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http://www.archive.org/details/obrascompleta04cerv

lB8fJ.

OBRAS
COMPLETAS

DE CERVANTES
TOMO
IV.

•--

#

*

\HJ"*M

,

OBRAS
COMPLETAS

DE CERVANTES
nEinCADAS A
S.

A. R. El.

SERMO.

SR.

INFANTE

DON SEBASTIAN GABRIEL DE BORBON

Y BRAGANZA.

TOMO

IV.

EL INGENIOSO HIDALGO

DON QUIJOTE DE LA MANCHA
TEXTO CORREGIDO CON ESFECIAI. ESTUDIO DE LA PRIMERA EDICIÓN,

POR

D.

J.

E.

HARTZENBUSCH.

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~^*'=«'í^-S¿.'?!»A«-^

ARGAMASILLA DE ALBA,
1

M

P R K N

I'

A

DE DON
(casa

MANUEL
prisión
di-

R

I

VA U

E

NEV R A

,

que

filé

Cervantes).

1863.

EL INGENIOSO HIDALGO

DON QUIJOTE DE LA MANCHA.
PRIMERA PARTE.

CAPITULO XXVI.
Donde
se

prosiguen

las

finezas

que de enamorado hizo

Don

Quijote

en Sierra Morena.

Y volviendo

á contar lo que hizo

el

de

la Triste
así

Figura

después que se vio solo, dice

la historia

que,

como Don

Quijote acabó de dar

las

tumbas ó

vueltas, de

medio abajo

desnudo v de medio arriba vestido, y que vio que Sancho
se habia ido, sin querer aguardar á ver

más sandeces,
allí

se su-

bió sobre una punta de una alta peña, y
lo

tornó á pensar

que

otras

muchas veces habia pensado,
que ¿cuál
seria
las

sin haberse

jamas

resuelto en ello, y era,

mejor y

le estarla

más

á cuento? ¿imitar á

Roldan en
las

locuras desaforadas

que hizo, ó á Amadis en

malencónicas? y hablando entre

mismo, decia:

«Si

Roldan fué tan buen caballero y tan
al fin

valiente

como

todos dicen ¿qué maravilla! pues
le

era

encantado, y no

podia matar nadie
la

si

no era metiéndole
él traia

un

alfiler

de á blanca por

punta del pié, y

siempre

2
los zapatos
tretas

DON QUIJOTE DE LA MANCHA.
con
siete suelas

de hierro; aunque no

le

valieron

con Bernardo del Carpió, que
los

se las entendió,

y

le
él

ahogó entre
lo

brazos en Roncesvalles. Pero, dejando en

de

la valentía á

una parte, vengamos
que
las le

á lo de perder el

juicio;

que

es cierto

perdió, por
le

las seíiales

que halló que
,

en

la

fontana, y por

nuevas que

dio

el

pastor, de

Angélica habia dormido más de dos

siestas

con Medoro

un

morillo de cabellos enrizados, paje de Agramante.

Y

si él

entendió que esto era verdad, y que su dama le habia cometido desaguisado, no hizo mucho en volverse loco; pero

yo ¿cómo puedo imitalle en
ocasión dellas
!

las

locuras,

si

no

le

imito en

la

Porque mi Dulcinea

osaré yo jurar

que
así

no ha

visto en todos los dias de su vida
él es,

moro alguno,
hoy como
si,

como

en su

mismo

traje,

y que

se está

la

madre que

la parió;

y haríale agravio manifiesto

imagi-

nando otra cosa

della,

me

volviese loco de aquel género de

locura de Roldan

el furioso.

Por otra parte veo que Amadis
y
sin
el

de Gaula, sin perder
tanta

el juicio

hacer locuras, alcanzó
lo

fama de enamorado como

que más; porque

que

hizo, según su historia, no fué

más de que (por
le

verse des-

deñado de su señora Oriana, que
pareciese ante su presencia hasta
retiró á la
,

habia

mandado que no
se

que fuese su voluntad)
,

Peña Pobre en compañía de un ermitaño y allí
el

se hartó de llorar y de encomendarse á Dios, hasta que cielo le acorrió en medio de su mayor cuita y necesidad.
si

Y
á

esto es verdad,

como

lo es, ¿para

qué quiero yo tomar

trabajo agora de
estos árboles,

desnudarme

del todo, ni dar

pesadumbre

que no

me han hecho mal

alguno, ni para qué
los cuales
la

tengo de enturbiar

el

agua clara destos arroyos,

me

han de dar de beber cuando tenga gana? Viva

me-

,

PRIMERA PARTE. CAPÍTULO
,

XXVI.

3

moria de Amadis y sea imitado de Don Quijote de la Mancha en todo lo que pudiere; del cual se dirá lo que del otro
se dijo,
llas;

que,

si

no acabó grandes

cosas,

murió por acomete-

y si yo no soy desechado ni desdeíiado de Dulcinea del Toboso, bástame, como ya he dicho, estar ausente della.

Ea, pues, manos á

la

obra

:

venid á

mi memoria,

cosas de

Amadis, y enseñadme por dónde tengo de comenzar á imitaros. Mas ya sé que lo más que él hizo fué rezar y encomendarse
go.
»

á Dios; pero ¿de

qué haré rosario? que no

le

ten-

En

esto le vino al

pensamiento cómo

le haria,

y fué

de unas agallas grandes de un alcornoque, que ensartó, de

que hizo un diez, con una más gorda que
le sirvió

de rosario

el

tiempo que

allí

demás, y esto estuvo donde rezó un
las
,

millar de avemarias.
llar

Y lo que le fatigaba mucho era,
que
le
el

no ha-

por

allí

otro ermitaño

confesase y con quien conpradecillo, es-

solarse;

y

así, se

entretenia paseándose por

cribiendo y grabando por las cortezas de los árboles y por la menuda arena muchos versos todos acomodados á su tris,

teza, y algunos en alabanza de Dulcinea;

mas

los

que

se

pu-

dieron hallar enteros y que se pudiesen leer, después que á él allí le hallaron no fueron más que éstos que aquí se siguen
,
:

Oue
Tan
Si

Arboles, yerbas y plantas en aqueste sitio estáis,
altos, verdes y tantas, de mi mal no os holgáis,

Escuchad mis quejas santas. Mi dolor no os alborote

Aunque
Aquí

el

más

terrible sea

;

Pues, por pagaros escote,
lloró

Don

Quijote

Ausencias de Dulcinea

Del Toboso.

; , ;

,

DON QUIJOTE DE LA MANCHA.
Es aquí
el

lugar adonde
leal

El amador más

De

su señora se esconde,

Y

ha venido á tanto mal

Sin saber

cómo

ó por dónde.
al estricote

Tráele amor

Que

es de

muy mala

ralea

Y

así, hasta henchir

un pipote.

Aquí lloró Don Quijote Ausencias de Dulcinea
Del Toboso. Buscando las aventuras Por entre las duras peñas.
Maldiciendo entrañas duras
(

Que

entre riscos y entre breñas
el triste

Halla

desventuras

)

Hirióle

amor con
al

su azote

No

con su blanda correa;
cogote.
lloró

Y

en tocándole

Aquí

Don

Quijote

Ausencias de Dulcinea

Del Toboso.

No
dos
el

causó poca

risa

en los que hallaron
al

los versos referi-

añadidura del Toboso

nombre de Dulcinea; porque

imaginaron que debió de imaginar

Don

Quijote que

si

en
se

nombrando

á Dulcinea

no decia también del Toboso, no
así

podria entender la copla; y

fué la verdad,

pués confesó. Otros muchos escribió; pero,

como él descomo se ha diá los faunos
los rios
,

cho no
,

se

pudieron sacar en limpio ni enteros más destas

tres coplas.

En

esto

y en

suspirar,

y en llamar
de

y silvanos de aquellos bosques , a

las ninfas

4 la

dolorosa y tímida Eco, que le escuchasen, respondiesen y consolasen, se entretenía, y en buscar algunas yerbas con

que sustentarse en tanto que Sancho volvia; que
tardó dos dias, tardara dos semanas,
el

si,

como

Caballero de

la Triste

PRIMERA PARTE. CAPÍTULO
Figura quedara tan desfigurado
dre que lo parió.
,

XXVI.
conociera
la

5

que no

le

ma-

Y
ría;

será bien dejalle envuelto entre sus suspiros
lo

y versos,

por contar

que

le

avino á Sancho Panza en su mandadeal

y fué, que en saliendo

camino

real, se

puso en busca
le

del del

Toboso, y otro dia
la
le

llego á la venta

donde

habia
visto,

sucedido

desgracia de la manta; y no la

hubo bien
que

cuando

pareció que otra vez andaba en los aires, y no
,

quiso entrar dentro

aunque
la del

llegó á hora

lo pudiera

debiera hacer, por ser

comer, y

llevar

y en deseo de

gustar algo caliente; que habia grandes dias que todo era
fiambre.

Esta necesidad
todavía dudoso
si

le fi^rzó

á

que
;

llegase junto á la venta,

entrarla ó

no y estando en
le

esto

,

salieron
el

de

la

venta dos personas, que luego
otro
:

conocieron, y dijo

uno
¿no

al

«

Dígame, señor Licenciado, aquel
el

del caballo

es

Sancho Panza,

que

dijo el

Ama
el

de nuestro aven-

turero que habia salido con su señor por escudero?

Sí es, dijo el

Licenciado, y aquél es

caballo de nues-

tro

Don

Quijote»; y conociéronle tan bien
el

como

aquellos
los

que eran
hicieron
así

Cura y

el

Barbero de su mismo lugar, y

que

el escrutinio

y auto general de

los libros; los cuales,

como
Cura

acabaron de conocer á Sancho Panza y á Roci-

nante, deseosos de saber de
el le

Don

Quijote, se fueron á
:

él,

llamó por su nombre, diciéndole

«

Amigo

y San-

cho Panza, ¿adonde queda vuestro amo?»
Conociólos luego Sancho Panza, y determinó de encubrir el lugar
así, les

dónde y cómo su amo quedaba; y respondió que su amo quedaba ocupado en cierta
y
la suerte

parte y en cierta cosa que le era de

mucha

importancia,

la

6
cual
él

DON QUIJOTE DE LA MANCHA.
no podia descubrir, por
no, dijo
el

los ojos

que en

la

cara tenia.

«No,
decis

Barbero; Sancho Panza,

si

vos no nos

dónde queda, imaginaremos, como ya imaginamos,
le
:

que vos

habéis muerto y robado, pues venis encima de

su caballo

en verdad que nos habéis de dar

el

dueño

del

rocin, ó sobre eso ¡morena!

— No
en
la

hay para qué conmigo amenazas que yo no soy
;

hombre que robo
tura, ó Dios,
cia

ni

mato

a nadie

:

á cada

uno mate su venpeniten-

que

le hizo.

mitad desta
,

Mi amo queda haciendo montaña, muy á su sabor. »
,

Y
del

luego

de corrida y sin parar

les

contó de

la suerte

que quedaba, y cómo llevaba

la carta á la

señora Dulcinea

Toboso, que era

la hija

de Lorenzo Corchuelo, de quien

estaba
los

enamorado hasta

los hígados.
les
el

Quedaron admirados
contaba; y aunque ya

dos de lo que Sancho Panza

sabian la locura de

Don

Quijote, y

género della, siempre

que

la

oian se admiraban de nuevo. Pidiéronle á Sancho
les

Panza que

enseñase

la carta

que llevaba

á la señora

Dul-

cinea del Toboso. El dijo que iba escrita en un libro de

me-

moria, y que era orden de su señor que la hiciese trasladar en papel en el primer lugar que llegase á lo cual dijo el
:

Cura que
letra.

se la mostrase;
la

que
el

él la trasladarla

de

muy
le

buena
el

Metió

mano en
le

seno Sancho Panza, buscando
si

librillo;

pero no

halló, ni le podria hallar

buscara

hasta agora, porque se habia quedado
él,

Don

Quijote con

y no

se le

habia dado, ni á
vio

él se le

acordó de pedírsele.

Cuando Sancho
mortal
el rostro;

que no hallaba

el libro, fuésele
el

parando

y tornándose á tentar todo

cuerpo y
sin

muy
más

apriesa, tornó á echar de ver
ni

que no

le hallaba;

más

,

se

echó entrambos puños á

las

barbas y se arrancó

PRIMERA PARTE. CAPÍTULO
la

XXVI.

7

mitad

dellas;

y luego, apriesa y
el

sin cesar, se dio

media
se las

docena de puñadas en

rostro y en las narices,

que

bañó todas en sangre.
Visto lo cual por
el
,

Cura y

el

Barbero,

le

dijeron

que

qué
«

le

habia sucedido

que tan mal

se paraba.
el

¿Qué me ha

de suceder, respondió Sancho, sino

ha-

ber perdido, de una
nos, que cada

mano á otra, en un uno era como un castillo!
Barbero.
el

instante, tres polli-

— ¿Cómo — He perdido
donde venia
de mi señor, por
tres pollinos,

es eso! replicó el

libro

de memoria, respondió Sancho,

la carta

para Dulcinea, y una cédula firmada

la cual

mandaba que

su sobrina

me

diese

de cuatro ó cinco que estaban en casa»; y con

esto les contó la pérdida del Rucio.

Consolóle
él le

el

Cura, y

díjole

que en hallando á su señor,
tornase á hacer la
li-

haria revalidar la

manda, y que

branza en papel,
se hacian plian.

como

era uso y costumbre; porque las

que

en libros de memoria jamas se acetaban ni

cum-

Con

esto se consoló

Sancho, y

dijo
la

que como aquello
pérdida de
la carta la cual

fuese así,

que no

le

daba

mucha pena

de Dulcinea, porque
se podria trasladar
«

él la sabia casi

de memoria, de

donde y cuando quisiesen. Decidla, Sancho, pues, dijo el Barbero; que después
»

la

trasladaremos.

Paróse Sancho Panza á rascar

la

cabeza para traer á

la

memoria

y ya se ponia sobre un pié y ya sobre otro, unas veces miraba al suelo, otras al cielo, y al cabo de hala carta,
la

berse roido

mitad de

la

yema de un dedo,

teniendo sus-

pensos á

los

que esperaban que ya

la dijese, dijo al

cabo de

8

DON QUIJOTE DE LA MANCHA.
:

grandísimo rato

«

Por Dios, señor Licenciado, que
que de
la carta se

los dia-

blos lleven la cosa
el

me

acuerda; aunque en

principio decia

:

Alta y sobajada señora.
Barbero, sobajada
^

ó soberana señora.
es,
si

— No — Así

diria, dijo el

sino sobrehumana

dijo

Sancho. Luego,

si

mal no

me

acuerdo,
de sueño,

proseguia,

mal no

me

acuerdo

:

El llagado y falto
las

y

el ferido besa

á vuestra merced

manos, ingrata

y muy

desconocida hermosa; y

medad que
acababa en
Figura.
»
:

le

qué decia de salud y de enferenviaba; y por aquí iba escurriendo, hasta que
no

,

Vuestro hasta la muerte el Caballero de la 'Triste

No

poco gustaron

los

dos de ver la buena

memoria de

Sancho Panza, y alabáronsela mucho, y le pidieron que dijese la carta otras dos veces, para que ellos asimismo la to-

masen de memoria, para
decir

trasladalla á su tiempo.

Tornóla á

Sancho

otras tres veces,

y otras tantas volvió á decir

otros tres mil disparates. Tras esto contó
sas

asimismo otras co-

de su amo; pero no habló palabra acerca del manteale

miento que

habia sucedido en aquella venta, en
:

la

cual

rehusaba entrar

dijo

también cómo su señor, en trayendo
la

que

le trújese

buen despacho de

señora Dulcinea del

To-

boso, se habia de poner en camino á procurar

cómo

ser

em-

perador

,

ó por lo menos monarca; que

así lo

tenian concer-

tado entre los dos, y era cosa

muy

fácil

venir á serlo, según
;

era el valor de su persona y la fuerza de su brazo

y que en

siéndolo, le habia de casar á él, porque ya seria viudo (que

no podia
cella

ser

menos) y
, ,

le

habia de dar por mujer á una don-

de la Emperatriz

de tierra

heredera de un rico y grande estado firme, sin ínsulas ni ínsulos; que ya no los queria.

PRIMERA PARTE. CAPÍTULO
,

XXVI.

9

Decia esto Sancho con tanto reposo limpiándose de cuando
en cuando
las narices,

y con tan poco juicio, que

los

dos se

admiraron de nuevo, considerando cuan vehemente habia
sido la locura de

Don

Quijote, pues habia llevado

tras sí el

juicio de aquel pobre
carle del error en
le

hombre.

No

quisieron cansarse en sa-

que estaba, pareciéndoles que, pues no
conciencia, mejor era dejarle en él, y á
así, le dije-

dañaba nada

la

ellos les seria

de más gusto oir sus necedades; y
la

ron que rogase á Dios por

salud de su señor; que cosa
el

contingente y

muy

agible era venir con
él

discurso del

tiempo á

ser

emperador, como

decia, ó por lo

menos

ar-

zobispo, ú otra dignidad equivalente.

A
dease

lo cual
las

respondió Sancho

:

^«Señores,

si

la

fortuna ro-

cosas de

manera que

á

mi amo

le viniese

en vo-

luntad de no ser emperador, sino de ser arzobispo, querría

yo saber agora qué suelen dar
escuderos.

los arzobispos

andantes á sus

Suélenles dar, respondió

el

Cura, algún beneficio sim-

ple ó curado, ó alguna sacristanía,

que

les

vale

mucho

de

renta rentada,

amén

del pié de altar,

que

se suele estimar

en otro tanto.

— Para
primera
le

eso será menester, replicó Sancho,

que

el

escu-

dero no sea casado, y que sepa ayudar á misa por lo menos; y si esto es así, ¡desdichado yo, que soy casado, y no sé la
letra del

A, B, C! ¿Qué

será de

mí,

si

á

mi amo
es

da antojo de ser arzobispo, y no emperador,
los caballeros andantes!

como

uso

y costumbre de

— No
se lo

tengáis pena,

Sancho amigo,

dijo el

Barbero; que
,

aquí rogaremos á vuestro

amo

(y se lo aconsejaremos
sea

y aun

pondremos en caso de conciencia) que

emperador.

lO

DON QUIJOTE DE LA MANCHA.
fácil, á

y no arzobispo, porque le será más es más valiente que estudiante.

causa de que

él

— Así me ha parecido
mi
donde

á

mí, respondió Sancho; aunque
:

sé decir

que para todo tiene habilidad

lo

que yo pienso

hacer de

parte es rogarle á Nuestro Señor que le eche
él

á aquellas partes

más

se sirva

y adonde á mí más

mercedes

me

haga.

— Vos
que
decís

lo decís

como
;

discreto, dijo el

como buen cristiano mas lo orden cómo sacar á vuestro amo de

Cura, y lo haréis que ahora se ha de hacer es dar
aquella inútil penitencia

que queda haciendo; y para pensar el modo que hemos de tener, y para comer, que ya es hora, será bien nos
entremos en esta venta.»

Sancho

dijo

que entrasen

ellos;

que

él esperarla allí

fuera,

y que después les diria la causa por que no entraba ni le convenía entrar en ella; mas que les rogaba que le sacasen allí
algo de comer, que fuese cosa caliente, y ansimismo cebada

para Rocinante. Ellos se entraron y

le

dejaron, y de

allí

á

poco

el

Barbero

le

sacó de comer. Después, habiendo bien
el
el

pensado entre
lo

los

dos

modo que

tendrían para conseguir

que deseaban, dio
al

Cura en un pensamiento muy acoQuijote y para lo que ellos queBarbero que lo que habla pensado

modado
rían,

gusto de

Don

y fué, que

dijo al

era,
él

en hábito de doncella andante, y que procurase ponerse lo mejor que pudiese como escudero,

que

él se vestirla

y que
don,

así irían

adonde

Don

Quijote estaba, fingiendo ser

el

Cura una doncella
el

afligida

y menesterosa, y

le pedirla

un

cual él

no podria

dejársele de otorgar,

como

vale-

roso caballero andante; y que el don que le pensaba pedir era que se viniese con ella donde ella le llevase, á desfacelle un

PRIMERA PARTE. CAPÍTULO
agravio que un mal caballero
le tenia

XXVII.

II
le supli-

fecho, y que

caba ansimesmo que no

la

mandase quitar su
fasta

antifaz ni la

demandase cosa de su facienda

que

la

hubiese fecho

derecho de aquel mal caballero; y que creyese sin duda que Don Quijote vendría en todo cuanto le pidiese por este tér-

mino, y que desta manera le sacarían de allí, y le llevarían á su lugar donde procurarían ver si tenia algún remedio su
,

extraña locura.

CAPITULO XXVII.
De cómo
salieron

con su intención

el

Cura y

el

Barbero, con otras cosas

dignas de que se cuenten en esta grande historia.

No

le

pareció mal

al

Barbero

la

invención del Cura, sino

tan bien, que luego la pusieron por obra. Pidiéronle á la

ventera una saya y unas tocas, dejándole en prendas una sotana nueva del Cura. El Barbero hizo una gran barba de

una cola rucia ó
gado
el

roja de

buey, donde

el

ventero tenia colle

peine. Preguntóles la ventera

que para qué

pela

dían aquellas cosas. El
locura de

Cura

le

contó en breves razones

Don

Quijote, y

cómo convenia
á la sazón
el

aquel disfraz para
estaba.

sacarle de la

montaña donde
la

Cayeron

luego
el del
al

el

ventero y
el

ventera en que
del
él

loco era su huésped,

bálsamo y
lo

amo

manteado escudero, y contaron
les

Cura todo

que con

habla pasado, sin callar lo
,

que tanto callaba Sancho. En resolución

la
:

ventera vistió

al

Cura de modo que no habia más que ver
de paño, llena de
fajas

púsole una saya

de terciopelo negro de un palmo en

ancho, todas acuchilladas, y unos corpinos de terciopelo verde, guarnecidos con unos ribetes de raso blanco, que se

,

12

DON QUIJOTE DE LA MANCHA.
ellos

debieron de hacer

y

la
le

saya en tiempo del rey
tocasen
,

Vamba.

No

consintió el

Cura que

sino púsose en la ca-

beza un

birretillo
,

de lienzo colchado
la frente

,

que llevaba para dorliga

mir de noche

y ciñóse por

una

de tafetán ne-

gro, y con otra liga hizo un antifaz, con que se cubrió

muy

bien

las

barbas y

el

rostro; encasquetóse su
le

sombrero, que

era tan grande,

que

podia servir de quitasol; y cubrién-

dose su herreruelo, subió en su

muía

á
le

mujeriegas, y

el

Barbero en

la

suya, con su barba, que

llegaba á la cin-

tura, entre roja y blanca,

como

aquella que,

como

se

ha

di-

cho, era hecha de
de todos y de
zar
la

la cola

de un buey barroso. Despidiéronse
,

buena de Maritornes que prometió de
les diese

re-

un

rosario,

aunque pecadora, porque Dios

buen
que

suceso en tan arduo y tan cristiano negocio

como

era
la

el

hablan emprendido; mas apenas hubo salido de

venta,

cuando

le

vino

al

Cura un pensamiento
aunque
le

:

que hacia mal en

haberse puesto de aquella manera, por ser cosa indecente

que un sacerdote
ello;

se pusiese así,
al

le fuese

mucho

en

y diciéndoselo

Barbero,

rogó que trocasen

trajes,

pues era más justo que

él fuese la

doncella menesterosa, y

que

escudero, y que así se profanaba menos su dignidad; y que si no lo queria hacer, determinaba de no pasar adelante, aunque a Don Quijote se le llevase el diablo.
él

baria

el

En
que

esto llegó

Sancho, y de ver á

los

dos en aquel traje, no

pudo tener
el

la risa.

En

efeto, el Barbero vino

en todo aquello

Cura quiso; y trocando la invención, el Cura le fué informando del modo que habia de tener y las palabras que
,

habia de decir á

Don

Quijote para moverle y forzarle á que

con

y dejase la querencia del lugar que habia escogido para su vana penitencia. El Barbero respondió que
él se

viniese,

PRIMERA PARTE. CAPÍTULO
sin

XXVII.

I

-^

que

se le diese lición, él lo

pondria bien en su punto.

No

quiso vestirse por entonces, hasta que estuviesen junto

de donde

Don

Quijote estaba; y

así,

dobló sus vestidos, y

el

Cura acomodó su barba, y siguieron su camino, guiándolos Sancho Panza, el cual les fué contando lo que les aconteció
con
el

loco que hallaron en la Sierra, encubriendo
la

empero

el

hallazgo de

maleta y de cuanto en

ella

venia; que,

maguer

que tonto,

era

un poco codicioso
al

el

mancebo.

Otro dia llegaron
puestas
las

lugar donde Sancho habia dejado

señales de las ramas, para acertar
les

dónde habia
dijo

dejado á su señor; y en reconociéndole,

cómo
si

aquella era la entrada, y que bien se podian vestir,

era

que aquello hacia que
ellos le

al

caso para la libertad de su señor; por-

habian dicho antes que

vestirse

de aquel

modo

era toda la

de aquella suerte y importancia para sacar á
el ir

de aquella mala vida que habia escogido, y que le encargaban mucho que no dijese á su amo quién ellos eran,
su

amo

conocia, y que si le preguntase, como se lo habia de preguntar, si dio la carta á Dulcinea, dijese que sí,
ni

que

los

v que, por no saber
diciéndole que
le

leer, le habia respondido de palabra,

mandaba,

so

pena de

la

su desgracia,
ella;

que luego
cosa que

al

momento

se viniese á ver
:

con

que era
y con lo

le

importaba

mucho porque con
él

esto

,

que

ellos

pensaban decirle, tenian por cosa cierta reducirle

á mejor vida, y hacer con

que luego

se pusiese lo

en cade ser

mino, para

ir

á ser

emperador ó monarca; que en

arzobispo no habia de qué temer.

Todo

lo

escuchó Sancho,
agradeció

y
la

lo

tomó muy bien en

la

memoria, v

les

mucho
empe-

intención que tenian de aconsejar á su señor fuese
él

rador, y no arzobispo; porque

tenia para

que, para ha-

14

DON QUIJOTE DE LA MANCHA.
más podían
los

cer mercedes á sus escuderos,

emperadores
seria bien

que que

los arzobispos
él

andantes

:

también

les dijo

que

fuese delante á buscarle y darle la respuesta de su

señora; que ya seria ella bastante á sacarle de aquel lugar,
sin

que

ellos se

pusiesen en tanto trabajo. Parecióles bien lo
así,

que Sancho Panza decia, y
darle hasta

determinaron de aguarnuevas del hallazgo de

que volviese con

las

su amo.

Entróse Sancho por aquellas quebradas de

la Sierra,

de-

jando á

los

dos en una, por donde corria un pequeño y
á quien hacían

manso arroyo,
otras peñas

sombra agradable y
allí

fresca

y algunos árboles que por
allí

estaban. El calor

y

el

día

que

llegaron era de los del
el

mes de Agosto, que

por aquellas partes suele ser
las tres

ardor

muy

grande,

la

hora

de

la tarde,

todo lo cual hacia

el sitio

más agrada-

y que convidase á que en él esperasen la vuelta de Sancho, como lo hicieron. Estando, pues, los dos allí sosegable
,

dos y á la sombra, llegó á sus oídos una voz, que, sin

acompañarla son de algún otro instrumento, dulce y regaladamente sonaba, de que no poco
cerles
se

admiraron, por pare-

que aquél no era lugar donde pudiese haber quien tan
;

bien cantase

porque aunque suele decirse que por

las selvas

y campos se hallan pastores de voces extremadas, más son
encarecimientos de poetas que verdades; y más cuando advirtieron

que

lo

que oían cantar eran versos, no de

rústicos

ganaderos, sino de discretos cortesanos, y confirmó esta

verdad haber sido los versos que oyeron éstos

:

PRIMERA PARTE. CAPÍTULO XXV II.
¿Quién menoscaba mis bienes?
Desdenes.

I

5

Y Y

¿quién aumenta mis duelos?

Los

celos.

¿quién prueba mi paciencia?
Ausencia.

Dése modo, en mi dolencia, Ningún remedio se alcanza, Pues me matan la esperanza
Desdenes ,
celos

y ausencia.
este dolor
?

;

Ouién me causa
Amor.

Y

¿

quién mi gloria repuna
Fortuna.

?

Y
De

¿quién consiente mi duelo?

El
ese

cielo.

modo, yo

recelo

Morir deste mal extraño, Pues se aunan en mi daño

Amor fortuna y
,

el cielo.

¿Quién mejorará mi

suerte?

La

muerte.
¿

Y

el

bien de

amor quién Mudan%a.
Locura.

le

alcanza

?

Y

sus males ¿quién los cura?

Dése modo, no es cordura Querer curar la pasión. Cuando los remedios son Muerte mudanza y locura.
,

La hora,

el

tiempo,

la soledad, la

voz y

la destreza del

que cantaba, causó admiración y contento en
tes, los cuales se estuvieron

los

dos oyensi

quedos, esperando

otra al-

guna cosa oian; pero viendo que duraba algún tanto el silencio, determinaron de salir á buscar el músico que con
tan

buena voz cantaba; y queriéndolo poner en

efeto, hizo

:

;

l6
la

DON QUIJOTE DE LA MANCHA.

misma voz que no

se

moviesen

,

la cual llegó

de nuevo á

sus oidos, cantando este
Soneto.

Santa amistad, que con ligeras alas.

Tu

apariencia quedándose en
,

el

suelo,

Entre benditas almas

en

el cielo

Subiste alegre á las impíreas salas

Desde

allá,

La

falsa faz cubierta

cuando quieres, nos señalas con tu velo.
se trasluce el celo
la fin
,

Por quien á veces

De

buenas obras, que á
el cielo
,

son malas.

Deja

amistad

ó no permitas

Que

el

engaño se

vista tu librea.
la

Con que

destruye á

intención sincera

Oue
De
la

si

tus apariencias
el

no

le

quitas,
la

Presto ha de verse

mundo en

pelea

discorde confusión primera.

El canto se acabó con un profundo suspiro
atención volvieron á esperar
si

;

y

los dos

con

más

se cantaba;

pero viendo

que

la

música

se

habia vuelto en sollozos y lastimeros ayes,
el

acordaron de saber quién era

triste, tan

extremado en

la

voz

como

doloroso en los gemidos; y no anduvieron
al

mu-

cho, cuando

volver de una punta de una peña, vieron á

un hombre

del

mismo

talle

habia pintado, cuando
cual

les

y figura que Sancho Panza les contó el cuento de Cárdenlo; el

hombre, cuando
la

los vio, sin sobresaltarse, estuvo
el

quedo

con

cabeza inclinada sobre

pecho, á guisa de hombre

pensativo, sin alzar los ojos á mirarlos

más de

la

vez pri-

mera cuando de improviso
bre bien hablado

llegaron. El

Cura, que era hom-

(como

el

que ya tenia noticia de su des-

gracia, pues por las señas le habia conocido), se llegó á él,

y con breves, aunque

muv

discretas

razones,

le

rogó y

PRIMERA PARTE. CAPÍTULO
que era

XXVII.

I7
allí

propuso que aquella tan miserable vida dejase, porque

no

la

perdiese

,

la

desdicha mayor de

las

desdichas.

Estaba Cardenio entonces en su entero juicio, libre de aquel
furioso accidente,

que tan á menudo

le

sacaba de

mismo;

y

así,

viendo á

los

dos en traje tan no usado de los que por

aquellas soledades

andaban, no dejó de admirarse algún
le

tanto, y

más cuando oyó que

habian hablado en su nelas

gocio

como en
«

cosa sabida (porque

razones que

el

Cura

le dijo así lo

dieron á entender); y así, respondió desta
seáis,

mael

nera

:

Bien veo yo, señores, quien quiera que
los

que

cielo,
los

que tiene cuidado de socorrer á
sin

buenos, y aun á

malos muchas veces,

yo merecerlo

me

envia, en

estos tan

remotos y apartados lugares del trato

común

de

las

gentes, algunas personas que,
ojos
la

poniéndome delante de
sin ella

los

con vivas y varias razones cuan

ando en hacer

vida que hago, han

procurado sacarme desta á mejor;

pero,

como no

saben que sé yo que en saliendo deste daño

he de caer en otro mayor, quizá

me

deben de tener por
seria)

hombre de
que
á

flacos discursos,

y aun (lo que peor
de

por
por-

de ningún juicio; y no seria maravilla que

así fuese,


sin

se

me

trasluce

que

la fuerza

la

imaginación de

mis desgracias
que,
dar

es tan intensa

que yo pueda
piedra
,

ser

y puede tanto en mi perjuicio, parte á estorbarlo, vengo á que-

como

falto

de todo buen sentido y conocila

miento; y vengo á caer en
algunos

cuenta desta verdad cuando
las

me

dicen y muestran señales de

cosas

que he

hecho en tanto que aquel
no

terrible accidente

me

señorea; y

más que dolerme en vano y maldecir

sin
el

provecho mi
decir la causa
los

ventura, y dar por disculpa de mis locuras
dellas á cuantos oiría quieren;

porque, viendo

cuerdos

:

;

l8

DON QUIJOTE DE LA MANCHA.
si

cuál es la causa, no se maravillarán de los efetos; y

no

me

dieren remedio, á lo

menos no me darán culpa, convirlástima de mis

tiéndoseles el enojo de
desgracias.

mi descompostura en

Y si es que

vosotros, señores, venis con la

misma
el

intención que otros han venido, antes que paséis adelante

en vuestras discretas persuasiones os ruego que escuchéis
,

cuento, que no

le tiene,

de mis desventuras; porque quizá,

después de entendido, ahorraréis del trabajo que tomarais en
consolar

un mal, que de todo consuelo
rogaron se

es incapaz.»

Los dos, que no deseaban otra cosa que saber de su misma
boca
la

causa de su daño ,

le

la

contase , ofrecién-

dole de no hacer otra cosa de lo que él quisiese en su re-

medio ó consuelo; y con
habia contado á

esto el triste caballero

comenzó su

lastimera historia casi por las
la

mismas palabras y pasos que
al

Don

Quijote y

cabrero, pocos dias

atrás,

cuando por ocasión del maestro Elisabad, y puntuali-

dad de

Don
el

Quijote en guardar

el

decoro á

la caballería, se

quedó
tado
;

cuento imperfeto,
la
le

como

la historia lo deja

conel

pero ahora quiso

buena suerte que

se

detuvo

ac-

cidente de la locura , y

dio lugar de contarlo hasta

el fin

y

así

,

llegando

al

paso del billete que habia hallado don Fer-

nando entre
le tenia

el libro

de Amadis de Gaula, dijo Cardenio que
,

bien en la

memoria y que

decia desta

manera

LUSCINDA A CARDENIO.
«

Cada

dia descubro en vos valores
os estime; y así,
la

que
si

me

obligan y fuer-

))zan á
»

que en más
deuda
sin

quisiéredes sacarme
lo podréis

desta

ejecutarme en

honra,

muy

))bien hacer.

Padre tengo, que os conoce y que

me

quiere

,

PRIMERA PARTE. CAPÍTULO
»bien,
«justo
el

XXVII.

I9

cual, sin forzar
si

que vos tengáis,
creo.
»

mi voluntad, cumplirá laque será es que me estimáis como decís, y

«como yo
»

Por

este billete

me moví

á pedir á

Luscinda por esposa,

como ya
las

he contado, y otro como éste fué por quien quedó Luscinda en la opinión de don Fernando por una de
os

más

discretas
el

y avisadas mujeres de su tiempo, y
le

este biel

llete

fué

que

puso en deseo de destruirme antes que

mió
raba

se efetuase. Díjele
el

yo á don Fernando en

lo

que repala

padre de Luscinda, que era en que mi padre se

pidiese, lo cual dría en ello ;

yo no

le

osaba decir, temeroso que no venla calidad

no porque no tuviese bien conocida

bondad, virtud y hermosura de Luscinda, y que tenia partes

bastantes para ennoblecer cualquier otro linaje de Es-

paña, sino porque yo entendía del que desease, que no
casase tan presto, hasta ver lo

me

que

el

duque Ricardo hacia

conmigo. En resolución,
decírselo á

le dije

que no

me

aventuraba á

mi padre,

así

por aquel inconveniente,

como por

otros

muchos que me acobardaban,

sin saber cuáles eran,

sino que

me

parecía que lo que yo desease, jamas habia de

tener efeto.
él

A

todo esto

me
á

respondió don Fernando que

se

encargaba de hablar
al

mi padre, y hacer con

él

que

hablase

de Luscinda.
Catilina cruel! ¡oh Sila faci-

»¡Oh Mario ambicioso! ¡oh

neroso! ¡oh Galalon embustero! ¡oh Vellido traidor! ¡oh
Julián vengativo! ¡oh Judas codicioso! Traidor, cruel, vengativo y embustero, ¿qué deservicios te habia hecho este
triste
,

que con tanta llaneza
?

te

descubrió los secretos y con?
¿

tentos de su corazón

¿

Qué

ofensa te hice

Qué

palabras te

20
dije,

DON QUIJOTE DE LA MANCHA.
Ó qué consejos
te di

que no fuesen todos encaminados

á acrecentar tu

honra y tu provecho? Mas ¿de qué me quejo, ¡desventurado de mí! pues es cosa cierta que cuando traen
desgracias la corriente de las estrellas,

las

como

vienen de

alto abajo,

despeñándose con furor y con violencia, no hav
las

fuerza en la tierra que
prevenirlas pueda?

detenga, ni industria

humana que

¿Quién pudiera imaginar que don Ferobligado de mis servicios,
deseo amoroso
le pidiese

nando, caballero

ilustre, discreto,
el

poderoso para alcanzar lo que

donde quiera que
suele decirse, en

le

ocupase, se habia de enconar,
á

como

tomarme

mí una

sola oveja,

que aun no

poseia! Pero quédense estas consideraciones aparte,
inútiles

y

sin

provecho y añudemos
,

el

roto hilo

como de mi desmi

dichada

historia.

))Digo, pues, que pareciéndole á don Fernando que
presencia
falso
le

era inconveniente para poner en ejecución su

y mal pensamiento, determinó de enviarme á su herocasión de pedirle unos dineros para pasólo para este efeto de
salir

mano mayor, con
gar
seis caballos,

que

me

que de industria y ausentase, para poder mejor

con su dañado in-

tento, el

mesmo

dia

que

se ofreció á hablar á
.

mi padre

los

compró, y quiso que yo viniese por el dinero ¿ Pude yo prevenir esta traición? ¿pude por ventura caer en imaginarla?

No
tir

por cierto; antes con grandísimo gusto

me

ofrecí á par-

luego, contento de la buena compra hecha. Aquella nole dije lo

che hablé con Luscinda, y

que con don Fernando

quedaba concertado, y que tuviese firme esperanza de que tendrian efeto nuestros buenos y justos deseos. Ella me dijo,
tan segura

como yo

de

la traición

de don Fernando, que

procurase volver presto; porque creia que no tardarla más

PRIMERA PARTE. CAPITULO
la

XXVII.

21

conclusión de nuestras voluntades
al

,

que tardase mi padre

de hablar

suyo.

No

qué fué, que en acabando de dede lágrimas, y un nudo
le

cirme esto,

se le llenaron los ojos

se le atravesó en la garganta,

que no

dejaba hablar pala-

bra de otras muchas , que

me pareció

que procuraba decirme.
allí

Quedé admirado
ella visto
;

deste

nuevo accidente, hasta
(

jamas en

porque siempre nos hablábamos
lo

las

veces que la

buena fortuna á mi diligencia
y contento,
piros , celos
,

concedía) con todo regocijo

sin

mezclar en nuestras pláticas lágrimas, sus:

sospechas ó temores

todo era engrandecer yo

mi ventura por habérmela dado
volvíame
ella el
le

el cielo

por señora; exage-

raba su belleza, admirábame de su valor y entendimiento:

recambio, alabando en mí

lo

que,

como

enamorada,

parecía digno de alabanza.

Con

esto nos con-

tábamos cien mil niñerías y acaecimientos de nuestros vecinos y conocidos, y á lo que

más

se extendía

mi

desen-

voltura era á tomarle, casi por fuerza, una de sus bellas y

blancas manos, y llegarla á

mi boca, según daba

lugar

la

estrecheza de una baja reja que nos dividía; pero la noche

que precedió

al triste

dia de

mi

partida , ella lloró

,

gimió y
muestras

suspiró, y se fué, y

me

dejó lleno de confusión y sobresalto,
tristes

espantado de haber visto tan nuevas y tan

de dolor y sentimiento en Luscinda; pero

,

por no destruir

mis esperanzas , todo
tenia, y al dolor
se quieren.

lo atribuí á la fuerza del
la

amor que me

que suele causar
yo

ausencia en los que bien

En

fin,

me

partí triste
,

alma de imaginaciones y sospechas chaba ni imaginaba: claros indicios, que
triste

y pensativo, llena el sin saber lo que sospe-

me

mostraban

el

suceso y desventura que
al

me

estaba guardada.
las cartas al

«Llegué

lugar donde era enviado, di

her-

22

DON QUIJOTE DE LA MANCHA.
de don Fernando, fui bien recebido, pero no bien

mano

despachado, porque

me mandó

aguardar, bien á
el

mi

dis-

gusto, ocho dias, y en parte donde

Duque,
que
le

su padre, no
enviase cierto

me

viese,

porque su hermano

le escribia

dinero sin su sabiduría; y todo fué invención del falso don

Fernando, pues no

le

faltaban á su

hermano

dineros para

despacharme luego. Orden y mandato fué éste que me puso en condición de no obedecerle, por parecerme imposible
sustentar tantos dias la vida en el ausencia de Luscinda, y

más habiéndola dejado con

la tristeza

que

os

he contado;

pero, con todo esto, obedecí
veia
dias

como buen criado, aunque que habia de ser á costa de mi salud. Pero á los cuatro que allí llegué, llegó un hombre en mi busca con una
que

carta

me

dio

,

que en

el

sobrescrito conocí ser de Lus-

cinda, porque la letra del era suya. Abríla temeroso y con
sobresalto, creyendo

que cosa grande debia de

ser la

que

le

habia movido á escribirme estando ausente , pues presente ya
pocas veces lo hacia. Pregúntele
al

hombre,

antes de leerla,
el

quién se

la

habia dado y

el

tiempo que habia tardado en
calle

camino; díjome que acaso pasando por una

de

la ciule lla-

dad á

la

hora de mediodía

,

una señora

muy hermosa
sois cristiano,

desde una ventana,
priesa le dijo:

los ojos llenos
si

de lágrimas, y con

mucha

«Hermano,
os

como

parecéis, por

amor de Dios
al

ruego que encaminéis, luego,
el

luego, esta carta
crito,

lugar y á la persona que dice

sobres-

que todo

es

bien conocido, y en ello haréis un gran

servicio á

Nuestro Señor; y para que no os falte comodidad de poderlo hacer, tomad lo que va en este pañuelo»; «y diciendo esto,

me

arrojó por la ventana

un pañuelo, donde

venian atados cien reales y esta sortija de oro que aquí traigo,

PRIMERA PARTE. CAPÍTULO
con esa carta que os he dado.

XXVII.

23

Y

luego, sin aguardar res-

puesta mia, se quitó de la ventana; aunque primero vio

cómo yo tomé
haria lo que
del trabajo
el

la carta

y

el

me mandaba. Y
que érades vos

pañuelo, y por señas le dije que así , viéndome tan bien pagado
traérosla;

que podia tomar en

y conociendo por

sobrescrito

á quien se enviaba

(porque yo,

señor, os conozco

muy

bien), y obligado asimesmo de las

lágrimas de aquella hermosa señora, determiné de no fiarme

de otra persona, sino venir yo

mesmo
dio , he
»

á dárosla; y en diez

y

seis

horas que há que se

me

hecho

el

camino que

sabéis,
»

que

es

de diez y ocho leguas.
el

En

tanto que

presurado y nuevo correo esto

me

delas

cía, estaba

yo colgado de sus palabras, temblándome

piernas, de

manera que apenas podia sostenerme. En
que contenia
estas razones
:

efeto,

abrí la carta, y vi
«

La

palabra

que don Fernando
al

os

dio

,

de hablar á

«vuestro padre para que hablase

mió,

la

ha cumplido

«más en su gusto que en vuestro provecho. Sabed, señor,
«que
él

me ha

pedido por esposa; y mi padre, llevado de

la

«ventaja que él piensa que

don Fernando

os hace,

ha ve-

«nido en lo que quiere con tantas veras, que de aquí á dos
«dias se

ha de hacer

el

desposorio, tan secreto y tan á solas,

«que sólo han de
«casa.

ser testigos los cielos
si

y alguna gente de

Cuál yo quedo, imaginaldo;
si

os

cumple venir,

vel-

«do; y

os quiero bien ó no, el suceso deste negocio os lo

«dará á entender.

A
la

Dios plega que

ésta llegue á vuestras

«manos

antes

que

mia

se vea en condición
la fe

de juntarse con
»

«la de quien tan

mal sabe guardar
las

que promete.
la carta

«Estas en

suma fueron

razones que

contenia,

y

las

que

me

hicieron poner luego en camino, sin esperar

»

,

24

DON QUIJOTE DE LA MANCHA.
que bien claro conocí entonde su gusto,

Otra respuesta ni otros dineros;
ces

que no

la

compra de

los caballos, sino la

habia movido á don Fernando á enviarme á su hermano.

El enojo que contra don Fernando concebí, junto con

el

temor de perder
cios

la

prenda, que con tantos años de servi-

y deseos tenia granjeada,
en vuelo
,

como

el

propio dia

me pusieron alas; pues, casi me puse en mi lugar al punto
,

y hora que convenia para ir á hablar á Luscinda. Entré secreto, y dejé una muía en que venia, en casa del buen hombre que

me

tonces la
la reja,

y quiso la suerte que entuviese tan buena, que hallé a Luscinda puesta á
habia llevado
la carta;

testigo

de nuestros amores. Conocióme Luscinda

luego, y conocíla yo; mas no

como

debia

ella

conocerme,

mundo que se pueda y yo conocerla. Pero ¿quién hay en el alabar que ha penetrado y sabido el confuso pensamiento y
condición mudable de una mujer!
))Digo, pues, que
así

Ninguno por

cierto.

como Luscinda me

vio,

me

dijo:

«Cárdenlo, de boda estoy vestida; ya
en
la sala

me

están aguardando

don Fernando
testigos,

el

traidor y
lo

con otros

que antes
te turbes,
el

mi padre el codicioso serán de mi muerte que de
hallarte

mi

desposorio.

No

amigo, sino procura
si

presente á este sacrificio,

cual,

no pudiere

ser estorbado

de mis razones... una daga llevo escondida, que podrá estorbar más determinadas fuerzas, dando
cipio á
fin á
te

mi

vida, y prin-

que conozcas
le

»Yo
faltase

he tenido y tengo.» respondí, turbado y apriesa, temeroso no me
la

voluntad que

lugar para responderla: «Hagan, señora, tus obras
si

verdaderas tus palabras; que
tarte, aquí llevo

tú llevas daga para acrediella,

yo espada para defenderte con
nos fuere contraria.

ó para

matarme

si

la suerte

PRIMERA PARTE. CAPÍTULO XXVI I.

25

»No
que
la

creo que pudo oir todas estas razones, porque sentí

llamaban apriesa, porque
la

el

desposado aguardaba.

Cerróse con esto

noche de mi
sin luz

tristeza,

púsoseme
sin discurso

el sol

de

mi

alegría,

quedé

en

los ojos

y

en

el

entendimiento.

No

acertaba á entrar en la casa, ni podia

moverme á parte alguna; pero considerando cuánto importaba mi presencia para lo que suceder pudiese en aquel caso, me animé lo más que pude y entré en la casa, y como ya
sabia

muy
así

bien todas sus entradas y salidas, y más con

el

alboroto que de secreto en ella andaba, nadie
ver
:

me

echó de
el

que,

sin

ser visto, tuve lugar de
la

ponerme en
que con

hueco que hacia una ventana de

mesma

sala,

las

puntas y remates de dos tapices se cubria, por entre las cuales podia yo ver sin ser visto todo cuanto en la sala se hacia.
¡

Quién pudiera

decir ahora los sobresaltos
allí

que

me
que

dio el co-

razón mientras
rieron!
i

estuve! ¡los pensamientos

me

ocur-

las

consideraciones que hice! que fueron tantas y

tales,

que

ni se

pueden decir,

ni

aun

es

bien que se digan;

basta que sepáis que el desposado entró en la sala, sin otro

adorno que

los

mesmos

vestidos ordinarios

que

s.olia.

Traia

por padrino á un primo hermano de Luscinda, y en toda
la sala

no habia persona de fuera, sino
á

los criados

de casa.

De

allí

un poco

salió

de una recámara Luscinda, acom-

paííada de su

madre y de dos doncellas suyas, tan bien aderezada y compuesta como su calidad y hermosura merecian,

y

como

quien era

la

perfecion de la gala y bizarría cortesana.

No me

dio lugar

mi suspensión y arrobamiento
lo

para que

mirase y notase en particular
advertir á las colores
,

que

traia vestido; sólo
,

pude
las
el

que eran encarnado y blanco

y en

vislumbres que

las

piedras y joyas del tocado y de todo

20

DON QUIJOTE DE LA MANCHA.

vestido hacian, á todo lo cual se aventajaba la belleza singular

de sus hermosos y rubios cabellos

,

tales

,

que en compe-

tencia de las preciosas piedras y de las luces de cuatro hachas

que en

la sala estaban, la

suya con más resplandor á

los ojos

ofrecían.

«¡Oh memoria, enemiga mortal de mi
sirve representarme

descanso! ¿de qué

ahora

la

incomparable belleza de aquella
será mejor, cruel

adorada enemiga mia?

¿No

memoria, que
que no

me

acuerdes y representes lo que entonces hizo, para que,
tan manifiesto agravio, procure, ya
lo
la

movido de
venganza, á
res,

menos perder

la

vida?

No

os canséis, señoes

de oir

estas digresiones

que hago; que no

mi pena
mí que
es

de aquellas que puedan ni deban contarse sucintamente y de
paso, pues cada circunstancia suya

me

parece á

digna de un largo discurso.

»

A

esto le respondió el
les

Cura que, no

sólo

no

se

cansaban

en oirle, sino que

daban

mucho

gusto

las

menudencias
si-

que contaba, por
lencio, y la

ser tales,

que merecían no pasarse en

misma

atención que lo principal del cuento.

la

«Digo, pues, prosiguió Cárdenlo, que estando todos en sala, entró el cura de la parroquia; y tomando á los dos
la
:

por
cir

mano

para hacer lo que en

tal

acto se requiere

,

al
y

deque
la

¿Rereis, señora Lusciftda, al señor don Fernando
por vuestro legítimo esposo
la
,

está presente ,

cotno

lo

manda

Santa Madre Iglesia^ yo saqué toda
tre los tapices,

cabeza y cuello de en-

y con atentísimos oidos y alma turbada

me
mi

puse á escuchar lo que Luscinda respondía , esperando de su
respuesta la sentencia de
vida.

mi muerte ó

la

confirmación de

¡Oh! ¿quién
:

se atreviera á salir entonces, diciendo á
:

voces

«

j

Ah

Luscinda, Luscinda

mira

lo

que haces, consi-

,

PRIMERA PARTE. CAPÍEULO
dera lo que
ser de otro
! i

XXVII.

27

me

debes, mira que eres mia, y que no puedes
el

Advierte que

decir tú

sí,

y

el

acabárseme

la

vida, ha de ser todo á un punto!

¡Ah

traidor

don Fernan-

do, robador de mi gloria, muerte de mi vida!
res?

¿Qué
mi

quie-

¿qué pretendes? Considera que no puedes cristianamente

llegar al fin de tus deseos,

porque Luscinda
!

es
,

esposa, y
estoy au-

yo soy su marido.

»

¡

Ah

loco de

mí Ahora que

sente y lejos del peligro, digo que habia de hacer lo que no
hice; ahora, que dejé robar

mi

cara prenda, maldigo
si
:

al

ro-

bador, de quien pudiera vengarme,
ello,

tuviera corazón para
fin,

como

le

tengo para quejarme
,

en

pues

fiaí

enton-

ces cobarde

y necio no

es

mucho que muera

ahora corrido

arrepentido y loco.

«Estaba esperando
se

el

cura la respuesta de Luscinda, que

detuvo un buen espacio en darla; y cuando yo pensé que
la

sacaba

daga para acreditarse, ó desataba

la

lengua para

decir alguna verdad 6 desengaño que en

mi provecho redunflaca
:

dase, oigo que dijo con voz
lo

desmayada y

Sí quiero; y

don Fernando; y dándole el anillo, quedaron en indisoluble nudo ligados. Llegó el desposado á abrazar

mesmo

dijo

á su esposa; y ella, poniéndose la

mano

sobre

el

corazón,

cayó desmayada en
cir cuál

los

brazos de su madre. Resta ahora deel sí

quedé yo, viendo en

que habia oido, burladas

mis esperanzas,

y promesas de Luscinda, imposibilitado de cobrar en algún tiempo el bien que en
falsas las palabras
:

aquel instante habia perdido

quedé
el

falto

de consejo, des-

amparado,
de
la

á

mi parecer, de todo

cielo,

hecho enemigo
el

tierra

que

me

sustentaba,
el

negándome

aire aliento

para mis suspiros, y

agua humor para mis

ojos; sólo

el

fuego

se acrecentó

de manera, que todo ardia de rabia y de

,

28
celos.

DON QUIJOTE DE LA MANCHA.
Alborotáronse todos con
el

desabrochándole su madre
se descubrió

desmayo de Luscinda, y pecho para que le diese el aire
el

en

él

un papel cerrado , que don Fernando tomó
la

luego y se

le

puso á leer á
leerle
,

luz de una de

las

hachas y en
;

acabando de
en
la mejilla

se sentó

en una

silla

,

y

se

puso

la

mano

con muestras de hombre

muy

pensativo, sin

acudir á los remedios que á su esposa se hacian para que del

desmayo

volviese.

))Yo, viendo alborotada toda la gente de casa,

me

avensi

turé á salir, ora fuese visto ó no, con determinación, viesen
,

me
vi-

de hacer un desatino ,

tal

,

que todo

el

mundo
el

niera á entender la justa indignación de
tigo del falso

mi pecho en
mudable de

cas-

don Fernando

,

y aun en

el

la

des-

mayada
si

traidora; pero

mi

suerte,

que para mayores males,

es posible

que

los

haya,

me

debe tener guardado, ordenó
el

que en aquel punto
pués acá

me

sobrase

entendimiento, que des-

me

ha

faltado; y así, sin querer

tomar venganza

de mis traidores enemigos (que, por estar tan sin pensa-

miento mió, fuera

fácil

tomarla), quise tomarla de
la

mí misentonces

mo, y

ejecutar en

pena que

ellos

merecían, y aun

quizá con más rigor del que con
les diera

ellos se usara si

muerte, pues
pena; mas
la

la

que

se recibe repentina, presto

acaba

la

que

se dilata
fin,

con tormentos, siempre
salí

mata

sin acabar la vida.

Fn

yo

vine á la de aquél donde habia dejado la
la ensillase; sin

de aquella casa, y muía hice que me
:

despedirme del, subí en

ella;
el

y

salí

de

la ciu-

dad, sin osar,

cuando
che

me

vi

como otro Lot, volver en el campo solo y que
,

rostro á miralla; y

la

escuridad de la no-

me

encubría, y su silencio convidaba á quejarme sin

respeto ó

miedo de

ser

escuchado ni conocido,

solté la

voz

PRIMERA PARTE. CAPÍTULO
y desaté
la

XXVII.

29

lengua en tantas maldiciones de Luscinda y de
si

don Fernando, como

con

ellas satisficiera el

agravio que

me
))

habian hecho.
Díle títulos de cruel
,

de ingrata

,

de

falsa

y desagrade-

cida, pero sobre todos, de codiciosa, pues la riqueza de

mi

enemigo

la

habia cerrado

los ojos

de

la

voluntad para quitár-

mela á mí, y entregarla
franca la fortuna se

á aquél con quien
:

más

liberal
la

habia mostrado

y en mitad de

y fuga

destas maldiciones y vituperios la

desculpaba, diciendo que
sus pa-

no era mucho que una doncella recogida, en casa de
dres ,
,

hecha y acostumbrada siempre á obedecerlos hubiese querido condecender con su gusto pues le daban por esposo á un caballero tan principal, tan rico y tan gentil hombre,
,

que

á

no querer recebirle

se

podia pensar ó que no tenia juila

cio, ó

que en otra parte tenia

voluntad, cosa que redun-

daba tan en perjuicio de su buena opinión y fama. Luego volvia diciendo que, puesto que ella dijera que yo era su esposo, vieran ellos que no habia hecho en escogerme tan

mala elección que no
,

la

disculparan

;

pues antes de ofrecér-

seles

don Fernando, no pudieran
si

ellos

mesmos

acertar á

desear,

con razón midiesen su deseo, otro mejor que yo para esposo de su hija; y que bien pudiera ella, antes de ponerse en el trance forzoso y último de dar la mano, decir

que ya yo

le

habia dado

la

mia; que yo viniera y condecen-

diera con todo cuanto ella acertara á fingir en este caso.
fin,

me

resolví

en que poco amor, poco juicio,

En mucha am-

bición y deseos de grandezas hicieron que se olvidase de las palabras con que me habia engaííado, entretenido y susten-

tado en mis firmes esperanzas y honestos deseos.
.)Con estas voces y con esta inquietud caminé lo que que-

jO

DON QUIJOTE DE LA MANCHA.
al

daba de aquella noche , y di
tas sierras,

amanecer en una entrada desotros tres dias sin senda ni

por

las cuales
,

caminé

camino alguno hasta que vine
sé á

a parar á
,

unos prados que no
,

qué mano

destas

montañas caen

y

allí

pregunté a unos
sierras.
ella,

ganaderos que hacia dónde era lo más áspero destas
Dij érenme que hacia esta parte
:

luego

me
,

encaminé á

con intención de acabar aquí
tas

la vida; la

y en entrando por esse

asperezas

,

del cansancio

y de

hambre

cayó

mi muía
tan inútil

muerta, ó
carga

lo

que yo más creo, por desechar de
en

como

llevaba.

