Los zapatos de Job

P. Daniel Albarrán

Título Original: Los zapatos de Job Autor: P. Daniel Albarrán Portada: P. Daniel Albarrán Depósito Legal: lf- 0812010200363 ISBN: 978-980-12-4173-7

Escrita en Barcelona-Venezuela Agosto-Octubre, 2009 E-mail: dalbarranu@hotmail.com

Página Web: daniel-albarran.blogspot.com

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Las noticias que se esperaban en esa tarde, tenían los nervios de punta al grupo de tres personas, en la sala de espera del centro hospitalario. El aire acondicionado de las instalaciones de aquel gigante edificio en nada daba un descanso para hacer que la temperatura no fuese tan fría. Los ascensores repletos de gente estaban siempre subiendo y bajando, y el timbre electrónico de cada uno de ellos anunciaba la apertura o el cierre de cada nuevo viaje. No cesaba de salir gente de cada ascensor, y no dejaba de entrar, ya para terminar de subir al noveno piso, o bajar desde el séptimo hasta los pisos inmediatamente siguientes, en escalada casi siempre. Los buenos días, o las buenas tardes, a la entrada de cada nuevo grupo de personas, se hacía sentir, y era como la cartilla de buenos modales de cada nuevo grupo que entraba. Igualmente, en coro, se recibía la respuesta del saludo de los que estaban, o subiendo, o bajando, según la situación momentánea del ciclo repetitivo del servicio del sube y baja de aquella poderosa máquina encargada de transportar gente, en línea vertical. Era agradable dar los buenos días, y lo era, aún más el recibirlo. La respuesta segura del saludo dado obligaba a que quien entrara, se viera forzado a no omitir el saludo, porque la respuesta masiva, era la recompensa al oído que se endulzaba con el coro de la respuesta, de una manera jovial y sana. En cada nuevo grupo que subía, o bajaba, la variedad era realmente sorprendente. Algunos eran conocidos y se saludaban por nombres, una vez entrados en el viaje 7

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respectivo y a su destino. La elegancia parecía ser la nota sobresaliente de todos los usuarios. Elegancia que se reflejaba en la altivez de los rostros, y era muy poco común ver caras agobiadas, a pesar, de que cada cual estuviese llevando su lucha interior, por las múltiples penurias de la existencia, o por las circunstancias momentáneas del padecer la vida, en sus diversas intensidades existenciales. La ciudad daba su toque personal al comportamiento general, ya de los propios capitalinos, o de los que venían a ella, por ser la capital, a sus interminables actividades propias de las grandes urbes. Los días estaban un poco lluviosos y fríos, al comenzar la mañana. A media mañana el sol del verano daba un resplandor avasallador y embriagaba de belleza de luz toda la ciudad, haciendo que el cielo se viera como más azul de lo normal. Se sentía una claridad transparente y bonita, difícil de describir, pero fácil de percibir por los sentidos. Tal vez en eso consistía el contagio natural de alegría percibida por los sensores cerebrales que transmitían optimismo al trajín de la capital. Era, tal vez, instintivo, e igual de contagioso.

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La espera por la noticia de los exámenes los tenía en ascuas, aunque con mucha esperanza de que todo sería positivo, y esas esperanzas les hacían presagiar que todo iría bien, y que se haría como se tenía programado. El siguiente paso era la recolección de las células progenitora y en eso andaban por esos días en la capital. Estaban más que tranquilos, confiados. Es importante hacer una pequeña presentación de filosofía de la historia, en cuanto a la manera de ver la existencia. Esto es importante para intentar comprender los recovecos sorpresivos del vaivén existencial. Así, por ejemplo, algunos piensan, sobre todo, en la mentalidad del pueblo judío del Antiguo Testamento, que la historia es cíclica; es decir, repetitiva. Lo que sucedió, se repetirá, y que “no hay nada nuevo bajo el sol”, un poco en la manera pesimista del libro del Eclesiastés. Pero que, no por ello, se halla fuera de la realidad. De hecho, “nada nuevo hay bajo el sol”, sin duda. Esta manera de presentar el existir, tiene de fondo la idea “teísta” de la historia, en donde el hombre es conducido por Dios, y en donde todo lo que sucede es querido por la divinidad, casi de manera directa. Esta manera de ver la historia, conlleva una postura teológica en la que el hombre, prácticamente, no tiene libertad, sino como una especie de sometimiento a un cierto determinismo, o lo que sería lo mismo, que una preeminencia del destino. Las cosas suceden porque Dios las quiere así, y simplemente, el hombre tiene que someterse de manera sumisa a esa su voluntad. Actuar en ese parámetro es visto y practicado como una especie de fe ciega. A más renuncia del intelecto y de la voluntad a intentar comprender los misterios de la 9

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historia personal, es visto como más fe y más cercanía de Dios. Renunciar al propio razonamiento y aceptar la superior sabiduría de Dios es la ley de la Torah entera, y debe abrazar todo el judaísmo; esa es la enseñanza, inspirada, sobre todo en el libro de Éxodo en 24,7. La idea del destino, ciertamente, lleva a mirar la idea subyacente de que nada sucede por azar o casualidad. Nada sucede sin una motivación y una línea. Todo tiene una causa y un origen. Es decir, la idea de la causalidad, en donde «toda acción conlleva una reacción”. Nada existe por azar, al igual que nada se crea de la nada. Desde un punto de vista religioso, el destino es un plan creado por Dios, por lo que no puede ser modificado de ninguna manera. Se está prácticamente determinado que así va a suceder, y nada, ni nadie va a cambiar las cosas. Para nada aparece la idea de la libertad, y lo que se ha llamado, de manera tipificada como el libre albedrío, tampoco tiene aplicación. Aunque hay autores y pensadores en la filosofía, como Schopenhauer, Ortega y Gasset, y físicos como Albert Einstein, que niegan la idea del libre albedrío, ya que las circunstancias concretas nos privan de libertad y nos obligan a actuar sin verdadera libertad, sino empujados por las situaciones en cadena, quitándonos la libertad de acción, aun cuando digamos que lo hicimos libremente y lo quisimos a plenitud de conciencia; no era sino las circunstancias que nos empujaban a ello. En ese sentido, sin duda, que, entonces, nunca habremos actuado ni actuaremos en futuro, a plenitud del verdadero sentido de libertad, ya que siempre seremos presa de las circunstancias. En muchos casos, muchas personas tienen esa visión de la vida. Y esa postura es muy común entre muchos líderes religiosos y espirituales, encargados de orientar las maneras diarias de enfrentar y asumir la vida. ¿Es bueno? ¿Es malo? No se puede negar que da resultados para no sufrir frente a los reveses caprichosos del sube y baja del sentido y del sin sentido de la vida. Se genera un conformismo y una especie de resignación. ¿Son válidos? ¿Son equilibrados? Da resultados positivos para no confrontar las distintas 10

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situaciones adversas. Tal vez, no genera sufrimiento, sino aceptación sin cuestionamientos y se asume la vida como viene. Pero, la otra manera, en todas las consideraciones, es opuesta. Es la manera, aparentemente inconforme, pero muy llena de búsqueda de sentido y de razón de ser de cada situación. Podría verse como la manera contestataria y rebelde. La historia no es cíclica, ni repetitiva, ni es el eterno retorno del que se intentara hablar en algunas épocas. La historia es lineal. Nada se repite, ni por casualidad, ni, muchos menos, por causalidad. La historia está marcada por las pequeñas o grandes decisiones tomadas a cada instante, y la libertad es la medida de conducta. Se presume total conocimiento y consentimiento, lo que supone total dominio de las circunstancias. No deja de ser una quimera o una ilusión, sin embargo, pero vale la pena morirse en el intento, ya que, realmente, es muy complicado pretender tener presente todos y cada uno de los elementos de las situaciones. Esta postura nos lleva a estar inmiscuidos en cada momento, en el ya y en el ahora, y sin ningún tipo de enajenación, estar “ensimismados” en la historia real y concreta. Ensimismado, incluido en todos sus sinónimos, como absorto, embebido, enfrascado, extasiado, abstraído, recogido, pensativo, embobado, todo ello para reconcentrarse en cada momento e instante. Nada se deja para el después, y nada debería dejarse, porque el después será el después, distinto del ya, y del ahora. Interesante, sin duda. Y estas dos posturas radicalmente opuestas llevan a asumir la vida con sus consecuencias. En la primera, Dios lo quiere así; en la segunda, el cuestionamiento es el por qué Dios lo quiere así, y lleva a buscar y a encontrar. En esta segunda manera de asumirasumiéndose se adquiere riqueza espiritual, a pesar del aparente espíritu altanero. La altanería sería impetuosidad, y en cierta manera, intensidad que hace la diferencia y marca la pauta en la búsqueda reencontrada cada vez y en eterno, sin descanso, para vivir, igualmente en esa constante. 11

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La doctora especialista se hacía esperar. Esa espera podía verse como parte de la rutina y del deber ser en esa y en cualquier instalación hospitalaria. Aquella no era la excepción. Los tres estaban muy tranquilos en la espera. No tenían apuros. Estaban en lo que estaban. Habían ido a eso, y eso, incluía la espera. Eso hacían; esperaban. Y la espera no los desesperaba. Se les veía muy tranquilos. En cierta manera se podría decir que todo es fácil cuando se sabe qué es lo que se quiere, y ellos sabían lo que querían y eso esperaban. Tal vez por eso no se desesperaban con la espera de ese día. No pasaba por la mente por ninguno de los tres que las noticias pudiesen ser negativas, cosa que estaba en la mitad de las posibilidades, porque sería o bueno o malo, relativamente, lo que se esperaba. Mitad y mitad en las posibilidades. Aunque, era más la expectativa en positivo. Pero, ¿y si no? ¡Quién lo iba a saber! Mucha gente en esas circunstancias suele decir “que será lo que Dios quiera”, como para disponerse de antemano a lo que vendrá, sea bueno o sea malo; pero, que muy en el fondo se espera que sea bueno. Y al decir esa frase, en medio de la incertidumbre de lo que será, ya se está admitiendo inconscientemente o consciente de que pueda que las cosas no sean como se esperaban. Y hay una especie de acondicionamiento a esperar que pueda que no sea tan bueno, o muy bueno, lo que vendrá. Tal vez sea una especie de preresignación, o tal vez, sea una sintonía muy estrecha de los sentidos con los detalles del entorno y que aparentemente no lo percibimos de 12

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manera clara y precisa, pero que los sensores mentales, a través de los muy sensibles receptores de los sentidos, ya están captando. Tal vez, tenga algo que ver con la intuición. Quizás por eso es que cuando ya sabemos que las cosas no eran como se esperaban, se acostumbre a decir “lo sabía… lo sabía”, como reacción y como reconocimiento, de que ya se esperaba eso que nos confunde porque es aparentemente inesperado, pero que estaba en la mitad de las posibilidades. Lo que hace que cada momento de cada momento sea, nada más, y nada menos, que una simple y llana “aventura del momento”. Y, ¿qué es una aventura? Es acaecimiento, suceso o lance extraño, casualidad, contingencia, o empresa de resultado incierto o que presenta riesgos. Y cada momento representa riesgos porque o se pierde o se gana. Por eso es “aventura del momento”. E implica un doble juego en un eterno juego, en donde siempre está presente la próxima oportunidad de manera inmediata. Se pierde, pero se gana al mismo tiempo, porque aún en la aparente derrota, nos da la oportunidad de la revancha súbita, es decir, inmediata. Esa es la gran ventaja. Lo que conlleva a una apertura sin fin. Lo de la expresión “aventura del momento” puede sonar novedoso, pero no lo es. Ya la cultura hindú y personajes emblemáticos como Mahatma Gandhi, por ejemplo, lo han profesado y vivido. Tampoco es que se quiera colocar ese estilo de vida como modelo, ya que en ese afán de ensimismarse en el momento, se pierde a veces, la dimensión del futuro y del progreso, en aras de una mal vista sintonía con el ya y el ahora, pero con un deslindamiento con el mañana, que a veces puede llegar al extremo del abandono, sin ningún tipo de previsión personal, familiar y social. Pues, no se puede obviar bajo ninguna razón, que todo eso tiene una clave que es, que tiene que ser “integral”. Además, tener conciencia de vivir la vida y cada momento de ella en una eterna experiencia de la “aventura del momento”, tiene que llevar a la persona a estar plenamente consciente de cada momento, en la medida de lo posible. Vale la pena morir en el intento, pero tampoco es que en aras de intentarlo, nos enajenemos del momento. Enajenarse es distinto de 13

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ensimismamiento. Enajenarse es escape, huida y encerramiento en un mundo propio, aislamiento. Ensimismarse es adentrarse; es más, es ya estar en la cosa misma, que es la realidad, en el momento. No se necesita apartarse para percatarse de la situación. Por el contrario, es ya, no buscar el momento oportuno para tomar conciencia, es tener conciencia de cada momento, y así, constantemente. Es no dejar para mañana, o para más tarde, porque ya es ya, y más tarde, o después, es eso, más tarde y después. Sin duda, que vivir así, en el ya y el ahora como son, sin desfases, es una aventura muy aventurera que nos lleva a tomar las cosas con humor, por sobre todas las cosas. Y el humor espontáneo es ya profundidad misma, lo que es inteligencia y agudeza, al mismo tiempo. Tomarse las cosas como vienen y estar en el momento para no dejar el momento para otro que no sea ese momento. Si se sufre, se sufre. Si se tiene temor, se tiene temor. No negarlo, no ocultarlo. No disfrazarlo. Aflorarlo y asirse de él al tener conciencia de que se lo tiene. Y si no se tiene, también estar consciente de que no se tiene. Tampoco se trata de reconocer que si no se tiene miedo, en una situación concreta y específica, hay que inventárselo. No se tiene. Que el futuro genera miedo y temor, sin duda, porque el futuro es imprevisible. Pero, tampoco negar que el miedo que nos da el futuro consiste en que miramos lo que será desde el temor que tenemos en este momento. Por eso nos da miedo el futuro, visto desde el ya de ahora. Por eso es miedo. Pero ese miedo es un adelanto de una situación ficticia que no es porque lo que será, será, y a cada día le bastan sus afanes, como nos dice la misma Biblia, en boca de Jesús de Nazareth. Pero no se debería tener miedo. El problema no es que no se debería. El problema es que se tiene y se tendrá. ¿Qué no hay que hacer problema? Es fácil decirlo. Hasta el mismo Jesús de Nazareth, según nos cuenta el evangelista San Lucas, en el Huerto de los Olivos, lo tuvo. ¿No es acaso lo que se desprende de lo que teologiza el evangelista en la expresión de Jesús, al decir: “Padre, si es posible aparta de mí este cáliz; pero no se haga mi voluntad, sino la tuya”? Y ya en esa expresión hay una muestra y un ejemplo claro de que la 14

