Seminario de estudios para la descolonización de México Boletín 1 Chicomoztoc

EDITORIAL

La finalidad última a la cual aspiran los trabajos del Seminario
de Estudios Prehispánicos para la Descolonizaci n de !"#ico$ es propiciar el establecimiento de un plan educati%o nacional &ue$ por estar basado en %alores radicalmente nuestros$ ha'a &ue los me#icanos rei%indi&uemos$ en la di'nidad$ el or'ullo de ser ()* &ue somos+

La historia lo testimonia, hemos sufrido la más brutal con&uista armada de &ue se ten'a noticia -$ corno su consecuencia$ tres si'los de )Oscura colonizaci n f.sica - espiritual/ hemos padecido$ una %ez lo'rada nuestra independencia$ multitud de a'resiones &ue han minado la conciencia de nuestra propia estimaci n/ soportamos actualmente el pes0 de maliciosas presiones coloniza1 doras pol.ticas$ econ micas - culturales+
2o- se hace necesario oponer a los perniciosos efectos de tales hechos$ sentidos por todos nosotros$ una acci n capaz de comba1 tirlos$ - cu-os elementos esenciales pueden desarrollarse en los campos de la educaci n+ Es inne'able &ue los me#icanos$ como debe ser$ romos educados en la solidaridad con el ser de nuestros indios anti'uos/ en las escuelas se nos ense3a$ por ejemplo$ &ue 4uauht"moc es nuestro
h"roe ma-or/ &ue "l simboliza las luchas de nuestro pueblo por la libertad/ &ue representa la 'loria ma-or de nuestra ascendencia$ - debe ser para nosotros modelo presente - futuro+ Por lo contrario$ aprendemos en las escuelas a despreciar a !octezuma Se'undo por su actitud sumisa ante los espa3oles &ue %inieron a con&uistamos/ especialmente ante 4ort"s$ definiti%a5

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mente reprobable éste, pues por torpe avancia traicionó su pa· labra y llevó a nuestro rey al tormento y a la muerte. En ese sentido, es de afirmarse que a los mexicanos se nos educa y ha educado como indios, modo de educación correcto y conveniente, ya que se enraíza en valores que estrictamente nos pertenecen. En efecto, lo !nico que como pueblo, como entidad cultural, los mexicanos podemos con certidumbre llamar nuestro, por local y nativo, es el mundo prehisp"nico, obra de nuestros antepasados indí#enas$ el mundo de esa cultura existente en sí como creación humana con car"cter y valores propios, fruto de una experien% cia de milenios. Lo dem"s que tenemos, el idioma, para comenzar, lo compar% timos con otras muchas #entes& nos ha venido desde afuera, nos ha sido impuesto. 'hora bien$ por las razones históricas antes esbozadas, han sido desde el principio los extran(eros quienes se han arro#ado la facultad de definir ese mundo nuestro, y nosotros lo hemos consentido. )ueron primero los espa*oles, soldados y frailes, quie% nes lo hicieron& como hombres, nos di(eron débiles, mentirosos y cobardes& identificaron con el mal nuestro mundo del espíritu& ahora lo definen los eruditos norteamericanos, franceses, alemanes, (uz#"ndolo san#riento, pesimista y primitivo. +urante si#los, esos (uicios parciales y despectivos, al servicio de opresores poderes, han pesado sobre nosotros como una verdad humillante que se nos obli#a a soportar. +e esta suerte, nuestro mundo prehisp"nico se nos aparece, supuesto que es fuente de la opresión que a#uantamos, como al#o no deseable& al colonizamos, se nos ha hecho sentir que la condición de indios es si#no de vencimiento, de pobreza, incluso de ver#.enza. / eso también se nos ense*a& se nos educa en esa falsa creencia. ' los mexicanos, pues, educados como indios, se nos ense*a con (usticia que en ellos hemos de encontrar nuestro dechado de di#nidad, de fuerza y heroísmo. 0ero a la vez se n,- inculca,

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por la colonizadora tradición de siglos que padecemos, el senti­ miento de que en nuestra condición de indios radica un principio de inferioridad. Divididos interiormente por esa contradicción, hemos vivido y vivimos. A ella procurarán oponerse los trabajos de nuestro Seminario. A fin de hacerlo, como un primer paso, habrán de analizar en sus diversos aspectos los juicios nacidos generalmente de la incom­ prensión y de la mala fe y que, con buena o peor intención, estiman nuestra antigua cultura autóctona inferior a la suya, la occidental, que siguen proponiendo e imponiendo como modelo. na vez analizados tales juicios, serán fundadamente rebatidos! demostrada su falsedad, tendrá que sustitu"rseles por otros de verdad comprobable y comprobada, de contenidos enaltecedores. #eivindicados los valores culturales de nuestros antepasados! puestos evidentemente a la luz, serán poderosos, transmitidos por medio de la educación, a empezar a destruir los influjos negativos que actualmente se atribuyen al mundo que los creó. Se plantea as" el punto inicial de una nueva forma de educación, que dote a los me$icanos con una nueva forma de pensar, más libre y más cierta. %o se trata &nadie podr"a quererlo& de volver al pasado! s", en cambio, de evidenciar en el presente lo que aqu'l tiene de valioso! de asumirlo y de confirmarlo. Aunque no suficientemente bien, se conoce un episodio del sitio de la gran ciudad azteca( frente a frente, separados por un canal, están indios y espa)oles! llega *ort's del lado de 'stos, y les grita a aqu'llos( +,uiero hablar con uno de sus grandes se)ores.+ - alguien de los indios le responde( +.uedes hablar con quien quieras, aqu" todos somos grandes se)ores.+ /os trabajos de este Seminario tenderán a que en 0'$ico se implante un plan educativo que integre en 1os me$icanos la posi­ bilidad de volver a decir, desde lo profundo, esas 2ltimas cinco palabras( +Aqu" todos somos grandes se)ores.+ Que en lugar de vagos conceptos teñidos de racismo, los libros de texto nos enseñen que nuestra visión del mundo no ha de ser la visión de los vencidos, sino la visión de los grandes señores.

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COLONIZACIÓN ESPIRITUAL EN MÉXICO
Luis Barjau

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Este trabajo es inicio de un estudio sobre aspectos ist!ricos "ue an con#or$ado una $enta%idad co%oni&ada entre %os $e'icanos( A"u) abordo %as particu%aridades de %a condici!n co%oni&ada de un prototipo de inte%ectua%es* %os antecedentes ist!ricos "ue pro+ piciaron dic a condici!n* a%,unas ip!tesis sobre e% concepto de co%oni&aci!n $enta% de %os inte%ectua%es* se inicia una re-isi!n de un cronista de% si,%o X.I/ #ra0 1ernardino de Sa a,2n/ esco,ido entre $uc os para eje$p%i#icar %o(s principios 0 e% desarro%%o de% pro0ecto ideo%!,ico de occidenta%i&aci!n de %os indios a$ericanos/ por parte de %os con"uistadores espa3o%es( 4 Se trata de discutir %as caracter)sticas de una $oda%idad e'is+ tente en %a cu%tura $e'icana5 %a co%oni&aci!n de $uc os de sus inte%ectua%es( Para e%%o 4co$en&ar6 en#ocando %os antecedentes ist!ricos de% #en!$eno 0 ana%i&ando %a obra de a%,unos de sus $7s 4notab%es participantes( E% inte%ectua% $e'icano a sido desde e% si,%o X.I un sujeto de co%oni&aci!n socia% 0 espiritua% $u0 particu%ar( Esta particu%a+ ridad deri-a de %as condiciones especia%es en "ue se desarro%%a %a istoria de M6'ico5 a8 e% encuentro de Europa can %as cu%turas $esoa$ericanas constitu0e e% contacto $7s tard)o "ue dos co$+ p%ejos cu%tura%es i$portantes 0 si,ni#icati-os/ an tenido en %a istoria uni-ersa%* b8 %a tardan&a de este encuentro consinti! un proceso de sin,u%aridad e identi#icaci!n oonsi,o $is$o/ de a$bos co$p%ejos cu%tura%es por separado/ a un ,rado e'tre$o en e% caso $esoa$ericano* e8 %a radica%idad de %a con"uista

* In-esti,ador de %a 9irecci!n de Estudios :ist;ricos de% INA:(

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española, que mermó la población indígena 1 en 14 millones de habitantes en un periodo de 18 años, 2 logró imponer una admi­ nistración burocrática de la sociedad local en manos occidentales, que no volvió nunca a manos indígenas, a pesar del movimiento de independencia de 1810 y de la revolución de principios de este siglo; tambi n logró imponer, de!initivamente, el idioma español, la religión cristiana, y en diversa, pelo dominante medida, usos y costumbres de occidente; d" la mudan#a del habla del ser pensante me$icano, de las lenguas nativas hacia el español, impri­ me particularidad en la condición coloni#ada de los nacionales% &na sola de ellas 'aunque hay muchas', de carácter sicológico y político a la ve#, está dada por el hecho de que es más bien in!recuente que los intelectuales me$icanos recono#can su condi­ ción mental coloni#ada, como han hecho de manera activa, no individuos aislados, sino distintos movimientos políticos de inte­ lectuales en (!rica, en el cercano y en el le)ano oriente, desde la segunda gran guerra hasta nuestros días% *l reconocimiento de las condiciones mentales coloni#adas, de los intelectuales me$icanos, es un primer paso, ineludible, para la concienti#acíón y liberación espiritual de los mismos y de la nación% +uando se a!irma que el intelectual me$icano ha sido un su)eto de coloni#ación social y espiritual muy particular, no queda de ninguna manera e$cluido el resto de la sociedad me$icana como su)eto de coloni#ación, sino sólo se a!irma que los primeros su!ri­ mos el mismo proceso, pero en !orma particular, y esto marca la di!erencia% ,a particularidad de la coloni#ación de intelectuales me$icanos, se da por la naturale#a de las !unciones de los mismos en el seno
re!eridos a la región central de la actual .ep/blica 0e$icana% si en 1210 había apro$imadamente 10 millones de indios, para 1248 quedaba solamente seis millones% Cfr. 3% 4% +oo5 y 6oodro7 8orah9 The indian population of Central Mexico, 1531·1610. 8er5eley y ,os :ngeles 1;<0, p% 48, Apud: = onathan =% >srael9 Razas, clases sociales y ida pol!tica en el M"xico colonial, 1610 16#0 4+*, 0 $ico 1;80, pp% 11'?%
1 *s decir,
1-atos

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de la sociedad: funciones técnicas, idiomáticas, gráficas, icono­ gráficas, musicales, etcétera. Aunque hay una tendencia de identificación de lo que es un intelectual, en favor de los escritores, muchos otros algunas veces, tienen influencias más !oderosas en la ela"oración de las creencias y las ideas que im!eran en la cultura nacional. #a función del intelectual en la sociedad, obviamente tiene mucho que ver con la invención de la !ol$tica, la legislación, las creencias, las versiones históricas, el gusto estético, los !ro"lemas %de identidad%, y el resto de las ela"oraciones mentales que con­ tri"uyen a la formación de un consenso más o menos com&n de lo que es la %realidad nacional%. 'n (é)ico es !articularmente coloni*ada la mentalidad de los intelectuales porque éstos tienen que asumir con mayor !re cisión el conocimiento, el lengua+e, la religión, la versión oficial del !asado histórico y el a!arato +ur$dico %nacional% ,es decir, las armas de coloni*ación que usó el euro!eo), que no conforman creaciones !ro!ias, sino formas culturales que fueron im!uestas desde el e)terior. !orque se ven for*ados a mane+ar herramientas intelectuales !seudolocales, cuando la historia económica ,factor !rinci!al de la identificación de los gru!os humanos en sus lugares de origen0 de (é)ico, nunca ha !odido ser inde!endiente. y a "uscar una u"icación universal a !artir de la inace!tación de que los valores !rofesados tienen or$genes e)tran+eros. /im!lemente dicho: el carácter es!ecial de la coloni*ación del intelec tual en (é)ico se da !or el hecho de que casi nadie ace!ta sus !ro!ias condiciones de !ensador que utili*a conce!tos y categor$as lógicas de origen e)tran+ero ,cuando la historia nacional se de"atió siem!re en el !ro"lema colonial0, siendo ésta una !remisa fun damental de concienti*ación y de li"eración. 1on la 2evolución de 1310 el intelectual me)icano dio un salto en su evolución y asumió modernas actitudes de democra­ ti*ación y universali*ación ,correctas y a!recia"les0, !ero sin ha"erse cuestionado antes adecuadamente, su condición socio­ cultural coloni*ada. Ante el consenso de las naciones dice: %yo ha"lo es!a4ol%, !ero no dice que antes se comunicó en náhuatl.

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y no sólo no lo dice sino que se avergonzaría de hacerlo; cuando un francés dice: "yo hablo francés, pero antes hablé latín", y se enorgullece, y los demás admiran ese orgullo.

El orgullo resulta pues, en el ejemplo anterior, la diferencia;
y aunque parezca ésta de poca monta, es en el fondo grave y de uma importancia, !a que en tal conte"to el orgullo tiene mucho que ver con la convicción plena de estar siendo cierto; y ésta sola# mente es posible con el conteo, la memoria, la aceptación y la apreciación emotiva de la propia historia, y de sus mitos y ritos

ancestrales. in esta convicción, el representante de un grupo, ante el consenso universal de pueblos, resulta inseguro, dudoso, infiable, y siempre saldrá perdiendo en el reparto general de las atribuciones y los derechos; tanto en las confederaciones, en la asamblea internacional, como en el parlamento político y aun en el momento social de departir. $a identidad efectivamente es un tema ubicuo, pero es tam# bién, al mismo tiempo, como problema, un atavismo que pro# mueve en la mentalidad de los nacionales, inseguridad y aliena# ción tales, que los ponen en situación de desventaja en la compe# tencia universal, permiten la injusticia y el abuso por parte de las metrópolis neocoloniales a las que, cada vez por medio de nuevos mecanismos, quedamos sujetos% $a ubicuidad pues del problema de identidad, no equivale a u ine"istencia ni es, por su condición, un problema de menor importancia. &l revés% su indefinición es precisamente su fuerza opresora, la e"presión de la" sutileza de una ideología lenta y as# tutamente estructurada por el poder colonial desde el momento de la conquista, y por la inercia del .desarrollo de la cultura occi# dental sobre el mundo mesoamericano, que fue devastado. i en nuestro mundo contemporáneo el primer elemento de estructu# ración de esa ideología 'el poder colonial representado anta(o por Espa(a) está en buena medida eliminado, queda el segundo 'la inercia), menos obvio, y multiplicado aun en nuestras propias acciones y enredado en nuestra idiosincrasia. * éste opera alla# nando el camino que reproduce cada vez los mecanismos de suje# ción socioeconómica que sobre nuestras cabezas ejercen las hege+

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monías imperiales. Pero si eliminar la primera de esas formas de dominación fue ardua tarea, más lo ha sido la lucha contra la segunda, que asume formas sombrías y fantasmagóricas. El colo­ nizado está habitado por esta oscura forma de su enemigo. En realidad es tal colonizado por consentir en sí mismo un fantasma intruso; por no haber tenido la fuerza requerida para separárselo. Para bien o para mal, el contacto más tardío en la historia universal, de dos comple os culturales muy importantes, fue el de occidente !on el mundo mesoamericano en la primera mitad del siglo XVI. Pero mientras Espa"a erraba en el mar a la b#squeda de alternativas a la cerraz$n y miseria de ada por nueve siglos de organizaci$n árabe y feudal, los aztecas en %esoam&rica constre­ "ían a#n más la versi$n de las cosas del mundo que los hombres de estas tierras habían articulado' se olvidaba ()eotihuacán, se prohibían las vie as ideas de la culta )ula, se volvió al sacrificio catártico en la religiosidad; entre *+,- y *+.// )laca&lel hacía quemar las bibliotecas que hablaban de un mundo antiguo y dis­ tinto al me0ica. 1a cultura espa"ola se e0pandía y buscaba; la me0ica se constre"ía y se apartaba con sus propios pensamientos. 2unca en la historia hubo un encuentro como &ste. El asombro fue particular para los me0icanos, acostumbrados a ver y a enten­ der culturas muy similares a la suya. 3icho asombro encarn$ y cobr$ dimensiones políticas con el legendario encuentro en 4uluco de *.*5,+ de 6ernando !ort&s y el rey %octezuma ** 4ocoyotzin. 7e enfrentaban dos mundos' uno de aventureros errá­ tiles sobre un mar todavía surcado de monstruos; hastiado y em­ pobrecido por la soledad y el aislamiento de un medioevalismo ya desestructurado; otro de id6latras cuyas certezas se edificaban en la introversi$n, hierático y ritual frente a n#menes ine0orables, con esa bárbara honorabilidad que da el permanecer todavía dis­ tantes del símbolo del dinero y sus codicias.
/ Es decir, despu&s de la derrota de 8zcapotzalco y la gran hambruna que asol$ a la ciudad tenochca. 1e$n9Portilla' Los antiguos mexicanos :!E, %&0ico *5;<, pp. 5,=55. + Cfr. 1orenzana' Historia de Nueva España, %7. 1ib. *, !ap. *6, Apud: >illiam Prescott' 6istoria le la Conquista de México, 1ib. ?l?, cap. 5, p. ,.., Edit. Porr#a, %&0ico *5;6.

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El rencor mexicano, que en muchos de nosotros aún no sopesa en su totalidad aquel enfrentamiento, tiende a creer, desespera­ damente, que una ya tradicional pusilanimidad y cobardía del rey, era la causa sola de la derrota de Tenochtitlan, sin contar que la ciudad estaba rodeada de pueblos sometidos por la fuerza, que tarde o temprano buscarían su libertad; sin contar que en esos tiempos no existía ni remotamente la idea de una confederación tribal que abarcara todas las almas que poblaban lo que hoy es nuestro territorio, ya no di!amos la idea de una nación "y sus

nacionalismos# como hoy la entendemos; sin contar que en $octezuma "un semidios # y en las nociones de su poderío, no cabía por inconcebible, la idea de la ri%alidad, pues no había par, en el mundo conocido "esto es, en la realidad) que osara conten­ der arnenazadoramente con esta autoridad( El poder del reyen estas tierras, excedi)ndose, pronto daba con el ocio, los misterios inici*ticos, el pensamiento lúdico, La intro%ersión sostenida contrae desesperanza( , partir de aquí son escasas las posibilidades+ o la melancolía inmó%il, que si es reli!iosa se funde con la contemplación mística, o la depre­ sión, que cuando es acti%a siempre est* relacionada con la muerte( -or supuesto que no podernos tasar la historia de la %ie.a ci%i­ lización azteca a la luz de una disciplina empírica del mundo moderno occidental( /in embar!o, no de.an de ser admirables las coincidencias que resultan de sus profanas utilizaciones+ de hecho, toda la poesía n*huatl conocida alude a una irredimible desesperanza(

El hecho del contacto histórico m*s tardío, el de Europa y $eso­ am)rica, tra.o repercusiones notables y aberraciones que por su propia tardanza son explicables( /i en Espa0a el ascenso social estaba determinado por el ca ballo y la espada, si la consecución de dinero y presti!io se lo!raba r*pidamente con ambos instrumentos, las labores( produc ti%as contraían un efecto contrario, de aquí la aristocr*tica a%er3
4 5erbert 6rey+ Antecedentes feudales de la conquista de América. 2irec­ ción de Estudios 5istóricos del 78,5, $)xico 19:; "%ersión mecano!r*fica#(

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sión española hacia el trabajo. Estos españoles fueron los que llegaron a México. Si en la historia occidental la desigualdad social de todos modos había evolucionado de la esclavitud a la servidumbre, ha que apreciar el hecho de que a existía una sólida tradición de defensa de los derechos de los soju!gados" tanto en la pr#ctica de la convi$ vencia, como en el debate jurídico. %abía, a, cierta cultura de defensa. &ero en Mesoamérica esto no existía. 'os españoles que vinieron a México, en buena medida eran los hijos soju!gados de España. ( aquí descubrieron que con los nativos podían crear hombres todavía m#s sometidos que ellos" en cierto modo, hombres que habrían de ser objetos de una suerte de vengan!a. )dem#s hallaron que no había una tradición de defensa, pr#ctica jurídica, del desposeído. *odo esto enconó un rencor at#vico en los recién llegados. *odo esto explica la saña aplicada al pueblo indígena, el increíble sadismo que reportó el padre 'as +asas, en su Brevísima relación de la destrucción de las indias &ero el m#s importante factor causal de la coloni!ación de la mentalidad mexicana, fue el destronamiento de los dioses anti$ guos de los indígenas" allí empe!ó un verdadero cambio, por este acto España pudo infiltrar sus ideas acerca del cosmos, del hombre sus formas de organi!ación social, sembrando estas semillas en la mentalidad de los nativos, en donde fueron, pri$ mero, un factor de negación de lo propio, después un principio de confusión, por .ltimo un elemento de predisposición para servir al bienestar, a las ideas a los valores de los españoles, representantes de la hegemonía cultural de occidente. Esa labor de penetración espiritual la hicieron los cronistas religiosos los conquistadores del siglo /01, pero sobre todo los primeros. Misio$ neros que se infiltraron en todos los confines de Mesoamérica, que poco a poco cambiaron las costumbres de los indios. )sí les cambiaron sus h#bitos sexuales, los matrimoniales, convirtién$ dolos lentamente al esquema jurídico moral de la contrarre$ forma católica española.

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Si la sexualidad de los indios con frecuencia se manifestaba en hábitos poligámicos, los frailes los constriñeron a la monogamia. Cuando los españoles insistieron en institucionalizar esta última forma, decidieron también que los recién casados por las leyes de la iglesia, habrían de ser un hombre con la primera mu er con que hubiera cohabitado, aunque ya no existiera ninguna relaci!n entre ambos. " #ntre aquellos misioneros ug! un papel muy importante, por la inteligencia y calidad de su proyecto intelectual y de su obra escrita, el franciscano fray $ernardino de Sahagún, que de ! a la posteridad su Historia general de las cosas de Nueva España, obra integrada por doce libros sobre las costumbres de los indios mexicanos, el último dedicado a las peripecias de la conquista española. %e esta obra examinaremos a continuaci!n el libro &, que está dedicado a los dioses de los naturales' su título( )#n que se trata de los dioses que adoraban los naturales de esta tierra que es la *ue+a #spaña.) #ste libro consta de un pr!logo, una ad+ertencia al lector, ,, capítulos -son las traducciones que el autor hace de sus )informantes) indígenas., y el material es sobre los dioses de estos mismos/, un apéndice con pr!logo, cuatro ca0 pítulos transcritos de la $iblia, y la confutaci!n final. 1a obra de Sahagún tiene un título re+elador, ya que todos los libros que la componen se refieren a las cosas de los indios y de 2éxico34enochtitlan, y aun sería difícil aceptar que el último de ellos, que está dedicado a la conquista, se pueda considerar como nutrido por )cosas de la *ue+a #spaña), sitio así llamado, y realidad colonial ocurrida muchos años después de lo que en realidad refiere el +olumen. Sahagún entonces creía que estas tierras eran propiedad de #spaña por derecho natural, incluso desde antes de la fecha del descubrimiento. 5 así se sobreentiende si atendemos a la consi0 deraci!n de este cronista, sobre el hecho de que 6eho+á -es decir,
" 7rtega, Sergio et al: Del dicho al hecho ... 4ransgresiones y pautas culturales en *ue+a #spaña. Seminario de 8istoria de las 2entalidades. %irecci!n de #studios 8ist!ricos, 9*:8, 2éxico &;<", pp. &=>,< -?er0 si!n mecanográfica/.