Yo quedé

á pié, rendido de la

naturaleza, traspasado de

hambre,
aquella

sin tener ni

pensar buscar

quien

me

socorriese.
el

De

manera estuve no

qué

tiempo tendido en

suelo, al cabo del cual

me

levanté sin
sin

hambre, y

hallé junto á
los

á unos cabreros,

que

duda
ellos

debieron ser

que mi necesidad remediaron, porque

me

dijeron de la

manera que

me

hablan hallado, y
,

cómo

estaba diciendo tantos disparates y desatinos que daba indicios claros de

haber perdido

el juicio;

mí después
,

acá , que no todas veces le
flaco,

y yo he sentido en tengo cabal , sino tan
los

desmedrado y
vestidos,

que hago mil locuras, rasgándome
estas soledades,
el

dando voces por

maldiciendo

mi

ventura, y repitiendo en vano

nombre amado de mi ene-

miga,

sin tener otro

deseo ni intento entonces que procurar

acabar la vida voceando; y cuando en
tan cansado y molido ,

vuelvo,

me
:

hallo

que apenas puedo moverme
el

mi más

común

habitación es en

hueco de un alcornoque, capaz

de cubrir este miserable cuerpo.

«Los vaqueros y cabreros que andan por estas montañas, movidos de caridad, me sustentan, poniéndome el manjar
por
los

caminos y por

las

peñas por donde entienden que

PRIMERA PARTE. CAPÍTULO

XXVll.

3

I

acaso podré pasar y hallarlo; y así, aunque entonces
el

me falte

juicio, la necesidad natural
el

me

da á conocer

el

manteni-

miento, y despierta en mí

deseo de apetecerlo y la volun-

tad de tomarlo; otras veces

me
me

dicen ellos, cuando
los

me

en-

cuentran con juicio, que yo salgo á
lo quito

por fuerza, aunque
ello del

lo

caminos, y que se den de grado, á los paslas

tores

que vienen con

lugar á

majadas. Desta

macielo

nera paso

mi miserable y extraña

vida, hasta
,

que

el

sea servido de conducirla á su último fin
,

ó de ponerle en

mi memoria para que no me acuerde de la hermosura y de
la traición
si

de Luscinda y del agravio de don Fernando; que

esto él hace, sin quitarme la vida,

yo volveré á mejor

dis-

curso mis pensamientos; donde no, no hay sino rogarle que

absolutamente tenga misericordia de mi alma; que yo no
siento en

valor ni fuerzas para sacar

el

cuerpo desta es-

trecheza en que por

mi gusto he querido
amarga

ponerle.

))Esta es ¡oh señores! la

historia de

mi desgra-

cia

:

decidme

si

es

tal

,

que pueda celebrarse con menos

sentimientos que los que en

habéis visto
la

;

y no os canséis

en persuadinne ni aconsejarme lo que

razón os dijere que

puede

ser

bueno para mi remedio, porque ha de aprovechar
lo

conmigo
médico

que aprovecha

la

medicina recetada de famoso
la quiere.

al

enfermo que recebir no

Yo no

quiero

salud sin Luscinda; y pues ella gusta de ser ajena, siendo ó

debiendo

ser

mia, guste yo de
la

ser

de

la

desventura, pu-

diendo haber sido de

buena dicha. Ella quiso con su mu-

danza hacer estable mi perdición; yo querré, con procurar

perderme, hacer contenta su voluntad; y será ejemplo á
por venir de que á mí solo
falto lo

los

que á todos
consuelo
la

los

desdi-

chados sobra, á

los cuales suele ser

imposibi-

, ,

32

DON QUIJOTE DE LA MANCHA.
y en mí
es

lidad de tenerle;

causa de mayores sentimientos
se

y males
muerte.

,

porque aun pienso que no

han de acabar con

la

»

Aquí

dio fin Cardenio á su larga plática
historia;

,

y tan desdiel

chada como amorosa

y

al

tiempo que

Cura
le

se

prevenia para decirle algunas razones de consuelo,

sus-

pendió una voz que llegó á sus oidos, que en lastimados
acentos oyeron que decia lo que se dirá en la cuarta parte
desta narración
;

que en

este

punto dio

fin á la tercera el sa-

bio y atentado historiador Cide

Hamete

Benengeli.

CAPITULO
Que
trata

XXVIII.
al

de

la

nueva y agradable aventura que en la misma Sierra.

Cura y Barbero sucedió

Felicísimos y

venturosos fueron los tiempos donde se

echó

al

mundo
el

el

audacísimo caballero

Don

Quijote de

la

Mancha; pues por haber

tenido tan honrosa determinación
al

como

fué

querer resucitar y volver

mundo

la

ya per-

dida y casi muerta

Orden de

la

andante caballería, gozamos

ahora en esta nuestra edad, necesitada de alegres entretenimientos, no sólo de
la

dulzura de su verdadera historia, sino

de

los

cuentos y episodios della, que en parte no son

menos

agradables y artificiosos y verdaderos que la
la

misma

historia

cual prosiguiendo su rastrillado, torcido y aspado hilo,
así

cuenta que

como
tristes
¿si será

el

Cura comenzó

á prevenirse para

consolar á Cardenio, lo impidió una voz que llegó á sus
oidos ,

que con

acentos decia desta manera
posible

:

«¡Ay Dios!
pueda
servir

que he ya hallado lugar que
la

de escondida sepultura á

carga pesada deste

!

,

PRIMERA PARTE. CAPÍTULO
cuerpo, que tan contra

XXVIII.
si

33
la

mi voluntad

sostengo? Sí será,

soledad que prometen estas sierras no

me

miente. ¡Ay des-

y cuan más agradable compañía harán estos riscos y malezas á mi intención, pues me darán lugar para que
dichada
! i

con quejas comunique mi desgracia

al

cielo,

que no

la

de

ningún hombre humano, pues no hay ninguno en
de quien se pueda esperar consejo en
quejas ni remedio en los males
»

la tierra
las

las

dudas, alivio en

oyeron y percibieron el Cura y los que con él estaban; y por parecerles, como ello era, que allí junto las decian, se levantaron á buscar el dueño, y no

Todas

estas razones

hubieron andado veinte pasos cuando detras de un peñasco
,

vieron sentado
labrador,
al

al

pié de

un fresno

á

un inozo, vestido como

cual, por tener inclinado el rostro, á causa de

que
le

se lavaba los pies

en

el

arroyo que por

allí

corría,

no

se
si-

pudieron ver por entonces, y

ellos llegaron

con tanto

lencio,

que del no fueron sentidos,

ni él estaba á otra cosa

atento que á lavarse los pies, que eran tales, que no parecían sino dos pedazos de blanco cristal, que entre las otras
piedras del arroyo se habían nacido. Suspendióles la blan-

cura y belleza de los pies

,

pareciéndoles que no estaban hetras el

chos á pisar terrones ni andar

arado y los bueyes,
así,

como mostraba
á los otros dos

el

hábito de su dueño; y
el

viendo que no

habían sido sentidos,

Cura, que iba delante, hizo señas

que

se

agazapasen ó escondiesen detras de
allí

unos pedazos de peña que

había
el

:

así lo

hicieron todos
el

mirando con atención

lo

que

mozo

hacia,

cual traía

puesto un capotillo pardo de dos

haldas,

muy

ceñido

al

cuerpo con una

toalla blanca; traía
la

asimismo unos calzones

v polainas de paño pardo, y en

cabeza una montera parda;

2¿\.

DON QUIJOTE DE LA MANCHA.
que

tenia las polainas levantadas hasta la mitad de la pierna,
sin

duda alguna de blanco alabastro
los

parecía.
,

Acabóse de lavar

hermosos pies
la

y luego , con un paño
se los

de tocar, que sacó debajo de
querer quitársela, alzó
el

montera,

limpió; y
los
,

al

rostro,

y tuvieron lugar

que
tal,

mirándole estaban de ver una hermosura incomparable

que Cárdenlo
es

dijo al
es

Cura con voz

baja

:

«

Esta, ya que no

Luscinda, no
El

persona humana, sino divina.»

mozo

se quitó la

montera; y sacudiendo

la

cabeza á

una y á otra parte, se comenzaron á descoger y desparcir unos cabellos que pudieran los del sol tenerles envidia con
:

esto conocieron

que

delicada, y aun la

que parecía labrador era mujer, y más hermosa que hasta entonces los ojos
el
si

de

los

dos hablan visto, y aun los de Cárdenlo,

no hu-

bieran mirado y conocido á Luscinda; que después afirmó

que

sola la belleza de

Luscinda podia contender con aquella.
sólo le cubrieron las espalellos;

Los luengos y rubios cabellos no
das,
si

mas toda en torno
los pies
,

la

escondieron debajo de

que,

no eran
:

ninguna otra cosa de su cuerpo

se pare-

cía

tales

y tantos eran.
si

En
en
el

esto le sirvieron de peine unas

manos, que
de

los pies

agua hablan parecido pedazos
semejaban pedazos de

cristal, las

manos en
:

los cabellos

apretada nieve

todo lo cual en más admiración, y en más

deseos de saber quién era, ponia á los tres que la miraban.

Por

esto

determinaron

de mostrarse; y
la

al

ruido que hila

cieron de

mover

los

pies,

hermosa moza alzó

ca-

beza; y apartándose los cabellos de delante de los ojos con

entrambas manos, miró
los

los

que

el

ruido hacían; y apenas

hubo

visto,

cuando

se levantó

en pié, y sin aguardar á

calzarse ni á recoger los cabellos, asió

con

mucha

presteza

PRIMERA PARTE. CAPITULO
un bulto como de ropa, que junto
nerse en
á

XXVIII.

35

tenia, y quiso po-

huida, llena de turbación y sobresalto; mas no
seis

hubo dado

pasos, cuando, no pudiendo sufrir los delilas

cados pies la aspereza de
lo cual visto

piedras, dio consigo en

el

suelo;
el

por

los tres, se
:

fueron á

ella,

y

el

Cura fué

primero que
seáis;

le dijo

«

Deteneos, señora, quien quiera que
veis sólo tienen intención

que
:

los

que aquí

de ser-

viros

no hay para qué

os pongáis en

tan

impertinente

huida, porque ni vuestros pies lo podrán
consentir.
»

sufrir, ni nosotros
,

A

todo esto

ella

no respondia palabra

atónita y

confusa.

Llegaron, pues, á
prosiguió diciendo
:

ella;

y asiéndola por
vuestro
:

la

mano

el

Cura,
nos

«Lo que

traje,

señora,

niega, vuestros cabellos nos descubren

señales claras

que

no deben de

ser de

poco momento

las

causas que han dis-

frazado vuestra belleza en hábito tan indigno, y traídola á
tanta soledad
llaros
,

como

es ésta ,

en

la cual

ha

sido ventura el ha,

si

no para dar remedio á vuestros males á

lo

menos
vida,

para darles consejo; pues ningún mal puede fatigar tanto,
ni llegar tan al

extremo de

serlo, mientras
el

no acaba

la

que rehuya de no escuchar siquiera

consejo que con

buena intención

se le

da

al

que

lo padece.

Así que

,

se-

ñora mia, ó señor mió, ó lo que vos quisiéredes ser, perded
el

sobresalto

que nuestra

vista os

ha causado

,

y contad-

nos vuestra buena ó mala suerte; que en nosotros juntos, ó

en cada uno, hallaréis quien os ayude á sentir vuestras desgracias. »

En
mover

tanto que

el

Cura decia

estas razones, estaba la dis-

frazada

moza como embelesada, mirándolos
labio ni decir palabra alguna, bien así

á

todos, sin
rústico

como

:

-?6

DON QUIJOTE DE LA MANCHA.
le

aldeano que de improviso se

muestran cosas raras y del
decirle otras razones

jamas
al

vistas;

mas volviendo
el silencio

el

Cura á
dando
:

mismo

efeto encaminadas,

ella

un profundo
la

sus-

piro,

rompió

y

dijo

«

Pues que
,

soledad destas

sierras

no ha sido parte para encubrirme y la soltura de mis descompuestos cabellos no ha permitido que sea mentirosa

mi lengua, en
si

balde seria fingir yo de nuevo ahora lo que,

se

me

creyese, seria

más por

cortesía

que por otra razón

alguna. Presupuesto esto, digo, señores, que os agradezco
el

ofi-ecimiento

que

me

habéis hecho

,

el

cual

en obligación de satisfaceros en todo lo que
dido puesto que temo que
;

me ha puesto me habéis pemis
,

la relación
al

que

os hiciere de
la

desdichas os ha de causar ,

par de

la

compasión

pesa-

dumbre, porque no habéis de
diarlas ni

hallar ni

medio para reme-

consuelo para entretenerlas; pero, con todo esto,

porque no ande vacilando mi honra en vuestras intenciones,

habiéndome ya conocido por mujer, y viéndome moza, sola y en este traje, cosas todas juntas y cada una por sí que pueden echar por
decir lo
tierra cualquier
callar,
si

honesto crédito, os habré de
pudiera.»

que quisiera

Todo
cia,

esto dijo sin parar la

que tan hermosa mujer pare-

con tan suelta lengua, con voz tan suave, que no meles

nos

admiró su discreción que su hermosura; y tornán-

dole á hacer nuevos ofrecimientos y nuevos ruegos para que
lo

prometido cumpliese,

ella, sin

hacerse

más de

rogar, cal-

zándose con toda honestidad y recogiendo sus cabellos, se

acomodó en
mas que

el

asiento de

una piedra, y puestos

los

tres al

rededor della, haciéndose fuerza por detener algunas lágriá los ojos se le venian,
la historia

con voz reposada y clara

comenzó

de su vida desta manera

PRIMERA PARTE. CAPÍTULO
«

XXVIII.

37
título

En

esta

Andalucía hay un lugar de quien toma
le

un Duque, que

hace uno de
:

los

que llaman Grandes en
es-

España; éste tiene dos hijos
tado, y,
al

el

mayor, heredero de su
el

parecer, de sus buenas costumbres; y

menor,
de Vevasallos
si

no

yo de qué sea heredero, sino de
y de
los

las traiciones

llido

embustes de Galalon. Deste señor son
linaje,

mis padres, humildes en

pero tan ricos, que,

los

bienes de su naturaleza igualaran á los de su fortuna, ni ellos

tuvieran

más que

desear, ni yo temiera

verme en

la desdi-

cha en que
la

me

veo, porque quizá nace
ellos

mi poca ventura de
ilustres;

que no tuvieron

en no haber nacido
,

bien

es

verdad que no son tan bajos que puedan afrentarse de su

estado, ni tan altos, que á

mí me

quiten

la

imaginación

que tengo, de que de su humildad viene mi desgracia.
Ellos, en fin, son labradores, gente llana, sin

mezcla de

al-

guna raza mal sonante, y como suele decirse, cristianos viejos rancios; pero tan ricos, que su riqueza y magnífico trato
les

va poco á poco adquiriendo

nombre de
la

hidalgos, y aun

de caballeros; puesto que, de

que

ellos se

preciaban, era

mayor riqueza y nobleza de tenerme á mí por hija; y así
los

por no tener otra ni otro que

heredase,
las

como por

ser

padres y aficionados, yo era una de

más

regaladas hijas

que padres jamas regalaron.
»Era
y
el

espejo en que se miraban,

el

báculo de su vejez,
el

el sujeto á

quien encaminaban, midiéndolos con
,

cielo,
,

todos sus deseos

de los cuales

,

por ser

ellos tan

buenos

los

mios no

salian

un punto; y
,

del

mismo modo que yo

era sese

ñora de sus ánimos

ansí lo era de su hacienda.

Por mí

recebian y despedían los criados; la razón y cuenta de lo que
se

sembraba y cogia, pasaba por mi mano;

los

molinos de

jS

DON QUIJOTE DE LA MANCHA.
ganado mayor y colmenas... finalmente, de todo aquello que
del

aceite, los lagares del vino, el

número

menor,

el

de

las

un tan
tenia

rico labrador
la

yo

cuenta

como mi padre puede tener y tiene, y era la mayordoma y seíiora, con tanta

solicitud

acertaré

mia y con tanto gusto suyo, que buenamente no á encarecerlo. Los ratos que del dia me quedaban,
los

después de haber dado lo que convenia á

mayorales ó

capataces y á otros jornaleros, los entretenia en ejercicios

que son á
los

las

doncellas tan lícitos
la

como

necesarios,
la

como

son

que ofrece
si

aguja y la almohadilla, y
el

rueca muchas

veces; y
jaba,

alguna, por recrear
al

ánimo,

estos ejercicios de-

me

acogia

entretenimiento de leer algún libro dela

voto ó á tocar una arpa, porque

experiencia

me

mostraba
alivia

que

la

música compone

los

ánimos descompuestos, y

los trabajos

que nacen

del espíritu. Esta, pues, era la vida
la

que yo tenia en casa de mis padres,

cual

si

tan particular,

mente he contado no ha
,
,

sido por ostentación

ni por dar á

entender que soy rica sino porque se advierta cuan sin culpa

he venido de aquel buen estado que he dicho

al infelice

en

que ahora
))Es,

me

hallo.
el

pues,

caso que, pasando
tal,

mi

vida en tantas ocual

paciones y en un encerramiento
rio

que

de un monesteparecer, de otra
los dias

pudiera compararse, sin ser vista, á

mi

persona alguna que de los criados de casa (porque

que iba á misa era tan de mañana, y tan acompañada de mi

madre y de nuestras
los pies);

criadas, y

yo tan cubierta y recatada,
de aquella donde ponia
los

que apenas vian mis ojos más con todo

tierra

esto, los del

amor, ó

de

la

ociosidad,

por mejor decir, á quien

los del lince

no pueden igualarse,

me

vieron, puestos en la solicitud de don Fernando; que

PRIMERA PARTE. CAPÍTULO
este es el

XXVIII.
os

39

nombre

del hijo

menor
á

del

Duque que

he con-

tado.

»

No hubo
rostro,
el

bien

nombrado

don Fernando
se le

la

que

el

cuento contaba, cuando á Cardenio

mudó

la color del

y comenzó á trasudar con tan grande alteración, que Cura y el Barbero, que miraron en ello, temieron que le

venia aquel accidente de locura que habian oido decir que

de cuando en cuando

le

venia;

mas Cardenio no hizo
,

otra

cosa que trasudar y estarse quedo
á la labradora,
vertir
ria,

mirando de hito en hito
ella era; la cual, sin

imaginando quién

ad-

en

los

movimientos de Cardenio, prosiguió su histo:

diciendo

«

Y

no

me

hubieron bien visto, cuando, según

él dijo

después, quedó tan preso de mis amores, cuanto lo

dieron bien á entender sus demostraciones.
presto con
el

Mas

,

por acabar

cuento (que no

le

tiene) de

mis desdichas,

quiero pasar en silencio

las diligencias
:

que don Fernando
la

hizo para declararme su voluntad

sobornó toda

gente de

mi

casa, dio y ofreció dádivas y

mercedes á mis parientes;
calle, las

los dias eran todos

de

fiesta

y de regocijo en mi
las

no-

ches no dejaban dormir á nadie
sin saber

músicas; los billetes que,
infinitos, llenos

cómo,

á

mis manos venian, eran
,

de enamoradas razones y ofi-ecimientos con menos letras que promesas y juramentos; todo lo cual, no sólo no me ablandaba, pero

me

endurecia de manera,

como

si

fuera don

Fernando mi mortal enemigo, y que todas
para reducirme á su voluntad hacia,
contrario
;

las

obras que

las

hiciera para el efeto

no porque á mí
ni

me

pareciese
á

mal

la

gentileza de

don Fernando,
porque

que tuviese

demasía sus solicitudes,

me

daba un no

qué de contento verme tan que-

rida y estimada de

un tan principal caballero, y no

me

pe-

40

DON QUIJOTE DE LA MANCHA.

saba ver en sus papeles mis alabanzas (que en esto, por feas

que seamos
da gusto
se

las

mujeres,

me

parece á

mí que siempre

nos

el oir

que nos llaman hermosas); pero
los consejos
al

á todo esto

oponia mi honestidad y

continuos que mis

padres

me

daban, que ya

muy

descubierto sabian la voél

luntad de don Fernando , porque ya á

no

se le

daba nada

de que todo
»

el

mundo

la supiese.

Decíanme mis padres que en

sola

mi

virtud y

bondad

dejaban y depositaban su honra y fama, y que considerase la desigualdad que habia entre mí y don Fernando, y que

por aquí echaria de ver que sus pensamientos
jese otra cosa,

,

aunque
á

él di-

más
si

se

encaminaban á su gusto que

mi pro-

vecho; y que

yo quisiese poner en buena manera seguro
él se dejase

impedimento para que
que
de
ellos

de su injusta pretensión,

me

casarían luego con quien yo

más

gustase, así

los

más

principales de nuestro lugar,

como

de todos

los

circunvecinos; pues todo se podia esperar de su

mucha hami

cienda y de
tos,

mi buena fama. Con
verdad que
ellos

estos ciertos

prometimien-

y con

la

me

decian, fortificaba yo

entereza, y jamas quise responder á don Fernando palabra

que

le

pudiese mostrar, aunque de

muy

lejos,

esperanza de

alcanzar su deseo,

«Todos
que

estos recatos

mios, que

él

debia de tener por des-

denes, debieron de ser causa de avivar
tito;

más su

lascivo ape-

este

nombre quiero dar
fuera

á la voluntad

que

me

mostraba,

la cual, si ella

como

debia, no la supiérades

vosotros ahora, porque hubiera faltado la ocasión de decírosla.

Finalmente, don Fernando supo que mis padres anél

daban por darme estado, por quitalle á
poseerme, ó á
lo

la

esperanza de

menos porque yo

tuviese

más guardas para

:

PRIMERA HARTE. CAPÍTULO
guardarme; y
ciese lo esta

XXVIII.

4I

nueva ó sospecha fué causa para que hioiréis,

que ahora

y fué, que una noche, estando yo
la

en mi aposento con sola

compaiíía de una doncella que

me

servia, teniendo bien cerradas las puertas, por
se viese

temor que

por descuido mi honestidad no
ber ni imaginar

en peligro, sin sa-

cómo, en medio

destos recatos y prevencio-

nes, y en la soledad y silencio deste encierro,

delante, cuya vista

me

turbó de manera, que
la

me le me quitó
fui

hallé
la

de

mis ojos y
de dar

me enmudeció
aun
,

lengua, y

así,

no

poderosa

voces... ni

él

creo que

me

las

dejara dar, porque
(

luego se llegó á mí y tomándome entre sus brazos
yo,

porque

como

digo, no tuve fuerzas para defenderme, según es-

taba turbada),

comenzó

á decirme tales razones,
la

que no

cómo
las

es posible

que tenga tanta habilidad

mentira, que

sepa
el

componer de modo que parezcan
traidor

tan verdaderas

hacia

que sus lágrimas acreditasen sus palabras, y

los suspiros su intención.

))Yo, pobrecilla, sola entre los mios,
sos semejantes,

mal

ejercitada en caá tener por

comencé, no
;

en qué

modo,

verdaderas tantas falsedades
viesen á compasión
ros
;

pero no de suerte que

me motorné al-

menos que buena

sus lágrimas y suspi,

y

así

,

pasándoseme aquel sobresalto primero

gún
del

tanto á cobrar mis perdidos espíritus, y con

más ánimo
estoy,

que pensé que pudiera tener,

le dije

:

«

Si

como

señor, en tus brazos, estuviera entre los de un león fiero, y
el

librarme dellos se

me

asegurara con que hiciera ó dijera
así

cosa que fuera en perjuicio de mi honestidad,
sible hacella

fuera po-

ó decilla

como

es posible dejar

de haber sido lo
tus bra-

que fué

:

así

que

,

si

tu tienes ceñido

mi cuerpo con

zos, yo tengo atada

mi alma con mis buenos deseos, que son

42

DON QUIJOTE DE LA MANCHA.

tan diferentes de los tuyos,

como

lo verás,
ellos.

si

con hacerme

fuerza quisieres pasar adelante en

Tu

vasalla soy, pero
la

no tu esclava

:

ni tiene ni

debe tener imperio

nobleza de
la

tu sangre para deshonrar

y tener en poco

la

humildad de

mia; y en tanto

me

estimo yo, villana y labradora,
ser

como

tú,

señor y caballero.
tus fuerzas, ni

Conmigo no han de
engañarme,

de ningún efecto

han de tener valor

tus riquezas, ni tus pala-

bras han de poder

ni tus suspiros y lágrimas enestas cosas

ternecerme

:

si

alguna de todas

que he dicho viera
,

yo en

el

que mis padres

me

dieran por esposo
la

á su voluntad
saliera;

se ajustara la

mia, y mi voluntad de

suya no

de
sin

modo

que,

como quedara con honra, aunque quedara
todo esto he dicho
el

gusto, de grado te entregara lo que tú, señor, ahora con
tanta fuerza procuras
:

,

porque no hay

pensar que de

alcance cosa alguna

que no fuere mi

legítimo esposo.
>)

Si

no reparas más que en eso, bellísima Dorotea (que

este es el

nombre
doy
la

desta desdichada)

,

dijo el desleal caballero,
;

ves aquí te

mano
á

de serlo tuyo

y sean testigos desta

verdad

los cielos,

quien ninguna cosa se esconde, y esta
tienes. »

imagen de Nuestra Señora que aquí

Cuando Cárdenlo

le

oyó decir que

se

llamaba Dorotea,

tornó de nuevo á sus sobresaltos, y acabó de confirmar por

verdadera su primera opinión pero no quiso interromper
;

el

cuento, por ver en qué venia á parar lo que
sólo dijo
:

él

ya

casi sabia;

oido

«¿Que Dorotea es tu nombre, señora! Otra he yo decir del mesmo, que quizá corre parejas con tus
que tiempo vendrá en que
el

desdichas. Pasa adelante;
cosas,

te

diga

que

te

espanten en
las

mesmo

grado que

te lastimen. «

Reparó Dorotea en

razones de Cárdenlo y en su ex-

PRIMERA PARTE. CAPÍTULO
traño y desastrado traje, y rogóle que
si

XXVIII.

43

alguna cosa de su
si

hacienda sabia,
dejado bueno
la

se la dijese

luego, porque
el

algo le habia

fortuna, era
le

ánimo que
,

tenia para sufrir
,

cualquier desastre que

sobreviniese
el

segura de que

á su

parecer, ninguno podia llegar que

que tenia acrecentase

un punto.

«No le perdiera yo, seríora,
lo

respondió Cardenio, en decirte
;

que pienso
se pierde

,

si

fuera verdad lo que imagino

y hasta ahora
el

no

coyuntura, ni á

te

importa nada
lo

saberlo.

— Sea

lo

que fuere, respondió Dorotea,
,

que en mi

cuento pasa fué que tomando don Fernando una imagen

que en aquel aposento estaba,

la

puso por testigo de nuestro

desposorio, y con palabras eficacísimas y juramentos extraordinarios
antes

me

dio la palabra de ser
decirlas, le dije

mi marido; puesto que
que mirase bien
lo

que acabase de
,

que

y que considerase el enojo que su padre habia de recebir de verle casado con una villana, vasalla suya; que no
hacia
le

cegase

mi hermosura,
ella

tal

cual era, pues no era bastante
si

para hallar en

disculpa de su yerro; y que
el

algún bien

me
rer

quería hacer por

amor que me

tenia, fuese dejar cor-

mi

suerte á lo igual de lo
los tan desiguales

que mi calidad pedia; porque

nunca

casamientos se gozan, ni duran
se

mu-

cho en aquel gusto con que
«Todas
estas razones

comienzan.
le dije,

que aquí he dicho

y otras

muchas de que no me acuerdo; pero no fueron
que
él

parte para
el

dejase de seguir su intento; bien ansí
al

como

que no

piensa pagar, que
convenientes.

concertar de

la

barata, no repara en in-

»Yo
dije á

á esta sazón hice
:

un breve discurso conmigo, y
seré

me

mí mesma

«

Sí,

que no

yo

la

primera que por

,

44
vía de
ni será

DON QUIJOTE DE LA MANCHA.
matrimonio haya subido de humilde
á grande estado,

don Fernando
que
es lo

el

primero á quien hermosura ó ciega

afición,

más

cierto,

haya hecho tomar compañía
si

desigual á su grandeza. Pues

no hago

ni

mundo

ni uso

nuevo, bien

es

acudir á esta honra que la suerte
la

puesto que en éste no dure más
tra,

voluntad

me ofrece, que me muesfin

de cuanto dure

el

cumplimiento de su deseo; que en
si

para con Dios seré su esposa; y
pedille
el
,

quiero con desdenes desel

en término

le

veo que

,

no usando

que debe usará
,

de
la

la

fuerza , y vendré á quedar deshonrada , y sin disculpa

de

culpa que

me

podrá dar

el

que no supiere cuan

sin ella

he venido á
tes

este

punto; porque ¿qué razones serán bastan-

para persuadir á mis padres y á otros que este caballero

entró en

mi aposento

sin

consentimiento mió ?

»

» Todas estas

demandas y

respuestas revolví en

un instante
á hacer

en

la

imaginación; y sobre todo,

me comenzaron

fuerza y á inclinarme á lo que fué, sin yo pensarlo,
dición, los juramentos de

mi

per-

don Fernando,

los testigos

que

ponia,

las

lágrimas que derramaba, y finalmente su dispo-

sición y gentileza, que,

acompañada con

tantas muestras de

verdadero amor, pudieran rendir á otro tan libre y recatado

corazón
tierra

como

el

mió. Llamé á mi criada, para que en
á los testigos del cielo; tornó

la

acompañase
reiterar

don Ferlos

nando á

y confirmar sus juramentos, añadió á
,

primeros nuevos santos por testigos echóse mil futuras maldiciones
si

no cumpliese

lo

que

me

prometía, volvió á hu-

medecer

sus ojos

y á acrecentar sus suspiros, apretóme más

entre sus brazos, de los cuales jamas
esto,

me

habia dejado; y con

y con volverse á
él

salir del

aposento mi doncella, yo dejé

de serlo, y

acabó de ser traidor y fementido.

PRIMERA PARTE. CAPÍTULO
»E1 dia que sucedió á
la

XXVIII.

45
se venia,

noche de mi desgracia

aun no tan apriesa como yo pienso que don Fernando deseaba; porque después de cumplido aquello que
el el

apetito pide,
le al-

mayor gusto que puede

venir es apartarse de donde

canzaron. Digo esto porque don Fernando dio priesa por
partirse de

mí; y por industria de mi doncella, que era misma que allí le habia traido, antes que amaneciese
al

la

se

vio en la calle; y

despedirse de mí, aunque no con tanto

ahinco y vehemencia

como cuando

vino

,

me

dijo

que estu-

viese segura de su fe, y de ser firmes y verdaderos sus jura-

mentos; y para más confirmación de su palabra, sacó un rico anillo del dedo y lo puso en el mió. En efecto, él se
fué, y yo quedé, ni sé
si triste

ó alegre: esto sé bien decir,

que quedé confusa y pensativa y casi fuera de mí con el nuevo acaecimiento y no tuve ánimo ó no se me acordó de
,

reñir á

mi

doncella por la traición cometida de encerrar á

don Fernando en mi mismo aposento; porque aun no
determinaba
Díjele
al
si

me

era bien ó

mal

el

que

me
el

habia sucedido.

partir á

don Fernando que por
,

mesmo camino

de aquélla, podia verme otras noches pues ya era suya, hasta

que, cuando

él quisiese,

aquel hecho se publicase; pero no
la siguiente, ni

vino otra alguna, sino fué
la calle ni

yo pude verle en

en

la iglesia

en más de un mes, que en vano

me
y
afi-

cansé en solicitallo; puesto que supe que estaba en

la villa

que

los

más

dias iba á caza, ejercicio de

que

él

era

muy

cionado.
»

Estos dias y estas horas, bien sé yo que para

mí fueron
dudar en

aciagos y menguadas, y bien sé que
ellos,

comencé

á

y aun á descreer de

la fe

de don Fernando; y sé tamlas

bién que mi doncella oyó entonces

palabras que en re-

,

46

DON QUIJOTE DE LA MANCHA-

prehension de su atrevimiento antes no habia oido; y sé que

me
me

fué forzoso tener cuenta con mis lágrimas y con la

comobli-

postura de

mi

rostro, por

no dar ocasión á que mis padres

preguntasen que de qué andaba descontenta, y
;

me

gasen á buscar mentiras que decilles

pero todo esto se acabó
los res-

en un punto, llegándose uno donde se atropellaron

petos y se acabaron los honrados discursos, y adonde se perdió la paciencia y salieron á plaza mis secretos pensamientos;

y esto fué, porque de

allí

á pocos dias se dijo en

el

lugar

cómo

en una ciudad

allí

cerca se habia casado don Fernando

con una doncella hermosísima en todo extremo y de
principales padres,

muy

aunque no tan

rica
:

que por que

la

dote pu-

diera aspirar á tan noble casamiento

díjose

se

llamaba

Luscinda, con otras cosas que en sus desposorios sucedieron, dignas de admiración.
»

Oyó Cárdenlo
cosa
las cejas,

nombre de Luscinda, y no hizo otra que encoger los hombros morderse los labios enarcar
el
,

,

y dejar de

allí

á

poco caer por

sus ojos dos fuentes

de lágrimas; mas no por esto dejó Dorotea de seguir su

cuento

,

diciendo

:

«

Llegó
el

esta triste

nueva á mis oidos
oilla,
él,

,

y

en lugar de helárseme
lera

corazón en

fué tanta la cófaltó

y rabia que

se

me

encendió en

que

poco para
la alevosía

no salirme por
y traición que

las calles

dando voces publicando
,

se

me

habia hecho; mas templóse esta furia

por entonces con pensar de poner aquella

mesma noche

por

obra lo que puse, que fué ponerme en este hábito, que
dio

me

uno de

los

que llaman zagales en casa de
al

los labradores

que era criado de mi padre,
ventura, y
le

cual descubrí toda

mi

des-

rogué

me acompañase

hasta la ciudad donde

entendí que

mi enemigo

estaba. El, después

que hubo

re-

PRIMERA PARTE. CAPÍ FULO XXVI

I

I.

47

prehendido mi atrevimiento y afeado mi determinación, viéndome resuelta en mi parecer, se ofreció á tenerme com-

como él dijo, hasta el cabo del mundo. Luego al momento encerré en una almohada de lienzo un vestido de
pañía,

mujer, y algunas joyas y dineros, por lo que podia suceder; dar cuenta á mi traiy en el silencio de aquella noche sin
,

de mi casa, acompañada de mi criado y de muchas imaginaciones, y me puse en camino de la ciudad á pié, llevada en vuelo del deseo de llegar, ya que no á dora doncella,
salí

estorbar lo que tenia por

hecho

,

á lo
lo

menos

á decir á

don

Fernando

me

dijese

con qué alma

habia hecho. Llegué

la en dos dias y medio donde queria; y en entrando por ciudad, pregunté por la casa de los padres de Luscinda, y respondió más de el primero á quien hice la pregunta me

lo

que yo quisiera
el

sucedido en

y todo lo que habia desposorio de su hija, cosa tan pública en la
oir.

Díjome

la casa

ciudad, que se hacian corrillos para contarla por toda ella. Díjome que la noche que don Fernando se desposó con

Luscinda, después de haber
le

ella

dado

el si

de ser su esposa,

habia tomado un recio desmayo; y que llegando su
el

ma-

dre á desabrocharle
halló

pecho para que
la

le

diese

el

aire, le

un papel escrito de

misma

letra

de Luscinda, en

que decia y declaraba que ella no podia ser esposa de don Fernando, porque lo era de Cárdenlo, que, á lo que el

hombre me

dijo,

era

un caballero

muy

principal

de

la

ciudad; y que si habia dado el si á don Fernando, fué por no salir de la obediencia de sus padres. En resolu-

mesma
ción

,

tales

razones dijo que contenia
ella

el

papel

,

que daba

á

entender que

habia tenido intención de matarse en acaallí

bándose de desposar, y daba

las

razones por que se ha-

48

DON QUIJOTE DE LA MANCHA.
que confirmó una

bria quitado la vida; todo lo cual dicen

daga que

le

hallaron no sé en qué parte de sus vestidos.

Lo

cual visto por
le

don Fernando, pareciéndole que Luscinda

habia burlado y escarnecido y tenido en poco, arremetió

á ella antes

que de su desmayo volviese, y con
que
:

la

misma
no
se lo

daga que
ciera,
si

le

hallaron, la quiso dar de puñaladas, y lo hi-

sus padres

y

los

se hallaron presentes
se

estorbaran.

Decian más

que luego

ausentó don

Fer-

nando, y que Luscinda no habia vuelto de su parasismo hasta otro dia, que contó á sus padres cómo ella era verdadera esposa de aquel Cárdenlo que he dicho. Supe ademas

que

el

Cárdenlo

,

según decian

,

se halló presente á los des-

posorios; y que, en viéndola desposada, lo cual él

jamas

pensó, se
escrita

salió

de

la

ciudad desesperado, dejándole primero
el

una
le

carta

donde daba á entender

agravio que Lus-

cinda

habia hecho, y de

cómo

él se

iba adonde gentes
la

no

le viesen.

Esto todo era público y notorio en toda

ciudad, y todos hablaban dello; y más hablaron cuando
supieron que Luscinda habia faltado de casa de sus padres y de la ciudad, pues no la hallaron en toda ella, de que perdían
el

juicio sus padres,

y no sabian qué medio

se

tomar

para hallarla. Esto que supe puso en bando mis esperanzas,

y tuve por mejor no haber hallado á don Fernando, que

hallarle casado,

pareciéndome que aun no estaba del todo

cerrada la puerta á

mi remedio, dándome yo
traerle á

á entender

que

podria ser que

el cielo

hubiese puesto aquel impedimento

en

el

segundo matrimonio para
la

conocer

lo

que

al

primero debia, y á caer en manos. Todas

cuenta de que era cristiano y
los respetos

que estaba más obligado á su alma que á
estas

hu-

cosas

revolvía en

mi

fantasía, v nie

,

PRIMERA PARTE. CAPÍTULO
consolaba sin
largas

XXVIIl.

49

tener consuelo

,

fingiendo
la

unas esperanzas

y desmayadas, para entretener

vida que ya abor-

rezco.

«Estando, pues, en

la

ciudad sin saber qué hacerme,

pues á don Fernando no hallaba, llegó á mis oidos un público pregón,

donde
las

se

prometia grande hallazgo á quien

me
que

hallase,
traia;

dando

señas de

mi edad y

del

mesmo
,

traje

y oí decir que se creia que
el

me

habia sacado de

casa de mis padres
llegó
al

inozo que conmigo vino cosa que

me
con

alma, por ver cuan de caida andaba mi crédito,
el

pues no bastaba perderle con mi huida, sino añadir

quién, siendo sujeto tan bajo y tan indigno de mis buenos
pensamientos. Al punto que oí
el

pregón

,

me

salí

de

la ciu-

dad con mi criado, que ya comenzaba á dar muestras de
bear en
la fe

titu-

que de

fidelidad
lo

me

tenia prometida

;

y aquella
el

noche nos entramos por

espeso desta montaña, con

miedo de no
mal llama

ser hallados.

Pero,
el fin

como

suele decirse

que un

á otro, y

que

de una desgracia suele ser
sucedió á mí; porque

principio de otra

mayor,

así

me
fiel

mi
vio

buen criado, hasta entonces
en esta soledad de
,

y seguro,

así

como me

incitado de su

mesma

bellaquería antes que

mi hermosura,

quiso aprovecharse de la ocasión que, á
le ofi^ecian,

su parecer, estos

yermos

y con poca vergüenza

y menos temor de Dios

ni respeto

mió

,

me

requirió de

amores; y viendo que yo con fuertes y justas palabras respondia á la desvergüenza de su propósito, dejó aparte los
ruegos, de quien primero pensó aprovecharse, y
á usar de la fuerza; pero el justo cielo,

comenzó

que pocas ó ningu-

nas veces deja de mirar y favorecer á las justas intenciones favoreció
las

mias de manera, que con mis pocas fuerzas y

^O

DON QUIJOTE DE LA MANCHA.
di

con poco trabajo
dejé, ni sé
si

con

él
si

por un derrumbadero, donde
vivo; y luego, con

le

muerto ó

más

ligereza

que mi sobresalto y cansancio pedian, me entré por estas montañas, sin llevar otro pensamiento ni otro designio que

esconderme en

ellas,

y huir de mi padre y de aquellos

que de su parte
há no
sé cuántos

me

andaban buscando. Con
ellas,

este deseo,

meses que entré en

donde

hallé

un
está

ganadero que
en
las

me

llevó por su criado á
al

un lugar que

entrañas desta Sierra,

cual he

servido de zagal
el

todo este tiempo, procurando estar siempre en

campo,

por encubrir estos cabellos, que ahora tan sin pensarlo

me

han descubierto; pero toda mi industria y toda mi
fué y ha sido de ningún provecho, pues

solicitud

mi amo vino en
él el

conocimiento de que yo no era varón, y nació en

mesmo mal pensamiento que
siempre
la

en

mi

criado; y

como no
al

fortuna con los trabajos da los remedios, no hallé
ni barranco en

derrumbadero

donde despeñar y despenar
criado; y así, tuve por

amo, como

le hallé

para
,

el

menor
estas

inconveniente dejalle

y esconderme de nuevo entre

asperezas, que probar con él mis fuerzas ó mis despegos.

Digo, pues, que
sin

me

torné á emboscar, y á buscar donde
suspiros y lágrimas ro-

impedimento alguno pudiese con
al cielo se

gar

duela de

mi desventura, y me dé
triste

industria y

favor para salir della, ó para dejar la vida entre estas soledades
,

sin

que quede memoria desta

,

que tan

sin culpa

suya habrá dado materia para que de

ella se

hable y

mur-

mure en

la

suva v en

las ajenas tierras.

»

:

,

PRIMERA PARTE. CAPITULO XXIX.

5[

CAPITULO XXIX.
Oue
trata del gracioso artificio

y orden que se tuvo en sacar á nuestro enamorado

caballero de

la

asperísima penitencia en que se habia puesto.

))

Esta es , señores

,

la

verdadera historia de mi tragedia

mirad y juzgad ahora si los suspiros que escuchastes, las palabras que oistes y las lágrimas que de mis ojos salian te,
,

nian ocasión bastante para mostrarse en

mayor abundancia;
Sólo os

y considerada
vano
el
(

la calidad
,

de mi desgracia, veréis que será en
el

consuelo
lo

pues es imposible

remedio

della.

ruego

que con

facilidad podréis y debéis hacer)
la

que

me
el

aconsejéis

dónde podré pasar

vida, sin que

me

acabe

temor y sobresalto que tengo de ser hallada de los que me buscan que aunque sé que el mucho amor que mis padres
; ,

me
la

tienen

me

asegura que seré dellos bien recebida, es tanta

vergüenza que

me

ocupa, sólo del pensar que, no

como

ellos

pensaban, tengo de parecer á su presencia, que tengo

por mejor desterrarme para siempre de su vista, que nó
verles el rostro

con pensamiento que

ellos

miran

el

mió

ajeno de la honestidad que de

se

debian de tener pro-

metida.

»
el el
,

Calló en diciendo esto, y
lor,

rostro se le cubrió de

un co-

que mostró bien claro

sentimiento y vergüenza del
los

alma.

En

las

suyas sintieron

que escuchado

la

habian

tanta lástima

como admiración
el

de su desgracia; y aunque

luego quisiera

Cura

consolarla y aconsejarla,

tomó

pri-

mero
nardo

la

mano Cardenio,

diciendo
la

:

«En

fin,

señora, ¿que

tú eres la
!

hermosa Dorotea,

hija

única del rico Cle-

52

DON QUIJOTE DE LA MANCHA.
Admirada quedó Dorotea cuando oyó
el

nombre de

su

padre

,

y de ver cuan de poco era
se

el

que

le

nombraba ( porhermano, que
hasta ahora,

que ya

ha dicho de

la
:

mala manera que Cárdenlo estaba
¿quién
sois vos,

vestido); y así, le dijo
así sabéis el
si

«Y

nombre de mi padre? porque yo
acuerdo en todo
,

mal no

me

el

discurso del cuento de

mi

desdicha no

le

— Soy, respondió Cárdenlo,
el

he nombrado.

aquel sin ventura que, sedijo
el

gún vos, señora, habéis dicho, Luscinda
poso; soy

que era su

es-

desdichado Cárdenlo, á quien
el

mal término
estáis,

de aquél que á vos os ha puesto en
traido á

que

me ha
falto

que

me
no

veáis cual

me

veis, roto,

desnudo,

de

todo

humano

consuelo, y lo que es peor de todo, falto de
le

juicio, pues

tengo sino cuando

al

cielo se le antoja
el

dármele por algún breve espacio. Yo, Dorotea, soy

que

me

hallé presente á los desposorios de á oir el sí,
el

que aguardó
cinda
su
;

que de

ser

don Fernando, y el su esposa pronunció Lus-

yo soy
,

que no tuvo ánimo para ver en qué paraba que resultaba
el

desmayo
el

ni lo

del papel

que

le

fué hallado

en

pecho; porque no tuvo

alma sufrimiento para ver

tantas desventuras juntas; y así, dejé la casa y la ciudad, y

una carta que dejé á un huésped mió, á quien rogué que
en manos de Luscinda
la pusiese;

y víneme á

estas soledades

con intención de acabar en

ellas la vida,

que desde aquel

punto aborrecí como mortal enemiga mia.

Mas no ha quete-

rido la suerte quitármela, contentándose con quitarme el juicio
,

quizá por guardarme para

la

buena ventura que he

nido en hallaros; pues siendo verdad,
lo

como
ser

creo que lo es,
á

que aquí habéis contado, aun podria
el cielo

que

entrambos

nos tuviese

guardado mejor suceso en nuestros de-

PRIMERA PARTE. CAPITULO XXIX.
sastres,

53
e]ue

que nosotros pensamos; porque, presupuesto
ser

Luscinda no pudo casarse con don Fernando por
ni

mia,

don Fernando con

ella

por ser vuestro, y haberlo

ella tan
el

manifiestamente declarado, bien podemos esperar que
cielo nos restituya lo
ser,

que

es ni

nuestro, pues está todavía en

y no se ha enajenado

deshecho.

Y pues

este consuelo
ni

tenemos, nacido no de

muy

remota esperanza

fundado

en desvariadas imaginaciones, suplicóos, señora, que toméis
pronta resolución en vuestros honrados pensamientos, pues

yo

la

pienso tomar en los mios

,

acomodándoos á esperar mela fe

jor fortuna;

que yo os juro, por

de caballero y de cris-

tiano, de

no desampararos hasta veros en poder de don Fer,

nando; y aun

cuando con razones no
os
,

le

pudiere atraer á que
la libertad

conozca
concede

lo
el

que

debe de usar entonces

que

me

ser caballero, y
la

poder con justo

título desafialle

en razón de

sinrazón que os hace, sin acordarme de mis
al

agravios, cuya venganza dejaré
tierra á los vuestros.
»

cielo, por acudir en la

Con

lo

que Cardenio

dijo se

acabó de admirar Dorotea;

y por no saber qué gracias volver á tan grandes ofrecimientos, quiso tomarle los pies para besárselos; mas no lo consintió

Cardenio; y
el

el

Licenciado respondió por entrambos,

y aprobó

buen discurso de Cardenio, y sobre todo les rogó, aconsejó y persuadió que se fuesen con él á su aldea,
se

donde
allí

podrian reparar de

las

cosas

que

les faltaban

,

y que

se daria

orden

cómo

buscar á don Fernando, ó

cómo
pare-

llevar á

Dorotea

á sus padres, ó hacer lo

que más

les

ciese conveniente.

Cardenio y Dorotea

se lo agradecieron,

V acetaron

la

merced que

se les ofrecia. El

Barbero, que á

todo habia estado suspenso y callado, hizo también su buena

,

54

DON (JIJÓTE DE LA MANCHA.
con no menos voluntad que
servirles.
el

plática, y se ofreció

Cura

á

todo aquello que fuese bueno para

Contó asimismo
,

con brevedad

la

causa que

allí

los

habia traido

con

la

exa

trañeza de la locura de

Don

Quijote, y

cómo aguardaban

su escudero, que habia ido á buscalle. Vínosele á la
ria á

Cárdenlo,

como por

sueíios, la

pendencia

memoque con Don

Quijote habia tenido, y contóla á los demás; mas no supo
decir por

qué causa fué su cuestión. que
el

En
era

esto oyeron voces, y conocieron

que

las el

daba
lugar

Sancho Panza, que, por no haberlos hallado en
los dejó, los

donde

llamaba á voces. Saliéronle

al

encuentro,

dijo cómo le habia y preguntándole por Don Quijote, les hallado desnudo, en camisa, flaco, amarillo y muerto de

hambre, y suspirando por su señora Dulcinea; y que, puesto que le habia dicho que ella le mandaba que saliese de aquel
lugar y se fuese
al

del

Toboso, donde

le

quedaba esperando,

habia respondido que estaba determinado de no parecer ante
su fermosura fasta que hobiese fecho fazañas que
le ficiesen

digno de su gracia; y que si aquello pasaba adelante, corria peligro de no venir á ser emperador como estaba obligado,
ni

aun arzobispo
lo

,

que era
se

lo

menos que podia

ser

:

por eso
allí.

que mirasen
Licenciado
sacarían de

que

habia de hacer para sacarle de

El

le
allí

respondió que no tuviese pena; que
,

ellos le

mal que

le pesase.

Contó luego

á

Cárdenlo

y á Dorotea lo que tenian pensado para remedio de
Quijote, á lo

Don
el al

menos para
ella

llevarle á su casa; á lo cual dijo

Dorotea que

baria la doncella menesterosa mejor que
allí

Barbero; y más, que tenia
natural, y

vestidos

con que hacerlo

que

la dejasen el

cargo de saber representar todo

aquello que fuese menester para llevar adelante su intento.

,

PRIMERA PARTE. CAPÍIULü XXIX.
porque
bien
ella

55
,

habia leido muchos libros de caballerías

y sabia

el estilo

que tenian

las

doncellas cuitadas, cuando pe-

dian sus dones á los andantes caballeros.

«Pues no
se
tra

es

menester más, dijo
sin

el

Cura, sino que luego

ponga por obra; que

duda

la

buena suerte

se

mues-

en favor nuestro, pues tan sin pensarlo, á vosotros, se-

ñores, se os ha

comenzado
se nos

a abrir puerta para vuestro re-

medio, y á nosotros
menester.
»

ha

facilitado la

que habíamos

Sacó luego Dorotea de su almohada una saya entera de
cierta telilla rica, y

una mantellina de otra

vistosa tela ver-

de, y de una cajita un collar y otras joyas, con que en un
instante se adornó de
parecia.

Todo

y gran señora aquello, y más, dijo que habia sacado de su
rica

manera, que una

casa para lo que se ofreciese, y

que hasta entonces no

se le

habia ofrecido ocasión de habello menester.
tentó en extremo su

A

todos con-

mucha

gracia, donaire y hermosura, y

confirmaron á don Fernando por de poco conocimiento,
pues tanta belleza desechaba; pero
el

que más
así

se

admiró fué

Sancho Panza, por parecerle (como era
preguntó

verdad) que en

todos los dias de su vida habia visto tan hermosa criatura;

y

así,

al

Cura con grande ahinco
,

le dijese

quién

era aquella tan fermosa señora

y qué era

lo

que buscaba por

aquellos andurriales.
«

Esta hermosa señora
es,

,

respondió

el

Cura, Sancho heres la

mano,

como

quien no dice nada...

heredera, por

línea recta de varón, del gran reino de

Micomicon de Etioá pedirle

pia, la cual viene en busca de vuestro
el

amo

un don

cual es

el

que

le

desfaga un tuerto ó agravio que un mal
la

gigante

le tiene

fecho; y á

fama que de buen caballero

;

56
vuestro

DON QUIJOTE DE LA MANCHA.

amo

tiene por todo lo descubierto, de

Guinea ha

venido á buscarle esta princesa.

— ¡Dichosa

buscada y dichoso hallazgo! dijo á esta sasi

zón Sancho Panza; y más,

mi amo

es tan

venturoso, que

desfaga ese agravio y enderece ese tuerto, matando á ese

hideputa dése gigante, que vuestra merced dice; que
tará
las
si él

ma-

le

encuentra,

si

ya no fuese fantasma; que contra

fantasmas no tiene mi señor poder alguno. Pero una

cosa quiero suplicar á vuestra merced entre otras, seíior Li-

cenciado, y es, que porque á
ser arzobispo,
le

mi amo no

le

tome gana de
que-

que

es lo

que yo temo, que vuestra merced
así

aconseje que se case luego con esta princesa, y

dará imposibilitado de recebir Ordenes arzobispales, y ven-

drá con facilidad á su imperio, y yo

al fin

de mis deseos;

que yo he mirado bien en
no

ello,

y hallo por mi cuenta que

me

está bien

que mi amo sea arzobispo, porque yo soy
pues soy casado; y andarme ahora á

inútil

para

la Iglesia,

traer dispensaciones para

poder tener renta por

la Iglesia,

teniendo (como tengo) mujer y hijos, seria nunca acabar:
así

que, señor, todo

el

toque está en que mi

amo

se case

luego con esta señora, que hasta ahora no sé su gracia, y
así

— Llámase, respondió
,

no

la

llamo por su nombre.
el

Cura,

la

Princesa
,

Micomicona
está

porque llamándose su reino Micomicon claro
se

que

ella

ha de llamar

así.

— No
visto á

hay duda en eso, respondió Sancho; que yo he
el

muchos tomar

apellido y alcurnia del lugar

donde

nacieron, llamándose Pedro de Alcalá, Juan de Ubeda, y

Diego de Valladolid; y esto mesmo se debe de usar Guinea tomar las reinas los nombres de sus reinos.
:

allá

en

PRIMERA PARTE. CAPÍTULO XXIX.


tro

57
que

Así debe de ser, dijo

el

Cura; y en

lo del casarse vues-

amo, yo haré en

ello todos

mis poderíos»; con
el

lo

quedó tan contento Sancho, cuanto

Cura admirado de
alguna duda se

su simplicidad, y de ver cuan encajados tenia en la fantasía
los

mismos

disparates

que su amo, pues
ser

sin

daba á entender que habia de venir á

emperador.
la

Ya
de

en esto se habia puesto Dorotea sobre
el

muía

del

Cura, y

Barbero

se

habia acomodado

al

rostro la barba

la cola

de buey, y dijeron á Sancho que
al

los

guiase adonde
dijese

Don

Quijote estaba;
al

cual advirtieron
al

que no

que

conocia

Licenciado ni
todo
el

Barbero, porque en no conocer-

los consistia

el

toque de venir á ser emperador su amo;
ni

puesto que ni

Cura

Cardenio quisieron

ir

con

ellos,

porque no

se le

acordase á

Don

Quijote

la

pendencia que

con Cardenio habia tenido, y porque no era menester por entonces la presencia del Cura; y así, los dejaron ir delante,
y
ellos los

fueron siguiendo á pié poco á poco.
lo

No
lo

dejó de

avisar el
dijo

Cura

que habia de hacer Dorotea; á

que

ella

que descuidasen; que todo
lo

se haria, sin faltar

punto,

como
traia

pedian y pintaban

los libros

de caballerías. Habíase

en este tiempo vestido Cardenio

los vestidos

que Dorotea

cuando

la

hallaron, que,

aunque no eran

muy

bue-

nos, hacian

mucha

ventaja á los que dejaba.

Tres cuartos de legua habrian andado, cuando descubrieron á
tido,

Don

Quijote entre unas intricadas peñas, ya ves-

aunque no armado; y así como Dorotea le vio, y fué informada de Sancho que aquél era Don Quijote, dio del
azote á su palafrén, siguiéndole

en llegando junto á

él, el

bien barbado Barbero; y escudero se arrojó de la muía y
el

fué á tomar en los brazos á Dorotea, la cual, apeándose con

58

DON QUIJOTE DE LA MANCHA.
se fué á hincar
él

grande desenvoltura,

de rodillas ante

las

de

Don
taré

Quijote; y aunque

pugnaba por
:

levantarla, ella, sin

levantarse, le
¡

fabló en esta guisa

«

De
!

aquí no

me

levan-

oh valeroso y esforzado caballero fasta que la vuestra bondad y cortesía me otorgue un don el cual redundará en
,

honra y prez de vuestra persona, y en pro de la más desconsolada y agraviada doncella que el sol ha visto; y si es

que

el

valor de vuestro fuerte brazo corresponde á la voz de
la sin

vuestra inmortal fama, obligado estáis á favorecer á

ventura, que de tan lueñes tierras viene
,

al

olor de vuestro

famoso nombre buscándoos para remedio de sus desdichas.

— No

os responderé palabra, fermosa señora, respondió

Don
que

Quijote, ni oiré más cosa de vuestra facienda, fasta
os levantéis de tierra.

— No
cella, si
el

me

levantaré, señor, respondió la afligida donla vuestra cortesía

primero por

no

me

es

otorgado

don que pido.

— Yo

vos

le

otorgo y concedo, respondió

Don
de

Quijote,

como no se haya de cumplir en daño ó mengua de mi patria, y de aquella que de mi corazón
tiene la llave.

mi

rey,

y libertad

— No
Y
señor, y

será en
,

daño
la

ni en

mengua de

los

que decis, mi

buen señor » replicó

dolorosa doncella.
al

estando en esto, se llegó Sancho Panza

oido de su

muy

pasito le dijo
el

:

«

Bien puede vuestra merced,
es cosa

señor, concederle
sólo es

don que pide; que no
ésta

de nada:

matar á un gigantazo; y

que

lo pide es la alta

princesa
Etiopia.

Micomicona, reina

del gran reino

Micomicon de

— Sea quien

fuere, respondió

Don

Quijote; que yo haré

:

PRIMERA PARTE. CAPÍTULO XXIX.
lo

59

que soy obligado y lo que me dicta mi conciencia, conforme á lo que profesado tengo»; y volviéndose á la don:

cella, dijo
le

«

La

vuestra gran fermosura se levante; que yo
quisiere.

otorgo

el

— Pues
llevare, y

don que pedirme
que pido
se

el

es, dijo la doncella,

que

la

vuestra
le

magnánima persona
aventura ni

venga luego conmigo donde yo

me prometa

que no

se

ha de entremeter en

otra

demanda alguna,

hasta

darme venganza de un

traidor que, contra todo derecho divino y

humano, me

tiene

usurpado mi reino.

