fray Domingo Cosenza OP

Josué - Jueces

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Lectura de la Biblia

Una lectura de la historia a la luz de la Alianza
El credo israelita no es un catálogo de dogmas doctrinales abstractos, sino una secuencia de intervenciones salvíficas de Dios en la historia. La Biblia no enraíza la fe y la ética, no en principios filosóficos de carácter especulativo, sino en el marco de la historia. El Dios de la Biblia no es una divinidad cósmica o metafísica, al que se llega por vía de especulación, sino que se hace presente y salva al hombre desde el seno de la historia. Pero la historia bíblica no es una narración neutral de los hechos. La historia, en efecto, se puede leer desde diversos ángulos (económico, político, social), que proporcionan el criterio de selección del material disponible, y la clave de interpretación de los hechos. Así, las dificultades para conseguir una ocupación total del país y los altibajos en los logros militares obtenidos por los israelitas frente a sus adversarios se pueden explicar a partir de la comparación de los medios disponibles de cada bando, o de su ubicación estratégica. Este enfoque lo utilizo en otro trabajo que he redactado («Historia de la Biblia»). La lectura teológica de la historia de Israel, en cambio, llevó a los redactores a interpretar los acontecimientos a la luz de una Alianza que Dios ha realizado con el pueblo. De modo que aquello que, para la mayoría no era más que una de tantas salidas de nómadas que abandonaban Egipto, para los historiadores bíbli
En la Biblia hebrea el conjunto de libros desde Josué a Reyes se denomina los «profetas» (nebi’im), componiendo un grupo de cuatro rollos que recibe el nombre de «profetas anteriores», en contraposición a los «profetas posteriores» (Isaías, Jeremías, Ezequiel y los doce menores), los cuales se presentan a su vez en forma de otros cuatro rollos. 1

I-II Samuel

Deuteronomio

Números

Génesis

TORAH (Ley) Pentateuco

Levítico

Éxodo

I-II Reyes

Jeremías

Jueces

NEBIIM (Profetas) Profetas Anteriores Profetas Posteriores

Los Doce

Josué

Ezequiel

Isaías

Una historia profética
Una de las razones para caracterizar como «proféticos» al conjunto de libros Josué-Reyes es la presencia de profetas en los momentos clave: en los comienzos de la monarquía intervienen Samuel y Natán (1 Sam 9-10; 16; 2 Sam 7); durante la construcción del templo profetiza Gad (2 Sam 24); el cisma de los dos reinos es anunciado por Ajías de Silo (1 Re 11-12); ante el peligro arameo alza su voz Miqueas, hijo de Yimlá (1 Re 22); el sincretismo religioso en tiempo de Ajab y Jezabel es denunciado por Elías y Eliseo (1 Re 17-19; 2 Re 2-13); frente a la invasión asiría, exhorta a la confianza Isaías (2 Re 18-20); ante el descubrimiento del libro de la ley en el reinado de Josías, anuncia las desgracias del icumplimiento la profetisa Juldá (2 Re 22-23).

cos es el «Éxodo», la mayor experiencia de la acción liberadora de YHWH, que constituye el acontecimiento fundante de la historia de la salvación. Y aquello que para los demás era sólo una de tantos episodios de destrucción imperialista asiria o babilónica, para los autores de los libros proféticos era expresión del justo juicio de Dios, que prueba y castiga a su pueblo con el fin de moverlo a conversión. También los relatos de los libros de Josué y Jueces interpretan la historia de Israel con una mirada retrospectiva desde el fracaso del proyecto monárquico que llevó al exilio. Desde esta óptica la ruina de la nación habría sido provocada por la infidelidad a la Alianza pactada con YHWH. De este modo se comprende que, para introducir la situación de emergencia que suscita la aparición de cada uno de los Jueces, los narradores usen repetidamente la fórmula: «los hijos de Israel hicieron lo que desagradaba a YHWH... Entonces se encendió la ira de YHWH».

La marca del Deuteronomio
La narración se remonta hasta las vísperas de la entrada en Canaán, para mostrar cómo habían recibido los israelitas la tierra, junto con todos los demás bienes. En su análisis de la historia, el redactor de estos libros considera que la tierra le fue otorgada a Israel como cumplimiento de una promesa de Dios. Se trata entonces de un don divino: «os la daré en herencia» (Ex 6,8). Pero este don está condicionado a la observancia de las cláusulas de la alianza. Así lo proclama con toda rotundidad una y otra vez el
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Don de Dios y tarea humana
«Mira, yo pongo hoy ante ti vida y felicidad, muerte y desgracia. Si escuchas los mandamientos de YHWH tu Dios que yo te prescribo hoy, si amas a YHWH tu Dios, si sigues sus caminos y guardas sus mandamientos, preceptos y normas, vivirás y multiplicarás; YHWH tu Dios te bendecirá en la tierra a la que vas a entrar para tomarla en posesión. Pero si tu corazón se desvía y no escuchas, si te dejas arrastrar a postrarte ante otros dioses y a darles culto, yo os declaro hoy que pereceréis sin remedio y que no viviréis muchos días en el suelo que vas a tomar en posesión al pasar el Jordán. Pongo hoy por testigos contra vosotros al cielo y a la tierra: te pongo delante vida o muerte, bendición o maldición. Escoge la vida, para que vivas, tú y tu descendencia, amando YHWH tu Dios, escuchando su voz, viviendo unido a él; pues en eso está tu vida, así como la prolongación de tus días mientras habites en la tierra que YHWH juró dar a tus padres Abraham, Isaac y Jacob» (Dt 30,15-20).

