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STAFF
MODERADORA:
Deydra Eaton
TRADUCTORAS:
Deydra Eaton
Mel Cipriano
Amy
Macasolci
Aa.tesares
Elle
Juli
Chachii
Marie.Ang
Fiioreee
MaryJane♥
MarMar
Kary_Ksk
CrisCras
Melusanti
Paulette
*~ Vero ~*
MelCarstairs
Monikgv
Annabelle
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Mery St. Clair
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Leii
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CORRECTORAS:
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Findareasontosmile
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Mel Cipriano
CrisCras
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Vericity
Marie.Ang
ladypandora
Violet~
nnancyc
Juli
Verito
mterx
Chachii
Merryhope
JazminC
Jezel07
MaryJane♥
Nat_Hollbrook
LECTURA FINAL:
Maca Delos
DISEÑO:
Yessy



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ÍNDICE
Sinopsis
Capítulo 1
Capítulo 2
Capítulo 3
Capítulo 4
Capítulo 5
Capítulo 6
Capítulo 7
Capítulo 8
Capítulo 9
Capítulo 10
Capítulo 11
Capítulo 12
Capítulo 13
Capítulo 14
Capítulo 15
Capítulo 16
Capítulo 17
Capítulo 18
Capítulo 19
Capítulo 20
Capítulo 21
Capítulo 22
Capítulo 23
Capítulo 24
Capítulo 25
Capítulo 26
Capítulo 27
Capítulo 28
Capítulo 29
Capítulo 30
Capítulo 31
Capítulo 32
Capítulo 33
Capítulo 34
Capítulo 35
Capítulo 36
Capítulo 37
Capítulo 38
Capítulo 39
Capítulo 40
Capítulo 41
Capítulo 42
Capítulo 43
Capítulo 44
Capítulo 45
Capítulo 46
Capítulo 47
Capítulo 48
Capítulo 49
Capítulo 50
Capítulo 51
Capítulo 52
Capítulo 53
Capítulo 54
Capítulo 55
Capítulo 56
Capítulo 57
Capítulo 58
Capítulo 59
Sobre el autor



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SINOPSIS
Vane Weston, de diecisiete, no tiene idea de cómo sobrevivió al
tornado de categoría cinco que mató a sus padres. Y no tiene idea de si la
hermosa chica de cabello oscuro que se ha deslizado a través de sus
sueños todas las noches desde la tormenta es real. Espera que lo sea.
De diecisiete años, Audra es una sylph, un elemental de aire. Puede
caminar por el viento, traducir sus atractivas canciones e incluso convertirlo
en un arma con una simple cadena de comandos. Ella también es un
guardián —El guardián de Vane— y ha hecho un juramento para proteger
a Vane a toda costa. Incluso si eso significa sacrificar su propia vida.
Cuando un precipitado error revela su ubicación al enemigo que
asesinó a sus dos familias, Audra es forzada a ayudar a Vane a recordar
quién es. Él tiene un poder que reclamar —el lenguaje secreto del Viento
del Oeste, que sólo él puede entender. Pero liberar su herencia también
desbloqueará el recuerdo que Audra necesita que olvide. Y su mayor
peligro no son los guerreros que vienen a destruirlo, sino el romance
prohibido que está creciendo entre ellos.

Let The Sky Fall #1


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Vane

engo suerte de estar vivo.
Al menos, eso es lo que todo el mundo sigue diciéndome.
El reportero del periódico local incluso tuvo el descaro de
llamarlo un milagro. Yo era “Vane Weston: El Niño Milagro.”
Como si el hecho de que la policía me encontrara inconsciente en una
pila de escombros fuera parte de algún magnífico plan del universo.
“La familia sobrevive al tornado.” Ahora, eso hubiera sido un milagro.
Pero créeme, no hay nada “milagroso” en ser huérfano a los siete años.
No es que no esté agradecido de estar vivo. Lo estoy. Entiendo que
no debería haber sobrevivido. Pero esa es la peor parte de ser “El Niño
Milagro.”
La pregunta.
La misma ineludible pregunta, atormentándome por los últimos diez
años de mi vida.
¿Cómo?
¿Cómo pude ser atrapado por un tornado de categoría cinco,
naturalmente equivalente a una licuadora gigante, ser arrastrado más de
cuatro kilómetros antes de que el enorme embudo me escupiera, y sólo
tener unos cuantos cortes y moretones para demostrarlo? ¿Cómo era eso
posible, cuando los cuerpos de mis padres fueron encontrados casi
irreconocibles?
La policía no sabe.
Los científicos no saben.
Así que todos recurren a mí por una respuesta.
Pero no tengo ni una maldita idea.
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No puedo recordarlo. Ese día. Mi pasado. Nada.
Bueno, no puedo recordar nada útil.
Recuerdo el miedo.
Recuerdo el viento.
Y luego... un enorme espacio en blanco. Como si todos mis
recuerdos hubieran sido eliminados de mi cabeza cuando caí al suelo.
Excepto uno.
Un recuerdo aislado, y ni siquiera estoy seguro de si es un recuerdo, o
una alucinación extraña que mi traumatizado cerebro formó.
Un rostro, mirándome a través del caos de la tormenta.
Una chica. Cabello oscuro. Ojos oscuros. Una única lágrima
corriendo por su mejilla. Luego, una fría brisa la desaparece de repente.
Ella ha perseguido mis sueños desde entonces.


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Audra

ue mi culpa.
Yo sabía las reglas.
Sabía lo peligroso que era llamar al viento.
Pero no podía dejar morir a Gavin.
En aquel entonces, cuidar a los Weston consumía cada segundo de
la vida de mi familia. Preocupación constante. Escapes constantes.
Mirando constantemente por encima de nuestros hombros hacia la
tormenta que se avecinaba. Nos habíamos refugiado en dos pequeñas
casas en medio de la nada. Esperando. Mirando. Conteniendo la
respiración. El miedo se cernía sobre nosotros, más grueso que las nubes.
Sobreviví a los días más duros, buscando refugio en los árboles de
álamo que se expandían al borde de la propiedad. Balanceándome alto
en sus ramas, con la brisa deslizándose por mi piel, podía dejar que el
mundo cayera y abrir mi mente a los susurros del viento.
A mi herencia.
Nunca hablaba con el viento. Sólo escuchaba y aprendía.
Pero sus canciones no eran suficientes para cubrir los días de
soledad. Así que recurrí a los pájaros.
El nido de Gavin estaba oculto en extremidades delgadas en la
parte superior del árbol más alto, escondido a salvo, fuera del alcance de
los depredadores. Pero yo era una cosa rara, y mis piernas ágiles no tenían
ningún problema en escalar el tronco frágil para llegar a él. Dentro había
tres bolas de pelusa. Azores, orgullosos y nobles, incluso con sus plumas
suaves y grises, y sus picos abiertos, esperando a que su madre regresara.
Nunca antes había conectado completamente con un pájaro.
Siempre necesitaba la orientación de mi madre para hacer que me
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entendieran, respondieran y confiaran en mí. Pero ella estaba demasiado
ocupada con los Weston. Y Gavin era diferente.
Él nunca gritaba o se estremecía de la forma en que sus hermanos lo
hacían cuando yo venía a inspeccionar el nido. Él sólo me miraba con los
ojos muy abiertos, sin parpadear, y yo sabía que estaba desafiándome a
extender la mano y apoderarme de él. Lo visité todos los días después de
eso, tan pronto como su madre se iba a cazar.
Había estado contando los días que faltaban para su primer vuelo,
desgarrada entre la excitación y el temor. Anhelando ser testigo del
momento en que se envolvería en la libertad de viajar en el viento, pero
aplastada por la idea de perder a mi única compañía. Mi único amigo.
El valiente Gavin fue el primero en saltar.
Mi corazón se detuvo cuando se impulsó fuera del nido, con los ojos
rojo-anaranjados fijos en el horizonte. Centrado. Determinado.
Por un segundo, sus alas captaron la corriente, y chilló en señal de
triunfo por la prisa de volar. Luego, una ráfaga de viento lo desequilibró y lo
envió estrellándose contra el suelo.
Me encantaría decir que no lo pensé. Que ese instinto se hizo cargo,
nublándome de toda razón. Pero conocía el riesgo.
Nuestros ojos se encontraron mientras caía, y elegí salvarlo.
Llamé al viento—la primera vez que lo hacía—envolviendo una
ráfaga rápida alrededor del cuerpo diminuto de Gavin, y haciéndolo flotar
hacia mis manos extendidas. Él se acarició contra mis dedos, como si
supiera. Sabía que lo había salvado.
Lo llevé a casa y se lo mostré mi padre, nunca diciéndole cómo
Gavin había llegado a ser mío. Tenía un montón de posibilidades. Mi madre
me hizo un montón de preguntas. Todo lo que tenía que hacer era decir la
verdad.
Si lo hubiera hecho, mi padre aún estaría vivo.
En su lugar, me mantuve en silencio, hasta que uno de los Stormer de
Raiden nos encontró la noche siguiente, y arremolinó los tres vientos más
potentes en un embudo imparable.
Entonces, fue demasiado tarde.


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Vane

urante los tres meses del invierno, no apesta totalmente vivir
en el Valle de Coachella. Luego viene el calor y la mitad de la
población salta en sus coches de lujo o aviones privados y se
escapa a sus segundos, terceros o cuartos hogares, dejando atrás un
montón de personas viejas, algunos locos, y el resto de nosotros: atrapados
fuera del país de los clubes, en las áreas „no ricas‟.
La única casa de mi familia está desgraciadamente atrapada en el
medio de un revoltoso bosque en las Dunas de las Bermudas, California,
también conocido como el lugar más cálido de este maldito planeta. Hoy
hace 42.7 ºC. El tipo de día en donde la gente local se sienta y habla sobre
el bonito “descanso del calor”, porque hace dos días estaba haciendo
52.2 ºC. No puedo sentir la diferencia. Pero no soy un local.
Me mudé a California poco después de mi octavo cumpleaños,
cuando mi adopción fue definitiva. Así que para este nativo de Nebraska,
incluso después de nueve años viviendo aquí, casi cualquier cosa por
encima de los 37.7 ºC se siente como meter mi cuerpo en el interior de un
horno. La gente dice que me acostumbraré a ello, pero, lo juro, cada año
se pone peor. Como si el sol me estuviera derritiendo de adentro hacia
afuera, y eventualmente no fuera a ser nada más que un charco de Vane
en el suelo.
En los calurosos días de verano como el de hoy, hago todo lo posible
para evitar dejar la oscura cueva a la que llamo un dormitorio. La cual es
la razón principal por la que me niego a dejar que Isaac me saque a
rastras esta noche para otro de sus desastrosos enganches.
Hay otra razón por la que no me gusta salir, pero estoy tratando de
no pensar en ella.
—Vamos, hombre —se queja Isaac. Es la tercera vez que me llama
en veinte minutos—. Te prometo que no será como la última vez.
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Por “la última vez” se refiere a cuando me conectó con Stacey
Perkins. Al parecer, ella es una estricta vegetariana, lo cual es genial. Su
elección. Pero nadie me lo había dicho hasta que la llevé al Outback
Steakhouse
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. Luego ella le preguntó a la camarera si tenían artículos “sin
crueldad” en su menú.
Las cosas fueron cuesta abajo desde allí. Especialmente cuando,
aún así, pedí un bistec. Hay pocas cosas peores que una vegetariana
irritada.
—No me interesa —le digo, cerrando mis persianas y dejándome
caer en la cama. Extiendo mis brazos para conseguir la exposición máxima
al ventilador. La brisa se siente mejor que un aire acondicionado, mejor
que saltar de cabeza en una piscina. Casi como si mi cuerpo ansiara la
avalancha de aire.
—Vamos, Hannah es la prima de Shelby y han estado pegadas
desde que llegó a la ciudad. Ya han pasado tres semanas. Me estoy
volviendo loco.
—Empéñasela a alguien más. No me quedaré atascado en otra cita
a ciegas de mierda sólo para que puedas besuquearte con tu novia.
—Sabes que yo haría lo mismo por ti, si alguna vez tuvieras una novia.
—No vayas allí.
—Pero, quiero decir, amigo, tienes diecisiete años y nunca has
besado a una chica. ¿Qué hay con eso?
No digo nada, porque tiene razón. No tengo ningún problema
invitando chicas a salir, o incluso consiguiendo que ellas digan que sí
cuando lo hago. Pero oficialmente tengo la peor suerte con las chicas. Si
no arruino las cosas por mi cuenta, algo siempre sucede. Bebidas
derramadas en la ropa. Popó de ave en sus cabellos. Lo juro, estoy
maldito.
—Vamos, Vane, no me hagas rogar —dice Isaac finalmente.
Quiero colgar. Lo último que necesito es otra humillación. Pero es mi
mejor amigo.
Así que me pongo una camiseta menos arrugada, dejo correr agua
por mi corto cabello castaño oscuro, y una hora más tarde estoy atascado
con Hannah de Canadá, que ni siquiera esbozó una sonrisa cuando le

1
Restaurante predominantemente carnívoro.


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señalé la rima
2
. Ella también se quejó del calor por lo menos unas diez mil
billones de veces. Y sólo pasaron quince minutos de la cita.
—¿Cheesecake Factory o Yard House? —pregunto, señalando los
grandes restaurantes con vistas al poco profundo y artificial río que corre a
nuestro lado por donde estamos caminando.
Trampas turísticas como esa son casi las únicas cosas que hay en
esta época del año, aunque nunca voy a entender por qué un turista se
emociona por un río falso y algunos restaurantes de cadena. Sobre todo
cuando hace demasiado calor como para que cualquier persona en su
sano juicio salga. Mi camiseta está pegada a mi espalda como si el sudor
hubiera formado una aspiradora, y lo único que he hecho es caminar
desde el estacionamiento al centro comercial. Ni siquiera hay una mínima
brisa para ayudar a enfriarnos.
Hannah se limpia una gota de sudor de su frente y se vuelve hacia
mí. —No me gusta mucho el pastel de queso, así que tal vez el otro, ¿eh?
Me muerdo el labio. Sirven comida además de tarta de queso, pero
no estoy de humor para discutir. —Entonces, Yard House.
El aire acondicionado nos golpea al entrar al restaurante lleno de
gente, y Hannah lanza un suspiro al mismo tiempo que yo.
La tensión entre nosotros se evapora. El que inventó el aire
acondicionado debería ganar el Premio Nobel. Apuesto a que podría traer
la paz al Medio Oriente si le dieran a todos una unidad de aire
acondicionado y los dejaran enfriarse hasta enloquecer de vez en cuando.
Debería enviar un correo a la ONU con la sugerencia.
La mesera nos lleva a una cabina lo suficientemente grande como
para acomodar a seis personas. No es que cualquier otra mesa sería más
romántica. Entre la música a todo volumen, los deportes, y los tipos en el
bar bebiendo cerveza de a grandes tragos y animando a sus equipos, no
es un gran lugar para una cita. Que es exactamente por lo que lo sugerí.
Tal vez si no trato esta noche como una cita, no tendré ningún problema
esta vez.
—Parece que tienes algunas fanáticas —dice Hannah, señalando a
tres chicas sentadas a unas pocas mesas de distancia. Las tres se sonrojan
y empiezan a susurrar cuando miro hacia ellas.
Me encojo de hombros.

2
En inglés, “Hannah” y “Canadá” riman porque las pronunciaciones de ambos terminan
en “ah”, en español cambia por la tilde en Canadá.


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Hannah sonríe, mostrando sus rectos y blancos dientes. Su dentista
debe estar orgulloso. —Isaac dijo que eras modesto. Ahora me doy cuenta
a qué se refería.
—¿A qué se refería? —le pregunto, imitando su pronunciación.
—Ah, me preguntaba cuándo íbamos a llegar a las burlas por
acento.
—Oye, creo que he demostrado una tremenda moderación. Dejé
pasar por lo menos tres o cuatro “eh” sin comentarios.
Ella lanza un paquete de azúcar a mi cabeza.
Hago chistes canadienses hasta que el camarero toma nuestras
órdenes, y me alivio cuando Hannah ordena una hamburguesa con
queso. Odio a las chicas que se niegan a comer en torno a los chicos,
como si tuvieran miedo de que vayamos a pensar que están gordas
porque en realidad las vemos poner comida en sus bocas.
Hannah no es así. Ella es confiada. No es la chica más guapa de la
habitación, pero es linda. Piel de durazno, labios color rosa, y una masa de
pelo rubio ondulado. Estoy seguro que más de un par de hombres, con
mucho gusto, cambiarían lugares conmigo ahora mismo.
El problema es que tengo un “tipo”. Isaac dice que soy demasiado
exigente, pero él no lo entiende. Sinceramente, yo tampoco lo entiendo.
Sólo comparo de forma automática a todas las chicas que conozco con
alguien más. Es tonto y loco, pero no puedo evitarlo.
Pero mientras comemos nuestras hamburguesas y tomamos nuestros
refrescos con más hielo que soda—estilo desierto, le explico a Hannah—,
estoy asombrado al darme cuenta de que me estoy divirtiendo. Me gusta
la risa de Hannah tanto como su sonrisa, y la manera en que se pone el
pelo detrás de las orejas cuando se sonroja.
Y entonces, la veo.
Cabello oscuro.
Ojos oscuros.
Chaqueta oscura.
Apoyada en la barra en el centro del restaurante, con sólo una
pequeña porción de su rostro apuntando en mi dirección. Tengo que
parpadear para asegurarme de que mis ojos no están jugándome una
mala pasada.
No lo están. Su cabello está atado en una trenza apretada,
intrincada, pero definitivamente es ella.


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Se vuelve un centímetro hacia mí y nuestros ojos se encuentran. Mi
corazón late tan fuerte que ahoga todo lo demás. Somos sólo ella y yo.
Encerrados en una mirada.
Sus ojos se estrechan, y sacude la cabeza como si estuviera tratando
de decirme algo. Pero no tengo ni idea de qué.
—¿Vane? —pregunta Hannah, y salto con tanta fuerza que casi me
caigo de la cabina—. ¿Estás bien? Parece que acabas de ver un
fantasma.
Se ríe, pero yo no lo hago. No está tan lejos de la realidad.
Hannah sigue mi mirada, frunciendo el ceño. —Tú… ¿la conoces?
Así que Hannah puede verla también.
Ella es real.
—Discúlpame —le digo, poniéndome de pie antes de que pueda
decir nada más.
La mesera está llevando a un gran grupo más allá de nuestra mesa,
bloqueando mi camino hacia la barra, y se necesita cada onza de mi
autocontrol para no empujarlos fuera de mi camino. Me precipito hacia
adelante tan pronto como el pasillo se vacía, pero la chica ya no está.
Corro hacia la puerta, sin hacer caso a Hannah llamándome detrás
de mí, sin hacer caso a las miradas de todo el mundo en mi camino, sin
hacer caso a la explosión de calor que estalla a través de las puertas. Y
encuentro… nada.
No hay rastro de nadie en ninguna parte, y ciertamente no de una
hermosa chica morena en una chaqueta. Sólo un rostro lleno de ardiente
viento del desierto y un patio vacío.
Mis manos se enroscan en puños.
Ella estaba allí.
Pero, ¿cómo es eso posible?
¿Y cómo salió tan rápido?
Aprieto el puente de mi nariz, tratando de ordenar las diez millones
de cosas que corren por mi mente. Todavía no les he encontrado ningún
sentido cuando oigo pasos silenciosos acercándose detrás de mí.
—Tuve que pagar la cuenta para que no creyeran que estábamos
tratando de evitarlo, es por eso que tardé tanto. —Hannah no me mira a
los ojos—. Ni siquiera estaba segura de si estarías aquí.
El aire espeso de junio se pega en mi garganta, cerrando mi voz. El
sol se ha puesto, pero eso sólo hace que la temperatura caiga unos pocos


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grados. Me quedo de pie, escuchando las cigarras en los árboles y
buscando alguna manera de explicar, o pedir perdón por mi
comportamiento. —Te voy a pagar. —Es lo mejor que puedo hacer.
Ella se vuelve hacia el estacionamiento. —Creo que probablemente
deberíamos irnos, ¿eh?
El silencio zumba con las cosas que ninguno de los dos dice.
En serio, ¿por qué siempre hay algo que arruina las citas?
Todavía no he encontrado una forma de salvar la noche cuando
llegamos a mi descolorido auto blanco. No es gran cosa, pero tiene aire
acondicionado, el cual era más o menos mi único requisito. Abro la puerta
para Hannah, esperando demostrar que no soy un psicópata total. Ella no
parece impresionada. No es que la culpe.
El viaje de regreso es una tortura. Nunca me he dado cuenta de
cuánto ruido hace mi coche, pero nunca he tenido un acompañante tan
tranquilo. Tampoco había notado cuántas luces hay en la Autopista 111. Es
la carretera principal que conecta todas las ciudades del desierto, así que
hay un semáforo en cada maldito bloque. Y, por supuesto, esta noche,
todos están color rojo.
Muchas gracias, universo.
Estamos a mitad de camino, entrando en la cadena de “ciudades
económicas” en el valle, cuando Hannah finalmente habla.
—¿Vas a decirme qué pasó?
Arrastro un suspiro, intentando ganar tiempo. —Yo…creí ver a alguien
conocido. —Suena patético incluso para mí.
—¿Solías salir con ella?
Já. Eso quisiera.
Afortunadamente, me detengo antes de decir eso en voz alta.
Puedo oír el dolor en la voz de Hannah.
Pero es bueno saber que ella realmente la había visto, aunque no
tengo ni idea de lo que eso significa.
Me quedo mirando el camino oscuro, vacío. —No es lo que estás
pensando. No es así…
—¿Así cómo? —pregunta cuando no termino.
Aparto mis ojos de la calle lo suficiente para mirarla. —Nunca
perseguiría a una chica caliente cuando estoy con alguien más, no es que
la chica sea ardiente. Quiero decir, de acuerdo, lo es, pero… No es por eso
que me importó.


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—¿Por qué te importa?
Ojalá lo supiera.
—Ella es sólo… alguien de mi pasado.
No es una mentira; pero no es la verdad, tampoco. Ella no es sólo
alguien. Es la chica. Con la que he estado soñando desde el día en que
me desperté en ese montón de escombros y encontré todo mi mundo
desgarrado. La única pista sobre mi pasado. Lo único que veo cuando
cierro los ojos.
Ha crecido en mis sueños. Crecido conmigo. Esa es la parte más
confusa. ¿Qué clase de sueño hace eso? ¿Y qué clase de chica de tus
sueños entra en Yard House?
Los sueños son increíblemente vívidos, también. Cada noche es
como si estuviera en mi habitación, inclinada sobre mí, mirándome con
ojos tan azules que son casi negros. Su cabello largo y oscuro haciendo
cosquillas en mi piel. Sus labios susurrando sonidos que no puedo entender
mientras flotan por mi mente. Pero cuando me despierto, estoy solo. Nada
más que silencio y una suave brisa remolineando en el aire, aunque mi
ventana está cerrada firmemente.
Todo suena tan loco.
Pero no estoy loco. No sé cómo explicarlo, pero uno de estos días
voy a averiguarlo.
Doy la vuelta en la calle de Shelby, buscando entre la hilera de
casas de un piso, aquella color gris y de estilo pueblo; la de los padres de
Shelby. La arquitectura redondeada podía tener un aspecto genial, si no la
rodearan casas normales de techo plano. La Quinta es extraña como eso,
como si nadie pudiera decidirse qué construir aquí.
La destartalada camioneta de Isaac está en el frente, así que apago
mi teléfono. No estará contento conmigo cuando deje a Hannah tan
pronto.
Hannah recoge su bolso mientras me detengo hasta parar, pero no
desbloqueo la puerta. No puedo dejar que la noche termine así.
—Lo siento mucho —le digo, dándome cuenta de que nunca me
disculpé—. Realmente estaba pasándola bien antes de arruinar todo.
—También yo. —Mete su cabello detrás de las orejas.
Se ve tan tímida. Tan vulnerable. Tan diferente a la chica que me
perseguía.
Quizá Hannah la haría desaparecer.
Tengo que superar mi obsesión antes de que ella arruine mi vida.


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Un par de bichos de junio, los más tontos bichos del planeta,
golpean en el parabrisas, rompiendo el silencio entre nosotros. Llego a una
decisión.
—¿Puedo… tal vez, tener la oportunidad de redimirme? —pregunto,
haciendo caso omiso a la voz en mi cabeza pidiéndome que lo deje ir.
Una media sonrisa se extiende a través de sus labios. —Tal vez, pero
sólo si me prometes no más bromas canadienses.
—Oh, vamos, me tienes que dejar por lo menos hacer una, ¿eh?
Ella se ríe. A pesar de que suena forzado, puedo decir que las cosas
están mejorando. Voy a tener que estar en absoluto y perfecto
comportamiento, pero si puedo lograr eso, las cosas podrían estar bien. Y
me sorprende lo mucho que deseo que estén bien.
No quiero ser el chico loco persiguiendo a una chica misteriosa.
Quiero ser un chico normal que pasa el tiempo con sus amigos y tiene un
romance de verano con la linda chica de Canadá.
Así que salgo del coche y camino hacia la puerta, el aire pegajoso
nos sofoca mientras nos paramos bajo la luz del porche. Las polillas vuelan
en nuestras cabezas, los grillos hacen chirridos en los arbustos y nuestros
ojos se encuentran. No tengo ni idea de lo que dice la expresión en mi
rostro, pero la suya parece decir: ¿Por qué no?
No puedo estar más de acuerdo. Es hora de tomar el control de mi
vida.
Mi estómago hace volteretas mientras doy un paso hacia ella, y trato
de decirme que la acidez creciente en mi garganta son los nervios. Me
niego a sentirme culpable por engañar a una chica que no conozco. Una
chica que todavía no estoy seguro de que sea real.
Mi mano acuna la mejilla de Hannah, que está un poco fría por el
aire acondicionado del coche. Ella cierra los ojos, yo cierro los míos y me
acerco, casi sin poder creer que por fin estoy haciendo esto.
Sin embargo, en la fracción de segundo antes de que nuestros labios se
toquen, escucho un fuerte siseo, y una ráfaga de viento ártico se apresura
entre nosotros.
Hannah se tambalea cuando la ráfaga feroz azota alrededor de su
cabello, enredando las ondas rubias. Trato de llegar a ella, pero el viento la
empuja y aleja de mí con tal fuerza que se siente como si estuviera
tratando de empujarme y arrastrarme lejos. Me inclino contra él, luchando
por resistir, pero barre contra mis piernas, casi tocando mis pies debajo de
mí. Es como si el viento hubiera vuelto a vivir, y sólo aquí, en torno a
Hannah y a mí. Las palmeras en el patio de al lado no se mueven.


18
Justo cuando parece que no se puede poner más raro, una familiar
voz se funde directamente en mi cerebro.
Vete a casa, Vane.
Miro a mi alrededor, tratando de ver a través de la oscuridad y los
remolinos de arena, para encontrar dónde se esconde. Pero la calle está
vacía. Sólo soy yo y Hannah, que todavía está luchando contra el viento
loco que la aleja de mí.
—Voy a entrar —grita Hannah, limpiando la arena de sus ojos.
—Está bien —le grito, mirando sin poder hacer nada mientras ella se
aleja de mí—. Te llamo.
No da marcha atrás. No me responde en absoluto.
El viento barre mis palabras antes de que lleguen a ella. Y entonces
se ha ido.


19
4
Audra

e sacrificado diez años de mi vida por esta asignación.
He entrenado físicamente. Mentalmente. Emocionalmente.
He dejado de comer y dormir. Sufrí hora tras hora bajo el
peso implacable del sol del desierto. Viví en aislamiento total.
Relegándome a tareas degradantes como acompañante mientras que el
chico obstinado e ignorante se rebela en contra de todo lo que importa.
Y ahora hace que casi nos maten.
Pero es mi culpa, tanto como suya.
Una vez más, he llamado al viento demasiado fuerte. Y una vez más,
nos he delatado.
El Viento del Norte estaba demasiado lejos de mi alcance como
para ordenarle con un susurro. Tuve que gritar. Lo que significa que ahora
mi llamada está marcando la corriente, y también lleva el rastro de Vane.
No hay forma de que los Stormer no comprueben el viento frío que viene
del valle cálido. Y cuando investiguen, finalmente tendrán su premio.
El mundo empieza a girar y contengo el aliento.
No dejaré que suceda de nuevo.
Puedo detenerlos. Confundir su búsqueda.
Y entonces me encargaré de Vane.
Se aleja en su máquina blanca niebla, y mis piernas tiemblan
mientras camino por las sombras, buscando en la calle su forma oscura
que sé que estará posada en un tejado cercano. Estiro mi brazo izquierdo y
él se abalanza, agarrando la manga de mi chaqueta con sus garras. Gavin
sabe que no tiene que chillar. Nuestro papel es ser invisibles.
H


20
Es culpa de Vane que estemos expuestos. Tiene suerte de que soy
amable con él. No tiene idea de con quién se está metiendo. Pero pronto
lo averiguará.
Acaricio las suaves plumas grises alrededor del cuello de Gavin,
tratando de calmar el pánico que está formándose en mi pecho y me
hace daño al respirar. —Ve a casa, chico —susurro—. Me reuniré contigo
tan pronto como pueda.
Sus ojos afilados y rojo-naranja bloquean los míos y sé que entiende
la orden. A continuación, extiende las alas y, con un fuerte aleteo, se eleva
al cielo. Envidio su huida fácil. La mía requiere mucho más esfuerzo.
Me retiro a la sombra, mis dedos buscando una brisa de aire que
oculte mi camino.
Nada. Tengo que esperar.
La quietud esporádica de este lugar es como un drenaje, secando
mi energía, mis opciones y mi cordura. Si el aire no se hubiera estancado,
podría haber puesto freno antes a la “cita” de Vane. No me habría visto
obligada a meterme entre los terrícolas para intentar asustarlo. No tendría
que haber dejado que me viera. Y no habría tenido que llamar a las
ráfagas del Norte para detenerlo de enlazarse a esa chica.
Todavía estamos a salvo.
Por supuesto, si él no insistiera en romper las reglas, tampoco
estaríamos metidos este desastre.
Me abrazo, apretando mis hombros para calmar el temblor. Él nunca
antes había llegado tan cerca. Otro segundo más y…
Mis ojos se ponen borrosos mientras mi mente muestra un recuerdo
de él en el porche. Su mano en la cara de ella. Inclinándose. Sus labios tan
cerca.
Si no lo hubiera detenido… ni siquiera puedo pensar en las
consecuencias.
Un dolor en la mandíbula me advierte que estoy rechinando los
dientes. Me obligo a relajarme. Un guardián debe estar tranquilo y lúcido
en todo momento—la Fuerza de la Tempestad me llena. Reprimir las
emociones es la clave de nuestro éxito. La única manera de soportar la
vida de sacrificio que juramos.
Además… técnicamente no es culpa de Vane. No sabe las
ordenanzas que casi hemos violado, o qué tan grande es el compromiso
de tan sólo un beso, aunque le he dado suficientes advertencias en estos
años. Debería haberlo entendido.


21
Pero no tiene sentido insistir en cosas que no puedo cambiar. Sé
mejor que nadie que el pasado no se puede deshacer. Avanzar es la única
opción.
Un viento tenue me hace cosquillas en los dedos. Una ráfaga del
Este, finalmente un golpe de suerte.
Murmullos suaves e imposibles de rastrear me envuelven. Cuando
estoy completamente enredada en la ligera brisa, respiro una orden final
en el Lenguaje del Este y me rindo en la fuerza de su poder.
—Levántate.
La palabra suena como un silbido, y el viento se aleja, llevándome
con él.
Montar una corriente es lo más cerca que he estado de la libertad.
Correr profundamente en el cielo trae claridad a mi vida. Un significado.
Nunca pude controlar completamente el viento. Lo puedo convencer,
persuadir, pedirle que me obedezca, pero aun así es una fuerza propia,
libre de hacer lo que quiera. El truco es escuchar como habla y ajustarlo
como sea necesario.
La mayoría de los Caminantes del Viento me doblan la edad antes
de llegar a mi nivel de control. Puedo oír incluso el más suave susurro a la
distancia, traducir cualquier turbulencia o malestar y ajustarlo. Fue el regalo
de mi padre. Me lo pasó el día que regresó al cielo.
No pasa ni un segundo en que no quisiera poder devolvérselo.
Cumbres oscuras aparecen en el horizonte y susurro. —Baja. —La
ráfaga baja lo suficiente para que mis dedos del pie rocen el suelo. Mis
piernas se mueven rápido, y una vez que tengo la orientación, libero mi
agarre. El viento se desenreda, alejándose mientras chillo que se detenga,
mis pies firmemente plantados en el suelo frío y rocoso de las montañas de
San Bernardino.
El aire es más puro por la altura y las ráfagas son mucho más fuertes.
Me permito un minuto para que los vientos crecientes me restauren.
Ondulan a través de mi piel, llenándome con fuerza y confianza que sólo
puede venir por estar con mi elemento natural. Una parte de mí podría
estar así toda la noche, bebiéndolo.
Pero tengo trabajo que hacer.
Se siente mal ordenar al viento a pleno volumen, al igual que se
sentía mal antes. Pero ese es el punto. Un error para ocultar otro.
Aun así, mi voz tiembla mientras envío fuertes ráfagas del Norte a
todos los lados de las montañas y les ordeno que surjan a través de la
cuenca del desierto. Las tormentas de arena arrasan a través de las dunas


22
vacías, dejando huellas de polvo a su paso. Dispersando mis huellas en
todas las direcciones.
Los Stormer no serán capaces de determinar nuestra ubicación, pero
sabrán que estamos aquí. Y no se irán hasta que encuentren a Vane,
destrozando todo el valle en el proceso.
La ráfaga informante alcanzará la fortaleza de los Stormer mañana
por la noche y tomará otro día de vuelo rápido para llegar a la región. Nos
he comprado un día extra con las pistas falsas que tendrán que descartar.
Lo que significa que tenemos tres días. Luego la gente empezará a
morir.
Vane tiene que tener su primer descubrimiento esta noche. Tres días
serán suficientes para entrenarlo en lo básico, y estoy en lo máximo de mi
fuerza, gracias a mis años de sacrificio. Debemos ser capaces de luchar
juntos contra ellos.
Pero sólo hay una manera de asegurarse de que el descubrimiento
ocurra.
Mi boca se llena con bilis por el pensamiento.
Alcanzo otra ráfaga del Este, centrándome en la manera en que el
borde de mi palma se estremece mientras llamo una ráfaga rápida y la
envuelvo alrededor de mí. Los rizos fríos se llevan mis miedos a medida que
tocan mi piel.
—Vuelve —digo la palabra en voz baja, el rugido del viento se la
lleva. Me arrastra en su fuerza, llevándome suavemente por la montaña,
por la arena seca y vacía, a mí casa.
No hay mucho en la casa, pero no tengo tiempo para quedarme de
todos modos. Tengo trabajo que hacer.
Esta noche será muy larga.






23
5
Vane

is padres todavía están despiertos cuando llego a casa. Por
supuesto que lo están. Son apenas las diez en punto. Soy
probablemente el único adolescente en el valle que nunca
rompe el toque de queda.
Por supuesto, apuesto a que otros chicos no tienen corrientes de aire
helado que los atacan de la nada, o escuchan su nombre en el viento. Se
me pone la piel de gallina de sólo pensarlo.
Ocúpate de ello más tarde.
Encuentro a mi mamá en nuestra abarrotada sala de rosa, leyendo
en el sofá marrón moteado. El olor salado del pan con carne todavía está
en el aire, y cuando miro por encima del hombro veo platos amontonados
en el fregadero de la cocina. Genial, estoy en casa antes de que lave los
platos. Error.
Mi papá me saluda con la mano desde la sala de estar, pero no se
levanta de su sillón de cuero gastado. Está demasiado absorto en algún
especial del Discovery Channel —no tengo idea de cómo ve esas cosas—
para querer escuchar a su hijo hablar del desastre de su última cita.
Mi mamá, por su parte, cierra su libro grueso, se aparta el pelo largo
y rubio de la cara y mueve la mano para que me siente.
No estoy de humor para su “conversación”, pero sé que se dará
cuenta si huyo a mi habitación. Mi mamá tiene la medalla de oro en
preocupación. Una parte de ella está probablemente feliz de que en estos
momentos no estoy embarazando a una pobre chica adolescente. Pero sé
que la otra parte siempre se preocupa porque no estoy teniendo una vida
normal.
No tiene idea de lo anormal que es.
M


24
De ninguna manera les he dicho a mis padres sobre la chica que me
acosa en mis sueños. Preferiría no pasar tardes interminables tumbado en
un sofá con alguna palabrería inútil de psicólogo y gastando los ahorros de
mis padres. Tuve bastante de eso cuando era “El Niño Milagro”.
—¿Cómo estuvo la cita? —pregunta mientras cruzo la alfombra
marrón y peluda y me siento a su lado.
Respondo encogiéndome de hombros, mi mejor arma contra las
preguntas interminables de mi madre. Siempre es divertido ver cuánto
tiempo puedo salirme con la mía.
—¿Hannah fue agradable?
Me encojo de hombros.
—¿Qué hicieron?
Otro encogimiento de hombros.
—¡Vane! Esa no es una respuesta real.
Maldición, sólo tres. Por lo general, me deja unas cuatro o cinco.
Debe estar especialmente interesada. O especialmente preocupada.
¿Puede saber cuán alterado estoy?
Sus pálidos ojos azules no parpadean mientras me miran. Son la
única característica que tenemos en común, la única cosa que hace que
la gente piense que quizás, quizás hay un lazo familiar entre el alto y
moreno chico y su pequeña y rubia madre.
Trato de distraerla. —Hannah estuvo bien. De hecho, manejamos a
Las Vegas y nos casamos porque necesita un visado americano y pensé,
¿por qué no? Es sexy. Está empacando sus cosas ahora. Espero que no te
importe compartir techo con una pareja de luna de miel.
Mi mamá suspira, pero puedo decir, por la forma en que sus labios
tiemblan, que quiere sonreír. La libré de la culpa.
—Hannah era agradable. Fuimos a cenar. La llevé a casa. Todo fue
muy emocionante.
—¿Cómo es que estás en casa tan temprano? —pregunta.
—Nosotros… en realidad no nos caímos bien.
Es un poco cierto.
—Pero, ¿estás bien? —Las líneas se profundizan en su frente.
—Por supuesto. —Sonrío para que me crea—. Algo cansado. Creo
que jugaré unos cuantos juegos y me dormiré temprano.


25
Mi mamá se relaja. Si estoy bien para jugar videojuegos, no hay
razón para preocuparse, es su regla número cincuenta y tres. Viene justo
después de Si el director no nos llama, no hay razón para preocuparse de
sus notas, y antes de Si sus ojos no están enrojecidos, solamente tiene
hambre, no antojo de drogas.
Es por eso que la amo. Sabe cuándo mantenerme a raya, y cuándo
dejarme ser libre, ambos lo hacen. Acerté completamente en el
departamento de familia adoptiva. Incluso aunque no se parezcan a mí y
vivan en una ciudad donde el clima puede ser considerado un castigo
cruel e inusual. Hasta me dejaron conservar mi apellido, lo que es
asombroso porque Weston es mucho mejor que Brasier. Rima con Frasier,
pero sé que habría sido Vane Brassiere
3
para todos los chicos en la escuela.
Además, me deja algo de mi “otra vida”.
Mi pasado es un vacío gigante que hace que quiera golpearme la
cabeza contra la pared hasta que vuelvan los recuerdos perdidos. No
importa cuántos médicos me digan que es normal que en un trauma se
repriman experiencias dolorosas; yo no lo creo. ¿Cómo puede ser normal
olvidarse completamente de toda tu niñez?
¿Y qué clase de imbécil egoísta borra a su familia sólo porque le
duele pensar en ellos?
Siento que mi sonrisa comienza a desvanecerse, así que me
encamino por el pasillo antes de que mamá pueda darse cuenta. Una vez
que cierro la puerta de mi dormitorio, enciendo el televisor viejo que
heredé cuando mis padres finalmente compraron una pantalla plana, y
accedo a internet, encogiéndome cuando uno de los juegos de guerra de
Isaac comienza entonces.
No entiende por qué odio jugar a los videojuegos de disparos en
primera persona. Tampoco lo entiendo yo. La sangre me revuelve el
estómago por alguna razón; no es que le haya dicho eso a él. Como si
necesitara darle otro motivo para que me moleste.
Pero no voy a jugar de todos modos. Me uno al primer partido que
encuentro, agacho a mi tipo en la esquina y subo el volumen para que mi
mamá pueda oír las explosiones en la sala de estar. Esperemos que eso le
impida venir a comprobarme.
Con el sonido de los disparos, me acuesto en el montón de mantas
que pateé de mi cama la noche anterior —¿mamá está loca? ¿Mantas?
¿En verano?— y cierro los ojos. El aire frío del ventilador me da en la cara y

3
Sostén en español.


26
mis hombros se relajan. La brisa siempre hace que mi cabeza se aclare. Lo
cual es bueno, porque tengo bastante mierda seria que atender.
Seguro, antes ya he vislumbrado a la chica algunas veces, pero
nunca estuve seguro de realmente haberla visto a ella, y no a alguna
chica de pelo oscuro que se parecía a ella. Esas veces no se parecieron en
nada a ésta —con un completo contacto visual y todo.
Y he escuchado susurros del viento fuera de mis sueños. Pero nunca
han sido palabras que pueda entender, o una voz que reconozca; y
nunca han usado mi nombre.
Por no mencionar que el viento nunca me ha atacado antes. La
brisa repentina estalla en raras ocasiones, seguro. Los vientos parecen
atraídos a mí, a veces. Pero nunca me asustaron. Sé que suena raro, pero
el viento no me asusta. Incluso después de lo que les ocurrió a mis padres.
Incluso después de lo que pasó anoche. El viento de alguna manera me
tranquiliza. Nunca entendí por qué.
Así que el loco y frío viento no es la razón por la que me tiemblan las
manos.
Es porque sé que la chica llamó ese viento hacia mí. Lo controló de
alguna manera. Me atacó con él. El silbido extraño que escuché antes de
que el aire nos dominara fue su voz.
¿Qué significa eso?
¿Es mágica? ¿Una especie de Diosa del viento? ¿Un ángel?
Me río de mí mismo, incluso a pesar de que la última palabra hace
que mi estómago se retuerza.
Ella estuvo allí el día que sobreviví al tornado. Una pequeña parte de
mí siempre se ha preguntado si de alguna forma me había salvado.
¿Cómo podría haber sobrevivido, sino?
¿Es… mi ángel de la guarda?
Nah. No creo en esa mierda. Además, anoche no estaba intentando
protegerme de nada. Era una maldita primera cita, ¿dónde está el peligro
en eso?
Entonces, ¿qué?
¿Está celosa?
Un ángel guardián celoso, qué suerte la mía.
Y oficialmente estoy asustado. No porque crea que algo de esto sea
cierto, sino porque mi cerebro incluso pensó en esa posibilidad.
Definitivamente estoy perdiendo la cabeza.


27
Tengo que dejar atrás esta locura. Mi instinto con Hannah tenía
razón. No puedo perseguir chicas de sueños o pensar sobre poderes
mágicos del viento o ángeles —no a menos que quiera acabar como el
paciente estrella en el manicomio local.
Es hora de dormir y despertar mañana como si nada hubiera
pasado.
Excepto, que ella estará espiándome. Metiéndose en mis sueños.
Negándose a ser olvidada.
La vida sería mucho más simple si sólo pudiera hundirme en un
descanso drogado, sin sueños. Pero los médicos me dieron pastillas para
dormir después de sobrevivir al tornado, y mi cuerpo estalló en sudor y
urticaria hasta que las vomité y me desmayé. Lo mismo sucede con
cualquier medicina que tomo. Lo bueno es que nunca me enfermo.
Sin embargo, el gabinete de los remedios me tienta mientras me
cepillo los dientes antes de acostarme. Tal vez la mitad de una pastilla
pueda noquearme sin desencadenar una reacción alérgica.
No vale la pena el riesgo. Voy a tener que aprender a ignorarla antes
de que me deje en paz, sea lo que sea.
O quizás simplemente no dormiré esta noche…
No.
Déjala venir. Para que por fin pueda decirle que me deje en paz.
Me meto en la cama y apago la luz, tirando de la estrecha sábana
alrededor de mí y apretando la almohada tan fuerte como puedo.
Adelante, chica de mis sueños. Esta vez estoy listo.



28
6
Audra

ensé que jamás se dormiría.
Ocultarme en las sombras debajo de la ventana de Vane,
esperando a que el sonido de su respiración se desacelere,
siempre me da calambres en las piernas sin importar cuántas
noches lo he hecho. Y ésta noche tengo el añadido placer de las espinas
afiladas de los arbustos Pyracantha a través de la fina tela, que no cubre
casi nada, del vestido que me había tenido que poner.
El dolor no es nada comparado con lo que estoy a punto de
soportar. Pero el viento tiene que abrirse camino a través de la mente de
Vane esta noche y hacer una conexión. Esta es la única manera en la que
puedo asegurarme de que eso pase.
He intentado despertar su mente todas las noches por los últimos
nueve años, susurrando en la suave brisa que envío a su cuarto mientras
duerme. Es la manera más natural de comprender el lenguaje del viento,
como un niño aprendiendo a hablar al escuchar a sus padres hacerlo.
Pero jamás he logrado alcanzarlo, y cualquier progreso que hago siempre
se desvanece cuando él despierta, como las hebras de un sueño
escabulléndose con la luz matinal.
Tiempo y paciencia, me dijo la Fuerza de la Tempestad.
Ya no puedo darme el lujo de ninguna de esas dos.
Una monstruosa cucaracha se escabulle por mi pie descalzo y me
trago un grito. He sido entrenada para enfrentarme a toda clase de
enemigo, pero nada es más horrible que una alimaña marrón del tamaño
de un puño que se arremolina alrededor del suelo en este horrible lugar.
Son casi imposibles de matar, muchas de ellas se escapaban luego de
abofetearlas con mi cuchillo. Y pueden volar. No es justo que algo tan inútil
y feo tenga más habilidades que Vane.
P


29
La idea sería divertida si no fuera tan terrorífica. Vane puede ser
derribado muy fácilmente, y sé mejor que nadie a lo que nos
enfrentaremos cuando lleguen los Stormer.
Una ola de dolor me balancea cuando los recuerdos que intento
ignorar con todas mis fuerzas golpean mis barreras mentales.
Los padres de Vane. Mis padres. La inconmensurable fuerza del
ciclón zarandeándolos como hojas secas en una tormenta. La vengativa
sonrisa en los labios del Stormer.
Cierro los ojos, justo como hice ese día, pero no puedo liquidar el
rugido de los vientos desgarrándome, o los ecos de los gritos de los Weston.
O el sonido de la voz de mi padre antes de entregarse para salvarnos,
ordenándome que cuidara de Vane.
Sonidos que me seguirán hasta que tome mi última respiración, y
probablemente más allá.
Cuatro lucharon contra un Stormer, y sólo mi madre sobrevivió.
Ahora Raiden siempre envía a sus Stormer de a pares. ¿Qué
posibilidades tenemos Vane y yo?
Mis piernas anhelan correr, agarrar a Vane y huir de este lugar
sofocante. Mantenerlo escondido. Protegido.
Lucho contra las ansias.
Los Stormer destruirán el valle entero buscándonos. Como guardiana,
no puedo permitir que eso pase. Además, seguirían nuestro rastro. Se nos
adelantarían eventualmente.
Forzar el primer descubrimiento de Vane es la mejor opción.
Nuestra única opción.
Además, soy fuerte, y estoy preparada. No me he atado a mí misma
a la tierra con un pedazo de comida o una gota de líquido desde el día en
que mi padre murió hace diez años. Ninguna de las otras Tempestades ha
mantenido un sacrificio durante tanto tiempo. Pero yo aprendí del error de
mi padre. Está a punto de servirme muy bien.
Tengo tiempo para enseñarle a Vane a luchar. Tal vez incluso
desencadenar sus otros descubrimientos. Y si puede lograr igualar una
fracción de su potencial, seremos más que suficiente para enfrentarnos a
ellos. Asumiendo que yo tenga éxito esta noche...
Me he unido al viento sólo una vez antes, durante mi entrenamiento,
y sólo pude soportar el dolor unos segundos. Le tomaría unos minutos a la
mente de Vane tener el descubrimiento.
Resistiré tanto como se necesite. Es mi única oportunidad.


30
Me levanto para abrir su ventana. Ya es hora.
Usualmente escurro una brisa a través de la grieta del fondo para
dejar que las canciones del viento revuelvan sus sentidos mientras yo
escucho afuera. Esta noche haré contacto directo con su mente. Si eso no
lo despierta, nada lo hará. Busco la Ráfaga del Norte que puedo sentir
hormigueando en mis dedos y la envío debajo de la repisa, forzándola
contra la cerradura hasta que se destraba. Un aumento extra de viento
empuja la ventana para abrirla silenciosamente.
Vane yace estirado en su cama, dormido, pero no tranquilo. Está
enredado en las sábanas y estrangulando su almohada.
Casi me da pena. No tiene idea de a qué se enfrenta.
Por supuesto, yo tampoco.
Respira hondo.
Estoy atascándome, y no tengo tiempo para debilidades.
Cierro los ojos.
Unirme al viento requiere de absoluta concentración. Incluso
entonces, será fácil perderme a mí misma.
Las Ráfagas del Norte que envío desde las montañas llenan el aire,
pero para esto necesito Ráfagas del Este. Los vientos de mi herencia.
Como la sangre en mis venas, sus corrientes fluyen a través de mí. Y si me
entrego a ellas, me liberarán de mi forma terrenal.
Murmuro el llamado que he memorizado, dominando a cada viento
del Este a que me encuentre. Afortunadamente, hay algunos cerca, así
que el movimiento no será detectado.
Me paro dentro de la abertura, parpadeando mientras las corrientes
me baten el cabello contra mi rostro. Usualmente lo mantengo atado en la
trenza regular de las Tempestades, pero las complejas torceduras y
pliegues no pueden ser duplicadas en la transformación. Desplazarse
requiere dejarse llevar.
Estiro los brazos y dejo que el aire frío corra a través de mi piel
desnuda. La Fuerza de la Tempestad designó mi vestido oscuro sin mangas
específicamente para esta tarea, acortándolo pequeño y bajo para dejar
más de mí al descubierto. La delicada y elegante tela está tejida de fibras
minúsculas que se aferran unas a otras en una malla, pero que pueden ser
rotas rápidamente. Como las pelusas de los Dientes de León cuando el
viento las libera. Se disolverá y re-formará cuando se necesite.
Si tan sólo mi cuerpo pudiera hacer el cambio tan sencillamente.
Me pregunto qué dirían las Tempestades si pudieran verme ahora.


31
Qué diría mi madre.
¿Estaría preocupada?
¿Le importaría en absoluto?
No. Ella vería esto como el castigo adecuado por el crimen que
jamás podré redimir.
Tal vez lo sea.
Me sacudo un escalofrío de encima, causado sólo parcialmente por
dejar que las corrientes heladas se filtren a través de mi piel. Se hunden
dentro de los recovecos más profundos de mi cuerpo, revolviéndose y
golpeando para liberarse.
Tengo que dejarlos salir.
No puedo explicar el momento de entrega. Ocurre a un nivel sin
razonamiento, profundo dentro de mi centro. Sólo tengo que confiar en mi
instinto. Y aguantar el dolor.
Con un aliento final, silencio mi resistencia y dejo que los vientos me
rasguen.
Agujas de hielo y dientes tirantes me desgarran, rompiendo mi
cuerpo célula por célula. Sólo toma un segundo transformarme, pero cada
fibra de mi ser siempre recordará la agonía.
Mezclada con el dolor, es una libertad inimaginable.
No hay fronteras. No hay límites.
Soy el viento.
Mis años de entrenamiento se esfuman mientras una necesidad
incontrolable empuja en mí. Ansío despegar, seguir la canción
provocadora del viento hasta los confines de la tierra y más allá. Cuanto
más lejos, menor será el dolor, hasta que se haya ido y sea libre.
Libre.
La idea es tan tentadora...
¡No!
Me enfoco en la única cosa que me mantiene en tierra: el rostro de
mi padre.
Sus labios están ampliamente estirados con una sonrisa. Un ligero
hoyuelo se asoma en las comisuras. Se ve feliz. Orgulloso. Tengo que creer
que lo estaría.
Ahora, bajo control, vuelo rápidamente a través de la ventana
abierta, emocionada ante el movimiento rápido mientras me arremolino


32
alrededor de Vane.
Hora de despertar.
Mis pensamientos llenan los susurros en el aire, hablando por el viento
en el lenguaje secreto de la Ráfaga del Este. Pero las palabras no son
suficientes para abrirme paso. Él necesita más que los bucles de mis brisas
envolviéndose a su alrededor, pastoreando sus mejillas y alborotando su
cabello.
Me tiene que inhalar.
Me muevo en círculos a través de su rostro, esperando que respire.
Cuando lo hace, sigo el jalo en el aire. Una vez que paso por sus labios, me
libero del resto de su aliento y empujo profundamente en su conciencia. A
su esencia.
Está oscuro y limitado dentro de su mente. Doy una paliza para
escapar, deseando liberarme cuando exhale. El dolor aumenta cuanto
más apretada estoy contenida, y mis vientos se enfurecen. Soy una
tempestad, golpeando sus pensamientos, intentando liberarlos.
Des. Pierta.
Algo se revuelve a mi alrededor, un hormigueo cálido de energía
convirtiéndose en un zumbido, pero ningún descubrimiento. No todavía.
La necesidad de salir volando me rompe y tira de mí como fríos
dedos en garras. Pero me enfoco en mi padre. Siempre fue calmado,
confiado. Tan lleno de vida y amor. ¿Qué haría él?
Sería amable. Se preocuparía.
Así que ignoro el dolor y bajo la fuerza de mis corrientes, dejando
que sólo las suaves brisas en forma de hilo ondulen a través de las hebras
de la conciencia de Vane.
Por favor, Vane. Despierta.
Su cuerpo se mueve.
Estoy alcanzándolo.
Tu gente te necesita, Vane.
Casi añado que yo lo necesito. Pero no puedo animarme a decir
esas palabras. No quiero que sean verdad.
Él no necesita escucharlas.
Se despierta con un jadeo y me retiro de su mente con el resto de su
aliento sorprendido en un frenético apuro.
Finalmente.


33
Mis corrientes se estiran y giran, disfrutando de la libertad mientras lo
veo observar alrededor, sus ojos salvajes. Fieros.
Hay sólo una manera de saber si las Ráfagas del Este realmente se
han abierto paso.
Reúno los vientos—mis vientos. A mí. Todas las partes de mí misma
que flotan en la brisa, y las cierno sobre él. Si tuvo el descubrimiento, será
capaz de ver mi verdadera forma. De otra manera, seré tan invisible como
el viento.
Por favor veme.
Sus ojos se agrandan y se pone rápidamente de pie, gritando algo
que no puedo entender por encima del ruidoso ajetreo.
Pero me ve.
Vane Weston está listo.
Con lo último de mi fuerza, tiro más de mí misma. Cuando tengo un
agarre firme, suelto los vientos.
Agujas que queman, embestidas, y un millón de otros dolores que no
puedo comenzar a describir. Las partículas de mi vestido me enfrían donde
se aferran, pero no hay suficientes de ellas para extinguir el fuego en mi
piel mientras mi cuerpo se vuelve a formar.
Me tambaleo cuando me encuentro con los ojos de Vane. Su boca
está abierta de algo que debe haber dicho cuando estaba ciega y sorda
por el dolor.
—Ya era hora —murmuro.
Luego me desplomo.


34
7
Vane

iez millones de preguntas se amontonan y salen de mi boca,
junto con una saludable mezcla de palabras que mi madre
me mataría por usar. Pero no me importan sus conservadoras
reglas de lenguaje en ese momento.
Tengo una jodida chica fantasma desmayada en mi cuarto.
Tomo una enorme bocanada de aire y lo dejo procesar. Ella está
aquí. Si quiero, puedo estirar la mano y tocarla.
Doy medio paso hacia ella, entonces me estremezco y retrocedo
tan lejos como mi pequeño y abarrotado cuarto me lo permite. Puede que
ella sea real, pero eso no explica lo que es, o lo que me acababa de
pasar. Se sintió como si la chica realmente estuviera estado en mi cabeza,
una extraña presencia dentro de mí.
Sin mencionar la tenue cosa fantasma que vi flotando cerca del
techo. Un remolino de nubes de color oscuro y claro, y un viento con rostro.
Su rostro. Entonces de alguna manera todo el caos coincidió y ¡bam! La
chica fantasma se desmayó en el piso de mi cuarto. Si no sintiera el
corazón latiendo contra mi pecho, estaría convencido de que esto es un
horrible sueño.
—Vane, ¿estás bien? —llama mi madre a través de la puerta.
Salto con tanta fuerza que choco con mi escritorio y tiro algunos
libros y cajas de videojuegos.
Si mamá entra y encuentra a esta hermosa chica con ese
inadecuado vestido, desmayada sobre mi desgastada alfombra gris,
podría quedar castigado por el resto de la eternidad. Especialmente dado
que todo lo que estoy usando en estos momentos son mis calzoncillos de
Batman. Estoy seguro de que tampoco va a tragarse mis teorías sobre el
fantasma/ángel guardián/locura de la naturaleza.
D


35
Voy a trompicones hacia la puerta, dispuesto a armar una barricada
con mi cómoda si tengo que hacerla. —Estoy bien, mamá —digo mientras
agarro la primera camisa que veo en el piso y me la pongo encima, junto
con mis pantalones cortos de gimnasia.
—Entonces ¿qué es todo ese estruendo?
Vamos, Vane. ¡Piensa!
La inspiración llegó. —Encontré una monstruosa cucaracha en mi
cama.
—¿La mataste? —Mamá suena más alejada, como si hubiera
saltado hacia atrás.
—Lo intenté, pero ahora no puedo encontrarla. —No necesitaba
preocuparme sobre mi mamá ofreciéndome ayuda. Es una gran creyente
en toda esa filosofía de los hombres deberían matar a todos los bichos.
—Bien, no te distraeré entonces —dice, y no puedo evitar sonreír—.
Pero asegúrate de matarla antes de volver a dormir. No quiero que quede
suelta en la casa.
—Estoy en eso —prometo, y mi cuerpo se relaja mientras sus pasos
retroceden en el pasillo.
Una crisis resuelta. Ahora sólo tengo que lidiar con la desmayada
chica con poca ropa en el piso de mi cuarto, quien resulta ser más como
una criatura sobrenatural.
Claaaaaaaaaaaaaaro.
No tengo pista alguna de qué hacer con eso.
Enciendo mi lámpara y la arrastro hacia ella, estirando mi cuello para
ver mejor. Sus ojos están cerrados, pero su pecho sube y baja en
respiraciones, lentas y pesadas.
Se me ocurre que podría estar herida. No sé si los fantasmas se
pueden lesionar, o si es un fantasma, siquiera. Se ve bastante real en estos
momentos. Aunque algo pálida, y su cara luce como si estuviera dolorida.
¿Está enferma?
¿Qué se supone que debo hacer si está enferma? Estoy bastante
seguro de que en el hospital no podrán ayudarla. ¿Las criaturas mágicas
tienen la misma anatomía que los humanos?
Mis ojos escanearon su cuerpo.
Guau.
Y… estoy mirando a una chica que podría algo más que humana.
Por no mencionar que está totalmente inconsciente.


36
Maravilloso momento para mirarla, hombre.
Claramente necesita ayuda. Ha estado inconsciente por al menos
cinco minutos. Tengo que hacer algo.
¿Pero qué?
Agua.
En la televisión siempre se la están dando a la gente como si fuera
una cura para todo. No puede hacerle daño. Incluso tengo una botella a
medio terminar al lado de mi cama.
La agarro, entonces camino de puntillas hacia la chica. Ella no se
mueve, ni siquiera cuando me agacho a su lado.
Aguanto la respiración cuando levanto su cabeza, suavemente
apoyando su cuello sobre mi rodilla. Su piel es fría y suave, y me preocupa
que esté temblando, pero entonces me doy cuenta de que soy yo el que
lo está haciendo.
Ella es real.
No lo creía realmente hasta ese momento. Todos los sueños. Todos
los atisbos fugaces. Incluso viéndola tan claramente esta noche. Todo
podría haber sido un error, de alguna manera. Pero ahora la tengo en mi
cuarto. En mis brazos. Y a pesar de todo lo que mis ojos acaban de ver, se
siente humana.
Se siente como yo.
Siento una pequeña sacudida de emociones mientras mis dedos
separan sus labios. Son incluso más suaves de lo que imaginaba. Sí, me los
he imaginado. Desafío a cualquiera a ser perseguido por una chica sexy
durante diez años y tratar de no pensar en besarla.
Pongo la botella contra sus labios. ¿Será capaz de tragar si la vierto
en su boca? ¿O se ahogará?
Le doy lo suficiente para mojar su lengua, sin respirar hasta que la
veo tragar. Es surrealista ver sus labios cerrados y los músculos de su
garganta contraerse. Son como pequeñas cosas normales en una
situación imposible.
Aún no puedo creer que esté realmente sosteniéndola. Mis dedos se
enredan en su cabello, los mismos mechones oscuros y ondulados que
siempre giran alrededor de su rostro en los sueños. Estoy agradecido de
que no lleve la trenza apretada que tenía antes. Luce más suave con su
cabello suelto. Más amable. Todavía tiene una fuerte mandíbula, pero
equilibra sus grandes ojos y labios gruesos.
De vuelta a sus labios. No puedo dejar de mirarlos.


37
Amigo, ¡ahora no!
Vierto más agua en su boca, y esta vez ella bebe más rápido. Se
toma el resto de la botella, pero todavía no ha despertado
completamente.
Busco agua en mi cuarto con la mirada, congelándome cuando ella
gime.
Bajo su cabeza y camino de espaldas hasta llegar a la pared más
lejana. No tengo ni idea de lo que va a pasar cuando despierte, pero
tener algo de distancia entre nosotros parece una buena idea. Ella puede
parecer amable cuando está durmiendo, pero hubo algo en el modo en
el que se manejó a sí misma más temprano, que me hace no querer
meterme con su lado equivocado.
Se queja de nuevo y rueda sobre su lado. Echo un vistazo a mi
puerta, esperando que mis padres no la hayan escuchado. Pero no tengo
tiempo de preocuparme acerca de eso, porque en el siguiente segundo,
ella salta hasta ponerse de pie.
Se tambalea, tomando respiraciones profundas mientras mira de
reojo sus manos. No puedo darme cuenta si nota que estoy aquí.
Me aclaro la garganta.
Se tensa, luego se vuelve hacia mí, su rostro es una mezcla de miedo,
dolor e incertidumbre.
—¿Qué me hiciste? —susurra.
—Espera, ¿qué? Yo no hice nada.
Se mueve hacia adelante, haciendo una mueca con cada paso.
Trato de retroceder de su camino, pero ella es rápida, demasiado rápida
para alguien que acaba de estar inconsciente. Me acorrala. —
¿Qué.Me.Hiciste?
—Te lo juro, no hice nada.
Me agarra por los hombros, increíblemente fuerte para una chica de
su tamaño. —Lo puedo sentir, Vane. ¿Qué me diste?
Su voz es más fuerte ahora, lo suficientemente fuerte como para que
mis padres puedan escucharla. Pero no estoy tan seguro de que eso sea
una mala idea. Estoy casi listo para pedir ayuda. Sus uñas se clavan a
través de mi camisa, hundiéndose en mi piel.
Agarro sus muñecas y trato de quitar sus manos, pero ella pelea
contra mí. —Relájate, ¿está bien? Te di algo de agua, eso es todo.
—¿Agua? —Sus brazos se vuelven pesados.


38
—Sí. —Señalo la botella vacía cerca de sus pies—. Sólo agua. Nada
más.
—Agua —repite, hundiéndose en el piso.
Echo un vistazo a la puerta, preguntándome si debo aprovecharla
oportunidad y correr, alejarme tanto como pueda de lo que sea que es
esta chica. Pero no me puedo ir. No después de diez años preguntándome
acerca de ella, soñando con ella.
Baja la cabeza, dejando caer el cabello en su rostro. —¿Tienes
alguna idea de lo que acabas de hacer?
—Eh, sí: te ayudé.
—Ayudarme. —Una risa extrañamente histérica sale de sus labios
mientras levanta la mirada, observándome a través de las hebras salvajes y
onduladas de su pelo.
La miro directo a los mismos ojos oscuros que he visto cada noche.
Cada vez que cierro los ojos. Siempre pensé que eran hermosos. Casi
hipnóticos. Poderosos, incluso.
Ahora se ven derrotados.
Como si confirmara mis pensamientos, ella acurruca las rodillas
contra su pecho, abrazándolas con sus brazos, y balanceándose hacia
adelante y atrás.
—No me ayudaste —susurra—. Sólo acabas de matarnos a todos.


39
8
Audra

is ojos queman de una manera que no entiendo. Luego algo
húmedo cae por mi mejilla.
Una lágrima.
Todo dentro de mí se amarra con una mezcla de miedo e ira.
No debería estar llorando. No porque tenga que ser valiente o fuerte
o mantener alguno de los otros aspectos de mi juramento. Físicamente no
debería ser capaz de derramar lágrimas.
El hecho de que puedo significa que realmente es demasiado tarde.
Mi cuerpo ha absorbido el agua. Estaré debilitada por meses.
Justo como lo estaba mi padre el día en que murió.
Mis hombros tiemblan cuando un enorme sollozo se apodera de mí.
Quiero desgarrar mi piel, rasguñarla profundo y fuerte, como si eso de
alguna forma pudiera remover el agua dentro de mí. Pero no funciona de
esa manera. He sufrido demasiado para evitar el error de mi padre, y
llegué a extremos para no atarme a la tierra. Pero jamás planeé esto.
Jamás consideré que unirme al viento haría que me desmaye, o que Vane
me daría agua para revivirme.
Vane.
Mi cabeza se levanta rápidamente, y me seco las traicioneras
lágrimas con las manos. Él está haciendo equilibrio con las puntas de sus
pies, listo para saltar hacia atrás.
No puedo culparlo. Mi comportamiento está lejos de ser la presencia
serena y dominante que fui entrenada para presentar cuando su mente
finalmente tuviera un descubrimiento.
Tengo que tranquilizarme. Esta es otra... complicación. Encontraré la
solución.
M


40
Me aclaro la garganta, sacándome el cabello fuera de mi rostro
mientras me levanto. Desearía tener tiempo para volver a trenzarlo, y
volverme a poner mi uniforme, pero tengo que recurrir a meterlo detrás de
mis orejas y alisar la tela de mi vestido.
—Lo siento —digo, orgullosa de sonar fuerte y firme—. Necesitamos
hablar.
—¿Tú crees? —Su tono es ocho veces más alto del que estoy
acostumbrada—. ¿Quién eres, y a qué demonios te refieres con que
acabo de matarnos a todos?
—Mantén la voz baja. —Doy un paso hacia él, pero se aleja con
brusquedad.
—No te acerques ni un poco más, y no me digas qué diablos tengo
que hacer. Estás en mi casa.
—Lo sé. Y si no quieres que tus padres me encuentren, necesitas
permanecer en silencio.
Él me mira mal, claramente ni un poco feliz de que haya hecho un
punto válido. —¿Quién eres?
—Mi nombre es Audra. Tengo todas las respuestas que estás
buscando, Vane. Pero necesitamos tener esta conversación en algún lugar
privado. ¿Vendrías conmigo?
La rebelión lucha en sus ojos. Y después cómo he actuado, no
puedo culparlo. Lo cual sólo hace que sea más frustrante.
Mi cabeza late de la presión a la que sometí a mi cuerpo. Me froto
las sienes y respiro profunda y lentamente, mientras estudio las líneas de su
rostro, un rostro que conozco tan bien que puedo recordar cada detalle
de memoria. El miedo está grabado en cada rasgo, haciéndolo lucir más
viejo. Incómodo.
Se me ha ordenado hacer que él confíe en mí, pero en este
momento me sorprende darme cuenta que quiero que confíe en mí.
—Por favor, Vane. Necesito que vengas conmigo. —Mis ojos
sostienen los suyos mientras doy un paso cauteloso hacia él. Levanto la
mano y dejo que mis dedos rocen su brazo hacia abajo. Se estremece
pero no se aleja, ni siquiera cuando tomo su mano.
Su piel se siente suave y cálida, y mis dedos hormiguean cuando
absorben su calor.
Extraño.
Han pasado años desde que toqué a alguien. Mi cuerpo no debe
saber cómo responder.


41
Vane observa nuestras manos, el miedo en su rostro convirtiéndose
en incertidumbre. —¿Es seguro?
—Completamente.
—¿Es muy lejos?
—Podemos ir caminando.
—¿Y prometes que me explicarás todo?
—Todo.
Sus ojos me retan. Me desafían a romper mi promesa. Él no entiende
que es parte de mi trabajo decirle todo. Pero lo sabrá suficientemente
pronto.
Tiro de él hacia la ventana.
—Espera… ¿vamos a salir por ahí?
—No puedo exactamente salir por la puerta delantera,
especialmente con esto. —Señalo mi pequeño vestido azul-negro. Parecía
revelador más temprano, cuando estaba sola. Ahora, a la luz de su cuarto,
con sus ojos pasando por encima de mí me siento casi desnuda.
Especialmente cuando sonríe y dice—: Sí, mi mamá definitivamente
no aprobaría eso.
Suelto su mano y envuelvo mis brazos alrededor de mi pecho. Casi
me había olvidado lo repulsivo que podía ser el chico.
—Vámonos.
Salto a través de la ventana sin mirar atrás. No es una caída alta, la
casa sólo tiene un piso, pero hay un dolor poco familiar en mis
articulaciones cuando mis pies golpean el suelo.
El agua.
Me muerdo el labio, respirando hondo para permanecer calmada
mientras Vane se lanza por la ventana. Gruñe cuando su brazo alcanza las
espinas del Pyracantha. Ruedo los ojos.
—Mi casa está por aquí —digo, corriendo a través del césped
abierto. Es la única parte del patio donde la luz de la luna es lo
suficientemente brillante como para ser vistos, así que tenemos que
movernos rápido hasta llegar a las altas palmeras de frutos dátiles del
bosquecillo que bordea la casa por ambos lados.
Una suave Ráfaga del Sur me revive mientras corro. Acaricia mi
rostro. Seca lo último de mis lágrimas. El viento no puede aliviar el peso
extra que llevo por el agua, pero sí mi dolor de cabeza. Vane empareja mi
paso zancada a zancada. No pude diferenciar si eso significa que es más


42
fuerte de lo que pensé o que yo soy más débil de lo que temí.
Más y más profundo nos dirigimos dentro de los árboles. El aire es tan
dulce con el aroma de sus frutos pegajosos, y puedo sentir los dátiles
caídos chapoteando entre mis pies desnudos. Al menos, espero que sean
dátiles. La noche es todo menos silenciosa, y toda forma de insectos
gigantes pían y se escabullen alrededor nuestro. Este lugar está infectado,
no el tipo de lugar que hubiera elegido para un hogar. Pero mis opciones
eran limitadas.
Unos minutos más y las paredes pálidas de mi refugio aparecen a la
vista.
Vane resopla. —Increíble.
—¿Qué?
—¿Vives ahí? —Señala a la casa delante, o más bien, a lo que
queda de ella.
Un incendio la condenó tiempo antes de que me tropezara con ella.
Pero las dos paredes y media que quedaban—una de las cuales todavía
tenía una ventana de vidrio roto—, junto con las vigas de apoyo
chamuscadas del techo anterior, me dan el suficiente espacio para
esconderme. Cubrí las vigas con hojas de palmera caída para dar sombra
contra el calor, y apilé más en el suelo para formar un lugar para dormir.
No son tan suaves como me gustaría, pero son lo suficientemente buenas
para que las aves aniden. No exijo nada mejor.
—¿Por qué? ¿Qué hay de malo en ella? —pregunto, intentando
entender su expresión incrédula.
—Simplemente debería haberlo imaginado. Venía aquí un par de
veces cuando era un niño, pero luego me detenía porque temía que...
Él se interrumpe de golpe.
Me doy la vuelta para enfrentarlo, sorprendida de lo pálido que luce
a la luz de la luna.
—Temía que estuviera embrujada —dice—. Escuchaba susurros en el
aire, y algunas veces la manera en que los árboles crujían, parecía como si
hubiera un fantasma. —Duda, como si estuviera intentando encontrar el
coraje para hacer su próxima pregunta—. Esa eras tú, ¿verdad?
Asiento.
Él se aleja de mí. —¿Qué eres?
—Soy lo mismo que tú —digo, pisando ligeramente.
Él ríe y el duro sonido corta el silencio de la noche en pedazos. —Por
favor. Vi la manera en que flotaste en el aire, y te formaste de la nada y...


