Origen de la Filosofía Escuelas Filosoficas

FILOSOFÍA DE LA EDUCACIÓN FILÓSOFOS Desde el s. IX hasta mediados del s. VI a. de C.

, se desarrollaron una serie de relatos, las narraciones mitológicas de Homero y las cosmogonías de Hesiodo y Ferécides de Siro, que constituían los antecedentes de los intentos de explicar racionalmente el mundo. Sería sin embargo, durante el s. VI a. de C. en Mileto, cuando, en sustitución de los relatos míticos y genealógicos tradicionales, se elaboraría una primera explicación sistemática y racional del cosmos (paso del mito al logos). Los milesios (Tales, Anaximandro y Anaxímenes) se ocuparon de descubrir el principio sustancial y material que daba unidad a una naturaleza múltiple y que regulaba su constante movimiento (arjé: la causa). Escuela Jónica Thales de Mileto (1): S. VI a. J.C., Se distinguió por su estudio de la naturaleza, cultivo la geometría y la astronomía, y puede ser mirado como el fundador de la física en occidente. Fue el primero de los griegos en pronosticar los eclipses de Sol y de Luna. Viajo por Asia, Fenecía, Egipto y Creta. Señalo que el principio de las cosas es el agua, pero la producción pertenece a Dios (mente o espíritu que al fecunda). El agua es el principio de las cosas, pero Dios es la inteligencia que lo ha formado todo del agua. Admitió la simplicidad e inmortalidad del alma, se le atribuye la máxima. Conócete a ti mismo. Thales, puede ser mirado como el primer fundador de la escuela de filosofía. Thales de Mileto (2): Filósofo, matemático y astrónomo griego (h. 640 a. de C. – h. 545 a. de C.). Considerado tradicionalmente el padre de la filosofía griega, entendida como la filosofía jónica que considera como principio de las cosas aquellos que proceden de la naturaleza de la materia. Dicha cuestión de la naturaleza de las cosas, que da comienzo históricamente a la madurez de la filosofía, fue contestada por Tales afirmando que lo húmedo (el agua) era el principio de las cosas, y que las demás son alteraciones, condensaciones y dilataciones de este primer principio, lo que le llevó a postular una cosmología en la que la Tierra es un disco que flota en un océano, y el universo está limitado por la bóveda celeste. Como astrónomo se le atribuye la predicción de un eclipse (probablemente en 585 a. de C.) y, como matemático, se considera que fue el portador de la

geometría desde Egipto. Fundamentó, asimismo, el teorema que lleva su nombre. Se le atribuyen tres obras, una dedicada a los equinoccios y otra a los solsticios, así como un manual de navegación, en el que propone como método de búsqueda del polo celeste el empleo de la Osa Menor. Anaximandro (1): (discípulo de Thales) Estudio las ciencias geográficas y astronómicas. Puso el origen de las cosas en el caos, confusa mezcla de todos los elementos: todo sale del caos y todo vuelve a él, por un eterno movimiento de composición y descomposición. No plantea la existencia de un ser superior que dirige las cosas, señala una serie de dioses que nacen y mueren. Anaximandro (2): Filósofo (Mileto, h. 610 a. de C. ¿?– h.546 a. de C.). Según su doctrina, el principio de todo lo que existe es lo ilimitado o infinito (apeirón), que por ser incorruptible y no estar sujeto a muerte ni menoscabo, es el fundamento a partir del cual se generan todas las cosas corruptibles, y en el que todas terminan pereciendo según el justo orden del tiempo. Anaxímenes (1): Señala que todo nace del aire y todo vuelve a él. Todo por la condensación y dilatación del mismo elemento, la diferencia entre los sólidos y los fluido son reconoce otra causa. El aire es inmenso, infinito, está siempre en movimiento, surgiendo de él todas las cosas naturales, hasta el alma humana. Si la condensación es mucha surgen las piedras, los metales, y si la dilatación llega al máximo resulta el fuego. Anaxímenes (2): Filósofo jonio del s. VI a. de C. Discípulo de Tales y Anaximandro. Sostuvo que el aire era el principio de todas las cosas, que son diversas según su mayor o menor grado de condensación. Anaxágoras de Clazómenas (1): Nacido en Clazómenas en el 478 a. de J.C., fue discípulo de Anaxímenes, pero reacciono a su doctrina; siendo esta reacción tanto más saludable a la ciencia, cuanto que Anaxágoras fue quien la trasladó a un teatro más vasto y expansivo: Atenas. Se dedicó muy particularmente al estudio de las ciencias naturales; opinó a favor de los planetícolas. Su gloria principal consiste en haber defendido el espiritualismo que perecía a manos de la escuela jónica, extraviada por Anaximandro y Anaxímenes. Admitió