— Digo que
os fatiga,

así lo

otorgo, respondió

Don
la

Quijote; y

así,

podéis, señora, desde

hoy más desechar
que, con

malenconía que

y hacer que cobre nuevos bríos y fuerzas vuestra
;

desmayada esperanza

el

ayuda de Dios y

la

de mi

brazo, vos os veréis presto restituida en vuestro reino, y sentada en la silla de vuestro antiguo y grande estado, á pesar

y á despecho de
la

los follones

que contradecirlo quisieren
,

y manos á
el

labor

;

que en

la

tardanza dicen que suele estar

peligro.»

La menesterosa
besarle las

doncella

pugnó con mucha

porfía por

manos; mas

Don

Quijote, que en todo era colo consintió; antes la

medido y
y y

cortés caballero,

jamas

hizo

levantar, y la abrazó con

mucha

cortesía y
las

comedimiento,

mandó
le

á

Sancho que requiriese
al

cinchas á Rocinante,
las

armase luego
trofeo, de

punto. Sancho descolgó

armas, que,

como
las

un árbol estaban pendientes, y requiriendo cinchas, en un punto armó á su señor, el cual, viéndose
dijo
:

armado,

«

Vamos de

aquí, en

el

nombre de Dios,

á

favorecer esta gran señora.»

Estábase

el

Barbero aún de

rodillas,

teniendo gran cuenta

»

!

6o
de disimular

DON QUIJOTE DE LA MANCHA.
la risa,

y de que no

se le cayese la barba,
sin

con

cuya caida quizá quedaran todos
intención; y viendo que ya
la diligencia
el

conseguir su buena

don estaba concedido, y con
ir

que

Don

Quijote se alistaba para
la

á

cumy

plirle, se levantó

y tomó de

otra
;

mano

á su señora,

entre los dos la subieron en la

muía luego subió Don Qui-

jote sobre Rocinante, y el Barbero se

acomodó en

su caballe re-

gadura, quedándose Sancho á pié, donde de nuevo se

novó

el

sentimiento de la pérdida del Rucio, con la falta que
le hacia;

entonces
cerle

mas todo

lo llevaba

con gusto, por pare-

que ya su señor estaba puesto en camino y
ser

muy

á pi-

que de
se

emperador; porque

sin

duda alguna pensaba que

habia de casar con aquella princesa, y ser por lo menos

rey de

Micomicon;

sólo le

daba pesadumbre

el

pensar que

aquel reino era en tierra de negros, y que la gente que por sus vasallos le diesen hablan de ser todos negros, á lo cual

hizo luego en su imaginación un buen remedio, y díjose á

mismo
los

:

«

¿

Qué

se

me

da á mí que mis vasallos sean negros
ellos

¿Habrá más que cargar con
podré vender, y adonde

y
los

traerlos á

España, donde

me

pagarán de contado, de
ó algún oficio, con

cuyo dinero podré comprar algún
que
vivir

título

descansado todos

los dias

de

mi

vida!

No,

sino

dormios, y no tengáis ingenio y habilidad para disponer de
las cosas,

y para vender tres, cinco ó diez mil vasallos en dácame esas pajas par Dios, que los he de volar chico con
:

grande, ó

pudiere, y que por negros que sean, los he de volver blancos ó amarillos llegaos , que me mamo el
:

como

dedo.

Con

esto
la

andaba tan

solícito

y tan contento, que se
á pié.

le

olvidaba

pesadumbre de caminar

1

PRIMERA PARTE. CAPÍTULO XXIX.

6
el

Todo

esto

miraban de entre unas breñas Cárdenlo y

Cura, y no sabían qué hacerse para juntarse con ellos; pero el Cura, que era gran tracista, imaginó luego lo que harian
para conseguir lo que deseaban, y fué, que con unas
tijeras,

que

traia

en un estuche quitó con
,

mucha

presteza

la

barba

á Cárdenlo; y con esto y con

el

capotillo pardo de
lo

Dorotea

que

traia,

ya quedó tan otro de

que antes parecia Cárde-

nlo, que él

mismo no

se conociera,

aunque

á

un espejo

se

mirara.

Hecho
ron
sos
los
al

esto, puesto ya

que

los otros

hablan pasado ade-

lante en tanto

que

ellos se

detuvieron, con facilidad salie-

camino

real antes,

porque

las

malezas y malos pa-

de aquellos lugares no concedían que anduviesen tanto de á caballo
el

como

los

de á pié.

En

efeto

,

ellos se pusiesalió della

ron en

llano á la salida de la Sierra; y así
el

como

Don muy
y
al

Quijote y sus camaradas,

Cura
le

se le

puso á mirar

de espacio, dando señales de que

iba reconociendo;
se

cabo de haberle una buena pieza estado mirando,
:

fué á él, abiertos los brazos y diciendo á voces
sea hallado el espejo de la caballería, el

«

Para bien

mi buen compatrioto
nata de la gentileza,
,

Don
el

Quijote de

la

Mancha,
los

la flor

y

la

amparo y remedio de

menesterosos

la

quinta esencia

de

los caballeros andantes..^)

Y

diciendo esto, tenia abrazado por

la rodilla

de

la

pierna

izquierda á

Don
al

Quijote,

el cual,

espantado de lo que vela
le

y ola decir y hacer á aquel hombre, se
atención, y
fin
le

puso á mirar con

conoció, y quedó más espantado de verle, y hizo grande fuerza por apearse; mas el Cura no lo

consintió, por lo cual
tra

Don

Quijote decía
es

:

«

Déjeme vues-

merced, señor Licenciado; que no

razón que yo esté

62
á caballo,

DON CJUIJOTE DE LA MANCHA.
y una tan reverenda persona como vuestra merced
consentiré yo en ningún

esté á pié.

— Eso no
acaba
se
las

modo,

dijo el

Cura;

estése la vuestra

grandeza á caballo

,

pues estando á caballo

mayores fazañas y aventuras que en nuestra edad

han

visto;

que á mí (aunque indigno, sacerdote) bastalas

ráme subir en

ancas de una destas muías destos señores
si

que con vuestra merced caminan,

no

lo

han por enojo;

y aun haré cuenta que voy caballero sobre el caballo Pegaso, ó sobre la cebra ó alfana en que cabalgaba aquel fa-

moso moro Muzaraque, que aun hasta ahora yace encantado en la gran cuesta Zulema, que dista poco de la gran
Compluto.

— Aun no
dió

sabia
;

yo tanto, mi señor Licenciado, respon-

y yo sé que mi señora la Princesa será servida, por mi amor, de mandar á su escudero dé á vuesQuijote
tra
las

Don

merced
ancas,
si

la silla

de su muía; que
ella las sufre.

él

podrá acomodarse en

es

que

Sí sufre, á lo

que yo creo, respondió

la

Princesa; y
al

también

que no será menester mandárselo
él es

señor

mi

escudero; que
sentirá

tan cortés y tan cristiano, que no coneclesiástica

que una persona

vaya á pié

,

pudiendo

ir

á caballo.

— Así

es B

,

respondió
al

el

Barbero
la silla,

;

y apeándose en un
él la

punto, convidó

Cura con
el

y

tomó

sin hacerse
el

mucho
decir

de rogar; y fué
la

mal, que

al

subir á las ancas
alquiler

Barbero,

muía, que en efeto era de
esto

(que para
los cuartos
el

que era mala

basta)

,

alzó

un poco

traseros,

y dio dos coces en

el aire,

que, á darlas en
él

pe-

cho de Maese Nicolás ó en

la

cabeza,

diera

al

diablo la

»

PRIMERA PARTE. CAPÍTULO XXIX.
venida por

63

Don
le

Quijote.
el

Con

todo eso,

le

sobresaltaron de
las

manera, que cayó en
barbas, que se

suelo, con tan poco cuidado de

cayeron; y

como

se vio sin ellas,
el

no tuvo

otro remedio sino acudir á cubrirse

rostro con
las

ambas ma-

nos, y á quejarse que

le

hablan derribado
aquel

muelas.
barbas, sin

Don
dijo
:

Quijote,

como

vio todo

mazo de

quijadas y sin sangre, lejos del rostro del escudero caido,

«¡Vive Dios, que

es

gran milagro éste! Las barbas
del rostro
,

le

han derribado v arrancado
posta.

como

si

las

quitaran á

El Cura, que vio
ser descubierta
,

el

peligro que corria su invención de
las

acudió luego á

barbas

,

y fuese con

ellas

donde yacia Maese Nicolás, dando aún voces todavía; y de

un golpe,

llegándole la cabeza á su pecho, se
él

las

puso, mur-

murando sobre
cuando

unas palabras, que dijo que era cierto
,

y tuvo puestas, se apartó, y quedó el escudero tan bien barbado y tan sano como de antes, de que se ad;

ensalmo apropiado para pegar barbas
se las

como

lo

verian

miró

Don

Quijote sobremanera, y rogó

al

Cura que, cuando
de extender;
,

tuviese lugar, le enseñase aquel ensalmo; que él entendía

que su virtud

á

más que pegar barbas
,

se debia

pues estaba claro que de donde
de quedar
la

las

barbas se quitasen

habia

carne llagada y maltrecha, y que pues todo esto sanaba, á más que barbas aprovechaba.
«

Así es, dijo

el

Cura»; y prometió de
se fuesen los tres

enseííársele en la

primera ocasión. Concertáronse que, por entonces subiese
el

Cura, y á trechos

mudando,

hasta que
allí.

llegasen á la venta,

que

estarla hasta seis leguas

de

Puestos
Princesa v

los
el

tres

á caballo, es á saber,
los tres á pié,

Don

Quijote,
el

la

Cura, v

Cardenio,

Barbero

»

;

64

DON QUIJOTE DE LA MANCHA.

y Sancho Panza,

Don

Quijote dijo ala doncella

:

«Vuestra
le diere. »
:

grandeza, señora mia, guíe por donde más gusto

Y
hacia

antes

que

ella

respondiese, dijo
la

el

Licenciado

«

¿Hacia

qué reino quiere guiar
el

vuestra señoría? ¿Es por ventura

de Micomicon ? que

debe de

ser, ó

yo

poco de

reinos.

Ella,

que estaba bien en todo, entendió que habia de
sí;

res-

ponder que
camino.

y

así dijo

:

«Sí, señor, hacia ese reino es

mi

Si así es, dijo el

Cura, por

la

mitad de mi pueblo hela derrota

mos de
y

pasar, y de

allí

tomará vuestra merced
la

de

Cartagena, donde
si

se

podrá embarcar con

buena ventura;
en

hay viento próspero, mar tranquilo y
se

sin borrasca,
vista

poco menos de nueve años

podrá estar á

de

la

gran

laguna Meona, digo Meótides, que está poco más de cien
¡ornadas

más acá

del reino de vuestra grandeza.
está

— Vuestra
lo

merced

engañado, señor mió,
partí del,

dijo ella;

porque no há dos años que yo

y en verdad que nunca tuve buen tiempo; y con todo eso, he llegado á ver
que tanto deseaba, que
es
al

señor

Don

Quijote de
así

la

Mancha, cuyas nuevas
los pies

llegaron á mis oidos

como puse

en España, y

ellas

me

movieron á buscarle para eníiar

comendarme en

su cortesía, y

mi

justicia del valor de

su invencible brazo.

— No más;

cesen mis alabanzas, dijo á esta sazón

Don

Quijote , porque soy enemigo de todo género de adulación

y aunque ésta no lo sea, todavía ofenden mis castas orejas
semejantes pláticas
:

lo

que yo

sé decir, señora

mia, que ora
se

tenga valor ó no,

el

que tuviere ó no tuviere

ha de em-

plear en vuestro servicio hasta perder la vida; y así, dejando

,

PRIMERA PARTE. CAPÍTULO
esto para su
es la

XXIX.

65
diga qué

tiempo
le

,

ruego

al

señor Licenciado

me

causa que

ha

traido por estas partes, tan solo y tan

sin criados

—A
Maese

y tan á

la ligera,

que

me

pone espanto.
el

eso yo responderé con brevedad, respondió

Cura;

porque sabrá vuestra merced, señor

Quijote, que yo y Nicolás, nuestro amigo y nuestro barbero, íbamos á

Don

Sevilla á cobrar ciertos dineros

que un pariente mió, que há

muchos años que pasó
otro
al

á Indias,

me

habia enviado, y no tan

pocos, que no pasen de sesenta mil pesos ensayados, que es

que

tal;

y pasando ayer por estos lugares, nos salieron
,

encuentro cuatro salteadores y nos quitaron hasta
,

las

bar-

bas

y de

modo

nos

las

quitaron

,

que

le

convino

al

Barbero
va, se-

ponérselas postizas, y aun á este

mancebo que aquí

ñalando á Cárdenlo,

le

pusieron

como de

nuevo.

Y

es lo

bueno, que
los

es pública

fama por todos

estos contornos

que

que nos saltearon son de unos galeotes, que dicen que

libertó casi en este á pesar del
sin

mesmo

sitio
las

un hombre tan
guardas
,

valiente ,

que
:

Comisario y de
él

duda alguna

y debia de estar fuera de juicio, ó debe de

los soltó á

todos

ser tan grande bellaco

como

ellos

,

ó algún hombre sin alma
al

y
la

sin conciencia,

pues quiso soltar

lobo entre

las ovejas, á

raposa entre

las gallinas, al
ir

oso entre la miel; quiso de-

fraudar la justicia,

contra su rey y señor natural, pues fué
las

contra sus justos mandamientos; quiso, digo, quitar á
leras sus pies,

ga-

poner en alboroto

la

Santa

Hermandad, que
se

habia muchos años que reposaba; quiso, finalmente, hacer

un hecho por donde
cuerpo.
»

se pierda su

alma, y no
al

gane su
la

Habíales contado Sancho
los galeotes,

Cura y Cura

al

Barbero

aventura de

que acabó su amo con tanta gloria
la

suya, V por esto cargaba

mano

el

refiriéndola, por

,

66

DON C^JIJOTE DE LA MANCHA.

ver lo que hacia ó decia

Don

Quijote,

al

cual se le
él

mu-

daba

la color á

cada palabra, y no osaba decir que

habia

sido el libertador de aquella
el

buena gente.

«

Estos, pues, dijo

Cura, fueron

los

que nos robaron; que Dios, por su mial

sericordia, se lo
suplicio.
»

perdone

que no

los dejó llevar al

debido

CAPITULO XXX.
Que
trata

de

la

discreción de

la

hermosa Dorotea, con
y pasatiempo.

otras cosas de

mucho

gusto

No
«

hubo bien acabado
fe,

el

Cura, cuando Sancho dijo:
el

Pues, mia

señor Licenciado,

que hizo
y

esa fazaña fué

mi amo; y no porque yo no
rase lo

le dije antes

le avisé

que miporque

que hacia, y que era pecado
allí

darles libertad,

todos iban

— Majadero,

por grandísimos bellacos.
dijo á esta sazón
les

Don

Quijote, á los cabasi

lleros

andantes no

toca ni atañe averiguar

los afligidos

encadenados y opresos que encuentran por

los

caminos van
,

de aquella manera ó están en aquella angustia por sus culpas
ó por sus desgracias
terosos,
querías.
;

sólo les toca ayudarles

como

á

menes-

poniendo

los ojos

en sus penas, y no en sus bella-

Yo

topé un rosario y sarta de gente

mohína y

des-

dichada, y hice con ellos lo que

mi

religión
le

me

pide, y lo
,

demás

allá se

avenga y á quien mal
;

ha parecido

salvo la

santa dignidad del señor Licenciado y su honrada persona,

digo que sabe poco de achaque de caballería, y que miente como un hideputa y mal nacido y esto le haré conocer con
,

mi espada donde más largamente

se contiene
el

»

;

y esto dijo
;

afirmándose en los estribos y calándose

morrión

porque

PRIMERA PARTE. CAPÍTULO XXX.
la bacía

67

de barbero, que á su cuenta era

el

yelmo de

Mam-

brino, llevaba colgada del arzón delantero, hasta adobarla
del

mal tratamiento que

la

hicieron los galeotes.

Dorotea, que era discreta y de gran donaire,
ya sabia
el

como

quien
todos

menguado humor de Don Quijote, y que
tan

hacian burla del, sino Sancho Panza, no quiso ser para
nos; y viéndole

me-

enojado,

le

dijo:
el

«Señor caballero,

miémbresele á

la

vuestra

merced
,

don que

me

tiene pro-

y que conforme á él otra aventura, por urgente que

metido

,

no puede entremeterse en
Sosiegue vuestra merced

sea.

el

pecho; que

si el

señor Licenciado supiera que por ese in,

victo brazo habian sido librados los galeotes

él se

diera tres

puntos en

la

boca, y aun se mordiera

tres veces la

lengua,

antes que haber dicho palabra que en despecho de vuestra

merced redundara.

— Eso — Yo

juro yo bien

,

dijo el

Cura y aun
,

me

hubiera qui-

tado un bigote.
callaré, señora

mia,

dijo

Don
se

Quijote, y reprimiré
iré

la justa cólera

que ya en mi pecho

habia levantado, y

quieto y pacífico hasta tanto que os cumpla el don prometido; pero en pago deste buen deseo, os suplico me digáis,
si

no

se os

hace de mal, cuál
las

es la vuestra cuita,

y cuántas,

quiénes y cuáles son

personas de quien os tengo de dar

debida satisfacción y entera venganza.

— Eso haré yo de buena gana, respondió — No
A lo
os enfada oir lástimas y desgracias.

Dorotea,

si

es

que no

enfadará, señora mia», respondió
:

Don

Quijote.

que respondió Dorotea
»

«

Pues

así es,

esténme vues-

tras

mercedes atentos.

No

hubo

ella

dicho esto, cuando Cárdenlo v

el

Barbero

68
se le

DON QUIJOTE DE LA MANCHA.
pusieron
al

lado , deseosos de ver
lo

cómo

fingía su histo-

ria la discreta

Dorotea; y
ella

engañado iba con

mismo hizo Sancho, que tan como su amo y ella después de ha;

,

berse puesto bien en la

silla,

y prevenídose con toser y hadonaire

cer otros ademanes, con
desta

mucho
mí me

comenzó

á decir

manera

:

«

Primeramente quiero que vuestras mercedes
llaman...
le
»

sepan, señores mios, que á

Y
que

detúvose aquí un poco, porque se

olvidó
al

el

nombre

el

Cura

le

habia puesto; pero
lo
la

él

acudió
dijo
:

remedio, pores maravilla,

que entendió en
señora mia, que

que reparaba, y

«

No

vuestra grandeza se turbe y
;

empache
,

contando sus desventuras que
chas veces quitan
la

ellas

suelen ser tales

que mutal

memoria

á los

que maltratan, de

manera, que aun de sus mesmos nombres no

se les acuerda,

como han hecho con
dado que
se

vuestra gran señoría, que se ha olvi-

llama

la

Princesa Micomicona, legítima here-

dera del gran reino

Micomicon; y con

este

apuntamiento

puede

la

vuestra grandeza reducir ahora fácilmente á su las-

timada memoria todo aquello que contar quisiere.


que

Así

es la

verdad, respondió

la

doncella; y desde aquí

adelante creo que no será menester apuntarme nada; que yo
saldré á
el

buen puerto con mi verdadera

historia, la cual es,
el

rey

mi padre, que

se

llamaba Tinacrio
el arte

Sabidor, fué

muy
11a,

docto en esto que llaman

mágica, y alcanzó por
la

su ciencia que

mi madre, que

se

llamaba
él,

Reina Jaramiallí

habia de morir primero que
él

y que de

á

poco

también habia de pasar desta vida, y yo habia de quedar huérfana de padre y madre pero decia él que no le
tiempo
;

fatigaba tanto esto, cuanto le ponia en confusión saber por

cosa

muy

cierta

que un descomunal gigante, señor de una

PRIMERA PARTE. CAPÍTULO XXX.
grande ínsula que
Pandafilando de
la

69

casi

alinda con nuestro reino, llamado
Vista...

Fosca

porque

es

cosa averiguada

que, aunque tiene

los ojos
si

en su lugar y derechos, siempre
,

mira

al

revés

,

como

fuese bizco

y esto lo hace
á los

él

de

ma-

ligno y por poner

miedo y espanto

que

mira...

Digo

que supo que

este gigante,

en sabiendo mi orfandad, habia

de pasar con gran poderío sobre
quitar todo, sin dejarme una
giese; pero

mi

reino, y

me

lo

habia de

pequeña aldea donde
esta ruina

me

recosi

que podia excusar toda
con
él;

y desgracia,

yo

me

quisiese casar

mas,
á

á lo

que

él

entendia, jatan

mas pensaba que me vendria
jamas

mí en voluntad de hacer

desigual casamiento; y dijo en esto la pura verdad, porque

me ha

pasado por

el

pensamiento casarme con aquel

gigante, ni con otro alguno, por grande y desaforado que
fuese.

Dijo también mi padre que después que

él

fuese

muerto, y viese yo que Pandafilando comenzaba á pasar
sobre

mi

reino, que no aguardase á

ponerme en defensa,
le dejase

porque

seria destruirme, sino
el

que libremente
la
,

des-

embarazado

reino,

si

queria excusar

truicion de mis buenos y leales vasallos
ser posible

muerte y total desporque no habia de

defenderme de
,

la

endiablada fuerza del gigante;
los

sino

que luego con algunos de
las

mios
el

,

me

pusiese en ca-

mino de
les,

Españas, donde hallarla

remedio de mis macuya fama en
el

hallando á un caballero andante,
se extenderla
si

este

tiempo

por todo este reino,

cual se habia

de llamar,

mal no

— Don

me

acuerdo,

Don Azote
la

ó

Don Jigote.

Quijote diria, señora, dijo á esta sazón Sancho
el

Panza, ó por otro nombre,

Caballero de

Triste Figura.
:

— Así

es la

verdad, dijo Dorotea. Dijo más
el

que habia de

ser alto de

cuerpo, seco de rostro, y que en

lado derecho.


encima
del

DON QUIJOTE DE LA MANCHA.

hombro
esto

izquierdo, ó por

allí

junto, habia de te»

ner un lunar pardo con ciertos cabellos á manera de cerdas.

En oyendo
soy
el

Don

Quijote, dijo á su escudero
á desnudar;

:

«Ten
si

aquí, Sancho, hijo,
caballero

ayúdame

que quiero ver

que aquel sabio rey dejó profetizado.

— Pues Dorotea. — Para respondió Don — No hay
ver
del espinazo,

¿para qué quiere vuestra merced desnudarse? dijo

si

tengo ese lunar, que vuestro padre dijo,

Quijote.

para qué desnudarse, dijo Sancho; que yo sé
la

que tiene vuestra merced un lunar desas señas en

mitad

que

es señal

de ser hombre fuerte.

— Eso

basta, dijo Dorotea,

porque con

los

amigos no

se

ha de mirar en pocas cosas; y que esté debajo del hombro ó que esté en el espinazo importa poco basta que haya lu:

nar, y esté

donde estuviere, pues todo

es

una mesma carne;

duda acertó mi buen padre en todo, y yo he acertado en encomendarme al señor Don Quijote; que él es por quien
y
sin

mi padre
de
la

lo dijo;

pues

las señales del rostro
,

vienen con

las

buena fama que
la

este caballero tiene

no sólo en España,

pero en toda

Mancha; pues apenas me hube desembaralma que era
se
el

cado en Osuna, cuando oí decir tantas hazañas suyas, que
luego

— Pues ¿cómo
Mas mano y
antes
dijo
:

me

dio

el

mesmo que
si

venia á buscar.

desembarcó vuestra merced en Osuna,

señora mia, preguntó

Don

Quijote,

no

es

puerto de mar!»
el

que Dorotea respondiese, tomó

Cura

la

«Debe de querer

decir la señora Princesa que
la

después que desembarcó en Málaga,

primera parte donde

oyó nuevas de vuestra merced fué en Osuna.

— Eso

quise decir, dijo Dorotea.

PRIMERA PARTE. CAPÍ FULO XXX.

7I

—Y

esto lleva

camino,

dijo el

Cura; y prosiga Vuestra

Majestad adelante.

— No hay que
finalmente

proseguir, respondió Dorotea, sino que

mi

suerte ha sido tan

buena en

hallar al señor

Don

Quijote, que ya

me

cuento y tengo por reina y señora

de todo

mi

reino; pues él, por su cortesía y magnificencia,
el

me
yo

ha prometido
le llevare,

don de

irse

conmigo donde quiera que
mate, y
;

que no será á otra parte que á ponerle delante
la

de Pandafilando de
restituya lo

Fosca Vista, para que

le

me
que
dejó
cual

que

tan contra razón

me

tiene usurpado
así lo
,

todo esto ha de suceder á pedir de boca, pues
profetizado Tinacrio
el

Sabidor

,

mi buen padre

el

también dejó dicho y

escrito en letras caldeas ó griegas (que
si

yo no

las sé leer)

que

este caballero de la profecía
al

,

des-

pués de haber degollado

gigante, quisiese casarse con-

migo, que yo

me

otorgase luego sin réplica alguna por su
le diese la

legítima esposa, y
la

posesión de

mi

reino, junto con

de mi persona.

— ¿Qué
Quijote.

te parece,

Sancho amigo!

dijo á este
te lo dije

punto

Don
si

¿No

oyes lo que pasa?

¿No
:

yo? Mira

tenemos ya reino que mandar, y reina con quien casar. Eso juro yo, dijo Sancho ¡para el puto que no se ca-


la

sare, en abriendo el gaznatico al señor Pandahilado!

Pues

¡monta, que
de

es

mala

la reina!

Así se

me

vuelvan

las

pulgas

cama»; y diciendo

esto, dio dos zapatetas en el aire

con muestras de grandísimo contento, y luego fué á tomar
las

muía de Dorotea, y haciéndola detener, se hincó de rodillas ante ella, suplicándole le diese las manos
riendas de la

para besárselas

,

en señal que
reir,

la recibia

por su reina y señora. viendo
la

¿Quién no habia de

de

los circunstantes,

72
locura del

DON QUIJOTE DE LA MANCHA.

amo y

la

simplicidad del criado!

En

efecto,

Do-

rotea se las dio, y le prometió de hacerle gran señor en su
reino,

cuando

el cielo le

hiciese tanto bien,

que

se lo dejase
,

cobrar y gozar. Agradecióselo Sancho con renovó la risa en todos.

tales palabras

que

«Esta, señores, prosiguió Dorotea,
resta

es

mi

historia; sólo

por deciros que, de cuanta gente de acompañamiento

saqué de mi reino, no

me

ha quedado sino sólo
se

este bien

barbado escudero; porque todos

anegaron en una gran
él

borrasca que tuvimos á vista del puerto , y

dos tablas á tierra,

y misterio

el

como por milagro; y así discurso de mi vida, como lo
el

y yo salimos en es todo milagro
habréis notado;

y

si

en alguna cosa he andado demasiada ó no tan acertada
debiera, echad la culpa á lo que

como

señor Licenciado

dijo al principio

extraordinarios

mi cuento que los trabajos continuos y quitan la memoria al que los padece.
de
:

— Esa
dijo

no

me

quitarán á

mí ¡oh

alta

y valerosa señora!

Don
os

Quijote, cuantos yo pasare en serviros, por granel

des y no vistos que sean; y así, de nuevo confirmo

don

he prometido, y juro de ir con vos al cabo del mundo, hasta verme con el fiero enemigo vuestro, á quien
pienso, con
el

que

ayuda de Dios y de mi brazo,
filos

tajar la

cabeza

soberbia con los

desta,

no quiero decir buena espada;

y después de habérsela tajado, y puéstoos en pacífica posesión de vuestro estado, quedará á vuestra voluntad hacer de
vuestra persona lo que

más en

talante os viniere,
la

porque
el

mientras que yo tuviere ocupada

memoria, perdido

entendimiento y cautiva
más...

la

voluntad por aquella... y no digo
arrostre ni por pienso el casarme,
»

no

es posible

que yo

aunque fuese con

el

ave Fénix.

»

,;

PRIMERA PARTE. CAPÍTULO XXX.
Parecióle tan mal á Sancho lo que últimamente su
dijo acerca de

73

amo
al-

no querer casarse, que con grande enojo,
:

zando

la

voz, dijo

«¡Voto

á

mí y juro

á mí, que

no tiene
Pues
el

vuestra merced, señor

Don

Quijote, cabal juicio!

¿cómo
sarse

es posible

que pone vuestra merced en duda

ca-

con tan
la

alta princesa

como

aquesta! ¿Piensa que le ha

de ofrecer

fortuna, tras cada cantillo, semejante ventura
se le ofrece?

como
tad, y

la

que ahora

¿Es por dicha más herla

mosa mi señora Dulcinea?
que
Así

No

por cierto, ni aun con

mi-

aun estoy por decir que no
¡

llega á su zapato de la
el

está delante.
si

,

noramala alcanzaré yo
se

condado
el

que espero,

vuestra

merced

anda á pedir cotufas en

golfo! Cásese, cásese luego, encomiéndole yo á Satanás, y tome ese reino que se le viene á las manos de vobis y vobis

y en siendo rey, hágame marqués ó adelantado, y luego
quiera se lo lleve
el

si-

diablo todo.
tales

Don

Quijote, que

blasfemias oyó decir contra su
el

señora Dulcinea, no lo pudo sufrir; y alzando
hablalle palabra á

lanzon, sin
es
si

Sancho y

sin

decirle esta

boca

mia,

le

dio tales dos palos, que dio con él en tierra; y

no fuera

porque Dorotea
le

le

dio voces que no le diera más, sin

duda

quitara

allí la

vida.

«¿Pensáis,

le dijo á

cabo de rato, villano ruin, que ha de
la

haber lugar siempre para ponerme

mano en
que
sin

la

horcaja-

dura, y que todo ha de ser errar vos y perdonaros yo! Pues

no

lo penséis

,

bellaco descomulgado
la sin

;

duda

lo estás

pues has puesto lengua en

par Dulcinea.
si

Y
el

¿no sabéis
valor que

vos, gañan, faquin, belitre, que
ella

no fuese por
le

infunde en mi brazo, que no

tendria yo para matar

una pulga? Decid, socarrón de lengua viperina, y ¿quién

!

,

74
pensáis

DON QUIJOTE DE LA MANCHA.
que ha ganado
este reino

y cortado

la

cabeza á este

gigante y héchoos á vos marqués (que todo esto doy ya por

hecho y por cosa pasada en cosa juzgada), si no es el valor de Dulcinea, tomando á mi brazo por instrumento de sus
hazañas? Ella pelea en
piro en ella,

mí y vence en mí, y yo vivo y resy tengo vida y ser. ¡Oh hideputa bellaco, y
señor de título , y correspondéis á tan buena
la

cómo
de

sois

desagradecido! que os veis levantado del polvo

la tierra a ser

obra con decir mal de quien os

hizo.»

No

estaba

tan

maltrecho Sancho, que no oyese todo

cuanto su

amo

le decia;

y levantándose con un poco de

presteza, se fué á poner detras del palafrén de Dorotea, y

desde

allí

dijo á su

amo

:

«

Dígame,

señor,

si

vuestra

mer-

ced tiene determinado de no casarse con esta gran princesa
claro está

que no será

el

reino suyo; y no siéndolo, ¿qué
es

mercedes

me

puede hacer? Esto

de lo que yo

me

quejo.

Cásese vuestra merced una por una con esta reina, ahora

que

la

tenemos aquí como llovida del

cielo

,

y después puede

volverse con

mi señora Dulcinea; que

reyes debe de haber

habido en
la

el

mundo, que hayan

sido amancebados.
si

En

lo

de

hermosura no

me

entremeto; que en verdad,

va á de-

cirla,

que entrambas

me
la

parecen bien; puesto que yo nunca

he

— ¿Cómo que no
¿

visto á la señora Dulcinea.

has visto, traidor blasfemo! dijo

Don

Quijote. Pues
parte

no acabas de traerme ahora un recado de su
Sancho,

— Digo que
parece bien.

no

la

he

visto tan despacio, dijo

que pueda haber notado particularmente su hermosura y sus buenas partes, punto por punto; pero, así á bulto, me

»

PRIMERA PARTE. CAPÍTULO XXX.

el

Quijote; y perdóname enojo que te he dado; que los primeros movimientos no
te disculpo,

— Ahora

75

dijo

Don

son en

manos de
yo
lo

los

hombres.
así,
,

— Ya
lengua.

veo, respondió Sancho; y
es

en

la

gana de hablar siempre
dejar de decir, por

primero movimiento y no puedo
lo

una vez siquiera,

que

me

viene á

la

— Con todo
no
te

eso, dijo

Don

Quijote, mira, Sancho, lo que
el cantarillo

hablas, porque tantas veces va

á la fuente... y

digo más.
bien, respondió Sancho, Dios está en
el

— Ahora
que ve
las

cielo,

trampas, y será juez de quién hace más mal, yo

en no hablar bien, ó vuestra merced en obrallo.

— No

haya más,

dijo Dorotea.

Corred, Sancho, y be-

sad la

mano

á vuestro señor, y pedilde perdón, y de aquí

adelante andad
perios;

más atentado en
no

vuestras alabanzas y vitu-

y no digáis mal de aquesa señora Tobosa, á quien
si

yo no conozco,

es

para servilla; y tened confianza en

Dios, que no os ha de

faltar

un estado, donde

viváis

como
él

un

príncipe.

Fué Sancho
se la dio

cabizbajo, y pidió
;

la

mano

á su señor, y
se la

con reposado continente
le

y después que

hubo

besado,
lantase

echó

la

bendición, y dijo á Sancho que se ade-

con

él

un poco; que tenia que preguntalle y que departir cosas de mucha importancia.
así

Hízolo
y díjole

Sancho, y apartáronse
Quijote
:

los

dos algo adelante,

Don

«

Después que veniste, no he tenido

lugar ni espacio para preguntarte
laridad acerca de la

muchas
llevaste

cosas de particu-

embajada que
la

y de

la respuesta

que

trujiste;

v ahora, pues

fortuna nos ha concedido

»

n(y

DON QUIJOTE DE LA MANCHA.
la

tiempo y lugar, no me niegues tú darme con tan buenas nuevas.

ventura que puedes

— Pregunte

vuestra

merced

lo

que quisiere
salida

,

respondió
la

Sancho; que á todo daré tan buena
trada; pero suplico á vuestra

como

tuve

en-

merced, señor mió, que no sea

de aquí adelante tan vengativo.

— Dígolo, respondió, porque
fueron por
otra vez,
la

— ¿Por qué

lo dices,

Sancho?

dijo

Don

Quijote.

estos palos de agora,
los

más

pendencia que entre
lo

dos trabó
seíiora

el

diablo la

que por

que

dije

contra
á

mi

Dulcinea, á

quien
ella

amo y
la

reverencio

como

una

reliquia,

aunque en

— No
Don
tonces
,

no

haya, sólo por ser cosa de vuestra merced.
tornes á esas pláticas, Sancho, por tu vida, dijo

Quijote; que

me

dan pesadumbre.

Ya
:

te

perdoné en-

y bien sabes tú que suele decirse

A

pecado nuevo

penitencia nueva.

Mientras esto pasaba, vieron venir por
ellos

el

camino, donde

iban, á un

hombre
les

cuando llegó cerca,

un jumento; y pareció que era gitano; pero Sancho
caballero sobre
se le iban los ojos

Panza, que do quiera que via asnos
alma, apenas hubo visto
era Gines de
ovillo
al

y

el

hombre, cuando conoció que
el

Pasamonte; y por

hilo del gitano sacó el

de su asno,

como

era la verdad, pues era el
el

Rucio

sobre que Pasamonte venia;

cual, por

no

por vender

el

asno, se habia puesto en traje

conocido y de gitano, cuya
ser

lengua y otras muchas sabia
ran naturales suyas.

muy
;

bien hablar,

como
hubo

si

fue-

Viole Sancho y conocióle

y apenas
le

le
:

visto

y

conocido

,

cuando á grandes voces
deja

dijo

«

\

Ah

ladrón

Ginesillo!

mi prenda,

suelta

mi

vida, no te ensan-

;

PRIMERA PARTE. CAPÍTULO XXX.
ches

77

con mi descanso

;

deja

mi asno

,

deja
lo

mi

regalo
es

huye, puto; auséntate, ladrón, y desampara
tuyo.
»

que no

No
á la

fueran menester tantas palabras ni baldones, porque
saltó

primera

Gines; y tomando un trote que parecia
se ausentó

carrera, en
llegó á su

un punto

y

alejó
:

de todos. Sancho

Rucio, y abrazándole, le dijo «¿Cómo has estado, bien mió, Rucio de mis ojos, compañero mio?w y
esto
,

con

le

besaba y acariciaba

como

si

fuera persona

:

el

asno callaba y se dejaba besar y acariciar de Sancho, sin res-

ponderle palabra alguna. Llegaron todos, y diéronle
rabién del hallazgo del Rucio, especialmente
el

el

pa-

Don

Quijote,

cual

le dijo

que no por eso anulaba
se lo agradeció.

la

póliza de los tres

pollinos.

Sancho

En
como
de

tanto que los dos iban en esta plática, dijo

el

Cura

á

Dorotea que habia andado
en
la

muy

discreta, así en el cuento

brevedad del , y en
de caballerías.

la similitud

que tuvo con

los

los libros

Ella dijo
;

que muchos

ratos se habia entretenido en lee-

Uos pero que no sabia
tos

ella

dónde eran

las

provincias ni puer-

de mar, y que así habia dicho á tiento que se habia desembarcado en Osuna.
«

Yo

lo

entendí
dije,

así, dijo el

decir lo

que

Cura, y por eso acudí luego á con que se acomodó todo. Pero ¿no es
porque

cosa extraña ver con cuánta facilidad cree este desventurado

hidalgo todas estas invenciones y mentiras

,

sólo

lle-

van

el estilo

y

modo

de

las

necedades de sus libros!
vista,

Sí es, dijo

Cardenio, y tan rara y nunca

que yo

no

sé si,

queriendo inventarla y fabricarla mentirosamente,
ella.

hubiera tan agudo ingenio que pudiera dar en

,

yS

DON QUIJOTE DE LA MANCHA.

— Pues
las

Otra cosa

hay en

ello, dijo el

Cura; que fuera de

simplicidades que este buen hidalgo dice, tocantes á su
si le

locura,

tratan de otras cosas, discurre

con bonísimas

ra-

zones, y muestra tener un entendimiento claro y capaz de

todo

:

de manera que ,
le

como no

le

toquen en sus caballerías

no habrá nadie que
dimiento.
»

juzgue sino por de

muy buen

enten-

En tanto que ellos Don Quijote con la
Panza amigo,
cias,

iban en esta conversación, prosiguió
suya, y dijo á Sancho:

«Echemos,
pendenal-

pelillos á la

mar en

esto de nuestras

y dime ahora,
:

sin tener

cuenta con enojo ni rencor

guno

¿dónde, cómo y cuándo hallaste á Dulcinea? ¿qué

hacia? ¿qué le dijiste? ¿qué te respondió? ¿qué rostro hizo

cuando
que
tarse

leia

mi

carta? ¿quién te la trasladó? y todo aquello
este caso es

vieres

que en

digno de saberse, de pregun-

y satisfacerse, sin que añadas ó mientas por darme

gusto, ni

— Señor,
carta

menos

te acortes

por no quitármele.
si

respondió Sancho,
la trasladó

va á decir

la

verdad,

la

no

me

nadie, porque yo no llevé carta al-

guna.

Así es

como

tú dices, dijo

Don

Quijote, porque

el li-

brillo

de memoria, donde yo

la escribí, le hallé

en mi po-

der á cabo de dos horas de tu partida, lo cual

me

causó

grandísima pena, por no saber

lo

que hablas tú de hacer
te volvieras

cuando
desde
el

te vieses sin carta;

y creí siempre que

— Así
mado en

lugar donde la echaras menos.
fuera, respondió Sancho,
la
si

no

la

hubiera yo to-

memoria cuando
se la dije á

vuestra
,

merced
que

me

la

leyó

,

de

manera que

un

sacristán

me

la trasladó del

entendimiento tan punto por punto, que dijo que en todos

PRIMERA PARTE. CAPÍTULO XXXI.
los

79
cartas de

dias de su vida,

aunque había

leido

muchas

descomunión, no habia
aquella.

visto ni leido tan linda carta

como

—Y
Quijote.
dije,

¿tiénesla todavía en la

memoria, Sancho?

dijo

Don
la

— No, señor, respondió
como
y
vi
si

Sancho; porque después que
ser

que no habia de
algo se

de más provecho, di en

olvidalla;

me

acuerda, es aquello del Sobajada,
;

digo

,

del Soberana seriora

y lo último

:

Vuestro hasta la

muerte, el Caballero de la "Triste Figura; y en medio destas
dos cosas
mios.
le

puse más de trescientas almas y vidas y ojos

CAPITULO XXXI.
De
los sabrosos

razonamientos que pasaron entre
su

Don

Quijote v Sancho Panza,

escudero, con otros sucesos.

— Todo
Don
hermosura?

eso no

me

descontenta
:

:

prosigue adelante, dijo

Quijote. Llegaste

A

y ¿qué hacia aquella reina de la buen seguro que la hallaste ensartando perlas,

ó bordando alguna empresa con oro de cañutillo, para este
su cautivo caballero.

— No

la hallé

,

respondió Sancho , sino aechando dos ha-

negas de trigo en un corral de su casa.

— Pues haz cuenta,
el

dijo

Don

Quijote, que los granos de

aquel trigo eran granos de perlas, tocados de sus
si

manos

:

y

miraste, amigo,

trigo, ¿era candeal ó trechel?

— No

era sino rubion, respondió Sancho.

— Pues

yo

te

aseguro, dijo

Don
sin

Quijote, que aechado

por sus manos, hizo pan candeal

duda alguna. Pero pasa

8o
adelante
la
:

DON QUIJOTE DE LA MANCHA.
cuando
? ¿

le diste

mi

carta, ¿besóla?

¿

púsosela sobre
tal

cabeza

hizo alguna ceremonia digna de

carta

?

ó

¿qué hizo?

— Cuando yo
que tenia en

se la iba á dar,

respondió Sancho,

ella es-

taba en la fuga del

meneo de una buena porción de
y díjome
la
:

trigo

la criba,
;

«

Poned, amigo,
leer hasta

esa carta

sobre aquel costal
acribar todo lo

que no

puedo

que acabe de

que aquí

está.

— ¡Discreta señora!
por
leerla despacio

dijo

Don

Quijote; eso debió de ser
ella.

y recrearse con

Adelante, Sancho.

Y

en tanto que estaba en su menester, ¿qué coloquios pasó
le
el

contigo? ¿qué te preguntó de mí? y tú ¿qué

respondiste?
tintero

Acaba, cuéntamelo todo, no
mínima.

se te

quede en

una


de
la

Ella no

me

preguntó nada, dijo Sancho; mas yo
servicio,

le dije

manera que vuestra merced, por su
la

quedaba

haciendo penitencia, desnudo de
entre estas sierras,
suelo
,

cintura abajo, metido

como

si

fuera salvaje,

durmiendo en

el

sin

comer pan

á manteles y sin peinarse la barba , llo-

rando, y maldiciendo su fortuna.

— En

decir

que maldecia mi fortuna

dijiste

mal,

dijo

Don
tan

Quijote; porque antes la bendigo y bendeciré todos los

dias de

mi vida, por haberme hecho digno de merecer amar alta señora como Dulcinea del Toboso.
alta es,

lleva á

respondió Sancho, que — Tan mí más de un — Pues ¿cómo, Sancho! Don
coto.
dijo

á

buena

fe

que

me

Quijote. ¿Haste

melle-

dido tú con ella?

— Medíme en

esta

manera, respondió Sancho

:

que

gándole á ayudar á poner un costal de trigo sobre un ju-

,

PRIMERA PARTE. CAPÍTULO
más de un gran palmo.

XXXI.

8l

mentó, llegamos tan juntos, que eché de ver que

me

llevaba

— Pues

¡es

verdad, replicó
la

Don

Quijote, que no acom-

paña esa grandeza y

adorna con mil y mil dones y gracias del alma! Pero no me negarás, Sancho, una cosa cuando
:

llegaste junto á ella,
cia

¿no

sentiste

un

olor sabeo,

una fragan-

aromática y un no sé qué de bueno, que yo no acierto

á dalle

nombre? Digo, un tuho ó

tufo,

como
sentí
el

si

estuvieras

en

la tienda

de algún curioso guantero.
sé decir, dijo

— Lo que
algo
cicio, estaba

Sancho,
ser

es

que

un

olorcillo

hombruno; y debia de
seria eso,

que

ella,

con

mucho

ejer-

— No
aquel

sudada y algo correosa.
respondió

Don

Quijote, sino que tú de-

bias de estar

romadizado, ó

te debiste

de oler á

mismo;

porque yo

sé bien á lo

que huele aquella rosa entre espinas
desleído.

lirio del

campo, aquel ámbar
ser, respondió
,

— Todo puede
sale

Sancho; que muchas veces

de mí aquel olor que entonces
la

me

pareció que salia de

su

merced de

señora Dulcinea; pero no hay de qué
otro.
:

ma-

ravillarse;

—Y

que un diablo parece á

bien, prosiguió

Don

Quijote
al

hé aquí que acabó de

limpiar su trigo y de enviallo
leyó la carta?

molino; ¿qué hizo cuando

— La

carta, dijo

Sancho, no

la leyó;

porque

dijo

que no
pie-

sabia leer ni escribir; antes la rasgó y la hizo
zas, diciendo

menudas

que no

la

queria dar á leer á nadie, porque no

se supiesen en el lugar sus secretos;
le

y que bastaba lo que yo habia dicho de palabra acerca del amor que vuestra merle

ced

tenia, y de la penitencia extraordinaria

que por su que
dijese á

causa quedaba haciendo; v finalmente,

me

dijo

82
vuestra

DON QUIJOTE DE LA MANCHA.
merced que
le

besaba

las

manos y que
, ,

allí

quedaba
su-

con más deseo de verle que de
plicaba y

escribirle;

y que

así, le

mandaba que

,

vista la presente

saliese

de aquestos

matorrales y se dejase de hacer disparates, y se pusiese, lue-

go, luego, en camino del Toboso,
portancia no le sucediese
vuestra merced. Rióse
,

si

otra cosa de

más im-

porque tenia gran deseo de ver á
le dije

mucho cuando

cómo

se lla-

maba
sí,

vuestra
si

merced

el Caballero de la Triste

Figura ; pre-

gúntele

habia ido

allá el

vizcaíno de marras; díjome que

También le pregunté y que era un hombre muy de bien. por los galeotes; mas díjome que no habia visto hasta entonces alguno.

— Todo
vas

va bien hasta agora, dijo
la

Don

Quijote; pero

dime, ¿qué joya fué
que de mí

que

te dio al despedirte,

por

las

nue-

le llevaste?

porque

es

usada y antigua coslos

tumbre, entre

los caballeros

y damas andantes, de dar á
les

escuderos, doncellas ó enanos que

llevan nuevas, de sus

damas

á ellos, á ellas de sus amantes, alguna rica joya en

albricias

y en agradecimiento de su recado. Bien puede eso ser así, y yo la tengo por buena usanza;
;

pero eso debia de ser en los tiempos pasados que ahora sólo
se debe de acostumbrar
el

dar

un pedazo de pan y queso;
señora Dulcinea por
las

que

esto fué lo

que

me

dio

mi

bar-

das de

un

corral
el

cuando

della

me

despedí

,

y aun

,

por más

señas, era

— Es
á la

queso ovejuno.
en extremo, dijo

liberal

Don
ser

Quijote; y

si

no

te

dio joya de oro, sin
allí

duda debió de
;

porque no

la

tendría

mano

para dártela
:

pero buenas son mangas des-

pués de pascua

yo

la

veré, y se satisfará todo. ¿Sabes de

qué estoy maravillado, Sancho?

De

que

me

parece que

, ; :

PRIMERA PARTE. CAPÍTULO XXXI.
fuiste

83

y veniste por
ir

los aires;

pues poco más de dos dias
al

has tardado en

y venir desde aquí

Toboso, habiendo

de aquí

allá

más de

treinta leguas; por lo cual

me
le

doy

á en-

tender que aquel sabio nigromante que tiene cuenta

con
le

mis cosas y

es

mi

amigo... porque por fuerza

hay y

ha

de haber, so pena que yo no seria buen caballero andante... digo que este
sintieses;
tal te

debió de ayudar á caminar sin que tú lo

que hay sabio destos que coge á un caballero andante durmiendo en su cama, y sin saber cómo ó en qué manera amanece otro dia más de mil leguas de donde ano,

checió; y

si

no fuese por esto, no

se

podrian socorrer en

sus peligros los caballeros

andantes unos á otros,

como

se
las

socorren á cada paso; que acaece estar uno peleando en
sierras

de Armenia con algún endriago, ó con algún
,

fiero

vestiglo
talla,

ó con otro caballero

,

donde

lleva lo peor de la ba-

y

está

ya á punto de muerte; y cuando menos

me

cato

asoma por

acullá,

encima de una nube ó sobre un carro de
favorece y libra de la muerte, y á la

fuego, otro caballero, amigo suyo, que poco antes se hallaba

en Ingalaterra, que

le

noche

se halla

en su posada, cenando

muy

á su sabor; y

suele haber de la

una

á la otra parte dos ó tres mil leguas

sabios y todo esto se hace por industria y sabiduría destos encantadores que tienen cuidado destos valerosos caballeros
,

así

que

,

amigo Sancho no
,

se

me

hace dificultoso creer que
al

en tan breve tiempo hayas ido y venido desde este lugar
del

Toboso; pues, como tengo dicho, algún sabio amigo debió de llevar en volandillas sin que tú lo sintieses.

te

— Así
oidos.

seria, dijo

Sancho, porque á buena

fe

que andaba

Rocinante

como

si

fuera asno de gitano con azogue en los

,

84

DON QUIJOTE DE LA MANCHA.

— Y ¡cómo
caminar

si

llevaba azogue! dijo
,

Don

Quijote, y aun

una legión de demonios
sin cansarse

que

es

gente que camina y hace
les antoja.

todo aquello que se

Pero,

dejando esto aparte, ¿qué te parece á

que debo yo de

hacer ahora, acerca de lo que

mi

señora

me manda,

que

la

vaya á ver ?
plir

Que aunque yo
,

veo que estoy obligado á

cum-

su mandamiento,

véome también
la

imposibilitado del

don que he prometido á
y fuérzame
la ley

princesa que con nosotros viene

de caballería á cumplir

mi
la

palabra antes
el

que mi gusto. Por una parte
ver á

me

acosa y fatiga

deseo de
fe

mi

señora; por otra

me

incita

y llama

prometida

y

la gloria

que he de alcanzar en

esta empresa... pero lo

que

pienso hacer será caminar apriesa y llegar presto donde está
este gigante;

y en llegando,

le

cortaré la cabeza, y pondré

á la Princesa pacíficamente en su estado, y al
la

punto daré

vuelta á ver á la luz que mis sentidos alumbra, á la cual
ella

daré tales disculpas, que

venga á tener por buena mi

tardanza, pues verá que todo redunda en
gloria

aumento de su
al-

y fama, pues cuanta yo he alcanzado, alcanzo y
las

canzare por

armas en

esta vida, toda

me

viene del favor

que
-

ella

me

da, y de ser yo suyo.

Sancho, y ¡cómo está vuestra merced lastimado de esos cascos! Pues dígame, señor: ¿piensa vuestra
dijo

— ¡Ay!

merced caminar

este

camino en balde, y

dejar pasar y per-

der un tan rico y tan principal casamiento
le

como
,

éste

,

donde

dan en dote un reino

!

que á buena verdad

que he oido

decir

que tiene más de veinte mil leguas de contorno, y que es abundantísimo de todas las cosas que son necesarias
para
el

sustento de la vida

Portugal y que Castilla

humana, y que es mayor que juntos. Calle, por amor de Dios, y

PRIMERA PARTE. CAPÍTULO XXXI.

85

tenga vergüenza de lo que ha dicho, y tome mi consejo y perdóneme, y cásese luego en el primer lugar que haya cura;

y

si

no, ahí está nuestro Licenciado, que lo hará de perlas:

y advierta que ya tengo edad para dar consejos, y que éste que le doy le viene de molde; que más vale pájaro en mano

que buitre volando; porque quien bien
por mal que
le

tiene y

mal escoge,

enoje no se venga.

— Mira,
que

Sancho, respondió

Don

Quijote;

si

el

consejo

me
al

das de

que

me

case es porque sea luego rey en

ma-

tando

gigante, y tenga

cómodo

para hacerte mercedes y

darte lo prometido, hágote saber

que

sin

casarme podré

cumplir tu deseo

muy me

fácilmente porque yo sacaré de ada;

hala, antes de entrar en la batalla,
della,

que saliendo vencedor
del

ya que no

case,

me

han de dar una parte

reino, para

que

la

pueda dar á quien yo
la

quisiere; y en dántí?

domela, ¿á quién quieres tú que

dé, sino á

— Eso

está claro, respondió
la escoja

Sancho; pero mire vuestra
marina, porque,
si

merced que
contentare
la

hacia

la

no

me

vivienda, pueda embarcar mis negros vasallos,

y hacer
se cure

dellos lo

que yo

me

he dicho; y vuestra merced no

de

ir

por agora á ver á mi señora Dulcinea, sino
al

vayase á matar

gigante, y concluyamos este negocio; que

por Dios, que

se

me

asienta

que ha de

ser de

mucha honra

y de

— Dígote,

mucho

provecho.

Sancho,

dijo

Don
á

Quijote, que estás en lo
el
ir

cierto, y

que habré de tomar tu consejo en cuanto
que á ver
ni

antes con la Princesa

Dulcinea

:

y avisóte que

no digas nada á nadie,

á los

que con nosotros vienen,

de lo que aquí hemos departido y tratado; que, pues Dulcinea es tan recatada, que no quiere que se sepan sus pensa-

86

DON QUIJOTE DE LA MANCHA.
los

mientos, no será bien que yo, ni otro por mí,

descubra.
vuestra

— Pues
sentar ante

si

eso es así, dijo Sancho,
los

¿cómo hace
se

merced que todos

que vence por su brazo

vayan á pre-

mi señora Dulcinea,
la quiere

siendo esto firmar de su

siendo bien y que es su enamorado? forzoso que los que fueren se han de ir á hincar de finojos

nombre que

Y

ante su presencia, y decir que van de parte de vuestra

merpen-

ced á dalle

la

obediencia,

¿cómo

se

pueden encubrir

los

samientos de entrambos?

— ¡Oh qué necio y qué simple que
jote.

eres! dijo

Don Qui-

¿no ves, Sancho, que eso todo redunda en su ma-

yor ensalzamiento? Porque has de saber que en este nuestro
estilo

de caballería es gran honra tener una

dama muchos
extiendan más
ella

caballeros andantes
sus pensamientos
sin esperar

que

la sirvan, sin

que

se

que á

servilla

por sólo ser

quien es,
deseos,

otro premio de sus

muchos y buenos
dijo

sino

— Con
que yo
le

que

ella se

contente de acetarlos por sus caballeros.

esa

manera de amor,

Sancho, he oido yo

predicar que se ha de

amar

á Nuestro Señor por

solo

,

sin

que nos mueva esperanza de gloria ó temor de pena; aunquerria
el

amar y

servir

por lo que pudiese.

¡Válate

diablo por villano! dijo
las

Don

de discreciones dices á
estudiado.

veces!

No

Quijote, y ¡qué parece sino que has

— Pues
En
poco
allí
;

á fe

mia que no

sé leer», respondió Sancho.

esto les dio voces

Maese Nicolás, que esperasen un
fuentecilla

que querian detenerse á comer en una
Detúvose

que

estaba.
,

Don

Quijote, con no poco gusto de
,

Sancho que ya estaba cansado de mentir tanto y temia no le cogiese su amo á palabras; porque, puesto que él sabia

»

PRIMERA PARTE. CAPÍTULO XXXI.
que Dulcinea era una labradora
visto

87
la

del

Toboso, no

habia

en toda su vida.
la

Apeáronse junto á

fuente, y con lo que

el

Cura

se

acomodó en

la

venta, satisficieron, aunque poco, la
traian.
allí

mucha

hambre que todos

Estando en esto, acertó á pasar por

un muchacho,

que iba de camino,

el

cual, poniéndose á mirar con
la

mucha
ar-

atención á los que en

fuente estaban

,

de

allí

á

poco

remetió á

Don

Quijote, y abrazándole por

las
:

piernas, co-

menzó

á llorar

muy

de propósito, diciendo

ftjAy señor

mió! ¿no

me

conoce vuestra merced? Pues míreme bien;

que yo soy aquel mozo, Andrés, que quitó vuestra merced
de
la

encina donde estaba atado.

Reconocióle
volvió á los que

Don
allí

Quijote, y asiéndole por la
estaban, y dijo
es
:

mano,

se

«

Porque vean vuestras

mercedes cuan de importancia
en
se
el

haber caballeros andantes
él

mundo, que

desfagan los tuertos y agravios que en

hacen por

los insolentes

y malos hombres que en
los dias

él vi-

ven, sepan vuestras mercedes que

pasados, pasando

yo por un bosque,
mosas,

unos gritos y unas voces
:

muy

lasti-

como de

persona afligida y menesterosa
la parte

acudí luego,

llevado de

mi obligación, hacia

donde

me

pareció

que

las

lamentables voces sonaban, y hallé atado á una en-

cina á este

muchacho que ahora
el

está delante,

de lo que

me

huelgo en

alma, porque será testigo que no
la

me

dejará

mentir en nada. Digo que estaba atado á

encina, des-

nudo
con

del

medio cuerpo

arriba, y estábale abriendo á azotes

las

riendas de una

yegua un

villano,
le vi, le
el

que después supe
pregunté
zafio
la
le

que era amo suyo; y

así

como yo
:

causa

de tan atroz vapulamiento

respondió

que

azo-

88

DON QUIJOTE DE LA MANCHA.
,

y que ciertos descuidos que tenia nacian más de ladrón que de simple, á lo cual este niño
taba porque era su criado
dijo
:

«

Señor, no
replicó

me

azota sino porque le pido

mi

salario.»

qué arengas y disculpas, las cuales, aunque de mí fueron oidas, no fueron admitidas. En resoEl

amo

no

lución, yo le hice desatar, y

tomé juramento

al

villano de

que

le llevarla

consigo y

le

pagaria un real sobre otro, y

aun sahumados.

¿No

es

verdad todo esto, hijo Andrés?