43
—¿Entonces realmente me viste? —pregunto, con la necesidad de
escucharlo decírmelo. He esperado tanto tiempo para que tuviera el
descubrimiento, que todavía es difícil creer que finalmente ha ocurrido.
—Sí. Así que no me digas esa mierda de que eres humana, porque sé
lo que vi, y los humanos no pueden hacer eso.
—Vane. —Espero a que me mire a los ojos—. Jamás dije nada sobre
ser humana.
Él se traga una respiración. —Entonces... no eres humana.
—No.
Su rostro es un caleidoscopio de emociones. Alivio. Duda. Miedo.
Defensa.
No digo nada, esperando que haga la última y más importante
conexión. Casi puedo escuchar las piezas encajar juntas en su cerebro.
Su voz apenas es audible cuando finalmente habla. —Pero dijiste
que eres lo mismo que yo.
Abro la boca para rellenar las palabras que terminarán de darle
vueltas a su mundo por completo, pero mi voz se desvanece.
Daría lo que sea para olvidar quién y qué soy. Para despertar cada
mañana no teniendo que enfrentarme a lo que debo hacer. O a lo que he
hecho. Vane ha estado viviendo ese tipo de ignorancia dichosa por diez
años. Ajeno a sus responsabilidades. Inconsciente de su rol. Inocente ante
los desafíos arrolladores a los que se enfrentará.
Ahora estoy a punto de sacarle esa libertad.
La culpa y el arrepentimiento casi me hacen atragantar.
Pero él necesita escuchar la verdad. Y yo hice un juramento de que
se la diría. Así que cuadro mis hombros y tiro su mundo abajo.
—Cierto, Vane. No soy humana. Y tú tampoco lo eres.


44
9
Vane

o puedo dejar de reír.
Me río con tanta fuerza, que asusto a los murciélagos de los
árboles. Me duelen los costados y tengo que jadear en
busca de aire; las lágrimas se escapan por las esquinas de
mis ojos. ¿Pero qué más se supone que haga?
Esto es entrar oficialmente en nuevos reinos de locura y me niego a
ser arrastrado hacia ellos. Puede que no comprenda algunas cosas sobre
mi vida o mi pasado, pero estoy seguro de que soy un ser humano, quiero
decir, luzco como todo el mundo. Me siento como todo el mundo.
Y Audra también.
Claro, porque ella también es humana, me digo a mí mismo.
Loca, pero humana.
Debo de haber soñado lo que vi en mi habitación. He tenido un
montón de sueños locos sobre ella, ¿por qué no uno más?
Esa es una explicación lo suficientemente buena para mí.
—Me voy —digo mientras me dirijo hacia mi casa—. Sal de nuestra
propiedad y aléjate de mí o te voy a poner una orden de alejamiento tan
rápido que ni sabrás lo que te golpeó.
—No puedo hacer eso, Vane.
Ignoro los escalofríos que me recorren cuando dice mi nombre. —Sí
puedes.
No es la chica de mis sueños. Es un problema del que me estoy
deshaciendo.
No me sigue. En cambio, la escucho susurrar.
N


45
No quiero oírla —lucho por ignorarla— pero siento como si su voz
taladrara mi cráneo. Los sonidos son sensibles, pero después de un
segundo se hunden en mí y se convierten en palabras.
—Ven a mí rápidamente, sin emitir rastro. Elévate suavemente, luego
fluye y arrasa.
Las palabras me llenan de calidez y dolor, y quiero correr hacia ellas
y lejos de ellas, todo al mismo tiempo. Pero no puedo moverme. Estoy
congelado, hechizado por los susurros que se arremolinan en mi
consciencia.
Hechizado.
—¿Estás encantándome? —le grito, sacudiendo la cabeza,
intentando romper cualquier truco que esté usando.
No responde.
En su lugar, un golpe de viento se enreda a mi alrededor, y
comprendo lo que siente una mosca cuando una araña la atrapa en su
red. Entre el caos y las rachas torrenciales siento sus brazos envolver mis
hombros, y una explosión de calor mientras su cuerpo se aprieta contra el
mío. Y entonces despegamos.
Juro que mi estómago se queda detrás mientras subimos y subimos.
Tengo que seguir haciendo estallar mis oídos a medida que cambiamos de
altitud.
Pero no tengo miedo.
Sé que debería. Mi vida está, literalmente, colgando de una racha
de viento que Audra controla de algún modo —ella claramente es algún
tipo de bruja o diosa o cualquier otra criatura imposible.
No me importa.
Se siente correcto estar en este cielo oscuro. Natural. Como rascarse
una picazón que no sabía que sentía hasta que el alivio ardiente me
atraviesa. En lo alto, con los vientos azotando todo a nuestro alrededor, y
nuestro calor mezclándose, todo se desvanece.
Cierro los ojos y escucho la brisa; no oigo el sonido atronador que
espero. Escucho el lenguaje antiguo que pertenece única y
exclusivamente al viento. Susurra sobre los lugares en los que ha estado.
De cambio.
De poder.
De libertad.
Quiero escuchar para siempre. Es entonces cuando lo sé.


46
No soy humano.
No tengo idea de lo que soy, o de lo que se supone que haga con
esta revelación, pero eso no hace que no sea cierto.
Una sacudida en el estómago me arrastra de vuelta a la realidad y
abro los ojos. Estamos cayendo, rápido y violentamente. No puedo estar
seguro, pero tengo la impresión de que el grito de niña sale de mí.
—Cuando caigas, rueda sobre el suelo —grita Audra en mi oído
mientras la oscura tierra corre hacia nosotros.
Claro, porque mover los pies evitará que me convierta en una
mancha.
Pero mis opciones son limitadas, así que cuando me empuja y susurra
“Suelta”, en el mismo segundo en el que el capullo de viento se
desenvuelve, la sigo, empujando las piernas mientras mis dedos rozan la
dura superficie.
Me río al tiempo que ambos corremos a través del suelo rocoso tan
rápido como nos llevan nuestros pies.
No estoy muerto. De hecho, nunca me he sentido más vivo.
Obligo a mis piernas a que se detengan y observo el paisaje. Estamos
en lo alto de las estribaciones, con las luces de las ciudades desiertas
brillando a lo lejos y la autopista zigzagueando bajo nosotros. Austeros
postes salen del terreno en filas organizadas, y en la cima tienen una tríada
de cuchillas que giran.
Molinos de viento.
La Granja de Viento del Paso San Gorgonio.
He conducido a través de ella en mis raras escapadas del sofocante
valle, pero nunca he caminado a través de las turbinas enormes. La noche
resuena cuando las cuchillas gigantes cortan el aire mientras el viento
choca contra ellas. Las luces rojas en lo alto de cada torre brillan como los
ojos de un demonio. Desenfoco la vista a medida que los molinos giran y
giran.
Unos pasos resuenan detrás de mí, recordándome que no estoy solo.
—¿Entonces, qué soy? —pregunto sin darme la vuelta. Tengo miedo
de mirarla cuando diga las palabras que cambiarán mi vida para siempre.
—Somos sylph.
—¿Sylph? —Esa ni siquiera es la respuesta que esperaba. Quiero
decir, si tengo que ser una criatura mítica, al menos podría ser una de la
que haya oído hablar—. ¿Qué demonios es un sylph?


47
—Así es como los humanos llaman a un elemental de aire.
—¿Un elemental de aire?
—¿Seguirás repitiendo en forma de pregunta todo lo que te digo?
Me giro para enfrentarla. —Eh… me detendré cuando digas algo
que tenga sentido.
—¿Qué tal esto? Eres un Caminante del Viento. Controlamos el
viento. Somos parte de él.
—¿Somos parte del viento?
Aprieta los dientes y me doy cuenta de que he vuelto a repetir lo
que dijo. No me importa. —¿Cómo podemos ser parte del viento?
—Del mismo modo en que los humanos son parte de la tierra.
Cuando mueren, se convierten en polvo.
—Entonces… ¿qué? ¿Cuando morimos, nos convertimos en viento?
Una sombra cruza su semblante incluso en la pálida luz de la luna. —
Sí.
Sacudo la cabeza, listo para decirle lo ridículo que suena eso.
Entonces me golpea un recuerdo: dos formas enredadas, algo parecido a
dos cuerpos, pero la mayor parte sólo son formas torcidas y vacías. No
recuerdo haberlos visto en persona, pero cuando tenía diez años reuní el
coraje suficiente para buscar en Google las imágenes granuladas,
esperando que avivaran un par de recuerdos reprimidos.
—¿Eso fue lo que le sucedió a mis padres? ¿El por qué sus cuerpos
estaban irreconocibles cuando los encontraron? —susurro.
Ella aparta la mirada. —Sí. A veces puede ser un proceso lento, pero
eventualmente no queda nada excepto aire.
Así que mis verdaderos padres tampoco eran humanos.
Tiene sentido; si soy un sylph, ellos también debieron serlo.
¿No hubiera sido agradable dejarme una pista al respecto? “Oye,
hijo, eres un Caminante del Viento”. Aunque tal vez lo hicieron y
simplemente no lo recuerdo.
Trago y obligo a mis labios a formular la pregunta que me ha
acompañado por los últimos diez años. Ahora que la respuesta está a mi
alcance finalmente, tengo un poco de miedo de escucharla. —¿Qué le
sucedió a mis padres ese día, en la tormenta?
Audra inhala despacio antes de hablar. —Fueron asesinados.
Asesinados.


48
Las palabras se sienten frías y extrañas. Siempre pensé que sus
muertes habían sido un fallo.
Mis manos se crispan en puños. —¿Por quién?
Su voz se vuelve hielo cuando responde. —Su nombre es Raiden.
Memorizo el nombre del hombre que mató a mi familia y que casi
me mata a mí. —¿Por qué lo hizo?
—Es… difícil de explicar. Tiene que ver con cosas que tu mente aún
no está lista para comprender. Te lo diré cuando sea el momento
adecuado.
Abro la boca para discutir, pero mi cerebro ya se retuerce en cientos
de direcciones distintas. No estoy seguro de poder manejar una larga y
complicada explicación, especialmente sobre un tema tan doloroso.
Me hundo en el suelo, recostándome contra la base de uno de los
molinos. Las suaves vibraciones atraviesan mi delgada camiseta; no puedo
evitar desear rebobinar las últimas horas y volver a ser el tipo normal con la
extraña acosadora de sueños y el pasado en blanco.
¿Cómo se supone que regrese a casa o vea a mis amigos, sabiendo
lo que sé ahora? ¿Cómo se supone que sea normal otra vez?
He cruzado la línea. Estoy a tope. Sin embargo, hay una cosa que
tengo que saber. —¿Por qué aún estoy vivo?
—¿Qué?
—El día que murió mi familia. ¿Cómo sobreviví?
—Mi… —Se detiene, como si no pudiera sacar las palabras—. Mi
padre te salvó.
—¿Tu padre? Pero…
—¿Qué?
—Siempre pensé que habías sido tú.
Mira hacia el suelo. —Yo estuve ahí, pero no era lo suficientemente
fuerte.
Su voz se apaga y se me ocurre que para ella también es un
recuerdo doloroso. Me aclaro la garganta, luchando para encontrar un
modo más sensible de formular la siguiente pregunta. —Y tu padre. Él…
—Está muerto —susurra—. Se sacrificó para salvarte.
No sé qué decir cuando se gira y me da la espalda, alejándose. Sólo
un diminuto haz de luna ilumina el cielo y ella se desvanece en la


49
oscuridad. Lucho contra una oleada de pánico. No me dejaría aquí,
¿verdad?
No; nunca he tenido una razón para creer que quiere dañarme.
Excepto esta noche.
—¿A qué te referías antes? —pregunto en voz baja.
—¿Antes? —Su voz es un sonido sin rostro en la oscuridad, como si
realmente fuera un fantasma.
—Cuando despertaste en mi habitación. Dijiste que acababa de
matarnos a todos.
Un largo silencio se escurre antes de que hable. —El agua nos
debilita. Es lo mismo con la comida. Nos ata al suelo, lo cual limita nuestras
capacidades…
—Espera… ¿estás diciendo que no puedo comer? —Eso
definitivamente cae en la categoría de “para nada genial”.
—Tu cuerpo aún no está listo para esa clase de sacrificio. De hecho,
el hambre te haría mucho más débil ahora, ya que dependes de las
comidas terrestres. Pero pronto tendrás que comenzar a trabajar en
función de alcanzar todo tu potencial. Mientras más cerca del viento
estemos, más poderosos podemos ser. Me he negado comer por años
para estar en la cima de mi fuerza, ahora el agua me ha debilitado.
Eso tiene tanto sentido como las funciones cuadráticas que
estudiamos el año anterior. —Fue sólo la mitad de una botella de agua.
Para mañana estará fuera de tu sistema.
—Nuestros cuerpos no funcionan así. Cualquier cosa física de esta
tierra no se corresponde con el viento. Incluso la cantidad más pequeña
de algo como el agua limita lo que puedo hacer… por meses, y no podía
haber sucedido en un momento más crucial.
Escucho un sonido rasposo, como si ella estuviera pateando el suelo.
—¿Por qué ahora es crucial?
—Porque Raiden sabe que estamos aquí. Es el Caminante del Viento
más poderoso y ha intentado encontrarte durante años. Hice todo lo que
pude para escudarte, pero ahora sus Stormer, sus guerreros, vienen a
capturarte; si huimos, harán trizas todo el valle buscándote. Cientos de
personas podrían morir. Los Stormer encontrarán nuestro rastro y nos darán
caza. Nuestra única opción es luchar, y no estoy al máximo de mi fuerza.
Las probabilidades… no son buenas.


50
De algún modo estoy de pie, aunque no recuerdo haber decidido
hacerlo. —¿Todo eso por mí? ¿Por qué… por qué soy tan importante? No
soy nadie.
—Ahí es donde te equivocas, Vane. Eres nuestra única esperanza.
Tengo que reírme. Suena tan parecida a la Princesa Leia. Ayúdame,
Obi-Wan Kenobi
4
.
—Pienso que tienes al tipo equivocado.
—Créeme, no es así. Probablemente seas la persona viva más
importante en este momento.
Y…. mi cerebro prácticamente se apaga.
En una noche averiguo que no soy humano, que mis padres fueron
asesinados y que el mismo maldito que los mató está enviando guerreros a
capturarme porque se supone que soy una persona importante —aunque
no soy nadie. Oh, y no podemos huir, no podemos escondernos y no
puedo ganar en una pelea. Como que me dan ganas de pellizcarme un
brazo y esperar que todo sea un sueño.
Pero no estoy soñando. Puedo sentir la brisa corriendo por mi rostro, y
definitivamente no me estoy imaginando las canciones que flotan en el
viento. Las melodías satisfacen un deseo que siempre he tenido pero
nunca supe cómo entender.
Audra se acerca lo suficiente como para que pueda distinguirla en
la luz tenue. La tela de su escaso vestido luce como si cobrara vida en el
viento, ondeando sobre las curvas de su cuerpo. Tengo que obligarme a
enfocar su rostro, que luce justo como en mis sueños, el modo en que me
miran sus ojos y su cabello arremolinándose alrededor de sus mejillas. Sus
labios se abren y espero que susurre los mismos sonidos flotantes a los que
estoy acostumbrado cada noche.
A cambio, dice—: Nada de esto importa. Ahora mismo necesitas
concentrarte en tu entrenamiento.
—¿Entrenamiento?
—Necesitas aprender a pelear, para defenderte cuando los Stormer
vengan tras de ti. Para eso estoy aquí, para enseñarte lo que necesitas y
puedas cumplir tu rol.
—¿Mi rol?
—Y volvemos a la repetición de todo lo que digo.

4
Personajes pertenecientes a la saga de “La Guerra de las Galaxias”.


51
—Bueno, ¿qué esperas que haga? ¡Nada de lo que dices tiene
ningún maldito sentido!
Puedo decir, por el modo en que se tensa su mandíbula, que quiere
gritarme. —Tienes razón —dice—. Pero has tenido más revelaciones en una
hora de lo que alguien pueda manejar, y tengo que averiguar qué hacer
sobre los Stormer que vienen.
Una pizca de derrota regresa a sus ojos.
—¿En serio todas las personas van a morir? —pregunto, dándole pie
para que me diga que esto es una enorme y bien elaborada broma.
—Espero que no.
No es la seguridad que estoy buscando.
Entonces cuadra los hombros. —No dejaré que pase nada. Soy uno
de los luchadores más fuertes, aún con un poco de agua en mi sistema, y
conseguiré ayuda.
—¿Ayuda? Como… ¿otros sylph? ¿Qué? ¿Puedes llamarlos y decir:
“Hola Caminantes del Viento, necesitamos que vengan para pelear contra
unos tipos malos”, y ellos vuelan hacia la ciudad y salvan el día?
Un costado de sus labios se alza en una sonrisa. —No es tan simple. —
La sonrisa se desvanece—. Para nada. Pero me haré cargo de ello tan
pronto te lleve a casa.
Abro la boca con una pregunta nueva, pero me congelo cuando
pone un dedo en mis labios.
—Sé que quieres más respuestas, pero si voy a llamar a los refuerzos,
necesito hacerlo lo más pronto posible. Por favor, dame un par de horas y
te explicaré más por la mañana.
Quiero discutir —hay un montón de mierda que no ha explicado—
pero estoy muy distraído por la calidez electrizante que irradia la punta de
su dedo, cosquilleando por todo mis rostro. Nunca he sentido algo como
esto, y supone un tremendo logro el asentir ligeramente.
Baja los ojos, concentrándose en su dedo sobre mi boca, y una
indescifrable emoción revolotea por su rostro. —Gracias.
Las palabras suenan casi ahogadas mientras deja caer la mano a un
costado y la sacude. Entonces se gira y susurra el mismo encantamiento de
antes.
—Ven a mí rápidamente, sin emitir rastro. Elévate suavemente, luego
fluye y arrasa.
Esta vez sé lo que hace; está controlando el viento, y este la
obedece, corriendo a nuestro alrededor.


52
Da un paso hacia mí, deteniéndose a escasos centímetros. Lo
suficientemente cerca como para sentir el calor de su cuerpo
difundiéndose en el aire. Lo suficientemente cerca como para estar más
consciente de sus labios. El viento se enreda mucho más fuerte,
separándonos del resto del mundo. Un espacio privado para nosotros dos
solos.
—Sujétate a mí —ordena, y me toma un segundo darme cuenta que
no lo imaginé. Estaba pensando hacer eso justamente.
Mis manos rodean su pequeña cintura, tan diminuta, que mis dedos
casi se tocan. Todo sobre ella es frágil y delicado, pero rebosa fuerza, calor
y poder.
Y la deseo.
Es todo lo que he querido por años. No importa lo mucho que he
tratado de luchar contra ello o ignorarlo.
¿Me desea ella a mí?
¿Estaría tan cerca si no lo hiciera?
Humedezco mis labios, buscando el coraje para hacer mi
movimiento. Me inclino un poquito hacia adelante y…
Casi vomito sobre ella cuando un viento nos arranca de la montaña.
La caída libre hace que cualquier montaña rusa se sienta como un
carrusel, y me agarro a ella, odiándome por chillar nuevamente.
Eres genial, hombre. Seguro que está realmente impresionada.
No puedo saber si escuchó mi grito. Sus ojos están cerrados y su
mente parece encontrarse a millones de kilómetros de distancia —lo cual
sería un alivio si no estuviéramos a punto de colisionar contra el suelo del
valle.
—Eh… Audra —grito, mientras los latidos de mi corazón se ahogan en
el viento.
Ella no parpadea.
La sacudo, pero aún no se mueve, como si hubiera decidido que
caer en picado desde una montaña es el mejor momento para echarse
una siesta. —En serio Audra, ¡esto no es nada gracioso!
Sigue sin responder, así que cierro los ojos mientras nos aproximamos
al suelo a toda velocidad, preparándome para experimentar lo que siente
un bicho cuando choca con el parabrisas de un coche. En el último
segundo ella susurra: —Cálmate. —Y los vientos se levantan, moviéndose
paralelos al suelo.


53
—¡No vuelvas a hacer eso! —grito entre jadeos forzados.
—¿Te asusté?
—Eh… seh. —Casi me orino, pero eso no se lo voy a decir.
—Que sea esa la lección número uno. Las cosas que te voy a
enseñar parecerán imposibles, pero sé lo que estoy haciendo. Tienes que
confiar en mí.
Resoplo. —Todavía estoy tratando de convencerme de que los
champiñones en mi hamburguesa no eran del tipo psicodélico y que me
voy a despertar mañana descubriendo que todo fue un sueño.
No se ríe. Entrecierra los ojos.
—De acuerdo, confío en ti. —Rayos.
Volamos en silencio por unos segundos antes de que susurre “Suelta”
y me aparte de ella bruscamente por segunda vez.
Golpeamos el suelo mientras los vientos se desenredan, poniéndonos
sobre el suave césped de mi jardín. La casa está a oscuras, a excepción
de mi habitación, en donde brilla la lámpara que encendí después de que
ella colapsara en el suelo.
Eso parece que pasó hace años, no horas.
Mi ventana todavía está abierta. Genial, la habitación debe de estar
poblada de polillas.
—Regresaré mañana para comenzar tu entrenamiento —dice,
girándose hacia las palmeras.
—¿Eso es todo? ¿Se supone que ahora tengo que irme a dormir?
—Necesitas descansar. Mañana será un día largo.
—¿Qué hay de ti? —Me pica la piel pensando en el montón de hojas
de palmera sobre las que ha estado durmiendo—. Puedes quedarte en mi
habitación si quieres.
Enarca una ceja.
Siento que mis mejillas arden. —No quise decir eso. Yo dormiré en el
suelo.
La mitad de una sonrisa cruza sus labios. Me pregunto si sabe cómo
sonreír del todo.
—No voy a dormir —dice—. Necesito encargarme de lo de la ayuda.
—Oh. Cierto. —Para luchar contra los psicópatas que vienen a
capturarme, por una razón que sigo sin entender. Sip, dormir es una causa
perdida.


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—Descansa, Vane —susurra y echa a correr hacia las palmeras.
Espero hasta que desaparece por el bosquecillo y luego trepo por mi
ventana, maldiciendo a mis padres por colocar espinos en el macetero
bajo ella. Tiro de la ventana y la cierro.
En reloj en la mesita de noche marca la 1:03 de la mañana.
Contemplo la botella de agua vacía en el suelo; el sitio donde Audra
se desmayó; las almohadas y sábanas desordenadas de cuando me
desperté por sorpresa.
No sé qué hacer con nada de lo que he visto o sentido o con lo que
me ha dicho Audra. Así que hago lo que me ordena. Me meto en la cama,
preguntándome si será la primera noche que no sueño con ella.
La extrañaré.
Una suave brisa atraviesa la habitación, entonando una especie de
nana antigua.
Cierro los ojos y dejo que los murmullos me lleven hacia los sueños de
mi herencia.
Los sueños de Audra.


55
10
Audra


e paseo por la longitud de mi diminuto refugio tantas veces
que es un milagro que mis pies no hayan hecho una ranura
en el suelo. Finalmente, me derrumbo en el suelo duro y
sucio. Alargando el asunto, como una cobarde.
Mis ojos comienzan a cerrarse y los mantengo abiertos. No he
dormido más de dos horas por noche durante diez años. La Tempestad me
advirtió que no me escapara, pero vigilar a Vane es un trabajo de
veinticuatro horas al día. No puedo ceder a la autocomplacencia y
arriesgarme a decepcionarlos.
Decepcionar a mi padre.
Al menos Vane consigue descansar. Envié a las Ráfagas del Este a
que cantaran en su mente abrumada para dormir. Es un truco que mi
padre solía hacer, convirtiendo una brisa en un torbellino de canciones de
cuna. Él me enviaba una a mi habitación cada noche después de
arroparme, sumando su voz cálida y rica a la mezcla.
Mi padre no podía hablar con los pájaros como mi madre y yo, pero
cantaba como uno. Lo cual no era realmente un don, pero sí algo que
compartíamos, sin embargo. Cada vez que volábamos juntos, solíamos
cantar a dúo.
Pero no añadí mi canción al viento que envié a Vane. Mis melodías
fueron silenciadas el día que mi padre murió.
Se sentía como si un pedazo de mi corazón se derrumbara con sólo
entrelazar las canciones de cuna, pero Vane merece una última noche de
paz. Tiene una pesada carga sobre sus hombros, mucho más pesada que
las tareas que se reclinan sobre los míos. Los próximos días serán los más
difíciles de su vida.
M


56
Me sorprende lo fácil que es empatizar con él. A través de los años
me ha costado no resentirlo. Odiar eso de su vida es más importante que la
de mi padre. Más importante que la mía. Me preocupaba que fuera difícil
ser civil una vez que nos vimos obligados a interactuar.
Y él es... desafiante, pero no siempre de la manera que esperaba.
Algunas de mis reacciones de la noche son un misterio para mí. Como mi
vacilación al decirle la verdad, uno de los aspectos más fundamentales de
mi asignación. O las veces que estuve emocionada por tocarlo.
Su brazo.
Sus labios.
¿Por qué hice eso? Nunca tuve la intención de hacerlo.
¿Había sido lástima?
Quiero que esa sea la respuesta, pero no explica por qué mi piel
todavía hierve a fuego lento en todas las partes en las que nos tocamos.
Por qué incluso ahora, sólo recordando la forma en que me sostuvo, o la
mirada en sus ojos, deja en pecho un vacío extraño. Casi como...
Acabo con el pensamiento antes de que pueda terminar.
Sean cuales sean esos sentimientos, los voy a aplastar
inmediatamente. No necesito que Vane Weston complique las cosas más
de lo que ya lo ha hecho.
Gavin pellizca mi mano y sus garras se hunden en mi muñeca, una
forma no tan amable de recordarme que he dejado de acariciar sus
plumas grises de seda a lo largo de su espalda. Puede ser exigente, pero es
mi mejor amigo. Y es el único que no me odia por lo que pasó. También
ignora su instinto de migrar hacia el norte, sólo para quedarse conmigo. Así
que tolero sus dificultades. Incluso cuando abandona un conejo a medio
comer en el suelo.
Mi estómago ruge ante la vista, disparando agujas a través de mi
abdomen.
Otro efecto secundario del agua.
Cuanto más tiempo pasamos sin comer, nuestros estómagos más se
contraen. Es un proceso doloroso, y la razón por la cual la mayoría de los
guardianes terminan cayendo en la tentación por lo menos una vez al
año, para detener los dolores del hambre.
Yo no. Y después de diez años, mi estómago se había encogido casi
inmediatamente.
Ahora el agua revivió el apetito, y el deseo arde tan intensamente,
que incluso el cadáver horrible o los dátiles podridos en el suelo me tientan.


57
Una llama de ira se desata, pero la apago. Merezco cada dificultad,
cada malestar, y aún más. Mi vida no tiene importancia. Podría también
haber terminado ese día en la tormenta.
Pero sí sobreviví. Y gané el don mi padre, aunque siempre siento
como si se lo hubiera robado.
Todavía puedo sentir los dedos de mi madre clavándose en mi piel
mientras mecía mis hombros. Gritando que había tomado la única parte
de él que le había quedado. Que no debería haberme elegido sobre ella.
Todavía no sé por qué lo hizo.
El mensaje susurrado con el que me lo envió no dejó ninguna pista.
Sólo: Sé que vas a utilizar esto bien, mi querida Audra.
Había querido que yo lo tuviera. Así que lo había inhalado, dejando
que la sabiduría y la energía inundaran mi mente mientras las lágrimas
corrían por mi rostro y los últimos vestigios de mi padre se alejaban con las
ráfagas de aire.
Juré entonces que terminaría lo que él había empezado. Me
convertiría en un guardián. Prepararía a Vane. Lo haría aún más fuerte de
lo que nadie creía que podía ser, para que pudiera terminar con el
reinado de terror de Raiden.
Y ahora voy a proteger de los Stormer a la gente inocente en estas
ciudades áridas.
Lo que significa que pedir ayuda es mi deber.
Pero… parece que no puedo convencerme de hacerlo.
No tengo una manera segura de comunicarme con la Tempestad
por mi cuenta. Ellos proporcionan a los guardianes la información que les
permite tener, y como yo ya sé todo lo que hay que saber sobre Vane
Weston, no me dicen nada más.
Es una medida de seguridad que nos salvó hace cuatro años,
cuando Raiden capturó a dos de los mejores. Ninguno de nosotros sabe los
horrores por los que los hizo pasar, pero los arruinó. Y aprendió el secreto
más profundo de la Tempestad. Que Vane sobrevivió al ataque que mató
a sus padres hace tantos años.
Pero no supo dónde lo habíamos escondido.
Y así empezó la búsqueda incesante de Raiden.
Fue entonces que finalmente me convertí en guardián. Antes, sólo
estaba "bajo formación" y tenía que informar a mi entrenador a diario
sobre mi progreso. Incluso entonces, a la Tempestad le preocupaba que la
presión fuera demasiado para mi edad y trataron de obligarme a


58
descansar de mis funciones. Pero siempre me escabullía para ver a Vane.
No podía correr el riesgo de que algo fuera a suceder cuando me
encontraba lejos. Y una vez que Raiden supo que Vane estaba vivo, la
Tempestad no pudo retrasar más mi nombramiento. Vane necesitaba una
protección constante, y yo era la mejor Tempestad disponible. Soy el
guardián más joven, de lejos, pero nadie puede igualar mi habilidad y
determinación. La decisión fue casi unánime. Sólo un voto en contra.
El de mi madre.
No porque se preocupara por mi seguridad. Sino porque no me creía
capaz.
Ahora tengo que ir con ella y explicarle en qué lío estamos metidos.
Rogarle que ayudara.
Todo lo que he sufrido y sobrevivido esta noche no será nada
comparado con eso.
Motivo por el cual tomo asiento congelada, acariciando a Gavin y
buscando alguna reserva de fuerza para hacer lo que hay que hacer.
Finalmente lo encuentro en la chaqueta negra ahora abotonada a través
de mi pecho. En el tirón leve de mi trenza.
Entrelacé mi pelo y me puse de nuevo mi uniforme en el segundo en
que volví a casa. No puedo permitirme olvidarme de mi función.
Así que me doy cinco segundos para revolcarme en el miedo y la
lástima. Luego envío a Gavin a su lugar en el alféizar, le ordeno que se lleve
su cadáver mutilado antes de que regrese, y me pongo de pie.
Llamo a dos de las Ráfagas del Norte que envié desde las montañas
y se envuelven a mi alrededor con apenas un suspiro. Su canción de poder
y resistencia llena mi mente mientras me llevan flotando.
No he volado este camino desde el día que me fui hace cuatro
años, pero está marcado en mi cerebro. Sobre las colinas, pasando por el
bosque de árboles puntiagudos y retorcidos, la pequeña casa escondida
en un tramo del desierto tan inmenso y vacío que no estoy segura de que
los terrícolas sepan de su existencia. Es por eso que la Tempestad eligió este
lugar.
La casa está a oscuras, pero ella está dentro. Puedo sentir su
presencia en el frío en el aire. En la presión en mi pecho.
Envío lejos a los vientos, tocando con mis pies la arena suave, tan
silenciosa como un gato acechando a su presa. Sin embargo, un ligero
movimiento cerca de la ventana me dice que sabe que estoy aquí. Nada
puede acercarse sigilosamente a ella. Es otro de sus dones, y sólo le falló
una vez.


59
Pero eso fue mi culpa.
Aves de todos los tamaños y formas me miran desde su azotea
mientras cruzo el patio escaso, sus ojos vidriosos brillando a la luz de la luna.
Están atraídos a ella, abandonando sus instintos para mantenerse dentro
de su alcance. Hace años me habrían recibido como su pariente. Habrían
llenado el aire con sus canciones mientras se abalanzaban y
arremolinaban, rozando mi piel con sus plumas sedosas.
Ahora sólo me rodea su sentencia. Me han rechazado tanto como
ella lo hizo.
Una vez al mes mi madre envía un cuervo lúgubre para comprobar
mis progresos. El bicho me agarra con sus afiladas garras mientras me da su
mensaje, siempre el mismo. Es mi único contacto con mi madre, o el
mundo de los Caminantes del Viento.
¿Ha tenido el descubrimiento de los Caminantes del Oeste?
Una actualización sobre Vane. Es lo único que importa.
Ignoro las miradas burlonas de los pájaros y me centro en el roble
solitario y escabroso—un testimonio de la supervivencia y la resistencia en
el árido paisaje desierto. Me arrodillé a la sombra de sus hojas cuando hice
mi juramento a la Tempestad. Mi madre ni siquiera se molestó en salir.
Me fui aquel día y nunca regresé. Nunca pensé en volver.
Esto es necesario, me recuerdo a mí misma mientras obligo a mis pies
a subir por las escaleras.
La casa es pequeña, normal y de color beige, el tipo de lugar que los
ojos podrían omitir por completo a menos que se preste atención. Mi
madre la desprecia.
Si pudiera salirse con la suya, volvería a nuestra antigua finca en el
este. Para rodearse a sí misma de los vientos alisios relajantes de nuestro
patrimonio y escapar de las tormentas turbulentas del desierto.
Pero esa no es una opción ahora.
Una ráfaga de viento helada abre la puerta, y estoy orgullosa de mí
misma por no saltar. Estoy preparada para sus juegos. Pero no puedo evitar
que mis piernas tiemblen mientras cruzo el umbral hacia la oscura
habitación escasamente amueblada.
Sólo mi madre podría mantener nuestro primer encuentro en cuatro
años en la oscuridad.
—Bueno —dice con su voz profunda y gutural mientras se levanta de
un sillón de felpa en la única ventana. La luz de la luna refleja las delicadas
líneas de su figura y cara perfectas. Ni siquiera la oscuridad, o la mueca en


60
su boca, puede atenuar su belleza—. Teniendo en cuenta tu
comportamiento abatido y las cambiantes Ráfagas del Norte que he
estado sintiendo toda la noche... —Se estremece, frotando la piel de sus
brazos como si le picara—. Asumo que estás aquí para pedir ayuda.
—Es bueno verte a ti también, mamá. —No puedo evitar la
amargura de mi voz. No la culpo por la forma en que me ha tratado desde
que mi padre murió. Pero eso no significa que duela menos.
No responde. En su lugar, se frota la piel de sus brazos con más fuerza
—como si la picazón se hubiera convertido en dolor— y espera a que yo
hable de nuevo.
Me aclaro la garganta. —Necesito que pidas ayuda a la Fuerza de la
Tempestad.
Levanta una de sus cejas perfectamente arqueadas en mi dirección
y dejo escapar un suspiro. Pedirá hasta el último detalle antes de extender
siquiera la más pequeña migaja de ayuda. Así que le cuento toda la
historia: cómo he utilizado las Ráfagas del Norte para evitar que Vane se
enlazara a una terrícola. Cómo me uní al viento para forzar el
descubrimiento del Caminante del Este de Vane. Y cómo me dio agua
cuando estaba inconsciente. No le explico el apuro en el que nos deja
eso. Lo sabe tan bien como yo.
Mi madre hace de las pausas dramáticas una obra de arte, pero me
niego a parpadear siquiera, hasta que finalmente sacude su largo cabello
negro y se aleja. Como un miembro guardián, debería usar la trenza
regularmente. Pero mi mamá es como un viento salvaje. Sigue su propia
corriente. Eso es lo que mi padre más amaba de ella.
Se mueve por el pasillo, encendiendo la luz para que pueda ver su
vestido de seda verde brillar con cada movimiento. Mi madre nunca ha
usado un uniforme verdadero de guardián, ya que necesita que su piel
esté expuesta al viento para poder utilizar su don. La ondulación más leve
en el aire le habla tan claramente como las palabras de la canción del
viento. Un lenguaje secreto que sólo ella entiende. Es un constante estira y
afloja. Altibajos de poder y agotamiento, quietud y movimiento.
Un raro don y carga que ninguno de nosotros jamás ha entendido.
Pero mi padre se esforzaba más que nadie. Le asombraba que la fuerza de
mi madre le provocara debilidad, e hizo todo lo que pudo para estabilizar
la turbulencia, así ella podía afrontarlo.
Eso es lo que ella más amaba de él.
Mi mamá arrastra la silla a través del suelo y se sienta en la angosta
mesa vacía. No me invita a acompañarla. No lo haría, de todos modos.


61
En contra de mi voluntad, mi enfoque se dirige al lugar que más me
duele mirar. Hacia los carillones de viento que cuelgan sobre la mesa,
donde habría una lámpara de araña.
Un mirlo —tallado con exquisito detalle— se eleva con las alas
extendidas sobre una serie de relucientes carillones de plata. Mi padre lo
hizo para ella el día que eligió enlazarse a él y ha estado colgado de los
aleros de todas las casas en las que vivimos, llenando el aire con su canto
tintineante. Es la única cosa de su pasado que ha sobrevivido al tornado
de los Stormer, sin contarme a mí.
Teniendo en cuenta el brillo perfecto en las campanadas y la forma
en que se mantienen alejadas de los elementos —seguras, protegidas— es
obvio cuál de esas dos cosas le importa más.
Mis ojos arden, pero el desaire no es lo que me molesta. Sino ver las
campanadas atrapadas dentro. Sin nunca volver a cantar.
Mi madre se aclara la garganta y me obligo a mirarla, odiando que
me haya atrapado mirando.
—¿Qué estaba haciendo él con otra chica, en el primer lugar? —
pregunta—. Vane debe estar locamente enamorado de ti, tanto que
nunca siquiera pensaría en perder el tiempo con nadie más,
especialmente una terrícola.
—¿Cómo? No podía hablar con él hasta que su mente se abriera
paso, e intenté no dejar que me viera.
Mi madre suspira. —Y ese fue tu error. Eres una chica hermosa, Audra.
Deberías ser capaz de convertir a los chicos en papilla con una simple
sonrisa, y usarlo para tu ventaja.
Fácil para ella decirlo. Mi madre puede derretir el corazón de
cualquier hombre —sylph o terrícola— con una sacudida de su cabello
brillante o un simple guiño de sus ojos azul zafiro.
—No sé cómo hacer que Vane se sienta de esa manera —admito,
estrechando la mano mientras mis dedos hormiguean de nuevo.
Recordando la calidez de Vane—. No soy como tú. No puedo tener a
cualquier hombre que quiera.
—Yo tampoco. —Se lleva la mano derecha al pecho, agarrando la
pluma de plata que cuelga de un cordón negro en su cuello.
El colgante de guardián de mi papá.
Tengo uno similar escondido debajo de mi chaqueta, aunque mi
cordón es de color azul. Porque mi fuerza vital aún fluye a través del mío.
Por poco me atraganto con las emociones mientras las trago.


62
Estudio a mi madre. Las sombras bajo sus ojos. Las líneas finas de
expresión en las comisuras de su boca. Aparecieron el día en que perdimos
a mi padre—envejecimiento instantáneo. Y sólo se han profundizado con
el tiempo. El vínculo de mi madre debería haberse roto con la muerte de
mi padre. Pero de alguna manera parece más fuerte. Como si se aferrara
a ello, agarrándose ferozmente, negándose a dejarlo ir. Al igual que su
negativa a retirar su conexión.
La pulsera ancha de oro ha cubierto su muñeca izquierda desde que
mi padre la había puesto allí cuando hicieron oficiales sus votos. Sin
embargo, los anillos de piedras preciosas en el centro han perdido su brillo.
Y el mirlo intrincado a través de ellos se ve gastado y manchado. Como si
hubiera sido frotado por dedos nerviosos.
Aclaro la viscosidad de mi garganta. —Es mejor si Vane no se
preocupa por mí. Eso sólo complicaría las cosas cuando se entere sobre
Solana.
Mi madre asiente, aceptando mi punto. La Tempestad tiene grandes
planes para Vane. Nada puede o debe meterse en el camino.
—¿Todavía… llamas a las Ráfagas del Norte? ¿No podías pensar en
nada más seguro para prevenir que se vinculara?
Me quedo mirando el suelo, trazando senderos en la veta de la
madera con la punta de mi bota pulida. Tiene razón, otra vez. Entré en
pánico. Vi a Vane inclinarse hacia esa chica y sólo... reaccioné.
Pero, ¿qué se suponía que hiciera? Las Ráfagas del Norte eran el
único viento lo suficientemente fuerte como para empujarlo lejos, y no
había habido ninguna de ellas cerca.
Aunque... supongo que podría haber hecho a Gavin bajar en
picada entre ellos. La idea no se me había ocurrido. Vaya guardián estoy
resultando ser.
—Creo que no debería sorprenderme —dice mi madre en voz baja—
. Eres buena en llamar al viento cuando se supone que no debes.
Si me hubiera dado un puñetazo en el estómago me dolería menos.
—Lo hecho, hecho está y no se puede deshacer —susurro,
recordándomelo a mí misma tanto como a ella—. He ocultado el rastro
tanto como he podido y voy a entrenar a Vane para luchar. Pero
necesitamos ayuda. ¿Vas a llamar a la Tempestad?
Sus dedos delgados recorren el colgante de mi padre, y se queda
mirando a las todavía silenciosas campanadas de viento mientras
responde—: No.


63
—¿Qué? —De seguro no me negará una solicitud tan importante
sólo para fastidiarme…
Mi madre niega con la cabeza, como si supiera lo que estoy
pensando. —Raiden lanzó un ataque frontal contra la Tempestad,
decidido a extinguir nuestra resistencia. No pueden darse el lujo de
prescindir de alguien, sobre todo para un problema tan fácil de resolver.
Me toma un segundo encontrar mi voz y otro ahogar mi enojo. —Sé
que nunca me vas a perdonar por lo que pasó con papá, pero esto no se
trata sobre mí.
—Por supuesto que no. No tienes ni idea lo que hemos estado
haciendo estos últimos años. Tú vives, respiras y duermes por Vane Weston.
No te enteras cuántas bases encontró Raiden. Cuántas Tempestades han
sido sacrificadas. Raiden aprendió todos nuestros operativos secretos de los
guardianes que torturó. Nuestra ´fuerza está bajo constantes ataques. Pedir
ayuda tiene que ser restringido a las emergencias absolutas.
—Pero ésta es una emergencia. Vane es demasiado importante
como para ponerlo en riesgo. Además, los terrícolas en el valle podrían ser
asesinados.
—Entonces te toca a ti entrenarlo y defenderlos.
—¿Cómo? ¿Qué le puedo enseñar en tres días?
—Tres días —murmura mi madre. Levanta su brazo, dejando que sus
dedos bailen como si estuvieran tocando un instrumento invisible. Sintiendo
el estado de ánimo del aire—. Puedo conseguirte más tiempo.
—Ya les he atascado cada…
—No comparto tus limitaciones. —Se vuelve hacia mí, su brazo un
borrón mientras lo arrastra hacia arriba, retorciendo la muñeca y
agarrando el aire en un movimiento fluido. Salto cuando un fuerte crujido
rompe el silencio de la noche, seguido de un choque ensordecedor
afuera.
No es necesario mirar por la ventana para saber que ha usado el
viento para rasgar una rama del roble y luego golpearla contra el suelo.
Controlando el viento sin palabras, manipulándolo por completo a través
del tacto. Otro truco ingenioso que he visto a mi madre realizar decenas
de veces. Otra habilidad que sólo ella entiende.
—Sé que eres poderosa…
—El poder no es el punto. —Su mano regresa a su regazo, y sus
dedos frotan el mirlo en su brazalete de oro—. El viento me cuenta cosas…
secretos que te permitirán salvarte de este lío que has hecho. Los mismos


64
secretos que hubieran salvado la vida de tu padre hace diez años, si no
me hubieras mentido.
Su rostro se desdibuja a una mancha de colores cuando mis ojos se
llenan con lágrimas. Espera a que yo diga algo. Pero no tengo las
palabras.
Eventualmente, suspira. —Voy a conseguirte cinco días más.
—¿Cinco días? ¿Cómo puedes ser tan precisa?
—Si pudieras sentir lo que siento, lo sabrías.
Mis uñas pinchan mi piel mientras mis manos se enroscan en puños.
Ha estado usando esa misma respuesta vaga toda mi vida,
exigiendo que el mundo confíe en ella ciegamente. Esto es muy
importante para misterios y secretos, sin importar lo poderosa que ha
demostrado ser en el pasado.
Pero sé que no me va a decir más nada más. Se trata de otro juego
suyo. Siempre sostiene la sartén por el mango. Así que le digo—: Eso sólo
me da ocho días. No va a ser suficiente.
—Tendrá que serlo.
—Vane no tiene ninguna habilidad. Sólo tuvo un descubrimiento, ni
siquiera el más importante. No soy lo suficientemente fuerte como para
luchar contra dos Stormer por mi cuenta. Si no vas a llamar a la Tempestad,
voy a necesitar tu ayuda. —Trago saliva, tomándome un segundo para
tragarme el orgullo—. ¿Lucharías conmigo?
Las palabras no son más que un fuerte aliento.
Sus dedos frotan más fuerte contra el mirlo grabado mientras
simplemente dice—: No.
Sabe que no se lo pediría a menos que esté desesperada. Y aun así
me lo niega.
—La Tempestad me necesita más que nunca para vigilar—explica,
mirándome a los ojos—. Voy a estar arriesgando demasiado con sólo
atascarlos. Recuerda, Raiden ha estado desesperado por encontrarme,
desde que se enteró que sobreviví. Es por eso que estoy atrapada en esta
choza, aislada del mundo.
Me río, pero no hay humor. —¿Y crees que la Tempestad valora tu
vida sobre la de Vane?
—Por supuesto que no. Pero Vane te tiene como su guardián.
—Y yo no soy lo suficientemente fuerte para protegerlo, no con el
agua en mi sistema. No hay manera de que pueda hacerlo sola.


65
—Puedo pensar una manera.
Su voz se enmudece, pero todo dentro de mí todavía se retuerce en
nudos. —¿Es eso lo que esperas?
—Espero que desencadenes el descubrimiento del Caminante del
Oeste antes de que lleguen los Stormer. Eso es lo que se supone que debes
hacer, desde hace años. La Tempestad te ha elegido porque sabían que
nadie le exigiría más que tú en su entrenamiento. Sabían lo mucho que
tenías que probar. O redimir.
Redimir.
Es lo más cerca que ha estado de llegar a admitir que me culpa por
la muerte de mi padre, y una lágrima rebelde se cuela por mi cara antes
de que pueda apartar las demás.
—La Tempestad ha estado increíblemente frustrada por cuan lento
ha sido el progreso de Vane —añade en voz baja—. Así que toma esto
como lo que es, la motivación adecuada para demostrar que eres un
guardián y puedes conseguir que Vane cumpla con las expectativas de su
potencial. Demuéstrales que pueden confiar en ti. Pero... si llegaras a
fallar... hay otra opción.
No me mira cuando pronuncia la última parte, así que no puedo
estudiar su rostro —aunque no es que me fuera a decir cómo responder.
Nada de mi entrenamiento me enseñó qué decir si mi madre me
cuenta el fin de mi vida. Especialmente desde que suena más como si me
estuviera advirtiendo que podría romperme una uña. No morir.
Resisto la oleada de ira y dolor que se hincha dentro de mí. ¿No
había jurado y previsto esta posibilidad cuando acepté el papel de
guardián de Vane?
Conocía los riesgos. Mejor que nadie.
—Estoy dispuesta a hacer el sacrificio si es necesario —susurro,
sorprendida por lo reales que se sienten mis palabras.
Cada respiración que tomo es robada de mi padre, así que si llegara
esa circunstancia, seguiré su ejemplo y haré el último sacrificio.
Si llegara esa circunstancia.
Si Vane puede dominar los cuatro lenguajes en los próximos ocho
días, va a ser invencible.
Es un gran “si”, pero sigue siendo una posibilidad.
De lo contrario, voy a hacer lo que tenga que hacerse.


66
Mi madre se aclara la garganta, casi como si estuviera luchando de
nuevo con sus propias emociones. Pero su cara es la misma máscara
ilegible que lleva desde el día en que mi padre se fue de la tierra. —Voy a
enviarte una advertencia cuando sienta a los Stormer llegar a la región —
dice.
Asiento.
Confiar en ella va en contra de cada instinto que tengo, pero me he
quedado sin opciones. Todo lo que puedo hacer es zambullirme
directamente en la formación de Vane y esperar que mi madre cumpla
con su promesa. Me dirijo hacia la puerta.
—Voy a necesitar tu canción del viento antes de que te vayas —
llama detrás de mí.
Me congelo.
Cada Caminante del Viento nace con una canción en los labios,
una melodía que sólo ellos conocen. Cuando morimos, la melodía se
convierte en parte del viento. Un pequeño trozo de nosotros que continúa.
Nuestra huella en el mundo.
No tienen que permanecer en secreto, pero la mayoría de nosotros
nunca las compartimos. Escuchar la canción del viento de alguien es
como mirar dentro de su corazón. La última persona a la que querría
revelarle la mía es a mi madre.
—Nada deja una huella más fuerte —explica cuando me quedo en
silencio—. Nada va a confundir más a los Stormer.
Preferiría desnudarme y exponerme a toda la Fuerza de la
Tempestad.
Pero esto no se trata sobre mí.
No puedo mirarla mientras canto el verso simple:

Una brisa errante, balanceándose sin cesar.
Arrastrada por ráfagas. Perdida y extraviada.
Las tormentas rabian y rugen, y amenazan todo lo que queda.
Pero la brisa se desplaza siempre hacia adelante. Encontrando su
propio camino.

Cada palabra lleva una pequeña parte de mí con él y se arremolina
en el aire que nos rodea. Mi madre llama los versos hacia ella,


67
enredándolos juntos, como si mi respiración se hubiera convertido en el
viento.
—Cantas como tu padre —susurra.
Me arriesgo a echarle un vistazo, pero no encuentro calor en sus ojos.
Son más fríos y más duros de lo que jamás he visto. Como si fuera un crimen
que le recuerde a él.
Una parte de mí quiere que me siga por el pasillo, aunque sé que no
lo hará. No le importa que ésta pueda ser la última vez que me vea con
vida. Se sentirá aliviada cuando me haya ido.
Así que casi no la oigo susurrar mientras abro la puerta para salir. —
Eres más fuerte de lo que crees, Audra.
Doy un suspiro tembloroso. —Adiós, mamá.
Me voy sin darme la vuelta. No dice adiós.


68
11
Vane
espierta, Vane —susurra una voz familiar. Trato de aferrarme al
sueño que había estado teniendo, algo sobre volar y el viento,
pero la voz vuelve a hablar, rompiendo mi concentración—.
Es hora de comenzar a entrenar.
Obligo a mis ojos a abrirse, molesto de encontrar mi habitación
oscura y gris. El sol está comenzando a salir, demasiado temprano para
que yo esté despierto.
Mi visión se despeja y me centro en la chica de cabello oscuro a los
pies de mi cama.
Me estiro, llevándome las sábanas hasta el cuello antes de darme
cuenta que dormí con la ropa de la noche anterior. —¿Audra?
Ella asiente con la cabeza. —¿Lo recuerdas?
—Más o menos. —Es demasiado temprano para lograr que piense
coherentemente—. Y no me mires dormir… es espeluznante —agrego,
frustrado de que me viera perder mi genialidad.
Hace caso omiso de mi queja. —¿Cuánto recuerdas de anoche?
Hago un rápido inventario mental.
La chica caliente de mis sueños es real —checado.
Aunque su cabello está de vuelta atado en una trenza apretada
como si fuera a Yard House
5
, y lleva chaqueta y pantalones de nuevo, lo
cual la hace parecer mucho menos ardiente y mucho más intimidante. Me
gusta mucho más el vestido diminuto que llevaba noche.

5
Yard House es un restaurante elegante-casual conocido por la buena comida, música
rock clásica y más de 130-250 grifos de cervezas importadas, artesanales y especialidades.

D


69
Mis dedos hormiguean, recordando la sensación de sus labios al
separarse. La forma en que me miró cuando nos quedamos solos. La forma
en que envolvió sus brazos alrededor mío…
Espera, ¿qué estoy haciendo?
Cierto, un inventario mental de anoche.
La brisa de la mañana barre a través de mi ventana abierta, y nos
susurra una canción sobre el rocío de la mañana, la salida del sol y el calor
que viene. Es algo más que un poco aterrador. Sobre todo porque significa
que no me imaginé la parte de ser un sylph/Caminante del viento/como
sea que se llame.
No soy humano —checado.
Revelaciones extrañas con las que no sé qué hacer —Checado.
Pero hay algo más que estoy olvidando.
Me doy cuenta de las sombras bajo los ojos de Audra. Se ve
cansada. Preocupada.
Más recuerdos golpean a través de la niebla mental. Guerreros están
llegando —suena tan surrealista, como si mi vida hubiera sido oficialmente
convertida en un videojuego. Quiero decir… ¡Guerreros! ¿Quién tiene de
esos, además de los malvados señores de la guerra, en los juegos de rol?
Por otra parte, al parecer soy una criatura mítica. Una que suena
falsa y de la que nunca he oído hablar, pero aún así, mítica.
Nota mental: Googlear “sylph” más tarde.
—¿La ayuda viene en camino? —pregunto, tratando de mantener la
concentración.
Ella no me mira cuando contesta. —Tengo un plan diferente. Es hora
de entrenar. Vístete.
Salta por la ventana antes de que pueda hacer cualquier otra
pregunta, como: ¿Qué demonios significa eso? Y: Vas a tener que dejar de
arrastrarme fuera de la cama antes de las cinco de la mañana y decirme
qué hacer sin explicación.
Una parte de mí quiere cerrar la ventana con fuerza, y arrastrarse de
nuevo bajo las sábanas. Tal vez incluso poner un letrero que diga: No
vuelvas a menos que estés usando el vestido sexy.
Eso podría hacer que levantarse temprano valga la pena.
Pero la otra parte de mí está muy curiosa por saber lo que Audra
entiende por “entrenar” para llegar a una pelea. Sobre todo porque
también necesito saber de qué va este nuevo “plan”, y asegurarme de


70
que no es necesario que saque a mi familia de la ciudad y la esconda en
algún lugar seguro.
Así que me quedo echando humo contra la pared durante unos
segundos, luego me quito las sábanas de encima y tomo una camiseta de
la pila en el suelo de mi vestidor. Los pantalones cortos que llevaba ayer
están arrugados después de una noche en el piso, pero a las cinco de la
mañana, después de sólo cuatro horas de sueño, me importa una mierda
cómo me veo. Los agarro y me arrastro por el pasillo para cambiarme en el
baño.
Audra no parece ser del tipo Peeping Tom
6
, y no estoy seguro de
que me importe si lo es. Pero yo no voy por ahí sin lavarme los dientes. De
ninguna manera quiero reciba una bocanada de malvado aliento
mañanero.
Dos minutos más tarde, salto por mi ventana, oliendo a menta fresca
y con un ceño fruncido que espero que diga: Será mejor que tengas una
razón condenadamente buena para despertarme tan temprano. Si ella lo
entiende, no parece importarle. Sólo me hace callar cuando empiezo a
preguntar cuál es el plan, y hace señas para que la siga dentro del espeso
bosque.
Dejamos de caminar al llegar a la casa quemada en la que se ha
estado quedando. —¿A qué hora se despiertan tus padres? —pregunta.
—No lo sé. Siete u ocho. —Alejo un enjambre de mosquitos de mis
ojos agitando la mano, maldiciendo mentalmente al estúpido desierto. Ya
hace suficiente calor como para que mi espalda sude—. Pero saben que
nunca me levanto hasta antes de las nueve.
Hago hincapié en la palabra “nunca”, esperando que lo entienda.
—Bien. Podemos tener cuatro horas de entrenamiento cada
mañana. A pesar de que sería mejor si pudieras darle a tus padres una
excusa para que sepan dónde te encuentras, preferiblemente algo que
explique a dónde vas por la noche, así no tienes que preocuparte de que
te encuentren escapando.
—Espera, espera, espera. De ninguna manera voy a despertarme a
las cinco de la mañana todos los días… especialmente si también vas a
mantenerme fuera por la noche. Necesito mi sueño embellecedor.

6
La expresión “Peeping Tom” describe a un Voyeur. La característica principal del
voyerismo es que el Voyeur normalmente no se relaciona directamente con el objeto de
su interés, que es a menudo inconsciente de ser observado.


71
No sólo son mis vacaciones de verano, sino que necesito dormir por
lo menos ocho horas para funcionar, y no hay forma que vaya a andar por
ahí como un zombi sólo porque su “nuevo plan” no implica pedir refuerzos.
¿Qué pasa si quiero que pida refuerzos?
Audra ladea la cabeza. —Vas a entrenar cuando yo te diga que lo
hagas, ya sea temprano en la mañana o en la mitad de la noche.
Cruzo los brazos y le doy la misma mirada de ¿Hablas en serio? que
había perfeccionado cuando el señor Gunter me solía dar conferencias
sobre cómo utilizaría el álgebra avanzada en la vida cotidiana.
Sí, claro.
Tiene suerte de que esté dispuesto a entrenar en absoluto. Podría
fácilmente saltar en mi coche y largarme de la ciudad, dejando que haga
frente a lo que sea que viene, sola. Todavía no he descartado esa
posibilidad.
Claramente, es el momento de establecer las reglas del juego y
hacerle saber que no puede darme órdenes. Esta es mi vida, y yo tengo el
control de la misma.
—Puedo entrenar contigo en las tardes, siempre y cuando vayamos
a algún lugar con aire acondicionado. Pero antes de hacer eso, tienes que
explicarme todo. ¿Entendido?
Personalmente estoy muy orgulloso de la línea que acabo de dibujar
en la arena.
Pero los ojos de Audra se estrechan y juega con su mandíbula,
convirtiendo su rostro en una serie de líneas duras. —Pareces estar bajo la
falsa impresión de que estás a cargo aquí, así que vamos a corregir eso en
este momento. —Azota sus brazos delante de ella y susurra—: Corre.
Una ráfaga de viento golpea mi pecho y me manda volando hacia
atrás. Gruño cuando mi espalda choca contra una de las paredes
restantes de la casa quemada. El viento me empuja directamente hacia el
yeso, y mis ojos se vuelven agua por la velocidad del aire.
Audra camina hacia mí, el brillo de sus ojos no deja ninguna duda de
que puede acabar conmigo aquí mismo, ahora mismo.
—Vamos a aclarar algunas cosas —dice con voz muy seria—.
Estamos en un tremendo peligro, y soy responsable de mantener a todos
en este valle con vida, incluso a ti. Nadie va a hacer mayores sacrificios
que yo, por lo que vas a hacer lo que diga cuando yo lo diga, y lo harás sin
quejarte. ¿Entiendes. Eso?
—Pensé que habías dicho que hoy ibas a responder mis preguntas —
le grito a través de los vientos rugientes. Recuerdo claramente su promesa


72
de anoche. Justo el momento en que se comprometió a buscar ayuda.
¿Qué provocó el cambio de planes?
—Lo haré, Vane. Pero tenemos que entrenar cuando no hay nadie
cerca para vernos, así que tendremos que esperar unas horas más. Voy a
responder a tus preguntas esta noche, y entonces vas a entender la
gravedad de la situación. ¿Trato?
No quiero cooperar, ella me golpeó contra la pared lo
suficientemente fuerte como para dejarme el más grande de los
moretones. Pero puedo decir que está más que dispuesta a seguir
golpeándome como la mierda con su control vudú sobre el viento, y no
estoy de humor para cualquier humillación.
—Bien.
—Bien. —Sus manos regresan a sus costados y susurra—: Suelta.
Los vientos se alejan. Me hundo en el suelo, carraspeando y tosiendo
por todo el polvo que se agitó.
Se ve un poco culpable cuando me froto los hombros palpitantes. —
¿Te he hecho daño?
Me encojo de hombros y me pongo de pie, sacudiendo la arena de
mis pantalones cortos y piernas. No voy a admitir que una chica flaca me
dio una paliza.
Ella se mete en el interior de su casa en ruinas y la sigo,
intencionalmente arrastrando los pies para tomarme el mayor tiempo
posible.
La dejo pensar que puede presionarme, pero uno de estos días voy a
ser lo suficientemente fuerte como para ir contra ella. Y tan pronto como lo
haga, la chica viento caerá.


73
12
Audra

ane no parece haber captado la gravedad de la situación.
Eso o es realmente el chico más molesto del planeta.
Probablemente ambas.
Al menos mis dedos ya no están hormigueando ante su toque. En
todo caso, pican por estrangularlo. Y si no fuera tan importante,
simplemente lo haría. Es una mierda que sea un Weston.
Camino pisoteando por mi casa, lanzado pedazos de mi creciente
frustración con cada golpe de mis botas. ¿Esto es para lo que murió mi
padre? ¿A lo que se supone que le tengo que entregar mi vida? ¿Este
chico malcriado y desagradecido, al cual puedo escuchar caminando por
la arena, tomándose su dulce tiempo para frustrarme?
Me cansé de jugar de forma agradable.
Me muevo a la única esquina de la habitación y barro las hojas del
muro, desenterrando el mango de mi espada. La calma se apodera de mí
cuando alcanzo la empuñadura, cada dedo encuentra su lugar perfecto
en el arma. La espada no fue hecha para mí, pero he practicado tanto
con ella que el metal se ha acoplado a la curvatura de mi palma —
tangible muestra de mi maestría.
El mínimo giro de mi muñeca hace que la hoja haga un movimiento
circular desde el hueco que hice en el suelo, y con un único movimiento, la
agito y giro, deteniendo mi rotación con la punta afilada de la espada
apuntando directamente entre los ojos de Vane.
—¿Qué demonios? —grita, retrocediendo.
V


74
Sonrío ante su repentina falta de valentía. Las Windslicer
7
logran una
gran impresión.
Miles de afiladas e inquebrantables agujas bordean una vena de
acero en el centro —una pluma mortal que puede cortar a través de la
carne con la misma facilidad con la que puede destrozar la más poderosa
de las ráfagas. La agito un par de veces, dejando que el aire rasgado
haga eco en los muros como un grito susurrante.
Vane retrocede aún más, tropezando con sus pies.
—¿Estás listo para empezar a hablar seriamente? —pregunto,
acortando la distancia, prácticamente rozando la piel de su nariz.
—Ya dije que lo estaba… baja esa cosa antes de que hieras a
alguien.
—Mucha gente saldrá herida si no comienzas a escucharme. Los
Stormer tienen espadas iguales ésta. ¿Crees que van a dudar en usarlas?
¿Puedes imaginar el daño que son capaces infligir?
Inclino la espada para dejar que la luz anaranjada del sol delinee a
través de las putas de las agujas. Los ojos de Vane se agrandan al seguir el
rastro brillante, y casi puedo verlo imaginar cómo se sentiría ser herido con
un arma como ésta.
Yo no tengo que imaginarlo. Mi antebrazo fue golpeado con una
punta de ellas durante mi entrenamiento, y todavía puedo recordar la
agonía mientras mi piel era perforada, destrozada y hecha añicos al mismo
tiempo. El único dolor más fuerte, es unirse al viento.
—Y las armas no son nada comparadas al poder de tres —agrego,
esperando que Vane se reúna con mi mirada. Se ve pálido—. Raiden
requiere que sus Stormer dominen el lenguaje de los tres vientos más
poderosos, haciéndolo prácticamente imparable. No mostrarán
misericordia. Piensa en lo que le ocurrió a tus padres. A mi padre.
Tiene dificultades para tragar, y sus ojos permanecen pegados a la
espada que mantengo entre sus ojos. —Entonces, ¿por qué no
escapamos? ¿Por qué quedarnos aquí y hacerles frente?
—Los Stormer son unos rastreadores expertos.
—Sí, bueno, yo puedo ser un experto en esconderme. Y puedo
permanecer tan lejos del cuadro que pensarían que desaparecí para bien.
—No funciona de esa manera. E incluso si pudieras huir, ¿qué hay de
tu familia? ¿Podrías convencerlos de abandonar todo y huir contigo? ¿Qué

7
Nombre de la espada.


75
hay de tus amigos? ¿Qué hay de la gente inocente que vive aquí? ¿Los
dejarías morir por ti? ¿Podrías vivir con eso?
No tiene una respuesta.
—Créeme, Vane. Si hubiera otra opción, la tomaría. Pero esto es
todo. Tú y yo contra ellos. Y no es un juego. Ninguna cantidad de chistes
sarcásticos te ahorrará tiempo en una batalla de viento. Puedo enseñarte
cómo defenderte, pero sólo si me dejas. De otra manera, bien podrías
entregarte a Raiden ahora. Ver si él aprecia tu sentido del humor más que
yo.
Sus ojos se mueven entre mi rostro y la espada.
Una y otra vez.
Una y otra vez.
No tengo idea de qué está pensando, pero luce tan asustado como
debería estarlo.
Doy un suspiro de alivio cuando finalmente hace la pregunta
correcta.
—Así que, ¿cuándo empezamos?
Bajo la Windslicer. —Toma asiento.
Él cae al polvoriento suelo, yendo directamente al borde del piso,
contra una de las paredes. Manteniendo una distancia segura de mí.
Bien.
Me hundo de rodillas frente a él, dejando la Windslicer entre nosotros.
—Regla número uno, la regla más importante para nuestras sesiones de
entrenamiento: nunca le hables al viento en algo más que un susurro, ¿está
claro?
—¿Qué significa eso?
—No tienes que entenderlo. Sólo tienes que estar de acuerdo. Hasta
que los Stormer te encuentren, no podrás hacer nada más que susurrarle al
viento. No necesitamos que las brisas les digan más de lo que ya saben.
Espero a que esté de acuerdo.
—Sí, bien. Lo que sea.
Ruedo mis ojos. Tiene que ser complicado. —Extiende tu mano
derecha, la palma hacia mí, y separa tus dedos como los míos. —Estiro mis
dedos a lo ancho, doblando las puntas como si estuviera agarrando una
esfera invisible—. Memoriza esta posición. Es la manera más sencilla de
sentir las corrientes más cercanas.


76
Imita mi movimiento. —Está bien. ¿Se supone que debería estar
sintiendo algo?
—Dímelo tú. ¿Qué sientes?
—Además de un idiota por sentarme en una casa arrasada por el
fuego a las jodidas cinco de la mañana, tendiendo mi mano como si fuera
alguna clase de garra deformada… no mucho.
Aprieto los dientes, pero me niego a dejar que me enerve de nuevo.
—Entonces quizá deberías intentar prestar atención. Cierra los ojos.
Suelta un pesado suspiro pero hace lo que le pido.
—Deberías ser capaz de detectar cualquier movimiento en el viento
en al menos un radio de treinta kilómetros; además de poder decirme de
dónde vienen. Enfócate en la dirección que golpea el aire en tu piel.
Sentirás algo como una picazón de donde sea que venga el viento.
Abre la boca —probablemente para quejarse de nuevo. Pero
entonces su mano se crispa y su mandíbula se afloja. —Mi pulgar pica.
Como si… algo se moviera a través de mis nervios, tirando de mí.
Suelto el aliento que no supe que estaba conteniendo. Sus sentidos
son fuertes. Realmente fuertes. Esa corriente apenas hace cosquillas en la
base de mis yemas, y está al menos a cincuenta kilómetros de distancia.
Quizá ésta no sea una tarea tan imposible como pensé.
—Hay una leve agitación del Viento del Este por allí —explico—. Eso
es lo que tu pulgar te está diciendo.
Deja caer su mano, sacudiendo sus dedos duramente. —Eso es
realmente loco. No me gusta.
—Bueno, acostúmbrate a ello. Es parte de quien eres. Y es
asombroso. Los terrícolas matarían por hacer las cosas que nosotros
podemos. Tal vez deberías intentar ser más agradecido con tus dones.
—¿Terrícolas?
—Humanos. Podemos tener una lección de vocabulario en otro
momento. Ahora mismo, estoy intentando enseñarte cómo llamar al
viento; otra de las cosas “locas” que hacen los Caminantes, así que
prepárate. Empezaremos con la llamada más básica. La que me
escuchaste utilizar ayer, y será una de las que usarás con mayor
frecuencia. Repite después de mi: “Ven a mí rápidamente”.
Él sacude la cabeza como si no entendiera, y sé que está luchando
con el cambio de idioma. Cambié a la lengua del Este. Repito la frase,
esperando que su mente la traduzca.


77
—Ven a mí rápidamente —dice finalmente, su lengua
entorpeciéndose con las arremolinas entonaciones de las palabras.
Tomo la Windslicer y apunto con ella a su garganta. —Te dije que
susurres; menos mal que el viento necesita que se complete un comando
para responder, de lo contrarío simplemente podrías haberles dado
nuestra ubicación exacta.
—Oye, ¡tú no lo susurraste!
—Te estaba probando para ver qué tan bien estabas prestando
atención antes. Fallaste.
—Porque tú me condicionaste a ello. —Sus manos se aprietan en
puños y luce como si quisiera golpearme. Pero su mirada cae en la
Windslicer. Lo tengo justo donde lo quiero; y lo sabe.
—Inténtalo de nuevo. Enfócate en la corriente que estás sintiendo, y
esta vez susurra —ordeno, dejando la espada de regreso en suelo entre
nosotros—. Ven a mí rápidamente.
—Ven a mí rápidamente.
En realidad es bastante impresionante la cantidad de desdén que
sale de su susurro.
Sonrío ante su mezquindad. —Sin emitir rastro.
—Sin emitir rastro.
—Elévame suavemente.
—Elévame suavemente.
—Luego fluye y arrasa.
—Luego fluye y arrasa.
Los Vientos del Este irrumpen a través de media habitación,
revolviendo las hojas y enfriando el sudor acumulado en las raíces de mi
cabello antes de desaparecer.
Los ojos de Vane se amplían. —Genial.
—Memoriza esas cuatro frases. Salvarán tu vida una y mil veces.
Él no dice nada, demasiado ocupado viendo al saltamontes gigante
que saltó a la parte plana de la Windslicer.
Arrebato al repugnante insecto y se lo arrojo a la cabeza. —Presta
atención, Vane. ¿Qué te acabo de decir?
Grita, ahora alejando a la criatura volando en su rostro. —Memoriza
el hechizo. Entendido; no necesitas ponerte loca con los bichos.


78
El saltamontes aterriza en su hombro y él se sacude para espantarlo,
mirándome de tal forma que podría haber sido cruel de no ser porque se
estaba sonrojando de un brillante rojo. Eso me distrae de lo que dijo, pero
sólo por un segundo.
—Espera, ¿dijiste “hechizo”?
—Hechizo. Comando. Como sea que quieras llamarle a esta mierda.
Mi mente da vueltas con las implicaciones de sus palabras.
—Voy a pasar por alto durante un segundo que acabas de llamar al
elemento más valioso de nuestra herencia una “mierda”, pero puedes
apostar que volveremos a eso. ¿Piensas que te estoy enseñando… magia?
Me siento loca incluso diciendo la palabra.
—Controlas el viento. ¿Qué más se supone que debería pensar?
Tiene un punto —desde la visión humana, al menos. Pero aún así está
equivocado.
—Controlamos el viento a través de palabras, Vane. Le pedimos a las
ráfagas que hagan lo que queremos y las convencemos para que nos
obedezcan. Es una comunicación simple; nada diferente de lo que
estamos haciendo ahora mismo.
—¿Hablamos con el viento? ¿Como si estuviera vivo?
—De cierta manera. Cada uno de los cuatro vientos tiene un
lenguaje. Sólo los sylph pueden entender y hablar esos idiomas porque la
brisa es parte de nosotros mismos. Pero no hay magia o hechizos. Sólo un
simple diálogo entre el viento y el Caminante del mismo.
Debería de haberme dado cuenta que estaba confundido. Eso
explica por qué no está tomando esto tan seriamente como necesita.
—No puedo creer lo poco que sabes de tu herencia. Sé que tu
mente fue vaciada, pero pensé que algunas cosas eran simplemente…
instintivas.
Me doy cuenta de mi desliz un segundo demasiado tarde.
—¿Qué quieres decir con que mi mente fue vaciada?
—Nada.
—Como el infierno que no es nada. —Se escabulle más cerca, el
arma ya no le intimida—. Dime que me ocurrió. Ahora.
Quiero estar enojada con él por interrumpir una vez más esta muy
importante lección —y como su entrenadora debería ordenarle que preste
atención, y azotarlo con algunos vientos si se niega a hacerlo.