libro del Deuteronomio que, no sólo es el preámbulo del conjunto de estos libros históricos, sino que, además, da a esta corriente narrativa el nombre de deuteronomista. Una vez establecida la correlación entre «fidelidad a la alianza = permanencia en la tierra» e «infidelidad a la alianza = expulsión de la tierra», ya tiene el narrador en su mano una medida para someter a examen la historia. No puede dejar de advertirse en el relato de Reyes un llamativo contraste, que evidencia la convergencia de dos motivaciones muy diferentes en el texto. Una costura poco sutil mostraría la existencia de dos ediciones de la obra deuteronomista: «No hubo antes de él [Josías] ningún rey que se volviera como él a YHWH, con todo su corazón, con toda su alma y con toda su fuerza, según toda la ley de Moisés, ni después de él se ha levantado nadie como él. Sin embargo, YHWH no se volvió del ardor de su gran cólera que se había encendido contra Judá por todas las irritaciones con que le había irritado Manasés» (2 Re 23,25-26). El elogio del piadoso rey podría ser el final de la primera edición, que concluiría con un magnífico ejemplo de las actitudes exigidas por el Deuteronomio (cf. Dt 6,5). El recuerdo del impío rey Manasés presenta todos los indicios de ser una edición posterior, que describe todas las desgracias que comenzaron con la muerte inesperada de Josías.
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La primera edición (Dtr 1) habría sido compuesta como una «literatura de propaganda», cuya postura optimista mostraba a Josías como un nuevo David, restaurador de un reino que representaba el cumplimiento de la promesa de «la tierra que YHWH juró dar a vuestros padres Abraham, Isaac y Jacob, y a su descendencia después de ellos» (Dt 1,8). Con el declive del dominio asirio al fin parecía posible que Judá pudiera expandirse hacia el norte, para crear un reino que abarcara todo Israel. Josías ya había logrado tomar control de Betel y «las ciudades de Samaría» (2 Re 23,15.19). Completar el sueño requeriría una propaganda vigorosa. Y así se reunieron y reelaboraron las tradiciones más antiguas del pueblo. La historia deuteronomista venía entonces a relatar una epopeya de la conquista de Canaán, con escenas de batalla en los mismos lugares donde se debía acometer su nueva conquista de la tierra. El libro de Josué, precedido quizás de algunas partes de Deuteronomio, tendría la finalidad de presentar el poderío de YHWH como una réplica del poder de Asur, el dios de los asirios, y las acciones militares de Josías como una nueva conquista de la tierra prometida. La muerte prematura y violenta de Josías, junto con la destrucción de Jerusalén y el exilio en Babilonia, truncaron todas las esperanzas. El optimismo se cambió en pesimismo. Fue necesario elaborar una nueva edición adaptada a la nueva situación (Dtr 2). Ahora se trataba de una «literatura de crisis». Esclavizados por la tiranía de Babilonia, desterrados lejos de le patria, los exiliados se veían tentados a proferir palabras de acusación y de protesta contra Dios, porque les parecía que estaba faltando a la fidelidad, incumpliendo la palabra dada. Pero el deuteronomista recurre al pasado para explicar por qué el pueblo se veía expulsado de la tierra que YHWH le había prometido. La conclusión a la que llega la expresa de manera clara hacia el final de la obra:

El por qué de un fracaso
«Esto sucedió porque los israelitas habían pecado contra YHWH su Dios, que los había hecho subir de la tierra de Egipto, de bajo la mano de Faraón, rey de Egipto, y habían reverenciado a otros dioses [...] YHWH advertía a Israel y Judá por boca de todos los profetas y de todos los videntes diciendo: «Volveos de vuestros malos caminos y guardad mis mandamientos y mis preceptos conforme a la Ley que ordené a vuestros padres y que les envié por mano de mis siervos los profetas». Pero ellos no escucharon y endurecieron sus cervices como sus padres, que no creyeron en YHWH su Dios» (2 Re 17,7-8.13-14).

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La caída de Jerusalén, junto con el destierro de Babilonia (año 587 aEC) es el punto focal de Deuteronomio - Reyes. Desde aquí escribe el redactor definitivo y aquí debe colocarse asimismo el lector, si quiere situar los acontecimientos en su justa perspectiva.

Un llamado a la conversión
La lectura de Jueces presenta un esquema en el que se va repitiendo a largo del libro la secuencia: 1) pecado, 2) castigo, 3) arrepentimiento y 4) salvación. Estos cuatro rasgos estereotipados constituye el marco teológico para toda la obra deuteronomista (cf. Jue 2,11-23). Según este esquema, desde la entrada en la tierra, pero sobre todo a partir de los reyes, hasta la caída de Samaría y Jerusalén, hay tiempo de deterioro progresivo (tiempo de pecado). A partir de la caída de Samaría y de Jerusalén y del destierro, empieza el castigo. En ese momento preciso es cuando el deuteronomista escribe su historia. Según su óptica sería el segundo momento de la secuencia. ¿Esperaba el deuteronomista que se repitiese el ciclo completo? ¿Esperaba la conversión del pueblo con la consiguiente salvación por parte de YHWH? Un examen de la obra parece confirmar la esperanza. De hecho, recorriendo sus páginas encontramos llamados a la conversión en varios momentos de la historia:
«Samuel dijo a todo el pueblo de Israel: si queréis convertiros a YHWH de todo corazón, quitad de entre vosotros los dioses y diosas extranjeros...» (1 Sam 7,3). «Cuando tu pueblo Israel sea batido por su enemigo por haber pecado contra ti, si se vuelven a ti y alaban tu Nombre, orando y suplicando ante ti en esta Casa, escucha tú desde los cielos y perdona el pecado de tu pueblo Israel y vuélvelos a la tierra que diste a sus padres... Cuando pequen contra ti, pues no hay hombre que no peque, y tú irritado contra ellos los entregues al enemigo, y sus conquistadores los