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el cristianismo, y en tierras americanas España como su único representante) expresamente mantuviera hasta tan tarde en la historia, esta reserva idolátrica que habría de ser redimida y some­ tida por los españoles: Es, cierto, cosa de grande admiraci6n que haya nuestro señor ios tantos siglos ocultado una selva de tantas gentes id!latras, cuyos "rutos ub#rrimos s!lo el demonio los ha cogido, y en el "uego in"ernal los tiene atesorados$ ni puedo%creer que la &glesia de ios no sea pr!spera donde la sinagoga de 'atanás tanta prosperidad ha tenido, con"orme aquello de 'an (ablo: abundará la gracia donde abund6 el delito% ) % *o sabemos mucho de la vida de este misionero que lleg! a los +, o -. años a /#xico 0en 12+,), 3 que pas! a residir tres años más tarde, como primera misi!n, en el pueblo de 4lalma­ nalca, cerca de 4excoco% 'e ha dicho que probablemente "uera un 5udío converso, ) bis y es seguro que su apellido diera nom­ bre a su propio pueblo: 6illa de 'ahagún, en 7ampos%8 9Es posi­ ble que su ascendencia por vía paterna "uera morisca y en cierto modo hecha de notables que dieron su nombre a la villa, y que una ve: perdido el poder de los moros, la "amilia 'ahagún se convirtiera al cristianismo; 97!mo sería la mentalidad de un español del siglo <6&, con estos antecedentes posibles, educado en la orden del 8será"ico8 , 'an =rancisco, al declinar de la Edad /edia, involucrado en un via5e "antástico allende el oc#ano; 'ahagún cali"ic! la religiosidad de los indios mexicanos como una en"ermedad y como un vicio% 1. En cuanto a la en"ermedad, #l, sus "acultades pedag!gicas que contagiaría a otros religiosos, la %habria de curar$ en cuanto al vicio, el cristianismo otorgaría el
) 'ahagún%: Historia general de las cosas de Nueva España. Ed% (orrúa, /#xico, 1,>+, p% 1,% ) bis Cfr. ?ngel /a% @aribay K. introducci!n a la Historia de las Indias de *ueva España de =ray iego urán, Ed% (orrúa, /#xico 1,6), p% <6%

''ahagún, p% 1)% , Aoe% cit., p% 1)% 10 Ibídem.

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perdón y enderezaría a los viciosos. Por eso citaba a San Pablo: "abundará la gracia donde abundó el delito." 11 Es claro que negar de esa manera la religiosidad de un pueblo, es cosa grave, y en todo caso til sólo para los conquistadores. Si toda religión es entre otras cosas la creencia en una garantía sobrenatural o!recida al "ombre para su propia salvación # las prácticas dirigidas a obtener o conservar esta garantía, $% los espa&oles estaban condenando un procedimiento meta!ísico de salvación sólo de nivel de "creencia en una garantía", para substituirlo por otro igual: los Evangelios. 'on la negación, el avasallamiento # la conversión de las creen( cias religiosas indias por las cristianas, sucedió inevitablemente un doble proceso: a) la des estructuración de los mecanismos síq uico( religiosos de la !e, la esperanza y la. práctica de la acción sobre el mundo, y b) el sometimiento a los espa&oles, supuestamente portadores de una religiosidad "superior". *mbos !actores son la piedra angular de la colonización espiritual de +,-ico. Si como a!irma A. .ois#, los sistemas de !e # esperanza reli( giosos "le sirven /al "ombre0 para encontrar el medio para regu( larizar con actos de acción sus posibilidades más o menos inciertas /aunque esto no ocurra en la realidad0, /sin embargo el "ombre0 adquiere con!ianza en sí mismo a trav,s de sus empresas, se atreve y al atreverse obtiene realmente más o menos lo que quiere".12 Si esta !unción tienen las religiones en opinión de este autor, los antiguos me-icanos la perdieron ante la presión de los europeos. y ante una p,rdida meta!ísica de esta naturaleza, la voluntad de hacer en el mundo, queda suspendida y redunda en e!ectos de impotencia #, aun, de muerte. Siempre nos pareció e-tra&o # un poco e-agerado que algunos cronistas espa&oles del siglo 345, cuando enlistaban las, causas de la e-traordinaria ba6a de la pobla( ción durante la ,poca, pusieran entre los primeros lugares la
cit., p. 17. *bbagnano: Diccionario ele filosofía, 9'E, +,-ico, 17:%, p. 111;. 13 Essaí historique sur le sacrifice, París 17%1, p. <22.
11 Loe.

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apatía de los indios; pero con la inminencia del final de la reli­ giosidad india, encontramos una evidente relación entre la deses­ tructuración de los mecanismos de la fe, y la muerte. Pero si las instituciones y los hábitos forman complejos culturales milenarios, construidos a partir de los fundamentos mítico­ religiosos, históricos, políticos y artísticos de un pueblo, es impo­ sible su desaparición abrupta ante la presencia dominadora de una cultura extraña. partir de esta idea se pueden formular pregun­ tas importantes! "i no desaparecieron pero cambiaron de aparien­ cia, #dónde están los aspectos esenciales de la cultura antigua de $%xico, aspectos como los arriba anali&ados, las formas particu­ lares 'religiosas( de estructuración de la fe, u otros )ue no hemos mencionado, como los sacrificios* + #cuál es el resultado de la conjunción de dos vertientes religiosas particulares, a su ve& corres­ pondientes a cosmovisiones distintas* ,n el caso particular de la confrontación de las deidades occiden­ tales y mesoamericanas, esta unión sin duda tuvo- significados m.ltiples, pero procedimientos muy concretos. /no de sus signi­ ficados reside en el hecho de )ue la con)uista confrontó a 0ehová y al cristianismo, fundados en la explicación y manipulación dial%ctica de las nociones del bien y del mal, con una religión politeísta organi&ada propiciatoriamente con los dones de la natu­ rale&a; es decir, con divinidades )ue administraban los dones de la naturale&a. /n procedimiento concreto fue )ue los misioneros españoles decretaron 'sirvi%ndose de una especie de ej%rcito real bien pertrechado( )ue la re1igiosidadlocal correspondía solamente a uno de los polos dial%cticos de especulación del catolicismo; esto es, al mal! los dioses mesoamericanos y por ende sus siervos, eran demonios. 2epitamos a)uí la cita escogida de la magnífica obra de "ahag.n! ,s, cierto, cosa de grande admiración )ue haya nuestro señor 3ios tantos siglos ocultado una selva de tantas gentes idólatras, et­ c%tera. "eg.n el fraile, entonces, esta tierra no era para sus nativos. 0ehová, a propósito 'aun)ue asombrosamente(, la había reservado

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para España, bajo el pecado de la idolatría. El quid de la descali­ ficación moral de la religiosidad indígena eran los sacrificios, cosa que había ocurrido en la antigüedad remota de Grecia, la cuna occidental, y entre tantos otros pueblos de Oriente. Pero

aquí, la iolencia del encuentro en el siglo !"#, deri aba tambi$n de que los cristianos se encontraron cara a cara con algunas costum­ bres de su propio remoto pasado% sir a este &ltimo argumento de ejemplo a nuestra inicial indicación de que la tardan'a del encuentro occidente()esoam$rica, tu o una singular connotación. *i *ahag&n creía que esta tierra no era para sus nati os, +ort$s obser aba que, misteriosamente, el propio )octe'urna creía lo mismo. ,- Pero a ni el de creencias, tenemos solamente los testi­ monios de *ahag&n . +ort$s /m0s tantos otros occidentales1, pero no los de )octe'uma, ni de ning&n otro nati o. *el a /... 1 cu.os frutos ub$rrimos sólo el demonio los ha cogido, . en el fuego infernal los tiene atesorados ... 23eológicamente puede haber frutos ub$rrimos siendo los indios entes del mal, gobernados por deidades tambi$n malignas4 El m0s gra e resultado de la coloni'ación española en )eso­ arn$rica fue, como dije, la desestructuración de los mecanismos indígenas de la fe, justificados y aceptados por los me5icanos, en el conjunto de creencias que estaban contenidas en sus propias religiones. En ese sentido, la acusación de *ahag&n hacia los indios, no descubría una 6falta6 o anomalía en la conducta de aqu$llos, sino que la promo ía, y $sa era la infidelidad. *ahag&n había sen­ tenciado% "osotros, los habitantes de esta 7ue a España 8... 9 sabed% que todos hab$is i ido en grandes tinieblas de infidelidad e idolatría en que os dejaron uestros antepasados ... ,:
,- ;. +ort$s% Cartas de relaci6n de la Conquista de México +arta #l, Espasa<+alpe me5icana, +ol. =ustral, )$5ico, ,>?@, pp. AA<B. ,: op. cit., p. :C.

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Infidelidad [lat. infidelttas, atis 1 es falta de fidelidad; deslealtad. y en segunda acepción, por supuesto quiere decir, como constaen el diccionario, carencia de la fe católica.

Pero considerando que los indios tenían sus propios mecanis­ mos de fe (en la realidad, en el mundo, en sus cosmovisones), conceptuali ados por sus rdigiones, fue precisamente el adoctri­ namiento cristiano lo que !i o del me"icano, un infiel; es decir, el motivo que lo o#ligó a convertirse frente a los !$#itos y creen­ cias de %ccidente, en un ser dudoso, falto de voluntad, ya que esta &ltima se e'erce por medio de la fe (que es un pro#lema religioso) y que fue que#rantada a propósito por los espa(oles. )l indio se convierte pues en un ser infiel y desleal, solamente frente a los espa(oles. Por separado y en sí mismos, los nativos esta#an muc!o m$s le'os, de la infidelidad que los propios espa­ (oles, ya que sus sistemas de creencias eran menos controver­ tidos, y menos un o#'eto de discusión intelectual que entre los espa(oles* las discusiones propiamente teológicas de los indios (entre ellas el pro#lema de la fe), esta#an reservadas sólo a una 'erarquía sacerdotal, que a su ve conserva#a el poder político. )ntre los espa(oles, en cam#io, esas preocupaciones esta#an muc!o m$s difundidas* entre las diferentes sectas y órdenes de la religio­ sidad cristiana, en las clases altas, que sin estar !ec!as de funcio­ narios religiosos, +incidían en la religión, en el pue#lo y en la inte­ lectualidad general, que cuando ra ona#a so#re el mundo, no de'a#a de plantearse pro#lemas religiosos. )n conclusión* el indio no fue un infiel por !erencia de sus antepasados, como sentenció ,a!ag&n; lo fue, sí, por contacto con los, espa(oles, quienes impusieron un nuevo código de fide­ lidad, e"tra(o y difícil para los nativos, que a su ve tenían los propios. )n tercera acepción, la pala#ra infiel quiere decir -falto de puntualidad y e"actitud-. )n efecto, a eso llegaron los indios frente a una cultura dominante (la occidental) que no !a#ían creado ellos mismos; era inevita#le la impuntualidad e ine"ac­ titud frente a ideas del tiempo, y frente a una lengua y religión

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extranjeras. El mexicano no fue más un ser integrado; se con­ virtió en un inadaptado, incrédulo y desleal. A finales de los años veintes, todavía el escritor inglés . !. "a#rence lo perci$ía como un ser %increado%, %a medias%, %a medio &acer%; '( y era por esos particulares mecanismos socioculturales de la coloni)a­ ción de América.

"a idolatría de los indios fue la piedra de to*ue de la satani­ )ación de +esoarnérica, &ec&a por los españoles. En particular, fray ,ernardino de -a&ag.n utili)a este argumento en el Apén­ dice del li$ro primero de la Historia general. /ara demostrar el carácter pecaminoso de la vida fuera de las creencias cristianas de ios, utili)a los capítulos '0 a '( del li$ro Sabiduría del Anti­ guo 1estamento. 2n li$ro *ue el protestantismo considera apócrifo y *ue no incluye en sus $i$lias, pero *ue los católicos sit.an al final del Antiguo 1estamento, como un li$ro escrito en griego por un judío &elenista &acia los años '34 y (0,'5 es decir, no muc&o tiempo antes de la era cristiana. -e dice *ue es un li$ro preparatorio del advenimiento de los evangelios y *ue está varias veces citado en el 6uevo 1estamento. El autor se dirige a sus compatriotas, la numerosa colonia judía en Alejandría, %a *uienes *uiere poner en guardia contra los atractivos de una cultura $ri­ llante en un am$iente epícureísta y corruptor7r./ -eguramente -a&ag.n tuvo muy en cuenta esta función del li$ro sagrado Sabiduría, para incluir los capítulos '0 a '(, en el Apéndice del primer li$ro de su Historia. En +esoarnérica no &a$ía desde luego un %am$iente epicureísta%, pero es seguro *ue el franciscano con­ sideró perjudicial para la fe católica de los españoles, la compara­ ción o$ligada *ue éstos &acían, so$re diversos tópicos religiosos, al o$servar la mentalidad mesoamericana. 6o es un descu$ri­ miento decir, pues, *ue el contacto con los indios fue causa del planteamiento de muc&os y nuevos pro$lemas teológicos. e &ec&o, en su prólogo -a&ag.n advertía *ue el sentido de su o$ra
16Cfr. La serpiente emplumada. '5-agrada ,i$lia, -a$iduría, p. 8(9, Ediciones /aulinas, +éxico, '85:. 180p. cit., p. 8(3.

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era también adiestrar al misionero en el descubrimiento constante de las formas que adoptaba el pecado entre los indios. 19

Si en Alejandría, cuando escribía el autor de la Sabiduría, no era tan remoto el epicureísmo como filosofía (Epicuro vivió de 3 1 a 270 a.e.!, en "esoamérica a nuestro autor le pareció que e#istía una atmósfera que estimulaba entre los espa$oles las ideas del filósofo %rie%o, en el sentido de creer en la ine#istencia de &ios ('a que todo un continente (abía vivido sin él por si%los!, ' en el sentido también de tomar al placer como el )nico bien (los indios eran considerados libres ' sensualistas!, ' al dolor como el )nico mal. *+ ,os contenidos de los capítulos de la -iblia transcriptos por Sa(a%)n, son impresionantes. en ellos se e#pone la noción sa%rada de que la idolatría trajo como consecuencia el deseo sensual/ 0orque el principio de la fornicación fue la invención de los ídolos. y su (alla1%o fue la corrupción de la vida (Sabiduría, 1 /1*! , ' que la invención de los ídolos resulta de la incapacidad de to2 lerancia del dolor, que trae la pérdida de un ser amado/ 0ues penetrado un padre de amar%o dolor, (i1o la ima%en del (ijo, que le fue arrebatado pronto. ' a aquel que entonces (abía muerto como (ombre, cornién1ale a adorar a(ora como a &ios, ' le establece entre sus siervos ceremonias ' sacrificios (Sabiduría, 1 /13!. 4a' una correlación tan difícil como sacríle%a, pero que no nas privaremos de (acer aquí/ la teoría sicoanalítica sostiene que la substitución del objeto del afecto, por una de sus im5%enes, es la causa de todos los disturbios anímicos que se$aló bajo la denominación %enérica de las neurosís.67 Anotamos esta coínci8
Sa(a%)n, p. 19. Cfr. E. :o'ston 0i;e/ Diccionario de religiones, <=E, "é#ico, 19>?, p. 191. *1 S. <reud/ @=inco conferencias", cn/ Obras Completas, Edit. Ameri2 cana, -uenos Aires, 19 3.
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dencia como mera curiosidad intelectual, ya que no es carente de evocaciones y sugerencias. ¿Qué pensarían los indígenas acerca de estas recomendaciones (de abandonar la idolatría) cuando los católicos se servían venerar ídolos de su propio santoral y del Cristo crucificado? sta discu! sión surgida entre, la "eforma luterana y la Contrarreforma espa#ola, debía inclinar lógicamente a los indígenas por las tesis de la primera. $e %ec%o& %oy entre los grupos idígenas de 'é(ico, )*+ a#os m,s tarde, tienen muc%o é(ito las diversas sectas protestantes que son realmente congruentes con las vie-as tesis antidol,tricas. .ara los indios estas sectas deben de ser, en el fondo, una prueba de su secreta ra/ón frente a los espa#oles& éstos los condenaban por idólatras, cuando ellos mismos lo eran también. La famosa Confutación que 0a%ag1n %ace al final del libro primero de su Historia, no agrega en realidad absolutamente nada, ninguna nueva idea religiosa a lo e(puesto en su Prólogo, a la cita de los cuatro capítulos del libro Sabiduría de la 4iblia, y al te(to vertido de los 5informantes5 me(icanos, en donde constan! temente cuela su impugnación a la religiosidad me(icana. 6grega,
sí, una nueva dosis de demagogia y proselitismo& la repetición de la condena, la insistencia del car,cter pecaminoso y culpable de la %istoria me(icana, que los antepasados na%uas %abrían de pagar en el infierno, lo mismo que los vivos que no se convertían de inmediato al cristianismo. 6simismo, todo aquel que supiera acerca de la permanencia de ritos y ceremonias 5paganas5, estaba obligado a denunciarlas so pena de su condenación. 0a%ag1n aclaraba que el abstenerse de %acerlo, era pecado mayor que la propia idolatría. 77 8aturalmente, aun, con esas amena/as, las pr,cticas religiosas indígenas seguían siendo constantes9 aun aquellas que eran p1! blicas y de-aban rastro, como los sacrificios, y que eran las m,s perseguidas por los espa#oles& en 2:*;, )< a#os después de la
77 0a%ag1n,

p, *).

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conquista, unos religiosos encontraron restos de sacrificios re­ cientes y ofrendas en la Sierra de Toluca.23 Sahagún entonces es uno de los principales misioneros espa­ ñoles del siglo XVI, que participa acti amente en la instauraci!n de las creencias de que la cultura, el pensamiento y las costum­ "res me#icanas, si no son una imitaci!n de los principios religiosos del $udeocristianismo, son inferiores, infieles e indignas% es decir, ideas pioneras y promotoras de una mentalidad especial desarro­ llada entre los me#icanos, que han sido caracter&sticas 'no sola­ mente en ()#ico sino en tantos otros pue"los del mundo*, de la mentalidad del coloni+ado. ,a con icci!n &ntima sahaguniana, se puede formular sin margen de errores, en esta manera- las ideas propias 'de los me#icanos* son equ& ocas% la única posi"ilidad racional depende de la adopci!n de las occidentales. .a$o estas premisas "/sicas 'y en algunos momentos contra ellas*, se ha desarrollado la historia del quehacer intelectual en ()#ico.

01Idem,

p. 23.

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PERAS Y AGUACATES Eduardo Pérez Fernández

Ante la necesidad de referirse a las cosas americanas, los prime­ ros colonizadores españoles bautizaron a veces las realidades m s aut!ctonas con t"rminos #isp nicos$ As%, a trav"s del len&ua'e, iniciaron un proceso de suplantaci!n ( dominaci!n culturales en varios sentidos m s oneroso )ue el impuesto por las armas$ En este traba'o do( un e'emplo de ello$ En *+,- sali! a la clara luz de Toledo el Sumario de la natural historia de las Indias;1 de Gonzalo .ern ndez de /viedo 0*1234*++25$ 6o se piense )ue por llevar en el t%tulo 7sumario7, la obra es un resumen de la cuantiosa ( c ndida Historia gene­ ral y natural de las Indias, cu(a primera parte, eslabonada por *8 libros, sali! por primera vez de las prensas sevillanas de 9uan Cromber&er en *+:+, ( le vali! en vida al autor una reimpresi!n, la de Salamanca de *+12; el libro <<, pertene­ ciente a la se&unda parte, se dio al p=blico en >alladolid el mismo año de la muerte de /viedo$ El resto de la Historia general permaneci! sin publicarse #asta cuando 9os" Amador de los R%os prepar!, ba'o el patrocinio de la Real Academia de la ?istoria, la edici!n de toda la obra )ue en cuatro vol=­ menes #ab%a de aparecer en @adrid 0*3+*4*3++5$, Entre
l Para este traba'o me #e servido sobre todo de Gonzalo .em ndez de /viedo, Sumario de la natural historia de las Indias. Edici!n, introducci!n y notas de 9os" @iranda$ .ondo de Cultura Econ!mica, @"Aico, *B Reimp$ *828$ Cuando entre par"ntesis pon&o el n=mero de p$, me refiero a esa edici!n$ , Para abreviar #e dicidido llamar Historia general a la Historia general y natural de Indias. Cos datos de la vida de /viedo, los #e tomado tanto

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todas sus obras, unas 11, la que más encareció Oviedo fue la

Historia general. Por ella se enfrentó a enemigos tan vehemen­
tes corno fray Bartolomé de las Casas o tan ansiosos de honra familiar como la parentela de Pedrarias ávila que entabló !uicio en contra del historiador ba!o el cargo de difamador, pues hab"a dibu!ado a uno de sus miembros, el temible #ober­ nador de $ierra %irme, con la tinta más negra y los rasgos más espantables& por la Historia general debió de esfor'arse recopilando, ponderando, seleccionando, ordenando y e(ponien­ do a su manera el caudaloso material informativo que como pr"­ mer cronista oficial de )ndias hubo de recibir de cada e(plora­ ción, conquista o asentamiento espa*ol& + a ella en fin se dedicó, en sus propias palabras, ,desde el tiempo que estas partes se descubrieron por el primero almirante don Cristóbal Colón, a*o de 1-./ hasta el presente a*o de 10-124 3ntes de traba!ar en el Sumario, seg4n la edicatoria que viene en su inicio, ya ten"a escrito ,todo lo que he podido comprender y notar de las cosas de )ndias, 5p2 6172 8os folios ya redactados iban sin duda desti­ nados a configurar la primera parte de la Historia general. 3s" las cosas, no es impertinencia afirmar que el material del Sumario

procede del sustrato que dio cuerpo a los primeros libros de la Historia general; pero el cordón de parentesco que une a ambos libros, se muestra renuente a especificar su naturale'a2 Conside­ remos, en efecto, que aunque ya hab"a emprendido la elaboración de la Historia general y acaso su publicación, Oviedo escribe y publica el Sumario en 10/9, valiéndose sólo ,de lo que en la memoria está, 5p2 617, ya que en ese momento se hallaba en
de :osé ;iranda (Cf. nota 17 como de :uan Pére' de $udela Bueso, en su ,vida y escritos de #on'alo %ernánde' de Ov"edo,, estudio preliminar de #on'alo %ernánde' de Oviedo, Historia general y natural de las Indias. Biblioteca de 3utores <spa*oles, ;adrid, 1.0., vol2 1 , pp2 =>C8?)?2 a :osé ;iranda 5p2 /+7 dice que Oviedo, en 101. ,en pro de sus traba­ !os históricos obtuvo un mandamiento real dirigido a todos los gobernadores y adelantados de )ndias para que éstos le remitiesen relación ver"dica de sus hechos, a fin de que pudiera completar la @istoria general que ten"a co­ men'ada2, - Cfr. Historia general, 8ib2 82, cap2 ??? 5t2 =2 p2 -1672

