UNIVERSIDAD BOLIVARIANA CARRERA DE ARQUEOLOGÍA

“IMPRONTAS DE HOJAS EN NEGATIVO: UN APORTE METODOLÓGICO AL ESTUDIO ARQUEOBOTÁNICO DE POBLACIONES ALFARERAS DE LA REGIÓN CENTRO-SUR DE CHILE, COMPLEJO CULTURAL PITRÉN”.

Memoria para Optar al Título de Arqueóloga y al Grado Académico de Licenciada en Arqueología.

AUTORA: Rocío Barrientos Romero PROFESOR GUÍA: Verónica Reyes Álvarez PROFESOR INFORMANTE: Roberto Campbell Toro

Santiago, Agosto del 2013

AGRADECIMIENTOS

Claramente la construcción de esta investigación y toda aquella variedad de matices involucrados en este largo proceso, en ningún caso es mérito propio. Quién soy, como me construyo, donde quiero ir con lo que hago y en definitiva que es lo que hago, es el resultado de una serie de búsquedas, aprendizajes, cuestionamientos y sueños que van más allá del yo; se enmarca en una continua retroalimentación con los otros, con la vida, con el entorno y con aquellas personas que consciente o inconscientemente han entregado algo de si en la conformación del “uno propio”. Es por lo mismo que en esta sección de mi memoria de titulación quiero agradecer desde lo más profundo de mí, a todos aquellos que me han acompañado, cuestionado, incentivado, enseñado y valorado, en especial a aquellas personas que pusieron parte de si en esta búsqueda y regalaron parte de sus sueños para construir los míos. En el desarrollo de este trabajo, muchas veces me vi frente a mis propias inseguridades, a mis temores y a las dificultades que acompañaron la búsqueda de nuevas aristas en la arqueología, que me obligaron a profundizar en saberes que antes eran para mí completamente desconocidos. Por eso quiero agradecer con un especial cariño a todos quienes me animaron y entregaron generosamente sus herramientas y conocimientos para hacer posible esta búsqueda: Cómo no comenzar mencionando a aquellos compañeros en la construcción de sueños, libertades y esperanzas; mis papás, quienes han sembrado en mis hermanas, en mí y mis sobrinos, aquella valoración por el mundo, por la gente, por la tierra, por el cariño, por el aprendizaje y por los sueños…Jorge, Lily, Paz, Violeta, Admalen y Nahuel…cada una de las letras que se desprenden de esta memoria, se encuentran completamente empapadas de ustedes, de sus saberes y sus cariños. A Diego Alarcón y Alicia Marticorena, quienes me entregaron las líneas fundamentales para insertarme en el estudio de los restos foliares y que en definitiva me incentivaron a seguir en esta búsqueda. A los trabajadores del Herbario Nacional de Historia Natural, Herbario de la Universidad de Concepción, Museo Regional de la Araucanía, Museo Histórico y Antropológico
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Mauricio Van de Maele de la Universidad Austral y Laboratorio de Arqueología de la Universidad de Chile, quienes me acogieron en su espacio y facilitaron el acceso al material requerido para la investigación. A Verónica Reyes, quien me acompañó de manera permanente en este proyecto, guiando mis búsquedas y otorgándome su profundo conocimiento sobre las poblaciones alfareras de la región Centro-sur del país y la manifestación de improntas de hojas en la alfarería. Cuyos aportes y cuestionamientos fueron fundamentales para el desarrollo de esta memoria. A Jhoann Canto, por su disposición a enseñarme sobre los métodos estadísticos para la determinación taxonómica, así también sus siempre acertadas sugerencias al estudio. A Roberto Campbell, quien demostró un enorme encanto por la prehistoria de la región centro-sur del país y estuvo siempre dispuesto con gran generosidad a otorgarme sus aportes y observaciones al estudio en el que me encontraba inserta. A mi hermana Paz, por su inmenso cariño y apoyo, manifestado en sus permanentes palabras de apoyo y las largas jornadas de trabajo que me regaló en pos de sacar adelante este proyecto. Claramente sin sus profundos conocimientos en estadística y manejo de bases de datos, este proceso habría sido mucho más complejo. A Víctor, por estar conmigo dispuesto a aprender junto a mí, a ayudarme, quererme y animarme permanentemente. Y para finalizar, no me gustaría cerrar esta sección sin obsequiar además un especial reconocimiento a Gabriela y mis queridas compañeras Paulina Catalán, Almendra Sarmiento, Paulina Monroy y Fabiola Molina, con quienes vivimos quizás una de las experiencias más lindas y trascendentes en nuestra formación como arqueólogas y sobre todo como personas. En un proceso en que en conjunto a mucha gente fuimos forjando las bases de un saber que va mucho más allá de lo académico, que tiene que ver con la consolidación de una profunda consciencia del ser y para que ser arqueólogo. En definitiva, este trabajo es resultado del esfuerzo de una gran cantidad de personas que pusieron un algo de sí, en este proyecto donde conjugan la gente, la tierra, las plantas, los saberes, los cariños, etc., por lo tanto he aquí mis más sinceros agradecimientos a cada uno de ustedes, esperando que los resultados de esta memoria sean capaces de responder a su generosa entrega… a todos ustedes mi infinito cariño!!!
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RESUMEN

La presente investigación se enmarca en el estudio de las impresiones foliares presentes en la alfarería Pitrén, manifestación ampliamente evidenciada en distintos contextos arqueológicos de la región Centro-Sur del país. Cabe destacar que hasta el momento, los acercamientos a la denominada “Técnica de improntas de hojas en negativo”, se han enfocado principalmente a su documentación y análisis de los procesos tecnológicos que derivan en la configuración de esta manifestación plástica. Sin embargo, aún no hay conocimientos respecto a los recursos vegetales que estarían siendo plasmados en las piezas, aspecto que se considera fundamental para la profundización en el conocimiento de los mecanismos de interacción que las poblaciones Pitrén, establecieron con la enorme diversidad florística configurada en la región del Bosque Templado. En virtud de lo anterior, en esta memoria, se pretende realizar un primer acercamiento dirigido a la evaluación de las potencialidades que otorgan las impresiones de hojas en la alfarería, como material de estudio arqueobotánico; para lo cual el desarrollo de esta investigación, requiere establecerse necesariamente desde una perspectiva de índole exploratoria, dada la clara inexistencia de acercamientos previos que hayan asumido este tipo de enfoque. Por lo tanto, esta línea de búsqueda es abordada por medio de un ensayo metodológico, dirigido a la caracterización y posterior sometimiento a prueba de los individuos foliares en torno a su determinación taxonómica. A partir de lo que se espera, obtener resultados que permitan profundizar en un primer plano interpretativo respecto del manejo de los recursos vegetales manifestados en la alfarería. Conforme a lo anterior, el presente estudio se organiza con la siguiente estructura: En el capítulo 1, se expone el planteamiento del problema, abordando tanto los aspectos que hacen necesario este tipo de acercamientos en el área y las perspectivas en las que este estudio pretende aportar, en cuanto a la construcción del conocimiento arqueológico. Para posteriormente presentar los objetivos que dirigieron la presente investigación.

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El capítulo 2, se inserta en una revisión de los antecedentes contingentes al problema de investigación abordado, profundizando en los aspectos geográficos y vegetacionales de la región en la cual se establecieron las poblaciones estudiadas, para luego ahondar en el conocimiento existente sobre los modos de adaptación establecidos por las poblaciones Pitrén en el entorno boscoso donde habitaron. Finalmente se da paso a la revisión de la situación actual de las investigaciones respecto a la manifestación de improntas de hojas en negativo, estableciéndose como la base de conocimiento desde la cual se establece el presente estudio. Posteriormente en el capítulo 3, se profundiza en los aspectos teóricos que sustentan la investigación, adentrándose en los fundamentos de las investigaciones arqueobotánicas y en las perspectivas interpretativas que se adoptan para la comprensión de los macrorrestos vegetales recuperados en contextos arqueológicos. Para luego insertarnos en el capítulo 4, donde se desarrollan las estrategias metodológicas empleadas en esta investigación. En el capítulo 5, se abordan las características fitogeográficas y contextuales de cada sitio estudiado, de modo de comprender las características del espacio específico en el que se enmarca el registro material investigado. En el capítulo 6, se entregan los resultados de las distintas etapas del estudio, considerando tanto la evaluación de las improntas de hojas como material de estudio arqueobotánico, y los resultados de la identificación taxonómica de los restos foliares identificados en las vasijas estudiadas. Posteriormente, en el capítulo 7, se discute la información obtenida por medio de los análisis, profundizando en la incidencia que el acercamiento, otorga al estado del conocimiento del manejo de los recursos del bosque por parte de las poblaciones Pitrén. Y en el capítulo 8 se abarcan los potenciales y limitaciones del desarrollo metodológico empleado, lo que permite sugerir perspectivas de investigaciones futuras que aporten a la construcción de un método riguroso dirigido al estudio de especímenes foliares impresos en las vasijas.

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ÍNDICE DE CONTENIDOS

AGRADECIMIENTOS ............................................................................................... i RESUMEN................................................................................................................ iii CAPITULO 1 ................................................................................................................. 1 INTRODUCCIÓN ...................................................................................................... 1 1.1. Planteamiento del Problema ............................................................................. 9 1.2. Objetivos de la investigación .......................................................................... 10 CAPÍTULO 2 ............................................................................................................... 12 ANTECEDENTES DE LA INVESTIGACIÓN ........................................................ 12 2.1. Composición Geomorfológica y Fitográfica del Bosque Templado ................ 12 2.2. El desarrollo de las poblaciones Pitrén en el Bosque Templado Chileno. ........ 16 2.3. Improntas de Hojas en Negativo ..................................................................... 22 CAPITULO 3 ............................................................................................................... 27 MARCO TEÓRICO Y REFERENCIAL................................................................... 27 3.1. Antecedentes del arqueobotánico de restos foliares e impresiones vegetales. .. 27 3.2. Arqueobotánica: Mecanismos de interacción y Gestión de recursos vegetales. 30 CAPÍTULO 4 ............................................................................................................... 34 MARCO METODOLÓGICO ................................................................................... 34 4.1. Definición de la muestra................................................................................. 34 4.2. Método de investigación ................................................................................ 40 4.3. Procesamiento de datos e identificación taxonómica. ..................................... 49 CAPITULO 5 ............................................................................................................... 57 DESCRIPCIÓN DE LOS SITIOS ESTUDIADOS ................................................... 57 5.1. Sitio Tipo Pitrén (1.000± 100 d.C.) (Menghin 1962): ..................................... 57 5.2. Sitio Los Chilcos (350± 170 d.C.) (Adán y Reyes 2000): ............................... 58 5.3. Sitio Licanco Chico, KM.20 (890±60 DC) (Ocampo et al., 2004; Ciprés Consultores, 2001): ............................................................................................... 59 5.4. Sitio Escuela de Collico 1 (960 d.C.) (Mera y Munita 2006):.......................... 61 CAPITULO 6 ............................................................................................................... 63
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RESULTADOS ........................................................................................................ 63 6.1. Caracterización general de la manifestación de improntas de hojas en las vasijas estudiadas. ............................................................................................................ 63 6.2. Evaluación del potencial de estudio de las improntas de hojas en la alfarería como material arqueobotánico. ............................................................................. 65 6.3. Identificación taxonómica de los especímenes foliares ................................... 74 6.4. Región cultural - región forestal: la presencia de especies florísticas en los sitios estudiados. ............................................................................................................ 82 6.5. Síntesis .......................................................................................................... 97 CAPITULO 7 ............................................................................................................. 100 DISCUSIONES ...................................................................................................... 100 7.1. Improntas de hojas en negativo: Un aporte al conocimiento de modos de adaptación de las poblaciones Pitrén al bosque templado de la región Centro-Sur de Chile. .................................................................................................................. 101 CAPITULO 8 ............................................................................................................. 118 CONCLUSIONES .................................................................................................. 118 8.1. Improntas de hojas en negativo como material de estudio arqueobotánico. ... 118 BIBLIOGRAFÍA .................................................................................................... 124 ANEXO 1................................................................................................................... 140 MUESTRA CERÁMICA DE LOS SITIOS DE ESTUDIO ..................................... 140 ANEXO 2................................................................................................................... 141 ESPECIES QUE COMPONEN LA MUESTRA DE REFERENCIA BOTÁNICA . 141 ANEXO 3................................................................................................................... 146 TAXAS BOTÁNICAS IDENTIFICADAS EN LA MUESTRA ARQUEOLÓGICA ............................................................................................................................... 146

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ÍNDICE DE TABLAS

Tabla 1: *Universo de población de vasijas completas en el Sitio. ** Componente Muestral del estudio. ....................................................................................................................... 39 Tabla 2: Cantidad de improntas evidenciadas por sitio. ..................................................... 39 Tabla 3: Variables Cualitativas y categorías de clasificación, establecidos para el análisis de morfometría foliar. ........................................................................................................... 42 Tabla 4: Variables Cuantitativas y criterios utilizados para el análisis de morfometría foliar ......................................................................................................................................... 43 Tabla 5: Codificación de morfotipos foliares. ................................................................... 45 Tabla 6: Índices de relaciones morfométricas de morfología foliar construidos para la identificación taxonómica. ................................................................................................ 49 Tabla 7: Ejemplo caracterización de categorías morfotípicas y distribución de aspectos generales de tamaño de las especies representadas en la muestra de referencia botánica. .. 51 Tabla 8: Categorías morfofuncionales de las vasijas con improntas de hojas en negativo que componen la muestra estudiada. ....................................................................................... 64 Tabla 9: Técnicas decorativas asociadas a la manifestación de improntas de hojas en negativo en las vasijas estudiadas. .................................................................................... 65 Tabla 10: frecuencias de los factores influyentes en la disminución nitidez de las improntas en las vasijas (superficie exterior). .................................................................................... 71 Tabla 11: Especies botánicas asociadas como posibilidades de atribución taxonómica de los especímenes foliares de origen arqueológico, de acuerdo a prueba de segregación de las muestras según criterios generales de forma y tamaño. ..................................................... 76 Tabla 12: Rangos de cercanía y valores de similitud, entre muestras asociadas taxonómicamente. ............................................................................................................ 78 Tabla 13: Otras asociaciones establecidas entre las muestra en segundo nivel de cercanía. 78
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Tabla 14: Frecuencias de especies asignadas a las improntas de hojas por sitio. ................ 85 Tabla 15: Especies identificadas en cada una de las muestras cerámicas. .......................... 86 Tabla 16: Frecuencia de manifestación de especies en el conjunto de piezas por sitio. ...... 86 Tabla 17: Potenciales de uso de las especies botánicas evidenciadas en la alfarería Pitrén. ....................................................................................................................................... 111

Tablas de Anexo Tabla Anexo 1: Detalle de componente muestral de los sitios de estudio. ....................... 140 Tabla Anexo 2: Composición de la muestra de referencia botánica. ................................ 145

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ÍNDICE DE FIGURAS

Figura 1: Mapa de distribución de Regiones Vegetales en el Bosque Templado Chileno. (Stark, 2006-2007. Modificado)........................................................................................ 15 Figura 2: Proceso tecnológico asociado a la manifestación de improntas de hojas sobre la alfarería Pitrén. (Castro y Varela, 1990)............................................................................ 24 Figura 3: Vasija con impronta de hojas, colección Museo Mapuche de Cañete (Fotografías: Proyecto Fondecyt 1970105). Se observan impresiones foliares en la superficie exterior (a) e interior (b) de la pieza. ................................................................................................... 26 Figura 4: Criterio de variabilidad morfométrica por especie en selección de especímenes la muestra de referencia botánica. ......................................................................................... 35 Figura 5: Área de estudio, regiones forestales y distribución de los sitios arqueológicos estudiados. (Construcción propia) ..................................................................................... 38 Figura 6: Variables Cualitativas y categorías de clasificación, establecidos para el análisis de morfometría foliar (construcción propia). ..................................................................... 43 Figura 7: Variables Cuantitativas establecidas para el análisis de morfometría foliar (construcción propia). ....................................................................................................... 44 Figura 8: Concatenación de códigos para la asociación de las variables ápice-base ........... 47 Figura 9: Jarro asimétrico procedente del sitio Licanco Chico, el cual presenta la expresión conjunta de impresiones foliares y decoración mediante técnica negativa con diseños geométricos. a) Vista lateral de la pieza, se observa sus características formales; b) sección trasera de la pieza, se distingue la presencia de negativos lineales convergentes; c) sección frontal de la pieza, se reconocen algunas de las impresiones foliares que presenta la vasija. ......................................................................................................................................... 64

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Figura 10: Factores que afectan la nitidez de las improntas. (A) Se evidencia una superficie cubierta por impresiones foliares con distintos grados de nitidez, que presentan una clara superposición de los individuos y variaciones en la coloración pieza-hoja; (B) se evidencia una impronta de hoja con un nivel de nitidez muy bajo, afectada por factores de coloración y erosión de la superficie. ................................................................................................. 69

Figuras de Anexo

Figura Anexo 3-1: Manifestación de Nothofagus spp. en la muestra arqueológica (cf. N. antartica, cf. N. pumilio, cf. N. dombeyi, cf. N. nítida, cf. N. oblicua, cf. N. glauca. ....... 146 Figura Anexo 3-2: Manifestación de aff. Crinodendron patagua. en la muestra arqueológica. .................................................................................................................. 147 Figura Anexo 3-3: Manifestación de Eucryphia cordifolia. en la muestra arqueológica .. 148 Figura Anexo 3-4: Manifestación de Aextoxicon punctatum. en la muestra arqueológica 149 Figura Anexo 3-5: Manifestación de Sophora microphylla. en la muestra arqueológica .. 150 Figura Anexo 3-6: Manifestación de Laurelia philippiana en la muestra arqueológica.... 151 Figura Anexo 3-7: Manifestación de Luma apiculata. en la muestra arqueológica .......... 152 Figura Anexo 3-8: Manifestación de Cryptocarya alba. en la muestra arqueológica. ...... 153 Figura Anexo 3-9: Manifestación de aff. Peumus boldus en la muestra arqueológica ...... 154

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ÍNDICE DE GRÁFICOS

Gráfico 1: Dispersión de morfotipos presentes en la muestra arqueológica en relación a las variables LSM y AM; la sección demarcada en azul, corresponde a los rangos de tamaño establecidos para Nothofagus dombeyi, presentado en el ejemplo 1, considerando un margen de error del 10%................................................................................................... 53 Gráfico 2: Dispersión de las muestras arqueológica y de referencia botánica en función de los valores resultantes de los índices de relación morfométrica “Relación alto -ancho” y “Corrección de ángulos”. La sección demarcada en azul, corresponde al rango de variación de los índices de la muestra arqueológica, corregida con un margen de error al 10%......... 54 Gráfico 3: Niveles de nitidez de las improntas de la superficie exterior por sitio. .............. 67 Gráfico 4: Niveles de nitidez de las improntas de la superficie interior por sitio. ............... 72 Gráfico 5: Frecuencias de representación de las taxas identificadas por sitio. .................... 99

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CAPITULO 1
INTRODUCCIÓN

Las poblaciones alfareras tempranas que habitaron la región centro-sur del país, se establecieron en un ambiente conformado por una amplia diversidad biótica, que define la composición misma del actual bosque templado Chileno, cuya estructuración se dispone de acuerdo a una serie de factores que configuran los distintos nichos ecológicos en los que se desarrollaron los primeros ceramistas del área. En estos espacios, las poblaciones Pitrén (375 d.C. a 1400 d.C.) desarrollaron modos de vida asociados fundamentalmente a las regiones vegetales de los bosques Caducifolio y Laurifolio, que representan el ambiente configurado entre la cuenca del Biobío por el norte, hasta Río Bueno por el sur -donde establecieron sus asentamientos en los distintos pisos ecológicos como el sector lacustre precordillerano, los valles interiores y sectores costeros e insulares-, desarrollando estrategias de adaptación y apropiación del espacio, que adquieren énfasis en modos de subsistencia dirigidos a los recursos que se configuran en los determinados nichos ecológicos (Adán y Mera, 1997; Sánchez et al., 2004; Navarro et al., 2010; Adán y Mera, 2011). En este marco, la investigación arqueológica en la región centro-sur del país, ha adoptado un especial énfasis en los modos de adaptación que establecieron las poblaciones prehispánicas con el medio boscoso en el que habitaron; dejando de manifiesto, tanto para los desarrollos culturales alfareros como sus precedentes arcaicos, la existencia de un complejo panorama de interacción del hombre con el medioambiente, asociado a intensos mecanismos de apropiación del espacio configurados en torno a los ecosistemas en los que se desenvolvieron. Tal como lo destaca el investigador Tom Dillehay (1990), quien plantea que “Las fases cerámicas poco definidas del extremo sur de Chile pueden considerarse como una expresión de la cultura formativa del extremo sur del continente, en la medida en que reflejan una serie de patrones de adaptación desarrollados en los bosques subárticos y septentrionales de Sudamérica” (Dillehay, 1990:26 ).
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De esta manera, los acercamientos de las investigaciones en el área han evidenciado que en los distintos espacios de ocupación, que establecieron las poblaciones alfareras, existió un claro manejo y profundo conocimiento de los recursos vegetales disponibles en el área, que se complementó con las actividades de subsistencia cuyos énfasis varió de acuerdo al nicho ecológico en el que habitaron. Así, el desarrollo del período alfarero en la extensión del bosque templado chileno, se manifiesta en diferentes sustratos y con diferentes resultados (Adán et al., 2007). En el sector precordillerano, las poblaciones Pitrén priorizarían por la ocupación de ecosistemas asociados a ambientes lacustres, mediante el ejercicio de un modo de vida cazador recolector basado fundamentalmente en el consumo de mamíferos de pequeño y mediano tamaño, moluscos dulceacuícolas y productos vegetales, propios del medio en el que se desenvolvieron (Adán et al., 2004; García, 2005; Adán et al., 2006). Esta situación, ha llevado a los investigadores a proponer la existencia de una “Tradición Arqueológica de Bosques Templados” en la región lacustre precordillerana del Calafquén (Adán y Alvarado, 1999; Alvarado, 2000; Adán et al., 2001; Alvarado y Mera, 2004; Adán et al., 2006, Adán et al., 2010; Adán y Mera, 2010), que se caracterizaría por un modo de habitar el bosque que manifiesta una continuidad en el tiempo, abarcando desde el periodo arcaico hasta el alfarero, expresado en el desarrollo de estrategias conductuales específicas para estos ambientes (Adán et al., 2007). El panorama en el sector costero e insular se presenta de una manera distinta, el registro arqueológico en estas áreas devela que las poblaciones alfareras estarían priorizando por el establecimiento de prácticas de caza-recolección, asociadas a un modo de vida típicamente costero (Navarro, 2004), complementado con el acceso a recursos del ambiente boscoso circundante y el incipiente desarrollo de procesos de domesticación de vegetales (Quiroz, 1997; Becker, 1997; Rojas y Cardemil, 1997; Sánchez et al., 2004; Rojas y Cardemil, 2005). Estos elementos en su conjunto, otorgarían una dinámica clara de apropiación y modificación del espacio en torno a las actividades de subsistencia. Por su parte, la ocupación de poblaciones alfareras en el valle central se vincularía fundamentalmente a ambientes asociados a la sección media de cursos fluviales, priorizando por la selección de lomajes que facilitarían una importante visibilidad del
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entorno (Sánchez et al., 1981-82; Inostroza y Sánchez, 1984; Gordon, 1984; Aldunate, 1989; Dillehay, 1990; Adán y Mera, 1997; Mera y Adán, 2000; Ocampo et al., 2004; Adán et al., 2007; Adán y Mera, 2011). En estos espacios, las poblaciones alfareras tempranas, habrían estado aprovechando los recursos del bosque, de vegas y cursos de agua, mediante un modo de vida cazador recolector, complementado con el desarrollo de una incipiente horticultura (Castro y Adán, 2001; Navarro, 2004; Mera y Munita, 2008; Adán y Mera, 2011). En este sentido, si bien es clara la variabilidad expresada en los modos de adaptación que establecieron las poblaciones alfareras tempranas en los distintos nichos ecológicos que ocuparon, el registro en su conjunto, manifiesta un profundo conocimiento del entorno y relación con el medio en el que se manejaron. Parece evidente que independientemente de estas diferencias, las poblaciones alfareras del área habrían desarrollado estrategias vinculantes al medio ambiente, que presentarían características comunes, en estrecha relación al entorno boscoso en el que habitaron. Las evidencias en concreto son amplias, comenzando por el simple hecho de considerar el paisaje en que se desenvolvieron estas poblaciones, constituido por una densa vegetación, donde las posibilidades de acceso a recursos alimenticios, medicinales, combustibles y materias primas para la manufacturación de herramientas, son variadas, pero que para su utilización se requiere necesariamente de un profundo conocimiento de las cualidades propias de la diversidad florística. Este manejo está intrínsecamente manifestado en el registro arqueológico, donde el abundante conjunto lítico recuperado en los distintos contextos, evidencia un énfasis claro en el trabajo en madera, mediante artefactos como azuelas, hachas y otros instrumentos que presentan huellas de desgaste que sugieren un uso dirigido fundamentalmente a actividades de corte y raspado sobre recursos leñosos (Jackson, 1997; Adán et al., 2001, Cordero, 2009; Adán y Mera, 2011). A esto se suma el hallazgo documentado en el sitio Licanco Chico, consistente en improntas de posibles recipientes de madera en avanzado proceso de descomposición que habrían sido dispuestos a modo de ofrenda, en al menos uno de los entierros fúnebres registrados en el sitio (Ocampo et al., 2004), y por otro lado, la evidencia de cordelería en
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fibra vegetal similar al cáñamo, empleada en la unión de cuentas de collar, de origen conquiológico (Pecten sp.) recuperadas en el sitio Villa JMC-1 (Munita et al., 2011). Por otro lado es evidente el uso de embarcaciones por parte de estas poblaciones, dado que se constituye como el único modo que habría hecho factible la ocupación de sectores insulares como Isla Mocha, además tal como lo plantea José Bengoa (2003) y que es confirmado por el registro arqueológico, las poblaciones prehispánicas de la región establecieron sus asentamientos asociados a las orillas de ríos y lagos, los que habrían utilizado para su movilización, comunicación e intercambio por medio de canoas, constituyéndose como “Sociedades Rivereñas” (Bengoa, 2003). La amplia movilidad establecida por las poblaciones Pitrén, ha sido demostrada en diversos sitios, donde los hallazgos de materias primas y recursos de origen alóctono son recurrentes en los distintos pisos ecológicos, tales como ha sido el registro de valvas provenientes de la costa del Pacífico, en los sitios precordilleranos; artefactos de cobre, documentados en el sitio Villa JMC-1, en el valle del Cautín (Mera y Munita, 2008; Munita et al.,. 2011); y el recurrente registro de instrumentos manufacturados en obsidiana recuperados en los distintos contextos (Navarro et al., 2010). De lo anterior se derivan claros antecedentes de uso de recursos procedentes de otras áreas, implicando el ejercicio de una movilidad costa interior, asociada a una práctica del uso extensivo del territorio (Adán y Reyes, 2000) que refleja una compleja y dinámica interacción con los distintos espacios ecológicos (Adán et al., 2006). Finalmente, no es menor el conocimiento y manejo de los recursos vegetales, intrínsecamente asociado al desarrollo tecnológico que involucra la manufacturación cerámica, sobre todo durante el proceso de cocción de las piezas. Los estudios dirigidos a los procesos tecnológicos asociados a la alfarería Pitrén, han indicado que los ceramistas estarían privilegiando una buena cocción de las vasijas (Gallego, 2011), por lo tanto es bastante probable que el material leñoso empleado para el proceso pirotecnológico, haya respondido a criterios de selección en función del rendimiento calorífico y la inflamabilidad del mismo, lo que resultaría fundamental en el control de la intensidad térmica a la cual son expuestas las piezas y la consecuente expresión final de las mismas (García, 2008).
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Otro elemento importante a destacar en cuanto a la expresión de la relación de las poblaciones Pitrén con el medio boscoso, lo constituye la manifestación de improntas de hojas en negativo en las superficies de las vasijas asignadas culturalmente a este complejo alfarero (Castro y Varela, 1990; Adán y Mera, 1996; Pérez y Reyes, 2009; Pérez et al., 2012). Esta expresión, si bien la mayoría de las veces se manifiesta como un rasgo discreto, su representación ha sido ampliamente evidenciada en la mayor parte de los contextos asociados culturalmente al complejo Pitrén y también en contextos más tardíos como el sitio Puraquina (1.480 d.C.) y Fuerte de Villarrica VR-7 (1.340 d.C.), en el sector del lago Villarrica (Reyes, 2010), correspondiendo por tanto, a una expresión bastante difundida temporal y espacialmente entre las poblaciones alfareras que habitaron los bosques templados. La manifestación de este rasgo en la alfarería, ha sido un aspecto ampliamente discutido en cuanto a la intencionalidad o resultado casual de su expresión, siendo aún un problema no resuelto. Sin embargo, es claro que la representación de especímenes foliares en la cerámica de las poblaciones del bosque templado, se constituye como un elemento evidente de determinados modos de hacer en la alfarería y en definitiva de las formas de relacionarse con el medio vegetal. De acuerdo a la suma de elementos anteriormente expresados, es factible desprender que las poblaciones alfareras tempranas establecidas en los bosques templados del sur de Chile, estuvieron estrechamente vinculadas a los recursos vegetales del bosque, desarrollando un amplio conocimiento y aprovechamiento de los recursos florísticos con los que convivieron y lo que probablemente se manifestaría en la selección cultural de aquellas especies con mayor rendimiento para las necesidades del hombre. Sin embargo, hasta el momento las profundizaciones al respecto son escasas y no han permitido indagar en detalle los modos de articulación con el medio, ejercidas por las poblaciones Pitrén, en cuanto el acceso, selección y utilización especifica de los recursos que el entorno les ofrecía. En el marco de los desarrollos culturales en el ambiente boscoso del sur de Chile, quizás uno de los estudios más ricos en este sentido y que mayor profundización ha permitido al
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respecto de las interacciones que establecieron las poblaciones con el bosque templado, lo constituye el sitio Monte Verde (12.780 ± 240 AP), yacimiento paleoindio, ubicado en la terraza alta del Río Maullín, en la actual región de Los Lagos. En este sitio, se ha evidenciado un intenso manejo de los recursos vegetales por parte de sociedades cazadoras recolectoras desde tiempos tempranos, manifestado por un abundante registro botánico compuesto de alrededor de 73 taxones vegetales, correspondientes a maderas usadas para la construcción y leña, además de frutos, semillas y hojas con propiedades alimenticias y medicinales (Dillehay, 2004). Al parecer, estas poblaciones habrían priorizado por la selección cultural de aquellas especies de más alto rendimiento para las necesidades del hombre, tales como resistencia, flexibilidad y dureza para la confección de viviendas, armas y otros instrumentos, además de energía calórica para el fuego y otras cualidades físicas de éstas (Ocampo y Rivas, 2004: 319). Estos elementos han permitido a los autores, plantear la existencia de una “tecnología de la madera” (op. cit.), que estaría siendo manifestada en base al profundo conocimiento y estrecha relación con el medio ambiente, evidenciada por una especialización en el uso de los recursos madereros, por medio de la selección de especies con características particulares y que se manifestaría desde el paleoindio en el sitio Monte Verde, hasta momentos tardíos como ha sido demostrado a partir de los estudios efectuados por Lira (2007), por medio del análisis de las maderas empleadas para la facturación de canoas monóxilas de la región centro-sur del país. Por su parte, los estudios arqueobotánicos desarrollados en contextos asociados a la ocupación Pitrén, como serían las investigaciones realizadas en la región lacustre del Calafquén, en los sitios Loncoñanco 2 y Marifilo 1, han permitido reconocer a lo largo de sus ocupaciones, una variación entre las taxas identificadas a partir de macrorrestos de origen carpológico y antracológicos, lo que estaría indicando un uso diferencial de las especies vegetales que fueron empleadas en actividades disímiles. Los restos carpológicos, reflejan una recurrencia de determinadas frutas y frutos secos disponibles en estos bosques, que serían recolectados principalmente en las épocas de verano y otoño, lo que ha permitido plantear la existencia de un intensivo uso de los
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recursos vegetales del medio boscoso, reafirmando la idea de la recolección como fuente fundamental para la subsistencia de estos grupos en el sector lacustre cordillerano (Lehnebach et al., 2007). Esta selección dirigida a determinadas especies con cualidades alimenticias, se vería contrastada por la evidencia antracológica, procedente de los recursos leñosos que habrían sido empleados como combustibles, evidenciándose una amplia variedad de especies arbóreas y arbustivas que habrían sido identificadas tanto en estructuras de combustión como de manera dispersa en los sitios. Entre los carbones recuperados, se reconoce una serie de recursos que no aparecen en el conjunto de semillas de los mismos contextos y donde la variedad de taxas identificadas presentan potenciales de uso bastante diversos, lo que ha llevado a sugerir la existencia de un modo de aprovisionamiento de carácter oportunista de los recursos vegetales (Lehnebach et al., 2007), es decir que estas poblaciones habrían hecho uso de los recursos disponibles en el entorno, sin un ejercicio de selección dirigida a aquellos que presentarían mejores cualidades físicas para una acción determinada. Las interpretaciones realizadas por Lehnebach y colaboradores, respecto al modo en que las poblaciones Pitrén están ejerciendo el acceso a los recursos, no son coincidentes con las extensas referencias del desarrollo de una especialización al ambiente boscoso por medio de mecanismos de acceso, selección y utilización específica de los recursos vegetales, y que además se ha visto ampliamente evidenciado en otros variados aspectos de la cultura material. A pesar de lo anterior, estos investigadores también observan que si bien estos planteamientos aportan a los primeros conocimientos sobre el uso y recolección de restos vegetales por las poblaciones que habitaron el área, sería necesaria la recuperación de un constructo mayor de evidencias arqueobotánicas para comprender con mayor profundidad las estrategias de subsistencia que se desarrollaron en estos ecosistemas (Lehnebach et al., 2007:411). La necesidad de profundizar en esta esfera del conocimiento, es clara y se agudiza aún más cuando se manifiesta una evidente disyuntiva en cuanto a los planteamientos que se han esbozado en torno a las estrategias de uso y gestión de los recursos vegetales que habrían
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ejercido las poblaciones alfareras en su interacción con los bosques templados. A esto se suman, las extensas referencias respecto a las dificultades que presenta el muestreo y análisis de macrorrestos vegetales en la región centro-sur del país, lo que resulta en concreto, en un importante déficit en el conocimiento de los modos en que estas poblaciones, se relacionaron con el medio boscoso en el que habitaron. Es importante recordar que la preservación de los restos vegetales en contextos arqueológicos, está asociada a una serie de factores tanto de carácter inherente a la propia planta como factores externos, ya sean de tipo natural o antrópico. En este sentido, siempre existen posibilidades que ciertas taxas se encuentren mayor o menormente representadas (Wilson, 1984), siendo bastante común que especies que se esperaría que apareciesen en el contexto arqueológico, no se evidencien debido a determinadas condicionantes que posiblemente habrían impedido su conservación y su consecuente registro. Por lo tanto, los resultados del registro arqueobotánico recuperados en contextos arqueológicos siempre son parciales, ya que representan una parte de lo que se ha utilizado y depositado en origen (Arnanz, 1993; Badal et al., 2000), en consecuencia es fundamental tomar en cuenta estos factores a la hora de identificar e interpretar los restos botánicos recuperados de contextos arqueológicos. Esta problemática ha sido recurrentemente planteada por los investigadores del área (cfr. Quiroz y Belmar, 2000; Ekblaw et al., s/f; Báez y Solari, s/f; Solari y Lehnebach, 2004; Lehnebach et al., 2007), constituyéndose como uno de los principales factores que han incidido en las dificultades que presenta la recuperación de muestras en los contextos arqueológicos sureños, limitando finalmente las posibilidades de insertarse en un nivel más profundo de comprensión del modo en que estas poblaciones interactuaron con sus ambientes biofísicos, lo que ha llevado a los investigadores a plantear la necesidad de configurar un nuevo enfoque metodológico para detectar un mayor rango de evidencia botánica (Lehnebach et al., 2007). Al respecto, si se consideran los antecedentes de estudios que permitan complementar el constructo de evidencias arqueobotánicas para el área, parece importante hacer referencia al trabajo documentado en otras regiones sobre restos de hojas, semillas y fibras conservadas en forma de impresiones en cerámicas y adobes, que otorgarían un importante potencial
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informativo. Este tipo de acercamiento, si bien ha sido un campo escasamente investigado, ha sido valorado por distintos investigadores como una fuente de información que aportaría interesantes líneas de conocimiento arqueobotánico (Ayala et al., 1987; Rivera et al., 1988; Renfrew, 2007; Peña-Chocarro, 2008). Profundizar en esta búsqueda, claramente no es algo menor en los estudios de las poblaciones alfareras de la región centro-sur del país, dado que el registro arqueológico ha puesto en evidencia la recurrente manifestación de improntas foliares, impresas en las superficies de piezas asignadas culturalmente tanto al complejo Pitrén como a expresiones alfareras más tardías, y que hasta el momento no han sido abordadas desde una perspectiva de investigación arqueobotánica. 1.1. Planteamiento del Problema La arqueología de la región centro-sur del país, manifiesta la evidente necesidad de avanzar en el desarrollo de acercamientos que permitan profundizar en el conocimiento de los mecanismos de interacción que ejercieron las poblaciones Pitrén con la diversidad que constituye el medio boscoso con el que convivieron. En este sentido, la recurrente manifestación de impresiones foliares configuradas en las superficies de la alfarería desarrollada por este complejo cultural, si bien hasta el momento se establece como una arista de investigación aún no explorada en estos términos, se abre como una línea de búsqueda que potencialmente otorgaría elementos para la comprensión de los modos de gestión de los recursos vegetales desarrollados por los alfareros Pitrén. Entendiendo que la expresión de hojas en las vasijas, se constituye como el resultado de una acción cultural, donde necesariamente estuvieron involucrados determinados procesos de selección de las especies botánicas empleadas, y a su vez como la consecuencia material de determinadas expresiones concretas de las relaciones que establecieron estas poblaciones con el mundo vegetal. De esta manera, el reconocimiento de las especies manifestadas en la alfarería, resulta fundamental para comprender los mecanismos de interacción hombre-mundo vegetal y en concreto aportar al conocimiento del desarrollo cultural Pitrén.

