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De cómo la modernidad sacó a los muertos del centro de la vida Presentación de Itinerario de los muertos en el siglo XIX mexicano

, de Alma Victoria Valdés El tema de la muerte parecería ya agotado en nuestro país. Ha sido materia constante en la literatura: se ha tocado de manera significativa en obras como Macario, de Bruno Traven, El Luto Humano, de José Revueltas y por supuesto, El Laberinto de la Soledad, de Octavio Paz y Pedro Páramo, de Juan Rulfo, reconocidas internacionalmente y lectura obligada en las preparatorias; por su

parte, los antropólogos le han hincado el diente en ambientes urbanos (Una muerte en la familia Sánchez, de Óscar Lewis) o mediante la recuperación del culto a la muerte de diversos grupos indígenas. Sólo para darnos una idea, la Comisión Nacional de los Pueblos Indígenas registra más de cien artículos sobre las festividades a la muerte.1 Estos acercamientos han corrido el riesgo de tratar a la muerte en el vacío, en el ámbito de lo atemporal. Es probable que incluso hayan contribuido sustancialmente a generar y generalizar una ecuación de identidad: “mexicano” = muerte. Se cree que el

“mexicano”, así, en abstracto, sin lugar específico ni historia, juega con
1 Comisión Nacional para el desarrollo de los pueblos indígenas. Bibliografía sobre celebración de día de muertos. Consulta realizada el 10 de abril del 2010.

http://www.cdi.gob.mx/difusion/diamuertos/bilbio_muertos.pdf

Se exhibe como una tradición que nos representa a todos. que han incursionado más en el análisis de la modernidad religiosa. unos más se han interesado por el proyecto de la Reforma. revelando el creciente interés que hubo en el decimonónico por la higiene y la limpieza. . varias tesis de licenciatura han acometido la historia de cementerios y camposantos en lugares específicos o bien.la muerte. se burla de ella. es decir. es el caso de las obras publicadas por Jean Pierre Bastian o coordinadas por él. la representa ricamente ataviada como la Catrina de José Guadalupe Posada. otras búsquedas se han desarrollado desde la perspectiva médica para entender las epidemias y sus muertes que azotaron a nuestro país en los siglos pasados. la bordean. las investigaciones son francamente escasas. los procesos de laicización en el siglo XIX y la secularización de las creencias. Quizá por ello. el estudio de géneros literarios que se desarrollaron con relación a la muerte. se la come en las calaveras de azúcar. En realidad. el interés por las costumbres funerarias mexicanas no ha tenido un paralelo en los estudios de la muerte situada históricamente. Algunas. en el aprecio de los monumentos funerarios. Hay aproximaciones desde el arte. por la separación Iglesia/Estado.

la muerte. constantemente. Sin embargo. La muerte. ¿qué ofrece el Itinerario de los muertos en el siglo XIX mexicano que hoy presentamos? En principio. quisiera hacer alusión a un ejemplo contrastante entre los extremos del tiempo examinado: En el Preludio. a ser controlados por el Estado y desembocan hasta su inclusión en el mercado. distingue los procesos con relación a la muerte de una manera amplia. Alma Victoria nos muestra cómo.27). La confesión. a modo de eje. transmutaron radicalmente en apenas un siglo. aún en este breve periodo. Sólo para dar una idea. Aunque se analiza el siglo XIX. su estudio comienza en las últimas décadas del XVIII y se va hasta la primera del XX. sus ritos y cosmovisión. histórica y articulada a través del concepto de modernidad. los muertos pasan de ser un asunto de la iglesia. observamos cómo la muerte tenía un lugar central en la sociedad novohispana pues recordaba a todos. “el carácter fugaz de la vida” (p. sus prácticas.En este contexto. pues . le sirve como punto de observación para identificar los cambios en las sociedades modernas. que le permite mostrar los desplazamientos de sentido que tuvo ésta a lo largo de un siglo. la comunión y la extramunción eran extremadamente significativos.