dos principios. Espíritu y materia; de ésta se forma el mundo físico; pero aquél es quien la dispone y ordena. El mundo no es hijo del acaso, ni de una fuerza ciega, sino obra del poder y sabiduría de una inteligencia infinita. Anaxágoras (2): Filósofo griego (Clazómenas, h. 500 a. de C. – Lámpsaco, 428 a. de C.). Abrió una escuela de filosofía en Atenas y tuvo por discípulos a Pericles y Sócrates. En su tratado sobre la naturaleza , expuso que el sol era una masa incandescente y que la luna recibía su luz de él, lo que le permitió dar una primera explicación coherente de los eclipses. Explicó la generación y corrupción de todas las cosas mediante la hipótesis de que existen infinitas partículas cualitativamente diversas: las homeomerías (semillas). El nous (inteligencia), la materia más sutil, causa el movimiento sin mezclarse con los elementos, y de esta manera los gobierna. Acusado de ateísmo, fue condenado a muerte y tuvo que huir a Lámpsaco. Escuela Itálica o Pitagóricos Pitágoras (1): Fundador de la escuela Itálica, nació en Samos por los años de 560 antes de la era cristiana. Oyó suficientemente a Ferecides, Thales y Anaximandro, recorrió la Fenicia y el Egipto, en cuyos países aprendió la geometría y astronomía. Pasó después a Caldea y Persia, donde se perfeccionó en la aritmética y la música; y después de haber visitado Delfos, Creta, Esparta y otros países de la Grecia, se fijó en Crotona de Italia en el país llamado la Gran Grecia, donde abrió su enseñanza. Entre los discípulos de Pitágoras había dos clases: los iniciados y los públicos. Los iniciados formaban una especie de comunidad religiosa, pues que llevaban vida en común. Se los sujetaba a muchas pruebas, sólo así se los introducía a la presencia del maestro para recibir la doctrina misteriosa. El filósofo de Samos admitía una gran unidad de la cual dimana el mundo, y a éste le consideraba como un conjunto de otras unidades subalternas. Daba al número mucha importancia; y afirmaba que nuestra alma era un número. En el modo con que explicaban los pitagóricos la formación del mundo, se ve el carácter simbólico de sus expresiones. Decían que la gran unidad, había producido el número binario, después se formó el ternario, y así sucesivamente, continuando por una serie de unidades y números, hasta llegar al conjunto de unidades que constituye el universo. Representaba la primera unidad

por el punto; el número binario por la línea; el ternario por la superficie, y el cuaternario por el sólido. Despojando este sistema de sus formas geométricas, contiene un fondo semejante al que hemos visto en la Jonia, Persia, China y la India. La metempsícosis, o sea la transmigración de las almas de unos cuerpos a otros, la hemos encontrado en Oriente; y es probable que allí la habría aprendido Pitágoras en sus viajes. Esta escuela reconocía en el alma dos partes: inferior y superior, o sea pasiones y razón; aquéllas deben ser dirigidas y gobernadas por ésta, en cuya armonía consiste la virtud. Se atribuye a los pitagóricos el haber considerado el universo como un gran todo armónico: cosmos. A pesar de la escasez de medios de observación, los pitagóricos hicieron notables adelantos en la astronomía, atribuyéndose a Pitágoras el haber enseñado el doble movimiento de la Tierra. Los discípulos de Pitágoras no se ocupaban sólo de astronomía y matemática; se aplicaban también al estudio de la organización social y política. Hasta parece que Pitágoras hizo sus tentativas de organización social en la Gran Grecia; y el reunir a sus discípulos en comunidad, y el prescribirles el ayuno, al oración, el trabajo, la contemplación, indica que el filósofo intentaba algo más que la formación de una escuela. Mientras la filosofía se ciñe a la mera enseñanza suele estar exenta de peligros; pero cuando se propone reformar el mundo, ya corre los azares de las empresas políticas. Así creen algunos que Pitágoras no murió de muerte natural, y que fue asesinado porque se le suponían designios ambiciosos. A Pitágoras se debe el modesto nombre de filósofo, aplicado a los que se dedican a esta ciencia. Pitágoras (2): Filósofo griego (Samos, h. 584 – Metaponto, h. 496 a. de C.). Por su extraordinaria sabiduría se le consideró en su época descendiente de Apolo. Huyendo de la tiranía de Polícrates, marchó de Samos a Crotana, en el sur de Italia, donde alcanzó una posición de prestigio y fundó su escuela. Al cabo de veinte años marchó a Metaponto, donde, según las investigaciones más fiables, se supone que murió. Tras su muerte, sus discípulos fueron perseguidos, salvándose sólo aquellos que lograron huir a Grecia. Fundó la escuela con una finalidad ética de purificación, que obligaba a la comunidad formada por sus discípulos a una vida sujeta a determinadas normas. Una de las más estrictas era la “regla del secreto”, que exigía a los iniciados guardar silencio durante un

