


En la tienda después de la escuela, Thomás se desplaza de un lado a otro detrás del
mostrador, no aquel en el que Morfan registra las ventas de lámparas de huracán y
lavabos de porcelana, sino el de la parte de atrás, repleto de frascos con cosas
flotando en agua turbia, cristales envueltos en paños, velas, y manojos de hierbas.
Tras una inspección más cercana, me doy cuenta que algunas de las velas son obra
de mi madre. Cuán astuto de parte de ella. Ni siquiera me dijo que se habían
conocido.

—Aquí —dice Thomas, y levanta algo a mi cara que parece un manojo de ramitas.
Entonces me doy cuenta que son patas de pollo secas—. Acaban de llegar esta
tarde.

Se las muestra a Carmel, quien trata de lograr una expresión más de impresionada
y menos asqueada. Luego salta detrás del mostrador de nuevo y desaparece,
hurgando.

Carmel se ríe.

—¿Cuánto tiempo te vas a quedar en Thunder Bay, después de que todo esto haya
terminado, Cas?

La miró. Espero que no haya caído en su propia mentira con Nat y Katie, que no
esté atrapada en una fantasía de damisela, donde soy el asesino del gran y malvado
fantasma y que constantemente necesite que la rescaten.

Pero no lo soy. Soy estúpido por creer que sí. Ella ni siquiera me está mirando. Está
mirando a Thomas.

—No estoy seguro. Tal vez un corto tiempo.

—Bueno —dice, sonriendo—. En caso de que no te dieras cuenta, Thomas te
extrañará cuando te vayas.




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—Tal vez tendrá a alguien más para hacerle compañía —dije, y nos miramos el uno
al otro. Hay una corriente en el aire por un segundo, una cierta comprensión, y
luego suena la puerta detrás de nosotros y sé que Will está aquí. Ojalá sin Chase.

Me doy la vuelta y el deseo se hace realidad. Está solo. Y con tres capas de enojo,
por lo que se ve. Anda majestuosamente hacia adentro con sus manos metidas en
sus bolsillos, mirando las antigüedades.

—Así que, ¿Qué pasa con este hechizo? —pregunta, y puedo decir que se siente
incómodo usando con la palabra "hechizo". Esa palabra no tiene cabida en la boca
de gente como él, arraigada a la lógica y tan en sintonía con el mundo despierto y
en marcha.

—Necesitamos cuatro personas para hacer un círculo de unión —explico. Thomas
y Carmel se agrupan alrededor—. Al principio sólo iba a ser Thomas lanzando un
círculo de protección en la casa, pero ya que Anna le mostraría una nueva faceta, se
nos ocurrió un Plan B.

Will asiente.

—Entonces, ¿qué hacemos?

—Ahora practicamos.

—¿Practicamos?

—¿Quieres arruinarlo en el interior de esa casa? —pregunto, y Will se calla.

Thomas se queda mirándome inexpresivamente hasta que le doy una mirada
molesta. Este es su espectáculo ahora. Le di una copia del hechizo para repasarlo.
Sabe lo que hay que hacer.

Se sacude para despertarse y coge la copia escrita del conjuro del mostrador. Luego
camina alrededor de cada uno de nosotros, tomándonos por los hombros y
ubicándonos donde tenemos que estar.

—Cas esta en el oeste, donde terminan las cosas. También, debido a que será el
primero en la casa por si esto no funciona. —Me coloca en el oeste.

—Carmel, estás en el norte —dice, y con cuidado la toma de los hombros—. Yo
estoy en el este, donde las cosas comienzan. Will estarás en el sur.

Él toma su lugar y vuelve a leer el papel probablemente por centésima vez.



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—Haremos el círculo en el camino de acceso, pondremos una formación de trece
piedras, y tomaremos nuestras posiciones. Tendremos la poción de hierbas de la
mamá de Cas en bolsas alrededor de nuestros cuellos. Es una mezcla básica de
hierbas protectoras. Las velas se encienden desde el este, en el sentido contrario a
las agujas del reloj. Y cantaremos esto. —Le da el papel a Carmel, quien lo lee,
hace una mueca, y se lo pasa a Will.

—¿Estás hablando en serio?

No discuto. El cántico parece estúpido. Sé que la magia funciona, sé que es real,
pero no sé por qué tiene que ser tan malditamente frutal a veces.

—Lo cantamos en forma continua a medida que avanzamos por la casa. El círculo
consagrado debe venir con nosotros, aunque dejemos las piedras atrás. Estaré
llevando el recipiente de adivinación. Cuando entremos, llenaré el recipiente y
empezaremos.

Carmel mira hacia abajo al recipiente de adivinación, que es un plato de plata
brillante.

—¿Con qué vas a llenarlo? —pregunta—. ¿Agua bendita o algo así?

—Probablemente Dasani —responde Thomas.

—Olvidaste la parte más difícil —le digo, y todos me miran—. Ya sabes, la parte
donde tenemos que meter a Anna dentro del círculo y arrojarle patas de pollo.

—¿Hablas en serio? —Will se queja de nuevo.

—No arrojamos las patas de pollo —Thomas pone los ojos en blanco—. Las
ponemos cerca. Las patas de pollo tienen un efecto calmante en los espíritus.

—Bueno, esa no será la parte difícil —dice Will—. La parte difícil será meterla
dentro de nuestro círculo humano.

—Una vez esté adentro, estaremos a salvo. Seré capaz de alcanzar el interior y usar
el recipiente de adivinación sin ni siquiera tener miedo. Pero no podemos romper el
círculo. No hasta que el hechizo haya terminado y ella esté débil. E incluso
entonces probablemente deberíamos salir de allí rápidamente.

—Genial —dice Will—. Podemos practicar todo pero la cosa esa podría matarnos.




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—Es lo mejor que podemos hacer —le digo—. Así que vamos a cantar—. Trato de
no pensar en que tan aficionados somos y en lo tonto que es todo esto.

Morfan silba mientras camina a través de su tienda, ignorándonos por completo.
Lo único que revela que sabe lo que estamos haciendo es el hecho de que invierte el
letrero en la puerta de la tienda de Abierto a Cerrado.

—Espera un momento —dice Will. Thomas está a punto de empezar a cantar, y la
interrupción en realidad lo desalienta—. ¿Por qué vamos a salir de allí después del
hechizo? Ella estará débil, ¿cierto? ¿Por qué no la matamos, entonces?

—Ese es el plan —responde Carmel—. ¿No es cierto, Cas?

—Sí —le digo—. Dependiendo de cómo vayan las cosas. No sabemos si incluso eso
funcionará—. No estoy siendo muy convincente. Creo que dije la mayor parte de
eso mientras mirada mis zapatos. Por desgracia, Will es el que se da cuenta. Da un
paso apartándose del círculo.

—¡Oye! No puedes hacer eso durante el hechizo —Thomas se queja.

—Cállate, fenómeno —dice Will arrogantemente, y me molesta. Me mira—. ¿Por
qué debes ser tú? ¿Por qué tienes que ser tú quien lo hace? Mike era mi mejor
amigo.

—Tengo que ser yo —digo rotundamente.

—¿Por qué?

—Porque soy el único que puede usar el cuchillo.

—¿Qué tan difícil es? ¿Cortas y apuñalas, cierto? Cualquier idiota puede hacerlo.

—No funcionaría contigo —digo—. Para ti sería sólo un cuchillo. Y sólo un
cuchillo no va a matar a Anna.

—No lo creo —dice, y planta sus pies.

Esto apesta. Necesito a Will en esto, no sólo porque completa el círculo, sino
porque una parte de mí siente como que se lo debo, como que debería participar.
De las personas que conozco, Anna le ha costado más. Entonces, ¿qué haré?

—Tomaremos tu automóvil —digo—. Todos. Vamos. Ahora mismo.




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* * *


Will maneja desconfiadamente conmigo en el asiento del pasajero. Carmel y
Thomas están en la parte de atrás, y no tengo tiempo para reflexionar cuán
empapadas de sudor se están poniendo las palmas de Thomas. Tengo que
demostrarles, a todos, que soy lo que digo ser. Que esta es mi vocación, mi misión.
Y tal vez, después de conseguir ser firmemente golpeado por Anna (si estoy
inconscientemente permitiéndolo o no), necesito una vez más demostrármelo a mí
mismo.

—¿A dónde vamos? —pregunta Will.

—Dímelo tú. No soy un experto en Thunder Bay. Llévame donde están los
fantasmas.

Will asimila esa información. Se lame los labios intranquilamente y mira a Carmel
por el espejo retrovisor. A pesar de parecer nervioso, puedo decir que ya tiene una
idea clara de a dónde ir. Todos nos agarramos a algo mientras hace un giro
inesperado en U.

—El policía —dice.

—¿El policía? —pregunta Carmel—. No hablas en serio. Eso no es real.

—Hasta hace unas semanas, nada de esto era real —responde Will.

Conducimos de un lado a otro de la ciudad, a través del distrito comercial y dentro
del industrial. El paisaje cambia cada pocas cuadras, desde los árboles perfectos con
follaje dorado y rojizo hasta las farolas y señales luminosas de plástico, y
finalmente a las vías del ferrocarril y los edificios lúgubres, de cemento sin marcas.
A mi lado, la cara de Will es sombría y para nada curiosa. No puede esperar a
mostrarme lo que sea que está tramando. Tiene la esperanza de que falle la prueba,
que estoy lleno de humo, espejos, y tonterías.

Por otra parte, detrás de mí, Thomas luce como un beagle
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emocionado que no
sabe que está siendo llevado al veterinario. Tengo que admitir que también estoy un
poco emocionado. Ha habido pocas oportunidades de demostrar mi trabajo. No sé
lo que estoy deseando más: impresionar a Thomas, o empujar la expresión de

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Beagle: Raza de perro.



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suficiencia de Will hacia abajo por su garganta. Por supuesto, Will tiene que tener
éxito primero.

El coche disminuye casi hasta paso de tortuga. Will está mirando los edificios a su
izquierda. Algunos parecen almacenes, otros como complejos de apartamentos de
poca renta que no han sido usados en un tiempo. Todos son de una descolorida
piedra arenisca.

—Ahí —dice, y murmura—. Creo —bajo su respiración.

Estacionamos en un callejón y salimos todos juntos. Ahora que está aquí, Will
parece un poco menos ansioso.

Saco mi Athame del bolso y la cuelgo en mi hombro, después le entrego el bolso a
Thomas e indico a Will que nos guíe. Nos lleva alrededor del frente del edificio y
dos más abajo, hasta que llegamos a uno que luce como un apartamento antiguo.
Hay ventanas de estilo residencial en la parte superior con paneles de vidrio y
macetas de ventana sin usar. Echo un vistazo a un costado y veo una escalera de
incendios con los escalones colgando hacia abajo.

Pruebo la puerta delantera. No sé por qué está abierta, pero lo está, lo que es bueno.
Hubiéramos dado una imagen muy visible si tuviéramos que trepar por el lateral.

Cuando caminamos dentro del edificio, Will señala para dirigirse a las escaleras. El
lugar tiene ese olor a tapiado, ácido y sin usar, como si demasiadas personas
diferentes hubieran vivido aquí y cada una dejo atrás un persistente olor que no se
mezcla bien con los otros.

—Así que —digo—. ¿Alguien me va a contar hacia dónde estamos entrando?

Will no dice nada. Solo mira a Carmel, que obedientemente habla.

—Hace ocho años, hubo una situación de rehenes en el apartamento de arriba. Un
trabajador del ferrocarril se volvió loco, encerró a su esposa e hija en el baño y
comenzó a agitar un arma alrededor. Llamaron a la policía, y ellos enviaron a un
negociador. No salió exactamente bien.

—¿Qué quieres decir con eso?

—Ella quiere decir —Will interviene—. Que el negociador obtuvo un disparo en la
columna, justo antes de que el perpetrador se disparara en la cabeza.




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Intento digerir esta información y no burlarme de Will usando la palabra
―perpetrador.‖

—La esposa e hija salieron bien —dice Carmel. Suena nerviosa, pero excitada.

—Entonces ¿cuál es la historia de los fantasmas? —pregunto—. ¿Están trayéndome
al apartamento de un trabajador ferroviario de gatillo fácil?

—No es el trabajador del ferrocarril —responde Carmel—. Es el policía. Ha habido
reportes de él en el edificio después de que murió. Las personas lo han visto a través
de las ventanas y lo han oído hablando con alguien, intentando convencerlo de que
no lo haga, incluso dicen que una vez hablo con un pequeño niño en la calle.
Asomó la cabeza por la ventana y le grito, le dijo que se fuera de aquí. Lo asusto
casi hasta la muerte.

—Puede ser sólo otra leyenda urbana —dice Thomas.

Pero en mi experiencia, usualmente no lo es. No sé lo qué voy a encontrar cuando
lleguemos a ese apartamento. No sé si encontraremos algo, y si lo hacemos, no sé si
debería matarlo. Después de todo, nadie mencionó que el policía realmente haya
lastimado a alguien, y siempre fue nuestra práctica dejar solos a los que son
seguros, sin importar lo mucho que se lamenten y agiten sus cadenas.

En nuestra práctica. El Athame es un gran peso en mis hombros. Toda mi vida he
conocido este cuchillo. He visto la hoja moverse a través de luz y aire, primero en la
mano de mi padre y después en la mía. El poder en ella me canta, corre a través de
mi brazo hacia mi pecho. Por diecisiete años me ha mantenido seguro y me ha
hecho fuerte.

―El lazo de sangre‖, Gideon siempre me dijo. ―La sangre de tus ancestros forjó este
Athame. Hombres de poder, desangraron a sus guerreros, para sacar a los espíritus.
El Athame es de tu padre, y es tuyo, y ambos pertenecen a él‖.

Eso es lo que dijo. Algunas veces con divertidos gestos y un poco de mímica. El
cuchillo es mío, y lo amo, como amarías a cualquier fiel perro de caza. Hombres de
poder, quienes quieran que fueran, pusieron la sangre de mis ancestros, la sangre de
un guerrero dentro de la hoja. Echa a los espíritus, pero no sé adónde. Gideon y mi
padre me enseñaron a nunca preguntar.

Estoy pensando tan fuerte en eso que no noto que los estoy guiando directamente al
apartamento. La puerta ha sido dejada entreabierta y camino directo hacia la vacía
sala. Nuestros pies golpean contra el suelo desnudo, lo que sea que quedó después



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de que las alfombras fueron levantadas. Luce como cartón. Me detengo tan rápido
que Thomas choca contra mi espalda. Por un minuto, creo que el lugar está vacío.

Pero luego veo la negra figura acurrucada en el rincón, cerca a la ventana. Tiene las
manos en su cabeza y se está meciendo de atrás para adelante, murmurándose a sí
mismo.

—Wow —susurra Will—. No creí que hubiera alguien aquí.

—No hay nadie aquí —digo, y los siento tensarse cuando entienden a lo que me
refiero. No importa si esto es a lo que querían traerme. Verlo de verdad es un juego
completamente diferente. Señalo que se queden atrás, y camino en un amplio arco
alrededor del policía para tener una mejor visión. Tiene los ojos bien abiertos; luce
aterrado. Está murmurando y chillando como una ardilla, todo sin sentido. Es
perturbador pensar cuán cuerdo debió ser cuando estaba vivo. Saco mi Athame, no
para amenazarlo solo para tenerla afuera, sólo por si acaso.

Carmel da un grito ahogado, y por alguna razón eso llama su atención.

Fija sus brillantes ojos en ella.

—No lo hagas —susurra. Ella da un paso atrás.

—Hola —digo suavemente, y no tengo respuesta. El policía tiene los ojos en
Carmel. Debe haber algo en ella. Tal vez le recuerda a las rehenes, a la esposa y la
hija.

Carmel no sabe qué hacer. Su boca está abierta, el principio de una palabra
atrapada en su garganta, y está mirando rápidamente del policía a mí y viceversa.

Siento un familiar agudizamiento. Así es como lo llamo: un agudizamiento. No es
que comienzo a respirar más fuerte, o que mi corazón se acelera y golpea en mi
pecho. Es más sutil que eso. Respiro más hondo y mi corazón late más fuerte.

Todo a mí alrededor se detiene, y todas las líneas son más nítidas y claras. Tiene
que ver con confianza, y mi ventaja natural. Tiene que ver con mis dedos
zumbando a medida que oprimen el mango de mi Athame.

Ni una vez tuve este sentimiento cuando fui contra Anna.

Esto es lo que estaba extrañando, y tal vez Will era una bendición en disfraz. Esto
es lo que busco: esta ventaja, esta forma de vivir en la punta de mis pies. Puedo ver
todo en un instante: que Thomas está genuinamente pensando en cómo proteger a



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Carmel, y que Will está intentando conseguir el valor para intentar algo él mismo,
para probar que no soy el único que puede hacer esto.

Tal vez debería dejarlo. Dejar que el fantasma del policía le dé un susto y lo ponga
en su lugar.

—Por favor —dice Carmel—.Sólo cálmense. En primer lugar no quería venir aquí,
y no soy quién piensas que soy. ¡No quiero lastimar a nadie!

Y luego algo interesante pasa. Algo que no he visto antes. Los rasgos en la cara del
policía cambian. Es casi imposible de ver, como recoger la corriente de un río en
movimiento bajo la superficie. La nariz se ensancha. Los pómulos se desplazan
hacia abajo. Los labios se hacen más delgados y los dientes cambian dentro de la
boca. Todo esto pasa en un dos por tres en un abrir y cerrar de ojos. Estoy mirando
otro rostro.

—Interesante —murmuro, y mi visión periférica registra a Thomas dándome una
cara de ¿Es todo lo qué puedes decir?

—Este fantasma no sólo es el policía —explico—. Es ambos. El policía y el
trabajador del ferrocarril, atrapados juntos en una sola forma —este es el obrero del
ferrocarril, creo, y miro hacia abajo a sus manos justo cuando está levantando un
arma a Carmel.

Grita, y Thomas la toma y la empuja hacia abajo.

Will no hace mucho. Solo comienza a decir:

—Sólo es un fantasma, sólo es un fantasma —una y otra vez muy alto, lo cual es
bastante estúpido.

En cambio, yo, no titubeo. El peso de mi Athame se mueve fácilmente en mi
palma, volteo la hoja para que no apunté hacia adelante sino atrás; la estoy
sosteniendo como lo hizo el tipo de Psicosis cuando estaba cortando a través de esa
chica en la escena de la ducha. Pero no la estoy usando para cortar. El lado afilado
de la hoja está hacia arriba, y mientras el fantasma alza el arma hacia mis amigos,
alzo mi brazo hacia el techo. El Athame conecta y rebana la mayor parte de su
muñeca.

Aúlla y retrocede; yo también. El arma cae al piso sin un sonido. Es espeluznante,
la visión de algo que debería hacer bulla y aún así no se escucha un susurro. Mira
su mano, perplejo. Está colgando de un hilo de piel, pero no hay nada de sangre.



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Cuando se la arranca, se disuelve en humo: grasosos, tentáculos cancerosos. No
creo que necesite decirle a nadie que no respire.

—Así que, ¿eso es todo? —Will pregunta en una voz con pánico—. ¡Pensé que se
suponía que esa cosa lo mataría!

—No es una ―cosa‖ —digo de manera uniforme—. Es un hombre. Dos hombres. Y
ya están muertos. Esto los envía a donde necesitan ir.

El fantasma ahora viene por mí. He obtenido su atención, y esquivo y me tiró atrás
fácilmente, con tanta rapidez, que ninguno de sus intentos por golpearme ni
siquiera se acercan. Desprendo más de su brazo cuando me agacho debajo de él, y
el humo revolotea alrededor y desaparece en los disturbios que hizo mi cuerpo.

—Cada fantasma se va de manera diferente —digo—. Algunos mueren otra vez
como si pensaran que siguen vivos —esquivo otro de sus ataques y aterrizo un codo
en su nuca—. Otros se derriten en charcos de sangre. Otros explotan —miro atrás a
mis amigos, a sus amplios ojos prestando atención extasiados—. Algunos dejan
cosas detrás cenizas, o manchas. Otros no.

—Cas —dice Thomas, y señala detrás de mí, pero ya sé que el fantasma está en su
camino de regreso. Lo eludo y cortó a través de su caja torácica. Cae en una rodilla.

—Cada vez es diferente —digo—. Excepto por esto —miro directamente a Will,
listo para ligar. Es en ese momento que siento las manos del fantasma agarrar mis
tobillos y tirarme de los pies. ¿Escuchaste eso? Ambas manos. Sin embargo
recuerdo claramente haber cortado una de ellas. Eso me parece muy interesante
justo antes de que mi cabeza golpee el suelo de madera.

El fantasma se lanza a mi garganta y apenas logro contenerlo. Observando las
manos, una es diferente. Está ligeramente más bronceada, y tiene una forma
totalmente diferente: dedos más largos, uñas irregulares. Escucho a Carmel gritarle
a Thomas y Will que deberían ayudarme, y eso es lo último que quiero. Requeriría
quitarle la gracia a todo el asunto.

Aun así, mientras estoy rodando con la mandíbula apretada, intentando enfocar mi
cuchillo hacia la garganta del tipo, deseo haber sido construido más con el físico de
jugar fútbol de Will. Mi flaqueza me hace ágil y rápido, y soy bastante fibroso, pero
cuando se trata de un cara a cara, sería agradable ser capaz de arrojar a alguien a
través de la habitación.




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—Estoy bien —le digo a Carmel—. Sólo lo estoy descifrando —las palabras salen
en un tenso y poco convincente gruñido. Me están mirando, con los ojos bien
amplios, y Will da unos bruscos pasos hacia adelante.

—¡Quédense atrás! —grito mientas me las arreglo para poner mi pie en el estómago
del tipo—. Sólo va a tomar un poco más —explico—. Hay dos tipos aquí adentro,
¿entienden? —mi respiración es más pesada. Algo de sudor escurre por mi
cabello—. No hay problema… sólo significa que tengo que hacer todo doble.

Al menos eso espero. Es la única cosa que puedo pensar intentar, y realmente se
reduce a un desesperado rebana y cortar. Esto no es lo que tenía en mente cuando
sugerí que fuéramos a cazar. ¿Dónde están los simpáticos, fáciles fantasmas cuando
los necesitas?

Me armo de valor y pateo fuerte con el pie, lanzando al policía/trabajador
ferroviario lejos de mí. Trepando, consigo un mejor agarre del Athame y me
reoriento. Él está listo para cargar, y cuando lo hace comienzo a rebanar y cortar
como una procesadora humana. Espero que luzca más genial de como creo que se
ve. Mi cabello y mis ropas se están moviendo en una brisa que no puedo sentir.
Humo negro erupciona debajo de mí.

Antes de terminar, antes de que él esté terminado puedo oír dos voces distintas,
posándose una encima de la otra, con una sombría armonía. En medio de mi corte,
me encuentro observando dos rostros ocupando el mismo espacio: dos juegos de
dientes rechinantes, y un ojo azul, otro marrón. Estoy contento de haber sido capaz
de hacer esto. El sentimiento incomodo y ambiguo que tenía cuando llegamos se ha
ido. Si este fantasma alguna vez hirió a alguien o no, sin duda se había herido a él
mismo, y a dónde sea que los estoy enviando tiene que ser mejor que esto, atrapado
en la misma forma con la persona que odias, volviéndose loco uno al otro más y
más con cada día, semana, con cada año que pasa.

Al final, estoy parado solo en el centro de la habitación, ondas de humo
desvaneciéndose, y desapareciendo en el techo. Thomas, Carmel y Will están
acurrucados juntos, mirándome fijo. El policía y el trabajador ferroviario se han
ido. También el arma.

—Eso fue… —es todo lo que Thomas puede murmurar.

—Eso es lo que hago —simplemente digo, y desearía estar menos sin aliento—. Así
que no más discusiones.




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Cuatro días después estoy sentado en la mesada de la cocina, observando a mi
mamá lavar algunas raíces de aspecto gracioso, las cuales luego cepilla y pica para
ser adheridas a las hierbas que usaremos alrededor de nuestro cuello esta noche.

Esta noche. Finalmente llegó. Parece como si se hubiera demorado eternamente,
aún así desearía tener un día más. Me he encontrado en la entrada de Anna cada
noche, sólo parado ahí, incapaz de pensar en nada que decir. Y cada noche ella
viene a la ventana y me mira fijo. No he estado durmiendo mucho, aunque algo de
eso es atribuible a las pesadillas.

Los sueños han empeorado desde que llegamos a Thunder Bay. El momento no
podía ser peor. Estoy exhausto cuando no debería estarlo, cuando menos me puedo
permitir estar exhausto.

No puedo recordar si mi papá tenía estos sueños o no, pero aún si los tenía no me
lo hubiera contado. Gideon tampoco menciono nada, y no he sacado el tema,
porque ¿qué si sólo soy yo? Significaría que soy más débil que mis ancestros. Qué
no soy tan fuerte como todos esperan que sea.

Siempre es el mismo sueño. Una figura inclinándose sobre mi rostro. Estoy
asustado, pero también sé que esta figura está vinculada a mí. No me gusta. Creo
que es mi padre. Pero no realmente mi padre. Mi padre ha seguido adelante. Mamá
y Gideon se aseguraron de eso; estuvieron rodeando la casa donde fue asesinado en
Baton Rouge durante noches enteras, lanzando runas y quemando velas. Pero él se
había marchado. No podía decir si mi mamá estaba feliz o decepcionada.

La observo ahora mientas se apresura a tijeretear y triturar las diferentes hierbas,
midiéndolas, vertiéndolas de un tazón a su mortero. Sus manos son rápidas y
limpias. Tuvo que esperar hasta el último minuto porque la hierba Cinco Dedos fue
difícil de encontrar y tuvo que conseguirla por medio de un proveedor desconocido.

—¿De todas maneras, qué es esta cosa? —pregunto, tomando un trozo de ello. Es
deshidratado y marrón verdoso. Es como un trozo de heno.

—Te protegerá del daño de cualquier dedo —dice distraídamente, luego mira hacia
arriba—. Anna tiene cinco dedos, ¿no?

—En cada mano —digo a la ligera, y dejo el pasto.

—Limpié nuevamente el Athame —dice mientras adhiere batidos de rebanadas de
raíz de cólico, la cual me dice que es útil para mantener a los enemigos a raya—.
Lo necesitarás. Por lo que leí del hechizo, sacará mucho de ella. Serás capaz de
terminar tu trabajo. Haz lo que viniste a hacer.



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Noto que no está sonriendo. Aunque no he estado mucho por aquí, mi mamá me
conoce. Sabe cuándo algo está mal, y usualmente tiene una muy buena idea de qué
es. Dice que es una cosa de mamá.

—¿Qué está mal en esto, Cassio? —pregunta—. ¿Qué es diferente?

—Nada. Nada debería ser diferente. Es más peligrosa que cualquier fantasma que
he visto. Tal vez incluso más que cualquiera que papá vio. Ha asesinado a muchos;
es más fuerte —miro la pila de hierba Cinco Dedos—. Pero también está más viva.
No está confundida. No es algún cambiante, una cosa medio existente que mata
por miedo o rabia. Algo le hizo esto a ella, y lo sabe.

—¿Cuánto sabe?

—Creo que sabe todo, sólo que tiene miedo de contarme.
Mi mamá empuja algunos cabellos fuera de sus ojos.

—Después de esta noche, lo sabrás a ciencia cierta.

Me empujo fuera del mostrador.

—Creo que ya lo sé —digo con enojo—. Creo que sé quién la asesinó —no he sido
capaz de dejar de pensar en ello. Sigo pensando en el hombre que la aterrorizó, a
esta joven chica, y quiero martillear su rostro. En una robótica voz, le cuento a mi
mamá lo que Anna me dijo. Cuando la observo, está con los ojos grandes.

—Es terrible —dice.

—Sí.

—Pero no puedes reescribir la historia.

Desearía poder hacerlo. Desearía que este cuchillo fuera bueno para algo más que
muerte, que pudiera cortar a través del tiempo y caminar hacia esa casa, hacia esa
cocina en la que está atrapada, y sacarla de allí. Me aseguraría de que tuviera el
futuro que debió tener.

—Ella no quiere asesinar personas, Cas.

—Lo sé. Entonces cómo puedo…

—Puedes porque tienes que —dice simplemente—. Puedes porque ella lo necesita.



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Miro mi cuchillo, descansando en su frasco de sal. Algo que huele como caramelos
negros impregna el aire. Mi mamá está picando otra hierba.