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vida es “aventura del momento”. Aventura que implica un eterno juego, pues Jesús en el Huerto, está en esa dimensión de la aventura, en la que está perdiendo, pero pasa a ganar de inmediato, al abandonarse, al decir “no se haga mi voluntad, sino la tuya”. Por lo menos es la teología implícita en la teología del evangelista San Lucas, y ahí no entra en discusión si Jesús lo dijo o no lo dijo, sino en la revelación teológica elaborada por el evangelista, porque el autor está en la plenitud de la dimensión de la Revelación, al comprenderla y expresarla, en ese momento tan crucial para Jesús y para el género humano. La “aventura del momento” es la nueva dimensión de la comprensión del ya y el ahora, o del aquí y el ya, al mismo tiempo. No es para después, lo que para después será para ese otro momento, distinto de el del ya y aquí. Eso es una aventura. Y en esa aventura, las posibilidades tienen igual de porcentaje, cincuenta y cincuenta. O puede ser si; o puede ser no. Sin embargo, los bajones emocionales se presentan, cuando se está convencido de que será “sí”, y lo que resulta es “no”. Más es el bajón cuando todo indicaba que la única posible respuesta era positiva, pero los resultados indican sorpresivamente que, más bien, es negativa. Entonces, no se entiende nada de nada de lo que está sucediendo. No es fácil. La “aventura del momento” es la comprensión de que la historia no es ni cíclica, ni puramente lineal. Es la comprensión de que la historia es accidentalmente lineal. Graficado sería así: La primera, sería la visión repetitiva o cíclica; la segunda sería la línea recta; y la tercera sería la línea accidentalmente lineal. lineal cícli ca Accidentalmente lineal

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La historia no se repite, ni es cíclica, ya que, entonces, ¿dónde quedaría la libertad y el famoso libre albedrío (discutido hoy por hoy)?. Tampoco es lineal, en el sentido rectilíneo. Pero, si lo es accidentalmente lineal; es decir, está llena de sorpresas, y lo que se esperaba, por lógica matemática, o lógica filosófica, sucede por lógica de lo sorpresivo. La historia y la vida, nos lleva a comprobar que a veces se esperaba que todo saliera como se esperaba, y resulta un bajón en las expectativas. Es, entonces, cuando sucede la bajada de la línea que grafica la idea en el cuadro de arriba. O sea, que la historia y su curso, sobre todo a nivel personal, está sometida a la lógica de la sorpresa; y ya eso es una lógica, aunque parezca ilógico que así sea, pero, así es. En el caso de los tres que estaban esperando las noticias de la doctora, consciente o inconscientemente, a ese vaivén del sube y baja de la línea caprichosa de la historia. No eran la excepción. El mundo está sometido a ese sube y baja…

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La tarde capitalina estaba sabrosamente fría. A momentos caía una pequeña llovizna y aquella experiencia de nublado entre oscuro y claro parecían pinceladas caprichosas de un pintor invisible para enamorarse más de la ciudad. Y con ello acrecentar el embeleso bonito y la alegría contagiosa de sus habitantes. Era para estar enamorado y enamorándose de manera espontánea y como empujados sutilmente a estarlo verdaderamente. Acrecentaba esa sensación el paso decidido de parejas tomadas de la mano en un ritmo apurado, que mostraba lo determinados en su actuar y en su amor. La noticia esperada y ansiosamente prolongada ya había hecho sus efectos en los oídos y en los corazones de los tres que estaban esperando en la instalación espaciosa de la sala de la doctora, que los ponía al tanto. El siguiente paso de lo que se iría a realizar, en caso de haber sido positiva la respuesta del resultado del examen, quedaba suspendida hasta que no arrojara positivo el estudio pertinente. Para ello habría que esperar al día siguiente y repetir el examen para comprobar si las condiciones serían favorables, en caso de serlo. En caso negativo, había que comenzar de cero, en esa etapa del curso del tratamiento y de la enfermedad. La noticia a esas alturas, desubicó totalmente al grupo de Los tres. Todo se esperaba, menos que el cuerpo de uno de ellos, que era el paciente y el directamente involucrado, no estuviese respondiendo adecuadamente. Los tres se miraron sorprendidos. No se les había pasado la idea por la cabeza que eso fuese posible, como lo era, y como lo estaban evidenciando. Sus rostros blanquearon de una blancura de estupefactos. No esperaban lo que estaban recibiendo, a 17

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pesar que estaba en las posibilidades. Todo era posible. Y eso era lo que era. ¿Qué hacer, entonces? Esperar y seguir esperando al día siguiente, a pesar de que se había presentado la opción de regresarse y dar por fracasado ese intento, de una vez por todas. Sin embargo, se podía repotenciar con doble tratamiento de la medicina que se estaba colocando para estimular la producción de los elementos que se necesitaban estudiar, para garantizar el paso inmediato del tratamiento. La misma doctora propuso, sin embargo, intentar esa segunda opción. Quedarse hasta el día siguiente y repetir el estudio, previo reforzamiento del tratamiento, que consistiría en colocar una inyección esa misma noche, y otra, temprano, al levantarse al día siguiente, unas tres horas antes de la extracción de la sangre para el estudio. No había garantía de que fuese a dar resultados positivos, pero había que intentarlo. Los cuatro llegaron a ese acuerdo. Y tomaron sus rumbos. Los tres conversaron entre sí, en medio de la sorpresa de la noticia. Se percataron que era posible, como lo era, y que nada ni nadie aseguraba que hubiese un cien por ciento de certeza de respuesta positiva, ni siquiera para el día siguiente. Pero había que arriesgarse. De eso se trataba. Aprovechando los adelantos y los servicios de la tecnología, cada uno de los tres, comenzó a comunicarse por mensajes de texto a través del teléfono móvil a los que estaban al pendiente de los resultados. Cada uno informó a su grupo, ya familiar, ya de amigos, de la situación. Y cada uno recibió mensajes de respuestas, tanto de sorpresa solidaria, como de estímulo para continuar. De entre tantos mensajes de respuestas, hubo uno que no cubría las expectativas y fue desconcertante, sobre todo, porque se esperaba, como mínimo, una respuesta de altura. El mensaje decía: “Que bueno. Dé gracias a Dios, que eso sucedió. Dios lo quiere así. Ahora sí, va a actuar Dios. Póngase en manos de Dios. Ahora tenga fe. Es para gloria de Dios”. La persona que había recibido el mensaje había quedado confundida, más de lo que ya lo estaba por la situación en que se 18

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hallaba. De cualquier otra persona hubiese esperado una respuesta de ese calibre y contenido, pero de la persona que lo recibió, no, pues era persona de un cierto nivel cultural; por lo menos, su condición así lo hacía pensar. Ese mensaje le había entrado hasta los mismos tuétanos de los huesos, le había herido y le había lastimado en sus sentimientos. No esperaba un mensaje tal. Además, de sentir que no cuadraba, ni en lo más mínimo, era colocarse en juez de una situación tan delicada. No tuvo más que contestar, preguntando que si afirmaba, o preguntaba, o si dudaba eso que decía en el mensaje. La respuesta fue confirmativa y reiterativa: lo afirmo y lo confirmo, volvió a contestar la persona del mensaje. Entonces, la persona afectada, ahora un poco más, por la contundencia de la afirmación confirmada, le contesta, igual, por mensaje de texto de celular o móvil: “Muy bien, fulano… Así es que es. Se me parece mucho a los tres famosos amigos de Job. Pero, hay que colocarse en los zapatos de Job”. Convencido estaba que le entendería la bofetada que llevaba el mensaje de respuesta, como reproche, pues por su condición y desempeño sabía quién era Job y de qué se trataba. Por eso le respondía de esa manera, como para que recapacitara en su postura ante situación tan complicada, al querer y tomar partido. Esa tarde-noche aprovecharon, los tres, para un pequeño paseo a pie por la ciudad, sin alejarse mucho del hotel donde estaban instalados por esos días. Aprovecharon para cenar comida china. Conversaron de muchas cosas, de lo delicado de la situación de la enfermedad en concreto que estaba atravesando uno de ellos, que era lo que los tenía en la capital. Hablaron de las posibilidades del día siguiente, y de sus temores en el caso de no obtenerse resultados positivos. De esto y de aquello otro. También hablaron del mensaje de la persona que había comentado lo que había comentado. Los tres se enfurecieron y se indignaron con su contenido, sobre todo, viniendo de donde venía. Si sorpresa había sido la noticia negativa de esa tarde de los resultados médicos, más sorpresa había sido la postura y manera de pensar de esa persona. Era una lástima que a 19

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estas alturas de la civilización y del progreso, una persona de ese perfil profesional, pensase como pensaba. Pero pensaba. La idea de que había que colocarse en los zapatos de Job, estaba machacando los pensamientos. Esa había sido la idea principal en la conversación de esa tarde-noche. Muy fácil decir y juzgar desde afuera de cualquier situación; otra cosa distinta, es ponerse en los zapatos de Job. Muy fácil es colocarse a dar impresiones, otra es estar entrampado en la situación concreta sobre la que se emite los juicios. Además, ¿era una falta de fe hasta ahora todo lo que se venía haciendo en aras de mejoras de la salud? ¿Era, ahora, que se iba a tener fe, y se iba a abandonar en manos de Dios, para que Dios se manifestase? ¿Era que antes se estaba en contra de Dios, y, desde ahora, se iba a estar aliado con Dios para que se manifestase su poder? ¿Cuál poder? ¿Ese juicio y esa afirmación no tendrían implícitos un justificar lo injustificable, en caso de que Dios estuviese buscando un abogado defensor? ¿Tendría necesidad Dios de que se le justificara? Esa afirmación hería hasta en lo más profundo, viniendo de donde venía. Llegada ya la hora de ir al descanso nocturno, por lo menos, para estos tres, inmerso cada uno en las confusiones y de los torbellinos de las ideas, con altos grados de temores y miedos, pero con igual porcentaje, o tal vez, más, de esperanzas, se fue cada uno a su cama, a dormir y a esperar a que amaneciera, porque lo bueno de todo es que hay un día después de otro; y eso, es ya una luz y una certeza. Al día siguiente, todo nuevo y todo viejo, al mismo tiempo. Un nuevo día y la misma historia. Todo por empezar y todo por continuar, sin diferencias y sin saltos. Simplemente entrelazado y continuado.

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La persona afectada en la salud, y por la que se había ido a la capital, para buscar mejorarla con los adelantos médicos habidos hasta el momento, era la misma persona que había mandado el mensaje informando de la circunstancia del día anterior. Y era la misma que había recibido el mensaje, y a su vez, la que lo había devuelto, hablando someramente sobre Job. No satisfecha con lo que había dicho en el último mensaje-respuesta, y en autodefensa, esa misma mañana del día siguiente había mandado otro mensaje, continuando con la idea de Job. El mensaje decía: “¿Sabe Ud., que le dijo la mujer a Job, cuando Job se hallaba en esa situación tan difícil de salud? Le dijo: “No jo…”” No jo…”” No jo…”. Y en ese mensaje estaba implícito muchas cosas. Ciertamente el mensaje era en manera de chiste, pero tenía una moraleja. No se sabe la reacción y los efectos del mensaje en la otra parte, pero debió hacer su trabajo. Esa mañana acudieron los tres al examen respectivo. Y había que esperar a casi final de la tarde para ver los resultados. Nada de especial, en la tarde. La espera. Esta vez con algo de nerviosismo, pero cargados de esperanzas, por eso seguían donde estaban. Pero, igual que el día anterior. No se podía hacer nada, y el intento confirmaba los resultados de una aventura, o bueno, o no tan bueno. En este caso, era, no tan bueno; y era lo que se esperaba en una aventura. Era lo que era. Y había que regresarse para volver a programar en un lapso de dos meses lo que se había realizado para esos días, pero que habían dado resultados no tan buenos, como lo 21

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que se esperaban. Simplemente una aventura. La aventura del momento. Así se había vivido. Así era. Así tenía que ser. Así es. Esa misma tarde, mientras iban de regreso, el enfermo y el del mensaje, que es el mismo, recibió otro mensaje de la misma persona del tema de Job. Y decía: “Si Ud. sabe lo que le dijo Job a la mujer, me lo dice; porque yo no lo sé”.

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La noticia era lo que era. Las esperanzas volvían a relucir, aunque sin negar para nada los temores. Volvía a aparecer la idea de la historia. Y volvía a confirmarse, que la historia no es lineal, sino accidentalmente lineal, o caprichosamente lineal. Porque caprichoso y accidental, podría ser la misma realidad. Lo importante es no perder el hilo de la línea. Ni del hilo anterior. Ni mucho menos el del hilo posterior, sino en continuidad. Graficado sería:

hilo anterior

hilo posterior

Las subidas en la línea graficada significan los momentos positivos y llenos de alegría que tiene la historia. En esas subidas podríamos incluir las ilusiones que nos hace o que nos hacemos ante cualquier eventualidad. Nos llenamos de ilusiones y nos da entusiasmo para continuar; pero, enseguida nos viene la bajada de la misma línea, porque las cosas no resultan como esperábamos, y chupulún, la bajada. Pero lo importante es que el hilo no se rompa. Se sube; se cae. Pero el hilo se mantiene, haciendo una conexión perfectamente accidental o caprichosa con el hilo anterior y con el hilo posterior. Maravilloso que así sea. Y así tiene que ser. Que no se 23

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rompa, porque significa que estamos siendo fieles a nuestra historia. Y eso en cualquier circunstancia de la vida, no solo de salud. Y esa es la vida. Y esa es la historia. Ahora graficado en una supuesta ruptura del sentido de la historia, sería de la siguiente manera:

Es el mismo gráfico, pero hay una ruptura en la línea tanto que sube, o en la que baja. Y si se rompe el hilo, ya sea del lado que sea, se nos pierde el sentido de la historia. No habrá conexión y no tendremos de donde asirnos o agarrarnos. Se nos pierde la continuidad. Las dos líneas son necesarias e indispensables. La línea de la que se viene atado, y la línea a la que se continúa atado. Soltarse, por rompimiento, es simplemente catastrófico. La historia continúa, a pesar del bajón que no se esperaba, o a pesar de la subida que nos ilusiona y nos llena de esperanzas. Perder la experiencia de la conexión, de atrás y hacia delante, en continuidad, es enloquecer; es decir, es perder el sentido de la historia, ya por ilusión, ya por desilusión. Ni demasiado optimismo exacerbante, ni demasiado pesimismo desilusionante. Los dos en su justa medida. La esperanza por sobre todas las cosas, porque es lo que alienta a continuar; y la amargura de la desilusión, que es lo que nos lleva a poner los pies en la tierra, para volver a subir a la línea que continúa en su trayectoria lineal. Pero en su trayectoria caprichosa o accidentalmente lineal, o con los accidentes o los caprichos del sube y baja, pero en continuidad. La empresa del libro titulado “Los zapatos de Job” rondaba la realidad. Y al comenzar a re-leer el libro de Job para poder hacer tangible y en un hecho, el enfermo y el del teléfono, encontró la 24

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respuesta que la persona le había requerido sobre lo que había dicho Job a su mujer: “Entonces su mujer le dijo: « ¿Todavía perseveras en tu entereza? ¡Maldice a Dios y muérete!» Pero él le dijo: «Hablas como una estúpida cualquiera. Si aceptamos de Dios el bien, ¿no aceptaremos el mal?» En todo esto no pecó Job con sus labios” (Job 2, 9-10). Y cuando tuvo la oportunidad escribió a su amigo y transcribió en mensaje de texto de celular la cita del libro de Job 2, 910.

