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VIERNES 28 DE FEBRERO DEL 2014

EL COMERCIO .A23

OPINIÓN
“La cultura engendra progreso y sin ella no cabe exigir de los pueblos ninguna conducta moral”. José Vasconcelos (1882-1959), escritor mexicano

FILOSOFEMAS

RINCÓN DEL AUTOR

María Luisa Rivara de Tuesta
- FRANCISCO MIRÓ QUESADA CANTUARIAS Director General

Caca y conciencia
GUSTAVO RODRÍGUEZ Escritor y comunicador

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a fallecido María Luisa Rivara de Tuesta y escribo este artículo para rendir homenaje a una destacada intelectual, doctora en filosofía e historia, profesora emérita de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos y con quien fundamos la Sociedad Peruana de Filosofía, en cuyo ámbito cultivamos una gran amistad. Acuciosa investigadora del pensamiento filosófico peruano y latinoamericano, demostró su honestidad intelectual y hondura interpretativa en publicaciones como “Filosofía e historia de las ideas en el Perú y Latinoamérica”, “Tres ensayos de filosofía en el Perú”, “José de Acosta: un humanista reformista”, entre otras. En su labor docente participó activamente en las comisiones de reorganización y evaluación del sistema universitario peruano en el Consejo Nacional de la Universidad Peruana. Su contribución en el campo de la filosofía no solo se abocó al pensar en peruano. Su vocación de maestra la llevó a investigar y divulgar obras de filósofos latinoamericanos, como la del mexicano Leopoldo Zea, así como la de Enrique Dussel, uno de los fundadores de la llamada Filosofía de la Liberación. Según este movimiento, la filosofía no debía ser un pensamiento abstracto sino una seria reflexión que debía aplicarse para que los pueblos y los hombres pudieran superar la historia de dominación y desigualdad social, es decir, la filosofía se tornaba así en una disciplina práctica, basada en el diálogo con los excluidos y dejaba de ser un pensamiento puramente abstracto, enmarcado en un proyecto filosófico de liberación. La labor conjunta que realizamos en la Sociedad Peruana de Fi-

losofía acrecentó nuestra amistad. Esta sociedad desde su fundación tuvo como fines el ejercicio profesional con normas éticas, la organización de disertaciones, conferencias, coloquios nacionales e internacionales –con el auspicio de universidades– y publicaciones sobre los últimos avances en el campo de la filosofía.
RECONOCIMIENTO

Fue una acuciosa investigadora del pensamiento filosófico peruano y latinoamericano, demostró honestidad intelectual y hondura interpretativa.

Miró Quesada de la Guerra, Augusto Salazar Bondy y muchísimos míos, así como de David Sobrevilla, Walter Peñaloza y otros más. Cuando se proponía una candidatura para su incorporación como miembro de la sociedad, era exigente y severa con las reglas impuestas. El tiempo pasó y me vi imposibilitado, por diversas razones, de asistir a las sesiones de la Sociedad Peruana de Filosofía, a pesar de su insistencia para que estuviera presente. Ella siguió trabajando sin descanso realizando una labor admirable. Uno de los últimos recuerdos que conservo de ella es en el homenaje

Su principal tarea consistió en recopilar las obras de filosofía que se habían escrito en el Perú, por autores de nuestra nacionalidad, desde que se hizo con absoluta rigurosidad. Así, tenía archivados algunos escritos de Mariano Iberico, Óscar

que me hicieron cuando cumplí 90 años, al cual asistieron amigos, académicos, políticos y hasta el presidente de la República. Los discursos fueron excelentes, pero el más completo fue el de María Luisa, quien hizo un recuento riguroso de mi obra. Cuando pienso en María Luisa Rivara de Tuesta, viene a mi memoria su trabajo desinteresado, nunca buscó lucro de ninguna clase. Estoy seguro de que estas palabras servirán para que su nombre y su obra sean recordados como una de las contribuciones más importantes a la filosofía y la cultura peruana. Que su ejemplo sirva para orientar a los futuros pensadores peruanos a realizar estudios rigurosos cuando quieran ir más allá de lo establecido, en todos los aspectos de la vida humana, pero en especial para resolver los problemas vitales que hoy nos aquejan. María Luisa pasará a la historia del pensamiento nacional como un ejemplo digno de seguir.