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Por consiguiente, en la presente investigación se pretende realizar un primer acercamiento al estudio de las impresiones foliares presentes en la alfarería Pitrén desde una perspectiva arqueobotánica, a modo de profundizar en el conocimiento de los mecanismos de interacción que las poblaciones alfareras que habitaron la región del Bosque Templado, establecieron con la enorme diversidad florística característica de esta zona. Para este efecto, y en consecuencia de la inexistencia de investigaciones previas en esta línea de estudio, este acercamiento se presenta necesariamente como una aproximación metodológica de índole exploratoria, enfocada en el reconocimiento de las potencialidades de la determinación taxonómica que presentan los especímenes foliares impresos en la alfarería Pitrén. Así mismo, a partir de esta investigación, se desea evaluar la factibilidad del empleo de estas evidencias como material de estudio arqueobotánico que permita aportar a la construcción de un modelo metodológico enmarcado en un primer plano investigativo de la arqueobotánica1, que otorgue herramientas para insertarse en la determinación de los restos vegetales presentes en la alfarería como proceso necesario y fundamental para el conocimiento de la relación que establecieron las poblaciones que habitaron la región Centro-Sur del país con su entorno vegetal. 1.2. Objetivos de la investigación Objetivo General Identificar las potencialidades de determinación taxonómica que presentan los especímenes foliares impresos mediante su negativo en la alfarería Pitrén, a modo de reconocer la factibilidad del empleo de estas evidencias como material de estudio arqueobotánico, que permita aportar al conocimiento de los mecanismos de interacción que establecieron las poblaciones alfareras tempranas con la enorme diversidad florística característica de la región del Bosque Templado Chileno.

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Siguiendo a Bertone et al., 2008 el plano de la identificación de los restos vegetales en los estudios arqueobotánico, se establece sólo como un primer peldaño para poder subir hacia otro nivel de análisis, mediante la utilización de la información taxonómica en un constructo interpretativo que nos aporte conocimientos sobre el uso de los recursos vegetales que establecieron las poblaciones en tiempos prehispánicos.

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Objetivos Específicos 1. Caracterizar las improntas de hojas presentes en la alfarería proveniente de distintos sitios del complejo cultural Pitrén, en cuanto a su visibilidad, atributos formales y métricos. 2. Analizar las características de las improntas de hojas presentes en las vasijas estudiadas para evaluar su potencial de identificación taxonómica. 3. Desarrollar una propuesta metodológica dirigida a la determinación taxonómica de las especies vegetales que se estarían manifestando en las vasijas. 4. Reconocer las especies botánicas impresas en las piezas estudiadas a través del análisis comparativo de sus atributos morfométricos con una muestra de referencia botánica. 5. Caracterizar los grupos botánicos identificados en la muestra arqueológica de acuerdo a su dispersión fitogeográfica original y establecer si corresponden o no a la vegetación del entorno de los sitios estudiados. 6. Describir las cualidades conocidas que tienen para el uso humano los grupos botánicos identificados en las muestras. 7. Profundizar en los modos de adaptación que establecieron las poblaciones Pitrén en el

bosque templado, considerando la información inferida a partir de los tipos de recursos vegetales reconocidos en la alfarería desde una perspectiva relacional. 8. Discutir los alcances del procedimiento metodológico desarrollado para la identificación de las especies impresas en la alfarería y su potencial como herramienta de estudio arqueobotánico.

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CAPÍTULO 2
ANTECEDENTES DE LA INVESTIGACIÓN

2.1. Composición Geomorfológica y Fitográfica del Bosque Templado Las investigaciones arqueológicas en la región Centro-Sur del país, han permitido identificar una serie de desarrollos culturales que habrían ocupado desde hace más de 10 mil años en el área donde se ubica el denominado Bosque Templado Chileno, espacio caracterizado por la recurrencia de una serie de factores geomorfológicos que confluyen en la determinación de una amplia diversidad biótica, que se extiende actualmente entre el río Maule y Magallanes, aproximadamente entre los 35° y 55° de latitud Sur (Armesto et al., 1994). Los estudios en torno a la configuración del actual Bosque Templado, evidencian un largo proceso de transformaciones que habría experimentado el territorio desde el pleistoceno y durante el holoceno, períodos caracterizados por la recurrencia de constantes oscilaciones climáticas, asociados al derretimiento de hielos y una serie de erupciones volcánicas, que habrían ido transformando el paisaje, resultando hace alrededor de 3.000 años AP. en su configuración actual, asociado a un paulatino proceso de aumento de las lluvias hasta sus niveles modernos, el establecimiento de las condiciones climáticas actuales y el consecuente desarrollo de la vegetación característica del área (Villagrán, 1991; Solari y Lehnebach, 2004). En definitiva el paisaje del bosque Templado chileno, se encuentra determinado por una serie de factores que inciden en su estructuración, entre las que destacan condiciones climáticas que le otorgan una humedad relativa cercana al 90% y temperaturas medias anuales entre los 11° a 12° C (Hoffman, 2005), sumado a diversas y complejas formaciones geomorfológicas, delimitadas en franjas longitudinales que otorgan al espacio un relieve de carácter dinámico que determinan y configuran los distintos paisajes del área de acuerdo a los factores de temperatura y humedad, la latitud y altitud manifestada en los distintos pisos geográficos de la región, habrían posibilitado la extensión de una serie de regiones vegetales (Quintanilla, 1974; Adán y Mera, 1996).

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Estos factores se establecen como determinantes claras en la configuración de la diversidad vegetacional del área, caracterizada por abundantes y densas formaciones boscosas, que representan alrededor del 80% de la biomasa vegetal del país (Quintanilla, 1974; Otero, 2008). Esta configuración fitogeográfica que caracteriza el área (Figura 1), se establece en distintas regiones vegetales compuestas de manera diferencial, de acuerdo a las condiciones que otorga el medio y que favorece el desarrollo de determinadas formaciones forestales en los distintos espacios ecológicos. Las que siguiendo a Gajardo (1994), se distribuyen del siguiente modo: a. Bosque Andino Patagónico: se extiende por las partes altas de la cordillera andina, desde la región del Bio-Bio en los 36° 20’ Latitud sur, hasta el extremo sur del país en los 54° 50’, representándose también en la cordillera de Nahuelbuta. Estaría definida por características climáticas determinadas por una mayor parte de las precipitaciones en forma nieve. En esta región se distinguen las dos subregiones “De las Cordilleras de La Araucanía” y “De las Cordilleras Patagónicas”, en ambas se evidencia una presencia continua de Lenga (Nothofagus pumilio) y el Coihue (Nothofagus dombeyi). Sin embargo, en la región de la Araucanía dominarían en abundancia los especímenes de Araucaria ( Araucaria araucana), donde se presentarían condiciones estivales más favorables que la sub-región de las cordilleras patagónicas, lo que conlleva al desarrollo de estrato arbóreo, generalmente monoespecífico, con un sotobosque ralo y pocos elementos herbáceos. b-. Bosque Caducifolio: Región vegetal, extendida entre los 33° hasta los 41º de latitud sur, área en la que domina un régimen de clima templado con sequía estival, la que disminuye de norte a sur. En esta región, destaca la predominancia de especies caducifolias 2 del género Nothofagus, de hoja caduca grande, entre estas se destaca el Roble ( Nothofagus obliqua) y especies de árboles y arbustos que producen frutos o bayas comestibles entre los
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Proviene del latín caducus y folius, que significa caído y hoja respectivamente. El termino es referido para aquellas especies que pierden todas sus hojas en la época de otoño o invierno (Díaz et al., 2010). Las especies de estas características, presentarían un ciclo anual con seis meses de desarrollo y seis meses de latencia, siendo este último período en el cual los árboles pierden las hojas, a modo de conservar el agua (Achá et al., 1999).

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que se pueden mencionar el Avellano (Gevuina avellana), la Pitra (Myrceugenia planipes) y el Maqui (Aristotelia chilenensis), entre otros (Aldunate, 1989). c-. Bosque Laurifolio: Región extendida entre los 39º10’ hasta los 43° 10’ aproximadamente, ocupando los faldeos de ambas cordilleras, en áreas que habrían sufrido menos influencia de las glaciaciones del Cuaternario y una menor acción de fenómenos volcánicos (Gajardo, 1994), dado que se habrían establecido como “refugios del bosque templado”, donde la vegetación habría estado mayormente protegida de los efectos periglaciales (Villagrán, 1991). Esta región se caracteriza por un clima de abundante lluvia durante todo el año, con altos índices de humedad y con temperaturas sin grandes oscilaciones, que permiten la configuración de un bosque denso e impenetrable. En esta región vegetal destaca la presencia de bosques densos de árboles siempreverdes o perenne 3, de hojas generalmente anchas, brillantes y de color verde oscuro. Entre las especies más representativas destacan el Laurel (Laurelia sempevirens), el Olivillo, (Aextoxicon punctatum), el Ulmo (Eucryphia cordifolia) entre otros. d-. Bosque Siempreverde y Turberas: se extiende desde los 39° 50’ y 46° 45’ latitud sur, en zonas dominadas por altas precipitaciones y bajas temperaturas constantes, lo que se manifiesta como limitante para el desarrollo de la vegetación. En el área Valdiviana, se manifiesta la dominancia de especies coníferas como el Alerce (Fitzroya cupressoides) o Ciprés de las Guaitecas (Pilgerodendron uviferum), acompañadas por especies de Nothofagus de hoja perenne, y con elementos laurifolios, especialmente en la parte norte, mientras que en los sectores montañosos, se representaría la presencia principalmente de Coihue de Magallanes (Nothofagus betuloides). En este sentido y más allá de los recursos meramente forestales, los bosques se conforman como ecosistemas en los que se integra una importante variedad de componentes biológicos, que constituyen la biodiversidad de la región y que se establecen en asociación directa a una serie de procesos biofísicos, que permiten que estos espacios se constituyan

3 En oposición a los árboles caducos, aquellos de tipo siempreverdes o Perenne, corresponden a especies que son capaces de mantener su follaje durante varias temporadas, no perdiendo sus hojas en la estación desfavorable (Hoffman, 2005).

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como el hábitat de formas de vida que conviven e interactúan entre sí. Así, en el marco de los bosques templados, se desarrollan permanentes flujos de nutrientes producto de las interacciones efectuadas entre las distintas comunidades bióticas terrestres que habitan el área, y de la misma forma los aspectos sociales y económicos relevantes del medio en que se desarrollan (García y Ormazabal, 2008). De acuerdo a esto las poblaciones humanas que habitaron la región desde tiempos tempranos, habrían interactuado con una importante biodiversidad, haciéndose parte necesariamente del ecosistema boscoso, y estableciendo una dinámica de interacción ligada a la construcción de una serie de conocimientos manifestados en distintos aspectos de la cultura.

Figura 1: Mapa de distribución de Regiones Vegetales en el Bosque Templado Chileno. (Stark, 2006-2007. Modificado).

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2.2. El desarrollo de las poblaciones Pitrén en el Bosque Templado Chileno. El Complejo Pitrén hasta el momento, ha sido definido como la primera ocupación alfarera de la Araucanía o región centro sur de Chile. Las primeras referencias al respecto fueron otorgadas por O. Menghin (1962), quien denomina “Pitrense” a los hallazgos que asigna al período Paleoaraucano ubicado tentativamente entre el 1.000 y 1400 d.C., evidenciado en el sitio Pitrén, en sector del Calafquén, los cuales compartirían características estilísticas con algunas evidencias provenientes del sector de lago Rupanco, lago Riñihue y Temuco. Años más tarde, con el surgimiento de nuevos hallazgos en la región (cfr. Berdichewsky y Calvo, 1972-1973; Hajduk, 1978; Gordon, 1984), las evidencias atribuibles al Pitrense fueron ampliando en su distribución espacial y temporal, abarcando toda la región de la Araucanía –desde la cuenca del Biobío por el norte, hasta Río Bueno, por el sur- y la provincia de Neuquén, por el sector oriental de los Andes (Adán y Mera, 1996; Adán et al.,1997; Adán y Reyes, 2000; Mera, 2000), con fechas que datan entre los años 375 y 1.000 D.C. mientras que, en sectores insulares y lacustres cordilleranos, han sido evidenciados contextos de este complejo con fechas más tardías, cercanas a los años 1.200 – 1.400 d.C. (Pérez y Reyes, 2009). Las evidencias arqueológicas señalan que los grupos Pitrén, corresponderían a bandas que se desenvolvían en este ambiente con un sistema de subsistencia de tipo cazador-recolector y movilidad estacional (Aldunate 1989), ocupando los distintos pisos ecológicos del área y desarrollando mecanismos de apropiación del espacio y la configuración de un modo de vida marcadamente especializado a los ecosistemas que habitaron. Esta distribución, ha sido reconocida a partir del hallazgo de una serie de sitios tanto de carácter habitacional como fúnebre, destacando en estos últimos una clara preferencia en la utilización de espacios en áreas de lomajes suaves y laderas en pequeñas colinas asociadas a cursos de aguas (Ocampo et al., 2004). Lo anterior, ilustra la idea de que estas poblaciones estarían priorizando la ocupación de micro-regiones con características comunes para la apropiación de ciertos recursos claves; configurando de esta forma, determinadas prácticas apropiativas del espacio (Navarro et al., 2010), y haciendo uso de una amplia movilidad estacional ligada al aprovechamiento de una serie de recursos que los distintos pisos ecológicos ofrecían.
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El registro arqueológico asociado culturalmente al complejo Pitrén, en el sector precordillerano, evidencia el establecimiento de ocupaciones asociadas a ambientes lacustres, que en el caso de los asentamientos de tipo habitacional han sido reconocidos fundamentalmente en espacios abiertos y aleros que atestiguan sobre un uso continuo del espacio, desde el periodo arcaico entre el 10.000 y 2.000 años A.P. (Adán et al., 2001), manteniéndose hasta el período alfarero por una secuencia de ocupaciones temporales breves pero persistentes en el tiempo, sin mayores alteraciones en las pautas culturales ejercidas. (Navarro et al., 2010). Esta continuidad en las ocupaciones del área, han llevado a plantear que los grupos Pitrén habrían aprovechado las experiencias de poblaciones previas, en torno a su relación con el medioambiente (Adán et al., 2004; 2006), mediante el empleo de un modo de vida altamente tradicional ligado a la permanencia de prácticas económicas apropiativas, reproduciendo mecanismos de movilidad estacional para el acceso a ciertos recursos, el manejo de un sistema de subsistencia de tipo cazador-recolector y el uso de una tecnología, que si bien se presenta como poco formatizada, habría resultado bastante eficiente en la adaptación al medio en el que habitan (Adán et al., 2001; Adán, et al., 2004; García, 2005; Adán et al., 2006) Estos elementos, han otorgado el soporte de los fundamentos que afirman la existencia de una “Tradición Arqueológica de Bosques Templados” para la región lacustre precordillerana del Calafquén, (Adán y Alvarado, 1999; Alvarado, 2000; Adán et al., 2001; Alvarado y Mera, 2004; Adán et al., 2006; Adán et al., 2010; Adán y Mera, 2011), caracterizada por una continuidad en el tiempo de un modo de habitar el bosque, abarcando desde el periodo arcaico hasta el periodo alfarero, expresado en la manifestación de estrategias conductuales específicas para estos ambientes (Adán et al., 2007). Por su parte, el desarrollo de las poblaciones Pitrén en la región costera e insular ha se había establecido fundamentalmente en torno a prácticas de caza, pesca y recolección de recursos del ambiente marino, manifestando un manejo altamente especializado a este ecosistema (Navarro, 2004), evidenciado a partir de la importante variedad de moluscos, peces, aves de ambientes costeros y abundantes restos de lobo marino que habrían sido explotados por estas poblaciones (Quiroz et al., 2004).
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En términos tecnológicos, se ha evidenciado una notable presencia de artefactos dirigidos a la explotación de recursos marinos tales como anzuelos de hueso y pequeñas pesas de piedra (Quiroz, 1997), como un abundante registro de artefactos utilitarios como raspadores y cuchillos manufacturados en Choromytilus chorus y ornamentales tales como cuentas y pendientes de concha (Vásquez 1997; Lucero 2002; 2003). Sin embargo, estas prácticas que evidencian una clara adaptación al ambiente costero, estarían siendo profundamente complementadas con el acceso a otros recursos, por un lado se manifiesta un amplio aprovechamiento del medio boscoso circundante, lo que ha sido reflejado a partir de las evidencias de consumo de mamíferos del bosque y los recursos madereros disponibles en el área, además de un abundante conjunto lítico asociado al trabajo en madera, mediante artefactos como azuelas, hachas y otros instrumentos que presentan huellas de desgaste sugieren un uso dirigido fundamentalmente sobre recursos leñosos (Jackson, 1997). Así también, esta complementariedad estaría siendo reflejada en la incorporación de innovaciones tecnológicas asociadas a una clara dinámica de apropiación y modificación del espacio en torno a las actividades de subsistencia, mediante la práctica de la horticultura que involucra la domesticación incipiente de recursos vegetales, tal como ha sido evidenciado en los sitios P31-1, P25-1 y P5-1, en Isla Mocha, donde fue documentado un abundante registro de semillas de Quinua (Chenopodium quinoa) y Maíz (Zea mays) (Rojas y Cardemil, 1997; 2005), que estarían sugiriendo el desarrollo del cultivo temprano de recursos vegetales en el área (Quiroz, 1997; Sánchez et al., 2004). Por su parte, la ocupación Pitrén en el valle central, ha sido evidenciada fundamentalmente a partir de sitios de cementerio (Aldunate 1989; Dillehay 1990; Adán y Mera 1997; Mera y Adán 2000) vinculados a ambientes asociados a la sección media de cursos fluviales, priorizando por la selección de lomajes que facilitarían una importante visibilidad del entorno (Sánchez et al., 1981-82; Inostroza y Sánchez, 1984; Gordon, 1984; Aldunate, 1989; Dillehay, 1990; Adán y Mera, 1997; Mera y Adán, 2000; Ocampo et al., 2004; Adán et al., 2007; Adán y Mera, 2011). En general estos sitios presentan extensiones bastantes más amplias que los identificados en otras áreas, configurando grandes complejos fúnebres que han llevado a los autores a
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proponer la existencia de formas sociales asociadas a prácticas de congregación que superarían la unidad familiar (Adán y Mera, 2011), tal como ha sido identificado en los sitios Licanco Chico, Lof Mahuida, Huimpil y Villa JMC-1, en la cuenca del Cautín. Respecto a las prácticas de subsistencia de las poblaciones Pitrén que se asentaron en la depresión intermedia, se ha planteado que habían desarrollado un énfasis dirigido fundamentalmente a la caza y recolección, aprovechando los recursos del bosque, de vegas y cursos de agua. Sin embargo han sido abundantes los planteamientos que sugieren el posible desarrollo de prácticas hortícolas complementarias al manejo de los recursos silvestres (cfr. Aldunate, 1989; Adán y Reyes, 2000; Castro y Adán, 2001; Navarro, 2004; Ocampo et al., 2004; Mera y Munita, 2008; Adán y Mera, 2011). Hasta el momento, no existen evidencias concretas que permitan sostener esta hipótesis al menos en el sector continental, donde los estudios bioantropológicos realizados en los sitios Los Chilcos (Adán y Reyes, 2000) y Licanco Chico (Ocampo et al., 2004), han evidenciado a partir de análisis de piezas dentales el manejo de una dieta abrasiva y con un alta ingesta de hidratos de carbono (Adán y Reyes, 2000; Mera y Munita, 2006). Si bien este último elemento, podría estar indicando el consumo de cultígenos, es reconocido que también puede responder a la incorporación de nutrientes altamente representados en frutos de recolección como el piñón, avellana, papas o quinua silvestre (Adán y Reyes, 2000; Ocampo et al., 2004). Por su parte los análisis arqueobotánicos realizados en el sitio Los Chilcos, evidenciaron el consumo de restos de gramíneas, leguminosas y restos de frutos, propios de los paisajes del bosque templado, destacando la presencia de Quenopodiáceas, cuyos carporestos no poseerían los rasgos característicos de aquellas de carácter cultivables (quínoa), tratándose posiblemente a algunas de las especies del género Chenopodium propias del sur de Chile como Ch. ambrosioides (paico), Ch. pinnatisectum, Ch. andicola, Ch. chilensis, Ch. album (quinguilla), indicando por ende que las especies que se lograron identificar indicarían el uso de recursos vegetales silvestres característicos de su entorno (Quiroz y Belmar, 2000; Adán y Reyes, 2000). De acuerdo a lo expresado en los párrafos anteriores, el desarrollo de las poblaciones Pitrén en los distintos pisos ecológicos fue bastante diverso, sin embargo acusa un profundo
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conocimiento del entorno y relación con el medio en el que se manejaron, respecto a esto se ha planteado que estas poblaciones habrían priorizando por la ocupación de micro regiones con características comunes para la apropiación de ciertos recursos; configurando de esta forma, determinadas prácticas apropiativas del espacio (Navarro et al., 2010). El registro arqueológico ha develado el establecimiento de estrategias de aprovisionamiento de determinados recursos mediante prácticas de amplia movilidad entre los distintos pisos ecológicos del área, las que han sido evidenciadas en el registro arqueológico de la mayor parte de los sitios, a partir de la presencia de materias primas de origen alóctono, empleadas en la manufacturación de algunos de los instrumentos líticos provenientes de sitios como Flor del Lago-1, Playa Negra-1, Alero Nilfe- 1, Laguna Musma 1, Collico-1, Pucón 6, Villa JMC-1, By Pass Temuco, P31-1, además de algunas valvas de moluscos provenientes de la costa del Pacífico, recuperadas en el registro arqueológico de sitios de la depresión intermedia y precordilleranos, tales como Alero Quino-1, Colico-1, Alero Los Cipreses y Pucón 6 (Navarro et al., 2010). En este sentido, las manifestaciones de este tipo han sido registradas en los distintos espacios de ocupación Pitrén, derivando antecedentes sobre el ejercicio de una movilidad costa interior, asociada a una práctica del uso extensivo del territorio (Adán y Reyes, 2000) que refleja una compleja y dinámica interacción de estas poblaciones con los distintos pisos ecológicos (Adán et al., 2006). Esta práctica de amplia movilidad desarrollada por las poblaciones Pitrén, no estaría siendo claramente reflejada en la expresión de la tecnología cerámica, por lo menos en el sentido estricto a como lo proponen las definiciones tradicionales otorgadas para sociedades cazadoras-recolectoras con alfarería, en la que se esperaría el empleo de vasijas con características formales que facilitaran su trasportabilidad. Según Gallego (2010), la mayor parte de las vasijas procedentes de sitios habitacionales de la región lacustre cordillerana, salvo algunas piezas que presentarían atribuciones para el transporte de líquidos, poseen diámetros de medianos a grandes, paredes de medianas a gruesas, y escasas asas; lo que llevaría a pensar en que serían muy pesadas para su transporte.

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Sin embargo, de acuerdo a lo planteado por Gallego, las características morfológicas de la alfarería Pitrén, permiten sugerir el desarrollo de la práctica de “dejar en caché”, es decir que aquellas piezas menos transportables, serían guardadas en escondites con la finalidad de no transportarlas constantemente y volver a ser utilizadas en la próxima temporada que pasen por el lugar, ahorrándose el transporte y minimizando el riesgo de quiebre de las piezas. O bien, algunos cantaros habían sido transportados, mediante el ejercicio de cargar grandes vasijas en la espalda, por medio de amarras con fibra vegetal; tal como se ha referenciado etnográficamente para las poblaciones Mapuches ( op. cit.). Estos argumentos, integran interesantes antecedentes al conocimiento del manejo que ejercieron las poblaciones Pitrén sobre la tecnología cerámica, que en definitiva se constituye como la materialidad que permite definir a estos grupos como un complejo alfarero. Dado que hasta el momento, si bien ha sido uno de los elementos del registro arqueológico más abordados en el estudio, la perspectiva del desarrollo de la alfarería dentro de un contexto social cazador recolector, no había sido explorada. Cabe recordar que las primeras referencias al respecto son las desarrolladas por Osvaldo O. Menghin (1962:28) quien plantea que “se trata de un estilo cerámico bastante evolucionado, aunque con ciertos rasgos arcaicos”, destacando la homogeneidad de la pasta, su buena cocción manifestada en su dureza y una amplia variedad de formas que en definitiva entregaron elementos fundamentales para la definición de este complejo, las cuales permitieron que otros autores posteriormente fuesen aportando evidencias fundamentales para el conocimiento existente hoy en día. Así fue como Américo Gordon (1984), a partir de los trabajos en el sitio Huimpil, describe los conjuntos cerámicos evidenciados en el contexto, identificando 8 tipos alfareros, los que presentarían importantes similitudes morfológicas con la alfarería Pitrense, atribuyendo así el conjunto alfarero Huimpil a la tradición alfarera Pitrén. Posteriormente Aldunate, define este complejo alfarero cerámico a partir de la presencia de categorías morfológicas tales como jarros asimétricos con decoraciones modeladas fitomorfas, zoomorfas o antropomorfas; jarros simétricos esféricos principalmente de cuello cilíndrico y recto y jarros con asa mango. Señalando además, el detalle de las incisiones en el punto de inflexión o ángulo cuello-cuerpo, el asa diagnóstica bajo el labio y
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la decoración en negro con motivos de puntos y líneas en sentido vertical sobre pintura roja (Aldunate, 1989). Los estudios de mayor sistematicidad, comenzaron a desarrollarse a mediados de la década del 90, en el marco del Proyecto FONDECYT 19950823. A partir del cual se profundizó en el desarrollo de una tipología de la alfarería Pitrén, ordenando espacial y cronológicamente la distribución de este complejo (Adán y Mera, 1996; Adán y Mera, 1997). Producto de estos trabajos, los investigadores identificaron 25 tipos cerámicos de acuerdo a las categorías morfológicas formales, distinguiendo entre éstos además una amplia variedad de decorados, destacando la decoración negativa negro sobre rojo y una serie de modelados figurativos. Estudios posteriores, realizados en el marco de los rescates de los sitios Lof Mahuida y Licanco Chico, han identificado nuevas variedades tipológicas a las expuestas por Adán y Mera (1996; 1997), agregándose los tipos: Pichimetawe, botellas con asa de suspensión y decoración modelada en el cuerpo y jarros simétricos con modificaciones anatómicas (Mera y Munita, 2006). En síntesis, la alfarería Pitrén ha sido caracterizada tanto por sus características formales y decorativas, las que se presentan en sus variedades monócromas, decoración negativa y su amplia variedad de decorados por modelado, aspectos fundamentales que han permitido definirlo como un complejo cultural y más aún reconocer en estos grupos, una estrecha vinculación con el medio boscoso en el que se desenvuelven. Este aspecto estaría claramente reflejado en las recurrentes representaciones figurativas zoomorfas en su alfarería (Adán y Mera, 1996; Sánchez y Quiroz, 1997; Mera, 2000) entre las que se observan motivos ornitomorfos, batracios (Sánchez y Quiroz, 1997; Mera, 2000), mamíferos marinos y grillos (Aldunate, 1985:29) y que probablemente esté vinculado a la manifestación altamente evidenciada en la alfarería Pitrén de improntas de hojas obtenida por técnica negativa (Castro y Varela 1990; Adán y Mera, 1996; Pérez y Reyes, 2009). 2.3. Improntas de Hojas en Negativo Más allá de los rasgos distintivos en cuanto a forma y decoración evidentes en la alfarería Pitrén, a partir de las que han sido definidas las variaciones estilísticas de esta manifestación cerámica; existen elementos discretos de gran representatividad en los
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ceramios que han sido escasamente estudiados. Estas representaciones corresponden a la manifestación de especímenes foliares de origen vegetal, que se presentan impresos mediante su negativo en las superficies de las piezas, cuyas características de nitidez son tan variables, que en muchos casos han pasado desapercibidas y por ende su registro en la alfarería aún no se encuentra debidamente documentado y en sólo los últimos años, se han efectuado esfuerzos por parte de los investigadores del área para su registro y descripción. Estos acercamientos, han permitido reconocer las improntas de hojas en negativo, como un rasgo ampliamente manifiesto en diversos contextos asociados culturalmente al complejo Pitrén, siendo documentados en yacimientos emplazados tanto en la vertiente occidental como oriental de la cordillera andina; en la región del Calafquén, depresión intermedia, Costa de Arauco, isla Mocha y Neuquén (Pérez y Reyes, 2009). Lo que al parecer indicaría que la manifestación de improntas de hojas en la alfarería Pitrén, estaría siendo evidenciada en todo el rango de distribución geográfico definido para este grupo alfarero. A esto se suman algunos antecedentes que han permitido ampliar el espectro temporal de esta expresión, incluso hasta momentos tardíos. Si bien, las evidencias de este tipo aún son escasas, su registro ha sido documentado en sitios como Puraquina (1.480 d.C.), Fuerte de Villarrica VR-7 (1.340 d.C.) (Reyes, 2010) y Challupen-2 (Gallego, 2011), además de ser documentado también en algunas piezas asociadas a períodos de contacto, depositadas en el Museo Mauricio Van de Maele. Estos antecedentes, han permitido plantear que la “Técnica de hojas en negativo” correspondería a una expresión bastante difundida temporal y espacialmente entre las poblaciones alfareras que habitaron la región de los Bosques Templados. Las primeras referencias a esta manifestación, son otorgadas por Castro y Varela (1990), quienes describen un jarro monócromo, asignado culturalmente al complejo Pitrén que presenta en su superficie improntas de hojas en negativo. Las autoras plantean que el proceso para conseguir este resultado estaría asociado a la adhesión intencional de las hojas sobre las paredes de la pieza ya cocida, la que sería posteriormente sometida a una nueva exposición térmica en una atmósfera reductora, saturada de monóxido de carbono a fin de oscurecer la superficie, de modo que las hojas habrían servido de material resistente que al

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desprenderse, habrían dejado el área libre del tizne, conservando el color natural de la pieza (Figura 2).