—¿Qué es eso?

—Estrella de anís.

—¿Para qué es?

Sonríe un poco.

—Huele rico.

Respiro hondo. En menos de una hora todo estará listo, y Thomas me recogerá.
Llevaré las pequeñas bolsas de terciopelo aseguradas con largas cadenas y las
cuatro velas blancas de pilar infundidos con aceite esencial, y él tendrá el tazón de
adivinación y su bolso de piedras. Y nosotros intentaremos asesinar a Anna Korlov.



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Capítulo 15


Traducido por Alexiacullen
Corregido por BrendaCarpio


a casa estaba esperando. Todo el mundo que estaba de pie a mi alrededor
en el camino de la entrada está con un susto de muerte de lo que hay en el
interior, pero yo estoy más asustado fuera de la propia casa. Sé que está en
silencio, pero no puedo ayudar siento cómo que está observando, y quizás
sonriendo, sonriendo de oreja a oreja sobre nuestros intentos infantiles de detenerla,
riéndose con sus cimientos cuando nosotros agitamos las patas de pollo en su
dirección.

El aire está frío. El aliento de Carmel viene en pequeñas bocanadas calientes. Tiene
una chaqueta de pana gris oscuro y una bufanda roja de punto suelto; sepultada
dentro de la bufanda está la bolsa de hierbas de mi madre. Will hizo resaltar su
chaqueta Letterman, por supuesto, y Thomas se muestra tan desaliñado como
nunca en su destartalado abrigo del uniforme de la Armada. Él y Will están
resoplando en la oscuridad, arreglando las piedras del lado superior alrededor de
nuestros pies en un círculo de cuatro pies.

Carmel sube andando para estar al lado mío mientras yo miro fijamente hacia la
casa. Mi daga está colgando encima de mi hombro en su correa. La pondré en mi
bolsillo más tarde. Carmel olfatea su bolsa de hierbas.

—Huele como a licor —dice, y huele hacia mí para estar segura de que son las
mismas.

—Es inteligente de parte de tu madre —dice Thomas desde detrás de nosotros. No
estaba en el hechizo, pero nunca está demás añadir un poco de suerte.

Carmel le sonríe brillante en la oscuridad. —¿Dónde has aprendido todas estas
cosas?

—Mi abuelo —contestó orgulloso, y le pasa una vela. Pasa otra a Will, y luego me
da una a mí—. ¿Listos?— pregunta.

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Miro hacia la luna. Está brillante, y fría, y todavía se muestra llena para mí. Pero el
calendario dice que está menguando, y a las personas se les paga para hacer
calendarios, así que supongo por esto que estamos listos.

El círculo de piedras está solamente a unos veinte pies de la casa. Tomo mi lugar en
el oeste y todo el mundo se mueve para tomar el suyo. Thomas está intentando
equilibrar la bola de cristal en una mano mientras sostiene la vela con la otra.
Puedo ver una botella de agua Dasani marcada en su bolsillo.

—¿Por qué no le das las patas de pollo a Carmel? —sugiero cuando él intenta
sujetarlas entre su anillo y su dedo meñique. Ella sujeta sus manos con cautela,
pero no con demasiada cautela. Ella no es tan femenina como pensaba que sería
cuando me encontré con ella por primera vez.

—¿Sientes eso? —pregunta Thomas, sus ojos brillan.

—¿Sentir qué?

—La energía se está moviendo.

Will mira alrededor con escepticismo. —Todo lo que siento es frío —dice
bruscamente.

—Enciende las velas, en sentido contrario a las agujas del reloj hacia el este.

Cuatro pequeñas llamas se encienden e iluminan nuestras caras y pechos, revelando
expresiones de que estamos asombrados, con miedo y en parte nos sentimos
estúpidos. Tan sólo Thomas está impasible. Él apenas está con nosotros. Sus ojos
están cerrados, y cuando habla, su voz está sobre una octava más baja que lo
normal. Puedo decir que Carmel está asustada, pero ella no dice nada.

—Iniciemos la canción —ordena Thomas, y nosotros lo hacemos. No puedo creer
esto pero ninguno de nosotros lo estropea. La canción es en latín, cuatro palabras se
repiten una y otra vez. Ellas suenan estúpidas en nuestras lenguas, pero cuanto más
lo hagamos menos estúpido se sentirá. Incluso Will está cantando con todo su
corazón.

—No paren —dice Thomas, abriendo sus ojos—. Muévanse hacia la casa. No
rompan el círculo.

Cuando nos movimos juntos sentí el poder del hechizo. Nos sentía a todos
andando, todas nuestras piernas, todos nuestros pies, uniéndolos juntos con un hilo
invisible. Las llamas de las velas se mantenían fuertes, sin parpadeos, como un



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fuego sólido. No puedo creer esto que Thomas está haciendo todo esto a corto
plazo, el torpe Thomas, escondiendo todo este poder dentro de una chaqueta de
faena. Vamos a la deriva juntos en los pasos, y antes de lo que creo estamos en su
puerta.

La puerta se abre. Anna nos está mirando.

—Han llegado para hacerlo —dice con tristeza—. Y ustedes deben... —Ella mira a
los demás—. Saben lo que ha sucedido, cuando ellos han llegado adentro —
advierte ella—. ¡No puedo controlarlo!

—Quiero decirte que todo irá bien —dice Thomas desde detrás de mí, y mi voz casi
se tambalea—. Él quiere que lo intentes. Te necesitamos dentro del círculo. No te
preocupes por nosotros. Estaremos protegidos.

Por una vez estoy agradecido de que Thomas llegue hasta dentro de mi cabeza.
Anna mira de él hacia mí y viceversa, luego se desliza silenciosamente lejos de la
puerta. Cruzo el primer umbral.

Sé cuando los otros están en el interior, no sólo porque nuestras piernas se están
moviendo como una, sino porque Anna empieza a cambiar. Las venas serpentean
en sus brazos y cuello, dejándola sin aliento en su cara. Su pelo se convierte en una
marea negra y brillante. El petróleo cubre sus ojos. El vestido blanco se empapa de
una brillante sangre roja, y la luz de la luna rebota fuera de él, haciendo que brille
como plástico. Corre por sus piernas para gotear hacia el suelo.

Detrás de mi, el círculo no vacila. Estoy orgulloso de ellos; quizás ellos son caza
fantasmas después de todo.

Las manos de Anna se cierran en puños tan cerrados que la sangre negra comienza
a filtrarse por sus dedos. Ella está haciendo como Thomas dijo. Está intentando
controlarlo, intentando controlar el impulso de romper la piel de su cuello, tirando
de los brazos de sus hombros. Conduzco el círculo hacia adelante, y ella retuerce
sus ojos cerrados. Nuestras piernas se mueven más rápido. Carmel y yo giramos,
así que estamos frente a frente. El círculo se está abriendo, permitiendo a Anna
pasar hacia dentro del centro. Durante un minuto, Carmel es obstruida
completamente. Todo lo que veo es el cuerpo de Anna sangrando. Entonces, ella
está dentro, y el círculo se cierra de nuevo.

Estamos justo a tiempo. Fue todo lo que ella podía hacer para mantenerse a sí
misma, y ahora sus ojos y boca se abren grandes en un ensordecedor grito.
Acuchilla el aire con dedos aguileños y siento los pies de Will recaer, pero Carmel
está pensando rápido y pone las patas de pollo debajo de donde Anna se sostiene.



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El fantasma se calma, sin moverse tanto, pero en lo que concierne a cada uno de
nosotros se retuerce lentamente alrededor con odio.

—El círculo está listo —dice Thomas—. Ella está contenida.

Él se arrodilla y todos nosotros con él. Es raro, la sensación de que todas nuestras
piernas son una sola pierna. Coloca la bola de cristal en el suelo y destapa su botella
de Dasani.

—Funciona tan bien como cualquier otra cosa —nos asegura—. Es limpia y
conductor. Necesitamos agua sagrada, o agua de un manantial de tierra… Es cursi.

El agua cae dentro de la botella con un sonido cristalino, musical y esperamos hasta
que la superficie está en calma.

—Cas —dice Thomas y miro hacia él. Desde un principio me doy cuenta de que no dijo nada
en voz alta. El círculo nos ata. Estamos dentro con cada una de nuestras mentes—. Dime que
necesitas saber. Dime qué necesitas ver.

Esto es ahora demasiado rápido. El hechizo es fuerte, lo siento fundiéndose y
creciendo como un cometa al mismo tiempo. Pero me siento arraigado, me siento
seguro.

—Muéstrame lo que le sucedió a Anna —pienso con cuidado—. Muéstrame como fue
asesinada, qué le da a ella este poder.

Thomas cierra sus ojos de nuevo, y Anna empieza a estremecerse en el aire, como
teniendo fiebre. La cabeza de Thomas se cae. Durante un segundo pienso que él se
ha desmayado y estamos en problemas, pero entonces, me doy cuenta de que él
está mirando fijamente la bola de cristal.

—¡Oh! —escucho cuchichear a Carmel.

El aire a nuestro alrededor está cambiando. La casa alrededor nuestra está
cambiando. La luz extraña y gris, lentamente se calienta, y el polvo de las sábanas
se derrite de los muebles. Yo parpadeo. Estoy mirando hacia la casa de Anna, la
forma que debería haber tenido cuando ella estaba viva.

Hay una alfombra en el suelo de la sala de estar, la cual está iluminada por unos
faroles que hacen amarillo el aire. Detrás de nosotros, oímos la puerta abrirse y
cerrarse, pero estoy todavía demasiado ocupado mirando hacia los cambios, a las
fotos colgadas en las paredes y el bordado rojo del sofá. Si miro más cerca, puedo



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ver que no es tan magnífica; la araña de luces se empañan y faltan cristales, y hay
un desgarrón de fábrica de la mecedora.

Una figura se mueve por la habitación, una chica en falda marrón oscuro y una
sencilla blusa gris. Ella está llevando libros de texto. Su pelo está recogido en una
larga cola de caballo, atada con una cinta azul. Cuando se gira hacia el sonido en la
escalera, veo su cara. Es Anna.

Verla con vida es indescriptible. Pensaba que no podría haber permitido mucho la
vida de la niña en el interior de lo que Anna es ahora, pero yo estaba equivocada.
Cuando ella mira al hombre de la escalera, sus ojos son familiares. Es duro y lo
saben. Están irritados. Sé sin mirar que es el hombre sobre el me ella me contó, el
hombre que iba a casarse con su madre.

—¿Y qué aprendiste en la escuela hoy, querida Anna? —su acento es tan fuerte
apenas puedo distinguir las palabras. Él baja las escaleras, y sus pasos son irritantes,
flojos y confiados y tan llenos de su propio poder. Hay una leve cojera en su paso,
pero realmente él no está usando el bastón de madera que lleva. Cuando camina
alrededor de ella, me hace recordar a un tiburón rodeando. La mandíbula de Anna
está tensa.

Su mano sube por encima del hombro de ella y señala con un dedo la portada de su
libro.

—Más cosas que no necesitas.

—Mamá desea que lo haga bien —replica Anna. Es la misma voz que conozco, con
un acento más fuerte a finlandés. Se da la vuelta. Puedo ver, pero se que ella está
mirándolo a él.

—Y lo harás. —Sonríe él. Tiene una cara angulosa y buenos dientes. Hay una
barba reciente en sus mejillas, y está empezando a quedarse calvo. Lleva lo que
queda de su pelo rubio hacia atrás—. Chica lista —susurra levantando un dedo
hacia la cara de ella. Ella se sacude lejos y corre hacia las escaleras pero no
pareciendo huir. Parece como una actitud.

—Esa es mi chica —pienso y entonces recuerdo que estoy en el círculo. Me pregunto
qué parte de mis pensamientos y sentimientos corren hacia la mente de Thomas. En
el interior del círculo, escucho el vestido de Anna goteando y siento su
estremecimiento de cómo la escena avanza.

Mantengo mis ojos en el hombre: podría aspirar a ser el padrastro de Anna. Él está
sonriéndose a si mismo, y cuando su puerta se cierra en la segunda planta,



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introduce su mano en su camisa y saca un paquete de tela blanca. No sé lo que es
hasta que se lo pone en su nariz. Es el vestido que ella llevaba en el baile. El vestido
con el que ella murió.

—Cerdo pervertido —piensa Thomas dentro de nuestras cabezas. Aprieto mis puños.
El impulso de correr hacia el hombre es abrumador aunque sé que estoy viendo
algo que sucedió hace sesenta años. Estoy viendo como si estuviera jugando con un
proyector. No puedo cambiar nada de ello.

El tiempo se mueve hacia adelante; las luces cambian. Las lámparas parecen más
brillantes y las figuras brillan en borrosos racimos oscuros. Puedo oír cosas, las
conversaciones apagadas y los argumentos. Mis sentidos luchan para mantener el
ritmo.

Hay una mujer en el pie de las escaleras. Lleva un vestido negro intenso que la hace
parecer áspera como el infierno, y su pelo recogido en un moño tirante. Está
mirando hacia la segunda planta, así que no puedo ver su cara. Pero puedo ver que
está sosteniendo el vestido blanco de Anna en una mano y temblando de arriba
abajo. En la otra, ella está sosteniendo una cadena con piedras de rosario.

Siento algo más que oigo a Thomas suspirar. Sus mejillas se mueven
nerviosamente, él se ha enterado de algo.

—Poder —piensa—. El poder de la oscuridad.

No sé lo que él quiere decir. No tengo tiempo de preguntar.

—¡Anna! —grita la mujer, y Anna aparece, viene fuera de la sala en lo alto de las
escaleras.

—¿Sí mamá?

Su madre sostiene el vestido en su puño. —¿Qué es esto?

Anna parece afectada. Su mano se lanza a la barandilla. —¿De dónde lo sacaste?
¿Cómo lo has encontrado?

—Estaba en su habitación. —Es él de nuevo, caminando hacia la cocina—. La
escuché decir que estaba trabajando en ello. Lo encontré por su propio bien.

—¿Es eso verdad? —exige su madre—. ¿Cuál es el significado de esto?

—Es para un baile, Mamá —dice Anna enfadada—. Un baile de la escuela.



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—¿Esto? —Su madre sostiene el vestido y lo extiende hacia fuera con ambas
manos—. ¿Esto es para bailar? —Ella lo agita en el aire—. ¡furcia! ¡No irás al baile!
Niña mimada. ¡No dejarás esta casa!

En lo alto de las escaleras, escucho una suave y dulce voz. Una mujer de piel
olivácea con pelo largo y negro recogido en una trenza, toma a Anna por sus
hombros. Debe ser María, la costurera que era amiga de Anna, quien dejó a su
propia hija atrás en España.

—No estés enfadada, señorita Korlov —dice María rápidamente—. Yo la ayudé.
Fue mi idea. Algo bonito.

—Tú —escupe la señora Korlov—. Tú lo has hecho peor. Susurrando tú
inmundicia española en los oídos de mi hija. Ella se ha convertido en una terca
desde que tú viniste. Orgullosa. No quiero que vuelvas a decirle nada a ella. ¡Te
quiero fuera de esta casa!

—¡No! —grita Anna

El hombre da un paso hacia su prometida —Malvina —dice— ¡No necesitamos
perder huéspedes!

—¡Silencio, Elías! —dice Malvina bruscamente. Estoy comenzando a entender
porqué Anna no podía contarle a su madre lo que Elías hacía.

La escena se acelera. Puedo sentir más que ver lo que está sucediendo. Malvina tira
el vestido a Anna y la ordena que lo queme. Le da una bofetada en la cara cuando
intenta convencerla de que permita a María quedarse. Anna está llorando, pero
sólo la Anna de la memoria. La Anna real está siseando cuando mira, la sangre
negra hirviendo. Me siento haciendo una mezcla de las dos.

El tiempo avanza, y mis ojos y oídos se fuerzan para seguir a María cuando ella se
va, dejando sólo una maleta. Oigo a Anna preguntar qué va a hacer ella,
suplicándole quedarse cerca. Y a continuación, salen todos pero una de las luces de
la lámpara se apaga y las ventanas del exterior están oscuras.

Malvina y Elías están en la sala de estar. Malvina está tejiendo algo con un hilo
azul oscuro y Elías está leyendo el periódico, fumando una pipa. Parece deprimido,
incluso en las rutinas de una tarde de placer. Sus caras están flojas y aburridas, las
bocas dibujan líneas finas, sombrías. No tengo ni idea de cómo fue su noviazgo,
pero tiene que ser tan interesante como mirar los bolos por la televisión. Mi mente
se mueve hacia Anna, todas nuestras mentes se mueven hacia Anna, y como si



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nosotros la llamáramos, ella baja las escaleras. Tengo la extraña sensación de
querer exprimir mis ojos cerrados mientras no puedo quitarles algo. Ella lleva su
vestido blanco. Es el vestido con el que ella morirá, pero no parece el mismo en su
momento que como lo hizo entonces.

La chica, esperando en el pie de la escalera, llevando una bolsa de ropa y mirando
la sorprendida y cada vez más peligrosa expresión furiosa de Malvina y Elías, están
increíblemente vivos. Sus hombros están cuadrados y fuertes, y su pelo oscuro
pende en ondas por su espalda. Ella levanta su barbilla. Deseo poder ver sus ojos,
porque sé que están tristes y triunfantes.

—¿Qué piensas que estás haciendo? —exige Malvina. Ella está mirando a su hija
con horror, como si no supiera quién es ella. El aire alrededor parece tensarse,
obtengo un olorcillo del poder de Thomas que estaba hablando.

—Me voy al baile —contesta Anna calmadamente—. Y no voy a volver a casa.

—Tú no irás al baile —dice Malvina agriamente, levantándose de su silla como si
estuviera acechando a su presa—. No irás a ningún sitio con ese vestido
repugnante. —Avanza hacia su hija entrecerrando los ojos y tragando duro, como
si ella estuviera enferma—. ¡Vistes de blanco como una novia, pero el hombre que
le permitas levantar tus faldas! —Levanta su cabeza como una víbora y escupe en la
cara de Anna—. Tu padre estaría avergonzado.

Anna no se mueve. La única cosa que delata cualquier emoción es el rápido
levantamiento y caída de sus costillas.

—Papá me quería —dice suavemente—. No sé por que tu no.

—Las chicas malas son tan inútiles como estúpidas —dice Malvina con un gesto de
su mano. No sé lo que ella quiere decir. Creo que su inglés es vacilante. O quizás
ella estaba anonadada. Pienso que podría ser esto.

Hay bilis en mi garganta cuando miro y escucho. Nunca he tenido que oír a nadie
hablar a sus hijos de esta forma. Quiero estirar el brazo y sacudirla hasta que
consiga algún sentido. O por lo menos hasta que escuchara quebrarse algo.

—¡Sube las escaleras y quítate eso! —ordena Malvina—. ¡Y tráelo para quemar!

Veo la mano de Anna apretar su bolso. Todas las cosas que posee las lleva en una
tela pequeña y marrón y atada junto a un cordón. —No —replica calmadamente—.
Me voy de aquí.




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Malvina se ríe. Es un sonido vibrante y frágil. Una luz oscura entra en sus ojos.

—Elías —dice—. Lleva a mi hija a su habitación. Consigue sacarle este vestido.

—Dios mío —piensa Thomas. En la esquina de mi ojo, veo a Carmel poner su mano
en su boca. No quiero ver esto. No quiero saber esto. Si este hombre la toca,
romperé el círculo. No me importa si sólo es un recuerdo. No me importa si
necesito saberlo. Romperé su cuello.

—No, Mamá —dice Anna con miedo, pero cuando Elías se gira hacia ella, ella
ensancha su postura. —No le dejaré que se acerque.

—Seré tu padre pronto, Anna. —Las palabras hacen que mi estomago enferme—.
Deberías obedecerme. Su lengua oscila por sus labios con impaciencia. Detrás de
mí escucho a mi Anna, Anna vestida de sangre, comienza a gruñir.

Cuando Elías avanza, Anna se vuelve y corre hacia la puerta, pero él la agarra por
el brazo y la gira con una vuelta, tan cerca que su pelo vuela hacia su cara, tan
cerca que debe sentir el denso calor de su aliento. Sus manos están buscando,
arañando su vestido y miro hacia Malvina para sólo ver una terrible expresión de
un odio satisfecho. Anna está golpeando y gritando a través de sus dientes.
Balancea hacia atrás su cabeza y golpea con la nariz de Elías, no lo suficientemente
fuerte para hacerle sangrar pero lo suficientemente fuerte para que libere un poco de
agarre. Se las arregla para liberarse e ir gateando hacia la cocina y la puerta de
atrás.

—¡No dejarás esta casa! —gritó Malvina siguiéndola y estirando el brazo con un
puñado del pelo de Anna y tirándola de vuelta—. ¡Tú nunca, nunca dejarás esta
casa!

—¡Lo haré! —gritó Anna, empujando a su madre lejos. Malvina cae contra un
aparador de madera grande y tropieza. Anna se da la vuelta hacia ella, pero ella no
ve a Elías, recuperando la proximidad a los pies de las escaleras. Quiero gritarle a
ella que se gire. Quiero decirle que corra. Pero no importa lo que yo quiero. Todo
esto ha sucedido realmente.

—¡Puta! —dice él en voz alta. Anna salta. Él está sujetando su nariz y
comprobando la sangre, mirándole a ella—.Te alimentamos. Te vestimos. ¡Y este
es tu agradecimiento! —Él sostiene su palma hacia fuera incluso aunque no hay
nada en ella. Entonces la golpea duro en la cara y la agarra por sus hombros,
moviéndola y moviéndola y gritándola en un finlandés que no puedo entender. Su
pelo está volando y ella está empezando a llorar. Todo esto parece excitar a
Malvina, cuyos ojos brillan cuando ella mira.



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Anna no ha renunciado. Se defiende y arremete violentamente hacia Elías en la
pared enfrente de las escaleras. Hay un jarrón de cerámica al lado de ellos. Ella lo
estrella contra el lateral de la cabeza de él haciéndole rugir y permitiéndole irse.
Malvina grita cuando ella corre por la puerta y ahora hay tanto griterío que no
puedo distinguir nada de esto. Elías ha abordado a Anna y la tiene por la espalda y
las piernas. Ella cae al suelo del vestíbulo.

Sé esto incluso antes de que Malvina salga de la cocina con un cuchillo. Todos
sabemos esto. Puedo sentirles, Thomas, Carmel y Will, sin poder respirar, con más
ganas de cerrar sus ojos, o gritar y de hecho ser oídos. Nunca han visto algo como
esto. Probablemente ellos nunca han pensado esto.

Miro hacia Anna, boca abajo en el suelo, aterrorizada, pero casi no asustada lo
suficiente. Miro a esta chica, luchando para escapar, no sólo de las manos de Elías,
pero de todo, de esta asfixiante casa, de esta vida como una carga sobre los
hombros de ella, arrastrándose al suelo y plantándose en la mugre. Veo a esta chica
como su madre se inclina hacia ella con un cuchillo de cocina y nada más que ira
en sus ojos. Enfado estúpido, ira sin fundamento, y a continuación la hoja está en
su garganta, arrastrándose a través de la piel y abriendo una línea de color rojo
oscuro. Demasiado oscuro, pienso, demasiado oscuro. Escucho a Anna gritar hasta
que no puedo más.





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Capítulo 16

Traducido por luisa1229
Corregido por Anne_Belikov

etrás de mí oigo un ruido sordo, y me alejo de la escena agradecido por la
distracción. Dentro del círculo, Anna ya no está flotando. Ella se
derrumbó en el suelo. Ha colapsado en el suelo sobre sus manos y
rodillas. Los zarcillos negros de su cabello se mueven. Su boca está abierta como si
fuera a quejarse o llorar, pero no hay sonido. Lágrimas grises entreveradas rodaron
como el agua teñida de carbón por sus pálidas mejillas. Vio su propia garganta ser
cortada. Se estaba viendo a sí misma sangrar hasta la muerte, rojez empapando
dentro de la casa y saturando su blanco vestido de baile. Todas esas cosas que no
podía recordar la golpearon justo en la cara. Estaba cada vez más débil.
Aunque no quiero vuelvo a mirar la muerte de Anna. Malvina le está despojando el
cuerpo y dando órdenes a Elías, que huye a la cocina y regresa con lo que parece
una manta áspera. Ella le dice que cubra el cuerpo y lo hace. Puedo decir que él no
puede creer lo que pasó. Después ella le dice que suba las escaleras y que encuentre
otro vestido para Anna.
—¿Otro vestido? ¿Para qué? —pregunta él.
Pero ella chasquea:
—¡Sólo ve! —Y él se escabulle por las escaleras tan rápido que tropieza.
Malvina extiende el vestido de Anna en el suelo, tan cubierto de rojo ahora que es
difícil recordar que solía ser de color blanco. Después va al armario del lado
opuesto y regresa con velas negras y un bolso negro pequeño.
Ella es una bruja, susurra Thomas mentalmente hacia mí. La maldición. Tiene
perfecto sentido. Deberíamos haber sabido que la causa de la muerte fue una
especie de bruja. Pero nunca podríamos haber imaginado que era su propia madre.
Mantén los ojos abiertos, le respondo de nuevo a Thomas. Podríamos necesitar tu
ayuda para saber qué está pasando aquí.
Lo dudo, dice, y creo que lo duda demasiado, viendo a Malvina encender las velas
y arrodillarse ante el vestido, su cuerpo se mece mientras canta en susurros suaves
palabras finlandesas. Su voz es tierna, como nunca lo fue para Anna en vida. Las
velas resplandecen. Ella levanta la primera de la izquierda, luego la de la derecha.
Cera negra derrama a través de la tela teñida. Entonces ella la escupe, tres veces. Su
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canto es fuerte pero no entiendo nada. Empiezo a intentar captar algunas palabras
para buscarlas luego, y es ahí cuando lo escucho. Thomas. Él está hablando suave
en voz alta. Por un segundo no sé lo que está diciendo. Abro mi boca para decirle
que se calle, que estoy tratando de escuchar, antes de percatarme que está
repitiendo los cantos en ingles.
—Padre Hiisi, escúchame, vengo ante ti humildemente. Toma esta sangre, toma su
poder. Mantén a mi hija en esta casa. Aliméntala de sufrimiento, sangre y muerte.
Hiisi, Padre, dios del demonio, escucha mi oración. Toma esta sangre, toma este
poder.
Malvina cierra sus ojos, levanta el cuchillo de cocina, y lo pasa por las llamas de las
velas. Increíblemente, se enciende y luego, en un movimiento feroz, clava el
cuchillo en el vestido y dentro de las tablas de madera.
Elías ha venido a la parte superior de las escaleras, sosteniendo una franja limpia y
blanca de tela, el remplazo del vestido de Anna. Él ve horrorizado a Malvina. Es
claro que no conocía esa parte de ella, y ahora que lo sabe, nunca dirá ninguna
palara contra ella, por temor.
La luz del fuego brilla por las tablas del piso, y Malvina mueve el cuchillo
lentamente, metiendo el vestido ensangrentado debajo de la casa mientras canta.
Cuando el último pedazo desaparece, empuja el resto del cuchillo debajo y la luz
destella. El piso está cerrado. Malvina traga saliva, y gentilmente sopla las velas, de
izquierda a derecha.
—Ahora nunca dejarás mi casa —susurra.
Nuestro hechizo está terminado. El rostro de Malvina se esfuma como la memoria
de una pesadilla, volviéndose tan gris y marchito como la madera en la que asesinó
a Anna. El aire alrededor de nosotros pierde color y siento nuestros miembros
empezar a desenredarse. Nos estamos separando, rompiendo el círculo. Escucho a
Thomas, respirando fuerte. También escucho a Anna. No puedo creer lo que acabo
de ver. Se siente irreal. No entiendo como Malvina pudo asesinar a Anna.
—¿Cómo pudo? —pregunta Carmel suavemente, y todos nos miramos—. Fue
terrible. Nunca quiero ver algo parecido de nuevo. —Sacude su cabeza—. ¿Cómo
pudo? Era su hija.
Miro a Anna, todavía vestida en sangre y venas. Sus lágrimas teñidas de oscuro se
han secado en su rostro; está demasiado exhausta para llorar.
—¿Ella sabía qué pasaría? —Le pregunto a Thomas—. ¿Sabía en lo que la estaban
convirtiendo?