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Y, ¿Quién es Job? ¿Qué representa Job? ¿Qué hace Job? ¿Por qué Job? ¿Qué importancia tiene Job, y dónde aparece Job? Job es un libro de la Biblia. Job es un personaje de uno de los libros de la Biblia, que lleva el nombre de Job. Job es un personaje de un cuento. No es un personaje histórico, sino un personaje literario, fruto de la imaginación del que escribió ese libro, o de quienes lo escribieron. No se sabe quien escribió el libro de Job, aunque algunos dicen que podría ser Job mismo. Pero, la pregunta es ¿y, quién era Job-autor, para diferenciarlo de Job-personaje? La fecha de composición es incierta. Su historia es en el país de Uz, en la región de Edom, al sur del Mar Muerto. Otros hablan de una región del sur del Líbano. En cualquier caso, existe incertidumbre acerca de la ubicación de este país. Este libro aborda el tema del sufrimiento. En particular, quiere responder a la pregunta "¿por qué los justos sufren?". El libro de Job quiere refutar la tesis del delito o la pena como paga de que el sufrimiento es el resultado de un estado de pecado personal. Los profetas no podían entender la suerte de los impíos y la desgracia de los justos. Esta mentalidad de pago (el pecado o el sufrimiento = delincuencia = castigo) todavía existía en la época de Jesús, como se nos cuenta en el episodio del ciego de nacimiento: (Jn. 9,1-33):
Vio, al pasar, a un hombre ciego de nacimiento. Y le preguntaron sus discípulos: «Rabbí, ¿quién pecó, él o sus padres, para que haya nacido ciego?»

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Respondió Jesús: «Ni él pecó ni sus padres; es para que se manifiesten en él las obras de Dios. Tenemos que trabajar en las obras del que me ha enviado mientras es de día; llega la noche, cuando nadie puede trabajar. Mientras estoy en el mundo, soy luz del mundo.» Dicho esto, escupió en tierra, hizo barro con la saliva, y untó con el barro los ojos del ciego y le dijo: «Vete, lávate en la piscina de Siloé» (que quiere decir Enviado). El fue, se lavó y volvió ya viendo. Los vecinos y los que solían verle antes, pues era mendigo, decían: « ¿No es éste el que se sentaba para mendigar?» Unos decían: «Es él». «No, decían otros, sino que es uno que se le parece.» Pero él decía: «Soy yo.» Le dijeron entonces: « ¿Cómo, pues, se te han abierto los ojos?» El respondió: «Ese hombre que se llama Jesús, hizo barro, me untó los ojos y me dijo: “Vete a Siloé y lávate.” Yo fui, me lavé y vi.» Ellos le dijeron: « ¿Dónde está ése?» El respondió: «No lo sé.» Lo llevan donde los fariseos al que antes era ciego. Pero era sábado el día en que Jesús hizo barro y le abrió los ojos. Los fariseos a su vez le preguntaron cómo había recobrado la vista. El les dijo: «Me puso barro sobre los ojos, me lavé y veo.» Algunos fariseos decían: «Este hombre no viene de Dios, porque no guarda el sábado.» Otros decían: «Pero, ¿cómo puede un pecador realizar semejantes señales?» Y había disensión entre ellos. Entonces le dicen otra vez al ciego: « ¿Y tú qué dices de él, ya que te ha abierto los ojos?» El respondió: «Que es un profeta.» No creyeron los judíos que aquel hombre hubiera sido ciego, hasta que llamaron a los padres del que había recobrado la vista y les preguntaron: « ¿Es éste vuestro hijo, el que decís que nació ciego? ¿Cómo, pues, ve ahora?» Sus padres respondieron: «Nosotros sabemos que este es nuestro hijo y que nació ciego. Pero, cómo ve ahora, no lo sabemos; ni quién le ha abierto los ojos, eso nosotros no lo sabemos. Preguntadle; edad tiene; puede hablar de sí mismo.» Sus padres decían esto por miedo por los judíos, pues los judíos se habían puesto ya de acuerdo en que, si alguno le reconocía como Cristo, quedara excluido de la sinagoga. Por eso dijeron sus padres: «Edad tiene; preguntádselo a él.»

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Le llamaron por segunda vez al hombre que había sido ciego y le dijeron: «Da gloria a Dios. Nosotros sabemos que ese hombre es un pecador.» Les respondió: «Si es un pecador, no lo sé. Sólo sé una cosa: que era ciego y ahora veo.» Le dijeron entonces: « ¿Qué hizo contigo? ¿Cómo te abrió los ojos?» El replicó: «Os lo he dicho ya, y no me habéis escuchado. ¿Por qué queréis oírlo otra vez? ¿Es qué queréis también vosotros haceros discípulos suyos?» Ellos le llenaron de injurias y le dijeron: «Tú eres discípulo de ese hombre; nosotros somos discípulos de Moisés. Nosotros sabemos que a Moisés le habló Dios; pero ése no sabemos de dónde es.» El hombre les respondió: «Eso es lo extraño: que vosotros no sepáis de dónde es y que me haya abierto a mí los ojos. Sabemos que Dios no escucha a los pecadores; mas, si uno es religioso y cumple su voluntad, a ése le escucha. Jamás se ha oído decir que alguien haya abierto los ojos de un ciego de nacimiento. Si éste no viniera de Dios, no podría hacer nada.» Ellos le respondieron: «Has nacido todo entero en pecado ¿y nos da lecciones a nosotros?» Y le echaron fuera.

El tema del sufrimiento no es exclusividad del libro de Job, o de la cultura judía. Ya otras civilizaciones lo habían tratado, como por ejemplo: “Las protestas del campesino elocuente”, un texto egipcio del siglo XXI a.C., que contiene varios discursos de disconformidad dirigidos a un faraón deificado. Registradas en secreto para esparcimiento de la corte, las quejas del hombre suscitaban condescendencia. La epopeya cananea de Keret habla de un hombre que, como Job, pierde a su esposa y a sus hijos pero luego forma una nueva familia al recuperar el favor de los dioses. El sufrimiento inmerecido es tema de al menos cuatro textos mesopotámicos, de los cuales el más parecido al relato bíblico es “El hombre y su Dios”, llamado a veces el Job sumerio, 28

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que se encontró en una tablilla del siglo XVIII a.C. escrita en cuneiforme. Así que el tema es más antiguo que La Biblia y existe un texto acadio sobre el justo que sufre injustamente. El origen de este tema, común en esa zona, se sitúa en Mesopotamia, según Maite Fernández Soriano, en un artículo titulado “Una lectura psicoanalítica del sufrimiento en el Libro de Job y su relación con la neurosis obsesiva”. Tampoco es que el libro de Job trate de un personaje judío, sino que era un tema común por entonces.

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Job es, para sus consejeros, un malvado que sufre su castigo, y lo acusan de pecados concretos. Pero, de manera concreta ninguno de los tres amigos le acusan de algo preciso, sino que hablan de generalidades. Se tiene presente, sin duda, la idea del libro de Ezequiel (18), en donde “cada uno es responsable de sus propias acciones, y es premiado según ellas”. Job, por su parte, reafirma su justicia estallando en un grito al Dios que no responde en una declaración jurada de su inocencia, y en un emplazamiento solemne de Dios para un juicio con él, en el que el tema es la justicia al prójimo. Elihú, ataca a Job, enojado porque Job “pretendía tener razón frente a Dios”, y porque los tres polemistas de Job, al no tener ya nada que replicar, “habían dejado mal a Dios”. Los que acusan a Job, están buscando ser los abogados de Dios. Quieren y se sienten que hablan en nombre de Dios. Job, los reta, sin embargo. Job se siente justo y reclama justicia. Yavéh interviene en el desenlace, después que los defensores de Dios, y los acusadores de Job, fracasan en sus discursos. Dice el texto: “No habéis hablado con verdad de mí, como mi siervo Job” (42,7). Y, entonces, se intercambian los roles. Ahora, Job termina siendo el intercesor de sus acusadores, y Dios lo restaura en su condición anterior, aumentándole al doble sus bienes y su vida (muere a los 140 años, el doble de lo que el salmo 90,10 señala como vida media del hombre). Y todo termina en un “final feliz”, como 30

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terminan los cuentos de finales felices, como diciendo “Coloríncolorado… este cuento se ha acabado”. El autor del Libro de Job es un sabio que critica con gran habilidad la sabiduría académica y filosófica, que no sabe dar razón del sufrimiento injusto del hombre. Los sabios, los filósofos, y la misma tradición, no saben explicar el dolor y el sufrimiento en el hombre. Quieren jugar a ser dios, sabiendo lo que no saben, y justificar lo que no tiene justificación. Ahí está la gran crítica del libro de Job, a sus contemporáneos de entonces, y a los que ahora, con posturas de saberlo todo, no saben más que torpezas, a las que enmudecería el silencio respetuoso. Es un grito, ciertamente. Y un reclamo. Y una justicia reclamada, al mismo tiempo. No porque en aras de defender a Dios a ciegas, se debe condenar al hombre: porque la tesis tradicional de la retribución establece que el sufrimiento es castigo de Dios por el pecado. Job, a partir de su propio testimonio, no acepta dicha doctrina clásica: él es un justo sufriente. Más bien, condena al Dios de la tradición, ante quien no tiene salida. Pero este Job, que no tiene nada que perder, se atreve a demandar a Dios, a pedirle razones, a discutir con él. Ciertamente, un escándalo a todas vistas. Pero, justo ahí es donde está la enseñanza y grandeza del libro de Job. Donde está, justamente, la teología de este gran libro. Se trata de una doble teología. Primero, de la manera que se creía que era la recompensa inmediata, como premio de Dios. O, su contrario, el castigo; y en ambos casos, con la idea de la retribución. Es decir, “el que aquí la hace, aquí la paga”. O si le está yendo mal, es porque Dios lo está castigando de manera inmediata por el mal comportamiento. La idea del castigo de Dios. Pero, la otra teología, y es la que quiere demostrar el libro de Job, es que las cosas no son así, porque Job se declara inocente, y más bien, reta y demanda a Dios. Pero, al Dios o a la idea de Dios, que se creía y de la que se hacían representantes los famosos acusadores de Job y defensores de Dios. Y es cuando la actitud de Job es subversiva y rebelde. Tenía que serlo, porque es lo que se desprende del contenido teológico del libro. 31

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Job es el teólogo que supo descubrir, en su propio acontecimiento, el rostro salvador de Dios; la pastoral de sus amigos lo conducía a una sumisión sin sentido. La rebeldía teológica de Job le permitió supera las barreras de la sabiduría clásica, cósmica, y encontrar al Dios liberador de Israel. Y así, ante la idea de llevar a Yahvé ante un hipotético (e imposible) tribunal para que dé cuentas de su sañuda e inmisericorde persecución ante la prueba a Job; ahora es el héroe quien pretende someter a prueba a la divinidad. Entonces, en vez de Yahvé responder, más bien, contiene un reto desafiante lanzado a Job. Y al final, Job acaba reconociendo que no tiene ningún derecho a decidir el modo en que ha de funcionar el orden cósmico. Ha descubierto que la libertad divina es ilimitada e impenetrable para el ser humano, y que si Yahvé es libre para afligir, también lo es para bendecir. «Y Job murió anciano y colmado de años». Y colorín, colorado...

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Había una vez en el país de Us un hombre llamado Job: hombre cabal, recto, que temía a Dios y se apartaba del mal. Le habían nacido siete hijos y tres hijas. Tenía también 7.000 ovejas, 3.000 camellos, quinientas yuntas de bueyes, quinientas asnas y una servidumbre muy numerosa. Este hombre era, pues, el más grande de todos los hijos de Oriente. Solían sus hijos celebrar banquetes en casa de cada uno de ellos, por turno, e invitaban también a sus tres hermanas a comer y beber con ellos. Al terminar los días de estos convites, Job les mandaba a llamar para purificarlos; luego se levantaba de madrugada y ofrecía holocaustos por cada uno de ellos. Porque se decía: «Acaso mis hijos hayan pecado y maldecido a Dios en su corazón.» Así hacía Job siempre. El día que los Hijos de Dios venían a presentarse ante Yahveh, vino también entre ellos el Satán. Yahveh dijo al Satán: « ¿De dónde vienes?» El Satán respondió a Yahveh: «De recorrer la tierra y pasearme por ella.» Y Yahveh dijo al Satán: « ¿No te has fijado en mi siervo Job? ¡No hay nadie como él en la tierra; es un hombre cabal, recto, que teme a Dios y se aparta del mal!» Respondió el Satán a Yahveh: «Es que Job teme a Dios de balde? ¿No has levantado tú una valla en torno a él, a su casa y a todas sus posesiones? Has bendecido la obra de sus manos y sus rebaños hormiguean por el país. Pero extiende tu mano y toca todos sus bienes; ¡verás si no te maldice a la cara!» Dijo Yahveh al Satán: «Ahí tienes todos sus bienes en tus manos. Cuida sólo de no poner tu mano en él.» Y el Satán salió de la presencia de Yahveh.

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El día en que sus hijos y sus hijas estaban comiendo y bebiendo vino en casa del hermano mayor, vino un mensajero donde Job y le dijo: «Tus bueyes estaban arando y las asnas pastando cerca de ellos; de pronto irrumpieron los sabeos y se los llevaron, y a los criados los pasaron a cuchillo. Sólo yo pude escapar para traerte la noticia.» Todavía estaba éste hablando, cuando llegó otro que dijo: «Cayó del cielo el fuego de Dios, que quemó las ovejas y pastores hasta consumirlos. Sólo yo pude escapar para traerte la noticia.» Aún estaba hablando éste, cuando llegó otro que dijo: «Los caldeos, divididos en tres cuadrillas, se lanzaron sobre los camellos, se los llevaron, y a los criados los pasaron a cuchillo. Sólo yo pude escapar para traerte la noticia.» Todavía estaba éste hablando, cuando llegó otro que dijo: «Tus hijos y tus hijas estaban comiendo y bebiendo en casa del hermano mayor. De pronto sopló un fuerte viento del lado del desierto y sacudió las cuatro esquinas de la casa; y ésta se desplomó sobre los jóvenes, que perecieron. Sólo yo pude escapar para traerte la noticia.» Entonces Job se levantó, rasgó su manto, se rapó la cabeza, y postrado en tierra, dijo: «Desnudo salí del seno de mi madre, desnudo allá retornaré. Yahveh dio, Yahveh quitó: ¡Sea bendito el nombre de Yahveh!» En todo esto no pecó Job, ni profirió la menor insensatez contra Dios.

Así comienza el libro de Job. Apenas es el primer capítulo del libro. Es de mucha importancia la lectura de todo el libro completo. Es básico. Es importante, sin embargo, recordar algunas cosas útiles para la lectura completa del libro: 1 Es un cuento… Como el equivalente a “Érase una vez….” 2 El autor no esta narrando la conversación entre El Satán y Dios, porque el autor no estaba en ese momento, en caso de que se hubiese dado el pacto entre los dos. No es un historiador. 3 El autor se inventa un trato entre Dios y El Satán. 4 Ese trato, o pacto, o negociación es un recurso literario. Es un invento, una excusa, un medio, una manera. 34

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5 Como todo cuento, tiene una moraleja, o una enseñanza. Por eso hay que leer todo el libro, o en como en el caso de una película de ciencia ficción, hay que verla toda, de principio a fin. 6 El autor (o autores) tiene clara una idea, que es la que quiere plasmar en su recurso o cuento. También tiene otra idea, que es la que quiere refutar o llevarle la contraria. En ese sentido, es como una tesis, con enunciado, con método, contenido y desarrollo, y al final con una conclusión, con la misma fórmula de cuento como comenzó. 7 Tiene un principio feliz, un desarrollo desafortunado, y un final feliz. Porque es un cuento. 8 No hay que creer lo que el libro dice. Lo que el libro dice es para reflexionarlo, para pensarlo, para profundizarlo, para asumirlo como postura ante la vida. Precisamente, porque es una presentación teológica profunda. 9 Lo que se cuenta es invención. Lo que interesa es la idea de fondo, que es lo más importante. Es una reflexión, una crítica. Sería de mucha utilidad, antes de continuar con la lectura de este libro, que abriera su Biblia y buscara el libro de Job. Y si comienza a leerlo, sería todavía muchísimo mejor. Le va a sacar mucho provecho personal, si lo hace. Pero, léalo como se lee un libro de cuentos. Anote, si es posible, algunas ideas, o todas las ideas que le llamen la atención. Deténgase en las partes que le impresionen, pero no se estanque en ellas. Vuelva a leer las partes que le impresionan y continúe. La idea es que pueda leer todo el libro completo. Si lo hace, ya ha ganado bastante. Y después, si quiere, continúe con la lectura de este libro, para ver qué cosas nuevas está descubriendo. Sobre todo, déjese sorprender, tanto con el la lectura del libro de Job, directamente, como con este que está leyendo.