tiempo y prohibía a los miembros revelar la doctrina; de ahí que no existieran escritos teóricos antes de la época de Filolao (fines del s. V a. de C.). En el seno de la escuela surgieron dos tendencias: la misticorreligiosa, que defendía la teoría de la transmigración del alma, de raíz egipcia, según la cual el alma era inmortal y se “cambiaba”, tras la muerte, a otras clases de seres vivos y la cientificomatemática, la cual sostenía que tanto los números como la oposición finito-infinito constituían la “sustancia” de todas las cosas. Los números eran los primeros principios, y sus elementos, lo par (ilimitado) y lo impar (limitado), de los cuales procedía la unidad. Los pitagóricos afirmaron que, al ser el diez el número perfecto, tenían que ser diez los cuerpos celestes que se movían en torno a un fuego central, y puesto que entonces sólo se conocían nueve, inventaron la antitierra. Postularon, además, la existencia de una “música de las esferas”, resultado del sonido emitido por el movimiento circular del Sol, la Luna y las estrellas (armonía del universo), y fundamentaron dicha teoría en la relación existente entre las matemáticas y la escala musical. Cabe hacer notar que, si bien la tradición ha atribuido los aspectos filosóficos de la doctrina con exclusividad a Pitágoras, en realidad estos constituyan el resultado de la actividad conjunta de los miembros de la escuela de Crotona. Escuela Eleática (1) Al lado de la escuela pitagórica nació en Italia la eleática, cuyo nombre deriva de la ciudad de Elea, centro de aquel movimiento filosófico. Se dividió en dos ramas, una panteísta, otra atomística: aquélla exagero en la idea de la unida; ésta en la idea sobre la experiencia de la multiplicidad. Ambas tomaron algo de la escuela pitagórica: la panteísta, la unidad; la atomística, el número, la multiplicidad. (2) Escuela filosófica que apareció en la Magna Grecia en los ss. VI y V a. de C. sus principales representantes fueron Jenófanes, Parménides, Zenón y Meliso. Hasta ahora se ha considerado a Jenófanes de Colofón como fundador de la escuela eleática; pero auque la critícale niegue esta paternidad, no puede dejar de reconocerse su influencia en lo tocante a la indivisible unidad del ser, que constituirá una característica del pensamiento eleático. Para sus seguidores, el ser (to on), uno y único, se halla libre de toda génesis y corrupción, así como de todo movimiento, y sólo es accesible al pensamiento puro. La mayoría de los mortales, según su doctrina, se encuentran prisioneros de la ilusión que presenta la

multiplicidad diversa de las cosas corruptibles. La historia de la filosofía debe a esta escuela las bases de la teoría del conocer y el haber planteado por primera vez las dificultades lógicas para probar la existencia del cambio y el devenir. Es muy probable que influyera en otras escuelas posteriores, sobre todo en la pitagórica, y adelantó temas que luego desarrollaría Platón. Xenofanes (1): (nota: o Jenófanes) El primero de los panteístas, vivía por los años de 540 antes de la era vulgar. Enseño que no había más que un ser eterno, inmortal, inmutable, que era todas las cosas. Algunos creen que el panteísmo de Xenofanes era idealista, esto es, que la unidad en que lo refundía todo era para él un ser del cual las formas corpóreas no eran más que una manifestación; y así cuando atribuye a Dios la forma esférica, creen que la esfera es un símbolo de su pensamiento. Sea como fuere, Cicerón al dar cuenta de las opiniones de este filósofo, dice absolutamente que afirmaba que todo era uno, con figura esférica: conglobata figura (I. Acad., libro II). Si así fuese diríamos que Xenofanes consideraba al universo material como un ser animado. El mismo Cicerón hablando de este filósofo en otro lugar, dice que tenía por Dios a lo infinito, añadiéndole la inteligencia: mente adjuncta (De Nat. Deor., lib. I); con lo cual se confirma más la sospecha de que la doctrina de Xenofanes se reducía a la idea de considerar el mundo como un todo, vivificado por el alma. Es de Xenofanes la siguiente frase: “Los hombres, se representan a los dioses engendrados como ellos, y revestidos de las mismas formas, si los leones y los toros supiesen pintar, pintarían también a los a los dioses como toros y leones. Pero hay un Dios superior a todos los dioses como a los hombres, que no se parece a los mortales ni en la forma ni en la inteligencia” Jenófanes de Colofón (2): Filósofo y poeta griego (h. 570 – 470 a. de C.). Vivió exiliado en Sicilia después de la invasión persa. La mayoría de los estudios de la filosofía griega coinciden en que fue anterior a Parménides y que inspiro la escuela de Elea. Jenófanes defendió la unicidad y espiritualidad de Dios y combatió el antropomorfismo presente en los poemas de Hesiodo y en la mitología. Su defensa del “Uno” como lo verdadero constituye la base de las doctrinas eleatas. (nota: antropomorfismo: 2 Fil. Modernamente dícese de todo razonamiento o toda creencia que atribuye a las cosas no humanas (Dios, los

