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[] Fotografía panorámica del Nuevo Estadio de Chamartín (posterior a 1947

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Los estadios
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fútbol Madrid
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El deporte en Madrid

Texto: Ricardo Domínguez Fondo Gráfico: Archivo Regional de la Comunidad de Madrid. Fondos gráficos M. Santos Yubero. Centro de Documentación del Patrimonio Histórico Documental del Real Madrid.

Los campos de fútbol de Madrid han experimentado una evolución vertiginosa a lo largo del siglo XX.
al crecimiento de la ciudad y de la popularidad del “deporte rey”, los estadios madrileños han ido adquiriendo mayor importancia en la fisonomía e identidad de la capital. El Santiago Bernabéu y el Vicente Calderón son los últimos y más claros ejemplos, pero no los únicos.

Paralelamente

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LOS PRIMEROS CAMPOS DE MADRID
En las postrimerías del siglo XIX, cuando el football se iba introduciendo en Madrid procedente de Inglaterra, los primeros campos de juego eran solares y descampados que los propios jugadores acondicionaban para la práctica del deporte. En los desmontes de la Moncloa, donde los desniveles del terreno dificultaban el control de la pelota, un grupo de estudiantes de la Institución Libre de Enseñanza formó la primera sociedad de este deporte en la ciudad, el Football Club Sky. También el incipiente barrio de Salamanca, en el que por entonces abundaban las manzanas sin edificar, fue otra de las zonas donde el balompié encontró refugio. Allí se empezó a ejercitar el Madrid Football Club, embrión del futuro Real Madrid, hasta que regularizó su situación en marzo de 1902. Su solar lo llamaban el Campo de Estrada, nombre del marmolista propietario de los terrenos que hoy forman las calles Velázquez, Padilla, Nuñez de Balboa y Ortega y Gasset. Tras la legalización de la sociedad, el Madrid Football Club busca un campo de mejores condiciones y se traslada a la entonces llamada Avenida de la Plaza de Toros (hoy Avenida de Felipe II), a una explanada situada junto al coso taurino, casi en la confluencia con la calle de Alcalá. El terreno era propiedad de la reina Cristina, madre de Alfonso XIII, que lo arrendaba por la modesta cifra de 150 pesetas anuales. El nuevo campo

EL TERRENO ERA PROPIEDAD DE LA REINA CRISTINA, QUE LO ARRENDABA POR LA MODESTA CIFRA DE 150 PESETAS ANUALES
estaba rodeado por una zanja para evitar que cruzaran por él los carruajes que llevaban escombros a los vertederos de la zona, pero no disponía de vallas o cercas que lo separaran de la calle, lo que provocó que algún que otro balón se colara en el tranvía de Ventas y acabara en la Puerta del Sol. La taberna “La Taurina”, situada en los bajos de la hoy desaparecida Casa de las Bolas, en las Ventas del Espíritu Santo, era su particular vestuario, donde los jugadores se vestían de corto y guardaban los palos de los goals. Como es de suponer, este campo no reunía los requisitos para organizar torneos oficiales. Para ese propósito se acondicionaba el Hipódromo del Paseo de la Castellana, situado en lo que hoy son los Nuevos Ministerios. Desde 1902 será la sede de las primeras Copas de España y de otros match oficiales organizados por la Federación de Clubs de Football de Madrid, en los que participaban los principales equipos de la ciudad, como el New Football Club (continuación del Sky), la Gimnástica Española o el Moncloa, además del Madrid F. B. C. Su terreno de juego era más llano y uniforme, y contaba con amplios graderíos, entre los que destacaba la tribuna cubierta reservada a la Familia Real, que solían acudir a presenciar estos “concursos”, como se denominaban en la época. En mayo de 1903, Athletic de Madrid, un conjunto creado por estudiantes vizcaínos de la capital como sucursal del Athletic de Bilbao, establece su campo detrás de las tapias del Retiro, en la ronda de Vallecas, hoy Menéndez Pelayo. El terreno de juego se situaba entre un viejo frontón y el recinto vallado del Tiro de Pichón, y se encontraba a un nivel inferior a la calle, por lo que también fue necesario cavar zanjas en sus inmediaciones, aunque en este caso para achicar el agua en los días de lluvia. Una estancia de la caseta ubicada en el frontón, en la que vivían la “señá” María y su hijo Casimiro, hacía las veces de vestuario, donde una tinaja con agua servía de aseo para los jugadores. La señora María, además, se ganaba un dinerillo sirviendo refrescos de jarabe de limón y agua de cebada por una perra gorda el vaso. Otro vecino, don Ricardo, dueño del merendero La Rana, suministraba bocadillos de jamón por el doble, es decir, 20 céntimos. Un año más tarde, a finales de noviembre, se incorpora una curiosa novedad que así relató la revista Mundo Sportivo: “La novedad de este partido son