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España, supuestamente lejos de sus papeles y archivos que, según él, estaban en su casa de Santo Domingo, de suerte que no pudo consultarlos. Es probable, además, que el éxito y los comenta! rios que le hicieran algunos amigos respecto al Sumario, lo hayan obligado a reconsiderar lo que ya estaba tal ve$ casi listo para la Historia general. %o saber en qué ni c&mo dependen una de otra obras, o'rece la oportunidad de tomar cronol&gicamente como punto de arranque al Sumario, libro que con probabilidad debe su 'rescura, o si se quiere, su espontaneidad en ocasiones algo precipitada y deshilachada, al deseo probable ( del rey )arlos * de que +viedo escribiese algo sobre la naturale$a de las *ndias +ccidentales. El libro en todo caso se dirige a presentar ,particu! laridades de que -uestra .ajestad no debe tener noticias o se le pueden haber olvidado, /p. 0120 3. La pequeña delicia que es el Sumario, se parece a cualquier historia natural en que se reseña lo más llamativo de la naturale$a, geogra'4a, minerales, 'lora, 'auna y algunas costumbres de grupos humanos de tierras desconocidas. Estamos, pues, ante un género literario que reconoce su 'iliaci&n en la Historia natural de )ayo 5linio, llamado el viejo. 6o espec4'ico del librito estriba en que el inventario de rare$as naturales se re'iere a la parte de 7mérica
8osé .iranda a'irma que ,El Sumario 'ue traducido inmediatamente al lat4n por el docto 9rbano )hauveton, y poco tard: en ser vertido a otros idiomas; al italiano, en -enecia, " <1= al inglés, en 6ondres, " ... >amusio le dará entrada en sus Navigationi et viaggi -enecia " #2(1, /p. #3. 5ére$ de ?udela hace saber que 7ndrea %avagero en " @0 ya hab4a traducido al italiano el Sumario (Op. cit., p. c3. : .anuel .at4corena en ,9na traducci:n desconocida de Aemánde$ de +viedo,. En Estudios americanos, nB :(2:0, Sevilla, "C (, pp. @CCD<##, señala que desle el "C de enero de " @: +viedo contaba ya con autori$aci:n, por cédula real, de publicar su Historia general, y que en abril de ese año tramitaba la cesi&n y traspaso de los derechos de publicaci&n de la misma obra. Es probable, entonces, que +viedo tuviese a la vista el manuscrito de la Eistoria general. Este no estar4a tan alejado de él, reposando en Santo Domingo, como lo declara en el Sumario. 7 >&mulo D. )arbia, en La cr6nica oficial de las Indias Occidentales, Fuenos 7ires, "C1#, pp. (0D(C, piensa que el rey no le pidi: nada a +viedo. De haber mediado un deseo real, nuestro cronista lo hubiera mencionado en la Dedicatoria.

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que conoció durante sus dos primeras estancias en el continente. Además de la Dedicatoria y la Conclusión, la obra se dividiría en cuatro partes. Helas aquí: 1) La nave ación entre !spa"a y las #ndias $Cap. 1)% &) De la naturale'a que se (alla en la isla la !spa"ola $Caps. #1)*##)% +) De la naturale'a de la isla de Cuba $Cap. *###), y ,) de las cosas de -ierra).irme $caps. #/)L///*). 0or su e1tensión, esta 2ltima parte podría subdividirse en incisos: a) De los indios y sus costumbres $Cap. /)% b) De los animales terrestres $Caps. /#)//*##)% e) De las aves $Caps. //*#l#3 /L*###)% d) De al unos insectos $Caps. /L#/)L#l#)% e) De al3 unos reptiles y animales pon'o"osos $Caps. L#*)L/#)% De las plantas $Caps. L/##)L///), y ) De otras diversidades de cosas $Caps. L///#)L///*). Como se ve, el libro no o'a del equili3 brio deseado. 4n capítulo consa rado a Cuba y seis a la !spa"ola, casi no sirven de contrapeso a los 55 restantes dedicados a -ierra .irme. 0ara e1plicar este 6enómeno, conviene abreviar que 7viedo viene a Am8rica por primera ve' al participar en la malo rada e1pedición de 0edrarias Dávila, lle ada a Castilla del 7ro, en Centroam8rica, el 1& de 9unio de 1:1,. 0ermanece 7viedo en la re ión unos 1; meses, (asta principios de octubre de 1:1:, cuando se embarca rumbo a !spa"a con el propósito de dar al rey noticias del estado en que yacía la coloni'ación de esas tierras. Diversos asuntos lo detienen en la 0enínsula por más de , a"os% pero en 9unio de 1:&< está de re reso en Centroam8rica donde radica (asta 9unio de 1:&+. De 9ulio a septiembre de ese a"o, via9a a Cuba $1: días) y =anto Domin o. Le bastaron, entonces, cuatro a"os y medio, poco más 7 menos, para observar la naturale'a de -ierra .irme que describe >de memoria> en el Sumario. Aunque pare'ca que ese periodo es más que su6iciente para (acer observaciones precisas, debemos pensar que durante ese tiempo 6un ió como !scribano eneral de 9u' ado y mayor de minas, primero, y *eedor de las 6undiciones de oro. 7btuvo tambi8n el car o de ?e idor perpetuo de @uestra =e"ora de la Anti ua, el de ?e idor de Dari8n, y el de -eniente de ?eceptor de las 0enas de Cámara. -ambi8n en esa 8poca es comerciante en perlas, escornendero y lu arteniente de 0edrarias Dávila, via9a

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dos veces a la ciudad de Panamá, emprende la organización y beneficio de una mina de oro, 8 padece un atentado contra su vida y sufre constantes embates y persecuciones de parte de Pe­ drarias quien, según Las Casas, "fue el instrumento de la rigu­ rosa ira de Dios" y "verdugo de aquellas miserables gentes", indios espa!oles" #l dominico lo llama furor Domini agrega que $izo "cosas en su gobernación que no las $iciera más irra­ cionales un $ombre insensible mentecato"," Debe entenderse, por lo tanto, que con tal se!or con sus múltiples labores y ofi­ cios, los cuatro a!os medio son de traba%os, preocupaciones luc$as ale%ados de espaciosas especulaciones botánicas, etnográ­ ficas, zoológicas o geográficas" &no de sus biógrafos, P'rez de (udela, nos muestra un )viedo que a para entonces era due!o de una fortuna envidiable, obtenida de sus que$aceres en *m'rica" +eamos desde un punto de vista l',ico, es decir, ling-.stico, es decir, cultural, cómo nuestro autor describe un ob%eto de su inter's" /e baso, pues, en que la lengua está entra!ablemente unida con la cultura" #s parte de 'sta , de las instituciones sociales, ninguna como la lengua puede darnos una clave tan segura para interpretar la ideolog.a de una sociedad dada" *l se­ leccionar un 0)b%eto, me refiero a 'l e,clusivamente no a toda la obra de )viedo" 1e trata de una cala que toma en cuenta el con%unto" Pues bien, el primer cronista oficial de 2ndias, cuando describe en el Sumario las rarezas que conoció palpó, $ubo de apo arse en las noticias escritas 0) trasmitidas de boca en boca desde el $allazgo $ec$o p0)r el almirante Colón" #n sus descrip­ ciones emplea tanto americanismos como 0$ispanismos0" 3uiero decir que al nombrar las cosas de (ierra 4irme para describirlas, utiliza palabras de origen americano o vocablos de raigambre $ispánica" #ntre los americanismos, $a algunos que no son sino
8 #nrique )tte, en "*spiraciones y actividades $eterog'neas de 5onzalo 4ernández de )viedo, cronista", Revista de Indias, n6 78, /adrid, 89:8, pp" 9;<=, $abla de los cargos y oficios que tuvo )viedo" 9 >artolom' de Las Casas, Historia de las Indias. #dición de *gust.n /illares Carlo y estudio preliminar de Le?is @anAe, 4ondo de Cultura #conómica, /',ico, 8B Ceimp" 8988, vol" 222, p" 8<"

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el registro de la traducción de una palabra española a una lengua indígena, y sólo en un sentido muy relajado cabrían dentro del repertorio de americanismos auténticos: "Llaman a la mujer ira en la provincia de Cueva y al hombre chui (p. ! "# "Clara$ mente dicen %ue el tuyra les habló, por%ue así llaman al demo$ nio" (p. !&". 'on concesiones %ue nuestro autor hace al (ol$ )lorista y no tenían por %ué pervivir en el español. *s m+s im$ portante advertir %ue tomó una buena parte de los americanismos %ue emplea, de la comunidad española, sea de la radicada en las ,slas de -arlovento, sobre todo de la *spañola# sea de %uienes habiendo vivido o viajado por .mérica, habían regresado y se encontraron con él en *spaña, o de los escritores %ue dejaron desde muy temprano testimonio de viajes americanos. / *n el primer caso, es de suponerse %ue rodeados de un ambiente desco$ nocido, los primeros coloni0adores de 'anto 1omingo, por ejem$ plo, recurrieran a los indígenas para sobrevivir mercadeando ali$ mentos y para empe0ar a desci(rar y distinguir, por medio del lenguaje, esa nueva realidad cotidiana. y evasallante. 1e esta manera, el idioma español de ahí pronto se vio salpicado de ame$ ricanismo. 1ado %ue su permanencia en las ,slas de -arlovento (ue reducida, casi limitada a estancias de paso, 2viedo no hace sino nombrar ciertas realidades continentales %ue también e3is$ tían en las islas, con palabras indígenas puestas ya en circulación en el español dominicano. 1e los americanismos %ue utili0a, muchos eran conocidos a4n antes de %ue los españoles se asen$ taran es 5ierra 6irme. Colón, por ejemplo, en su Diario del des­ cubrimiento habla ya de 7canoa7, 7ca0abe7 y 7caci%ue7. 8o est+ de m+s recordar %ue .ntonio de 8ebrija en su Vocabulario de romance en latín, anota como término propio de nuestra lengua 7canoa7, %ue traduce como monoxylum-i. 9 esto sucede en época
/ .dem+s de Colón, ya habían publicado sobre de .nglería, sus Décadas (en & , la primera# en en &! la cuarta"# ;artín 6ern+nde0 de *nciso, la & =", y >ern+n Cortés (segunda Carta de relación, &!? y la cuarta en &!&". Cfr. ? de octubre, !? de diciembre.

.mérica :edro ;+rtir & <, las tres primeras# suma de geografía (en en &!!# la tercera, en

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tan temprana como 1495. Pedro Mártir de Anglería, por Su parte, nunca atravesó el peligroso Atlántico, pero pudo hablar con toda suerte de e ploradores !ue lo pusieron al tanto tan oportunamente de los sucesos americanos, !ue sus Décadas, escritas en latín, son la primera documentación del uso de algunas palabras indí" genas de Am#rica. $inalmente, el propio %viedo delata !ue al" gunos americanismos &a eran morralla corriente en 15'(. A)n no se sabe & se discute cuál sea el origen de *tiburón*, !ue apare" ce en el Sumario varias veces. +a primera de ellas se encuentra en el capítulo rr: ,-a& muchos pescados de mu& diversa manera en el dicho lago en especial grandes tiburones de la mar !ue entran en el dicho lago por deba.o ele la tierra., A!uí %viedo se muestra acostumbrado al uso de la palabra/ por lo mismo, no se detiene en describir el re0erente de *tiburón*, & da por supuesto !ue el lector sabe de !u# está hablando, aun!ue más tarde, al llegar al capítulo +12+,3444 donde por el tra5o del libro se ve obligado a tra" tar de los peces de 6ierra $irme, describe ese escualo a lo largo de dos páginas. Se debe tener en cuenta, sin embargo, !ue el Dicciona­ rio crítico etimológico castellano e hispánico de 7ororninas8Pascual, indica !ue la primera documentación de algunos americanísrnos proviene del Sumario; pero es probable, como el mismo diccionario lo indica, !ue esas palabras tengan su origen en el taíno o ara" huaco de la 9spa:ola. 9n resumen, salvo algunas e cepciones, los americanismos empleados en nuestra obra se toman elel propio espa:olo de autores anteriores a %viedo. ;o podía ser de otra manera. +os coloni5adores de las 4slas de <arlovento, especial" mente los residentes en Santo =omingo, centrali5aban de hecho tanto el tránsito & comercio como los conocimientos ad!uiridos en esta parte del mundo. Por ello, puede decirse !ue es ele ahí de donde irradia la in0luencia indígena, sobre todo taína, en la lengua & la cultura espa:olas !ue más tarde se impondrán en toda Amé­ rica. Así, en náhuatl se llama *tlaolli* al *maí5*, palabra taína. 7omo maí5 era &a palabra aceptada en el espa:ol de los con!uistadores, cuando #stos destru&eron & sustitu&eron el mundo náhuatl por el su&o, implantaron su lengua !ue traía &a amerieanismos. =e modo !ue se de.ó de decir *tlaolli* & prevaleció *maí5*. Sirva

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ahora de ejemplo Hernán Cortés. Al escribir la primera de sus

Cartas de relacíón, sin detenerse en explicación ninguna, llama €Gn palabras indígenas aprendidas en las islas, las realidades que, siendo semejantes o iguales a las isle as, encuentra en !éxico" #$os mantenimientos que tienen es maíz y algunos aiis como los de las otras islas y patata yuca"; #pro%e&ó luego con en%iar con ciertos indios en una canoa, los cuales le habían dicho que sa bían quién era el cacique con quien los dichos espa oles es' taban#.() *u comportamiento ling+ístico %aría cuando se en,ren' ta a la tarea de describir ,enómenos con los que no se habían topado los espa oles radicados en las islas. -n esta circunstancia, eoha mano de .hispanismos., como en el caso que todo mundo recuerda, de los .teocalis. que en su pluma signi,icati%amente se %uel%en .me/quitas.. Como lenguaje es cultura, ad%ertimos que llamar .me/quitas. a los templos indígenas equi%alía a decir que los dioses de esos templos eran ,alsos, ídolos, & que por lo tanto debían ser destruidos tales lugares. Con e((0 se asumía que estaban los espa oles empe ados en continuar actuando bajo las ideas de una guerra santa de reconquista. 1ero donde puede apreciarse mejor el proceso de .hispani/ación., es en el in%entario que cierra la carta. -ntre los objetos tomados de los indígenas que se en%ían al re& de -spa a, se encuentran .antiparas., .pate' nas., .manípulos., .mitras., .casullas., .cimeras. & otros objetos que no debieron .hispani/arse. tan precipitadamente. $os .hispanismos. en el Sumario no son exclusi%os, pero sí ma' &oritarios para re,erirnos a realidades que se daban solamente en 2ierra 3irme, sin un ,enómeno correspondiente en las islas. Ad%ierto ahora que 4%iedo es más que otra cosa un re,lejo de la actitud de los espa oles que junto con él habían negado a 2ierra 3irme. *e trataba de un contingente ,ormado por nobles, corte' sanos y soldados que inicialmente se habían organi/ado para hacer la guerra en 5talia. 6ebido a los cambios de política europea, na llegó a su destino original & se decidió entonces des%iar al gmpt7 ()Hernán Cortés, Cartas y doc1lmentos. 5ntroducción de !ario Hernánde/ *ánche/ 8arba. -ditorial 1orr9a, !éxico, (:;<, pp. )< = ().

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hacia América. Su gobernador, el mencionado Pedrarias Dávila fue tan estricto que se conoce cómo mandó ahorcar a su servidor por haber hecho esperar a la flota en que venían. Su crueldad también se manifestó a los indígenas, sobre todo a los caciques, quienes con el nuevo trato huyeron de la colonia establecida desde tiempos de alboa. Al parecer, !"n ello se ocasionó que los espa# $oles, abandonados a sí mismos, no pudieran sobrevivir, pues no ha bía quien los avituallara de las provisiones necesarias. %no podría aventurarse a sostener que Peclrarias siguió una política contraria a la sostenida por &asco '($e) de alboa. *ste, que

ya había vivido y palpado el clima americano, conocía de la nece# sidad que de los indios tenían los espa$oles para sobrevivir. Desde
luego que era un problema de e+plotación de mano de obra barata, pero ahora retengo que alboa era consciente de que los naturales sabían cómo recopilar y ca)ar el sustento diario. Pedra# rías, quien llegó acompa$ado de un séquito suntuoso de nobles incapaces de luchar por la comida de cada día, de una colonia tan estructurada que desembarcaba can todo un se$or obispo y sus monaguillos, cometió el error de ahuyentar a los indígenas y, por lo tanto, impidió que espa$oles e indígenas entablaran un comercio y una comunicación más frecuentes. Pues bien, "viedo se da cuenta de que los escasos -.. sobrevivientes de los 2" //. hombres que habían emprendido esta aventura, sumados a los coloni)adores que alboa había reunido anteriormente, andaban bauti)ando las cosas que a sus o0os eran nuevas y e+tra$as, con palabras espa$olas. Atinadamente censura ese proceder, pero al tiempo se siente solidario y partícipe de un fenómeno ling1ístico contra el cual nada podía. Se de0ó envolver por esa manía de rebauti)ar en castellano, de manera que intituló el capítulo 234 5De los animales y primeramente del tigre.5 Debemos destacar la palabra 6tigre6 porque en el capítulo siguiente, sin percatarse de que ya había caído él mismo en ese error, critica a los espa# $oles quienes 5así han dado este nombre de danta al beori tan impropiamente como al ochi el de tigre5. A pesar de ese 6impro# piamente6, él describe generalmente las cosasde América conti# nental cuando ya las ha bauti)ado con términos hispánicos. De

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las aves, por ejemplo, no menciona ningún indigenismo. Al con­ trario, en el capítulo XXVIII deja suponer que casi siempre perma­ necía dentro de su círculo de españoles, sin preocuparse mucho por indagar cómo los indígenas veían y nom ra an las cosas! "#o derri $ uno %un p&jaro grande' una ve( de un &r ol muy alto, de una saetada que le di en los pechos, y caído a ajo, era como una &guila real, y esta a tan armado, que era cosa mucho

de ver sus presas y pico, y aun vivió todo aquel día. #o no le supe dar nom re, ni alguno de cuantos españoles le vieron) pero a quien esta ave se parece, es a los a(ores) y así, los cristianos los llaman a(ores" *p. +,,-. .asemos ahora a o servar el o jeto de nuestro inter$s y veamos cómo el peso de la tradición ha dejado sus vestigios a trav$s de los tiempos. /e re0iero al caso de los 1perales1 que desde luego no se conocían en las islas, como lo 0ue el mamey que 0lorece naturalmente en ellas. A estos 1perales1 les dedica 2viedo el capítulo 3i4.1XII que corre así!
56 7I588A9:I8/5 hay lI7I2; &r oles que se llaman perales, pero no son perales como los de 5spaña, mas son otros ele no menos estimación) antes son de tal 0ruta, que hacen mucha ven­ taja a las peras de ac&. <stos son unos &r oles grandes, y la hoja ancha y algo semejante a la elel laurel, pero es mayor y m&s verde. 5cha este &r ol unas peras de peso de una li ra, y muy mayores, y algunas de monos, y el color y talle es de verdaderas peras, y la corte(a algo m&s gruesa, pero m&s landa, y en el medio tiene una pepita como castaña inierta, mondada) pero es amarguísima, según atr&s se dijo del mamey, salvo que $sta es de una pie(a, y la del mamey de tres, pero es así amarga y de la misma 0orma, y encima de esta pepita hay una tclica delgadísima, y entre ella y la corte(a primera est& lo que es de comer, que es harto, y de un licor O pasta que es muy semejante a manteca y muy uen manjar y de uen sa or, y tal, que los que las pueden ha er las guardan y precian) y son &r oles salvajes así $ste como todos los que son dichos, porque el principal hortelano es =ios, y los indios no ponen en estos &r oles tra ajo ninguno. >on queso sa en muy ien estas peras, y cógense temprano, antes que maduren, y gu&rdanlas, y despu$s de cogidas, se sa(onan y ponen en toda per0ección para las comer) pero despu$s que est&n cuales conviene para comerse, pi$rdense

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si las dilatan y dejan pasar aquella sazón en que están buenas para

comerlas." El editor del texto del Sumario que me sirve de apoyo, José Miranda, en una llamada de atención al pie de página, dice que viedo !abla del aguacate. "o le #altaba razón, pues una buena parte de la tradición !a pensado lo mismo. Esta primera descripción del aguacate está atravesada por una vaga inseguridad que se delata en cierto balbuceo. $l no tener las !erramientas conceptuales adecuadas para de#inir o describir su objeto, viedo parece andarse por las ramas% se tropieza con algu& na contradicción y reiteraciones que ning'n lector atento deja pasar por alto. (esde luego que sobresale en #orma llamativa una gran omisión, imperdonable si pensamos en la mente pragmática que entonces debió de tener un comerciante y escribano p'blico. El color de la pulpa )lo que se come, lo 'til, lo que se precia de la #ruta) no está presente en ninguna parte. Es más, cuando dice que la pasta es "muy semejante a manteca", viedo !ace pensar que es blanca. *al VCz se deba la ausencia del color de la pulpa, a que su sola mención pudo causar cierto malestar en quien ve+a semejanzas decisivas entre esa #ruta y la pera. ,a l+nea inicial del texto -"E" *.E//$)0./ME !ay árboles que se llaman perales"1 es motivo de insistir en una re#lexión ya iniciada. Es probable que a!+ donde !ab+a vivido viedo en $mérica, se llamaran estos árboles, en lengua cuma o cualquiera que ésta !aya sido, can un nombre especial que, para e#ectos de comodidad, !emos identi#icado coma aguacate. 2in embargo, asen& tado en su !ispanocentrismo, nuestro autor suprime sin el menor cargo de conciencia el nombre aborigen, y en sustancia relata que los espa3oles avecindados en *ierra 0irme acostumbraban llamar las realidades americanas continentales con palabras espa3olas de auténtica alcurnia. Este #enómeno, ya 45 dije, se repite en la obra. (ecir 6perales6 en vez de 6aguacates6 revela que en el entramado del texto se desliza una pol+tica ling7+stica, e ignoro cuál sea el grado de lucidez que al respecto !aya tenido viedo. o me es posible a#irmar que conoció las obras de "ebrija, pero tampoco

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me parece audaz afirmar que las ideas de éste formaran parte del ambiente cultural de la época. No sería extraño, entonces, que Oviedo tuviese presente, si no las palabras exactas, sí la idea de que la lengua española debía imponerse a los pueblos dominados por los propios españoles en la guerra. En la Dedicatoria inicial de la primera Gramática de la lengua castellana ( !"#$%&, Nebri'a

(abía expuesto las razones por las que convenía (acer esa gram)* tica. +na de ellas consistía en que después de que ,vuestra -lteza metiese debaxo de su iugo muc(os pueblos b)rbaros & naciones de peregrinas lenguas, & con el vencimiento aquellos temían nece* sidad de recibir las leies quel vencedor pone al vencido, & .O/! ellas nuestra lengua, entonces, por esta mi Arte, podrían venir en el conocimiento del!a,.!0 +na vez abatido el enemigo, el vencedor español e'ercería el derec(o de imponer su lengua1 es decir, su cultura, sus le2es, su religi3n, sus instituciones sociales 2 sus costumbres, aun en aquellos campos en que el indígena fuera dueño de un cierto conocimiento. 4sa tal vez pudo ser la política ling5ística de los conquistadores 2 pobladores. 6e inten* taba incorporar primero a la cultura española las realidades ame* ricanas de 7ierra 8irme, nombr)ndolas con términos (isp)nicos. 9or lo mismo, se buscaría reprimir los vocablos indígenas que servían para designar esas realidades. En un segundo momento, se le diría al vencido: ,no se dice, por e'emplo, ;aguacate;1 se dice ;pera; ,. El problema, sin embargo, es muc(o m)s comple'o que la simple obediencia a una supuesta consigna política. 6abemos que muc(os religiosos optaron por no seguir ese camino 2 emprendieron el estudio de lenguas indígenas con el ob'eto de poder evangelizar m)s f)cilmente. Numerosas artes 2 gram)ticas dan testimonio de ello. <a cuesti3n a que me refiero, también va muc(o m)s all) de precisar c3mo se adaptaron ciertas dicciones indígenas a la fonética española. 7al sería el caso del mame2, mencionado en ese mismo capítulo del Sumario, El uso de ;pera; quiere decir !0-ntonio de Nebr i'a, Gramática de la lengua castellana. Estudio 2 edi* ci3n de -ntonio =uilis. Editora Nacional, >adrid, !#?", pp. !@!A!@$.