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El libro de Job es considerado uno de los mejores libros de la Biblia. Considerado por algunos como “magnífico y sublime como ningún otro libro de la Biblia”. Tiene de todo. Tiene como recurso literario la ficción, tiene poesía, tiene psicología, tiene filosofía, tiene sociología, tiene teología y anti-teología, tiene rebeldía, tiene crítica… Tiene, sobre todo, un gran contenido antropológico; es decir, sobre el sufrimiento humano, sobre todo por su drama psicológico. Es considerado una de las grandes obras literarias de la humanidad. Algunos consideran que Job no es el hombre Job, sino que es la humanidad entera. Es la raza que puede sentir, pensar, explicarse con ese sentido del sufrimiento e intercambiar su palabra con la palabra con su Creador. El libro de Job está considerado junto con el Libro de Salmos y el Libro de Proverbios, los libros de la quintaesencia psicológica de la Biblia, por su comprensión de la persona humana. Así, por ejemplo, el libro de los Salmos expresa plenamente las plegarias de nuestras almas a Dios. Cuando recitamos salmos nos identificamos con el rey David, a quien se le atribuye su autoría, y por más alejados que nos sintamos de Dios, el salmo eleva nuestro espíritu y nos devuelve la esperanza. En el Libro de los Proverbios, el sabio padre enseña a su hijo cómo escapar de su tendencia al mal. Y el Libro de Job, es virtualmente un manual de psicología, describiendo en detalle el proceso de psicoanálisis. El libro de Job, como tal, es en su estilo literario, sui generis, inclasificable. No es historia real. Es 36

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considerado como una leyenda, inclusive, existente antes que el libro mismo de Job. Pero si es un cuento con moraleja. Y, en cierta manera, puede verse como una paradoja, o una parábola, en la que hay una especie de simposio o panel de recolección de ideas y de opiniones, en el caso de los interlocutores de Job, incluyendo a la mujer de Job, por supuesto. Y en el que hay aclaratorias finales por parte de Yahveh a Job, y su reconocimiento y justicia. Recurso y manera de escribir del autor. No se puede olvidar ese detalle, porque de lo contrario, se pierde de vista ver el libro de Job, como lo que es: una obra literaria. Si ha ojeado ya el libro, sabrá por qué el recurso literario es la ficción; y si no lo ha mirado todavía, pues pongamos los elementos para ubicarnos y facilitar un poco las cosas. Comienza el libro: “Había una vez en el país de Us un hombre llamado Job…El día que los Hijos de Dios venían a presentarse ante Yahveh, vino también entre ellos el Satán. Yahveh dijo al Satán: « ¿De dónde vienes?» El Satán respondió a Yahveh: «De recorrer la tierra y pasearme por ella…” Ahí comienza la ficción y el cuento, que empieza con el trato hecho entre los dos personajes secundarios, para pasar al primer plano con Job, que es el recurso. Después viene la trama, como consecuencia del pacto entre El Satán y Dios, las primeras penurias. Justo después de las primeras adversidades aparecen los tres amigos, que vienen a condolerse y a consolarle. Dice:
Tres amigos de Job se enteraron de todos estos males que le habían sobrevenido, y vinieron cada uno de su país: Elifaz de Temán, Bildad de Súaj y Sofar de Naamat. Y juntos decidieron ir a condolerse y consolarle. Desde lejos alzaron sus ojos y no le reconocieron. Entonces rompieron a llorar a gritos. Rasgaron sus mantos y se echaron polvo sobre su cabeza. Luego se sentaron en el suelo junto a él, durante siete días y siete noches. Y ninguno le dijo una palabra, porque veían que el dolor era muy grande.

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No deja de notarse una cierta ironía por parte del autor, al decir, que:  juntos decidieron ir a condolerse y consolarle,  no le reconocieron,  entonces rompieron a llorar a gritos,  rasgaron sus mantos y se echaron polvo sobre su cabeza,  se sentaron en el suelo junto a él… porque veían que el dolor era muy grande. Y en esa sola parte se repite la misma idea. El autor pareciera ironizar sobre la intención de los tres que decidieron consolar a Job, al punto de sentarse en silencio a su lado, porque veían que el dolor de Job era muy grande. Y hasta se “rasgaron sus mantos y se echaron polvo sobre su cabeza”, como señal de acompañamiento, o como muestra que en verdad, también, estaban sufriendo. Pareciera existir una cierta conexión con la situación del Rey David, cuando lo de Urías el Hitita. El Rey se enoja mucho por la muerte de Urías. Pero, el mismo Rey le había pedido a Joab que atacara y colocase en primera fila a Urias, para que muriera. Y así se quitaba de en medio a Urías en relación a la situación complicada con la mujer de éste 1. El dolor y pena del Rey David, en pura apariencia y mentira, pareciera estar reflejado de alguna manera con el dolor y pena sufridos por los tres amigos de Job. El acompañamiento de los que se sentaron al lado de Job para consolarlo, porque estaban condolidos, asumen inmediatamente la postura que el autor quiere refutar. Dios no necesita abogados para su defensa. En cambio, ellos, se sienten con la autoridad para nombrarse sus defensores, y, entonces, esgrimen todo lo que sus saberes poseen para defender lo indefendible, y atacar y hundir más al que ya estaba

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Cfr. Segundo libro de Samuel 11-12.

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hundido por la situación. ¡Vaya consuelo el que estaban dando! Pero se sentían autorizados para ello. Es cuando el autor coloca en cada uno de ellos sus razones. Razones que cobran fundamento en el grito, tal vez, lastimero del propio Job, y que el autor coloca como la base para soportar las maneras de pensar de los tres.

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El caso es que la situación de Job se complica. Después del trato entre El Satán y Dios, porque es a raíz de ese trato o de ese reto por parte de El Satán, que comienzan las penurias y vicisitudes para Job. Hasta se podría decir que Dios cae en la tentación que le presenta El Satán. Pero es un recurso literario, y no podemos olvidar ese elemento, que es clave. ¿Cuáles son las penurias? Las primeras son a nivel de sus riquezas y posesiones. El texto dice:
El día en que sus hijos y sus hijas estaban comiendo y bebiendo vino en casa del hermano mayor, vino un mensajero donde Job y le dijo: «Tus bueyes estaban arando y las asnas pastando cerca de ellos; de pronto irrumpieron los sabeos y se los llevaron, y a los criados los pasaron a cuchillo. Sólo yo pude escapar para traerte la noticia.» Todavía estaba éste hablando, cuando llegó otro que dijo: «Cayó del cielo el fuego de Dios, que quemó las ovejas y pastores hasta consumirlos. Sólo yo pude escapar para traerte la noticia.» Aún estaba hablando éste, cuando llegó otro que dijo: «Los caldeos, divididos en tres cuadrillas, se lanzaron sobre los camellos, se los llevaron, y a los criados los pasaron a cuchillo. Sólo yo pude escapar para traerte la noticia.» Todavía estaba éste hablando, cuando llegó otro que dijo: «Tus hijos y tus hijas estaban comiendo y bebiendo en casa del hermano mayor. De pronto sopló un fuerte viento del lado del desierto y sacudió las cuatro esquinas de la casa; y ésta se desplomó sobre los jóvenes, que perecieron. Sólo yo pude escapar para traerte la noticia.»

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Comienza a complicársele la situación a Job. Esta situación de posesión y de riqueza la resuelve Job, sin embargo, con la frase, por de más conocida: «Desnudo salí del seno de mi madre, desnudo allá retornaré. Yahveh dio, Yahveh quitó: ¡Sea bendito el nombre de Yahveh!». Frase conocida, por supuesto, parafraseando el libro de Job. ¿Con esa sumisión queda claro el desprendimiento del personaje y su desapego a lo material? Hasta se podría espiritualizar con ese pretendido desprendimiento. Pero, ¿sería válido? Las siguientes penurias son a nivel de salud:
El Satán salió de la presencia de Yahveh, e hirió a Job con una llaga maligna desde la planta de los pies hasta la coronilla de la cabeza. Job tomó una tejoleta para rascarse, y fue a sentarse entre la basura. Entonces su mujer le dijo: « ¿Todavía perseveras en tu entereza? ¡Maldice a Dios y muérete!»

Y Job resuelve su situación con otra frase: “Si aceptamos de Dios el bien, ¿no aceptaremos el mal?”. Pero antes de eso, hay una respuesta fuerte de Job a su mujer: “Hablas como una estúpida cualquiera”, ante la sugerencia de ella de que maldijera a Dios. Es, entonces, cuando los tres que habían venido a consolar a Job, se sientan a su lado, con gran pena y dolor. Y es cuando Job irrumpe en su sufrimiento con el grito y con su lamento.

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« ¡Perezca el día en que nací, y la noche que dijo: «Un varón ha sido concebido!» El día aquel hágase tinieblas, no lo requiera Dios desde lo alto, ni brille sobre él la luz. Lo reclamen tinieblas y sombras, un nublado se cierna sobre él, lo estremezca un eclipse. Sí, la oscuridad de él se apodere, no se añada a los días del año, ni entre en la cuenta de los meses. Y aquella noche hágase inerte, impenetrable a los clamores de alegría. Maldíganla los que maldicen el día, los dispuestos a despertar a Leviatán. Sean tinieblas las estrellas de su aurora, la luz espere en vano, y no vea los párpados del alba. Porque no me cerró las puertas del vientre donde estaba, ni ocultó a mis ojos el dolor. ¿Por qué no morí cuando salí del seno, o no expiré al salir del vientre? ¿Por qué me acogieron dos rodillas? ¿por qué hubo dos pechos para que mamara? Pues ahora descansaría tranquilo, dormiría ya en paz, con los reyes y los notables de la tierra, que se construyen soledades; o con los príncipes que poseen oro y llenan de plata sus moradas. O ni habría existido, como aborto ocultado, como los fetos que no vieron la luz», (Job 3, 3-16).

Ese el grito, tal vez, lastimero de Job, por su situación. Hay en esa desesperación una proyección del dolor profundo ante situaciones que no se comprenden. Aquí comienza el drama. Aquí aparece la encrucijada ante el dolor y el sufrimiento. Es cuando el libro de Job pasa a ser muy importante por su contenido psicológico ante el dolor. Es cuando el libro de Job adquiere un valor universal y se convierte en un libro de un valor incalculable por su contenido profundamente visceral. Comienzan los planteamientos ante la realidad. ¿En verdad existe Dios? ¿Si Dios existe, por que permite el dolor? ¿Dios permite 42

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el dolor? ¿Por qué Dios castiga de esa manera? ¿Son el dolor, el sufrimiento y la enfermedad un castigo de Dios? ¿Dios es justo? ¿Dios estará probando la fe del hombre? ¿Qué es fe, en este caso, en medio del sufrimiento? ¿Qué consigue Dios con el sufrimiento del hombre? ¿Qué gana el hombre con el sufrimiento y a dónde conduce? ¿La santidad y el sufrimiento van juntos? ¿En qué consiste la justicia de Dios? ¿Dios retribuye en la tierra lo malo o lo bueno que hace el hombre? El dolor pasa a ser lo que es. Un sufrimiento visceral, desgarrador. Diga lo que se diga está de más. El dolor está ahí. Existe. ¿Cuál es su significado y a dónde conduce? Los visitantes buscan dar explicaciones. Y aquí comienza el tema del simposio y del jaloneo de parte y parte. Los visitantes le hablan de trasgresión, precisamente, en un momento en que él se siente objeto de una "agresión" por parte de Dios. Si él, que siempre ha buscado a Dios, está sufriendo, entonces es mentira que la felicidad acompañe siempre a la bondad, y por tanto los males que padece inmerecidamente no pueden ser atribuidos más que a Dios, que se "ha vuelto cruel" con él. Pero, la postura de los tres amigos es fija. Es la de sacarle en cara a Job que reconozca que ha infringido en algo; y, Job, por su parte, en sentirse agredido por parte de Dios. ¿Y la amistad de los tres para con Job? ¿Dónde están las manifestaciones de esa amistad y en qué detalles la manifiestan? ¿En verdad manifiestan trazos de amistad? Por lo general, la amistad se manifiesta en la solidaridad y en el acompañamiento. Y, ¿los tres son solidarios y acompañan a Job? Si acompañar es estar al lado; entonces, lo estaban. El autor lo ironiza, como ya se dijo. ¿Pero, son solidarios? ¿Preguntan, acaso, o escuchan, que era lo más importante, y, que con toda seguridad Job, necesitaba justo en esos momentos? ¿Lo escuchan? Según lo que se desprende de la lectura, no. No lo escuchan. Al contrario, lo acusan. Job irrumpe en su lamento, e inmediatamente, los tres salen a colocar más peso al dolor físico de Job. Intentan apoyarlo, pero lo 43

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hunden. Sin embargo, Job, tiene domino de la circunstancia, y no se deja amilanar. Todas las razones esgrimidas las refuta Job con su temple y seguridad, a pesar de los pesares. Sus amigos tienen la respuesta, y los argumentos para responder a ellas los encuentran en la tradición, según la cual hay cuatro actitudes que condicionan la felicidad del creyente: la conversión, la humildad, la firmeza en la fe, y la oración. Afirmaciones que utilizan como argumentos contra Job. Y en eso mismo en lo que son fieles a la tradición, traicionan su mensaje al traicionar la amistad, pues servirse de la palabra de Dios contra el hombre para humillarlo o hacerlo callar equivale a falsificarla. "¡Proverbios polvorientos!", les replica Job, y vuelve la espalda decididamente a esa recuperación engañosa de las certezas de la fe. Y dejando atrás ese diálogo fracasado con sus amigos, Job prosigue su diálogo con el Ausente. Dios puede esconderse, pero nunca podrá callarse: he ahí la intuición de su fe. Es grandioso, realmente, el libro de Job. Pareciera, en esa parte del libro, que los tres amigos van por su camino, sin mirar ni reparar en Job. Pareciera que era la gran oportunidad para sermonear y para decir como de memoria lo que decían. Eran los maestros que adoctrinaban, y nada más. Así es que tiene que ser, y así, ha de ser. Como si se dijera: uno más uno, igual a dos. Esa es la fórmula y ese es el resultado. Sin embargo, Job, también va por su camino en su experiencia, y para nada pareciera que escuchara a los tres predicadores, y por el contrario, está cuestionando que no da dos, en la fórmula, sino que puede dar otro resultado, pero no dos. Y en esa postura, pareciera que tuviera un monólogo con otro que no era, precisamente el grupo de los tres. Ese otro era el Ausente; es decir, Dios, con quien tenía una pelea, y de quien se habían autonombrados defensores los tres amigos. En la serie de Los Simpsons, Homero Simpson, se compra una grúa para remolcar los carros en la ciudad de Springfield, donde viven los Simpsons. Homero se siente grande y con mucho poder porque remolca todos los carros que encuentra estacionados en zonas 44

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de rayado o al frente de las tomas de agua. Homero lo disfruta. Casi al final de ese capítulo, Homero Simpson dice muy satisfecho: “Me siento Dios. Puedo hacer el mal, y no tengo que dar explicaciones”. Y se ríe a carcajada, con la risa que ha tipificado a este personaje1. En el caso de Job, ¿no se estaría repitiendo esa experiencia y esa verdad y descubrimiento existencial? Sin duda, que sí.