79
Pero no puedo.
Siento pena por él.
Pena por lo que sé.
Pena por lo que he hecho.
—Tienes que entender —le digo, intentando sonar más tranquila de
lo que me siento—. Cuando los Stormer atacaron, fue como el fin del
mundo. Todo se fue, fue destruido, aspirado, o estropeado y separado en
partes. Mi madre nos encontró acurrucados en la tierra, sollozando. No
tuvo ninguna opción.
—Siempre hay una opción.
—Nadie puede esconderse de Raiden, no por mucho tiempo.
Tuvimos que hacerle pensar que estábamos muertos. Ella y yo podríamos
desaparecer con suficiente facilidad, pero tú eras demasiado importante.
El único lugar en el que sabíamos que Raiden nunca te buscaría era entre
los terrícolas, y la única manera de esconderte era si no sabías quién o qué
eras. Los humanos ignoran que existimos, y no podíamos arriesgarnos a que
les contaras.
—¿Así que ella vació mi mente? —Sus manos tantean a través de su
pelo, como si estuviera intentando sentir una herida o lesión—. ¿Qué
diablos le hizo a mi cerebro?
—Llamó al Viento del Sur y lo envió profundamente a tu
subconsciente. El viento hizo el resto.
Todavía puedo recordar la manera en que su flaco y magullado
cuerpo colapsó en el suelo mientras ella envolvía la ráfaga alrededor de él
y la enviaba a su mente. Mi madre no explicó qué estaba sucediendo.
Entonces él se giró de lado, sus ojos aterrorizados hacia mí, silenciosamente
rogándome que lo ayudara.
Vane me mira ahora, pareciéndose tanto al pequeño niño aquel día
que casi me quita la respiración. Le debo la verdad. Tanto como esté
dispuesta a decir, al menos.
—Dijiste que se sintió como un millón de mariposas aleteando
alrededor de tu cerebro —susurro—. Sostuve tu mano y te dije que cerraras
los ojos. Cuando desperté unas pocas horas después, no recordabas
mucho de nada. El viento limpió todos tus recuerdos.
Vane no habla —ni siquiera se mueve. Tomo su mano, sorprendida
ante la imperiosa necesidad que siento de llegar él. Confortarlo. Tratar de
hacerlo.
Se sacude para soltarme. —¿Cómo hago que regresen?


80
No puedo culparlo por preguntar. Pero necesito que lo olvide. Al
menos un recuerdo.
—No puedes, Vane. Se han ido. Para siempre.
Cierra sus ojos, luciendo frágil. Abatido.
Desesperanzado.
Cierro mis ojos también.
Deseándole a cada estrella allí afuera que las palabras que acabo
de decir fueran ciertas.
Esperando incluso con más fuerza que nunca tenga que contarle a
Vane que no, que no se han ido para siempre.


81
13
Vane

stoy sin palabras, probablemente por primera vez en mi vida.
Mis recuerdos fueron robados.
No reprimidos.
Robados.
He vivido los últimos diez años con un hoyo negro en mi pasado—no
es la forma más fácil de crecer. Y aparentemente eso es todo lo que
tendré.
Quiero tirar algo. O tal vez recoger esa loca cosa espada-aguja y ver
qué tipo de daño puedo hacer a las paredes con ella.
Pero otra parte de mí, pequeña y mucho más tranquila, está aliviada
de que no olvidé a mis padres.
No soy el idiota horrible y egoísta que borró a su familia porque dolía
recordarlos. No era mi culpa. La madre de Audra robó mis recuerdos
mientras ella sostenía mi mano y prometía que estaría bien.
Lo que al menos explica el único recuerdo que tengo. Audra
inclinada sobre mí, mirándome con esos ojos oscuros y preocupados, hasta
que una brisa la secuestró. Eso fue real. No recuerdo el resto porque el
viento lo arrastró lejos de mi mente.
¿Cómo funciona, siquiera? ¿Cómo una ráfaga de viento roba mis
recuerdos?
—Sé que es difícil de entender —dice en voz baja—. Pero teníamos
que mantener en secreto el hecho de que sobreviviste para que Raiden no
viniera a buscarte. Es por eso que dejamos que las autoridades humanas
aplicaran su sistema de adopción. Nos mantuvimos vigilando,
asegurándonos que estabas bien, pero necesitábamos hacerte
desaparecer, que quedaras fuera de la red, como tú dices. Y eso no
E


82
sucedería si ibas por ahí hablando sobre los sylph, los Stormer y las cuatro
lenguas del viento. No estoy segura de qué hubiera sido peor: lo que los
humanos te hubieran hecho o lo que hubiera sucedido cuando Raiden te
encontrara. Y te hubiera encontrado.
—Me encontró de todas formas, ¿no? —Estoy sorprendido por el
gruñido en mi voz—. ¿Y cómo pasó eso, por cierto? Me imagino que no
despertó simplemente y dijo: “Oye, apuesto a que Vane está en el
mugroso Valle de Coachella”.
Sus hombros se hunden. —No. Yo… cometí un error.
—Así que es tu culpa.
Se encoge aún más, como si estuviera tratando de esconderse de
las palabras. Pero no las niega.
Es extraño verla tan desinflada, como si su culpa hubiera drenado
todo el fuego en su interior.
Me guardo mis disculpas.
Merece sentirse culpable. ¿De cuántas formas diferentes ha jodido
mi vida?
Alcanza mi brazo, sus cálidos dedos acarician mi piel. —Por favor. No
perdamos nuestro tiempo de entrenamiento en esto.
Me libero de su agarre, alejando mi cuerpo para poner algo de
espacio entre nosotros.
—¿Por qué está buscándome, Audra? ¿Por qué a mí? ¿Por qué mi
familia?
Ella aparta la mirada, como si no quisiera responder. Pero lo hace. —
Porque eres un Weston.
—¿Qué, mi familia es importante?
—Sí. No. Bueno, sí y no. Y supongo que el término adecuado es
“Ráfaga del Oeste”
8
. Weston es sólo tu apellido.
—Vas a tener que ser más clara que eso.
Se endereza y un poco de riña regresa a sus ojos. —Esto no va a
tener mucho sentido, pero bien. Si vas a tomar tu entrenamiento en serio,
entonces que así sea. —Sus manos se entrelazan y se queda mirando el
espacio entre nosotros.

8
En inglés “Westerly”, palabra en directa relación con el apellido de Vane, “Weston” que
viene de “west” (oeste en inglés).


83
—Te lo dije antes, hay cuatro lenguajes para el viento. Así como
cuatro tipos de Caminantes: Ráfagas del Norte, Ráfagas del Sur, Ráfagas
del Este y Ráfagas del Oeste. Todos nacen con lo que se llama su “lengua
nativa”. El lenguaje de su herencia. Durante la mayor parte de nuestra
historia, nadie se molestó en aprender cualquiera de los otros lenguajes. No
tenía ninguna importancia. Vivíamos en diferentes rincones de la tierra.
Rara vez nos mezclábamos entre nosotros. ¿Por qué mezclar idiomas? No
fue hasta la Fuerza de la Tempestad que las cosas cambiaron.
—¿La Fuerza de la Tempestad?
—Una fuerza que creamos para la paz y la seguridad, tanto en
nuestra sociedad como en la de los terrícolas. Los vientos han estado
cambiando, volviéndose más salvajes. Más temerarios. Y es nuestra
responsabilidad calmar las tormentas, evitar que destruyan ciudades
humanas como lo hacen ahora. No por gloria, poder o respeto, sino
porque es lo correcto.
Señala un pequeño parche azul en la manga de su chaqueta, justo
debajo de su hombro derecho. Cuatro líneas onduladas se mezclan en el
medio, como un nudo. Eso explica el loco traje. Y probablemente el
cabello extrañamente apretado.
—Así que, ¿eres un soldado en el ejército?
—Un guardián. Pero sí. Al principio, todos los guardianes eran
Ráfagas del Norte, porque ese es el viento más fuerte. Pero es también el
más frio e inestable, al igual que su gente, por lo que…
—¿Supongo que eres un Caminante del Norte?
—¿Por qué pensarías eso?
Casi me río. ¿No se da cuenta cuan fría e intimidante puede ser?¿O
es normal amenazar a las personas con malignas espadas de fatalidad en
la sylph-landia? —No importa.
—Mi apellido es Eastend. Las Ráfagas del Este fueron las siguientes en
unirse a la Tempestad, para ser una influencia suavizante. Pero ellos les
ordenaron aprender el lenguaje del Norte, para aumentar su fuerza. Y
cuando lo hicieron, descubrieron algo inesperado.
Ella se aparta y susurra la llamada que me enseñó. Una pequeña
briza arremolina el aire entre nosotros. Toso mientras la arena y pedazos de
hojas secas de palma se atascan en mi garganta.
—Una simple briza de viento tiene el poder de su dueño. Pero
mézclala con otro viento y cambia.


84
Susurra algo que no entiendo y otra ráfaga se apresura detrás de mí.
Un viento más frío. Más fuerte. No puedo distinguir sus palabras mientras
vuela alrededor de Audra.
Ella susurra de nuevo y las ráfagas se juntan para formar un remolino
de polvo.
Me levanto de un salto, alejándome del pequeño ciclón creciendo
más a cada segundo. Audra se pone de pie también, cerniéndose sobre el
mini tornado.
—Cuando combinas los diferentes vientos, juegan entre sí,
haciéndose más fuertes y flexibles. Y si sabes cómo controlarlos, pueden
hacer lo que quieras que hagan.
Murmura algo ininteligible y los vientos corren más fuerte. Giran más y
más rápido hasta que el remolino de polvo es lo suficientemente fuerte
como para absorber la espada-aguja y hacerla salir disparada por la parte
superior del embudo. Audra la atrapa con un movimiento grácil de su
brazo derecho mientras susurra—: Libérate, sé libre. —Los vientos se
dispersan, dejando un rastro de polvo a su paso.
Está bien, eso es genial.
—Las posibilidades que trajo ese conocimiento eran interminables.
Pero descubrieron algo más, algo que cambió todo. Cuando combinas los
vientos, sus poderes crecen exponencialmente con cada viento que
agregas. Así que, si alguien fuera a combinar los cuatro vientos y los
manipulara perfectamente, serian imparables. Raiden tomó la decisión de
ser el primero el aprender los cuatro.
Mi estómago pica ante el nombre.
—Él es un Caminante del Norte, pero ha dominado los otros
lenguajes de manera tan completa que los usa con mayor fluidez que los
nativos de la lengua. Se unió a la Tempestad cuando era joven, pero
después de unos pocos años de servicio, decidió que estábamos
perdiendo nuestro poder protegiendo a los terrícolas de las tormentas.
Pensaba que deberíamos adoptar las ráfagas salvajes, no domesticarlas.
Afirmó que esa era la forma del viento de decirnos que es nuestro tiempo
de ser la raza dominante en el planeta, y que debíamos enfocarnos en
construir nuestra propia fuerza y habilidad mientras dejábamos que los
vientos se deshicieran de los humanos más débiles. Su promesa de poder le
atrajo a un número de otros guardianes, especialmente los conquistadores
de las Ráfagas del Norte, y comenzó a acumular seguidores. Antes de que
la Tempestad descubriera su motín, Raiden atacó a los Caminantes de
Oeste.


85
Siento como si debería sentarme para esta parte de la historia, así
que me hundo en el suelo. Ella se acomoda a mi lado, mirando el piso.
—Nadie se había preocupado de aprender la lengua de los
Caminantes del Oeste. El viento oeste es un viento débil. Un viento
pacífico. Y esos Caminantes eran forasteros. Se mantenían solos. La
mayoría eran nómadas. Todos pensaban que estaban locos.
Probablemente lo estaban.
Tengo la sensación de que debería sentirme insultado por eso, pero
estoy demasiado interesado en las palabras “eran” y “estaban”. Tiempo
pasado.
—Raiden estaba decidido a dominar el cuarto idioma. Decidido a
convertirse todopoderoso. Así que localizó a una familia del Oeste e
intentó forzarlos a enseñarle su lenguaje. Cuando se rehusaron, él los mató
en venganza, y envió un mensaje a otras Ráfagas del Oeste. Dejó en claro
que no tomaría un no por respuesta. Fue el crimen más sangriento que
nuestro mundo haya visto.
Su voz se quiebra, y traga varias veces, como si estuviera luchando
por controlarse. —Todo sucedió antes de que yo naciera, pero mi
entrenador de la Tempestad me enseñó imágenes para que pudiera
entender a mi enemigo. Una familia de cinco, incluyendo tres niños,
destrozados como muñecos de trapo. Como si hubiera atado sus
miembros a tornados y enviara a los vientos en direcciones opuestas.
Apenas y había algo que reconocer.
No es hasta que una mosca casi entra en mi boca que me doy
cuenta que mi mandíbula está abierta. ¿Asesinar a niños por un idioma?
¿Por viento?
—Las cosas se salieron de control después de eso —susurra, ya que
las palabras son demasiado horribles para decirlas en voz alta—. Los que
quedaban de la Tempestad se manifestaron contra Raiden. Pero él era
demasiado poderoso y tenía muchos guardias que peleaban a su lado, ya
sea porque creían en su causa, o le temían. La pérdida fue devastadora.
Sólo unos pocos escaparon con vida. Y sin la protección de la Tempestad,
nuestro mundo como lo conocíamos, sucumbió. Los Caminantes del viento
siempre han sido una raza pequeña y dispersa, pero los de la Tempestad
habían establecido una ciudad principal, en las alturas de las montañas,
donde las nubes se unían con la tierra. Raiden y sus guerreros la atacaron
con todo lo que tenían. Cuando cayó, él reconstruyó la ciudad como una
fortaleza privada para su ejército de Stormer. La fuerte montaña de vientos
alimentaba su poder, y ha sido capaz de extender su reinado de terror al
resto de la tierra.


86
Se gira para sostener mi mirada. —Cualquiera que se oponga a su
gobierno es aniquilado. Los restantes de la Tempestad huyeron bajo tierra,
organizando su resistencia lejos de los vientos siempre observadores de
Raiden, tratando de construir una fuerza lo suficientemente poderosa para
derrotarlo. Pero necesitan lo mismo que él. Raiden todavía está decidido a
dominar la lengua del Oeste, para completar su poder y dominación. Para
asegurarse de que nadie se levantará contra él. ¿Puedes ver a dónde va
esto?
Puedo, pero todo suena tan absurdo. ¿Desde cuándo una persona
tiene la habilidad de destrozar a toda una sociedad así?
—¿Por qué no develan toda la cosa secreta y acuden a los humanos
por ayuda? —pregunto—. ¿Por qué no hacen que el presidente convoque
un ataque aéreo y explote como la mierda a Raiden y sus Stormer?
Problema resuelto.
—¿Honestamente piensas que las armas humanas son más fuertes
que toda la fuerza del viento? ¿Has visto un huracán en acción?
Supongo que ella podría tener razón, pero todavía es difícil de creer.
—Eso no explica por qué mi familia importaba tanto. Quiero decir, ¿y qué
tiene que seamos Ráfagas del Oeste? ¿Qué nos hace más importantes
que las otras…?
Mi voz se apaga cuando Audra niega con la cabeza.
—Raiden ha pasado las últimas décadas siguiendo a las Ráfagas del
Oeste una por una. Si se rehusaban a enseñar su idioma, los acababa,
esperando asustar a los demás hasta la sumisión. Pero resulta que tu
especie es sorprendentemente valiente. Ninguno estaba dispuesto a
ceder, y ninguno compartía su lenguaje, incluso con los de la Tempestad.
No querían que el conocimiento cayera en manos equivocadas, y no
confiaban en nadie para protegerlo además de ellos mismos. Hubieran
preferido dejar morir el idioma que haberlo dejado ser usado para la
destrucción. Siguió así, hasta que, por lo que todos sabían, tus padres eran
la última familia del Oeste viva.
No puedo pensar en nada que decir a eso. Audra continúa de todas
maneras.
—Proteger a tu familia se convirtió en la máxima prioridad de la
Fuerza de la Tempestad, así que asignaron a mis padres, sus mejores
guardianes, a vigilarlos a tiempo completo. Pero un Stormer los encontró, y
en alguna parte en la lucha por capturarlos, ellos murieron
accidentalmente. Dejándote sólo a ti. El último Caminante del Oeste. Y
hasta hace cuatro años, Raiden ni siquiera sabía que estabas vivo. Ahora
que lo sabe, ha estado destrozándolo todo para encontrarte, y puedes


87
apostar que si lo hace, no tendrá misericordia. Claro, te mantendrá con
vida. Porque eres lo único que está entre él y el poder definitivo. La única
oportunidad que tiene de satisfacer su obsesión. ¿Crees que aceptará un
no por respuesta cuando te exija que le enseñes?
—Pero… no conozco ningún lenguaje secreto del viento oeste. Ni
siquiera sabía que había un viento oeste hasta unos pocos minutos atrás,
pensaba que era sólo viento.
En serio, no hay forma de que pertenezca a cualquier parte de esa
loca historia. Tiene que estar arrancada de algún cuento cursi de fantasía
con un montón de actores flacos corriendo en mallas, disparando flechas
a los demás porque algún malvado hombre está tratando de dominar el
mundo. Esas cosas no suceden en la vida real, y ciertamente no me
suceden a mí.
Yo sólo soy un chico promedio.
Bueno, está bien —aparentemente soy un sylph, así que no
exactamente “promedio”—, pero aún así. No soy alguna respuesta ultra
poderosa a todos sus problemas, tampoco. No soy Superman. Ni siquiera
me gusta ese cómic.
—Tienes razón —dice Audra mientras mi mente se llena con
imágenes horribles de mí en mallas y una capa estúpida, siendo llamado
para salvar al mundo como si no fuera gran cosa—. No conoces la lengua
de los Caminantes del Oeste. Tus padres optaron no enseñarte, pensando
que estarías a salvo de Raiden. Pero eres un Caminante del Oeste. Así que
esperamos que el idioma sea instintivo.
—¿Esperamos? —Necesito moverme, pensar esto de pie. Me paro y
paseo—. ¿Esperan que hable el idioma que consigue matar a todos?
—Tenemos la esperanza de que serás el primero en dominar los
cuatro idiomas. Entonces, serás lo suficientemente poderoso para derrotar
a Raiden.
Me río, demasiado fuerte y duro, sintiendo los hilos de mi cordura
volviéndose peligrosamente delgados. —Oh, bien, porque tenía miedo de
que fueras a presionarme.
Todo esto es demasiado. No puedo respirar. El peso del calor
asfixiante no es nada comparado con este peso aplastante y pesado que
Audra acaba de dejar sobre mí.
—Vane —dice Audra, poniéndose de pie y bloqueándome mientras
trato de alejarme.


88
No estoy seguro de a dónde voy a ir, sólo tengo que salir de aquí, y
no me importaría sacarla de mi camino si tuviera que hacerlo. —No puedo
hacer esto, Audra. No soy un guerrero y no puedo…
Me congelo cuando ella me agarra de los hombros. —Sé cómo se
siente una gran responsabilidad cayendo sobre tu espalda y no poder
soportarla. Pero tienes que recordar, Raiden asesinó a tu familia.
Ahí está esa palabra de nuevo. Asesinó. Me estremece, girando y
golpeándome con odio.
—Tú tienes el poder de detenerlo —dice ella—. Es por eso que mi
padre dio su vida para salvarte. Tenías que vivir.
Ella me mira como si pensara que soy una especie de salvador... o
milagro.
El Niño Milagro.
Aparentemente, ese estúpido artículo del periódico no estaba tan
equivocado. No vi venir esa posibilidad.
—Espera… Raiden no sabía que yo estaba vivo hasta hace unos
años, ¿cierto? —La esperanza calma la sensación de mareo e
inestabilidad—. Publicaron un artículo sobre cómo sobreviví al tornado. Fue
sólo en el periódico local de un pueblo rural, pero Raiden lo hubiera visto,
¿no? Así que él ya debe haberme investigado y darse cuenta que no soy
nadie especial.
Eso suena mucho más probable que ser alguna especie de héroe.
—Raiden no tenía razones para investigar. Ni le llegó ni un solo eco.
—Ella mira al cielo—. Cuando pasamos, los vientos llevan un eco de quien
solíamos ser… por un tiempo, al menos. Mi madre sabía que íbamos a
necesitar escondernos de Raiden, así que hizo ecos para ti, para mí y para
ella, y los envió junto a los de tus padres, mi padre y el Stormer. Raiden no
tenía ninguna razón para dudar del reporte del viento. El viento no miente.
—Si el viento no miente, ¿cómo lo logró tu madre?
—Usó nuestras pérdidas. Cuando alguien que amas muere, parte de
ti muere con ellos. Es por eso que nunca eres el mismo después de perder a
alguien. Y los vientos que te tocan, llevan la pérdida con ellos. No es
exactamente como un eco, pero ella los retocó de alguna manera, los
torció y cambió con su don hasta que estuvieron lo suficientemente cerca
de convencer a Raiden de nuestra muerte.
Justo cuando pienso que mi medidor de rareza está al máximo, ella
encuentra una forma de aumentarlo.


89
—Mi madre comandó el desplazamiento de las pérdidas para que
volaran a la ciudad de Raiden, y no mucho después, la Tempestad oyó
informes de que Raiden nos había declarado muertos. Un error de su parte,
por supuesto, pero somos afortunados de que lo cometiera. No podríamos
haber sido capaces de ocultarte de otra manera.
—Que suerte la mía —me quejo, odiándola por convencerme de
nuevo de que soy Vane Weston: El Chico Vivo Más Buscado.
—Tienes suerte.
—Ugh… estoy harto de que las personas me digan eso.
—Tienes el potencial para detener a Raiden, Vane. Hazlo pagar por
lo que ha hecho. Mataría por ese tipo de oportunidad. No tienes idea.
Sé que debería estar hambriento de venganza, y lo estoy. Pero la
idea de atacar a Raiden yo mismo hace que el mundo de vueltas y mi
saliva se vuelva amarga. —¿Cómo? ¿Cómo se supone que voy a ser lo
suficientemente fuerte para derrotarlo? Ni siquiera tengo la más mínima
idea acerca de toda esta mierda…
—Eso es para lo que me tienes. —Su agarre se aprieta en mis
hombros—. Estoy aquí para enseñarte todo lo que necesitas saber. Ese es
mi trabajo.
—Oh, bien. Soy un empleo.
Trato de alejarme, pero ella bloquea sus brazos y tira de mí otra vez.
—No es sólo un trabajo. Es… yo… —Se detiene, como si no pudiera
encontrar las palabras que necesita.
Entonces me encuentro con sus ojos, y la mirada que hallo me hace
contener el aliento.
Le importa.
Este trabajo/misión/como sea que se llame… sí.
Pero detrás de eso, y bajo el uniforme y la trenza apretada, el exterior
frío y duro que la hace golpearme contra las paredes y blandir espadas en
mi rostro, y parecer dispuesta a estrangularme la mitad del tiempo, puedo
ver la verdad más profunda.
Yo le importo.
Y eso es suficiente para hacer que aparte mis temores, mis
preocupaciones de lo que se espera de mí, mi ira ante mis recuerdos
siendo borrados. Suficiente para hacer cualquier sacrificio que se necesite,
para que valga la pena entrenar para la batalla que se avecina.
Probablemente no tengo opción de todas formas, pero eso no
importa.


90
Le importo a Audra.
Haré esto por ella. Y por la familia que ambos hemos perdido.
—Supongo que tenemos que entrenar, entonces —digo, dando un
paso hacia atrás en la sala carbonizada y despegando mi camisa, ya
empapada en sudor del sol de la mañana. Me voy a la esquina y vuelvo a
mirarla—. Vamos a empezar.


91
14
Audra

o tengo idea de qué convenció a Vane de dejar atrás su ira,
su miedo y su actitud malcriada y sarcástica, pero no me
quejo. Cuando se volvió a meter en el refugio y se quitó la
camiseta, se convirtió en un chico completamente diferente. Como si el
Vane que conozco hubiera sido secuestrado y reemplazado por un
luchador serio y trabajador —con increíbles abdominales.
No es que me haya dado cuenta.
Intento no hacerlo, por lo menos.
No es fácil. Los Caminantes del Este eran conocidos por ser los más
bellos físicamente de nuestra especie. A lo mejor son los vientos cálidos y
tranquilos que los nutren. O algo en sus genes. Sea lo que sea, Vane es,
definitivamente, un Caminante del Este. Nada más que músculos
esculpidos y bronceados, y extremidades largas y gráciles. Sin mencionar
un rostro con rasgos cincelados, simétricos y los ojos azules más
impresionantes que jamás haya visto.
Solana es una chica afortunada.
Él es extraordinario. En más que sólo apariencias.
Antes de que el cielo está azul brillante con la luz del día, Vane
maneja nuestra primer llamada y somete su primer viento en el cuarto. Y
para cuando el calor del día está sobre nuestros hombros como un manto
espeso, sofocante, ya ha aprendido a sentir los vientos a más de ochenta
kilómetros de distancia. Todavía queda un largo camino por recorrer—
cuando trató de envolver el viento alrededor de su cuerpo, no lo oyó
rebelarse y se cayó de espaldas—, pero considerando que tuvo su primer
descubrimiento ayer, lo hace increíble.
Bueno, hasta que Gavin regresa de su mañana de cacería. Luego
Vane se convierte en un borrón de brazos agitándose, maldiciendo, y
N


92
gritando agudamente, mientras Gavin desciende y se agita alrededor de
su cabeza.
—¿Qué estás haciendo? —grito conmocionada.
—Ese pájaro loco está tratando de matarme. —Vane agarra una de
las hojas de palmera de mi cama improvisada y corre por cuarto,
dispersando polvo y trozos de hojas rotas, mientras agita la rama en
patrones salvajes y erráticos.
Me apresuro a llegar a su lado y lo agarro de la muñeca, deteniendo
su brazo en seco a mitad del golpe. —Basta, ambos. Gavin, deja de
molestar a Vane. ¡Y tú! —Saco la rama de su mano.
Sólo entonces me doy cuenta que estoy prácticamente apretada
contra su pecho.
Su pecho desnudo.
De repente seme es difícil respirar.
Dejo caer su muñeca y doy un paso atrás, dejando que el espacio
entre nosotros calme mi pulso acelerado. Lanzo la rama de vuelta en la
pila y aclaro mi garganta. —¿Puedes por favor abstenerte de dañar a mi
mascota?
Gavin chilla. No le gusta cuando le llamo así.
—Y ponte tu camiseta de nuevo antes de que te rasguñe —agrego
agradeciendo una excusa para que Vane se vista de nuevo.
Se cubre la cabeza mientras Gavin baja. —¿Ese pájaro raro es tu
mascota?
—Sí. Así que te agradecería que no trataras de matarlo. —Cierro los
ojos y mantengo el brazo izquierdo recto hacia fuera de mi lado—. Aterriza.
Gavin lanza un grito ensordecedor y cambia de rumbo para aterrizar
en mi brazo, clavando sus garras lo suficiente para pinchar a través de la
gruesa tela de mi uniforme. Su protesta silenciosa.
Grandioso. Ahora tengo dos chicos difíciles en mi vida.
Acaricio las mejillas de Gavin, tratando de calmarlo.
—Ugh, ¿cómo puedes tocar esa cosa?
—Por favor, dime que no tienes miedo de los pájaros. ¿Te das cuenta
delo absurdo que sería, teniendo en cuenta que debemos compartir el
cielo con ellos?
Agárrala camiseta de donde la arrojó anteriormente, se sacude la
arena y los insectos, y la lanza por encima de su cabeza, apresurándose a
meter los brazos por las mangas como si no quisiera apartar los ojos de


93
Gavin ni por un segundo. —Oye, solía ser atacado por un halcón loco
cuando jugaba en este bosque cuando era niño… —Su voz se apaga—.
Oh, Dios, era esa cosa atacándome, ¿no es así?
Trato de no sonreír, pero las comisuras de mi boca se inclinan hacia
arriba de todos modos. —Es posible. Gavin sabe cómo hacer que nadie
descubra mi escondite cuando me tomo una siesta corta. Tal vez vagabas
demasiado cerca para su gusto.
—O tal vez él está loco y le gusta arrancar pelo de las cabezas de los
niños para su propio placer sádico. —Vane se seca el sudor de la frente y
se limpia en sus pantalones cortos—. Así que…me has atacado con el
viento, convencido de que este lugar está embrujado, y enviado a tu ave
asesina detrás de mí. ¿Alguna otra manera en la que hayas hecho mi vida
difícil?¿Es tu culpa que la medicina me dé urticaria?
—¿Qué?
—Las pocas veces que he tratado de tomar algunas de esas
pastillas, estallé en urticaria y vomité como un loco. ¿Tiene algo que ver
contigo?
—No. Tu cuerpo debe de haber rechazado la medicina, ya que está
diseñada para los seres humanos.
—Cierto. Y yo no soy humano. Todavía me estoy acostumbrando a
eso, por cierto. Algo así como un gran cambio de vida, para que lo sepas.
No hay nada que pueda decir a eso.
Niega con la cabeza. —Entonces, ¿sucede muy a menudo?
—¿La urticaria? No. Ninguno de nosotros ha tenido alguna razón
para usar medicina para terrícolas. En caso de que no lo hayas notado, no
nos vemos afectados por los mismos virus o enfermedades. Es increíble que
ellos sean mucho más prolíficos de lo que somos nosotros. Según todos los
recuentos, somos criaturas superiores, por eso es nuestra responsabilidad
protegerlos. Pero lo que les falta en durabilidad, lo compensan en
volumen. Es sorprendente el número de niños que reproducen. Y la forma
en que elijen de aglomerarse en ciudades grandes.
Me estremezco ante la idea de estar comprimida de ese modo.
Gente alrededor todo el tiempo. Respirando mi aire. Robando mi viento.
Hace a mi piel gritar por una brisa fresca.
Pero las brisas de la mañana se han calmado. Y a juzgar por la forma
en que el sol nos está martillando, incluso a esta hora tan temprana, va a
ser un día sofocante.
Sinceramente, no sé como lo ha llevado Vane todo este tiempo.
Tiene suerte de vivir en una zona bastante escasa, en cuanto a ciudades


94
humanas, el calor mantiene a las multitudes lejos la mayor parte del año.
Pero aún así —este calor. Yo me escabullo a las montañas en busca de
aire fresco y espacio cada vez que puedo. No sé cómo no se marchita,
atrapado en este valle hace tantos años, sin libertad real. Tal vez Vane es
más duro de lo que parece.
Vane agacha la cabeza cuando envío a Gavin a su percha en el
alfeizar de la ventana.
Tal vez no.
Un gorgoteo fuerte retumba por la media habitación.
Las mejillas de Vane se tiñen de rosado. —No he comido nada
desde la hamburguesa de anoche.
La mención de comida hace agua mi boca y agarro mi cintura,
deseando que mi estómago no haga un sonido similar. El agua ha
invadido completamente mi cuerpo. Cada musculo duele de luchar la
atracción extra hacia la tierra, y todo dentro de mí se siente hueco y
agotado.
Por mucho que odio rendirme a la vulnerabilidad, necesito un
descanso. —Deberías volver a tu habitación para que tus padres no se den
cuenta de te has ido.
—¿Y que se supone que les voy a decir si ya se dieron cuenta?
Considero eso. —¿Qué tal si les dices que has empezado un nuevo
programa de ejercicios, temprano en la mañana, para evitar el calor?
—Eso no suena a algo que haría. Soy bastante perezoso.
—Me he dado cuenta.
El sonríe y da un paso más cerca, bloqueando el sol mientras su
sombra cae sobre mí. —¿Qué tal si les digo que hay una chica hermosa
que me invitó a entrenar con ella cada mañana, y estoy sufriendo para
poder estar con ella? Eso sí se lo creerían.
Mi cara estalla en flamas, y sé que si me encuentro con sus ojos
estará mirándome de la misma manera que lo hizo anoche en los molino.
Justo antes de que hacer que los vientos nos elevaran. Una mirada
profunda e intensa de esos grandes ojos azules, tan claros que me
recuerdan el hielo, excepto que son cualquier cosa menos fríos cuando
me observan.
Se mueve más cerca, lo que nos deja a solo unos centímetros de
distancia. Su aliento se siente suave y cálido sobre mi piel, como una brisa
lenta del Sur.


95
Doy un paso atrás, saltando cuando mi espalda se choca con
piedra solida. Honestamente, esta pequeña estructura sólo tiene pedazos
de paredes, ¿cómo me dejé atrapar contra una de ellas?
—Eso está bien —digo cuando me recupero—. Si estás más cómodo
con eso.
—Lo estoy —dice—. Porque es verdad.
El pone sus brazos a cada lado de mí, enjaulándome entre ellos. Mi
corazón golpea contra mi pecho con tanta fuerza que se siente como si se
me fuera a salir.
Todo lo que tengo que hacer es empujarlo y seré libre. Pero tengo
miedo de tocarlo, de sentir ese extraño calor extenderse a través de mí.
Eso sería más peligroso que encontrarme con su mirada.
Pero tengo que parar esto.
Arrugo la nariz. —Alguien necesita alcanzar las duchas.
Se ríe. —Yo lo llamo Eau de Vane. Es la firma de mi fragancia.
—Bueno, huele como si algo hubiera muerto.
Me agacho debajo de su brazo y me deslizo lejos, aliviada cuando
no trata de detenerme. No estoy segura de qué hacer con sus… avances.
Él está finalmente cooperando. No me puedo permitir que eso cambie si se
siente rechazado.
Pero no puedo darle lo que quiere. Incluso si yo quiero —lo cual no
pasa.
No quiero.
Me froto las sienes, tratando de calmar el dolor de cabeza que
quema detrás de mis ojos. Estoy acostumbrada al dolor—mi trenza regular
a menudo es demasiado apretada. Pero esta vez mi cráneo se siente listo
para agrietarse de la tensión.
—Deberías dejar tu cabello suelto. —dice Vane, claramente
observándome más cerca de lo que quiero que lo haga.
—Nunca dejo mi cabello suelto.
—Lo hiciste ayer.
—No por elección. —Me aparto de su escrutinio, en dirección a su
casa—. Podemos volver a entrenar mas tarde. Después que de hayas
tenido la oportunidad de refrescarte.
Se ríe. —No soy yo el que lucía acalorado y molesto hace un rato.


96
No estoy al día con la jerga terrícola, pero estoy bastante segura de
qué está dando a entender—y se equivoca.
—Como sea —le digo, cambiando el tema rápidamente—. Te
recomiendo tomar una siesta. Hoy vamos a tener una larga noche.
—Me parece bien. —Su sonrisa se estira ampliamente.
Ruedo los ojos. —Para el entrenamiento, Vane. Vamos a abordar
algunas de las habilidades más difíciles esta noche, cuando esté oscuro y
los vientos se levanten.
—Estoy deseando que llegue.
Sólo él lo desea. Justo cuando empiezo a disfrutar su compañía, su
lado molesto regresa.
Por otra parte, que me moleste es mucho mejor que esa sensación
oscilante, sin aliento que me sigue dando. Tengo que aferrarme a la
irritación, guardarla lejos, encaso que cualquiera de esas emociones
vuelva.
Su estomago gruñe de nuevo.
—Será mejor que también comas algo.
—¿Qué hay de ti?
—¿Yo?
—Sí, ¿quieres desayunar o algo así?
—¿Qué? No, no puedo comer.
Un gruñido sordo sale de mi estómago antes de que pueda
detenerlo.
—Pero pensé que habías dicho que el agua ya te había debilitado. Y
que iba a tardar meses en salir de tu sistema, ¿cierto? Entonces ¿Por qué
morir de hambre si el daño ya está hecho?
No puedo creer que sugiera tal cosa. Claramente, tiene un largo
camino para entender el tipo de auto-disciplina que cumplo.
Aunque tiene un pequeño punto —y lo odio por eso. Me odio a mí
misma por verlo. Odio a mi estómago incluso más por gruñir de nuevo.
—Comer o beber solo extenderá mis días de debilidad, algo que no
me puedo permitir.
—Haz lo que quieras. Pero tu estomago está de acuerdo conmigo —
agrega, cuando un tercer gruñido sale de mis entrañas.
Si pudiera arrancarme el ruidoso órgano de mi cuerpo, lo haría. —Ya
pasará.


97
—Eso espero. De lo contrario, estaré entrenando con un gatito
gruñón toda la noche.
Lo ignoro, y caminamos en silencio hasta que llegamos al borde de
la arboleada.
—Ambos deberíamos descansar unas cuantas horas mientras
podamos. Volveré cuando el sol se ponga.
—¿No quieres entrar?¿Refrescarte un poco?
—Se supone que tu familia no me vea.
—Vamos, no te puedes ocultar para siempre.
—Me he escondido por diez años. Estoy bastante segura de que
puedo manejarlo algunos días más.
—¿Días?
Mi hambre se desvanece a náuseas mientras asiento. —Los Stormer
estarán aquí dentro de ocho días.
Su sonrisa de desvanece. —Eso es, em … pronto.
Si, lo es. —Estaremos listos.
Se ve tan escéptico como yo me siento. Los Stormer van a recoger
nuestro rastro para esta noche. ¿Será mi madre realmente capaz de
detenerlos tanto tiempo como afirmó?
Miro al cielo, casi esperando ver nubes negras arrastrándose sobre
las montañas. Pero el azul intenso se extiende tan lejos como puedo ver.
Estamos a salvo. Por ahora.
—¿Y qué pasa después? —pregunta—. Quiero decir … asumiendo
que ganamos y todo eso, ¿entonces qué? Porque supongo que Raiden
tiene más Stormer para enviar detrás de mí, ¿verdad?
Sinceramente, no lo sé. Todos los planes de la Tempestad se
centraban en Vane descubriendo el lenguaje del Caminante del Este
mucho antes de que Raiden nos encontrara. Yo soy la que arruinó las
cosas regalando nuestra ubicación.
Pero puedo salvar esto. Tengo ocho días para forzar el
descubrimiento. Encontraré una manera.
Obligo a mi voz a sonar más confiada de lo que realmente me
siento, mientras digo—: Suponiendo que todo va según lo previsto, tú vas a
plantear una amenaza mucho mayor para Raiden de lo que él jamás
podrá ser para ti.
—¿Y si las cosas no van de acuerdo al plan?


98
—Entonces los vientos le dirán a la Tempestad lo que sucedió. Ellos
vendrán a buscarte.
Mi madre sabrá que hice el sacrificio casi al segundo que me
entregue. Mi corazón se acelera, imaginando piezas dispersas de mí a lo
largo y ancho.
Empujo el pensamiento para alejarlo.
Mi madre recogerá a Vane. Lo llevará a la Tempestad por
protección. Y les dirá que fallé.
—¿Qué hay de ti? —pregunta.
Miro a otro lado, temiendo que vea más en mi rostro de lo que
quiero que haga. —Todo lo que necesitas saber es que tú estarás a salvo.
La Tempestad te llevará a su fortaleza y te entrenará para estar listo para
pelear.
—Guau, espera. ¿Así que básicamente, mis opciones son: prisionero
de Raiden o prisionero de tu ejercito? Por favor dime que hay una opción
secreta número tres, porque, sin ofender, esas opciones apestan.
—Nadie es un prisionero en nuestro ejército. Y ciertamente no tú. Eres
nuestro futuro rey.
Dejo de caminar. —¿Rey? Como, ¿con corona y cetro y todos
llamándome Su Majestad?.
—No exactamente. Pero sí, rey. Después de que derrotes a Raiden,
se te dará el trono.
Por un segundo sólo se me queda mirando. Entonces se ríe. —¿El
trono? ¿Tienen un trono?
—Por supuesto. Somos una raza dispersa, pero todavía tenemos uno.
Aún tenemos leyes y reglas, o las tuvimos, antes de que Raiden robara el
trono. Pero cuando retomemos nuestra ciudad capital de vuelta, tú serás
el encargado de restablecer la línea real. Todo ha sido arreglado. Sólo
necesitamos tu ayuda para derrocar al tirano.
Pasa las manos por su cabello. —Eso es… una locura. No sé qué
hacer con eso. No quiero saber qué hacer con eso.
—Sé que es mucho para procesar, pero ésta es la vida que estabas
destinado a vivir.
—Ya tengo una vida. ¿Cuál es el plan para esa, por cierto?
¿Simplemente desaparezco en el medio de la noche y mis padres nunca
me vuelven a ver? ¿Qué pasa con la escuela? ¿Qué pasa con mis
amigos?


99
—Esas son… cosas humanas, Vane. Solo han sido parte de tu vida
porque necesitábamos tenerte escondido. Pero el secreto ha salido a la
luz. Sin importa qué, necesitas volver a tu propia especie. Dejar atrás el
resto de las cosas.
—¿Cosas? Estas hablando de todo lo que me importa. No puedes
esperar que me aleje de todo.
Lo espero. Todo el mundo lo espera.
Pero no hay razón para decir eso. Él no está listo para escucharlo.
Así que me paro a su lado, observando las olas de calor
arremolinarse desde el suelo y oyendo el crujido de la brisa seca del
desierto a través de las palmas de mis manos. Son los vientos del Sur,
cantando una canción lenta y melancólica. Vane no puede entenderla, lo
cual es mejor. Las Ráfagas del Sur son tristes, hablan de la pérdida y de los
cambios no deseados. Del verano fugaz que siempre están persiguiendo.
La Tempestad estaba preocupada de que a Vane se le dificultara
adaptarse cuando llegara el momento de separarlo de su “otra vida”—
incluso con el brillante futuro que han planeado para él. Pero preocuparse
no cambia nada. Vane está atrapado entre dos mundos, y el único modo
de solucionar eso es arrancándolo de uno.
Sin embargo, sé lo mucho que le dolerá cuando llegue el momento.
Sé lo que siente perder un padre.
Vane ya ha perdido a dos. Ahora va a perder dos más.
—¿Hay alguna otra manera? —susurra.
No la hay.
Pero está preguntado por un salvavidas. Y sé que lo necesita para
atravesar los próximos días. Así que tomo su mano, tocándolo sólo para
convencerlo—no por quiero hacerlo—y digo—: Tal vez.
Otra mentira aparece entre nosotros.
Pero funciona. Me aprieta la mano con más fuerza y me mira con
esos llamativos ojos suyos. —Esperemos.
Esperanza.
Una cosa divertida y caprichosa. Necesitamos mucho de eso en
estos momentos.
—Sí, Vane —susurro—. Esperemos.


100
15
Vane

i habitación está exactamente como la dejé, sin algún signo
de que mis padres notaran mi ausencia, y puedo oír a mi
mamá viendo algún patético programa de entrevistas y
entretenimiento en el salón, como lo hace todas las mañanas después de
que mi papá se va a trabajar. Me escapo por el pasillo hasta el baño y
enciendo la ducha para ganar unos minutos antes de tener que verla.
No he descifrado lo que voy a decir. Se siente muy raro. Me siento
muy raro.
Sabía que no eran mi familia biológica —y eso nunca antes se sintió
incómodo. Pero saber que no soy ni siquiera de su especie forma esto,
como una enorme brecha entre nosotros. Quiero decir, ¿qué dirían si
supieran que su hijo es una criatura mitológica?
Estoy bastante seguro de que se asustarían. Y no puedo culparlos.
Me quito mis ropas sucias, tosiendo cuando me alcanza su olor.
Audra tenía razón, mis huesos tronaban.
Mi espalda duele donde ella me estrelló contra la pared, y siento la
zona sensible donde habrá un moretón después. Más pruebas de que todo
esto es real.
Realmente lo es, ¿no?
No soy Vane, el alumno desmotivado que esta maldito con las
chicas.
Soy Vane Weston: El Último Caminante del Este.
Genial, suena como algo salido de una película de dibujos animé.
Salto en la ducha y dejo que el agua caliente golpee contra mi piel,
calmando el temblor que se arrastra por mi espina dorsal cuando pienso
M


101
en las historias que Audra compartió. O las armas de aspecto maligno que
los guerreros utilizarán cuando vengan. O lo que pasará si perdemos.
Quiero lavar mis temores, dejarlos arremolinarse por el desagüe
como la arena que el champú saca de mi pelo. Pero no es así de simple.
La amenaza viene, lo quiera o no. Tengo que hacerle frente y espero
que Audra me guíe a través de ello. Entonces, voy a saber si su ejército
planifica llevarme, esperando que yo sea su rey.
Aprieto el jabón tan fuerte que mis dedos dejan abolladuras.
No permitiré que esta Fuerza de la Tempestad controle mi vida. Me
quedaré, entrenaré y lucharé contra todos esos Stormer —pero sólo porque
tengo un par de personas en este valle que son dignos de protección.
Después de eso, se termina. No tengo ningún interés en ser un
soldado o un gobernante de un mundo que ni siquiera conozco. Mi vida
está aquí. No voy a dejar que nadie me separe, y no hay nada que Audra
—o cualquiera de sus pequeños amigos armados—pueda hacer para
detenerme.
Rayos, si soy tan fuerte como ella dice que soy, o lo seré con el
entrenamiento, entonces definitivamente no hay ninguna manera de que
me pueda decir qué hacer. Pelearé con todos ellos si tengo que hacerlo, y
ganaré.
Pero tal vez no lleguemos a eso.
Audra dijo que hay esperanza. Voy a tratar de creerlo. Incluso si se
sintió como una mentira.
Ella está ocultando algo, puedo verlo en la forma en que elige
cuidadosamente sus palabras antes de hablar. En la forma en que a veces
no me mira a los ojos. No tengo ni idea de lo que es, pero tiene que haber
una manera de hacer que se rinda, descubrir lo que esconde.
Mientras estoy en ello, tal vez pueda obtener otra visión de lo que se
esconde debajo de esa chaqueta locamente gruesa, también.
Mi mente se distrae de nuevo a su vestido corto, recordando la
forma en que se ceñía en todos los lugares correctos. Debería ser un
crimen cubrir un cuerpo como el suyo con ese uniforme grueso y
voluminoso que tenía hoy.
De hecho, si alguna vez me convierto en rey de los Caminantes del
Viento, mi primer decreto como gobernante será establecer un nuevo
vestuario para los guardianes y hacer el vestido de Audra aún más
pequeño. Eso podría valer la responsabilidad del cambio de vida.


102
Honestamente, estar con Audra hace que la idea de vivir en sylph-
landia para siempre no suene tan mal. Podría ser capaz de tratar con ello si
finalmente llegara a probar esos labios llenos. Deshacer la trenza ajustada
y pasar mi mano por su pelo sedoso mientras me acerco. Presionar cada
centímetro de su cuerpo contra el mío mientras ella enreda sus brazos
alrededor de mí y desliza sus manos por mi espalda, tirando de mí aún más
cerca...
Abro totalmente la canilla de agua fría de la ducha.
Pero incluso con las corrientes heladas pasando por mi piel, no
puedo bloquear la fantasía que nunca se va—sin importar cuántas veces
he tratado de resistirla: Que Audra esté ahí afuera ahora mismo.
Deseándome tanto como yo la deseo.


103
16
Audra
ire. Necesito aire.
Si no puedo saciar mi hambre o sofocar mi sed, necesito
darle a mi piel el viento por el que ruega. Sacar fuerza extra
de donde pueda.
El agua se siente muy pesada en mi cansado cuerpo, privado del
sueño por volar hacia las montañas. Así que ondeo la mano hacia el
salvaje y descuidado bosquecillo, donde los árboles son más grandes, con
hojas más gruesas que proveen un mejor camuflaje.
El aire está quieto. Ignoro la mirada burlona de Gavin mientras
escojo el árbol más grande y trepo su tronco delgado, con cuidado de no
aferrarme tan fuerte a la desmoronada corteza. Es un trabajo precario, y
mirar a Gavin bajar de pronto hacia mi ubicación deseada con un aleteo
sólo lo hace más arduo. Eventualmente, logro llegar a la cima y me
acomodo entre las hojas espinosas.
Cierro los ojos y siento los vientos. Corren a través de las
estribaciones, pero todavía están a mi alcance.
Suaves susurros los traen cerca y giro con ellos. Es tentador
despojarme de la chaqueta y soltarme el pelo, pero me rehúso a quitarme
alguna parte de mi uniforme. No importa lo mucho que el sol del desierto
pese en la oscuridad, tela gruesa o lo mucho que me aprietan las trenzas;
el viento es parte de quien soy y cuando le expongo mi corazón, siento
que me llama a casa.
El viento es todo lo que necesito.
A través de los años, esas palabras se han convertido en mi mantra,
haciendo que todo lo que he resistido fuera más soportable.
Pero no son lo único que alivia mi corazón.
A


104
Vane es más prometedor de lo que esperaba —al menos cuando se
compromete con su entrenamiento—, y si tiene el cuarto descubrimiento
antes de que lleguen los Stormer, podemos vencerlos a pesar de estar
atados a la tierra.
No tendría que sacrificarme.
Lo que significa que puede haber vida para mí después de esta
misión.
Tal vez.
Entrecierro los ojos ante la luz cegadora, buscando cualquier signo
de la tormenta que se acerca. Todo lo que encuentro es al opresivo y
abrasador sol del desierto. Por una vez, estoy agradecida de verlo.
Estoy intentando creer que mi madre está ahí fuera, de algún modo
ganándonos unos cinco días extra, como si pudiera arrancar el tiempo del
cielo.
¿Y si no lo está?
Le ha importado muy poco mi seguridad en los últimos diez años,
tratándome como si fuera una astilla en su piel. Una piedra en su zapato.
¿Y si está aprovechando la oportunidad para enviarme lejos? ¿Para
deshacerse de mí para siempre?
Arrojo las dudas a la brisa dispersa, dejando que se alejen.
La seguridad de Vane es lo que la preocupa y nunca dudaría en
protegerlo a él.
El resentimiento se alza en mi pecho y lo ahogo.
La seguridad de Vane también me concierne. No puedo permitirme
olvidarlo.
Me acomodo en las hojas de palmera, recostando la cabeza contra
una rama próxima y enfocando la mente en las Ráfagas del Este. Su
canción es la que busco, me habla de ondas cambiantes que nos afectan
a todos y el valor de seguir adelante a pesar de ello. En su mayoría, es una
promesa. Una promesa de que las cosas no siempre serán tan turbulentas.
Una promesa de calma.
Algunas veces me permito creer que es la canción de viento de mi
padre, y que me busca. Es como una pequeña parte de él que todavía
cuida de mí, justo como cuando estaba vivo.
Sostente a la roca hasta que pase la tormenta, canta el viento a
través del aire.


105
Mi padre era mi roca. Mi refugio. Cálidos brazos que me envolvían,
protegiéndome de las tempestades de los siempre cambiantes estados de
ánimo de mi madre. El único sitio donde me sentía verdaderamente a
salvo.
Por favor, mantenme a salvo ahora, papá.
No me atrevo a desearlo en voz alta, pero lo pienso de todos modos.
La fantasía tonta se siente más real que cualquier promesa que mi madre
hizo para mi protección.
Pero él no está aquí.
Ella sí.
Tengo que confiar en ella.
Tengo que confiar en mí.
Así que me rindo para descansar, lista para recargarme. Lista para
los dulces sueños que siempre me trae el viento, llenos de recuerdos de mi
padre.
En su lugar, sueño con Vane. Y el sueño es todo menos dulce.


106
17
Vane

algo del baño hacia el aroma de huevos y carne de desayuno,
y un burrito del tamaño de una pelota de fútbol me espera en la
mesa de la cocina. Antes de que pueda detenerme, me
precipito hacia el sofá y envuelvo mis brazos alrededor de mi mamá por
detrás.
—Guau, ¿eso por qué es? —pregunta, riendo.
—Por el desayuno. —No es sólo por eso, pero no tiene por qué saber
que podría tener tan solo ocho días para estar con ella.
Tal vez ocho días de vida.
Me alejo antes de que pueda sentir que estoy temblando.
—Bueno, es casi la hora de comer. Estaba a media hora de sacar a
rastras tu trasero perezoso de la cama cuando oí la ducha encenderse.
—Lo sé. Supongo que estaba cansado.
Debe haber captado mi duda porque se da la vuelta para estudiar
mi cara. Casi puedo sentirla notar mis ojeras, preguntándose por qué no
me veo más descansado. —¿Estás bien?
Yo... no estoy seguro.
—Sí, sólo muriendo de hambre. —Mi estómago gruñe para dar
énfasis y mi mamá se ríe.
—Mejor come mientras esté caliente, entonces.
No tiene que decírmelo dos veces. Corro a través de la habitación,
prácticamente babeando cuando le doy una mirada más de cerca al
burrito y oh, Dios. Tocino, huevos, aguacate, y bolas de papas todas
cubiertas de queso picante y rociadas con salsa picante antes de ser
S


107
envuelto en una tortilla gigante y cocinada en el horno. Mi padre lo llama
"el torpedo".
Estas cosas cambian la vida de buena manera, y después de una
mañana de duro entrenamiento con el estómago vacío, el primer bocado
es más o menos lo mejor que he puesto en mi boca. Isaac solía reclamar
que el chorizo casero y el huevo y burrito de su madre eran mejor, pero
luego probó un torpedo y cambió para siempre. Nada lo supera.
Termino todo en cinco minutos, y a pesar de que probablemente
contenía suficiente comida para alimentar a un país pequeño, quiero más.
Pero oye, ¿quién sabe cuántos más voy a llegar a probar?
Mi apetito muere con ese deprimente pensamiento.
Tengo que controlar mis emociones.
Doy gracias a mi mamá por el desayuno y regreso a mi habitación,
me alegro de que no haga más preguntas. Reviso la cerradura de la
ventana —que no parezca que soy capaz de dejar a Audra fuera— cierro
las cortinas, y colapso en mi cama.
Lo siguiente que sé, el reloj de mi mesita de noche dice que son
después de las cuatro y mi mamá está golpeando a mi puerta.
—Vane, teléfono.
Mi puerta se abre y entrecierro los ojos a través de un triángulo de la
luz del sol que se cuela a través de mi cara.
—¿Estabas durmiendo? —pregunta mi mamá, con el rostro cayendo
en un ceño fruncido—. Pensé que estabas aquí jugando juegos o algo así.
Me pongo de pie, todavía tratando de orientarme. —Estaba
cansado.
Explora mi habitación mientras me da el teléfono, como si estuviera
buscando las drogas que debo estar tomando para provocar mi
cansancio —no es que me haya metido con eso. Ni siquiera puedo tomar
una maldita aspirina.
—Es Isaac —me dice.
Me paso la mano por mi pelo salvaje, tratando de alisarlo antes de
presionar el teléfono contra mi oído. —Hola.
—¿Qué demonios, hombre? —grita prácticamente Isaac en el otro
extremo—. ¿Primero la jodes con Hannah antes del toque de queda,
después apagas el teléfono e ignoras mis llamadas todo el día? No me
digas que la cita fue tan mala.
—Lo siento, se me olvidó encender mi teléfono. La cita estuvo bien.


108
—No, no. Eso no es lo que he oído.
—¿Por qué? ¿Qué dijo Hannah? —Oigo la preocupación en mi voz al
mismo tiempo que me doy cuenta que mi mamá ha olvidado
convenientemente dejarme solo. Le doy mi mirada ¿Te importa? y de mala
gana cierra la puerta detrás de ella.
Isaac se ríe. —Nada, hombre. Sólo dijo que estaría en su habitación y
nos dejó solos. Pero parece que algo pasó. ¿Qué has hecho esta vez? No
me digas que te tiraste uno en medio de la cita de nuevo.
—¡No! Y te dije que no fui yo.
—Eso no es lo que Lauren le dijo a Shels. Ella dijo que ustedes estaban
en el Date Festival
9
y que debiste haber comido muchos tamales o algo así
porque te tiraste uno tan ruidoso que hasta las cabezas se voltearon. Algo
por lo que usualmente yo te aplaudiría pero, amigo, no cuando estás
tratando de ganarte a una chica. Dijo que fue justo después de que
trataste de tomarle la mano. No es el mejor momento, hombre.
Malditas chicas que se cuentan todo. —Lauren sólo estaba
mintiendo para encubrir el hecho de que ella se tiró un pedo.
—Sí, porque las chicas hacen eso. Amigo, he estado saliendo con
Shels durante casi un año y todavía no se ha tirado cuando está conmigo,
incluso cuando mi mamá la llena de frijoles y mole. Pero sólo toma un poco
de Pepto
10
antes de que salgamos esta noche y estarás bien.
Atormento mi cerebro para callarlo con un insulto brillante cuando
me doy cuenta de lo que dijo. —¿Esta noche? ¿Qué hay esta noche?
—Una película contigo, Hannah, Shels y yo.
—No puedo.
—Vamos, esto fue idea de Hannah, así que lo que sea que hayas
hecho no pudo haber sido tan grave.
—¡No hice nada!
Y eso me recuerda. Audra todavía tiene que explicarme por qué
arruinó mi cita.
Tal vez estaba celosa.
Mmm. Me gusta esa idea. Mucho.
—Amigo, ¿estás escuchándome? —me pregunta Isaac.

9
Es un festival tipo feria que se celebra anualmente en febrero en el Valle de Coachella.
10
Pepto: marca de un medicamento de venta libre utilizado para aliviar irritaciones
digestivas menores (acidez gástrica, indigestión, náuseas, malestar estomacal y diarrea)
en las que el ingrediente activo es su salicilato de bismuto.


109
—Eh, ¿qué?
—Dije que te recojo a las siete y media.
—Te lo dije, no puedo. Lo siento.
No lo siento, sin embargo. Hannah es una chica agradable y anoche
pensé que era lo que quería. Pero ya no más. No cuando tengo una
oportunidad con la chica de mis sueños.
Isaac medio gruñe, medio suspira. —Está bien. Pero será mejor que
pases la noche con una chica caliente, y mejor que valga la pena
abandonar a tu mejor amigo. De lo contrario, me debes una grande.
Él es tan certero que lo único que puedo hacer es murmurar algo a
lo largo de las líneas de—: Llámame… Hablamos… después, que tengas
buenas noches, adiós. —Y cuelgo el teléfono.
Isaac tiene razón.
Mejor que ella valga la pena todo este lío.
Pero Audra lo vale.
Aunque sé que probablemente lanzará más bichos a mi cabeza y
amenazará mi vida y me atacará con vientos, estoy esperando
impacientemente todo lo que tiene para mí.
Así que me pongo ropa limpia, salpico un poco de agua en mi pelo
y le digo a mi mamá que voy a salir. No voy a esperar hasta el atardecer
para ver a Audra otra vez.


110
18
Audra

ritos. Horribles y escalofriantes gritos me envuelven en un
inteligible borrón de ruidos mientras rocas, tierra, ramas y
tantas otras cosas que no puedo empezar a identificar
golpean mi cuerpo.
Me tropiezo, luchando por mantenerme de pie, negándome a dejar
que las ráfagas me lleven. No podemos pelear esta tormenta, ya destruyó
demasiado. Pero no me iré sin mi padre.
Algo tira de mi muñeca, haciéndome retroceder. Me giro,
entornando los ojos a través de las piedras, el polvo y la pared borrosa de
viento para encontrar el contorno del rostro de un niño. Me lleva un
segundo darme cuenta que lo conozco.
—Tenemos que volver —grita Vane.
Antes de que pueda responder, un alarido espeluznante atraviesa el
aire.
—¿Mamá? —Vane suelta mi muñeca y corre más adentro de la
tormenta.
Lo persigo, llegando a su lado a tiempo para ver a una mujer en un
vestido azul a rayas, a través del cielo. Ella se agita contra los vientos que la
envuelven como cadenas, pero no puede liberarse.
—¡Mamá! —grita de nuevo, saltando, tratando de alcanzarla.
Ella está demasiado alto.
—¿Vane? —Se agita más fuerte—. Corre. Tienes que…
Sus palabras son arrastradas por una ráfaga desplazándose. El
repentino viento altera su curso, precipitándose más allá de un árbol
arrancado de raíz, azotándolo contra ella. Cierro los ojos, pero no puedo
bloquear el crujido repugnante mientras una de las puntiagudas ramas la
G


111
golpea, y cuando miro su cuerpo está doblado en un ángulo antinatural.
Su cabeza cuelga al lado. Rojo sangre llueve a nuestro alrededor.
Vane grita, un grito sobrenatural de agonía, rabia y terror.
No hago nada.
No puedo moverme.
No puedo pensar.
No puedo hacer nada más que mirar fijamente al cuerpo roto en el
vestido azul, dejando rastros de sangre a través del cielo mientras se
oscurece rápidamente.
—¿Audra? —Grita mi papá, sacándome de mi aturdimiento—.
¡Audra!
Sus llamados se vuelven más frenéticos cuando no respondo, así que
me giro, buscando en el cielo hasta que lo diviso, abriéndose camino a
través de las altas corrientes de aire encima mío.
—Tienes que salir de aquí, Audra. Llévate a Vane y sácalo del
camino de la tormenta.
—No sin ti. —Empiezo a saltar de la misma manera que lo hizo Vane.
Tiene que haber una forma de alcanzar a mi padre. Traerlo de vuelta
hacia mí.
Todo en mí duele por volar hasta él. Pero todavía no soy lo
suficientemente fuerte.
—¡Vete, Audra!
Nunca, en toda mi vida, he escuchado a mi padre tan serio. Eso
detiene mi resistencia, adormeciéndome casi en un trance mientras giro y
hago lo que me ordenó. Agarro la mano de Vane y lo saco a rastras, mis
pies moviéndose más rápidos con cada paso que doy lejos de mi padre,
como si el viento me estuviera impulsando.
—Sigue adelante —urge mi padre—. No vuelvas.
De alguna manera llegamos al borde de la tormenta sin ser
golpeados por ninguno de los escombros que llueven a nuestro alrededor.
Empujo a Vane a través de la pared de viento hacia terreno más tranquilo,
mirándolo caer en la tierra segura y firme. Sé que tengo que seguirlo, pero
no puedo irme, no puedo abandonar a mi familia. Me giro para regresar,
pero la voz de mi padre me detiene.
—No, Audra.
Él flota más bajo. Todavía fuera de mi alcance, pero lo
suficientemente cerca que puedo ver sus ojos llenos de lágrimas.


112
—Vete, querida. Y cuida de Vane.
Envía una poderosa ráfaga del este para tirarme lejos. Pateo y grito,
luchando con toda la fuerza que tengo, pero no puedo derrotarla. Me
saca del embudo, a pocos metros de donde Vane se encuentra,
sollozando. Antes de que pueda ponerme de pie, la tormenta explota.
—¡Papi! —grito, tan fuerte que siento que mi garganta se rasga.
El embudo se desenrolla ante mis ojos, y los hilos de vientos se
dispersan en todas direcciones. Busco en el cielo por algún signo de él,
esforzando mis oídos por el sonido de su voz. Pero sé que no lo encontraré.
Puedo sentirlo en el aire a mí alrededor, y sé que ha hecho el sacrificio.
Dejó que los vientos lo destrozaran para poder pelear contra ellos desde el
interior.
Alcanzo las corrientes de aire, tratando de mantenerlas en mis
manos.
Se deslizan a través de mis dedos.
Se ha ido.
Los escombros resuenan como truenos mientras colisionan en el
suelo. Me hieren. Golpean mis miembros.
No corro. Colapso en una pila de sollozos, temblando
incontroladamente.
No dijo adiós.
No dijo que me amaba.
Todo lo que dijo fue—: Cuida de Vane.
Un par de brazos se envuelven alrededor mío y salto, el alivio como
una ráfaga cálida de sol mientras me vuelvo para abrazar a mi padre.
Pero no es él.
Miro a los ojos aguados de Vane, siento sus brazos temblando
mientras me ahoga en un abrazo, aferrándose a mí como si yo fuera la
única cosa que lo sostiene en la tierra.
Quiero empujarlo lejos. Golpearlo con mis puños.
¿Por qué él está aquí y no mi papá?
Es su culpa.
Su. Culpa.
Pero ni siquiera mi rabia me venderá una mentira.


113
La verdad se desliza a través de mí, destrozándome, derribándome.
Me apoyo contra Vane, llorando en su hombro tan fuerte que él llora en los
míos. Y le digo la verdad.
Le digo que es mi culpa. Lo grito por encima de los vientos. Tengo
que hacerlo, antes de que el peso de lo que hice me aplaste por
completo.
Sé que me escucha porque deja de llorar. Sin embargo, no me
suelta. No se aparta.
Me acerca con más fuerza.
Los vientos son fríos y helados, y el mundo nunca se ha sentido tan
solo y oscuro. Pero siento el calor de Vane a través de la tela de su
chaqueta, y cuanto más nos aferramos mutuamente, el calor más se
propaga a través de mí, llenándome con energía y vida.
No quiero dejarlo ir jamás.
Cuida de Vane. El último deseo de mi padre.
Le prometo a lo que sea que queda de mi padre que lo haré.
Nunca podré corregir esto. Pero haré todo lo que sea posible para
intentarlo.


114
19
Vane
udra no está en la choza quemada, lo que parece... extraño.
No tan extraño como los gemidos suaves resonando en el
aire, ahogando los zumbidos, gorjeos, chasquidos de la
arboleda.
—¿Audra? —llamo, tratando de seguir el sonido. Parece como si
viniera de arriba, pero el sol es demasiado brillante, y aún cuando
entrecierro los ojos, todo lo que puedo ver en la luz difusa son hojas de
palmera.
Mi cuerpo entero se estremece cuando una terrible posibilidad se
me ocurre.
Ya están aquí. La tienen.
Corro de regreso a la casa quemada, yendo a la esquina donde ella
escondió la espada. Abro el agujero en la tierra y la sostengo delante de
mí. Es más pesada de lo que esperaba, y mi estómago se retuerce cuando
miro los bordes afilados.
Carne desgarrada.
Sangre derramándose por las heridas irregulares.
Goteando por la cuchilla.
Las imágenes mentales hacen a mis manos temblar tan fuerte que
casi dejo caer el arma.
Pero Audra me necesita.
Corro a través de las palmeras, siguiendo el sonido de sus sollozos.
Ramas rotas arañan mis piernas y las afiladas cortezas raspan mis brazos
mientras me hundo más profundo en el bosque.
—¡Audra! —grito.
A


115
El llanto se detiene.
Un chillido estridente lo reemplaza, y ese malvado halcón suyo
desciende desde el cielo, apuntando a mi cabeza. Apenas me agacho a
tiempo.
—¡Estoy tratando de ayudarla, pájaro estúpido! —grito, deslizando la
espada, aunque él ya ha volado fuera de mi alcance.
—¿Vane?
La voz de Audra rebota en los árboles en tantas direcciones
diferentes que no sé de dónde viene. —¿Dónde diablos estás?
—Aquí arriba.
Entrecierro los ojos a las copas de los árboles y echo un vistazo a las
hojas del más alto, es Audra.
Sola.
Segura.
Nada de qué preocuparse, excepto el brillo en sus ojos cuando
pregunta—:¿Qué crees que estás haciendo? ¿Por qué tienes la Windslicer?
¿Windslicer?
Impresionante nombre
11
.
Me muevo a la sombra de su árbol, tratando de calmarme. Correr
cuando hace calor no es la mejor idea. Menos mal que me puse
desodorante extra.
—Estaba… tratando de salvarte —admito, odiando cuán cursi
suena—. Creí que los Stormer estaban aquí.
—¿Tú tratabas de salvarme a mí?
—Oye, te oí llorar. Pensé que los guerreros estaban torturándote o
algo así.
Jesús, ¿demasiado desagradecida?
Me mira, su expresión un poco orgullosa, pero sobre todo afligida por
mí. Como un padre escuchando el plan de su hijo para capturar al
monstruo del armario. —Si los Stormer estuvieran aquí, el cielo sería
completamente negro y los vientos recogería estos árboles y los lanzaría en
el aire como cerillas.
—Oh, bueno. Algo digno de esperar.

11
Lo dice por el significado de la palabra, “rebanadora de viento”.


116
Ambos miramos al cielo, como necesitando comprobar que no hay
nada allí.
Ni una nube a la vista. Pero su halcón se abalanza hacia mí otra vez
y estoy a punto de dejar caer la Windslicer cuando intento cubrir mi
cabeza. —En serio, apaga a tu ave de ataque.
—Ve a tu percha, Gavin —ordena, y al instante la criatura estúpida
obedece, chillando por última vez mientras vuela hacia la casa.
Pájaro raro.
—Retrocede —advierte, moviéndose hacia el borde de las hojas.
No va a saltar, ¿verd…?
Mi pensamiento se interrumpe cuando extiende sus brazos y se baja
de la rama. Susurra algo que no puedo entender y una ráfaga de viento
caliente corre delante de mí. La corriente se envuelve a su alrededor,
ralentiza su descenso, y la coloca con suavidad en el suelo.
—Presumida —me quejo.
Tiende la mano a la espada, y estoy dispuesto a entregarla.
Sostenerla me hace sentir mareado. Inspecciona la hoja, probablemente
asegurándose de que no la he dañado de alguna manera en los cinco
minutos que la sostuve. —¿Por qué me buscabas?
—¿Por qué te escondías en un árbol, llorando? —contrarresto.
Por un momento luce confundida. Entonces dice—: Necesitaba que
el viento me restaurara. —Y comienza a caminar a través del bosque, de
regreso a su casa.
La sigo, esperando hasta que aleja el arma mortal y se vuelve hacia
mí antes de presionarla por una respuesta que no sea una carga total de
basura. —Bueno, eso explica por qué estabas en el árbol. ¿Qué pasa con
el llanto?
La miro, desafiándola a negarlo.
—Eso no es de tu incumbencia.
Trata de alejarse de mi, pero bloqueo su camino.
—Puedes confiar en mí, lo sabes —le digo, mi voz un poco más
pesada por la emoción de lo que debería ser—. Sé que estás
acostumbrada a hacer todo por tu cuenta. Pero juntos estamos en esto.
No dice nada. Sólo mira a la tierra, como si las hormigas corriendo a
través de la suciedad fueran las cosas más fascinantes del mundo.


117
Me acerco y tomo sus manos, estremeciéndome con el extraño
entusiasmo que se dispara a través de mi al segundo en que nos tocamos.
—Déjame ayudarte.
El aire se siente cargado entre nosotros mientras considera mi oferta,
y por un momento parece que podría aceptar. Entonces niega con la
cabeza y desliza sus manos fuera de mi agarre. —Tuve una pesadilla. Eso es
todo.
—¿Sobre qué?
Se da la vuelta. —Sobre el día en que mi padre murió.
Su voz es apenas un susurro, pero las palabras me golpean como
una piedra.
Su padre murió salvándome.
—Lo siento mucho —le digo, esperando que sepa lo mucho que
significa.
Se da la vuelta, y cuando nuestras miradas se cruzan, veo un ligero
cambio. Como si una pequeña pieza de su control de hierro simplemente
se hubiese roto. —No fue tu culpa.
Me encojo de hombros, preguntándome si eso es realmente cierto.
—De cualquier manera, todavía lamento que sucediera.
—Yo también.
Se inclina contra la pared, en el pequeño trozo de sombra que crea.
Por su expresión de dolor puedo decir que está reviviendo cada momento
de la tormenta en perfecto detalle.
Quiero meterme dentro de su cabeza, ver la repetición, incluso si va
a doler.
—¿Cómo fue? —susurro.
—¿La tormenta?
—Sí. ¿Cómo fue que... pasó? —No puedo pensar en una manera
más suave de decirlo.
Me mira como si hubiera masacrado media docena de gatitos. —
¿Quieres que te cuente los detalles repugnantes del asesinato de tus
padres?
—No. Sí. No sé. —Me paso las manos por el pelo, tratando de
encontrar las palabras para explicarlo—. Durante los últimos diez años de
mi vida cientos de personas me han preguntado qué pasó, y ¿sabes cómo
me miran cuando digo “no sé”? Como si fuera retrasado. Porque, ¿no
tendría que serlo, para no recordar el momento más definitorio de mi vida?


118
—Tienes suerte de no recordarlo.
—¿Suerte?
Si tengo que escuchar eso una vez más…
—Así que, ¿tengo suerte de que tu madre robara mis recuerdos? ¿De
qué borrara los primeros siete años de mi vida?
—En cierto modo, sí.
No lo entiende, nadie lo ha hecho jamás.
—Todo lo que estoy pidiendo es que me ayudes a llenar los espacios
en blanco. Si no puedo recuperar mis recuerdos, al menos puedes
compartir los tuyos.
Pierdo la noción de cuántos segundos pasamos en silencio. Su voz es
fría cuando dice—: Mis recuerdos son míos.
Se acerca a la ventana rota y acaricia al halcón demente. El único
lugar que sabe al que no me aceraré. No es que quiera hacerlo, en ese
momento.
Sé que sus recuerdos son dolorosos, pero con todo lo que he pasado,
podría ayudarme, maldición.
Todo se remonta al día de la tormenta.
Necesito saber lo que pasó.



