LA DEUDA EXTERNA ARGENTINA. ANTECEDENTES CON EL CLUB DE PARÍS.

2012.05.12 | ARGENTINA. LA DEUDA EXTERNA ARGENTINA. ANTECEDENTES CON EL CLUB DE PARÍS.

Por Alejandro Olmos Gaona
Deuda, antecedentes y realidad actual (I) y (ll)
Estos antecedentes que hoy salen a la luz, es el resultado de un Seminario que se llevó a cabo durante cuatro semanas en la Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad Nacional de La Plata, en el año 2001 en el que intentamos explicar de la manera más simple y didáctica algunos aspectos históricos de nuestro endeudamiento externo. Fue editado ese mismo año y tuvo una significativa repercusión, porque es ante todo un material para trabajar y profundizar sobre la base de los datos que aquí se consignan. Ahora se reimprime, considerablemente ampliado, con nuevos datos sobre la investigación actual de la deuda, habiendo suprimido repeticiones innecesarias y algunas menciones anecdóticas que no nos parecieron relevantes. Se efectuaron correcciones indispensables y se introdujeron algunas

referencias que parecieron pertinentes para hacer más clara la comprensión de lo expuesto, incluyéndose al final un resumen de la auditoría que llevó a cabo el gobierno del Ecuador, comparando las similitudes existentes con el proceso de nuestro endeudamiento. EI trabajo no tiene pretensiones eruditas, y es nada más que una contribución para divulgar los antecedentes de una Deuda que ha sido una constante en nuestra historia, sirviendo, casi sin excepción, para condicionar el desarrollo económico y subordinarlo a las decisiones que se implementaban desde el exterior. Debemos hacer presente que si bien muchas de las interpretaciones pueden ser objeto de controversia, los datos y los hechos consignados responden a fuentes documentales de inobjetable autenticidad.

:: Algunas cuestiones metodológicas
Antes de entrar específicamente en el tema, es importante puntualizar una serie de cuestiones que tienen que ver con cuestiones metodológicas que resultan fundamentales para ahondar en el tema de la deuda externa y exponer los resultados de una investigación, ya que cuando se aborda este problema, hay una diversidad de enfoques y un enorme grado de subjetivismo, donde hay más interpretación que evidencias, especialmente cuando el tratamiento es exclusivamente económico, sin tomar en cuenta otras variables fundamentales que no pueden dejarse de lado. Estos antecedentes se refieren a la historia de la deuda, ya que es una de nuestras ocupaciones y hemos tratado de mostrar hechos y realidades sobre la base evidencias objetivas, sin perjuicio de exponer una opinión en determinados casos, pero sin ir más allá de lo prudente y dejando que los documentos muestren como los distintos gobiernos de nuestro país, se manejaron con criterios parecidos frente a los acreedores externos, condicionados por un pensamiento convencional que les impedía buscar otras soluciones. Existe una especie de modelo de historiador técnico, objetivo y profesionalizado que surge de los ámbitos académicos y que está limitado a los estrechos márgenes de un espacio donde están ausentes el compromiso y la reflexión critica. La imagen del profesional supuestamente objetivo puede parecer en principio correcta, pero parte del equivoco, de suponer que la corporación académica, no tiene una predilección muy concreta por ciertos parámetros ideológicos y se mantiene inserta en formas asépticas de hacer la historia. Creo por el contrario, que existen objetivos muy claros en cuanto a las formas de investigación, reflexión y creación, que parten de criterios políticos muy definidos, donde la verdadera investigación no siempre está presente y solo se muestran hechos y situaciones que coincidan con un esquema básico trazado con anterioridad. Hay un vinculo histórico que une a los que hoy algunos teóricos como Carlos Escudé llaman “realismo periférico” con aquellas viejas ideas, que sobre la base de lo inevitable de ciertas relaciones de poder subordinaban las decisiones soberanas de la Nación, a modelos impuestos

desde afuera, y donde la independencia política era una simple fachada para ocultar una evidente subordinación económica. La historiografía tradicional a través de una hermenéutica, con ciertos visos de objetividad, produjo una visión maniquea de hechos y personajes, teorizando en forma insistente sobre determinados valores que estaban representados únicamente por ese grupo escogido de personalidades con la que aquella se sentía identificada. Todo lo que se opusiera a ese esquema de historia dominante, donde solo se hablaba de individualidades y las clases populares siempre estaban ausentes, era mostrado como un subproducto marginal ajeno al enfoque cientificista del que se hacia gala. No hay que caer en la absurda simplificación de plantear que todo ese esquema se manifestó orgánicamente, sin disidencias visibles; porque existieron muchos cuestionamientos aun dentro del mismo grupo, pero los grandes temas históricos siguieron una línea medular que la corporación académica consolido, aun cuando hubiera cierta variedad de matices, que sin embargo no cuestionaban lo fundamental de los hechos descriptos. Es importante tener en cuenta, que la historia fue escrita desde Mitre para acá, por los grupos dominantes, que ejerciendo una suerte de magisterio inapelable, aunque cuestionado a través del tiempo, tuvieron una notable influencia en los ámbitos académicos y universitarios que no pudieron despegarse de esa autoridad que parecía venir desde el fondo de la historia. Una de las formas más evidentes de esa manipulación del pasado fue el método de investigación utilizado, con las consecuentes maneras de exponer determinados temas, conformando lo que Collingwood llamaba con exactitud “la historia de tijeras y engrudo”, mediante la cual se le dio determinada categoría a ciertas “autoridades” cuyas explicaciones y argumentos fueron repetidos, reinterpretados y copiados con diversa fortuna, pero con indiscutible eficacia para la construcción que se pretendió hacer. En los grandes temas, y coherente con esa forma de mostrar el pasado, se eligieron cuidadosamente los testimonios a utilizar, para dar una apariencia científica que le sirviera de sostén erudito, y se ocultaron o destruyeron las evidencias que no coincidieran con la construcción que se pretendió hacer. Hubo una selectiva utilización de las diversas fuentes con el propósito abogadil de demostrar la exactitud de una u otra tesis, pero no para recrear con autenticidad un proceso histórico. A la historia tradicional que conocernos le sucedió una nueva corriente que con una supuesta apariencia de objetividad ‘o profesionalismo reconoce la misma falencia que aquella en cuanto a que sus presupuestos básicos resultan idénticos, al pretender demostrar los hechos desde una mera crónica exterior. sin ir a las causas ocultas, a las razones profundas que nunca están a la vista y necesitan de una indagación creativa, de una reflexión rigurosa que muestre una realidad alejada de la superficialidad y la complacencia con los viejos modelos. Tampoco se puede hablar que tales obras sean. el resultado de un pensar creativo, sino que son

muchas veces subproductos estructurados con una clara intencionalidad política, que permiten una lectura sin demasiadas complicaciones, y donde una simple cronología de hechos expuestos con mayor o menor habilidad son presentados como obras históricas. Además asistimos en los últimos tiempos a una proliferación de trabajos monográficos, gestados en los ambientes universitarios y en algunas instituciones que se ocupan de este quehacer que se refieren a hechos carentes de la menor relevancia y son simples ejercicios de erudición estéril, mientras que aspectos fundamentales de nuestro pasado siguen sin aclararse, o se repiten las mismas y venerables versiones oficiales, con alguna que otra modificación circunstancial. Pareciera que resulta preferible investigar durante un año la economía de algún pueblo de provincia en el siglo XIX o XX, o el comportamiento de alguna intendencia del interior del país u otras cuestiones similares a bucear en los grandes temas de la Nación. La corriente revisionista hizo mucho para romper con caracterizaciones equivocadas del pasado, pero cayó en muchas simplificaciones expositivas, procediendo muchas veces con los mismos criterios arbitrarios que pretendía combatir. El pensamiento histórico es siempre reflexión, análisis, ubicación de los hechos en su contexto, tomando en cuentas las circunstancias diferentes de cada época y no un rejunte adocenado de testimonios elegidos cuidadosamente para obtener un resultado preestablecido con anterioridad. Si bien la tarea erudita resulta importante para el examen de los hechos, debe ser utilizada mediante ese pensamiento que nos lleve a esa interrogación de la que hablaba Marc Bloch; porque muchas veces los testimonios por si solos nada nos dicen, es preciso preguntarles, inquirir en ellos para obtener respuestas adecuadas, o explicaciones posibles. Los criterios positivistas, hoy camuflados bajo un aura de imparcialidad y rigurosidad científica no sirven para comprender el pasado y mucho menos para hacer una recreación reflexiva sobre el. Collingwood describiendo esa modalidad decía: ‘Ha sido necesario luchar a brazo partido con lo que podría llamarse concepción positivista, o mejor dicho malentendido positivista de la historia: como el estudio de acontecimientos sucesivos que yacen en un pasado muerto, acontecimientos que habría que comprender de la misma manera como el hombre de ciencia comprende acontecimientos naturales, clasificándolos o estableciendo relaciones entre las clases así definidas. Este error no solo es endémico en el pensamiento moderno filosófico sobre la historia sino que es también un peligro constante para el pensar histórico mismo. Mientras los historiadores cedan a él descuidarán la tarea que le es propia: penetrar en el pensamiento de los agentes cuyos actos estudian y se contentaran con determinar lo exterior de esos actos, lo que a esos actos puede estudiarse estadísticamente. La investigación estadística es para el historiador un buen sirviente pero un mal amo. De nada aprovecha hacer generalizaciones estadísticas a menos que con ellas se pueda descubrir el pensamiento que hay tras los hechos acerca de los cuales se generaliza.” La historia como pensamiento y reflexión, fue sustituida en nuestro medio, muchas veces por crónicas o relatos que en algunos casos presentan un abrumador soporte de notas y referencias, pero que sin embargo no se apartan de los viejos modelos, aunque quizás exista una mayor habilidad constructiva, y parezca novedoso, lo que no es sino una manera distinta de plantear lo

ya conocido. Eso ocurre fatalmente al olvidar la necesaria interrelación que existe entre los hechos del pasado, aun aquellos muy distantes, con procesos que se desarrollan en nuestros días, y que a la luz de ciertos trabajos históricos parecieran no existir. Pierre Vilar señala que la única forma de aproximarnos a un entendimiento de la historia es a través de un medio simple, que es el de “considerar cualquier fenómeno histórico (o sea cualquier fenómeno social en pleno cambio) de tres maneras sucesivas: considerarlo primero como signo para proceder a las constataciones y los análisis, considerarlo como resultado mirando hacia atrás y finalmente considerarlo como causa mirando hacia delante” De tal manera nos alejamos de las explicaciones unilaterales y asumimos en su real dimensión la complejidad de los fenómenos históricos, alejándonos de las simplificaciones interesadas que estamos acostumbrados a transitar. Pero no es materia de este trabajo meternos en las honduras de la reflexión filosófica sobre los modos de hacer la historia, sino en plantear algunas cuestiones importantes que deben tenerse en cuenta para conocer como se construyen ciertas versiones del pasado, y así poder estar alerta para no aceptar sin cuestionamientos, todo aquello que se limite a una descripción superficial e interesada de la realidad. En el tema de la deuda externa argentina, y en la problemática generada en torno a sus consecuencias hay una considerable distancia entre lo consignado en los repertorios oficiales, en los que abrevan muchos distinguidos economistas y las contundentes evidencias que surgen de los testimonios y documentos de una causa penal, que deben servir para reflexionar sobre las particularidades con las que debemos manejarnos en el curso de cualquier trabajo de investigación, teniendo muy en cuenta que no siempre los papeles que se guardan en los archivos públicos, sirven para comprender situaciones y esclarecer hechos, que por su propia naturaleza sus protagonistas quisieron ocultar. Hay que tener presente que si muchas veces en cuestiones menores se tejieron frondosas redes de presiones e intrigas para encubrir realidades que no convenía mostrar, no deberá extrañarnos que en asuntos de mayor importancia, y donde se manejaron grandes intereses, se echara mano a todo tipo de recursos para ocultar la verdad. Tampoco deberá sorprendernos la escasez de elementos de juicio que nos permitan introducimos en determinados temas, muchos de ellos considerados como verdaderos tabúes por la investigación histórica, debiendo tenerse en cuenta que todavía hay bastantes secretos que nadie ha tenido la intención de revelar, y una resistencia tenaz a mostrar la realidad tal cual fue, prefiriéndose nuevas o poco novedosas versiones de una misma cuestión, a profundizar en temas de real significación que aun hoy se encuentran pendientes de su esclarecimiento. Hace ya muchos años, que a través del trabajo en archivos del país y del extranjero recogimos cierta experiencia sobre cómo se ha manejado la documentación, y sobre la posibilidad de encontrar o no materiales para los temas tabú que siguen sin investigarse. En los archivos oficiales, los papeles a veces no existen, y si en otros casos pueden encontrarse algunos elementos valiosos, ello debe ser materia de una búsqueda exhaustiva, necesitándose recorrer nuevamente los mismos legajos que otros historiadores ya vieron, pero que curiosamente se olvidaron de registrar. Hay hechos que pareciera no pueden tocarse con profundidad, y aun cuando algo se ha

avanzado, todavía sobreviven muchas viejas leyendas, que mediante una habilidosa presentación que les da cierto aire de novedad, son acogidas con gran beneplácito por la corporación académica y las grandes editoriales, y donde siempre está ausente el aporte sustancial al conocimiento de las grandes cuestiones del pasado. También hay una total falta de reflexión sobre la participación popular en la construcción de la historia, como si toda ella fuera nada más que el resultado de la acción de un escogido grupo de iluminados, y donde se excluye a los verdaderos protagonistas. Estos comentarios responden al objeto de este trabajo. ¿Por qué? Pues porque cuando se leen libros de historia económica, generalmente se los encuentra llenos de estadísticas, y cifras que muchas veces no se entienden demasiado que quieren decir. Además hay una recurrencia a manejar cifras oficiales, que muchas veces no responden a la realidad. La forma en que se contrajo la deuda externa actual es un ejemplo de todo ello. Las cifras del Banco Central y del Ministerio de Economía refieren un determinado índice del crecimiento de esta deuda, pero no el trasfondo de la misma, como se generó, cuáles las circunstancias que la determinaron. También es necesario tener en cuenta que muchos documentos desaparecieron de los archivos para evitar que se conozca la verdad de ciertas negociaciones que perjudicaron la economía del país Un caso concreto que puede señalarse a través de los resultados de nuestra propia investigación, es el del Archivo del Banco de la Nación. Allí se destruyó la documentación anterior a 1990, y fueron incineradas las carpetas de los grandes deudores del Banco de la primera mitad del siglo pasado. Poe eso sorprende que en muchos trabajos se manejen datos y cifras que surgen de otros datos y otras cifras, pero la documentación que los justifica no está.. Afortunadamente lo que no se pudo destruir por la legislación sobre la materia fueron los libros de Actas del Directorio y los libros auxiliares, pero aun así, hay libros reservados, que se han perdido, sin que pueda saberse la razón de tal extravío, aunque sospechas hay muchas y podríamos mostrar algunos indicios para comenzar una investigación. Otro caso son los papeles del Dr. Carlos Saavedra Lamas, Ministro de Relaciones Exteriores desde 1932 a 1938, cuyo archivo fue rescatado de la destrucción, y que resulta fundamental para estudiar las relaciones exteriores de nuestro país, y algunos hechos de política económica, además de una gran variedad de asuntos de toda índole. En el Archivo de la Cancillería, sobre ese periodo no hay documentos comprometedores de cómo se obtuvo el Premio Nobel de la Paz, por ejemplo y sobre otras materias en las Saavedra Lamas tuvo destacada participación. Otro ejemplo tiene que ver con el archivo del Ex Presidente Agustín P. Justo que fue expurgado antes de que se lo donara al Archivo General de la Nación Todo documento comprometedor o que arrojara alguna sombra, o no coincidiera con lo que se conocía fue destruido. Hay documentación convencional que muestra poco y nada. EI Archivo del Dr. Julio A. Roca, es patético, con algunas pocas carpetas, en las que no se encuentra nada demasiado significativo. Así podría señalar otros repositorios que tienen las mismas falencias, pero seria extender demasiados los ejemplos. Finalmente cuando trabajé en el Ecuador me encontré con que miles de documentos fueron destruidos además de encontrar en un estado lamentable el archivo del Banco Central.

Resulta muy difícil reconstruir con precisión todos los pasos del primer empréstito porque los papeles han desapareció. Si los pocos que se conservan nos dan una idea de lo que fue ese negociado, podríamos imaginar, como sería una historia completa, si estuviera toda la documentación en los archivos. Creemos que tiene una indudable actualidad lo que escribiera Raúl Scalabrini Ortiz, hace más de cincuenta años: “Cuatro siglos hacen ya que la sangre europea fue injertada en tierra americana. Tres siglos por lo menos, que hay inteligencias americanas nacidas en América y alimentadas con sentimientos americanos, pero los documentos que narran la intimidad de la vida que esos hombres convivieron, no se encontrará, sino ocasionalmente en ninguna parte. Razas enteras fueron exterminadas, las praderas se poblaron. Las selvas vírgenes se explotaron y muchas se talaron criminalmente para siempre. La llamada civilización entró a sangre y fuego o en lentas tropas de carretas cantoras. El aborigen fue sustituido por inmigrantes. Estos eran hechos enormes, objetivos, claros. La inteligencia americana nada vio, nada oyó, nada supo. Los americanos con facultades escribían tragedias al modo griego o disputaban sobre los exactos términos de las últimas doctrinas europeas. El hecho americano pasaba ignorado pan todos. No tenia relatores, menos aun podía tener interpretes y todavía menos conductores instruidos en los problemas que debían encarar. América no estaba aislada. Fuerzas terriblemente gigantes, astutas y codiciosas nos rodeaban. Sabían amenazar y tentar, intimidar y sobornar simultáneamente. EI imperialismo económico encontró aquí campo franco” terminaba: “Lo que nos rodea es falso e irreal. Es falsa la historia que nos enseñaron, falsas las creencias económicas con que nos imbuyeron. Falsas las perspectivas mundiales que nos presentan y las disyuntivas políticas que nos ofrecen. Irreales las libertades que los textos aseguran. Volver a la realidad es el imperativo inexcusable. Para ello es preciso exigirse una virginidad mental a toda costa y una resolución inquebrantable que querer saber exactamente como somos” Algo de estos es lo que me propongo mostrar. :: Los empréstitos del Siglo XIX Las primeras tentativas de endeudamiento externo se produjeron en 1818. En ese año se efectuó algún intento a través de hábiles especuladores que ya andaban por Buenos Aires, pero las primeras conversaciones en firme se producen en 1822, cuando empiezan las conversaciones con los banqueros británicos para conseguir un empréstito que permita instalar un puerto, establecer pueblos en la nueva frontera y la instalación de aguas corrientes. El 1 de julio de 1824, siendo gobernador de Buenos Aires Martín Rodríguez y Ministro de Hacienda Bernardino Rivadavia, se firma en Londres el empréstito con la casa Baring Brothers, por la suma de 1.000.000 de libras esterlinas, equivalente a 5.000.000 millones de pesos fuertes. La operación se pactó al tipo del 70%, es decir que solo se recibirían 700.000 libras. Pero ocurre que los banqueros descontaron 130.000 en concepto de dos anualidades adelantadas, siendo la suma efectiva a remesar a Buenos Aires de 570.000. Los que intervinieron en la operación fueron Felix Castro, Braulio Costa y John Parish Robertson, que negociaron con Baring. Hay algunas discusiones sobre como se efectuó la remesa de los fondos, y si el pacto suponía la entrega en oro

metálico. Lo cierto es que solo llegaron al Río de la Plata 96.613 libras en oro, y el resto en letras de cambio contra comerciantes ingleses y otros vernáculos que supuestamente debían pagarlas. Los intermediarios de la operación, negociaron los títulos en Londres al 80%, es decir que se quedaron con una ganancia superior a las 100.000 libras esterlinas. La garantía del empréstito fueron las tierras de la provincia de Buenos Aires, y cuando Rivadavia fue Presidente en 1826, la elevó a la totalidad de la tierra pública de la Nación. Después de transcurrido los años retenidos en concepto de intereses adelantados, no pudieron pagarse los servicios, y el gobernador Manuel Dorrego debió recurrir a la venta de dos barcos para afrontar el pago de las obligaciones. Rosas recibió una deuda que ya era cuantiosa, y trató de demorar los pagos, aún cuando las presiones se hicieron cada vez más intensas. En 1842, un representante de los banqueros, trató de llegar a un acuerdo y entonces Rosas ordenó a su ministro en Londres, Dr. Manuel Moreno, que explorara la posibilidad de entregar las Islas Malvinas a cambio de la cancelación de la deuda, previo reconocimiento de la soberanía argentina sobre las islas. La negociación no prosperó, y a pesar de los dos bloqueos que soportó el gobierno de Buenos Aires, y a las difíciles condiciones de la administración, sólo se les pagaron alrededor de 10.000 libras. Recién en 1857, el Dr. Norberto de la Riestra, firmó en Londres el 28 de octubre de 1857 un acuerdo, contrayendo nuevas obligaciones, y renegociando la deuda en su totalidad. A esa fecha los intereses vencidos importaban la suma de 1.641.000 libras, y la deuda en su totalidad era de 2.457.155 libras. Todos los gobiernos posteriores continuaron pagando, y refinanciando la deuda, hasta que se la canceló definitivamente en 1903. A ningún funcionario se le ocurrió nunca establecer si el dinero efectivamente había llegado y de qué manera. La cuestión se aclaró recién en 1881, cuando el Dr. Pedro Agote, Presidente del Crédito Público Nacional, presentó un documentado informe sobre las finanzas públicas, a pedido del Ministro de los Estados Unidos llegando a la conclusión de que no existía la menor constancia en los archivos del Estado que las letras fueran pagadas alguna vez. La suma total pagada según los autores que se ocuparon del tema: Scalabrini Ortiz, Fitte, Rosa, Vedoya, fue de 23.734.766 pesos fuertes, es decir alrededor de 4.800.000 libras. Estimo que se trata de un error de cálculo, porque todos los autores abrevan en el informe del Dr. Agote quien en 1881 estimó lo que se había pagado y lo que quedaba por pagar, pero como la deuda se canceló recién en 1903, a través de nuevas refinanciaciones, creo personalmente que debe ser materia de investigación el monto real que costó este singular empréstito, piedra angular del endeudamiento argentino. Si bien estas cifras hoy no resultan demasiado significativas, si se las compara con la que a diario vemos en cuanto a las obligaciones externas, para su época representaron sumas cuantiosas fueron y condicionaron la política de sucesivos gobiernos que se vieron entrampados en una deuda fraudulenta, cuyos verdaderos artífices fueron argentinos que sirvieron los planes de

expansión financiera de la banca británica. Naturalmente que esta no fue una cuestión improvisada o accidental, sino que respondía a una política de Gran Bretaña con los países americanos, ya que hubo en la misma época más de 10 empréstitos, con condiciones similares, y las consecuencias fueron iguales. Un ejemplo paradigmático de esta política financiera fue la deuda del Ecuador contraída en la misma época del empréstito argentino, pero que recién se terminó de pagar en el año 1975. Después del fracaso de las expediciones militares de 1806 y 1807, se intentó una forma más sutil pero más efectiva de dominación. La Argentina era una presa demasiado codiciada para ser independiente para y resultaba necesario arreglar los negocios a los efectos de convertirla en un país tributario Como decía Canning a Lord Granville en una célebre carta: “Los hechos están ejecutados, la cuña esta impelida. Hispanoamérica es libre y si nosotros sentamos rectamente nuestros negocios, ella será inglesa”. Como astuto político que era, incentivó todos los procesos de libertad de las provincias del Virreinato del Río de la Plata, de la Capitanía General de Venezuela, Venezuela, Colombia, para que la independencia de España, d significara el sometimiento a Gran Bretaña, a su poder económico que se extendía sin detenerse por todo el continente. El mismo Canning le escribía del 8 de noviembre de 1822 al duque de Wellington “cada día estoy más convencido que en él presente estado de la península española y en nuestro propio país, las cosas y los asuntos de la América Meridional valen infinitamente más para nosotros que las de Europa, y que si ahora no aprovechamos, corremos el riesgo de perder una ocasión que pudiera no repetirse”. La ayuda prestada a través del dinero y de influencias políticas no tuvo el propósito de ayudar a los procesos independentistas, sino por el contrario manejar toda la economía, monopolizando la totalidad del comercio. Se cambió la violencia de las expediciones militares buscando otras formas de dominación, y a través del sistema de librecambio, empezaron los grandes desequilibrios, de los que nunca pudimos salir. Los empréstitos fueron la llave maestra del control financiero del país, y por tal motivo la política económica que se llevó adelante estuvo condicionada inevitablemente por un endeudamiento externo que fue creciendo cada día más. Si en muchos casos había reales necesidades de financiamiento, los objetivos fueron, como ocurre en la actualidad, seguir endeudándose para pagar vieja deuda. Es por eso que el empréstito Baring es verdaderamente emblemático de una constante que atravesó desde siempre nuestra vida económica. Desde ese primer empréstito hasta la terminación de la Presidencia de Roca se contrajeron 13 empréstitos externos Fecha Valor nominal ($ F) Colocación Resultado 27/05/1865 12.600.000 72% 9.072.000 19/02/1869 5.000.000 88% 4.400.000 27/08/1873 10.000.000 89% 8.905.000 05/08/1879 30.800.000 88% 27.104.000 02/10/1880 12.350.000 82% 10.127.000 05/09/1881 4.000.000 90% 3.600.000