fenómenos físicos, la vida biológica, la conducta de los animales, etc.), características o actuaciones similares o análogas al hombre. Parménides (1): Parménides de Elea, fue discípulo de Xenofanes, admitió como su maestro la divinidad del mundo. Cicerón, en las primeras Academias (lib. II) afirma que según Parménides, el fuego era el que había formado la tierra, y lo que la movía; y en otra parte (De Nat. Deor., lib. I) le achaca el que fingía no sé qué corona, que llama Stéfane, una especie de círculo luminoso que envuelve al mundo. Una idea emitió Parménides, que desenvuelta por sus sucesores dio origen a todo linaje de sofismas (nota: del lat. Sophisma. Fil. Argumento aparente con que se quiere defender que lo falso es verdadero. 2. Falso razonamiento expuesto con el propósito de engañar), acabando por producir el escepticismo (nota: no creer en determinadas cosas, estar predispuesto a la duda, Fil. Las escuelas escépticas surgieron en la antigua Grecia, se expresaron como un acto de fe subjetivista y una deliberada vuelta a la experiencia como guía: ponía en duda la posibilidad de conocer la verdad de todo enunciado. Su argumento fundamental consistía en que todas las cosas -representaciones o fenómenos- eran relativas), sostuvo que el conocimiento era idéntico con el objeto conocido; por donde abrió la puerta a que todos los objetos fuesen considerados como ilusiones de la mente, y así se cayera en la duda universal. Las tendencias de la doctrina de Parménides eran racionalistas, directamente opuestas al sensualismo. Decía que el juez de la verdad es la razón, no los sentidos; que éstos nos engañan, aquélla no; que los últimos se ocupan sólo de lo contingente, y la primera de lo necesario; y por lo tanto el testimonio de los sentidos no es verdadero sino en cuanto sufre el examen de la razón. Los filósofos posteriores se aprovecharon de ella, y muy particularmente Platón y Aristóteles. Parménides de Elea (2): Filósofo griego (Elea, Magna Grecia, 540 a. de C. - ¿?, 450 a. de C. ). Algunos filósofos le atribuyen el haber sido discípulo de Jenófanes de Colofón, mientras que otros creen que lo fue de Anaxímenes. En realidad es posible rastrear en su doctrina rasgos de ambos pensadores. La doctrina de Parménides se presenta en oposición a la de Heráclito. Mientras que éste considera que todo lo que existe se halla en movimiento, Parménides afirma que todo lo que “es” está en reposo. El núcleo de su filosofía se encuentra expresado en la frase: “El ser es y es imposible que no sea.” De esta frase se

extraen las consecuencias de que el ser es único, eterno, inmóvil y no tiene principio ni fin. Todas estas propiedades fueron demostradas por Parménides mediante la reducción al absurdo de las proposiciones contrarias. Distinguió entre el camino de la verdad, propio de inmortales y filósofos, y el camino de la apariencia, seguido por los mortales. En este último se hallan incluidos los fenómenos de la naturaleza, que no son ni verdaderos ni falsos, sino aparentes. Considera este camino como el punto intermedio entre el camino del ser y del no-ser. Su doctrina se halla formulada en el poema Sobre la Naturaleza. Se le considera uno de los fundadores de la escuela de Elea. Zenón de Elea (1): Los gérmenes del escepticismo que pudiera encerrar la doctrina de Parménides, los desenvolvió un filósofo de la misma escuela, Zenón, que fundando el arte de la dialéctica (nota: en 2: Fil. Método de pensamiento que desarrolla las contradicciones internas propias del ser de las cosas finitas y pone de manifiesto los problemas que plantea la oposición entre lo uno y lo múltiple, lo singular y lo universal. Originalmente se identificó con el arte del dialogo (sofistas), entendido como oposición de dos argumentos o razones que conduce a un acuerdo) adquirió un instrumento poderoso en el terreno de las cavilaciones. A fuerza de ponderar el valor dela razón, y de deprimir el de los sentidos, llegó a negar la legitimidad dl testimonio de éstos; y considera a la experiencia contraria ala razón. Así, las nociones que meneemos sobre los seres finitos son puras ilusiones; negaba la existencia del movimiento, de la materia y del espacio. Zenón de Elea (2): Filósofo griego (h.490 – 430 a. de C.). Principal discípulo de Parménides, cuya doctrina defendió con sus célebres aporías o “paradojas”, argumentos mediante los cuales reducía al absurdo las tesis que pretendía demostrar. Por este motivo, Aristóteles lo considero fundador dela dialéctica. Sus paradojas constituyen una crítica a los conceptos de pluralidad y movimiento (argumento del estadio, de Aquiles y la tortuga, de la flecha disparada y de las filas móviles). Su objetivo fue, junto con la defensa del Uno de Parménides, una critica a los pitagóricos. Filosofía Atomística Leucipo y Demócrito (1): La filosofía atomística o corpuscular puede ser mirada como hija de la escuela eleática. Su fundador es Leucipo, discípulo de Zenón, habiéndola propagado y amplificado Demócrito, que añadió a las lecciones de su maestro Leucipo, la instrucción