Incluso. Los ritos eran comunitarios y públicos y había una manera común de entenderla. reir. independientemente de las tareas que estuvieran realizando en ese momento” (p. los derroteros. el dos de noviembre. hacia 1880. Los editores advirtieron incluso que sólo se visitaba a los muertos para “exhibir lindos trajes. en este lapso de tiempo. la muerte de una persona pasó de ser una lección moral para toda una comunidad. . Sin embargo. 171). Se quejan de que ya “…había perdido su carácter religioso y devoto para convertirse en una práctica de socialización y convivencia colectiva. ¿Cómo transitamos de un extremo al otro? Me parece que una primera aportación del Itinerario -.un nombre muy adecuado— es el análisis con detalle de las rutas. ostentar y llamar fiesta á la conmemoración de los que han dejado de ser” (p. a un evento social. tomar su memoria por pretexto para entregarse á distracciones inuscitadas: gozar.contribuían a reducir la inseguridad del enfermo en su paso hacia la muerte. Valdés recoge el lamento de unos periodistas con respecto a la visita a los cementerios (ya no camposantos).35). se estilaba que: “Los más altos funcionarios estaban obligados inclusive a mostrar veneración ante el “sagrado misterio” debiendo ceder su coche y acompañar al viático a pie hasta la iglesia. Así. unos 100 años después.

otros modos de pensar). . Se destierra a la muerte. también se observa en la llegada de extranjeros y por lo tanto de otras cosmovisiones religiosas. de la salud (se saca a los muertos de la vida cotidiana y se les envía al exterior. Hay un cambio en el sentido del tiempo y del espacio. La racionalidad establece su dominio a través de la ciencia (importancia de la higiene. En términos de la modernidad. Entre otros aspectos que observa la autora. se trata de la pérdida de los metarrelatos comunes. de una manera definitiva. o mejor dicho imponiendo. extramuros. no se la quiere ver más cerca). los cambios se aceleran y cada vez se exalta más el presente. a lo largo del tiempo en que se va estableciendo. muchos de ellos protestantes.. Y la modernidad implica entender el fenómeno de una manera compleja. a la marginación. en este caso el religioso. de la salud. a los límites de la ciudad.los trayectos que siguieron los cuerpos inertes durante el siglo XIX en México en la dirección de la modernidad. es posible identificar la ruptura de los sistemas de sentido que tienen valor para toda la comunidad. de ahí el descuido por la muerte y la preponderancia de la vida. Esta ruptura abre la posibilidad de una pluralidad de sentidos para la muerte (p. en la guerra entre México y Estados Unidos hubo conflictos sobre el lugar de entierro de los norteamericanos.e.

al individuo (de las tumbas colectivas y sin lugar de identificación.de conservar la vida. 15 y 16). dando paso a la “célula” familiar y por último. Dice Valdés que estas mutaciones no ocurrieron de manera lineal o sin retornos. Sin embargo. Me parece una aportación reveladora. . Se va observando una clara separación entre la vida privada. se pasa a las tumbas familiares y luego individuales). La comunidad deja de funcionar como un órgano social. (pp. social. Quisiera ejemplificar lo anterior con algunos fragmentos del libro vinculados al uso del espacio público. la manera en que se impone la modernidad es sumamente interesante. los ceremoniales públicos. Revela cómo. íntima y la pública. la belleza y juventud) y relega a la religiosidad y espiritualidad al ámbito de lo privado (se prohíben los dobles de campanas. las honras fúnebres). las persistencias fueron frecuentes y provocaron constantes retroacciones así como el uso de antiguas prácticas que fueron dotadas de nuevos sentidos para adecuarse a los requerimientos políticos y sociales emergentes”. “Pese a los desplazamientos.

“las autoridades locales estaban obligadas a impedir las ceremonias. se permitió su uso cambiándole el sentido: las campanas tañerían para marcar las horas del día. se utilizaron los ritos católicos: anuncios solemnes de . se usarían dobles campanas “…en “casos extraordinarios”. como los incendios o los eventos de “regocijo nacional”. a falta de elementos cívicos para honrarlo y a pesar de que claramente se mostró a favor de la separación Iglesia/Estado. inclusive en los atrios de los templos.129).¿Quién y cómo se puede usar el espacio común en la medida que avanza la separación entre la Iglesia y el Estado? En el caso de Saltillo. significaba hacer uso del espacio público y fue causa de altercados. Si bien la prohibición estuvo sujeta a vaivenes entre 1864 y 1881. Por supuesto que el doblar las campanas por la muerte de una persona. es decir. connotado político coahuilense que participó en el Congreso Constituyente de 1857. aun cuando éstos estuvieran “cercados”. La autora advierte las contradicciones en la celebración del fallecimiento de Juan Antonio de la Fuente. pues “dichos atrios no deben ni pueden considerarse como interior de los templos constituyendo evidentemente un anexo ó dependencia exterior” (p. a fines del siglo XIX. como reloj público o bien. siempre y cuando la autoridad lo ordenara” (134).

