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La Revolución Cultural

:

Un smog que envenena
a la Familia chilena

Tolerancia
No discriminación
Derechos humanos

Acción Familia
Por un Chile auténtico, cristiano y fuerte
2

© Acción Familia, Diciembre de 2001
Comisión de Estudios de Acción Familia
Luis Montes Bezanilla - Juan Antonio Montes Varas

Agradecemos especialmente la colaboración para la ejecución de
este estudio a los señores:

Alfredo Mac Hale Espinosa y José Antonio Ureta Zañartu.

Casilla de Correos 198
Correo 35 - Santiago
Tel./Fax: 206 9639
E-mail: accionfamilia@entelchile.net

Registro de Propiedad Intelectual N° 124361
I.S.B.N. 956-292-272-8
Prólogo

¿Sabía Ud. que Chile está sufriendo una profunda revolución
cultural que tiene por fin demoler la principal de nuestras institu-
ciones, la familia cristiana, y que esto tendrá como corolario un gra-
ve deterioro del tejido social, con efectos nefastos para el futuro del
País?
Sí, una revolución que penetra como un smog en todos los
ambientes, contaminando gradualmente leyes y costumbres, corro-
yendo los principios, eliminando las nociones de bien y mal e im-
plantando una nueva moral atea y relativista; y que además prepara
el clima jurídico y publicitario para que se persiga a quienes le opon-
gan alguna resistencia.
Esta revolución cultural se hace en nombre de los nuevos
“dogmas” laicos que están siendo promulgados -la tolerancia y la
no-discriminación
no-discriminación- los cuales, pese a su contenido difuso, o más
bien por causa de éste, sirven para abrirle camino en forma subrep-
ticia.
Su familia, el colegio donde estudian sus hijos, la empresa don-
de Ud. trabaja y su misma forma de ser, incluso sus hábitos, ideas y
4 La Revolución Cultural...

mentalidad, en síntesis su vida misma en el día a día, deberán con-
formarse a estos nuevos postulados.

“Seguir corriendo la cerca”: acabar con las nociones de
verdad y error

El gobierno de la Concertación marca el rumbo de esta revolu-
ción y da muchos de sus pasos concretos. Ya en el Programa de
Ricardo Lagos se decía que “una de las prioridades del gobierno (...)
será promover el respeto a los derechos de todos los chilenos y chilenas
y de todas las familias, cualquiera sea su estructura”. (1)
Con eso ya era claro que la familia basada en el matrimonio
monogámico, indisoluble y fecundo no pasaría de ser, para el régi-
men que se estaba gestando, una entre las muchas formas tolera-
das, en el mejor de los casos en igualdad de condiciones con otros
tipos de “familia” y aún con las peores perversiones.
En efecto, los adeptos de la degradación moral tienden a exigir
una libertad absoluta y consideran una amenaza que algunos la re-
chacen. Así, las costumbres licenciosas conducen a que se atente
contra las libertades para la práctica del bien y de las virtudes.
El mismo Presidente Lagos explicitó en parte este sentido de
la tolerancia al decir: “la exclusión, y más sutilmente la discrimina-
ción, son los grandes enemigos del pluralismo, como lo es también ese
mal hábito intelectual que consiste en creer que sólo algunos viven en
la verdad y el resto lo hacen en el error y en la oscuridad (...) Por eso
nuestro gobierno ha planteado la necesidad de remover limitaciones
que tenemos a la democracia y limitaciones que tenemos a la libre
expresión de la soberanía popular (...) Por eso queremos promover la
inclusión de todos y perseguir cualquier forma de discriminación”.
(2)
Prólogo 5

Ahora bien, si el mero hecho de que alguien crea que tiene la
razón y que considere que quienes piensan de otro modo están equi-
vocados, configura un mal hábito discriminador que debe ser perse-
guido, es forzoso concluir que el único modo de evitar esto será que
todos adopten el principio del “prohibido prohibir”, que es la sínte-
sis del permisivismo moral.
Tal permisivismo viene de lejos. Ya en 1992, a propósito de un
documento emitido por el Ministerio de Educación, cuyo titular era
Ricardo Lagos, el Cardenal Jorge Medina -entonces Obispo de
Rancagua- manifestó que: “Sería para nosotros algo extremamente
doloroso, que el peso enorme del aparato estatal aplastara en definiti-
va, aún sin quererlo, a la familia y a cada comunidad escolar”. La
respuesta del Ministro Lagos fue que el documento reflejaba una
sociedad plural: “Lo otro [aceptar las recomendaciones de Monse-
ñor Medina] sería un integrismo (…)” (3).
Meses después, en un encuentro con representantes de la cul-
tura, el actual Presidente ya definía su táctica de que en el ámbito
cultural hay que seguir: “corriendo la cerca” y que “Éste es un país
demasiado asfixiado por la censura, no sólo escrita sino tácita, por-
que también hay áreas donde los políticos tratamos de entrar y pare-
cen terrenos minados”. (4)
Cuatro años después, el Proyecto Socialista proclamó: “... el
terreno del enfrentamiento es político y simbólico, sobre todo cultural
(...) desaparecen viejas cuestiones y entran otras que dicen relación
con la vida de la gente, con sus estructuras éticas y normativas...” (5)..
Y la Carta de la Ciudadanía Cultural, promovida por el Cabildo
Nacional de Cultura, declaró: “La Constitución debe garantizar el
respeto a la diversidad cultural del país, sin discriminación de ningu-
na índole (pueblos originarios, etnias, géneros, ideologías, religiones
y opciones sexuales), propiciando su conocimiento, preservación, va-
loración, difusión y desarrollo”.(6)
6 La Revolución Cultural...

Si cabía alguna duda de los fines de la política en gestación, el
uso de los términos opciones sexuales y equidad de géneros la disipa
totalmente: se pretende dar derechos a homosexuales y lesbianas a
no ser discriminados por sus conductas, o sea, que sus relaciones
antinaturales tengan los atributos del matrimonio legítimo. Tales
conductas serían meras opciones, que todos podrían elegir sin res-
tricciones, y a nadie, bajo ninguna razón, les está permitido recha-
zarlas. ¡Más aún, se trata de garantizar a los adeptos a esas conduc-
tas que éstas sean preservadas, valoradas, difundidas y desarrolla-
das!

Gradualidad

Cuando el Presidente Lagos creó el Consejo Nacional de Cul-
tura, declaró: “con el anuncio de una política cultural, dimos un
significativo paso adelante. Y ahora (...) damos cumplimiento a una
antigua aspiración y también a un compromiso plasmado en esa po-
lítica: contar con una institucionalidad cultural moderna, eficiente,
abierta, participativa y plural. (...) Así es la democracia: avanza siem-
pre gradualmente, paso a paso, sin grandes saltos, pero también sin
innecesarios sobresaltos ni traumas”. (7)
O sea, con tal de que sea un proceso gradual, y por esto vaya
siendo asimilado por la opinión pública, cualquier cosa sería acep-
table, sin que importen los juicios morales, siendo sólo censurable
que el País se detenga en esta evolución.
La designación como representante cultural de Chile en Italia
de la actriz Patricia Rivadeneira fue sintomática en este sentido,
pues ella se había destacado por interpretar desnuda actos de pro-
testa contra la censura, apareciendo envuelta en la bandera nacio-
nal, y con un crucifijo en las manos, lo que constituye una grave
profanación. Que fuese elegida para ese cargo alguien con tales an-
Prólogo 7

tecedentes, denota que el Gobierno va corriendo la cerca hacia un
régimen abiertamente permisivo.
Todo esto muestra cómo el Gobierno entiende la tolerancia:
cada uno puede tener una moral subjetiva, y todas las variantes son
aceptadas, siempre que sean relativistas y mutuamente tolerantes.
Aquella que se afirme como la única verdadera será considerada
“integrista”, y por eso mismo, reprimida.
En consecuencia, se iniciará un régimen de persecución para
quienes defiendan la Moral inmutable, impresa por Dios en la natu-
raleza humana, sintetizada en el Decálogo y enseñada permanente
e infaliblemente por la Santa Iglesia.

Promoción legal del amor libre "desde la más temprana
edad"

En esta campaña para correr las cercas, el Presidente Lagos no
está solo; lo secundan todos los partidos de la Concertación, y en
especial el eje PS-PPD.
Un proyecto presentado por parlamentarios de estos partidos,
con el nombre de Ley de derechos sexuales y reproductivos, es carac-
terístico en este sentido, pues establece que todas las personas tie-
nen derecho “de ejercer la sexualidad independiente de la reproduc-
ción y la libertad para elegir con quién vivir la sexualidad”, y que se
penará “toda forma de discriminación en el ejercicio de estos dere-
chos, sea que provenga del Estado o de los particulares”. ¡O sea, el
proyecto confiere derecho a todos para proceder a su antojo en ma-
teria sexual, reservando penalidades a quienes intenten poner algu-
na restricción!
Más aún, el texto afirma: “para efectos de esta ley, se entenderá
por discriminación cualquier exclusión, menoscabo, restricción o dife-
renciación arbitraria basada en (...) la edad”, lo que abre las puertas
8 La Revolución Cultural...

a la iniciación sexual precoz, por iniciativa tanto estatal cuanto par-
ticular, con todas las facilidades que esto dará para pervertir a los
niños.
Además, dicho proyecto también introduce subrepticiamente
el aborto, así como la impunidad de las conductas homosexuales,
pues postula los llamados derechos a la integridad física y psíquica y
a la autonomía y control corporal, los cuales tienen ese sentido, de
acuerdo al dogma laico y amoral del permisivismo.

ONGs ayudan al Gobierno, incluso a implantar el aborto

En este proceso el Gobierno es apoyado por numerosas ONGs,
no sólo para impulsar políticas e iniciativas anti-familia, sino tam-
bién para dar la impresión al País de que gran parte de éste las
aprueba y desea que siga adelante con ellas.
Un ejemplo de esto lo dio Josefina Hurtado, coordinadora del
Foro de Derechos Sexuales y Reproductivos -que trabajó en el Pro-
yecto de derechos sexuales- al afirmar: “los más conservadores quie-
ren limitar los derechos reproductivos de los jóvenes a la tradición y a
la cultura de los países y al respeto de los padres, (...) pero (...) por
buscar el consentimiento de los padres, los jóvenes no pueden llegar a
los consultorios a recibir anticoncepción con confidencialidad. Hay
que desmitificar el concepto de familia. El ideal no existe, sino que
No se les puede dar (a
(las familias) son complejas y diversas”. (...) “No
los padr es) toda la rresponsabilidad
padres) esponsabilidad por la infor mación y la for
información for--
fantasía”. (8)
mación sexual de los jóvenes. Es una fantasía
Obviamente, quienes tienen esta opinión quieren confiar a fun-
cionarios estatales o a activistas de este tipo de ONGs la tarea de
orientar a los jóvenes en dichas materias. Por otra parte, no puede
caber dudas de cuáles serán los consejos que éstos recibirán, cuan-
Prólogo 9

do no sean directamente presionados en un sentido amoral y
relativista.
A su vez, la Dra. Isabel Matamala, también activa promotora
del aborto, que colaboró en la preparación del mismo proyecto de
Derechos Sexuales, llegó a afirmar: “ParaPara mí, todo aborto es tera-
péutico (...) yo preferiría que en adelante pudiésemos hablar del aborto
reglamentado, que es despenalizarlo cuando está en peligro la vida o
la salud de la madre”. (9 ). Estas declaraciones muestran que quie-
nes quieren la legalización del aborto, argumentan en favor del lla-
mado aborto terapéutico solamente como un primer paso en tal sen-
tido, quedando al arbitrio de cualquier médico decidir cuándo esta-
ría en peligro la salud de las mujeres que desean abortar.
Al ser consultada Adriana Delpiano, Ministra del Sernam,
sobre los acuerdos internacionales y las recomendaciones dadas a
Chile por la Convención para la Eliminación de todas las Discrimi-
naciones a la Mujer (CEDAW) de que se legalice el aborto, respon-
dió: “Yo creo que en la medida en que somos sólo 5 los países en el
mundo que no tenemos aborto terapéutico, será inevitable la pre-
sión internacional
internacional, independiente de lo que Chile resuelva”.
Acto seguido, afirmó: “El tema de cuáles métodos anticonceptivos
va a usar Chile lo va a definir el Ministerio de Salud, pero en lo que
claramente nos hemos comprometido es que deben estar al alcance de
todos. Va a haber dos temas interesantes a debatir, uno la esteriliza-
ción (...), y dos, esta especie de bomba anticonceptiva, la píldora del
día siguiente. Si es abortiva o no, yo no lo sé y el Ministerio tendrá que
fijar la gama de posibilidades”. (10)
O sea, ya anunciaba que esos métodos serán impuestos y que
tendrán aplicación masiva. Seis meses después, ambos programas
fueron puestos en ejecución por medio de una resolución exenta, sin
atender a las graves objeciones enunciadas por miembros de la so-
10 La Revolución Cultural...

ciedad civil. ¡Es decir, se siguió la política, nada democrática, de
los hechos consumados!
Más aún, cuando la Corte Suprema sentenció que la píldora
en cuestión, por ser abortiva, no puede ser autorizada, el Gobierno
inició manejos políticos para burlar la decisión judicial del alto Tri-
bunal.

El Programa de Tolerancia estimula las conductas inmora-
les

Implementando la ideología permisivista, el Ejecutivo lanzó
también un Programa de Tolerancia, en cuya introducción afirma
que se debe renunciar a “esquemas instintivos rígidos que determi-
nan un mundo paralizado en percepciones (buenas o no), un estado
mental que impide el fluir de los pensamientos” (11)
Tal política trata de reciclar las mentalidades, a través, “de pro-
gramas que muestren realidades de la vida y la intimidad de las
diversas personas o grupos (mujeres, gitanos, homosexuales o
pascuenses) que puedan hablar de su mundo; lo que permite a la
población adquirir una percepción diferente porque accede a su
cotidianidad y ve que esas personas diferentes también sufren, se ena-
moran, etc.” (12)
Es obvio que, en esa enumeración, las mujeres, los gitanos y
los pascuenses figuran de modo accidental, pues en cuanto tales no
son discriminados; lo que se busca con ese Programa es abrir cami-
no a homosexuales, prostitutas, lesbianas y adeptos de otras formas
de depravación, para que hagan propaganda de sus aberraciones,
gocen en esto de impunidad y vayan derribando todas las barreras,
para impregnar la sociedad de su amoralidad.
Para impulsar ese fluir de los pensamientos, el Gobierno aus-
pició hace un año el desfile del orgullo homosexual, realizado por
Prólogo 11

los activistas de la degradación para imponer su permisivismo. Como
declaró en la ocasión un periódico, “más allá de la polémica, sep-
tiembre del 2000 será recordado como el mes en que gran número de
organizaciones de gays, lesbianas, travestis (...) junto a la Corpora-
ción Nacional del Sida (...) dieron a conocer públicamente su identi-
dad y levantar la bandera multicolor sobre las calles de Santiago,
para exigir su propio espacio”. (13)
Además, en enero de 2001, el Ministerio de Planificación co-
menzó a distribuir gratuitamente preservativos a los jóvenes, a tra-
vés del Instituto Nacional de la Juventud, impulsando la degrada-
ción de las costumbres. Según informó el ex-director de esta enti-
dad gubernamental, Francisco López, ella dispondría de volunta-
rios que “en los principales lugares de diversión nocturna, como por
ejemplo el paseo San Damián, Av. Suecia y el barrio Bellavista (...)
para repartir preservativos”. (14) Además, ese programa empezó a
aplicarse durante ese verano también en las playas de la V Región.
Como si todo lo anterior no bastase para favorecer la degrada-
ción de las costumbres, recientemente sus portavoces mostraron
hacia dónde conduce su alegada “tolerancia”. Cuando el Cardenal
Jorge Medina, de paso por Chile, en agosto último, tuvo a bien ex-
presar, como por lo demás es elemental deber de los Pastores, la
oposición de la Santa Iglesia a varios de los proyectos amorales que
están siendo promovidos, se desató sobre él una tormenta de aira-
das imprecaciones socialistas, incluso del Jefe del Estado, que mos-
traron un verdadero fanatismo oficial contra la Moral católica y con-
tra los Prelados que la defienden.
Es el caso, pues, de preguntar: si tal es la prepotencia irreve-
rente de los funcionarios oficiales contra un Príncipe de la Iglesia
cuando defiende principios básicos de la Moral, ¿hasta dónde llega-
rá la furia de esos socialistas contra aquellos que, como simples
particulares, contraríen sus designios, sin tener las garantías de que
12 La Revolución Cultural...

naturalmente gozan los altos dignatarios eclesiásticos? ¿No se está
gestando, pues, una verdadera persecución psicológica de fondo
religioso?
Más aún, inmediatamente después de esas manifestaciones
laicistas y anticlericales en pro de la amoralidad, quedó claro que la
respuesta del Gobierno a las objeciones de miembros de la Sagrada
Jerarquía a tales iniciativas era de radicalizarlas, dando nuevo im-
pulso a la arremetida divorcista, insistiendo en la promoción de la
“píldora del día después” y haciendo de esas actitudes una verda-
dera bandera electoral, olvidando los gestos de fingida moderación
manifestada durante la campaña presidencial.

***
¿Cómo se engendró esta ideología que propicia un libertinaje
agresivo y corrosivo? Como veremos, el proceso se inició poco des-
pués del fracaso del gobierno marxista de la Unidad Popular, por
una revisión de las estrategias hecha por los teóricos del socialismo
renovado cuando tomaron contacto con los líderes socialistas euro-
peos. Su aplicación comenzó en 1990, cuando esa corriente, con el
auxilio democratacristiano, tomó el Poder.
Se trata de un nuevo programa de “desconstrucción” de los
restos de la sociedad de inspiración cristiana, para imponer un mo-
delo relativista en lo ideológico y amoral en las conductas. Su fun-
damento doctrinario se encuentra en una peculiar interpretación –
por lo demás, nítidamente relativista– de los derechos humanos,
haciendo total abstracción de la enseñanza de la Iglesia y de la ín-
dole cristiana de nuestro pueblo.
Al servicio de esta revolución cultural están los partidos de la
Concertación, a veces con el apoyo de algunos parlamentarios de la
oposición. Las consignas de la tolerancia y de la no-discriminación
Prólogo 13

son ampliamente difundidas por la prensa y utilizadas en debates y
foros, sin que el público note su verdadero alcance.
En los pasillos y salas de debates del Congreso, bajo el impul-
so de esta mentalidad anti-familia, se lleva a cabo una auténtica
revolución legislativa. Áreas tan sensibles como la educación, el
orden público e incluso la soberanía nacional están siendo profun-
damente alteradas, sin que la mayor parte del País, absorta por los
quehaceres cotidianos, se percate de este proceso corrosivo que está
atacando a Chile.
Y, lo que es más grave, no hay un grito de alarma ni una opo-
sición proporcionada de los sectores católicos más observantes, pa-
ralizados por el temor de parecer, a los ojos del público, como into-
lerantes y discriminadores, por lo cual prefieren el cómodo expe-
diente de dejar hacer y dejar pasar.
Como dijimos, este proceso culminará con una verdadera gue-
rra anti-religiosa. Sí, una guerra a la Religión católica, como la prin-
cipal inspiradora de nuestra cultura, a la cual los socialistas, renova-
dos o no, culpan de traumas morales que atribuyen a las supuestas
discriminaciones e intolerancias. Junto con Ella, estarán en el ban-
quillo de los acusados los chilenos que tomen con seriedad los pos-
tulados de la Fe.
Para alertar sobre esta revolución que se está gestando y con-
vocar a nuestros compatriotas a una Cruzada en defensa de la fami-
lia y de la Moral cristiana, Acción Familia presenta este nuevo
estudio al público chileno y especialmente a los líderes religiosos,
políticos y sociales que están llamados a construir el futuro de la
Nación.
Sabemos perfectamente que el tema de la tolerancia y la no-
discriminación es altamente polémico, y que nuestra posición se
encuentra en las antípodas de lo que hoy es tenido como política-
mente correcto en la materia.
Sin embargo, continuando la defensa en Chile de los ideales
de la tradición, de la familia y de la propiedad, como pilares de la
civilización cristiana, Acción Familia no tiene recelo de enfrentar
el debate, ya que nada deben temer quienes siguen las enseñanzas
del Magisterio tradicional de la Iglesia y los divinos preceptos de
Nuestro Señor Jesucristo, que nos mandó: “Sea Sea pues vuestro len-
guaje: sí, sí; no, no
no” (Mt. 5, 37).

1
“Programa de Gobierno para Crecer con Igualdad”, Ricardo Lagos
Escobar, Octubre 1999.
2
“El Mercurio”, 19 de Noviembre de 2000
3
“El Mercurio”, 7 de Abril de 1992
4
“El Mercurio”, 28 de Septiembre de 1999
5
Proyecto Socialista, (Documento de Discusión), Santiago, Febrero,
1992.
6
Carta de la Ciudadanía Cultural, Cabildo Nacional de Cultura Chile
2000, punto primero.
7
Ricardo Lagos, Discurso, Santiago, 19 de Octubre de 2000.
(www.culturachile.cl/documentos/palabras_pdte.php)
8
El Mercurio, 27 de Junio de 1999
9
“El Mercurio”, 21 de Noviembre de 1999, Cuerpo D, pág. 22, “Dos
médicos, dos visiones en colisión”
10
“El Mercurio”, 4 de Junio de 2000, “La Ministra se defiende”.
11
“Programa Tolerancia y no Discriminación”, División de
Organizaciones Sociales (DOS), Ministerio Secretaría General de
Gobierno.
12
Ibídem.
13
Revista “Rocinante”, Octubre 2000, año III, N° 4, pág. 7
14
"La Tercera”, 30 de Noviembre de 2000.
Capítulo I

Un sugestivo show para inducir a la tolerancia

Para demoler los hábitos y principios morales que aún rigen la
sociedad chilena hay una vasta red de organizaciones, gubernamen-
tales o no, que tratan de erosionar los restos de la civilización cristia-
na. Estas organizaciones partiendo de postulados relativistas en el
plano moral, se coordinan entre sí para impulsar la modificación de
hábitos sociales y leyes. Una de ellas es la Fundación Ideas, dirigi-
da por el socialista Francisco Estévez, ex presidente del Instituto
Nacional de la Juventud en el gobierno de Aylwin, quien se mantie-
ne estrechamente vinculado a los centros del Poder, pese a dirigir una
entidad que se declara “no gubernamental”.
Según informa la propia Fundación Ideas, ella, en un primer
período (1986-1990), se ocupó de “potenciar acciones de moviliza-
ción y formación política” en un trabajo “cívico-electoral” con vistas
al plebiscito de 1989. La ascensión de Aylwin marcó el inicio del
segundo período (1990-1994), durante el cual se sumó a una ofen-
siva publicitaria de denuncia de violaciones a los derechos huma-
nos durante el gobierno militar. Su ter cer período comenzó al ser
tercer
elegido Presidente Eduardo Frei Ruiz-Tagle, procurando desde en-
16 La Revolución Cultural...

tonces ayudar a desmantelar gradual pero sistemáticamente la men-
talidad y las estructuras sociales tradicionales, a través de una re-
volución cultural, definida como una “profundización de la demo-
cracia cultural”.
Tal pr ofundización de la democracia cultural busca “trans-
profundización
formar las modalidades de convivencia, desde su contexto actual,
considerado excluyente y autoritario, al ejercicio pleno de las liberta-
des y responsabilidades ciudadanas”, utilizando los “sectores tradi-
cionalmente excluidos o subordinados como son las mujeres, los jóve-
nes, los pueblos originarios y las minorías sexuales”, potenciando sus
exigencias, para eliminar el “autoritarismo en sus formas de
relacionamiento social”. (1)
¿De qué manera se pretende profundizar la democracia? –Vea-
mos un caso.

Un show para derribar principios

Lo que sigue no es el guión de una película lúbrica ni un colo-
quio libidinoso de un talk show. Es el relato del Segundo For
Foroo de la
Ciudadanía por la T olerancia y la No Discriminación
Tolerancia Discriminación, realizado
por la Fundación Ideas en el Teatro de Concepción, en abril de
1998. Auspiciado por la UNESCO, la Universidad y la Municipali-
dad penquistas, el evento contó con la presencia de 1.300 personas
y trató del tema “Sexualidad, diversidad y SIDA”.
Como veremos, su efecto sería sacudir y contribuir a derribar
los principios morales de los asistentes, abatiendo sus barreras psi-
cológicas de rechazo a las graves aberraciones que se trata de intro-
ducir en nuestra Patria. De este modo el Foro pretendía transformar
a sus asistentes en promotores de esa verdadera revolución en cur-
so.
Capítulo I 17

La moderadora, Patricia Politzer –muy próxima a la Presiden-
cia y actual Presidente del Consejo Nacional de Televisión– comen-
zó pidiendo a los presentes que se pusiesen “en un espíritu acoge-
dor, para que sepamos respetar las diferencias de los que participen y
que todos podamos hablar con franqueza y sentir(nos) cálidamente
acogidos”: “Es Es importante que abramos el corazón con amor y
comprensión” (...) “especialmente hacia aquellos que nos pare-
cen tan distintos, tan diferentes a nosotros y que nos cuesta de
comprender”.. ¿De quiénes estaría hablando? Pronto que-
repente comprender”
daría claro...
La duda empezó a disiparse con la intervención de Lautaro
López, responsable de un programa de la Iglesia Luterana, quien
introdujo en el escenario a cuatro miembros del grupo Positivamen-
te Positivo, formado por contaminados con Sida, quienes no dieron
sus nombres y pidieron que no se les fotografiase, para no sufrir
represalias en sus trabajos. Un profundo silencio invadió la sala.
Muchos se preguntaban qué dirían a los presentes.
El primer expositor comenzó con timidez: “La sexualidad la
podemos comparar, en cuanto a sus prácticas concretas, a un abanico
que va desde la heterosexualidad exclusiva a una homosexualidad
exclusiva. Entre ambas orientaciones polares existen diversas tonali-
dades. No es fácil llegar a esta conclusión general, por cuanto ha sido
considerada la homosexualidad como una aberración o anormali-
dad, y la comunidad la percibe como una desviación o una perver-
sión”. Y concluyó, tratando de parecer inofensivo: “nuestra orienta-
ción [homosexual] es una expresión normal de las múltiples formas
de vivir la sexualidad humana”.
El segundo en hablar fue más lejos: “La situación de discrimi-
nación que vivimos los homosexuales diariamente, nos lleva a tener
muchas veces una doble vida (…),[ pero], cuando uno asume su orien-
tación sexual, uno se siente bien y tiene la posibilidad de tener una
18 La Revolución Cultural...

Por qué tenemos que ser un
pareja estable, donde exista el amor. ¿Por
gr upo que vive mar
grupo ginado en una sociedad que dice rrespetar
marginado espetar los
derechos humanos La igualdad entre las personas está
humanos? (...) “La
íntimamente ligada al respeto por la diversidad cultural, sexual,
religiosa y política
política”.
El tercer anónimo pasó a la ofensiva: “El ser homosexual nos en-
frenta directamente a un conjunto de creencias y mitos, históricamente
legitimados por quienes detentan el poder económico y político. (…) Se
nos niega la posibilidad de ejercer nuestra sexualidad”.
Para estimular la compasión de los presentes, el cuarto homo-
sexual con SIDA, planteó sus problemas: “¿Qué pasará con mi vida,
que pasará con mi trabajo? ¿Cómo le comunico a mi familia? ¿Cómo
enfrento los gastos médicos? ¿Será mi “pareja” también VIH positi-
va? ¿Cuánto tiempo aún me queda [vivo]?” Concluyó diciendo que,
pasado el primer momento, “de a poco se va buscando al otro, de
ayudar a otros, uno va creciendo y ya no se considera una calami-
dad, lo último del mundo” y comienza a exigir “un rol claro y solida-
rio del Estado”.

Propaganda de las conductas homosexuales

Estas declaraciones fueron recibidas sin rechazo por los asis-
tentes. Luego subió al escenario Mikki San Martín, sin miedo de dar
su nombre, como había sucedido con los cuatro enfermos de Sida.
No obstante, aún parecía haber algunas reticencias. Estaba nervio-
sa y, “para relajarse un poquito”, empezó leyendo un oscuro poema
sobre “sus fantasmas sexuales”, con el obvio fin de derribar las re-
sistencias que aún hubiese entre los presentes, a pesar de no haber
ningún “moralista” entre ellos...
Alentada por la acogida a sus versos, se declaró lesbiana: “En
nuestra cultura cristiana patriarcal, la homosexualidad es vista
Capítulo I 19

como subversiva, porque contraviene muchos estereotipos
genéticos, sexuales
sexuales; esto es, lo que se cree que deben ser las relacio-
nes y comportamientos entre hombres y mujeres. El ser homosexual,
desde la perspectiva discriminatoria, es degeneración, enfermedad,
desviación, en el mejor de los casos. Esta perspectiva es la general en
la sociedad y la oficial para la región [religión] y para la ley. La
desvalorización alimentada por la ignorancia genera la intole-
rancia y la discriminación”.
La sala fue recorrida por una extraña electricidad, mezcla de
una especie de sentimiento de culpa artificialmente inducido por la
expositora y de cierta fascinación producida por el desplante amoral
que ésta había realizado. Obviamente, en breve iría más lejos.
Después de decir que forma parte del ´colectivo´ “Lesbianas en
Acción”, que procura “elaborar y desarrollar estrategias de inserción
en el medio, que rompan con el mito lésbico”, la activista concluyó:
“Queremos desmitificar el estigma de las lesbianas asociadas a
degeneradas. (…) Rechazamos la postura de enfermedad, de des-
viación, pues estos conceptos se aplican en base al parámetro de nor-
malidad que corresponde a lo que la mayoría [piensa] y depende de
la configuración ideológica de una sociedad. (…) Queremos decir
que ser lesbiana es una forma de amor diferente, válida y sana
como cualquier otra”.
Después, Cristián Rodríguez, Director de la ONG “Centro de
Educación y Prevención de Salud Social y Sida” (CEPSS), comparó
la actitud del público ante esta enfermedad con los temores de la
población europea ante las diversas pestes que asolaron Europa, a
fines de la Edad Media, sin mencionar la diferencia entre los modos
de contagio.
Al fin, como si desease competir en desparpajo con la expositora
anterior, atacó, mostrando que las exigencias de los amorales cons-
20 La Revolución Cultural...

tituyen la meta de esta revolución: “Al replantearnos el tema de las
libertades sexuales de los años 60, vuelve una máquina y, cada día lo
vemos más, completamente conservadora. El debate del divorcio,
el debate del aborto, el debate de las relaciones
prematrimoniales, el debate de las orientaciones sexuales en
este país, está completamente silenciado y cuando es público,
aparece bajo una lectura policial”.
“Últimamente –dijo– ha habido una noticia (...) de represión a
los cuerpos de desnudo, de streap tease de los estudiantes de la Univer-
sidad Católica de Valparaíso. ¿Qué pasa? ¿No tienen derecho? Y,
saben, el obispo Medina ha pedido una investigación sumaria para
expulsar a los que estaban haciendo una fiesta de recepción mechona
de streap tease.(...) Quiero manifestar que la pornografía no está en el
objeto, sino en quien lee, en esa cochinada morbosa de la concepción
de la cultura, o sea, lo que está sucio es el ojo del que lee. Por lo tanto,
quien lo devela, quien lo articula, quien lo censura, quien se siente
tocado, es su ojo y no el mío, porque lo que para ti es pornográfico, no
necesariamente para mí es pornográfico”.
Así, según los permisivistas, la Iglesia Católica, por enseñar
las normas de la Moral y reprimir los escándalos, favorecería una
cultura morbosa que deformaría la vista, o sea, la psicología de los
fieles; y concluyen que es preciso neutralizarla, para lo cual impul-
san aberrantes iniciativas contra la familia, como si nada tuviesen
de inmoral ni perverso.
“[Hay] ur gencia –dijo– de salir a gritar
urgencia gritar,, a educar
educar,, a for mar
formar
y a irse necesariamente contra esta concepción arcaica que aún
seguimos teniendo” (...) es necesario reflexionar “si es posible hacer
cosas colectivas, en conjunto, para transgredir estas normas esta-
blecidas”. Con ese llamado a derribar las normas morales, terminó
la primera ronda de intervenciones.
Capítulo I 21

Luego, un defensor de los derechos humanos de Coronel subió
al escenario para declararse homosexual y anunciar una ofensiva
para conquistar terreno: “El movimiento de derechos humanos no
termina solamente con las víctimas de la dictadura militar o las tor-
turas -dijo- el movimiento de los derechos humanos tiene que ver
todos”..
con la ecología, con la sexualidad y con las opciones de todos”
Algunos presentes, para suscitar indulgencia ante las conductas
contra natura, se vanagloriaron de practicarlo.
Cristián Rodríguez volvió a hablar, para exaltar el amor libre:
“(...) lo que andamos buscando es el desarrollo de una concepción en
una sexualidad muy sana, muy amplia, muy libre, que respete a
cada uno de los individuos. Hay orientaciones, hay opciones, cada
uno buscará en el espacio, en el contexto que su sexualidad le
determine”.. Por fin, su indulgencia se volvió hacia la prostitución:
determine”
“También estoy contra el comercio sexual y en ese sentido yo tenía un
saludo del Sindicato de Trabajadoras Ángela Lima, de trabajadoras
sexuales de esta región. (…) Aquí hay muchas mujeres trabajado-
ras sexuales que están también esperando que cambie esta lógi-
ca de represión, esta lógica de exclusión que estamos vivien-
do”.(2)
do”.

***
Si tratamos de esta sesión escabrosa, no fue por sensacionalis-
mo, sino por ser un lance típico de la ofensiva contra la Moral. Los
tres Foros sobre el tema, en Santiago, Concepción y Viña del Mar,
fueron seguidos por un “Ciclo de Jornadas” –en Antofagasta, Puer-
to Montt, Rancagua, Temuco y Valdivia– también organizado por la
Secretaría General de Gobierno, las universidades locales y la Fun-
dación Ideas, con auspicio de la UNESCO. Es decir, se trata de una
gran ofensiva con importantes patrocinadores.
22 La Revolución Cultural...