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—No lo creo. O por lo menos, no exactamente. Cuando invocas a un demonio, no
pides los detalles específicos. Sólo haces el pedido y él hace el resto.
—No me importa si ella sabía exactamente —gruñe Carmel—. Fue asqueroso. Fue
horrible.
Hay gotas de sudor en nuestras frentes. Will no ha dicho nada. Todos nos miramos
como si hubiéramos pasado doce asaltos con un peso pesado.
—¿Qué vamos hacer? —pregunta Thomas, y parece que no estuviera dispuesto a
hacer nada por el momento. Creo que dormirá por una semana.
Me volteo y me paro. Necesito aclarar mi cabeza.
—¡Cas! ¡Cuidado!
Carmel me grita pero no es suficientemente rápida. Soy empujado desde atrás y
como estoy, siento un peso muy familiar siendo jalado de mi bolsillo trasero.
Cuando volteo, veo a Will parado junto a Anna. Está sosteniendo mi athame.
—Will —empieza Thomas, pero Will desenvaina mi cuchillo y lo gira en un amplio
arco, haciendo que Thomas se escabulla por sus caderas para salir del camino.
—Es así como lo haces ¿verdad? —pregunta Will con voz salvaje. Mira la hoja del
cuchillo y parpadea rápidamente—. Ella está débil; podemos hacerlo ahora —dice,
casi para sí mismo.
—Will, no lo hagas —dice Carmel.
—¿Por qué no? ¡Esto es por lo que venimos!
Carmel me mira sin poder hacer nada. Es lo que venimos a hacer. Pero luego de lo
que todos vimos, y verla acostada allí, sé que no puedo.
—Dame mi cuchillo —digo calmadamente.
—Ella mató a Mike —dice Will—. Ella mató a Mike.
Miro abajo hacia Anna. Sus ojos negros están amplios y mirando abajo, aunque no
sé si es que están viendo algo. Está hundida sobre su cadera, demasiado débil para
sostenerse parada. Sus brazos, los que sé por propia experiencia que podrían
aplastar ladrillos, se estremecen tratando de mantener su torso fuera del suelo.
Hemos logrado reducir a este monstruo en una cáscara temblorosa, y si alguna vez
habrá un momento seguro para matarla, es ahora.



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Y Will tiene razón. Ella mató a Mike. Ha matado a docenas. Y lo hará de nuevo.
—Tú mataste a Mike —susurra Will y empieza a llorar—. Mataste a mi mejor
amigo. —Y luego se mueve, apuñalando hacia abajo. Reacciono sin pensar.
Doy tumbos hacia adelante y lo agarro por debajo, deteniendo el golpe de ir directo
hacia su espalda; en vez de eso rebota sobre sus costillas. Anna hace un pequeño
lloriqueo y trata de arrastrarse. Las voces de Carmel y Thomas están en mis oídos,
gritándonos a ambos que paremos, pero seguimos luchando. Mostrando los
dientes, Will trata de apuñalarla de nuevo, cortando por el aire. Logro levantar un
codo para golpear su barbilla. Él tropieza algunos pasos y cuando ataca lo golpeo
en la cara, no muy fuerte pero lo suficiente para hacerlo pensar.
Se pasa por la boca el dorso de la mano. No intenta acercarse de nuevo. Mirando
de mí hacia Anna, sabe que no lo dejaré pasar.
—¿Qué es lo que te pasa? —pregunta—. ¿Se supone que este es tu trabajo, no? Y
ahora la tenemos ¿y no vas a hacer nada?
—No sé lo que voy a hacer —digo honestamente—. Pero no voy a dejar que le
hagas daño. No podrías matarla, de todas maneras.
—¿Por qué no?
—Porque no es sólo el cuchillo. Soy yo. Es mi lazo de sangre.
Will se burla.
—Está sangrando lo suficiente.
—No dije que el cuchillo no era especial. Pero el golpe mortal es mío. Lo que sea
que permita eso, tú no lo tienes.
—Estás mintiendo —dice, y quizás sí lo estoy. Nunca antes he visto a alguien usar
mi cuchillo. Nadie excepto mi papá. Tal vez toda esa cosa sobre ser escogido y ser
parte de una línea sagrada de cazadores de fantasmas era toda una mierda. Pero
Will lo cree. Empieza a alejarse, fuera de la casa.
—Dame mi cuchillo —digo de nuevo, viéndolo mientras me deja, el metal
brillando en la extraña luz.
—Voy a matarla —promete Will, luego se voltea y corre, llevándose mi athame con
él. Algo dentro de mí gime, algo infantil y básico. Es como esa escena en El mago
de Oz, cuando esa vieja arroja al perro a la canastilla de su bicicleta y se va. Mis



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pies me dicen que lo persiga, que le ataque y le golpee en la cabeza, agarre mi
cuchillo y nunca lo deje fuera de mi vista. Pero Carmel me habla.
—¿Estás seguro de que él no puede matarla? —pregunta.
Miro atrás. Ella está arrodillada en el suelo al lado de Anna; ha tenido el valor de
tocarla, de sostenerla por los hombros y mirar la herida que Will hizo. Se está
filtrando sangre negra en un efecto extraño: el líquido negro se mezcla con la sangre
que se mueve de su vestido, arremolinándose como tinta cayendo en agua roja.
—Está tan débil —susurra Carmel—. Creo que está muy lastimada.
—¿No debería de estarlo? —pregunta Thomas—. O sea, no quiero ponerme del
lado de Will. Estoy compitiendo por un Emmy Rosenberg, ¿pero no es esa la razón
por la estamos aquí? ¿No es ella todavía peligrosa?
Las respuestas son sí, sí y sí. Sé eso, pero parece que no puedo pensar con claridad.
La chica a mis pies está derrotada y mi cuchillo se fue y las escenas de Cómo
Asesinar a Tu Hija siguen en mi cabeza. Este lugar es donde ocurrió, este es el lugar
donde su vida acabó, donde se convirtió en un monstruo, donde su madre pasó un
cuchillo por su garganta y la maldijo a ella y a su vestido y…
Camino más allá a la sala de estar, mirando las tablas del suelo. Luego empiezo a
pisar muy fuerte. Golpeando mi pie contra las tablas y saltando arriba y abajo,
buscando un punto suelto. No está haciendo nada bueno. Soy un estúpido. No soy
lo suficientemente fuerte. Y ni siquiera sé lo que estoy haciendo.
—No es esa —dice Thomas. Está mirando el suelo. Señala la tabla que está a mi
izquierda.
—Es esa —dice—. Y necesitarás algo. —Se para y corre fuera de la puerta. Pensé
que ya no le quedaban fuerzas. El chico es sorprendente. Y malditamente útil,
porque aproximadamente cuarenta segundos después está de regreso, sosteniendo
una palanca y una llanta de hierro.
Juntos cortamos el suelo, al principio sin hacer una sola marca y luego agrietando
lentamente la madera. Uso la palanca para levantar el final más suelto y caigo de
rodillas. El hueco que hemos hecho es oscuro y profundo. No sé cómo está allí.
Debería estar viendo vigas y el sótano, pero sólo hay oscuridad. Sólo un momento
de vacilación, y mi mano está buscando en el hueco, sintiendo la profundidad fría.
Creo que estaba equivocado, que estaba estúpido de nuevo, y luego mis dedos
frotaron contra ello.
El tejido se siente rígido y frío al tacto. Tal vez un poco húmedo. Lo saco del piso
donde fue metido y sellado sesenta años atrás.



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—El vestido —respira Carmel—. ¿Qué…?
—No sé —digo honestamente. Camino hacia Anna. No tengo idea qué efecto
tendrá el vestido en ella, si tiene alguno. ¿La hará más fuerte? ¿La sanará? Si lo
quemo, ¿ella se evaporará en el aire fino? Thomas probablemente tenga una mejor
idea. Juntos Morfran y él podrían probablemente saber la respuesta correcta, y si
no, entonces Gideon podría. Pero no tengo esa clase de tiempo. Me arrodillo y
sostengo el tejido manchado ante sus ojos.
Por un segundo ella no hace nada. Luego se mueve con dificultad hacia sus pies.
Muevo el vestido sangriento con ella, manteniéndolo al nivel de sus ojos. El negro
ha retrocedido: los ojos aclarados y curiosos de Anna están ahí dentro de la cara
monstruosa, y por alguna razón, eso es más desconcertante. Mi mano está
temblando. Ella está parada delante mío, sin flotar, sólo mirando el vestido,
arrugado y rojo y desgastado en algunas partes.
Todavía sin saber lo que estoy haciendo, o lo que estoy intentando, lo tomo por el
borde y lo deslizo sobre su oscura y retorcida cabeza. Algo pasa inmediatamente
pero no sé lo que es. Una tensión entra en el aire, un frío. Es difícil de explicar,
como si hubiera una brisa pero nada se está moviendo. Pongo el vestido viejo sobre
el que sangra y retrocedo. Anna cierra sus ojos y respira profundamente. Rayas de
cera negra todavía se adhieren al tejido donde las velas gotearon durante la
maldición.
—¿Qué está pasando? —susurra Carmel.
—No sé —responde Thomas por mí.
Mientras observamos, los vestidos empiezan a pelear entre ellos, derramando
sangre y negrura y tratando de unirse. Los ojos de Anna están cerrados. Sus manos
forman puños. No sé lo que va a pasar, pero sea lo que sea, está pasando rápido.
Cada vez que pestañeo abro mis ojos a un nuevo vestido: ahora blanco, ahora rojo,
ahora ennegrecido y mezclado con sangre. Es aceite y pintura y cosas hundiéndose
en arena. Y luego Anna lanza su cabeza hacia atrás, y el vestido maldito se
desmorona, estallando en polvo cayendo a sus pies.
La diosa oscura se pone de pie mirándome. Cientos de zarcillos negros mueren en
la brisa. Las venas retroceden de sus brazos y su cuello. Su vestido está blanco y sin
manchas. La herida de mi cuchillo se ha ido.
Ella pone su mano en su mejilla incrédula y mira tímidamente de Carmel hacia mí,
y a Thomas, quien retrocede un paso. Luego se voltea lentamente hacia la puerta
abierta. Justo antes de que camine, mira encima de su hombro hacia mí y sonríe.



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Capítulo 17

Traducido por Emii_Gregori y Dangereuse_
Corregido por Abrilnya

Es esto lo que quería? La dejé ir. Acabo de dejar escapar al fantasma que fui
enviado para matar en prisión. Ella está caminando suavemente a través de su
porche, tocando con la punta de los dedos del pie en los escalones, mirando a la
oscuridad. Ella es como cualquier animal salvaje liberado de una jaula: cauteloso y
expectante. Las yemas de sus dedos trazaron la madera de la barandilla torcida
como si fuera la cosa más maravillosa que jamás haya sentido. Y una parte de mí
está feliz. Una parte de mí sabe que no se merecía nada de lo ocurrido, y quiero
darle más que este pórtico roto. Quiero darle una vida, regresarle toda su vida,
comenzando esta noche.

La otra parte de mí sabe que hay cuerpos en su sótano, almas que robó, y nada de
esto fue su culpa, tampoco. No puedo regresarle a Anna su vida porque su vida ya
se ha ido. Tal vez he cometido un gran error.

—Creo que debemos salir de aquí —dice Thomas en voz baja.

Miro hacia Carmel y ella asiente, así que me acerco a la puerta, tratando de
mantenerme entre ella y Anna, aunque sin mi cuchillo no sé qué tan útil seré.
Cuando nos oye venir a través de la puerta, se gira y me estima con una ceja
arqueada.

—Está bien —dice—. No los lastimaré ahora.

—¿Estás segura? —pregunto.

Sus ojos se mueven hacia Carmel. Ella asiente.

—Estoy segura. —Detrás de mí, Carmel y Thomas exhalan y torpemente salen de
mi sombra.

—¿Estás bien? —pregunto.

Ella piensa por un momento, tratando de encontrar las palabras adecuadas.

—Me siento… sana. ¿Es eso posible?

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—Probablemente no completamente —exclama Thomas, y lo golpeo con mi codo
en las costillas. Pero Anna ríe.

—Lo salvaste, la primera vez —dice ella, mirando hacia Thomas con cuidado—.
Te recuerdo. Tú lo sacaste.

—De todos modos, no creo que hayas podido matarlo —responde Thomas, pero
un poco de color sube a sus mejillas. A él le gusta la idea de jugar al héroe. Le gusta
que la idea esté siendo indicada delante de Carmel.

—¿Por qué no lo hiciste? —pregunta Carmel—. ¿Por qué no ibas a matar a Cas?
¿Qué te hizo escoger a Mike en su lugar?

—Mike —dice Anna suavemente—. No sé. Tal vez fue porque eran malos. Sabía
que lo habían engañado. Sabía que eran crueles. Tal vez me sentí... apenada por él.

Resoplo.

—¿Apenada por mí? Podría haber lidiado con esos tipos.

—Golpearon la parte de atrás de tu cabeza con una tabla de mi casa. —Anna me
mira con su ceja arqueada de nuevo.

—Sigues diciendo ―tal vez‖ —interrumpe Thomas—. ¿No estás segura?

—No —responde Anna—. No por completo. Pero eso me alegra —agrega, y
sonríe. Le gustaría decir algo más, pero aparta la mirada, avergonzada o
confundida, no puedo saberlo.

—Deberíamos irnos —digo—. Ese hechizo tomó mucho de nosotros. A todos nos
vendría bien dormir.

—¿Pero volverás? —pregunta Anna, como si pensara que nunca me verá de nuevo.

Asiento. Volveré. Para hacer qué, no lo sé. Sé que no puedo dejarle mi cuchillo a
Will, y no estoy seguro de si ella está a salvo mientras él siga teniéndolo. Pero eso
es una tontería, porque, ¿quién dice que está a salvo si tampoco lo tengo? Necesito
dormir un poco. Tengo que recuperarme y recomponerme, replantearlo todo.

—Si no estoy en la casa —dice Anna—, convócame. No estaré lejos.




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La idea de ella corriendo por Thunder Bay no me emociona. No sé lo que es capaz
de hacer, y mi lado desconfiado susurra que acabo de ser engañado. Pero no hay
nada que podamos hacer al respecto ahora mismo.

—¿Era eso una victoria? —pregunta Thomas mientras caminamos por el camino de
entrada.

—No lo sé —contesto, pero sin duda alguna no se siente como una. Mi daga se ha
ido. Anna está libre. Y lo único que parece cierto en mi cabeza y en mi corazón es
que esto no ha terminado. Ya hay un vacío, no sólo en mi bolsillo trasero o en mi
hombro, sino en todas partes a mi alrededor. Me siento más débil, como si
estuviera escapándome de mil heridas. Ese idiota tomó mi cuchillo.

—No sabía que pudieras hablar finlandés, Thomas —dice Carmel junto a él.

Él da una sonrisa torcida.

—No puedo. Fue un infierno el hechizo que conseguiste para nosotros, Cas. Me
gustaría reunirme con tu proveedor.

—Te lo presentaré en algún momento —me oigo decir. Pero no ahora. Gideon es la
última persona con la que quiero hablar cuando acabo de perder mi cuchillo. Mis
tímpanos se reventarían de todos los gritos. La daga. El legado de mi padre. Tengo
que recuperarla, y pronto.

***

—La daga se ha ido. La has perdido. ¿Dónde está?

Me tiene por el cuello, estrangulando las respuestas, cerrándome de regreso a mi
almohada.

—¡Estúpido, estúpido, ESTÚPIDO!

Me despierto balanceándome, y me coloco recto en mi cama como un rock 'em
sock 'em robot
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. La habitación está vacía. Por supuesto que lo está; no seas estúpido.
Utilizando la misma palabra en mí mismo, me retraigo al sueño. Sólo estoy medio
dormido. El recuerdo de sus manos en mi garganta persiste. Todavía no puedo
hablar. Hay demasiada tensión allí y en mi pecho. Puedo tomar una respiración
profunda, y cuando exhalo sale irregular, cerca de un sollozo. Mi cuerpo se siente

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Rock 'em sock 'em robot: es un popular juguete de acción para dos y un juego. Cuenta con dos
robots boxeadores manipulados mecánicamente por los jugadores, y el juego se gana cuando un
jugador golpea la cabeza del contrincante.



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lleno de espacios vacíos donde el peso del cuchillo debería estar. Mi corazón late
con fuerza.

¿Era mi padre? La idea me lleva diez años atrás, y la culpa de un niño hincha
fuertemente mi corazón. Pero no. No podía serlo. La cosa en mi sueño tenía un
acento criollo o cajún, y mi padre creció con un acento neutro de Chicago, Illinois.
Era sólo otro sueño, como el resto, y al menos sé de donde vino éste. No hace falta
ser un intérprete freudiano para notar que me siento mal por la pérdida de la daga.

Tybalt salta a mi regazo. En la escasa luz de luna a través de mi ventana sólo puedo
distinguir el óvalo verde de su iris. Coloca una pata en mi pecho.

—Sí —le digo. El sonido de mi voz en la oscuridad es fuerte y ruidoso. Pero envía
el sueño más lejos. Era tan vívido. Todavía recuerdo el olor acre y amargo de algo
como el humo.

—Miau —dice Tybalt.

—No más sueño para Theseus Cassio —concuerdo, levantándolo en mis brazos y
dirigiéndome escaleras abajo.

Cuando llego, hago un poco de café y aparco mi culo en la mesa de la cocina. Mi
mamá ha dejado afuera el tarro de la sal para la daga, junto con paños limpios y
aceites para frotarla, enjuagarla y dejarla como nueva. Está allí en alguna parte.
Puedo sentirla. Puedo sentirla en las manos de alguien que nunca deberían haberla
tocado. Estoy empezando a tener ideas asesinas sobre Will Rosenberg.

Mi mamá baja aproximadamente tres horas más tarde. Todavía estoy sentado en la
mesa mirando el tarro mientras la luz se hace más fuerte en la cocina. Un par de
veces golpeé la cabeza contra la madera y luego me recuperé de nuevo, pero estoy
en medio de una taza de café ahora, y me siento bien. Mamá está envuelta en su
bata azul y su cabello se ve confortablemente borroso. La vista me tranquiliza de
inmediato, aún cuando ella mira el tarro vacío de sal y le coloca tapa. ¿Qué hay en
la vista de tu madre que hace que todo se caliente junto al fuego y se llene de
Muppets bailando?

—Te robaste a mi gato —dice, sirviéndose una taza de café. Tybalt debe sentir mi
malestar; ha estado dando vueltas alrededor de mis pies de vez en cuando, algo que
normalmente sólo se hace con mi mamá.

—Aquí, tenlo de vuelta —digo mientras ella llega a la mesa. Lo levanto. No deja de
silbar hasta que ella lo hace descender a su regazo.




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—¿No tuviste suerte ayer por la noche? —pregunta, y asiente hacia el frasco vacío.

—No exactamente —digo—. Hubo un poco de suerte. Suerte de ambos tipos.

Se sienta conmigo y me escucha mientras derramo mis entrañas. Le digo que todo
lo que vimos y hemos aprendido sobre Anna, cómo rompí la maldición y la liberé.
Termino con mi peor vergüenza: que perdí la daga de papá. Casi no puedo mirarla
cuando le digo la última parte. Ella está tratando de controlar su expresión. No sé si
eso significa que está molesta porque se ha ido o si sabe lo que la pérdida de la
misma debe de haber sido para mí.

—No creo que hayas cometido un error, Cas —dice suavemente.

—Pero el cuchillo…

—Lo recuperaremos. Llamaré a la madre de ese muchacho, si tengo que hacerlo.

Gimo. Acaba de cruzar la línea de madre genial y confortante a la Reina
Anticuada.

—Pero lo que hiciste —continúa—, con Anna. No creo que fuera un error.

—Mi trabajo era matarla.

—¿Lo era? ¿O tu trabajo era detenerla? —Ella se reclina de la mesa, sujetando la
taza de café entre sus manos—. Lo que haces —lo que tu padre hizo— nunca se
trató de venganza. Nunca lo fue, ni siquiera lo fue inclinar la balanza. Esa no es tu
decisión.

Froto mi mano por mi cara. Mis ojos están demasiado cansados para ver bien. Mi
cerebro está demasiado cansado para pensar con claridad.

—Pero la detuviste, ¿no, Cas?

—Sí —digo, pero no lo sé. Todo sucedió muy rápido. ¿Realmente me deshice de la
mitad oscura de Anna, o solo le permití ocultarlo? Cierro mis ojos—. No lo sé.
Creo que sí.

Mi madre suspira.

—Deja de beber ese café. —Aparta mi taza—. Vuelve a la cama. Y luego ve donde
Anna y averigua en qué se ha convertido.




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***

He visto muchos cambios de estaciones. Cuando no estás distraído por la escuela ni
por los amigos ni por qué película saldrá la próxima semana, tienes tiempo para
mirar los árboles.

El otoño de Thunder Bay es más bonito que el de la mayoría. Hay mucho color.
Muchos susurros. Pero también es el más volátil. Frío y húmedo un día, con un
lado de nubes grises, y días como hoy, donde el sol luce tan caliente como en julio y
la brisa es tan ligera que las hojas parecen ser las que brillan cuando se mueven en
ella.

Tengo el auto de mi madre. Lo conduje hasta la casa de Anna después de dejarla
para hacer algunas compras en el centro. Me dijo que un amigo la llevaría. Me
alegra saber que haya hecho algunos amigos. Los hace con facilidad, al ser tan
abierta y tolerante. No como yo. No creo que haya sido realmente como mi padre,
pero parece que no puedo recordar, y eso me molesta, de modo que no empujo con
fuerza mi cerebro. Prefiero creer que los recuerdos están ahí, justo debajo de la
superficie, indiferentemente de si realmente lo están o no.

Mientras me acerco a la casa, creo ver el movimiento de una sombra en el lado
oeste. Parpadeo como si fuera un truco de mis ojos ya cansados... hasta que la
sombra se vuelve blanca y muestra su piel pálida.

—No he ido lejos —dice Anna mientras me acerco.

—Te escondiste de mí.

—No estaba segura de inmediato de quien eras. Tengo que tener cuidado. No
quiero ser vista por todo el mundo. Sólo porque puedo salir de mi casa, no quiere
decir que aún no esté muerta. —Ella se encoge. Es muy franca. Debería haber sido
dañada por todo esto, dañada más allá de la cordura—. Me alegro de que hayas
vuelto.

—Necesito saber —digo—, si sigues siendo peligrosa.

—Deberíamos entrar —dice, y estoy de acuerdo. Es extraño verla en el exterior, a
la luz del sol, luciendo para todos como una chica recogiendo flores en una tarde
brillante. Pero cualquiera mirando muy de cerca notaría que debe estar
congelándose aquí afuera usando sólo aquel vestido blanco.

Ella me conduce a la casa y cierra la puerta como cualquier buena anfitriona. Algo
sobre la casa también ha cambiado. La luz gris se ha ido. Hay viejas corrientes de



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luz a través de las ventanas, aunque con una obstaculización por la suciedad en el
cristal.

—¿Qué es lo que realmente quieres saber, Cas? —pregunta Anna—. ¿Quieres saber
si mataré a más gente? ¿O es que quieren saber si todavía puedo hacer esto? —Ella
sostiene su mano delante de ella y una vena oscura serpentea hasta sus dedos. Sus
ojos se vuelven negros y un vestido de sangre estalla sobre el blanco, con más
fuerza que antes, salpicando gotas por todas partes.

Salto hacia atrás.

—¡Jesús, Anna!

Ella flota en el aire, hace un pequeño giro como si algo tocara su melodía favorita.

—No es bonito, ¿verdad? —Ella arruga la nariz—. No hay espejos aquí, pero podía
verme en el cristal de la ventana cuando la luna era lo suficientemente brillante.

—Sigues siendo así —digo, horrorizado—. Nada ha cambiado.

Cuando digo que nada ha cambiado, sus ojos se estrechan, pero luego exhala y
trata de sonreírme. No funciona mucho, no con ella luciendo como una estúpida
chica gótica.

—Cassio. ¿No ves? ¡Todo ha cambiado! —Ella se deja caer al suelo, pero sus ojos
negros y su cabello retorcido permanecen—. No mataré a nadie. Nunca quise
hacerlo. Pero sea lo que sea, es lo que soy. Pensé que se trataba de la maldición, y
tal vez lo era, pero… —Ella niega con la cabeza—. Tenía que tratar de hacer esto
después de que te marchaste. Tenía que saber. —Ella me mira a los ojos. La tinta
oscura se filtra, dejando al descubierto la otra por debajo de Anna—. La lucha ha
terminado. Gané. Me has hecho ganar. Ya no soy dos mitades. Sé que debes pensar
que es monstruoso. Pero me siento… fuerte. Me siento segura. Quizás no me estoy
haciendo entender.

En realidad, es bastante fácil de entender. Para alguien que fue asesinado de la
forma en la que ella lo fue, sentirse a salvo es probablemente la prioridad principal.

—Lo entiendo —digo suavemente—. La fuerza es en lo que te sostienes. Es
parecido a mí. Cuando camino por un lugar embrujado con mi athame en la mano,
me siento fuerte. Intocable. Es embriagador. No sé si la mayoría de la gente lo ha
sentido alguna vez. —Arrastro los pies—. Entonces te conocí, y todo eso se fue a la
mierda.




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Ríe.

—Llego todo grande y malo, y tú me usas para un partido de balón mano. —
Sonrío—. Hace que uno se sienta malditamente varonil.

Ella me devuelve la sonrisa.

—Me hizo sentir bastante varonil. —Su sonrisa titubea—. Hoy no lo trajiste
contigo. Tu cuchillo. Siempre puedo sentirlo cuando está cerca.

—No. Will se lo llevó. Pero lo recuperaré. Fue de mi padre; no voy a dejarlo ir. —
Pero entonces deseo saber—. ¿Cómo lo sientes? ¿Qué sientes?

—Cuando te vi por primera vez, no sabía qué era. Era algo en mis oídos, en mi
estómago, un zumbido por debajo de la música. Es poderoso. Y a pesar de que
sabía que estaba hecho para matarme, me atrajo de alguna forma. Entonces cuando
tu amigo me cortó…

—No es mi amigo —digo entre dientes—. No verdaderamente.

—Podía sentir como me consumía. Empezaba a ir a donde quiera que sea que eso
nos envíe. Pero estaba mal. Tenía voluntad propia. Quería estar en tu mano.

—Así que no te habría matado —digo, aliviado—. No quiero que Will sea capaz de
usar mi cuchillo. Me da igual cuán de infantil suene. Es mi cuchillo.

Anna se da la vuelta, pensando.

—No, me habría matado —dice seriamente—. Porque no sólo está atado a ti. Está
atado a algo más. Algo oscuro. Cuando estaba sangrando, podía oler algo. Me
recordó un poco a la pipa de Elias.

No sé de dónde viene el poder del athame, y Gideon no me lo ha dicho nunca, si es
que lo sabe. Pero si su poder viene de algo oscuro, pues que así sea. Lo uso para
algo bueno. En cuanto al olor de la pipa de Elias…

—Probablemente eso sólo era algo de lo que estabas asustada después de verte
siendo asesinada —digo suavemente—. Ya sabes, como soñar con zombis justo
después de ver Tierra de los muertos.

—¿Tierra de los muertos? ¿Sobre eso sueñas? —pregunta—. ¿Un chico que mata
fantasmas para ganarse la vida?




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—No. Sueño con pingüinos haciendo construcciones de puentes. No preguntes por
qué.

Sonríe y se coloca el pelo detrás de la oreja. Cuando lo hace siento un tirón en
algún lugar profundo de mi pecho. ¿Qué estoy haciendo? ¿Por qué vine aquí?
Apenas puedo recordarlo.

En alguna parte de la casa, una puerta se cierra de golpe. Anna se sobresalta. No
creo haberla visto sobresaltarse antes. Su pelo se alza y empieza a retorcerse. Está
como un gato que arquea la espalda e hincha su rabo.

—¿Qué fue eso? —pregunto.

Sacude la cabeza. No sabría decir si está avergonzada o asustada. Parece que
ambas cosas.

—¿Recuerdas lo que te enseñé en el sótano?

—¿La pila de cadáveres? No, lo olvidé. ¿Estás jodiéndome?

Se ríe nerviosamente, un brillo un poco falso.

—Todavía están aquí —murmura.

Mi estómago toma esta oportunidad para retorcerse y mis pies ceden por debajo de
mí sin permiso. La imagen de todos esos cadáveres está fresca en mi mente. Incluso
puedo oler el agua verde y putrefacta. La idea de que ahora están vagando por la
casa con voluntades propias —lo que ella está dando a entender— no me hace feliz.