28/10/1881 4.000.000 80% 3.200.000 14/01/1882 8.000.000 85% 6.800.000 12/10/1882. 8.500.000 85% 7.225.000 27/10/1882 20.000.000 85% 17.000.000 25/10/1883 30.000.000 81% 24.300.000 21/10/1885 42.000.000 80% 33.600.000 09/10/1886 20.000.000 80% 16.000.000 Total 207.250.000 171.333.000 Diferencia: 35.917.000 Es decir que en 20 años las utilidades de los prestamistas sólo en la suscripción de los empréstitos fueron de 35.917.000 pesos fuertes, lo que resultan no sólo sumas exorbitantes, sino reveladoras del real sentido económico de tales colocaciones. A estas cifras usurarias hay que sumar los intereses, las comisiones, las particularidades de los contratos y demás malabarismos técnicos que siempre operan en perjuicio de los deudores, ya que no se trató de obligaciones con algún grado de equilibrio, sino que todas las estipulaciones siempre favorecieron a los acreedores. Las necesidades de financiamiento que muchas veces se pretextaron no fueron tales: en realidad lo que se pretendía era hacer negocios que dejaran suculentas ganancias y los diferentes gobiernos se involucraban en las maniobras, con perfecto conocimiento de lo que hacían, debiendo tenerse en cuenta que los participantes de la operación, o eran socios, o resultaban espléndidamente retribuidos por su colaboración. Así como la mayor parte de los documentos que tienen que ver con el empréstito Baring desaparecieron de los archivos, la documentación de las siguientes operaciones financieras no tuvo mejor suerte. Tales préstamos siempre fueron considerados normales, aunque fueran lesivos para la economía nacional, y cuando los pagos se hacían exigibles, y los recursos eran insuficientes, no se vacilaba en realizar cualquier sacrificio, que siempre resultaba en beneficio de los acreedores. No en vano dijo el Presidente Avellaneda: “La República puede estar dividida hondamente en partidos interiores, pero no tiene sino un honor y un crédito como sólo tiene un nombre y una bandera. Hay dos millones de argentinos que economizarían hasta sobre su hambre y su sed para responder a los compromisos de la fe pública ante los mercados extranjeros” . La guerra del Paraguay, motorizada por el imperio del Brasil, y no por Inglaterra como desaprensivamente se ha asegurado, determinó la necesidad de nuevos empréstitos: uno de ellos antes de comenzar la guerra y otro a su finalización. En esta tragedia que involucró a tres países hermanos y al imperio, la banca inglesa fue la real beneficiaria ya que todos los contendientes recurrieron a sus préstamos, antes y después de su finalización, excepto el Paraguay que solo lo hizo cuando el país quedó devastado y bajo el control de los ejércitos aliados. La hipoteca de la deuda siguió pesando, y a ello se sumaron las nuevas necesidades de financiamiento para estructurar el crecimiento que llevó a cabo la llamada “generación del

ochenta”, aunque las finanzas públicas estuvieran permanentemente dirigidas a tributar intereses y amortizaciones que nunca se terminaban, por las permanentes refinanciaciones. La llegada del cuñado de Roca, Miguel Juárez Celman, al gobierno, supuso la continuidad de una política que siempre privilegiaba las inversiones extranjeras, aunque durante su gestión las aventuras especulativas determinaron un estado de crisis muy grave en la economía, que dio origen a la revolución radical, la caída del gobierno, y la asunción del Dr. Carlos Pellegrini a la primera magistratura, el que antes de tomar la decisión de afrontar las responsabilidades del poder, consultó a un grupo de banqueros, a quienes les pidió 50 millones de pesos, para enfrentar la inminente quiebra del Banco Nacional, del Banco Hipotecario, y del Municipal. Cuando se aseguró la provisión de esos fondos, recién se consideró presidente. Tales fondos, no se utilizaron para el destino requerido, sino que fueron girados inmediatamente a Londres para evitar la gran crisis de la banca Baring que estaba semiquebrada, debido a inversiones no sólo realizadas en nuestro país sino a negocios realizados en otras partes. El gobierno británico no podía dejar desprotegidos a tan fieles súbditos, y fue así que el Banco de Inglaterra corrió en auxilio de Baring y junto a los banqueros Roschild realizó una reconversión de la empresa, que canceló parte de sus obligaciones con el dinero enviado por el Presidente argentino. Meses después Pellegrini envió a Londres al Dr. Victorino de la Plaza, quien suscribió un nuevo convenio el 5 de mayo de 1891 con la firma J.S. Morgan por 75.000.000 de pesos moneda nacional, que en realidad constituyó una moratoria financiera con plazos distintos para el pago de la deuda. La nueva deuda se cambiaba por deuda impaga de anteriores empréstitos, afianzándose la garantía con todas las rentas argentinas y los derechos de la Aduana sobre la importación. También Pellegrini estableció un impuesto a los depósitos existentes en los bancos extranjeros y a lo dividendos que ellos repartían, lo que motivó presiones al gobierno británico para obtener una intervención militar y poner un agente de su majestad para controlar las finanzas públicas. Estableció aranceles a las importaciones y retenciones a los que se exportaba como una forma de cubrir el déficit generado por las obligaciones externas. A pesar de esos arreglos las rentas no alcanzaban para pagar los intereses y las amortizaciones, y en 1893 el gobierno volvió a entrar en mora. Para evitar represalias, el Ministro de Hacienda Dr. Juan José Romero, dio instrucciones al ministro en Gran Bretaña, Luis Domínguez para llegar a un arreglo de la deuda, haciéndole saber que no podía volver a contraer deuda como en años anteriores ya que “pagar las deudas con más deudas y más onerosas es caminar en derechura hacia una espantosa bancarrota”. La negociación determinó la remisión a Londres de 7.500.000 de pesos oro por año hasta 1898 y una suspensión del pago de los intereses hasta esa fecha, en la cual se pagarían los adeudados con una quita sustancial previamente acordada, que llegó al 40%. Se refinanciaron 11 empréstitos y cuatro deudas provenientes de otros préstamos. En 1880 la deuda externa era de 33.041.020 de pesos oro, y en 1901 había trepado a 386.910.095, habiéndose pagado en concepto de intereses y amortizaciones la suma de 278.112.000 de pesos

oro durante esos once años, postergándose algunos vencimientos que se tendrían que pagar durante la segunda presidencia del general Roca. Este ante la imposibilidad de afrontar las deudas que se iban a reclamar envió un proyecto de Ley al Congreso para la unificación de las deudas, el que fue defendido por Pellegrini en el Senado, ya que era su principal negociador. El proyecto repetía algunas formas de anteriores refinanciaciones, se unificaban los 36 empréstitos anteriores, aumentándose el valor de la deuda en un 20% pero se estiraban los plazos en cincuenta años, venciendo las obligaciones en 1951. Al conocerse la media sanción del Senado, los diarios “La Nación” y “La Prensa” atacaron violentamente el proyecto y algunas personalidades como Terry y Saavedra Lamas lo impugnaron severamente. Se habló de una claudicación de nuestra soberanía, de entregarse a los acreedores, existiendo movilizaciones importantes que llevaron al Roca a pedir el estado de sitio y retirar el proyecto ante la magnitud de las manifestaciones opositoras. La situación al terminar el siglo no podía ser más comprometida. La deuda externa de la Nación era de casi 900.000.000 de pesos . Los ferrocarriles y los bancos más importantes eran ingleses, la industria la manejaban los ingleses, los empréstitos los otorgaban ellos casi exclusivamente.. Además todos los recursos estaban afectados a las garantías y a los pagos de los cuantiosos empréstitos que se habían celebrado, y sobre los cuales no existía una pormenorizada verificación del empleo de los fondos, ni la forma en que se habían hecho efectivos, sino sólo cifras que se dieron por buenas, dadas por los banqueros y que servirían para que las obligaciones crecieran cada día más. El propio Carlos Pellegrini decía en el Senado de la Nación en 1901: “Hoy la Nación no solo tiene afectada su deuda exterior, el servicio de renta de la Aduana, sino que tiene dadas en prenda sus propiedades; no puede disponer libremente ni de sus ferrocarriles, ni de sus cloacas, ni de sus aguas corrientes, ni de la tierra de su puerto, ni del puerto mismo, porque todo está afectado a los acreedores extranjeros.” Al asumir el Presidente Manuel Quintana las obligaciones con el exterior eran de 843.356.844 pesos. :: La deuda del Siglo XX Los comienzos del siglo, no muestran demasiadas variaciones en el endeudamiento externo que se mantiene en valores con cierto equilibrio, porque las deudas se siguen pagando puntualmente y se remesan al exterior las amortizaciones comprometidas. EI gobierno del Dr. Quintana y el posterior de Figueroa Alcorta, si bien no presentan alteraciones significativas, disminuyeron los montos de la deuda debido a las amortizaciones del capital. Quintana la redujo a 737.111.872 y Figueroa Alcorta a 697.397.833. Durante la gestión de Roque Sáenz Peña (1910-1914) la deuda subió 710.053.538 y su sucesor Victorino de la Plaza (1914-1916) la redujo a 684.495.263. Cuando asumió Irigoyen en 1916, comenzó a acentuarse de manera significativa la baja de los montos de la deuda hasta llegar al fin de su presidencia a la suma de 535.734.657. Durante su presidencia se cortaron abruptamente los fines a los que se destinaban los créditos, y si bien no

puede hablarse de un cambio económico realmente significativo en este tema, la idea del endeudamiento pasó a ser otra, y el Presidente se propuso pedir dinero, para destinarlo a la explotación de las reservas de petróleo de Comodoro Rivadavia, la creación de una marina mercante y la constitución de un Banco Agrícola; es decir la creación de riqueza mediante inversiones productivas, y no dedicar el dinero a nuevas refinanciaciones destinadas a enriquecer a los capitalistas extranjeros que operaban en el país. El Senado de la Nación, en manos de los opositores bloqueó sistemáticamente los proyectos presidenciales y nada se pudo hacer. Aunque los obstáculos con los que debió enfrentarse fueron muchos, se llevó adelante una política distinta, poniendo el acento en fortalecer el capital nacional. El gobierno de Irigoyen fue una excepción a esa vieja forma política del sometimiento, y de esa nueva concepción surgió un verdadero emblema del poder de decisión de la República: Yacimientos Petrolíferos Fiscales, que solo tuvo como aporte del gobierno la suma de 8.000.000 de pesos, financiándose exclusivamente con el petróleo que extraía de sus yacimientos. La prudente política de endeudamiento externo de Irigoyen fue alterada por Alvear que en su gobierno aumentó la deuda externa hasta la suma de Pesos 1.111.675.585, aunque existen algunas discrepancias sobre los montos, pues algunos autores señalan que la deuda externa se cuadruplicó, con relación a la presidencia anterior. Vuelto Irigoyen al poder, y condicionado no sólo por la situación económica, sino por las fuerzas políticas que pugnaban a su alrededor, controlando a través de un senado opositor los propósitos del gobierno, no es mucho lo que pudo hacer, pero respecto a la política petrolera, además de continuar con el fortalecimiento de YPF, impulsó un proyecto de ley para nacionalizar la totalidad de las reservas de petróleo, el que aunque aprobado por la Cámara de Diputados, nunca fue resuelto por el Senado, controlado por la oposición conservadora. Ese gran pecado del presidente de defender la política petrolera autónoma del país, sería uno de los factores fundamentales de su derrocamiento. Al irse la deuda había vuelto a disminuir a 1.034.950.956. Cayó Irigoyen en circunstancias que son conocidas y el tema del petróleo volvió a tornar una relevancia inusitada, porque para el capital extranjero resultaba un verdadero despropósito que existiera una empresa que a comienzos del año 1930, era el décimo productor mundial de ese combustible. Además, y según cálculos efectuados por irreprochables técnicos desde 1926 hasta 1934, YPF le ahorró al país la suma de 1.052.000.000 de pesos que hubiera debido girar al exterior si el petróleo hubiera sido explotado por compañías extranjeras, enfrentándose en una lucha con la Royal Dutch-Shell y la Standart Oil para obtener la preeminencia en la explotación de los hidrocarburos, debiendo esta última abandonar el país. Resulta importante destacar que las reservas de oro de la Caja de Conversión, que era la encargada de la emisión monetaria, eran de 260.320.952 al asumir el presidente Irigoyen en 1916 y al dejar el gobierno en 1922 habían subido a 466.476.974, lo que mostraba una política económica que caminaba por distintos rumbos a los trazados hasta ese momento. Durante la

gestión de Alvear las reservas aumentaron hasta 489.657.138, aunque el endeudamiento como dijéramos creció. ::La Década Infame En 1932 asumió la presidencia de la República el Gral. Agustín P. Justo, con un nuevo proyecto económico distinto al de Irigoyen, y retornando a la gran tradición conservadora respecto al capital extranjero. En 1933, y debido a las presiones ejercidas por Gran Bretaña se firmo el Tratado Roca-Runciman, por medio del cual accedimos a todas las pretensiones que se nos impusieron a cambio de que cuando ellos lo considerasen necesario, nos comprarían determinados cupos de las carnes destinadas a la exportación. Como no podía ser de otra manera, por el art. 20 del tratado, se estableció que la suma de las exportaciones se destinaría “al pago del servicio de la deuda pública externa argentina”, pero además, y según señalara Scalabrini Ortiz, había algunas cláusulas secretas, que nunca se dieron a conocer. Lisandro de la Torre pulverizando las razones de los defensores del Tratado diría en el Senado: “En estas condiciones no podría decirse que la Argentina se haya convertido en un dominio británico, porque Inglaterra no se torna la libertad de imponer a sus dominios semejante humillación... Inglaterra tiene por esas comunidades de su imperio más respeto que por el gobierno argentino”. Nunca pudieron encontrarse las pruebas de las cláusulas secretas señaladas por Scalabrini, pero algunos papeles que aún se conservan inéditos y que pertenecieron al archivo personal del Ministro de Relaciones Exteriores, Carlos Saavedra Lamas, confirmarán que tales acuerdos secretos realmente existieron. Uno de los documentos es una carta confidencial reservada que envió Sir Eugene Millington Drake, Encargado de Negocios de Gran Bretaña en nuestro país a Carlos Saavedra Lamas, en la que le pedía que apurara de inmediato en el Congreso la Ley de Coordinación de los Transportes, debiendo determinarse que los intereses británicos quedaran bien consolidados en la norma. En otra nota también le pedía, o podría decirse que le exigía, que en las próximas licitaciones se prefieran a las empresas de capital británico. Desde el comienzo de nuestra vida independiente, cuando se creó la Caja Nacional de Fondos de Sudamérica, que tomaría depósitos y recibiría fondos destinados a la fundación de un Banco Nacional, hasta el año en curso, una serie de instituciones bancarias fueron creadas con el objetivo de emitir moneda, manejar el crédito y encargarse del crédito público. Todas esas instituciones recibieron en la mayoría de los casos la influencia del capital financiero externo, que impuso a la Argentina una considerable cantidad de empréstitos, que a su vez significaron una gravosa afectación de los bienes públicos a través de una permanente transferencia de recursos, como vimos en las páginas anteriores. Esos recursos que hubieran sido de vital importancia para nuestro desarrollo, fueron destinados invariablemente a pagar las acreencias a los bancos extranjeros, que invariablemente suministraban préstamos al Estado Nacional, para supuestos proyectos de inversión que no se realizaban. En el caso concreto de la aplicación correcta de los fondos, los préstamos fueron

concedidos en condiciones extremadamente onerosas y además de ello la banca extranjera siempre trató de obtener la mayor cantidad de recursos, teniendo en muchos casos una influencia importante en las decisiones de política económica. El poder del sistema financiero siempre resultó un factor fundamental de predominio económico, y como consecuencia de ello se elaboraron políticas, y se ejerció una influencia decisiva en distintos gobiernos, que lo beneficiaron en forma directa o indirectamente. Con la creación del Banco de la Nación, que se constituyó en el agente financiero del Estado Nacional, se trató de ordenar el sistema estatal, pero ello no significó en modo alguno modificar la posibilidad de que los bancos extranjeros que operaban en el país, tuvieran algún tipo de restricción a su manejo financiero. En una enorme cantidad de casos, y a través de las operaciones de redescuento que hacían con el Banco de la Nación, utilizaban el dinero de esta institución para sus préstamos operativos, obteniendo una considerable diferencia o spread, sin afectar sus propios capitales. Además de ello, la masa de créditos más importantes fue dirigida a los grandes terratenientes, y a prominentes miembros de la dirigencia política conservadora, que no los pagaban y los refinanciaban constantemente, sin que hubiera control alguno por parte del Estado sobre la modalidad de esas operaciones. La política bancaria es otro tema que se encuentra pendiente de una exhaustiva investigación, especialmente las operaciones del Banco de la Nación, que según la información oficial siempre contribuyó al desarrollo de todas las regiones del país donde se instaló otorgando préstamos a arrendatarios y pequeños propietarios. Por algunas referencias que hemos podido reunir para una investigación que realizamos, nos parece que la cartera de ese banco estuvo destinada mayormente a privilegiar a un sector minoritario vinculado con los poderes de turnos y con una clase privilegiada que usufructuó del ahorro nacional para su propio beneficio. Buscando documentos para un trabajo relacionado con la neutralidad argentina durante la guerra del Chaco, dimos con los libros de actas del Directorio del Banco de la Nación y llamó la atención que en los años revisados (1932 a 1935), el 80% de los préstamos que se daban no iban a los pequeños productores, a los agricultores, al desarrollo de los pueblos de las provincias, donde el Banco tenía una enorme red de sucursales, sino a un amplio espectro de otras operaciones que iban desde la construcción de viviendas suntuarias como la de Matías Errazuriz (hoy Museo Nacional de Arte Decorativo, hasta la especulaciones económicas de Alfredo Fortabat, que en 1934 le debía al Banco la suma de Pesos 12.500.000, siendo el mayor deudor del banco, pasando por una larga Lista de personajes, que financiaban sus actividades improductivas con la plata del ahorro argentino. Fortabat nunca devolvió lo que le prestaron, y el banco debió ejecutarlo, a través de un juicio manejado muy morosamente, donde se liquidaron algunos campos, pero la mayor parte de la deuda quedó impaga. También es posible citar que con fondos del banco se construyó el ingenio San Martín de Tabacal de Robustiano Patrón Costas, prominente hombre del régimen, y se financiaron las actividades agropecuarios de los Santamarina, Pereyra Iraola, Lynch, Herrera Vegas y otros del mismo grupo social, que hacían de la refinanciación permanente de sus