Es preciso destacar que quienes organizan y financian estos
“debates” no son simples morbosos sexuales, sino los responsables
oficiales de la Cultura en el País y que para esto emplean recursos
públicos. En un Seminario realizado en Santiago en agosto de 1998,
en la Universidad de Chile, con la presencia del Secretario General
de Gobierno Jorge Arrate, participaron 180 personas, declarando
que para “alimentar el debate en torno al asunto (...) tienen también
un rol fundamental que jugar los organismos de la administración
pública”.
Así, el Gobierno usa los medios del Estado para promover esta
“democratización cultural”: usa los Ministerios, las universidades, los
recursos financieros, las ONGs ligadas al Poder Público y a todos los
que se dejan atraer por esta nueva “cultura”. Y ya están preparando las
sanciones penales contra los recalcitrantes que insistan en defender la
Moral. Los blancos que se desea abatir son la familia natural y la Reli-
gión Católica que la sostiene y promueve.
Delante de esa nueva concepción de sexualidad libre, donde
cada uno debe simplemente buscar su opción, sin límites de ningún
tipo, porque cualquier restricción sería represiva y discriminatoria,
cabe preguntarse, ¿en nombre de qué norma se podrán cohibir en
el futuro los desvíos sexuales aún más aberrantes, como la pedofilia,
la necrofilia o la bestialidad, cuyos adeptos también comienzan a
promoverlos? ¿Estas taras sexuales serán también incluidas entre
los “derechos humanos”?

Encuesta falaz para abrir camino a la revolución cultural

Esos foros y jornadas fueron el fundamento “científico” para la
presentación de un Proyecto de ley presentado por el diputado
Gutenberg Martínez, con el objetivo de penalizar toda forma de “in-
tolerancia” y “discriminación”.. Cuando el proyecto en cuestión fue
Capítulo I 23

discutido en la Cámara, el diputado Gabriel Ascencio (DC) recono-
ció que su elaboración “comenzó hace tiempo, a raíz de unos semi-
narios que se realizaron acerca de la intolerancia y la discriminación
en Chile. Luego se efectuó una encuesta, muy reveladora, sobre lo que
sucede en Chile en relación con este tema”. (3) ¿Qué encuesta era
ésta?
Para impulsar el proyecto de ley, era necesario que el mundo
político juzgase urgente legislar por causa de los “índices altísimos
de intolerancia y discriminación”. Por este motivo, el Departamento
de Sociología de la Universidad de Chile –dirigido por Manuel Ca-
nales y con financiamiento de las entidades IIZ/DVV de Alemania
y NOVIB de Holanda– preparó la “Encuesta de Intolerancia y Dis-
criminación”, que recogió las opiniones de 1.394 entrevistados.
Como se sabe, a menudo las encuestas no son neutras, pues
tienen una “clave de lectura o punto de vista”, según la ideología de
quien las realiza. En este caso, el resultado dependía del concepto
de “tolerancia” y de “discriminación” de sus promotores. En la opi-
nión de ellos, “la intolerancia se mueve más allá del 50%”, ya sea
“por temor directo: se acepta la necesidad y hasta la conveniencia de
la censura” o por “temor indirecto: se rechaza (…) a los eventos del
consumo de drogas y a las alternativas no clásicas en identidades
sexuales”(4). O sea, según estos tolerantes, ¡rechazar el consumo de
drogas sería un indicio grave de intolerancia!
Viendo el subjetivismo de la encuesta, Estévez reconoció: “una
revisión atenta de los ítems puede llevar a algunas personas a relativizar
el perfil discriminatorio o intolerante de respuestas, que sí lo serían
desde nuestro punto de vista”; y agregó: “seguramente en la propia
selección y redacción de los ítems, junto al aspecto teórico, existe un
punto de vista ético, susceptible de operar como un prejuicio
positivo que le da a la encuesta una intencionalidad”.
24 La Revolución Cultural...

Francisco Estévez, uno de los promotores de la encuesta, de-
claró que ella se basaba en prejuicios positivos. Estévez se quejó de
que “hay temas donde la intolerancia y la discriminación es gravísima,
como son los casos de las drogas, la censura, la pena de muerte, el
aborto y la homosexualidad”. (5) Así, para que Chile deje de ser
intolerante y discriminador, habría que despenalizar las drogas, apro-
bar el aborto y aceptar la escalada homosexual, metas que ningún
católico coherente con su Fe puede aceptar… aunque con esto pase
por “intolerante”.
Por lo demás, la misma encuesta fue cuestionada por una de
las supuestas “víctimas de la discriminación”. De acuerdo a los re-
sultados de la encuesta, el 20% de los chilenos piensa que “no se les
debe dar trabajo de responsabilidad a los judíos y, más aún, los con-
sidera poco confiables”. Sin embargo, el Director de la Fundación
Sionista de Chile, Roberto Muñoz Permut, dijo: “es una exageración
(...) Personalmente nunca he sentido ningún tipo de discriminación
ni cuando era estudiante o luego como profesional”; “realmente no
creo que exista algún tipo de antisemitismo declarado en Chile, mu-
cho menos que no se le dé trabajo a alguien por ser judío”. (6)
No obstante, pese a no tener rigor técnico, como lo reconocie-
ron sus autores, la encuesta sirvió de “fundamento científico” a ex-
posiciones en foros y jornadas sobre el tema; y los diputados de la
Concertación la elogiaron en los debates de la Cámara, como “muy
seria” y “muy reveladora”, basando en ella su proyecto de ley anti-
discriminatoria.

Intolerancia de los tolerantes

De este modo, la índole cordial del pueblo chileno fue ignora-
da con el propósito de crear un clima emocional a favor de una
cirugía social de gran envergadura e imponiendo tipos de conducta,
Capítulo I 25

formas de convivencia y normas legales contrarias al Decálogo y al
orden natural de las cosas.
Nadie es más intolerante que un relativista, cuando llega al
poder. Al liberalismo poco le importa la libertad para la práctica de
la virtud, sólo le interesa la libertad para todos los vicios y, cuando
puede, fácilmente cohibe al bien su libertad en toda la medida posi-
ble. Como muestra el Prof. Plínio Corrêa de Oliveira en su ensa-
yo “Revolución y Contra-Revolución”
Contra-Revolución”, la esencia del liberalismo
es atribuirse “el derecho a pensar, a sentir y a hacer todo lo que las
pasiones desenfrenadas exigen”(7), y éstas no se inhiben cuando se
les permite dictar las reglas del juego.
Por ello, para cerrar el paso a la dictadura de los que se procla-
man tolerantes, es necesario analizar qué son realmente los dere-
chos humanos, qué entienden sus promotores por “intolerancia” y
por “discriminación” y si éstas son legítimas en ciertas situaciones,
cuando no violan la Ley de Dios. Es lo que estudiaremos en los
próximos capítulos.

1
Citas extraídas de la sección “Historia” del sitio web de la
Fundación Ideas. www.ideas.cl.
2
Segundo Foro de la Ciudadanía por la Tolerancia y la No
Discriminación, Fundación Ideas, Marzo 1997, págs. 149 a 170
3
Leg. Extr. nº 341 - 1999 / 2000, Sesión 51, jueves 11 de mayo de
2000, Debate. (Boletín N° 2142-17)
4
“Primera Encuesta Intolerancia y Discriminación — Informe y
Análisis”, Fundación Ideas y Departamento de Sociología de la
Universidad de Chile, pág. 13.
5
Francisco Estévez, director de la Fundación Ideas, “Para leer la
Encuesta de Intolerancia y Discriminación”.
6
“La Tercera”, 13 de Noviembre de 1997, “Encuesta revela
26

intolerancias de chilenos”.
7
Plinio Corrêa de Oliveira, en “Revolución y Contra-Revolución”,
Cap. VII, pág. 76 - Santiago, 1992
Capítulo II

La Revolución Cultural: gradual en la estrategia y
radical en las metas

Los promotores de la “democratización cultural” en curso, sa-
ben que las metas que se proponen -en materia de homosexualidad,
aborto, concubinato, liberalización de la droga, eutanasia y otras
aberraciones- encuentran muchas y fuertes resistencias en la men-
talidad católica y comedida de la mayoría de los chilenos.
Para sortearlas, usan una doble estrategia: por un lado, avan-
zan de modo gradual en esas materias, para no suscitar demasiadas
reacciones; y por otro, ocultan al conjunto del País sus últimos pro-
pósitos, intentando obtener la simpatía, o al menos la apatía, de una
buena parte de la sociedad. Obviamente; quieren evitar reveses
parecidos al que sufrieron en 1973...

La estrategia de desmontaje gradual de la mentalidad
conservadora

Un documento de la Facultad Latinoamericana de Ciencias
Sociales (FLACSO), uno de los reductos del socialismo renovado,
decía en 1991 que había que avanzar lentamente, para no provocar
reacciones: “Una tal política de desmontaje de aquellos mecanis-
28 La Revolución Cultural...

mos [institucionales y legales que impiden la eclosión de discursos
éticos alternativos] es quizás el verdadero destape que define a la tran-
sición cultural en el caso chileno” (...) “Delicado proceso de frágiles
equilibrios, en el cual el deseo de cambio no puede generar nueva-
mente sentimientos de amenaza catastrófica en ningún estrato de la
sociedad”. (1)
Esa misma estrategia gradual también la planteó Soledad
Larraín, Sub-Directora del Sernam (1991-1992): “Caminando a tien-
tas las mujeres hemos ido internándonos en los prohibidos pasillos y
recovecos del poder. Con pudor primero, con temor después y luego
con voluntad, avanzamos lentamente, con el peso de una historia que
es más presencia que pasado, desafiando el discurso moralista y con-
servador que siempre está presto a expresarse en las bocas de aquellos
que perciben su ‘orden’ cuestionado. (...) Debemos romper el círculo y
para eso es necesario partir por el primer peldaño”. (2)
Algo semejante dijo Josefina Bilbao, entonces Secretaria Na-
cional de la Mujer, al presentar en la ONU el Informe sobre el cum-
plimiento en Chile de la Convención para la Eliminación de todas
las Formas de Discriminación contra las Mujeres: “Para desarrollar
su agenda legislativa el Sernam debió considerar la tendencia con-
servadora de algunos sectores de la sociedad y la conformación del
Senado, donde el gobierno no cuenta con mayoría. (…) Esta reali-
dad ha determinado el cronograma de las leyes que se han aproba-
do”. (3)
A los revolucionarios les pesa que la sociedad chilena
sea conservadora
Este lado conservador del país en materia de costumbres, que-
dó en evidencia en la última elección presidencial, cuyo embate
terminó centrándose en las cuestiones morales. El candidato de la
Concertación, adalid de la “liberación”, perdió simpatías del públi-
Capítulo II 29

co mientras mantuvo esa posición, en cuanto que su opositor, que
no ocultaba su condición de católico, obtenía un apoyo creciente.
Así, Ricardo Lagos tuvo que cambiar su discurso entre ambas vota-
ciones, retrocediendo en su apoyo al aborto y rogando a sus aliados
que no tocasen ese tema en la campaña, pues corría el peligro de no
ser elegido.
Analizando esta elección, el conocido sociólogo socialista fran-
cés Alain Touraine, declaró que los chilenos “al mismo tiempo han
rechazado el riesgo de grandes conflictos sociales y han defendido la
posición de la Iglesia sobre la familia”. (4) Al respecto de la índole
conservadora de la opinión pública chilena, es ilustrativa la reciente
encuesta mundial realizada por la International Social Service
Program, (ISSP) en 32 países del mundo. En ella se afirma que
“Respecto a temas como el aborto, la homosexualidad, la infidelidad
y las relaciones prematrimoniales, la ponderación de las respuestas
clasifica a los chilenos como los segundos conservadores, precedidos
por los filipinos “ (5)Las fuerzas contrarias a la familia saben, pues,
que el terreno está minado y que la única posibilidad que tienen es
avanzar paso a paso y cautelosamente, evitando que una acelera-
ción excesiva desencadene una reacción. Para que esta revolución
cultural sea digerida por todos los chilenos, debe ser cocinada a
“fuego lento”.
Tal estrategia fue asumida incluso por movimientos radicales
como “La Morada”, que promueve claramente el lesbianismo. La
dirigente Francisca Pérez, declaró en uno de los foros sobre toleran-
cia: “a veces, no es prudente poner todos los temas sobre la mesa, a
veces es preferible replegarse y esperar, para entender la complejidad
de los problemas y las trampas que éstos te ponen”. (6)
No se crea sin embargo que tal moderación en los medios dis-
minuye la radicalidad del objetivo último de esta revolución cultu-
ral
ral. Al contrario, justamente porque quiere llegar hasta sus más
30 La Revolución Cultural...

osados extremos, es cautelosa en los medios que utiliza y en los
ritmos que sigue.
En tal sentido son expresivas las declaraciones sobre esta re-
volución cultural del dirigente del MIR Andrés Pascal Allende:
“Estamos hablando no sólo de un cambio político, es también un
cambio de forma de vida, es un cambio civilizatorio (...) Ése es un
cambio más radical y más profundo que el que nunca nosotros nos
planteamos antes”. (7)
Pascal Allende no sólo se muestra eufórico con esta neo-revo-
lución, sino que, como revolucionario militante, se pone a su servi-
cio: “Y en ese contexto soy una bisagra entre esa lucha pasada (la
ilegal y violenta del MIR) y esta realidad presente, que surge como
demanda de los propios jóvenes que se quieren unir a la memoria del
País, retomar esa memoria histórica y reconstruir una síntesis”. Las
declaraciones del ex líder del Mir confirman la continuidad ideoló-
gica de la nueva revolución cultural con la vieja revolución marxis-
ta. (8)

Antecedentes de la revolución cultural

Marx concibió su revolución como un enfrentamiento, por to-
dos los medios, de los proletarios contra los propietarios, los obreros
contra los burgueses, los pobres contra los ricos, lucha que, atrayen-
do a los pueblos, llevaría a la construcción de paraísos socialistas,
en los cuales habría abundancia de bienes, además de igualdad y
libertad absolutas. Sin embargo, con el transcurso de las décadas,
se hacía cada vez más evidente su fracaso, tanto para lograr el apoyo
de las multitudes como para llegar a la implantación de las quime-
ras anarco-colectivistas.
Inspirados en ese mito marxista, hubo muchos movimientos
que alcanzaron cierto arraigo popular y apoyos en otros ambientes –
eclesiásticos, burgueses, empresariales, etc.– con los cuales en no
Capítulo II 31

pocos casos llegaron al Poder, pero, en poco tiempo, esos progresos
se transformaron –como sucedió en nuestra Patria– en reveses enor-
mes.
Sea por esos fracasos, por el incumplimiento de sus promesas,
por la pérdida de sus aliados o por la apatía de los obreros ante la
repetición simplista de sus slogans, el movimiento comunista se fue
estancando. Nunca alcanzaron la abundancia económica que pro-
metían, sino una brutal miseria; nunca consiguieron el bienestar de
las clases más modestas, sino la instauración de tiranías que se man-
tuvieron sobre la base de la mera represión.

El estancamiento mundial de la revolución marxista

Así describió esa situación en 1966 el Prof. Plinio Corrêa de
Oliveira en su obra “Trasbordo ideológico inadvertido y Diálogo”:
“Hace cien años –en números redondos– que el comunismo viene
predicando a las masas obreras del mundo entero la revolución so-
cial, la matanza y el pillaje. Para esa prédica dispuso casi continua-
mente, a lo largo de ese siglo, de entera libertad de pensamiento y de
acción en casi todos los países. Tampoco le faltaron recursos financie-
ros inmensos, ni especialistas y técnicos de los mejores en materia de
propaganda. A despecho de todo eso, las multitudes se han manifes-
tado, en su gran mayoría, poco sensibles a las invitaciones –que tan
fácilmente podrían fascinarlas– de la demagogia marxista. (...) La
causa de la insoluble imposibilidad de la victoria comunista a través
de las urnas está también, en alguna medida, en la resistencia que
opone al marxismo el fondo de sentido común de la humanidad. Ese
sentido común choca con el carácter esencialmente antinatural que se
muestra en todos los aspectos del comunismo. En los pueblos de civi-
lización cristiana, se suma a ese factor la incompatibilidad del espíri-
tu, de la doctrina y de los métodos marxistas con el espíritu, la doctri-
na y los métodos de la Iglesia.” (9)
32 La Revolución Cultural...

A lo largo de ese proceso, surgieron diversas quimeras que
trataban de auxiliar al comunismo –la revolución castrista, la demo-
cracia cristiana, la “la vía democrática hacia el socialismo” de Allen-
de, el “compromiso histórico” en Italia, el socialismo autogestiona-
rio francés, el sandinismo en Nicaragua, etc.– todas estas fórmulas
también fracasaron cuando los pueblos notaron su verdadera índole
y por eso se apartaron de ellas. Así, cayeron en el descrédito: casi
todas las guerrillas acabaron, la democracia cristiana se desprestigió
totalmente y los líderes del socialismo autogestionario creyeron más
hábil postergar su implantación y aplicar en parte la economía libe-
ral, para conservar el Poder.
Al mismo tiempo, Occidente reasumió a comienzos de los años
80 una posición anti-comunista y anti-socialista vigorosa, disminu-
yendo las concesiones al régimen soviético –por lo demás totalmen-
te fracasado, por causa de su estatismo– con lo cual la propia sub-
sistencia de éste se volvía incierta, hasta que, a fines de esa década,
optó por autodemolerse, tan inviable le parecía a largo plazo su vic-
toria.
A medida que el mundo avanzó en ese itinerario, los promoto-
res de la Revolución mundial intentaron salir del impasse en que se
encontraban, a través de varias estrategias y procesos, en general de
una enorme radicalidad, como si los guiase la esperanza de que
éstos destruyesen toda resistencia y los ayudasen decisivamente a
llegar a la victoria.

La Revolución Cultural china

Uno de esos procesos fue la Revolución Cultural china, en los
años 60, lanzada por el comunismo dominante para salir del estan-
camiento, eliminando los restos aún existentes de las tradiciones
milenarias de ese pueblo, que habían sobrevivido tenazmente a más
Capítulo II 33

de una década de tiranía colectivista y sanguinaria. Se quiso trans-
formar integralmente las mentalidades, extirpando de las concien-
cias, tanto de comunistas como de no comunistas, todo eco del pa-
sado feudal o capitalista, para modificar por entero ese país,
instaurando, cualquiera que fuese el perjuicio, las comunas
autogestionarias.
La Revolución Cultural china fue una revolución no sólo eco-
nómico-social, sino integral, que afectó a la vez tendencias, ideas y
hechos, leyes y costumbres, transformando todos los aspectos de la
vida individual y colectiva. Tal Revolución constituyó una opera-
ción de una violencia moral y material inaudita, que superó en
radicalidad todos los crímenes anteriores de la secta roja.
Según el sociólogo francés Jacques Ellul, “No se podía obtener
el trabajador y el comunista ideales sino con mutaciones psico-mora-
les y culturales. (...) Hubo que producir inevitablemente una ruptura
cultural, un desarraigo. Y ése fue uno de los aspectos de la enorme
‘Revolución Cultural’, aplastamiento de los viejos que representaban
el pasado, aplastamiento de aquellos que tenían alguna superioridad
social (profesores, cuadros directivos, incluso los del partido, ingenie-
ros, etc.), eliminación y destrucción de los vestigios del pasado: libros,
monumentos, obras de arte... todo debía ser arrasado” (10)
Para el alemán Gunter Bartsch, esa Revolución Cultural fue,
“por una parte, una revolución de base anarco-comunal para des-
truir e intimidar; por otra, era una revolución de cúpula, estatal-co-
munista, para disolver una casta de funcionarios, garantizando, si-
multáneamente, un mínimo de orden”. (11)
De cualquier manera, a despecho de los crímenes cometidos,
de la zozobra producida y de los retrocesos tácticos que los revolu-
cionarios chinos después tuvieron que efectuar, lo entonces sucedi-
do se convirtió, para los adictos del colectivismo y de la autogestión,
34 La Revolución Cultural...

en un modelo de lo que querrían hacer por doquier, o sea, una trans-
formación violenta y total para extirpar sin más todo lo pre-existen-
te.

La revolución de la Sorbonne

A fines de los años 60, muchas corrientes socialistas comenza-
ron a mostrar, con matices diversos, una radicalidad nueva en su
odio a la familia, inspirada en las doctrinas, entre otros, de Sigmund
Freud, Wilhelm Reich y Herbert Marcuse, pues notaban que, si la
familia subsistía, los avances revolucionarios podrían resultar efí-
meros. De la confluencia de esas ideas se formaría un nuevo mode-
lo revolucionario que tendría efectos funestos en todo del mundo.
Freud había fundado el psicoanálisis para diagnosticar y tratar
ciertos casos de neurosis, con base en la preponderancia del in-
consciente y en el determinismo de los actos humanos, atribuyendo
al instinto sexual una influencia primordial. Wilhelm Reich, discí-
pulo suyo y adepto del comunismo, inició el freudo-marxismo y fue
uno de los más conocidos divulgadores de la liberación sexual, así
como del movimiento contra la autoridad y la familia, por conside-
rar que ésta es “una fábrica de ideologías autoritarias y de estructu-
ras mentales conservadoras”, que debe ser desmantelada. Marcuse,
de la escuela marxista de Francfort, adoptó esa tesis de Reich e
inspiró doctrinariamente la rebelión anarquista de la Sorbonne de
1968.
Marcuse impulsaba los “cambios orgánicos de instinto y bioló-
gicos, al mismo tiempo que los cambios políticos y sociales (...) inclu-
yendo la moral de la sociedad existente”, diciendo: “se acabaron la
idea tradicional de revolución y la estrategia tradicional de revolu-
ción (...) Lo que debemos emprender es una especie de difusa y disper-
sa desintegración del sistema”. (12)
Capítulo II 35

La revolución de la Sorbonne, siguiendo el lema prohibido pro-
hibir, que reproducía el espíritu anárquico, o sea, contrario a todas
las autoridades y a todas las leyes, quería que esa revolución trans-
formase todas las facetas del alma humana. El impulso fuertemente
contestatario de sus adeptos buscaba sustituir la convicción supues-
tamente revolucionaria de las masas, para que la generalidad de las
autoridades capitulase ante sus exigencias.
El freudo-marxista francés Pierre Fougeyrollas concibió la “re-
volución cultural” como “una revolución de las formas de sentir, de
actuar y de pensar, una revolución de las formas de vida colectiva e
individual, en suma una revolución de la civilización”. ¿Cómo? Con
“la revolución sexual, o sea la abolición de las relaciones actuales
entre los sexos, acompañada de una transformación radical de las
relaciones entre hijos y padres, jóvenes y adultos, (que) debe acompa-
ñar el curso de la revolución económica, social y política”.(13)
De hecho, también la revolución de la Sorbonne llegó luego a
un impasse por la profunda inquietud que su radicalidad impía pro-
vocó en la población francesa, de modo que sus agitadores e
inspiradores tuvieron que replegarse, para desarrollar en la penum-
bra un largo proceso de fermentación y corrosión teniendo en vista
ataques futuros.
Sin embargo, en los violentos disturbios desarrollados en va-
rias ciudades francesas los marcusianos lograron contaminar y se-
ducir con su ideología a jóvenes de otras latitudes, quienes, siguien-
do esas aberraciones, años después traumatizarían a sus propios
países. Entre ellos había algunos camboyanos que luego se harían
conocidos mundialmente como líderes del Khmer Rouge y luego
como los peores criminales de toda la Historia.

La revolución genocida en Camboya
36 La Revolución Cultural...

En efecto, en 1975, terminado el conflicto del sudeste asiático,
cuando Occidente abandonó esas naciones a la saña comunista e
hizo posible que ésta las dominase totalmente, Camboya fue vícti-
ma de una revolución cultural, en la cual confluyeron las ideas ne-
fastas de la ya verificada en China y de la revolución de la Sorbonne,
llegando a un paroxismo de brutalidad criminal.
Esa revolución cultural también quiso eliminar todo lo que re-
cordase la civilización preexistente, para lo cual realizó masacres
gigantescas que exterminaron a más de un tercio de la población
del país -entre 2 y 3 millones de personas, de un total inferior a los
8 millones- para llegar así a profundidades inéditas en su régimen
antinatural.
También entonces poseer cualquier elemento de superioridad
-social, intelectual, económico, cultural, etc., aunque fuese míni-
ma- significaba para quien la tuviese la muerte inmediata, porque
se buscaba lanzar a su población en un total primitivismo, obligán-
doles a abandonar las ciudades rumbo a la selva, donde imperaba
el poder secreto brutal del Khmer Rouge.
Pese a los crímenes, la barbarie y la postración causada, la
revolución camboyana fascinó –declaradamente o no– a izquierdis-
tas de todo el mundo, por ser un experimento en el que se prescin-
dió de siglos de historia, de todos los preceptos de la ley natural, y
de todas las jerarquías. Desde entonces, los revolucionarios queda-
ron encantados con ese nuevo ejemplo de perversión, que les pare-
cía prometer una irreversible paganización.
Sin embargo, una vez más, pasado el paroxismo de la violen-
cia, los revolucionarios camboyanos retrocedieron, porque a pesar
de todo, en los pequeños y dispersos restos de civilización que no
lograron destruir, encontraron alguna resistencia, volviendo palpa-
ble que para ellos el problema del estancamiento revolucionario grosso
Capítulo II 37

modo se mantenía, y que para esto los millones de crímenes come-
tidos de poco les habían servido.
Al mismo tiempo, pasada la inercia inicial de Occidente frente
a ese genocidio, debida en parte a la desinformación, empezó a cir-
cular por el mundo –primero de modo tímido, después de forma
caudalosa– el relato de los horrores perpetrados, haciendo imposi-
ble a mediano plazo que otras naciones pudiesen ser impulsadas
por ese sendero.
A medida que esto sucedía, una nueva corriente de ideólogos
socialistas continuó buscando apariencias nuevas y slogans atra-
yentes para los errores de siempre; imaginando nuevas tácticas para
reanimar simpatías extinguidas; reviviendo mitos caducos; conci-
biendo nuevos sofismas; seduciendo nuevos cómplices y dándoles
esperanzas de avanzar, más allá del estatismo, hacia la meta
anticristiana a la vez igualitaria y libertaria, sin jerarquías ni leyes.
No obstante esta larga historia de fracasos y de metamorfosis
para imponer la utopía marxista, sus adeptos no abandonaron los
sueños de subvertir integralmente el orden natural instituido por
Dios. Para esto la vía abierta por la revolución cultural de la Sorbonne
pareció promisoria, pues a través de ella podrían superar el estanca-
miento crónico en que se encontraban.

Una alianza inédita para impulsar viejas aberraciones: el
“nuevo proletariado”

La lucha de clases no podía ser, por tanto, de proletarios contra
propietarios, pues casi todos los de la primera categoría querían in-
corporarse a la segunda. Muchos de los que eran considerados como
explotados en el fondo no se consideraban tales. En último análisis,
el grado de odio resultaba insuficiente para impulsar el proceso re-
volucionario.
38 La Revolución Cultural...

Nació entonces la idea de buscar un “nuevo proletariado”,
basado en la alianza de los sectores supuesta o realmente excluidos,
no tanto de la posesión de bienes, sino de expresión en la sociedad,
para hacer un frente común que sumase todos los odios y desórde-
nes morales, para abatir las barreras y derogar todos los principios.
Para ello, había que reclutar y articular a las huestes contesta-
tarias, a las minorías étnicas o sociales que se creían reprimidas o
marginadas, a los emigrantes, a los “sin techo”, “sin tierra”, “sin
empleo” o “sin documentos”; a los homosexuales, prostitutas,
travestís y adeptos de otras aberraciones; a los enfermos de Sida,
lisiados y otras categorías de enfermos incurables; a los punks,
rockeros, pseudo artistas o intelectuales “de vanguardia”; a los dro-
gadictos, traficantes y presidiarios; hubo incluso quienes desearon
incorporar a ese frente a los estudiantes, para luchar contra los pro-
fesores y a los hijos para que enfrentasen a sus padres.
En suma, se trataba de realizar una demolición moral en la
que el conjunto de la sociedad adoptara todas las aberraciones mo-
rales, por más chocantes que estas pudiesen parecer, impregnando
con ellas todas las manifestaciones de la vida y pensamiento y aca-
bando con los restos de civilización cristiana que aún persistían.

España resistió a la violencia comunista, pero se dejó
arrastrar por la revolución cultural

Este proceso de transformación cultural fue aplicado durante
los años 80 y parte de los 90 en la otrora católica España, donde el
pueblo había resistido heroicamente el brutal y sanguinario intento
de hacerla comunista a fines de los años 30.
Décadas después, más o menos olvidadas la furia satánica de
los rojos y las glorias de la reacción católica que despertaron, un
gobierno socialista asumió un new look moderno y distensivo para
Capítulo II 39

realizar una revolución que transformó por entero esa nación, sobre
todo del lado moral y cultural.

La revolución cultural española

Conviene insistir en la definición del socialista francés Pierre
Fougeyrollas, ”la expresión revolución cultural significa verdadera-
mente una revolución de las formas de sentir, de actuar y de pensar,
una revolución de las formas de vida colectiva e individual, en suma,
una revolución de la civilización”.. (14)
Sin nunca ir más allá de lo que lo opinión pública española
podía aceptar en el momento, el Partido Socialista Obrero Español
(PSOE) llevó a cabo en España una revolución silenciosa y tranqui-
la, que acabó, según declaró el dirigente socialista Rodríguez de la
Borbolla, “cambiando al país" y dándole la vuelta “como a un cal-
cetín”.
El propio clima político se transformó, para dar la impresión
que los principios no tenían mayor importancia: “Las costumbres
políticas se desarrollan aquí en una excepcional atmósfera de convi-
vencia. No importa ser dirigente del Partido Comunista, Socialista o
de Alianza Popular; entre ellos conversan, se tutean, se invitan, orga-
nizan coloquios y seminarios. Todo ello da la impresión, poco común,
en este sur de Europa, de que no ha sido transmitida ninguna heren-
cia ideológica”.(15)
Por su parte el Cardenal Tarancón, entonces presidente de la
Conferencia Episcopal española declaró: “Ya no acierta uno a com-
prender quiénes son los verdaderamente conservadores y quiénes son
los auténticamente avanzados” (16)
El comentarista de ABC, Jaime Campmany, por su parte hace
notar que: “Han hecho una campaña aburrida, vacía de contenidos.
40 La Revolución Cultural...

No han explicado su programa. (...) se evitó cuidadosamente el deba-
te público. (17)

Demolición de la Familia

Sin embargo, el PSOE tenía muy claro qué pretendía hacer
con relación a la Familia, “fábrica de estructuras mentales conserva-
doras” y “taller ideológico del orden social”, según el ya citado autor
freudo-marxista Wilhelm Reich. El 28 Congreso del Partido Socia-
lista, en 1979, definió algunas de sus propuestas:
- Introducción de la democracia en la Familia, con “igualdad
de oportunidades, derechos y responsabilidades para todos los miem-
bros que la componen”
- “Asumir” la revolución feminista, acabando con la concep-
ción tradicional de la mujer como fundamentalmente esposa y ma-
dre de familia.
- “Asumir la lucha reivindicativa de los homosexuales”.
- Eliminación virtual de la Patria Potestad.
- Equiparación del matrimonio con las uniones ilegítimas
- Divorcio rápido y sin excepciones
-“Educación sexual” desde el preescolar; control de la natali-
dad; aborto. “La sexualidad debe ser considerada una dimensión pla-
centera, la comunicación humana, independiente de la reproducción.
Por lo tanto, no habrá una auténtica entrega al placer sexual mien-
tras exista el temor al embarazo no deseado”. (18)
El Ministerio de Educación, por su parte, transformó la ense-
ñanza en una escuela pública “pluralista”, “donde se convive en la
tolerancia y la igualdad” para “liberar energías transformadoras”
que modificaron en la sociedad el “rumbo y sus reglas de conviven-
Capítulo II 41

cia” (19) El PSOE inició un proceso de “progresiva desaparición de
la enseñanza privada [promoviendo la] enseñanza laica, desapare-
ciendo las materias religiosas de centros y planes de estudio” (20)

“Cultura liberadora”

El PSOE promovió la realización de obras de teatro blasfemas
y libertinas, varias de las cuales presentadas en la vía pública. La
revista “Renovación”, órgano de la Federación Nacional de Juven-
tudes Socialistas, incentivó los llamados “comandos del amor” que
realizaban shows públicos “para que todo el mundo contemple el
acto de amor, niños incluidos”. Se trataba de imponer “una moral
sin religión y sin ley...contra los moralistas del pecado y del infier-
no.” (21) Coincidió con estas iniciativas un verdadero terrorismo de
sacrilegios y blasfemias en toda España: destrucción o profanación
de imágenes, robos sacrílegos, etc.

Despenalización de la droga

La reforma del Código Penal dejó de penar la tenencia de dro-
gas, considerando delito exclusivamente el cultivo, fabricación y el
tráfico de las mismas.

Nudismo

El estímulo al nudismo, primero con la generalización del uso
del topless en las playas y luego con la inauguración de piscinas
por el Ayuntamiento de Madrid exclusivamente dedicadas al nu-
dismo, fueron algunos de los pasos dados hacia esta nueva cultura
socialista.

Relativización de la propiedad privada
42 La Revolución Cultural...

Fieles a su táctica de reformas paulatinas, los socialistas espa-
ñoles no atacaron la propiedad privada de frente sino que iniciaron
un proceso de “relativización funcional de la propiedad privada que,
sin ser de carácter expropiatorio, pondría en manos del socialismo un
instrumento material poderoso”. (22)
Al mismo tiempo, el Ministro del Trabajo inició un proceso de
introducción de la cogestión obrera en las empresas públicas, con
vistas a introducirla paulatinamente en la empresa privada
“negociándose por la vía de los convenios colectivos”. (23)

La disgregación del Estado

Bajo la inspiración socialista, el Estado fue siendo paulatina-
mente disgregado. Por una parte, se estimuló el separatismo de mi-
norías étnicas y, por otra, se hicieron concesiones de los derechos
de soberanía a acuerdos internacionales. Marx explicó que después
de una etapa de poder omnímodo del Estado, éste tendería a des-
aparecer.