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que se añade una variedad más, una nimiedad que bien mirada es nada, a una estructura mental ya establecida por la lengua. Si se anuncia que se ha descubierto una variedad más, antes no conocida, de pera, el paradigma, la serie de palabras con que el español dividía, distinguía, jerarquizaba y valoraba los árboles y frutos, quedaba prácticamente intacto. Oviedo conocía a Plinio e inclusive dice !"mitando al mismo #Plinio$ quiero yo, en esta breve suma, traer a la memoria de %uestra &ajestad lo que he visto.! Por '( tanto, sabía tambi)n c*mo estaban organizadas las palabras por g)neros y especies de sus referentes, a fin de que se pudiese dividir, conocer y catalogar a la naturaleza. + se siente obligado a guardar y respetar esas divisiones y jerarquizaciones, ,ue haya tenido presentes los fundamentos de las divisiones y agrupaciones de palabras para conocer y ordenar la naturaleza, lo demuestra el hecho de que cuando habla del tigre, menciona lo que se tomaba probablemente como punto importante para distinguir en un g)nero varias especies de animales, su piel !Para mi opini*n, ni tengo ni dejo .de tener por tigres estos animales, o por panteras o otros de aquellos que se escriben en el n-mero de los que se notan de piel maculada! .p. '/01. 2n lo, que toca a los árboles, tambi)n tiene presente que !Plinio, en su natural historia hace e3presa menci*n, y #... $ dice qu) árboles son aquellos que siempre están verdes y no pierden jamás la hoja! .p. 4451. 6on el empleo de 7pera7, los principios de la ta3onomía entonces vigente quedaban a salvo y ni siquiera cabe lugar a un cuestiona8 miento de la operancia y oportunidad de sus bases. La utilizaci*n de 7aguacate7, por el contrario, o de 7palta7 9voz quechua con que se designa en Per- el mismo árbol y fruto9, junto con cientos de palabras indígenas con las cuales se nombraban otras tantas plantas o animales desconocidos, pudo implicar al menos el inicio de las modificaciones de esos principios ta3on*micos. :o sucedi* así. ;ecordemos que el uso de muchos americanismos tal y como en algunos casos fueron descritos sus referentes, refleja la tendencia a dejar para otra ocasi*n la posibilidad de cambiar los esquemas mentales con que se ordenaba la naturaleza. <sí, decir que el maíz es una suerte de garbanzo, aunque despu)s se detallaran las

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diferencias, es casi lo mismo que etiquetarlo como una variedad del propio garbanzo. La naturaleza americana, al ser descrita y descubierta por primera vez, en lugar de recibir un estado autónomo y diferenciado, fue

comparada con la naturaleza europea y sometida a ésta. Por lo tanto, sus componentes se distribuyeron en cajones, en categorías ya existentes, sin que se crearan nuevos conceptos, salvo raras excepciones. De esta forma, la !uita y cori son casi a manera de conejos "p. #$. %in embargo, cierta duda !ace cambiar de opi& nión unas p'ginas después( Las )mitas son casi como ratones o tienen con ellos alg*n deudo o proximidad "p. ++$. ,ecordemos el caso de aquella ave que era como 'guila real , pero a quien esta ave se parece, es a los azores - la iguana es una sierpe "p. .+/$, pero de cuatro pies- el guayabo ec!a unas manzanas m's macizas que las manzanas de ac' "p. 012$- la pi3a y la calabaza perdieron su nombre idígena por parecerse a la pi3a del pino y a la calabaza europea, etcétera. 4uando 5viedo no encontró un parangón de la naturaleza americana en la europea, recurrió a la comparación con un objeto no natural, de suerte que el colibrí recibe el nombre de p'jaro mosquito, pero sin duda parecía en la sotileza de sus piernas y manos a las avecicas que en las m'rgenes de las !oras de rezar suelen poner los iluminadores "p. .#2$. Lo m's curioso y sorprendente de este proceso, radica en la falta de un método m's o menos regular con el cual se llevaran a cabo tantísimas comparaciones. 6n efecto, para establecer la semejanza entre dos frutos, por ejemplo, puede uno basarse en el color ele la c'scara, en la figura, en el sabor, en la textura del mesocarpio, en la forma de !ueso, en sus efectos alimenticios o curativos. 7l parccer se recurrió casi a todos esos elementos, seg*n los casos- pero no se instituyeron las bases que pudieran servir para determinar convencionalmente, es decir, científicamente, cual o cu'les debían ser las cualidades de las frutas que !abían de compararse para establecer un parecido. %in esas bases, uno puede comparar todo con todo o con nada. Para explicar mejor esta idea, expongo un absurdo( la uva y el caca!uate se parecen en

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que ambos distan mucho de tener alguna semejanza con el plátano. Oviedo trae algunos ejemplos que sorprenden. La papaya se bau­ tizó como higo de mastuerzo porque "en el medio de dicho higo o fruto tienen las pepitas, las cuales son menudas y negras ... ! y son tanta cantidad como huevo de gallina ... ! y aquellas pepitas se comen y son sanas, pero del mismo sabor, ni más ni menos, que el mastuerzo. " por esto los que por aquellas partes andamos sirviendo a vuestra #ajestad llamamos esta fruta los higos de mastuerzo" $pp. %&'(%&)*+ ""l nombre de coco se les dijo porque aquel lugar donde está asida en el árbol aquesta fruta, quitado el pezón, deja all, un hoyo, y encima de aqu-l tiene otros dos hoyos naturalmente, y todos tres vienen a hacerse como un gesto o figura de un monillo que coca gesticula!+ y por eso se dijo coco" $pp. %./(%&.*+ el mamey tiene "una carnosidad como leo­ nada, y sabe a melocotones y duraznos, o mejor, y huele muy bien, y es más espesa esta fruta y ele más suave gusto que el melocotón" $p. %.'*+ "hay unas frutas en 0ierra(1irme que los cristianos llaman membrillos pero no lo son, mas son de aquel tama2o y redondos" $p. %&)*. 3esde mi punto de vista, los naturistas espa2oles no estaban preparados para plantearse la necesidad de efectuar un cambio de los principios ta4onómicos. 5ara llevar a cabo una revolu­ ción de tales dimensiones, hubiera sido preciso que e4istiesen esp,ritus cient,ficos que se arriesgaran a superar las divisiones im­ plantadas por los autores clásicos grecolatinos+ hubiera sido nece­ sario un ambiente cultural de libertad, despejado de temores inquisitoriales y consciente de las limitaciones del viejo sistema pliniano en que se basaba fundamentalmente su propia concepción de la naturaleza. 6i se me permitiese trazar un paralelo, dir,a que en botánica y zoolog,a sucedió algo parecido a &. que en cosmo­ graf,a. 7uando se descubrió que 8m-rica era un continente, se pensó que bastaba a2adir a la cosmograf,a ptolemaica un nuevo orbe al propuesto por el sabio de 8lejandr,a. 3ecir que 8m-rica era un orbe nuevo que deb,a sumarse al orbe constituido por "uropa, 8frica y 8sia, era más que corregir, suplir una peque2a omisión de 5tolomeo. 9o fue sino mucho despu-s cuando se

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cayó en la. cuenta de que si se deseaba avanzar en el conocimiento del cosmos, se precisaba rechazar el fundamento de la cosmo­ grafía tradicional; rechazar la concepción de un mundo conformado en orbes concéntricos, en capas circulares que, montadas las exte­ riores sobre las interiores, se cubrían, desde el orbe central com­ puesto por el elemento tierra, hasta el de las estrenas, pasando por el orbe del agua, el del aire, el fuego, y los de los planetas. Puesto que mis primeras observaciones pueden parecer pender de un hilo delgado, y acaso mal torcido, propongo otra m s que pueda sustituirlas, aunque no se les opone. !e"emos de lado, pues, que hubo una política ling#ística que arranca desde $ebri"a, y que la taxonomía científica entonces en vigor, hacía casi impo­ sible cambiar los esquemas seg%n los cuales se dividía y "erarqui­ zaba la naturaleza. &eamos desde un ngulo m s amplio, el cultural, qué es lo que pudo suceder. 'os o"os de nuestro autor perciben una cosa, pero su forma de pensar, reticulada y organizada de acuerdo con su lengua materna, le hace ver otra; mira aguacates, pero sin dar crédito a sus sentidos, prefiere recordar la imagen que le propone su fantasía (científica(, y dice ver una variedad de pera. ) est tan convencido de que son tales, que ocasio­ nalmente evita en el texto la comparación aunque la supone, para inclinarse hacia una identificación plena* (+cha este rbol unas peras(; (,on queso saben bien estas peras(. 'a argumentación de considerar el aguacate como pera o como una variedad suya, se halla donde sostiene que (la color y talle( de la fruta americana son (de verdaderas peras(, afirmación que si nos colocamos en otro punto de vista cultural, es vulnerable en sus dos elementos. +l aguacate tiene verde la pulpa, y la pera, blancuzca, amarillenta y algo trasl%cida; la c scara del primero es verde oscura, negruzca o totalmente negra, mientras que la de la segunda es amarillenta, café, gris cea, o a veces verde claro, y por lo regular porta pecas. +n cuanto al talle, la forma de la pera es en la mayoría de los casos la suma de dos esferas, una mayor en la base y otra menor que termina en el pezón; ambas se traslapan y recortan formando un talle con algo de femenino, aunque también puede ser de flama;

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pero de cualquier manera elista mucho, en mi opllllOn, de ser el óvalo casi perfecto que aspira a tener desde su simiente el aguacate. Si consideramos, sin embargo, que los dos frutos tienen un am­ plio abanico de variedades, concluiremos que no es posible hablar en abstracto ele una comparación acertada de la pera y el aguacate. No sabemos qué tipo de pera ni qué variedad de aguacate se cotejan. Por lo tanto, hay que tener cautela ante un testimonio que no determina las variedades. ntre todas las clases de la pera y las del aguacate, es probable que e!istan algunas que nada tengan en com"n, ni parecido alguno. #i intención, entonces, no es la de ahondar o allanar las diferencias que separan estos frutos, sino la de destacar que percibir una semejan$a o no, depende sobre todo, no de los rasgos comunes objetivos, sino de la per­ tenencia de quien mira a una cultura espec%fica. #ientras que los ind%genas ele #é!ico ve%an en el aguacate una forma de test%culo, el representante ele la comunidad espa&ola ve una especie de pera. Para abundar a"n en la forma ovalada del fruto americano, traigo a la memoria que 'ecilio (ebelo, en su Diccionario de

aztequismos dice que )*huacacuahuitl) significa +rbol de test%culos y agrega que el mesocarpio )o pulpa del fruto se usa como ali­ mento y go$a la reputación entre el vulgo de aumentar la secreción de la esperma). ,- Por su parte, fray *lonso de #olina en su Dic­ cionario en lengua castellana y mexicana, y mexicana y castellana, traduce .compa&ón. o .cojón. por .atetl., pero .ahuacatl. es )fruta conocida o el 'compañón'. *lfredo /ópe$ *ustin en el inven­ tario que hace de las partes se!uales masculinas en Cuerpo humano e ideología, traduce test%culo por +tetl o ahu+catl. ,0 sto quiere decir que para designar esa parte del cuerpo humano, se utili$aba en sentido recto .+tetl., pero .ahu+catl. que designaba primeramente
,- (ohelo, 'ecilio, Diccionario de azieqcismos. 1mprenta del autor, 'uero navaca, ,23-, pp. -456-47. ,8 *lonso de #elina, Vocabulario en lengua castellana y mexicana y me­ xicana y castellana. studio preliminar de #iguel /eón6Portilla. ditorial Porr"a, #é!ico, ,244. ,0 /ópe$ *ustin, *lfredo, 'uerpo humano e ideología. /as concepciones de los antiguos nahuas, 9niversidad Nacional *utónoma de #é!ico, #é!ico, ,2:-, 5 ;.

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la fruta, era empleado, dadas las semejanzas, para referirse a los testículos. De esta manera, no es fortuito que se viera en el fruto un estímulo de la actividad sexual. Francisco Hemández, proto­ médico de Felipe II, en obra que permaneci inédita !asta !ace relativamente pocos a"os, reco#i la misma idea, $a que ese fruto es %de forma de !uevo%, $ a"ade que su calidad nutritiva es %no del todo mala, sino #rasosa $ !&meda $ que excita extra­ ordinariamente el apetito venéreo $ aumenta el semen%. '( )viedo se enreda de al#una manera en su descripci n, porque parece no tener una idea mu$ clara de lo que debe decir, ni sabe emplear un método de exposici n sintético y claro. *sí, sin ncce­ sidad al#una se detiene, por ejemplo, en se"alar ras#os sin perti­ nencia, como cuando menciona el amar#uísimo sabor de la %pepita como casta"a injerta%. +* quién, dioses culpables de tanto desatino !umano, se le ocurre dar mordiscos ni al cuesco del a#uacate ni a los del mame$, -i !ubiera prestado atenci n a cualquier indí#ena, acaso se !abría a!orrado la experiencia des­ a#radable de morder donde no debía, $ evitado aparecer a los ojos de sus lectores cama un extraviado en medio de la naturaleza americana. )viedo se ec! a cuestas el in#rato $ enorme trabajo pliniano de describir para quienes no !abrían de salir de .uropa, una realidad quc, por cierto, no se entre# del todo al escribano y empresario minero que s lo de vez en cuando se apartaba de su afán de !acer oro para desempe"ar el papel de observador impro­ visado. .l esfuerzo está, pues/, sin fijar la atenci n en los resultados, en !aber bautizado $ descrito por primera vez en espa"ol una buena cantidad de componentes de una realidad desconocida y extra"a para los europeos. -u oficio es el de enriquecer una cultura, la !ispánica, $ pasar por alto otra, la indí#ena. -in apo$arse en ésta, i#norándola, la sustitu$e y suplanta por la su$a. 0raduce una realidad que no entendi mu$ bien. 1ero como traducir es traicionar, los primeros defraudados fueron sus lectores. 2stos, con los datos que él les transmiti , difícilmente podían ima#inarse
'( Francisco Hernándcz, Historia 3atural de Nueva España. 4niversidad. 3acional de 5éxico, '676. 8. 9, p. :6.

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un aguacate distinto al que percibió Oviedo. Llamar 'pepita' a lo que es un hueso grande; mencionar un cierto licor y decir que los que "las pueden haber las guardan", como si se tratase de frutos almacenables a la manera de nueces o almendras, para añadir renglones abajo, contradici ndose, que "pi rdense" si se "deja pasar aquella sa!ón en que est"n buenas para comerlas", son partes de la descripción que 'encaminan al lector a formarse un concepto discutible del aguacate. #e detengo aqu$ para ondear mi protesta en contra de aquellos que hablan todav$a de la e%ac& titud de las' descripciones de Oviedo. (ada conforme estoy en que los autores sigan repitiendo que esa "e%actitud hace posible en la actualidad la clasificación cient$fica de la mayor$a de las plantas y animales descritos por Oviedo". )*

+s$, no se nota a trav s del Sumaría un proceso de me!cla cultural. +l contrario, hay una suplantación, ele la misma forma que la hubo en pol$tica, cuando las autoridades ind$genas de pronto se vieron despla!adas por las españolas. La cultura hisp"& nica sustituye a las ind$genas para imponerse al indio americano. ,e trata, pues, de una conquista cultural que no por ser 'espiritual' resulta menos' violenta que la guerrera. -ecir que la descripción de la naturale!a americana, descripción que se amparaba bajo la idea de ser cient$fica al utili!ar el t$tulo de "historia natural"; decir que esa descripción significa una conquista, no es e%agerar. .ntre otros, / re! de 0uc)ela as$ lo percibe cuando dice que "la publicación del Sumario marcaba ya para su destino un nuevo rumbo. 1n rumbo en que negar$a al cabo a rescatarse a s$ mismo y a ganar el m"s alto señor$o, el intelectivo, sobre el (uevo #undo'L'2 (o se tuvo ni la paciencia ni tal ve! la oportunidad de escuchar ni de considerar la e%periencia y los conocimientos que los dueños de la tierra pod$an tener de la naturale!a. (o pudo ser de otra suerte. .l aplomo que hab$a dado a los españoles la conquista m"s bien, f"cil de indios desnudos y pac$ficos, se revistió pronto de orgullo despectivo hacia las culturas ind$genas.
)* 3os

)5

3.

#iranda, op. cit., p, 4). / re! de 0udela, o67. cit. p, e,

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Acaso debido a ello, no se creyó pertinente estudiarlas o exami­ narlas detenidamente. El texto transcrito acerca del aguacate, da prueba de que así debió suceder, ya que los perales éstos son calificados de "árboles salva es", !. e., sin nombre, porque "los

indios no ponen en estos árboles traba o alguno". En otras pa­ labras, porque los indígenas no "an sabido ser los "ortelanos a seme an#a e imagen del supremo "ortelano, $ios, porque "an abandonado en la incuria las delicias que se les "abía encomen­ dado% los espa&oles, misioneros de $ios en esto como en otros campos del que"acer "umano, tendrían el derec"o de nombrar, clasificar, erarqui#ar, cuidar y explotar la realidad americana con­ forme a su propia manera de entender el mundo. 'ara comprobar me or cómo el aguacate empe#aba ya a ser un elemento más de la cultura espa&ola sin me#cla de una nueva sensibilidad, retengamos que (viedo recomienda una de las primeras recetas mesti#as culi­ narias. Adviértase, sin embargo, que si los componentes provienen de lugares y realidades diferenciados, ling)ística y culturalrnente se "ermanan en una fórmula de incuestionable pure#a, ciertamente llamativa a nuestros oídos por sonar c"istosa* "con queso saben bien estas peras". El padre josep" de Acosta ,-./01-2003 en su Historia natural y moral de las Indias, de -.40, obra que go#ó de una me or y mayor acogida y tuvo más influencia en Europa que el Sumario, recoge el traba o inicial del cronista oficial en el punto que tratamos. El esuita contaba ron una menor ambición pecuniaria, con expe­ riencias de observador más amplias, con tiempo para la investi­ gación y el ocio necesario para la reflexión, y su rigor académico estaba acostumbrado a las argumentaciones escolásticas, tan cul­ tivadas por la 5ompa&ía de 6es7s. 8upongo, con base en su obra, que sus conocimientos de autores clásicos fueron de singular extensión y tal ve# pasaría con éxito las pruebas aristotélicas más difíciles. 8e debe sin duda a estos factores su capacidad de mati­ #ar. Es él mismo quien nos advierte que "una cosa es cierta* que los que no "an visto y probado estas frutas, les "ará poco concepto leer esto y aun les cansaría oillo", 9enos entusiasta que (viedo, el esuita sabe bien que en ciertas cuestiones las naturale#as

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europea y americana difieren tanto, que de casi nada sirve el trabajo de explicar en qué consisten sus divergencias. Téngase en cuenta que las palabras que acabo de transcribir vienen inmedia­ tamente después de la descripción de nuestro aguacate, que reza así: !s el palto, "rbol grande y bien #ec#o y de buena copa, y su

fruta de figura de peras grandes$ tiene dentro un #ueso grandecillo$ lo dem"s es carne blanda, y cuando est"n bien maduras es como manteca, y el gusto, delicado y mantecoso. !n el %er& son grandes las paltas, y tienen c"scara dura que toda entera se quita. !n 'éxico, por la mayor parte, son peque(as, y la c"scara delgada, que se monda como manzanas$ tiénenla por comida sana y que algo declina a c"lida, como #e dic#o. )* +e percibe de inmediato que este dibujo es m"s morigerado que el de ,viedo. -orrige lo de la pepita mencionado por éste, aunque desgraciadamente retiene la comparación con la pera. !l parecido de las frutas se apoya no en el color sino s./* en la figura, m"s grande la de la palta, como ya observaba ,viedo. 0costa tiene el mérito ele rela­ tivizar, de se(alar que #ay variedades, que el aguacate de 'éxico es menor que la palta de %er&. 1inalmente, no quisiera dejar para mis adentros que el padre 0costa, m"s #umilde y m"s realista, pertenece al grupo de quienes censuran abiertamente aquella sober­ bia espa(ola que pretendía alcanzar con la conquista guerrera un dominio cultural y ling2ístico de la naturaleza americana: 3ay algunos géneros ele estos arbustos o verduras de 4ndias 5... 6 0 muc#as ele estas cosas de 4ndias, los primeros espa(oles le pusieron nombre de !spa(a, tomados de otras cosas a que tienen alguna semejanza, como pi(as, pepinos y ciruelas, siendo en verdad frutas diversísimas y que es muc#o m"s sin comparación en lo que difieren de las que en -astilla se llaman de esos nombres. )/ !l capítulo 74 del libro 8444 de los Comentarios reales 9/.*:;, lleva también ele la palta una semblanza que transcribo: "La fruta que los espa(oles llaman peras, por parecerse a las de !spa(a en el color y en el talle, llaman los indios paltas; porque son de
)* <osep# de 0costa, Historia natural y moral de las Indias. !dici.n de !dmundo ,=>orman, 1ondo de -ultura !conómica, 'éxico /:?), p. /@A. )/ J osep# de 0costa, op. cit., p. /?B.