—Supongo que ahora me está persiguiendo —dice suavemente—. Por eso salí
afuera. No me dan miedo. —Es rápida en añadir—: Pero no puedo soportar verlos.
—Hace una pausa y cruza los brazos sobre su estómago, como abrazándose—. Sé
lo que estás pensando.

¿De verdad? Porque yo no.

—Debería encerrarme aquí con ellos. Es culpa mía, después de todo. —Su tono no
es resentido. No me está pidiendo que discrepe. Sus ojos, fijos en las tablas del
suelo, son sinceros—. Desearía poder decirles que me gustaría deshacerlo todo.

—¿Significaría algo? —pregunto tranquilamente—. ¿Significaría algo para ti si
Malvina dijese que lo sentía?




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Anna sacude la cabeza.

—Por supuesto que no. Estoy siendo estúpida. —Echa un vistazo a la derecha, sólo
por un instante, pero sé que estaba mirando la tabla rota de donde sacamos su
vestido del suelo anoche. Parece casi asustada de eso. Tal vez debería traer a
Thomas por aquí para sellarlo o algo.

Mi mano se retuerce. Reúno todo mi valor y dejo que mi mano se desvíe a su
hombro.

—No estás siendo estúpida. Lo resolveremos, Anna. Los exorcizaremos. Morfran
sabrá cómo hacer que sigan adelante. —Todo el mundo se merece algo de
comodidad, ¿no? Ahora está equivocada; lo que está hecho está hecho, y tiene que
encontrar algún tipo de paz. Pero incluso ahora, recuerdos oscuros y perturbadores
de lo que ha hecho corren detrás de sus ojos. ¿Cómo se supone que debe dejar ir
eso?

Decirle que no se atormente lo haría peor. No puedo darle absolución. Pero quiero
hacer que lo olvide, aunque sólo sea por un instante. Fue inocente una vez, y me
mata que nunca pueda volver a ser inocente otra vez.

—Ahora tienes que volver a familiarizarte con el mundo —digo despacio.

Anna abre la boca para hablar, pero nunca sabré qué es lo que iba a decir. La casa
se sacude literalmente, como si la estuviesen levantando con un gato mecánico.
Con un gato muy grande. Cuando vuelve a la normalidad, hay una sacudida
momentánea, y en la vibración una figura aparece delante de nosotros. Poco a poco
va apareciendo gradualmente desde una sombra hasta que está allí de pie, un
cadáver pálido y calcáreo en el aire inmóvil.

—Sólo quería dormir —dice él. Suena como si tuviese la boca llena de de grava,
pero mirando desde más cerca me doy cuenta de que es porque todos sus dientes se
habían soltado. Le hace parecer mayor, al igual que la piel hundida, pero no podría
tener más de dieciocho. Otro fugitivo que tropezó con la casa equivocada.

—Anna —digo, agarrándola por el brazo, pero no deja que me la lleve. Aguanta sin
acobardarse mientras él extiende sus brazos ampliamente. La posición igual a la de
Jesucristo lo empeora cuando la sangre empieza a filtrarse a través de sus
harapientas ropas, oscureciendo el tejido por todas partes, en cada extremidad. Su
cabeza cae y después se mueve rápidamente hacia delante y hacia atrás
salvajemente. Entonces la cabeza da un golpe seco recto y grita.




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El sonido de rasgo que oigo no es solamente su camisa. Los intestinos se derraman
en una soga grotesca y golpean el suelo. Empieza a caer hacia delante, hacia ella, y
la agarro y tiro lo suficientemente fuerte como para ponerla contra mi pecho.
Cuando me coloco entre ella y él, otro cuerpo entra a través de la pared, enviando
polvo y astillas a todas partes. Vuela por el suelo en piezas diseminadas, brazos y
piernas andrajosos. La cabeza se nos queda mirando mientras patina, enseñando
los dientes.

No estoy de humor para ver una lengua ennegrecida y podrida, así que envuelvo el
brazo alrededor de Anna y tiro de ella por el suelo. Protesta suavemente, pero deja
que tire de ella, y nos apresuramos a través de la puerta hacia la seguridad de la luz
del sol. Por supuesto, cuando volvemos la vista atrás allí no hay nadie. La casa está
sin cambios, nada de sangre en el suelo, nada de grietas en la pared.

Volviendo la vista atrás hacia su puerta principal, Anna parece abatida… culpable y
aterrorizada. No pienso siquiera, simplemente la acerco y la abrazo con fuerza. Mi
respiración se mueve rápido en su cabello. Sus puños tiemblan mientras agarra mi
camisa.

—No puedes quedarte aquí —digo.

—No hay ninguna otra parte a la que pueda ir —responde—. No es tan malo. No
son tan fuertes. Una exhibición como esa es probable que sólo alcancen a hacerla
una vez cada pocos días. Quizás.

—No puedes hablar enserio. ¿Y si se hacen más fuertes qué?

—No sé que podríamos haber esperado —dice, y se aleja, fuera de mi alcance—.
Que todo esto vendría sin un costo.

Quiero discutir, sólo que nada suena convincente, incluso en mi cabeza. Pero no
puede estar así. La volverá loca. Me da igual lo que diga.

—Acudiré a Thomas y Morfran —digo—. Ellos sabrán que hacer. Mírame —digo,
alzando su barbilla—. No dejaré que esto se quede así. Lo prometo.

Si se preocupase lo suficiente como para hacer un gesto, sería un encogimiento de
hombros. Para ella, esto es un castigo apropiado. Pero verdaderamente la
conmocionó, y eso la salva de discutir propiamente. Cuando me dirijo hacia mi
auto, vacilo.

—¿Estarás bien?




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Anna me da una sonrisa torcida.

—Estoy muerta. ¿Qué podría pasar? —Sin embargo, siento que mientras esté fuera,
va a pasar la mayor parte del tiempo fuera de la casa. Me dirijo hacia el
aparcamiento.

—¿Cas?

—¿Si?

—Me alegro de que hayas vuelto. No estaba segura de si lo harías.

Asiento y meto las manos en los bolsillos.

—No voy a ir a ninguna parte.

Dentro del auto, hago sonar la radio. Es algo bueno para hacer cuando estás
cansadísimo de tanto silencio espeluznante. Lo hago mucho. Me estoy asentando
con un poco de Stones cuando un reportaje interrumpe la melodía Paint it, Black.

—El cuerpo fue encontrado en el interior de las puertas del cementerio de Park
View, y tal vez haya sido la víctima de un ritual satánico. La policía no puede hacer
todavía comentarios sobre la identidad de la víctima, sin embargo el Canal 6 se ha
enterado de que el crimen ha sido particularmente brutal. La víctima, un hombre de
unos cuarenta y tantos años, parece haber sido desmembrado.





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Capítulo 18

Traducido por PokerF ♠
Corregido por Mishy

as imágenes ante mi podrían ser secuencias de noticias pasando en silencio.
Las luces de todas las patrullas rechinan en rojo y parpadean blancas pero
no hay sirenas. Los policías caminan en chaquetas gris oscuro, con sus
barbillas metidas levemente y sombrías. Tratan de parecer tranquilos, cosas como
estas pasan todos los días, pero algunos parecen preferir estar afuera en algún lugar
de los arbustos, vomitando sus donas. Algunos usan sus cuerpos para oscurecer la
vista de lentes curiosos y en alguna parte en medio de todo esto, está un cuerpo
desgarrado en pedazos.

Desearía poder estar más cerca, que mantuviera un repuesto de pase de prensa en la
guantera o tuviera el dinero para tener algunos policías en mi bolsillo. Pero como
están las cosas, estoy esperando en el borde de la multitud de la prensa, detrás de la
cinta amarilla.

No quiero creer que fue Anna. Eso significaría que la muerte del hombre estaría en
mis manos. No quiero creerlo porque eso significaría que ella es incurable, que no
tiene redención.

Mientras la multitud observa, la policía sale del parque con una camilla. Encima de
ella, hay una bolsa negra que normalmente debería estar en forma de cuerpo pero
en lugar de eso parece como que ha sido rellenada con un equipo de hockey.
Supongo que lo pusieron junto lo mejor que pudieron. Cuando la camilla frena los
restos, se mueven y a través de la bolsa podemos ver uno de los miembros caer,
claramente desunido del resto, la multitud hace un ruido sordo perturbador, y salgo
de la multitud dando codazos buscando el camino de regreso a mi auto.

***

Me detengo en su entrada y estaciono. Ella está sorprendida de verme, me he ido
por menos de una hora. Mientras mis pies crujen contra el pavimento no sé si el
sonido proviene de la tierra o de mi rechinar de dientes. La expresión de Anna
cambia de placentera sorpresa a preocupación.

—¿Cuál es el problema, Cas?

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—Tú dímelo. —Me sorprendo al encontrarme así de furioso—. ¿Dónde estuviste
anoche?

—¿De qué estás hablando?

Ella necesita convencerme. Necesita ser bastante convincente.

—Sólo dime dónde estabas, ¿qué hiciste?

—Nada —dijo—, me quedé cerca de la casa, puse a prueba mi fuerza. Yo… —Se
detiene.

—¿Tú qué, Anna? —reclamo.

Su expresión se endurece.

—Me escondí en mi cuarto por un tiempo después que me entere que los espíritus
aún estaban aquí. —La mirada en sus ojos es resentida. Allí está su mirada de
“¿qué, estás feliz ahora?”

—Mira, ¿estás segura que no te fuiste? ¿No trataste de explorar de nuevo la Bahía
Thunder, o tal vez bajaste al parque y no sé, desmembraste a algún pobre corredor?

La afligida expresión en su rostro hace que el enojo se filtre por mis zapatos. Abro
mi boca para poder salir de ese problema, ¿pero cómo le explico por qué estoy tan
enojado? ¿Cómo le explico que tiene que darme una mejor cuartada?

—No puedo creer que estés acusándome.

—No puedo creer que no puedas creerlo —replico, no sé por qué no puedo dejar de
ser tan combativo—. Vamos. Las personas no son masacradas en esta ciudad todos
los días. ¿Y cada noche luego de que libero al más poderoso y sanguinario fantasma
en el hemisferio oeste, alguien aparece sin brazos y piernas? Es una jodida
coincidencia, ¿no lo crees?

—Pero es una coincidencia —insiste, sus delicadas manos habían tomado la forma
de dos redondos puños.

—¿No recuerdas lo que acaba de pasar? —Hice un ademán cruel hacia la casa—.
Arrancar las partes del cuerpo es… como, tu MO
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.


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MO: Abreviatura para modus operandi.



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—¿Qué es un MO? —pregunta.

Sacudí mi cabeza.

—¿No entiendes lo que esto significa? ¿No entiendes lo que tengo qué hacer si
continúas matando?

Cuando ella no responde, mi aturdida lengua se traba.

—Eso significa que llegue a tener un serio momento Old Yeller
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. —En el momento
en que lo digo, supe que no debería haberlo hecho, era estúpido y ruin, y ella había
entendido la referencia. Por supuesto que lo había hecho. Old Yeller fue hecha como
en 1955. Ella probablemente la vio cuando se estrenó en los teatros. La mirada que
ella me dirige es ofendida y lastimada; no sé si alguna mirada me ha hecho sentir
peor. A pesar de todo, no puedo mostrar el más mínimo arrepentimiento, la idea de
que ella probablemente es una asesina se mantiene.

—Yo no lo hice, ¿cómo puedes pensar eso? ¡No puedo soportar lo que ya he hecho!

Ninguno de nosotros dice algo más. Ni siquiera nos movemos, Anna está molesta y
tratando con mucho esfuerzo de no romperse a llorar. Mientras nos miramos el uno
al otro, algo dentro de mí está tratando de volverse claro y entendible, tratando de
acomodarse en algún lugar. Lo siento en mi mente y en mi pecho, como una
pequeña pieza de rompecabezas que tú sabes que tiene que ir en algún lugar así que
sigues tratando, presionándola desde diferentes ángulos, y luego de alguna manera
encaja. De esa manera tan perfecta y completa que no puedes imaginarte cómo te
sentirías sin ella, incluso cuando sólo han pasado unos segundos.

—Lo siento —me oigo a mí mismo susurrar—, es sólo que… no sé qué está
pasando.

Los ojos de Anna se suavizaron y las obstinadas lágrimas empezaron a bajar. La
manera en que se detiene, la forma en que respira, sé que quiere acercarse. Un
nuevo conocimiento llena el aire entre nosotros y ninguno quiere respirarlo. No
puedo creerlo, nunca he sido así.

—Tú me salvaste, lo sabes —dijo finalmente Anna–. Tú me liberaste, pero sólo
porque soy libre eso no significa… que yo pueda tener las cosas que… —se detiene.
Quiere decir más. Sé que lo desea, pero así como sé que ella lo desea, sé que no lo
hará.


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Old Yeller: Hace cita a la película Old Yeller(Fiel amigo en español)



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La veo a ella hablándose a sí misma sobre acercase, la calma reposa sobre ella
como una manta. Esta cubre la melancolía y silencia cualquier deseo de algo
diferente. Miles de argumentos se amontonan en mi garganta pero aprieto mis
dientes para retenerlos. No somos niños, ninguno de los dos. No creemos en
cuentos de hadas. Y si lo hiciéramos, ¿quiénes seriamos? Por supuesto que no el
príncipe encantado y la bella durmiente. Mutilo las cabezas de las víctimas de los
asesinatos y Anna estira la piel hasta que se rasga, ella rompe huesos como ramas
en pequeñas y más pequeñas partes. Seríamos el maldito dragón y la malvada hada.
Yo sabía eso, pero aun así tenía que decírselo a ella.

—No es justo.

La boca de Anna se transforma en una sonrisa, debería ser agria, debería ser una
burla, pero no lo era.

—¿Tú sabes lo que eres, cierto? —pregunta—. Tú eres mi salvación. Mi camino
para redimirme. Para pagar por todo lo que he hecho.

Cuando descubro qué es lo que quiere, se siente como si alguien me hubiera
pateado en el pecho. No estoy sorprendido de que ella no esté dispuesta a ir a citas
y a andar de puntillas entre los tulipanes, pero nunca imaginé, después de todo esto,
que ella querría ser despedida.

—Anna —digo—, no me pidas que haga esto.

Ella no responde.

—¿Para qué fue todo esto? ¿Por qué peleé? ¿Por qué hicimos el hechizo? Si sólo
estuvieras yendo hacia…

—Ve y recupera tu athame —responde y luego se desvanece en el aire justo
enfrente de mí regresando al otro mundo donde no puedo seguirla.





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Capítulo 19

Traducido por Vettina
Corregido por Dianita

ado que Anna esta libre, no he podido dormir. Tengo interminables
pesadillas y figuras en la sombra se ciernen sobre mi cama. El olor dulce y
persistente a humo.
El maullido del maldito gato en la puerta de mi dormitorio.

Algo tiene que hacerse. No le tengo miedo a la oscuridad, siempre he dormido
como una piedra, y he estado más de lo que me toca en lugares oscuros y
peligrosos. He visto más de lo que hay que temer en este mundo, y a decir verdad,
los peores son los que te hacen temer en la luz. Las cosas que tus ojos ven
claramente y no puede olvidar son peores que grupos de figuras negras dejadas a la
imaginación.

La imaginación tiene una memoria pobre, se escabulle y se vuelve borrosa. Los ojos
recuerdan por mucho más tiempo.

Así que ¿por qué estoy tan intimidado por un sueño? Porque se sintió real. Y ha
estado ahí por mucho tiempo. Abro mis ojos y no veo nada, pero yo sé, yo sé, que si
veo debajo de mi cama, algún brazo en descomposición se disparará desde ahí y me
arrastrará al infierno.

Traté de culpar a Anna por estas pesadillas, y luego intenté no pensar en ella en
absoluto. Olvidar como había terminado nuestra última conversación. Olvidar que
me encargo la tarea de recuperar mi daga y, después de hacerlo, matarla con ella.
El aire sale de mis narices en un rápido resoplido mientras pienso en sus palabras.
Por qué ¿cómo podría?

Así que no. No voy a pensar en ello, y voy a hacer que el dejar las cosas para
mañana sea mi nuevo pasatiempo nacional.

Estoy cabeceando en medio de la historia del mundo. Afortunadamente, el Sr.
Banoff nunca se daría cuenta ni en un millón de años, porque me siento en la parte
trasera y el está en la pizarra expulsando montones sobre las guerras Púnicas.
Probablemente realmente estaría en ello, si tan sólo pudiera permanecer consciente
el tiempo suficiente para sintonizar. Pero lo único que obtengo es bla, bla, quedarme
dormido, dedo muerto en mi oído, despertar de golpe.

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Luego repetir. Cuando suena la campana indicando el final del período, me sacudo
y parpadeo una última vez, entonces dejo mi escritorio y me dirijo al casillero de
Thomas.

Me apoyo contra la puerta al lado de la suya mientras mete sus libros. Él está
evitando mis ojos. Algo le está molestando. Sus ropas también son mucho menos
arrugadas de lo normal.

Y se ven más limpias. Y combinan. Se está poniendo lujoso para Carmel.

—¿Eso es gel en tu pelo? —Bromeo.

—¿Cómo puedes estar tan alegre? —pregunta—. ¿No has visto las noticias?

—¿De qué estás hablando? —le pregunto, decidiendo fingir inocencia. O
ignorancia. O ambas.

—Las noticias —susurra. Su voz se vuelve más baja—. El chico en el parque. El
desmembramiento. —Mira alrededor, pero nadie está prestándole atención, como
de costumbre.

—Crees que fue Anna —digo.

—¿No lo crees tú? —pregunta una voz en mi oído.

Me giro. Carmel esta justo sobre mi hombro. Se mueve al lado de Thomas, y puedo
decir por la forma en que me miran que ya han discutido esto detenidamente. Me
siento atacado, y un poco herido. Me han dejado fuera del círculo de información.
Me siento como un niño petulante, lo que a su vez me molesta. Carmel continúa.

—No puedes negar que es una extrema coincidencia.

—No lo niego. Pero es una coincidencia. No lo hizo ella.

—¿Cómo lo sabes? —preguntan al mismo tiempo, no es lindo.

—Hey, Carmel.

La conversación se detiene abruptamente mientras Katie se acerca con un grupo de
chicas. A algunas no las conozco, pero dos o tres están en clases conmigo. Una de
ellas, una morena menuda con el pelo ondulado y pecas, me dedica una sonrisa.
Todas ignoran completamente a Thomas.




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—Hola, Katie —Carmel responde tranquilamente—. ¿Qué pasa?

—¿Todavía vas a ayudar con el Baile de Invierno? ¿O Sarah, Nat, Casey, y yo
estamos por nuestra cuenta?

—¿Qué quieres decir con ―ayudar‖? Soy la presidenta de ese comité. —Carmel
mira perpleja al resto de las chicas.

—Bueno —dice Katie con una mirada directa hacia mí—. Eso fue antes de que te
ocuparas.

Creo que a Thomas y a mí nos gustaría irnos de aquí. Esto es más incómodo que
hablar de Anna. Pero Carmel es una fuerza a tener en cuenta.

—Oh, Katie, ¿estás tratando de organizar un golpe de Estado?

Katie parpadea.

—¿Qué? ¿De qué estás hablando? Yo sólo estaba preguntando.

—Bueno relájense, entonces. El baile no es hasta dentro de tres meses. Nos
reuniremos el sábado. —Se aleja ligeramente, con un efectivo gesto desdeñoso.

Katie sonríe avergonzada. Escupe un poco y en realidad le dice a Carmel que
bonito suéter está usando antes de echarse andar.

—¡Y asegúrense de tener dos ideas para recaudar fondos cada una! —dice Carmel
en voz alta. Nos mira nuevamente y se encoge de hombros en disculpa.

—Wow —Thomas respira—. Las chicas son unas perras.

Los ojos de Carmel se amplían; luego sonríe.

—Por supuesto que lo somos. Pero no dejes que eso te distraiga. —Me mira—.
Dinos lo qué está pasando. ¿Cómo sabes que ese corredor no fue Anna?

Deseé que Katie se hubiera quedado más tiempo.

—Lo sé —contesto—. Fui a verla.

Intercambian maliciosas miradas. Piensan que estoy siendo ingenuo. Tal vez lo sea,
porque es una extrema coincidencia. Aun así, he estado lidiando con fantasmas la
mayor parte de mi vida. Debería obtener el beneficio de la duda.



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—¿Cómo puedes estar seguro? —pregunta Thomas—. ¿Incluso podemos correr el
riesgo? Sé que lo que le pasó fue terrible, pero también ha hecho una mierda
terrible, y tal vez sólo debamos enviarla... a donde quiera que sea que los envíes.
Tal vez sería lo mejor para todos.

Estoy algo impresionado por Thomas hablando de esa manera, incluso si no estoy
de acuerdo. Pero esa clase de charla le incomoda. Empieza a cambiar su peso de un
pie a otro y empuja sus gafas de montura negra más arriba en su nariz.

—No —respondo rotundamente.

—Cas —comienza Carmel—. No sabes si ella no le hará daño a nadie. Ella ha
estado matando gente por cincuenta años. No fue su culpa. Pero probablemente no
es tan fácil dejarlo ir de golpe. —Ellos lo hacen sonar como un lobo que ha probado
sangre de pollo.

—No —digo otra vez.

—Cas.

—No. Dame tus razones, y tus sospechas. Pero Anna no merece estar muerta. Y si
pongo mi cuchillo en su vientre... —casi me atraganto solo diciéndolo—. No sé a
dónde la estaría enviando.

—Si te conseguimos pruebas...

Ahora me pongo a la defensiva.

—Manténganse alejados de ella. Es mi asunto.

—¿Tu asunto? —dice bruscamente Carmel—. No era sólo tu asunto cuando
necesitabas nuestra ayuda. No sólo tú eras quien estaba en peligro esa noche en esa
casa. No tienes ningún derecho a cerrarte ahora.

—Lo sé —digo, y suspiro. No sé cómo explicarlo. Desearía que fuéramos más
cercanos, que hubieran sido mis amigos por más tiempo, así podrían saber lo que
estoy tratando de decir sin tener que decirlo. O desearía que Thomas fuera un
mejor lector de mentes. Tal vez es lo es, porque pone su mano en el brazo de
Carmel y susurra que deberían darme algo de tiempo. Ella lo mira como si se
hubiera vuelto loco, pero retrocede un paso.

—¿Siempre eres así con tus fantasmas? —pregunta él.



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Me quedo mirando el casillero detrás de él.

—¿De qué estás hablando?

Esos ojos conocedores suyos están buscando mis secretos.

—No sé —dice después de un segundo—. ¿Siempre eres... así de protector?

Finalmente, lo miro a los ojos. Hay una confesión en mi garganta, incluso en
medio de decenas de estudiantes aplastándose en los pasillos de camino al tercer
período. Puedo oír trozos y piezas de sus conversaciones mientras pasan. Suenan
tan normales, y se me ocurre que nunca he tenido una de esas conversaciones.
Quejándose de los profesores y preguntándose qué hacer el viernes por la noche.
¿Quién tenía tiempo? Me gustaría estar hablando con Thomas y Carmel sobre eso.
Me gustaría estar planificando una fiesta, o decidiendo qué DVD rentar y en casa
de quién verla.

—A lo mejor nos puedes decir todo más adelante —dice Thomas, y ahí está en su
voz.

Él lo sabe. Me alegro.

—Deberíamos enfocarnos en recuperar tu daga —sugiere. Asiento débilmente.
¿Qué es lo que mi padre solía decir? Fuera de la sartén y el fuego. Solía reírse por
vivir una vida llena de trampas caza bobos.

—¿Alguien ha visto a Will? —pregunto.

—He tratado de llamarlo un par de veces, pero lo ignora —dice Carmel.

—Tendré que confrontarlo —digo con pesar—. Me agrada Will, y sé lo molesto
que debe estar. Pero no puede quedarse con el athame de mi padre. No hay
manera.

***

Suena la campana para el inicio del tercer periodo. Los pasillos se han vaciado, sin
que nos demos cuenta y de repente nuestras voces son fuertes. No podemos
quedarnos aquí agrupados, tarde o temprano un monitor de pasillos nos atrapará.
Pero todo lo que Thomas y yo tenemos es hora de estudio, y no tengo ganas de ir.




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—¿Quieres irte? —pregunta, leyéndome la mente o tal vez sólo es un adolescente
promedio con buenas ideas.

—Por supuesto. ¿Qué hay de ti, Carmel?

Se encoge de hombros y tira de su chaqueta color crema más apretada alrededor de
sus hombros.

—Tengo álgebra, ¿pero de todos modos quién necesita eso? Además, no me he
perdido una sola clase aún.

—Genial. Vamos por algo de comer.

—¿Al Tazón de Sushi? —sugiere Thomas.

—Pizza —Carmel y yo decimos al mismo tiempo, él sonríe. A medida que
caminamos por el pasillo, me siento aliviado. En menos de un minuto, estaremos
fuera de esta escuela y en el frío aire de noviembre, y cualquiera que intente
detenernos vera el pájaro volar.

Entonces alguien golpea mi hombro.

—Hola.
Cuando me volteo todo lo que veo es un puño en mi cara… eso es, hasta que siento
ese brillo multicolor que obtienes cuando alguien te golpea de lleno en la nariz. Me
doblo y cierro mis ojos. Hay una cálida, pegajosa humedad en mis labios. Mi nariz
está sangrando.
—Will, ¿qué estás haciendo? —Oigo gritar a Carmel, y entonces Thomas se une y
Chase empieza a gruñir. Hay sonidos de una pelea.
—No lo defiendas —Will dice—. ¿No ven las noticias? Hizo que alguien muriera.
Abro mis ojos. Will esta mirándome sobre el hombro de Thomas. Chase está listo
para saltar a mí, todo rubio-cabello-en-punta y musculosa camisa, sólo ansiando
dar un empujón a Thomas tan pronto como su líder designado le dé el visto bueno.
—No era ella. —Huelo sangre en la parte posterior de mi garganta. Es salado y
sabe como viejos centavos. Limpiando mi nariz con la palma de mi mano dejando
una muestra de color rojo brillante.



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—No era ella —se burla—. ¿No escuchas a los testigos? Ellos dijeron que escucharon
lamentos y gruñidos, pero de una garganta humana. Dijeron que escucharon una
voz hablando que no sonaba humana en absoluto. Dijeron que el cuerpo estaba en
seis partes. ¿Suena como alguien que conozcas?
—Suena como un montón de alguien —gruño—. Suena como cualquier psicópata.
—Excepto que no lo hace. Y la voz hablando sin sonar humana hace que el vello
en la parte de atrás de mi cuello se erice.
—Estás tan ciego —dice—. Esto es tú culpa. Desde que llegaste aquí. Mike, y ahora
este pobre vago en el parque. —Se detiene, mete la mano en su chaqueta, y saca el
cuchillo. Él apunta a mí, una acusación—. ¡Haz tu trabajo!
¿Es un idiota? Debe estar desquiciado, sacándolo en medio de la escuela. Va a ser
confiscada y apuntarse para visitas semanales con el consejero o expulsado, y luego
voy a tener que entrar en Dios sabe dónde para recuperarla.
—Dámela —le digo. Sueno extraño, mi nariz ha dejado de sangrar, pero puedo
sentir el coágulo ahí. Si respiro a través de él para hablar normalmente, lo voy a
tragar y toda la cosa comenzara de nuevo.
—¿Por qué? —Will pregunta—. Tú no lo usas. Así que tal vez lo use. —Él sostiene
el cuchillo hacia Thomas—. ¿Qué crees que suceda si corto a alguien vivo? ¿Los
envía al mismo lugar que a los muertos?
—Aléjate de él —Carmel silbo. Se deslizo entre Thomas y el cuchillo.
—¡Carmel! —Thomas la jalo hacia atrás.
—Leal a él ahora, ¿eh? —Will pregunta, y curva su labio como si nunca hubiera
visto nada más repugnante—. Cuando nunca fueron leales a Mike.
No me gusta hacia dónde va esto. La verdad es que no sé qué pasaría si la daga
fuera utilizada en una persona con vida. En mi conocimiento nunca ha sucedido.
No quiero pensar en la herida que causaría, que podría estirar la piel de Thomas
sobre su cara y dejar un agujero negro en su despertar. Tengo que hacer algo, y a
veces significa ser un idiota.
—Mike era un imbécil —digo en voz alta. Impacta a Will en un silencio, que era mi
intención—. El no se merecía lealtad. No la de Carmel, y no la tuya.
Toda su atención está sobre mí ahora. La hoja brilla bajo las luces fluorescentes de
la escuela. No quiero que mi piel se extienda sobre mi cara, pero tengo curiosidad.
Me pregunto si mi vínculo con el cuchillo, mi sangre justo para blandirla, me



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protegería de alguna manera. Las probabilidades pesan en mi cabeza. ¿Debería ir
tras él? ¿Debería pelear?
Pero en lugar lucir enojado, Will sonríe.
—Voy a matarla, sabes —dice—. Tu pequeña y dulce Anna.
Mi pequeña y dulce Anna. ¿Soy tan transparente? ¿Fue obvio, todo el tiempo, para
todos menos para mí?
—Ella no es débil ya, estúpido —escupo—. No te acercaras ni a seis pies de ella,
cuchillo mágico o no.
—Ya veremos —responde, y mi corazón se hunde mientras veo mi daga, la daga de
mi padre, desaparecer de nuevo en su oscura chaqueta. Más que nada, quería
apresurarlo, pero no puedo arriesgarme a que alguien salga herido. Para enfatizar el
punto, Thomas y Carmel vinieron y se mantuvieron cerca de mis hombros, listos
para respaldarme.
—No aquí —dice Thomas—. Lo recuperaremos, no te preocupes. Lo
averiguaremos.
—Mejor lo hacemos rápido —digo, porque no sé si estaba diciendo la verdad en
este momento. Anna se metió en la cabeza que se supone debe morir. Ella podría
solo dejar a Will entrar en su puerta para evitare el dolor de hacerlo yo mismo.

