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B E IA R I O
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SÉPTIMA EDI N
COLECCIÓ A TR L
U N A CREACiÓN
D 11
ESPASA-CALPE, S. A.
La COLECCIÓN AUSTRAL publica:
Los libros de que se habla; los libros de éxito perma-
nente; los libros que usted deseaba leer; los libros que
aún no habla leido porque eran caros o circulaban en
malas ediciones y SID ninguna garantla; los libros de
cuyo conocimiento ninguna persona culta puede pres-
cindir; los libros que marcan una fecha capital en la
historia de la literatura y del pensamiento; los libros
clásicos -de ayer, de hoy y de siempre-. La COLEC-
CIóN AUSTRAL ofrece ediciones Integras autorizadas,
bellamente presentadas, muy económicas. La COLEC-
CIóN AUSTRAL publica libros para todos los lectores y
un libro para el gusto de cada lector
BENEDETTO CROCE
Nació la figura más eminente de la filosofía italiana
contemporánea en 1886, en Pescasseroli (Los Abro-
zos), si bien luego fuese educado en Nápoles, ciudad
donde vivió siempre y a la que permanece indisolu-
blemente unido su nombre. Murió en 1952, tras una
fecundísima vida. Dedicó sus primeros años al estu-
dio de la literatura italiana y de la historia napolita-
na. Más adelante descubrió su verdadera vocación al
adentrarse en el estudio de la filosofía, componiendo
ya en 1902 dos de las obras que luego le granjearon
más vasta fama: la Pilosoiia del esplritu y la Estética.
A estas obras capitales siguieron otras no menos
importantes: una Lógica, una Filosofia de la práctica
y una Teorio de la historiogra/ia. Desde 1903 hasta
su muerte publicó y dirigió, con suspensiones, su
famosa revista La Crítica. Intervino pasajeramente en
política, auspiciando nuevos planes educativos como
ministro de Educación en el último Gabinete pre-
fascista. Desde entonces se consagró exclusivamente
a sus trabajos de pensador. Este BREVIARIO DE
ESTÉTICA es, no obstante su dimensión, una de sus
obras más sazonadas. En ciertos aspectos constituye
un excelente resumen de su libro más vasto sobre
el mismo tema. Ha sido traducido a diversos idio-
mas, considerándosele unánimemente como una acer-
tada iniciación a los estudios estéticos, asequible a
toda clase de lectores
*
ESPASA-CALPE, S. A.
BREVIARIO DE ESTÉTICA
COLECCIÓN AUSTRAL
N.o 41
BENEDETTO CROCE
BREVIARIO
DE ESTETICA
CUATRO LECCIONES
SEGUIDAS DE DOS ENSAYOS Y UN APÉNDICE
SÉPTIMA EDICIÓN
ESPASA-CALPE, S. A.•
MADRID
EdldoMI   autorizadas por el autor para la
COLECCIÓN ÁUSTRAL
PrImera 10· YIII 1938
Seg¡md¡z úld4n: 20· VI· 1939
Tm:era edld6n: 28 - 11- 1942
Quuta 15 - Y· 1943
Quinta edlcl6n: 28 - 111- 1945
18 - IV· 1947
Séptima edld6n: 16· V -1967
Traducd6n por José S6nchez Ro/as
O Espaza-CD1¡¡e. S. A•• 1938
legal: M.7.139-1967
In Spa/n
Ácabado de imprimir el dla 16 de mayo de 1967
Talleres Gr61leolde 'l.EdJdoMI Castilla. S. Á ••
A./oJlZo. 23. Madrid
37
ÍNDICE
Páainu
ADVERTENCIA DEL AUTOR ••• ••• '" ••• ••• .., ••• '" • 9
LECCIÓN PRIMERA.
<Qué es el arte? ., .... '" oo •••• oo. ••• ••• ••• ••• ••• ••• 11
LECCIÓN SEGUNDA..
Prejuicios en tomo al arte oo. oo. .oo
LECCIÓN TERCERA.
El puesto del arte en el espíritu y en la sociedad
humana •.. 'oo ••• o•••••••• oo •••• '" oo. ••• ••• 57
LECCIÓN CUARTA.
La crítica y la historia del arte oo. .oo oo. .,. ••• ,.. oo' 75
INICIACIÓN, PERÍODOS Y CARÁCTER DE LA mSTORIA DE LA
ESTÉTICA oo. ••• ••• 'oo o.. oo' '" ••• o.. .,. ••• oo. ••• 93
El carácter de totalidad de la espresión artística ...... ... 117
ApÉNDICE.
1. Ironía, sátira y poesía .•. •.. ... .oo .,. .0. 0.0 '" 131
lI. En ~   a la gradación de las obras de arte ... oo. 136
lII. Disciplina y espontaneidad ... o.. ••• o" ••• ••• ••• 139
ADVERTENCIA DEL AUTOR
Con motivo de la inauguraci6n, celebrada en el mes de
octubre del año pasado, del Rice Instituto -la nueva 'J gran
Universidad de Hosston en el Estado de Tejas-, fui invi-
tado por su presidente, el profesor Edgar Lovett Odell, a
pronunciar algunas lecciones sobre los temas que forman
el contenido de este volumen 'J que fueran para los o'Jen-
tes como una orientaci6n sobre los problemas capitales de
la Estética. Habiéndome excusado, a causa de mis muchas
ocupaciones, que me impedían, por el momento, empren-
der un largo viaje al golfo de Méjico, se me replic6, con
la mayor cortesía, que se me diJpensaba del viaje corpo-
ral a cambio de que enviase el manuscrito de las lecciones
para traducirlo al inglés -como se hizo en seguidr;;- e
incorporarlo a los volúmenes conmemorativos de la inaugu-
raci6n. Y en pocos días escribí este BREVIARIO DE ESTÉTI-
CA, cumpliendo el compromiso que contraje. Luego, después
de haber acabado mi tarea, adverttí, con cierto regodeo
mental, que no solamente había condensado en este librito
los- conceptos más importantes de mis volúmenes anterio-
res sobre el mismo tema, sino que además los había ex-
puesto con ma'Jor cobesio» 'J más aguda perspicacia que
en mi Estética, que tiene 'Ja la respetable antigüedad de
doce años. Una nueva idea se apoder6 también de mi espí-
ritu; la idea de que estas cuatro lecciones recogidas aquí
pueden ser útiles para los j6venes que se consagran al estu-
dio de la poesía 'J, en general, del arte, 'J hasta servir en
las escuelas secundarias como libro auxiliar y de consulta
en los estudios literarios 'J filos6ficos. Porque tengo para
mí que la Estética, cuando se enseña con habilidad, sirve,
mejor que otra disciplina filos6fica cualquiera, de introduc-
10
BENEDETTO CnOCE
ci6n 'Y de pfwtico para el aprendizaje de la filosofía, por-
que el arte 'Y la poesía despiertan en seguida el ejercicio de
la atenci6n 'Y de la reflexi6n de los. muchachos. La L6gica,
en cambio, supone el ejercicio previo de las investigaciones
científicas, resultando para ellos demasiado abstracto, 'Y la
Ética-al menos en Italia, donde por razones hist6ricas,
de todos conocidas, falta el estímulo que el espíritu re-
ligioso ejercita sobre la meditaci6n del humano desti-
no -parece generalmente una prédica cansina 'Y macha-
cona, 'Y la llamada Psicología, más que preparaci6n, suele
ser disertaci6n de la filosofía. Los problemas del arte, por
el contrario, conducen más hacedera 'Y espontáneamente,
no s610 a conquistar el hábito de la especulaci6n, sino a
gustar por anticipado de las mieles de la 16gica, de la éti-
Ca 'Y de la metafísica, ,,'a que, por ejemplo, compr,nder
la relaci6n de contenido 'Y forma en el arte es comenzar
a comprender la síntesis a priori; comprender la relaci6n
de intuici6n 'Y expresi6n vale tanto como supera" el"mate-
rialismo 'Y, a la vez, el dualismo espiritualista; comprender
el empirismo de las clasificaciones de los géneros literarios
'Y de las artes es lo mismo que darse cuenta de la diferen-
cia entre el procedimiento naturalista 'Y el filos6fico... Y
así sucesivamente..Tal vez será ésta una ilusi6n mía nacida
de mi poco conocimiento de las escuelas secundarias, de las
que no conservo, sino los lejanos '1, al mismo tiempo, vivos
recuerdos de mis tiempos de estudiante, y en ellos me fun-
do. Pero es el caso que semejante ilusi6n me ha movido
a publicar, en italiano, mis lecciones de América '1 a de-
járselas incluir a mi amigo Laterza en su nueva u Colecci6n
escolar", a la que deseo toda suerte de bienandanzas.
B.e
Nápoles, 1 de enero de 1913.
LECCIÓN PRIMERA
¿QUÉ ES EL ARTE?
A la pregunta ¿qué es el arte? puede responderse bro-
meando, con una broma que no es completamente necia,
que el arte es aquello que todos. saben lo que es. Y verda-
deramente, si no se supiera de algún modo lo que es el
arte, no podríamos tampoco formularnos esta pregunta,
porque toda pregunta implica siempre una noticia de la
.cosa preguntada, designada en la pregunta y, por ende; ca-
lificada y conocida. Cosa sobre la cual podemos hacer una
experiencia de hecho, si nos damos cuenta de las ideas,
justas y profundas, que oímos con frecuencia formular con
relación al arte por aquellos que no. son profesionales de
la filosofía y de la teoría, por los laicos, por los artistas poco
amigos de razones, por las personas ingenuas, hasta por las
gentes del pueblo; ideas que van muchas veces implícita-
mente envueltas en los juicios que se hacen en torno a de-o
terminadas obras de arte, y que algunas veces se pronuncian
en forma de aforismos y.de definiciones. Y hasta damos en
la flor de sospechar que pudiéramos reírnos a mandíbula
batiente, siempre que nos viniese en ganas, de los filósofos
orgullosos que pretenden haber descubierto la naturaleza del
arte, metiéndonos por los ojos y por los oídos proposiciones
escritas en los libros más vulgares y frases del acervo común
de las gentes, advirtiéndonos que contienen, con la mayor
claridad, su flamante descubrimiento.
El filósofo tendría siempre ocasión de avergonzarse si
mantuviese alguna vez la ilusión de haber legado, con sus
doctrinas personales, algo completamente original a la co-
mún conciencia humana, algo extraño a esta conciencia,
12
BENEDETTO CROCE
la revelación de un mundo enteramente nuevo. Pero no se
turba y sigue derecho su camino, porque sabe que la pregun-
ta, ¿qué cosa es el arte? --como, en general, toda pregunta
filosófica sobre la naturaleza de lo real y toda pregunta
de conocimiento-, si adquiere en las palabras que se
emplean cieno matiz de problema general y total, que
se pretende resolver por primera y por última vez, tiene
siempre, en efecto, un significado circunstancial, que reza
con las dificultades especiales que se viven en un momento
determinado de la historia del pensamiento. Cienamente
la verdad corre por su camino, como la chispa del cono-
cido proverbio francés, y como la metáfora ..reina de los
tropos", según los sectores con que Montaigne se topaba
en la cháchara de su camarera. Pero la metáfora de la ca-
marera es la solución de un problema que expresa precisa-
mente los sentimientos que agitan en aquel instante el
espíritu de ésta, y las afirmaciones triviales que intencio-
nada o incidentalmente oímos sobre la naturaleza del arte,
son soluciones de problemas lógicos que se presentan a éste
o al otro individuo que no hace profesión de filósofo, y
que, sin embargo, como hombre, y como tal hombre, es
filósofo en cierta medida. Y así como la metáfora de la
camarera expresa, por regla general, una limitada y pobre
concepción de sentimientos con relación a los poetas, del
mismo modo la afirmación trivial de un no filósofo resuel-
ve un problema liviano con relación al problema que el
filósofo se ha propuesto. La respuesta, ¿qué cosa es el arte?,
puede ser semejante en uno y en otro caso, pero solamente
en la apariencia, ya que se complica después con la riqueza
distinta de su contenido íntimo. La respuesta del filósofo
digno de tal nombre ha de tener nada menos que la
pretensión de resolver adecuadamente todos los problemas
que han surgido, hasta aquel momento, en el curso de la
historia, en torno a la naturaleza del arte, y la del laico,
moviéndose en un círculo bastante más limitado, no tiene
brío para salirse de éste. Fenómeno que probamos expe-
rimentalmente con la fuerza del eterno procedimiento so-
crático, con la. facilidad con que los inteligentes confunden
BREVIARIO DE E8T1lTICA
13
y dejan con la boca abierta a los que no lo son y con
la coordinación de sus preguntas, que obligan a callar a los
legos que habían comenzado a hablar arinadamenre, advir-
tiendo de paso que se arriesgan demasiado en el curso del
interrogatorio y que lo poco que saben lo saben mal, atrin-
cherándose detrás de las defensas de su fortaleza y decla-
rando que no hilan delgado en achaque de sutilezas.
El orgullo del filósofo debe encastillarse en la conciencia
de la intensidad de sus preguntas y de sus respuestas, orgu-
llo que no puede ir acompañado de la modestia, o lo que es
igual, del conocimiento que le presta la mayor o menor
extensión de su juicio con la posibilidad de un momento
determinado, y que tiene sus límites, trazados por la his-
toria de aquel momento, sin que pueda pretender un valor
.de totalidad, o como suele decirse, una solución definitiva.
La vida ulterior del espíritu, renovando y multiplicando
sus problemas, convierte no sólo en falsas, sino también en
improcedentes, las soluciones anteriores, parte de las cua-
les caen en el número de las verdades que se sobreentien-
den, y parte de las cuales tienen que rehacerse y comple-
tarse. Un sistema es como una casa, que después de ha-
berse construido y decorado-'-sujeta, como está, a la acción
destructora de los elementos- necesita de un cuidado, más
o menos enérgico, pero asiduo, de conservación, y que, en
un momento determinado, no sólo hay que restaurar y
apuntalar, sino echar a tierra sus cimientos para levantarlos
de nuevo. Pero hay una diferencia capital entre un sistema
y una casa: en la obra del pensamiento, la casa, perpetua-
mente nueva, está perpetuamente sostenida por la antigua,
que de un modo mágico y prodigioso perdura siempre en
ella. Ya sabemos que los que ignoran esta arte mágica,
los inrelecruales superficiales o ingenuos, se asombran hasta
el punto de que sus monótonas cantilenas estriban en la
declaración de que la filosofía deshace continuamente su
obra y de que unos filósofos contradicen a los otros como
si el hombre no hiciese, deshiciese y rehiciese continuamente
14
BENEDETTO CROCE
su habitación; comosi el arquitecto de mañana no rectificase
los planos del arquitecto de hoy, y como si de este hacer, y
deshacer, y rehacer la propia casa, y de esta rectificación de
unos arquitectos y otros arquitectos pudiese derivarse la
conclusión de que no debemoslevantar viviendas para morar
en ellas.
Con la ventaja de una intensidad más rica, las pregun-
tas y las respuestas del filósofo llevan consigo el peligro
de un mayor error, y están frecuentemente viciadas por
cierta ausencia de buen sentido que, en cuanto pertenece
a una esfera superior de cultura, tiene, hasta en su com-
probación, un carácter aristocrático, objeto no sólo de des-
denes y de burlas, sino de envidia y de admiración secse-
t a s ~   n esto se funda el contraste, que muchos se compla-
cen en hacer resaltar, entre el equilibrio mental de la gente
ordinaria y las extravagancias de los filósofos. A ningún
hombre de buen sentido se le ocurre decir, por ejemplo,
que el arte es la resonancia del instinto sexual, o que el
arte es un maleficio que debe ser castigado en las repúbli-
cas bien gobernadas; absurdo que han dicho, sin embargo,
filósofos y grandes filósofos, por" lo demás. La inocencia
del hombre de buen sentido es, sin embargo, pobreza e ino-
cencia de salvaje, y aunque se haya suspirado muchas veces
por la vida inocente del salvaje y se haya acudido a expe-
dientes socorridos para aliar la filosofía con el buen send-
do, es lo cierto que el espíriru, en su desenvolvimiento,
afronta con toda valentía, porque no puede menos de ha-
cerlo así, los peligros de la civilización y el desvío momea-
táneo del buen sentido. La indignación del filósofo en
torno al arte tiene que recorrer las vías- del error para ro-
par con el sendero de la verdad, que no es distinto de
aquéllas, sino aquéllas mismas, atravesadas por un hilo
que permite dominar el laberinto.
El mismo nexo del error con la verdad nace del hecho
de que Un mero y completo error es inconcebible y, como
inconcebible, no existe. El error habla con dos voces, una
de las cuales afirma la falsedad que desmiente la otra, to-
pándose el sí y el no en lo que llamamos contradicción.
BREVIARIO DE  
15
Por eso, cuando desde la consideración genérica descende-
mos a una teoría que se ha considerado como errónea en
todas sus partes, y en SUS' determinaciones, nos encontramos
en ella misma la medicina de su error, germinando la ver-
dadera teoría del estercolero en que brotó el error,' Los
mismos que tratan de reducir el arte al instinto sexual
recurren, para demostrar su tesis, a argumentos y compro-
baciones.que, en lugar de unir, separan al arte de aquel
instinto. Y el mismo que desterraba la poesía de toda
república bien ordenada, se ofuscaba al proclamar aquella
expulsión y creaba de aquel modo una poesía sublime y
nueva. Hay períodos históricos en los que han dominado las
más torcidas, y groseras doctrinas sobre el arte, lo que no
impide que hasta en aquellos mismos períodos se discierna
lúcidamente lo bello de lo feo, y hasta que se discurra' en
torno a esos conceptos con la mayor sutileza cuando, olvi-
dándose de las teorías abstractas, se acude a los casos par-
ticulares. El error se condena siempre, no en la boca del
juez, sino ex Ore suo,
Por este nexo estrecho con el error, la afirmación de la
verdad es siempre un proceso de lucha, en la que se viene
libertando el error del mismo error. De donde brota un pia-
doso, pero imposible deseo: el que exige que la verdad se
exponga directamente, sin discutir y sin polemizar,. deján-
dola que proceda majestuosamente y por sí misma, como
si tales paradas de teatro fuesen el mejor símbolo para la
verdad, que es el mismo pensamiento, y como tal
miento, simpre activo y en formación. En efecto, nadie lleg;
a exponer una verdad sino gracias a la crírica de las diver-
sas soluciones del problema a la que se refiere aquélla, y
no conocemos un tratado. mezquino de ciencia filosófica,
manualete escolástico o disertación académica que no co.
loque a la cabeza o no contenga en su texto la reseña
de las opiniones, históricamente formuladas o idealmente
posibles, de las cuales quieran ser la oposición O la correc-
ción. Todo lo cual, expuesto ubbariamente y con cierto
desorden, . expresa precisamente: la exigencia legítima, al
tratar un problema, de recorrer todas las soluciones que se
16
BENEDETTO CROCE
han intentado en la Historia o son susceptibles de inten-
tarse en la idea--en el momento presente y, por lo tanto,
en la Historia- de modo que la nueva solución incluya en
su regazo la labor procedente del espíritu humano.
Esta exigencia es una exigencia lógica, y como tal, intrín-
seca a todo verdadero pensamiento e inseparable de él No
confundamos esta exigencia con cierta forma literaria de
exposición, para no caer en la pedantería que hizo famosos
a los escolásticos durante la Edad Media y a los dialécticos
de la escuela hegeliana en el siglo XIX, bastante cercana
a la superstición formalista, que cree en la virtud maravi-
llosa de cierta manera extrínseca y mecánica de exposición
filosófica. Tenemos que entender esta exigencia de modo
sustancial y no accidental, respetando su espíritu y pres-
cindiendo de su letra, moviéndonos en la exposición del pro-
pio pensamiento de la libertad, según los tiempos, los lu-
gares y las personas. De modo que yo mismo, en estas
rápidas conferencias que quieren dar como una orientación
en la forma de tratar los problemas de arte, 'me guardaré
muy bien -como ya he hecho- de referir la historia del
pensamiento estético o de exponer dialéctica.mente-- como
he expuesto también en otro lado- todo el proceso de li-
beración de las concepciones erróneas del arte, desde las
más pobres hasta las más ricas, arrojando, además, no lejos
de mí, sino de mis lectores, una parte del bagaje, que ya
volverán a recuperar cuando, conocedores de la visión del
paisaje examinado a vista de pájaro, se determinen a rea-
lizar ciertas excursiones particulares en esta o en la otra
zona o a recorrerlo todo, de una vez, de cabo a rabo.
Sin embargo, volviendo a la pregunta que ha dado oca-
sión a este prólogo indispensable-indispensable para huir
de" toda apariencia de pretenciosidad y de inutilidad en mi
discurso-, volviendo a la pregunta ¿qué es el arte?, diré,
desde luego, del modo más sencillo, que el arte es visión
o intuición. El artista produce una imagen o fantasma, y
qué gusta del arte dirige la vista al sitio que el artista
le ha señalado con los dedos y ve por la mirilla que éste
le ha abierto, y reproduce la imagen dentro de sí mismo.
BREVIARIO DE E8T1hTICA
17
Intuición, visión, contemplación, imaginación, fantasia, figu-
ración, representación, son palabras sin6nimas cuando dis-
currimos en derredor del arte y que elevan nuestra mente
al mismo concepto o a la misma esfera de conceptos, indi-
cio del consenso universal.
Pero esta respuesta mía de que el arte es intuición ad-
quiere inmediatamente una significaci6n particular a cuen-
ta de todo lo que implíciramente niega y de lo que distin-
gue el arte. ¿Qué negaciones se comprenden en la respues-
ta? Indicaré las principales, o al menos las que son más
importantes para nosotros, en nuestro momento actual de
cultura.
La respuesta niega, ante todo, -que el arte sea un fen6-
meno físico: por ejemplo, ciertos y determinados colores
y relaciones de colores, ciertas y. determinadas formas de
cuerpo, ciertos y determinados· sonidos y relaciones de so-
nidos, ciertos fen6menos de calor y de' electricidad: lo que
llamamos, en una palabra, fen6meno físico. En el pensa-
miento humano ya se ha caído en el error de confundir
el arte con el fen6meno físico, y como los niños que ~  
la pompa de jabón y que quieren tocar el arco iris, el
espíritu humano, admirando las cosas bellas, trata de bus-
car las raíces del arte en la naturaleza externa, y se da a
pensar, o cree deber pensar, por qué ciertos colores son
bellos y otros feos, por qué son bellas ciertas formas del
cuerpo y otras feas. De propósito, y metódicamente, esta
tentativa se ha hecho varias veces en la historia del pensa-
miento; recordemos los cánones que los artistas y te6ricos
griegos y del Renacimiento formaron para determinar la
belleza de los cuerpos, las especulaciones sobre las relacio-
nes geométricas y numéricas determinables en las figuras
y en los sonidos, sin olvidarnos de las investigaciones de
los estéticos del siglo XIX -por ejemplo, de Fechner-, y
de las comunicaciones que en los Congresos de filosofía,
de psicología y de ciencias naturales de nuestros días, pre-
sentan los imperitos acerca de las relaciones de los fenó-
menos físicos con el arte. Si se nos pregunta la razón por
la que el arte no puede ser un fen6meno físico, respon-
N11M. 41.-2
18
BENEDETTO CROCE
deremos en primer lugar que los hechos físico, no tienen
realidad, y que el arte, al cual tantas personas consagran
por entero su vida y que a todos llena de una alegría divina,
es sumamente real. De modo que el arte no puede ser
un fenómeno físico, porque todo fenómeno físico es irreal.
Respuesta que, desde luego, nos traslada al mundo de la
paradoja, porque nada Se le antoja al hombre del vulgo
más sólido y seguro que el mundo físico. Pero a nosotros
no nos es posible, asentada esta verdad, abstenernos de la
razón buena o sustituirla con otra menos buena, solamente
porque la primera tiene semblante de mentira. Por lo demás,
y para borrar la extrañeza y la aspereza de aquella verdad,
para reconciliarnos y familiarizarnos con ella, consideremos
que la demostración de la irrealidad del mundo físico no
solamente se ha hecho de modo. irrebatible y ha sido admi-
tida por todos los filósofos que no sean crasos materialistas
y se revuelvan en las estridentes contradicciones del mate-
rialismo, sino que ha sido abrazada por los mismos físicos,
en los esbozos de filosofía que mezclan con su ciencia, cuan-
do conciben los fenómenos físicos como productos de prin-
cipios que escapan a la experiencia, remontándose a los áto-
mos y al éter, y como manifestación de un Incognoscible:
la misma Materia de los materialistas es, sin ir más lejos,
un principio sobrematerial. Y así los fenómenos físicos se
desenvuelven por su lógica interna y por el asenso común,
no ya como una realidad, sino como la construcción de
nuestro intelecto en relación con los fines de la ciencia.
En consecuencia, la pregunta de si el arte es un fenómeno
físico asume racionalmente la significación de si el arte es
consrruible físicamente. Lo que es ciertamente posible, y lo
comprobamos experimentalmente, siempre que, prescindien-
do del sentido de una poesía y renunciando de antemano
al deleite que nos proporciona, nos pongamos a modo de
ejemplo, a contar las palabras que componen la poesía, y
a dividirlas en números y en letras, o siempre que, olvi-
"dándonos del efecto estético de una estatua, nos pongamos
a medirla O a pesarla. Cosa muy útil ésta para los embala-
dores de estatuas, como muy útil la otra para los tipógrafos
BREVIARIO DE EST1tTICA
19
que han de componer páginas de poesía, pero inútil com-
pletamente para e! contemplador y e! estudioso de! arte, a
los que no es lícito distraerse de su misión propia. Ni si-
quiera el arte es un fenómeno físico en este segundo signi-
ficado, ya que cuando nos proponemos penetrar su natu-
raleza y e! modo de obrar de ella de nada nos vale cons-
truirla físicamente.
Otra negación va implícita en la definición de! arte como
intuición, porque si el arte es intuición y la intuición- vale
tanto como teoría en el sentido originario de contempla-
ción, e! arte no puede ser un acto utilitario. Y si e! acto
utilitario trata siempre de producir un placer y de alejar
un dolor, e! arte, considerado en su naturaleza propia, no
tiene nada que ver con la utilidad, o con e! placer y con e!
dolor, como tales. Se concederá, en efecto, sin demasiada
resistencia, que un placer como placer, que un placer cual-
quiera, no es por sí mismo artístico. No es artístico e!
placer de beber un vaso de agua, que nos calma la sed;
de un paseo en pleno campo, que tonifica nuestros miembros
y que hace circular más ligeramente la sangre en nuestro
organismo; de conseguir un puesto deseado, que sirve para
dar asiento económico a nuestra vida práctica, etcétera, etc.
Hasta en las relaciones entre nosotros y las obras de arte,
salta a los ojos la diferencia entre e! placer y e! arte, porque
la figura representada puede ser muy querida para nosotros
y despertar los más deleitosos recuerdos a nuestro espíri-
tu, siendo e! cuadro horrible y, por e! contrario, e! cuadro
puede ser bello y la figura que representa odiosa para
nuestro corazón. O e! mismo cuadro que representamos
bello puede despertar nuestra rabia y nuestra envidia, por-
que es obra de un enemigo o de un adversario nuestro, al
cual producirá ventajas de toda clase, dándole mayor pres-
tigio. Nuestros intereses prácticos, con los dolores y placeres
correlativos, se mezclan y se confunden algunas veces con
nuestro interés artístico, hasta 10 perturban, pero no se
confunden con él. A 10 más; para sostener con mayor valí-
20
BENEDETTO CROCE
dez la afirmación de que el arte es lo agradable, ~   g r   m o s
a afirmar que el arte no es lo agradable en general, sino
una forma particular de lo agradable. Pero esta restricción,
en lugar 'de ser una defensa, es un verdadero abandono de
la tesis, porque si el arte es una forma particular de lo agra-
dable", su carácter definitivo lo determina, no lo agradable
en general, sino lo que distingue lo agradable, en' general,
de las otras especies de lo agradable, y a ese elemento dístin-
tivo -más que a lo agradable o a lo distintivo de lo agra-
dable- hay que sujetar la investigación. La doctrina que
define el arte como lo agradable, tiene una denominación
especial-Estética. hedonista- y largas y complicadas vicio
situdes en la historia de las doctrinas estéticas; se manifies-
ta en el mundo grecorromano, asoma la cabeza en el si-
glo XVIII, torna a florecer en la segunda mitad del XIX Y
revive aún con gran predicamento, gozando la fama espe-
cial y siendo más bien acogida entre los principiantes de
estética, que se dejan convencer por la consideración de
que el arte suscita placer. La vida de esta doctrina consiste
en proponer alternativamente una u otra clase de placeres,
o varias clases de placeres a la vez, el placer de los senti-
dos superiores, el placer del juego, la conciencia de la pro-
pia fuerza, el erotismo,' etc, o en añadir elementos dis-
tintos a lo agradable, por ejemplo, lo útil cuando se en-
tiende como algo distinto de lo agradable, la satisfacción
de las necesidades cognoscitivas, morales, etc. Teoría que
ha progresado bastante por el hecho de su movilidad precio
samente, y porque ha dejado introducir elementos extraños
en su regazo, elementos que ha habido que admitir por
la necesidad de casar esta doctrina con la realidad del arte,
teniendo que llegar a disolverse como teoría hedonista, pro-
moviendo inconscientemente una nueva doctrina, o hacién-
donos advertir, al menos, la necesidad de ella. Como todo
error, tiene su lado de verdad-ya hemos visto que el de la
doctrina física consiste en la posibilidad de la construcción
jíIicfI_del arte, igual a la de otro fenómeno físico cualquie-
'Ca- la doctrina hedonística expresa la verdad cuando pone
de relieve el acompañamiento hedonístico o placentero, que
BREVIARIO DE ESTIlTICA
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es común a la actividad estética y a cualquiera otra especie
de actividad espiritual, y que no se niega precisamente por-
que neguemos del todo la identificación del arte como lo
agradable, y porque distingamos el arte de lo agradable,
definiéndole como intuición.
Otra negación que 'hacemos al definir el arte como in-
tuición es que el arte sea un hecho moral o, lo que-es lo
mismo, aquella forma de acto práctico que, acercándose ne-
cesariamente a lo agradable, al placer y al dolor, no es in-
mediatamente utilitario y hedonista y se mueve en una es-
fera espiritual superior. Y en verdad, el arte, como ya se
observó desde la más remota antigüedad, no nace por obra
de la voluntad; la buena voluntad que caracteriza al hombre
honrado nada tiene que ver con el artista. Y como no nace
por obra de voluntad, se substrae también a toda reflexión
moral, no porque el artista disfrute de un privilegio de
exención, sino porque no hay modo de aplicarle esa refle-
xión moral. Una imagen artística podrá ser un acto moral-
mente laudable o censurable; pero la imagen artística,
como tal imagen, no es ni laudable ni censurable moral-
mente. No existe Código penal que pueda condenar a pri-
sión o a muerte ninguna imagen, ni hay juicio moral, dado
por persona razonable, que pueda girar en torno a ella;
juzgar inmoral a la Francesca del Dante o morala la Cor-
delia de Shakespeare--que tienen una mera finalidad ar-
tística y que son como notas musicales del alma del Dante
o de Shakespeare-- vale tanto como reputar moral un cua-
dro o inmoral un triángulo. La teoría moralista del arte
está representada en la historia de las doctrinas estéticas y
no ha muerto aún en nuestros días, aunque esté muy des-
acreditada en la opinión común; desacreditada no sólo por
su demérito intrínseco, sino por el demérito moral de algu-
nas tendencias contemporáneas que tratan de convertir en
pasable, con la ayuda del fastidio psicológico, la hostilidad
que debe hacerse a esa tendencia -y que hacemos aquí-
por razones lógicas. Derivación de la doctrina moralista es
el fin que quiere imponerse al arte de enderezarse al bien,
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BENEDETTO CROCE
de inspirar el aborrecimiento del mal, de corregir y de me-
jorar las costumbres y la pretensión de los artistas de con-
tribuir, por su parte, a la educación de la plebe, a la vigo-
rízación del espíritu nacional y belicoso de un pueblo, a la
difusión de los ideales de vida modesta y laboriosa, y así
sucesivamente. El arte no puede hacerlo todo, como no pue-
de hacerlo tampoco la geometría, sin que a pesar de su
importancia pierda nada de su respetabilidad, como tampoco
tiene por qué perderla el arte. Los mismos estéticos mora-
listas se daban cuenta de la impotencia del arte como ele-
mento moralizador, y por eso transigían con él de la mejor
gana del mundo, permitiéndole placeres que no fueran
morales, con tal que no fueran abiertamente deshonestos,
recomendándoles que utilizasen con buenos fines el domi-
nio que el arte con su fuerza hedonística ejercía sobre el
espíritu y que endulzasen las píldoras, poniendo buena do-
sis de azúcar en los bordes del vaso que contenía la amarga
medicina, y que' hiciese de ramera si no sabía jugar con
las naturales y viejas caricias, al servicio de la Santa Igle-
sia y de la moral. Otras veces se valían de esta teoría como
de un instrumento divertido, no sólo porque la virtud y la
ciencia son cosas ásperas por sí mismas, sino porque el
arte puede limar las asperezas, haciendo amena y atrayente
la entrada en. el palacio de la ciencia, conduciendo a los
hombres a través de ella, como si fuera el jardín de Armida,
dulce y voluptuosamente, sin que los hombres se den cuen-
ta del alto placer que se procuran y de la crisis de renova-
ción que a sí mismos se preparan. Al hablar ahora nosotros
de esta teoría no podemos menos de sonreímos, pero no
debemos olvidar que fue cosa muy seria, que correspon-
dio a un serio esfuerzo para penetrar en la naturaleza del
arte y elevar su concepto, y que tuvo creyentes que se lla-
maron Dante, Tasso, Alfieri, Manzoni y Mazzini," para li-
mitarme solamente a la literatura italiana. La doctrina mora-
lista del arte fue, es y será perpetuamente benéfica por sus
mismas contradicciones, y fue y será un esfuerzo, desgraciado
por lo demás, para distinguir el arte de lo mero agradable,
con el cual se confunde, designándole un puesto más digno.
BREVIARIO DE E5T2TICA
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y tiene su lado verdadero esta teoría, porque si el arte
no está del lado de allá de la moral, tampoco está del lado
de acá, pero a su imperio está sometido siempre el artista
en cuanto hombre que como tal hombre no puede substraer-
se a estos deberes, y el arte mismo--que no es ni será
nunca la moral- debe considerarse como una misión y ejer-
citarse como un sacerdocio.
Todavía -y ésta es la última y tal vez la más importan-
te de las negaciones generales que me conviene recordar
de propósito- al definir el arte como intuición se niega
que tenga carácter de conocimiento conceptual. El conoci-
miento conceptual, en su forma pura, que es la filosófica,
es siempre realista, porque trata de establecer la realidad
contra la irrealidad o de rebajar la irrealidad, incluyén-
dola en la realidad como momento subordinado a la realidad
misma. Pero intuición quiere decir precisamente indis-
tinción de realidad e irrealidad, la imagen en su valor
de mera imagen, la pura idealidad de la imagen. Al con-
traponer el conocimiento intuitivo y sensible al conceptual
o inteligible, la estética a la ética, se trata de reivindicar
la autonomía de esta forma de conocimiento, más sencilla
y elemental, que ha sido comparada al sueño, al sueño y no
al sonido, de la vida teórica, respecto de la cual la filosofía
ha sido comparada a la vigilia. El que ante una obra de
arte pregunta si lo que el artista ha expresado es metafí-
sica e históricamente verdadero y falso, formula una pre-
gunta 'sin contenido y cae en un error análogo al del. que
quiere traducir, ante el tribunal de la moral, las áreas imá-
genes de la fantasía. Sin contenido, decimos, porque la dis-
tinción de lo verdadero y de lo falso implica siempre una
afirmación de realidad o, lo que es igual, un juicio, pero
no puede recaer sobre la presentación de una imagen o
sobre un mero sujeto, que no sea sujeto de juicio, care-
ciendo de carácter y de predicado. Y no cabe decir que la
individualidad de la imagen subsiste sin una referencia a
lo universal, del que aquella imagen es como individuación,
porque aquí no negamos que lo universal, como el espíritu
de Dios, esté por todas partes y anime a todas las cosas;
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BENEDETTO CROCE
lo que negamos es que la intuición, como tal intuición, lo
universal, esté lógicamente explícito y pensado. Y es vano
también acudir al principio de la unidad del espíritu, que no
se disuelve, sino que se refuerza con la distinción neta
entre pensamiento y fantasía, porque únicamente de la
distinción brota la oposición y de la oposición la unidad
concreta.
La idealidad-como se ha dado en llamar ~   carácter
que distingue la intuición del concepto, el arte de la filo-
sofía y de "la historia, la afirmación de lo universal de la
percepción y narración del suceso- es la virtud íntima del
arte. El arte se disipa y muere cuando de la idealidad se
extraen la reflexión y el juicio. Muere el arte en el artista,
que de tal se trueca en crítico de sí mismo, y muere tam-
bién en el que mira o escucha, porque de arrobado con-
templador del arte se transforma en observador penetrante
de la vida.
Pero el distinguir el arte de la filosofía-entendiendo
ésta en su amplitud, que comprende todo pensamiento de
lo real-, trae consigo otras distinciones'; por ejemplo, la
de arte y mito. Porque el mito, para quien cree en él, se
presenta como revelación o conocimiento de la realidad
contra lo irreal, alejando de sí toda suerte de creencias como
. ilusorias y falsas. El mito puede convertirse en arte sola-
mente para el que no cree en él, para el que se vale de la
mitología como de una metáfora, del mundo austero de los
dioses como de un mundo bello y de Dios como de, una
imagen de lo sublime. Considerado, pues, en la genuina
realidad, en el espíritu del creyente y no del incrédulo, el
mito es religión y no simple fantasma, y la' religión es filo-
sofía, filosofía en elaboración, filosofía más o menos per-
fecta, pero filosofía, del mismo modo que la filosofía es
religión más o menos purificada y elaborada, en continuo
proceso de elaboración y purificación, pero religión o pen-
samiento de lo Absoluto y de lo Eterno. El arte, para ser
mito y religión, le falta precisamente el pensamiento y la
fe que del pensamiento brota. El artista no cree ni deja
de creer en su imagen; la produce sencillamente. Por dis-
BREVIARIO DE E S T ~ T C  
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tintas razones, el concepto del arte como intuición excluye
también la concepción del arte como producción de cla-
ses, de tipos, de especies y de géneros y también exclu-
ye la concepción del arte --<amo hubo de decir un gran
matemático y filósofo- como ejercicio de aritmética in-
consciente, o lo que es igual, distingue el arte de las cien-
cias positivas y matemáticas, porque en éstas se da la for-
ma conceptual, aunque privada del carácter realista, como
mera representación general o mera abstracción. lo que
ocurre es que tales idealidades, que las ciencias naturales y
matemáticas parecen asumir frente al mundo de la filoso-
fía, de la religión y de la historia, y que parecen acercarlas
al arte, por lo cual de tan buena gana los cientí.6.cos y los
matemáticos se ufanan en nuestros días de ser creadores
de mundos .,. de ficciones, hasta el ponto de adoptar el vo-
cabulario de las imágenes y figuraciones de los poetas, y lo
logran renunciando al pensamiento concreto, mediante una
generalización o una abstracci6n, que son arbitrios, deci-
siones volitivas, actos prácticos, y como tales actos prácti-
cos, extraños al mundo del arte y adversarios de él. Por eso
ocurre que el arte prueba bastante más repugnancia por
las artes positivas y matemáticas que por la filosofía, la
religi6n y la historia, porque éstas se le presentan como
conciudadanas en el mismo mundo de la teoría y del pen-
samiento, en tanto que aquéllas le ofenden con su rudeza
habitual en achaques de contemplacíón, Poesía y clasifica-
ción o, peor todavía, poesía y. matemáticas parecen cosas
tan poco de acuerdo como el fuego y el agua: el espmtu
matemático y el espíritu científico son los enemigos decla-
rados del espmtu poético;. los tiempos en que predomi-
nan las ciencias naturales y matemáticas, por ejemplo, en el
inrelectualísimo siglo XVIII son, por contraste, los más fe-
cundos para la poesía.
Esta reivindicaci6n del carácter al6gico del arte es, como
ya he dicho, la más difícil e importante de las polémicas
incluidas en la forma del arre-intuición, ya que las teorías
que tratan de explicar el arte como filosofía, como reli-
gión, como historia, como ciencia y, en grado menor, como
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BENEDETTO CROCE
ciencia matemática, ocupan, en efecto, la mayor parte en
la historia de la ciencia estética y se adornan con los nomo
bres de los filósofos más gloriosos. En la filosofía del si-
glo XVIII tenemos ejemplos de identificación y de confu-
sión del arte con la religión y la filosofía que nos suminis-
tran Schelling y Hegel; Taine confunde el arte con las
ciencias naturales; los veristas ·franceses lo barajan con la
observación histórica y documentada; el formalismo de los
herbartianos confunde el arte con las matemáticas. Pero
sería inútil buscar en todos estos autores, o en otros que
pudiéramos recordar, ejemplos puros de tales errores. El
error nunca es puro; si lo fuera, sería 'verdad. Y por eso
las doctrinas, que para mayor brevedad llamaré conceptua-
listas del arte, contienen dentro de sí elementos disolven-
tes, tan más numerosos y eficaces cuanto más enérgico era
el espíritu del filósofo que los producía. En nadie fueron
más ,numerosos y eficaces que en Schelling y en Hegel,
porque tuvieron tan viva conciencia de la producción ar-
tística, que hubieron de sugerir con sus observaciones en
el desarrollo particular de cada caso una teoría opuesta a
la que formularon en sus sistemas respectivos. Por lo de-
más, las nuevas teorías conceptualistas no sólo son supe-
riores a las quehemos examinado anteriormente, en que
reconocen el carácter teórico del arte, sino en que prestan
su homenaje a la verdadera teoría, gracias a la exigencia
que contienen de una determinación de relaciones-que,
si son de distinción, son también de realidad- entre la
fantasía y la lógica, entre el arte y el pensamiento.
Ya puede verse cómo en la sencillísima fórmula de que
el arte es la intuición" -que traducida a otros aforismos
sinónimos, por ejemplo, eeel arte es obra de fantasía", se
oye en boca de todos los que discurren diariamente sobre
arte, y se encuentran con más viejos vocablos, imitaci6n,
ficei6n, fábula, en tantos libros antiguos-, dicha ahora en
el cuerpo de un discurso filosófico, se llena de un contenido
histórico, crítico y polémico, de cuya riqueza podemos dar
BREVIARIO DE ESTJ!;TICA
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algunas señales. No nos maraville que la conquista filosófica
de esta fórmula nos haya costado una suma grande de fa-
tigas, porque esta conquista equivale a poner el pie en una
colina que disfrutamos sobre el campo de batalla. Por eso
tiene más valor este hallazgo que si lo hubiésemos logrado
paseando agradablemente en una tarde de paz. No es el
sencillo punto de reposo de un paseo, sino el efecto y
el símbolo de la victoria de un ejército. El historiador de la
Estética sigue las etapas del laborioso avance -y éste es
otro de los hechizos del pensamiento-, durante el cual, el
vencedor, en lugar de perder fuerzas por los golpes que
el adversario le inflige, conquista nuevos bríos con tales
golpes, llegando al punto suspirado a fuerza de rechazar
al enemigo, que va en su compañía. Yo no puedo recordar
aquí sino de pasada la importancia que tiene el carácter
aristotélico de la mímesis, que brotó en contraposición a la
condena platónica de la poesía, y el intento de distinción
que el mismo filósofo hizo de la poesía y de la historia,
concepto no bastantemente desarrollado y tal vez no del
todo maduro en su mente, y por eso apenas medio enren-
dido durante mucho tiempo, y que había de ser, después
de muchos siglos, durante los tiempos modernos, el punto
de partida del pensamiento estético. De pasada recordaré
también la conciencia más clara de la separación entre ló-
gica y fantasía, entre juicio y gusto, entre intelecto y genio,
que se viene afinando a través del siglo XVIII, y la forma
solemne que tomó el contraste de poesía y metafísica en
la Ciencia nueva, de Vico. Recordaré también la construc-
ción escolástica de una Aesthetica, distinta de la lógica,
como gnoseología inferior, scientia cognitionis sensitivae,
por obra y gracia de Baumgarten que, por lo demás, per-
maneció encastillado en la concepción conceptualista del
arte, y no realizó con su obra el propósito que había for-
mado, y la crítica de Kant contra Baumgarten y todos los
leibnízianos y woIffianos, que puso en claro cómo la intui-
ción es la intuición, no ft el concepto confuso», y el Roman-
ticismo, que con su crítica artística y con sus historias,
mejor tal vez que con sus sistemas, desarrolló la nueva
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BENEDETTO CROCE
idea del arre anunciada por Vico, y, en fin, en Italia, la
crítica inaugurada por Francisco De Sanctis, que hizo pre-
valecer el arte como pura forma --empleando el vocabula-
rio que él usaba- contra el utilitarismo, el moralismo y el
conceptismo, esto es, como pura intuición.