119
20
Audra


ue sólo un sueño, me digo. Sólo un sueño.
Pero sé que es más que eso.
Es un recuerdo.
El recuerdo. Ese que no puedo dejar que Vane recupere.
En el que le decía que maté a su familia.
Fue tonto, una decisión impulsiva, y la única razón por la que no
liberó toda su rabia fue porque se encontraba demasiado sorprendido por
lo que había sucedido. Tuve suerte de que mi madre tuviera que borrar su
memoria así no tendría que vivir para siempre con las consecuencias de mi
confesión.
No cometeré el mismo error de nuevo.
No se lo diré. No importa cuánto insista.
Mis dedos se curvan en un puño y los aprieto, intentando detener el
hormigueo que sigo sintiendo en mis palmas de cuando Vane tomó mis
manos.
Finalmente sé lo que significa la sensación.
Es la misma emoción que sentí cuando nos abrazamos uno del otro
en los escombros de la tormenta. Había olvidado ese detalle, pero lo
recuerdo ahora; la forma en que la calidez había pasado entre nosotros,
radiante a través de mi cuerpo.
Culpa.
Eso fue lo único que sentí cuando me incliné sobre el chico a quién
le había arruinado la vida. Lo dejé apoyarme. Me engañé a mí misma
creyendo que podía perdonarme por lo que había hecho.
F


120
Al rojo vivo, llameante y ardiente culpa.
La forma que tenía mi cuerpo de castigarme por mi crimen.
—Así que —dice Vane, recordándome que no estoy sola—. ¿Qué
vamos a hacer ahora?
Honestamente, no estoy segura. Siempre había planeado hacerlo
manejar a la perfección cada lenguaje por sí mismo, esperando que su
familiaridad con el viento en aumento activara su descubrimiento de
Caminante del Oeste.
Ahora tenemos ocho días—asumiendo que mi madre cumpla su
promesa. Menos de ocho días desde que el de hoy está casi terminado.
No tenemos tiempo para que él maneje nada a la perfección.
La táctica más inteligente sería activar su descubrimiento del Norte y
Sur ahora, y entrenarlo en el poder de los tres. Incluso el conocimiento más
rudimentario de corrientes combinadas sería más poderoso en una batalla
de viento, que ser competente en sólo uno.
Pero, ¿puede realmente manejar el descubrimiento de los tres en
menos de un día?
Mi mente estaba casi impresionada cuando elegí que mi entrenador
de la Tempestad activara dos a la misma vez—y había estado hablando la
lengua del Este casi toda mi vida.
La mente de Vane ya está grabada con todo lo que ha aprendido y
sentido desde anoche. Agregar la tensión de dos descubrimientos más
sería una tremenda tentativa ante sus sentidos, una vez que haya
experimentado los sylph le será difícil de resistir.
—Eh, ¿querrías darme una pista de lo que estás pensando? —
pregunta Vane—. Porque estar parado en un huerto de dátiles bajo un
calor de cincuenta grados siendo atacado por moscas, realmente no es lo
que tenía planeado para el resto de la tarde.
Me detengo por un largo aliento, forzándome a mí misma a admitir
que ésta es nuestra única opción. —La mejor manera de entrenarte es
forzar tu mente a tener dos descubrimientos más. Así es como lo llamamos
cuando el viento se abre camino hacia tu consciencia y hace una
conexión, para entender su lenguaje. Yo activé tu descubrimiento del Este
anoche, cuando me uní al viento y me introduje en tu mente. Es por eso
que pudiste verme en mi forma de viento, y la razón por la cual ahora
puedes entender la lengua del Este.
—Así que… pretendiendo que todo eso tiene sentido, el que por
cierto, no tiene —dice Vane, entrometiéndose—. Una pregunta: ¿Por qué


121
me dices eso como si me dijeras que necesitamos cortarme ambos brazos,
hacer un estofado y luego alimentarme con ellos?
Suspiro. —Porque activar tres descubrimientos, uno tan cerca del
otro, va a ser muy… desagradable.
—¿Desagradable?
—Peligroso.
—De acuerdo, no soy fanático de esa palabra.
—Si hubiese otra forma de…
—La hay. Podrías llamar a los refuerzos, cómo prometiste anoche.
¿Qué sucedió con ese plan? Me gustaba mucho más ese plan.
—Pedí por refuerzos. —Mis ojos caen a mis pies—. Mi pedido fue
rechazado.
—¿Rechazado?
—Sí. —Su tendencia de repetir todo en forma de pregunta
definitivamente va a llevarme a mis límites.
—Pero creí que era el último Caminante del Oeste. El futuro rey. Toda
esa cosa. ¿No hace eso que protegerme sea una prioridad importante?
—Lo hace. Todavía están deteniendo a los Stormer por el tiempo que
puedan. Y saben que soy una de las mejores guardianas de la Tempestad.
—Sí, y dijiste anoche que eras demasiado débil para luchar con ellos
tú sola, incluso con mi ayuda.
—No… necesariamente. Hay algo que puedo hacer que
definitivamente destruirá a los Stormer.
—Uh, si definitivamente los destruirá, ¿por qué simplemente no haces
eso?
—Nosotros no “simplemente hacemos eso” porque es el sacrificio
máximo.
Las palabras están fuera antes de que pueda detenerlas.
Lo siento observarme, pero me rehúso a mirarlo, me rehúso a afrontar
cualquier tipo de emoción que esté escrita en su rostro. No sé qué quiero
que sienta.
No sé cómo me siento.
—Así que si estoy entendiendo correctamente —dice después de un
minuto—, estas Tempestades que tanto adoran ustedes, ¿te han enviado
en una misión suicida en vez de proveer refuerzos?
—No es así.


122
—En serio. Entonces, ¿cómo es, Audra? Porque luce bastante claro
para mí. Y está mal. No pueden obligarte a… esperar que tú…
Su voz se desvanece, y no puedo evitar echar un vistazo a su rostro.
Mi corazón palpita cuando veo la mirada en sus ojos azules como el
hielo. Ha pasado tanto tiempo desde que alguien me ha mirado de esa
forma, que casi no reconozco el sentimiento.
Importancia.
Le importo a Vane Weston.
No cambia nada. —Hice un juramento de protegerte con mi vida, e
planeo cumplirlo. Sin importar nada.
Es un simple hecho, pero el efecto que tiene en Vane es profundo.
Se acerca. Lo suficiente para que pueda sentir su calidez en el aire.
Más cerca de lo que debería permitirle. —No llegará a eso —dice, su tono
más serio de lo que lo había escuchado nunca—. Activa los
descubrimientos. Lo que sea necesario.
Trago para poder encontrar mi voz. —Comprendes que el proceso
va a ser muy difícil.
—Sí.
—Incluso doloroso.
—Pues… lidiaré con eso.
¿Quién es este chico y qué ha hecho con Vane?
—¿Estás seguro?
Toma mis manos, entrelazando nuestros dedos gentilmente. —No voy
a dejar que nada te pase, Audra.
Miro hacia otra parte, luchando contra le erupción de emociones
dentro de mí.
Mis palmas hormiguearon tanto gracias a su tacto que
prácticamente laten. Mi ardiente culpa abrasadora, castigándome por mi
nuevo crimen.
Me lo merezco. Estoy dejando que Vane arriesgue todo para
salvarme, y él no tiene idea que he sido yo quien arruinó su vida.
Nunca se lo diré, tampoco. Rompería su compromiso con la misión.
Haría que lo capturen y que me mataran, junto con miles de personas
inocentes.
Pero esa no es la única razón.


123
Vane ha sido la primer persona desde que mi padre falleció a la que
le importa si vivo o no. Arde menos que la dolorosa soledad que he
soportado durante diez años.
Así que tomo aire profundamente para aclarar mi cabeza. —
Probablemente deberías sentarte. Esto va a ser… intenso.


124
21
Vane

udra me hace sentarme con las piernas cruzadas sobre el
montón de hojas de palmera en el suelo. No puedo creer que
duerma sobre estas cosas. Recita una larga lista de
instrucciones a las que probablemente debería prestarle atención —pero
no puedo enfocarme. Mi cerebro está atorado en repetición automática.
Intenso. Intenso. Intenso.
Estoy bastante seguro de que se refería a un intenso dolor —y no soy
exactamente conocido por tener una alta tolerancia a eso.
Al menos Audra parece bastante impresionada de que esté
dispuesto a hacer esto para ayudarla… lo cual es una locura. ¿De verdad
piensa que quiero que muera para salvarme?
—Abrázate a ti mismo con más fuerza, Vane. Los Vientos del Norte
son increíblemente agresivos.
Es difícil no gemir. “Agresivos” es casi tan malo como “peligroso”.
Ajusta mis manos y brazos, doblándome en un pretzel.
—¿Te encuentras bien? —pregunta cuando salto ante su toque.
—Sí, perdón. Algo nervioso, supongo.
¿No siente las chispas que saltan entre nosotros? Bueno, eso es
intenso.
Las olas de calor se abren camino hasta mi corazón, quedándose
como si de ahí es de donde vinieran. Sé cuán cursi suena eso —Isaac
vomitaría si supiera lo que estoy pensando. Pero me gusta. Se siente como
si ella estuviera volviéndose parte de mí, más y más con cada toque.
Hace que quiera agarrarla, tirar de ella hacia mí, sentir como la ola
de calor se extiende mientras bajo mis manos…
A


125
—¿Estás listo? —pregunta, arrancándome de mis fantasías.
—Sí. —Odio a mi voz por temblar.
—Bien. Vamos a empezar primero con la parte más dolorosa.
—Suena asombroso.
Sus labios se tuercen en esa media sonrisa por la que se está
volviendo famosa. —La única advertencia que puedo darte es que no
luches. Le ordenaré al viento que se deslice en tu conciencia, pero tienes
que respirar. Una vez que las ráfagas estén ahí, tienes que obligarte a
concentrarte. Se sentirán extrañas y desagradables, haciendo que
probablemente tu cabeza palpite. Sólo recuerda que tu mente sabe cómo
hacer esto.
—De alguna manera has hecho que me pierda en lo de “palpite”,
pero haré mi mejor intento. Sólo vamos a… terminar con esto.
Asiente. Entonces cierra sus ojos y susurra algo que suena como una
serpiente cantando. El viento se alza a su alrededor.
Un escalofrío se apodera de nosotros —el cual en realidad no es tan
malo después de calentarse. Las ráfagas me envuelven, haciendo crepitar
las hojas de palmera mientras me levantan del suelo. La presión es mucho
más fuerte de lo que esperaba, y mis retorcidas extremidades se
desenredan hasta que estoy tumbado en el piso, rodando con la
tormenta.
—Inhálalo, Vane. Luego concéntrate en lo que escuchas —grita
Audra antes de que el rugido del viento la ahogue. Dejándome solo,
temblando en mi capullo de corriente helada mientras el aire golpea mi
cara.
Quiero bloquearla, le impido el acceso a todo y espero que se
marche. Pero cierro mi mandíbula para evitar que mis dientes
castañeteen, y la próxima vez que una ráfaga viene con toda su fuerza
hacia mi rostro, respiro larga y profundamente. En lugar de fluir hasta mis
pulmones, el aire se va hacia mi cerebro. Quema como cuando el agua
sube por mi nariz… sólo que mil veces más doloroso.
Los vientos se disparan dentro de mi cabeza, formando un vórtice y
golpeándome con la más intensa migraña que he tenido jamás, como si
mi cerebro estuviese siendo pateado, golpeado, acuchillado y destrozado.
Quiero arrancarme el cuero cabelludo para dejar que las ráfagas salgan.
Concéntrate, me dijo Audra.
¿Cómo diablos se supone que me voy a concentrar con un remolino
de viento en mi cabeza? Es como estar de pie al lado de una cascada


126
mientras suena el motor de un avión a reacción y un millón de truenos
retumbasen al mismo tiempo.
Pero mezclado con todo ese caos es una simple y solitaria nota.
Resuena un largo y bajo gemido —nada que pueda entender. Pero
cuanto más me esfuerzo por escucharlo, más cercano y claro se vuelve,
como si estuviera poniéndose frente a mi enfoque, demandando mi
atención.
Me recuerda a cuando Isaac encendió el súper altavoz de su
camioneta. Toda la música y las letras ahogándose por el palpitar y bajo
ritmo, haciendo que el vehículo vibrara y sus viejos y malhumorados
vecinos nos miraran mientras hacíamos retumbar sus casas con el pum
pum pum.
El dolor en mi cabeza se amplifica mientras me concentro en el
sonido, y el viento se siente como si me estuviera congelando en un ciclo-
Vane.
Vamos, estúpido viento, ábrete camino antes de que me vuelva
loco en serio.
Esto no tiene remedio. Nunca voy sentir u oír la jodida cosa que se
supone que tengo que oír o sentir. Soy un fracaso como Caminante del
Viento, y Audra va a morir por mi culpa.
La idea golpea de nuevo mis sentidos —y ahí es cuando la capto.
Una única palabra. Una y otra vez.
Fuerza.
En lugar de separar la palabra, el viento se filtra en mi conciencia. Se
siente como cuando vacías un vaso de agua de un único trago —sólo que
mi cerebro es el que lo está bebiendo.
Mis miembros se aquietan y yo me enfoco en las letras detrás de la
melodía, la cual ahora entiendo. El viento del Norte canta sobre poder. O
invencibilidad. O equilibrio.
—Vane, ¿puedes escucharme? —llama Audra desde muy lejos—.
Abre tus ojos.
Quiero hacerle caso, pero no sé cómo hacer que mi cuerpo
funcione en este momento. Los vientos se han enredado en mi mente.
Burlándose. Extendiéndose. Rogando que vaya con ellos. Y yo quiero. El
Viento del Norte suena tan valiente y fuerte…
Ellos me protegerán.


127
—Vane, ¡escúchame! —grita Audra—. No puedes creer todo lo que
te dice el viento. Sé que suena como la sabiduría misma, pero tienes que
resistir. Ellos te alejarán, y si dejas que eso pase, no regresarás.
No quiero escucharla, pero una ráfaga de calor recorre mis brazos
como una descarga eléctrica.
Mi cuerpo se sacude y mis ojos se abren de golpe. La cegadora luz
del sol hace que mi cabeza palpite y un fuerte gemido escapa de mis
labios. Entonces mi visión se aclara y consigo ver a Audra inclinada sobre
mí, sosteniendo mis muñecas con sus delgadas manos.
—Respira —ordena.
¿Por qué tendría que decirme que…?
Un ardiente dolor en mi pecho hace que me dé cuenta de que ha
pasado un rato desde que he tomado aliento. Aspiro una enorme
bocanada de aire, carraspeando mientras entra en mi cuerpo hambriento
de oxígeno.
Audra me empuja para que me siente, golpeando mi espalda. —
¿Estás bien?
—He estado mejor. —Me abrazo a mí mismo, necesitando sentir mi
cuerpo otra vez. Me olvidé de eso por un segundo—. ¿Qué ocurrió?
—El viento empezó a llevarse tu conciencia.
Froto mi palpitante cabeza. —¿Qué tal en español esta vez?
Esboza una pequeña y triste sonrisa. —No termino de entenderlo ni
yo misma. Mi padre solía decirme que los Caminantes del Viento están
atrapados entre dos mundos. Ni puramente de la tierra ni puramente del
cielo, y cuando nos permitimos a nosotros mismos demasiado contacto
con cualquiera de los dos, comienza a llevarnos por mal camino. En el
caso de la tierra, la comida y el agua crece en nosotros, atándonos a la
misma. Limita nuestras habilidades. Y el viento intenta llevarnos con él,
como un viejo amigo rogándonos que lo acompañemos de viaje.
Eso lo entiendo. Parte de mí aún quiere seguirlo.
—Pero si se lo permitimos, dejamos nuestras formas terrenales atrás
para nunca regresar —advierte ella.
—¿Por qué no me sentí así esa última noche? —Estaba dormido en su
mayoría, pero no recuerdo tener dificultades para despertar.
—Cuando provoqué tu descubrimiento de los Vientos del Este, era yo
dentro de tu cabeza; podía controlar las corrientes de aire y construir las
conexiones que necesitabas para que no tuvieras que exponerte
completamente a la fuerza de los vientos.


128
—Así que... tú estuviste literalmente dentro de mi mente, ¿al igual
que el viento? —Me estremezco al recordar el raro sonido y la sensación
de estar girando.
—Sí. Cuando cambiamos a nuestras verdaderas formas, nosotros
somos el viento. Nos movemos, trabajamos, y sentimos de la misma
manera, sólo que con más control.
—Eso podría ser lo más espeluznante que me has dicho hasta ahora.
Me recompensa con otra media sonrisa. Entonces baja la mirada,
observando sus dedos mientras los cruza. —No estoy segura de sí debería
provocar el descubrimiento del Viento del Sur. Podría ser demasiado como
para que puedas manejarlo ahora mismo.
No puedo comenzar a explicar lo poco que quiero pasar a través de
eso otra vez —jamás. Pero esto no se trata de mí. —Tengo que aprender los
tres lenguajes, ¿cierto? ¿Tan pronto como sea posible?
Unos pocos segundos pasan antes de que diga—: El tiempo se está
acabando.
—Entonces hagámoslo.
No puedo creer las palabras que están saliendo de mi boca.
Pero no puedo acobardarme ahora. La gente podría morir. Audra
podría morir. —Sé qué esperar ahora. Estaré bien.
—Si la tentación era tan fuerte con los severos y fríos Vientos del
Norte, será diez veces peor con los cálidos y acogedores Vientos del Sur.
—Regresaré.
—¿Cómo puedes estar tan seguro?
Tomo sus manos. Ella intenta alejarse, pero la sostengo con fuerza. —
Cuando me tocaste, me hiciste volver atrás. Entonces sólo haz eso de
nuevo, y regresaré. Por ti.
Las últimas palabras son casi un murmullo, pero estoy bastante
seguro de que las entendió, porque un toque de rosa colorea sus mejillas.
Mira nuestras manos por un instante, respirando lenta y
profundamente. —Está bien. Vamos a terminar con esto.


129
22
Audra

ane no tiene idea de lo irresistibles que serán las Ráfagas del
Sur.
Su cálido flujo es intoxicante. La comodidad que promete,
tan seductora. Tentándote a dejarte deslizar en su suave y
errante arrastre.
Yo había estado dispuesta a seguir sus susurros en cualquier lugar
que llevaran, y estuve muy cerca de hacerlo. La promesa que hice a mi
padre fue lo único que me retuvo.
Pero todo lo que puedo hacer es adherirme al plan y esperar que
Vane verdaderamente vuelva por mí.
A mí, corrijo. Y ni siquiera a mí, específicamente. Volver al mundo, a
continuar con su entrenamiento. Honrar su potencial. Entrar en su rol de
rey. Esas eran mis primeras —y únicas— preocupaciones.
Repito el recordatorio en mi cabeza mientras me llegan los vientos.
Las Ráfagas del Sur más cercanas están a varios kilómetros, deambulando
a través de un tramo de dunas vacías. Se desplazan hacia mí cuando
susurro su llamada.
Sostengo la mirada de Vane mientras los vientos forman los primeros
tentáculos de su capullo.
—Debes volver —ordeno.
—Aférrate a mí, y lo haré.
Su honesta confianza, su buena voluntad para enfrentar tal reto por
mí —sin mencionar la intensidad de su mirada—, hace que mi culpa arda
como el infierno en mis manos. En mi corazón.
V


130
Entierro el dolor tan profundo como puedo. Luego susurro la última
orden, cierro el capullo, y Vane se ha ido, enredado en las sedosas hebras
de las Ráfagas del Sur.
Me sorprendo a mí misma conteniendo la respiración y fuerzo aire en
mis pulmones. Tengo que tener la mente clara. Estar preparada para
cualquier cosa.
Las extremidades de Vane permanecen bloqueadas en su lugar
mientras su cuerpo se levanta del suelo. No hay golpes ni azotes como los
que las Ráfagas del Norte causaron. Es difícil distinguir su forma a través de
las ráfagas de arena, pero puedo ver su cara y se ve tranquilo. Feliz.
Recuerdo esa sensación. Las Ráfagas del Sur llevan felicidad pura.
Mis uñas presionan mis palmas mientras cuento los segundos que
pasan, observando el avance que se produce. Cuanto más tiempo está a
merced del viento, más pierde el control.
Diez segundos.
Veinte.
Treinta.
Cuarenta.
Vivo una eternidad en cada momento. Podría haber destruido
nuestra única esperanza con esta decisión precipitada.
Cincuenta segundos.
Un minuto.
—Vamos, Vane, ¡puedes hacerlo! —le grito a través de las ráfagas.
Dieciséis segundos más pasan. Entonces los vientos se desenredan,
huyendo hacia la libertad.
Tuvo el descubrimiento. Su cuerpo se desploma en el lecho de hojas
de palmera, y llamo su nombre una y otra vez. No se mueve, pero tomo sus
manos como lo hice cuando estaba luchando contra las Ráfagas del
Norte, ignorando la culpa que quema mi piel mientras lo hago.
Sus ojos permanecen cerrados. No hacen más que un tic.
—Respira, Vane —le ordeno, apretando su mano más fuerte—. Lo
prometiste.
No hay reacción.
Sacudo sus brazos, tratando de despertarlo. —¡Respira!
Nada. Incluso cuando aporreo su pecho con los puños.


131
Mi corazón salta en mi garganta al ver a sus labios teñidos de azul.
Tengo que hacer algo, cualquier cosa.
He visto terrícolas soplar aire en la boca de otro, tratando de poner
en marcha sus pulmones. Pero no puedo arriesgarme a formar un lazo con
Vane. Y puede que ni siquiera funcione. Sus pulmones no son el problema.
Es su mente la que se está alejando, siguiendo la llamada seductora de los
vientos. Vagando demasiado lejos del lugar que le corresponde.
El azul se extiende desde los labios, pintando su rostro con una
palidez gris.
Agarro sus hombros y sacudo tan duro como puedo. Su cabeza
cuelga y cae flácida.
No puedo sentarme aquí y verlo asfixiar. Incluso si sus pulmones no
son el problema, soplar aire a su cuerpo tiene que ayudar.
Me niego a pensar en lo que estoy haciendo mientras levanto su
barbilla con las manos temblorosas.
—No es un beso—susurro, diciendo en voz alta como testimonio—.
Esta es una medida para salvarle la vida. No es un beso. No se formará
ningún lazo.
Ningún lazo. Ningún lazo. Ningún lazo.
No me enlazaré a Vane Weston.
Ningún. Lazo.
Tomo un tembloroso aliento, casi sin poder creer lo que estoy a punto
de hacer mientras pongo una mano en cada una de sus mejillas
—¡Vane! —grito—. Vane, despierta.
Nada.
Las lágrimas queman mis ojos al mirar a sus labios de color gris
azulado.
Ahora o nunca, Audra.
Me inclino más cerca, susurrando en su oído.
—Por favor, no me dejes, Vane.
No tenía intención de decir eso, pero no tengo tiempo para analizar
mi elección de palabras. Tomo una enorme bocanada de aire,
sosteniéndola en mis pulmones mientras separo sus labios con manos
temblorosas y me inclino.
Ningún. Lazo. Ningún. Lazo. Ningún. Lazo. Ningún. Lazo.


132
Antes de hacer contacto, el cuerpo de Vane revuelve con una tos
seca. Su frente se estrella contra mi barbilla, tirándome hacia atrás y rueda
de lado boqueando para tomar aliento.
Froto mi dolorida mandíbula con una mano y envuelvo el otro brazo
a mí alrededor, tratando de calmar mi agitación. No puedo dar sentido a
ninguna de las emociones que me invaden. Todo lo que sé es que Vane
está vivo.
Él jadea y lucha por un minuto antes de respirar normalmente. Me
siento al lado, sintiéndome como si el mundo hubiera dado un tirón debajo
de mí y luego vuelto a su lugar sin poder hacer nada excepto mirar.
Quiero decirle lo mucho que me asustó. Lo cerca que estuvo de
dejarme atrás —de dejarlo todo y a todos atrás.
Cuánto hubiera estado dispuesta a arriesgar para salvarlo.
Pero no necesita saber nada de eso.
Cuando vuelve su color y calma la tos, se sienta, alisa su pelo, y me
mira a los ojos. —Te dije que volvería por ti.


133
23
Vane

is piernas se mueven como dos tallarines mojados mientras
Audra me arrastra por el bosque hacia mi casa. He estado
cansado antes. He sido golpeado. Mierda, he sobrevivido a
un tornado… e incluso aunque no recuerdo lo que sucedió, recuerdo
cada sufrimiento y dolor en los días que siguieron. Pero nunca he
experimentado nada como esto.
Me siento vacío. Como si todo lo que forma parte de mí hubiera
brotado por mis orejas, dejando solo una cáscara vacía de Vane.
Nada podría haberme preparado para las Ráfagas del Sur. Se sentía
como si fuera un niño otra vez y mi madre estuviera prometiéndome que
todo estaría bien si hacía lo que me decía. Su voz sonaba diferente, más
alta y más suave que de costumbre, pero las palabras aún se envolvían
alrededor de mi mente y mi corazón, y cuanto más trataba de apartarlas,
más fuerte se aferraban.
Era un hombre muerto.
Hasta que la voz desesperada de Audra susurró a través del viento,
suplicándome que no me fuera.
No la abandonaría.
Con esa determinación, encontré la fuerza para liberarme, mi
cabeza dando vueltas y mi cuerpo gritando con mil dolores diferentes,
mientras me forzaba a mí mismo a volver a la realidad.
Pero juro que el viento se llevó una parte de mí. Definitivamente me
robó mi calor. No podía dejar de temblar, incluso aunque estoy seguro de
que debía de hacer treinta y siete grados. Las piernas como tallarines
tampoco son algo genial. Y mi cabeza se siente como si un equipo de
fútbol la estuviera usando para entrenar.
M


134
La peor parte es el vacío. Ahora sé lo que Audra quiere decir con
“atrapado entre dos mundos”. El viendo ha hecho que partes de mí se
sientan más libres, más plenas, más felices de lo que nunca he sido. Sin ellas
me siento perdido y vacío. Estoy contento de haber vuelto, sin embargo. El
cielo puede llamarme, pero quiero mis pies firmemente plantados en el
suelo. Preferiblemente sin las piernas de gelatina.
Hablando de eso; ¿cómo voy a explicarles a mis padres mi
condición actual? Conociendo a mi madre, probablemente se
preocupará de que esté borracho, drogado o ambas cosas. Ve
demasiados reportajes sobre adolescentes problemáticos.
Y parece que van a conseguir conocer a Audra, porque a menos
que me deslice a hurtadillas en casa, no hay manera de que entre allí por
mi cuenta. Audra básicamente está cargando con todo mi peso ahora
mismo; lo cual es bastante impresionante, considerando lo delgada que
es.
Los muros de mi casa blanqueados por el sol aparecen a la vista y mi
estómago se estremece. Audra también se tensa, así que tengo la
sensación de que está pensado lo mismo que yo: ¿Qué demonios vamos a
hacer ahora?
Ella va ralentizando el paso hasta que se detiene en el borde la línea
de árboles. —Necesito que te apoyes en una palmera durante un segundo
—dice, envolviendo ya mi brazo alrededor del rugoso tronco. Desplazo mi
peso, inclinándome en un ángulo extraño, pero me las arreglo para
mantenerme en posición vertical mientras Audra comienza a
desabotonarse la chaqueta.
Hombre, espero que lo que sea que lleve debajo sea fino y de
encaje.
Cuando se deshace del último de los brillantes botones dorados —su
chaqueta me recuerda a algo que llevaría una estrella del pop de los
ochenta—, se quita el pesado abrigo de los hombros, revelando una
camiseta de tirantes lisa de color negro y un montón de piel cremosa. No
es el sujetador sexy que había estado esperando, pero por lo menos es
ajustado y escotado. Un collar azul con una pluma de plata cuelga justo
por debajo de la línea de su clavícula, atrayendo mis ojos directamente a
donde probablemente no deberían ir.
Tira la chaqueta en la dirección general de su casa. —Esperemos
que esto se parezca lo suficiente a un vestuario de entrenamiento para
engañar a tus padres. Les diremos que estábamos entrenando y que te has
esforzado demasiado, lo que te ha provocado un calambre en la pierna.
Eso debería bastar para explicar tu condición.


135
No puedo pensar en nada mejor, y estoy bastante cansado de
mantenerme erguido, así que dejo que envuelva mi brazo alrededor de sus
hombros. Un millón de rayos se desbocan cuando mi piel entra en
contacto con la suya. Mi temblor desaparece. Sin el grueso abrigo de su
uniforme, su tacto es mil veces más eléctrico. Por no mencionar lo suave y
agradable que su piel desnuda se siente contra la mía.
Nota mental: Robar y destruir su abrigo tan pronto como sea posible.
Intento no tropezar cuando empezamos a movernos otra vez, pero
mis inútiles piernas se niegan a cooperar, y casi hago que nos caigamos.
Ella cambia el peso de su cuerpo frente a mí y me tira de nuevo para
mantenerme sobre mis pies. Dejándonos cara a cara, su cuerpo
presionado tan estrechamente contra el mío que puedo sentir el latido de
su corazón a través de la fina tela de su camisa.
Juro que el aire de nuestro alrededor está a dos segundos de
empezar a arder.
Audra me coloca de nuevo a su costado. —Una vez que estemos
dentro, te dejaré tumbado en tu habitación y me marcharé. Intenta no
levantarte. Come algo. Come mucho, en realidad. Tu cuerpo podría
necesitar algunos lazos más con la tierra. Y mantente alejado del viento.
Cierra la ventana completamente… apaga el ventilador. Eres demasiado
vulnerable ahora mismo.
—¿Cómo de vulnerable? Dices que… ¿podría ser arrasado de nuevo
si me quedo de pie demasiado cerca de un aparato de aire
acondicionado?
—Probablemente no, pero estoy intentado ser cautelosa. Nunca he
oído de nadie que haya sido atraído por el viento como tú. Quizás sea una
cosa de los Caminantes del Oeste. O quizás es porque has estado tan
privado de viento estos últimos diez años, que tu cuerpo no sabe cómo
manejar la situación. De cualquier forma, tienes que quedarte conectado
a la tierra, así es más seguro que te mantengas alejado de la tentación.
La única tentación que estoy sintiendo es la de pasar mis manos por
la franja de piel medio escondida por la parte inferior de su camiseta.
Ahora, eso me motivaría para mantenerme conectado a la tierra.
Estoy listo para decírselo, pero hemos llegado a la fea puerta
principal de color azul de mi casa.
—¿Debería… llamar? —pregunta Audra.
Nunca he oído su voz quebrarse antes. —¿Nerviosa de conocer a los
padres?
—Simplemente no he tenido mucho contacto con los humanos.


136
—Te das cuenta que van a pensar que eres mi novia, ¿verdad?
Ella palidece. —Lo que sea necesario para proteger la verdad.
¿Tiene que hacerlo sonar como si tenerme de novio fuera alguna
obligación agotadora de la que se quiere deshacer?
—No debería estar cerrado —le digo.
Respira profundamente, cuadra los hombros, y abre la puerta.
—Estoy en casa —digo, lo suficientemente fuerte para hacerme oír
por encima de la televisión—. Y no se asusten… pero mis piernas están un
poco inservibles, así que necesito ayuda para entrar.
Antes de siquiera terminar la frase, mi madre grita—: ¿Qué? —Y ella y
mi padre vienen en estampida por el pasillo. Demasiado para no
enloquecer. Se detienen de golpe cuando detectan a Audra.
Ella se pone rígida y mira hacia el suelo.
La incomodidad sería impresionante si de repente no estuviera
abrumado por mis propios nervios.
—¿Qué sucedió? —pregunta papá, señalando mi patética posición
derrumbada.
—Tengo calambres muy fuertes en las piernas, así que Audra ha
tenido que ayudarme. Debo de haberme forzado demasiado mientras
corríamos.
Mi padre se ríe, una de esas grandes carcajadas de vientre que uno
esperaría que provinieran de algún tipo de casi dos metros con panza
cervecera, no de un delgado hombre de metro setenta y cinco que lleva
camisas de golfista todos los días. —Eso te pasa por presumir.
—Gracias, papá.
Mi madre despierta de su estupor de “mirar a Audra”. —Lo siento, no
creo que hayamos sido realmente presentadas. Soy Carrie.
Extiende una mano para que Audra la estreche. Audra tropieza con
mis pies cuando se mueve para tomarla.
—Probablemente deberíamos dejar que Vane se acueste —dice
cuando se recupera. Sus mejillas están de color rosa brillante—. ¿Cuál es el
camino a su habitación?
Tengo que concederle crédito. Actuar como si no supiera
exactamente cuál es mi habitación es un buen detalle.
—Oh, em, No sé… Jack, quizás deberías llevarlo tú —dice mi madre,
mordiéndose el labio como si estuviera preocupada de que podamos


137
sentir la incontrolable necesidad de arrancarnos la ropa el uno al otro en el
segundo en el que estemos cerca de una cama.
Mi padre se ríe, se pasa una mano por la parte brillante de su
cabeza, se sacude orgullosamente el círculo de pelo que rodea la parte
de su calva, y dice—: Relájate, Carrie. —Señala hacia el pasillo—. Ese es el
camino.
—Gracias. —Audra le dedica su media sonrisa y me aleja a rastras.
—Es la puerta de la izquierda —añade mi madre, pisándonos los
talones, decidida a jugar a la acompañante a cada paso del camino.
—Puedo guiarla a mi propia habitación —murmuro.
Audra nos ignora, dándole una patada a mi puerta entrecerrada
para abrirla y llevándome hasta la cama deshecha. Me deja caer, no tan
suavemente como me gustaría; y me ayuda a levantar las piernas, todo
mientras mi madre “supervisa” desde la puerta.
Joder, una chica caliente entra en casa y se desvanece toda la
confianza.
—¿Estás bien? —pregunta Audra mientras intento encontrar una
posición más cómoda. Mayormente solo me doy un golpe.
—Sí.
Quiero decir más, pero mi padre se ha unido a mi madre en la
puerta de mi habitación, y mientras que él no tiene la mirada de nervioso
terror de ella, parece que está viendo el Discovery Channel.
¿No son fascinantes los hábitos de apareamiento de los
adolescentes, cariño?
Suspiro.
—Entonces, dime de nuevo cómo sucedió esto —dice mi madre,
aumentando la incomodidad.
Su tono es ligero, pero sé que realmente está diciendo: “No me creo
tu historia. Déjame encontrarle defectos”.
Audra responde antes de que pueda enviarle alguna advertencia
acerca del terreno peligroso sobre el que estamos. —Estoy enseñándole a
Vane a correr más rápido. Pero supongo que lo presioné demasiado con
este calor, porque sus piernas cedieron y perdió el conocimiento.
Creo que suena lo suficientemente razonable. Sin embargo, no
satisface a mi madre.
—¿Estás en el equipo de atletismo? —Sonríe cuando Audra asiente—
. Yo también… cuando tenía su edad. ¿Cuál es tu mejor competición?


138
Oh-oh.
Intento pensar en algo para que pueda intervenir y responder por
Audra, pero ni por mi vida se me ocurre una sola competición de atletismo.
¿No son todos simplemente… correr?
Pero Audra ni siquiera pestañea cuando dice—: Soy igual de buena
en todas ellas.
—Lo es —digo—. Es increíble.
Eso sale un poco más entusiasta de lo que pretendía, y noto como
mis mejillas arden. Toda mi cabeza prácticamente estalla en llamas
cuando me doy cuenta de la presencia de mis padres. Mi madre tiene una
sonrisa de “mi pequeño niño está creciendo” en la cara y mi padre parece
como si quisiera darme una palmadita en la espalda y decirme: “eres un
bateador”.
Padres: perfeccionando las formas de humillar a sus hijos desde el
principio de los tiempos.
—Bueno, es un placer conocerte —susurra mi madre con voz gruesa.
Si empieza a llorar, voy a asfixiarme a mí mismo con la almohada.
Audra da un paso hacia adelante, ofreciéndole una mano firme
para que la estreche. —También es un placer conocerles. Vane habla
todo el tiempo de ustedes.
Mis padres sonríen de alegría y no puedo evitar imitarlos. Sí que sabe
cómo encandilar a los padres.
—Me gustaría poder decir lo mismo —dice mamá, lanzándome una
mirada—. Nos dijo que tenía una cita, pero eres la primera chica a la que
trae a casa. Debes de gustarle de verdad.
—Mamá —me quejo, listo para golpearla con mi almohada. O quizás
con la parte de atrás de la lámpara. Especialmente cuando Audra se
pone de un color rojo brillante.
—Bueno —Mi padre entra con un salto—, gracias por traerlo a casa.
Y gracias por conseguir que saliera. El único ejercicio que Vane hace en
estos días es con sus pulgares sobre los mandos de esos videojuegos.
—Papá —me quejo.
—No tengo ninguna duda de que lo pondrás en forma en poco
tiempo —añade, ignorándome.
—Eso espero —dice Audra en voz baja.
Estoy seguro de que mis padres no captan la forma en que sus
hombros han decaído de forma deprimente, o el atisbo de duda que se


139
ha colado en su tono. Mis ojos se mueven hacia la ventana. Observando la
tormenta.
El cielo está de un brillo rojo y naranja. Una puesta de sol de un
desierto vivo. Pero después de todo lo que he aprendido, no puedo evitar
pensar que parece violento.
—Bueno, vamos, te acompañaré afuera —dice mi padre, cubriendo
los hombros de Audra con su brazo como si ya fuera parte de la familia.
Audra acepta que la guíe, pero me mira antes de marcharse. —
Descansa.
Asiento con la cabeza, sin perderme la manera en que le echa un
vistazo a mi ventilador apagado mientras sale.
El aire está tranquilo y mi cuerpo se calma. No me había dado
cuenta de la forma en que mi piel estaba esforzándose por alcanzar la
brisa.
Audra tiene razón. Soy vulnerable. De más formas de las que puedo
contar.
Mañana tomaré el control.
Es hora de averiguar lo fuerte que soy. Antes de que sea demasiado
tarde.


140
24
Audra

is piernas apenas pueden llevarme de la casa de Vane a mi
escondite. Me acuesto en el suelo y me apoyo en la pared
rugosa, preguntándome como encontraré la fuerza para
levantarme de nuevo.
No tengo mucho para dar. Sin mencionar el hambre abrumadora
que se agita dentro de mí. El aire en la casa de Vane estaba mezclado
con el aroma de sea cual sea la cena que va a disfrutar esta noche.
Todavía puedo sentir el rico y salado aroma en mi lengua.
¿Cómo se sentiría probar realmente un bocado, permitir que los
sabores estallen en mi boca y dejar que mi cuerpo esté lleno por primera
vez en años?
Sin embargo, eso no es por lo que me siento tan abrumadoramente
vacía.
La manera en que el padre de Vane envolvió su brazo alrededor de
mis hombros, por un segundo pensé que voltearía la cabeza y vería la
sonrisa con hoyuelos de mi padre resplandeciéndome. Entonces él se reiría,
me giraría y sería como si los últimos diez años nunca hubieran pasado.
Pero no estaba allí cuando eché un vistazo.
Tan sólo la perfecta y feliz familia de Vane.
Golpeo el suelo, soltando el creciente resentimiento, antes de que
me ahogue.
No necesito comida o familia.
No necesito nada. Excepto mantenerme enfocada.
Me concentro en una cercana canción del Este, escuchando por
cualquier señal de aproximación de los Stormer. La canción no contiene
M


141
ninguna pista de su presencia. Debería ser un alivio. Pero no lleva ninguna
nota de nada fuera de lo común. Ni rastro de mi madre.
Sé que será cuidadosa. Ocultando cualquier atisbo de su rastro. Aún
así, me gustaría tener alguna señal de que está realmente allí fuera
retrasándolos. Manteniéndonos a salvo.
Si no lo hace, los Stormer podrían llegar en cualquier momento e,
incluso si lo hace ¿puedo realmente tener listo a Vane para la pelea? Hoy
casi lo pierdo.
Pero si no lo hago...
Mi mano se aferra al pendiente que descansa contra mi pecho y no
puedo dejar de preguntarme cuánto tiempo mi cordón permanecerá azul
turquesa, vibrante, con la energía que soplé en él, antes de que las
Tempestades lo abrocharan alrededor de mi cuello. Cuando deje de
respirar se volverá negro como el de mi padre.
No me lo puedo imaginar queriendo que me vaya de esta tierra de
la manera en que lo hizo él. Ni siquiera quería que me convierta en
guardián. Todavía recuerdo la expresión de su cara cuando se lo dije.
Me había llevado a un prado para mi primera lección de Caminante
del Viento, y cuando finalmente levanté mis pies de la tierra, aunque sólo
fuera por segundos, estaba tan orgullosa. Le dije que estaba en camino a
ser como él. Mi primer paso para convertirme en una Tempestad.
Las arrugas alrededor de sus ojos se hundieron profundamente y su
hoyuelo desapareció. Luego envolvió sus brazos a mí alrededor y pasó sus
dedos por mi pelo, desenredando los nudos causados por la brisa de la
tarde, y dijo: “Quiero que siempre seas libre”
No quería que me obligaran mediante juramento o deber. Al menos
no entonces.
Pero algo cambió. ¿Porqué si no iba a enviarme su don y rogarme
que cuidara de Vane? Sabía lo que eso significaba. Y sabía cómo
terminaría ese viaje para él.
¿Era porque lo que pasó fue culpa mía? ¿Me empujó hacia una vida
de sacrificio como penitencia? ¿O me eligió porque pensaba que podía
hacer lo que él no pudo?¿Proteger a Vane y vivir para respirar otro día?
Quiero creer que soy lo suficientemente fuerte, y que Vane tendrá el
cuarto descubrimiento y será lo suficientemente poderoso para protegerse.
Pero sólo tenemos siete días hasta que lleguen los Stormer y no puedo
forzar el descubrimiento final. No sé el lenguaje, así que no puedo llamar a
las ráfagas del Oeste hasta él o enviarlas dentro de su mente. Tendrá que


142
llegar a ellas por su cuenta y si no lo hace… Sólo tengo siete días más de
vida.
Froto mis lágrimas, limpiándolas, presionando con fuerza suficiente
para lastimar. Detesto la prueba física de la debilidad de mi cuerpo casi
tanto como me aborrezco a mí misma por ceder a la autocompasión.
Hice esta elección. Y no se trata de proteger a Vane o de cumplir la
promesa a mi padre. Ésta es la única oportunidad de compensar el terrible
error que cometí.
Voy a hacer lo que hay que hacer, y lo haré de buena gana.
No más patética debilidad.
Necesito ser fuerte y para eso, necesito viento puro y poderoso.
Me quito el polvo mientras me levanto y alcanzo mi chaqueta,
metiendo los brazos en las gruesas mangas. La tela me hace sudar, pero
ignoro el malestar y fijo los botones a través de mi pecho. Entonces llamo a
cada corriente de aire, el doble de lo que normalmente uso.
Retorciéndolas a mí alrededor en un nudo de viento. Las ráfagas
adicionales y los tonos apagados del crepúsculo ocultan mi forma en el
cielo.
Puedo volar casi en su totalidad por instinto, confiando en el regalo
de mi padre mientras me arrastro a través de las nubes dispersas más en un
paseo que en una carrera. Las corrientes de aire cantan sus melodías
aisladas. Algunas prometiendo vida, otras prometiendo descanso, y bebo
sus palabras, aunque sé que están hechas para mí.
Cuando mis pies tocan el suelo, me derrumbo en un montón. Pero
estoy en el Pico de San Gorgonio, el más alto en el rango, y ya siento el
aire fresco de la montaña reviviéndome. Los más rápidos, fuertes y ricos
vientos rozan mi cara, enfriándome hasta la médula mientras comparten su
fuerza y energía.
Me acurruco y cierro mis ojos. Enfocándome en las ráfagas, al
despejar mi mente. Renunciando a mi conciencia. A la deriva, con el
viento. Es como dormir, pero una especie de descanso profundo. Uno que
lava a través de cada célula, dejando una pizarra limpia.
No estoy segura de cuánto tiempo me quedo así, pero cuando abro
los ojos, las estrellas han salido. Pequeños pinchazos de luz en guerra con la
oscuridad. Me recuerdan a los pocos puntos altos de mi existencia
mayormente negra. Destellos de felicidad y cosas buenas —eso no puede
borrar el mal y la oscuridad, sin importar lo mucho que lo quiera. Pero
tienen su lugar, de todos modos.


143
Pronto añadiré otra estrella a mi constelación de puntos altos.
Llevaré a Vane a través de esto, no importa cuánto cueste. Y con mi
muerte, finalmente, daré sentido a mi vida.
En eso, encontraré paz.
Pero tampoco puedo dejar de intentar. Nuestro mundo necesita que
Vane Weston tenga el cuarto descubrimiento tanto como yo. Tiene que
haber una manera.
Si tan solo sus padres le hubieran enseñado algo de su herencia. Una
pequeña palabra.
Pero se negaron. Se habían negado a enseñarle a nadie. Incluso a
mi padre, cuando se los pidió.
Pasé muchas noches agazapada en las sombras, observando a mis
padres discutir sobre esto. La ira de mi madre era una tormenta, sus
acusaciones como ráfagas cortando el aire. Había gritado que los Weston
no merecían nuestra ayuda si no compartían su lenguaje. Podríamos haber
utilizado su poder para protegerlos. Derrotar a Raiden, salvar a todos.
Volver a nuestras vidas, nuestro hogar, nuestros vientos nativos, vientos que
eran suaves para ella. Porque pertenecía a ellos.
¿Por qué deberíamos hacer sacrificios por gente que nunca haría lo
mismo por nosotros?
¿Por qué deberíamos ayudarlos, si egoístamente se niegan a
compartir sus conocimientos y ayudarnos a nosotros?
Pero mi padre envolvió sus brazos a su alrededor y la escudó contra
los vientos furiosos que siempre parecían surgir con su temperamento.
Cuando se había calmado, le había susurrado que los Weston tenían
derecho de proteger su patrimonio como quisieran. Si no confiaban en él
con la responsabilidad, era su elección.
Traté de estar de acuerdo con él entonces, y la mayor parte del
tiempo, todavía lo hago.
Sin embargo, a veces es difícil.
No podían saber con certeza que iban a morir por su lenguaje, que
su hijo se quedaría solo e indefenso sin él.
Eso no cambia el hecho de que nos condenaron con su decisión.
Si le hubieran enseñado a mi padre el lenguaje del Viento del Oeste,
aún estaría vivo.
Si le hubieran enseñado a Vane el lenguaje del Viento del Oeste, no
tendría que sacrificarme.
Pero… Si no hubiera salvado a Gavin, nada de esto habría pasado.


144
Si…
Si…
Si…
Infinitas posibilidades y ninguna de ellas importa.
Lo que importa es el aquí y ahora.
Los Stormer están llegando.
Quedan siete días.


145
25
Vane
spero dormir profundamente, bastante muerto para el mundo,
después de todo lo que he tenido que pasar. Pero el viento le
hizo algo a mi cabeza.
Fui a la playa cuando era niño y después de horas de conseguir ser
sacudido por las olas, mi cuerpo absorbió el ritmo del océano. Esa noche
me sentí como si estuviera todavía en el agua, dejando que la marea
girara a mí alrededor.
Los vientos causan el mismo efecto, pero es mucho más surrealista.
Floto y caigo a través de un mundo de sombras y luces. Formas que se
distorsionan. Sonidos que se superponen. Y apenas puedo distinguirlos por
encima del rugido de la corriente mientras me arremolino, giro y me
desplazo.
Y mientras mi mente da vueltas con las ráfagas de viento, algo suelto
tiembla.
Trozos rotos de escenas pasan a través de mi mente. Fragmentos de
la realidad que no encajan, se rompen y se pegan, como un montaje de
película.
PRIMER PLANO: UN ÁRBOL ARRANCADO.
Sus ramas nudosas se golpean como si disparara a través del cielo,
arrastrado por el viento. Entonces las corrientes de aire cambian y el árbol
gira, revelando el borde dentado, donde una rama gruesa ha sido
arrancada. Las astillas afiladas en donde se ha quebrado son de un color
rojo brillante. Como si hubieran sido pintadas.
O recubiertas con sangre.
CORTAMOS Y PASAMOS A: ONDULACIONES EN UN LAGO VIDRIOSO.
E


146
Rocas saltan a través de la superficie, difuminando el reflejo de las
montañas y las hinchadas nubes blancas. Debe ser un lugar tranquilo, pero
no me siento en paz. Más rocas rompen el agua, chapoteando como
ondas de ira lavando a través de mí.
CORTAMOS Y PASAMOS A: UNA CHICA JOVEN.
Un largo y oscuro cabello azota su cara. Sus huesudos brazos y
piernas apaleando. Entrecierro los ojos a través de la tormenta y me doy
cuenta de que está enredada en las corrientes de aire. Su grito resuena en
mis oídos mientras los vientos tiran de ella cada vez más alto. Luego la
dejan ir, lanzándola a la muerte en una caída al suelo rocoso. Nuestras
miradas se cruzan mientras cae…
Me despierto de un tirón y me quito las sábanas, aunque estoy
temblando. El sudor pega mi pelo a la frente.
La chica en el cielo. La chica a punto de morir. Era Audra…
Pero no tengo ningún recuerdo de ese momento, no a menos….
Me siento, agarrando el borde de mi cama.
—A menos que los recuerdos hayan regresado —digo las palabras
en voz alta, esperando que eso lo haga real.
Audra me dijo que se habían ido, permanentemente. Pero había
algo en sus ojos cuando lo dijo.
Miedo.
Quiero dejar de pensar, me niego a dejar que confunda mi
confianza en Audra. Pero ella está ocultándome algo. Eso ya lo sé.
¿Podría tener que ver con mis recuerdos?
¿Qué podría posiblemente haber visto o sabido cuando tenía siete
años que sería tan importante ahora?
—Vane, ¿estás despierto? —me pregunta mamá, llamando a la
puerta.
Me acuesto de nuevo, tratando de parecer normal.
—Sí.
Asoma su cabeza por la puerta.
—Me pareció oír que te movías. Te he traído el desayuno. Las
proteínas ayudarán a tus músculos.
Sostiene un plato lleno del más grande torpedo que jamás ha hecho.
El gruñido de mi estómago hace eco en las paredes.


147
Se sienta en el borde de mi cama, mirándome comer. Me esfuerzo al
máximo en ignorarla, concentrándome en la picante y cursi bondad, pero
sé que está pasando el rato por una razón.
—Y bueno, sobre lo de ayer… —dice finalmente.
Yyyyyyyyyyyyy, ahí está.
Le disparo mi mejor mirada de “no quiero hablar de eso”. Ella no
toma la indirecta.
—¿Estás listo para decirme la verdad? —pregunta.
Mantengo mis ojos pegados al plato. Jugar a hacerse el tonto no
suele funcionar, pero quizá esta vez vaya a tener suerte.
—¿La verdad?
—¿Lo que realmente pasó entre tú y Audra? Sé cómo lucen los
calambres en las piernas, cariño. Y eso no lo era. Ni siquiera podías soportar
tu propio peso. Y nunca te he visto tan pálido.
Trato de no prestarle atención, pero ella niega con la cabeza.
—No dije nada porque no quería avergonzarte delante de Audra.
Pero ahora quiero saberlo. ¿Por qué no podías caminar? Y no me digas
que fue algún tipo de lesión en el entrenamiento.
—Lo fue.
—¿En serio vas a mentirme?
—No estoy mintiendo. —Sucedió durante el entrenamiento. No en el
entrenamiento en el que ella piensa, pero sigue siendo un entrenamiento.
—No me lo has contado todo, lo que es exactamente lo mismo.
Realmente odio cuando ella hace un buen punto.
Me concentro en desgarrar los restos de mi torpedo en pedazos.
—¿Estás en alguna especie de club de peleas? —susurra.
Resoplo. —En serio, ¿esa es tu teoría?
Mamá se ruboriza. —No lo sé, ayer parecías bastante golpeado y
Audra parecía una chica bastante dura, vestida toda de negro, con sus
botas estilo militar. Sólo pensé…
—No estoy en un club de lucha. Y tampoco lo está Audra.
Ella asiente, aliviada y espero que hayamos terminado.
No hay suerte.
—Entonces ¿Qué es?


148
Suspiro.
No me gusta mentirle a mamá. Así que le lanzo una miga de pan y
espero a que eso sea suficiente.
—Audra está entrenándome para algo.
—¿Te importaría decirme para qué?
No puedo decírselo, pero tampoco voy a mentir.
Sostengo su mirada, sabiendo que necesito parecer confiado para
sacar esto adelante.
—¿Qué tal si te lo digo una vez que sepa de qué va?
Ella considera mi oferta. —¿Es ilegal?
—No. —Estoy bastante seguro de que no hay leyes específicas
luchando contra los guerreros sylph.
—¿Es peligroso?
—Se supone que no. —No es del todo una mentira. Audra sigue
diciéndome que vamos a estar bien. Y si ignoro la preocupación en sus
ojos cada vez que lo dice, puede ser que le crea.
—Estás haciendo esto realmente difícil, Vane.
—Lo sé. —Tomo su mano, algo que solía hacer todo el tiempo
cuando era pequeño. Hace que desee tener diez años otra vez, sabiendo
que mamá puede arreglar cualquier problema que tenga.
Pero ella no puede solucionar este.
—Te prometo que te diré más cuando pueda. Por ahora, sólo sé que
no estoy involucrado con algo que aparezca en uno de esos reportajes
especiales que te gusta ver. —Ella se está suavizando, por así decirlo. Así
que voy a por todas—. ¿Alguna vez te he dado motivos para no confiar en
mí?
—No. —Admite después de un momento.
—Entonces, ¿puedes, por favor, creerme cuando te digo que estoy
bien y que si necesito tu ayuda, acudiré a ti?
Me doy cuenta, por las líneas de expresión alrededor de su boca
que no quiere estar de acuerdo. Así que juego mi última carta.
—Tengo diecisiete, mamá. Tienes que empezar a dejar que me
ocupe de las cosas por mi cuenta.
Ella niega con la cabeza y yo que esperaba discutir. Pero en su lugar
susurra—: No hagas que me arrepienta de esto.
—No lo haré. Te lo prometo.


149
Ella se levanta y toma mi plato. —¿Cómo te sientes?
—Mejor. —Estiro las piernas debajo de las sábanas. Palpitan como si
acabara de correr quince mil kilómetros a máxima velocidad, pero están
funcionando—. Sólo estoy cansado.
—Entonces supongo que es algo bueno que no tengas que estar en
ningún lado.
Mi padre trató de obligarme a conseguir un trabajo de verano, pero
mi madre lo convenció de lo contrario. Ella sabe lo enfermo que me pongo
con el calor. Pero sé que en realidad está diciéndome que no quiere que
vaya a ninguna parte. No confía en mí.
Odio eso.
Sin embargo, no puedo hacer nada al respecto, a excepción de
forzar una sonrisa y tratar de alcanzar el mando a distancia. —Sip, voy a
descansar todo el día.
Esta noche será otra historia, pero ella no tiene por qué saber eso.
Sólo tengo que mantener el cuento durante siete días más. Entonces todo
volverá a la normalidad.
O… seré prisionero de un malvado señor de la guerra. O un prisionero
de un ejército sylph. O estaré muerto.
No son un montón de buenas opciones en la mezcla. Y no hay
mucho que pueda hacer al respecto. Excepto entrenar tan duro como sea
posible y confiar en Audra.
Asumiendo que pueda confiar en Audra.
Cuando mamá se va, cierro los ojos y trato de forzarme a dormir, con
la esperanza de provocar más recuerdos del pasado. Los quiero. Los
necesito. Y ahora que sé que están a mi alcance, haré lo que sea para
que vuelvan.
Audra tiene sus secretos. Ahora yo tengo los míos.


150
26
Audra

ane se ve pálido cuando llego a recogerlo para el
entrenamiento, y los círculos bajo sus ojos son del color de las
nubes de tormenta. Como si perdió una pelea con tristeza.
—¿Estás bien? —pregunto y me le acerco más.
Se encoge de hombros y se enfoca en atarse los zapatos. —Algo
agotado.
No es el peor mentiroso que he visto, pero está cerca. Me hundo en
la cama a su lado, cuidando de mantener un muro de espacio entre
nosotros. —¿Descansaste?
—Traté.
—¿Pero? —lo impulso.
Se encoge de hombros otra vez.
¿Cree que eso cuenta como una respuesta?
Aparentemente. No dice nada más.
No tengo la energía para esto.
—Podemos hacer esto de dos maneras—le digo—. Puedes seguir
ignorando mis preguntas, y puedo seguir molestándote con ellas hasta que
finalmente lo admitas y me digas qué está mal. O puedes decirme ahora y
ahorrarnos un montón de tiempo y frustración. Te lo dejo a ti.
Deja escapar un largo y lento suspiro, se levanta de la cama y
camina hacia la ventana, manteniéndose de espaldas a mí. —Está bien.
Tuve un mal rato para dormir después de que mi mamá me hablara
acerca de los calambres en las piernas. No creyó nuestra historia.
—¿Qué le has dicho? —Mantengo mi voz casual, a pesar del hecho
de que mi mente está corriendo en un millón de direcciones.
V


151
No le diría a su familia la verdad ¿no?
¿Qué voy a hacer si lo hizo? ¿Qué voy a decirle a la Fuerza de la
Tempestad?
Vane se encoge de hombros —lo juro, si se encoge de hombros una
vez más, voy a sacudirlo tan fuerte que sus dientes castañearán—, y se
vuelve hacia mí, no del todo mirándome a los ojos. Aguanto la respiración,
preparándome para la peor respuesta posible.
—Le dije la verdad. Que no podía decirle lo que estaba pasando, y
que necesitaba confiar en mí.
—¿Está de acuerdo?
—Por ahora. Pero sé que está preocupada, y lo odio. No puedo
seguir con esto para siempre, Audra.
Sé que debería compadecerme de su lucha, pero es difícil sentir
pena por él. El pobre Vane tiene una madre a quien le importa. Apenas
recuerdo lo que es eso.
—Sólo tienes que seguir así durante unos días más—le digo, tratando
de mantener el resentimiento fuera de mi tono.
—Correcto, porque después seré, ya sea prisionero de Raiden o el
nuevo esclavo de la Tempestad.
El veneno en su voz se desliza en mi cerebro. Dolor de cabeza
instantáneo.
No puedo tener esta discusión otra vez. —¿Te sientes lo
suficientemente bien como para entrenar? Probablemente deberíamos
empezar.
—¿Tengo opción, siquiera?
—No, si me quieres viva después de esto.
No me doy cuenta de que dije eso en voz alta hasta que veo la cara
de Vane. Luce como el niño asustado viendo a su madre rota flotando a lo
lejos.
—Vane, yo... —No estoy segura de tener las palabras para arreglar lo
que hice.
Sacude la cabeza y me da la espalda.
Ninguno de los dos habla mientras nos colamos por la ventana y
corremos hacia el rincón más oscuro del césped. Cuando estamos a salvo
en las sombras, llamo a los vientos del este cercanos y los envuelvo a
nuestro alrededor.


152
—¿No vamos a entrenar en el bosque? —pregunta Vane mientras el
viento se enrosca más apretado.
—Es el momento para que practiques el poder de tres. Necesitarás
más espacio.
Me acerco a él y retrocede, mirando mis ojos. Su boca se abre y se
cierra un par de veces antes de finalmente decir—: Sabes que lo estoy
intentando, ¿verdad? Quiero decir… yo…
—Vane. —Me obligo a sostener su mirada—. No espero que tú…
—Pero voy a hacerlo —insiste.
No merezco esa promesa, especialmente de él. La tomo de todos
modos.
Los vientos cepillan mi cara, recordándome por qué estamos allí de
pie. Me aclaro la garganta. —¿Recuerdas cómo funciona caminar en el
viento?
Asiente, cambiando su peso mientras cuelgo mis brazos alrededor de
sus hombros. Sus manos se envuelven alrededor de mi cintura, y el calor se
funde a través mí. Exhala justo mientras inhalo y su aliento es la cosa más
dulce que he probado nunca. Quiero inclinarme más cerca y beberlo; en
cambio, dejo que el viento nos lance hacia el oscuro cielo.
Tal vez sea el aire frío en lo alto, o el largo y solitario día que he
pasado preocupada, pero su toque no me escalda con culpa, esta vez. Se
siente seguro. Él se siente seguro. Fuerte. Cálido.
—¿Cuando volaré solo? —pregunta Vane, con el rostro enrojecido.
Sus ojos brillantes con energía.
—No en mucho tiempo. Caminaren el viento es una de las
habilidades más complicadas. Se requiere una comunicación
extremadamente fluida entre el viento y tú, y apenas sabes unas pocas
palabras.
—Eso apesta.
Algo dentro de mí se hunde. —¿No te gusta volar conmigo?
Quiero retirar las palabras en el segundo que salen de mi boca.
Especialmente cuando la sonrisa de Vane vuelve, llevando consigo una
buena porción de su arrogancia registrada.
—Oh, sí. —Sus manos se arrastran a mis caderas, y espero no haberlo
inspirado a hacer otro movimiento con mi ridículo comportamiento. Pero se
congelan al llegar a la Windslicerceñida a mi lado en su vaina de plata
grabada.
—¿En serio? ¿Has traído la espada?


153
—¿Por qué?
—Bueno, quiero decir, es un arma genial y todo, pero ustedes han
visto la pistola, ¿verdad? ¿No crees que es hora de actualizar a algo un
poco más eficaz?
—Por favor. Incluso una brisa puede redirigir una bala. Me gustaría
ver a una pistola detener un ciclón con un único corte.
Su sonrisa se desvanece.
Bien. Tiene que entender el tipo de peligro al que nos enfrentaremos
en una batalla de viento.
Cientos de brillantes puntos rojos aparecen en el horizonte, e inclino
los vientos hacia ellos, dejándonos abajo cuando los estrechos y
puntiagudos molinos de viento están en la mira. No puedo dejar de estar
impresionada por la forma Vane automáticamente se aleja de mí.
Recuerda cómo aterrizar.
Golpeamos el suelo corriendo, chirriando una parada al borde de
una de las colinas más bajas.
Vane se ríe. —¿El parque eólico? Es una broma, ¿verdad?
—¿Qué tiene de malo?
—Supongo que asumí que practicaríamos el poder de tres, o como
se llame, en el medio de la nada, así no podría hacer ningún daño a, oh,
no sé, las enormes turbinas eólicas que probablemente cuestan más que
mi vida. —Mueve sus brazos hacia las filas de molinos de viento a nuestro
alrededor—. Por no mencionar, que parece que me rebanarán en trozos
de Vane si me acerco demasiado.
No puedo evitar sonreír. —No te preocupes, me aseguraré de que
nada se salga de control. Pero necesitas los molinos de viento. Te ayudarán
a separar las diferentes ráfagas, ya que tus sentidos no están lo
suficientemente afinados para determinar eso por cuenta propia. ¿Ves
cómo cada molino gira de manera diferente? Están inclinados para
recoger los vientos de cada dirección.
—¿Es por eso que siempre hay como, uno o dos molinos de viento
girando al azar, a pesar de que ninguno de los otros a su alrededor se
mueve?
—Exactamente. Así que cuando practiquemos esta noche, y te diga
que encuentres una Ráfaga del Este, deberías alcanzarla desde allí. —
Apunto a los cuatro molinos de viento en la base de la colina más baja,
alineados como soldados, sus aspas puntiagudas borrosas al unísono—.
Pon atención a su velocidad. Los vientos del Este son vientos sigilosos.


154
También tienden a agruparse, por lo que deseas buscar un grupo. A ver si
puedes encontrar una Ráfaga del Norte.
Mira de reojo a través de la oscuridad, examinando las aspas
giratorias.
—Allí. —Apunta a un par de molinos de viento en el medio de
nuestro nivel.
Reprimo un suspiro. No puedo esperar que sepa estas cosas, no son
algo que aprendería en las escuelas de los humanos. Pero sigue siendo
decepcionante cuando se equivoca.
—Esas del Sur. ¿Ves cómo parece que no tienen fuerza suficiente
para mantenerse en movimiento, pero de alguna manera todavía lo
hacen? Las Ráfagas del Sur son vientos constantes y lentos. Los Ráfagas del
Este son vientos rápidos y difíciles. Y las del Norte —señalo el borde de una
colina, donde la autopista va esculpiendo su iluminado camino en la
noche. Una línea de molinos de viento es más alta que los otros, sus
enormes aspas girando a toda velocidad—, son los vientos fuertes y
enérgicos.
—¿Qué pasa con las Ráfagas del Oeste?
Trago el nudo que sube en mi garganta cada vez que pienso en los
vientos del Oeste. Están detrás de cada dolor, cada sacrificio que he
sufrido en mis diecisiete años en este mundo. —Son vientos suaves y
pacíficos.
Vane resopla. —Es irónico.
En efecto, lo es. La guerra más grande que nuestro mundo ha
enfrentado se está librando en el lenguaje de la paz. Me dan ganas de
gritar. O golpear algo muy, muy fuerte.
En su lugar, mis ojos escudriñan las filas de turbinas, buscando el
único girando a un ritmo propio. Lo encuentro en el punto más bajo de la
colina más alta, recortado contra el cielo estrellado. —Hay una ráfaga del
Oeste.
Vane vacila antes de buscar donde apunto.
—Es la única corriente de aquí que no puedo sentir. La puedo ver, y
si estuviera en su trayectoria la sentiría en mi piel. Pero no puedo sentirla
cosquilleando en mis sentidos. No puedo llamarla. Y si trato de escuchar su
canción, todo lo que puedo oír es un silbido de aire corriendo. Su lenguaje
se pierde por completo para mí.
No le digo que la sienta, pero Vane cierra los ojos, estirando sus
manos hacia la solitaria Ráfaga del Oeste alimentando el molino de viento.
Alcanzando su herencia.


155
Por favor, que la sienta. Por favor, que haya esperanza.
Envió la súplica silenciosa a la noche, deseando que los vientos
puedan oírla y conceder mi petición. Pero no depende de ellos.
Depende de Vane Weston.
Todo se reduce a él.


156
27
Vane
uiero sentir esa Ráfaga del Oeste tan desesperadamente.
No porque espero hacerlo. No porque pueda oír a Audra
conteniendo la respiración detrás de mí, dejando el peso
del mundo sobre mis hombros.
Necesito saber. Si realmente soy un Caminante del Oeste. Si tengo
alguna oportunidad de salvarnos, de evitar que Audra se sacrifique a sí
misma para protegerme. De afrontar el papel que todo el mundo espera
que ocupe.
Así que me concentro en el molino de viento hasta que se siente
como si el mundo desapareciera. Todo sonido. Todo pensamiento. Somos
sólo yo y esa corriente de aire, tratando de hacer contacto.
Pero no lo siento. No pica en mi palma. No tira de mis dedos.
Si no fuera por las láminas girando justo enfrente de mí, no tendría ni idea
de que el viento está ahí.
Épico fracaso de Vane.
Miro hacia Audra y veo la desilusión vacilar en su rostro como una
sombra.
Fuerza una sonrisa. —No esperaba que funcionara.
—Desearía… —empiezo, pero ella agita una mano para detener mi
disculpa.
—No te preocupes. Tengo un plan para desencadenar la ruptura.
Me giro hacia la Ráfaga del Oeste que hace girar el molino de
viento a una velocidad ligera y firme.
Siento… algo. Un dolor en lo más profundo de mi interior. Casi como
hambre.
Q


157
Mi cuerpo implora por este viento, de una manera en la que no
anhela a ninguno de los otros. Como si fuera una parte de mí, y nunca
pudiera estar completo hasta que le permita llenarme, enrollarse alrededor
de mi mente, y cantar su canción, contarme la larga historia que porta.
Justo como la primera noche en el cielo con Audra, lo sé.
Soy un Caminante del Oeste. Uno roto, defectuoso, pero todavía un
Caminante del Oeste. Y necesito una descubrimiento para alcanzar mi
herencia, o nunca estaré completo.
Así que me permito a mí mismo tener la esperanza de que Audra
encontrará una manera de hacer que su falsa promesa se haga realidad.
Porque, en serio, no es una mentirosa tan genial. Puedo ver la
vacilación en sus ojos. La duda. El miedo. Como ahora. Mientras miramos la
esquiva Ráfaga del Oeste, sé lo que está pensando. Yo siento lo mismo.
La brisa está alejándose, llevándose nuestra seguridad con ella.
Audra se aclara la garganta. —Nos preocuparemos sobre el cuarto
descubrimiento más tarde. Esta noche estamos aquí para entrenarte para
protegerte a ti mismo.
No puedo apartar mis ojos de la Ráfaga del Oeste. Está tan cerca.
Sólo necesito una palabra. Una diminuta pista de su idioma secreto. Casi
puedo…
El sonido del rugido de una tormenta de viento me hace volver a la
realidad.
Me doy la vuelta para encontrar a Audra de pie enfrente de un
cono de ráfagas que se arremolinan y alzan por lo menos treinta metros
hacia el cielo. Los vientos se alimentan unos a otros a medida que giran,
ampliando el embudo para hacerlo más alto con cada segundo que
pasa.
Audra se asegura de que estoy mirándola, luego camina a través de
los vientos.
Mi mandíbula cae a medida que su figura sombría sale disparada en
el cono y aparece por la parte de arriba. Permanece suspendida en el
aire, un ángel oscuro en su hogar con las estrellas. Entonces cae, rápido y
con fuerza.
Apenas parpadea.
Oigo su susurro. —Atrápame aplaciblemente, escucha mi llamada.
Arrástrame suavemente antes de que caiga. —Y una Ráfaga del Sur se
desenrolla del embudo, al menos creo que se trata de una Ráfaga del Sur.


158
Es cálida, pero es difícil de decir. La brisa se envuelve alrededor de su
cintura y la deja a salvo en el suelo.
—Vaya.
Aura me dedica su pequeña medio sonrisa mientras saca la
Windslicer y hace pedazos el embudo. Los vientos aúllan mientras se
desenredan y se alejan, rasgando mi ropa y cabello. Toso cuando
partículas de arena chocan contra mi cara.
Está bien, quizás las Windslicer son más poderosas de lo que
pensaba.
Ella enfunda la espada, se sacude el polvo de las manos y se gira
hacia mí. —Tu turno.
—Buen chiste.
—Lo digo en serio.
—¿Esperas que haga volar un enorme embudo con la esperanza de
ser lo suficientemente rápido para llamar a una brisa que me atrape, y
evitar todas esas cuchillas de la muerte que nos rodean?
Asiente con la cabeza y eso me mata de risa.
—Está bien, estás empezando a asustarme, porque no creo que
estés bromeando.
—No lo estoy.
Toso. —¿Necesito recordarte que la última vez que “practiqué”, me
golpeé a mí mismo en la espalda, y todo lo que estaba haciendo era
pararme allí?
—¿Alguna vez prestas atención? —Señala el espacio en sombras
entre nosotros—. ¿Ves un embudo? ¿Te estoy pidiendo que des un paso
dentro y lances el aire en él ahora mismo?
—Supongo… que no.
—Exactamente. Primero hay que crear el embudo. Y, créeme, si
puedes dominar la habilidad de crearlo, serás capaz de atraparte a ti
mismo al caer.
De algún modo encuentro eso difícil de creer, pero estoy dispuesto a
ver a dónde va con esto.
—Está bien. Tienes que aprender cómo hacer lo que llamamos viento
que se funde, grupos específicos de corrientes de aire que se entrelazan en
un orden específico. Formarlo es como seguir una receta. Tienes que
hacerlo precisamente en ese orden para conseguir el resultado correcto.