adquirida en sus viajes por Egipto, Etiopía e India. En vez de la unidad absoluta, admitieron estos filósofos una multiplicidad infinita, explicando la formación del universo por la combinación de los átomos, elementos corpóreos infinitamente pequeños, diferentes en figura y agitados en torbellino. El alma humana era, según ellos, un conjunto de átomos de fuego; y las impresiones de los sentidos resultaban de las emanaciones de los cuerpos, las que pasando por los órganos de los sentidos llegaban hasta ella. Por cuya razón consideraban las sensibilidad como un hecho puramente pasivo. El alma era la cera y las sensaciones el sello. Reconocían sin embargo en el alma una fuerza activa, la razón, a la cual atribuían el discernimiento y juicio sobre la verdad de las impresiones sensibles. Demócrito ha sido acusado de ateo y fatalista, ateo, porque parece encontrar el origen de la idea de los dioses en las imágenes que nos envían los objetos sensibles, y que según él los hombres transformaron en divinidades; fatalista, porque lo explica todo por el necesario movimiento de los átomos, que supone eternos. Leucipo o Leucipio (2): Filósofo griego (Mileto, h. 450 – Abdera, h. 370 a. de C.). Fundador del atomismo, desarrollado, ampliamente por Demócrito. En oposición al monismo inmovilista de la escuela eleática (Parménides), Leucipo postuló la existencia de innumerables elementos indivisibles en perpetuo movimiento (átomos) con número ilimitado de formas. Sostuvo también que el no este (vacío) existe igual que el ser; ambos son la causa de las cosas. Estos átomos irregulares se encuentran en un estado de desequilibrio en el vacío y experimentan movimientos que los hacen colisionar entre sí, con lo que se configuran los cuerpos por entrelazamientos originados por figuras complementarias. Con su atomismo, Leucipo elaboró la primera concepción mecanicista (nota: en 2: Fil. Sistema filosófico que explica la realidad natural, sea espiritual o corpórea a partir de las leyes mecánicas del movimiento. Se opone a todas las doctrinas sobre la naturaleza: organicismo, vitalismo y biologismo) de la naturaleza, basada en la acción de la necesidad. Se le atribuyen: El Gran Orden del Universo y Del Espíritu. Demócrito (2): Filósofo griego (Abdera, Tracia, 460 – 370 a. de C.). Viajó por Oriente y Egipto. Discípulo de Leucipo de Mileto, llevó a cabo una critica y una síntesis de la doctrina del eterno fluir de Héraclito, así como de la doctrina eleática del ser (Parménides). Sostuvo que la realidad, tanto física como inmaterial, estaba compuesta de partículas indivisibles e incorruptibles (átomos) que se mueven en el espacio vacío; el alma está

formada por átomos más ligeros y el conocimiento es la percepción de las imágenes sutiles que se desprenden de las cosas. La moral radica en el dominio de sí mismo mediante la razón. Los átomos, principios activos por sí mismos, representan lo lleno (el ser), en contraposición a lo vacío (el no ser); su movimiento no se produce al azar, sino según un encadenamiento causal (leyes mecánicas del universo). Su concepción del átomo (atomismo) representó una importante innovación con respecto a los demás presocráticos. La obra de obra e Diógenes Laercio ha permitido conocer títulos y parte de la obra de este filósofo: Pitágoras o el Comportamiento del Sabio, Cosmografía, De los Infiernos, De la Virtud, El Gran Sistema del Mundo, De los Planetas, De la Naturaleza del Hombre. Héraclito (1): Héraclito de Efeso, a quien miran algunos como un discípulo de la escuela eleática, vivía por los años 500 antes de la era vulgar. Se distinguió su carácter atrabiliario, en contradicción con el de Demócrito; éste reía, aquel lloraba. Se le atribuye comúnmente el haber señalado al fuego como principio de todas las cosas; pero no falta quien crea que este elemento no era más que un símbolo en que el filósofo envolvía sus ideas metafísicas. El cuidado con que Héraclito distinguía entre la sensación y la razón, inclina a opinar que no debió de pensar tan groseramente sobre el origen de las cosas, puesto que miraba a la razón como único juez de la verdad, y a los sentidos como testigos de autoridad dudosa hasta que la razón la confirma; y que a ésta la tenía por absoluta, común a todos los hombres independiente de los hechos contingentes, no parece natural que el manantial de ella lo hallase en el fuego, mayormente si se considera que hablaba de Dios como fuente de todos los conocimientos, que explicaba la inteligencia humana por la unión con la divina, y por fin hacía consistir la virtud en el dominio de la razón sobre las pasiones. Tales doctrinas no se avienen fácilmente con la teoría del fuego, pues que ésta no es más que un materialismo puro (nota: materialismo: en 2: Fil. Tendencia a dar importancia primordial a los intereses materiales 2. Teoría que postula que la materia es lo único real, o que toda realidad es material. Como teoría epistemológica se opone al idealismo, que sostiene que el conocimiento depende de la conciencia, y al espiritualismo, que otorga carácter psíquico o espiritual a las entidades. Pese a la diversidad de tendencias, los materialistas coinciden en aceptar que la realidad está constituida por cuerpos materiales y que la materia es el fundamento de los real. Son formas de materialismo: el atomismo de Demócrito y Epicuro,