Pero al pie de la verdad, "a guisa de surtidor- -como
dice el terceto del Padre Dante- nace la duda, que es lo
que rechaza la inteligencia del hombre, •de colina en coli-
na" ... La doctrina del arte como intuición, como forma,
c01I!0 fantasía, da lugar a un problema ulterior -no digo
último- que no es de contraposición y de distinción con
respecto a la física, el hedonismo, la lógica y la ética, sino
que nace en el campo mismo de las imágenes. Y poniendo
en duda la suficiencia de la imagen para definir el carácter
del arte, en realidad giramos en torno al modo de distin-
guir la imagen pura de la espuria,I viniendo a enriquecer,
de esta manera, el concepto de la imagen y del arte. ¿Qué
papel-se pregunta- puede desempeñar en el espíritu del
hombre un mundo de meras imágenes, sin valor filosófico,
histórico, religioso y científico y hasta. sin valor moral y
hedonista? ¿Qué cosa hay más vana que soñar en la vida
con los ojos abiertos, cuando en la vida se requiere no so-
lamente ojos abiertos, sino mente abierta y espíritu perspi-
caz? j Las imágenes puras! El hecho de nutrir simplemen-
te el espíritu con puras imágenes tiene una denominación
poco honorífica: se llama fantasea1', y lleva tras de sí, como
secuela inevitable, el epíteto de ocioso, cosa bastante in-
concluyente e insípida, por lo demás. Pero ¿será todo esto
el arte? Es cierto que algunas veces nos deleita la lectura
de una novela de aventuras, donde unas imágenes se suce-
den a otras del modo más vario y peregrino, mas nos de-
leita en momentos de hastío, cuando nos vemos obligados
a mata#' el tiempo. Hablando con toda conciencia, esto no
es el arte. Se trata en tales casos de un pasatiempo y de un
juego, pero si el arte fuese juego y pasatiempo caería en los
amplios brazos, siempre dispuestos a recogerle, de las doc-
BREVIABlO DE ESTttTICA
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trinas hedonistas. Y una necesidad utilitaria y hedonista es
la que nos mueve a aflojar, de cuando en cuando, el arco
de la inteligencia y el arco de la voluntad, haciendo que
desfilen las imágenes por nuestra memoria y combinándo-
las bizarramente con la imaginación, en una especie de
semivigilia, de la que nos desamodorramos apenas hemos
reposado un poco, y nos despertamos precisamente para
acercarnos a la obra de arte, que no se produce por el que
desvaría. De modo que el arte, o no es intuición pura, y las
exigencias expresadas por las doctrinas que hemos refutado
son falsas, razón por la cual aparece llena de dudas la mis-
ma refutación, o la intuición no puede consistir en un fenó-
meno simple de imaginación.
Para hacer más estrecho o más difícil el problema elimi-
naremos de él la parte más sencilla de la respuesta, y que
no he querido olvidar porque es muy enredosa '1 confusa
generalmente. En verdad, la intuición es producción de una
imagen, no de un amasijo mcoherenre de imágenes que se
obtiene remozando imágenes antiguas, dejando que .se su-
cedan unas a otras arbitrariamente, combinándolas unas con
otras, en un juego de niños. Para expresar esta distinción
entre la intuición y. el arte de fantasear, la vieja Poética
aprovechaba, sobre todo, el concepto de unidad, advirtien-
do que todo trabajo artístico había de ser simplex el unum,
o aprovechando también el concepto afín de la unidad en
la variedad, esto es, que las múltiples imágenes habían de
reducirse a un centro común y fundirse en una imagen
completa. La estética del siglo XIX derivó hacia la misma
finalidad la distinción entre fantasía -equivalente a la fa-
cultad artística peculiar- e imaginación -equivalente a
una facultad extraartística-. Mezclar imágenes, barajarlas,
rerocarlas y fragmentarlas supone previamente en el espío
ritu la producción y la posesión de las imágenes singula-
res. Si la fantasía es productora, la imaginación. es parasí-
taria, apta para combinaciones extrínsecas, no para engen-
drar el organismo y la vida. El problema más profundo que
palpita bajo la fórmula un tanto superficial con que lo he
presentado antes es el de determinar la función que corres-
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BENEDETTO CROCE
ponde a la imagen pura en la vida del espíritu, o lo que es
igual, cómo nace la pura imagen. Toda obra de arte genial
suscita una larga serie de imitadores que generalmente re-
piten, recortan, combinan y exageran mecánicamente aqueo
lla obra de arte y toman el partido de la imaginación al
lado o en contra de la fantasía. Pero ¿cuál es la justifica-
ción y cuál es la génesis de la obra genial que se condena
luego - i signo de gloria! --:- a tanto estrago? Para acla-
rar este punto convenientemente hay que profundizar en el
carácter de la fantasía y de la pura intuición.
El modo mejor de profundizar es recordar y criticar las
teorías -<urándose mucho de no caer en el realismo ni el
el conceptismo-- que han tratado de diferenciar la intui-
ción artística de la mera imaginación incoherente, estable-
ciendo en qué consiste el principio de la unidad y justi-
ficando el carácter productor de la fantasía. Se ha dicho
que la imagen artística es tal cuando une lo sensible a lo
inteligible y representa una idea. Pero inteligible o idea
no puede significar otra cosa-ni otra cosa representar tamo
poco entre los sostenedores de esta teoría- que concepto,
y concepto concreto o idea, propio de la alta especulación
filos6fica y distinto del concepto abstracto o del represen-
tativo de las ciencias. Pero en todo caso, el concépto o la
idea une siempre lo inteligible a lo sensible, y no solamen-
te en el arte, porque el nuevo concepto del concepto, inau-
gurado por Kant, e inmanente, por decirlo así, en todo el
pensamiento moderno, salva el desgarramiento del mundo
sensible y del mundo inteligible, concibiendo el concepto
como juicio, el juicio como síntesis a priori y la síntesis
a priori como verbo que se hace carne, como historia. Así
es que la definición del arte traslada la fantasía a la lógica
y el arte a la filosofía y Se nos aparece clara y eficaz, frente
a la concepción abstracta de la ciencia, sin entrar en el pro-
blema del arte -la critica del iuicio- estético y teológico
de Kant, que tuvo precisamente la misión histórica de co-
rregir lo que aún quedaba de abstracto en la critica   la
razón pura. Ensamblar un elemento sensible en el concep-
to, fuera del que ya contiene en sí como concepto concreto,
BREVIARIO DE EST1/;TICA
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dejando a un lado las palabras en que se expresa, sería cosa
superflua. Persistiendo en esta indagación, se sale, sí, de la
concepción del arte. como filosofía y como historia, pero es
para entrar en la concepción del arte como alegoría. Las
enormes dificultades de la alegoría son bien conocidas, por-
que todos han advertido el carácter frío y antiartístico de
ella. La alegoría es la unión intrínseca, el acoplamiento con-
vencional y arbitrario de dos hechos espirituales, de un
concepto o pensamiento y de una imagen, haciendo de suer-
te que la imagen ha de representar aquel concepto. Y no
solamente, y en virtud de la alegoría, no nos explicamos
el carácter unitario de la imagen artística, sino que se esta-
blece en seguida y de propósito una dualidad,   r q u ~ en
aquel acoplamiento al que hemos hecho referencia se 'esta-
blece una dualidad, ya que el pensamiento sigue siendo
pensamiento y la imagen imagen, sin relación alguna en-
tre sí. Y esto de tal modo, que al contemplar la imagen
olvidamos, sin daño para ella, sino ventajosamente, el con-
cepto, y al pensar en el concepto disipamos también, dicho-
samente, la imagen superflua. y fastidiosa. La alegoría en-
contró gran aceptación en la Edad Media, en aquella
mescolanza de germanismo y de romanismo, de barbarie y
de cultura, de fantasía gallarda y de aguda reflexión, pero
fue el perjuicio teórico y no la realidad efectiva del mismo
arte medioeval, que cuando era arte rechazaba de su seno
y disolvía en sí todo alegorismo. Esta necesidad de resolu-
ción del dualismo alegórico nos lleva, en efecto, a afinar la
teoría de la intuición como alegoría de la idea, de la
teoría de la intuición como símbolo, porque en él símbolo
la idea no vive por sí sola, pensable separadamente de la
representación simbólica, ni ésta vive tampoco por sí mis-
ma, representable de modo vivo sin la idea simbolizada. La
idea se disuelve completamente en la representación, como
decía el estético Vischer, al que corresponde, por lo demás,
la paternidad de un parangón tan prosaico en materia tan
poética y tan metafísica como el de un terrón de azúcar
disuelto en un vaso de agua, que permanece y reacciona
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BENEDETTO CROCE
en cada molécula de agua, pero que no vuelve a presen-.
tarse ante nuestros ojos como tal terrón de azúcar. Lo que
ocurre es que la idea que ha desaparecido, la idea que se
ha hecho representación, la idea que no puede ya aprehen-
derse como tal idea -salvo que queramos extraerle como
el azúcar del agua azucarada- no es ya idea, sino sola-
mente el signo del principio de unidad de la imagen artís-
tica. Claro está que arte es símbolo, que todo el arte es
símbolo y que está henchido de significación. Pero ¿de qué
símbolo se trata? ¿Qué es lo que significa? La intuición
si es verdaderamente artística es verdaderamente intuición,
y no un caótico amasijo de imágenes, sólo cuando tiene un
principio vital que le anima, identificándose con ella. Pero
¿cuál es este principio?
La respuesta a tal interrogación se puede decir que viene
desde fuera, como resultado del mayor contraste de ten-
dencias que se haya dado jamás en el campo del arte-y
que no aparece solamente en la época que tomó nombre de
ese contraste porque predominó en ella; aludo a la oposi-
ción, entre Romanticismo y Oasicismo-. Definiendo en
general, como aquí conviene definir, y dejando a un lado
las determinaciones accidentales y de poca monta, el Ro-
manticismo exige al arte, sobre todo, la efusión espontánea
y violenta de los afectos, de los amores, odios, angustias,
júbilos, desesperanzas y elevaciones, y se contenta con la
mejor buena voluntad y se complace en imágenes vaporo-
sas e indeterminadas, en 'estilos rotos y fragmentarios, en
vagas sugestiones, en frases aproximadas, en esbozos toro
cidos y turbios. El' Clasicismo, por el contrario, gusta del
ánimo apagado, del dibujo completo, de las figuras estu-
diadas en su carácter y precisas en sus contornos, de la pon-
deración, del equilibrio, de la claridad, tendiendo resuelra-
mente a la representación como el Romanticismo tiende al
sentimiento. Colocados en uno o en otro punto de vista,
encontramos multitud de razones para defenderlo y para
combatir el punto de vista contrario. Y así dicen los ro-
mánticos: ¿De qué nos vale un arte rico de imágenes
BREVIARIO DE ESTlI:TICA
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limpias, si no nos habla al corazón? O si habla al corazón,
¿qué nos importa que no vaya acompañado de nítidas imá-
genes? Y exclaman los clásicos: ¿A qué conduce la explo-
sión de los sentimientos, si el espíritu no reposa sobre una
bella imagen? Si III imagen es bella, si nuestro espíritu
queda satisfecho, ¿qué importa la ausencia 'de esas conmo-
ciones que cualquiera puede procurarse fuera de los domí-
nios del arte, y que la vida nos regala con mayor abundan-
cia de lo que nosotros mismos deseáramos? Pero cuando
comienza a probarse el vacío de la estéril defensa de cual-
quiera de los dos' puntos de vista es cuando elevamos la
vista desde las obras comunes de arte -parto de las escue-
las románticas y clásicas-e- a las obras llenas de pasión o
fríamente decorosas, a las obras no de los discípulos, sino
de los maestros, no de los adocenados, sino de los insignes,
. y vemos francamente que desaparece todo contraste y que
no hay modo de defender uno u otro punto de vista. por-
que los grandes artistas, las grandes obras o los grandes
fragmentos de ellas no pueden llamarse ni románticas ni
clásicas, ni pasionales ni representativas, porque son a la
vez representativas, pasionales, clásicas y románticas. Un
sentimiento profundo se convierte a escape en una presen-
tación sutilísima. Así, por ejemplo, las obras "del arte grie-
go y las del arte y la poesía italianos. La trascendencia
medioeval toma carne en el bronce del terceto dantesco;
la melancolía y la suave fantasía en la transparencia de los
sonetos y de las canciones del Petrarca; la sabia experien-
cia de la vida y la atención hacia los recuerdos pasados, en
la limpia OCtava de Ariosro, y el heroísmo y el pensamien-
to de la muerte, en los perfectos endecasílabos sueltos de
Foscolo, y la infinita vanidad del todo, en los sobrios y aus-
teros cantos de Santiago Leopardi. Hasta (dicho sea entre
paréntesis y sin ánimo de compararlo con los ejemplos arri-
ba señalados) los refinamientos voluptuosos y la sensuali-
dad animal del moderno decadentismo internacionalista tie-
nen su mejor expresión en la prosa y en el verso de un
italiano, Gabriel D'Annunzio. Eran todas estas almas pro-
NtlJI. 41.-3
34
BENEDETTO CROCE
fundamente apasionadas-todas, hasta el sereno Ludovico
Ariosto, tan amoroso, tan tierno, que con tanta frecuencia
ocultaba sus emociones con la sonrisa- y sus obras de arte
son la flor' eterna que asomó sobre sus pasiones.
Estas experiencias y estos juicios críticos pueden com-
pendiarse técnicamente en la fórmula de que lo que da
coherencia y unidad a la intuición es el sentimiento. La
intuición es verdaderamente tal porque representa un sen-
timiento, pudiendo surgir éste al lado o sobre la intuición.
No es la idea, sino el sentimiento, lo que presta al arte la
aérea ligereza del símbolo. El arte es una aspiración ence-
rrada en el cerco de la representación, y en el arte la aspi-
ración vive sólo por la representación, y -la representación
vive únicamente por la aspiración. Épica y lírica, o drama
y lírica, son divisiones escolásticas de lo indivisible. El arte
es siempre lírica, o si se quiere, épica y dramática del sen-
timiento. lo que admiramos en las genuinas obras de arte
es la perfecta forma fantástica que asume un estado espi-
ritual, a lo que llamamos vida, unidad, logro, plenitud de
la obra de arte. lo que nos disgusta, en las falsas e imper-
fectas obras de arte, es el contraste que no ha llegado a
unificarse de uno o de varios estados de ánimo, su estrati-
ficación, su mezcolanza o su procedimiento trabajoso, que
recibe una unidad aparente del arbitrio del autor, que se
sirve para tal fin de un esquema, de una idea abstracta o de
una explosión extraartística de afectos. La serie de imáge-
nes, que una a una se nos antojan ricas de evidencia, nos
dejan luego desilusionados y recelosos, porque no las vemos
engendradas por un movimiento anímico, sino por la man-
cha-<amo dicen los pintores-e- de un motivo, y se suce-
den y se atropellan sin la justa entonación, sin el acento que
brota del espíritu. ¿Qué es la figura de un cuadro separada
del fondo de este cuadro y llevada al de otro cuadro distín-
to? ¿Qué es el personaje de un drama o de una novela
fuera de su relación con los demás personajes y con la
acción general? ¿Qué valor tiene esta acción general si no
BREVIARIO DJi1 88'l'JJ:'l'ICA
35
es una acción del espíritu del autor? Instructivas son, a
este propósito, las disputas seculares en torno a la unidad
dramática que desde las determinaciones intrínsecas del
tiempo y del lugar se relaciona luego con la unidad de
acción, y con la unidad de interés más tarde, para disolver-
se la unidad del interés en el interés del espíritu del autor,
en el ideal que lo anima. Instructivos son, como hemos
visto, los resultados críticos de la gran polémica entre clá-
sicos y románticos, donde se trata de negar el arte, que
con el sentimiento abstracto, con la violencia práctica del
sentimiento, con el sentimiento que no se ha hecho con-
templación, trata de conmover el ánimo e ilusionarle sobre
la deficiencia de la imagen, del mismo modo que el arte,
que con la claridad superficial, con el dibujo falsamente
correcto, con la palabra falsamente precisa, trata de ilusio-
nar con la ausencia de razón estética que justifique sus figu-
ras sobre la deficiencia del sentimiento inspirador. Una
célebre sentencia, debida a un crítico inglés, y que ha pa-
sado hogaño a los formulistas de los periódicos, anuncia
"que todas las artes son de la misma condición que la mú-
sica". Se podría decir lo mismo, con mayor exactitud, afír-
mando que todas las artes son música, si es que quiere
hacerse resaltar la génesis sentimental de las imágenes aro
rísricas, excluyendo de su zona las construidas mecánica-
mente y las pasadas en la realidad. Otra no menos célebre
sentencia, debida a un semifilósofo suizo, y a la que ha
tocado la mala o buena fortuna de vulgarizarse, descubre
que "todo paisaje es un estado del alma", cosa indudable,
no p r q ~   el paisaje sea paisaje, sino porque el paisaje
es arte.
La intuición artística es, pues, siempre intuición lírica,
palabra esta última que no está como adjetivo ni determi-
nante de la intuición, sino como sinónimo, como otro de
los muchos sinónimos que pueden añadirse a los que se ha
.recordado y que designan todos ellos la intuición. Y si al-
guna vez como sinónimo asume la forma gramatical del
36
BENEDETTO CROCE
adjetivo, la asume para hacer entender la diferencia que
existe entre la intuición-imagen, o sea entre el nexo de
imágenes, y porque 10 que se llama imágenes es siempre
nexo de imágenes, no existiendo imágenes-átomos, como.no
existen pensamientos-átomos, entre la intuición veraz que
constituye organismo, y que, como organismo, tiene su
principio vital, que es el organismo mismo, y la falsa in-
tuición, que es amasijo de imágenes, barajado por juego,
por cálculoo por otro fin práctico, cuyo nexo, práctico tam-
bién, se demuestra, considerado desde el aspecto estético,
no ·ya orgánico, sino mecánico. Pero no siendo para estos
fines afirmativos y polémicos, la palabra lírica sería redun-
dante. Y el arte queda perfectamente definido cuando se
define con toda sencillez como intuición.
LECCIÓN SEGUNDA
PREJUIOOS EN TORNO AL ARTE
El proceso de distinción que he trazado sumariamente
entre el arte y todo lo que con el arte se confunde o suele
confundirse, me obliga, indudablemente, a un no pequeño
esfuerzo mental; pero este esfuezo tiene, al fin, su premio
en la libertad, que por su medio se conquista, en relación
con las múltiples distinciones falaces que se topan en el
campo de la Estética. Las cuales, si bien se reducen al'
primer golpe de vista por su misma facilidad y engañosa
evidencia, impedirán de hecho toda inteligencia profunda
de lo que es verdaderamente el arte. Y aunque no faltan
los que, sirviéndose de la facultad de repetir las distincio-
nes tradicionales y vulgares, se resignan voluntariamente a
no entender nada, a nosotros nos corresponde hoy, por el
contrario, desecharlas todas como obstáculo para el nuevo
trabajo al que nos invita la nueva orientación teórica y go-
zar de la agilidad que nos produce el hecho de sentirnos
enriquecidos interiormente. Porque la riqueza no se adquie-
re sólo con la posesión de muchos objetos, sino deshacién-
dose de todos aquellos que son pasividades económicas.
y comencemos con la más famosa de estas pasividades
económicas en el campo de la Estética, con la distinción de
contenido y forma, que dio lugar, en el. siglo XIX, a una
célebre división de escuelas, cn la Estética del contenido
-GehalttstJesthetik- y la Estética de la forma -Formaes-
thetik-. Los problemas de los que surgían estas escuelas
opuestas los formularemos en seguida, ¿Consiste el arte
38
BENEDETTO R   ~
solamente en el contenido, o solamente en la forma, o en
la forma y en el contenido a la vez? ¿Cuál es el carácter
del contenido y cuál el de la forma estética? Y los unos
responden que el arte está todo en el contenido, determi-
nado a las veces como lo que place, o como lo que es mo-
ral, o como lo que eleva al bombre al cielo de la meta-
física o de la religión, o como lo que es realmente exacto
o, en fin, como lo que es natural y físicamente bello. Y
los otros añaden que el contenido es indiferente, que es
una simple armadura O un sencillo andamio de que cuel-
gan las bellas formas,· y que ellas solamente solazan y de-
leitan el espíritu estético: la unidad, la armonía, la sime-
tría, erc., y cada bando se procuraba adeptos y devotos,
procurando colocar a su vera el elementto que se babía
excluido primeramente de la naturaleza del arte. Los par-
tidarios del contenido admitían de buen grado que no per-
judicaba a éste -elemento constitutivo de lo bello, según
la escbela- que se adornase con formas bellas, presentán-
dose como unidad, simetría y armonía. Los formalistas, a
su vez, afirmaban que, si no el arte, el efecto del arte crece
con el valor del contenido, porque se tiene, en este caso,
no un valor, sino la suma de dos valores. Estas doctrinas,
que han adquirido su mayor corpulencia escolástica en Ale-
mania, entre los hegelianos y los herbatianos, se encuen-
tran, además, por .todas partes en la historia de la Esté-
tica, antigua, medioeval, moderna y modernísima y, lo
que importa más, en la opinión común, porque nada hay
tan común como oír que un drama es bello de forma pero
equivocado de contenido; que una poesía es nobilísima de
concepto pero compuesta en versos feos; que un pintor
sería verdaderamente ilustre si no malgastase su brío de
dibujante y de colorista en ..argumentos pequeños e in-
dignos" Y si eligiese, en cambio, otros de importancia his-
tórica, patriótica o sociológica. Puede decirse que el gusto
sutil y el verdadero sentido crítico del arte están obliga-
dos a defenderse continuamente de juicios tan extraviados,
que nacen de tales doctrinas, que convierten a los filóso-
fos en vulgo, sintiéndose, en cambio, el vulgo casi filósofo,
BREVIARIO DE EST1J;TICA
39
porque se halla de acuerdo con estos filósofos-vulgo. El
origen de tales doctrinas no es para nosotros un secreto,
porque eh la breve referencia que hemos hecho nos hemos
dado cuenta de que proceden del tronco de las concepcio-
nes hedonistas, moralistas, conceptistas o físicas del arte,
las cuales, no percibiendo lo que hace que éste sea tal, se
ven luego obligadas a tomarse a apoderar de él, después
de dejársele escapar, aceptándole bajo forma de elemento
accesorio y accidental. Los teorizantes del contenido con-
cibieron el arte como el abstracto elemento formal, y los
formalistas como el elemento abstracto del contenido. Lo
que a nosotros nos interesa de tales estéticas es precisa-
mente esta dialéctica, en que los devotos del contenido se
hacen involuntariamente formalistas, y los formalistas de-
votos del contenido, pasando los unos al puesto de los otros,
pero para detenerse ~   inquietud y trasladarse luego al
punto de partida. Las "formas bellasn de los herbartianos
no difieren en nada de los "contenidos bellosn de los he-
gelianos, porque las unas y los otros son nada. Todavía nos
interesa más observar los esfuerzos que han hecho unos
y otros para salir de su cárcel, los golpes que descargan
sobre sus muros y paredes y los huecos que algunos de
estos pensadores han logrado abrir en ellos. Esfuerzos vacíos
y estériles como los de los partidarios del contenido -véan-
se, por ejemplo, en la Pbilosopbie des Schiinen, de Harr-
mann- que, hilando malla a malla, y componiendo su red
de "contenidos bellosn -bello, sublime, cómico, trágico,
humorístico, patético, idílico, sentimental, etc.-, tratan de
abrazar con ella toda forma de realidad, hasta la realidad
que llaman fea; y no se dan cuenta de que su contenido
estético, que se hace coincidir poco a poco con toda la
realidad, no tiene ningún carácter que le distinga de los
demás contenidos, no habiendo ningún contenido fuera de
la realidad. Así es que su teoría fundamental queda. de'
esa manera, fundamentalmente negada. Tautologías como,
las de los partidarios del contenido formalista, que mantie-
nen el concepto de un contenido estético y lo definían como
"lo que interesa a un hombre", poniendo el interés como
40
BENEDETTO CROCE
relativo al hombre en las distintas situaciones históricas, o
lo que es igual, relativo al individuo, que era Otro modo
de negar la tesis fundamental, porque está muy claro que
el artista no produciría el arte si no se interesase por algo
que es el dato y el problema de su producción, algo que
se convierte en arte porque el artista, que se ha interesado
en ello, lo ha hecho tal. Escapatorias de formalistas que,
después de haber confinado el arte en las abstractas formas
bellas, vacías por sí de todo contenido, que podían aña-
dirse a los contenidos por otra adhesión haciendo como una
suma de dos valores, introducían tímidamente entre las
formas bellas la de "la armonía de la forma con el conteo
nido", o se declaraban más resueltamente partidarios de
una especie de eclecticismo que consideraba el arte como
,elaci6n del contenido bello con la forma bella: Así, con
incoherencia digna de eclécticos, atribuían a los términos
fuera de relación las cualidades que' solamente en la rela-
ción asumían.
La verdad es precisamente ésta: que contenido y forma
deben distinguirse perfectamente en el arte, pero no pue-
den calificarse separadamente como artísticos, precisamente
por ser artística solamente su relación; es decir, su unidad,
entendida no como unidad abstracta y muerta, sino como
la concreta y viva de la' síntesis "a priori",
El arte es una verdadera síntesis estética a priori, de
sentimiento e imagen en la intuición, de la cual puede
repetirse que el sentimiento sin la imagen es ciego y que
la imagen sin el sentimiento está vacía. Fuera de la sín-
tesis estética, sentimiento e imagen no existen para el es-
píritu artístico; existirán con distintos atributos en otros
camrs de la Estética, siendo entonces el sentimiento el
espíritu práctico que ama y odia, desea y repudia, y la
imagen del inanimado residuo del arte, la hoja seca del
viento de la imaginación y de los caprichos del juego. Pero
nada de esto reza con el artista y con el filósofo de la Es-
tética, porque el arte ni es el vano fantasear ni la pasión
tumultuosa, sino la superación de este acto por otro acto o,
si os place más, la sustitución de este tumulto con otro tu-
BREVIARIO DE E S T ~ T I  
41
multo, con el anhelo hacia la formación y la contempla-
ción, con las angustias y las alegrías de la creación artís-
tica. Es indiferente, por lo tanto, achaque de mera oportu-
nidad terminológica, presentar el arte como contenido o
como forma, porque se sobreentiende siempre que el con-
tenido está formado y que la forma está llena, que el sen-
timiento es sentimiento figurado y la figura figura sentida.
Solamente por galantería hacia aquel que hizo valer me-
jor que los demás el concepto de la autonomía del arte y
quiso afirmar esta autonomía con la palabra forma, opo-
niendo de este modo el contenidismo abstracto de los filo-
sofasrros y de los moralistas al abstracto formulismo de los
académicos, por galantería, repito, a De Sanctis, y también
por la siempre urgente polémica contra el intento de abo
sorber el arte en otros modos de actividad espiritual, po-
drá llamarse a la estética de la intuición "Estética de la foro
ma". Rebatamos de paso la objeción que pueden hacernos,
más bien con" sofisma de abogado que con sutileza de
hombre de ciencia, de que también la Estética intuitiva,
designando el contenido del arte como sentimientto O esta-
do del ánimo, lo coloca fuera de la intuición, pareciendo
reconocer que un contenido que no sea sentimiento o es-
tado del ánimo no se presta a la elaboración artística y no
es contenido estético. El sentimientto o estado del ánimo
no es un contenido particular, sino todo el universo mirado
sub specie intuitionis. Fuera de él, ningún otro contenido
es concebible que no sea a la vez una forma, distinta de
la forma intuitiva, no los pensamientos que son todo el
universo sub specie cogitalionis, no las cosas físicas y los
entes matemáticos, que son todo el universo sub specie
schematismi et abstractionis, no las voluntades que son
todo el universo sub specie llo1itionis.
Otra distinción, no menos falaz -a la que, suelen refe-
rirse los vocablos contenido y forma- destaca la intuición
de la expresión, la imagen de la traducción física de la
imagen, poniendo a- un lado fantasmas de sentimientos,
42
BENEDETTO CROCE
imágenes de hombres, de animales, de paisajes, de acciones,
de aventuras, y de otro sonidos, tonos, líneas, colores. A
estas cosas se llama lo externo del arte y a las otras lo
interno, a las unas arte propiamente dicho y a las otras
técnica. Distinguir lo interno de lo externo es cosa fácil,
achaque de palabras, especialmente cuando no se sutilizan
lo bastante las razones y los modos de la distinción, y cuan-
do la distinción no se utiliza para prestarnos servicio algu-
no, hasta el puntO de que, con no pensar en ella, puede
parecer indudable al pensamiento. Pero el problema es
muy distinto cuando, como en toda distinción, pasamos a
establecer las relaciones y a unificar, porque entonces se
tropieza uno con obstáculos insuperables. lo que ahora es
distinto, si no se distingue bien, no se puede unificar. ¿De
qué modo una cosa extraña, y extraña a lo interno, puede
confundirse con él, expresarlo? ¿Cómo puede expresarse
un sonido o un color, una imagen, sin color o sin sonido?
¿Cómo puede expresar un cuerpo lo incorpóreo? ¿De
qué modo pueden concurrir, en un solo acto, la esponta-
neidad de la fantasía y la reflexión, es decir, la acción téc-
nica? Distinta la intuición de la expresión, siendo la una
de diferente naturaleza que la otra, no hay ingenio de tér-
minos medios que nos sirva para soldar la una con la otra.
Todos los procesos de asociación, de hábito, de mecaniza-
ción, de olvido, de intensificación del instinto, que los
psicólogos han propuesto y desarrollado fatigosamente, de-
jan abierta la brecha al fin y al cabo; de un lado la ex-
presión, de otro la imagen. Y parece que no queda más
salida que refugiarse en la hipótesis de un misterio que,
según los gustos, ora poéticos, ora matemáticos, tomará la
forma de un misterioso matrimonio' o de un misterioso
paralelismo psicológico. Pero el primero es, a su vez, un
paralelismo envuelto en la ficción, y el paralelismo un ma-
trimonio celebrado en la lejanía de los siglos y en las ti-
nieblas de lo incognoscible.
Antes de recurrir al misterio -refugio para el que siem-
pre tenemos tiempos de acudir- hay que determinar si
los dos elementos son legítimamente distintos y si sub-
BREVIARIO DE ESTtbTIeA
43
siste O si se concibe una intuición que no lleve aparejada
la expresión. Puede darse que la cosa sea, en otro respecto,
insubsistente o inconcebible, como un alma sin cuerpo, de
lo cual, a decir verdad, se ha hablado demasiado en las
filosofías y en las religiones; pero el que se haya hablado
de ello no quiere decir que se haya experimentado y con-
cebido. En realidad, no conocemos sino intuiciones expre-
sadas. Un pensamiento no es un pensamíenrto sino cuando
se formula en palabras; una fantasía musical es tal cuando
se concreta en sonidos; una imaginación pictórica lo es
cuando se plasma en el color. No decimos que las pa·
labras se declamen necesariamente en alta voz o que la
música se oiga en tal instrumento o la pintura se fije en
una tabla. Lo que es evidente es que cuando un pensamiento
es verdaderamente pensamiento, cuando ha llegado a la
madurez de pensamiento, por todo nuestro organismo corren
las palabras solicitando los músculos de nuestra boca y re-
sonando interiormente en nuestros oídos. Cuando una
música es verdaderamente música, tiembla en la garganta
y estremece los dedos que corren sobre teclados ideales.
Cuando una imagen pictórica es pictóricamente real, nos
sentimos impregnados de líneas que son colores, y es el
caso que aunque las materias colorantes no se hallen a
nuestra disposici6n, coloreamos espontáneamente los obje-
tos que nos rodean por una especie de Irradiación, como
se cuenta de ciertos histéricos y de ciertos santos que, ima-
ginativamente, se señalaban ciertos estigmas en las manos
y en los pies. Antes de que se forme este estado de expre-:
si6n en el espíritu, el pensamiento, la fantasía musical,
la imagen pictórica no existían sin la expresi6n que inevi-
tablemente las acompaña. Creer en la preexistencia es sen-
tar plaza de personas simples, que no cabe simpleza com-
parable a la de dar fe a esos poetas, pintores o músicos
imponentes, que tienen siempre la cabeza llena de creado-
nes poéticas, pictóricas o· musicales, sin acertar a tradu-
cirlas en forma externa, porque se resienten de la expre-
si6n o porque la técnica.no ha progresado suficientemente
para prestarles medios logrados para su expresi6n. ¡Como
44
BENEDETTO CROCE
si no las hubiera ofrecido, hace ya muchos siglos, a Homero,
a Fidias o a Apeles, y solamente fuera tacaña con los que lle-
van un arte más grande en su vasto caletre! Ingenua creencia
que nace, a las veces, de una ilusi6n, por haber ideado 1
expresado, en consecuencia, algunas imágenes singulares, que
nos hacen creer, echando mal las cuentas con nosotros mis-
mos, que poseemos ya todas las imágenes que deben entrar
en juego en una obra, sin que estemos en posesi6n del nexo
vital que deba unirlas, porque no se ha formado todavía,
dejando inexpresadas, por lo tanto, tales imágenes.
El arte, entendido como intuición, según el concepto que
he expuesto, habiendo negado frente a sí un mundo físico
que ha considerado como construcción abstracta de nuestra
inteligencia, no sabe qué hacer del paralelismo entre la
sustancia pensante y la sustancia misma. Y no puede pro-
mover matrimonios imposibles, Porque su sustancia pen-
sante, o lo que monta tanto, su acto intuitivo, es perfecto
en sí, siendo el hecho mismo que la inteligencia construye
luego con más extensión, Cuando es inconcebible una ima-
gen sin expresión, es más que concebible, mejor aún, lógi-
camente necesaria, una imagen que lleva la expresi6n con-
sigo, porque es realmente .imagen, Si quitamos a una poe-
sía su métrica, su ritmo y sus palabras, no queda de todo
aquello el pensamiento poético, como opinan algunos; no
queda absolutamente nada. la poesía ha nacido como aque-'
llas palabras, aquel ritmo y aquella métrica. la expresión
no puede ni siquiera compararse a la epidermis de un or-
ganismo, a no ser que se diga -<osa que tampoco es falsa
en fisiología- que todo el organismo, en cada célula y en
cada célula de célula, es también epidérmico.
Pero no estaría nunca de acuerdo con mis convicciones
metodológicas ni con él propósito de hacer justicia a los
errores -y ya la he hecho a la dualidad de contenido 1
forma, mostrando la verdad a que tiende y que no acierta
a explicarse--, si no indicase, además, qué verdad yace en
el fondo de esta distinción de lo indistinguible, de la in-
BREVIARIO DE E S T ~ T I  
45
tuición en intuición y expresión. Fantasía y técnica se dis-
tinguen razonablemente, pero no como demento de arte, y
se ligan y confunden entre sí; no en el campo del arte, sino
en el más vasto del ,espíritu en su totalidad. Problemas
técnicos-prácticos- a - resolver, dificultades que vencer,
se ofrecen verdaderamente al artista, si es que verdade-
ramente hay algo que no siendo físico, sino espiritual,
como es toda cosa real, puede, con respecto a la intuición,
llamarse metafísicamente físico. ¿Y qué cosa es este algo?
El artista, que hemos dejado vibrando con imágenes ex-
presadas que prorrumpen por los infinitos poros de todo
su ser, es hombre -completo y, por ende, hombre práctico,
y como tal, se procura los medios de no desperdiciar el.
resultado de su labor espiritual y de hacer posible y hace-
dera, para sí y para los otros, la reproducción de sus imá-
genes. Por eso reacciona en actos prácticos que sirven para
su obra de reproducción, Estos actos prácticos van segui-
dos, como todo acto práctico, de conocimientos que se lla-
man técnicos por eso. Y como prácticos, se distinguen de
la ínruición, que es técnica, pareciendo externos a ésta, por
lo que se llaman físicos. Advirtamos que toman con faci-
lidad este nombre porque la inteligencia los fija y los abs-
trae. Por eso con la palabra y con la música llegamos a la
escritura y 'al fonógrafo, con la pintura a las telas, las ta-
blas y los muros henchidos de color, con la escultura y la
arquitectura a las piedras talladas, el hierro, el bronce y
los metales fundidos, moldeados y forjados de maneras dis-
tintas. Las dos formas de actividad son también comple-
tamente distintas, porque se puede ser, a la vez, gran aro
tista y pésimo técnico, poeta que corrige mal las pruebas
de imprenta de sus versos, arquitecto que se sirve de ma-
terial mediocre y no se cuida de la estática para maldita
la cosa, pintor que emplea colores que se alteran con rae
pidez, Ejemplos de esta insuficiencia técnica abundan con
tanta frecuencia, que no nos creemos, por ser tan cono-
cidos, en la necesidad de citarlos. Pero no se puede ser
gran poeta y hacer malor versos, gran pintor y no saber
entonar los colores, gran arquitecto y no armonizar las ti-
46
BENEDETTO CROCE
neas, gran compositor y no acordar los sonidos. De Rafael
se ha dicho que hubiera sido un gran pintor aunque no
hubiera tenido manos; lo que no se ha dicho de él es que
hubiera sido un gran pintor aunque le hubiera faltado el
sentido del dibujo.
y -notemos de pasada, porque he de condensar todo
lo que me sea posible-- esta aparente transformación de
las intuiciones en cosas físicas-análoga de hecho a la
transformación aparente de las necesidades y del trabajo
económico en cosas y mercancías- explica cómo se ha lle-
gado a hablar, no sólo de ..cosas artísticas" y de ..cosas
bellas", sino deun "bello de naturaleza". Es evidente que,
aparte de los instrumentos que se forjan para la reproduc-
ción de las imágenes, pueden encontrarse objetos ya exis-
tentes, producidos o no por el hombre, que sirven para tal
función, o que son más o menos aptos para fijar el re-
cuerdo de nuestras intuiciones. Estas cosas toman el nom-
bre de "bellezas naturales" y ejercitan su poder sola-
mente cuando se las aprehende con el ánimo mismo con
que sabe aprehenderlas el artista o los artistas que han
sabido valorizarlas, estableciendo el "punto de vista" desde
el cual hay que contemplarlas, ligándolas, de esta suerte, a
una intuición suya. Pero la adaptación, siempre imperfecta,
y la mutabilidad y caducidad de las "bellezas naturales"
justifican el puesto inferior que se les asigna con relación
a las bellezas producidas por el arte. Dejemos a los necios
afirmar que un hermoso árbol, un bello río, una sublime
montaña, un bonito caballo o una estupenda figura humana
son superiores al golpe de buril de Miguel Angel o al
verso del Dante; nosotros decimos, con mayor propiedad,
que la Naturaleza es estúpida frente al arte, y que es muda
si el hombre no la hace hablar.
Otra tercera distinción, que también se industria para
distinguir lo indistinguible, se acoge al concepto de la ex-
presión estética y la escinde en dos momentos, momentto
de la expresión, estrictamente considerada -propiedad-
BREVIARIO DE ES7'tt'1'ICA
4.7
y momento de la belleza de la expresi6n-ornato- fun-
dando en ellos la clasificación de dos órdenes de expresio-
nes: las expresiones desnudas y las adornadas. De tal doc-
trina podemos encontrar vestigios en todas las distintas
zonas del arte, y sobre todo en la que se denomina con un
nombre célebre, Ret6,ica, conociendo una historia larguí-
sima desde los retóricos juegos hasta nuestros días, per-
durando en las escuelas, en los tratados y hasta en las es-
téticas de pretensiones científicas, y en las ideas vulgares,
como es natural, aunque en la época nuestra haya perdido
mucho de su vigor primitivo. Hombres de alto entendi-
miento, por razones de inercia y de tradición, la han acep-
tado y dejado vivir secularmente, y los pocos que se han
rebelado contra ella no han cuidado de elevar a sistema
su protesta y de cortar radicalmente el error. El daño que
ha hecho la Retórica con la idea del hablar ado,nado, corno
diverso y más recomendable que el desnudo, no se ha en-
cerrado sólo en el castillo de la Estética, sino que ha irrum-
pido en los campos de la crítica 1" hasta de la educación li-
teraria, porque tan incapaz como es de comprender la pura
belleza, es tan apta, por lo demás, para enredarse en una
aparente justificación de la belleza artificiosa, recomen-
dando que se escriba hinchada, melindrosa e impropia-
mente. La participación que hace, y sobre la que se apo-
ya, se contradice lógicamente, porque como es fácil de pro-
bar, destruye el concepto mismo que trata de dividir en
momentos y objetos, que trata de dividir en clases. Una
expresión propia, si es propia, es también bella, porque la
belleza no es otra cosa que la determinación de la ima-
gen y, por ende, .de la expresión. Si al llamarla desnuda se
quiere advertir que falta en ella algo que debería estar,
en este caso es impropia y deficiente, y no es todavía ex-
presión. Por conversión, una expresión adornada, si es ex-
presiva en todas sus partes, no puede llamarse adornada,
sino desnuda como la otra y propia como la otra. Si con-
tiene elementos inexpresivos, áñadidos, extrínsecos, ya no
es bella, sino fea, y no es, o no es todavía, expresión, por-
que para serlo necesita purificarse de los elementos ex-
48
BENEDETTO cnOCE
traños, como la otra debe enriquecerse con los elementos
que le faltan.
La expresión y la belleza no son dos conceptos, sino uno
solo, que pueden designarse con uno o con otro de los
vocablos sinónimos; la fantasía artística es siempre cor-
pórea, pero no obesa, ni sobrecargada, ni adornada. Bajo
esta faIsísima distinción palpitaba un problema, y de él la
necesidad de establecer una nueva distinción; el proble-
ma, como puede desprenderse de algún pasaje de Aristóte-
les, de la psicología y de la gnoseología de los estoicos, "!
como se ve más claramente en las discusiones de los re-
tóricos italianos del siglo XVII, se refería a las relaciones
entre pensamiento y fantasía, filosofía y poesía, lógica y
estética --dialéctica y retórica, como todavía se decía en-
ronces mano abierta y mano cerrada--, refiriéndose la ex-
presión demuda al pensamiento y a la filosofía, y la expre-
sión adornada a la fantasía y a la poesía. Pero no es menos
verdad que este problema de la distinción entre las dos for-
mas del espíritu te6rico no podía resolverse en el campo de
cualquiera de ellas, de la intuición o de la expresión, donde
no encontraremos otra cosa que fantasía, poesía, estética. La
indebida introducción de la lógica proyectará solamente una
sombra engañosa para hacer adormecer la inteligencia, apar-
tándola de la vista del arte en su plenitud y pureza, sin
prestarle la del elemento lógico y la del pensamiento.
Pero el daño más grave que la doctrina retórica de la
expresión adornada ha ocasionado a la sistematización teó-
rica de las formas del espíritu humano conviene al uso del
lenguaje, porque cuando se admiten expresiones desnudas
y simplemente gramaticales y expresiones adornadas y re-
tóricas, nos referirnos lógicamenre a las expresiones des-
nudas o gramaticales, y como consecuencia ulterior -no en-
contrando razones gramaticales, retóricas y estéticas que lo
justifiquen- trasladándonos al campo de la lógica, asig-
nándole el papel de una semiótica o de un MJ Jignificandi.
En efecto, la concepción lógica del lenguaje se confunde
BREVIARIO DE E S T ~ T I  
49
estrechamente y procede a la par de la doctrina retórica de
la expresión; las dos nacieron juntas en la antigüedad grie-
ga y las dos viven aún en nuestros tiempos entre adversi-
dades. La rebelión contra el sentido lógico en la doctrina
del lenguaje ha sido tan rara y ha tenido tan poca fortuna
como la rebelión contra la retórica. Solamente durante 'd
periodo romántico, un siglo después de Vico, se ha formado
en algunos pensadores y en algunas escuelas selectas viva
conciencia de la naturaleza fantástica o metafísica, que es
peculiar en el lenguaje, y de que tiene una relación más
estrecha con la poesía que con la lógica. Hasta en los ruejo-
res, en los que persistía una idea más o menos extraartística
del arte, se advertía cierta repugnancia a identificar el arte
con la poesía. Lo que a nosotros se nos antoja no solamente
ineludible, sino grato, ya que hemos establecido el con-
cepto del arte como intuición y el de intuición como ex-
presión, donde ya va envuelta implícitamente la idea de su
identidad en d lenguaje. Pero para esto es preciso que el
lenguaje se conciba en toda su extensión, sin restringirle
arbitrariamente al lenguaje llamado articulado y sin ex-
cluir arbitrariamente el tónico, el mímico, el gráfico, con-
cibiéndole, repetimos, en toda su extensión, en su realidad,
que es el acto mismo del hablar, sin falsificarle en las abs-
tracciones de las gramáticas y de los vocabularios, y sin
imaginar solamente que d hombre habla con la gramática
y con el vocabulario. El hombre habla a cada momento como
el poeta, porque lo mismo que el poeta expresa sus im-
presiones y sentimientos en forma de conversación o fa-
miliar, que no se separa por ningún abismo de las formas
prosistas, prosaico-poéticas, narrativas, épicas, dialogadas,
dramáticas, líricas, cantadas, etc. Y si al hombre en gene-
ral no le disgusta ser considerado como poeta, como siem-
pre poeta, por la fuerza de su humanidad al poeta no debe
disgustarle tampoco que se le confunda con la humanidad
común, porque sólo esta confusión explica el poder que la
poesía, entendida en su sentido estricto y augusto, tiene en
todos los espíritus humanos. Si la poesía fuese una len-
gua aparte, una M lengua de los dioses", los hombres no la
NOM. 41.-4
50
BENEDETTO CROCE
entenderían. Si les eleva, no les eleva sobre si mismos, sino
dentro de si mismos; la verdadera aristocracia y la verda-
dera democracia coinciden también en este caso. Coinciden-
cia de arte y de lenguaje que implica, como es natural,
coincidencia de Estética y de Filosofía del lenguaje, defi-
nible la una por la otra, idénticas, cosa que yo me aventuré
a poner, hace algunos años, en el titulo de mi tratado sobre
Estética, y que ha hecho el efecto que yo buscaba sobre
muchos lingüistas y filósofos de arte de Italia y de fuera de
Italia, a juzgar por la copiosa literatura que se ha produ-
cido en derredor de mi título. Esta identidad beneficiaria
a los estudios .sobre arte y sobre poesía, purificándolos de
los residuos hedonistas, moralistas y conceptistas que se
notan con tanta abundancia en la crítica literaria y artística.
Mayor beneficio recaerá sobre los estudios lingüísticos, a
los que urge desembarazar de los métodos fisiológicos, psi-
cológicos y psicofisiológicos hoy tan de moda, y librarlos
al mismo tiempo de la teoría, que vuelve a aparecer; del
origen convencional del lenguaje, que suele llevar consigo,
por reacción inevitable, la inevitable 'correlación de la reo-
ría mística. No será ya necesario que, al menos en este
lugar, construyamos absurdos paralelismos y promovamos
misteriosos matrimonios entre imagen y signo, porque no
concebimos el lenguaje como signo, sino como imagen que
es signo de sí misma y que tiene color, sonido, canto. Lo
que significa la imagen es la obra espontánea de la fan-
tasía, de modo que el signo que todo hombre conviene-con
otro hombre presupone la imagen y, por ende, el lenguaje.