Figura 2: Proceso tecnológico asociado a la manifestación de improntas de hojas sobre la alfarería Pitrén. (Castro y Varela, 1990)

Siguiendo en esta línea, algunos estudios posteriores han permitido plantear que probablemente la manifestación de improntas de hojas en negativo en la alfarería Pitrén, estaría asociada a la denominada “Técnica negativa” o “Técnica de reserva” (Pérez y Reyes, 2009; Pérez et al., 2012), característica de las modalidades decorativas que han sido definidas para el complejo Pitrén, mediante la configuración de diseños geométricos (Adán y Mera, 1997). Ante aquella comparación, se sugiere que las impresiones de hojas en las vasijas se configurarían como parte de un mismo proceso tecnológico, respondiendo al recurso plástico conocido como “figura-fondo” (Castro y Varela 1990; Adán y Alvarado 1999), el cual permite la configuración de los motivos decorativos que se desean trasmitir a través del contraste de colores. De ser así, la manifestación de impresiones foliares en la alfarería de la región centro-sur del país, implicaría el conocimiento de complicados procesos productivos para provocar los efectos plásticos deseados (Adán y Alvarado, 1999), lo que ha llevado a ciertos investigadores a pensar que difícilmente su configuración correspondería al resultado accidental de las prácticas de los alfareros del área (Castro y Varela, 1990; Pérez et al., 2012). Estudios experimentales recientes desarrollados por Alberto Pérez, Verónica Reyes y Luis Hermann (2012), al parecer comprobarían la idea de que la reproducción de las impresiones
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foliares en la alfarería, sólo pudo ser conseguida por medio de la intervención antrópica dirigida, haciendo uso del empleo de una sustancia cobertora temporaria (hojas humedecidas en arcilla o su representación naturalista, mediante aplicaciones de arcilla), durante la cocción y/o la exposición indirecta por ahumado, lo que ha llevado a los investigadores a sugerir que los atributos denominados “improntas de hojas”, corresponderían a rasgos inducidos intencionalmente y por ende, serían caracterizables como una modalidad estilística que no necesariamente implicarían el uso de hojas (Pérez et al., 2012) Si bien los autores plantean que no se trata de una técnica estandarizada y que presenta una importante variabilidad entre aquellas que guardan rasgos muy notorios, de carácter naturalista, de otras más esquemáticas que aparentan simples manchas. En general manifestarían una presencia y frecuencia que denota su intencionalidad, denotando la existencia de códigos visuales e ideas trasmitidas por los alfareros ( op. cit.) Al contrario de lo expresado anteriormente, existen planteamientos que sugieren que este fenómeno, más que responder a un carácter intencional con fines decorativos, se establecería como un producto casual; resultado del proceso de manufactura de la vasija, donde las improntas de hojas serían efecto de la adherencia de las ramas usadas como combustible para la cocción (Reyes, 2010:143). Estas dudas respecto a la intencionalidad de la manifestación de las impresiones foliares en la alfarería, se fundamentan en base a la diferencia que presenta este rasgo con el común de las expresiones decorativas en la cerámica Pitrén, en cuanto a su representación en los contextos. Las piezas decoradas mediante técnicas de modelado y negativa por diseños geométricos y lineales, se expresan casi exclusivamente en sitios de carácter mortuorio, mientras el rasgo impronta de hoja, no presentaría un énfasis dirigido a cierto tipo de contextos (Reyes et al., 2003), lo que significaría probablemente que las impresiones foliares, no responderían a los mismos criterios funcionales que habrían adquirido los decorados para este complejo alfarero. A esto se suma el hecho de que las evidencias de este rasgo, han sido registradas en la amplia variedad de categorías formales definidas para la alfarería Pitrén, tanto en la superficie exterior como interior de las piezas (Figura 3) y con una distribución que por lo
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general abarca todas las secciones del cuerpo, mientras que en algunas ocasiones estarían dispuestas en determinados sectores del cuerpo en áreas cercanas al asa (Pérez y Reyes, 2009).

Figura 3: Vasija con impronta de hojas, colección Museo Mapuche de Cañete (Fotografías: Proyecto Fondecyt 1970105). Se observan impresiones foliares en la superficie exterior (a) e interior (b) de la pieza.

La aparente ausencia de patrones estable cidos en la configuración del diseño “decorativo” de las improntas de hojas en la alfarería, mantienen aún más las dudas respecto a la intencionalidad de este rasgo, debido a que claramente el número de especímenes representados, su emplazamiento en la pieza y la nitidez de estos rasgos, son todos muy variables, y al parecer no responden en todos los casos a los criterios de visibilidad y simetría que caracterizan a los patrones decorativos presentes en la alfarería Pitrén, ni al fin comunicativo que se le otorga a la decoración en general. De acuerdo a lo expresado, es claro que esta discusión aún no ha sido agotada y que requiere de mayores acercamientos en torno al proceso que estaría involucrado en la configuración de esta manifestación plástica en la alfarería Pitrén. Sin embargo, más allá del carácter intencional y/o decorativo de esta manifestación, que perfectamente puede ser un aspecto aún mantenido en duda, parece importante considerar esta manifestación como una expresión directa del estrecho vínculo que establecieron las poblaciones Pitrén y sus sucesores en tiempos alfareros más tardíos con el medio ambiente boscoso en el que se desenvolvieron, y que particularmente podrían otorgar información relevante respecto a los mecanismos de interacción ejercidos con la diversidad florística del área y que se constituye como una perspectiva de investigación aún no abordada.

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CAPITULO 3
MARCO TEÓRICO Y REFERENCIAL

3.1. Antecedentes del arqueobotánico de restos foliares e impresiones vegetales. La arqueobotánica se ha constituido como un área de estudio dentro de la arqueología, que se ha dirigido al estudio de macro-restos vegetales evidenciados en contextos arqueológicos, y que en concreto han permitido el acercamiento de la disciplina arqueológica al conocimiento de las relaciones establecidas por las poblaciones humanas con su entorno vegetal, profundizando en los mecanismos y estrategias de interacción que las poblaciones prehispánicas han establecido con su medio. Quizás una de las primeras referencias documentadas respecto al reconocimiento de restos botánicos en contextos arqueológicos, corresponde al hallazgo de un ramo de Romero junto a una momia egipcia en la región del Cairo a finales del S. XVI, (Prospero Alpino, citado por Rivera y Obón de Castro, 1996). Sin embargo los estudios arqueobotánicos como tales, habrían comenzado a configurarse durante el S. XIX con los trabajos realizados por Kunth, en 1826, quien se insertó en el análisis de cereales, frutos y semillas momificados (Renfrew, 1973). Posteriormente destacan los acercamientos de F. Unger, quién en 1851 publica los resultados del estudio de carporestos provenientes del yacimiento austriaco de Hallstatt (Rovira, 2007), seguido por las investigaciones realizadas por O. Heer en 1865, quien se interiorizó en el estudio de carbones de madera y carporestos recuperados de yacimientos suizos (Hastorf, 1999; Llano, 2001; Rovira, 2007). Estas primeras inserciones al estudio de restos vegetales recuperados en contextos arqueológicos, sumados a algunos otros que siguieron el auge de esta búsqueda, habrían comenzado a configurar las bases metodológicas de este tipo de investigaciones. Desde entonces el desarrollo de esta área de investigación ha ido adoptando criterios fundamentales de la ciencia Botánica pero adecuándola necesariamente al estudio de restos en distintos estados de deterioro propios de su largo tiempo de depositación en el contexto arqueológico.
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En este sentido, la inserción de la arqueología en esta línea de búsqueda, ha estado necesariamente ligada a los estudios botánicos puros, desde un panorama mediado por dos grandes diferencias: La primera, vinculada al acercamiento específico de estos estudios dentro del campo arqueológico, impregnados de una esencia dirigida al conocimiento del mundo vegetal mediado por las relaciones establecidas por las sociedades humanas en su relación con el entorno. Y en segundo lugar, por el ejercicio del método botánico aplicado a la disciplina arqueológica, el cual está determinado por la fundamental diferencia que se establece entre estudiar plantas vivas con sus órganos completos y sin alteración, de aquellas recuperadas de contextos arqueológicos, que la mayoría de las veces distan de esta condición (Giovannetti et al., 2008). Es por lo mismo que por lo general, los estudios arqueobotánicos han tendido a enfocarse al análisis de macrorrestos vegetales4, principalmente a aquellos de tipo carpológicos y antracológicos, debido a que estas materialidades a diferencia de las otras, presentan una estructura que manifiestan una mejor resistencia a los fenómenos tafonómicos que alteran su conservación (Badal et al., 2000), es por esto que semillas, maderas y carbones, se construyen como las evidencias de origen vegetal de mayor representación en contextos arqueológicos. Por su parte, las características morfológicas, estructurales y químicas de las hojas determinan en buena parte su dinámica de descomposición, siendo por lo general mucho más susceptibles a este proceso y por lo tanto su manifestación en el registro arqueológico es bastante reducida. Según dictan los estudios al respecto, se reconoce que el vestigio de hojas en contextos arqueológicos normalmente se conservan en travertinos, paleolagos y turberas (Badal et al., 2000), situación que es ejemplificable en el caso del sitio Monte Verde, en el cual fue

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Entendemos el concepto de macrorrestos vegetales, como derivados de las plantas tales como carbones, maderas, semillas, hojas, fibras, etc. (Badal et al., 2000), que por lo general poseen dimensiones mayores a 0, 3 mm., siendo factibles de ser reconocidos a simple vista (Peña-Chocarro y Zapata, 1997).

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factible recuperar una enorme cantidad de restos vegetales, entre los cuales se reconocieron más de una decena de especies a partir de sus restos foliares (Dillehay, 2004). Otra forma de conservación bastante frecuente en distintos yacimientos arqueológicos, corresponde a la impresión en soportes de otras materialidades, tales como cerámicas, adobes, yeso, toba al cuero y en bronce corroído (Renfrew, 2007). Sin embargo su identificación dependería fundamentalmente de la calidad de las huellas y con esto la posibilidad de reconocer en ellas los caracteres anatómicos que hicieran factible su determinación taxonómica (Renfrew, 2007). Un estudio interesante de destacar al respecto, corresponde al trabajo realizado por Rivera, Obón de Castro y Asencio (1988) quienes desarrollaron un análisis de improntas de hojas, fibras, semillas, frutos, tejidos y flores, presentes en cerámicas y arcillas de construcción, procedentes de distintos contextos en la península Ibérica, al Sureste de España; consiguiendo identificar un importante número de especies botánicas, entre las que destacan Hojas de Stipa Tenacissima (Esparto), además de restos de frutos y hojas de Azufaitos (Ziziphus lotus), evidenciados en diversos contextos de la región. Sin embargo, los investigadores destacan que las dificultades no habrían sido menores para el establecimiento de la determinación taxonómica de las especies representadas, por medio del análisis de anatomía comparada entre las improntas vegetales con la muestra de referencia botánica empleada, dado que las posibilidades de identificación se habrían visto restringidas fundamentalmente por la escasez de estudios sistemáticos previos, dado que hasta ese entonces el único acercamiento existente en esa línea habrían sido los trabajos efectuados en el sitio El Rincón de Almendricos (Murcia) (Ayala et al., 1987). El problema presentado en los análisis de improntas vegetales, respecto a la ausencia de mayores trabajos al respecto, al parecer se constituye como un aspecto no abordado por los estudios arqueobotánicos hasta la fecha. Así lo destaca Peña-Chocarro, el año 2008, quien plantea que pese a que este tipo de evidencias son muy frecuentes, ha sido un área de estudio poco investigada en la arqueología pero sugiere que el ejercicio de este tipo de acercamientos, podrían otorgar resultados muy interesantes en cuanto al aporte al conocimiento arqueológico.

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Respecto a lo mismo, Colin Renfrew (2007), expone que el estudio de restos vegetales ya sean de granos u hojas impresas en las vasijas, otorgarían información no sólo de la vegetación disponible en el entorno, dado que su hallazgo no implica necesariamente que una planta fuese de crecimiento local; así por ejemplo, destaca que los granos pueden ser importados de un lugar distinto a los alrededores del sitio, como también las vasijas mismas pueden ser transportadas desde lejos de su lugar de fabricación (Renfrew, 2007:221). En este sentido, tal como los demás análisis de restos vegetales provenientes de contextos arqueológicos, los estudios de restos foliares se establecen potencialmente como una valiosa fuente de investigación arqueobotánica que podría facilitar información importante respecto al aprovechamiento que las poblaciones en tiempos prehispánicos hicieron de los recursos vegetales y así como la configuración florística de los paisajes en los que se encontraban insertos. 3.2. Arqueobotánica: Mecanismos de interacción y Gestión de recursos vegetales. Abordar el estudio de los mecanismos y estrategias de interacción que las poblaciones prehispánicas establecieron con su medio, que en concreto se manifiestan en el registro arqueológico como resultado de la selección y uso específico de los recursos vegetales del ambiente biofísico en el que se desarrollaron; exige claramente la necesidad de profundizar en un marco explicativo que permita obtener una mirada dirigida a la interpretación de los fenómenos observados. Siguiendo a Balée (1998) entendemos que la sociedad, cultura y naturaleza, corresponden a un fenómeno único, configurado a través de las diversas interconexiones y contradicciones entre sus partes constitutivas. De esta manera, existiría una permanente retroalimentación entre los distintos factores, donde el ser humano se constituye como un ente participe del ambiente; estableciéndose por tanto, un proceso dialéctico infinito en que los distintos factores se afectan mutuamente (Mena 1996, Quiroz, 1988). Desde esta perspectiva, entendemos que las manifestaciones culturales y la interacción de los grupos humanos con el mundo vegetal, no son por sí mismas (Capparelli et al., 2007), por lo tanto la investigación arqueológica, no debe reducirse a la búsqueda limitada de evidencia desde elementos aislados, sino a partir de la integración correlacional de distintos

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elementos constituyentes del fenómeno, desde una perspectiva necesariamente de tipo Relacional (Lema, 2008). En el caso de la dimensión relacional configurada entre el mundo social - mundo vegetal, se manifiesta en diversos elementos del registro arqueológico, como resultado de las relaciones sociales per se; introduciéndose los objetos y los recursos del medio como entes mediadores de ésta (Giovannetti et al., 2008), siendo las propias percepciones humanas las que definen cómo usarán el ambiente (Llano, 2001), mediante un proceso donde se conjugan distintos saberes y formas de ver el mundo, socialmente compartidos e individualmente aprehendidos y reproducidos o transformados en la acción misma (Toledo, 2002). Siguiendo a Alcorm (1995), el uso de las plantas y las interrelaciones plantas-humanos están moldeados por la historia, por los ambientes físicos y sociales y por las cualidades inherentes de las plantas mismas; así las características biológicas de las plantas, presentarían ciertas condiciones que impactarán en la elección cultural de las mismas para ciertos usos, de acuerdo con las clasificaciones y lógicas culturales (Ford, 1979). De acuerdo a estos criterios, las poblaciones establecen en un período o región determinada, un conjunto de pautas que aseguran una toma de decisiones relativa a la producción, llevando implícita la organización social del trabajo y comprende necesariamente toda una serie de cuestiones como el conocimiento de la localización de los recursos, sus ciclos naturales, la movilidad necesaria para obtenerlos, el desarrollo de técnicas para la obtención, trasformación, consumo, etc. (Berihuete, 2006). Esta suma de opciones, conocimientos y técnicas ha sido denominado bajo el concepto de “Gestión de recursos vegetales”, definido por Berihuete y Piqué (2006) como “la manera históricamente determinada en que los grupos humanos han obtenido, transformado y consumido estos recursos” (op. cit.: 39). La configuración de estos conocimientos de orden tanto ecológicos como tecnológicos, prácticos y teóricos (Pochettino, 2007), se establecen producto de un largo proceso de práctica y experimentación, como también por la incorporación de información de otras fuentes, incluyendo el conocimiento científico producido por las comunidades en su interacción con el entorno (Pochettino y Lema 2008), llevando al establecimiento de un
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proceso selectivo sobre la opción de uso de materiales específicos sobre otros, que muchas veces pudo haber sido producto del azar, la curiosidad y la experimentación, pero que terminaron dotando a estas sociedades, de soluciones para problemas particulares (Eiroa et al., 1999). En este sentido y en cuanto a los criterios de selección en sí mismos, los seres humanos no aprovecharían los recursos arbitrariamente o determinados por el medio ambiente, sino que se ejercerían criterios socialmente regulados, en función de las necesidades, gustos y normas sociales (Berihuete y Piqué, 2006). Por medio de este proceso, se configuraría finalmente un cuerpo acumulativo de conocimientos, prácticas y creencias acerca de las relaciones entre los seres humanos y los componentes vegetales de su entorno, que ha sido definido bajo el concepto de Conocimiento botánico tradicional (Pochettino 2007), entendido como el saber compartido, único y propio para cada comunidad, acerca de los vegetales locales, empleados durante el proceso de elección, obtención, procesamiento, consumo y en la administración local de los recursos. Este conocimiento corresponde al manejo adaptativo que esas comunidades hacen de los recursos naturales, poniéndose en manifiesto una serie de criterios de selección y toma de decisiones de diversa índole, que van configurando y modificando este corpus de conocimiento, el cual es transmitido de generación en generación (Pochettino y Lema, 2008). Ciertamente, el manejo de los recursos vegetales por poblaciones cazadoras recolectoras, responde a modos de interacción con el medio en que la naturaleza necesariamente requiere ser ordenada socialmente y culturizada, para poder ser “explotada” de forma e fectiva (Descola, 1988). El valor del rol que adquiere la vegetación silvestre en los desarrollos culturales ha sido un ámbito prácticamente ignorado o minimizado a un plano de manejo pasivo por parte las poblaciones que ejercieron economías asociadas a la recolección de recursos vegetales. Sin embargo, es necesario comprender que las plantas silvestres de recolección, si bien corresponden a especies sinantrópicas, se configuran como recursos que se desarrollan en espacios naturales de bosque o espacios abiertos, pero sometidos necesariamente a su
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antropización por la actividad misma de recolección; en medios generados por actividades humanas, ya sean vías de paso, bordes de caminos o zonas de desecho (Buxó, 1997; Berihuete, 2006) A su vez, presentan una serie de características que las convierten en un recurso apto para ser consumido, llevándolos a ser recolectados de manera voluntaria y selectiva en el medio (Berihuete, 2006). En primer lugar, poseen características específicas y físicas, tales como la representación en el ambiente de una amplia variedad taxonómica, ubicuidad, la ausencia de movimiento y ciclos reproductivos estables, que las convierten en recursos fácilmente recolectables, predecibles y almacenables (Zapata, 2007) y por otro lado, presentan propiedades nutricionales, combustibles y características físicas que facilitan su maleabilidad, en beneficio de múltiples tareas (Berihuete 2006). En este sentido, es claro que la manipulación del bosque por cazadores-recolectores, se enlaza estrechamente con la biodiversidad presente en el ambiente, producto de un constante conocer y reconocer el medio, configurando determinadas formas de comprender y relacionarse con el mundo que se construyen en largos procesos de interacción (Gutiérrez, 2003). Por ende el objetivo arqueológico de los acercamientos arqueobotánicos en poblaciones cazadoras recolectoras, consiste necesariamente en el reconocimiento de los aportes derivados de los recursos vegetales silvestres en las actividades humanas y la identificación de los criterios de selección y uso de ciertos recursos, frente a otros potenciales que no son explotados. como resultado de determinadas expresiones concretas de las relaciones establecidas entre estas poblaciones con el mundo vegetal. Por ende su representación responde inequívocamente a una acción cultural, donde necesariamente estuvieron involucrados procesos de selección de las especies botánicas asociados a determinados modelos de gestión de los recursos vegetales e impregnados de una serie de conocimientos y opciones establecidas socialmente.

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CAPÍTULO 4
MARCO METODOLÓGICO

4.1. Definición de la muestra

4.1.1. Muestra de referencia botánica Considerando los objetivos establecidos para esta investigación, dirigida a la identificación taxonómica de las improntas de hojas presentes en la alfarería Pitrén, fue fundamental la confección de una muestra de referencia de la flora actual del área, a modo de obtener una herramienta comparativa que permitiera establecer correlaciones morfométricas con la muestra arqueológica. Si bien, es clara la dificultad e inminente el sesgo comparativo, expresado en el empleo inmediato de las representaciones vegetales actuales con las del pasado, ya que pudiesen presentar variaciones entre sí de acuerdo al amplio lapsus temporal en que ambas muestras se manifiestan, sin embargo, se asumen los planteamientos expresados a partir de los estudios paleoecológicos del área, los cuales postulan que la configuración actual del bosque templado chileno se habría establecido hacia alrededor de 3.000 años (Villagrán, 1991; Armesto et al., 1994). Esto permite suponer que la composición arbórea del área y período investigado, no dista radicalmente de la expresión de taxas definidas actualmente en el mismo territorio. De acuerdo a esto, se desarrolló un registro detallado, de los especímenes foliares correspondientes a las especies florísticas más representativas del área de estudio, particularmente de las regiones forestales del bosque Caducifolio del Llano y Bosque Laurifolio (cfr. Quintanilla, 1974; Donoso, 1981; Gajardo, 1994; Hoffman, 2005; Stark, 2006-2007), Para la selección de las especies a considerar, se priorizó por aquellas identificadas en estudios arqueobotánicos previos en la región y de reconocida importancia tecnológica, alimenticia, medicinal y/o simbólica, referenciadas en la literatura (cfr. Mösbach, 1992; Báez y Solari, s/f; Solari y Lehnebach, s/f; Solari y Lehnebach, 2004; Ekblaw et al., s/f;
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Catalán, 1999; Dillehay, 2004; Lehnebach et al., 2007; Stark, 2006-2007; García y Ormazabal, 2008). Para el caso fueron descartadas algunas especies del grupo de las coníferas (Araucaria, Alerce, Ciprés de la cordillera, etc.), debido a que en un primer diagnóstico realizado a las piezas, las características morfológicas de las improntas foliares, evidenciaron una evidente ausencia de especímenes de este tipo 5. Priorizándose por lo tanto, en la selección de especies de tipo latifoliadas6 para la construcción de la muestra de referencia. Conforme a este criterio, se seleccionó un número de 76 especies vegetales (Anexo 2), cada una de las cuales, se constituyó con al menos 5 ejemplares, a modo de representar la variabilidad morfológica y de proporciones métricas, propias de cada especie utilizada en la muestra de referencia botánica (Figura 4), con el objeto de contemplar, el efecto que pudieran ejercer las variables ambientales sobre los atributos en estudio (cfr. Alarcón, 2006).

Figura 4: Criterio de variabilidad morfométrica por especie en selección de especímenes la muestra de referencia botánica.

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Las coníferas, en general poseen una hoja en forma de aguja, rígida, delgada o escamosa y resinosa, y cuyas estructuras reproductivas corresponden a conos o estróbilos, como los pinos y cipreses (García y Ormazabal, 2008:14).
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Latifoliadas: correspondiente a especies de hoja ancha.

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Los ejemplares registrados fueron obtenidos del Herbario del Departamento de Botánica de la Universidad de Concepción, del Herbario Nacional del Museo de Historia Natural y recolectados de los parques botánico Mapulemu en Santiago, botánico de la Universidad Austral de Valdivia y en el Cerro Ñielol, en Temuco. El proceso de recolección de ejemplares para el registro de los rasgos morfológicos de las estructuras vegetativas, incluyó la extracción de ramillas (en el caso de las muestras obtenidas directamente del árbol) y fotografías detalladas a cada espécimen, conservando su individualización de acuerdo a cada etiqueta en terreno y/o laboratorio, según correspondiera. Finalmente, la muestra de referencia botánica contó con un total de 380 especímenes foliares, los cuales fueron analizados, siguiendo los mismos criterios empleados para el tratamiento de los restos foliares, provenientes de la muestra arqueológica (Ver más adelante 4.2.1. Registro-B), a modo de establecer un registro factible de ser comparado en términos morfométricos.

4.1.2. Sitios arqueológicos estudiados Para abordar el estudio, se contempló el análisis del total de improntas de hojas presentes y observables en vasijas completas, asignadas culturalmente al Complejo Pitrén, cuyos sitios arqueológicos de proveniencia, fueron seleccionados de acuerdo a los siguientes criterios: i. Rescate producto de una excavación arqueológica sistemática, con información contextual debidamente documentada, a objeto de conocer con certeza su procedencia directa. ii. Provenientes de sitios emplazados en los pisos longitudinales del Valle y la Precordillera de las actuales regiones de la Araucanía y Los Ríos, con el objeto de trabajar sobre regiones determinadas y definir acuciosamente el componente fitográfico actual, del medio inmediato en el que cada sitio seleccionado está emplazado.

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iii.

Factibilidad de acceso a las colecciones.

En virtud de los criterios establecidos para la selección de los sitios incorporados al estudio, se optó por trabajar con las colecciones cerámicas de un total de 4 sitios, correspondientes a Los Chilcos y sitio Tipo Pitrén, ubicados en la región del Calafquén; Licanco Chico en el Valle central de la Araucanía y Escuela de Collico-1, en el Valle central Valdiviano (Figura 5).

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Figura 5: Área de estudio, regiones forestales y distribución de los sitios arqueológicos estudiados. (Construcción propia).

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4.1.3. Colección Cerámica: De los sitios antes mencionados, se trabajó con un componente cerámico correspondiente exclusivamente a piezas completas o semi-completas, cuya selección dependió absolutamente de un criterio de accesibilidad (Anexo 1). Así, fue posible el análisis de un total de 44 piezas, cuyo desglose por sitio se representa en la Tabla 1:
Sitio Pitrén Los Chilcos Deposito Laboratorio de Arqueología de la Universidad de Chile Museo Arqueológico y Antropológico Mauricio Van de Maele Museo Regional de la Araucanía Museo Arqueológico y Antropológico Mauricio Van de Maele (N)* 29 11 (n)** 11 5 Referencia Menghin 1962 Adán y Reyes 2000

Licanco Chico Escuela de Collico-1

199 11

21 7

Ocampo et al., 2004 Ciprés Consultores, 2001 Mera y Munita 2006

TOTAL 250 44 Tabla 1: *Universo de población de vasijas completas en el Sitio. ** Componente Muestral del estudio.

4.1.4. Impresiones foliares: En el conjunto de vasijas estudiadas, se registró un promedio de 35,1 improntas de hojas por pieza, conformando un componente muestral arqueobotánico de 1.545 especímenes foliares, cuya presencia fue factible de ser distinguida a simple vista, tanto en su superficie exterior como interior. En la tabla 2, se describe la cantidad de improntas evidenciadas por sitio:
Vasijas SITIO Pitrén Los Chilcos Licanco chico Escuela de Collico-1 (n) 11 5 21 7 Improntas exterior (n) 257 106 388 175 Promedio por vasija 23,4 21,2 18,5 25,0 Improntas interior (n) 197 47 246 129 619 Promedio por vasija 17,9 9,4 11,7 18,4 14,1 TOTAL (N) 454 153 634 304 1545 Promedio por vasija 41,3 30,6 30,2 43,4 35,1

TOTAL 44 926 21,0 Tabla 2: Cantidad de improntas evidenciadas por sitio.

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4.2. Método de investigación Para responder al problema de investigación planteado, se configuró un diseño metodológico, dirigido al reconocimiento de dos líneas de acercamiento hacia el estudio de la alfarería con improntas de hojas en negativo. En primer lugar, se examinó el conjunto de impresiones foliares desde una perspectiva cualitativa, a modo de distinguir las potencialidades de determinación taxonómica que presentaban los especímenes botánicos impresos en la alfarería Pitrén. Y en segundo lugar, se enfocó al registro y análisis de los rasgos anatómicos y morfométricos (cualitativos y cuantitativos) de las muestras botánicas, tanto de tipo arqueológico como de referencia actual, en función de la determinación taxonómica de las especies representadas en la alfarería, por medio de la comparación de ambos componentes muéstrales. De esta forma, se espera aportar desde una perspectiva exploratoria al estudio arqueobotánico de las impresiones foliares, que permita avanzar en la configuración de una herramienta metodológica para insertarse en la determinación de los restos vegetales presentes en la alfarería; como proceso necesario y fundamental en el conocimiento de la relación que establecieron las poblaciones que habitaron la región Centro-Sur del país con su entorno vegetal.

4.2.1. Registro De acuerdo a lo expresado anteriormente, el estudio en términos metodológicos, fue abordado desde dos líneas de registro de la muestra arqueológica: A-. Evaluación de identificabilidad: Correspondió a un registro inicial de tipo diagnóstico, que permitió acercarnos a una caracterización general de la calidad de las improntas de hojas en las vasijas. Este atributo fue abordado por medio de una descripción enfocada tanto a las piezas cerámicas como a las improntas, siguiendo los siguientes criterios: En primer lugar se consideró la variable “Nitidez”, correspondiente a la factibilidad de reconocer las improntas en la vasija y diferenciar los rasgos morfológicos propios de la

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hoja. Este aspecto fue evaluado en una escala de Alta, Media y Baja, a modo de establecer las posibilidades de identificación taxonómica que se presentan. En segundo lugar, se establece un criterio de carácter más descriptivo, enfocado a la caracterización de los factores influyentes en la disminución de la nitidez de las improntas. Por ejemplo: erosión de la superficie de la vasija, coloración (contraste), fracturas, etc. B-. Características morfológicas y anatómicas de las muestras. Se estableció un registro detallado de los atributos morfométricos foliares, tanto de la muestra arqueológica como de referencia botánica actual, de forma que la sistematización comparativa de los datos condujera a la determinación taxonómica de las especies botánicas manifestadas en la alfarería. De acuerdo a esto, en la selección de los atributos morfológicos medidos en la muestra botánica, se consideraron aquellos rasgos foliares, susceptibles de ser evaluados en las improntas y descartando aquellos que no eran factibles de reconocerse en la muestra arqueológica estudiada; entre los que se destacan aspectos como las nervaduras, el número de dentaduras, características del peciolo, ángulos establecidos entre las venaciones primarias y secundarias, la distancia entre el peciolo y la primera dentadura, la textura, color y el olor de la hoja. Estos rasgos que son obviados, claramente son imposibles de ser identificados a partir de las impresiones foliares y en definitiva, la ausencia de estos de caracteres de reconocimiento de los individuos foliares, reducen el espectro de comparación entre las muestras, ya que en muchos casos el contar con la información de estos atributos otorgaría elementos tanto o más diagnósticos a los que se poseen, por lo tanto esta falencia deberá ser contrarrestada, mediante otros métodos. Para esto, se estableció un registro complementario de los atributos anatómicos de los especímenes foliares, considerando variables de carácter cualitativo y cuantitativo, a modo de ampliar las posibilidades de definición taxonómica de los individuos impresos en la alfarería, mediante su empleo de forma paralela en el posterior análisis de determinación identitaria.

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Variables cualitativas: Corresponden a características foliares de apreciación cualitativa y por ende no medibles. Los criterios considerados para esta investigación se establecieron de acuerdo a los definidos por el Leaf Architecture Working Group (LAWG, 1999) y complementados por los caracteres anatómicos foliares descritos por Achá y colaboradores (1999). En este sentido las variables consideradas para la investigación corresponden a los aspectos formales de la lámina (A), del borde (a), ápice ( b) y base (c), los cuales son clasificados mediante categorías establecidas tal como se detallan en la Tabla 3 y son graficadas en la Figura 6.
Variable Categoría Elíptica Oblonga Ovada Forma del limbo Obovada Orbicular Lanceolada Acuicular Entero Dentado Denticulado Aserrado Lobulado Redondeado Obtuso Agudo Forma del ápice Cordado Acuminado Truncado Redondeado Obtuso Agudo Cordado Truncado Sagitada Descripción (Harris y Wolf, 1994) Forma de una elipse o un óvalo estrecho; más amplio en la parte media y más estrecho en los dos extremos iguales. Lámina de dos a cuatro veces más largo que ancho, con lados casi paralelos. Lámina en forma de huevo, su contorno manifiesta el extremo apicular más angosto y basal amplio. Inversa a la ovada, presenta un extremo apicular más amplio y basal más angosto. Lámina de contorno aproximadamente circular. Lámina en forma de lanza, mucho más larga que ancha, con la parte más ancha por debajo de la media. En forma de aguja, como las hojas de pino o abeto. El margen de la lámina, es continuo; no presenta dientes, ni muescas. La lámina de la hoja es dentada en el margen, los dientes están dirigidos hacia afuera y no hacia delante. Margen dentado con dientes muy pequeños. Margen con dientes agudos, que apuntan hacia delante Se presentan lóbulos, divisiones redondeadas en el margen de la hoja que pueden coexistir con otros tipos de margen. Con ápice redondeado Romo o redondeado en la base; con lados se unen en el vértice en un ángulo > a 90° El contorno de la lámina va estrechándose hacia el ápice, con lados más o menos recto, formando un ángulo < a 90° Ápice con forma de corazón, con la muesca hacia el vértice. El ápice se conforma por lados que disminuyen gradualmente hacia la punta, adoptando forma cóncava, que se unen en una punta afilada. Con el ápice cuadrado, como si estuviese cortado abruptamente. Con base redondeada Romo o redondeado en la base; con lados se unen en un ángulo > a 90° El contorno de la lámina va estrechándose hacia la base, con lados más o menos recto, formando un ángulo < a 90° Base con forma de corazón, con la muesca hacia donde surge el peciolo. Con la base cuadrada, como si estuviese cortada abruptamente. Con los lóbulos basales dirigidos hacia abajo o hacia fuera.