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una provincia de este nombre, se comunicó a las demás. Son dos y tres veces mayores que las peras grandes de España; tienen una vaina tierna y delgada; debajo de ella tiene una médula, que será de un dedo grueso; dentro de ella se cría un cuesco, o hueso, como quieren los muy mirlados; es de la misma orma de la pera, y tan grueso como una pera de las comunes de acá; no se ha e!pe" rimentado que sea de provecho para cosa alguna; la ruta es muy sabrosa, muy saludable para los en ermos; comida con a#$car es comer una conserva muy regalada.% En este dibujo, la presencia de &viedo se mani iesta en aquello de la semejan#a del color y el talle, y el mayor tamaño de la palta con relación a la pera. El príncipe 'nca advierte, además, otro rasgo com$n que supues" tamente se les había escapado a &viedo y al padre (costa) el hueso de la palta tiene parecido con la igura de la pera. Este $ltimo dato *de ser cierto, &viedo +, habría aprovechado* nos

deja atónitos y hace dudar de la buena memoria de -arcilaso, quien por lo demás evita hablar de la te!tura grasosa de la ruta, y concuerda a medias con la apreciación de la cáscara. .ara &viedo, ésta era %más gruesa pero más blanda% que la de las peras; para el jesuita, es blanda en .er$, %que toda entera se quita%, y en /é!ico es %delgada%. 0os tres coinciden, en in, en que es una ruta sabrosa; se trata de un manjar delicado. .aso ahora al primer diccionario de la 1eal (cademia de la 0engua Española, llamado de (utoridades 2+3456. (hí 7palta7 y 7palto7 han recibido cada uno su entrada respectiva, y es obvio que el redactor metió la pluma en el tintero de (costa. 8anto el ruto como el árbol obtuvieron su nombre latino -pyrum In­ dicum- que era como abrirles las puertas al mundo cientí ico. 7(guacate7, por otra parte, es %0o mismo que esmeralda%; y sólo se di erencia en que no es tan per ecta y en que es %de hechura redonda, o prolongada%. En el artículo dedicado a 7pera7, halla" mos hacia el inal que %9e las peras hai muchas di erencias; empero todas son constrictivas. (cost. :íst. 'nd. lib. ;. cap. 4;. Es el palto árbol grande, bien hecho y de buena copa, y su ruta de la igura de peras grandes%. .or lo visto, en este diccionario el palto pasó a ser una variedad consagrada, de initiva, de la pera.

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Sin embargo, en la última edición del Diccionario de la Real Academia, en 1984, en la entrada de per.a ya no se incluye al palto y ni siquiera se le menciona ahí. n !palta! se remite al lector a !aguacate!. "el artículo consagrado a #ste, entresaco que es $%ruto parecido a una pera grande, de carne blanda, mantecosa e insípida, por &' que se come con sal$. Se ha podido comprobar a 10 largo de este traba(o, que no por el hueso, ni por el tama)o, ni por la pulpa o m#dula cuyo color est* ausente en todos los diccionarios, ni por su consistencia mantecosa, ni su sabor, ni por la te+tura de su c*scara, sino por el color y talle del aguacate, ,-iedo estableció una seme(an.a con la pera. Siendo el primero que escribe al respecto, inaugura una tradición que ha dado pocos signos de aptitudes para trans/ %ormarse. "el color, aparte de lo que ya e+puse, podría a)adirse que el propio Diccionario de autoridades dice que el de la pera es $-erde ba+o, que casi tira a pardo$, ale(ando así la supuesta seme(an.a de colores. "e la %igura del aguacate tambi#n ya se habló, aunque no sobra decir que actualmente en 0#+ico se le percibe como o-alada puesto que est* relacionada con los tes/ tículos. 2os topamos, pues, con maneras distintas de concebir y -alorar el mundo3 pero -engamos a una conclusión. n el tras/ plante cultural que padeció el aguacate, pasó de ser una %ruta a%rodisiaca y -en#rea y $muy buen man(ar$, a ser una %ruta insí/ pida a la cual debe ponerse sal.

44 Doy sólo dos e(emplos documentados. 5 de 6ortan, $palabritas y palabrotas. Silabario de palabras$, en Sábado, Suplemento cultural de Unomásuno, 44 de octubre de 1987, 28! 949, p. 4. Ahí se dice de los agua/ cates que -ienen $del n*huatl ahuacatl, %ruto suculento y delicioso de un *rbol americano. :ambi#n signi%ica directamente testículo, por seme(an.a de %orma$3 Armando ;im#ne. en Letras, dibujos)' grafitos groseros de la picardía mexicana, ditorial 1osada, 0#+ico, 1979, pp. 89<8=, identi%ica aguacate con testículo.

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LOS OLMECAS NO SON JAGUARES Rubén Boniiaz Nuño

La abrumadora mayoría de las esculturas olmecas representa a seres humanos; sus rostros pueden ser claramente de hombre, como en las cabe as colosales !"#$% &', o b#en presentar ras$os est#l# ados de manera part#cular !"#$% ('; prec#samente la #nter) pretac#*n de +stos, ha dado or#$en a una teoría $eneralmente aceptada, cuya "alsedad pretendo demostrar en las s#$u#entes p,$#nas% -e hecho, en al$.n momento a al$u#en le parec#* /ue tales ras$os est#l# ados representaban la m,scara de un 0a$uar% A part#r de esa #nterpretac#*n, /ue s*lo el descu#do y la "alta de atenc#*n pro"es#onal pudo tener por 1erdadera, se2 ha cons#derado /ue los olmecas 1eneraban a un d#os 0a$uar; /ue pro1enían, se$.n ellos, de un cruce de 0a$uares y seres humanos; se habla, así, de hom) bres 0a$uares y de un pueblo del 0a$uar% 3ar+ una h#stor#a del nac#m#ento de esa teoría, apuntando tam) b#+n sus antecedentes y sus consecuenc#as% En &445, Al"redo Cha1ero, en el 1olumen #n#c#al de México a través de los siglos, tratando de probar la e6#stenc#a de la ra a ne$ra en el M+6#co ant#$uo, anal# a uno de a/uellos rostros est#) l# ados en un hacha de p#edra procedente de 7eracru !"#$% ('; lo 1e como I,lO rostro de hombre cuya chata nar# y cuyos bel"os pronunc#ados &8 de"#nen, a su parecer, como pertenec#ente a esa ra a !Cha1ero, &4459:;' % <oco despu+s, Geor$e =% >un , estud#ando un hacha an,lo$a !"#$% concluye /ue representa una $rotesca "#$ura humana !>un , &4@89(54'% N# Cha1ero n# >un , los dos /ue #n#c#almente

?,

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se ocuparon en este tipo de rostros olmecas, vieron en ellos otra cosa que rostros humanos estilizados. Pero en 1900, Marshall H. Saville, en breve artículo referido a la misma hacha estudiada por Kunz, sent , aunque tímida! mente, las bases del error que despu"s sería admitido #eneral! mente como verdad. $llí dice que el rostro del hacha %representa aparentemente una m&scara de 'a#uar% (Saville, 1900)1*0+. ,ranscurridos varios a-os en silencio, en 19.9 Saville re#resa al asunto. $hora /a sin nin#una timidez, va a afirmar que los rostros olmecas fi#uran m&scaras de 'a#uar. $mplía el n0mero de sus ob'etos de an&lisis, y procura dar fundamento a su opi!

ni n. 1uelve al e2amen del hacha de Kunz, y dice) "La talla en el frente representa la m&scara convencional de un 'a#uar, con pecu! liares o'os oblicuos en forma de almendra, colmillos prominentes, peque-os orificios nasales / un inmenso labio superior abocinado% (19.9).34+ . Ha/ que se-alar que los colmillos, ahora simplemente califi! cados de prominentes, habían sido vistos por "l en su primer artículo como a#udos ( 1900)1*0+, a pesar de que en realidad muestran e2tremos planos y hendidos. 5os ras#os que "l mira ahora como propios del 'a#uar, son los o'os oblicuos / almendrados, la nariz de breves fosas y el labio superior inmenso / abocinado. 6esde lue#o, puede afirmarse de plano que este 0ltimo no es en modo al#uno ras#o propio de ese felino, quien, para empezar, carece de labios, / que las fosas de la nariz del 'a#uar difícilmente se relacionan con las de los rostros en cuesti n. 7n cuanto a los restantes ras#os 8forma de los o'os y colmi! llos8, el propio con'unto de los rostros aducidos por Saville prueba que no son constantes /, por tanto, no pueden ser toma! dos como definitorios de un car&cter #eneral. ,omar" como e'emplo s lo cuatro de esos rostros, a fin de demostrar, con las diferencias que presentan entre sí y que son reconocidas por el propio Savi11e,que sus o'os / colmillos tampoco constitu/en ras#os característicos del 'a#uar.

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Los cuatro rostros a que me refiero son el del hacha de Kunz (SavilIe, 1929:266-269) (fi ! "), el de una #ieza del $useo %ri& t'nico (i(!: 269) (fi ! )), el de un hacha de la *olecci+n ,oren& (er (i(!:2-6) (fi ! .) en el $useo /mericano de 0istoria 1a& tural, y el de un 2dolo del $useo de 3ashin ton (i(!: 245) (fi ! 6)! Si se com#aran entre s2 estos cuatro rostros, se advierte de inmediato que aquellos 6o7os o(licuos y en forma de almendra6, que sirvieron a Saville como (ase #ara su erir los ras os del 7a uar, s+lo se encuentran en el #rimero8 el se undo y el cuarto los tienen cuadran ulares y horizontales, con ce7as que ser2an #os& teriormente llamadas de sierra o de flama8 los del tercero, situados tam(i9n en sentido horizontal, son redondeados en su #arte e:terior y a#untados en los la rimales! ,e esta suerte, si los o7os del #rimero, #or su forma, recordaran los del 7a uar, cosa discuti(le, ha(r2a que reconocer que los de los otros tres carecen de toda relaci+n con ellos! ;n lo concerniente a los colmillos: el #rimero tiene, a cada lado de la (oca, dos randes colmillos corvos, uno su#erior, inferior el otro, los inferiores #uestos #or fuera de los su#eriores! Los cuatro terminan en e:tremos #lanos hendidos! 1o #resentan, #ues, relaci+n al una, ni #or su #osici+n ni #or su forma, con los del felino, que vistos de frente son rectos y #untia udos, y est'n colocados de manera que los su#eriores contienen a los inferiores! =ero su#+n ase, como quiere Saville, que son de 7a uar! >9anse los otros tres rostros: el se undo y el cuarto no llevan colmillos en a(soluto8 muestran las enc2as desnudas! ;l tercero de7a ver solamente dos cortos colmillos a udos, nacidos a am(os lados de la mand2(ula su#erior! ?esulta claro que tam#oco la e:istencia de los colmillos define esencialmente los rostros olmecas, su#uesto que aqu9llos #ueden faltar o cam(iar en su forma y en su n@mero! *on todo eso, Saville insiste en su err+nea a#reciaci+n ori inal, y a #esar de que ve que ni o7os ni colmillos se mantienen siquiera

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semejantes o análogos en los rostros que estudia, sigue conside­ rando, a pesar de sus diferencias, que todos son de jaguar. En su empeño de demostrarlo, recurre ahora a un presunto argumento iconográfico que prueba definitivamente en su contra. Recuerda, así, ia gran figuración azteca del jaguar el famoso cuauh!icalli que guarda la entrada de la "ala #e!ica en el #useo $acional de %ntropología &fig. '(, ) dice *El rostro de jaguar de esta maravillosa escultura corresponde cercanamente a la máscara convencionalizada de nuestras hachas votivas* &ib. +,-(. .a comparación del rostro de este jaguar con los figurados en las mencionadas hachas, demuestra e!actamente lo contrario de lo que "avil1e quiere ning2n parentesco e!iste entre ellos3 no consienten apro!imación formal ninguna. 4ara comenzar, faltan en el jaguar azteca los que "5n efectiva­ mente rasgos esenciales del tipo de rostros olmecas que se anali­ za la boca de esquema trapecial con el labio superior amplísimo en su parte más alta ) descendente en los e!tremos, ) la nariz de pequeñas fosas que sobre dicho labio descansa, ) cu)a parte baja es siempre triangular, rasgos 6stos que, como antes dije, no son de felino. .uego, los ojos del jaguar de los aztecas, con su centro circular, en nada se emparientan con los almendrados ) oblicuos u horizon­ tales ) rectangulares o en forma de lágrima horizontal de los rostros olmecas a que se alude. 4or 2ltimo, ese jaguar, como su modelo natural, carece de labios. 7ras los bordes del hocico, su encía queda figurada por una banda ininterrumpida ) ondulante, de la cual nacen, a los lados, colmillos apenas curvos ) de esquema triangular, situados los inferiores ) los superiores en la misma relación que en los jaguares reales, ) entre los cuales ) detrás de los 8cuales se acomo­ dan los dientes. $ing2n rostro olmeca se apro!ima a estos rasgos. %demás, la nariz felina del cuauh!icalli, con su división cen­ tral establecida verticalmente y sus alas en voluta descendente,

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que da a las fosas forma de comas encontradas, es cabalmente inversa a la nariz de los rostros ejemplificados por Saville. En ésta, la línea horizontal dibuja el contorno superior. Su argumento vocado. iconográfico, pues, demuestra que está equi­

Alguien podría decirme que no es debido comparar representa­ ciones correspondientes a distintas culturas, que varían en sus maneras de concebir emplear los recursos formales. !o admito,

aunque aclaro que es Saville quien propone la anterior compa" . racion.
#

Empero, sucede que entre los olmecas ha , aun cuando escasas, representaciones de ,jaguares. $n ejemplo% en enero de &'(), se hall*, a corta distancia de San !orenzo en +eracruz, una escultura de jaguar que sin duda pertenece a la cultura olmeca. Su rostro, éste sí emparentado de cerca con el del cuauh,icalli azteca, -ense.a rasgos por completo distintos a los de los rostros objeto de la discusi*n /fig. (0. Así, está ausente de él la boca de contorno trapecial que define a aquéllos. !a banda en relieve que circunda la de éste, presenta el mismo ancho en la parte alta que en la baja, encierra un espacio en forma de paralelogramo con los e,tremos curvos. 1entro de ese paralelogramo, en la parte superior, queda repre2 sentada la encía3 de donde nacen a los -l%%l4dos largos gruesos colmillos rectos en su descenso, entre los cuales se sit5an, como en la figuraci*n azteca, cuatro dientes en vez de los seis ql4e llevan los felinos. !a nariz sus fosas se establecen también de manera análoga a como lo hacen en el otro. !os ojos son redondeados salientes. !a imagen olmeca del jaguar, lo mismo que la azteca, da s*lido sustento para afirmar que la teoría de Saville, de acuerdo con la cual los rostros olmecas estilizados del modo que se ha dioho representan máscaras de jaguar, es- un rotundo desatino. -Sin embargo, corno a dije, esa teoría ha sido generalmente aceptada difundida por los estudiosos de la cultura olmeca.

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De este modo lo han hecho, y sólo cito algunos nombres, Vaillant, Krickeberg, Soustelle, Coe, Drucker, Stirling, entre los extranjeros, y entre nosotros Caso, Bernal, Toscano, Covarrubias . . ue yo cono!ca, sólo dos autores se han negado a admitirla. "llos son Car#o T. $ay %&'(&) y Karl *. +uckert %&'(,), y ambos a-irman .ue los rosotros olmecas tienen rasgos ser/entinos. "l /rimero de ellos no o-rece, hasta donde s0, /ruebas de su a-ir1 mación. +uckert dice .ue el rostro olmeca estili!a el de una ser/iente %+uckert, &'(,233, 43 etc.). Bastar5a con /arangonar uno y otro /ara /ercibir la inexactitud de su dicho %-ig. '). Vayamos otra ve! a los rostros -igurados en las hachas votivas de .ue se est6 hablando, y cuyo ti/o se encuentra en muchas otras esculturas olmecas grandes y /e.ue7as. 8lgunos ejem/los2 el tocado del 9onumento & de San 9art5n :aja/an %-ig. &;), el 9onumento &; de San +oren!o %-ig. &&), la -igura menor del 9onumento & de +as +imas %-ig. &3). +os rasgos .ue caracte1 ri!an a todos y cada uno de ellos, vuelvo a re/etirlo< sus rasgos -ijos y com/artidos, son esa boca de l5mites tra/eciales, con el labio su/erior de am/lia /arte alta .ue, adelga!6ndose, desciende a los lados, y con el labio in-erior m6s angosto y encorvado hacia arriba, y esa nari! triangular en su /orción de abajo, a/oyada en la recta .ue -orma lo alto de la boca. Saville y sus seguidores o/inan .ue esos rasgos corres/onden a los de un rostro de jaguar< $ay y +uckert, .ue corres/onden a un rostro de ser/iente. =nos y otros, como se ha visto, yerran. Coincidiendo con $ay y +uckert en sostener la 5ndole ser/en1 tina de los tantas veces dichos rasgos, en mi libro Imagen de Tláloc %Boni-a! >u7o, &'4,2?@) /ro/use una nueva hi/ótesis. 8ll5, cuando coment0 el admirable cuadro iconogr6-ico de Cova1 rrubias %&'?,2&,') %-ig. lA), dije .ue la boca olmeca corres/onde a una estili!ación de dos bocas de ser/iente /uestas una en-rente de la otra. >o re/resenta, as5, ni una boca de jaguar ni una boca de ser/iente. =n monumento olmeca recientemente /uesto en exhibición en el 9useo de 8ntro/olog5a de la =niversidad Veracru!ana, ha venido a com/robar /lenamente la valide! de mi hi/ótesis.

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Se trata de un amplio rostro de piedra cuyo labio superior mues­ tra, con encandilante claridad, que está formado por el enfrenta­ miento de dos cabezas de serpiente puestas de perfil (fig. 14). Ese rostro, por lo demás, muestra la típica boca trapecial y la nariz inscribible en un triángulo. Seg n datos proporcionados por !ernando "infield #apitaine, director de ese museo, el monumento procede de $cayucan, %eracruz, mide &1 cm. de alto, '' de anc(o mayor y )1 de espesor* está esculpido en piedra +olcánica de oscuro oolor gris. ,as líneas generales del rostro son característicamente olmecassua+idad de los contornos, amplitud de las me.illas en su descenso, antes de +ol+erse (acia dentro para engendrar la muelle cur+atura del ment/n* di+isi/n en forma de V de lo alto de la cabeza (fig. 1'). 0entro de tales contornos se sit an, en esquema básico, las facciones tambi1n olmecas sin lugar a discusi/n. 2a.o el tocado y la anc(ura de la frente, las (orizontales (ende­ duras de los o.os se miran separadas por abultado entrece.o que se abre (acia arriba, tambi1n en forma de %. Entre los brazos de esta % y las (endeduras oculares, se rele+an los párpados supe­ riores. ,a nariz, de alas encor+adas, tiene esculpidas las fosas. ,a boca, ya se apunt/, reitera la silueta en forma de trapecio que define este tipo de rostros olmecas. El labio inferior, con su cur+atura, se acomoda en el espacio que origina la línea de aba.o del otro, que es anc(o y (orizontal en su parte media, descendente en sus e3tremos. ,a boca está entreabierta. 4/rbido, el ment/n la limita y la sustenta. 5oblando los espacios creados por las simples líneas de ese esquema, (ay un con.unto de figuraciones merced a las cuales el monumento se +uel+e en característico y 6mico. 7na doble serie de rostros en pare.as asim1tricas ba.a desde el tocado (asta la parte inferior de las me.illas, a la altura de los e3tremos de la boca. $clarado ya que el labio superior de la boca olmeca lo forman dos cabezas de serpiente que se enfrentan, y

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viendo que los rostros aquí representados tienen todos ese modo de labio, es lícito afirmar que ellos, al igual que aquel que los contiene, comparten la naturaleza del hombre y de la serpiente

(fig. 16).
Tales rostros humanos y serpentinos a la vez, se distribuyen en siete parejas son 1! en total. "a pareja m#s alta est# en el centro del tocado. $rente a frente, los rostros que la componen se apro%iman en los e%tremos de la nariz y la boca, y el borde de la mandíbula inferior. & 'entral tambi(n, otra pareja de rostros forma la ) de las cejas. *odría atribuírseles apariencia infantil. "as cinco parejas restantes se sit+an a ambos lados del gran rostro, el monumento por el cual son contenidas todas. "as dos m#s altas, una a la altura de las cejas, a la altura de la nariz, la , otra, aparecen formadas por rostros independientes entre s-.. . . Todos los rostros hasta aquí enumerados, miran hacia dentro "os rostros que integran /as tres parejas restantes, se conectan de manera que cada uno viene a ser una suerte de tocado del que le queda abajo. "os m#s altos, asimismo a la altura de la nariz y puestos e%actamente bajo los p#rpados, ven tambi(n hacia dentro. 0iran hacia fuera los otro cuatro. 1ay así, insisto, siete parejas de rostros con facciones de hom2 bre y serpiente combinadas, como las del gran rostro donde est#n esculpidas. . *ero el gran rostro encierra tambi(n otros seis, tambi(n dis2 puestos en parejas los seis son puramente serpentinos (fig. 13). 4n efecto, los p#rpados superiores del rostro monumental se forman de cabezas de serpiente con las fauces abiertas, orientadas hacia el e%terior. . 5 su vez, los p#rpados inferiores representan delgados cuerpos de sierpes cuyas cabezas, una frente a la otra, marcan el puente de la nariz. 6on visibles sus colmillos y sus lenguas. *or fin est#n, enfrentadas tambi(n, las cabezas serpentinas que definen y e%plican la naturaleza del labio superior, rasgo esencial de esta clase de figuraciones olmecas.