Cuando se insiste en explicar que hablamos gracias al con-
cepto del signo, tenemos que, recurrir finalmente a Dios,
como sugeridor de los primeros signos, teniendo que echar-
nos de bruces en lo incognoscible para explicar el lenguaje
Cerraré la enumeración de los preJUICIOS sobre el arte
reseñando los de mayor uso, porque se mezclan en la vida
cotidiana de la crítica y de la historiografía artística; con
el prejuicio, en primer lugar, de la posibilidad de distin-
BREVIARIO DE E8TltTICA
51
guir varias o muchas formas particulares de arte, determi-
nada cada una en su concepto particular, en sus límites, y
provista de leyes propias. Esta errónea doctrina toma cuerpo
en dos series sistemáticas, una de las cuales es conocida como
teoría de los géneros literarios o artísticos-lírico, drama,
novela, poesía épica o novelesca, idilio, comedia, tragedia;
pintura sagrada, civil, familiar, de naturaleza viva, de na-
turaleza muerta, de paisaje, de flores y frutos; escultura
heroica, funeraria, de cosrumbres; . música de cámara, de
iglesia, de teatro; arquitectura civil, militar, eclesiástica,
etcétera-, y la otra, como teoría de las artes -poesía,
pintura, escultura, música, arte del actor, arte de la jardi-
nería, etc.-. A las veces, surge una de estas teorías como
subdivisión de la otra. Este prejuicio, que es de origen
bien notorio, tiene sus primeros insignes monumentos
en la cultura griega y perdura entre nosotros. Muchos esté-
ticos componen hoy mismo tratados sobre la estética de lo
trágico, o de lo' cómico, o de la lírica, o del humorismo, y
estéticas de la pintura, de la música, de la poesía -que re-
ciben, en este caso, el viejo nombre de Poéticas-, y lo que
es peor (porque tales estéticos son poco escuchados y es-
criben o para deleite solitario o para menesteres académi-
cos), los críticos, al juzgar las obras de arte, no han perdido
del todo la manía de volver a los géneros y a las artes par-
ticulares en que, según ellos, se dividen las obras de arte.
y en lugar de poner en daro si una obra .es bella o fea,
continúan razonando sus impresiones y diciendo que ob-
servan o que violan las leyes del drama, o de la novela,
o de la pintura, o del bajorrelieve. Tan divulgado está el
uso de considerar las historias artísticas y literarias como
historias de géneros, y de presentar a los artistas como cul-
tivadores de éste o de aquél, y de fraccionar en tantas ca-
sillas como géneros la obra de un artista, como afirmar que
éste tiene unidad de desarrollo o que adopta la forma lírica,
novelesca o dramática, Así, Ludovico Arioseo, por ejemplo,
figura unas veces entre los cultivadores de la poesía latina
del Renacimiento, otras entre los líricos que escriben la
lengua vulgar, otras entre los autores de las primeras sáti-
52
BENEDETTO CROCE
ras italianas, otras entre los autores de las primeras come-
dias y, finalmente, entre los perfeccionadores de los poemas
caballerescos, como si poesía latina, poesía vulgar, sátira,
comedia' y poema no fueran siempre el mismo Arlosro,
poeta en los distintos' intentos, formas y lógica de su des-
envolvimiento espiritual.
No es esto decir que la teoría de los géneros y de las
artes no haya tenido y no tenga su dialéctica interna, su
autocrírica o su ironía, según la expresión que mejor os
acomode. Nadie ignora que la historia literaria está llena de
casos en los que el artista genial ofende con su obra a un
género establecido, suscitando la reprobación de los críti-
cos. Reprobación que no logra, por lo demás, sofocar la
admiración o la popularidad que ha despertado la obra,
hasta que, al fin, no pudiendo descalificar al autor ni que-
riendo tampoco estar a malas con los críticos de los géne-
ros, se acaba generalmente con una componenda, ampliando
el género en cuestión b haciendo brotar junto a él otro gé.
nero nuevo a guisa de hijo bastardo. y la componenda dura
por inercia hasta que una nueva obra genial viene a romo
. per nuevamente las normas' preestablecidas. La ironía de la
doctrina estriba en la imposibilidad en que se encuentran
sus teóricos de limitar lógicamente los géneros y las artes.
Todas las definiciones que elaboran, cuando se examinan
de cerca, o se esfuman en la definición general del arte, o
se reducen a la elevación arbitraria de singulares obras de
arte a géneros y normas, que no pueden reducirse a tér-
minos rigurosos de lógica. A qué absurdos conduce el es-
fuerzo de determinar rigurosamente lo que es indetermi-
nable por la contradicción de su naturaleza, puede verse
en los genios, por ejemplo en Lessing, que llega al extra-
vagante pensamiento. de que la pintura representa a los
cuerpos : .i los cuerpos, no las acciones ni las almas, no la
acción ni el alma del pintor!
Estos absurdos se advierten después en los problemas que
lógicamente brotan de esta ausencia de lógica, asignando a
cada género y a cada arte un _campo determinado; deba-
tiendo acerca de qué arte. o de qué género es superior a
BREVIARIO DE E S T ~ T I  
53
otro-¿será la pintura superior a la escultura, eldrama a
la lírica?-; reconociendo con aquellas divisiones la fuer-
za de cada arte; disertando acerca de si conviene reunir
las fuerzas diseminadas'en un género de arte que derrotará
a los otros como derrotará una coalici6n de ejércitos a un
ejército solo. La obra, por ejemplo, que junta en su regazo
poesía, música, arte escénico, decoraci6n, ¿no contendrá más
fuerza estética que un simple lied de Goethe o que un dibujo
de Miguel Angel? Cuestiones, distinciones, definiciones y
gustos que tiene que desdeñar el sentido artístico y poético,
que ama cada obra en sí por 10 que ella es, como una cria-
tura viva, individual e incomparable, y que sabe que cada
obra tiene su ley individual y su valor pleno e insustitui-
ble. De esta laya ha nacido la discordia entre el juicio
afirmativo de los espíritus artísticos y el negativo de los
críticos de oficio, y entre el afirmativo de' éstos y los ne-
gcrivos de aquéllos. Los críticos de oficio pasan a veces,
con buena razón, por pedantes, y las almas artísticas, a su
vez, sientan plaza de ..profetas desarmados ft, de gentes in-
capaces de razonar y deducir la teoría justa inmanente en'
sus juicios y de contraponerla' a la pedantería de los ad-
versarios.
Esta teoría justa es precisamente un aspecto de la concep-
ci6n del arte como intuición o intuición lírica. Como cada
obra de arte expresa un estado de alma, y el estado de
alma es individual y siempre nuevo; la intuición supone
intuiciones infinitas que no nos es posible encerrar en un
casillero de géneros, a menos de que esté compuesto de in-
finitas casillas de intuiciones y no de géneros. Como, por
otra parte, la individualidad de la intuición supone la in-
dividualidad de la expresión, y una pintura es tan distinta
de otra pintura como de la poesía; como la poesía y la
pintura no valen por los sonidos que emiten en el aire o
por los colores que se refractan de la luz, sino por lo que
saben decir al espíritu en cuanto se adentran en él, es inútil
dirigirse a los medios abstractos de la expresión para cons-
truir otra serie de géneros y de clases. Véase lo infundada
que es cualquier teoría que se base en la divisi6n de las
54
BENEDETTO CROCE
artes. El género o la clase es, en este caso, uno solo: el arte
mismo o la intuición, cuyas singulares obras son infinitas,
todas originales, todas ellas imposibles de traducir en otras
-porque traducir, traducir con vena artística es crear una
nueva obra de arte--- y todas rebeldes con relación a la in-
teligencia clasificadora.
Entre lo universal y. lo particular no se interpone filo-
sóficamente ningún elemento intermedio, ninguna serie de
género o de especies, de generalia.
Ni el artista que produce el arte, ni el espectador que lo
contempla necesitan más que lo universal y lo individual,
o mejor aún, lo universal individualizado, de la universal
actividad artística que se ha contraído y concertado ente-
ramente en la representación de un singular estado de
ánimo.
Aunque ni el puro artista, ni el puro crítico, ni el puro
filósofo tropiecen con genereli«, con géneros y clases, éstas
prestan su utilidad en otros respectos. En esta utilidad es-
triba el lado verdadero, que no quiero dejar de mencionar,
de tan erróneas teorías. Conviene tejer esta red de genera/M,
no para la producción que es espontánea del arte, ni para
el [uicio que es filósofo, sino para recoger y circunscribir
de algún modo, auxiliando la atención y la memoria, las
infinitas intuiciones singulares que sirven para enumerar
parcialmente las innumerables obras de arte. Estas cláses,
como es natural, caminan de acuerdo, o con la imagen abs-
tracta o con la expresión abstracta, y por eso son clases de
estado de ánimo, géneros literarios o artísticos o clases de
medios expresivos -artes-. No vale objetar aquí que los
géneros o artes son arbitrariamente distintos y que es ar-
bitraria la misma dicotomía general, porque ya sabemos
que el procedimiento es arbitrario, pero se convierte en
innocuo y útil por el hecho mismo de que no tiene pre-
tensión alguna de pincipio filosófico y de criterio para el
juicio del arte. Estos géneros y clases facilitan el conoci-
miento y la educación artísticos, dando al conocimiento
como un índice de las obras de arte más importantes y fa-
cilitando a la educación una suma de las advertencias más
BREVIARIO DE ESTltTICA
55
urgentes que sugiere la práctica del arte. Todo estriba en
que no confundamos los índices con la realidad y los acae-
cimientos e imperativos hipotéticos con los imperativos ca-
tegóricos, consecuencia a la que podemos ir con facilidad,
pero a la que se puede y se debe resistir.
Los libros de instituciones literarias, de gramática, de re-
tórica ..........con la división en partes del discurso y con las
leyes morfológicas y sintácticas, de arte de la composición
musical, de métrica, de arte pictórico, etc. -son sencilla-
mente índices y preceptivas; pero en segundo término, se
manifiestan en ellos tendencias hacia expresiones particula-
res de arte; en ese caso deben considerarse como arte abs-
tracto, arte en preparación -artes poéticos del Clasicismo
y del Romanticismo, gramáticas puras y populares, etc.-
y, en tercer lugar, se dan en ellos conatos e intentonas de
comprensión filosófica de su argumento, tocados del error
que se ha criticado de la división de los géneros y de las
artes, error que, por sus contradicciones, abre el camino a
la verdadera doctrina de la individualidad del arte.
Esta doctrina produce, a primera vista, una especie de
mareo. Las intuiciones individuales, originales (intraduci-
bles, inclasificadas), parecen escapar al dominio del pensa-
miento, que no podría dominarlas más que seleccionándolas
entre sí. Cosa que parece prohibida en esta doctrina que,
más que de liberal y de libertaria, peca de anarquista y de
anarquizante.
Una pequeña poesía corre parejas estéticamente con un
poema; un minúsculo cuadro o un apunte, con un cuadro
de altar o con un fresco; una carta puede ser una obra de
arte, lo mismo que una novela; hasta una bella traducción
es tan original como una obra original. Proposiciones todas
éstas irrecusables, porque están deducidas a punta de lógica
de premisas inconcusas; proposiciones verdaderas y hasta
paradójicas, paradojismo que las presta indudablemente
un gran valor, porque las pone enfrente de la opinión co-
rriente. Pero ¿no necesitarán tales proposiciones de algún
56
BENEDETTO CROCE
complemento que las explique mejor? Debe existir un modo
de ordenar, subordinar, conectar, entender y dominar las
redes de las intuiciones, si no queremos perder la cabeza
en este laberinto.
y existe, en efecto, porque aunque se niegue todo valor
a las clasificaciones abstractas, no queremos negárselo a la
genérica y concreta clasificación, que no es tal clasificación,
y que se llama la Historia. En la Historia cada obra de
arte ocupa el puesto que le pertenece, y no otro: la linda
balada de Guido Cavalcanti y el soneto de Ceceo Angioleri,
que parecen el suspiro yla risa de un instante; la Com-
media, del Dante, que lleva en sus entrañas un milenio del
espíritu humano; las Macharonee, de Merlin Cocaio, que
escapan a la Edad Media, que agoniza; la elegante traduc-
ción de la Bneida, hecha por Aníbal Caro en el siglo XVI;
la sutil prosa de Sarpi y la prosa jesuítica y frondosa de
Daniel Bartolí, Y todo ello, sin que haya necesidad de
juzgar como no original lo que es original, porque vive;
pequeño lo que no es ni pequeño ni grande, porque no
tiene medidas. En todo caso podrá llamarse, si así lo pre-
ferís, pequeño o grande, pero metafísicamente, COn objeto
de manifestar ciertas admiraciones y de poner en claro
ciertas relaciones de importancia, que no sean aritméticas
ni geométricas. En la Historia, que se viene haciendo cada
vez más rica y determinada, y no en las pirámides de con-
ceptos empíricos, que son tanto más vacíos cuanto más ele-
vados y sutiles, se encuentra la trabazón de todas las obras
de arte y de todas las intuiciones, porque en la Historia
aparecen orgánicamente trabadas, como etapas sucesivas y
necesarias del desenvolvimiento del espíritu, notas cada una
del poema eterno, que armoniza dentro de sí todos los poe-
mas singulares.
LECCIÓN TER C E R A
EL PUESTO DEL ARTE EN EL ESPíRITU
Y EN LA, SOCIEDAD HUMANA
La polémica en torno a la dependencia o independencia
del arte ruvo su fuerza mayor en el período romántico,
cuando apareció la divisa del "arte por el arte·,.y como
aparente antítesis la del • arte por la vida". Desde enton-
ces se agitó y aireó esa polémica más entre literatos y ar-
tistas, para decir toda la verdad, que entre filósofos. En
nuestros días ha cobrado nuevo interés esa polémica, tema
preferido para los principiantes que se divierten y juegan
con él en sus ejercicios, sirviendo de argumento también
para disertaciones académicas. En realidad, antes del pe-
ríodo romántico advertimos sus vestigios en los documen-
tos más antiguos que reflexionan y discurren sobre el arte.
Los mismos filósofos de la Estética, hasta cuando parece
que la olvidan-y ciertamente la desdeñan en aquella for-
ma vulgar- están pensando continuamente en el tema, y
hasta puede decirse que no piensan en otra cosa. Porque
tanto vale disertar sobre si el arte es o no es, y si es, qué
cosa es, como discurrir acerca de su independencia o de su
dependencia, de su autonomía o de su heteronomía. Una ac-
tividad cuyo principio depende del de otra actividad es,
substancialmente, esta otra actividad, alcanzando, por su
parte, una existencia solamente putativa y convencional. El
arte que depende de la moral, del placer o de la filosofía será
filosofía, placer o moral, pero no arte. Y si no se le juzga
dependiente, habrá que investigar en qué se funda su in-
dependencia, distinguiendo de qué modo el arte se distin-
gue de la moral, del placer o de la filosofía, investigando
58
BENEDETTO CROCE
lo que es, o lo que es igual, si goza de verdadera autono-
mía. Puede suceder que por parte de aquellos mismos que
afirman la naturaleza original del arte se diga luego que
aun conservando éste su naturaleza, está supeditado a otras
formas de dignidad superior o, como se decía antaño, que
sirve de criado a la ética, de ministro a la política y de
brujo a la ciencia. Lo que prueba solamente que damos
con pensadores que tienen la costumbre de contradecirse,
dejando en desacuerdo sus pensamientos, con gente atrope-
llada que no siente la exigencia de la prueba para sus afir-
maciones. Por nuestra parte, procuraremos no caer en se-
mejante atropellamiento. Y como ya hemos puesto en claro
que el arte se distingue del llamado mundo físico como es-
piritualidad y de la actividad práctica moral y conceptual
como intuición, no iremos más lejos por ahora, entendiendo
que en esta primera demostración hemos demostrado, a la
vez, independencia del arte.
Otro problema está incluido en la polémica de la depen-
dencia O independencia, sobre la que no he discurrido hasta
ahora de propósito y que voy a examinar. La independen-
cia es un concepto de relación, y bajo este aspecto, absolu-
tamente independiente, no es más que lo Absoluto, la re-
lación absoluta. Cada forma y concepto particular es inde-
pendiente por un lado y dependiente por otro, o lo que es
igual, dependiente e independiente a la vez. Si no fuese
así, el espíritu y la realidad en general, serían, o una serie
'de absolutos yuxtapuestos, o (lo que es lo mismo) una serie
de nulidades yuxtapuestas. La independencia de una' forma
supone la materia sobre la que se ejercita, como hemos visto
en el desarrollo de la génesis del arte en cuanto formación
intuitiva de una materia sentimental o pasional. En la in-
dependencia absoluta, faltándole toda materia y alimento,
la misma forma vacua se reduciría a la nada. Como la in-
dependencia reconocida impide que se pueda pensar una
actividad sometida al principio de otra, la dependencia debe
ser de tal linaje que garantice la independencia. La cual
no sería garantía ni aun en la hipótesis de que una activi-
dad dependiese de otra con la misma dependencia que esta
BREVIARIO DE E5TltTICA
59
otra de aquélla, como dos fuerzas que se contraponen, de
las cuales una no puede vencer a la otra. Porque si no la
vence viene el impedimento recíproco y la estática, y si la
vence, la independencia pura y sencilla, que ya hemos ex-
cluido. De modo que considerando el tema en general, pa·
rece que no hay otro modo de pensar la dependencia o in-
dependencia a la vez de las varias independencias espíri-
, tuales más que concibiéndolas en la relación de condición
a condicionado, en que lo condicionado supera la condición
, presuponiéndoles, convirtiéndose luego a su vez en condi-
ción, dando lugar a un nuevo condicionado, que envuelve
una serie de desarrollos. No podremos imputar otro de-
fecto a esta serie si no que el primer condicionado de ella
es condici6n sin un precedente condicionado, y el últi-
mo un condicionado que no se convierte a su vez en con-:
dici6n, con doble rotura de la ley misma del desarrollo.
Pero este defecto puede, subsanarse si del último se hace
la condición del primero y del primero el condicionado del
último, haciendo que la serie se conciba en acción recíproca
o, para decirlo mejor, abandonando toda fraseología natu-
ralista, como círculo. Concepción que parece el único punto
de salida para las dificultades en que se debaten otras con-
cepciones de la vida espiritual, como la que hace consistir
en un conjunto de independientes e irrelativas facultades
del alma o independientes e irrelativas ideas de valor, como
la que subordina todas las varias facultades o ideas de va-
lar a una sola y las resuelve en una idea que permanece
inmóvil o impotente y, finalmente, como la que la concibe
como grados necesarios de un desenvolvimiento lineal que
conduce desde una primera irracionalidad a otra última, que
quiere ser racionalísima, pero que es después suprarracional
y por ende irracional.
Pero no insistamos en este esquema, un poco abstracto,
y consideremos c6mo actúa en la vida del espíritu, COmen-
zando por el espíritu estético. A cuyo fin, volvamos la mi-
rada, una vez más, al artista, al hombre-artista, que se ha
60
BENEDETTO CROCE
salvado del proceso de liberación del tumulto sentimental,
y que ló ha objetivado en una imagen lírica, adelantándose
en el arte. En esta imagen encuentra su satisfacción, porque
por ella ha trabajado y se ha movido. Todos conocen, en
mayor o menor escala, la alegría de la expresión perfecta,
que colma los propios movimientos espirituales, y la ale-
gría por los ajenos, que son también nuestros, aunque los
contemplemos en las obras de los demás, que son, en cierto
modo, .nuestras y que hacemos también nuestras. Pero ¿es
definitiva esa satisfacción? ¿Solamente se habrá preocupado
el hombre-artista de la imagenj" De la imagen y de otra
cosa a la vez; de la imagen en cuanto hombre-artista, y
de otra cosa como artista-hombre; de la imagen en primer
plano, pero como el primer plano se relaciona con el se-
gundo y con el tercero, también de los segundos y de los
terceros se preocupa, si bien inmediatamente de aquél y
medíaraménte de éstos. Pero alcanzado el primer plano,
surge inmediatamente el segundo, y el interés indirecto se
trueca en directo, trayéndonos una nueva exigencia e ini-
ciando un segundo proceso. No queremos decir, adviértase
bien, que la potencia intuitiva ceda el lugar a otra, a guisa
de placer o de servicio, sino que la misma potencia intui-
tiva, o mejor, el espíritu mismo, que parecía ser antes, y
en cierto modo lo era, enteramente intuición, envuelve en sí
el nuevo proceso, que surge de las entrañas del primero. En
nosotros no se da • un alma sobre otra" -me valdré una
vez más de palabras del Dante-, sino el alma única, que
antes se recoge completamente en una sola virtud, y que
• a ninguna potencia entiende", satisfecha en aquella sola
virtud, en la imagen artística encuentra con aquélla, al lado
de su satisfacción, su insatisfacción también. Su satisfacción,
porque le da todo lo que puede darle y espera de ella. Su
insatisfacción, porque habiéndolo obtenido todo, habiendo
saciado su última dulzura, • aquello que se pide y se agra-
dece", se exige la satisfacción de la primera necesidad, sur-
gida por obra de la primera satisfacción, y que, sin la pri-
mera, no se había dado. Todos conocemos, por experiencia
constante, la nueva necesidad que viene detrás de la for-
BREVIARIO DE ESTttTIeA
61
maci6n de las imágenes. Hugo Fóscolo tiene. una intriga
de amor con la condesa Arese. No ignora lo que pueda
ser aquel amor, ni quién pueda ser aquella mujer, como se
desprende de la lectura de las cartas que la escribió, y   ~
podemos leer a todas horas. Sin embargo, en los instantes
en que ama Hugo Fóscolo, aquella mujer es su Universo,
y siente su posesión COmo si fuera la beatitud más excelsa.
En el entusiasmo de la admiración quisiera hacer inmortal
a la mortal criatura, transfigurando en divina la figura
terrena, dando nuevo impulso a sus ensueños de felicidad
y realizando un nuevo prodigio en alas del amor. ¿Qué
más? La eleva hasta la celeste mansión, convirtiéndola en
objeto de culto y de plegarias:
E avrai, divina, i voti ,
fra gl'inni miei delle insubri nepotil
Sin que por un instante esta metamorfosis del amor hu-
biera dejado de soñarse y de cantarse con la mayor serie-
dad (los enamorados y hasta los señores filósofos, si se han
enamorado alguna vez, pueden atestiguar que estas baga-
tal se toman por todo lo alto). la oda All' amica NStmata no
se hubiera formado en el espíritu de F6scolo, y las irná-
genes con que nos presenta la fascinaci6n, rica de peligros,
de su amiga-diosa, no se hubieran presentado ante él tan
vívidas y espontáneas. Pero ¿qué es el ímpetu espiritual que
se ha convertido en una magnífica presentación lírica?
Realmente, Fóscolo, soldado, patriota, docto, agitado por
tantas turbaciones espirituales, ¿se agotaba con aquella
exaltación? ¿Esta exaltación obraba tan enérgicamente en
él que le obligase a la acción, dándole orientaciones nuevas
para su vida prácrica?Fóscolo, que en el curso de sus amores
no había carecido algunas veces de ráfagas de clarividencia,
ante su poesía, calmado el tumulto de su creación, tomando
en sí y conquistando y adquiriendo de nuevo la visión
clara de la realidad, se pregunta y trata de comprender
realmente: lo que desea y lo que merece aquella mujer.
Tal vez, durante la formación de la imagen se había inmis-
62
BENEDETTO CROCE
cuido en él alguna partícula de escepticismo, y si nuestro
oído no nos engaña del todo, advertiremos aquí y allá. en
la oda, algún acento de elegante ironía hacia la mujer y del
poeta para consigo mismo, cosa que no se hubiera realizado
en un espíritu más ingenuo que el de Fóscolo, habiendo na-
cido, por ende, una obra más ingenua que la suya. De mo-
do que Fóscolo, poeta que ha llegado a su logro total y, por
ende, ya no poeta hasta que vuelva a resurgir, siente ahora
la necesidad de conocer su estado real, no forma ya la ima-
gen porque la ha formado, no fantasea, sino que percibe y
narra. De aquella mujer, de la divina, él nos dirá después
que tenía • un pedazo de cerebro en el puesto del corazón",
la lírica imagen se cambiará para nosotros y para él en un
fragmento de autobiografía o en una percepción.
Con la percepción entramos en un nuevo y vastísimo
campo espiritual. Verdaderamente no hay palabras sufi-
cientes para satirizar a aquellos pensadores que, ahora como
antes, confunden la imagen con la percepción, haciendo de
la imagen una percepción --el arte como copia, retrato o
imitación de la naturaleza, historia del individuo y de los
tiempos, etc.- y, lo que es peor, de la percepción una espe-
cie de imagen que se aprehende con los sentidos, etc. Pero
la percepción no es más ni menos que un juicio completo.
Como juicio supone una imagen y la categoría y el sistema
de categorías mentales que dominan la imagen -realidad,
cualidad, etc.-. Y respecto a la imagen o síntesis a priori
estética del pensamiento y fantasía -intuición- es una
nueva síntesis, de representación y categoría, de sujeto y
predicado, la síntesis a priori lógica, de la cual convendría
repetir todo lo que se ha dicho de la otra. Ante todo, en ella,
contenido y forma, representación y categoría, sujeto y pre-
dicado, no son dos elementos unidos por un tercero, porque
la representación se da en ella como categoría y la categoría
como representación en unidad inescindible. El sujeto es
sujeto solamente en el predicado, y el predicado es sola-
mente predicado en el sujeto. Tampoco la percepción es un
acto lógico entre los demás actos lógicos, ni el más rudimen-
tario e imperfecto de ellos. El que sepa arrancar todos los
BREVIARIO DE E S T ~ T I  
63
tesoros que contiene no tiene necesidad de buscar fuera de
ella las restantes determinaciones de la lógica, porque de la
percepción germina -ella misma es una germinación sinté-
tica-la conciencia de lo realmente sucedido, que en sus
formas literarias eminentes toma el nombre de historia, y la
conciencia de lo universal, que también en sus formas emi-
nentes se llama sistema o filosofía. Y filosofía e historia, por
el nexo sintético del juicio perceptivo donde nacen y en que
viven, constituyen ,la unidad superior que han descubierto
los filósofos, identificando filosofía e historia. Los hombres
de buen sentido también han dado con este desenvolvimien-'
ro, a su modo, advirtiendo que las ideas suspendidas en el
aire son fantasmas y que lo verdadero y lo digno de ser
conocido son los hechos reales, los hechos que suceden. La
percepción -la variedad de las percepciones- puede expli-
car por qué el intelecto humano tiende a salir fuera de
ellas, creándose un mundo de tipos y de leyes, gobernado
por medidas y por relaciones matemáticas, es decir, por qué,
además de la filosofía y de la historia, se forman las ciencias
naturales y las matemáticas.
No es mi misión dar aquí un esbozo de la Lógica, como
he dado, y estoydando, un esbozo de la Estética. Por eso,
dejando de determinar y desarrollar el cuadro de la Lógica
y del conocimiento intelectivo, perceptivo e histórico, re-
anudaré el hilo' del discurso, sin partir ahora del supuesto
artístico e intuitivo, sino del lógico e histórico, que ha supe-
rado al intuitivo, elaborando la imagen en percepción. ¿En-
cuentra el espíritu satisfacción' en esta forma? Ciertamente;
todos conocen las satisfacciones vivísimas del saber y de la
ciencia; todos' saben la emoción que nos invade al descu-
brir el rostro de la verdad escondido en nuestras ilusiones,
y aunque sea terrible este rostro, su descubrimiento va uni-
do a una profunda voluptuosidad, que es la satisfacción por
la posesión de la verdad. Pero esta satisfacción, ¿es, por
ventura, distinta de la precedente del arte, completa yaca-
bada? AlIado de la satisfacción de conocer la realidad, ¿no
64
BENEDETTO CROCE
brota también la insatisfacci6n? También es certísimo. La
insatisfacción del haber conocido se manifiesta --como too
-dos saben experimentalmente-- por el cosquilleo de la ac-
ción. Está bien conocer la situación real de las cosas, pero
hay que conocerla para obrar; está bien conocer el mundo,
pero hay que conocerlo para cambiarlo: tempus cognoscen-
di, tempus dest,.uendi, tempus ,.enovr,m,di. Ningún hombre
se detiene en el conocimiento, ni siquiera los escépticos o
pesimistas que, por virtud de aquel conocimiento, toman
esta o la otra actitud, adoptan esta o la otra forma de vida.
El fijar los conocimientos adquiridos, el retener después de
haber entendido, y sin lo que ..no se hace ciencia" -para
repetir las palabras del Dante--, la formación de tipos, .le-
yes y cánones de medida, las ciencias naturales y matemáti-
cas, a las cuales acabo de referirme, sobrepujan el acto de la
teoría, procediendo el acto de la acción. No solamente cada
uno sabe experimentalmente y puede siempre probarlo con
el conocimiento de los hechos, que las. cosas van de esta
manera, sino que, si bien se piensa, se ve que no pueden
menos de ir así. Hubo un' tiempo -hoy mismo no pocos
platónicos, místicos y ascetas lo afirman- en que se creía
que conocer era elevar el alma a Dios,a la Idea, a un mundo
de ideas, a lo. Absoluto, que se sobreponen al fenoménico
mundo humano. Y es natural que cuando el alma, extrañada
de sí misma por un fenómeno contra la naturaleza, alean-
zaba a aquella esfera superior, tornaba ensimismada a la
Tierra, porque quería y podía vivir allí perpetuamente feliz
e inactiva, ya que daba con un pensamiento que no era peno
samienroy que topaba con una realidad que no era realidad.
Pero cuando--con Vico, con Kant, con Hegel y con otros
heresiarcas- el conocimientodescendíasobre la Tierra, y no
era concebido como copia más o menos pálida de una rea-
lidad inmóvil, sino como continua obra humana, que pro-
duce, no ideas abstractas, sino conceptos concretos, que son
silogismos o juicios históricos, percepciones de lo real, la
práctica no es una cosa que represente degradación del co-
nocimiento, una confusión del Cielo sobre la Tierra o del
Paraíso sobre el Infierno, ni algo que pueda resolverse o de
BREVIARIO DE ESTttTICA
65
lo que podamos abstenemos, sino que se desprende de la
misma teoría, como exigencia de ella, correspondiendo cada
práctica a su teoría. Nuestro pensamiento es pensamiento
histórico de un mundo histórico, proceso del desarrollo de
un desarrollo, y apenas se ha pronunciado la cualidad de
una realidad cuando ya la cualidad no vale, porque ella mis-
ma ha producido una nueva realidad, a la que corresponde
una cualidad nueva. Una nueva realidad, que es vida eco-
nómica y moral, y que cambia al hombre intelectual en el
hombre práctico, en el político, en el santo, en el industrial
y en el héroe, y elabora la síntesis a priori práctica, dando
un lugar a un nuevo sentir, a un nuevo desear, en la cual
no puede detenerse d espíritu, porque solicita, ante todo,
como nueva materia, una nueva intuición, una nueva lírica,
un nuevo arte.
De este modo, el término extremo de la serie se suelda
-como ya había anunciado al principio- con el término
primero, y círculo se cierra y el recorrido toma a comen-
zar; el recorrido, que es un recurso del curso ya hecho, de
donde procede el concepto de Vico, expresado con Ia. pala.
bra que él mismo hizo clásica de ,.eflufo. El desarrollo que
he dibujado explica la independencia del arte y los motivos
por los cuales parece dependiente a los que conciben las
doctrinas erróneas -hedonistas, moralistas, conceptistas, et·
cétera- que he criticado más atrás; pero advirtiendo al ha-
cer la crítica de ellas que todas contenían su lado de verdad.
Si se pregunta cuál es la actividad real entre las distintas
actividades del espíritu o si son todas reales, hay que res-
ponder que ninguna es real, porque solamente es real la
actividad de todas aquellas actividades que no reposa en
ninguna de ellas en particular. De las varias' síntesis que
hemos distinguido, solamente es real la síntesis de la síntesis,
el Espíritu, que es el verdadero Absoluto, el actus puras.
Pero por otro lado, y por la misma razón, todas son reales
en la unidad del espíritu, en el eterno flujo y reflujo, que es
su eterna constancia y realidad. Los que en el arte veían y
ven el concepto, la historia, las matemáticas, el tipo, la mo-
ral, el placer y todo lo demás. tienen razón, porque en el
NllM. 41.-5
66
BENEDETTO CROCE
arte, gracias a la unidad del espíritu, se dan estas y las otras
cosas. Como que este actuar de ellas, y la enérgica unilatera-
lidad del arte como de otra forma particular, que tiende a
reducirlas a una sola, explica el pasaje de una forma a otra,
el logro de una forma en otra y su desarrollo. Pero estos
mismos pensadores se equivocan en virtud de la distinción,
que es el momento inseparable de la unidad, por el modo
en que vuelven a encontrarlas, todas a la par, abstracta y
confusamente. Porque concepto, tipo, número, medida, mo-
ralidad, utilidad, placer y dolor están en el arte, o como
antecedentes o como consiguientes,' o para decirlo mejor,
como antecedentes y como consiguientes. Por eso se dan o
como supuestos previos -flojos y olvidados, para emplear
una expresión favorita de De Sanctis-- o como presenti-
mientos. Sin estos supuestos previos, sin aquel presentimien-
to, el arte no sería arte, y no sería tampoco arte -y todas
las demás formas del espíritu se verían turbadas por él-
si aquellas exigencias se quisieran imponer al arte como arte,
que es y no puede ser otra cosa que mera intuición. El artis-
ta es siempre moralmente inculpable o filosóficamente incen-
surable, aunque su arte tenga como materia una moral o una
filosofía inferiores. Como artista, no obra ni razona, sino que
.pinta, canta, poetiza y, en suma, se expresa. Si adoptáramos
otro criterio, tendríamos que condenar a la poesía homéri-
ca, como hadan los críticos italianos del siglo XVII o los
franceses del tiempo de Luis XIV, tapándonos las narices
ante lo que ellos llamaban la policía, ante los héroes borra-
chotes, habladores, violentos, crueles, mal educados. Podrá
hacerse la crítica de la filosofía que yace en el poema del
Dante; pero aquella crítica penetrará como por un agujero
en el subsuelo del arte dantesco, dejando libre el suelo, que
es el arte. Podrá Nicolás Maquiavelo desarraigar el ideal
dantesco, recomendando como libertador no un papa o un
emperador extraños, sino un tirano o un príncipe naciona-
les; pero no habrá logrado desarraigar el lirismo dantesco
de aquella aspiración. Igualmente podremos recomendar que
no se dejen ver o se dejen leer a los muchachos ciertos cua-
dros y ciertos libros, novelas y dramas; pero esa recomen-
BREVIARIO DE EST2TICA
67
daci6n y prohibici6n actuarán en la esfera práctica y recae-
rán, no sobre las obras de arte, aunque los libros y las telas
sirvan de instrumento a la reproducci6n del arte, y como
sales obras prácticas tienen un precio en el mercado tradu-
cible en dinero o en especie, se prestan a ser cerradas en un
gabinete, en un armario o en "la hoguera de las vanidades",
a lo Savonarola. Confundir, por un ímpetu mal entendido
de unidad, las distintas fases del desarrollo, y pretender que
la moral domine el arte, en el acto en que, por el contrario,
éste domina a aquélla, o que el arte domine a la ciencia, en
el a<:t0 en que ésta domina o supera a aquél, o que ha sido
ya dominada por la vida: he aquí lo que la bien entendida
unidad, que es a la vez rigurosa distinci6n, debe evitar e
impedir a todo trance..
Debe impedirlo y evitarlo a todo trance, po,rque la, orde-
nada determinación de los varios estadios del círculo hace
posible entender, no solamente la independencia y la depen-
dencia de las distintas formas del espíritu, sino también la
conservación ordenada de las unas en las otras. De los pro-
blemas que por esta parte se presentan me conviene men-
cionar uno, o volver sobre él, porque ya Id he mencionado
a título de referencia: el de la relaci6n entre fantasía y ló-
gica, entre arte y ciencia. Este problema es sustancialmente
el mismo que aparece al tratar de fijar la distinción entre la
poesía ., la prosa -distinción tan vieja que ya figura en la
Poética de Arist6teles-. La distinci6n no estriba en el dis-
curso suelto o ligado, pudiendo haber poesía en prosa -no-
velas, comedias- y prosa en métrica -poemas didascálicos
o didácticos y filosóficos-. Daremos al fin, pues, con un cri-
terio más íntimo, que es el que ya se ha puesto en claro, de
la distinción entre la imagen y la percepción, de la intui-
ción y del juicio, siendo poesía la expresi6n de la imagen y
prosa la expresión del juicio o del concepto.
Pero, en efecto, las dos expresiones, como expresiones,
son de la misma naturaleza y tienen el mismo valor estético,
porque si el poeta es el lírico de sus sentimientos, el prosis-
ta es también lírico de sus sentimientos, es decir, poeta, con
los sentimientos que le nacen de la investigación y en la
68
BENEDETTO CROCE
investigación del concepto. No hay razón alguna para dar el
nombre de poeta al artífice de un soneto y negárselo a los
que han escrito la Metafísica, la Summa tbeologica, la Cien-
cia nueva o la Fenomenología del espíritu, a los que han
narrado las historias de la guerra del Peloponeso, de la po-
lítica de Augusto o de Tiberio o la "historia universal", en
cuyas obras hay tanta presión y tanta fuerza Iírica y repre- .
sentativa como en cualquier soneto o poema. Todas las dis-
tinciones que se han intentado para reservar la cualidad poé-
tica al poeta y negársela al prosista se parecen a esas piedras
que se llevan trabajosamente" a la cima de la alta montaña
para dejarlas caer luego sobre el valle. Bien se ve que hay
una interferencia, pero para determinarla no es preciso sepa-
rar poesía y prosa al modo de "la lógica naturalista como dos
conceptos coordinados Y simplemente contrapuestos entre
sí, sino concebirlos como desarrollo, como tránsito de la poe-
sía a la prosa. En este tránsito, el poeta, gracias a la unidad
del espíritu, no sólo presupone una materia pasional, sino
que hurta la pasión elevándola a la personalidad de poeta
-pasión por el arte- del mismo modo que el pensador o el
prosista no sólo borra su personalidad ante la pasión por la
ciencia, sino que se sirve y vale de la fuerza intuitiva, de
la que surgen sus juicios, expresados con la pasión, que les
envuelve, razón por la cual aparece en él, además del ca-
rácter científico, el carácter artístico. Podemos siempre con-
templar este carácter artístico, suponiendo precisamente el
carácter científico, desinteresándonos de él yde la crítica de
la ciencia, para gozar las formas estéticas que ésta ha tomado
en él, Lo que da lugar a que la ciencia pertenezca también,
bajo distintos aspectos, a la historia de la ciencia y a la de
la literatura, y que entre las distintas clases de poesía que
los retóricos enumeran, sea por lo menos caprichoso recusar
"la poesía en prosa", que es a las veces poesía mucho más
limpia que la presuntuosa poesía de la poesía. De otro pro-
blema del mismo género, al cual ya me he referido, haré
bien en volverlo a traer aquí. Hablo del problema de la rela-
ción de arte y moral que ha sido negada como inmediata
identificación del uno con la otra, problema que restablece-
BREVIARIO DE E S T ~ T I  
69
remos de nuevo, afirmando que así como el poeta salva, en
la liberaci6n de otras pasiones, la pasi6n por el arte, así
salva también en ésta la conciencia del deber -deber hacia
el arte-. Todo poeta es moral, en el acto creador, porque
realiza una funci6n sagrada,
El orden y la lógica de las distintas funciones del espíri-
ro, haciéndolas unas necesarias con relaci6n a las otras y,
por ende, todas necesarias, descubre el error de las negacio-
nes que de las unas suele hacerse en nombre de las otras;
d error del fil6sofo-Plat6n- y del moralista -Proudhon
o Savonarola- y 'del naturalista y hombre práctico -hay
tantos nombres que citar que no cito ninguno- que recha-
zan el arte y la poesía y, paralelamente, del artista que nada
quiere con la crítica, con la ciencia, con la práctica y con la
moral, como hicieron trágicamente tantos románticos, y
vuelven a hacer c6micamente tantos decadente! en nuestros
días. Errores y locuras, sobre los que pasamos como sobre
ascuas, fieles a nuestro propósito de no dejar a nadie des-
contento, porque es evidente que contienén un aspecto posi-
tivo al lado de su negación, como protesta contra ciertos falo
sos conceptos y ciertas falsas manifestaciones del arte, de la
ciencia, de la práctica y de la moral. (Platón, por ejemplo,
contra la idea de la poesía como !abiduÑá, Savonarola con-
tra la poco austera, floja y bien pronto deshecha civilidad del
Renacimiento, etc.) Pero se trata de locuras con s610 pensar
que, sin el arte, no existiría la filosofía, porque carecería
de todo aquello que condiciona sus problemas y se le qui-
taría el aire respirable si quisiera mantener sus tiendas fren-
te a las del arte. La práctica, la ética, por su parte, tampoco
es práctica, de no estar henchida de aspiraciones o, como
ahora se dice, de ideales, del "deleitoso imaginar", que es
el arte en resumen. Por conversi6n, el arte sin moralidad
-el arte que usurpa entre los decadentes el título de ..belle-
za pura", ya la cual queman incienso hogaño como en ho-
locausto a un ídolo diabólico- por efecto de la deficiente
70
BENEDETTO CROCE
moralidad en la vida donde nace y que le circunda, se des-
compone como arte, convirtiéndose en capricho, lujuria y
charlatanería, haciendo del artista un lacayo de tales cosas
y un esclavo de sus fútiles y personales intereses.
Contra la idea del círculo en general, que tan poderosa-
mente sirve para poner en claro las relaciones de indepen-
dencia del arte y de las otras formas espirituales, se ha for-
mulado la objeción de que describe la obra del espíritu co-
mo un fatigoso y monótono hacer y deshacer, como un mo-
nótono dar vueltas sobre sí mismo, no vale la pena tomarse
trabajo alguno. Claro está que no hay metáfora alguna que
deje de prestarse a la burla y a la caricatura; pero esto
mismo obliga a volver seriamente sobre el pensamiento que
se expresa en la metáfora. El pensamiento no es la estéril
repetición del flujo en el reflujo de las cosas, sino el conti-
nuo enriquecimiento del flujo en el refllujo y de los reflujos
en los reflujos, El término último, que pasa al lugar del pri-
mero, no es el primero de antes, porque ya se presenta con
multiplicidad y precisión de conceptos, con una experiencia
de vida vivida y de obras contempladas que no tenía antes
el primer término, sirviendo de materia para un arte más
alto, más afinado, más complejo y más maduro. De modo
que en lugar de un girar sobre sí mismo, siempre igual, la
idea del círculo no es otra cosa que la verdadera idea filosó-
fica del progreso, del acrecentamiento perpetuo de la reali-
dad y del espíritu en si mismo, donde nada se repite, salvo
la idea del acrecentamiento. No se dirá delante de un hom-
bre que camina que caminando no se mueve, porque mueva
las piernas siempre con el mismo ritmo.
Otra objeción, o más bien otra sombra de protesta, se
dibuja alguna vez, bien que inconscientemente, contra la
misma idea: la inquietud que se da en éstos o en los otros,
el conato de romper y salvar el círculo que es ley de la
vida y llegar a una región donde nos sea dable reposar de
tantas andanzas y correrías, y esperar sobre la orilla, cerca
BREVIARIO DE   S T ~ T I Á
71
del remolino que han formado las encrespadas olas. Pero ya
he tenido ocasión de decir en qué consiste este descanso.
Es una efectiva negación de la realidad, aunque parezca
una elevación y sublimación de ella. A este reposo se llega
ciertamente, pero es la muerte; la muerte del individuo, no
de la realidad, que no muere y que se goza y no padece con
su carrera. Otros hay que sueñan con una forma superior
espiritual en la que se resuelve el círculo, con una forma que
debe ser Pensamiento del Pensamiento, unidad de lo Teóri-
co con lo Práctico, Amor, Dios o como quiera llamarse, sin
darse cuenta de que este Pensamiento, esta unidad, este
Amor, este Dios existen ya en el círculo y por el círculo,
y que duplican, inútilmente, una investigaci6n ya realizada,
o repiten lo que ya se ha encontrado, por medio de una
metáfora, en el mito de otro mundo que contiene el mismo
drama del único mundo.
Drama que hasta ahora he dibujado como es verdadera-
mente, ideal y exrraremporal, valiéndome de las palabras
que sirven para señalar el orden lógíco ; ideal y extratem-
poral, porque no hay átomo ni individuo en el cual no se
debata por completo, del mismo modo que no hay partícula
del Universo donde no sufra el espíritu de Dios. Pero los
momentos ideales, indivisibles en el drama ideal, pueden
verse divididos en la realidad empírica, que es casi un
símbolo corpulento de la distinci6n ideal. No es que la
idealidad y la verdadera realidad estén divididas; es que
aparecen empíricamente divididas a quienes las observan
trazando tipos, porque no hay otro modo para observarlas
que determinar en los tipos la individualidad de los fen6me-
nos que atraen su atención, a menos de aumentar y de exa-
gerar las distinciones ideales. Así que parece que proceden
de un modo distinto el artista, el filósofo, el historiador, el
naturalista, el matemático, el hombre de negocios y el hom-
bre bueno, que son distintas las esferas de la cultura artís-
tica, filosófica, histórica, naturalista, matemática, económi-
ca y ética a pesar de la conexi6n que hay entre las respec-
72
BENEDE'l''l'O CROCE
tivas esferas, y que hasta en la vida de la Humanidad, en
los siglos. y en las épocas en que se divide, en las cuales
una u otra o algunas de sus formas ideales están represen-
tadas, se dan épocas fantásticas, religiosas, especulativas, na-
turalistas, industriales, de pasiones políticas, de entusiasmo
moral, de culto del placer, erc., y que son' flujos y reflujos
más o menos normales y determinados. Pero de la uniformi-
dad de los individuos, de las clases y de las épocas extrae el
historiador la diferencia perpetua. Quien tiene conciencia de
fil6sofo se percata de la unidad en la diferencia, y el fil6so-
fe-historiador ve en esa' diferencia el progreso ideal al mis-
mo tiempo que el progreso hist6rico.