Chile, tras los pasos de España

De un modo que guarda cierta analogía con lo sucedido en la
Madre Patria en los años 30, Chile fue traumatizado en los 70 por
una verdadera guerra de conquista lanzada por el comunismo, con
apoyo –para usar los infames pero elocuentes términos de Marx– de
cómplices e “idiotas útiles” de diversos estilos, la cual, sin llegar a
los extremos sufridos por España, suscitó en grandes sectores de
nuestra población, una reacción realmente salvadora.
Ante las evidencias de la índole violenta y anti-cristiana de los
marxistas y la visceral indolencia de los “idiotas útiles”, sucedió en
la opinión chilena algo semejante a lo que acontece cuando se in-
tenta disolver en un líquido cantidades desproporcionadas de una
Capítulo II 43

sustancia, o sea, que la solución se satura y provoca una cristaliza-
ción que separa por completo los elementos que se intentó juntar.
De ahí se originó, en virtud del total descrédito de los socialis-
tas de todos los matices, un fuerte impulso nacional de restaurar los
principios e instituciones que los marxistas habían combatido, en
especial en materia socio-económica. Este impulso brotó en gran-
des sectores de la Nación con mucho más coherencia y firmeza que
la habida anteriormente.
Esas verdades que Chile comprendió durante el régimen mar-
xista y que se consolidaron a la caída de éste, se volvieron patentes
para todo el mundo occidental, quince años después, cuando cayó
la cortina de hierro, y se vio el mar de miseria, descontento y deca-
dencia de esas poblaciones que ésta escondía.
Desde entonces, la necesidad para los promotores de la des-
cristianización de sustituir la revolución proletaria por la revolución
cultural se volvió ineludible. Al menos mientras no se produzcan
crisis socio-económicas de grandes magnitudes que arrasen el or-
den social, demuelan en los pueblos las esperanzas de progreso y
den ocasión a sembrar en ellos el odio, el desorden moral y la rebe-
lión sin los cuales las revoluciones difícilmente estallan.

1
Germán Bravo G., Documento de Trabajo FLACSO Programa Chile
– Serie Educación y Cultura Nº 13, Santiago, Octubre 1991.
2
Soledad Larraín, “Prácticas segregatorias: del domicilio a la
sociedad” in Ver desde la Mujer, pág. 75 79, Ediciones “La Morada”
3
María Josefina Bilbao M., 2º y 3º Informe de Chile sobre el estado
de cumplimiento del CEDAW en la ONU, 22 de Junio de 1999,
pág.38.
4
Revista “Rocinante”, Año III, No. 18, Abril 2000, pág. 8.
5
La encuesta informa que el 83% considera malo el aborto, el 88%
44

reprueba la infidelidad y el 91% considera la homosexualidad como
un comportamiento incorrecto. “El Mercurio”, 22 de Noviembre de
2001.
6
Francisca Pérez, in Seminario ¿Intolerantes y discriminadores? -
Diálogo académico y social, Ministerio Secretaría General de
Gobierno, Departamento de Estudios, Santiago, 1999, pág. 92.
7
Revista “Rocinante”, Año III, N°. 19, Mayo 2000, pág. 15
8
Ibídem, pág 17
9
Plinio Corrêa de Oliveira, “Trasbordo Ideológico Inadvertido y
diálogo”, Santiago, Mayo 1985, págs. 21-22
10
Jacques Ellul, “Changer de révolution –L´inéluctable prolétariat”,
Ed. Seuil, París, 1982, pp.106 -107
11
Gunter Bartsch, “Kommunismus, Sozialismus, Anarchismus,
Bundeszentrale für politische Bildung”, Bonn, 1975, 6 ed., pp. 108-
109.
12
Herbert Marcuse, “La sociedad carnívora”, 2ª. Ed. Galerna, Buenos
Aires, 1969, pág. 45 y ss.
13
Pierre Fougeyrollas ,”Marx, Freud et la révolution totale”, Anthropos,
París, 1972, págs. 390 y 630.
14
Ibídem, pág. 390
15
Claudel Tréan, “Le Monde“, 7 de Febrero de 1986
16
“Vida Nueva”, 5 de Abril de 1986.
17
“ABC“, 1 de Julio de 1986, “El silencio”.
18
PSOE, Resoluciones, 28 Congreso del PSOE, Madrid, 1979, págs.
16-17
19
Ministerio de Educación y Ciencia (España), Proyecto para la
reforma de la enseñanza, 1987, pág. 21
20
PSOE, 27 Congreso del PSOE, Ed. Avance, Barcelona, 1977, pág.
200
21
Revista “Renovación”, 27 de Septiembre de 1977, pág. 45.
22
Ramón García Cotarelo, “El Modelo de Sociedad”, en Alfonso
Guerra y otros, “El futuro del socialismo”, Ed. Sistema, Madrid, 1986,
pág. 169
23
“El País“, Madrid, 14 de Enero de 1986.
Capítulo III

La “no discriminación”: nuevo pretexto para la
lucha de clases

En agosto de 1999, el restaurante “El Club” fue objeto de dos
reclamaciones por no atender a menores de edad; y un conocido
lugar juvenil fue denunciado por negar el ingreso a dos jóvenes que
usaban zapatillas, porque exige a sus usuarios presentarse con za-
patos.
Para la jefa de la unidad judicial del Servicio Nacional del
Consumidor, esas denuncias serían justas porque poner requisitos
de vestuario o de edad sería discriminatorio, violando los derechos
del consumidor a un trato igual para todos, incluso si se pone un
aviso de que la norma se aplica a todos. De donde se deduce que,
para ella, exigir buena presentación es un atropello a la dignidad
humana.
Sin embargo, esas limitaciones de ingreso son razonables. El
propietario de uno de los establecimientos señaló que “en todas las
áreas hay una tendencia a la especialización” y que “la ley debiera
permitir, por ejemplo, que un restaurante pudiera orientarse a un seg-
mento determinado”. Y el representante del otro expuso que el pro-
46 La Revolución Cultural...

curar “un perfil especial” explica la exigencia de usar zapatos: “más
que discriminación, son normas de convivencia”, señaló. (1)
Estas afirmaciones serían en el pasado calificadas como de
sentido común, pero hoy son tachadas por los promotores de la “de-
mocratización cultural” de contrarias a la igualdad y a la libertad,
“los dos parámetros básicos de la convivencia moderna” (2).
En esa línea, la periodista Marcela Espíldora escribió: “si bien
en Chile no se ven manifestaciones xenófobas al estilo skin head o
cazas de grupos a lo Ku Klux Klan, persisten alarmantes niveles de
intolerancia y discriminación (…) Alumnos expulsados del colegio
por usar pelo largo, exigencias de edad y presencia para postular a
puestos de trabajos o locales que se reservan el derecho de admisión,
son algunos de los ejemplos más claros. Esto, sin mencionar lo que
sufren grupos como homosexuales, discapacitados, indígenas, pobres,
enfermos de Sida, mujeres y confesiones religiosas minoritarias, entre
otros” (3).
Esa discriminación se extendería, según la Fundación Ideas,
“a los pueblos indígenas, a las personas que han sido encarceladas, a
las mujeres, a los homosexuales, a las lesbianas, a los drogadictos, a
los seropositivos, a las confesiones religiosas minoritarias, a los
discapacitados, a los pobres, a los jóvenes, a los extranjeros, al pensa-
miento diverso” (4). O sea, a todos los que, a uno u otro título, sean
considerados inferiores o minoritarios.

A fin de cuentas, ¿qué es discriminar y cuándo es injusto
hacerlo?

1. Sentidos de la palabra “discriminación”
Discriminar viene del latín discrimen, derivado de discernere:
separar, dividir. María Moliner, en su Diccionario de Uso del Espa-
ñol, señala que la primera acepción es “diferenciar, discernir, distin-
Capítulo III 47

guir. Apreciar dos cosas como distintas o como desiguales”. Por tanto,
quien raciocina, discierne, distingue u ordena, necesariamente dis-
crimina.
Ese sentido originario fue siendo substituido por otro peyorati-
vo, como explica María Moliner: “acepción recientemente aceptada
por la Real Academia para la inclusión en el Diccionario (...)
Específicamente, dar trato de inferioridad en una colectividad a cier-
tos miembros de ella, por motivos raciales, religiosos, políticos, etc.”
2. ¿Cómo evolucionó este concepto de discriminación?
Así, el criterio de “no-discriminación” dejó de ser objetivo: la
existencia de cualquier jerarquía es considerada como un intento
de disminuir a otros; renace la idea socialista según la cual toda
diferencia hace sufrir al inferior, aunque éste sea tratado dignamen-
te; y, para evitar tal sufrimiento, habría que suprimir toda desigual-
dad.
Danièlle Lochak, de la Universidad de Nanterre, proclama este
prejuicio al afirmar que toda jerarquía es ilegítima y arbitraria, pues
cualquier distinción implica tratar mal al inferior: “Discriminar, en
el lenguaje corriente, ya no es más simplemente separar, sino separar
jerarquizando, tratando más mal a aquellos que precisamente serán
llamados víctimas de una discriminación. El adjetivo ‘discriminatorio’
designa, así, exclusivamente un comportamiento o un acto que tiende
a distinguir un grupo humano o una persona de los otros, en su detri-
mento (…) La discriminación es la distinción o la diferencia de trato
ilegítima: ilegítima porque arbitraria, y prohibida por ser ilegítima”.(5)
Según eso, los menos favorecidos son discriminados por el na-
cimiento o por la vida, y la sociedad debe corregir tal desventaja. Lo
afirma Michael Banton, del Comité de la ONU para la eliminación
de la discriminación racial: “La desventaja es frecuentemente trans-
mitida de una generación a la otra. Puede crear imágenes desfavo-
48 La Revolución Cultural...

rables de ciertos grupos y éstas pueden, a su vez, ser causa de una
desigualdad de trato. Habrá entonces discriminación, aunque no sea
percibida como tal”. (6.)
3. Las nuevas minorías privilegiadas
Se cuentan también entre las víctimas quienes son excluidos
de los “espacios simbólicos”, o sea, de los valores culturales acepta-
dos por la sociedad, por practicar estilos de vida “alternativos”, con-
tra las normas vigentes: drogadictos, travestís, homosexuales, pros-
titutas, etc. (7), a quienes entonces se procura promover.
Tal criterio absurdo de “no-discriminación” que favorece a esos
“grupos minoritarios”, para compensar la desventaja de que serían
víctimas, en el fondo los transforma en una clase privilegiada, no en
razón de sus méritos, derechos, necesidades o roles en la sociedad,
sino por causa de sus desviaciones morales, transformándolos en
agentes de la degradación.
4. Pascal Allende y la nueva lucha de clases
Así, el concepto marxista de “explotado” va siendo sustituido
por los de “postergado”, “excluido” y “marginado”, los cuales in-
cluyen a todos los que de algún modo se creen menos beneficiados
por la sociedad, por encontrarse en una posición inferior, aunque
sea digna.
Es lo que señala Andrés Pascal Allende: “estamos empezando
a vivir un proceso en que se va a producir una confluencia de organi-
zaciones sociales, políticas que van a tender a generar una nueva
corriente de movimientos revolucionarios en Chile (...)” (8)
5. La nueva “lucha de clases” promovida por la
Concertación
En este marco de la nueva lucha de clases, se entiende por
qué el diputado Nelson Ávila dijo en la Cámara que la existencia de
Capítulo III 49

colegios particulares pagados constituye una discriminación, pues-
to que por razones de tipo económico no todos pueden acceder a
ellos. En el mismo sentido se pronunciaron los diputados Velasco
(DC), Valenzuela (PS), Gutiérrez (DC) y Letelier (PS) (9). Para ellos,
aunque todos los niños estudien, si algunos reciben una educación
mejor, es una discriminación intolerable.
Asimismo, para Jaime Aymerich, profesor del Departamento
de Sociología de la Universidad de Chile, la jerarquía social tradi-
cional revelaría un “racismo de la desigualdad”, que “asociado a la
división de la sociedad en clases sociales y sus modalidades de estra-
tificación social”, “genera prejuicios de raza fuertemente imbricados
con los prejuicios de clase”. (10)
El mismo rechazo a la existencia de una clase tradicional apa-
rece en las palabras de Jorge Arrate, ex Ministro Secretario General
de Gobierno, en uno de los Foros sobre discriminación: “Una socie-
dad sin discriminación es una utopía, pero hay que intentar acercarse
a ella. Y una de las cosas que hay que hacer es desenmascarar. Por
ejemplo, un país donde según las encuestas se discrimina a los que no
son rubios y que, por lo mismo, discrimina a la mayoría, [es] un país
que se discrimina a sí mismo. Lo que indica que unos pequeños gru-
pos de personas imponen una hegemonía en el modo de ser, en la
manera de pensar, con cosas tan absurdas como preferir a mujeres
rubias y no morenas para un trabajo. (…) Tenemos que propender a
sancionar las discriminaciones por edad, las de clase social, las de
género, las de lugar de residencia que se dan muy fuertes en el merca-
do de trabajo”. (11)
Igual retórica usa Francisco Estévez, para quien “en Chile el
racismo asocia el color de la piel a un status socioeconómico”, pues
“a las personas que están cerca del biotipo nórdico las oportunidades
les resultan más asequibles que a quienes, en sus rasgos fisionómicos,
50 La Revolución Cultural...

se aproximan al biotipo indígena”(12), mientras el diputado Navarro
afirma que “en Chile hay discriminación, pero no como la de Euro-
pa”, pues “aquí es oculta, inconsciente, silenciosa”. (13)
Como se ve, pese al fracaso mundial de la utopía socialista,
quienes la impulsaban no renunciaron al igualitarismo radical, pues
en toda forma de distinción, aunque sea legítima y proporcionada,
ven un perjuicio o una injusta discriminación.
6. La “no-discriminación” niveladora es contraria a la
doctrina católica
Ese igualitarismo radical es contrario a la doctrina católica tra-
dicional, la cual propicia una armoniosa jerarquía entre las clases
sociales. En efecto, Pío XII afirmó la legitimidad de las desigualda-
des de cultura, riquezas y situación social, que derivan de la natura-
leza misma de las cosas, e indicó que ellas “lejos de menoscabar en
modo alguno la igualdad civil, confieren a ésta su legítimo significa-
do”; y agregó que “cada ciudadano tiene el derecho de vivir honra-
damente su propia vida personal en el puesto y en las condiciones en
que los designios y las disposiciones de la Providencia le han coloca-
do”. (14)
A su vez, San Pío X enseñó que “en la sociedad humana, es
conforme a la ordenación de Dios que haya gobernantes y goberna-
dos, patronos y empleados, ricos y pobres, sabios e ignorantes, nobles
y plebeyos, los cuales, unidos todos por un vínculo de amor, se ayuden
mutuamente a conseguir su último fin en el Cielo y, sobre la tierra su
bienestar material y moral”. (15)
Ese vínculo de mutua caridad es contrario a la envidia y la
lucha de clases, como Juan Pablo II denunció en su discurso a los
estudiantes de Belo Horizonte (Brasil): “Aprendí que un joven co-
mienza peligrosamente a envejecer, cuando se deja engañar por el
principio fácil y cómodo de que ‘el fin justifica los medios’, cuando
Capítulo III 51

pasa a creer que la única esperanza para mejorar la sociedad está en
promover la lucha y el odio entre grupos sociales, en la utopía de una
sociedad sin clases, que se revela bien temprano en la creación de
nuevas clases”. (16)
Además, Juan XXIII afirmó que “quien osa negar la diversi-
dad de las clases sociales contradice el propio orden de la naturaleza”
y que “los que se oponen a esta colaboración amistosa y necesaria
entre las clases buscan, sin duda, perturbar y dividir la sociedad para
mayor daño del bien público y privado”. (17)
El bien común exige, pues, que se asegure a todos los habi-
tantes sus derechos esenciales y condiciones de vida suficientes,
dignas y estables, y que los más capaces tengan, además de aquello
que produjeron o recibieron de sus mayores, la preeminencia y au-
toridad que les corresponde. La constitución desigual de la socie-
dad favorece decisivamente el progreso de ésta y cohibirla acarrea
el estancamiento y la decadencia general.
Pío XI enseñó que “así como en un organismo viviente no se
atiende suficientemente a la totalidad del organismo si no se da a
cada parte y a cada miembro lo que éstos necesitan para ejercer sus
funciones propias, de la misma manera no se puede atender suficien-
temente a la constitución equilibrada del organismo social y al bien
de toda la sociedad si no se da a cada parte y a cada miembro, es
decir, a los hombres, dotados de la dignidad de persona, todos los
medios que necesitan para cumplir su función social particular”. (18)
De esa reciprocidad de servicios entre la sociedad y las perso-
nas, familias y clases que la forman, resulta una desigualdad pro-
porcionada de deberes y privilegios: quienes ocupan posiciones su-
periores, que son los que más dan a la sociedad y al Estado, deben
recibir mayores honras y medios proporcionados para cumplir su
52 La Revolución Cultural...

tarea; y los que ocupan posiciones inferiores deben ser especial-
mente protegidos por los primeros.
No es, por tanto, una discriminación ilegítima que, en función
de la diversidad de posiciones, haya desigualdad de derechos acci-
dentales entre los miembros de la sociedad. Así lo enseña Pío XI, al
advertir que “es errónea la afirmación de que todos los ciudadanos
tienen derechos iguales en la sociedad civil y no existe en el Estado
jerarquía legítima alguna”. (19)
Podemos comprender, pues, que la “democratización cultural”
promovida por la Concertación es profundamente injusta y contra-
ria al orden natural, y que tiende a transformarse en un factor per-
manente de conflicto social. Ello se volverá aún más evidente en los
próximos capítulos, al analizar en detalle los diferentes proyectos
legislativos en curso.

1
“La Tercera”, Crónica, 10 de Agosto de 1999: “Ley pone en jaque al
‘derecho de admisión’”.
2
“Primera Encuesta Intolerancia y Discriminación — Informe y
Análisis”, Fundación Ideas y Depto. de Sociología de la Universidad
de Chile, pág. 14. Informe Unidad Consultora, Diciembre de 1996
3
“La Tercera”, 22 de Agosto de 1999, Artículo: “La solapada
discriminación de los chilenos”
4
Sección Historia del sitio web de la Fundación Ideas, www.ideas.cl
5
Danièlle Lochak, “Réflexions sur la notion de discrimination”, in
Droit Social, N° 11, Noviembre de 1987, pág. 778
6
Coloquio “ Exclusión, igualdad ante la ley y no discriminación”,
Secretariado General del Consejo de Europa, pág. 34
7
Consejo de Estado francés, Informe Sur le principe d’égalité, La
Documentation française, 1997, pág. 45
8
Revista “Rocinante”, Año III, N° 19, Mayo 2000, pág. 17.
Capítulo III 53

9
Legislatura 341, 5 de Octubre de 1999
10
Seminario “¿Intolerantes y discriminadores? Diálogo académico y
social“, Ministerio Secretaría General de Gobierno – División de
Organizaciones, Departamento de Estudios, Santiago, Enero 1999,
pág. 25
11
Ibídem, pág. 16
12
Revista “ Mensaje”, N° 483, Octubre de 1999, pág. 481-33
13
Legislatura 341, Sesión 51, 11 de Mayo de 2000.
14
Doctrina Pontificia – Documentos Políticos, Ed. BAC, Madrid, 1958,
pág. 876
15
San Pío X, Fin dalla prima nostra enciclica, Doct. Pontificia —
Docs. sociales, Ed. BAC, Madrid., 1964, pág. 402-403.
16
Insegnamenti, Vol. III, 2, pág. 8 in “Nobleza y Elites Tradicionales
Análogas…” Plinio Corrêa de Oliveira, Madrid 1993
17
Juan XXIII, Enc. Ad Petri Cathedram. Parte II, n° 24 -
wwwvatican.va
18
Pío XI, Divini Redemptoris, Parte IV, n° 51 - www.vatican.va.
19
Pío XI, Divini Redemptoris, Doc. Pontificia — Docs. sociales, Ed.
BAC., Madrid., 1964, pág. 779.
54
Capítulo IV

La tolerancia: una “hospitalidad” abierta a todos
los vicios

Según el dirigente socialista, Osvaldo Puccio, una vez supe-
rada la vía armada para imponer sus designios a la sociedad chile-
na, “la función de la política (...) es fundamentalmente buscar cómo
una sociedad que es muy conservadora, se hace más liberal. Una
sociedad que es muy desigual, se hace más igual”. (1)
El primer paso para impulsar a Chile en ese sentido es con-
vencerlo de que está enfermo, pues nadie sigue un tratamiento si se
cree sano. ¿Cuál sería, entonces, la enfermedad de Chile? -Según
esos ideólogos, nuestra población padece de “intolerancia aguda”.
La ya mencionada Encuesta sobre la Intolerancia y la Discri-
minación, hecha por la Fundación Ideas, diagnosticó en qué con-
sistiría tal intolerancia: “se acepta la necesidad y hasta la convenien-
cia de la censura”; “se rechaza de modo concluyente a los eventos del
consumo de drogas y a las alternativas no clásicas en identidades
sexuales”; “la homofobia es consonante con un rechazo mayoritario
a la diversidad como tal” y “se otorga un alto valor al orden moral y
social como autoridad”. (2)
56 La Revolución Cultural...

Al dar sus resultados, Francisco Estévez advirtió: “hay temas
donde la intolerancia y la discriminación es gravísima, como son los
casos de las drogas, la censura, la pena de muerte, el aborto y la
homosexualidad”(3), mostrando una vez más que su meta es que
todas estas conductas sean aceptadas por la población, sin tomar en
cuenta ningún criterio moral.
Por su parte, el sociólogo Manuel Canales, responsable de la
misma encuesta, habló en análogo sentido: “Veo a nuestra sociedad
fuertemente orientada por el principio de la norma. (...) Nadie sabe
mayormente de la droga, pero el ‘no’ a la droga es muy fuerte, por-
que nos constituimos en ese no. O esta imagen de alarma pública
frente a la delincuencia, se anda viendo delincuentes en todas partes
(...)Y, en ese sentido, mi impresión es que más allá de alguna insegu-
ridad ciudadana real, lo que se juega es discriminación e intoleran-
cia”. (4)
Ambos responsables de la encuesta, debieron constatar que
parte importante de la población aún tiene parámetros morales que
derivan de su adhesión a la tradición católica. Estos parámetros,
que llevan a aceptar ciertas conductas y a rechazar otras, serían,
según ellos, discriminatorios y anómalos. Para saber quién es de
veras el enfermo, conviene comparar el modelo que la Concertación
quiere imponernos con lo que manda el Decálogo. Es lo que hare-
mos en este capítulo.

¿En qué consiste la tolerancia, según la doctrina católi-
ca?

En su acepción corriente, la tolerancia consiste en una dispo-
sición y una conducta de indulgencia hacia ideas o hechos que cho-
can las convicciones propias o afectan ciertos derechos. Así, los
padres toleran ciertas rebeldías de sus hijos adolescentes; un pro-
Capítulo IV 57

pietario tolera el bullicio de los vecinos, etc. En su significado origi-
nario, la tolerancia es una “autorización negativa del mal”, para
explicar lo cual dividiremos el concepto en varias proposiciones:
1. Normalmente, la verdad y el bien deben ser buscados y
promovidos, el error y el mal deben ser evitados y combatidos
Por su naturaleza espiritual, el hombre, por un imperativo
natural, busca la verdad y el bien, y siente la obligación moral de
seguirlos fielmente, cuando los encuentra. Pues, como dice el Papa
León XIII: “si la inteligencia se adhiere a opiniones falsas, si la vo-
luntad elige el mal y se abraza a él, ni la inteligencia ni la voluntad
alcanzan su perfección; por el contrario, abdican de su dignidad na-
tural y quedan corrompidas”. (5)
Ese amor a la verdad y al bien, así como la caridad hacia el
prójimo, nos incita a querer difundirlos entre nuestros semejantes,
combatiendo el error y el mal. Lo contrario sería la tibieza, que es
un defecto de la voluntad que lleva a ser indiferente frente al bien y
al mal.
En este sentido, el Papa San Pío X recuerda que: “la doctrina
católica nos enseña que el primer deber de caridad no está en tolerar
las opiniones erróneas, por muy sinceras que sean, ni en la indiferen-
cia teórica o práctica ante el error o el vicio en que vemos caídos a
nuestros hermanos, sino en el celo por su mejoramiento intelectual y
moral no menos que en el celo por su bienestar material”. (6) Así,
habitualmente debemos ser “intolerantes” con el error y el mal.
2. En ciertas circunstancias, el error y el mal pueden o
deben ser tolerados
Existen ciertas circunstancias en las cuales no se puede impe-
dir un mal, lo que puede obligar, sin entrar en complicidad, a tener
que contemporizar para evitar un mal mayor. Por eso afirma Pío
58 La Revolución Cultural...

XII: “el deber de reprimir los desvíos morales y religiosos no puede ser,
por tanto, una última norma de acción. Debe estar subordinado a
normas más altas y más generales, las cuales en determinadas cir-
cunstancias permiten o incluso hacen a veces aparecer como mejor
camino no impedir el error, a fin de promover un bien mayor”. (7)
3. La tolerancia ni la intolerancia deben ser sistemáticas
La tolerancia no debe ser siempre querida ni siempre rechaza-
da, pues hay que considerar las circunstancias del ambiente en que
el mal existe y actuar según los accidentes del terreno. Ella no pue-
de ser catalogada entre las virtudes, pues tiene como objeto un mal;
pero, en la medida en que es necesaria, resulta de la prudencia, de
la caridad, de la paciencia, etc.
Cuando es forzoso contemporizar con el mal, se debe limitar lo
más posible sus efectos dañinos y preparar una situación en que,
sin perjuicio mayor, éste pueda ser erradicado. Esta doctrina es de
uso corriente en la medicina: si el paciente sufre de un tumor incu-
rable que no puede ser extraído de inmediato, el médico tratará de
limitar lo más posible sus malos efectos en el organismo y preparará
al enfermo para que pueda soportar la intervención quirúrgica cuanto
antes. ¡Hasta el más tolerante de los hombres rechazaría que su
médico procediese de otro modo!
4. La tolerancia no da derechos al error o al mal, ni los
iguala a la verdad y al bien
Así, según la doctrina católica, tolerar es permitir un mal, con
vistas a evitar otro mal aún mayor. Esto implica reprobación, al menos
interior, e impide igualarlo al bien o concederle la libertad de acción
debida a éste. La tolerancia es sólo una indulgencia temporal hacia
los que hacen algún mal o profesan un error. (8)
Capítulo IV 59

La doctrina católica rechaza, pues, el concepto liberal de liber-
tad, que atribuye al hombre el derecho de actuar como quiera. Ella
rehusa también la existencia de derechos de la conciencia subjeti-
relativismo democrático
va, el llamado “relativismo democrático” y que la diversidad de
opciones, sin distinguir buenas o malas, sea una riqueza para la
sociedad.
Al respecto Juan Pablo II fue taxativo: “Nunca es aceptable
confundir un error ‘subjetivo’ sobre el bien moral con la verdad ‘obje-
tiva’, racionalmente propuesta al hombre en virtud de su fin, ni consi-
derar que el valor moral del acto realizado con una conciencia verda-
dera y recta equivalga al del acto realizado siguiendo el juicio de una
conciencia errada”. (9)

El relativismo moral da un nuevo sentido al diálogo y a la
tolerancia

El racionalismo decimonónico, después de exaltar la razón so-
bre la Religión, dudó que aquella pudiese conocer cualquier tipo de
verdad, con lo cual esa corriente entró en decadencia. Después, con
Hegel –para quien el pensamiento y la Historia son movidos por la
fricción de doctrinas o fuerzas al mismo tiempo medio verdaderas y
medio falsas, la tesis y la antítesis
antítesis, de la cual nacería la síntesis
síntesis– el
relativismo tomó mucha más fuerza.
Por la influencia de esos errores, la tolerancia se convirtió en
una actitud psicológica que llevaba a tomar distancia de los propios
principios, a la espera de que el diálogo irenista con las opiniones
contrarias condujera a “verdades” sucesivas, siempre relativas. Esa
mentalidad penetró en los medios católicos y fue denunciada en
1966 por el Prof. Plinio Corrêa de Oliveira en su libro“Trasbordo
ideológico inadvertido y Diálogo”, como dañina para las conviccio-
nes de los católicos.
60 La Revolución Cultural...

Tiempo después, el documento “Dominus Iesus” de la Con-
gregación para la Doctrina de la Fe afirmó: “en un pensamiento
relativista, diálogo significa poner en el mismo plano la propia propo-
sición o la propia fe y las convicciones de los otros, de manera que
todo se reduce a un intercambio entre posiciones fundamentalmente
iguales y por tanto relativas entre ellas, con el objetivo superior de
alcanzar el máximo de colaboración y de integración entre las diver-
sas concepciones religiosas (...) El diálogo en las nuevas concepciones
ideológicas, introducidas lamentablemente al interior del mundo ca-
tólico y de ciertos ambientes teológicos y culturales, es más bien la
esencia del ‘dogma’ relativista y lo opuesto a la ‘conversión’ y a la
‘misión’”.(10)
La tolerancia relativista dejó así de ser una actitud intelectual y
se hizo “vital”: aceptar la posición del otro, no en razón de sus argu-
mentos, sino como renuncia a los propios; las opiniones o conductas
del otro no son excluidas, sino asumidas para producir una síntesis.
Curiosamente, según el manual de la Unesco “La tolerancia: um-
bral de la paz”, este criterio va aún más lejos, pues “el budismo
determina las tres causas egocéntricas que conducen a la gente a la
intolerancia, al conflicto y al desasosiego: el deseo egoísta, el afán
impetuoso de dominar y la insistencia en las ideas, la fe y la ideolo-
gía propias, el egocentrismo”. (11)
La tolerancia se transforma así en “un ‘festival de diversidades’,
que multiplica las posibilidades de materializar la riqueza humana
más allá de la aceptación o la tolerancia de las diferencias”(12). Más
que tolerar, se trata “de aceptar, al mismo título que la propia, la
diversidad de otro, como el otro debe aceptar la nuestra (…) ver en el
otro un semejante en su expresión diversa y concreta; respetar, com-
prender la diversidad es extender nuestra propia identidad diversa; es
enriquecerla en el contacto con el otro, como el otro se enriquecerá al
comprendernos y respetarnos”. (13)
Capítulo IV 61

Ese respeto a la diversidad se aplica sólo a las aberraciones
ideológicas y a las conductas amorales, pero no favorece a los más
débiles de la sociedad, como los bebés por nacer, los ancianos im-
productivos, los minusválidos, los enfermos incurables, etc., salvo
que algunos de ellos acepten transformarse en una fuerza contesta-
taria y revolucionaria.
Al respecto Juan Pablo II denunció: “La pérdida del sentido de
Dios ha coincidido, en los últimos decenios, con el avance de una
cultura nihilista que empobrece el sentido de la existencia humana y
relativiza en el campo ético hasta los valores fundamentales de la
familia y del respeto a la vida. Todo esto a menudo se realiza, no de
modo visible, sino bajo la sutil metodología de la indiferencia que
hace pasar por normal todos los comportamientos, de modo que no se
suscite ningún problema moral. Se exige paradójicamente que el Es-
tado reconozca como ‘derechos’ muchos comportamientos que aten-
tan contra la vida humana, sobre todo contra los más indefensos y los
más débiles” . (14)

Al fin del proceso, una radical negación de la Fe

Esa “tolerancia” fue señalada por el Pontífice como la causa
del hedonismo moderno: “La raíz común de todas estas tendencias es
el relativismo ético que caracteriza muchos aspectos de la cultura con-
temporánea. No falta quien considera este relativismo como una con-
dición de la democracia, ya que sólo él garantizaría la tolerancia, el
respeto recíproco entre las personas y la adhesión a las decisiones de
la mayoría, mientras que las normas morales, consideradas objetivas
y vinculantes, llevarían al autoritarismo y a la intolerancia”. (15)
Asimismo, enseñó: “La doctrina de la Iglesia y, en particular,
su firmeza en defender la validez universal y permanente de los pre-
ceptos que prohiben los actos intrínsecamente malos es muchas veces
62 La Revolución Cultural...

considerada como la señal de una intolerable intransigencia, sobre
todo en las situaciones extremamente complejas y conflictivas de la
vida moral del hombre y de la sociedad de hoy, intransigencia que
contrastaría con el carácter maternal de la Iglesia. A Ésta, se dice, le
falta comprensión y compasión. Pero en realidad el carácter mater-
nal de la Iglesia no puede nunca estar separado de la misión de ense-
ñanza que Ella siempre debe cumplir como Esposa fiel de Cristo, que
es la Verdad en persona”. (16)
Esta tolerancia que se quiere imponer a los católicos, supone
que la Iglesia cese su enseñanza o la presente como una propuesta
entre muchas, lo cual la apartaría gradualmente de la defensa de la
virtud y de la condena al pecado –lo que sería abandonar su misión
salvífica– para no sufrir la persecución de los relativistas, tal como
se insinuó recientemente en la polémica sobre la esterilización y la
“píldora del día siguiente”.