159
Me resisto a decirle que las pocas veces que mi madre ha intentado
enseñarme cómo seguir una receta, lo único que he hecho han sido bultos
negros incomibles.
—El embudo que acabo de mostrarte se llama “tubería”. Es un
método rápido de transporte y es una habilidad importante que debes
dominar porque puedes usarla de forma ofensiva, para lanzar a un
enemigo lejos de ti, o defensivamente, para escapar rápidamente de un
área peligrosa. Puedes doblarlos en cualquier dirección en la que
necesites ir. Y es una fórmula básica, por lo que incluso tú deberías de ser
capaz de completarla.
Quiero protestar por su comentario de “incluso tú”. Pero tengo la
sensación de que voy a apestar en esto.
—Está bien, la fórmula de la “tubería” es tres Ráfagas del Norte
mezcladas con dos Ráfagas del Sur. Una vez que estén combinadas, le
añades cuatro Ráfagas del Este una por una, y cuando eso esté hecho
dices la orden final y saltas hacia atrás mientras el embudo se expande.
Memoriza eso.
Sí, voy a necesitar eso escrito en mi mano o algo.
Nota mental: Traer un rotulador permanente para los próximos
entrenamientos.
—Empieza por llamar a las Ráfagas del Norte y a las Ráfagas del Sur
a tu lado, así puedes decirles lo que quieres que hagan. Vas a tener que
llamar a cada viento por tu cuenta, así que cuanto más rápido consigas
llamar a los vientos, mejor. Y cada tipo de viento tiene su propia llamada.
Ya te he enseñado la de las Ráfagas del Este. Para llamar a las ráfagas del
Norte tienes que decir: Obedece mis órdenes. Sigue mi voz. Corre a mi
lado y renuncia a tu elección.
Su voz suena como un silbido agudo, casi un gruñido, y mi cerebro
necesita un segundo para traducir las palabras al idioma de los Caminante
del Norte. Hacer que mi voz repita los sonidos es aún más difícil. Mi lengua
no quiere doblarse de las formas correctas. Pero alcanzo las Ráfagas del
Norte que ella me enseñó anteriormente y me concentro en los alfileres y
agujas que siento en la palma de mi mano mientras susurro la llamada.
Después de dos intentos finalmente digo lo correcto, y una Ráfaga del
Norte se arrastra a mi lado, el frío aire lamiendo mi piel.
—Geniaaaaaaaal.
—No está mal —coincide Audra mientras llamo a dos Ráfagas del
Norte más para que se unan a la otra—. Ahora necesitas dos Ráfagas del
Sur. Su llamada es: Arrástrate a mi lado, por favor no te demores. Comparte
tu calor mientras giras y te balanceas.


160
El idioma de los Caminantes del Sur es somnoliento, y las palabras
fluyen una tras otra, casi como si la orden fuera un largo suspiro. Consigo
hacerlo bien al tercer intento, y hago que dos Ráfagas del Sur corran hacia
mí. Se siente como un secador para cabello soplando en mi cara.
—¿Cómo puedo hacer que se queden? —pregunto mientras las
Ráfagas del Norte se precipitan hacia adelante, listas para liberarse.
—No quieres que se queden. Quieres hacer que se combinen.
—Eso es lo que quise decir.
—Al viento no le importa lo que quieras decir. Es extremadamente
específico, y muy literal. No hará suposiciones o leerá entre líneas o
adivinara qué es lo que necesitas. Tienes que ser claro y preciso. Dale una
orden exacta o no cooperará.
—Bien, lo que sea. —Me gustaría que me diera una conferencia en
otro momento. Las Ráfagas del Norte se han enredado alrededor de mis
piernas, tratando de derribarme.
—Quieres que los vientos se fusionen, por lo que necesitas comandar
a las Ráfagas del Norte. Son conquistadores. Quieren dominar. No van a
fusionarse a menos que las obligues a hacerlo. Tienes que decirles:
“Ríndanse”.
Siseo el extraño sonido de las Ráfagas del Norte y las corrientes de
aire se curvan unas alrededor de las otras en un pequeño embudo.
—Lo hice. —Reboto sobre las puntas de mis pies. No puedo creer
que haya hecho un tornado. Uno realmente diminuto y débil, pero aún
así. ¡Un tornado!
—Lo hiciste —repite, y la sorpresa en su voz me hace mirarla a los
ojos. Hay un brillo en ellos, una luz que no había estado allí antes.
—¿Qué?
Sacude la cabeza. —Es sólo… que no es una cosa fácil de hacer.
Estaba mintiendo antes cuando dije que es una fórmula básica. Supuse
que si sabías lo difícil que era, ni siquiera lo intentarías.
—Oye, no soy tan terco.
Alza una ceja.
—No lo soy —insisto.
—No importa. Lo que importa es que lo hiciste. —Me sonríe a través
de la oscuridad. No una sonrisa completa, pero mucho, mucho más cerca
de lo que lo es normalmente—. Tienes mucho talento, Vane.


161
Mis mejillas se calientan. Ese podría haber sido el primer cumplido
que me ha dedicado.
—¿Qué hago ahora?
—Tienes que añadir cuatro Ráfagas del Este una por una. Ya sabes
cómo llamarlas. Y para combinarlas dices: “Conéctate”. Asegúrate de
contar hasta cinco entre cada corriente de aire.
Hago como ella ha dicho, y con cada viento que añado, el embudo
enfrente de mí crece, hasta que tengo un estrecho cilindro de fuerza que
se alza hacia el cielo casi tan alto como el que hizo Audra.
Igual de impresionante.
—Ahora concéntrate en tener bajo control todos los vientos. Y
susurra: “Amplifícate” a las Ráfagas del Norte. Luego salta lo más rápido y
lo más lejos posible que puedas, o va a ser el viaje de tu vida.
Salto hacia atrás cuando la orden está aún saliendo de mis labios, y
el embudo se triplica, se extiende lo suficiente para aspirar un coche, y se
alza al menos treinta metros.
—Mierda, no puedo creer que yo haya hecho eso —jadeo.
—Yo tampoco. —Pero no lo dice con malicia. Me mira y se ríe.
Se ríe.
Es el mejor sonido que jamás he escuchado.
Y entonces ella tiene que matar la alegría del momento y decir—:
Ahora entra en el embudo.
Mis tripas se amontonan. —¿Todavía dices eso en serio?
—Tienes que acostumbrarte a mantener tu soporte en una tormenta
de viento. Y detener tu propia caída es más o menos la habilidad más
importante que puedes dominar.
—Sí, ¿pero no hay una forma de ayudarme a dominarlo que no
implique una caída libre de treinta metros desde la parte superior de un
ciclón?
—Nada te motivará más para hacerlo bien. Vamos. Puedes hacer
esto, Vane. ¿Recuerdas la orden que he usado para llamar a la Ráfaga del
Sur para que me atrapara?
Tengo la sensación de que sólo voy a conseguir que se entusiasme
más con su plan de Vane entrando en el vórtice gigante de la muerte,
pero me encanta verla tan confiada en mis habilidades. Así que le digo—:
Atrápame aplaciblemente, escucha mi llamada. Arrástrame suavemente
antes de que caiga.


162
—Perfecto. Espera hasta que estés cayendo de verdad antes de
susurrar la orden. Pero no esperes demasiado, o no será suficiente tiempo
para ralentizar tu aterrizaje.
Miro hacia el embudo.
—¿Quieres que te empuje dentro? —se ofrece.
Entrar en el tornado grita: Esta es la cosa más estúpida que harás
jamás. Pero finalmente estoy impresionándola.
Cierro los ojos, respiro profundamente y medio camino, medio caigo
dentro del embudo.
El rugido de los vientos ahoga mi grito mientras las ráfagas me
empujan hacia el cielo tan rápido que estoy seguro de que voy a vomitar.
Luego de que mi estómago vuelve a su lugar legítimo dentro de mi cuerpo,
claro.
Los vientos tiran de mi piel, haciéndola ondular por la fuerza, y
durante un brillante segundo, soy ingrávido. No estoy volando. No estoy
cayendo. Solo flotando por encima de todo, nada más que el cielo y yo.
Luego empiezo a caer y no puedo —ni por mi vida— recordar ni una sola
palabra de la orden que necesito.
Piensa, Vane. Recuerda la maldita orden o te estrellaras contra el
suelo en un millón de piezas.
Pero no puedo. Mi mente está en blanco. Excepto por un único
pensamiento nauseabundo.
Voy a morir.


163
28
Audra

er a Vane caer en picada del cielo me remonta de nuevo al
pasado.
Un hombre flota por encima de mí en la trampa del Stormer.
Una maraña de ropa oscura, extremidades retorciéndose y
viento.
Por un horrible segundo creo que es mi padre y mi cuerpo se sacude
con sollozos. Entonces tengo una mejor visión de su rostro.
No es mi padre.
Es el padre de Vane.
Me odio por estar aliviada, pero no puedo evitarlo.
Sus grandes y aterrorizados ojos se encuentran con los míos y él trata
de girar los brazos libres. Pero está muy estrechamente atado por los
vientos para moverse. Nunca va a escapar por su cuenta.
Tengo que ayudarlo. Tengo que arreglar esto, corregirlo de alguna
manera.
Antes de que pueda decidir qué hacer, una ráfaga se desenreda de
la pared de la tormenta, se enrosca en el oscuro tronco de un árbol
desprendido, y lo azota hacia mí como si alguien lo controlara. Caigo al
suelo, cubriéndome la cabeza con mis delgados brazos, y espero a ser
triturada por las puntiagudas ramas. Pero el viento cambia de nuevo y oigo
al padre de Vane gritar.
Algo rojo y húmedo chorrea sobre mi brazo.
Es muy brillante entre el gris y el negro de la tormenta. No entiendo lo
que es o de dónde viene. Hasta que otra gota salpica mi mejilla.
V


164
Miro hacia atrás y veo ramas torcidas sobresaliendo de sus brazos, su
cuello, su pecho. Ríos de rojo goteando de las heridas.
Grito, más fuerte y más alto de lo que nunca he gritado antes.
El grito de Vane me saca de ello, y le ordeno a la corriente que
había envuelto a mi alrededor—: ¡Apresúrate!
No respiro hasta que engancho a Vane por la cintura y lo pongo en
el nido de vientos que me sostienen.
—Te dije que era una mala idea—murmura con voz temblorosa.
Tiene razón.
Es aún más indefenso de lo que sus padres eran.
No puedo permitirme olvidar eso, no importa la gran promesa que
demuestra ser.
Nuestros pies tocan el suelo y me doy cuenta que estoy apoyada en
Vane más de lo que él está apoyándose en mí.
No puedo dejar que termine de la misma manera que sus padres lo
hicieron.
No puedo.
No lo haré.
Me alejo de él. —¿Qué pasó ahí?
—No lo sé. Supongo que me quedé en blanco.
—¿Te quedaste en blanco? —Está siendo muy blando consigo
mismo. Sus padres no se presionaron, y ahora los dos están muertos.
—Oye, no estoy exactamente acostumbrado a ser disparado entre
embudos de viento como una bala de Vane. Ni siquiera me gustan las
alturas.
—¿No te gustan las alturas?
Sus mejillas se ruborizan. —No he dicho que les tengo miedo. Sólo no
estoy acostumbrado a ellas.
—Bueno, será mejor que te acostumbres a ellas.
—Lo sé.
—Antes de que vengan los Stormer.
—Dije que lo sé, no soy idiota, ¿de acuerdo?
Suspiro, tratando de ponerme en contacto conmigo misma. —Mira,
Vane. Sé que te estoy presionando mucho. Pero estoy tratando de
protegerte. Tengo que enseñarte tantas habilidades básicas salvavidas


165
como pueda. Y detenerte a ti mismo de caer es esencial. Así que vamos a
tener que practicar esto hasta que lo hagas bien.
Palidece mientras señalo al embudo de viento, todavía girando lejos
en la oscuridad.
—Trata de relajarte esta vez —le sugiero.
Se pasa las manos por la cara mientras mira fijamente al embudo. —
No puedo.
—Tienes que hacerlo.
Segundos interminables transcurren mientras observa el remolino de
vientos. —Ven conmigo, entonces—finalmente susurra.
—¿Qué?
—Ven conmigo. —Tiende su mano—. Tal vez tenerte allí me ayudará
a mantener la calma lo suficiente para recordar el comando.
—No siempre voy a estar a tu lado durante la pelea. Necesitas…
—Sé lo que necesito. Pero en este momento, cuando aún estoy
tratando de conseguir acostumbrarme a todo esto, cuando todavía estoy
intentando darle sentido a los tres locos idiomas del viento en mi cabeza,
cuando sigo dolorido de casi morir ayer, y todavía estoy tratando de
asimilar todas las cosas imposibles que me has dicho... tal vez con todo
eso, podrías ayudarme a aprender esta muy complicada y, por cierto,
terrible habilidad nueva. Sé que crees que puedes enseñarme a nadar con
sólo dejarme en la parte más profunda y diciéndome que reme, pero a
veces la gente necesita flotadores.
—¿Flotadores?
—Esas estúpidas cosas inflables que van en los brazos, para
mantenerte en la superficie cuando estás aprendiendo a nadar.
No tengo ni idea de lo que está hablando.
—No importa. —Patea el suelo—. Sólo estoy diciendo que a lo mejor
necesito ayuda cuando estoy tratando de forjar una habilidad que hace
que cada parte de mi cerebro grite “Ésta será mi muerte”.
Puedo decir que odia admitir la debilidad.
Y creo que no puedo culparlo por estar frustrado. No he estado
acompañándolo a través de este proceso. Me he dicho que es porque
nadie necesitó hacer eso por mí. Pero en el fondo sé que es más que eso.
No quiero acercarme a él. No puedo dejarme acercar a él.
Pero tengo que conseguir llevarlo a través de esto. No importa lo que
cueste.


166
Le tiendo mi mano. —Tienes razón. Iré contigo esta vez.
Se queda mirando mi mano por un segundo, como si no pudiera dar
crédito a sus ojos. Luego, lentamente, tentativamente incluso, enrosca
nuestros dedos juntos. La familiar sacudida dispara calor subiendo por mi
brazo, y espero que no pueda sentir mi pulso acelerado.
—Gracias—susurra.
Asiento con la cabeza. —¿Estás listo?
Se lame los labios y traga, viendo los vientos girar y correr.
Creo que debe necesitar un minuto más. Pero entonces me aprieta
la mano y me mira a los ojos. —Contigo, lo estoy.
Piel de gallina hormiguea mi piel. Escalofríos se mezclan con la
calidez de su toque.
Lo tiro al vórtice, dejando que el viento nos lance hacia el cielo.


167
29
Vane

spero soñar con Audra esa noche.
No sólo porque nos tomó una docena de viajes sobre el
embudo de viento para que descifrara cómo llamar a la
estúpida Ráfaga del Sur y envolvernos para que Audra no
tenga que interponerse.
Y no porque sostener su mano por tanto tiempo haya dejado mi piel
zumbando de energía, aunque eso me hace querer cerrar mis ojos y dejar
que algunas de mis fantasías favoritas con Audra se desarrollen.
Es por caer del cielo con ella fue tan misterioso como el recuerdo
que vi en mi sueño que esperaba dormir a la deriva y continuarlo desde
donde lo dejé. Y quería hacerlo. Quiero saber que pasa después. Como
sobrevivió ella a la caída. Quién la salvó.
Pero no sueño con una joven Audra, gritando y golpeando mientras
cae desde el cielo. Veo a mi padre.
Mi verdadero padre.
Me aferro al sueño, comprometiendo su recuerdo antes de que se
escape de mi alcance. Quiero ampliarlo, ajustar el foco, y mirar su cara
para siempre.
Por mucho tiempo no tuve recuerdos de cómo lucía. Ahora puedo
ver su pelo oscuro, ondulado, sus ojos azul pálido, y su mandíbula
cuadrada.
Se parecía a mí.
No debería estar sorprendido, pero lo estoy.
Mi. Padre. Lucía. Como. Yo.
E


168
No quiero dejar ir su rostro, pero no puedo olvidar el resto del
recuerdo. Reproduzco el sueño de nuevo, tratando de encontrar algo que
me ayude a ubicarlo en mi rota línea de tiempo.
Estoy de pie al lado de mi papá en la orilla de un lago cristalino. Mis
piernas son flacas y mi cabello es un desastre alrededor de mis ojos, así que
supongo que tengo siete años. Montañas cubiertas de nieve se reflejan en
la superficie del agua. Mi papá tiene sus manos en mis hombros, pero no
miro hacia él, estoy demasiado ocupado lanzando rocas sobre el agua.
Mirando las pequeñas ondas distorsionar el perfecto reflejo.
—Es tiempo de irnos, Vane. —Su voz clara y profunda. Cortando a
través del tranquilo silencio que nos rodea.
Lanzo otra roca. Más fuerte esta vez. Rompiendo el agua. —No
quiero irme.
—Lo sé. —Tira de mí contra su lado—. Pero Arella puede sentirlos
acercarse. Si no nos vamos, nos atraparán.
Más rocas chapotearon en el agua. Las lanzo fuerte esta vez. —
¿Cómo es que siguen encontrándonos?
—No lo sé—susurra mi papá.
Me vuelvo para mirarlo.
Se queda mirando en la distancia, frunciendo el ceño. —Pero
tenemos que irnos.
Agarra mi mano, e incluso aunque quiero alejarla —quiero correr tan
rápido y tan lejos que nunca me encuentre—, la tomo. Él aprieta mis
dedos. No fuerte. Más para tranquilizar. Luego susurra algo que suena
como un suspiro arrastrado.
Una burbuja de viento.
Recuerdo llamarlas así, y la forma en que mamá se reiría y me decía
que era tonto decir eso. No puedo ver su rostro, pero su profunda, rica risa
llena mi mente.
Lágrimas pican en mis ojos.
Amo a mis padres adoptivos, y siempre lo haré. Pero ¿ver el padre
que perdí? ¿Escuchar su voz en mi mente? ¿Oír la voz risa de mi madre? Se
siente como tenerlos de vuelta —por unos minutos, al menos.
Pero el recuerdo plantea tantas preguntas como respuestas, y los
vacíos se sienten casi dolorosos. Necesito las piezas faltantes.
Me acuesto, tratando de aclarar mis ideas.
Profundas respiraciones. Piensa en ello.


169
Si tenía siete años, el recuerdo no es de mucho antes de que mis
padres fueran asesinados. Lo cual tiene sentido. Parecía como si
estuviéramos corriendo por nuestra vida. ¿Pero dónde estábamos? Vi ese
lago en el primer sueño también, pero no lo reconozco. Podría estar en
cualquier lado. ¿Y quién es Arella? El artículo decía que el nombre de mi
mamá era Lani, así que tiene que ser alguien más. ¿La mamá de Audra,
quizás? ¿Cómo sabía ella que era tiempo de huir?
Es tentador el preguntarle a Audra, pero no puedo pensar una forma
de hacerlo sin dar a conocer que mis recuerdos están regresando.
Tendré que resolver el acertijo por mí mismo. Las respuestas están en
mi mente. Sólo necesito tiempo para dejar que los recuerdos lleguen a la
superficie.
Miro al reloj: tres y veinticuatro a.m. Audra estará aquí al amanecer,
pero todavía tengo tiempo de ver qué otros recuerdos me devolverá el
sueño.
Vamos, sueños. Denme las piezas faltantes.


170
30
Audra
ane ya está despierto cuando vengo por él para el
entrenamiento.
Y está vestido.
Y su cabello peinado.
—Estás levantado —digo, tratando de recuperarme de la sorpresa.
Se ríe. —Gracias, Capitán Obvia.
Tiene razón. Algo estúpido e idiota de decir. Sólo no esperaba que
estuviera despierto. O que luciera tan… bien. Su camiseta azul lisa no está
arrugada —por una vez. Y ese color hace que sus ojos se vean como el
cielo de un día caluroso y ventoso. El tipo de cielo que ruega “Vuela
conmigo”.
Aliso mi trenza. —¿No pudiste dormir?
Se encoge de hombros —esos infernales encogimientos de hombros
suyos— y se pone de pie. —Dormí la mayor parte de la noche. De todos
modos, le dejé una nota a mis padres diciéndoles que estaré entrenando
contigo todo el día, así que no tenemos prisa en volver. ¿Estás lista para
irnos?
Me desconcierta, la forma en que está haciéndose cargo de todo.
Pero sigo su indicación, subiendo por la ventana y caminando suavemente
por la hierba a la luz púrpura del amanecer.
Aleja a los mosquitos pululando en nuestras caras. —¿Dónde vamos
a entrenar hoy?
—En mi casa. Sólo podemos entrenar cerca de los molinos de viento
después del anochecer. De lo contrario seríamos demasiado evidentes.
V


171
Asiente, y caminamos en silencio. Me quedo un paso atrás para
estudiarlo sin que me vea.
Camina con la cabeza en alto. Más recto. Los hombros
estableciendo confianza.
Está cayendo en su papel. Adueñándose.
Por fin.
Cuanto más serio se tome el entrenamiento, mejor oportunidad
tenemos.
Duda fuera de mi patética casa, mirando alrededor. —¿Dónde está
tu pájaro malvado?
—En su cacería de la mañana. No te preocupes, el gran ave
aterradora no te alcanzará.
Él se da vuelta rápidamente para mirarme. —¿Me estás tomando el
pelo?
Me detengo en seco.
Lo estoy.
Siento que mis labios se estiran de forma amplia.
—Guau—dice, acercándose—.Creo que es la primera vez que te he
visto sonriendo realmente.
La sangre sube a mi cara. Aparentemente, Vane no es el único que
está cambiando.
Hora de volver al trabajo.
Marcho hacia la esquina para recuperar la Windslicer. —Es hora de
enseñarte algunos ataques básicos. Seré el luchador de ofensiva principal
en la batalla, pero aún necesitas aprender cómo lidiar con los Stormer.
Amarro la espada a mi cintura y llamo a dos Ráfagas del Este,
agradecida de que el aire tiene muchas brisas que giran a través de los
árboles antes de que el calor del día las ahuyente. Le ordeno a las ráfagas
que giren en un vórtice apretado, sobre la anchura de mi pierna. Lo hacen
tan rápido que no veo más que un borrón en el aire frente a mí. —Esto se
llama pico de viento —le digo a Vane—. O lo será en un segundo.
Llamo a una Ráfaga del Norte y la entrelazo a través de las Ráfagas
del Este. Cuando las están propiamente unidas, cambio al lenguaje del
Este y digo—: Concéntrate. —Y las ráfagas se unen entre sí, apretándose
en un poste estrecho de flagelación de aire de la misma altura que yo.
Vane se inclina para ver de cerca. —Increíble.


172
—Tómalo.
—No puedes… —Se detiene a sí mismo—. No importa. Ninguna de
las cosas que hacemos tiene sentido. ¿Por qué lo haría esto?
Se acerca, cambiando la posición de su mano varias veces, como si
no pudiera encontrar la manera de lograr tomarlo. Finalmente lo hace. —
Guau, es blando.
No puedo evitar reírme con eso. —El viento nunca es
completamente tangible, pero si se entrelaza lo suficientemente apretado,
hay algo que podemos tomar.
—Supongo. —Lo tira hacia atrás y adelante entre sus manos—.
¿Ahora qué?
—Alinea tu objetivo y lánzalo tan fuerte como puedas. Trata de
golpear ese árbol. —Señalo a un objetivo fácil, una palmera robusta, con
ramas cargadas de dátiles sin cosechar.
Vane levanta el pico de viento sobre su hombro. —Esto es tan raro —
dice mientras hace unos tiros de práctica. Luego deja que el pico vuele.
Su lanzamiento es fuerte, pero su objetivo no es exacto, y el pico gira
hacia la derecha, golpeando una palmera a un lado de su objetivo.
El árbol explota. Corteza, arena, rocas, y trozos de hojas llueven
sobre nosotros, pegándose a nuestras caras sudadas mientras la grieta
atronadora hace eco en los árboles.
Vane mira la destrucción.
Me limpio la suciedad de las mejillas. —Vamos a tener que trabajar
en tu objetivo, o nunca serás capaz de golpear a uno en movimiento.
Él comienza a asentir, luego se da la vuelta para mirarme. —¿Qué
tipo de cosas se supone que voy a golpear?
—Bueno, idealmente golpearás a los Stormer. Dudo que seas lo
suficientemente bueno para atrapar a uno, pero tal vez tengas suerte.
Retrocede, su piel decolorándose a una palidez fantasmal. —¿Se
supone que tengo que golpear personas con esas cosas?
—Sólo a los Stormer. Trataré de asegurarme que no golpees a nadie
más.
Traga saliva, su cara cambia mientras lo hace, como si estuviera
enfermo.
—¿Qué pasa?
—Nunca me di cuenta que esperabas que matara gente. —Da otro
paso hacia atrás, inclinándose contra un árbol por apoyo.


173
Me muevo hacia él lentamente, tratando de entender su reacción.
—Es una batalla. ¿Qué esperas?
—No lo sé. Creo que estaba pensando, algo como, golpear y
demás. Tal vez unos cuántos trucos con viento para dejarlos inconscientes.
Nunca pensé que los mataría.
Comienza a temblar—fuerte. Alcanzo su hombro para estabilizarlo,
pero se estremece ante mi tacto.
—No entiendo qué va mal, Vane.
—Yo tampoco. —Se hunde en el suelo—. Es sólo… la idea de matar
gente. Hacer que exploten como ese árbol. —Se estremece, tirando de sus
piernas hacia el pecho y apoyando su cabeza en ellas.
—Ni siquiera son personas —murmuro mientras me siento a su lado—.
Las personas no masacran a cientos de Caminantes del Viento inocentes.
No arrancan niños inocentes miembro a miembro. No lanzan tornados y
huracanes en las ciudades humanas, sospechando que la Tempestad se
esconde allí. Oh sí, los Stormer hacen eso —agrego cuando se vuelve
hacia mí—. Raiden no se detendrá ante nada para acabar con la
resistencia. Por no hablar de que va a venir aquí para capturarte y
obligarte a compartir tu idioma. Todo para que Raiden pueda ser lo
suficientemente fuerte como para controlar el mundo.
Lo miro, esperando que se vea más tranquilo. Pero está más pálido
que nunca. No veo cuál es su problema.
—Recuerda, Vane. Estamos en guerra.
Estamos en guerra.
Mi padre le dijo aquellas exactas palabras al padre de Vane,
rogándole que tomara en serio su entrenamiento.
Un recuerdo viene de repente.
Me escondo en las sombras, al borde del campo, viendo a mis
padres entrenar a los Weston. Los cuatro adultos se colocan en un círculo,
y mi padre les muestra cómo hacer una trituradora, un embudo grueso
que se aprieta a la orden, aniquilando cualquier cosa dentro.
Los Weston tiemblan y se alejan.
El padre de Vane dice que no aprenderán.
No que no pueden.
Que no lo harán.
El viento ruge mientras mi madre les grita. Llamándoles egoístas.
¿Cómo se atreven a esperar que otros arriesguen sus vidas para


174
protegerlos, cuando ni siquiera están dispuestos a aprender técnicas
básicas de autodefensa?
Los padres de Vane sólo se aferran el uno al otro en su tormenta,
sacudiendo la cabeza y diciendo—: No.
Quiero romper a través del campo y gritarle a los Weston como lo
hace mi madre. Mi vida es miserable a causa de ellos, porque mi familia
tiene que protegerlos. ¿Cómo pueden retroceder y dejarnos hacer todos
los sacrificios?
Pero me quedo en las sombras.
Le pregunto a mi padre sobre eso cuando él me mete dentro esa
noche. Mira fijamente en la noche y dice—: Las Ráfagas del Oeste son
vientos pacíficos. —Nada más.
No entendía lo que quería decir. No entendía cuál era el problema
en realidad. No hasta ahora, mirando el tinte verde en la piel de Vane.
Las Ráfagas del Oeste son vientos pacíficos.
La violencia le hace mal físicamente.
Ahora sé por qué ninguno de los Caminantes del Oeste se rindió ante
las amenazas de Raiden y se negó a enseñarle su idioma. Por qué estaban
dispuestos a morir para protegerlo. No sólo eran valientes o tercos, como
pensé. La violencia va en contra de su propia naturaleza, provocándoles
una reacción física real.
Honestamente, es muy noble. Excepto que los hace totalmente
vulnerables. E inútiles.
Mi mandíbula se cierra mientras trabajo a través de las
ramificaciones de estos nuevos acontecimientos.
Mi único compañero de lucha es incapaz de matar. Lo que significa
que, incluso si Vane tiene el cuarto descubrimiento, no importa. No va a
usarlo para pelear.
Mi cólera se enciende, profunda y caliente.
¿Así que yo tengo que morir, porque él se niega a hacerle daño a un
Stormer que quiere secuestrarlo? ¿A personas que no tuvieron ningún
problema en matar a sus padres?
¿Sus vidas valen más que la mía?
Tal vez no. Pero eso no cambia el juramento que hice
voluntariamente. Y con ese pensamiento, soy capaz de apagar el fuego.
Ya he aceptado que no podría sobrevivir a la lucha. Todo esto
significa que mi trabajo de proteger a Vane durante la tormenta será el


175
doble. Cinco veces más duro. Como si el agua no hubiera complicado
suficientemente las cosas.
Vane respira profunda, jadeantemente, y se limpia el sudor
chorreando por los lados de su rostro. —Lo siento —murmura—. No sé lo
que me pasa.
—Yo sí. Eres un Caminante del Oeste. Las Ráfagas del Oeste son
pacíficas. La violencia es detestable para ti. Tu naturaleza la rechaza.
Sus dedos se enredan en su cabello, desordenándolo en picos
salvajes. —Eso realmente tiene sentido. Pero probablemente me hace
bastante inútil en una batalla, ¿no es así?
Sí.
No puedo decirlo, sin embargo. —Sólo quiero que seas capaz de
defenderte por si te metes en un aprieto. No tienes que hacerle daño a
nadie, pero creo que, al menos, debes saber cómo. ¿Crees que puedas
hacerlo?
Varios segundos pasan. Luego él asiente.
Libero el aliento que había estado conteniendo. A diferencia de sus
padres, al menos está dispuesto a probar.
La amargura se levanta en mi garganta, pero me la trago.
Ellos eran verdaderos Caminantes del Oeste. Hablaban la lengua.
Manejaban los vientos. Por supuesto, sus instintos eran más fuertes que los
de Vane. Él ni siquiera puede escuchar la llamada de las Ráfagas del
Oeste. Nunca pensé que sería algo bueno, pero a lo mejor lo es.
—¿Estás listo? —le pregunto, entrecerrando los ojos al cielo. El sol
resplandece a través del azul sin nubes, y pronto el último de los vientos de
la mañana huirá hacia las montañas.
Se pone de pie. Sus piernas están inestables, pero sus ojos son
determinados. —Sí.
Le enseño cómo fundir los picos de viento, y lo hago practicar su
puntería. Parece mareado con cada lanzamiento, pero le recuerdo que
un objetivo preciso será más seguro. Que hay menos probabilidades de
golpear a un espectador inocente.
Después de eso, sus tiros raramente pierden su marca.
Me da esperanza.
El mundo no es blanco y negro, como sus padres lo trataban. A
veces la violencia tiene su lugar, su propósito. Tal vez si lo hubieran
aceptado, podrían haber sobrevivido el ataque de los Stormer. Vivido para


176
ver a su hijo crecer. Ayudado a evitar que Raiden destruyera el mundo tal y
como lo conocemos.
En cambio, la responsabilidad recae sobre Vane. Si puedo conseguir
que vea los tonos grises, tal vez será el primer Caminante del Oeste en
enfrentarse a Raiden. El primer Caminante del Oeste en sobrevivir.
Su camiseta se vuelve de un azul medianoche por el sudor y hago
que descanse en la poca sombra que las paredes de mi refugio
proporcionan. Lo último que necesito es que se la quite de nuevo, incluso si
a una pequeña parte de mí no le importaría otro vistazo de sus esculpidos
músculos.
Me siento a su lado. Nuestras piernas tocándose, pero no me alejo.
—¿Cómo lo llevas?
Me da un encogimiento de hombros inestable.
Pongo mi mano en su brazo. —Trata de recordar, si no detienes a los
Stormer, van a lanzar tornados en este valle. Cientos, o miles de personas
inocentes morirán. Personas que conoces. Gente que amas. Estás
haciendo esto para salvar esas vidas inocentes.
El silencio parece extenderse.
—Así que, ¿tú no tienes ningún problema con… matar? —pregunta.
—No. Pero soy un Caminante del Este.
—Vientos rápidos y difíciles —recita—. ¿Qué significa eso?
—Los vientos del este son sobrevivientes. Ellos hacen lo que hay que
hacer.
—¿Así que matarías?
Su mirada es intensa, pero no juzga.
—Si tengo que hacerlo.
Me concentro en mis dedos, sorprendiéndome al darme cuenta de
que están trazando lentos círculos sobre su piel. El contacto es calmante y,
al mismo tiempo, emocionante. Me hace sentir audaz. Quizá demasiado
atrevida, porque no puedo dejar de preguntar—: ¿Crees que podrías?
—¿Matar?
Entrecierro los ojos hacia él. —¿Si salvas una vida? ¿Si salvas tu vida?
¿Si salvas…?
Me detengo. No puedo pedirle que me salve. Se supone que yo
debo salvarlo.


177
Vane se aleja mientras considera mi pregunta, mirando a lo que
queda del árbol que destruyó. —No lo sé.
Toma mi mano, acunándola suavemente entre las suyas. El calor
sube por mis brazos, dirigiéndose directamente a mi corazón, que
revolotea cuando él me mira otra vez, quitándome la respiración con la
ternura de sus ojos azules inquietantes. —Espero que sí.
Yo también.
Es un milagro que no lo diga en voz alta.
No tengo derecho a tener esperanzas. Pero si las está ofreciendo
libremente, no puedo dejar de tomarlas.
Así que no me aparto, a pesar de que debería. Y me permito creer
que podrá ser lo suficientemente fuerte para salvarlos a todos.
Para salvarme.
Es el único que puede hacerlo.


178
31
Vane

o es hasta que el ave de Audra vuelve de su segundo viaje
para cazar, que me doy cuenta de lo tarde que es. Entrené
durante el desayuno y el almuerzo —pero probablemente es
mejor. Si hubiera tenido algo en mi estómago cuando me di cuenta que
Audra estaba entrenándome para matar, hubiera vomitado todo sobre mí.
Me recuerda a la manera en la que mi cuerpo reaccionó cuando los
doctores me dieron las píldoras. Sudor, urticaria, espasmos, vómito; como si
mi sistema hiciera cualquier cosa, de todo, para eliminar la medicina de mi
sangre. La idea de la muerte se siente igual de tóxica.
Genial, soy alérgico a la violencia. Estoy seguro que Audra está
emocionada con esa noticia.
Quizás pueda luchar contra ello. Quiero decir, seguro, no me gustan
las películas violentas o juegos de video —pero no me hacen disparar así.
Quizás la pelea sea de la misma manera.
Pero esos son falsos, me digo a mí mismo. Y esto es horriblemente
real.
Mi cabeza da vueltas y tomo aire para tratar de calmarla.
Tengo que superar esto. Hay vidas en juego.
Las inocentes personas de este valle.
Yo.
Audra.
Haré todo lo posible por mantenerla con vida. Si eso significa matar
un Stormer o dos, bueno… tendré que lidiar con eso. Incluso de sólo
pensarlo me dan nauseas.
N


179
—¿Cómo hicieron mis padres para manejar el entrenamiento? —
preguntó, esperando que ellos sepan algún truco para poder luchar sin
vomitar.
Audra muerde su labio y mira hacia otro lado.
Supongo que eso significa que no lo hicieron muy bien. Decido no
preguntar por los detalles sangrientos. Especialmente desde que he
pensado una pregunta mejor. —¿Cómo eran?
—¿Tus padres?
—Sí. —Ella ha sido obstinadamente reservada sobre mi pasado, pero
al menos podría decirme eso. Tal vez ayudará a desencadenar más
recuerdos esta noche.
Suspira. —No pasaba mucho tiempo con ellos. Cuando mis padres
no estaban tratando de entrenarme, los mantenían a ustedes tres adentro,
lejos de los buscadores de viento de Raiden, que estaba siempre cerca de
su camino.
No tengo idea de a qué se refiere, pero supongo que no importa.
—Aunque tu mamá estaba siempre husmeando fuera contigo —
agrega ella volviéndose hacia mí. Sus labios se tuercen en una triste
sonrisa—. Solía mirarlos jugar juntos en los campos. Ella parecía una gran
mamá.
—Desearía recordarla. —Estoy sorprendido de cuán gruesa suena mi
voz.
—Lo sé —susurra.
En realidad no hay nada más para decir.
—De hecho… —dice Audra, saltando sobre sus pies y dirigiéndose
hacia la esquina de la casa donde está su mierda de cama hecha con
hojas de palmera.
—¿Qué estás haciendo? —pregunto, uniéndome a ella mientras
empieza a rebuscar.
—Busco algo.
Mi teléfono suena y lo saco de mi bolsillo para comprobarlo. Un texto
de Isaac, rogándome para que salga esta noche con él, Shelby y Hannah.
—¿Todo bien? —pregunta Audra mientras respondo el mensaje.
—Sí. Mi amigo sólo trata de convencerme para que vaya a una cita
doble con Hannah esta noche. Le estoy diciendo que gracias, pero no
gracias.
—Bien —dice Audra quedamente.


180
Levanto mi cabeza bruscamente. —¿Bien?
Definitivamente quiero una aclaración sobre eso.
—Por supuesto —dice—. Necesitas entrenar esta noche.
—¿Esa es realmente la única razón? —presiono, dando un paso más
cerca. Mi teléfono zumba y lo empujo en mi bolsillo. No dejaré que nada
interrumpa esta conversación.
—¿A qué te refieres? —Trata de retroceder, pero está parada en la
única esquina de su casa rota y estoy bloqueando su escape.
Bien. Ya es hora de que Audra y yo lleguemos a un entendimiento de
lo que sea que esté pasando entre nosotros.
—Quiero decir, ¿estás segura de que no hay otra razón por la que no
quieres que salga con Hannah? —Me inclino más cerca, dejando sólo un
pie de espacio entre nuestros rostros.
Ella mira el suelo. —De hecho, la hay.
Mi corazón da un salto de más.
Doy un paso hacia ella, agarrando gentilmente su cintura y tirándola
hacia mí.
Me empuja hacia atrás. —¿Qué estás haciendo?
Podría también haberme abofeteado.
Se pone delante de mí y va hacia el lado opuesto de la habitación.
Sus manos tiran de los extremos de su trenza mientras camina. —Hay algo
que no te he dicho. No sabía cómo ibas a reaccionar, y no quería que
algo interfiriera con tu entrenamiento.
—¿Y qué sería eso? —pregunto cuándo ella no continua. Mi voz
tiembla con la ira que trato de retener.
Su suspiro parece durar una eternidad. —Tú… no eres libre, Vane.
Eso… no era lo que estaba esperando. —¿Qué significa eso?
—Significa que no puedo dejarte ir a una cita esta noche… o
cualquier otra noche.
—¿Qué, hay alguna ley en tu mundo que diga que Vane Weston no
tiene permitido ir a una cita?
—Algo así. Recuerda Vane, eres la última Ráfaga del Oeste. No eres
como todos los demás.
Esto en serio me da dolor de cabeza. Y estoy por preguntar lo que la
maldita ley dice cuando se me ocurre un horrible pensamiento.
—Es por eso que arruinaste mi última cita con Hannah, ¿no?


181
—Sí. Y si sólo hubieras dejado el restaurante he ido a casa como traté
de decirte, no tendría que haber llamado a las Ráfagas del Norte y
marcarles nuestras huellas. Todavía estaríamos a salvo.
—Así que me estás diciendo que arriesgaste nuestras vidas, ¿sólo
para que yo no tuviera citas?
Ella se endereza y sus ojos resplandecen. —No. Llamé a la ventisca
porque tenía que evitar que te enlazaras emocionalmente a ella, y no tuve
tiempo de pensar. Solo reaccioné.
Hay tantas cosas erróneas en eso, que no sé por dónde comenzar.
De hecho, lo sé. —¿Enlazarme emocionalmente? ¿Qué diablos
significa eso?
Se pellizca el puente de su nariz. —Besar es diferente para nuestra
especie de lo que lo es para los terrícolas. Ellos lo hacen por diversión,
como si no significara nada. Para nosotros, un beso provoca un cambio
real, físico. Crea una conexión entre el par que se besa, uniéndolos hasta
que la muerte los separe. Por eso es que siempre me interpongo para
asegurarme que nunca llegues tan lejos con ninguna de las chicas que
encuentro contigo. No sé qué podría pasar si te vinculas con un humano,
pero no podía arriesgarme a dejar cualquier tipo de unión.
Hago a un lado toda la cosa de “un solo beso sella tu destino por el
resto de tu vida” por un segundo, porque es muy raro y loco como para
pensarlo.
¿A qué se refiere ella con que “intervino” con las chicas con las que
me encontró?
Oh. Mierda.
—Eras tú. Mi mala suerte con las chicas. Tragos siendo volteados de
repente por una brisa y derramándose en sus ropas, así necesitarían irse a
casa. Pájaros defecando en sus cabezas.
Cada uno de esos desastres fueron causados por aves o viento o
algo en el cielo. Todo menos el Gran Fiasco del Pedo. A menos…
—Oh, Dios mío. Tú hiciste el sonido de pedo el día que estuve en el
Date Festival, ¿no? ¿Desataste el viento de alguna manera, hiciste el ruido
como de un pedo, tendiste una trampa?
Ella no lo niega.
Me río.
¿Cómo puedo no reírme de esta locura? —¿Tienes alguna idea de
cuánto has jodido mi vida por los últimos años?


182
—Sé que ha sido duro, Vane. Pero no podía explicarte lo que estaba
pasando hasta que tu mente estuviera lista para entender tu herencia, y
acabas de tener un descubrimiento hace unos pocos días. Mientras tanto,
estaba bajo órdenes estrictas de la Fuerza de la Tempestad para
asegurarme que no te enlazaras a nadie.
—¿Por qué a tu ejército le importa una mierda mi vida amorosa?
—Confía en mí cuando digo que no te importará cuando conozcas
a Solana.
¿Solana?
Tengo el presentimiento que no quiero saber la respuesta a esta
pregunta, pero tengo que hacerla de todas formas. —¿Quién demonios es
Solana?
—Nuestra antigua heredera al trono. Todo lo que queda de la línea
real después de que Raiden la destruyó. Será coronada reina cuando
Raiden caiga.
—¿Y qué tiene que ver conmigo?
Puedo decir que ella no quiere responderme tanto como yo quiero
escucharlo. Pero hemos ido muy lejos. Así que cierra sus ojos y susurra—:
Ustedes dos están prometidos.
Las palabras cuelgan sobre nosotros, prácticamente creando una
sombra.
Estoy prometido.
Con una princesa mimada que nunca he conocido.
Demasiadas. Emociones burbujean dentro de mí.
Ira. Molestia. Confusión. Frustración. Miedo. Rebelión. Rabia.
Pero un sentimiento es más fuerte que los otros, y me toma un
segundo identificarlo.
Dolor.
Me toma otro segundo descubrir por qué. —Y… ¿tú estás bien con
eso?
Aleja la mirada. Se rehúsa a encontrar mis ojos. Pero asiente.
Sé que probablemente debería dejarlo así, pero no me puedo
contener. —¿Qué hay sobre nosotros?
No dice nada, y eso estimula mi valor. Me muevo hacia ella,
atrapándola contra la pared. —Hay algo entre nosotros, Audra. —Agarro


183
su mano, dejando que las pequeñas chispas se disparen por mi piel—. No
me digas que no lo sientes.
No estoy seguro de si estoy siendo impulsado por el miedo, o el
deseo, o simplemente por pura desesperación. Pero es hora de poner las
cartas sobre la mesa. He soñado con ella por demasiado tiempo —la he
deseado durante demasiado tiempo— como para dejar que me aleje
porque su estúpido ejército piensa que puede arreglar mi vida.
Sé que siente algo por mí.
Lo sé.
—Deja de pensar en lo que tu ejército quiere. Ellos no están aquí
ahora mismo. Somos sólo tú y yo. Y tú me deseas —susurro—. Tengo que
creer eso. Porque yo también te deseo.
Es difícil hacer que salgan las últimas palabras. Pero se siente bien el
decirlas.
Levanto el brazo, tratando de deslizar mis dedos por su cabello, pero
su trenza está tejida con demasiada fuerza. Me conformo con acariciarle
el rostro.
Ella no me aleja, pero sacude la cabeza. —Hice un juramento, Vane.
—A la mierda el juramento. —Me acerco hasta que siento su
respiración sobre mi rostro, luego paro. No quiero apurarla—. Has hecho
suficiente por ellos. Me estás protegiendo. ¿A quién le importa el resto?
—A mí. —Cierra sus ojos y su mandíbula tiembla—. Juré mantenerte a
salvo durante esto, y lo haré. Y luego regresarás con la Tempestad y
conocerás a tu prometida.
—Pueden tomar a su prometida y largarse. Te quiero a ti.
Me inclino más, hasta que apenas hay unos centímetros
separándonos. No sé si está de acuerdo con la cosa del lazo, pero en
realidad no me importaría enlazarme a ella. En cierta forma, siento que ya
lo he hecho.
Toma un suspiro tembloroso, y lo sé. Quiere esto.
—No —grita, empujando con tanta fuerza que tropiezo hasta el otro
lado del cuarto—. Mi lealtad está con la Tempestad.
Saca la Windslicer, apuntándola a mi corazón. —Lo digo en serio,
Vane. No puedo hacer esto. No voy a hacer esto.
—Entonces, ¿qué, vas a apuñalarme?
Presiona la punta de la espada en mi pecho. No lo suficiente como
para romper la piel, pero suficiente como para picar.


184
—No me hagas lastimarte —ruega ella.
—Ya lo estás haciendo.
Sus ojos se vuelven vidriosos. Pero algo en su postura, el sólido
conjunto de sus hombros, la rígida línea de su columna vertebral, me dice
que no va a retroceder.
Va a hacerme a un lado. Me empeñará a alguna chica que nunca
he conocido. Todo para complacer a su estúpido, inútil ejército.
El agarre en su espada no titubea. Sus ojos miran a través de mí, no a
mí.
Ya la he perdido.
Así que hago lo único que puedo hacer.
Corro.


185
32
Audra
o puedo respirar.
Me siento como si alguien estuviera presionando mi pecho.
Aplastando la vida y el aire fuera de mí mientras veo como
Vane se aleja. Todo el calor de mi cuerpo se desvanece,
dejándome temblando bajo el sol caliente del desierto.
He hecho un montón de sacrificios en mi vida, pero no dolieron tanto
como lo que acabo de hacer.
Tan pronto como Vane está fuera de mi vista, caigo al suelo y me
acurruco.
Él tiene razón. Me importa. Más de lo que puedo o llegaré admitir.
Pero la comprensión hace que todo en mi interior se retuerza con
repugnancia.
¿Quién soy yo para que me importe Vane Weston?
Cuando se entere de lo que he hecho, me aborrecerá como yo me
aborrezco.
Me aferro a ese duro hecho como una tabla de salvación,
tirándome de nuevo dentro de las duras paredes sin emociones que he
mantenido durante los últimos diez años.
Vane nunca me desearía si supiera que yo soy la razón de que sus
padres estén muertos. Soy una criatura egoísta, insensible, que arruinó todo
porque elegí salvar la vida de Gavin, un pájaro que Vane odia. Y después
le mentí sobre lo de haber perdido permanentemente sus recuerdos,
porque no puedo soportar la idea de que sepa que yo tengo la culpa.
¿Y cómo iba a explicarle a la Tempestad si me enlazaba a Vane? ¿Si
les robaba a su rey? Con el potencial de Vane por el poder, quieren
asegurarse que se enlace a la realeza, así nuestro pueblo tendrá, una vez
N


186
más, confianza en nuestro mundo. Saldrán de su escondite. Confiarán en
la Tempestad.
Además, Solana es una Caminante del Sur y su vínculo será un
suavizante de influencia. Si el poder de cuatro se mete en la cabeza de
Vane.
Si interfiero con eso, sería desterrada por tal traición.
Permanentemente tildada de traidora.
No, no tiene que ser así. Aunque mi corazón traicionero aún escalda
el interior de mi pecho.
Me he quemado de tantas maneras diferentes por Vane.
Culpa.
Deseo.
Pero esta es la peor.
El calor abrasador de la pérdida.
Me sumerjo en el dolor, dejo que el fuego me consuma. Me va a
hacer más dura. Más fuerte.
El agua puede haber debilitado mi cuerpo, pero no mi
determinación.
Es hora de demostrar lo fuerte que soy.
Me pongo en posición vertical, apretando mi colgante con una
mano. Y con la otra froto mis sienes, aliviando el dolor de cabeza causado
por mi trenza.
Me tomó meses dominar el estilo del intricado tejido. El cabello se
divide en cinco partes iguales y los cuatro hilos exteriores se retuercen y se
pliegan alrededor de la hebra central, para representar la forma en que
nuestras vidas están inseparablemente unidas a los cuatro vientos. Incluso
los hombres usan una variación de la trenza. Es un despliegue físico para
demostrar que no vivimos para nosotros mismos, sino para el servicio de los
vientos. El servicio de los guardianes.
Soy un guardián.
Mis planes se han dado vuelta y hecho pedazos, pero mi propósito
es válido. Y voy a cumplir a ese propósito. Con todo lo que tengo.
Pero tengo que averiguar qué hacer con Vane. Todavía tenemos
que entrenar juntos y, a juzgar por cuán herido y enfadado se fue, eso va a
ser un desafío.
Puntos parpadean detrás de mis ojos sólo de pensar en estar cerca
de él. Volando juntos. Aferrándonos uno al otro…


187
Junto lo último de mi fuerza de voluntad y empujo esos sentimientos
lejos.
Puedo hacer esto.
Sólo tengo que acostumbrarme a ello. Y Vane necesita claramente
la noche libre. Así que hoy vamos a tomarnos nuestro espacio. Darnos
tiempo a nosotros mismos para llegar a un acuerdo con todo. Ningún daño
puede venir de eso.
A menos que…
El pánico cierra mis pulmones.
Vane tiene un lado rebelde. Lo he visto encendido incluso contra mis
pequeños intentos de control durante nuestro entrenamiento —y esto es
mucho, mucho más grande. ¿Quién sabe lo que podría hacer en
respuesta?
Puedo pensar en una cosa que sería muy mala.
Irreversible.
Maldigo mi estupidez mientras salgo del bosque, saltando sobre las
ramas caídas y empujando las piernas más de lo que jamás he hecho.
Pero cuando llego a la carretera principal, su coche ya no está.
Rápida y felina, escalo la palmera más cercana, de pie sobre las
ramas temblorosas en la parte superior. No me importa si alguien me ve.
Tengo que sentir el aire tanto como pueda.
Manos temblorosas por los nervios y adrenalina, y rabia conmigo
misma por permitir aún otro desastre. Desabrocho los botones de mi
chaqueta, deslizándola de mis hombros y dejándola caer al suelo, dejando
al descubierto tanta piel como sea posible. Cierro los ojos y me concentro
en el aire a mi alrededor, buscando el rastro de Vane con cada célula de
mi cuerpo.
Cada sylph deja su huella en el viento. Un cambio en el tono del
diseño, como si la corriente se encontrara con un amigo y añadiera nuevas
notas de su canción para llevarse el recuerdo del momento. Podemos
marcar el viento mediante comandos en voz muy alta, como lo hice
cuando llamé a la Ráfaga del Norte y ataqué a Vane, e hizo nuestra huella
permanente. Pero incluso un contacto silencioso deja un rastro tenue. El
diseño sólo lo transporta hasta encontrar algo más para cantar y deja caer
la melodía. Antes de eso, cualquiera que escuche puede recoger el rastro
y seguir a la fuente.
Leo mejor los rastros en los vientos de mi patrimonio, por lo que me
centro en los vientos del Este en el bosque. La mayoría no llevan ningún
signo de haber visto a ninguno de nosotros. Pero cuando escucho cerca


188
de la casa de Vane, encuentro una suave brisa cantando sobre una
mancha discordante de movimiento causado por alguien en la carrera.
Ese tiene que ser Vane.
Llamo al diseño hacia mí e inhalo el rastro.
Una sensación de hormigueo se precipita golpeando mi espalda y
pierdo el equilibrio en las ramas, derribándome al suelo. Una Ráfaga del Sur
cercana me salva de una caída dolorosa, pero cuando estoy a sobre mis
pies, no puedo calmar mis temblores.
Es como si me hubiera tomado en una parte de él, una pieza
fracturada que dejó atrás.
Casi como una pérdida.
No tengo idea de si eso es posible —ni lo que significa si lo es—, pero
me preocuparé de eso más tarde. Por ahora, lo único que importa es
encontrar a Vane. Tengo que seguirle la pista antes de que haga algo de
lo que se arrepienta. Algo que ambos vamos a lamentar.
Ya en marcha, llamo a la más cercana Ráfaga del Norte y giro el
viento alrededor mío tan rápido que no voy a ser nada más que una
mancha en el cielo.
—Sube —susurro, recuperando el aliento mientras la ráfaga me
arrastra.
En segundos estoy en la carretera principal, la puesta del sol me
hace entrecerrar los ojos mientras me concentro en el aire. El caliente
hormigueo del rastro de Vane me dicen qué camino tomar. Una brújula
interior que me guía directamente a él.
Sólo espero llegar a tiempo.


189
33
Vane

o planeé reunirme con Isaac después de correr por mi
entrada. Sólo necesitaba poner la mayor distancia entre mi
persona y esa loca vida a la que Audra estaba tratando de
enjaularme, antes de que fuera demasiado tarde para escapar. Y estaba
muy enojado/herido/disgustado para seguir mirándola.
Pero entonces mi teléfono vibró y me di cuenta que el primer paso
para retomar mi vida estaba justo aquí, en mis manos. Bueno, en mi bolsillo
trasero—pero aún así.
Lo cual es cómo terminé de nuevo en River, esta vez en la ruidosa y
llena Cheesecake Factory. En serio necesitan construir algunos lugares
decentes para salir en este valle de mierda. Estoy metido en una mesa al
lado de Hannah, e Isaac y Shelby están al otro lado, mirándonos con las
sonrisas petulantes que llevan todas las parejas de largo plazo al ver a sus
amigos en una cita doble.
Probablemente esperando ver cómo lo voy a arruinar esta vez.
Rayos, conociendo a Isaac, probablemente apostaron sobre ello.
Pero no voy a meter la pata esta noche. Dejé a Audra y sus
habilidades como chaperona del infierno en el polvo en mi casa.
Lo cual es bueno porque tengo grandes planes para mí y Hannah,
de los cuales el número uno es besarla y probar que (A) no necesito a
Audra, (B) tomo mis propias decisiones con respecto a mi vida, y (C) un
beso sólo es un beso. No me creo esa mierda del enlace. Y estoy decidido
a probarlo.
La idea hace que mis palmas suden, mi corazón se acelere y mi
estómago se retuerza como si me hubiera tragado algo vivo. Me digo a mí
mismo que son los nervios.
N


190
Pero sé que sobre todo es culpa.
Me siento culpable por usar a Hannah. No es que no me guste—ella
es realmente agradable. Linda también. Especialmente esta noche, con su
camiseta apretada sin mangas de color rosa. Más de un par de tipos la
han mirado. Pero cuando choca con mi pierna por debajo de la mesa o
roza mi brazo, no siento ninguna calidez. En todo caso, siento frío. Como si
mi cuerpo me estuviera diciendo que estoy sentado junto a la chica
equivocada.
Y allí está también ese otro tipo de culpa.
Culpa por traicionar a Audra. Engañándola de tan sólo estar aquí
con Hannah.
Es una locura. Ella dejó muy claro que no me desea —al menos, no
tanto como quiere complacer a los perdedores de su ejército.
Esta es su elección. No la mía.
Hannah comienza a contar una historia sobre hockey—es tan
canadiense que es gracioso— y aprovecho la oportunidad para estudiar a
Isaac y a Shelby. Él tiene su brazo colgado sobre sus hombros y sus dedos
están jugando con los suaves rizos rojizos que enmarcan la cara de ella.
Shelby está pegada a su lado como si no quisiera ni un milímetro de
espacio entre ellos. La sonrisa en la cara de Isaac dice que no le importa
en absoluto.
Todo en ellos grita “pareja”. Y tengo que darles crédito. Se ven
felices. Quiero decir, sé por qué Isaac es feliz. Shels está fuera de su liga. Él
no luce mal, o no lo haría si se afeitara ese horrible bigote que insiste en
llevar, el cual es sorprendentemente delgado y ralo considerando que es
de sangre mexicana. Todos los demás hombres en su familia —incluyendo
a su hermano de catorce años— tienen barba.
Sin embrago, Shelby es ardiente. Piernas largas, a pesar de ser lo que
las chicas llaman pequeña, y con suficientes curvas como para hacer que
los botones se abran en casi todas las camisas que usa—no que yo lo vea.
Bueno, no ahora que está con Isaac.
Pero Shelby se ve aún más feliz que Isaac. Como si su lugar en el
mundo estuviera en el espacio de su brazo. Y ha pasado tantos meses en
ese punto exacto que casi no puedo imaginarlo sin ella allí. Hace que sea
un poco molesto cuando quiero una noche con mi amigo sin su novia
pegada a su cadera. Sin embargo, justo ahora, hace que la brecha
cuidadosa que Hannah y yo estamos guardando entre nosotros se sienta
como el Gran Cañón.
Tal vez necesito esforzarme más. Hannah tiene su mano derecha
apoyada en la mesa, y antes de que pueda cambiar de opinión, la tomo.


191
Ella se estremece y relajo mi agarre, dándome cuenta que mi gran
movimiento fue más como un ataque que un gesto romántico.
Isaac y Shelby comparten una mirada.
Strike uno para Vane.
Pero aún no estoy fuera. Hannah no se aparta, y le da vuelta a su
mano, entrelazando nuestros dedos.
Le sonrío a Isaac. ¿Qué les parece ahora?
Esto es bueno. Lo estoy logrando. Estoy en una cita normal con
amigos normales en una noche perfectamente normal. Nada de vientos
locos. Nada de charlas sobre guerreros malvados o lenguajes de ráfagas o
matrimonios arreglados. Sólo charlas al azar sobre películas o música o
escuela o lo que sea—exactamente como una cita debe ser.
Entonces, ¿qué tiene si todo sobre este momento grita: está mal?
La mesera llega con nuestra comida, y sonrío cuando veo el tazón
gigante de pasta que coloca enfrente de Hannah. Una chica que come
cuando tiene hambre. Un punto para Hannah.
Hay un momento incómodo cuando miro nuestras manos
entrelazadas y trato de decidir qué hacer—strike dos. Luego la suelto así
puedo sumergirme en mi sándwich gigante y montaña de papas fritas.
Como más allá del punto de llenura, como si fuera otra forma de protesta.
¡Tomen eso, locos sylph con su regla de no comer y controlar la vida
de las personas!
Me deslizo más cerca de Hannah, dejando que nuestras piernas se
toquen—piel contra piel, ya que los dos estamos usando pantalones
cortos. Otro punto para Hannah: Está vestida apropiadamente para el
verano en el desierto. No abotonada hasta el cuello con un uniforme
ridículo.
Aún no siento nada cuando nos tocamos, pero su cercanía trae una
emoción diferente. La emoción del éxito.
Hannah toma mi mano de nuevo, entrelazando nuestros dedos con
fuerza.
—¿Vane? —dice alguien a través del restaurante ruidoso.
Mi sándwich y papas fritas amenazan con salir de mi cuerpo.
Isaac, Shelby y Hannah se vuelven para ver quién me está llamando.
Miro mi plato, preguntándome si puedo apuñalarme con mi cuchillo de
mantequilla.
—Vane —dice Audra de nuevo, su voz ahora más fuerte. Sin aliento.


192
Una sombra cae sobre la mesa, pero no levanto la vista. Mi plan es
fingir que no está allí. Se necesita esfuerzo, pero es todo lo que tengo.
Isaac y Shelby están en silencio. Probablemente acomodándose
para ver el espectáculo.
Hannah cambia de posición en su asiento. —Vane, ¿qué está
haciendo ella aquí? —El tono de su voz me dice que está menos que feliz
de ver a Audra de nuevo.
—Estoy aquí —responde Audra por mí—, porque soy su novia. Así que
te agradecería si quitas tus manos de él.
—Amigo —medio ríe, medio murmura Isaac.
Gruñe, como si Shelby le hubiera dado un codazo.
No digo nada. Estoy en demasiados problemas, pero, que Dios me
ayude, en todo lo que puedo pensar es en lo bien que suena cuando
Audra dice “su novia.”
Arriesgo una mirada hacia ella —y oh, hombre—es sexy. Un montón
de cabello ha escapado de su trenza, cayendo alrededor de su cara
enrojecida, y su chaqueta no está, su camiseta negra es más ajustada y
pequeña de lo que recordaba. No estoy seguro de que “sexy” sea una
palabra lo suficientemente fuerte. “Ardiente” puede ser más exacta.
Hannah me despierta de mi fija mirada cuando le da un tirón a su
mano y se escabulle hacia la pared de la mesa tan lejos como puede ir.
Sé que todos están esperando a que haga algo —que diga algo—
pero mi cerebro no está equipado para lidiar con esta situación.
Isaac se aclara la garganta. —Amigo, si tienes una novia debiste
haberme dicho.
—Más importante —interrumpe Shelby—, no debió haber intentado
algo con Hannah.
—Nadie intentó nada conmigo —murmura Hannah, como si la sola
idea de que yo esté interesado en ella fuera de repente repugnante.
—Sí, lo hizo. Y salió contigo hace un par de noches. ¿Tenías novia
entonces Vane?
—Oye, yo… —comienzo, no seguro de a dónde voy con esto.
—Es un acontecimiento reciente —interrumpe Audra. Luego se
inclina hacia delante y me acaricia la cara con los dedos.
No en broma.
Posesivamente.


193
No me alejo. Puede que incluso me incline en su mano mientras diez
mil chispas se disparan a través de mi piel ante su contacto. ¿Qué puedo
decir? Soy débil.
La diferencia entre la manera en que mi cuerpo responde a Audra y
a Hannah son el día y la noche. Todo sobre ellas es el día y la noche. El
cabello rubio de Hannah y sus ojos azules son el sol ante el cabello y ojos
oscuros como la noche de Audra.
—Me gustaría irme a casa —anuncia Hannah. Su voz suena
ahogada, como si estuviera a un segundo de llorar.
No se merece esto.
Le debo la más grande de todas las disculpas. Sólo que no puedo
averiguar qué decir.
No espera a que lo intente. Ni siquiera espera a que la deje salir de la
mesa. Saca sus pies sobre la banca y se sube a ella. Los platos y vasos
suenan mientras cruza hasta el borde y salta, apresurándose por la puerta
tan pronto como aterriza. Shelby empuja a Isaac fuera de la mesa y la
sigue—disparándome una mirada mortal en su salida.
Isaac se ríe. —Bueno, tengo que admitirlo, hombre. Encuentras las
maneras más increíbles de arruinar citas.
—Yo…
Levanta la mano. —Estoy muriendo por escuchar qué pasa, pero
mejor llevo a casa a las chicas. Y ver qué tipo de control de daños
necesitamos.
Asiento y se da la vuelta para irse.
—Por cierto —se vuelve y señala a Audra—, liiiiiiiiiiiinda.
Me pregunto cuál de los dos se sonroja más, Audra o yo.
Cuando Isaac está fuera de la vista, me obligo a mirar a los ojos de
Audra.
—¿Tuviste una cita? —espeta—. ¿Has perdido la cabeza?
—¿Yo? —Todo mi enojo vuelve—. Me encanta cómo piensas que
sólo puedes ponerte el sombrero de “la novia de Vane” cuando sea que
es conveniente para ti. Me jalas, arruinas mi vida y luego pisas mis
sentimientos tan pronto como estamos solos. Todo para complacer a tu
preciosa Fuerza de la Tempestad.
—No podemos tener esta conversación aquí.
Se dirige hacia la salida, y saco mi billetera y lanzo todo el dinero que
tengo en la mesa antes de seguirla.


194
Me imagino que Audra estará a kilómetros por encima de mí,
volando a casa así podrá desgarrarme nuevamente al segundo que llegue
allí. Pero está de pie contra mi auto, sus brazos cruzados, sus ojos tratando
de perforar mi cráneo. Estoy tan furioso como ella, pero mi corazón aún se
detiene cuando pienso en el largo viaje a casa, sólo los dos.
No me mira cuando le abro la puerta. Sólo se sube y la cierra de
golpe.
Sé que mi auto es pequeño. Pero conmigo y Audra y la montaña de
emociones complicadas entre nosotros, se siente como una caja de
zapatos.
—¿Por qué no nos vamos? —pregunta.
—Necesitas ponerte el cinturón de seguridad. ¿O sólo sigues las leyes
de la Tempestad?
Su suspiro es de una duración épica. Luego busca a tientas el
cinturón por una cantidad de tiempo hilarante, girándolo de todas las
maneras equivocadas. —¿Cómo funciona este aparato infernal? —
pregunta finalmente.
Resoplo y me inclino sobre el asiento.
Ella se aleja. —¿Qué estás haciendo?
Me inclino más cerca, mis ojos clavados en los de ella mientras tomo
el cinturón de su mano y tiro de él sobre su cuerpo. Mis dedos rozan su
brazo cuando lo coloco en su lugar, y escucho su respiración cortarse ante
mi tacto.
—Oh —murmura cuando retrocedo.
Pongo el auto en reversa.
Mira los centros comerciales desenfocarse, sus dedos descansando
en el cristal. Toco el botón y bajo la ventana, sonriendo cuando ella salta.
La noche está cálida y pegajosa, pero el viento ondea a través de la
ventana y Audra extiende su mano, agitando sus dedos en la brisa.
—¿Tienes alguna idea de lo que pudiste haber hecho esta noche? —
No me mira, y su voz es difícil de escuchar sobre el viento. Pero no suena
tan enojada.
Suspiro. —No creo lo de lazo.
—Eso es porque nunca lo has experimentado.
—¿Y tú?
—Claro que no.


195
Nos detenemos en una luz roja y me vuelvo hacia ella. —Entonces,
¿cómo sabes que no es sólo una historia que se inventaron para mantener
a los niños en línea? ¿Como los padres que mienten a sus hijos sobre Papá
Noel para hacer que sean buenos todo el año? ¿Cómo sabes que es
cierto, si nunca has besado a nadie?
—Porque he visto el efecto que tiene un lazo. Mi madre aún está
enlazada a mi padre, incluso todos estos años después de su muerte. Ella
nunca se ha recobrado de la pérdida. Y dudo que alguna vez lo haga.
Bueno, eso es… triste. Pero no prueba nada. —Las parejas humanas
han pasado por eso también; no significa que están unidos o lo que sea. Y
además, pensé que dijiste que el lazo termina con la muerte.
—Así es.
—Entonces, tu mamá puede no estar unida del todo. Tal vez sólo lo
amaba.
No dice nada. Sólo mira a las estrellas.
No tengo idea de qué está pensando, pero nunca la he visto tan
triste. Quiero estirar mi mano y tomar la suya, pero sé que no puedo.
La luz cambia a verde y comenzamos a movernos de nuevo.
—No contestaste mi pregunta. ¿Tienes alguna idea de lo que hubiera
pasado si te hubieras enlazado a esa chica esta noche?
—No, pero supongo que tu ejército no estaría muy contento
conmigo.
—Eso es ponerlo suavemente. Y no serías tú al que castigarían. Yo
sería la deshonrada.
—Eso no suena tan mal.
Suelta un suspiro lento. —No lo entiendes.
—Tienes razón, no lo hago.
Más silencio. Luego susurra—: El honor es todo lo que me queda. La
Tempestad. Mi juramento. Quítame eso y no tengo nada.
Lo dice sin autocompasión. Pero me hace sentir mal por ella de
todos modos. No puedo imaginar cuán solitarios han sido estos últimos diez
años para ella, escondida en esa choza en ruinas.
—Y eso sólo sería el inicio —añade—. Eres nuestro futuro rey. Ellos
podrían descartar mi acto como traición. Encerrarme tan lejos bajo tierra
que el viento no sería nada más que un recuerdo.
—¿Harían eso? ¿Por un beso?


196
—Por un lazo. La unión de nuestro rey prometido, la cual ha sido
organizada cuidadosamente. Tu vida tiene que ser manejada de la mejor
manera posible, para beneficiar a todos. Incluyéndote.
—Manejada.
—Tienes tremendo poder, Vane. Quieren asegurarse que no te
conviertas en otro Raiden. Incluso como un Caminante del Oeste, no se
sabe cómo afectará tu mente el poder de cuatro. No hay ningún otro
Caminante del Oeste para que lo emparejen contigo, así que escogieron
a Solana. Su familia estaba compuesta por los más sumisos y más humildes
de nuestra especie; esa es la razón por la que eran nuestra familia real.
Elegimos gobernantes que pondrían el bien de las masas por encima de
ellos mismos. Quienes serían generosos, bondadosos y justos. Y unirte con
ella mejorará esas cualidades en ti. Te hará ser un buen rey.
—¡Pero no quiero ser rey!
—Eso no cambia quien eres. Y no cambiará el hecho de que parte
de mi trabajo es asegurarme que no te enlaces a nadie. Así que si lo
haces, yo voy a ser responsable. Tal vez no te importa lo que me pase,
pero…
—Por supuesto que me importa. —La luz se vuelve amarilla y me
detengo, agradecido de que puedo volverme hacia ella de nuevo—. Me
importa mucho lo que te pasa.
Es más de lo que quería decir, y tengo que mirar hacia otro lado.
Se mueve en su asiento. —Entonces prométeme que te alejarás de
esa chica.
Me río. —Estoy bastante seguro de que me daría una patada en la
entrepierna si me presento de nuevo. Pasaré eso de largo.
—De otras chicas también, Vane. Incluso de mí.
Las últimas palabras son un susurro. Casi una súplica.
Me concentro en la carretera cuando nos comenzamos a mover de
nuevo.
—Se supone que tienes que estar con Solana —presiona—. Cuando
la conozcas, te vas a dar cuenta de que has perdido todo este valioso
tiempo y energía tratando de prevenir lo mejor que te ha pasado.
No hay ninguna posibilidad de que eso ocurra. Pero no tiene sentido
discutir con ella. Por ahora.
—Bien —murmuro.
Traga varias veces antes de hablar de nuevo. Cuando lo hace, su
voz suena tensa. —No te vas a arrepentir. Te lo prometo.


197
No estoy tan seguro de eso.
Pero estoy seguro de una cosa.
Nunca he sentido nada parecido a lo que siento cuando estoy
cerca de Audra, y si necesitaba convencerme, sentir la diferencia con
Hannah esta noche lo probó.
Audra es la indicada. Mi cabeza lo sabe. Mi corazón lo sabe. Incluso
mis sentidos lo saben.
Así que si sólo puedo a enlazarme a una chica para toda la vida, sé
con quién será.


198
34
Audra


o quiero salir del coche.
Escondidos en el espacio privado, con el viento fluyendo
por la ventana y la noche envuelta a nuestro alrededor,
Vane y yo llegamos a algún tipo de tregua. No puedo evitar
sentir que se desvanecerá tan pronto como estemos afuera.
Vane duda mientras apaga el motor. Tal vez teme lo mismo.
Entonces, abre la puerta y sale a la sofocante oscuridad.
Intento seguirlo, pero no puedo lograr desenganchar el absurdo
sujetador del asiento. Afortunadamente encuentro el interruptor antes de
que Vane abra la puerta y me ayude —lo último que necesito es otro
choque de su extraño calor.
—¿Todavía tenemos que entrenar esta noche? —pregunta, mirando
hacia la casa de sus padres en vez de a mí.
Tiene tanto que aprender. Y tenemos tan pocos días. Mis ojos se
disparan involuntariamente hacia el cielo, buscando rastros de una
tormenta.
Las estrellas me titilan, prometiendo una noche tranquila.
Mi madre debe estar manteniendo su promesa. De lo contrario, ya
nos hubieran encontrado.
Necesito darle el mejor uso al tiempo extra.
Pero debo reagruparnos. Decidir qué haremos de ahora en
adelante.
—No has visto a tu familia en todo el día. Probablemente deberías
quedarte en casa esta noche. Comenzaremos temprano mañana para
compensarlo.
N


199
Asiente. —Bien… Buenas noches.
Me retiro hacia el bosque antes de que pueda decir algo más. En el
camino a mi refugio recupero mi chaqueta y la Windslicer de dónde las
había desechado en mi apresurada huida. Ambas están cubiertas de
insectos y suciedad. Es como si este lugar invadiera todo, contaminándolo,
ahogándolo, intentando arruinarlo. No dejaré que haga lo mismo
conmigo.
Gavin chirrea desde su posición en el alféizar de la ventana cuando
tropiezo dentro de de casa. El pobre pájaro ha sido gravemente
descuidado estos últimos días.
Acaricio las plumas de su cuello y miro por la ventana. La luz de la
luna brilla lo suficiente para dejarme ver mi reflejo en el agrietado y sucio
vidrio. Luzco pálida. Sombras oscuras bordean mis ojos, y hebras de cabello
se han liberado de mi trenza, sobresaliendo en salvajes mechones
irregulares. Difícilmente atractivo.
Mi mente me muestra una imagen de la chica con la que Vane
estaba esta noche.
Suave cabello rubio.
Suave ojos azules.
Suaves dedos entrelazados alrededor de la mano de Vane.
Él me eligió a mí.
La idea se siente extraña.
Pero también es verdad.
La emoción que me hace sentir está mal por más razones de las que
puedo contar, pero aun así la siento.
Mi cabeza duele gracias a la firme trenza, y es demasiado para que
mi cansado cerebro lo aguante esta noche. Desato el prolijo nudo al final
de ella dejando que mi cabello se suelte, finalmente aflojando la presión.
Las oscuras y onduladas hebras se establecen alrededor de mi rostro.
Nunca seré glamorosa como mi madre. Tengo demasiado de mi
padre en mí. Su mandíbula cuadrada y nariz estrecha. El bajo arco de mis
cejas.
Aun así, hay algo oscuro y misterioso en mi reflejo en la ventana. Algo
sorprendente y poderoso.
¿Es eso suficiente para llamarme hermosa?
¿Qué ve Vane cuando me mira?