(A)

(a) Forma del borde (b) (c) Forma de la base

Tabla 3: Variables Cualitativas y categorías de clasificación, establecidos para el análisis de morfometría foliar.

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Figura 6: Variables Cualitativas y categorías de clasificación, establecidos para el análisis de morfometría foliar (construcción propia).

Variables cuantitativas: Corresponden a los rasgos foliares susceptibles de ser medidos en las improntas de hojas y que permitan en su conjunto definir la apariencia morfométrica de cada uno de los especímenes estudiados. En este caso responden a los atributos métricos en términos de longitudes (L1,2,3), latitudes (A1,2,3) y ángulos (α1,2), de los especímenes registrados, tal como se detalla en la Tabla 4 y se grafica en la Figura 7.
Rasgo α1 α2 L1 L2 L3 A1 A2 A3 Ángulo del ápice Ángulo de la base Largo sección lateral derecho Largo sección línea media Largo sección lateral izquierda Ancho distal Ancho medial Ancho Proximal Descripción Ángulo formado por las líneas del margen foliar intersectadas en el ápice. Ángulo formado por las líneas del margen foliar que se intersectan en la base. Longitud de la línea imaginaria trazada paralelamente a ( L2), a partir del punto que divide la porción derecha de (A2) en dos partes iguales. Longitud de la línea formada por la nervadura central de la hoja que une el ápice con la base. Longitud de la línea imaginaria trazada paralelamente a (L2), a partir del punto que divide la porción izquierda de (A2) en dos partes iguales. Longitud la línea latitudinal que define la porción distal de la hoja, que coincide con los puntos donde se comienza a trazar el ángulo del ápice. Longitud de la línea latitudinal que divide la lámina en dos partes iguales. Longitud de la línea latitudinal que define la porción proximal de la hoja, que coincide con los puntos donde se comienza a trazar el ángulo dela base. Unidad Grados Grados mm. mm. mm. mm. mm. mm.

Tabla 4: Variables Cuantitativas y criterios utilizados para el análisis de morfometría foliar

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Figura 7: Variables Cuantitativas establecidas para el análisis de morfometría foliar (construcción propia).

4.2.2. Sistematización de los datos: En función de determinar la identidad de los individuos botánicos representados mediante su impresión en la alfarería Pitrén, se hizo necesaria la construcción de un cuerpo metodológico que permitiera organizar el registro de los caracteres foliares evidenciados en la muestra arqueológica. Para esto, se desarrollaron análisis dirigidos al establecimiento de distintos niveles de acercamiento entre las muestras, que permitieran la conformación de agrupaciones de acuerdo a similitudes morfológicas y cercanía de los atributos métricos. A-. Codificación de morfotipos Para este estudio, se considera “morfotipo” como una categoría taxonómica informal, independiente del sistema de nomenclatura Lineanna, que facilita la categorización formal de los especímenes foliares de acuerdo a sus atributos. Según el Leaf Architecture Working Group (LAWG, 1999), en principio, los morfotipos tenderían a ser similares dentro de una misma especie, sin embargo no deben ser considerados como equivalentes exactos, debido a que están circunscritos exclusivamente a
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su forma, ya que dentro de una misma especie pueden existir formas variables de hojas, de esta manera un mismo morfotipo podrá representar a más de una especie o incluso más de un género o bien segregar hojas emparentadas entre sí por variación morfotípica dentro de una misma especie. En consecuencia a lo anterior, este criterio de análisis NO es empleado para la atribución directa de la identidad taxonómica de los individuos, sino más bien se dirige a un ordenamiento preliminar de las características foliares de los especímenes representados tanto en la muestra arqueológica como de referencia botánica, a modo de reconocer patrones de formales comunes entre ambos componentes muestrales, que permitieron excluir de la muestra de referencia actual, aquellas especies con características morfotípicas muy disimiles a las registradas por medio de su impresión en la alfarería. De acuerdo a esto, se establecieron categorizaciones observando criterios cualitativos de la forma foliar, aplicables a ambas muestras. Por medio de una codificación establecida mediante la asignación de una letra a cada uno de los tipos de atributos: forma de la hoja, forma del ápice, forma de la base, tipo de borde. El criterio para la asignación de los respectivos códigos (Tabla 5), estuvo especialmente orientado a la prevención de sesgos en el registro de la muestra arqueológica, debido al riesgo presentado por la subjetividad del establecimiento de ciertos rasgos que dependen fundamentalmente de la nitidez de la impronta y de la mirada del investigador.
Forma Elíptica Oblonga Lanceolada Orbicular Acuicular Ovada – Obovada Aserrado – Dentado- Lobulado Indefinido Entero – Denticulado Cordado Agudo –Acuminado Obtuso – Redondeado Cordado Agudo Obtuso – Redondeado Tabla 5: Codificación de morfotipos foliares. Código E O L R A B S N E C G D C G D

Limbo

Borde

Ápice

Base

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Esta operacionalización de las variables para la construcción de los morfotipos, presenta clara coincidencia con lo planteado por Giovannetti y colaboradores (2008), respecto a la dificultad del tratamiento de los restos arqueobotánicos recuperados de contextos arqueológicos; que a diferencia del método botánico puro, no se trata con plantas vivas, con sus órganos completos y sin alteración, sino más bien, la mayoría de las veces distan de esta condición. En el caso concreto de los especímenes foliares impresos en la alfarería, no fue factible hacer manejo de los morfotipos, tal cual se esperaría en el análisis de los atributos registrados directamente de la planta, lo que hizo necesario optar por una reducción de las variables, dirigidas por las siguientes dificultades observadas: - Relativización de la forma del borde: Dada la dificultad que se presentó en la mayoría de los casos para la identificación del tipo de borde que se distinguía en las improntas, de acuerdo a esto: a) Se agruparon los atributos aserrado, dentado y lobulado, dado que su diferenciación en las improntas en algunos casos llevaba a confusión. b) Se agruparon los atributos entero y denticulados, dado que de acuerdo a la observación en la muestra de referencia, la distinción de este rasgo en ocasiones presentaba diferencias tan sutiles que en la impronta serían difíciles de diferenciar. c) Se asignó un código N para diferenciar aquellos “dudosos” y/o “indeterminables”, que en términos analíticos pudieran corresponder, tanto a bordes lobulados, aserrados, dentados o enteros. Relativización y exclusión de formas de ápice y borde: Dada la dificultad de distinguir

a partir de las improntas entre tipos de ápice y borde muy similares entre sí, se optó por: a) Se agruparon los atributos obtuso y redondeado, además de agudo y acuminado, dado que en términos concretos desde una perspectiva cualitativa, la asignación a determinado tipo, eran bastante arbitrarias b) Se eliminaron del análisis los atributos truncado y sagitado, dado que tanto, en la muestra arqueológica, como de referencia botánica, estos tipos se encontraron ausentes.
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- Indiferenciación de la posición ápice-base: debido a que en la mayor parte de las improntas fue difícil reconocer de manera certera, cuál de los dos extremos correspondía al ápice y a la base, a causa de la ausencia del peciolo e indeterminación de la nervadura que permitirían facilitar el reconocimiento de la orientación de la hoja en la pieza, fue necesario: a) integrar las categorías formales tanto del extremo apical como basal de las hojas, en un mismo criterio por medio de la construcción una concatenación de los códigos de ambas secciones que permitiera obviar la posición de estos atributos (Figura 8). b) Agrupar en la variable forma del limbo, las categorías ovada y obovada bajo un mismo código, a modo de que los elementos de análisis fuesen presentados de manera coincidente.

Figura 8: Concatenación de códigos para la asociación de las variables ápice-base

De acuerdo al establecimiento de los morfotipos foliares, siguiendo el método recién descrito, se desarrolló un análisis dirigido a la segregación de la muestra (Ver más adelante 4.3.1. Segregación de la muestra -A), por medio de la agrupación de especímenes con características formales comunes (independiente de la taxa), representados tanto, en el componente arqueológico, como de referencia botánica actual, permitiendo excluir de esta última, aquellas especies con características morfotípicas muy disimiles a las registradas
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por medio de su impresión en la alfarería, reduciendo el número de posibilidades de asignación taxonómica. 4.2.3. Construcción de índices de relación morfométrica En función del proceso dirigido a la determinación taxonómica de las especies botánicas representadas en la muestra arqueológica, es importante considerar que si bien, la proporción de los tamaños de los especímenes foliares constituyen elementos de valor y brindan los principales medios de identificación (Bell, 1968), la influencia generada por el medio, puede ser causante en muchos casos de variaciones en los especímenes en términos de sus proporciones métricas (Alarcón, 2006). Por tanto, es importante establecer los criterios para la identificación considerando la correlación de los aspectos formales y métricos en conjunto, más allá de adoptarlos como agentes aislados. De acuerdo a esto, se construyeron Índices de relación Morfométricas (Tabla 6), a partir de los atributos métricos registrados en cada individuo (definidos previamente en la Tabla 4), de modo de disminuir los riesgos de error que podrían existir, considerando los valores absolutos, ya que los resultados de estos últimos, varían por los efectos ambientales antes mencionados. Cabe destacar que para el establecimiento de los coeficientes formales, se acogió el mismo criterio definido anteriormente como “Indiferenciación de la posición ápice-base”, por lo tanto se tomó la precaución de aplicar funciones cuyo orden no afectara el producto, en el caso de las relaciones del valor proximal-distal y ápice-base.

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ÍNDICE RELACIÓN Alarcón Ápice-base

DE

f (x) A2-(A1+A3)/A2 |A1-A2|

DESCRIPCIÓN Coeficiente de forma foliar definido por Alarcón (2006) Valor absoluto de la diferencia entre los dos extremos ápice base, permitiría identificar si un lado es más ancho que el otro. Proporción entre las longitudes verticales de la hoja. Proporción entre las longitudes verticales de la hoja. Reconocer si la hoja es más elíptica, oblonga, ovada u obovada. ¿Cuantas veces cabe el ancho en el largo?, conocer si la hoja es más larga que angosta, tendiente a circular, etc. Área de la hoja (aproximada) mediante formula de área para una elipse (cm2) Estandarización de los valores del área, mediante la aplicación de la raíz cuadrada. Relación entre ángulos ápiceRelación entre ángulos, corregida mediante la multiplicación por número asignado a los tipos de ápice-base: GG= 1; DG=2;DD=3;CG=4;CD=5;CC=6

Forma vertical Forma horizontal

L2 - ((L1 + L3)/2) A2 - ((A1 + A3)/2) L2:A2 (L2:2)*(A2:2)*3,14 √ ((L2:2)*(A2:2)*3,14) (α1+α2) (α1+α2)*cód. base

Relación alto-ancho

Área Corrección área Relación ángulos Corrección Relación ángulos

Tabla 6: Índices de relaciones morfométricas de morfología foliar construidos para la identificación taxonómica.

4.3. Procesamiento de datos e identificación taxonómica. Se establecieron dos niveles clasificatorios dirigidos a la determinación identitaria de las especies botánicas manifestadas en las vasijas, en base a criterios de cercanía y semejanza a partir de los atributos morfotípicos y morfométricos registrados en la totalidad de los especímenes foliares registrados en ambas muestras. En este sentido los niveles de análisis establecidos para la determinación de taxonómica de la muestra arqueobotánica fueron: Segregación de la muestra de nuestra de referencia: Tiene por función realizar un desglose de acuerdo al parentesco morfotípico y morfométrico, entre las muestras arqueológica y botánica, acotando a su vez el espectro de posibilidades de atribución taxonómica y la consecuente exclusión de taxas presentes en la muestra botánica que difieren radicalmente de los especímenes foliares impresos en la alfarería. Determinación identitaria de los especímenes foliares: Tiene por objeto, reconocer la identidad taxonómica de la muestra arqueológica, mediante un proceso establecido sobre
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las bases de la Morfología Comparada, de acuerdo al criterio fundamental de cercaníasemejanza morfológica, entre los especímenes foliares que compusieron la muestra arqueológica (de taxa indeterminada) y la muestra de referencia botánica (de taxa conocida). Para esto, se hizo empleo de un análisis de correlación de los coeficientes de forma resultante de los índices de relación morfométrica definidos previamente. El desarrollo del procesamiento analítico de los datos, se trabajó con tres software de manejo de bases de datos y análisis estadísticos, los que se implementaron de acuerdo a las necesidades requeridas: Microsoft Excel 2010: se utilizó en función a la manipulación básica de la base de datos, modificación, creación de nuevas variables y desarrollo de funciones matemáticas simples. PASW Statistics 18: Versión del Software conocido anteriormente como SPSS Statistics, que facilitó el procesamiento de datos, por medio de análisis estadísticos. PAST (Paleontological Statistics): Este programa fue utilizado fundamentalmente para el acercamiento final de las muestras y su identificación, dirigidas a la búsqueda de cercanía y similitudes entre los componentes muestrales.

4.3.1. Segregación de la muestra: Se estableció un análisis dirigido al establecimiento de agrupaciones por correspondencia, entre la muestra botánica y la muestra arqueológica, a modo de congregar aquellos especímenes que establecieran mayor nivel de similitud y segregar aquellos que en términos morfométricos distaran radicalmente del conjunto arqueobotánico estudiado. Para esto, se desarrolló un proceso constituido por dos etapas complementarías entre si y cuyo objetivo fue reducir el número de posibilidades de asignación taxonómica de las muestras arqueológicas. A-. Segregación por morfotipos y rangos generales de proporciones métricas: Se realizó un análisis descriptivo de cada especie constituyente de la muestra de referencia botánica, a partir de los 5 individuos que la componen, identificando las categorías morfotípicas de los atributos Ápice-Base, Borde y Limbo, además de las características
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métricas básicas (Largo sección media y Ancho medial), las cuales fueron evaluadas de acuerdo al máximo, mínimo, media y desviación estándar representado en cada taxa, tal como se presenta a modo de ejemplo en la Tabla 7.
Largo sección media Nombre científico (n) individuos Ancho medial

Máximo

Media

Media 12,0

Familia

Morfotipos Cód.

Máximo

Mínimo

Mínimo

D.S.

Ápice-Base Nothofagaceae Nothofagus Borde dombeyi Limbo

DG DD S L E

4 1 5 4 1 14,1 29,3 23,2 5,7 8,4 15,0 2,4

Tabla 7: Ejemplo caracterización de categorías morfotípicas y distribución de aspectos generales de tamaño de las especies representadas en la muestra de referencia botánica.

Tal como se ejemplifica en la Tabla 7, los 5 ejemplares que representan a la especie Nothofagus Dombeyi (Coihue), presentan hojas de forma lanceoladas (L) o elípticas (E), con borde dentado, aserrado y/o lobulado (S) y ápice- base agudo-obtuso (DG) u obtusoobtuso (DD). Con largos de sección medía que no disminuyen de los 14,1 mm y no exceden los 29,3 mm, presentando una desviación estándar entre sus valores de 5,7 mm. Por su parte la dispersión de tamaños en cuanto a su ancho medial se establecen entre los 8,4 mm y 15 mm, con una desviación estándar de 2,4 mm. A partir del desarrollo de este ejercicio con cada una de las especies representadas en la muestra botánica, se estableció un cruce con los componentes de la muestra arqueológica, a modo de reconocer cuales lograban encasillarse dentro de los rangos métricos y categorías morfotípicas de cada especie. Para esto se tomaron las siguientes precauciones con el fin de disminuir sesgos: Los rangos métricos establecidos por cada especie de la muestra botánica fueron corregidos mediante la ampliación de los mismos con un margen de error del 10%, considerando el criterio de variación métrica de los especímenes foliares por factores ambientales descrito por Alarcón (2010).

D.S.

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En este sentido el establecimiento de un margen de error, tiene por objeto prevenir la exclusión de muestras arqueológicas con características métricas cercanas, pero que por estas variaciones, no se encasillen dentro de los especímenes foliares que compusieron la muestra de referencia botánica. Para la agrupación de morfotipos de borde, siempre fueron consideradas las muestras arqueológicas que estaban clasificadas por la variable “N” (borde indefinido), dado que, tal como se presentó anteriormente, la codificación de este criterio, pudiese corresponder tanto a especímenes foliares de borde “E” (entero o denticulado), como con la categoría “S” (Borde aserrado o dentado). Siguiendo con el ejemplo de la Tabla 7, al considerar el margen de error del 10%, en el caso de Nothofagus dombeyi, se estableció un rango de tamaños, entre 12,7 mm. Y 32,65 mm. de largo sección media (LSM) y entre 7,53mm y 16,46 mm de ancho medial (AM), a partir de esto, se identificaron las muestras arqueológicas que lograban ajustarse al rango definido, para la especie y que coincidían o se asemejaban, en términos de sus morfotipos, tal como se puede observar en el Gráfico 1. A partir de la aplicación de este procedimiento, para cada una de las especies de la muestra de referencia botánica, se construyeron agrupaciones con las muestras arqueológicas que coincidían en los rangos métricos y tipología morfológica, permitiendo a su vez, segregar a aquellas taxas de la muestra de comparación, que presentaron características muy disímiles a los especímenes evidenciados en la alfarería. Resultando entonces, un primer cedazo de discriminación al que fueron sometidas las muestras estudiadas.

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Gráfico 1: Dispersión de morfotipos presentes en la muestra arqueológica en relación a las variables LSM y AM; la sección demarcada en azul, corresponde a los rangos de tamaño establecidos para Nothofagus dombeyi, presentado en el ejemplo 1, considerando un margen de error del 10%.

B-. Reducción de posibilidades de asignación taxonómica por rangos de índices. Un segundo procedimiento dirigido a acotar el universo de comparación y a su vez confirmar la exclusión previa, se estableció por medio del procesamiento de los datos, desde una perspectiva comparativa entre la muestra arqueológica y botánica, por medio del análisis de la distribución de los valores correspondientes a los índices de relación morfométrica (ver Tabla 6). Al igual que el nivel clasificatorio anterior, la asociación se estableció por rangos de variación; en este caso aplicados a los presentados por cada índice morfométrico, priorizando por aquellos que presentaban menor desviación estándar por especie de la muestra de referencia botánica. El análisis de coincidencia, se estableció considerando los rangos de variación expresados entre los especímenes de la muestra arqueológica, los que fueron corregidos con un margen
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de error del 10%, a modo de disminuir los sesgos en la clasificación de acuerdo a los criterios de variación de los especímenes foliares (Alarcón, 2006). A partir de la definición de estos rangos, se identificó a los individuos correspondientes a la muestra botánica, representada en los grupos que lograban ajustarse a los rangos definidos para la muestra arqueológica, tal como se ejemplifica en el siguiente gráfico:

Gráfico 2: Dispersión de las muestras arqueológica y de referencia botánica en función de los valores resultantes de los índices de relación morfométrica “Relación alto-ancho” y “Corrección de ángulos”. La sección demarcada en azul, corresponde al rango de variación de los índices de la muestra arqueológica, corregida con un margen de error al 10%.

Tal como se observa en el Gráfico 2, los componentes de la muestra arqueológica, expresan a partir de los índices de relación alto ancho y corrección de ángulos, un rango que coincide con un conjunto de terminados de especímenes botánicos actuales, permitiendo por segregar aquellas especies que no presentaban relación morfométrica. Esta segregación de taxas, se estableció solo para aquellas especies cuya totalidad de individuos, no se acercaron a la muestra arqueológica en dos o más pruebas de
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coincidencia, entre los distintos índices y que además, hayan sido excluidas previamente en el análisis por morfotipos, haciendo factible por tanto, la disminución de las posibilidades de asignación taxonómica. Así como también, la formulación de grupos muestrales símiles entre sí, que facilitó el manejo de los datos en función de la determinación identitaria de las muestras, permitiendo hipotetizar respecto a la filiación parental entre dos o más individuos.

4.3.2. Determinación identitaria de los especímenes foliares El proceso dirigido al reconocimiento de las taxas de los especímenes foliares expresos en la alfarería Pitrén de los sitios estudiados, se fundamenta sobre las bases de la Morfología Comparada, descrita por Benítez y colaboradores (2006), como el método dirigido al reconocimiento de las semejanzas y diferencias entre las plantas, basándose en el minucioso registro y comparación de los rasgos morfológicos estructurales externos, de los ejemplares botánicos para la deducción de los grados de relación formal entre éstas, de acuerdo al criterio fundamental de cercanía-semejanza. De acuerdo a esto, el estudio final de las características morfológicas de los individuos que componen la muestra arqueológica, se estableció por medio del análisis comparativo con la muestra de referencia actual, mediante el empleo de índices de relación morfométrica, que permitieron atribuir coeficientes de forma, al conjunto de proporciones métricas de cada espécimen. Para el desarrollo de la comparación entre los componentes botánicos y arqueobotánicos, se recurrió a un análisis estadístico de tipo correlacional y multivariado, como forma de reconocer, por medio de las distancias entre los distintos componentes de ambas muestras e identificar elementos similares en entre estos. Permitiendo en tanto, sugerir la relación parental entre los elementos más cercanos y desprendiendo en medida de lo posible, la determinación taxonómica de los especímenes foliares manifiestos en la alfarería. En función de lo anterior, para el reconocimiento de las semejanzas y diferencias entre los individuos estudiados, se optó por el empleó de la distancia Euclídea como medida de similaridad entre las variables. Para lo esto, fue fundamental estandarizar o normalizar los
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valores de los índices de relación morfométrica, por medio de su desviación estándar, dada la dependencia del uso de escalas de medidas similares, para el establecimiento de correlaciones entre múltiples variables. De acuerdo a esto, se desarrolló un análisis de correlación multivariada, entre la totalidad de los índices morfométricos de cada una de las muestras, resultando en el establecimiento de una serie de valores de similitud (δ) entre los especímene s botánicos y arqueológicos sometidos a la prueba, a partir de estos aquellos más cercanos y distantes entre sí, llevando a la evaluación de la correspondencia taxonómica. Las categorizaciones identitarias de las muestras arqueológicas son presentadas en rangos de cercanía respecto a valores de similitud (δ) con los componentes botánicos actuales que establecen mayor relación respecto al conjunto de índices morfométricos, tal como se expresa a continuación: Alto: Medio: Bajo: Sí δ es < que 1 Sí δ es > ó = que 1 y < 2 Sí δ es > ó = que 2 y < que 2,5

Descartados: Sí δ es > ó = que 2,5 Así, el resultado del análisis de correlaciones por distancias entre las muestras, permite obtener una visión de las muestras que más se acercan entre sí, como el indicador de mayor semejanza morfométrica, haciendo factible proponer que a menor distancia entre el conjunto de índices, mayor posibilidad que la muestra arqueología se corresponda taxonómicamente con la muestra botánica.

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CAPITULO 5
DESCRIPCIÓN DE LOS SITIOS ESTUDIADOS

Previo a la presentación de los resultados de los análisis efectuados, se considera necesario ahondar en una breve síntesis que permita ubicarnos en el plano de contexto de los sitios arqueológicos y de la proveniencia de las piezas alfareras estudiadas, desde un énfasis tanto cultural, como fitogeográfico, de forma de comprender más adelante, las relaciones entre la representación de determinadas taxas botánicas, mediante su impresión en la alfarería y el entorno inmediato de espacio que habitaron las poblaciones Pitrén estudiadas. 5.1. Sitio Tipo Pitrén (1.000± 100 d.C.) (Menghin 1962): Este yacimiento se emplaza en la zona precordillerana lacustre de la región de Los Ríos, particularmente en la localidad de Pitrén, en la pendiente de una loma a unos 2.500 m al sur de la extremidad occidental del lago Calafquén, a 350 m sobre el nivel marino. Según relata García (2005), la región del Calafquén, comprende la zona en torno al lago del mismo nombre, ubicado en el límite sureste de la provincia de Cautín y el noreste de la provincia de Valdivia, área en la que domina la presencia de cordones de cerros, cuyas elevaciones se sitúan entre 472 y 1.254 m.s.n.m., con alturas medias de 600 y 800 m, donde destacan los cerros Challupén, Pitrén, Tralahuapi y Platacura, los que se encuentran interrumpidos por zonas más planas, de alturas no inferiores a 290 m de altitud. En este sector, se desarrollaría una densa cubierta boscosa de carácter templado lluvioso entre lagos y volcanes, conocido como “selva valdiviana” (García, 2005). Siguiendo a Donoso (1981), corresponde a un área donde conviven las regiones forestales del Bosque Caducifolio y Laurifolio, representado por los tipos forestales, Coihue-Raulí-Tepa, RobleRaulí-Coihue y Lenga, con una manifestación principalmente, de una variedad de especies del género Nothofagus y Lingue, como representaciones arbóreas dominantes y otras especies acompañantes como el Ulmo, Olivillo, Avellano, Colihue, Quillay y Canelo enano, en sectores más septentrionales, mientras que en otras áreas, se presentaría una dominancia de Tepa y Trevo, acompañado de Avellano y Piñol.

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En términos contextuales, según Menghin (1962), el sitio corresponde a un cementerio de unos 120 m2, en el que sin embargo, se evidenció únicamente material cerámico, correspondiente a un total de 29 vasijas completas, sin recuperarse ningún artefacto lítico, metal u óseo, tampoco se encontraron restos bioantropológicos de carácter humano, atribuyéndose este hecho a los procesos de descomposición de éstos, acelerados por las condiciones ambientales del área. Las vasijas, se encontraron agrupadas de dos a cuatro piezas ubicadas por lo general en orden lineal en dirección N-S, a distancias que sugieren la existencia original de fosas fúnebres, donde los cantaos habrían sido depositados a modo de ofrenda, asociadas en algunos casos, también a escasas piedras de considerable tamaño, que pudieran haber sido transportadas y emplazadas en el lugar, con el fin de demarcar los enterratorios. 5.2. Sitio Los Chilcos (350± 170 d.C.) (Adán y Reyes 2000): El sitio se emplaza en la ribera norte del lago Calafquén, en la misma región de emplazamiento del sitio Tipo Pitrén antes mencionado; particularmente en un sector de lomajes, con poca inclinación, correspondiente a los faldeos del cerro Challupén, en su ladera sureste y a una distancia de unos 200 m del Sitio Challupén, excavado por Berdichewski y Calvo (1972-1973) y a unos 100 m del sitio Antilef-1 (Adán y Mera, 2000 Ms, citado por Adán y Reyes, 2000). Cabe destacar que en esta área, la cordillera de Los Andes presenta elevaciones que no superan los 2.000 m de altitud, por lo que se configura como una formación natural, que facilita el tránsito entre ambas vertientes cordilleranas (Adán y Reyes, 2000). En términos contextuales, en el cementerio Los Chilcos, se identificó un número de tres fosas, a una profundidad que varía entre los 77 cm y 109 cm, en un nivel estratigráfico correspondiente a un sedimento limo arcilloso y granuloso color café, en el que lograba diferenciarse la delimitación de las fosas, debido a la manifestación de una matriz limoarcillosa, color café oscuro, suelto y muy orgánico que se extendía por unos 30 cm, hasta la base del nivel de los entierros. En una de las fosas, se evidenció la depositación intencional de 5 vasijas completas posicionadas en hilera con una orientación de N-S, donde no se registraron restos óseos humanos, pero que sugieren la orientación del cuerpo del individuo.
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En una segunda fosa, que habría sufrido alteración postdepositacional por parte de los lugareños, a partir de lo que se relata el hallazgo de 2 cantaros completos. De acuerdo a estos antecedentes, el sector fue re-excavado por los investigadores identificando otras dos piezas cerámicas, en asociación a restos dentales que sugieren la disposición de las vasijas, junto al rostro de un individuo. Por su parte, la tercera fosa, arrojó el registro de una olla ubicada a 15 cm hacia el oriente de una mandíbula humana en mal estado de conservación. A partir de las vasijas recuperadas en el sitio, se realizó un análisis de contenidos vegetales, evidenciándose restos de Chenopodium sp, Galium sp., Ciperácea, Gramíneas, Leguminosas y restos de frutos. En cuanto a esto, destaca que los carporestos atribuidos a Quenopodiácea, no poseerían los rasgos característicos de aquellas de carácter cultivables (quínoa), tratándose posiblemente de algunas de las especies del género Chenopodium, propias del sur de Chile como Ch. ambrosioides (Paico), Ch. pinnatisectum, Ch. andicola, Ch. chilensis, Ch. álbum (Quinguilla), indicando por ende, que las especies que se lograron identificar, indicarían el uso de los recursos vegetales característicos de su entorno y que son, propios de estos paisajes (Quiroz y Belmar, 2000), 5.3. Sitio Licanco Chico (890±60 DC) (Ocampo et al., 2004; Ciprés Consultores, 2001): Se emplaza en una suave ladera, ubicada en el Valle central correspondiente a la depresión intermedia asociada al curso fluvial del río Cautín, área en la que destaca la presencia de suaves pero extensos cordones montañosos, como el cerro Ñielol y el Conuhueno. El paisaje está determinado por suaves colinas, correspondientes a las estribaciones de los mismos cerros y lomas morreicas, con depósito de cenizas volcánicas, “Trumao”, producto del arrastre durante el pleistoceno y holoceno por agentes naturales. (Ciprés Consultores, 2001). Siguiendo a Donoso (1981), en términos florísticos el área estaría representada por la región vegetal del Bosque Caducifolio, en su subregión del Llano, con la manifestación predominante de los tipos forestales, Roble-Raulí-Coihue y Siempreverde, expresados principalmente por especies como, Roble, Coihue, Laurel, Tepa, Olivillo, Peumo y Avellano, interviniendo también algunas especies arbustivas que conforman el sotobosque como Mayu, Maqui y Quila. En sectores más húmedos, el bosque se enriquece con Luma, Pitra y densas asociaciones de Quila.
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En términos contextuales, Licanco Chico, ocupa una superficie de 22x12 m y una profundidad del depósito, que varía entre los 30 y 130 cm de profundidad, sin presentar diferencias estratigráficas (Ocampo et al., 2001), determinada por una matriz roja, limo arcillosa y de textura fina, correspondiente a los suelos de la serie Ñielol (Ciprés Consultores, 2001). Según el informe emitido por los investigadores, en este espacio se evidenció un número de 36 conjuntos discretos, algunos que se identificaron como tubas (n=16), con el reconocimiento de 24 individuos, distribuidos en entierros simples y múltiples, mientras que el resto de los conjuntos corresponden a conjuntos cerámicos sin osamentas llamados “pozos ofrenda”, correspondientes a fosas alargadas y subc ilíndricas de forma irregular, con una matriz de color café oscuro que permitía delimitar la fosa del resto del sedimento que caracterizaba la depositación estratigráfica natural del sitio. Dentro del material artefactual, dominan principalmente las piezas cerámicas completas (n=199), asociadas a los distintos conjuntos en un promedio de 5 piezas por cada uno, Sin embargo, varios de los entierros, principalmente los asociados a restos óseos humanos superan el número de 7 vasijas. En cuanto al material lítico, su presencia era bastante inferior, no superando los veinte artefactos entre lascas, artefactos de molienda y cantos, además de 2 pipas, 2 torteras y 4 casos de evidencias de quema asociadas a los depósitos. Del total de conjuntos evidenciados por los investigadores, en el marco de esta investigación, se seleccionaron los siguientes como parte de la muestra: a) Conjunto 11: Corresponde a la tumba de un individuo adulto joven de sexo

masculino, enterrado decúbito lateral izquierdo, en orientación N-S, asociado a piezas dentales correspondientes a un segundo individuo, los que yacen entre los cerámicos del extremo sur de la fosa. El ajuar funerario está compuesto por 14 ceramios, dispuestos en el lado este de la fosa. b) Conjunto 12: Corresponde a la tumba de un individuo adulto joven de sexo

femenino, en posición de cúbito lateral derecho y orientación N-S, con el cráneo ubicado hacia el sur y la mirada hacia el este. El ajuar funerario, se compone de 8 ceramios, entre los que destaca un jarro asimétrico con decoración negativa radiada, además de 3 cantos rodados y un fragmento de cerámica.
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c)

Conjunto17: Pozo ofrenda de forma subcilíndrica, de 45 cm de diámetro y 50 cm de

profundidad. Aquí no se registraron restos óseos humanos, evidenciándose 5 ceramios, dispuestos en distintos niveles y 2 cantos rodados percutidos, depositados en el fondo de la fosa. 5.4. Sitio Escuela de Collico 1 (960 d.C.) (Mera y Munita 2006): Los antecedentes relatan que el sitio habría sido excavado por primera vez, el año 1995 por el Fundador del Museo Municipal de Loncoche, producto de la construcción de la Capilla de la localidad, donde se recuperó un número de 77 vasijas que fueron depositadas en el Museo antes mencionado. El estudio de las colecciones cerámicas, efectuado en el marco del proyecto Fondecyt 1440326, incentivó a la identificación del sitio y la proyección de una excavación del mismo. El sitio se emplaza en la localidad de La Paz, en una cota de 93 msnm, en la ladera de exposición norte de uno de los cerros que conforman el Valle del río Collico, tributario del Cruces, sección media de la Cuenca de Valdivia (Mera & Munita, 2006). Según Adán et al., (2007). Este sector correspondiente a la porción septentrional y montañosa de la cuenca, se encuentra dominada geomorfológicamente por la formación del cordón MahuidancheLastarria, en un área distanciada de los grandes cursos fluviales que delimitan la cuenca interior, denominada depresión occidental o cuenca "San José-Cruces", la cual se conforma como un plano depositacional extenso, relativamente bajo y afectado por una tectónica de hundimiento, que ha sido cubierto por depósitos volcánicos, correspondientes al período post-glacial. En el área de emplazamiento del sitio, se configuran las regiones Vegetales del Bosque Caducifolio y Laurifolio, que de acuerdo a Donoso (1981), estaría representado principalmente, por los tipos forestales Roble-Raulí-Coihue y Siempreverde,

manifestándose una composición florística dominada principalmente, por especies del género Nothofagus, como el Raulí y Roble, además del Laurel y Lingue acompañados de Ulmo, Olivillo y Avellano. Mientras que en otros sectores, se observa un aumento de diversidad florística evidenciándose, Tineos, Tepa, Luma, Canelo y Tiacas, acompañado de un componente arbustivo, definido por Quila, Tepú, Quicha y otras Mirtaceas.
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En términos contextuales, el sitio presentaría una ocupación bicomponente, correspondiente a un cementerio de adscripción alfarera temprana, asociada a un asentamiento a cielo abierto del Período alfarero Tardío (Mera y Munita, 2006). En lo que nos concierne, la excavación del componente temprano, resultó en el reconocimiento de 4 rasgos fúnebres, depositados entre 50 y 70 cm de profundidad, cuyas fosas presentaban una matriz de textura, color y sedimentología distinta al nivel estratigráfico circundante, representado por un sedimento de textura limo-arcillosa con arena fina, de color café rojizo anaranjado, estéril en la presencia de materiales culturales, salvo en los sectores en los que se distingue la remoción del terreno producto de los entierros. Del contexto fúnebre, se recuperó un total de 11 vasijas en asociación a fragmentos de esquisto no modificados y distintos eventos de quema en la mayor parte de las fosas, además de un posible piso habitacional, reconocido por un fragmento de mano de moler y un manchón de color café violáceo, compuesto de varios restos de carbón de gran tamaño, un fragmento cerámico. Del total de conjuntos evidenciados por los investigadores, en el marco de la presente investigación, se seleccionaron como parte de la muestra los siguientes rasgos: a) Tumba 1: fosa de forma subcircular, definida por sedimentos arenosos no

compactos, con contenido orgánico y de coloración oscura, que se representaba entre los 60 y 90 cm de profundidad. En este rasgo, se recuperaron 3 vasijas completas, un fragmento de esquisto micáceo, asociados a dos piezas dentales y abundantes espículas de carbón. b) Tumba 2: fosa de forma subovalada, con un eje de orientación N-S, definida por un

sedimento de textura arenosa y orgánica suelta, que comienza de manifestarse a los 35 cm de profundidad, donde se identificaron las ofrendas consistentes en 4 vasijas completas, una lasca espesa de andesita y 2 fragmentos pequeños de esquisto micáceo, todas depositadas en la base del rasgo, a los 50 cm).

