Sed de Dios (Primera parte

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“Como el siervo brama por las corrientes de las aguas, así clama por ti oh Dios el alma mía”. El título de esta enseñanza es una expresión que nos mantiene en su presencia, nos mantiene vivos, de pie y siempre expectantes de mayores y gloriosas bendiciones. Siempre lo bueno y lo mejor cuesta, y lo glorioso, tiene un precio glorioso también. A veces queremos adquirir resultados grandes con pequeñas inversiones, y eso no se aplica ni en lo espiritual ni en lo secular. Los grandes resultados vienen por grandes trabajos y grandes inversiones. El precio a pagar para obtener las gloriosas bendiciones que Dios quiere darnos requieren también tiempos largos de comunión, entrega, eso tiene que ir asociado con, por supuesto con la palabra fe, Heb. 11:6 dice: “porque sin fe es imposible agradar a Dios; porque el que se acerca a Dios es necesario que crea que Dios existe” cuando usted se acerca a Dios a través de la alabanza, santa cena, ofrenda , oración, la ministración, se acerca creyendo que Dios existe y “…que es galardonador de los que le buscan”. La sed de Dios provoca, empuja nuestra vida para estar cerca de Dios, faltando eso, faltó el ingrediente necesario, para llegar incluso hasta llegar a hacer el ridículo buscando a Dios. Lo que necesita el hombre y la mujer para estar cerca de El es tener SED de su presencia. No hay peor cosa que estarse muriendo de sed en medio de un lago dulce, en un desierto porque no hay un reconocimiento y un querer y Dios es el que pone el querer, la necesidad e inquieta nuestro espíritu para reconocer nuestra necesidad. Dios ha querido visitarte talvez en horas que no esperamos para tener cercanía enterneciendo nuestro corazón, pero el momento o la circunstancia creemos que no es la correcta o la costumbre religiosa o cultural nos saca de ese momento. Cuando la presencia de Dios nos envuelve, ya no le buscamos por una necesidad que tengamos sino por el deleite que El causa y esa presencia maravillosa y dulce llega a mojar tu tierra y no quieres salir de allí. No sólo seamos visitantes del lugar Santísimo sino habitantes por siempre. Es impresionante cuando Dios se apodera de un hombre, pero es más impresionante CUANDO UN HOMBRE SE APODERA DE DIOS, cuando un hombre atrae las miradas del cielo y alguien llega a llamar su atención, ya no tienes que buscarlo sino que El llega a buscarte a ti. Y esos tiempos gloriosos son los que la iglesia debe cuidar y más bien sino los tiene, lograr conocerlos y una vez de experimentarlos, crecer en esos tiempos. ¿Porque cuánto beneficio hemos recibido después de la salvación?, hemos recibido sanidad, liberación, el salmista solía decir “no olvides ninguno de sus beneficios, El te corona de favores y de misericordias, sacia de bien tu boca, te hace rejuvenecer como el águila”. (Sal. 103) Venir a los pies de Cristo es lo más grande que nos pudo haber ocurrido, sin embargo después de la salvación Dios tiene gloriosas y grandísimas promesas, poderes del siglo venidero, sanidad espiritual, del alma, física, bendiciones aplicando los principios bíblicos, pero NADA de los beneficios y bendiciones que trae consigo, podrá superar la dulce y exquisita presencia de Dios. A lo mejor te quedaste con una parte pero no con la mejor, como el Señor dijo a María. Una vez tu las escojas y la tengas, no te será quitada. Pero nos cuesta estar en la mejor parte, porque nos atraen las otras partes y nos desenfocamos, y buscamos bendición sin comunión y eso es peligroso, resultado sin relación con Dios. Queremos conocer cosas grandes y ocultas que están ocultas y vedadas a nuestra vida, pero no queremos pagar el precio de CLAMAR. “Clama a mí, y te enseñaré cosas grandes y ocultas que tu no conoces”. Los beneficios del evangelio son sin número pero la delicia de estar en su presencia es única, incomparable, no negociable, insustituible. Algunos tienen un conocimiento superficial, saben de Dios pero no lo conocen, especialmente porque no han tenido relación ni comunión a un nivel superior. ¿Cuántos tienen sed de Dios? ¿Cuántos desean tener más? ¿Cuántos desean ser como el siervo que brama por las corrientes de las aguas? “Como el siervo brama por las corrientes de las aguas, así clama por ti oh Dios el alma mía”.