En su calidad de profeta, Samuel llama al pueblo a la conversión, que debe traducirse en la adhesión al Dios de Israel, renunciando a todos los demás, según la exigencia de Dt 6,4-6. Varias veces se repite el llamado a la conversión, expresada con el término hebreo Suv (volverse a; convertirse). Se trata de un momento importante de la historia: la oración de Salomón en la fiesta de la dedicación del templo. Enmarcado dentro del contexto del destierro, el texto refleja los sentimientos del narrador y sus destinatarios, que ven como única salida en este momento crítico de su historia la conversión a Dios.
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lleven al país enemigo, lejano o próximo, si se convierten en su corazón en la tierra a que hayan sido llevados, si se arrepienten y te suplican en la tierra de sus deportadores diciendo: «Hemos pecado, hemos sido perversos, somos culpables», si se convierten a ti con todo su corazón y con toda su alma en el país de los enemigos que los deportaron, y te suplican vueltos hacia la tierra que tú diste a sus padres y hacia la ciudad que has elegido y hacia la Casa que he edificado a tu Nombre, escucha tú desde los cielos, lugar de tu morada, y perdona a tu pueblo, que ha pecado contra ti, todas las rebeliones con que te han traicionado, y concédeles que hallen compasión entre sus deportadores para que éstos les tengan piedad, porque son tu pueblo y tu heredad, los que sacaste de Egipto, de en medio del crisol del hierro» (1 Re 8,33-34.46-51). «YHWH repetía insistentemente a Israel y a Judá por medio de todos los profetas y videntes: Convertíos de vuestra mala conducta y guardad mis preceptos...» (2 Re 17,13). «Ni antes ni después hubo un rey como Josías, que se convirtiera a YHWH con todo el corazón, con toda el alma y con todas sus fuerzas...» (2 Re 23,25).
Josué XIII Jueces XII David XI

Detalle de un relieve asirio, que muestra a prisoneros judaítas suplicando ante su vencedor: «Senaquerib, rey universal, rey de Asiria, sentado en su trono mientras pasaba ante él el botín de guerra de la ciudad de Laquis». En el destierro babilónico los deportados harán firme su convicción de que sólo a «YHWH el Señor de toda la tierra» (Jos 3,11) deben dirigir su súplica.

Al recordar a los desterrados el tema central de los profetas (el llamado a la conversión), les ofrece este camino como única tabla de salvación en ese momento. El rey perfecto es la encarnación del ideal de conversión. Así se hace un llamado a todo el pueblo, habida cuenta de la unión entre el rey y sus súbditos.
Josías VII Exilio VI Retorno V

Elías - Amós - Oseas IX VIII

Formación de tradiciones

Literatura de propaganda

Literatura de crisis

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La Tierra Prometida, don y tarea
os Libros Proféticos empiezan el análisis de la historia por la con quista de la tierra. Es un período acotado por dos discursos de tono deuteronomista, colocados uno al principio (Jos 1) y otro al final del libro (Jos 23). Allí se afirma que, cuando el pueblo se muestra fiel a las cláusulas de la Alianza, Dios interviene en favor de Israel y tiene lugar la bendición. En cambio, cuando el pueblo incumple la ley y corre tras los ídolos, se desencadena el castigo y se presenta la maldición.

L

Josue 23
14 «Reconoced con todo vuestro corazón y con toda vuestra alma que, de todas las promesas que YHWH vuestro Dios había hecho en vuestro favor, no ha fallado ni una sola: todas se os han cumplido. Ni una sola ha fallado.

Teología de la Alianza
16 «Si quebrantáis la Alianza que YHWH vuestro Dios os ha impuesto, si vos vais a servir a otros dioses, y os postráis ante ellos, la ira de YHWH se encenderá contra vosotros y desapareceréis rápidamente de la espléndida tierra que os ha dado»

15 «Pues de la misma manera que se os han cumplido todas las espléndidas promesas hechas por YHWH vuestro Dios en vuestro favor, igualmente acarreará YHWH contra vosotros todas sus amenazas, hasta borraros de la espléndida tierra que YHWH vuestro Dios os ha dado.

Si se exceptúa el pecado de Acán (Jos 7-8), la conducta de las tribus israelitas durante la vida de Josué fue una generación ejemplar (Jue 2,7-10), de ahí que la conquista siempre fuese favorable: los hombres de Josué iban de victoria en victoria en una «guerra relámpago». A primera vista, el libro de Josué tiene todas las apariencias de una gesta épica, compuesta para cantar la conquista de la tierra, llevada a cabo por el sucesor de Moisés. Una lectura más atenta descubre, sin embargo, que la conquista de la tierra no es tanto obra de Josué, cuanto un don de Dios. Ha sido YHWH quien ha otorgado la tierra a los israelitas, cumpliendo así las promesas hechas bajo juramento a los padres. La doctrina de la gratuidad, acentuada con tanta fuerza por Dt con relación al don de la tierra, alcanza una de sus demostraciones más espléndidas en el libro de Josué.
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Arquitectura del libro de Josué

I. La conquista de la tierra (Jos 1-12)
Introducción: Confianza en YHWH (Jos 1) Josué envía espías a Jericó, que reciben apoyo en casa de la prostituta Rajab (Jos 2) Cruce del Jordán y acampada en Guilgal (Jos 3-4) Circuncisión del pueblo y celebración de la primera pascua en Canaán (Jos 5). Captura de Jericó (Jos 6) Pecado de Acán (Jos 7). Captura de Ay (Jos 8). Josué pacta con los gabaonitas (Jos 9) Reacción de los cananeos, que en el sur forman una coalición de cinco reyes contra Gabaón (Jos 10). Formación en el norte de otra coalición, acaudillada por el rey de Hazor (Jos 11). Nómina de los reyes vencidos y de las ciudades conquistadas (Jos 12).
Figura encontrada en Meguido (XIII aEC). Los cultos de orientación sexual estaban a veces unidos a la prostitución sagrada y estaban muy extendidos entre los cananeos.