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las hermosas redes que cubren los goals. Así y todo, el público las pisotea y avanza más de lo ordinario, dando prueba de una falta de educación muy censurable”.

Empresas en el deporte, ¿Sí o No?
Con la construcción del Metropolitano se abre un nuevo debate: ¿Es conveniente que las grandes empresas se involucren en un deporte que aún es amateur? Por un lado, la revista Madrid Sport consideraba que “el gran tiburón industrial”, que hace industria del deporte, estaba amenazando con “tragarse a los pececillos deportivos”, tiñendo el fútbol de un aspecto mercantilista nada beneficioso. Por el otro, la revista Gran Vida defendía el proyecto alegando que se ayudaría a fomentar la educación física y que sólo el grupo de empresarios que respaldaron la construcción sabían “cuánto deben los países de gran potencialidad económica á la fortaleza de la raza que los puebla”.

O’DONNELL, LA CALLE DEL FOOTBALL
En 1910, el Madrid F. B. C. comienza a disputar sus encuentros en el campo de O’Donnell, entre las actuales calles de Narváez, Duque de Sesto, Fernán González y O’Donnell. Con la intención de poder organizar grandes partidos contra equipos extranjeros y de otras provincias, los propios socios, entre ellos el presidente Juan Padrós y un jovencísimo Santiago Bernabéu, tuvieron que arrimar el hombro y el bolsillo para acondicionar el terreno, allanando la superficie de juego con pico y pala, y aportando las sumas económicas que estuvieran a su alcance. Su inauguración no tuvo lugar hasta dos años después, el 31 de diciembre de 1912, tras levantar una valla de madera pintada de blanco que evitase la entrada libre del público. Esta inversión acabaría siendo muy rentable, pues el club comenzó a cobrar por presenciar los partidos, lo que le reportaría beneficios de caja gracias a la buena aceptación de la iniciativa por parte del público. El precio de las primeras entradas al campo era de 0,80 céntimos, las de preferencia, y 0,40 las generales. Las 1.000 pesetas del alquiler de los terrenos ya no eran un problema. Al año siguiente, en 1913, su principal contrincante, el Athletic de Madrid, desvin-

culado de Athletic de Bilbao desde 1906, construye su nuevo campo de fútbol en la manzana opuesta, entre las actuales calles de O’Donnell, Narváez, Menorca y Lope de Rueda. Su construcción también fue posible gracias al esfuerzo físico y económico de Julián Ruete, próximo presidente de club, directivos y socios. Aunque sobre su terreno de arena arcillosa crecieran pequeños matojos por generación espontánea, era considerado por entonces como el mejor campo de Madrid, y disponía de una capacidad que, según la prensa de entonces, era superior a los 10.000 espectadores. Los graderíos escalonados del perímetro, como la tribuna de Lope de Rueda, posibilitaban que se alcanzara esta cifra récord entre los campos madrileños y favoreció que en él se celebra el primer partido internacional disputado en la capital, en 1921 contra Portugal. En esos mismos terrenos, que eran de mayores

dimensiones que los de su “vecino de enfrente”, se practicaban otros deportes como el hockey y el béisbol, y contaba con varias pistas de tenis anexas al campo, así como vestuarios propios. Todo un lujo.