que describe la realidad constituida por átomos, partículas materiales que se mueven en el espacio vacío, entre otros). Llevaba Héraclito una vida muy austera: no obstante parece que no carecía de orgullo, si es verdad que, habiendo empezado por decir que nada sabia, acabó por afirmar modestamente que nada ignoraba. Heráclito (2): Filósofo griego (Éfeso, h. 540 – íd., 480 a. de C.), llamado el Oscuro por la expresión de su pensamiento en aforismos enigmáticos (nota: aforismo: en 2: Lit. Sentencia breve y doctrinal que se propone como regla en una ciencia o arte. Constituye una forma menor de la prosa literaria. Enigma: en 2: Dicho o conjunto de palabras de sentido encubierto para que sea difícil entenderlo). Frente al ideal pitagórico de un mundo armónico y pacífico, y en contraposición a la ontología del ser único e inmóvil de Parménides, Heráclito estableció como ley fundamental el devenir constante de la naturaleza. La estabilidad total del cosmos se mantiene por la consonancia de tensiones opuestas (unidad de los contrarios), es decir, por cambios que se compensan recíprocamente según un logos (razón cósmica), principio proporcionado de ordenación de todos los elementos, que garantiza que el cambio no produzca una pluralidad informe y caótica. Este logos es coextensivo con el fuego, constitutivo cósmico primario y fuente continua de los procesos naturales, que no son otra cosa que transformaciones de este fuego originario por su parcial extinción. Heráclito elaboró también una teoría psicológica de carácter racionalista, en la que conexionó la estructura del alma (configurada por éter ígneo) con la organización global del cosmos. Diógenes Laercio le atribuye la obra Sobre la Naturaleza. Empédocles (1): Empédocles, natural de Agrigento, vivió por los años 440 antes del a era vulgar, explicó el origen del mundo por la combinación de los cuatro elementos: agua, aire, tierra y fuego, dando a este último la preferencia. Aunque no parece que en esta teoría se encerrase más que la física de Empédocles, pues que distinguía entre el mundo sensible y el intelectual; no obstante, el modo en que explica la naturaleza y operaciones del alma, inspira algunas dudas sobre el verdadero sentido de sus doctrinas. En efecto, decía que el alma estaba compuesta de los cuatro elementos, y que conocemos, la tierra con la tierra, el agua con el agua, y así de los demás. Esta teoría es materialista; pero no concluye

absolutamente contra el espiritualismo del filósofo, porque extendiendo al alma la distinción entre lo sensible y lo inteligible, quizás explicaba la sensación por la materia, y la inteligencia por el espíritu. Empédocles niega a Dios la forma humana, y afirma que es un ser necesario, espiritual, invisible e inefable. Esto dicen algunos, pro no lo cree Cicerón, pues que le achaca el que divinizaba los cuatro elementos. Tocante al bien y el mal, atribuye el primero al amor y el segundo al odio; las pasiones del hombre han producido el mal sobre la tierra, destruyendo la armonía primitiva; pero ésta se restablecerá con el triunfo del amor que unirá en suave lazo a todos los seres del universo. Empédocles (2): Filósofo griego (Agrigento, h. 490 – íd., h. 430 a. de C.). Predicador ambulante, se cuenta que se arrojó al cráter de Etna. En Sobre la Naturaleza, expuso su cosmogonía, yuxtaposición de física y teogonía, en la que explica el origen del cosmos y los cambios que en él se producen, a partir de dos principios motores (Amor y Odio, Afrodita y Neikos) que actúan como fuerza de mezcla o disgregación de cuatro elementos de una categoría ontológica inferior: fuego, aire, agua, tierra. Esta mezcla de ciencia y religión se apartó en su momento de la evolución general del pensamiento Occidental; sin embargo, su cosmogonía, al mantener la identidad entre ser humano y ser cósmico, enlazó con las posteriores escuelas gnósticas. Nota: Cosmogonía: en 2: 1 Astron. Ciencia o sistema de la formación del universo. Astronomía. 2. Fil. Doctrina relativa al origen del mundo. Los primeros en plantearse racionalmente este problema fueron los jonios (Tales, Anaximandro, Heráclito), los pitagóricos, los eleatas (Parménides, Zenón) y los atomistas (Anaxágoras, Leucipo, Demócrito). Estas cosmogonías griegas suscitaron múltiples problemáticas e influyeron en filosofías posteriores al plantear la relación del mito con la observación del universo y el razonamiento lógico. Teogonía: en 2: En las religiones politeístas, genealogía de los dioses. Genealogía: en 2: f. Serie de progenitores y ascendentes de un individuo. 2. Escrito que la contiene. Ontológica: en 2: Fil. Relativo a la forma de ser de los entes. Gnósticas: en 2: Perteneciente o relativo al gnosticismo, que lo profesa. Gnosticismo: en 2: Doctrina Filosófica y religiosa de los primeros siglos. Corriente filosófico-cultural de la época helenística, de origen oriental. En 3: Se defina de un modo general el gnosticismo