«Josué dijo a la casa de José, a Efraím y a Manasés: «Eres un pueblo grande y tienes mucha fuerza; expulsarás al cananeo, aunque tiene carros de hierro y es muy fuerte» (Jos 17,17-18).
Carro cananeo. Figura egipcia (XV aEC).

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II. El reparto de la tierra (Jos 13-21)
Una vez conquistada, se procede al reparto de la tierra entre las tribus, por el orden siguiente. Primero, las tribus de Transjordania (Jos 13), después las grandes tribus (Jos 14-17). A continuación, las siete restantes (Jos 18-19). Finalmente se enumera los lugares de asilo y las ciudades levíticas (Jos 20-21)

III Conclusión
A ZAB ULÓ SER N
NEFTALÍ
(Jos 19)

la despedida de las tribus de Rubén, Gad y la media de Manases, que regresan al otro lado del Jordán (Jos 22) el discurso de adiós de Josué (Jos 23)

ISA CA R
MANASÉS

MANASÉS
(Jos 17)

la gran asamblea de Siquem (Jos 24)

(Jos 16)

RUBÉN

BENJAMÍN
(Jos 18)

GAD

EFRAIM

(Jos 13)

JUDÁ
(Jos 15)

SIMEÓN
(Jos 19)

La distribución de la tierra entre las tribus, así como el establecimiento de los lugares de asilo y las ciudades levíticas, son la ejecución de las órdenes contenidas en el libro de los Números (33,50-56; 34,16-19).

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La responsabilidad de Israel
Sucedió después de la muerte de Moisés, siervo de YHWH, que habló YHWH a Josué, hijo de Nun, y ayudante de Moisés, y le dijo: «Moisés, mi siervo, ha muerto; arriba, pues; pasa ese Jordán, tú con todo este pueblo, hacia la tierra que yo les doy (a los israelitas). Os doy todo lugar que sea hollado por la planta de vuestros pies, según declaré a Moisés. Desde el desierto y el Líbano hasta el Río grande, el Eufrates, (toda la tierra de los hititas) y hasta el mar Grande de poniente, será vuestro territorio. Nadie podrá mantenerse delante de ti en todos los días de tu vida: lo mismo que estuve con Moisés estaré contigo; no te dejaré ni te abandonaré. Sé valiente y firme, porque tú vas a dar a este pueblo la posesión del país que juré dar a sus padres. Sé, pues, valiente y muy firme, teniendo cuidado de cumplir toda la Ley que te dio mi siervo Moisés. No te apartes de ella ni a la derecha ni a la izquierda, para que tengas éxito dondequiera que vayas. No se aparte el libro de esta Ley de tus labios: medítalo día y noche; así procurarás obrar en todo conforme a lo que en él está escrito, y tendrás suerte y éxito en tus empresas. ¿No te he mandado que seas valiente y firme? No tengas miedo ni te acobardes, porque YHWH tu Dios estará contigo dondequiera que vayas» (Jos 1,1-9).

E

l capítulo que abre el libro de Josué comienza con este discurso de Dios al protagonista y que recoge los temas centrales de toda la obra histórica relatada en los Profetas Anteriores: la Tierra, la promesa y el cumplimiento, la iniciativa gratuita de Dios, la obediencia humana por medio de la Ley como condición de la bendición.La tierra entra en el libro de Josué como dimensión teológica más que como espacio geográfico. La tierra es un don gratuito de Dios, que viene a cumplir la promesa tantas veces repetida a los padres, tal como lo expresa el Deuteronomio: «Cuando YHWH tu Dios expulse a los cananeos delante de ti, ten cuidado de no decir en tu corazón: «Por mis méritos me ha hecho YHWH entrar en posesión de esta tierra», siendo así que sólo por la perversidad de estas naciones las desaloja YHWH ante ti. No por tus méritos, ni por la rectitud de tu corazón vas a tomar posesión de esta tierra, sino que sólo por la perversidad de estas naciones (...) y también por cumplir la palabra que juró a tus padres, Abraham, Isaac y Jacob. Has de saber, pues, que no es por tu justicia por lo que YHWH, tu Dios, te da en posesión esta tierra buena, ya que eres un pueblo de dura cerviz» (Dt 9,4-6; cf. 8,17-18).
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La asamblea de Alianza en Siquem
Josué dijo al pueblo: «Ahora, pues, temed a YHWH y servidle perfectamente, con fidelidad; apartaos de los dioses a los que sirvieron vuestros padres más allá del Río y en Egipto y servid a YHWH. Pero, si no os parece bien servir a YHWH, elegid hoy a quién habéis de servir, o a los dioses a quienes servían vuestros padres más allá del Río, o a los dioses de los amorreos en cuyo país habitáis ahora. Yo y mi familia serviremos a YHWH». El pueblo respondió: «Lejos de nosotros abandonar a YHWH para servir a otros dioses. Porque YHWH nuestro Dios es el que nos hizo subir, a nosotros y a nuestros padres, de la tierra de Egipto, de la casa de servidumbre, y el que delante de nuestros ojos obró tan grandes señales y nos guardó por todo el camino que recorrimos y en todos los pueblos por los que pasamos. Además YHWH expulsó delante de nosotros a todos esos pueblos y a los amorreos que habitaban en el país. También nosotros serviremos a YHWH, porque él es nuestro Dios». Aquél día, Josué pactó una alianza para el pueblo; le impuso decretos y normas en Siquem. Josué escribió estas palabras en el libro de la Ley de Dios. Tomó luego una gran piedra y la plantó allí, al pie de la encina que hay en el santuario de YHWH. Josué dijo al todo el pueblo: «Mirad, esta piedra será testigo contra nosotros, pues ha oído todas las palabras que YHWH ha hablado con nosotros; ella será testigo contra vosotros para que no reneguéis de vuestro Dios». Y Josué despidió al pueblo cada uno a su heredad (Jos 24,14-19.25-28).