***

Decidimos descartar la pizza. De hecho, decidimos descartar el resto del día
escolar, y nos dirigimos en su lugar a mi casa.
He convertido a Thomas y a Carmel en un buen par de delincuentes. En el camino,
viajo con Thomas en su Tempo mientras que Carmel nos sigue detrás.
—Entonces —dice, luego se detiene y se muerde el labio. Espero por el resto, pero
empieza a juguetear con las mangas de su sudadera gris, que son demasiado largas
y están empezando a deshilacharse en los bordes.
—Sabes sobre Anna —digo para hacerlo más fácil para él—. ¿Sabes cómo me
siento sobre ella? —Thomas asiente.



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Paso los dedos por el pelo, pero se cae de nuevo en mis ojos. —¿Es porque no
puedo dejar de pensar en ella? —pregunto—. ¿O realmente puedes escuchar lo que
está pasando en mi cabeza?
Thomas aprieta sus labios. —No fue ninguna de esas cosas. He estado tratando de
mantenerme fuera de tu cabeza desde que me lo pediste. Porque somos… —Hace
una pausa y luce como una especie de oveja, todo labio-masticado y pestañas.
—Porque somos amigos —digo, y lo empujo del brazo—. Puedes decirlo, hombre.
Somos amigos. Tú eres probablemente mi mejor amigo. Tú y Carmel.
—Sí —dice Thomas. Ambos debemos de estar luciendo la misma expresión: un
poco de vergüenza, pero alegre. Se aclara la garganta—: Entonces, de todos modos.
Sabía acerca de ti y Anna debido a la energía. Debido al aura.
—¿El aura?
—No es sólo una cosa mística. Probablemente la mayoría de la gente puede
percibirla. Pero puedo ver más claramente. Al principio pensé que era sólo la forma
en que eres con todos los fantasmas. Tenías este entusiasmo, como un brillo,
cuando estabas hablando de ella, o especialmente cuando estabas cerca de la casa.
Pero ahora está en ti todo el tiempo.
Sonreí en silencio. Ella está conmigo todo el tiempo. Me siento estúpido ahora, por
no verlo antes. Pero bueno, al menos tendremos esta extraña historia que contar,
amor y muerte, sangre y problemas con papá. Y Santo Dios, soy un psiquiatra de
sueños mojados.
Thomas estaciona su auto en mi entrada. Carmel, sólo unos pocos segundos detrás
de nosotros, nos alcanza en la puerta principal.
—Sólo tiren sus cosas en cualquier lugar —digo mientras entramos. Nos
despojamos de nuestras chaquetas y lanzamos nuestras mochilas en el sofá. El
repiqueteo oscuros pequeños pies anuncia la llegada de Tybalt, y sube hasta el
muslo del Carmel para ser sostenido y acariciado.
Thomas le da una mirada, pero Carmel acapara al pequeño coqueto de cuatro
patas.
Los llevo a la cocina y se sientan en nuestra mesa redonda de roble. Me meto en el
refrigerador.



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—Hay pizzas congeladas, o hay un montón de carne de almuerzo y queso aquí. Yo
podría hacer algo de Hoagie
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derretido en el horno.
—Hoagie derretido —Thomas y Carmel acordaron. Hay un breve momento de
sonreír y sonrojarse. Murmuro bajo mi aliento sobre auras comenzando a brillar, y
Thomas toma el paño de cocina de la encimera y lo lanza a mí. Cerca de veinte
minutos más tarde estamos comiendo un excelente Hoagie derretido, y el vapor del
mío parece estar aflojando la vieja sangre aun atascada en mi nariz.
—¿Es esto va a dejar un moretón? —pregunto.
Thomas trata de ver. —No —dice—. Will no puede golpear por frijoles, supongo.
—Bien —contesto—. Mi mamá se está realmente cansando de arreglarme. Creo ha
hecho más hechizos de sanación en este viaje que en nuestros últimos doce viajes
combinados.
—Este fue diferente para ti, ¿cierto? —Carmel pregunta entre bocado y bocado de
pollo y Monterey Jack
22
—. Anna realmente te golpeo por un lazo.
Asiento. —Anna, tú, y Thomas. Nunca he enfrentado nada como ella. Y nunca he
tenido que pedir a civiles que vengan a encargarse de un encanto conmigo.
—Creo que es una señal —dice Thomas con su boca llena—. Creo que significa que
debes quedarte. Dar a los fantasmas un descanso por un tiempo.
Tomo una respiración profunda. Esta es probablemente la única vez en mi vida que
podría sentirme tentado por eso. Recuerdo siendo más joven, antes de que mi padre
fuera asesinado, y pensando que sería bueno dejarlo por un tiempo. Que podría ser
buen quedarse en un lugar, y hacer algunos amigos, y tenerlo solo jugando béisbol
conmigo en un sábado por la tarde en lugar de estar en el teléfono con algún
ocultista o enterrando la nariz en un viejo libro. Pero, todos los niños se sienten de
esa manera sobre sus padres y sus trabajos, no sólo los que sus padres son cazadores
de fantasmas.
Ahora tengo esa sensación de nuevo. Sería bueno quedarse en esta casa. Es
acogedora y tiene una bonita cocina. Y sería genial ser capaz de pasar el rato con
Carmel y Thomas y Anna. Podríamos graduarnos juntos, tal vez ir a la universidad
cerca unos de otros. Sería casi normal. Sólo yo, mis mejores amigos, y mi chica
muerta.

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Hoagie, sándwich hecho de un trozo alargado de pan blando relleno de carne, queso y ensalada
22
Monterey Jack, tipo de queso americano semi-duro hecho de leche de vaca.



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La idea es tan ridícula que suelto una risa.
—¿Qué? —Thomas pregunta.
—No hay nadie más para hacer lo que hago —le contesto—. Incluso si Anna no
está matando más, otros fantasmas lo están. Tengo que conseguir mi cuchillo. Y
voy a tener que volver a trabajar, eventualmente.
Thomas luce cabizbajo. Carmel se aclara la garganta.
—Entonces, ¿cómo conseguimos el cuchillo? —pregunta.
—Obviamente no estaba de humor para solo entregarlo —Thomas dice
malhumorado.
—Saben, mis padres son amigos de sus padres —Carmel sugiere—. Yo podría
dejarles caer, tu sabes, decirles que Will robo una gran herencia familiar. No sería
mentir.
—No quiero contestar muchas preguntas acerca de por qué mi gran herencia
familiar es un cuchillo que luce mortal —le digo—. Además, no creo que los padres
sean suficiente presión esta vez. Vamos a tener que robarlo.
—¿Allanar y robarlo? —Tomás pregunta—. Estás loco.
—No tan loco. —Carmel se encoge de hombros—. Tengo una llave de su casa. Mis
padres son amigos de los suyos, ¿recuerdas? Tenemos llaves de la casa del otro en
caso de que alguien se quede afuera, o una llave se pierde, o alguien necesita revisar
mientras el otro está fuera de la cuidad.
—Qué extraño —digo, y ella sonríe.
—Mis padres tienen las llaves de la mitad del vecindario. Todo el mundo se muere
por intercambiar con nosotros. Pero la familia de Will es la única con una copia de
la nuestra. —Ella se encoge de hombros otra vez—. A veces vale la pena tener a
toda una ciudad tras de ti. En su mayoría es molesto.
Por supuesto, Thomas y yo no tenemos idea de lo que significa.
Hemos crecido con raros padres brujos. La gente no intercambiaría llaves con
nosotros en un millón de años.
—¿Así que cuando lo hacemos? —Thomas pregunta.



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—Lo antes posible —le digo—. En algún momento, cuando nadie esté ahí. Durante
el día. Temprano, justo después de que se vaya a la escuela.
—Pero probablemente tendrá el cuchillo en él —dice Thomas.
Carmel saca su teléfono. —Voy a empezar un rumor de que él ha estado llevando
un cuchillo alrededor de la escuela y alguien debería reportarlo. Oirá hablar antes
de mañana y jugara seguro.
—A menos que decida quedarse en casa —dice Thomas.
Le doy un vistazo. —¿Alguna vez ha escuchado el término ‗Tomás el incrédulo‘
23
?
—No aplica —responde con aire de suficiencia—. Eso se refiere a alguien que es
escéptico. Yo no soy escéptico. Soy pesimista
—Thomas —Carmel canta—. No sabía que eras un cerebro. —Sus dedos trabajan
febrilmente en el teclado del teléfono. Ella ya ha enviado tres mensajes y recibido
dos.
—Suficiente, ustedes dos —digo—. Iremos mañana. Supongo que perderemos el
primer y Segundo periodo, probablemente.
—Eso está bien —Carmel dice—. Esos fueron los dos periodos que hicimos hoy.

***

La mañana me encuentra y Thomas se acurruca en su Tempo, estacionado en la
esquina de la casa de Will. Tenemos nuestras cabezas debajo de nuestras sudaderas
con capucha y nuestros ojos son furtivos. Lucimos exactamente como esperarías a
alguien si estuviera a unos minutos de cometer un gran crimen.
Will vive en una de las más ricas, más bien conservadas zonas de la ciudad. Por
supuesto que sí. Sus padres son amigos de los de Carmel. Así es como tengo una
copia de las llaves de su casa cascabeleando en mi bolsillo delantero. Pero por
desgracia eso significa que podría haber un montón de esposas o entrometidas amas
de casa asomándose por la ventana para ver en lo que andamos.
—¿Es tiempo? —Thomas pregunta—. ¿Qué hora es?

23
Tomás el incrédulo, Se refiere a Santo Tomas el que tiene que ver para creer.



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—No es el momento —le digo, tratando de sonar tranquilo, como si lo hubiera
hecho un millón de veces. Que no he hecho—. Carmel no ha llamado todavía.
Se calma por un segundo y toma una respiración profunda. Luego, se tensa y se
hunde detrás del volante.
—Creo que vi a un jardinero —silba.
Recorro de vuelta por la capucha. —No es probable. Los jardines están marrones
por ahora. Tal vez fue alguien rastrillando hojas. De cualquier manera, no estamos
sentados aquí con pasamontañas y guantes. No estamos haciendo nada malo.
—Todavía no.
—Bueno, no actúes sospechoso.
Solo somos nosotros dos. Entre el tiempo de planeación y el momento de la
ejecución del plan, decidimos que Carmel sería nuestra espía. Iba a ir a la escuela y
se aseguraría que Will estuviera ahí. De acuerdo con ella, sus padres salen a
trabajar mucho antes de que él vaya a la escuela.
Carmel se opuso, diciendo que éramos sexistas, que debería estar allí en caso de
que algo saliera mal, porque al menos tendría una buena excusa para estar ahí.
Thomas no quería escucharlo. Él estaba tratando de ser protector, pero viéndolo
morderse el labio inferior y saltar a todos los pequeños movimiento, creo que
podría haber sido mejor con Carmel.
Cuando mi teléfono comienza a vibrar, se agita como un gato asustado.
—Es Carmel —le digo mientras contesto.
—Él no está aquí —ella dice en un susurro de pánico.
—¿Qué?
—Ninguno de ellos está. Chase, también ha desaparecido.
—¿Qué? —pregunto de nuevo, pero he oído lo que dijo. Thomas está tirando de mi
manga como un niño de primaria ansioso.
—Ellos no fueron a la escuela —digo bruscamente.
Thunder Bay debe estar maldito. Nada va bien en este estúpido pueblo. Y ahora
tengo a Carmel preocupándose en mi oído y a Thomas haciendo conjeturas en la



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otra oreja y hay demasiada maldita gente en este auto para mí para pensar con
claridad.
—¿Qué hacemos ahora? —preguntan al mismo tiempo.
Anna. ¿Qué pasa con Anna? Will tiene la daga, y si se enteró de la trampa de
Carmel de enviar mensajes de texto, quién sabe qué podría haber decidido hacer. Él
es lo suficientemente inteligente como para hacer una doble cruz; sé que lo es. Y,
para las últimas semanas por lo menos, he sido lo suficientemente tonto como para
caer por uno. Podría estarse riendo de nosotros en este momento, imaginándonos
saqueando su habitación mientras él se acerca entrada de Anna con mi cuchillo y
su rubio lacayo en remolque.
—Conduce —gruño, y le cuelgo a Carmel. Tenemos que llegar a Anna, y rápido.
Por lo que sé, ya podría ser demasiado tarde.
—¿Dónde? —Thomas pregunta, pero tiene el coche en marcha y está tirando
alrededor de la cuadra, hacia la parte frontal de la casa de Will.
—Anna…
—No creo que... —Thomas inicia—. Tal vez sólo se quedaron en casa. Tal vez van
a la escuela y solo se les hizo tarde.
Él sigue hablando, pero mis ojos notan algo más al pasar por la casa de Will. Hay
algo mal con las cortinas de una habitación en el segundo piso. No es sólo que
estén bajadas cuando cualquier otra ventana está abierta y clara.
Es algo sobre la forma en que están bajadas. Parecen... desprolijas, de alguna
manera. Como si hubieran sido arrojadas juntas.
—Detente —le digo—. Detén el coche.
—¿Qué está pasando? —Thomas pregunta, pero yo mantengo mis ojos entrenados
en la ventana del segundo piso. Él está ahí, sé que lo está, y de repente estoy
enojado como el infierno. Basta de esta mierda. Voy allí y voy a conseguir mi
cuchillo y Will Rosenberg más vale que salga de mi camino.
Me voy antes de que el coche se detenga. Thomas se arremolina detrás de mí,
titubeando con su cinturón de seguridad. Suena como que medio se cae de la puerta
del lado del conductor, pero sus familiares torpes pisadas me alcanzan y empieza a
hacer un millón de preguntas.
—¿Qué estamos haciendo? ¿Qué vas a hacer?



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—Voy por mi cuchillo —le contesto. Recorremos la entrada y ligando los escalones
del pórtico. Regreso la mano de Thomas cuando va a derribar la puerta en lugar de
usar la llave. Estoy de humor, y no quiero darle ninguna advertencia a Will más de
la que debería. Déjenlo tratar de mantenerlo lejos de mí. Dejémoslo solo intentarlo.
Pero Thomas sujeta mis manos.
—¿Qué? —digo bruscamente.
—Usa estos por lo menos —dice, sosteniendo un par de guantes. Quiero decirle que
no estamos robando ya, pero es más fácil simplemente ponerlos que discutir. Se
pone una par él, y giro la llave en la cerradura y abro la puerta.
Lo único bueno de ir a la casa es que la necesidad de mantener silencio evita que
Thomas me moleste con preguntas. Mi corazón está trabajando muy duro dentro
de mis costillas, silencioso pero insistente. Mis músculos están tensos y nerviosos.
No es para nada como acosar a un fantasma. No me siento seguro y fuerte. Me
siento como un niño de cinco años, en un laberinto en la oscuridad.
El interior del lugar es agradable. Los pisos de madera y gruesas alfombras. La
barandilla que guía escaleras arriba parece como hubiera sido tratado con pulidor
de madera todos los días, ya que estaba tallada. Hay obras de arte originales en las
paredes, y no el tipo moderno raro —ya sabes, del tipo que algún flacucho bastardo
en Nueva York declara algún otro flacucho bastardo un genio porque pinta—
realmente intensos cuadrados rojos. Este arte es un clásico, de inspiración francesa
en tierra paisajes y retratos pequeños sombreados retratos de mujeres en delicados
vestidos de encaje. Mis ojos normalmente pasarían más tiempo aquí. Gideonn me
educado en apreciación del arte en el V & A
24
en Londres.
En su lugar, le susurro a Tomás: —Vamos a buscar mi cuchillo y salir.
Guio el camino por las escaleras y giro a la izquierda en la parte superior, hacia la
habitación con las cortinas cerradas. Se me ocurre que podría estar completamente
equivocado. Podría no ser una habitación en absoluto. Podría ser un almacén, o
una sala de juegos, o alguna otra habitación que posiblemente tendría sus cortinas
cerradas. Pero no hay tiempo para eso ahora. Estoy delante de la puerta cerrada.
La manija se gira con facilidad cuando lo intento y se abre la puerta parcialmente.
En el interior es muy oscuro para ver bien, pero puede ver la forma de una cama y,
creo, un tocador. La habitación está vacía. Thomas y yo nos deslizamos como
viejos profesionales. Hasta ahora, todo bien.

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V&A, Museo Victoria y Alberto.



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Recojo mi camino hacia el centro de la habitación. Mis ojos parpadean para activar
una mejor visión nocturna.
—Tal vez deberíamos tratar de encender una lámpara o algo así —Thomas susurra.
—Tal vez —le contesto distraído. Realmente no estoy prestando atención. Puedo
ver un poco mejor ahora, y lo que estoy viendo, no me gusta.
Los cajones de la cómoda están completamente abiertos. Hay ropa que se derrama
fuera de la parte superior, como si hubieran sido saqueadas en un apuro. Incluso la
colocación de la cama luce extraña. Está colocada en un ángulo hacia la pared. Ha
sido movida.
Girando en un círculo, veo que la puerta del armario se está abierta, y un cartel
cerca de él roto a la mitad.
—Alguien ha estado aquí ya —dice Thomas, dejando el susurro.
Me doy cuenta que estoy sudando y limpio mi frente con la parte de atrás de mi
guante. No tiene sentido. ¿Quién se habría estado aquí ya? Tal vez Will tenía otros
enemigos. Eso es una maldita coincidencia, pero entonces, las coincidencias
parecen estar pasando alrededor.
En la oscuridad, de alguna manera veo algo junto al cartel, algo en la pared. Parece
escritura. Doy paso más cerca a él y mi pie golpea algo en el suelo con un familiar
golpe. Sé lo que es incluso antes de que le diga a Thomas que encienda la luz.
Cuando el brillo inunda el cuarto, ya he comenzó a retroceder, y vemos el centro de
en lo que hemos estado.
Ambos están muertos. La cosa que mi pie golpeo fue el muslo de Chase —o lo que
queda de él— y lo que pensaba que era escritura en la pared es realmente es un
largo, grueso rocío de sangre.
Sangre oscura, arterial en bucles. Thomas ha tomado mi camisa por detrás y hace
este jadeante sonido de pánico. Me libero gentilmente. Mi cabeza se siente
desconectada y clínica. El instinto de investigar es más fuerte que el impulso a
correr.
El cuerpo de Will está detrás de la cama. Él está acostado sobre su espalda y sus
ojos están abiertos. Uno de los ojos es rojo, y al principio creo que todos los vasos
han explotado, pero sólo es rojo de una salpicadura de sangre. El cuarto alrededor
de ellos esta demolido. Las sábanas y mantas se desprenden y yacen en un montón
cerca de su brazo. Está todavía con lo que supongo que eran sus pijamas, sólo un
par de pantalones de franela y una camiseta. Chase estaba vestido. Estoy pensando



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en estas cosas como una persona de CSI lo haría, ordenándolos y tomando nota de
ellos, para evitar pensar en lo que note el momento en que las luces se encendieron.
Las heridas. Hay heridas en ambos: brillante, rojo, y filtrándose aún. Grandes,
medias lunas irregulares de músculo y hueso desaparecido. Reconocería estas
heridas en cualquier lugar, a pesar de que sólo las he visto en mi imaginación. Son
marcas de mordidas.
Algo los comió.
Al igual que comió a mi padre.
—¡CAS! —grita Thomas, y por el tono de su voz se que ha dicho mi nombre un par
de veces ya y no había conseguido respuesta—. ¡Tenemos que salir de aquí! —Mis
piernas están arraigadas. Parece que no puede hacer nada, pero luego me tiene
alrededor del pecho, sosteniendo mis brazos y arrastrándome para salir. No es hasta
que apaga la luz y la escena en la habitación se vuelve negra que lo sacudo y
empiezo a correr.





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Capítulo 20

Traducido por Flor_debelikov99
Corregido por Abbey

¿Qué hacemos?

Es lo que Thomas continúa preguntando. Carmel
había llamado dos veces, sin embargo, la seguía ignorando. ¿Qué hacemos? Ni idea.
Simplemente estoy sentada en el asiento del copiloto mientras Thomas conduce a
ningún lugar en específico. Así es cómo se debe sentir la catatonía
25
. No hay pánico
dentro de mí, tampoco hago planes o evalúo la situación. Solamente escucho una
suave y rítmica repetición: Está aquí. Está aquí.

A pesar de las circunstancias, logro escuchar la voz de Thomas. Debe estar
hablando por teléfono con alguien, explicándole nuestro descubrimiento.
Seguramente es Carmel, ella tuvo que haberse cansado de mí e intentado con él,
sabiendo que obtendría una respuesta.

—No lo sé —dice—. Creo que está abandonando cualquier pensamiento coherente,
pienso que lo ha perdido.

Mi cabeza se contrae, como si quisiera reaccionar y aceptar el reto, no obstante, es
inútil, tan difícil como salir del dentista con una sonrisa. Algunos pensamientos
comienzan a calar mi cerebro.

Will y Chase están muertos. Aquello que se comió a mí padre. Thomas conduce a la nada.

Ninguno de estos se mezcla entre sí, tampoco tienen sentido. Pero al menos no
tengo miedo.

De pronto, los recuerdos comienzan a ir más rápido.

Thomas grita mi nombre y golpea mi brazo, naturalmente, calmando las aguas.

—Llévame hacia Anna —murmuro.

Él se alivia. Al menos dije algo, por lo menos tomé una decisión e hice algún tipo
de orden ejecutiva.

25
Catatonía: Ausencia de voluntad y movilidad.




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—Lo haremos —Lo escucho decir al teléfono—. Sí, estamos en camino.
Encuéntranos ahí… ¡Y no entres sin nosotros!

Él no lo entiende. ¿Cómo lo explico? No sabe que mi padre murió, ni el significado
de esto… el que finalmente comprendo. Se las arregló para encontrarme, ahora,
que me encuentro prácticamente indefenso y ni siquiera yo mismo sabía que me
había estado buscando. Casi podría sonreír. El destino me está jugando una buena
broma.

Las millas pasan rápidamente. Thomas está diciendo cosas alentadoras, se
estaciona en la calle y sale del auto; minutos después, mi puerta se abre y él me hala
del brazo.

—Vamos, Cas —dice. Lo miro indignado—. ¿Estás listo? —Pregunta—. ¿Qué
harás?

No sé qué decir, el estado de shock está perdiendo su encanto y quiero a mi cerebro
funcionando como antes. ¿No podía sacudir mi cabeza, como un perro, y volver a
la normalidad?

Nuestros pies hacen crujir el frío pavimento. Mi aliento era visible por medio de
pequeñas nubes. A mi derecha, la respiración de Thomas formaba nubecillas que
salían cada vez con mayor rapidez, demostrando su nerviosismo.

—¿Estás bien? —Inquiere—. Dios, nunca había visto algo como esto. No puedo
creer que ella… que era… —se detiene e inclina. Lo está rememorando, si los
recuerdos son muy vívidos o claros, podría terminar vomitando. Lo alcanzo con mi
brazo y enderezo.

—Quizá deberíamos esperar a Carmel —dice, luego me hala hacia atrás.

La puerta de Anna se ha abierto y ella camina hacia el porche, sus pisadas casi
imperceptibles, como un ciervo. Miro su vestido primaveral. No hace ningún
movimiento para resguardarse, aún cuando el viento la debe estar atravesando
como filosos bloques de hielo. Sus hombros muertos y descubiertos, no lo pueden
sentir.

—¿Lo tienes? —Pregunta—. ¿Lo encontraste?

—¿Qué se supone que tienes? —susurra Thomas—. ¿De qué está hablando?

Sacudo mi cabeza en respuesta a ambos mientras subo los escalones del porche.
Paso por su lado, me adentro en la casa y ella me sigue.



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—Cas —dice—. ¿Qué está mal? —Sus dedos rozan mi brazo.

—¡Atrás, hermana! —grita Thomas. Realmente la empuja y se interpone entre los
dos. Está persignándose ridículamente con sus dedos, sin embargo, no lo culpo por
eso. Está aterrorizado, al igual que yo.

—Thomas —mascullo—. No fue ella.

—¿Qué?

—Ella no lo hizo.

Lo miro, tranquilamente, para que note que mi estado de shock está perdiendo su
efecto y regreso a ser yo mismo.

—Y deja de hacer eso con tus dedos —agrego—. Ella no es un vampiro, y aún si lo
fuera, no creo que esa supuesta cruz sea de ayuda.

Deja caer sus manos. El alivio inunda sus facciones.

—Están muertos —informo a Anna.

—¿Quiénes? ¿Y por qué dejarás de acusarme?

Thomas se aclara la garganta.

—Bueno, él no lo hará, pero yo sí. ¿Dónde estuviste la noche pasada y hoy en la
mañana?

—Estuve aquí —responde—. Siempre estoy aquí.

Afuera, se escucha el chirrido de los neumáticos al frenar. Carmel ha llegado.

—Eso hubiera sido creíble cuando estabas limitada a este lugar —continúa
Thomas—, pero ahora ya no lo estás. Puedes ir a cualquier parte. ¿Por qué no lo
harías? ¿Por qué quedarse aquí, donde estuviste confinada por más de cincuenta
años? —Mira a su alrededor con nerviosismo, aun cuando la casa está tranquila.
No hay indicación de espíritus molestos—. En este momento, no quiero estar aquí.

Se escuchan pisadas en el porche y Carmel aparece, sosteniendo, entre varios
artefactos, un bate de béisbol de metal.




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—¡Aléjate de ellos! —chilla a todo pulmón. Gira el bate, formando un amplio arco,
e impacta a Anna a un costado de su rostro. El efecto es similar a un golpe a
Terminator con una tubería de plomo. Anna simplemente la mira sorprendida, y
luego indignada. Creo ver a Carmel tragar saliva.

—Todo está bien —digo y el bate baja un centímetro—. Ella no lo hizo.

—¿Cómo lo sabes? —Inquiere Carmel. Sus ojos brillan y el bate tiembla entre sus
manos. El miedo y la adrenalina corren por su cuerpo.

—¿Cómo sabe qué? —Interrumpe Anna—. ¿De qué hablan? ¿Qué pasó?

—Will y Chase están muertos —digo.

Anna mira hacia abajo. Luego pregunta:

—¿Quién es Chase?

¿Iban a dejar de hacer tantas malditas preguntas? ¿O en todo caso, alguno las
respondería?

—Él es uno de los chicos que ayudó a Mike a estafarme, la noche de… —Me
detengo—. Él era el otro cercano a la ventana.

—Oh.

Al no hacer señales para reanudar la conversación, Thomas le cuenta a Anna todo.
Carmel se estremece cuando llega a la parte sangrienta. Thomas le dedica una
mirada conciliadora, pero no se interrumpe. Anna escucha todo y me observa.

—¿Quién lo haría? —Pregunta Carmel, iracunda— ¿Tocaron algo? ¿Alguien los
vio? —mira a Thomas y a mi consecutivamente.

