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EL CULTO

DE LA OBRA LOS INDIOS DE MÉXICO Y LA NUEVA ESPAÑA DE FRAY BARTOLOMÉ DE LAS CASAS En el capítulo El Culto, apartado cuarto de la obra Los Indios de México y la Nueva España, Fr. Bartolomé de las Casas explica desde su muy particular punto de vista como se realizaban las fiestas religiosas, ritos y sacrificios de los pueblos prehispánicos.1 Por lo tanto este ensayo pretende analizar el texto que Fr. Bartolomé nos presenta en su obra anteriormente citada. Se aborda en base a una hipótesis personal. El ensayo está conformado por tres partes que sustentan tal hipótesis. Se expone el desarrollo del texto, lo que consideramos el punto medular del mismo, finalmente damos nuestras conclusiones y describimos la experiencia que nos ha dejado la lectura de la obra citada. Iniciamos por medio de esta pregunta ¿Cuál es la razón por la que Fr. Bartolomé hace un Parangón2, entre el culto practicado en Mesoamérica de sus diferentes pueblos, y aquellos actos realizados por las culturas más antiguas del viejo mundo, es decir Europa? El parangón de Fr. Bartolomé, sobre el culto realizado por los diferentes pueblos mesoamericanos y los actos efectuados en las culturas del viejo mundo, es influencia directa del pensamiento cristiano occidental. Fr. Bartolomé de las Casas argumentó sus ideas en los siguientes términos: “¿quién de todas las naciones del mundo se dispuso y aparejó para celebrar sus fiestas y ofrecer los sacrificios a sus dioses ciento y sesenta días de ayuno, comiendo cada día una tortilla de pan de maíz, que no pesa dos onzas, y bebiendo agua [... ]”3 Inferimos en la lectura de la obra de Fr. Bartolomé que la celebración de las fiestas religiosas, ofrecimientos, sacrificios y también ayunos a sus dioses, en los pueblos de la Nueva España eran claras, de buen entendimiento y de un sutil juicio de razón. Y como él mismo Fr. Bartolomé lo expresa “Fue tanta y tal la religión y el celo de ella y devoción a sus dioses, y con tanta observancia y tan rigorosa, celebrada y conservada con ritos y sacrificios tales y tan costosos y ásperos, aunque con suma alegría y prontísima voluntad ejecutados y cumplidos, sin que hubiese, por mínima que fuese, alguna falta, la que hubo en la Nueva España”.4

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Hay que aclarar que Fr. Bartolomé de las Casa en la obra tomada para este ensayo, menciona que es la gente de Nueva España, sabiendo de antemano que son actos realizados antes y durante la llegada de los españoles a Mesoamérica. Se puede consultar Fr. Bartolomé de las Casas, Los Indios de México y la Nueva España, 8ª ed., México, Porrúa, pp. 82-121. 2 En nuestro texto usamos la palabra parangón para indicar una comparación o semejanza de acciones. 3 Fr. Bartolomé de las Casas, op. cit., p. 103. 4 Ibídem, p. 82.

La impresión que le causó a Fr. Bartolomé estas fiestas religiosas que realizaban los indios de la Nueva España lo explica de la siguiente manera:
Afirmó, empero, una cosa: que todo aquel tiempo nunca vido cosa fea e injusta que hiciesen uno a otro, ni agravio, ni reñilla, ni afrenta de palabra, ni de obra, sino que todos vivían en gran paz, sosiego y conformidad, humilde y amable unos con otros, no teniendo cuidado de otra cosa sino de guardar sus leyes y ocuparse en los actos y ejercicios de su religión. 5