Pero hablemos también ahora nosotros por un momea-
to de los empíricos, porque no hay duda de que e! empiris-
mo es algo, y preguntémonos en qué clase de tipos se for-
mula nuestra época y de qué clase de tipos acaba de salir;
preguntémonos, en una palabra, cuál es el carácter domi-
nante de nuestra época. A cuya pregunta se nos responderá,
a voz en grito, y desde varios sectores a la vez, que nuestra
época es, o ha sido, naturalista en la cultura e industrial en
la práctica, negándosela, de paso, toda grandeza filosófica y
toda grandeza artística. Pero como-y ya tenemos e! empi-
rismo en peligro- ninguna época puede vivir sin filosofía
y sin arte, también nuestra época ha tenido arte y filosofía,
en el grado y del modo que podía tenerlos. Y su filosofía y
su arte, la primera inmediatamente, e! segundo mediatamen-
te, se colocan ante el pensamiento, como documentos que
demuestran 10 que verdaderamente ha sido nuestra época,
en su complejidad e integridad, interpretando los cuales
podemos poner en claro el punto del que debe surgir nues-
tro deber.
El arte contemporáneo, sensual, insaciable en e! regodeo
de los placeres, surcado de turbios conatos hacia una aristo-
cracia mal entendida, que apunta como ideal voluptuoso,
prepotente o cruel ; suspirando hacia un misticismo que es
también egoísta y voluptuoso; sin fe en Dios y sin fe en el
pensamiento; incrédulo, pesimista y muy poderoso para
hacernos caer en semejantes estados de ánimo; este arte,
BREVIARIO DE ESTltTICA
73
que los moralistas condenan verdaderamente, cuando se es-
tudia en sus raíces más profundas y en su génesis, solicita la
acción, que no se atreve a condenar, reprimir o enderezar
el arte, sino a dirigir la vida más enérgicamente hacia una
moral más sana y profunda, que será madre de un arte más
noble de contenido y diré que, además, de una más noble
filosofía. Más noble que la de nuestra edad, incapaz de dar-
se cuenta, no sólo de la religión, de la ciencia, de sí misma,
sino del arte mismo, que se ha trocado en un profundo mis-
terio, o más bien en tema de horrendos despropósitos para
uso de positivistas, neocríticos, psicológicos y pragmatistas,
que hasta ahora han representado casi exclusivamente la
filosofía contemporánea y que han vuelto -para readquirir
nuevas fuerzas y madurar problemas nuevos-- a las formas
más infantiles y groseras al determinar los conceptos sobre
el arte.
LECCIÓN CUARTA
LA CRíTICA Y LA HISTORIA DEL ARTE
La crítica literaria y artística se ha concebido frecuente-
mente como un pedagogo tirano y caprichoso, que da órde-
nes arbitrarias, impone prohibiciones, concede licencias y
favorece o perjudica a las obras, determinando la suerte de
ellas a la buena de Dios y a salga lo que saliere. Por eso los
artistas o se someten a ella humildes y lisonjeros, aunque
aborreciéndola en su corazón, o bien, cuando no logran su
propósito, .o su orgullo les impide descender a tales oficios
de cortesanos, se revuelven contra ella, negándola utilidad,
imprecando, blasfemando o comparando --el recuerdo es
personal- al crítico con un asno que entra en el taller de
un cacharrero y destroza con el quadrupedante ungulae so-
nitu los delicados productos del arte que se estaban secando
al sol (1). La culpa es. por esta vez. de los artistas QUe. no
saben lo que es la crítica y que esperan favores Quela críri-
ca no puede conceder o temen daños que tampoco 1a.crítica
puede producirles. Así como ningún crítico puede convertir
en artista a quien no lo es, ningún crítico puede tampoco,
por imposibilidad metafísica, deshacer, derrotar ni atacar
suavemente al artista que lo es de todas veras. Estas cosas
jamás han ocurrido en el curso de la Historia, ni han acaeci-
do en nuestros días, y podemos asegurar tranquilamente
que tampoco sucederán en el futuro. Pero otras veces son los
mismos críticos, o los seudocríticos, los que efectivamente
toman el aire de pedagogos, de oráculos, de guías del arte,
(1) Alude Croce a una polémica suya con losué Carduccl, en la
que el glorioso poeta italiano aplicó al autor de este Breviario tan
cariñosos apelativos.
76
BENEDETTO CROCE
de legisladores. de videntes o de profetas, ordenando a los
artistas que hagan esto o aquello, que señalen sus temas
declarando poéticas ciertas materias y otras no, que se
muestren descontentos del arte que se produce ahora, de-
seando que se parezca al que se hacía en esta o en la otra
pasada edad, o que vislumbren el que ellos vaticinan en un
porvenir lejano o próximo. Estos críticos censuran a Tasso
porque no es Ariosto, a Leopardi porque no es Merastasío,
Manzoni porque no es Alfieri y a D'Annunzio porque no
es Berchet o fray Jacopone. Estos críticos, en fin, trazan la
silueta de lo que ha de ser el gran artista futuro, atiborrán-
dola de ética, de filosofía, de historia, de lenguas, de métri-
ca, de procedimientos coloristas y arquitectónicos, de todo
lo que, según el parecer de estos críticos, necesita el artista
futuro. Por esta vez es claro que la culpa radica en los crí-
ticos, y los artistas hacen bien tratando a este fiero animal de
la crítica como se trata a los animales, a los que se procura
amansar, contentar y desengañar cuando nos prestan un
servicio y que luego se abandonan y se llevan al matadero
después de habernos prestado la utilidad que necesitábamos
de ellos. Digamos, sin embargo, en honor de la crítica, que
tales críticos caprichosos no son precisamente críticos, sino
artistas, artistas fracasados, que tienden anhelosamente a
cierta forma de arte que no han podido lograr, bien porque
la tendencia fuera contradictoria y vacua, bien porque les
faltaran efectivas fuerzas para lograda. Estos críticos capri-
chosos, de tal modo llevan la amargura del ideal no conse-
guido dentro del espíritu, que lamentan por todas partes
su ausencia y reclaman su presencia también en todas partes.
Otros son artistas que, lejos de haber fracasado, han logrado
completamente su ideal, pero que, empujados por la misma
energía de su personalidad, son incapaces de salir de sí
mismos para entender y comprender formas de arte dis-
tintas de las personales, encontrándose dispuestos a rechazar-
las violentamente, y ayudando con semejante negación el
odium figolinum, los celos del artista hacia el artista, la
envidia, que es un defecto, sin duda, pero un defecto que
han manchado muchas veces a excelentes artistas, y al que
BREVIARIO DE E S T ~ T I  
77
debemos tratar con la misma indulgencia que tenemos para
los defectos de las mujeres, tan difícilmente separables, como
ya sabemos, de su amabilidad. Los mismos artistas debieran
responder despacito a estos otros artistas crírícos:
--COntinuad haciendo lo que tan maravillosamente hacéis
y dejad que nosotros hagamos lo que podamos hacer.
y a los artistas fracasados y a los críticos improvisados:
-No pretendáis que nosotros hagamos lo que vosotros
no habéis sabido hacer, y dejadnos en paz con vuestra obra
del porvenir, de la cual ni vosotros ni nosotros sabemos una
palabra.
En la práctica corriente y moliente no se responde de
este modo, porque juega en ello la pasión, pero ésa es, sin
embargo, la respuesta lógica, y con esa respuesta la cuestión
estaría lógicamente terminada, aunque podemos profetizar
que la zambra no terminará y que durará mientras haya en
el mundo artistas, artistas intolerantes y artistas fracasados:
siempre.
Hay otra concepción de la crítica que se expresa, no ya
como la anterior con el pedagogo y cori el tirano, sino con
el magistrado y con el juez.' Esta concepción atribuye a la
crídca el papel, no de promover y guiar la vida del arte
-que se guía y promueve solamente por la Historia, por
el movimiento complejo del espíritu en su flujo histórico-,
sino simplemente de discernir, en el arte que ya se ha pro-
ducido, lo bello de lo feo, consagrar lo bello y reprobar lo
feo, con la solemnidad de las austeras y sesudas sentencias
que son peculiares al juez y al magistrado. Pero temo que
ni aún con otra definición despojemos a la crítica de su
tacha de inútil, aunque la inutilidad cambie ahora de motivo
de argumentación. ¿Necesitamos verdaderamente de la críti-
ca para discernir lo bello de lo feo? La misma producción
del arte se reduce, en puridad, a este discernimiento, porque
el artista adquiere la pureza de expresión al eliminar lo teo
que trata de invadirle; lo feo son sus pasiones de hombre
que luchan contra su pura pasión artístíca ; son sus debi-
78
BENEDETTO enOeE
lidades, sus prejuicios, sus comodidades, el dejar correr, el
hacer de prisa, el tener dos velas encendidas, una para el
arte y otra para el espectador, para el editor o para el em-
presario, cosas todas que impiden al artista la gestación
fisiológica, el parto normal de su imagen expresión... Al
poeta le impiden, en efecto, el verso que suena y que crea,
al pintor el dibujo seguro y el color arm6nico, al composi-
tor la melodía. Cosas que, de las que si no nos defendemos
cautelosamente de su influjo, darán como resultados versos
sonoros y vacíos, incorrecciones, desentonos y discordancias
en las obras. El artista, en el acto de producir, es juez, y
juez severísimo de sí mismo, al que nada se le escapa -ni
siquiera lo que se les escapa a los demás-- y los demás dis-
ciernen, en la espontaneidad de la contemplaci6n inmedia-
tamente y benignamente, dónde el artista ha sido artista y
dónde el artista ha sido un hombre, un pobre hombre; en
qué fragmentos de obras reinan soberanos el entusiasmo líri-
ca y la fantasía creadora, y en qué otros se han entibiado la
fantasía y el entusiasmo para ceder el sitio a otras cosas, que
parecen arte y que -considerac;las bajo este aspecto de fic-
ci6n- se llaman feas. ¿Para qué sirve la sentencia de la
crítica cuando ha sentenciado ya el gusto o el genio? Genio
y gusto son pueblo, son legión, son consentimiento general
y popular. Tan cierto es lo que decimos, que las sentencias
de la crítica llegan siempre hasta nosotros con bastante re-
traso, consagrando formas ya solemnemente consagradas por
el aplauso universal -no se confunda el aplauso espontáneo
con el rumor y la lisonja mundanos y la constancia de la
gloria con la volubilidad de la fortuna- o condenando feal-
dades ya condenadas, soportadas y olvidadas, o elogiadas aún
sólo verbalmente, pero sin COnciencia de lo que se dice,
por seguir una bandera o por atrincherarse en la obstina-
ción. La crítica, concebida como magistrado, mata al muerto
e infunde nueva vida al vivo que está bien vivo, imaginan.
do que su infusión es el soplo de Dios vivificante, realizan-
do una labor inútil, porque es inútil repetir la labor que se
ha hecho antes mejor y más bellamente. Decidme si han
sido los críticos o la legión de lectores los que han determi-
BREVIARIO DE E S T ~ T I  
79
nado la grandeza del Dante, de Shakespeare o de Miguel
Ángel. Si a esa falange de lectores, que han aclamado y
siguen aclamando a estos genios, se unen, como es natural,
los literatos y críticos de profesión, su aclamación no difiere,
en este respecto, de la de los demás, ni tampoco de la de
los chiquillos y de la del. pueblo, todos igualmente prontos
a abrir su corazón en presencia de la belleza, que habla a
todos, y que algunas veces no se atreve a hablar para des-
arrugar el ceño adusto de un crítico-juez.
Surge una tercera concepción de la crítica: la crítica como
interpretación o exégesis, que se hace la pobrecita ante la
obra de arte, limitándose a la humilde profesión del que
quita el polvo a las cosas, las coloca con buena luz, cuenta
anécdotas del tiempo en que fue pintado un cuadro o de
las cosas que representa éste y explica las formas lingüísticas.
las alusiones históricas' y los supuestos previos históricos o
ideales de un poema. En un caso o en otro, cumplida su mi-
sión, esta crítica deja que el arte obre espontáneamente en
el espíritu del que contempla o del que lee, que juzgará
como le diga su gusto íntimo que deba juzgar. El crítico, en
este caso, se parece a un culto cicerone o a un paciente y
discreto maestro de escuela. "La crítica es el arte de enseñar
a leer", ha dicho precisamente un crítico famoso; definición
que ha tenido su eco. Hoy nadie discute la utilidad de los
guías de museos, de las exposiciones y de los maestros de
lectura, y mucho menos de los guías y de los maestros eru-
ditos, que conocen tantas cosas, ocultas a los ojos de los
más, y que tantas luces pueden suministrarnos sobre las
mismas. No solamente el arte más remoto para nosotros ne-
cesita estos auxilios, sino también el arte de un próximo pa-
sado, que se llama contemporáneo, y que, aunque ofrezca
materias y formas que nos parecen claras, no son siempre
completamente claras para nosotros. Muchas veces se nece-
sita un esfuerzo considerable para preparar la gente a que
sienta la belleza de una poesía o de cualquiera obra de arte,
nacida, como quien dice, ayer. Prejuicios, hábitos y olvidos
80
BENEDETTO CaOCE
forman una barrera infranqueable en derredor de aquella
obra, y necesitamos la mano experta del intérprete o del
comentador para tirarlos abajo y deshacernos de ellos. La
crítica, con esta significación es, ciertamente, utilísima, pero
no sabemos por qué razón hemos de llamarla crítica, ya que
semejante forma de trabajo tiene su propio nombre de in-
terpretación, de comentario, de exégesis. Convendría, por lo
menos, no llamarla crítica, para evitarnos un equívoco fas-
tidioso.
Equívoco, porque la crítica trata de ser, quiere ser y es
otra cosa: no quiere invadir el arte, ni volver a descubrir
la belleza de lo bello y la fealdad de lo feo, ni hacerse la
pequeña y la insignificante frente al arte, sino hacerse gran.
de frente al arte grande, siendo, en cierto sentido, superior
al mismo arte (1). Que es, por ende, la crítica legítima y
verdadera.
Ante todo es, a la vez, tres cosas que ya he tratado de
poner en claro, tres cosas que son todas ellas condiciones
necesarias suyas y 'sin las cuales no podría surgir la crítica.
Sin el momento del arte -y arte contra arte es, en cierto
sentido, como se ha visto, la crítica que se llamaba produc-
tora, auxiliar de la producción y que reprime algunas for-
mas productoras con ventajas de Otras-- faltaría a la crítica
materia sobre qué ejercitarse. Sin gusto-<lÍtica juzgado-
ra- faltaría al crítico la experiencia del arte, del arte que
se ha adentrado en su espíritu, extraída del no arte y gozada
contra aquél Y faltaría, en fin, esta experiencia sin la exé-
gesis, sin que se quiten los obstáculos de la fantasía repro-
ductora, dando al espíritu aquellos supuestos previos de co-
nocimiento histórico que necesita y que son la leña que sabrá
quemar en el fuego de su fantasía.
Pero antes de seguir más adelante será preciso resolver
(1) C'est un beau moment pour le critique comme pour le poéte
que celuí oU I'un et I'autre peuvent, chacun dans un juste seas, s'écrier
avee cet ancien: Je I'm trouvé, eLe ~   trouve la région OU son génie
peut vivre, se déployer désormais; le critique trouve I'instinct et la loi
de ce génie» (SAurnl-BBUVB: Portraits uueraire», 1-31).
BREVIARIO DE ESTltTICA
81
una grave duda que se nos ha presentado y que suele repe-
tirse con harta frecuencia, así en la literatura filosófica como
en el pensamiento común, y que si resultase justificada de
algún modo, comprometería no solamente la posibilidad de
la crítica sobre la cual venimos discurriendo, sino también
de la misma fantasía reproductora y del gusto. Recoger,
como hace la exégesis, los elementos concurrentes a formar
el arte ajeno -y nuestra obra pasada cuando apremiamos
a la memoria y consultamos nuestros apuntes para recordar
10 que éramos en el momento que la producíamos---, ¿es
de veras posible, así como también reproducir en la fantasía
la obra de arte con sus facetas genuinas? La recolección de
material que necesitamos, ¿puede ser completa? Por como
pleta que sea, ¿la fantasía quedará sujeta por ese material
en su labor de reproducci6n? ¿No operará como fantasía
nueva, introduciendo material nuevo? ¿No se verá obliga-
da a producirse así por impotencia, reproduciendo lo ajeno
y lo pasado? ¿Es concebible la reproducci6n de lo individual,
del individuum ineffabile, cuando toda sana filosofía enseña
que s6lo es reproducible lo universal para toda la eternidad?
En consecuencia, ¿no será tal vez una mera imposibilidad
la reproducci6n de las obras de arte ajenas o pertenecientes
al pasado? La reproducci6n de la obra de arte, que se suele
considerar como un fen6meno pacífico en la conversaci6n
común, y que es el supuesto previo, tácito o expreso, de
toda disputa sobre arte, ¿no será, por ventura --como se
dijo de la historia en general- una fable conuenue?
Verdaderamente, conjeturando en tomo al problema un
poco desde fuera, parece de todo punto inverosímil que la
firme fe que se da en todos carezca de fundamento, tanto
más si se observa que los mismos que teorizando abstrae-
tamente niegan la posibilidad de la reproducción, o como
ellos dicen, lo absoluto del gusto, son los más tenaces man-
teniendo los juicios personales sobre el gusto, y sienten bas-
tante bien' la diferencia que va de afirmar que el vino me
gusta o no me gusta, porque le va bien o mal a mi organismo
filosófico o de afirmar que un poema es bello y otro poema
feo. El segundo orden de juicios-como Kant probó en un
Nm.. 41.-6
82
BENEDETTO caOCE
análisis clásico- lleva consigo la incoercible pretensión a
la validez universal, y los ánimos se apasionan, y en los
tiempos caballerescos hasta había gentes que con la espada
en la mano defendían la belleza de la Jerusalén, sin que se-
pamos que nadie se haya dejado matar por defender si el
vino es o no es agradable. No vale objetar que obras artís-
ticamente torpes hayan gustado a muchos, a algunos o, en
última instancia, a su propio autor, porque no se demuestra
con ello que hayan gustado-no pudiendo ninguna cosa
nacer en el espíritu sin un consentimiento de éste y sin un
relativo placer-, sino que aquel placer es placer estético y
tiene como fundamento un juicio de gusto y de belleza. Si
de la consideración extrínseca pasamos a la intrínseca, con-
viene repetir que la objeción contra la concebibilidad de la
reproducción -estética se funda, a su vez, en una realidad
concebida como acoplamiento de átomos o como abstracta-
mente monística, compuesta de partículas que no tienen
comunicación entre sí y. que solamente están armonizadas
externamente. Pero la realidad no es eso, porque la realidad
es unidad espiritual. En la unidad espiritual nada se pierde.
Todo es en ella eterna posesión. No sólo la reproducción del
arte, sino en general el recuerdo de cualquier fenómeno
--que es reproducción de intuiciones- sería inconcebible
sin la unidad de lo real, y si César y' Pompeyo no fuésemos
nosotros mismos, es decir, aquel universo que se determinó
un tiempo como César y Pompeyo y se determina ahora'
como nosotros viviendo aquéllos en nosotros, no podríamos
tener ninguna idea de César y de Pompeyo. Y como la
individualidad es irreproductible y reproductible sólo lo
universal, será ciertamente una doctrina de la sana filosofía,
pero de la sana filosofía escolástica, que separaba lo univer-
sal de lo individual, que hacía de éste el accidente de aquél
--el polvo que el tiempo convierte en la nada- e ignoraba
que lo verdadero universal es lo universal individuado, que
lo sólo verdadero universal es lo universal individuado, que
lo sólo verdadero e/rabile es lo llamado ineffabile, lo con-
creto y lo individual; en fin, ¿qué importa que se tenga
presto el material para reproducir con plena exactitud todas
BREVIARIO DE   S T ~ T I Á
83
las obras de arte o una obra de arte determinada del pasado?
La reproducción plena del pasado es, como todo trabajo
humano, un ideal que actúa en lo infinito y que, por lo
tanto, actúa siempre en el modo que consiente la conforma-
ción de la realidad en cada instante del tiempo. ¿Hay en
una poesía un matiz cuyo alcance se nos escapa? Ninguno
podrá afirmar que aquel matiz, del cual tenemos una visión
crepuscular que ahora no nos satisface, no se determine me-
jor en lo sucesivo a fuerza de indagaciones y de meditacio-
nes que den lugar a condiciones favorables y a corrientes
más aptas para explicarlo.
Por eso, así como el gusto está seguro de la legitimidad
de su polémica, de igual modo la investigación e interpreta-
ciones históricas son infatigables restaurando, profundizan-
do y extendiendo el conocimiento de lo pretérito, dejando
que los escépticos y relativistas del gusto y de la historia
lancen sus gritos desaforados de cuando en cuando, ya que
no inducen a nadie, como se ha visto, a la efectiva desespe-
ración del no juzgar.
Cerrando ahora el largo, pero indispensable paréntesis y
reanudando el hilo del discurso, diré que arte, exégesis his-
tórica '1 crítica, si son antecedentes de la crítica, no son to-
davía la crítica. En efecto: con este triple supuesto previo
no se obtiene más que la reproducción o goce de la ima-
gen expresión, lo que nos vuelve a colocar en la condición
del artista productor, en el acto en que producía su imagen.
De esa condición no se sale, como algunos alardean, repro-
duciendo con nuevas formas la obra del poeta y del artista,
dándonos un equivalente; por eso han definido al critico
como artifex additus artificio Pero aquella reproducción con
otras vestiduras será una traducción, una variación, otra obra
de arte inspirada en la primera, porque si fuese la misma
sería una reproducción pura y simple, una reproducción
material con las mismas palabras, con los mismos colores,
con los mismos sonidos, completamente inútil: El crítico no
es artifex additUJ artifici, sino philosophus additus artifici;
84
BENEDE'l'TO CROCE
su obra no se realiza hasta que no borra y sobrepasa la ,ima-
gen, porque la crítica pertenece al pensamiento, que hemos
visto que supera y qúeilumina a la fantasía con una luz
nueva, percibiendo la intuición, rectificando la realidad y
distinguiendo, por ende, ésta de lo irreal. En esta percep-
ción, en esta distinción, que es siempre o crítica del todo o
juicio del todo, la crítica artística nace con la pregunta de si
el hecho que tiene delante como problema es intuición,
es decir, real como tal, o si no lo es en la misma medida
porque es irreal; realidad o irrealidad que en arte se lla-
man belleza y fealdad; como en lógica, verdad y error;
como en economía, utilidad y daño, y como en ética, bien
y mal. Así es que toda la crítica de arte puede concentrarse
en esta brevísima proposición, que basta para diferenciar
su obra de la del arte y de la del gusto-que, considerados
en sí, son lógicamente mudos- y de la erudición exegéti-
ca-que también es lógicamente muda, por carecer de sín-
tesis lógica-o "Hay una obra de arte a", con la correspon-
diente negativa: "No hay una obra de arte a".
Parece una nonada, como también parecía una nonada la
definición del arte como intuición, viéndose después que
encerraba tantas afirmaciones y tantas negaciones en su
seno que, aun procediendo, como he procedido, analítica-
mente, no he podido ni podré dar sino algunas referencias
de ellas. Aquella proposición o juicio de la crítica de arte
"Hay la obra de arte a" supone, como todo juicio, un sujeto,
la intuición de la obra de arte a, para obtener el cual tene-
mos que acoplar la labor de la exégesis y de la reproducción
artística con el discernimiento conjunto del gusto, tarea que
ya hemos visto es ardua y complicada en extremo, y en cu-
yos hilos tantos se pierden por carencia de fantasía y por
escasez y superficialidad de cultura. Y supone, además, como
todo juicio, un predicado, una categoría, en este caso la
categoría del arte, que debe ser concebida en el juicio, y que
se convierte de esta laya en el concepto del arte. También
hemos visto a cuántas complicaciones y dificultades da lu-
BREVIARIO DE ESP1ilPlCA
85
gar el concepto del arte, y cómo es una posesión siempre
precaria e inestable, continuamente asediada y asaltada, que
hay que defender a todas horas de las insidias y de los
ataques. La crítica de arte se desarrolla y crece, decae y vuelve
a resurgir, con el desarrollo, la decadencia y el resurgimien-
to del arte. Todos pueden darse cuenta de 10 que la crítica
fue en la Edad Media --donde casi puede decirse que no
fue- y de lo que ha llegado a ser en la primera mitad del
siglo XIX con Herder, Hegel y los románticos, y en Italia con
De Sanetis; y en un campo más   de lo que fue
con De Sanetis y en lo que llegó a convertirse en el sucesivo
período naturalista, durante el cual el concepto de arte se
llenó de tinieblas, confundiéndose con la física, con la fisio-
logía y hasta con la patología. Si las discordias Sobre los
juicios dependen, en un cincuenta por ciento, de la poca
claridad con que el artista los formula, el otro cincuenta
por ciento deriva de la escasa distinción de sus ideas sobre
arte. Y así ocurre que dos individuos, que sustancialmente
están de acuerdo acerca del valor de una: obra artística, ex-
presan con las mismas palabras juicios distintos, elogiando
el uno lo que el otro censura, porque el uno y el otro se
refieren a una distinción del arte completamente distinta.
En esta dependencia de la crítica con respecto al concep-
to del arte hay que distinguir tantas formas de falsa crítica
como de falsa filosofía del arte. Para atenernos a las formas
capitales sobre las que hemos discurrido, diremos que hay
una crítica que, en lugar de caracterizar y reproducir el
arte, le destroza y clasifica. Que hay otra, moralista, que con-
sidera las obras de arte como acciones y con relación a fines
que el artista se ha propuesto o se ha debido proponer. Que
hay la crítica hedonista, para la que el arte es un medio que
produce la voluptuosidad y la diversión. Que hay la crítica
intelectualista, que mide los progresos artísticos a la par
de los filósofos, conociendo la filosofía y no la pasión del
un Bajo filósofo, añadiendo que Tasso es más serio porque
Dante, declarando que Ariosto es un poeta débil porque es
86
BENEDETTO CROCE
filosofa más seriamente y que Leopardi se contradice dentro
de su pesimismo. Hay la crítica que separa el contenido de
la forma, y que suele llamarse psicológica, porque en lugar
de fijarse en las obras de arte, se cuida de la psicología de
los artistas como hombres. Hay otra crítica que separa las
formas del contenido, recreándose en las formas abstractas
que, según los casos y las simpatías individuales, le recuero
dan la Antigüedad o la Edad Media. Hay otra crítica que
encuentra belleza donde topa con ornatos retóricos. Hay, en
fin, la crítica que, una vez determinadas las leyes de los gé-
neros y de las artes, acoge o rechaza las obras de arte, según
que se acerquen o se separen de los modelos que se forja.
No he enumerado todas las formas de crítica, ni pensaba
hacerlo, ni expondré la crítica de la crítica, para no caer
en la repetición de lo que ya dije al tratar de la crítica y
de la dialéctica de la Estética; en las referencias que he
hecho se habrá advertido que forzosamente tenía que co-
menzar a repetirme. Mejor sería compendiar -si un rápido
compendio no ocupase demasiado espacio--Ia historia de
la crítica, nombrando históricamente las posiciones ideales
que he señalado; mostrar cómo la crítica de los modelos
influyó, sobre todo, en el clasicismo italiano y francés; la
conceptista, en la filosofía alemana del siglo XIX; la mora-
lista, en el período de la Reforma religiosa y en el resur-
gimiento nacional italiano; la psicológica, en Francia, con
Sainte Beuve y tantos otros; la hedonista, en los juicios de
la gente mundana, de los críticos de salón y de periódicos;
la de las clasificaciones, en la enseñanza, donde parece que
el oficio de la crítica se desempeña y realiza concienzuda-
mente, cuando se investiga el llamado origen de los metros,
de la técnica, de los sujetos y de los géneros literarios y artís-
ticos, enumerándolos y representándolos con harta proli-
jidad.
Las formas que he descrito sumariamente son formas de
crítica errada, lo que puede decirse también de otras for-
mas que mantienen enhiesta su bandera y que combaten
fieramente entre sí llamándose, respectivamente, la ..crítica
estética" y la ..crítica histórica", y que yo pido permiso para
BREVIARIO DE EST1tTICÁ
87
bautizar como se merecen de crítica seudoestética o estetista,
o crítica seudohist6rica o historicista. Estas dos formas, a
pesar del violento contraste que ofrecen entre sí, tienen
de común el aborrecimiento contra la filosofía en general y
contra el concepto del arte en particular, contra toda inter-
venci6n del pensamiento en la crítica de arte que, según los
unos, compete a los espíritus artísticos y, según los otros, a
los eruditos. En otros términos: los unos y los otros reba-
jan la crítica humillando su misi6n, confundiéndola aquéllos
con el puro gusto y con el goce del arte, y transformándola
éstos en pura investigación exegética y en preparaci6n de
materiales para la reproducci6n fantástica. Es difícil decir
qué tiene que hacer la Estética, que supone a la vez pensa-
miento y concepto del arte, con el puro gusto, desprovisto de
concepto, como es más difícil establecer todavía la relación
de la Historia con la desligada condición en torno al arte,
que no puede plasmarse en Historia porque está exhausta
de concepto artístico e ignora lo que el arte es, cuando la
Historia exige siempre que se conozca aquello que se narra;
fijémonos, para salir de dudas, en la extraña fortuna con que
han andado siempre emparejadas estas dos palabras. Por lo
demás, no nos reportarían mal alguno ni aquellos nombres
ni su hostilidad a ejercitar la crítica, ya que los fautores de
una y de otra orientación se mantienen confinados en las
fronteras que ellos mismos se han marcado, gozando unos
las obras de arte y preparando los otros los materiales para
la exégesis, dejando hacer la crítica al que quiera hacerla, o
hablando mal de la crítica sin afrontar problemas que les
pertenecen. Pero en esta actitud de abstención convendría
que los estetizantes dieran paz a la boca, extasiándose en el
arte y paladeando silenciosamente sus,regodeos, y que todos,
al tropezarse con sus semejantes, se entendiesen entre sí,
como se dice que hacen los animales - ¿quién sabe si será
verdad?-. Sin cambiar una sola palabra, con la faz envuel-
ta en una sombra de éxtasis, con los brazos alargados en un
gesto de maravilla y con las manos juntas en acción de gra-
cias por el placer probado, deberían decírselo todo. Los his-
toricistas, por su parte, podrían hablar, si eso les agradaba;
88
BENEDETTO CROCE
hablar de códices, de correcciones, de fechas, de crónicas, de
tópicos a granel, de acaecimientos políticos, de incidentes
biográficos, de fuentes de la obra, de lengua, de sintaxis, de
métrica, pero no de arte, al cual sirven, pero delante del
cual no pueden levantar los ojos, como simples eruditos que
son, como el criado no se atreve a mirar cara a cara a la
señora, a la cual prepara .los vestidos y arregla la comida:
sic 1I0S, non 1I0biJ. i Pero sí, sí I. i Vayan ustedes a hablar a
hombres, por extravagantes que sean en sus ideas y por
fanáticos que sean en sus extravagancias, de tales absten-
ciones, sacrificios y heroísmos! i Vayan ustedes particular-
mente a rogar al que toda su vida tiene tratos con el arte
que no hable ni juzgue nunca de semejante cosa, de la que
no entiende! Los mudos estetizantes hablan, juzgan y razo-
nan de arte, y 10 mismo hacen los historicistas inconcluyen-
tes. Como al hablar carecen de la guía, que tanto detestan y
aborrecen, de la filosofía y del concepto del arte, cuando es
obvio que necesitan un concepto, si su buen sentido no les
sugiere algo aprovechable sin que ellos se den cuenta de
esa sugestión, andan de tumbo en tumbo entre todos los
más desvariados preconceptos moralistas, hedonistas, inte-
lecrualistas, formalistas, retóricos, fisiológicos y académicos
que he recordado, echando mano de éstos o de aquéllos,
cuando no los barajan, mezclan y revuelven todos a la vez.
El espectáculo más curioso, siempre previsto por el filósofo,
es que, en su afán de lanzar desprop6sitos sobre el arte, los
estetícistas, los historicistas, los irreconciliables adversarios,
partiendo de puntos de partida distintos, se las entienden al
final tan bien, que concluyen diciendo los mismos dispa-
rates. Nada más divertido que repasar las ideas más conoci-
das, intelecrualistas 'y moralistas, en las páginas de los emo-
cionados amantes del arte, tan llenos de emoción, que llegan
a odiar el pensamiento, y las del positivismo hist6rico, tan'
positivo que teme comprometer su positivismo, procuran-
do entender el objeto de su investigación que, por esta vez,
recibe el nombre de arte.
BREVIARIO DE E8TlbTICA
89
La verdadera crítica de arte es ciertamente crítica esté-
tica, pero no porque desdeñe la filosofía, como la seudo-
estética, sino porque actúa como filosofía y concepción del
arte. Y es crítica histórica también, no porque se atenga a
lo extrínseco del arte, como la seudohisrórica, sino porque
después de valerse de los datos históricos para la reproduc-
ción histórica-lo que no es todavía historia-,en cuanto
obtiene la reproducción fantástica hace historia, determinan-
do el hecho que ha reproducido en su fantasía, caracteri-
zando el hecho por el concepto y estableciendo cuál ha sido
verdaderamente el hecho que ha acaecido. Así es que las
dos tendencias que parecen pelearse en los planos inferiores
de la crítica coinciden en ésta. Tanto monta decir critica
hist6rica del arte como criticaestética. 10 mismo da emplear
esta o aquella denominación, que pueden usarse particular-
mente s610 por razones de oportunidad, como cuando
se quiere llamar particularmente la atención con la pri-
mera sobre la necesidadde la inteligencia del arte y se quie-
re aludir con la segunda a la objetividad histórica de la
consideración. Y así se resuelve el problema planteado por
algunos merodólogos, de si la historia entra en la crítica de
arte como medio o como fin, apareciendo ahora claro que
la historia que se emplea como medio, precisamente porque
es medio no es historia, sino material exegético, y que la
que tiene valorización de fin sí es historia, pero sin entrar
en la crítica como elemento particular, sino como elemento
constituyente y como todo. Cosas ambas que expresan la
palabra fin.
Si la crítica de arte es crítica histórica, se sigue que la
misión de discernir lo bello y lo feo no podrá restringirse
a las simples aprobación y censura, como en la conciencia
inmediata del artista en cuanto produce o del hombre de
gusto en cuanto contempla, sino que debe elevarse y amo
pliarse a lo que se llama explicación. Y como en el mundo
de la Historia,' que es el mundo, no existen fenómenos ne-
gativos ni privativos, porque el gusto considera como repug-
90
BENEDETTO CnOCE
nante y feo lo que no es artístico, no será en la considera-
ción histórica repugnante ni feo, porque esta consideración
histórica sabe que lo que no es artístico es otra cosa, tenien-
do su perfecto derecho a la existencia porque es verdadero
y ha existido. No es artística la virtuosa y católica alegoría
que Torcuato Tasso compuso para la Jerusalén. Ni son artís-
ticas las declaraciones patrioteras de Niccolini y de Guerraz-
zi, ni los conceptismos y sutilezas que el Petrarca introdujo
en sus nobles, aladas y melancólicas rimas. Pero la alegoría
de Tasso es una de las manifestaciones de la obra de la
Contrarreforma católica en los países latinos; las declama.
ciones de Niccolini y de Guerrazzi, intentos violentos para
excitar el espíritu italiano contra el extranjero o el cura o
las adhesiones a la moda de aquel estado colectivo de rebe-
lión, y los conceptismos y sutilezas del. Petrarca, culto de
elegancia tradicional y trovadoresca, avivado y enriquecido
en la nueva civilización italiana. Son, pues, tres hechos prác-
ticos, dignos de respeto y henchidos de gran significación
histórica. Podrá seguirse hablando, para hacer más gráfica la
expresión o para sujetarse al hablar corriente, de bello y
de feo en el campo de la crítica histórica, siempre que se
diga al mismo riempo,' que se sugiera, que se deje entender
o, por .10 menos, que no se excluya, el contenido positivo,
no sólo de lo bello, sino también de lo feo, que no se podrá
condenar radicalmente en su fealdad cuando se justifique
y entienda plenamente, ya que entonces sale con violencia
de la esfera peculiar del arte.
Por esta razón, cuando la crítica de arte es verdaderamen-
te estética, o lo que es igual, histórica, se amplía en su actua-
ción a crítica de la vida, no pudiendo juzgar ni asignar su
carácter a las obras de arte, sin juzgar al mismo tiempo las
obras de la vida toda, asignando a cada uno su propio ca-
rácter. Así han procedido los críticos verdaderamente gran-
des, y sobre todos De Sanctis, que es tan profundo crítico
de arte como de filosofía, de moral y de política en su Storia
delta letteratura italiana y en sus Saggi erítiei; tan profundo
en arte, porque es tan profundo en las demás disciplinas, y
al contrario. La fuerza de su pura consideración estética del
BREVIARIO DE E S T ~ T I  
91
arte es la fuerza de su pura consideración moral de la moral,
de su pura consideración lógica de la filosofía, y así sucesi-
vamente. Porque las formas del espíritu, de las que la críti-
ca se vale como de categorías de juicio, son idealmente dis-
tinguibles en la unidad, pero no son materialmente separa-
bles entre sí y de la unidad, si no se quiere verlas extinguir
y morir inmediatamente. La distinción moral de ·la crítica
de arte y de las demás críticas sirve, por ende, para indicar,
sencillamente, que la atención del que habla o del que es-
cribe se dirige a uno y no a otro aspecto del mismo conte-
nido, único e indivisible. Empírica es igualmente la distinción
de que me he servido en mis palabras, para proceder con
claridad didáctica, entre crítica e historia del arte, cuya dis-
tinción ha nacido de que en el examen del arte y de la lite-
ratura contemporáneos prevalece el matiz juzgador y pole-
mista, con el cual se aviene mejor el vocablo crítica, y en el
del arte y de la literatura más antiguos sobresale preferen-
temente el matiz narrativo, con el que casa mejor la pala-
bra historia. En efecto, la crítica verdadera y completa es la
narración histórica de lo que ha sucedido, y la Historia es la
única y verdadera crítica que puede ejercitarse sobre los
hechos de la Humanidad, que no pueden ser no-hechos, por-
que se han realizado, y que se dominan con el espíritu des-
de que se les comprende. Y como la crítica de arte no se
puede hurtar ni separar de las demás críticas, así tampoco
la historia del arte, por razones de preferencia literaria, pue-
de escindirse de la historia compleja de la civilización huma-
na, dentro de la cual sigue ciertamente su propia ley, que es
el arte, pero de la cual recibe el movimiento histórico, que
es,del espíritu todo y nunca de una forma del espíritu unida
a las demás.
INICIACIÓN, PERíODOS Y CARÁCTER
DE LA HISTORIA DE LA ESTÉTICA
1
En otra ocasión, escribiendo algunos apuntes sobre his-
toria de la Estética, recogí la opinión general de que es una
ciencia moderna, nacida entre los siglos XVIII y XIX Ycre-
cida profusamente en .fus das últimos siglas. Aunque he
tornado varias veces a meditar en este tema, me he sentido
lleno de dudas, y abandonándolo de cuando en cuando por
otros quehaceres, he querido confirmarlo al fin. Y tratan-
do de volver a confirmarlo en este momento, creo oportuno
añadir algunas consideraciones que van a profundizar y de-
terminar mi confirmaci6n, haciéndola, por lo tanto, más
persuasiva.
Aunque en el largo período que va de la civilización
griega hasta el fin del Renacimiento italiano faltase la
ciencia estética, eso no quiere decir que los hombres de
entonces carecieran del concepto de la poesía y del arte en
general Esta suposici6n última sería absurda en su misma
fórmula teórica, porque es absurdo que el pensamiento per-
manezca como inconsciente de sí mismo en cualquier' mo-
mento de su historia y que tenga defectos en sus conceptos
esenciales y contraste abiertamente con el hecho, porque
no es lícito negar el concepto, mejor aún el altísimo con-
cepro de la poesía y del arte que resplandecía en los juicios
de los griegos y de los romanos, no s6lo de sus artistas,
literatos y críticos, sino de sus círculos sociales y, como
acaeció en los tiempos felices de Atenas, del pueblo ente-
ro. Si no hubiera existido semejante concepto y no hubiera
94
BENEDE'1''1'O CROCE
actuado en las gentes, ¿cómo hubieran podido formarse en
la Antigüedad aquellas distinciones de lo bello y de lo feo,
aquellas graduaciones y canciones de poetas, que han re-
sistido, poco menos que intactas, a la prueba de los s i   o ~
¿Cómo hubiera sido posible aquel razonar de sutiles enten-
dedores que hoy admiramos en tantas obras y fragmentos
de obras del pensamiento grecorromano, en las comedias
de Aristófanes y en los diálogos platónicos, en los tratados
poéticos y retóricos de Aristóteles, de Cicerón y de Quin-
tiliano, en el autor de De oratoribus y en el que investigé
sobre El estilo sublime? Por las mismas evidentes razones
de hecho, el concepto del arte no se puede trasladar a la
edad del Renacimiento, en la cual-aparte de lo que los
poetas mismos, los pintores y los escultores discurrierm
sutilmente sobre cuestiones de arte-- hubo abundancia le,
críticos profesionales que supieron distinguir el oro y la
plata en la literatura antigua y en la moderna, y que, para
citar un caso, advirtieron y afianzaron la belleza de la fa-
ma en Ariosto y la incipiente morbosidad de la de Tasn,
como en Otro respecto había hecho ya Aristófanes con bs
tragedias de Eurípides comparándolas con las de Esquib.
Por menos evidentes, pero no por menos verdaderos 1[-
gumentos, debe reconocerse aquel concepto en los sigbs
llamados medioevales, que al producir como produjeran
poesía y arte, no pudieron menos de producirlos sin qJe
junto a ellos surgiere, como natural reflejo, un juicio de fa
poesía y del arte. Y, en efecto, también la Edad Meda
tuvo, como todos sabemos, sus escuelas, sus retóricos, SIS
mecenazgos de artes y de letras y sus torneos poétias,
con sus respectivos jueces de campo.
Ni tampoco, en segundo lugar, al negar la Estética en el
período indicado, queremos decir que no se discutiese 1Dl-
cho entonces en tomo a cosas de arte, porque a los griegs
y a los romanos se debe la fundación de la ciencia pn:.
tica o empírica del arte en sus varias formas: la gramáti:a,
la retórica, la poética y las preceptivas atañederas a las [.
tes plásticas, a la arquitectura y a la música. Tratados ce
no cayeron del todo en olvido durante la Edad Media, pr.
BREVIARIO DE EST1tTlCA
95
que fueron aprovechados y estudiados en compendios, in-
cluidos en las enciclopedias y ampliados en nuevos tratados
con arreglo a las necesidades nuevas. Todos ellos resucita-
ron durante el Renacimiento, siendo comentados, fragmen-
tados, ampliados y fundidos en flamantes obras, que abra-
zaron, con el arte y la literatura de la Antigüedad, los de
las naciones nuevas. Desde los sofistas griegos a los huma-
nistas italianos se realizó en este punto una ingente labor:
una labor verdadera y propia, positiva, provechosa, fecun-
da, no un moverse en el vacío, ni una desviación, ni una
obra pedantesca, como pareció después y como parece hoy
mismo, a consecuencia de la resonancia, que todavía vibra
en el aire, de las violentas protestas y de la tumultuosa re-
belión romántica. A pesar de lo cual, todos seguimos hablan-
do de tragedia y de comedia, de épica y de lírica, de poesía
y de prosa. A pesar de lo cual todos seguimos recordando
la .distinción entre palabras propias y palabras metafóricas
de sinécdoques, metonimias e hipérboles; todos olvidamos
prescindir de las categorías gramaticales, nombre, adjetivo,
verbo y adverbio, y todos, en fin, cuando llega el caso, dis-
cernimos sobre estilos arquitectónicos, de pintura figurada y
de paisaje, de escultura de alto y de bajorrelieve, y todos
forjamos nuevos conceptos empíricos, al mismo tenor, de
los mismos modelos antiguos y respondiendo a las nuevas
condiciones, de cultura y a los hechos nuevos que nos in-
cumbe dominar. Claro está que empleamos estos viejos y
estos nuevos conceptos con bastante cautela, con observan-
cia de sus límites y con conciencia de su fin, que es prác-
tico y no crítico ni especulativo; de modo que tales con-
ceptos son y no son' los de los antiguos, o son los mismos
pero purificados de los prejuicios que les corroían y se mez-
claban a ellos. Lo que comprueba precisamente que la obra
realizada por esta parte de los antiguos tuvo un carácter de
sólida adquisición, tan sólida que se puede rehacer, modio
ficar o entender mejor, pero de ningún modo. deshacerse
de ella. Si por un instante revivimos el tiempo en que no
existían, o existían solamente de manera ruda y parcial, gra-
máticas, retóricas, poéticas y toda clase de preceptivas, y nos
96
BENEDETTO enoeE
imaginamos que tenemos libertad para formularlas o no,
dándonos cuenta de los errores y de los inconvenientes con
que hemos de tropezar a buen seguro, nos parece imposi-
ble adoptar el camino de dejar de poner manos y cabeza en
el empeño. Con esta hipótesis declaramos su necesidad.