—No. Usamos guantes y no creo haber tocado algo —responde Thomas. Ambas
voces se escuchan un poco agitadas.

Se están concentrando en los detalles básicos, que convierte todo más fácil. Pero
no puedo permitirlo. Deben de estar enterados de todo, o al menos, de lo que yo
mismo puedo contar.

—Había demasiada sangre —dice Thomas, débilmente—. ¿Quién haría semejante
acto? ¿Por qué alguien…?




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—No hablamos exactamente de un: ―Quién‖, es más como un: ―Qué‖ —declaro.
De pronto, el abatimiento me invade. Incluso la espalda sucia del sofá parase
cómoda. Me recuesto sobre él.

—¿Un ―qué? —Pregunta Carmel.

—Sí. Una cosa, no una persona. Al menos ya no. Se trata de la misma cosa que
desmembró a aquel chico en el parque —Trago—. Las marcas de mordidas
probablemente fueron retiradas. Manteniendo la evidencia en secreto. Los medios
no difundieron esta información, por esa razón, no lo supe con anterioridad.

—Marcas de mordidas —musita Thomas y sus ojos se abren como platos—. ¿Eso
eran esas cosas? No es posible, eran demasiado grandes; los pedazos arrancados
eran enormes.

—Ya había visto algo como eso —dije—. No, espera, no es verdad. En realidad,
jamás había visto algo así. Y no tengo ni la más remota idea de qué está haciendo
aquí, diez años después.

Carmel está golpeando nerviosamente el bate de metal contra el piso y el ruido se
expande por la casa parecido al sonido de un timbre mal ajustado. Sin decir nada,
Anna se le acerca, toma el bate y lo coloca sobre las almohadas del sofá.

—Lo siento —susurra Anna y se encoje de hombros entretanto examina a Carmel;
quien se cruza de brazos y responde con ademán despreocupado.

—Está bien. No me di cuenta de que estaba haciéndolo. Y… perdón por, tú sabes,
golpearte.

—No dolió —Anna se acomoda a mi lado—. Cassio. Tú sabes de qué se trata todo
esto.

—Cuando tenía siete, mi padre perseguía a un fantasma en Baton, Rouge, Luisiana
—Miré al suelo, a los pies de Anna—. Jamás volvió. El fantasma lo mató.

Anna pone un brazo a mí alrededor.

—Era un cazador de fantasmas, como tú —dice.

—Como todos mis ancestros —murmuro—. Él era como yo, mejor que yo —La
posibilidad de que el asesino de mi padre se encuentre aquí, hace a mi cabeza girar.
No se suponía que sucediera de esa forma. Yo tenía que ir por él. Tenía que estar



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preparado, y poseer todas las herramientas necesarias. Tenía que cazar hasta
acabarlo—. Y él lo mató, de todas maneras.

—¿Cómo lo mato? —pregunta Anna suavemente.

—No lo sé —respondo. Mis manos están temblando—. Solía pensar que se debía a
alguna distracción o que le habían tendido una trampa. Incluso había llegado a
creer que el cuchillo había dejado de funcionar, que después de cierto tiempo este
dejaba de trabajar para ti al volverte muy bueno. Pensé que había sido mi culpa.
Que lo maté por crecer y por estar preparado para reemplazarlo.

—Eso no es verdad —dijo Carmel—. Es ridículo.

—Sí, bueno, quizá lo sea y quizá no. Cuando eres un niño de siete años de edad, tu
padre muere y su cuerpo parece haberles dado un buen festín a unos malditos tigres
siberianos, entonces crees cualquier mierda, aunque sea ridícula.

—¿Fue devorado? —pregunta Thomas.

—Sí. Fue devorado. Oí a los policías describiéndolo. Arrancaron grandes pedazos
de su cuerpo, al igual que a los de Will y Chase.

—Eso no significa que sea la misma persona —Razona Carmel—. Puede ser una
simple coincidencia, ¿no? ¿Después de diez años?

No digo nada. No puedo estar en desacuerdo con eso.

—Entonces, es probable que hablemos de algo distinto —sugiere Thomas.

—No. Es él. Es exactamente lo mismo; lo sé.

—Cas —dice—. ¿Cómo lo sabes?

Lo miro con una ceja levantada.

—Oye. Quizá no sea un brujo, pero esta actuación trae algunas ventajas. Solo lo sé,
¿de acuerdo? Y por mi experiencia, no existen muchos fantasmas que se alimenten
de carne humana.

—Anna —dice Thomas gentilmente—. ¿Alguna vez comiste algo?

Sacude su cabeza.




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—Nunca.

—Por otro lado —agrego—, iba a volver por él, siempre fue mi intención, pero
ahora lo haré de verdad —Miro a Anna—. Quiero decir, pensé que podría. Tan
pronto como terminara aquí. Quizá se enteró.

—Viene por ti —dice Anna distraídamente.

Froto mis ojos, pensando. Estoy exhausto. Realmente, estoy arrastrando el culo. Lo
que no tiene sentido, pues dormí como roca la noche pasada, probablemente la
primera vez de esta semana.

Y entonces las piezas casan.

—Las pesadillas —digo—. Han empeorado desde que vine.

—¿Qué pesadillas? —pregunta Thomas.

—Pensé que eran solo sueños. Alguien inclinado sobre mí. Pero todo este tiempo,
debió haber sido un presagio.

—¿Cómo qué?

—Un psicopompo
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o algo por el estilo. Sueños proféticos, que preceden algo. Un
aviso. —Esa voz áspera, que hacía retumbar el suelo y asimilaba el molesto ruido
de un serrucho. Ese acento, casi Cajun, casi del Caribe—. Había un olor raro —
digo, arrugando la nariz—, algún tipo de humo dulce.

—Cas —dice Anna sonando alarmada—. Olí el humo cuando me cortaste con tu
athame. Me dijiste que probablemente era un recuerdo de la pipa de tabaco de
Elías, pero no lo era, ¿cierto?

—No —digo, pero mientras lo hago, recuerdo una de mis pesadillas. Perdiste el
athame, fue lo que la cosa dijo. Lo perdiste, decía con una voz que descomponía a las
plantas y era tan afilada como una navaja de afeitar.

El miedo acaricia mi espalda como dedos helados. Mi cerebro trata de hacer
conexiones, buscando cuidadosamente, dendrita
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por dendrita. La cosa que había

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Psicopompo: Es un ser que en las mitologías o religiones tiene el papel de conducir las almas de
los difuntos hacia la ultratumba, cielo o infierno. La voz proviene del griego que se compone
de psyche, "alma", y pompós, "el que guía o conduce"
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Dendrita: Conexión mineral o agregado cristalino de aspecto arborescente, en las fisuras o en el
interior de algunas rocas



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matado a mi padre era vudú. Eso es todo lo que sabía. Lo que siembre he sabido.
¿Y qué es vudú, en esencia?

Hay algo ahí, conocimiento fuera de mi alcance. Tiene que ver con algo que
Morfran dijo.

Carmel levanta la mano como si estuviera en clase.

—Voz de la razón —dice—. Lo que sea esa cosa, y lo que la conecta o no al
cuchillo o a Cas, o al papá de Cas, ya mató a dos personas y se comió la mayor
parte de ellas. Entonces, ¿qué hacemos?

El silencio reina en la habitación. No sirvo sin mi cuchillo. Por lo que sé, la cosa
pudo haber tomado el cuchillo de Will y ahora he conseguido meter a Thomas y
Carmel en un enorme desastre.

—No tengo mi cuchillo —farfullo.

—No empieces —dice Anna. Se aleja de mí ferozmente—. Arturo sin Excalibur
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seguía siendo Arturo.
—Sí —dice Carmel—. Quizá no tenemos el athame, pero la tenemos a ella —
Señala a Anna con la cabeza—, eso es algo. Will y Chase están muertos. Sabemos
lo que les pasó, es probable que seamos lo siguientes. ¡Así que no dejemos que nos
asuste con este tipo cosas y hagamos algo!

***

Quince minutos después, todos estamos dentro del Tempo. Los cuatro de
nosotros… Thomas y yo enfrente, Carmel y Anna detrás. El por qué no nos
llevamos el Audi de Carmel, que es mucho más grande, más confiable y no llama
tanto la atención, está más allá de mi entendimiento; pero eso es lo que pasa
cuando construyes un plan en quince minutos. Excepto que esto no es un plan
exactamente, pues no sabemos qué pasará. Es decir, tenemos presentimientos—yo
tuve más de uno—, pero ¿cómo podemos crear un plan cuando no sabemos a quién
nos enfrentamos o qué es lo que quiere?

Así que en lugar de preocuparnos por lo que no sabemos, vamos a cazar lo que sí.
Vamos a encontrar mi athame. Vamos a rastrearla mágicamente, Thomas afirma es
posible, con la ayuda de Morfran.


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Excalibur: Nombre de la espada del rey Arturo.



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Anna insistió en acompañarnos, por toda su charla de yo siendo el rey Arturo, creo
que sabe lo indefenso que me encuentro. Y no sé que tanto sepa de su leyenda, pero
Arturo fue asesinado por un fantasma de su pasado que no vio venir. No es
exactamente la mejor comparación. Antes de dejar la casa, hubo un breve debate
acerca de inventar una coartada para el momento en que la policía descubra lo de
Will y Chase, pero la discusión de extinguió rápidamente. Sinceramente, cuando
puedes o no ser comido en los próximos días, ¿a quién le importa una estúpida
coartada?

Tengo este extraño y ligero presentimiento. A pesar de que todo lo que pasó —la
muerte de Mike y el conocimiento de que lo que sea que mató a mi padre esté aquí,
probablemente tratando de matarme— me siento bien. No tiene sentido, lo sé.
Todo está hecho un desastre y sigo sintiéndome bien. Al menos me siento a salvo
con Thomas, Carmel y Anna.

Al hacer una parada en la tienda, se me ocurre que debería decírselo a mi madre. Si
en verdad es la cosa que asesinó a mi padre, entonces ella tiene el derecho de
saberlo.

—Esperen —digo después de salir—. Debería llamar a mamá.

—¿Por qué no vas a buscarla? —dice Thomas, ofreciéndome las llaves del auto—.
Podría ser útil. Además, podemos empezar sin ti.

—Gracias —digo y me siento en el asiento delantero. Anna pasa una pálida pierna
por la puerta del asiento del copiloto y se sienta.

—Voy contigo.

No discutiré, podría usar la compañía. Enciendo el auto y comienzo a conducir.
Anna no hace nada más que mirar los árboles y casas que pasan. Creo que el
cambio de escenario es interesante para ella, pero desearía que dijera algo.

—¿Carmel te lastimó? —pregunto para acabar con el incómodo silencio.

Ella sonríe.

—No seas tonto.

—¿Te has sentido bien en la casa?




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La tranquilidad en su cara debe ser cuestionada. Siempre está calmada, pero tengo
el presentimiento que en su mente es cómo un tiburón que nada y se retuerce. Y lo
único que he podido ver es una pequeña parte de su aleta dorsal.

—Siguieron mostrándome —dice con cuidado—. Pero siguen siendo débiles.
Además de eso, solo he estado esperando.

—¿Esperando por qué? —inquiero. No me juzguen. Algunas veces hacerse el tonto
es lo único que puedo hacer. Desafortunadamente, Anna no me sigue la corriente.
Así que nos sentamos y yo manejo. Tengo en la punta de mi lengua las palabras
para decirle lo que no puedo. Mi vida es muy rara y ella encajaría perfectamente en
ella.

Pero en vez de admitir esto, le digo:

—No tenías elección.

—No es que importe.

—¿Cómo no puede importar?
—No lo sé, pero no lo hace —replica. Veo su sonrisa por el rabillo del ojo—.
Desearía que esto no te lastimara —dice.

—¿En serio?

—Claro. Créeme, Cassio. Nunca quise ser así de trágica.

Mi casa está en la cima de la montaña. Para mi alivio, el auto de mamá está
aparcado al frente. Podría continuar con esta conversación, podría devolverle una
respuesta ácida y podríamos discutir. Pero no quiero. Quiero terminar con esto y
concentrarme en el problema. Quizá nunca tendré que enfrentarme a esto. Quizá
algo cambiará.

Me estacioné en la vereda y salimos del auto, Anna olfatea el ambiente y bizquea,
como si le doliera la cabeza.

—Oh —digo—. Cierto. Lo lamento. Olvidé el hechizo —Me encojo de hombros
débilmente—. Ya sabes, un par de hierbas y palabras raras. Nada muerto pasa por
la puerta.

Anna se cruza de brazos e inclina contra el enrejado.

—Entiendo —contesta—. Ve a buscar a tu mamá.



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Adentro, escucho a mi madre tararear una canción que no conozco, probablemente
alguna que inventó. La veo pasar por el pasillo de la cocina, sus medias se deslizan
por la madera y el lazo de su suéter reposa en el piso. Camino hasta donde está y lo
levanto.

—¡Hola! —dice, con una mirada irritada—. ¿No deberías estar en la escuela?

—Tienes suerte que soy yo y no Tybalt —respondo—. O este lazo estaría hecho
trisas.

Ella hace una especie de gruñido hacia mí, y se coloca el lazo en la muñeca. La
cocina huele a flores y caqui
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. Es un olor que te hace sentir caliente, pero a la vez
frío. Está haciendo otro grupo de su popurrí Blessed be, justo como cada año. Es una
gran vendedora en la red. Pero estoy atrasando lo que debo decirle.

—¿Entonces? —Pregunta—. ¿No vas a decirme el por qué no estás en la escuela?
Respiro profundamente.

—Algo pasó.

—¿Qué cosa? —Su tono es algo cansado, como si estuviese esperando malas
noticias. Sabiendo tanto como yo, probablemente siempre esté a la espera de malas
noticias—. ¿Bien?

No tengo idea de cómo decirle esto. Es posible que lo exagere mucho. ¿Pero existe
otro tipo de reacción en esta situación? Ahora, estoy viendo a una muy preocupada
y agitada cara-de-mamá.

—Theseus Cassio Lowood, es mejor que lo escupas.

—Mamá —digo—. Simplemente, no enloquezcas.

—¿Qué no enloquezca? —Sus manos están en sus caderas—. ¿Qué está pasando?
Tengo una mala sensación. —Sin quitar los ojos de mí, camina hasta la cocina y
prende la televisión.

—Mamá —gimo, pero cuando la alcanzo, veo las luces del auto de la policía y en
la esquina, los cuerpos de Will y Chase. Así que la historia salió a luz. Policías y
reporteros están alrededor del césped como hormigas en un sándwich, listas para
agarrar las migas y consumirlas.

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Caqui: Es el nombre de varios árboles cultivados por sus frutos llamados Caquis.



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—¿Qué es esto? —dice y coloca una mano sobre su boca—. Oh, Cas, ¿conocías a
estoy chicos? Oh, que horrible. ¿Es por eso que no estás en la escuela? ¿La cerraron
por hoy?

Está poniendo todo su esfuerzo en no mirarme a los ojos. Ella hizo todas esas
preguntas, pero sabe la verdad. Y ni puede contenerse. Después de un par de
segundos, apaga la televisión e inclina la cabeza, procesando la situación.

—Dime lo que pasó.

—No sé cómo hacerlo.

—Inténtalo.

Lo hago. Desecho tantos detalles como pueda, excepto por las marcas de mordidas.
Cuándo le digo sobre estas, ella aguanta la respiración.

—¿Crees que es el mismo? —pregunta—. El que…

—Sé que lo es, puedo sentirlo.

—Pero no lo sabes.

—Mamá. Lo sé. —Pongo mucho esfuerzo en decir todo esto de la forma más gentil
posible. Sus labios están apretados tan fuerte que no parecen ser labios. Creo que
está a punto de echarse a llorar.

—¿Estabas en esa casa? ¿Dónde está la athame?

—No lo sé. Solamente, quédate tranquila. Vamos a necesitar tu ayuda.

No dice nada. Tiene una mano en su frente y otra en sus labios. Está mirando a la
nada. Una pequeña y profunda arruga de angustia aparece en su rostro.

—Ayuda —dice suavemente y luego lo repite, más fuerte—. Ayuda.

Quizá la sobrecargué de información.

—De acuerdo —dije gentilmente—. Solamente quédate aquí. Puedo manejar esto,
mamá. Lo prometo.




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Anna está esperándome afuera y quien sabe lo que está sucediendo en la tienda.
Siento como si me hubiese tardado horas en este mandado, pero sé que deben haber
pasado poco más de veinte minutos.

—Empaca tus cosas.

—¿Qué?

—Me escuchaste. Empaca tus cosas en este instante. Nos vamos. —Me empuja y
corre a las escaleras, probablemente quiere un rato probablemente para iniciar las
maletas. La seguí con un gruñido. No hay tiempo para esto, debe calmarse y dejar
de moverse. Puede empacarme y meter todas mis pertenecías en cajas, puede
llevarnos por un U-Haul; pero mi cuerpo no se moverá de este lugar hasta haber
acabado con ese fantasma.

—Mamá —dije, persiguiendo el último vistazo de su suéter—. ¿Podrías dejar de
actuar con incoherencia? No me voy. —Me detengo. Su eficiencia es incomparable.
Todas mis medias estaban fuera del cajón y ordenadas en mi vestidor, incluso las
rayadas se encuentran a un lado del estante.

—Nos vamos —dice sin perder un segundo de saqueo a mi habitación—. Si es
necesario te llevaré inconsciente de esta casa. Nos vamos ahora.

—Mamá, tranquilízate.

—No pidas que me tranquilice. —Las palabras salen en una especie de grito
sofocado, un grito que proviene desde lo más profundo de su estómago. Frena y
gira a la derecha, apoyando las manos en los cajones casi vacíos—. Esa cosa mató a
mi esposo.

—Mamá.

—No te lastimará a ti, también. —Guantes, medias y ropa interior comienzan a
volar por los aires de nuevo. Desearía que no hubiera empezado con el cajón de mi
ropa interior.

—Tengo que detenerlo.

—Deja que alguien más lo haga —chasquea—. Debí haberte dicho esto antes; debí
haberte dicho que no era tu deber o algún derecho de primogenitura o algo como
eso después de la muerte de tu padre. Otras personas pueden hacerlo.




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—No muchas —digo. Esto me está haciendo enojar. Sé que no es su intención,
pero siento como si estuviera menospreciando a papá—. Y no esta vez.

—No tienes que hacerlo.

—Elegí hacerlo —dije. Había perdido la batalla en mantener mi voz baja—. Si nos
vamos, nos seguirá. Y si no lo mato, se comerá a otros. ¿No lo captas? —
Finalmente le dije que lo que mantuve en secreto—. He esperado por esto, por lo
que he entrenado. He buscado este fantasma desde que encontré esa cruz vudú en
Baton Rouge.

Mi madre cierra el cajón de un golpe. Sus mejillas están ruborizadas y tiene los ojos
mojados y brillantes.

—Esa cosa lo mató —dice—. También puede matarte.

—Gracias —dije, levanto las manos—. Gracias por el voto de confianza.

—Cas…

—Para. Cállate. —No le digo a mamá que se calle frecuentemente. De hecho,
jamás lo había hecho, pero lo necesita. Hay algo extraño en mi habitación, algo que
no debería estar aquí. Ella sigue mi mirada, quiero verla reaccionar, pues no quiero
ser el único que ve estas cosas.

Mi cama está como la deje. Las sábanas están arrugadas y volteadas hasta la mitad,
la almohada tiene la impresión de mi cabeza. Pero debajo de esto, se ve al mango
tallado de la athame de mi padre.

No debería estar ahí. Esa cosa debería estar lejos, a millas y millas de aquí,
escondida en el armario de Will Rosenberg o en las manos del fantasma que lo
mató. Aun así, me acerco a la cama y lo tomo, la madera familiar es suave contra
mi piel. Une los puntos.

—Mamá —susurro mientras observo el cuchillo—. Tenemos que salir de aquí.

Ella solo pestañea a mi dirección, inmóvil. En el silencio de la casa, escucho un
chirrido que no reconozco.

—Cas —dice mamá bajo su aliento—. La puerta del ático.




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La puerta del ático. El sonido de la frase hace que algo en la parte de atrás de mi
cabeza se active. Es algo que mamá dijo sobre los mapaches, algo acerca de la
forma en la que Tybalt trepó sobre mí el día en que llegamos.

El silencio es enfermizo: expande cada ruido, así que cuando escucho un sonido
distintivo, sé que lo que captan mis oídos es la escalera del ático, que se desliza en
el suelo del pasillo




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Capítulo 21

Traducido por Panchys
Corregido por Abbey

e gustaría marcharme. Me gustaría mucho marcharme. Los vellos de mi
nuca están levantados y de no ser porque mi mandíbula está tensa, mis
dientes castañearían sin cesar. Dada la posibilidad de elegir entre luchar
o huir, preferiría saltar por la ventana con o sin cuchillo en mano. En su lugar, doy
meda vuelta y me acerco a mi madre, obstruyendo el camino entre la puerta y ella.

Pisadas se escuchan por la escalera. Mi corazón golpea con fuerza, mi pecho. Mi
nariz capta el aroma del humo dulce.

Mantente firme, es lo que pienso. Después de que todo esto acabe, es posible que mi
reacción sea vomitar. Asumiendo, por supuesto, que siga con vida.

El ritmo de los pasos y el sonido de lo que sea que está bajando la escalera, nos
conduce constantemente a orinar nuestros pantalones. No podemos ser atrapados
en esta habitación, desearía que no fuera la verdad, desgraciadamente, lo es. Debo
ir por el pasillo y tratar de llegar a las escaleras antes que lo que sea que bloquea
nuestro escape.

Tomo su mano.

Mamá sacude su cabeza violentamente, sin embargo, tiro de ella y avanzo hacia la
puerta. Athame se extiende ante nosotros como una antorcha.

Anna. Anna, ven a pelear, Anna, salva el día… pero eso es estúpido, ella sigue
estancada en el maldito porche delantero. ¿Cómo sería morir aquí, rasgado en
pedazos y masticado como una chuleta de cerdo de goma, con ella parada
impotente afuera?

Está bien. Dos respiraciones profundas más y entraremos a la sala.

Tal vez tres.

Cuando me muevo, tengo la clara imagen de la escalera del ático y de aquello que
desciende. No quiero estar viendo esto, todo ese entrenamiento y todos esos
fantasmas; todos los instintos y habilidades salen directamente por la ventana.
Estoy mirando al asesino de mi padre.
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Debería estar enfurecido, debería estar acechándolo, en su lugar, estoy aterrado.

Me está dando la espalda y el camino se encuentra lo suficientemente alejado para
llegar antes que él, siempre y cuando sigamos en movimiento y no se voltee a
atacar. ¿Por qué tengo estos pensamientos? Además, no parece inclinado a hacerlo.
Mientras nos deslizamos silenciosamente hacia la escalera, él ha logrado tocar el
suelo y realmente se detiene a devolver la escalera, con un destartalado empujón.

En la parte superior de las escaleras, me detengo, incitando a mamá a bajar
primero.

La figura en el pasillo no parece habernos notado. Se queda balanceándose hacia
delante y atrás con su espalda hacia mí, como si estuviera escuchando música
sorda.

Está usando una chaqueta entallada, oscura, parecida a la de un traje de gala.
Podría ser negro polvoriento o incluso verde oscuro, no estoy seguro. En la parte
superior de su cabeza hay un nido de rastras, retorcidas y enmarañadas, medio
podridas y caídas. No puedo ver su cara, pero la piel de sus manos es gris y
agrietada.

Entre sus dedos está retorciendo lo que parece ser una serpiente larga y negra.

Le doy a mamá un suave empujón para que baje las escaleras. Si ella puede
alcanzar a Anna, entonces estará a salvo. Un poco de valentía me alcanza,
trayendo de vuelta una parte del viejo Cas.

Entonces me doy cuenta de que estoy en la mierda, cuando se da la vuelta y me
mira directamente a mí.

Debo reformular eso. Honestamente, no puedo decir qué está mirándome, pues no
es posible estar seguro de que algo me observa cuando los ojos de este han sido
cosidos.

Y sus ojos han sido suturados, no hay duda. Hay grandes y entrecruzados puntos
de sutura de hilo negro sobre sus párpados. Sin embargo, tampoco hay duda de que
puede verme.

Mamá habla por los dos, cuando deja salir un pequeño gemido:

—Oh.




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—De nada —dice en esa voz suya, la misma de mis pesadillas. Como masticar
clavos oxidados.

—No tengo nada por qué agradecerte —escupo. Ladea la cabeza. No me preguntes
cómo lo sé, pero sé que está mirando mi cuchillo. Camia hacia nosotros, sin miedo
alguno.

—Tal vez debería darles las gracias, entonces —dice y debido a su acento, las
palabras son apenas entendibles.

—¿Qué estás haciendo aquí? —pregunto—. ¿Cómo llegaste hasta aquí? ¿Cómo
pasaste la puerta?

—He estado aquí todo el tiempo —murmura. Tiene brillantes dientes blancos. Su
boca no es más grande que la de cualquier hombre. ¿Cómo hace aquellas marcas
gigantescas?

Está sonriendo ahora, con la barbilla hacia arriba. Sus movimientos son torpes,
como un montón de fantasmas, sus miembros son rígidos y sus ligamentos se están
pudriendo.

No es hasta que atacan, cuando los ves de verdad. No me dejo engañar.

—Eso es imposible —le digo—. El hechizo no te deja entrar. Y no hay manera de
que haya estado durmiendo en la misma casa donde se encuentra el asesino de mi
padre, ni que haya estado un piso sobre mí, escuchando y observándome.

—Los hechizos para mantener a los muertos afuera no valen nada si los muertos ya
están adentro —dice—. Voy y vengo como me place. Voy a buscar de vuelta cosas
que los niños pierden y desde entonces he estado en el ático, comiendo gatos.

Ha estado en el ático, comiendo gatos. Miro a la serpiente negra que se ha estado
retorciendo a través de sus dedos. Es la cola de Tybalt.

—Vete a la mierda, ¡te comiste a mi gato! —grito y gracias, Teobaldo, por el último
favor: Este cabreado salto de adrenalina. El silencio de pronto se llenó con el
sonido de golpes.

Anna me oyó gritar y está golpeando la puerta, preguntando si estoy bien. La
cabeza del fantasma se mueve como una serpiente, un movimiento antinatural,
perturbador.




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Mamá no sabe lo que está pasando. No sabía que Anna estaba afuera, así que ahora
se aferra a mí, insegura de a qué temerme más.

—Cas, ¿Qué es esto? —inquiere—. ¿Cómo vamos a salir de aquí?

—No te preocupes, mamá —responde—. No tengas miedo.

—La chica que hemos estado esperando está justo afuera —dice él y arrastra sus
pies hacia nosotros. Mamá y yo bajamos un escalón.

Pongo mi mano sobre la barandilla. El athame destella cuando lo traigo de vuelta al
nivel del ojo.

—Aléjate de ella.

—Ella es lo que vinimos a buscar. —Hace un ruido suave y hueco cuando se
mueve, como si su cuerpo fuera una ilusión y ropas sin llenar.

—No hemos vendió por nada —espeto—. Yo he venido para matar a un fantasma,
y obtendré mi oportunidad. —Avanzo rápidamente, sintiendo que mi cuchillo corta
el aire, la punta de plata roza los botones frontales.

—¡Cas, no! —grita mamá, tratando de arrastrarme de vuelta por un brazo. Ella
necesita desprenderse. ¿Qué cree que he estado haciendo todo este tiempo?
¿Colocando elaboradas trampas, usando resortes, madera contrachapada y un ratón
en una cuerda? Esto es mano a mano, es todo lo que sé.

Mientras tanto, Anna golpea con más fuerza la puerta. Debe dolerle estar tan cerca.

—¿Es por lo que estás aquí, muchacho? —silba y gira hacia mí, parece poco
entusiasta; fallando por mucho. No creo que erró a causa de la sutura sobre sus
ojos, sólo está jugando conmigo. Otro indicio es el hecho de que se está riendo.

—Me pregunto cómo vas a irte —le digo—, si te marchitarás o fundirás.

—No haré ninguna de esas dos cosas —dice, sin dejar de sonreír.

—¿Y qué si te corto el brazo? —le pregunto mientras salto las escaleras, mi cuchillo
corta en un arco agudo.

—¡Te matará por su cuenta!




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Me golpea en el pecho, provocando que mamá y yo rodemos sobre nuestros
traseros por las escaleras.

Duele. Mucho. Pero al menos ha dejado de reírse. En realidad, creo que finalmente
conseguí enojarlo. Levanto a mamá.