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Hasta aquí, en sus elementos más simples y perceptibles, la descripción del monumento olmeca nuevamente puesto en exhibi­ ción en el Museo de Antropología de la Universidad Veracruzana !l análisis pormenorizado de cada uno de los elementos en "l reunidos, permitirá seguramente establecer innumerable serie de relaciones entre "ste y otros monumentos olmecas, y a partir de allí, plantear nuevos problemas y extraer soluciones que en alg#n modo pongan luz en aspectos todavía oscuros de la cultura a que pertenece $o% a continuación algunos e&emplos de cómo este monumento revela sus relaciones con otros' (or principio) el hecho de que el monumento lleve sobre sí rostros esculpidos en relieve, *+ acerca a otros donde se advierten representaciones análogas $e esta suerte, al Monumento ,, de -a Venta, en el cual un rostro lleva como tocado otro humanoserpentino, y cuatro más, dos en cada uno de sus lados ./ig *01 2ambi"n de -a Venta, a los monumentos 3+ % 34 !l primero de ellos tiene cuatro rostros) uno al /rente, uno posterior y dos laterales, % el segundo, que es una /igura humana completa, lleva relevados cinco rostros en la espalda y uno en cada brazo -os rostros in/antiles en apariencia que constitu%en las ce&as de "ste, podrían recordar alg#n rostro de los representados en el Altar 5 de la Venta' concretamente, el de la /igura como de ni6o situada a la izquierda en el lado derecho del mismo ./ig *71 -as serpientes en el lugar de los párpados superiores, combinadas 89nlos sobredichos rostros de las ce&as, ponen este monumento en relación, por e&emplo, con las máscaras ilustradas por 8ova­ rrubias .*7:*)00, /ig ;51, sobre cu%os o&os, se colocan rostros humanoserpentinos !s el elemento que < oralemon .*73*)31 llama placa ocular ./ig 4+1 -os rostros que en "l se sit#an uno sobre el otro, de modo que el in/erior parece llevar 89motocado a aquel que tiene encima, *+ emparientan con monumentos como el %a citado ,, de -a Venta ./ig *71 = el * de >an Martín (a&apan ./ig *+1, donde los tocados están constituidos por rostros

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El diseño del labio inferior (fig. 21) es semejan te al de la mandíbula de abajo de ciertas figuraciones ofídicas de la cerámica olmeca de Tlatilco (fig. 22) y Tlapacoya (fig. 23), y del onu!

mento 1" de #aguna de los $erros (fig. 2%). &or 'ltimo, están las serpientes enfrentadas en el espacio del labio. Tanto ellas como las (ue )acen los párpados superiores, lle*an a pensar en las (ue aparecen en el onumento 1" de #a +enta (fig. 2,). &ero la relaci-n fundamental (ue esas serpientes bucales esta! blecen, *a muc)o más allá. .parte de (ue su /presencia puede e0plicar, a tra*1s de la forma, el sentido de las m'ltiplemente consideradas imágenes olmecas (ue presentan ese tipo de labio, y seguramente otras muc)as más, tales serpientes, al relacionarse con representaciones ofídicas ori! ginadas en culturas posteriores, afirman la permanente e0istencia de un concepto fundamental del pensamiento mesoamericano, al cual no )e de referirme a(uí. Esas serpientes justifican la noci-n de la cultura olmeca como cultura madre de las (ue en eso! am1rica la siguieron. Efecti*amente, *estidas con formas diferentes darán sentido a las representaciones de $ocijo, de 2)aac, de Tajín, de T1altecu)tli, de Tláloc. .parecerán en todos nuestros lugares y en todos nuestros tiempos. 3on las mismas serpientes (ue, perfeccionadas por su uni-n con la forma )umana, se enfrentarán, unificándose para construir la cima de la mal llamada $oatlicue. 4ntentar1 a)ora, apoyándome en los elementos de forma e ima! gen (ue )e *enido e0poniendo, una interpretaci-n preliminar de este monumento. Tengo para mí (ue, seg'n se desprende de sus peculiares carac! terísticas, es una pie5a tardía. 6e allí, particularmente, se engendra su *alor e0cepcional. &ienso a(uí en otra pie5a, así mismo tardía, obra 1sta de la cultura a5teca7 el Tláloc de la Colecci-n 8)de, del useo de Etnografía de 9erlín, al cual llamar1 :Tláloc 8)de: (fig. 2;).

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En ella, el rostro de Tláloc define y aclara su esencia: lo forma, sin duda, el enfrentamiento de dos serpientes sobre la estructura de un rostro humano. Mi hipótesis, propuesta y fundamentada en mi ya mencionado libro Imagen de Tláloc, es que esa pieza se hizo con el fin de establecer a plena luz cuál fue, desde el principio, la naturaleza de ese rostro, representado antes por medio de formas abstractas: aquella "bigotera", aquella lengua, aquellos colmillos que en él se miran desde sus primeras presencias en Teotihuacán, y que no son más que figuraciones estilizadas de dos serpientes que se enfrentan. Esa pieza tard a se hizo, pues, para e!plicar el sentido y el contenido de una concepción hasta entonces disimulada, que encerraba una idea fundamental: la unión de dos serpientes y un ser humano. "as dos serpientes y el ser humano que componen las imágenes de Tláloc, T#altecuhtli, la $iedra del %ol, la mal llamada &oatlicue: todas representantes de lo mismo. El nue'o monumento del Museo de (ntropolog a de la )ni* 'ersidad +eracruzana 'endr a a cumplir a%,, con respecto de las imágenes olmecas realizadas antes en -esa cultura, la misma fun* ción encomendada al Tláloc de la &olección )hde en relación con las pre'ias imágenes de Tláloc. Esclarecer que ellas repre* sentan el enfrentamiento de dos serpientes en el espacio ofrecido por el rostro de un ser humano, "a pieza ser a, a%,, una suerte de Tláloc )hde olmeca, y pon* dr a en claro que eso mismo, dados los elementos formales que muestran, representan las imágenes análogas que la precedieron. $or e.emplo, las de las hachas 'oti'as estudiadas por %a'ille. ( propósito del imaginario .aguar 'isto por él en tales rostros, escribe &o'arrubias: "El dios .aguar -olmeca- se desintegraba fre* cuentemente en las partes que lo compon an: la máscara, o rasgos aislados tales como los o.os 'ac os, las ce.as en forma de sierra, la boca, una cruz y una mano humana. El resultado era tan abs* tracto que no debe haber tenido significado más que para los iniciados" /0120 :223.

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El Tláloc Uhde olmeca habría sido hecho para explicar a todos el significado de esos resultados tan abstractos. Pero aparte de eso, y ya superado el error de imaginar la pre­ sencia del jaguar fundándose en rasgos a él ajenos, permanece una muy dudosa afirmaci n! la de "ue el resultado de la abstracci n de los rasgos era comprensible s lo para los #iniciados#. Parece, así, estimarse "ue hay en las representaciones olmecas dos manifestaciones distintas! las "ue pudieran llamarse natu­ ralistas, comprensibles por todos, y las abstractas, destinadas s lo a la comprensi n de los iniciados. El desatino es palmario. Un ejemplo! en el $onumento % de &as &imas 'fig. ()*, la figura mayor sería naturalista, en tanto "ue la de la entidad "ue sostiene en las piernas 'fig. %(*, +istos los rasgos de su rostro y la forma de su cabe,a, sería abstracta. &a figura mayor, por tanto, sería comprensible para todos- la menor, solamente lo sería para los iniciados. .e rompe de esta manera la unidad de la obra "ue sin duda alguna, en éste como en todos los casos, existe ostensiblemente. .in ninguna +acilaci n, afirmo "ue el sentido básico y pleno de todas las representaciones olmecas, tanto las naturalistas como las abstractas, /nicamente era comprensible para a"uellos "ue 0o+arrubias llama iniciados. Tan oculto estaba para "uienes no lo eran el significado de una expresi n naturalista 1una cabe,a colosal o la figura mayor de El se2or de &as &imas1e, como el de una abstracta 1el rostro de la figura menor de esa misma escultura o el figurado en las hachas +oti+as. 3ol+amos otra +e, a éstas y a todas las demás pie,as donde se miran rostros semejantes, entre ellas el monumento olmeca nue+a­ mente puesto en exhibici n. En él se explica la estili,aci n del labio superior de todas las anteriores! éste se amplía en la hori,ontalidad de su porci n alta, a fin de crear el espacio capa, de contener dos cabe,as de serpiente puestas hocico 04nhocico, y desciende a los lados para "ue allí se acomode el principio de sus cuerpos.

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Pero ahora se hace necesario indagar el porqué de la forma de representación de esa boca en su totalidad, y del conjunto que compone con la nariz sobre ella situada. Recuérdese que las piezas estudiadas por Saville difieren entre sí es una serie de rasgos que su misma variabilidad debe hacer que se juzguen secundarios la presencia o ausencia de colmillos, la forma de éstos cuando e!isten, la manera de figuración de ojos y cejas, la apariencia de las encías. Por lo contrario, todas ellas y las abundantes que se les empa" rientan, mantienen esencialmente el mismo esquema constitutivo la gran boca que sugiere un contorno trapecial, la nariz triangular en su parte baja, de breves fosas y directamente puesta sobre la horizontal que, por encima, da límite al labio superior #fig. $%&. Si se dibuja una línea que encierre en conjunto esa boca y esa nariz, se tendr' lo siguiente una curva cóncava sirve de base( de sus e!tremos, suben a ambos lados dos rectas que a determinada altura se enc)orvan, cóncavas también, hacia dentro, y se unen en el punto m's alto haciendo otra breve curva, ésta conve!a #fig. $*&. +l elemento iconogr'fico así descrito, y que se echa de ver en muchedumbre de rostros olmecas, ha permanecido hasta la fecha sin e!plicación especifica. ,rriesgo ahora una hipótesis e!plicativa dicho elemento formal encuentra modelo abrumadoramente e!acto en un elemento e!is" tente en la naturaleza la escama que, al frente y por encima de ella, se mira haciendo la forma de la boca de una serpiente que e!iste todavía en la región que los olmecas habitaron la víbora de cascabel, el crotalus durissus durissus #fig. *&. . -magínese, dentro del contorno de esa escama bucal, un trazo horizontal tendido de lado a lado a la altura en que su forma se estrecha #fig. ./&, +n la parte alta, en el interior del espacio triangular creado por ese trazo, fig0rense, contiguos a la base, dos círculos completos o no se tendr' la nariz con sus fosas. Sit0ense, en la parte inferior, los labios ancho y descendente en sus e!tremos, el superior( curvo y m's angosto el otro. Sobre
J

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ellos, entre ellos, pónganse colmillos o déjense las encías desnudas (fig. 31). No creo que haya uno solo de los rostros olmecas llamados hasta ahora de jaguar, cuya boca y nari no puedan ajustarse a tal esquema (fig. 3!). "e esta manera, la #íbora de cascabel que relacionada con la presencia humana se representó en el $onumento 1% de &a 'enta (fig. 33), proporciona, mediante la forma de su escama bucal superior, el elemento por el cual se relaciona en definiti#a con el rostro del hombre, construyendo su e(presión in#ariable. )na forma serpentina, pues, presta el marco donde se colocar*n, dentro del rostro humano, las cabe as de dos serpientes frente a frente. "a posibilidad al espacio ampliado de ese labio superior, difícilmente e(plicable de otro modo. y hay algo m*s+ el labio superior de los rostros estili ados, con su lugar adecuado a contener dos cabe as serpentinas, encuentra la confirmación de su significado en los rostros naturalistas. ,n efecto, muchos de ellos muestran estili ado el labio superior, como para dar cabida a la figura de las dos serpientes. "e allí, posiblemente, esa amplitud labial que hi o pensar en la e(istencia de rasgos negroides (fig. 1). -odría, de acuerdo con lo anterior, sugerirse+ tanto los rostros estili ados como los naturalistas, e(presan la unión de las serpientes con el hombre. ,n los primeros pre#alece la forma del ofidio+ el hombre se adapta a los rasgos de la serpiente. ,n los segundos, ésta se somete a los rasgos del hombre, se humani a hasta fundirse con él. .ormas estili adas y naturalistas representan, pues, el mismo concepto, qui *s en proceso de e#olución. ,n resolución+ al primer contacto con figuraciones procedentes de la cultura que sería llamada olrneca, /ha#ero y 0un las definieron como humanas+ negroides o grotescas. $*s tarde, 1a#il1e enunció la teoría de que sus rostros eran m*scaras de jaguar. 1u opinión fue seguida por todos los estudiosos de esa cultura, sal#o las e(cepciones de 2ay y &uc3ert, quienes dijeron que los rostros tales eran serpentinos.

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En México, acaso el máximo promotor de la teoría del jaguar fue Miguel Covarrubias. Él llegó a integrar un cuadro iconográfico según el cual las imágenes de láloc, Cocijo, C!aac, ajín, imá" genes cu#a naturale$a ofídica demuestra el láloc de la Colección %!de, derivan de los rasgos felinos de un rostro olmeca, %na pie$a olmoca recientemente puesta en ex!ibición en el Museo de &ntropología de la %niversidad 'eracru$ana, !a venido a probar el error de estimar como felinos los rostros creados por esa cultura. (a pie$a en cuestión es un rostro !umano en el cual, lo mismo )ue lo !acen en el de láloc, Cocijo, C!aac y ajín, se enfrentan

dos cabe$as de serpiente. (a existencia de tal figuración en la cultura olmeca, la más antigua de Mesoamérica, demuestra )ue en ella existía #a el concepto de la unión del !ombre y las serpientes, concepto )ue se manifiesta en todas las culturas de la región. eoti!uacanos, $apotecas, totonacas, ma#as y los demás, !asta llegar a los a$tecas, crearon imágenes en las cuales ese concepto tie" ne expresión* son las imágenes de láloc, Cocijo, +!aac, ajín #, #a en los últimos tiempos, la ,iedra del -ol, laltecu!tli, la mal lla" mada Coatlicue y por fin, y aclarando el significado de todas las anteriores, la escultura de la Colección %!de del Museo de .erlín. El !ec!o de )ue entre los olmecas el dio!o concepto se !a#a manifestado como principal, lo cual se demuestra por el copiosí" sima número de las imágenes su#as )ue lo expresan, viene a justificar plenamente )ue su cultura sea llamada cultura madre. -i la cultura olmeca !ubiera estado fundada en una relación del !ombre con el jaguar, malamente podría llamarse madre de las otras, donde su relación con la serpiente es fundamental y de todo punto innegable.

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íNDICE DE FIGURAS

1. Monumento 1 de San Lorenzo. 2. Rostro de un hacha de p edra procedente de !eracruz. "#o$ mado de Cha%ero& 1''(.) *. Rostro de+ hacha de ,unz& -. Rostro de una p eza de+ Museo .r t/n co. "#omado de Sa% 0

~lm.)

.

1. Rostro de un ído+o de+ Museo de 2ash n3ton. "#omado de Sa% 11e&1424.) 5. Rostro de un hacha de +a Co+ecc 6n Doren7er38 Museo Ame$ r cano de 9 stor a Natura+. "#omado de Sa% +1e& 1424.) (. Rostro de+ cuauh: ca++ en ;orma de <a3uar. Museo Nac ona+ de Antropo+o3ía& M=: co. '. Rostro de+ <a3uar o+meca descu7 erto en +as pro: m dades de San Lorenzo. 4. Foto3ra;ía de+ rostro de una %í7ora de casca7e+. "#omada de Lue>ert& 14(5). 1?. #ocado de+ Monumento 1 de San Martín @a<apan. 11. Rostro de+ Monumento 1? de San Lorenzo. 12. F 3ura menor de+ Monumento 1 de Las L mas. 1*. Cuadro cono3r/; co e+e Co%arru7 as. 1-. Foto3ra;ía e+e+ Monumento o+meca& A#+/+oc Uhde B+mecaA& de+ Museo de Antropo+o3ía de +a Un %ers dad !eracruzana. "Foto3ra;ía de Anton o ! zca no.) 11. Contorno y ;acc ones 7/s cas de+ A#+/+oc Uhde B+mecaA. 15. Rostros humanoserpent nos re+e%ados en e+ A#+/+oc Uhde B+mecaA. 1(. Serp entes re+e%adas en e+ A#I /+oe Uhde OlmecaA.

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18. Monumento 44 de La Venta. 19. Rostro relevado en el lado derecho del Monumento 5 de La Venta. 20. Máscaras olmecas con incisiones faciales. (Tomadas de o! varru"ias# 19$1.% 21. &ise'o del la"io inferior del (Tláloc )hde *lmeca(. 22. Mand+"ula inferior de una ser,iente. erámica de Tlatilco. 2-. Mand+"ula inferior de una ser,iente. erámica de Tla,aco.a# 24. Mand+"ula inferior de una ser,iente. Monumento 19 de La/una de los erros. 25. 0er,iente del Monumento 19 de La Venta. 2$. Tláloc de la olecci1n )hde# Museo 2tno/ráfico de 3erl+n. 24. Monumento 1 de Las Limas. 28. 5ari6 y "oca de los rostros estudiados en 0avil1e. 29. ontorno del con7unto de la "oca y la nari6 de los rostros

considerados de 7a/uar. -0. 2scama "ucal su,erior de la v+"ora de casca"el# dividida ,or una l+nea hori6ontal. -1. 2scama "ucal su,erior de la v+"ora de casca"el# donde se han di"u7ado las t+,icas facciones olmecas. -2. *ntorno de "ocas y narices olmecas com,arado con el de la escama "ucal su,erior de la v+"ora de casca"el. --. Monumento 19 de La Venta.

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MESTIZAJE Y MESTIZOS EN EL LIBRO DE TEXTO GRATUITO Lilían Alvarez de Testa

Racista y equívoco, e e!"ua#e socio $"ico acu%a&o a lo a)"o &e cuat)o si" os &e *)+ctica co o!ia ista *e)vive ava a&o y &i,u!&i&o *o) e Libro de Texto Gratuito. E!t)e as *+"i!as &e u!o &e os i!st)u-e!tos ese!cia es &e !uest)o *)oyecto e&ucativo, se e!quist$ a ,$)-u a se".! a cua os -e/ica!os so-os -esti0os1 Así se !os i&e!ti,ica o,icia -e!te1

2o&e-os su*o!e) que !o ,ue)o! os *)i-e)os -esti0os quie!es "e!e)a)o! *a)a sí este !o-3)e1 O)i"i!a -e!te, mestizo se &e,i!ía *o) o*osici$! a castizo 4&e 3ue! o)i"e! y casta, !o3 e, *u)o1 56ui7! )e!u!cia)ía &e i3e)a&a-e!te 4a títu o *)o*io y &e to&a su *)o"e!ie4 a estas cua i&a&es8 Los ,o)#a&o)es &e a !ueva !aci$! se &ie)o! a sí -is-os e !o-3)e &e mexicanos y )ec9a0a)o! *o) i"ua os títu os &e criollo o mestizo. De!u!cia)o!, a&e-+s, e *ostu a&o &e u!a )a0a es*a%o a *u)a1 ' Du)a!te e *o),i)iato Ma i!a E!)íque0 &isti!"uía seis ti*os &e -esti0os1 Au!que veía e! a a-* iaci$! &e ")u*o &e :-esti0os *eque%o *)o*ieta)ios y )a!c9e)os: e .!ico )e-e&io a os -a es socia es &e M7/ico, su *)o*uesta co!sistía e! ,o)ta ece) u!a c ase, !o e! e/te!&e) e uso &e u! !o-3)e1 No *o&e-os susc)i3i)!os a a *)o*uesta &e i&e!ti,ica)!os co-o -esti0os, &a&a a ca)"a 9ist$)ica &e este co!ce*to1 Si así !os a-+)a-os *a)a )eivi!&ica) os va o)es que e ot)o 4e co!quis4
' E! sus *o*u a)es Cartas de un americano, *u3 ica&as &es&e Lo!&)es e! ';'', <)ay Se)va!&o Te)esa &e Mie) a )es*ecto a!ota3a= :co-o si 9u3iese es*a%o , i!c uso <e)!a!&o >II, que *u&iese *)o3a) que !o &escie!&e &e os a,)ica!os, ca)ta"i!eses o sa))ace!os, que &o-i!a)o! a 2e!í!su a o!ce si" os? o co-o si ,uese -e#o) que a a,)ica!a a sa!")e &e os suevos, a a!os, v+!&a os, "o&os, y ot)os 3+)3a)os &e !o)te *)o"e!ito)es &e os es*a%o es1:

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tador, el puro- no supo reconocer en el ente mezclado, mos ponderar otras consecuencias de esta elección. Pero no resulta ser así. Dada la manera debería­

en que se maneja en

el

Libro de Texto la historia del llamado mestizaje, nombramos mestizos equivale a marcarnos can el signo de la derrota, de la resignación, del silencio. Ésta es la consecuencia más grave del uso acrítico de los conceptos de mestizo y mestizaje, pero no la nica. !l más somero análisis del Libro de Texto pone al descu­ bierto simpli"icaciones, tergiversaciones y errores inaceptables. #e evidencia tambi$n el racismo consciente o inconsciente de los autores, y de nuestra sociedad. %eamos. !n el libro de Ciencias sociales para el tercer grado, se encuentra la primera mención del mestizaje. #e dice& !n la 'ueva !spa(a -como se llam) el imperio me*ica despu$s de la +onquista- muchas costumbres, t$cnicas, ideas, desaparecie­ ron, pero otras se conservaron. ,a cultura indígena - la espa(ola se "ueron mezclando, y juntas harían nacer una nueva cultura, y los indígenas y los espa(oles tambi$n se mezclaron, y de ellos nacimos los mestizos, o sea nosotros, los me*icanos. . !l mestizaje, entonces, se de"ine como un "enómeno cultural racial. !l proceso simplem.ente se constata. #eg n el Libro de Texto, despu$s de la violencia de la +onquista siguió un periodo de reconstrucción e innovación al "in y al cabo ben$"ico para los indígenas& ,os espa(oles dirigieron la reconstrucci)n de /enochtitlán, - los indígenas trabajaron en las obras como peones0 pero aprendieron a usar una gran variedad de instrumentos - t$cnicas para levantar edi"icios, trazar calles, pulir madera, "raguar el hierro. ,a gente del campo empez) a manejar el azad)n, el arado de "ierro tirado por bue-es, a usar la rotación de cultivos, - a emplear abono animal en sus siembras. !n la ciudad - en el campo se e*tendi) el uso de la rueda para carretas - carrozas tiradas por caballos.
2 Libro de Texto Gratuito. Ciencias sociales. Tercer grado. +ap. %1. 23 llega una nueva t$cnica. 'ace una nueva cultura2, p. 454.

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Con estas innovaciones empezó a cambiar la vida de los indígenas y se transformaron muchas maneras de hacer las cosas. 3

Según Se presenta, el apego del conquistado a sus tradiciones explica la acción de los conquistadores Sin embargo persistieron vie!as costumbres, por e!emplo, el cultivo del maíz la gente estaba tan apegada a este alimento, que los espa"oles tuvieron que obligarla a sembrar trigo en sus tierras, o sea, aquellas que les tocaron en la repartición que se hizo despu#s de la Conquista. $

%a situación colonial se !ustifica hoy como hace cuatrocientos
a"os la corona espa"ola así lo dispuso. %#ase &n un principio la corona entregó encomiendas a los principales conquistadores. %as encomiendas eran grandes extensiones de tie' rra con sus pobladores indígenas. %os indígenas tenían que traba!ar para los encomenderos y, a su vez, #stos tenían la obligación de convertirlos al cristianismo. &n general los encomenderos abusaron de su autoridad( por eso se abolieron las encomiendas, y se hicieron leyes para proteger a los indígenas leyes que comúnmente no se cumplían. )* &n cuanto a la encomienda, se dice que +los reyes espa"oles lo consideraron un arreglo muy !usto porque, para ellos, la reli' gión cristiana era muy importante( los conquistadores tambi#n, porque se beneficiaban con el tributo+. ,) %os intereses de la pobla' ción nativa no se discuten ni C-n las categorías utilitaristas m.s burdas. Simplemente se declara +Con frecuencia, los indios reci' bían malos tratos de los encomenderos.+ /
3 lbid. Cap. 01 +%a t#cnica europea y la colonización. %os indígenas aprenden las nuevas t#cnicas+, p. )23. $ lbid. 45u# manera de solucionar el problema de la propiedad de las tierras6 7 Libro de texto gratuito. Ciencias sociales. Quinto gralo. Cap. 100. +-rganización social de las colonias espa"olas+. G Libro de texto gratuito. Ciencias sociales. Cuarto grado. Cap. 000. $ +%a Colonia. -rganización social+, p. 8$. / lbid.