200
Me doy vuelta, tentada a golpear el vidrio. Estoy corriendo el mayor
peligro de mi vida, y estoy jugando con mi cabello preguntándome si el
chico que no puedo tener —y que me niego a permitirme desear— piensa
que soy linda.
Es tiempo de controlarme, y ahora.
Vuelvo a trenzar mi pelo, tirando las hebras más apretadas que
nunca. Si sólo pudiera hacer lo mismo con mis sentimientos.
No puedo. Así que haré la otra mejor opción.
Me pongo mi chaqueta, desenvaino mi Windslicer, y salgo hacia el
claro más amplio en el bosque. La noche aún está llena de los sonidos de
los roedores deslizándose y el canto de los insectos, y el aire cálido hace
que la ropa se pegue a mi piel. Pero no me importa.
Doblo mis rodillas, en cuclillas en mi postura inicial. Dos respiraciones
profundas me brindan enfoque. Luego, me lanzo a mis ejercicios
memorizados.
Rebano y apuñalo. Me inclino y giro. Corro entre los árboles y doy
volteretas en los aires. Me lanzó hacia el suelo y salto de pie. Presionó a mis
flexibles músculos lo más que puedo, ignorando el peso extra del agua, y la
quemazón adicional en mis extremidades.
El sudor empapa mi uniforme y jadeo en busca de aire. Aun así me
deslizo y empujo, arrancando hojas de las palmeras, rebanando troncos,
cortando el aire con un arrebato de fuerza y velocidad.
Esto es lo que soy.
Una luchadora.
Una guardiana.
Más fuerte que los Stormer.
Más fuerte que Vane.
Más allá de toda emoción.
No cedo ante el miedo, la lástima, o el amor. Soy quien tiene el
control.
El recordatorio recarga mi cansado cuerpo con un estallido
adicional de energía, y giro la cuchilla con venganza. Mis pensamientos se
desvanecen. Mi cerebro da un paso atrás, dejando a mis extremidades
recordar los movimientos por su cuenta. Correr por instinto.
Mis músculos palpitan, pero el dolor es liberador. Me ayuda a aclarar
mi propósito.
Vane necesita tener el cuarto descubrimiento.


201
No soporto esperar a que ocurra. Tengo que desencadenarlo yo
misma.
Pero, ¿cómo?
Mis piernas se vuelven de goma y colapso en el suelo pegajoso y
cubierto de dátiles. Alcanzo la ráfaga del Este más cercana y la tiro a mí
alrededor para que me ayude a enfriarme. Y mientras escucho su canto
me doy cuenta…
Viento.
Vane necesita la máxima exposición a las ráfagas del Oeste.
Mientras más vientos lo bombardeen, más posibilidades hay de que
encontrará una manera de respirar uno y lo dejará reposar en su
conciencia. Para escucharlo.
Tal vez no sea capaz de llamar a los vientos del Oeste a él.
Pero puedo llevarlo a los vientos del Oeste.
Esta noche.
Ahora.
Funcionará. Tengo que creer que va a funcionar.
Y si no es así, dudo que algo más lo haga.


202
35
Vane

ostezo por millonésima vez, sacudiendo la cabeza mientras mis
ojos desenfocados miran fijamente la interminable extensión
vacía de autopista. Apunto el ventilador de aire
acondicionado a mi rostro para permitir que el aire frío me mantenga
despierto.
—Sabes, cuando dijiste que vendrías a por mí un poco más
temprano —le digo a Audra—, estaba pensando como a las cuatro y
media, lo cual sigue siendo ridículamente temprano, por cierto. ¿Pero las
dos de la mañana? ¿Estás intentando matarme?
—Necesito saber si esto va a funcionar. —Suena demasiado alerta
para esta hora de la noche. ¿Acaso nunca se cansa?
Sus palabras me golpean entonces. —¿Si? Pensé que dijiste que
funcionaría.
Se mueve en su asiento. —Nada está garantizado. Pero debería
funcionar.
“Debería” es muy diferente a “lo hará”. —¿Y si no lo hace?
Silencio.
Supongo que eso significa que no hay un plan B. Aunque, la verdad,
estoy sorprendido de que haya encontrado un plan A.
Pasamos un cartel que dice LOS ANGELES 130 KILÓMETROS.
Me quejo. —Recuérdame por qué no estamos volando hasta allí.
—No estaba segura de tener la energía para llevarnos allí y volver.
El cambio en su tono hace que me vuelva hacia ella. Está jugando
con los extremos de su trenza. Tiende a hacer eso cuando está
ocultándome algo.
B


203
Estoy tentado de sonsacárselo, pero tengo mejores preguntas que
hacer. A mi modo de ver, este viaje es una hora y media sin interrupciones
de tiempo de “Pregúntale a Audra” —y voy a conseguir algunas
respuestas.
—Entonces —digo, intentando averiguar por dónde empezar—,
suponiendo que esto funcione, y tenga el descubrimiento de la Ráfaga del
Oeste o lo que sea, ¿a dónde vamos desde ahí?
Lo considera, como si no hubiera pensado en ello. Lo que dice
maravillas acerca de lo insegura que está. —Supongo que contactaré con
mi madre para que pueda enviar la palabra a la Tempestad.
—¿Tu madre? ¿Tu madre, a la que acudiste hace un par de noches?
¿La que rechazó tu solicitud de un refuerzo?
—Está ayudando tanto como puede.
Resoplo. —Si eso fuera verdad, tendríamos un ejército entero a
nuestro lado.
—También es un guardián, Vane. Está limitada por su juramento de
servir tanto como yo. Las conexiones personales no pueden interponerse
en el camino.
Su voz es tranquila. Independiente.
Pero no me creo eso de que no le importa. Quiero decir, amigo, ni
siquiera comparto sangre con mis padres, y aun así, sé que harían
cualquier cosa para mantenerme seguro. Incluso si significa romper la ley,
juramento, código o lo que sea. Y así es como debe ser.
Así que no puedo evitar decir—: Tu mamá suena dura.
—Puede serlo —murmura en voz baja—. Especialmente desde…
Sé lo que quiere decir, incluso aunque no termina. —¿Era mejor antes
de eso?
—A veces.
Se queda en silencio y me imagino que eso es todo lo que va a
decir. Pero entonces añade—: Solía encantarle verme hacer la danza de
los pájaros.
—¿Danza? —no puedo evitar imaginarme un montón de palomas
moviendo sus cuellos de forma espasmódica al compás.
—Si he conectado con un pájaro puedo ordenarle revolotear, girar y
voltear a través del cielo. Mi madre solía tumbarse a mi lado en la hierba y
les observábamos atravesar las nubes. Decía que era la única forma en
que yo le recordaba a sí misma.


204
Su voz suena más cálida, más ligera con el recuerdo.
—Entonces, ¿qué hace tu madre como guardián, además de darle
la espalda a su hija cuando la necesita?
Audra ignora mi comentario. —Vigila los vientos. Puede sentir cosas
en las rachas, huellas, advertencias y secretos. Y usa a sus pájaros para
enviar esa información a la Tempestad, para que estén al tanto de
cualquier posible peligro. En este momento está usando su don para parar
a los Stormer todo el tiempo que pueda, y avisar cuando se acerquen.
Espero tener noticias de ella cualquier día.
Cualquier día.
Sé que el tiempo está agotándose rápidamente, pero me pone la
piel de gallina escuchar lo poco que nos queda.
—Así que, ¿cuál es el nombre de tu madre? —pregunto, en parte
para pensar en otra cosa, pero mayormente porque tengo que saber si el
nombre que oí en mi sueño es real.
—Arella.
—Arella. —Eso explica por qué es la que le dijo a mi padre que
teníamos que trasladarnos otra vez. Debe de haber captado el rastro de
los Stormer con anticipación.
También significa que Audra me mintió cuando dijo que mis
recuerdos se habían ido para siempre. Me lo imaginaba. Pero ahora lo sé
con seguridad.
Necesito saber por qué.
Hasta el momento, ninguno de los fragmentos que he recuperado
me ha dado ninguna pista. Y apenas había empezado un sueño esta
noche, cuando Audra me arrancó las sábanas y me sacó a rastras de la
cama. Lo cual fue bastante sexy, en realidad. Ella puede…
—¿Me has oído? —pregunta Audra.
—Perdón, ¿qué decías?
—Decía que la Tempestad enviará refuerzos si tienes el cuarto
descubrimiento esta noche.
—Oh, seguro. Enviar ayuda después de tener el gran descubrimiento
que me hace invencible o lo que sea. ¿Por qué molestarse en protegerme
ahora, cuando soy vulnerable? Idiotas.
Suspira.


205
—Es cierto, y lo sabes. ¿De verdad esperas que me crea que no te
importa que prefieran permitir que te sacrifiques a ti misma para salvarme,
en vez de enviarte refuerzos?
—Simplemente creen en mí. Creen que soy lo suficientemente fuerte
para manejar esto.
—Incluso si lo hacen, todavía están jugando con tu vida. Y la mía.
No puede discutir contra eso.
—¿Y cómo exactamente me ayuda que te sacrifiques a ti misma?
Incluso si eliminas a los Stormer, todo lo que eso deja es a mí aquí como un
blanco fácil, sin un modo de ponerme en contacto con la Tempestad, solo
esperando que Raiden envíe a alguien más para venir a buscarme. Un
plan brillante, chicos.
—No sería así. Mi madre sabría lo que ha sucedido y enviaría a la
Tempestad inmediatamente.
—Entonces, ¿por qué no hacerlo en primer lugar? ¿Por qué dejar a
su hija morir primero?
—No lo entiendes.
—Tienes razón. ¿Qué clase de personas esperan que alguien
sacrifique su vida para salvar a alguien más, cuando podrían enviar
ayuda?
—Porque la Tempestad está bajo el constante ataque de Raiden. No
pueden prescindir de nadie ahora mismo solo para salvar mi insignificante
vida.
—Tú no eres insignificante —dejo escapar antes de que pueda
detenerme.
Se aclara la garganta. —Además, no estarías indefenso. Te pasaría
mis poderes. Te daría mi conocimiento y habilidades, permitiéndote
inhalarme.
—¿Por qué eso suena tan horripilante?
—Te aseguro que no lo es. Simplemente no sabes cómo funciona el
máximo sacrificio.
Inhala antes de continuar. —Tenemos dos formas. Nuestra forma
terrenal y nuestra forma de viento. Nuestra forma de viento es infinitamente
más poderosa. Somos casi invulnerables al daño, y nos da todo otro
arsenal con el que luchar. Si no tienes vínculos con la tierra, puedes
cambiar entre los dos. Como hice en tu habitación hace unas pocas
noches. Rara vez se intenta y es difícil de conseguir y muy doloroso. Pero es
posible.


206
—¿Y si tienes agua o comida en tu sistema?
—Entonces las partes que estén ligadas a la tierra se derrumbarán y
se desprenderán en el cambio, y no serás capaz de reclamarlas. Es por eso
que el agua me debilitó tanto. Estoy atada a la tierra hasta que la última
gota se haya ido.
Es demasiado tarde en la noche para que mi cerebro entienda
conceptos locos como este. —Pero si eso sucediera, no estarías realmente
muerta. Solo serías viento, ¿verdad?
—Sí. Pero has sacrificado permanentemente tu forma de viento. La
vida como la conoces se ha acabado. Y el último sacrificio requiere que
sacrifiques tu forma de viento, también. No sé mucho sobre ello, solo ha
sucedido otra vez, además de mi padre.
Su voz se quiebra y se aclara la garganta antes de continuar. —
Como yo lo entiendo, dejas que los vientos te destrocen y abordas la
tormenta pieza a pieza en una unidad, el bombardeo de una masa. Tu
conciencia se queda contigo el tiempo suficiente para permitirte susurrar
miles de órdenes que fragmenten la tormenta y destruyan a cualquiera en
su interior. Pero tú te dispersas con los vientos. Y no hay forma de que
vuelvas a unirte antes de que tu conciencia se desvanezca.
Mi puño se aprieta sobre el volante.
De ninguna manera voy a permitir que haga eso.
—Pero a medida que te entregas a ti mismo, puedes entregarle tus
poderes a alguien. De esta forma el talento no se pierde. Mi padre… —su
voz se atasca de nuevo y hace una pausa para tomar otra respiración—.
Mi padre me entregó su don cuando se sacrificó. Es por eso que puedo
caminar tan fácilmente sobre los vientos. Por eso soy guardián siendo tan
joven. Y si tengo que sacrificarme, te lo entregaré a ti.
—No lo quiero. —Mis manos tiemblan tanto que casi nos desviamos
hacia el arcén—. No quiero tu talento. No vas a hacer eso, Audra. No me
importa lo mal que se ponga la situación. Prométeme eso.
—Sólo lo haré como último recurso. Pero haré el sacrificio si es
necesario. Y no hay nada que puedas hacer o decir para detenerme.
Me arden las palmas de apretar el volante con tanta fuerza.
Se equivoca. Hay algo que puedo hacer para detenerla.
Puedo conseguir el cuarto descubrimiento.
Piso más fuerte el acelerador, rompiendo el límite de velocidad sin
que me importe.


207
Las Ráfagas del Oeste y yo tenemos una cita. Y no tengo ninguna
intención de fallar en esto.


208
36
Audra

l aire salado me golpea tan pronto como abro la puerta del
auto, así como también lo hace una fuerte brisa oceánica que
canta en un idioma que no comprendo. Las Ráfagas del Oeste.
Vane se estaciona casi frente a la playa, y caminamos por el vacío
estacionamiento hacia la enorme estructura de madera que llega hasta la
mitad del océano. El Muelle de Santa Mónica.
Son casi las cuatro de la mañana, y la noche se encuentra
despejada, con el denso viento barriendo cualquier tipo de neblina o
nube. El parque de diversiones en medio del muelle se encuentra
básicamente oscuro, y un enredo de líneas y formas entrelazadas con
bordes de luces brillantes en rojo y azul se muestra en contraste con el
negro y estrellado cielo. Todas las tiendas y restaurantes están cerrados. Lo
único alumbrado son las luces de la calle que se encuentran alineados a lo
largo del muelle. Este lugar fue construido para muchísima gente, pero
ahora mismo se encuentra vacío, excepto por algunos pescadores
sentados en silencio junto a sus cañas de pescar en los bancos dispersos.
La soledad es misteriosa. Me siento expuesta —vulnerable— mientras
intento mantener el paso de Vane. Él sube las escaleras de madera como
un hombre con una misión.
Al pisar el muelle, las Ráfagas del Oeste aumentan velocidad,
llenando mi cabeza con su melodía desconocida. Me inquieta estar
rodeada de vientos que no puedo comprender. Es como ser acosada por
extraños.
Pero este lugar sí es familiar.
He estado aquí una vez, un día que enterré profundo en mi memoria,
junto a todas las otras cosas que son demasiado dolorosas para pensar.
E


209
Multitudes de personas me rodean, bloqueando mi vista de Vane y
su nueva familia mientras caminan por el muelle.
Mis piernas abatidas se encuentran cansadas de estar de pie en las
sombreas mientras sus padres le compran espirales derretidos de helado y
dulces rosas esponjados, y cubos de palomitas, y lo suben a juegos que
hacen que gire y ruede y de vueltas.
Vane logra tener la vida perfecta, la vida feliz. Yo sólo puedo
observar desde lejos.
Por primera vez, desde que me uní a la Tempestad, me siento
tentada a irme. Tomarme un descanso de entrenar para pelear y matar.
De dominar los vientos. De ser la sombra de Vane. Para hacer algo por mí
misma.
Miro fijamente a las gaviotas deslizándose sobre el agua ondulante.
Me llaman, me piden que me una a ellas, y no puedo evitar preguntarme
por cuánto podría volar por mi cuenta. ¿Sería lo suficientemente lejos para
olvidar? ¿Lo suficiente para ser libre?
Me acerco hacia las barandas.
El papá de Vane lo llama para que los siga, y obedientemente
vuelvo a mis deberes. Los sigo dentro del lujoso edificio con el borde azul y
las ventanas arqueadas. La habitación hace eco de la música y las
conversaciones, y veo como Vane recorre el carrusel, seleccionando su
caballo favorito. Elige un semental gris con una silla de montar roja y
melena negra.
Me detengo para mirar el familiar edificio, teniendo que recordarme
que no estamos hace nueve años. Las puertas se encuentran cerradas y
las ventanas oscuras, pero cuando entrecierro los ojos frente al vidrio,
puedo ver los ponis pintados devolviéndome la mirada con sus ojos sin
vida. Y puedo ver la máquina que dice la fortuna en la que me había
escondido a un lado. En el lugar, escuché una voz tan conocida que hizo
que mi corazón se detuviera.
—Audra.
—¿Papá? —grito, atrayendo demasiada atención hacia mí, y sin
importarme en lo más mínimo. Empujo a las personas fuera de mi camino, y
corro a cada hombre que veo, pero ninguno de ellos es él.
El carrusel comienza a girar y se siente como si el resto del mundo
estuviera dando vueltas alrededor de mí. La música suena más fuerte,
haciendo que escuchar sea mucho más difícil. Pensar más difícil, no puedo
separar las voces, y mucho menos encontrar la que necesito. Varios de los
humanos me preguntan qué sucede, pero los empujo. Estaré en grandes
problemas con la Tempestad por provocar tanto espectáculo, pero no me


210
importa. Necesito encontrar a mi papá. Decirle que lo lamento. Rogarle
que se quede.
—Audra.
Me giro hacia el sonido y mis ojos se cruzan con los de Vane mientras
pasa corriendo junto a mí. Sólo mantenemos nuestras miradas durante
algunos segundos, pero es claro: Me conoce.
Jadeo cuando alguien toma mi hombro.
—Oye, tranquila —dice Vane, sosteniendo sus palmas hacia arriba.
Mostrándome que no quiere hacerme daño.
Aprieto mi pecho, deseando poder llegar hasta adentro y estabilizar
mi loco corazón.
—¿Qué sucede? Un segundo estabas detrás de mí, y al otro te
encuentro aquí, presionada contra el vidrio, tan blanca como un
fantasma.
—Tú me viste ese día.
—¿Qué?
Luego de que Vane me viera, la voz de mi padre desapareció. No
sabía en realidad si parte de él se encontraba allí en verdad o si todo fue
un gran error, pero sí recordaba que le había prometido que cuidaría de
Vane. Nunca más me permití a mí misma olvidarme de eso. Y nunca me
permití pensar en ese día ni en lo que significaba. La cual es la razón por la
que, probablemente, haya olvidado la parte más importante de ese
recuerdo.
—Hace nueve años, viniste aquí con tu familia —le recordé—. Te
seguí para mantenerte a la vista. Y mientras montabas en el carrusel, me
viste en la multitud, y me reconociste.
No debió haberme reconocido.
Se supone que debí ser borrada.
Mira hacia el espacio y una lenta sonrisa se expande por sus labios.
—Había olvidado eso. Esa fue la primera vez que comencé a creer que
eras real. Quería saltar del carrusel y encontrarte, pero mi mamá tenía sus
brazos apretados a mí alrededor. Y para el momento en que la ronda
había terminado, ya te habías ido. Supuse que debí haber imaginado
verte.
Algunos segundos de silencio pasan mientras digiero eso.
—Entonces, ¿cómo funciona? —pregunta—. ¿Cómo hacías para
que soñara contigo todas las noches?


211
—¿Sueñas conmigo?
La idea revuelve tal mezcla de caliente y frío que no sé por cuál
sensación decidirme.
—Así fue como te reconocí. —Mantiene su voz baja mientras un
pescador pasa a nuestro lado, silbando una tonada que se siente
demasiado alegre dadas las circunstancias—. He soñado contigo casi
todas las noches desde que tengo memoria.
Nunca me di cuenta. Había asumido que sólo me reconoció por las
pocas veces en que me había revelado a mí misma. Pero si está soñando
conmigo…
Sólo hay una forma de que eso sea posible. Su mente tendría que
separar mi voz del susurro del viento. Podemos hacerlo con las personas
que nos importan. Como la noche en que había soñado con mi padre
luego de que me enviara sus canciones de cuna.
Pero… ¿Cómo podría importarle a Vane? Antes de que sus
recuerdos fuesen borrados, apenas me conocía. Y no fue suficiente para
que pudiera encontrar mi voz en el viento y adjuntarla a mi recuerdo—un
recuerdo que debió haber olvidado.
Tendría que amarme.
—¿Estas seguro que soy yo? —pregunto, buscando alguna otra
explicación.
—Créeme, eres tú.
Existen docenas de formas de amar a alguien. Pero, ¿cómo podría
Vane Weston sentir cualquiera de esas cosas por mí —especialmente en
ese entonces?
—Tu cabello siempre está suelto —añade en silencio.
—¿Suelto?
—Sí. No está atado. Está libre… y hermoso.
Su voz es suave. Tierna. Atada al tipo de emociones de las que
necesita desprenderse.
No debería encontrarme con su mirada—sé lo que veré. Pero es
como si me atrajera hacia él, y cuando nuestros ojos se encuentran, veo la
misma intensidad que había visto tantas veces en mis pocos días con él.
Siento cómo el aire se calienta cuando se acerca un poco más, y no
puedo creer que estemos aquí otra vez. Tengo que decir algo—hacer algo
para detener esto. Pero mi cabeza gira demasiado rápido. No puedo
pensar.


212
—¿Por qué no volamos hasta aquí, Audra? —pregunta—. Debiste
haber volado hacia aquí cuando me seguías de niño. Así que, ¿por qué no
esta noche, cuando estamos tan apurados?
—No podía. —Las palabras de deslizan de mi boca antes de poder
pensarlo bien.
—¿No podías qué?
Miro a otra parte, intentando recuperarme. Intentando no
imaginarme envuelta en sus brazos, rodeada de nada más que viento y
oscuridad y estrellas. Nuestro calor volviéndose uno mientras sus manos se
deslizan por mi cintura…
—Estaba demasiado cansada —respondo, finalmente.
—¿Es debido al agua? —pregunta.
No quiero que dude de mi fuerza. Pero la mentira es más fácil que
decir la verdad. Así que asiento.
Se acerca un poco más y toma mi mejilla, muy gentilmente. —
Lamento habértela dado. No me di cuenta…
—Lo sé —suspiro. Me inclino contra su mano, cerrando los ojos y
dándome un segundo para permitir que su calidez borre el frío que se
asienta dentro de mí por los vientos extraños y los recuerdos aún más
extraños. Luego giro mi cabeza hacia otro lado.
—Deberíamos comenzar. Estamos perdiendo tiempo.
Se aleja un poco. —¿Dónde quieres hacer esto?
—Justo al final. Los vientos deberían ser más fuertes allí.
Espero que se gire y lidere el camino, pero estira su mano hacia mí.
Cuando no le doy la mía, suspira. —Estamos juntos en esto, ¿no?
—Sí.
Debería protestar. Pero luego de la montaña rusa de emociones a la
que acababa de subirme, no estoy segura de poder seguir por mi propia
cuenta.
Tomo su mano.
Olas de calor suben por mi brazo cuando nuestros dedos se
entrelazan, y siento a Vane temblar al mismo tiempo que yo. Ninguno dice
ni una palabra mientras caminamos hacia el borde del muelle. Se siente
como si ambos estuviésemos sosteniendo nuestra respiración. Esperando.
Para qué, no estoy segura.
Con suerte, para un nuevo comienzo.


213
Pero en el fondo, se siente como el principio del fin.


214
37
Vane

enía tantas ganas de inclinarme y besarla, que creí que mi
cuerpo podría explotar con toda esa presión contenida—pero
luché contra el impulso.
No porque crea que es malo. No porque le tenga miedo a su
ejército. Demonios—si soy su futuro rey, entonces soy yo el que tiene el
poder. No hay manera de que les permita acusar a Audra por traición.
Pero Audra está demasiado… rota.
Es como si algo se hubiera destrozado en su interior hace años, y
hasta que no lo arregle, simplemente seguirá apartándome. Debo esperar
hasta que esté lista.
Mm —en verdad estoy comenzando a entenderla.
Genial.
El viento aumenta su velocidad mientras el muelle más nos lleva
hasta el océano. Intento escuchar sus cantos, pero todo lo que oigo es un
alto siseo, como de estática. Mis nervios hacen una gran bola en la boca
de mi estómago, y para el momento que llegamos al borde, tengo algo de
ganas de inclinarme a vomitar por la baranda.
¿Qué pasa si no puedo hacer esto?
¿Qué pasa si soy… defectuoso?
Maravilloso—como si necesitara aún más presión de la que ya tengo.
Ahora sí voy a vomitar.
El final del muelle se encuentra vacío, probablemente porque el
viento está muy fuerte. Me inclino contra el barandal azul e intento lucir
mucho más relajado de lo que en verdad me siento. —Entonces, ¿cómo
hacemos esto?
T


215
—No lo sé —admite Audra—. Supongo que debes inclinarte hacia
atrás, cerrar los ojos, y esperar a que tu instinto se encargue del resto.
Ese en verdad no es un plan muy bueno. Aunque no se me ocurre
nada mejor, así que me siento en una banca. Audra intenta soltar mi
mano, pero la jalo para que se siente a mi lado. Lo suficientemente cerca
para que nuestras piernas se toquen. —Te necesito conmigo para esto. En
caso de que necesite que me traigas de vuelta cuando tenga el
descubrimiento.
Su cuerpo irradia tanta tensión como calor, pero no se aleja.
Bien.
Intento concentrarme en las canciones. Se siente como si cincuenta
personas estuviesen susurrándome/gritándome al mismo tiempo en algún
idioma extraño.
—Sólo relájate —dice Audra—. Deja que tu mente flote con los
vientos. Sigue su camino y espera que te acepten.
Ese cae en la categoría de los consejos que suenan útiles pero que
en realidad no tienen ningún jodido sentido. Pero intento hacer lo que me
dice.
Sí… funciona tan bien como me lo imaginé.
Tampoco ayuda que la banca sea el asiento más incomodo alguna
vez inventado. Tablas de madera se entierran en mi espalda. Me
acomodo, y se entierran aún más. Intento inclinar mi cabeza hacia atrás,
pero mi cuello me duele. Me muevo de nuevo y mi trasero se duerme.
—¿Qué estás haciendo? —pregunta Audra mientras vuelvo a buscar
otra posición, esta vez acostándome sobre la banca, boca arriba.
Probablemente, se esté refiriendo al hecho de que recosté mi
cabeza sobre sus piernas. Oye, cuando veo una oportunidad, la tomo.
—¿Quieres que sea capaz de concentrarme o no?
Sus ojos se entrecierran, pero no me quita.
Genial.
Y de hecho… estar así de cerca de Audra hace que todo lo demás
se desvanezca. Me enfoco en cada uno de las Ráfagas del Oeste al
deslizarse sobre mi rostro y siento la tracción que sentí en la granja de
vientos.
Mi herencia llama a los vientos.
Pero ellos no responden.


216
Los minutos pasan. O quizá sean horas. Pierdo el rastro de la realidad.
Todo mi mundo se reduce a mí y esas brisas. Y mientras más mi mente
intente alcanzarlas, más se alejan ellas.
A Isaac le gusta jugar con el gato de su hermana con un puntero
láser. Siempre creí que era de lo más gracioso—pero al estar aquí,
luchando por agarrar algo que insiste en mantenerse fuera de mi alcance,
me siento mal por ese tonto gato, que persigue a ese punto rojo que
nunca atrapará.
El viento azota y da vueltas, y siento cómo mi cuerpo se mueve con
cada brisa. Pero sin importar lo que haga, no alcanzarán lo
suficientemente dentro de mí, a esa parte que las anhela tanto que en
verdad duele.
Luego… algo cambia.
Una pequeña ráfaga de viento me permite respirar en ella, y se
desliza dentro de mi mente. Va directo hasta mi conciencia, mezclando
sentimientos que no puedo entender porque no tengo nada con qué
compararlos. Lucho por enfocarme, tomando cada pedazo de mi mismo
que el viento necesite para hacer una conexión. Pero no puedo encontrar
lo que quiere, y mientras más tiempo está allí, más fuerte destroza.
Chispas se iluminan detrás de mis ojos y mi estómago se acalambra.
Quiero vomitar, pero no puedo moverme, no puedo pensar. Sólo puedo
quedarme allí recostado mientras millones de aguas diferentes se
atraviesan en mi cráneo y golpean contra mi cerebro.
Me escucho gruñir.
—¿Qué sucede?
Es la voz de Audra. Sé que debo contestar, pero la pulsación se ha
apoderado de mi cuerpo. Ya no soy Vane. Soy un bulto de dolor.
—¿Vane? —llama Audra—. Vane, despierta.
Su cálida mano se presiona contra mi frente—o asumo que lo hacen,
basado en los choques eléctricos que me sacuden.
Pero no son lo suficiente para sacarme de mi agonía.
Mi cerebro se confunde y no puedo luchar más. La oscuridad me
engulle por completo.


217
38
Audra

o está sucediendo. No hay manera posible de que esto
pueda estar sucediendo de nuevo. Todo mi cuerpo se
estremece mientras a tientas busco tener un mejor agarre del
cuerpo sin fuerza de Vane.
Sacudo sus hombros, tratando de hacerlo despertar.
No sirve de nada.
Su pecho sube y baja, pero son respiraciones lentas y poco
profundas.
¿Por qué no se despierta?
Aprieto sus manos. Susurro una súplica en su oído. Sujetándolo lo más
fuerte que puedo. Todas las cosas que lo habían hecho regresar antes.
No responde.
Así que golpeo su cara. Lo sacudo. Grito su nombre—sin importarme
si alguien me escucha. Pruebo cualquier cosa —todo— lo que se me
ocurre.
Él todavía está ahí acostado. Completamente fuera de mi alcance.
Esto no es como los descubrimientos, cuando pude ver su cuerpo
cerrándose, rindiéndose a los vientos. Esto es como si hubiera abandonado
su cuerpo por completo, y todo lo que estoy sosteniendo es una cáscara
fría y vacía.
No sé cómo traerlo de vuelta.
Saboreo la bilis mientras una imagen de Vane pasando el resto de
sus días en esta inútil media vida pasa por medio de flashes a través de mi
mente. Sin valor. Sin esperanza.
Es mi culpa.
N


218
Golpeo con mis puños su pecho, y su respiración suena como un eco
en sus pulmones. Como una agónica respiración.
Algo dentro de mí se rompe.
Todo —el miedo, el estrés, la ira, el dolor, el pesar y la tristeza, la
duda, el deseo y la confusión— estallan en un elevado arranque de
agitados sollozos.
Él me dejó.
¿Cómo pudo dejarme?
¿Y qué se supone que debo hacer ahora?
Nada.
Nada, excepto sostener su cuerpo inerte y llorar. Por Vane. Por mí.
Por cada error que he cometido.
Y por diezmillonésima vez, desearía haber muerto yo en lugar de mi
padre.
Él probablemente habría sabido qué hacer.
Tal vez todavía lo hace.
Doy la vuelta hacia las solitarias Ráfagas del Este sobre el océano y
las llamo a mi lado.
—Por favor —susurro mientras los pequeños capullos nos rodean—,
por favor, papá, si dejaste alguna parte de ti antes de que te fueras, por
favor dime qué debo hacer. No puedo perder a Vane. No ahora. No de
esta manera; por favor, papá, ayúdame a despertarlo.
Los segundos corren en silencio y me rindo. Libero mi posición sobre
las Ráfagas del Este, dejo que floten lejos, con mi última esperanza.
Cierro los ojos, acuno a Vane en mis brazos apoyando mi cabeza
sobre su pecho, empapando su camisa con mis lágrimas.
—Lo siento, Vane. No sé si puedes oírme o si estás ahí. Pero lo siento.
No sólo por esto. Por todo.
Es lo más cerca que he estado de una confesión, y cuando las
palabras salen de mis labios siento que una pequeña parte de la carga
que he llevado durante tanto tiempo escapa con ellas.
Mi cabeza se despeja un poco, y mientras lo hace, escucho un débil
y cercano susurro de una Ráfaga del Este que antes no había notado. Su
canto es similar a las típicas melodías de las Ráfagas del Este que he
escuchado toda mi vida, una canción de la constante lucha por la
libertad. Pero cuatro palabras sobresalen sobre las demás.


219
Enjaulado por el pasado.
Los vientos se pueden llamar, domar y controlar. Pero nunca se
pueden enjaular.
Esto tiene que ser un mensaje.
Pero, ¿cómo puede Vane estar enjaulado por el pasado? Ni siquiera
recuerda su pasado.
A menos que ese sea el problema.
Mi corazón se acelera rápidamente igual que mi mente, siento que
me mareo.
¿Qué pasaría si su conciencia hubiera perseguido a los Caminantes
del Oeste en la profundidad del abismo mental que mi madre creó para
almacenar sus recuerdos? ¿Podría quedar atrapado allí?
Extiendo mis manos al sentir el lento tirón de una Ráfaga del Sur. Por
un momento no encuentro nada. Entonces siento una suave picazón en mi
pulgar, en el borde más lejano de mi alcance.
Mi voz tiembla cuando la llamo hacia nosotros.
La cálida y soñolienta brisa se arremolina a mí alrededor y en la parte
de mis labios para ordenar la mente de Vane. Pero mi voz me traiciona.
La orden liberará los recuerdos ocultos de Vane.
Todos.
Me abrazo a mis temblorosos hombros y respiro profundamente.
Esto es más grande que mi vergüenza secreta o de cómo va a
cambiar Vane una vez que lo sepa. Esto se trata de salvar su vida.
Si es que funciona, me recuerda mi parte egoísta.
No puedo creer que esté sentada discutiendo conmigo misma
cuando Vane podría irse más lejos.
Agarro las manos de Vane y susurro la orden, ignorando el miedo
que me apuñala con cada palabra.
—Deslízate con su aliento y luego cae en libertad. Suelta lo que ha
estado oculto y regresa a mí.
Las Ráfagas del Sur tienen una cualidad magnética. Cualquier parte
de nosotros que las toca quiere seguirlas. Así que cuando mi madre borró
su memoria, envió una Ráfaga del Sur a su mente y le dijo que se enterrase
profundamente. Todos sus recuerdos fueron a la deriva junto con ella,
hundiéndose hasta el momento en su conciencia, ellos nunca volverían sin
un detonante.


220
Ahora los estoy trayendo de vuelta, esperando que Vane regrese
con ellos.
Los tirones de su cuello suben como una corriente de aire a la
cabeza y aprieto sus manos fuertemente, con la esperanza de que la
energía entre nosotros le impedirá ser atrapado por una Ráfaga del Sur. Es
sólo un viento débil, no las docenas que he utilizado de detonante para
provocar su descubrimiento. Pero en su estado alterado no sabría decir
qué efecto tendrá el viento en su conciencia.
Sus brazos se contraen, y mi aliento se contrae.
—Vane —susurro, inclinándome más cerca—. Por favor regresa.
Sus hombros se endurecen.
—Vane —lo llamo más fuerte—. Tienes que volver. Te necesitamos.
Tengo más palabras en la punta de la lengua, palabras que sé que
no debería decir. Antes de dejarlas salir, sus ojos se abren y toma una
temblorosa y profunda respiración.
Las lágrimas caen por mi cara y les envío un silencioso
agradecimiento a cualquier parte de los vientos que me ayudó a entender
qué debía hacer. No voy a permitir creer que mi padre me habló desde el
más allá. Pero sé que mi herencia me salvó.
Nos salvo.
Vane gira en mis brazos y tiro de él contra mí, escondiendo mi cara
en la curva de su cuello.
—¿Qué sucedió con…? —empieza a preguntar con una voz rota,
áspera.
—Shhh. —Aspiro el cálido y dulce aroma de su piel—. Todo va a estar
bien. Sólo descansa.
No discute. Solamente envuelve sus brazos a mí alrededor y me
acerca un poco más.
Llamo a la solitaria Ráfaga del Este y se arremolina a nuestro
alrededor, añadiendo mis susurros en su canción. La banca es fría, dura y
siento mi corazón pesado por todas las fuertes emociones que he
atravesado. Pero enredada en los brazos de Vane, finalmente me relajo.



221
39
Vane

e aferro a Audra, con miedo de perder mi agarre sobre ella.
Miedo a perder el contacto con la realidad.
Pero el rítmico patrón de su respiración en mi piel me
tranquiliza, y los susurros de la Ráfaga del Este llenan mi mente. Lo que me
hace dormir.
En el segundo en que quedo inconsciente, una oleada de recuerdos
golpea en mi cerebro. Una infancia entera fragmentada en pequeñas
porciones. Sonrisas, abrazos, risas, lágrimas. Rostros conocidos. Rostros
desconocidos. Lugares que no puedo reconocer. Lugares que siento como
casa. Todo entrelazado con diferentes emociones—amor, alegría, miedo,
ira, dolor, pena. Y el viento. Montones y montones de viento.
Quiero darle sentido a todo esto, Las piezas de mi pasado están
juntas de nuevo y finalmente me puedo sentir completo. Pero es
demasiado para procesar al mismo tiempo. Mi cerebro late tan fuerte que
lo quiero arrancar de mi cráneo.
Entonces los susurros de Audra se llevan lejos todo el caos y su rostro
llena mis sueños por primera vez en días. Su oscuro cabello se extiende
contra mi cara, y sus ojos tristes me miran mientras de sus labios salen
palabras que esta vez en realidad entiendo. Una disculpa silenciosa.
¿Por qué se está disculpando?
Ella no lo dice. Simplemente repite "lo siento" una y otra vez. Tan
suavemente, que se siente como si no quisiera que yo escuchara. Pero lo
hago.
Tiro de mí desde el sueño.
—Trata de relajarte —murmura Audra—. Tener tus recuerdos de
vuelta puede ser abrumador.
M


222
Tiro fuerte para alejarme de ella, me siento. —¿Sabes sobre eso?
Ella frunce el ceño y se sienta a mi lado. —¿Estaban regresando tus
recuerdos antes?
Mierda.
—He tenido algunos resurgiendo, desde los descubrimientos —
murmuro.
Sisea algo que suena como una palabrota. —Tendría que haberme
dado cuenta de que esto podría suceder. Las Ráfagas del Sur durante tu
despertar probablemente atrajeron unos pocos en su camino mientras
salían de tu mente.
No tengo idea de qué significa eso. Sin embargo, me dice una cosa.
—Así que… sabías que los recuerdos pueden volver. Es curioso,
considerando que me dijiste que eso era imposible.
Ella se aleja, como si necesitara tomar distancia de mi acusación.
Lo tomaré como un sí.
—¿Por qué me mentiste?
Sus manos se encuentran con su trenza y retuercen el final. —Pensé
que te estaba protegiendo. Tienes un montón de duros recuerdos de tu
pasado. Sinceramente, no entiendo por qué los querrías de vuelta.
Mi mente juega a través de algunos destellos de mis sueños. Todavía
no puedo darles sentido. Pero hay uno que se destaca.
Mi mamá, mi verdadera madre.
Por fin puedo recordar su cara.
Tengo seis años, estamos en un campo abierto, nuestras manos
entrelazadas fuertemente y me hace girar tan rápido que mis pies se
levantan del piso, girando conmigo en el viento. Se siente como volar.
Volteamos y volteamos hasta que los dos estamos tan mareados que
caemos en la hierba con un ataque de risa. Ella envuelve sus brazos
alrededor de mí y entierra mi cara en su enredado cabello castaño rojizo,
besa mi mejilla. Luego se inclina y toma mi barbilla y me hace mirar sus ojos
azules claros. Me dice que me ama. Que siempre estará ahí para mí. No
importa lo que pase.
Nunca me he sentido tan seguro y feliz.
—Porque también hay muy buenos recuerdos —le recuerdo Audra—.
La prueba de que mis padres me amaban, que yo los amaba. ¿Sabes
cuánto me preocupaba haber borrado los recuerdos de mi familia porque


223
pensaba que no los amaba lo suficiente para recordarlos? ¿Lo culpable
que me sentía?
Mi ira desaparece cuando veo la manera en que ella se estremece
al oír la palabra "culpa".
Bingo.
—¿Así que, mis recuerdos seguirán regresando? —la presiono.
—He quitado la barrera que los tenía bloqueados. No estoy muy
segura de cuándo o cómo van a regresar, pero todos van a reaparecer.
—¿Alguno en particular me debería preocupar?
Ella vacila antes de responder. —Tienes… un montón de dolor en tu
pasado.
—Puedo manejar el dolor.
—Espero que sí. —Sus manos tiran de los botones de su abrigo y traga
fuerte un par de veces—. Hay algo que deberías saber. Algo sobre el día
que tus padres murieron. Sobre lo que paso con ellos.
Mi estomago se tensa y a mi llega el recuerdo del árbol retorcido
con el que soñé hace varios noches. Cubierto de sangre.
¿Tendría Audra algo que ver con la muerte de mis padres?
¿Me importaría si ella tuviera que ver?
Mi corazón se prepara en extra tiempo al ver que sus labios se
separan, listos para liberar el secreto que ella ha estado ocultando por
tanto tiempo.
¿Qué pasa si es algo que no puedo perdonar?
Ella cierra los ojos y yo aguanto la respiración.
Todo depende de sus siguientes palabras, y no estoy seguro de estar
listo para escucharlas.


224
40
Audra

sto es todo. Es hora de despojarse de las capas y las mentiras
que he acumulado en lo alto de mi vergüenza secreta y mostrar
a Vane la oscura y fea verdad.
Si tan sólo pudiera encontrar las palabras.
Siento que mi voz ha caído lejos, dentro de la boca de mi estómago,
y se ha enredado con la amargura que me llena. Si trato de arrastrarla de
nuevo, me reducirá a un desmenuzado y agitado desastre.
Me centro en el sol de la mañana en mi piel. La brisa en el aire.
Calma. Tengo que mantener la calma.
Todo lo que tengo que hacer es decir: Fue mi culpa.
Tres simples palabras que han sido la suma total de mi existencia
durante los últimos diez años. Parpadean delante de mis ojos, haciendo
borroso al mundo. O tal vez esas son mis lágrimas.
Sólo dilo.
A lo mejor me odiará.
Me lo merezco. Pero no sé si voy a sobrevivir a ello.
Puedo ser valiente en el entrenamiento o en combate, pero soy una
cobarde. No puedo decirle la verdad a Vane Weston. Especialmente a
Vane Weston.
Lo cual es absurdo. Ya hice mi confesión cuando tenía siete años.
En aquel entonces él solo me abrazó más fuerte y empapó mi
hombro con sus lágrimas.
¿Va a reaccionar de la misma manera ahora?
E


225
¿O va a hacer lo que me merezco? ¿Me alejara por traicionarlo?
¿Por destruirlo?
Es más, ¿importa?
Vane no tuvo el cuarto descubrimiento y me niego a volver a
intentarlo. Su mente es demasiado frágil, está demasiado abrumado por
todo lo que le he hecho pasar. Los vientos podrían empujarlo demasiado
profundo otra vez. O deshacerlo. De cualquier manera, no tengo
oportunidad. No puedo intentarlo. Vane es demasiado importante.
Para la Tempestad.
Para nuestro mundo.
Para mí—aunque no debería permitir que lo fuera.
Así que si solo tengo un par de días antes de que me sacrifique, ¿es
demasiado esperar que su recuerdo de mi confesión no resurja hasta
después de que me haya ido? ¿Dejar este mundo sabiendo que a Vane
Weston le importo?
Es el deseo más aborrecible y egoísta que he consentido. Pero
bajando la mirada a mi muerte me hace permitirlo.
Me obligo a mirarlo a los ojos. —Tú... necesitas saber que viste a tu
madre morir.
Su boca forma varias palabras antes de hablar. —¿Por qué me dices
eso?
—Porque no quiero que tropieces ciegamente en el sueño.
—Fue un árbol, ¿no? —susurra.
Me estremezco al recordar la forma en que el árbol se movió en el
cielo, con el objetivo correcto hacia su corazón. La grieta del hueso y rama
mezclado con los gritos y el llanto del viento. —¿Ya tuviste…?
—Todavía no. Pero soné con un árbol con sangre flotando a través
de una tormenta. Me imaginé...
El silencio que sigue se siente como un vacío, extendiéndose,
cerrando el mundo mientras Vane mira fijamente el horizonte, las líneas
blancas de las sucesivas olas hacia la orilla. Una fuerza imparable. Al igual
que la tormenta que se dirige a nosotros. Bajando. Lista para bloquear
cualquier día.
—¿Era eso lo que ibas a decirme? —pregunta.
Mi corazón se desploma, pero me enderezo para vender la mentira.
—Por supuesto. ¿Por qué?


226
—Nada. —Enciende su teléfono—. Probablemente deberíamos salir a
la carretera. Son las diez de la mañana. Estoy seguro de que mi mamá está
volviéndose loca. —Su teléfono suena—. Sí. Tres mensajes de voz.
—-Guau, está muy preocupada por ti.
—Estoy seguro de que está planeando diferentes formas de
asesinarme. Tan pronto como se entere de que estoy bien, por supuesto.
—Eso es porque te quiere. —No quiero sonar amarga, pero lo hago.
Vane se escabulle cerca, apoyando una mano en mi rodilla. —Tu
madre te quiere.
Ella solía hacerlo, creo. Pero ya no.
Encojo mi tristeza y la alejo.
No importa.
Ya nada importa.
Así que no dudo en tomar su mano cuando él la ofrece en esta
ocasión y no trata de alejarla a medida que caminamos hacia su auto.
Tal vez es todo lo que he tenido que pasar. A lo mejor es saber que
mis días están contados. O tal vez finalmente me estoy rindiendo.
Sea lo que sea, estoy dispuesta a tomar este camino. Durante el
tiempo que me queda.


227
41
Vane

os vientos cantan a través de las ventanas abiertas mientras
avanzamos por la autopista y observo a Audra por el rabillo del
ojo. El movimiento la arrulla a dormir, y es raro verla tan pacifica.
La dura línea de su mandíbula se suavizó, convirtiendo sus labios en un
perfecto corazón.
Las fantasías de besarla relampaguean en mi mente, pero logro
apartarlas. Porque veo algo más profundo, también. Algo que forma un
nudo en mi garganta.
Ella se está dando por vencida.
No hablamos sobre toda la cosa de cómo no pude tener el cuarto
descubrimiento, pero ambos sabemos lo que eso significa. No voy a ser lo
suficientemente fuerte.
No estoy seguro de qué hacer con mi poder ni cómo encontrarlo —si
puedo luchar. Destruir. Matar.
Pero tengo un poco de esperanzas en que si puedo encontrar una
manera de entender a los Caminantes del Oeste, puedan tener una
respuesta.
Apoyo mi cabeza contra la ventana abierta y me concentro en las
ráfagas, pero sigo sin poder traducirlas.
—Si soy realmente parte de ti —susurro—, dime como salvarla. Cómo
salvarnos.
No hubo respuesta.
Estoy oficialmente demente. ¿Qué espero? ¿Alguna voz mágica
susurrándome la solución perfecta?
Necesito un plan.
L


228
Las líneas blancas que definen la autopista pierden intensidad
mientras me concentro más que antes. El cerebro es un músculo, ¿verdad?
Quizás necesito presionarlo.
Quince minutos después todo lo que tengo es un malvado dolor de
cabeza.
Estoy increíblemente agradecido de que Audra duerma mientras
hago este pequeño experimento. Probablemente parezca que tenga
estreñimiento.
Pero tiene que haber una solución.
Tiene. Que. Haberla.
Siempre podría noquearla.
De ninguna manera podría atreverme a lastimarla, pero era una
lástima que no hubiera otra manera de lograrlo. Ella no puede sacrificarse
si se encuentra inconsciente.
—Parece que te reventará una vena en la frente —dice Audra,
haciéndome saltar—. ¿Qué estás pensando?
Es una pregunta extraña viniendo de ella. Raramente siente
curiosidad por mí. Así que decido ser honesto. —No quiero que te
sacrifiques por mí.
Suspira. —Ya hemos pasado por esto.
—Sí, y sigo esperando que dejes de actuar como una loca. Enfrenta
los hechos, Audra. Quizás nunca pueda tener el cuarto descubrimiento. Así
que todos necesitan dejar de tener esperanzas en mí como si yo fuera el
milagro por el que han estado rezando.
—Eres el último Caminante del Oeste, Vane. Con descubrimientos o
no, eso no cambia.
—Estoy bastante seguro de que sí cambia.
—No, no lo hace. Ahora eres una variable desconocida. Raiden no
sabe cuán poderoso realmente eres. Y mientras no lo sepa, podemos
usarlo a nuestro favor. Mantenerlo preocupado y distraído, esperando a
ver de qué eres capaz.
—Grandioso, así que darás tu vida para salvar a un peón.
—No eres un peón. Eres un arma.
El hielo se desliza a través de mis venas ante la palabra. —No quiero
ser un arma.
—Lo sé. —Apenas puedo escuchar su suave susurro sobre el viento.
No es que tenga idea de qué hacer con él.


229
Conducimos en silencio mientras mi auto asciende por las montañas,
y la Granja de Viento del Paso San Gorgonio sale a la vista. La línea de
molinos de viento brilla en las colinas, completamente blancos contra el
brillante azul del cielo, sus aspas girando con la fuerza de los vientos
rodeándolas.
En pocos kilómetros estaremos en casa.
No estoy listo para volver a la realidad. No con tan pocos días
restantes hasta que los lleguen los Stormer. No con padres demandando
respuestas que no tengo. No sin encontrar una manera de salvar a Audra.
Arcos dorados aparecen en el horizonte al mismo tiempo que mi
estómago ruge.
La inspiración me golpea.
Cambio de carril, en dirección a la rampa de salida.
Si puedo conseguir que ella viva estas pequeñas experiencias y vea
cuán asombrosas son, quizás pueda convencerla de no sacrificarse.
—¿A dónde vamos? —pregunta Audra.
—Nos detendremos a almorzar.


230
42
Audra

l fuerte olor de grasa y sal se adhiere al interior del auto de
Vane, prácticamente sofocándome. Los rayos del amanecer
atraviesan el cristal, pero él mantiene las ventanas fuertemente
cerradas, atrapando el olor.
Punzadas de dolor pinchan mi estómago, pero las ignoro. También
ignoro la bolsa empapada de comida sin tocar que colocó en el tablero
frente a mí. O al hambriento Vane sentado a mi lado, sacando su
frustración con su pobre hamburguesa.
—¿Ni siquiera una mordida? —pregunta de nuevo. Sostiene una
papa frita para tentarme.
Mi boca se llena de saliva, pero niego con la cabeza y trago,
odiando el vergonzoso ruido que siento en mi interior.
Sinceramente, no sé por qué parece tan sorprendido. Esto no era
exactamente algo nuevo.
—Quieres comer —dice cuando mi estómago gruñe—, pero eres
demasiado terca como para admitirlo.
No puedo estar en desacuerdo con eso. Así que decido no discutir
con Vane y simplemente me encojo de hombros.
No parece gustarle eso, metiendo la fritura de regreso a la bolsa con
más fuerza. —Estás matándote de hambre para ser más fuerte dentro de
un par de meses, cuando probablemente no vayas a necesitarlo. ¿Notas
cuán loco es?
Mi estómago gruñe de nuevo y llevo mis brazos alrededor de mi
cintura, tratando de reprimir el sonido. El vacío en el estómago se siente
como si quisiera tragarme entera.
Vane resopla. —Entonces, ¿Qué hiciste?
E


231
—¿Qué?
—Vives en una fea casa quemada en medio del maldito desierto.
Apenas duermes. No te permites comer ni beber. Es como si alguien tratara
de castigarte.
—Nadie me está castigando. Yo elegí esta vida porque esto es lo
que quería.
Lo es, me recuerdo a mí misma. Y es lo que mi padre me pidió que
hiciera.
—Entonces, ¿Por qué buscas castigarte?
El silencio cae entre nosotros. Una extraña y fea cosa a laque puedo
prácticamente sentir mirándome fijamente. Pero no tengo alguna manera
de evitar que me mire.
Vane toma mi mano otra vez. Su toque es suave, amable —pero
firme, también. Él no va a permitir que me aleje.
—¿Por qué vives como si tu vida no importara? Tú importas. Eres
importante para mí, y no porque creas ser una guerrera feroz que va a
sacrificarse para salvarme. Importas por lo que eres.
Murmura las últimas palabras, como si se avergonzara de decirlas.
He estado tratando de no mirarlo, tratando de mantener este
momento bajo control. Pero mi cabeza parece no poder dejar de girar, y
mis ojos se dirigen a él.
—Eres la única cosa constante que he tenido en mi vida. Perdí todo
mi pasado… excepto tú. Te quedaste conmigo. Y seguías regresando
cada vez que cerraba mis ojos. —Sus mejillas parecen enrojecidas y se
remueve en su asiento—. Tenía ganas de ver a esa chica con su largo y
oscuro cabello azotando alrededor de su rostro. Tenía ganas de ti. De tu
verdadero yo. No de esta chica soldado con chaqueta a botones que
finge ser muy fuerte.
—No estoy fingiendo.
—Puede que no. Pero tampoco eres tú realmente.
Me estremezco cuando llega a mi trenza, pasando sus dedos por el
intricado tejido.
—¿Esto no te provoca dolor de cabeza? —pregunta.
Sí. —No.
Él no parece convencido mientras deja mi trenza, arrastrando su
mano por la manga de mi chaqueta. —¿Esto no te sofoca con el calor del
desierto?


232
Sí. —No.
Los dos miramos por la ventana mientras un grupo de adolescentes
pasa, riendo y bromeando antes de entrar al auto al lado de nosotros.
Suben el volumen de alguna rítmica canción y parecen tener un día
normal de diversión entre amigos.
Me odio por sentir celos. —¿Por qué importa si uso un uniforme o
trenzo mi cabello?
—Sólo intento entenderte.
—Es fácil. Soy un guardián. Todo lo que hago es cumplir con un
juramento. Es la vida que elegí. La vida que elegiría nuevamente.
Mi voz suena más fuerte de lo que quiero. Defensiva.
Vane se queda tranquilo y silencioso, cuando responde—: ¿En serio?
¿O es lo que te dices a ti misma porque no quieres admitir que tu vida es
una mierda? ¿Que hiciste un juramento hace mucho tiempo porque creías
que te lo merecías para castigarte por algo, y que has estado torturándote
desde entonces?
Incluso si tiene razón, aunque me esté castigando, me merezco el
castigo. Y él va a saberlo pronto. Debería decírselo ahora. Acabar de una
vez.
—Mereces ser feliz —susurra—. No importa lo que creas o lo que
hiciste. Mereces ser feliz.
—Yo…
—Lo mereces. Y qué mejor momento que ahora, ¿por qué no
sencillamente dejamos de discutir y comenzamos? Suelta tu cabello. Tira
esa horrible chaqueta a la basura. Date un respiro.
—No puedo, Vane.
—Sí, sí puedes. Sólo relájate.
Mi estómago gruñe en contra y él maldice.
—Vamos, esto es una locura.
Él parece tan serio. Tan honesto. Y tan preocupado.
Nadie se preocupa por mí, ni siquiera yo.
Mete la mano en su bolsa y saca otra patata, ofreciéndomela. —
Puedes comenzar con algo pequeño.
Todo el mundo se desvanece a la distancia, dejándome sólo a mí,
Vane, y esa papa frita. Parece casi tan tentadora como el chico que la
sostiene.


233
—Tu cuerpo tiene hambre, Audra. Dale una cosa que él quiera.
Todos mis años de entrenamiento me gritan que me resista. Que
aparte su mano y me rehúse a prolongar mis días de debilidad.
Pero en el fondo, muy en el fondo, una pequeña voz me susurra
algo. La mismas palabras que Vane dice a continuación.
—¿Cuánto puede lastimarte?
Mucho, cuanto tenga que soportar meses adicionales de debilidad.
Pero probablemente no voy a vivir una semana más. ¿Por qué no
darme una pequeña cosa que deseo?
Antes de que pueda cambiar de opinión, agarro la fritura y la meto
en mi boca. Mi primer bocado de comida real en diez años.
Y es lo mejor que he probado nunca.


234
43
Vane
o puedo creer que lo hizo.
La veo cerrar los ojos y masticar, casi esperando que lo
escupa en cualquier momento. Pero lo traga. Luego sus ojos
hambrientos miran los míos. Nunca la había visto tan tímida.
Tan tímida. Tan... feliz.
—¿Puedo comer otra? —susurra.
Meto la mano en la bolsa y tomo otra papa frita. Es una de las más
empapadas —del tipo que se siente más como un gusano—, y ni siquiera
está caliente.
—¿Sabes qué? Si vamos a hacer esto, vamos a hacerlo bien —le
digo, dejo caer la bolsa en mi regazo y lanzo el coche en reversa. No
puedo creer que no había pensado en esto en primer lugar.
—¿A dónde vamos? —pregunta, tratando de alcanzar la bolsa. La
alejo.
—De ninguna manera. No voy a dejar que tu primera comida sean
unas papas fritas de McDonald‟s. Te voy a llevar a In-N-Out
12
.
Empujo el pedal del acelerador hasta el piso, esperando que no
vaya a cambiar de idea en los quince minutos que tardamos en llegar.
Pero no lo hace. Ni siquiera duda en tomar mi mano cuando sale del
coche en el estacionamiento lleno de gente.
El calor nos golpea como un muro, y se levanta las mangas de su
chaqueta.
Paro de caminar. —Sólo tienes que quitártela.

12
Cadena de restaurantes de comida rápida en el oeste de los Estados Unidos.
N


235
Llamaradas de resistencia asoman en sus ojos, pero aprieto su mano.
—Vamos. ¿Cuánto puede lastimarte?
Ella suspira. A continuación, retira la mano y empieza a deshacer los
botones.
Mi corazón late al doble de tiempo. Sé que tiene una diminuta
camiseta de tirantes negra allí abajo, pero eso no es lo que hace que la
acción sea tan sexy. Bueno, está bien, eso ayuda. Pero es más caliente
verla hacer algo que quiere hacer por un cambio.
Estoy tentado a hacerla deshacerse la trenza, también, pero no
quiero presionar mi suerte. Así que tiro su chaqueta en el coche y de nuevo
tomo su mano, llevándola a In-N-Out.
—¿Qué es lo grandioso de este lugar? —pregunta Audra, luciendo
un poco intimidada por la multitud.
Su ropa oscura se destaca en el luminoso blanco, rojo y amarillo del
restaurante, y atrapo a varias personas mirándola. Aunque la mitad de
ellos son chicos checándola.
Aprieto con más fuerza su mano. —Ya verás.
Ordeno dos combos número dos. —Estilo Animal —especifico.
Las cejas de Audra se disparan.
—Confía en mí —le digo, tomando nuestros vasos y llenándolos de
soda.
Milagrosamente, encontramos una pequeña mesa en la esquina, y
Audra toma asiento mientras yo agarro kétchup y servilletas. Cinco minutos
más tarde, llaman a nuestro número y pongo dos perfectas hamburguesas
con queso y papas fritas en la mesa, y me hundo en el asiento frente a ella.
Sus ojos están en la comida con una mezcla de hambre e
intimidación.
—Come tanto como quieras. —Le entrego una hamburguesa con
queso y espolvoreo sal sobre sus papas fritas—. Pero no serás capaz de
detenerte una vez que lo pruebes.
Sostiene la hamburguesa como si fuera un objeto extraño, como si
tuviera miedo de tocar el pan más allá de la envoltura de papel.
No puedo dejar de reír. —Lo estás pensando demasiado. Sólo
zambúllete.
Me mira tomar un bocado enorme —que es más que increíble, por
cierto. In-N-Out ha perfeccionado la hamburguesa con queso —pero ella
todavía vacila.


236
—No puedo creer que esté haciendo esto.
—Ya te comiste las papas, ¿recuerdas? Bien podrías ir por ella ahora.
Parece como si pudiera dejar todo y alejarse. Luego sus ojos se
rasgan, su espalda se endereza y sus labios delgados se extienden, para así
poder tomar la mordida más grande posible.
—Oh. Por. Dios —murmura a través de su boca llena.
Salsa corre por un lado de su barbilla y un pequeño trozo de cebolla
a la parrilla pasa por sus labios, pero nunca ha lucido más sexy. Quiero
saltar al otro lado de la mesa y limpiar su rostro a besos.
—Te cambia la vida, ¿verdad?
Sólo puede asentir con la cabeza, su boca ya está llena con el
próximo bocado.
A los diez minutos devoró la hamburguesa entera y la mayor parte
de sus papas fritas. Se inclina hacia atrás en su silla, agarrando su
estómago.
—¿Estás bien? —Espero no haberle regalado el mayor de todos los
dolores de estómago.
Audra asiente. —Me olvidé cómo que se siente estar llena. —Cambia
su peso, estirando sus piernas—. Me siento tan cálida.
—Todavía no puedo creer lo mucho que te privaste.
—Diez años. —Su sonrisa se desvanece. —Probablemente me voy a
arrepentir de esto más tarde.
—Sólo si te lo permites.
Mira fijamente a la mesa, jugando con un par de papas fritas que
dejó atrás. —Mi padre murió porque comió, ¿alguna vez te conté eso?
—No. —Nunca ha dicho nada sobre lo sucedido a su padre. Aparte
del hecho de que él se sacrificó para salvarme.
Sus dedos rasgan las frituras en migas pequeñas. —Mis padres
dejaron de comer cuando comenzaron a proteger a tu familia,
necesitando ser lo más fuertes posible. Todavía me daban de comer a mí,
era demasiado joven para privarme de esa manera, pero nunca tocaron
la comida. Mi madre se quejaba constantemente de los dolores del
hambre. La Fuerza de la Tempestad nunca antes había necesitado esa
clase de sacrificio. Ellos nunca requirieron nada de ella. Tenía el don de
oro, y estaban tan agradecidos de tenerla de su lado, que la trataban
como a una reina.
Tenía los ojos vidriosos, perdidos en los recuerdos.


237
—Un día, mi papá y yo fuimos a casa después de entrenar en el
prado y mi madre estaba comiendo una oscura ciruela púrpura que había
recogido de un árbol en el nuevo patio delantero, nuestra tercera casa en
dos meses. Mi padre entró en pánico, pero ella tomó otro bocado,
dejando que los jugos le corrieran por la barbilla. Luego se lo ofreció a él.
Empezó a negar con la cabeza, pero ella le dijo que Los Stormer nunca nos
encontrarían. Que su don siempre le permitiera sentirlos venir y
escaparíamos. Entonces ella le dijo: "Tenemos que vivir para nosotros
mismos, también." Él me miró, casi como si quisiera decir algo, pero yo
todavía no sé lo que era, y luego le dio un gigante y jugoso mordisco.
Pasamos el resto de la noche en un festín de ciruelas.
Una lágrima se desliza por su mejilla y la borra. Cuando vuelve a
hablar, su voz es apenas un susurro.
—Un par de semanas más tarde, Los Stormer nos encontraron. No sé
si mi padre hubiera podido haber derrotado al Stormer de tan sólo cambiar
a su forma de viento durante la pelea. Pero no tuvo la opción. Estaba
atado a la tierra. Lo único que podía hacer era sacrificarse a sí mismo. Así
que eso fue lo que hizo.
Tomo sus manos y por un momento sólo nos aferramos el uno al otro
en el restaurante lleno de gente.
Pero hay algo que tengo que decir. Me aclaro la garganta. —Yo soy
el que te dio el agua y te debilitó. Y no voy a enseñarle a Raiden lo que
quiere, no puedo, aunque quisiera. No he tenido el gran descubrimiento.
Así que... deja que los Stormer me lleven, si llegara a esas circunstancias,
después llama al resto de la Fuerza de la Tempestad y ve a rescatarme.
El color cálido que ha llenado sus mejillas desde su atracón de
hamburguesa se desvanece. —¿Tienes alguna idea de lo que te hará si
pone sus manos sobre ti?
—No, y estoy tratando de no pensar en ello.
—Te torturará, Vane. —Su voz es demasiado fuerte, y un par de
cabezas dan vuelta en nuestra dirección.
Agarro la basura y volteo hacia la puerta. Ninguno de los dos habla
hasta que estamos a salvo en mi coche. Doy vuelta a la llave y enciendo el
aire acondicionado. Pero nos quedamos estacionados.
—Te torturará —repite.
—Estoy seguro de que lo hará.
—No creo que tengas ni idea de lo que eso significa. —Se
estremece—. Las cosas que ha hecho son indescriptibles. El dolor y
tormento que ni siquiera puedes comenzar a imaginar.


238
Tengo que recordarme a mí mismo seguir respirando. —Todavía
prefiero vivir eso que verte morir. No… no me puedo imaginar tratando de
vivir sin ti, Audra.
Oh Dios, aquí vamos. Tiempo de poner las cartas sobre la mesa otra
vez.
Me prometí que iría lento, para tratar de no asustarla. Pero ha
llegado tan lejos en la última hora, y no puedo evitar sentir como si nunca
pudiera llegar a tener la oportunidad de decir esto otra vez. Sólo... tengo
que hacerlo.
Tomo sus manos y miro la cara de la única chica que realmente he
deseado.
—Te amo. —Mi voz se quiebra por los nervios y me maldigo por sonar
como si tuviera doce. Me aclaro la garganta, tratando de recuperarme—.
Sé que es un inconveniente para ti. Pero es la verdad.
—No puedo, Vane…
—Sí, sí puedes. Si puedes comer una hamburguesa con queso y
disfrutar de ella, puedes dejarte amarme. Puedes hacer lo que quieras.
Sólo tienes que desearlo.
Aguanto la respiración, esperando su respuesta.
No me mira. No es una buena señal.
—Me importas, Vane —susurra—. Pero tú no eres una hamburguesa
con queso, una sola comida que va a estar fuera de mi sistema en unos
pocos meses, como si nunca hubiera sucedido. Eres un error permanente.
Error. Permanente.
Hablando de auch.
Aleja sus manos, llevándose las chispas. —Lo siento.
Un par de lágrimas corren por sus mejillas.
Verlas hace que duela más. Lo hace sentir final.
He hecho todo lo que puedo, dicho todo lo que hay que decir. Y no
es suficiente.
Cambio a reversa sin mirarla. Abrocha su cinturón de seguridad —lo
hace bien en sólo un intento—, y se gira.
No habla otra vez hasta que paro en mi entrada y aparco. —Tengo
algo que debería haberte dado hace mucho tiempo. —Mete la mano en
su bolsillo y saca una especie de cordón de color cobre con algo redondo
y plateado en el centro—. Extiende tu mano derecha.


239
No tengo la energía para discutir, así que hago lo que me pide y
envuelve la correa trenzada alrededor de mi muñeca, la engancha con el
corchete de cobre desgastado.
Giro la muñeca otra vez, sorprendido al encontrar que la moneda
de plata en el centro es en realidad una pequeña brújula. La flecha gira
por un segundo, y luego se detiene en Oeste.
Audra aspira en un aliento. —Nunca ha hecho eso por mí. Pero no
soy una Ráfaga del Oeste. —Suspira—. Era de tu padre, creo, aunque
ambos lo tenían. Lo encontré entre los escombros después de la tormenta
y lo guardé para ti. Pensé que te gustaría tener algo que fuera de ellos.
La banda de cobre se ve gastada y vieja, y el cristal de la brújula
está rayado y embotado. Pero es perfecto.
Audra abrocha su chaqueta, convirtiéndose en la Audra guardián
otra vez. —Vamos a tener que pensaren un plan de batalla para esta
noche. Cuanto más preparados estemos, mejores son nuestras
posibilidades.
Hay tantas cosas que podría —que debería— decir.
Pero ya no sé cuál es la decisión correcta.
Audra decide por mí. Sale del coche.
Cuando se aleja vuelve su rostro hacia el viento, cerrando los ojos.
Debería haber sido un gesto pacífico, pero su frente se arruga. Sus labios se
aprietan.
—¿Qué está mal? —pregunto mientras se da la vuelta, sus ojos
salvajes explorando el cielo.
No responde. Sólo camina hacia la arboleda, tocando los troncos de
las palmeras. Mira las copas de los árboles, en busca de algo.
—Te das cuenta que estás en muchos problemas, ¿no? —llama mi
mamá por la puerta principal.
Mierda.
—Lo sé, mamá. Lo siento.
—Si lo sientes, podrás decirme qué demonios está pasando. —Da un
paso fuera, negando con la cabeza mientras se acerca por el camino
hacia mí. Cruza los brazos sobre el pecho—. ¿Dónde estabas?
—Santa Mónica —digo, sólo prestándole la mitad atención, ya que
salgo del coche y me dirijo hacia Audra.
Ella recoge una pequeña paloma blanca e inspecciona las plumas
de sus alas. Su ceño se profundiza con cada pluma que checa.


240
—¿Me estás escuchando? —me pregunta mi mamá.
Me vuelvo hacia ella.
Suspira. —Quiero confiar en ti, cariño, pero lo estás haciendo muy
difícil. Desde que esa chica llegó, no has sido el mismo. ¿Qué está
haciendo ahí, de todos modos?
Audra juguetea con las plumas de la paloma, reorganizándolas de
alguna manera. Sus manos tiemblan.
—No lo sé. —Pero claramente algo está mal.
Corro hacia ella, molesto con mi mamá por seguirme, pero sabiendo
que no puedo detenerla.
—¿Qué pasó? —le pregunto a Audra.
Su rostro está pálido cuando mira fijamente a la nada, haciendo
caso omiso de mí. Tira la paloma al cielo, con las alas aleteando en mi
cara, mientras se aleja volando.
Malditas aves.
—Dime lo que está mal —ruego.
—Nos quedamos sin tiempo —dice, finalmente mirándome a los
ojos—. Los Stormer estarán aquí mañana.


241
44
Audra

penas puedo creer las palabras mientras las digo. No era su
cuervo habitual, pero la paloma vino de mi madre. Y he
comprobado su mensaje tres veces, contando y recontando
cada marca que hizo en las plumas para asegurarme que no me había
perdido ninguna.
No hay ningún error.
Pero… sólo han pasado cuatro días desde que delaté nuestra
ubicación.
Cuatro.
¿Cómo hemos podido perder tanto tiempo?
Mi madre dijo que estos Stormers eran los mejores rastreadores que
jamás había visto. Que vieron a través de sus rastros confusos mucho más
rápido de lo que deberían, y ahora han asegurado el nuestro.
Deben ser más poderosos de lo que me temía.
Pero, ¿por qué no habrían de serlo? Raiden ha estado buscando a
Vane durante años. Envió a los mejores.
Mi pesado almuerzo se revuelve en mi estómago mientras el miedo
se instala y me pregunto si estoy a punto de vomitar.
—¿Qué quieres decir con que van a estar aquí mañana? —pregunta
Vane con el rostro ceniciento—. ¿Cómo sabes eso, siquiera?
—Espera, ¿quién viene? ¿Qué está pasando?
Mi cerebro se tarda un segundo en notar de que la madre de Vane
está de pie con nosotros. Pero no tengo tiempo para preocuparme por
ella.
A


242
—Mi madre me envió un mensaje —le digo a Vane—. Encontraron
nuestro rastro y están viniendo a por nosotros.
Las palabras golpean a Vane haciendo que dé un paso atrás. Sé
exactamente cómo se siente.
Por lo menos tenemos tiempo para prepararnos —aunque muy
poco. Aun así, es mejor que nada. Puedo pensar en una estrategia.
Anticipar. Dirigir las cosas a nuestra manera.
No deberíamos tratar de escondernos, la probabilidad de que nos
atrapen por sorpresa es demasiado grande. La jugada más inteligente
sería movernos a una posición donde tengamos la ventaja y atraerlos a
nosotros.
El parque eólico.
Las ráfagas de viento son fuertes allí, dándonos un montón de
munición. Y nos podemos esconder, enviar nuestro rastro en todas
direcciones para que no sepan desde qué ángulo acercarse. Las hojas
puntiagudas de los molinos de viento hacen que una lucha de viento sea
más peligrosa, pero eso también trabajará a nuestro favor. Estoy segura de
que les han ordenado a los Stormer que sean cuidadosos después de lo
que les pasó a los padres de Vane. Raine necesita que le lleven a Vane
con vida.
—Cámbiate a algo cálido —le ordeno a Vane—. Son Ráfagas del
Norte, así que será una tormenta de hielo. Y date prisa, tenemos que
movernos rápido.
—Absolutamente no —interrumpe su madre, bloqueando su
camino—. No vas a ir a ninguna parte, Vane. No hasta que expliques qué
demonios está pasando, y ni siquiera entonces. ¿De verdad crees que voy
a pasar por alto que te escapaste en medio de la noche?
Vane se pasa una mano por el pelo. —Mamá, no lo entiendes.
—Entonces ilumíname.
Él suspira. —Aunque tratase de explicártelo, no lo entenderías. Tienes
que confiar en mí.
—Confío en ti. Pero no confío en ella. —Se gira hacia mí, su rostro es
mucho más duro que la última vez que la vi.
Doy un paso atrás.
—Desde que ella apareció, no has sido tú mismo —le dice a Vane—.
Has estado mintiendo, andando a escondidas, ignorando a tus amigos. Sé
que te gusta, pero no es buena para ti, cariño. No quiero que la vuelvas a
ver.