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CAPITULO 6
RESULTADOS

6.1. Caracterización general de la manifestación de improntas de hojas en las vasijas estudiadas. Las impresiones foliares estudiadas se manifestaron en el soporte material de las 44 vasijas que integraron la muestra cerámica analizada, las cuales responden en términos morfofuncionales a botellas (9,1%), tazas (11,4%), cuencos (4,5%), ollas (18,2%), jarros simétricos (50%) y asimétricos (6,8%), tal como se presenta en la Tabla 8. La totalidad de las piezas sometidas al estudio, independiente de su morfotipo, presentaron improntas de hojas en su superficie exterior, reconociéndose un promedio de 21 impresiones foliares externas por vasijas, aunque los rangos de frecuencia entre las piezas variaban entre 5 y 54 improntas por pieza. Una situación similar presentó la expresión de este rasgo en las paredes interiores de las piezas; en la mayor parte del conjunto se logró reconocer su presencia de manera independiente de la categoría formal de la vasija, salvo en el caso de una taza proveniente del sitio Los Chilcos, donde no fue factible identificar impronta alguna, en esta superficie. Esta manifestación en la superficie interior de las piezas estudiadas, no presentó mayor variación en términos de frecuencia respecto a las evidenciadas en la cara externa, representando en concreto el 40% del total de las impresiones foliares registradas, con un promedio de 14 especímenes por vasija y con una representación que distó entre 0 y 40 improntas. Otro elemento interesante a considerar, es la expresión conjunta de improntas de hojas en negativo con manifestaciones decorativas formales identificadas en el caso de 5 piezas registradas en los sitios Pitrén (n=1) y Licanco Chico (n=4); entre las cuales, tal como se presenta en la Tabla 9, se evidenciaron las modalidades de decoración por modelado, líneas incisas en el cuello y llamando especialmente la atención, el caso de un jarro asimétrico proveniente del último sitio mencionado, el cual presentó la técnica negativa por diseños

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geométricos en asociación a impresiones foliares tanto en la cara interior como exterior de la pieza (Figura 9).

Figura 9: Jarro asimétrico procedente del sitio Licanco Chico, el cual presenta la expresión conjunta de impresiones foliares y decoración mediante técnica negativa con diseños geométricos. a) Vista lateral de la pieza, se observa sus características formales; b) sección trasera de la pieza, se distingue la presencia de negativos lineales convergentes; c) sección frontal de la pieza, se reconocen algunas de las impresiones foliares que presenta la vasija.

SITIOS ARQUEOLÓGICOS Los Chicos (n) Botellas Cuencos TIPOS CERÁMICOS 1 0 % 20 0 0 60 0 20 100 Pitrén (n) 1 1 1 5 3 0 11 % 9,1 9,1 9,1 45,5 27,3 0,0 100 Licanco Chico (n) 2 0 2 11 3 3 21 % 9,5 0,0 9,5 52,4 14,3 14,3 100 Escuela Collico 1 (n) 0 1 0 3 2 1 7 % 0,0 14,3 0,0 42,9 28,6 14,3 100 de TOTAL (n) 4 2 3 22 8 5 44 % 9,1 4,5 6,8 50,0 18,2 11,4 100

Jarros asimétricos 0 Jarros simétricos Ollas Tazas TOTAL 3 0 1 5

Tabla 8: Categorías morfofuncionales de las vasijas con improntas de hojas en negativo que componen la muestra estudiada.

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DECORACIÓN CERÁMICA Línea incisa (n) 1 0 0 1 0 0 2 % 25,0 0,0 0,0 4,5 0,0 0,0 4,5 Total Negativo piezas geométrico decoradas (n) 0 0 1 0 0 0 1 % 0,0 0,0 33,3 0,0 0,0 0,0 2,3 (n) 1 0 3 1 0 0 5 % 25,0 0,0 100 4,5 0 0 11,4 TOTAL Sin PIEZA decoración S (n) 3 2 0 21 8 5 39 % 75 100 0 95 100 100 89 (n) 4 2 3 22 8 5 44

Modelada (n) Botellas Cuencos TIPOS CERÁMICOS Jarros asimétricos Jarros simétricos Ollas Tazas TOTAL 0 0 3 1 0 0 4 % 0,0 0,0 100, 0 4,5 0,0 0,0 9,1

Tabla 9: Técnicas decorativas asociadas a la manifestación de improntas de hojas en negativo en las vasijas estudiadas.

De acuerdo a lo anterior, la presencia de improntas de hojas en negativo en la muestra estudiada, confirma la idea de la amplia expresión de este rasgo en la alfarería, manifestando además el hecho de que ésta no se reduce a determinados tipos formales, o tan sólo a piezas monócromas. Constituyéndose en consecuencia, como una amplia fuente de registro de los restos vegetales empleados por las poblaciones Pitrén y por ende, como elementos potencialmente aptos para el desarrollo de estudios arqueobotánico. 6.2. Evaluación del potencial de estudio de las improntas de hojas en la alfarería como material arqueobotánico. El registro de las improntas en las vasijas estudiadas, dirigido a la caracterización de los individuos, en cuanto a su calidad y potencial identificatorio, permitió reconocer a simple vista, en el conjunto de piezas un total de 1.545 impresiones foliares, de las cuales 926 corresponden a improntas manifestadas la superficie exterior y 619 en el interior de las vasijas (ver Tabla 2). En general el conjunto de improntas, manifiesta una importante variabilidad en cuanto a la nitidez de las mismas, elemento que influye directamente en la factibilidad del

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reconocimiento de su presencia y por ende, en el adecuado registro de sus atributos morfométricos, que hicieran posible su atribución taxonómica.

6.2.1. Factibilidad de registro de atributos morfométricos Superficie exterior  Nitidez

Las improntas de hojas emplazadas en la superficie exterior de las vasijas estudiadas, evidencian una distribución relativamente homogénea en términos porcentuales de los niveles de nitidez (Gráfico 3), que facilitan o dificultan la visibilidad del componente arqueobotánico. Se reconoce un patrón común en las vasijas de los sitios Escuela de Collico 1, Pitrén y Licanco Chico, determinado por la abundancia de improntas de hojas con una baja nitidez, que varía entre un 61% y un 71% de las muestras, mientras que por su parte en el sitio Los Chilcos, esta situación es menor, pues las improntas con bajo nivel de nitidez no sobrepasan el 44% de las muestras. De esta manera, el 63% de las improntas de hojas evidenciadas en el conjunto total de las vasijas estudiadas, no presentarían niveles de visibilidad suficientes para su determinación identitaria en términos taxonómicos, debido a que su empleo estaría condicionando su potencial de uso como material de estudio arqueobotánico. Pese a esto, existe un componente muestral del 38% registrado en el conjunto de vasijas estudiadas, que presentan características de nitidez con niveles medio y alto, cuya mayor parte de sus rasgos anatómicos, son potencialmente registrables en función de su determinación taxonómica, lo que se establece como una ventaja favorable para el desarrollo de este tipo de estudios, tales que permitan la identificación de especies manifestadas por medio de sus especímenes foliares en la alfarería Pitrén y los necesarios acercamientos interpretativos.

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NITIDEZ Improntas de hojas, superficie exterior
420 400 380 360 340 320 300 280 260 240 220 200 180 160 140 120 100 80 60 40 20 0

(N) iMPRONTAS

61% Baja 71% Media Alta 33% 25% 9%

66%
44% 42% 14%

24%
5% 3%

Los Chilcos

Collico 1
SITIOS

Pitrén

Licanco chico

Gráfico 3: Niveles de nitidez de las improntas de la superficie exterior por sitio.

Factores que influyen en la disminución del potencial identificatorio (exterior).

La nitidez de las improntas como elemento fundamental para el óptimo registro morfométrico de los rasgos foliares y en consecuencia para el reconocimiento e identificación taxonómica de los mismos, está determinada por una serie de factores que dificultan su visibilidad y accesibilidad (Tabla 10). Estos factores serían producto de fenómenos asociados, tanto al proceso de manufacturación propia de la vasija como determinante de la morfología misma de la pieza, del proceso tecnológico asociado a la configuración del negativo de la hoja y del estado de conservación en el que se encuentra la pieza. Los que constituyen en consecuencia los elementos condicionantes en el resultado de la calidad del negativo: a) Superposición de improntas: Este fenómeno podría estar asociado al proceso de configuración de los negativos sobre la pieza, en el momento de exposición de la misma a una atmósfera de tipo reductora,
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causante del oscurecimiento de las superficies de la vasija. Entonces, las paredes de las piezas pueden haber estado en contacto con restos vegetales, en este caso hojas, que quedarían impresas en las paredes, debido a que su presencia cumpliría la función de cubierta protectora, dejando el área libre del monóxido de carbono. En muchos casos, la distribución de las hojas parecen estar dispuestas de manera aleatoria, provocando que en ocasiones los especímenes foliares quedaran superpuestos, unos con otros, impidiendo que visualmente sea difícil distinguir los límites entre una y otra hoja (Figura 10-A). En el caso de las vasijas estudiadas, este fenómeno se expresa como condicionante en la mayor parte de los casos, correspondiente a un 72% del total muestras, independiente de los grados de nitidez. b) Coloración o contraste: De la misma forma que el factor anterior, la coloración estaría determinada por el proceso de configuración del negativo sobre la pieza, ante la exposición de la misma a una atmosfera reductora. Sin embargo, más allá del emplazamiento de las hojas como material protector temporario, la condicionante establecida como coloración estaría relacionada con la intensidad con la que el monóxido de carbono se impregnó en las paredes y la calidad de la hoja como cubierta protectora. Un 81% de las improntas registradas en la totalidad de las vasijas estudiadas, evidencian que su nitidez está influenciada por este fenómeno, es decir, que presentan cierto grado de dificultad para su reconocimiento, por existencia de un bajo contraste en la configuración figura-fondo; aspecto que se ve agudizado principalmente en vasijas con una nitidez baja y media (Figura 10 -B).

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A

B

Figura 10: Factores que afectan la nitidez de las improntas. (A) Se evidencia una superficie cubierta por impresiones foliares con distintos grados de nitidez, que presentan una clara superposición de los individuos y variaciones en la coloración pieza-hoja; (B) se evidencia una impronta de hoja con un nivel de nitidez muy bajo, afectada por factores de coloración y erosión de la superficie.

c) Impronta incompleta por fractura de la pieza: Fenómeno asociado fundamentalmente, al estado de conservación de las vasijas y la imposibilidad de registrar la totalidad de los atributos morfométricos de las hojas, debido a la ausencia de parte de la vasija en sectores donde se habría impreso especímenes foliares. Esta situación es observada en un 13% de la totalidad de las muestras, fundamentalmente en improntas categorizadas según su nitidez principalmente en un nivel bajo (20%) y en menor medida medio (0,7%), hecho directamente relacionado con la factibilidad de su registro. d) Impronta incompleta por anatomía propia de la pieza: El emplazamiento de la impronta en la vasija, se manifiesta como determinante de la nitidez de la misma y la factibilidad de su respectivo registro morfométrico, en casos cuando la impronta se ubica en sectores donde se interrumpe la superficie de la vasija por las características anatómicas de la misma. Esta situación se presenta fundamentalmente en bordes, asas y bases, donde la hoja sobrepasa los límites de la pieza, por ejemplo en casos donde la hoja es de una dimensión mayor que el ancho del asa. En las vasijas estudiadas, este fenómeno se observa en un 14% de las muestras, representado casi exclusivamente en muestras con nivel de nitidez bajo (22%) y con una
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mínima manifestación en improntas con una nitidez media (0,4%) que, al igual que en el factor anterior, presenta estrecha relación con la factibilidad del registro. e) Ubicación de la impronta en punto de inflexión: La factibilidad del registro morfométrico de la impronta, se complejiza en casos cuando la impronta, si bien se observa completamente, su ubicación se establece en puntos de inflexión de la pieza, tales como las intersecciones cuello-cuerpo, cuerpo-base, cuello o cuerpo-asa, etc. debido a que existe una notoria alteración visual de la forma de la hoja a causa de la curvatura, lo que dificulta además el óptimo registro métrico. Este factor fue identificado en un 8% del total de las muestras, concentrándose principalmente en improntas categorizadas con un grado de nitidez bajo (11%) y en frecuencias porcentuales mucho menores para los casos categorizados en niveles medios y altos con un 2% y un 4% respectivamente. Cabe destacar que este problema, se establece a una escala mucho más amplia, si se considera que la curvatura misma de las paredes de las vasijas, son un factor de alteración por sí mismo, si bien la notoriedad de ésta, es mucho menor que en los casos en que la impronta se ubica en un punto de inflexión, es necesario precisar, para éste estudio, que no es lo mismo registrar especímenes foliares en una superficie con algún grado de curvatura que aquellas completamente planas, como es el caso del trabajo con la muestra de referencia, en el que fueron medidos los atributos morfológicos a partir de hojas prensadas para su conservación en herbarios. f) Erosión de la superficie de la pieza: El estado de la pieza, en cuanto a la existencia de desgaste o erosión de sus superficies, se presenta como un factor determinante en la distinción de las improntas, como una de las causantes de la disminución de la nitidez de las impresiones. La erosión de la pieza en algunos casos, resulta del desprendimiento de material de las superficies, impidiendo la observación de los rasgos que la conformaban originalmente. Esta situación fue evidenciada en un 28% de las muestras registradas y presente en los tres niveles de nitidez, pero con una distribución porcentual que predomina en improntas con

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nitidez baja y media, representándose con 27% y 32% respectivamente y decrece en improntas con una nitidez alta con un 19%.
FACTORES INFLUYENTES EN LA NITIDEZ
TOTAL MUESTRAS Impronta incompleta (anatomía de la pieza) ubicación en punto de inflexión Impronta incompleta (Fractura) Erosión superficie Superposición de improntas Coloración de la superficie

NITIDEZ

(f) LOS CHILCOS Alta Media Baja TOTAL Alta ESCUELA DE COLLICO 1 Media Baja TOTAL Alta Media Baja PITRÉN TOTAL alta media baja TOTAL 11 29 39 79 10 30 96 13 6 12 45 12 5 18 2 3 71 19 8 27 2 66 9

% 79 64 83 75 67 68 83 78 86 74 69 71 12 56 84 70 72

(f) 8 26 41 75 13 40 10 6 15 9 9 42 14 3 19 4 11 98 19 0 29 9 72 7

% 57 58 87 71 87 91 91 91 64 69 79 75 44 77 81 77 79

(f) 0 2 10 12 0 0 19 19 0 0 44 44 0 0 43 43 11 8

% 0 4 21 11 0 0 16 11 0 0 24 17 0 0 18 11 13

(f) 0 1 13 14 0 1 21 22 0 0 17 17 0 0 51 51 10 4

% 0 2 28 13 0 2 18 13 0 0 9 7 0 0 22 13 11

(f) 0 2 4 6 3 3 15 21 1 0 12 13 0 0 34 34 74

% 0 4 9 6 20 7 13 12 7 0 7 5 0 0 14 9 8

(f) 0 0 5 5 5 8 27 40 0 3 15 18 8 77 107 192 255

% 0 0 11 5 33 18 23 23 0 5 8 7 32 61 45 49 28

(N) 14 45 47 106 15 44 116 175 14 61 182 257 25 127 236 388 926

SITIOS ARQUEOLÓGICOS

TOTAL GENERAL

Tabla 10: frecuencias de los factores influyentes en la disminución nitidez de las improntas en las vasijas (superficie exterior).

LICANCO CHICO

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Superficie interior  Nitidez:

Las improntas de hojas evidenciadas en la superficie interior de las vasijas estudiadas (Gráfico 4), manifestaron niveles de nitidez, categorizados principalmente en las escalas media y alta en todos los sitios (63%). Los porcentajes de improntas asociadas a estos niveles, poseen una distribución homogénea en los sitios Escuela de Collico-1 y Los Chilcos, dado que los conjuntos de ambos componentes de impresiones foliares, presentaron respectivamente un 74% de especímenes con niveles de nitidez medio o alto. Este aspecto disminuye paulatinamente en el sitio Pitrén con un 68% y se agudiza en las improntas de las piezas de Licanco Chico, las que alcanzan sólo un 48% de niveles de nitidez, que otorgarían un potencial identificatorio apto para el buen registro de las características anatómicas de los especímenes foliares. Lo que en consecuencia indica, que parte importante de las muestras evidenciadas en las caras internas de las piezas, presentan condiciones que las hacen potencialmente identificables en términos taxonómicos.

NITIDEZ Improntas de hojas, superficie interior
260 240 220 200 180 160 140 120 100 80 60 40 20 0

(N) IMPRONTAS

50% 32% Baja 26% 25% 36% Media 28% Alta

26% 30% 44%
Los Chicos

49% Collico 1 SITIOS

32% Pitrén

22% Licanco Chico

Gráfico 4: Niveles de nitidez de las improntas de la superficie interior por sitio.

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Factores que influyen en la disminución del potencial identificatorio (interior).

Si bien las improntas de hojas evidenciadas en la superficie interior de las vasijas estudiadas presentan un importante potencial de identificación taxonómica, de acuerdo a los niveles de nitidez que presentan las muestras, su registro se ve afectado fundamentalmente por la ubicación de la impronta en la pieza, estableciéndose como la principal condicionante para su estudio. El emplazamiento de la impronta en las paredes internas de las vasijas, enfrenta al investigador a la imposibilidad del debido registro métrico, a causa de la inaccesibilidad de los instrumentos utilizados para el mismo, lo que se suma a que en muchos casos, la escasez de luminosidad en el interior de la pieza reduce las condiciones de visibilidad de las impresiones, elemento fundamental para el reconocimiento de las características formales de los especímenes foliares. En este sentido, factores como la erosión de la superficie interna de la pieza, la coloración, la superposición de improntas, etc., pasarían a un segundo plano. En base a esto, las improntas foliares manifestadas en la superficie interior de las piezas analizadas, debieron ser descartadas del análisis dirigido a la determinación taxonómica, dada la imposibilidad del adecuado registro de los caracteres morfométrico de los especímenes foliares, al igual que el 62% de las impresiones de hojas evidenciadas en la superficie exterior de las piezas, que presentaron bajos niveles de nitidez y que por ende no hicieron factible el reconocimiento de los atributos morfométricos necesarios para su identificación. De acuerdo al análisis de evaluación de la calidad y potencial identificatorio de los especímenes foliares impresos en las piezas estudiadas, se reconoció un total de 352 improntas de hojas potencialmente identificables, correspondientes a aquellas, cuyos rasgos morfométricos pudieron ser registrados.

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6.3. Identificación taxonómica de los especímenes foliares 6.3.1. Segregación de la muestra Tras la evaluación del potencial de identificación de los especímenes foliares impresos en la alfarería y consecuente determinación del componente muestral arqueológico factible de ser asociado taxonómicamente a la muestra de referencia, mediante la comparación de sus atributos morfométricos, se procedió al sometimiento de ambos tipos de muestras al proceso de segregación, descrito previamente en la sección 4.3.1. Por medio de la operativización de esta primera etapa del análisis -previa a la determinación taxonómica misma-, se establecieron agrupaciones de acuerdo a criterios de correspondencia morfotípica y morfométrica, entre los especímenes foliares arqueológicos y botánicos actuales, asociando cada individuo evidenciado en las vasijas, a todas las especies con las que se compartían criterios generales en cuanto a forma y tamaño. A partir de esto, se obtuvo como resultado inicial, el establecimiento de conjuntos de correspondencia formal de cada muestra arqueológica con hasta 7 especies de la muestra de referencia, las que se presentan en consecuencia, como una serie de posibilidades de atribución taxonómica a los individuos de origen arqueológico. Del establecimiento de estas asociaciones preliminares (Tabla 11), se desprende una correlación formal evidenciada entre las muestras botánica y arqueológica, que resulta bastante diversa en cuanto a las posibilidades de asignación taxonómica que adquiere cada una de las improntas. Esto responde a lo esperado respecto a la definición de morfotipos, otorgada previamente, y la que en si misma otorgó como objetivo a este análisis, el establecimiento de la agrupación de individuos de acuerdo a sus características morfotípicas y de tamaño, con el fin de reconocer patrones formales entre las muestras que permitieran discriminar aquellas que distasen radicalmente a aquellas presentes en la muestra arqueológica. Por consiguiente, es necesario recordar que este acercamiento se configura sólo como un primer paso en la aproximación de la determinación taxonómica de los especímenes foliares impresos en la alfarería Pitrén y no se constituyen como las identificaciones mismas.

74

En consecuencia del análisis realizado, fue posible acotar la muestra de referencia botánica de 76 a 28 especies, las cuales se reconocieron como potencialmente asignables en términos taxonómicos a los especímenes arqueológicos impresos, de acuerdo a la existencia de patrones de similitud en términos de los morfotípicos y morfométricos entre los componentes muestrales botánicos y arqueológicos. De lo anterior llama la atención que las especies que mostraron correspondencia formal a la muestra arqueológica, se constituyen todas como plantas leñosas de tipo arbóreo o arbustivo, descartándose todas las correspondientes a rastreras, trepadoras, helechos, herbáceas y bambuáceas contenidas en la muestra, sumadas a algunos otros arbustos y árboles.

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ASOCIACIÓN ENTRE MUESTRAS POR POTENCIAL CORRESPONDENCIA TAXONÓMICA
MUESTRA BOTÁNICA FAMILIA NOMBRE CIENTÍFICO NOMBRE COMÚN MUESTRA ARQUEOLÓGICA

(f) frecuencia individuos % del total de la potencialmente muestra asignables 51 161 13 34 54 92 10 2 92 19 60 41 1 1 15 22 22 43 60 22 69 66 14,5 45,7 3,7 9,7 15,3 26,1 2,8 0,6 26,1 5,4 17,0 11,6 0,3 0,3 4,3 6,3 6,3 12,2 17,0 6,3 19,6 18,8 3,4 7,1 28,1 3,7 5,7 7,4 3,7 96,3

Aextoxicaceae

Aextoxicon punctatum Berberis congestiflora

Olivillo Michay Calafate Maqui Patagua Ulmo Guindo Santo Pelú Lilén Corcolén Peumo Lingue Tepa Laurel Boldo Arrayán Rarán Raulí Ñirre Coihue Lenga Hualo

Berberidaceae

Berberis darwini Aristotelia chilensis

Eleocarpaceae

Crinodendron patagua Eucryphia cordifolia

Eucryphiaceae Fabaceae

Eucryphia glutinosa Sophora microphylla Azara celastrina

Flacourtiaceae

Azara dentata Cryptocarya alba

Lauraceae

Persea lingue Laurelia philippiana Laurelia sempevirens

Monimiaceae

Peumus boldus Luma apiculata

Myrtaceae

Myrceugenia obtusa Nothofagus alpina Nothofagus antárctica Nothofagus dombeyi Nothofagus pumilio Nothofagus glauca Nothofagus nítida

Coihue de Chiloé 12 Roble Avellano Quillay Natre Canelo 25 99 13 20 26 13 28 taxas 339 individuos

Nothofagaceae Proteaceae Rosaceae Solanaceae Winteraceae

Nothofagus oblicua Gevuina avellana Quillaja saponaria Solanun lugustrinum Drimys winteri

NO ASIGNADAS
TOTAL POSIBILIDADES

Tabla 11: Especies botánicas asociadas como posibilidades de atribución taxonómica de los especímenes foliares de origen arqueológico, de acuerdo a prueba de segregación de las muestras según criterios generales de forma y tamaño.

76

6.3.2. Identificación y nivel de determinación por valores de similitud (δ) y rangos de cercanía. De acuerdo a las posibilidades de atribución taxonómica presentadas anteriormente, se desarrolló un análisis estadístico de tipo correlacional y multivariado, considerando los coeficientes de relación morfométrica, que definieron en términos de valores las características morfométricas de los especímenes foliares estudiados (Ver sección 4.4.: Determinación identitaria de los especímenes foliares). A este análisis, fue sometida la totalidad de las muestras arqueológicas que evidenciaron la factibilidad de ser identificadas, a partir de los procedimientos previos (n=339), junto a la totalidad de especímenes que componen la muestra de referencia botánica que se ajustaron a las características morfotípicas de las impresiones foliares (28 taxas, ver Tabla 11). A partir de esto, fue posible determinar la existencia de distintos niveles de correspondencia entre los componentes de ambas muestras, que permiten sugerir la identidad taxonómica de un total de 265 individuos impresos en las vasijas estudiadas, correspondiente al 78% de las muestras sometidas al análisis de identificación (Tabla 12), reconociéndose en concreto, la manifestación de 9 taxas impresas en la alfarería. De lo anterior, cabe destacar que un 95,5% de las muestras analizadas, presentaron valores de similitud (δ) con determinadas especies de la muestra de referencia botánica, que las estecen en un rango de cercanía medio o alto, lo que significa que las semejanzas en términos morfométricos entre las muestras, sugieren la existencia de filiación parental entre las mismas y permiten desprender la identidad taxonómica de los especímenes impresos de manera bastante confiable. Por su parte, solo el 4,5 de las improntas de hojas, presentaron valores de similitud (δ) que se establecen en rangos de cercanía bajos, por ende cercanos al límite de descarte, lo que obliga a tomar estas atribuciones taxonómicas con cierta precaución. Lo mismo ocurre con algunas muestras que a pesar de presentar una cercanía establecida en un rango medio, manifiestan paralelamente niveles de similitud cercanos entre más de una especie (Tabla 13).

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MUESTRA BOTÁNICA ESPECIE ASOCIADAS Familia Aextoxicaceae Especie A. punctatum (Olivillo)
Individuos arqueológicos asociados (n) % (n)

MUESTRA ARQUEOLÓGICA RANGOS DE CERCANÍA Alto Medio
δ mín. δ máx. (n) δ mín. δ máx. (n)

Bajo
δ mín. δ máx.

23

8,7

23 23 8 8

0 0 0 0

0,97 0,97 0,8 0,8 2 2 4 4 63 63 4 4 1,08 1,08 1,4 1,4 1,23 1,23 1,04 1,04 1,17 1,17 1,8 1,8 1,98 1,98 1,5 1,5 12 12 1,18 1,07 1,36 1,06 1,06 1,76 1,66 1,69 1,71 1,76 2,23 2,23 2,38 2,38

TOTAL 23 8,7 C. Alba (Peumo) 10 3,8 Lauraceae TOTAL 10 3,8 C. Patagua (Patagua)* 4 1,5 Elaeocarpaceae TOTAL 4 1,5 E. cordifolia (Ulmo) 68 25,7 Eucryphiaceae TOTAL 68 25,7 L. apiculata (Arrayán) 21 7,9 Myrtaceae TOTAL 21 7,9 L. philippiana (Tepa) 1 0,4 P boldus (Boldo) 12 4,5 Monimiaceae TOTAL 13 4,9 N. antárctica (Ñirre)* 21 7,9 N. glauca (Hualo) * 34 12,8 2 0,8 Nothofagaceae N. oblicua (Roble)* N. pumilio (Lenga)* 67 25,3 TOTAL 124 46,8 S. microphylla (Pelú) 2 0,8 Fabaceae TOTAL 2 0,8 TOTAL IDENTIFICADAS 265 78,2 No Identificadas 74 21,8 TOTAL GENERAL 339 100 *Los especímenes foliares asignados a estas especies, presentan
botánica a los que también pueden ser asignables (Tabla 13)

5 5 17 17 1 1 8

0,12 0,12 0 0 0,05 0,5 0,12

0,98 0,98 0,6 0,6 0,05 0,5

8 2 2 64

0,12 0,04 0,04

21 0,89 26 2 67 0,89 116 0,1 0,1 189

12

niveles valores de similitud con otros componentes de la muestra

Tabla 12: Rangos de cercanía y valores de similitud, entre muestras asociadas taxonómicamente. ESPECIE PRIMARIA Especie
(n) individuos RANGOS DE CERCANÍA arqueológicos δ mín. δ máx. Rango asociados

OTRAS ASOCIACIONES Especie N. antárctica N. antárctica N. pumilio N. antárctica N. dombeyi N. antárctica N glauca
(n) individuos RANGOS DE CERCANÍA arqueológicos δ mín. δ máx. Rango asociados

C. patagua 4 N. glauca N. oblicua N. pumilio 26 2 67

1,4 1,07 1,36 1,06

1,8 1,66 1,69 1,71

Medio Medio Medio Medio Medio Medio Medio

4 18 21 2 2 14 34

1,83 1,37 1,7 1,41 1,57 1,42 1,49

1,9 1,82 1,98 1,74 1,89 1,68 2

Medio Medio Medio Medio Medio Medio Medio

Tabla 13: Otras asociaciones establecidas entre las muestra en segundo nivel de cercanía.