—¿Estás bien? ¿Hay algo roto? —pregunto. Ella niega con la cabeza—. Ve a la
puerta —Mientras se acerca, me pongo de pie. Él está caminando por los escalones
si ningún signo de la antigua rigidez fantasmal. Es tan flexible como cualquier otro
joven.

—Sólo te puedes evaporar, ya sabes —le digo, porque nunca he sido capaz de
mantener mi condenada boca, cerrada—. Personalmente, espero que explotes.

Toma una respiración profunda. Luego otra, y otra más. No exhala. Su pecho se
hincha como un globo, extendiendo su caja torácica. Puedo ir los tendones,
preparándose. Entonces, antes de saber qué está pasando, sus brazos se precipitan
hacia mí y está justo en frente de mi rostro. Sucedió tan rápido que apenas pude
verlo. Mi mano con el cuchillo está clavada en la pared, y él me tiene agarrado por
el cuello. Le golpeo la clavícula y los hombros una y otra vez, pero es como un gato
aplastando un hilo.

Exhala, dejando salir ese aliento a través de sus labios en humo espeso y dulce que
pasa por encima de mis ojos y se adentra en mi nariz, tan fuerte y empalagoso que
mis rodillas se doblan.

Desde algún lugar detrás de mí, siento las manos de mamá. Está gritando mi
nombre y halándome.

—Me la entregarás, hijo mío, o morirás. —Me deja caer, de vuelta a los brazos de
mi madre—. La suciedad de tu cuerpo te pudrirá. Tu mente se drenará por tus
orejas.

No me puedo mover, no puedo hablar. Solo soy capaz de respirar, pero no mucho
más. Me siento en algún lugar lejano. Entumecido y un poco confundido. Puedo
oír a mamá gritar e inclinarse sobre mí mientras Anna finalmente empuja la puerta.

—¿Por qué no me llevas tú mismo? —Escucho preguntar. Anna, mi fuerte y
aterradora Anna. Quiero decirle que tenga cuidado, que esta cosa tiene trucos bajo
su descompuesta manga. Pero no puedo. Así que mi madre y yo nos apiñamos
entre silbidos de los más fuertes espíritus que hemos visto nunca.

—Cruza el umbral, bella muchacha —dice.



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—Crúzalo tú —responde. Luchando contra el hechizo de barrera, su cabeza debe
sentirse casi tan apretada cómo la mía. Un fino rio de sangre brota por su nariz y
labios—. Toma el cuchillo y ven, cobarde —grita Anna—. ¡Ven y quítame está
cadena!
Él está furioso. Sus ojos la taladran y sus dientes rechinan.

—Tu sangre en mi espada, o el chico se unirá a nosotros en la mañana.

Trato de apretar mi agarre en el cuchillo. Sólo que no puedo sentir mi mano. Anna
grita algo más, pero no logro escucharlo. Mis oídos se sienten llenos de algodón, no
escucho nada.





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Capítulo 22

Traducido por Panchys
Corregido por Abbey

a sensación es como estar debajo del agua por mucho tiempo. Había
agotado irresponsablemente todo mi oxígeno, y aunque sé que la superficie
está a unas patadas, no puedo llegar por el asfixiante pánico. No obstante,
mis ojos se abren en un mundo borroso y tomo ese primer respiro. No sé si estoy
jadeando, se siente como si lo hiciera.

La cara que veo al despertar es la de Morfran, y está demasiado cerca.
Instintivamente trato de hundirme en donde sea que estoy recostado para mantener
esa musgosa barba a una distancia segura. Su boca se mueve, pero ningún sonido
sale de ella. Todo se encuentra silencioso, ningún murmullo o zumbido. Mis oídos
no han vuelto a estar en línea aún.

Morfran da un paso hacia atrás, gracias a Dios, y está hablando con mamá. De
pronto, Anna aparece, flotando a la vista, sentándose a mi lado en el suelo. Trato
de girar la cabeza para seguirla. Ella barre sus dedos a lo largo de mi frente pero no
dice nada. Hay alivio tirando de las esquinas de sus labios.

Mi audición regresa extrañamente. Al principio puedo captar sonidos sofocados y
luego, cuando finalmente se vuelven claros, estos pierden el sentido. Creo que mi
cerebro pensaba que había sido destrozado y ahora está sacando sus antenas
lentamente, aferrándose a las terminaciones nerviosas y gritando a través de las
brechas de la sinapsis
30
, contento de encontrar todo ahí.

—¿Qué está pasando? —pregunto, mi lengua finalmente localizada por los
tentáculos de mi cerebro.

—Por Dios, hombre, pensé que eras pan tostado —exclamó Thomas, apareciendo
al lado de lo que ahora puedo ver, es el mismo sofá antiguo que pusieron cuando
quedé noqueado aquella noche en la casa de Anna. Estoy en la tienda de Morfran.

—Cuando te trajeron… —dijo Thomas. No terminó, pero sé lo que quiere decir.
Puse mi mano sobre su hombro y le di una sacudida.

—Estoy bien —Y me inclino con un poco de dificultad—. He estado en peores
líos.

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Sinapsis: Relación funcional de contacto entre las terminaciones de las células nerviosas.
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Parado al otro lado de la habitación, actuando como si tuviese mejores cosas que
hacer, Morfran da un resoplido.

—¡De ninguna manera! —Se da la vuelta. Sus gafas de alambre se han caído en su
mayoría, por su nariz—. Y no estás fuera de este ―lío‖. Te han hecho Obeah.

Thomas, Carmel y yo hacemos eso que haces cuando alguien está hablando en otro
idioma: miramos entre nosotros y luego decimos:

—¿Uh?

—Obeah, chico —contesta Morfran bruscamente—. Magia Vudú de indios
occidentales. Eres más que afortunado de que pasara seis años en Anguilla, con
Julian Baptiste. Él es un real Hombre Obeah.

Estiro mis piernas y me siento recto. Excepto por un pequeño dolor en mi espalda y
costado, además de la cosa resbaladiza en mi cabeza, me siento bien.

—¿Me ha hecho Obeah un verdadero Hombre Obeah? ¿Es como en los Pitufos, que
dicen pitufo pitufeado todo el tiempo?

—No bromees, Cassio.

Es mi madre. Luce horrible, ha estado llorando. Odio eso.

—Todavía no sé cómo entró a la casa —dice—. Siempre somos tan cuidadosos. Y
el hechizo de barrera estaba funcionando, lo hizo con Anna.

—Fue un gran hechizo, Sra. Lowood —responde Anna suavemente—. Nunca
podría haber cruzado ese umbral. Sin importar que tanto me hubiese gustado —
Cuando dice esa última parte, sus iris se vuelven tres tonos más oscuros.

—Le dije que saliera y se enfrentara a mí. No aceptó. Solo sonrió con aquella
horrible sonrisa. Luego se fue. No había nada excepto humo —Anna se voltea
hacia Morfran—. ¿Qué es él?

—Era un Hombre Obeah. Qué es ahora, no lo sé. Cualquier limitación que tenía,
murió con su cuerpo. Ahora es solo fuerza.

—¿Qué es exactamente Obeah? —pregunta Carmel—. ¿Soy la única que no lo
sabe?




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—Es sólo otra palabra para vudú —digo y Morfran golpea con el puño la madera
del mostrador.

—Si piensas eso, entonces estás prácticamente muerto.

—¿De qué estás hablando? —inquiero. Me paro, vacilante y Anna toma mi mano.
Esta no es una conversación para tener estando acostado.

—Obeah es vudú —explica—. Pero el vudú no es Obeah. Vudú no es nada más que
brujería afro-caribeña. Sigue las mismas reglas que la magia que todos practicamos.
Obeah no tiene reglas. Vudú canaliza el poder. Obeah es poder. Un Hombre Obeah
no canaliza mierda, la tiene en sí mismo. Él se convierte en la fuente de poder.

—Pero la cruz… encontré una cruz negra, como la tuya para Papa Legba.

Morfran agita su mano.

—Probablemente empezó con el vudú. Es algo más, mucho más. Nos has metido
en un mundo lleno de mierda.

—¿A qué te refieres con que los he metido? —pregunto—. No es como si lo hubiese
llamado, ―¡Oye, tipo que mató a mi papá, ven a aterrorizarnos a mí y a mis
amigos!‖

—Lo trajiste aquí —gruñe Morfran—. Ha estado contigo todo el tiempo —Mira el
athame en mi mano—. Tomándose un paseo en ese maldito cuchillo.

El athame se siente pesado, más pesado que antes. El destello de su hoja en la
esquina de mis ojos luce secreto y traidor. Él está diciendo que este Hombre Obeah
y mi daga están conectados.

Mi cerebro lucha aun cuando sé que él está en lo correcto. ¿Por qué más habría
llevado el cuchillo a mí? ¿Por qué más Anna olió el humo cuando la cortó? Estaba
atado a otra cosa, dijo ella. Algo oscuro. Pensé que sólo era un chuchillo inherente
de poder.

—Mató a mi padre —me escucho decir.

—Claro que lo hizo —escupe Morfran—. ¿Cómo crees que se conectó con el
athame en primer lugar?




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No digo nada. Morfran me está dando la mirada de ―Junta las piezas, genio‖
Todos la hemos conseguido en un momento u otro. Pero me había desencantado
unos cinco minutos atrás, así que dame un descanso.

—Es por tu padre —suspira mamá. Y luego va al punto—. Porque se comió a tu
papá.

—La carne —dice Thomas y sus ojos se iluminan. Mira a Morfran por aprobación
y luego continúa—. Es un comedor de carne. La carne es su poder, su esencia.
Cuando se comió a tu papá, tomó el poder para sí mismo. —Mira a mi athame
como si no lo hubiese visto antes—. Lo que tú llamas lazo de sangre, Cas. Ahora él
tiene un enlace a ello. Ha sido su alimento.

—No —digo débilmente. Thomas me da una indefensa expresión de disculpa,
tratando de decirme que no lo he hecho a propósito.

—Esperen —interrumpe Carmel—. ¿Me están diciendo que esa cosa tiene trozos de
Will y Chase? ¿Algo como llevar alrededor una parte de ellos? —Lucía horrorizada.

Miro hacia el athame. Lo había usado para mandar lejos a docenas de fantasmas.
Sabía que Morfran y Thomas estaban en lo cierto. ¿Entonces dónde diablos los
había estado enviando? No quería pensar en eso. Las caras de los fantasmas que
había matado, relampaguearon detrás de mis párpados. Vi sus expresiones,
confundidas, enojadas y llenas de dolor. Vi los aterrorizados ojos del de la
autopista, tratando de llegar a casa de su novia. No puedo decir que pensaba que
los ponía a descansar. Lo esperaba, pero no lo sabía. Pero aseguro como el infierno
que no quería hacer esto.

—Es imposible —digo finalmente—. El cuchillo no puede estar atado a la muerte.
Se supone que los mata, no se alimenta de ellos.

—Eso no es el Santo Grial en tus manos, muchacho —dice Morfran—. Ese
cuchillo fue forjado hace mucho tiempo con poderes antiguos. Sólo porque lo uses
para bien no significa que para eso fue creado. Lo que sea que fue cuando tu padre
lo manejaba, no lo es ahora. Todo fantasma que has matado ha hecho a este más
fuerte. Él es comedor de carne. Un Hombre Obeah. Es un colector de poder.

Las acusaciones me hacían querer ser un niño otra vez. ¿Por qué no estaba mi
mamá llamándolos grandes mentirosos? ¿Del tipo serio y completamente
equivocado? Pero mamá guarda silencio, escuchando todo esto y sin discrepar.

—Estás diciendo que él ha estado conmigo todo el tiempo. —Me siento enfermo.




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—Estoy diciendo que el athame es como las cosas que tenemos en esta tienda. Ha
estado con él. —Morfran mira sombríamente a Anna—. Y ahora la quiere a ella.

—¿Por qué no hacerlo por sí mismo? —pregunto con cansancio—. Es un comedor
de carne, ¿no? ¿Por qué necesita mi ayuda?

—Porque yo no soy carne —dice Anna—. Si lo fuese, estaría podrida.

—Sin rodeos —dice Carmel—. Pero ella tiene razón. Si los fantasmas fuesen carne,
serían más como zombis, ¿no?

—¿Qué importa todo eso ahora mismo? —inquiere Anna—. Hay algo que hacer.
¿Puede esperar está discusión?

Lo dijo por mi beneficio. Hay un borde de protección en su voz. La miro
agradecido, parada a mi lado en su vestido blanco de esperanza. Ella es pálida y
delgada, pero nadie podría confundirla por débil. Para este Hombre Obeah, ella
debe lucir cómo el festín del siglo. La quiere para su gran puntuación de retiro.

—Voy a matarlo —digo.

—Vas a tener que hacerlo —dice Morfran—. Si quieres mantenerte con vida.

Eso no se escucha bien.

—¿De qué estás hablando?

—Obeah no es mi especialidad. Tomaría más de seis años para hacer eso, Julian
Batiste o no. Pero incluso si lo fuera, no puedo quitar ese maleficio de ti. Sólo
puedo combatirlo y comprarte tiempo. Pero no es mucho. Estarás muerto en la
madrugada, a no ser que hagas lo que él quiere. O a menos que lo mates.

A mi lado, Anna se tensa y mamá se pone una mano en la boca y comienza a
llorar.
Muerto en la madrugada. De acuerdo, entonces. No siento nada, todavía, excepto
por un leve zumbido, un cansancio por todo el cuerpo.

—¿Qué me va a pasar exactamente? —pregunto.

—No lo sé —responde Morfran—. Podría lucir como una muerte natural humana,
o podría ser como un envenenamiento. De cualquier modo creo que puedes esperar
que algunos de tus órganos comiencen a colapsar en las próximas horas. A menos



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que lo matemos o tú la mates a ella. —Asiente con la cabeza hacia Anna y ella me
aprieta la mano.

—Ni siquiera lo pienses —le digo—. No voy a hacer lo que él quiere. Y este
fantasma suicida está usando algo pequeño.

Ella levanta la barbilla.

—No iba a sugerir eso —dice—. Si me matas, sólo lo haría más fuerte y luego
volvería a matarte de todos modos.

—¿Entonces qué hacemos? —pregunta Thomas.

No me gusta particularmente ser el líder. No tengo mucha práctica en eso, y estoy
mucho más cómodo arriesgando solamente mi propia piel. Pero eso es todo. No
hay tiempo para excusas o dudas. En las mil maneras que imaginé que esto
acabaría, jamás cruzo por mi mente de esta forma. Sin embargo, es bueno no estar
luchando solo.

Miro a Anna.

—Luchamos en nuestro propio territorio —digo—. Fingiremos ser débiles.




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Capítulo 23

Traducido por Alexiacullen y carmen170796
Corregido por BrendaCarpio

a operación más desastrosa que nunca he visto. Estamos conduciendo
nerviosos en una pequeña caravana, atiborrados en un coche destartalado
cuyo tubo de escape deja un oscuro trazo, preguntando si estamos
dispuestos hacer lo que sea que vamos hacer. No he aclarado todavía el hecho de
dejarnos atrapar en la cuerda. Pero creo que Morfran y Thomas al final sospechan
lo que es.

La luz empieza a tornarse dorada, viniendo a nosotros de lado y preparándose para
la puesta del sol. Subir todo al coche nos llevó una eternidad, tenemos la mitad de
la mercancía oculta de la tienda, repleta en el Tempo de Thomas y el Chevy pickup
de Morfran. No dejo de pensar sobre las tribus nativas nómadas y en cómo podían
empaquetar toda una civilización en una hora para seguir algún búfalo. ¿Cuándo
empezaron los humanos a adquirir tanta basura?

Cuando alcanzamos la casa de Anna, empezamos a descargar, arrastrando tanto
como podemos. Esto es lo que significa cuando dije ―nuestro propio territorio‖. Mi
propia casa se siente contaminada y la hacienda está demasiado cerca del resto de
la población. Mencioné los inquieto espíritus a Morfran, pero él parecía pensar que
ellos se escabullirían dentro de un rincón oscuro en la presencia de unas cuantas
brujas. Tomaré su palabra para esto.

Carmel se subió a su Audi, el cual ha estado aparcado aquí durante todo el tiempo,
y saca fuera su mochila, vaciándola para que poder colocar los manojos de hierbas
y botellas de gasoil dentro. Me siento bien, hasta el momento. Todavía recuerdo lo
que dijo Morfran sobre la magia africana llevándose lo peor. Hay un dolor
formándose en mi cabeza, justo entre mis ojos, pero podría ser del impacto contra
la pared. Si somos afortunados, estamos acelerando la línea de tiempo lo suficiente
así la batalla estará terminada antes de que su maldición se convierta incluso en un
factor. No sé cuando voy a utilizarlo, si estoy retorciéndome de dolor en la agonía.

Estoy intentando ser positivo, lo cual es extraño, como tiendo a comerme el coco.
Tiene que ser este todo el paquete líder de lo que estoy probando. Tengo que
parecer bien. Tengo que aparentar confianza. Porque mi madre estaba equivocada
con el punto de madurez y Carmel y Thomas se ven de manera muy pálida incluso
para niños canadienses.

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—¿Crees que nos encontrará aquí? —pregunta Thomas cuando tiramos una bolsa
de velas fuera de su Tempo.

—Creo que él siempre ha sabido exactamente donde estoy —digo—. O al final él
siempre sabe dónde está el cuchillo.

Él mira por encima de su hombro a Carmel, todavía empaquetando
cuidadosamente las botellas de aceite y las cosas flotando en tarros.

—Tal vez no deberíamos haberlos traído —dice—. A Carmel y a tu madre, quiero
decir. Quizás deberíamos enviarles a algún lugar a salvo.

—No creo que haya un lugar —digo—. Pero puedes tomarlas Thomas. Tú y
Morfran pueden tomarlas y refugiarse en algún lugar. Entre los dos y tú pueden
poner algún tipo de lucha.

—¿Qué pasa contigo? ¿Qué pasa con Anna?

—Bueno, parecemos ser lo único que él quiere. —Me encojo de hombros.

Thomas estruja su nariz hacia arriba para empujar sus gafas en su cara. Sacude su
cabeza.

—No voy a ir a ningún sitio. Además, probablemente ellas estarán a salvo aquí y en
otro lugar. Pueden quedar en algún fuego cruzado pero al menos no están solas,
presas fáciles.

Le miro cariñosamente. La expresión que él lleva es pura determinación. Thomas
absolutamente no es un valiente natural. Lo que hace su valentía aún más
impresionante.

—Eres un buen amigo, Thomas.

Se ríe. —Sí, gracias. Ahora ¿quieres dejarme entrar en este plan que se supone que
nos impide de ser comido?

Sonrío y miro hacia atrás a los coches, donde Anna está ayudando a mi madre con
un brazo y llevando un paquete de seis de agua Dasani en el otro.

—Todo lo que necesito de ti y Morfran es un compromiso cuando él llegue
aquí. —digo mientras continúo mirando—. Y si hay algo que pueden hacer para
preparar la trampa, también podrá ayudar.




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—Debe ser bastante fácil —respondió—. Hay toneladas de hechizos de invocación
para llamar a las energías o a un amante. Tu madre debe conocer docenas. Vamos a
cambiarlos. Y podemos cargar algunas cuerdas de la unión. Podemos modificar
también los barriles de aceite de tu madre. —Él tiene su entrecejo fruncido así que
divaga sobre los requisitos y métodos.

—Trabajaremos —digo, aunque en mayor parte no tengo idea sobre lo que vamos a
hacer.

—Sí —dice con escepticismo—. Ahora si todavía puedes conseguir un punto de
veintiún giga vatios y un condensador de flujos, estaremos en el negocio.

Me río. —Tomas el incrédulo. No seas tan negativo. Esto va a funcionar.

—¿Cómo lo sabes? —pregunta él.

—Porque tiene que hacerlo. —Intento mantener mis ojos abiertos así cuando mi
cabeza empieza a latir con fuerza realmente.

* * *

Dos frentes se instalan en la casa, en la cual no ha habido mucho movimiento
desde… Posiblemente nunca. En el nivel superior, Thomas y Morfran están
agitando incienso en polvo a lo largo de la parte superior de las escaleras. Morfran
tiene su propia daga fuera, cortando en el aire la señal del pentagrama. Está lejos de
ser tan estupenda como la mía, la cual tengo ensartada en una funda de cuero,
colgada en mi hombro y cruzando mí pecho. He estado intentando no pensar
demasiado en lo que Thomas y Morfran dijeron sobre esto. Es sólo una cosa; no es
alguna cosa intrínsecamente buena o intrínsecamente mala. No tiene voluntad
propia. No he estado brincando alrededor y llamándolo mi Tesoro durante todos
estos años. Y en cuanto a la relación entre éste y el gran brujo, será seguro cuando
el infierno consiga romperse esta noche.

Arriba, Morfran está susurrando y girando lentamente en un círculo en sentido
contrario a las agujas del reloj. Thomas tiene algo que se parece como a una mano
de madera con los dedos estirados y arrastra la parte superior en los pasos con él,
luego lo deja abajo.

Morfran ha terminado su canto; asiente con la cabeza a Thomas, quien enciende un
fósforo y lo deja caer. Una línea de llama azul surge a lo largo de la planta de arriba
y lo ahuyenta.




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—Huele como a un concierto de Bob Marley aquí —digo cuando Thomas baja las
escaleras.

—¡Esto es el pachuli
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! —responde.

—¿Qué pasa con el dedo de madera de escoba?

—Consuelda
32
. Para una casa segura. —Él mira alrededor. Puedo ver la lista
mental corriendo detrás de su mirada fija.

—¿Qué estaban haciendo ahí arriba de todos modos?

—Ahí es donde haremos el enlace —dice, señalando hacia el segundo nivel—. Y es
nuestra línea de defensa. Vamos a sellar el piso por toda la parte superior. En el
peor de los casos nos reagruparemos aquí. Él no será capaz de acercarse a
nosotros. —suspira—. Así que supongo que será mejor comenzar con la ventana
de estrella de cinco puntas.

El segundo frente está haciendo ruido en la cocina. Ese sería mi madre, Carmel y
Anna. Anna está ayudando a mi madre a encontrar su camino alrededor de una
estufa de leña mientras trata de hacer las pociones de protección. También capto un
olorcillo a romero y a agua de lavanda curativas. Mi madre es del tipo de persona
que se prepara para lo peor y se esperanza para lo mejor. Todo depende de que
arrojara algo para atraerlo aquí, aparte de mi rope-a-dope
33
, lo que es.

No sé por qué estoy pensando en el código. Todo ese negocio de rope-a-dope. Aún
estoy empezando a preguntarme a qué me refiero. Un rope-a-dope es una salida
falsa. Es una estrategia de boxeo que hizo famoso a Ali. Les hace pensar que estás
perdiendo. Consiguiendo de ellos lo que tú quieres. Y llevándolo a cabo.

Así que ¿Cuál es el rope-a-dope? Matar a Anna. Supongo que debería ir a
contárselo a ella.

En la cocina, mi madre está cortando una especie de hoja verde de hierba. Hay un
tarro abierto de líquido verde en el mostrador que huele a una mezcla de encurtidos
y corteza de árbol. Anna está revolviendo una olla en la estufa. Carmel está
hurgando cerca de la puerta del sótano.


31
Pachuli: Aceite esencial extraído de la planta pogostemon patchouli.
32
Consuelda: Género de plantas herbáceas utilizada en aplicaciones medicinales y fertilizantes.
33
Rope-a-dope: Estrategia de boxeo que implica la necesidad de una aguda capacidad técnica para
tomar los éxitos a la baja, y el tiempo hábil para romper en el momento adecuado para reclamar la
victoria.



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—¿Qué hay aquí abajo? —pregunta ella y lo abre.

Anna se pone tensa y me mira. ¿Qué podría encontrar Carmel ahí abajo, si ella iba?
¿Desconcierto, arrastrando los pies de los cadáveres?

Probablemente no. Lo inquietante parece ser una manifestación de la propia culpa
de Anna. Si Carmel encontraba algo, podría ser probablemente algunos puntos
débiles de frío y el aislado misterio de la puerta cerrándose.

—Nada de lo que preocuparse —digo caminando a cerrarla—. Las cosas van muy
bien allí arriba. ¿Cómo están aquí?

Carmel se encoge de hombros. —No soy de mucha utilidad. Es algo así como
cocinar y yo no puedo cocinar. Pero ellas parecen estar haciéndolo bien. —Ella
arruga la nariz—. Es un poco lento.

—Nunca apures una buena poción —sonríe mi madre—. Irán todos flojos a ti. Y tú
has sido una gran ayuda, Carmel. Ella limpió los cristales.

Carmel la sonríe, pero me da el ojo. —Creo que iré a ayudar a Thomas y a
Morfran.

Después de que ella va, deseo que no se hubiera ido. Con sólo yo, Anna y mi
madre aquí, la habitación se siente extrañamente llena. Hay cosas que necesitan ser
dichas, pero no delante de mi madre.

Anna se aclara su garganta. —Creo que esto viene junto, Señora Lowood —dice
ella—. ¿Me necesitas para hacer alguna otra cosa?

Mi madre me mira a mí. —Ahora no querida. Gracias.

Cuando caminamos por la sala de estar hacia la entrada, Anna inclina su cabeza
hacia arriba para echar un vistazo a lo que está sucediendo arriba.

—No tienes ni idea de cómo de raro es —dice ella—. Teniendo gente en mi casa,
y no queriendo romperlos en pequeños trozos.

—Pero eso es una mejora ¿verdad?

Ella arruga su nariz. —Tú eres… lo que Carmel había dicho antes. —Mira abajo,
luego se vuelve hacia mí—. ¡Un burro!

Me rio. —Te estás poniendo al día.



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Salimos a la terraza. Tiro de mi chaqueta cerrada. Nunca me la he quitado; la casa
no ha estado caliente en medio siglo.

—¡Me gusta Carmel! —dice Anna—. Al principio no.

—¿Por qué no?

Ella se encoge de hombros. —Pensé que ella era tu novia. —Se ríe—. Pero esto es
una razón ridícula para que no te guste alguien.

—Sí, bueno. Creo que Carmel y Thomas tienen un flechazo en curso. —Nos
apoyamos contra la casa y siento la putrefacción en las tablas detrás de mí. No se
siente seguro; en el momento en el que me inclino hacia atrás es como si soy lo
único sosteniéndoles y no a la inversa.

El dolor en mi cabeza es más insistente. Se me está poniendo lo que parece ser el
inicio del dolor lateral de un corredor. Podría ver si alguien tiene algún Advil. Pero
es una tontería. Si esto es místico, ¿qué diablos irá hacer Advil sobre ello?

—¿Está empezando a doler, no?

Ella me mira con preocupación. Supongo que no me di cuenta de que estaba
frotando mis ojos.

—Estoy bien.

—Tenemos que hacerlo llegar hasta aquí y pronto. —Anda de un lado a otro de la
barandilla y vuelve—. ¿Cómo vas a conseguir que venga aquí? Cuéntame.

—Voy a hacer lo que tú siempre has querido —digo.

Se toma su momento. Si es posible para una persona busque dolor y gratitud a la
vez, esta es la cara que ella hace.

—No te entusiasmes tanto. Tan solo voy a matarte en pequeños trozos. Será más
como un ritual de derramamiento de sangre.

Ella frunce el ceño. —¿Funcionará?

—Con todos los hechizos de invocación extra pasando en la cocina, creo que sí.
Debe ser como un perro de dibujos flotando después de la escena del camión de
perritos calientes.



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—Me voy a debilitar.

—¿Cuánto?

—No lo sé.

Maldita sea. La verdad es que yo tampoco lo sé. No quiero hacerle daño. Pero la
sangre es la llave. El flujo de energía que se mueve a través donde el diablo nunca
debe señalarle como un aullido de un lobo alfa. Un millón de cosas pueden ir mal,
pero es demasiado tarde para pensar en otra cosa.

El dolor entre mis ojos me está haciendo parpadear mucho más frecuente. Está
minando mi enfoque. Ni siquiera sé si seré lo suficientemente bueno para hacer los
cortes si la preparación lleva mucho más tiempo.

—Cassio. Temo por ti.

Me rio. —Es probablemente sensato. —Aprieto mis ojos cerrados. Ni siquiera es un
dolor punzante. Eso sería mejor, algo con el ir y venir puedo recuperarlo. Esto es
constante y exasperante. No hay alivio.