¿No

notaste con cuánto imperio se lo

mandé, y con cuánta hule

mildad prometió de hacer todo cuanto yo
fiqué y quise ?
lo

impuse y noti:

Responde no
;

te

turbes

,

ni

dudes en nada

di

que pasó á

estos señores,

porque

se

vea y considere ser
los

del

provecho que digo haber caballeros andantes por

caminos.

— Todo
muy

lo

que vuestra merced ha dicho
el

es

mucha

ver-

dad, respondió
al revés

muchacho; pero

el fin

del negocio sucedió
se

— ¿Cómo
el

de lo que vuestra merced
al

imagina.

revés! replicó

Don

Quijote.

Luego ¿no

te

pagó

villano?
sólo

— No
como

no

me

pagó, respondió
del

el

muchacho, pero

así

vuestra

merced traspuso

me

volvió á atar á la
,

mesma
daba,

bosque y quedamos solos, encina, y me dio de nuevo tan;

tos azotes

que quedé hecho un San Bartolomé desollado v

un donaire y chufeta acerca de hacer burla de vuestra merced, que, á no sentir
á cada azote

que

me

me

decia

yo tanto dolor,
paró
tal,

me
el

riera

de lo que decia.

En

efecto, él

me

que hasta ahora he estado curándome en un hos-

pital del

mal que

mal

villano entonces
la

me
le

hizo
si

:

de todo

lo cual tiene vuestra

merced

culpa; porque

se fuera su
ni se

camino adelante, y no viniera donde no

llamaban,

PRIMERA PARTE. CAPÍTULO XXXI.
entremetiera en negocios ajenos,

89

mi amo

se

contentara con

darme una ó dos docenas de
pagara cuanto

azotes, y luego

me

soltara v
le

me

debia;

mas como

vuestra

merced

des-

honró tan

sin propósito

y

le dijo tantas villanías,

encendió-

sele la cólera;

y como no

cuando

se vio solo,

pudo vengar en vuestra merced, descargó sobre mí el nublado de modo,
la

que

me

— El daño estuvo,
que no

parece que no seré más
dijo
ir

hombre en toda mi

vida.
allí;

Don

Quijote, en irme yo de

me

habia de

hasta dejarte pagado; porque bien

debia yo de saber por luengas experiencias que no hay villano

que guarde palabra que diere,
te

si

él

ve que no

le está

bien guardalla. Pero ya

acuerdas, Andrés, que yo juré
ir

que

si

no

te

pagaba, que habia de

á buscarle,
el

habia de hallar, aunque se escondiese en
ballena.

y que le vientre de una

— Así — Ahora
ellos

es la

verdad, dijo Andrés; pero no aprovechó nada.
si

verás

aprovecha», dijo

Don

Quijote; y diá

ciendo esto, se levantó

muy

apriesa, y

mandó

Sancho que

enfrenase á Rocinante, que estaba paciendo en tanto que

comian.
lo
ir

Preguntóle Dorotea qué era
El
tigalle
le

que hacer queria.
á buscar al villano,

respondió que queria
,

y cas-

de tan mal término

y hacer pagado á Andrés hasta

del último maravedí, á

despecho y pesar de cuantos villanos

hubiese en

el

mundo,
respondió que advirtiese que no podia con,

A

lo

que

ella

forme

al

don prometido, entremeterse en ninguna empresa
él

hasta acabar la suya; y que pues esto sabia

mejor que otro

alguno, que sosegase

el

pecho hasta

la

vuelta de su reino.

«Así

es

verdad, respondi()

Don

Quijote; y es forzoso que

»

90

DON QUIJOTE DE LA MANCHA.
la vuelta,

Andrés tenga paciencia hasta
decís;

como

vos, señora,

que yo

le

torno á jurar y á prometer de nuevo de no

parar hasta hacerle vengado y pagado.

— No me curo

desos juramentos, dijo Andrés

:

más quilas

siera tener

agora con qué llegar á Sevilla, que todas

ven-

ganzas del mundo.
lleve,

Déme,

si

tiene ahí, algo

que coma y

y quédese con Dios su merced, y todos los caballeros andantes, que tan bien andantes sean ellos para consigo,
lo

como

han sido para conmigo.

Sacó de su repuesto Sancho un pedazo de pan y otro de
queso, y dándoselo
drés;
al

mozo,

le dijo

:

«Toma, hermano An-

que

— Pues — Esta

á todos nos alcanza parte de vuestra desgracia.

¿qué parte os alcanza á vos? preguntó Andrés.
parte de queso y pan que os doy, respondió Sansi

cho; que Dios sabe

me ha
los

de hacer

falta

ó no; porque os

hago saber, amigo, que
dantes estamos sujetos á

escuderos de los caballeros an-

mucha hambre

y mala ventura, y
se dicen.»

aun á

otras cosas
asió

que

se sienten

mejor que

de su pan y queso; y viendo que nadie le daba otra cosa, abajó su cabeza, y tornó el camino en las manos,

Andrés

como

suele decirse. Bien es verdad

que

al

partirse dijo

á

Don
que

Quijote
si

:

«

Por amor de Dios, señor caballero andante,
encontrare, aunque vea que

otra vez

me

me

hacen
des-

pedazos, no
gracia,

me

socorra ni ayude, sino déjeme con

mi

que no

será tanta,

que no sea mayor

la

que

me

ven-

drá de su ayuda de vuestra merced, á quien Dios maldiga, y á todos cuantos caballeros andantes han nacido en el mundo. »
Ibase á levantar

Don Don

Quijote para castigalle; mas

él se

puso á correr de modo, que ninguno

se atrevió á seguille.

Quedó

corridísimo

Quijote del cuento de Andrés, y

PRIMERA PARTE. CAPÍTULO
fué menester que los demás tuviesen
reírse,

XXXII.

9I

mucha

cuenta con no

por no acaballe de correr del todo.

CAPITULO XXXII.
Ouc
trata

de

lo

que sucedió en

la

vcnra á toda

la

cuadrilla de

Don

Quijote.

Acabóse

la

breve comida, ensillaron luego, y sin que

les

sucediese cosa digna de contar, llegaron otro dia á la venta,

espanto y asombro de Sancho Panza; y aunque

él

quisiera

no entrar en
hija

ella,

no
,

lo

pudo

huir.

La

ventera, ventero, su

y Maritornes
,

que vieron venir á

Don

Quijote y á San-

cho

les salieron

á recebir con muestras de

mucha

alegría , y

él los recibió
le le

con grave continente; y apeándose,
la
le

díjoles

que

aderezasen otro mejor lecho que

vez pasada; á lo cual

respondió

la

huéspeda que como

pagase mejor que

la

otra vez,

que

ella se le daria

de príncipe.

Don

Quijote dijo
el

que

baria; y así, le aderezaron
,

uno razonable en
acostó luego
,

mismo

camaranchón de marras y

él se

porque venia

muy quebrantado y No se hubo bien
tió al

falto

de sueño.
,

encerrado

cuando

la

huéspeda arreme:

Barbero, y asiéndole de
,

la

barba, dijo

«

Para mi san-

tiguada

que no

se

ha vuestra merced de aprovechar más de

mi rabo para su barba, y que ine ha de volver mi cola; que anda lo de mi marido por esos suelos, que es vergüenza
digo
,

el

peine

,

que

solia

yo colgar de mi buena
Barbero, aunque
le dijo

cola.

»

No

se la quería dar el
el

ella

más

tiraba,

hasta que

Licenciado

que

se la diese;

que ya no

era menester

más

usar de aquella industria, sino que se des-

cubriese y mostrase en su
jote que,

misma forma, y
los

dijese á

Don Qui-

cuando

le

despojaron

ladrones galeotes, se ha-

92

DON QUIJOTE DE LA MANCHA.
huyendo; y que si preguntase por Princesa, le dirian que ella le habia enviado

bia venido á aquella venta
el

escudero de

la

adelante á dar aviso á los de su reino

vaba consigo

el

libertador de todos.

cómo ella iba, y lleCon esto dio de buena
le volviela libertad

gana

la cola á la

ventera

el

Barbero, y asimismo

ron todos los adherentes que habia prestado para

de

Don

Quijote. Espantáronse todos los de la venta de la
talle del

hermosura de Dorotea, y aun del buen
denlo.

zagal Cár-

Hizo

el

Cura que
el

les

aderezasen de comer de lo que

en

la

venta hubiese, y

huésped, con esperanza de mejor
aderezó una razonable comida; y á

paga, con diligencia
todo esto dormia
despertalle,

les

Don

Quijote, y fueron de parecer de no
le

porque más provecho
el

haria por entonces

el

dormir que

comer. Trataron sobre comida, estando de-

lante el ventero, su mujer, su hija. Maritornes y todos los

pasajeros

,

de

la

extraña locura de
:

Don
les
;

Quijote y del

modo
él

que

le

hablan hallado
el arriero les

la

huéspeda

contó

lo

que con
si

y con
taba

habia acontecido y mirando
le

acaso es-

allí

Sancho, como no

viese, contó

todo lo de su

manteamiento, de que no poco gusto recibieron.

Y como
Don
á lo

el

Cura

dijese

que
le

los libros

de caballerías que
el juicio, dijo el

Quijote habia leido
:

hablan vuelto
ser eso;

ventero

«No

yo cómo puede

que en verdad que,
el
,

que yo entiendo, no hay mejor leyenda en
tres dellos

mundo,

y que tengo ahí dos ó

con otros papeles que ver-

daderamente

me han

dado

la vida,

no sólo

á

mí,

sino á otros

muchos; porque, cuando
aquí
las fiestas
,

es

tiempo de
,

la siega, se

recogen

sabe leer

el

muchos segadores y siempre hay alguno que cual coge uno destos libros en las manos y ro,

deámonos

del

más de

treinta, v estámosle

escuchando con

PRIMERA PARTE. CAPÍTULO
tanto gusto, que nos quita mil canas.
sé decir

XXXII.
lo

93

A

menos, de mí
terribles gol-

que cuando ovo aquellos furibundos y
,

pes que los caballeros pegan
otro tanto

que

me toma

gana de hacer
días.

— Y yo — Así
;

,

v que querria estar oyéndolos noches y
ni

más
que

ni

menos,

dijo la ventera,

porque nunca
estáis

tengo buen rato en mi casa sino aquél que vos

escu-

chando

leer;

estáis tan

embobado, que no

os acordáis

de reñir por entonces.
es la

verdad, dijo Maritornes; y á buena

fe

que yo

también gusto
lindas

mucho

de oir aquellas cosas, que son mu\'
la otra

y más cuando cuentan que se está

señora de-

bajo de unos naranjos, abrazada con su caballero, y que les
está

una dueña haciendo
sobresalto...

la

guarda, muerta de envidia y con

mucho

digo que todo esto es cosa de mieles.
dijo el

—Y
lo

á vos

¿qué os parece, señora doncella?
la hija del ventero.

Cura,

hablando con

— No

sé, señor, en

mi ánima,

respondió

ella

:

también

yo

escucho; y en verdad que, aunque no lo entiendo, que recibo gusto en oillo; pero no gusto yo de los golpes de
las

que mi padre gusta, sino de
lleros

lamentaciones que

los

caba-

hacen cuando están ausentes de sus señoras; que en

verdad que algunas veces

me

hacen

llorar,

de compasión

que

les

tengo.

— Luego, — No
Dorotea,
sé lo

¿bien los remediárades vos, señora doncella,
si

dijo

por vos lloraran?

que

me

hiciera, respondió la

moza;

solo sé
las lla-

que hay algunas señoras de aquellas, tan crueles, que

man

sus caballeros tigres y leones y otras mil insolencias; y

¡Jesús!

yo no

qué gente

es aquella tan

desalmada y tan

sin conciencia,

que, por no mirar á un hombre honrado,

94
le

DON QUIJOTE DE LA MANCHA.
dejan que se
es tanto

muera ó que
:

se

vuelva loco.

Yo

no

sé para

qué

melindre

si

lo

hacen de honradas , cásense con
cosa.

ellos;


cho

que

ellos

no desean otra

Calla, niña, dijo la ventera; que parece que sabes
,

muha-

destas cosas

y no

está bien á las doncellas saber ni

— Como me de pude — Ahora
dejar

blar tanto.

lo

preguntaba

este señor, respondió ella,

no

respondelle.
el

bien, dijo

Cura, traedme, señor huésped,

aquesos libros; que los quiero ver.

— Que me

place

»

,

respondió

él

;

y entrando en su apo-

sento, sacó del una maletilla vieja, cerrada con
lla;

una cadeni-

y abriéndola, halló

unos papeles de

muy

grandes, y buena letra, escritos de mano. El priel

Cura en

ella tres libros

mer
y
el

libro

que abrió, vio que era Don

Cirotígilio de
el

Tracia,

otro

Don

Félixmarte de Hircania, y

otro la Historia

del

Gran Capitán Gonzalo Hernández

de

Córdoba, con

la

Vida de Diego García de Paredes.
Así

como

el

Cura leyó
:

los dos títulos
«

primeros, volvió

el

rostro al Barbero y dijo

Falta nos hacen aquí ahora

el

ama de mi amigo y
llevarlos al corral

su sobrina.
el

— No hacen, respondió
ó á
la

Barbero; que también sé yo

chimenea; que en verdad que hay

muy buen
el

fuego en

ella.

— Luego ¿quiere
ventero.
dijo el

vuestra

merced quemar mis

libros! dijo

— No más,
gilio

Cura, que

estos dos

:

el

de don Ciron-

— Pues ¿por ventura,
rejes

y

el

de Félixmarte.
dijo el ventero,

mis

libros son

he-

ó flemáticos, que los quiere quemar?

PRIMERA PARTE. CAPÍTULO

XXXII.
dijo
el

— Cismáticos, que no — Así
mar,
antes
sea ése del

95
Barbero

querréis decir,

amigo,

flemáticos.
es, replicó el ventero;

mas,

si

alguno quiere que-

dejaré

Gran Capitán y dése Diego García; que quemar un hijo, que dejar quemar ninguno
Cura,

desotros.

— Hermano mió,
tirosos

dijo el

estos dos libros son

men-

y están llenos de disparates y devaneos, y
es historia

éste del

Gran Capitán

verdadera, y tiene los hechos de
el

Gonzalo Hernández de Córdoba,

cual, por sus
el

muchas

y grandes hazañas, mereció ser llamado de todo
el

mundo

Gran Capitán

recido; y este

renombre famoso y claro y del solo meDiego García de Paredes fué un principal ca, ,

ballero, natural de la ciudad de Trujillo, en

Extremadura,

valentísimo soldado, y de tantas fuerzas naturales, que detenia con
furia;

un dedo una rueda de molino en

la

mitad de su

y puesto con un montante en la entrada de una puente, detuvo á todo un innumerable ejército que no pasase

por

ella,
las

y hizo otras
él

tales cosas,
la

que

si

como

él las

cuenta y

escribe

asimismo con
las escribiera las

modestia de caballero

y de coronista propio,

otro, libre y desapasio,

nado

,

pusieran en olvido

de

los

Hétores Aquíles y Rol-

danes.

— ¡Tomaos con mi padre!

dijo al

Cura

el

ventero; ¡mi-

rad de qué se espanta! ¡de detener una rueda de molino!

Por Dios, ahora habia vuestra merced de

leer lo

que hizo

Félixmarte de Hircania, que de un revés solo partió cinco
gigantes por
la

cintura,

como

si

fueran hechos de habas,

como
tió

los frailecicos

que hacen

los niños;

y otra vez arreme-

con un grandísimo y poderosísimo ejército, donde iban

^6

DON QUIJOTE DE LA MANCHA.
seiscientos mil soldados, todos

más de un millón y
desde
el

armados

pié hasta la cabeza , y los desbarató á todos

como si
bueno

fueran manadas de ovejas. Pues ¿qué

me

dirán del

de don Cirongilio de Tracia! que fué tan valiente y animoso

como

se verá

en

el

libro,

donde

se

cuenta que navegando

por un rio,
fuego; y él,
á horcajadas

le salió
así

de

la

mitad del agua una serpiente de
sobre ella y se puso

como
la

la vio, se arrojó

encima de

sus escamosas espaldas,

y

le

apretó

con ambas manos
la serpiente

garganta con tanta fuerza, que viendo

que

la iba

ahogando, no tuvo otro remedio sino
sí al

dejarse

ir

á lo

hondo

del rio, llevándose tras

caballero,

que nunca

la quiso soltar;

y cuando llegaron

allá

abajo, se

halló en unos palacios y en unos jardines tan lindos,

que era

maravilla; y luego la sierpe se volvió en

un

viejo adivino,
oir.
:

que

le dijo tantas
si

de cosas, que no hay más que

Calle,

señor, que
gas para
el

oyese esto, se volveria loco de placer
ese

dos hidice. »
«

Gran Capitán y para
esto

Diego García que
Cardenio
:

Oyendo
le falta

Dorotea,

dijo callando á

Poco

á nuestro huésped para hacer la segunda parte de

Don

Quijote.

Así

me

parece á mí, respondió Cardenio; porque, se-

gún da

indicio, él tiene por cierto

que todo

lo

que

estos li-

bros cuentan pasó ni

más

ni

menos que
á decir

lo escriben;

y no

le

harán creer otra cosa

frailes descalzos.
el

— Mirad, hermano, tornó
en
el

Cura, que no hubo

mundo

Félixmarte de Hircania ni don Cirongilio de

Tracia, ni otros caballeros semejantes, que los libros de caballerías

cuentan; porque todo es compostura y ficción de
,

ingenios ociosos

que

los

compusieron para

el efeto

que vos
leven-

decís, de entretener

el

tiempo,

como

lo entretienen

PRIMERA PARTE. CAPÍTULO
dolos
vuestros

XXXII.

97

segadores; porque

realmente os juro que

nunca

tales caballeros

fueron en

el

mundo,

ni tales

hazañas

ni disparates acontecieron
-

en

él.

— A otro perro con ese hueso, respondió
si

el

ventero,
i

Co-

mo
el

yo no supiese cuántas son cinco, y adonde

me

aprieta

zapato!

No

piense vuestra merced

darme

papilla; porque,
es

por Dios, que no soy nada bobo. ¡Bueno

que quiera
estos

darme vuestra inerced
buenos

á entender

que todo aquello que

libros dicen sea disparates

y mentiras, estando im-

preso con licencia de los señores del Consejo Real,
ellos
tira

fueran gente que hablan de dejar

como si imprimir tanta men-

junta, y tantas batallas y tantos encantamentos, que
el

quitan

juicio!

—Ya
como

os

he dicho, amigo, replicó

el

Cura, que

esto se
así

hace para entretener nuestros ociosos pensamientos; y
se consiente

en

las

repúblicas bien concertadas que

haya juegos de ajedrez, de pelota y de trucos, para entretener á algunos que ni quieren, ni deben, ni pueden trabajar,
así se

como

consiente imprimir y que haya tales libros, creyendo, es natural, que no ha de haber alguno tan ignorante,
historia verdadera
el

que tenga por

ninguno destos

libros;

y

si

me

fuera lícito agora, y

auditorio lo requiriera, yo dijera
los libros

cosas acerca de lo

que han de tener

de caballerías

para ser buenos, que quizá fueran de provecho y aun de

gusto para algunos; pero yo espero que vendrá tiempo en

que
este

lo

pueda comunicar con quien pueda remediallo; y en entre tanto creed, señor ventero, lo que os he dicho,
allá os

y tomad vuestros libros, y

avenid con sus verdades

ó mentiras, y buen provecho os hagan; y ¡quiera Dios que no cojeéis del pié que cojea vuestro huésped, Don Quijote!

»

:

98

DON QUIJOTE DE LA MANCHA.

— Eso no, respondió
que

el

ventero; que no seré yo tan loco,

me

haga caballero andante; que bien veo que ahora no
que
se
el

se usa lo

usaba en aquel tiempo, cuando se dice que

andaban por

mundo

estos

famosos caballeros.»

A la mitad desta plática se halló
muy

confuso y pensativo de lo ahora no se usaban caballeros andantes, y que todos los libros de caballerías eran necedades y mentiras; y propuso en
su corazón de esperar en lo que paraba aquel viaje de su

Sancho presente, y quedó que habia oido decir, que

amo, y que

si

no

salia

con

la felicidad

que

él

pensaba, de-

terminaria de dejalle y volverse con su mujer y sus hijos á
su acostumbrado trabajo.

Llevábase
le dijo
:

la

maleta y

los libros el

ventero;

mas

el

Cura

«

Esperad; que quiero ver qué papeles son esos, que
escritos.

de tan buena letra están
Sacólos
el

huésped, y dándoselos

á leer, vio el
al

Cura hasta

obra de ocho pliegos escritos de mano, y

principio tenian
impe?'tí-

un

título

grande, que decia
el

:

Novela del Curioso

nente.
«

Leyó

Cura para

tres

ó cuatro renglones, v dijo
el título

Cierto que no

me

parece mal

desta novela , v

que

me

viene voluntad de leella toda.»
lo

A

que respondió

el

ventero

:

«

Pues bien puede
á algunos

leella

su reverencia; porque le

hago saber que

huéspe-

des que aquí la
la

ha contentado mucho, y me han pedido con muchas veras; mas yo no se la he que-

han

leido les

rido dar, pensando volvérsela á quien aquí dejó esta maleta

olvidada con estos libros y esos papeles; que bien puede ser

que vuelva su dueño por aquí algún que

dia;
á fe

pues aunque sé

me

han de hacer

falta los libros

,

que

se los

he de

volver; que,

aunque ventero, todavía soy

cristiano.

:

PRIMERA PARTE. CAPÍTULO

XXXIII.
el

99

— Vos

tenéis
,

mucha
la

razón, amigo, dijo

Cura; mas

con todo eso
jar trasladar.

si

novela

me

contenta

,

me
el

la

habéis de de-

— De muy buena gana», respondió
los

ventero. Mientras
la

dos esto decian

,

habia tomado Cardenio

novela y
al

comenzado
Cura,
le

á leer en ella; y pareciéndole lo
la leyese
el

mismo que

rogó que

de
si

modo que

todos la oyesen.
este

«Sí leyera, dijo

Cura,

no fuera mejor gastar

tiempo en dormir que en

leer.

— Harto
el

reposo será para mí, dijo Dorotea, entreteel

ner

tiempo oyendo algún cuento, pues aun no tengo
,

espíritu tan sosegado

que

me

conceda dormir cuando fuera

razón.

— Pues
también;

desa manera, dijo

el

Cura, quiero

leerla,

por cu-

riosidad siquiera; quizá tendrá alguna de gusto.»

Acudió Maese Nicolás
lo cual visto del

á rogarle lo

mismo, y Sancho

daria gusto y él le

Cura, y entendiendo que á todos recibiria, dijo: «Pues así es, esténme
novela comienza desta manera

todos atentos

;

que

la

CAPITULO
Donde
se

XXXIII.

cuenta

la

novela del Curioso impertinente.

»En
vincia

Florencia, ciudad rica y famosa de Italia

,

en

la

pro,

que llaman Toscana, vivían Anselmo y Lotario dos caballeros ricos y principales y tan amigos que por exce, , ,

lencia y antonomasia, de todos los

que

los

conocían

los

dos

amigos eran llamados. Eran solteros, mozos de una

misma

edad y de unas mismas costumbres, todo lo cual era bastante causa á que los dos con recíproca amistad se corres-

lOO
pondiesen
;

DON QUIJOTE DE LA MANCHA.
bien es verdad que
el

Anselmo
el

era algo

más
,

in-

clinado á los pasatiempos amorosos que
llevaban tras

Lotario

al

cual

los

de

la

caza; pero cuando se ofrecia, deá sus gustos por seguir los de
los

jaba

Anselmo de acudir
y Lotario dejaba

Lo-

tario,

suyos por acudir á los de

An-

selmo; y desta manera andaban tan á una sus voluntades,

que no habia concertado

reloj

que

así lo

anduviese.

"Andaba Anselmo perdido de amores de Camila, doncella principal

y hermosa, de

la

misma ciudad,
por
sí,

hija de tan

buenos padres, y tan buena
con
el

ella

que
el

se

determinó,

parecer de su amigo Lotario, sin

cual ninguna
,

cosa hacia , de pedilla por esposa á sus padres en ejecución; y
el

y

así lo

puso
el

que

llevó la

embajada fué Lotario, y

que concluyó

el

negocio tan a gusto de su amigo, que en
la

breve tiempo se vio puesto en

posesión que deseaba; y
es-

Camila tan contenta de haber alcanzado á Anselmo por
poso que no cesaba de dar gracias
,

al

cielo

y á Lotario

,

por

cuyo medio tanto bien

le

habia venido. Los primeros dias,

como todos los de boda suelen ser alegres, continuó Lotario como solia la casa de su amigo Anselmo, procurando
honralle, festejalle y regocijalle con todo aquello que á
él le

fué posible; pero, acabadas

las

bodas y sosegada ya
,

la fre-

y parabienes comenzó Lotario á descuidarse con cuidado de las idas en casa de Anselmo, por
cuencia de
las visitas

parecerle a él,

como

es

razón que parezca á todos

los

que
las

fueren discretos, que no se han de visitar ni continuar
casas de los

amigos casados de

la
la

misma manera que cuando
buena y verdadera amistad
se

eran solteros; porque, aunque

no puede

ni

debe de

ser

sospechosa en nada, con todo

esto, es tan delicada la

honra del casado, que parece que

PRIMERA PARTE. CAPÍTULO
puede ofender aun de
los
los

XXXIll.

lOl

mesmos hermanos, cuanto más de

amigos.

«Notó Anselmo

la

remisión de Lotario, y formó del
si

quejas grandes, diciéndole que

él

supiera que

el

casarse

habia de ser parte para no comunicalle

como

solia,

queja-

hubiera hecho; y que si, por la buena correspondencia que los dos tenian mientras él fué soltero, habian

mas

lo

alcanzado tan dulce

nombre como

el

de ser llamados

los

dos

amigos, que no permitiese, por querer hacer del circuns-

pecto sin otra ocasión alguna, que tan famoso y tan agradable
lícito

nombre
que
tal

se

perdiese; y que así, le suplicaba
se

(si

era

término de hablar

usase entre ellos)

que

volviese á ser señor de su casa y á entrar y salir en ella

como

de antes, asegurándole que su esposa Camila no tenia otro
gusto ni otra voluntad que
la

que

él

queria que tuviese, y
los

que por haber sabido
,

ella

con cuántas veras

dos se ama-

ban

,

estaba confusa de ver en él tanta esquiveza.
todas estas y otras

»A

muchas razones que Anselmo

dijo

á Lotario, para persuadille volviese

como

solia á su casa,

respondió Lotario con tanta prudencia, discreción y aviso,

que Anselmo quedó satisfecho de

la

buena intención de su
dias en la
él;

amigo, y quedaron de concierto que dos
na, y
esto
las

sema-

fiestas,
así

fuese Lotario á

comer con
dos
,

y aunque

quedó

concertado entre

los

propuso Lotario de
á la
el

no hacer más de aquello que

viese

que más convenia
le

honra de su amigo, cuyo crédito
suyo propio.

estaba en

más que

«Decia

él,

y decia bien, que

el

casado, á quien

el cielo

habia concedido mujer hermosa, tanto cuidado habia de
tener en qué amigos llevaba á su casa,

como

en mirar con

I02

DON QUIJOTE DE LA MANCHA.
lo

qué amigas su mujer conversaba; porque

que no

se

hace

ni concierta en las plazas, ni en los templos, ni en las fiestas públicas, ni estaciones (cosas

que no todas veces
se concierta

las

han

de negar

los
la

maridos á sus mujeres),

y

facilita

en casa de
se tiene.

amiga ó

la parienta,

de quien más satisfacion

También

decia Lotario que tenian necesidad los

casados de tener cada

uno algún amigo que

le

advirtiese

de

los

descuidos que en su proceder tuviese; porque suele
el

acontecer que , con
jer tiene, ó

mucho amor que
ó no
le dice,

el

marido

á la

mule

no

lo advierte

por no enojalla, que
el hacellas

haga ó deje de hacer algunas cosas, que
seria

6 no

de honra ó de vituperio; de lo cual siendo del amigo

advertido, fácilmente pondria remedio en todo. Pero ¿dónde
se hallará

amigo tan
le

discreto y tan leal y verdadero

como

aquí Lotario

pide?

No

lo sé

yo por

cierto; sólo Lotario

era éste , que con toda solicitud y advertimiento miraba por

honra de su amigo, y procuraba dezmar, sisar y acortar los dias del concierto del ir á su casa; porque no pareciese
la

mal

al

vulgo ocioso y á

los ojos

vagabundos y maliciosos

la

entrada de un
las

mozo

rico,
él

gentilhombre y bien nacido y de
la casa

buenas partes que

pensaba que tenia, en

de una

mujer tan hermosa como Camila; que, puesto que su bondad y valor podia poner freno á toda maldiciente lengua,
todavía no quería poner en duda su crédito ni
el

de su

amigo y por
;

esto los

más de

los dias del
,

concierto los ocuser

paba y entretenía en
inexcusables
se
:

otras cosas

que

él

daba á entender

así

que, en quejas del uno y disculpas del otro
,
,

pasaban muchos ratos y partes del día. Sucedió pues que uno, que los dos se andaban paseando por un prado fuera
de
la

ciudad,

Anselmo

dijo á Lotario semejantes razones:

PRIMERA PARTE. CAPÍTULO
«Pensarás, amigo Lotario, que á
las

XXXIII.

I03

mercedes que Dios

me
los

ha hecho en hacerme
mios, y
al

hijo de tales padres

como

fueron

darme no con mano
los

escasa los bienes, así los

que llaman de naturaleza como

de fortuna, no puedo yo
al

corresponder con agradecimiento que llegue

bien rece-

bido
á

,

sobre todo

al

que

me

hizo en darme á
:

Camila por mujer propia
el

por amigo y dos prendas que las estimo, si
el

no en

grado que debo,
,

en

que puedo. Pues, con
con que
el

to-

das estas partes

que suelen

ser el todo
,

los

hombres

suelen y pueden vivir contentos

vivo yo
el

más despechado

y

el

más desabrido hombre de todo

universo
fatiga

mundo; pory aprieta un

que, no

de qué dias á esta parte,

me

deseo tan extraño y tan fuera del uso

común

de otros, que
riño á so-

yo

me

maravillo de

mí mismo y me culpo y me
,

las,

y procuro callarlo y encubrirlo de mis propios pensamientos; y así me ha sido posible salir con este intento
si

como
la del

de industria procurara decillo á todo
él

el

mundo; y
él

pues que en efeto

ha de

salir á

plaza, quiero que sea en

archivo de tu secreto, confiado que con

y con

la

diligencia

que pondrás, como mi amigo verdadero, en

re-

mediarme, yo

me
mi

veré presto libre de

la

angustia que

me

causa, y llegará
llegado

alegría por tu solicitud al grado

que ha

mi descontento por mi

locura.

»

«Suspenso tenian á Lotario
sabia en

las

razones de Anselmo, y no

qué habia de parar tan larga prevención ó preám-

bulo; y aunque iba revolviendo en su imaginación qué deseo

podria ser aquél que á su amigo tanto fatigaba, dio siempre

muy

lejos del
le

agonía que

verdad; y por causaba aquella suspensión
la

blanco de

salir

presto de la

,

le dijo

que hacia

notorio agravio á su

mucha

amistad en andar buscando ro~

I04

DON QUIJOTE DE LA MANCHA.

déos para decirle sus más encubiertos pensamientos, pues
tenia por cierto

que
,

se

podia prometer del, ó ya consejos

para contrarrestallos
»

ó ya remedio para cumplillos.
,

— Así

es

la

verdad

respondió Anselmo

;

y con esa
deseo que

confianza te hago saber, amigo Lotario, que

el

me
esta

fatiga es de ver

si

Camila, mi esposa,

es tan

buena

y tan perfeta

como yo
no
es

pienso; y no puedo enterarme en
la

verdad

si

probándola de manera, que

prueba

manifieste los quilates de su bondad,
tra los del oro;
es

porque yo tengo para

como el fuego muesmí ¡oh amigo! que no

ó no es solicitada, y que aquella sola es fuerte que no se dobla á las promesas, á
es
las

una mujer más buena de cuanto

dádivas , á

las

lágrimas y á

las

continuas importunidades
¿

de

los solícitos

amantes. Porque
si

qué hay que agradecer
le

que una mujer sea buena,
¿

nadie

dice que sea mala?
la

Qué mucho que

esté recogida

y temerosa

que no

le

dan

ocasión para que se suelte, y la que sabe que tiene marido

que, en cogiéndola en
tar la vida?
falta

la

primera desenvoltura,
la

la

ha de qui-

Ansí que,
la

que

es

buena por temor ó por

de lugar, yo no

quiero tener en aquella estima en

que tendré á

la solicitada
:

rona del vencimiento

y perseguida que de modo que, por
,

salió

con

la

co-

estas

razones y

por otras muchas que
talecer la opinión

te

pudiera decir para acreditar y for-

que tengo, deseo que Camila, mi esposa,

pase por estas dificultades , y se acrisole y quilate en el fuego de verse requerida y solicitada y de quien tenga valor para
,

poner en

él sus

deseos; y

si

ella sale,

como
el

creo que saldrá,

con

la

palma desta

batalla, tendré

yo por

sin igual

mi venel

tura;

podré yo decir que está colmo

vaso de mis deseos; Sa-

diré

que

me

cupo en suerte

la

mujer fuerte, de quien

,

PRIMERA PARTE. CAPÍTULO
bio dice que
ves de lo
¿

XXXIII.

I05

quién

la hallará
el

?

Y

cuando

esto suceda al re-

que pienso, con

gusto de ver que acerté en mi

opinión, llevaré sin pena

la

que de razón podrá causarme que ninguna cosa

mi

tan costosa experiencia.

Y prosupuesto

de cuantas

me

dijeres

en contra de mi deseo, ha de ser de
la
el

algún provecho para dejar de ponerle por
i

obra, quiero

oh amigo Lotario que
!

te

dispongas á ser

instrumento
te

que labre aquesta obra de mi gusto; que yo

daré lugar

para que lo hagas, sin faltarte todo aquello que yo viere ser
necesario para solicitar á una mujer honesta, honrada, reco-

gida y desinteresada.

Y muéveme
el

,

entre otras cosas
si

,

á fiar

de

ésta tan

ardua empresa,
el

ver que

de

es

vencida
ri-

Camila, no ha de llegar

vencimiento á todo trance y

gor, sino á sólo tener por hecho lo que no se ha de hacer

por buen respeto y
;

así

,

no quedaré yo ofendido más de con

el

deseo, y

mi

injuria quedará escondida en la virtud de tu

silencio;

que bien
el

que, en

lo

que

me

tocare,
si

ha de

ser

eterno

como

de

la

muerte. Así que,

quieres que yo

tenga vida, que pueda decir que lo es, desde luego has de
entrar en esta amorosa batalla, no tibia ni perezosamente,
sino con
el

ahinco y diligencia que

mi

deseo pide, y con
»

la

confianza que nuestra amistad
«Estas fueron
las

me

asegura.

razones que

Anselmo
si

dijo á Lotario, á

todas las cuales estuvo tan atento, que

no fueron

las

que
que

quedan

escritas

que

le dijo,

no desplegó sus

labios hasta

hubo acabado; y viendo que no decia más, después que le estuvo mirando un buen espacio, como si mirara otra cosa
que jamas hubiera
panto,
le dijo: «

visto,

que

le

causara admiración y es-

No me

puedo persuadir ¡oh amigo Ansellas

mo

!

á

que no sean burlas

cosas

que

me

has dicho

;

que

I06
á pensar

DON QUIJOTE DE LA MANCHA.
que de veras
las decias
,

no consintiera que tan

adelante pasaras; porque, con no escucharte, previniera tu
larga arenga. Sin

duda imagino ó que no
,

me

conoces ó que
,

yo no

te conozco...

pero no; que bien sé que eres Anselmo,
:

y tú sabes que yo soy Lotario

el

daño
,

está en

que yo pienso

que no

eres el

Anselmo que
el

solias

y tú debes de haber pen-

sado que tampoco yo soy
las cosas

Lotario que debia ser; porque

que

me
;

has dicho, ni son de aquel
se

Anselmo mi

amigo,

ni las

que m_e pides
los

han de pedir

á aquel Lotario,

que tú conoces porque
sus

buenos amigos han de probar á

amigos y valerse

dellos,

como

dijo

un poeta, usque ad

aras, en que quiso decir que no se hablan de valer de su

amistad en cosas que fuesen contra Dios. Pues

si

esto sintió

un

gentil de la amistad, ¿cuánto

mejor

es

que

lo sienta el

cristiano,
la

que sabe que por ninguna humana ha de perder

amistad divina!

Y

cuando

el

amigo

tirase tanto la barra,

que pusiese aparte

los respetos del cielo

por acudir á

los

de

su amigo, no ha de ser por cosas ligeras y de poco

mo-

mento, sino por aquellas en que vaya
su amigo. Pues

la

honra y
:

la

vida de

dime

tú ahora,
,

Anselmo

¿cuál destas dos

cosas tienes en peligro
certe y á hacer

para que yo

me

aventure á compla-

una cosa tan detestable como

me

pides?

Nin-

guna por
procure y
á

cierto; antes

me

pides, según

yo entiendo, que

solicite quitarte la
si

mí juntamente; porque,
te

y quitármela yo he de procurar quitarte la
la vida,
el

honra y

honra, claro está que

quito la vida, pues

hombre

sin

honra peor

es

que un muerto; y siendo yo que
lo sea,

el

instrumento,

como

tú quieres

de tanto mal tuyo, ¿no vengo

á quedar deshonrado, y por el

mesmo

consiguiente, sin vida?

Escucha, amigo Anselmo, y ten paciencia de no respon-

,

PRIMERA PARTE. CAPÍTULO
derme
acerca de lo que te ha pedido tu deseo

XXXIII.

1

07

hasta que acabe de decirte lo que se
;

me

ofreciere

que tiempo quedará que quisieres.»

para que tú
»

me Que me

repliques, y

yo

te

escuche.
di lo

place, dijo

Anselmo,
«

»Y

Lotario prosiguió diciendo:
tienes tú

Paréceme ¡oh Ansel-

mo! que
tienen los

ahora

el

ingenio

como

el

que siempre

moros

,

á los cuales

no

se les

puede dar a enten-

der

el

error de su secta con las acotaciones de la Santa Es,

critura

ni

con razones que consistan en especulación del enni

tendimiento,

que vayan fundadas en

artículos de fe, sino

que

les

han de

traer ejemplos palpables, fáciles, inteligibles,

demostrativos, indubitables, con demostraciones matemáticas

que no

se

pueden negar

,

como cuando
,

dicen

:

S¡ de dos

partes iguales quitamos partes iguales
son iguales; y

las que

quedan tambie?i

cuando

esto

no entiendan de palabra, como
de mostrar con
las

en efeto no

lo entienden, báseles

manos

y ponérselo delante de los ojos; y aun con todo esto, no basta nadie con ellos á persuadirles las verdades de nuestra sacra
religión.

Y este mesmo
el

término y

modo me convendrá

usar

contigo; porque

deseo que en

ha nacido va tan desca-

minado y
el

tan fuera de todo aquello

que tenga sombra de

parece que ha de ser tiempo malgastado que ocupare en darte á entender tu simplicidad (que por ahora no le quiero dar otro nombre) y aun estoy por de;

razonable, que

me

jarte en tu desatino, en

pena de tu mal

deseo...

mas no me
la

deja usar deste rigor la amistad

que

te

tengo,

cual no

consiente que te deje puesto en tan manifiesto peligro de perderte.

Y

porque claro

lo veas,

dime, Anselmo

:

¿no

me

has dicho que tengo de solicitar á una retirada, persuadir á

una honesta, ofrecer á una desinteresada,

servir á

una pru-

Io8

DON Q^JIJOTE DE LA MANCHA.

dente? Sí que

me

lo has dicho.

Pues

si

tú sabes

que

tienes

mujer
cas
?

retirada, honesta, desinteresada y prudente,

¿qué bus-

Y si

piensas que de todos mis asaltos ha de salir vencesaldría sin

dora,

como
lo

duda, ¿qué mejores

títulos piensas

darle después

que
es

los

que ahora tiene ? ó ¿ qué

será

más
la

des-

pués de
dices
,

que

ahora ?

O

es

que tú no
:

la tienes
la tienes

por por

que

ó tú no sabes lo que pides

si

no

la

que

dices, ¿para

qué quieres probarla, sino, como

á

mala, ha-

cer della lo que

más

te viniere

en gusto?

Mas

si

es tan

buena

como crees, impertinente cosa será hacer experiencia de la mesma verdad, pues después de hecha, se ha de quedar con
la

estimación que primero tenia. Así que, es razón concluel

yente que

intentar las cosas de las cuales antes nos

puede

suceder daño que provecho, es de juicios sin discurso y temerarios, y

más cuando quieren

intentar aquellas á

que no

son forzados ni compelidos, y que de muy lejos traen descubierto que el intentarlas es manifiesta locura.

»Las cosas

dificultosas

se

intentan por Dios, ó por
:

el

mundo, ó por entrambos
Dios son
vir vida
las

á dos

las

que
,

se

acometen por
vi-

que acometieron

los santos

acometiendo á
las

de ángeles en cuerpos humanos

;

que

se

acome-

ten por respeto del

mundo

son

las

de aquellos que pasan tanta

infinidad de agua, tanta diversidad de climas, tanta extra-

ñeza de gentes por adquirir estos que llaman bienes de for,

tuna; y

las

que

se intentan

por Dios y por

el
,

mundo juntaque apenas ven
el

mente son
en
el

aquellas de los valerosos soldados

contrario

muro

abierto tanto espacio cuanto es
artillería,

que

pudo hacer una redonda bala de
que

cuando, puesto
al

aparte todo temor, sin hacer discurso, ni advertir
fiesto peligro
les

manilas alas

amenaza, llevados en vuelo de

:

,

PRIMERA PARTE. CAPÍTULO
del deseo de volver por su fe
,

XXXIll.

1

09

por su nación y por su rey se arrojan intrépidamente por la mitad de mil contrapuestas
,

muertes que
tentarse,

los esperan. Estas cosas

son

las

que suelen

in-

yes honra,

gloria y

provecho intentarlas, aunque
;

tan llenas de inconvenientes y peligros

pero
ni te

la

que tú dices

que quieres intentar y poner por obra,
gloria de Dios, bienes de la fortuna, ni
bres; porque, puesto

ha de alcanzar
los

fama con

hom-

que

salgas

con

ella

como

deseas, no

has de quedar ni más ufano, ni más rico, ni más honrado

que

estás ahora;

y

si

no

sales, te

has de ver en la

mayor

miseria que imaginarse pueda; porque no te ha de aprove-

char pensar entonces que no sabe nadie

la

desgracia que te

ha sucedido; porque bastará, para
la

afligirte

y deshacerte, que
te

sepas tú

mesmo.

Y

para confirmación desta verdad,
el

quiero decir una estancia que hizo
Tansilo, en
el fin

famoso poeta Luis
las

de su primera parte de
así

Lágrimas de

San Pedro

,

que dice

Crece

el

dolor y crece
el

la

vergüenza
j

mostrado aunque allí no ve á nadie, se avergüenza De sí mismo, por ver que habia pecado; Que á un magnánimo pecho, á haber vergüenza,
dia se ha

En Pedro cuando

Y

No
Si

sólo ha de moverle el ser mirado;

Oue

de

sí se

avergüenza cuando yerra,

bien otro no ve que cielo y tierra.

Así que, no excusarás con
drás

el

secreto tu dolor; antes tenlos ojos, lágri-

que

llorar contino,

si

no lágrimas de

mas de sangre

del corazón,

como

las

lloraba aquel simple
la

doctor, que nuestro poeta nos cuenta, que hizo
del vaso,

prueba
el

que con mejor discurso

se

excusó de hacerla

lio

DON QUIJOTE DE LA MANCHA.
;

prudente Reinaldos
tica, tiene

que puesto que aquello sea

ficción poé-

en

encerrados ejemplos morales, dignos de ser
:

advertidos y entendidos é imitados

cuanto más, que con lo

que ahora pienso decirte, acabarás de venir en conocimiento
del grande error

que quieres cometer.
si el

))Dime, Anselmo,

cielo ó la suerte

buena

te

hubiera
,

hecho señor y legítimo posesor de un finísimo diamante de cuya bondad y quilates estuviesen tan satisfechos cuantos
lapidarios le viesen
dijesen
,

que todos

á
,

que llegaba en quilates
la

una voz y de común parecer bondad y fineza á cuanto se
tal

podia extender

naturaleza de

piedra, y tú

mesmo

lo

creyeses así, sin saber otra cosa en contrario, ¿seria justo

que

en deseo de tomar aquel diamante y ponerle entre un ayunque y un martillo, y allí, á pura fuerza de
te viniese

golpes y brazos , probar
cian?

si

era tan duro

y tan fino como de la

Y más,

que

si

lo pusieses

por obra, puesto caso que

piedra hiciese resistencia á tan necia prueba, no por eso se
le añadiria

más
ser,

valor ni

más fama; y

si

se

rompiese, cosa

que podria
á su
ple.

¿no

se perdia

todo? Sí, por cierto, dejando
le

dueño en estimación de que todos

tengan por simes finí-

Pues haz cuenta, Anselmo amigo, que Camila
así

simo diamante,

que no

es

y razón ponerla en contingencia de que se quiebre;

en tu estimación

como en

la ajena,

pues aunque se quede con su entereza, no puede subir á

más

valor del

que ahora

tiene; y

si

faltase

y no

resistiese,

considera desde ahora ¡cuál quedarlas sin ella, y con cuánta

razón

te

podrías quejar de
la

mesmo
la

por haber sido causa
el

de su perdición y

tuya!

Mira que no hay joya en

mundo que
que todo
el

tanto valga

como
las

mujer casta y honrada, y
la

honor de

mujeres consiste en

opinión

PRIMERA PARTE. CAPÍTULO
buena que
llega al
dellas se tiene;

XXXIII.

1

1

1

y pues la de tu esposa es tal, que extremo de bondad que sabes, ¿para qué quieres
la

poner esta verdad en duda? Mira, amigo, que
animal imperfecto , y que no
se le

mujer

es

han de poner embarazos

donde tropiece y caiga, sino

quitárselos y despejalle el casin

mino de cualquier inconveniente, para que
corra ligera á alcanzar la perfecion que

pesadumbre
que consiste

le falta,

en

el ser virtuosa.

«Cuentan

los

naturales que

el

arminio

es

un animalejo

que tiene una
zarle, los

blanquísima, y que cuando quieren cacazadores usan deste artificio que sabiendo las
piel
:

donde suele pasar y acudir, las atajan con lodo, y después, ojeándole, le encaminan hacia aquel lugar; y así como el arminio llega al lodo, se está quedo, y se deja prenpartes por

der y cautivar, á trueco de no pasar por
ensuciar su blancura, que la estima en

el

cieno, y perder y
la libertad

más que

y

la vida.

La honesta y

casta

mujer

es

arminio, y

es

más

que nieve blanca y limpia la virtud de la honestidad; y el que quisiere que no la pierda, antes la guarde y conserve, ha de usar de otro estilo diferente que con el arminio se
tiene ;

porque no

le

han de poner delante

el

cieno de los re-

galos y servicios de los importunos amantes; porque quizá,

y aun sin quizá

,

no

tiene tanta virtud y fuerza natural

,

que

pueda por

mesma
y
la

atropellar y pasar por aquellos

embara-

zos; y es necesario quitárselos, y ponerle delante la limpieza

de

la virtud,

la belleza

que encierra en

sí la

buena fama.

Es asimesmo
y claro;

buena mujer como espejo de

cristal luciente

pero está sujeto á empañarse y escurecerse con
le

cualquiera aliento que
nesta

toque.

Hase de
:

usar con la hoadorarlas, v no

mujer

el

estilo

que con

las reliquias

:

;

112
tocarlas.

DON QUIJOTE DE LA MANCHA.

se

Hase de guardar y estimar la mujer buena como guarda y estima un hermoso jardin, que está lleno de
,

fragantes rosas
ni

cuyo dueño no consiente que nadie
lejos,

le

pasee

y por entre las verjas de hierro, gocen de su fragancia y hermosura. Finalmente,

manosee; basta que desde

quiero decirte unos versos que se

me han

venido á

la

mepa-

moria (que
rece

los oí

en una comedia moderna), que
al

me

que hacen

propósito de lo que

vamos

tratando.

Aconsejaba un prudente viejo á otro, padre de una doncella,

que

la recogiese,

guardase y encerrase; y entre otras razones,

le dijo éstas

"Es de
Si se

vidrio la

mujer;

Pero no se ha de probar

puede ó no quebrar. Porque todo podria ser.
"

Y

es

más

fácil el

quebrarse,

Y
A

no

es cordura ponerse

peligro de romperse
soldarse.

Lo que no puede
"

Y
si

en esta opinión estén
la

Todos , y en razón

fundo
el

Que
Hay

hay Dánaes en

mundo.

pluvias de oro también.

Cuanto hasta aquí
lo

te

he dicho ¡oh Anselmo! ha sido por
es bien
si

que
á

a

te toca,

y ahora

que

te

diga algo de lo

que

mí me conviene; y
el

fuere largo, perdóname; que

todo lo requiere

laberinto

donde

te

has entrado, y de

donde quieres que yo

te saque.

»Tú me
cosa que es
esto, sino

tienes por

amigo, y quieres quitarme la honra, contra toda amistad; y aun, no sólo pretendes
te la quite á
tí.

que procuras que yo

Que me

la

PRIMERA PARTE. CAPÍTULO
quieres quitar á

XXXIII.

II3

yo

la solicito

,

mí está como me

claro, pues

cuando Camila vea que

pides , cierto es que

me

ha de tener

por hombre

sin

honra y mal mirado, pues intento y hago
á

una cosa tan fuera de aquello
amistad

que

el ser

quien soy y tu

me

obliga.

De

que quieres que

te la quite á tí,
la solicito,

no

hay duda; porque viendo Camila que yo
pensar que yo he visto en
atrevimiento á descubrirle
ella

ha de
dio

alguna liviandad que

me

mi mal

deseo; y teniéndose por

deshonrada,

te

toca á

tí,

honra; y de aquí nace lo
el

como á cosa suya, que comunmente

su

mesma

des-

se platica,
él

que

marido de

la

mujer adúltera, puesto que

no

lo sepa ni

haya dado ocasión, con su descuido y poco recato, para que su mujer no sea la que debe, ni haya sido en su mano estorbar su desgracia, con todo le llaman y le

nombran con
le

nombre de
los

vituperio y bajo, y en cierta

manera

miran,

que

la

maldad de su mujer saben, con
cambio de mirarle con
el

ojos de

menos-

precio, en

los

de lástima, viendo

que, no por su culpa, sino por

gusto de su mala compa-

ñera, está en aquella desventura.

Pero quiérote decir
el

la

causa por qué con justa razón es deshonrado
la

marido de

mujer mala, aunque
haya sido parte,
te canses

él

no sepa que

lo es, ni

tenga culpa,
ella lo

ni

ni

dado ocasión para que

sea:

y no

de oirme; que todo ha de redundar en tu

provecho.
)^

Cuando Dios
,

crió á nuestro

primero padre en

el

Pa-

raíso terrenal

dice la divina Escritura que infundió Dios
, ,

sueño en Adán
tilla

y que estando durmiendo le sacó una cosdel lado siniestro, de la cual formó á nuestra madre
así

Eva; y

como Adán
y

despertó y la miró, dijo

:

Esta
:

es

carne de mi carne

hueso de mis huesos.

Y

Dios

dijo

Por

,

114

^ON QUIJOTE DE LA MANCHA.
padre y madre y serán dos en una
,

ésta dejará el hombre a su

carne misma ; y entonces fué instituido
del

el

divino sacramento

matrimonio, con

tales lazos,

que

sola la

muerte puede

desatarlos.

Y

tiene tanta fuerza y virtud este milagroso sa-

cramento, que hace que dos diferentes personas sean una

mesma

carne

;

y aun hace más en

los

buenos casados

:

que

aunque tienen dos almas, no tienen más de una voluntad; y de aquí viene que, como la carne de la esposa sea una

mesma con
los defectos

la del

esposo,

las

manchas que en
la

ella

caen, ó

que
él

se procura,

redundan en
,

carne del
,

ma-

como queda dicho ocasión para aquel daño; porque, así como el dolor del pié ó de cualquier miembro del cuerpo humano le siente todo el cuerpo por ser todo de una carne mesma y la cabeza siente
rido
,

aunque

no haya dado

,

,

el

daño

del tobillo, sin
es participante

que
la

ella se le

haya causado,
la

así el

marido

de

deshonra de

mujer, por ser

una mesma cosa con
del

ella;

y

como

las

honras y deshonras
,

mundo

sean todas y nazcan de carne y sangre
es forzoso

y

las

de

la
le
él

mujer mala sean deste género,

que

al

marido
sin

quepa parte
tenga

dellas,

y sea tenido por deshonrado,
al

que

la culpa.

Mira, pues, ¡oh Anselmo!
el

peligro que te

pones en querer turbar
vive; mira por

sosiego en que tu

buena esposa
pecho
es

cuan vana é impertinente curiosidad quieres
el

revolver los humores, que ahora están sosegados, en

de tu casta esposa; advierte que lo que aventuras á ganar

poco, y que lo que perderás será tanto, que lo dejaré en su punto, porque me faltan palabras para encarecerlo. Pero si
todo cuanto he dicho no basta á moverte de tu mal propósito,

bien puedes buscar otro instrumento de tu deshonra
serlo,

y desventura; que vo no pienso

aunque por

ello

»

,

PRIMERA PARTE. CAPÍTULO
pierda tu amistad, que es
la

XXXIII.

II5

mayor pérdida que imaginar
virtuoso y prudente Lotario, y

puedo.
)^

Calló en diciendo esto

el

Anselmo quedó
espacio no le

tan confuso y pensativo, que por
fin

un buen
le dijo
:

pudo responder palabra; pero en

«Con

la

atención que has visto, he escuchado,

Lotario

amigo, cuanto has querido decirme; y en tus razones, ejemplos y comparaciones he visto la mucha discreción que tienes
y
el

extremo de

la

verdadera amistad que alcanzas; y ansi,

mesmo
tras el

veo y confieso que

si

no sigo tu parecer y
,

me

voy

mió, voy huyendo

del bien y corriendo tras el mal.

Prosupuesto esto, has de considerar que yo padezco ahora
la

enfermedad que suelen tener algunas mujeres, que

se les

antoja

comer

tierra, yeso,

carbón y otras cosas peores, aun

asquerosas para mirarse , cuanto
es

más para comerse

:

así

que

menester usar de algún

artificio
,

para que yo sane; y esto

se

podrá hacer con facilidad
tibia

sólo

con que comiences , aunCamila,
la cual

que
de

y fingidamente, á

solicitar á

no ha
con su

ser tan tierna,

que

á los primeros encuentros dé

honestidad por

tierra;

y con sólo este principio quedaré con-

tento , y tú habrás cumplido con lo que debes á nuestra amistad,

no solamente dándome
sin honra.

la vida, sino

preservándome de

no verme

Y

estás

obligado á hacer esto por una

razón sola, y es, que estando yo,

como

estoy, determinado

de poner en plática esta prueba, no has tú de consentir que

yo dé cuenta de mi desatino á otra persona, con que pondria en aventura el

cuando

el

honor que tú procuras que no pierda; y tuyo no esté en el punto que debe en la intención
la solicitares,

de Camila en tanto que

importa poco ó nada;
entereza que espera-

pues con brevedad, viendo en

ella la

»

; ,

Il6

DON QUIJOTE DE LA MANCHA.
,

mos

le

podrás decir

la

pura verdad de nuestro

artificio

,

con

que volverá tu crédito
turas
,

al ser

y tanto contento

me

primero; y pues tan poco avenpuedes dar aventurándote no lo
,

dejes de hacer,
lante; pues,

aunque más inconvenientes

se te

pongan de-

como ya he

dicho, con sólo que comiences,

daré por concluida
»

la causa. la resoluta

Viendo Lotario

voluntad de Anselmo, y no

sabiendo qué más ejemplos traerle ni qué más razones mostrarle

para que no

la siguiese,

y viendo que

le

amenazaba
evitar
le

que daria á otro cuenta de su mal deseo; por

ma-

yor mal, determinó de contentarle y hacer lo que

pedia,

con propósito
que,

é intención de guiar aquel

sin alterar los

pensamientos de
así, le

modo Camila, quedase Annegocio de

selmo satisfecho; y

respondió que no comunicase su
él

pensamiento con otro alguno; que

tomaba

á su cargo

aquella empresa, la cual comenzarla cuando á él le diese
gusto. Abrazóle

más

Anselmo

tierna y
si

decióle su ofrecimiento,

como

amorosamente, y agraalguna grande merced le

hubiera hecho; y quedaron de acuerdo entre los dos que desde otro dia siguiente se comenzase la obra; que él le daria

lugar y tiempo en que á sus solas pudiese hablar á
le daria

Ca-

mila; y asimesmo

dineros y joyas que ofrecerla y
le diese

que

darla.

Aconsejóle que

músicas, que escribiese
él

versos en su alabanza, y
trabajo de hacerlos, él

que cuando

no quisiese tomar

mesmo

los haria.

A

todo se ofreció

Lotario , con bien diferente intención que Anselmo pensaba

y con

este

acuerdo se volvieron á casa de Anselmo, donde

hallaron á Camila con ansia y cuidado, esperando á su es-

poso

,

porque aquel dia tardaba en venir más de

lo

acostum-

brado.

:

PRIMERA PARTE. CAPÍTULO
»

XXXIII.
la

II7
suya

Fuese Lotario á su casa, y Anselmo quedó en
,

tan contento

como

Lotario fué pensativo

,

no sabiendo qué

traza dar para salir bien de aquel impertinente negocio; pero

aquella noche pensó

el

modo que

tendria para engañar á

Anselmo

sin

ofender á Camila; y otro dia vino á comer
la

con su amigo, y fué bien recebido de Camila,
cebia y regalaba con

cual le re-

mucha

voluntad, por entender la buena
los

que su esposo

le tenia.