1

Homero Simpson, en la serie Los Simpsons, con la frase y expresión: “Me siento como Dios… Hago el mal y no tengo que dar explicaciones… Me siento poderoso… como Dios… ” Serie creada por Matt Groening para Fox Broadcasting Company

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El tema del sufrimiento es un tema universal que acompaña al hombre durante toda su existencia1. El “sufrimiento” parece ser particularmente esencial a la naturaleza del hombre. Ello es tan profundo como el hombre, precisamente porque manifiesta a su manera la profundidad propia del hombre y de algún modo la supera. El sufrimiento parece pertenecer a la trascendencia del hombre; es uno de esos puntos en los que el hombre está en cierto sentido “destinado” a superarse a sí mismo, y de manera misteriosa es llamado a hacerlo. El sufrimiento humano suscita compasión, suscita también respeto, y a su manera atemoriza. El sufrimiento es algo todavía más amplio que la enfermedad. El sufrimiento físico se da cuando de cualquier manera “duele el cuerpo”, mientras que el sufrimiento moral es “dolor del alma”, como el peligro de muerte, la muerte de los propios hijos, y especialmente la muerte del hijo primogénito y único. También la falta de prole, la nostalgia de la patria, la persecución y hostilidad del ambiente, el escarnio y la irrisión hacia quien sufre, la soledad y el abandono. Y otros más, como el remordimiento de conciencia, la dificultad en comprender por qué los malos prosperan y los justos sufren, la infidelidad e ingratitud por parte de amigos y vecinos. No se puede negar que los sufrimientos morales tienen también una parte “física” o somática, y que con frecuencia se reflejan en el estado general del organismo.
1

Cfr. Carta Apostólica, Salvifici Dolores, del Papa Juan Pablo II, sobre el sentido cristiano del sufrimiento humano.

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Aparece inevitablemente la pregunta: ¿por qué? También relacionado con la experiencia del mal, como ligado a la experiencia del sufrimiento. Ambas preguntas son difíciles cuando las hace el hombre al hombre, los hombres a los hombres, como también cuando el hombre las hace a Dios. En efecto, el hombre no hace esta pregunta al mundo, aunque muchas veces el sufrimiento provenga de él, sino que la hace a Dios como Creador y Señor del mundo. El hombre puede dirigir tal pregunta a Dios con toda la conmoción de su corazón y con la mente llena de asombro y de inquietud; Dios espera la pregunta y la escucha, como en el libro de Job. El libro de Job pone de modo perspicaz el “por qué” del sufrimiento; muestra también que éste alcanza al inocente, pero no da todavía la solución al problema. El sentido del sufrimiento, es siempre un misterio. Misterio que se resuelve, de manera histórica y teológica, en el misterio del Hijo del hombre en la Cruz. Y eso lleva a mirar el misterio del hombre que se resuelve en Cristo para comprender el sentido del sufrimiento.

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¿Es un planteamiento moral, el planteamiento del libro de Job? Las razones que dan los tres amigos de Job, parecieran indicar que tienen la intención de que Job reconozca que ha pecado, y que si está como está, es porque Dios lo está castigando. La manera de ver de los tres amigos, pareciera indicar que se trata de una visión moral. Sin embargo, Job, está claro. Job no ha faltado en nada. Por eso quiere llevar la contraria y quiere presentar ante Yahveh, el juez justo su queja y la protesta de su inocencia. Pero Job duda de esta posibilidad1: “¿Y cómo se justificará el hombre con Dios? Si quisiera contender con él, no le podrá responder a una cosa de mil...” “Aunque fuera yo justo...” Yahveh le “ha aumentado sus heridas sin causa”. “Al perfecto y al impío él los consume. Si azote mata de presto, ríese de la prueba de los inocentes.” “Sé —dice Job a Yahveh— que no me darás por libre; yo soy impío.” Aun cuando Job se purificase, Yahveh lo “hundirá en el hoyo.” “Porque no es hombre como yo, para que yo le responda, y vengamos juntamente a juicio”. Pero Job quiere aclarar a Yahveh su punto de vista, quiere levantar su queja, y le dice que sabe que él, Job, no es impío y que “no hay quien de tu mano libre”. Job “quería razonar con Dios”. Job
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Cfr. Carl Jung, Respuesta a Job. Desde aquí hasta el número 16, tomo las ideas de Jung como soporte inspirador.

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dice “defenderé delante de él mis caminos”. Job sabe que “será justificado”; Yahveh debería citarle y darle una respuesta, o al menos permitirle presentar su queja. Valorando exactamente la desproporción entre Dios y el hombre, Job le hace esta pregunta: “¿A la hoja arrebatada has de quebrantar? ¿Y a una arista seca has de perseguir?”. Dios “ha violado su derecho”, le “ha quitado su derecho”; Dios “no se preocupa de la injusticia”. “Hasta morir no quitaré de mí mi integridad. Mi justicia tengo asida, y no la cederé”. Job se mantiene en postura. Sabe que no ha pecado, a pesar de ser pecador, pero sabe que le asiste la inocencia. Job no se deja amedrentar, y dice estas significativas palabras: “Mas he aquí que en los cielos está mi testigo, y mi testimonio en las alturas... Mas a Dios destilarán mis ojos. ¡Ojalá pudiese disputar el hombre con Dios, como con su prójimo!, y en otro pasaje dice: “Yo sé que mi Redentor vive, y al fin se levantará sobre el polvo”. Las palabras de Job dejan ver claramente que, aunque duda que el hombre pueda tener razón contra Dios, le cuesta abandonar el pensamiento de enfrentarse a Dios en el plano de la justicia y, con ello, en el de la moral. A Job le cuesta trabajo entender que el capricho divino viole la justicia, pues, a pesar todo no puede abandonar su fe en la justicia divina. Pero de otra parte tiene que concederse a sí mismo que no es otro, sino Yahveh mismo quien le hace injusticia y violencia. Job no puede negar que se encuentra frente a un Dios al que no le importa el juicio moral, y que no reconoce ninguna ética que le obligue a él. En esto reside sin duda la grandeza de Job: en no dudar, ante esta ante esta dificultad, de la unidad de Dios, sino ver claramente que Dios se encuentra en contradicción consigo mismo, y esto, además, de manera tan total, que Job está seguro de encontrar en Dios un protector y un abogado contra Dios mismo. La bondad de Yahveh se le presenta a Job con la misma certeza que su maldad. De un hombre que nos hace mal no podemos esperar que nos ayude al mismo tiempo. Pero Yahveh no es un hombre; Yahveh persigue y ayuda a la vez; tan real es en un aspecto como en el otro. 49

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Yahveh no está dividido, sino que es una total contradicción interna éste es el presupuesto necesario de su tremendo dinamismo, de su omnipotencia y de su omnisciencia. A este conocimiento se aferra Job para “defender sus caminos” ante Yahveh, es decir, para aclararle su punto de vista; pues, a despecho de su cólera, Yahveh es también, frente a sí mismo, el abogado del hombre que tiene algo de qué quejarse.

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Por otra parte, en el mismo drama que presenta el libro de Job, está la duda de Dios. Yahveh se había dejado influir sin motivo alguno, y con una facilidad extraordinaria, de El Satán, y había perdido su seguridad con respecto a la fidelidad de Job. Y se volvía a repetir la experiencia del Jardín del Edén, cuando Yahveh llamó la atención de los primeros padres sobre el árbol de la vida, y a la vez les prohibió comer de é1. Con ello provocó el pecado original, en el que Adán y Eva no habían pensado. Ahora el fiel siervo Job ha de ser sometido, sin motivo ni provecho alguno, a una prueba moral, aunque Yahveh está convencido de su fidelidad y perseverancia. ¿Por qué, pues, hacer esta prueba, y concertar una apuesta sin garantía, a costa de la impotente criatura? Hasta se podría decir que Dios cayó en la tentación de El Satán, en el caso concreto de Job. ¿Y la compasión y el cariño de los tres amigos, que habían ido, y que, a “consolarle”? ¿Y la mujer de Job? Por lo visto, estos cuatro estaban de parte de Dios, que en lo más mínimo mostraba compasión y misericordia para Job; al contrario, le aumentaban las penas, para no entorpecer la acción de El Satán. ¿Habían hecho una apuesta? Interesante es que en esa apuesta, no se presentan los apostadores para reconocer tanto la victoria como la derrota de la ninguna de las partes. Por ningún lado vuelve a aparecer El Satán. ¿Perdió El Satán? ¿Había perdido y se había derrotado reconociendo la derrota? El caso es que no vuelve a aparecer el Satán, ni para quitarle la llaga que le había puesto a Job, ni para reponer las pérdidas de la finca de Job, ni para cerrar la 51

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apuesta. Y Job se mantiene en su postura al no renunciar a presentar su caso ante Dios, aun sin esperanzas de ser oído.

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Las cosas no quedan claras. No se cierra la apuesta y ninguno se declara victorioso, al respecto. Tampoco hay un reconocimiento de parte y parte de los apostadores. Al contrario, viene un silencio rotundo, y aparece, a su vez, una especie de reclamo a Job: “¿Quién es ése que oscurece el consejo con palabras sin sabiduría?” A este punto, es necesario preguntarse: ¿Quién es el que oscurece el consejo, y de qué consejo se trata? Lo oscuro es precisamente que Dios concierte una apuesta con Satán. Y en cuanto en la apuesta de Yahveh no hay “consejo” alguno. ¿Cuáles son las palabras sin sabiduría? Yahveh no se refiere sin duda a las palabras de los amigos de Job, sino que es a Job a quien recrimina. Pero ¿en qué consiste la culpa de Job? Está enfrentando a Dios, respecto a su justicia, y se mantiene en esa idea. Pero Dios no responde para reconocer la justicia o la no justicia divina, sino para insistir que El, es el Todopoderoso, en caso que hubiese alguna duda, al respecto. Pareciera, más bien, que fuera un diálogo que Dios tiene consigo mismo, pues no presta atención a las palabras de Job. Job, por su parte, se da cuenta que su caso no será reconocido e inteligentemente, recoge las agresivas palabras de Yahveh, y se arroja a sus pies, como si él fuese en verdad el adversario vencido. Job ha aprendido la lección, y ha vivido “cosas ocultas”, que no es fácil entender. Job conocía, en efecto, a Yahveh sólo “de oídas”; pero ahora ha experimentado la realidad de Yahveh. 53

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Ésta es una lección importante, que no se debe olvidar. Job era antes un ingenuo; había llegado a soñar con un Dios “bueno”, y con un soberano complaciente y justo juez; se había imaginado que una “alianza” era una cuestión de derecho, y que uno de los aliados puede aferrarse al derecho que se le ha concedido. Job creía que Dios era veraz y fiel, o al menos justo, y que reconocía — como podía sospecharse por el decálogo — ciertos valores éticos, o cuando menos se sentía obligado a mantener su propio punto de vista jurídico. Pero, para espanto suyo, Job ha visto que Yahvé no es un hombre, sino que es un fenómeno, que no puede ser juzgado de manera moral. A un Dios tal, que es un soberano absoluto, el hombre sólo puede someterse con temor y temblor, e intentar propiciarle indirectamente con grandes alabanzas y con una obediencia ostentosa. Es decir, que Job estaba engañado, porque Dios no le da respuesta al reclamo de Job, sino que se defiende manifestando el poder y su autoridad. Job comprende esa verdad y prefiere callarse. Dios no le reconoce, en justicia, su derecho. Job lo comprende, y en cierta manera, Job le gana a Dios, porque Job reclama su derecho y Dios no se lo reconoce. Por el contrario, lo apabulla con su poderío, y ese no era el tema, sino el derecho de Job, que estaba siendo lesionado. Ese era el tema. No que Dios fuese grande y omnipotente, cosa que no dejaba de reconocer Job, sino que Job estaba siendo vulnerado en su justicia. Ese era la cuestión principal. Clave.

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Si no se ha leído el libro de Job, de principio a fin, se corre el riesgo y la tentación de encontrar culpable a Job, y se podría alegar, inclusive que Dios nunca apuesta con un espíritu inmundo, con el Satán. Y se alegaría el hecho de que Job había pecado, porque hacía sacrificios y oraba por los pecados que sus hijos cometían, y que como que padre estaba en la obligación moral de corregir a sus hijos para que el Satán no lo castigara con el permiso de Dios. Dice:
Le habían nacido siete hijos y tres hijas. Tenía también 7.000 ovejas, 3.000 camellos, quinientas yuntas de bueyes, quinientas asnas y una servidumbre muy numerosa. Este hombre era, pues, el más grande de todos los hijos de Oriente. Solían sus hijos celebrar banquetes en casa de cada uno de ellos, por turno, e invitaban también a sus tres hermanas a comer y beber con ellos. Al terminar los días de estos convites, Job les mandaba a llamar para purificarlos; luego se levantaba de madrugada y ofrecía holocaustos por cada uno de ellos. Porque se decía: «Acaso mis hijos hayan pecado y maldecido a Dios en su corazón.» Así hacía Job siempre.

Así se condenaría y se justificaría el castigo de Dios. Se le podría condenar de “alcahuete”. Pero, se podría alegar de inmediato, que cada quien responde por sus obras, y no paga el padre por las obras de los hijos, teniendo en cuenta la sentencia del libro de Jeremías en el capítulo 31, 29-30: “En aquellos días no dirán más: “Los padres comieron el agraz, y los dientes de los hijos sufren de dentera»; sino que cada uno por su culpa morirá: quienquiera que coma el agraz tendrá la dentera”. Y no tendía por qué pagar Job por las obras de sus hijos. 55

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El grupo de tres ya había regresado a su ciudad de origen. Al cabo de unos días, sucedía un doble acontecimiento, en el grupo de los conocidos de los que estaban recibiendo tratamiento contra el cáncer. Un viernes, justo a las once de la mañana, recibía el transplante de la médula ósea, en Caracas, uno; y en la ciudad del interior, moría, otro. No es nada de especial que así fuese, ya que eso sucede constantemente; pero, para ellos, eso era una coincidencia significativa. Por eso se llama “coincidencia”; es decir, un hecho fortuito y pasajero, pero que para algunos tiene una referencia personal, y de importancia, aun cuando no lo tenga, sino de manera subjetiva. Él tenía 29 años; ella, 44. La que moría, era conocida por muchos en las instalaciones y en algunos de los servicios del hospital. -- En la vida existen personas que nacen con una buena estrella – reflexionaba ella, en una conversación con uno de los integrantes del grupo de los tres. -- Que les ha tocado caminar por calle de pétalos de rosas, donde su vida ha sido feliz y plena. -- Existe otro grupo que por el contrario han nacido estrellados. Han tenido que caminar por calles de piedras puntiagudas en caminos cuesta arriba, pero han aprendido a pulir cada una de estas piedras hasta convertirlas en hermosos diamantes. -- Han aprendido a transformar los momentos negativos que se le presentan en la vida, por momentos positivos más agradables. -- Yo nací sin buena estrella, pero tuve la dicha de nacer en una maravillosa familia con unos padres amorosos y dedicados a sus 56

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hijos. Nací con un problema de salud denominado ANEMIA DREPANOCÍTICA, la cual de una u otra manera delimita la vida de los pacientes y familiares. Ya que debe mantenerse un control medico constante y un tratamiento de por vida. -- Pasé una niñez entre dulce y agria, debido al problema de salud presente. Pero siempre rodeada de mucho amor tanto de mi familia como de los doctores y personal de banco de sangre. Todos siempre pendientes de la negrita. -- A medida que crecía me daba cuenta de las limitaciones que me causaba la enfermedad, una simple gripe, un virus que pasó a lo lejos, el pasar todo el día en una fuerte actividad física, cualquier cosa me generaba crisis propias de la enfermedad, por lo que debían hospitalizarme. Entre las consultas, tratamientos y crisis, vivía más tiempo en el hospital que en casa. La adolescencia, el no poder llevar el ritmo de vida de mis amigas, y el no aceptar las limitaciones de la enfermedad me generaba tristeza, frustración y depresión en mi vida. Comencé a vivir como hoja al viento. Como vaya viniendo, vamos viendo. Sin motivación por nada, sin metas ni futuro trazado. Sin importarme nada, ni nadie Sólo vivir por vivir….”