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La distribución de

los

individuos asignados taxonómicamente,

evidencia una

preponderancia importante de especímenes pertenecientes a la familia Nothofagaceae, la cual representa un 47% del total de las muestras identificadas. Las especies asociadas a esta familia se establecen en rangos de cercanía categorizados desde medio a alto, por ende es bastante factible proponer que su asignación al género Nothofagus es correcta, lo que es reafirmado por la existencia de correspondencias cercanas entre individuos de la muestra arqueológica con otros componentes botánicos pertenecientes al mismo género (Tabla 13Ver Figura Anexo 3-1). Este mismo hecho, permite dudar de la asignación de 4 especímenes a Crinodendron patagua (Patagua), debido a que los valores de similitud que se establecen entre las muestras arqueológicas y la especie, prácticamente se superponen con los valores que presenta la correlación de estos especímenes arqueológicos con Nothofagus antárctica (Ñirre). Si bien, la morfología foliar de ambas especies es distinta, principalmente en aspectos de tamaño y forma de borde; es factible suponer que la cercanía morfométrica establecida entre las muestras, corresponde en primer lugar, a la escasa definición del borde que permitió clasificarlas sólo como S (dentadas), sin poder establecer el detalle de la existencia o no, de lobulaciones en el margen, elemento distintivo para definir con certeza si se trata de Nothofagus Antárctica (Ver Figura Anexo 3-2). Un segundo aspecto que podría influir en la cercanía de los especímenes, sería la selección de la muestra de referencia, dada la utilización de extremos de variación morfológica y un número reducido de ejemplares, elemento que si bien permite conocer la variabilidad de la especie, no hace factible establecer estadísticamente cuál es el comportamiento promedio de forma de la hoja. En este sentido, y dada la importante cercanía entre los distintos componentes del mismo género con las muestras arqueológicas estudiadas, se optó por asignar taxonómicamente a los especímenes en un margen de atribución al género Nothofagus, debido a que si bien existe correlación con determinadas especies del género, se requiere análisis adicional para confirmar que la asignación precisa una u otra taxa del género. Por lo tanto, para su

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tratamiento en este estudio, se acude a la nomenclatura botánica 7, destinada a indicar identificaciones que pudiesen ser discutibles o dudosas y que por lo tanto, requieren del desarrollo de nuevos análisis para su precisión. Continuando con las asignaciones taxonómicas resultantes de los análisis realizados, se evidencia que la segunda familia con mayor representación en la muestra arqueológica, corresponde a Eucryphiaceae, manifestada en un 25,7% de las muestras identificadas, por medio de ejemplares atribuidos a Eucryphia cordifolia, cuyos valores de cercanía entre las muestras reconocidos varían en los rangos alto y medio, lo que permite verificar su presencia en la alfarería con bastante certeza. A lo anterior se suma que en términos morfológicos, el Ulmo, se distingue claramente de las otras especies representadas debido a los caracteres propios que los definen como especie, tales como su tamaño, bordes marcadamente aserrados y base cordada; lo que en definitiva facilitó la atribución de los especímenes foliares impresos correspondientes a esta taxa (Ver Figura Anexo 3-3). Las frecuencias de especies atribuidas a otros restos foliares, disminuye en la representación manifestada en las vasijas estudiada, sin embargo muestran un alto grado de cercanía fundamentalmente en las muestras asociadas taxonómicamente a Aextoxicon punctatum, Sophora microphylla y Laurelia philippiana, correspondientes al 8,7%, 0,8% y 0,4% respectivamente, del total de las muestras identificadas. Al respecto del Olivillo (Aextoxicon punctatum), no es raro pensar que el grado de cercanía que alcanzó la atribución taxonómica de esta especie, al igual que su alta presencia de representación esté asociada fundamentalmente a la cualidad que poseen sus órganos

7

aff.: abreviatura. del epíteto “affinis”, indica que la muestra es similar a determinada especie, pero se duda

que corresponda a esta (p.e. aff. Crinodendron patagua); cf.: abreviatura del epíteto “confer o confrontar con…”, establece que es probable que la muestra corresponda a la especie o género determinado al que se le antepone la nomenclatura, sin embargo no hay certeza de que la asignación sea inequívoca (p.e. cf. Nothofagus cf. Oblicua o cf. Nothofagus Oblicua ); sp. ó spp. atribuye un resto a un género determinado, pudiendo corresponder a una o varias especies del mismo (p.e.: Nothofagus s.p.).

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foliares, en cuanto a la dureza de sus hojas que hipotéticamente funcionarían como una mejor cubierta protectora que otras de láminas más delgadas (Ver Figura Anexo 3-4). Llama la atención esta escasez de muestras asociadas a Sophora microphilla (Pelú), lo que lleva a pensar que posiblemente, un factor fundamental en la reducida frecuencia de sus impresiones, estaría relacionada al tamaño de los foliolos que conforman sus hojas, los cuales no superan 1 cm de largo y 0,5 cm de ancho, lo que probablemente disminuiría las posibilidades de quedar impresas en las superficies de las piezas, dado que el menor tamaño de superficie foliar, la haría menos resistente a la exposición térmica (Ver Figura Anexo 35). En el caso de Laurelia philippiana (Tepa), sus hojas generalmente delgadas, poseen una consistencia coreácea, con cierta dureza y flexibilidad (similar al cuero), y un tamaño promedio de 7 cm. Esto permite suponer que su estructura presentaría condiciones de relativa resistencia a la exposición térmica, sin embargo, es posible que la delgadez de su lámina, influya en que los atributos sean menormente marcados en las impresiones, influyendo en consecuencia en el potencial de identificación taxonómica, siendo posible que algunas de sus representaciones hayan sido descartadas por presentar bajos niveles de nitidez (Ver Figura Anexo 3-6). Por su parte un 7,9% y un 3,8% de los individuos, fueron emparentados a Luma apiculata (Arrayán) y Cryptocarya alba (Peumo), respectivamente, cuyas muestras asociadas presentaron rangos de cercanía distribuidos entre categorizaciones alta y media, que en ambos casos no alcanzaron a superar una distancia de 1,5 en los casos más extremos. Cabe destacar que ambas especies, son reconocidas como especies de hoja dura, por ende su impronta en las vasijas sería potencialmente resistentes a la exposición térmica, por lo que la reducción en las frecuencias en que se representan, en el caso de Luma apiculata puede deberse a su tamaño, dado que por lo general sus foliolos no superan los 2,5 cm (Ver Figura Anexo 3-7); mientras que al parecer el Peumo, sus dimensiones no presentarían este problema, sin embargo el espesor de sus láminas es menor, lo que probablemente incidiría en la reducción en la conservación de sus rasgos en la impresión (Ver Figura Anexo 3-8). El nivel de determinación, que presentaron los individuos asignados a Peumus boldus, es bajo, posicionándose según los valores de similitud, en un rango cercano al límite
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establecido para el descarte, en los 12 representantes arqueológicos asociados a esta especie, que en su conjunto conforman de un 4,5% de las improntas sometidas al proceso de identificación taxonómica. Si bien, su morfología aún es bastante similar a los especímenes actuales de boldo, la alteración morfométrica puede deberse a diversos factores, no pudiendo descartar la posibilidad de que corresponda a otra especie con características foliares similares. Quizás uno de los elementos que pudiesen influir en la imprecisión de la designación taxonómica de esta especie, es la característica estructural del margen foliar propio de la hoja de P. Boldus, el cual presenta forma revoluta, es decir, que tiende a enrollarse hacia el envés de la hoja, por lo que es probable que haya interferido en la impresión foliar sobre las piezas (Ver Figura Anexo 3-9). Respecto a lo mismo, es importante considerar que este rasgo presente en los márgenes del boldo, claramente muestran una variación entre la muestra arqueológica y la botánica, debido a que los individuos que conformaron la muestra de referencia fueron todos sometidos al prensado para su conservación en herbarios, lo que pudiese haber alterado en mayor o menor medida, las dimensiones métricas con las que fueron sometidos a los análisis estadísticos. Por ende, es necesario asumir este dato con las debidas precauciones, para lo cual, su tratamiento posterior será efectuado bajo la denominación de cf. Peumus boldus, de modo de advertir, que no hay certeza de que se trate inequívocamente de esa especie y por lo tanto, corresponde a una determinación taxonómica, necesaria de ser confirmada en posteriores investigaciones. El 21,8% de la muestra sometida al análisis de identificación foliar, no pudo ser asociada a ningún taxón de manera certera, debido a que sus distancias respecto a los índices de relación morfométrica entre las distintas muestras, superaron los 3 puntos de lejanía, lo que de acuerdo a los criterios establecidos en esta investigación, se consideró asumir el descarte de estas muestras ya que podrían alterar la rigurosidad de las asignaciones. 6.4. Región cultural - región forestal: la presencia de especies florísticas en los sitios estudiados. Las taxas evidenciadas en las vasijas sometidas a la investigación, presentaron una distribución respecto a los sitios, que no se manifiesta de manera completamente
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homogénea. Tal como se puede observar en la Tabla 14, fue posible reconocer una mayor diversidad de especies florísticas, en las vasijas de los sitios Pitrén y Licanco Chico, en los cuales se identificó un número de 7 y 6 géneros o especies respectivamente. Por su parte en Escuela de Collico-1 y Los Chilcos, la diversidad taxonómica representada en la alfarería reduce su frecuencia a 4 y 2 taxones vegetales respectivamente. Esta variedad taxonómica manifestada en los distintos sitios, al parecer podría estar teniendo relación con el universo muestral de especímenes foliares identificados en las vasijas de cada uno de los yacimientos, así por ejemplo, en el sitio Los Chilcos en el conjunto de las 5 piezas registradas, se reconoció un total de 106 improntas en la superficie exterior; de las cuales, solo 42 fueron factibles de ser identificadas, atribuidas finalmente a las taxas Nothofagus s.p. (61,9%) y Eucryphia cordifolia (48,6%). Por su parte el sitio Escuela de Collico-1, de un total de 175 improntas registradas en la superficie exterior de las 7 vasijas estudiadas, de las que solo 43 especímenes foliares fueron asignados taxómicamente, representándose entre éstos la manifestación de Nothofagus s.p (44,2%), Eucryphia cordifolia (27,9%), Luma apiculata (25,6%) y Sophora microphilla (2,3%). El sitio Pitrén, otorgó el registro de un total de 257 impresiones foliares, en la superficie exterior de las 11 piezas cerámicas analizadas; de las cuales el número de especímenes, cuya identidad logó ser determinada, no supero las 55 muestras. Entre estas se reconoció la representación de Nothofagus s.p (40%), Aextoxicon punctatum (21,8%), Luma apuculata (18,2%), Eucryphia cordifolia (10,9%), aff. Crinodendron Patagua (5,5%) y Sophora microphylla. Finalmente en el sitio Licanco Chico, del conjunto de 21 vasijas estudiadas, se registró un número de 388 improntas, de las cuales un numero de 125 negativos de hojas fueron asignados taxonómicamente, entre lo que destaca al igual que en los otros sitios, la alta representación de Nothofagus sp. (45,6%) y Eucryphia cordifolia (27,2%), disminuyendo de manera importante la representación de otras taxas, tales como aff. Peumus boldus (9,6%), Aextoxicon punctatum (8,8%), Cryptocarya alba (8%) y aff. Crinodendron patagua (0,8%).

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En consecuencia, el panorama expresado a partir de la variedad taxonómica de los especímenes manifestados en los distintos sitios, pareciera manifestar una estrecha relación con la densidad del componente muestral, lo que lleva a entender que mientras mayor es la muestra analizada en cada sitio, también es mayor la diversidad de taxas identificadas. Pese a esto, la expresión de las especies evidenciadas, claramente presentan un alto nivel de coincidencia entre los sitios, dado que se reconoce la recurrencia de especies que reiteran su aparición en los distintos contextos. Sin embargo, también es evidente que la distribución en la frecuencia de aparición de las distintas especies, no se constituye como un dato absoluto, dada la alta tasa de individuos que no fueron factible de ser identificados, los cuales ascienden a un 71% del total de especímenes foliares registrados, lo que permite suponer que la diversidad y frecuencia de las especies identificadas, no se corresponde necesariamente con la totalidad de las taxas representadas y con el número de veces que cada una de estas fue impresa en las superficies de las piezas. Pese a esto, llama especialmente la atención, la notable presencia que expresan los especímenes correspondientes a Nothofagus sp. y Eucryphia cordifolia en la totalidad de la muestra, alcanzando respectivamente un 47% y un 26% de representación en el conjunto de sitios, destacando además, que coinciden con ser las únicas taxas compartidas en la totalidad de los yacimientos estudiados. Esto permite sugerir que el empleo de estas especies por parte de las poblaciones Pitrén, presenta una alta recurrencia extendida en los distintos espacios ecológicos y se establecen en consecuencia, como especies de selección prioritaria en el proceso tecnológico involucrado en la configuración de las impresiones foliares en la alfarería.

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Tabla 14: Frecuencias de especies asignadas a las improntas de hojas por sitio.

El panorama que presenta este fenómeno observado a nivel de sitios, no es muy distante al comportamiento que manifiestan las distintas especies en las piezas mismas. Tal como es posible observar en la Tabla 15, en el conjunto de vasijas estudiadas, es posible observar la recurrente expresión de más de una taxa por pieza; estableciéndose un promedio de 2,3 especies distintas manifestadas en cada una de éstas. Este hecho, no deja de ser interesante, dado que evidencia de manera inequívoca, que en el proceso tecnológico asociado a la configuración de las improntas de hojas en negativo, se realizó un uso efectivo de distintas especies y que en definitiva implica, el empleo de una diversidad de recursos vegetales en un mismo evento pirotecnológico, que dio como resultado la reproducción de los restos foliares.
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Tabla 15: Especies identificadas en cada una de las muestras cerámicas.

Tabla 16: Frecuencia de manifestación de especies en el conjunto de piezas por sitio.

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Vale la pena insistir en la predominancia de la manifestación de Nothofagus sp. y Eucryphia cordifolia en la mayor parte de las vasijas, las cuales se manifiestan en un 84% y un 66% de las piezas respectivamente (Tabla 16), aspecto que permite confirmar lo planteado anteriormente respecto al establecimiento de una aparente preferencia por el empleo de estas taxas. Esta situación es evidente en el sitio Los Chilcos, donde la totalidad de las improntas que fueron factibles de ser identificadas, correspondieron a estas dos taxas, representándose en el caso de Nothofagus sp. en el 100% de las vasijas del sitio, mientras que Eucryphia cordifolia se manifestó en el 60% de éstas. El panorama que se presenta en el sitio Escuela de Collico-1, presenta una gráfica más o menos similar, donde las impresiones, tanto de Nothofagus sp. como Eucryphia cordifolia, se evidenciaron de igual forma en el 71% de las piezas, incorporándose a éstas, el uso también frecuente de Luma apiculata, la cual se ve manifestada en el 57% de las vasijas estudiadas. Finalmente se observa una representación menor de Sophora microphylla, correspondiente a un individuo impreso en una de las piezas (14%). En el sitio Pitrén, la predominancia de Nothofagus sp. se representa en el 73% de las piezas, seguido por Aextoxicón punctatum, el cual se manifiesta en el 64% de las mismas; disminuyendo en consecuencia la representatividad que Eucryphia cordifolia había presentado en los otros sitios, sin perder de todas formas, la alta proporción en la muestra cerámica, siendo evidenciada en el 55% de las vasijas. De forma paralela, la presencia de Luma apiculata, si bien no alcanza la magnitud de la representación que se observó en Escuela de Collico-1, en este caso, no deja de ser relevante su manifestación en el 27% de la muestra cerámica del sitio, situación que coincide en términos de frecuencia a la evidencia de especímenes asignados a aff. Crinodendron patagua (27%). Finalmente se evidencia la presencia menor de Sophora microphylla y Laurelia philippiana, cada una registradas a partir de 1 individuo en vasijas distintas, alcanzando el 9,1% respectivamente. Por su parte, la manifestación de la variedad de especímenes foliares reconocidos en la alfarería del sitio Licanco Chico, al igual que los revisados anteriormente, se evidencia una notable presencia de Nothofagus sp. en el 90% de las piezas, seguido por Eucryphia cordifolia en el 71% de las mismas. A éstos, se agrega la manifestación de especímenes
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aparentemente correspondientes a aff. Peumus boldus y Cryptocarya alba en el 57% y el 33% de la muestra cerámica; especies que llaman la atención, dado que no habían sido registradas en las piezas de los otros sitios y si bien, la frecuencia de especímenes registrados por pieza, no superan las dos improntas; su alta presencia en el número de vasijas en que fue identificada, no deja de ser un elemento relevante. De acuerdo a lo presentado con anterioridad, es importante destacar que la totalidad de las taxas reconocidas en los sitios estudiados, corresponden exclusivamente a especies con forma de crecimiento de tipo arbóreo, comunes en los tipos forestales del Bosque Caducifolio y Siempreverde, coincidiendo con la vegetación de los amplios márgenes de emplazamiento de los sitios estudiados. Sin embargo la extensión territorial que es posible establecer mediante esta tipificación aún es vaga, siendo importante reconocer aspectos fitogeográfico más específicos de las especies representadas en relación a los sitios estudiados. a) Nothofagus spp. Tal como se ha mencionado previamente, la manifestación de negativos de hojas correspondientes al género Nothofagus, está representada en el 46,8% del total de las muestras identificadas, registrándose en vasijas provenientes de la totalidad de los sitios estudiados con una frecuencia similar porcentual entre los sitios Pitrén, Escuela de Collico1 y Licanco Chico, cuyas piezas manifiestan la presencia del género en un 40%, un 44,2% y un 45,6% respectivamente, mientras que en el sitio Los Chilcos, su atribución supera el promedio de determinación taxonómica de los sitios antes mencionados, manifestándose en un 61,9% de los casos. Cabe destacar que el género Nothofagus corresponde a un conjunto de plantas leñosas y micórricas, que está conformado por aproximadamente 40 especies que se encuentran distribuidas en Sudamérica y Australasia, de las cuales sólo 10 se manifiestan en el territorio chileno entre los 33° a 56° S (Alberdi,1987; Ramírez, 1987). Las especies que han sido reconocidas en las muestras arqueológicas, evidencian una importante correspondencia morfométrica con diversas especies asociadas parentalmente, las cuales estarían atribuidas potencialmente a Nothofagus cf. pumilio, Nothofagus cf. antárctica, Nothofagus cf.

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dombeyi, Nothofagus cf. glauca y/o Nothofagus cf. oblicua, especies que muestran una distribución diferencial en la fitogeografía del área. Nothofagus Pumilio (Lenga), corresponde a una especie adaptada a ambientes con exposición climática extrema, con abundantes lluvias y bajas temperaturas que se distribuye desde el nivel del mar hasta el límite altitudinal arbóreo desde la VII a la XII región (García y Ormázabal, 2008), manifestándose como componente común en los Tipos Forestales de Lenga, Coihue de Magallanes, Roble-Raulí-Coihue, Araucaria y Alerce (Stark, 2006-2007). Estos planos de distribución, coinciden con los lugares de emplazamiento de todos los sitios donde la manifestación de Nothofagus cf. Pumilio se presenta en un 42,9% de los casos identificados en el sitio Los Chilcos, en un 32,6% en Escuela de Collico 1, en un 21,6% en Licanco Chico y en un 14,5% en Pitrén, además de presentar afinidad morfológica (af.) en un 62% de las muestras a Nothofagus cf. glauca (Hualo). Esta última especie por sí misma, ha mostrado cercanía formal directa con ejemplares presentes en todos los sitios estudiados, manifestándose una mayor dominancia de Nothofagus cf. glauca en los sitios Pitrén y Licanco Chico, en los que se manifiesta respectivamente en un 16,4% y un 15,2% de los casos que fueron asignados taxonómicamente, mientras que en los sitios Escuela de Collico-1 y Los Chilcos la representación se disminuye a un 9,5% y un 4,7%. Sin embargo, la atribución de especímenes foliares impresos en las vasijas estudiadas a Nothofagus cf. glauca, es conflictiva debido a que la distribución actual no coincide con el emplazamiento de ninguno de los sitios estudiados, debido a que posee una distribución más septentrional, que las otras especies que se estarían representando en la muestra arqueológica. El Hualo, es un árbol caducifolio que crece fundamentalmente en lugares con fuertes pendientes y con períodos de sequías prolongados, entre los 34°01' en la localidad de Alhué hasta 36°32' S en la región del Bio- Bio, alcanzando una dispersión altitudinal, que va desde los 100 a los 1100 msnm, formado bosques puros en sectores precordilleranos, mientras que en los valles más húmedos, se asocia con Nothofagus obliqua con la que

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forma híbridos, denominados N. leonii y en sectores con mayores altitudes y sitios más sombríos, convive frecuentemente con N. dombeyi y N. alpina (Hechenleitner et al., 2005). En este sentido, la atribución de especímenes foliares impresos en las vasijas estudiadas a Nothofagus cf. glauca, pudiera ser indicador de movilidad de los grupos a regiones más septentrionales, un traslado de piezas desde otras áreas o bien de una distribución más austral de esta especie en tiempos prehispánicos, elemento de lo que hasta el momento no hay evidencias en términos arqueológicos y/o paleo-ecológicos que puedan reafirmar estas ideas. Más aún, si se considera la estrecha cercanía morfométrica que manifestaron los valores de similitud de los especímenes asignados a esta taxa, con otras especies del mismo género; tales como aff. Nothofagus antárctica (n=18) y aff. Nothofagus pumilio (n=21). Es posible suponer que su manifestación puede estar suscrita al problema muestral, resultante de la construcción de la muestra de referencia botánica, en la cual, se priorizó por el empleo de especímenes con variaciones formales y de tamaño extremos, lo que eventualmente ocasionaría el importante cruce entre especies. Por ende, es fundamental la ampliación de la muestra comparativa y selección de otros rasgos, como indicadores en los especímenes foliares, que permitan clarificar su asignación taxonómica a nivel de especie. Otra de las especies pertenecientes al género Nothofagus, asociada morfométricamente a las muestras arqueológicas, corresponde a Nothofagus cf. antárctica, la que sin embargo, se manifestaría en bajas proporciones en todos los sitios; con un 9,5% de las muestras asignadas taxonómicamente en Los Chilcos, con un 9,1% en Pitrén, con un 7,2% en Licanco Chico y un 7% en Escuela de Collico-1. Cabe destacar que el Ñirre (Nothofagus antárctica), presenta una distribución fitogeográfica manifestada en forma discontinua, entre la provincia de Talca y el extremo sur del país. Ocupa además la vertiente oriental Andina en territorio Argentino (Donoso 1978; 1983; Hoffmann, 2005), destacando su capacidad de colonizar biótopos extremos, que están vedados al resto de las especies del género (Ramírez et al., 1985).

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En la depresión intermedia se desarrolla comúnmente, en áreas dominadas por Ñadis 8, distribuidos desde la provincia de Cautín (IX Región), hasta la de Llanquihue (X Región), en la franja continua, al poniente de las cadenas de lagos que dominan el área (Ramírez et al., 1996). En las cumbres de la Cordillera de la Costa, integraría principalmente la vegetación de pantanos turbosos y de turberas altas subantárticas (Ramírez 1968), mientras que en el sector Andino, se localiza fundamentalmente asociado a Mallines (humedales) y en el límite altitudinal del bosque (Ramírez et al., 1985). En este sentido, su dispersión presenta una importante amplitud en los distintos espacios ecológicos, convirtiéndolo por ende, en un recurso potencialmente factible de obtener en radios relativamente cercanos a los sitios en estudio. Aunque con menor frecuencia porcentual, un 0,8% del total de las muestras identificadas serían potencialmente asignadas a Nothofagus cf. Oblicua (Roble, Roble Hualle-Pellín), representándose solo en el sitio Licanco Chico, donde un 1,6% de los casos sometidos al análisis de determinación taxonómica, muestran correspondencia a esta especie, mientras que en los otros sitios, no ha sido posible distinguir su presencia. Cabe destacar que Nothofagus oblicua, se constituye como la especie más común y abundante en gran parte de las regiones central y sur de Chile, distribuyéndose originalmente desde el paralelo 33° hasta el paralelo 41° 30' de latitud sur, en el Llano Central y ambas cordilleras hasta los 1.500 msnm (Donoso, 1979), presentándose en consecuencia como una especie frecuente en la región forestal del Bosque Caducifolio y por lo cual, es bastante factible que se haya manifestado como uno de los recursos disponibles en el área de emplazamiento de los sitios estudiados. En cuanto a los resultados de atribución taxonómica, las improntas foliares asignadas tentativamente a Nothofagus cf. Oblicua, muestran una cercanía métrica y formal con aff. Nothofagus antárctica (n=2) (ya descrita) y aff. Nothofagus dombeyi (n=2). Esta última, se constituye como uno de los elementos arbóreos más representados en los bosques templados, constituyendo el 40% de la biomasa vegetal de las selvas Valdiviana y Nordpatagónica. Ocupa amplios espacios que abarcan desde el llano central desde los 38º
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Corresponden a suelos formados por sedimentos de origen volcánico (cenizas) de formación periglacial que impermeabilizan el terreno, limitando la capacidad de drenaje de las aguas por ende es común que se encuentren anegados en épocas lluviosas (Ramírez et al., 1996).

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hacia el sur, alcanzando alturas hasta los 1200 msnm, tanto en la cordillera de la costa como la cordillera de Los Andes, donde su dispersión longit udinal se extiende entre los 34º 40’ latitud sur y los 48º latitud sur (Schiappacasse, 2007). De acuerdo a esto, el Coihue, se establece en definitiva, como una especie de crecimiento común en los lugares de emplazamiento de los sitios y que probablemente manifestaría una amplia densidad de población en estas áreas. La revisión de la distribución florística de las especies del género Nothofagus que estarían potencialmente representadas en las muestras arqueológicas, evidencian una amplia distribución, que en la mayoría de los casos coinciden con las áreas de emplazamiento inmediata de los sitios estudiados. Sin embargo la importante similitud morfométrica que presentan los especímenes foliares impresos con las distintas especies de estas taxas, dificultan profundizar en interpretaciones que permitan ser más precisos en la selección específica de los recursos pertenecientes a este género que ejercieron las poblaciones Pitrén b) Eucryphia cordifolia La manifestación de negativos de hojas correspondientes a Eucryphia cordifolia (Ulmo), está representada en el total de los sitios estudiados. Representa el 27,5% del conjunto de las muestras arqueológicas determinadas, constituyéndose como la segunda especie con mayor frecuencia de manifestación. Esta taxa presenta una frecuencia porcentual similar en los sitios Los Chilcos, Escuela de Collico-1 y Licanco Chico, cuyas vasijas manifiestan la presencia de esta especie en sus impresiones foliares, en un 38,1%, un 27,9% y un 27,2% respectivamente, mientras que el sitio Pitrén, su presencia fue reconocida sólo en un 10,9% de los casos. En términos fitogeográficos, el Ulmo corresponde a una especie de crecimiento común en las áreas de emplazamiento de los sitios estudiados, su presencia en la región se habría configurado alrededor de los 7.000 años A.P., en momentos que se experimentó la mayor agudización de las condiciones climáticas, tras la última glaciación, correspondiendo al momento más seco y cálido, que habría desencadenado la expansión de especies vegetales de carácter termófilo, capaces de resistir estos profundos cambios climáticos (Villagrán, 1991; Villagrán et al., 1995).

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Actualmente se reconoce, que su dispersión está asociada a lugares húmedos, por lo general en las inmediaciones de los faldeos cordilleranos, tanto en la región costera como Andina, hasta los 700 msnm (García y Ormazábal, 2008), compartiendo hábitat fundamentalmente con especies forestales, como Aextoxicon punctatum y Nothofagus dombeyi, en las regiones forestales de los bosques Caducifolio, en la sub-región del Llano y el Bosque Laurifolio (Gajardo, 1994). En este sentido Eucryphia cordifolia, se establece como un elemento fundamental de la diversidad fitogeográfica del área, constituyéndose como una de las especies más representativas (García, 2005). c) Aextoxicon punctatum La presencia de improntas de hojas de Olivillo, representa el 8,7% del total de las muestras arqueológicas identificadas y está asociada exclusivamente a los sitios Pitrén y Licanco Chico, representando respectivamente al 21,8% y 8,8% de las improntas asignadas taxonómicamente. Cabe destacar que Aextoxicon punctatum, posee una amplia distribución en el área, vinculado fundamentalmente a sectores húmedos, donde constituye formaciones cerradas de poblamientos casi puros en zonas costeras (García y Ormazábal, 2008), y de forma semiabierta en la vertiente oriental de la Cordillera de la costa y vertiente Andina hasta los 700 msnm (Quintanilla, 1974), representándose comúnmente en los tipos forestales del Bosque Caducifolio, Laurifolio y Siempre Verde (Gajardo, 1994), por tanto coincide con los sectores de emplazamiento de los sitios. d) Luma apiculata La manifestación de improntas de hojas, asignados taxonómicamente a Luma apiculata (Arrayán), representa el 7,9% de las muestras identificadas y está asociada exclusivamente a los sitios Escuela de Collico-1 y Pitrén, representando respectivamente al 25,6% y 10,9% de las muestras identificadas en cada uno de estos contextos. La distribución fitográfica de esta especie, evidencia un potencial de ocupación en todos los sitios estudiados, debido a que es reconocida como uno de los componentes florísticos más comunes de los bosques templados, desde los 33°06’S hasta los 45°30’S. Se asocia principalmente a cuencas fluviales y lacustres en sectores de mayor humedad (Caldiz et al., 2004), configurándose como una especie de crecimiento común, tanto en las regiones
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vegetales del Bosque Caducifolio como Laurifolio, coincidente con la localización de los sitios. Este hecho llama especialmente la atención la atención, dada la ausencia de adscripciones taxonómicas a esta especie en sitios como Los Chilcos y Licanco Chico, más aún si se considera que las improntas foliares de Arrayán, presenta una alta frecuencia de representatividad en un número importante de piezas del sitio Escuela de Collico-1, lo que permite pensar que su ausencia en los otros sitios, pueda estar ligada al importante número de improntas foliares en todos los sitios que no pudieron ser identificadas por su bajo nivel de nitidez, por ende no se puede descartar la presencia de esta especie en dichos contextos y probablemente en densidades mayores. e) Aff. Peumus boldus Las improntas de hojas que manifestaron similitud morfométrica con Peumus boldus, constituyen un 4,5% del total de las muestras identificadas en la totalidad de los sitios, sin embargo, su presencia es reconocida sólo en el sitio Licanco Chico, equivalente al 9,6% de las impresiones foliares que fueron factibles de ser asignadas taxonómicamente. Si bien estas atribuciones se mantienen en cierto nivel de duda, dado el bajo rango de cercanía que presentaron los valores de similitud entre las improntas y la muestra de referencia correspondiente a esta especie, es necesario destacar que la presencia de hojas de Boldo en el contexto arqueológico del sitio Licanco Chico o su inminente presencia no registrada en los otros yacimientos, no es extraña. Debido a que el plano de distribución geográfica del Boldo, se extiende desde los 30°20´ Latitud Sur a los 41°20´ Latitud Sur, habitando principalmente sectores de características higrométricas, en valles y quebradas con presencia de neblina costera y entre las ambas, entre los cinco y 1.000 msnm (Montenegro, 2000). Por ende correspondería un recurso abundante en los alrededores de los espacios de ocupación Pitrén. f) Cryptocarya Alba Las impresiones asignadas a hojas de Peumo, corresponden a un 3,8% de las muestras identificadas, provenientes exclusivamente de vasijas del sitio Licanco Chico, donde representa el 8% de las improntas identificadas en este asentamiento y su expresión evidenciada en el 33% de las piezas.
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En términos de la distribución fitográfica de Cryptocarya alba, es coincidente con el área de emplazamiento del sitio, debido a que esta especie es de crecimiento común en quebradas y sitios húmedos, bajo los 1500 msnm, tanto en el valle como en ambas cordilleras (Hoffman, 2005). g) Aff. Crinodendron patagua La asignación a aff. Crinodendron patagua fue otorgada a 4 individuos foliares impresos en las vasijas estudiadas de los sitios Pitrén (n=3) y Licanco Chico (n=1), equivalente al 5,5% y 0,8% de los individuos que fueron factibles de ser atribuidos taxonómicamente en cada uno de los sitios. Cabe destacar que su aparente reconocimiento en la muestra arqueológica, no deja de ser conflictiva, debido al importante cruce que presentan los valores de similitud de las estos 4 especímenes foliares, tanto con esta especie como con distintos taxones del género Nothofagus, los cuales se encuentran prácticamente sobrepuestos; todos en rangos de cercanía morfométrica “media”. Por lo tanto al igual como los especímenes atribuidos a Nothofagus spp., merecen ser contrastados y estudiados más a profundidad. La distribución geográfica de esta especie, agudiza mucho más las dudas respecto a la asignación taxonómica; dado que en la actualidad la Patagua, crece en sectores más septentrionales, desde el río Aconcagua hasta el Bio-Bio, en ambas cordilleras bajo los 1.200 msnm (Stark, 2006-2007). Por lo tanto, se establece en espacios que no coinciden con el plano de distribución conocido hasta el momento para el Complejo cultural Pitrén. Por lo que de confirmarse la certeza de la asignación, estaría involucrando radios de movilidad más amplios hacia sectores más septentrionales que los establecidos actualmente y por ende, la posibilidad de evidenciar la manifestación de improntas de hojas de negativo, en alfarería del Bio-Bio al norte. O bien, que la distribución de esta especie hace al menos unos 1500 años atrás, poseía una expansión más austral que los límites actuales. h) Sophora microphylla La presencia de Sophora microphylla (Pelú), en las piezas cerámicas estudiadas, manifiestan una muy baja representación (n=2) en relación a otras especies,
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correspondiendo al 0,8% del total de las improntas de hojas en las que fue factible reconocer su determinación taxonómica. Siendo evidenciadas en un 2,5 % y un 1,8% de aquellas identificadas en los sitios Escuela de Collico-1 y Pitrén. La distribución geográfica de esta especie, si bien, coincide con el área de emplazamiento de los sitios, presenta mayor abundancia en sectores costeros, fundamentalmente en quebradas húmedas y sombrías, de la Cordillera de la Costa (Rodríguez y Marticorena, 2001). Por lo cual es posible que la disponibilidad de este recurso en los alrededores de los sitios, sea menor que otras especies arbóreas reconocidas en la muestra arqueológica. i) Laurelia philippiana Del total de las colecciones alfareras estudiadas, fue posible identificar sólo un espécimen asignado a Laurelia philippiana (Tepa), impreso en una pieza proveniente del sitio Licanco Chico, correspondiendo al 1,8% de las muestras botánicas reconocidas en el mismo y al 0,4% del total de las improntas asignadas taxonómicamente. En términos de la distribución fitográfica de esta especie, se reconoce que Laurelia philippiana, posee un rango de dispersión que se establece aproximadamente entre los 39°10’ y 45°30’ S (Looser, 1949), desde el nivel del mar hasta más de 1.000 metros de altitud, en ambas cordilleras, habitando preferentemente en lugares húmedos y suelos profundos (García y Ormazabal, 2008), por ende el lugar de emplazamiento del sitio Licanco Chico e incluso los demás sitios estudiados, coinciden con los espacios de ocupación de la Tepa. Si bien el reconocimiento de esta especie en las vasijas estudiadas, se constituye como un hecho aislado, dada la reducida frecuencia de su representación, no es posible descartar la posibilidad de que esta posea una mayor representación que la observada en el registro arqueológico de los sitios estudiados, debido al importante número de improntas en negativo que no fueron factibles de ser reconocidas por los distintos factores que influyeron en la nitidez de las improntas. Cabe destacar, que la manifestación de macrorrestos botánicos en otros contextos arqueológicos del área, no han permitido la determinación de la taxa a nivel de especie (cfr. Lehnebach et al., 2007), siendo común la atribución de la evidencia a nivel de género (Laurelia sp.), pudiendo corresponder tanto a L. philippiana como L. Sempevirens; especies
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que en términos estructurales, muestran importantes similitudes entre sí y que ha llevado a importantes confusiones en su determinación, incluso entre los investigadores botánicos (Looser, 1949). Este aspecto se acentúa, con la capacidad que presentan ambas especies de polinizarse mutuamente, siendo recurrente la formación de híbridos en lugares de coexistencia (Alarcón, 2006). En este sentido, tales niveles de similitud entre ambos representantes del género Laurelia, dificultarían su reconocimiento a partir de los restos arqueológicos. 6.5. Síntesis En resumen, las especies manifestadas por medio de improntas foliares en la alfarería Pitrén de los sitios estudiados, están representadas fundamentalmente por taxas de origen arbóreo, que por lo general, se configuran como recursos vegetacionales propios de los ecosistemas que se establecen en el entorno cercano de lugares de emplazamiento de los yacimientos. Por ende, corresponden a recursos ampliamente disponibles en las esferas de ocupación, que ejercieron estas poblaciones. Respecto a esto, destaca la presencia de especímenes foliares posiblemente

correspondientes a aff. Crinodendron patagua y Nothofagus cf. glauca, cuyo plano de distribución actual, alcanza sectores más septentrionales. En ambos casos los valores de similitud resultaron en el evidente cruce con distintas especies del género Nothofagus, lo que obliga a tomar con precaución el dato de su efectiva presencia en los sitios. Sin embargo, su eventual manifestación indicaría elementos importantes al conocimiento ecológico y cultural del área. Paralelamente, a partir del estudio de identificación taxonómica de las especies manifestadas en la alfarería, destaca la notable presencia de especímenes atribuidos taxonómicamente a Nothofagus sp. y E. cordifolia (Gráfico 5), evidenciadas en la mayor parte de las piezas reconocidas en los distintos contextos; aspecto coincidente con el rango de distribución fitogeográfica y densidad de población que cada una de estas taxas poseen, estableciéndose dentro de los recursos con mayor dominancia en la región.