Acabaron de comer, levantaron
allí

manteles, y Anselmo dijo á Lotario que se quedase

con

Camila, en tanto que
tro de hora

él

iba á un negocio forzoso; que den-

y media volverla. Rogóle Camila que no se fuese, y Lotario se ofreció á hacerle compañía; mas nada aprovechó con Anselmo; antes importunó á Lotario que se quedase y
le

aguardase

,

porque tenia que

tratar

con

él

una cosa

de

mucha

importancia. Dijo también á Camila que no de-

jase solo á Lotario en tanto

que

él volviese.

En

efeto, él supo

tan bien fingir la necesidad ó necedad de su ausencia,

que

nadie pudiera entender que era fingida. Fuese Anselmo, y quedaron solos á la mesa Camila y Lotario, porque la de-

mas gente de
seaba, y con
sola su

casa toda se habia ido á comer.
la

»Vióse Lotario puesto en
el

estacada que su

amigo de-

enemigo delante, que pudiera vencer con
á

hermosura
si

un escuadrón de caballeros armados
que hizo
abierta

¡mirad

era razón que le temiera Lotario! Pero lo
el

fué poner

codo sobre

el

brazo de

la silla

y

la

mano

en

y pidiendo perdón a Camila del mal comedimiento, dijo que queria reposar un poco, en tanto que
la mejilla;

Anselmo
en
el

volvia.

Camila

le

respondió que mejor reposaria
y
así le
allí

estrado que en la
él.

silla;

rogó

se entrase á dor-

mir en

No

quiso Lotario, y

se

quedó dormido hasta

Il8

DON QJIiyOTE DE LA MANCHA
el

que volvió Anselmo,

cual,

como

halló á
,

Camila en su

aposento y á Lotario durmiendo , creyó que

como

se

habia

tardado tanto, ya habrían tenido los dos lugar para hablar y aun para dormir, y no vio la hora en que Lotario despertase
,

para volverse con
le

él

fuera y preguntarle de su ventura.
él quiso.

»Todo

sucedió

como

Lotario despertó, y luego
lo

salieron los dos de casa,

y Anselmo preguntó
le

que deseaba,

y
la

le

respondió Lotario que no

habia parecido ser bien que

primera vez

se descubriese del

todo , y

así

,

no habia hecho

otra cosa

que alabar á Camila de hermosa, diciéndole que
ciudad no se trataba de otra cosa que de su hermo-

en toda

la

sura y discreción, y que éste le habia parecido buen principio para entrar ganando la voluntad y disponiéndola á que
otra vez le escuchase con gusto, usando en esto del artificio

que

el

demonio usa cuando quiere engañar
en atalaya de mirar por
él

:

á alguno que

está puesto

que

se

transforma en

ángel de luz, siéndolo
apariencias buenas
,

al

de tinieblas, y poniéndole delante cabo descubre quién es y sale con su
,

intención,

si

á los principios

no
á

es descubierto su

engaño.

Todo
en

esto le contentó
el

dia daria
ella se

Anselmo, y dijo que cada mesmo lugar, aunque no saliese de casa, porque
,

mucho

ocuparla en cosas

que Camila no pudiese venir en

conocimiento de su

artificio.

«Sucedió, pues, que se pasaron muchos dias que, sin decir

Lotario palabra á Camila

,

respondía á Anselmo que

la

hablaba, y jamas podia sacar della una pequeña muestra de venir en ninguna cosa que mala fuese, ni aun dar una señal

de sombra de esperanza; antes decia que
si

le

amenazaba que

de aquel mal pensamiento no se quitaba, que lo habia de

decir á su esposo.

PRIMERA PARTE. CAPÍTULO
«Bien
está, dijo

XXXIII.
resistido

II9

Anselmo; hasta aquí ha

Camila
:

á las palabras; es menester ver os daré

cómo

resiste á las

obras

yo

mañana dos mil escudos de
aun
se los deis
,

oro, para que se los

ofrezcáis y

y otros tantos para que compréis
las
,

joyas con que cebarla; que
das
,

mujeres suelen ser aficiona,

y más

si

son hermosas

por más castas que sean
;

á esto

de traerse bien y andar galanas
ción
, ,

y

si ella

resiste á esta tenta-

yo quedaré satisfecho y no os daré más pesadumbre. » ))Lotario respondió que ya que habia comenzado, que él
empresa; puesto que entendía

llevarla hasta el fin aquella
salir della

cansado y vencido.
los cuatro

«Otro dia recibió
tro mil confusiones
tir
,

mil escudos, y con

ellos

cua-

porque no sabia qué hacerse para men-

de nuevo; pero en efeto determinó de decirle que Calas

mila estaba tan entera á
palabras
el
,

dádivas y promesas
,

como

á las

y que no habia para qué cansarse más porque todo tiempo se gastaba en balde. Pero la suerte, que las cosas

guiaba de otra manera, ordenó que, habiendo dejado

An-

selmo solos á Lotario y á Camila, como otras veces
él se

solia,

encerró en un aposento, y por los agujeros de la cerradura estuvo mirando y escuchando lo que los dos trataban,

y vio que en más de media hora Lotario no habló palabra
á

Camila,
la

ni se la hablara

si allí

estuviera
le

un

siglo,

y cayó
las

en

cuenta de que cuanto su amigo

habia dicho de

respuestas de Camila, todo era ficción y mentira; y para ver
si

esto era ansí, salió del aposento,
le

y llamando á Lotario

aparte,

preguntó qué nuevas habia y de qué temple esrespondió que no pensaba más darle puntada

taba Camila.
»

Lotario

le

en aquel negocio, porque respondía tan áspera y desabrida-

»

,

I

20

DON QUIJOTE DE LA MANCHA.
decirle cosa al-

mente, que no tendría ánimo para volver á
guna.
«¡

Ah,

dijo

respondes á
fio!

Anselmo, Lotario, Lotario, y cuan mal corlo que me debes y á lo mucho que de tí conhe estado mirando por
el

Ahora

te

lugar que concede

la

entrada desta llave, y he visto que no has dicho palabra

á

Camila, por donde
por decir

me
;

doy
si

á entender
,

que aun
sin

las

primelo es

ras le tienes

y

esto es así

como

duda

¿para qué

me

engañas, ó por qué quieres quitarme con tu

industria los medios

que yo podria

hallar para conseguir

mi

deseo ?

»No

dijo

más Anselmo; pero

bastó lo que habia dicho
el

para dejar corrido y confuso á Lotario,

cual, casi

tomando por punto de honra
tira, juró á

el

haber sido hallado

como en mentan
si

Anselmo que desde aquel momento tomaba
y no mentille, cual
lo veria

á su cargo el contentalle

con

curiosidad lo espiaba; cuanto más, que no seria menester
usar de ninguna diligencia, porque la que él pensaba poner

en

satisfacelle

le

quitarla de

toda sospecha. Creyóle

An-

selmo, y para dalle comodidad más segura y menos sobresaltada, determinó de hacer ausencia de su casa por ocho
dias,

yéndose á

la la

de un amigo suyo, que estaba en una alciudad, con
el

dea no lejos de
le

cual

amigo concertó que

enviase á llamar con

muchas

veras, para tener ocasión

con Camila de su partida.

Desdichado y mal advertido de tí, Anselmo ¿ Qué es lo que haces? ¿qué es lo que trazas? ¿qué es lo que ordenas?
»
¡

!

Mira que haces contra
y sosegadamente

mismo, trazando
es tu esposa

tu deshonra

y

ordenando tu perdición. Buena
la

Camila

;

quieta

posees; nadie sobresalta tu gusto; sus

,

;

PRIMERA PARTE. CAPÍTULO
pensamientos no salen de
las

XXXIII.

121

paredes de su casa; tú eres su

cielo en la tierra, el blanco de sus deseos, el

de sus gustos y

la

cumplimiento medida por donde mide su voluntad,
:

ajustándola en todo con la tuya y con la del cielo
la

pues

si

mina de

su honor, hermosura, honestidad y recogimiento
la

te

da sin ningún trabajo toda

riqueza que tiene y tú pue-

des desear, ¿para qué quieres ahondar la tierra y buscar

nuevas vetas de nuevo y nunca visto tesoro, poniéndote á
peligro que toda venga abajo, pues en fin se sustenta sobre
los débiles

arrimos de su flaca naturaleza! Mira que
es justo

al

que

busca lo imposible
lo dijo

que

lo posible se le

niegue,

como

mejor un poeta, diciendo:
Busco en
Salud en
la
la

muerte

la
,

vida,

enfermedad

En En

la

prisión libertad

lo

cerrado salida
el

Y

en

traidor lealtad

Pero mi suerte, de quien

Jamas espero algún bien.

Con el cielo ha estatuido Que, pues lo imposible pido, Lo posible aun no me den.

»

Fuese otro dia Anselmo
el

á la aldea,

dejando dicho á Ca,

mila que
tario á

tiempo que

él

estuviese ausente

vendria Lo-

mirar por su casa y á comer con ella; que tuviese cuidado de tratalle como á su mesma persona.
»

la

Camila, como mujer discreta y honrada, de orden que su marido le dejaba, y díjole que advirtiese
Afligióse
él

que no estaba bien que nadie,

ausente, ocupase

la silla

de su mesa; y que si lo hacia por no tener confianza que ella sabria gobernar su casa, que probase por aquella vez, y

122

DON QUIJOTE DE LA MANCHA.

veria por experiencia
tante.
»

cómo

para mayores cuidados era bas-

Anselmo

le

replicó

que aquél era su gusto, y que no
bajar la cabeza y obedecelle.

te-

nia

más que hacer que
dijo

«Camila
luntad.

que

ansí lo baria,

aunque contra su vo-

Anselmo, y otro dia vino á su casa Lotario, donde fué recebido de Camila con amoroso y honesto aco«Partióse

gimiento;

la cual

jamas

se

puso en parte donde Lotario

la

viese á solas;

porque siempre andaba rodeada de

sus criados

y criadas, especialmente de una doncella suya, llamada

Leonela, á quien
desde niñas
las

ella

mucho

queria, por haberse criado

dos juntas en casa de los padres de Camila,

y cuando
dias

se casó

con Anselmo,
le

la trujo

consigo.

En

los tres

primeros nunca Lotario
se

dijo nada,
la

aunque pudiera

cuando

levantaban los manteles y
priesa,

gente se iba á co-

mer, con mucha

porque

así se lo tenia

mandado Ca-

mila; y aun tenia orden Leonela que comiese primero que

Camila, y que de su lado jamas se quitase; mas ella, que en otras cosas de su gusto tenia puesto el pensamiento, y
habia menester aquellas horas y aquel lugar para ocuparle en sus contentos, no cumplía todas veces de su señora; antes
bieran
los
el
si

mandamiento
aquello le hula

dejaba solos,
la

como

mandado; mas

honesta presencia de Camila,
la
la

gravedad de su rostro,
tanta,

compostura de su persona era
lengua de Lotario. Pero
el

que ponia freno á
las

pro-

vecho que

muchas
la

virtudes de

Camila hicieron, po-

niendo silencio en

lengua de Lotario, redundó más en
,

daño de

los dos

;

porque
,

si

la

lengua callaba

,

el

pensa-

miento discurría

y tenia lugar de contemplar parte por

PRIMERA PARTE. CAPITULO
parte todos los extremos de

XXXIII.

12?

Camila

tenia, bastantes á

bondad y de hermosura que enamorar una estatua de mármol,
lugar y espacio que habia de

no que un corazón de carne.
»

Mirábala Lotario en

el

hablarla, y consideraba cuan digna era de ser

amada; y

esta

consideración
petos que á
la

comenzó poco á poco á dar asalto á los resAnselmo tenia; y mil veces quiso ausentarse de
irse

ciudad, y

donde jamas Anselmo
le

le

viese á él, ni él
el

viese á

Camila; mas ya

hacia impedimento y detenia

gusto que hallaba en mirarla. Hacíase fuerza y peleaba consigo mismo por desechar y no sentir el contento que le lle,

vaba á mirar á Camila; culpábase á

solas

de su desatino;

lla-

mábase mal amigo y aun mal
comparaciones entre
cir
él

y y Anselmo, y todos paraban en dela

cristiano; hacia discursos

que más habria sido
fidelidad, y
los

locura y confianza de
si así

Anselmo

que su poca

que

tuviera disculpa para con
lo

Dios como para con

hombres de

que pensaba hacer,

que no temiera pena por su culpa.

»En

efecto, la
la
las

mente con
puesto en
tierra;

hermosura y la bondad de Camila, juntaocasión que el ignorante marido le habia
la lealtad

manos, dieron con

de Lotario en
le

y

sin
al

mirar á otra cosa que aquella á que su gusto

inclinaba,

cabo de

tres dias

de

la

ausencia de Anselmo,
resistir á sus

en

los cuales

estuvo en continua batalla por
á requebrar á

deseos,

comenzó

Camila con tanta turbación

y con tan amorosas razones, que Camila quedó suspensa, y no hizo otra cosa que levantarse de donde estaba, y entrarse
en su aposento
esta
sin respondelle palabra alguna;

mas no por
,

sequedad

se

desmayó en Lotario
el

la

esperanza

que
á

siempre nace juntamente con

amor; antes tuvo en más

124
Camila,
sara,
la

^°^^

QUIJOTE DE LA MANCHA.

cual habiendo visto en Lotario lo que jamas pen-

no sabia qué hacerse; y pareciéndole no ser cosa segura ni bien hecha darle ocasión ni lugar á que otra vez la
hablase, determinó de enviar aquella
lo

mesma noche, como

hizo, á un criado suyo con un billete á Anselmo, donde
razones:

le escribió estas

CAPITULO XXXIV.
Donde
se

prosigue

la

novela del Curioso impertinente.

«Así
»

como
la

suele decirse

que parece mal

el ejército sin

su

general, y

el castillo sin

su castellano, digo yo que parece
sin su

»muy

peor

mujer casada y moza

marido, cuando
hallo tan

» justísimas

ocasiones no lo impiden.

Yo me
ir

mal

»sin vos,
»cia,

y tan imposibilitada de no poder
si

sufrir esta

ausen-

que

presto no venis,

me
si

habré de

á entretener en

»casa de mis padres, aunque deje sin guarda la vuestra;

aporque

la

que

me

dejastes,

es

que quedó con
lo

tal título,

»creo que mira

más por su gusto que por

que á vos

os

»toca: y pues sois discreto, no tengo más que deciros, ni »áun es bien que más os diga.»
»

Esta carta recibió

tario

Anselmo y entendió por ella que Lohabia ya comenzado la empresa, y que Camila debia
,

de haber respondido de
tales

como

él

deseaba y alegre sobremanera
;

nuevas, respondió á Camila de palabra que no hicasa en

ciese

mudamiento de su

modo ninguno, porque

él

volverla con
la respuesta

mucha

brevedad. Admirada quedó Camila de
,

de Anselmo

que

la

puso en más confusión que

primero; porque ni se atrevía á estar en su casa, ni menos
irse á la

de sus padres, porque en

la

quedada corria peligro

PRIMERA PARTE. CAPÍTULO XXXIV.
SU honestidad , y en la ida iba contra
esposo.
el

1

25
su

mandamiento de

En

fin se resolvió

en lo que

le

estuvo peor, que fué
la
;

en

el

quedarse, con determinación de no huir
,

presencia

y ya le pesaba de haber escrito lo que escribió á su esposo, temerosa

de Lotario

por no dar que decir á sus criados

de que no pensase que Lotario habia visto en
desenvoltura, que
le

ella

alguna
el

hubiese movido á no guardalle
fió

de-

coro que debia; pero, fiada en su bondad, se

en su buen

pensamiento, con que pensaba
llo

resistir
,

callando á todo aque-

que Lotario

decirle quisiese

sin dar

más cuenta

á su

marido, por no ponerle en alguna pendencia y trabajo; y aun andaba buscando manera cómo disculpar á Lotario con

Anselmo cuando
,

le

preguntase

la

ocasión que
estos

le

habia

mo-

vido á escribirle aquel papel.

Con

pensamientos, más

honrados que acertados ni provechosos, estuvo otro dia es-

cuchando á Lotario,

el

cual cargó la

mano

de manera, que
,

comenzó

á titubear la firmeza de

Camila

y su honestipara que
las

dad tuvo harto que hacer en acudir á

los ojos,

no diesen muestras de alguna amorosa compasión, que
lágrimas y
pertado.
las

razones de Lotario en su pecho habian desesto
él le la

Todo

notaba Lotario

,

y todo

le

encendía.
el

Finalmente, á

pareció que era menester, en

espacio
el

y lugar que daba

ausencia de Anselmo, apretar

cerco
las

á aquella fortaleza;

y

así,

acometió á su presunción con
;

alabanzas de su hermosura

porque no hay cosa que más

presto rinda y allane las encastilladas torres de la vanidad

de

las

hermosas que
la

la

guas de
la

adulación.

mesma vanidad, puesta en las lenEn efecto, él con toda diligencia minó
,

roca de su entereza con tales pertrechos

que aunque Ca-

mila fuera toda de bronce, viniera

al suelo.

120
»

DON QUIJOTE DE LA MANCHA.
Lloró
,

rogó ofreció
,

,

aduló , porfió y fingió Lotario con

tantos sentimientos, con muestras de tantas veras,
al

que dio

través

con

el

recato de Camila, y vino á triunfar del

cuando menos

se

pensaba y más deseaba. Rindióse Camila,

Camila
rio

se rindió; pero

¿qué mucho,

si

la

amistad de Lota-

no quedó en pié! Ejemplo claro, que nos muestra que

sólo se vence la pasión

amorosa con

huilla, y

que nadie

se

ha de poner á brazos con tan poderoso enemigo; porque
es

menester fuerzas divinas para vencer

las

suyas humanas.

Sólo supo Leonela la flaqueza de su señora, porque no se la

pudieron encubrir

los

dos malos amigos y nuevos amantes.

No
ni

quiso Lotario decir á Camila la pretensión de Anselmo,
él le

que

habia dado lugar para llegar á aquel punto,

porque no tuviese en menos su amor, y pensase que así, acaso y sin pensar, y no de propósito la habia solicitado.
,

«Volvió de

allí

á pocos dias
ella,

Anselmo
lo

á su casa,

y no echó

de ver lo que faltaba en

que era

que en menos tenia

y más estimaba. Fuese luego á ver á Lotario, y hallóle en
su casa; abrazáronse los dos, y
vas de su vida ó de su muerte.
el

uno preguntó por

las

nue-

«Las nuevas que

te

podré dar ¡oh amigo Anselmo! dijo

Lotario, son de que tienes una mujer que dignamente puede
ser

ejemplo y corona de todas

las

mujeres buenas
el aire
,

:

las

pala-

bras que le
tos se

he dicho

se las

ha llevado
las

los

ofrecimien-

han tenido en poco,

dádivas no se han admitido,

de algunas lágrimas fingidas mias se ha hecho burla notable.

En

resolución

,

así

como Camila

es cifra

de toda belleel

za, es archivo

donde

asiste la

honestidad y vive

entendi-

miento y
loable

el

recato, y todas las virtudes

que pueden hacer

y bien afortunada á una honrada mujer. Vuelve á to-

»

, ,

PRIMERA PARTE. CAPÍ FULO XXXIV.
mar
no
tus dineros,

\

2J

amigo; que aquí
ellos;

los
la

tengo, sin haber teentereza de Camila

nido necesidad de tocar á

que

se rinde á cosas tan bajas

como

son dádivas ni promesas.

Conténtate, Anselmo, y no quieras hacer más pruebas de
hechas; y pues á pié enjuto has pasado el mar de las dificultades y sospechas que de las mujeres suelen y pueden tenerse, no quieras entrar de nuevo en el profundo piélago
las

de nuevos inconvenientes, ni quieras hacer experiencia con
otro piloto de la
te

bondad y fortaleza del navio que el cielo dio en suerte para que en él pasases la mar deste mundo
que
estás

sino haz cuenta

ya en seguro puerto, y aférrate

con

las

áncoras de

la

hasta que te vengan á

buena consideración, y déjate estar pedir la deuda que no hay hidalguía

humana que de
»

pagarla se excuse.
las

Contentísimo quedó Anselmo de
creyó

razones de Lotario

y

así se las

como
le

si

fueran dichas por algún oráculo;
la

pero, con todo eso,

rogó que no dejase

empresa, aun-

que no fuese más de por curiosidad y entretenimiento, y aunque no
se

aprovechase de

allí

adelante con Camila de tan

ahincadas diligencias
ria

como

hasta entonces; y que sólo que-

que

le escribiese

algunos versos en su alabanza, debajo
él

del

nombre de

Clori, porque

le

daria á entender á
le
el

Cahade-

mila que andaba enamorado de una dama, á quien
bia puesto aquel

nombre por poder
le

celebrarla con

coro que á su honestidad se

debia; y que cuando Lotario

no quisiera tomar trabajo de
haria.
«

escribir los versos,

que

él los

No
:

será

menester eso, dijo Lotario, pues no
musas, que algunos ratos del año

enemigas
ten

las

me son tan no me visi-

dile tú á

Camila

lo

que has dicho

del fingimiento de

128

DON QUIJOTE DE LA MANCHA.
los versos

mis amores; que

yo

los

haré, y
lo

si

no tan buenos
mejores que

como

el

sujeto
»

merece, serán por

menos

los

yo pudiere.
))

Quedaron

deste acuerdo el impertinente y el traidor
al

ami-

engañado esposo y avisó á la vencida esposa, y vuelto Anselmo á su casa, preguntó á Camila lo que ella ya se maravillaba que no se lo hubiese pregungo y Lotario entretuvo
,

tado, que fué que le dijese la ocasión por que le habia escrito
el

papel que

le

envió.

Camila

le

respondió que

le

habia pa-

recido que Lotario la miraba

un poco más desenvueltamente

que cuando

él

estaba en casa; pero que ya estaba desenga-

ñada, y creia que habia sido imaginación suya, porque ya
Lotario huia de vella y de estar con
ella á solas.

Díjole

An-

selmo que bien podia

estar segura

de aquella sospecha , por-

que

él

sabia

que Lotario andaba enamorado de una doncella
él

principal de la ciudad, á quien

celebraba debajo del

nom-

bre de Clori, y que, aunque no lo estuviera, no habia que temer de la bondad de Lotario y de la mucha amistad de

entrambos

:

y á no estar avisada Camila de Lotario de que

eran fingidos aquellos amores de Clori , y que él se lo habia dicho á Anselmo por poder ocuparse algunos ratos en las

mismas alabanzas de Camila,
sesperada red de los celos
;

ella sin
,

duda cayera en

la
,

de-

mas por

estar

ya advertida pasó

aquel sobresalto sin pesadumbre.

»Otro

dia, estando los tres sobremesa, rogó
las

Anselmo

á

Lotario dijese alguna cosa de

que habia compuesto
la

á su

amada

Clori; que, pues

Camila no

conocia, seguramente

podia decir lo que quisiese.
«

Aunque

la

conociera respondió Lotario , no encubriera
,

yo nada; porque cuando algún amante loa

á su

dama de

:

,

PRIMERA PARTE. CAPÍTULO XXXIV.
hermosa, y
la

I

29

nota de cruel, ningún oprobio hace á su buen

crédito; pero, sea lo que fuere, lo

que

sé decir,

que ayer

hice un soneto á la ingratitud desta Clori, que dice ansí

Soneto.

••

En

el

silencio de la

noche
los

,

cuando

Ocupa el dulce sueño á La pobre cuenta de mis
Estoy
al cielo
al

mortales,

ricos

males
va mostrando

y á

mi Clori dando.
el sol se

"Y
Por

tiempo cuando

las

rosadas puertas orientales,

Con Voy

suspiros y acentos desiguales
la

antigua querella renovando.

cuando el sol de su estrellado asiento Derechos rayos á la tierra envía,
El llanto crece, y doblo los gemidos. "Vuelve la noche, y vuelvo al triste cuento,

"Y

Y
Al

siempre hallo en mi mortal porfía
cielo sordo, á Clori sin oidos.
"

«Bien

le

pareció
le

el

soneto á Camila, pero mejor á

An-

selmo, pues
la

alabó, y dijo que era demasiadamente cruel

dama que
»

á tan claras verdades

no correspondía.
aquello que los poe-

A lo que dijo

Camila

:

«

Luego todo
la

tas
«

enamorados dicen

¿es verdad!

— En — No
,

cuanto poetas, no

dicen, respondió Lotario;
tan cortos co-

mas en cuanto enamorados, siempre quedan

mo
»

verdaderos.

hay duda deso
los

»

,

replicó

Anselmo

:

todo por

apoyar y acreditar
mila
tan

pensamientos de Lotario con Caartificio

descuidada del

de Anselmo

,

como ya

enamorada de Lotario; y así, con el gusto que de sus cosas tenia, y más teniendo por entendido que sus deseos y escritos á ella se

encaminaban y que
,

ella era la

verdadera Clori

,

,

130
le

DON QUIJOTE DE LA MANCHA.
si

rogó que
« Sí sé,

otro soneto ú otros versos sabia, los dijese.

respondió Lotario; pero no creo que es tan bueno

como

primero, ó por mejor decir, tan menos malo, y podréislo bien juzgar, pues es este
el
Soneto.

"

Yo

que muero

;

y

si

no soy creido
es

Es más

cierto el morir,

como

más
!

cierto

Verme
"

á tus pies

\

oh

bella ingrata

muerto

Antes que de adorarte arrepentido.
Podré yo verme en
vida y gloria
la

región de olvido,

De

Y

allí

y de favor desierto, verse podrá en mi pecho abierto

Cómo tu hermoso rostro está esculpido. " Que esta reliquia guardo para el duro
Trance que me amenaza mi porfía, Que en tu mismo rigor se fortalece.
"
i

Ay

de aquél que navega

,

el cielo

escuro

Por mar no usado y peligrosa vía, Adonde norte ó puerto no se ofrece

!

"

«También
bla

alabó este segundo soneto Anselmo,
el

como ha-

hecho con

primero; y desta manera iba añadiendo

eslabón á eslabón á la cadena con que se enlazaba y trababa
su deshonra; pues cuando

más Lotario

le

deshonraba, enesto, todos

tonces

le

decia que estaba

más honrado; y con
el

los escalones

que Camila bajaba hacia
la

centro de su

mela

nosprecio, los subia en

opinión de su marido hacia

cumbre de

la

virtud y de su buena fama.

«Sucedió en esto que hallándose una vez, entre otras,
sola

Camila con su doncella,

le dijo

:

«

Corrida estoy, amiga

Leonela, de ver en cuan poco he sabido estimarme, pues
siquiera

no hice que con

el

tiempo comprara Lotario

la

en-

tera posesión

que

le di tan

presto de

mi

voluntad.

Temo

que

,

PRIMERA PARTE. CAPÍTULO XXXIV.
ha de desestimar mi presteza ó ligereza,
la

131

sin

que eche de ver

fuerza que
»

él

me

hizo para no poder

resistirle.

— No
,

te

dé pena eso, señora mia, respondió Leonela;
la

que no quita
ción

monta,

ni es causa para
,

menguar

la

estima-

darse lo que se da presto
ello

si

en efecto lo que se da es

bueno, y

por

digno de estimarse; y aun suele decirse
veces.

que
»

el

que luego da, da dos
se

— También — No

suele decir, dijo

Camila, que

lo

que

cuesta poco se estima en menos.
»

corre por

esa razón, respondió Leonela;

porque

el

amor, según he oido
éste corre, y

decir, unas veces vuela y otras anda;
á

con

con aquél va despacio; á unos entibia, y

otros abrasa; á unos hiere, y á otros mata; en

un mesmo

punto comienza

la carrera

de sus deseos, y en aquel
la

mesmo

punto

la

acaba y concluye; por
la
:

mañana
la tiene
así
,

suele poner el

cerco á una fortaleza, y á

noche

rendida, porque

no hay fuerza que
tas

le resista
si

y siendo

¿

de qué te espan-

mismo debe de haber acontecido á Lotario, habiendo tomado el amor por instrumento de rendiros la ausencia de mi señor? Y era forzoso que en ella se concluyese lo que el amor tenia determinado, sin dar
ó de qué temes,
lo

tiempo

al

tiempo, para que Anselmo

le

tuviese de volver,
la

y con su presencia quedase imperfecta

obra; porque
lo

el

amor no
que

tiene otro
:

mejor ministro para ejecutar
de
la

que desea

es la ocasión

ocasión se sirve en todos sus hechos

principalmente en

los peligrosos.

Todo

esto sé

yo

muy

bien,

más de experiencia que de

oidas,

y algún dia

te lo diré,

señora; que yo también soy de carne y de sangre

moza:

cuanto más, hermosa Camila, que no
tan luego,

te entregaste ni diste

que primero no hubieses

visto en los ojos, en los

»

^

132

DON QUIJOTE DE LA MANCHA.
Lo-

suspiros, en las razones y en las promesas y dádivas de
tario toda su

alma, viendo en

ella

y en sus virtudes cuan
si

digno era Lotario de ser amado. Pues
asalten la

esto es ansí,

no

te

imaginación esos escrupulosos y melindrosos pen-

samientos, sino asegúrate que Lotario te estima

como

tú le

estimas á él, y vive con contento y satisfacion de que, ya

que
lor

caiste

en

el

lazo amoroso, es

el

que

te aprieta

de va-

y de estima, y que no sólo tiene las cuatro SS, que dicen que han de tener los buenos enamorados, sino todo un A,
,

B C
coro.

entero

;

si

no

,

escúchame y
,

verás

cómo

te le

digo de

»E1

es,

según yo veo y á mí

me

parece, agradecido , bueno

caballero y dadivoso, enamorado , Jirme y gallardo y honrado, ilustre , leal, mozo, noble, onesto, principal, quantioso, rico,
las

SS que dicen, y luego

tácito, verdadero; la

X

no
la

le

y cua-

dra,

porque

es letra áspera; la

Y

ya está dicha;

Z, zela-

dor de tu honra.
»

Rióse Camila del

A B C
,

,

de su doncella

,

y túvola

por más plática en

las cosas

de amor que

ella creia;

y

así lo

confesó ella, descubriendo á Camila

con un mancebo bien nacido de
se

la

cómo trataba amores mesma ciudad de lo cual
,

turbó Camila, temiendo que era aquél camino por donde
si

su honra podia correr riesgo. Apuróla,
cas á

pasaban sus pláti-

más que
le

serlo.

Ella,

con poca vergüenza y mucha

desenvoltura,
cierta

respondió que
las

pasaban; porque es cosa ya

que

los

descuidos de
cuales,

señoras quitan la vergüenza á
á las

las criadas, las

cuando ven

amas echar

traspiés,

no

se les

da nada á

ellas

de cojear, ni de que lo sepan.
á

No

pudo hacer

otra cosa
al

Camila sino rogar
que decia
ser su

Leonela no

dijese

nada de su hecho

amante, y que

tratase

PRIMERA PARTE. CAPÍTULO XXXIV.
SUS cosas con secreto,

I

33

porque no viniesen

á noticia

de An-

selmo

ni

de Lotario. Leonela respondió que
el

así lo haria;

mas

cumpliólo de manera, que hizo cierto
de que por
ella

temor de Camila,
la

habia de perder su crédito; porque

desho-

nesta y atrevida Leonela, después

que vio que

el

proceder

y poner dentro de casa á su amante, confiada que, aunque su señora de su
era el
solia, atrevióse á entrar
le viese,

ama no

que

no habia de osar descubrille; que
,

este
:

daño acarse

rean

,

entre otros

los

pecados de

las

señoras

que

hacen

esclavas de sus

mesmas
y

criadas, y se obligan á encubrirles

sus deshonestidades

vilezas,

como

aconteció con Camila,

que aunque vio una y muchas veces que Leonela estaba con su galán en un aposento de su casa, no sólo no la osaba reñir,

mas dábale lugar
,

los estorbos

y quitábale todos para que no fuese visto de su marido. Pero no
á
lo encerrase,
le viese

que

pudo quitar que Lotario no

una vez

salir al

romper

del alba; el cual, sin conocer quién era, pensó

primero que
caminar,

debia de ser alguna fantasma;

mas cuando

le vio

embozarse y encubrirse con cuidado y recato, cayó de su simple pensamiento, y dio en otro, que fuera la perdición
de todos,
»
si

Camila no

lo remediara.

Pensó Lotario que aquel hombre, que habia

visto salir
ella

tan á deshora de casa de

Anselmo
si

,

no habia entrado en
el

por Leonela, ni aun se acordó
sólo creyó
fácil

Leonela era en

mundo;
sido

que Camila, de
él, lo era

la

misma manera que habia
que pierde
el

y ligera con

para otro; que estas añadiduras

trae consigo la

maldad de
el

la

mujer mala

:

cré-

dito de su

honra con

mesmo

á quien se entregó, rogada

y persuadida, y cree que con mayor facilidad se entrega á otros, y da infalible crédito á cualquiera sospecha que desto

134
le

DON QUIJOTE DE LA MANCHA.

venga.

Y

no parece sino que

le faltó
,

á Lotario en este

punto todo su buen entendimiento y

se le

fueron de
sin hacer

la

me-

moria todos sus advertidos discursos; pues

alguno

que bueno fuese,

ni

aun razonable,

sin

más

ni

más, antes
la celosa

que Anselmo
rabia

se levantase,

impaciente y ciego de

que

las

entrañas

le

roia,

muriendo por vengarse de
le

Camila, que en ninguna cosa

habia ofendido, se fué á

Anselmo y

le dijo

:

«

Sábete, Anselmo, que há

muchos

dias

que he andado peleando conmigo

mesmo

,

haciéndome

fuerza á no decirte lo que ya no es posible ni justo que
te

más

encubra

:

sábete

que

la fortaleza

de Camila está ya ren-

dida y sujeta á todo aquello que yo quisiere hacer della; y
si

he tardado en descubrirte

esta verdad,
si

ha sido por ver

si

era algún liviano antojo suyo, ó

lo hacia

ver

si

eran con propósito firme tratados los

por probarme y amores que con
ella,

tu licencia con ella
si

he comenzado. Creí ansimismo que
,

fuera la que debia y la que entrambos pensábamos

ya

te

hubiera dado cuenta de

mi

solicitud; pero,
las

habiendo

visto

que

se tarda,

conozco que son verdaderas

promesas que
tu

me ha dado de que, cuando otra vez hagas ausencia de casa, me hablará en la recámara donde está el repuesto
tus alhajas (y era la

de

verdad que

allí le

solia

hablar Camila);

y no quiero que precipitosamente corras á hacer alguna

venganza, pues no está aún cometido

el

pecado, sino con

pensamiento, y podria ser que, deste hasta el tiempo de ponerle por obra, se mudase el de Camila, y naciese en su
lugar
el

arrepentimiento; y

así,

ya que en todo ó en parte

has seguido siempre mis consejos, sigue y guarda uno que

ahora

te diré,

para que sin engarío y con

maduro

advertite

miento

te satisfagas

de aquello que más vieres que

con-

»

»

PRIMERA PARTE. CAPÍTULO XXXIV.
venga. Finge que
te

i^r

ausentas por dos ó tres dias

,

como

otras

veces sueles, y haz de

manera que
que

te

quedes escondido en

tu recámara, pues los tapices

allí

hay, y otras cosas con

que

te

puedas encubrir,

te

ofrecen

mucha comodidad,
los

y
lo

entonces verás por tus mismos ojos, y yo por

mios,

que Camila quiere; y si fuere la maldad que se puede temer antes que esperar, con silencio, sagacidad y discreción podrás ser
el

verdugo de tu agravio.

«Absorto, suspenso y admirado quedó Anselmo con las razones de Lotario porque le cogieron en tiempo donde
,

menos
gozar
')

las

esperaba oir; porque ya tenia á Camila por venlos fingidos

cedora de

asaltos

de Lotario

,

y comenzaba á

la gloria del

vencimiento.
al

Callando estuvo por un buen espacio, mirando

suelo

sin

mover pestaña, y

al

cabo dijo

:

«


:

lo

has hecho,

Lo-

tario,

como yo

esperaba de tu amistad

en todo he de se-

guir tu consejo.
creto

Haz

lo

que

quisieres

,

y guarda aquel sese arrepin-

que ves que conviene en caso tan no pensado.

»Prometióselo Lotario, y en apartándose del,
tió

totalmente de cuanto

le

habia dicho, viendo cuan necio

él vengarse de Camila, y no por camino tan cruel y tan deshonrado. Maldecia su entendimiento, afeaba su ligera determinación, y no sabia qué

habia andado, pues pudiera

medio tomar para deshacer
zonable
mila; y
salida.

lo

hecho ó para

dalle

alguna ra-

Al

fin

acordó de dar cuenta de todo á Ca-

como no
le dijo
«

faltaba lugar para poderlo hacer, aquel

mismo
hablar,

dia la halló sola; y ella, así
:

como

vio

que

le

podia

Sabed, amigo Lotario, que tengo una pena

en

el

corazón, que

me
el

le

aprieta de suerte,

que parece que
si

quiere reventar en

pecho, y ha de ser maravilla

no

lo

136

DON QUIJOTE DE LA MANCHA.
la

hace; pues ha llegado

desvergüenza de Leonela á tanto,
á

que cada noche encierra
está
le

un galán suyo en

esta casa, y se

con

él

hasta

el

dia, tan á costa de
al

mi

crédito, cuanto
le viere salir á

quedará campo abierto de juzgarlo

que

horas tan inusitadas de

mi

casa

:

y

lo

que

me

fatiga es

,

que

no

la

puedo

castigar ni reñir;

que

el ser ella

secretario de

nuestros tratos
los suyos,

me ha

puesto un freno en la boca para callar

y temo que de aquí ha de nacer algún mal su-

ceso.

»

))A1 principio

que Camila esto decia, creyó Lotario que

era artificio para mentille que el
lir

hombre que habia
llorar

visto saafligirse

era de Leonela, y

no suyo; pero viéndola

y

y pedirle remedio, vino á creer la verdad; y en creyéndola, acabó de estar confuso y arrepentido del todo; pero, con
todo esto, respondió á Camila que no tuviese pena; que
ordenarla remedio para atajar la insolencia de Leonela
:

él

díjole

asimismo

lo

que, instigado de

la furiosa rabia

de

los celos,

habia dicho á Anselmo , y

cómo

estaba concertado de esconallí

derse en la recámara, para ver desde
lealtad

á la clara la

poca

que

ella le

guardaba

:

pidióle perdón desta locura, y
salir

consejo para poder remedialla y
laberinto,

bien de tan revuelto

donde su mal discurso
oir lo

le

habia puesto. Espantada
le

quedó Camila de

que Lotario

decia, y con

mucho
mal

enojo y muchas y discretas razones

le

riñó y afeó su

pensamiento y
tenido; pero,
presto para
el

la

simple y mala determinación que habia
tiene la

como naturalmente

mujer ingenio

que

le

bien y para el mal más que el varón, puesto va faltando cuando de propósito se pone á hacer disal

cursos, luego
tan
al

instante halló

Camila

el

modo

de remediar

parecer irremediable negocio, y dijo á Lotario que

PRIMERA PARTE. CAPÍTULO XXXIV.
porque

I

37

procurase que otro dia se escondiese Anselmo donde decia,
ella

pensaba sacar de su escondimiento comodidad
allí

para que desde
salto

en adelante

los

dos se gozasen sin sobrele

alguno; y sin declararle del todo su pensamiento,

ad-

que tuviese cuidado que, en estando Anselmo escondido, él viniese cuando Leonela le llamase, y que á cuanto
virtió
ella le dijese,
le

respondiese
le

como

respondiera cuando no

supiera que
»

Anselmo

escuchaba.
le

Porfió Lotario que

acabase de declarar su intención,
lo

porque con más seguridad y aviso guardase todo
ser necesario.
«

que

viese

Digo,

dijo

Camila, que no hay más que guardar,

si

no

fuere responderme

como yo

os preguntare»;

no queriendo

Camila
rosa
le

darle antes cuenta de lo
el

que pensaba hacer, teme-

que no quisiese seguir

parecer que á ella tan bueno

parecia, y siguiese ó buscase otros, que no podian ser tan

buenos.

»Con

esto se fué Lotario; y
ir

Anselmo, otro

dia,
,

con

la

excusa de

á aquella aldea de su

amigo

,

se partió

y volvió

á esconderse;

que

industria se la

pudo hacer con comodidad, porque de dieron Camila y Leonela.
lo
se
el

«Escondióse, pues, Anselmo, con aquel sobresalto que

puede imaginar que tendria
hacer notomía de
las

que esperaba ver por sus

ojos

entrañas de su honra, y víase á pique
él

de perder

el

sumo

bien que

pensaba que tenia en su que-

rida Camila.

Seguras ya y ciertas Camila y Leonela que

Anselmo
nas

estaba escondido, entraron en la recámara; y apelos pies
:

hubo puesto

en

ella

Camila, cuando, dando un
seria

grande suspiro, dijo

«

¡Ay Leonela amiga! ¿no
poner en ejecución
lo

mejor

que antes que

llegase á

que no quiero

138

DON QUIJOTE DE LA MANCHA.
la

que sepas, porque no procures estorbarlo, que tomases
daga de Anselmo que
te

he pedido, y pasases con ella este infame pecho mió? Pero no hagas tal; que no será razón

que yo

lleve la

pena de

la ajena culpa.

Primero quiero saber
y deshonestos ojos

qué

es lo

que vieron en mí

los atrevidos

de Lotario, que fuese causa de darle atrevimiento á descu-

brirme un tan mal deseo,
bierto, en desprecio de su

como

es el

que

me ha

descu-

Leonela, á esa

amigo y en deshonra mia. Ponte, ventana, y llámale; que sin duda alguna él
la calle,

debe de

estar
;

en

esperando poner en efeto su mala
la cruel

intención

pero primero se pondrá

cuanto hon-

rada mia.
»

— ¡Ay señora mia! respondió

la

sagaz y advertida Leo-

nela;
res

y ¿qué es lo que quieres hacer con esta daga? ¿Quiepor ventura quitarte la vida ó quitársela á Lotario? que
,

cualquiera destas cosas que quieras

ha de redundar en pér-

dida de tu crédito y fama. Mejor es que disimules tu agravio, y

no des lugar á que
y nos halle
él es

este
:

mal hombre entre ahora en
flacas

esta casa,

solas

mira, señora, que somos

mujeres, y

hombre y determinado; y como
,

viene con

aquel mal propósito

ciego y apasionado
el

,

quizá antes que tú

pongas en ejecución

tuyo, hará
¡

él lo

que

te estaria

más

mal que
tanta

quitarte la vida.

Mal haya mi

señor Anselmo, que

mano ha

querido dar á este desuellacaras en su casa!
le

Y

ya, señora, que

mates,

como yo

pienso que quieres

hacer, ¿qué
»

hemos de hacer
le entierre;

del después de

muerto?

— ¿Qué,
el

amiga! respondió Camila; dejarémosle para
pues será justo que tenga por desla

que Anselmo
canso

trabajo

que tomare en poner debajo de
Llámale, acaba; que todo
el

tierra su

misma

infamia.

tiempo que

PRIMERA PARTE. CAPÍTULO XXXIV.
tardo en tomar la debida venganza de

I

39

mi agravio, parece
»

que ofendo

á la lealtad

que

á

mi esposo debo.
,

«Todo

esto

escuchaba Anselmo y á cada palabra que Cale

mila decia, se

mudaban

los

pensamientos; mas cuando
salir

entendió que estaba resuelta en matar á Lotario, quiso

v descubrirse, porque
el

tal

cosa no se hiciese; pero detúvole

deseo de ver en qué paraba tanta gallardía y honesta re,

solución

con propósito de
esto á

salir á

tiempo que

la estorbase.

Camila un fuerte desmayo; y arrojándose encima de una cama que allí estaba, comenzó Leonela
á llorar

«Tomóle en

muy amargamente
la flor

y á decir

:

«

¡

Ay

desdichada de

mí,

si

fuese tan sin ventura

que

se

mis brazos
las

de

la

honestidad

me muriese aquí entre del mundo la corona de
,

buenas mujeres,

el

ejemplo de

la castidad!
la

»

con otras cola

sas á éstas

semejantes, que ninguno

escuchara, que no

tuviera por la

más lastimada y

leal

doncella del

mundo
al

,

v á

su señora por otra nueva y perseguida Penélope.

«Poco tardó en volver de su desmayo Camila, v
en
leal

volver
des-

dijo

:

«

jPor qué no vas, Leonela, á llamar
,

al

más

amigo de amigo que

vio

el sol

ó cubrió

la

noche? Acala

ba, corre, aguija, camina; no se desfogue con
el

tardanza

fuego de

la cólera la justa

que tengo, y

se pase

en amenazas y

maldiciones
»

venganza que espero.
dijo

— Ya

voy á llamarle, señora mia,
esa daga,

Leonela; mas

hasme de dar primero

porque no hagas cosa, en
la

tanto que falto, que dejes con ella que llorar toda

vida á

todos los que bien te quieren.
))

— Vé segura,

Leonela amiga, que no haré, respondió
á tu parecer,

Camila; porque, va que sea atrevida y simple,
en volver por mi honra, no lo he de ser tanto

como

aquella

:

140

DON QUIJOTE DE LA MANCHA.

Lucrecia, de quien dicen que se mató sin haber cometido
error alguno, y sin haber

muerto primero á quien fué
si

la

causa de su deshonra.

Yo

moriré,

muero; pero ha de

ser

vengada y satisfecha del que

me

ha dado ocasión de venir
,

á este lugar á llorar sus atrevimientos

nacidos tan sin culpa

mia.
»

»

Mucho

se hizo

de rogar Leonela antes que

saliese á lla-

mar

á Lotario; pero en fin salió, y entre tanto
,

que volvia,

quedó Camila diciendo como que hablaba consigo misma
«

¡Válame Dios! ¿no fuera más acertado haber despedido á

Lotario,

como

otras

muchas veces

lo

he hecho, que no po-

nerle en condición,

como ya
,

le

he puesto, que

me

tenga
tar-

por deshonesta y mala

siquiera este

tiempo que he de

dar en desengañarle! Mejor fuera sin duda; pero no quedara

yo vengada,

ni la

honra de mi marido satisfecha,

si

tan á

manos

lavadas y tan á paso llano se volviera á salir de

donde
con
la
(si

sus malos pensamientos le entraron.

Pague

el traidor el

vida lo que intentó con tan lascivo deseo; sepa

mundo

acaso llegare á saberlo) que Camila, no sólo guardó la lealtad
á su esposo, sino
ofendelle...

que

le

dio venganza del que se atrevió á

Mas con
aldea

todo, creo que fuera mejor dar cuenta

desto á Anselmo... Pero ya se la

comencé
el

á dar en la carta
él al

que
del

le escribí al

;

y creo que

no acudir

remedio

daño que

allí le

señalé, debió de ser que, de puro
el

bueno

y confiado, no quiso ni pudo creer que en
traidor

pecho de su

amigo pudiese caber género de pensamiento que

contra su honra fuese; ni aun yo lo creí después por
dias, ni lo creyera

muchos

jamas,

si

su insolencia no llegara á tanto,

que

las

manifiestas dádivas y las largas promesas y las con-

tinuas lágrimas

no

me

lo manifestaran.

Mas

¿para qué hago

PRIMERA PARTE. CAPÍTULO XXXIV.
yo ahora
estos discursos?

141

¿Tiene por ventura una resolución

gallarda necesidad de consejo alguno?
ra, pues, temores; aquí,

No

por

cierto.

Afuevenga,

venganzas: entre

el falso,

muera, acabe, y suceda lo que sucediere. Limpia entré en poder del que el cielo me dio por mió, limpia he
llegue,

de

salir

del; y
la

cuando mucho,

saldré

bañada en mi casta
vio la amis-

sangre y en
tad en
el

impura

del

más

falso

amigo que

mundo»; y diciendo

esto, se paseaba por la sala

con

la

daga desenvainada, dando tan desconcertados y des,

aforados pasos , y haciendo tales ademanes
sino que le faltaba
el

que no parecia

juicio, y

que no era mujer delicada,

sino

un

rufián desesperado.
lo

»Todo
pices,

miraba Anselmo, cubierto detras de unos
se

ta-

ya

le

habia escondido, y de todo se admiraba, y parecia que lo que habia visto y oido era bastante sa-

donde

mayores sospechas; y ya quisiera que la prueba de venir Lotario faltara, temeroso de algún mal repentino
tisfacion para

suceso; y estando ya para manifestarse, y

salir

para abrazar

y desengañar á su esposa
haciendo con
della, le dijo
:

,

se

detuvo porque vio que Leonela
así

volvia con Lotario de la
la
«

mano; y
el

como Camila

le vio,

daga en

suelo

una gran raya delante

Lotario, advierte lo que te digo. Si á dicha
raya que ves
lo intentas
, ,

te atrevieres á pasar desta

ni

aun

llegar á ella,

en

el

punto que viere que

en ese

mismo me

pa-

saré el

pecho con
esto

esta

daga que en

las

manos tengo; y
te

antes

que á

me

respondas palabra, quiero que otras algunas
agra-

me
á

escuches; que después responderás lo que más

dare.

Lo primero

,

quiero

,

Lotario

,

que

me

digas

si

conoces

Anselmo, mi marido, y en qué opinión le gundo, quiero saber también si me conoces

tienes;

y

lo se-

á mí.

Respón-

142

DON QUIJOTE DE LA MANCHA.
á esto, y

déme
gunto.

no

te

turbes, ni pienses

mucho
las

lo te

que
pre-

has de responder, pues no son dificultades
»

que

»No
biese

era tan ignorante Lotario,
le dijo

que desde

el

primer punto

que Camila

que hiciese esconder á Anselmo, no huella

dado en

la

cuenta de lo que

pensaba hacer; y

así,

correspondió con su intención tan discretamente y tan á

tiempo, que hicieran

los
así,

dos pasar aquella mentira por

más

que
nera

cierta verdad;
:

y

respondió á Camila de esta

ma-

«No

pensé yo, hermosa Camila, que

me

llamabas

para preguntarme cosas tan fuera de la intención con que

yo aquí vengo.

Si lo haces

por dilatarme

la

prometida mer-

ced, desde más lejos pudieras entretenerla, porque tanto

más

fatiga el bien deseado,

cuanto

la

esperanza está más

cerca de poseello. Pero, porque no digas que no respondo
á tus preguntas, digo

que conozco

á tu esposo

Anselmo, y

nos conocemos los dos desde nuestros

más

tiernos años; y

no quiero decir
por no
le

lo

que tú tan bien sabes de nuestra amistad,
el

me

hacer testigo del agravio que

amor hace que

haga, poderosa disculpa de mayores yerros.
la

A

te

co-

nozco y tengo en

no
ir

ser así,

misma opinión que él te tiene; que, á por menos prendas que las tuyas no habia yo de
las santas le-

contra lo que debo á ser quien soy, y contra

yes de la verdadera amistad, ahora, por tan poderoso ene-

migo como
»

Si

amor, por mí rompidas y violadas. eso confiesas, respondió Camila, enemigo mortal
el

de todo aquello que justamente merece ser amado, ¿con qué
rostro osas parecer ante quien sabes

que

es el espejo

donde

se

mira aquél en quien tú
con cuan poca ocasión

te debieras
le

mirar, para que vieras

agravias! Pero va caigo ¡av des-

PRIMERA PARTE. CAPÍTULO XXXIV.
dichada de mí
!

I

43
tan

en
á

la

cuenta de quién

te

ha hecho tener

poca con

lo

que

mismo

debes, que debe de haber sido

alguna desenvoltura mia; que no quiero llamarla deshonestidad, pues

no habrá procedido de deliberada determinalas

ción, sino de algún descuido de los que

mujeres, que

piensan que no tienen de quién recatarse

,

suelen hacer inadtraidor!

vertidamente.
á tus ruegos

Si

no, dime

:

¿cuándo ¡oh

respondí

con alguna palabra ó señal que pudiese desalgún asomo de esperanza de cumplir tus in-

pertar en

fames deseos? ¿Cuándo tus amorosas palabras no fueron
desechadas y reprehendidas de
pereza?
las

mias con rigor y con

as-

¿Cuándo

tus

muchas promesas y mayores dádivas
?

fueron de


no

creídas ni admitidas

Pero por parecerme que
,

alguno no puede perseverar en

el

intento amoroso luengo
atrial-

tiempo,

si

es sustentado
la

de alguna esperanza, quiero

buirme á mí

culpa de tu pertinacia, pues sin duda

gún descuido mió ha sustentado
y
así
,

tanto tiempo tu cuidado;
la

quiero castigarme y darme

pena que tu culpa me-

rece.

Y

porque

vieses

que, siendo conmigo tan inhumana,
serlo contigo
,

no era posible dejar de
testigo del sacrificio

quise traerte á ser
á la ofendida

que pienso hacer

honra

de mi tan honrado marido, agraviado de

con

la

mayor
el

maldad que

te

ha sido posible y de mí también con
,

poco
te di,

recato que he tenido de huir la ocasión,

si

alguna

para favorecer y canonizar tus malas intenciones.
decir

Torno

á

que

la

sospecha que tengo, que algún descuido mió

engendró en

tan desvariados pensamientos, es la

que más

me

fatiga, y la

que yo más deseo castigar con mis propias
seria

manos, porque, castigándome otro verdugo, quizá

más pública mi culpa; pero

antes (|ue

esto

haga, quiero

,

144

^^^ QUIJOTE DE LA MANCHA.
llevar
la

matar muriendo, y
tisfacer el
allá

conmigo quien me acabe de
pena que da

sa-

deseo de

venganza que espero y tengo, viendo
la
,

donde quiera que fuere,

la justicia,

des-

interesada y que no se dobla

al

que en términos

tan deses-

perados

me

ha puesto.»
con una increible fuerza y
la
li-

))Y diciendo estas razones,

gereza arremetió á Lotario con
tales
él

daga desenvainada, con
el

muestras de querer enclavársela en
si

pecho, que

casi

estuvo en duda

aquellas demostraciones eran falsas ó

verdaderas, porque

le

fué forzoso valerse de su industria y
le diese; la
,

de su fuerza para estorbar que Camila no

cual

tan vivamente fingia aquel extraño embuste y falsedad

que

por dalle color de verdad,

la

quiso matizar con su

misma
satis-

sangre; porque, viendo que no podia herir á Lotario, ó fin-

giendo que no podia, dijo
facer del todo

:

«

Pues

la suerte

no quiere

mi

tan justo deseo, á lo

menos no

será tan

poderosa, que en parte

me

quite que no le satisfaga»; y hala

ciendo fuerza para soltar

daga de

la

mano

de Lotario,

que

la tenia asida, la

sacó, y guiando su punta por parte
se la entró

que pudiese herir no profundamente,
por más arriba de
la islilla del

y escondió
al

lado izquierdo, junto
el

homtal

bro, y luego se dejó caer en

suelo

como desmayada.

«Estaban Leonela y Lotario suspensos y atónitos de
suceso
,

y todavía dudaban de

la

verdad de aquel hecho

viendo á Camila tendida en tierra y bañada en su sangre.

Acudió Lotario con mucha presteza, despavorido y sin aliento, á sacar la daga; y en ver la pequeña herida, salió
del

temor que hasta entonces tenia, y de nuevo
la

se

admiró

de

sagacidad, prudencia y

mucha
lo

discreción de la herá él le tocaba, co-

mosa Camila; y por acudir con

que

PRIMERA PARTE. CAPÍTULO XXXIV.
menzó
á

1

45
el

hacer una larga y

triste

lamentación sobre

cuerpo de Camila,

como

si

estuviera difunta,
al

echándose

muchas maldiciones, no

sólo á él, sino

que habia sido

causa de habelle puesto en aquel término y
;

como

sabia
el

que
le

le

escuchaba su amigo Anselmo, decia cosas que
le

que

oyera

tuviera
la

mucha más

lástima que á Camila, aunque
la

por muerta
en
el

juzgara. Leonela

tomó en brazos y

la

puso

lecho, suplicando á Lotario fuese á buscar quien se;

cretamente á Camila curase
parecer de lo que dirian á
señora,
si

pedíale asimismo consejo y

Anselmo de

aquella herida de su

acaso viniese antes que estuviese sana. El respon-

dió que dijesen lo que quisiesen; que él no estaba para dar

consejo que de provecho fuese; sólo

le dijo

que procurase
le vie-

tomarle
sen.

la

sangre

,

porque

él se

iba

adonde gentes no

Y

con muestras de

mucho

dolor y sentimiento se salió
le veia,

de casa; y cuando se vio solo y en parte donde nadie

no cesaba de hacerse cruces, maravillándose de
de Camila y de
los

la industria

ademanes tan propios de Leonela. Con-

sideraba cuan enterado habia de quedar
tenia por
él

Anselmo de que

mujer á una segunda Porcia, y deseaba verse con
los

para celebrar

dos la mentira y

la

verdad más disimu-

lada que jamas pudiera imaginarse.
»

Leonela tomó,

como

se le

habia dicho,

la

sangre á su

señora, que no era

más de aquello que

bastó para acreditar

su embuste; y lavando con un poco de vino la herida, se la
ató lo
la

mejor que supo, diciendo

tales

razones en tanto que

curaba, que, aunque no hubieran precedido otras, basta-

ran á hacer creer á

Anselmo que

tenia en

Camila un simu-

lacro de la honestidad. Juntáronse á las palabras de Leonela
otras de

Camila, llamándose cobarde y de poco ánimo, pues

»

146
le

DON QUIJOTE DE LA MANCHA.
al

habia faltado
la

tiempo que fuera más necesario tenerle,

para quitarse

vida que tan aborrecida tenia. Pedia consi

sejo á su doncella

diria ó

no todo aquel suceso á su que-

rido esposo, la cual le dijo

que no

se lo dijese,

porque

le

pondria en obligación de vengarse de Lotario, lo cual no
podria ser sin

mucho

riesgo suyo, y

que

la

buena mujer

es-

taba obligada á no dar ocasión á su marido á que riíiese,
sino á quitalle todas aquellas

que

le

fuese posible.

«Respondió Camila que

le

parecia

muy

bien su parecer,

y que ella le seguiria; pero que en todo caso convenia buscar qué decir á Anselmo de la causa de aquella herida, que
él

no podia dejar de

ver; á lo qu.e

Leonela respondió que

ella, ni

aun burlando, no sabia mentir.
replicó Camila, ¿qué tengo de sa-

«Pues yo, hermana,
ber? que no
si

me

atreveré á forjar ni sustentar una mentira,

me

fuese en ello la vida.