obligaciones una costumbre tolerada por las autoridades bancarias que estaban relacionadas familiarmente con los deudores. Pero la historia oficial del banco falseando deliberadamente la verdad, nos muestra otra cosa, y si se consultan sus publicaciones conmemorativas dedicadas a la celebración de sus 50 y 75 años podrá verse que se expone la política crediticia de la institución como destinada mayormente a favorecer a los sectores productivos de menores recursos, cuando la realidad ha sido distinta. Un historiador muy serio como el Dr. Ricardo Ortiz, en su Historia de la Economía Argentina, indica que la mayor parte de los préstamos fueron a la gran industria ganadera, ignorando que ese era sólo un aspecto de las operaciones que se hacían. Después de analizar esos tres años nos quedamos con dudas razonables, porque costaba aceptar tal discrecionalidad, nos parecía demasiado. Fue entonces cuando indagábamos sobre otras fuentes vinculadas a ese tema, que encontramos una obra muy rara, impresa por el Congreso Nacional, titulada “Investigación sobre el Banco de la Nación”. Ese trabajo era el resultado de una investigación efectuada por el Dr. Juan B. Justo en el Senado en 1926, donde hizo una radiografía del Banco desde 1901 basta 1926, documentando como había sido la política crediticia. Esa investigación, como la actual de la deuda externa no prosperó y fue archivada. Nadie le llevo el apunte en ese año, ni después. Presentó pruebas, pero en esos documentos estaban involucrados ministros, senadores, diputados. Era investigar al régimen, y por supuesto las posibilidades de llegar a alguna conclusión eran inexistentes. Hoy nadie se acuerda de esas conclusiones. En 1935 se dictó la Ley de Bancos y Moneda, y se creó el Instituto Movilizador de Inversiones Bancarias, que fue la primera iniciativa del establecimiento de normativas reguladoras en el sistema bancario. A su vez, y de conformidad con los acuerdos pactados con la firma del Tratado de Londres, se creó el Banco Central sobre la base de un proyecto elaborado por Sir Otto Niemayer, Director del Banco de Inglaterra, el que fue diseñado para que las entidades financieras del exterior tuvieron un control adecuado de las finanzas públicas, manejando la política monetaria, aun cuando formalmente no dependía de ellas. Organizado jurídicamente como una entidad mixta con capitales privados nacionales y extranjeros, y también capitales estatales, podía asegurar el valor de la moneda, controlar los movimientos de capital y fiscalizar a todo el sistema bancario. Tenía la facultad de emitir billetes, que debían estar respaldados con reservas de oro, divisas y cambio no menor al 25% de la emisión efectuada. El objetivo era regular por primera vez el sistema bancario, concentrar reservas suficientes, mantener el valor de la moneda, regular la cantidad de crédito y de los medios de pago, promover la liquidez y fundamentalmente actuar como agente financiero del Estado Nacional, aconsejándolo en todo lo que fuera relativo al sistema financiero. Con anterioridad, tanto el Banco de la Nación Argentina, como la Caja de Conversión, habían prestado servicios a los diferentes gobiernos, sin enajenar la capacidad de decisión a capitales que

no fueran los del país, pero ante la decisiva posición accionaria que tenían los capitales extranjeros y algunos privados en el nuevo Banco Central, esto iba a significar la clara injerencia de otros países en las decisiones financieras, lo que llevó a Arturo Jauretche a indicar que toda esa legislación financiera impuesta durante la presidencia de Agustín P. Justo era “El Estatuto legal del Coloniaje”. El Banco Central no se organizó como un ente independiente, ni actuó en forma neutral, sino que ante la influencia de los accionistas extranjeros manejó el crédito de acuerdo a los intereses que ellos representaban y en desmedro del real interés de la Nación. Debe recordarse que hasta los cargos importantes que tendría la institución fueron impuestos desde Londres. Se creó en 1935 como un organismo mixto controlado en un 50% nominalmente por el Estado Nacional, y el otro 50% por bancos extranjeros. La idea teórica era que, al no estar el Banco sometido a la órbita del gobierno, sus decisiones no iban a estar sujetas a Los vaivenes políticos que pudieran ocurrir, pero esto era solo un pretexto para que los accionistas extranjeros mayoritariamente ingleses manejaran la política financiera del Estado. Que las decisiones en ese Banco se tomaban en Gran Bretaña, lo da el hecho que un político argentino, el Dr. Manuel Fresco, que fuera gobernador de la provincia de Buenos Aires, se enteró en Londres a través de Mister Follet Holt, directivo de los ferrocarriles ingleses quién iba a ser el gerente, y quiénes ocuparían los cargos directivos, cuando nada de eso se conocía en Buenos Aires. Es sabido que la nueva institución fue estructurada por Sir Otto Niemayer, director del Banco de Inglaterra, quien viajó a Buenos Aires, para entregar el proyecto y discutir su instrumentación. Con excepción de Rául Prebisch y Edmundo Gagneux, las principales jefaturas del Banco fueron confiadas a personal extranjero. Era tan evidente la asimetría existente entre el poder de decisión del Estado y los bancos del exterior, que el Banco de la Nación que era poseedor de 2000 acciones, tenía 1000 votos en el directorio y aquellos con 1821 acciones poseían 1821 votos. El Instituto Movilizador de Inversiones bancarias absorbió el quebranto de los bancos privados. Ello impuso, además, que el Estado se hiciera cargo de los bienes inmovilizados de esas entidades, a quienes se les realizó un sustancial adelanto de fondos, perjudicando a los ciudadanos que tuvieron que contribuir a esa especie de salvataje financiero. De esa manera, el Estado debió recuperar los créditos de los bancos y absorber las pérdidas. En 1948, trece años después, el Banco Central seguía cargando con el peso de los bienes transferidos por los bancos privados, que resultaron de realización muy dificultosa. En 1935, todos los activos del Estado y la deuda que manejaba el Banco de la Nación pasaron al nuevo Banco, que aunque en manos extranjeras, comenzó a operar como nuevo agente financiero de la República. Cuando se efectuó la transferencia se hizo constar, entre otras operaciones que en ese año se había pagado al gobierno de Gran Bretaña la suma de Pesos 66.682.902 en concepto de intereses de la deuda con ese país, y la suma de Pesos 28.636.363.63 en concepto de cancelación de un préstamo de la Casa Baring. En esa fecha también habían disminuido las reservas de oro hasta los 246.842.655.

::La conversión de la deuda de la Provincia de Buenos Aires Otro hecho que tiene que ver específicamente con nuestro endeudamiento, demuestra la habilidad de los acreedores, y el sometimiento de nuestros gobernantes, tiene que ver con la conversión de la deuda pública externa de la Provincia de Buenos Aires, en la que intervinieron el Dr. Pedro Groppo, como Ministro de Hacienda del Gobernador Díaz, y los banqueros Bemberg. La conversión se hizo sobre cinco empréstitos con vencimiento el último de ellos en el año 1955, donde a través de un procedimiento de refinanciación de la deuda, el estado provincial tuvo un perjuicio de 503.000.000 de pesos, además de haberse pagado a Bemberg, la suma de 12.500.000 dólares en concepto, de gastos, sellados y comisiones. Si bien el Banco de la Provincia de Buenos Aires, era el natural agente financiero del Estado provincial, se prefirió a una banca extranjera para realizar las operaciones. El hecho fue denunciado por José Luis Torres en su obra “Algunas Maneras de Vender la Patria” recurriendo a legisladores amigos para que se hiciera una investigación. Nadie se quiso hacer cargo y todo quedó en el olvido. Años después el Instituto de Finanzas Argentinas de la facultad de Ciencias Económicas de la universidad de Buenos Aires, hizo un análisis de la conversión y llego a las mismas cifras que había denunciado Torres. Curiosamente esa conversión y el negociado consiguiente no figura en ninguno de los libros de historia económica en los que se trata el periodo, y lo más significativo es que los detalles de la conversión no figuran en los tres tomos de la Memoria del Ministerio de Hacienda de la Provincia. A través de estos ejemplos se puede ir articulando, como el tema de la Deuda externa y el sometimiento a las decisiones de los centros financieros del poder transnacional no es cosa nueva, sino que viene desde el fondo de nuestra historia. Hay una multiplicidad de antecedentes, donde no sólo intervinieron los banqueros, sino fundamentalmente nuestra dirigencia política que participó en esas operaciones, las usufructuó y colaboró en lo que lisa y llanamente era una estafa habitual a la Nación, porque cuanto venimos diciendo está ligado inexorablemente a la deuda, ya que el control extranjero del sistema bancario argentino, las constantes refinanciaciones que se hicieron, el manejo del comercio exterior, los convenios internacionales realizados como el Tratado Roca-Runciman siempre estuvieron destinados a privilegiar el pago de las obligaciones externas, antes que a contribuir al desarrollo de la economía argentina. La deuda externa en la época de Justo siguió creciendo pasando de la suma de Pesos 942.251.900 en 1932, hasta 1.224.027.685 en 1936, aunque se hicieron pagos rigurosos de intereses y amortizaciones. La deuda interna excedía los 2.853.160.368 a fines de 1937. Durante este gobierno que señala el comienzo de la llamada ‘década infame’ empezaron a movilizarse las cuantiosas inversiones de los Estados Unidos, y la presión constante de sus diplomáticos, que quieren sumar a la Argentina a su esfera de influencia. Cuando se realiza la Conferencia Panamericana de Montevideo en 1933, la delegación de los Estados Unidos presidida por el Secretario de Estado Cordell Hull, llevó un proyecto para pan- americanizar la legislación y tratar de crear un órgano consultivo liderado por su país, para mediar en los conflictos que puedan plantearse. Como primera medida, se pretendía que la Argentina, ratificara cinco pactos internacionales sobre solución de conflictos. Se hicieron algunas negociaciones con el canciller

Saavedra Lamas, y se llegó a un acuerdo, mediante el cual la Argentina apoyó las pretensiones de Estados Unidos, más allá de cierta retórica verbal, donde se enjuiciaron algunas de sus posiciones. Precisamente en esa conferencia, y debido al estado de insolvencia financiera de los países americanos, el Delegado de México, Dr. Puig Casauranc, presentó un proyecto de moratoria general de las deudas, que Estados Unidos no quiso aceptar. Fue así que en un acuerdo secreto entre el Secretario de Estado Hull y el canciller Saavedra Lamas, nuestro país se opuso a la moratoria, sosteniendo la inviabilidad de tal propuesta y la necesidad de honrar las deudas. Aunque el proyecto fracasó los países americanos dejaron de pagar sus obligaciones, pudiendo crecer durante esos años de mora, con excepción de la Argentina, que fue el único que siguió pagando. La deuda externa no cedió, y a pesar de los pagos efectuados al exterior, se mantuvo casi a niveles constantes, pasando de 1.003.696.072 en 1938 a 1.012.735.966 en 1942, siempre de acuerdo con las cifras oficiales, que como hemos visto anteriormente a veces no reflejan estrictamente la realidad. Mientras las clases obreras registraban enormes niveles de exclusión social, y la pobreza tenía caracteres cada vez más dramáticos, llevando a un deterioro físico de la población, que se encontraba subalimentada; la corrupción política y administrativa, las especulaciones fraudulentas de la clase política, la una falta de rumbo definido en cuanto a tener un verdadero proyecto nacional llevó el ejército a terminar con ese estado de cosas. Además de querer enfrentar las prácticas corruptas de los dirigentes, tiene en su propio seno la comprobación del estado miserable del pueblo, al ver los problemas físicos que presentan las clases que se incorporan año tras año. :: Presidencia del General Juan Domingo Perón Producida la revolución del 4 de junio de 1943, con el derrocamiento del Presidente Ramón Castillo quien pretendía entronizar como su sucesor al Senador Robustiano Patrón Costas, terrateniente salteño fundador del ingenio San Martín de Tabacal con fondos provenientes del Banco de la Nación, comenzó a sobresalir la figura del coronel Perón, figura destacada del GOU (Grupo de Oficiales Unidos) a través de su actuación en la Secretaria de Trabajo y Previsión, donde se ocupó de atender los reclamos de los más carenciados. El gobierno revolucionario enunciara una nueva política no atada a las decisiones del exterior y en 1946 al asumir Perón la Presidencia de la República, trazará un nuevo proyecto económico mediante el cual se impulsaran grandes transformaciones: la nacionalización del Banco Central, los ferrocarriles, las empresas de gas y teléfonos. Son instrumentos de una nueva política que va a poner en manos del país el manejo de los resortes fundamentales de su economía produciendo preocupación en los Estados Unidos, a la finalización de la segunda guerra mundial habían sustituido a Inglaterra en la influencia continental. La Argentina no se adhirió al Fondo Monetario Internacional, creado en Bretton Woods en 1944, y

se apartó de cualquier organismo multilateral de crédito para observar una política independiente. La desclasificación de importantes documentos de los archivos norteamericanos, ha demostrado sin lugar a dudas, como se bloqueó económicamente a la Argentina desde 1945 basta 1952 por lo menos, utilizándose todos los recursos disponibles para tal propósito. Los autores que se ocuparan de analizar las relaciones del país con Estados Unidos, mostraron la existencia de dos sectores contrapuestos: uno de ellos liderado por Braden, quien había sido embajador en Buenos Aires y que encabezara el movimiento opositor a Perón cuando las elecciones de 1946, y otro más proclive a establecer vínculos de cooperación económica. En 1946 la deuda de Estado Unidos e Inglaterra con la Argentina era de 2.000 y 3.500 millones de dólares respectivamente. Ambos países se negaron a pagar no sólo los créditos sino los intereses respectivos A través de trabajosas negociaciones se consiguió que nuestro país pudiera comprar en Estados Unidos insumos y maquinarias que necesitaba, haciendo uso de las libras bloqueadas en Gran Bretaña. Aprovechando tal situación, se produjeron importantes importaciones en esa nueva política de reactivación. Cuando se pretendió hacer uso de las libras, Gran Bretaña decretó la inconvertibilidad de su moneda, y entonces la Argentina se convirtió en deudor de Estado Unidos, al no poder hacer uso del dinero bloqueado. Perón celebró nuevos arreglos, poniendo a disposición el gobierno norteamericano parte de las divisas existentes y se pudieron cancelar las obligaciones. Pero hay que considerar que los prestamistas eran singularmente hábiles como en la década del treinta. Eso determinó que los pagos por las importaciones, fueran depositados en una cuenta que nuestro país tenía en el Banco de Inglaterra, para cuando nuestro país necesitara hacer uso de las libras que quedaban en Gran Bretaña que eran nominalmente nuestras. Ello dio lugar a la emisión de unos bonos de congelación para evitar la emisión de moneda. Dichos bonos que emitía el gobierno devengaban un interés que la Argentina debía pagar. Debido a ello Miguel Miranda, Ministro de Hacienda durante la primera presidencia de Perón dijo en una reunión del Consejo Económico y Social: “Sobre el dinero bloqueado el país no cobraba un solo centavo de interés, pero para disimular su emisión se emitían bonos de congelación y se pagaba interés. Yo he sacado como consecuencia que los ingleses con gran habilidad, nos cobraban interés por el dinero que nos debían” . Durante el gobierno peronista, por primera vez en la historia, la deuda externa desapareció de los registros porque fue cancelada en su totalidad. En 1945 las obligaciones con el exterior importaban la suma de 519.910.262 de pesos, en 1946 baja a 114.196.498, en 1950 es de apenas 41.086.681, y en 1952 es totalmente pagada, no existiendo ninguna obligación basta la caída del régimen en 1955. Sin lugar a dudas que la investigación sobre la época de Perón todavía está en los umbrales, y lo que se conoce son enfoques muy parcializados, que van desde encendidos ditirambos y apologías carentes de todo rigor critico, basta versiones que sólo enfatizan los aspectos negativos del peronismo y no han penetrado en el fenómeno histórico que representó en la segunda mitad del siglo XX. Hubo muchas dificultades, presiones de todo tipo para entorpecer la marcha del gobierno. Importaciones esenciales para el desarrollo industrial fueron cortadas de raíz, no hubo

la menor posibilidad de contar con algunos insumos básicos que se necesitaban. Se hicieron algunas concesiones como la de la Chade que todavía no han sido investigadas en profundidad y merecerían un detenido análisis. La Chade era un consorcio internacional que manejaba la electricidad. Tenía un contrato con fecha determinada de vencimiento, operada la cual todos los bienes de la compañía pasaban a poder del estado. El Contrato fue prorrogado por 50 años más por el Concejo Deliberante de la Ciudad de Buenos Aires, después de haber coimeado a los concejales radicales y conservadores, quienes sin ningún escrúpulo se complicaron en la maniobra. Cuando se produjo la revolución del 43, se creó una comisión investigadora que presidió el Coronel Matías Rodríguez Conde. A través de esa pesquisa se individualizaron todos los personajes que intervinieron en el negociado, no sólo los representantes políticos, sino los abogados, economistas, contadores y consultores, además de otros funcionarios que se complicaron en el fraude. Se encontraron desde las cuentas corrientes basta las cajas de seguridad en los bancos, y los bienes que compraron con el dinero espurio. Esa investigación, que se convirtió en una radiografía del régimen fue archivada por Perón, sin que se tuviera noticias públicas de ella hasta que fue reimpresa por la Editorial Universitaria de Buenos Aires en 1972 . A pesar de esas concesiones coyunturales, el esquema extranjerizante de manejo del sector bancario y financiero cambiaría radicalmente, cuando en 1946 Perón nacionalizó el Banco Central, ordenándose la compra de las acciones existentes en manos privadas. También se procedió a la nacionalización de los depósitos, con lo cual la política financiera cambiaría de rumbo, produciendo considerables ingresos al Estado como consecuencia de la renta proveniente de las operaciones que ahora estaban destinadas a beneficiar a toda la comunidad. El crecimiento de las utilidades puede verse en el siguiente cuadro 1946 23.975.487 1947 119.763.494 1948 220.735.067 1949 355.090.161 1950 438.500.925 1951 511.648.438 1952 576.466.544 1953 705.118.402 1954 817.057.977 1955 1.024.125.638 Habiéndose obtenido una utilidad neta de Pesos 4.792.482.433. En las disposiciones que se pusieron en vigencia se determinó que las medidas adoptadas eran de carácter trascendental y tendrían como inmediatas consecuencias la regulación del sistema bancario, el control monetario, cambiario, y de la economía nacional en su conjunto, debiendo servir a la capacidad productiva de la Nación. Se especificaba que existiendo grandes masas de

dinero en disponibilidad había que orientarlas al sistema productivo, ya que hasta ese momento solo se dirigían a la especulación financiera. Sintetizando la forma en que se produjo ese sustancial cambio de rumbo corresponde destacar: 1.- Se reintegró el capital aportado por los accionistas privados, pasando el Banco Central a ser enteramente estatal. 2.- Se estableció la garantía de la Nación a los depósitos y su transferencia al Banco Central, lo que implicaba en rigor una regulación del crédito. 3.- Hubo una operatoria de coordinación del sistema financiero nacional con un Banco de la Nación que otorgaba créditos a las actividades agrícolo-ganaderas y al comercio; también se encargaba de promover la colonización de tierras para aquellos que querían trabajarla. La Caja Nacional de Ahorro Postal fomentaba el ahorro, posibilitando la protección de aquellos depositantes que con montos no demasiado significativos trataban de obtener un cierto beneficio de esa operatoria. El Banco Hipotecario facilitaba créditos para la vivienda. 4.- Se centralizó el control de cambios. Era un sistema integralmente estructurado, que funcionaba coordinadamente, siendo la primera vez que el Estado Nacional tenía un banco propio sin injerencia alguna de capitales privados, fueran estos nacionales o extranjeros. Para que se tenga una idea de los volúmenes que alcanzó la expansión del crédito originado por tales medidas, baste señalar que en 1945 se prestaban 69 pesos por cada 100 depositados, en 1949, 115 por cada 100, y en 1952, 138 por cada 100, produciéndose un notable desarrollo industrial que facilitó aceleradamente la sustitución de importaciones. La precaria industrialización generada en la década del 30 tuvo un decisivo avance durante la presidencia de Perón, quien se propuso modernizar la economía a través de una serie de planes que profundizaran esa industrialización, dieran una participación sustancial al sector asalariado en la redistribución de la riqueza, estableciendo un nuevo modelo que vendría a cambiar la estructura económica del país. El primer Plan Quinquenal había planteado iniciativas que se tradujeron en 27 proyectos de ley, algunos de los cuales no llegaron a materializarse, pero fueron sustituidos por decretos que las suplieron eficazmente. A pesar de los distintos conflictos que tuvo Perón con los Estados Unidos al comienzo de su gestión, estaba convencido de la necesidad de la radicación de capitales que sujetos a normas específicas pudieran contribuir al desarrollo de la economía. Hasta la llegada del peronismo, los ingresos de capital tenían un control más aparente que real por parte del Banco Central de la República Argentina Para terminar con una situación que no resultaba beneficiosa a los intereses nacionales, se dictó el Decreto 3347/48 que estableciéndose la fiscalización de las inversiones extranjeras, aunque no se regulaba el ingreso de divisas liquidas,

ni la forma de transferir utilidades, ni la eventual repatriación de los mismos por parte de los inversores. A través de ese decreto se creó una “Comisión Nacional de Radicación de Industrias” para proceder a la realización de estudios que permitieran proponer al Consejo Económico y Social la radicación de las industrias que fueran necesarias; realizar gestiones que fueran idóneas para facilitar la obtención de licencias de importación en los países de origen e intervenir como única autoridad en la radicación de industrias de capital extranjero que contribuyeran al desarrollo industrial de la Nación. Aunque toda una serie de medidas adoptadas por el gobierno de Perón, como la fundamental reforma de la Constitución Nacional de 1949, que preservaba la totalidad de los recursos naturales, estuvo destinada a cambiar la estructura fabril; y que la industria tuviera un desarrollo acorde con la potencialidad que se tenía, la carencia de insumos y de una tecnología que resultaba vital para los planes de expansión que se habían proyectado, impidió su total desarrollo. Un comienzo importante fue la constitución de la Sociedad Mixta Siderúrgica Argentina (SOMISA), con el aporte de capitales y tecnología de una conocida empresa norteamericana. Mediando los primeros años de la década del cincuenta se tuvo clara conciencia de que era importante contar con el aporte de capitales extranjeros, que contribuyeran a ser útiles para los planes que tenía proyectado poner en ejecución el gobierno, debido a que no había posibilidades de contar con financiación nacional de envergadura, y si bien el decreto citado era un comienzo, se necesitaba el dictado de una serie de disposiciones de otra naturaleza que mostraran no solo la decisión del gobierno, sino el marco normativo que garantizara a los inversores la seguridad jurídica indispensable para radicar capitales. Fue así que el 21 de agosto de 1953 se sancionó la Ley 14.222, en cuyo artículo 1º se estableció que “Los capitales procedentes del extranjero que se incorporen al país para invertirse en la industria y en la minería, instalando plantas nuevas o asociándose con las ya existentes, para su expansión y perfeccionamiento técnico, gozarán de los beneficios de la presente Ley”. En los distintos artículos se determinaba la necesidad de aprobación del Poder Ejecutivo para los proyectos de inversión, que los capitales solo podían ingresar bajo la forma de divisas o bienes productivos, el sometimiento a la legislación argentina, la equiparación de los capitales extranjeros a los nacionales, la forma de repatriar utilidades, los plazos y porcentajes, etc. Fue una Ley pionera para promover el ingreso de capitales pero sometidos al control del Estado, y fue tal su significación que más de quince años después una parte importante de sus disposiciones fueron adoptadas en la decisión Nº 24 sobre Régimen Común de Tratamiento de los Capitales Extranjeros en los países del Pacto Andino. La Ley fue debidamente reglamentada por el Decreto 19.111 del 14 de octubre de 1953. Tiempo después, el 17 de enero de 1955 se dictó el Decreto 637 que permitió la incorporación al régimen de la Ley de todos los capitales extranjeros ingresados con anterioridad al mes de agosto de 1953, cuando la misma había sido promulgada. Aunque los logros de la política social eran incuestionables y se recuperaron sectores vitales para