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Situación distinta es la evidenciada por la representación de Aextoxicon punctatum, especie que manifiesta una completa ausencia en los sitios Escuela de Collico-1 y Los Chilcos, contraria a la expresión que presenta en el en el 60% de las piezas del sitio Pitrén y el 29% de las provenientes del sitio Licanco Chico, sobrepasando en el primero incluso a E. cordifolia en el número de piezas en que se representan. Claramente, la ausencia de representaciones de Olivillo en los sitios Escuela de Collico-1 y Los Chilcos, no tiene que ver con una menor disponibilidad de este recurso en el área de emplazamiento de estos sitios, debido a que su crecimiento se establece de manera abundante en toda el área. Por lo tanto, es probable que las bajas frecuencias y eventual ausencia de esta especie en la alfarería Pitrén, este vinculada a los factores de nitidez e identificabilidad de las improntas, elementos que podrían estar afectando los niveles de frecuencia de ésta, como de otras especies. Un comportamiento similar, presentan las manifestaciones de improntas foliares correspondientes a Luma apiculata, la cual es reconocida sólo en los sitios Pitrén y Escuela de Collico-1, descartando en este último su presencia en el 57% de las piezas. Su extendida distribución fitogeográfica en el área de estudio, indica que se corresponde a una especie factible de acceder en los alrededores de los distintos yacimientos, por ende su ausencia en los otros yacimientos no es un tema que deje de llamar la atención. Esto ha llevado a pensar que quizás su ausencia, si bien pueda deberse tal como ha sido planteado anteriormente, a factores de identificabilidad, es posible que también se deba a que las poblaciones de Arrayán, sean demográficamente menores a las especies con mayor representación en la vegetación del área, o bien a criterios de selección cultural de los recursos en que esta taxa, no haya sido prioritaria. Lo mismo puede estar sucediendo con los especímenes asociados taxonómicamente a aff. P. boldus, S. microphylla, L. philippiana y C. alba, que presentaron frecuencias radicalmente menores y asociadas a uno o dos de los sitios estudiados, elemento que no dejan de ser interesantes, debido a que se estaría manifestando el uso de unas especies sobre otras, lo que probablemente indicaría que las poblaciones Pitrén, estarían optando principalmente por aquellas mayormente representadas en el entorno y el uso eventual de recursos con una menor densidad de población.
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Gráfico 5: Frecuencias de representación de las taxas identificadas por sitio.

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CAPITULO 7
DISCUSIONES

Esta investigación se presentó con el fin de reconocer, las potencialidades de identificación taxonómica de los especímenes foliares impresos en la alfarería Pitrén, de modo de evaluar la factibilidad del empleo de estas evidencias como material de estudio arqueobotánico, que permitiera aportar al conocimiento de la relación que establecieron las poblaciones que han habitado la región Centro-Sur del país con su entorno vegetal; cuestión que fue abordada desde una perspectiva exploratoria a través del desarrollo de una propuesta metodológica, que permitiera responder al objetivo principal de la investigación, dirigido al reconocimiento de las taxas, que estarían siendo representadas por medio de la denominada “Técnica de improntas de hojas en negativo”. Para esto, se desarrolló un estudio exploratorio de índole metodológico, que permitió evaluar las características de las impresiones foliares, en cuanto al potencial de registro de los atributos morfométricos, que otorgan los negativos de las hojas representadas en la alfarería. Esta evaluación y consecuente registro inicial, abrió las posibilidades de poner a prueba la factibilidad de determinación identitaria de las especies representadas en la muestra arqueológica, por medio de un proceso sustentado en las bases de la morfología comparada. Para esto, se empleó un análisis estadístico correlacional y multivariado, que permitió establecer valores de similitud, a partir de los índices morfométricos de cada espécimen registrado tanto en el componente arqueológico como en una muestra de referencia botánica. El desarrollo de esta investigación finalmente, otorgó interesantes elementos que reafirman la idea inicial de que las improntas de hojas en negativo, manifestadas en la alfarería Pitrén, se constituyen como una fuente de información importante, para el conocimiento de la interacción que establecieron estas poblaciones con su medio vegetal. Reconociéndose finalmente, el empleo de 9 taxas vegetales, propias del entorno en el que se desarrolló este complejo cerámico.
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A partir de esto, queda evaluar las implicancias que los resultados de esta memoria y la consecuente identificación de las improntas foliares en la alfarería Pitrén otorgan al conocimiento de este complejo cultural, en su relación al medio biótico en que se manejaron y en concreto, a la gestión que ejercieron estas poblaciones sobre los recursos vegetales. Para posteriormente se discutirá y profundizará, en las potencialidades y limitantes del ejercicio metodológico empleado, a modo de otorgar líneas que permitan avanzar en la construcción de un método sólido, para el desarrollo de futuras investigaciones, que sobrepase los déficit propios de un acercamiento exploratorio. 7.1. Improntas de hojas en negativo: Un aporte al conocimiento de modos de adaptación de las poblaciones Pitrén al bosque templado de la región Centro-Sur de Chile. Tal como se ha presentado anteriormente, el análisis de los negativos presentes en el componente cerámico estudiado, desprendió resultados que atestiguan el manejo de a lo menos 9 taxas botánicas por parte de las poblaciones Pitrén, impresas a través de la denominada “Técnica de improntas de hojas en negativo”. Esta evidencia, otorga información importante al conocimiento, tanto de la gestión de los recursos forestales por parte de estas poblaciones, como también de los aspectos tecnológicos asociados a esta manifestación plástica, escasamente investigada. Claramente, las especies representadas en la alfarería en general, son parte del componente vegetacional característico de la composición florística propia de los bosques templados y que en términos de distribución, coincidirían con los lugares de emplazamiento de los sitios. Este hecho que permitiría plantear que la configuración de la denominada “técnica de improntas de hojas en negativo” evidenciada en la alfarería Pitrén, responde a una manifestación que implicaría que estas poblaciones hicieron uso prioritariamente de los recursos disponibles en el entorno. Lo anterior necesariamente involucra un proceso de selección de los recursos y la inversión de fuerza de trabajo para el acceso y empleo de éstos; de lo que se desprende el desarrollo de un determinado modo de gestión de los recursos vegetales, vinculado a los saberes que

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estas poblaciones habrían manejado y configurado en un largo proceso de interacción con el medio circundante. Tal como es posible apreciar a partir de las taxas vegetales evidenciadas en la alfarería, estas poblaciones estarían ejerciendo un criterio de selección, dirigido exclusivamente a especies con formas de crecimiento de tipo arbóreo, atestiguado por la completa ausencia de hojas correspondiente a otros recursos con distintas formas de crecimiento como herbáceas, rastreras, trepadoras, helechos, etc., lo que en consecuencia indica, el empleo de los sub-recursos obtenibles de este tipo de recursos florísticos. Por lo tanto, parece fundamental profundizar en esta instancia, en los potenciales de uso para la acción humana que otorgan las especies evidenciadas en la alfarería, a modo de reconocer los criterios empleados para la selección específica de estas especies por sobre otras, dentro de la inmensa diversidad florística que otorga el Bosque Templado Chileno. a) Nothofagus spp. Las especies del género Nothofagus, se constituyen como algunos de los recursos en el área, cuyo uso ha sido reconocido desde tiempos prehispánicos hasta la actualidad. Cabe destacar, la temprana evidencia de restos vegetales atribuidos a Nothofagus antárctica, Nothofagus dombeyi y Nothofagus oblicua en el sitio Monte Verde, correspondientes a maderas y hojas que atestiguarían su utilización en actividades de construcción y como combustible por las primeras poblaciones que habitaron los Bosques Templados del sur de Chile (Dillehay, 2004). Estas atribuciones funcionales, se mantienen desde entonces hasta tiempos tardíos, tal como se evidencia en el sitio Marifilo-1, donde su presencia fue registrada de manera abundante en forma de carbón, asociado a estructuras de combustión empleadas durante los distintos periodos de ocupación del asentamiento, con una predominancia de restos correspondientes a Nothofagus de tipo caducifolio, durante los momentos de ocupación del periodo alfarero (Lehnebach et al., 2007), lo que estaría indicando un extendido uso de este recurso como material leñoso asociado probablemente a actividades pirotecnológicas. Las referencias del uso tradicional de especies del género Nothofagus como combustible, ha sido documentado por ejemplo, dentro de los estudios realizados por el padre Claude

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Joseph (1928), quien destaca el uso de Roble Pellín9, como combustible para la cocción cerámica en poblaciones Mapuches, debido a que esta leña, produciría muchas calorías en su combustión. A esto se suma el común empleo en la zona sur del Ñirre (Nothofagus antárctica), como leña, dado que también presentaría un alto grado calorífico (Ormazábal y Benoit, 1987). Esto ha sido evidenciado, a partir del estudio experimental realizado por Pérez, Reyes y Hermann (2012), dirigido a reconocer los procesos tecnológicos asociados a la manifestación de improntas en negativo en la alfarería Pitrén. En esta instancia, se empleó madera y hojarasca de Ñirre como material combustible y de ignición para la cocción de la cerámica, resultando en la obtención de temperaturas superiores a los 900º C y un promedio entre 650 y 690º C. Manifestando en concreto, las excepcionales cualidades que presenta esta especie en su capacidad calorífica (Pérez et al., 2012). Por su parte, según atestiguan otras investigaciones, las maderas de Hualle10 (Nothofagus Oblicua), Coihue (Nothofagus dombeyi) y Raulí (Nothofagus Alpina), también poseerían una capacidad térmica, característica de los materiales leñosos categorizados bajo el concepto de “leña blanca”, que se constituyen co mo recursos aptos para su empleo como carbón vegetal (Murúa et al., 1993). Además, Según García y Ormazábal (2008), existen evidencias del uso de Lenga (Nothofagus pumilio) por parte de las poblaciones australes (Selknam y Yaganes), en la fabricación de antorchas y un uso extendido como principal fuente de combustible natural que se mantiene hasta la actualidad en la región de Aysén (García y Ormazábal, 2008). Paralelamente, el empleo de las distintas especies de género Nothofagus, ha sido asociado a la fabricación de implementos. Así, en la obra de Gusinde (1982), se documenta el uso de la madera de Nothofagus antárctica (Ñirre) y Nothofagus betuloides (Guindo), por parte de las poblaciones Selknam para la fabricación de arcos. A su vez, a partir de los trabajos realizados por Lira (2007), se evidenció la manipulación de madera perteneciente a Nothofagus dombeyi (Coihue), en la manufacturación de una canoa recuperada en la región del Maule. Según el autor, el empleo de este recurso habría estado asociado al aprovechamiento de las características propias de su estructura, en cuanto a la resistencia
9 10

Nombre común otorgado a los árboles viejos de Nothofagus Oblicua. Nombre común otorgado a los árboles jóvenes de Nothofagus Oblicua

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mecánica y plasticidad para las acciones de talla y cepillado, además de su capacidad para resistir a la pudrición. Finalmente, existen registros de la recolección de recursos alimenticios, de procedencia directa e indirecta de árboles de Nothofagus, entre éstos destacan el consumo de la savia y raspadura de Lenga (N. Pumilio), por parte de las poblaciones Selknam y Yamanas (Berihuete, 2006; García y Ormazabal, 2008), además de la variedad de hongos que crecen asociados especialmente a árboles de Roble (N. obliqua) y Coigüe (N. dombeyi); conocidos como Changes y Digüeñes (Mösbach, 1992). b) Eucryphia cordifolia Dentro de los antecedentes respecto al uso de Eucryphia cordifolia (Ulmo), se reconoce la documentación de su evidencia en distintos sitios arqueológicos, entre los que destaca el temprano hallazgo de numerosos de restos vegetales evidenciados en el sitio Monte Verde, donde se describe el uso de su madera asociado fundamentalmente a actividades de construcción (Dillehay, 2004). Esto coincide con la evidencia arqueológica más tardía, del uso de la madera de Ulmo en la fabricación de dos embarcaciones; la primera atribuida a una Dalca cuyos fragmentos habrían sido evidenciados en el Lago Chapo, región de Los Lagos y que presentó una fecha radiocarbónica de 1440 DC (Carabias et al., 2007; Carabias et al., 2010) y la segunda proveniente del río Maullín, correspondiente a una canoa monóxila con un fechado de 1640 DC (Lira, 2008). Estos hallazgos, han permitido plantear la idea de la existencia de una selección dirigida al Ulmo para la fabricación de embarcaciones, que podría responder a las características propias de la estructura de su madera; que otorgan la facilidad de trabajar y cepillar, una buena resistencia mecánica y escasas complejidades para su secado (Lira, 2007; Lira 2008; Lira 2010; Lira et al., 2012). Respecto a lo anterior, otros autores destacan su resistencia a la putrefacción y la dureza de su madera, lo que en periodos subactuales ha incentivado su empleo en la construcción de puentes y astilleros (Quintanilla, 1974). Además, se documenta ampliamente el conocido poder calorífero que otorga su madera, correspondiente a una de las especies del área con estructura leñosa más duramizada, que haría factible superar un orden de 4.700 kilocalorías por kilogramo en seco y las 3.600 kilocalorías en madera húmeda de Ulmo (Burshel et al.,
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2003), constituyéndolo actualmente como una de las especies más explotadas en función de la fabricación de carbón vegetal (Quintanilla, 1974). Este elemento coincide con el registro de Eucryphia cordifolia en el Sitio Marifilo-1, donde se documenta su presencia de partir de numerosos carbones asociados a estructuras de combustión, correspondientes a los periodos de ocupación cerámica del sitio (Lehnebach et al., 2007). A lo que se suma además, los antecedentes otorgados por Mösbach (1992), quien expone sobre el tradicional reconocimiento de la madera de Ulmo, como importante fuente de leña y carbón. Paralelamente, dentro de la multiplicidad de actividades asociadas a los potenciales de uso que le son atribuidos a Eucryphia cordifolia, actualmente se destaca fundamentalmente la cualidad mielífera que presentan sus flores, además de la alta presencia de taninos en su corteza que la hace apta para el trabajo en curtiembre y como tintura natural, la que también es utilizada con fines medicinales (García y Ormazábal, 2008). c) Aextoxicon punctatum La presencia de Aextoxicon punctatum (Olivillo) en sitios arqueológicos del área, es bastante común; su registro ha sido identificado a partir de restos antracológicos y carpológicos de diversos sitios, entre los que destaca el sitio Marifilo-1, donde se ha documentado su evidencia durante toda la secuencia de ocupación del yacimiento con una alta densidad, representando un 23,4 % de los carbones recuperados y un 44% del total de los restos carpológicos presentes, constituyéndose en definitiva como una de las especies de mayor registro en el sitio (Lehnebach et al., 2007). Cabe recalcar que, adicionalmente a las evidencias descritas por los investigadores, se destaca una importante acumulación de semillas correspondientes a esta especie, asociadas a un fogón ubicado sobre un entierro infantil, lo que se ha interpretado como el empleo de ramas fructíferas como leña (Lehnebach et al., 2007). Esta alta representación de macrorrestos asignados taxonómicamente a Aextoxicon punctatum, ha sido observada también en los sitios Loncoñanco 2 y Loncoñanco 1, donde su presencia presentaría una importante frecuencia en desmedro de otros recursos vegetales de tipo comestibles, este elemento no ha estado ajeno de discusiones, llevando a los investigadores a suponer la existencia de una sobre-representación de esta especie,
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probablemente debido a su resistencia, lo que facilitaría la prioritaria conservación de estos macrorrestos sobre los de otras especies (Báez y Solari, s/f; Solari y Lehnebach, s/f ;Ekblaw et al., s/f). Cabe destacar que actualmente, esta especie se configura como uno de los recursos forestales de la región menos consumidos en términos comerciales, dado que se le atribuye una calidad inferior de su madera (Quintanilla, 1974; Stark, 2006-2007). Sin embargo, existen referencias de su amplio uso tradicional, vinculados a su empleo en actividades de construcción de viviendas (como forro interior), como combustible por medio del uso directo de leña, y mediante la fabricación de carbón vegetal (Mösbach, 1992), además de ser reconocido el consumo de sus ramas, como medicina natural para calmar dolores reumáticos (García y Ormazábal, 2008). d) Luma apiculata La evidencia de Luma apiculata (Arrayan), ha sido identificada, al igual que las especies antes mencionadas, en el registro arqueobotánico del sitio Monte Verde, por medio de restos correspondientes a frutos y madera (Dillehay, 2004), lo que es coincidente con la múltiple variedad de atribuciones funcionales que se le otorgan a esta especie, tales como, el potencial alimenticio de sus frutos, medicinal de su raíces y corteza, sus aptitudes como colorante vegetal para teñir, el importante poder calórico que otorga su madera y la dureza de la misma, que la convierte en un recurso apto y muy utilizado para la fabricación de instrumentos (García y Ormazabal, 2008). e) Aff. Peumus boldus El empleo del Boldo por parte de las poblaciones que han habitado el área ha sido ampliamente documentado desde tiempos tempranos hasta la actualidad en múltiples tareas. Los antecedentes de su uso más antiguo en el área, responden a la evidencia de hojas de P. boldus registrados en el sitio Monte Verde, ante lo cual se plantea que puede hacer sido consumido debido a sus cualidades medicinales o incluso, haber sido administrado como alucinógeno (Dillehay, 2004). Este hallazgo destaca por el origen foráneo de esta especie respecto al área de emplazamiento del sitio, cuyo límite de distribución actual se establece entre los 30° a 40° de latitud sur, a más de 100 km del asentamiento (Otero, 2008). Esto ha llevado a sugerir, el establecimiento de contactos sociales con grupos provenientes de otras
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zonas más septentrionales, debido a que el conjunto de las evidencias, manifiestan que las poblaciones de Monte Verde, no habrían poseído mayores incentivos que motivaran el ejercicio de desplazamientos mayores a 5-10 km. en busca de otros recursos (Dillehay, 2004). Otras evidencias asociadas a ocupaciones más tardías, corresponden a las documentadas por medio de estudios de restos carpológicos y antracológicos recuperados del sitio Marifilo-1, donde se identificaron en toda la secuencia ocupacional del sitio, macrorrestos asignados a Peumus boldus y/o cf. Peumus boldus, (Lehnebach et al., 2007). Estos hallazgos han permitido a los investigadores plantear la existencia de un antiguo uso de esta especie por parte de las poblaciones que habitaron los bosques templados (García, 2005), aspecto que se evidencia hasta la actualidad, cuando continúan siendo ampliamente reconocidas sus propiedades medicinales, alimenticias y el potencial calórico que otorga su madera. Así lo atestigua el relato del cacique mapuche Pascual Coña, quien manifiesta hacia la segunda mitad del siglo XIX, que dentro de la flora conocida por los indígenas, destaca entre otros recursos vegetales, la importante presencia de esta especie en el área: “Antiguamente se veían también gruesos boldos; esos se han volteado con el tiempo a causa de su madera valiosa, así que hoy día quedan puros retoños; tienen drupas bien dulces” (Coña, 1973:88). El consumo de sus frutos, se constituiría como una práctica ampliamente extendida por parte de las poblaciones cazadoras recolectoras que habitaron el área, asociado fundamentalmente al importante aporte proteico otorgado por sus frutos, el que ofrece además una gran variedad de componentes como calcio, fósforo y potasio (Montenegro, 2000), estableciéndose como un recurso óptimo para la subsistencia de estas poblaciones, en temporadas de primavera y verano (Catalán, 1999). Las hojas de boldo por su parte, son contenedoras de un compuesto químico denominado boldina, que otorga reconocidas propiedades medicinales, por lo que actualmente se constituye como una de las especies más explotadas para su comercialización. Otra perspectiva a la que se asocia el uso tradicional de esta especie por las poblaciones del área, responde al alto potencial calorífero que posee su madera por lo que es ampliamente
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utilizado por las poblaciones locales del área para la confección de leña y carbón. Esta acción, se ha visto reflejada en la composición actual del componente arbóreo del área correspondiente a esta especie, el cual se constituye fundamentalmente por individuos con un hábito arbustivo, manifestación resultante de su capacidad de rebrotar frente a la corta e incendios (Doll et al., 2005). f) Cryptocarya Alba En términos arqueológicos, en el área de estudio hasta el momento se desconocen evidencias que se asocien concretamente al Peumo, sin embargo se destaca en el sitio Marifilo-1, la presencia de restos antracológicos asignados taxonómicamente a la familia Lauraceae, dispersos en la ocupación cerámica del sitio (Lehnebach et al., 2007), las que bien pudieran corresponder de acuerdo a la distribución fitogeográfica, a especímenes ejemplares de Peumo, Lingue o Belloto. El potencial de consumo del Peumo por parte de las poblaciones que habitan el área, es amplio, dado que puede estar dirigido a una multitud de tareas. Por un lado, otorga frutos pulposos que, si bien, no son muy abundantes, son aptos para su consumo alimenticio y es factible de ser recolectado durante el otoño, tanto en los pisos ecológicos asociados al valle, como en las cercanías de los lagos, en la región del Calafquén (Catalán, 1999). A parte de su potencial alimenticio, son bastante reconocidas las propiedades medicinales que otorgan la corteza y hojas de esta especie, como también los atributos que lo convierten en un recurso óptimo con fines tecnológicos, como lo es el empleo tradicional de su corteza tanto para teñir de color anaranjado y su uso en curtiembres dada la alta presencia de taninos que posee su estructura (Mösbach, 1992; García y Ormazábal, 2008; Stark, 20062007). Al mismo tiempo, se conoce que actualmente su madera es explotada de manera abundante para ser empleada como combustible y para la fabricación de artesanías y artefactos utilitarios (Quintanilla, 1974). g) Aff. Crinodendron patagua Respecto al empleo de la Patagua en tiempos prehispánicos, no se registraron referencias. Así también, los antecedentes de su manejo en la actualidad si bien son bastante limitados, hacen alusión al aprovechamiento de la potencialidad mielífera de sus flores, su corteza en

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el trabado de curtido de pieles y su madera, la cual es empleada para la fabricación de muebles (Stark, 2006-2007). h) Sophora microphylla La evidencia de esta especie en contextos arqueológicos ha sido registrada a partir de los estudios arqueobotánicos del sitio Marifilo-1, donde fueron documentados algunos carbones de Pelú, en la ocupación correspondiente al Arcaico Medio y otros restos carpológicos durante la ocupación cerámica del sitio, que sólo fueron atribuibles a nivel de género a Sophora sp. (Lehnebach et al., 2007), pudiendo corresponder tanto a Pelú (Sophora microphylla) o Mayu (Sophora macrocarpa). Sin embargo, su presencia en el sitio, fue discutida por los investigadores debido a que no se le atribuye un valor alimenticio, por lo que se sugiere que respondería al empleo de ramas con frutos de rodamientos utilizados como combustible (op. cit.) Al respecto, cabe destacar que existe un evidente desconocimiento respecto al potencial del uso del Pelú, como recurso arbóreo, dado a que en la actualidad se constituye como una madera de escaso uso en el país. Si bien, es reconocido su uso con fines medicinales, aparentemente la escasez de referencia de su uso en tiempos actuales han llevado a pensar que este recurso no poseería un potencial alimenticio, ni tampoco como material leñoso para combustible, y que pareciesen ser uno de los elementos que llevan a sostener a Lehnebach y sus colaboradores, la idea de un uso oportunista de los recursos vegetales por parte de las poblaciones que habitaron el sitio Marifilo-1. Sin embargo, parece importante aclarar que las características físicas de la madera de S. Microphylla, en cuanto a su dureza, peso y resistencia a la humedad, le otorga cualidades que la constituyen como un recurso óptimo para una serie de actividades, siendo usada en la fabricación de herramientas e implementos que requieren de una buena resistencia física (Mösbach, 1992; Hall y Witte, 1998; García y Ormazábal, 2008). A su vez, estas características que posee su madera, la podrían establecer como un recurso leñoso de alto poder calorífero, debido a que por definición las maderas duras al tener mayor densidad poseen un poder calorífico notablemente mayor a las maderas blandas, sin embargo, no existen mayores antecedentes en torno a las cualidades como combustible de esta especie .

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i) Laurelia philippiana Si bien, no se documentan evidencias directas del empleo de la Tepa, en el registro arqueológico del área, existen referencias de su posible representación en algunos yacimientos, a partir de atribuciones que han alcanzado el nivel de género. Entre éstas se reconoce la evidencia de restos antracológicos asignados a “monimiáceas” (Tipo TepaLaurel), procedentes de la segunda ocupación del sitio arqueológico 10 PM 014 “Monumento Nacional Conchal Piedra Azul” (Seno de Reloncaví, X región de los Lagos), fechada entre 3.340-3.200 y 3.200-2.920 cal. a.C. (Gaete et al., 2004). A su vez, destacan los hallazgos documentados en los sitios Loncoñanco-2 y Marifilo-1, donde se destaca la presencia de carbones asignados a Laurelia sp., los cuales representan el 8,3% y 23,5% respectivamente, de las muestras recuperadas en los distintos contextos, y que han sido evidenciados en toda la secuencia de ocupación del sitio con una mayor abundancia durante el Período Arcaico Temprano (Lehnebach et al., 2007). Llama la atención que dichas evidencias asociadas a macrorrestos botánicos correspondientes al género Laurelia en el registro arqueológico, se han manifestado exclusivamente a partir de material antracológico, a diferencia de la mayor parte de las especies que han sido documentadas. Este hecho, puede estar relacionado a que las potencialidades de uso otorgadas tradicionalmente a estas especies, están dirigidas principalmente al potencial calorífico de su madera, lo que la constituye como uno de los principales recursos combustibles de origen nativo utilizado actualmente por las poblaciones que habitan la región centro sur del país. La Tepa, en términos de su reconocimiento como recurso de valor forestal, se asocia al grupo de las denominadas “leñas blancas” o “tipo Hualle”, correspondientes a maderas blandas que poseen un buen potencial calórico aunque no superan las “maderas rojas” o “Tipo Ulmo”, pero que en términos térmicos poseerían un comportamiento similar al que presenta la leña de Hualle, Raulí, Ñirre, Boldo, Coihue, Mañío, Avellano, entre otros (CNPL, 2010). Cabe destacar que, si bien el valor como combustible es el mayormente documentado para la Tepa, su empleo no se restringe solo a esta esfera, a los que se le pueden agregar sus aptitudes para su uso en actividades de construcción y el potencial medicinal que otorgan algunos de sus órganos (Mösbach, 1992).

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Cf. Nothofagus antárctica Cf. Nothofagus dombeyi Nothofagaceae Cf. Nothofagus nítida Cf. Nothofagus glauca Cf Nothofagus oblicua ESPECIES REPRESENTADAS Cf. Nothofagus Pumilio Eucryphiaceae Aextoxicaceae Myrtaceae Lauraceae Monimiaceae Eleocarpaceae Fabaceae Monimiaceae Eucryphia cordifolia Aextoxicon punctatum Luma apiculata Cryptocarya alba Aff. Peumus boldus Aff. Crinodendron patagua Sophora microphylla Laurelia philippiana

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Tabla 17: Potenciales de uso de las especies botánicas evidenciadas en la alfarería Pitrén.

De acuerdo a lo anterior, los potenciales de usos que poseen las distintas especies reconocidas en la alfarería Pitrén (Tabla 17), son notablemente amplios, y en sí mismos -su estructura y componentes-, otorgan numerosas posibilidades de empleo en diversas actividades por parte de las poblaciones que han habitado la región de los bosques templados. En este sentido, no es raro pensar que su presencia en las impresiones foliares evidenciadas en la alfarería, estén vinculadas estrechamente al conjunto de saberes forjado en más de 10 mil años; tal como se ha evidenciado en el registro arqueológico de diversos sitios, donde las especies representadas estarían mostrando una estrecha relación con las que se han reconocido en este estudio, manifestando por ende, una recurrencia en su empleo en una enorme extensión temporal. No es menor que las taxas expresadas más comúnmente en la alfarería, tales como Nothofagus sp., Eucryphia cordifolia y Aextoxicon punctatum, coincidan con las frecuencias en que se representan en varios de los sitios documentados en la literatura arqueológica del área, dado que dichas coincidencias estarían permitiendo reconocer la

Otro (herramientascestería-artesanía)

Construcción

Combustible

Alimenticio

Curtiembre

Medicinal

Teñir

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existencia de ciertos patrones de selección de los recursos vegetales, mediante el establecimiento de prioridades en el empleo específico de algunas especies sobre otras. Este aspecto, claramente entrega elementos que permiten discutir los planteamientos que se han esgrimido previamente, que sugieren el ejercicio de un modo de aprovisionamiento de tipo oportunista de los recursos madereros por parte de las poblaciones cazadorasrecolectoras del área (Lehnebach et al., 2007). Sin duda estos postulados, resultan en la minimización del valor que adquieren las opciones de selección de los recursos, asumiendo que los criterios empleados para el abastecimiento del material leñoso están asociados a aspectos exclusivamente a la disponibilidad de la materia prima en el entorno, más que el establecimiento de opciones de acuerdo a las características de los mismos. Respecto a lo anterior, del análisis realizado en este estudio, se desprende que las especies leñosas seleccionadas evidencian el ejercicio de una gestión de los recursos vegetales mucho más compleja que estaría asociada a usos y funciones específicas de ciertos recursos sobre otros. Eso se observa claramente en Tabla 17, donde se manifiesta una evidente recurrencia de taxas cuya madera presenta un alto potencial calorífico, característica que se presenta en casi la totalidad de las especies reconocidas en la muestra arqueológica, seguido por el aprovechamiento de características físicas que las convierten en recursos de buena calidad para la construcción; mientras que los potenciales alimenticios, medicinales, tinte, curtimbre, o materia prima para la manufacturación de utensilios y herramientas, se presentarían como atribuciones menos constantes en las especies identificadas. Este elemento, permitiría afirmar que la presencia de las taxas identificadas en el presente estudio, no estarían relacionadas a este último tipo de actividades, sino más bien tendría una vinculación directa con los combustibles empleados en el proceso de manufacturación o posterior exposición térmica de las piezas cerámicas. A esto se agrega, que cerca del 90% de las taxas identificadas a partir de la alfarería, han sido previamente evidenciadas en las muestras antracológicas recuperadas en distintos sitios de la región, lo que sugiere que el uso de estas especies como recurso combustible ha sido una práctica ampliamente extendida desde tiempos tempranos y que en consecuencia, no correspondería a una selección aleatoria de modo “oportunista”.

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De esta forma la lectura de las evidencias, a partir de una perspectiva relacional, sugieren que estas poblaciones estarían haciendo uso de una selección dirigida a recursos leñosos de origen arbóreo para el tratamiento de la alfarería, en su manufacturación o posterior exposición térmica de las piezas cerámicas; obteniéndose como resultado la impresión de hojas en las superficies de las vasijas. Cabe recordar que en términos generales, se reconoció una frecuencia promedio de 35 improntas foliares que cubrían tanto la superficie interior como exterior de las piezas, hecho que en muchos casos resultó en la superposición de dos o más hojas, haciendo compleja la diferenciación de los límites entre uno y otro individuo. Claramente este hecho, sería resultado de la forma en que se estableció el contacto de los especímenes foliares con la pieza alfarera al momento de la exposición térmica; donde probablemente las hojas situadas en determinados lugares de la vasija, estarían recibiendo distintos grados de temperatura, como también, enfrentándose a una mayor o menor exposición al monóxido de carbono, producto del evento de quema. Esto se traduciría en importantes variaciones en la intensidad de la coloración del negativo respecto a la pared del ceramio y por ende en la nitidez de la impronta, provocando que la evidencia de este rasgo sea más o menos notorio, resultando en algunos casos manifestaciones que son prácticamente irreconocibles. Una simple lectura de estos elementos, llevaría a considerar la veracidad de los planteamientos que sugieren que la manifestación de improntas de hojas en negativo se configura como el resultado de los procesos de cocción de la alfarería, considerando que: La expresión de las improntas de hojas en negativo, tal como se ha documentado en estudios previos, se presenta en los distintos tipos de contextos (habitacionaldoméstico) (Reyes et al., 2003). Su manifestación se reconoce en los distintos tipos cerámicos documentados (jarros, ollas, cuencos, botellas, tazas y jarros asimétricos). Se evidencian tanto en las superficies exterior e interior de las piezas, sin distar mayormente en la frecuencia de las improntas ambas caras.