Y

si

es

que no hemos de saber
la

dar salida á esto, mejor será decirle

verdad desnuda, que

no que nos alcance en mentirosa cuenta.
»

— No

tengas pena, señora

:

de aquí á mañana, respon-

dió Leonela, yo pensaré qué le digamos; y quizá que por ser la herida donde es la podrás encubrir sin que él la vea,
,

y

el cielo

será servido de favorecer á nuestros tan justos

y

tan honrados pensamientos. Sosiégate, señora mia, y procura sosegar tu alteración , porque mi señor no te halle sobresaltada; y lo

demás
los

déjalo á

mi cargo y

al

de Dios, que

siempre acude á

buenos deseos.

«Atentísimo habia estado Anselmo á escuchar y á ver representar la tragedia de la muerte de su honra, la cual con
tan extraños y eficaces afectos la representaron los personajes
della,

que pareció que

se

habian transformado en

la

misma

PRIMERA PARTE. CAPÍTULO XXXIV.
verdad de
lo

I

47

que

fingían.

Deseaba mucho
ir

la

noche

,

y

el te-

ner lugar para

salir

de su casa y

á verse con su
la
la

buen amigo

Lotario, congratulándose con

él

de

margarita preciosa que

habia hallado en

el

desengaño de

bondad de su

esposa.

Tuvieron cuidado
saliese;

las

dos de darle lugar y comodidad á que

y

tario, el

y luego fué á buscar á Locual hallado, no se puede buenamente contar los
él, sin perdella, salió,
le

abrazos que

dio

,

las cosas

que de su contento

le dijo

,

las

alabanzas que dio á Camila... todo lo cual escuchó Lotario
sin

poder dar muestras de alguna alegría, porque se
la

le

re,

presentaba á

memoria cuan engañado
él le

cuan injustamente

amigo y agraviaba; y aunque Anselmo veia
estaba su

que Lotario no

se alegraba, creyó ser

por haber dejado á

Camila herida, y haber él sido la causa; y así, entre otras razones, le dijo que no tuviese pena del exceso de Camila, porque sin duda la herida era ligera, pues quedaban de
concierto de encubrírsela á
él
,

y que

,

según esto

,

no habia

de qué temer; sino que de
grase con
él
,

allí

adelante se gozase y aleél

pues por su industria y medio

se veia le-

vantado á

la

más

alta felicidad

que acertara

á desearse, y

queria que no fuesen otros sus entretenimientos que en hacer versos en alabanza de Camila, que la hiciesen eterna en
la

memoria de
,

los siglos venideros.
él

Lotario alabó su buena

determinación y dijo que
tan ilustre edificio.

por su parte ayudarla á levantar

Con

esto

quedó Anselmo

el

hombre más

sabrosamente engañado que pudo haber en

el

mundo

:

él

mismo
el

llevaba por la

mano

á su casa
la

,

creyendo que llevaba

instrumento de su gloria, toda

perdición de su fama:

recebíale

Camila con

rostro,
este

al

parecer, torcido, aunque
dias, hasta

con alma risueña. Dun^

engaño algunos

que

!

148
al

DON QUIJOTE DE LA MANCHA.

cabo de pocos meses volvió fortuna su rueda, y salió á plaza la maldad, con tanto artificio hasta allí encubierta, y á Anselmo le costó la vida su impertinente curiosidad.»

CAPITULO XXXV.
Que
trata

de la brava y descomunal batalla que Don Quijote tuvo con unos cueros de vino tinto, y se da fin á la novela del Curioso impertinente.

Poco más quedaba por

leer

de

la

novela, cuando del casalió

maranchón donde reposaba Don Quijote
za, todo alborotado, diciendo á voces
presto y socorred á
:

Sancho Pan-

«Acudid, señores,
la

mi

señor, que anda envuelto en

más

reñida y trabada batalla que mis ojos han visto. ¡Vive Dios,

que ha dado una cuchillada
cen á cercen,

al

gigante, enemigo de
le

la se-

ñora Princesa Micomicona, que

ha

tajado la cabeza cer-

como

si

fuera un nabo!
dijo el

— ¿Qué
que de
diablos
la

decís,

hermano!

Cura, dejando de

leer lo

novela quedaba. ¿Estáis en vos, Sancho!
ser eso
»

¿Cómo

puede

que

decís, estando el gigante dos mil

leguas de aquí

aposento, y que Don Quijote decia á voces: «Tente, ladrón, malandrin, follón;
esto
el

En

oyeron un gran ruido en

que aquí
recía

te

tengo, y no

te

ha de

valer tu cimitarra»; y palas

que daba grandes cuchilladas por
dijo

paredes.

Y
no

Sancho

:

«No

tienen que pararse á escuchar, sino

entren á despartir
será menester,

la pelea,

ó ayudar á

mi amo
el

aunque ya

porque

sin

duda alguna

gigante está ya

muerto y dando cuenta á Dios de su pasada y mala vida; que yo vi correr la sangre por el suelo y la cabeza cortada
,

y

caida á un lado, que es

tamaña como un gran cuero de

vino.

,

PRIMERA PARTE. CAPÍTULO XXXV.

1

49

— Que me maten,
de
los

dijo á esta sazón el ventero,

si

Don

Quijote ó don diablo no ha dado alguna cuchillada en alguno
cueros de vino tinto que á su cabecera estaban llenos
le

y

el

vino derramado debe de ser lo que

parece sangre á

este

buen hombre»; y con
él,

esto entró en el aposento,

y

to-

dos tras
traje del

y hallaron á

Don

Quijote en

el

más

extraíío

mundo.
la cual

Estaba en camisa,
delante
seis
le

no era tan cumplida, que por

acabase de cubrir los muslos, y por detras tenia dedos menos; las piernas eran muy largas y flacas, llenas
la

de vello, y no nada limpias; tenia en
colorado
,

cabeza un bonetillo
;

grasicnto

,

que era del ventero
la

en

el

brazo izte-

quierdo tenia revuelta

manta de

la

cama, con quien

nia ojeriza Sancho, y él se sabia bien el por qué, y en la

derecha desenvainada
á todas partes
,

la

espada, con la cual daba cuchilladas

diciendo palabras

como

si

verdaderamente es-

tuviera peleando con algún gigante.
tenia los ojos abiertos,

Y

es lo

bueno, que no

porque estaba durmiendo y soñando
el

que estaba en

batalla
la

con

gigante; que fué tan intensa
le

la

imaginación de

aventura que iba á fenecer, que
al

hizo

soñar que ya habia llegado

reino de

Micomicon, y que ya
las

estaba en la pelea con su enemigo; y habia dado tantas cuchilladas en los cueros, creyendo

que

daba en
:

el

gigante,

que todo
el

el

aposento estaba lleno de vino

lo cual visto por

ventero,

tomó

tanto enojo, que arremetió con
le

Don Quique
guerra

jote,
si

y á puño cerrado
el

comenzó

á dar tantos golpes,

Cárdenlo y

Cura no

se le quitaran, él acabara la

del gigante; y con todo aquello,
ballero, hasta
fria del

no despertaba

el

pobre ca-

que

el

Barbero trujo un gran caldero de agua

pozo, y

se lo

echó por todo

el

cuerpo de golpe, con

»

150

DON QUIJOTE DE LA MANCHA.

lo cual despertó

Don

Quijote;
la

mas no con
estaba.
,

tanto acuerdo,

que echase de ver de
vio

manera que

Dorotea, que
á

cuan corta y sotilmente estaba vestido no quiso entrar

ver la batalla de su ayudador y de su contrario.

Andaba Sancho buscando
el

la

cabeza del gigante por todo
:

suelo; y

como no
es

la hallaba, dijo

«Ya yo
vez
,

que todo

lo

de esta casa

encantamento; que

la otra

en este

mesmo

lugar donde ahora

me

hallo,

y porrazos, sin saber quién á nadie y ahora no parece por aquí esta cabeza
;

me dieron muchos mojicones me los daba, y nunca pude ver
,

que

vi cor-

tar

por mis mismos ojos y
,

la

sangre corria del cuerpo

como

de una fuente.

— ¿Qué sangre
el

ni
el

qué fuente
ventero.

dices,

de sus santos! dijo

¿No

ves,

enemigo de Dios y ladrón, que la sangre
que

y

la

fuente no es otra cosa que estos cueros que aquí están ho-

radados y

vino tinto en que nada este aposento
el

!

\

na-

dando vea yo

alma, en

los infiernos,

— No
Y

de quien

los

horadó!

nada, respondió Sancho; sólo sé que vendré á

ser tan desdichado,

que, por no hallar esta cabeza,
la sal

se

me

ha de deshacer mi condado como

en

el

agua.

estaba peor Sancho despierto que su

amo durmiendo:
habia hecho. El
el

tal le

tenian

las

promesas que su
la

amo

le

ventero se desesperaba de ver
leficio del

flema del escudero y

mavez

señor, y juraba que no habia de ser
le

como

la

pasada, que se

fueron sin pagar, y que ahora no le hablan de valer los previlegios de su caballería para dejar de

pagar lo uno y lo otro, aun hasta lo que pudiesen costar
botanas que se habian de echar á los rotos cueros. Tenia

las
el

Cura de

las

manos
la

á

Don

Quijote,

el

cual, creyendo

que

ya habia acabado

aventura, v que se hallaba delante de

PRIMERA PARTE. CAPÍTULO XXXV.
la

15I

Princesa Micomicona, se hincó de rodillas delante del
:

Cura, diciendo

«Bien puede

la

vuestra grandeza, alta y
sin

fermosa señora, vivir, de hoy más, segura,

que

le

pueda

hacer mal esta mal nacida criatura; y vo también, de hoy

más, soy quito de
alto

la

palabra que os di, pues con ayuda del

Dios y con

el

favor de aquella por quien yo vivo y res-

piro, tan bien la he cumplido.

— ¿No

lo dije

yo? dijo, oyendo esto, Sancho.

,

que no

estaba yo borracho.
al

Mirad

si

tiene puesto ya en sal

mi amo
molde.»
los

gigante. Ciertos son los toros,

mi condado
ventero
el

está de

¿Quién no habia de

reir
,

con
sino

los disparates
el
,

de

dos,

amo y mozo Todos
!

reian

que

se

daba á

Satanás; pero, en fin, tanto hicieron

Barbero, Cardenio

y

el

Cura, que, con no poco trabajo, dieron con

Don Quial

jote en la

cama,

el

cual se

quedó dormido, con muestras
Sancho Panza de no haber

de grandísimo cansancio. Dejáronle dormir, y saliéronse
portal de la venta á consolar á

hallado

la

cabeza del gigante; aunque más tuvieron que haal

cer en aplacar

ventero, que estaba desesperado por la re-

pentina muerte de sus cueros.

y en hora menguada entró en mi casa este caballero andante
:

Y

la

ventera decia en voz y en grito

«

En mal punto

(que nunca mis ojos
cuesta.

le

hubieran visto), que tan caro

me

La vez pasada

se fué

con

el

costo de una noche de

cena, cama, paja y cebada para

y para su escudero y un rocin y un jumento, diciendo que era caballero aventurero
él

(que mala ventura

le

dé Dios á

él

y á cuantos aventureros

hay en

mundo), y que por esto no estaba obligado á pagar nada; que así estaba escrito en los aranceles de la cabael

llería

andantesca; v ahora, por su respeto, vino estotro se-

152
ñor y

DON QUIJOTE DE LA MANCHA.

me

llevó

mi

cola, y

hámela vuelto con más de dos

cuartillos

de daño, toda pelada, que no puede servir para lo

y remate de todo romperme mis cueros y derramarme mi vino! Que derramada le vea yo su sangre. Pues no se piense; que ¡por los huesos

que

la

quiere

mi marido y por
;

fin

,

j

de

mi padre y por

el siglo

de

mi madre,

si

no

me

lo

han

de pagar un cuarto sobre otro! ó no

me

llamarla yo

como

me

llamo, ni seria hija de quien soy.» Estas y otras razones
ventera con grande enojo, y ayudábala su buena
:

tales decia la

criada Maritornes
se sonreía.

la hija callaba,

y de cuando en cuando

El Cura

lo

sosegó todo, prometiendo de satisfacerles su
así

pérdida lo mejor que pudiese,

de los cueros

como

del

vino, y principalmente del menoscabo de la cola, de quien tanta cuenta hacian. Dorotea consoló á Sancho Panza, di-

ciéndole que cada y cuando que pareciese haber sido ver-

dad que su

amo
él

hubiese descabezado

al

gigante,

le
el

pro-

metía, en viéndose pacífica en su reino, de darle

mejor

condado que en
aseguró á
visto la
la

hubiese. Consolóse con esto Sancho, y
él

Princesa que tuviese por cierto que

habia

cabeza del gigante, y que, por más señas, tenia una
le

barba que

llegaba á la cintura, y que

si

no parecía, era
vía de

porque todo cuanto en aquella casa pasaba era por
encantamento, como
bia posado en
tuviese pena;
ella.

él lo

habia probado otra vez, que ha-

Dorotea
se

que todo

y que no haria bien y sucedería á pedir de
dijo

que

así lo creia,

boca.

Sosegados todos
vela,

,

el

Cura quiso acabar de

leer

la

no-

porque vio que faltaba poco. Cárdenlo, Dorotea y tole

dos los demás

rogaron

la

acabase; él, que á todos quiso

PRIMERA PARTE. CAPÍTULO XXXV.
dar gusto, y por que así decia
:

I

53

el

que

él

tenia de leerla, prosiguió el cuento,

«

Sucedió

,

pues

,

que

,

por

la satisfacion

que Anselmo

te-

una vida contenta y descuidada; y Camila, de industria, hacia mal rostro á Lotario, porque Anselmo entendiese al revés la voluntad que le
vivia
tenia;

nia de la

bondad de Camila,

y para más confirmación de su hecho, pidió licencia Lotario para no venir á su casa, pues claramente se mos-

traba la
el

pesadumbre que con su
le dijo

vista

Camila recebia; mas
tal

engañado Anselmo
:

que en ninguna manera

hi-

ciese

y desta manera por mil maneras era Anselmo
lo era

el fabri-

cador de su deshonra, creyendo que
esto, el

de su gusto.

En

que tenia Leonela de verse

calificada,

aunque no de
mirar á otra

buena, en sus amores, llegó a tanto, que,
cosa, se iba tras
él á suelta

sin

rienda, fiada en que su señora la

encubria, y aun

la

advertia del

pudiese ponerle en ejecución.

modo que con poco riesgo En fin, una noche sintió An-

selmo pasos en

el

á ver quién los daba, sintió que

aposento de Leonela; y queriendo entrar le detenían la puerta, cosa
abrirla;

que que

le

puso más voluntad de
,

y tanta fuerza hizo,

la abrió

y entró dentro á tiempo que vio que un
la calle;

homuno
:

bre saltaba por la ventana á

y acudiendo con preslo
ni

teza á alcanzarle ó conocerle, no
lo otro,

pudo conseguir
él,

porque Leonela

se

abrazó con

diciéndole

«

So-

siégate, señor
saltó
:

es

mió, y no te alborotes ni sigas al que de aquí cosa mia, y tanto, que es mi esposo.»

))No lo quiso creer Anselmo; antes, ciego de enojo, sacó
la

daga, y quiso herir á Leonela, diciéndole que verdad; si no, que la mataria.
»Ella, con
el

le dijese la

miedo,

sin saber lo

que

se decia,

le dijo:

154

^^^ QUIJOTE DE LA MANCHA.
mates, señor; que yo
te diré cosas

«No me
»
»

de más impor-

tancia de las

que puedes imaginar.

— Por ahora
lo

Dilas luego, dijo

Anselmo;

si

no, muerta

eres.

será imposible, dijo Leonela,

según estoy

de turbada: déjame hasta mañana; que entonces sabrás de

que

por esta

ha de admirar, y está seguro que el que saltó ventana es un mancebo desta ciudad que me ha
te

dado
»

la

mano

de ser

mi

esposo.

»

Sosegóse con esto Anselmo , y quiso aguardar el término que se le pedia, porque no pensaba oir cosa que contra Ca-

mila fuese, por estar de su bondad tan satisfecho y seguro;
y
así, se salió del

aposento, y dejó encerrada en
allí

él á

Leo-

nela, diciéndole

que de

no

saldría hasta

que

le dijese lo

que tenia que

decirle.

Fué luego

á ver á

Camila y
le

á decirle,

como
sas

le dijo,

todo aquello que con su doncella

habia pa-

sado, y la palabra que le habia dado de decirle grandes co-

y de importancia.
»Si se turbó

Camila ó no, no hay para qué

decirlo, por-

que fué tanto
(

el

temor que cobró, creyendo verdaderamente

y era de creer) que Leonela habia de decir á Anselmo todo

lo

que sabia de su poca
si

fe,

que no tuvo ánimo para espe-

rar

su sospecha salia falsa ó no; y aquella
le

misma noche,
las

cuando

pareció que

Anselmo dormia, juntó

mejores

joyas que tenia y algunos dineros, y sin ser de nadie sentida,
salió

de casa, y se fué á
le

la

de Lotario, á quien contó lo que

pasaba, y

pidió que la pusiese en cobro, ó que se ausen-

tasen los dos

donde de Anselmo pudiesen

estar seguros.
tal,

La
le

confusión en que Camila puso á Lotario fué
sabia responder palabra, ni
haria.

que no

menos

sabia resolverse en lo

que

En

fin

acordó de llevar á Camila á un monesterio, en

PRIMERA PARTE. CAPÍTULO XXXV.
quien era priora una su hermana. Consintió Camila en

I

55

ello;

y con
dejó en

la
el

presteza que

el
él

caso pedia, la llevó Lotario y la

monesterio y
,

ansimismo

se ausentó

luego de

la

ciudad, sin dar parte á nadie de su ausencia.

«Cuando amaneció,
que Leonela queria

sin

echar de ver Anselmo que Cael

mila faltaba de su lado, con
decirle
,

deseo que tenia de saber lo

se levantó

y fué adonde
el

la

habia

dejado encerrada. Abrió y entró en
halló en
él

aposento; pero no

á Leonela; sólo halló puestas unas sábanas

añu-

dadas á

la

ventana, indicio y señal que por
ido.

allí

se

habia des-

colgado é

Volvió luego
la

muy

triste

á decírselo á

Ca-

mila; y no hallándola en

cama

ni en toda la casa,

quedó

asombrado. Preguntó á

los criados

de casa por

ella;

pero na-

die le supo dar razón de lo

atónito, á buscar á
dellos faltaban las

que pasaba. Tornó, confuso y Camila, y vio sus cofres abiertos y que
sus joyas; y

más de

con esto acabó de caer
la

en

la

cuenta de su desgracia, y en que no era Leonela

causa de su desventura; y ansí
vestir, triste

como

estaba, sin acabarse de

y pensativo, fué á dar cuenta de su desdicha á su amigo Lotario; mas cuando no le halló, y sus criados le
dijeron que aquella

noche habia faltado de casa, v habia
los dineros

lleel

vado consigo todos
juicio;

que

tenia, pensó perder

y para acabar de concluir con todo, volviéndose á su casa, no halló en ella ninguno de cuantos criados ni criadas
tenia, sino la casa desierta y sola.

»No
poco

sabia

qué pensar, qué decir
volviendo
el juicio.

se le iba

qué hacer, y poco á Contemplábase y miráni

base en un instante sin mujer, sin

amparado,

á su parecer, del

amigo y sin criados, descielo que le cubria, y sobre
de Camila vio su perdi-

todo, sin honra, porque en

la falta

156

DON QUIJOTE DE LA MANCHA.
una gran pieza, de
irse á

cion. Resolvióse en fin, á cabo de
la aldea

de su amigo, donde habia estado cuando dio lugar

á

que

se

maquinase toda aquella desventura. Cerró

las

puer-

tas

de su casa, subió á caballo, y con desmayado aliento se
la

puso en camino; y apenas hubo andado
acosado de sus pensamientos
,

mitad, cuando,

le

fué forzoso apearse y arren-

dar su caballo á un árbol, á cuyo tronco se dejó caer, dando
tiernos y dolorosos suspiros, y
allí

se estuvo hasta casi

que

anochecía, y á aquella hora vio que venia un
ballo
,

hombre
,

á ca-

de

la

ciudad

,

y después de haberle saludado

le

pre-

guntó qué nuevas habia en Florencia.
))E1

ciudadano respondió
se

:

«

Las más extrañas que muchos

dias

han oido en

ella;

porque

se dice

públicamente

que Lotario, aquel grande amigo de Anselmo el rico, que vivia á San Juan, se llevó esta noche á Camila, mujer de

Anselmo,

el

cual

tampoco parece. Todo

esto

ha dicho una

criada de Camila, que anoche la halló

el

Gobernador des-

colgándose con una sábana por
Anselmo...

las

ventanas de la casa de
el

En

efeto,

no


la

puntualmente cómo pasó

ne-

gocio
ceso
,

;

sólo sé

que toda
se

ciudad está admirada deste sutal

porque no

podia esperar

hecho de

la

mucha y
que

familiar amistad de los dos,
los
»

que dicen que era

tanta,

llamaban

los

dos amigos.
el

—-¿Sábese

por ventura, dijo Anselmo,

camino que

llevan Lotario
»

— Ni por

y Camila?
pienso, dijo
el

ciudadano; puesto que

el

Go-

bernador ha usado de
»
»

mucha
»,

diligencia en buscarlos.

— A Dios — Con
él

vais, señor, dijo

Anselmo.
el

quedéis

respondió

ciudadano; y fuese.

))Con tan desdichadas nuevas, casi, casi llegó á términos

PRIMERA PARTE. CAPÍTULO XXXV.
Anselmo, no
Levantóse
sólo de perder
el

1

57

juicio, sino de acabar la vida.

como pudo,

y llegó á casa de su amigo, que aun
\c vio llegar amarillo,

no sabia su desgracia; mas, como

con-

sumido y seco, entendió que de algún grave mal venia fatigado. Pidió luego Anselmo que le acostasen y que le diesen
aderezo de escribir. Hízose
así,

y dejáronle acostado y solo,
le

porque

él así lo

quiso

,

y aun que

cerrasen la puerta. Vién-

dose, pues, solo,
su desventura
,

comenzó
sentia,

á cargar tanto la imaginación en
,

que claramente conoció

por

las

premisas
la vida;

mortales que en
así,

que

se le iba
la

ordenó de dejar noticia de

y causa de su extraña muer-

acabando

te;

y comenzando á escribir, antes que acabase de poner
le faltó el aliento,

todo lo que queria,

y dejó

la

vida en

las

manos
»

del dolor
el

que

le

causó su curiosidad impertinente.

señor de casa que era ya tarde y que Anselmo no llamaba, acordó de entrar á saber si pasaba adelante su

Viendo

indisposición, y hallóle tendido boca abajo, la mitad del

cuerpo en

la

cama y
el

la otra

mitad sobre

el

bufete, sobre
él

el

cual estaba con

papel escrito y abierto, y
el

tenia aún la
lla-

pluma en

la

mano. Llegóse

huésped á
la

él,

habiéndole

mado primero;
le

y trabándole por

mano, viendo que no

respondia, y hallándole frió, vio que estaba muerto.
la

Ad-

miróse y congojóse en gran manera, y llamó á
casa para que

gente de

viesen la desgracia á
el

finalmente leyó

Anselmo sucedida; y papel, que conoció que de su misma
el

mano
c<

estaba escrito,

cual contenia estas razones

:

Un

necio é impertinente deseo

me

quita la vida. Si

las

)Hiuevas de

mi muerte

llegaren á los oidos de Camila, sepa
ella

»que yo
')

la

perdono, porque no estaba
ni

obligada á hacer
ella los hi-

milagros,

yo tenia necesidad de querer que

»

»

158

DON QUIJOTE DE LA MANCHA.
yo
fui el fabricador

»ciese; y pues

de

mi deshonra, no hay
se

«para qué...
»

»

Hasta aquí escribió Ansehno por donde
;

echó de ver
le

que en aquel punto,
la vida.

sin

poder acabar

la

razón, se

acabó

Otro dia dio aviso su amigo
los cuales

á los parientes de

Anel

selmo de su muerte,

ya sabian su desgracia y
casi

monesterio donde Camila estaba,

en

el

término de

acompañar á su esposo en aquel forzoso
nuevas del muerto esposo, mas por
las

viaje,

no por

las

que supo

del ausente
salir del

amigo. Dícese que, aunque

se vio viuda,

no quiso

monesterio, ni menos hacer profesión de monja, hasta que
(no de
allí

á

muchos

dias) le vinieron

nuevas que Lotario

habia muerto en una batalla que en aquel tiempo dio
sieur de

mon-

Aubeni
el

al

Gran Capitán, Gonzalo Fernandez de

Córdoba, en
el

reino de Ñapóles, donde habia ido á parar

tarde arrepentido amigo, lo cual, sabido por Camila, hizo
,

profesión

y acabó en breves dias

la

vida á

las

rigurosas

ma-

nos de tristezas y melancolías. Este fué
todos
,

el fin

que tuvieron

nacido de un tan desatinado principio.
el

«Bien, dijo

Cura,

me
se

parece esta novela; pero no
si

me

puedo persuadir que
mal
el

esto sea verdad; y

es fingido, fingió

autor, porque

no

puede imaginar que haya marido

tan necio, que quiera hacer tan costosa experiencia

como

Anselmo.

Si este caso se pusiera entre

un galán y una dama,
de contarle, no

pudiérase llevar; pero, entre marido y mujer, algo tiene del
imposible; y en lo que toca
descontenta.
al

modo

me

PRIMERA PARTE. CAPÍTULO XXXVI.

I59

CAPITULO XXXVI.
Oiic trata de otros raros sucesos que en
la

venta sucedieron.

Estando en esto,
venta, dijo
:

el

ventero, que estaba á la puerta de

la

«

Esta que viene es una hermosa tropa de hués-

pedes;

si

ellos

paran aquí, gaudeamus tenemos.
es? dijo Cárdenlo.

— ¿Qué gente

— Cuatro hombres,
llo á la jineta

respondió

el

ventero, vienen á caba-

con lanzas y adargas, y todos con antifaces negros, y junto con ellos viene una mujer, vestida de blanco, en un sillón, ansimesmo cubierto el rostro, y otros dos, mozos de á pié.

— ¿Vienen muy preguntó — Tan respondió
cercar
cerca,
esto
el

el

Cura.

ventero, que ya llegan.»

Oyendo
entró en
el

Dorotea,

se cubrió el rostro,

aposento de

Don

Quijote; y casi
la

y Cardenio se no habian telos

nido lugar para esto, cuando entraron en

venta todos

que

el

ventero había dicho; y apeándose los cuatro de á ca-

ballo,

que de
la

muy

gentil talle y disposición eran, fueron á
el

apear á
dellos

mujer que en

sillón venia;

y tomándola uno

en sus brazos,

la sentó

en una

silla

que estaba

á la

entrada del aposento donde Cardenio se habia escondido.

En

todo este tiempo ni

ella ni ellos se
;

habian quitado

los

antifaces ni hablado palabra alguna

sólo

que

,

al

sentarse la

un profundo suspiro, y dejó caer los brazos, como persona enferma y desmayada los mozos de
mujer en
la silla, dio
:

á pié llevaron los caballos á la caballeriza.

Viendo
lla,

esto el
tal

Cura, deseoso de saber qué gente era aquétraje

que con

y

tal

silencio entraba, se fué

donde

l6o

DON QUIJOTE DE LA MANCHA.
le

estaban los mozos, y á uno dellos

preguntó

lo

que de-

seaba,
deciros

el

cual le respondió

:

«

Pardiez, señor, yo no sabré

qué gente

sea ésta; solo sé

que muestra

ser

muy

principal , especialmente aquél

que

llegó á

tomar en

sus bra-

zos á aquella señora que habéis visto; y esto dígolo porque

todos los

demás
que
él

le

tienen respeto, y no se hace otra cosa

más de

lo
la

— Y señora ¿quién — Tampoco
en todo
oido
el

ordena y manda.
es?

preguntó

el

Cura.
el

sabré decir eso, respondió
la

mozo, porque

camino no
,

he

visto el rostro; suspirar

la

he

muchas veces y dar unos gemidos que parece que con cada uno dellos quiere dar el alma y no es de maravillar que no sepamos más de lo que os he dicho porque mi com:

,

pañero y yo no há más de dos dias que los acompañamos; porque, habiéndolos encontrado en el camino, nos rogaron

con ellos hasta y persuadieron que viniésemos ofreciéndose á pagárnoslo muy bien.

el

Andalucía,

— Y ¿habéis oido nombrar
Cura.

á alguno dellos?

preguntó

el

— No por

cierto, respondió el
silencio,

mozo; porque todos

case
la

minan con tanto
oye entre

que

es maravilla;

porque no

ellos otra cosa

que

los suspiros

y sollozos de
sin

pobre señora, que nos mueven á lástima; y

duda tene-

mos
gún

creido que ella va forzada donde quiera que va; y sese

puede colegir por su hábito,
es lo

ella es

monja, ó va

á

serlo,

que

más
el

nacer de voluntad

y quizá porque no le debe de monjío, va triste como parece.
cierto;
el

— Todo podría
vió
rar á la

ser», dijo

Cura; y dejándolos,

se vol-

adonde estaba Dorotea,

la cual,

como

habia oido suspise llegó á

embozada, movida de natural compasión,

!

»

PRIMERA PARTE. CAPITULO XXXVI.
ella y le

l6l
si

dijo

:

«¿Qué mal
las

sentis, señora

mia? Mirad

es

alguno de quien

mujeres suelen tener uso y experiencia
parte os ofrezco una

de curarle; que de de serviros.»

mi

buena voluntad

A

todo esto callaba

la

lastimada seííora; y aunque Dorose estaba

tea tornó

con mayores ofrecimientos, todavía
el

en

su silencio, hasta que llegó
el

caballero
,

embozado, que
:

dijo
«

mozo que

los

demás obedecian

y dijo á Dorotea

No

os canséis, seííora,
tiene por

en ofrecer nada á esa mujer, porque
ella se

costumbre de no agradecer cosa que por
si

hace, ni procuréis que os responda,

no queréis

oir

alguna

mentira de su boca.

— Jamas

la dije, dijo á esta

sazón

la

que hasta

allí

había

estado callando; antes, por ser tan verdadera y tan sin trazas

mentirosas,

me

veo ahora en tanta desventura; y desto vos
el

mesmo

quiero que seáis
ser falso

testigo, pues

mi pura verdad

os

hace á vos

y mentiroso.

Oyó estas razones Cardenio bien clara y distintamente, como quien estaba tan junto de quien las decía, que sola la puerta del aposento de Don Quijote estaba en medio; y así como las oyó, dando una gran voz, dijo: «¡Válgame
Dios! ¿qué es esto que oigo! ¿qué voz
es

ésta

que ha

lle-

gado á mis oídos
Volvió
la

»

cabeza á estos gritos aquella señora, toda so-

bresaltada; y

no viendo quien

los

fuese á entrar en el aposento, lo
la

daba, se levantó en pié y cual visto por el caballero,

detuvo,

sin dejarla

mover un
le

paso.

A

ella,

con

la

turba-

ción y desasosiego, se
bierto
el

cayó

el

tafetán

con que

traía

cu-

rostro, y descubrió

una hermosura incomparable

V un

rostro

milagroso, aunque descolorido y asombrado,

102

DON QUIJOTE DE LA MANCHA.
los ojos

porque con

andaba rodeando todos
,

los lugares
,

donde

alcanzaba con

la vista

con tanto ahinco

que parecía perlas

sona fuera de juicio, cuyas señales, sin saber por qué
hacia, pusieron gran lástima en Dorotea y en cuantos

la

miraban. Teníala
paldas
;

el

caballero fuertemente asida por las es,

y por estar tan ocupado en tenerla no pudo acudir á alzarse el embozo, que se le caia, como en efeto se le cayó
del todo; y alzando los ojos

Dorotea, que abrazada con

la

señora estaba , vio que

el

que abrazada asimismo

la tenia era

su esposo don Fernando; y apenas le

hubo conocido, cuando,
tristí-

arrojando de lo íntimo de sus entrañas un luengo y

simo

ay, se dejó caer de espaldas,

desmayada; y

á

no ha-

llarse allí
ella diera

junto

el

Barbero, que
el suelo.

la

recogió en los brazos,
el

consigo en

Acudió luego

Cura
y
así

á qui-

tarle el
la

embozo, para echarle agua en
la

el rostro;

como
es-

descubrió,

conoció don Fernando, que era

el

que

taba abrazado con la otra, y quedó

como muerto en
soltarse

verla,

pero no bastó para que dejase, con todo esto, de tener á

Luscinda, que era

la

que procuraba

de sus brazos,
él la

la

cual habia conocido en sus gritos a Cárdenlo, y

habia

conocido á
rotea

ella.

Oyó asimismo Cárdenlo

el

ay que dio

Do-

cuando

se

cayó desmayada, y creyendo que era su
aposento despavorido; y lo primero que
á Luscinda.

Luscinda,
vio fué á

salió del

don Fernando, que tenia abrazada

También don Fernando conoció luego
tres,

á Cárdenlo; y todos

Luscinda, Cárdenlo y Dorotea, quedaron mudos y sus,

pensos

casi sin saber lo

que

les

habia acontecido.
:

Callaban todos y mirábanse todos

Dorotea á don Fer-

nando, don Fernando á Cárdenlo, Cárdenlo á Luscinda, y Luscinda á Cárdenlo; mas quien primero rompió el silencio

PRIMERA PARTE. CAPÍTULO XXXVI.
fué Luscinda, hablando á don Fernando desta manera:
«

163

De-

jadme, señor don Fernando, por
sois,
al

lo

que debéis

á ser quien
llegar

ya que por otro respeto no
soy hiedra,

lo hagáis;
al

dejadme

muro de quien yo

arrimo de quien no

me
el

han podido apartar vuestras importunaciones, vuestras amenazas, vuestras promesas ni vuestras dádivas
cielo,
:

notad

cómo

por desusados y á nosotros encubiertos caminos,
;

me

ha puesto á mi verdadero esposo delante y bien sabéis por mi constante resistencia, que sola la muerte fuera bastante
,

para borrarle de

mi memoria. Sean, pues,
rabia
la

parte tan claros

desengaños para que volváis (ya que no podáis hacer otra
cosa) el

amor en

,

voluntad en despecho y acabadme
:

con

él la
,

vida; que,

como yo
la fe

la

rinda delante de
:

mi buen
último

esposo

la

daré por bien empleada

quizá con

mi muerte
el

quedará satisfecho de
trance de la vida.»

que

le

mantuve hasta
Dorotea en

Habia en

este entretanto vuelto
las

sí,

y habia

estado escuchando todas
las

razones que Luscinda dijo, por

cuales vino en conocimiento de quién ella era; y viendo
la

que don Fernando aun no

dejaba de los brazos ni respon-

día á sus razones, esforzándose lo

más que pudo,
así le

se levantó

y

se fué á

hincar de rodillas á sus pies, y derramando

mucha
que

cantidad de hermosas y lastimeras lágrimas,
á decir
:

comenzó

«

Si

ya no

es

,

señor mió
,

,

que

los rayos deste sol

en tus brazos eclipsado tienes
ojos, ya habrás

te

quitan y ofuscan los de tus
la

echado de ver que

que

á tus pies está arla

rodillada es la sin ventura hasta

que tú quieras,

desdichada

Dorotea.
tu

Yo

soy aquella labradora humilde, á quien tú, por
tu gusto, quisiste levantar á la alteza de pola

bondad ó por

der llamarse tuya; soy

que, encerrada en

los límites

de

la

, ,

164

DON QUIJOTE DE LA MANCHA.
las

honestidad, vivió vida contenta hasta que á

voces de tus

importunidades y,

al

parecer, justos y amorosos sentimien-

tos, abrió las puertas

de su recato y

te

entregó
,

las llaves

de

su libertad
tra

:

dádiva de

tan

mal agradecida

cual lo
el

mues-

bien claro haber sido forzoso hallarme en
hallas
,

lugar donde

me

y verte yo á

de

la

manera que

te veo.

Pero , con

todo esto, no querría que cayese en tu imaginación pensar

que he venido aquí con pasos de mi deshonra, habiéndome
traído sólo los del dolor y sentimiento de

verme de

olvi-

que yo fuese tuya y quisístelo de manera que, aunque ahora quieras que no lo sea, no será posible
dada.
quisiste
,

que tú

dejes de ser mío.
la

Mira, señor, que puede

ser

recom-

pensa á

hermosura y nobleza por quien
te

me

dejas, la inser de la
ser

comparable voluntad que
,

tengo

:


;

no puedes
puede
en

hermosa Luscinda porque
porque
es

eres

mío

ni ella

tuya

de Cardenio; y más

fácil será, si

ello miras,

reducir tu voluntad á querer á quien te adora, que no enca-

minar

la

que

te

aborrece á que bien te quiera.

solicitaste

mi descuido,
tu voluntad

tú rogaste á

mi

entereza, tú no ignoraste

mi

calidad, tú sabes bien de la
:

manera que

me

entregué á toda

no

te

queda lugar

ni acogida de llamarte á en-

gaño; y

si

esto es así,

como

lo es, y tú eres tan cristiano codilatas

mo
si

caballero, ¿por

qué por tantos rodeos
,

de hacerme
!

venturosa en

los fines

como me
lo

hiciste

en

los principios

Y

no

me

quieres por la que soy, que soy tu verdadera y legí,

tima esposa
va; que,

quiéreme á
esté

menos y admíteme por

tu escla-

como yo
se

en tu poder,

me

tendré por dichosa

y bien afortunada.

No

permitas, con dejarme y desampacorrillos

rarme, que

hagan y junten

en

mi deshonra; no

des tan mala vejez á mis padres, pues no lo merecen los lea-

»

PRIMERA PARTE. CAPÍTULO XXXVI.
les servicios

I

65

que
y
si

,

como buenos

vasallos

,

á los tuyos siempre

han hecho

:

te

parece que has de aniquilar tu sangre por

mezclarla con
bleza hay en

la

mia, considera que pocas ó ninguna nocorrido por este caes la

el

mundo que no hayan
que
se

mino, y que
al

la

toma de

las

mujeres no
:

que hace
la

caso en las ilustres decendencias

cuanto más, que

ver-

dadera nobleza consiste en

la virtud;

y

si

ésta á

te falta,

negándome
más
lo

lo

que tan justamente que
las

me

debes, yo quedaré con
tienes.

ventajas de noble
te

que tú

En

fin,

señor,

que últimamente

digo

es,

que (quieras ó no quieras)
que no han
ni

yo soy

tu esposa. Testigos son tus palabras,
ser mentirosas,
si

deben de
por que y testigo

ya

es

que

te precias

de aquello

me

desprecias; testigo será la prenda que

me

diste,

el cielo,
:

á quien tú llamaste por testigo de lo
falte, tu

que

me
cia

prometias

y cuando todo esto

misma concien-

no ha de

faltar

de dar voces callando en mitad de tus alete

grías, volviendo

por esta verdad que

he dicho, y turbando

tus mejores gustos

y contentos.

Estas y otras razones dijo la lastimada Dorotea con tanto

sentimiento y lágrimas, que los mismos que acompañaban
á

don Fernando, y cuantos presentes estaban, la acompañaron en ellas. Escuchóla don Fernando, sin replicalle palabra, hasta que ella dio fin á las suyas, y principio á tantos
sollozos y suspiros,
el

que bien habia de

ser

corazón de bronce

que con muestras de tanto dolor no
,

se enterneciera.

Mi-

rándola estaba Luscinda

no menos lastimada de su

senti-

miento que admirada de su mucha discreción y hermosura;
y aunque quisiera llegarse á
de consuelo, no
apretada
la la

ella

y decirle algunas palabras

dejaban los brazos de don Fernando, que
el

tenian;

cual, lleno de confusión y espanto,

al

l66

DON QIJIJOTE DE LA MANCHA.

cabo de un buen espacio, que atentamente estuvo mirando
á Dorotea, abrió los brazos
,

y dejando

libre á

Luscinda, dijo:

«Venciste, hermosa Dorotea, venciste; porque no es posible tener

ánimo para negar

tantas verdades juntas.»
así

Con
dejó

el

desmayo que Luscinda habia tenido,
á caer en el suelo;

como

la

don Fernando, iba
allí

mas hallándose
se

Cardenio

junto, que á las espaldas de
le

don Fernando

habia puesto, porque no

conociese; pospuesto todo temor

y aventurado á todo riesgo, acudió á sostener á Luscinda,
y cogiéndola entre sus brazos,
le dijo:

«Si

el

piadoso cielo

gusta y quiere que ya tengas algún descanso, leal, firme y hermosa señora mia, en ninguna parte creo yo que le tendrás

más seguro que en

estos brazos,
,

que ahora
la

te

reciben

y otro tiempo

te recibieran

cuando

fortuna quiso que

pudiese llamarte mia.»

A

estas razones,

puso Luscinda en Cardenio
la

los ojos;

y

habiendo comenzado á conocerle primero por
gurándose que
sin tener
él

voz

,

y ase-

era con la vista, casi fuera de sentido, v
le

cuenta á ningún honesto respeto,

echó

los brale

zos
dijo

al
:

cuello, V juntando su rostro

con

el

de Cardenio,

«

Vos

sí,

señor mió, sois
lo

el

verdadero dueño desta vuesla contraria

tra cautiva,

aunque más
le

impida

suerte, y
la

aunque más amenazas
tra se sustenta. »

hagan

á esta vida ,

que en

vues-

Extraño espectáculo fué éste para don Fernando y para todos los circunstantes , admirándose de tan no visto suceso.
Parecióle á Dorotea que don Fernando habia perdido la color del rostro,

Cardenio
espada; y

,

y que hacia ademan de querer vengarse de porque le vio encaminar la mano á ponella en la

así

como

lo

pensó, con no vista presteza se abrazó

PRIMERA PARTE. CAPÍIULO XXXVl.
con
él

I

6/

por
le
:

las rodillas,

besándoselas y teniéndole apretado,

que no
le

dejaba mover, y sin cesar un punto de sus lágrimas,
«

decia

¿Qué

es lo

que piensas hacer, único refugio mió,

en este tan impensado trance?
posa, y
la
:


,

tienes á tus pies á tu es-

que quieres que
si

lo sea está

en

los

brazos de su
,

marido
lo

mira

te estará

bien
si

ó

te será posible

deshacer

que

el cielo

ha hecho, ó
á la

te

convendrá querer levantar

é igualar á

mismo

que, pospuesto todo inconveniente,

confiada en su verdad y firmeza, delante de tus ojos tiene

con

los

suyos bailados de licor amoroso

el

rostro y
te

pecho de

su verdadero esposo.

Por quien Dios
que

es

ruego, y por

quien tú eres

te suplico,

este tan notorio desengaíio,

no

sólo

no acreciente tu

ira, sino

que

la

mengüe en
el

tal

ma-

nera, que con quietud y sosiego permitas que estos dos

amantes

le

tengan

sin

impedimento tuyo todo

tiempo

que

el

cielo quisiere concedérsele; y en

esto mostrarás la
el

generosidad de tu ilustre y noble pecho, y verá

mundo
tenia

que

tiene contigo

más fuerza

la

razón que

el apetito. »

En

tanto que esto decia Dorotea,

aunque Cardenio

abrazada á Luscinda, no quitábalos ojos de don Fernando,

con determinación de

(si le

viese hacer algún

movimiento en
aunque

su perjuicio) procurar defenderse, y ofender
diese á todos aquellos
le

como mejor pu,

que en su daño

se

mostrasen

costase la vida. Pero á esta sazón acudieron los
el

amigos de

don Fernando, y

Cura y

el

Barbero, que á todo habian
el

estado presentes, sin que faltase

bueno de Sancho Panza;

y todos rodeaban á don Fernando, suplicándole tuviese por
bien de mirar
las

lágrimas de Dorotea; y que, siendo verellos creian

dad,

como

sin

duda

que

lo era, lo

que en

sus

razones habia dicho, que no permitiese quedase defraudada

I

68

DON QLIiyOTE DE LA MANCHA.

de sus tan justas esperanzas; que considerase que no acaso,

como

parecía, sino con particular providencia del cielo, se

habian todos juntado en lugar donde menos ninguno pensaba; y

que

advirtiese, dijo el

Cura, que

sola la

muerte po-

dia apartar á Luscinda de Cardenio; y
filos

aunque

los dividiesen

de alguna espada,

ellos

tendrian por felicísima su

muer-

te;

y que en los casos irremediables era suma cordura, forzándose y venciéndose á sí mismo, mostrar un generoso pelos

cho, permitiendo que por sola su voluntad
el

dos gozasen
pusiese los

bien

,

que

el cielo

ya

les

habia concedido.

Que

ojos

asimismo en
se le

la

beldad de Dorotea, y veria que pocas ó

ninguna

podian igualar, cuanto más hacerle ventaja;
el

que juntase á su hermosura su humildad y

extremo
si

del

amor que

le

tenia;

y sobre todo, advirtiese que,

se pre-

ciaba de caballero y de cristiano, no podia hacer otra cosa

que cumplille
pliría

la

palabra dada, y que, cumpliéndosela,
satisfaría á las

cumcuales

con Dios y

gentes discretas,

las

saben y conocen que

es

prerogativa de la hermosura, aunse

que

esté en sujeto

humilde, como

acompañe con

la

ho-

nestidad, poder levantarse é igualarse á cualquier alteza, sin

nota ni menoscabo del que

la

levanta é iguala á

mismo;
en

y cuando
ello

se

cumplen

las fuertes leyes

del gusto,
ser

como
el

no intervenga pecado, no debe de

culpado

que

las sigue.

En
tas,

efeto, á estas razones añadieron todos otras tales
el

y tan-

que

valeroso pecho de
ilustre
él

don Fernando, en

fin

como
la se-

alimentado con
la

sangre, se ablandó y se dejó vencer de

verdad, que

no pudiera negar aunque quisiera; y
al

ñal

que dio de haberse rendido y entregado
se le

buen parecer

que

habia propuesto, fué abajarse y abrazar á Dorotea,

PRIMERA PARTE. CAPÍTULO XXXVI.
diciéndole
:

I

69

«Levantaos, señora mia; que no
mis pies
la

es justo
:

que
y
si

esté arrodillada a

que yo tengo en mi alma

hasta aquí no he dado muestras de lo que digo, quizá ha
sido por orden del cielo, para que, viendo yo en vos la fe

con que

me

amáis, os sepa estimar en lo que merecéis.
es

Lo

que

os

ruego

que no

me

reprehendáis
la

mi mal término y
impelió

mi mucho

descuido; pues

misma
mia
:

ocasión y fuerza que

me movió

para acetaros por

,

esa

misma me

para procurar no ser vuestro

y
de

si

dudáis que esto sea ver-

dad, volved y mirad

los ojos

la

ya contenta Luscinda,
;

y en

de todos mis yerros y pues ella halló y alcanzó lo que deseaba, v yo he hallado en vos lo
ellos hallaréis disculpa

que

me
me

cumple, viva

ella

segura y contenta luengos y

feli-

ces años

con su Cárdenlo; que yo de
los

rodillas rogaré al cielo
»

que
la

deje vivir con

mi Dorotea.

Y

diciendo esto,
el

tornó á abrazar y á juntar su rostro con

suyo con tan

tierno sentimiento,

que

le

fué necesario tener gran cuenta

con que
les

las

lágrimas no acabasen de dar indubitables seña-

de su amor y arrepentimiento.
las

No
de

lo hicieron así las

de
allí

Luscinda y Cardenio, y aun
presentes estaban, porque
los

casi

todos los que

comenzaron á derramar
los otros del ajeno,

tantas,

unos de contento propio, y

que no

parecia sino que algún grave y mal caso á todos habia sucedido.

Hasta Sancho Panza lloraba; aunque después
él

dijo

que
él

no lloraba
pensaba,
esperaba.

sino por ver

que Dorotea no era

,

como

la reina

Micomicona, de quien
espacio, junto con

él tantas

mercedes

Duró algún
rodillas ante
les

el llanto, la

admi-

ración en todos; y luego Cardenio y Luscinda se fueron á

poner de

don Fernando, dándole gracias de

la

merced que

habia hecho, con tan corteses razones, que

I

yo

DON QUIJOTE DE LA MANCHA.

don Fernando no sabia qué responderles; y así, los levantó y abrazó con muestras de mucho amor y de mucha cortesía.
Preguntó luego á Dorotea
le dijese

cómo

habia venido

á aquel lugar tan lejos del suyo. Ella

con breves y discretas

razones contó todo lo que antes habia contado á Cárdenlo;

de lo cual gustó tanto don Fernando y
nían , que quisieran que durara
era la gracia con
así
el

los

que con

él
:

ve-

cuento más tiempo

tanta

que Dorotea contaba
dijo

sus desventuras.
lo
el

Y
la el

como hubo acabado,
le

don Fernando

que en
papel en

ciudad

habia acontecido, después que halló

seno de Luscinda, donde declaraba ser esposa de Cárdenlo,

y no poderlo
si

ser suya.

Dijo que

la

quiso matar, y lo hiciera,
;

y que así se salió de su casa, despechado y corrido, con determinación de vengarse
de sus padres no fuera impedido
,

con más comodidad; y que otro dia supo cómo Luscinda habia faltado de casa de sus padres, sin que nadie supiese
habia ido; y que, en resolución, al cabo de algunos meses vino á saber cómo estaba en un monesterio,
decir
se

dónde

con voluntad de quedarse en
diese pasar

él

toda
así

la

vida,
lo

si

no

la

pu-

con Cárdenlo; y que
la cual

como

supo, esco,

giendo para su compañía aquellos
lugar donde estaba; á

tres caballeros

vino

al

no habia querido hablar,
él

te-

meroso que, en sabiendo que

estaba
así,

allí,

habia de haber

más guarda en
que
de
puerta, y

el

monesterio; y

aguardando un dia á

la portería estuviese abierta,
él

dejó á los dos á la guarda
el el

la

con otro habia entrado en
la

monesterio,
claustro ha-

buscando á Luscinda,

cual hallaron en

blando con una monja; y arrebatándola, sin darle lugar
á otra cosa, se hablan venido

con

ella á

un lugar donde

se

acomodaron de aquello que hubieron menester para

traella;

PRIMERA PARTE. CAPÍTULO XXXVll.
todo
el

\J\

lo cual

habian podido hacer bien á su salvo, por estar
el

monesterio en
así

campo, buen trecho fuera
se vio

del pueblo.

Dijo que

como Luscinda

en su poder, perdió to-

dos los sentidos , y que después de vuelta en sí no habia hecho otra cosa sino llorar y suspirar, sin hablar palabra al-

guna; y que así, acompañados de silencio y de lágrimas, habian llegado á aquella venta, que para él era haber llegado
al

cielo

,

donde

se

rematan y tienen

fin

todas las desventuras

de

la tierra.

CAPITULO XXXVII.
Donde
se prosigue
la

historia

de

la

famosa Infanta Micomicona, con otras

graciosas aventuras.

Todo

esto

escuchaba Sancho, no con poco dolor de su
se le desparecian é iban
,

ánima, viendo que

en

humo

las es-

peranzas de su ditado
se le

y que la linda Princesa Micomicona habia vuelto en Dorotea, y el gigante en don Fer-

nando, V su

amo

se estaba

durmiendo

á sueño suelto, bien

descuidado de todo lo sucedido.
rotea
el
si

No

se

podia asegurar

Do-

era soñado

el

bien que poseia; Cárdenlo estaba en
el

mismo pensamiento, y

de Luscinda corria por
al cielo

la

misma
merced

cuenta.

Don Fernando
,

daba gracias

por

la

recebida

v

haberle sacado de aquel intricado laberinto,

donde

se hallaba tan á

pique de perder
la

el

crédito y el alma;

y finalmente, cuantos en
tos

venta estaban, estaban conten-

y gozosos del buen suceso que habian tenido tan trabados y desesperados negocios. Todo lo ponia en su punto

el

Cura, como discreto, y á cada uno daba

el

parabién del

bien alcanzado; pero quien

más

jubilaba y se contentaba

172

DON QUIJOTE DE LA MANCHA.
promesa que Cardenio y
los
el

era la ventera, por la

Cura

le

habían hecho de pagalle todos
cuenta de

Don

Quijote

le

daños y perjuicios que por hubiesen venido.

Sólo Sancho ,

como ya
;

se
,

ha dicho era
,

el afligido

,

el

des-

venturado y
á ver á su

el triste el

y

así

con malencónico semblante entró

amo,

cual acababa de despertar, 4 quien dijo:

«Bien puede vuestra merced, señor Triste Figura, dormir
todo lo que quisiere, sin cuidado de matar á ningún gigante,
ni de volver á la Princesa su reino
;

que ya todo

está

hecho

y concluido.

— Eso

creo yo bien, respondió
el

Don

Quijote; porque he

tenido con

gigante

que pienso tener
gre que
si

más descomunal y desaforada batalla en todos los dias de mi vida; y de un rela

ves, zas, le derribé la cabeza en el suelo, y fué tanta la sanle salió,

que

los arroyos corrian

por

la tierra

como

fueran de agua.

— Como
es

si

fueran de vino tinto

,

pudiera vuestra merced

decir mejor, respondió

Sancho; porque quiero que sepa
lo sabe,

vuestra merced,

si

es

que no
la

que

el

gigante muerto

un cuero horadado, y

sangre,
la

seis

arrobas de vino tinto
es la

que encerraba en su vientre, y
que

cabeza cortada

puta

—Y

me

parió, y llévelo todo Satanás.

¿qué

es

lo

que dices, loco! replicó

Don

Quijote.

¿Estás en tu seso!

— Levántese

vuestra

merced,

dijo

Sancho, y verá

el

buen recado que ha hecho, y lo que tenemos que pagar, y verá á la Reina convertida en una dama particular, llamada
Dorotea, con otros sucesos, que
admirar.
-

si

cae en ellos, le han de

— No me maravillaría de nada deso, replicó Don Quijote;

PRIMERA PARTE. CAPÍTULO XXXVII.
porque,
te dije
si

173

bien te acuerdas,

la otra

vez que aquí estuvimos

yo que todo cuanto aquí sucedia eran cosas de enseria

cantamento, y no

— Todo

mucho que

ahora fuese lo mesmo.
si

lo creyera

yo, respondió Sancho,

también mi

manteamiento fuera cosa dése jaez; mas no
y verdadera, y
tenia del
vi

lo fué, sino real

yo que
la

el

ventero, que aquí está hoy dia,

manta, y me empujaba hacia el cielo con mucho donaire y brío, y con tanta risa como fuerza; y donde interviene conocerse las personas, tengo para mí,

un cabo de

aunque simple y pecador, que no hay encantamento alguno, sino mucho molimiento y mucha mala ventura.

— Ahora

bien, Dios lo remediará, dijo

Don

Quijote:
los

dame de

vestir,

y déjame

salir allá fuera;

que quiero ver

sucesos y transformaciones que dices.»

Dióle de vestir Sancho; y en contó
el

el

entretanto que se vestia,
los

Cura

á

don Fernando, y á

demás que

allí

es-

taban, la locura de

Don
la

Quijote, y del artificio que habian

usado para sacarle de

Peña Pobre, donde

él

se

imagicasi

naba

estar

por desdenes de su señora. Contóles asimismo

todas las aventuras que Sancho le habia contado, de que

no poco

se

admiraron y rieron
el

,

por parecerles

(lo

que

á to-

dos parecia) ser

más extraño género de locura que podia
el

caber en pensamiento disparatado. Dijo más

Cura

:

que

pues ya

el

buen suceso de

la

señora Dorotea impedia pasar

con su disignio adelante, que era menester inventar y hallar

otro para poderle llevar á su tierra.

Ofreció Cárdenlo de proseguir lo comenzado, y que Luscinda baria y representaria suficientemente la persona de

Dorotea.

«No,

d'jo

don Fernando, no ha de

ser así;

que vo quiero

»

,

174

I^ON

QUIJOTE DE LA MANCHA.
sea

que Dorotea prosiga su invención; que, como no
lejos

muy

de aquí
se

el

lugar deste buen caballero, yo holgaré de

que

procure su remedio.
está

— No

más de dos jornadas de
buena obra.

aquí.

— Pues aunque estuviera más, gustara yo de caminallas,
á trueco de hacer tan
Salió en esto

Don

Quijote, armado de todos sus pertrela

chos, con

el

yelmo (aunque abollado) de Mambrino en

cabeza, embrazado de su adarga y arrimado á su tranca ó
lanzon. Suspendió á don Fernando y á los demás la extraña
presencia de

Don

Quijote, viendo su rostro de media legua
la

desigualdad de sus armas y su mesurado continente; y estuvieron callando hasta ver lo

de andadura, seco y amarillo,

que

él decia, el

cual con

mucha gravedad y
la

reposo, puestos

los ojos

en

la

hermosa Dorotea, dijo: «Estoy informado,
deste

hermosa señora,
se

mi escudero, que

vuestra grandeza

ha aniquilado, y vuestro ser se ha deshecho; porque de reina y gran señora que solíades ser, os habéis vuelto en una

particular doncella. Si esto

ha sido por orden

del

Rey

ni-

gromante, de vuestro padre, temeroso que yo no os diese
la necesaria

y debida ayuda digo que no supo ni sabe de
, ,

la

misa

la

media y que fué poco versado en
porque,
si

las historias

caba-

llerescas;

hubiera leido y pasado tan atentamente y con tanto espacio como yo las pasé y leí hallara á
él las
,

cada paso

cómo

otros caballeros , de

menor fama que
sea;

la

mia

hablan acabado cosas más dificultosas, no siéndolo

mucho
por-

matar á un gigantillo, por arrogante que

porque no há
callar,

muchas horas que yo me
que no

vi

con

él, y...
el

Quiero

me

digan que miento; pero
las cosas
,

tiempo, descubrilo

dor de todas

lo dirá

cuando menos

pensemos.

PRIMERA PARTE. CAPÍ FULO XXXVll.

I

75


que

Vístesos VOS

con dos cueros, que no con un gigante»,

dijo á esta sazón el ventero, al cual
callase,

mandó don Fernando
de

y no interrumpiese

la plática

Don

Quijote

en ninguna manera; y
«

Don

Quijote prosiguió, diciendo:
si,

Digo, en

fin, alta

y desheredada señora, que

por

la

causa que he dicho, vuestro padre ha hecho este
fóseo

metamor-

en vuestra persona, que no
la

le

hagáis caso alguno;

porque no hay ningún peligro en
abra camino
vuestro

tierra

por quien no

se

mi espada, con

la

cual, poniendo la cabeza de
la

enemigo en

tierra, os

pondré á vos
»

corona de

la

vuestra en la cabeza en breves dias.