la economía nacional, la actitud del gobierno norteamericano bloqueando la provisión de insumos importantes para la industria tuvo consecuencias fueron muy serias para nuestra economía. A pesar de ello la voluntad política de los que estaban al frente del gobierno, pudo más que las presiones recibidas y afrontando los obstáculos se empezó un proceso de industrialización creciente, mientras el Estado tuvo por primera vez en décadas un poder de decisión autónomo y no dependiente de los centros financieros, ni de las decisiones que se elaboraban en los gabinetes de Londres y Washington. En el año 1952, el bajo crecimiento de la economía, sumado a problemas en el sector agrícola y a cuestiones estructurales que todavía no se habían podido superar, llevó a Perón a tomar una serie de medidas y a vislumbrar la posibilidad de recurrir a los Estados Unidos para que colaborara en la reactivación del país. Llegó al país en esa época Milton Eisenhower, hermano del presidente norteamericano, con el que se realizaron conversaciones para analizar diversos proyectos de inversión. En esos años se acentuaron las importaciones de petróleo, porque el que extraía YPF, no resultaba suficiente para abastecer las necesidades del mercado interno. Además las compras crecientes de hidrocarburos significaban un constante egreso de divisas que gravitaban negativamente en la economía. Para buscar un solución, a partir de 1954, se realizaron conversaciones con representantes de la Standart Oil de California para efectuar inversiones en Comodoro Rivadavia. El Ministro de Industrias, Dr. Orlando Santos, firmó una carta intención con la compañía petrolífera estableciéndose un área de explotación de poco mas de 45.000 kilómetros cuadrados, donde se construirían aeropuertos, caminos, verdaderas ciudades, y toda la infraestructura necesaria para llevar adelante una obra de tal magnitud. El contrato fue arduamente discutido en su momento, porque se sostenía que era volver a la vieja política de sometimiento, y resultó célebre la conferencia que pronunció el Dr. Adolfo Silenzi de Stagni, Profesor titular de Derecho Agrario y Minero en la Facultad de Derecho de la Universidad de Buenos Aires, donde impugnó las cláusulas del contrato, sosteniendo que era un verdadero escándalo que llevaba a la enajenación de nuestro petróleo. Su clase fue mimeografiada y distribuida clandestinamente, y se formaron ciertos movimientos de opinión respecto al tema, mientras la Argentina vivía momentos extremadamente difíciles por los enfrentamientos políticos entre el gobierno y una oposición que crecía cada día más. Sería una ingenuidad suponer que Perón iba a tirar por la borda toda una política sostenida hasta ese momento. Efectivamente el proyecto era algo muy serio, pero lo que no se dice es que fue enviado al Congreso para que se realizara una discusión amplia, y tal debate le diera un arma para modificar algunos términos del contrato. Se precisaba de una inversión importante, y ésta era una gran oportunidad que Perón no quiso desaprovechar, aunque diputados como John W. Cooke se opusieron. No puede desconocerse, que el Congreso de la Nación era incondicional a las decisiones y a los proyectos del presidente, y si la decisión era aprobarlo tal cual había sido

redactado, hubiera ordenado que se votara sin discusión, y no se hizo así. Debemos destacar la reforma constitucional de 1949, uno de cuyos principales impulsores fue el Dr. Arturo Sampay, mediante la cual se establecían una serie de nuevos derechos para proteger al sector asalariado y además preservar las riquezas naturales del país. Deuda en Milllones de Pesos 1900…………………….900 1901…………………….898 1902…………………….901 1903…………………… 855 1904…………………… 843 1905…………………… 748 1906…………………….737 1908…………………….716 1909…………………….709 1910…………………….697 1911……………………690 1912……………………676 1913……………………701 1914……………………714 1915…………………...714 1916……………………683 1917……………………649 1818……………………611 1919……………………611 1920……………………647 1921……………………761 1922……………………630 1923……………………664 1924……………………849 1925……………………927 1926……………………976 1927………………….1.132 1928…………………...1.110 1929……………………1.071 1930……………………1037 1931……………………. 996 1932……………………. 946 1933……………………1.218 1934……………………1.237 1935…………………….1.162

1936…………………….1.224 1937…………………….. 994 1938…………………….1.003 1939……………………..1.141 1940……………………..1.114 1941………………………1.063 1942………………………1.013 1943……………………… 929 1944………………………. 567 1945………………………. 520 1946………………………. 114 1947………………………. 102 1948………………………. 67 1949………………………. 54 1950………………………. 41 1951………………………. 27 1952………………………. 13 1953/54 0 Próximo miércoles, la segunda entrega de esta material de Alejandro Olmos Gaona.

Por Alejandro Olmos Gaona Imagen Archivo Segunda parte en: http://www.deudailegitima.org/titular.php?id=240

LA DEUDA EXTERNA ARGENTINA. ANTECEDENTES CON EL CLUB DE PARÍS. ÚLTIMA PARTE.
2013.05.15 | ARGENTINA. Deuda, antecedentes y realidad actual (II)

:: Del Golpe de 1955 hasta la Dictadura Cívico-Militar Cuando se produjo la revolución de 1955, las nuevas autoridades le encargaron al Dr. Raúl Prebisch, celebrado economista que fuera funcionario del Banco Central, durante la presidencia de Justo, que redactara un informe sobre la situación argentina. Las conclusiones de éste fueron dramáticas, pero producto no sólo del desconocimiento de lo que realmente ocurría sino de una imposición de las autoridades revolucionarias para justificar buena parte del proceso en el que se habían involucrado. Al poco tiempo de conocerse dicho informe Arturo Jauretche, en páginas luminosas, desnudó una a una las falencias del informe y puso en descubierto su inconsistencia. Pero ya la situación era irreversible, y las influencias extranjeras volvían a hacerse presente en la Argentina. Así se decidió la incorporación del país al Fondo Monetario Internacional. En ese momentos y a través de convenios bilaterales firmados con distintos países de carácter comercial, existían créditos a pagar con materias primas, tal como se había acordado oportunamente, esas obligaciones fueron convertidas en deuda financiera y los acreedores constituyeron ese grupo informal que pasaría a denominarse Club de Paris, el que a partir de ese momento sería un acreedor permanente de la Argentina, estableciendo pautas uniformes en todas las negociaciones para que se negociara con el grupo, no pudiendo el país hacerlo individualmente con cada uno. Además de la implacable persecución de todo aquello relacionado con el peronismo, hubo un claro retroceso, al volverse a la vieja Constitución de 1853, anulando la importante reforma efectuada en 1949. Con la presidencia de Frondizi comenzó la explotación intensiva de los recursos petroleros, a través de contratos que en su momento fueron impugnados y declarados nulos, por los graves vicios de procedimiento. En ese momento el endeudamiento externo no era demasiado

significativo y su crecimiento obedecía en general a las reales necesidades de financiamiento. En 1961 la deuda era de 11.606.139.000 de pesos moneda nacional y al finalizar la década había crecido ocho veces, llegando a los 80.000.000.000. En este período el capital extranjero de origen estadounidense pudo empezar a instalarse en la Argentina, ante las facilidades otorgadas por el nuevo gobierno. Durante la administración del Dr. Illia, se efectuó una política con cierto orden, y se anularon los contratos petroleros de la gestión anterior. Aunque puede decirse que la libertad política es plena, la marginación de las masas populares sigue siendo una evidencia. Sin embargo, la clara vocación democrática del Presidente Illia, fue mostrando la posibilidad de empezar a construir un país distinto. Al orden económico logrado se sumó una importante reducción del endeudamiento externo, y no se cayó en nuevas y onerosas renegociaciones. Se intentó aplicar una ley de medicamentos que limitará los negocios de las multinacionales mostrando cierta transparencia en el ejercicio del poder. No puede decirse que haya habido modificaciones sustanciales, y el poder militar al acecho, limitó muchas posibilidades del presidente que tuvo que negociar para evitar mayores confrontaciones, lo que no fue obstáculo para la injustificable intervención militar del General Juan Carlos Onganía que comenzó un proceso económico que diseñaría Adalbert Krieguer Vasena siguiendo un derrotero que condicionaría las decisiones soberanas del país, que no atinaba a salir de los círculos manejados invariablemente por los mercados financieros. Durante ese proceso militar, se produjo el negociado de Aluar, mediante el cual se entregó la producción de aluminio a un conjunto de aventureros que hicieron un gran negocio a expensas de los recursos del Estado, y como sucede siempre en la Argentina, encontraron la posibilidad de tener representantes que siguieron ocupando cargos en los sucesivos gobiernos, y tuvieron en consecuencia una impunidad total para los cargos que desarrollaban. José Gelbard, que intervino abiertamente en este tema fue ministro de economía del primer gobierno peronista en 1973. Después de la breve presidencia del Gral. Levingston, y durante la gestión del Gral Alejandro Lanusse, el poder militar entendió que no podía seguir manejado la administración del Estado, y era necesario volver a entregar el poder a los civiles. Después de las fallidas negociaciones con Perón, se llamó a elecciones, siendo elegido el Dr. Héctor Campora, que gobernó unos pocos meses, hasta que fue consagrado nuevamente Perón en septiembre de 1973, con un llamado a la unidad para comenzar una etapa alejada de los enfrentamientos pasados. Su clara debilidad física y las luchas de poder dentro del peronismo entre los sectores de derechos, las formaciones armadas, y grupos de la juventud, llevó a que se produjeran nuevos enfrentamientos, asesinatos de Rucci por montoneros y de gran cantidad de militantes de izquierda por parte de las AAA. Los intentos de Perón para poner freno al desborde fueron en vano y muchos proyectos que tenía, no se pudieron ejecutar. Una de sus ideas fue el dictado de una nueva reforma constitucional que tomara muchas de las ideas de la vieja norma del 49, y poder encarar un proyecto de país más ordenado que se plasmó en el Plan Trienal 1973-76. Su muerte en 1974 provocó que los enfrentamientos se acentuaran, hasta producirse el golpe militar, que daría lugar a una dictadura como la Argentina no había conocido. La debilidad de Perón fue tan clara que los ministros que integraron su gabinete, en muchos casos

le hicieron firmar decretos y promulgar leyes, que no tenía que ver con ideas que había sustentado desde siempre. Un ejemplo de ello lo constituye la sanción de la ley 20.548, en cuyo artículo 7º se determinó que “El Poder Ejecutivo queda asimismo facultado para prestar la garantía de la Nación, con carácter accesorio o principal, a obligaciones que con las finalidades y bajo los requisitos mencionados asuman entidades públicas o privadas, así como para someter eventuales controversias con personas extranjeras a jueces de otras jurisdicciones, tribunales arbitrales con dirimente imparcialmente designado o a la Corte Internacional de Justicia de La Haya, siendo esta norma el primer antecedente de sometimiento a otras jurisdicciones que sancionara el Congreso de la Nación. Con María Estela Martínez de Perón, comienza una gestión presidencial signada por conflictos entre los sindicatos y el poder que ejercía el superministro José López Rega, que después de imponer a Celestino Rodrigo –subordinado suyo- como Ministro de Economía, debió irse ante el fracaso de la política económica y las presiones cada vez mayores de las fuerzas armadas. Al caos político y las crecientes dificultades económicas se sumó el enfrentamiento con las organizaciones guerrilleras a las que se había decidido exterminar, con lo que el gobierno perdió el rumbo, dejando de ejercer el poder real, lo que permitió el golpe del 24 de marzo, que se iba anunciando desde el mes de enero.

LA DICTADURA CIVICO-MILITAR Al producirse el golpe militar el 24 de marzo de 1976, el Dr. José Alfredo Martínez de Hoz, integrante del Consejo Asesor del Chase Manhattan Bank, prominente directivo de Acindar y de la Italo, elaboró un proyecto económico sometido a la Junta Militar que contaba entre las primeras medidas de gobierno, la modificación del art. I del Código de Procedimientos en lo Civil y Comercial, estableciendo la improrrogabilidad de la competencia jurisdiccional de la Argentina a favor de jueces extranjeros, es decir que en cualquier convenio o contrato que firmara el país, se declinaba la competencia de nuestro tribunales. Martínez de Hoz, según sus expresiones, y las obras que publicara con posterioridad a su paso por la función pública pretendía hacer un país moderno, con una economía productiva y altamente competitiva, con empresas sanas, proyectos realizables, a través del marco de orden y tranquilidad que iban a asegurar las fuerzas armadas, con lo que se llevaría a la Argentina a ocupar el lugar que tuvo -según él- a principios de siglo. La realidad de lo que ocurriera daría un mentís a ese discurso falaz con el que se intentó convencer a una ciudadanía que prefirió mirar para un costado y una clase media que se dedicó a la especulación producida por la plata dulce, mientras las clases populares se empobrecían cada vez más. En todo ese proceso histórico, donde está la génesis de nuestro endeudamiento actual, se cae en el error de ir solamente a los efectos cuantitativos, a los esquemas numéricos, a los déficits del presupuesto, y a las alternativas de la cuenta de regulación monetaria, y no se va al origen de cómo se construyó esa deuda. Las reservas del Banco Central eran exiguas cuando cayó Isabel Perón, y la deuda ascendía alrededor de los 8000 millones de dólares, pero después tales reservas empezaron a crecer, como una forma de demostrar la solidez del sistema, y la posibilidad de afrontar cualquier contingencia.

Ese crecimiento se operó a través de los malabarismos financieros, y a los falaces asientos contables, donde se endeudaban las empresas públicas, con créditos en dólares que no recibían, pues el dinero iba a engrosar las arcas del Banco Central para sostener una política monetaria que giraba en torno a una tabla de actualización del dólar. En muchos casos, se consiguieron préstamos a una tasa del 8% anual, y ese mismo dinero recibido de un banco extranjero era represtado a ese mismo banco a una tasa inferior. Contablemente había algunos esquemas que aparentemente funcionaban, pero el endeudamiento crecía cada vez más. En lo que hace al endeudamiento de las empresas públicas, también se utilizaron procedimientos de ficción para endeudarlas, y así poder liquidarlas en el futuro, justificando su ineficiencia. Para lograr tal propósito el Secretario de Programación Económica, durante la gestión de Martínez de Hoz, Dr. Guillermo Walter Klein, fijaba cada tres meses los cupos de endeudamiento que debían afrontar las empresas, con prescindencia de sus reales necesidades financieras. Así se endeudaron la Comisión Nacional de Energía Atómica, Agua y Energía, YPF, Aerolíneas Argentinas, y una larga lista de empresas pública, con matices verdaderamente escandalosos. Pero debemos consignar que era un endeudamiento nominal, porque los dólares iban a parar al Banco Central en todos los casos. Las empresas eran prestatarias del crédito externo, pero no eran usuarias ni usufructuarias de dicho crédito. Hubo casos como el de Agua y Energía, que fue obligada a cancelar un préstamo que tenia con el Banco de la Nación, con dinero proveniente de un préstamo sindicado que le otorgara el Lloyds Bank, por 120 millones de dólares. Es decir que en vez de estar obligada la empresa con un banco nacional, se la endeudaba con un banco extranjero. Un caso paradigmático es el de YPF, que siempre fue una empresa simbólica construida sin un centavo de capital extranjero. EI general Mosconi, hizo con la extracción del petróleo una de las empresas más importantes del mundo, que tuvo que pelear en la década del 20 y principios de la del 30 con la Standard Oil, lo que llevó a Mosconi a escribir su libro “YPF contra la Standart Oil’, publicación casi inhallable y que pocos conocen. Apelando a esas ficciones tan caras a cierta dirigencia política, Mosconi tiene un monumento, es homenajeado de vez en cuando, pero se ha desconocido su proyecto de política petrolera, su concepto de que los hidrocarburos son un recurso estratégico de la Nación, y en consecuencia deben ser manejados por el Estado. Todavía hay mucho que analizar de la sangrienta dictadura, y en la gran mayoría de las publicaciones que abundan, solo se ha enfatizado la sistemática metodología criminal que se implementó para evitar cualquier cuestionamiento al gobierno de facto y poder así estructurar una política que fuera funcional a los capitales extranjeros cuyos negocios crecieron exponencialmente. Distinta es la manera en que fue tratada la economía del régimen, que solo se la analizó respecto a sus variaciones estadísticas, sin tomar en cuenta aspectos fundamentales que están relacionados con el estado de derecho, al haberse quebrantado el orden jurídico y convertido al Poder Ejecutivo en un agente de negocios privados para beneficiar al capital trasnacional, en desmedro de la industria de nuestro país. En lo que hace al endeudamiento externo, la casi totalidad de los autores (Basualdo, Frenkel, Damill, Rapoport, Kulfas, Cortes Conde, etc) estudiaron los costos económicos del mismo, la incidencia en el deterioro de la economía, la significativa transferencia de divisas que significó, pero en ningún caso tocaron los aspectos jurídicos de las contrataciones, los actos ilegales y los

ilícitos en que incurrieran los más altos funcionarios del Estado encargados de la gestión. Pareciera que a los economistas en general los aspectos que hacen a la juridicidad no les resultan significativos y de tal manera los ignoran como si fuera algo carente de alguna importancia. LA DEUDA DE LA DICTADURA Y LA CAUSA OLMOS Para no entrar en disquisiciones teóricas sobre la deuda, y dada la naturaleza de estos trabajos de divulgación, corresponde ir a las evidencias que surgen de la única investigación que hicieran nuestro tribunales con motivo de la denuncia que efectuara Alejandro Olmos contra José Alfredo Martínez de Hoz, ante el Juzgado en lo Criminal y Correccional Federal No. 2, por los delitos previstos y penados por los arts. 173, inc. 7 y 248 del Código Penal. Fundó esta denuncia en el hecho de que el plan económico concebido y ejecutado por el ministro de Economía de la Nación, en el período 1976-1981, se realizó con miras a producir un desmesurado e irregular endeudamiento externo; que el ingreso de divisas se produjo con el objeto de negociar con las tasas de interés, produciendo quiebras y cierres de empresas, y enormes dificultades en la capacidad exportadora, de producción y crecimiento del país. A las actuaciones obrantes en la causa se agregó un informe pericial suscripto por los peritos Sabatino Forino y Alberto Tandurella, en el que se había determinado: a) Que con fondos del Tesoro Nacional, se cancelaron obligaciones externas de varias empresas privadas en distintas monedas. b) Que ni el Banco de la Nación Argentina ni el Banco Nacional de Desarrollo, como entidades financieras que tomaron a su cargo los aspectos operativos, iniciaron actuaciones para el recupero de las sumas pagadas por el Estado ni se acogieron al beneficio de la excusión. c) Que la Dirección General de Asuntos Jurídicos no inició las acciones judiciales correspondientes para obtener el recupero de las sumas que afrontara el Estado, respecto a empresas como Acindar S. A., Autopistas Urbanas S .A., Covimet S. A., Parques Interama S. A., Aluar S. A., Papel Prensa S. A., Induclor S. A., entre otras. d) Que existieron avales otorgados en contratos en los que se debían establecer garantías reales sin haberse efectuado los correspondientes estudios técnicos y financieros, y sin haberse extremado los debidos recaudos antes del otorgamiento del aval. En esta causa —además de una importante cantidad de testimonios prestados por funcionarios públicos de la dictadura y la declaración indagatoria tomada a Martínez de Hoz, único procesado en ella—, se realizaron varias pericias donde se analizaron exhaustivamente las particularidades del endeudamiento. En el informe final suscripto por los Dres. Fernando M. Curat y Alfredo A. Peralta, del cuerpo de

peritos contadores de la Justicia Nacional, y Dres. William Leslie Chapman, Alberto Tandurella y José A. Gomáriz, quedó definitivamente establecido que: 1.- El acrecentamiento de la deuda externa del país pública y privada, entre los años 1976 y 1982, fue excesivo y perjudicial. Carece de justificación económica, financiera y administrativa, y se desconoce el destino de los fondos ingresados. 2.- Existe responsabilidad del ministro Martínez de Hoz y de sus sucesores hasta el 31 de diciembre de 1982, por las operaciones que determinaron el endeudamiento público y por haber promovido el endeudamiento del sector privado. Fueron partícipes de esa responsabilidad, el ex presidente del Banco Central Dr. Adolfo Diz y sus sucesores. 3.- Las consecuencias actuales y futuras del crecimiento de la deuda externa del país son extremadamente perniciosas, los servicios de la deuda no podrán pagarse y las responsabilidades, aunque puedan hacerse ahora efectivas, han dañado el prestigio del país, su vida política, institucional, el orden jurídico, el sistema y la estructura económica, la paz social y la tradición histórica de la República. La transgresión al artículo 67 incisos 3 y 6 de la Constitución Nacional importa suma gravedad. Pueden considerarse probadas, en cuanto dependen de los resultados del examen pericial, las denuncias que obran en la causa, en relación con lo que ha sido objeto de estudio. Finalmente y después de dieciocho años de morosos trámites y la incorporación de miles de documentos, el Juez Jorge Ballestero dictó un fallo el 13 de julio de 2000, en el que expresó que la deuda externa "Ha quedado evidenciado en el trasuntar de la causa la manifiesta arbitrariedad con la que se conducían los máximos responsables políticos y económicos de la Nación en aquellos períodos analizados. Así también se comportaron directivos y gerentes de determinadas empresas y organismos públicos y privados; no se tuvo reparos en incumplir la Carta Orgánica del Banco Central de la República Argentina; se facilitó y promulgó la modificación de instrumentos legales a fin de prorrogar a favor de jueces extranjeros la jurisdicción de los tribunales nacionales; inexistentes resultaban los registros contables de la deuda externa; las empresas públicas, con el objeto de sostener una política económica, eran obligadas a endeudarse para obtener divisas que quedaban en el Banco Central, para luego ser volcadas al mercado de cambios; se ha advertido también la falta de control sobre la deuda contraída con avales del Estado. Todo ello se advirtió en no menos de cuatrocientas setenta y siete oportunidades, número mínimo de hechos que surge de sumar cuatrocientos veintitrés préstamos externos concertados por YPF, treinta y cuatro operaciones concertadas en forma irregular al inicio de la gestión y veinte operaciones avaladas por el Tesoro Nacional que no fueron satisfechas a su vencimiento. A ellos deben agregarse los préstamos tomados a través del resto de las empresas del Estado y sus organismos, así como el endeudamiento del sector privado que se hizo público a través del régimen de seguro de cambio. Empresas de significativa importancia y bancos privados endeudados con el exterior, socializando