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En el Libro de Texto se caracteriza a cada una de las razas responsables del mestizaje, con base en criterios distintos. Se considera conocido al español, a quien no se califica de ninguna manera. De los indios se improvisa una descripción fisionómica supuestamente accesible a los niños. Generalmente se minimiza la importancia de los negros, y se les califica sistemáticamente de esclavos. A los grupos asiáticos llegados a Am rica antes y despu s de la !onquista no se les menciona jamás. " ase la siguiente cita# En el territorio me$icano %abitaban muc%os grupos ind&genas con diferentes tipos f&sicos# unos eran más morenos que otros, unos bajitos ' rec%onc%os, otros altos ' delgados. ( Despu s llegaron los españoles, ' más tarde los negros esclavos. )odos estos grupos se fueron mezclando entre s&* por eso, casi toda la población de + $ico es mestiza. , De repente resulta que no todos los me$icanos somos mestizos. "as referencias a quienes no se mezclaron, aparecen aqu& y allá sin plantearse el sentido de tal pureza, ni si somos o no somos mestizos todos los me$icanos. De entre las llamadas castas, se distingue en el Libro de Texto a un ser singular# el criollo. A l se aplica la frase -español nacido
( Si de dar una descripción f&sica se trata, .no ser&a más provec%oso apo'arse en nuestros pensadores cr&ticos/ 0lzate, en cuanto a algo aparcn1 temente objetivo y neutral como lo es la estatura de los indios, declaraba# -un indio se %alla formado con un cuerpo regular a la especie %umana, no es gigante ni pigmeo. Se %allan algunos agigantados, pero no %e visto alguno reducido a pequeñas dimensiones* bien organizados, es raro en2 contrar alg3n giboso, cojo, manco, bizco, en una palabra deforme* su estatura es la que corresponde a una nación sana, nada viciada ... - 4Al2 zate, 5. A. -6n indio de la 7ueva España .qu especie de %ombre es, cuáles sus caracteres morales y f&sicos/-, de 8,98, en Memorias y ensayos, :oberto +oreno ed., + $ico# 67A+, 8,(;., pp. 8;<=8>;?. !uando menos se eliminaron de la biotipolog&a colonial reflejada en el Libro de Texto, las referencias a los olores de las distintas razas. @umboldt, por ejemplo, di2 ce# -"as castas de sangre india o africana conservan el olor que es par2 ticular de la transpiración cutánea de estas dos razas primitivas.- (Ensayo político sobre el reino de la Nueva Esoaña. Estudio preliminar, cotejos, notas y ane$os de 5uan A. Artega y +edina. + $ico# Editorial Borr3a, 8,9C., p. ,D?. 9 Libro de Texto Gratuito. Ciencias sociales. Cuarto grado. !ap. 8.C. -"a :ep3blica +e$icana# diversidad y unidad-, pp. 8<=8>.

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en América". De entre todos los mexicanos, sólo él tiene el pri­ vilegio de dar y darse nombres, y de no considerar absurdas sus aspiraciones: Los criollos deseaban ser virreyes, arzobispos, obispos y estos cargos eran desempeñados casi siempre por los españoles nacidos en spaña, a los !ue los criollos llamaban gac"upines. Los espa­ ñoles criollos no se sent#an iguales a los nacidos en uropa y para distinguirse, se llamaban a s# mismos americanos. $%

n el Libro de Texto, a los negros puros y mezclados se los margina "asta "acerlos desaparecer de la "istoria de &éxico. n el libro para el tercer grado se describe el mestiza'e como una mezcla entre españoles e indios. n el cuarto año, ya se reconoce la participación de los negros, si bien parece estarse "ablando de bestias de carga:
(ambién se tra'eron negros de A)rica. Los negros a)ricanos eran comprados O capturados en sus tierras y vendidos en América para traba'ar como esclavos* pertenec#an al !ue los compraba y ten#an !ue "acer lo !ue éste di'era. &uy pronto existieron tres grupos "umanos en la +ueva spaña: españoles, indios y negros. stos gn,pos se )ueron mezclando entre s# "asta )ormar )amilias compuestas por personas de distintas razas. De la mezcla de espa­ ñoles e indios nacieron los mestizos* de la de españoles y negros, los mulatos* de la de negros e indios, los zambos. A los españoles nacidos en América se les llamaba criollos.11

n el mismo texto, unas cuantas p-ginas m-s adelante, se "ace desaparecer a los negros: As#, para )ines del siglo ./000, los indios, mestizos y criollos empe­ zaron a sentir un gran descontento. $.1 2in 'usti)icación alguna, se cambian las reglas del 'uego. 3 bien los criollos ya no son mestizos, o todos los negros lo son, o éstos
$%Ibid., 4ap. 000. 5. "4omienza la luc"a por la 0ndependencia. Las in'usticias," p. 6%. 11 Ibid., 4ap. 7. "La 4olonia. 3rganización social", p. 85. 9 l subrayado no aparece en el original.: »tu«, p. 8;.

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desaparecen de la historia. De cualquier manera, ya. no se identi­ fica a los negros como tales. Al no plantear el papel de los negros en la historia de México, se puede ignorar el limbo, jurídico en el cual permanecieron al promulgarse la liberal y racista Constituci n de !"!#. $odemos así tratar la historia en los términos maniqueos que por defini­ ci n y designio nuestro son propios para los ni%os& 'n la Constituci n de C(di) se declar que todos los habitantes del imperio, nacidos en 'spa%a o en América, eran iguales* se abolieron las desigualdades entre gente de distintas ra)as y se eli­ min el tributo que pagaban los indios. !+
'n nuestro Libro de Texto Gratuito, nos hacemos eco de la pos­ tura de los diputados peninsulares y no de la de .uridi y Alcocer, en la cual coincidieron todos los diputados de las Américas y la ra) n. !/ Disimulamos el hecho de que esta Constituci n consi­ deraba el erigen africano una infamia, y ol0idamos que fue el diputado mexicano Miguel .ordoa quien solicit en C(di) la abolici n del sistema de castas. -obre todo, no se concede a los negros el papel de sujeto y no s lo objeto de la historia. 'n el Libro de Texto deberíamos denunciar c mo se perpetu esta in­ justicia, y no seguirla alimentando.
13Ibid" Cap, 12. 34a consumaci n de la 2ndependencia, 4a Constitu­ ci n de C(di)3, p, 5. 14 "La polémica surge al someterse a debate el artículo primero del $ro­ yecto de Constituci n& la naci6n espa%ola es la reuni n de todos los espa­ %oles de ambos hemisferios, decía. .uridi y Alcacer tom la palabra para interpretarlo en el sentido de que el término naci n se estaba usando bajo su significado político y que tenía que ser compatible con la diversidad de religiones como se 0e en Alemania, en Inglaterra y otros pmses, con la de territorios como en los nuestros, separados por un inmenso océano; con la de idiomas y colores como entre 110S0b !S mismos; y a"n con la de naciones distintas como lo son los espa#oles, indios y negros, por$ue la uni%n del estado consiste en el gobierno o su&eci%n a una autoridad soberana, y no re$uiere otra unidad' (stado es 7a%adi 7 una sociedad de )ombres $ue 0i0en ba&o un gobierno, por$ue si se toma la palabra naci n en sentido *+sico, naci%n espa#ola no es otra cosa $ue los nacidos y oriundos de la ,en+nsula'" 1éase 3'l problema de las castas3 en 8arrag(n 8arrag(n, 9osé. Temas del liberalismo gaditano' México& :;AM, !<5", pp. =+76!.

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Tal vez un falso criterio pedagógico sea la clave de esta omi­ sión. Pero la decisión de simplificar de este modo el estudio histórico de nuestra sociedad, tiene un alto precio: ya nada puede comprenderse. Al no explicar ni juzgar a la sociedad estratifi­ cada, resulta difícil comprender por u! eran tan disímiles las ue en su !poca se llamaron justas uejas de los americanos. "i se desprecia a los negros hasta dejar de mencionarlos, #cómo explicar el sentido del programa a$olicionista de %idalgo& y si del estudio de nuestra historia sólo sa$emos sacar lecciones autodenigratorias, #para u! emprenderlo& '!ase el siguiente texto( y advi!rtase cómo se descalifica al ej!rcito insurgente: %idalgo empezó su marcha por la li$ertad con )** hom$res, pero en pocos días llegó a reunir cerca de +*****, entre indios, mes­ tizos y criollos. ,l ej!rcito tenía un curioso aspecto, por ue esta$a compuesto de curas, soldados y de gente ue vestía calzón $lanco o pantalón de cuero. -... . %idalgo marchó hacia la /iudad de 0!xico. 1n día antes de llegar a ella, se dio la $atalla del 0onte de las /ruces, una de las m2s grandes victorias del ej!rcito insur­ gente. %idalgo hu$iera podido tomar la /iudad de 0!xico, pero pensó ue no tenía fuerzas suficientes y decidió regresar a 3alla­ dolid. Apenas empezó su retirada, comenzaron sus derrotas. A pesar de todo, pudo esta$lecer un $reve go$ierno en 4uadalajara, en el ue tomó medidas sa$ias, como la a$olición de la esclavi­ tud y los tri$utos ue paga$an los indios. +5 /oncretemos. 3ali!ndonos del concepto de mestizaje eludimos la necesidad de explicar las diferencias ue separan a los mexi­ canos. 6esulta evidente el inter!s en propalar la idea de ue 0789/: ," 1;:, noción tam$i!n sujeta a precisión o re­ visión: Pero, a pesar de las diferencias, 0!xico es uno. Aun ue los me­ xicanos tengamos aspectos y costum$res muy diversas, es m2s lo ue nos une ue lo ue nos separa. Todos vivimos $ajo las mismas
+5Ibid. (/omienza la lucha por la 9ndependencia. %idalgo se retira(, pp. <=><?.

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leyes constitucionales, los mnos de México aprenden las mismas cosas y usan los mismos libros, aunque vayan a escuelas de aspec­ tos muy distintos, situadas en lugares muy alejados.>" Para afianzar esta unidad se insiste en el romance del mestizaje. in embargo, esta metaf!rica noci!n crea m"s problemas te!ricos y pr"cticos de los que resuelve. #eamos a$ora la pobreza del concepto de mestizaje si se utili­ za para explicar ya no nuestra naturaleza racial sino la cultural. %n el Libro de Texto se propone valorar nuestro pasado cultural

mestizado& 'a escultura, la pintura y la arquitectura alcanzaron gran desarro­ llo, como puede verse al visitar nuestras catedrales y parroquias. %n ellas se unieron, muc$as veces, el arte ind(gena y el arte espa­ )ol, y as( resultaron verdaderas joyas de arte mestizo que debemos cuidar como un legado importante de nuestro pasado. *+ 'imit"ndose a las artes, queda sin calificaci!n el resto de la cultura generada desde la ,onquista $asta nuestros d(as. Por otra parte, no parece ser f"cil ni provec$oso $ablar de astronom(a o sociolog(a mestizas. -espués de revisar cste muestrario de concepciones perniciosas sobre nosotros mismos, comprobemos que el prejuicio racista se extiende al estudio de otras culturas de donde se revierte a la apreciaci!n de la nuestra. e declara que el objetivo general del estudio de las ciencias sociales en el quinto grado, es ampliar los $orizontes del estudiante ayud"ndole a ver allende las fronte­ ras de su pa(s y su tiempo. eg.n se lee& e pretende que, en la medida de lo posible, el ni)o vincule el conocimiento del pasado y presente de México con el proceso d/e desarrollo $ist!rico de "mbitos lejanos, comprendiendo la pro­ blem"tica mundial que le es m"s lejana y compleja. %n este sentido ser" importante que conozca otros "mbitos y otras formas cultu.
16lbid.

17lbid."%l legado colonial",p.0+.

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rales, que le permitían reafirmar al mismo tiempo actitudes de iden­ tidad nacional, así como respeto y aprecio a las formas de vida de los habitantes de otros países. 18

Al comparar Su cultura can otras el alumno no podrá, si cumple can el objetivo de "inte rar y relacionar los conocimientos adqui­ ridos en todas las áreas del aprendi!aje", sino quedar perplejo en el mejor de los casos. "n el peor, se sentirá superior o inferior al resto de sus compatriotas mesti!os #se $n el rado de mesti­ !aje que evidencie el color de su piel. "n el libro para el quinto rado, bajo el título de "Sur en las randes ideas", se presenta el sistema de castas de la %ndia. "l paralelismo eon &'(ico, a pesar de no su erirse, tendrá que esta­ blecerse en la mente de los estudiantes) "l territorio de la %ndia está en una península trian ular al sur de Asia. Los primeros pobladores eran gente de Piel oscura; des­ pu's numerosas oleadas de hombres blancos que, empujados por otros pueblos, emi raron del norte de la península hacia el sur. *osteriormente hubo una ran invasi+n de pueblos pastores dies­ tros en la uerra. Los pueblos blancos sometieron por la fuerza a los morenos, y ocuparon las posiciones más altas de la sociedad india. ,as invasiones continuaron, y el pueblo que lle aba trastornaba la vida de los ya establecidos, de ahí que cada pueblo formara un rupo cerrado, con sus propias costumbres y nor.mas.,os miem­ bros de los rupos o castas #como les l1amaron# se dedicaban a una ocupaci+n especifica -sacerdocio, a ricultura o artesanías.. ,os miembros de las distintas castas no podían comer juntos, ni casarse entre sí. ,os rupos más fuertes eran las castas de sacerdotes y uerre­ ros, que o!aban de privile ios y respeto, porque la ente creía que estaban cerca de los dioses/ en cambio, los rupos más anti­ uos y d'biles, los intocables, vivían en la miseria y opresi+n, ya que eran considerados impuros. 0e esta manera, la sociedad india tenía la forma de una esca­ lera) había castas superiores e inferiores, las divisiones entre una y otra eran muy estrictas, la ente que nacía en una casta perma#
18 ,ibro

del Ma.estro. 1uinto grado.

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necía en ella durante social. 19 toda su vida, y no podía cambiar de grupo

No hay razón para presentar la historia de la India en términos del color de la piel de vencedores y vencidos. Al poner énfasis en los elementos raciales, se desdibu a el perfil cultural, sea de la India o de !é"ico. Al a#uilatar nuestro pasado indígena la estrategia es la del doble mensa e, intencional o no. $or un lado se elaboran res%me& nes de los principales avances tecnológicos y políticos de pueblos a #uienes espiritualmente se caracteriza como lo hicieron los con& #uistadores, es decir, como idólatras. $or otro, se hace ver la de& bilidad de estos avances ante los embates de la superior cultura espa'ola. (éase el capítulo )*os europeos imponen su cultura). Ahí se presentan dos casos diferentes. -e e"plica primero el caso de la colonización de Asia/
0ras los comerciantes portugueses y espa'oles, llegaron los misio& neros #ue #uerían convertir a los asi1ticos al cristianismo. *os misioneros no tuvieron el mismo é"ito #ue en América, tal vez por#ue esos reinos, muy poblados y bien organizados, no habían sido con#uistados militarmente por los europeos. QO

Ahora véase la e"plicación de la f1cil colonización de Latino­

américa (sic):
$ueblos indígenas, colonizadores y medios geogr1ficos diversos, dieron origen a la gran variedad de naciones de América. 2n me& setas altas, como !esoarnérica, $er% o +olombia, hubo pueblos adelantados y centros urbanos muy poblados, #ue fueron con#uis& tados con mayor facilidad. 2n cambio, las praderas de Nortearné. rica y -udamérica estaban habitadas por grupos de cultura nóma& da, muy difíciles de so uzgar. 31
19 Libro de Texto Gratuito. +iencias sociales. Q1/.into Grado. +ap. I(. )-urgen grandes ideas. *a India y el budismo. *as castas), pp. 44546. 72l original no est1 subrayado8. »tu«, +ap. (II. 9. )*os europeos en Asia y :frica), p. 19;. 21 bid., +ap. (II. 1. )*a colonización de *atinoamérica), p. 13;.

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Las contradicciones saltan a la vista. No se explica por qué el grado alto de organizaci6n en Asia dificultó y en Mesoamérica facilitó la conquista. ¿Qué pueden responder los maestros si los alumnos advierten estas incoherencias del discurso hist6rico ofi cial! " si no las reconocen# ¿puede decirse que se esté educando a los ni$os mexicanos! Los maestros se ver%n en aprietos tam&ién al intentar cumplir con algunos o&'etivos de estas lecciones( )&'etivos particulares( *.+. ,xplicar algunas caracter-sticas de la cultura hind.. Actividades( *.+.+./. 0onsulte quiénes fueron los primeros po&la dores de la 1ndia# 2 qué grupos se asentaron posteriormente. *.+.+.3. 0omen te la información o&tenida# destacando las conse cuencias que tuvo la llegada de nuevos po&ladores al territorio de la 1ndia. *.+.+.*. ,la&ore un &reve resumen. *.+.4 1nvestigue qué es el sistema de castas 2 las in'usticias que origina.// 5e les pide a los mnos que declamen en contra del in'usto sistema de castas hind. y que de'en sin comentario las in'usticias cometidas anta$o y hoga$o en su patria. 5e est% fomentando la hipocres-a# el cinismo y la sumisi6n que de&er-a errac+icarse por medio de la tarea educativa. La estructura social de México no se pone en tela de 'uicio sino hasta el li&ro para el sexto grado. 6e la estructura colonial se dice( ,n la sociedad novohispana ha&-a grupos privilegiados# cu2a posi ción contrasta&a con la miseria de gran parte del pue&lo# sólo una
22 Libro del maestro. QlLinto gracia. No se sugiere relacionar o contras tar éste con el llamado sistema de castas de México. 7ampoco se propor ciona al maestro ma2or información# ni recomendación alguna so&re como a&ordar el estudio de las concepciones religiosas de otros pue&los de una manera a la vez cr-tica 2 respetuosa. Aunque sea de paso# de&emos recono cer la naturaleza impractica&le o in.til 8vertida en un lengua'e pedagógico pretendidamente cient-fico8 de la ma2or parte de las actividades sugeridas a los maestros en el %rea de 0iencias 5ociales.

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y podía participar en el gobierno. La mezcla de españoles, indios y algunos negros traídos del Africa dio como resultado un mestizaje y, al mismo tiempo, una cultura. 23 minoría recibía educación

En cuanto al Mé ico de !oy, se detectan dese"uilibrios diagnos# ticados como insuficiencia de desarrollo$ En los %ltimos &' años Mé ico !a tenido un alto crecimiento económico, debido principalmente a la producción de bienes( también !a logrado a)ances significati)os en otros aspectos, como son los ser)icios con "ue !an sido dotadas numerosas comunida# des rurales y urbanas. *o obstante, los beneficios de este desarro# llo son toda)ía insuficientes, pues no est+n distribuidos por igual entre todas los !abitantes ni entre todas las regiones del territorio nacional. 2& Mé ico, presentado !asta el "uinto grado como el país mestizo, pasa a!ora a ser el país de los contrastes:
Mé ico es un país de contrastes. Mientras "ue algunos sectores de la población )i)en con lujo en colonias residenciales y disfrutan de todos los ser)icios -e incluso los desperdician, otros )i)en en la pobreza, en barrios marginados o ciudades perdidas "ue carecen de los satisfactores b+sicos. -e igual forma, muc!os me i# canos tienen un empleo permanente "ue les proporciona un in# greso seguro, en tanto "ue muc!os otros est+n desempleados la mayor parte del año o se ocupan en tareas "ue apenas les remu# neran unos cuantos pesos para subsistir. 2.

/ara superar los problemas nacionales, se lee en el mismo te to, se re"uiere de$ la participación cotidiana de todos nosotros, en un esfuerzo com%n por superar carencias y obst+culos. /ara ello debemos conocer bien la realidad me icana, saber "ué tenemos y "ué nos falta. 20
23 Libro ele Texto Gratuito -. Ciencias social.es. Sexto grado. 1Mé ico !oy. Mé ico es producto de su !istoria. 2a *ue)a España1, p. 304. 24Ibid. 1En busca de un Mé ico mejor. 5n país de contrastes1, p. 360. 2. Ibid. 20Ibid.