Consideramos que la primera impresión que tuvo Fr. Bartolomé acerca de estas festividades, es de horror. Algo feo pero que sin lugar a duda lo justifica, algo espantoso, pero que sin embargo, dentro de todas las festividades religiosas, sacrificios y ayunos, existe la disciplina de los indígenas al ejecutar sus actos, también guardar sus leyes; con la honestidad, templanza, mortificación y devoción, estimación, así como la excelencia y perfecciones de sus dioses. 6 Fr. Bartolomé establece, a manera de justificación de estos actos, realizados por los indios de la Nueva España, esta propuesta: “[... ] Todos estos actos son actos bonísimos de bonisímo entendimiento y de excelente razón, y estos fueron causa de que la gente de la Nueva España para celebrar las fiestas de sus dioses se dispusiesen y aparejasen para dignamente celebrarlas [... ] ”7 De esta manera, las fiestas más importantes fueron aquellas realizadas en los pueblos de lo que hoy es México e incluso en la obra del padre se menciona que se llegaron a realizar en lugares como Guatemala y Perú. De éstas, no conocemos mucha información sobre la manera en que se realizaban, pero seguramente pudo ser de forma similar a las realizadas en los pueblos y culturas mesoamericanas. En algunos lugares prehispánicos como: Tacuban, Cuyovacán, Azcapuzalco, Izcallí, Quauhtitlán, Tlascala, Guaxocingo y Chololla, principalmente se hacía el culto a diferentes dioses; Dios del fuego, Dios del agua y al más importante que era el Dios Quetzalcóatl. Todas sus festividades, ritos, sacrificios y ayunos, eran dedicados a uno de sus Dioses, cualquiera que fuera éste. Nueve aseveraciones señaladas por Fr. Bartolomé nos proporcionan elementos críticos para establecer una justificación de las categorías de nuestra hipótesis. Por consiguiente, las fiestas religiosas, los sacrificios y los ayunos efectuados en devoción a sus Dioses tenían, como lo dice el Padre de las Casas, un sentido y una concepción de estimación, conocimiento natural del Dios, con un claro entendimiento y mejor juicio de uso de razón. Que los hace horrendos y preciosos a la vez, de un valor espiritual genuino para ellos: 1ª. En la preparación que hacían y con la penitencia que se disponían para celebrar sus fiestas y ofrecer sus sacrificios. 2ª. En la diversidad y multitud de los géneros y especies de cosas que ofrecían en sacrificios. 3ª. En la preciosidad de los mismos sacrificios. 4ª. En el dolor y la aspereza y tormentos que por ofrecer los sacrificios y observancias e integridad de su religión y culto de sus dioses padecían y tolerando lo sufrían. 5ª. En las ceremonias y solicitud, diligencia, temor mortificación y devoción grandísima con que los ofrecían.
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Ibídem, p. 102. Parafraseando la información, fue tomada de Ibídem, pp. 102 y 120. 7 Ibídem, p.105.

6ª. En la perpetuidad del fuego, el cual siempre conservaban noche y días. 7ª. En la modestísima y religiosísima y admirable honestidad de que usaban y tenían como innata y natural en todas sus ceremonias, ritos sacrificios y divinos oficios. 8ª. En la excelencia y santidad (según ellos creían) de las solemnidades pascuales que de ciertos años a ciertos años tenían. Y por último, 9ª. (según creo), el mayor número de fiestas y días solemnes que guardar y celebrar solían ”. 8 La gente de Nueva España tenía un concepto y estimación, la grandeza de lo excelente y de lo perfecto que era su Dios. Prueba de ello lo manifestó Fr. Bartolomé en las nueve aseveraciones que citamos anteriormente. El Padre de las Casas, muestra que la gente de Nueva España practicaba ésa devoción hacia sus dioses, con tal solemnidad, entrega resignación y capacidad. Por lo tanto, son materia humana dispuesta para la salvación según el evangelio. Los indios, seguía diciendo, es la gente que nos pueden salvar a nosotros los europeos, porque ellos son puros en comparación con los occidentales. Sólo hace falta orientarles hacia un conocimiento de las leyes del evangelio. 9 Esta gente es más pura, muy a pesar de los sacrificios espantosos que realizan. Por otro lado, Fr. Bartolomé muestra con sus cotejos las diversas conductas en las festividades de los Griegos, Romanos y Judíos. De los dos primeros nos comenta su devoción al Dios Baco (Dios del vino) y también a Príapo (Dios que se decía del huerto), a quienes se les veneraba con tanta vileza y vicios desenfrenados. De la tercera cultura nos describe sobre las festividades y sacrificios deshonestos y feos. Las tres culturas del viejo mundo tenían sus festividades, ceremonias religiosas y ritos, todos ellos encaminados hacia la satisfacción de los placeres, deleites, alegrías, vicios, perversiones sexuales entre otras cosas. Por ello podemos establecer un elemento de conclusión que nos proporciona Fr. Bartolomé de las Casas, cuando hace la comparación de la gente de Nueva España y dice: Resta principalmente cotejar en lo séptimo estas gentes con los Griegos y Romanos, que fue la modestísima y religiosísima honestidad de que en todas sus fiestas, cerimonias, ritos, sacrificios y pascuas usaban. Ya está dicho que ningún acto deshonesto, ni cosa fea o indecente y en que se ofendiese la razón natural, en todas sus fiestas y sacrificios se hallara, sino toda templanza, toda orden, reposo, modestia, sosiego, gravedad, silencio, lágrimas, mortificación, devoción, simplicidad y humildad.10 La cita anterior nos sirve para poder establecer que Fr. Bartolomé realiza una diatriba, entre las fiestas religiosas de los pueblos de la Nueva España y los actos de festividad de los Griegos y Romanos. Éstos fueron primeros antes de aquellos que se realizarán por la gente de Mesoamérica en hacer festividades religiosas y ceremonias, pero no se menciona en
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Tomado tal cual de Ibídem, p. 103. Alfonso Mendiola, Bernal Díaz del Castillo: verdad romancesca y verdad historiográfica, 2ª ed., México, 1995, p.152. 10 Fr. Bartolomé de las casas, Los Indios de México y la Nueva España, 8ª ed., México, Porrúa, p. 118.