La ley
La teología de Josué se inspira toda ella prácticamente en el Deuteronomio (el «libro de la ley») y en los momentos clave se lo cita de manera expresa. Así sucede en el discurso inaugural (Jos 1,7-9). Igualmente se lo cita en la liturgia sobre el monte Ebal: «Después Josué leyó todas las palabras de la ley, las bendiciones y las maldiciones, como está escrito en el libro de la ley» (Jos 8,34-35). Y a la hora de despedir a las tribus: «Guardad con todo cuidado los mandamientos y la ley que os dio Moisés, siervo de YHWH: amad a YHWH, vuestro Dios, seguid sus caminos, observad sus mandamientos, y permaneced unidos a él sirviéndole con todo vuestro corazón y con toda vuestra alma» (Jos 22,5). Por eso no podía faltar una cita en el discurso final: «Esforzaos por observar y practicar todo lo que está escrito en el libro de la ley de Moisés, sin apartamos de ello ni a derecha ni a izquierda (Jos 23,6). Ni una alusión directa durante la asamblea de alianza en Siquem (Jos 24,26).

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No fue su espada...
«Tú mismo con tu mano desposeíste a los gentiles, y los plantaste a ellos; trituraste a las naciones, y los hiciste crecer a ellos. Porque no fue su espada la que ocupó la tierra, ni su brazo el que les dio la victoria, sino tu diestra y tu brazo y la luz de tu rostro, porque tú los amabas» (Sal 44,3-4).
El libro de Josué no es otra cosa que la manifestación y escenificación concreta de esa donación. En este sentido, el paso milagroso del Jordán, la conquista de Jericó a golpe de trompeta litúrgica, las victorias de Gabaón y Hazor..., toda la conquista de la tierra en general es igualmente la presentación narrativa de cuanto cantaba poéticamente el salmo.

Armas del final de la Edad de Bronce

n tema muy afín a la tierra es el del descanso, como término de llegada después de la salida de Egipto y la travesía del desierto. El «descanso» implica el espacio vital en que el pueblo puede realizarse como tal y desarrollar todas sus virtualidades. En esta línea se sitúan las expresiones «tierra que mana leche y miel» y «tierra buena». En realidad, no se trata tanto de calificativos geográficos, cuanto de conceptos teológicos. La tierra es buena porque es un don otorgado por Dios a Israel en calidad de herencia (Dt 4,21). Es buena porque es un espacio de libertad, donde el pueblo ha encontrado reposo después de haber atravesado el desierto dejando atrás la esclavitud (Dt 12,10). El libro anterior anunciaba el descanso todavía como un bien futuro: «...aún no habéis llegado al lugar del descanso y a la heredad que YHWH tu Dios te da» (Dt 12,9-10); «por eso, cuando YHWH tu Dios te haya otorgado el descanso y te haya puesto al abrigo de todos tus enemigos de alrededor, en la tierra que YHWH tu Dios te da en herencia para que la poseas...» (Dt 25,19). En Josué, sin embargo, el descanso ya se ha hecho presente: «YHWH vuestro Dios os ha concedido el descanso, dándoos esta tierra» (Jos 1,13). Por su parte, Josué invita a las tribus de Transjordania a acompañar a sus hermanos y ayudarles «hasta que YHWH conceda descanso a vuestros hermanos igual que a vosotros, y también ellos tomen posesión de la tierra que YHWH vuestro Dios os da» (Jos 1,15). El hecho es constatado por el mismo protagonista al final del libro: «Ahora YHWH vuestro Dios ha dado a vuestros hermanos el descanso que les había prometido» (Jos 22,4). Y el narrador asume igualmente la nueva situación: «Sucedió mucho
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U

El descanso divino
«Durante cuarenta años aquella generación me asqueó y dije: es un pueblo de corazón extraviado, que no reconoce mi camino; por eso he jurado en mi cólera que no entrarán en mi descanso» (Sal 95,10-11).
Frente a la situación final constatada por Josué, debemos recordar que la generación del desierto fue condenada a morir a las puertas de la tierra prometida, sin poder entrar en el descanso, como recuerda el conocido salmo.