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Conclusiones A la luz de esta breve revisión de la manera como se tratan los temas del mestizaje y los mestizos, releamos el Libro del maestro, donde se plantean los objetivos y métodos del estudio de las Ciencias Sociales en la Escuela Primaria: A través de la geografía, la istoria, la economía, la sociología, la ciencia política y la antropología se propone contribuir a !ue el educando ad!uiera y desarrolle los conocimientos teóricos y meto" dológicos !ue le ayuden a formarse una mentalidad científica y una conciencia crítica y creadora para la b#s!ueda y logro de una sociedad m$s justa% Al emplearse categorías nada científicas y muy ideológicas como las de mestizo y mestizaje, se est$ yendo en contra no s&lo de los objetivos del Libro de Texto, sino del sentido mismo de la educación% Es necesario reelaborar esta imagen de nosotros mis" mos, de nuestra istoria y futuro, bas$ndonos en una filosofía educativa y un proyecto nacional propios%

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TEMAS NAHUAS

Salvador Díaz Cíntora

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ACATÓNAL y OCELOCÓATL

(Notas al Himno a Tláloc) El himno tercero de la serie de veinte que nos trasmiti Saha!"n es# se!"n Cari$a%# &uno ele los que 'arecen me(or conservados& (Veinte himnos sacros de los nahuas, UNAM# )*+,# '- +.)A 'esar de esto# ha% a"n en /l varios lu!ares de0initivamente oscuros# como notará cualquier lector de los comentarios que so$re dicho canto se han escrito- Este 'eque1o ensa%o es resultado de es0uer2os que# acaso sin !ran /3ito# he venido haciendo 'ara entender al!unos de dichos 'asa(esSea el 'rimero el del verso )4# en que leemos5 an noiequihua nahualpilli; la 'ala$ra tequihua no a'arece en el 6oca$ulario de Molina7 'ara 8/rni Sim/on es !uerrero valeroso# 'ero 'or su eti9 molo!:a se relaciona más $ien con tequítl, tra$a(o7 como ;ari$a% o$serva# &el dios es un (e0e de tra$a(o& (i$-# '- +<)La traducci n de ;ari$a% dice5 &A%# eres mi caudillo# =r:nci'e Ma!o-& No está en el te3to náhuatl lo que equivaldr:a a la 0orma ver$al eres (tinotequihua, ti nalwctlfJílli); 'odr:a traducirse &mi caudillo es el =r:nci'e Ma!o&7 'or otra 'arte# tam'oco sa$emos si estas 'ala$ras vienen de $oca del dios# o de la de un devoto o sacerdote que se diri!e al dios# o aun de la de un devoto diri!i/n9 dose al sacerdote (>'or qu/ no?)# (e0e de los tra$a(os de Tláloc en cuanto 'reside la ro!ativa en que se 'rocura la lluvia# la 'eti9 ci n de 'r/stamo al dios# como dice la 'rimera l:nea del himno que estudiamos-

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No hay una "línea definida", nos dice Henry B. Nicholson

(Handbook of the middle American Indians, p. 438 sq.), que separe la religión azteca de la agia! aun si hu"iera tal línea, la ención aquí de un ago, es #s, del $ríncipe %ago, tendería a "orrarla, al enos cierta ente por &' que hace a nuestro hi no. ()istía, desde luego, un tipo de "ru*o, el quiyauhilazqui, que pro+oca"a la llu+ia, duplicando, en cierto odo, las funciones de los sacerdotes de ,l#loc -Nicholson, o.c. p. 43.). (n cuanto al no "re Nahualpilli, $ríncipe %ago, creo a nadie con+iene e*or que a /uetzalc0atl! el que nacía en su signo 1e (h2catl, l34iento, nos infor a 5ahag6n que "sería nigro #ntico y hechi7 cero y al2fico, y que sa"ría todos los g2neros de hechicerías y aleficios, y que se transfiguraría en di+ersos ani ales" (Historia general de las cosas de Nueva España, 84, 3&). No parece, sin e "argo, haya de restringirse el 3-3a pode acción de /uetzalcóatl a la agia negra! Nicholson (1. c) incluye en 2l las +ariadas t2cnicas #gicas que practican los cha anes, ade #s de que era patrón del sacerdocio *er#rquico! recu2rdese que el su o sacerdote de ,l#loc era el /uetza&cóatl ,l#loc ,la acazqui. 9ase, entonces, aquí, una relación entre a "os dioses, y pienso que la de /uetza&cóatl con respecto a ,l#loc ha de ser de su"or7 dinación! /uetza&cóatl, nas ense:a 5ahag6n, ""arría los ca inos a los dioses de las llu+ias para que +iniesen a llo+er" -'.&., &, ;). 9e ahí que diga Nicholson -p. 4<8) que /uetza&c0atl, considerado co o +iento, pertenece al co ple*o de ,l#loc, = es precisa ente en cuanto +iento, al presidir la trecena 1e (h2catl, co o decía os, que es /uetzalc0atl el patrono de los "ru*os. La relación es, entonces, estrechísi a, tanto que, por tener a /uetzalcóatl a su ser+icio, podr# lla arse con todo derecho en alguna fuente tardía -aunque no degenerada en i opinión, a pesar de que así lo esti e >ari"ay) Nahualtecutli, se:or de los "ru*os, a ,l#loc, pues que el archi"ru*o, /uetza&c0atl, le "arre odesta ente el ca ino -un con*uro de a or, apud einte himnos, p. <;.). $ase os al +erso << del hi no! lee os ahí? quizqui, auli ah motta, Acat!nal" "suele salir y no es +isto @catónal", traduce >ari"ay, que en su co entario, al referirse al persona*e, anota?

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"Como no tengo absolutamente ningún dato para saber quién es Acatónal, ignoro de igual modo cómo sale sin ser visto" (p. 59). Trataré de no de ar a!" las cosas, # puesto que el nombre mismo se re$iere al tonalli de esa misteriosa criatura, creo que lo me or

es en$rentarnos al problema con un tonalámaii en la mano% el signo ácatl, caña, no aparece en el nombre que nos ocupa a$ec& tado de ningún numeral% si pensamos en el número uno, #a tendremos que Ce Acatl es el nombre calend'rico de (uet)a*c+atl, el sacerdote de Tula, pero como !ombre que era, !ab"a de verse, # este Acatónal no se ve. ,esde !ace tiempo me !ab"a ocurrido que era preciso buscar un numeral que aclarara las cosas, # recien& temente, en c!arla con -ubén .oni$a) /u0o, !ablando de éste y otros temas, me !ac"a él notar que sobre varias estatuas, entre ellas la de la tremenda Coatlicue, se !alla grabada la $ec!a 12 Caña (Acatl)% si !acemos la cuenta regresiva para llegar al signo que encabe)a la trecena correspondiente, !allamos que es ni m's ni menos que Ce 1!écatl (l23iento), precisamen te la gran trecena de (uet)alcóatl de que se di o arriba, en que deb"an nacer los bru os% el viento es invisible, por eso Acatónal, vale decir (uet)a*c+atl, no se ve cuando sale del Tlalocan, como dice el !imno% si atendemos al numeral, el doce en el tonalpohualli corresponde a Tla!ui)calpantecu!tli, que es, a su ve), el (ue)al& cóatl !ombre, pero ya muerto # divini)ado (3. 4eo. del 5aso # Troncoso, C6díce Borb6n.íco, ,escripción, !istoria y e6posición, 7iglo 889, *9:*, p. ++ y /ic!olson o.l., pp. ;<+2;<9). * 1!écatl 2 Calli = Cuet)palin 4 Cóatl 5 >iqui)tli 6 >')atl ? Toc!tli : Atl 9 9t)cuintli *@ A)omatli ** >alinalli

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12 Acatl (13 Océlotl) Tenemos pues, como numeral, el de un muerto, y ellos no suelen verse; como signo, el de Quetzalcóatl el dios, el viento ru!o, y arrendero, invisi le de suyo" #i es e$tra%o tampoco &ue tal 'ec(a aparezca so re las estatuas de deidades de la tierra, tan necesitada cada primavera de los dones de Tl)loe" *l otro punto por tratar en este papel es el del no menos misterioso persona!e &ue (allamos en el verso 1+, an no tata in nocuacuilo, Ocelocóatl, &ue vierte -ari ay, .vosotros sois mis padres, mi sacerdocio, /erpiente0Tigre." O sérvese &ue a&u1 la pala ra an de!a de ser con!unción adversativa cama 12 'ue en los vv" 3 y 12, seg4n 5ari ay (p" 36, aun&ue en realidad la tomó como simple e$pletivo para no traducirlo); a(ora es sernipro7 nom re de segunda persona de plural; no estoy de acuerdo, puesto &ue Ocelocóatl es de'initivamente singular; el plural de dic(o compuesto ser1a ocelococoa; mis padres, noiahuan, pues tahtli na reduplica s1la a en el plural; tata es 8Onomatopeya in'antil, as1 en lengua de indios como en la del 9acio (d. :émi /iméon), y no (ay a&u1 nada &ue indi&ue &ue est) en plural; se puede tra7 ducir per'ectamente, .mi padrecito es mi tres&uilado (o tonsu7 rada) Oceloe6atl., y as1 lo entiendo" -on respecto a la razón de este e$tra%o nom re, paréceme tam ién conveniente tratar el asunto con ase en el tonalámatl. 1 Océlotl 2 Quau(tli 3 -ozca&uau(tli ; Ollin 3 Técpatl 6 Qui)(uitl < =óc(itl > -ipactli 9 Ehécatl 12 -alli 11 -uetzpalin 12 Cóatl (13 Miquiztli)

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Si tomamos como principio de la trecena el pnmer elemento del nombre, veremos:

a) Que el numen que preside la trecena que encabeza c!lotl es precisamente Quetzalcóatl ("aso y #roncoso, o$c$, p$ %&)$ b) Que el n'mero nueve, sa(rado en la ma(ia (Sa)a('n, *+, 31, ,), corresponde aqu- precisamente al si(no de Quetzalcóatl, puesto que resulta ser 9-Viento. e) Que lle(amos al se(undo elemento del nombre celocóatl precisamente en el n'mero doce, que )emos visto arriba cómo est. consa(rado a #la)uizcalpantecu)tl-, el Quetzalcóatl )umano muerto$ En cuanto al simple si(no céail, nótese que tiene como patrona a C)alc)iu)tlicue (V. Seler, Gesanimelie Abhandlungen, 1, p$ ,22), precisamente la consorte de #l.loc (d$ /ic)olson, p$ ,1%)$
0ste nombre, pues, de celocóatl, que 1ariba2 a 3in de cuentas de4a, como !l dice, 5en su penumbra5 (p$ &6) resulta encerrar en s-, considerado calend.ricarnente, toda la doctrina azteca sobre el apretado ne7o que li(a a Quetzalcóatl 2 su bru4er-a con el dios (2 la diosa) de las a(uas$ 0n C)olula parece que en lu(ar de adorar a #l.loc por su nom bre, se le daba culto ba4o una advocación calend.rica: Chiconauh Quiáhuitl, es a saber 9-Lluvia; el numeral alude a Quetzalcóatl, el nombre a #l.loc8 es un e4emplo m.s de lo que aqu- )e venido e7poniendo (V. Relaciones geográ icas del siglo 9+*, #la7cala, tomo 2, p$ 132, :/;M, 1<6&)$ ;)ora bien el d-a <=>luvia corres? ponde a la trecena que comienza con Ce !"omaili (1@Mono)8 el numen patrono es "at!catl, uno de los dioses de la embria(uez, pero, en el caso, adornado con varios de los atav-os de Quetzalcóatl, de modo que aqu-, se('n "aso 2 #roncoso, 5quiz. "at!catl (sea) representante de la embria(uez de Quetza1cóatl, que causó su ruina5 #o.l., p$ A3)$

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1 Ozomatli 2 Malinalli 3 Acatl 4 Océlotl 5 Quauht1i 6 Cozcacuauhtli 7 Ollin 8 Técpatl 9 Quiáhuitl
Definitivamente 9 !luvia e"tá en #elaci6n con Quetzalcóatl$ y en Cholula no e" co"a que pue%a "o#p#en%e#no"& el Códice Borbó­ nico, en cam'io pa#ece p#oveniente %e Tenochtitlan& el himno %e Tláloc fue #eco(i%o en Aco)huacan& "ien%o e"to a"*$ el fen+, meno %e que ha'lo "e p#e"enta en la" %ive#"a" #e(ione" %el te##i, to#io náhuatlQue%an$ %e"%e lue(o$ a"* en e"te himno como en to%o" lo" %emá"$ mucho" ot#o" pa"a.e" ininteli(i'le"& t#atan%o %e acla#a# un ve#"o ho/$ ot#o ma0ana o en cuanto "e pue%a$ e" %e e"pe#a#"e que en un futu#o p#+1imo po%amo" enten%e# al(o me.o# 12 que canta'an lo" nahua" a "u" %io"e"-

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II
LAS LETRAS PRECOLOMBINAS

La presente obra * es una antología de las cuatro grandes literaturas de la América antigua n!"uatl# ma$a# %uic"ua $ guaraní& E'isten desde luego# antologías anteriores de todas ellas( )* %ue "ace el autor es agrupar las cuatro# a menor escala %ue en dic"as antolo+ gías particulares# para darles cabida en un ,olumen( no se puede suscribir# entonces# la -rase de .ac%ues Soustelle en el pre-acio# seg/n la cual 0este libro descorre# en cierto modo# la cortina %ue ocultaba un mundo poético0# para cada una de las partes de ese mundo# la cortina $a estaba descorrida& 1o$ a limitarme en estas líneas# por a%uello de 02apatero a tu 2apato0# a )* %ue leemos en Baudot sobre la lengua y la literatura na"uas& Con respecto a a%uélla# nos dice %ue las lenguas de Mé'ico se "an distribuido 0entre cuatro grandes -amilias0 &&& 0el grupo $ute3a2teca &&& el grupo otomí &&& el grupo ma$a &&& el grupo "o4a+ no3subtiaba0 5p )67( el grupo# seg/n esto# es -amilia# y m!s arriba# en e-ecto# leemos en la misma p!gina 0-amilias o grupos ling8ís+ ticos0( pero poco después# al "ablar del ma$a# escribe %ue 0a di-erencia del n!"uatl# %ue se presenta uni-orme# tiene el aspecto pluri,alente de una -amilia ling8ística& A este con9unto se le conoce# por lo com/n# con el nombre de lenguas ma$ances0 5p& :;7& <a$ a%uí una con-usi=n( lo %ue di9o primero Baudot# y %ue ol,ida cuatro p!ginas adelante# es correcto# $ tan -amilia es# por ello# la
* >eorges Baudot# Las letras precolombinas, Siglo ??I# Mé'ico# )6@6&

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yute-azteca como la mayance; un texto en náhuatl se presenta uniforme, en náhuatl y no en rarámuri, como un texto en maya yucateco se presenta uniforme, en maya yucatecoy no en pokorn­ chí, como se me presenta uniforme lo que canta un coplero en castellano, sin que me inquiete que el rumano sea miembro de la

familia, y sin que este parentesco dé a la coplilla ningún aspecto pluri alente! "i #audot hubiera incluido en su antología cantos huicholes o yaquis, que los hay desde luego, y se conser an, ya tendríamos para el náhuatl, hablando en el lengua$e de nuestro autor, la misma plurí alencia, #audot presenta aquí, digamos, textos de los quichés y de los cakchiqueles, además de los que están en maya yucateco; de la familia! yuto azteca, en cambio, s%lo nos da textos nahuas, y estas calidades de uniformidad y pluri alencia, aplicables en todo caso a sendas partes de su anto­ logía, las atribuye a las lenguas mismas! &áblanos #audot de 'la preocupaci%n de refinamiento caracte­ rística de todas las lenguas americanas precolombinas' (p! )*+ como causante de la forma re erencial del erbo náhuatl, pero no nos dice por qué, si es característica de todas, no produce en las otras lenguas formas equi alentes, y si las produce, en cuáles, o bien c%mo se manifiesta en ellas esta característica a todas común; generalizaci%n decididamente indemostrable, que para sostenerse exigiría el conocimiento (cosa imposible+ de todas las lenguas americanas, amén de que, si lo característico sir e precisa­ mente para distinguir, por definici%n, este refinamiento caracte­ rístico de todas las lenguas americanas, ,de cuáles las distingue.ecesariamente de las del ie$o mundo; no creo que pueda decirse que el popoloca tenga más tendencia al refinamiento que el sáns­ crito; por ello, mientras no se demuestre lo contrario, estimo que el refinamiento que origina las formas re erenciales del náhuatl es característico del náhuatl y lo distingue de muchas otras lenguas, de allá y de aquí; /r más allá de esto me parece generalizar y exagerar! 0a entrando en el campo de la poesía náhuatl, encontramos desde luego en #audot la teoría poética náhuatl que se expresa con el conocido difrasismo in xochitl in cuicatl, flor y canto, ob$eto,

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así la especulación como la fórmula, de asiduos trabajos, hace ya décadas, de Miguel León-Portilla; Baudot recoge toda la doctrina de este autor sin decir de quién la toma, como si fuera halla go propio !p" #$%; m&s abajo !p" '(% atribuye a )ecayehuat in haber introducido *la noción de in xochiil in cuicail", +,s que puede

tener origen tan tardío una noción que se considera fundamental en la poesía n&huatl- .e ser así, la especulación estética en torno a la poesía nacía apenas a la llegada de los espa/oles, puesto que )ecayehuat in era contempor&neo de Motecuh oma 0ocoyot in, y una gran parte de la producción poética sería ajena al concepto in xochitl in cuicaii si éste aparece en 1erdad tan a 2ltima hora" Para mí que en este caso tenemos a León-Portilla tergi1ersado por Baudot; en su libro Trece poetas del mundo azteca, dice aquél, en efecto, que )ecayehuat in *ahondó en el sentido de flor y canto* !p" 34$%, que se preocupó por esclarecer su significado !pp" 34(, 345%, pero no que él haya introducido esta noción; tampoco a colación de )ecayehuat in nombra Baudot a León-Portilla, aunque su dependencia de él es notoria" 6 si aquí hace decir a su fuente m&s de lo que dijo, en alg2n o tro lugar, sin mencionarla tampoco, restringe su alcance; seg2n Baudot *parece que los sacerdotes de ,pcohua tenían a su cargo 1igilar y aun censurar la producción poética* !p" #(%" Pero eso consta, no simplemente parece; est& claro por los informantes de 7ahag2n, en el libro Ritos, sacerdotes y atavíos de los dioses, editado por León-Portilla, 3'#4, p" 383" 9aso parecido a los anteriores es el del himno a )l&loc que afirma Baudot *es originario de :colhuacan*; debió haberle resul; tado e<tra/o, pues empie a dicho himno con una mención de Mé<ico, y )et coco no suena para nada en todo el poema; Baudot parece tomó mal aquí su información de =aribay, que en su libro Veinte himnos sacros de los nahuas, 3'#4, pp" 38 Y #(, dice que esos himnos fueron recogidos en la región de :colhuacan, no que fueran originarios de ella; fiel a su sistema, no menciona tam; poco aquí Baudot a =aribay" Las traducciones de te<tos nahuas que se ofrecen en esta anto; logía son en general, y ello sí se hace constar, las de los mismos =aribay y León-Portilla; donde hay distintas 1ersiones de un mismo

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pasaje, a veces no parece muy acertado Baudot en su elección. Hace tiempo me hacía observar Rubén Bonifaz Nuño ue a veces para una frase encontramos varias traducciones distintas entre las ue es difícil esco!er. "n la p#!. $% del libro e&aminado, ocurre uno de estos casos' para la frase

xiuhtlacuilolli ya amoxcaliiec encontramos( 1. )mosaicos de tur uesa( y en casa de mus!os), *aribay, La literatura de los aztecas, +,%$, p. -., ue es la ue esco!e a uí Baudot. /. )las preciosas pinturas y el c0mulo de libros), *aribay, Poesía náhuatl, II, +,1, p. ,. 2. )las pinturas de los anales en las casas de los libros), 3eón4 5ortilla, Trece poetas del mundo azteca, +,%-, p. /1. 6odo esto por ue xihuitl, en efecto, es tur uesa, y es año, y en composición puede si!nificar precioso; calli, empero, es casa y no c0mulo como en la se!unda versión de *aribay' creo defini4 tivamente la mejor, para este caso, la traducción de 3eón75ortilla' y claro, podría haber aun al!una otra posibilidad' atnoxcalli es librería en el Vocabulario de 8alina, y así se llamaba en el español de entonces a las bibliotecas' podríamos 9:n todo derecho tra4 ducir entonces también )los preciosos escritos en la biblioteca). El problema pues, de traducir del n#huatl lo halló ya resuelto Baudot, bien para él, pues no hubiera podido con semejante tarea 3a demostración de este asunto, dado ue re uiere de cierta amplitud, merece capítulo aparte, y me propon!o dedicarle un pe ueño ensayo ue aparecer#, espero, en este mismo boletín en fecha pró&ima. 5ero ya la forma en ue Baudot mutila ciertas palabras su!eriría ue las copia sin entenderlas' por ejemplo, Yolmelahualiztli en vez de neyolmelahualizili ;p. +2-<, confesión; macehualtolli en vez de tnacehuallaiolli ;p. 12<, lenguaje popular; tlatoltíníme en vez de tiaiolmaiinime ;p. 1$<, hablistas, filólogos;

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en el último caso, dos veces, como para que no vayamos a pensar que es error de imprenta. En fin, las apreciaciones y juicios de Baudot están también, en general, ya lo diga o no, tomados de las autoridades mexicanas recientes sobre la materia; rara vez dice algo de su propia cosec a, como cuando escribe que en el yaocuicaii o canto guerrero, !es

posible encontrar, de vez en cuando, confidencias murmuradas a pesar del dogal religioso, discretas quejas l"ricas que ex ala la angustia del guerrero ante la tristeza absurda de la guerra! #p. $%&; es forzada esta interpretaci'n pacifista de la tristeza de un guerrero, mientras ésta no aparezca como debida a la guerra misma en algún poema que Baudot, si conoce, no cita; lejos del campo de batalla se da la tristeza, como protagonista, si as" podemos decirlo, en el icnocuicail; se necesita pues, mayor cla( ridad #piénsese, p. e., en el nunc ad bella trahor !voy arrastrado a la guerra!, de )ibulo & en ejemplos que refuercen la ip'tesis. )ampoco, ya que ablo de cantos guerreros, se pueden aceptar apreciaciones como la de que *eza ualc'yotl sea !el +omero mexicano! #pp, ,,, --,&; ay épica ná uatl, que cita Baudot ampliamente, pero ella es an'nima; *eza ualc'yotl es l"rico, y si quer"a Baudot compararlo con algún poeta griego, ubiera esco( gido uno l"rico también, lbico, por ejemplo. Esta menci'n de la l"rica me lleva a considerar la relaci.n entre música y poes"a. Baudot de nuevo generaliza al ablar de la música como !base de toda celebraci'n poética! #p. ,%&, !nociones inseparables!, etcétera. El ec o es que ay problemas no resueltos; /aribay, sin dar nombres, sino refiriéndose vaga( mente a !un sabio music'logo!, a !varios istoriadores de la música ind"gena! (Poesía náhuatl, 00, p. 11101&, da las posi( bles equivalencias de s"labas con notas2 -- = do, 34 = mi, )4 = sol, 560 = la; tendr"amos entonces cuatro notas; pero, según los istoriadores de /aribay, repitiendo el do, abajo, ya tendr"amos una escala pentat'nica, punto en que no estoy de acuerdo; Baudot toma todo esto de /aribay sin mencionar al padre para nada, sino con un vago ! ay quienes an sugerido! #p. ,%&. 7alta una nota,

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la supertónica (re en el caso) * para la escala pentatónica, y tan esto es así que el mismo Garibay en la siguiente página, al poner en pentagrama su teoría, convierte el do grave de que nos ha hablado, en re; esto ya no lo menciona Baudot, ni tampoco la observación que añade Garibay en el sentido de que esta notación TIC T !"I aparece sólo en los poemas mímicos y está ausente en la lírica, de modo que #sta quedaría acaso disociada de la m$sica% ** &s punto que 'alta investigar% (amos 'in con esto a nuestra reseña de esta obra de Georges Baudot en que, sentimos decirlo para recapitular, 'uera de lo que toma de la erudición me)icana contemporánea, no hay casi más que generali*aciones 'áciles, comparaciones traídas de los pelos, cursilerías y 'alta de probidad en el ocultamiento mañoso y repe+ tido de sus 'uentes%

* Cf. &d,in -mith, The Oxiotd -rudent.s Harmony, 1, pp% /0 sq% Con'írmame en esto mi 1oven amigo m$sico 2ntonio Corona% * * &)actamente lo contrario de lo que pasaba entre los griegos%

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