Como se trata nada más y nada menos que de proveer a las
necesidades de la técnica y a los instrumentos de educación
literaria y artística, la cual ha sido muchas veces negada
en su gran importancia y eficacia y desplazada por la vaga
exhortación a la espontaneidad y a la genialidad, se impone
el reconocimiento de tales medios auxiliares y la más severa
sanción para con los individuos y sociedades que han estado
privados de ellos porque mostraban la flaqueza y flojedad
del que no tiene disciplina y del que no se sujeta a norma
alguna. Indudablemente fueron pedantes muchos de aque-
llos preceptistas de la Antigüedad y del Renacimiento, y
pedantescas muchas de aquellas doctrinas que hacen' dema-
siado mecánico el mecanismo; pero sin afirmar que los pe-
.danres se encuentran por todas partes y en todos los tiem-
pos, hemos de convenir que la pedantería de aquellos auto-
res está atemperada por el concepto del arte, tan alto y tan
vivo en aquellos tiempos, y que el mecanismo inevitable e
intrínseco a su labor es, por decirlo así, un mecanismo fle-
xible, con referencias continuas a las cosas reales y con
transacciones que pareciendo contradictorias son, en aquel
respecto, sagaces acoplamientos y acomodamientos. Hoy mis-
mo, tomando a leer aquellos libros, vemos en ellos una
guía y un freno, una medicina mentís contra el peligro y
las malas costumbres de las excesivas tendencias románticas,
deleitándonos volver a entrar en la casa solariega de los
viejos maestros.
Tampoco puede negarse, en tercer lugar, que, aparte del
concepto general difuso que percibimos en los juicios, se
dan en aquel período vestigios de otros pensamientos más
puramente filosóficos. Recordemos, entre los principales, la
indagación platónica sobre el valor de la poesía, que con-
tenía en sí la exigencia de un razonamiento sobre el em-
pleo de la fantasía y sobre su relación con el conocimiento
BREVIARIO DE EST2TlCA
97
lógico. Recordemos la contraposición que establece el mismo
filósofo de mitos y lagos, de fábulas y razonamientos, de
imágenes y de conceptos, asignando la poesía, no a los logos,
sino a los mitos. No olvidemos los pensamientos más pro-
fundos y mejor determinados, de Aristóteles, sobre la poe-
sía, que difiere de la Historia porque se resuelve en lo uni-
versal y en lo ideal, sobre la diversidad entre la poesía íntima
y la simple forma métrica, sobre el poder de catarsis de cíer-
ras representaciones artísticas, sobre la correlación de díaléc-
tica y de retórica, sobre las proposiciones desprovistas de
significación lógica, pero con significación, sin embargo, y
pertenecientes, por ende, a la consideración lógica. y recor-
demos el intento de Plotino para resolver lo bello de las
cosas externas en bello interior y espiritual, y relacionar el
concepto de la belleza con el del arte. Y no olvidemos las
teorías tan divulgadas sobre, la poesía, que tiene como fin
el placer, o enseñanza agradable de la verdad, o exhortación
alentadora hacia el bien, porque no están del todo despro-
vistas del contenido filosófico, y son susceptibles de cierto
desarrollo crítico, ya: que la primera hace valer, a su modo,
contra el carácter lógico y moral, el del placer no lógico y
no moral del arte; la segunda, el carácter teórico contra el
mero hedonismo, y la tercera, contra la abstracta generali-
dad de las ideas, hace valer el carácter concreto e individual
de las figuraciones del arte, semejantes en esto a las obras
de la Naturaleza. Hasta entre los escolásticos se advierten
algunos atisbos originales y profundos, como el de la cog-
nitio intuitiva y la species specialissima, de Duns Bscoro, En
el Renacimiento, el concepto de la verdad poética o de lo
vet'osímil, como entonces se llamaba, se desarrolló presta.
mente en pensamientos agudos sobre lo universal inmedia-
to, sobre el juicio inmediato de la poesía, sobre la belleza
como expresión, que formularon Fracasroro, Gíordano Bru-
no, Campanella y otros. Es lícito, por ende -y de esta licio
tud se han aprovechado copiosamente los compiladores de
disertaciones académicas--, recoger estos pensamientos y
observaciones, diseminados aquí y allá, y escribir en torno
a la Estética de éste o del otro autor, antigua, medioeval o
NdM. 41.-7
98
BENEDETTO CnOCE
del Renacimiento, o en torno a la Estética de estas épocas
distintas.
Pero haciendo estas concesiones con la mayor amplitud,
para que no las olvidemos y las tengamos en cuenta, es evi-
dente que la Estética propiamente dicha no aparece en el
período que va desde los griegos hasta el siglo XVII. Porque
aquel concepto del arte, cuya eficacia hemos destacado, es-
taba, como hemos dicho, unido a los juicios y vagaba por
aforismos y sentencias, W suelto y no ligado", según la ex-
presión del Sócrates platónico, o lo que es igual, no integra-
do sistemáticamente a los demás conceptos filosóficos. La
ciencia empírica del arte era empírica porque no pensaba
verdaderamente en el arte, pagada de dividirle en partes y
partículas, de generalizar los casos singulares y de fundar
preceptos sobre ellos. Los relámpagos de filosofía del arte o
de estética que se vislumbraban aquí y allá entre los filóso-
fos, no sólo no encontraban quien los continuase, sino que
se apagaban en seguida, sin dejar huella en sus propios auto-
res. y si se quiere objetar que tales pensamientos tuvieron
continuadores, añadiremos que sí, pero mucho más tarde, y
que, por ejemplo, la negación platónica de la poesía apa-
reció con Descartes y Malebranche, dando lugar, por reac-
ción, a la reivindicación de la fantasía. Que el esbozo de
Plotino de un sistema de la belleza, como irradiación im-
perfecta de la idea en la Naturaleza y más perfecta en la
mente del artista, torna, con nueva riqueza de matices y
madurez de método, con el idealismo poskantiano. Que la
sugestión de Arist6te.les sobre las proposiciones no lógicas
reaparece en la filosofía moderna sobre el lenguaje. Que
la cognitio confuJtI, de Duns Escoto, actuó en el leibnizia-
nismo produciendo, a través de la IEJthetictl, de Baumgar-
ten. Que el hedonismo estético antiguo se reavivó en los
estéticos sensualistas del siglo XVIII, que tanta influencia
ejercieron en la Crítica del juicio, etc. Pero con estas re-
ferencias, mejor que rebatir que la Estética pertenece a los
tiempos modernos, lo que se hace es afirmar que los gér-
menes sueltos de los tiempos antiguos retoñaron, y que en
los nuestros comenzó a entenderse el valor de las sugesrío-
BREVIARIO DE ESTllTICA
99
nes de los precursores. Las sentencias de Heráclito, el oscuro,
se recogieron en toda su totalidad dentro de la lógica hege-
liana; pero esta justicia, rendida con tanto retraso, confir-
ma que la verdadera dialéctica fue extraña al pensamiento
antiguo, a pesar de los presentimientos de Heráclito.
La razón de que tanto la dialéctica Como la filosofía del
arte y la Estética permanecieran desconocidas desde la Anti-
güedad hasta los albores de la Edad Moderna estriba en el
carácter del pensamiento antiguo no menos que en el me-
dioeval y en el del Renacimiento, que osciló entre la natu-
raleza y lo sobrenatural, entre este mundo y el otro, sin de-
tenerse nunca verdaderamente en el concepto del espíritu,
crítica y unidad de aquellas dos abstracciones; así, pues,
pudo producir una física y una metafísica, una ciencia de la
naturaleza y una teología, ahora la una, ahora la otra, o bien
todas a la vez, pero nunca una filosofía del espíritu. El espí-
ritu, en aquella concepción, se igualaba a la naturaleza, obje-
to entre objetos y cosa entre cosas, de modo que si la doc-
trina de la poesía y del arte se agotaba en la física, o lo que
es igual, en las clasificaciones naturales de las gramáticas,
poéticas, retóricas y preceptivas de toda laya, la doctrina ló-
gica se agotaba igualmente en la clasificación de las formas
extrínsecas o verbales y la ética en la clasificación de las
virtudes y de los deberes.·Y así quedaba, fuera de esas y de
otras disciplinas naturales, una ontología de principios tras-
cendentales que iba desde los mitos de los fisiólogos y des-
de los átomos de los materialistas al Dios de los cristianos.
y aunque el cristianismo había hecho bastante más intensa
la conciencia de la espiritualidad de lo real, tendía, por otra
parte, en la teoría del conocimiento, a la aprehensión inme-
diata de Dios y en la de la práctica a la negación de la vida
mundana. Y ante eso, por profundos que fueran y preñados
de consecuencias que estuviesen los conceptos gnoseólogos
y éticos de sus místicos y ascetas, esta profundidad estaba
contrarrestada por el desinterés hacia las formas del espíritu
que se relacionaban más directamente con el mundo, la sen-
sibilidad y las pasiones, tendiendo, en la esfera práctica, a la
teoría de la vida polírica y económica, y en la teoría precí-
100
BENEDETTO CROCE
samente hacia la teoría del conocimiento sensibíe o estético.
En la 'primera hubo que esperar al pensamiento de Ma-
quiavelo y, en la segunda, al de Vico. Y así/vemos c6mo la
carencia de la Estética en el período anterior al siglo XVII
no dependía de contingencias y de accidentes, sino que era
perfectamente concorde con el pensamiento y con el carác-
ter de aquella época.
Esta coherencia, tal vez, puede aparecer incoherencia ante
nuestros ojos y en presencia de conceptos más nuevos y más
amplios; pero como éstos son respuestas a problemas que
antes no se habían planteado, es claro que la tacha de in-
coherencia sería, en, nuestro caso, anacrónica y anrihistórica,
Hace falta, en fin, que cuando se afirme que durante el pe-
ríodo sobre el cual discurrimos falt6 la Estética u otra clase
cualquiera de producci6n mental, no demos a la palabra
carencia el sentido de una privaci6n real t, por ende, el de
una angustia y de una desgracia que no existían. Los con-
ceptos ..sueltos, no ligados", no elaborados ni doctrinal ni
sistemáticamente eran, sin embargo, suficientes para discer-
nir 10bello de lo no bello, la poesía de la no poesía, el bien
del no bien y la verdad de la no verdad. Las mentes de
aquellos hombres navegaban en mayor o menor placidez
por los mares de la verdad, mientras las ciencias empíricas,
por su parte, sistematizaban la serie de juicios, inducían,
abstraían y servían de guía para el juicio y para la acci6n.
Todo 10 demás era un límite no advertido -o sólo adver-
tido de pasada y porque sí- como tal, un ..sueño dramá-
tico" que apenas se distinguía de otro sueño cualquiera, y
que por eso no daba la angustia del límite obstáculo, como
nos la daría a nosotros si nos viéramos constreñidos a pen-
sar hoy-menos de lo que realmente podemos pensar. En
orros términos: el error en que caeríamos considerando
como defecto y como estado de desgracia aquella condición
mental sería semejante del todo al del que considerase como
infelices los tiempos en que no existían ferrocarriles ni na-
vegaciones de vapor, cuando los felices somos nosotros, en
la imaginación, porque acostumbrados a usar de tales como-
didades en la vida práctica, fingimos trasladarnos a un mun-
BREVIARIO DE E S T ~ T I  
101
do en que aquellas comodidades no existían, aunque sí las
necesidades correlativas nacidas de .aquellos adelantos. lle-
gará un tiempo para el cual la edad en que vivimos, que
hoy nos' parece tan luminosa, estará representada con sus
límites, porque la habrá sobrepujado otra edad. La realidad
del porvenir no es, sin embargo, la realidad del ptesente.
y sin recurrir a la idea de otra edad distante de la actual
siglos y milenios, podemos ver a cada instante en nosotros
mismos, en nuestra cotidiana progresión mental, cómo otros
pensamientos más amplios incluyen y sobrepasan los del
año, del día o del mismo anteriores, y cómo en cada miau-
ro, día y año somos más coherentes can nosotros mismos y
estamos satisfechos de aquella coherencia y de aquella satis-
facción que está y que no está en cada acto de la vída.
11
La prueba de la correspondencia exacta entre la carencia
de una Estética propiamente dicha y el carácter de la filo-
sofía antigua es el simultáneo nacimiento de la filosofía mo-
derna y de la Estética. La iniciaci6n de ésta puede situarse,
en efecto, como ya indiqué, entre los siglos XVII Y XVIII,
coincidiendo con el nacimiento del subjetivismo moderno,
con la filosofía como ciencia del espíritu y con la concep-
ci6n real de lo inmanente -inmanente con relaci6n al espío
ritu, porque la inmanencia en la naturaleza, el llamado pan-
teísmo es, como la misma naturaleza, otra forma de tras-
cendencia-. Con relación a la época que se inicia, la que
se cierra, y a la que hemos aludido anteriormente, no pero
tenece a la historia de la Estética, sino a la prehistoria, a lo
sumo, de la cual muestra aquí y allá algunos atisbos y vis-
lumbres. Y como la Estética y el subjetivismo moderno es-
tán tan estrechamente unidos, que son, en realidad, la mis-
ma cosa, como subjetivismo y filosofía del espíritu quieren
decir filosofía genuina y pura, filosofía verdadera y propia,
contra toda suerte de físicas, metafísicas y teologías, no he-
'mos de sentir miedo al sentar la consecuencia ulterior de
que la filosofía es de los tiempos modernos, y que lo que
así se llama, desde la Antigüedad al Renacimiento, es filo-
sofía en su parte episódica y secundaria, pero en la princi-
pal y fundamental continúa siendo mitología, religión, me-
tafísica, misticismo o como queramos llamarla. Decimos
que no debe espantarnos semejante afirmación, porque aho-
ra, a prop6sito de la Estética, hemos declarado cuánto im-
portan semejantes negaciones, encaminadas a calificar una
obra y no a condenarla, haciéndonos, de paso, la considera-
BREVIARIO DE ESTf!;TICA
103
ci6n de que aquella consecuencia no es tan paradójica y tan
nueva como parece en el momento de formularla, ya que,
si recordamos bien, en los dos últimos siglos ha sido vivísi-
ma la conciencia-tan viva como la que hubo después del
triunfo del cristianismo- del advenimiento de algo tan ex-
traordinario que, ante ello, las épocas anteriores se fundi-
rían en una sola, de la cual sería una contraposici6n la es-
perada. La de la época moderna puede definirse como la
de la Razón que guía al hombre, como la del Espíritu que
tiene conciencia de sí mismo, como la de la Libertad des-
arrollada, como la época pOJitiva, en fin, que ha sucedido
a la teológica y a la metafísica.
Volviendo a la Estética, el problema que tenía que resol-
ver la nueva ciencia era -para dar una designación suma-
ria y genérica de él- el de la misión que la poesía, el arte
y la fantasía ejercen en la vida del espíritu y, por tanto, el
de la relación de la fantasía con el conocimiento lógico y
con la vida práctica y moral, que planteaba a la vez, y al
mismo tiempo, la pregunta inversa sobre la misión del co-
nocimiento l6gico y de la vida práctica y moral, es decir,
del espíritu, en la relación y dialéctica de todas sus formas.
..Hacer el inventario del espíritu humano" era la divisa de
la nueva especulación. El problema de la Estética formaba
parte de dicho inventario y entraba en él de lleno. Era im-
posible tratar a fondo las cualidades de la poesía o de la
Creación fantástica sin tratar también a fondo todo el es-
píritu, e imposible igualmente edificar una filosofía del espí-
ritu sin Estética, a cuya necesidad ningún filósofo moderno
ha sabido sustraerse, y cuando parece que alguno se des-
cuidaba, si examinamos mejor su obra, vemos o que recaía
en el viejo dogmatismo o que tocaba en el mismo proble-
ma estético de modo inconsciente, indirecto y negativo.
Kant -y puede bastarnos este ejemplo solemne--, que se
resisti6 más que todos los pensadores a hacer de la Estética
un tratado filosófico, se vio al fin obligado, acabadas las
dos C,íticaJ--de la razón pura y de la razón práctica-, a
añadir la tercera crítica sobre el juicio estético teológico,
advirtiendo la grave laguna, el hiato que se hubiera dado,
104
BENEDETTO CRoeE
en otro caso, en su inventario. De nada valen contra. nuestro
argumento los propósitos que algunas veces se oye mani-
festar a modernos autores, de indagar la Estética ..fuera e
independientemente de la filosofía", porque lo mismo se
oye decir mil veces con relación a la lógica, queriendo de-
cirse sencillamente ..fuera de la filosofía ontológica, tras-
cendental y dogmática", de la metafísica, porque esos pro-
pósitos son fundamentalmente laudables y sirven de confir-
mación a nuestro juicio. El lazo de la Estética con toda la
restante" filosofía es, en los. pensadores modernos, intrínseco
y no extrínseco, como era en los filósofos de las edades
precedentes, que solamente trataban de cosas de arte cuan-
do sus sistemas empíricos tomaban la forma de enciclope-
pias de conocimientos o como series de conocimientos yux-
tapuestos.
Sin embargo, para entender y juzgar rectamente la his-
toria de la Estética y, en general, de la filosofía moderna,
no necesitamos creer que, con la iniciativa del subjetivismo
moderno, la vieja filosofía trascendental y metafísica des-
apareció sin más ni más, desvaneciéndose lentamente y bo-
rrándose del todo en el porvenir. Si partimos de estas falsas
premisas, viendo que en toda sistematización moderna se
da la vieja filosofía con mayor o menor amplitud, quedan-
do residuos de metafísica y de lo trascendente, hay que
concluir, en último análisis, que volvemos a lo trascendente
y a la metafísica, y que no ha cambiado nada de lo que
creíamos que había cambiado sustancialmente. Para atener-
nos al caso de la Estética, no conocemos estético que en este
o en aquel punto de sus tratados calle sobre ínrelecrualísmo,
sobre nioralismo, sobre, sensualismo, sobre abstracción y, a
fin de cuentas, sobre naturalismo y trascendencia. Pero sin
duda las formas necesarias del error -y el pensamiento me-
tafísico o trascendental es uno de ellos-- que la mente hu-
mana recorre en la investigación son eternas y giran per-
petuamente sobre el espíritu; pero al volver a girar, aun
induciéndonos al error, realizan, en cierto modo, un progre-
so evidente. Y el progreso general, gracias al cual la filo-
sofía moderna se separa en cierto modo de la antigua, con-
BREVIARIO DE E5Tt!:TICA
105
rraponiéndose como filosofía a metafísica, subjetivismo a
objetivismo e inmanencia a trascendencia, consiste en la
orientación general, en el movimiento dominante, en la en-
tonación de la moderna filosofía con relación a la antigua,
en la cual la metafísica era lo principal y el pensamiento
crítico lo episódico, al revés de lo que ocurre en la filosofía
moderna, donde el pensamiento crítico es lo principal y la
metafísica el episodio. Así Kant, después de haber criticado
a sus predecesores, estableciendo que la belleza nadá tiene
que ver con el concepto y que es desinteresada, final sin
representación de fin, y fuente de placer.. pero de placer
universal, caía inadvertidamente en el inrelectualismo, defi-
niendo la obra de arte como la representación adecuada de
un concepto, en la cual el genio combinaba intelecto e ima-,
ginación y readmitía hasta la finalidad externa explicando
lo bello como símbolo de la moralidad. Pero estas cosas no
empañan la verdad ni la fecundidad de los nuevos princi-
pios que estableció, ni hacen que queden como no resueltos
los problemas que él realmente resolvió. Así Hegel, des-
pués de haber afirmado el carácter intuitivo de la represen-
tación artística, que es la idea, aunque en forma sensible,
recaía en ellogicismo al idear una historia dialéctica del arte
como idea con sus doctrinas determinadas. Hegel, después
de haber reconocido que lo bello es del espíritu y no de la
naturaleza, construía una doctrina de la belleza en la natu-
raleza, dando nuevo impulso a .las ideas platónicas, sin que
por eso deje de ser enorme el .número de problemas que
él ha planteado y resuelto a la perfección y evidente el pro-
greso que logró infundir a toda la ciencia en general. Lo
mismo sucede en otro aspecto de su filosofía, porque nin-
guno imaginará que ha negado la fuerza del criticismo kan-
tiano al notar la debilidad a que se entrega su autor admi-
tiendo la cosa en sí y restaurando implícitamente el dogma-
tismo y la trascendencia. Del mismo modo que nadie nega-
rá la profunda reforma hegeliana de la lógica gracias a su
dialéctica, aunque Hegel traslade ésta a un campo donde
no puede utilizarla, dialectice conceptos empíricos de .la fío
sica y de la zoología, y de la plenitud de la filosofía concreta
106
BENEDETTO CROCE
haga resurgir un pensamiento abstracto hasta la saciedad
y metafísico en el peor sentido.
Otra advertencia necesitamos hacer, encaminada al mis-
mo fin de la recta inteligencia de la historia, no sólo de la
Estética en general, sino de toda la filosofía moderna, adver-
tencia que consiste en no reemplazar el /J1'oblema estético
con lo que se llama /J1'oblema único, y no tomar al pie de
la letra la denominación abreviada que designa un inagota-
ble orden de problemas diferentes y siempre nuevos. Si el
problema fuera verdaderamente único, ocurriría que por
necesidad se disolvería, en cuyo caso la ciencia estética ha-
bría de morir, porque conseguía plenamente sus fines, o
que no podría resolverse nunca, lo que equivaldría a esti-
'marque el problema estaba mal planteado, trocándose en
equívoco, o que se resolvería parcialmente, por medio de
sucesivas aproximaciones, sin alcanzar nunca la plenitud
de la solución, o se volvería al caso precedente, porque una
verdad a medias no es nunca la verdad, y un problema que
no se resuelve plenamente es un problema mal planteado.
Pero cuando con ese nombre colectivo se sustituye la rea-
lidad a que se refiere y que cobija, se ve que la Estética y
toda la filosofía son y no son la misma cosa, que sus pro-
blemas se resuelven de cuando en cuando y que cada uno
de ellos, resuelto, engendra otros por resolver. Y ahora
podemos, al examinar las doctrinas propuestas, o los pro-
blemas planteados y resueltos por un pensador o por va-
rios en un período determinado, darnos cuenta del pro-
greso de la mente humana, que es el eterno tejer y des-
tejer de la verdad.
El problema, por ejemplo, en torno al cual, de modo más
o menos consciente, laboraron los retóricos y los críticos,
principalmente italianos, del siglo XVII, solicitados por las
polémicas y reflexiones literarias del siglo anterior, era el
de encontrar una facultad especial para la producción del
arte, diversa del simple intelecto y que fuese peculiarmente
inventora y creadora de lo bello. Y sobre ella discurrieron,
bautizándola con el nombre de ingenio, asemejándola a la
imaginaci6n o fantaJía, como una facultad de juzgar el
BREVIABIO DE EST2TICA
107
arte que no fuese la razón raciocinante, y que llamaron el
juicio o el gusto, poniéndolo unas veces a la altura del sen-
timiento y otras a la del discernimiento o intuición de no
sé qué. Pero al mismo tiempo,. Descartes y sus discípulos
más cercanos, tratando de reducir el conocimiento huma-
no a la evidencia matemática, ignoraban o desechaban abíer-
tamente los modos de pensar que se les antojaban turbios y, .
para mayor gloria de la ,aison, conculcaban la fantasía y ,
sacrificaban la poesía a la metafísica y a las matemáticas.
Tampoco puede decirse que Descartes fuese retrógrado'
respecto a aquellos discernidores del ingenio, del gusto, del
sentimiento y del no sé qué, ni que éstos fuesen retrógados
con relación a. Descartes, porque los dos problemas,' eran
distintos y servían de introducción a distintas verdades. Los
primeros, en efecto, andaban buscando a tientas el papel
del arte y de la poesía en la vida del espíritu, y el segundo
fundaba, aunque en forma racionalista, una filosofía del
arte, que era necesaria para despejar los primeros descu-
brimientos de las primeras incertidumbres y titubeos. Y así,
bajo el influjo cartesiano, se compusieron tratados que
trataban de reducir el arte a un solo principio -Batteux-
o de definir la belleza en sus varias formas y órdenes de
manifestación-Andrés Crousaz-. Del cartesianismo pro-
cede Leibniz, que junta en su pensamiento -y tal fue, por
su parte, el nuevo problema-las verdades de los re-
tóricos del siglo XVII y las de Descartes dando, en la teo-
ría de las cogniciones, un lugar a 'los conocimientos con-
fusos y daros que preceden a los distintos y a la poesía que
precede a la filosofía; y sus discípulos formaron un cuerpo
de doctrina, una ciencia especial, la scientia cognitionis sen-
sitúe, el ars anaJogii f'alionis, la gnoseologia inferio" que
bautizaron con el nombrede JEsthetica. Problema bien plan-
teado y bien resuelto, aunque. la diferencia meramente gra-
dual o cuantitativa entre cognición intuitiva y cognición in-
telectiva no bastase a los que vinieron después y que, para
continuar desarrollando la Estética ya pergeñada e intro-
ducir en ella la teoría del genio y del gusto, tuvieran que
preguntarse si verdaderamente la cognición intuitiva era la
108
BENEDETTO CROCE
simple cognición intelectiva confusa convirtiendo, poco a
poco, este concepto cuantitativo y psicológico en otro es-
peculativo de la fantasía autónoma. De otra zona distinta
de estudios, de los estudios gramaticales Y de la lógica for-
malista, surgió al mismo tiempo la ciencia de la gramática
ó gramática filosófica que, como racionalización del proce-
dimientto irracional o fantástico del lenguaje y de las gra-
máticas empíricas que se habían escrito para fines didácti-
cos, podía parecer nada menos que la formación de un error
colosal, pero que en aquel tiempo -que ha dejado surco-
de comprender el lenguaje en su ley intrínseca, creó, en
efecto, la filosofía del mismo, que quedó y se desarrolló,
despojándose lentamente de los prejuicios de la gramática
lógica. Así, entre los mismos elaboradores de la gramática
lógica no tardó en plantearse la cuestión de si se podían
considerar las formas imaginativas, las llamadas metáforas
o tropos, como ornatos y añadidudas de la forma lógica pura,
descubriéndose que no eran embellecimientos, sino ..formas
espontáneas de expresión" (Du Marsais), y aunque' no se
descubriese en general, ni entonces ni mucho tiempo des-
pués, la estrecha relación, mejor aún, la identidad que existe
entre los problemas de la nueva filosofía del lenguaje y los
de la nueva ciencia del arte o Estética, tal relación fue, sin
embargo, entrevista por Vico, que se puso a investigar los
orígenes de las lenguas en los mismos orígenes de la poesía.
Podemos colocar a Vico, ciertamente, a la cabeza de todos
los estéticos conremporáneos suyos, por la grandeza de sus
doctrinas y por sus esbozos anticipando la visión de lo fu-
turo lejano" pero sin olvidar que esta superioridad es, en
otro respecto, inexacta, como son inexactas todas las supe-
rioridades que empleamos empíricamente y a guisa de én-
fasis a lo largo del discurso. En efecto, Vico, como cualquier
otro pensador digno de su nombre, profundizó en varios, en
muchos problemas, pero no se dio cata de otros que, naci-
dos en su época, dieron lugar a toda suerte de polémicas,
ocupándose, sobre todo, de apuntalar y de dar solidez a la
originalidad de la fantasía contra las negaciones de los ári-
dos cartesianos y en determinarla como primera forma del
BREVIARIO DE EST1!:TICA
109
conocimiento en el desarrollo eterno del espíritu, y además
en las fases sociológicas y en la historia real de las socíeda-
des humanas. Pero la gran cuestión y la célebre cuestión es-
tética del siglo XVIII fue la de la relatividad del 'gusto, que
implicaba ciertamente -porque toda proposición filosófica
implica todas las demás-la cuestión de la naturaleza del
arte, determinando si pertenece a los placeres prácticos del
individuo o a las formas mentales de la verdad, planteán-
dose y resolviéndose en relación con las dudas que suelen
nacer ante la variedad y el contraste de los juicios sobre la
belleza y sobre el arte. Problema que se 'debatió durante
aquella época en toda su extensión, como se acredita con
una copiosa literatura, sin que fuera el único, porque 'tam-
bién surgieron otros dos: el del valor de las doctrinas de
los géneros literarios y el de las reglas elaboradas en la época
italiana del Renacimiento y después en la francesa, y el de
'los límites o carácter de cada· arte. En el primero de estos
problemas se sostuvo el partido de la libertad máxima,
siendo de oír la más recia protesta contra el preconcepto
de los géneros en boca de un escritor que es, por lo demás,
un racionalista bastante pedante, Gravina, particularidad que
hacemos resaltar para repetir, una vez más que para como
prender la Historia es siempre conveniente seguir los pro-
blemas y los pensamientos monográficamente, combatiendo
la tendencia excesiva a simplificar, a unificar y a encontrar
la coherencia donde no existe. En relación con el segundo
problema, se nos ocurre decir, como ya hemos escrito al
tratar de la gramática filosófica, que la doctrina que surgió
entonces, formulada por Lessing, donde para cada arte se
cercaba un campo especial de cosas y de conceptos-para
la poesía las acciones, para la escultura los cuerpos, etc.-,
representaba la suma de un nuevo error a los viejos y hasta
un retrocesocon relación al agudo aforismo antiguo: ut pic-
tura poesis. .Pero en realidad, Lessing, sin resolver o resol-
viendo mal el problema intrínsicamente absurdo de la de-
limitación de cada arte, resolvía otro que también se había
planteado: demostraba que ningún arte ~ o   o en gene-
ral, ninguna obra singular de arte- puede traducirse y
110
BENEDETTO CROCE
volcarse en otro y encontrar en él su equivalente. De esta
laya, lessing se transportaba a las más altas cumbres de la
investigación sobre la unidad y diversidad de las repre-
sentaciones artísticas, sin decir, que con la reducción al ex-
tremo del concepto de los límitts de las artes se asomaba a
la posición o solución opuesta, que ve en aquellos límites
una reducción arrancada a la física y, por lo tanto, ajena
al arte. De los estudios en torno a las artes plásticas nació
la Historia de Winckelmann, libro que creó, como suele
decirse, la propia y verdadera historia de las artes; afirma-
ción ésta que parece un poco contradictoria o, al menos, un
poco restrictiva, porque Winckelmann informó su historia
en un criterio abstracto y antihistórico, en la Belleza ideal,
siendo, en este respecto, inferior a Vico, para el que la his-
toria de la poesía variaba con la variación de las condiciones
sociales y de las vicisitudes éticas. También es verdad, para
quien estudie la historiografía de las artes plásticas, que se
compone o de biografías de artistas o de recolecciones anti-
guas de pensamientos, que Winckelmann ideó, e intentó
una historia interna de aquellas artes, aunque en la interio-
ridad misma de su historia resaltase una especie de exterio-
ridad. En el tiempo de Winckelmann, y en la misma tierra
alemana, Hamann y Herder entraban espontáneamente en
la senda ya recorrida por el filósofo italiano, entrambos in-
feriores a él en amplitud y potencia especulativas; pero que
no pueden considerarse tampoco como repetidores de Vico,
porque los problemas que ellos tratan, tan parecidos a los
de éste, episódicos y accidentales, son nuevos y están nutrí-
dos de conceptos y nacen de supuestos previos de cultura
alemana, diversos de los preferentemente clásicos y huma-
nísticos de Vico. Otros también, refrescando con el método
psicológico algunas de las distinciones de los viejos retó-
ricos, trataban de aclarar y de definir, en relación con lo
. bello y con el arte, lo sublime, lo cómico y otras formas
. del sentimiento. Kant, en las postrimerías del siglo, es como
un puntO de convergencia del pensamiento estético del si-
glo XVII -que en la Crítica del juicio se refleja con sus in-
vestigaciones y polémicas, con las verdades adquiridas y con
BREVIARIO DE E8T1lTICA
111
las dudas que lo trabajan- y es un punto de partida del
pensamiento que sobrepuja, lo que explica el hecho de que.
los historiadores de la Estética reconozcan a Kant, en este
aspecto, un puesto cesáreo y napoleónico, como el hombre
en quien luchan ..dos siglos, el uno armado contra el orro",
esperando la palabra capital y definitiva. Podemos dejar
correr su representación semisimbólica, interpretándola dis-
cretamente, porque Kant vuelve a plantearse, con 'la mayor
intensidad, el problema de la relatividad del gusto, y los
restantes de la regularidad e irregularidad del genio, de la
belleza pura y de la belleza mixta, de lo sublime, de lo có-
mico y de los límites de las artes. También es verdad que
Kant no acierta a dar una característica demasiado vigorosa,
sino negativa y genérica, del dominio de la belleza, análoga
a la de la ley moral que él mismo puso en salvo de los ata-
ques de la ética materialista y utilitaria, y que en Kant,
antihisrórico y antidialéctico, no se refleja tampoco el pen-
samiento históricodialéctico, que ya se había iniciado, de
la poesía y del lenguaje. Por otra parte, no de Kant, sino
de Herder, de Leibniz, de Baumgarren, e idealmente de Vico,
•se desprende la estética poskantiana alemana, la que va de
Schiller y Hegel hasta los menores y epígonos como Scho-
penhauer, que todavía tiene partidarios y devotos. En cuya
estética, por otra parte, el problema acerca de la misión del
arte en la vida del espíritu se unifica con el problema del
órgano mental, donde se aprehende lo Absoluto, por lo que
el arte, ora se confunde con la filosofía, ora vuelve a ser
una forma inferior de filosofía, un pensamiento mitológico,
ora se eleva a una especie de hiperfilosofía. En esta Estética
la unidad del acto artístíco, turbada por ese elemento ex-
traño, se escinde en contenido y forrna, y la retórica, los
géneros literarios, las divisiones de las artes, lo bello de la
naturaleza, los sentimientos todos estéticos y todos los otros
empirismos se extraen y, lo que es peor, se racionalizan y
deducen, al modo de verdades filosóficas. Por la misma ra-.
zón, estos estéticos han perdido de vista, sin profundizar, la
trabazón de la poesía con la expresión pura y con el len-
guaje concreto, y la filosofía del lenguaje tira por su lado,
112
BENEDETTO CnOCE
incapaz de tratar, en sus debates sobre el origen del lenguaje
y sobre la relación de la palabra con la lógica, los proble-
mas mismos de la Estética. Sin embargo, 'la riqueza de co-
nocimientos. de observaciones en torno a las cosas del
arte -que aquellos filósofos recogían, en gran parte, de la
literatura y de la crítica romántica contemporánea, y que
producían en calidad de críticos románticos-, su problema
principal, más que de Estética, debía considerarse como de
.lógica de la filosofía. Se advertía su esfuerzo al conciliar
el nuevo subjetivismo kantiano con la teología y metafísica
viejas; así es que el arte, con sus problemas particulares,
entraba en sus tratados del mismo modo que la gramánica
y la retórica en las enciclopedias medievales y en los sis-
temas escolásticos, extrínsecamente cuando no se adhería a
los preconceptos y esquemas sistemáticos. Y también, en
otrorespecto, el problema que les ocupaba señalaba un pro-
greso en la filosofía y en la misma Estética, porque estos
'filósofos, encerrados todavía en la cueva metafísica, trataban
de esclarecer un espiritualismo absoluto, rompiendo aquí
y allá el cerco, sobre todo al tratar de reconciliarse, de
acuerdo con la nueva época política y moral, con el pen-
samiento histórico, considerando el arte, la filosofía y las
demás formas de la vida como reales solamente en la His-
toria. Un progreso indudablemente más indirecto toda-
vía, pero no por eso despreciable para la Estética, debe se-
ñalarseen el positivismo y en el psicologismo, que suce-
dieron al idealismo metafísico, y que a primera vista pare-
cieron sofocar y apagar toda idea de arte, que no podía
encontrar su puesto, y no lo encontró, en el nuevo natura-
lismo y en la nueva teología materialista. Pero como el
nuevo naturalismo no era el antiguo, y nacía como opo-
sición al idealismo de último cuño, contenía en sus entra-
ñas una polémica frecuentemente tosca, pero no por eso
ilegítima ni del todo ineficaz, contra los residuos metafí-
sicos y teológicos de aquel idealismo. Tratando, por consi-
guiente, de limpiar el campo de tales residuos, las escuelas
naturalista y psicológica, absteniéndose de deducÚ' la Esté-
tica, y recomendando para ésta los métodos fisiológicos y
BREVIARIO DE E87'1l7'ICA
113
físicos, daba un mal. ejemplo con relación a sus afirmacio-
nes y un excelente ejemplo con relación a sus negaciones.
Fuera de las escuelas propiamente filosóficas, pero no sin
la influencia de la filosofía idealista y romántica princi-
palmente, la crítica literaria e histórica -De Sanetis en
Italia, Flaubert y Baudelaire en Francia-, continuando su
obra, formaba una conciencia del arte que, simultáneamente
y por análogas razones, repugnaba al hábito de abstracción
de los metafísicos y a la epidermis grosera de los positi-
vistas, y afirmaba y rebatía muchas verdades esenciales so-
bre la forma artística, sugeridas por el estudio directo y
por la familiaridad con el arte, que preparaban y hacían
sentir la necesidad de investigaciones más amplias y de sis-
temas nuevos.
III
Estos rápidos apuntes son no ya un bosquejo de la his-
toria de la Estética, sino, como se ha dicho, una pequeña
ejemplificación para mostrar la variedad de problemas de
tal historia y la imposibilidad de exponerla menos que
se quiera alterarla y empobrecerla- como historia de un
problema único. Adviértase, además, que, como son distin-
tos los problemas tratados por los investigadores, también
es distinta la misma narración histórica que, según el in-
terés mental del historiador, abrazará uno o varios o mu-
chos o muchísimos problemas, pero nunca todos, y colo-
cando, en primer lugar y en puesto de honor, ora uno, ora
otro problema o grupo de problemas, presentándolos, por
razones de interés didáctico, como fundamentales  
sin que pueda justificar nunca sus antecedentes ab-
solutos (tptiaÉv). No evitaremos ciertamente, en la exposi-
ción histórica, reagrupar los problemas afines, planteando
de este modo un mismo problema, común a máJ pensado,.es
-de 'este sistema de agrupaciones nos hemos valido nos-
otros en nuestros apuntes, precisamente porque son suma-
rios--:' Pero no conviene perder nunca de vista el hecho
de que el mismo problema toma su matiz, de modo dis-
tinto, en cada pensador, y que esta metafórica vaNedad de
matices es, en efecto, variedad de determinaciones en el pro-
blema y, por ende, variedad de problemas. Tampoco podre-
mos evitar, gracias a la consabida variedad y al variadísimo
cruzamiento de los problemas en todo tiempo, el hecho de
repartir en períodos la historia que Se está narrando, para
que en todo caso, no se pierda la huella de la noción de
que los periodos se aproximan en su centro y en sus Ií-
BREVIARIO DE EST8TICA
115
neas divisorias, dándose así grupos de problemas que se
inician en un grupo y que permanecen luego olvidados,
hasta que reciben su empuje un período o dos, períodos
después. Ejemplo de ello lo tenemos en las referencias que
nosotros mismos hemos hecho anteriormente. Vendrá luego
una partición de la histtoria de la Estética en períodos, o
mejor todavía, se hablará, a guisa de introducción, de una
prehistoria que comprende los dos mil y pico años que
preceden a la crítica ya la filosofía del siglo XVII, y luego,
en el cuerpo .de doctrina, de una historia que empieza en el
siglo XVII para acabar en nuestros días. Esta historia se sub-
divide, para mayor claridad, en cuatro períodos. El primero
es el de la Estética prekantiana, cuando el tema principal
era el de la indagación de una facultad estética y de su pues-
to entre las otras facultades del espíritu. El segundo, el de
la Estética kantiana y poskantiana hasta el agotamiento del
idealismo metafísico, en el cual las facultades del espíritu
se sustraen a la abstracción y yuxtaposición y se entienden
como hitoria ideal del espíritu; el arte ocupa su puesto en
esta carrera ideal, siendo todavía una especie de epopeya
religiosa y convirtiéndose el mismo en un mito que no
alcanza la plenitud estética. El tercer período es el del po-
sitivismo y psicologismo, que se extiende hasta el final del
siglo XIX, y en el que, por reacción contra la metafísica, se
vuelve a la consideración naturalista del arte, sin obtenerse
la teoría de éste, aunque se obtiene, en cambio, un sano
aborrecimiento a todo metafisiquear en estética. El cuarto
período es el de la Estética contemporánea, que secunda,
limpia de metafísica y de positivismo, pero no de filosofía,
el tema de los problemas del arte en forma de filosofía del
espíritu estético. Cuyo último período, que algunos quieren
considerar cerrado, está, según mi parecer, en sus albores.
En todo caso, cerrado no puede estar, porque solamente se
cierra un período cuando se ha formado tal conjunto de
nuevos problemas y de nuevas soluciones que hay que dar
principio a otro. Yo no acierto a ver el que dicen que
ahora alborea por ninguna parte; lo que veo claramente
es que todavía continúa la lucha de la Estética de la pura
116
BENEDETTO CROCE
intuición o intuición lírica, no sólo contra los preceptos
psicológicos y naturalistas, ya casi enteramente desaparecí-
dos, sino contra los más tenaces y duros que proceden de la
metafísica, que ha educado e ineducado a la vez al espío
ritu humano.
Sea lo que sea de tales cuestiones, el caso es que estos
cuatro períodos son los mismos de la filosofía moderna en
todos y cada uno de sus aspectos particulares, con rela-
ción al primero y al tercero que hemos apuntado, y no
tanto con relación al segundo y al cuarto, porque pocos se
han dado cata de que lo que se viene formando en los
últimos decenios, a través de múltiples y más o menos ma-
duras, felices y lógicas tentativas, es precisamente la idea de
una nueva filosofía, llamada, no sé por qué, neoidealismo,
neokantismo, neofichtismo, neohegelismo, y que es, en rea-
lidad, a la vez, una filosofía antipositivista y anrirnetafísica,
que yo he querido definir, en la forma que me es particu-
larmente conocida, como ..el momento metodológico de la
Hístorlografía" (1). Pero no puedo continuar con estas con-
sideraciones porque exceden al propósito de este ensayo,
donde sólo me importaba enunciar la coincidencia de la
Estética con la filosofía y, consiguientemente, la coinciden·'
cia de la historia de la una con la historia de la otra. Coin-
cidencia que, por lo demás, se admite de hecho por los
historiadores de la Estética, que indagan la eficacia de toda
la filosofía restante en los problemas de Estética, y por los
historiadores de las demás zonas filosóficas, que estudian
la influencia de la Estética en el desarrollo de la Lógica y
de la Ética. Pero la acción recíproca, que reconocen y a que
se contraen, no es más que una metáfora de la unidad de la
Estética con la Filosofía. Sin metáfora hemos de decir que
todo problema lógico, ético o de otra cosa es, a la vez, pro-
blema estético, y a la inversa. Para ser completamente exac-
tos no hemos debido emplear la locución a la invena, por-
que en las primeras palabras hemos afirmado, a la vez, el
anverso y el reverso.
(1)' Véase el capítulo _Filosofía y Metodología», en mi Teoria e Sto-
na de/la Storiografla (2.' edición, Barl, 1920).
EL CARACTER DE TOTALIDAD DE LA EXPRESION
ARTISTICA
Ya se ha advertido muchas veces que el arte, en su re-
presentación y en su forma meramente individual, abraza
el todo 1 refleja el cosmos en su seno. A este criterio suele
recurrirse para discernir el arte profundo del arte superfi-
cial, el vigoroso del flojo, el perfecto del imperfecto en
varios respectos. Pero en la vieja Estética se teorizaba bas-
tante mal acerca de este carácter, porque se confundía el
arte con la religión y con la filosofía, creyendo que tenían
un fin común, el conocimiento de la realidad última.ehacia
el que actuaba en concurrencia con éstas, provisional y pre-
paratoriamente con relación a ellas, que temían un grado
supremo 1 definitivo, o reservado para el arte ese grado de-
finitivo 1 supremo.
Esta doctrina erraba doblemente, concibiendo el proceso
cognoscitivo simplemente, sin diferencias ni antítesis, tro-
cándose, según los casos, en puramente intuitivo, en pura·
mente lógico o en puramente místico, y concibiéndolo a
guisa de descubrimiento de una verdad estética y, por ende,
trascendente. Por este camino se reconocía a la represen-
tación artística el carácter cósmico y de totalidad, descono-
ciendo el arte en lo que tiene de original y quitando fuerza
genéricamente a la producción espiritual.
Para deshacer el segundo error y ponerse de acuerdo con
el pensamiento moderno, que es en su íntimo e irresistible
impulso pensamiento de la inmanencia y espiritualismo ab-
soluto, se ha considerado el arte no como aprehensión de un
concepto inmóvil, sino como formación perpetua de un
juicio, de un concepto que sea juicio, lo que explica per-
118
BENEDETTO CROCE
feceamente su carácter de totalidad, porque todo juicio es
juicio de 10 universal. El arte, pues, no será representación
simple, sino representación de un juicio, que asigna su valor
y su puesto a todas las cosas, iluminándolas con la luz de 10
universal. Pero esta teoría tropieza con una dificultad in-
superable, que no podremos saltar a buen seguro: con la
dificultad de que la representación juzgada no es arte, sino
juicio histórico, Historia. A no ser que se quiera seguir
considerando la Historia, como en un tiempo se hacía 'y
como varios hacen hoy, a guisa de mera y fea aserción de
cosas; y en este caso, el juicio o representación juzgadora
se identifica con la Filosofía, con la llamada P¡loJofla de la
Historia, pero nunca con el arte. En una palabra: en la
teoría del arte como juicio se evita el vicio de la inmovi-
lidad y de la trascendencia, pero no el del simplismo gno-
seológico, que en ella toma forma de un logicismo exclusivo,
y que tal vez nos conduce a una nueva trascendencia'más o
menos larvada, pero que niega al arte 10 que es peculiar
de él
El arte es intuición pura o expresión pura, pero no in-
tuición intelectual a 10 Schelling, ni logicismo a 10 Hegel,
ni juicio como en la reflexión histórica, sino intuición lim-
pia de concepto y de juicio, la forma auroral de conoci-
miento, sin la cual no podemos comprender sus formas ul-
teriores y complejas. Para que nos demos cuenta del ca-
rácter de totalidad que hemos señalado en la expresión ar-
tística, no es preciso que nos salgamos del principio de
intuición pura, ni que introduzcamos en él correcciones o
10 que es peor, añadiduras eclécticas, bastándonos con que,
sin salir de sus confines, observemos con el mayor rigor
la riqueza de este principio, profundizando en él sin agotar
el magno tesoro que encierra y que contiene.