tiempo después de que YHWH concediera a Israel el descanso de todos los enemigos de alrededor» (Jos 23,1). El tema tendrá sus prolongaciones en el Nuevo Testamento: «Temamos, pues; no sea que, permaneciendo aún en vigor la promesa de entrar en su descanso, alguno de vosotros parezca llegar rezagado. También nosotros hemos recibido una buena nueva, lo mismo que ellos. Pero la palabra que oyeron no aprovechó nada a aquellos que no estaban unidos por la fe a los que escucharon. De hecho, hemos entrado en el descanso los que hemos creído» (Heb 4,1-3). Por lo demás, se explica perfectamente, que el tema de la tierra y el descanso ocupe tanto espacio y adquieran tanta relevancia en un momento, en que Israel los ha perdido y vive intensa y apasionadamente la nostalgia y la esperanza de volverlos a recuperar. Lo relatado en Josué se presenta claramente como una nueva etapa de la historia de Israel. El paso del Jordán, con todo el acompañamiento de hechos milagrosos que lo rodean, equivale a un nuevo Éxodo (Jos 3-4). Muere la generación del desierto y nace la generación de la tierra prometida, que empieza celebrando la circuncisión y la pascua. Cesa el maná y empiezan los alimentos de la nueva tierra (Jos 5,1-12). Se repite la teofanía del Sinaí (Jos 5,13-15). Según el narrador deuteronomista, cada una de las etapas de la historia sagrada está asociada a una figura emblemática, que representa y personifica el designio salvífico de Dios en cada uno de sus momentos. Primero fue Abraham, luego Moisés, ahora Josué, después Samuel, Saúl, David... Josué encarna en cierta manera la unidad de Israel, al que Dios introduce en su herencia. Realiza el ideal de disponibilidad y obediencia como ejemplo a seguir por el pueblo de Dios. Sus victorias son pruebas palpables de las intervenciones salvíficas de Dios en favor del pueblo elegido. Su mismo nombre, cambiado por Moisés de Hosea (liberación) en Yehosua (YHWH es liberación) [Nm 13,16], expresa su vocación y su participación
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Un nuevo Exodo
Josué dijo a los Israelitas: «Acercaos y escuchad las palabras de YHWH vuestro Dios». Y dijo Josué: «En esto conoceréis que el Dios vivo está en medio de vosotros y que arrojará ciertamente de delante de vosotros al cananeo, al hitita, al jivita, al perizita, al guirgasita, al amorreo y al jebuseo. He aquí que el arca de YHWH, Señor de toda la tierra, va a pasar el Jordán delante de vosotros». [...] Cuando los sacerdotes portadores del arca de la alianza de YHWH salieron del Jordán, apenas las plantas de sus pies tocaron la orilla, las aguas del Jordán volvieron a su cauce y empezaron a correr como antes, por todas sus riberas. El pueblo salió del Jordán el día diez del mes primero y acamparon en Guilgal al oriente de Jericó. Las doce piedras que habían sacado del Jordán las erigió Josué en Guilgal. Y dijo a los israelitas: «Cuando el día de mañana vuestros hijos pregunten a sus padres: «¿Qué significan estas piedras?» se lo explicaréis a vuestros hijos diciendo: «A pie enjuto pasó Israel ese Jordán, porque YHWH vuestro Dios secó delante de vosotros las aguas del Jordán hasta que pasarais, lo mismo que había hecho YHWH vuestro Dios con el mar de Suf, que secó delante de nosotros hasta que pasamos, para que todos los pueblos de la tierra reconozcan lo fuerte que es la mano de YHWH, y para que teman siempre a YHWH vuestro Dios» (Jos 3,7-11; 4,18-24).

en la gran gesta de Dios, que la Biblia define permanentemente como una liberación. Con Josué, Dios otorga la tierra y el descanso a su pueblo, liberándolo de sus enemigos. Queda la esperanza de nuevas liberaciones.
La reunificación de los deportados en un solo pueblo bajo la dirección de un solo pastor era una de las grandes aspiraciones del tiempo del destierro. El libro de Josué retrotrae esta aspiración del tiempo del exilio hasta los orígenes del pueblo en la tierra prometida, como si se tratase de una realidad. Lo que sólo eran unas tribus y grupos sueltos y autónomos con acciones de guerra aisladas, cada tribu por su cuenta, es aquí transformado en un único pueblo unido, que lleva a cabo la conquista bajo la guía de un solo jefe: «Josué, con todo Israel» (Jos 10,28-39).

Un solo pueblo
«He aquí que yo recojo a los hijos de Israel de entre las naciones por las que están dispersados. Los congregaré de todas partes para conducirlos a su tierra. Haré de ellos una sola nación (...) y un solo rey será el rey de todos ellos (...) Mi siervo David reinará sobre ellos y será para todos ellos el único pastor» (Ez 37,15-28).

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Dios no se olvida de su pueblo
os acontecimientos que se narran en el libro de los Jueces se pueden situar en unas fechas cercanas a las de los sucesos del libro de Josué, cuando las tribus estaban luchando por asentarse en la tierra de Canaán, entre el 1200 y el 1000 aEC. Si el título del libro de Josué aludía a su principal protagonista, este libro presenta una sucesión de personajes, unidos bajo el nombre genérico de jueces. Bajo este título se incluyen jefes militares, pero también una profetisa como Débora, un consagrado como Sansón, un desheredado como Jefté, y diferentes líderes de los que se dice sólo su nombre y tiempo de liderazgo. No se trata de jueces en sentido estricto, ya que un juez es un oficio institucional, con atribuciones definidas. Aquí se trata de jefes carismáticos que conducen al pueblo, en momentos de graves crisis. Si en Josué el pueblo se caracteriza, en general, por su fidelidad a la Alianza, en Jueces su conducta es muy inestable. La fidelidad a YHWH, que se proyecta como períodos de paz, se ve contrastada con la idolatría y el olvido de Dios, que se traducen en amenaza externa y guerra. El marco teológico es, por tanto, el esquema deuteronomista. Encontramos su cuatro rasgos fijos a lo largo del libro: a) Israel se aparta de YHWH, b) YHWH castiga a Israel mediante la opresión de otros pueblos, c) Israel se arrepiente y clama a YHWH d) YHWH libera a su pueblo suscitando un libertador. Este esquema le sirve al autor para integrar e interpretar unas historias antiguas de forma retrospectiva. La frase: «En aquellos días no había rey en Israel y cada uno hacía lo que le parecía» (Jue 17,6; 21,25), indica la situación de anarquía y sirve de clave para entender algunas de las barbaridades que se cuentan. Pero también va introduciendo de a poco al libro siguiente (Samuel), que describe el comienzo del período monárquico. El autor contempla todas esas historias desde el exilio e invita a una reflexión sobre el sentido de todo lo sucedido. Desde allí mira de nuevo a YHWH esperando su salvación. Así, se muestra a los líderes, no surgiendo por propia iniciativa, ni al pueblo buscándolos, sino suscitados por Dios como instrumentos de sus planes. Eso lleva a preguntarse: ¿Quién dirige la historia? ¿El pecado es lo definitivo? ¿Tiene más fuerza que la misericordia salvadora de YHWH? Dios no abandona a su pueblo. Se hace presente, respetando su libertad, pero interviniendo salvíficamente cuando le suplica.
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L