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MIRADA DE FONDO

La productividad y el sueldo mínimo
- IVÁN ALONSO Economista

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abrían hecho un mejor servicio a la nación el ministro de Economía y la primera dama si, en lugar de tumbarse al primer ministro por aventurarse a declarar sobre un posible aumento de la remuneración mínima vital, se hubieran tumbado más bien a esta última. Con el tiempo florecería el empleo y miles de personas, especialmente aquellas con menos experiencia y menos calificaciones profesionales, encontrarían una ocupación mejor pagada que la que tienen actualmente (si la tienen). No se ha terminado con el cambio de gabinete la discusión planteada por el ex premier, una discusión que era inevitable luego del aumento decretado para los ministros. Pero, independientemente de eso, si el gobierno ha de cumplir con las leyes aprobadas en otros momentos de euforia, este año debería revisarse el sueldo mínimo. La ley,

en efecto, ordena que cada dos años se le haga un ajuste en función del crecimiento de la productividad. Parece simple y además perfectamente lógico, pero el mandato de la ley encierra una cierta circularidad: la mejor manera de medir la productividad es mirando los sueldos que se paga en el mercado; pero lo que hace el sueldo mínimo, paradójicamente, es suprimir las señales del mercado. Vayamos al capítulo sobre la determinación de los salarios en el típico libro de texto. Los salarios, leemos, se igualan al valor de lo que el trabajador produce. Imaginemos una línea de producción en la que diez obreros producen 500 llantas al mes. Si retiramos a cualquiera de ellos, la producción baja a 470. Quiere decir que la productividad de ese trabajador –su contribución a la producción total– es de 30 llantas. Si cada una se vende a 100 so-

les, le pagamos 3.000 soles mensuales, es decir, el valor de su contribución. El libro de texto es clarísimo en lo que se refiere a los trabajadores que producen un objeto físico. La comisión tripartita seguramente puede recopilar información sobre la productividad física en distintas industrias, calcular un promedio representativo y determinar cuánto ha crecido entre una fecha y otra. Pero, preguntamos, ¿cómo se mide la productividad del asistente de compras, cuya contribución no consiste en producir ningún objeto, sino en bajar los costos? ¿Cómo se mide la productividad del contador que lleva los libros o del ingeniero que hace control de calidad? No hay manera de medir objetivamente la contribución de muchas clases de trabajadores a los resultados de la empresa. Al interior de esta se pueden establecer ciertos

indicadores de desempeño que, más o menos, deben verse reflejados en los resultados. Pero, al final, el empresario tiene que hacer una apreciación subjetiva del valor que generan para decidir qué sueldos está dispuesto a pagarles. Por eso, la mejor medida –y quizá la única válida– de la productividad de una clase de trabajadores, no en términos físicos, sino monetarios, es el sueldo que se le paga en el mercado. ¿Cómo podría, entonces, una comisión determinar el crecimiento de la productividad? Solamente mirando lo que el mercado está dispuesto a pagar. Aquí nos encontramos con un perro mordiéndose la cola. Porque el propósito de la comisión es evaluar la productividad de los trabajadores para saber cuánto debería pagar, como mínimo, el mercado; pero la mejor manera de evaluar la productividad es mirando cuánto paga el mercado en realidad.

