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En el camino de la Revolución Ciudadana / Izquierda Ciudadana

En el camino de la Revolución Ciudadana

La Décima Asamblea de Dirección Nacional del Partido Izquierda Cristiana de Chile se desarrolló el 16 de junio con la presencia de 52 delegados de los diferentes espacios de participación en la comunidad partidaria, procedentes desde el Norte Grande hasta la Región de Magallanes. Su propósito fue adoptar, democráticamente, definiciones en relación a la actual coyuntura nacional, en el marco de las orientaciones estratégicas que fueron adoptadas en nuestro Tercer Congreso Nacional. Ponemos nuestro debate y sus conclusiones a disposición del conjunto de la ciudadanía de izquierda, como un aporte al desafío pendiente de construir una patria justa y buena para todos. I. NUESTRO CAMINO La Izquierda Cristiana de Chile revalida su opción estratégica de emprender un proceso de construcción política y social con el horizonte de una Revolución Ciudadana que permita el pleno establecimiento de la soberanía popular. Ello implica, principalmente, profundizar el fortalecimiento y la proliferación de los movimientos sociales, así como la multiplicación de la movilización de la ciudadanía, vinculando las demandas sociales con la demanda por la reapropiación del poder constituyente por la sociedad civil; lo cual implica promover y sostener el cuestionamiento de masas al sistema político y al modelo económico, e instalar un programa de democratización radical del país. Aquí reside el énfasis y la prioridad de nuestra política. La totalidad de los pasos tácticos que nos proponemos emprender se inscriben en la perspectiva de generar una relación de fuerzas y una construcción de hegemonía que permita abrir paso al desafío principal del actual ciclo histórico. En este marco, reconocemos la enorme significación de las movilizaciones sociales ocurridas el pasado y presente años; asimismo, valoramos la potencialidad de iniciativas de construcción social que han sido respaldadas activamente por la Izquierda Cristiana, como la Coordinadora Metropolitana de Pobladores por el Buen Vivir y la Plataforma de Trabajos Territoriales – Voluntarios para Transformar - en el campo del movimiento estudiantil, los que han mostrado una significativa capacidad para construir procesos de transversalidad política a partir de articulaciones sociales con identidad y autonomía, en coherencia con lo que se sostuvo en nuestro Tercer Congreso Nacional: “Sin izquierda social, no hay izquierda política”. El horizonte estratégico de la Revolución Ciudadana para Chile necesariamente debe tener también expresión en el campo de la disputa político–electoral. Un camino táctico de potencialidad estratégica debe tender a modificar las representaciones en el campo institucional como paso necesario para alterar la relación de fuerzas en la sociedad y construir una hegemonía por los cambios. Ello es clave si lo que se pretende es constituirse como alternativa nacional de poder y no contentarse sólo con ser un grupo de presión más o menos radical. Los pasos tácticos que debemos emprender los inscribimos, entonces, en el propósito de crear una alternativa de gobierno y poder que sustente un programa y un horizonte estratégico de Revolución Ciudadana, que entendemos tiene domicilio principal en la izquierda social y política, en sus expresiones históricas y nuevas. La acumulación de fuerza social y construcción de movimientos sociales es condición fundamental del desarrollo y ampliación de esa alternativa. Pero también la disputa político–electoral y la captura de espacios de poder institucional son claves en el proceso de lograr una fuerza capaz de ampliarse y construir hegemonía, superando la autorreferencia, la marginalidad testimonial y la impotencia política. Las experiencias de los procesos emancipatorios que se registran en América Latina y El Caribe, muestran que la disputa político-electoral resulta decisiva para los procesos de cambio, pues acceder a niveles del poder institucional, incluyendo el Gobierno nacional, puede significar contar con una herramienta política de primer orden para que, en conjunción con el protagonismo de los movimientos sociales, se promuevan transformaciones radicales del modo de producir la vida, que es el fin último de la acción revolucionaria.