El libro de los Jueces
El libro se divide en una sección inicial, un cuerpo narrativo y un final que narra dos episodios tribales que expresan la situación anterior a la monarquía:

Sección inicial (1,1-2,5)
Es una historia resumida de la instalación de las tribus israelitas en la tierra de Canaán, que proyecta una imagen de la conquista mucho menos triunfalista de la que ofrecía el libro de Josué (Jos 1-12). Aquí no se habla de una «conquistarelámpago», sino de un asentamiento lento y laborioso. No se habla de todo un pueblo, unido acaudillado por un solo jefe, sino de tribus aisladas o agrupadas en coaliciones parciales. En el sur de Canaán, las tribus obtuvieron éxitos en la montaña y fracasos en la llanura. La tribu de Benjamín no logró conquistar Jerusalén. En el centro, las tribus de Efraín y Manases fracasaron en sus ataques contra cinco ciudades cananeas (Bet-Shean, Tanak, Dor, Yibleán y Meguido) y contra Guézer. En el norte cosecharon éxitos parciales y algunos fracasos. La pequeña tribu de Dan, cuando llegó a la llanura marítima, no consiguió instalarse en ella. Sin duda, los datos que nos ofrece esta introducción son más realistas y más cercanos a los hechos que la versión teológica de la conquista, elaborada por el libro de Josué.

Cuerpo de narraciones (Jue 2,6-16,31)
Teología de la historia o gran introducción (2,6-3,6)
Se trata de la continuación directa del libro de Josué, cuyas palabras se repiten casi literalmente (Jos 24,28-31). Se contraponen dos generaciones y se emite un juicio de valor sobre cada una de ellas: «También aquella generación fue a reunirse con sus padres y les sucedió otra generación que no conocía a YHWH ni lo que había hecho por Israel. Entonces los hijos de Israel hicieron lo que desagradaba a YHWH y sirvieron a los Baales. Abandonaron a YHWH, el Dios de sus padres, que los había sacado de la tierra de Egipto» (Jue 2,10-12)

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La secuencia teológica en cuatro tiempos (Jue 2,11-19) sirve de introducción a toda la historia de los jueces y proporciona la clave para entender toda la historia de Israel, especialmente el destierro de Babilona, que es el lugar y el momento desde donde está escrita. Los seis jueces mayores son Otoniel, Ehud, Débora-Barac, Gedeón, Jefté y Sansón. Se trata de hombres y mujeres, a los que la tradición israelita recuerda con admiración, porque en determinados momentos de crisis y peligro se pusieron al frente de una o más tribus, salvando al pueblo de caer en manos de sus enemigos (cananeos, madianitas, moabitas, amonitas, filisteos). Personajes de origen no siempre muy relevante, pero sobre los que venía el espíritu de YHWH, transformándolos en guías y jefes carismáticos (Jue 3,10; 6,34; 11,29; 13,25; 14,6.19), capaces de «salvar» (3,31; 6,15; 10,1) y «liberar» al pueblo en momentos de emergencia. Los seis jueces menores son Sangar, Tola, Yaír, Ibsán, Elón y Abdón (Jue 3,31; 10,1-5; 12,8-15). Si se exceptúa Sangar, no se les atribuye ninguna acción salvadora, ni se cuentan de ellos gestos especiales, como en el caso de los anteriores. De ellos se dice que «juzgaron» a Israel durante un cierto número de años. En realidad, es a estos «menores» a los que mejor les conviene el título de «jueces» en el sentido jurídico de administrar justicia. Otniel (3,7-11) Ehúd (3,12-30) Samgar (3,31) Débora y Barac (4-5) Gedeón y Abimélec (6-9) Jueces menores (10) Jefté (11) Guerra con los efraimitas (12) Sansón (13-16)

Final (Jue 17-21)
Episodios tribales anteriores a la monarquía:
Culto idolátrico en Dan (17-18) Crimen de Guibeá y guerra contra Benjamín (19-21)