De modo semejante, otra vez, contra los que afirmaban
que el arte no es intuición, sino sentimiento, o no sólo in-
tuición, sino sentimiento después, y reputaban fría la in-
tuición pura, pudimos demostrar que ésta, precisamente por
estar limpia de sugestiones inrelectualistas y lógicas, estaba
también llena de pensamiento y de pasión, dando forma
BREVIARIO DE ESTltTICA
119
intuitiva y expresiva a todo estado de ánimo, guardando
todo calor bajo aquella forma aparente. Toda verdadera
creación de arte es intuición pura, a condición de ser pura
intuición lírica. Y cuando hemos visto a teóricos recientes
que. después de trabajosos rodeos y a campo traviesa, llegan
en último término a la conclusión de que el arte es intui-
ción y además sentimiento, se nos antoja que no dicen nada
de nuevo y que repiten lo que se ha dicho mil veces en los
aforismos de los artistas y de los críticos, y que con aquel 'Y
de conjunción y con aquel además -que tanto aborrecía
Hegel en filosofía- quedaban rezagados del lado de acá
de la verdadera elaboración científica, sin que dentro del
terreno de la Estética alcanzasen la razón de la unidad del
principio explicativo, porque los dos caracteres así ... enun-
ciados aparecen solamente como agregados el uno al otro,
o a lo sumo soldados, de modo que lo que se necesita es
encontrar a uno en el otro e identificarlos.
Por lo que se relaciona con el carácter universal y cós-
mico que justamente se reconoce a la expresión artística
-y ninguno dilucidó esta cuestión tan bien como Guiller-
mo de Humboldt en su ensayo sobre Hermand und Do-
rotbee (1)-, su demostración va implícita en el mismo prin-
cipio, si lo examinamos con atención. Porque, ¿qué es un
sentimiento o un estado de ánimo? ¿Es algo que pueda
destacarse de lo universal y desenvolverse por sí mismo?
Por ventura la parte y el todo, el individuo y el cosmos,
lo finito y lo infinito, tiene realidad el uno lejos del otro,
el uno fuera del otro? Hay que convenir forzosamente en
que toda separación o todo aislamiento de los dos términos
de la relación es una obra de abstracción, gracias a la cual
existen la individualidad abstracta, lo finito. abstracto, a
unidad abstracta y lo abstracto infinito. Pero la intuición
pura o representación artística rechaza la abstracción abier-
tamente. mejor dicho. no la rechaza, porque la ignora, por
su carácter cognoscitivo ingenuo, que hemos llamado nor-
(1) Véanse, sobre todo, los parágrafos IV-X de aquel ensayo, pá-
ginas 129-140 de la edición Gesamm. Schriffen, de la Academia pru-
siana, vol. 11.
120
BENEDETTO CROCE
mal. En ella, 10 singular palpita con la vida del todo y el
todo está en la vida de 10 singular. Cada pura representa-
ción artística es ella misma y el universo, el universo en
aquella forma individual en 10 universal. En todo acento
de poeta, en toda criatura de su fantasía, se da todo el des-
tino humano, las ilusiones, los dolores, las alegrías, las gran-
dezas y miserias humanas, el drama perpetuo de lo real, que
deviene y crece perpetuamente sobre sí mismo, sufriendo
y gozando.
Por eso es intrínsecamente inconcebible que en la repre-
sentación artística pueda afirmarse nunca 10 mero particular,
10 abstracto individual, 10 finito en su limitaci6n, y cuando
parece que esto sucede, y esto sucede en cierto sentido algu-
nas veces, la representación o no es artística o no está logra-
da artísticamente. En las ansias del tránsito del sentimiento
inmediato a su meditación y resolución en el arte, del esta-
do pasional al estado contemplativo, del desear, anhelar y
querer prácticos al conocer estético, nos colocamos, no en
el término del proceso, sino en el punto medio, en aquel
punto en que no se da lo negro todavía y lo blanco aparece
borroso, y que no puede detenerse en tal contradicción esté-
tica, sino por un acto de arbitrio más o menos consciente
y distinto. Artistas que se han valido del arte, no sólo como
contemplación y serenamiento de sus pasiones, sino como
pasión misma y como desahogo de ella, dejan penetrar, en
la representación que elaboran, los gritos y los latidos de su
liviandad, sacudimientos y explosiones de ánimo, dándole
al arte con esta contaminación aspecto particular, finito y
angosto. Cuya particularidad, finitud y angostura no son
predicados del sentimiento-individual y particular a la
vez, como toda forma y acto de lo real- ni de la' intuición
-individual y universal a la vez-, sino del sentimiento que
no es simplemente sentimiento y de la representación que
no es pura intuición todavía. De aquí la observación hecha
varias veces de que los artistas inferiores se muestran más
documentados respecto a la propia vida y a la sociedad en
que viven que los artistas superiores, que se olvidan de su
tiempo, de la sociedad y de sí mismos como hombres prác-
BREVIARIO DE EST1!JTICA
121
ticos. De aquí la especie de turbación que se advierte en
las obras que tiemblan de pasión, pero que son harto defi-
cientes en la idealización pasional, en la fuerza de la forma
intuitiva, donde radica el carácter peculiar del arte.
Por esta razón, ya en mi relativamente juvenil tratado de
Estética se les aconsejaba que no prescindieran de la expre-
sión, cuya teoría dábamos, identificándola con la intuición,
haciendo de ella el principio del arte y dividiéndola en ex-
presión estética y en expresión práctica, que se llama expre-
sión, pero que no es otra cosa que el desear, tramar, querer
y obrar mismos, en su inmediata consideración, trocándose
en un concepto de la lógica naturalista, o sea, en el comíen-
zo de un determinado estado psíquico real, como, por ejem-
plo, en las investigaciones darwinianas sobre la expresión
de los sentimientos en el hombre y en los animales. La di-
ferencia se ilustraba con el ejemplo de que e! hombre que
es presa de la ira se va consumiendo a medida que se deja
dominar por ella, y que el artista se retrae y la domina y la
vence, colocándose en el marco de oro de la expresión artís-
tica. El impulso artístico es tan profundamente distinto del
impulso práctico que, como todos recordarán, esta diferen-
cia ha sugerido la escena horrenda de una novela de Edmun-
do de Goncourt, en que una actriz, junto al lecho de muerte
del amante, se ve obligada por su temperamento a reprodu-
cir con mímica artística los trazos de agonía que advierte en
el semblante de! moribundo.
Dar, pues, al contenido sentimental la forma artística es
darle e! carácter de totalidad, el matiz cósmico y, en este
caso, totalidad y forma artística no son más que una sola
cosa. El ritmo y el metro, los ecos, las rimas, las metáforas
que se confunden con las cosas metaforizadas, los acordes
de colores y de tonos, las simetrías, las armonías, todos estos
procedimientos que los retóricos han tenido la equivocaci6n
de estudiar de modo abstracto y de convertir en cosas extrín-
secas, accidentales y falsas, son sinónimos de la forma artís-
tica que, individualizada, armoniza la individualidad con la
universalidad que en el mismo acto se universaliza. Por otra
parte, las teorías que asomaron en los albores de la Estética
122
BENEDETTO CROCE
moderna y fueron preconizadas en la Antigüedad por la
oscura teoría de la catarsis, de Aristóteles, despojando al arte
de todo interés -la Interesselosigkeit, que dijo Kant-, de
todo interés práctico, deben interpretarse como otras tantas
defensas contra la tendencia a introducir o a dejar persis-
tir en el arte el sentimiento inmediato, alimento no absor-
bido por el organismo y que se trueca en veneno, y no como
afirmación de indiferencia por el contenido del arte y reduc-
ción de éste a un juego simple y frívolo. Tal afirmación
no se daba en el pensamiento de Schiller, al que se debe
la intervención poco benéficade la palabra y del concepto de
juego en las discusiones estéticas, y así se entendió en la lla-
mada "onta de la extrema escuela romántica alemana, la
ironía que Federico Sch1egel celebraba como agilidad, Ludo-
vico Tieck como facultad del poeta ..de no darse completa-
mente al tema, reservándose un poco", y que terminó en un
arte de bufones, que sobrepuso como único ideal la burla
al vasto mundo del arte, farsa grotesca para la que tuvo
tantos mimos y ternuras Enrique Heine, adolescente y que
más tarde la describía así:
cWahnsinn, der sig kIug gebiirdet!
Weisheit, welche, überschnappt!
Sterbeseufzer, welche plOzlich
Sich verwandeln in Geliichter.•. ,.
Esta afirmación nos mostraba un ejemplo insigne de in-
vasión de la individualidad práctica del poeta en la pura
visión del arte, como se ve, sobre todo, en el llamado (Xte
humorístico que indujo a Hegel a diagnosticar la disolución
y a profetizar la muerte del arte del mundo moderno. Si se
quisiera demostrar mejor, en su propia cualidad, la libera-
ción del arte con relación al interés práctico, se podría decir
que no se trata en él de una supresión de tales intereses,
sino de hacerlos valer todos a la vez en la representación,
porque de este modo solamente la representación individual,
saliendo de la particularidad y adquiriendo el valor de la to-
talidad, se convierte en concretamente individual.
Lo que aparece inconciliable con el principio de la intui-
BREVIARIO DE ESTitTlCA
123
ci6n pura no es la universalidad, sino el valor Inrelectualista y
trascendente dado en el arte a la universalidad, en la forma
de la alegoría o del símbolo, en la semirreligiosa de la tese-
laci6n del Dios recóndito y en la del juicio que, distinguien-
do y unificando sujeto y predicado, rompe el encanto del
arte, sustituyendo el realismo con el idealismo y el juicio
perceptivo o la consideración histérica con sus ingenuos fan-
tasmas. Inconciliable, porque no s610 es contraria a la actua-
ci6n del arte, sino por la razón de que semejante desespera-
do expediente teórico es superfluo, empachando, con un peso
inútil, la doctrina de la intuición pura, en la que la repre-
sentación artística, como supone previamente el sentimien-
to cósmico, ofrece una universalidad intuitiva, formalmen-
te distinta de la universalidad pensada en algún modo y
considerada como categoría de juicio.
Los que acuden a semejantes expedientes se dejan llevar
de exigencias morales o moralistas, ora con razón ante de-
terminadas manifestaciones de un arte falso, ora temerosos
ante otras, que son manifestaciones de arte verdadero, real-
mente ingenuas e inocentes. Por eso nos parece oportuno
añadir aquí que sólo con el principio de la pura intuición,
limpia de toda tendencia moral, pueden prestarse, por una
parte, válidas armas para la polémica y, por otra, colmar
los miedos injustificados. Solamente con aquel principio se
separa efectivamente la inmoralidad del arte, sin caer en la
gazmoñería del moralismo. Por lo demás. no se hace más
que glosar la famosa sentencia de 1858 del Tribunal de Pa-
rís contra el autor de Madmne Bovary: • Attendu que la
mission de la littéf'atuf'e doit étf'e d'omef' et de f'ecf'éer l'esprit
en élevtml l'intélligence el en éput'anl les maJut's: attendu
que pOut' accomplif' le bien qu'elle est appelée ti produif'e,
ne doit pas seulement étre cbaste et pUf'e dans sa forme et
dtms son expression ... ", sentencia que podía ser fumada por
uno de los personajes de la misma novela, por el boticario
señor Homais. Hombres de poca fe son los que estiman
que la moral necesita ser cultivada artificiosamente y man-
tenerse erecta en la esfera de las cosas mundanas y, con el
mismo artificio, insinuada en el arte. Porque, si la fuerza
124
BENEDETTO CROCE
ética es efectivamente fuerza c6smica y, reina del mundo,
que es mundo de libertad, domina por virtud propia, y el
arte es tanto más perfecto cuanto con mayor pureza rehace
y expresa la realidad; cuanto más puramente es arte, mejor
arranca la moral de las cosas mismas. ¿Qué importa que un
hombre se refugie en el arte para alojar en él un senti-
miento suyo de odio o de envidia? Si es verdaderamente ar-
tista, de su misma representación nacerá el amor sobre el
odio y se justificará contra su injusticia. ¿Qué importa que
otros conviertan la poesía en cómplice de sus propias livian-
dades, si en el curso del trabajo la conciencia artística les
impone unificar la dispersión interior, limpiándoles el char-
co de la lujuria y obligándoles a prorrumpir en cantos
involuntarios de angustia y de tristeza? Habrá otros que,
con la mira puesta en sus fines prácticos, acentuarán un
incidente, matizarán un episodio, pronunciarán ciertas pa-
labras; pero la lógica de su obra, la coherencia estética, les
obligarán a desacentuar aquel incidente, a no matizar aquel
episodio, a no pronunciar aquellas palabras. La conciencia
estética no tiene la misión de pedir prestado el sentimiento
del pudor a la conciencia moral, porque 10 tiene en sí mis-
ma, como pudor y castidad estéticos, y sabe perfectamente
cuándo no debe emplear otras armas que las del silencio.
Por el contrario, cuando un artista viola este pudor, y se
alza contra la conciencia estética, y deja penetrar en el arte
lo que no está justificado artísticamente, aunque para jus-
tificarse acuda a las más nobles y delicadas intenciones es,
a la vez, artísticamente falso y moralmente culpable, porque
falta a su deber de artista, que es su deber próximo y urgen-
te. La introducción de 10 obsceno y de 10 sensual en el arte,
argumento que tanto escandaliza a la gente timorata, es uno
de los casos de esta inmoralidad, y no digo que sea siempre
el peor, porque a mí me parece peor la estúpida exhibición
de la virtud, que hace estúpida a la virtud misma.
La actividad estética, en su aspecto de control y de freno
de sí misma, suele llamarse gusto. Sabido es que el gusto en
los verdaderos artistas y en los verdaderos catadores de
arte, eese afina con los años". En la edad moza place el arte
BREVIARIO DE ESTIlTICA
125
apasionado, exuberante y cenagoso, en el que abundan las
expresiones inmediatas y prácticas (amorosas, patrióticas, re-
beldes, humanitarias); pero poco a poco, sentimos la náu-
sea de estos sentimientos fáciles, y nos placen aquellas obras
de arte, aquellos fragmentos o páginas de obras de arte que
han alcanzado la pureza de la forma; la belleza que nunca
cansa y que nunca sacia; y el artista se hace cada vez más
difícil y más descontento de su labor, y el crítico cada vez
más cauto en sus juicios y más ferviente y profundo en sus
admiraciones.
y ya que estamos hablando de este tema, continuaré di-
ciendo que la filosofía del arte o Estética, como toda cien-
cia, no vive fuera del tiempo ni de las vicisitudes históricas,
y por eso, según los tiempos, desarrolla este o aquel orden
de problemas relativos al objeto que se propone. Así, duran-
te el Renacimiento, en que la poesía y el arte en sus nuevas
vestiduras reaccionaban contra la tosquedad medieval del po-
pulacho, la doctrina estética hizo valer, sobre todo, los pro-
blemas de la regularidad, de la simetría, del diseño, del len-
guaje, del estilo, reconstruyendo la disciplina formal sobre
el modelo de los antiguos. Y cuando después de tres siglos
esta disciplina se trocó en pedantería, y mortificó la virtud
artística del sentimiento y de la fantasía, y toda la Europa
intelectualizada se hizo árida poéticamente, sobrevino como
reacción el Romanticismo, que intentó un retorno al Rena-
cimiento; la Estética correspondiente se alimentó de los
problemas de la fantasía, del gusto, del entusiasmo, rompió
con los géneros y con las reglas y estudió el valor de la ins-
piración y de la ejecución espontáneas. Pero ahora, después
de siglo y medio de Romanticismo, ¿no convendría que la
.Estética diese mayor empuje a la doctrina del carácter cós-
mico o integral de la verdad artística, a la depuración que
éste exige de las tendencias particulares y de las formas
inmediatas del sentimiento y de la pasión? Vemos, en efec-
to, que en Francia y en otras partes se sigue discutiendo la
necesidad de un ft retorno a lo antiguo", a los preceptos de
Boileau y a la literatura del reinado de Luis el Grande, dis-
cusión frívola, porque no es posible tal retorno, como no
126
BENEDE'I''I'O CROCE
le fue posible al Renacimiento volver a la Antigüedad, ni
al Romanticismo volver a la Edad Media. Ant6jaseme, ade-
más, que estos predicadores del clasicismo están tentados
por la literatura pasional mucho más que los adversarios
que ellos combaten, que son frecuentemente almas senci-
llas y, como tales, fácilmente corregibles y transformables en
artistas de tipo clásico. De modo que la exigencia, conside-
rada en general, es legítima, porque responde a las acrua-
les circunstancias históricas,
, Según una observaci6n que se ha hecho muchas veces,
la literatura moderna de los últimos cinco siglos tiene, en su
fisonomía general, el aire de una gran confesión, siendo su
obra capital, por tanto, las Confesiones del fil6sofo ginebri-
no. Este carácter de confesión acusa la abundancia en la
literatura de temas personales, particulares, prácticos, auto-
biográficos, de lo que he llamado antes desahogo, para dis-
tinguirlo de la expresión, Este carácter acusa también una
debilidad correlativa en la relaci6n de la verdad integral y
de flojedad o ausencia de lo que suele llamarse estilo. Tam-
bién se ha disputado muchas veces acerca de las razones de
que la mujer participe cada vez más en la literatura. Y aun-
que un autor alemán de Poética, Borinski, sostenga que la
sociedad moderna, atenta a las luchas diarias de los nego-
cios y de la política, delega las funciones poéticas, como ya
las delegaban las sociedades antiguas en los druidas y en las
profetisas, yo creo que la razón fundamental de este hecho
debe buscarse en el carácter de confesi6n que ha adoptado
la literatura moderna. Por eso se han abierto de par en par
las puertas a las mujeres, seres sumamente afectivos y prác-
ticos que, como suelen leer los libros de poesía adivinando
entre líneas todo lo que casa con las propias y personales
venturas y desventuras sentimentales, se encuentran siempre
muy a sus anchas cuando se les invita a volcar su alma, sin
que se les dé una higa de la ausencia de estilo. por aquello
que ya se ha dicho tan sutilmente: • Le style ce n'est pas
la [emme", Las mujeres han tomado carta de naturaleza en
la literatura contemporánea porque los hombres se han afeo
minado un poco estéticamente. Signo de feminidad es la
BREVIARIO DE E8TttTICA
127
escasez de pudor que les permite sacar al aire libre sus pro-
pias miserias y ese frenesí de sinceridad que por ser frenesí
no es sinceridad, sino ficción habilísima que procura adqui-
rir la confianza con el cinismo, ofreciendo de ello un mag-
nífico ejemplo el mismo Rousseau. Y así como los enfer-
mos, los gravemente enfermos, usan de la mejor gana reme-
dios que en lugar de aliviar agravan su dolencia, así durante
todo el siglo XIX, y también en nuestros días, se han hecho
múltiples intentos para restaurar la forma y el estilo, la
impasibilidad, la dignidad, la serenidad del arte, la belleza
pura. Estas cosas, buscadas por sí mismas, daban la medida
de la deficiencia que se advertía y que se procuraba en vano
subsanar. Más viril fue el segundo intento de sobrepujar el
Romanticismo por el verismo y por el realismo, pidiendo
auxilio a las ciencias naturales y a la disposición espiritual
que éstas despiertan. Pero la exageración en el relieve dado
a lo particular y al conjunto de incidentes no se atenuó, sino
que floreció con aquellas escuelas, que eran románticas por
su derivación y por su carácter. De la misma exageración se
resienten otras conocidas manifestaciones literarias: desde
la escritura artística, que en Francia formularon y represen-
taron señaladamente los Goncourr, hasta los esfuerzos es-
pasmódicos de nuestro Paseoli para dar realistamente las
impresiones inmediatas, y que hacen de él, en cierto sen-
tido, el precursor del futurismo y de la música de los ru-
mores.
La índole de la enfermedad de que adolece el gran cuerpo
de la literatura moderna fue notada prontamente, no por crí-
ticos de segunda fila, sino por los más grandes y 'excelsos
artistas de Europa. Casi con las mismas palabras, sin que
ninguna relación tuvieran entre sí, Goethe y Leopardi adi-
vinaron y explicaron el contraste entre antiguos y modernos.
Los primeros, decía el poeta alemán, ..representaban la
existencia, y nosotros el efecto; ellos pintaban lo terrible,
nosotros pintamos terriblemente; ellos lo agradable, nos-
Otros agradablemente ... ; de donde se deriva toda la exage-
ración, t040 el amaneramiento, toda la falsa gracia, toda
la timidez, porque cuando se trabaja el efecto, y sólo el efec-
128
BENEDE't'TO CROCE
ro, nunca se cree que se le hace sentir bastante", Leopardi
alababa la sencillez y la naturalidad de los antiguos, por
cuyas cualidades ..no andaban, como los modernos, detrás
de las minucias de las cosas, demostrando evidentemente el
estudio del escritor que no habla o describe la cosa como la
naturaleza nos la presenta, sino utilizando, anotando las cir-
cunstancias, desmenuzando y alargando la descripción para
buscar el efecto, cosa que descubre el propósito, destruye
las naturales desenvoltura y negligencia, manifiesta el arti-
ficio y la afectación e introduce en la poesía la novedad
de que se hable del poeta más que de la cosa", De modo
que la "impresión de la poesía o del arte bello" de los
antiguos ..era infinita, y la de los modernos limitada". Goethe
se vanagloriaba de haber inventado una buena palabra para
zaherir a los románticos: la poesía de lazareto, a la cual
oponía la poesía tirtBÍca que no sólo es la que canta can-
ciones de guerra, sino la "que enciende de valor al hombre
para sostener las batallas de la vida", Si Osear Wilde protestó
contra el adjetivo morboso aplicado al sustantivo arte, la
calidad del protestante convalida la oportunidad del adje-
tivo.
El carácter general de una literatura o de un arte no
puede llevarse directamente. al menos como juicio. a las
obras de poesía producidas por aquel arte o por aquella li-
teratura, ya que no designa nada propiamente artístico o
propiamente estético, sino una tendencia práctica que actúa
en aquello que no es propiamente artístico en una literatu-
ra: en su materia y a las veces en sus defectos. Sería super-
fluo advertir que los artistas de genio, que los poetas de
vena, que las grandes obras y las grandes páginas. es decir,
todo lo que verdaderamente cuenta para la historia de la
poesía, no se sujetan a la enfermedad ni a la tendencia gene-
rales, Los grandes poetas y artistas confluyen en la esfera
luminosa de cada país y de cada época, y son ciudadanos y
se sienten hermanos entre sí, ya pertenezcan al siglo VIII
antes de Cristo, ya al siglo XX después de Cristo, ya vistan
el peplo griego, el jubón florentino, el justillo inglés o el
blanco lino de los orientales; todos son clásicos, en el me-
BREVIARIO DE ES'l'J!)'l'ICA
129
jor sentido de la palabra, que es, a mi parecer, la fusión
de lo primitivo y de lo culto, de la inspiración y de la es-
cuda. También sería errado creer que la determinación de
las corrientes del pensamiento, del sentimiento y de la cul-
tura de una época perjudica al estudio de la' poesía, porque,
en primer lugar, hay que dar forma concreta y eficaz al cri-
terio que separa y distancia a los verdaderos artistas de los
semiartistas y de los profesionales y, en segundo, ayuda al
conocimiento de los grandes artistas, dándonos cuenta de
las dificultades que vencieron y de las victorias que logra-
ron sobre la dura materia trabajada y que elevaron a conte-
nido 'de arte y, en fin-porque también los grandes artis-
tas tienen su lado flaco--, nos ayuda a conocer sus defectos.
La determinación de la tendencia dominante o carácter ge-
neral sirve también de, aviso a los artistas, poniéndolós en
guardia contra el adversario que encuentran en las mismas
condiciones en que se proponen crear, y contra el que la
crítica no puede hacerles más que esta' advertencia general.
Pero puede determinar asimismo esta advertencia que no
presten oído a las que antes o después han descrito o des-
criben la disposición psíquica de que venimos hablando co-
mo exclusiva de un pueblo o de una raza y que ha pasado
a otros pueblos por contagio epidémico. Pues si es verdad
que la expresión inmediata, violenta y tosca es la más fre-
cuente entre los pueblos' germánicos, que han tenido menos
disposición para el refinamiento que otros pueblos, tal ex-
presión es, en realidad, una disposición genéricamente hu-
mana, que aparece en todos los tiempos y lugares. Históri-
camente, esa expresión, en forma intensa, o como fenómeno
de masa, se manifestó en toda Europa, desde fines del .si-
glo XVIII en adelante, porque respondía a las condiciones
filosóficas, religiosas y morales corrientes y comunes. Y como
ya hemos advertido que esa tendencia es literaria sólo indi-
rectamente, porque directa y primitivamente es de origen
filosófico-religioso-moral, es necio tratar de curarse de ella
con recetas de estéticos formalistas, como si dependiese de
ignorancia técnica o retórica. Ya hemos dicho cómo han
fracasádo todos los intentos para mejorarla y borrarla. La
NllM. 41.-9
130
BENEDETTO CROCE
enfermedad declinará y desaparecerá cuando resurja una
nueva fe en el alma europea que recoja, al fin, el fruto de
tantas angustias sostenidas, de tantas fatigas ejercitadas, de
tanta sangre derramada; declinará y desaparecerá, como ha
declinado y vencido en determinados artistas, a consecuen-
cia delsano desarrollo de su carácter filosófico-ético-religio-
so, de su personalidad, fundamento del arte como de todo lo
demás. Y si no declina, antes aumenta y se complica con
nuevas dolencias de un porvenir próximo, será porque la
sociedad humana, tan trabajada y tan doliente, necesita to-
davía una prueba más dura. Con todo, los artistas verdade-
ros alcanzarán siempre la verdad integral y el clasicismo en
la forma, como durante el siglo XIX han sabido libertarse del
morho que los circundaban los artistas que honran a la lite-
ratura moderna: Goethe, F6scolo, Manzoni, Leopardi, Tols-
roi, Maupassant, Ibsen, Carducd.
IRONíA, SATIRA y POESíA
Cuando la mente se ha hecho familiar con el concepto
de que el arte es forma, o sea contenido como forma expre-
siva-<oncepto que en los tiempos modernos ha pasado a
sangre y fuego--, no podemos refrenar cierto sentido de
maravilla si tornamos a presenciar los intentos de viejos
críticos y estéticos que se esfuerzan por distinguir entre
materias artísticas y materias no artísticas, entre sentimien-
tos de orden poético y sentimientos no poéticos o no poeti-
zables. Con frecuencia, lo mismo que los tratadistas del arte
dramático, llegan a asertos extravagantes; por ejemplo, a
afirmar que los personajes de tragedia deben ser siempre
monarcas, príncipes, señores o, cuando menos, altos digna-
tarios del Estado, y que los romanos y los griegos eran poé-
ticos, pero no los visigodos o los lombardos, los bárbaros y
los modernos. Después de habernos sonreído ante tales extra-
vagancias y de haber rechazado el supuesto teórico de aque-
llas disrinciones entre sentimientos y sentimientos, tenemos
la obligación de comprender -<omo hace el historiador de
la poesía- qué exigencias artísticas, históricamente deter-
minadas, actúan en el fondo de las primeras o -<omo debe
hacer el filósofo- qué exigencias técnicas se esconden en
las entrañas de las segundas.
Deteniéndonos en estas últimas, que son las que ahora
nos importan, tenemos que añadir a estas distinciones fala-
ces. una exigencia justa, un motivo de verdad: la necesidad
de discernir la poesía pura y el arte puro de la poesía y del
132
BENEDETTO CROCE
arte aparentes y extrínsecos, admitiendo, más o menos cla-
ramente, que la forma expresiva es ahora pura y libre, y
solamente ella misma, aunque nos sirva para fines técnicos y
prácticos.
En otros términos: la investigación de la distinción entre
las materias o partes de la realidad que son poéticas y las
que no lo son, aunque se formule absurdamente, equivale
a la distinción legítima, no entre materia y materia, sino
entre las formas espirituales; y en este caso, entre la expre-
sión que es sentimiento puro o intuición pura -poesía-, la
expresión que es signo de' pensamiento -prosa- y la ex-
presión que es instrumento de conmoción de los afectos o
acción-oratoria-o Distinción, para el que estudie el
arte (1), tan fundamedtal que, aunque sólo de pasada, y
pocas veces de propósito, se haya formulado y sistematizado
teóricamente se encuentra en los juicios comunes cuando
  afirma que tal composición es elocuente, pero no poética
y que otra es prosaica o didáctica Estos modos de juzgar
se emplean corrientemente, no sólo para la poesía, sino para
las demás artes, cuando se habla, por ejemplo, de pinturas
verdaderamente pictóricas, prosaicas, narrativas, oratorias,
edificantes, excitantes, o de esculturas y arquitecturas prosai-
cas y poéticas.
Conviene hacer cada vez más consciente, vigoroso y metó-
dico el empleo de esta definición, sin la cual (para atenernos
a la crítica e historia de la poesía y no amontonar ejemplos
de distintas procedencias) no nos es posible comprender la
naturaleza y la historia de tantas obras que se llaman (en
el sentido griego, menándreo, romano, italiano del Rena-
cimiento y francés del Siglo de Oro) comedias, y de tantas
otras que se llaman novelas en el siglo XIX (novelas psi-
cológicas, sociales, erc.), que pertenecen sustancialmente a la
historia de la prosa, de la reflexión y del pensamiento, y que
como tales se juzgan, aunque invaden el campo del arte. No
nos es dado tampoco comprender la llamada lírica-por
ejemplo, la clásica lírica francesa- que no es lírica, que es
(1) Véase mis Conversazioni critiche, 1,  
BREVIARIO DE ESTIlTICA
133
más bien el reverso de la lírica, y que pertenece a la his-
toria de la elocuencia, lugar donde solamente puede ser en-
tendida y estimada en su carácter propio y dentro de sus
límites. Pero convendría, a mi parecer, profundizar mejor
el carácter de la oratoria, que generalmente va unida a la
imagen del solemne sacudimiento o encendimiento del áni-
mo en obras de alta política y moral, pero que es, en efecto,
más amplia de lo que acusan estas formas aparenciales y
que se extiendan a todas las composiciones o más bien a
todas las acciones que disponen a ciertos estados de ánimo,
de afección y desafección, de parcial afección o de parcial
desafección, de aprecio o de desprecio.
En efecto, todos los que están provistos del sentido de
la poesía no se atreven a llamar poesías a muchas obras que
suelen conseguir el efecto que apetecen, llamándolas, en
cambio, graciosas, lindas, agudas, cancionables, irónicas, etc.
No desearían seguramente que dejaran de existir; las de-
sean. las 'buscan, gozan con su trato y con su familiaridad;
pero si las llamasen poesía, si las oyesen llamar así, les pare-
cería que profanaban o que consentían profanar este nom-
bre, que se reserva a algo más íntimo, más austero, más sano
y más religioso. El enamorado no tolera que nadie se burle
de su amor, y la poesía es amor de la vida en contempla-
ción, amor alegre y melancólico, sublime y triste, confiado
y desesperado, como es siempre el amor. Pero los demás
afectos que no son de amor por la vida, sino de exclusión,
reducción o valoración de una forma cualquiera de vida con
ventaja de otra, llevan en sí mismos el marchamo del obrar
práctico, dando lugar a la oratoria comprendiéndola en el
sentido amplio en que aquí lá hemos definido.
Como la oratoria, como toda oratoria, esos afectos supo-
nen algo 'más que la simple poesía: suponen una crítica o
una reflexión que se convierte en acción sobre sí mismos o
sobre los afectos de los demás. El Poeta, en cuanto hombre,
es verdad que reflexiona, critica, satiriza, se burla, ironiza,
vela su pensar; pero como poeta supera estas posturas espi-
rituales, fundiéndolas con todas las demás en la visión total
de la realidad, que es siempre seria como tal realidad, que
134
BENEDETTO CROCE
no puede desvalorarse ni ridiculizarse, porque no tiene fren-
te a ella otra realidad que pueda sustituirla y contraponerse
a ella. La poesía es omnilateral, poliforme, y la oratoria,
uniforme y unilateral. Razón por la cual muchos estéticos
del período romántico, queriendo llevar a la poesía las co-
rrientes pesimistas, entonces bastante poderosas, sin destruir
la poerícidad de ella, tuvieron que refugiarse en cierta subli-
me ironía, o en cierto profundo humorismo, que era una
cosa no oratoria, no exclusiva, no unilateral, sino risa y llanto
a la vez y, en resumen, vida no práctica, sino poética.
Al recomendar la elaboración metódica y el empleo críti-
co de esta distinción fundamental, gracias a la que discer-
nimos y distinguimos, entre las diversas actitudes espiri-
tuales, la actitud poética genuina, sería superfluo advertir
que debemos guardarnos muy mucho de materializarla; como
se hacía en algún tiempo, identificándola con otras .de dis-
curso rítmico o de discurso métrico, de oración suelta y
oración ligada, de metros y estrofas prosaicos y de metros y
estrofas poéticos, o con comedia y tragedia, sátira y lírica,
novela y poema, etc. Lo que nos llevaría a trasladar la dis-
tinción de lo interno a lo externo, desapareciendo éste en
el término contrario, a cuenta de confundir lo poético con
lo impoético y al revés. Cuya tendencia es más bien una
inclinación a lo fácil, porque las distinciones llevadas exten-
samente y de este modo manejadas cuestan poco trabajo al
pensamiento, sin requerir excesiva crítica, sin poder eximir-
se nunca de la necesidad de penetrar en la individualidad del
acto, donde solamente le es concedido separar las diversas
actitudes espirituales y la poesía de la no poesía. Bajo las
vestiduras de la prosa, de la comedia, de la novela puede
latir verdadera y conmovedora Iírícaj. bajo las del verso,
de la tragedia, del poema, nada más que reflexión y que
oratoria.
En los tiempos llamados de decadencia estética abundan
las formas prosaicas y oratorias tomadas por poéticas; flore-
siendo, hasta en sus más variados matices, la broma, la biza-
rría, la burla, la parodia y la caricatura, como atestigua el
siglo XVIII en Italia, tan rico de poemas heroico-cómicos y
BREVIARIO DE EST:G:TICA
135
de parodias, de versos y prosas burlescos, y cuya misma lío
rica amorosa se convierte en obra de argucia, de juego y
de diversión, preparando la Arcadia, Y en esta última época
literaria, que no tiene, digamos la verdad, fuerte sentido
poético y fino gusto artístico, hay una gran producción de
arte irónico, que toma aires de profundidad, y que cuando
no se deja orear por estas corrientes parece vacua, convir-
tiéndose, a lo sumo, en simple juego, esforzado y frío a las
veces. De modo que la investigación que se recomienda,
aparte de su valor crítico universal, tiene otro sincrónico y
actual. En buena parte de la literatura contemporánea, que
con un andamiaje desenfrenado y caprichoso quiere darnos
a entender que es hija de un sentimiento impetuoso y que
es indomable a fuerza de ímpetu y de originalidad, que le
obliga a prorrumpir en formas inusitadas de expresión, se
advierte el frío irónico y oratorio, la trola y, simultáneamen-
te, la malicia que, percibiendo o sospechando que no va a
ser creída, lo toma todo a burla. Con eso es tan imposible
hacer poesía como hacer dulces con sal y pimienta.
EN TORNO A LA GRADACIÓN DE LAS OBRAS
DE ARTE
La solicitud de mantener en su trono la idea de la poesía
se traduce en el deseo legítimo que debe buscarse en el
fondo del problema, absurdo y constantemente renovado, de
una gradación a escala de las obras de arte.
Absurdo, porque es evidente que dos obras de arte o de
poesía son dos mundos, completos en sí mismos, que no
sufren comparación ni medida; son dos calidades que no
pueden reducirse a cantidad en ningún respecto. Podrá de-
cirse que una obra es pequeña o grande atendiendo a sus
señales físicas, al espacio o al tiempo -hecho' especial-
que cada una de ellas ocupe, y así decimos que un soneto
es pequeño con relación a una tragedia, una miniatura con
relación a un fresco, una ménsula con relación a una iglesia.
Pero en este caso actuamos a expensas de la imaginación o
de la retentiva sobre lo externo y práctico, sobre lo no poé-
tico. Se podría, en otro sentido, hablar de obras menos com-
plejas y de obras más complejas, según los estados de des-
arrollo espiritual de la Humanidad y del individuo; pero
en este caso se trata de metáforas cuantitativas para desig-
nar diferencias cualitativas y de calidades intelectuales y
morales, pero no artísticas.
Hasta cuando se tiene del arte un concepto falaz y se le
confunde dentro del sistema y de la clasificación de las
ciencias naturales, como le ocurre a Taíne, es imposible gra-
duar las obras de arte, porque es, en efecto, arbitrario ase-
verar que aquellas obras de arte que se refieren al genus
BREVIARIO DE E8T.eTICA
137
homo o al genU! viven! son superiores a las que se refieren
al homo europrBU!} angelicu! o gállicu!. Debe leerse d libri-
to de Taine De l'idéat dam l'MI cuando, queramos conocer
de cerca este punto de vista. No acertamos a comprender
por qué el genU! tiene más valor que la species o la species
que el individuum omnimode determinatum.
Por otra parte, la gradación, la determinación cuantitati-
va, no logra el fin que se propone de distinguir los valores
de las obras y de constituir órdenes de dignidad, porque, aun
con esta suerte de lógica, la escala numérica permite la in-
serción, hasta lo infinito, de fracciones, entre número y nú-
mero entero; de modo que; donde se cree diferenciar, esta-
bleciendo líneas divisorias, lo que se hace es poner un indi-
ferenciable continuo.
Abandonando el problema absurdo y volviendo al moti-
vo legítimo, éste queda satisfecho cuando el problema se
formula con una distinción entre las obras que se llaman de
poesía, obras de poesía verdadera y propia, y aquellas otras
que tienen las. apariencias y el nombre de tales, pero 'que
no lo son.
¿Qué son, entonces? Son, ante todo, las obras que hemos
reconocido intrínsecamente prosaicas o didácticas; son las
obras llamadas conmovedoras o emocionantes, que son des-
ahogos y no expresiones puras; son, en fin, las obras que
llamamos de imitación, porque, en la poesía como en la
filosofía, •cuando los reyes construyen, los arrieros no están
ociosos"; y así como toda obra científica original va segui-
da de expositores, divulgadores, compiladores y eclécticos,
así toda verdadera obra poética va seguida de literatos y
artífices que la repiten, la contaminan combinándola con
otras, la varían superficialmente y se dan el aire de nuevos
poetas, cuando son los viejos, disminuidos, alterados y no
sustituidos. Estas obras, u otras semejantes a éstas, son las
que necesitamos distinguir de las primeras, calificándolas
como obras de segundo, de tercero o de cuarto orden, juz-
gándolas, a las veces de interesantes, decorosas y bien he-
chas, pero no de geniales, ni de ideales, ni de bellas, ni de
serenas, ni de vivas, ni de originales. No se trata de dife-
138
BENEDETTO CROCE
rencias cuantitativas, sino cualitativas; no se trata de obras
poéticas de segunda escala, sino de obras no poéticas.
Ateniéndonos fuertemente a este criterio, se apagará ese
deseo legítimo de claridad y de distinción, que no se borra,
sino que se desvía en los intentos de clasificación cuantita-
tiva de lo heterogéneo. Y tal vez logremos aplacar al mismo
tiempo otro sentimiento no tan legítimo, como es el miedo
a perdernos en lo innumerable, miedo fantástico, como todos
los miedos, y que carece en este caso del fantástico apoyo
de que las obras de arte sean innumerables. La historia
produce de tarde en tarde, y con largos intervalos, obras de
poesía pura y obras de pensamiento puro; el coro desafo-
rado que las rodea está compuesto de voces -de otra natu-
raleza y de ecos más o menos débiles y confusos.
III
DISCIPLINA Y ESPONTANEIDAD
Un lamento que se ha expresado muchas veces, y que
vuelve a escucharse con frecuencia, se funda en el contraste
entre el sentido exquisito de la forma, propio de los escri-
tores de la edad que se cierra en Italia con el Renacimien-
to y en Francia con el siglo de Luis XIV, y el gusto, un tanto
grosero y elemental, de los escritores que pertenecen a eda-
des posteriores y que inician la literatura divulgadora, polé-
mica y sentimental del siglo XVIII. Lamento semejante se
repite observando la diligencia y solicitud con que se rra-
bajaban los objetos por los artífices de otras edades y la poca
sustancia, disimulada entre el oropel de las apariencias, que
hay en las producciones de la industria moderna.
Recordaré, porque es lo primero que me viene a la me-
moria, lo que dicen Sainte Beuve en su ensayo sobre La
Bruyére y Taine en su ensayo sobre Racine. Este último,
advirtiendo el trabajo exquisito que ponía Racine en su
prosa, escribe: ft Nous autres, aujour-d'hui, barbares écri-
vains de la décadence, nous euons peine ti comprendre ces
scrupules".
La distinta tendencia, contrastada con la buena manera
antigua, en lo que responde a verdad histórica se relaciona
con el carácter ya estudiado; en virtud del cual la literatu-
ra moderna se vale más de la efusi6n que de la expresi6n. En
la conmoción del afecto se desliza alguna vez la palabra jus-
ta, la palabra única, la palabra qui soit la bonne, como pedía
precisamente La Bruyere; pero lo frecuente es que, para
140
BENEDETTO CROCE
conseguir mejor los fines del desahogo, se valga de sinéni-
mos, de palabras más o menos impropias, de giros, de frases
hechas y hasta de la retórica más trivial y manoseada.
Por otra parte, no podemos olvidarnos del periodismo,
que es una forma de oratoria escrita. A él parece referirse
Sainte Beuve cuando escribe: ..Soes tant des formes gentil-
les, sémillantes oe solennelles, aUez au fond: la nécessité de
remplir des feuilles d'impressions, de pousser ale colonne
ou au oolame sans faire semblant, est la. ll lensuit un
développement démesuré du détaíl qu'on saísit, qu'on brode
qu'on amplifie et qu'on effile au passage, ne sachant si
pareille occasion se retrouvera. le ne saurais dire combien il
en résalte, amon sens, jusqu'au sein des plus grands talents,
dam les plus beaux poemes, dans les plus belles pages en
prose -oh! beaucoup de savoir-faire, de facilité, de dextérité,
de main-d'reuvre savante, si l'on vent, mais aussi je ne sms
quoi que le comman des lectesrs ne distingue pas du reste,
que l'homme de goltt lui-méme peut laisser passe« dans la
quantité, lil ne prende garde-le simulacre et le faux
semblant du talent, ce qu'on appeUe CHIQUÉ en peinture
et qui ess l'affaire d'une poece encore habile méme aJors que
l'sprit demeure sbsent",
Concedido esto, hay que estar atentos al prejuicio esco-
lástico y al aforismo que los antiguos definían laudatio temo
parís acti, no olvidando que la lucha entre la palabra propia
y la impropia, entre la pasión y la ponderación, entre la
difícil investigación de la belleza eterna y la humana incli-
nación que nos lleva a lo fácil, a lo que se consigue pronto,
entre el trabajo y la holganza, la tensión y la distensión, es
de todos los tiempos, porque es intrínseca al espíritu huma-
no. Por eso se han dado clásicos en los tiempos más diversos
y por eS9 en todos los clásicos hay algo· no clásico. Pedro
Corneille pedía clemencia en una de las epístolas-dedicato-
rias que figuran al frente de una de sus comedias: ..Noes
pardonnom beaucoups des cboses aux anciem; nous admirons
quelquefois dans leurs éc.rits ce que nous ne souffririons pas
damles natres; nou« faisons des mysteres de leurs imperfec-
tions et couvrons leurs fautes du nom de licenses,poétiques.
BREVIARIO DE ESTSTLCA
141
Le docte ScaJiger a remarqué des taches dans toes les latinsi
et de moins savants que lui en remarqueraient, dans le¡ grec-
qses et dam. Virgile méme, ti qtlil dresse des autels sur le
mépri« des autres. le vous laisse done ti penser si notre pré-
somptio« ne sérait pas ridicule, de prétendre qtlune exacte
censure ne pút mordre sur nos ouvrages, puisque ceux de ces
grands génies de f antiquité ne se peuvent pas soutenir
contre un rigoureux examen" .
. Otro aspecto se deriva del contraste que se quiere des-
menuzar en demasía; por eso citaré las observaciones de
De Sanctis sobre la marmórea prosa de Leopardi, que ilus-
tran maravillosamente el tema. ..Se siente '10 muerto, algo
parado, quieto, que no se ajusta a la impaciencia de nuestro
espíritu moderno, a la velocidad de nuestra aprehensión.
Nuestros clásicos quieren demostrarlo todo y describirlo to-
do, de donde arranca la necesidad del período para circun-
dar una proposición de todas sus circunstancias accesorias.
La exposición desmenuzada engendra la impaciencia en los
intelectos modernos, hechos a ver daro y pronto ante la sola
aparición de las cosas, en estos tiempos del telégrafo y del
vapor, sobre todo. Del mismo modo que los dialectos se
comen las sílabas, y con elipsis y términos truncados y sobre-
entendidos se hacen más rápidos y vivos que-la lengua ma-
terna, se procede hoy en las lenguas, buscando rapidez y
brío, llegando en seguida a la conclusión, comiéndose las
premisas. Es un progreso en el pensamiento que requiere
el mismo progreso en la expresión; no hay peor cosa que
buscar en la lengua procesos y formas antiguos, considera-
dos como inviolables, para encerrar y encarcelar el pensa-
miento. Hoy, gracias sobre todo a la libertad política, nace
una prosa más suelta, de más elasticidad, conforme a los
infinitos poros de un pensamiento más desarrollado y con
su base en lo más vivo de la lengua que se habla... ".