No

dijo

más Don Quijote, y esperó
la

á

que

la

Princesa

le

respondiese ,
,

cual

,

como ya

sabia la determinación de

don

Fernando de que
llevar á su tierra á

se prosiguiese adelante

en

el

engaño hasta

Don
:

Quijote, con

mucho
habia

donaire y gra-

vedad

le

respondió

«

Quien quiera que
que yo

os dijo, valeroso

Ca-

ballero de la Triste Figura ,

cado de mi ser,
ayer fui

me

soy

mudado y trono os dijo lo cierto, porque la misma que hoy verdad es que alguna mudanza han
:

me

hecho en mí

ciertos acaecimientos de
la

buena ventura, que mes-

me

la

han dado, y

mejor que yo pudiera desearme; pero
ser la

no por eso he dejado de

que antes, y de tener

los

mos pensamientos de valerme
é invulnerable brazo,

del valor de vuestro valeroso
se-

que siempre he tenido. Así que,
la

ñor mió, vuestra bondad vuelva

honra

al

padre que

me

engendró

advertido y prudente , pues con su ciencia halló camino tan fácil y tan verdadero para
,

y téngale por

hombre

remediar mi desgracia; que yo creo que

si

por vos, señor,

no fuera, jamas acertara
esto digo tanta verdad,

á tener la ventura

que tengo: y en

como

son buenos testigos della los

!

»

176

DON QUIJOTE DE LA MANCHA.
destos señores

más

que están presentes. Lo que

resta es
se

que

mañana nos pongamos en camino, porque ya hoy
pero,
lo dejaré á

podrá

hacer poca jornada; y en lo demás del buen suceso que es-

Dios y

al

valor de vuestro pecho.

Esto dijo

la discreta

Dorotea; y en oyéndolo

jote, se volvió á

Sancho, y con muestras de
digo, Sanchuelo, que eres

Don Quimucho enojo le
mayor
bella-

dijo

:

o

Ahora

te

el

cuelo que hay en España.

Dime,

ladrón,

vagamundo, ¿no

me

acabas tú de decir ahora que esta Princesa se habia vuelto

en una doncella que se llamaba Dorotea, y que la cabeza que entiendo que corté á un gigante era la puta que te pa,

rió

,

con otros disparates que

me

pusieron en

la

mayor con-

fusión que jamas he estado en todos los dias de
i

mi

vida!

Voto... (y

miró

al cielo
tí,

y apretó

los dientes)
sal

que estoy por

hacer un estrago en

que ponga

en

la

mollera á todos

cuantos mentirosos escuderos hubiere de caballeros andantes

de aquí adelante en

el

mundo
mió, respondió Sanque yo
la

— Vuestra merced
cho que bien podria
;

se sosiegue, señor

ser

me

hubiese engañado en lo

que toca

á la

mutación de
la

señora Princesa Micomicona;
,

pero en lo que toca á
la

cabeza del gigante ó á lo menos á

horadación de

los
i

cueros, y á lo de ser vino tinto la sanvive Dios
!

gre , no

me

engaño

porque

los

cueros

allí

están

heridos á la cabecera del lecho de vuestra merced, y
tinto tiene
los

el

vino

hecho un lago
lo

el

aposento; y

si

no,

al

freir

de

huevos

verá: quiero decir, que lo verá cuando aquí

su

merced
lo

del señor ventero le pida el
la

menoscabo de

todo.

De me

demás, de que
el

señora Reina se esté

como

se estaba,

regocijo en

alma, porque

me

va

mi

parte,

como

á

cada hijo de vecino.

PRIMERA PARTE. CAPÍTULO XXXVII.

I

77

— Ahora yo

te

digo, Sancho, dijo

Don

Quijote, que eres

un mentecato; y perdóname, y basta. Basta, dijo don Fernando; y no se hable más en esto; y pues la señora Princesa dice que se camine mañana, porque
ya hoy
es tarde
,

hágase

así

,

y esta noche
el

la

podremos pasar

en buena conversación hasta

venidero dia, donde todos

acompañaremos

al

señor

Don

Quijote; porque queremos ser

testigos de las valerosas é inauditas hazañas

que ha de hacer

en

— Yo soy
Don
la

el

discurso desta grande empresa que á su cargo lleva.
el

que tengo de

serviros y

acompañaros,

res-

pondió

Quijote; y agradezco

me
si

hace y

buena opinión

mucho la merced que se que de mí se tiene la cual pro,

curaré que salga verdadera, ó

me

costará la vida, y aun

más,

más costarme puede.

»

Muchas

palabras de

tos pasaron entre

Don

comedimiento y muchos ofrecimienQuijote y don Fernando; pero á todo
la

puso silencio un pasajero que en aquella sazón entró en
venta,
el

cual en su traje mostraba ser cristiano, recien ve-

nido de tierra de moros, porque venia vestido con una casaca de paño azul, corta de faldas, con medias
cuello; los calzones eran

mangas y

sin

asimismo de lienzo azul, con bo-

nete de la

misma

color; traia unos borceguíes datilados, y
le

un

alfanje

morisco puesto en un tahalí que
tras él,

atravesaba

el

pecho. Entró luego

encima de un jumento, una
el

mujer á
en
la

la

morisca vestida, cubierto
traia

rostro

con una toca;
vestida

cabeza

un bonetillo de brocado, y

una
el

almalafa, que desde los

hombros

á los pies la cubría.
talle,

Era

hombre de

robusto y aventajado

de edad de poco más

de cuarenta años, algo moreno de rostro, largo de bigotes, y la barba muv bien puesta: en resolución, él mostraba en su

178
apostura que

DON QUIJOTE DE LA MANCHA.
si

estuviera bien vestido, le juzgaran por per-

sona de calidad y bien nacida. Pidió, en entrando, un aposento; y

como

le dijeron

que en

la

venta no
la

le

habia, mosel

tró recebir

pesadumbre; y llegándose á

que en

traje

parecía mora, la apeó en sus brazos. Luscinda, Dorotea, la
ventera, su hija y Maritornes, llevadas del nuevo y para
ellas

nunca

visto traje, rodearon á la

mora; y Dorotea, que
congojaban por
la falta

siempre fué agraciada, comedida y discreta, pareciéndole

que

así ella

como

el

que
:

la traia se

del aposento, le dijo
la

«

No

os dé

mucha pena,
,

señora mia,

incomodidad y

falta

de regalo que aquí hay pues es prosi

pio de ventas no hallarse en ellas; pero, con todo esto,

gustáredes de posar con nosotras, señalando á Luscinda,

quizá en

el

discurso de este
»

camino habréis hallado

otros

no

tan buenos acogimientos.

No
bas bló

respondió nada á esto

la

embozada
se habia,

,

ni hizo otra cosa

que levantarse de donde sentado

manos cruzadas sobre
el

el

y puestas entrampecho, inclinada la cabeza, dolo agradecía.

cuerpo en señal de que
sin

Por su

silencio

imaginaron que

duda alguna debia de

ser

mora, y que

no sabia hablar

cristiano.
el

Llegó en esto

Cautivo, que entendiendo en otra cosa

hasta entonces habia estado; y viendo que todas tenian cer-

cada á

venia , y que ella á cuanto le decian callaba, dijo: «Señoras mias, esta doncella apenas entiende
la

que con

él

mi lengua,
tierra,

ni sabe hablar otra

ninguna sino conforme á su

respondido ni responde y por esto no debe de haber á lo que se le ha preguntado.

— No

era preguntarle cosa ninguna, respondió Luscinda,

sino ofrecelle por esta

noche nuestra compañía y parte

del

PRIMERA PARTE. CAPÍTULO XXXVII.
lugar donde nos

I

79

acomodáremos, donde
ofreciere,

se le

hará

el

regalo
á

que

la

comodidad

con

la

voluntad que obliga

servir á todos los extranjeros

que

dello tuvieren necesidad,
sirve.

especialmente siendo mujer á quien se

— Por
ííora
la

ella
las

mia,

y por mí, respondió el Cautivo, os beso, semanos, y estimo mucho y en lo que es razón

merced

ofrecida;

que en

tal

ocasión, y de tales personas

como
de ser

vuestro parecer muestra, bien se echa de ver que ha

— Decidme,
tiana ó

muy

grande.
señor, dijo Dorotea: esta señora ¿es crisel

mora? porque

traje

y

el

silencio nos

hace pensar

que

es lo

que no querríamos que
es

fuese.

— Mora
muy
serlo.

en

el traje

y en

el

cuerpo; pero en

el

alma

es

grande cristiana, porque tiene grandísimos deseos de

— Luego ¿no — No ha habido
es

bautizada? replicó Luscinda.
lugar para ello, respondió
,

el

Cautivo,

después que

salió

de Argel

su patria y tierra

;

y hasta agora
obli-

no

se

ha

visto en peligro de

muerte tan cercana, que
las

gase á bautizalla sin que supiese primero todas
nias

ceremo-

que nuestra Madre que presto

la

Santa Iglesia manda; pero Dios

será servido

se bautice

con

la

decencia que
lo

la

ca-

lidad de su persona merece, que es

más de

que muestra su

hábito y

el

mió.

»

Con

estas razones

puso gana, en todos

los

que escuchánel

dole estaban, de saber quién fuesen la

mora y

Cautivo;

pero nadie se lo quiso preguntar por entonces, por ver que
aquella sazón era

más para

procurarles descanso que para
la

preguntarles sus vidas. Dorotea
llevó á sentar junto á sí, y le

tomó por

la

mano y

la

rogó que

se quitase el

embozo.

I

8o
al

DON QUIJOTE DE LA MANCHA.
Cautivo,

Ella miró

como

si le

preguntara

le dijese lo le dijo

que que

decian y lo que
le

ella haria.
el

El en lengua arábiga

embozo, y que lo hiciese; y así, se lo quitó, y descubrió un rostro tan hermoso, que Dorotea la tuvo por más hermosa que á Luscinda, y Luscinda por más
pedian se quitase

hermosa que á Dorotea; y todos los circunstantes conocieron que si alguno se podria igualar al de las dos era el de
mora, y aun hubo algunos que le aventajaron en alguna cosa. Y como la hermosura tenga prerogativa y gracia de reconciliar los ánimos y atraer las voluntades, luego se rinla

dieron todos

al

deseo de servir y agasajar á
al

la

hermosa mora.
se

Preguntó don Fernando

Cautivo

cómo

llamaba

la

mora,
oyó
dijo

el

cual respondió que Lela Zoraida; y así

como

esto

ella,

entendió lo que

con mucha

Cautivo, y No, no priesa, llena de congoja y donaire
le
al
:

habian preguntado

Zoraida; María, María; dando á entender que

se

llamaba

María, y no Zoraida.
Estas palabras, y
dijo, hicieron
el

grande afecto con que

la

mora

las

derramar más de una lágrima á algunos de
las

los

que

la

escucharon, especialmente á

mujeres, que de su

naturaleza son tiernas y compasivas.

Abrazóla Luscinda con

mucho amor,
respondió
la

diciéndole

:

«Sí,
si,

sí,

María, María», á
ría; Zoraida

lo cual
,

mora:
no.

6*/,

Ma-

macange

que quiere decir

Ya

en esto llegaba

la

noche; y, por orden de
el

los

que ve-

nían con don Fernando, habia

ventero puesto diligencia
él le

y cuidado en aderezarles de cenar lo mejor que á
posible. Llegada, pues, la hora, sentáronse todos á

fué

una larga

mesa como de
drada en
la

tinelo,

porque no
la

la

habia redonda ni cua-

venta, y dieron

cabecera y principal asiento,

:

PRIMERA PARTE. CAPÍTULO XXXVII.
puesto que
él lo

l8l

rehusaba, á

Don

Quijote,

el

cual quiso que
él

estuviese á su lado la señora

Micomicona, pues

era su

guardador.
tero dellas

Luego

se sentaron

Luscinda y Zoraida, y fronel

don Fernando y Cárdenlo, y luego
al

Cautivo y
el

los

demás

caballeros, y
así

lado de

las

señoras

el

Cura y

Bar-

bero, y

cenaron con

mucho

contento; y acrecentóseles

más viendo que, dejando de comer Don Quijote, movido de otro semejante espíritu que el que le movió á hablar tanto

como

habló cuando cenó con
si

los cabreros

,

comenzó
la

á decir

«Verdaderamente,

bien se considera, señores mios,
los

grandes é inauditas cosas ven
la
el

que profesan

Orden de
habrá en
,

andante caballería. Si no, ¿cuál de

los vivientes

mundo que
,

ahora por

la

puerta deste castillo entrara
viera,

y

de

que juzgue y crea que nosotros somos quien somos? ¿Quién podrá decir que esta
la suerte

que estamos nos

señora, que está á

mi

lado, es la gran reina

que todos sabe-

mos, y que yo soy aquel Caballero de la Triste Figura, que anda por ahí en boca de la fama! Ahora, no hay que dudar,
sino
llos

que que

esta arte
los

y ejercicio excede á todas aquellas y aquehombres inventaron y tanto más se ha de tener
,

en estima, cuanto á más peligros está

sujeto.

Quítenseme
las ar-

delante los que dijeren que las letras hacen ventaja á

mas; que

les diré

(y sean quien se fueren) que no saben lo
la

que dicen; porque que
ellos

razón que
,

los tales suelen decir,

y á lo
ex-

más

se atienen

es

que

los trabajos del espíritu

ceden á

los del

cuerpo
si

,

y que

las

armas sólo con

el

cuerpo

se ejercitan,

como

fuese su ejercicio oficio de ganapanes,

para
si

el

cual no es menester

más de buenas
los

fuerzas ; ó

como

en esto, que llamamos armas de

que

las

profesamos, no
piden para

se encerrasen los actos

la fortaleza, los cuales

;

I

82

DON QUIJOTE DE LA MANCHA.

ejecutallos

mucho

entendimiento; ó

como

si

no trabajase

el

ánimo

del guerrero

que tiene
sitiada
si
,

á su cargo

un

ejército ó la de-

fensa de

una ciudad

así

con

el espíritu

como con

el

cuerpo. Si no, véase

se alcanza

con

las

fuerzas corporales
los designios, las

á saber ó conjeturar el intento del

enemigo,

estratagemas,

las dificultades, el

prevenir los daños que se te-

men; que
que

todas estas cosas son acciones del entendimiento,
el

en quien no tiene parte alguna
las

cuerpo. Siendo, pues, ansí

armas requieren
los

espíritu,
el

como

las

letras,

veamos

ahora cuál de
rero, trabaja

dos espíritus,

del letrado ó el del guer-

más; y

esto se vendrá á conocer por el fin y pa-

radero á que cada uno se encamina; porque aquella inten-

ción se ha de estimar en
fin.

más que
,

tiene por objeto

más noble

Es

el fin
,

las

divinas

y paradero de las letras... y no hablo ahora de que tienen por blanco llevar y encaminar las al-

mas

al cielo;

que á un

fin tan

sin fin

como

éste,

ninguno
es

otro se puede igualar; hablo de las letras

humanas; que

su fin poner en su punto la justicia distributiva, y dar á cada

uno
se

lo

que

es

suyo , entender y hacer que

las

buenas leyes

guarden. Fin por cierto generoso y alto y digno de grande

alabanza, pero no de tanta

como merece

aquél á que

las ar-

mas atienden,
es el

las

cuales tienen por objeto y fin la paz,

que

mayor bien que los hombres pueden
,

desear en esta vida
el

y

así

las

primeras buenas nuevas que tuvo
las

mundo
:

y tuno-

vieron los hombres, fueron
,

que dieron

los ángeles la

che que fué nuestro dia cuando cantaron en
sea

los aires
los

Gloria

á Dios en

las alturas

,

y paz

en la tierra á

hombres de
la

buena voluntad.
tierra

Y

la

salutación

que

el

mejor Maestro de

y del cielo enseñó á sus allegados y favorecidos, fué

decirles

que cuando entrasen en alguna casa

dijesen

:

Paz

,,

PRIMERA PARTE. CAPÍTULO XXX VI
sea en esta casa; y otras

I.

I

8

:^

muchas

veces

les dijo

:

Mi paz
en
es el

os doy

mt paz

os dejo

y

paz
tal

sea con vosotros; bien

como joya y prenda
ella,

dada y dejada de
en
fin
el cielo

mano

,

joya que, sin

la tierra ni

puede haber bien alguno. Esta paz

verdadero

de

la

guerra; que lo

mesmo

es decir
el fin

armas que guerra.
de
la

Prosupuesta, pues, esta verdad, que
paz, y que en esto hace ventaja
al fin

guerra es

la

de

las letras,

vengamos

ahora á

los trabajos del

cuerpo del letrado y á

los del profe-

sor de las armas, y véase cuáles son mayores.»

De

tal

manera y por
los

tan

buenos términos iba prosi-

guiendo en su plática
entonces ninguno de

Don

Quijote, que obligó á que por
le tuviese

que escuchándole estaban
todos 6 los
le
:

por loco; antes,
quien son anejas
gana; y
jos del
él

como
las

más eran

caballeros, á

armas,

escuchaban de

muy

buena

prosiguió diciendo

«Digo, pues, que

los traba-

estudiante

son

estos

:

principalmente pobreza, no
este caso en

porque todos sean pobres, sino por poner
el

todo

extremo que pueda

ser ;

y en haber dicho que padece po-

breza

me
la

parece que no habia que decir

más de

su mala

ventura, porque quien es pobre no tiene cosa buena. Esta

pobreza

padece por sus partes

,

ya en hambre

,

ya en

fi-io

ya en desnudez, ya en todo junto; pero, con todo eso, no
es tanta,

que no coma, aunque

sea

un poco más tarde de
que

lo

que

se usa,

aunque

sea de las sobras de los ricos;

es la

mayor miseria
dar á
la sopa;
si

del estudiante esto

que entre

ellos

llaman an-

y no

les falta

algún ajeno brasero ó chimelo

nea, que,
fin, la

no caliente, á

menos

entibie su frió, y en

noche duermen debajo de cubierta.
menudencias, conviene
la

No

quiero llegar

á otras
sas

á saber, de la falta de

cami-

y no sobra de zapatos,

raridad y poco pelo del vestido.

»

184

DON QUIJOTE DE LA MANCHA.
con tanto gusto cuando
la

ni aquel ahitarse

buena suerte

les

depara algún banquete. Por este camino que he pintado,
áspero y dificultoso, tropezando aquí, cayendo
allí,

levan-

tándose acullá, tornando á caer acá, llegan
sean,
el

al

grado que devisto

cual alcanzado, á

muchos hemos
y por

que, ha-

biendo pasado por

estas sirtes

estas Scilas

y Caríbdis,

como

llevados en vuelo de la favorable fortuna, digo
visto

que

los

mandar y gobernar el mundo desde una silla, trocada su hambre en hartura, su frió en refrigerio, su des-

hemos

nudez en

galas, y su

dormir en una estera en reposar en

holandas y damascos, premio justamente merecido de su
virtud; pero, contrapuestos y
los del milite

comparados

sus trabajos

con

guerrero

,

se

quedan

muy

atrás

en todo

,

como

ahora

diré.

CAPITULO XXXVIII.
Donde
prosigue
el

curioso discurso que hizo

Don

Quijote de

las

armas

V

las

letras.

Prosiguiendo
el

Don

Quijote, dijo

:

«

Pues comenzamos en
,

estudiante por la pobreza y sus partes

veamos

si

es

más

rico el soldado,

y veremos que no hay ninguno más pobre
;

en

la

misma pobreza porque

está atenido á la miseria de su

paga, que viene ó tarde ó nunca, ó á lo que garbeare por
sus
cia;

manos con notable
,

peligro de su vida y de su concien,

y á veces suele ser su desnudez tanta
le sirve

que un coleto
la

acuchillado

de gala y de camisa, y en
las

mitad del

invierno se suele reparar de

inclemencias del cielo, esel

tando en

la

campaña
sale

rasa,

con solo

aliento de su boca,

que,

como

de lugar vacío, tengo por averiguado que

PRIMERA PARTE. CAPÍTULO XXXVIII.
debe de
salir frió,

I

85

contra toda naturaleza. Pues esperad que

espere que llegue la noche para restaurarse de todas estas in-

comodidades en

la

cama que

le

aguarda,
ni

la cual, si

no

es

por su culpa, jamas pecará de estrecha

corta;

que bien

puede medir en
en
ella á

la tierra los pies

que quisiere, y revolverse
le

su sabor, sin temor que se
el

encojan

las

sábanas.
el

Llegúese, pues, á todo esto

dia y la hora de recebir

grado de su ejercicio; llegúese un dia de batalla; que

allí le

pondrán

la

borla en la cabeza, hecha de hilas para curarle
le

algún balazo, que quizá

habrá pasado

las sienes,

ó

le

de-

jará estropeado de brazo ó pierna; y

cuando

esto

no suceda,

sino

que

el cielo

piadoso

le

guarde y conserve sano y bueno,
la

podrá ser que se quede en
taba, y
tro,

mesma

pobreza que antes es-

que sea menester que suceda uno y otro reencuenuna y otra batalla, y que de todas salga vencedor, para
estos milagros vense raras veces.
,

medrar en algo; pero
que decidme señores
,

Por-

si

habéis mirado en ello

:

¿

cuan me-

nos son los premiados por la guerra que los que han perecido en
ella!

Sin duda habéis de responder que no tienen
ni se

comparación

pueden reducir
los

á cuenta los muertos, y
tres letras

que

se

podrán contar

premiados vivos con

de

guarismo.
faldas
,

Todo
así

esto es al revés en los letrados;
,

porque de

que no quiero decir de mangas todos tienen en qué
que, aunque
el

entretenerse:

es

mayor

el

trabajo del sol-

dado,
»

es

mucho menor
se

premio.
es

Pero á esto

puede responder que

más

fácil

premiar

á doscientos letrados
se
los
la

que

á treinta soldados;

porque aquellos
se

premian con

darles oficios,
,

que por fuerza

han de dar

á

de su profesión

y á éstos no se puede premiar sino con
seíior á

mesma

hacienda del

quien sirven; y esta imposi-

l86

DON QUIJOTE DE LA MANCHA.
más
la

bilidad fortifica

razón que tengo. Pero dejemos esto

aparte,

que

es laberinto

de

muy dificultosa salida,
las

sino volva-

mos

á la

preeminencia de
está

armas contra

las letras, las

materia

que hasta ahora

por averiguar , según son
las

razones que

cada una de su parte alega; y entre
las letras

que he dicho, dicen
las

que

sin ellas

no

se

podrian sustentar

armas

,

por-

que que

la

guerra también tiene sus leyes y está sujeta á

ellas,

y

las leyes

caen debajo de lo que son

letras

y letrados.
se

»A

esto responden las
,

armas que
las

las leyes

no

podrian

sustentar sin ellas

porque con

armas

se defienden las re-

públicas, se conservan los reinos, se guardan las ciudades,
se

aseguran

los
si

caminos,
por
las

se despejan los

mares de cosarios;

y finalmente,
las

ellas

no fuese,

las

repúblicas, los reinos,

monarquías,

ciudades, los caminos de

mar y

tierra

estarian sujetos al rigor y á la confusión

que

trae consigo la

tiempo que dura y tiene licencia de usar de sus privilegios y de sus fuerzas; y es razón averiguada que
guerra
el

aquello que

más

cuesta, se estima y debe de estimar en más.
letras le cuesta

Alcanzar alguno á ser eminente en
vigilias,

tiempo,

hambre, desnudez, vaguidos de cabeza, indigestio-

nes de estómago, y otras cosas á éstas adherentes, que en
parte ya las tengo referidas;

mas

llegar

uno por
al

sus térmi-

nos á ser buen soldado

le

cuesta todo lo que

estudiante,
,

en tanto mayor grado

,

que no tiene comparación
la vida.

porque á

cada paso está á pique de perder

Y

¿

qué temor de

necesidad y pobreza puede amagar ni fatigar al estudiante, que llegue al que tiene un soldado, que hallándose cercado

en alguna fuerza, y estando de posta ó guarda en algún rebellín ó caballero, siente

que

los

enemigos están minando
allí

hacia la parte donde

él

está, y

no puede apartarse de

PRIMERA PARTE. CAPÍ JULO XXXVIII.
por ningún caso, ni huir
el

1

87

peligro que de tan cerca le
es dar noticia á su capi-

amenaza Sólo
!

lo

que puede hacer
,

tán de lo

que pasa para que

lo

remedie con alguna contra-

mina; y él estarse quedo, temiendo y esperando cuándo improvisamente ha de subir á las nubes sin alas y bajar al profundo sin su voluntad. Y si éste parece no pequeño peligro,

veamos

si le

iguala ó hace ventaja

el

de embestirse
espacioso,
al

dos galeras por

las

proas en mitad del

mar

las

cuales, enclavijadas

y trabadas, no

le

queda

soldado más

espacio del que conceden dos pies de tabla del espolón; y con todo esto, viendo que tiene delante de sí tantos ministros

de

la

muerte que

le

amenazan

,

cuantos cañones de ar-

tillería se

asestan de la parte contraria,
al

que no distan de su
los

cuerpo una lanza, y viendo que

primer descuido de

pies irá á visitar los profundos senos de
esto
,

Neptuno; con todo

con intrépido corazón

,

llevado de la honra que le in-

cita, se

pone

á ser blanco

de tanta arcabucería, y procura
al bajel

pasar por tan estrecho paso
es

contrario.

Y lo

que más
se

de admirar, que apenas uno ha caido donde no

podrá

levantar hasta la fin del

mundo, cuando
el

otro ocupa su
á
al

mesmo

lugar; y
le

si

éste

también cae en
le

mar, que como

enemigo
que
»
¡

aguarda, otro y otro
:

sucede, sin dar tiempo

tiempo de sus muertes
se

valentía

y atrevimiento

el

mayor

puede

hallar en todos los trances de la guerra.
,

Bien hayan aquellos benditos siglos

que carecieron de

la

espantable furia de aquestos endemoniados instrumentos
artillería!

déla

infierno se le

cuyo inventor, tengo para mí que en el está dando el premio de su diabólica invená

ción

,

con

la

cual dio causa á

que un infame y cobarde brazo

quite la vida á un valeroso caballero; porque, sin saber có-

,

l88

DON QUIJOTE DE LA MANCHA.
Ó por dónde, en
la

mo

mitad del coraje y brío que enciende
pechos llega una desmandada bala
,

y anima á

los valientes

disparada de quien quizá

huyó ó

se espantó del resplandor

que hizo

el

fuego

al

disparar de la maldita
los

máquina y
,

corta
la

y acaba en un instante
merecia gozar luengos
toy por decir que en
ejercicio de caballero
es ésta
el

pensamientos y vida de quien

siglos.

Y
me

así,

considerando esto, es-

alma

pesa de haber tomado este

andante en edad tan detestable

como
si

en que ahora vivimos; porque, aunque á mí ningún

peligro
la

me

pone miedo, todavía
el

me

pone recelo pensar
la ocasión

pólvora y

estaño

me

han de quitar
el

de hafilos

cerme famoso y conocido por
haga

valor de

mi brazo y
la
tierra.

de mi espada, por todo lo descubierto de
el cielo lo
si

Pero
esti-

que fuere servido; que tanto

seré

más

mado,
gros

salgo con lo que pretendo, cuanto á mayores peli-

me

he puesto, que

se pusieron los caballeros andantes

de

los

pasados siglos.»
este largo discurso dijo

Todo
los

Don

Quijote en tanto que

demás cenaban, olvidándose de
le

llevar

bocado á

la

boca;

puesto que algunas veces
cenase
;

habia dicho Sancho Panza que
lo

que después habria lugar para decir todo

que

quisiese.

En

los

que escuchado

le al

habian sobrevino nueva
parecer, tenia
las cosas

lástima de ver que

hombre que,

buen en-

tendimiento y buen discurso en todas
le

que trataba,

tuviese perdido tan

rematadamente en tratándole de su

negra y pizmienta caballería. El Cura le dijo que tenia mucha razón en todo cuanto habia dicho en favor de las ar-

mas, y que

aunque letrado y graduado, estaba de su mismo parecer. Acabaron de cenar, levantaron los manteles;
él, la

y en tanto que

ventera, su hija y Maritornes aderezaban

PRIMERA PARTE. CAPÍTULO XXXIX.
el

1

89

camaranchón de Don Quijote de
don Fernando rogó

la

Mancha, donde hamujeres
les

bían determinado que aquella noche
se recogiesen,
al

las

solas

en

él

Cautivo

contase

el

discurso de su vida, porque no podria ser sino que fuese

peregrino y gustoso, según las muestras que habia comenzado á dar, viniendo en compañía de Zoraida á lo cual
:

respondió
se le

el

Cautivo que de

muy buena

gana haria

lo

que

ser

mandaba, y que sólo temia que el cuento no habia de tal, que les diese el gusto que él deseaba; pero que, con
faltar

todo eso, por no

en obedecelle,

le

contaria.

El Cura

y todos

los

demás

se lo agradecieron,

y de nuevo se lo ro-

garon; y

él,

viéndose rogar de tantos, dijo que no eran

me-

nester ruegos

adonde

el

mandar

tenia tanta fuerza: «y así,

estén vuestras mercedes atentos, y oirán

un discurso verda-

dero, á quien podria ser que no llegasen los mentirosos, que

con curioso y pensado artificio suelen componerse». Con esto que dijo, hizo que todos se acomodasen y le prestasen

un grande
ban
lo

silencio; y él, viendo

que ya callaban y espera-

que decir quisiese, con voz agradable y reposada coá decir desta

menzó

manera:

CAPITULO XXXIX.
Donde
el

Cautivo cuenta su vida y sucesos.

«En un lugar de mi linaje, con quien
raleza

las

montañas de León tuvo principio

fué

más agradecida y
la

liberal la natu-

que

la fortuna;

aunque, en

estrecheza de aquellos
rico;

pueblos todavía alcanzaba

mi padre fama de
se diera

y verda-

deramente
cienda,

lo fuera, se la

si así

maña

á conservar su hala

como

daba en

gastalla.

Y

condición que

190

DON QUIJOTE DE LA MANCHA.

tenia de ser liberal y gastador le procedió de haber sido sol-

dado

los
el

años de su juventud; que es escuela

la

soldadesca

donde
si

mezquino

se

hace franco, y

el

franco pródigo; y

algunos soldados se hallan miserables, son
,

como monslos
,

truos

que

se

ven raras veces. Pasaba mi padre
los
al

términos
cosa que

de la liberalidad y rayaba en

de ser pródigo

no

le es

de ningún provecho
le

hijos

que

hombre casado, y que tiene han de suceder en el nombre y en el ser. Los
tres, todos

que mi padre tenia eran

varones y todos de edad

de poder elegir estado. Viendo, pues,
él

mi padre que, según
le

decia, no podia irse á la

mano

contra su condición, quiso

privarse del instrumento y causa

hacia gastador y dadivoso, que fué privarse de la hacienda, sin la cual el

que

mismo Alejandro
nes semejantes á

pareciera estrecho; y así, llamándonos

un

dia á todos tres á solas, en
las

un aposento, nos
diré.

dijo

unas razo-

que ahora

«Hijos, para deciros que os quiero bien, basta saber y decir que sois mis hijos; y para entender que os quiero mal,
basta saber

que no

me

voy á

la

mano

en lo que toca á con-

servar vuestra hacienda.

Pues para que entendáis desde aquí

adelante que os quiero
truir

como

padre, y que no os quiero despadrastro, quiero hacer una cosa con vosotros,
dias

como
la

que há muchos

que

tengo pensada y con madura

consideración dispuesta. Vosotros estáis ya en edad de tomar
estado, ó á lo

menos de

elegir ejercicio
lo
:

tal,

que cuando
es

mayores os honre y aproveche; y
cer de

que he pensado
las

ha-

mi hacienda
uno
lo
la otra
el cielo

cuatro partes

tres os

daré a vosal-

otros, á cada

que

le tocare, sin

exceder en cosa

guna, y con
los dias

me

quedaré yo para vivir y sustentarme

que

fuere servido de

darme de

vida; pero

»

PRIMERA PARTE. CAPÍTULO XXXIX.

I9I
la

querría que, después que cada uno tuviese en su poder
parte que
le

toca de su hacienda, siguiese

uno de

los ca-

minos que
parecer,

Hay un refrán en nuestra España, muy verdadero, como todos lo son, por ser
le diré.
:

á

mi

sen-

tencias breves, sacadas de la luenga y discreta experiencia;

y

el

que yo digo dice
dijera

Iglesia
:

,

ó mar, ó casa Real y

como

si

más claramente

«quien quisiere valer y
el

ser rico, ó

siga la Iglesia, ó navegue, ejercitando
cía, 6 entre á servir á los reyes

arte de la

mercan-

en sus casas», porque dicen:

Más

vale migaja de rey que merced de señor.
,

Digo

esto por-

que querría y
las letras, el

es

mi voluntad que uno de
,

vosotros siguiese
al

otro la mercancía, y

el

otro sirviese

Rey en

la

guerra, pues es dificultoso entrar á servir en su casa; que,
la

ya que
valor y

guerra no dé muchas riquezas, suele dar

mucho
como
mi

mucha
por
la

fama. Dentro de ocho dias os daré toda
,

vuestra parte en dineros
lo veréis

sin defraudaros

en un ardite

,

obra

:

decidme ahora

si

queréis seguir

parecer y consejo en lo que os he propuesto.

»Y mandándome

á

mí, por

ser el

mayor, que respondiela

se, después de haberle

dicho que no se deshiciese de

ha-

cienda, sino que gastase todo lo que fuese su voluntad, que
nosotros éramos

mozos para saber ganarla, vine

á concluir

en que cumplirla su gusto, y que el mió era seguir el ejercicio de las armas, sirviendo en él á Dios y á mi rey. El

segundo hermano hizo
el

los

mesmos

ofrecimientos, y escogió
la

irse

á las Indias, llevando

empleada

hacienda que
el

le

cupiese. El
dijo

menor, y,

á lo

que yo creo,
ó
irse á

más

discreto,

que queria seguir

la Iglesia,

acabar sus comen-

zados estudios á Salamanca. Así

como acabamos

de concorá

darnos V escoger nuestros ejercicios, mi padre nos abrazó

1^2

DON QUIJOTE DE LA MANCHA.

todos, y con la brevedad que dijo, puso por obra cuanto

nos habia prometido; y dando á cada uno su parte, que, a
lo

que

se

me

acuerda, fueron cada tres mil ducados en di-

neros (porque un nuestro tio

compró toda
saliese del

la

hacienda y

la

pagó de contado, porque no
en un
padre
;

tronco de

la casa),

mesmo

dia nos despedimos todos tres de nuestro

buen

y en aquel

mesmo pareciéndome
,

á

ser

inhuma-

nidad que
hice con

mi padre quedase
que de mis
tres

viejo

y con tan poca hacienda,
los dos

él

mil tomase

mil ducados;

porque á mí

me

bastaba

el resto

para acomodarme de lo que
,

habia menester un soldado. Mis dos hermanos

movidos de

mi ejemplo, cada uno le dio mil ducados, de modo que á mi padre le quedaron cuatro mil en dineros y más tres mil
,

que, á

lo

que parece,

valia la

hacienda que
ella

le

cupo, que

no quiso vender, sino quedarse con
fin,

en

raíces.

Digo, en
que he

que nos despedimos del y de aquel nuestro

tio

dicho, no sin

mucho
les

sentimiento y lágrimas de todos, en-

cargándonos que

hiciésemos saber, todas

las

veces que

hubiese comodidad para ello, de nuestros sucesos prósperos
ó adversos. Prometímosselo
su bendición,
Sevilla,
el
,

y abrazándonos y echándonos de Salamanca,
el

uno tomó

el viaje

otro de

nuevas que habia y yo el de Alicante, adonde tuve una nave ginovesa que cargaba allí lana para Genova.
»Este hará veinte y dos años que
dre; y en todos ellos, puesto
salí

de casa de

mi palo

que he

escrito algunas cartas,

no he sabido del
que en
mente.
á

ni de

mis hermanos nueva alguna; y

este discurso de

tiempo he pasado,

lo diré

breve-

Embarquéme en
fui

Alicante, llegué con próspero viaje
á

Genova,

desde

allí

Milán, donde

me acomodé

de
ir

armas y de algunas galas de soldado, de donde quise

á

,

PRIMERA PARTE. CAPÍTULO XXXIX.
asentar

I

93

mi

plaza

al

Piamonte; y estando ya de camino para
el

Alejandría de la Palla, tuve nuevas que

gran

Duque de
él, ser-

Alba pasaba
víle

á Flándes.

Mudé

propósito, fuíme con

en

las

jornadas que hizo, hálleme en la muerte de los

condes de

Eguemon

y de Hornos, alcancé á ser alférez de

un famoso capitán de Cíuadalajara, llamado Diego de Urbina, y á cabo de algún tiempo que llegué á Flándes, se

tuvo nuevas de

la liga

que

la

Santidad del Papa Pió Quinto,

de felice recordación, habia hecho con Venecia y con Es-

paña contra
aquel
isla

el

enemigo común que
,

es el

Turco

,

el

cual en

mesmo tiempo
:

habia ganado con su armada

la

famosa
vene-

de Chipre, que estaba debajo del dominio de
pérdida lamentable y desdichada.

los

cianos

«Súpose cierto que venia por general desta

liga el Sere-

nísimo don Juan de Austria, hermano natural de nuestro

buen rey don Felipe; divulgóse
guerra que se hacia, todo lo cual

el

grandísimo aparato de
incitó

me

y conmovió

el

ánimo y el deseo de verme en la jornada que se esperaba; y aunque tenia barruntos y casi premisas ciertas de que en la
primera ocasión que
lo quise dejar se ofreciese seria

promovido

á capitán

todo, y venirme,
suerte que
el

como me

vine, á Italia; y

quiso

mi buena
con
la

señor don Juan de Austria

acababa de llegar á Genova; que pasaba á Ñapóles á juntarse

armada de Venecia, como después
fin,

lo

hizo en

Mecina, Digo, en

que yo

me

hallé en aquella felicísima

jornada, ya hecho capitán de infantería, á cuyo honroso

cargo
tos;

me

subió

mi buena
desengañó
,

suerte

más que mis merecimienla cristiandad tan

y aquel dia, que fué para
él se el

dichoso,

porque en
las

mundo

del error en

que todas

naciones estaban

crevendo que

los turcos

eran invenci-

,

194
bles por la

DON QUIJOTE DE LA MANCHA.
mar; en aquel
dia, digo,

donde quedó

el

orgullo

y soberbia otomana quebrantada, entre tantos venturosos

como
que

allí

hubo (porque más ventura tuvieron
los

los cristianos

allí

murieron que
fui el
,

yo solo
esperar

que vivos y vencedores quedaron), desdichado; pues, en cambio de que pudiera

si

fuera en los

romanos

siglos

,

alguna naval corona

me

vi aquella

noche que siguió

á tan
;

famoso dia, con cadedesta suerte
:

nas á los pies y esposas á las

manos y fué
,

que

habiendo
sario,

el

Uchalí rey de Argel
,

atrevido y venturoso co-

embestido y rendido

la

capitana de Malta (que sólo
ella,

tres caballeros

quedaron vivos en

y estos mal heridos),

acudió

la

capitana de Juan Andrea á socorrella, en la cual
lo

yo iba con mi compañía; y haciendo
dose de
dos

que debia en oca-

sión semejante, salté en la galera contraria, la cual, desviánla

que

la

habia embestido, estorbó que mis solda-

me

siguiesen; y así,

me

hallé solo entre
tantos...

mis enemigos,
fin,

á quien

no pude

resistir,

por ser

en

me

rin-

dieron, lleno de heridas.
decir que
el

Y como

ya habréis, señores, oido

Uchalí

se salvó

con toda su escuadra, vine yo á
fui el triste entre tantos
;

quedar cautivo en su poder, y solo
alegres
,

y

el

cautivo entre tantos libres porque fueron quince
la

mil cristianos los que aquel dia alcanzaron
tad
,

deseada liber-

que todos venian

al

remo en
á

la

turquesca armada.
el

» Lleváronme á

Constantinopla, donde
la

Gran Turco Se-

lin

hizo general de

mar

mi amo, porque habia hecho
Hálleme
el

su deber en la batalla, habiendo llevado por muestra de su
valor
el

estandarte de la religión de Malta.
el

se-

gundo año, que fué
gando en
que
la

de setenta y dos, en Navarino, bo\'^i

capitana de los tres fanales.
el

y noté

la
la

ocasión

allí se

perdió de no coajer en

puerto toda

armada

,

PRIMERA PARTE. CAPÍTULO XXXIX.

I

95

turquesca; porque todos los levantes y jenízaros que en ella venian tuvieron por cierto que les habían de embestir dentro
del

puerto, y tenian á punto su ropa y pasamaques (que son sus zapatos), para huirse luego por tierra, sin es:
¡

mesmo

perar ser combatidos

tanto era

el

miedo que habian coordenó de otra ma-

brado á nuestra armada! Pero

el cielo lo

nera, no por culpa ni descuido del general que á los nuestros
regia, sino por los pecados de la cristiandad, y

porque quiere

y permite Dios que tengamos siempre verdugos que nos castiguen. En efeto, el Uchalí se recogió a Modon, que es

una

isla

que

está

junto á Navarino; y echando

la

gente en

tierra, fortificó la

boca del puerto, y estúvose quedo hasta

que

el

señor don Juan se volvió.

En

este viaje se

tomó

la

galera

que

se

llamaba

La

Presa, de quien era capitán un
la

hijo de aquel

famoso cosario Barba Roja. Tomóla

capi-

tana de Ñapóles, llamada

La

Loba, regida por aquel rayo
los

de

la

guerra , por

el

padre de

soldados , por aquel ventu-

roso y jamas vencido capitán,

don Alvaro de Bazán, Mar-

qués de Santa Cruz... y no quiero dejar de decir lo que sucedió en
la

presa de

La
así

Presa.

))Era tan cruel el hijo de

Barba Roja, y trataba tan mal
los

á sus cautivos

,

que

como

que venian
los

al

remo vieron

que

la galera

Loba

les iba

entrando y que

alcanzaba, sol-

taron todos á un tiempo los remos , y asieron de su capitán

que estaba sobre

el

están terol gritando

que bogasen

apriesa;

y pasándole de banco en banco, de popa á proa, le dieron tantos bocados, que á poco más que pasó del árbol, ya habia

pasado su ánima

al

infierno:

¡tal
el

era,

como he

dicho,

la

crueldad con que los trataba, y

odio que

ellos le tenian!

«Volvimos

a Constantinopla, y el

año siguiente, que fué

196
el

DON QUIJOTE DE LA MANCHA.
tres, se

de setenta y

supo en

ella

cómo

el

señor don Juan

habia ganado a Túnez, y quitado aquel reino á los turcos, y puesto en posesión del á Muley Hamet, cortando las esperanzas que de volver á reinar en
el él

tenia

Muley Hamida,
el

moro más

cruel y

más

valiente

que tuvo

mundo.

Sintió

mucho

esta pérdida el
los

Gran Turco; y usando de
,

la sagaci-

dad que todos
cianos, que

de su casa tienen hizo paz con
él

los
el
al

venesi-

mucho más que
Túnez habia

la

deseaban, y
la

año

guiente de setenta y cuatro acometió á

Goleta y

Fuerte
señor
sin

que junto

á

dejado medio levantado

el

don Juan. En todos

estos trances

andaba yo

al

remo,

esperanza de libertad alguna; á lo

menos no esperaba

tenerla

por rescate, porque tenia determinado de no escribir
vas de
»

las

nue-

mi

desgracia á

mi

padre.
el

Perdióse, en fin, la Goleta, perdióse

Fuerte, sobre

las

cuales plazas

hubo de

soldados turcos pagados setenta y
la Afi-ica,

cinco mil, y de moros y alárabes de toda

más

de cuatrocientos mil, acompañado este tan gran número de
gente, con tantas municiones y pertrechos de guerra, y con tantos gastadores, que con las manos y á puñados de tierra

pudieran cubrir

la

Goleta y

el

Fuerte. Perdióse primero la

Goleta, tenida hasta entonces por inexpugnable; y no se
perdió por culpa de sus defensores, los cuales hicieron en
su defensa todo aquello que debian y podian, sino porque la experiencia mostró la facilidad con que se podian levantar
trincheas en aquella desierta arena, donde á dos palmos se

hallaba agua, y los turcos no la hallaron á dos varas; y

así,

con muchos sacos de arena levantaron

las

trincheas tan altas,

que sobrepujaban
caballero,

las

murallas de la Fuerza, y tirándoles á
ni asistir á la defensa.

ninguno podia parar

PRIMERA PARTE. CAPÍTULO XXXIX.
«Fué común opinión que no
se

I

97
los

habian de encerrar

nuestros en la Goleta, sino esperar en

campaña

al

desem-

barcadero; y los que esto dicen, hablan de lejos y con poca experiencia de casos semejantes; porque si en la Goleta

y

en
tan

el

Fuerte apenas habia

siete

mil soldados ,

¿ cómo

podia

poco número, aunque más esforzados fuesen,
fuerzas contra tanto
es posible dejar
la

salir á la

campaña y quedar en las los enemigos! Y ¿cómo
que no
es socorrida,

como

era

el

de

de perderse fuerza

y más cuando

cercan enemigos,

mules

chos y porfiados, y en su
pareció, y así

mesma

tierra!

Pero á muchos

me

merced que

el

pareció á mí, que fué particular gracia y cielo hizo á España, el permitir que se aso-

lase aquella oficina

y capa de maldades

,

y aquella gomia ó
allí

esponja y polilla de la infinidad de dineros que

sin

pro-

vecho
la

se gastaban, sin servir de otra cosa

que de conservar

memoria de haberla ganado la feliz diestra del invictísimo Carlos V, como si fuera menester para hacerla eterna, como

y será, que aquellas piedras la sustentaran. Perdióse también el Fuerte; pero fuéronle ganando los turcos palmo
lo es

á palmo, porque los soldados que lo defendian pelearon tan valerosa y fuertemente,

enemigos

los

que pasaron de veinte y cinco mil que mataron en veinte y dos asaltos generales

que

les

dieron.

Ninguno cautivaron
:

sano, de trescientos que

quedaron vivos

señal cierta
se

y clara de su esfuerzo y valor,

y de

habian defendido y guardado sus plazas. Rindióse á partido un pequeño fuerte ó torre que estaba en

lo bien

que

mitad del Estaño, á cargo de don Juan Zanoguera, caballero
valenciano y famoso soldado. Cautivaron á don Pedro Puertocarrero, general de la Goleta,
sible
el

cual hizo cuanto fué poel

por defender su fuerza, y sintió tanto

haberla per-

,

198

DON QUIJOTE DE LA MANCHA.
el

dido, que, de pesar, murió en

camino de Constantinopla,

donde

le

llevaban cautivo. Cautivaron
,

ansimesmo
,

al

general

del Fuerte

que

se

llamaba Cabrio Cervellon

caballero

mi-

lanés, grande ingeniero
estas dos fuerzas

y valentísimo soldado. Murieron en
las

muchas personas de cuenta, de

cuales

fué una

Pagan de Oria,

caballero del hábito de San Juan,

de condición generoso,

como
el

lo

mostró

la

suma

liberalidad

que usó con su hermano

famoso Juan Andrea de Oria;

y lo que más hizo lastimosa su muerte fué haber muerto á manos de unos alárabes , de quien se fió viendo ya perdido
,

el

Fuerte, que se ofrecieron de llevarle en hábito de

moro

á

Tabarca

,

que

es

un portezuelo ó casa que en

aquellas ri-

beras tienen los ginoveses que se ejercitan en la pesquería
del coral; los cuales alárabes le cortaron la cabeza,

trujeron

al

general de la armada turquesca,
:

el

y se la cual cumplió
la traición

con

ellos

nuestro refrán castellano

que aunque

aplace y el traidor se aborrece; y así, se dice que

mandó

el

general ahorcar á los que le trujeron
se le

el

presente, porque no

hablan traido vivo.

» Entre los cristianos

que en

el

Fuerte se perdieron, fué
sé de

uno llamado don Pedro de Aguilar, natural no
lugar del Andalucía
,

qué

el

cual habia sido alférez en el Fuerte

soldado de

mucha

cuenta y de raro entendimiento; especial-

mente

tenia particular gracia en lo
le trujo á

que llaman
galera y á
antes

poesía.

Dí-

golo porque su suerte
á ser esclavo de

mi

mi banco, y

mi mesmo patrón; y
el

que nos partié-

semos de aquel puerto, hizo
nera de epitafios
,

este caballero dos sonetos á

ma;

uno á

la

Coleta y

el

otro

al

Fuerte
de

y

en verdad que los tengo de decir, porque
ria;

los sé

memo-

y creo que antes causarán gusto que pesadumbre.»

:

PRIMERA PARTE. CAPITULO XXXIX.

I

99

En
lar,

el

punto que

el

Cautivo nombró á don Pedro de Agui-

don Fernando miró á sus camaradas, y todos tres se sonrieron; y cuando llegó á decir de los sonetos, dijo el uno:
«Antes que vuestra merced pase adelante,
le

suplico

me

diga

qué

se

— Lo que

hizo ese don Pedro de Aguilar que ha dicho.
sé es,

respondió

el

Cautivo, que,

al

cabo de

dos años que estuvo en Constantinopla, se huyó, en traje de
arnaute, con un griego espía; y no sé
si

vino en libertad

(puesto que creo que

sí),

porque de
le

allí

á

un año

vi
el

yo

al

griego en Constantinopla, y no

pude preguntar

suceso

de aquel

viaje.

— Pues yo
Pedro
es

lo sé,

respondió
está

el

caballero;

porque ese don

mi hermano, y
y con

ahora en nuestro lugar, bueno

y rico, casado

tres hijos.
el

¡Gracias sean dadas á Dios, dijo
le

Cautivo, por tanla tierra,

tas

mercedes como

hizo! porque no hay en

con-

forme mi parecer, contento que
tad perdida.

se iguale á alcanzar la liber-

— Y más,
mi hermano
sabrá decir

replicó el caballero,

que yo

sé los sonetos

que

hizo.
dijo el

— Dígalos, pues, vuesa merced, mejor que — Que me respondió
yo.

Cautivo, que

los

place,

el

caballero; y el de la Goleta

decia

así

:

;

;

;

, ,

,

,

200

DON QUIJOTE DE LA MANCHA.

CAPITULO XL.
Donde
se

prosigue

la historia del

Cautivo.

Soneto.

Almas dichosas, que
Libres y exentas
,

del mortal velo

por

el

bien que obrastes

Desde la baja tierra os levantastes A lo más alto y lo mejor del cielo

Y
De

ardiendo en

ira

y en honroso celo,

los

cuerpos

la

fuerza ejercitastes,

Y

en propia y sangre ajena colorastes El mar vecino y arenoso suelo Primero que el valor faltó la vida

En los cansados brazos, que, muriendo. Con ser vencidos llevan la vitoria;

Y

esta vuestra mortal, triste caida.
el

Entre

muro y el hierro, os va adquiriendo Fama que el mundo os da, y el cielo gloria.
le sé

— Desa mesma manera — Pues Fuerte,
el del

yo, dijo

el

Cautivo.
el ca-

si

mal no

me

acuerdo, dijo

ballero

,

dice así
Soneto.

De

entre esta tierra estéril, desdichada,
el

Destos torreones por

suelo echados,

Las almas santas de tres mil soldados Subieron libres á mejor morada. Siendo primero en vano ejercitada

La

fuerza de sus brazos esforzados
al fin
,

Hasta que

Dieron

la

vida al

filo

de pocos y cansados de la espada.

Y

este es el suelo

que continuo ha

sido

De mil memorias lamentables lleno En los pasados siglos y presentes Mas no más justas, de su duro seno
Habrán Ni aun
al
él

claro cielo almas subido

sostuvo cuerpos tan valientes.

»

PRIMERA PARTE. CAPÍTULO

XL.

20I
se alegró

No
con

parecieron mal los sonetos, y

el

Cautivo
dieron
la
,

las

nuevas que de su camarada
dijo
:

le

y prosiel

guiendo su cuento,

«

Rendidos, pues,

Goleta y
la

Fuerte, los turcos dieron orden en desmantelar

Goleta;

porque
tierra;
la

el

Fuerte quedó

tal,

que no hubo qué poner por

y para hacerlo con más brevedad y menos trabajo, minaron por tres partes; pero con ninguna se pudo volar
las

lo

murallas viejas; y todo aquello que habia quedado en pié de la fortificación

que parecia menos fuerte, que eran

nueva que habia hecho
á tierra.

el

Fratin

,

con

mucha

facilidad vino

En

resolución

,

la

armada volvió á Constantinopla
allí

triunfante y vencedora, y de

á pocos meses

murió mi

amo
y
es

el

Uchalí,

al

cual llamaban Uchalí Fartax , que quiere

decir, en lengua turquesca, el'R.enegado tinoso ,

porque

lo era;

costumbre entre

los turcos

ponerse nombres de alguna

falta

que tengan ó de alguna virtud que en
porque no hay entre
ellos

esto es
linajes

haya; y sino cuatro apellidos de
ellos

que descienden de
dicho, toman

la

casa

otomana, y

los

demás,

como tengo

nombre y

apellido, ya de las ta-

chas del cuerpo, y ya de las virtudes del ánimo; y este tiíioso bogó el remo, siendo esclavo del Gran Señor, catorce
años, y á

más de

los treinta

y cuatro de su edad renegó, de
al

despecho de que un turco, estando

remo,

le

dio un bo-

fetón, y por poderse vengar dejó su fe; y fué tanto su valor,

que,

sin subir

por

los torpes

medios y caminos que
á ser rey de

los

más

privados del

Gran Turco suben, vino
la

después á ser general de

mar que
,

es el

Argel, y tercero cargo que

hay en aquel señorío. Era calabres de nación, y moralmente fué hombre de bien; trataba con mucha humanidad á sus
cautivos, que llegó á tener tres mil, los cuales después de
'4

202

DON QUIJOTE DE LA MANCHA.

SU muerte se repartieron,
entre
tos
el el

como

él lo

dejó en su testamento,

Gran Señor (que también
á la parte

es hijo
los

heredero de cuanhijos

mueren, y entra

con

demás

que deja

difunto) y entre sus renegados; y yo cupe á un renegado
le

veneciano, que, siendo grumete de una nave,

cautivó

el

Uchalí, y

le

quiso tanto, que fué uno de los
él

más regalados
que

garzones suyos, y

vino á ser

el

más

cruel renegado

jamas

se

ha

visto.

«Llamábase Azan Bajá, y llegó
rey de Argel, con
el

á ser

muy

rico

y á ser

cual yo vine de Constantinopla, algo

contento por estar tan cerca de España; no porque pensase escribir á nadie el
si

desdichado suceso mió, sino por ver
la suerte

me

era

más favorable

en Argel que en Constan-

tinopla,

donde ya habia probado mil maneras de huirme,

y ninguna tuvo sazón ni ventura; y pensaba en Argel buscar otros medios de alcanzar lo que tanto deseaba; porque
jamas

me

desamparó

la

esperanza de tener libertad; y cuan-

do, en lo que fabricaba, pensaba y ponia por obra, no correspondia el suceso á la intención luego sin abandonarme,
, ,

fingia

y buscaba otra esperanza que

me

sustentase

,

aunque
en

fuese débil y flaca.

Con

esto entretenia la vida, encerrado
los

una prisión ó casa, que

turcos llaman hano
,

,

donde en-

cierran los cautivos cristianos

así los

que son
del

del

Rey como
á la ciu;

de algunos particulares, y
es

los

que llaman

almacén, que

como

decir cautivos del concejo,
las

que sirven

dad en

obras públicas que hace y en otros oficios

y

estos tales cautivos tienen

muy

dificultosa su libertad; que,

como
ños,

son del

común

,

y no tienen

amo
le

particular

,

no hay

con quién

tratar su rescate,

aunque

tengan.

A

estos ba-

como tengo

dicho, suelen llevar á sus cautivos algunos

PRIMERA PARTE. CAPÍTULO
particulares del pueblo, principalmente

XL.

203
res-

cuando son de

cate, porque

allí

los tienen

holgados y seguros hasta que

venga.

También
al

los cautivos del

Rey, que son de rescate,
si

no salen

trabajo con la

demás chusma,

no

es

cuando

se tarda su rescate;

que entonces, por hacerles que escriban
les

por
los

él

con más ahinco,
es

hacen trabajar y
trabajo.

ir

por leña con

demás, que

un no pequeño
los

»Yo, pues, era uno de

de rescate; que,
dije

como

se

supo

que era capitán, puesto que

mi poca

posibilidad y falta

de hacienda, no aprovechó nada para que no

me

pusiesen

en

el

número de
ella;

los caballeros

y gente de

rescate.

Pusié-

ronme una cadena, más por
darme con
otros

señal de rescate
la

que por guar-

y

así,

pasaba

vida en aquel baño con

muchos

caballeros y gente principal, señalados y te-

nidos por de rescate; y aunque la

hambre y desnudez puninguna cosa
las

diera fatigarnos á veces, y aun casi siempre,

nos fatigaba tanto
tas ni oidas

como
el

oir

y ver á cada paso

jamas

vis-

crueldades que

mi amo usaba con

los cristianos.

Cada

dia ahorcaba

suyo, empalaba á éste, desorejaba á

aquél; y esto por tan poca ocasión y tan sin ella, que los
turcos conocian que lo hacia
ser

no más de por hacerlo, y por natural condición suya ser enemigo de todo el género
libró bien

humano. Sólo
tal

con

él

un soldado español llamado
,

de

Saavedra
la

(i), al cual,

con haber hecho cosas que

quedarán en

memoria de

aquellas gentes por
le

muchos

años,

y todas por alcanzar libertad, ¡amas

dio palo, ni se lo

mandó

dar, ni le dijo mala palabra; y por la

menor
ser

cosa de

muchas que hizo, temíamos todos que había de
(i)

empa-

El

mismo Cervantes.