establece un concepto propio al que llama “espacio móvil”. Saltillo ocupa un lugar medular en su análisis. misa de difuntos.campanas. Por ello se remite a fuentes producidas en otras regiones del país que contribuyeron a llenar los huecos y que además le permiten afirmar que la modernidad fue tocando cada espacio hasta generalizar las prácticas funerarias. ¿Permanecen intocadas por la modernidad? ¿Es eso posible? ¿No han sido engullidas por el mercado? ¿Continúa la misma representación pero con otro sentido? . oficio de vigilia. Este ejemplo conduce a la reflexión: ¿realmente se producen los cambios? ¿puede una fuerza política nueva irrumpir con nuevas prácticas? ¿hasta qué punto se utilizaron estos ritos con el fin de que los ciudadanos aceptaran las nuevas condiciones del Estado? Otro elemento interesante es la metodología que Valdés utilizó para su investigación. Esta afirmación abre diversas interrogantes sobre la sobrevivencia de las tradiciones folklóricas de la muerte en México. Si bien para la autora. “los límites espaciales fluctuaron. rezo de las oraciones de la noche. oraciones fúnebres.18). en sus palabras. ensanchándose o reduciéndose de acuerdo a las confluencias y trayectorias de la acción” (p.

los artículos y anuncios en periódicos y revistas. en el campo de la historia se tiene una mayor experiencia con documentos escritos que con monumentos o imágenes. señala cómo los textos normativos siempre tienen la intención de poner las reglas. las leyes y decretos. pero también funcionan como un espejo de las desviaciones. pero la manera en que se imponen tiene un . los manuales de párroco. Alma Victoria recorrió un buen número de cementerios que además de información. Resulta complejo insertarlas en el código comunicativo en el que estuvieron producidas. pero también tenemos imágenes: fotografías. monumentos funerarios. El estudio de la muerte conduce a recabar huellas más allá del papel: por supuesto que se tienen los testamentos. le proveyeron de sensibilidad para desarrollar su trabajo. el grado de dificultad para interpretar símbolos no resulta sencillo. las leyes y decretos pretenden homogeneizar las prácticas de la población. mapas. por ello. dibujos. planos. Por ejemplo. las relaciones de exequias.El uso de las fuentes es particularmente interesante. Un acierto de la autora es que las fuentes se encuentran “problematizadas” al inicio del texto y funcionan a modo de advertencia al lector sobre las dificultades de su lectura. Y sin duda.

aunque no soy especialista en este tema. Alma Victoria Valdés explora el campo de la historia cultural. En ese sentido. no conozco alguna investigación que haya tomado esta dirección. Saltillo y San Esteban al despuntar del siglo XIX. Alma Victoria Valdés ya lo había hecho con acierto desde su publicación anterior Testamentos. pero sí una gran apasionada. es que se haya publicado justamente en el año de celebración del Bicentenario del inicio de la Independencia y el centenario del comienzo de la Revolución. como lo observa la autora en innumerables ejemplos. muertos y exequias. me parece que la obra es original. héroes de la Independencia o de la Revolución. a pesar de que los atraviesa. editado por la UAC y el Centro de Estudios Humanísticos. En el Itinerario no aparecen fechas magnas. Me parece que otra contribución. Y en ese país la historia de la muerte es una tendencia historiográfica consolidada.ritmo sincopado y discordante.C. no de la historia política de la que parece que no salimos en México. quizá involuntaria pero no fortuita. A. En México. La autora sigue la tradición de Michel Vovelle y Philippe Ariès quienes partieron de la historia de las mentalidades para realizar sus grandes obras en Francia. .

el libro no se queda en la mera interpretación de las fuentes.Por último. que no sólo está construido de política. los géneros. como señala Norbert Elías. el pasado con nuestro presente. con el Memento Mori de Arturo Rivera. La escritura del texto es ágil y la estructura permite ir descubriendo los desplazamientos Iglesia-Estado-Mercado de una manera entendible para el lector común. sólo quisiera despertar su apetito señalando que es un tema que a todos nos atañe. las razas. Los numerosos ejemplos de sus fuentes. es parte de lo “elementalmente humano” como gusta llamar el investigador Jorge González a aquellos temas que atraviesan todas las clases sociales. Alma Victoria logra “suturar” con hilo muy fino. La edición es impecable con una portada que parece “hecha a la medida”. No me resta más que recomendar su lectura para dar vida a este libro que sin duda contribuye a una mejor comprensión de nuestro país. Además. Y la . dotan de vida a la muerte. sino de cultura. El Epílogo puede dar lugar a debates interesantes acerca de porqué hemos desterrado a la muerte y la necesidad de incorporarla. citado por Valdés: “”como una parte integrante de la propia vida”.

Felicito a Alma Victoria y a la UAC por este nuevo logro. 2010 . son mentalidad. son cultura.muerte y sus prácticas. Laura Orellana Trinidad Universidad Iberoamericana Torreón Mayo.