La verdad es que el arte de la prosa, nacido del arte de
la poesía, ha dejado pronto a un lado el sello de su destino;
de aquí la tendencia a tratar más propiamenteel puro sen-
timiento, en cuanto se hace expresión, y no el pensamiento,
que es crítica. Así los grandes pensadores, clásicos a su modo,
142
BENEDETTO CROCE
pocas veces han sido incluidos en los prosistas clásicos. Ni
Kant, ni Hegel en Alemania, ni Bruno y Vico en Italia, ni
siquiera Aristóteles, ni tampoco, en cierto sentido, Descar-
tes, del cual leemos en las historias de la literatura france-
sa que su mérito como escritor"a peut-étre été surfait- por-
que "il a une phrase longee, encbeoétrée d'incidentes et de
subordonnées, alourdie de relatifs et des conjonctions, qui
sen» enfin le latin et le collége; il la manie auec insoucience;
la laisse s'étaler soas les poids de la pensée, sans coqueuerie
mondaine et sans inquiétude artistique- (Lanson). Censuras
que tienen su parte de razón, pero que son con más frecuen-
cia irracionales e indiscretas, porque debe considerarse que
los filósofos han de saber cómo se escribe de filosofía, con
qué ánimo, con qué pathos, con qué acentos, e insistencia, y
razonamientos, y sugestiones, sin que les importe un bledo
la opinión de los hombres de mundo, que no viven su drama
mental. Los poetas, artistas } estilistas, cuando hacen prosa,
caen con facilidad en minucias, en halagos, en dar demasia-
do relieve y demasiado calor a los incidentes, como declaró
el pensador Tommaseo, que declaraba sin eufemismos que
quería trabajar la prosa como la poesía y trabajar más sobre
la periferia que sobre el centro. En cierto sentido, los tiem-
pos modernos han creado verdaderamente la prosa, la prosa
prosaica, y no la prosa poética o retórica.
Con esto no se quiere afirmar gue la prosa -que tiene
siempre un sector poético de sentimiento y' expresión líri-
ca- no deba observar el ritmo y tomar el calor O el color
de la vida y que no le convenga la disciplina, el MS retborica.
el CUf'JUS, y los frenos y bridas que requiere toda obra huma-
na. Esta efectiva conciliación de opuestos no es de mate-
'ria ni. observación históricas, ni de distinción teórica, sino
achaque de ingenio y de gusto... Il , a dans l'art ----decía La
Bruyere con palabras que me place repetir aquí para aca-
bar-un point de perfection comme de bonté ou de matu-
Nté dans la nature: celui qui le sent et qui l'aime, a le gout
parfait; celui qui ne le sent pas, et qui aime en-Jefa 011
au-dela, a le gout défectueux-.
lNDICE DE AUTORES
DB LA
COLECCIÓN AUSTRAL
IHDteE DE AUTORES DE LA COLECCiÓN AUSTRAL
HASTA EL NÚMERO 1.376
V.lumea extra
ABENTOFÁlL, Aburbar.r 321.M.lv.lora. Doñ. CI•• ARACO. Domingo P••
1195.El fil6sofo eurcdl- ..Inee, 426·Grande. astr6nomo.
deete, ALLISON PEERS., E. anteriorr. a Newtoil.
ABOUT, Llmond 671-El misticismo espa. S43·Crandel a.tt6Domol.
123-EI rey d. 1.. mOJlt.· ñol. • (D. N.wtoJl • L•• "
ñ... • AMADOR DE LOS atos, Jooé . 1'1••••)
ABRAmES. Duqu... d. 693· Vid. del m.rqué. d. 556·Hi.lori. d. "mi juvon.
49S.Portugal • prin.ipios SaJltillana. tud. (Viaj. por Eep••
del .iglo XIX. AMOR, Guau.upe lIa. lS06.1S09.)
ABREU CóMEZ. Ermilo 1271-Antologla poétira. ARCIPRESTE DE H1TA
lOO3·La. Ieyend.. del Po- ANACREONTE ., olroa 9S-Libro <l. buea amor.
1'01Vub. 1332-Poet.. lIriroa gri._ AdNE. P.ul
ABSHACEN. Kar. H. ANDREIEV. Leóni'" 205·La rab... d. oro.
1303-EI almiranl. Canari•. • 996.Saebka. Yegulev, o AIUSTóTELEs
ADLER, Atrre<lo 1046·Lo. esportr",. 239·La poIltira.
71S·Conooimi.nto del bom. llS9-La. tini.bla. y otros 296-Mor.l. (La gran moral.
bree • cuentos. Moral a Eudemo.) •
APANASIEV, AI.j........ N. 1226-EI mi.t.rio y otro. 31S-Moral. Nir6maco. o
a59.Cuentos populares ru- cuentos. 399·M'etalúiea. *
.0.. Al\lÓNIMO S03.EI arte poétira.
ACUIRRE, Juan Fr.nriaeo 5·Poema d.1 Cid. o ARNICIIES. ear....
109-Dioeuroo bi.16rico. o 59.Cu.nto. y Ieyend•• "d. 1l93-El "nto d. l. I.idra.
A.IMARD, Guat....o la vieja Rusia. E. mi hombre.
216·Los tramperos d.1 Ar· 156·Lazarillo d. Torme.. U23·EI· amigo M.lquiad•••
k.nsal. • (Prólogo de Gregorio .La seliorita de Trev"
AKSAKOV. S. T. MaraIl6n.) les, •
849·Reeu.rdo. d. la vida 331·La bi.tori. de lo. no- ARr<lOLD. M.I!bew
de estudiante. bies caballero. OJive- 989-Poe.f. y poeta. in-
ALCALÁ CALlANO. Antonio ro. d. Castill. Y Artú. gl•••••
104B-R.eu.rdos d. un .n- Dalg.rb.. ARNOULD. Luís
eteee, • 359-Libro del e.Corzado ca- 1237-Almal prisioner•••.
ALCEO ., olros ballere don Tríst'n d. ARQulWCO ., o!roa
1332·Poetas lirieoa griegos. Leonl.. • 1332·Poeta. Urico. griegOl.
ALFONSO. Enrique 374-La bi.toria del r.y Ca- AJUUETA. Rara.1 AIbuIO
964- ...Y lI.g61. vida. o namoryd.linfaJlt.Tu. 2!!i-Antologla poétiea.
AUCHIERI, Dut. riAn, eu hijo. La d... 406-C.nturi. port.ña.
87S.EI eonvivio. • truiei6n de Jel'Ulalem. ASSOLLANT, AllretIo
IOS6·La Divin. Com.di•• o 396·La vid. d. E.t.b.niIJo 3S6·Av.ntur•• d.1 rapilÓ
ALONSO, D'm... Conz.6I... o Coreor'n. o
S95-Hijos d.l. ira. 416·EI ronde P.rtinupl... AUNÓS, U .......
1290-OI<Ora notiria y Hom- Roberte el Diablo. C1.: 215-Estamp.. d. rind••
bu y Dios. made•• Cl.rmonda. des••
.lL5INA FUERTES. F.. Y 622.eu.ntospopular•• yle- AUSTEN.Jue
PRELAT. C. E." yend•• d. Irlud.. S23·P.nu..i6n.
1031.EI mundo d. la m."'. 66S.Vi.je. tr.v," d. los 1039·La abadl. d. Nortban.
nica. mitos irlandeses: ger••
ALTAMIRANO. 19n••1o M.. 7U·N.I. y D.m.y.nti. 1066.0rgullo y prejuirio. o
nu.1 (Episodio d.1 Mah.b- AVElJ.ANEDA, AI_F....
10S.EI ?:areo. barata.) 603.EI Quijote. o
ALTOr.ACUIRRE. M. S92-Cu.ntos del Ciuraso. AVERCHENKO, Areadlo
1219·Antologl. d. l. por. U91.Poema d. F.rn'n Gon. 1349-M.mori•• d. un limpIe.
&fa romántica e.p.fto- dIez. Lo. niftos.
la. o 1264-Hitopad.z. o Prov•• AZOIúN"
ÁLVAREZ. C. ebo•• en••lIan.a. 36.Leetur....p.llol...
lIS1·M.t.o AI.m'n. 1294·El rantar d. Raid"'. 41·Trasuntos d. E.p.II••
ÁLVAREZ QUINTERO. Se- 1341-Cu.nto. popular•• Ií· 61.E.pollol...n P.rl••
rarln ., J0"'luln tuanos. o 153-Don Juan.
124-Pu.bl. d. l.. Muj •• ANZOÁTECUI, Ign.do B. 164-EI pai ..¡. d. E.palI•
re,. El g.nio al.gre. U24-Antologla poétira. vi.to por lo. esp.lloJ•••
10
INDICE DE AlTTORES
226.Vi.ión de E.palla. 206·L .. inquietud•• de 450.La comida de l•• Ii.ru.
248.Tom.&. Rueda. Sb.nti Andla. • Al n.tural.
261.EI eserlter, 230·F.nt••I......oa.. 550·Ro... de otoño. Pepa
380.Cal'ricb·o. 256·EI gran torbellino del Doncel.
420-Los dos Ltiises y otro.. mundo.· ?DI.Titanía. La ¡uCsozona.
ensayos. 288·Las veleidades de la 1293.Campo de armifto. La
461·BI.nco en .zul. (Cuen· fortun.. ciud.d alegre y   o n ~
to••) 320.l.oo amore. tardloi. &.da .•
475·De GrlDld. a Ca.tel.r. 331·EI muodo e••nll. BENET, Stepben Vlncont
,491.La. conretiones de UD 346·Z.1acatnel aventurero. 12S0-Hinoria sucinta de lo.
pequeno filólofo. 36S-La .... de AizJtOrri. E.t.do. Unido••
525-M.rla Fonttln. (NoV'.I. 377·EI may.razgo de La· BENEYTO,lu••
r......) brazo 91l.E.pall. y el ,problema
SSl.Lo. c".ieos redivivo.. 398·La feria de 101di..... de Europa••
Lo. e1,.icoo futuro.. 'to.. • BENITO, losé _
S68·E1 pclltico. 445·L.. último. rom'n· 1295.&tamp•• de E.paila e
6U-UDjJUeblec:ito: Rjordo ticos. India •.•
de Avila. 41l.La.tragedi•• grot ...... BENOrr, Plerre
674-Riv•• y Larra. 605,EI Laberinto de l•• Si· 11l3·La ..ilorita de la
'147-ConCervantes. • ren... • Fert6. e
SOI.Un. bor. de E.p.ila. 620-P.r.dox. rev. • 12S8·L. oa.teUana del U.
830·EI cabaUero in.ctual. 720·Avir.net. o'La vida de baae••
910·Pueblo. . nn con.pir.dor.· BERCEO, Gonzalo 4e
9S1-La eebeee d. Ca.till.. llOO.La. nocbes del Buen 344.Vid. de Sancto Domiu.
1160·Salvador. de Olben.. Retteo, ' go de Silo.. Vida de
1202..E"paila. 1114-Aventur... inventos y Sancta Oria, virgen.
1257·Andando y pen ••ndo. mixti&caclone. de Sil. 716.Milagro. de Nu••tra
Nota. de UD traD- vest re Par.dox. • Sellora.
aeúnte. 1203·La obr. de Pello Yarza. BERDIAEFF, Nleolú
U88-De un tran•• ünte, 1241·Loo pilot.. de altur.. • 26-Eleriotianismo y el pro-
1314·Hi.lori. y vida. a 1253.La •• tr.Ua del espit'n hi.m. del eomunismo.
QABINI, losé Cbimi.ta. • 61.Elcri.tianismo y ¡.I...
847.Arqulm.de•• , BARRIOS, U ......o cha de el•••••
1007·Hi.toria ¡... cint. de la 1120·Gran ICiIor y raj.di•• BERGERAC, Cyraao ....
  i e n   i ~ blo•. , 287.Viaje .. la Luna. e Hi ••
1142·Hi.toria sucinta de l. BASAVE F. DEL VALLE, torio cómi.. de lo. Ea.
ni.t.m'ti... Áflu.tla tado. e Impa.io. del
BAILLIE FRASER, lalme 1289·Filo.ofta del Quijo. !lol••
l062-Vi.je • P ....Ia, te. • BERKELEY, J.
BALMES,I.lme 1336-Filo.ofl. del hombre.' l108·Tre. di'logo. ent....
35·C.rt••• un e0e4ptico BASHKlRTSEFF, Maria HiI.. Y Filonú••
en mat.ria de religión.' 16S.Dierio d. mI vida. BERIJOZ, Héetor
71·EI eetterfe, • BAUDELAlRE, C. 992·Beetboven.
BALZAC, Honorato de 88S.Pequeilo. po.m...n BERNÁRDEZ, .·r••el ...
• 793.Eug.ni. Grend.t. • pro... Crlti.. d••rto. Luis
BALUNTYNE, Roberto M. BAYO, el.. 6l0-Antologla poéti.a.•
2S9·La ,i.la d. ecrel, 8 ·S44.Lazarillo •• pallol.· BIOERNSON, Bjoern.tjerae
SI7·Lo. mercader•• de pie- BEAUMARCBAIS, P. A. 796.Synno.v•• Solbakken.
, les, • Caron de • BLASCO mÁREZ, Vicente
BALLESTEROS BERElTA, 728·EI ...ami.nto de Fl- 341-S.ngre y arena••
Antonio garo. 3S1-La b.rr....
677·Figur•• imp.ri.I... Al· BtCQUER, GUltaao A. 361.Arrox y tart.n•• 8
lonso VII el Empera, 3.Rimas y leyendas, 390-Cuentos valeneiinol.
doro Colón. F.m.ndo 788·Desde mi celda. 41o-Can.. y b.rro••
01 Católico. Cario. V. BENAVENTE, lael.to S08.Entre naranjos. 8
Felipe 11. 34.Loo inter.... e...doo. SU·La condenad. y otro.
BAQUtUDES '1 otroa S.lIor. ama. cuento'.
1332·Poeta. Iiric.. gri.gos. 84.La m.lquerida. La no- BOEClO, SenriDo
BARNOUW,·A.I. ch. del .'bado. 394·La consol.ci6n de la
IOSO·Breve hi.torl. de Ho- 94-Cart •• de mujer... &Iooofla.
land•• ' 30S.La fuerza bruta. Lo BORDEAUX, Henrl
B.4:ROIA, Plo curoi. 809·Y.milé.
177-La I.y.nd. de Jaun 387·Al'&n, mujer. La hon· BOSSUET,I. B.
de Alzate. radea de l. cerradura. SM.()raeiones fÚDebre•• -
/ND1CE DE AlJTOREJ$
BOSWELL, Jam.. CAMACIlO, Manuel CASONA. Alej .....ro ,
899.La vida del doctor S... 1281-DeainiJ:uiento "pailo. 1358·El caballero de la. es-
muel John.on. * de la empre.a impe- puelal de oro. Retablo
BOUGAINVIU.E, Lo A. .. rial. jovial. •
349.Viajo elrededee 0101 CAMBA, Julio CASTELO BRANCO. Ca.
mundo. • 22-Londres. mUo
BOYD CORREl., A., '1MAl: 269.La, eíudad autom'. S82·Amor d. perdioión••
DONALD, PbUlp tica. CASTlGLlONE, BaItaaar
l057.L. rueda eeeer•. * :t9s..Aventur•• de una pe- S49.El eortesano. -
BRET HARTE, Franclooo '.eta. CASTILLO SOI.ÓRZANO
963.eu.otoo del Oeste, • 343·La .... d. Lúculo. ' 1249-La garduña d. S.villa
1126.Maruja. 6S4-Sobre ea.i todo. y Anzu.lo de la., bol·'
1156·Una nocbe en vag6n- 687.Sobre casi nada. •••••
cama. 714-Un .. 110 en .1' otro CASTRO, GulI1&I .e
BRONTt, Carlota mundo. S83-L.. tuoo.dade. J.I
, 1182.Jan. Evr •• ' 740.Play... ciudad•• y Cid••
BRUNETmRÉ, F......... 'montdu. CASTRO, Miguel ••
783·EI oar4ot.r ••onoial d. 7S4·La raoa viaj.ra. 924-Vida 01.1 ooldado .'pa.
l. literatura tranee".. 791·Alemania..· 1101 ·Miguel de C•••
BUCK, P.arl S. 1282.Millon •• al horno. teo, •
1263.Muj.r...io elele, ' CAMOENS LlÜa.e CASTRO, RoaaIla .e
, BUNlN, ""n l068-Loa Lusiada•• ' 243-Obra po(tica.
13S9.SujodoJ. El ma••reo, CAMPOAMOR, Ram6u.. CASTROVlEJO, JMé Maria,
BURTON, R......t. 238-Dolora•• Cantai••• Loa y CUNQUEffiO, Álnr.
669.Anatomla d. la melan- pequ.i101 pcemae, 1318••Viaj. por lo. mODtea'
ooUa. CANCELA, Arturo Ycbim.D.a. d. Gali·
BUSm, Fran.ia X. 423.Tr•• r.latoo, portoilol. oia. Ca.. y cociDa ga·
1229·Tr•• procoo.s dI.· Tr•• ou.nto. d. la llega••
bree, ' ciudad. CATALINA. Se....o
BUTLER, Samuol 1340-Campaoario. y ra...• 1239·La mDj.r. '
285·Erewbea, ' ci.lo.. CEBES, TEOFRASTO,EPIC-
BYRON, Lord CANto Miguel TETO
1l1·EI co..ario. Lara. El 2S5-Juv.nilia y otra. p'gi. 733-La tahla d. Ceb••• ,
sitio de Corinto. Ma· na. argentirtal. Caraeterel morales..
zeppa. CANILLERos, CoD-'e .e Enquiridión o loáxi-
CABEZAS, Juan AntonIo 1168.Tr•• tOltigo. de la con· ma••
1183-Ruhén Darlo. ' qui.ta 01.1 P.rú. CELA, Camilo Joaé
1313-cClarlna••1provincia. CAPDEVILA. Arturo 1141.Viaj. a la Alcarria.
no univ.rsal. ' 91-C6rdoha del-eeeuerdc, CERVANTES, Miguel d.
CADALSO, JMé 222..L•• ¡avalione. in- 29·Novela. ejemplare•••
l018-Carta. marrueca.. gl..... JSo.Doo QUijot. d. la
CALDERÓN DE LA BARCA. 352.Primera a,!tologl6 de Mancba. '
PÑ.ro mi, versos. • 567..Novel•• ejnnplarel••
39-Elalcald. d. Zalam... S06-Ti...a mla. 686-Entr.m.....
La vida •••u.llo. '   Darlo. "Un 724-EI eeree d. Numan-
1I89·EI mágico prodigioso. Bardo R.i,.. ete, El ,;allardo OIpailoL
Ca.. con do. pu.rt... 810-EI padro Castall.d.. ' J065-Loa trahajos d. P.ni.
mala •• d. guardar. 9OS·La 010100 patria, 1.. y SígiamUDda. '
384-La d.voción de la 97O-EI bombre d. Guaya. ctsAR, Julio
cruz. El gran t.atro quil. 1210C0m.Dtario. d.la gu••
01.1 muodo. CARLYLE, To"'" rra d. 1.. Call....
496-EI mayor mon.truo 01.1 472.Lo. primitivo. rey.. CCERÓN
mundo. El pr(ne"ipe de Nonteg.. 339-Los O&ciOl.
, eenetente, 906-Rocu.rdoe, ' CJEZA DE· LEÓN, P...
593·No bay hurla. cOD.1 lOO9.Lo. ... ' S07·La cronica 01.1 P.rú.. '
amor. El mUico d••u l019·Vida d. Sebill.r. CLA1ÚN (Loopol.o Alu)
bonra. ' Emilio 444-¡Adi60. «Cord.r..l, 7
••cretc agravio, ••• 891.Antología p"'tica. otros Cll.ntoo.
or.ta v.nganza. La CASARES, JDllo CLERMONT, EmIU.
, dama duende. 469.Crltlca proCana. Vall.· 816-Laura.'
,C:ALVO SOTELO, JoaqDIn Inc"D, Arorln y Ri· COLOMA, P. LWa
1238-La visita -que no too6 cardo León. • 413.Poqu.1I.o." •
.1 timbr•• Nu•• tros 40· 130S·Cooao 01.1 I.nguaje. • 421.J.romin. '
g.IOI. 13170Crftiea .am.r.. • <\3S.La reina m'rtir. •
COLÓN, Criolóhal
633-Los cuatro viajes del
Almirante y IU testa·
mento••
CONCOLORCORVO
609-EI Ieeeetllo de ciegOl
. caminantes.·
CONSTANT, Henjamill
938-Adolfo.
CORNEILLE, PecIro
8U·EI Cid. Nicomede••
CORTts, Hemán
S47-Cart•• de relación de
la conqui.ta de ME·
X'ico••
cossto, Franeiac:o .e
937·Aurora y 101hombres,
cossto, JosE M.rIa de
49()..Los toros en la poetiSa.
762·Romances de tradición
oral.
1I38·Poesl. españole. (No-
tas de .Iedio.)
cossto, M.nuel Barlolomé
SOO·EI Greco••
COURTELlNE, Jor,;e
13S7..Los señores chuparin-

COUSIN, Víctor
696·Nccesid.d de la filo·
sofía.
CROWTHER, J. G.
497.Humphry Davy, Mi·
ehael Faraday. [Hom-
bres de ciencia britá-
nicos del siglo XIX.)
509·J. Preseoll Joule. 'W.
'Thcmpsen, J. C1erk
Maxwell. (Homhres de
ciencia británicos del
ligio XIX.) •
S18·T. Alva Ed lsca , J.
Henry. (Hombreo de
ciencia norteamerica.
nos del ligio XIX.)
S40.Benjamln Franklin. J.
\1l'iIlard Gibb•• [Hom-
brc!o de cirncia ner-
tcamp.Ticanol del li.
glo XIX.) •
CRUZ, So. Juaa. Iaéa de l.
12-0bras escogida,,_
CUEVA. Juaa .e l.
89S-EI infamador. Loo.sle-
te infantel de Lar••
Cm. Céoar
7SS.La en RURia.
CUl'lQUEIRO, Álu.o, y
CASTROVIEJO, JosE M••
.1.
U18.Vi.je por 101 monteo
y chimenl!a. de Ca·
licia. Caza y cocina
g.lIegas.
INDlCE DE AUTORES
CURIE,En
4SI.L. vid. herojc. de
Maria Curie., descubri-
dora del radium, con-
tada por IU hija••
CHAMISSO, U.lberto de
8S2·EI hombre que ,·.ndió
su .sembra,
CHAMIZO, Lull
1269·EI miajén de 101 cae-
túo•.
CHATEAUBRIAl'iD, VII-
e:ondc ie
SO·At.I •• El ú1Umo
Abencerraje.
1369-Vida de Haucé,
(:HEJOV, Aalón P.
245-El j.rd(n de 101 cereo
ZOI.
279-La certlla ,uees.
348-Historia de mi vid••
418·11i..toria de UDa an-
guila.
753-Loo e.mpelinOl.
838-La sellor. del perro y
otros cuentos.
923.La sala número lei..
CHERBULIEZ, Vlelo'
1042-EI conde Kosti•••
CIIESTERTON, Gilbert K.
20.S.nto Tom'" de
Aquino. .
12S·La elfer. y la eruz.
l70·LaI p.r.dojas de mi ..
tp.rPond.
523-Charl....
62S-AI.rm.1 y digresio.
nee,
CHMELEV, bia
95·EI camarero.
CHOCANO, JoBESantoa
751.Antolo[ll. poEtica••
DE TROYES
13OS·Pereev.1 o El .ueato
del sri.l••
DANA.R.E.
429-00. allol .1 pie del
m'"til.
DARlo, RuWn
19-Aaul..•
118-Cantno de vid. y e'pe·
ranZA.
282·Poema del otoño.
404·Prosas profanas.
SI6-EI canto errante.
860·Poem•• en pro ...
  a la Argentina.
Od•• Antre. Canto •
Chile.
880·Cuentol.
UI9-LoI r.rol••
DAUDET, AIroaao
738·Carta. desdo mi mo-
lino.
75SJt.rtarln de Tar.lcón.
972·Reeuerdol de un bem-
bre de letras.
1347-Cuentol det Iunes ••
D'AUREVILLY. J. Bar""
968-EI caballero Des Tou-
ches.
DÁVALOS,lu.a Carloa
617·Cuenlol y relatos del
Norte argentlno,
DEFOE, D.nlel
1292·Aventuralll ele Robia.
Nin Crusoe••
1298·Nllevas aventura. de
Robins6n Cnuoe. •
DELEDDA. Gr.zi.
571·Cósim••
DELFlNO, Augnsto M.rIo
463-Fin de oiglo.
DELGADO, J. M.
Só3-Juan M.rla••
DEMAISON, AnVé
262-EI Ebro de 101 .ni.
males lIamadoe ••lv.·
jel.
DIAZ.CASABATE, AotoRÍo
111·Historia de una ta.
berna, •
DIAZ DE GUZMÁN, Ruy
S19.La Argenlin•••
DIAZ "EL CASTILLO,
Beraal
1274-Hillori. verdadera de
la conqui!lotade la Nue-
va España••
DIAZ..PLAJA. GaUlermo
un cone:epto de la
literatura tspaiiota.
U47-lntroduceióa.1 estudio
del I'omanticismo es-
pañol••
1221.Federiee C.reI.lArea, •
DICKENS, Carlno
13-EI grillo del hcgar,
6S8-EI reloj del oeñor Hum.
phrey.
7l7·Cuenlql de N.vid.d. •
772-Cuentol de Boa.
DICKSON, C.
151·Murió e:om••na •••
ma ••
DIDEROT,D.
Ul2-Vid. de SEae....
DIEGO, Ger."o
219-Primer••ntologl• ..,
IUI veri<'l.
DIERLo Carloa
1309.Uo. repúblie. d. pa.
triciol: Venecia••
1324-Gr.ndez. y oervrdu..•
bre de Biuncio••
DlNIZ,1ullo
732-... m.yor.zguit. do
Los Cañaverales. •
INDlCE DE AUTORES
DONOSO, Anaando ERCKMANN·CDATRlAN 284-EI leer.to de n.rba-
37ó-Algunol roeutO' mi· 486·Cu.nto. de orillal del Azul. I
Ienos, (Antologla d. • Rbin. 325·EJ bombre que .0mprlÍ
r.uentiAtallehileIlOtl.) 912·Historia de un ruluta un automóvil.
DONOSO CORTts, Juan de 1813. 1342.'lmpr••ione. de un
364.Ensayo labre el catoli· 945.Waterloo.· hombre de buena fe.
ciomo, ellib.rali.mo y ESPINA, Ant.nlo (1914-1919.) I
- 174..Lui s Caudelal&., el 131-3.··Impre.ionef' de un
D'ORS, Eugenio bandido d. Madrid. hombre de bue..a fe.
465·EI valle de Jo..fKt. 290·Ganivet. El bombre y (1920.1936.) I
DOSTOYEVSKI, FeoIor la obra. 135ó-EI bosque animado. I
167..Stcpeutcbtkcvc, ESPINA, Concha. "1363..El malvado Carabel .•
267·EI jugador. ,1l31·La niña de LtwIlela. FERNÁNDEZ MORENO, B.
322-No.b•• blan.... EI dio. 1158·LarooadeIOlvi.ntol.· 204.AntologlaI915.1947."
rio d. Ra.koluIkov, 1196·Altar mayor. I FIGUEIREDO, Fideliño tle
1059.EII.d,ón honrado. 1230·1.e eofioge maragata. ' 692·La Iueha por la cxpre-
I093·Nietorhka Neavencva. ESPINOSA, AureUo M. li6n.
125·'.Una I.i.toria .mcleste, 585-Cuentoo populares-de 741.Bajo lo. cenizDI del
Corazón débil. Espaila. * tedio.
1262·Di.rio de un   ESPINOSA(hijo), A.u.ello M. 850·'Hi.to.ia literario ele
DROZ, Gtutuo 645.Cuentoo pepulares de Porlugal. {Iutreduc-
  y Castilla. cióu bil1lórica. La len-
DUJlAMEL,Georgro ESPRONCEDA, JOIé de gua y lit.ralura por-
928..Confe!lión de medie- 917..Poes(as UricRI'. El es. tuguC'J!ltlJ.. };ra medie.
noehe, tudiantc de Sala.. vuh De 10M ortgenes a
DUMAS, Alt'jandro manea,
1182'Tr•• m....tr08: lIliguel ESQUILO 861."Historia literaria de
Angd, 'I'ieiano, Refnel, 224-La Or.otlaela. Prome- Portugal. (Er,!
DUNCAN, David teo encadenado. 1502.1825.) I
fl07..Lu horu en la sombra. F$ltBANEZCALDEllÓN,S. 878-··· Historia literaria
DE QUElROZ, J. M. 188·Es.enAl anelalur.a., de l'ortugal. (Era ro-
209·1... Hu.tre cOla el. Ra- ElJIÚPIDES mántiea: 1825·ec tua-
mires, • 432
aAlcc!JtiM.!.al'
bacantes, lidad.)
ECKERMANN, J. P. El eíclope, }'LAUBERT, Guotuo
913·Couvt!rlaciolltll COD 623aElectra. lfigeniu con 1259·Tres cuentos,
Oocthe, Táuride. L.. lroya. FLORO, Lncio Ann.o
ECHAGVE, Juan Pa1>lo nee, 1115.Geotao romanao.
453.Tradicione., leyendas 653·0reotes, M.d.a, An. FORNER, Juan Palllo
y cuento» urgcntino,t, dr6maca. 1122.Exequia14 de 1.. JrllguR
100S·La tier.a el.I'.amb.e. EYZAGUIRRE, Jaime ....st.l1a....
EHINGER, 11. 11. 641·Ventura de Pedro el. i'ÓSCOLO, Iluso
I092·Clálli.os de la mú.i.a.' Valdivi.. 898·Últimas ....ta. el. Jo-
ElCHENDORFF, Jooé de FALLA, Manu.1 tle robo Orliz•.
926.Epioodi08 de una vida 95O-Eocritos sobre música FOUILLt, AUreolo
tunanle. y músicos. 816-Arilt6teJes y su
ELIOT, Geo,,!!e FARMER, Laurrnca" I1EX. miea ·.ootra Platón•
.949.Silas Mamer. I TER, George J. ¡"OURNIER D'ALBE, y JO.
ELVAS, Fitlalso <le 1l37.¿Cuál .0 su alergio? NES, T. W.
FAULKNER, W.. 663·EfestOl, Quo vadimus.
do de SOlo a Florido. 493·Sullluario. • Hermes.
EMERSON, R. W. FERNÁN CABALLERO . FRANKLIN, Benjamln
1032.1:115UYOJl CM:ogidotc. 56·La familia de Alva- 171·Ellibro dclbombrc de
ENCINA, Juan tle la reda, bien.
1266.V.... eogh. I 364.La guviota. I FRAY MOCHO'
EPICTETO, TEOFRASTO, FERNÁNDEZ DE VELASCO 1l03·Tierra ele mat.eros.
CEBES Y PIMENTEL, B. FROMENTIN, E"Il.nlo
73;J..EIUjuiridiúll e m'xi· 662..Deleite de la dlsere- 1234.Dobtíngo.·.
ma», Csradere" mOrRa eíén, Fáeil eeeuele de FtlLUP.MILLER, ReDé
Ie«, La 1Mblll ele la águdcZll. 548.Trea de un,.
ERASMO, Drlid.rlo FERNÁN DEZ FLÓREZ, vida.
682.Coloc¡ui08. ' We_lao UO.Terroa ele Ávila, In
1179.Elogio ele la locura. 145-w gaf.. elel dleble. &R11ta del éxta.is.
ERClLLA, Alonso.e 225.La novela númuo 13.· 930.}'raueillco, el ewnlo del
122·La Araueann. 263.Loo siete eolumn... I amor.
INDlCE DE
IO.JI·IC.nt•• muchach•• GARCfA Y BEU.loo. Aa. COMES DE BRITO, Ber·
cantal leai. DaÑo
1265.Agu_tln. cl ••nto del 515-E.p.ll. y lo. e.p.llole. 825-Hi.tori. trágico-m.ñ.
intelecto. Ignacio, el hace do. mil ailol, le- tima.•
ORntodc la volunt.d gúa l. geogr.n. de GÓMEZ DE AVELLANE.
de p..drr. Strabon. • . DA, Gertrudla
1373••:1 grun ....... 7,"-La Eep••1. del .iglo I 498·Antologl•. (Poc.I•• y
GABRIEL Y GALÁN, Joaé de nue.tr. er •••egún c.rt•••moro•••.)
M.ri. P. Mel. y C. Plinio.· GÓMEZ DE LA SERNA,
8U8·C.. _tell.na•• Nueva. GARIN, Nlcolú Ramóa
ea_tcllan••• Extreme. 70ll-L. pum.ver. de l. )4·La mujer de ámb.r.
ihts. • vida. 143.Greguerlal. Selección
GÁLVEZ. Manuel 719·1.00 oolegiale.. 1910·1960.
355·EI g.ucho de lo. ee- 749.1.00 e.tudiante.. 308·Lo. m uuto. y 1..
Trillos. 883..LofI ingenieros. - muertas.
.J33·EI mal metan.leo. • GASKELL, baIlel C. 427·Don R.món Maria dcl
101o.Tiempo de odio y an- 935·Mi prima FiIi.. V.lIe·lncUu••
      • IOSa·Marfa Barton. - 920..Goya .•
1061-Hall teeado • deSUc. 1086·Cranford.· H7l·Quevedo••
110. (1840.1842.) • GELIO, Aulo 1212.Lope viviente.
H·....B.jo la garra .nglo- 1128·Nocbe. áti.... (Selee- 1299·Piso bajo.
(rancella. • ci6D.) 1310-Cartas a las golondri-
1205-Y ••1 cay6 dou Ju.n GtRARD, JuUo aas. Cartas • mI
Munuel ... 1850·1852. • 367·EI matador de reonee, mi.mo••
GALLEGos, Rómula GIBBON, Ed..... 1321.Caprioho•.•
168·DoOa Bárbara. .. 915.Autobiografia. 1330·EI bombre perdido. ..
192·c..nta".ro. • GIL, Martla GOMPERTZ, M." MASSIN.
213-Cauaima. .. 447·Una aoven. en la .Ie. GHAM. H. J.
244·Rein.ldo Solar. .. rra. 529.L. pariera de Egipto
307·Pobre .pegro. • GIRAUDOUX. Jeaa. y La Eded de Oro.
338·La trep.dor.. .. 1267·La escuela de lo. In- GONCOURT, EdmuDdo de
42S·Sobre l. mi",ma tie· diCerentell. 873-Lo. bermano. Zem-
rra. .. GOBINEAU, Conde de gonno••
851·L. rebeli6a y otro. 893-La danzarina de Sha. GONCOURT, E., ., J. de
CU("utM. makha y otra" novelatl 853.Renata Mauperin. *
902·Cue:nto .. veneaole- .ai4.tical. 916-Germinia Lacerteux.·
uoo. 1036.EI Reaacimlento. a CóNGORA, LnIo de
HOl·EI forastero. • GOETHE, J. W. 75.Antologla.
GANIVET, Áa5el 60·L•••finidade. elec. GONZÁLEZ DE CLAVI.
126·Cart.. fia1ande.... tiva.. • JO. Ruy
Hombre. del Norte. 449·La. cuita. de Werther. H04·Relaci6n de la emb.·
139·Ideárium e.pailol. El 608·F....te, jada de Eurique 111al
Ilorvenir de Eapaila. 752.Egmont. gran Tamorl'n.•
GARCIA DE LA HUERTA, 1023-Hermann y Dorctee, GONZILEZ DE MENDo.
Vleenle 103ll-Memoria. de mi ni- ZA. p .. y. ptREZ DE
684-Raquel. Agamen6n i1e.. • AYALA, M.
vengado. 1055-Memorl•• de la Uní- 689·EI Coucilio de Tren·
GARCIA. GóMEz, EmlUo verslded, .. tu.
162.Poema. arablgoand.. 1076-Memorias del jove6 e.. GONZÁLEZ MARTINEZ,
luce!'. eritor. • Enri.ue .
513-Cinco poet•• musul- 1096-Camp.i1. de Francia 333.Antologla poétio...
meues, • y Cerco de M.gun. GONZÁLEZ OBREGÓN,
1220-Silla del Moro. Nuevas cia. .. 494·!'t[bico Viejo y euee-
""lIa. andaluza.. GOCOL, NIcoIáa d6tlco.
GARCfA ICAZBALCETA, J. 173-Tarás Bulba. Noche- GONZÁLEZ.RUANO, César
1106.Fray Juan de Zumá. buena. 1285·Baudelalre...
rraga. • 746.Cuentol ucraniol. GORKI. I\.fj:dmo
GARCIA MERCADAL, J. 907-EI retrato y Otro. 1364·Varenka Ole.u\·...
1180.E"tudiantes,sopiIU' y CUf'ntos. Malva y otro" eueu-
plraro.. • GOLDONI, Carloa to•• a
GARCIA MORENTE, Ma. 1025.La posadera. coss, M.oIelelae
auel GOLDSMITH, Oliyerio 587.Sinfolllo inconclusa. La
I302·Idea de la hiopani- 869·EI vicario de Wake. hl.loriade FranaSehu'
dad." field. .. berl••
lNDICE DE AUTORES
GOSS, Ma••I.in., y RAYEN HEGEL, G. F. ICAZA, Carmen ••
SCHAUFFLER, Robert 594-D. lo b e He y 'u. 1233-Yo. la reina. o
670-Brabm•. Uu ma ••tro formas. • INSCA, Alherto
en la música. • 126-Siltema de la. arte.. 82·Uo COrazónburlado..
GOS$E, Pbilip (Arquitectura. eacultu· 316-Él n.gro que t.ma.l
79S.Loa corsarios berberis- ra, pintura y mdJica.) alma blanca••
ee •. Los pirataa 41.1 773·Poética.· 32S·La IOmbra d. Petee
Norte, Historia d. la HEINE, Enri<¡ue Wald.•
pirat.m. IS4-Noeh•• 1I0r.ntinas. IRIARTE, Tomú ••
814·I.os piratas del O••te, 952·Cuadro. d. viaje, • J247-FAhulaslit.rari...
Lo. piratu de Ori.n· HENNINGSEN, C. ... IRIBARREN, Manuel
t e; • 730-Zumalad.rr.gui. o 1027.EI prlneipe d. Viana.·
GRAClÁN, Baltaaar HERCZEG, Franeiaco IRVING, Wuhiugtoa
49·EI héro•• El dis· 66-La familia Gyurko· IS6-Cu.nto. d. la Albana.
eeetc, vic-. • bra.•
25S.Agudeza y arte d. in- OERNÁNDEZ, José 476.La vida d. Mahoma. o
genio. • 8-Martfn Fierro. 16S-Cuentos del -antiguo
400-EI Critie6n. o HERNÁNDEZ, Mipe! Nu.va York.
GRANADA, Fray Lula .e 9OS·EI rayo que no eesa, ISAACS, Jorge
642-lntrodueei6n del slm- HESSE, Rermann 913-Marla••
bolo de la te, • 925-G.rtrudis. ISóCRATES
1139-Vida d.1 venerebf•. 1151·A una hora d. media- 412-Dis""nos hi.t6rieo-po-
maeltro Juan de noche.. Uticos.
Ávila. RESSEN, J.
CUtRARD, Alberto 107·T.orla 41.1 eónoei. 1167.¡,;I Universo y la Ti.·
l040.Breve historia de miento. rra.
Francia. • HEXTER, George J .. y FAR. l1S9.Materia y "ida••
GUERRA JUNQUEIRO, A. MER, Laurenee 1216-El mundo 41.1 p.n...
1213-Los simples. 1137.¿Cuál es su al.rgia? miento.
GUERTSEN, A. l. .HEYSE, Paul JAMESON, EgOD
1376-¿Quién ea ""Ipabl.? 9S2-EI caDÚno d. la !eli. 93·D. la nada Il millona.
CUEVARA, Aatoalo de elded, rios.
242-Eplstolas famOiares. HOFFMANN JAMMES, Frane.
159-Menosprecio de eer- 863-Cuentol. * 9..Rosario al SoJ.
t. y alahanza d. el- HOMERO 894-Lo. Robinsone. veeeos,
dea, 1004-0disea. • JANINA, Codeaa OIga
GUlNN"ARD, A. 1207·111ada. o 782-Lo. recuerdes l1e una
191·Tr...i10.d ....lavitud HORA.ClO eceeca.
tntr. los patagon.... 643·0da.. JENOFONTE
GUNTHER, Jobn HOWIE, Edith 79·La expedici6n d. los
1030·Mu.rt., no te energa- 1164-EI regr.1O d. Nola. diez mil (AnAbasis).
\Iezeas. o 1366.La casa d. píedre, JIJENA SÁN CHEZ, LI.
HARDY, To..... HUARTE, Juan .ia R••e
25-La bi.n amad,. 599.Examen d. ing.nios 1114-Poesla popular y tra-
BATCH, Aldea, 1 WALSHE, para'las ciencias. • dicional americana••
S.amua HUDSON, G. E. JOKAJ, Maurlelo
1335-Corona de I;loria. IS2.EI ombú y otros euen- 919·La ro.. amarilla.
. Vidad.1 papa PloXIJ.· tos eicpletenees, JOLY, H.url
RAVEN SCHAUFFLER. Ro- HUCO, Vletor Sl2·0bras clásicas d. la
"n, y GOSS, Ma....lne 6J9-H.rnani. El rey se di. 1I10.ofia••
670·Brahm•• Un ma.stro vierte, JONES,T.W.. yFOURNIER
en la mÚs¡C"II. •   y ·fi.losoilL D' ALBE
HAWTHORNE, Nathani.1 li73.Cromw.U. • 663-H.rm.s. Ef••tos. Qua
Sl9-Cuentos d. la Nu.va 1374-Bug-Jargal.' vadimu••
Holanda. HUMBOLDT, GDmermo .e JOVELLANOS
10S2-La letre roja. o 1012-Cuatro ...sayo. sebre 1367-E.peptáeulos y div.r-
HEARN, Late.dio España y América. • .iones pública8. El ca"..
217-Kwaidan. HURET, Julea tillo d. Beílver••
1029·EI romance d. la' Vla 1075.La Arg.ntina. JUAN MANUEL, Infant......
Láet.a. mARBOUROU, Juana de 676-EI ecede Lucanor.
HEBBEL, C. F. 265-Poemas. JUNCO, AIí_
569-Loa Nib.lungo.. mSEN, H. 159.Sangr. d. Hispania.
HEBREO, León 193-Co.. de mull.cas. Juan JUVENAL
704-Diálogos d. amor. • Gabri.1 Borkmann. 1344-SAtira ••
lNDlCE DE AUTORES
KANT, Emmaauel LAIN ENTRALGO, PÑrO, S21·m ....or de loe amo-
612·1.0 beUo y lo mblime. 784-La generaci6n del 98. o 'ñ.. o
La paa perpetua. ' 9U·Do. bi610go.. Clandio S61·La••iete vidu de TOo
648·Fundamentaei6n de la ' Bernard y Ram6n y m40 Portolo!••
m.tafl.iea de lu COJo   'S90-EI hombre nuevo. o
tumbreo. I077.Meno!ndea Pelayo. o 1291.Aleal' de loa Zegrfeo. e
KARR, AICoDlO '1279-La aventúra de leer. e LEOPARDI
942.LaPeno!lopenormanda. LAMARTINE, AU_ de 81.DWogo••
KELLER, Gottrried 8S8.GraaieUa. LERMONTOF, M. J. ,
3B3.Lo. treo bonrado. 922-RaCael. 148·Un h6roe de n\1..&ro
peinero. y otra. 1100 IOn-La. tOn6denei... a tiempo. ,
veles, LAMR, ear... LEROUX, GuloSa
t372.Leyelldao .uiza.. 675·Cuento. basado. en el 293-La espo.. del Sol. •
KEYSERLlNG, Conde de te.trodeSbakeopeare.
o
378-La muñeea sangrienta.
92-La vida Intima. LAPLACE, P. S. 392.Lam6quin.de••••inar.
13S1-La angusria del mundo. 688·Beeve bi.toria de la a.. LEUMANN, ear....Alberto
KIERKEGAARD, Sileen tronomla. 72·La vida vietorio...
IS8·EI eencepto de la ;'11' LARBAUD, Valéry LEVENE, Rieanlo
gu.lia. ,4()'Fermina M'rquea. 303·La tul1ura hi.t6riea y
1132'Diariodeurt.eduetor. LA 'ROCHEFOUCAULD, el .entimiento de la
KlNGSTON, W. H. G. F. de '\laeionalidad. e
375.A lo largo del Ama· 929-Memori... e 102.Historia de la. idea.
zona'!l. " [,.ARRA, Mariaao José •• BOCiale. argentina.. •
474.Salvado del mar. e 306·Arllculo. de eo.tum. 1060.La. India. no eran ee-
K1PLlNG, Rudyare! bree, lonia••
821.Capil.nc. valíent••• o LARRETA, Enrique LEVlLLIER, Roberto ,
K1RKPATRlCK, F. A. 74-La gloria de dOll Ra. 91·E.,tampa. virreinale.
130-Los eonquislodores es- miro. • americanas.
peñeles. • 8S-e Zogoibi». 419-Nuevas estampas .,.j.
KlTCHEN, Feed 247·Santa Marla del Buen rreinale.. Amor coa
831.A la IIBr de nu ... tra Aire. Ti.mpo. i1uml· dolor .e'paga.
hermane el buey. o aedce, , LtVI.PROVENI;AL, E.
KLEIST, Heinrielnoa   calle de la Vida y 1161·La civilizaci6/l árabe
86S.Michaol Kohl!taa.. de 'la Muerte. en E.pda.
KOESSLER, Berta 411·Tenla <¡ue aucede.... U 'HSINGoTAO y KSCHE.
1208·Cuelltan lo. lUau· Ludo.fundaeioneodo M1SVARA
•••m.... . Bueno. Airea. 215-EI cireulo de tiza. La
KOROLENKO, Vladlmito 438-EI Iioyora. Paoi6n de ira de Caú.ica.
1133-1'1 di. del juicio. N... Roma. L1NKLATER¡. Erle
veles, 510·La qué h....aba, Don 631·Maria E.tuardo.