costos, comprometieron todavía mas los fondos públicos con el servicio de la deuda externa a través de la instrumentación del régimen de seguro de cambio. La existencia de un vínculo explícito entre la deuda externa, la entrada de capital externo de corto plazo y altas tasas de interés en el mercado interno y el sacrificio correspondiente al presupuesto nacional desde el año 1976 no podían pasar desapercibidos a las autoridades del Fondo Monetario Internacional que supervisaban las negociaciones económicas. Así pues, deseo recalcar la importancia que pudieran llegar tener cada una de las actuaciones que se sustanciaron en el desarrollo de este sumario, las que sin lugar a dudas, resultarán piedra fundamental del análisis que se efectúe para verificar la legitimidad de cada uno de los créditos que originaron la deuda externa argentina. Es por estas razones que remitiré copia de la presente resolución al Honorable Congreso de la Nación, para que a través de las comisiones respectivas, adopte las medidas que estime conducentes para la mejor solución en la negociación de la deuda externa de la Nación que, reitero, ha resultado groseramente incrementada a partir del año 1976 mediante la instrumentación de una política económica vulgar y agraviante que puso de rodillas al país a través de los diversos métodos utilizados, que ya fueran explicados a lo largo de esta resolución, y que tendían entre otras cosas, a beneficiar y sostener empresas y negocios privados —nacionales y extranjeros— en desmedro de sociedades y empresas del Estado que, a través de una política dirigida, se fueron empobreciendo día a día, todo lo cual, inclusive se vio reflejado en los valores obtenidos al momento de iniciarse la privatización de las mismas. En efecto, debe recordarse que el país fue puesto desde el año 1976 bajo la voluntad de acreedores externos y en aquellas negociaciones participaron activamente funcionarios del Fondo Monetario Internacional". Aunque los términos transcriptos son más que elocuentes, creo oportuno hacer algunas referencias a cómo se llevó adelante el proceso y las razones de su terminación. En primer lugar, es necesario decir que, de acuerdo con las constancias de la causa, la sentencia debió haber tenido una conclusión más severa dada la magnitud de las pruebas acumuladas. Sin embargo, las indudables presiones a que están sometidos los magistrados federales y cierto culto reverencial por el poder político obraron como factor limitante en el desarrollo de sus consideraciones y, sobre todo, en su resultado, que no es, en definitiva, más que un pronunciamiento superficial y de compromiso, no obstante la clara definición explícita en éste de algunos aspectos que tuvo la economía implementada por la dictadura militar. Era obvio que, ante el cúmulo de ilícitos demostrados, algo "debía" decirse, ya que no se podían negar las evidencias. El juez Ballestero optó por no arriesgarse más allá de lo que era prudente y propuso una suerte de híbrido que indica cómo fue la instrumentación de la deuda, generalizando conductas de personas que no nombra, sin señalar responsables concretos y manifestando una serie de vaguedades impropias de una decisión judicial. Así y todo, con las limitaciones apuntadas, es un antecedente importante más por lo que sugiere que por lo que resuelve Una sentencia es la resolución final de un litigio, la expresión de razonabilidad derivada de un

análisis de hechos controvertidos, el reconocimiento del derecho de un litigante, o la conclusión de la investigación de una denuncia. En este caso, la llamada "sentencia" dictada por el juez Ballestero es una simple recopilación de antecedentes, documentos, pericias, testimonios de funcionarios y la declaración indagatoria de Martínez de Hoz, que si bien fue procesado, luego fue sobreseído por prescripción de la acción penal. Un exhaustivo examen de esta sentencia muestra que no existe un análisis, ni siquiera superficial sobre los hechos denunciados, las pruebas aportadas y las minuciosas puntualizaciones efectuadas por los peritos. Los ilícitos denunciados por los contadores oficiales no fueron investigados nunca y, en realidad, tampoco se tomó en cuenta la gravedad de la denuncia presentada en el Tribunal. También evidente que aún teniendo una gran cantidad de falencias la resolución del juez, constituye un verdadero hito dentro de la jurisprudencia, porque es la primera vez en el mundo entero, que la deuda externa se somete a una investigación judicial, mediante la cual se muestran los mecanismos fraudulentos que se emplearon para constituirla, y constituye una herramienta de significativa trascendencia, para enfrentar la cuestión no con planteos teóricos, sino con acciones contundentes, que sirvan para impedir la continuación de ese fraude. Como claramente señalaba Patricia Adams, una especialista en deudas odiosas, “El Fallo de la Corte Federal de la Argentina sobre la ilegitimidad de las deudas contraídas durante el periodo dictatorial es importante. Las implicaciones de ese fallo se extienden más allá de las fronteras argentinas y envía un mensaje claro a los ciudadanos de todos los países altamente endeudados que los acreedores internacionales fueron responsables de asegurar que ese dinero prestado fuera usado para los intereses y necesidades del estado. Si los acreedores no ejercitan este cometido, sus reclamos a la ciudadanía carecen de legitimidad. En este aspecto el fallo judicial argentino ha servido de precedente importante para la resolución de la crisis global de la deuda” En homenaje a la verdad, es justo hacer mención a las enormes dificultades que tuvieron los magistrados intervinientes en la causa, Dres. Anzoátegui, Dibur, del Castillo, Weschler y ahora Ballestero, para obtener información fidedigna a través de los 18 años del proceso. Se les negaron las actas secretas del Banco Central, y fue necesario un expreso pronunciamiento judicial y una intimación para acceder a algunas de ellas; los oficios no se respondían, o se pedían plazos, que luego debían prorrogarse, y se debía recurrir a nuevas intimaciones al Banco Central y al Ministerio de Economía para que remitieran los documentos que se les solicitaban. Además, nunca existió personal aparte, del que normalmente se desempeña en el Juzgado, para llevar adelante un trámite tan complejo. Cuál es la importancia de un procedimiento judicial, y la enorme diferencia que existe con las acciones que se realizaran en otras partes a través de coloquios, reuniones, foros, tribunales populares y otras expresiones legitimas para considerar el tema? Es una pregunta que debe hacerse, para establecer la real valoración de este fallo. Una sentencia judicial sienta un valioso precedente para enfrentar a los acreedores, que no pueden exigir aquello que se ha comprobado carece de legitimidad, y obliga a un gobierno a proceder de acuerdo con lo dictaminado por la magistratura judicial. Por supuesto puede no hacerlo ante las presiones que ejerzan los bancos y los organismos multilaterales de crédito, y en rigor el fallo fue desconocido tácitamente, porque el mismo se refiere al periodo de la dictadura militar, aunque es en esa época donde se constituye la deuda que se ha seguido refinanciando, sin

embargo no puede dejar de reconocerse que esa deuda es la misma que se siguió refinanciando a través de las distintas épocas, Cuando se dio intervención a la Fiscalía Nacional de Investigaciones Administrativas, ésta tampoco hizo nada, con excepción del trabajo efectuado por el fiscal Dr. Ricardo Molinas, que fue interrumpido cuando se lo removió del cargo. La importante cantidad de denuncias acumuladas en la causa terminaron en la nada. Aun cuando las conductas investigadas, tipificaban la comisión de diversos delitos de acción pública, el juez Ballestero se limitó a enunciarlos, sin abrir juicio en ningún momento sobre la naturaleza de éstos, hasta su decisión final donde concluyó que el país fue puesto de rodillas ante los acreedores. No debe extrañar la conducta del juez Ballestero, coincidente con la de muchos otros magistrados, muy preocupados en investigar delitos menores y olvidarse de los grandes fraudes que afectan al país entero. Sus propias palabras, en un reciente film documental sobre la deuda, son reveladoras de su particular criterio para juzgar las conductas lesivas al Estado. En ese film manifestó que nunca le pareció importante la causa y que sólo en el último tiempo se había dedicado a examinarla. Cuáles fueron los resultados económicos de la gestión dictatorial: una deuda que había trepado de 7800 millones de dólares a casi 45.000 que solo fueron utilizados en la especulación y operaciones de destino incierto. El Banco Mundial indicaría que el 44% se fugó del país, el 33% fueron utilizados en pagar intereses, y el resto sirvió para comprar armamentos y realizar importaciones no registradas. También es importante consignar la descomunal fuga de capitales producto de la evasión que permitió transferir una enorme riqueza al exterior. Se calcula que la Argentina, junto a 14 países del tercer mundo fugó al exterior más de 300.000 millones de dólares, equivalente a la mitad de la deuda externa en 1987. Esa fuga continuó durante todos los gobiernos de la democracia, y a pesar de algunas investigaciones parlamentarias que se hicieron como la llevada a cabo en el año 2002 por la Comisión Investigadora de fuga de capitales de la Cámara de Diputados, no se realizó ninguna acción legal contra los responsables, a pesar de haberse acreditado, que gran parte de los capitales transferidos provenía de rentas no declaradas y en consecuencia no imponibles fiscalmente. LA PRESIDENCIA DE ALFONSÍN La difícil situación económica que heredó Raúl Alfonsín, acentuada por las consecuencias de la guerra de Malvinas, llevó a su primer ministro de Economía, Bernardo Grinspun, a plantear una política distinta respecto del Fondo Monetario Internacional, decidiendo además que se hiciera una auditoría de la deuda privada en el Banco Central Al asumir el gobierno Raúl Alfonsín, el presidente del Banco Central, Enrique García Vázquez, dictó la circular 340/84 por medio de la cual se establecieron una serie de pautas para conocer si la deuda privada asumida por el Estado a través del mecanismo de los seguros de cambio era real o se trataba de operaciones ficticias. Después de un ingente trabajo por parte de los auditores contratados —que sólo se limitó al 50% de la deuda financiera, pues la deuda comercial se dejó de lado—, los auditores determinaron:

1.- Infracciones a la ley penal cambiaria. 2.- Autopréstamos. 3.- Confusión entre deudor y acreedor. 4.- Sumas no ingresadas al país y anomalías en la concertación de seguros de cambio. 5.- Aportes de capital, encubiertos bajo la forma de préstamos financieros. 6.- Subfacturaciones. La lista de las empresas involucrada cuyas operaciones fueron objetadas por los auditores para que se las diera de baja de los registros de la deuda es muy extensa y por demás significativa. Doy algunos ejemplos: Renault Argentina S. A., Sideco Americana, Bridas S. A., Cogasco S. A., Ford Motor Argentina, Cargill S. A., Textil Castelar, Sudamtex, Suchard, Fiat Concord, Petrolera Pérez Companc, Selva Oil, Techint, Alpargatas,Papel de Tucumán, IBM, Banco de Londres, Mercedes benz, Alto Paraná, Bank of America, etc Los mecanismos eran similares; el objetivo, también: defraudar al Estado. Esa importante, aunque limitada, investigación, fue archivada y el cuerpo de inspectores desarticulado por orden de las autoridades del Banco Central encabezadas por José Luis Machinea y Daniel Marx, sin dar oportunidad a la intervención de la justicia. Los resultados de la investigación fueron tan comprometedores para esas “grandes empresas” que se decidió no seguir adelante; a pesar de ello, una parte importante de dicha investigación fue agregada por mí a la causa, y los Dres. Alicia Galófaro, Omar Miliano y Alfredo Ghigliaza acompañaron papeles que conservaban en su poder, lo que sirvió para poner en evidencia, ante la justicia federal, otro de los aspectos del fraude. Esta mención a la deuda privada no es ociosa, ya que esta deuda, a través de sucesivas transformaciones, es parte de la deuda que se paga puntualmente y de la que ahora se piensa reestructurar, teniendo una indudable relación causal con la deuda contraída durante la dictadura. LA DECADA DEL 90 Después de los fallidos intentos económicos llevados a cabo por el grupo Bunge y Born, y la accidentada gestión del ministro Erman González, el Presidente Menem designó en 1992 a Domingo Cavallo que era su canciller, como nuevo Ministro de Economía. La deuda en llegaba a los 63.000 millones de dólares. El Dr. Domingo Cavallo, además de obtener del Congreso de la Nación la ley de convertibilidad, por la cual se establecía el valor de un peso equivalente a un dólar, con un nivel de reservas que garantizaba una emisión monetaria equivalente, consiguió la modificación de la Carta Orgánica del Banco Central, mediante la cual transfirió todo lo relacionado con el sector externo a la cartera a

su cargo y para culminar el proceso que determinaría un manejo absoluto de las operaciones financieras logró la sanción de la la ley 24.156, de administración financiera, mediante la cual se creaba la Oficina del Crédito Público Nacional. Esta repartición tenía plenos poderes para negociar la deuda con los organismos multilaterales, y para el caso de emitir nueva deuda a colocar entre inversores privados, solo debía contar con que la misma estuviera autorizada en la respectiva ley de presupuesto. Con estos tres instrumentos, Cavallo manejó a su arbitrio todo lo que estuviera relacionado con el endeudamiento. Siguiendo las indicaciones de Nicholas Brady, quien había sugerido un plan de rescate para la deuda con las instituciones financieras privadas, Cavallo a espaldas del Congreso realizó una serie de conversaciones con un comité de bancos extranjeros integrado por el Bank of America, The Bank of Tokyo, Ther Chase Manhattan Bank, Chemical Banking Corporation, Credit Lyonnais, Credit uisse, Dresdner Bank, Lloyds Bank, Marine Midlank Bank, Morgan Guaranty Trust, The Royal Bank of. Canada, The Sanwa Bank y liderados por el Citibank, llegándose a un acuerdo para efectuar una conversión de la deuda por un importe de 31.000 millones de dólares. El acogerse al Plan Brady significaba obtener una sustancial reducción de la deuda. A los efectos de estructurar el Plan, Cavallo contrató a J.P.Morgan y al Citibank a los efectos que prepararan el Plan Financiero mediante el cual se efectuaría el arreglo de esa porción de la deuda. Para los trabajos de Consultoría se contrató a Price Waterhouse. El contrato con el Citibank se firmó el 1 de enero de 1992, y casi en forma simultánea el contrato con Morgan, quien entregó el Plan Financiero en el mes de junio de ese año. En aquel mes de junio las autoridades económicas firmaron la carta de cierre enviada por el Citibank el 2 de junio por el cual se convenían las comisiones y los gastos operativos de instrumentación del referido Plan. El 4 de diciembre de ese año el Presidente Menem firmó el decreto 2321 por medio del cual autorizó al Ministro de Economía a acordar con los bancos acreedores los términos del canje de parte de la deuda, que era de 23.000 millones de dólares en concepto de capital, y de 8.000 millones de Dólares en concepto de intereses atrasados. El 6 de diciembre el Ministro firmó junto con el Presidente del Banco Central, los acuerdos para proceder al arreglo con los acreedores. Suscriptos los documentos respectivos, Menem, firmó el 11 de marzo de 1993, el decreto 407, aprobando el texto de los contratos, con todas sus documentaciones conexas. Por medio de los documentos mencionados se efectuó la conversión de las siguientes obligaciones: a) Pagarés emitidos por el Banco Central a través de varias circulares. b) Contratos de deuda de 1983 a 1987

c) Contratos de refinanciación de deuda de la provincia de Buenos Aires, de Salta Grande, Alianza, naviera y Autopistas Urbanas. d) Todos los otros bonos u obligaciones contractuales que vencieran antes del canje de los bonos. El Estado Nacional fue puesto en total indefensión en los contratos que se celebraron, y un resumen de sus cláusulas lo demuestra acabadamente. 1.- Se pactó la jurisdicción de los tribunales de Nueva York, Londres y Frankfurt. 2.- Se renunció a oponer la defensa de inmunidad soberana, aún en los procesos de ejecución 3.- Se pactaron intereses sobre intereses, consagrándose el anatocismo y violando abiertamente las disposiciones de nuestro derecho interno (que lo prohíbe a través de las disposiciones del Código Civil) También es necesario recordar que mediante los intereses pactados verdaderamente usurarios-, se violaron normas convencionales y consuetudinarias del Derecho Internacional Público y los principios generales del derecho. 4.- Además de los domicilios legales en las sedes del Banco de la Nación en Londres y Nueva York, se constituyeron domicilios alternativos en instituciones financieras a las cuales la Argentina era ajena, dejándose bien en claro que el acreedor tenía facultades para notificar en el domicilio alternativo. 5.- El Estado se hizo cargo de la totalidad de los gastos de la operatoria, aún de aquellos que correspondían a los bancos intervinientes en el canje. Tales gastos incluyeron los honorarios y gastos de asesores legales, operadores, comisionistas y aún de aquellas erogaciones sin determinar. 6.- Se estableció que si una o más disposiciones contenidas en los contratos fueran nulas, ilegales o no ejecutables, dicha nulidad, ilegalidad o no ejecutabilidad no invalidarían ni harían ilegal los términos de estos. El Estado renunció a utilizar cualquier disposición legal que tornara nulo o ilegal cualquier cláusula del contrato. 7.- Se pactó que ante cualquier controversia que pudiera suscitarse la Argentina aceptaba ser notificada por correo y en caso de que el Agente de cierre (Citibank) no notificara a la Argentina o esta no recibiera la notificación, igualmente quedaba notificada. 8.- Se estableció que los actos materia de los contratos eran de derecho privado y no de derecho público, y en consecuencia la Argentina trataba con los banqueros como un simple particular, renunciando a todos sus derechos soberanos. 9.- Se estableció que ni el Citibank ni Morgan, sus directivos, funcionarios, operadores, agentes o empleados serían responsables por cualquier medida adoptada u omitida, ni serían responsables por incumplimiento, negligencia o mala conducta. Además de estas cláusulas lesivas al interés nacional, y que no reconocen antecedentes en contratos celebrados con anterioridad, el Citibank preparó los dictámenes legales de todos los abogados de la Argentina en EE.UU, Inglaterra, Francia, Japón y Alemania, llegándose al extremo de haber redactado el dictamen del Procurador del Tesoro y del Asesor legal del Banco Central. Esta configuración de una operatoria fraudulenta sirvió para reconocer el valor nominal de títulos que valían apenas 5868 millones de dólares, pasando el Estado a suscribir obligaciones por valor

de 23.000 millones de la misma moneda. Como no podía ser de otra manera el plan de conversión tuvo el pleno apoyo del FMI y del Banco Mundial, que enviaron sendas comunicaciones a la comunidad financiera internacional, para informar sobre los compromisos asumidos por el gobierno Argentino, especialmente en todo aquello que tuviera que ver con la privatización de las empresas públicas, especialmente YPF, la flexibilización de las leyes laborales, disminución de los impuestos, y entregar al sector privado el manejo de la economía en su totalidad. Pero además tanto el FMI, el Banco Mundial y el Banco Interamericano de Desarrollo, prestaron en conjunto con el Eximbank de Japón 3600 millones de dólares para comprar las garantías de la operatoria Brady, que eran los Bonos cupón cero del Tesoro de los Estados Unidos, lo que consistió en contraer nueva deuda. Los resultados de la operatoria consistieron en una reducción del 8.1% del capital negociado de 32.670 millones de dólares, pero esa quita quedó sin efecto si se toma en cuenta el nuevo endeudamiento contraídos con los organismos multilaterales de crédito. En el año 1992, y continuando con una práctica de décadas no había documentación que avalara cual era en realidad el monto global de la deuda, en razón de lo cual se pagaban las obligaciones externas ante la simple presentación de avisos de vencimiento, y sin requerir a los acreedores que exhibieran los instrumentos que hacían a la legitimidad de las deudas reclamadas. Para solucionar este problema, Cavallo recurrió al comité de bancos que mencionáramos anteriormente y los contrató para que administraran la deuda privada y pública de la Nación, estableciendo ellos los montos de la deuda, los intereses que debían pagarse y la forma de realizar los acuerdos de conciliación. Así se ordenó finalmente el sector externo a través de contratos que costaron enormes sumas de dinero, no declaradas por la autoridad económica. Pero ello en modo alguno solucionó el problema de la deuda que siguió creciendo debido al elevado monto en concepto de servicios que se debían seguirse pagando. Respecto al costo de los contratos con el comité de bancos y con la consultora internacional, en un informe del ministro Cavallo de 1994 se consigna que tal operatoria fue muy onerosa pero en modo alguno se consignaron los montos pagados y cual fue la discriminación de los mismos. Tenemos en nuestro poder una cierta cantidad de copias de órdenes de pago efectuadas, donde no existe imputación alguna de que era lo que se pagaba, y un funcionario del Ministerio de Economía, ante mi requerimiento me informó que se pagaba a los bancos por disposición del ministro sin que existiera imputación alguna. En el caso de la consultora Price Waterhouse como los costos de la contratación parece que excedieron las previsiones se obtuvo una donación del gobierno japonés para hacer frente a los mismos, tal como surge de documentación en nuestro poder. Desde el año 1994, hasta el año 2000 se pagaron en concepto de intereses de la deuda y amortizaciones 116.648 millones de dólares, y se emitieron bonos por 77.400 millones, cubriéndose el resto con fondos provenientes de préstamos otorgados por el FMI y el Banco Mundial. Es decir que se emitió nueva deuda para pagar la vieja deuda, la que siguió incrementándose hasta llegar a la suma de 145.000 millones de dólares al Final de la Presidencia de Menem.