Más allá de la tolerancia: la ideología libertaria de la
Concertación

Este relativismo fue postulado muchas veces por políticos de
la Concertación. Uno de ellos fue el diputado Ignacio Walker: “En
un sentido más amplio hablo de la democracia misma, del pluralis-
mo y la tolerancia. La ética cristiana es mucho más profunda y com-
pleja que un simple decálogo de certezas. Apela a la libertad humana
y a la razón, la que, lejos de abominar, abre un amplio espacio para
la duda y la incertidumbre (‘ama la incertidumbre y serás democrá-
tico’, dice un teórico contemporáneo de la democracia)”. (17)
Para medir los efectos funestos que ya ha tenido en nuestra
Patria esta ideología, basta pensar en lo diferente que hubiera sido
la historia de Chile si la Democracia Cristiana no hubiera primero
relativizado y luego abandonado la doctrina católica tradicional,
Capítulo IV 63

durante los años 60 y 70. Así lo hizo en materia de propiedad priva-
da y libre iniciativa, de modo enteramente indiscutible, como la
Historia muestra al tratar de su colaboración con el régimen marxis-
ta.
Pasadas varias décadas, muchos líderes de la Democracia Cris-
tiana continúan su política relativista, ahora en favor del divorcio,
de la píldora abortiva, de la no-discriminación ante toda especie de
prácticas inmorales.
El fin de esta “revolución cultural” lo definió el filósofo
Humberto Giannini en las Jornadas Regionales sobre tolerancia,
auspiciadas por el Departamento de Estudios de la División de Or-
ganizaciones Sociales de la Secretaría de Gobierno, al declarar que
se podía decir que la mera tolerancia ya es un valor cuestionado,
que debe ser trascendido, proponiendo, como conceptos alternati-
vos, el “respeto activo” o el de “hospitalidad”. (18)
Asimismo, en el Seminario “¿Intolerantes y Discrimi-nadores?”,
Giannini afirmó que, para que la tolerancia no sea “un mero aguan-
te de los otros”, debe incluir una “capacidad intrínseca de recepción
(…) un acto receptivo (…) va acompañado o seguido por una
reordenación interna de la unidad que recibe o acoge. No hay tole-
rancia si yo no reordeno mi manera de ver”. (19)
O sea, la conciencia es hospitalaria sólo cuando acoge lo extra-
ño y abandona los que considera “sus principios intransables”. Sólo
en el diálogo “el hombre puede ejercer la virtud de hacer espacio en
su intimidad al argumento ajeno, potenciando así la vida comunita-
ria”. (20)
Según esta ideología de la hospitalidad
hospitalidad, el católico -ante el
error o el vicio- debe atenuar la fuerza de sus propias convicciones,
ir abandonando las normas morales y aceptando una mutación que
lo deje a medio camino de los nuevos valores que está en vías de
64 La Revolución Cultural...

asumir, con lo cual pasará a considerar la verdadera Fe pasa como
“fundamentalista” y sus efectos prácticos síntomas de intolerancia y
discriminación.
Para Manuel Canales la tolerancia no acaba ahí: “La hospitali-
dad es un modo de acoger la diferencia, en el intercambio, en el
juego de coexistir en la diversidad, de cambiarse papeles, de apren-
der, como quien cambia su esquema para poder absorber lo que antes
no lograba ver, absorber al nuevo modo tuyo”. (21)

Funcionarios gubernamentales explican la transformación
cultural

Según ese concepto de tolerancia, la vida y el pensamiento
evolucionan en forma dialéctica, por síntesis sucesivas de elemen-
tos opuestos entre sí. Por esa vía hegeliana, el actual Gobierno quie-
re llevar al País. Para lo cual capacita a sus funcionarios para trans-
formar la mentalidad de los chilenos.
El ex Ministro de Planificación, Germán Quintana, afirmó en
1999 en el foro de Valdivia que “la tarea de una sociedad más tole-
rante (…) implica el cambio de una mentalidad esquemática y rígi-
da por otra que permita apreciar y valorar la diversidad del otro y de
los otros en la familia, en la escuela, en el trabajo, en síntesis, en todos
los espacios de libertad que la democracia abre”. Para no quedar sólo
en la teoría, el Ministro ejemplificó: “el deber ciudadano llama a
cuidarse de prácticas cotidianas que no por frecuentes dejan de ser
discriminatorias, como es (…) imputar o hacer notar una determina-
da orientación sexual para descalificar”. (22)
Los diputados de la Concertación han comenzado a legislar
orientados por esta doctrina relativista de la tolerancia. Sergio Ojeda,
DC, expuso ese pensamiento sin hacer distinciones entre conductas
buenas y malas: “Las diferencias son necesarias y hay que convivir
Capítulo IV 65

con ellas, aceptarlas, valorarlas y respetarlas. Sólo se convive con lo
que es diferente. No debemos molestarnos ni incomodarnos con lo que
es distinto, porque lo diferente enriquece y debe fortalecer (...) Se debe
proteger la no-discriminación, la convivencia y la tolerancia con los
diferentes, con los que se ven mal, o aparentemente mal, con los que se
ven bien, con las minorías, con los distintos”. (23)
Para el diputado Rosauro Martínez (DC), la democracia se en-
riquece en la convivencia con los que tienen modos de vida distin-
tos: “Profundizaremos nuestra democracia sólo si formamos y educa-
mos para ella; de lo contrario, tendremos una democracia acotada
exclusivamente desde una perspectiva electoral y no por un estilo de
vida que nos haga respetar y valorar la diversidad, compatibilizar las
distintas visiones y compartir las diferencias. En definitiva, desarro-
llar una de las virtudes más valiosas de todo grupo humano maduro
y responsable: la tolerancia. (…) Sólo será posible conseguir una cul-
tura de paz y tolerancia si se educa a los futuros ciudadanos en la
integración, el respeto y la valoración de las diferencias; si ellos tienen
oportunidad de conocer y convivir con personas que presentan dificul-
tades, situaciones y modos de vida distintos y establecen lazos de co-
operación y solidaridad que beneficien y enriquezcan a todos”. (24)

Exigencias más radicales de las minorías marginales

Obviamente, las minorías marginales y contestatarias, benefi-
ciarias de la promoción de la diversidad, adoptan un discurso aún
más extremado que el de los políticos y académicos, para abrir ca-
minos a exigencias cada vez más amorales. Es lo que hace Marco
Ruiz, del Movimiento de Liberación Homosexual, en su ponencia en
el ya aludido simposio sobre tolerancia:
“De alguna manera, los propios homosexuales sentimos que
cuando se apela a que seamos tolerados, se está apelando a que la
66 La Revolución Cultural...

sociedad nos haga un favor, cuando en realidad lo que se quiere es
que la sociedad haga una autocrítica respecto a la forma en que ha
percibido históricamente a los homosexuales y la forma humillante
e indigna en la cual se nos ha expuesto.(…) Los homosexuales acep-
tamos la heterosexualidad, porque la comprendemos, así como la
comprende la sociedad, y no intentamos modificarla.”(...)
“Miramos con sospecha al individuo tolerante, porque en el fon-
do su actitud no deja de ser homofóbica y la homofobia implica una
negación de sí mismo, una autorepresión. (…) Una sociedad inte-
grada requiere la aceptación. Buscamos la integración de la socie-
dad y no nuestra integración a la sociedad. Ello implica necesaria-
mente un ejercicio de reeducación de los individuos y de la sociedad
en su conjunto. Reeducar para nosotros implica un proceso de apren-
dizaje acerca de cada uno de nosotros mismos.” (25)
También Soledad Lathrop, del Movimiento Unificado de Mino-
rías Sexuales, mostró dónde quieren llegar con el concepto de tole-
rancia: “Concuerdo con lo que planteaba Marco, no hablar más de
tolerancia. Lo que necesitamos es aceptación. (...) Lo que signifi-
ca es que hay una diferencia con la cual yo debo convivir. No puedo
seguir asumiendo la tolerancia como la máxima respuesta que puede
dar la sociedad a la diferencia. Hablemos de aceptación. Somos per-
sonas, con derechos, más allá de cualquier diferencia que nos sepa-
re”. (26)
A eso se sumó Francisca Pérez, de La Morada: la tolerancia
es “otra manera de estar en un problema con la diferencia, de
no tener como inscribir la diferencia (…) como abrir un espa-
cio para la diferencia”, agregando que la mera tolerancia “es la
dictadura del consenso, la ilusión de que no hay cosas en conflicto, en
tensión que nos separan, como efectivamente ocurre cada vez que hay
diferencia, es decir, siempre”. (27)
Capítulo IV 67

Según la lógica evolucionista de este proceso, cuando la socie-
dad haya asimilado la “hospitalidad abierta”, surgirá una nueva con-
testación a ese consenso, la cual abrirá un nuevo conflicto, rumbo a
una nueva síntesis aún más radical. Abyssus abyssus invocat, un abis-
mo atrae a otro abismo, dicen las Sagradas Escrituras.

1
Osvaldo Puccio, “Creí en la violencia como instrumento”, en “El
Mercurio”, 28 de Agosto de 2000.
2
Manuel Canales, Primera Encuesta intolerancia y discriminación,
Depto. de Sociología de la Universidad de Chile - Fundación Ideas,
págs. 14-15
3
Ibídem, Francisco Estévez, pág. 27
4
Simposio “¿Intolerantes y Discriminadores?, Diálogo Académico y
Social“, Ministerio Secretaría General de Gobierno (2), Ed. Enero
1999, pág. 53.
5
Encíclica Inmortale Dei, 1 de Noviembre de 1885, § 15.
6
San Pío X, “Notre Charge Apostolique” - Docs. Pol. Ed. BAC, Madrid,
1958, pág 418
7 “Comunidad Internacional y Tolerancia” , Doc. Pont. - Docs. pol.,
Ed. B.A.C., Madrid., 1958, págs. 1012-1013. .
8
León XIII, Enc. “Libertas Praestantissimum” , Doc. Pont. - Docs.
pol. Ed. BAC., Madrid., 1958, pág. 246.
9
Enc. “Veritatis Splendor” , § 63
10
“Dominus Jesus” , Congregación para la Doctrina de la Fe,
Septiembre 2000
11
“Informe final de la reunión de expertos de la Unesco sobre la
contribución de la Mujer a una Cultura de la Paz”, Manila, abril de
1995, in La tolerancia: umbral de la paz, Ed. Unesco, 1999, vol. 1,
pág. 33.
12
Así dice la “Declaración de principios sobre la tolerancia”, firmada
por los Estados miembros de la Unesco en 1995:
“La tolerancia consiste en el respeto, la aceptación y el aprecio de la
rica diversidad de las culturas de nuestro mundo, de nuestras formas
68 La Revolución Cultural...

de expresión y medios de ser humanos. (…) La tolerancia consiste
en la armonía de la diferencia.
“Tolerancia no es lo mismo que concesión, condescendencia o
indulgencia. Ante todo, la tolerancia es una actitud activa de
reconocimiento de los derechos humanos universales y las
libertades fundamentales de los demás.
“La tolerancia (…) supone el rechazo del dogmatismo y del
absolutismo y afirma las normas establecidas por los instrumentos
internacionales relativos a los derechos humanos.
“Significa aceptar el hecho de que los seres humanos, naturalmente
caracterizados por la diversidad de su aspecto, su situación, su
forma de expresarse, su comportamiento y sus valores, tienen
derecho a vivir en paz y a ser como son” (Betty A. Reardon, “La
tolerancia: umbral de la paz““, Ed. Unesco, 1999, vol 1, pág. 141).
13
Leopoldo Zea, “Le Droit à la différence: au-delà de la tolerance”, in
“Tolerance J’ écris ton nom”, Unesco 1995
14
Audiencia General Pontificia del 15 de Diciembre de 1999.
15
Encíclica “Evangelium Vitae”, § 70.
16
Encíclica “Veritatis Splendor“, § 95.
17
Ignacio Walker, en “Certezas y DC”, “El Mercurio“, 18 de Junio de
1999
18
Humberto Giannini, “Ciclo de Jornadas Regionales de Reflexión y
Diálogo - Tolerancia y No Discriminación“, Secretaría General de
Gobierno, Santiago Junio 1999, págs. 11-12
19
Humberto Giannini, en “Seminario ¿Intolerantes y
Discriminadores?, Ministerio Secretaría General de Gobierno, Ed.
Enero de 1999
20
Ibídem, págs. 44-46
21
Manuel Canales, Ibídem, pág. 55
22
Germán Quintana, “Ciclo de Jornadas Regionales de Reflexión y
Diálogo - Tolerancia y No Discriminación", Secretaría General de
Gobierno, Santiago, Junio de 1999, pág. 26.
23
Leg. 341 Debate 51, 11 de Mayo del 2000, pág. 16
24
Leg. 342 Ses. 10, 5 de Julio de 2000, pág. 25-26
25
Marco Ruiz, "Seminario ¿Intolerantes y Discriminadores?",
Capítulo IV 69

Secretaría General de Gobierno, Ed. Enero de 1999, págs. 81-82.
26
Ibídem, pág. 93.
27
Ibídem, pág. 86.
70
Capítulo V

El delito de “discriminación”, una espada de
Damocles selectiva

Como vimos, las desigualdades justas y proporcionadas resul-
tan de la propia naturaleza humana. Cuando se intenta eliminarlas,
no tardan en aparecer bajo otras formas. Sin embargo, para contra-
riar esta ley natural, los socialistas buscan un nuevo mecanismo de
imponer la igualdad, reprimiendo todo lo que pueda ser arbitraria-
mente calificado de discriminación.
La idea provino del Instituto de Ciencia Política de la Univer-
sidad de Chile, cuyo director, Ricardo Israel, creyendo que nuestro
país “ha retrocedido mucho en materia de diversidad y tolerancia”,
abordó “el tema de la discriminación en su conjunto”, contactando
“especialistas” y convocando a los supuestos afectados, en especial
indígenas e inmigrantes. “El resultado de estas reuniones fue de Ley
sobre Discriminación Racial y Étnica”, que –como su nombre indi-
ca– se limitaba al aspecto racial de la cuestión.
Según Israel, el proyecto era moderado pues “incorporar todas
las formas de discriminación aseguraba su fracaso; (...) nos propusi-
mos reformar lo hoy día existente, para asegurar posibilidades de
éxito, para tipificar el delito de racismo, que no existe [en las leyes] y
72 La Revolución Cultural...

asegurar la pena correspondiente”. Así, entregó el proyecto al Minis-
tro de Planificación y a los Presidentes del Senado y de la Cámara
de Diputados.
En la época, este último era el diputado Gutenberg Martínez,
quien lo presentó, proponiendo tres alteraciones a nuestras leyes:
- agregar al Código Penal una norma que castigue los “actos de
discriminación, de violencia moral o física, o de menosprecio contra
una o más personas en razón de su raza, su religión, o su origen
nacional o étnico”, con “reclusión menor en su grado mínimo y mul-
ta de 6 a 12 ingresos mínimos”;
- modificar la Ley de Abusos de Publicidad para penar del
mismo modo a los que “realizaren publicaciones o transmisiones que
conciten el odio, la hostilidad o el menosprecio respecto de personas o
colectividades en razón de su raza, religión u origen nacional o étni-
co”;
- y reemplazar un artículo de la Ley Indígena, que considera
simple delito “la comisión de actos discriminatorios manifiestos en
contra de los indígenas en razón de su origen y cultura”. (1)

Del anteproyecto moderado a la versión radical

El proyecto atrajo la simpatía de muchos que, por la índole
pacífica y cristiana del alma nacional, rechazan la violencia, el odio
y el menosprecio, máxime por motivo de raza o religión. En la expo-
sición de motivos, el proyecto especificaba que “una de las razones
que llevaron a crear el actual sistema universal de protección de los
derechos humanos fue una experiencia histórica de discriminación y
genocidio racial llevada a cabo durante la II Guerra Mundial”.
El proyecto también afirmaba que “el odio racial y étnico se
está extendiendo en países desarrollados”, que esto “puede inducir a
Capítulo V 73

ciertos sectores extremos a emular conductas que contravienen los va-
lores de la tolerancia y las normas jurídicas a este respecto”. Su pro-
pósito era, pues, prevenir situaciones poco frecuentes en nuestro
país.
Sin embargo, la propuesta fue radicalizada en la Cámara por
presión de un lobby formado por varios académicos, grupos homo-
sexuales y miembros de la Fundación Ideas, quienes distribuyeron
a manos llenas la Encuesta sobre Intolerancia y Discriminación.
Impactados por ésta -de la que ya vimos su parcialidad- los diputa-
dos creyeron que “Chile es un país muy discriminador”, que esa
acción es “muy variada y, aunque no haya estadística, basta la envi-
dia cotidiana o andar por la calle y conversar con la gente, para
darse cuenta que la sociedad es altamente discriminatoria”.
Así, la Comisión Parlamentaria de Derechos Humanos con-
cluyó: “hace falta que se consulte un delito cuanto mejor estructurado
y tipificado, que contemple las actividades discriminatorias, de cual-
quier índole que sean las discriminaciones”. (2)
En abono de la penalización se pronunció el penalista Manuel
De Rivacoba, quien sostuvo que la tendencia discriminatoria nacio-
nal se encuentra en una de las leyes penales aprobadas por el Con-
greso, “pues se sigue considerando delito a la sodomía”: si un varón,
mayor de 14 años, “tiene relaciones o acceso carnales con una mujer,
que no sea en condiciones de violación, es un acto lícito”; mientras
que “si ese mismo varón tiene relaciones libremente propuestas, acep-
tadas y consentidas con otro varón, incurre en delito”, lo que para él
sería una “discriminación por su orientación sexual”.
De Rivacoba sugirió poner la discriminación entre los delitos
contra los derechos garantizados por la Constitución, y crear, para
cualquier delito, una agravante por motivos discriminatorios, “con-
cibiendo tanto el delito como la agravante en los términos más am-
74 La Revolución Cultural...

plios, para que no se escape ninguna discriminación: hay que bus-
car una fórmula lo más genérica y lo más amplia posible -con
el riesgo de equivocarse
equivocarse, por cierto- en que quepan todas las formas
de discriminación” para “que queden todas desvaloradas y condena-
das penalmente (...) y así puestas como ejemplo, esas condenas, se
logre el respeto a las diferencias”.(3)
Así, “en el marco de la discusión se incorporaron otras causas
de discriminación, y una de ellas es la discriminación por orientación
sexual, que viene siendo planteada por el Movimiento de Integración
y Liberación Homosexual desde 1991. (4)
El tratadista de Derecho Penal Sergio Politoff destacó que en
otros países no todas las discriminaciones son punibles, sino sólo
las que atentan contra la dignidad de las personas o el orden públi-
co, y que en ellos las leyes definen precisamente lo que debe enten-
derse por discriminación –como expresiones ofensivas, incitación
al odio o negación de servicios a los que se tiene derecho– para que
ésta sea castigada.
Sin embargo, la Comisión concluyó que “la la tendencia actual
es buscar soluciones mediante fórmulas genéricas, y no a través
de fórmulas muy casuísticas
casuísticas”, para que “la ley le permita [al juez]
moverse y captar las ocurrencias más comunes”. (5) ¡Y el relator agre-
gó que “las legislaciones actuales adoptan fórmulas genéricas y elás-
ticas”! Esa elasticidad, en el entender de la Comisión, debería agre-
gar una agravante de carácter general, que vaya desde el homicidio
hasta los meros daños, o sea, desde el primero al último delito del
Código Penal.

Debates surrealistas en el plenario de la Cámara de
Diputados

En la discusión del proyecto en la Cámara se hicieron referen-
cias a la Encuesta de la Fundación Ideas, incluso con comentarios
Capítulo V 75

absurdos, como el del diputado Navarro quien propuso la reescritura
de la historia nacional para eliminar la discriminación que existiría
en los textos “cuando nos referimos al conflicto bélico entre Chile,
Perú y Bolivia”.(6)
Por su parte, el diputado Ascencio (DC) señaló, como casos
graves de discriminación, el uso de adjetivos como “pelao”, “peti-
so”, “guatón”, “chascón” y otros, agregando que la discriminación
se percibe “en el tono de voz”; además, sería preciso luchar por “la
igualdad entre todos nosotros (...) en el amplio sentido de la palabra:
en la dignidad de todo individuo; en nuestra condición de sujetos de
derecho; en la participación de todos los derechos humanos; ante la
ley; en la política; en las condiciones materiales de vida; en oportuni-
dades”. Y consideró discriminatorio el “imputar o hacer notar deter-
minada orientación sexual, sea homosexualidad o lesbianismo, para
descalificar” y que “el homosexual no pueda tener los mismos dere-
chos que el heterosexual”.
El mismo diputado Ascencio hizo propaganda del proyecto de
reforma de la Constitución que está en Comisión, de que ésta deje
“claramente consagrada (...) la ‘no-discriminación’”, en términos
aún más extremos que la iniciativa antes referida. En este sentido
propuso calificar como discriminación arbitraria cualquier distin-
ción “en razón de raza, color, sexo, idioma, religión, opiniones o pre-
ferencias, origen nacional o socioeconómico, nacimiento, edad, ima-
gen personal, enfermedad, discapacidad, estado civil o cualquier otra
condición social o individual, sin perjuicio de las limitaciones que
esta Constitución establece”. (7)
El diputado Bustos declaró que el proyecto debería ser apro-
bado apenas en general, pues lo cree aún demasiado moderado: “A
pesar de que en apariencia la definición [de discriminación] es muy
amplia, implicaría una restricción enorme, pues si se trata de los de-
76 La Revolución Cultural...

rechos esenciales, por éstos siempre se ha entendido sólo la vida y la
libertad”. (8)
A juzgar por esas opiniones, la nueva tipología penal que se
está elaborando busca imponer en el siglo XXI, por la fuerza, la
utopía socialista que fue la pesadilla del siglo XX. Sin embargo, es
necesario consignar que en la Cámara se oyeron también algunas
voces que llamaron a los diputados al sentido común.
El diputado Díaz (UDI) destacó que la igualdad ante la ley ya
está garantizada en la Constitución, y que “desde el momento en que
se asegura la igualdad ante la ley a todos los habitantes de la Repú-
blica, quedan todos los casos cubiertos”, (9) siendo superfluo penali-
zar la discriminación. Y el diputado Ibáñez declaró que votaría con-
tra el proyecto, pues “se basa sobre supuestos falsos
falsos, como que el
nuestro es un país tan discriminador” y porque su aprobación “im- im-
plica crear el germen de un verdadero clima de terror en el paíspaís”.
(10)
Pese a estos llamados a la cordura y a varios pedidos de que el
proyecto pasase por la Comisión de Constitución, Legislación y Jus-
ticia de la Cámara (lo que fue rechazado), el texto fue radicalizado
por la Comisión de Derechos Humanos y aprobado por 29 votos a
favor, 1 en contra y 11 abstenciones. (11)

El arma penal “genérica y elástica” fabricada por la Cáma-
ra

El proyecto crea el delito de discriminación, sancionado con la
pena de presidio menor en su grado mínimo y multa de 6 a 10
ingresos mínimos (y presidio menor de medio a máximo, en el caso
de un funcionario público en el desempeño de su cargo); los delitos
de incitar a la discriminación y de asociarse para discriminar, san-
cionados con presidio menor en su grado medio a máximo; el delito
Capítulo V 77

de injuria discriminatoria, castigado con reclusión menor en su gra-
do mínimo a medio y multa de 6 a 10 ingresos mínimos; la inclusión
de una agravante, para todos los delitos, por motivo de discrimina-
ción; y una reforma a la ley de abusos de publicidad contra la inci-
tación al odio o la violencia por motivos discriminatorios.
Además, incluye una amplia gama de contravenciones, agre-
gando que “se entenderá por discriminación arbitraria todo acto u
omisión que signifique una distinción, exclusión, limitación, restric-
ción o preferencia contraria a la razón, a la justicia o a la legislación,
basada en motivos de raza, color, cultura, linaje, ascendencia u ori-
gen nacional, social o étnico, de idioma o características lingüísticas,
de credo religioso o de convicciones, de opiniones políticas, de posi-
ción económica, de sexo, comportamiento sexual, enfermedad o
minusvalía que padezca, en contra de personas o grupo de personas
que tenga por objeto anular o menoscabar la igualdad de oportuni-
dades o el reconocimiento, goce o ejercicio de los derechos esenciales
de la persona humana”. (12)

La radicalidad del proyecto se ve claramente en que:

– no sólo sanciona la violación de los derechos esenciales de la
persona humana (lo que sería correcto), sino que castiga hasta un
simple “menoscabo” de una indefinida “igualdad de oportunida-
des”, lo que deja el campo abierto para reclamaciones sin fin, hasta
que se implante a viva fuerza la igualdad material soñada por los
socialistas;
– se incluyen causales que corresponden a desigualdades ac-
cidentales, en función de las cuales es legítimo tratar de modo dife-
rente en ciertos casos a las personas (por ejemplo, en función de la
cultura, el credo religioso, la posición económica, etc.) y hasta un
78 La Revolución Cultural...

caso (el comportamiento sexual) en el cual a veces es necesario dis-
criminar;
– bastaría demostrar una simple preferencia o hacer una
mera distinción entre personas para incurrir en delito delito, y que-
da al arbitrio del juez si una acción u omisión es contraria o no a la
razón o a la justicia, lo que da margen a interpretaciones absurdas.
Esa formulación “genérica y elástica” tendrá graves efectos,
pues en las relaciones sociales, evaluar si una distinción es o no
arbitraria depende del concepto que las personas tienen del grado
legítimo de desigualdad y de libertad en la sociedad en que viven.
Para quienes son movidos por la utopía igualitaria, todo lo que
concurre a mantener las desigualdades económicas, sociales u otras,
es una discriminación arbitraria. Ser conservador o católico será para
los igualitarios motivo para presumir que se discrimina, con lo que
se preparará el terreno para una “caza de brujas”.

Un caso concreto: la discriminación de la homosexualidad

Para apreciar los efectos de tal ley, estudiemos un caso concre-
to. El diputado Ojeda (DC) destacó que la “novedad importante” del
proyecto es que introduce nuevos elementos “como el comporta-
miento sexual”. (13) Analicemos el caso de la homosexualidad. Has-
ta hace poco tiempo, la opinión pública aceptaba que las prácticas
homosexuales son contrarias a la naturaleza. Inclusive, en la anti-
gua legislación penal, vigente hasta 1997, la sodomía simple era un
delito.
Sin embargo, la degradación de las costumbres y la pérdida
gradual del sentido moral, por una parte, y la compasión hacia los
enfermos de Sida, por otra –utilizados ambos factores por el activismo
homosexual– hicieron que ese rechazo categórico diese paso a una
creciente tolerancia frente a esas conductas contra natura.
Capítulo V 79

Cuando se discutió en el Congreso la reforma a la legislación
sobre el delito de violación, parlamentarios de la oposición, en parte
debido a la presión del ambiente, dijeron que ellos son “legisladores
y no moralistas” (14), que “el Estado no tiene por qué entrometerse en
las relaciones sexuales entre dos adultos” (15) y que por eso, “no pue-
de configurarse como delito el que personas mayores de edad man-
tengan relaciones libremente y sin escándalo” (16).
Así, se eliminó la sodomía del Código Penal, excepto si en-
vuelve a menores de 18 años. No contentos con esto, los movimien-
tos homosexuales exigieron que se elimine otra “discriminación”:
que las relaciones homosexuales con menores, a partir de los 14
años, con libre consentimiento, no constituyan delito, tal como su-
cede con las relaciones heterosexuales.
Si se aprueba el proyecto de ley –y más aún la reforma consti-
tucional promovida por el diputado Ascensio y otros– se eliminará
esa vaga protección de los menores contra la seducción homosexual.
Por fin, como ya ocurre en países europeos, se accederá a crear un
contrato de unión civil entre homosexuales, que regule el derecho
de herencia, la seguridad social y la vivienda, como en los matrimo-
nios.
El proyecto pretende además penalizar cualquier distinción en
razón del comportamiento sexual que menoscabe la igualdad de
oportunidades de los homosexuales. De modo que si un colegio ca-
tólico hace un concurso para llenar una vacante de profesor y un
candidato se declara homosexual, los responsables del estableci-
miento podrán ser sancionados –hasta con pena de prisión– si lo
rechazan por esa causa. Por las mismas razones, una dueña de casa
con hijas menores que descubre que su empleada es lesbiana, será
multada y podrá ir a la cárcel si rescinde unilateralmente el contrato
de trabajo.
80 La Revolución Cultural...

Los términos del proyecto son tan amplios –sancionando todo
acto u omisión que establezca una distinción o preferencia– que el
propietario de un departamento en arriendo que, viendo que sus
potenciales arrendatarios son una pareja de homosexuales, se nie-
gue a alquilárselo, podrá ser denunciado ante los tribunales. Asi-
mismo, un bar no podrá expulsar de su recinto a una pareja de
homosexuales que estén dando escándalo con escenas chocantes,
pues los estaría discriminando con relación a los clientes normales.
Ahora bien, todas éstas son situaciones en que un católico no
puede ser tolerante y en las cuales está obligado a discriminar, so
pena de ser cómplice de un pecado que, según la fórmula de los
catecismos tradicionales, “clama al cielo y pide a Dios venganza”.
Alertada por estas situaciones, la Congregación para la Doctri-
na de la Fe advirtió en 1992 que “se han hecho propuestas de ley en
algunos estados americanos que harían ilegal la discriminación ba-
sándose en la orientación sexual” y que “una de las tácticas utiliza-
das [por los grupos homosexuales] es la de afirmar, en tono de protes-
ta, que cualquier crítica, o reserva en relación con las personas homo-
sexuales, con su actitud y con su estilo de vida, constituye simplemen-
te una forma de injusta discriminación”.
Afirma el referido documento que los actos homosexuales son
“intrínsecamente desordenados y en ningún caso aprobables” y que
no se debe “proteger un comportamiento al cual nadie puede reivin-
dicar derecho alguno”, establece que “la orientación sexual no cons-
tituye una cualidad comparable a la raza, el grupo étnico, etc., con
respecto a la no-discriminación”, pues “a diferencia de éstas, la orien-
tación homosexual es un desorden objetivo (...) No existe el derecho a
la homosexualidad y por tanto no puede constituir la base judicial
para reclamaciones”.
Capítulo V 81

Por ello, concluye el documento que: “existen áreas en las que
no es una discriminación injusta tener en cuenta la inclinación sexual,
por ejemplo, en la adopción o cuidado de niños, en empleos como el
de maestros o entrenadores de deportes y en el reclutamiento militar”.
Y, si bien “toda persona tiene el derecho al trabajo, a la vivienda,
etc.”, estos derechos “no son absolutos”, pudiendo “ser limitados
legítimamente ante desórdenes externos de conducta”. “Esto a veces
es no sólo lícito, sino obligatorio, sobre todo en el caso de conducta
culpable”. (17)
Así, un chileno que sea fiel a los imperativos de la Fe, está
obligado en conciencia, en ciertos casos, a condenar las conductas
homosexuales, de donde resulta que incluir esta discriminación entre
las penables iniciará un conflicto religioso, pues la Jerarquía de la
Iglesia no puede dejar de enseñar los preceptos de la Moral.
Al hacerlo, los Pastores se expondrán a procesos criminales
por “incitar a otros a causar daño a personas (…) motivados por una
discriminación arbitraria en perjuicio de esas personas”, según uno
de los artículos del proyecto. Y si los obispos o párrocos dicen que
la conducta homosexual no debe ser tolerada pues es una “abomi-
nación” (18) o una “depravación” (19), podrán ser demandados por
injuria por individuos o asociaciones de homosexuales, según el ar-
tículo que estipula que “el que de palabra o por escrito, se manifieste
de manera injuriosa en contra de la dignidad de una o más perso-
nas, en razón (…) de su comportamiento sexual (…) será castigado
con reclusión menor en su grado mínimo a medio y multa de seis a
diez ingresos mínimos”. (20)
El movimiento homosexual no sólo pide tolerancia, sino reco-
nocimiento, y señala que lo exigirá de la Iglesia Católica. En ese
sentido, Marco Ruiz, del Movimiento de Liberación Homosexual,
fue claro: “Nuestra dignidad exige la aceptación”, pues la homose-
82 La Revolución Cultural...

xualidad “es parte de la naturaleza humana” y la sociedad la recha-
za injustificadamente, “quizás debido a intereses que se ocultan en los
púlpitos de las catedrales”. (21)
Algún lector podrá objetar que estas situaciones, por ser extre-
mas, no ocurrirán. En realidad, ya están sucediendo. Recientemen-
te, Juan Pablo II fue denunciado ante un tribunal de Holanda por
protestar contra la marcha homosexual en Roma, porque había re-
cordado la doctrina católica a respecto de esas conductas. El proce-
so no siguió su curso sólo porque el Papa pronunció tales palabras
en el Vaticano, Estado del cual es soberano. (22)
En nuestro país, cuando la Procesión de Nuestra Señora del
Carmen “coincidió” con la “Fiesta de la Cultura” organizada por el
Gobierno, “La Segunda” ilustró el hecho con las fotografías de am-
bos eventos: en una, se ve la procesión y la Imagen de la Santísima
Virgen; en la otra, tomada en el mismo momento y a cuadras de
distancia, dos lesbianas se abrazan, celebrando la “fiesta de la cul-
tura y la diversidad”. Sugestivamente, el Secretario General de Go-
bierno se refirió a esta coincidencia de horarios y lugares con un
simple “no nos dimos cuenta”. (23)
¿Quién garantiza que, si tal proyecto es aprobado y hubiere
una queja de la Iglesia por hechos de esta índole, no se iniciará ante
los tribunales chilenos una demanda semejante a la presentada contra
el Papa? ¿O qué pasará si el Episcopado envía una circular a los
colegios católicos que diga que no pueden aceptar profesores homo-
sexuales, o si un Párroco afirma en el sermón que la práctica homo-
sexual es un pecado que clama a Dios por venganza? (24)
De esta persecución se encargará el poderoso lobby anti-fami-
lia, que, instalado en los organismos del Estado y en las ONGs,
tiene sus comandos equipados para ello. El escenario ya está listo
para que comience el proceso de transformación mental de Chile,
Capítulo V 83

sólo falta adormecer o corroer un poco más las convicciones de la
gente. Para eso servirá la nueva ley sobre educación, como veremos
en el próximo capítulo.