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Anemia depranocítica: es una enfermedad sanguínea crónica hereditaria en la cual los glóbulos rojos presentan forma de media luna y no funcionan normalmente. La anemia depranocítica, causada por un tipo anormal de hemoglobina (pigmento portador de oxígeno) llamada hemoglobina S, es heredada como un rasgo autosómico recesivo. Se presenta en personas que tienen hemoglobina S heredada de ambos padres. Si la hemoglobina S se hereda de uno de los padres, el hijo adquiere el rasgo depranocítico y la enfermedad se presenta generalmente sin síntomas. La enfermedad produce anemia crónica, la cual puede ocasionar la muerte cuando se presentan crisis hemolíticas (destrucción de los glóbulos rojos) o crisis aplásicas (la médula ósea no produce células sanguíneas). Las crisis repetidas pueden ocasionar daños a los riñones, pulmones, huesos, hígado y sistema nervioso central. Se pueden presentar episodios dolorosos agudos causados por vasos sanguíneos bloqueados y órganos dañados, los cuales pueden durar de horas a días y afectar los huesos de la espalda, los huesos largos y el tórax. No existe cura accesible para la enfermedad. El objetivo de la terapia es el manejo y control general de los síntomas relacionados con la crisis. Se recomienda reposo en cama para minimizar el gasto de energía y la demanda de oxígeno durante las crisis. Los niveles bajos de oxígeno conllevan a la acidosis, lo cual causa drepanocitosis.

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-- Un día alguien, no recuerdo quien, me invito a un taller de ayuda personal – siguió la persona en su conversación --. -- Autoestima, mente en positivo, a partir de allí entré en el mundo de la lectura y talleres de ayuda personal. -- Aprendí a través de ellos a mirar las cosas desde otra perspectiva. -- Aprendí que no podemos cambiar algunas facetas de nuestra vida o entorno, pero si hay manera de mejorarlas o verlas diferente. -- Aprendí a llevar mi vida a media maquina, pero en positivo, con amor y realizando planes a la medida de mis posibilidades. Sin proponerme retos que no pudiera cumplir ni quedarme achantada llorando sobre mojado. -- Aprendí que todo depende del cristal por donde lo veas. Ya no veo el vaso medio vacío, sino medio lleno. -- Aprendí a no trazarme metas que no pudiera cumplir, a planificar mi vida a mi ritmo, y no al ritmo de los demás. -- Así he logrado las metas que me he propuesto. He disfrutado todas las cosas lindas que me ha ofrecido la vida, y todo a la medida de mis posibilidades. -- Disfruté de una muy buena etapa de mi vida, rodeada de personas especiales y muy queridas por mí. -- Con Dios todopoderoso en mi corazón, con fe, amor, confianza en mí, y vibrando en frecuencias positivas.

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Un dato interesante en el rico contenido del cuento del libro de Job, es la intervención de la mujer de Job. Dice el texto: “Job tomó una tejoleta para rascarse, y fue a sentarse entre la basura. Entonces su mujer le dijo: « ¿Todavía perseveras en tu entereza? ¡Maldice a Dios y muérete!»”. En ese extracto del libro de Job, hay cosas, realmente, de mucha utilidad. Por un lado, el Satán está utilizando, ahora, a la mujer para lograr el objetivo, que era que Job renegara y maldijera a Dios. Quitarse la vida, era, en cierta manera, una forma de maldecir a Dios, quien es su Creador. Y quitarse la vida, era ir contra el mismo Creador. Algunos pensadores ven un cierto paralelismo entre este pasaje del libro de Job y Eva, en el libro de Génesis, cuando Eva le pide a Adán que comiera del árbol prohibido (Gen. 3,6). No se puede negar, por supuesto, que la mujer de Job, era covictima en la situación de Job, ya que si él había perdido todo, desde las propiedades y hasta los hijos, ella, también los había perdido, igualmente. Se podría decir que la primera victima, después de Job, en la desgracia, era ella, y hasta cierto punto, ella tendría razón en su sugerencia. En términos coloquiales, sería a decir: “muerto el perro, se acaba la rabia”. Muerto Job, se acaban las causas de las desgracias. Y, muy en el fondo, ella quería verse libre. Eso en el caso de justificar a la mujer de Job. La tentación era doble para Job. Por una parte, la de maldecir a Dios, y por otra, la del suicidio, que era lo que conllevaba la idea de su mujer: “¡Maldice a Dios y muérete!”. 60

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Por otro lado cabría preguntarse ¿por qué no toma la iniciativa la mujer de Job y se suicida? Pero, la respuesta inmediata es porque el libro no trata sobre la mujer de Job, sino de Job. La respuesta de Job, en todo caso, es aleccionadora: “Hablas como una estúpida cualquiera”…

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Dios no le reveló a Job la razón y de ahí su lucha interior, pero éste no le llega a maldecir y apela a él para ir en contra de sus acusadores, de ahí le nace la confianza y la serenidad. La fe implica confianza. El sentimiento religioso tiene una creencia en los dogmas y se acompaña de una certidumbre que nada debe a la razón. La pregunta que se abre en el libro de Job ya no es ¿porqué sufro?, sino ¿con qué actitud debo sufrir? Job tuvo una calmada aceptación de la voluntad divina y siguió viendo en la mano que golpea al Dios que ama. Cuando Job ya no es capaz de asumir el mal, se queja con la amargura de su alma, grita su protesta y su angustia, pero las grita a Dios. Se remonta al verdadero origen y calma su inocencia y su incomprensión ante Dios, agradeciendo las bendiciones recibidas, para que le ayuden a soportar el mal y a seguir viviendo. Finalmente, Dios se le revela y lo proclama Justo. Una de las enseñanzas que aporta este libro es la de que Job no tuvo una fe ciega, propia del libreto masoquista, ya que ni eliminó sus preguntas, ni se sometió sin comprender nada. Otra, es la de que sólo cuestionar sobre la causa le aportó consuelo ante las penalidades, ya que a Job ningún amigo lo tranquilizó. Es falso ligar el sufrimiento al pecado. El sufrimiento aparece como un medio de enseñanza. Su valor reside en la historia, donde la visión positiva del sufrimiento ayuda, con paciencia, a atravesar la prueba. A este punto es realmente interesante, ya que Job no niega que sufre. Tampoco se trata de que nosotros en nuestras circunstancias lo neguemos. Eso sería falso, o por lo menos, una inclinación a ocultar esa realidad que nos hace sufrir. Se trata de 62

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aceptarlo y no de negarlo. Job no lo negó. Al contrario, lo gritó en su lamento. Sostener el punto contrario, sería masoquismo. Y, entonces, la cosa tratada en el libro de Job, y su análisis, se torna más que interesante. Se torna necesario.

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La verdadera respuesta al «por qué» del sufrimiento, la encontramos en Cristo, quien nos hace entrar en el misterio y nos hace descubrir el «por qué» del sufrimiento, en cuanto somos capaces de comprender la sublimidad del amor divino. Y para ello tenemos que dirigirnos al sentido de la Revelación que encontramos precisamente en la Palabra de Dios, en donde el Amor la fuente definitiva de todo lo que existe. El Amor es también la fuente más plena de la respuesta a la pregunta sobre el sentido del sufrimiento. Esta pregunta ha sido dada por Dios al hombre en la cruz de Jesucristo1. -- Seguí mi vida como siempre a media maquina, pero muy estable ya no había tratamientos tan seguidos y mucho menos hospitalizaciones – continuó relatando su experiencia “la negrita”, en uno de los pasillos del hospital, en un hospital de una ciudad del interior del país. -- Consiente que en la vida hay cosas que no podemos cambiar, pero si mejorar con una conducta positiva, utilizando las mejores estrategias para lograrlo. -- Entre otras, estas fueron mi conducta positiva y estrategias: a) Vive a la medida de tus posibilidades físicas, biológicas y mentales. b) No caigas en estrés emocional, en depresión, tristeza, angustia. c) No descuides tus controles y tratamientos.
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Véase la Carta Apostólica Salvifici Dolores.

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d) Consulta cualquier duda con tu medico, no escuches comentarios negativos, cada paciente es distinto. e) Cree en Dios, y mantén una actitud positiva frente a la adversidad.

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-- Un día a través de unos exámenes de rutina, me fue detectado un adenoma (tumor) a nivel retroperitoneal (Abdomen). Por el difícil acceso al mismo, y la enfermedad de base que padezco, mi hematóloga tratante decide enviarme a caracas para estudios y biopsias. Después de varios estudios me dieron la noticia más temida para cualquiera persona, la biopsia dio positivo para cáncer…….. -- Debía hacer un examen de denominado histoquímica para determinar que tipo de cáncer era, y que tan avanzado estaba. En los quince días de espera del resultado de la histoquímica, todo se me derrumbo. -- Se abrió un hueco negro debajo de mis pies y caí en caída libre, preguntándome porque yo, porque a mi, que voy a hacer, como voy a hacer, asumí una actitud de perdida de derrota sin tener idea de que debería hacer. Solo pensaba hasta aquí me llego el cuarto de hora… De repente vi hacia arriba y vi que mi familia también caía por el hueco oscuro de la tristeza y desesperación. -- Eso me hizo reaccionar y pensar bueno tengo dos opciones: a) Seguir en caída libre con mi dolor, tristeza, mis miedos y conmigo arrastrar a mi familia, verlas como alma en pena llorando por los rincones. b) O asumir una actitud positiva y salir adelante; les dije. 1. No quiero que me lloren porque todavía estoy viva. 2. No vamos a perder la batalla antes de luchar. 3. Con la voluntad de Dios todopoderoso. 4. El conocimiento y dedicación de mis médicos. 66

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5. El apoyo y amor de ustedes saldremos adelante. -- Al obtener los resultados de la histoquímica, fui evaluada por la unidad de oncología y Hematología del hospital. Ahí una junta de médicos oncólogos y hematólogos estudiaron mi caso. Recuerdo que la Dra. hematóloga-oncóloga, me dijo tienes dos problemas, uno es tu enfermedad de base (Anemia drepanocítica) por la que no podemos hacer nada ya que es genética. Y la otra es un LINFOMA DE HODKIN, que si te vamos a curar. Me explicaron qué era el linfoma y qué esquema de tratamiento llevaría. Adicional a eso, una licenciada social se encargó de explicarme todo lo referente al tratamiento, a través de cuáles sitios gubernamentales o privados podía adquirir la quimioterapia, cuales son los posibles efectos que pueden causar, y la mejor manera de prepararse para el tratamiento. Me enviaron a hablar con una psicóloga, la cual aclaró muchos de mis dudas y temores. -- Regresé al Hospital a informar a la Dra. que me estaba tratando, de todo lo acontecido, y que en un equipo de tres doctoras llevarían mí caso conjuntamente. -- No es fácil asumir todo lo que viene, la cabeza te da vuelta, no coordinas, no logras centrarte en lo que debes hacer, por eso es fundamental el apoyo de la familia y los amigos. -- Yo he tratado de demostrarle siempre a todas mis amistades mi mejor cara, mi mejor actitud frente a la vida, pero hay momentos en que la carga es tan dura y pesada, que me he quebrado como un cristal. -- Nadie tenía conocimiento de lo que me estaba ocurriendo, sólo mi familia inmediata, ese día llego mi amiga Chichi (Lic. En enfermería) de visita como siempre a pasar un rato conmigo y a preguntar por los exámenes que me estaba realizando, en ese momento me quebré al decirle que lo que tenía era un cáncer. Lloramos mucho, y fue la peor tarde que pasamos juntas. Doy gracias a Dios porque desde que la conocí en mi adolescencia siempre hemos estado juntas, es mi apoyo incondicional siempre presente en mis momentos más difíciles. 67

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-- La manera de enfrentar la enfermedad es muy importante, aún con el apoyo de la familia y de los amigos, el resultado de esta lucha depende de tu actitud. -- Hay personas que luchan por la vida aún en los peores momentos, y hay otros que pierden la batalla sin empezar la pelea, sólo al saber el diagnostico. -- Un día antes de comenzar la quimioterapia tuve una conversación de tu a tu con el cáncer. -- Le dije: no sé por qué estas allí, no se porque me quieres destruir, pero no te la voy a poner fácil, la pelea es peleando y te prometo que te daré la lucha hasta el ultimo momento, aquí habrá un vencedor y un vencido, te aseguro que yo no se perder. El que dirá la última palabra será Dios todopoderoso.

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-- Nadie apostaba a ganador por mí, por el problema de base que padezco y lo fuerte de tratamiento de quimioterapia. -- No se sabía cómo podría reaccionar mi organismo, si era capaz de soportar todo lo que venía. -- El día que se comienza el primer ciclo de quimioterapia, vas al hospital con una opresión en el pecho, de puro susto a lo que te vas a enfrentar. -- Cuando llegas al salón de quimioterapia te encuentras con una enfermera muy cariñosa y dispuesta a ayudarte en todo lo que este a su alcance… Y a este punto dijo el nombre de la enfermera… -- La quimioterapia son tratamientos intravenosos y orales, que se cumplen al paciente dependiendo del tipo de enfermedad y protocolo de medicamentos establecidos. -- Existe un salón especial para recibir la quimioterapia, con unos sillones de descanso donde se puede pasar varias horas cómodamente. -- El tratamiento se suministra a través de vías intravenosas, diluidas en solución (Sueros). -- Se suministra la pre-medicación, que conforma los medicamentos para proteger el organismo de reacción, como alergias, vómitos, etc. -- Luego de la misma manera se suministra el resto de lo medicamento de quimioterapia. -- Nada de extraño, nada del otro mundo, solo un simple tratamiento intravenoso. 69

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-- En el momento de recibir la quimioterapia realizaba un ejercicio de respiración y visualización. -- Respiraba profundamente por la nariz y espiraba por la boca viendo fijamente como entraba cada gota de quimioterapia en mi cuerpo. Al mismo tiempo visualizaba que cada gota de tratamiento eran miles de soldaditos blancos que entraban en mi cuerpo y mataban miles de soldaditos negros que en mi mente representaban las células cancerosas. -- A través de la respiración visualizaba que cada vez que aspiraba entraba en mi cuerpo un gran rayo de luz blanca de la salud, pureza que pasaba por todo mi cuerpo, por cada órgano, por cada célula, limpiando todo a su paso, y luego con la espiración, salía de dentro de mi una gran nube negra de todo lo negativo y células malignas que estaban dentro de mi. -- Ese ejercicio lo hacía varias veces durante el tratamiento de quimioterapia. -- No sabía en realidad si ese ejercicio me ayudaría a vencer la batalla, pero lo realizaba con fe, amor, y mucha esperanza creyendo que si borraría todo cáncer de mi organismo. -- No se me presentó problemas graves, durante los ciclos de tratamientos. Sólo el problema de hemoglobina, por el cual ya las Dra. había trazado un esquema de controles y transfusiones para controlar la situación. -- Agradezco el apoyo y la dedicación de las doctoras y de todo el personal de banco de sangre, que colaboraron 70

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incondicionalmente conmigo y mi familia, en la lucha por esta batalla tan difícil.

