Daniel Medvedov

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La Metáfora de la Piedra de Toque
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Madrid 2014

La “piedra de toque” es la piedra que sirve para testificar y conocer la pureza del oro, del material con el que está hecha una pieza, aunque se usa generalmente para oro, también se utiliza para la plata. La piedra de toque es una piedra de consistencia especialmente dura, de color oscuro, y su composición consiste de una mezcla de cuarzo amorfo con alúmina, cal, óxido de hierro, carbón y algunas otras sustancias de grano fino. Esa piedra no sufre nada al ser atacada por los ácidos. Estas bellas y recias cualidades la preparan para ser la Reina del Oro, precisa y adecuada para el ensayo de pureza de esos metales. Si deseas probar una prenda de oro, frota suavemente en la superficie esta piedra muy lisa hasta que se haya producido una huella.

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Después se usa una gota de ácido nítrico que se vierte encima. Si la prenda es de oro puro, la huella no sufre alteración alguna, pero si no es puro, el color de la huella indica la proporción en la cual está aleado. En la antigua Arabia y Grecia, y en la civilización del Valle del Indo se usaba para conocer la pureza del oro. Se rayaba la piedra con piezas de diversas aleaciones de oro y cobre y el color de la raya cambiaba con la cantidad de oro que contenía la aleación. Si se deseaba saber el contenido de metal precioso de una pieza desconocida, que se suponía que era confeccionada de oro, se rayaba la piedra con la prenda y se comparaba el color de la huella con el color de las rayas producidas por las alhajas conocidas fielmente como “de oro”.

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En materias existenciales, la “piedra de toque” es la fidelidad - para conocer si la relación entre dos seres es de oro-amor, o sea de amororo - y el saber, para conocer si el conocimiento es fruto del entendimiento y de la comprensión. La “piedra” que sirve para testificar y conocer la pureza del amor es la distancia, y el material con el que está hecha una mujer, pues de ella es lo único de lo que puede hablar un hombre, y aunque ello se use generalmente para el oro del amor, también se utiliza para la plata de la amistad. La piedra de toque de la fidelidad es una cualidad del Alma, pues no sólo es humana, sino también animal. Su consistencia es especialmente sutil y duradera, tanto como la eternidad misma, y de discreción y encanto posee color de la luz-ceniza de la luna.

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Su composición consiste de una mezcla de voluntad, valentía y valor místico, es luz petrificada en la energía del diario convivir y está compuesta por la transparencia de todo gesto, mezclada con el calor humano del cariño sin motivo y por el brillo de la mirada sincera de los gestos finos de espléndida generosidad. Esa piedra de fidelidad no sufre nada al ser atacada por los ácidos y corrosivos pretendientes del amor de la mujer. Estas bellas y recias cualidades preparan a la mujer para ser la Reina del Oro del Amor, con la seriedad precisa y adecuada para el ensayo de pureza de esos menesteres de la existencia. Si deseas probar una mujer y ver si es prenda de oro, te advierto: ¡no lo hagas! Puedes, sin embargo, frotar suavemente en la superficie de sus sentimientos esta consistente cualidad muy lisa que es la fidelidad, hasta que se haya producido una huella de ti, en su memoria.

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Después, puedes usar una gota de plácida ironía que tal vez viertas encima de los regalos de la confianza mutua y concederle libertad, dejarla libre, a ver, ¿Cómo se comportaría en ese estado de languidez del movimiento en la sociedad y en el largo mundo? Si la mujer es de oro puro, tu huella no sufre alteración alguna en su memoria, y es más - estarás siempre presente, aun ausente - pero si el amor-oro no es puro, el color de tu huella va a indicar cuan rápido se te puede dejar de lado, cuan pronto se te olvidará, y es esa la precisa proporción en la cual el amor de esa mujer está aleado con la atracción y con el deseo de ser poseída y amada por otros hombres, acéptalo. En la antigua Arabia y Grecia, y en la civilización del Valle del Indo el encuentro erótico se usaba para conocer la pureza del oro - amor. Se usaban diversas posturas y empujes amorosos, y todo cuanto está a la mano del hombre sutil.
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Se rayaba la fidelidad con trampas de confianza en libertad condicional y se le dejaba a la dama a complacerse en el encuentro con diversos sujetos de distintos caracteres y capacidades y el poder de su comportamiento privado en tales encuentros delicados mostraba el color de su fidelidad hacia tu persona. Si la mujer cambiaba de parecer con la cantidad de oro erótico que contenía la aleación de los conquistadores de ocasión, ya ni vale la pena desear saber el contenido de cariño que pudiera tener hacia ti esa dama, y serás testigo de cómo el metal precioso de la amistad y del amor se transforma bruscamente en una pieza desconocida, que tu suponías que era confeccionada de puro amor-oro. Ya está rayada la relación, y la prenda ya no me interesa, puede comprarla el mejor o el peor postor, me da igual, pues soy el mercader de oro-amor, no de oro-latón.

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Si comparas el calor de la huella que ha dejado su amor con el calor de las caricias presentes con que te regalan otras suaves damas, el recuerdo producido por la imagen de su cara en tus recuerdos está borrado y ahora, sobre las mesas y sobre la cama hay otras alhajas, conocidas, - la misma historia de los amoríos humanos que se repiten una y otra vez - fielmente conocidas como “de oro-amor”.

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