En la hora de la tolerancia, una discriminación oficial y
mortal

Junto con introducir las penas arriba señaladas contra cual-
quier forma de supuesta discriminación, el Gobierno acaba de pre-
sentar un proyecto de ley que es un primer paso hacia una de las
más crueles discriminaciones: la eutanasia.
En efecto, alegando que “los médicos tienen como misión sal-
var vidas, pero también asegurar calidad de vida”, el Ejecutivo en-
vió a la Cámara un proyecto sobre “los derechos y deberes del pacien-
te”, que contempla que, “si la voluntad del paciente de rechazar los
procedimientos y cirugías (...) puede implicar su muerte, dicha volun-
tad será acatada siempre que (...) se trate de un paciente en estado
terminal, esto es cuando padezca un precario estado de salud, pro-
ducto de una lesión corporal o una enfermedad grave e incurable,
que haga prever que le queda muy poca expectativa de vida...”.
(art.18).
Como se ve, el Proyecto es de una vaguedad inadmisible, tra-
tándose de un tema que afecta el derecho a la vida de muchas per-
sonas. A ese respecto, representantes del Colegio Médico afirmaron
que “consideran que aprobar la normativa, tal como está planteada,
significa abrir las puertas a práctica de la eutanasia pasiva en Chi-
le”. (25)
Es lo que indica la propia noticia del Proyecto: “¿Qué hacer
por ejemplo si se necesita con urgencia un respirador artificial para
salvar la vida de un niño o una persona joven si el aparato está conec-
tado, desde hace varias semanas, a un anciano que no podrá recupe-
84 La Revolución Cultural...

rar su salud? ¿Quién o quiénes deberán tomar la decisión al respec-
to?” (26)
Según el artículo 17 del cuestionado Proyecto, las respuestas a
estas preguntas quedarán al arbitrio del médico de turno: “la volun-
tad del paciente no es necesaria cuando la no-aplicación de los proce-
dimientos o intervenciones suponga un riesgo para la salud pública,
en cuyo caso se entenderá que el paciente se somete a las decisiones
que al respecto adopten los profesionales tratantes”.
A los ideólogos de la no-discriminación no les preocupan los
derechos de quienes están por nacer y de los que están próximos al
fin de sus vidas. Contra los primeros valen las “píldoras del día si-
guiente”, contra los segundos ya se lanza la eutanasia pasiva.
Esta incoherencia -tanta preocupación con los supuestos dere-
chos de las minorías de pervertidos y tanta frialdad con quienes
están indefensos- hace recordar la condenación de Nuestro Señor
Jesucristo al cinismo de los fariseos: “¡Guías ciegos, que coláis el
mosquito y os tragáis el camello!” (San Mateo, 23, 24).

1
Ricardo Israel, "Seminario ¿Intolerantes y Discriminadores?",
Secretaría General de Gobierno, Ed. Enero de 1999, pág. 20 a 23.
2
Leg. 341, Ses. 42, 18 de Abril del 2000, pág. 159 Boletín 2142 - 17
3
Rivacoba, Ibídem, págs. 160-161-163
4
Leg. 341, Op. Cit. Pág.. 163
5
Ibídem, pág. 164
6
Leg. 341, Ses. 51, 11 de Mayo del 2000, pág. 29
7
Ibídem, págs. 18 a 21
8
Ibídem, pág. 14
9
Ibídem, pág. 26
10
Ibídem, pág. 30
Capítulo V 85

11
El diputado Ibáñez fue el único que votó en contra. Los diputados
de la UDI declararon que votarían a favor “a pesar de [no] estar
persuadidos de que los actos de discriminación puedan inhibirse
con la sola utilización de esta herramienta”. Se abstuvieron los
diputados Alessandri, Álvarez-Salamanca, Bartolucci, Bertolino,
María Angélica Cristi, Fossa, Pía Guzmán, Molina, Osvaldo Palma,
Prokurica y Vilches.
12
Leg. 341, Ses. 42. 18 de Abril de 2000, pág.169
13
Leg. 341, Ses. 51, 11 de Mayo de 2000
14
Alberto Cardemil en Legislatura 338 , Sesión 8. 16 de Junio de
1998, pág. 39
15
Lily Pérez, Ibídem, pág. 40
16
Francisco Bartolucci Ibídem, pág. 17.
17
Congregación para la Doctrina de la Fe, “ Consideraciones para la
respuesta Católica a propuestas legislativas de no discriminación a
homosexuales”, 23 de Julio de 1992. La Declaración establece que
el problema no se pone con relación a las personas que, sin culpa
propia, tienen una tendencia homosexual, pero que quieren ser
castas, pues tales personas no tienen ninguna razón para que esa
tendencia sea de conocimiento público. Por tanto, el problema de la
discriminación en términos de empleo y vivienda para los
homosexuales sólo surge para los que se jactan de esa perversión.
18
Levítico 18, 22; 29; 20, 13.
19
Catecismo de la Iglesia Católica, nº 2357.
20
Leg. 341, Ses. 42, 18 de Abril de 2000, pág. 170
21
Marco Ruiz, ¿Intolerantes y Discriminadores?, Secretaría General
de Gobierno, Ed. Enero de 1999, pág 81-82
22
“La Tercera”, 12 de Julio de 2000.
23
“La Segunda”, 25 de Septiembre de 2000.
24
A ese respecto, conviene recordar las palabras de San Pablo:
“Dios los ha librado a pasiones de ignominia: porque sus mujeres
cambiaron las relaciones naturales por relaciones contra la
naturaleza; e igualmente los hombres, abandonando el uso natural
de la mujer, se han encendido de deseo unos por los otros,
teniendo hombres con hombres un comercio infame” (Romanos I,
24-27)
25
“La Tercera”, 7 de Julio de 2001
26
“El Mercurio”, 20 de Julio de 2001
86
Capítulo VI

¿Derecho a la educación o incitación a la rebel-
día?

La educación es un medio fundamental para formar las menta-
lidades. Al inicio de la vida del hombre, se empieza a formar la
visión de la realidad. La noción que el niño adquiera de Dios, de la
familia, del Estado, del derecho, etc., será vital para los principios
que después tenga. No extraña que la Concertación, en su afán de
transformar la mentalidad de los chilenos, se interese tanto en la
educación. En este capítulo veremos los efectos que podrán tener
para la juventud chilena los proyectos de reforma a la Ley Orgánica
de Educación en curso en el Congreso.

Educación cristiana versus “educación subversiva”

Entre los derechos básicos establecidos por la doctrina católi-
ca, está el de participar en los bienes de la cultura y, por lo tanto, el
derecho a la instrucción. El Magisterio Pontificio enseña que el de-
recho de los niños y jóvenes a la educación corresponde al deber
que tienen los padres, que les dieron la vida, de formarlos para que
sean personas de bien y alcancen el fin último para el que fueron
creados. (1) Según Pío XI, “La familia recibe, por tanto, inmediata-
88 La Revolución Cultural...

mente del Creador la misión, y por esto mismo, el derecho de educar
a la prole; derecho irrenunciable por estar inseparablemente unido a
una estricta obligación”. (2)
Entre los medios educativos, el más importante es la escuela,
que orienta el recto juicio, cultiva las facultades intelectuales, trans-
mite la cultura y promueve la sociabilidad, de modo que, más tarde,
los alumnos puedan progresar espiritual y materialmente y contri-
buir al bien de la sociedad. Para eso la escuela debe desarrollar las
cualidades morales, intelectuales y físicas de los jóvenes, de mane-
ra que adquieran gradualmente un sentido más perfecto de la res-
ponsabilidad y de este modo alcancen la verdadera libertad. (3)
A propósito de cómo debe ser impartida la educación escolar,
Pío XI enseña que es “erróneo todo método de educación que se
funde, total o parcialmente, en la negación o en el olvido del pecado
original y de la gracia”, en especial “todos esos sistemas pedagógi-
cos modernos que, con diversos nombres, sitúan el fundamento de la
educación en una pretendida autonomía y libertad ilimitada del niño
o en la supresión de la autoridad del educador. (...) En lugar de
liberar, como ellos dicen, al niño, lo hacen en definitiva esclavo de su
loco orgullo y de sus desordenadas pasiones, las cuales, por lógica
consecuencia de los falsos sistemas pedagógicos, quedan justificadas
como legítimas exigencias de una naturaleza que se proclama autó-
noma”. (4)
A su vez, el Papa Juan Pablo II enseña que se debe evitar que
los jóvenes caigan en “la tentación del criticismo exasperado que
pretende discutir todo y revisar todo; (en) el escepticismo respecto de
los valores tradicionales”, y se abandonen “a las fuerzas incontroladas
de los instintos” para lo cual les advierte “Estado en guardia contra
el engaño de un mundo que quiere aprovecharse o desviar vuestra
enérgica y potente búsqueda de la felicidad y del sentido de la vida”(5),
Capítulo VI 89

La disciplina en el colegio y aún las sanciones adecuadas, le-
jos de cohibir el desarrollo de las personalidades, son necesarios
para que la voluntad se fortalezca y el espíritu se cultive y fructifi-
que. Las vidas de los santos prueban que eso no produce espíritus
pusilánimes, sino personalidades vigorosas. En cambio, las utopías
de Rousseau, la obsesión igualitaria socialista y los errores freudianos
propician prácticas pedagógicas, como la educación subversiva
subversiva,
que construyen cada personalidad a partir de su singularidad origi-
nal y de sus reacciones libres ante el ambiente, para que cada una
reconozca o cree sus propios valores.
Estas corrientes reducen a un mínimo el papel del profesor y
de la disciplina, transfiriendo la función educativa a las potenciali-
dades del educando y a la influencia del grupo sobre cada alumno.
Según Joseph Leif, tal pedagogía es subversiva por conducir al edu-
cando a “cuestionar la naturaleza y los fines de la acción de que es
objeto”, así como a ‘cuestionarse a sí mismo’ para ajustar la
autodisciplina a los valores personales y a la evolución de la socie-
dad”. (6)
Entre 1970 y 1980 hubo varios intentos de implantar ese tipo
de educación en colegios de Europa y Estados Unidos, pero todos
ellos fracasaron. En Francia, François Mitterrand tuvo que exigir el
retorno a los métodos clásicos de enseñanza, pues el rector de la
Universidad de París, Raymond Polin, denunció: “la institución es-
colar es hoy la víctima de un frenesí de pedagogos lanzados a teorías
extravagantes, cuyos resultados se han revelado catastróficos: el pro-
fesor-amigo, la escuela-lugar-de-vida, el niño que decide lo que debe
aprender, la lectura global, las nuevas matemáticas, la primacía de
lo oral sobre lo escrito”, con el resultado de que, al fin de la experien-
cia, “20% de los alumnos de sexto año básico en Francia no sabían
leer”. (7)
90 La Revolución Cultural...

La no-discriminación favorece la rebeldía de la juventud
chilena

En Chile, la educación subversiva irrumpió en marzo de 1997
con la noticia de que 34 alumnos de dos colegios de la zona sur de
Santiago podrían perder el año escolar pues los directores no les
permitirían que asistiesen a clases ni diesen pruebas si no se corta-
ban el pelo, lo cual fue aprovechado por las juventudes de los parti-
dos de la Concertación, que alegaron que ésa era “una visión me-
diocre, trasnochada y añeja” y “un ejemplo de discriminación”.
Dos meses después, la “Comisión Nacional pro Derechos Ju-
veniles” exigió al Ministerio de Educación que anulase esa supues-
ta discriminación. (8) Y un año más tarde, los diputados Letelier
(PS), Palma (DC), Montes (PS), Bustos (PS), Leal (PPD) y María
Antonieta Saa (PPD) presentaban un proyecto de ley para modificar
la Ley Orgánica Constitucional de Enseñanza en el sentido de pro-
hibir prácticas discriminatorias, pues “se han registrado una serie de
situaciones en que de una u otra forma, jóvenes estudiantes han sido
discriminados”.
Para ellos, “una sociedad (...) democrática debe aceptar y res-
petar la vida privada de los individuos, y a ese ámbito pertenece, entre
otras cosas, el aspecto externo de cada joven”. Citaban un fallo de la
Corte de Apelaciones de Valdivia que condenó a un colegio cuyo
reglamento prohibía el cabello largo y el uso de aros por los varones,
ciertas tinturas en el pelo de las mujeres y hacerse caricias entre los
jóvenes.
Según esa Corte, el colegio “transgredió la disposición constitu-
cional del artículo 19 N° 4 que dispone el respeto y protección a la
vida privada y pública y a la honra de su persona y de su familia”,
así como la Declaración de los Derechos del Niño que entrega la
responsabilidad de la educación y orientación de los niños, en pri-
Capítulo VI 91

mer lugar, a sus padres. El fallo estipulaba que los educadores de-
ben limitarse a enmarcar la enseñanza “dentro de lineamientos bási-
cos de orden técnico pedagógico” y a poner normas “que apunte[n] a
una mejor organización del establecimiento, en cuanto a horario, com-
portamiento y conductas”.
Sin embargo, los diputados omitieron decir que esa decisión
judicial había sido posteriormente revocada por la Corte Suprema,
un mes antes de que presentaran el proyecto... No les importó ma-
yormente, pues les dio pretexto para una moción de Reforma cons-
titucional con el fin de extender el recurso de protección al derecho
a la educación.
Además, los diputados fueron aún más lejos que los jueces de
Valdivia: El respeto por el niño -dijeron- “implica aceptarles sus for-
mas de vestir, de peinar, y de convivir cuando corresponden a un con-
senso social entre sus pares que lo identifica y le da seguridad; el largo
de la cabellera, el uso de adornos en su cuerpo, el tipo de vestimenta,
el empleo de un mayor o menor colorido para adornar su rostro o
cabellera, forman parte de la rebeldía propia de la juventud, que ne-
cesita canalizarse en alguna forma, siendo estas modas o costumbres
transitorias una de las formas en que expresan tal rebeldía”. (9)
Así los parlamentarios, al promover este proyecto de ley, se-
guían teorías pedagógicas freudo-marxistas, proponiendo dar una
garantía legal a expresiones anti-sociales. Es claro que si se prohibe
dar normas de presentación a los alumnos, a fortiori se impedirá
hacer respetar principios morales. Frente a una imposición legal de
esta naturaleza, un educador o padre de familia podría preguntarse:
¿qué personalidad adquirirán los jóvenes? ¿De ciudadanos respon-
sables o de delincuentes? ¿Dar libre curso a las pasiones y a la
rebeldía es dar a los jóvenes la educación que tienen derecho a
recibir?
92 La Revolución Cultural...

La moción fue estudiada por la Comisión de Educación de la
Cámara de Diputados, que oyó a don Mario Vargas Gutiérrez, Di-
rector del Departamento de Educación de la Municipalidad de San-
tiago y asesor de la Comisión de Educación de la Asociación Chile-
na de Municipalidades. Éste señaló que el proyecto no definía qué
sería discriminación y que, como el principio de la “no-discrimina-
ción” está consagrado en la Constitución, no hay razón para estable-
cerla a nivel educacional. Además, sobre el aspecto físico de los
alumnos, recordó que la garantía constitucional de la libertad de
enseñanza y la ley Nº 19.070 permiten a los colegios que establez-
can un reglamento, por lo cual esas normas de conducta no son
discriminatorias.
A su vez, don Guido Crino Tassara, Vicepresidente de la Fide,
insistió en que tales normas debían ser analizadas en función del
tipo de personas que el colegio quiere formar, pues serán proceden-
tes si se adecuan al proyecto curricular y al reglamento interno. (10)
Pese a esas objeciones, la Comisión aprobó sin mayor debate y
por unanimidad la idea de legislar, haciendo sus disposiciones apli-
cables también a todos los colegios particulares, incluso los no sub-
vencionados, lo que no estaba en la moción inicial.
En el debate, los diputados Letelier (PS), Ortiz (DC), Rocha
(PRSD), Velasco (DC), Jarpa (PRSD) y Bustos (PS) adujeron que la
ley no debe contener normas atentatorias contra la manera de vivir,
actuar y pensar de los alumnos, mostrándose indulgentes con la
indisciplina escolar, pues provendría de la personalidad “hiperactiva”
de los alumnos con mala conducta, pese a que ésta llega hoy a actos
graves, como el consumo de alcohol o drogas en los mismos cole-
gios.
En respuesta, el diputado Bartolucci defendió a los colegios
particulares afirmando que “no corresponde al Estado, a los legisla-
Capítulo VI 93

dores ni a los políticos, sino a los educadores, señalar a los colegios
particulares que tienen un proyecto educativo, cuáles deben ser las
normas respecto de la presentación y el comportamiento de sus alum-
nos”. (11)
Por su parte, el diputado Sergio Correa de la Cerda (UDI) de-
nunció la índole subversiva de la reforma, pues la disciplina es ne-
cesaria para formar jóvenes con principios: “Sólo colegios con un
proyecto educativo valórico, libre, creativo y progresista pueden cam-
biar la actual cultura relativista, proponiendo la formación del ca-
rácter por medio de un espíritu y de un ambiente propicios, dentro de
los cuales destacan la presentación personal, la vestimenta, los hábi-
tos, las virtudes y otros. (…) Si se permite la modificación de la ley
orgánica constitucional de Enseñanza, estará prohibido prohibir en
los colegios de Chile. (...) Con ello queda claro que este Gobierno
intenta cambiar la mentalidad de nuestra juventud yy,, en lo posi-
ble, acercar la educación al estilo propugnado por la fenecida
Unidad Popular
Popular,, de la que la ENU, Escuela Nacional Unifica-
da, podría ser el modelo hacia donde se orienta la actual LOCE LOCE”.
(12)

Derecho de los colegios católicos: condicionar el ingreso
y la permanencia en ellos a la práctica religiosa

Durante la discusión, los diputados Tuma (PPD), Vilches (RN)
y Velasco (DC), todos favorables al proyecto- atacaron a los colegios
católicos por condicionar la admisión a que los postulantes acepten
los valores religiosos y luego tengan buena conducta, por conside-
rarlos requisitos discriminatorios.
En sentido opuesto se pronunció el diputado Correa de la Cer-
da, afirmando que la Constitución no puede ser interpretada en el
sentido de que “un colegio religioso no podría evitar la intervención
94 La Revolución Cultural...

gubernamental, y (que) los ateos, comunistas, homosexuales, droga-
dictos” (13) puedan exigir su ingreso a ellos. Ambas cosas distorsionan
la Ley fundamental y van contra el derecho de la Iglesia Católica a
establecer centros educativos de acuerdo a la Fe. La Iglesia –y quie-
nes funden colegios de inspiración católica– tienen derecho de po-
ner determinados requisitos de ingreso, con vistas a que el respecti-
vo ambiente facilite la transmisión a los alumnos de los valores reli-
giosos y morales.
Conviene recordar al respecto los derechos de la Iglesia en
esta materia lo enseñado por el Papa Pío XI: “La educación pertene-
ce de un modo supereminente a la Iglesia por dos títulos de orden
sobrenatural, exclusivamente conferidos a Ella por el mismo Dios, y
por esto absolutamente superiores a cualquier otro título de orden na-
tural.(...) El primero [título] consiste en la expresa misión y autoridad
suprema de Magisterio, que le dio su divino Fundador (…) El segun-
do título es la maternidad sobrenatural con que la Iglesia, Esposa
inmaculada de Cristo, engendra, alimenta y educa las almas en la
vida de la Gracia, con sus sacramentos y su enseñanza. Con razón,
pues, afirma San Agustín: ‘No tendrá a Dios por padre, el que rehusare
tener a la Iglesia por madre’.(…) Así por necesaria consecuencia la
Iglesia es independiente de cualquier potestad terrena, tanto en el ori-
gen como en el ejercicio de su misión educativa, no sólo respecto a su
objeto propio sino también respecto a los medios necesarios y conve-
nientes para cumplirla.(…)”. (14)

La doctrina católica y la coeducación obligatoria

Preocupa también que el proyecto en referencia ponga trabas
a los colegios que optan por la educación separada para niños y
niñas, pues según la doctrina pontificia tradicional, la coeducación
está lejos de ser el ideal de formación, al confundir “la legítima
Capítulo VI 95

convivencia humana con una promiscuidad e igualdad de sexos to-
talmente niveladora”.
El mismo Papa Pío XI enseñó a ese respecto que “La natura-
leza humana, que diversifica a los dos sexos en su organismo, inclina-
ciones y aptitudes respectivas, no presenta dato alguno que justifique
la promiscuidad y mucho menos la identidad completa en la educa-
ción de los dos sexos”. Esa diversidad “debe ser respetada en la for-
mación educativa; más aún, debe ser fomentada con la necesaria
distinción y correspondiente separación, proporcionada a las varias
edades y circunstancias” (15), según las normas de la prudencia cris-
tiana.
Las instituciones educativas tienen derecho a decidir si sus
esfuerzos se destinarán exclusivamente a la educación de varones o
de niñas, y los padres de familia pueden escoger para sus hijos uno
de esos establecimientos. Impedir el ejercicio de este derecho cons-
tituye una interferencia indebida del Estado. Fue precisamente lo
que propuso el diputado Valenzuela (PS) cuando, al atacar la discri-
minación por sexos, afirmó que el proyecto se justifica porque trans-
formar un colegio mixto en uno exclusivo “constituye también una
infracción al artículo 6º, que tratamos de modificar” (16).
La diputada Saa no fue menos enfática: “Puede ser (...) que
haya un colegio que ha sido coeducacional desde hace treinta años y
el cual pretende expulsar a las niñas en virtud de una pseudo-teoría
técnica, que dice que la coeducación produce agresividad y conduc-
tas antisociales en los niños. Eso me parecería un atropello flagran-
te”. (17)

La promiscuidad y la educación sexual sin valores

Las actitudes de estos parlamentarios son preocupantes pues,
a propósito de las alumnas que quedan embarazadas durante los
estudios, varios diputados de la Concertación llegaron a expresar su
96 La Revolución Cultural...

entera conformidad con las relaciones sexuales libres. El diputado
Ortiz (DC) llegó a decir que el embarazo escolar es la mera conse-
cuencia “de un acto normal entre un hombre y una mujer cuando
existe amor” (18). De modo no muy diferente se pronunció el diputa-
do Juan Pablo Letelier (PS), para quien los colegios no tienen dere-
cho de tomar medidas en función de simples “ciclos de la naturale-
za, como es estar embarazada y ser madre”. (19)
Así, no causan sorpresa los millares de embarazos escolares
por año: ¡quien siembra vientos cosecha tempestades! Otros diputa-
dos, aunque deseando que se facilite a las alumnas grávidas que
sigan sus estudios –entre otras razones, para que no aborten– expre-
saron el deseo de que esas ayudas tengan la forma de subsidios y no
de imposiciones a los colegios.
El diputado Bartolucci (UDI) expresó que a esas alumnas “de-
ben dársele las facilidades académicas del caso”, pero que no desea
“que una ley imponga a los establecimientos educacionales la obli-
gación de aceptar la matrícula de una alumna embarazada o su
permanencia física en el establecimiento”, pues atenta contra la li-
bertad de enseñanza, la cual incluye “el derecho de los estableci-
mientos a tener un proyecto educativo, un sentido de la educación y
un canon de valores”, en lo cual “el Estado no tiene derecho a inter-
venir”. (20)
Pese a esas importantes razones, el Parlamento aprobó una ley
que obliga a los colegios, incluso a los religiosos y particula-
res, a matricular a las adolescentes embarazadas que postulen
a los mismos, y a aceptar su asistencia a clases, y rechazaron fórmu-
las alternativas para permitirles continuar sus estudios en casa. De
este modo, por la convivencia habitual con alumnas embarazadas,
irá disminuyendo la noción de la maternidad como fruto exclusivo
del matrimonio, lo cual incentivará aún más las relaciones sexuales
precoces.
Capítulo VI 97

Tal ley entró en vigencia y, en un primer caso, dos niñas de 14
y 15 años fueron reintegradas rápidamente a su escuela, debido a la
intervención de las diputadas Allende (PS) y Pollarolo (PS) (21), oca-
sión que éstas aprovecharon para promover la promiscuidad sexual
entre los jóvenes, en nombre del llamado “sexo seguro”. La diputa-
da Pollarolo sostuvo: “está pendiente entre nosotros el tema de la edu-
cación sexual, de entregar a nuestros adolescentes los elementos infor-
mativos y formativos que les permitan iniciarse a la vida sexual con
madurez, pero también con seguridad” (22) para concretar lo cual, las
diputadas anunciaron que presentarán otra moción legal para ga-
derechos sexuales y reproductivos
rantizar los “derechos reproductivos”.
Al respecto, María Antonieta Saa (PPD) dijo que, para que no
haya embarazos adolescentes, habría que reforzar las Jocas y “en-en-
tregar una educación sexual a nuestros niños y niñas desde el
período preescolar
preescolar”, con base en una idea de la sexualidad “como
una parte importante de los seres humanos, de su desarrollo personal,
y no como un pecado”. Y presentó como modelo a Suecia, donde
desde la etapa preescolar los niños se acercan a la sexualidad
“desde
de una manera natural, ‘no pecaminosa’, sintiendo que se está
acercando a un tema del cual puede hablar de una manera abierta,
madura”. (23)
libre, clara, humana, madura
El diputado Leal (PPD) atacó a “determinados sectores –alu-
diendo a los colegios católicos que– tienen un cierto integrismo me-
dieval desde el punto de vista valórico” y “no aceptan una educación
verdadera respecto del tema sexual”. Reconociendo que “en la ac-
tualidad, hombres y mujeres de la sociedad chilena tienen relaciones
sexuales a los 14 años”, no ve en esto una crisis moral, sino un
fenómeno relacionado con “las revoluciones comunicacionales”, por
lo cual bastaría “garantizar que haya educación sexual en los cole-
gios y prevención del embarazo”, (24) para que el problema sea “solu-
cionado”.
98 La Revolución Cultural...

Así, los parlamentarios que defienden estos postulados, pre-
tenden resolver la crisis que produjeron, introduciendo nuevas me-
didas licenciosas, de modo comparable a una alguien que propusie-
se apagar un incendio con bencina.

Un ejemplo del tipo de educación sexual

Una muestra de lo que son los programas de educación sexual
está en el manual “Cambio de Piel”, publicado por la Corporación
de Desarrollo de la Mujer ‘La Morada’, con patrocinio del Sernam y
de la Universidad Metropolitana de Ciencias de la Educación, fi-
nanciado por el Instituto de la Mujer de España y por la Unesco, y
recomendado por el Ministerio de Educación como texto guía para
los profesores de enseñanza media.
Su chocante procacidad y su absoluta falta de principios mora-
les se vuelve obvia al considerar las preguntas que siguen, las cua-
les suscitarán continuos debates deformantes:
“– ¿Cómo se maneja hoy el concepto de virginidad entre las
parejas de jóvenes?”
“– ¿Qué sientes y piensas en relación a la homosexualidad?
¿Qué se dice de una ‘loca’?”
– ¿Podrías hacer una pregunta en relación a cómo tú percibes o
entiendes la homosexualidad?
“– ¿Crees que podrías entablar amistad con un/a homosexual?
¿Cuáles serían las condiciones para que ello ocurriera?”
“– ¿Qué opinión te merece el estereotipo del homosexual y de la
lesbiana que se ha creado en nuestra cultura (personaje de teleserie,
peluqueros famosos, personaje creado en los chistes, personaje de la
‘marimacho’?”)
Capítulo VI 99

“– ¿Conoces algún personaje famoso que tú sepas que es o ha
sido homosexual? ¿Corresponden al estereotipo creado por el imagi-
nario cultural?”
“– ¿A qué factores atribuyes tú que en nuestra cultura la ho-
mosexualidad femenina sea menos tolerable que la homosexuali-
dad masculina?”
“– ¿Cuáles crees tú que son los prejuicios de las mujeres en
relación a las lesbianas?”
“– ¿Te relacionas tú con tu propio cuerpo para experimentar
sensaciones placenteras?”
“–¿La masturbación es un saber espontáneo o un saber apren-
dido?”
“– ¿Qué piensas de la masturbación: se da tanto en hombres y
en mujeres?”
“– Se ha afirmado, muchas veces que la masturbación es dañi-
na. ¿Qué crees tú respecto de esto?”
“– ¿Según la lectura del texto qué aparatos sociales han gene-
rado el tabú y la prohibición de la masturbación?”
“– ¿Piensas tú que la sexualidad de los animales es más libre
que la de los seres humanos?”
Y entre las sugerencias, como parte del programa de educa-
ción sexual, se encuentra ésta, que incita a los jóvenes a ponerse en
contacto con centros de perversión: “Conéctate con alguna persona
homosexual que tú u otra persona conozcan. Si puedes invítalo a con-
versar con el curso en el colegio. Existen movimientos que agrupan a
los homosexuales en nuestro país, tales como: MOVILH (Movimiento
de Liberación Homosexual), el PAFALH (Padres, Familiares y Ami-
gos de los Homosexuales) y el Colectivo Lésbico”.(25)
100 La Revolución Cultural...

En coherencia con este tipo de enseñanza, el Ministerio de
Educación concedió patrocinio oficial al Seminario realizado por el
“Movimiento Unificado de Minorías Sexuales”, integrado por ho-
mosexuales y lesbianas, que se desarrolló el 26 y 27 de Noviembre
de 2001, en Santiago. (26)

La libertad de enseñanza bajo la aplanadora socialista

Como dijimos, la moción inicial destinada a impedir la discri-
minación en la educación se limitaba a prohibirla en los colegios
públicos o municipales, tanto en el acceso como en la aplicación
del reglamento. Sin embargo, en el primer trámite, la iniciativa fue
ampliada a todo el proceso educativo, desde el ingreso a la escuela
primaria hasta el término de la educación universitaria, lo que pri-
maría sobre la libertad de enseñanza. Así, pasó al Senado.
El proyecto establece que “ningún establecimiento educacio-
nal podrá realizar actos o prácticas discriminatorios en perjuicio de
sus alumnos, ya sea en el ingreso o durante el proceso de enseñanza.
Se considerarán como tales, entre otros, los que se funden en el aspec-
to físico del alumno o alumna, en el embarazo de ésta, en alguna
enfermedad o discapacidad que éste o ésta padezcan, en el rendi-
miento académico o en la capacidad económica de sus familias”. (27)
El texto añade que, en los colegios que no perciben subven-
ción del Estado, no se considerarán discriminatorios los cobros de
matrícula y derechos de escolaridad o colegiatura, lo que deja claro
que se les aplicarán todas las demás normas que el proyecto contie-
ne. En cuanto a los colegios que reciben subvención estatal, cuando
uno incurra en algún acto discriminatorio, será causal para que la
pierda. Por tanto, la libertad de enseñanza, consagrada en la Cons-
titución, está siendo violada en dos puntos importantes.
Capítulo VI 101

Varios diputados de la oposición calificaron el proyecto, con
razón, como contrario a la Constitución.
El diputado Bartolucci explicó: “Queremos que los estableci-
mientos educacionales puedan determinar su proyecto educativo, sus
normas de funcionamiento, sus códigos valóricos, su sentido de la
educación, su declaración de principios, y que eso pueda plasmarse
en la vida diaria del establecimiento. Eso es libertad de enseñanza.
Cada colegio puede hacer su propio proyecto; pero una vez hecho, lo
plasma en un reglamento, el cual debe ser conocido y aceptado por
los apoderados, conocido por los alumnos y aplicado sin discrimina-
ción alguna a todo el establecimiento. Ése es el sentido exacto de la
no-discriminación”. (28)
Y también el diputado Correa mostró el riesgo de mutilar la
libertad de enseñanza: “Atentar contra la libertad de enseñanza es
ayudar a poner la enseñanza en manos del Estado. La familia tiene
el derecho fundamental y preferente a educar. Aceptar que el Estado
se adueñe de ella es renunciar a un derecho natural. Hoy podría ser
la supresión de la enseñanza libre; mañana, la aceptación del divor-
cio, del aborto, de la homosexualidad”. (29)
Y el diputado Ibáñez ponderó: “Nuestra Constitución prohibe
las discriminaciones arbitrarias, con lo cual deja establecido que hay
discriminaciones o diferenciaciones, mejor dicho, que no son arbitra-
rias, que no son perjudiciales y que son justas. La justicia nos manda
dar a cada uno lo suyo, y no a todos lo mismo, porque precisamente
las personas no somos todas iguales. Por eso, en algunos casos las
diferenciaciones constituyen actos de justicia, y el no establecerlas
implica un acto de injusticia y de discriminación (…) Por tal razón,
la iniciativa es contraria al espíritu de nuestra Constitución”.
Además, impugnó que se dé autonomía a los alumnos y se le
quite a directores y profesores: “(...) no tendremos que tratar a direc-
102 La Revolución Cultural...

tores de tales establecimientos como menores de edad o como gente
descriteriada, a la cual todo se le tiene que decir mediante leyes. (...)
Si un director incurre en algún acto de injusticia, en un acto de discri-
minación arbitraria, se le retirará de su puesto; pero obligarlo a acep-
tar, como parámetro común, determinadas normas, es atentatorio
contra su dignidad de director de un establecimiento educacional,
contra la posibilidad de establecer principios de formación de los alum-
nos y establecer proyectos de formación de juventudes, que son perfec-
tamente válidos”. (30)

Ataque a los colegios privados

Tampoco faltaron en los debates parlamentarios ataques al sec-
tor privado educativo, por considerarlo discriminador. En efecto, para
Nelson Ávila (PPD), “la sola existencia de colegios particulares pa-
gados envuelve una discriminación, puesto que por razones de tipo
económico no todos pueden acceder a ellos” (31); el diputado Velasco
afirma que, “Citemos algunos ejemplos patéticos relacionados con la
materia: la educación particular para los ricos; la educación subven-
cionada con una doble discriminación, puesto que se divide en dos:
con financiamiento compartido o sin él”. (32) Y el diputado Gutiérrez
(PDC), a su vez, declara: “debemos encaminarnos hacia una socie-
dad más tolerante, solidaria e igualitaria” (...) hay “un proceso de
segmentación muy grave en nuestro sistema educacional”, pues “exis-
ten escuelas para los pobres, para los ricos y para la clase media”. (33)
Lo que dice la doctrina católica sobre el papel del Estado es
precisamente lo contrario a lo sostenido por los parlamentarios cita-
dos. En materia de educación, el Estado debe: “defender los dere-
chos y obligaciones de los padres y de todos los demás que intervienen
en la educación y colaborar con ellos”, y “completar la obra de la
educación según el principio del deber subsidiario cuando no es sufi-
Capítulo VI 103

ciente el esfuerzo de los padres y de otras sociedades, atendiendo los
deseos de éstos” (34).
El Poder Público, lejos de monopolizar la educación, debe
ayudar a los colegios y dejar que los padres escojan para sus hijos
los que juzguen convenientes, pues aquellos son los primeros cola-
boradores de la familia en la educación. Tal ayuda no es un favor
inmerecido, pues auxilian al Estado a cumplir con su deber.
Mons. Ricardo Ezzati, Presidente de la Comisión de Educa-
ción de la Conferencia Episcopal, recordó en el documento “La La
Iglesia católica frente a la discriminación en la educacióneducación”,
que “los Estados no conceden estos derechos”, sino que les “corres-
ponde protegerlos y desarrollarlos, pues pertenecen al hombre por su
naturaleza”.(...) “Como el derecho a educarse implica escoger libre-
mente el contenido de la propia educación y la institución que haya
de educar, en tanto los hijos estén bajo el cuidado de sus padres, es a
éstos a quienes corresponde el ejercicio de tales prerrogativas de elegir
para sus hijos.”. (35)
Sin embargo, la Comisión de Educación de la Cámara de Di-
putados, al analizar el proyecto, consideró los colegios subvencio-
nados con un criterio estatista, diciendo que “son esencialmente
subvencionados y, por lo mismo, colaboradores de la función educa-
cional del Estado, debiendo sujetarse a las orientaciones que éste les
imparte”. (36)
La Concertación busca, pues, una quimera: cambiar la es-
tructura social a través de la educación. En sus proyectos “anti-
discriminatorios” y en los discursos de sus diputados surge conti-
nuamente el tema de la igualdad de oportunidades en la educa-
ción, como si redujese las desigualdades y diese más oportunida-
des en la vida, siendo que “iguales oportunidades de acceso no con-
ducen automáticamente a iguales resultados escolares y que iguales
104 La Revolución Cultural...

resultados escolares no necesariamente conducen a iguales posiciones
sociales”. (37)
Sin embargo, el proyecto fue aprobado en la Cámara. No sor-
prende que los diputados del Gobierno, cegados por su ideología
igualitaria, votasen en su favor. Pero es lamentable que también
haya sido aprobado con votos de la oposición, tal vez amedrentados
por la presión de la izquierda, un diputado declaró: “entiendo el
alcance y la intención de los autores del proyecto (…) aun cuando
tiene ciertas aprensiones que no dicen relación con el fundamento ni
con el objetivo que persigue” y que anunciase desde la tribuna: “Re-
novación Nacional lo votará favorablemente”. (38)
Gracias al apoyo de una parte de la oposición, el proyecto si-
gue su curso, amenazando a la educación chilena. Así, la Familia
perderá uno de sus principales derechos: educar a sus propios hi-
jos, del modo y en el ambiente que prefiera. y esa función se la
arrebatará el Estado, que indicará los modos y costumbres que ellos
deben adoptar.