LOS PRIMEROS STADIUM DE MADRID
En la primavera de 1923 el Madrid F. B. C., que desde 1920 ya es “Real”, se ve obligado a abandonar su campo de O’Donnell. No sólo se le había quedado pequeño, sino que además su propietario, Laureano García Camisón, quería construir viviendas sobre ese solar. El Real Madrid negoció entonces con la familia Soria la utilización del Velódromo de Ciudad Lineal, y en un mes el arquitecto José María Castell, antiguo jugador del Madrid, adaptó el recinto para la disputa de encuentros de fútbol. El día 29 de abril de 1923, fecha de su

[] 1.- Fotografía de la alineación inicial del Real Madrid con Machimbarrena, René Petit, Eulogio Aranguren, Sotero Aranguren, Teus, Sansinenea, Erice, Múgica, De Miguel, Muguiro y Álvarez durante un partido disputado en el Campo de O’Donnell. Período aproximado: 1917-1921. 2.- Fotografía de un partido del Real Madrid, disputado en el Campo de la Ciudad Lineal. Velódromo de la Ciudad Lineal. Año: 1923. 3.- Comienzo de las obras en el estadio Metropolitano para ampliar el campo año 1954

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inauguración, se decía adiós a las polvaredas que formaba la arena de O’Donnell y se daba la bienvenida a la nueva superficie de los campos de Madrid: la hierba. Como escribía la revista Madrid Sport: “por fin hay un terreno de juego mayor que una escupidera y se acabó el terreno duro como la piedra”. Sin embargo, el Real Madrid apenas duró allí un año. La comodidad que ofrecía la amplitud de espacios no fue suficiente para que los aficionados madridistas se desplazaran hasta la Ciudad Lineal. Buena parte de las 8.000 localidades del aforo se quedaban sin vender, con el perjuicio económico que ello suponía. Y eso que se establecieron servicios especiales de tranvías, por parte de las Compañías de Madrid y de la Ciudad Lineal desde dos horas antes de los partidos. La primera, con un servicio directo cada cinco minutos desde Cibeles por 0,50 pesetas el billete, y la segunda, con un servicio cada tres minutos desde Ventas por 0,25 pesetas. Mientras tanto, el 13 de mayo del mismo año se inauguraba el Stadium Metropolitano ; uno de los recintos

deportivos más espectaculares de entonces. Este nuevo proyecto, del arquitecto José María Castell, fue promovido por los hermanos Otamendi a través de la Sociedad Stadium Metropolitano, filial de su histórica Compañía del Metropolitano Alfonso XIII, quienes solicitaron un empréstito de un millón y medio de pesetas. José María Otamendi, el “emprendedor”, fue el que convenció a sus hermanos de construir en Madrid un estadio al estilo de Wembley, cuyas obras había tenido la oportunidad de visitar en Londres. Su emplazamiento era inmejorable: al final de la nueva Avenida de la Reina Victoria y a 900 metros de Cuatro Caminos, aprovechaba una hondonada natural del terreno para disponer un campo de juego de 100 x 73 metros, más otros 8 metros de pista a su alrededor para usos atléticos, donde más tarde se instalarían nuevos graderíos. La tribuna principal no estaba cubierta y el aforo total del campo era por entonces de 25.000 espectadores, aunque crecería en sucesivas remodelaciones. Varias edifi-