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-- Cuando vas a comenzar tratamiento crees que eres la única persona que esta pasando por ese mal momento. -- En el salón de tratamiento conocí un grupo de pacientes que al igual que yo estaba en una batalla por la vida, en la lucha por ser vencedor y no vencido. -- Formamos un gran grupo donde habían distintos diagnósticos, pero una misma lucha por la vida, un mismo sentimiento un mismo dolor. Éramos el grupo del bochinche, reíamos con el que reía y llorábamos con el que lloraba, sin darnos cuenta eras un gran grupo de apoyo, nos ayudábamos con los medicamentos, nos reíamos de lo que fuimos y de lo que éramos en aquel momento, los nuevos look que cargábamos, unos pelones otros con gorros, pañoletas o pelucas, todo era cosa de rizas, sólo así sobrellevábamos los momentos difíciles. -- El día de quimioterapia ya no era cosa de sustos, sino un momento de compartir con otros compañeros que están en las mismas condiciones que uno. -- Cuando entras en quimioterapia el mundo social cambia, en mi caso se limito sólo a llamadas telefónicas y cortas visitas. -- Recuerdo que un día fue a visitarme una amiga y su esposo, y se sorprendieron de lo bien que me veía aún cuando ya estaba en el proceso de quimioterapia. Les comenté que la única reacción hasta aquel momento había sido la caída del pelo. Mi amigo me dice: “quítate la pañoleta para ver como te ves”.Yo, que todo me lo tomo light, me quité la pañoleta. Él me dijo: “te ves bien 72

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quédate sin pañoleta”. Mientras que a mi amiga, que siempre me vio con mi pelo lacio y largo, se le desdibujó la cara y reflejó una gran tristeza, aun cuando no dijo nada, me demostró su dolor por lo que me pasaba. -- Allí uno se da cuenta como una palabra tan pequeña como Cáncer afecta todo el entorno de una persona, Familia, amigos etc. -- Peor aun; nos hace caer en cuenta del terrible problema que se está enfrentando. -- Por eso a mi se me hacia mas fácil, la convivencia, la amistad con las gente del hospital, con los pacientes de la quimio. Por que allá no importaba el aspecto físico, sólo existía un objetivo fijo luchar para vencer la batalla. -- Desde ese día no mostré mi cabeza pelada a nadie, no me gusta hacer sentir mal a nadie por lo que me pasa, ni demostrarme vencida frente a los demás.

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-- Entre risa, llantos, tristezas, pasaron los meses de quimioterapia. Doy gracias a Dios, por que nunca supe lo que fue una reacción de quimioterapia. Nunca sufrí de vómitos, diarreas, fiebres, etc. Siempre me preparé antes de cada tratamiento. Existen tres puntos clave a la hora de recibir quimioterapia. Y a este punto de la conversación, la negrita, comenzó a dar sus recomendaciones, de acuerdo con su experiencia: Si caes en depresión, caerás en un círculo vicioso negativo: Te deprimes; dejas de comer, por lo cual pierde fuerzas. Te deshidratas, por lo que te sientes cansado y descontrolado -- No es fácil conllevar esta enfermedad, pero la pelea es paleando y no hay peor lucha que la que no se hace. A esta altura de la conversación sacó una hoja donde llevaba escrito la FABULA DEL ÁGUILA:
El Águila es el ave que posee mayor longevidad entre todas las aves, llegando a vivir un aproximado de 70 años. Pero para llegar a esa edad debe tomar una seria y difícil decisión. A los 40 años su pico largo y puntiagudo se encorva. Sus uñas cuevas y flexibles se ponen duras por lo cual se le hace muy difícil agarrar las presas para alimentarse. Sus alas se envejecen poniéndose gruesas y pesadas, difíciles para volar. En ese momento hay sólo dos alternativas: · Dejarse morir irremediablemente. · Ó enfrentarse a un largo y doloroso proceso de renovación que durara 150 días.

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En caso de querer renovarse debe utilizar todas las fuerzas que le queda para volar a la montaña mas alta que pueda llegar, y posarse en un peñasco en donde este protegido y pueda pasar 150 días sin volar. Vencido el primer desafío, comienza su duro proceso de renovación. Comienza a golpear su pico contra las rocas hasta lograr arrancarlo por completo, luego debe esperar que nazca un pico nuevo, para con el arrancar cada una de las plumas de su cuerpo, y luego golpear con las rocas cada una de sus viejas uñas y arrancarlas. Después de 5meses ha finalizado el proceso. Sale el águila victoriosa en su vuelo de renovación y de revivir. Entonces dispone de 30 años más de vida.

-- Saca el Aquila que vive en ti, alcanza la grandeza de lo que eres capas de hacer. -- Seamos como el águila, hagamos de cuenta que renovaremos nuestra vida, que los meses de quimioterapia son los meses de renovación, que se nos caerá el pelo, se mancharán las uñas, y se marchitará la piel. Pero al final, como el águila, tendremos una cabellera nueva, sedosa y bella, una piel radiante, y unas uñas sanas y fuertes. -- Al igual que el águila, saldremos en vuelo, majestuosa, triunfadores a disfrutar de la vida. Una vida sana plena y llena de oportunidades. -- ¡Si un animal irracional lo puede lograr, por que un ser Humano racional, pensante con todas las herramientas en sus manos no va a poder lograrlo!

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La pregunta que se abre en el libro de Job ya no es ¿porqué sufro?, sino ¿con qué actitud debo sufrir?... La negrita moría dos meses después de estas conversaciones…

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El sufrimiento, ciertamente, pertenece al misterio del hombre. Quizás no está rodeado, como está el mismo hombre, por ese misterio que es particularmente impenetrable. “En realidad, el misterio del hombre sólo se esclarece en el misterio del Verbo encarnado. Porque... Cristo, el nuevo Adán, en la misma revelación del misterio del Padre y de su amor, manifiesta plenamente el hombre al hombre y le descubre la sublimidad de su vocación”. Si estas palabras se refieren a todo lo que contempla el misterio del hombre, entonces ciertamente se refieren de modo muy particular al sufrimiento humano. Precisamente en este punto el “manifestar el hombre al hombre y descubrirle la sublimidad de su vocación” es particularmente indispensable. Sucede también —como lo prueba la experiencia— que esto es particularmente dramático. Pero cuando se realiza en plenitud y se convierte en luz para la vida humana, esto es también particularmente alegre. “Por Cristo y en Cristo se ilumina el enigma del dolor y de la muerte”. “Padre, si es posible aparta de mí este cáliz; pero no se haga mi voluntad, sino la tuya”… Misterio… Misterio… Misterio… ¿El humano lo entenderá alguna vez?

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Job entendió que no entendió nada. Tampoco fue reconocido su derecho en el caso concreto de la injusticia cometida contra él. Dios, sin embargo, lo apabulla con su poderío. Job 42,1-6:
Y Job respondió a Yahveh: Sé que eres todopoderoso: ningún proyecto te es irrealizable. Era yo el que empañaba el Consejo con razones sin sentido. Sí, he hablado de grandezas que no entiendo, de maravillas que me superan y que ignoro. (Escucha, deja que yo hable: voy a interrogarte y tú me instruirás.) Yo te conocía sólo de oídas, mas ahora te han visto mis ojos. Por eso me retracto y me arrepiento en el polvo y la ceniza.

Y termina el cuento, un poco al estilo de “colorín, colorado…. Éste cuento se ha acabado”:
Después Yahveh restauró la situación de Job, al paso que él intercedía en favor de sus amigos; y aumentó Yahveh al doble todos los bienes de Job. Vinieron, pues, donde él todos sus hermanos y todas sus hermanas, así como todos sus conocidos de antaño; y mientras celebraban con él un banquete en su casa, le compadecieron y le consolaron por todo el infortunio que Yahveh había traído sobre él. Y cada uno de ellos le hizo el obsequio de un agno de plata y de un anillo de oro.

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Yahveh bendijo la nueva situación de Job más aún que la antigua: llegó a poseer 14.000 ovejas, 6.000 camellos, mil yuntas de bueyes y mil asnas. Tuvo además siete hijos y tres hijas. A la primera le puso el nombre de «Paloma», a la segunda el de «Canela» y a la tercera el de «Cuerno de afeites». No había en todo el país mujeres tan bonitas como las hijas de Job. Y su padre les dio parte en la herencia entre sus hermanos. Después de esto, vivió Job todavía 140 años, y vio a sus hijos y a los hijos de sus hijos, cuatro generaciones. Después Job murió anciano y colmado de días.

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Después de hablar a Job de esta manera, Yahveh dijo a Elifaz de Temán: «Mi ira se ha encendido contra ti y contra tus dos amigos, porque no habéis hablado con verdad de mí, como mi siervo Job. Así que tomad siete novillos y siete carneros, id donde mi siervo Job, y ofreced por vosotros un holocausto. Mi siervo Job intercederá por vosotros y, en atención a él, no os castigaré por no haber hablado con verdad de mí, como mi siervo Job.» Elifaz de Temán, Bildad de Sáaj, y Sofar de Naamat fueron a cumplir la orden de Yahveh. Y Yahveh atendió a Job.

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Un elemento útil a tener en alta consideración en el libro de Job, es la afirmación del autor en boca del personaje de: “Porque si de algo tengo miedo, me acaece, y me sucede lo que temo. No hay para mí tranquilidad ni calma, no hay reposo: turbación es lo que llega”. Esta afirmación puede llevar a pensar que Job, y en sus zapatos, cualquiera en situación paralela, es que se es victima del propio pensamiento. Eso podría llevar a pensar que el que se encuentre en esas situaciones de desventura, cualquiera sea, se acumula más cosas negativas de las que ya tiene, convirtiéndosele en un círculo vicioso sin salida. Porque así lo piensa, y así le suceden las cosas. ¿Pero puede vislumbrar una persona en esas circunstancias cosas realmente bonitas, distintas de las que está pasando? Existe mucha literatura estilo magia que pretende endulzar esa verdad existencial. “No piense negativo”, “no decrete cosas malas en su mente”, “piense positivo”, y muchas otras frases por el estilo se manejan en esos tipos de libros que tienen un boom publicitario extraordinario. El libro “El Secreto”, por ejemplo va por esa línea. Lo que se piense, se decreta, y eso sucede. ¿Pero, puede pensar distinto quien se halle en situación de salud precaria? Muchas veces esta literatura hace más profundo el abismo del padecimiento, pues lleva a sentirse culpable de estar enfermo. En ese sentido, el libro de Job, tiene también una gran lección. Job no se sabía culpable en nada, y por eso se encuentra pidiendo una explicación a su situación. Se requiere, ciertamente, un mínimo de respeto por la condición del que esté recibiendo medicina para enfermedades 81

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complicadas, y saber respetar. Es importante comprender el comportamiento que tiene una persona al estar recibiendo una invasión de veneno de manera continua, como en el caso de las quimioterapias. Su cuerpo se está siendo invadido, y su mente no le lleva a pensar distinto de lo que su cuerpo está experimentando. Si se es respetuoso, hay que tener en cuenta “que se piensa, como se siente”. O dicho en otra forma: “si el cuerpo está sintiendo una invasión de quimio, que lo están destruyendo, en vías de sanación, por supuesto; es natural, igualmente, que la mente continúe pensando sobre y desde lo que está sintiendo”. Las hormonas están siendo alteradas y con ello todo el cuerpo. Hay un cambio en el laboratorio hormonal y sus fluidos químicos están generando sensaciones agresivas y deprimentes. La mente entonces, que no está separada del cuerpo, sino que forma una unidad maravillosa, arrastrada por los químicos hormonales, piensa, igual de cómo está percibiendo. No hay diferencia. Es el gran aporte de la “Psicología fisiológica”, desde sus primeros pasos con Ivan Pavlov hasta el famoso conductismo. Es decir, que como se sienta físicamente, se piensa. En el libro de Job está en lo que ya se dijo: “Porque si de algo tengo miedo, me acaece, y me sucede lo que temo”. Tampoco se trata de justificar esos pensamientos negativos, porque sería negar, entonces, el dominio interior y el control natural de la persona.

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La pregunta de Job es, pues, en qué medida Yahvé, que es responsable del hombre, ha dejado de ser compasivo. En el fondo, se trata de constatar el olvido de Dios y aprender, desde esa certidumbre, a vivir como si Él no existiera; acaso esta dolorosa verdad sea la amarga sabiduría que se alcanza tras el sufrimiento y que deja al hombre anclado en el enigma o el absurdo de una pregunta sin respuesta, o en una respuesta, que de ser cierta, nos deja a la deriva, en situación de náufragos. Quizás en eso consista el sentido del sufrimiento, que permite al que sufre comprender que no tiene sentido el sufrir. Y lo que es peor, que no tiene explicación. Tal vez, en eso consista la sabiduría. Y, ¿para qué sirve, después de tanto atropello físico, mental y hasta moral, en un desgaste sin tregua? Cuando Job se lamenta de su estado, de su sufrimiento gratuito, apela al orden, a la lógica inserta en la creación, para revelarse contra su propia situación pues no parece haber existido causa alguna en sus palabras o en sus actos para justificar el abandono y el sufrimiento que padece. El sufrimiento del hombre carece por completo de significación; en realidad el hombre representa una pura y simple nada. La suma de todo el sufrimiento humano acumulado durante siglos no altera un ápice la estructura de este universo. En nada varía el orden físico existente. El libro de Job es un interrogante desnudo, una herida que no acaba de cicatrizar, una espantosa duda que coloca al hombre en el abismo de su ser, que hace pedazos su confianza. Job es un superviviente del desconsuelo, un hombre abatido y tan cargado de razones que resulta grotesco. No quiere darse cuenta de que sus razones ya no sirven. 83

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A este punto, es necesario extraer lo que dice el Papa Benedicto XVI, en su libro Jesús de Nazaret1, al analizar la sexta petición, de las siete peticiones que contiene la oración del Padrenuestro. Dice el Papa, que, Satanás ultraja al hombre, para así ofender a Dios: su criatura, que El ha formado a su imagen, es una criatura miserable. Todo lo que en ella parece bueno es más bien pura fachada; en realidad, al hombre —a cada uno— sólo le importa su bienestar. Éste es el diagnóstico de Satanás, al que el Apocalipsis describe como el «acusador de nuestros hermanos, el que los acusaba día y noche ante nuestro Dios» (Ap 12, 10). La difamación del hombre y de la creación es, en definitiva, una difamación de Dios, una justificación para rehusarlo. Satanás quiere demostrar su tesis con el justo Job: si le despoja de todo, acabará renunciando muy pronto también a su religiosidad. Así, Dios le da a Satanás la libertad de someterlo a la prueba, aunque dentro de límites bien definidos: Dios deja que el hombre sea probado, pero no que caiga. Aquí aparece de forma velada y todavía no explícita el misterio de la forma vicaria que se desarrolla de manera grandiosa en Isaías 53: los sufrimientos de Job sirven para justificar al hombre. A través de su fe puesta a prueba en el sufrimiento, él restablece el honor del hombre. Así, los sufrimientos de Job anticipan los sufrimientos en comunión con Cristo, que restablece el honor de todos nosotros ante Dios y nos

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Cfr. Joseph Ratzinger, Benedicto XVI, Jesús de Nazaret, Primera edición: septiembre de 2007, Librería Editrice Vaticana, Ciudad del Vaticano, 2007.