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Es necesario, por otro lado, que nuestra iniciativa política y social se desarrolle en un proceso de diálogo y colaboración permanente con todos los procesos de liberación que se registran en América Bolivariana. La resolución del déficit en materia de política internacional acordada en nuestro Segundo Congreso, tiene que ser profundizada. En este contexto, valoramos la participación activa de la Izquierda Cristiana en la Unión Bicentenaria de los Pueblos, el Movimiento de Solidaridad con Cuba y el Foro de Sao Paulo, así como las iniciativas que la conducción partidaria ha emprendido en el campo de la relación con los Gobiernos y pueblos que han asumido un camino de liberación del dominio imperial y de superación del neoliberalismo. II. POR UNA IZQUIERDA CIUDADANA. En el marco del desarrollo del proceso de realización de la Revolución Ciudadana, el desafío central que fue planteado en nuestro Tercer Congreso fue impulsar “una iniciativa que permita la constitución de una Izquierda Ciudadana, una nueva fuerza política que sea expresión del amplio reagrupamiento de mujeres y hombres de izquierda dispersos, que coinciden en la necesidad de formar una nueva convergencia democrática y socialista”. En este contexto, se indicaba que “en conocimiento de una variedad de organizaciones, grupos y personas que comparten estos principios, la Izquierda Cristiana ha resuelto invitarlos a generar un diálogo generoso y constructivo para formar entre todos una Nueva Fuerza Política”. Y se planteaba además que esa construcción era “el producto de un proceso”. Reafirmamos nuestra convicción de que la construcción de una Izquierda Ciudadana es necesaria para cambiar Chile, en la perspectiva de abrir paso a una Revolución Ciudadana para construir una nueva patria en democratización ininterrumpida, que supere para siempre el dominio de los fuertes y los poderosos. El propósito de construir una Izquierda Ciudadana tuvo expresión fundamental en la formación del Movimiento Amplio de Izquierda (MAIZ). Pensamos que, en lo esencial, en el curso de los últimos 20 años, representa el intento más avanzado de instalar una izquierda alternativa en el país, con un sentido de radicalidad democrática, contenido anticapitalista y perspectiva crítica a toda forma de dominación. Nos parece que la experiencia de construcción que se ha desarrollado en torno al MAIZ, desde la primera reunión para una Nueva Fuerza de Izquierda en enero de 2011, constituye un capital político de enorme importancia para el devenir de la izquierda chilena. Sin embargo, el MAIZ ha experimentado una debilidad ostensible: no fue capaz de formular a lo largo de su caminata de un año y medio una política para el período y una táctica en el campo electoral. Ello se vincula con el hecho básico de que en su proceso de construcción no se logró establecer un marco de regulación democrática que hiciera posible la resolución de las diferencias, permitiendo articular y preservar su diversidad con la necesidad de definir una posición común frente al cuadro político nacional. En su Tercer Congreso Nacional, la Izquierda Cristiana asumió que la construcción de una Nueva Fuerza Política se vinculaba al propósito de contribuir al “ensanchamiento de la unidad de la Izquierda”, lo que implicaba la superación del Juntos Podemos y la búsqueda de niveles superiores de convergencia de la Izquierda, sin perjuicio de que esa dinámica de superación la imaginamos realizada “desde el Juntos Podemos y con el Juntos Podemos”. Un rasgo identitario fundamental de la esencia de la IC, desde su misma fundación, es la búsqueda de la “unidad social y política del pueblo”, superando las ideas del “alternativismo político”. No renunciaremos a ese horizonte, porque sería renunciar al sentido profundo de nuestra identidad. El MAIZ formuló un llamado a la constitución de un Frente Amplio, que agrupara a la totalidad de los actores políticos de la Izquierda. Ello incluso se expresó formalmente en una carta que fuera enviada al conjunto de las fuerzas que se estimaba deberían ser participes de ese emprendimiento político. Ello no prosperó. No hay duda que las propias debilidades del MAIZ, previamente consignadas, contribuyeron al desenlace de no lograr un nivel más alto de unidad de la izquierda. La Izquierda Cristiana de Chile considera que el Movimiento Amplio de Izquierda (MAIZ) debe dar ahora un salto adelante en su desarrollo, principalmente en la perspectiva construir una organización cada vez