PRESIDENCIA DE FERNANDO DE LA RUA Durante el año 2000, el Ministro de Economía, José Luis Machinea celebró un “blindaje financiero” mediante préstamos otorgados por el FMI (USD 13.700 millones), el BID y el BM (USD 4.000 millones), el gobierno de España (USD 1.000 millones), mas lo que se comprometieron a aportar los bancos privados (USD. 10.000 millones), a los que había que sumar otros ingresos, totalizando una suma aproximada de 38.000 millones de dólares. Mediante ese procedimiento ya utilizado en otros países se pensaba afrontar vencimientos por 23.000 millones de dólares y cubrir el déficit fiscal de ese año que llegaba los 7.000 millones. En medio de los graves conflictos surgidos por la denuncia de las coimas en el Senado, la renuncia del Vicepresidente Carlos Álvarez, y una situación económica que se hacía poco sostenible, se produjo la renuncia de Machinea, y luego de la brevísima gestión de López Murphy, asumió nuevamente el Ministerio de Economía Domingo Cavallo, a quien el Congreso de la Nación le otorgó plenos poderes, contando con el voto de los dos partidos mayoritarios. A los efectos de prorrogar el pago de los bonos externos, cuyos vencimientos no se podían afrontar en el corto plazo, Cavallo a instancias de David Mulford, Presidente del Credit Suisse First Boston, realizó un megacanje de títulos, que de conformidad con los peritos que intervienen en la causa penal tramitada ante el Juzgado en lo Criminal y Correccional Federal Nº 2, aumentó la deuda en 55.000 millones de dólares. Mediante esa operación se cambiaron títulos que vencían entre los años 2001 y 2005, por títulos con vencimientos hasta el año 2031, con una tasa de interés que llegó al 16% anual, habiéndose pagado 257 millones de dólares de comisión al conjunto de bancos que intervinieron: Galicia, RioSantander, BBVA Francés, Credit Suisse First Boston Corporation, HSBC Bank Argentina, JP Morgan Securities y Salomon Smith Barney.

PRESIDENCIA DE NESTOR KIRCHNER Después de la huida de Fernando de la Rua, y la suspensión de los pagos de la deuda dispuesto por el efímero Presidente Adolfo Rodriguez Saa, su sucesor Eduardo Duhalde, se limitó a pagar los vencimientos con los organismos multilaterales, quedando casi la mitad de la deuda externa total en default. El Ministro de Economía Roberto Lavagna, tuvo que enfrentar una situación extremadamente crítica que manejó con cierta prudencia, y al ser confirmado en el cargo por el Presidente Néstor Kirchner preparó un plan para reestructurar la deuda, cuyos pagos habían quedado suspendidos.

En marzo del año 2004 se emitió el Decreto 319, por el cual se establecieron algunos lineamientos generales de la futura reestructuración, donde se autorizaba la renuncia a la inmunidad soberana del Estado en los documentos a emitir, se determinaba que las operaciones de canje eran comerciales (de derecho privado) y se volvía a contratar al estudio de abogados de Nueva York que había asesorado a Carlos Menem en la década del 90 En el año 2005, se efectuó el canje de los bonos en default por tres nuevos tipos de bonos, lo que redujo la deuda, tal como surge del siguiente cuadro.

DEUDA EXTERNA TOTAL 191.263 MD DEUDA A REESTRUCTURAR 82.000 MD DEUDA REESTRUCTURADA (Bonos Rescatados) 62.000 MD BONOS EMITIDOS 37.000 MD AHORRO OBTENIDO 25.000 MD

Aunque la deuda disminuyo en las cifras apuntadas, se emitieron un bono con un cupón atado al crecimiento, y un bono en pesos con una tasa de interés fija del 3% ajustable por el Coeficiente de Estabilizacion de Referencia (CER), lo que suponía que la deuda emitida en esa moneda crecería de acuerdo a los índices de inflación que se registraran. Con posterioridad, el Congreso de la Nación, convirtió en Ley un proyecto del Poder Ejecutivo para no reabrir más el canje de los bonos en default, pero en el año 2009, la ley quedó suspendida en su efectos por el mismo Congreso ante un nuevo pedido de la Presidencia reabriéndose el canje, que según estimaciones fidedignas efectuadas por Claudio Lozano, el descuento efectuado en los bonos fue compensado por el reconocimiento de los cupones atados al PBI desde el año 2005 hasta el 2010. La deuda que al final de la Presidencia de Menem era de 146.575 millones de dólares, alcanza actualmente de acuerdo a las cifras oficiales a 191.000 millones, habiéndose pagado desde 1981 hasta el 2001, 218.000 millones de dólares, y en los últimos años alrededor de 50.000 millones de dólares más. PAGOS DE LA DEUDA EXTERNA PÚBLICA

Años Capital Int. y comisiones cifra real pagada 1981 1.873 3.434

1982 1.475 4.924 1983 93 177 1984 450 5.537 1985 3.912 5.131 1986 1.871 4.291 1987 2.078 4.145 1988 2.054 4.678 1989 3.342 6.023 TOTAL 17.148 38.340 55.488 50.800 (atrasos Por 5.408) 1990 6.158 (*) 1991 1.128 4.068 1992 3.005 2.835 1993 6.151 2.454 1994 4.363 3.123 1995 1.136 4.104 1996 6.630 4.053 1997 14.780 5.795 1998 14.113 6.741 1999 14.749 8.295 2000 16.458 9.796 2001 16.469 10.970 TOTAL 98.982 68.392 167.374 Pagos de 1981 a 1989 50.800 Pagos de 1991 a 2001 167.374 TOTAL S. E. U. O

LA DEUDA CON EL CLUB DE PARIS Es importante recordar, que el Club de Paris, se constituyó como un grupo informal el 30 de mayo de 1956, cuando el subsecretario de Finanzas, Roberto Verrier, firmó el Acta de Paris, con los representantes de Austria, Bélgica, Francia Alemania, Dinamarca, Italia, Holanda, Inglaterra, Suiza, Noruega y Suecia, la que establecía un acuerdo para el pago de las deudas mantenidas con estos países que llegaban en conjunto casi a los 500 millones de dólares. Los convenios bilaterales celebrados por Perón, determinaban que los adelantos en cuenta corriente suministrados por los acreedores, serían pagados con las exportaciones, ya que se trataba de una deuda netamente comercial, pero el arreglo celebrado por las autoridades de facto, convertía en deuda financiera las obligaciones y obligaba al Estado a entrar en arreglos con el conjunto de países, sin poder hacerlo individualmente. El Club de París, aún cuando siguió operando informalmente se constituyó como un grupo para renegociar las deudas con estados que contrajeran cualquier otro país, y de conformidad con el

FMI, formó un grupo de significativo poder para imponer sus soluciones. Ningún país puede renegociar sus deudas con otro en forma individual, porque el mecanismo impone que se negocie con todos simultáneamente, lo que establece una relación de fuerzas completamente asimétrica, donde el deudor siempre se encuentra en inferioridad de condiciones. Las obligaciones que hoy negocia el Estado argentino tienen su origen en su mayor parte durante la dictadura cívico-militar, aún cuando últimamente algunas declaraciones públicas de los funcionarios del Ministerio de Economía, hicieron trascender que se había logrado descontar la suma de cien millones de correspondiente a deuda de la dictadura considerada fraudulenta, como si ese fuera el monto de los créditos que quedaran pendientes de pago del período 1976-1983. La realidad es sustancialmente distinta y nada tiene que ver con la exigua suma que se consignara. Cuando se comenzaron las primeras negociaciones en 1985, el monto de la deuda a renegociar era de 5500 millones de dólares y se estableció como fecha de corte el 10 de diciembre de 1983. En esa fecha (Ronda I) se llegó a un acuerdo por la suma de 2250 millones de dólares, incluidos capital e intereses, siendo importante puntualizar, que en esa fecha las estimaciones no eran definitivas, por lo cual el gobierno de Raúl Alfonsín siguió recibiendo reclamos de acreedores para la posterior conciliación. En la segunda Ronda, se sumaron montos no refinanciados en la primera y la deuda se estimó en 4250 millones de dólares hasta 1986. Luego en el acuerdo firmado en 1987 se fijó en 5303 millones. Estos montos se fueron modificando con la inclusión de otras deudas, como las de Cogasco, que entraron en las rondas llevadas a cabo durante la década del 90. Al poco tiempo de asumir Carlos Menem y firmado el acuerdo con el FMI en noviembre de 1989, comenzó una nueva ronda de negociaciones donde se incluyeron 1200 millones de dólares de atrasos en los que había incurrido el gobierno radical. Se acordó capitalizar los intereses atrasados y postergar los vencimientos para los años siguientes, efectuando pagos poco relevantes. El 19 de septiembre de 1991, se firmó el acta multilateral que puso término a la Ronda IV, consolidándose la deuda, incluidos los atrasos en 7592 millones de dólares. El último acuerdo con el Club de Paris (Ronda V) se firmó en el marco de toda la reestructuración de la deuda externa efectuada en 1992 a través del Plan Brady, que contó con la participación del FMI, el Banco Mundial y el BID. La deuda a esa fecha quedó en 8900 millones de dólares, a través de distintas reprogramaciones que se hicieron, estableciéndose un nuevo cronograma de pagos, para llegar a cancelar la misma. Fue así que a través de los pagos que se cumplieron desde 1992, hasta el año 2002, la deuda fue decreciendo de la siguiente forma 1995…………………8838 1996…………………7648 1997…………………6090 1998…………………4697 1999…………………3800 2000…………………2865 2001…………………2214 2002…………………1750 Aunque existen autores que cuestionan ese decrecimiento, ya que no hay coincidencia en muchas

de las cifras oficiales que se manejan. Lo que ocurre, es que después de la última renegociación se solicitaron nuevos préstamos al Club de Paris, por lo cual, si bien hubo por un lado decrecimiento de la vieja deuda, se realizaron nuevas operaciones, que llevaron las obligaciones a incrementarse nuevamente. Producido el default y la interrupción de los pagos, comenzó nuevamente el crecimiento de la deuda, capitalizándose los intereses, hasta llegar al anunciado acuerdo que informan los medios por una suma de 8470 millones de dólares. Hasta aquí el detalle riguroso de las negociaciones y la evolución de la deuda hasta hoy, donde por razones de síntesis no incluimos los detalles de la reprogramación de intereses, amortizaciones y punitorios por mora, pero lo fundamental que surge de las cifras y de las fechas consignadas, es determinar que importe corresponde a la deuda de la dictadura, y cual el que corresponde a los gobiernos a partir de diciembre del año 1983. Como lo indicara anteriormente, la deuda dejada por la dictadura fue de 5500 millones de dólares al 10 de diciembre de 1983, no estando incluida la deuda de Cogasco que era de 918 millones de dólares, la que fue agregada en los acuerdos de 1987. Es decir que sumadas ambas obligaciones nos da un stock de deuda proveniente de la dictadura de 6418 millones de dólares. A pesar de los pagos que se efectuaron, la deuda siguió creciendo porque se sumaron las obligaciones contraídas con Alemania para la construcción de la Central Atómica Atucha II, por un monto cercano a los 1000 millones de dólares, que si bien fue licitada durante la dictadura, los primeros reembolsos fueron posteriores a diciembre del 1983. Es decir que este crédito recibido durante la gestión de Alfonsín sería el único no cuestionable, por haber sido empleado para los fines por los cuales fue solicitado y el carácter democrático del gobierno que intervino en su efectivización. Para no citar varios documentos que así lo determinan, solo haremos referencia a la nota enviada por el Ex ministro de Economía, Dr. Domingo Cavallo, al Presidente del Club de París, Jean Claude Trichet, con fecha 5 de junio de 1992, donde le expresaba la aceptación de la propuesta de la “reprogramación de los vencimientos de las obligaciones financieras contraídas antes del 10 de diciembre de 1983 por el sector público y aquellas del sector privado cubiertas por un contrato de seguro de cambio o con garantía pública, y cuyos vencimientos ocurrirán con posterioridad al 30 de junio” También resulta importante hacer una referencia a la deuda de la empresa Cogasco, que es una evidencia más de los manejos especulativos de los inversores privados con la anuencia de los funcionarios de la dictadura, la que fue investigada por un cuerpo de auditores del Banco Central en 1984. La empresa, fue estructurada con el objeto de construir el gasoducto centro-oeste que unía a las provincias de Neuquén y Santa Fe, cruzando por La Pampa, Mendoza, San Luis y Córdoba estando controlada la sociedad por la firma Nacap BV, de Holanda. Como en casos similares se recurrió al crédito externo, y fue así que se obtuvo un préstamo por 918 millones de dólares del Amro Bank, de los cuales entraron al país 292, siendo depositado el resto en el exterior, el que fue utilizado por la empresa para diversas operaciones de pases, obteniendo importantes diferencias de cambios. Además de ello se cancelaron importaciones temporarias, que no generaban movimiento de divisas, con el dinero de la empresa existente en el exterior. Los auditores encontraron una serie de irregularidades e ilícitos, que hacían pasible a la empresa de la aplicación del régimen

penal cambiario, lo que significaba multas que iban de 1 a 10 veces el valor de las infracciones cometidas. Debido a que el grupo controlante de Nacap quebró, las acciones pasaron a ser manejadas por el Amro Bank de Holanda, que como integrante conspicuo del Club de París, impuso sus condiciones a los negociadores argentinos, para transformar deudas inexistentes en obligaciones de la República. Los auditores estimaron que las multas podían llegar hasta la suma de 3300 millones de dólares En la investigación llevada a cabo, se individualizaron con claridad las maniobras llevadas a cabo por esta empresa, sus incumplimientos contractuales, las infracciones a la ley penal cambiaria, lo que llevó a los inspectores a determinar que debían darse de baja del registro de la deuda la suma de U$D 918.3 millones, debido a "fondos no ingresados al país no-reconocimiento de cláusulas contractuales sobre tipo de pases" Sin embargo y a pesar de las evidencias incontrovertibles que surgían de toda la documentación analizada, el Jefe del Departamento de Deuda Externa del Banco Central, Dr. Carlos Melconian, elevó con fecha 24 de agosto de 1987 un informe a la Gerencia de Estudios y Estadísticas del Sector Externo, donde decía textualmente: "No obstante la baja comentada, debe señalarse que sobre la base de los lineamientos para un acuerdo final sobre el contrato del Gasoducto Centro Oeste (informe 480/160 (Expte. 105.322/86) serán refinanciados dentro del marco del Club de París los atrasos que Gas del Estado mantenía con Cogasco S.A. al 31 de diciembre de 1985 (...) Todo ello implica registrar como deuda de la República Argentina y de Gas del Estado las correspondientes obligaciones, por un monto estimado de UD$ 955 millones". El documento fue elevado por la Gerencia a la Comisión N° 2 del Directorio quien la aprobó con la firma de los Dres. Daniel Marx y Roberto Eilbaum, siendo ratificada luego por el Dr. Marcelo Kiguel, Vicepresidente a cargo de la Presidencia del Banco Central con fecha 21 de septiembre del referido año. Es decir, que si exceptuamos el crédito adeudado a Alemania, proveniente de la central atómica Atucha II, la totalidad de la deuda que se mantiene con el Club de París proviene de operaciones realizadas durante la dictadura, cuyos fondos se ignora específicamente a que fueron destinados, conforme surge de la investigación que llevó adelante el Juzgado Federal Nº 2 ANTECEDENTES SOBRE EL NO PAGO DE LA DEUDA Dadas las actuales condiciones en que se desenvuelve la economía, la discusión sobre el canje de deuda efectuado en el año 2005 y los posteriores desapareció de los medios, y los mercados financieros dejaron de ejercer la presión que era habitual ante el cumplimiento estricto del pago de las obligaciones externas. Existe un consenso general de que el tema de la deuda, aunque se ha instalado de una manera distinta en los medios, ya no ofrece problema alguno, en razón de ese mecanismo de blanqueo de lo ilícito llamado deuda “intra-Estado”. También se esgrime el argumento de la distinta relación entre la deuda y el PBI que existe actualmente y la diferencia con el año 2002, lo que se omite decir deliberadamente es que en ese año el PBI era de 99.375 millones de dólares y la deuda era 180.000 millones de dólares, mientras que en este momento la deuda llega casi a esa cifra, (176.927 para ser exactos) pero la relación con el PBI es mucho menor por la sencilla razón que el PBI estimado actual es de 350.000 millones de dólares. Otra estimación utilizada para justificar que el endeudamiento está controlado y no ofrece

problemas, es consignar la relación deuda con exportaciones, cuando es una variable que los expertos han desestimado siempre, y solo ha sido sostenida por los que pretenden buscar razones a ultranza para defender estrategias económicas equivocadas. Ese argumento que usan los que defienden la política del kirchnerismo fue precisamente el que utilizó Martínez de Hoz cuando se le tomó declaración indagatoria en el juicio de la deuda. Respecto a su explicación, los peritos de la causa Olmos, y entre ellos uno de los más eminentes economistas del país –William Leslie Chapman dijeron textualmente “Que las reflexiones que con respecto a la acumulación paulatina de endeudamiento formuló José Alfredo Antonio Martínez de Hoz en fs. 5310 y sgtes. Para quien conforme la práctica bancaria usual en el país y el exterior el endeudamiento externo al 31-3-81 era a su juicio satisfactorio con relación a la cifra de las exportaciones: a) dicha afirmación es incorrecta y carece de sentido, porque relaciona en forma directa y excluyente a dos magnitudes económicas la deuda externa y las exportaciones, cuando los importes de ambas no guardan una correspondencia bi-unívoca y excluyente de otras magnitudes económicas. La práctica bancaria en el país y en el exterior y la opinión de los economistas no se limitan a relacionar ambas magnitudes como lo hace el Dr. Martínez de Hoz, aunque en algunas publicaciones aparece como indicado; b) para descalificar la metodología de comparar la deuda externas con las exportaciones, si estas fueran 10 o 100 veces mayores de lo que son, no se podrían comparar con la deuda externa, o si son adecuadas o no, pues las divisas provenientes de las exportaciones podrían quedar absorbidas por el pago de las importaciones del mismo tamaño o aún mayores. Que así lo exponen la opinión de funcionarios internacionales y una extensa bibliografía que se utiliza en diversas universidades, entre ellas la del texto "Economy International" de Miltiades Chacholiades, editado por Mc. Graw Hillen en 1988, libro dirigido a los estudiantes, enseñanzas básicas que sí deben ser conocidas por los que ocupan cargos elevados en la conducción económica de un país. Una de las enseñanzas está en la página 367: " El superávit de cuenta corriente....significa que los activos externos netos del país que informa aumentan (o que obligaciones netas en el exterior disminuyen .Esto es muy similar a la familia que usa parte de su ingreso para incrementar sus activos (o reducir sus deudas)". Que está claro que es necesario un superávit de cuenta corriente para hacer que las obligaciones netas en el exterior (es decir deuda externa) disminuyan.También se habla recurrentemente del volumen que alcanzó la deuda en el 2001, y como la llamada falazmente política de desendeudamiento ha logrado solucionar finalmente su enorme gravitación sobre la economía, pero nada se dice sobre cómo se gestó, de la ilicitud de gran parte de las operaciones, de la ilicitud de las sucesivas refinanciaciones y todo lo ocurrido durante los gobiernos que sucedieron a la dictadura. Los discursos, las notas que vemos a diario, las expresiones públicas de la mayor parte de los economistas, parten de la concepción fatalista de que no había otra opción que negociar como se ha hecho, existiendo matices en algunos sobre algunos aspectos técnicos de cómo se efectuó la reestructuración. El tema no es fácil, y si bien presenta muchas complejidades, pueda abordarse, si se apartan los viejos preconceptos económicos que condicionan todo acercamiento a su problemática. Resulta obvio que cuando se contrae una deuda, ello supone que se la debe pagar, pero lo que no se dice, que lo que no se debe, no genera obligación alguna de ningún tipo, lo que resulta una cuestión

muy elemental. Además hay una cantidad de situaciones que muchas veces relativizan la cuestión de los pagos de una deuda. En nuestra legislación, el artículo 1198 del Código Civil, establece que en un contrato bilateral, cuando una de las partes por hechos o circunstancias imprevisibles que hicieran demasiada onerosa la obligación, no pueda cumplirla, podrá solicitar una revisión del mismo, y en caso contrario pedir su resolución. No existe razón alguna, para que este argumento que tiene que ver con nuestra ley de fondo, no haya podido servir para cuestionar las sumas que se nos exigían, pero si esto no bastara ya que se trata de nuestro derecho interno y los contratos están sometidos a la jurisdicción de los tribunales de Estados Unidos y de Inglaterra, podría utilizarse el principio sic rebus stantibus, que establece que cuando se han modificado las condiciones originales del contrato, se puede pedir la revisión del mismo, o liberarse de sus obligaciones. Como bien se conoce, las tasas de interés de los préstamos, que ahora se reclaman fueron alteradas unilateralmente, lo que trajo un crecimiento desmesurado de las deudas, y existen fallos donde se reconocieron esos cambios de situaciones como el dictado en el caso de Francia vs. Italia, por zonas territoriales de la Alta Saboya en 1932, o los argumentos que utilizara el Presidente de los EE.UU. Franklin D. Roosevelt para suspender la participación de su país en Una Convención Internacional. Un eminente jurista argentino, comentando hace una década el fallo sobre la deuda, sostuvo que hay algo que en la Argentina y en otros países del continente se ha estado eludiendo interesadamente, y es la peculiarísima entidad jurídica del presunto deudor. El Estado Nacional en virtud de su fin, el bien público o bien común tiene un rango superior al de cualquier otra persona en el ámbito de la sociedad humana. Esta superioridad deriva de la índole de su finalidad, que está constituida por el bien más alto, el bien supremo, el que desplaza y subordina a todos los otros bienes en la comunidad. El servicio del público, el servicio a la totalidad de los ciudadanos, al común de la población, no es equiparable, pues a ningún fin en particular por respetable que parezca, mucho menos a los lucros privados de las sociedades comerciales prestamistas, es decir a los bancos. Dicho de otro modo, en la deuda pública hay un esencial desnivel. Acreedor y deudor no están en el mismo plano, ni tienen la misma entidad, ni las mismas potestades. De aquí deriva lo que se ha tratado de disimular todos estos años. El Estado es una entidad soberana y una de las condiciones propias de toda soberanía reside en que ningún procedimiento ejecutorio puede ser iniciado ni cumplido contra ella, porque estos comprometerían su existencia misma y harían desaparecer la independencia y la acción de gobierno respectivo” EI Dr. Salvador M. Lozada planteaba así la condición particular que tiene el Estado frente a los mercados. Además de estas precisiones, tenemos los antecedentes de las doctrinas Calvo y Drago, recogidas y ampliadas por eminentes juristas como Feraud Giraud, que fuera miembro honorario del Instituto de Derecho Internacional y presidente honorario de la Corte de Casación de Francia, o el Dr. Pasquale Fiori, miembro titular del referido Instituto y eminente profesor de la Universidad de Nápoles, que en el siglo pasado nos legaron una doctrina que urge actualizar en beneficio de nuestros pueblos. Para terminar con estos antecedentes doctrinarios, es fundamental referirse al Profesor Alexander Nahum Sacks que fuera ministro del Zar de Rusia, y profesor de derecho en París quien publicó dos trabajos fundamentales caracterizando a la deuda ilegitima como deuda odiosa, y sosteniendo que