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Alternancia de fidelidad e infidelidad
Es el mensaje central deuteronomista, y alcanza una expresión plena en el libro de los Jueces. La encontramos enunciada en la introducción (Jue 2,63,6) y en los marcos redaccionales en que se encuadran las historias de los jueces mayores (cf. Jue 10,6-16). En todos estos textos se repite el esquema de cuatro tiempos: «pecado-castigo-conversión-salvación» que se convierte en el eje central del libro. PECADO: El primer tiempo de la secuencia teológica está presentado como la infidelidad del pueblo a las cláusulas de la Alianza. Para expresarla, se emplea estas tres fórmulas: los israelitas hicieron lo que es malo a los ojos de YHWH (Jue 2,11) abandonaron a YHWH y dieron culto a Baal y Astarté (Jue 2,11) se prostituyeron ante otros dioses (Jue 2,17). CASTIGO: Se presentan los males físicos y morales como castigos de Dios. Este aspecto punitivo encuentra en Jueces estas tres expresiones: se encendió contra Israel la ira de YHWH (Jue 2,14.20); YHWH los entregó en manos de sus enemigos durante x años (Jue 2,14); «Por eso, YHWH dejó en paz aquellas naciones, sin expulsarlas de momento ni entregarlas en manos de Israel» (Jue 21,23). CONVERSIÓN: La pedagogía del castigo y de la gracia divina hacían que los israelitas se arrepintieran y se volviesen a Dios. Es el tercer tiempo de la secuencia teológica, que recibe las siguientes formulaciones: los israelitas clamaron a YHWH (Jue 3,9.15); YHWH se compadecía de ellos al oírlos gemir bajo la tiranía de sus opresores (Jue 2,18). SALVACIÓN: YHWH responde a la conversión y súplicas del pueblo, enviándole «jueces-libertadores» que lo salven (Jue 2,16). Pero la conversión del pueblo es efímera, de ahí el empleo de expresiones como éstas: «El enemigo permaneció humillado bajo la mano de Israel; el país estuvo en paz durante cuarenta, ochenta o veinte años». Son los años que corresponden a una, dos o media generación (Jue 3,11.30; 5,31; 8,28). Al cabo de ese tiempo vuelven a hacer lo malo a los ojos de Dios, abandonando a YHWH y prostituyéndose ante otros dioses, con lo cual de nuevo se desencadena la secuencia de «pecado-castigo-conversión-salvación».

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gedeon
«El Espíritu de YHWH revistió a Gedeón; él tocó el cuerno y Abiezer se reunió a él. Envió mensajeros por todo Manasés, que se reunió también con él; y envió mensajeros por Aser, Zabulón y Neftalí, que le salieron al encuentro» (6,34-35).

E

l ciclo de Gedeón ocupa tres capítulos del libro (Jue 6 - 8). Comienza con la descripción de la situación crítica: las razzias de los madiani tas (6,1-6). Una requisitoria profética la interpreta en clave deuteronomista (7-10). Ante lo cual debe seguir, según el esquema fijado, el envío de un salvador: Entonces YHWH se volvió hacia Gedeón y dijo: «Vete con esa fuerza que tienes y salvarás a Israel de la mano de Madián. ¿No soy yo el que te envía?» (6,11-24). A través de mutuas pruebas se pone de manifiesto que Gedeón está con YHWH, pues destruye el altar de Baal (6,24-32), y que YHWH está con Gedeón, ya que obra ante él un raro prodigio (6,36-40). La hazaña del líder se narra en tres momentos: 1) La selección y preparación de unos colaboradores para el plan de Gedeón. Deben ser pocos hombres, para que quede de manifiesto que es YHWH quien actúa (7,1-8). 2) Infiltrado en el campamento escucha una conversación que se interpreta como signo de que había llegado el momento oportuno para llevar a cabo el plan (7,9-15). 3) La realización del plan consiste en un ataque sorpresivo durante la noche, simulando con gritos ser una fuerza numerosa (7,16-25). El capítulo 8 narra la queja de los efraimitas, que sólo fueron convocados al final del combate, para cerrar el camino de escape a los madianitas (7,24). Incluye otras hazañas militares y acaba con la muerte de Gedeón.

Descubriendo la llamada de Dios
La llamada de Dios y el descubrimiento de la propia vocación se realizan en el contexto vital de cada persona. Gedeón está trillando trigo. No está realizando un ejercicio sagrado o devocional, sino su trabajo de cada día. En este mismo contexto de cotidianidad se encuentran los profetas cuando son llamados: Moisés, cuidando su ganado (Ex 3,1-10); Amós, como pastor y cultivador de sicómoros (Am 7,15).
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Relatos de vocación
En toda la Biblia constan de unos elementos bastante fijos que constituyen un esquema literario. En el caso de Gedeón: introducción que presenta los personajes y la situación (6,11) teofanía en la que Dios aparece porque ha escuchado el clamor del pueblo y se hace presente (6,12-13) misión o envío de parte de Dios después que Gedeón ha expresado una de sus objeciones (6,14-16) -la objeción forma parte de este esquema vocacional. signo, a petición del mismo Gedeón (6,17-21), y reacción de temor ante la manifestación de la divinidad (6,22-24).

Dios responde a las preguntas de Gedeón sobre la asistencia al pueblo, pero sin dar explicaciones. Simplemente promueve la acción mediante el envío, remitiendo a las capacidades de Gedeón. La objeción con la que éste reacciona (el menor de su casa, del clan más pobre de su tribu) pone de relieve el sistema jerárquico vigente. Pero es un sistema de valoración que Dios no comparte, porque él tiene preferencia por los últimos y menores como Gedeón, como los rescatados de la mano del faraón... Así será más evidente la acción de Dios. La garantía que Dios ofrece a Gedeón, la promesa de asistencia es sólo su palabra. El signo sólo logrará reforzarla, nunca sustituirla. Es una apelación a la fe. La presencia compañera de Dios la irá descubriendo en su camino, en la medida en que vaya respondiendo. Es interesante que la teofanía y el descubrimiento progresivo de Dios se realicen en contexto de hospitalidad. Más tarde dirá Jesús a los suyos que el Juez celectial se identifica con aquellos que necesitan hospitalidad y alimento: «Tuve hambre... era forastero y me acogisteis...» (cf. Mt 25,35ss). La relación hospitalaria interhumana se vuelve espacio para el encuentro con Dios mismo (Gn 18,1-3; Heb 13,2).

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