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muestra el camino para no perder la fe en Dios ni siquiera en la más profunda oscuridad. El Libro de Job nos puede ayudar también a distinguir entre prueba y tentación. Para madurar, para pasar cada vez más de una religiosidad de apariencia a una profunda unión con la voluntad de Dios, el hombre necesita la prueba. Igual que el zumo de la uva tiene que fermentar para convertirse en vino de calidad, el hombre necesita pasar por purificaciones, transformaciones, que son peligrosas para él y en las que puede caer, pero que son el camino indispensable para llegar a sí mismo y a Dios. El amor es siempre un proceso de purificación, de renuncias, de transformaciones dolorosas en nosotros mismos y, así, un camino hacia la madurez. Ahora podemos explicar de un modo más concreto la sexta petición del Padrenuestro. Con ella decimos a Dios: «Sé que necesito pruebas para que mi ser se purifique. Si dispones esas pruebas sobre mí, si —como en el caso de Job— das una cierta libertad al Maligno, entonces piensa, por favor, en lo limitado de mis fuerzas. No me creas demasiado capaz. Establece unos límites que no sean excesivos, dentro de los cuales puedo ser tentado, y mantente cerca con tu mano protectora cuando la prueba sea desmedidamente ardua para mí». En este sentido ha interpretado san Cipriano la petición. Dice: cuando pedimos «no nos dejes caer en la tentación» expresamos la convicción de que «el enemigo no puede hacer nada contra nosotros si antes no se lo ha permitido Dios; de modo que todo nuestro temor, devoción y culto se dirija a Dios, puesto que en nuestras tentaciones el Maligno no puede hacer nada si antes no se le ha concedido facultad para ello» (De dom. or., 25). Y luego concluye, sopesando el perfil psicológico de la tentación, que pueden existir dos motivos por los que Dios concede al Maligno un poder limitado. Puede suceder como penitencia para nosotros, para atenuar nuestra soberbia, con el fin de que experimentemos de nuevo la pobreza de nuestra fe, esperanza y amor, y no presumamos de ser grandes por nosotros mismos: pensemos en el fariseo que le cuenta a Dios sus grandezas y no cree 85

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tener necesidad alguna de la gracia. Lamentablemente, Cipriano no especifica después en qué consiste el otro tipo de prueba, la tentación a la que Dios nos somete ad gloriam, para su gloria. Pero, ¿no deberíamos recordar que Dios impone una carga especialmente pesada de tentaciones a las personas particularmente cercanas a Él, a los grandes santos, desde Antonio en el desierto hasta Teresa de Lisieux en el piadoso mundo de su Carmelo? Siguen, por así decirlo, las huellas de Job, son como la apología del hombre, que es al mismo tiempo la defensa de Dios. Más aún: están de un modo muy especial en comunión con Jesucristo, que ha sufrido hasta el fondo nuestras tentaciones. Están llamados, por así decirlo, a superar en su cuerpo, en su alma, las tentaciones de una época, a soportarlas por nosotros, almas comunes, y a ayudarnos en el camino hacia Aquel que ha tomado sobre sí el peso de todos nosotros. Así, en nuestra oración de la sexta petición del Padrenuestro debe estar incluida, por un lado, la disponibilidad para aceptar la carga de la prueba proporcionada a nuestras fuerzas; por otro lado, se trata precisamente de la petición de que Dios no nos imponga más de lo que podemos soportar; que no nos suelte de la mano. Pronunciamos esta petición con la confiada certeza que san Pablo nos ofrece en sus palabras: «Dios es fiel y no permitirá que seáis tentados por encima de vuestras fuerzas; al contrario, con la tentación os dará fuerzas suficientes para resistir a ella» (2 Co 10, 13).

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Continúa el Papa, en el documento ya citado, en la última petición de la oración de Padrenuestro Si en la penúltima petición predominaba el «no» (no dar al Maligno más fuerza de lo soportable), en la última petición nos presentamos al Padre con la esperanza fundamental de nuestra fe. « ¡Sálvanos, redímenos, líbranos!». Es, al fin y al cabo, la petición de la redención. ¿De qué queremos ser redimidos? En las traducciones recientes del Padrenuestro, «el mal» del que se habla puede referirse al «mal» impersonal o bien al «Maligno». En el fondo, ambos significados son inseparables. A este respecto, podemos tener presente el dragón del que habla el Apocalipsis (cf. capítulos 12 y 13). Juan caracteriza a la «bestia» que vio «salir del mar», de los oscuros abismos del mal, con los distintivos del poder político romano, dando así una forma muy concreta a la amenaza que los cristianos de aquel tiempo veían venir sobre ellos: el derecho total sobre la persona que era reivindicado mediante el culto al emperador, y que llevaba al poder políticomilitar-económico al sumo grado de un poder ilimitado y exclusivo, a la expresión del mal que amenaza con devorarnos. A esto se unía una disgregación del orden moral mediante una forma cínica de escepticismo y de racionalismo. Ante esta amenaza, el cristiano en tiempo de la persecución invoca al Señor, la única fuerza que puede salvarlo: redímenos, líbranos del mal. Por otro lado, también se presenta hoy la ideología del éxito, del bienestar, que nos dice: Dios es tan sólo una ficción, sólo nos hace perder tiempo y nos quita el placer de vivir. ¡No te ocupes de Él! ¡Intenta sólo disfrutar de la vida todo lo que puedas! También estas tentaciones parecen irresistibles. El Padrenuestro en su 87

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conjunto, y esta petición en concreto, nos quieren decir: cuando hayas perdido a Dios, te habrás perdido a ti mismo; entonces serás tan sólo un producto casual de la evolución, entonces habrá triunfado realmente el «dragón». Pero mientras éste no te pueda arrancar a Dios, a pesar de todas las desventuras que te amenazan, permanecerás aún íntimamente sano. Es correcto, pues, que la traducción diga: líbranos del mal. Los males pueden ser necesarios para nuestra purificación, pero el mal destruye. Por eso pedimos desde lo más hondo que no se nos arranque la fe que nos permite ver a Dios, que nos une a Cristo. Pedimos que, por los bienes, no perdamos el Bien mismo; y que tampoco en la pérdida de bienes se pierda para nosotros el Bien, Dios; que no nos perdamos nosotros: ¡líbranos del mal! De nuevo Cipriano, el obispo mártir que tuvo que sufrir en su carne la situación descrita en el Apocalipsis, dice con palabras espléndidas: «Cuando decimos "líbranos del mal" no queda nada más que pudiéramos pedir. Una vez que hemos obtenido la protección pedida contra el mal, estamos seguros y protegidos de todo lo que el mundo y el demonio puedan hacernos. ¿Qué temor puede acechar en el mundo a aquel cuyo protector en el mundo es Dios mismo?» (De dom. or., 21). Los mártires poseían esa certeza, que les sostenía, les hacía estar alegres y sentirse seguros en un mundo lleno de calamidades; los ha «librado» en lo más profundo, les ha liberado para la verdadera libertad. Es la misma confianza que san Pablo expresó tan maravillosamente con las palabras: «Si Dios está con nosotros, ¿quién estará contra nosotros?... ¿Quién podrá apartarnos del amor de Cristo? ¿La aflicción, la angustia, la persecución, el hambre, la desnudez, el peligro, la espada?... Pero en todo esto venceremos fácilmente por aquel que nos ha amado. Pues estoy convencido de que ni muerte, ni vida, ni ángeles, ni principados, ni presente, ni futuro, ni potencias, ni altura, ni profundidad, ni criatura alguna, podrá apartarnos del amor de Dios, manifestado en Cristo Jesús, Señor nuestro» (Rm 8, 31-39). Por tanto, con la última petición 88

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volvemos a las tres primeras: al pedir que se nos libere del poder del mal, pedimos en última instancia el Reino de Dios, identificarnos con su voluntad, la santificación de su nombre. Pero los orantes de todos los tiempos han interpretado la petición en sentido más amplio. En las tribulaciones del mundo pedían también a Dios que pusiera límites a los «males» que asolan el mundo y nuestra vida. Esta forma tan humana de interpretar la petición se ha introducido en la liturgia: en todas las liturgias, a excepción de la bizantina, se amplía la última petición del Padrenuestro con una oración particular que en la liturgia romana antigua rezaba: «Líbranos, Señor, de todos los males, pasados, presentes y futuros. Por la intercesión. .. de todos los santos danos la paz en nuestros días, para que, ayudados por tu misericordia, vivamos siempre libres de pecado y protegidos de toda perturbación...». Se percibe el eco de las penurias de los tiempos agitados, el grito pidiendo salvación completa. Este «embolismo» con el que se refuerza en la liturgia la última petición del Padrenuestro muestra el aspecto humano de la Iglesia. Sí, podemos, debemos pedir al Señor que libere también al mundo, a nosotros mismos y a muchos hombres y pueblos que sufren, de todos los males que hacen la vida casi insoportable. También podemos y debemos aplicar esta ampliación de la última petición del Padrenuestro a nosotros mismos como examen de conciencia, como exhortación a colaborar para que se ponga fin a la prepotencia del «mal». Pero con ello no debemos perder de vista la auténtica jerarquía de los bienes y la relación de los males con el Mal por excelencia; nuestra petición no puede caer en la superficialidad: también en esta interpretación de la petición del Padrenuestro sigue siendo crucial «que seamos liberados de los pecados», que reconozcamos «el Mal» como la verdadera adversidad y que nunca se nos impida mirar al Dios vivo.

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El grupo de los tres había vuelto a Caracas. Volvía a repetir la rutina de estudios médicos… Nada nuevo bajo el sol. Nada había cambiado. El ascensor subía. Bajaba. Todo igual, como la realidad de la enfermedad. No había nada qué hacer. El transplante autólogo no se podía aplicar. Y el de un donante, se veía muy complicado… Imposible. Nada que hacer… -- ¡Sólo Dios es el que sabe! – apuntó uno de los tres, como para encontrar consuelo al desconsuelo de la realidad de entonces. -- ¡Pero, el problema es que nadie sabe lo que Dios sabe! – señaló la misma persona que había dicho lo anterior… -- ¡Y, ni para preguntarle! – Porque no contesta…

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“Si aceptamos de Dios el bien, ¿no aceptaremos el mal?”. En todo esto no pecó Job con sus labios” (Job 2, 9-10).

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“Desnudo salí del seno de mi madre, desnudo allá retornaré. Yahveh dio, Yahveh quitó: ¡Sea bendito el nombre de Yahveh!”

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Bibliografía consultada y de apoyo:
C. M. Martini, Avete perseverato con me nelle mie prove, Casale Monf. 1990. Carl G. Jung, Respuesta a Job. Carta Apostólica Salvifici Dolores, del Sumo Pontífice Juan Pablo II, a los obispos, sacerdotes, familias religiosas y fieles de la Iglesia Católica, sobre el sentido cristiano del sufrimiento humano. Dado en Roma, junto a San Pedro, en la memoria litúrgica de Nuestra Señora de Lourdes, el día 11 de febrero del año 1984. Concilium: Revista internacional de teología, Año: 2004, Número: 307. Dedicado a: El Dios de Job: Pierre van Hecke, "Pero yo quiero conversar con el Poderoso" (Job, 13,3): Job y sus amigos a propósito de Dios; Norman C. Habel, El veredicto sobre/ de Dios al final de Job; David J.A. Clines, El Dios de Job; Saskia Wendel, "Es el poderoso, inalcanzable para nosotros...": sobre la determinación de las relaciones entre trascendencia e inmanencia a partir del "Dios de Job"; Hermann Häring, ¿Quién es el responsable?; Jan Jans, Ni castigo ni recompensa: gratuidad divina y orden moral; Ron Pirson, Intervenciones divinas en el universo de Tolkien; Elsa Tamez , De padre de los huérfanos a hermano de chacales y compañero de avestruces: meditación sobre Job; Bongi Zengele, Gerald West, Leyendo el libro de Job "positivamente" desde el contexto del VIH/sida en Sudáfrica. Giovanni Moretto, Giustificazione e interrogazione: Giobbe nella filosofia, Guida Editore. Gustavo Gutiérrez, Hablar de Dios desde el sufrimiento del inocente. Una reflexión sobre el libro de Job, Sígueme, Salamanca, 1986. J. Severino Croatto, El libro de Job como clave hermenéutica de la teología Revista bíblica, Año 43 – 1981, pp. 33-45. Javier Quezada del Río, “Un drama sicológico en forma de pánel”, El género literario del libro de Job.

Juan Pablo II , «La Gloria de la Trinidad es el hombre viviente», Palabras de Juan Pablo II durante la audiencia general del miércoles 6 de junio de 2000. Judith Stora-Sandor, De Job a Woody Allen: El humor judío en la literatura. Leszek Kolakovski. El hombre sin alternativa. Alianza Editorial. Madrid, 1970. Joseph Ratzinger, Benedicto XVI, Jesús de Nazaret, Primera edición: septiembre de 2007, Librería Editrice Vaticana, Ciudad del Vaticano, 2007. Maite Fernández Soriano, “Una lectura psicoanalítica del sufrimiento en el Libro de Job y su relación con la neurosis obsesiva”. Margo Glantz, Kafka y Job: los dos hermanos. Martin Maier, Kart Rahner, el maestro, en “Ignacio Ellacuría, Aquella libertad esclarecida”, Presencia teológica, Sal Terrae, España, 1999. Rabino Itzjak Ginsburgh, Los libros terapéuticos de la Biblia. Víctor Morla Asensio, job 1-28. Comentarios a la Nueva Biblia de Jerusalén, Desclée De Brouwer. Voltaire, Diccionario Filosófico, palabra: Job. Woody Allen, películas de Woody Allen, sobre todo Hannah y sus hermanas, Delitos y faltas, Match Point, Scoop, Cassandra’s Dream, Stardust Memories, entre otras de las ‘comedias teológicas’ de Woody Allen, como lo califica Todd H. Speidell, el especialista y critico de Woody Allen. Homero Simpson, en la serie Los Simpsons, con la frase y expresión: “Me siento como Dios… Hago el mal y no tengo que dar explicaciones… Me siento poderoso… como Dios… ” Serie creada por Matt Groening para Fox Broadcasting Company.

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La Libertad de los Hijos de Dios
Debajo de la matica Chévere, cambur pintón Todavía no ha estirado el rabo la puerca Calzón quitao y Cabeza pelá