243
Las palabras pican más de lo que deberían, y dejo caer mis ojos al
suelo. No quiero que la madre de Vane me odie. Y me odio a mí misma por
haber sido herida por una cosa tan insignificante.
—No puedes detenerme, mamá —la voz de Vane es suave pero
firme—. Voy a ir con ella, tengo que hacerlo. Y necesito que me hagas un
favor. —La agarra por lo hombros—. Ve a buscar a papá y váyanse lo más
lejos de aquí que puedan. Y si alguna nube de tormenta los sigue, sigan
adelante.
—¿Nubes de tormenta? —Se inclina hacia delante, mirándolo
fijamente a los ojos—. ¿Te drogas? Puedes decirme si lo haces. Sólo quiero
ayudarte.
Vane se ríe, pero no hay humor en su risa. —Ojala todo esto fuera
una gran alucinación por las drogas, eso sería mucho mejor que la
realidad. Pero no lo es. No puedo explicarlo, pero tienes que escucharme.
Por favor. ¿Alguna vez te he mentido, sobre algo importante, al menos?
Lo mira por un largo tiempo. —Estás asustándome, Vane. Por favor,
sólo dime lo que está pasando.
Vane me mira, y veo la pregunta que llena su mente.
Niego con la cabeza tan fuerte como puedo.
No. Le. Digas.
Lo pienso con fuerza, deseando poder empujarlo en su cerebro.
La mandíbula de Vane se ajusta, y sé que sabe lo que estoy
pensando. La rígida línea de sus hombros me dice que lo va a ignorar.
—Vane —le advierto cuando abre la boca—. No lo hagas.
—Merece saberlo.
—Nunca te creerá.
—Sí, lo haré —interrumpe su madre—. ¡Cómo te atreves a decirle lo
que haré o no haré! Dime, Vane. Por favor.
El tiempo corre, y una suave Ráfaga del Este pasa junto a nosotros,
cantando sobre el cambiante e inestable mundo. Los hombros de Vane
caen. —Lo siento, mamá. No puedo decírtelo.
Libero el aliento que he estado conteniendo.
—Pero puedo mostrártelo —añade.
Antes de que pueda reaccionar, extiende sus manos y susurra la
llamada de la Ráfaga del Este, envolviendo la corriente de aire frente a él
en un mini-tornado girando a sus pies.


244
Su madre jadea y salta hacia atrás, sus ojos dirigiéndose a todos los
lados, como si no supiera dónde mirar. —¿Cómo? —farfulla.
—No lo digas —le ordeno.
Vane me mira a mí, no a ella, mientras responde. —No soy humano,
mamá. Soy un Caminante del Viento.


245
45
Vane
o sé lo que esperaba. ¿Incredulidad? ¿Miedo? ¿Asco?
Todas esas parecían lógicas maneras de reaccionar.
En su lugar, mi madre dice—: Controlas el viento. —Como si
no fuera la gran cosa. Como si le acabara de mostrar que
puedo acariciarme la cabeza y frotarme el estómago al mismo tiempo.
—Algo así —digo, mi mente dando vueltas tan rápido como el ciclón
que acabo de hacer.
El hecho de que ella no enloquezca hace que yo lo haga. Quiero
decir, ¿no le parece para nada extraño que su hijo sea de una especie
diferente?
—Así que, ¿qué es exactamente un Caminante del Viento? —
pregunta, todavía fascinada con la corriente circulando.
En serio, ¿cómo es que está tomando esto tan bien?
—Vane —me advierte Audra.
—Soy un sylph —dejo escapar, porque he llegado demasiado lejos
como para detenerme ahora—. Supongo que soy un elemental del aire o
algo de eso. Puedo hablar con el viento, decirle lo que quiero que haga.
Susurro otra orden y el ciclón se contrae, elevándose sobre nuestras
cabezas y rociándonos con un poco de arena.
Mi madre jadea, sus ojos se amplían con… ¿preguntas? ¿Miedo?
—Así que así fue como sobreviviste al tornado —susurra.
¿Quién es esta mujer y que ha hecho con mi siempre preocupada
madre?
—Uh… Si. Algo así. ¿Pero me crees? ¿Así como así?
N


246
—Bueno, no es exactamente fácil —dice, volteando hacia mi—,
pero es difícil ignorar la evidencia.
Señala el ciclón, el cual está ganando velocidad, aumentando su
tamaño con cada segundo que pasa. Susurro una orden para deshacerlo
y el viento toma distancia, bañándonos con guijarros y azotando nuestros
cabellos.
Mamá se tambalea. —Está bien, creo que necesito sentarme
La sostengo por los hombros. —Por fin… una reacción normal.
—No tenemos tiempo para esto —gruñe, prácticamente, Audra.
—Lo sé, pero es importante. —Me vuelvo hacia mi mamá—. Lo
siento, sé que es mucho para asimilar. Te lo habría dicho antes, pero me
figuré que te abrumarías por toda la cosa de “no humano”. Claro que yo
me asusté cuando Audra me lo contó.
—Audra —dice mi mamá, frunciendo el ceño mientras la mira—. Así
que… ¿ella también es un sylph?
—Suficiente —La voz de Audra suena más cansada que enojada—.
Vane, ¿tienes idea de cuántas reglas acabas de romper? Ella no tiene
permitido saber estas cosas.
—¿Por qué no? Él es mi hijo.
—No biológicamente.
Mamá parpadea. —Es mi hijo. ¿Cómo te atreves a hacer que él me
guarde secretos?
La mandíbula de Audra se cierra.
Oh, oh.
Me paro entre ellas. —Aclararemos todo esto más tarde, ¿está bien?
—Me vuelvo hacia mi mamá, quien todavía parece dispuesta a
estrangular a Audra. Agarro su hombro, forzándola a mirarme—. Necesito
que saques a papá del trabajo, y que ambos se vayan lo más lejos posible
de este valle.
—¿Por qué?
—No puedo explicarlo todo, mamá. Pero la persona que mató a mis
padres sabe que estoy aquí. Envió guerreros a buscarme, y estarán aquí
mañana. Así que tienen que marcharse porque no sé qué tan grande será
la tormenta, y no seré capaz de vivir conmigo mismo si papá o tú salen
heridos en la cruzada de vientos.
En sus ojos se forma una mirada vidriosa mientras trata de procesar
todo lo que acabo de decir. El shock debe estar llegando a ella.


247
—¿Qué hay de ti? —pregunta.
—Audra me ha estado entrenando para pelear y poder proteger el
valle.
—¿Entrenando? ¿El mismo entrenamiento que te ha arrastrado a
casa medio muerto?
Me retuerzo. —Sí. Ha sido intenso. Pero va a ser una lucha difícil. Es
por eso que ustedes deben salir de aquí.
—No sin ti.
Casi quería sonreír. Ella está de mi lado, incluso sabiendo lo que soy.
Pero eso no es lo importante ahora.
—Saben cómo encontrarme… Lo que quiere decir que no es seguro
estar cerca de mí.
—¿Por qué?
—Tomaría mucho tiempo explicarlo —responde Audra en lugar y yo
siento a mi mamá tensarse—. Nos estamos quedando sin tiempo al estar
aquí. Solo confíe en mí cuando digo que si hubiese alguna otra opción, la
tomaría.
—¿Y por qué debería creerte? —Mi mamá chasquea—. ¿Conoces
siquiera a esta chica, Vane? ¿Cómo sabes qué puedes confiar en ella?
¿Cómo sabes que no está involucrada con estos… estos guerreros o lo que
sea?
Quiero decirle a mi mamá lo paranoica que suena. Pero mi mente
vuela al recuerdo de Audra en el muelle diciéndome que tenía un secreto
respecto a la muerte de mis padres —o eso entendí.
¿Podría ser una traidora?
Echo un vistazo al brazalete que me dio. Uno que escondió y
protegió por años después de salvarlo de la tormenta para mí. —Confío en
Audra con mi vida, mamá.
—Pero…
—Sin importar cómo se sienta respecto a mí —la interrumpe Audra—,
he jurado proteger a su hijo bajo cualquier costo. Lo protegeré con mi vida.
Su estúpida promesa hace que mi corazón se hunda.
Sin embargo, las palabras tienen un efecto distinto en mi madre. Ella
se aleja un paso de mí mientras mira cómo sus manos se entrelazan. —Te
voy a tomar la palabra, señorita.
Audra asiente.


248
Quiero golpear algo.
—Es hora de irnos, mamá. Audra y yo tenemos mucho que hacer, y
necesitas poner tanta distancia como puedas entre este lugar y tú. No
pienses, no empaques. Simplemente ve a un lugar seguro.
Lágrimas corren en los ojos de mi madre y sus pies vacilan, como si
no estuviese segura de qué camino tomar. —Mejor que estés aquí para
cuando vuelva —me dice.
—Lo estaré. —Trato de sonar tan confiado como ella necesita que lo
esté, pero escucho el miedo en mi voz.
Me envuelve en un abrazo tan apretado que me pregunto si los ojos
se me saldrán de la cabeza. Además, sentir las lágrimas de mi mamá
empapando mi camiseta hace que todo sea muy, muy real.
Mis ojos arden, pero arranco la emoción de raíz antes de que
cualquier tipo de lágrimas se escape. —Ve a buscar a papá y vayan hacia
el este. Te llamaré cuando la costa esté clara.
Entra aturdida a la casa para tomar su bolso y las llaves. Justo antes
de cerrar la puerta del coche, se vuelve para mirarme —Te amo, Vane.
—Yo también te amo. Te veré pronto.
—Será mejor que lo hagas. —dice mientras mira a Audra.
Entonces arranca su carro y retrocede al camino de entrada, nunca
quitando sus ojos de los míos mientras se aleja manejando.
Siento como si una pequeña parte de mi se estuviera yendo con ella.
Debería llamar a mis amigos —advertirles para que se vayan de la
ciudad también. ¿Pero qué podría decirles?
No podía contarles la verdad.
Sólo tendré que dar lo mejor de mí, asegurarme que la tormenta no
golpee el suelo del valle.
Audra toma mi mano.
Es tan inesperado, no puedo evitar voltearme hacia ella. No dice
nada, pero sus ojos me están pidiendo que confíe.
Aprieto su mano con fuerza. Porque lo hago.
Entonces me suelto y corro adentro para cambiarme al único par de
jeans que tengo. Encuentro difícil de creer que realmente se va a poner
suficientemente frío para necesitar una sudadera, pero agarro una de
todas maneras. Miro alrededor, preguntándome si hay alguna otra cosa
que debería llevar. Tenemos cuchillos en la cocina, pero dudo que puedan


249
hacer mucho. No tenemos un arma o espada. ¿Qué más llevan los
soldados a las batallas? ¿Un kit de primeros auxilios?
Saco el kit de debajo del lavabo del baño y compruebo lo que hay
adentro. Estoy bastante seguro de que cualquier herida que tengamos no
podrá ser curada con toallitas desinfectantes y curitas, así que no tiene
sentido. Y hay suficientes analgésicos, pero no es como si pudiéramos
tomarlos. No a menos de que queramos enfermarnos.
Mi corazón se detiene.
Si llegase a necesita poner a Audra fuera de servicio para que no
pueda sacrificarse a sí misma, la medicina humana se haría cargo. No sé
como lograría hacer que se tome las pastillas, pero meto el paquete en mi
bolsillo para tenerlo si llegara a necesitarlo. Luego corro de regreso para
buscar a Audra.
Ella parece lista para la batalla mientras se pasea por la grama. Su
chaqueta está bien abotonada, su cabello liso y la Windslicer atada a su
cintura. Usualmente no soy fanático de Audra en modo soldado, pero en
este momento es algo impresionante. Luce feroz. Brutal. Y jodidamente
sexy.
—¿Listo? —pregunta, ofreciéndome su mano.
No lo estoy. Pero tomo su mano de cualquier manera, sosteniéndola
firmemente mientras ella envuelve las corrientes de aire que nos rodean.
De pie bajo el cielo azul, es difícil de creer que una tormenta se
dirige hacia nosotros. Pero siento el cambio en los vientos. Dan latigazos
con más fuerza, sus canciones van entrecortadas y apresuradas.
Ellos saben.
Los Stormer están viniendo.


250
46
Audra

unca me he sentido tan abrumada en mi vida. Ninguno de
mis entrenamientos me enseñó cómo sobrevivir a esto. Pero
haré lo mejor que pueda.
Encuentro el punto defensivo ideal entre los molinos de viento, en el
segundo pico más alto, junto a las dos hojas más cortas de las turbinas. No
llaman la atención sobre sí mismas, y todas encaran al este, haciendo más
fácil para Vane encontrar las ráfagas correspondientes y usarlas. Sus
habilidades son las más fuertes en mi lengua materna. Probablemente
porque yo provoqué su descubrimiento personalmente.
A la primera luz, lanzaré una bengala para enviar a los Stormer
directamente al parque eólico. Con suerte, eso evitará que sus tormentas
se esparzan por el valle antes de que los derrotemos.
Si los derrotamos.
Alejó mi duda. Los voy a derrotar. Ya sea con mis habilidades o con
mi sacrificio.
Estoy preparada para ambas.
He revisado todo lo que le enseñado a Vane, asegurándome de que
esté cómodo con sus órdenes. No puede hacer mucho, pero puede llamar
al viento, formar conductos, evitar caer, y hacer picos de viento. No hay
más nada que hacer, excepto mirar el atardecer y escuchar alguna señal
de que los Stormers estén cerca.
Oigo al viento pero no escucho ninguna señal de su rastro. Si mi
madre no me hubiese enviado su advertencia, habría sido atrapada con
la guardia baja.
No tenía idea de cómo supo que estaban viniendo o cómo los
retrasó un poco con lo que hizo. Pero claramente tiene razón. Ella es
N


251
mucho más importante para las Tempestades de lo que soy yo. No importa
lo mucho que entrenara, qué tanto me presionara a mí misma, nunca
rivalizaría sus talentos naturales.
Así es como debería ser.
Su don importa.
Vane importa.
Yo no.
El crepúsculo se asienta sobre el valle, pintando las delgadas nubes
con morado y azul. Algunos probablemente lo llamarían hermoso, pero
para mí se siente ominoso. Cierro mis ojos y me concentro en las Ráfagas
del Este, buscando en ellas alguna solución o consejo. Mi herencia vino
hacia mí una vez. Tal vez lo haga de nuevo.
Todo lo que oigo es su canción tradicional de cambio.
Estamos por nuestra cuenta.
Vane aúlla. Abro mis ojos para encontrarlo agitando la redada de
una paloma alrededor de su cabeza.
No puedo evitar sonreír mientras rescato a la pobre criatura.
Un Caminante de Viento asustado de las aves. Tenía que ser el
primero.
—¿Qué le pasa a esa estúpida cosa? —se queja Vane.
—Mi madre la envío.
Acaricio el cuello del ave, calmándola para que me deje sacar sus
alas y verificar el mensaje. Es extraño que el ave responda a mi tacto, y
más extraño aún que mi madre envíe a una paloma en vez de a su
amargo cuervo.
Me imagino que el primer mensaje fue llevado por el primer pájaro
que estuviese cerca, ya que era tan urgente. Pero esta vez pudo haber
usado cualquiera de sus aves, y aún así envió una paloma. Su favorita
entre todas las aves, debido a su lealtad que rayaba en la adoración.
Tenía que haber una razón para el cambio. Y no estaba segura de si
tenía la energía para hacer frente a lo que era.
—¿Ves las muescas en el plumaje? —le explico a Vane, señalando
las alas de la paloma—. Es un código que mi madre desarrolló para poder
enviar mensajes que nadie nunca podría descifrar. Usa las aves con las que
está conectada, ordenándoles no descansar hasta que entreguen el
mensaje. Ahorra a las Tempestades tener que enviar secretos importantes
en el viento, donde Raiden podría escucharlos.


252
Vane resopla. —Ustedes han visto un celular, ¿cierto?
—Sí, cargar una máquina de radiación química en mi bolsillo todo el
día. Puedo ver porque estás tan apegado a esa cosa.
Sacude la cabeza.
Cuento las muescas en las plumas, y compruebo tres veces cada
una para asegurarme de recibir el mensaje correcto.
—¿Ahora qué?
—Quiere saber si estamos listos.
Él rueda sus ojos. —Dile que algunos refuerzos estarían bien.
Lo ignoro mientras hago más muescas en las plumas con mi
respuesta, finalmente dándole a mi madre una evaluación honesta de
nuestra situación. Bien podría saber qué esperar.
Vane no ha tenido el cuarto descubrimiento. Cuando haga el
sacrificio, tendrás que venir a recogerlo.
Las lágrimas empañan mis ojos mientras suelto la paloma y la veo
desaparecer en la oscuridad.
Esa sería la última vez que hablaría con mi madre.
No le dije que la amaba. No me despedí.
Había comenzado a marcar las palabras, pero no pude decirlas. No
cuando no sé si son la verdad. O si ella aún querría oírlas.
No sé qué me pone más triste, no saber si amo a mi propia madre, o
saber que a ella no le importaría si no lo hiciera.
Pero es muy tarde para cambiar de opinión. Muy tarde para
cambiar cualquier cosa.
Froto mis lágrimas y me hundo en el suelo, doblando mis rodillas
contra mi pecho. Vane se sienta a mi lado, envolviendo su brazo alrededor
de mis hombros. Debería alejarlo, pero no tengo la energía para hacerlo. Y
no tiene mucho sentido. En pocas horas todo habrá terminado.
—Vamos a salir de esto —susurra.
No puedo mirarlo, estoy demasiado cerca de quebrarme y dejar
que vea mi cara. Así que me quedo quieta en lugar de ver como vuelve su
cabeza y presiona sus labios contra mi sien. Suave como una pluma. Gentil
como una brisa. El calor explota bajo mi piel, azotando a través de mí
como una ráfaga.
Sostengo mi aliento. Preguntándome si hará algo más.
Preguntándome que haría si lo intenta.


253
Pero suspira y gira su cabeza. Finalmente ha aprendido a respetar
mis límites.
Una lástima. No estoy segura de que estén ahí todavía.
La Tempestad me desterraría por ese pensamiento traidor, pero es
difícil que me importe. No estaré aquí el tiempo suficiente para que
cuestionen mi lealtad.
¿Por qué no disfrutar el poco tiempo que me queda?
Respiro profundamente, inhalando la esencia de la piel de Vane.
Limpia y suave, justo como los Caminantes del Este
—¿Cómo comenzó todo? —susurra—. La tormenta que mató a mi
familia. Yo sólo recuerdo fragmentos. Debes tener alguna idea de en qué
no estamos metiendo —añade cuando ve mi confusión.
Me alejo de él, necesito espacio si voy a revivir este recuerdo. —
Comenzó con una calma. Recuerdo que estaba en el porche, mirando el
cielo, preguntándome a dónde habían ido los vientos. Luego mi padre me
tomó de los hombros y me dijo que corriera, tan lejos y rápido como me
fuera posible. Antes de que pudiera hacerlo, hubo este… rugido.
Vane aprieta mi mano.
—Nunca antes había escuchado rugir al viento. Era una bestia,
viniendo a devorarnos. Comencé a llorar, pero mi papá me prometió que
todo estaría bien. Luego envolvió una Ráfaga del Este a mí alrededor y me
lanzó fuera de la tormenta.
—¿Pero volviste?
Lucho con un sollozo. —Todavía me pregunto si las cosas hubiesen
sido diferentes en caso de haberme quedado a donde él me envió. Si no
hubiese tenido que ayudarme a salir de la tormenta una segunda vez. Tal
vez él…
No puedo decirlo.
Los dedos gentiles de Vane toman mi cara y me giran hacia él. —Eso
es, ¿cierto? Eso es por lo que te has estado castigando a ti misma. ¿Crees
que fue tu culpa?
—Fue mi culpa.
Todo dentro de mí se desarma al momento en que las palabras
dejan mis labios.
Finalmente. Finalmente están afuera.
Las lágrimas corren por mi cara y no trato de detenerlas.


254
Vane las borra. Su toque más cálido que una Ráfaga del Sur. —No
podrías haber prevenido lo que pasó.
No voy a dejar que me libere así como así. No lo merezco. —Fue mi
culpa, Vane. Todo. Tus padres. Mi padre. Todo. Tú no lo recuerdas. Pero lo
harás.
Me levanto y pongo un poco de distancia entre nosotros. —Te lo
conté. Cuando me sostuviste en los jirones de la tormenta, cuando mi
padre se había ido y tus padres estaban muertos y el mundo se había
acabado. Nos abrazamos y lloramos, y te lo conté. Te dije lo que había
hecho.
Me detengo ahí, necesitando respirar antes de poder terminar.
—¿Qué hiciste? —susurra Vane.
Cierro mis ojos y lo poco que queda de mi corazón se deshace en
polvo, dejándome fría y vacía.
Inhalo profundamente una vez más. Luego fuerzo las palabras a salir
de mi boca.
—Yo los maté, Vane.


255
47
Vane

us palabras flotan en el aire, estas cosas ridículas e imposibles
que se niegan a tener sentido.
—Tú no los mataste —le digo.
Ella no podría. No lo haría.
¿Lo haría?
No, no podría hacerlo.
—Sí, lo hice.
—¿Así que comenzaste la tormenta que los succionó y los atrapó en
el viento? ¿Apuntaste el árbol torcido a mi madre? ¿Esa fuiste tú?
—Podría haber sido yo. —Sus labios se mueven un par de veces,
como si estuviera tratando de obligarlos a trabajar—. Di nuestra ubicación.
Entonces, llora tan fuerte que quiero correr a su lado. Envolver mis
brazos alrededor de ella.
Pero primero necesito el resto de la historia.
Se ahoga un sollozo. —Tenía que salvar a Gavin. Estaba cayendo y
yo no quería que muriera, así que llamé al viento. Y entonces les mentí a
mis padres. Podría haberles advertido, pero tenía miedo de meterme en
problemas. Así que fingí que no había pasado nada. Y entonces los
Stormer se presentaron y ya era demasiado tarde. Traté de ayudar y sólo lo
empeoró, y ahora todos están muertos y es mi culpa.
Paso mis manos sobre mi cara, dándome un momento para
procesar.
Eso es un montón de información para recibir en veinte segundos.
S


256
Mis piernas tiemblan mientras estoy de pie, tratando de dar sentido
al caos en mi cabeza. Cada detalle nada a través de mi cerebro,
reteniéndolo a una memoria rota y atándolo juntos.
Puedo recordarla ahora. De pie en el campo siendo azotada por los
vientos. Su rostro surcado de lágrimas y la suciedad y la sangre. Me dice las
mismas cosas que repitió. Sacudiéndose. Sollozando.
Hago lo mismo que hice entonces.
Cierro la brecha entre nosotros, la acerco a mí, y la abrazo tan fuerte
como puedo.
En aquel entonces lo hice porque ella era lo único que me quedaba
para aferrarme. Diez años más tarde lo hago por la razón correcta.
Deslizo mis manos por su espalda, tratando de calmar sus sollozos. —
No te puedes culpar a ti misma, Audra. Eras sólo una niña.
—Aún así es mi culpa. —Su voz es ronca y cruda—. Lo siento.
Mi pecho duele por ella. Por la niña asustada que era. Por la dura
chica rota en la que se ha convertido. No me puedo imaginar creciendo
con este tipo de culpa sobre mis hombros. No es de extrañar que aleje a
todo el mundo.
Ya no más.
—Escucha —digo, esperando que me mire—. No te culpo por lo que
pasó. Nunca te culparé por lo sucedido. La única persona que merece
culpa es Radien… no, no sacudas la cabeza. Lo digo en serio, Audra. No.
Fue. Tu. Error. Nadie te culpa.
—Mi madre lo hace. —Lo dice en voz tan baja, que no estoy seguro
de oírlo al principio.
Acomodo mis manos en ella. —Entonces, tu madre es una idiota.
Ya la odio por negarle un respaldo a Audra para la batalla, y todo lo
que haya dicho o hecho para romper a su fuerte, valiente y hermosa hija.
Espero que nunca nos conozcamos, porque tengo la sensación repentina
de que no voy a tener ningún problema en ponerme violento.
Tomo el rostro de Audra entre mis manos, sosteniéndola como si
fuera frágil, porque lo es.
—Lo digo en serio, Audra. Estoy retirando toda tu culpa en este
momento.
—No puedes hacer eso.
—Eh, sí puedo. Eran mis padres. Tengo el derecho de culpar a quien
quiera de sus muertes, y nunca serás tú. Nunca.


257
Sus ojos vidriosos se mantienen en los míos, y quiero inclinarme y
besarla hasta sacarle todo su dolor y su miedo y el daño. Bueno, está bien
—también quiero simplemente besarla.
Pero no voy a tomar ventaja de eso.
Tiene que curar, primero.
La alcanzo, tocando un mechón de su cabello que se soltó y cayó
en su cara. —¿Me haces un favor? ¿Puedes, por favor, deshacer tu cabello
de esa estúpida trenza?
Sé que es sólo un peinado. Pero también es esta cosa apretada y
restrictiva que hace para castigarse a sí misma. Y ya voy a dejar que lo
haga.
Sus manos se extienden para alcanzar el nudo en el extremo y la
detengo.
—No. Déjame a mí.
No se resiste.
Le ayudo a sentarse en el suelo, y luego me acomodo detrás de ella.
En mi cabeza, me imagino este agradable momento romántico como
algo de una película en la que suenan los violines en el fondo y la
iluminación de todo es cambiante y seductora.
En realidad, como que meto la pata un poco, enredando su pelo
alrededor de un millón de maneras diferentes y tomándome tres veces
más de lo necesario. Pero vamos, soy hombre. No tengo mucha
experiencia desenredando cabellos.
Audra se vuelve hacia mí, cuando las últimas hebras caen
libremente.
Me quedo sin aliento.
Ésta es Audra. No la feroz guardiana siempre dispuesta a luchar.
Simplemente, la chica de mis sueños. Sólo que ahora está justo en frente
de mí, y puedo alcanzarla y tocarla. Agarrarla. Besarla.
Me apoyo en mis manos y me inclino hacia atrás.
No voy a obligarla, incluso si todo dentro de mí está gritando que
mande a la mierda mi prudencia y gaste lo que muy bien podría ser
nuestra última noche en la tierra formando juntos una maraña de calor y
labios y extremidades.
Tiene que ser su elección.
Estira su mano, sus suaves dedos deslizándose por mi mejilla, dejando
rastros de chispas.


258
Mis ojos se enfocan en su boca mientras lame sus labios y se inclina
más cerca.
Va a hacerlo. Va a besarme.
Me resisto a la tentación levantar mi puño al cielo.
—Eres hermosa —suspiro, en su lugar.
Se acerca más. Nuestras narices se tocan. Me detengo de cerrar la
distancia.
Tiene que ser ella.
Aspira una bocanada de aire y cierra los ojos.
—¿En qué estás pensando? —Pregunta una voz de mujer. Al. Último.
Segundo.
—¡Vamos! —grito cuando Audra da un salto hacia atrás como si yo
tuviera la peste.
Me vuelvo para mirar a la mujer.
Su cabello largo y oscuro es de estilo en una trenza apretada y está
con el mismo uniforme que Audra, pero no lleva la chaqueta. Solo la
musculosa debajo. Gavin se apoya en su hombro y juro que se está riendo
de mí con sus pequeños y brillantes ojos rojos-anaranjados.
Deja escapar un lento suspiro dramático, dejando sacudirse por todo
su cuerpo mientras niega con la cabeza y se centra en Audra, quién está
ocupada tratando de alisar su cabello en una especie de trenza
descuidada. —No hay necesidad de darse aires, Audra. Ya he visto más
que suficiente. Pero nos ocuparemos de eso más tarde. Por el momento,
¿por qué no me presentas?
Audra cierra los ojos y traga. —Vane, esta es mi...
—Sí, lo sé —interrumpo, porque aunque no la haya visto en mis
sueños, el parecido familiar es imposible de pasar por alto.
La madre de Audra llega, finalmente.


259
48
Audra

uiero cavar un agujero en la tierra y desaparecer en él por el
resto de la eternidad. Pero no le daré a mi madre el placer de
ver cómo me derrumbo.
Me quito el polvo de los pantalones mientras me levanto. Me
tiemblan las piernas y el pelo suelto me golpea en la cara, haciéndome
sentir torpe y débil. Pero mi voz es fuerte cuando pregunto—: ¿Qué haces
aquí?
Un frío viento nocturno nos golpea y mi madre tiembla, envolviendo
sus brazos alrededor de su pecho y cierra sus ojos con fuerza, como si el
viento estuviera pinchando. Su voz es tensa cuando por fin abre los ojos y
pregunta—: ¿De verdad creías que te dejaría enfrentarte a los Stormer
sola?
Sí.
—¿De verdad creías que quería que mi hija, mi única hija, tuviera
que sacrificarse si había una manera de evitarlo?
Sí.
—Sí. —La respuesta viene de Vane, no de mí.
Mi madre se endereza, alisando la tela de su camiseta mientras se
vuelve hacia él. —Parece que mi hija no te ha dado una imagen precisa
de mí.
—En realidad, el hecho de que no pidieras refuerzos lo dijo todo. —
Suena más frío y fuerte de lo que nunca lo he escuchado.
Los ojos de ella se estrechan. —Eso es porque contaba con que
finalmente te convertirías en un verdadero Caminante del Oeste. Y
esperaba que resultaras ser menos inútil que los demás.
—Oye —dice Vane, al mismo tiempo que Gavin chilla.
Q


260
—Basta. —Me froto las sienes y levanto las manos para silenciar a
todos—. ¿Entonces por qué me dijiste que no lucharías conmigo? —le
pregunto a mi madre.
Ella suspira. —Pensé que si te daba un poco de motivación extra,
finalmente forzarías el descubrimiento de la manera en que deberías haber
estado haciendo todo el tiempo. Pero siempre pensé luchar a tu lado si no
funcionaba. Así que aquí estoy. Y parece que llegué a tiempo para
ahorrarte otras cosas también.
Mis mejillas arden. Mi cuerpo entero arde. Pero algo de eso es
decepción—por mucho que odie admitirlo.
Mi madre se aclara la garganta, alejándome de una imagen mental
de los labios de Vane.
—Sólo voy a decir esto una vez —dice, poniendo su mano en la
cadera, como si estuviera regañando a un par de niñitos—. Estoy dispuesta
a fingir que no los encontré en una posición comprometedora cuando
llegué, pero sólo porque nunca va a volver a pasar, ¿de acuerdo?
Digo que sí al mismo tiempo que Vane dice que no.
—¿Qué? —grita él, haciendo que Gavin chille de nuevo.
Mi madre acaricia las plumas de Gavin y le murmura palabras suaves
para calmarlo. Por un segundo me quedo sin palabras. Gavin es el único
pájaro al que mi madre nunca se acercó, culpándolo a él tanto como a
mí por lo que pasó. No sé qué sentir cuando acaricia con el pico sus
dedos, completamente absorbido por ella.
—Lo siento mucho, Vane—le dice mi madre—. Por desgracia, no eres
libre para tomar esa decisión.
Está usando el mismo tono suave que usó con Gavin, pero Vane no
se apacigua tan fácilmente.
—Ya lo veremos—le responde.
Me mira, suplicándome que diga algo. Pero sólo puedo apartarme.
Con mi madre aquí, podría tener una oportunidad de sobrevivir a
esta pelea. Lo que significa que viviré para hacer frente a las
consecuencias de mis acciones si me enlazo con Vane Weston. La
vergüenza. La desgracia. Ser expulsada de la Tempestad, lo único que le
da a mi vida un propósito. Y eso si no me destierran por traición.
—¿Entonces eso es todo? ¿Mamá se presenta y yo ya no importo?
No hay nada que pueda decir, así que extiendo mi brazo y Gavin
vuela a mi muñeca. Le acaricio las plumas más suaves ubicadas en su
pecho, agradecida por la distracción.


261
—No sabía que fueras tan cobarde—dice Vane, lanzándome cada
palabra como si fueran piedras afiladas.
Las palabras me escuecen—más de lo que él puede saber.
Principalmente porque son ciertas. No soy lo suficientemente valiente para
enfrentarme a la Tempestad para estar con él.
Retengo las lágrimas.
Mi madre deja escapar otro suspiro épico. —Cuando te dije que
hicieras que te amara, Audra, no quise decir que deberías enamorarte de
él.
—¿Qué? —grita Vane y no puedo evitar mirarlo—. ¿Tu madre te
metió en esto?
—No. No fue… yo no… —Envío a Gavin a que busque una percha
para que pueda quitarme el estúpido pelo de la cara. El viento sigue
metiéndomelo en los ojos—. No voy a tener esta conversación.
Él resopla. —Claro. Dijiste suficiente. De hecho, voy a hacer esto
realmente fácil para ti.
Se aleja y cuando desaparece en la oscuridad, mi madre se me
acerca. Su rostro está pintado con simpatía, pero sé que por debajo
probablemente estará pensando, Mira cómo Audra estropeó todo otra
vez.
—Va a lamer sus heridas y superarlo. No se ha hecho daño
permanente —me dice, colocando una mano en mi hombro.
Alejo su brazo. Incluso si es sincera, no se ha ganado el derecho a
actuar de repente como una madre amorosa.
Y tal vez tenga razón—quizás es algo bueno. Pero la idea de Vane
siguiendo adelante me hace daño físicamente. También lo hace saber
que está en alguna parte en las sombras, pensando que yo sólo estaba
fingiendo que me importaba.
—¿Han sido unos días difíciles? —pregunta mi madre mientras me
acuesto en el suelo, apoyando la espalda contra la fría base de un molino
de viento.
—Se podría decir eso.
—Bueno, por desgracia, sólo se va a volver más difícil. —Su mano se
mueve a su brazalete de oro, frotando el mirlo intrincado—. Hay otra razón
por la que estoy aquí, sólo no quería decirla delante de Vane. No quería
preocuparlo.
Bien. Sólo me preocupo yo.


262
La miro, negándome a pedirle que continúe. Estoy cansada que
tenga el control de nuestras conversaciones.
Cierra los ojos y levanta las manos, agitándolas en el aire. —Hay algo
diferente en estos Stormer. Algo anormal en la forma que trabajan. Hay
mucha inquietud en los vientos.
Dolor se filtra en su rostro y ella se dobla, abrazando sus piernas
mientras todo su cuerpo se estremece y un gemido débil se desliza a través
de sus labios.
Nunca he visto que los vientos la afectaran tan fuertemente y para el
momento en que me doy cuenta que debería tratar de sostenerla,
protegerla—como mi padre hacía siempre—ella ya está enderezada. Pero
sus brazos sostienen su estómago como si estuviera enferma.
—No sé qué significa nada de lo que estoy sintiendo. —Jadea a
través de respiraciones irregulares—. Pero creo que es seguro decir que
estamos ante un buen combate.
—Entonces tal vez debería usar la llamada de emergencia.
—¡No! —Su tono agudo hace eco en los molinos de viento, y sus
dedos vuelven a frotar el mirlo de su brazalete, como si estuviera tratando
de calmarse antes de continuar—. La Tempestad no puede prescindir de
ningún guardián, ¿cuántas veces tengo que decírtelo? Están demasiado
susceptibles tal como están. No tienes ni idea.
Empieza a caminar, entrando y saliendo de las sombras mientras lo
hace. —No puedo creer que Vane no tuviera el último descubrimiento.
Deberías haberlo presionado más fuerte.
—Más fuerte y estaría muerto. Forcé tres descubrimientos en
veinticuatro horas, y los vientos casi lo alejan. Lo llevé a la costa y lo rodeé
con Ráfagas del Oeste. Incluso aspiró una, pero tiró tan profundo en su
conciencia que casi desaparece. Tuve que liberar sus recuerdos para
traerlo de vuelta.
Gavin chilla mientras ella corre hacia mí y me agarra por los
hombros. —¿Liberaste sus recuerdos?
Miro sus dedos delgados enterrados en mi piel. Al igual que cuando
le dije que mi padre me envió su don, hace tantos años . —¿Por qué?
Separa los labios, luego se congela. Me suelta y se da la vuelta. —
Sólo… Siempre pensé que era nuestra última oportunidad. Que tal vez sus
padres le habían enseñado algo que pudiera ayudarle a encontrar su
herencia. Pero si liberaste sus recuerdos y todavía no tuvo el
descubrimiento…
Su voz se desvanece.


263
Me froto los hombros, tratando de mantenerme al día con los
cambios de humor erráticos de mi madre. Nunca la he visto tan inestable.
Parece casi… perdida. Frágil.
Los intensos ojos de Gavin brillan hacia mí a través de la oscuridad.
—¿Por qué lo trajiste aquí?
Se vuelve hacia mí, pero no me mira a los ojos. —Cuando recibí tu
mensaje, seguí tu rastro, pero me llevó a tu casa. No sabía que estuvieras
viviendo en semejante…
—¿Choza? —termino cuando ella no lo hace.
Asiente. Entonces me mira y hay algo en su expresión que nunca he
visto antes. Me cuesta un segundo darme cuenta que es lástima.
O quizá remordimiento.
—¿No pudiste encontrar un lugar mejor? —pregunta después de un
segundo.
Me encojo de hombros. Honestamente, no busqué. No necesitaba
comodidad. Necesitaba hacer mi trabajo.
Retuerce sus manos. —Bueno, vi a Gavin allí, y… pensé que tal vez
era el momento de hacer las paces.
Tengo que cerrar la mandíbula para evitar que se caiga.
Sé el significado de todas y cada una de las palabras que dijo, pero
unidas y viniendo de los labios de mi madre bien podrían haber sido un
idioma extranjero.
—¿Estabas realmente dispuesta a hacer el sacrificio? —susurra.
—Hice mi juramento. Tengo la intención de cumplirlo.
Ella está callada lo suficiente para hacer que me inquiete, y sus
dedos frotan con tanta fuerza su brazalete que me sorprende que no
caigan trocitos negros.
—¿Qué? —pregunto finalmente.
—Nada. Sólo… realmente eres hija de tu padre.
Las palabras se sienten cálidas.
Eso es todo lo que siempre he querido ser.
—Ustedes dos siempre fueron como las nubes y el cielo, una pareja
perfecta. A veces no sabía dónde pertenecía en la mezcla.
No puedo leer su tono. Las palabras son tristes, pero ella suena más…
dolida.
Me aclaro la garganta. —El cielo estaría vacío sin los pájaros.


264
Extiende la mano hacia mí, como si estuviera tratando de sentirme
de la misma manera que hace con los vientos. Pero no se acerca.
Cierro los ojos, concentrándome en los vientos surgiendo a través de
mi piel, azotando mi pelo suelto. Cantan sobre los pequeños pasos que
provocan el cambio. Ondas en un estanque.
No estoy segura de si estoy lista para salir a la superficie.
—Deberíamos enviar a Gavin a casa—digo—. Podría meterse en el
camino.
Mi madre deja caer el brazo y asiente. —Yo me encargo de él.
Llama a Gavin, y mientras aletea en su hombro, me sorprende
darme cuenta que confío en ella.
Me doy la vuelta para alejarme—entonces me vuelvo a girar y me
aclaro la garganta. —Gracias por venir a ayudar.
Pasan unos pocos segundos interminables. Entonces mi madre me
contesta susurrando—: De nada.
Es un pequeño y reacio paso. Pero tal vez con el tiempo nos lleve a
algo mejor.


265
49
Vane


stábamos. Tan. Extremadamente. Cerca.
Un segundo más y finalmente habría sabido que se siente
besar a la chica que amo.
Las luces rojas de los molinos de viento parpadean hacia mí a
través de la oscuridad. Casi como burlándose. Quiero gritar o arrojar cosas
o… no lo sé, simplemente hacer algo.
Pateo el molino de viento más cercano.
Un dolor se dispara a través de mi pie, y me obligo a sentarme antes
de hacer algo realmente estúpido como ir a enfrentar a Audra de nuevo.
Me apoyo contra el molino de viento y froto mi palpitante pie. Mis
ojos se concentran en el brazalete de cobre, recordando la manera tan
cuidadosa en que Audra lo abrochó alrededor de mi muñeca, después de
guardarlo para mí por diez años.
No pudo haber estado fingiendo. Nuestra conexión es demasiado
profunda para eso. Y no puedo creer que hubiera estado a punto de
besarme si realmente fue todo una actuación.
Pero si es real, ¿por qué no puede votar sus estúpidas reglas y
dejarme entrar? ¿Cómo puede elegir a la Tempestad en vez de a mí?
Mi mente da vueltas tratando de encontrar algún sentido a la
montaña rusa de Audra en la que he estado montado. No estoy seguro de
cuánto tiempo más pueda lidiar con el latigazo emocional.
Las horas pasan y peleo por permanecer despierto a través del
silencio oscuro. Pero después de tantas noches sin poder dormir e
interminables días, no puedo evitar sumirme en un sueño.
E


266
Tropiezo a través de la tormenta. Ráfagas heladas me hacen
temblar. Tortuosas corrientes empujan y tiran, tratando de derribarme o
desgarrarme lentamente. De alguna manera sé en donde pisar, cómo
avanzar, cómo mantener mis pies en el suelo desigual.
—¿Mamá? —grito por millonésima vez, mi garganta se encuentra
áspera y seca—. ¿Papá?
El viento se lleva mis inútiles gritos. Me inclino hacia las ráfagas y me
abro camino, ignorando el pánico que crece en mi garganta y me hace
querer vomitar.
Los encontraré. Todo estará bien.
Dos formas borrosas se desdibujan a través de la tormenta y corro
con todas mis fuerzas tras ellas. —¿Mamá? ¿Papá?
Me abro paso en la tormenta, pero realmente aún no puedo verlos.
Una barrera de viento nos separa, una tormenta dentro de la tormenta.
No sé si es seguro abrirse paso, pero tengo que llegar hasta mis
padres. Ataco los vientos y caigo en una cascada gélida de aire en el
vórtice interno, al otro lado del suelo.
Me limpio la tierra y escombros de mis ojos. Mi corazón se hunde.
No son mis padres.
Reconozco a la mamá de Audra. Pero el hombre es un extraño.
Estoy a punto de pedir ayuda cuando veo la nube oscura cosida a la
manga de su uniforme gris. Una nube de tormenta.
Cubro mi boca para bloquear mi grito en el mismo instante que él
grita algo que no puedo entender e hilos oscuros de viento enredan a la
mamá de Audra, arrancándola del suelo.
—No puedes matarme —grita ella mientras su cuerpo se retuerce y
desliza un brazo libre —. ¿No sabes quién soy yo?
Él se ríe. —No eres tan poderosa como piensas.
Ella comienza a gritar algo, pero él envuelve una densa corriente a lo
largo de su boca, atragantándola con el aire.
—Veamos cuan poderosa eres ahora. —Hace más severa las
corrientes y la levanta más alto fuera del suelo.
Me tropiezo, planeando empujarlo y así se distraiga y ella pueda
escapar. Pero antes de llegar allí, ella levanta su brazo libre, dobla sus
dedos como una garra, y mueve rápidamente su muñeca.
Una avalancha de viento levanta al Stormer y lo tira al suelo de un
golpe, rompiendo su control sobre los vientos y liberando a la mamá de


267
Audra. Ella aterriza con un ruido sordo, incapaz de detener su caída a
tiempo.
Ambos permanecen inmóviles.
Entonces el Stormer se pone de pie rápidamente, quitando la sangre
de su mejilla. —Ese fue un buen truco. Pero tengo uno mejor. —Envuelve las
corrientes alrededor de su cuerpo, formando un grueso caparazón que
cubre todo excepto su rostro—. Ahora soy tan indestructible como mi
tormenta.
Ella se ríe, un oscuro y amargo sonido que congela todo dentro de
mí, mientras se pone de pie. —Eres vulnerable en otras formas.
Ella extiende su brazo y mueve rápidamente su muñeca otra vez.
Por un segundo nada pasa. Luego en algún otro lugar en la
tormenta escucho un débil gemido de dolor.
¿Otro Stormer?
—¿Qué has hecho? —Grita el Stormer, cayendo sobre sus rodillas.
Sus rasgos se distorsionan con furia. —Raiden no tiene idea de con
quién se está metiendo.
Ella levanta su brazo de nuevo. Pero es en ese momento cuando me
ve.
Me mira fijamente y en su momento de distracción, el Stormer la
enreda en ráfagas y la lanza alto con toda la fuerza del embudo. Los
vientos la sorben hacia la oscuridad.
El Stormer grita algo a los vientos envueltos alrededor de él y explota
hacia donde procede el otro grito.
Corro hacia el camino opuesto.
El viento alrededor de mí ruge, haciendo que mi piel se erice por la
fuerza. Sigo mi camino hacia el borde del vértice derecho mientras otro
grito perfora a través de la tormenta. Un grito más agudo.
Audra.
Intento esquivar los árboles voladores y los trozos rotos de la casa y
rocas mientras corro, pero alguno de ellos me alcanzan. Sangre rebosa
hacia bajo por mis piernas y brazos mientras ella grita de nuevo y yo sigo el
sonido. Finalmente la encuentro atada al muro del tornado, amarrada por
los vientos. Cosas vuelan hacia su cabeza, ramas, rocas y trozos de quien
sabe qué. Necesita ayuda.
Pero está muy arriba de mí. Ni siquiera sabe que estoy aquí. Los
vientos borran mis gritos antes de que lleguen a ella. No sé cómo ayudarla.


268
Deseo que mis padres me hubiesen enseñado algo que pudiera
salvarla. Una simple orden. Cualquier cosa.
Los vientos se mueven. Tropiezo sobre mis rodillas mientras la corriente
que sostiene a Audra la desgarra más alto, hasta apenas ser solo un punto
en el cielo. Su grito atraviesa el rugido de la tormenta, haciendo que mi
estómago se retuerza y se contraiga.
La corriente la lanza como a una piedra.
—Vuela —grito.
Ella cae más rápido.
Algún instinto en lo profundo de mi ser toma el control. Mis manos se
extienden, pero no recuerdo decirles que hagan eso, y escucho como mi
voz susurra este loco y sonoro silbido.
No tengo idea de que dije. Pero el viento entiende.
Una ráfaga se envuelve alrededor de Audra y la agarra. No es lo
suficientemente fuerte para atraparla, pero reduce la velocidad de su
caída. Golpea el suelo lo suficientemente fuerte para lastimarse. Pero no lo
suficientemente fuerte para morirse.
Un hombre aparece a través de la pared de viento, y comienzo a
correr. Entonces me doy cuenta que es el papá de Audra. Él se inclina
sobre ella, revisándola antes alzarla sobre sus hombros.
Me tropiezo a su lado y él me estabiliza contra el viento gélido.
—Gracias —dice él—. Salvaste la vida de mi hija.
Me despierto bruscamente.
El cielo está oscuro, pero no tan oscuro como la medianoche.
Tormenta oscura.
Nubes de mi aliento quedan en el aire y las miro fijamente, tratando
de recordar la última vez que estuvo lo suficientemente frío en el desierto
para ver mi aliento. Trato de agarra mi sudadera, luchando para ponerlo
por encima de mi cabeza con manos temblorosas. El valle está
siniestramente silencioso. Todos los molinos de viento quietos.
La calma antes de la tormenta.
—Ellos podrían estar aquí en cualquier minuto —proclama Arella.
Salto mientras sale de las sombra de un molino de viento.
—Uff, ver dormir a las personas va más allá de lo escalofriante —
gruño.


269
Una media sonrisa curva sus labios. —Vine para despertarte, pero
parecías estar teniendo una pesadilla.
Más como un recuerdo. —¿Dónde está Audra?
—¿Por qué? ¿Qué necesitas?
Ella muestra rápidamente una sonrisa que probablemente debe
hacerme confiar en ella, pero aún estoy demasiado dispuesto a golpearla
por lo de anoche. —Necesito hablar con ella.
Suspira y señala hacia el extremo opuesto de la colina, donde diviso
a Audra caminando de un lado a otro entre los molinos de viento. Me dirijo
hacia ella.
Arella me sigue.
—Puedo encontrarla por mi cuenta —le digo.
—Vengo como chaperona.
—Eh, tengo cosas más importantes que hacer que tratar de
conquistar a tu hija.
—Eso no fue lo que escuché.
No tengo tiempo para esta mierda. Hago mi mejor esfuerzo para
ignorarla mientras ella se arrastra justo detrás de mí.
El cabello de Audra está de nuevo en una trenza —obviamente— y
es difícil no mirar fijamente su boca, recordando que tan cerca llegó a
presionarse contra la mía.
Sacudo el recuerdo recurrente a otra parte. —Necesito hablar
contigo.
—No hay mucho tiempo. Lancé una bengala de viento hace
aproximadamente una hora. Ellos vendrán directamente aquí.
Respiro dentro de mis manos ahuecadas, tratando de dejar de
titiritar. —Bueno. Sólo pensé que querías saber que recordé algo en mi
sueño. Hablé en el lenguaje del Oeste.
Arella jadea y la fulmino con la mirada. —No estaba hablando
contigo.
—¿Qué quieres decir con que “hablaste en el lenguaje del Oeste”?
—pregunta Audra.
—Sí, Vane. ¿Qué quieres decir? —Se mete en la conversación Arella.
Me acerco a Audra, manteniendo mi espalda hacia su mamá. —No
fue tu padre quien te salvó en la tormenta, al menos, no la primera vez. Fui
yo. Llamé el viento que te atrapó.


270
—Pero… Recuerdo perfectamente a mi padre llevándome fuera de
la tormenta —argumenta Audra.
—Él lo hizo. Después de que yo llamara a una Ráfaga del Oeste para
frenar tu caída. ¿No recuerdas que tan rápido estabas cayendo antes de
eso?
Ella frunce el ceño. —Creí que mi padre envió esa corriente.
—No, fui yo.
—Pero…
—Si tu padre hubiera enviado esa corriente, ¿no crees que habría
suavizado más tu caída? Tú golpeaste fuerte el suelo, ¿cierto? Porque no
tenía suficiente control.
Arella agarra mi hombro y me hace girar hacia su rostro. —¿Eso
significa que has tenido el descubrimiento?
Sus ojos están brillantes. Demasiado brillantes. Desesperados.
Me corro bruscamente. —No puedo recordar qué dije para llamar al
viento. Ni siquiera estoy seguro de si lo sabía entonces. Fue más como si mis
instintos tomaran el mando de alguna manera.
Sus manos se aprietan en puños mientras mira hacia otro lado. —Muy
cerca.
Dímelo a mí.
—Algo debe haber detonado esos instintos —dice Audra.
—Sí. No quería que murieras.
Su mirada se suaviza por eso, y tengo que detenerme para no tomar
su mano. Pero doy un paso más cerca, bajando mí voz así sólo ella pueda
oírme. —Quería salvarte. Aún quiero.
Un rosado tiñe sus mejillas mientras mira fijamente hacia mis ojos.
Aún le importo.
Arella aclara su garganta, arruinando el momento.
Está rogando ser derribada.
—No estaba tratando…
—Así que si amenazo la vida de Audra justo ahora —pregunto ella,
interrumpiéndome—, ¿tus instintos tomarían el mando otra vez?
—Eh… probablemente no… porque me gustaría creer que en
realidad no matarías a tu hija sólo para detonar mi descubrimiento.
—Entonces no entiendes cuánto significa tu descubrimiento.


271
¿Es esta mujer psicópata? ¿O están todos los Caminantes del Viento
demasiado inmersos en esta lucha por poder, que nada más importa?
No sé qué es peor.
—Necesitamos intentarlo—continúa Arella—. Necesitamos algo que
detone tus instintos protectores por Audra.
—Ni siquiera lo pienses—advierto cuando se acerca a Audra.
Clavaré sus manos a sus costados si tengo que hacerlo. Recuerdo lo que
les hizo a los Stormer en mi sueño.
—Es demasiado tarde —interrumpe Audra. Ella señala hacia el cielo,
que ahora se ve como un gigante cardenal. Un rugido ensordecedor hace
eco afuera de las montañas, ahogando el resto de sus palabras.
Los Stormer han llegado.


272
50
Audra

a última vez que oí este sonido, mi padre murió.
El rugido se arrastra a través de mis oídos, se desliza por mis
venas, y se planta a mis pies, arraigándome a la tierra.
Por un segundo, no puedo respirar, pensar, ni moverme.
Entonces mi entrenamiento se entromete.
Agarro el brazo de Vane. —Ven conmigo. Ahora.
—Vane debería quedarse conmigo —dice mi madre, agarrando su
otro brazo.
—Él no va a salir de mi vista.
—¿Cuál de nosotras es la luchadora más fuerte? —pregunta.
—¿Cuál de nosotras es su guardián? —replico.
—Me quedo con Audra —dice Vane, tratando de alejarse de mi
madre. Su agarre se aprieta.
Varios segundos pasan mientras nos miramos una a la otra. Luego
libera su agarre. —Si se lo llevan, será tu culpa.
—Eso no va a suceder.
Ella me escruta a medida que avanzamos hacia nuestra posición. A
continuación, los primeros vientos se alejan de nosotros, un éxodo masivo
de Vientos del Norte. Respondiendo al llamado de los Stormer.
A regañadientes, mi madre trota lejos, tomando su lugar en la colina
justo debajo de nosotros. Vane va conmigo a la agrupación de las turbinas
de dos palas. Señalo al centro del molino de viento.
—Agáchate allí.
—¿Qué hay de ti?
L


273
—Puedo cuidar de mí misma. Por favor —agrego cuando empieza a
discutir—. Tienes que dejarme estar a cargo ahora. Esto es lo para lo que
me he entrenado.
Sus puños cerrados me dicen que no quiere llegar a un acuerdo,
pero se pone en cuclillas en las sombras.
—No hagas nada estúpido —ordena.
Sé a lo que hace referencia, pero no puedo hacer esa promesa. —
Mantén tus manos sobre las corrientes más cercanas para que puedas
agarrarlas si lo necesitas.
Él asiente con la cabeza.
Vientos azotan los molinos de viento en una mancha de color
blanco, y me permití creer que mantener a Vane rodeado de hojas
gigantes y afiladas disuadirá a los Stormer del uso de un ataque de
torbellino. Pero puedo sentir los vientos rayar a los bordes de los cerros. La
formación de una pared. Jaulas con nosotros dentro.
¿Qué están tramando?
Corro hacia el molino de viento más alto y limpio mis manos
sudorosas en mis pantalones. Sería más rápido flotar a la parte superior,
pero los Stormer no saben exactamente dónde estamos. Si llamo una
corriente ahora, bien podría encender un faro. Tengo que subir a mano.
Mis piernas queman y mis dedos se sienten a carne viva, pero llego a
la cima y me agacho detrás de las hojas. Debería ser capaz de ver todo el
valle desde mi gallinero, pero los vientos vuelven borroso todo más allá de
las colinas. Todavía puedo distinguir los dos embudos oscuros arando en el
desierto, sin embargo. Atacando desde el norte.
Espero que mi madre esté lista. Ellos alcanzarán su posición antes que
la nuestra.
Sudor pasa a toda velocidad por mi espina dorsal mientras los
embudos se desentrañan en el borde exterior del parque eólico,
desapareciendo en las nubes de polvo y arena. El primer comando de los
Stormer lame a través del aire helado, haciendo eco de las corrientes de
aire que azotan. Nunca he escuchado una llamada tan fuerte. Suena
como partes y piezas de los tres idiomas. Nada más que galimatías.
Pero los vientos entienden.
Todo a mí alrededor cambia de dirección, planeando y
escondiendo la cabeza, buceando en los patrones naturales, queriendo
sacarnos.
Sondas.


274
A diferencia de las sondas que he visto. Éstas se sumergen y corren
como un rayo caprichoso, casi como si estuvieran buscando el movimiento
o el calor.
¿Es eso posible?
Me agacho cuando la sonda viene directo hacia mí. Falla a mi
cabeza por unos centímetros. Otra se precipita por mis piernas y salto para
evitarla, apenas recuperando el equilibrio cuando aterrizo. Echo un vistazo
a Vane y veo que no le está yendo nada mejor. El látigo de los vientos
azota y gira alrededor de él, haciéndolo bucear, saltar y bailar para
evitarlos.
¿Qué tipo de trucos ha enseñado Raiden a sus guerreros?
Voy esquivando otra sonda y pierdo mi equilibrio, apenas agarro un
extremo de la plataforma mientras me caigo. Mis músculos se desgarran, y
apenas reprimo mi grito cuando se me disloca el hombro. Pero me halo a
mí misma y giro a la posición que Las Tempestades me enseñaron,
envolviendo mi brazo alrededor de mi pecho para que pueda forzar el
hueso de nuevo en la articulación. Me tiemblan las manos, sabiendo que
va a doler tanto al entrar como lo hizo al salir.
Tres respiraciones profundas y...
El aullido de los vientos cubre mi gemido cuando el dolor candente
apuñala mi hombro como una Windslicer en llamas. Cuando me limpio las
lágrimas de mis ojos, puedo sentir mi brazo funcionar correctamente de
nuevo.
Antes de poder celebrar la pequeña victoria, hay otro silbido ilegible.
Los vientos desaparecen. Instantáneamente. Como si alguien
hubiera chasqueado sus dedos y puesto cientos de vientos desmarañados.
Si no lo hubiera visto por mí misma, no lo habría creído.
Me agacho de nuevo, entrecerrando los ojos por la arena agitada, a
la espera de su próximo movimiento.
Un minuto. Dos minutos. Tres minutos.
No hay ataque.
Vientos se escurren hacia atrás y mi pulso empieza a regularizarse.
Hasta que escucho sus canciones.
No puedo entender ninguna de las palabras.
Algo está muy mal.
Gavin chilla.


275
Mi corazón se detiene cuando lo veo rayando a través del cielo.
Dirigiéndose directamente hacia mí.
No. ¡No! Mi madre lo envió a casa. ¿Por qué habría de volver?
Forma círculos por encima de mi molino de viento, y yo trato de
transmitir una advertencia desesperada: Vete. Ahora.
En cambio, él grita de nuevo y se sumerge, aterrizando en mi
hombro.
Mi molino explota.
La turbina se divide en dos, el metal pelado como si estuviera hecho
de papel. Gavin aletea lejos, ya que caen a través de una lluvia de
metralla, protegiéndome los ojos con un brazo y alcanzando una corriente
con el otro. La mayoría de los vientos se sienten mal, rotos, y se niegan a
reconocer mi llamada. Pero mis dedos alcanzan una Ráfaga del Sur útil y le
ordeno que me atrape.
Las corrientes arruinadas rozan mi piel como cuchillas desgastadas
mientras floto a unos metros por encima del suelo. Estoy hundida
profundamente en las hebras del viento del sur para protegerme la cara.
¿Qué están haciéndole a los vientos?
Es difícil de ver con toda la arena girando por el aire, pero hecho un
vistazo a la sudadera azul de Vane tropezando hacia mí, ni siquiera
intentando permanecer fuera de la vista.
—Agáchate —le grito mientras otro pico de ráfagas de un molino de
viento explotan directamente en frente de él, rociándolo con restos de
metal.
Los grandes y pesados pilares se agrietan y tambalean, oscilando
hacia Vane.
Grito mientras él se aleja segundos antes de que el poste de acero
aplaste el suelo. Otro molino explota junto a él, y se lanza a la arena y se
pierde la mayor parte de la metralla.
Ordeno a mi Ráfaga del Sur dejarme cerca Vane, pero otro viento
pico silba hacia mí y apenas consigo esquivarlo. La fuerza me hace girar
en un molino de viento y las estrellas parpadean en frente de mis ojos
mientras mi cabeza golpea contra el metal. El dolor rompe mi
concentración, y el viento que me sostiene a rayas de distancia.
No hay vientos saludables para llamar. Me quedo sin respiración
mientras choco contra la arena.


276
—¡Audra! —grita Vane. Suena muy lejos, y no puedo decir si es
porque los vientos son muy fuertes o porque ha sido apartado. O tal vez yo
he sido apartada. Es difícil pensar a través del dolor.
Me tropiezo con mis pies, eliminando la humedad que gotea por mi
mejilla. Mi mano se vuelve roja de sangre, pero me seco en mis pantalones
y sigo adelante. Siento por una corriente, cualquier corriente, para llamar,
pero sólo encuentro vientos rotos e inútiles.
Los Stormer incapacitaron el aire.
Me incapacitaron.
Desenvaino mi Windslicer, triturando los vientos misteriosos. Pero cada
corriente que destruyo hace el aire más grueso, como una niebla. Se aferra
a mí, escozor como agujas, mientras me agobia y nubla mi camino. Sigo
adelante de todos modos. Tengo que ayudar a Vane.
Decenas de picos de viento explotan a mí alrededor, me entierro en
escombros. Me saco a mi misma de la suciedad, piedras, metal, y quién
sabe qué más a tiempo para oír a Vane gritar.
Corro hacia el sonido, limpiándome la sangre y la suciedad de los
ojos y rozando la niebla con la Windslicer. Por un segundo la pared del
viento lodoso se abre, y veo dos figuras vestidas de gotas grises del cielo.
Uno a cada lado de Vane.
—¡No! —grito, cargando hacia adelante, ya que lo atan con una
bobina gris gruesa de corrientes.
Un muro de viento ártico se estrella contra mí.
Corto la corriente, pero es como apuñalar a una cascada. La fuerza
me domina. Caigo por el suelo rocoso, apenas logro mantener mi arma
mientras me ahogo en el círculo vicioso, la corriente rota.
Vane grita mi nombre.
Salto sobre mis pies, sólo para ser arrojada hacia atrás otra ráfaga
helada. Me clava a un molino, lagrimeo mi cara mientras las espinosas
corrientes frías crecen.
Sostengo la Windslicer hacia la corriente de aire y los vientos se
parten lo suficientemente amplios como para mostrarme a Vane. Nuestros
ojos se encuentran y él grita algo que no puedo escuchar, pero se ve
como un "No lo hagas."
A continuación, los Stormer forman una tubería y lo disparan fuera de
la tempestad.
Se ha ido.


277
Un sollozo primario me sacude violentamente mientras otra corriente
golpea en mi pecho como un látigo helado. Apenas noto el dolor.
No voy a dejar que se lo lleven.
Todo para lo que he trabajado, jurado, se reduce a esto.
Mi sacrificio.
La idea debería hacerme temblar, pero en realidad me llena de
calma. Me pregunto si mi padre se sintió de la misma manera.
Estoy lista.
Le grito a los vientos, rogando que todos me rodeen para que pueda
entregarme a ellos.
Las destrozadas, arruinadas corrientes no responden a mi llamada.
No hay nada que pueda hacer. No puedo rendirme si los vientos no
me van a tomar.
Las lágrimas caen por mi cara. Me dan ganas de gritar.
Derrumbarme. Colapsar.
Pero por encima del rugido de la tormenta oigo otro sonido.
Risa.
Abro los ojos y encuentro un Stormer unos metros delante de mí. Se
alisa hacia atrás su cabello oscuro y sonríe como un león acechando a su
presa. —Bueno, bueno, no podemos dejar que te sacrifiques. Eso arruinaría
todo.
Él me golpea con una fría y arruinada Ráfaga del Norte. Otro látigo
congelado, esta vez agrietando mi cara.
Se ríe mientras me limpio la sangre de mi mejilla. —Hemos estado
persiguiendo tu canción del viento por todo el desierto, preocupados de
nos enfrentábamos a un fantasma omnipotente de una Tempestad. Pero
no eres más que una niña flacucha con el mismo aburrido truco en la
manga que su padre. Demasiado malo para ti que ya estábamos
preparados para esa actuación en esta ocasión.
Él me azota otra vez, golpeando mi pecho, sacándome el viento. Se
ríe mientras me despedazo y jadeo. —No te preocupes. Si quieres morir,
eso puede arreglarse fácilmente.
Grito mientras un estallido de fuerza me llena.
Nunca quise morir.
Quería salvar a Vane.
Voy a salvar a Vane.


278
Mi puño se aprieta en la Windslicer.
Pueden romper los vientos. Pero no me van a romper a mí.
Es hora de mostrarle a estos Stormer con qué clase de guardián
están tratando.


279
51
Vane

speraba gritar, llorar —tal vez incluso ensuciarme— si alguna vez
los Stormer me atrapaban. La valentía no es lo mío.
Pero mientras el tipo me lanza lejos del suelo, lejos de Audra,
lejos de mi vida, mi mundo, no siento miedo.
Siento rabia.
Esto es lo que le hicieron a mis padres. A un sinfín de Caminantes del
Oeste.
No me lo harán a mí.
Soy el último maldito Caminante del Oeste—puedo romper algunos
estúpidos lazos de viento.
Las corrientes de frío y aire semisólido corren por mis muñecas y
tobillos, manteniéndome atado y suspendido en el cielo gris-azulado.
Presiono contra ellos y se aprietan. Presiono más fuerte y se aprietan más.
No es mi momento más brillante, pero estoy desesperado.
Mi mente se está nublando, mis músculos aflojando. Se siente como si
los lazos de viento estuvieran desgastándome, debilitando mi fuerza. No sé
si eso es posible, pero no voy a quedarme de brazos cruzados y
averiguarlo.
Un Ráfaga del Este pasa a toda velocidad y le ordeno golpear en
mis lazos. El rebota como un caucho. Por lo menos reacciona. Debo de
estar lo suficientemente alto en la tormenta sobre estos vientos revueltos y
espeluznantes. Mi piel aún recuerda la forma en que rasguñaban contra
ella, como si se hubieran vuelto ásperos. Duros.
Supongo que debí haber agarrado un cuchillo antes de irme. Puedo
mover mis brazos un poco—podría haber apuñalado al Stormer cuando se
acercara.
E


280
Metal cortando a través de la carne. Sangre salpicando en mi piel.
Aspiro una enorme bocanada de aire, tratando de pelear contra la
náusea repentina y el mareo.
No voy a salir de esto con arcoíris y rayos de sol. Si se necesita
violencia, voy a reunir el coraje para usarla.
No es que eso importe. No fui lo suficientemente inteligente para
agarrar un cuchillo. Todo lo que agarré fue un estúpido paquete de
pastillas para el dolor.
Pastillas.
Doy la vuelta y me retuerzo, esforzando cada músculo en mi cuerpo
tratando de alcanzar mi bolsillo.
Demonios—¿por qué no puedo ser más flexible?
Saco todo el aire de mis pulmones y me contorsiono en,
probablemente, la posición más antinatural—piernas levantadas, espalda
arqueada, brazos estirados hacia abajo. Mis ojos lagrimean por el dolor,
pero mis dedos se deslizan en mi bolsillo y sienten el borde del paquete de
pastillas.
Aprieto la esquina entre mis dedos y tiro como si mi vida dependiera
de eso—porque sí depende de eso. Pero el paquete no se mueve. Meneo
mis caderas para aflojarlo, y tiro una fracción de un centímetro. Pero no es
suficiente.
Oh Dios—esto va a doler.
Y estoy tan cansado. Todo lo que quiero hacer es cerrar mis ojos,
dejar que se relajen mis extremidades…
Me sacudo a mí mismo para despertarme. Luego contengo mi
respiración y estiro mi espalda para inclinarme. Ese. Último. Poco. Siento
algo rasgarse—y el grito que se escapa de mi boca me corrobora eso.
Pero el paquete se libera.
Se necesita más inclinación y estiramiento—juro que ahora clasifico
para experto en yoga—para llevar el paquete a mis incisivos. Lo abro a
tirones y meto dos delicadas pastillas en mi sudorosa palma. Mis dedos se
cierran alrededor de ellas antes de que el viento pueda arrebatármelas.
Ahora sólo necesito una forma de lograr que los Stormer se las
traguen.
Suelto el paquete y trato de no mirar como los vientos lo tiran de un
lado a otro en su largo camino hacia el suelo.
—No voy a caer —me digo.


281
—Oh, nunca dejaríamos que eso suceda —dice una voz profunda y
firme detrás de mí.
Me odio por gritar.
Manos frías me giran y estoy cara a cara con un Stormer. Su
ondulante y rubio cabello y ojos azules pertenecen a un surfista—no a un
guerrero cruel en un elegante uniforme gris. Nunca pensé que los Stormer
lucieran tan… humanos.
—Si estás planeando escapar, puedes detenerte ahora. —Se burla
de mí—. No hay nada que puedas tirarme que no haya anticipado.
—¿Quieres apostar?
—Grandes palabras para alguien atrapado en lazos irrompibles.
Grita algo que no puedo entender y los lazos se extienden,
grapándose alrededor de mi pecho. Mi puño agarra las pastillas mientras
toso y lucho por aire.
—Déjame. Ir. —Sé que es una estupidez decirlo, pero estoy bastante
seguro que todo rehén tienen que gritarlo en algún momento.
—No, no creo que lo haga.
Sus abultados músculos y la forma en que se queda suspendido en el
aire tan fácilmente demuestra que es más poderoso que yo. Pero estoy
demasiado enojado para estar asustado.
—No puedo esperar a ver lo que te haga Audra cuando llegue aquí.
—¿Ese es su nombre? ¿El de la cosita rara? ¿La que actúa toda dura
con una Windslicer? —Se inclina lo suficientemente cerca para que su
aliento frío cubra mi cara—. No te preocupes demasiado por ella. Está
segura en una escurridera.
Todo dentro de mí cae como una piedra. —¿Una escurridera?
Él sonríe. —Un embudo especial que hacemos. El rehén no se puede
mover. No puede escapar. Y nuestros vientos hambrientos drenan su vida.
Algo así como lo que tus lazos están haciéndote, pero por todo su cuerpo.
Ella no durará mucho de esa forma.
—¡Estás mintiendo!
—Enviaré su eco cuando termine. Te dejaré sentir la pérdida por ti
mismo. Y tampoco vayas a contar con la otra para rescatarte —añade
mientras sorbo aire para calmar mi ira—. Tomó vuelo como un pájaro
asustado en el segundo en que la encontramos donde se estaban
escondiendo. La rastraremos más tarde.


282
Me empuja en ese momento, haciéndome caer a través del cielo
como un inútil trozo de escombro. Escasamente noto la náusea. Mi cabeza
girando ya más rápido.
Audra ha sido capturada—¿en una escurridera?
¿Arella nos abandonó?
Mi cuerpo finalmente deja de dar vueltas y respiro por mi nariz,
rehusándome a dejar que el vértigo me abrume. Ahora todo depende de
mí.
Aprieto las pastillas tan duro que se desmoronan.
¡Demonios!
A no ser que…
Pulverizo lo que queda de las pastillas con una mano mientras mi
otra mano registra el cielo, buscando una Ráfaga del Este. Sólo tendré una
oportunidad en esto, así que tengo que hacerlo bien.
Lucho contra el agotamiento mientras espero que los vientos surjan y
dejo que el sonido ahogue mi llamada susurrada. Las corrientes se
envuelven alrededor de mi muñeca, y rezo para que el Stormer no lo note
hasta que sea demasiado tarde.
No sé la orden exacta para Empujar esto hacia por su maldita
garganta, así que tendré que improvisar.
Estudio su respiración, buscando el patrón.
Tres.
Dos.
Uno.
Grito—: Apresúrate. —Y tiro las pastillas machucadas en la corriente.
El polvo blanco lo golpea en el rostro medio inhalando y lo aspira. Ni
cerca de como lo había esperado, pero lo suficiente como para hacerlo
atragantarse.
Embiste contra mí, agarrando mi garganta. Sus gruesos y sustanciosos
dedos entran con ganas en mi piel, estrangulándome. Entonces sus manos
comienzan a temblar y me deslizo de su agarre.
—¿Qué me hiciste? —La ira en su voz se desvanece para sentir temor
mientras se atraganta. Duro.
Está bien, atragantarse está bien. Y está rasgando su piel, como si
tuviera urticaria. Pero definitivamente no está perdiendo el conocimiento
como había estado esperando que pasara.