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-

Se manifiesta en cualquier sección de la pieza, incluso en lugares donde por la morfología propia de la vasija, impide la reproducción completa de la hoja.

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Se reconocen impresiones de hojas, en espacios donde el emplazamiento de los especímenes foliares no presentan condiciones de visibilidad que pudieran atribuirle a esta representación un fin comunicacional (p.ej. interior de vasijas restringidas, en las bases de las piezas o en la sección interior de las asas).

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Las improntas de hojas presentan distintos niveles de nitidez, en muchos casos siendo casi imperceptibles.

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Se manifiesta la coexistencia entre la técnica de improntas de hojas en negativo con otros tipos de modalidades decorativas (modelados, incisiones, pintura negativa con diseños geométricos), que en los casos registrados aparentemente no presentarían patrones de ordenamiento asociados.

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Y finalmente, se puede señalar que existe la evidencia concreta de que las taxas vegetales expresadas en alfarería corresponden a especies con un reconocido potencial calorífico.

Claramente, la suma de estos elementos indicarían una vinculación directa de esta manifestación con la exposición térmica de la pieza y los materiales combustibles empleados en el proceso. No obstante, esto no implica necesariamente que la expresión de impresiones foliares en la alfarería se constituya como resultado casual, ni menos accidental de la acción pirotecnológica que configuró el negativo; son estos mismos argumentos recién otorgados, los que sugieren la intencionalidad de la práctica, ya que en el conjunto de las vasijas analizadas no existen elementos que permitan reconocer esfuerzos por prevenir su manifestación por parte de los ceramistas, lo que lleva a suponer que la expresión de improntas foliares en las piezas, responde a un producto intencional, vinculado a determinados “modos de hacer”, ampliamente difundidos regional y temporalmente. En este sentido, tanto la manifestación de improntas de hojas en negativo en la alfarería como la evidente selección de los recursos vegetales empleados para su configuración, estarían reflejando el manejo de un avanzado desarrollo de los procesos pirotecnológicos, como también de manera intrínsecamente asociada, un profundo conocimiento de las
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características propias de dos distintos componentes de la vegetación del área, ambos aspectos íntimamente relacionados entre sí y configurados en el marco de la constante interacción que estas poblaciones establecieron con su entorno. La manifestación de este conocimiento, involucraría necesariamente una profunda comprensión de aspectos de índole tanto ecológico como tecnológico, que se habrían desarrollado por medio de un largo proceso de experimentación y reproducción de aquellos saberes por parte de las poblaciones que habitaron el área, confluyendo en la configuración del denominado “Conocimiento Botánico Tradicional”. Este es entendido por Pochettino (2007) como un cuerpo acumulativo de conocimientos, prácticas y creencias acerca de las relaciones entre los seres humanos y los componentes vegetales de su entorno, configurado en un saber compartido, único y propio para cada comunidad, que sería empleado durante el proceso de elección, obtención, procesamiento, consumo y en la administración local de los recursos. Esto implica, la puesta en práctica de una estrecha vinculación con los componentes del espacio geográfico en el que se desenvolvieron, el conocimiento de las características funcionales del material leñoso disponible y de la distribución de estos elementos en el espacio. Esto redunda en la configuración de determinadas estrategias para la obtención de los recursos y mecanismos asociados al posterior manejo del fuego que hicieran factible la optimización y aprovechamiento de la energía térmica para su oportuno empleo. En este sentido, la manifestación de restos foliares correspondientes a especies con un reconocido potencial calórico, probablemente estaría indicando que las poblaciones Pitrén habrían ejercido una selección dirigida a determinadas secciones anatómicas de la planta, particularmente ramas y hojas, que serían factibles de obtener mediante la recolección de estos recursos por medio de la poda natural y/o artificial de estas especies, sin necesidad del empleo de la tala para aprovisionamiento de la materia prima energética. Lo anterior, en el entendido que la enorme diversidad de recursos arbóreos presentes en el área, harían factible el abastecimiento permanente de materiales leñosos y comburentes que permitirían avivar y mantener el potencial calorífero del fuego. Esta idea, es coincidente con la evidencia documentada a partir de los análisis carpológicos de los sitios Marifilo-1y Loncoñanco-1, donde se registró una alta presencia de semillas de recursos no comestibles
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en las estructuras de combustión estudiadas, y que probablemente corresponderían al empleo de ramas fructíferas en la acción pirotecnológica (Lehnebach et al., 2007). A lo anterior, se suman las evidencias que otorgan los recursos líticos documentados en los yacimientos del sector del Calafquén, los cuales atestiguan sobre el empleo de herramientas no formatizadas en la manipulación de recursos leñosos (Cordero 2009, Adán y Mera 2011), esto lleva a pensar que difícilmente estos artefactos hayan sido empleado en la tala de grandes árboles, debido a las dificultades que implicaría la morfología del instrumento para el ejercicio de la fuerza mecánica necesaria para derribar un árbol, lo que sugiere que el uso de estos artefactos, estuvo dirigido a otro tipo de acciones. A su vez, la reducida presencia de herramientas líticas recuperadas de los sitios arqueológicos estudiados, que se limitan a algunas lascas, cantos rodados y artefactos de molienda, los cuales tampoco evidencian una clara explotación del bosque mediante la práctica de la tala. Esto no significa que esta práctica haya estado ajena de las formas en que estos grupos accedieron a los recursos del bosque, tal como se evidencia a partir del registro de hachas líticas documentadas en los contextos alfareros de Isla Mocha, sin embargo, la escasa representatividad de estos artefactos, indicaría que probablemente que la tala estuvo restringida a actividades específicas, para las que habría sido necesario contar con árboles completos y de gran tamaño, para lo cual también se pudo haber hecho empleo de la técnica de “volteado” de árboles. Paralelamente, es claro que la ocupación del espacio configurado en el bosque templado, estuvo vinculada al desmonte de ciertos sectores que hicieron factible la movilidad y accesibilidad entre la densa vegetación característica del territorio, para lo cual se habría hecho uso de las técnicas de tala, volteado y/o quema de determinadas áreas del bosque, tal como atestigua el registro de restos de Chusquea sp. (Tipo Quila o Colihue), evidenciadas en el contenido de pipas cerámicas recuperadas del sitio Villa JMC-1 (Quiroz et al., 2012). La presencia de estas especies en el contexto arqueológico, implica que las poblaciones Pitrén habrían estado haciendo uso de un espacio antropizado, dado que ambas especies se constituyen como invasoras de ambientes sujetos a este tipo de alteraciones (Otero, 2005). Sin embargo la presencia de estratos forestales que manifiestan una masa arbórea longeva, descritos en las crónicas de los conquistadores y algunos aún existente en la región,
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sugieren que en tiempos prehispánicos las poblaciones habrían priorizado por el desmonte sobre árboles juveniles (op. cit.). Estas ideas, permiten sugerir que las poblaciones Pitrén habrían ejercido una serie de opciones en la gestión de los recursos florísticos del bosque, aparentemente vinculadas a un modo de explotación en el que se estaría priorizando por prácticas menormente invasivas en el desarrollo normal del ambiente boscoso, estableciéndose un control del impacto de las actividades humanas sobre el medio. Esto, claramente haría factible por un lado la mantención de las condiciones ambientales que permitieran la subsistencia de estos grupos mediante la recolección de recursos silvestres, la caza de la fauna asociada a estos ambientes, y paralelamente generar las condiciones que permitieran la complementariedad de recursos mediante una posible introducción de cultígenos. En este sentido, cada uno de los aspectos evidenciados en el registro material del Complejo cultural Pitrén, desde las improntas de hojas en la alfarería -que se constituyen como la base del estudio realizado-, el conjunto de los recursos consumidos, las herramientas líticas empleadas, etc., responden a una misma dinámica de manejo e interrelación con el bosque con el que convivieron, que redunda en la configuración de una serie de conocimientos configurados en el seno de la sociedad, en una constante retroalimentación con el medio boscoso en el que habitaron. A su vez, el conjunto de evidencias manifestadas entre los sitios Pitrén estudiados, con aquellos que han permitido otro tipo de acercamientos en materia arqueobotánica, permiten reconocer una profunda especialización en los recursos madereros y un avanzado manejo pirotecnológico, ambos reflejados en el uso específico de determinadas taxas como materia prima energética, lo que otorga nuevos elementos al conocimiento de la relación que establecieron las poblaciones Pitrén con el mundo vegetal y que a su vez sustentan la idea planteada por Ocampo y Rivas (2004), sobre el desarrollo de una “Tecnología de la madera”, por parte de las poblaciones que han habitado la región de los Bosques Templados.

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CAPITULO 8
CONCLUSIONES

8.1. Improntas de hojas en negativo como material de estudio arqueobotánico. A partir del ejercicio metodológico de índole exploratorio desarrollado a lo largo de esta investigación, se reconocieron importantes elementos que permiten sostener, que el empleo de las improntas foliares impresas en la alfarería Pitrén, se constituye como una herramienta de estudio arqueobotánico útil, que permite ampliar el espectro del registro botánico recuperado en contextos arqueológicos de la región centro-sur del país y que en definitiva, otorga un amplio nivel de evidencia, que hace factible insertarse en esferas del conocimiento, escasamente exploradas en la prehistoria de la región. Estas afirmaciones se sustentan, en los resultados obtenidos por medio del análisis de las improntas foliares evidenciadas en el conjunto de vasijas estudiadas, a partir de las que fue posible reconocer la factibilidad de su empleo en esta línea de investigación. Dado que un número importante de impresiones presentaron cualidades que hicieron factible el oportuno registro de los de rasgos anatómicos de las hojas, permitiendo su identificación taxonómica y otorgando en definitiva, información importante al conocimiento tanto del manejo de los recursos forestales por parte de las poblaciones Pitrén, como también de los aspectos tecnológicos asociados a esta manifestación plástica escasamente investigada. En esta instancia, parece importante intentarnos en un nivel de análisis más allá de los alcances positivos resultantes de este estudio, sino más bien evaluar el método y profundizar en sus falencias y limitantes desde una perspectiva crítica, que aporte al desarrollo de investigaciones futuras. Al respecto, cabe destacar que el desarrollo del análisis no estuvo ajeno de complicaciones asociadas fundamentalmente al estado incipiente de este tipo de acercamiento y que en definitiva resultaron en que el alcance de los resultados, en algunos casos no fueran plenamente los esperados.

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Estas problemáticas, estuvieron determinadas al menos por dos por factores. El primero se asocia a la composición propia de la muestra arqueológica, en cuanto a calidad y capacidad que presentaron las impresiones foliares, para ser sometidas al debido registro y el consecuente análisis de determinación taxonómica. En segundo lugar, destacan algunas falencias del método mismo, evidenciadas en el transcurso del ejercicio metodológico; situación que si bien, es esperable en un acercamiento de índole exploratorio, sin embargo requiere de su evaluación, que permita afinar las estrategias de registro y análisis a emplear en este tipo de estudios, a modo de potenciar el nivel de profundización de estos estudios. Al respecto, una de las principales limitaciones que presentó el análisis de improntas de hojas en negativo en la alfarería Pitrén, se estableció por la condicionante configurada por la calidad de las impresiones, el estado de la pieza y la factibilidad de acceso a los especímenes foliares para su registro morfométrico; factores que en el caso de la muestra estudiada impidieron la identificación taxonómica de un 80% de total de las improntas evidenciadas. Ciertamente, la frecuencia que presentan las muestras con un reducido potencial identificativo, son muy elevadas. Aspecto que en definitiva, dificultó el establecimiento de criterios de evaluación de la densidad que presentan las especies evidenciadas en las muestras arqueológicas, y por ende las consecuentes interpretaciones que se desprenden de éstas. Es bastante probable que las frecuencias de las taxas que son mayor o menormente representadas a partir del análisis de identificaciones, estén sesgadas dado a que dan cuenta sólo del conjunto de muestras, cuyo reconocimiento de los atributos morfométricos fueron factibles de establecer, existiendo un amplio margen no explorado. De acuerdo a esto, se presenta como fundamental la necesidad de evaluar esta problemática, a modo de buscar herramientas que permitan ampliar el espectro de improntas foliares identificables y que por ende, otorguen una mayor cantidad de datos que informen sobre la densidad real de las especies botánicas representadas en la muestra arqueológica. El mismo factor, vinculado a la nitidez de las improntas, se constituyó como dificultad al método desde el inicio de la investigación, dado que estrategia diseñada inicialmente se sustentó en un registro basado en los caracteres morfológicos y morfométricos de los especímenes foliares, definidos por la ciencia botánica, lo que en concreto resultó en una
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serie de caracteres, que no fueron factibles de ser registrados, por lo que fue necesario utilizar criterios de registro morfométricos factibles de distinguir en las improntas. Esto implicó, obviar elementos que en términos de determinación taxonómica fuesen tanto o más diagnósticos como el tipo de nervadura, los ángulos establecidos entre las venaciones primarias y secundarias, el número de dentaduras, la distancia entre el peciolo y la primera dentadura, la textura y el olor de la hoja, rasgos que claramente eran difíciles y en algunos casos imposibles de ser identificados. Este mismo aspecto, hizo necesario establecer criterios de “relativización” de ciertos rasgos morfotípicos, mediante la agrupación de caracteres similares entre sí, tal como fue aplicado a partir de la “indiferenciación ápice-base”, en la agrupación de distintas formas del borde, del limbo, etc., o bien como la discriminación entre categorías formales de las distintas secciones anatómicas, a modo de prevenir el establecimiento de determinaciones subjetivas en el registro de los especímenes foliares y consecuentes errores en el manejo de los datos, tal como fue expuesto en la metodología. Si bien, estos aspectos redujeron la disponibilidad de manejar un mayor número de caracteres diagnósticos, que hubiesen facilitado la determinación taxonómica de las muestras. Se prefirió optar por minimizar los sesgos que pudiera presentar el registro y evitar caer en determinaciones identitarias erradas. Por lo mismo, fue fundamental otorgar una primordial importancia a los criterios cuantitativos y su empleo por medio de la construcción de índices de relación morfométrica, que permitieron establecer criterios comparativos, independiente de la variación típica de las hojas. Aspecto que permitió obtener resultados bastante confiables respecto a la identidad de las muestras que fueron factibles de adscribir taxonómicamente. Quizás uno de los aspectos más conflictivos en cuanto al desarrollo metodológico empleado, corresponde a la dificultad que presentó la determinación taxonómica de los especímenes foliares asignados al género Nothofagus, a partir de los cuales no fue factible alcanzar atribuciones claras a nivel de especie, debido al importante cruce en los valores de similitud manifestados entre los individuos arqueológicos con las distintas especies que conforman este género, y también con unos especímenes actuales de Crinodendron Patagua.
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Esto dejó de manifiesto otra falencia del método empleado que requeriría ser corregida en próximas investigaciones, a modo de alcanzar una mayor definición de los resultados. El problema se presenta en los criterios empleados para la confección de la muestra de referencia botánica, que si bien abarcó un importante componente florístico de la región, la composición muestral de cada especie estuvo dirigida fundamentalmente a la representación de las variaciones morfométricas de la misma en un reducido número de individuos por taxa, lo que implicó necesariamente el establecimiento de una selección de especímenes que presentaban tanto condiciones normales como extremas. Esto si bien, permitió conocer la variabilidad interna de las especies, no hizo factible establecer estadísticamente el comportamiento promedio de la misma en términos morfométricos. Por lo tanto, ante esta problemática, se manifiesta la importancia de que en próximos estudios la muestra de referencia botánica esté compuesta por un mayor número de ejemplares por taxa, a modo de hacer posible el reconocimiento del espectro de variación por especie y disminuir los cruces entre taxas que en términos morfométricos parecieran ser muy parecidas entre sí, pero que en realidad, esta situación responda a la sobrerepresentación de casos extremos en la muestra. Lo esperado en este caso, es poder discriminar si los rangos de cercanía que se establecen, se corresponden con los márgenes de comportamiento regular de la especie. Estas limitantes evidenciadas en el desarrollo del método, llevaron a establecer una serie de cuestionamientos e interrogantes que fueron surgiendo por medio del proceso analítico efectuado, respecto a las estrategias de registro y análisis utilizadas a lo largo de esta investigación exploratoria: i. Los análisis realizados no consideran la posibilidad de que la exposición térmica de los individuos foliares hayan ejercido alguna alteración en términos de forma o tamaño original por efecto de deshidratación u otros factores que alterasen la morfometría foliar evidenciada en el negativo. ii. No se considera la forma de contacto que se estableció entre las hojas y la cerámica, pudiendo resultar en diferencias en cuanto a la distancia entre las mismas, intensidad de exposición al calor, monóxido de carbono, etc.

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iii.

Por medio del análisis de improntas foliares no es posible identificar si los individuos impresos han sufrido modificaciones previas a su exposición al fuego por fenómenos naturales o culturales, ya sean fracturas por pisoteo, acción de plagas, pliegue o corte natural, accidental o intencional de la hoja, etc.

iv.

No se toma en cuenta la posibilidad de que las formas de impresión de las distintas especies, presenten resultados diversos de acuerdo a criterios de tamaño, dureza, contenidos de humedad, etc. de los especímenes botánicos.

v.

El registro realizado y la determinación identitaria de las especies, no considera la diferencia que se presenta entre el empleo de muestras de referencias de herbario (prensadas) y las que originalmente fueron impresas.

vi.

El análisis realizado, no considera el margen de error que pudieran presentar los datos morfométricos a causa de la curvatura misma de la vasija como factor de alteración visual y métrica de las improntas, entendiendo que las superficies de las vasijas presentan de por sí un grado de curvatura propio de su forma, lo que se presentaría como un factor de alteración en el registro, en el sentido que no es lo mismo considerar medidas lineales establecidas en una superficie plana que en una con algún grado de curvatura.

Si bien, en esta instancia no existe certeza de que estos factores se constituyeran como una fuente importante de variación en los resultados de las impresiones foliares en las piezas, vale la pena plantearse estos cuestionamientos e incentivar el desarrollo de posteriores estudios que otorguen el conocimiento respecto al comportamiento que los especímenes foliares presentan ante estas posibles fuentes de variación que eventualmente alterarían el registro morfométrico, se manifiesta como un elemento fundamental para la consolidación de un modelo metodológico riguroso y comprobado, que permita su empleo de manera fiable en el estudio de este fenómeno desde una perspectiva arqueobotánica, así como también otorgarle mayor sustento empírico a los resultados obtenidos del desarrollo de esta investigación. Sin embargo, más allá del conjunto de limitaciones presentadas y los cuestionamientos que han sido posible establecerse en el desarrollo de la investigación, es factible afirmar que el avance realizado hasta esta instancia, logró otorgar elementos fundamentales que permiten
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presentar a las improntas de hojas en negativo, manifestadas en la alfarería Pitrén, como un recurso apto para la investigación desde una perspectiva arqueobotánica, dados los fructíferos resultados obtenidos por medio de este estudio en el reconocimiento de los especímenes foliares manifestados en la alfarería. Esto permitió a su vez, profundizar en una línea interpretativa desde una perspectiva relacional, a partir de la manifestación de improntas de hojas en negativo en la alfarería Pitrén y su asociación con distintos elementos del registro arqueológico del área, sumado a un constructo de saberes pretéritos y actuales en torno a los potenciales de uso que otorgan las características propias de las plantas evidenciadas, que permitieron otorgar líneas de como las poblaciones Pitrén interactuaron con los recursos florísticos y el ambiente boscoso en el que habitaron, y en concreto, aportar al conocimiento de este complejo cultural. En definitiva, el desarrollo de esta investigación permitió responder de manera favorable a todos los objetivos que dirigieron el estudio, lo que llevó a su vez al surgimiento de una serie de nuevas interrogantes asociadas a la línea de estudio que abre la introducción de improntas de hojas en negativo como material de estudio arqueobotánico y que claramente requerirá de nuevos acercamientos, que permitan afinar y consolidar una herramienta analítica para este tipo de investigaciones.

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139

ANEXO 1
MUESTRA CERÁMICA DE LOS SITIOS DE ESTUDIO

DEPOSITO

SITIO

CONJUNTO

N° DE PIEZAS CONJUNTO

11

14

MRA

LICANCO CHICO, KM. 20

12

8

17

5

LABUCH

PITRÉN

29

LOS CHILCOS

12

MHAMVM

ESCUELA COLLICO 1

1

3

2

4

N° DE INVENTARIO 2336.83 2336.75 2336.37 2336.18 2336.16 2336.21 2336.69 2336.45 2336.40 2336.55 2.336.198 2636.85 2636.149 2636.151 2636.43 2636.236 2636.251 2336.136 2336.42 2336.66 2336.81 A00791 A00792 A00793 A00794 A00795 A00797 A00798 A00799 A00800 A02795 A01491 A01459 A01458 A01457 A01461 A01954 P1-T1 P3-T1 P2-T1 P3-T2 P4 -T2 P1-T2 P2-T2

N° TOTAL DE PIEZAS MUESTRA

11

6

4

11

5

3

4 44

TOTAL TOTAL PIEZAS PIEZAS 75 ESTUDIADAS CONJUNTOS Tabla Anexo 1: Detalle de componente muestral de los sitios de estudio.

140

ANEXO 2
ESPECIES QUE COMPONEN LA MUESTRA DE REFERENCIA BOTÁNICA

GÉNERO Aextoxicon Amomyrtus

ESPECIE punctatum luma

N. COMÚN Olivillo Luma

DISTRIB. IV- X VII- XI

TIPO CRECIMIENTO Árbol Árbol o arbusto Árbol Árbol Siempreverde Siempreverde

OBSERVACIÓN En sitios húmedos Cercano a cursos de agua y en el interior del bosque. Húmedos y sombríos Hasta los 2.500 msnm, en suelos rico en materia orgánica En ambas cordilleras En laderas asoleadas de la pre-cordillera andina.

Amomyrtus Aristotelia

meli chilensis

Meli Maqui

VIII- X IV- XI

Siempreverde Siempreverde o caducifolio Siempreverde Siempreverde Siempreverde Siempreverde

Azara Azara Berberis Blepharocalyx

celastrina dentata sp cruckshanksii

Lilén Corcolén Michay, Calafate Temu

VI- VIII RM- X VII y XI V- X

Arbusto o Árbol Arbusto arbusto Árbol

Habita en lugares húmedos cercano a cursos de agua Entre los 10-1.700 m.s.n.m. Frecuente en suelos profundos no anegados En lugares húmedo Lugares degradados y a orillas de caminos Lugares sombríos y húmedos En ambas cordilleras bajo los 1.400 msnm., en laderas sombrías y valles húmedos. En ambas cordilleras y hasta los 1.200 msnm. Habita lugares húmedos cercano a quebradas. En ambas cordilleras y el valle central, bajo los 1500msnm., en

Boquila Buddleja Caldcluvia Cestrum Cissus Citronella

trifiliolata globosa paniculata parqui striata mucronata

Pilpilvoqui Matico Tiaca Palqui boqui negro Naranjillo

VII- X RM- X VII- XI IV-VIII IV- X IV- X

Trepadora Arbusto Árbol arbusto Trepadora Árbol

Siempreverde Siempreverde Siempreverde Siempreverde Siempreverde Siempreverde

Crinodendron

patagua

Patagua

V- VIII

Arbusto o Árbol

Siempreverde

Cryptocarya

alba

Peumo

IV- X

Árbol

Siempreverde

141

quebradas y sitios húmedos Dasyphyllum diacanthoides Palo Santo VII- X Árbol Siempreverde Lugares sombríos y húmedos, así como en terrenos áridos, entre los 200 y 800 msnm. En ambas cordilleras, en una variedad de hábitat. Costa, 0 - 500 m Habita lugares abiertos, arenosos y húmedos, lugares donde el bosque ha sido cortado. En quebradas rocosas y húmedas hasta los 1.600 m.s.n.m. Entre los 700-2.000 m.s.n.m., también en Argentina. Habita lugares húmedos y ricos en materia orgánica. En la precordillera andina entre 200-1400 m.s.m. Lugares húmedos cercanos a cursos de agua.

Drimys

winteri

Canelo

IV-XII

Árbol

Siempreverde

Drimys Embothrium

andina coccineum

canelo enano Notro

VIII-X VII- XII

Arbusto Árbol

Siempreverde Siempreverde o caducifolio

Escallonia

Illimita

Barraco,

IV-VIII

Arbusto

Siempreverde

Escallonia

Rubra

Ñipa

V- XII

Arbusto

Siempreverde

Eucryphia

cordifolia

Ulmo

VIII-X

Árbol

Siempreverde

Eucryphia

glutinosa

Guindo Santo, guindo

VII-IX

Árbol

caducifolio

Fragaria Fuchsia

chiloensis magellanica

frutilla Chilco

VII-XI IV-XII

Herbácea, rastrera arbusto

perenne Siempreverde En sitios húmedos como quebradas o bordes de lagunas En distintas condiciones de suelo y luminosidad. Terrenos pobres cerca de quebradas Cordillera de la costa, en sitios húmedos Suelos profundos y húmedos. Hasta los 700 m.s.n.m. Habita en suelos profundos y húmedos

Gevuina

avellana

Avellano

IV- XI

Árbol

Siempreverde

Gomortega Kageneckia Latua Laurelia Laurelia

keule oblonga pubiflora philippiana sempevirens

Queule Huayo Latué Tepa Laurel

VII- VIII IV-IX X VII-IX VI a X

Árbol Árbol o arbusto Arbusto o Árbol Árbol Árbol

Siempreverde Siempreverde Siempreverde Siempreverde Siempreverde

142

Legrandia

concinna

Luma del norte

VII- VIII

Árbol

Siempreverde

400-1.000 m.s.n.m. Generalmente crece en rodales puros bajo bosques densos, sobre suelos de drenaje restringido o cercanos a cursos de agua En suelos áridos y quebradas hasta 1.500 m.s.n.m. Suelos profundos y húmedos, a orillas de quebradas, forma comunidades bastante puras Crece en variadas condiciones de suelo y humedad Suelos arenosos tanto en el litoral como en el interior Sobre 700 m.s.n.m, En sitios húmedos sitios húmedos, a orillas de esteros o lagos En distintas condiciones de humedad y suelo. Crece en valles de interior, sectores costeros y ambas cordilleras desde 0 a 2000 m.s.m ambas cordilleras hasta los 1600 m.s.m Habita sitios húmedos junto a esteros y lagos, inclusive dentro del agua En las orillas de esteros u otros cursos de agua Cordillera de la costa, en sitios húmedos Habita sitios húmedos junto a cursos de agua 400-700 msnm Lugares con bajas temperaturas y fuertes vientos

Lithraea

caustica

Litre

IV- VIII

Árbol

Siempreverde

Lomatia

ferruginea

Fuinque,

VII-XII

Árbol

Siempreverde

Lomatia

hirsuta

Radal

IV- X

Árbol

Siempreverde

Lobelia

excelsa

Tabaco del Diablo Arrayán, Temu Chequén Maitén

IV - VI

Arbusto

Siempreverde

Luma Luma Maytenus

apiculata Chequén boaria

V- XI IV- X I-XII

Árbol Arbusto Árbol

Siempreverde Siempreverde Siempreverde

Maytenus

magellanica

Leña dura

VIII- XII

Arbusto o Árbol

Siempreverde

Maytenus Myrceugenia

disticha exsucca

RacomaMaitencito Pitra

VII-XII IX- X

Arbusto Árbol

Siempreverde Siempreverde

Myrceugenia Myrceugenia Myrceugenia Myrceugenia Nothofagus

Lanceolata obtusa parvifolia planipes Alpina

Arrayancillo Rarán, arrayán Chilchilco Pitra, Pitrilla Raulí

V- VIII IV- IX VIII- X VIII- XI VI-X

Arbusto Arbusto Arbusto Árbol Árbol

Siempreverde Siempreverde Siempreverde Siempreverde caducifolio

143

Nothofagus

Antárctica

Ñirre, Ñire

VI-XII

Árbol

caducifolio

Lugares con suelos pobres, bajas temperaturas y fuertes vientos, hasta el límite altitudinal arbóreo Habita desde el nivel del mar hasta el límite altitudinal arbóreo ocupando distintos tipos de sitios Habita en lugares con fuertes pendientes y Períodos de sequías prolongados Habita terrenos muy húmedos, inclusive sobre turberas de drenaje moderado. Áreas con suelos profundos y fértiles Áreas con bajas temperaturas y suelos pobres Sobre todo en la cordillera de la Costa, desde el nivel del mar hasta los 700 metros de altitud. Bajo los 900 msnm., en ambas cordilleras y el valle central, en suelos más o menos profundos Entre 5-1.000 m.s.n.m., en suelos poco profundos y pedregosos. Terrenos húmedos y pantanosos Terrenos húmedos y pantanosos Desde el nivel del mar hasta los 1.300 msnm., en sectores húmedos a orillas de cursos de agua Habita en valles del interior y Cordillera de la costa, 500 - 2000 m.

Nothofagus

Dombeyi

Coihue

VI-XI

Árbol

Siempreverde

Nothofagus

glauca

Hualo, roble

VI- VIII

Árbol

caducifolio

Nothofagus

nítida

Coihue de Chiloé

X-XII

Árbol

Siempreverde

Nothofagus

oblicua

Roble, Hualle, Pellín Lenga

V-X

Árbol

caducifolio

Nothofagus

pumilio

VII-XII

Árbol

caducifolio

Ovidia

pillopillo

Pillo pillo

VII-X

Árbol

Siempreverde

Persea

lingue

Lingue

V- X

Árbol

Siempreverde

Peumus

boldus

Boldo

IV- X

Árbol

Siempreverde

Podocarpus Podocarpus

nubigenus salignus

Mañío Macho Mañío de hojas Largas Sauco del diablo

IX- XII VII- X

Árbol Árbol

Siempreverde Siempreverde

Pseudopanax

laetevirens

VI-XII

Árbol

Siempreverde

Psoralea

glandulosum

Culén

IV- X

Arbusto

Siempreverde

144

Quillaja

saponaria

quillay

IV-IX

Árbol

Siempreverde

Ambientes secos y suelos pobres hasta 200 msnm Ambas cordilleras, entre los 700-1.000 m.s.n.m. en sitios húmedos de alta precipitación. Común en la zona mediterránea de Chile Áreas con constantes precipitaciones, desde 0 a 2000 msnm. (hasta el límite del bosque). Principalmente en la precordillera, ocupando laderas, sitios abiertos y terrenos degradados Muy común en la costa. Terrenos muy húmedos, muchas veces en turberas Sitios húmedos Habita en sitios húmedos Desde el nivel del mar hasta el límite arbóreo, en sectores con acción antrópica Desde el nivel del mar hasta 600 m.s.n.m, asociado a ambientes con acción antrópica En ambas cordilleras Lugares sombríos y húmedos

Saxegothaea

conspicua

Mañío Hembra

VII- IX

Árbol

Siempreverde

Schinus Solanum

polygamus lugustrinum

HuincanBoroco Natre, Natri

III- X IV- VIII

Arbusto Árbol

Siempreverde Siempreverde

Sophora

macrocarpa

MayuMayo

V- VIII

Arbusto

Siempreverde

Sophora Tepualia

microphylla stipularis

PelúToromiro Tepu, Tepual Murta, Murtilla Tineo- Palo Santo Colihue

VII- XI VII- XII

Árbol Árbol

Siempreverde Siempreverde

Ugni Weinmannia Chusque

molinae trichosperma coleu

VI- X VI- XI V-XI

Arbusto Árbol bambú

Siempreverde Siempreverde Siempreverde

Chusquea

quila

Quila

V-XI

bambú

Siempreverde

Lapageria Luzuriaga

rosea radicans

Copihue Quilineja

V-X VI - XI

Trepadora Trepadora

Siempreverde Siempreverde

Tabla Anexo 2: Composición de la muestra de referencia botánica.

145

ANEXO 3
TAXAS BOTÁNICAS IDENTIFICADAS EN LA MUESTRA ARQUEOLÓGICA

Figura Anexo 3-1: Manifestación de Nothofagus spp. en la muestra arqueológica (cf. N. antartica, cf. N. pumilio, cf. N. dombeyi, cf. N. nítida, cf. N. oblicua, cf. N. glauca.

146

Figura Anexo 3-2: Manifestación de aff. Crinodendron patagua. en la muestra arqueológica.

147

Figura Anexo 3-3: Manifestación de Eucryphia cordifolia. en la muestra arqueológica

148

Figura Anexo 3-4: Manifestación de Aextoxicon punctatum. en la muestra arqueológica

149

Figura Anexo 3-5: Manifestación de Sophora microphylla. en la muestra arqueológica

150

Figura Anexo 3-6: Manifestación de Laurelia philippiana en la muestra arqueológica

151

Figura Anexo 3-7: Manifestación de Luma apiculata. en la muestra arqueológica

152

Figura Anexo 3-8: Manifestación de Cryptocarya alba. en la muestra arqueológica.

153

Figura Anexo 3-9: Manifestación de aff. Peumus boldus en la muestra arqueológica

154