una deuda odiosa es legitimo no pagana. La obra de Sacks va al fondo de la cuestión de este tipo de compromisos internacionales. Decía: “Si un poder despótico contrae una deuda, no por las necesidades o el interés de su pueblo ni el estado, sino para fortalecer su régimen despótico, para reprimir a la población que lo combate esta deuda es odiosa e ilegitima para la población de todo el Estado”. Sostenía Sacks que ese tipo de deudas no era obligatoria para la Nación, era una deuda del régimen que la contrajo, una deuda personal de ese poder. Agregaba que” La razón por la cual estas deudas ilegitimas no pueden ser consideradas una carga sobre el territorio del Estado, es que no cumplen con una de las condiciones que determinan la ilegitimidad de la deuda de un Estado, a saber: que la deuda de un estado y los fondos que de ella provienen deben ser utilizados para las necesidades e intereses del estado. Las deudas odiosas, contraídas y utilizadas para fines que a sabiendas de los acreedores son contrarias al interés de la Nación no comprometen a esta última, excepto en la medida en que ha obtenido beneficios de esa deuda. Los acreedores han cometido un acto hostil en relación con el pueblo y no pueden por lo tanto, pretender que una Nación liberada de ese poder despótico asuma las deudas odiosas, las cuales son deudas personales de aquel poder”. Sacks, había recogido anteriores análisis de importantes estudiosos como Gastón Jezé y Francesco Nitti y pudo así establecer una caracterización precisa, que años después aplicaría el Dr. William Taft que había sido presidente de los Estados Unidos, cuando fue designado arbitro en el litigio que enfrentó al The Royal Bank of Canada con Costa Rica También desde el Derecho Internacional se efectuaron aportes significativos en los últimos tiempos, para encontrar soluciones que permitan encuadrar el problema en una perspectiva distinta. Desde las exhaustivas investigaciones del Dr. Pierangelo Catalano, distinguido jurista de la Universidad de Roma, que recogiendo antecedentes académicos y parlamentarios sobre esta cuestión, ha efectuado una severa condena al aspecto usurario e infamante de la deuda, basado en esa maquinación fraudulenta de los acreedores, que ya condenaba el Derecho Romano, y especialmente el Código de Justiniano, y que por supuesto condena la doctrina católica, hasta los trabajos del Profesor Sandro Schipani, también de la Universidad de Roma quien ha planteado con singular rigorismo la necesidad de manejar otro encuadramiento de la deuda, debiéndose considerar la responsabilidad de los intervinientes, el dolo y la licitud de los contratos, se han producido singulares aportes para el mejor conocimiento de los aspectos legales del endeudamiento. Schipani ha planteado que en Europa se ha vuelto a orientar el derecho hacia los fundamentos de una ética sustancial, superando la ética formal, propia de otro siglo. Finalmente cabe consignar la sustentada por el Dr. Miguel Ángel Espeche Gil, que sostuviera en 1989 la necesidad de pedir una opinión consultiva a la Corte Internacional de Justicia sobre la licitud de la modificación unilateral de las tasas de interés. Es decir que existen suficientes antecedentes jurídicos y doctrinarios para fundamentar un planteo distinto al que se ha realizado hasta ahora. Y quiero dejar presente, que los planteos jurídicos a que hiciera referencia, excepto la tesis del Prof. Sacks se refieren a deudas que no presentan las características de la nuestra, que se encuentra viciada de nulidad desde su origen. Existen algunos antecedentes históricos que pueden ilustrar con mucha claridad, como en otras épocas el repudio de la deuda, no trajo en ningún caso resultados catastróficos, ni los países que se negaron a pagar fueron siempre objeto de medidas coercitivas. Quizás el antecedente más viejo que viene a la memoria sea el repudio de la deuda externa de México, por parte del Presidente

Juárez en 1861, quién desconoció la totalidad de las obligaciones externas contraídas por el Emperador Maximiliano con Gran Bretaña, EE.UIJ. Francia y España. A pesar de las presiones que recibió la deuda nunca fue pagada. Es cierto que recibió el apoyo del gobierno norteamericano, pero se enfrentó a los acreedores europeos, mostrando que no tenía ninguna posibilidad de afrontar las obligaciones contraídas. Después de la guerra de secesión, los EE.UU. repudiaron la deuda de los estados del Sur, contraída con Francia y Gran Bretaña, y se estableció a través de la enmienda 14 de la Constitución Federal que toda obligación debía ser instrumentada por ley. En 1918, después de la revolución de octubre, el Soviet repudió la deuda contraída por los zares con EE.UU. e Inglaterra, que importaba la suma de 11.300 millones de dólares. La deuda fue repudiada, y a pesar del desconocimiento de la misma los EE.UU. siguieron comerciando con la Rusia soviética y en 1925 era su principal exportador, además del segundo inversor en bienes de capital. A EE.UU. no le interesó la naturaleza del régimen ni el repudio de la deuda, sino los buenos negocios que podía seguir haciendo en un mercado tan importante. La relación con los británicos fue diferente, pero de todas maneras la deuda se arreglo con ellos recién en 1986, mientras que los norteamericanos no cobraron nunca los créditos de hace un siglo. Estos repudios no significaron en ningún caso ni represalias política, ni económicas, y se continuaron realizando operaciones de intercambio comercial. Después de la primera Guerra mundial, la deuda aliada con los EE.UU. alcanzaba a los 11.750 millones de dólares, y Alemania en virtud de las estipulaciones del Tratado de Versalles debía a los aliados más de 33.000 millones de dólares. En 1920, ante la imposibilidad de hacer frente a los pagos que se reclamaban Gran Bretaña solicitó a los EE.UU. una reprogramación de los mismos diciendo textualmente que ese dinero lo necesita el Imperio Inglés para comprar trigo y productos porcinos para alimentar a su población”. Les resultaba inaceptable pagar la deuda a costa del hambre del pueblo. EE.UU. aceptó esa posición, en el convencimiento que no se podía someter a un pueblo al hambre para el pago de una deuda, por más legitima que ella fuera. Se produjeron diversas reprogramaciones, hasta que la deuda no se pagó mas, y EE.UU. suspendió el cobro de todas las acreencias. Como podrá observarse, la idea del no pago no responde a una idea delirante instalada por algunos agitadores, sino que tiene antecedentes muy relevantes. Cuando se analizó el problema de la deuda de Alemania y los estados de Europa con EE.UU., se creó una Comisión de Deudas de Guerra que fue analizando los préstamos y reprogramándolos, porque no sólo no podía pagar Alemania, sino que tampoco lo podía hacer Francia ni Gran Bretaña, ni Italia. Se estableció, entonces un Comité Conjunto para ver si ese no pago obedecía a circunstancias reales de la economía. A través de rigurosos análisis, se pudo establecer la falta de toda posibilidad del pago. Si este se producía iba a resultar imposible el desarrollo económico de Europa. En un momento se estableció una cifra que llegaba al 20%’ del total de la deuda a pagar por cada año, porque Gran Bretaña no podía ir más allá con sus recursos. Ante la reticencia de los EE.UU. la Comisión Conjunta de Consolidación de Deudas de Guerra dictaminó que “Aún cuando deba preservarse el principio de la integridad de las obligaciones internacionales, es incontrovertible que no se puede exigir a un país que pague a otros gobiernos sumas que excedan su capacidad de pago. Tampoco requiere del principio de la capacidad de pago que el deudor extranjero pague hasta el límite de su capacidad actual o futura. Debe permitirse mantener y mejorar su situación económica, equilibrar su presupuesto y dan una base sólida a sus finanzas y

su moneda así como mantener y en lo posible mejorar el nivel de vida de sus ciudadanos. A causa de tal resolución, el Secretario del Tesoro de los EE.UU., M. Mellows, refrendando el dictamen de esa Comisión, pronunció un célebre discurso el 31 de enero de 1938, cuando ya se había condonado la totalidad de la deuda. Dijo: “Ninguna Nación, salvo por la presión de la opinión pública y su propia necesidad de crédito puede ser obligada a pagar una deuda a otro país. La insistencia en el cumplimiento de un convenio que supere la capacidad de pago de una Nación le serviría de justificación para negarse a cualquier arreglo. Nadie puede hacer lo imposible para que el Deudor tenga la posibilidad de pagar y el acreedor pueda recibir algo. Es indispensable que el arreglo sea justo para ambos países, pero no sobre el sufrimiento económico de su pueblo. Queremos insistir en que las cláusulas imposibles están propiciando, en última instancia, que los países repudien en forma completa la deuda.” El plan Daws, elaborado en esos años decía que un país sólo puede pagar sus deudas internacionales si dispone en su presupuesto de un suficiente exceso de ingresos sobre los gastos y a su vez un exceso de exportaciones sobre las importaciones. En 1932, cuando estaba a punto de condonarse la deuda europea, el Presidente de los EE.UU. Herbert Hoover dijo: “estoy seguro que el pueblo norteamericano no tiene deseo alguno de tratar de extraer sumas que excedan la capacidad de pago de los pueblos deudores”. Después de la guerra de la independencia de Cuba, al finalizar el conflicto, EE.UU. tornó a este país como un protectorado de hecho. El Gobierno de España ante la pérdida de una de las últimas de sus colonias exigió el pago inmediato de la deuda externa cubana, y EE.UU. rechazó ese pago, sosteniendo que esa deuda, era un peso impuesto al pueblo de Cuba sin su consentimiento y por la fuerza de las armas, y fue uno de los principales males que se le ocasionaron. Agregaban que ese endeudamiento fue empleado en forma contraria a los intereses de esa Nación, entendiéndose que quienes otorgaron los créditos desde un comienzo asumieron los riesgos de la inversión. La misma garantía nacional de los créditos, además que demuestra por un lado el carácter nacional de la deuda, por el otro proclama el notorio riesgo que tuvo la deuda en su origen. Costa Rica repudió la deuda contraída por la dictadura de Tinoco con el Royal Bank Of. Canadá. Debido a eso Gran Bretaña sometió a Litigio internacional a ese país, y fue nombrado árbitro de la cuestión el Presidente de la Corte Suprema de los EE.UU. M. Taft, quien analizó el reclamo de los acreedores ingleses, y desestimó la demanda, diciendo que cualquier banco acreedor en el caso del reclamo de una deuda debe fundamentar su demanda en el suministro real de los fondos enviados al gobierno legitimo, y el banco no había podido justificar tal extremo, debido al carácter ilegal de la dictadura. Respecto a estas cuestiones de préstamos a gobiernos ilegales, debe recordarse el dictamen que emitieron en 1982 los asesores del First Nacional Bank of Chicago, quienes sostuvieron que las consecuencias para los acuerdos crediticios de un cambio de soberanía, depende del empleo de los fondos por el estado predecesor. Si la deuda del predecesor es calificada de ilegitima, es decir que los fondos no fueron empicados considerando los intereses de la población, esa deuda no puede recaer sobre su sucesor. También los EE.UU. repudiaron y nunca pagaron la deuda contraída con España cuando la independencia, y así podríamos seguir acumulando testimonios de no pago, como también

antecedentes jurídicos y doctrinarios que servirían como antecedente para justificar una posición en tal sentido por parte del Estado. Pero además hay otra serie de elementos que son realmente de extraordinaria importancia, y que tienen que ver con una adecuada fundamentación, porque hablar simplemente de no pago, o de repudio de deuda, parece más bien un slogan vacío de contenido y no una actitud seria y responsable ante una problema del de la magnitud que nos ocupa. LA CAUSA OLMOS II En el año 1992 y a raíz de una nueva denuncia presentada por Alejandro Olmos en el Juzgado Criminal y Correccional Federal No 8 a cargo del Dr. Jorge Urso, para que se investigara el endeudamiento desde 1983 hasta la realización del Plan Brady, se planteó una cuestión de competencia que fue decidida por la Cámara Federal resolviendo que interviniera el Juzgado Federal No 2 por razones de practicidad y de economía procesal, dado el alto grado de avance de la causa principal, donde se investigaban los hechos posteriores a la dictadura. El juzgado decidió formar causa por separado bajo el No 17.718, anexándose otra causa, tramitada en el año 1991, por ante el Juzgado en lo Penal Económico, a cargo del Dr. Miguel García Reynoso, donde se investigaban infracciones a la ley penal cambiaría. Después de realizada una significativa investigación, García Reynoso entendió que esta causa tenia indudablemente conexidad con la investigación llevada a cabo por el Juzgado Federal No 2.. La Fiscal interviniente, emitió un dictamen el 21 de julio de 1991, en el que indicó que “atento a las manifestaciones de los gerentes del Banco Central, es obvio que la materia investigada es una defraudación al Fisco. El Banco Central señala nada más que la existencia de treinta y nueve sumarios, lo que no es proporcional con los miles de implicados que aparecen en las investigaciones realizadas. Ello demuestra que el banco no ha arbitrado los medios para controlar las divisas” En agosto de ese mismo año, el juez se declaró incompetente, y manifestó en su resolución: “A través de la investigación de personal especializado de la Dirección Nacional de Aduanas y del Banco de la Nación Argentina, se detectaron cientos de casos de violaciones a las normas del art. 1 del régimen penal cambiario, cuya investigación y juzgamiento corresponde al Banco Central que no la ejecutó. Con respecto a la Deuda Externa, se ha comprobado que un volumen del relevamiento que se expuso no tiene un correlato con los indicadores que expresan un aumento de la actividad económica, por una inversión productiva en esas condiciones. Para decirlo de otra manera, el dinero que se prestó al país no se ve en la calle. El problema para obtener datos confiables sobre el ingreso de divisas y la posterior fuga de capitales consiste en que nuestro país fueron desmontados paulatinamente todos los organismos destinados al control de este tipo de movimientos, y es así que la autoridad monetaria llegó a ignorar el volumen de las divisas que se encontraban pendientes de ingreso” El Juez concluye afirmando que “se habría cometido el delito previsto por el art. 148 del Código Penal” considerando que el directorio del Banco Central es penalmente responsable de las violaciones al código citado. En esta nueva causa que se encuentra se pudo determinar: a) Que todos los créditos solicitados por el gobierno argentino al FMI y al Banco Mundial, y a bancos privados del exterior, han sido al sólo efecto de refinanciar la deuda cuya ilicitud fuera declarada.

b) Que el plan financiero argentino del año 1992, consecuencia de la convertibilidad de la moneda, fue instrumentado por J.P. Morgan y no por el gobierno nacional. c) Que la deuda pública de la Nación fue administrada durante algunos años por el City Bank, que lideraba un grupo de bancos extranjeros. d) Que la deuda privada, que fuera asumida por el estado, fue también administrada por un Comité de Bancos liderados por el City Bank, e integrado por el Bank Of America, The Bank of Tokyo. The Chase Manhattan Bank, Chemical Banking Corporation, Credit Lyonnais, Credit Suisse, Dresdner Bank, Lloyds Bank, Midland Bank, Morgan Guaranty Trust, The Royal Bank Of Canada, The Sanwa Bank, quienes establecieron los importes exactos de la deuda privada y la forma en que la misma seria pagada, todo ello con la anuencia del FMI, del banco Mundial y el banco Interamericano de Desarrollo. d) Que a los efectos de efectuar los trabajos de consultorías para la conciliación de la deuda, se contrató también a una firma extranjera, Price Waterhouse and Cooper, en desmedro de los órganos del estado. e) Que la investigación llevada a cabo por los auditores del Banco Central, que demostró la ilegitimidad la de deuda privada, fue desestimada por las autoridades del Banco, teniendo principal responsabilidad uno de sus directores, el Dr. Daniel Marx, actual viceministro de Economía de la Nación. En esta causa, se encuentra agregado el informe producido por la Comisión Investigadora que designara el Presidente Menem, respecto a pérdidas por la suma de 67500 millones de dólares en las operaciones del Banco Central desde 1980 hasta 1990, que fueran denunciadas por Roque Fernández, quien sucedería a Cavallo en el Ministerio de Economía. La investigación llegó a la conclusión que las pérdidas importaban la suma de 103.000 millones de dólares y los principales beneficiarios resultaban ser como siempre los grandes empresarios privados, nacionales y extranjeros. Cabe apuntar que fue una investigación archivada sin ninguna consecuencia, y el Juzgado federal No 2, debió insistir reiteradamente ante diversos organismos del Estado para conseguir copia de la misma. LA CAUSA OLMOS III A fines del año 2006, con Daniel Marcos nos presentamos en la justicia federal, para que se investigara todo el proceso de endeudamiento desde el Plan Brady hasta el último canje efectuado por Néstor Kirchner, tramitando la causa ante el Juzgado en lo Criminal y Correccional Federal a cargo del Dr. Guillermo Montenegro que se excuso de intervenir, debido a entender que existía conexidad con la causa tramitada en el Juzgado Federal Nº 2. Después de varias idas y vueltas, está causa quedó incorporada a la anterior a los efectos de continuar con una investigación integral del proceso.

A pesar de las insistentes visitas realizadas al Tribunal, los escritos presentados, la documentación que fue acompañada en diversas oportunidades, la declaración que prestamos, las causas no avanzaron porque en el Juzgado se limitaron a una simple acumulación de papeles y citar a algunos peritos del Banco Central. Un examen detenido de las actuaciones demuestra el ningún interés del Juzgado en profundizar la investigación citando a los responsables directos de los procesos, como si el problema de la deuda externa pública careciera de importancia. Las causas estuvieron virtualmente paralizadas durante años, y al asumir interinamente el Dr. Martínez de Giorgi, se pudo suponer que todo cambiaría, porque se designó una comisión de apoyo a la investigación integrada por Julio González, Miguel A. Espeche Gil, Graciela González, Néstor Forero, Héctor Giuliano y Omar Miliano, a quienes se les copia de la causa en soporte magnético para que realizaran informes que permitieran avanzar con el proceso. Ellos después de analizar el material que les había sido entregado presentaron dos informes solicitando una serie de medidas que resultaban pertinentes para contar con elementos indispensables que les permitieran llevar adelante la tarea encomendada y ser utilidad al juzgado en lo que era objeto de la investigación, no accediendo el juzgado a lo que solicitaran. Pero además, y de conformidad con las normas del artículo 1047 del Código Civil y la ley 19549 hicieron otra presentación, solicitándole al Juez que decretara la nulidad de todos los actos ilegales detectados por Ballestero en su sentencia, y aquellos que fueran indicados por los distintos peritos. La respuesta de Martínez de Giorgi no tardó en llegar, y desvinculó a los nombrados de esa comisión, con excepción del Dr. Miliano que continuó en el cargo, ya que se había negado a firmar esa presentación. Aunque la norma citada del Código Civil obligaba al juez a pronunciarse aún sin petición de parte interesada no quiso hacerlo convalidando una vez más la denegación de justicia respecto a uno de los más graves fraudes de la historia económica de nuestro pueblo. Aunque los peticionantes apelaron la decisión judicial LA DEUDA COMO UN DELITO DE EJECUCION CONTINUADA Si bien en toda la doctrina penal sobre la naturaleza y tipificación de éstos delitos, solo se hace referencia a hechos o acciones referidos a sujetos en particular, es decir a la criminalidad de actos realizados por una persona o varias en perjuicio de otra o de otras; entiendo que esa caracterización no puede resultar excluyente, en cuanto a los delitos de acción pública en los que el afectado es el Estado Nacional y en consecuencia toda la comunidad que ha sufrido las consecuencias de esos ilícitos. Es cierto que en ninguno de los tratados que he revisado existe la menor referencia a hechos de naturaleza como la que vengo exponiendo para calificarlos como delitos continuados, pero ocurre que en el caso de la deuda argentina, contrariamente a lo que ocurrido con otros procesos de endeudamiento, se ha realizado una pormenorizada investigación judicial, demostrativa de la comisión de diversos ilícitos, y actualmente -como ya señalara- existen otras causas en trámite donde también se ha puesto en evidencia esa continuidad delictiva ya demostrada en sede penal, por lo que me pareció oportuno plantear el caso de la deuda argentina como un delito continuado, lo que determinaría invariablemente la imprescriptibilidad del mismo, con el consiguiente juzgamiento de sus responsables y coparticipes. Por otra parte los doctrinarios del derecho penal en la Argentina, los civilistas, administrativistas y constitucionalistas han

ignorado totalmente –salvo excepciones honrosas- la existencia de tales causas judiciales. Los medios de prensa también se han encargado de silenciar las investigaciones y prominentes figuras de la dirigencia política jamás han hecho referencia alguna a su existencia. Aceptando el esquema planteado por el eminente jurista Eugenio Zaffaroni, que nos parece el más adecuado para tipificar el delito continuado en lo que hace a la deuda argentina y definir con rigor los parámetros que la encuadran, debe tenerse en cuenta: a) LA CONEXIÓN ESPACIAL Y TEMPORAL.- Existe conexión espacial y temporal, ya que la deuda originada durante la dictadura cívico-militar es la misma que ha sido materia de refinanciaciones permanentes desde 1983 hasta hoy, tal como surge no solo de las constancias obrantes en las causas penales ya citadas, sino también de los datos que se consignan en las distintas leyes de presupuesto, y en muchos de los decretos por los cuales el Poder Ejecutivo autorizara la emisión de bonos. b) UNIDAD DE FINALIDAD.- Está dada, porque en todos los casos la finalidad de las reestructuraciones ha sido la misma; el diferimiento de los pagos y la amortización de parte de las obligaciones. c) SIMILITUD EN LA FORMA DE EJECUCION.- Si se verifican todos los contratos de canjeespecialmente los celebrados durante la década del 90- y los decretos que los autorizaron, también se advertirá en ellos la existencia de cláusulas similares, donde el Estado renuncia a una cierta cantidad de derechos que le asisten como país soberano y solo tiene obligaciones a cumplir, mientras que los acreedores y los intervinientes en las distintas operaciones carecen de cualquier eventual responsabilidad. Es decir que no existe una equitativa o razonable contraprestación propia de los contratos bilaterales, sino la imposición de exigencias claramente antijurídicas. d) SEMEJANZA DE LOS TIPOS REALIZADOS.- Los procedimientos realizados han sido siempre de la misma naturaleza: el dictado de decretos de necesidad y urgencia, la reiterada marginación del Congreso nacional, la constante realización de negociaciones secretas no informadas al parlamento, desconociéndose el principio republicano de la publicidad de los actos de gobierno. e) IDENTIDAD DEL TITULAR DEL BIEN JURIDICO.- En todos los casos las refinanciaciones de la deuda han afectado al estado, y en consecuencia a la comunidad argentina en su conjunto, que debe continuar asumiendo el pago de obligaciones producto de hechos delictivos. Esta caracterización del endeudamiento externo como un delito de ejecución continuada –me parece mejor denominarlo de esa manera- no es susceptible de prescripción alguna hasta que no se termina su consumación definitiva, ya que como apunta Zaffaroni: “Al delito continuado le será aplicable la regla del artículo 63 (del C. Penal), es decir que la prescripción comenzará a correr desde que cesa la última parte del mismo” En lo que hace a la responsabilidad penal que cabe a los funcionarios que han intervenido para que el ilícito se siguiera configurando, me parece muy clara la definición que hiciera Manzini para quien “el estado de consumación del mismo se inicia pero no se agota en el momento en que se integran los elementos y las condiciones de punibilidad…es natural que quien da lugar a la prorrogación de dicho estado deba considerarse como copartícipe” LAS DIFERENTES ETAPAS DE CONSUMACION