EL REAL MADRID ABANDONA EL VELÓDROMO Y CONSTRUYE AL AÑO SIGUIENTE SU NUEVO ESTADIO, EL VIEJO CHAMARTÍN
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caciones eran visibles desde el terreno de juego, entre las que destacaban los pintorescos chalets de Reina Victoria; al norte, la sierra de Guadarrama cerraba la espléndida perspectiva. En el Metropolitano jugaban, en régimen de alquiler, el Athletic de Madrid, la Real Sociedad Gimnástica Española, el Racing Club y el Unión Sporting. En la primavera de 1950, el Athletic de Madrid, por entonces llamado ya Club Atlético de Madrid, accedió a la propiedad del mismo. El Real Madrid, como se ha dicho, abandona el Velódromo y construye al año siguiente su nuevo estadio, el Viejo Chamartín, cuyas obras se completaron en apenas cinco meses. En realidad, el verdadero nombre del estadio era Campo del Real Madrid Football Club, pero fueron los aficionados los que le bautizaron como Chamartín. Estaba situado a unos 900 metros al norte del Hipódromo, en unos terrenos arrendados conocidos como Villa Rosa. Se solicitó un crédito de 500.000 pesetas, avalado por el presidente Pedro Parages y otros directivos, y el director de las obras fue nuevamente José María Castell. Inaugurado el 17 de mayo de 1924, tenía capacidad para 15.000 espectadores (25.000 en posteriores ampliaciones), con una tribuna cubierta para 4.000 personas.

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[] 1.- Fotografía del Nuevo Estadio de Chamartín en el año 1955. 2.- Vistas del estadio Metropolitano en el primer partido después de la ampliación del campo. Año 1954. 3.- Fachada del estadio Vicente Calderón vista desde el rio Manzanares. Año 1974. 4.- Fotografía de una grada repleta de público del Estadio de Santiago Bernabéu durante el partido de inauguración del Estadio de Chamartín. Fecha: 14/12/1947.

LOS ESTADIOS DE HOY
Tras la guerra civil, los dos principales estadios de Madrid, el Viejo Chamartín y, sobre todo, el Metropolitano, quedaron seriamente dañados. Chamartín, que a finales de marzo y principios de abril de 1939 se utilizó como lugar de clasificación de soldados prisioneros, no quedó tan maltrecho gracias a que no sufrió bombardeos. Pero el Metropolitano sí, por lo que fue necesario emprender una importante reconstrucción. Mientras, el Atlético (Athletic Aviación Club por unos años) disputaba sus partidos en otros campos como el Estadio de Vallecas o el propio Viejo Chamartín, que se reabrió el 22 de octubre de 1939. Ya en la década de los 40, era palpable que el Viejo Chamartín se estaba quedando pequeño. Santiago Bernabéu, presidente del Real Madrid desde 1943,

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tomó entonces la decisión de construir sobre sus pilares un nuevo estadio con capacidad para 75.000 espectadores, una idea que fue tildada de faraónica desde sectores contrarios. Mediante concurso, venció el proyecto de los arquitectos Manuel Muñoz Monasterio y Luis Alemany Soler, cuyos planos excedían los terrenos del viejo estadio. Esto le obligó a comprar, por 3 millones de pesetas, los terrenos anexos en la Avenida del Generalísimo, prolongación del Paseo de la Castellana. Las obras, que duraron cuatro años, tuvieron serios problemas de financiación y de suministro de hierro y cemento. Finalmente, el Banco Mercantil

e Industrial aportó la inversión necesaria, a lo que se sumó la ayuda de los socios a través de obligaciones hipotecarias de 500 pesetas nominales cada una. Estos retrasos hicieron que el Real Madrid jugase la temporada 1946-47 en el Metropolitano, hasta que el Nuevo Chamartín fue inaugurado el 14 de diciembre de 1947, en un partido contra el Os Belenenses lisboeta. El exterior del edificio, sobrio y sencillo, era de piedra de colmenar. En su interior, 4.400 localidades de asiento cubiertas, 20.000 descubiertas y 50.000 de pie se distribuían sobre dos anfiteatros que rodeaban un terreno de juego de 105 x 72 metros.

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