KOTZEBUE, Augnato ,. ,Juan. Artemis. Díseur- L1SZT, Fea...
572·De ,Berlln a Paris en '00. 576-Cbopin.
1804. • MO.Jer6nimo y IU almoha. L1SZT, Fraa", ,yWAGNER.
KSCHEMISVARA y LI -da, Nota. divc..a.. Rieardo
HSING·TAO 700-La naranja. 763.Correlpondencia.
215·La ira de Caúoiea. El 921.0rilla. del Ebro. • LOEBEL, Jooef
cfreulo de tiza. I210·Tre.6IDlJ1. 997-Salvadore.'·de .. idas.
LADIN, Eduardo 1270·Clamor. LONDON, Jack
575,La Iiboraei6n de la Gerardo. o 766-Colmillo blaace, •
energta al6miea. LATORRE, Mariano LOPE DE RUEDA
LA CONDAMINE, Carloa Ma- 680.Cbile, pala de tineo-' 479-EuComia. Armelina. El
ri••e nee, " deleitoso.
268.Viaje a la me- LATTIMORE, Owen y El ... LOPE, DE VEGA, F.
ridional. aoe 43·Poribáñea y el C!I-
LAERCIO. Di6gen... 994-Breve historia de mondador de Oeaña.
879-·Vid.. do lo., 616000 China. o La Eltrella de Sevlo
, fo. ma. i1notrco. LEÓN, Fray Lui8 ,. Jla. o
936.··Vidaa -de 101 61600- SI·La perfecta ea••da; 274-Poo.la. Ud.... (Selee.
fo. mál i1u.trc.. 522·Do loa nombreo de oi6n.)
978····Vid.. de loa 616.0· Cri.to. • 294-EI mojor alealde, el
fOI máo i1ootrea. LEÓN, Rleardo rey. Fuenteovejuaa,
LA FAYETTE, IIladame 'e 370.Jauja. 354-EI perro del borta-
976-I.a priOlcco. de 391·ID.'perta, ferrol lano. El arenal de So-
vo.. 481.easla de hidalgo•• e villa.
JNDleE DE AUTORES
422-La Dorotea. • 706-Lasad.lfo. Elhombr. 129·Doa Juaa.
S74-La dama boba. La ailla que murió.a la KU."" 14o-Ti.mpo vi.jo y tiempo
d. plata. o. 10n.La Lola •• va a loa nueve,
638·EI amor .uamorado. pu.rtoa. Deadich•• de lSS·Vida. hi.toria.
El c.hall.ro d. 01. la fortuna, o Jnliani- 196-Ea.ayo biológico .obre
medo. 110Valcárc.l. o Earique IV de ea.tiDa
842.Arte uu.vo d. hac.r MACHADO Y ÁLVAREZ, y .u tiempo.
com.di... La diacreta Antonio 36o-El «Empecia.do» vi ..
eaamorada. . 745-Cante. !Iam.acoa. to por na iaglEa.
1225-Loa m.lindr.. de Be- MACHADO DE Assls, 408-Amiel. o
li... :u villano MI Joaqulm M. 600-Eaaayoa lib.ralea.
rincóa. • 1246-Doa ea.murro. • 661.Vocación y 6ti.a y
LÓPEZ mOR, Ja.. JoM MAEZTU, Maria .. otros eaaayoa.
1034-La agoafa del paico. 330.Aatologla••Siglo xx, 71o-Eapailol.. fu.ra d. Ea-
anüilil. Prosistas españole•• * paila.
LO TA KANG MAEZTU, Ramiro de llll·RaIa y d••oro de E..
787·Aatologfa de eneati.. 31·Doa Quijote.Doa Jaaa paña.
ta. chinos. y La Cele.tiaa. 1201·La medicina y nue.tro
LOn, PIe... 777.E.paña y Europa. tiempo.
l198-Ramuncho.· MAGDALENO, Maarlelo MARCO AtlllELJO
LOWES DlCKINSON, G. lI44-La ti.rra ,Grande. • 756-S0liloquioa o reSalo-
685.Un «banqu.te. mo. 931·EI r••pla"dor. • n•• moral ••• o
derno, MAlSTRE, JeTler do MARCOY, Paal
LOZANO, C. !l62-Vi.je alr.d.dor do"mi l63·Viajo por loa vaUe. de
l228-8iatori.. '1 leyen. cuarto. La jov.n .ibe. la quina. o
da.. riana. MABCU,VaIeriu
LUClANO MAlSTRE, Jolé de 53O-Maqui.velo. •
ll75.DiAlogo. do lo. di.. 345·L.. v.lada. de S.a MARECHAL, LeopoNo
•••• DiAlogo. de Jo. P.t.nburgo. • 941.Antologla p06tiea.
mu.rtoa. MALLEA, &luano MARIAs, Jnllúl
LUGONES, Leopoldo ljl2.Hi.toria de un. p..ióa a04-Filoaofla ..pañol. eCo
'200-Antologla po6tiea.. arg.ntina. taal.
232-Romance.... .202-Cu.atoa para una ia. 991.Migu.1 de Un.muno. o
LUIS XIV gl... d••••per.d.. 107l·El t.m. del hombre. o
705-M.morlu .obre el.rte 402·Rod••cIa•• tA d. aneao. 1206-Aqui y ahora.
d. gobernar. S02·Todo v.rdor perecerA. MARlCHALAR, Aatonl.
LVLIO, Ilabaaad. 602·EI retomo. 78-Rieago y v.atura del
889·Libro del Ordea de ea· MANACORDA., TeIa. duque de O.un••
lo.ll.rla. Prln.ipe. '1 613.Fructuoso Rivera. MARIN, Ja..
jugl.rea. MANRlQUE, Gemes 1090.La..T.ze o El Daiver.
LUMMlS, Cal... F. 665.R.gimiento de prln.1- .iamo mAgico.
Sl4-Loa .xplor.dore. "pa· p.' 1': otra. obr... 1165-ConCucio o El huma-
flol•• del .iglo XVI. • MANRlQUE, Jorge ai.mo didaetixaat••
LYTTON, Bnlw.r 135-0bra completa. ll88-Buda o La a.pció"
l36·Lo. último. dí.. de MANSlLLA., Lado V. del mundo. •
Pompeya. • ll3-Una excanióa a Jo. MARMIER, J ...i ...
MA CE HWANG iadio. ranqu.I••• • S92-A travEa de Joa t'"
1I05-Cu.nto. chinoa de tre. MANTOVANJ, Juan pi ..... o
diclóa antiKUa. 967.Adol•• eeneía, Forma. MÁRMOL, JoM
12.l4-Cuento. humorl.tico. ción y cn1tura. lOlB·Am.lia. •
ori.ntal... MANZONI, A1.j....... MARQUINA., !:dueño
JkAC DONALD, Phlll" 7 943-EI eonde de Carm•• 1140·En Fl ..de... hapuea-
BOYD CORREL, A. gnola. to .1 '01. La. 'hija.
1057·La ru.da oscura..   Jorge d.1 Cid. o .
MACHADO, Antonl. 252·Martl••1 apóstol.. MARRYAT, Federico
l49·PceeIa. compl.ta•• • MAQUIAVELO, N. 956-Loa cautivo. d.l b...
MACHADO, Manuel 69.EI prlncipe. (Com.nta. que. o
131.Antología. do por Napol.6a Bo- MARTI, JoM
JlACHADO, Manael y Aa- aapart••) 1163.PAgina ••••ogida.. o
tonI. MARAGALL, .luan MART1NEZ SIERRA, Gre-
26o-La duqu... de ll.na- 998-Elogioa. gorlo
m.jl. La prima Fe.. Gregorlo lI90.Cancióa de cuno.
Duda. JU&Jl de 62·EI cODde.du'llle ele 1231.Tá .r•• la pu. •
Jla... • Ollv"e•• o 1245-El amor e.tedri.tico.
lND1C8 D8 AUTOR8S
IIASSINCHAM. H. J., '1 300·Poe.la juglare•• a ,y ju. MII.TON. J.ha
COMPERTZ, M. 'glare.. • 1013·EI paralo. p...Il<\o••
529.La Edad de Oro y La SOI·Castilla...... tradición, MILL. Stuart
panera de Egipto. el idioma. • 83.Autobiografla.
MAURA. Antonio ',. SOO.Tres poeta. primitivos. MlLLAU. Franeieeo
231..Discursos conmemora. lOOO-El Cid Campeador.· 107.Descripci6n de l. pro-
tÍl'OI'. lOSI·De primitiva lírica es- vincia .del Río de 1.
MAURA C.'rlel pailola y antigua épi... Plata (1772).
240·Rill.OIl •• de b hio. 11\0·Mi••elánea hi.tc\rieo· MIQUELARENA. Jaciato
toria. • literaria. 8S4..Don Adoleo, el liber.
MAUROI§, 'Aadré I260·Loa e.pañoles ... la tino.
2..Disraeli. • historia. • MIR.L.AS, León
1S0·Diario. (Eotado. Vnl· I268.Lo., Reye. Calólieo. y 1221·Helea Keller.
do., 1946.) olro. eetudíee, ,MIRÓ. C"rlel
1204-Siempre ecur r e lo 1271·Loo españoles eu la Ií- 1\02-Glo... de SigUe....
inesperado. teratura. MISTRAL. Federico
1255·En hu.e. de Har.el 127S·Loo godo. y la epope· a06-Mlreya. '
Prou.l.,· ya e.pañola. • MISTRAL, Cdrlela
1261·La eomida bajo lo. 1280.Eopa¡¡a, e.lahón eutre 503-Ternura.
CRt\I.ilOl. • la' (:riltiandad '1 el lOO2-Delolación.·
MAYORAL, Islam. MOUtRE
, 897·Hioloria del oargento 1286-EI' Padre Laa Ca.a. y 106-EIrI..ehón en la eerte,
Mayoral. Vitoria. con otros te- El eeferme de apren_
MEDRANO. S. W. m.. d. lo. aiglOl xv, .Ión.
960·Ellibertador JOIé de y XVII. 948-Tartulo.DonJuanoEI
San Martín. - lJOI..En torno a la lengu,8 convidado de piedra.
MELEAGRO 1 otrOl v...., . MOLINA. Tino ••
1332·Po.tas llri.o. griego.. 1312.E.tudloi ji. IIngU". 1J·EI vergonzolO ea Po.
lfELVILLE, Herman ti.a. lee¡c, El burlador d.
953.Talpi. • MENtNDEZ PIDAL, Ra. Sevilla••
DNDEZ PEREIRA, O. móD, 1 ot..... 369.La pruden.Ia en la muo
166-Núilez .de Balboa. El 1297·Sei. tema. pernano.. jer, El eondenado por
tesoro del Dahaibe. MERA. Juan Leóa deseonfiado.
lfENtNDEZ PELAYO, Mar· 1035·Cumandá.· 442-La gallega Harl·Her.
cellno MEREJKOVSKY. Dimltrl nández. La firme.. en
251·5on Isidoro, Cervante. 30-Vlda de'N_poleón. o la hermOlun.
y olrOl e.tudio.. 131·EI ml.terio d. Alejan. JlONCADA. Franeiaeo .e
3S0·Poeta. d. la corte de dro l. • ' 405-Expedieión de lo. ea-
don Juan.!l. o' 164.EI fin de AlejandrOl.' talaa.. y angoneoea
S97..El abate Marehena. 884..Compaft.eros eterno,. - contra turcOI y &rie-
691.La Celestina. • MtRIMtE, Próopero gol.
115oHiotori. d. la poesla IS2-Maleo,Fal.one y olreo MONTERDE, Franciaeo
argentina. euentee, 870·Moc:tezuma lIt. leñar
820-La.' eien m.jore. por' 986·La Venu. de Die. del A..ohua ••
•Iao IIrl.a. de la len. I063·Cróniea del relnaao de MONTESQUIEU. Barón ole
goa ea.tell...a. • Carl.... IX.' 253-Grandeza y d e e e ;
MENtNDEZ PIDAL,Ramón HU.Carmen. Doble error. deneia de los ro·
  literariol.,· MESA, Enrique .e manol.
5S·Lo. roma..ces de Am4- 223.A.. poétiea. 862.Enoayo sebre el guslo.
ri.a y ot ... e.tudi... MESONERO ROMANOS, MOORE, Tomáa
lOO-Flor nueva d. romano Ramón.e 101l':-EI epicúreo.
ces viejos. • 14   malr'itenlllell. MORAND, Paul
1l0.Antologla de prooiota. MEUMANN. E. 16.Nueva York •
..pailole.. • 578-Iatroduceión a la e.t4- MORATíN. Lesn... FemáD·
I20-De Cervant.. y Lope 'li .. a.tual. • ... de
de Vega. 178-Si.tem'a de e.téllca. 3350La eomedia nueva, El
l?2-ldea imperial ele Car· MIEU. AI.o oí de 1.. nilla••
lo. 'V. 431.Lavol.le. y la MORETO. AgUllÚl +
190.Poesla,'rabe y porsla - eión de la teorla quI.' 119·EI lindo don Diego•
.eurepee, • mica moderna. No puede ser el guar-
250·EI Idioma eopallaI en 485oVolta, y el d...rrollo da. una mujer. o
IUS prime... tiempos. de la electrieldad. MOURE.MAmO. Lnls
280·La lengua.de CJ:i.toS- l011.Breve hillllorla de Jo 1306.Fanta.la. reale•• AJ·
bal Colón. l>iologla. mu de UD protocolo. •
INDICE DE AUTORES
MVI'lOZ. Rar.el F. OBUCADO, Rafa" %66-Lanovel. de DDnove-
l1K·Se IIcvllron el eañ4n 197·Pocs'••. • li.ta.•
par. n••bimba. OBREGÓN, Antonle .e %77·Jool.
896-¡VAmollo, een l'anebo 1194-VilIoa, poeta del viejo 298-La .Iellrf. del ..pitA..
Viii.! ' P.rlo. • Ribot.
MVRRAY. Cilllert O'HENRY 368-La aldea perdid•••
1I1lS-&quilo. • 1184-Cu.a,.to. d. Nu.v. 588-AlIoa de juventud del
MVSSET, Allmo .e York. doctor  
492,Cu.lltOl: Miml Pia.6a. 1256-EI.I.llre 01 •• d. m.yo PALMA, llieaño
t-:t lunar. CrojlliUe,,:Pe. y otro" cuentos. • SZ.TradicioDe.  
drOoY Camil.. OPPENHEIMER,"R',7 _ (l.' ••Iección).
JIlAPOLEÓN DI 987-Hombr. y ci.ncia.· 132-Tr.di.ioaea rruaaB&
798-ld••• a.pol.óai.... OROÓI'lEZ DE CE.BALLOS. {2.· ••Ieeei6o •
NAVARRO Y LEDESMA., F. Pebo 309.Tr.di.ioa•• rrulUiB&
401-EI ing.nioso bid.lgo 695.Vi.j. del mDDdo. • (3.' ••lección •
Migu.1 d. C.rvanteo ORTECA y CASSET, Joaé PAPP. ne.w.rio
Saavodra. • l-L. r. b.1i6n de 1.. 443-Mú allA del Sol••• (La
NERVDA. Jaa ma.as.· eltrU'ctura del Uní.
397·Cu.atoo de la M.ll ll·EI tema d. nue.ho . v.no.)
Str.a.. tiempo. 9llO-EI probl.m. del ori-
NERVAL, Cerardo do 45.Notas. .. gen d. 101 mundos.
927-Silvi•• L•. m.no .0· IOI.EI libro de 1•• mi·· PARDO BAZÁN, «:c.Meaa..
cantada. Noche. de .ione.. 76(t.La .irena negra.
eetubre, 151-ld••o y ee••n.i... • 1243-10001.ción.
NERVO, Am.do . 181.Trlpti.o: Mb.b••u o 13ó8-Eh.ludo de las bruj.s.
32-La .mad. inmóvil. El pollti.o. K.nt. PARRY, WiIIiam E.
17S.PI.nitud. Ceeth.. 537·T.r.er vi.je p.ra el
211-S.renid.d. 201·Moc.d.d... deocubrimi..,to de DD
311·El.vo.ión. 1322·V.IAzquez; • puo por el Noroeot e,
373·Po.m... 1328.La .... Y lo. torOl. PASCAL
434-EI erqueec divino. 1333-Goy.. -. 96-P._i.nt....
+58-P.r1.. n.gr... MIo. 1338·Eotudioo 'ubre el PELUCO, Sil...
tiealo amOf. • 144-MiJ pri.iooeL
JiEWTON, Iaaao l34S-Eop.ña inv.rt.br.d.. PEMÁN, Joaé liarla
334-501...ión. l350-Medita.ion.o del Quí- 234-Noche d. I.vaate en
METZSCHE, Fed.rI.o jot•• Id••• sobre la no- ea1m•. Juliet. y Romeo..
3Só·EI orig.n de l. tr.· vela, •. 1240-Antulogl. de poe ....
gedia. 1354-Meditad6n del pueblo ••
NODlER, Caeloa joven. PEPY5, Samnel
933·Rocu.rdo. de juvea- 1360-M.dit.ci6n d. la tée- l242-Diario.· •
tud. níee, PEREDA, JooI Mari••0
NOEL, Eug.nio. l36s'.En torno. G.Ii. 58·Don Goazalo Conú-
1321.España nervio. ner- leo.. lea de l. Gonzaler... •
vio.. • 1370-Esplritu de la letra. - 414-Peil•• arriba. *
NOVAUS OSORIO LIZARAZO, J. A. 436·Sotil.....
1008.Enrique de Oít.r· 947.Er bombre b.jo l. 454.EI o.bor de l. ti.rru-
dingcn. tierra. • ca. -
NOVAs CALVO, Lino OVIDlO, Puhlio 487·De tal p.lo. tal asti-
194-P.dro Blanco, el N.· 99S.Lu b.rcid... .• 11•• •
grere, • 1326.Las metamorfosi.. • 528..Pedro S'Dchca. •
573-C.yo Can.o. OZANAM. Antonio F. 558-EI bu.y suelte••••
NOVO. S.lndor 888-Poet.o &.n.i...nOl de PEREYRA., CarIoa
791-Nueva grandeza mexi." en el siglo xw. 236-Henl'n Cortés.•
""n.. 939-Un. p.regrin.ci6n .1 ptREz DE AYALA, JIutf..
NÚ¡llEZ CABEZA DE VACA, p." d.1 Cid Yotros es- y GONZÁLEZ DE MEN•
.Ahar .ritol. DOZA, P'"
304-N.ufr.gioo ycom.nt•• P ALA el O VAL Dt s, Aro ó89-EI Condlio d.  
rioo. • mando· ptREZ DE AYALA, Ram6.
OBLIGAba, CarlOI 76-La hermima San Sul. l47·L.. ·mtic:ar••• '
257-L.. opp.m•••Ie Ed- .picio. • p.t. do l. ra .......•
  Poo.. 133-Marta y M.rIa. • 198-Tisro Ju.n.
848-l'atrio. Au.o"cin. l55-Loa m.joo d. CAdí.. 210-EI eurand.ro d. ou
OBLIGADO, P.droMilt".1 l89-Rivorit•• ' bonra.
1176-Autol0t:fa IMJéli.·o. 218..MaxiDliuA. * 249.PoelS.as     e
lNDICE DE AUTORES
ptREZ DE GUZMÁN, 1095.Vidas paralelas: Timo- QmNCEY, Tomás de
FernÁD le6n ..Paulo Emilio. Pe- 1169·ConCesiones de un co-
12S-Ceneracione. y sem- 16pidas--Mareclo. " medor de opio inglés.·
blanzas. 1123·Vidas paralelas:.Age. 1355·EI asesinato eensídera-
PtREZ FERRERO, Miguel silao-Pompeyo.. do como una de la.
1135·Vida de Antonio Ma· 1148-Vidas paralelas: .Arta· bella••rtes. El eoehe
. chado y Manuel.· . jerjes-ATato. Galba- correo inglés.
PtREZ MARTfNEZ, Ot6n. QmNTANA, ·Manuel José
531·Juár... el lmpasi. POE, Edgard AIIan 388-Vida de Franciseo Pi·
ble, 735·Aventuras de Arturo ·zarro.
807.Cuaubtemoc. (Vida y Gordan Pym. • 826·Vidas de españoleseé-
muerte de una culo lIeari . Iebres: El Cid. Guz-
tura.) • 379·La ciencia y la bip6- nián el Bueno. Roger
PFAND!., Ludwig tesis. •. de Lauria.
17·Juana la Loca. 409·Ciencia y método. 1352·Vidas de españolescé-
PIGAFETTA, Antonio 579.Últimos pensamientos. Icbres: El principe de
207-Primer viaje en torno 628·El valor de la ciencia. Viana. Gonzalo de C6r-
del globo. POLO,Marco doba.
PU, Cortés I052-Viajes. • RAClNE, Juan
315-Galileo Galilei. PORTNER KOEBLER, R. 839·Athalia. Andr6maea.
533·haac Newtcn, • 734-Cadáverenel viento.· RAlNIER., P. W.
PLATÓN . PRAVIEL,·Armando 724-África del recuerdo. •
44-Diálogoo. • 21·La vida trágiea do la RAMfREZ   J.
220-La República o el Es- emperatriz Carlota. 358·Antologla de cuentos
tado. .. PRELAT, .Carloe E., y AL. mexicanos.
639.Apologia de S6crates. SINA FUERTES, F. RAMÓN Y CAJAL,- Santíage
Crit6n o El deber del 1037.EI mundo de la me. 90·Mi infancia y juve...
ciutladano. . cánica. tud.•
PLOTINO PRtVOST, Abate 187·CbarlllS de café. •
985·EI alma, la belleza y 89·Manon Leseaut, 214·EI mundo vi.to a los
la eontemplaci6n. PRtVOST, Mareel ochenta años ••
PLUTARCO 761·EI arte de aprender. 227·Los t611icol de la vo·
228-Vidas paralelas: Ale- PRIETO, Jenaro luntad••
jandro-Julio César. 137·EI socio. 241·Cuentoo de vaeaoio.
459·Vidas paralelas, De- pmG, 19Dacio nes, a
m6.ten....Cieerén, De- .456-¿Qué es n.iea oó.· 1200·La psieologla de los aro
metrio-Antonio. . mica?· . tiltas.
818-Vidas paralelas: Te- 990·La edad de lo Tierra. RAMOS, Samuel
see-Rémulo, Lieurgo- PULGAR, Fernando·del 974·Filooofla de la ,·id.. aro
Numa. 832-Claros varones de Cas- líl'tica.
843-Vidas paralelas: Sol6n. tilla. I080·EI perfil del hombre y
Publlcola, Temlstocle.. ·PUSCHKIN. A. S. la cultura en México.
Camilo. 123·La bija del   La RÁNDOLPII, .Marion
868-Vidas paialelas: Peri· nevasca..· 817·La mujer que omaba
ele..Fabio IIláximo. Al· 1125·La dama de los tres la. liJas.
cibfades-Coriolano.· naipe. y otros cuentos. 837·EI buscador de su
918-Vidas paralela.: Arl.· 1136.Dubrov.kiy.Lacampe· muerte••
eides-Merco Catón. Fi· sina señorita. RAVAGE, M. E.
Icpemen-Tftc Quinoio QUEVEDO, de 489·Cinco hon.b·,," ele
Flaminino. . 24·lIistoria de la vida del FraneCort••
946·Vidal paralelas: Pirro- Busc6n. REGA MOLINA, 1I0raeio
Cayo Mario. Lisandro- 362.Antologia· poética. . 1186-Antologla poérlce,
Sila. 536-Los lueños. • REJD, Mayne
969·Vidas paralelas: el' 626-PoIltioa de Dios y go- 317·Los tiradores de rific••
mén-Lúeule, Nicias" pierno de Cristo. • REISNER
9
Muy
.!IIarco Craso. 957·Vida de IIlarco Bruto. 664-La casa de telarail....
993·Vidas paralelas: Serto- QUILES, S. l., Ismael RENARD, Jul"
eie-Eumenes, Foci6n- 467.Arist6telcs. Vida. Es- l083·Diario.
Cat6n el IIlenor. critos y doctrina. RENOUVIER, ChilrIea
I019.Vidas paralelas: Agi.. 527·San Isiáoro de Sevilla. 932·Descartes.
Cleomenes. Tiberio· 874·Filosofla de la relf- REY PASTOR., JuUo
. Cayo Graco. gión. 301·La ciencia y la téenl-
l043.Vidas paralelas: Dion· 1107.Sartre y lu existencia- ea en el descu.brimien·
Bruto.. Iismo. lo de Amériea.
1ND/CE DE A.UTORES
ltEYES. Alfo..... RUlZ DE ALARCÓN, ll1an SÁNCHEZ.SÁEZ, Braullo
901..Tertulia de Madrid. 6S·Lu, verdad sO....l'l'hoa.. 596.Primera anlolog(n da
954..Cuatru Iugenioe, Los pecbos ,tr¡,"ilegia- cuentos brasileños, -
lU2U·Trazos de historia Hte- dos. SANDERS, George
raria. RUIZ   Enrique 657-Crimen en mi. ma.
IOS4..Medallones. 115s·La tradic:iún de Am'- 1I0lC•.•
REYLES, Carloa rica. _. SANTA CRUZ DE  
88·EI gaucho Florido. RUSK1N, John Me\.bor de
20S.El embrujo de Sevilla. 958-Sbamo y liriO!'. 672·Flort'st. española.
REYNOLDS LONG, Ametia RUSSELL, Hertrani SANTA MARINA. Luy.
718-La sinfon'a del eeímen. 23..IAl cOU1luista de lu fe- 157·Ci&nerol.
977-Crimenen tres tiempos. Iicldad, SANTA TERESA DE JESúS'
1187-Bl mona_ito d. Poe, RUSSELL WALLACE, A. ie 86-Las morada••
1353·Ulla "'z absueltu..• o 3l3·Viaj. al ar.hipiélago 372-Su vida.•
RlCKERT, 11. malayo. 636-Camillo de perfeeeién,
347-Cien.ia cultural y.ien. SÁENZ HAYES, Ri.ardo 999·Libro de las Cund,.
eía natural. • 329·De la amistad en la dones••
R1VADENEIRA, Pedro i. vida y en los libros. SANTlLLANA, Mar'luóa i.
634·Vida d. Igna.io de Lo· SAFO y otroa 552-0bra••
yola. - . 1332-Porta. ¡¡ri.... griegos. SANTO TOMÁS DE AQL'INO
R1VAS, Duque ole SAlO ARMESTO, Vielor 3lU-Suma teológi.a. (S••
46·Romanc.s. - S62-La leyenda d. Don Ieecién.]
656-Subl.va.ión de N4po. Juan. - SANTO TOMÁS MORO
le. eapitaneada por SAINT.PIERRE, Bernaroli- 1153.Utopla.
Ma.auielo. - no d. SANZ   Ceaáreo
10l6-Don Álvaro O La Iuer- 393·Pablo y Virginia. 1283·Historia y bravura
za del sino, SAINTE.BEUVE, Carloa i. del toro d. lidia. o
RODENBACH, Jorg. 1045·Retratos eonremperé- SARMIENTO, Domingo F.
829-Brujas, l. muerta. uees, lOS8..Fecunde••
RODEZNO, Conde d. 1069-Voluptuosidad. o SCOTT, Walter
841-Carlos VII, duque de 1109-Rctralos de mujeres, 466-EI pirata. *
Madrid. SAINZ DE ROBLES. F. c. 877·Bl anti.uario -
RODÓ, Joaé EnrÍ'fue 114·El «olro. Lope de 1232·Diario.
866·Ari.l. Vega. . SCHIAPARELLI, Juan V.
ROJAS, Feroand••e . 1334·Fllbularin r!olpui'iol. S26..La atilronom'. en el
195·La Celestina. SALINAs. Pedro Antiguo Testamento.
ROJAS, Franelaeo de 1154-Poemas eseogidos. SCHILLER, J. C. F.
lU4-Uel rey abajo. ningo. SALOMÓN 237·La edueeeíéu .sléti
c•
110. Entre bcboa.....a el 464·EI Cuutar de los Cuu. del hombre.
juege, tares. (Ve..i611 d. Cray SCHLESINGER. E. C.
IlOMANONES. co.....ole Lui, de León.) 955-La zar.. ardiente.' a
770·Doiia Maria Cristina de SAL·rEN. Félix SCHMIDL, U1ri""
lIab»burgo y Lorena, 363-Los hijos ti. BaDlLi. 42·I-Ucrrot.ro y viajo a
1316·Salaman.a. Conquis. 37J·Bambi. {Uistoria de Espa.1a y la. India••
tador d. r;queza. gran una vida del b... que.} SCHULTEN, Adoll
señor. 39S.Rrllui «el salvador».· 1329·Lo" yastu.
1348·Amadeo d. Saboy•• o SALUSTlO, Cayo rea y au Inrrra con
ROMERO, Franeloco 366-La .onjuraei6n d. Ca· Roma. -
940.El hombre y la culo liHua. La de StNECA
tura. Jugurta. 381J-Tratadol 1I1oraJell.
ROMERO, Joaé L"ia SAMANIEGO, Félix Maria SUAKESPEARE, WilliaJlt
1117'U. Herodoto a Polibio. 632·Fábulas. 27·Hamlet.
ROSENKRANTZ, pau. SAN AGUsrlN 54·EI r.y Leee,
S34·Los gentilesbombrc. 559.ldeario. a 87.0telo. Bemee y Ju•.
de Lindenborg. •. 1199-Collfe!'ione•• • Iteta,
ROsrUD, Edmu....o SAN FRANCISCO DE ASIs 109-EI mercader d. Vcnc·
1116-Cyrano de B.rg.ne. - 46lJ.Las Iloreeilla•• El eén- Ma.betb.
ROUSSELET, Lula tteo del Sol. o 116-La tempeilaJ. La 11 omll
327.Viaje a la India de Ies SAN FRANCISCO DE CA. de la bravla.
mabarajabs. PUA 127.Anlonio y Clt!Opatra.
aOUSSELOT, X..1u 67lJ.Vi<la d. Santa C.tali. 452·1. .. alegres comadrea
965·San Alb.rto, Santo TOo ..a d. Si.Ra. • de Windoor. La eeme-
m4s y San Buenave..• SAN JUAN DE LA CRUZ dia d. 1.. equivo..a.
tura. 326-0bras ••cogidas, ele ..es.
INDICE DE- AUTORES
48ll-Lol dOI hldalgol SOPEAA:F"¡erleo 1146.El muerto vh·o•.a
de Verona. Suefto de 1217-Vida y obra de Franz 1222-El te.oro de Fran..
una noche de Sau Li_zt. chard. La" desveutu..
JUIUl. SOREL, Cealia r" de John Niehol ...u,
f>3S·Abuen fin no hay mal ll92-La. bella. horal de mi STOKOWSKI, Leopol4o
principio. Trabajo. de vida. • paf. tucJOJ6 nos-
amor perdidos. • SOUBRIER, Jaequee o("rol. "
136-CorioladD. 867-Monj.. y bandido•• ' STONE, l. P. do
169·El cuento de invierno. SOUVmON, Joaé Maria 1235..Burbank, el mago de
792-Cimbelino. ll78·La IUI. no está le¡OI.' la. planta••
828-Julio Céoar. Pequeilol SPENGLER, O. STORM, TbeHor
poemas. 721·El hombre y la 8S6-El lago d. Immeu•.
872-A vue.tro guitO. nica y otrol6 ellqyOli. STORNI, Alíon.iaa
SUA W, Bernar. 1323·Ailoa deei.ivOl. '  
61S-EI earro de lal man- SPINELLJ, Mareo. STRiNDBERG, AuglUto .
zanas. sin gloria.· 161-E1 viaje de Pedro el
Cáudida. SPRANGER, Eduardo Arortullado.
640-Matrimoniodeflligua1.· 82""'·Cultur. y educació.,. SUÁREZ, S. Francileo
SHEEN, Moneellor Fulloa J. (Parte hi,t6rica.) 381-lntroducción a la me..
1304-El comunismo y la 876-"Cultura y educación. tafil'ica. e
conciencia oeetden- (Parte tem6tica.) 1209-Inve",tigaciones meta,
tal. ' STAEL, Madame do n.i...... '
SHELLEY, Pe..,. B. 616-Rellexione••obre la 1273·Guerra.· Intervenci6n.
1224-Adonais y poe.. paz. p..,z illterllaciollJll. •
m81 breves, 6SS·Alemania. SWIFT, Jonalán
SlB.lRIAK, Mamln ?42·Diel ailOI de de.tie· 23S.Viaje. de Gulliver. '
739·Lo. millon... ' rro. ' SYLVESTER, E.
SIENKIEWICZ, Enrique STARK, L. M'l PRlCE, G. A. .483-Sob.e la hadole del
767..Narracione!l. e HILL, A. V., '1 otreta hombre.
84S-En vano. 944-Ciencia y civiliza· 934-Yo, tú y el mundo.
886-Hania. Ono. El ma· ción. ' TÁCITO
nantial. STARKIE, Waher 446·LoI Anale.. Augo.t...
SIGtlENZA y GÓNGORA, .. de un Irlen- Tiberio. '
CarI.. .. dé. en E.paña. • 462-Hilltorias••
I033·lnrortuni... de AlonlO STENDHAL I08S·Lo. Anal..: Claudio-
Ram[rn. 815-- Historia de la pin- Nerón. *
SILIÓ, Céoar tura en Italia. [Eseue- TAINE, Hipólito A.
64-Don Álvaro de Luna y la florentina. Renaci. .f lS-*FilO!'Of'[a dp.1 arte.
IU tiempo. * miento. De Giotto. 448-Viaje a 101 Pb-lneos, •
SILVA, Jooé Amnel6n Leonardo. Vida de SOS-"FilOlOfll del arte. '
827-Poeof... Leonardo de Vin<Í.) \l77-Nota. eebre Parl•• •
SILVA VALDts, Fernán SSS."Hiotoria de la pino TALBOT, Hue
S38.Cuentol del Uruguay.' tura en Italia. (De la 690-AI borde delabiomo.·
SIMMEL, Georg.. helle.. ideal en la anti· TAMAYO Y BAVS, M.
3S·Cultura Cemenina y güedad, Delbello ideal S45..La locura de amor. U.
otros ensayos. moderno. Vida de Mi· drama Due"o••
SlMÓNIDES DE CEOSYolrOl guel Allge!.) , TASSO, Ton:ualo
1332-Poetu Urico!i m-Vida de ROI..ini. 966-Noches.
SLOC.VM, J ...hua \lS2.Vida de Napole6n. TEJA ZABRE, A.
S32·A bordo del «Spray... ' (Fragmentol.) , SS3-Moreloa. •
SÓFOCLES . . 1248.Diario. TELEKI, Jooé
835;-Ayante. Eleetra. Lai STEVENSON, Robert L. 1026·La eeete de Lui. XV.
traquinianu. 7-La i,.ta tesoro, TEÓCRITO "1 otrM
SOFOVICH, Lo... 342.Avenlura. de David l332-Poet.. IIrie.. grieg...
1162.Biograrla de la Cio· Balrour.' • TEOFRASTO, EPICTETO,
ecada, S66-La lIeeha negra. ' CEBES
SOLALINDE, Antonio G. 627.cuentoo d. 1... mareo 733.J::araeterel moralo..
154-Ciell romancea eACO- del Sur. Enqui.ridi6n o máx¡'
gidOl. 666.A de lao pra. mu. La tabla de C<-
169.Alltologla de AIIen· dera.. bes, .
'0 X el Sabio. ' 116-EI extrailo ea.o del TERENClO AFER, PuloIio
SOLls, Anlodio deetor Jekyll y mil' 729-La Andriana. La
699-lIistoria de la eenquls- ter Hyde, 0laUa. gra. El atormentadOl
ta do ' 11l8.El prlneipc Ot60. ' de .1 mi.mo.
/.NDlCE DE AutORES
143·Lo. bermano•• El 160.And.ll.....y vi.ione. 441.Sonata de otoilo. So-
eunuco. Fonni6n. español ••• • nata de invit-rllo.
TERTVUANO, Q. S. 179·Pa. en l. guerreo a 461l-Lo. cruzado. de la
768-Apologl. contra lo. 199.Elespojo del. muerte. Causa.
gentile.. 221·Por tien.. de Poetu- 480·EI resplandor de 1&
THACKERAY, W. M. S.I y de ·Españ.. boguera.
542·Catalin.. 233-Colltrá esto y .quello. 520·CeriC.lte. do anta.
1098·EI viudo Lovel. 254·San Manuel Bueno, 110. lo
1218.Comp.lIera. del hom. m4rtir. y tres hi.to· 555·Jardlll "miMo.
bree • rial m'a, 621·Claves Utical.
THIERRY, Agustln 286.Soliloquio. y eenver- 651·Cara de P1.t••
589-Relatos de los tiempos ...iones. 667-Águil.. d. bla.6n.
merovingios. a 299·Mi religi6n y otros en- 681.Romaneo de loboi·.
THOREAV, lIenr1 D. .ayos breves, 811·L. "mpar. maravi.
90-1·Walden o Mi vid. entre 323-Reeuerdos do niñea y Uola.
bOlques y I.gun••• a de mocedad. 1296-La corte de lo. mila.
TlCKNOR, J0'1le 336.0e mi pail. grol. a
l089.Diario. 403-Ea ,"OfDO.l caslid.tIlo. 1300-Viva mi dueüo ••
TlEGIIEM, P.ul ...n 417-EI eabeHerc de la 1307·Lu.es de bobemia.
1047.Compondio de biltoria Triste Figure. 1311-8aza de espad ... a
literari. de Europa.' «O·La dignid.d hum.ua. 1315-T.bl.do de m.rione.
'l1MONEDA, Juan .J78-Viejos y j6venes. t ••• a
1129-EI patralluelo. 499.Alm", de j6vene.. 1320.0ivina.palabras.
TlRTEO 1 otrOl 571l-Soledad. 1325· Retablode la .v.rleia.
1332·Poet.. 1Iri.o. griegos. 601.Antologi• .,Mti... l. lujuria y la. muer.
TOEPFFER. R. 647.EI otro. El hermano t •• a
779-Labihliot... demitlo . Juall.. 1331·La marque•• Ro •••
TOLSTOI, León 703.Alguna. con.ider.ero· Iind••
S54-Los COI.COS. Des sobre la literatura 1337..Martes de CarnavaL •
586-Sebaltopol. hilpanoameri.ana. VALLERY.RADOT. René. .
TORRES BOOET, JaIlne 181.EICriltodeVel4zquoz. 471l-Madamc Pasteuro(Elo-
1236..Poesfa. escogidas. 900.V¡siones y lio de un librito, por
TORRES VILLARROEL riOl. Gregorio Marañón.)
822·Vida. • VP DE GRAFF. F. W. VAN DINE
TOVAR. Antonio 146·Cazador .. de ..be... 176·La •• ri...ngrient,.
1272-Un libro sebre Plat6n. del Amazonas. a VARIOS
TURGVENEFF,lYia VRABAYEN, Feliz 319·Fr.....
117.RelatOl de un cazador. 1361.BMjo los roble. n.va. 1166-Rclatoa dive..o. d e
134..Anuchka. Fausto. rros..   de je,uitas.
482·L1uvi. de primavera. VRIBE PIEDRAHITA. César (1634.1648.).
Remanso de paa.·a 314.T04. VASCONCELOS, José
TWAIN. MarI< VALDts, Juaa <le 802·La raza .ósmi.... a
212·LaI .ventur•• de Tom 216.0iAlogo de l. leng"". 961·La .onat. m'gie••
Sawyer. VALLE, R. H. . 1091.Filosofl. estéti.a.
649.Elhombreque eorrom- 477.lm.gin.ei6n de Mi!- VÁZQVEZ, Franeiae.
pió. una etcdad, xtee. 512-,Jornad. de Omagua y
679-Fragmentos del diario VALLE-ARIZPE, Artemlo" Dorado, (Historia do
de Ad4n. Diario de 53·Cu.ntos del México .n. Lope de Aguirre, sn.
Ev.. tiguo. • crimen... y locura ••)
698-Un reportaje sensacio- 340·Leyrnda. mexi.an... VEGA, El ine. G.r.I1aao
nal y otros cuentes, S81.En MixiC'o y en otrOl tle l.
"l13-Nuevol euentes, ligios.' 324-Comcutario. realete.
1049-Tom Sawyer, dele. ti· I067.Fr.y Sen-ando, a (Seleceiún.) .
ve. Tom Sawyer, en el 1278·0e l. 'Nueva E.paila. VEGA; Garell8lO .e la
extranjrr... VALLE.INCLÁN, Ram6n .el 63·0bra•.
VNAMVNO, Milluel .e IOS-Tirano Banderas. Venlur. <le l.
33-Vida de 0011Quijote y 271-Corte de amor. 484-EI bombee de mundo.
Sancho. • 302-Flor de •• ntidiul. El La muerte de CéNlr. •
10·Tre. novelee ejempl.. marqués de Bndo. VELA, Fernando
res y UD prólogo. mfn. 984-El grano de pimienta.
99-Niebla. 415.Voces de gesla. eurn- VtLEZ DE GVEVARA, LuJ.
112·Abel S4n.he.. . te de abril. 97S-EI Diablo Cojnrlo.
122·La ti. Tula. 430.Sonat. de primavera. VERGA, G.
141.Amor y pod.gogla. Sonata de esUo. 1:!:14.Lo. Mol•• angre. a
INDleE DE AUTORES
'YERLAINE, Paol 114S-La poesla y la músi. WRSON. Slo..
lOS8.Fiest.. gaUntel. Ro- .. en el drama iJel {u· 780-Viaje a algulUt Jl..
mauzas sin palabras. turo. W1SEMAN. Cardenal
Sen..tee, WACNER, Riearelo,y LISZT, 1028.Fabiola.'
VICO, Ciambaltista Frana WYNDHAM LEWIS, D. B.
836-Autobiografia. 763.Correspoudeneia. 42-Carlol de Europa, em-
VICNY, Alfreelo ele WAKATSUKI,·Fukuylro perodor d. Oeci.
27l1-Servidnmbr. y gran. 103-Tradicionca jaJlo. deure, ' .
dcza militar. . nesas, . Wl'SS, Juan RocIorlo
748.Cinq-Mar•• ' WALSH, William no_ 437·EI R obiu.da ...1••
1173-StoIl0. ' 504-Isabella Cruzada. ' zo. "
VILLALÓN, Cristóllal ele W A L S HE, S e a m u a, ,.   Aguotia
246-Viaje de Turqma. a HATCH, A1e1ea 577-Moliboa, Isolda y Arda
2M.EI erotalón. • 1335·Coroua do gloria. en tiorra. cálida••
VILLA.URRUTIA, Mar. VidadoIJlapaPloXIJ.· 1'EBES.,Conelcaa ele
quéa ele WALLON, H. 727'Splnola el de laa lau...
57.Cristina de Suecia. 539·Juana de Arco. • y otros. retratOl' histó.
Vn.LEBOEUF, Anclré WASSILIEW, A, T. rico •• Ana d. Anatria.
1284-Serenatas ,sin guita. 229·0ebrana.' Lui.a ·S,igoa. Ro.ini.-
rrá. • WAST, H"I0 tbal.
VILLIERS DE L'ISLE. 80·EI camino de 1.. Jla. Z,uIORA A10bM
ADAM, Conele ele ma.. l06l·Pre.oneia de loa clá.
833.Cuonto. cmel... a WATSON WA'lT, R. A. sieo••
VINCI, Lcouarclo ele 857-A travéa dela .... dol 1287-Voz de la letra.
353-Morismos. tiompo o El viento; la ZORRILLA., José
650.Tratado d. la plntn. lluvia y .eiseient.. 180·Don Juan Tonorio. El
rá. ' milla. mú arribL pulial del godo.
VlRCILlO WECHSBERG, Josepb 439·Leyendas y tradicio-
203-tgloga•• Codrgieaa. 697·Bu...udo UD p4ja.. ne ••
1022.La Eueida. • azul. • 614.Antologfa de poo.fas
VITORJA. Franeiseo de' WELLS, H. C. IIri.....
6lll-Releceione••obre lo. 407·La lucba 1'01' la l339-EI zapatero y el rey. a
indios y el deiecho de vida. • 1346-Traidor. inconfeso y
. guerra. WHITNEY, PbyU. A. m4rtir. La ..Iontura.
YIVES, Luis 584·EI rojo ea para el _ ZUNZUNECUI, Juan Anto-
l28-Diálogo.. .inato. ' .aIo ele
l38-Instmcción de la muo WILDE, José Antonio 9l4·EI bareo de lamuorte. a
jer cri.tiauL 4S7·Bueno. Aire. desde _ 981·La úlcera. '
272·Tratado del alma, • tonta año. atr40. 1084- • Las novela. do la
l'OSSLER, Carlos WILDE. Ó...... quiebra: R.mdn o La
270-A1gunos ..ractore. de 18·EI ruiseilor 1 la vida balilla••
la cultura o.pailola. rosa. 1097·" La. novola. de la
4SS-Forma. literaria. en 6S·EI aLanieo d. lady quiebra: Boatriz o-La
los pueblos románico.. Windermere. L. ¡m. vid. ap••ionada.•
SIl·Introducci6n a la Iite- portancia de namarse lS19.EI ebiplichandle. (Ac-
ratur. espafiola del Emeato. ci6n picarelea.)·
Siglo de Oro. 604-Una mujer .in impo.... ZWEIG, Stclan
S6S.Fray Lui. de Ledn. tancia. Un marido 273-Bra.il. o.
624-E.tampas del mundo ideal. ' 541·Una partida de ajo_
rommico. 629·El critico como arti.. drea, Una carta.
644-Joan Raeine, u. En.ayos. • U49.La curaoión por el e..
694-La Fonuine y .us {4. 646-Balada de la ebcel do pirita. Introdneoióa.
bulas., Reading. Poemas. Mesmer. .
771·E.critoro. y poct.. do 683-EI {auta.ma de Can· U72·Nuevos momentos _
España. terville. El crimen d. telares.
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