1
Encíclicas Divini illius Magistri y Mit brennender Sorge, y la
Alocución del 8-9-1946.
2
Encíclica Divini illius Magistri, Ed. BAC, pág. 540.
3
“Ser verdaderamente libres no significa en modo alguno hacer todo
aquello que me gusta o tengo ganas de hacer. La libertad contiene
en sí el criterio de la verdad, la disciplina de la verdad. Ser
verdaderamente libres significa usar la propia libertad para lo que
es un bien verdadero” (Carta Apostólica de Juan Pablo II a los
jóvenes y a las jóvenes del mundo con ocasión del Año
Internacional de la Juventud, nº 13).
4
Enc. Divini illius Magistri, BAC, pág. 554 y ss.
5
Juan Pablo II. Carta cit., nº 13.
6
Joseph Leif, "Pour une éducation subversive – de l´identification à
Capítulo VI 105

la libération”, Ed. Armand Colin, pág. 9.
7
Comentario sociológico, basado en informe del Ministerio de
Educación francés, pág. 98.
8
“La Tercera”, 13 de Julio de 1997, “Exigen fin a discriminación
juvenil”.
9
Boletín Nº 2252-04 – Leg. 339, Ses. 5, 14 de Octubre de 1998,
págs. 142 a 147
10
Informe de la Comisión de Educación, Bol. 2252-04, 7 de
Septiembre de 1999.
11
Leg. 342, Ses. 10, 5 de Julio del 2000, pág. 28
12
Leg. 341, Ses. 4, 14 de Octubre de 1999, págs. 12-14
13
Ibídem.
14
Pío XI, Enc. Divini illius Magistri, parte I, b, n° 5 y 6 - www.clerus.org
15
Pío XI, Enc. Divini illius Magistri, Docs. Pol., BAC, Madrid, 1958,
págs. 558-559.
16
Leg. 341, Ses. 4, 14 de Octubre de 1999, pág. 19
17
Ibídem. pág. 25
18
Ibídem. pág. 21
19
Leg. 342, Sesión 1. 6 de Junio de 2000, pág. 19.
20
Leg. 342, Sesión 1. 6 de Junio de 2000, pág. 16
21
“La Tercera”, 8 de Julio de 2000.
22
Leg. 341, Ses. 36. 4 de Abril de 2000, pág. 35
23
Ibídem, pág. 26
24
Leg. 342, Sesión 1. 6 de Junio de 2000, pág. 23
25
Olga Grau y Gilda Luongo, en “Cambio de Piel”, Ed. "La Morada",
Julio 1997, págs. 65-78-103-108
26
Gobierno de Chile, Ministerio de Educación, Departamento
Jurídico, Res. N° 946, 21 de Noviembre de 2001.
27
Leg. 341, Ses.1, 5 de Octubre de 1999, pág. 206
28
Leg. 341, Ses. 4, 14 de Octubre de 1999, págs. 23-24
29
Ibídem, pág. 13
30
Leg. 342, Ses. 10, 5 de Julio de 2000, págs. 19-20-21
106

31
Leg. 341 Ses. 1, 5 de Octubre 1999 pág.204
32
Leg. 341 Ses. 51, 11 de Mayo de 2000, pág. 22
33
Leg. 341 Ses. 4, 14 de Octubre 1999, págs. 15-16
34
Gravissimum educationis § 3
35
Mons. Ezzati, “La Iglesia Católica frente a la discriminación de
educación”, CECh, Area de Educación, Agosto 2000, puntos 5 y 6
36
Leg 341 Ses. 1, 5 de Octubre de 1999, pág. 198
37
Kjell Eide, “A Comment on Husén”, in "Education, Inequality and
life chances", OCDE, 1975, pág. 347.
38
Leg. 342 Ses. 9, 4 de Julio de 2000, pág. 28
Capítulo VII

Proyecto de “derechos sexuales y reproductivos”:
grave golpe a la familia cristiana

No sería coherente que quienes desean la no-discriminación
en los colegios, se detuvieran allí, sin querer promoverla también en
el seno de las familias. Así como los ideólogos de esta revolución
cultural pretenden imponer la nivelación entre profesores y alum-
nos, del mismo modo tienden a abolir toda desigualdad entre pa-
dres e hijos, a socavar la patria potestad e imponer un osado
permisivismo sexual. Para alcanzar este objetivo, las diputadas Fanny
Pollarolo (PS) y Antonieta Saa (PPD) presentaron el Proyecto de
Ley Marco sobre Derechos sexuales y reproductivos
reproductivos, que implanta
en la práctica el amor libre y el aborto.
Deseando avanzar sin romper consensos ni producir demasia-
dos escándalos, la iniciativa fue presentado con la firma de diputa-
dos de todas las corrientes, desde el PS hasta un Independiente-
UDI (1).
Los autores, el diagnóstico y la justificación política
Participaron en la elaboración del Proyecto varias ONGs anti-
familia cristiana, tales como “Aprofa”, “La Morada”, “Católicas por
el derecho a Decidir” (sic!), el “Colectivo que Vive y Trabaja con Sida”,
108 La Revolución Cultural...

“Vivo Positivo” y la “Fundación Ideas”, todas las cuales han defen-
dido las posiciones más osadas en pro de la disolución de las cos-
tumbres.
Los autores de la moción parlamentaria, al tratar de los dere-
chos sexuales en Chile, afirman que hubo “adelantos” desde los años
90 en las políticas públicas, pero dicen que “aún son insatisfacto-
rios” para alcanzar las transformaciones culturales y sociales a que
“la sociedad civil aspira”. Llama la atención que no expliquen cómo,
ni cuándo ni a través de qué canales la sociedad civil expresó estas
insatisfacciones.
Para apreciar la gravedad de esta iniciativa basta ver su defini-
ción de los “derechos sexuales y reproductivos”: son “derechos y
libertades fundamentales que corresponden a todas las personas,
sin discriminación, y que permiten adoptar libremente, sin nin-
gún tipo de coacción o violencia, una amplia gama de decisiones
como son la sexualidad y la reproducción”. Esto significa “de-
(...)como
cidir por sí mismo cuándo y con quién tener relaciones sexuales (...)
sin otro límite que la no-trasgresión de la libertad sexual de otras
personas. También conlleva el derecho (...) de alcanzar el máximo de
placer (...), significa autodeterminar la vivencia, experiencia y signi-
ficación de la propia sexualidad, tenga ésta o no una finalidad
procreativa”. (2)
Como se verá, los postulados socialistas conduce a que los pa-
dres sean privados del derecho natural a la educación de sus hijos.
En otras palabras, todas las prácticas sexuales, aun las más
aberrantes, podrán ser practicadas con quien, donde y cuando se
quiera, con el único fin de alcanzar el máximo placer.
La búsqueda del placer, por encima de todas las normas mora-
les, está en coherencia con el pensamiento del socialismo interna-
cional. Así, el 29º Congreso del Partido Socialista español estable-
Capítulo VII 109

ció que: “La sexualidad debe ser considerada como una dimensión
placentera, la comunicación humana, independiente de la reproduc-
ción. Por lo tanto no podrá haber una auténtica entrega al placer
deseado”. (3)
sexual mientras exista el temor al embarazo no deseado
Para impulsar al País por ese rumbo los autores del Proyecto
pretenden que se exija “a todos los órganos y agentes del Estado (...)
elaborar, ejecutar y evaluar sus acciones en esta materia (…) promo-
viendo el ejercicio de los Derechos Sexuales y Reproductivos”. (4) Y
que «el Poder Judicial (...) debe asegurar y garantizar que los dere-
chos aquí establecidos sean respetados, adoptando todas las medidas
conducentes a su efectivo ejercicio, declarando como ilegales o arbi-
trarias todas aquellas prácticas que transgredan tales derechos».
Más aún, esto implica que proceder en sentido contrario será
considerado “una flagrante violación a los instrumentos internacio-
nales de Derechos Humanos que Chile ha suscrito y que son además
parte de nuestro ordenamiento jurídico”. (5)
“Sexo desde temprana edad”
El socialismo real usaba guarderías infantiles para adoctrinar
a los niños con las ideas de Marx. El socialismo renovado es más
sutil en la reeducación de los jóvenes. Con este Proyecto de ley,
quieren obligar a los poderes del Estado, como en España, a desa-
rrollar una política de “cambios culturales, sociales, económicos, po-
líticos e institucionales necesarios para el pleno ejercicio de estos dere-
chos”. (6)
Todos los aspectos de la vida diaria serán impregnados por el
pansexualismo. Con una obsesión mórbida, los promotores del Pro-
yecto se empeñan en que tales “derechos” sean ejercidos sin límite
de edad. En su artículo 15, el Proyecto señala: “todas las personas
tienen derecho a acceder a una educación integral para la vida afectiva
y sexual desde temprana edadedad, posibilitando el bienestar, (...) y el
110 La Revolución Cultural...

ejercicio de la sexualidad en forma plena, libre e informada
informada”.
Esta información sobre todo tipo de prácticas sexuales y mecanis-
mos de control de la natalidad deberá ser proporcionada a partir de
una edad cada vez más precoz. Es decir, será instaurado en Chile
un sistema de corrupción de la niñez.
Además, el Proyecto prohibe “toda forma de discriminación en
el ejercicio de estos derechos, sea que provenga del Estado o de los
particulares, entendiéndose por discriminación cualquier exclu-
sión, menoscabo, restricción o diferenciación arbitraria basada en
edad” (7), lo que denota un deseo de empujar a la niñez a la
(...) la edad
práctica prematura de la sexualidad.
Ya en 1980, el Partido Socialista Obrero Español, en su 28º
Congreso declaraba estos mismos objetivos: “Para conseguir esta
dimensión placentera de la comunicación humana son necesarias
unas condiciones previas: 1- Una educación sexual a todos los niveles
de enseñanza (preescolar, EGB, etc.)”. (8)
En el mismo sentido, y con el descaro de los “rojos” españoles,
el socialista Rodolfo Llopis declaró: “Para mí no hay revolución
simplemente porque se lleve a efecto un cambio de régimen político.
Ni siquiera hay revolución cuando junto al cambio político hay un
cambio social. Para mí, el ciclo revolucionario no termina hasta
que la revolución no se haga en las conciencias. Y ésa es la la-
bor que tiene que hacer la escuela
escuela. Porque yo no concibo un revo-
lucionario que no sea algo educador, y un educador que no sea revo-
lucionario. (...) Esa revolución ha de ser obra de los educadores, de la
escuela (...) Hay que apoderarse del alma de los niños niños”.. (9)
De acuerdo a esa consigna socialista, el Partido Socialista fran-
cés distribuye masivamente preservativos en los colegios. Y en Enero
del año 2000, fue publicado en el Boletín Oficial de Educación
Capítulo VII 111

Nacional de Francia, que en los botiquines de todas las escuelas
deberá estar a disposición de las alumnas la píldora abortiva. (10)
Así, no será extraño que en Chile el Ministerio de Educación
termine distribuyendo de modo gratuito preservativos en los cole-
gios, como ocurre en algunos países europeos. Las alumnas que no
contra-
quieran tener un embarazo, podrán recurrir a la llamada “contra-
cepción de emer gencia
gencia”, que es garantizada por el Ministerio de
emergencia
Salud.
Según el Proyecto, quien ejerza “discriminación que implique
menoscabo, restricción o limitación al ejercicio de este derecho
(...) podrá ser sancionado, incluso con la pérdida de su trabajo. El
funcionario que niegue acceso a la información y a los servicios seña-
lados en el inciso primero, será acusado de una infracción al artículo
55 letras a, b, c del Estatuto Administrativo y será sancionado confor-
me a dicho Estatuto”. (11)
De este modo se castigará al funcionario que haga respetar las
normas de la moral, y quien las viole será considerado inocente.
¡Según los autores del Proyecto, sólo así se hará posible el “desarro-
llo personal” de los niños y adolescentes chilenos!
Limitación a la Patria Potestad
Para lograr esos objetivos, es necesario arrancar a los hijos de
la influencia de sus padres. Con tal fin, los autores del Proyecto
pretenden instaurar un régimen en las familias por el cual los pa-
dres no puedan transmitir los valores morales. Si quieren hacer va-
ler sus deberes de educadores, podrán ser considerados enemigos
de los derechos sexuales de sus hijos y, por tanto, discriminadores,
incurriendo en las penas que el Proyecto establece.
Además, según el Proyecto, la información y consejos de los
funcionarios públicos, así como las consultas hechas por los meno-
Se rreconoce
res, serán confidenciales: “Se econoce a los usuarios de los ser
ser--
vicios de salud pública y privada el derecho a la confidencialidad
112 La Revolución Cultural...

de la información (...) entre los cuales se incluye la
confidencialidad de la información en complicaciones de abor
información abor--
12
to y acceso a métodos anticonceptivos
anticonceptivos”. ( )
El Proyecto declara ser “deberdeber preferente del Estado orien-
tar e informar sobre la sexualidad y reproducción (...) desde
edad”. (13) Así, los padres quedarán al margen del ejerci-
temprana edad
cio de los «derechos sexuales y reproductivos» de sus hijos. Si algu-
no pretende prohibir a su hijo de mantener relaciones peligrosas,
podrá ser demandado por coacción o discriminación o por violar los
derechos sexuales, pues según el artículo 14: «Se Se prohibe toda dis-
criminación que implique menoscabo, restricción o limitación
al ejercicio de este derecho por razones de edad edad».
El incentivo de la promiscuidad sexual corresponde al progra-
ma de la Internacional Socialista. El Gobierno de Suecia propuso
en 1987 al Parlamento de ese país otorgar a los niños, desde los 12
años, la independencia de sus padres en asuntos como toxicoma-
nía, alcoholismo, control de la natalidad, aborto, etc., no pudiendo
los padres ejercer derecho alguno de tutela sobre ellos en esos asun-
tos. (14)
Los socialistas suecos impusieron esta independencia de los
menores en materia sexual a partir de los 12 años. Sus secuaces
chilenos fueron aún más allá, según ellos no debe existir una edad
mínima: el ejercicio de estos derechos sexuales deberá iniciarse
desde temprana edad, lo que queda al arbitrio de funcionarios del
Estado.
Este Proyecto puede ser considerado como un crimen contra
la Humanidad, según Pío XII: “La dignidad, los derechos y los debe-
res del hogar familiar, establecido por Dios mismo como célula vital
de la sociedad son, por ello mismo, tan antiguos como el mundo; son
independientes del poder del Estado, que debería protegerlos y defen-
Capítulo VII 113

derlos si se hallan amenazados. (...) Precisamente porque es el ele-
mento orgánico de la sociedad, todo atentado perpetrado contra ella
es un atentado contra la Humanidad”. (15)
Introducción paulatina del aborto
Como dijimos, el Presidente Lagos, cuando era candidato,
consideró perjudicial para él declararse a favor del aborto terapéu-
tico y, temiendo una derrota en la segunda vuelta electoral, se abs-
tuvo de insistir en él. Este retroceso táctico obligó a los promotores
del aborto a disimular que tratan de legalizarlo. Sin embargo, el
Proyecto de derechos sexuales y reproductivos disminuye grave-
mente las defensas del derecho a la vida del que está por nacer, al
punto de que, en la práctica, se abren las puertas al homicidio en el
seno materno.
Los tres derechos sexuales aludidos en el Proyecto y relacio-
nados con el aborto son “el completo bienestar biológico, social y
emocional vinculados a la sexualidad y a la reproducción. No se
trata solamente de la ausencia de enfermedades, ni de una esfera
meramente médica, sino de una noción integradora de las múltiples
facetas humanas comprendidas en las decisiones, comportamientos
y vivencias sexuales y reproductivas” (art.7). Más adelante el proyec-
to establece también, “el el derecho a decidir libre mente sobre el
libremente
ejercicio de la sexualidad, autonomía y control corporal corporal”
(art.10). Por último se incluye entre tales derechos los “servicios de
prevención del embarazo no deseado” (art. 16), como son los llama-
dos “anticonceptivos de emergencia”. (16) Veamos qué entienden los
redactores de la iniciativa por cada uno de ellos.
a) A respecto del primero, del “bienestar biológico”, ya dijimos
que una de las autoras del Proyecto, la Dra. Isabel Matamala, in-
cluye el aborto: “Para mí, todo aborto es terapéutico (...) yo preferi-
ría que en adelante pudiésemos hablar del aborto reglamentado, que
114 La Revolución Cultural...

es despenalizarlo cuando esté en peligro la vida o la salud de la ma-
dre.” (17)
Por otra parte, es conocida la posición pro-aborto de las que se
hacen llamar Católicas por el derecho a decidir, coautoras del Pro-
yecto, a las cuales el Vaticano censuró en varias ocasiones por utili-
zar el título de católicas en el nombre de esta entidad, pese tener
una posición totalmente opuesta a la moral.
Por su parte Josefina Hurtado declaró que: “En el documento
que se discutió (en El Cairo + 5), se establece la obligación de los
servicios públicos de ofrecer, dentro de la planificación familiar, los
‘anticonceptivos de emergencia’ y los métodos sub-utilizados de
‘vasectomía y preservativos masculinos’. Esta mención salió porque
hubo una cantidad de países, liderados por el Vaticano, que no estu-
vieron dispuestos a aceptar la inclusión de la píldora abortiva
abortiva, post-
coital, como método anticonceptivo. La ‘píldora de la mañana si-
guiente’ ha sido ideada para los países donde el aborto quirúrgico no
es legal, como forma de evitar el embarazo no deseado”. (18) ¡En otros
términos, se reconoce que esa píldora es una forma de burlar la ley
en las naciones, como la nuestra, donde el aborto es prohibido, pese
a lo cual aún hay voces que insisten en que la misma no sería abortiva!
b) El “derecho a decidir sobre el propio cuerpo” es el sofisma
empleado los abortistas para tratar de legitimar el aborto. Según esta
ideología el niño que está por nacer es análogo a un tumor de la
madre y, por tanto, parte de su cuerpo y no un ser vivo con derechos
propios. Así, al hacer uso del derecho sobre el propio cuerpo, la ma-
dre podría eliminarlo, sin responsabilidad penal por el homicidio.
El PSOE alegó precisamente ese “derecho” para despenalizar
el aborto en España. A su vez, los ideólogos del Partido Socialista
francés, Rocard, Fabius y Badinter sostuvieron en un estudio con
prefacio de Mitterrand, titulado “Liberté, libertés”, que el pretendido
Capítulo VII 115

derecho a la libre disposición del cuerpo tiene como corolario el dere-
cho al placer.
Sostiene el referido estudio que el derecho a la libre disposi-
ción del cuerpo considera que “cada uno es libre de tener las activi-
dades sexuales que escoja. Cada uno es libre de mantener relacio-
nes sexuales con quien lo quiera, con la condición al menos tá-
cita del consentimiento mutuo
mutuo. (...) En consecuencia, ninguna re-
presión, ninguna difamación, ninguna inquisición pública o priva-
da, deberá ser exigida contra quienquiera que sea a propósito de su
sexualidad”. (19)
c) Por último, el derecho a la “anticoncepción de emergencia”,
conocido como la píldora del día siguiente, fue catalogado por estu-
dios médicos de renombre mundial, como un recurso que tiene una
probabilidad cercana al 70% de producir un aborto. En este senti-
do, los Doctores Mauricio Besio, del Departamento de Ginecología
de la Universidad Católica y Fernando Orrego, de la Universidad
de Los Andes, dieron públicamente argumentos médicos conclu-
yentes sobre las efectos abortivos de este sistema.
Dejando patente la intención de legalizar el aborto, Josefina
Hurtado afirmó en la ya citada entrevista: “Lo que decimos es que
todo lo relativo a la salud sexual y reproductiva debe ser visto desde
las necesidades específicas de los individuos, las que la Conferencia
de El Cairo puso en el centro de todas las políticas de población. Y en
ese contexto de las personas lo que sur ge es que el abor
surge to debe
aborto
20
ser despenalizado en Chile ”. ( ) Es obvio, pues, que, alegando
Chile”.
estos supuestos derechos, se quiere imponer la masacre de los ino-
centes.
Equiparación de las relaciones hetero y homosexuales
El Proyecto también equipara las relaciones hetero y homo-
sexuales: “se reconoce el derecho a toda persona a elegir con quien
116 La Revolución Cultural...

vivir la sexualidad.” (art. 9) Así, los formadores estatales deberán
explicar a los niños que pueden optar por tener relaciones homo-
sexuales o lesbianas y que por tales conductas no podrán sufrir nin-
guna discriminación ni coacción.
Para que las opciones homosexuales sean asumidas y practi-
cadas sin ningún tipo de discriminación, el Ministerio de Educación
recomienda a los profesores de enseñanza media un texto editado
Cambio de Piel
por la ONG “La Morada” titulado “Cambio Piel”, del cual tra-
tamos en el capítulo V. La “Fundación Ideas”, coautora del Proyec-
to, afirma que hay más de 100 niños en diversos colegios del País,
adiestrados para promover entre sus compañeros de estudio la tole-
rancia y la no-discriminación por motivos de orientación sexual. Es
decir, para ir acostumbrando a los niños, desde la infancia, a acep-
tar las perversiones anti-naturales. (21)
Es significativo el hecho de que, tres meses antes del desfile
homosexual de Octubre del año 2000, el Intendente de Arica prohi-
biera por decreto a las Bandas de Guerra de los estudiantes secun-
darios desfilar por las calles de la ciudad, como es tradición allí, con
ocasión de la Semana Ariqueña. Como los alumnos insistieron en
realizarla, fueron detenidos 75 de ellos. (22)
Así es la lógica de la “no discriminación” gubernamental: mien-
tras los homosexuales son protegidos y estimulados, las manifesta-
ciones patrióticas y ordenadas de los jóvenes, son prohibidas y re-
primidas.
No extraña que, con este apoyo oficial, las organizaciones ho-
mosexuales preparen, con el auxilio de las diputadas Pollarolo y
Saa, un Proyecto de legalización de sus uniones. “En concreto, el
mencionado proyecto de ley apuntaría a reconocer la existencia legal
de la pareja homosexual (...) La idea es que dicha voluntad se exprese
Capítulo VII 117

en un acta ante el oficial de registro civil o notario del domicilio de
una de las partes, y ante dos testigos hábiles”. (23)
Erosión de la soberanía nacional por la imposición de acuer-
dos internacionales
Los autores del Proyecto, conociendo nuestras leyes y la índole
conservadora de los chilenos en materia de costumbres, ya prepa-
ran la represión de quienes se nieguen a aceptar estos derechos sexua-
les, amenazándolos con los tribunales internacionales de Derechos
Humanos y los Acuerdos firmados por Chile en convenciones de la
ONU, como es el caso del Protocolo Facultativo del CEDAW.
Otra muestra del carácter tiránico de estos tolerantes es que las
posiciones asumidas por Chile en esas convenciones internaciona-
les –en especial las reuniones de Beiging y Beiging + 5– no fueron
dadas a conocer con anticipación a la opinión pública, para no ge-
nerar una polémica que dejase al descubierto las intenciones anti-
familia de los representantes oficiales.
Varias entidades pro-familia impugnaron, poco antes del últi-
mo congreso de las Naciones Unidas sobre Población en Nueva
York, el inaudito sigilo mantenido por el Gobierno sobre la posición
oficial que Chile asumiría en el evento, lo cual fue agravado por el
hecho de que tampoco fueron consultadas las organizaciones pro
familia que existen en el País y que representan el sentir de la gran
mayoría de las familias chilenas.
En este sentido, se pronunciaron la senadora Evelyn Mathei
(UDI) y la diputada María Angélica Cristi (RN), quienes hicieron
ver a la Ministra del Sernam, Adriana Delpiano, que “no es posible
que el gobierno promueva, redacte y firme protocolos que pueden
modificar nuestra Constitución y nuestras leyes, sin consultar ni infor-
mar al Congreso, y que luego nos pongan en una situación de acep-
tar o rechazar lo que ellos ya han negociado”.
118 La Revolución Cultural...

En esa ocasión las parlamentarias expresaron que el “Protoco-
Convención para la eliminación de todas
lo Facultativo” de la “Convención
las formas de discriminación contra la mujer
formas mujer” (CEDAW), “reco-
noce la competencia de un tribunal internacional para investigar las
transgresiones a la Convención, con lo cual puede hacer investigacio-
nes en el país, establecer el pago de indemnizaciones e, incluso, dispo-
ner la modificación de la legislación chilena”. (24)
A su vez la señora Ismini Anastassiou censuró “que mientras
internamente el gobierno se declara contrario al aborto, afuera de-
fiende los derechos sexuales (…) que en el lenguaje feminista inclu-
yen el aborto y el derecho a elegir la ‘orientación sexual’”. (25) Los
defensores de este Proyecto ya amenazan al Poder Legislativo con
recurrir a los organismos internacionales de Derechos Humanos si
no es aprobado según sus deseos.
Finalmente, el “Protocolo Facultativo” del CEDAW, fue apro-
bado por la Cámara de Diputados, el 14 de Agosto de 2001, por 42
votos a favor y 20 en contra.
En la exposición de motivos del Proyecto de derechos sexua-
les, se argumenta que éste se atiene a los acuerdos internacionales
firmados por Chile. “El Estado de Chile ha hecho expreso reconoci-
miento que los Derechos Sexuales y Reproductivos son un conjunto de
Derechos Humanos, ya recogidos en instrumentos internacionales y
el ordenamiento jurídico nacional”. (26) Sin embargo, cuando el Go-
bierno prepara estos acuerdos, lo hace consultando sólo a las mis-
mas ONGs que prepararon el Proyecto de ley que estamos anali-
zando.
Es decir, los artífices del Proyecto se constituyen al mismo tiem-
po como legisladores -son ellos quienes redactan los llamados docu-
mentos sombra- supervisores de su aplicación y, por último, jueces,
puesto que los organismos internacionales fallarán de acuerdo al
Capítulo VII 119

parecer de estas entidades. ¡Y este procedimiento despótico es pre-
sentado como exigido por la democracia!
Confirmando los temores de esas parlamentarias de oposición,
la ex-ministra del Sernam, Josefina Bilbao, por ocasión de la Confe-
rencia Regional sobre la Mujer, realizada en Lima, celebraba el Pro-
tocolo para la eliminación de todas las formas de discriminación a la
mujer, de la siguiente forma: “...las organizaciones o personas parti-
culares podrán denunciar ante el Comité Cedaw a aquellos Estados
que no hubieren tomado las medidas necesarias para evitar las discri-
minaciones”. (27)
Como se sabe, tanto la difusión masiva de anticonceptivos como
la aprobación de la píldora del día siguiente son una realidad, pese
a las fuertes razones dadas en su contra. Este Proyecto, con el pre-
texto de defender los derechos sexuales y reproductivos, producirá
una completa promiscuidad sexual, disminuyendo en forma drásti-
ca la fecundidad. Chile se volverá, en virtud de esta y otras iniciati-
vas, en el país más envejecido del Continente. (28)
El por qué de este Proyecto: las dos velocidades de la Revolu-
ción
Ante la extrema iniquidad de estas posiciones, el lector se pre-
guntará cuál es el propósito de los diputados que presentaron seme-
jante Proyecto. Políticos como son, saben perfectamente que su apro-
bación no será fácil, aunque pueda llegar a darse. Sin embargo, no
dudaron en lanzarlo.
Ello obedece a la táctica revolucionaria de establecer metas
que de inmediato son inalcanzables. El papel de los “radicales”
consiste precisamente en clavar la bandera de los fines culturales,
políticos o sociales más allá de lo que hoy puede ser aceptado por la
mayoría, sabiendo que de esta forma se producirá un “shock” revo-
lucionario. Cabrá después a los “moderados” elaborar una fórmula
120 La Revolución Cultural...

practicable... Así se terminará llegando, por pasos sucesivos, hasta
la completa aceptación de las metas más osadas de esta revolución
cultural.
Es éste el papel de los “radicales” a que se refiere el Profesor
Plinio Corrêa de Oliveira en su libro “Revolución y Contra Revolu-
ción”, al describir el papel que cumplen las dos velocidades en el
proceso revolucionario: “Se diría que los movimientos más veloces
son inútiles. Sin embargo, no es verdad. La explosión de esos extre-
mismos levanta un estandarte, crea un punto de mira fijo que, por su
propio radicalismo, fascina a los moderados y hacia el cual éstos se
van encaminando lentamente (...) Ellos colaboran indirecta, pero
poderosamente, con la Revolución, atrayendo en forma paulatina a
la multitud incontable de los ‘prudentes’, de los ‘moderados’ y de los
mediocres, para la realización de sus culpables y exacerbados deva-
neos”. (29)
Los autores del Proyecto, en el lenguaje cifrado típico del femi-
nismo radical, explican así esta estrategia: “En muchos casos, la
construcción de nuevos derechos es precedida por el empoderamiento.
Esto acontece sobre todo cuando los nuevos derechos encuen-
tran dificultades para ser consagrados puesto que sur gen oposi-
surgen
ciones y resistencias
resistencias. En estos casos el empoderamiento no sólo pre-
cede los derechos, sino que debe perdurar después que estos han sido
promulgados”. (30)
Dicho de modo más simple, cuando se prevé que una proposi-
ción, por ser muy extremada, provocará una reacción pública, sus
defensores la lanzan para crear una discusión dirigida por ellos e ir
así erosionando las mentalidades de la mayoría, como, en el tiempo
de la Unidad Popular, la “toma” de una empresa o de un fundo
precedía a menudo su expropiación. Sólo que, como ahora los so-
cialistas se han renovado, la “toma” es cultural y psicológica.
Capítulo VII 121

El Gobierno no espera a la aprobación del Proyecto y procede
sin más
Antes que el Parlamento iniciase siquiera el estudio del Pro-
yecto que comentamos, el Gobierno impuso una política en esa lí-
Propuesta Gubernamental: Hacia una sexua-
nea, aplicando su “Propuesta
lidad responsable”
responsable”. No cansaremos al lector con su descripción y
análisis, pues guarda estrecha semejanza con el Proyecto de Ley ya
examinado.
Conviene destacar que esa Propuesta fue puesta en práctica a
partir de Abril de 2001 en carácter “piloto”, en las comunas de San
Bernardo, Calama, Valparaíso y Temuco, y que, antes de conocer
sus resultados y la reacción del País, ya se anuncia que a lo largo
del período 2002-2006 será impuesta a todo el País ( 31). Como se
ve, un ejemplo de democracia.
Un mes y medio después de esa publicación, en respuesta a
las objeciones que la Propuesta suscitó, portavoces del Gobierno
afirmaron que a ese respecto “el Estado no exigirá nada” y que
dejará en libertad a las comunas para que procedan como les parez-
ca, para que no suceda como en los casos de las “Jocas” o de “la
píldora del día después”, en que se produjo una aguda reacción na-
cional; pero que, en todo caso, sobre este nuevo aspecto de la ac-
ción oficial, “la evaluación es hasta el momento mayoritariamente
crítica.” (32)
O sea, esos portavoces reconocen que las aludidas medidas
oficiales de índole amoral, lejos de responder al deseo de la opinión
pública, la contrarían frontalmente, y que el problema de las autori-
dades es que desean continuar en la misma línea, pero sin desafiar
con demasiada claridad las convicciones morales de la mayoría, es
decir, burlándolas de modo sistemático.
122 La Revolución Cultural...