Resulta más que evidente que durante la dictadura se gestó todo el proceso de endeudamiento, de acuerdo con las pautas ya señaladas en la sentencia de la justicia federal. Es decir el injusto originario parte de allí, lo que no solo implica a las autoridades del Estado, sino a todos los grupos empresarios, cuyas deudas fueron estatizadas, no tratándose de obligaciones genuinas, como he mostrado, sino de operaciones ficticias. Esa sería la matriz del endeudamiento y constituiría la primera etapa del delito. Con posterioridad y durante el gobierno constitucional de 1984 a 1989, se aceptó en su totalidad el endeudamiento, perfeccionándose la incorporación de la deuda privada al Estado, a través de disposiciones del Banco Central. . Aquí se produce la prórroga y perfeccionamiento del delito, por lo que podríamos definir a esta como la segunda etapa de la consumación. Durante la década del 90, se perfeccionaron todos los instrumentos contractuales para pretender legitimar la totalidad de la deuda, y se contrajeron nuevas obligaciones para el pago de las anteriores, produciéndose un notable incremento de la deuda que pasaría de 63.000 millones de dólares en 1993 a 150.000 millones en 1999. En esos años y a través de los diversos documentos firmados la ilicitud e ilegitimidad de los actos alcanzó su máxima expresión al renunciar el Estado a todas sus prerrogativas inherentes a su condición soberana. En efecto se firmaron obligaciones imposibles de cumplir transgrediéndose los principios generales del derecho, además de firmarse contratos claramente ilegales. Esta sería la tercera etapa del delito. Al asumir la presidencia el Dr. de la Rúa en diciembre de 1999, se continuó con la prórroga de la actividad delictiva a través de un promocionado blindaje financiero y luego de un megacanje de títulos por el cual la justicia lo ha procesado junto con el que fuera su ministro de economía y otros funcionarios de la cartera. Esta sería la cuarta etapa del delito. Si bien con la presidencia del Dr. Duhalde, en el año 2002, se produce el default de una parte de la deuda, se siguen pagando las restantes obligaciones fraudulentas, al cancelarse deudas con el FMI, con el Banco Mundial y algunos bancos privados, con lo cual entraríamos en la quinta etapa del delito. Con el advenimiento de las nuevas autoridades en el año 2003, se efectuó en el año 2005 una nueva y promocionada reestructuración de la deuda. Posteriormente se resolvió cancelar la deuda con el FMI, y se resolvió continuar emitiendo bonos para financiar el pago de obligaciones que vienen arrastrándose desde 1976, con lo cual eventualmente entraríamos en la última etapa del delito. Es importante que consigne, que las autoridades de los diversos gobiernos que se sucedieron desde 1983 en adelante tuvieron perfecto conocimiento de la existencia de las causas que llevaba adelante la justicia federal, debido que muchos de sus funcionarios continuaron en sus cargos y fueron a prestar declaración, además de que el juzgado interviniente envió una importante cantidad de oficios y notas pidiendo documentación al Banco Central y al Ministerio de Economía.

Por si esto no bastara, en dos recursos de amparo presentados en los años 2004 y 2005, se comunicó formalmente a la Presidencia de la Nación de la existencia de diversas acciones legales donde se encontraban documentados los ilícitos relacionados con la deuda. También cabe aclarar que todas las emisiones de títulos realizadas a partir de los años 90, no se efectuaron para efectuar inversiones productivas, sino con el único propósito de seguir pagando la deuda. Es decir que si bien esos bonos son lo que se ha dado en llamar “deuda nueva”, se trata simplemente de emisión de títulos colocados en el mercado internacional para refinanciar la vieja deuda. El mismo carácter tiene los préstamos efectuados por el Fondo Monetario Internacional, y esto no es una apreciación subjetiva, sino que surge claramente de los distintos mensajes de elevación del presupuesto de los distintos años, efectuado por el Poder Ejecutivo al Congreso de la Nación. Como ejemplo tomamos el mensaje de elevación del presupuesto correspondiente al año 1997 donde se dicte que la falta de divisas “obligó al Gobierno Nacional a requerir mayor financiamiento para afrontar los servicios de la deuda” o el correspondiente al año 1998 donde se dice:”Los préstamos a mediano plazo de organismos internacionales ocupan un importante papel en el financiamiento del gasto público” agregándose que las fuentes financieras –es decir emisión de bonos y los préstamos de los organismos multilaterales- estaban destinados a cubrir déficit financiero, inversión financiera y amortización de la deuda” En síntesis que se pagó deuda fraudulenta con la emisión de nueva deuda, la que en sus modalidades de emisión, respondió a las mismas irregularidades operativas de aquella, continuándose con aquel delito originado en 1976, y que fuera caracterizado debidamente en cuanto a sus alcances por la justicia. Por otra parte no existe ningún eximente de responsabilidad, fundado en el desconocimiento de las investigaciones, o en que las operaciones subsiguientes al año 1983, fueron decisiones políticas del Estado, ya que éste no puede en ningún caso, negociar deudas originadas en delitos debidamente probados en sede judicial. Además esas negociaciones que dieron continuidad al delito, violaron en forma expresa diversas disposiciones legales como la ley 23062 dictada por el Congreso, por medio de la cual se determinó que carecían de validez jurídica todas las normas y actos administrativos emanados de las autoridades de facto, producto de un acto de rebelión, y la ley 23.854, en cuyo artículo 1º se estableció que se rechazaban las cuentas de inversión presentadas por el Poder Ejecutivo Nacional, correspondientes a los años 1976, 1977, 1978, 1979, 1980, 1981, 1982 y 1983. Es decir que si además de rechazarse las cuentas de inversión de los años de la dictadura, se desconocieron todos los actos y normas administrativas del régimen, no resulta admisible que esos actos hayan sido reconocidos por actos discrecionales posteriores, no provenientes de una ley modificatoria de las citadas anteriormente. Esta tesis sobre la deuda como delito continuado, tiene una clara significación en cuanto a los alcances de la responsabilidad penal de los autores del endeudamiento, que no podrían acogerse a los beneficios de la prescripción, ante la vigencia actual del injusto que sigue perpetuándose hasta nuestros días. No está demás mencionar que en todas estas operaciones de refinanciación

intervinieron un conjunto de funcionarios que permanecieron en la administración del Estado durante distintos períodos gubernativos, ocasionando en cada caso ingentes perjuicios a la Nación. LA AUDITORÍA DEL ECUADOR Debido al reclamo de organizaciones sociales como Jubileo 2000 Red Guayaquil, el Presidente del Ecuador, Rafael Correa Delgado, firmó en julio de 2007 el Decreto Ejecutivo 472 por el cual se creó la Comisión para la Auditoría Integral del Crédito Público (CAIC) que llevó a cabo una intensa tarea de investigación durante todo el año 2008, presentando los resultados finales al pueblo el día 20 de noviembre de ese año. Los comienzos del trabajo fueron dificultosos debido a que la búsqueda de documentos fue entorpecida sistemáticamente por los distintos funcionarios del Banco Central y del Ministerio de Finanzas, muchos de los cuales venían de administraciones anteriores y habían participado en negociaciones con el FMI, el BM y el Club de París. Se pudo descubrir que una cantidad importante de documentos habían sido destruidos, y no fue fácil ordenar el caos de papeles existentes en los archivos del Banco Central. A pesar de todos los obstáculos que se debieron sortear, se pudieron llegar a analizar los principales aspectos de la deuda, desde su origen en la dictadura militar que tomara el poder en el año 1976, debiendo recordarse que las autoridades militares desplazadas en ese año habían cancelado en 1975 la llamada deuda inglesa que provenía de la época de la independencia del país. No es mi intención contar un proceso que es ajeno a estos antecedentes, pero si me parece importante, mostrar la similitudes existentes entre la deuda ecuatoriana y la de la Argentina, ya que los procesos fueron idénticos, las formas de contratación similares, los acreedores casi los mismos, y el sometimiento del país a las decisiones del poder financiero revistió las mismas características de las observadas en gran parte de Latinoamérica Haciendo un resumen comparativo de los procesos de endeudamiento de la Argentina y el Ecuador, se puede determinar que en ambos países: 1.- La deuda se originó durante la dictadura militar que tomó el poder en 1976. 2.- Parte importante de esa deuda fue destinada a la compra de armamentos y a pagos de intereses 3.- A la finalización de las dictaduras (Argentina en 1983 y Ecuador en 1979) los gobiernos surgidos de elecciones libres refinanciaron las obligaciones sin cuestionarlas. 4.- En 1982 se estatizaron las deudas privadas. 5.- En 1992 (Argentina) y 1993 (Ecuador) se acogieron al Plan Brady. 6.- En el año 2000 (Ecuador) y 2001 (Argentina) se hicieron megacanjes de bonos. 7.- Los contratos celebrados fueron impuestos por los acreedores, no tratándose en ningún caso de acuerdos discutidos libremente. 8.- Todas las clausulas que he citado en las páginas anteriores respecto al Plan Brady, fueron comunes en los contratos celebrado en el Ecuador no solo respecto a ese plan sino con anterioridad. 9.- Los abogados norteamericanos que fueron contratados para asesorar e intervenir en los procesos de refinanciación fueron Cleary, Glottlieb, Steen & Hamilton.

10.- Los dictámenes que establecieron la legalidad de las clausulas contractuales de las operaciones fueron preparados por los abogados de los acreedores. 11.- Los dictámenes de los Procuradores de la Nación fueron también redactados por los acreedores y enviados a los países en idioma inglés para que fueran traducidos y firmados por estos funcionarios. 12.- En todos los casos se estableció la prorroga de jurisdicción, y se renunció a oponer la defensa de inmunidad soberana. 13.- También se renunció a todo derecho de defensa que pudiera otorgar la legislación interna o aún el derecho internacional. 14.- En todos los casos las refinanciaciones aumentaron la deuda por la constante capitalización de intereses, no habiéndose obtenido una reducción de la misma. 15.- El Fondo Monetario Internacional, el Banco Mundial y el Banco Interamericano de Desarrollo, prestaron el dinero necesario junto con el Eximbank de Japón para comprar las garantías colaterales del Brady, aunque sus normas le impedían hacer este tipo de operaciones que se realizaron unicame nte para beneficiar a los bancos acreedores. 16.- Se violó el derecho interno, y el derecho administrativo vigente. 17.- Al pactarse que los contratos eran de derecho privado (iure gestionis), se aceptó ser tratado como un comerciante convencional, renunciando a los fueros que tiene un Estado soberano. 18.- En el caso del Plan Brady, se constituyeron domicilios en instituciones financieras ajenas al país. Podríamos seguir mencionando una enorme cantidad de similitudes, pero creo que con estos ejemplos resulta más que suficiente para entender la matriz impuesta en la configuración del fraude. Sintetizando todo ello queda en evidencia que en todas las negociaciones que se realizaron tanto en la Argentina como en el Ecuador hubo 1.- Abuso de derecho 2.- Violación del orden público 3.- vicio de consentimiento 4.- enriquecimiento ilícito 5.- distorsión del significado del crédito público 6.- desconocimiento del derecho administrativo 7.- lesión al patrimonio público A todo ello debe sumarse la existencia de actos irregulares, delitos de acción pública, actos ilícitos, en un marco de la permanente ilegitimidad que ningún funcionario se atrevió a cuestionar en décadas.

REFLEXION FINAL Hace ya muchos años que el tema del endeudamiento se constituyó en el principal obstáculo para el desarrollo de los países pobres y de aquellos emergentes que tratan infructuosamente de mejorar sus economías, resultando una cuestión que condiciona el futuro como naciones independientes. El poder del Estado fue sustituido por el poder de los bancos, que como cabeza visible del poder financiero transnacional, especulan, condicionan, someten, deciden y son los

verdaderos autores de los planes de ajuste estructural que invariablemente se suceden, como resultado de las políticas que también aconsejan aplicar los organismos multilaterales de crédito. Se configuró un modelo, buscando consolidar cada vez más el poder de los mercados financieros, aumentando los márgenes de exclusión social hasta límites intolerables, sin que exista preocupación por los enormes contingentes de seres pauperizados que están sembrando el planeta con su miseria aterradora. La deuda de los países del tercer mundo era en 1994 de un billón novecientos cuarenta y cinco mil millones de dólares, habiendo aumentado hasta hoy a dos billones doscientos mil millones de la misma moneda, con pagos promedio en conjunto que exceden los 225.000 millones por año, lo que debe dar una idea aproximada de la transferencia de recursos que se opera en beneficia de los grupos financieros hegemónicos. El Dr. Pierangelo Catalano, distinguido jurista de la Universidad de Roma, ha señalado con lucidez que la deuda externa “es la esclavitud del tercer milenio”, y creo que esa esclavitud a que nos somete, responde a una clara ideología con viejas raíces en el pensamiento occidental, que pretende imponernos el capital globalizado, siendo un eficaz instrumento de dominación como puede advertirse a través de los ejemplos mostrados en estas páginas, que confirman esa incontestable evidencia. Es necesario observar que todo el proceso de endeudamiento no es algo que comenzara solamente hace veinticinco años, sino que por el contrario arranca desde los albores de nuestra vida independiente, habiéndose convertido en un fenómeno verdaderamente estructural, debiendo exceptuar muy contados periodos en los que no tuvimos que afrontar los planteos extorsivos de los acreedores externos. Si la responsabilidad que tienen en la constitución de la deuda, los prestamistas es más que notoria, se debe reconocer que ellos evaluaron las posibilidades de obtener cuantiosos réditos de sus inversiones, careciendo de todo escrúpulo para sobornar y corromper a todos aquellos que con una indudable vocación de sirvientes, trabajaron con eficiencia para cumplir con los mandatos de sus amos. Estos perduellis modernos, no se limitaron a ejercer la representación de los mercados financieros, trabajando activamente a favor del capital transnacional, sino que llegaron a ejercer las más altas funciones en la estructura del estado, convirtiendo a este en un ente tributario de maniobras especulativas y fraudulentas. Resulta muy interesante e ilustrativo realizar el análisis económico del proceso de endeudamiento, sus diferentes variables, las distintas contingencias derivadas de políticas interdependientes, los desequilibrios presupuestarios, las cuentas de inversión, el déficit fiscal, el sistema tributario inequitativo, pero también urge identificar con precisiòn a los autores, estableciendo el nivel de participación y compromiso de cada uno, y no hacer referencias genéricas a tal o cual funcionario o régimen político, porque de tal manera se diluyen las responsabilidades efectivas, y entonces todo se reduce a señalar conductas equivocadas, a las que siempre se puede llegar a justificar. El voluntarismo unilateral y ciertas formas de activismo se han agotado y no resultan eficaces, siendo necesario generar otras formas de oposición a este imperialismo monetario, que tengan la fuerza suficiente para enfrentar al poder financiero, haciendo oir nuestros reclamos en los organismos internacionales que están obligados a adoptar decisiones que respondan a los principios generales del derecho, a los claros preceptos del derecho internacional, poniendo freno a la apetencia de los acreedores, que se manejaron hasta ahora con una libertad irrestricta en sus

exigencias. Ellos han formado de facto un sistema triangulare que funciona invariablemente en la relación con los países deudores. EL Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial por un lado, los bancos privados por el otro y los países agrupados en el llamado Club de París en el tercer segmento. No existe ninguna posibilidad de efectuar arreglos individuales o de carácter bilateral con algunos de estos grupos porque siempre se pone como condición irrecusable, obtener la conformidad de alguna de las otras partes que hemos señalado en cualquier proceso de renegociación que se decida encarar. Esta realidad que se observa en cualquiera de los países endeudados, desmiente la falacia de los que sostienen que el tema de la deuda es especifico de los bancos privados, y excepcionalmente pueden estar involucrados los gobiernos. En todos los casos, hay una coincidencia operativa entre el sistema financiero, los organismos multilaterales y los gobiernos que los controlan e influyen en la toma de sus decisiones. Mientras ellos elaboran estrategias comunes, obstruyen sistemáticamente la posibilidad de la formación de un grupo de países deudores, que puede articular una estrategia común para discutir las obligaciones que se reclaman Aunque debiera ser un tema de conocimiento público, pareciera que solo un reducido grupo de especialistas conoce lo que significa el endeudamiento externo, y en los ámbitos académicos se habla un lenguaje técnico que ronda la periferia de la cuestión, quedando todo reducido a explicaciones macroeconómicas, donde el sujeto de la historia, el hombre concreto es solo una referencia numérica que carece de mayor significación. Para terminar con esos singulares criterios de estudio, es necesario realizar una investigación que llegue hasta las últimas consecuencias, desentrañando los orígenes de la deuda, sus características opresivas, sus mecanismos implacables de sometimiento, sus condicionalidades, su notable eficacia como instrumento de dominación. Teniendo en cuenta esos significados resulta ocioso embarcarse en largas disquisiciones sobre el futuro argentino, elaborar propuestas interesantes, proyectar medidas posibles o planes alternativos para eliminar la pobreza, si se continúa con el mismo mecanismo de siempre: pagar y refinanciar, aceptando que los delitos y la ilegitimidad son susceptibles de ser negociados, cuando lo que corresponde es la denuncia de lo ilícito y la persecución penal de sus responsables. Hay una nutrida elite de funcionarios que desde hace más de 40 años se han alternado en el mando de la gestión pública y en la fundamentación teórica de ciertas políticas, observando una rigurosa fidelidad a las pautas económicas que se estructuran en el exterior. Mientras esos grupos, que muchas veces parecen enfrentados por criterios diferentes, pero cuyo objetivo es el mismo, no sean barridos de la administración del Estado, y sometidos al enjuiciamiento que corresponda, no existe la menor posibilidad de que seamos una Nación independiente. Y así seguiremos con el sistema de pagos continuos y refinanciaciones consecuentes; los aspectos fundamentales que hacen al bienestar del pueblo seguirán condicionados a las obligaciones que origina la deuda, porque siempre los fondos destinados para el pago de los acreedores, además de tener prioridad sobre los gastos en salud, educación, asistencia social, quitarán los recursos que resultan necesarios para el desarrollo del país, y la soberanía económica será una más de las tantas ficciones con las que se ha engañado sistemáticamente a toda la comunidad. Los grandes defraudadores del Estado, siguen operando con total impunidad, el principal

responsable del origen del endeudamiento fue sobreseído por un juez irresponsable y complaciente y sus colaboradores jamás tuvieron que defenderse por imputación alguna, ya que algunos de ellos solo prestaron declaración testimonial. Los funcionarios de la democracia que manejaron el Banco Central y el Ministerio de Economía, que aumentaron el endeudamiento jamás pasaron por tribunales, porque el Juzgado Federal Nº 2 no activa las denuncias de las causas Olmos, lo que constituye un verdadero acto de denegación de justicia. La causa del megacanje, hoy tiene como único procesado a Cavallo y está por prescribir. Después de la reestructuración del 2005, aunque la deuda bajó no más de un 20%, continuó su crecimiento en los años posteriores a través de los mecanismos de bonos atados al PBI y a la inflación. Existe dinero de las reservas del Banco Central para pagar deuda, pero no para aumentar los presupuestos de salud y educación; y la fecha para la supuesta cancelación de la misma, es recién en el año 2089, aunque dado el nivel de refinanciaciones, es posible que esa fecha se extienda ilimitadamente. Estos antecedentes que mostramos, deben servir para la reflexión, el análisis de lo que significa el capitalismo, como opera su mundo financiero y la imposibilidad de salir de él a través de políticas que sigan encubriendo la iniquidad de un sistema injusto. La renuncia a la soberanía en los contratos de deuda, no fue solamente una exigencia contractual de los acreedores, para poder someter al país a su propia potestad jurisdiccional, sino la acción simbólica de que el poder real sobre nuestra propia economía se ejerce fuera de nuestras fronteras, ya que el realismo periférico así lo ha determinado. Recuperar la soberanía y reconstruir un Estado distinto es un imperativo al que no debemos renunciar, aunque los discursos banales de la dirigencia política pretendan convencernos que con una buena administración de los recursos y eliminando las prácticas corruptas todo se solucionará. La cuestión de lo que somos y de lo que debemos ser no puede estar atada a las formalidades de una democracia que enriquezca ilícitamente a unos pocos, y que permita millones de asignaciones para que los pobres continúen siendo cautivos de modos clientelistas de ejercer el poder. La deuda es un subsistema del capitalismo global, que solo empobrece, condiciona y dirige recursos para los más ricos. Enfrentarla con decisión, cuestionarla, e identificar a sus responsables puede ser un comienzo para ir destruyendo las estructuras del privilegio y la marginación.

Por Alejandro Olmos Gaona Primera parte en: http://www.deudailegitima.org/titular.php?id=236 http://www.deudailegitima.org/titular.php?id=240

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