Algo fresco toca mi mejilla. Unos dedos suaves se deslizan a mi sien, presionando
de nuevo. Entonces siento su roce contra mi boca, con tanto cuidado y cuando abro
mis ojos estoy mirando fijamente a sus ojos. Los cierro de nuevo y la beso.

Cuando se acaba, y no es durante un rato, descansamos contra la casa con las
frentes juntas. Mis manos están en la parte baja de su espalda. Ella sigue
acariciando mi sien.

—Nunca pensé que llegaría a hacer esto —susurra ella.

—Yo tampoco. Pensé que iba a matarte.

Anna sonríe. Ella cree que nada ha cambiado. Ella está confundida. Todo ha
cambiado. Todo, desde que llegué a este pueblo. Y ahora sé que yo debía venir
aquí. Que en el momento en que escuché su historia, que la conexión que sentí, el
interés, tenía un propósito.

No tengo miedo. A pesar de lo punzante entre mis ojos y el conocimiento de que
algo viene hacia mí, algo que podría fácilmente arrancar mi brazo y reventarme
como un globo de agua, no tengo miedo. Ella está conmigo. Ella es mi propósito y



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vamos a salvar a los demás. Vamos a salvar a todos. Y entonces voy a convencerla
de que se supone que se quede aquí. Conmigo.

Dentro, hay un pequeño repiqueteo. Creo que mi madre debe haber dejado algo en
la cocina. No es gran cosa pero hace que Anna salte y se retire. Me doblo con un
dolor lateral. Creo que el gran brujo debe haber empezado el trabajo ablandando la
cólera temprano. ¿Dónde está tu cólera de todos modos?

—¡Cas! —exclama Anna. Y vuelvo apoyarme en ella.

—No vayas —dice.

—No voy a ninguna parte.

—No te vayas nunca —bromeo, y ella pone una cara como de ella pensando y
necesito un silencio. Ella me besa de nuevo, y no dejo ir su boca. Me hace
estremecerme y empezar a reír e intento mantenerme serio.

—Vamos a centrarnos en la noche —dice.

Centrarnos en la noche. Pero el hecho de que ella me besara de nuevo habla mucho
más fuerte.

* * *

Se han hecho preparativos. Estoy acostado de espaldas en el sofá de polvo con
sábanas, apretando una botella tibia de Dasani contra mi frente. Mis ojos están
cerrados. El mundo se siente mucho mejor en la oscuridad.

Morfran intenta hacer algo limpiando o rectificando o cualquier cosa, pero no
funciona tan bien como lo primero. Murmuró cantos y golpeó las piedras,
levantando un poco de buena pirotecnia, entonces manchó mi cara y mi pecho con
algo negro y cenizas que olían como a azufre. El dolor en mi costado disminuyó y
paró intentando alcanzar dentro de mi tórax. El dolor en mi cabeza se iba
reduciendo un latido moderado, pero aún aspiraba. Morfran parecía preocupado y
decepcionado con los resultados. Dijo que habría funcionado mejor si hubiera
tenido sangre fresca de pollo. A pesar de que me duele, todavía estoy contento de
que no tuve acceso a un pollo vivo. Lo que habría sido un espectáculo.

Estoy recordando las palabras del gran brujo. Que mis oídos podrían sangrar o
algo. Deseo que no fuera literal.




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Mi madre se sienta en el sofá cerca de mis pies. Sus manos en mis espinillas y ella
está frotándolo distraídamente. Ella todavía quiere correr. Cada uno de los instintos
de mamá me dice que me envuelva y despegue. Pero no es cualquier mamá. Es mi
madre. Así que se sienta y se prepara por la lucha cercana.

—Siento lo de tu gato ―digo.

―Él era nuestro gato ―ella responde―, Lo siento también.

―Él trató de advertirnos ―digo―. Debí haber escuchado a la pequeña bola de
pelos. ―Pongo en el suelo la botella de agua―. Realmente lo siento mamá. Voy a
extrañarlo.

Ella asiente

―Quiero que subas al segundo piso antes de que algo empiece ―digo.

Ella asienta nuevamente. Sabe que no puedo concentrarme si estoy preocupado por
ella.

―¿Por qué no me dijiste? ―pregunta―. ¿Que tú estabas saliendo a buscarlo todos
estos años? ¿Que estabas planeando ir tras él?

—No quería que te preocuparas ―digo. Me siento un poco estúpido―. ¿Ves cuán
bien resultó todo?

Ella saca el pelo de mis ojos. Detesta que lo deje colgando en mi cara todo el
tiempo. Una tensión preocupada entra en su cara y me mira más cerca.

―¿Qué? ―pregunto

―Tus ojos están amarillos. ―Pienso que va a llorar de nuevo. Desde el otro cuarto,
escucho a Morfran maldecir―. Es tu hígado. ―Mi mamá dice suavemente―. Y tal
vez tus riñones. Están fallando.

Bueno, eso explica la licuante sensación en mi costado. Nosotros estamos solos en
la sala. El resto en cierto modo se han dispersado a sus respectivas esquinas.
Supongo que todos están pensando un poco, tal vez están diciendo algunas
plegarias. Esperanzadoramente Thomas y Carmel están besándose en un closet.
Afuera, un destello de luz atrapa mi atención.

―¿No es un poco tarde para la estación para relámpagos? ―pregunto.




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Morfan responde desde donde él está merodeando la puerta de la cocina. ―No es
solo un relámpago. Pienso que nuestro amigo está generando algo de energía.

―Deberíamos hacer el hechizo convocatorio ―dice mamá.

—Iré a encontrar a Thomas. ―Me levanto del sofá y me dirijo al segundo piso
calmadamente. En la parte superior, la voz de Carmel está viniendo desde dentro
de una de las viejas habitaciones de huéspedes.

―No sé qué estoy hacienda aquí ―dice, y su voz asusta pero también es algo
irritable.

―¿Qué quieres decir? ―Thomas responde.

―Vamos. Soy la enloquecida Reina del Baile. Cas es como Buffy la caza vampiro,
tú, tu abuelo, y su mamá todos son brujas o magos o lo que sea, y Anna es… Anna.
¿Qué estoy haciendo aquí? ¿Qué uso tengo?

―¿No recuerdas? ―Thomas pregunta―. Eres la voz de la razón. Piensas en las
cosas en las cuales nos olvidamos.

―Sí. Y pienso que voy a conseguir que me maten. Solo yo y mi bate de aluminio.

―No lo harás. No lo harás. Nada te va a pasar, Carmel.

Sus voces bajan de volumen. Me siento como algún pervertido fisgón. No voy a
interrumpirlos. Mamá y Morfran pueden hacer los hechizos por si solos. Dejaré a
Thomas tener este momento. Así que bajo las escaleras despacio y me dirijo
afuera. Me pregunto cómo serán las cosas después de que esto termine.

Asumiendo que todo sobrevivamos, ¿Que va a pasar?

¿Todo volverá a como era antes? ¿Carmel eventualmente se olvidará de este
momento aventurero con nosotros? ¿Ella rechazará a Thomas y volverá a ser el
centro de SWC? Ella no haría eso, ¿Verdad? Quiero decir, ella me acaba de
comparar con Buffy la caza vampiro. Mi opinión de ella no es la más alta ahora
mismo.

Cuando salgo hacia el porche, jalando de mi abrigo más fuerte, veo a Anna sentada
en la verja con una pierna arriba. Ella está observando el cielo y su cara bañada en
luz por el relámpago en partes iguales temor y preocupación.

―Clima raro ―dice.



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—Morfran dice que no es simplemente el clima ―respondo, y ella pone una
expresión de me lo imaginaba.

―Te ves un poco mejor.

―Gracias. ―No sé por qué, pero me siento tímido. Ahora no es realmente el
momento para eso. Camino hacia ella y pongo mis brazos alrededor de su cintura.

No hay calor en su cuerpo. Cuando pongo mi nariz en su oscuro cabello, no hay
esencia. Pero puedo tocarla, y he llegado a conocerla. Y, por alguna razón, ella
puede decir las mismas cosas de mí.

Atrapo un soplo de algo aromático. Levantamos la mirada. Viendo uno de los
cuartos del piso superior con secos zarcillo de humo aromático, humo que no se
dispersa con el viento, sino que en cambio se extiende en etéreos dedos que llaman
hacia adelante a algo. Los hechizos invocatorios han empezado.

―¿Estas lista? ―pregunto.

―Siempre y nunca ―dice en un susurro―. ¿No es eso lo que ellos dicen?

―Sí ―respondo en su cuello—. Eso es lo que ellos dicen.


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―¿Dónde debería hacerlo?

―En algún lugar que al menos vaya a parecer una herida mortal.

—¿Por qué no al revés de la muñeca ? Es un clásico por una razón.

Anna se sienta en el medio del piso. El reverso de su pálido brazo da vueltas al
frente de mi visión involucrada. Ambos estamos nerviosos, y las sugerencias
emitidas desde el piso superior no están ayudando.

―No quiero lastimarte ―susurro.

―No lo harás. No realmente.




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Hay oscuridad completa, y la seca tormenta eléctrica está moviéndose aún más
cerca a nuestra casa en la colina. Mi cuchillo, normalmente tan seguro y fijo,
tiembla y vacila a medida que lo jalo a lo largo del brazo de Anna. Su oscura sangre
sale en una línea gruesa, manchando su piel y goteando en las tablillas empolvadas
en salpicaduras masivas.

Mi cabeza está matándome. Necesito calmarme. Mientras ambos vemos el charco
de sangre, podemos sentirlo, algo de aligeramiento en el aire, alguna fuerza
intangible que hace que el pelo en nuestros brazos y cuellos se tensen y se paren.

―Está viniendo ―digo, lo suficiente alto para que ellos sean capaces de
escucharme desde donde todos están parados en el segundo nivel, observando sobre
la verja.

―Mamá, métete en uno de los cuartos traseros. Tu trabajo está hecho. ―Ella no
quiere irse, pero se va, y sin decir una palabra, a pesar de tener en la punta de la
lengua preocupaciones y ánimos dignos de una novela.
―Me siento enferma ―Anna susurra―. Y está jalándome, como antes. ¿Cortaste
demasiado profundo?

Trato de alcanzar su brazo. ―No lo creo. No lo sé. ―La sangre está filtrándose, lo
cual es lo que intentábamos, pero hay demasiada. ¿Cuánta sangre tiene una chica
muerta?

―Cas ―Carmel dice. Hay alarma en su voz. No la miro. Miro a la puerta.

La niebla está ingresando al porche, introduciéndose por las grietas, moviéndose
como una serpiente buscadora a través del suelo. No sé qué esperaba, pero no era
esto. Creo que esperaba que él arrancara la puerta de sus bisagras y se parara
perfilado contra de la luna, algunos jodidos espectros ciegos

Los círculos de niebla nos rodean. En toda nuestra estúpida gloria, nosotros nos
arrodillamos, cansados, pareciendo derrotados. Excepto Anna que se ve más
muerta de lo usual. Este plan puede fracasar.

Y después la niebla se fusiona y una vez estoy mirando nuevamente al Hombre
Vudú, quien me mira de vuelta con sus ojos suturados.

Odio que no tenga ojos. Orbitas vacías o grises ojos que simplemente no están
donde deberían. Odio todo eso. Me aloca, y eso me molesta. En lo alto, escucho
canticos empezando, y el Hombre Vudú se ríe.

―Átame todo lo que quieras ―dice él―. Tengo por lo que he venido.



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―Sellen la casa ―llamo por ellos arriba. Me pongo de pie con gran esfuerzo. Estoy
peleando, abalanzándome, y tratando de mantener mi equilibrio por la palpitación
en mi cabeza. Estoy degollando y dando vueltas contra el agarrotamiento en mi
costado y pecho. Él es rápido, y ridículamente ágil para algo sin ojos, pero
finalmente llego. Mi cuerpo entero se tensa como un arco cuando siente el borde de
mi cuchillo deslizarse dentro de su cara.

Él hace un ataque simulado de vuelta y pone una mano muerta en la herida. Mi
triunfo dura poco. Antes de que sepa lo que ha pasado, él ha avanzado y me estrella
contra la pared. No me doy cuenta que la he golpeado hasta que estoy
deslizándome.

―¡Átenlo! ¡Debilítenlo! ―grito, pero mientras lo hago, él se mueve rápidamente
como alguna araña atroz y levanta el sofá como si fuera un inflable, después lo
arroja a mi equipo de lanzadores mágicos en el segundo nivel. Ellos gritan por el
impacto, pero no hay tiempo para preguntarme si todos están bien. Él me agarra
por el hombro y me levanta, después me golpea en la pared. Cuando escucho lo que
suena como ramitas partiéndose en dos, sé que en realidad son mis costillas. Tal
vez todo la maldita caja torácica.

―Esta daga es nuestra ―dice en mi cara, un dulce humo emanando de entre sus
encías rancias―. Es como el Vudú. Es un propósito, ambas, la mía y la tuya ahora,
¿y cuál piensas que es la más fuerte?

Propósito, sobre su hombro veo a Anna, sus ojos se han vuelto negros, y su cuerpo
está retorcido, cubierto del vestido de sangre. La herida en su brazo ha crecido, y
ella está acostada en un charco aceitoso dos pies al otro lado. Está mirando el piso
sin expresión. Arriba veo el sofá lanzado y un par de piernas atrapadas debajo.
Saboreo mi propia sangre en mi boca. Es difícil respirar.

Y después una Amazona sale de ningún lado. Carmel ha descendido rápidamente
las escaleras, a mitad de camino debajo de la pared. Ella está gritando. El hombre
Vudú se voltea justo a tiempo para darse en la cara con un bate de aluminio, y lo
lastima más de lo que lastimó a Anna, tal vez porque Carmel está mucho más
cabreada. Lo golpea abajo en sus rodillas, y ella lo golpea una y otra vez. Y ella es
la reina del baile quien pensaba que no haría nada.

No pierdo mi oportunidad. Traspaso mi daga en su pierna y él grita, pero se las
arregla para serpentear su brazo fuera y consigue agarrar la pierna de Carmel. Hay
un húmedo sonido de traqueo, y finalmente veo como él es capaz de dar semejantes
grandes mordidas a las personas: Tiene la mayor parte de su quijada desencajada.
Él hunde su diente en el muslo de Carmel.



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―¡Carmel! ―Es Thomas, gritando mientras baja cojeando las escaleras. Él no
llegara a ella a tiempo, no lo suficiente pronto para mantener su pierna en una sola
pieza, así que me abalanzo hacia el Hombre Vudú y mi cuchillo entra en su
mejilla. Voy a cortar su quijada desencajada. Lo juro. Carmel está chillando y
agarrándose a Thomas, quien está tratando de arrancarla del cocodrilo. Retuerzo
mi cuchillo en su boca, esperando que no esté cortándola en el proceso. Y él suelta
su mordida con un húmedo chasquido. La casa entera se sacude con su furia.

Solo que no es su furia. Esta no es su casa. Y él esta debilitándose. Lo he cortado lo
suficiente al descubierto, nosotros ahora estamos luchando contra un fangoso
desorden, él se las ha arreglado para inmovilizarme mientras Thomas saca
arrastrando a Carmel del camino, así que no ve lo que veo, lo cual es un suspendido
y empapado vestido de sangre. Deseo que lo haya visto, así pudiera ver la sorpresa
en sus ojos cuando ella lo agarra desde detrás y lo lanza con un gran estruendo al
pasamano. Mi Anna se ha levantado de su charco, vestida para una pelea, con su
retorcido cabello y venas oscuras. La herida en su antebrazo esta aún sangrando.
No está totalmente bien. En la escalera, el Hombre Vudú lentamente se pone de
pie. Se sacude el polvo y pela los dientes. No entiendo. Los cortes en su costado y
cara, la herida en su pierna, ya no están sangrando.

―¿Crees que puedes matarme con mi propio cuchillo? ―pregunta. Miro a Thomas,
quien se ha quitado la chaqueta para atarla alrededor de la pierna de Carmel. Si no
puedo matarlo con la daga, no sé qué hacer. Hay otras maneras para derrumbar a
un fantasma, pero nadie aquí las conoce. Apenas me puedo mover. Mi pecho se
siente como un montón de ramitas sueltas.

—No es tu cuchillo ―Anna replica―. No después de esta noche. ―Ella me mira
sobre su hombro, y sonríe, solo un poco―. Voy a dárselo de vuelta.

―Anna ―empiezo, pero no sé qué más decir. Mientras miro, mientras todos
nosotros miramos, ella levanta su puño y da un golpe en las tablas del piso,
enviando astillas y trocitos de madera agrietada parcialmente al techo. No sé qué
está haciendo.

Después noto un suave y rojo resplandor, como brasas.

Hay sorpresa en la cara de Anna que cambia a feliz alivio. La idea era una jugada.
Ella no sabía que algo pasaría cuando abriera ese hoyo en el piso. Pero ahora que
ha pasado, ella pela los dientes y enreda sus dedos. El Hombre Vudú sisea mientras
ella avanza. Aun cuando ella está débil, no tiene igual. Ellos intercambian golpes.
Ella retuerce su cabeza solo para que él se recobre rápidamente de nuevo.




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Tengo que ayudarla. No importa la deformidad en garra de mis propios huesos
dentro de mis pulmones. Me transporto sobre mi abdomen. Usando mi cuchillo
como el pico de alpinista, jalo y me deslizo a través del piso.

Mientras la casa se mueve, un millar de tablas y clavos oxidados crujen fuera de
tono. Y después hay sonidos que hacen, chocando juntas, el ruido lo suficiente
denso para hacerme respingar. Me sorprende que no estallen hasta convertirse en
piezas ensangrentadas

―¡Anna! ―mi voz es compulsiva pero débil. No estoy tomando mucho aire. Ellos
están confrontándose, muecas de esfuerzo en sus caras, ella lo tira a la izquierda y
derecha, él gruñe y sacude su cabeza hacia delante. Ella se tambalea hacia atrás y
me ve, acercándose

―Cass ―ella chilla entre dientes—. ¡Tienes que salir de aquí! ¡Tienes que sacar a
todos de aquí! ¡Tienes que sacar a todos!

―No te voy a dejar ―chillo de vuelta. O al menos creo que lo hago. Mi adrenalina
está corriendo lento. Siento como si las luces están apagándose y encendiéndose.
Pero no la voy a dejar—. ¡Anna!

Ella grita. Mientras su atención estaba en mí, el bastardo desencajó su quijada, y
ahora él se sujeta al brazo de ella, ataco como una serpiente. La escena de su sangre
en los labios de él me hace gritar. Me pongo de cuclillas y salto.

Lo agarro por el cabello y trato de empujarlo lejos de ella.

La tajadura que hice en su cara se agita grotescamente con cada movimiento. Lo
corto de nuevo y uso el cuchillo para levantar sus dientes, y juntos usamos todo lo
que tenemos para arrojarlo. Él golpea la escalera rota y cae, aplastado y aturdido

—Cassio, tienes que irte ahora ―ella me dice―. Por favor. ―El polvo está
cayendo alrededor de nosotros. Ella le ha hecho algo a la casa, abrió el agujero
abrasador en el piso. Lo sé, y sé que ella no puede devolverlo

―Vas a venir conmigo. ―Agarro su brazo, pero jalarla es como tratar de jalar una
columna griega. Thomas y Carmel están llamándome cerca de la puerta, pero
parecen a un millar de millas de distancia. Ellos saldrán. Sus pisadas clavan los
graderíos delanteros.

En el centro de todo, Anna está calmada. Ella pone su cara en mi mano. ―No
lamento esto ―susurra. La mirada en sus ojos es más tierna después se endurece.




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Ella me aleja, me lanza al otro lado del cuarto, de la manera en que llegué. Ruedo,
y siento la enferma arruga de mis costillas. Cuando mi cabeza se levanta, Anna está
avanzando hacia el Hombre Vudú, aún donde nosotros lo arrojamos en la base de
la escalera. Ella lo agarra por un brazo y una pierna. Él empieza a despertarse
mientras ella lo arrastra hacia el hoyo en el piso

Si él observara con sus ojos suturados, él tendría miedo. Él cae golpeando la cara y
hombros de Anna pero sus puñetazos ya no parecen bravos. Parecen defensivos.
Yendo hacia atrás, los pies de ella encuentran el agujero y se hunden, la luz del
fuego resplandece iluminando su pantorrilla.

―¡Anna! ―grito mientras la casa realmente empieza a sacudirse. Pero no puedo
levantarme. No puedo hacer nada excepto mirarla hundirse más bajo, observarla
hundirlo mientras él chilla y se agarra y trata de zafarse.

Me echo y empiezo a arrastrarme nuevamente. Tengo gusto a sangre y pánico. Las
manos de Thomas están sobre mí. Él está tratando de sacarme, justo como hizo
semanas atrás, la primera vez que estuve en esta casa.

Pero se siente como años atrás ahora, y esta vez trato de repelerlo. Pierde las
esperanzas conmigo y corre hacia las escaleras donde mi mamá está gritando por
ayuda mientras la casa se sacude. El polvo está haciendo todo más difícil ver, más
difícil respirar. Pero apenas es visible. Ella ha se ha hundido tan profundo que solo
unos pocos mechones de pelo siguen retorcidos por el piso. Thomas está de vuelta,
jalándome y sacándome de la casa. Le hago un corte con mi cuchillo, pero no
quiero hacerle daño, incluso con mi miedo. Cuando me arrima en los peldaños
delanteros del porche, mis costillas chillan y rebotan, y me gustaría apuñalarlo de
veras, Pero él lo ha hecho. Se las ha arreglado para arrastrarme hacia nuestro
pequeño y derrotado pelotón en el borde del patio. Mi mamá está sosteniendo a
Morfran, y Carmel está cojeando en una pierna.

—Déjame ir ―gruño, o al menos pienso que gruño. No lo puedo decir. No puedo
hablar bien.

―Oh. ―Alguien dice.

Me levanto para mirar la casa. Está llena con una luz roja. El agujero late como un
corazón, lanzando una luz al cielo de la noche. Después se desploma con un
estruendo mórbido, las paredes succionándose y colapsando, enviando hongos de
polvo y astillas voladoras y tablas.

Alguien me cubre, protegiéndome de la explosión. Pero quería verlo. Quería verla,
una última vez.



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Epílogo

Traducido por Nadia
Corregido por Anne_Belikov

o pensarías que la gente creería que habíamos quedado tan golpeados, y
en tantas formas interesantes, por un ataque de oso. Especialmente no
cuando Carmel luce una mordida que es exactamente igual a las heridas
encontradas en una de las escenas del crimen más horribles de la historia reciente.
Pero nunca me termina de sorprender lo que la gente cree.
Un oso. Claro. Un oso mordió a Carmel en la pierna y yo fui arrojado contra un
árbol después de intentar, heroicamente, sacárselo de encima. Lo mismo Morfran.
También Thomas. Nadie excepto Carmel fue mordido o arañado, y mi mamá
estaba completamente ilesa, pero bueno, cosas así suceden.
Carmel y yo todavía estamos en el hospital. Ella necesitó puntos y va a tener que
pasar por el proceso de la vacuna contra la rabia, lo cual apesta, pero es el precio
por nuestra coartada. Morfran y Thomas ni siquiera fueron ingresados. Yo estoy en
cama con el pecho vendado, intentando respirar adecuadamente para no tener
neumonía. Hicieron análisis de sangre de las enzimas de mi hígado, porque cuando
vine todavía tenía el tono de una banana, pero no hay daño. Todo estaba
funcionando normalmente.
Mamá y Thomas vienen a visitarnos regularmente, y traen a Carmel una vez al día
para que podemos mirar Jeopardy! Nadie quiere decir que están aliviados de que no
fuera peor o que tuvimos suerte, pero sé que eso es lo que están pensando. Piensan
que podría haber sido mucho peor. Quizás, pero no quiero oírlo. Y si es verdad,
entonces sólo tienen una persona a la que agradecerle.
Anna nos mantuvo con vida. Se arrastró con el Obeahman dentro de Dios sabe
dónde. Yo sigo pensando en cosas que podría haber hecho de forma diferente.
Intento recordar si hubo otra manera en que pudiera haber sucedido. Pero no
intento con mucha fuerza, porque ella se sacrificó, mi hermosa, estúpida chica, y no
quiero que eso haya sido por nada.
Hay un golpe en la puerta. Miro y veo a Thomas parado en la entrada. Presiono el
botón en mi colchón ortopédico para sentarme y saludarlo.
—Hola —dice, tomando una silla—. ¿No vas a comer tu gelatina?
—Odio la gelatina verde —respondo, y la empujo hacia él.
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—Yo también. Sólo preguntaba.
Me río.
—No me hagas doler las costillas, idiota. —Él sonríe. Realmente estoy feliz de que
él esté bien. Luego él aclara su garganta.
—Lo lamentamos por ella, sabes —dice—. Carmel y yo. Nos gustaba un poco, aun
si era escalofriante, y sabemos que tú... —Se interrumpe y una vez más aclara su
garganta.
La amaba. Eso era lo que él iba a decir. Eso es lo que todos supieron antes que yo.
—La casa era una locura —dice—. Como algo salido de Poltergeist. No la primera.
La que tiene el viejo que asusta. —Sigue aclarando su garganta—. Morfran y yo
volvimos, después, para ver si quedaba algo. Pero no había nada. Ni siquiera
espíritus sobrantes.
Trago. Debería estar agradecido de que estén libres. Pero eso significa que ella
realmente se ha ido. La injusticia de todo casi me ahoga por un segundo.
Finalmente encuentro una chica con la que realmente puedo estar, quizás la única
chica en el mundo, ¿y qué tuve? ¿Dos meses con ella? No es suficiente. Después de
todo lo que ella pasó, todo lo que pasé, merecemos más que eso.
O quizás no. De cualquier manera, la vida no funciona de esa manera. No me
importa lo justo o lo injusto. Sin embargo, sentarme en esta cama de hospital me ha
dado abundante tiempo para pensar. Últimamente he estado pensando en muchas
cosas. Mayormente sobre puertas. Porque eso es esencialmente lo que Anna hizo.
Abrió una puerta, de aquí a otro lugar. Y en mi experiencia, las puertas pueden
abrirse en ambas direcciones.
—¿Qué es tan divertido?
Miro a Thomas, sorprendido. Me doy cuenta de que he comenzado a sonreír.
—Sólo la vida —digo con un encogimiento de hombros—. Y la muerte.
Thomas suspira e intenta sonreír.
—Así que supongo que te transferirán pronto. Para que hagas lo que sea que tú
haces. Tu mamá dijo algo sobre un Wendigo.



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Suelto una risa ahogada, luego hago una mueca. Thomas se me une sin
entusiasmo. Está haciendo lo posible para no hacerme sentir culpable por irme, por
hacer parecer que no le importa si me voy.
—¿Dónde...? —comienza a decir, y me mira cuidadosamente, intentando ser
delicado—. ¿A dónde crees que se fue?
Miro a mi viejo amigo Thomas, su rostro sincero y fervoroso.
—No lo sé —digo suavemente. Debe haber un brillo demoníaco en mis ojos—.
Quizás tú y Carmel puedan ayudarme a descifrarlo.






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Sobre la Autora


endare Blake es nacida en Corea del Sur
y se crió en los Estados Unidos. Recibió
una licenciatura en Administración de
Empresas de Ithaca College y una Maestría en
Escritura de la Universidad de Middlesex en
Londres. Entre sus gustos están la mitología
griega, la carne roja y el veganismo. También le
gustan las chicas que puedan pensar como chicos
como Ayn Rand, y los niños que asustan a la
moral de la gente, como Bret Easton Ellis.
Palabras de la autora:
Me canso de escribir estas cosas en tercera persona. Por lo tanto. Escribo ficción, al
parecer, la mayoría YA. Yo no sabía esto, pero como dice Stephen King, los
escritores son los últimos en saber qué es lo que he escrito. Mi primera novela,
Sociedad de Sonámbulos es la historia de cuatro amigos de la universidad próxima era
de la post edad 9/11, tropezando a través de la amistad y el amor, tratando
desesperadamente de no cambiar más. Mis dos siguientes, Anna Vestida en Sangre y
la Niña de las Pesadillas son de terror adolescente. Mi corto de ficción se puede
encontrar en línea en varios lugares. Pero ya basta de eso. Cuando no estoy
escribiendo o leyendo, me puedes encontrar generalmente sentada preguntándome
qué demonios voy a hacer con mi vida. Eso, o ser un gastrónomo, trazando una
nueva receta.

K



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