Establecer en cada municipio de modo autónomo las priorida-
des en materia sexual no resuelve absolutamente nada, pues las
líneas de acción del Gobierno, los mecanismos que utiliza, todo está
concebido -como hemos demostrado- para impulsar un movimiento
de amoralidad, de manera que las autoridades municipales que se
plieguen a esa tendencia serán estimuladas, y las que no, serán
reprimidas, según lo comentado en este libro.
La aplicación de esta “Propuesta Gubernamental” ha sido un
característico ejemplo de la estrategia zigzagueante seguida por las
autoridades nacionales para ir imponiendo sus políticas culturales.
En efecto, después de las críticas que se hicieron oír desde varios
sectores con respecto “a la forma y fondo” de la “Propuesta Guber-
namental”, el Gobierno, decidió a última hora cancelar su lanza-
miento. (33)
Menos de un mes después, sin mediar ninguna explicación, la
misma “Propuesta Gubernamental” fue lanzada de forma oficial en
la ciudad de Ovalle por los Ministerios de Educación, Salud y
Sernam. La Ministra de Educación, presente al acto, no explicó si
las objeciones “de forma y fondo”, expresadas tanto por la autoridad
eclesiástica como por organizaciones pro-familia, habían sido re-
sueltas en ese corto lapso.
Sin embargo, la “Propuesta” fue iniciada y cuenta con los re-
cursos necesarios. Según la Ministra Aylwin, hay “más de treinta
millones de pesos para material educativo, capacitación y difusión de
la política de sexualidad”, para los dos meses que quedan de este
año. Para el año 2002 “los definiremos más bien conforme a las de-
mandas de las Comunas” (34)
De este modo, el Gobierno va sorteando los escollos del cami-
no para imponer su revolución cultural
cultural.
Capítulo VII 123

Pedimos al lector, después de tomar conocimiento de este ca-
pítulo, que piense en sus hijos o nietos y los imagine asediados por
una masiva información de sus derechos sexuales y reproductivos.
¿Resistirán a esa presión, ya no sólo del ambiente erotizado presen-
te, sino de aquellos agentes del Estado que tratarán de introducirlos
en este permisivismo moral y los perseguirán si se niegan a ceder?
¡Cómo no recordar aquí la maldición lanzada por Nuestro Se-
ñor Jesucristo a quienes corrompen a los niños!: “Es imposible que
no vengan escándalos; pero, ¡ay de aquel por quien vienen! Más le
vale que le pongan al cuello una piedra de molino y sea arrojado al
mar, que escandalizar a uno de estos pequeños” (San Lucas 17,1-2).

1
Firmaron el Proyecto Marco de Derechos Sexuales y Reproductivos,
(Boletín No. 2608-11), además de las diputadas Pollarolo (PS) y
Antonieta Saa (PPD), Isabel Allende (PS), Víctor Barrueto (PPD),
Carlos Jarpa (PR), Jaime Mulet (PDC), Gabriel Ascencio (PDC),
Osvaldo Palma (RN), Marina Prochelle (RN) y Rosa González
(Independiente UDI).
2
Proyecto Marco sobre Derechos Sexuales y Reproductivos, págs.
39-40
3
Partido Socialista Obrero Español, Resoluciones 29 Congreso del
PSOE, pág. 234.
4
Proyecto Marco de Derechos Sexuales y Reproductivos,
Introducción, parte IV, pág. 46
5
Ibídem, Parte III, n° 3, pág. 41
6
Ibídem, Parte IV, Título I, Artículo 2, pág. 47
7
Ibídem, Parte IV, Título I, Artículo 5, pág. 48
8
PSOE , Resoluciones del 28 Congreso del PSOE, pág. 16
9
Apud Javier Tusell, “Maravall no sabe”, en “Ya”, Madrid, 14 de
Octubre de 1983.
10
Agencia Zenit, 7 de Enero de 2000.
124 La Revolución Cultural...

11
Proyecto Marco de Derechos Sexuales y Reproductivos, Título III,
Artículo 14, pág. 50
12
Ibídem, Artículo 17, pág. 51
13
Ibídem, Artículo 15, págs. 50-51
14
“Il Corriere de la Sera”, 17 de Abril de 1987
15
Pío XII, “Alocución a los delegados de la Unión Internacional de
Organizaciones Familiares”, 20 de Septiembre de 1949.
16
.Proyecto Marco de Derechos Sexuales y Reproductivos, Artículos
7, 10 y 16
17
“El Mercurio”, 21 de Noviembre de 1999, Cuerpo D, pág.22. “Dos
médicos dos visiones en colisión”
18
“El Mercurio”, 27 de Junio de1999, “El Choque Cultural”
19
Badinter, “Liberté, libertés”, págs. 272-274
20
“El Mercurio”, 27 de Junio de 1999, “El choque cultural”
21
Revista “Sociedades” n° 6, Fundación Ideas
22
“El Mercurio”, 27 de Mayo de 2000
23
“El Mercurio”, 28 de Junio de 1999.
24
“El Mercurio”, 19 de Junio de 2000, “Parlamentarias alertan por
firma de protocolo”.
25
“El Mercurio”, 4 de Junio de 2000. “El Gobierno ante Beijing”.
26
Proyecto Marco sobre Derechos Sexuales y Reproductivos, Parte
III, punto 2.
27
Discurso ante la VIII Conferencia Regional sobre la Mujer de
América Latina y el Caribe, Lima, 8 de Febrero de 2000.
28
“El Mercurio”, 1 de Diciembre del 2001, “Chile se prepara para un
envejecimiento acelerado”.
29
Plinio Corrêa de Oliveira, “Revolución y Contra-Revolución”, págs.
58 y 59. Santiago, 1992.
30
Proyecto Marco de Derechos Sexuales y Reproductivos, Parte III,
n° 2, 3.3, pág. 36.
31
“El Mercurio”, 3 de Junio de 2001.
32
“El Mostrador”, 20 de Julio de 2001.
33
“El Mercurio”, 23 de Agosto de 2001
Capítulo VII 125

34
“La Segunda”, 6 de Noviembre de 2001.
126
Capítulo VIII

El Programa de Tolerancia y no Discriminación
2001-2006: ¿una persecución religiosa en gesta-
ción?

Si el lector cree que las teorías de la no-discriminación y de la
tolerancia quedarán en el mundo de las ideas abstractas, se equivo-
ca. Para impedir esto, el Gobierno elaboró un Pr ograma de T
Programa ole-
Tole-
rancia y no Discriminación en que participarán todos los organis-
mos del Estado y que se extenderá por todo el período presidencial
de Ricardo Lagos.
Este Programa fue preparado por el Ministerio de la Secretaría
General de Gobierno, a través de la División de Organizaciones
Sociales (DOS), y su primer Informe fue presentado en Septiembre
de 2000, dando los antecedentes del Programa y sus Objetivos y
señalando las actividades de los diversos organismos y ministerios,
contra las supuestas discriminaciones.

“Antecedentes y Justificación del Programa”

Siguiendo el rumbo indicado por la Encuesta sobre Tolerancia
y No-discriminación hecha por la Fundación Ideas y el Departa-
mento de Sociología de la Universidad de Chile, el Programa del
Gobierno indica que es “deber del Estado y los gobiernos que lo ad-
128 La Revolución Cultural...

ministran, resguardar la ciudadanía (...) en lo cultural, contra la
intolerancia y la discriminación, tendiendo a implementar políticas
que superen el déficit ciudadano...” (1)
Este rol del Estado de luchar contra la discriminación no es
claro, pues ¿qué significa resguardar la ciudadanía en lo cultu-
ral
ral? ¿Tendrá el Estado que definir una o varias culturas oficiales
para ser "resguardadas"? ¿Qué culturas deben serlo, cómo y según
qué principios? ¿No sería esto una actitud discriminatoria del Poder
Público, mucho más grave que las intolerancias que se dice comba-
tir? Estas interrogantes hacen temer una intervención abusiva del
Estado sobre los individuos y la sociedad chilena.
Así lo afirma el afamado pensador católico Plínio Corrêa de
Oliveira, en su libro “Projeto de Constituição angustia o País” (1987),
en el que analiza una moción anti-discriminatoria similar que se
había introducido en la Carta fundamental brasileña: “Si así fuera,
estamos ante un ápice de dirigismo utópico. Pues la cultura de un
país no es producto principal de la acción del Estado, sino de la socie-
dad. Y como tal, la elaboración de la cultura constituye un fenómeno
vivo y orgánico. También en un país policultural, la elaboración de la
cultura se da en función de los factores históricos, sociológicos, psico-
lógicos y otros, con los cuales el Estado poco o nada tiene que ver. De
suerte que la ‘garantía’ dada a todos de una igual participación, sólo
podrá ser obtenida por medio de una tiránica, metódica, meticulosa y
continua intervención del Estado en la elaboración de la cultura”. (2)
Los promotores del Programa anti-discriminatorio chileno,
movidos por sus afanes igualitarios y libertarios, poco se preocupan
de garantizar verdaderamente los derechos de las personas y de la
sociedad en su conjunto; peor aún, quieren convertirse en árbitros
supremos que decidan quiénes son víctimas, quiénes son culpables
y quiénes son inocentes.
Capítulo VIII 129

Abandonar los criterios de bien y de mal.

El Programa Red Ciudadanía Multicultural sobre Tolerancia y
No Discriminación, dependiente del mismo Ministerio, da la siguiente
definición de No Discriminación: “sese entiende como la disposi-
ción cultural a reconocer iguales derechos a las personas, inde-
pendientemente de su grupo socioeconómico de pertenencia, ét-
nico, edad, orientación sexual” (3)
De nuevo, encontramos la ambigüedad y la confusión. Hay
derechos que son desiguales, como los vinculados a la edad. En
virtud de esa diferencia, los padres pueden mandar a sus hijos y
éstos deben obedecer. Negarlo significa acabar con la patria potes-
tad. Sin embargo, el Plan, lejos de distinguir situaciones diferentes,
hace generalizaciones simplistas y condena todas las diferencias
porque provocan la arrogancia de unos sobre otros.
Conviene destacar que el Programa es ambiguo sólo al definir
las discriminaciones. Al indicar las “soluciones”, es muy claro: no
sólo se debe abandonar los conceptos de bien y mal, sino que hay
que explorar y comprender los beneficios que los males pueden traer
y los perjuicios que los bienes pueden causar. Aplicando la tesis de
Hegel, la solución se encontraría en la resultante del choque entre
la tesis y la antítesis
antítesis, el cual daría una síntesis no discriminatoria.
Nada es bueno ni malo y las conductas que aún causan rechazo
deben ser entendidas introduciéndose en ellas, según un criterio en-
teramente amoral.
De acuerdo al Programa, los conceptos de bien y mal implican
desconocer los aspectos positivos que todas las conductas tienen.
Ellos deberán ser superados por una especie de inmersión o explo-
ración en el mundo diferente. Ahí surgirá la “comprensión” de esas
conductas y, junto con ella, el fin de la “discriminación”
“discriminación”.
130 La Revolución Cultural...

Es decir, de acuerdo a esta teoría, una madre de familia hones-
ta “comprenderá” a una mujer pública en la medida en que haga
“inmersión” en el mundo de la prostitución. Después de esta “ex-
ploración” de la prostitución, ella abandonará sus convicciones
“discriminatorias”.

Objetivos del Programa de Tolerancia del Gobierno

Los promotores de esta transformación cultural saben que no
pueden alcanzar tales metas de modo inmediato. Pretenderlo sería,
además de utópico, peligroso para el éxito del proceso, pues fácil-
mente despertaría reacciones de la población. El fracaso de la Uni-
dad Popular les aconseja impulsar un proceso gradual para evitar
conflictos.
1° objetivo: Creación de una moral estatal
El “Documento de Organizaciones Sociales”, dependiente de
la Secretaría General de Gobierno, bajo el título de “Discriminación
y Tolerancia, algunas propuestas” señala los fines y prioridades del
Gobierno: “el primero de estos objetivos apunta a una coherencia in-
terna del discurso estatal, (...) unificando una visión valórica en el
accionar del Estado” (4). Es decir, se pretende que el Estado deter-
mine una nueva “moral”. Si esa “visión valórica unificada” se ins-
pirase en la doctrina católica, estos ideólogos de la tolerancia califi-
carían al Estado de dogmático y medievalista, pero como ella es
relativista y amoral, directamente la promueven. Es el primer paso
hacia constituir una especie de policía política laica y amoral.
2° objetivo: La Red Ciudadana Multicultural
El segundo objetivo es lograr “el apoyo de una base social en la
aplicación de estas políticas”.(5) O sea, se reconoce que el Estado no
posee una base social que apoye este Programa. Por eso hay que
crearla, promoverla y hacer creer que ella representa el anhelo de la
Capítulo VIII 131

Nación. Lo dice el Documento Borrador: “De lo que se trata enton-
ces, es de considerar esta posibilidad como una política de legiti-
mación
mación, vale decir, acciones integradas como promotoras de cons-
trucción de ciudadanía, promoviendo las expresiones organizadas”.(6)
De esto se encarga la Red de Ciudadanía Multicultural, el
segundo órgano agente de la estrategia del Gobierno. No se sabe
quién formó este organismo, ni cuándo se constituyó, ni siquiera
qué representatividad tiene. A estas importantes interrogantes el
Ministerio Secretaría General de Gobierno no responde. Lo concre-
to es que tal Red existe y está constituida por homosexuales, muje-
res que ejercen el comercio sexual, representantes de indígenas,
discapacitados, cesantes, etc. en un frente común de agitación. “Un
verdadero circo”, como la calificó una periodista que presenció sus
reuniones. Un ejemplo de la “promoción de las expresiones organi-
zadas” fue el “Mes del Orgullo Homosexual” celebrado, con el apo-
yo del Ministerio Secretaría General del Gobierno, en Septiembre
de 2000.
3er. objetivo: las propuestas anti-discriminatorias.
El tercer objetivo es realizar “las acciones concretas en el plano
de la cultura, (...) la conformación de un derecho a ser diferente, sin
que esto sea visto como una desventaja, sino como un aporte y ganan-
cia social”(7). O sea, esas “acciones concretas” del Gobierno tienen
por fin cambiar la mentalidad del País por otra que acepte todas las
aberraciones.
Para ilustrar en qué consiste esa transformación, basta repro-
ducir a modo de ejemplo algunas acciones concretas propuestas por
la Red Ciudadana Multicultural en el Programa Tolerancia y No
Discriminación - Algunas Propuestas: “Promover y promulgar la ‘di-
ferencia’ como una ganancia social. Generar nuevos sistemas
valorativos y normativos de formas ciudadanas (…). El uso de las
132 La Revolución Cultural...

emociones para conservar el poder. El sistema educativo debe incor-
porar nociones, contenidos y prácticas que permitan reconocer que la
sociedad chilena no es homogénea (…). Revisar los procedimientos
de acceso a la justicia, entendiendo que la cultura institucional aso-
ciada al sistema judicial tiende hacia la segregación y la discrimina-
ción de las personas. Crear un ‘Observatorio’ de análisis y detección
de situaciones evidentes de discriminación”. (8)
La insistencia en promover a los homosexuales se debe a que,
según los ideólogos de la “revolución cultural”, la sociedad chilena
es especialmente contraria a ese tipo de conducta, que es rechazado
por el 60% de la población. Por eso habría que acabar con tales
“estereotipos”, promoviendo a homosexuales y lesbianas como una
nueva elite cultural.
Así como el lobby homosexual internacional atacó a la Iglesia,
con ocasión del desfile homosexual en Roma, al punto de presentar
“una demanda en contra del Papa Juan Pablo II en un tribunal de
Amsterdam, acusándolo de discriminación. (…) Y se basa en las pa-
labras que el domingo pasado tuvo el Pontífice contra los participan-
tes de la llamada Marcha del Orgullo Gay” (9). Así la “Red Ciuda-
danía Multicultural” se prepara para hacer otro tanto contra quie-
nes pretendan mantener los principios morales contrarios a tales
conductas.
4° objetivo: Utilizar los recursos del Estado para impo-
ner su ideología
El cuarto objetivo “es la utilización de los medios de comunica-
ción modernos en la transmisión y expansión de un discurso que tien-
da hacia la tolerancia y a la no- discriminación”(10) . Es decir, dis-
poner de los enormes recursos del Estado chileno para promover la
nueva cultura de la “tolerancia”. Excede los límites de este estudio
detallar cómo se están utilizando los recursos públicos para promo-
Capítulo VIII 133

ver esta cultura a través del Fondart, del Ministerio de Educación,
de la Secretaría General de Gobierno y otros organismos estatales.

Consecuencias del Programa estatal: ¿una persecución
religiosa en gestación?

¿Qué efecto podrá la aplicación de estos recursos públicos en
las actividades anti-discriminatorias propuestas por el Gobierno de
la Concertación?
Para responder conviene citar nuevamente al Prof. Plínio Corrêa
de Oliveira en su libro “Projeto de Constituição angustia o País”,
cuando trata de proyectos constitucionales anti-discriminatorios para
Brasil:
“Con eso, incluso la libertad de la Iglesia Católica corre el ries-
go de ser desde ya alcanzada. En efecto, según enseñó San Pío X, la
Iglesia es una Institución esencialmente jerárquica, en la cual se dis-
tinguen (o sea, se discriminan) dos clases, una a la cual incumbe
gobernar, enseñar y santificar, y otra a la que cabe ser gobernada,
enseñada y santificada. (...) Ésta es la distinción clásica entre la Igle-
sia jerárquica y docente, y la Iglesia discente. Ahora bien, de la pri-
mera no pueden formar parte las mujeres. ¿No constituye esto una
‘discriminación’
‘discriminación’?
“A su vez, los libros apologéticos -en que la Iglesia defiende con-
tra los adversarios externos la doctrina que recibió de Nuestro Señor
Jesucristo, o defiende su ortodoxia contra desvíos doctrinarios que se
infiltran al interior de sus filas- ¿serán también prohibidos, por discri-
minar la verdad del error? Y los sermones en que el pecado y el vicio
son censurados, ¿continuarán siendo permitidos? En efecto, ellos tam-
bién discriminan el bien del mal y parecen estar en la mira del referi-
do artículo”.
134 La Revolución Cultural...

“Esto puede, pues, dar fundamento a una verdadera persecu-
ción religiosa”. (11)
Es justamente lo que podrá ocurrir con el “Programa Toleran-
cia y No Discriminación” del Gobierno.
Se podrá objetar que esta campaña contra la discriminación no
es sino un barniz de modernidad que el Gobierno pretende darse, y
que, por tanto, no tendrá los efectos aquí previstos. No piensa así el
Presidente Lagos, quien afirmó con ocasión de su discurso en la
“Cumbre del Milenio” realizada en Nueva York: “Sabemos que esta
es una revolución que abarca (…) la cultura y que afecta la vida
diaria de todos los habitantes del planeta (…) no tenemos miedo a
esta gran transformación. Muy por el contrario, la miramos con ojos
llenos de esperanza (…) nos hemos comprometido (…) en la lucha
contra el racismo, la xenofobia y otras formas de discriminación”. (12)
Antes de ser elegido Presidente, Lagos declaró: “Ellos (los ho-
mosexuales) tienen derecho como cualquier otro sector de la sociedad.
(...) Para mí, y a estas alturas del siglo, toda forma de discrimina-
ción es odiosa y nociva para la sociedad en su conjunto”. (13)
Según estos postulados, las autoridades del Ejecutivo podrán
dictar al País las conductas que crean ser “respetables” y prohibir
aquellas que consideren discriminadoras. Como neo-comisarios po-
líticos de esta ideología laica y libertaria, ellos promoverán las pri-
meras y perseguirán a las segundas, o sea, a las inspiradas en la
moral natural y cristiana.
Para impulsar el proceso de transformación cultural, el Go-
bierno auspició un “masivo encuentro” continental para hacer de
la capital americana contra la intolerancia
Santiago “la intolerancia”, que re-
unió en el edificio Diego Portales a más de 1500 representantes de
ONGs provenientes de treinta países americanos. (14)
Capítulo VIII 135

Otro significativo ejemplo de esta política promovida por el
Gobierno fue el apoyo inmediato otorgado al mundo homosexual
con ocasión de las declaraciones de Acción Familia contra tales
conductas. En esa oportunidad, “Alejandra Díaz, Jefa del Progra-
ma tolerancia y No-Discriminación, dependiente del Ministerio Se-
cretaría General de Gobierno y con sede en La Moneda, sostuvo que
(…) ‘vamos a seguir apoyando a los movimientos homosexuales en
general, a las minorías sexuales y también a las trabajadoras sexua-
les, por que el cambio que requiere nuestro querido Chile es cultural y
de aceptación a lo diverso”.(15)

Nuevas castas privilegiadas: homosexuales, punks,
enfermos de Sida, etc.

Para concluir este capítulo, debemos señalar que, además del
peligro de persecución religiosa que hemos señalado, el Gobierno
va constituyendo una nueva casta de privilegiados, formada por los
que a algún título alegan ser discriminados, o sea, homosexuales,
punks, travestís, enfermos de Sida, etc.
Ellos podrán procesar a quienes los discriminen: en un em-
pleo en que no sean aceptados; en un colegio donde sean reproba-
dos o sancionados por su conducta o apariencia chocantes; en un
liceo en el cual no se les permita ejercer la docencia, en un hospital,
etc. Podrán recurrir a la oficina de “igualdad de oportunidades”, la
cual certificará que pertenecen a una minoría, lo cual les otorgará
ipso facto la condición de “discriminados” y por lo tanto de “protegi-
dos” por el Estado. El resto de la Nación, que no forma parte de
estas minorías, no contará con las simpatías de la oficina guberna-
mental y sus quejas caerán en el vacío.
Así, la política de no-discriminación y tolerancia disgregará el
País en facciones que a uno u otro título se dirán discriminadas por
136

los demás chilenos. Y Chile dejará de ser unido por la misma reli-
gión, la misma lengua, la misma historia y la misma cultura, convir-
tiéndose, gradual pero rápidamente, en un campo de batalla de to-
dos contra todos.

1
Programa de Tolerancia y No Discriminación, (DOS) Secretaría
General de Gobierno, Programa año 2000, pág 3.
2
Plinio Corrêa de Oliveira en “Projeto de Constituição Angustia o
País”, parte IV, punto 6, pág. 189, Ed. Vera Cruz, Octubre de 1987
3
Programa Red Ciudadanía Multicultural sobre Tolerancia y No
Discriminación, Anexo 2, punto 2
4
Borrador Documento DOS, Discriminación y Tolerancia, Algunas
Propuestas, parte II, a., Junio-Noviembre 2000
5
Ibídem.
6
Ibídem, parte II, b
7
Ibídem, parte II, a
8
Ibídem, parte III
9
“La Tercera”, Miércoles 12 de Julio de 2000
10
Borrador Documento DOS, parte II, a
11
Plinio Corrêa de Oliveira, “Projeto de Constituição angustia o
País”, cap. IX., pág. 193
12
“El Mercurio” 10 de Septiembre de 2000
13
“Revista Epoca” de México, No. 424, 19 de Julio de 1999
14
“La Tercera”, 6 de Diciembre de 2000
15
“Las Ultimas Noticias”, 29 de Noviembre de 2001
Conclusión

A lo largo de estas páginas hemos comentado algunas de las
principales características de la revolución cultural que se está pro-
moviendo en Chile. Sin embargo los hechos aquí narrados no ago-
tan el tema de esta profunda transformación cultural. En realidad
resultaría casi imposible tratar de todas sus manifestaciones en for-
ma exhaustiva, pues ella pretende no sólo modificar profundamente
la vida cotidiana de los chilenos, sino también sus criterios y los
modos de reaccionar delante de ella.
Hemos querido indicar cómo esta transformación se va desa-
rrollando, quiénes son sus promotores y agentes, y cuál es la filoso-
fía que los dirige, de modo que el lector pueda trazar una línea co-
herente que le permita analizar los hechos cotidianos a la luz de este
proceso de cambio cultural. Conociendo sus modos de actuar y sus
principales características, algo de su eficacia queda disminuida.
Esta no es una revolución que intente convencer ni tampoco
suscitar entusiasmos que desemboquen en movimientos guerrille-
ros. Ella quiere adormecer las conciencias e ir transformándolas sin
sobresaltos ni traumas; actuar sobre las emociones; mostrarse com-
138 La Revolución Cultural...

pasiva y sentimental; presentarse como portavoz de todos los débi-
les, los postergados, maltratados u oprimidos y, finalmente, neutra-
lizar a sus opositores calificándolos de egoístas, poco respetuosos de
las opiniones ajenas y “fundamentalistas”
Sin embargo, como ha quedado demostrado, la realidad es
muy diferente. Se trata de la imposición de una contra-cultura, que
en nombre del relativismo moral, promueve la aceptación de nue-
vos hábitos, nuevas leyes y nuevas costumbres. Hoy día se trata de
abrir vías fáciles a la confusión, al desorden y en definitiva a las
conductas viciosas. Mañana se tratará de crear condiciones cada
vez más difíciles a la práctica de la Ley de Dios.
Algún lector optimista, podrá objetarnos que de esta apertu-
ra, igualmente comprensiva hacia todas las conductas, -sean ellas
buenas o malas- vendrá inevitablemente una época de paz y de
armonía entre todas las personas. Una época en que nadie podrá
criticar ni censurar ninguna conducta y cada uno podrá comportar-
se conforme a sus propios modos de ser y de pensar.
Esta objeción de nuestro supuesto lector optimista, afirma im-
plícitamente que la paz es el fruto del relativismo y que las guerras
serían el fruto de las convicciones firmes. De este modo, mientras
más relativistas sean las personas, más cerca estaríamos de alcan-
zar la paz. Lo que la doctrina católica nos enseña al respecto es
precisamente lo opuesto a esta objeción. “Opus justitiae, pax”, la
paz es el fruto de la justicia. Es decir, la paz no se alcanza por medio
de la equiparación moral de la virtud con el vicio. Esta equipara-
ción es precisamente lo contrario de la justicia, que manda dar a
cada cual según lo que cada uno merezca. La justicia exige que el
vicio sea condenado y la virtud sea premiada. La paz no se obtiene
dando a todos por igual, como siempre han pregonado los socialis-
tas. Por lo demás el fruto de las naciones socialistas, lejos de ser el
Conclusión 139

alcanzar la paz, ha sido el de pasar a la Historia como “ la vergüenza
de nuestro tiempo”.
Afirmar que la paz y armonía puedan surgir del “prohibido
prohibir”, es tan absurdo como imaginar que los accidentes de trá-
fico se eliminarían acabando con todas las señalizaciones y permi-
tiendo que cada automovilista se comporte según sus propios capri-
chos o preferencias.
La mentalidad relativista que inspira esta revolución cultural,
sólo puede conducir a un resultado: el caos social. Y del caos no
brota la armonía sino las desavenencias y el choque de los distintos
egoísmos, de lo que resulta más caos.
Acción Familia
Familia, quiere contribuir a evitar que nuestra Patria
sea conducida a estos triste situación en la que hoy se debaten tan-
tas naciones de Occidente. Para ello ofrece este estudio a sus com-
patriotas, en especial a todos aquellos que tienen una particular res-
ponsabilidad en orientar a Chile por los rumbos que la conduzcan a
ser cada vez más una Nación auténtica en sus características, cris-
tiana en sus principios morales y fuerte en sus convicciones.
Creemos que en las últimas elecciones parlamentarias, la opi-
nión pública nacional se manifestó favorable a que se legisle oyen-
do la voz de las familias chilenas. Ellas no piden sino el respeto a
sus derechos y la seguridad de su reconocimiento como célula bási-
ca de la sociedad. La coherencia de sus representantes deberá lle-
varlos a promover una revisión de las leyes aquí comentadas, de
modo que se aseguren los derechos de los padres en la educación
de sus hijos, así como a mantener una seria y metódica fiscalización
de las medidas gubernamentales que se opongan a la estabilidad y
firmeza de la Familia cristiana.
Concluimos estas consideraciones ofreciéndolas a la Virgen
del Carmen, Reina de Chile y Generala de sus Fuerzas Armadas
140

con el deseo de que puedan contribuir a hacer más efectiva su rea-
leza sobre cada una de las personas y familias que pueblan nuestra
querida Patria.

Santiago, 28 de Diciembre del 2001,

Fiesta de los Santos Inocentes
Apéndice

Los Derechos Humanos: un concepto en constan-
te evolución

Para entender el alcance de los conceptos de tolerancia y no-
discriminación promovidos por los ideólogos de esta revolución
cultural, importa conocer lo que éstos entienden por derechos hu-
manos
manos. Como sobre ellos se ha escrito y hablado mucho, haremos
primero una breve síntesis de lo que al respecto enseña la doctrina
católica tradicional.

La doctrina católica sobre la dignidad y los derechos de la
persona humana

La doctrina católica nos muestra que, siendo Dios el Creador
de todo lo que existe, es el verdadero y supremo Señor, a Quien
corresponde un derecho absoluto sobre todo lo creado. Nuestro Se-
ñor Jesucristo, como Verbo de Dios y Redentor, es verdadero Rey
del Universo por naturaleza y por conquista, y todos los hombres -
individual y colectivamente- están bajo su autoridad. Fueron crea-
dos a Su imagen y semejanza, con inteligencia y voluntad libre, de
donde provienen sus derechos y deberes, los cuales son universales
y también fundamentales.
142 La Revolución Cultural...

Entre esos derechos están los de profesar privada y pública-
mente la verdadera Religión, de buscar la verdad y, dentro de los
límites del orden moral y del bien común, a manifestar y defender
sus ideas; el derecho a la existencia, a la integridad física y a los
medios indispensables para un nivel de vida digno; a constituir una
familia y educar a sus hijos; a participar de la cultura y, por tanto, el
derecho a la instrucción; de reunirse y asociarse, a la propiedad
privada sobre los bienes, incluso los productivos; al trabajo y a un
salario justo en condiciones que no dañen la salud ni las buenas
costumbres.
Todos esos derechos derivan de la naturaleza humana, pero
ellos no son absolutos. En efecto, Dios dispuso que el hombre viva
en sociedad, formando una comunidad a partir de la familia, célula
matriz de toda la vida social, por lo cual el ejercicio de esos dere-
chos debe ser regulado y limitado por las necesidades del bien co-
mún.
La sociedad para alcanzar el bien común necesita la existencia
de una autoridad. Tanto la sociedad cuanto la autoridad que ella
escoja, provienen de la naturaleza y, por tanto, de Dios mismo. (1)
Tutelar los derechos de la persona humana y facilitarle el cumpli-
miento de sus deberes es el oficio esencial de todo poder público,
para lo cual es esencial un orden jurídico que le sirva de apoyo
externo, defensa y protección.
Por esto, el orden legal tiene un poder de coacción. La libertad
de los ciudadanos debe ser limitada al imperativo moral de hacer el
bien y evitar el mal. Los hombres tienen impresa en sus corazones
la Ley, y de su cumplimiento es testigo su propia conciencia.(2)
Sin embargo, la autoridad no está libre de toda ley, pues su
facultad de mandar nace de la recta razón, por lo cual sólo debe ser
obedecida si se armoniza con la ley moral. Si las leyes u órdenes de
Apéndice 143

los gobernantes la contradicen y se apartan así de la voluntad de
Dios, no obligan en conciencia, pues “es necesario obedecer a Dios
antes que a los hombres”. (3) En tal caso, la autoridad deja de ser tal
y degenera en tiranía.

La doctrina católica sobre el orden desigual y jerárquico
de la creación

La misma naturaleza nos muestra que existen notables dife-
rencias entre los hombres: de sabiduría, virtud, capacidad intelec-
tual, situación social, posesión de bienes, etc., lo cual es deseado
por Dios para que, cada uno en su lugar y ayudando a los demás,
contribuya con el esfuerzo común y alcance su propia perfección.
Dice León XIII: “Así como en la Iglesia [Dios] ha instituido la
variedad de grados jerárquicos y diversidad de ministerios, para que
no todos fuesen apóstoles, ni todos doctores, ni todos pastores (I Cor. ,
12, 29), así también ha determinado que en la sociedad civil haya
distinción de órdenes diversos en dignidad, en derechos y en poder,
para que el Estado, como la Iglesia, forme un solo cuerpo, compuesto
de gran número de miembros, unos más altos que otros, pero todos
necesarios entre sí y solícitos del bien común”. (4)
A su vez Pío XII enseñó: “En un pueblo digno de este nombre,
todas las desigualdades, derivadas, no del capricho, sino de la natu-
raleza misma de las cosas, desigualdades de cultura, de riquezas, de
posición social -sin perjuicio, naturalmente, de la justicia y de la mutua
caridad- no son, en realidad, obstáculo alguno para que exista y
predomine un auténtico espíritu de comunidad y de fraternidad. Más
aún, esas desigualdades naturales, lejos de menoscabar en modo al-
guno la igualdad civil, confieren a ésta su legítimo significado, esto
es, que, frente al Estado, cada ciudadano tiene el derecho de vivir
honradamente su propia vida personal en el puesto y en las condicio-
144 La Revolución Cultural...

nes en que los designios y las disposiciones de la Providencia le han
colocado”. (5)
Esa desigualdad de dignidad, poder, riqueza y derechos debe
ser proporcionada y armónica, pues todos los hombres son iguales
por naturaleza y diferentes sólo por sus accidentes. Por esta razón,
las desigualdades que atenten contra los derechos fundamentales
de la persona humana ya mencionados, son contrarias al orden na-
tural establecido por Dios.