como toda tendencia y pretensión de conseguir el saber absoluto, sin que ello signifique siempre el acceso al mismo por vía puramente racional o intelectual, sino más bien mística y extática. Usualmente se llaman gnósticos a una serie de pensadores que elaboraron grandes sistemas teológico-filosóficos durante los primeros siglos de la era cristiana. Sofistas y Escépticos Sofistas y Escépticos (1): El gusto filosófico propagado por las escuelas de la Jonia e Italia, y el adelanto en la práctica de discutir que se elevaba a un verdadero arte en la dialéctica de Zenón, produjeron naturalmente el espíritu de disputa; y lo que antes era investigación seria, acompañada del amor de la verdad, se fue convirtiendo en vanidad pueril y en objeto de especulación. Aparecieron entonces los sofistas, que se preciaban de discutir improvisadamente sobre todas las materias, sosteniendo el pro y el contra en todas las cuestiones. Estos juegos del ingenio acarrearon por una parte el descrédito de la filosofía; y por otra dieron más amplitud al escepticismo, haciendo de él una verdadera escuela. Quien se acostumbra, aunque sea por juego, a sostener el pro y el contra de todo, corre peligro de caer en la duda de todo. Sofística (2): Movimiento intelectual que se desarrolló en Atenas en la segunda mitad del s. Va. De C., caracterizado por una crítica social y cultural de la época y por educar al ciudadano en la política. Uno de los temas más debatidos por los sofistas fue el de la contraposición Phycis (naturaleza), la realidad absoluta de las cosas, y nomos (convención), lo que se cree por conveniencia y se practica porque se considera correcto. El relativismo fue otra de las características propias de esta tendencia. La mayoría de los sofistas no aceptaba la existencia de verdades absolutas, concepción opuesta a la de Sócrates, y alegaban que todo es relativo a la situación política y cultural en que se vive. Protágoras (1): Descuella entre los sofistas y escépticos Protágoras de Abdera, quien sostenía que no hay verdad absoluta, que todo es relativo, y que el conocimiento es sólo de apariencia, no de realidad; y que por tanto, el hombre es la medida de todas las cosas. El escepticismo de Protágoras se liga con sus doctrinas ideológicas, que eran sensualistas (Sensualismo: en 2: Fil. Doctrina que sostiene que los contenidos del conocimiento derivan de los sentidos percepción sensible, sensaciones, impresiones-). Como no admitía en el

hombre más que sensaciones, y éstas son contingentes y variables, sacaba de aquí un argumento para combatir la verdad absoluta. Siendo las sensaciones hechos subjetivos, que en muchos casos no representan la naturaleza del objeto, resultaría que no podrían darnos a conocer con certeza, ni siquiera la realidad contingente que corresponde al fenómeno pasajero. El ateísmo era consecuencia de tales doctrinas, quien duda de todo, ¿cómo afirmará la existencia de Dios? Así es que Protágoras decía que no sabía lo que eran los dioses, y que aun ignoraba si existían. En el mismo error cayó Diágoras cuya cabeza pusieron a precio los atenienses. Protágoras fue también desterrado de Atenas, y sus libros quemados en la plaza pública. Protágoras de Abdera (2): Filósofo griego (Abdera, h. 486 – Sicilia, 411 a. de C.). Durante el gobierno de los “cuatrocientos”, fue acusado de impiedad por su Tratado de los dioses, en el que muestra una actitud agnóstica acerca de la existencia de éstos. Fundamentándose en la teoría de Heráclito acerca del fluir incesante de la realidad, desarrolló un subjetivismo que subordina el conocimiento a las circunstancias cambiantes de la percepción (relativismo sensualista). Defendió asimismo que la palabra es útil para triunfar sobre los demás. (nota: Agnóstica: en 2: Fil. Perteneciente o relativo al agnosticismo, 2. Que profesa esta doctrina, 3. El que no cree lo que no puede ser demostrado de forma tangible y palpable por los sentidos. Georgias Leontino (1): La teoría de la verdad relativa conduce a la falsedad absoluta; pues que hay poca distancia entre decir que no hay más que verdad aparente, y el afirmar que no hay verdad alguna. La mera apariencia de la verdad, no es la verdad; y así se explica por qué habiendo sostenido Protágoras que todo es igualmente verdadero, Georgias Leontino sacó la consecuencia de que todo es igualmente falso. La razón fundamental de Georgias es la imposibilidad de pasar de lo subjetivo a lo objetivo, y de conocer algo real, si la realidad no se confunde con el conocimiento, o sin que la cosa conocida esté en el mismo sujeto que conoce. Georgias opinaba que no existe nada; y añadía que aun suponiendo la existencia de algo, no podría sernos conocida en sino estando el objeto en el mismo sujeto. El argumento de Georgias se ha reproducido en los siglos posteriores.