Esta es la anécdota de dos importantes personas que fueron invitadas para recitar el clásico salmo 23. Un gran locutor y un anciano de la ciudad. El primero provocó aplausos de la concurrencia por su elocuencia, pero el anciano provocó lágrimas en el público porque conocía al AUTOR del Salmo y ese era el secreto de transmitir su mensaje. No se puede hablar lo mismo que se habla en el atrio que lo que se habla en el lugar santísimo, el idioma es diferente. El lugar santísimo implica morir, humillarse, menguar, pagar un precio para estar allí. El atrio es con menos compromiso, como una moda, religión, etc. Conocer al autor de la vida y la Palabra es lo que marca la diferencia, conocerlo a un nivel de íntima comunión, pero eso no puede llegar si no hay una desesperación por EL. Los sedientos y hambrientos son los que van a ser saciados. Una de las causas por las que a veces no aprovechamos la bendición que está fluyendo es por nuestras humanas consideraciones, formalismo, métodos, tradiciones, moldes religiosos que aprendimos, se puede echar a perder lo sustancioso del momento. ¿Qué es lo que te impide disfrutar a ti? El salmo 42 se inspiró en un desierto llamado Engadi, donde Dios inspiró al salmista, al ver a los siervos huyendo de los montes a lo mejor de un depredador, ellos estaban huyendo en el desierto y buscando un oasis, desesperados empezaban a bramar, se quedaban en las peñas a bramar preguntándose dónde estaban esas aguas, necesitaban encontrar el oasis en el desierto, no solamente para saciar su sed sino para perder el olor porque atrás venían los depredadores, y cuando se metían al agua perdían la pista de donde andaban. ¿Cuál es el factor determinante para gozar de la presencia de Dios?, la sed por ella. Estuve en un lugar donde hubo seis horas de alabanza y la gente no se quería ir. Solo los sedientos pueden disfrutar de ese tiempo. No te limites, si tú no has disfrutado la manifestación de su presencia y no has entrado a nadar en su río, te has perdido de lo mas glorioso del evangelio. Nos gustan los beneficios, nos gustan los resultados, pero ésta es la mejor parte, una vez la consigues no te será quitada. Mi alma tiene sed de Dios, del Dios vivo. No cualquier Dios, del Dios que está sanando, liberando, socorriendo, promoviendo, levantando, ensanchando, prosperando, del Dios que hace maravillas. Nuestro Dios vivo nos lleva de un lugar a otro, de gloria en gloria, de poder en poder. La religión no cambia, solo el Dios vivo que está aquí para abrazarte, perdonarte, darte una oportunidad. ¿Cuándo vendré y me presentaré delante de Dios? El salmista anhelaba ese sitio, había desesperación por su presencia. ¡Cuán amables son tus moradas, Oh Jehová de los ejércitos! Anhela mi alma y aun ardientemente desea los atrios de Jehová“; Salmo 84.1 A veces nosotros anhelamos muchas cosas, anhelamos que Dios nos sane, nos prospere, nos promueva, nos abra puertas, y no está malo, pero no es la mejor parte. El Señor se levantaba de madrugada, aún oscuro para tener otra vez acceso a respirar la atmósfera eterna, la presencia de Su Padre, aún cuando laboraba y ministraba todo el día, en la noche, en altas horas se apartaba a solas para ver a Dios, era como anhelar disfrutar lo eterno. Nosotros deberíamos de ver que nuestra vida no se acostumbre a algo menor que estar respirando la atmósfera eterna en el tiempo. De qué va a depender que tu vida sea insatisfecha si no estás en Su presencia, aunque tengas logros en esta vida, económicos, académicos, ministeriales, nada de eso puede suplir la manifestación de Su presencia. Necesitamos necesidad de Dios, una persona que no necesita no ha descubierto la inmensidad de Dios. Dios quiere tocar corazones y vidas que han estado apagadas, hombres y mujeres de Dios donde se ha apagado la sed, la pasión, deseo, fervor por estar en Su presencia, el Señor quiere volver a incentivar, encender la llama porque El no apagará el pabilo que humea. Va a llegar a quitar la ceniza, a levantar, a restaurar, esa es Su voluntad, que te vuelvas a El. “Dichoso el hombre a quien Tu Dios atrajeres a ti”. Dichoso el hombre a quien Dios atrae para estar cerca de El. Pastor Fernel Monroy

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