1- La doctrina liberal sobre derechos humanos: la “prime-
ra generación”

Con la ruptura de la unidad católica causada por la Reforma
Protestante surgieron las primeras reivindicaciones libertarias con-
tra toda autoridad y especialmente contra Dios. León XIII sintetizó
la secuencia de este afán de rebelión, explicando cómo surgió de
ahí un “nuevo derecho” laicista, igualitario y liberal, contrario a las
enseñanzas de la Iglesia:
“Sin embargo, el pernicioso y deplorable afán de novedades
promovido en el siglo XVI [el Protestantismo], después de turbar
primeramente la religión cristiana, vino a trastornar como conse-
cuencia obligada la filosofía, y de ésta pasó a alterar todos los órde-
nes de la sociedad civil. A esta fuente hay que remontar el origen de
los principios modernos de una libertad desenfrenada, inventados
en la gran revolución del siglo pasado [la Revolución Francesa] y
propuestos como base y fundamento de un derecho nuevo, desco-
nocido hasta entonces y contrario en muchas de sus tesis no sola-
mente al derecho cristiano, sino incluso también al derecho natural.
“El principio supremo de este derecho nuevo es el siguiente: to-
dos los hombres, de la misma manera que son semejantes en su natu-
raleza específica, son iguales también en la vida práctica. Cada hom-
Apéndice 145

bre es de tal manera dueño de sí mismo, que por ningún concepto está
sometido a la autoridad de otro. Puede pensar libremente lo que quie-
ra y obrar lo que se le antoje en cualquier materia. Nadie tiene dere-
cho a mandar sobre los demás. En una sociedad fundada sobre estos
principios, la autoridad no es otra cosa que la voluntad del pueblo, el
cual, como único dueño de sí mismo, es también el único que puede
mandarse a sí mismo. (...) De este modo, como es evidente, el Estado
no es otra cosa que la multitud dueña y gobernadora de sí misma. Y
como se afirma que el pueblo es en sí mismo fuente de todo derecho y
de toda autoridad, se sigue lógicamente que el Estado no se juzgará
obligado ante Dios por ningún deber”. (6)
En el plano social, el primer error de esta concepción laica de
los derechos humanos es el individualismo, que ofrece al ciudada-
no autonomía en el sentido que el Estado no pueda interferir en sus
asuntos privados. Al mismo tiempo, desconoce los grupos sociales
naturales intermedios, como la familia y el municipio, bajo el su-
puesto de que el sujeto de los derechos es el ciudadano, como un
todo absoluto y aislado, por lo cual se habla a veces de “derechos
individuales”.
Esta tesis aún aceptaba que los derechos humanos eran “natu-
rales”, lo que fue contestado posteriormente por los círculos filosófi-
cos y políticos revolucionarios del siglo XIX, dando lugar a la se-
gunda generación de los derechos humanos.

2- La doctrina socialista de derechos humanos: “segunda
generación”

La búsqueda creciente de la igualdad, anhelada por los socia-
listas, introdujo la “segunda generación” de derechos humanos: los
derechos económicos, sociales y culturales, también llamados “de-
rechos-prestación”, los cuales, para “corregir” las desigualdades
146 La Revolución Cultural...

sociales, exigen las prestaciones (bienes o servicios) en el ámbito
económico-social.
Si la igualdad jurídica era un axioma del individualismo libe-
ral, la igualdad material, obsesión del socialismo, es el objeto de los
derechos económicos, sociales y culturales de la “segunda genera-
ción”. El paso de la igualdad liberal a la igualdad socialista, se pro-
dujo dando al Estado un poder declaradamente interventor.
Durante la Revolución Francesa, el movimiento pre-comunis-
ta de Babeuf sostenía que “la igualdad no es sino una bella y estéril
ficción legal” y reclamaba “la igualdad real o la muerte”. Exigía así
una igualdad socio-económica. Con posterioridad, por las aberrantes
doctrinas de Marx, bajo cuya influencia el Estado dejaría la neutra-
lidad deseada por el liberalismo y pasaría a ejercer una función
“correctora de las desigualdades sociales”, fue impuesta la igual-
dad de modo totalitario.
Así, los regímenes comunistas sacrificaron la libertad preten-
diendo asegurar a su población la igualdad en el alcance de los bie-
nes materiales. Los resultados producidos a lo largo del siglo XX
fueron más de 100 millones de muertos, por guerras y revoluciones
que de modo más o menos próximo tuvieron su origen en el concep-
to totalitario del Estado. Sin embargo, la igualdad total siguió siendo
la utopía más anhelada por los revolucionarios.

3- La filosofía tribalista de derechos humanos: tercera
generación

A partir de los años 70, la izquierda evolucionó hacia un nuevo
concepto de los derechos humanos. Las exigencias de la mayoría
oprimida cedieron lugar a los planteamientos de las minorías mar-
ginadas y contestatarias, que fueron llamadas derechos humanos en
situación, o sea, propios de las categorías de hombres situados en
Apéndice 147

una condición específica, a quienes se decía proteger. Para la con-
quista de esos derechos, se enfatiza la defensa colectiva de los inte-
reses comunes de los varios grupos en cuestión. Así se constituyen
los “frentes amplios” que presionan en conjunto al Poder Público
en favor de sus reivindicaciones.
El primer grupo que reclamó derechos situados fueron las fe-
ministas, que exigían que se reconociesen los derechos de la mujer.
Esto derivó hacia la perspectiva de género de la ideología feminista
radical, según la cual las diferencias entre hombres y mujeres no
provienen de la naturaleza, sino de las condiciones culturales im-
puestas por los estereotipos machistas de la sociedad patriarcal tra-
dicional.
Al declinar la lucha de clases, la perspectiva de género inició
una lucha de sexos en toda la escala social, enunciando -con apoyo
de gobiernos, organismos internacionales y medios de comunica-
ción- nuevos derechos humanos, como los derechos sexuales y
reproductivos, que incluyen los supuestos derechos al aborto, a la
contracepción artificial y a la esterilización.
Otros grupos minoritarios que se creen marginados y que re-
claman supuestos derechos son las prostitutas (libertad de comercio
sexual), los drogadictos (derecho a recibir drogas gratuitas, jeringas
y tratamientos médicos), los travestís (derecho a cambiar de sexo y
registro de nacimiento), los homosexuales (a constituir una pareja
con derechos análogos al matrimonio, cuando no a la adopción de
niños por esas parejas) y los jóvenes rebeldes (a la autonomía frente
a sus padres, acceso a la “educación sexual” y a los anticonceptivos,
etc.).
Hasta los niños fueron incluidos en los grupos marginados y la
Unicef promueve la difusión de sus derechos, obviamente no en el
sentido de la Moral católica. ¡El único grupo del cual casi nadie
148 La Revolución Cultural...

defiende los derechos -y que al mismo tiempo sufre una constante
amenaza, concretada incontables veces de forma criminal- es el niño
que está por nacer!
Según esta ideología, los titulares de los derechos humanos de
la tercera generación, derechos de solidaridad o derechos de los pue-
blos, ya no son los individuos, sino ciertos grupos sociales que bus-
can crear una conciencia planetaria, así como instrumentos jurídi-
cos y medios universales de control, por encima de la competencia
de los Estados nacionales (7).

Las principales “conquistas” de la tercera generación de
los derechos humanos

El mundo soñado por los defensores de esta tercera generación
de derechos humanos, corresponde a la utopía de los partidos verdes
de una sociedad planetaria, en la cual los Estados nacionales serían
desmantelados, dando lugar a pequeñas comunidades en contacto
con la naturaleza, inspiradas en la vida tribal de los indígenas.
La transformación de la sociedad actual en ese conjunto de
comunidades ecológicas supone el abandono de los patrones cultu-
rales y de los valores perseguidos por la sociedad occidental duran-
te los Tiempos Modernos -el progreso, el Estado, el bienestar, la
democracia representativa, la homogeneización de la humanidad a
través de la educación y la cultura racionalista, etc., para lo cual
propugnan una profunda modificación del propio hombre.
En 1951, el antropólogo francés Claude Lévi-Strauss, en un
texto titulado Raza e Historia, que le fue encargado por la UNESCO,
criticó el etnocentrismo colonialista de los europeos, por creerse
superiores a los demás pueblos y no abrir terreno a la diferencia.
Para él, el género humano no se conjugaría en un singular abstracto
(el hombre, según el modelo racionalista occidental), sino en el plu-
Apéndice 149

ral concreto de la diversidad de etnias y culturas, porque “la identi-
dad cultural es el núcleo vivo de la personalidad individual y colecti-
va”.
Tal contestación a los valores de la modernidad se abrió paso
en las décadas siguientes, tomando fuerza social y política con la
Revolución de la Sorbonne, en Mayo de 1968. Más tarde se convir-
tió en opción política con la fundación de los partidos verdes, que
propician una sociedad de talla humana, sin complicaciones ni obli-
gaciones, en el fondo derivada del perfil del bon sauvage de Rousseau.
En los años 70, el conocido pensador católico, Prof. Plinio
Corrêa de Oliveira, casi veinte años antes del derrumbe de los lla-
mados “socialismos reales”, describía el paso siguiente hacia el cual
se encaminaba la revolución igualitaria:: “En las tribus, la cohesión
entre los miembros es asegurada, sobre todo, por un pensar y sentir
comunes, del cual derivan hábitos comunes y un querer común. En
ellas la razón individual queda circunscrita a casi nada, es decir, a
los primeros y más elementales movimientos que su estado atrofiado
le consiente. ‘Pensamiento salvaje’ (cfr. Claude Lévy-Strauss, La
pensée sauvage - Plon, París, 1969), pensamiento que no piensa y se
vuelve sólo hacia lo concreto. Tal es el precio de la fusión colectivista
tribal. Al hechicero le incumbe mantener, en un plano místico, esta
vida psíquica colectiva, por medio de cultos totémicos cargados de
‘mensajes' confusos, pero 'ricos' en fuegos fatuos o hasta en
fulguraciones provenientes muchas veces de los misteriosos mundos
de la transpsicología o de la parapsicología. Por medio de la adqui-
sición de esas 'riquezas' el hombre compensaría la atrofia de la razón.
De la razón, sí, otrora hipertrofiada por el libre examen, por el
cartesianismo, etc., divinizada por la Revolución Francesa, utilizada
hasta el más exacerbado abuso en toda la escuela de pensamiento
150 La Revolución Cultural...

comunista, y ahora, por fin, atrofiada y hecha esclava al servicio del
totemismo transpsicológico y parapsicológico.” (8)
De la conjunción de ambas corrientes -la corriente antropológica
defensora de la cultura primitiva de las sociedades aborígenes y la
corriente ecológica defensora del medio ambiente- resultó una nue-
va ideología diferencialista (al mismo tiempo tribalista y planetaria)
que promueve el desmantelamiento gradual del Estado-Nación a
través de la concesión de crecientes derechos y autonomías a nue-
vas minorías de todo tipo (étnicas, lingüísticas, sexuales, de
derecho a la diferencia
inmigrantes, etc.) en nombre del “derecho diferencia”.
En efecto, los derechos humanos de la tercera generación bus-
can introducir en los instrumentos jurídicos internacionales el “de-
recho a la diferencia” de las minorías, en especial de los pueblos
Declaración sobre
indígenas. Son particularmente relevantes la “Declaración
Minorías
Minorías”, de la ONU, la Convención nº 169 sobre Pueblos Indí-
genas y Tribales en Estados Independientes, de la Organización In-
ternacional del Trabajo y, sobre todo, el proyecto de Declaración
sobre los Derechos de los Pueblos Indígenas, también de la ONU.(9)
En el seno de dos organismos muy influyentes de las Naciones
Unidas -los grupos de trabajo sobre los derechos de las minorías y
sobre los derechos de los pueblos indígenas- hay una clara evolu-
ción a favor de considerar tanto a las diversas minorías, cuanto a los
pueblos aborígenes, como titulares de un derecho a la autodetermi-
nación.
Por ejemplo, en un reciente documento de trabajo, preparado
por Asbjørn Eide y Erika-Irene Daes, se reconoce que “mientras en
la Declaración sobre Minorías y otros instrumentos a respecto de per-
sonas pertenecientes a minorías tienden a asegurar un espacio de plu-
ralismo en integración, los instrumentos a respecto de los pueblos in-
dígenas son destinados a permitir un alto grado de desarrollo autó-
Apéndice 151

nomo. Mientras la Declaración sobre Minorías coloca bastante énfa-
sis en su participación efectiva en la sociedad más vasta de la cual la
minoría hace parte (arts. 2.2 y 2.3), las medidas a respecto de los
pueblos indígenas buscan transferir autoridad a dichos pueblos para
que puedan tomar sus propias decisiones (Convención Nº169, arts. 7
y 8; proyecto de Declaración indígena, arts. 4, 23 y 31). El derecho a
participar en la sociedad más vasta desempeña un papel secundario
en el proyecto y es expresado apenas como un derecho opcional. Los
pueblos indígenas tienen el derecho a participar plenamente, si así lo
quieren”.
En un comentario que muestra claramente el cambio de rum-
bo en esta tercera generación, el documento observa que mientras
“los derechos humanos en general tienen una función claramente
integradora”, “los derechos de las minorías son formulados como los
derechos de los individuos a preservar y desarrollar su propia identi-
dad de grupo dentro del proceso de integración” y “los derechos indí-
genas (…) tienden a consolidar y fortalecer la separación de esos
pueblos de otros grupos dentro de la sociedad”.(10)
Con los derechos humanos de tercera generación se incluye
entre los instrumentos jurídicos internacionales el derecho a la dife-
rencia de esas minorías, siendo relevantes diversas declaraciones
sobre minorías indígenas emitidas por órganos de la ONU, que es-
tán en trámite para ser incorporadas a la legislación chilena me-
diante la ratificación por el Congreso.
Llevada a sus últimas consecuencias, tal reinterpretación
de los derechos de las minorías en los Estados produce una
erosión de la soberanía nacional, la cual es carcomida desde
abajo por la autonomía de las minorías internas y desde arri-
ba, por el deber de injerencia de los organismos internaciona-
les en los asuntos internos
internos.
152 La Revolución Cultural...

De allí resulta una fragmentación de la sociedad, los cuales se
subdividen, formando pequeños clanes y tribus urbanas o rurales,
de la cual un efecto es la proliferación de tribus de barrio en diver-
sas ciudades, no pocas veces conectadas con la delincuencia co-
mún.

La ideología de los derechos humanos: una ética en
constante evolución

Es probable que con esta descripción de la ideología de los
derechos humanos, algún lector se pregunte si con esta tercera ge-
neración habrá terminado su evolución, a lo cual debemos respon-
der que, según sus defensores, éste es un proceso evolutivo sin fin y,
por lo tanto, el actual paso no es más, que una etapa de él. En suma,
es una concepción radicalmente relativista.
En este sentido, el Curso del Instituto de Estudios Políticos
para América Latina y África (IEPALA), de Madrid, afirma que:
“— No existe un concepto apriorístico de los Derechos Huma-
nos. El concepto de los Derechos Humanos está siempre en proceso de
creación, enriqueciéndose con los cambios históricos y dependiendo al
mismo tiempo de ellos.
“— Sólo se puede dar un concepto y una definición de los Dere-
chos Humanos, que sea en consecuencia situacional: desde una deter-
minada perspectiva histórica y desde una determinada cultura.
“— Los Derechos Humanos corresponden a unas determinadas
estructuras político-sociales y culturales, propias de un determinado
momento histórico, en una sociedad determinada. Son, por tanto,
derechos culturalmente determinados.” Por tanto, “no existe un catá-
logo definitivo de derechos”.
A pesar de tal relatividad, según ese manual, “los Derechos
Humanos tienden a constituirse en ese código ético o macroético, de
Apéndice 153

carácter universal, que hoy se siente como necesario, vinculando a la
humanidad en su conjunto, considerada como un todo unitario”(11),
evidentemente pasando por encima de la nacionalidades y obligan-
do a los países a modificar su legislación interna.

Ricardo Lagos saluda con esperanza este nuevo orden
universal

Las iniciativas de la Concertación, con el pretexto de combatir
la intolerancia y la discriminación, se inspiran en la versión más
extrema de la ideología de los derechos humanos, o sea, en la que
promueve los llamados derechos humanos de la tercera generación.
Esta interpretación de los derechos humanos fue defendida por
el Presidente Lagos en el ya citado discurso pronunciado por el
Mandatario en la pasada “Cumbre del Milenio”: “La globalización
implica responsabilidades y Chile las ha asumido sin vacilaciones.
Prueba de ello es que nos hemos comprometido (...) en el Tribunal
Penal Internacional; en los estatutos regionales y universales para
defender los derechos humanos y la democracia; en la lucha contra el
racismo y otras formas de discriminación...”.
Por fin, Lagos afirmó la necesidad de establecer leyes y jueces
universales para defender los derechos humanos: “Porque apostar a
la globalización no significa aceptar la ley de la selva o la anarquía
(...) La globalización no tendrá un rostro humano si no establecemos
normas e instituciones globales capaces de regularla en sus distintos
planos: financieros, tecnológicos, jurídicos, medioambientales, comer-
ciales, etc.”(12).

La ideología diferencialista de los derechos humanos y
los portavoces de la Concertación
154 La Revolución Cultural...

En el mismo sentido se pronunció el ex Ministro de Planifica-
ción y Cooperación Germán Quintana, quien propuso en la Cámara
de Diputados el reconocimiento constitucional de los pueblos indí-
En la concepción moderna de los derechos humanos hay
genas: “En
un reconocimiento a los derechos propios de los entes colecti-
vos, tales como la familia y las minorías or ganizadas
organizadas
ganizadas. Junto a
los derechos civiles y políticos clásicos de carácter individual y los
derechos económicos, sociales y culturales de carácter colectivo, tales
como el derecho al trabajo y a la educación, se incorporaron una
serie de nuevos derechos, también de carácter colectivo, como
el derecho al medio ambiente, el derecho a la paz y el derecho
de los pueblos indígenas. Estos últimos se denominan derechos
de la tercera generación
generación”. ”. (13)
Por su parte, la Comisión de Derechos Humanos de la Cámara
de Diputados, al tratar de la ratificación del Convenio Nº 169 de la
OIT sobre Pueblos Indígenas y Tribales, declaró: “Según expresan
estos especialistas, en la doctrina de los derechos humanos y también
en los instrumentos que los definen y consagran, se pueden diferen-
ciar dos principales grupos: por una parte se distinguen los derechos
civiles y políticos individuales, o clásicos, llamados ‘derechos de pri-
mera generación’ (...) Y por otro lado, los derechos económicos, so-
ciales y culturales, a los que se clasifica como derechos colectivos o de
‘segunda generación’”.
“La necesidad de reconocer la íntima relación del individuo con
la cultura del pueblo al que pertenece, y de respetar la identidad cul-
tural de ese individuo junto a la de todos los que conforman ese gru-
po, hace surgir la concepción de un nuevo derecho humano colectivo,
cuyo sujeto receptor es el pueblo o grupo étnico del cual forma parte.
Este derecho humano colectivo, por constituir un desarrollo doctrina-
rio nuevo, ha sido llamado de ‘tercera generación’”(14).
Apéndice 155

Asimismo, el diputado Alejandro Navarro (PS), al defender ese
proyecto, se inspiró en la misma fuente: “Afortunadamente, la doc-
trina de los derechos humanos (…) ha ido evolucionando, y hoy día
la legislación internacional reconoce tres generaciones de derechos.
(…) Debido a la globalización y a la mayor evolución y reflexión de
todo el mundo, ha sur gido una ter
surgido cera generación de der
tercera echos,
derechos,
libree deter
que también son de carácter colectivo, tales como la libr deter--
minación de los pueblos -reconocido por la Carta Fundamental de
la ONU- el derecho al desarrollo, al medio ambiente y a la paz. Esto
implica reconocer el derecho a la diversidad al interior de los
Estados, a determinados grupos, a veces llamados minorías, que
reconocidos”. (15)
también tienen derechos que deben ser reconocidos
Otro exponente de esta corriente es el diputado socialista Juan
Pablo Letelier: “El gran problema de algunos es no querer acep-
tar que la diversidad es sana, que es buena (...) Como concepto,
hasta ahora, la integración ha sido domesticación, asimilación, uni-
formidad, lo que hace muy mal, a mi juicio, a los pueblos y a las
culturas. Necesitamos asumir la pluralidad de nuestra sociedad
en materias etarias, de género, étnicas, culturales, políticas y
sociales y no decir, como lo hacen tantas veces los medios de comu-
nicación, que todos somos iguales. No somos todos iguales, y en bue-
na hora. A partir de nuestras diversidades, todos debemos tener dere-
chos), y la ley y los tratados internacionales tienen que garantizar-
los”.(16)

Otros portavoces de esta ideología

José Antonio Bengoa, ex Rector de la Universidad Academia
de Humanismo Cristiano (1997-2001), muestra en un documento
escrito para la ONU la penetración de esa ideología diferencialista
en la Concertación y en importantes organismos internacionales de
hoy: “No es coincidencia que en gran parte de los continentes los
156 La Revolución Cultural...

jóvenes están asumiendo con entusiasmo las causas de las minorías,
de los pueblos indígenas, de las tribus urbanas, de las minorías sexua-
les, de los objetores de conciencia y otras estructuras de reforzamiento
de la personalidad; entre éstos, no faltan grupos esotéricos o simila-
res”.
“La diversidad cultural aparece ahora como uno de los mayores
desafíos del siglo entrante. Un mundo cada vez más intercomunicado
requiere un mayor respeto por la diversidad de sus habitantes. Las
personas gozan simultáneamente de derechos globalizados, como ciu-
dadanos del mundo, y derechos nacidos de la pertenencia a comuni-
dades locales, minorías y diferentes grupos sociales. (...) La diversi-
dad debe ser vista como un factor constructivo y no como una amena-
za al orden, a la unidad y a la autoridad” y “como un gran paso
rumbo a mayor libertad y a formas más variadas de socialización”.(17)

Las ONGs, una maraña de diversidades para
“deconstruir” a Chile

Esa reivindicación de igualdad más diferencia también es sos-
tenida por los grupos feministas y por las minorías sexuales alterna-
tivas. Francisca Pérez, dirigente de “La Morada”, varias veces men-
cionada en el presente estudio, explica el proceso evolutivo que si-
guió la ideología del género hasta el feminismo de la
deconstrucción
deconstrucción:
“En Chile y en otras partes del mundo (…) las mujeres se en-
frentan con un doble standar que es muy complicado.(...) Es decir, la
protesta de las mujeres por la igualdad de acceso a los derechos que
les son vedados. (…) Este feminismo de la igualdad comienza, con el
tiempo, a encontrarse con unas trabas significativas, como el hecho
de pedir la igualdad en un derecho en el que no se cree totalmente o
que no se ha cuestionado. (…) Surge, entonces, el feminismo de la
Apéndice 157

desigualdad, el que no aspira sólo a lograr la igualdad dentro de un
sistema establecido, una igualdad con el referente masculino, sino
que aspira a cambiar las relaciones de ese sistema en su conjunto,
apelando, recogiendo y reconociendo las cuestiones propias de las
mujeres. (…) Las mujeres dicen, entonces, tenemos que considerar la
diferencia de nuestras vidas e incorporar esa diferencia a la política.
Surge así el feminismo de la diferencia.(…) Sin embargo, este femi-
nismo también se encuentra con un límite. Y es que en algún sentido
esta tendencia puede llevar a un mundo alternativo, distinto, pero
quizás con la misma pretensión de totalidad que el otro. (…) Así sur-
ge lo que se ha llamado el feminismo de la deconstrucción, o sea,
aquel que ya no se plantea una cosa o la otra, sino que dice que el
problema es que la diferencia a partir de la cual las mujeres han sido
discriminadas no significa nada en la realidad. Ese razonamiento es
el que lleva a la elaboración del concepto de género”. (18)
Esa deconstrucción social a través del abandono de cualquier
visión globalizante y de toda norma universal, es también la meta
del sociólogo responsable de la Encuesta sobre intolerancia, Ma-
nuel Canales. Para él, el abandono del enfoque de la mayoría posi-
bilitaría la emergencia de un tipo de sociedad circular, multicéntrica
y plurimórfica. En ella, cada sujeto, por primera vez en la Historia,
gozaría de entera autonomía, sin que se produjera ninguna desigual-
dad ni ningún “escándalo de la transgresión”. “¿Es posible una so-
ciabilidad no constituida desde el enfoque de la mayoría y no consti-
tuida desde el principio de la norma? No está claro que pueda haberla,
no conozco casos. Pero creo que es una búsqueda que hay que hacer”.
(19)
La utopía que Canales describe, se parece a una comunidad
hippie que hubiese puesto en práctica el slogan prohibido prohibir,
pero cuya libertad absoluta no produjese ninguna forma de des-
igualdad. En definitiva, la tercera generación de los derechos huma-
158 La Revolución Cultural...

nos se aproxima mucho a la concepción utópica del anarquismo
marxista. Hacia allí pretende conducirnos la “democracia cultural”
promovida por el gobierno de la Concertación, en nombre de la tole-
rancia y de la no-discriminación.

1
Rom. 13, 1-6
2
Rom. 2, 15
3
Hec. Apost. 5, 29
4
Enc. “Quod Apostolici Muneris“, Doc. Pont.- Docs. Pol., Ed. B.A.C.,
Madrid., 1958, pág. 67.
5
Doctrina Pontificia – Docs. Políticos, Ed BAC, Madrid, 1958, pág.
876.
6
León XIII, “Inmortale Dei“, Doc.Pont.- Doc. políticos, Ed. BAC,
Madrid., 1958, págs. 203-204.
7
“Curso sistemático de Derechos Humanos”, Instituto de Estudios
Políticos para América Latina y Africa (IEPALA), accesible a través
del site Internet www.iepala.es
8
Plinio Corrêa de Oliveira, “Revolución y Contra-Revolución”,
Editorial Apóstol Santiago, Santiago, Oct. 1992, pág. 171
9
Sobre esta materia consultar: Proyecto de Reforma Constitucional
de Reconocimiento de Pueblos Indígenas, Boletín 2526-07 y 2534-
07. Ver también, Proyecto de Reconocimiento Convención 169 -
ONU, Boletín 233-10. Otro Proyecto de Reforma Constitucional
relativa a los Pueblos Indígenas, Boletín 00513-07, fue rechazado
en la Cámara de los Diputados el 17 de Octubre de 2000.
10
Erika-Irene Daes y Asbjørn Eide, “Working paper on the
relationship and distinction between the rights of persons belonging
to minorities and those of indigenous peoples“, COMMISSION ON
HUMAN RIGHTS, Sub-Commission on the Promotion and Protection
of Human Rights, Doc. Nº E/CN.4/Sub.2/2000/10., apartados 8 y 23
11
“Curso sistemático de Derechos Humanos”, Instituto de Estudios
Políticos para América Latina y Africa (IEPALA), www.iepala.es -
apartado B.3 “Caracteres de los derechos humanos”
12
“El Mercurio” 10 de Septiembre de 2000, cuerpo D, pág 22
Apéndice 159

13
Leg 340 Debate 37 – 7 de Septiembre de 1999, págs. 17 y 18.
Reconocimiento Constitucional de los Pueblos Indígenas. Primer
trámite constitucional.
14
Informe Comisión de Derechos Humanos y Relaciones Exteriores,
Leg. 341, Sesión 14, Cuenta 5, 1 de Noviembre de 1999
15
Leg. 341 Debate 34 – 22 de Marzo de 2000, págs. 25 y 26.
Convenio Nº 169 de la Organización Internacional del Trabajo,
sobre pueblos indígenas y tribales en países independientes. Primer
trámite constitucional.
16
Leg. 341, Debate 39 - 11 de Abril de 2000, pág. 23. Acuerdo
Aprobatorio del Convenio 169
17
Grupo de trabajo sobre Minorías de la Subcomisión para la
Promoción y Protección de los Derechos Humanos, dependiente de
la ONU
18
Seminario “¿Intolerantes y Discriminadores? - Diálogo Académico
y Social”, Secretaría General de Gobierno, Ed. Enero 1999, págs. 84
y 85.
19
Ibídem, págs. 37 y 38.
Índice general
Prólogo ..................................................................................... 3
“Seguir corriendo la cerca”: acabar con las nociones de
verdad y error ......................................................................... 4
Gradualidad ................................................................................... 6
Promoción legal del amor libre "desde la más temprana
edad" ........................................................................................ 7
ONGs ayudan al Gobierno, incluso a implantar el aborto ..... 8
El Programa de Tolerancia estimula las conductas inmorales
10
Capítulo I ................................................................................ 15
Un sugestivo show para inducir a la tolerancia 15
Un show para derribar principios ............................................ 16
Propaganda de las conductas homosexuales ......................... 18
Encuesta falaz para abrir camino a la revolución cultural .... 22
Intolerancia de los tolerantes .................................................. 24
Capítulo II .............................................................................. 27
La Revolución Cultural: gradual en la estrategia y
radical en las metas .......................................... 27
La estrategia de desmontaje gradual de la mentalidad con-
servadora ............................................................................... 27
A los revolucionarios les pesa que la sociedad chilena sea
conservadora ............................................................................ 28
Antecedentes de la revolución cultural ................................. 30
El estancamiento mundial de la revolución marxista ........... 31
La Revolución Cultural china .................................................. 32
La revolución de la Sorbonne .................................................. 34
La revolución genocida en Camboya ...................................... 35
Una alianza inédita para impulsar viejas aberraciones: el
“nuevo proletariado” ........................................................... 37
España resistió a la violencia comunista, pero se dejó arras-
trar por la revolución cultural ............................................. 38
La revolución cultural española .............................................. 39
Demolición de la Familia .......................................................... 40
“Cultura liberadora” ................................................................. 41
Despenalización de la droga ..................................................... 41
Nudismo ...................................................................................... 41
Relativización de la propiedad privada ................................... 41
La disgregación del Estado ...................................................... 42
Chile, tras los pasos de España ............................................... 42
Capítulo III ............................................................................. 45
La “no discriminación”: nuevo pretexto para la
lucha de clases ................................................... 45
A fin de cuentas, ¿qué es discriminar y cuándo es injusto
hacerlo? .................................................................................. 46
1. Sentidos de la palabra “discriminación” ...................... 46
2. ¿Cómo evolucionó este concepto de discriminación? . 47
3. Las nuevas minorías privilegiadas ............................... 48
4. Pascal Allende y la nueva lucha de clases ................... 48
5. La nueva “lucha de clases” promovida por la
Concertación ................................................................. 48
6. La “no-discriminación” niveladora es contraria a la
doctrina católica ........................................................... 50
Capítulo IV ............................................................................. 55
La tolerancia: una “hospitalidad” abierta a todos
los vicios ............................................................. 55
¿En qué consiste la tolerancia, según la doctrina católica? 56
1. Normalmente, la verdad y el bien deben ser buscados y
promovidos, el error y el mal deben ser evitados y
combatidos .................................................................... 57
2. En ciertas circunstancias, el error y el mal pueden o
deben ser tolerados ...................................................... 57
3. La tolerancia ni la intolerancia deben ser sistemáticas58
4. La tolerancia no da derechos al error o al mal, ni los
iguala a la verdad y al bien .......................................... 58
El relativismo moral da un nuevo sentido al diálogo y a la
tolerancia ............................................................................... 59
Al fin del proceso, una radical negación de la Fe ................. 61
Más allá de la tolerancia: la ideología libertaria de la
Concertación ......................................................................... 62
Funcionarios gubernamentales explican la transformación
cultural.................................................................................... 64
Exigencias más radicales de las minorías marginales ......... 65
Capítulo V .............................................................................. 71
El delito de “discriminación”, una espada de
Damocles selectiva ............................................ 71
Del anteproyecto moderado a la versión radical .................. 72
Debates surrealistas en el plenario de la Cámara de Diputa-
dos ........................................................................................... 74
El arma penal “genérica y elástica” fabricada por la Cámara
76
La radicalidad del proyecto se ve claramente en que: ....... 77
Un caso concreto: la discriminación de la homosexualidad 78
En la hora de la tolerancia, una discriminación oficial y mor-
tal............................................................................................. 83
Capítulo VI ............................................................................. 87
¿Derecho a la educación o incitación a la rebel-
día? ...................................................................... 87
Educación cristiana versus “educación subversiva” ........... 87
La no-discriminación favorece la rebeldía de la juventud
chilena .................................................................................... 90
Derecho de los colegios católicos: condicionar el ingreso y
la permanencia en ellos a la práctica religiosa ................. 93
La doctrina católica y la coeducación obligatoria ................. 94
La promiscuidad y la educación sexual sin valores .............. 95
Un ejemplo del tipo de educación sexual .............................. 98
La libertad de enseñanza bajo la aplanadora socialista ...... 100
Ataque a los colegios privados .............................................. 102
Capítulo VII ......................................................................... 107
Proyecto de “derechos sexuales y reproductivos”:
grave golpe a la familia cristiana .................. 107
Capítulo VIII ........................................................................ 127
El Programa de Tolerancia y no Discriminación
2001-2006: ¿una persecución religiosa en ges-
tación? .............................................................. 127
“Antecedentes y Justificación del Programa” .................... 127
Abandonar los criterios de bien y de mal. ........................... 129
Objetivos del Programa de Tolerancia del Gobierno ....... 130
1° objetivo: Creación de una moral estatal .................... 130
2° objetivo: La Red Ciudadana Multicultural ............... 130
3er. objetivo: las propuestas anti-discriminatorias. ...... 131
4° objetivo: Utilizar los recursos del Estado para imponer
su ideología ................................................................. 132
Consecuencias del Programa estatal: ¿una persecución
religiosa en gestación? ...................................................... 133
Nuevas castas privilegiadas: homosexuales, punks, enfer-
mos de Sida, etc. ................................................................. 135
Conclusión ............................................................................ 137
Apéndice ............................................................................... 141
Los Derechos Humanos: un concepto en constan-
te evolución ...................................................... 141
La doctrina católica sobre la dignidad y los derechos de la
persona humana .................................................................. 141
La doctrina católica sobre el orden desigual y jerárquico de
la creación ............................................................................ 143
1- La doctrina liberal sobre derechos humanos: la “primera
generación” ......................................................................... 144
2- La doctrina socialista de derechos humanos: “segunda
generación” ......................................................................... 145
3- La filosofía tribalista de derechos humanos: tercera gene-
ración .................................................................................... 146
Las principales “conquistas” de la tercera generación de los
derechos humanos .............................................................. 148
La ideología de los derechos humanos: una ética en constan-
te evolución ......................................................................... 152
Ricardo Lagos saluda con esperanza este nuevo orden
universal ............................................................................... 153
La ideología diferencialista de los derechos humanos y los
portavoces de la Concertación ......................................... 153
Otros portavoces de esta ideología ...................................... 155
Las ONGs, una maraña de diversidades para “deconstruir” a
Chile ..................................................................................... 156