283
Hora del plan B.
No sé de donde viene la fuerza, pero empujo mi cuerpo en un medio
salto mortal, colocando mis pies encima de mi cabeza. Llamo otra Ráfaga
del Este y la enrollo alrededor de mis piernas.
—¡Apresúrate! —grito.
La ráfaga me lanza hacia delante, y coloco mis piernas más arriba,
alineando mi objetivo.
El Stormer me ve una fracción de segundo demasiado antes y trata
de quitarse del camino. Pero mis piernas son lo suficientemente largas para
patearlo en la cabeza tan duro como puedo.
Trato de ignorar el sonido de crujido—chasquido de mi zapato
conectando con su cráneo, pero la náusea aún me golpea.
Sólo una conmoción me salva de arrojarme completamente
mientras la cabeza del Stormer se inclina de nuevo, líneas delgadas de rojo
se extienden hacia abajo en un lado de su cara. Entonces las ráfagas lo
agarran, llevándoselo lejos, y cae como un peso muerto.
Muerto.
No lo pienses. No lo pienses. No lo pienses.
Tal vez despertará antes de que golpee el suelo y dejará de caer. O
tal vez aterrizará en una duna de arena y amortiguará el impacto. O tal
vez…
Comienzo a atragantarme.
Lo estoy pensando.
Aspiro tanto aire como puedo, centrándome en el único
pensamiento que me mantiene cuerdo.
No tuve elección.
Está bien, así que mi guardia se ha ido—pero quién sabe cuándo
llegará aquí su malvado compañero, y aún estoy atado con esos lazos
chupa-vidas en el medio de una maldita tormenta. Las cosas podrían ir
mejor.
Respira profundo. Piensa.
Necesito una Ráfaga del Oeste. Es en lo único que puedo pensar
que podría romper estos estúpidos lazos imposibles. Tengo que encontrar la
manera de llamar una.
Vamos, sé esto. Ya lo he hecho antes.


284
Cierro mis ojos y me obligo a imaginar a Audra atada en una
escurridera. Sintiendo el mismo agotamiento que siento, pero mil veces
peor. Cada segundo llevándola más cerca de la muerte.
Empujo más allá de mi dolor y de mi ira. Sobrepaso mis recuerdos
rotos y dispersados. Profundo en mi consciencia. Mi mente zumba con
energía caliente y trato de alcanzarla, sumergiéndome aún más profundo.
Más allá del miedo. Más allá de todo.
Todo excepto la ráfaga suave y gentil.
Un suspiro.
Una sola palabra.
Paz.
Tan pronto como mi mente acaricia la palabra, el calor aumenta,
empujándome hacia arriba y hacia abajo. De vuelta hacia la luz.
Abro mis ojos e inhalo mientras una nueva voz llena mi mente. Un
silencioso y gentil susurro.
Una Ráfaga del Oeste.
Llamándome. Cantándome.
No es como los otros descubrimientos, donde los vientos me
tentaban y provocaban y engañaban alejándome de mí mismo. El viento
del Oeste es mío.
Y sé cómo controlarlo.
—Ven a mi lado. Comparte tu paz. Aumenta y rodéame. Asegura mi
liberación.
Una tibia y gentil ráfaga se enreda en mis lazos, y los vientos fríos se
vuelven tibios y se desenredan.
La celebración dura cerca de un segundo. Después me precipito
hacia el suelo.
Las Ráfagas del Oeste calman mi pánico, susurrándome una
canción de paz y seguridad mientras las llamo hacia mí y las envuelvo
alrededor de mi cuerpo cansado. Les ruego que se queden—y obedecen,
sellándome en un círculo caliente de aire.
Una burbuja de viento. Justo como mis padres solían hacerlo.
Lágrimas salen a borbotones de mis ojos mientras floto hacia el suelo.
Mi familia nunca se ha sentido tan cercana. Nunca me sentí tan
lejos.
Trato de absorber tanta fuerza y energía de los vientos como puedo.


285
Luego mis pies tocan el suelo y la burbuja estalla.
Estoy de nuevo en medio de la tormenta.


286
52
Audra

os Stormer me tiraron como un grano de arena.
No podía defenderme.
Sus vientos inciertos e ineptos no responden a mi llamada.
Corté tantas corrientes de aire como pude. Pero me atraparon.
¿Habían atrapado a mi mamá de la misma forma?¿O ella está con
Vane?
Hace frío en el interior del vórtice. No puedo ver. No puedo
moverme. No puedo escuchar nada más allá del viento furioso. Las
corrientes se mueven al unísono, sin tejerse o relacionarse de alguna
manera, pero aún así sincronizadas. Como si todas fueran una mente.
El embudo traga cada ráfaga que cruza por su camino, dejándome
sin vientos para pedir ayuda. Sin escape, excepto la muerte. Y siento a la
muerte acercarse. Los vientos son astillas de hielo, haciéndome pedazos.
Tragando pequeñas partes de mí con cada barrida a través de mi piel.
Los minutos pasan. Pierdo la cuenta de cuántos.
Mi cabeza se vuelve borrosa. Trato de concentrarme en las
canciones del viento, pero sus melodías son desafinadas. Sin vida. Me
rompe el corazón escucharlas. Su esencia real ha sido despojada, dejando
nada más que cáscaras de las gloriosas corrientes de aire que alguna vez
fueron.
Como yo.
Mi vida nunca tuvo mucha alegría o cariño o riqueza, no sin mi
padre. Pero Vane llenó mi mundo vacío con la emoción de su toque. La
paz calmante de su perdón.
Debí haberlo besado cuando tuve la oportunidad.
L


287
Debí haber tomado un momento de felicidad pura y absoluta para
mí misma. Debí haber presionado mis labios contra los suyos y dejado que
el calor embriagador hiciera erupción entre nosotros. Debería haber
probado su dulzura. Luego, acercarlo hasta que no hubiera nada
separándonos, excepto fuego y piel.
Audra.
La fantasía se siente tan real que casi puedo oír su voz. Casi veo el
frío azul de sus ojos. El cálido color marrón de su cabello. El cielo y la tierra
mezclados en un perfecto rostro.
Audra.
Su voz suena más fuerte. Más cercana. Real.
¿Había entrado en el sueño tan profundamente que había perdido
la noción de la realidad?
Audra.
Quiero abrir mis ojos, pero no tengo la fuerza suficiente. Me había
deslizado demasiado lejos.
Audra, resiste.
Quiero hacer lo que dice. Pero no sé cómo. Estoy perdida en estos
vientos malignos.
Un toque de gris rodea el borde de la oscuridad y se arrastra hacia el
centro, hasta que toda la oscuridad se vuelve sosa. Mi canción de viento
suena en mis oídos, lista para ser liberada.
Los vientos se aprietan y estrechan.
Una luz blanca estalla a mí alrededor mientras siento cómo me
deslizo demasiado lejos.
Hacia el final.


288
53
Vane

oy un completo principiante para la cosa de controlar el viento,
pero nunca he visto nada como el embudo en el que está
atrapada Audra.
Los grises vientos blanquecinos giran horizontalmente entre las
láminas de los dos molinos de viento más altos, como un capullo-hamaca
poseída. Audra se cierne en el centro. Pálida. Quieta.
Grito su nombre. Ella no se mueve. No parpadea.
—Resiste. Estoy aquí.
No hay ningún signo de otro Stormer, pero eso no quiere decir que
no esté cerca. Tengo que apresurarme.
Los vientos arruinados llenan el aire, frotando mi cara como papel de
lija. Pero los galimatías de sus canciones están mezclados con sanos
borradores que han atravesado la tormenta. Llamo a una ráfaga del Oeste
hacia mí y la enredo alrededor de mis piernas.
Por un segundo me quedo mirando las afiladas láminas giratorias del
molino de viento y me pregunto si estoy perdiendo la cabeza. Entonces
grito, “Elévate”, y el viento me lanza fuera del suelo.
Me tira, me voltea y me golpea tan fuerte en el pilar de un molino de
viento que pierdo mi agarre y me desplomo en el suelo. Me quito el polvo y
llamo a otra.
Es lo mismo.
Audra no estaba bromeando cuando dijo que caminar con el viento
requiere práctica.
Lo intento de nuevo y llego más alto esta vez. Suficientemente alto
para conseguir casi ser rebanado y cortado en pedacitos por las gigantes
S


289
láminas. Apenas libero la corriente de aire en un momento y golpeo el
suelo con un ruido sordo, magullando cada parte de mi cuerpo.
¡Bien, nuevo plan!
Agarro todos los aires saludables que puedo sentir y ellos se
precipitan en el vórtice. Rebotan sin mucho más que una abolladura.
Vamos, Ráfagas del Oeste, díganme qué hacer.
Dejo pasar un minuto de silencio antes de abandonar esa idea
también.
Parece que estoy solo.
Tejo una espiga de aire y la alineo a mi objetivo. Pero sé que no será
suficiente. Los vientos que la atan… son mutados de alguna manera.
Necesito el poder de cuatro. Se supone que es imparable, ¿no?
Si tuviera alguna idea de cómo canalizarlo.
Llamo a una ráfaga del Oeste a mi lado y enrollo la corriente de aire
alrededor de la espiga. El universo no genera implosión, por lo que parece
ser una buena señal. Pero todavía tengo que combinar la corriente de aire
con los otros, y no sé qué comando usar.
¿Únete? ¿Combínate? ¿Mézclate?
Tengo una sensación de que la diferencia entre el éxito y la
catástrofe se basa en mi capacidad de adivinar cuál es la correcta.
¿Absórbete? ¿Fúndete? ¿Fusiónate? ¿Júntate?
Necesito un vocabulario más grande.
Y luego me golpea.
Convérgete.
La palabra hormiguea en mi mente. Esto tiene que decir que voy por
buen camino.
Aliso los hilos de la ráfaga del Oeste a lo largo de la espiga de aire,
estancando.
Confía en tus instintos.
Fuerzo mis labios a susurrar el comando.
La Ráfaga del Oeste se hunde en la espiga de aire, y las corrientes
de aire giran en un aspecto borroso. Salto atrás cuando la espiga se
dispara en el aire, y apenas me libero de ser golpeado en la cabeza. Una
grieta se divide por el centro de la espiga y me zambullo por la cubierta,
esperando una explosión. Pero nunca retumba.


290
Se cierne en el aire, retorcida y azul, con afilados extremos
puntiagudos. Fuerza y energía fluyen a través de ella, y cuando la agarro,
es suave como una pluma pero sólida de alguna manera, también. Y fría.
Se ajusta a mi agarre, como si estuviera hecha para mí, y cruje como un
rayo. Me encanta la forma en que se siente, como si retuviera el poder del
viento en la palma de mi mano.
Bien —tiempo para la parte más loca del plan.
Apunto el arma en un extremo del vórtice que ata a Audra y alineo
mi objetivo.
No fallar.
Hombre, desearía haber practicado más con Audra. Si fallo incluso
por unos pocos centímetros…
E incluso si funcionara, no sé cómo desenredar los vientos.
Fácilmente podrían lanzarla hacia las láminas giratorias.
Mi mente parpadea ante una imagen de Audra siendo arrojada a
través del molino de viento, rallado y salpicado.
El mundo gira y agarro mis rodillas para enviar algo de sangre a mi
cerebro. Cuando mi cabeza se despeja, miro fijamente a su cuerpo pálido,
perdiendo la vida con cada segundo que me estanco.
Tengo que hacer esto. Pruebo mi tiro tres, cuatro, cinco veces. En el
sexto lo dejo volar.
Y.
Es.
Grande.
Tal vez los vientos la golpeen. Tal vez apeste. Pero la espiga va a
golpearla.
¡Va a golpearla!
Azoto mis brazos en el aire, tratando de agarrarlo, detenerlo,
cambiar su curso.
Se tiene que desviar.
—Desvíate —grito en la lengua del Oeste.
Y lo hace.
Forma un arco hacia la izquierda y golpea el vórtice donde se
conecta con el molino de viento.
Las ráfagas gritan como animales rabiosos, y las blancas corrientes
explotan mientras los malos vientos grises se desenredan. Audra cae en


291
picado, y le ordeno a una ráfaga del Oeste que la atrape, al igual que
cuando éramos niños. Y esta vez tengo suficiente control para depositarla
suavemente.
Corro a su lado y caigo de rodillas, acunando su cara. Ella no se
mueve. Apenas respira.
Su piel está más allá del frío, así que la envuelvo en mis brazos y dejo
que las chispas se disparen entre nosotros.
—Por favor, Audra. Vuelve a mí.
La aplasto contra mi pecho. Beso la herida en su frente. Los cortes y
rasguños en sus mejillas. Corro mis labios a lo largo de los arañazos en
carne viva, rojos arañazos, en su mandíbula. Compensaré cada dolor,
cada herida que sufrió para protegerme.
Mis manos frotan sus brazos, tratando de generar fricción.
Ella todavía está muy fría.
Un beso real podría darle calor.
¡Hombre!, es tentador. Sus labios están ahí. Dibujándome hacia ellos.
Aunque… llámame anticuado, pero quiero que esté consciente para
nuestro primer beso.
Le beso la frente de nuevo.
—Por favor vuelve a mí —le susurro—. Te amo.
No ocurre nada durante unos segundos, y ahogo un sollozo.
Entonces sus ojos aletean.
Ella gime.
—¿Dónde te duele? ¿Qué necesitas?
Ella se retuerce en mi regazo, arqueando la espalda como si
estuviera dolorida y gime de nuevo. Más de un gemido, en realidad.
—¿Qué puedo hacer? —le ruego.
Ella se voltea hacia mí y sus ojos se enfocan en los míos.
Su rostro se arruga. —Pensé que nunca volvería a verte.
La apretó contra mí. —Estamos a salvo.
La acuno hacia adelante y hacia atrás, sintiendo mi esperanza
crecer mientras la calidez regresa a su piel.
—¿Qué hay de los Stormer? —pregunta.
Me trago la bilis mientras mi mente imagina el cuerpo roto y sin vida
del Stormer rubio en algún lugar.


292
—Me hice cargo de uno.
Ella se sacude lejos de mí, haciendo una mueca como si tuviera la
peor de todas las fiebres. —¿Dónde está el otro?
—No lo sé. No lo he visto desde que estoy libre. Supongo que hace
mucho que se fue.
—Supone otra vez —gruñe una baja, y feroz voz detrás de nosotros.
Mi corazón se siente a punto de explotar mientras me dispongo a
afrontar la figura vestida de gris. Él tiene el pelo oscuro y los ojos claros y
una mandíbula tan cuadrada que podías usar su barbilla como una regla.
Él sonrió. —Pensé en sentarme y ver lo que el último Caminante del
Oeste puede hacer, en caso de que te callaras como los demás cuando
te interroguemos. Y tengo que decir, que ese pequeño juguete que tienes
ahí es bastante impresionante. —Señala la espiga de viento, que había
caído a pocos metros de mí. Ésta no había explotado como otras. Debía
ser demasiado fuerte.
—Ven —le ordeno en el lenguaje del Oeste y se dispara a mi mano.
Genial, un arma controlada por la voz. No es de extrañar que Raiden
quiera el poder de cuatro.
Pero no lo va a conseguir.
Apunto con la espiga a la cabeza del Stormer.
—Déjalo, hijo, y haré esto mucho más fácil para ti —me dice.
—O… —digo mientras me levanto. Audra intenta ponerse de pie
también, pero sus piernas colapsan. Doy un paso delante de ella,
protegiéndola—. ¿Qué tal si te vas ahora y no te traspasaré con esto?
Sostengo el borde de la espiga hacia fuera para que él pueda ver la
forma en que brilla a lo largo del borde, como una espada real.
—Es divertido ver como juegas al soldado. Pero se te olvida que yo
conozco a tu tipo. He estado con Raiden para todos los interrogatorios de
los Caminantes del Oeste. La violencia no está en tu sangre, muchacho.
—Tu pareja podría estar en desacuerdo. O lo estaría si no estuviera
muerto. —Mi voz tiembla a las palabras y mi visión se oscurece, pero lucho
por el control.
El Stormer se tambalea. Luego sacude la cabeza. —Si eso es cierto,
debió haber sido un accidente. ¿Crees que tienes las agallas para
apuñalarme? ¿Para derramar mí sangre por el suelo?
Mis brazos se agitan. Él sonríe.


293
—El típico Caminante del Oeste. Así que deja de fingir que hay la
más mínima posibilidad de que puedas hacer algún daño con ese
juguete.
—No es un juguete —le grito, poniéndome seriamente cabreado. La
forma monstruosa en la que habla acerca de los asesinatos de los que ha
sido testigo —para los que ha ayudado—me hace atragantar.
—Vane, dame el arma —ordena Audra. Ella apenas puede sostener
su mano, pero sé que lo dice en serio.
—Qué lindo, tu pequeña novia quiere jugar también. Y estoy seguro
de que podría, al menos, hacer valer sus amenazas si no estuviera medio
muerta justo ahora —Le guiña el ojo a Audra—. No te preocupes, cruzarás
el resto del camino antes de que termine el día.
Una especie de rugido ahogado estalla de mí.
—Ooh, no le gusta cuando soy malo con su novia. —El Stormer se
mueve un paso más cerca y puedo ajustar mi objetivo. Directo al corazón,
suponiendo incluso que tenga uno.
Él rueda sus ojos.
Luego refunfuña una cadena de palabras que no puedo entender y
levanta sus brazos. Una cadena rota de Ráfagas del Norte grises se enreda
alrededor mío como un lazo. Las corto con mi espiga y se desenredan.
Él frunce el ceño. —Como he dicho, tu juguete es bastante
impresionante. Entrégalo, ven despacio, y dejaré que tu novia viva.
—¡Ni siquiera lo pienses, Vane! —grita Audra.
La ignoro.
—¿Cómo sé que no la mataras al segundo que esté retenido?
—Creo que vas a tener que confiar en mí.
—Creo que entonces eres un idiota.
Él gruñe. Luego, con un desenfoque de movimiento, agarra la
Windslicer de su cinturón y se la lanza a Audra. La acometo y la corto. La
espada explota, salpicando el suelo con pequeñas agujas.
—Puedo hacer esto todo el día —le advierto, pasándomela espiga
entre mis manos.
Sus ojos se estrechan. —Está bien. Te doy mi palabra.
—No es suficiente. Si deseas un acuerdo, tienes que dejarme lanzarla
sin peligro fuera de aquí en una tubería y luego me entregaré.


294
—No —grita Audra. Ella busca a tientas, tratando de levantarse.
Tratando de detenerme.
Me muevo lejos de ella. Más cerca del Stormer, cuidando de
mantener la espiga apuntándole.
—¿Crees que me intimidas? —pregunta—. Olvidas, que he visto tu
especie dejarnos torturar a sus esposas, sus hijos, y no hacer absolutamente
nada para detenernos. Son unos cobardes, débiles por naturaleza. Nada
cambia eso.
Él me mira desde arriba. Desafiándome a demostrarle que está
equivocado, sabiendo que no lo haré. No puedo. Todo es un juego para
él. Y estoy cansado de jugar.
Levanto mi espiga, apuntando entre sus ojos.
—Deja. Ir. A. Audra.
Mis manos tiemblan. Mi voz tiembla. Pero lo digo en serio.
—¡Me cansé de esto! —grita.
Su cuerpo es un aspecto borroso, sus siguientes palabras son un
misterio, pero sé que sea lo que sea que esté haciendo, va a matar a
Audra. Me romperá así no me quedarán luchas para resistirme a él.
Miro mi brazo balancearse hacia atrás, casi como si estuviera
conectado a otra persona. Es más fácil pensar en esto de esa manera.
Es otra persona apuntando el arma a su corazón. Otra persona
dejándolo volar en el punto justo en la caída. Otra persona atravesándolo
con un repugnante chapoteo de carne y sangre.
Otra persona.
Pero soy yo quien grita. Quien se derrumba, temblando. Quien no
puede sacarse la pregunta de la cabeza, el que no quiere saber la
respuesta, pero tengo que preguntar de todos modos.
¿Qué he hecho?


295
54
Audra


rito mientras araño mi camino al lado de Vane. Todo sucedió
tan rápido, que no podría notar quien cayó primero, o por
qué.
No está muerto. No puede estar muerto. Por favor. Que. Esté. Vivo.
Mis manos lo alcanzan entonces, y todavía está caliente. Se
acurruca de lado, temblando. Pero está vivo.
Las lágrimas llenan mis ojos mientras busco su rostro, su pecho—en
todas partes—por sangre, una herida. Está perfecto. Sin lesiones.
Entonces veo al Stormer.
El perverso pico de viento sobresale de su pecho en un ángulo
irregular. Ríos gruesos de sangre espesa corren de la herida mientras se
desintegra y flota con el viento. Sus ojos son vidriosos. La boca torcida en
una mueca. Cruel incluso en la muerte.
Mi estómago palpita.
Vane gime.
Entonces me golpea. Vane hizo esto.
Un Caminante del Oeste hizo esto.
Tiro de él más cerca, susurrando—: Shhhhh. —Tratando de calmarlo.
Se estremece más duro, sus dientes castañeteando. Envuelvo mis
brazos su alrededor y me presiono tanto contra él como puedo para
calentarlo. El fuego se dispara entre nosotros, y sus ojos se despejan lo
suficiente para encontrarse con los míos.
Rompe en sollozos. Bajos, profundos gemidos de dolor y terror.
G


296
Tiro su cabeza contra mi hombro. Acaricio su pelo. Aferrándome tan
firmemente como puedo, temiendo que si lo dejo ir, va a desmoronarse en
mil pedazos y nunca regresarán a juntarse.
Las tormentas lentamente se calman y las nubes se aclaran, traen de
vuelta el sol. Nos envuelven vientos normales, su canto de esperanza y
alivio. Pero Vane todavía se siente como el hielo.
¿Cuánto tiempo puede permanecer así?
—Está bien —le susurro—. Está bien. No hiciste nada malo.
Gime en mi pecho.
—Lo digo en serio, Vane. No hiciste nada malo.
Niega con la cabeza, y el movimiento mece su cuerpo entero. Lo
aprieto más fuerte.
No me puedo imaginar lo que debe estar sintiendo. Nunca he
matado a nadie —y no soy un Caminante del Oeste.
Tengo que decir algo. Ayudarlo. Pero, ¿qué combinación mágica de
palabras le harán bien otra vez? ¿Cuáles traerán de vuelta al chico
divertido y repugnante que he llegado a amar?
Amor.
No me he dejado amar a nadie—no desde que mi padre murió.
Pero amo a Vane Weston. Y no voy a perderlo. No puedo. No seré
capaz de sobrevivir.
Trato de hacer queme mire, pero sus ojos están distantes. Perdidos.
—Nos salvaste, Vane. Hiciste el más grande, más maravilloso
sacrificio que nadie ha hecho nunca. Tú me salvaste.
Mi voz me abandona. Estoy abrumada por lo que hizo por mí. Por su
proximidad. Por todo.
Él no se mueve. Sus ojos permanecen vidriosos.
Mi estómago se anuda cuando me doy cuenta lo que necesita.
Tengo miedo de decirlo, pero tomo sus temblorosas manos y entrelazo
nuestros dedos juntos.
Él tiene que ser Vane de nuevo.
—Te amo —susurro.
Algo tira en mi pecho cuando las palabras salen de mis labios, pero
su sabor es dulce.
Verdadero.


297
—He intentado tanto no amarte que nos he impulsado a ambos a lo
locura. Pero te amo. Y no quiero perderte. Así que por favor vuelve a mí.
Por favor, no me dejes.
Mi voz se traba y contengo un sollozo. —Te necesito. Nunca he
necesitado a nadie… pero te necesito a ti.
Le acaricio la cara mientras mis palabras arrastran al silencio.
Silencio.
Sus sollozos se han detenido. Por lo que tiene temblores.
Aguanto la respiración cuando me encuentro con sus ojos, con
miedo de lo que podría ver.
Vane me mira. Inseguro. Cansado.
Pero es él de nuevo.
Mi turno para llorar.
Extiende su brazo, alisando mi cabello. Limpiando mis lágrimas.
—Realmente pensé que te había perdido esta vez —susurro—. Te he
perdido tantas veces, de tantas maneras diferentes… no puedo hacerlo
de nuevo.
—No tendrás que hacerlo —promete.
Sí, lo haré.
Pone su dedo en mis labios, deteniéndome antes de que pueda
decirlo en voz alta.
—Independientemente de lo que vayas a decir, déjame decirte algo
primero. —Toma una respiración entrecortada y se sienta solo, limpiando la
arena de su cara.
Toma mis manos. —Apenas estoy en mis cabales ahora mismo, y lo
único que me impide perder la cordura de nuevo eres tú. Así que no me
importan las leyes o juramentos o compromisos matrimoniales. Me importas
tú. Te necesito a ti.
Nos miramos fijamente el uno al otro, ninguno se atreve a moverse.
Conteniendo nuestra respiración.
—No voy a forzarte —me dice.
Sé lo que me está pidiendo que haga, y quiero hacerlo. Oh, cuanto
lo deseo.
Pero, ¿puedo? ¿Debería?
Estudio sus manos. Sus ojos. Su boca.


298
Hay tantas cosas de él que deseo. Pero eso es todo. Lo quiero a él. A
él entero.
¿Quién tiene el derecho de mantenernos separados? ¿De decirnos
que está mal? Que no pertenecemos juntos, cuando todo acerca de
nosotros demuestra que sí lo hacemos. Hay algo entre nosotros—algo más
profundo que la Tempestad. Que nuestras leyes. Que mi juramento.
Estoy cansada de negarlo.
Así que me inclino hacia delante. Sus manos ahuecan mi cara, lo
suficientemente suave, como para poder alejarme de quererlo.
Pero no quiero hacerlo.
Cierro mis ojos y respiro una vez más. Luego presiono mis labios
contra los suyos.


299
55
Vane
odas las veces que me imaginé este momento, nunca lo hice
bien.
Sus labios eran más dulces y suaves, y encajan con los míos
como si hubiéramos sido formados de esta manera. Todo en
nosotros coincide. Nuestras respiraciones. Nuestros movimientos. Y el calor.
El delicioso fuego que ondula a través de mi cuerpo antes de precipitarse
de nuevo hacia ella.
Audra se aferra a mí tan fuerte como yo me aferro a ella, sus manos
se deslizan por mi espalda mientras la agarro por la cintura y la presiono
contra mi cuerpo, así no hay espacio entre nosotros. Nunca dejaré que
nada nos separe de nuevo.
Ahora sé por qué lo llaman “enlace”.
Mientras nos quemamos y conectamos, partes de ella se fusionaron
conmigo. Su fuerza. Su determinación. Su honor. Fluyen por la grietas de mi
corazón y las llenan. Sanan los lugares de la violencia aplastada y
destrozada. Haciéndome íntegro. Sé que estoy haciendo lo mismo por ella.
Éramos dos personas rotas e incompletas.
Ahora somos una.
Nadie nunca me entenderá de la manera en que ella lo hará.
Nadie nunca la entenderá de la manera en que yo lo haré.
Y nadie va a ser capaz de cambiar eso. Nos hemos fundido juntos y
nos hemos forjado dentro de algo más fuerte. Algo mejor.
Mis manos se deslizan de nuevo a su cara, acariciando sus mejillas
antes de pasar a su cabello.
T


300
Quiero desenredar su estúpida trenza, para dejar que los sedosos
mechones caigan libres y así puedan hacerme cosquillas en la piel. Pero
no vale la pena separarme para hacerlo. Quiero quedarme aquí mismo y
ahora mismo. Sosteniéndola contra mí. Con nuestros labios moviéndose
juntos en un ritmo perfecto. No dejándolo ir jamás.
Audra es quien finalmente se aleja —como yo sabía que tendría que
serlo.
Su pecho se levanta mientras jadea para respirar, y sonrío cuando
veo sus mejillas sonrojadas. La luz en sus ojos. Sus labios hinchados.
Yo hice eso.
Y Dios, quiero hacerlo un poco más.
Acuno su rostro entre mis manos y la beso de nuevo, más lento esta
vez. Como si tuviéramos todo el tiempo del mundo. Porque lo tenemos.
Estamos seguros. Los Stormer se han ido y…
Recuerdos que estoy tratando de no pensar, destellan ante mis ojos
y todo lo demás me gira al revés y de adentro hacia afuera. Me aparto,
sosteniendo mi cabeza como si pudiera combatir mis pensamientos lejos
de la demostración de horror que todavía se repite en mi mente.
—¿Qué va mal? —pregunta Audra, acariciando mi mejilla.
Su toque calma un poco el pánico. —No puedo. No con…
Ella frunce el ceño por un segundo, y luego la veo poner las piezas
juntas. Sus ojos se mueven al lugar que estoy tratando de no mirar.
Incluso con la mayor fuerza de mi vínculo con Audra, no estoy seguro
de que pueda ver eso, a él. Ver su cuerpo sin vida, roto. No sin volver a
hundirme en el lugar oscuro.
—Cierra los ojos —susurra ella cuando me pongo a temblar de
nuevo.
No discuto. Aprieto mis ojos y presiono mis manos contra mis orejas.
Pero aún siento los vientos que Audra llama para envolver alrededor del
cuerpo y llevárselo flotando lejos, muy lejos.
En algún lugar ahí afuera está el otro Stormer que noqueé desde el
cielo. Me estremezco, a pesar de que el cielo se ha despejado y el calor
está pegando con toda su fuerza.
Espero que nunca lo encontremos.
Puedo aceptar lo que he hecho, más o menos. Pero sé que va a
perseguirme para siempre. Y no quiero volver a hacerlo de nuevo.
Lo que nos deja la pregunta más grande.


301
Me obligo a abrir los ojos y tomo las manos de Audra. —¿Ahora qué?
—No tengo ni idea. Necesito hablar con mi madre. Espero que ella
no… —Ella mira hacia otro lado.
Me alegro. Ella se pierde la manera en que mi rostro se retuerce con
rabia.
No he olvidado lo que el Stormer me dijo acerca de Arella
abandonándonos durante la pelea. Ella hizo todo ese gran show,
alegando que había planeado un respaldo para nosotros todo el tiempo.
Y luego se echó a correr. Tiene que ser la más egoísta, patética cobarde
que he…
—Será mejor utilizar la llamada de emergencia —dice Audra,
interrumpiendo mis pensamientos venenosos—. Eso debería decirle dónde
estamos. También alertará a las Tempestades.
—Guau, espera. ¿Hay una llamada de emergencia?
Ella no me mira, y sus mejillas se ruborizan.
Aprieto el puente de mi nariz. —¿Así que todo este tiempo pudiste
haber hecho una llamada a las Tempestades y pedir ayuda?
—No es así de simple. La llamada de emergencia difunde nuestra
ubicación exacta para que todos la vean. Mientras Raiden no supiera
donde estábamos exactamente, hubiera sido demasiado peligroso usarla.
Pero él sabe que estamos aquí ahora, después de toda la turbulencia que
hemos causado.
Ella se pone de pie y susurra el llamado de una ráfaga del Este, una
ráfaga del Norte y una ráfaga del Sur y los retuerce en un patrón que se
siente familiar, aunque nunca la había visto hacerlo antes. Tal vez eso
tenga algo que ver con nuestro enlace.
Ella encorva sus manos alrededor de su boca y sopla al mini ciclón,
luego susurra—: Despega.
El embudo se estrecha hasta que se ve como un trozo de cuerda. Se
raya en el cielo tan alto que no puedo ver dónde termina.
Se sienta de nuevo a mi lado y la tomo de su mano. —Ahora
esperaremos.
Puedo pensar en algunas maneras en que podemos pasar el tiempo.
Pero sé que Audra se está preocupando de que su madre no vuelva.
Y estoy tratando de averiguar lo que voy a decir cuando ella lo
haga.
Mi sangre corre fría cuando escucho una ráfaga de viento detrás de
nosotros.


302
—Madre —dice Audra, saltando a sus pies.
Me levanto también, agarrando la mano de Audra para mantenerla
a mi lado.
Arella se precipita hacia nosotros. —He estado muy preocupada.
—¿En serio? —Le extiendo mi brazo libre para bloquearla de que se
acerque demasiado—. Entonces, ¿dónde has estado todo este tiempo?
Arella se detiene, mirando con la cantidad justa de molesta y
vergüenza. —He estado volviendo aquí. Los Stormer me ataron en sus
vientos pelados y me lanzaron hacia el cielo. Apenas pude detener mi
caída, esa es la única razón por la que sobreviví. Y me tiraron tan lejos en el
desierto que me tomó siglos hacer mi camino de regreso.
—Siglos —repito—. ¿No podías volar de vuelta?
—Vane, ¿qué va mal? —pregunta Audra.
—Uno de los Stormer me dijo que tu mamá nos abandonó durante la
lucha. Se alejó corriendo con el rabo entre las piernas y nos dejó para
defendernos nosotros solos.
—Bueno, es obvio que mintió —insiste Arella sin siquiera parpadear.
Le daré crédito por algo, es una mentirosa mucho mejor que su hija.
Pero todavía está llena de mierda.
—¿En serio? Porque no luces como alguien que acabara de ser
dominado y arrojado en medio del desierto. No tienes ni un rasguño.
Arella trata de mantener mi mirada, pero rompe el contacto visual
primero.
Culpable.
—Aterricé en una duna de arena suave —explica finalmente.
Resoplo. —¿En serio? ¿Eso es lo mejor que tienes?
No tiene ni un grano de arena en ella.
—¿Nos dejaste? —le pregunta Audra a su madre, aunque suena más
triste que enojada—. ¿Cuándo te fuiste?
—No lo hice…
Interrumpo a Arella antes de que pueda decir otra mentira. —El
Stormer dijo que salió corriendo tan pronto como encontraron donde
estábamos escondidos, que fue gracias a tu pájaro estúpido, por cierto. Te
dije que era malo.
—Gavin no es malo —dice Audra en voz baja, mirando a lo lejos. Los
vientos se levantan alrededor de ella y cierra los ojos.


303
Es una ráfaga del Este, cantando los cambios no deseados.
Los ojos de Audra se abren. —¿Por qué estaba Gavin allí?
Cuando nadie responde, se gira hacia su madre. —Me dijiste que lo
mandarías a casa, y Gavin nunca desobedece una orden directa. Así que
¿por qué estaba todavía en la granja de viento?
—¿Cómo voy a saberlo?
El filo de la voz de Arella no coincide con la fresca, indiferente
mirada que nos está dando. Tampoco con la forma en que se está
frotando nerviosamente el brazalete de oro en su muñeca.
Está ocultando algo.
Audra debió darse cuenta también, porque aleja su mano de mí,
retrocediendo unos pocos pasos. —Gavin nunca se hubiera quedado si lo
hubieras enviado a casa. Y nunca hubiera volado hacia a mí bajo ese tipo
de condiciones peligrosas, no a menos que…
Todo el color se dreno de su rostro. Cuando vuelve a hablar otra vez,
su voz es apenas más fuerte que el azote de los vientos. —¿Lo enviaste
hacia a mí?
—Honestamente, Audra, no sé lo que…
—¡Por favor, madre! —Audra respira profundamente varias veces
antes de hablar de nuevo—. Nunca me has perdonado por lo que le pasó
a papá. ¡Admítelo!
La ira destella en los ojos de Arella, pero si está molesta de que Audra
piense eso, o furiosa de que su hija lo descubriera, es una incógnita. —
Audra…
—Todo lo de “hacer las paces” que dijiste anoche era sólo un
pretexto, ¿verdad? —Interrumpe Audra—. Tú planeaste esto. Querías usar a
Gavin para traicionarme hoy, de la misma manera en que yo te traicioné a
ti. Querías que muriera ¿verdad? ¡Admítelo!
Antes de que pueda pensar en algo que decir a eso, Arella empieza
a reír. Es un frío sonido burlón, y no puedo decidir si quiero hacerle frente a
ella o alejar a Audra como el infierno de la loca mujer.
—¿Esa es tu teoría? —grita Arella—. Entonces oficialmente has
perdido la cabeza, Audra. ¿Quieres conocer la verdad? Bien, te daré la
verdad. Hice que estuviéramos demasiado débiles. Forcé el avance de
Vane. Sabía que nunca pasaría a menos que estuvieras en peligro de
muerte. Así que hice lo que debía hacerse. Y funcionó, ¿no? Ahora hablas
el idioma del Oeste, ¿verdad?


304
—¿Así que le regalaste nuestra ubicación a los Stormer, sin siquiera
advertirnos? —Se necesita de toda mi fuerza de voluntad no rasgar la
sonrisa presumida de su cara—. Casi morimos. ¿Y lo hiciste por mi
descubrimiento?
—¿Por la clave para derrotar al mayor enemigo que nuestro mundo
ha conocido jamás? Apuesta a que lo hice. Soy un guardián, Vane. Hice
mi trabajo, ya que mi hija no tuvo el valor o la habilidad para hacerlo.
—¿Guardián? —Escupí la palabra—. Tienes la maldita suerte de que
tuve el descubrimiento, porque si no lo hubiera tenido, Audra estaría
muerta ahora y yo sería un prisionero de Raiden. Un verdadero guardián
nos habría protegido. ¡Huiste porque eres débil!
—¿Crees que soy débil?
Ella mueve sus brazos, y los vientos se agitan a nuestro alrededor sin
que pronuncie ningún comando.
Audra intenta retroceder, pero mantengo el agarre en nuestro suelo.
Llamo a uno de cada uno de los cuatro vientos y los enredo alrededor de
mi mano.
Arella jadea.
Sí, así es. No nos olvidemos quién es el último maldito Caminante del
Oeste aquí.
—Puedes saber algunos trucos, pero yo soy el guardián más
poderoso de las Tempestades —silba como una serpiente enroscada, lista
para atacar.
—Si eres tan poderosa, ¿por qué no nos pudiste salvar hoy durante la
lucha? ¿Y por qué no pudiste salvar a mi familia hace diez años?
Arella ríe otra vez, el sonido es tan áspero que hace que Audra y yo
saltemos. —¿Quieres culpar a alguien por la muerte de tus padres?
Entonces sería mejor que culparas a mi hija. Pregúntale a ella qué pasó ese
día.
Audra hace un sonido estrangulado, como si acabara de ser
golpeada en el estómago.
La tiro contra mi costado, apoyándola. —Ella ya me dijo lo que pasó.
Arella dio un paso adelante, con un brillo en sus ojos. —¿En serio?
¿Así que ella te dijo que llamó al viento para salvar a Gavin después de
que una ráfaga del Sur lo sacara del cielo? ¿Que marcó la corriente de
aire con su huella y que ni siquiera tuvo la decencia de decirnos, por lo
que podríamos habernos preparado? ¿Que mató a su padre y a los tuyos?
¿Ya sabes todo eso?


305
Audra comienza a temblar.
—No fue tu culpa —le recuerdo—. No lo fue.
—Lo sé —dice ella, sorprendiéndome con la convicción en su voz.
Ella se aleja de mí, redondeando a Arella. —Nunca le dije a nadie
que fue una ráfaga de viento lo que sacó a Gavin del cielo. Y nunca supe
qué tipo de corriente de aire era. La única manera de saber que era una
Ráfaga del Sur sería habiendo estado allí. Y si estabas allí, entonces tú
sabías que el Stormer vendría, y no le advertiste a papá. Casi como…
Ella mira al cielo, como si estuviera viendo sus palabras flotar sobre
nosotros, sin saber qué hacer con cualquiera de ellas.
Eso hace que seamos dos.
—Querías que el Stormer nos encontrara, ¿verdad? —susurra ella
finalmente.
Arella vacila antes de responder.
Pero sabe que está atrapada. Así que levanta una ceja desafiante a
Audra. —Sí.


306
56
Audra


o fue mi culpa.
Las palabras son tan extrañas e imposibles, no sé cómo
envolver mi mente alrededor de ellas, cuanto más se
arremolinan en mi cabeza, me hace hervir más en rabia.
Vane trata de abrazarme y mantenerme quieta, pero me alejo.
—¿Por qué? —le grito a mi madre—. Mataste a papá, mataste a los
padres de Vane, dejaste que me culpara, ¡arruinaste mi vida! ¿Cómo
pudiste hacer eso? ¿Por qué hiciste eso?
—¿Crees que maté a tu padre? —Busca debajo de su uniforme y
saca el colgante de mi papá sosteniendo el cordón negro—.¿Crees que
yo quería esto? Lo amaba, lo escogí a él, entre todos los hombres que me
querían, me enlacé a él.
Mueve el colgante delante de mi cara, marcando lo desgastado y
manchado que está el cordón, como si no supiera lo que significa.
El viento crece junto con su ira y pone sus brazos alrededor de su
pecho, temblando por el dolor.
Estoy muy enojada para sentir pena por ella. —Dejaste que el
Stormer nos encontrara. ¿También enviaste al caminante del sur? ¿Sacaste
a Gavin del cielo, sabiendo que lo salvaría?
El pensamiento hace que mis ojos ardan y que tenga arcadas en mi
estómago. Las aves eran lo único nuestro, lo único que compartíamos. —
Sabías qué tan fuerte es nuestra conexión con las aves, sabías que no me
iba a resistir. Planeaste todo, ¿no es así? ¿Para qué entonces yo me echara
toda la culpa?
N


307
Una pequeña parte de mí quería que lo negara, quería creer que
ella no podía estar detrás de todo el dolor y la pérdida que había sufrido
por los últimos diez años.
En cambio, ella mira hacia otra parte. —Lo único que quería era mi
vida de vuelta; nuestra vida, nuestra casa en la colina, envuelta en el
viento del Este que calmaban la angustia. —Ella recorrió con sus manos sus
brazos como si quisiera quitarse el viento—. No tienes idea de lo que sufro a
cada segundo y a ti no te importa. A nadie le importa. A todo el mundo
sólo le interesa lo que puede hacer mi don por ellos, sólo tu padre lo
entendía y cuando nos enlazamos, prometió protegerme aliviando la
carga tanto como podía. Y así fue. Hasta que su familia llegó.
Se voltea hacia Vane. —Se negaron a compartir su idioma aún
cuando nosotros renunciamos a todo por ayudarlos. Y tampoco iban a
pelear, afirmando que el entrenamiento les causaba dolor. —Sus ojos se
oscurecieron y estrechó más sus brazos alrededor luchando contra otro
estremecimiento—. Ellos no sabían nada sobre dolor.
—¡Estoy bastante seguro que sintieron dolor cuando
fueron asesinados! —grita Vane, sosteniendo el viento que llamó, listo para
hacerlo chocar contra ella.
Lo agarro del brazo para detenerlo, me estudia por un segundo y
luego libera la corriente.
Tomo un respiro tratando de averiguar qué pensar y qué sentir.
El sol de verano se presiona sobre nosotros, pero mi mamá se
estremece como si tuviera una ráfaga de viento sobre su piel.
—Ya no podía vivir más de esta manera —susurra—. Afuera en el
martilleo del viento día y noche, le rogué a tu padre renunciar a la misión
pero él era como tú, fiel más allá de toda razón, poniendo su juramento
sobre todas las cosas, por encima de mí, así que encontré otra solución.
Mis dedos se retorcieron y quería arremeter contra ella. —¡Tu solución
mató a todos!
—No, querida, esa fuiste tú.
Las palabras me golpearon y sentí a Vane sostenerme.
—Planeé todo cuidadosamente —insiste—. Le ofrecí a Raiden un
trato, los Weston a cambio de la libertad de mi familia, le mandé el
mensaje oculto en una ráfaga y esperé. Sentí el momento cuando lo
recibió y el viento me dijo que aceptó. Así que comencé a mandarle
nuestra ubicación, me aseguré que todo estuviera bien antes de que los
atraparan y nosotros nos fuéramos; quería convencer a tu padre de que
siempre los escucharíamos si venían, entonces bajó la guardia y yo tuve


308
cuidado. Encontré maneras de que Raiden no pudiera echarme de
cabeza, sabía que tu padre no lo entendería.
—¡Porque eres una traidora!
Era como si ni siquiera me escuchara, su mente estaba en otra parte
mientras frotaba al pájaro en su cadena mirando hacia el vacío entre
nosotros. —Hice todo lo que pude para mantener segura a mi familia,
convencí a tu padre de que comenzará a comer, así estaría muy débil
para luchar, te usé a ti porque sabía que tu padre te perdonaría y pensé
que te haría más obediente si creías que eras la culpable.
—¿Obediente? —grita Vane—. Marcaste a tu hija, dejando que ella
tomará la culpa…
—¡Ella tenía la culpa! —Los duros ojos de mi madre se centran en
mí—. Cuando el Stormer llegó casi convencí a tu padre de huir, casi lo
convenzo de abandonar a los Weston porque no estábamos lo
suficientemente fuertes para salvarlos pero luego tú corriste de regreso a la
tormenta. En ese momento todo se vino abajo, sentí que todo saldría a la
luz, tu padre fue a salvarte pero la tormenta lo atrapó también, así que me
abrí camino hacia el Stormer para exigirle que los dejara libres a ambos, y
me dijo que tenía órdenes de matarme.
—Te lo mereces —escupe Vane—. De hecho, creo que estaba ahí
cuando pasó. Te vi pelear, justo antes de que él te golpeara y te sacara de
la tormenta como basura.
—Él no me golpeó.
—¿En serio? Eso no es lo que parecía desde dónde yo estaba, hiciste
ese movimiento arbitrario con la muñeca un par de veces, haciendo que
se enojara pero aun así te mantuvo fuera de su camino.
—¡Porque tú me distrajiste! Y lo lastimé de una forma que ni siquiera
puedes imaginar.
La frialdad en la voz de mi madre, me hela la sangre. Ella rasguña su
piel nuevamente y por primera vez veo el dolor de lo que realmente es, se
entierra veneno en la piel.
Tengo miedo de saber qué tanto se extendía.
—¿Vane? —pregunto, apenas capaz de formular la palabra—. Dime
exactamente qué viste.
Vane frunce el ceño, como si estuviera reviviendo en su memoria.
—Vi al Stormer atacar a tu madre. Al principio ella estaba perdiendo,
pero luego sacudió su muñeca y lo tiró encima con el viento de alguna
manera. Luego él hizo un caparazón indestructible a su alrededor de


309
viento, entonces hizo el movimiento de la muñeca y atacó al otro Stormer.
Fue cuando se enojó y se lanzó a defender a su amigo.
Luces bailaban detrás de mis ojos y no quería escuchar nada más,
pero tenía que saber. —¿Por qué crees que había otro Stormer?
—Escuche a un chico gritar en la distancia después de que ella
moviera su muñeca ¿Quién más podía ser?
Me tambaleé en mis pies, deseando poder hundirme en la tierra y
nunca más salir. Cualquier cosa para no decirle la verdad a Vane.
—Sólo había un Stormer —dije forzándome a mirar a mi madre, ella
estaba mirando hacia abajo como si supiera lo que estaba pensando y
estuviera ordenándome no decirlo, pero no podía ocultar su secreto por
más tiempo.
Siempre me había preguntado cómo las cosas fueron tan malas ese
día, como dos árboles pudieron accidentalmente atravesar a los padres
de Vane después de que ser capturados. El Stormer nunca habría
permitido que nada le pasara al precioso cargamento de Raiden.
Pero con un movimiento de su muñeca, mi madre pudo haber
enviado esos árboles a cualquier lugar que quisiera.
—Tú mataste a los Weston, ¿no es cierto? —susurro.
A Vane se le detiene el aliento.
Mi madre ni siquiera se inmuta antes de responder. —Traicioné a
Raiden de la misma manera que él lo hizo conmigo.
Sus palabras forman una tormenta de pensamientos estallando en mi
cabeza, retorciéndose y golpeando mientras lucho contra ellos, tratando
de bloquearlos, negándome aceptarlo. Pero la verdad siempre encuentra
la manera de salir a la luz.
Busco en el rostro de mi madre cualquier señal de culpa o
arrepentimiento o inclusive alguna muestra de la locura provocada por su
envenenado don.
Pero ella parece… sin expresión alguna.
Y su voz suena sin vergüenza cuando agrega—: No habrían
sobrevivido al interrogatorio de Raiden. Estaban muertos, de todas
maneras.
—¡Eso es sólo porque les ayudaste a capturarlos! —grita Vane.
—No se merecían mi protección —contraataca—. Eran débiles, y lo
eran por elección. Me había hartado de preocuparme por ellos, lo único
que me preocupaba era sacar a mi familia de ahí y es lo que traté de


310
hacer. Pero mi esposo no te quería dejar a ti, él se sacrificó para salvar a un
pequeño niño sin valor. —Ella arremete contra Vane.
Tiro de él fuera de su alcance y la empujo arañando su piel en el
proceso.
Mi madre comienza a reírse mientras mira los caminos de sangre que
he dejado en sus brazos.
Se ríe.
El sonido vacío y frío destruye la última de las ilusiones que tenía de
ella, mostrándome cómo es realmente. O en lo que se había convertido.
Una asesina.
Debe darse cuenta de mis pensamientos, porque sus ojos se achican
y se levanta desatando los nudos de sus trenzas, dejando caer el cabello
libremente. —Supongo que esto significa que no necesitamos actuar más y
ya termine de protegerte.
—¿Protegerme? No has hecho otra cosa que despreciarme e
ignorarme.
—Tú no, Audra. De hecho tú recibiste más de lo que merecías
cuando inhalaste el regalo de tu padre, pero he estado protegiéndolo a
él.
Vane ruge una risa, sonando muy cerca de un gruñido. Lo sostengo
del brazo para detenerlo a medida que avanza hacia ella.
—¿Por qué lo protegiste? —le pregunto.
—Raiden me quiere muerta, no podía arriesgarme a perder el apoyo
de la Tempestad. Además Vane tiene lo que Raiden quiere, así que borré
sus recuerdos en caso de que hubiera visto demasiado y lo escondí. Te
permití protegerlo para que te quedaras mantuvieras de mi vista y voté en
tu contra para que fueras su guardián para que lo forzaras tanto como
fuera posible para probarme que estaba equivocada, y ahora finalmente
ha pasado. Puedo al fin tener mi venganza contra Raiden.
—Nunca te ayudaré —gruñe Vane buscando el viento.
—Oh, creo que lo harás —le contesta—. Sé cómo llegar a ti.
Mi madre es una mancha de movimiento mientras lanza un áspero
molino de viento contra mí, estrellándose a centímetros de mi cabeza.
Me toma alrededor de dos segundos procesar el hecho de que mi
madre acaba de intentar matarme, luego empujo a Vane fuera del
camino del molino de viento y lanzo un rompe vientos.


311
El remolino choca contra ella, apretándola de la cintura haciendo
que sus ojos se hinchen. Pero elude el viento y se libera de él.
Lanza unas espigas contra Vane, pero la tacleo, y pasan rozando
nuestras cabezas mientras caemos en el suelo arenoso. La suciedad y los
escombros llueven a nuestro alrededor.
—¿Estás bien? —le pregunto examinándolo en busca de heridas.
—Sí ¿y tú?
Escucho el próximo viento viniendo hacia nosotros y nos saco del
camino. La arena estalla por todas partes.
—Estás tan perdidamente enamorada como él ¿no es así? —Se
desvanece mientras nos lanza otra espiga, Vane apenas se quita a
tiempo—. ¡Tal vez tú deberías sentir lo que siente perder a la persona que
más te importa!
Vane comienza a llamar el viento de nuestro lado, pero pongo mi
mano sobre sus labios para silenciarlo.
No quiero que pelee más.
Además, ésta es mi batalla.
Salto sobre mis pies lanzando otro ataque para romper el viento en el
mismo movimiento.
Esquiva mi impacto con gracia y velocidad antinatural.
—¿Cuál es tu plan aquí, Audra? No puedes igualarme inclusive con
el don de tu padre, siempre seré la más poderosa. —Mueve ambas
muñecas arrojando más molinos de viento, apenas los esquivo—. No
puedes detenerme.
Tiene razón, su don le da ventaja en cualquier lucha.
Pero también está equivocada.
No sabe mi secreto.
Vane y yo tenemos estamos enlazados. Y cuando nos fusionamos,
una sola palabra llenó mi mente, una palabra que no había entendido
hasta ahora.
Paz.
Conocía el lenguaje del Oeste.
Nunca había oído hablar de una conexión que permitiera a las
personas compartir lenguas, pero a nosotros nos pasó.


312
Entonces entrelazo al viento del Oeste en mi siguiente vórtice y lo
arrojo violentamente contra mi madre con toda la fuerza que puedo
manejar, luego otro y otro.
Uno por los Weston.
Uno por mi padre.
Uno por Vane.
Ella se desploma, cubriendo su cabeza y gritando por el dolor
mientras el viento rasga su ropa, su piel, su cabello. Ríos rojos de sangre
corren por su cara y se congelan en la arena. Todavía la sigo abatiendo,
desatando diez años de rabia contenida. Arranco el pendiente de mi
padre de su cuello. Ella no merece lamentarse por él.
Esto. Termina. Ahora.
Me quedo viendo la cara sucia, sangrienta e inconsciente de mi
madre, mientras entrelazo los cuatro vientos en un pico, justo como el que
Vane había hecho. Se siente frío en mi mano.
Mortal.
Lo elevo sobre el corazón de mi madre.


313
57
Vane


or un segundo estoy demasiado aturdido para moverme.
¿Audra habla el lenguaje del Oeste?
Entonces la realidad se establece, y me pongo de pie.
Está herida y enojada y tiene todo el derecho de rabiar sobre su
madre. Pero me lanzo sobre ella, liberando el pico de viento.
Inmovilizo sus brazos mientras lucha por liberarse.
—Oye—respiro—. Soy yo, ¿de acuerdo? Soy yo.
Ella se desacelera, lo suficiente como para realmente verme, y su
furia se desvanece.
—Esa es mi chica.
—Déjame, Vane… tengo que…
—¿Matar a tu madre? Sé que se lo merece, pero, ¿de verdad crees
que podrías vivir contigo misma? Hablas el lenguaje del Oeste, Audra.
¿Crees que puedes lidiar con eso?
—Soy un Caminante del Este.
—Pero ahora eres parte de mí, también. Así que será mejor que
pienses con mucho cuidado, porque estás a segundos de arruinar tu vida
seriamente. Lo cual preferiría que no hicieras. Como que estoy deseando
estar juntos. Besarnos todo el día. Tomar un descanso para cenar.
Entonces, besarnos de nuevo toda la noche. Pero si quieres perder todo
eso por ella, si es que vale la pena... No voy a detenerte.
Dejo ir sus hombros.
Mira hacia otro lado. Lágrimas se reúnen en sus ojos.
P


314
—Lo sé. Créeme, lo sé. Ella mató a mi familia también. —Doy un
puñetazo en el suelo mientras lo digo, luego intento tragarme la rabia—.
No vale la pena. No lo vale.
Me quedo mirando el brazalete en mi muñeca, todo lo que me
queda de mis padres después de que Arella me los robó, y me pregunto si
es realmente cierto. Pero la flecha de la brújula sigue apuntando al oeste,
recordándome mi herencia.
La violencia no es la respuesta.
Audra rueda a su lado y enrosca sus piernas contra su pecho. La tiro
contra mí mientras solloza. Le acaricio la cara, los brazos. Limpio las
lágrimas, el polvo, la sangre seca. Trato de hacerla estar mejor.
Después de quién sabe cuánto tiempo, finalmente me mira. Tiene los
ojos hinchados y rojos, pero aún así es una preciosidad. —¿Y ahora qué? —
susurra.
Tengo la sensación de que esa pregunta va a mantenernos
obsesionados.
—La Tempestad está viniendo, ¿verdad?
Ella asiente.
—Entonces creo que deberías irte. —Señalo el cuerpo arrugado de
su madre—. ¿De verdad quieres ser la que les diga lo que hizo tu madre?
Ella mira a Arella, e inmediatamente aparta los ojos, cubriendo su
boca con la mano, como si se sintiese enferma. —Tendrán que hacerme
preguntas, de todos modos.
—¿Por qué? Puedo explicarlo todo. Por favor, deja que me ocupe de
esto por ti. No va a ser fácil testificar en contra de tu madre. Especialmente
desde que supongo que tu ejército tiene un castigo muy serio para los
asesinos.
Ella se encoge ante la palabra, y su voz tiembla mientras dice—: La
dejarán atrapada en la profundidad de la tierra, harán que muera de
hambre sin corrientes de aire, hasta que su forma de viento se marchite y
se desmorone. He oído que es un dolor mucho peor que la muerte.
Aprieto sus manos. —Se lo merece.
No dice nada.
Le doy un minuto para reunirse a sí misma, pero no puedo quitar mis
ojos del cielo. La Tempestad podría llegar en cualquier momento. —Has
pasado por suficiente, Audra. Deja que yo me ocupe de esto.
—Pero yo soy tu guardián. Si ellos piensan que te abandoné…


315
—Les diré que estás buscando al otro Stormer. Asegurándote de que
está...
No puedo decirlo.
Me concentro en los vientos, dejando que la canción pacífica del
Oeste me calme.
—¿Vas a decirles acerca de nosotros? —susurra Audra.
—No.
Suspira con alivio, como si le hubiera dado la respuesta correcta.
Pero entonces se tensa. —Mi madre lo sabe.
—¿Cómo? No vio nada. Además, ¿realmente le creerían a un
criminal sobre nosotros?
—No —admite después de un segundo. Sin embargo, todavía se ve
nerviosa.
—Nos las arreglaremos —prometo—. Sólo tengo que pensar en
algunas cosas.
Todavía estoy tratando de envolver mi cabeza alrededor de todo el
asunto del lazo, pero... tengo la sensación de que Audra y yo ya
estábamos conectados de alguna manera.
Cuando éramos niños y nos aferramos el uno al otro después de la
tormenta, algo pasó entre nosotros. Una oleada de calor. Algo así como lo
que pasó hoy, cuando nos besamos, pero totalmente diferente, también.
Más como si estuviéramos tomando fuerzas y apoyo de uno al otro.
¿Podría ser otro tipo de conexión?
Eso explicaría las chispas que sentimos cuando nos tocamos, y la
forma en que he podido verla en mis sueños.
Y significaría que Audra no hizo nada malo hoy al besarme. Ya
estábamos conectados, mucho antes de que la Tempestad hiciera su
pequeño compromiso.
No estoy seguro si eso es cierto. O que sea posible.
—Deberías irte —le digo, ayudándola a sentarse.
—¿Estás seguro de que estarás bien?
—Voy a estar bien. De hecho, tengo muchas ganas de finalmente
conocer a esta Tempestad tuya. Tengo unos cuántos huesos que coger
con ellos.
Ella me dirige una triste sonrisa. —No hagas que te exilies.
—Por favor, soy el último Caminante del Oeste. Soy oro.


316
Su sonrisa se desvanece.
—Voy a estar bien. —Ahuecando su mejilla, tiro su rostro hacia mí.
Listo para un beso de despedida.
En el último segundo me muevo y beso su frente. No es el momento
de decir adiós. Nunca voy a decir adiós otra vez.
—Nos vemos pronto —susurro.
—¿Cómo vas a llegar a casa? No serás capaz de volar tan lejos.
—Le pediré a alguno de la Tempestad que me dé un aventón. Me lo
deben. Sólo vete. Límpiate. Sin ánimo de ofender, pero lo necesitas un
poco.
Sonríe de verdad esta vez, y me empuja. —Tú también estás
bastante asqueroso.
—Te encanta eso de mí.
Su rostro se torna serio. —Sí.
Mi corazón se hincha, y estoy dispuesto a cambiar de opinión y darle
un beso de despedida como si nunca la hubieran besado así. Pero llama
un grupo de vientos del Este a su lado. Nuestros ojos se sostienen mientras
envuelve las corrientes de aire a su alrededor y flota lentamente,
alejándome.
La mamá de Audra no se mueve, pero enrosco un par de Vientos del
Oeste alrededor de sus manos y pies sólo para estar seguro. Entonces me
pongo en cuclillas a la sombra de un molino de viento y observo el cielo.
Los vientos azotan a mí alrededor, llenando el aire con canciones que
hacen la misma pregunta en mi cabeza.
¿Y ahora qué?
No sé.
Pero... tal vez no necesito saberlo. Amo a Audra. Ella me ama. Hemos
sobrevivido a la tormenta. Por fin sabemos la verdad sobre nuestro pasado.
¿No es eso suficiente?
—¿Quién eres tú? —pregunta la voz de un hombre, y por poco me
hago pis en mis pantalones.
Me vuelvo hacia un tipo alto que lleva el mismo uniforme negro
como Audra.
Un Tempestad.
Su pelo oscuro y largo hasta los hombros tiene una intrincada trenza
corriendo por un lado de su estrecha cara, con ojos muy abiertos, pero la


317
mitad de su cabello permanece flojo. Tal vez eso significa que él es
especial. Lo cual sería impresionante porque tengo algunas demandas
para él.
—Vane Weston —le digo, poniéndome de pie y ofreciendo una
mano para estrechar—, ¿tal vez ha oído hablar de mí?
Sus ojos se abren y gira a la forma inconsciente de Arella.
—¿Qué pasó?
—Será mejor que tome asiento. Usted y yo tenemos mucho de qué
hablar.


318
58
Audra

unca planeé regresar a la casa de mi madre. No quería volver
a verla de nuevo. Pero el viento pareció dirigirme hasta aquí.
Como si quisiera que encontrase algo.
Me quedo bajo la sombra del roble en donde hice mi juramento a la
Fuerza de la Tempestad. El juramento que ahora he roto.
¿Qué haré sin su rígida estructura guiando mi vida?
¿Qué me queda?
Vane.
Siento como si tuviera que añadirle un signo de interrogación al final
de su nombre. Cada pensamiento que le rodea es una pregunta.
¿Cómo podemos estar juntos?
¿Cómo le dejo entrar?
¿Cómo puedo tener algo normal, cuando mi vida ha sido
destrozada en pedazos, puesta patas arriba, pintada de diferentes colores
y vuelto a montar de un orden que no reconozco?
¿Cómo?
El calor empieza a sofocarme, así que me dirijo hacia la oscura,
crujiente casa. El rastro de mi madre cuelga tan pesadamente en el aire
que es como si estuviese aquí.
Un fantasma. Una sombra. Siguiéndome en cada paso.
Mis manos rozan las frías paredes mientras me muevo por el vacío
pasillo. Guiándome hacia lo único que tengo que ver.
El carrillón del viento cuelga sobre la mesa, inmóvil y silencioso.
Asfixiado.
N


319
Lo alcanzo y lo deslizo fuera del gancho, mis ojos ardiendo mientras
las campanillas tintinean por el movimiento. Paso los dedos por los
intrincados grabados que hizo mi padre en el elegante mirlo.
Así era como veía a mi madre.
Hermosa.
Salvaje.
Perfecta.
Me ahogo con los sollozos mientras saco su colgante del bolsillo, y
mis lágrimas caen en el cordón negro. Pero no duele dejarlas salir. Por
primera vez, me alegro de que se haya ido. No tiene que verla por quien
realmente es.
O tal vez lo sabía.
Quizás vio algo durante la tormenta. Quizás por eso me envió a mí su
regalo en vez de a ella. Sabía que lo usaría para el bien.
Nunca lo sabré con certeza.
Pero espero que no.
Cuelgo el colgante alrededor del cuello del mirlo y aprieto el nudo
fuertemente. Lo dejo descansar con la versión de ella que amaba.
Ahora es hora de ponerlo en libertad.
Me sacudo el polvo de mis pies mientras me retiro al final del pasillo y
cruzo el umbral. Entonces cierro la puerta de ese capítulo de mi vida y me
adentro en el viento.
El aire está lleno de Ráfagas del Este, y cuando me concentro, oigo
a una cantando la canción que siempre escucho. La canción que a veces
creo que es la melodía de mi padre.
Levanto las campanas al viento y las engancho en el alero del
porche, dejando que la melodía tintineante se una al coro. El suave,
familiar sonido llena el aire, y me doy cuenta que me estoy haciendo la
pregunta equivocada.
No cómo.
¿Cuándo?
No sé la respuesta a eso, tampoco. Pero sé que no es ahora. Y eso
hace una gran diferencia.
He estado enjaulada y silenciada durante diez años.
Es hora de que cante.


320
Desenredo mi trenza, dejando libre mi pelo. Los filamentos ondulados
duelen cuando los suavizo contra mi cuero cabelludo. Pero el dolor sólo
dura un minuto. Luego soy libre.
Me quito la chaqueta de mis hombros y acaricio la gruesa tela.
Ya no soy un guardián. Es hora de que sea yo—quienquiera que sea.
Así que llamo a tres Ráfagas del Este y le doy a cada una una sola
palabra para sostener mientras las enrollo alrededor de mi chaqueta.
Envuelvo fuertemente el paquete —luego lo lanzo hacia el cielo y dejo que
el viento lo arrastre.
Vane lo entenderá.
Espero.
Lágrimas inundan mis ojos, pero parpadeo para retenerlas.
Ésta es mi elección. La primera elección que he hecho por mí —y
sólo para mí— desde que puedo recordar.
La segunda viene ahora.
Llamo a otra Ráfaga del Este con la canción de mi padre y la enrollo
a mi alrededor, lista para dejar que me barra hacia las nubes. Pero ya no
es lo que necesito.
La envío lejos y alcanzo una Ráfaga del Oeste.
La suave, gentil brisa se precipita por mi piel y abro la mente a su
desconocida canción.
Una canción de descanso. De esperanza.
Ruego que la corriente me lleve, tarareando la melodía, al igual que
cuando cantaba con mi padre.
No sé a dónde iré. Pero es hora de que encuentre mi paz.


321
59
Vane
i pequeña charla con el guardián se extendió más de lo
previsto.
No quiso aceptar que su Tempestad no controlaba más
mi vida. Pero entonces le mostré un par de mis trucos
recientemente descubiertos y se dio cuenta que no tenía el poder de
controlarme. Sin mencionar que la Fuerza de la Tempestad me
necesitaba—ahora más que nunca. Así que logro hacer algunas
demandas, la número uno: finalización inmediata de mi compromiso.
No le dije por qué —y no me importa si lo adivina. Todo lo que
importa es que aceptó.
También logro poder quedarme con mis padres.
En esto estuvo de acuerdo enseguida—dijo que era importante para
parecer fuerte. No más huidas. No más escondites. La Tempestad se
instalaría en las dunas cercanas para apoyarme. Pero ahora que tuve el
cuarto descubrimiento, es hora de asentarme. Esperan que Raiden
mantenga un perfil bajo por el momento, de todos modos. Esperará a ver
lo que puedo hacer, cuán poderoso soy, antes de atacar de nuevo.
Así que estoy a salvo.
En parte.
Lo que probablemente es lo mejor que podré obtener, en cuanto a
Raiden se refiere. Hasta que se haya ido. Y la Tempestad todavía espera
que sea el que lo derrote. No sé qué hacer con ese loco trozo de
información, pero he decidido que no importa. Me ocuparé de ello
cuando llegue el momento. Ni un segundo antes.
El sol se ha puesto y el cielo se ilumina de naranja y rojo cuando me
dejo caer en mi jardín. La casa está a oscuras. Necesito llamar a mis padres
M


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y decirles que estoy a salvo —que pueden venir a casa. Pero no hasta que
hable con Audra.
Reviso el interior, medio esperando encontrarla en medio de una
ducha. O tendida en mi cama. Pero las habitaciones están silenciosas.
Vacías.
Ruedo los ojos por la terquedad de Audra y me dirijo hacia los
árboles. Si piensa que voy a dejarla dormir en una pila de hojas secas
infestadas de cucarachas esta noche, se ha vuelto loca.
El bosque está en silencio mientras corro. Demasiado tranquilo.
La llamo cuando los pálidos, rotos muros de su casa quedan a la
vista.
No contesta.
Disminuyo la velocidad hasta detenerme y me concentro en los
vientos, buscando su rastro. Nuestro enlace hace que la conexión sea tan
fuerte, que siento un tirón físico en mis entrañas, atrayéndome hacia ella.
Pero me está dirigiendo hacia dos caminos. Una pequeña, débil parte de
mí es atraída hacia la casa quemada. El resto de mí se aleja. No puedo
decir a dónde ni por qué. Pero es hacia el oeste. Mucho más allá de mi
alcance.
—Audra —llamo de nuevo.
Aún sin respuesta.
Hojas —o tal vez bichos— crujen bajo mis pies mientras entro en la
casa, y es el único sonido que llena el vacío espacio sin vida. Hasta que
Gavin chilla.
Mi corazón tartamudea y maldigo al tonto pájaro mientras agita sus
alas en su jaula sobre el alféizar. Sus pequeños y brillantes ojos naranjas
parecen casi rojos cuando me miran, y no tengo ninguna duda de que
está preguntándose lo mismo que yo.
¿Dónde está Audra?
Es entonces cuando me doy cuenta de la burbuja de vientos que
flotan en la esquina.
Su rastro está atado a cada brisa, y algo oscuro se cierne en el
centro. Mi estómago se anuda.
Me acerco, diciéndome a mí mismo que no es lo que creo que es.
Pero puedo ver los botones de oro brillando a través del aire.
Quizás esto es algún elaborado striptease de los Caminantes del
Viento, trato de convencerme a mí mismo mientras traspaso las corrientes
para coger la chaqueta. Pero puedo sentir todo dentro de mí hundirse


323
cuando se desenrollan y cepillan mi cara. Susurran las tres palabras que me
ha dejado como mensaje.
Estaré. Casa. Pronto.
La conozco demasiado como para perderme su significado.
Especialmente porque todavía puedo sentir su tirón en el viento.
Deslizándose hacia el oeste con cada segundo.
Arrojo la chaqueta a través de la habitación.
¿Cómo pudo marcharse sin decir adiós? ¿Sin dejarme suplicarle para
que se quedara?
El dolor atraviesa mi mano cuando golpeo la pared, pero es más
fácil aceptarlo eso, que el vacío dolor desgarrándome.
Me acuesto en el piso mientras Gavin vuela a un árbol cercano —
lejos del loco muchacho enloqueciendo.
—¿Por qué se iría? —pregunto a la noche, al viento, al estúpido
pájaro.
Nadie contesta.
Entonces mis ojos se pierden en el montón de hojas arrugadas —la
cama en la que ha estado durmiendo durante diez años. Inhalo el
pegajoso, polvoriento aire en el que ha estado sudando cada día mientras
yo me relajaba en mi habitación con aire acondicionado.
No ha hecho nada más que sacrificios por mí. ¿Puedo culparla por
necesitar un descanso de todo esto? ¿Incluso de mí?
Puedo. Pero intentaré entender.
Además, me dejó una promesa.
Estaré en casa pronto.
Regresará. Pronto.
Toco su rastro en el aire, confortándome desde el suave tirón en la
boca de mi estómago. Está atada a mí. Permanentemente conectada. No
será difícil dar con ella si quiero traerla de vuelta.
Pero esperaré.
Y, oye —al menos no soy al único que dejó atrás.
Miro a su tonto pájaro y él me devuelve la mirada. Al menos lo
abandonó a él, también. Aunque, ahora estoy atascado con su molesta
mascota.
Gavin aletea y chilla, como si estuviera pensando lo mismo.
Ruedo los ojos.


324
Luego llamo a una Ráfaga del Este que pasa y añado mis propias
palabras a su canción. Ato la brisa a su rastro y lo envío hacia el viento,
dejando que la alcance a su propio ritmo.
Te echaré de menos.
He esperado diez años por ella.
Esperaré todo el tiempo que sea necesario.
Espero que encuentre lo que está buscando. Hasta que lo haga,
estaré aquí. Solo, bajo el tranquilo cielo. Esperando a que el viento regrese.

Fin…


325
Let the Storms Break
Vane Weston está siendo perseguido. Por la
fuerza abrazadora de su unión con Audra. Por
las mentiras que dijo para cubrir su
desaparición. Por los vientos traicioneros que se
deslizan a través de su mente, intentando
atraparlo en sus peores pesadillas. Y mientras sus
enemigos se hacen más fuertes, Vane no sabe
cuando tiempo puede durar por cuenta propia.




326
SOBRE EL AUTOR
Shannon Messenger creció entre
las tormentas de arena y los
insectos gigantes del desierto, y no
estuvo triste en absoluto cuando su
familia finalmente escapó del
calor.
Estudió arte, escritura de guiones y
producción de televisión, pero
descubrió que su verdadera
pasión es escribir para niños y
adolescentes. Let the Sky Fall es su
primera novela Young Adult.
También es la autora de Keeper of
the Lost Cities, primer libro de una
serie.
Vive en el sur de California con su
maravilloso esposo y demasiados
gatos, y cree que las
hamburguesas son el alimento
perfecto.
Encuéntrala en línea en www.shannonmessenger.com













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Traducido, Corregido y
Diseñado en:



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