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más democrática, superar su déficit en cuanto a dotarse de una política para el período y ser una herramienta que le permita intervenir significativamente en todos los campos de la lucha ideológica, política, social y electoral. La Izquierda Cristiana resolvió en su Tercer Congreso llevar adelante un segundo proceso de constitución legal, el que inició en octubre del año pasado y culminó recientemente al cumplir con los requisitos necesarios para que el Servicio Electoral proceda a su inscripción en el Registro de Partidos Políticos legalmente constituidos. En la perspectiva de los propósitos estratégicos de la Revolución Ciudadana, hemos resuelto explorar la viabilidad de abrir esta herramienta legal, sin pretensión hegemónica alguna, a otros actores políticos y sociales, particularmente a aquellos con los que hemos realizado una fecunda experiencia en el MAIZ, para que sea la expresión de la Izquierda Ciudadana en esta coyuntura, asumiendo esto como otro paso en un proceso de más largo aliento de convergencia de la izquierda. III. POR UNA NUEVA ALTERNATIVA El cuadro descrito tiene evidente impacto en la necesidad de trabajar por una derrota política de la derecha que sea lo más favorable posible a la derrota del neoliberalismo. Como indicamos en el Tercer Congreso, la derrota política de la derecha “constituye condición necesaria para la construcción de una alternativa al neoliberalismo”, pues “no es viable perspectiva revolucionaria alguna, en el caso de que la derecha política y económica logre su propósito de abrir paso a un ciclo de larga duración de sucesivos gobiernos bajo su control”. Ello pasaba por promover el fortalecimiento y proliferación de los movimientos sociales y la multiplicación de la movilización de la ciudadanía, pero al mismo tiempo, por “asumir la necesidad política de derrotarla en las urnas”, para lo cual “es necesario crear una mayoría que se exprese en una mayoría electoral”. Al mismo tiempo, indicamos que no existe derrota política de la derecha, efectiva en el largo plazo y consistente en su contenido, si no representa una derrota estratégica del neoliberalismo como proyecto integral de producir la vida social, en sus dimensiones institucionales, económicas y culturales. La derrota de la derecha y la derrota de la opción neoliberal no las concebimos escindidas o diferenciadas en etapas, sino como componentes de un único proceso de resistencia, contrahegemonía y alternativa. Al respecto, es necesario manifestar con total claridad que una salida política de estas características es contradictoria con un nuevo Gobierno de la Concertación, incluso en el marco de los vanos propósitos por remozarla. Necesitamos una nueva alternativa nacional de gobierno, incluyente del protagonismo de los movimientos sociales, que asuma íntegramente sus propuestas y demandas en términos programáticos y, sobre todo, sus exigencias de Asamblea Constituyente y de nueva Constitución, y de superación del modelo neoliberal en todos los campos. La pregunta estratégica es cómo logramos esta perspectiva. No nos parecen viables los caminos de la ruptura institucional o del levantamiento de una alternativa totalmente competitiva de la Concertación que logre derrotarla en las preferencias ciudadanas. En nuestra opinión, es necesario abrir paso a un proceso de convergencias progresivas, no lineal y complejo, con actores y fuerzas que forman parte del ancho y complejo mundo

de la izquierda y los movimientos sociales, y con actores y fuerzas que han habitado la Concertación en estos últimos veinte años, en torno a una propuesta programática de carácter radicalmente democrático y alternativa al proyecto neoliberal. Ello implica la decisión de disputar nacionalmente la hegemonía y el carácter del ciclo histórico que comienza a emerger. Coherente con esta línea de acción, hemos resuelto las siguientes definiciones frente a las próximas elecciones municipales:

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a) En materia de elección de alcaldes, asumimos el desafío de lograr acceso al poder local, lo cual permitiría un salto adelante en el desarrollo de una nueva alternativa de cambio. Para tales efectos, asumimos la responsabilidad de concretar los consensos políticos que sean necesarios para que candidaturas a alcalde que expresan nuestros puntos de vista y que han emergido desde la ciudadanía, sean candidatos a alcalde de toda la oposición, logren derrotar a la derecha con un programa radicalmente democrático y conquisten el poder local. En este contexto, ratificamos las candidaturas a alcalde de los compañeros Roberto Celedón en Talca y Mauro Tamayo en Cerro Navia. En el caso de la Región Metropolitana, asumimos como nuestra prioridad central en lo que se refiere a la elección de alcaldes la candidatura de Mauro Tamayo. Resolvemos que, en caso de no llegarse a acuerdo con toda la oposición en Cerro Navia, llegaremos hasta el final con esta postulación. En lo que se refiere a la elección de alcaldes en las otras comunas del país acordamos respaldar las candidaturas del Partido Comunista; las de independientes de izquierda ligados al Juntos Podemos; las candidaturas que se concuerden con el MAS; las candidaturas ciudadanas que sean expresión de toda la oposición; y candidaturas de la oposición que sean especialmente significativas en la batalla contra la derecha. b) En materia de elección de concejales, resolvemos definir como pacto formal, legal y nacional, el Pacto con el Partido Comunista, el PPD y el Partido Radical, procurando garantizar la representación más adecuada posible. Asumimos como criterio principal, aunque no excluyente, la elegibilidad de concejales y el sostenimiento de candidaturas con amplio apoyo en la ciudadanía. Sin perjuicio de lo anterior, declaramos que persistiremos en la política de unidad de la izquierda, manteniendo relaciones activas con el MAS, el Partido Humanista, el Partido Ecologista Verde, el PRO, el Partido Igualdad y otros actores, en procura de trabajar por una convergencia futura y la superación de las diferencias tácticas que se deriven de la coyuntura electoral. Haremos lo posible para preservar con ellos relaciones de cooperación y diálogo, incluso en el marco de la contienda electoral.

Comisión Política Izquierda Cristiana de Chile Santiago, 28 de junio de 2012.