ninguna parte del libro los ayunos. De tal manera que lo escrito hasta aquí, tiene relación con la formulación de nuestra hipótesis planteada en un principio. Es cierto que las culturas del viejo mundo llevaban a cabo estos actos, pero no se puede transferir el pensamiento occidental a lo que se sabe de las culturas mesoamericanas. No existe punto de comparación de una cultura con otra, ni del espacio, ni de la temporalidad y lugar geográfico. Por otra parte Fr. Bartolomé de las Casas sostiene que las fiestas religiosas que se llevan a cabo por la gente de Nueva España, con toda su horrenda acción, no son desde luego, más crueles y despiadadas que las efectuadas en los pueblos del viejo mundo como lo son las grandes civilizaciones Griega, Romana y Judía. Sin duda alguna, esto es un particular punto de vista y no deja de serlo así, aunque por otro lado en su obra analizada encontramos una riqueza histórica de la amplitud y diversidad del culto guardado por los pueblos de Nueva España. La misión de Fr. Bartolomé era participar en el proceso de evangelización, por lo tanto su deseo enorme fue buscar en los indios prehispánicos la salvación de la humanidad y de ellos mismos, principalmente. Los indios, según él, son la materia humana más pura en comparación con los occidentales. De la misma manera, no hay que perder de vista lo que nos dice el autor Guy Rozat: “Si consideramos que el discurso que la tradición cristiana occidental produce sobre lo que pretenden ser sus raíces, se estructura a grosso modo alrededor de dos lugares sagrados, Roma y Jerusalén”.11 Y en la obra de Fr. Bartolomé no deja de cumplirse esta postura, puesto que cuando escribió la obra Los Indios de México y la Nueva España se encuentra inmerso en el pensamiento cristiano occidental. Lo cual utiliza él mismo como argumento comparativo o como lo denominó, cotejo. No estamos en contra de lo que Fr. Bartolomé de las Casas expone en su obra, por el contrario, no deja de ser interesante, sin embargo, el valor que para nosotros representa esta obra, es aquella obra a la cual se le puede considerar como ejemplar único entre muchos puntos de vista, de una buena fuente historiográfica realizada por las ordenes religiosas que vinieron a México y escribieron sobre los indígenas, muchas de los cuales con carencia de conocimientos y falacias. La obra de Fr. Bartolomé de las Casas es rica en cuanto a su información de primera mano, pero al efectuar una primera lectura de acercamiento nos conduce a crearnos confusiones con algunos términos que él usó y que en la época actual ya no se recurre a ellos. Por ejemplo: “aparejó”, “aventajó”, “excedieron”, “asaz”, “bonisímos”, y otros tantos, por citar algunos. Lo anterior es comprensible por las características que tienen estas fuentes de información histórica, por lo que obliga al lector a efectuar un ejercicio de lectura con el compromiso de realizarla con los ojos de un historiador y no de simple lector. En algunas ideas que desarrolló Fr. Bartolomé es muy reiterativo y en ocasiones esto cansa al lector común. También esto es comprensible, puesto que Alfonso Mendiola lo dice, el buen padre se dedicó más a ejecutar el proceso de evangelización que a tener en mente escribir historia de los indios mesoamericanos. Si logró dejar huella al escribir sobre las culturas prehispánicas, esa no fue su principal finalidad. Por lo demás, es una excelente obra, enriquecedora, y proporciona algunos elementos para conocer cómo se llevaban a
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Guy Rozat Dupeyron, Indios Imaginarios e Indios Reales, Tava, México, 1993, p. 66.

cabo los cultos por los indígenas en Mesoamérica, el sentido que tenían, la devoción, y el acto religioso que implicaba cada sacrificio humano.

BIBLIOGRAFÍA

CASAS, Fr. Bartolomé de las, Los Indios de México y la Nueva España, 8ª edición, México, Editorial Porrúa, 1999, (col. Sepan cuentos, 57). MENDIOLA, Alfonso, Bernal Díaz del castillo: vedad romanesca y verdad historiográfica, 2ª edición, México, Editorial UIA, 1995, (serie historia y grafía, 4 ). ROZAT Duperyron, Guy, Indios Imaginarios e Indios Reales, México, Editorial Tava, 1992.

JOEL NEGRETE HERNÁNDEZ 2009