lguien había entrado al cubículo vecino y bajé la vista: tenía unas zapatillas blancas sobre las que pronto cayeron unos pantalones granates. –Aló, amor... –susurró el hombre. Afuera se anunciaba la salida de mi avión, pero más me interesó el murmullo de al lado. –Llegaré antes de la medianoche, ¿querrás verme...? De pronto, la voz sonó aliviada. Doblemente aliviada, quizá. –Sentimos lo mismo, mi amor. Ya nos vemos prontito. El hombre salió del baño antes que yo y cuando volví a la sala de embarque busqué identificarlo. Al rato lo encontré en la fila de abordaje. Resultó ser un hombre alto y corpulento. Lo acompañaban una mujer y una niña de anteojos. Una típica familia que vuelve a casa después de vacaciones. Días después se armó una discusión en Internet debido a una campaña de limpieza de la Municipalidad de Barranco: Los Comecaca. Los publicistas habían recomendado forrar los tachos públicos de basura con caricaturas de estereotipos supuestamente detestados para que, así, los vecinos pudieran meterles por la boca la caca de sus perros. Sonaba divertido. Pero ay. De pronto, los comecaca empezaron a heder para un sector grande de internautas. Alguien advirtió que junto a “El corrupto”, a “El futbolista juerguero” y a otros personajes aparecía también “La trampa”: una rubia de lunar coqueto en cuya descripción quedaba como esa mujer detestable que es capaz de clavarle las uñas pintadas al marido ajeno. Los publicistas, en su afán de comunicar de forma sencilla, se amparan en lugares comunes que suelen ser fácilmente entendibles por la mayoría. ¿No han visto esos comerciales que muestran a nueras triunfadoras sobre suegras que todo lo fiscalizan? ¿A papás celosos que miran cejijuntos al amiguito que visita a la hija en casa? No es un mecanismo publicitario, en verdad: todos hemos contado alguna vez chistes basados en estereotipos. El problema empieza cuando se los utiliza públicamente para seguir etiquetándonos en lugar de tratar de entendernos. ¿Quién diablos es cualquiera para juzgar si la mujer con quien hablaba mi vecino era una tramposa o no? ¿Con qué frescura se puede convertir uno en juez de lo que es moral o inmoral, y luego insultar a Laura Bozzo por hacer lo mismo? Eso es lo malo de estos comecaca y de cierta publicidad: que, en su afán de cumplir objetivos que seguramente serán alcanzados, abonan en el tipo de prejuicio que simplifica realidades complejas. Sin embargo, también debo defenderlos. La comunicación social que nos rodea es tan sosa, que es de celebrar estos intentos por hacer las cosas de manera distinta. Y tan cerrado como crear prejuicio es pedir el linchamiento de sus responsables y la aniquilación de la campaña cuando una modificación puede ser suficiente. ¿Qué me queda claro, después de esto? Que los publicistas deberían dejar de parar solo entre ellos y juntarse más con gente que mira la sociedad desde otras ópticas. Que si los críticos primero reconocieran el coraje de quienes buscan hacer las cosas de manera diferente, sus opiniones se tomarían en cuenta hasta con agradecimiento genuino. Y que el amor es una necesidad básica, impostergable como la que más.

HABLA CULTA
- MARTHA HILDEBRANDT -

UN DÍA COMO HOY DE...

Favor de. En el ideolecto seudoculto, especialmente de burócratas igualmente seudocultos, se usa favor de como expresión cortés final de un texto escrito: “favor de contestar lo antes posible, favor de enviarme lo pedido, etc.”. En el Diccionario panhispánico de dudas (2005), se lee: “En amplias zonas de América se emplea la expresión favor de seguida de infinitivo para hacer una petición cortés [...]. Esta expresión no es sino una fórmula abreviada de oraciones exhortativas con el verbo hacer, como haga(n) el favor de”.

Lima en tinieblas
Después de las 7:30 de la noche hubo en Lima un apagón que se prolongó hasta La Punta. Se produjo en el acto una sensación de curiosidad en peatones y de preocupación en los hogares. La gente emprendía carrera, otros cerraban las puertas de sus casas. Todos intentaban dominar el sentimiento de angustia y ansiedad. Inmediatamente, se recordó el 1 de mayo de 1908, cuando después de un apagón se inició un movimiento revolucionario. Por suerte, después de 20 minutos de tinieblas profundas, volvió la luz y, con ella, la tranquilidad.

1914

Director General: FRANCISCO MIRÓ QUESADA C. Director Periodístico: FRITZ DU BOIS F.

Directores fundadores: Manuel Amunátegui [1839-1875] y Alejandro Villota [1839-1861] Directores: Luis Carranza [1875-1898] -José Antonio Miró Quesada [1875-1905] -Antonio Miró Quesada de la Guerra [1905-1935] -Aurelio Miró Quesada de la Guerra [1935-1950] -Luis Miró Quesada de la Guerra [1935-1974] -Óscar Miró Quesada de la Guerra [1980-1981] -Aurelio Miró Quesada Sosa [1980-1998] -Alejandro Miró Quesada Garland [1980-2011] -Alejandro Miró Quesada Cisneros [1999-2008] -Francisco Miró Quesada Rada [2008-2013]