Pródico, Hippias, Trasimaco, Calicles, Eutidemo, Diágoras, Critias y otros, se distinguieron en la escuela sofista, si es que merece el nombre de escuela una turba de impostores que traficaban con cosas tan respetables como al razón y la verdad. Sócrates Sócrates (1): El escepticismo y el ateísmo, fruto de las pasiones y del espíritu de sofisma, iban desfigurando la filosofía de una manera lamentable; y a la sombra de las malas doctrinas, se corrompían las costumbres y se minaban los cimientos de la sociedad. Convenía pues que apareciese un hombre extraordinario capaz de oponerse a tantos estragos, y que pudiese llenar su objeto, no sólo por la elevación de sus ideas, sino también por las cualidades de su carácter. Este fue Sócrates. Nació en Atenas en 470 antes de la era vulgar; y murió en el 400, condenado a beber la cicuta. El nombre de este filósofo ha pasado a la posteridad como un modelo de juiciosa templanza en las investigaciones, y de moralidad en la conducta; y sea cual fuere la exageración que en las narraciones se haya podido introducir, siempre resulta cierto que Sócrates ejerció grande influjo en la dirección de la filosofía griega, y que su fama fue respetada en los tiempos posteriores, triunfos que no se alcanzan sino con cualidades eminentes. La presunción de los sofistas, que pretendían hablar de improviso sobre todo, halló un correctivo en la modesta expresión del filósofo de Atenas: “Una cosa sé, y es, que no sé nada.” Los que se burlaban de dios, de la religión y de la moral, encontraron un freno en la doctrina de Sócrates, que apartando la consideración de los demás, ponía la perfección de la filosofía en el conocimiento y culto de la divinidad, en el arreglo de la conducta, y en prepararse para recibir en otra vida el premio de las buenas acciones. Se dice que Sócrates tenía un genio familiar, demón, con quien estaba en comunicación frecuente. ¿Era impostura? ¿Era ilusión? La impostura no parece propia de un hombre que profesaba doctrinas tan severas; y aunque haya a favor de tal sospecha el ejemplo de otros célebres personajes de la antigüedad, esto no es bastante para admitirla. La buena fama de los hombres es siempre respetable, siquiera hayan vivido en tiempos muy remotos. Un filósofo que de tal modo se concentraba en la meditación de las verdades morales, de la suerte del alma en la vida futura, y sus relaciones con la divinidad, no es extraño que cayese

en la ilusión, creyendo que eran inspiraciones de un genio, los productos de su viva fantasía y reflexión profunda. El método de Sócrates era conforme a sus principios, enemigo de cavilaciones, se dirigía especialmente al buen sentido de los oyentes, empleando la forma de diálogo que aproxima la discusión filosófica al trato común de la vida. En su tiempo, como en el nuestro, no faltaban filósofos que orgullosos de su razón despreciaban el sentido común; Sócrates les enseñaba con su ejemplo, que no es buena la filosofía que empieza por ponerse en contradicción con las ideas y los sentimientos del linaje humano. Él mismo compara su método de enseñanza a un auxilio para el alumbramiento intelectual; no creía producir las ideas, sino sacarlas de donde estaban, ayudarlas a nacer. Este método se ligaba con sus doctrinas ideológicas, pues opinaba en favor de las ideas innatas, diciendo que pensar era recordar. Apoyaba su doctrina con el ejemplo de los niños, a quienes se puede ir enseñando la geometría, con sólo procurar que desenvuelvan reflexiva y ordenadamente sus ideas sobre las figuras que se les vayan ofreciendo. Así es que sin consignar principios generales, ni establecer teorías, se dirigía a sus oyentes haciéndoles alguna pregunta; según la respuesta, preguntaba de nuevo, excitado y dirigiendo la reflexión de su discípulo, hasta que le conducía a la verdad deseada; con lo cual conseguía que el amor propio no se sintiese humillado teniendo que recibir doctrinas ajenas, antes experimentase una complacencia al ver cómo salían de su propio seno las verdades que aprendía. En medio de la humildad de su discusión, sabía emplear Sócrates una dialéctica contundente. Al disputar con los sofistas, confesaba su propia ignorancia; y como éstos creían saberlo todo, se adelantaban fácilmente a exponer con extensión sus doctrinas. Sócrates los oía, notaba los puntos flacos, las contradicciones; y tomando la palabra, los llevaba gradualmente a donde quería, cubriéndolos de vergüenza. Ésta sabía hacerla más abrumadora con su finísima ironía. Sea cual fuere el concepto que se forme sobre el método socrático, es preciso reconocer un hecho que le abona, y es el que produjo hombres eminentes. Veremos en lo sucesivo que la filosofía griega recibe en la escuela de Sócrates un fuerte impulso que la levanta a una altura antes desconocida. No cabe duda en que una gran parte de este mérito se debe al filósofo de Atenas; aunque no sería justo exagera las cosas hasta el punto de atribuírselo

todo. Sócrates fue discípulo de Archelao, y éste lo había sido de Anaxágoras, filósofo eminente que trasladó a Atenas las doctrinas de la escuela jónica. Es preciso no olvidar estas circunstancias, para no perder de vista el hilo que une la filosofía de Occidente con la de Oriente. No ignoro que Anaxágoras cultivó especialmente la física, y Sócrates la moral; pero ya hemos visto que la escuela jónica había estado en íntimas relaciones con las de Oriente, y que el estudio del mundo corpóreo no le hacía olvidar el del orden espiritual; del Oriente recibió el Occidente las doctrinas sobre el espiritualismo, la providencia, la vida futura y la inmortalidad del alma en una mansión de premio o castigo.

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