204

DON QUIJOTE DE LA MANCHA.
más de una vez; y
dijera
si

lado, y así lo temió él
el

no fuera porque

tiempo no da lugar, yo
,

ahora algo de lo que este

soldado hizo

que fuera parte para entreteneros y admiraros
el

harto mejor que con
»

cuento de mi historia.
del

Digo

,

pues

,

que encima

patio de nuestra prisión
rico
los

caian las ventanas de la casa de
las

un moro
las

cuales,

como

de ordinario son

de

y principal, moros, más

eran agujeros que ventanas, y aun éstas se cubrian con celosías,

muy

espesas y apretadas. Acaeció, pues,

que un

dia,

estando en un terrado de nuestra prisión con otros tres

comdemás
y
vi

pañeros, haciendo pruebas de saltar con
tretener el tiempo, estando solos
cristianos

las

cadenas por enlos

(porque todos

habian salido á trabajar), alcé acaso

los ojos,

que por aquellas cerradas ventanillas, que he dicho, parecia una caña, y
ciera señas
al

remate della puesto un lienzo atado, y
casi

la

caña se estaba blandeando y moviéndose,

como
ello,

si

hi-

que llegásemos á tomarla. Miramos en

y uno
caña,

de

los

que conmigo estaban fué á ponerse debajo de
si la

la

por ver

soltaban ó lo qué hacian; pero así

alzaron la caña y la movieron á los dos lados,
ran no con la cabeza. Volvióse
bajar
el

como llegó, como si dije-

cristiano,

y tornáronla á

y hacer

los

mesmos movimientos que primero. Fué
,

otro de mis

compañeros

y sucedióle lo

mesmo que
que

al

pri-

mero. Finalmente, fué

el

tercero, y avínole lo

al pri-

mero y

al

segundo. Viendo yo esto, no quise dejar de probar

la suerte;

y

así

como

llegué á

ponerme debajo de

la

caña, la

dejaron caer, y dio á mis pies dentro del baño. Acudí luego
á desatar
el

lienzo

nian diez cianiis,
los

un nudo y dentro del veque son unas monedas de oro bajo que usan
,

en

el

cual vi

,

moros, que cada una vale diez

reales

de

los nuestros.

PRIMERA PARTE. CAPÍTULO
»Si

XL.

205

me

holgué con
el

el

hallazgo, no hay para qué decirlo;

pues fué tanto

contento

como

la
,

admiración de pensar de
á

dónde podia venirnos aquel bien especialmente
las

mí pues
;

muestras de no haber querido soltar

la

caña sino á mí,

claro decian

que á mí

se hacia la

merced.

Tomé

y besé
la

el di-

nero, quebré la caña, volvíme

al terradillo,

miré

ventana,
la

y

vi

que por

ella salia

una

muy

blanca

mano, que

abrían

y cerraban muy apriesa. Con esto entendimos 6 imaginamos que alguna mujer, que en aquella casa vivia, nos debia de
haber hecho aquel beneficio; y en señal de que
beza, doblando
lo

agradela

cíamos, hicimos zalemas á uso de moros, inclinando

cael

pecho.

De

allí

cuerpo y poniendo á poco sacaron por la
el

los

brazos sobre

mesma

ventana una

pequeña cruz hecha de cañas, y luego la volvieron á entrar. Esta señal nos confirmó en que alguna cristiana debia de
estar cautiva

en aquella casa, y era
la

la

que

el

bien nos hacia;
ella

pero

la

desnudez de

mano, y

las ajorcas

que en

vimos,

nos deshizo este pensamiento, puesto que imaginamos que
debia de ser cristiana renegada, á quien de ordinario suelen

tomar por legítimas mujeres
nen á ventura, porque
ción.
las

mesmos amos, y aun lo tieestiman en más que las de su nasus

En

todos nuestros discursos dimos
así,

muy

lejos

de

la verallí

dad del caso; y
habia aparecido

todo nuestro entretenimiento desde

adelante era mirar y tener por norte á la ventana donde nos
la estrella la

de

la
,

caña; pero bien se pasaron
la

quince dias en que no
señal alguna; y

vimos ni
este

mano tampoco
si

,

ni otra

aunque en

tiempo procuramos con toda
habia en
ella

solicitud saber quién en aquella casa vivia, y

alguna cristiana renegada, jamas hubo quien nos dijese otra
cosa sino que
allí

vivia

un moro principal y rico, llamado

,

2o6 Agimorato
,

DON QUIJOTE DE LA MANCHA.
alcaide

que habia sido de
calidad;
allí

la

Pata que
,

es oficio

entre ellos de

mucha

mas cuando más descuidados
con
el

estábamos de que por

hablan de llover más cianiis, vi-

mos
otro

á deshora parecer la caña y otro lienzo en ella,

nudo más crecido; y

esto fué á

tiempo que estaba

baño,
»

como

la
la

vez pasada, solo y sin gente.

Hicimos

acostumbrada prueba, yendo cada uno, prilos

mero que yo, de
conmigo; pero
á

mismos
se

ninguno
la

que estuvieron y estaban rindió la caña sino á mí; portres
el

que en llegando yo,

dejaron caer. Desaté

nudo, y hallé

cuarenta escudos de oro españoles y un papel escrito en arábigo, y
cruz,
al

cabo de
los

lo escrito

hecha una grande cruz. Besé
al

la

tomé

escudos, volvíme

terrado, hicimos todos
,

nuestras zalemas , tornó á parecer la
leería el papel,

fusos y alegres
otros

mano hice señas que cerraron la ventana. Quedamos todos concon lo sucedido; y como ninguno de nosel

no entendía

arábigo , era grande

el

deseo que te-

níamos de entender
dificultad de buscar

lo

que

el

papel contenia, y

mayor

la

quién

lo leyese.

En

fin,

yo

me

deter-

miné de fiarme de un renegado,

natural de Murcia, que se

habia dado por grande amigo mió, y puesto prendas entre los dos que le obligaban á guardar el secreto que le encar,

gase; porque suelen algunos renegados,

cuando tienen in-

tención de volverse á tierra de cristianos, traer consigo al-

gunas firmas de cautivos principales, en que dan

fe,

en

la

forma que pueden cómo
,

el tal

renegado

es
,

hombre de

bien

y que siempre ha hecho bien á cristianos y que lleva deseo de huirse en la primera ocasión que se le ofrezca. Algunos

hay que procuran

estas fees

con buena intención; otros

se

sirven dellas usando de industria; porque, viniendo á robar

:

,,

PRIMERA PARTE. CAPÍTULO
á tierra de cristianos
,

XL.

207

si

á dicha se pierden ó los cautivan
el

sacan sus firmas y dicen que por aquellos papeles se verá
propósito con que venian,
el

cual era de quedarse en tierra

de cristianos, y que por eso venian en corso con los demás turcos. Con esto se escapan de aquel primer ímpetu, y se
reconcilian con
la Iglesia sin

que

se les

ven

la

suya, se vuelven á Berbería á

haga daño y cuando ser lo que antes eran.
;

Otros hay que usan destos papeles y
intento
,

los

procuran con buen
los

y

se

quedan en

tierra

de cristianos. Pues uno de
el

renegados que he dicho era este amigo,

cual tenia firmas

de todas nuestras camaradas donde
,

le

acreditábamos cuanto
,

era posible

;

y

si

los

moros

le

hallaran estos papeles

le

que-

maran

vivo.

«Supe que sabia
blarlo
,

muy
;

bien

el

arábigo, y no solamente ha-

sino escribirlo

pero antes que del todo
leyese aquel papel,

me

declarase

con

él, le dije

que

me

que acaso

me

ha-

bia hallado en un agujero de

un buen espacio

mi rancho. Abrióle, y estuvo mirándole y construyéndole, murmurando
si

entre los dientes. Pregúntele

lo entendía;

díjome que

muv

bien

,

y que
le

si

quería que

me

lo declarase palabra

por pala-

bra, que

diese tinta
lo

Dímosle luego

y pluma, porque mejor lo hiciese. que pedia, y él poco á poco lo fué tradu:

ciendo, y en acabando, dijo

((Todo

lo

que va aquí en roeste papel

mance
decir

,

sin faltar letra

,

es lo

que contiene
:

morisquiere

co, y base de advertir que adonde dice
:

hela
»

Mar ten,
el

Nuestra Señora
así

,

la

Virgen María.

Leímos

papel

y decía

«Cuando yo
oen

era niíía, tenia

mi padre una

esclava, la cual
,

mi lengua

me

mostró

la zalá cristianesca

y

me

dijo

«muchas

cosas de Lela Marien.

La

cristiana

murió, v vo

;

2o8
que no fué
dos veces, y

DON QUIJOTE DE LA MANCHA.
al

fuego, sino con Alá, porque después
dijo
,

la vi

me

que

ver á Lela Marien

que

me fuese á tierra de me queria mucho. No
he
visto
tú.

cristianos á

yo cómo

vaya

:

muchos

cristianos

por esta ventana, y nin-

guno

me
:

ha parecido caballero sino
,

Yo

soy

muy
,

her-

mosa y muchacha y tengo muchos dineros que llevar conmigo mira tú si puedes hacer cómo nos vamos y serás
allá

mi marido,

si

quisieres;

y

si

no

quisieres,

no

se

me
de

dará nada; que Lela Marien

me

dará con quién

me

case.

Yo

escribo esto; mira á quién lo das á leer; no te

fies

ningún moro, porque son todos marfuces. Desto tengo

mucha
porque, y

pena; que quisiera que no
si

te descubrieras á nadie,

mi padre
si

lo sabe,

me
la

echará luego en un pozo

me

cubrirá de piedras.
respuesta; y
;

En

caña pondré un hilo

:

ata

allí la

no

tienes quién te escriba arábigo, díte entienda. Ella

melo por señas que Lela Marien hará que
y Alá
te

guarden
lo

,

y

esa cruz

,

que yo beso muchas veces

que
»

así

me
,

mandó
,

la cautiva. »

Mirad señores

si

era razón que las razones deste papel
;

nos admirasen y alegrasen
nera, que
el

uno y lo otro fué de maRenegado entendió que no acaso se habia hay
así lo

llado aquel papel, sino
se

que realmente á alguno de nosotros
nos rogó que ,
si

habia escrito

;

y

así

,

era verdad lo que
él

sospechaba, que nos fiásemos del y se lo dijésemos; que
aventurarla su vida por nuestra libertad.

Y

diciendo esto,

sacó del pecho un crucifijo de metal , y con

muchas lágrimas
creia

juró por
él
,

el

Dios que aquella imagen representaba, en quien
,
,

aunque pecador y malo bien y fielmente
porque

de guar-

darnos lealtad y secreto en todo cuanto quisiésemos descubrirle,
le

parecía y casi adevinaba que por

medio de

:

PRIMERA PARTE. CAPÍTULO
aquella que aquel papel habla escrito
,

XL.
él

209
y todos nos-

habia

otros de tener libertad, y verse él en lo

que tanto deseaba,

que era reducirse
de quien,

al

gremio de

la

Santa Iglesia, su madre,

como miembro

podrido, estaba dividido y apar-

tado por su ignorancia y pecado. »Con tantas lágrimas y con muestras de tanto arrepenti-

miento

dijo esto el

Renegado, que todos de un mesmo padeclararle la verdad del
sin encubrirle nada.
la

recer consentimos y veniínos en
caso; y así, le

dimos cuenta de todo,
la ventanilla

Mostrámosle

por donde parecía

caña y
,

él

y quedó de tener especial y gran cuidado de informarse quién en ella vivia. Acordamos ansi-

marcó desde

allí la

casa,

mesmo que seria bien responder al billete de la mora; y como teníamos quien lo supiese hacer, luego al momento
el

Renegado

escribió las razones
las

que yo

le fui

notando, que
los

puntualmente fueron
tos sustanciales

que

diré,

porque de todos
acontecieron
se
,

pun-

que en
la

este suceso
,

me
aun

ninguno

se

me

ha ido de

memoria
,

ni

me

irá

en tanto que

tuviere vida.
esto
«

En

efeto

lo

que

á la

mora

se le

respondió fué

El verdadero Alá

te
la

guarde, señora mia, y aquella benverdadera

»dita

Marien, que
te

es

Madre de Dios, y
te

es la

»que

ha puesto en
porque
te

el

corazón que

vayas á tierra de

«cristianos,

quiere bien. Ruégale tú que se sirva

»de darte á entender

cómo

podrás poner por obra lo que te

«manda; que
«de
la

ella es tan

buena, que

hará.

De mi

parte, y

de todos estos cristianos que están conmigo, te ofrezco

»de hacer por

todo lo que pudiéremos, hasta morir.

No

«dejes de escribirme y avisarme lo

que pensares hacer; que
grande Alá nos ha dado

«yo

te

responderé siempre; que

el

210
»un
))tan
» »

DON QUIJOTE DE LA MANCHA,
cristiano cautivo

que sabe hablar y
por este papel
:

escribir tu
así

lengua

bien,

como
si

lo verás

que, sin tener

miedo, nos puedes
dices,

avisar de todo lo

que

quisieres.

A lo que
ser

que

fueres á tierra de cristianos,
te lo

que has de

»mi mujer, yo
»que
»

prometo como buen
lo

cristiano; y sabe
los

los cristianos

cumplen

que prometen, mejor que

moros. Alá y Marien, su Madre, sean en tu guarda, señora mia.
» »
,

»

Escrito y cerrado este papel

aguardé dos dias á que esy luego
si

tuviese el

baño

solo

,

como

solia ;

salí al

paseo acos-

tumbrado
tardó

del terradillo, por ver

la

caña parecía, que no

mucho

en asomar. Así
el

como
papel,

la vi,

aunque no podia
á entender

ver quién la ponia, mostré

como dando

que pusiesen

el

hilo; pero ya venia puesto en la caña, al
allí

cual até el papel, y de
estrella

á

poco tornó á parecer nuestra

con

la

blanca bandera de paz del atadillo. Dejáronla

caer, y álcela, y hallé en el paño, en toda suerte de

mocua-

neda de plata y de oro, más de cincuenta escudos,
les

los

cincuenta veces más doblaron nuestro contento, y conla

firmaron

esperanza de tener libertad.
,

Aquella misma

noche volvió nuestro Renegado

y nos dijo que habia sabido
á nosotros
,

que en aquella casa vivia
nos hablan dicho
,

el

mesmo moro que

que
el

se

llamaba Agimorato

riquísimo

por todo extremo,

cual tenia una sola hija, heredera de

toda su hacienda, y que era

común
la

opinión en toda
Berbería, y que

la ciu-

dad
de

ser la

más hermosa mujer de
que
se
allí

muchos

los vireyes
ella

venian la hablan pedido por mujer, y

que

habia querido casar, y que también supo que tuvo una cristiana cautiva que ya se habia muerto todo

nunca

,

:

lo cual

concertaba con lo que venia en

el

papel.

Entramos

;

PRIMERA PARTE. CAPÍTULO
luego en consejo con
para sacar á
la
el

XL.

211
se tendría

Renegado en qué orden

mora y venirnos
así se

todos á tierra de cristianos
al

y en

fin

,

se

acordó por entonces que esperásemos
,

aviso

segundo de Zoraida que

llamaba

la

que ahora quiere

llamarse María; porque bien vimos que ella, y no otra al-

guna

,

era la que habia de dar remedio á todas aquellas difi-

cultades.

Después que quedamos en
él

esto, dijo el
la

Renegado

que no tuviésemos pena; que
dría en libertad.

perdería

vida, ó nos pon-

Cuatro

días estuvo el

baño con gente, que
al

fué ocasión que cuatro días tardase en parecer la caña,

cabo de

los cuales,
el

en

la

acostumbrada soledad del baño,

pareció con

lienzo, tan preñado,

que un felicísimo parto
lienzo, hallé en él otro

prometía. Inclinóse á

la

caña y

el

papel y cíen escudos de oro, sin otra
allí el

moneda

alguna. Estaba

Renegado, dímosle
el

á leer el papel dentro de nuestro

rancho,

cual dijo que así decía:
sé,

«Yo no
))

señor,

cómo

dar orden que nos
lo

vamos

á

España,

ni Lela

Marien

me

ha dicho, aunque yo
es,

se lo

»he preguntado. Lo que
))por esta

se

podrá hacer

que yo os daré
:

ventana muchísimos dineros de oro

rescataos vos

»con

ellos,

y vuestros amigos, y vaya uno en tierra de crisallá

tianos, y

compre

una barca

,

y vuelva por

los

demás, y
está á la

ȇ

mí me

hallará en el jardín de
la

mi padre, que

«puerta de Babazon, junto á
»tar todo este verano
«allí,

marina, donde tengo de es-

con mí padre y con mis criados; de

de noche

me

podréis sacar sin miedo, y llevarme á la
ser

«barca.

Y

mira que has de

mí marido, porque
fias

no, yo

«pediré á Marien que te castigue. Si no te

de nadie que

«vaya por

la

barca, rescátate tú y vé; que yo sé que volverás
eres caballero y cristiano.

«mejor que otro, pues

Procura

,

212
«saber
el

DON QUIJOTE DE LA MANCHA.
jardín; y
te

cuando
daré

te pasees

por ahí, sabré que está

»solo el
))ñor
»

baño, y

mucho
el

dinero. Alá te guarde, se-

mió.»

Esto decia y contenia

segundo papel
querer ser
el

,

lo cual visto

por

todos, cada

uno

se ofreció á

rescatado, y pro-

metió de

me

y volver con toda puntualidad, y también yo ofrecí á lo mismo á todo lo cual se opuso el Renegado
ir
;

diciendo que en ninguna manera consentiría que ninguno
saliese

en libertad, hasta que fuesen todos juntos; porque

la

experiencia le habia mostrado cuan mal cumplían los libres
las

palabras que daban en

el

cautiverio; porque

muchas ve-

ces habían usado de aquel
tivos
,

remedio algunos principales cau-

rescatando á uno que fuese á Valencia ó Mallorca con
le

dineros para poder armar una barca y volver por los que

habían rescatado
alcanzada, y
el

,

y nunca habían vuelto

;

porque

la libertad

temor de no volver

á perderla, les borraba

de

la

memoria
la

todas las obligaciones del

mundo.

Y

en con-

firmación de

verdad que nos decía, nos contó brevemente

un

caso,

que

casi

en aquella
el

mesma

sazón habia acaecido á

unos caballeros cristianos,

más extraño que jamas sucedió

en aquellas partes, donde á cada paso suceden cosas de

grande espanto y de admiración.

En

efecto, él vino á decir
,

que

lo

que

se

podía y debía hacer era
al

que
que

el

dinero que se

habia de dar para rescatar
para comprar
cerse
allí

cristiano,
,

se le diese á él

en Argel una barca

con achaque de ha,

mercader y tratante en Tetuan y en aquella costa
él

y

que siendo

señor de la barca

,

fácilmente se daría traza
:

para sacarnos del baño y embarcarnos á todos

cuanto más,

que

la

mora como
,

ella

decía

,

daba dineros para rescatar-

nos á todos, que estando libres, era facilísima cosa aun

em-

,

PRIMERA PARTE. CAPÍTULO

XL.

21 3

barcarse en la mitad del dia; y que la dificultad que se ofrecia

mayor

era,

que

los

moros no consienten que renegado
si

alguno compre ni tenga barca,
en corso, porque se temen que

no

es bajel

grande para

ir

el

que compra barca, prinirse á tierra

cipalmente

si

es español

,

no

la

quiere sino para
este

de cristianos; pero que
hacer que un

él facilitarla

inconveniente con
él

moro

tagarino fuese á la parte con
las

en

la

compra de
con
esta

la

barca y en la ganancia de
él

sombra

vendría á ser señor de
lo

la

mercancías; y barca, con que

daba por acabado todo

demás.

Y puesto que á mí
lo

y á mis
la

camaradas nos habia parecido mejor
á

de enviar por

barca

Mallorca

,

como
si

la

mora

decia
lo

,

no osamos contradecirle
él

temerosos que

no hacíamos

que

decia, nos habia de

descubrir y poner á peligro de perder las vidas, si descubriese el trato de Zoraida, por cuya vida diéramos todos las nuestras;

y

así,

determinamos de ponernos en

las

manos de Dios

y en

las del

pondió á

Renegado; y en aquel mismo punto se le resZoraida, diciéndole que haríamos todo cuanto nos

aconsejaba, porque lo habia advertido tan bien

como

si

Lela

y que en ella sola estaba aquel negocio ó ponello luego por obra.

Marien

se lo

hubiera dicho

,

dilatar

«Ofrecíle de nuevo de ser su esposo; y con esto, otro dia

que acaeció
y
el

estar solo el

baño, en diversas veces con
,

la

caña

paño nos dio dos mil escudos de oro y un papel donde
el

decia que

primer Juma

,

que

es el viernes, se iba al jardin

de su padre, y que antes que se fuese, nos daria más dinero; lo avisásemos; que nos y que si aquello no bastase, que se
daria cuanto le pidiésemos;

que su padre tenia tanto, que
ella tenia las llaves

no

lo echarla

menos: cuanto más, que

de todo.

214
»

DON QUIJOTE DE LA MANCHA.

Dimos luego

quinientos escudos

al

Renegado para comdando
el di-

prar la barca; con ochocientos

me
,

rescaté yo,
la

nero á un mercader valenciano que á

sazón se hallaba en
sobre su pa-

Argel

,

el

cual

me
mi

rescató del
el

Rey tomándome
primer
si

labra, dándola de

que con
rescate;
al

bajel

que viniese de Vael

lencia pagaria

porque

luego diera

dinero,

fuera dar sospechas

Rey que habia muchos
que
el

dias

que mi

rescate estaba en Argel, y
jerias, lo

mercader, por sus gran-

habia callado. Finalmente, mi

amo

era tan cavise desla

loso

,

que en ninguna manera
el

me
ir al

atreví á

que luego

embolsase

dinero.
se

El jueves, antes del viernes que
jardin
,

hermosa Zoraida

habia de

nos dio otros mil
si

escudos, y nos avisó de su partida,

rogándome que

me

rescatase, supiese luego el jardin de su padre,

caso buscase ocasión de

ir allá

y

verla.

y que en todo Respondíle en breves

palabras que así lo haria, y que tuviese cuidado de enco-

mendarnos á Lela Marien con todas aquellas oraciones que
la

cautiva le habia enseñado.

Hecho

esto
,

,

dióse orden en

que

los tres

compañeros mios

se rescatasen

por

facilitar la salida

y porque, viéndome á mí rescatado y á ellos no, pues habia dinero, no se alborotasen, y les persuadiese el
del baño,

diablo que hiciesen alguna cosa en perjuicio

de Zoraida;

que, puesto que

el ser ellos

quien eran

me

podia asegurar

deste temor, con todo eso, no quise poner el negocio en

aventura; y

así, los

hice rescatar por la

misma orden que yo
mercader, para que

me

rescaté, entregando todo el dinero

al

con certeza y seguridad pudiese hacer

la fianza; al cual
el

nunca

descubrimos nuestro trato y secreto, por
habia.

peligro que

,

PRIMERA PARTE. CAPTrULO

XLI.

21 5

CAPITULO
Donde
todavía prosigue
el

XLI.

Cautivo su suceso.

»No
tenia

se

pasaron quince dias, cuando ya nuestro Renegado

comprada una

muy buena

barca, capaz de

más de

treinta personas;

hacer,

como

y para asegurar su hecho y dalle color, quiso hizo, un viaje á un lugar que se llama Sargel,
Argel
,

que
el

está veinte leguas de

hacia la parte de

Oran

,

en
tres

cual hay

mucha

contratación de higos pasos.

Dos ó

veces hizo este viaje en

compañía

del tagarino

que habia

di-

cho. Tagarinos llaman en Berbería á los moros de

Aragón

y á

los

de Granada mudejares; y en

el

reino de

Fez llaman

á los

mudejares

elches, los cuales son la

gente de quien aquel

Rey más

se sirve

en

la

guerra. Digo, pues, que cada vez
caleta

que pasaba con su barca, daba fondo en una

que

es-

taba no dos tiros de ballesta del jardin donde Zoraida esperaba; y
allí,

muy

de propósito, se ponia
el

el

Renegado con
,

los

morillos que bogaban

remo 6 ya
,

á hacer la zalá
;

ó ya á
así se

ensayarse de burlas á lo que pensaba hacer de veras y
iba
al

jardin de Zoraida y pedia fruta, y su padre se la

daba

sin conocelle.
él

Y

aunque

él

quisiera hablar á Zoraida,
él

como

después
la

me

dijo,

y decille que

era

el

que, por orden

mia,

habia de llevar á tierra de cristianos, que estuviese
le

contenta y segura, nunca

fué posible, porque
ni turco,
si

las

moras

no

se dejan ver

de ningún
se lo

moro

no

es

que su

marido ó su padre

manden; de

cristianos cautivos se
seria razo-

dejan tratar y comunicar aun
nable; y á

más de aquello que
él la

mí me hubiera pesado que
la

hubiera hablado;

que quizá

alborotara, viendo

que su negocio andaba en

,

2l6

DON QUIJOTE DE LA MANCHA.
lo

boca de renegados. Pero Dios, que
nera, no dio lugar
al

ordenaba de otra mate-

buen deseo que nuestro Renegado

nia, el cual, viendo

cuan seguramente iba y venia á Sargel,

y que daba fondo cuándo y
tagarino su

cómo y adonde

quería, y que
lo

el

compañero no
,

tenia

más voluntad de
,

que

la

suya ordenaba

y que yo estaba ya rescatado y que sólo faltaba buscar algunos cristianos que bogasen el remo, me dijo

que mirase yo cuáles queria
catados
,

traer

conmigo, fuera de

los res-

y que los tuviese hablados para el primer viernes donde tenia determinado que fuese nuestra partida. Viendo
esto, hablé á

doce españoles, todos valientes hombres de

remo, y de aquellos que más libremente podian salir de la ciudad; y no fué poco hallar tantos en aquella coyuntura,
porque estaban veinte
toda
su
la

bajeles en corso
,

y

se

habian llevado
si

gente de remo
se

y éstos no

se hallaran

no fuera que

amo

quedó aquel verano,

sin ir

en corso, á acabar una

galeota que tenia en astillero; á los cuales no les dije otra

cosa sino que

el

primer viernes en

la tarde se saliesen

uno

á

uno disimuladamente, y se fuesen la vuelta del jardin de Agimorato, y que allí me aguardasen hasta que yo fuese.

»A
que
les

cada uno di este aviso de por

sí,

con orden que aun-

allí

viesen otros cristianos, no les dijesen sino que yo

habia

mandado
la

esperar en aquel lugar.

Hecha
que más

esta dili-

gencia,

me

faltaba hacer otra,

que era

la

me

con-

venia, y era
los

de avisar á Zoraida en

el

punto que estaban

negocios, para que estuviese apercebida y sobre aviso,
se sobresaltase
ella
si

que no
del

de improviso

la

asaltásemos antes

tiempo que

podia imaginar que
así,

la
ir

barca de cristiajardin y ver
si

nos podia volver; v

determiné de

al

podria hablarla; y con ocasión de coger algunas yerbas, un

PRIMERA PARTE. CAPÍTULO
dia antes de

XLl.

217

mi

partida fui allá, y la primera persona con
el

quien encontré fué con su padre,

cual

me

dijo...

en len-

gua que en toda

la

Berbería y aun en Constantinopla se
es

habla entre cautivos y moros, que ni
llana ni de otra nación alguna, sino

morisca ni castelas

una mezcla de todas

lenguas, con la cual todos nos entendemos... digo, pues, que

en esta manera de lenguaje

me

preguntó que qué buscaba

en aquel su jardin, y de quién

era.

»Respondíle que era esclavo de Arnaute

Mamí

(y esto

porque sabia yo por
,

muy

cierto

que era un grandísimo

amigo suyo) y que buscaba de
salada.

todas yerbas para hacer en-

«Preguntóme, por
cate ó no, y

el

consiguiente,

si

era

hombre de
salió

res-

que cuánto pedia mi amo por mí.
estas

«Estando en todas

preguntas y respuestas

de

la

casa del jardin la bella Zoraida, la cual ya habia

mucho

que

me

habia visto; y

como

las

moras en ninguna manera
los cristianos,

hacen melindre de mostrarse á
dicho, ni
los

como ya he
no
se le dio

moros tampoco

se lo estorban,

nada de venir adonde su padre conmigo estaba; y aun luego, cuando su padre vio que venia y de espacio, la llamó y mandó que llegase.
»

Demasiada cosa

seria decir
el

yo agora

la

mucha hermomi

sura, la gentileza,

gallardo y rico adorno con que

querida Zoraida se mostró á mis ojos; sólo diré que más
perlas pendian de su

hermosísimo cuello,
la

orejas

y cabellos,

que cabellos tenia en

cabeza.

En

las

gargantas de los pies,

que descubiertas
así se

á su usanza traia, traia dos carcajes (que

manillas ó ajorcas de los pies en morisco) de purísimo oro, con tantos diamantes engastados, que ella
las

llaman

21 8

DON QUIJOTE DE LA MANCHA.
dijo después
,

me
blas

que su padre
en
las

los

estimaba en diez mil dolas

y

las

que

traia

muñecas de

manos

valian otro

tanto.

Las perlas eran en gran cantidad y

muy

buenas, por-

que

la

mayor
y

gala y bizarría de las moras es adornarse de
aljófar;

ricas perlas

y

así,
las

hay más

perlas y aljófar entre

moros que entre todas
Zoraida tenia

demás naciones; y el padre de fama de tener muchas y de las mejores que
de todo lo cual era señora ésta que ahora

en Argel habia, y de tener asimismo más de docientos mil
escudos españoles
lo es
,

mia. Si con todo este adorno podia venir entonces
las

hermosa ó no, por

reliquias

que

le

han quedado en

tantos trabajos se podrá conjeturar cuál debia de ser en
las

prosperidades; porque ya se sabe que la hermosura de

algunas mujeres tiene dias y sazones, y requiere accidentes
las

para disminuirse ó acrecentarse; y es natural cosa que
pasiones del

ánimo

la

levanten ó bajen
fin,

,

puesto que

las

más veces

la destruyen.

Digo, en

que entonces llegó en

todo extremo aderezada y en todo extremo hermosa, ó á lo

menos

á

mí me

pareció serlo la

más que

hasta entonces ha-

bia visto; y con esto, viendo las obligaciones en

que

me

habia puesto,
,

me

parecía que tenia delante de
la tierra

dad del cielo venida á
medio.
»

mí una deipara mi gusto y para mi repadre en su lengua

Así

como

ella llegó, le dijo su

cómo

yo era cautivo de su amigo Arnaute
buscar ensalada.
»

Mamí,

y que venia á

Ella

tomó

la

mano y
,

en aquella mezcla de lenguas que
si

tengo dicho,

me

preguntó

era caballero, y

qué era

la

causa

que no

me

rescataba.
el

))Yo le respondí que va estaba rescatado, y que en

pre-

»

PRIMERA PARTE. CAPÍTULO
cío podía echar de ver en lo

XLI.
,

210

que mí amo

me

estimaba pues

había dado por
respondió
:

mí mil y

quinientos zoltanís; á lo cual ella
si

«En

verdad que

tú fueras de

mi padre, que
,

yo hiciera que no

te diera él

por otros dos tantos

porque

vosotros, cristianos, siempre mentís en cuanto decís, y os hacéis pobres por engañar á los moros.
»

— Bien podría
la

ser eso, señora, le respondí;
,

mas en
y

ver-

he tratado con mi amo y con cuantas personas hay en el mundo.
»

dad que yo

la trato

la trataré

»

— Y ¿cuándo — Mañana,
— ¿No
es

te

vas? dijo Zoraida.

creo yo, dije, porque está aquí un bajel
se

de Francia, que
en
él.

hace mañana á

la

vela, y pienso

irme

»

mejor, replicó Zoraida, esperar á que vengan
irte

bajeles
cia,
»

de España, y

con

ellos,

que no con

los

de Fran-

que no son vuestros amigos?»

— No, respondí

yo; aunque

si,

como hay nuevas que
le

viene ya un bajel de España, es verdad, todavía yo
daré; puesto que es
el

aguar-

más

cierto el partirme

mañana, porque
las

deseo que tengo de verme en
es tanto,

mi

tierra

y con

personas

que bien quiero,

que no

me

dejará esperar otra
sea.

comodidad,
»

si

se tarda,

por mejor que

— Debes de

ser sin

duda casado en
ir

tu tierra, dijo

Zo-

raida, y por eso deseas
»

á verte

labra
»

— No de casarme en — Y hermosa
¿es

con tu mujer.

soy, respondí yo, casado;

mas tengo dada

la

pa-

llegando
la

allá.

dama

á quien se la diste? dijo

Zo-

raida.
»

— Tan hermosa
la

es,
se

respondí yo, que para encarecella

y decirte

verdad

,

parece á

mucho.

220
»Desto
cristiano,
hija,

DON QUIJOTE DE LA MANCHA.
se riyó

muy

de veras su padre, y dijo
ser

:

«Guala,

que debe de
es la

muy hermosa

si

se parece á
si

mi

que

más hermosa de todo
te

este reino;

no, mí-

rala bien,

y verás cómo

digo verdad.» Servíanos de in-

térprete á las

más

destas palabras y razones el padre de

Zoraida,
tarda

como más ladino; que, aunque ella hablaba la baslengua que como he dicho allí se usa más declaraba
, ,
,

su intención por señas que por palabras. Estando en estas

y otras muchas razones, llegó un moro corriendo, y dijo á
grandes voces que por
las

bardas ó paredes del jardin habian
la fruta,

saltado cuatro turcos, y

andaban cogiendo
el

aunque
hizo
los
los

no estaba madura. Sobresaltóse
Zoraida, porque es

viejo,

y

lo

mesmo

común y
,

casi natural el

miedo que

moros

á los turcos tienen

especialmente á los soldados ,

cuales son tan insolentes y tienen tanto imperio sobre los

moros que á

ellos están sujetos,

que

los tratan

peor que

si

fuesen esclavos suyos.

»Digo, pues, que

dijo su

padre á Zoraida

:

«

Hija, retírate

á la casa y enciérrate, en tanto

que yo voy

á hablar á estos

canes; y tú, cristiano, busca tus yerbas y vete en

buen hora,

y llévete Alá con bien á tu

tierra.

»Yo me incliné, y él se fué á buscar los turcos, dejándome solo con Zoraida, que comenzó á dar muestras de
irse

donde su padre

le

habia mandado; pero apenas

él

se

encubrió con

los árboles del jardin,

cuando

ella,

volvién:

dose á mí, llenos los ojos de lágrimas,

me
:

dijo

«

¿

Ta-

mexí, cristiano, tamexi? » que quiere decir

¿Vaste, cristia-

no, vaste?

»Yo

la

respondí
:

:

«Señora,

sí;

pero no en ninguna

ma-

nera sin

el

primer juma

me

aguarda, y no

te sobresaltes

»

,

PRIMERA PARTE. CAPÍTULO
cuando nos veas; que
cristianos.
sin

XLl.

22
á tierra

1

duda alguna iremos

de

))Yo le dije esto de manera, que ella

me

entendió

muv
á

bien á todas

las

razones que entrambos pasamos; y echánal

dome un

brazo

cuello, con

desmayados pasos comenzó
la

caminar hacia

la

casa; y quiso

suerte (que pudiera ser

muy

mala,
los

si el

cielo
la

no

lo

ordenara de otra manera) que

vendo

dos de
al

con su brazo

manera y postura que os he contado cuello, su padre, que ya volvia de hacer ir manera que íbamos, y

á los turcos, nos vio de la suerte y

nosotros vimos que él nos habia visto; pero Zoraida, advertida

y discreta, no quiso quitar

el

brazo de mi cuello, antes

mí, y puso su cabeza sobre mi pecho, doblando un poco las rodillas, dando claras señales y muestras
se llegó

más

á

que

se

desmayaba v yo ansimismo
,

di á entender

que

la sos-

tenia contra

mi voluntad.
llegó corriendo

»Su padre

su hija de aquella manera, le

adonde estábamos; y viendo á preguntó que qué tenia; pero,
:

como

ella

no

le

respondiese, dijo su padre
el

«Sin duda

al-

guna que, con

sobresalto de la entrada destos canes, se

ha desmayado»; y quitándola del mió, la arrimó á su pecho; y ella, dando un suspiro, y aun no enjutos los ojos de
lágrimas, volvió á decir
cristiano, vete).
))A lo
:

«yírnexl, cristiano, amexíyy {vete,

que su padre respondió
no
se vaya;
:

:

«No

importa, hija, que
te

el

cristiano

que ningún mal

ha hecho, y

los

turcos ya son idos

no

te sobresalte cosa

alguna, pues nin-

guna hay que pueda
he dicho,
entraron.
los

darte pesadumbre; pues,

como ya

te

turcos, á

mi ruego,

se volvieron

por donde

222
»

DON QUIJOTE DE LA MANCHA.

Ellos, señor, la sobresaltaron,
ella dice

como

has dicho, dije

yo á su padre; mas, pues
quiero dar pesadumbre
volveré,
si
:

que yo
,

me

vaya, no

la

quédate en paz

y con tu licencia

fuere menester, por yerbas á este jardin; que,

según dice mi
lada,
»

amo
las

,

en ninguno

las

hay mejores para ensa-

que en

él.

— Por

todas

que
hija

quisieres podrás volver, respondió

Agimorato; que mi
de
los cristianos la

no dice

esto

porque tú

ni

ninguno

enojan, sino que, por decir que los tur-

cos se fuesen, dijo que tú te fueses, ó porque ya era hora

que buscases
»

tus yerbas.

»

Con

esto

me
el

despedí
al

al

punto de entrambos

;

y

ella

,

ar-

rancándosele

alma,

parecer, se fué con su padre, y yo,
las

con achaque de buscar
placer todo
el

yerbas, rodeé

muy
se

bien y á

mi

jardin; miré bien las entradas y salidas y la

fortaleza de la casa, y la

comodidad que

podia ofrecer

para
di

facilitar

todo nuestro negocio.
al

Hecho

esto,

me

vine, y

cuenta de cuanto habia pasaba

pañeros, y ya no veia la del bien que €n la hermosa y bella Zoraida la suerte
ofrecía.

Renegado y á mis comhora de verme gozar sin sobresalto

me

En

fin, el

tiempo

se pasó,

y

se llegó el dia
el

y plazo

de nosotros tan deseado; y siguiendo todos
cer

orden y pare-

que con

discreta consideración y largo discurso
el

muchas

veces habíamos dado, tuvimos

buen suceso que deseábaal al

mos porque
,

el

viernes que se siguió

dia

que yo con Zo-

raida hablé en el jardin, el

Renegado

anochecer dio fondo

con

la

barca, casi frontero de donde la hermosísima Zoraida

estaba.

»Ya

los cristianos

que hablan de bogar

el

remo estaban

prevenidos y escondidos por diversas partes de todos aque-

PRIMERA PARTE. CAPÍTULO
líos

XLl.

223

alrededores.

Todos estaban suspensos y alborozados
el bajel

aguardándome, deseosos ya de embestir con
los ojos tenian;
,

que

á

porque

ellos

no sabian

el

concierto del

Re-

negado sino que pensaban que á fuerza de brazos habian de
haber y ganar la libertad, quitando la vida á los moros que dentro de la barca estaban. Sucedió, pues, que así como yo

me
á

mostré y mis compañeros, todos
se vinieron

los

demás escondidos

que nos vieron
tiempo que

llegando á nosotros. Esto era ya

ciudad estaba cerrada, y por toda aquella campaña ninguna persona parecía. Como estuvimos juntos,
la

dudamos
primero á

si

seria

mejor

ir

primero por Zoraida, ó rendir
el

los

moros bagarinos que bogaban

remo en

la

barca; y estando en esta duda, llegó a nosotros nuestro

Re-

negado, diciéndonos que ;en qué nos deteníamos? que ya
era hora, y que todos sus

más

dellos

moros estaban descuidados, y los durmiendo. Dijímosle en lo que reparábamos, y
lo

él dijo
jel,

que
se

que más importaba era rendir primero

el

ba-

que

podia hacer con grandísima facilidad y sin peli,

gro alguno

y que luego podíamos
guía, llegamos

ir

por Zoraida. Pareciódetenernos más,
él
:

nos bien á todos lo que decia, y

así, sin

haciendo

él la

al bajel,

y saltando

dentro

primero, metió

mano

á

un

alfanje

y dijo en morisco
si

«Ninle

guno de

vosotros se
»

mueva de

aquí,

no quiere que

cueste la vida.

Ya

á este

tiempo habian entrado dentro

casi

todos los cristianos.
))Los

moros, que eran de poco ánimo, viendo hablar de

aquella

manera

á su arráez, quedáronse espantados; y sin
ellos

ninguno de todos
casi

echar

mano

á las

armas (que pocas ó
alguna palabra,
presteza lo

ningunas tenian),

se dejaron, sin hablar
,

maniatar de

los cristianos

los cuales

con

mucha

,

224
hicieron
vía ó
,

^'^^

QUIJOTE DE LA MANCHA.
á los

amenazando
la

moros que
al

si

alzaban por alguna
los pasarían todos
la

manera

voz

,

que luego
esto
los
,

punto

á cuchillo.

Hecho ya
,

quedándose en guardia dellos
,

mitad de

los nuestros

que quedábamos haciéndonos
fuimos
al

asi-

mismo
to;
se

el

Renegado

la guía,

jardin de

Agimora-

y quiso la buena suerte que, llegando á abrir la puerta, abrió con tanta facilidad como si cerrada no estuviera; y con gran quietud y
silencio llegamos á la casa, sin ser

así,

sentidos de nadie. Estaba la bellísima Zoraida aguardándonos

una ventana; y así como sintió gente, preguntó con voz baja si éramos nizarani, como si dijera ó preguntara si éraá

mos
ella

cristianos.

Yo

le

respondí que

me

conoció, no se

y que bajase. Cuando detuvo un punto, porque, sin ressí

ponderme palabra,
lo acierto

bajó en un instante, abrió la puerta, y

mostróse á todos tan hermosa y ricamente vestida, que no
á encarecer.

Luego que yo
demás, que

la vi, le

tomé una
lo

mano y
y mis

la

comencé

á besar , y el
los

Renegado hizo
el

mismo

tres

camaradas; y

caso no sabian,

hicieron lo que vieron que nosotros hacíamos; que no parecia sino

que

le

dábamos

las gracias

y

la

reconocíamos por

señora de nuestra libertad.

»E1 Renegado
en
el jardin.

le dijo

en lengua morisca

si

estaba su padre

»Ella respondió que

sí,

y que dormia.

«Pues

será menester despertalle, replicó el

Renegado, y

llevárnosle

con nosotros, y todo aquello que tiene de valor

en este hermoso jardin.
»

— No,
que

dijo ella; á

mi padre no

se

ha de tocar en ninlo

gún modo, y en
llevo,

esta casa

no hay otra cosa que

que yo

es tanto,

que bien habrá para que todos quedéis

,

PRIMERA PARTE. CAPÍTULO
ricos y contentos
;

XLl.
:

225
y diciendo

y esperaos un poco y

lo veréis »

esto, se volvió á entrar, diciendo

que

muy

presto volverla;

que nos estuviésemos quedos,
«Pregúntele
el

sin

hacer ningún ruido.
ella

al

Renegado

lo

que con

habia pasado,

cual

me

lo

contó, á quien yo dije que en ninguna cosa
,

se

habia de hacer más de lo que Zoraida quisiese

la cual

ya volvia cargada con un cofrecillo lleno de escudos de oro
tantos,

que apenas

lo podia sustentar.
el ínterin,

Quiso
y
la

la

mala suerte
que

que su padre despertase en
andaba en
el

sintiese el ruido

jardin; y

asomándose á
él

ventana, luego co-

noció que todos los que en

estaban eran cristianos; y dando

muchas, grandes y desaforadas voces, comenzó á decir en
arábigo
:

«

¡Cristianos, cristianos! ¡ladrones, ladrones!

»

por

los cuales gritos

nos vimos todos puestos en grandísima y teel

merosa confusión. Pero

Renegado, viendo
le
,

el

peligro en
salir

que estábamos, y

lo

mucho que

importaba

con

aquella empresa antes de ser sentido
teza subió

con grandísima pres-

donde Agimorato estaba, y juntamente con él fueron algunos de nosotros; que yo no osé desamparar á Zoraida, que,

como desmayada,
resolución
,

se

habia dejado caer en mis
se dieron tan

brazos.

En

los

que subieron

buena

maña, que en un momento bajaron con Agimorato, trayéndole, atadas las manos y puesto un pañizuelo en la boca,
que no
le

dejaba hablar palabra, amenazándole que

el

ha-

blarla le habia de costar la vida.

Cuando

su hija

le

vio se

cubrió los ojos por no verle, y su padre quedó espantado,

ignorando cuan de su voluntad

se

habia puesto en nuestras
los pies,

manos; mas entonces, siendo más necesarios
diligencia y presteza nos pusimos en la barca;

con

que ya

los

que

en ella habian quedado nos esperaban

,

temerosos de algún

22Ó

DON QUIJOTE DE LA MANCHA.
serian dos horas pasadas de la
la

mal suceso nuestro. Apenas

noche, cuando ya estábamos todos en
se le quitó al

barca, en
las

la cual

padre de Zoraida

la

atadura de
el

paño de

la

boca; pero tornóle á decir
le

manos y el Renegado que no

hablase palabra; que
á su hija,

quitarían la vida. El,
,

como

vio

allí

comenzó

á suspirar ternísimamente
la tenia

y más cuando

abrazada, y que ella, sin defenderse, quejarse ni esquivarse, se estaba queda; pero,
vio

que yo estrechamente

con todo esto

,

callaba , porque
el

no pusiese en
le hacia. la

efeto las

mu-

chas amenazas que

Renegado

«Viéndose, pues, Zoraida ya en
dar los remos
al

barca, y que queríamos
á su padre y á los

agua y viendo
,

allí

demás
di-

moros que atados estaban,
jese le hiciese

le

dijo al

Renegado que me

merced de

soltar á aquellos

tad á su padre; porque antes se arrojarla

moros y dar liberen la mar que ver

delante de sus ojos y por causa suya llevar cautivo á

un pa-

dre que tanto la habia querido. El

Renegado me
él

yo respondí que era

muy

contento; pero
si

y respondió que

lo dijo,

no convenia, á causa que
luego
la tierra

allí

los

dejaban, apellidarían

y alborotarían

la

ciudad, y serian causa que

saliesen á buscarnos

con algunas fragatas ligeras, y nos to-

masen

la tierra

y

la

mar de manera, que no pudiésemos
tierra

es-

caparnos; que lo que se podría hacer, era darles libertad en
llegando á
la

primera

de cristianos.

En

este parecer

venimos todos; y Zoraida,
causas

á

quien se

le

dio cuenta, con las
lo

que nos movían á no hacer luego

que quería

,

tam-

bién se satisfizo; y luego, con regocijado silencio y alegre
diligencia, cada

uno de nuestros

valientes remeros
á

tomó

su

remo, y comenzamos, encomendándonos
corazón, á navegar
la

Dios de todo

vuelta de la

isla

de Mallorca, que es

PRIMERA PARTE. CAPÍTULO
la tierra

XLI.

227

de cristianos más cerca; pero, á causa de soplar un
viento tramontana y estar
la

poco

el

mar

algo picada, no

fué posible seguir la derrota de Mallorca, y fuénos forzoso
dejarnos
ir

tierra á tierra la vuelta

de Oran, no sin

mucha

pesadumbre nuestra, por no

ser descubiertos

del lugar de

Sargel, que en aquella costa cae no

más que

sesenta millas

de Argel; y asimismo temíamos encontrar por aquel paraje

alguna galeota de

las

que de ordinario venian con mercancía

de Tetuan; aunque cada uno por

y todos juntos presumía-

mos de que,
no fuese de

si

se

encontraba galeota de mercancía,
,

como

las

que andan en corso

que no sólo no nos per-

deríamos, mas que tomaríamos bajel donde con más seguridad pudiésemos acabar nuestro viaje. Iba Zoraida, en tanto

que

se

navegaba, puesta
,

la

cabeza entre mis manos, por no

ver á su padre

y sentia yo que iba llamando á Lela Marien

que nos ayudase.
))Bien

habríamos navegado treinta millas, cuando
tres tiros

nos

amaneció, como
toda
la

de arcabuz desviados de tierra,

cual vimos desierta y sin nadie que nos descubriese;

pero, con todo eso, nos fuimos á fuerza de brazos entrando

un poco en

la

mar que ya
,

estaba algo
,

más sosegada y ha;

biendo entrado

casi

dos leguas

dióse orden que se bogase á

cuarteles en tanto
la

que comíamos algo (que iba bien proveída

barca); puesto que los que

bogaban dijeron que no era
les

aquél tiempo de tomar reposo alguno; que

diesen de cosoltar los re-

mer

los

que no bogaban
las

;

que

ellos

no querían

mos de

manos en manera alguna. Hízose
remo, y enderezar

ansí,

y en esto

comenzó

á soplar

un viento largo, que nos obligó á hacer
el

luego vela y á dejar

á

Oran, por no
con

ser

posible poder hacer otro viaje.

Todo

se hizo

mucha

,

228
presteza
;

DON QUIJOTE DE LA MANCHA.
y
así
,

á la vela

navegamos por más de ocho
temor alguno sino
el

millas

por hora,

sin llevar otro

de encontrar
á los

con

bajel

que de corso
el
;

fuese.

Dimos de comer
les

moros

bagarinos, y

Renegado
la

los consoló, diciéndoles

como no

iban cautivos
))Lo

que en

primera ocasión

darian libertad.
el

mismo

se le dijo al

padre de Zoraida,

cual respon-

dió

:

«Cualquiera otra cosa pudiera yo esperar y creer de

vuestra liberalidad y

buen término ¡oh

cristianos!

mas

el

darme

libertad...

no

me

tengáis por tan simple que lo imaal

gine; que nunca os pusistes vosotros

peligro de quitársa-

mela para volvérmela tan liberalmente, especialmente
biendo quién soy yo, y
de dármela,
al

el

interese
si

que

se os

puede seguir

cual interese,

le

queréis poner

nombre,

desde aquí os ofrezco todo aquello que quisiéredes por


es

y por esa desdichada hija mia, ó si no, por la mayor y la mejor parte de mi alma.»

ella sola,

que

»En
le

diciendo esto,

comenzó
á

á llorar tan

amargamente,

que á todos nos movió

compasión, y forzó á Zoraida que
así se

mirase, la cual, viéndole llorar,

enterneció, que se

levantó de mis pies y fué á abrazar á su padre, y juntando
su rostro con
el

suyo , comenzaron
los

los los

dos tan tierno llanto

que muchos de
))Pero

que

allí

íbamos
la vio

acompañamos en
fiesta

él.

cuando su padre

adornada de
:

y con

tantas joyas sobre sí, le dijo en su lengua
hija!

«¿Qué

es esto,

que ayer

al

anochecer, antes que nos sucediese esta

terrible desgracia

en que nos vemos
sin

,

te vi

con tus ordinarios

y caseros vestidos; y agora,
vestirte,
zalla

que hayas tenido tiempo de

y

sin haberte

dado alguna nueva digna de soleni,

con adornarte y pulirte te veo compuesta con los mejores vestidos que yo supe v pude darte, cuando nos fué la

!

PRIMERA PARTE. CAPÍTULO
ventura más favorable.

XLI.

229

Respóndeme
la

á esto,

que

me

tiene

más suspenso y admirado que

misma

desgracia en que

me

hallo.»
lo

»Todo

que
ella
la

el

moro
le

decia á su hija nos lo declaraba
él

el

Renegado, y á un lado de

no

respondia palabra. Pero cuando
el

vio

barca

cofrecillo

donde

ella solia

tener sus

joyas, el cual sabia él bien que le habia dejado en Argel, y no traídole al jardin, quedó más confuso, y preguntóle que

cómo

aquel cofre habia venido á nuestras manos, y qué era lo que venia dentro.
))A lo cual el

Renegado,

sin

aguardar que Zoraida

le res-

pondiese,

le

respondió:

«No

te canses, señor,

en preguntar
te

á Zoraida, tu hija, tantas cosas,

porque con una que yo
quiero que sepas que

responda,

te satisfaré á todas;

y

así,

ella

es cristiana,

y

es la

que ha sido

la

lima de nuestras cadenas

y

la libertad

de nuestro cautiverio. Ella va aquí de su vo,

luntad, tan contenta, á lo que yo imagino
estado,

de verse en este
la

como
la

el

que

sale

de

las

tinieblas á la luz, de

muerte á
» »
»

vida y de la pena á la gloria.
lo

— ¿Es verdad que — Así respondió
es,

éste dice, hija! dijo el

moro.

Zoraida.

— ¿Que, en
lo cual

efecto, replicó el viejo, tú eres cristiana, y
»

la

que ha puesto á su padre en poder de sus enemigos

»A

respondió Zoraida:

«La que
este

es cristiana

yo

soy; pero no la que te

ha puesto en

punto, porque nunca

mi deseo
hacerme

se

extendió á dejarte hacer ni hacerte mal, sino á
bien.
es el

á

»— Y
»

¿qué bien

que

te

has hecho, hija!

— Eso,

respondió

ella,

pregúntaselo tú á Lela Marien;
»

que

ella te lo

sabrá decir mejor que no vo.

230
))

DON QUIJOTE DE LA MANCHA.
Apenas hubo oido
esto el

moro, cuando con una
mar, donde

increí-

ble presteza se arrojó de cabeza en la

sin nin-

guna duda
traia

se

ahogara

,

si el

vestido largo y embarazoso
el

que

no

le

entretuviera

un poco sobre
que
le

agua.

))Dió voces Zoraida,

sacasen; y así, acudimos luego

todos, V asiéndole de la almalafa, le sacamos

medio aho-

gado y

sin sentido,

de que recibió tanta pena Zoraida, que,
,

como
llanto.
sí al

si

fuera ya muerto

hacia sobre

él

un

tierno y doloroso

Volvímosle boca abajo, volvió
,

mucha
,

agua, tornó en
el

cabo de dos horas en

las

cuales

habiéndose trocado

viento, nos convino volver hacia tierra, y hacer fuerza de

remos por no embestir en
suerte

ella;

mas quiso nuestra buena
se

que llegamos á una cala que

hace

al

lado de un pees

queño promontorio ó cabo, que de
de la

los

moros

llamado

el

Cava rumia, que en
(

nuestra lengua quiere decir la

mala mujer cristiana
cir

porque cava en su lengua quiere de,

mujer mala

,

y rumia

cristiana)

;

y

es tradición entre los

moros que en aquel lugar
se perdió

está enterrada la

Cava, por quien

España, y aun tienen por mal agüero llegar allí á dar fondo cuando la necesidad les fuerza á ello, porque nunca
dan
sin ella; puesto

le

que para nosotros no fué abrigo de

mala mujer, sino puerto seguro de nuestro remedio, según
andaba alterada
tierra,
la

mar.

Pusimos nuestras centinelas en
los

y no dejamos jamas
el

remos de

la

mano; comimos

de

lo

y á

Renegado habia proveído, y rogamos á Dios Nuestra Señora, de todo nuestro corazón, que nos ayuque
,

dasen y favoreciesen

para que felizmente diésemos

fin á tan

dichoso principio. Dióse orden, á suplicación de Zoraida,

como echásemos en
moros que
allí

tierra á su

padre y á todos

los
el

demás
ánimo,

atados venian; porque no le bastaba

»

PRIMERA PARTE. CAPÍTULO
ni lo

XLI.

2-^1

podían

sufrir sus blandas entrañas, ver delante
,

de sus

ojos cautivo á su padre

y aquellos de su

tierra presos.

Pro-

metímosle de hacerlo
corría peligro

así al

tiempo de

la

partida, pues no

el dejallos

en aquel lugar, que era despoblado.

»No

fueron tan vanas nuestras oraciones, que no fuesen
el

oídas del cíelo; que, en nuestro favor, luego volvió

viento,

tranquilo

el

mar, convidándonos á que tornásemos alegres

á proseguir nuestro

comenzado
á

viaje.

Viendo

esto, desatatierra,

mos
que

á los

moros, y uno

uno

los

pusimos en

de lo

ellos se
al

quedaron admirados; pero llegando á desem,

barcar
dijo
:

padre de Zoraida que ya estaba en todo su acuerdo,
pensáis, cristianos,

«¿Por qué

que

esta

mala hembra
es

huelga de que

me

deis libertad? ¿Pensáis

que
lo

por piedad
el es-

que de mí tiene?
torbo que
le

No
mi

por cierto, sino que

hace por

hará

presencia cuando quiera poner en eje:

cución sus malos deseos

ni

penséis que la ha

movido

á

mudar

religión entender ella
el

que

la

vuestra á la nuestra se

aventaja, sino

saber que en vuestra tierra se usa la desla

honestidad más libremente que en
á Zoraida
zos asido
,

nuestras; y volviéndose

,

teniéndole yo v otro cristiano de entrambos bra-

porque algún desatino no hiciese

,

le dijo

:

«

j

Oh

infame moza y mal aconsejada muchacha! ¿adonde vas,
ciega y desatinada, en poder de estos perros, naturales ene-

migos nuestros! ¡Maldita sea

la

hora en que yo

te

engen-

dré, y malditos sean los regalos y deleites en que te he

criado

!

«Pero viendo yo que llevaba término de no acabar tan
presto, di priesa á ponelle

en

tierra;

y desde

allí

á voces

prosiguió en sus maldiciones y lamentos, rogando á

Ma-

homa

rogase á Alá que nos destruyese, confundiese v acá-

232

DON QIIIJOTE DE LA MANCHA.
hecho
á la vela,

base; y cuando, por habernos
oir sus palabras,

no podimos
las

vimos sus obras, que eran arrancarse
el

barbas, mesarse los cabellos y arrastrarse por

suelo;

mas
que

una vez esforzó
der que decia
:

la

voz de

tal

manera, que podimos entenhija, vuelve á tierra;

«Vuelve, amada
:

todo te lo perdono

entrega á esos hombres ese dinero , que
este triste
si

ya

es

suyo

,

y vuelve á consolar á

padre tuyo

,

que

en esta desierta arena dejará

la vida,

tú le dejas.»
llo-

))Todo lo cual escuchaba Zoraida, y todo lo sentia y
raba y no supo decirle ni respondelle palabra sino
, ,
:

«

\

Plega
causa

á Alá, padre

mió, que Lela Marien, que ha sido
te

la

de que yo sea cristiana,

consuele en tu tristeza! Alá sabe
la

bien que no pude hacer otra cosa de

que he hecho, y

que

mi voluntad; pues, aunque quisiera no venir con ellos y quedarme en mi casa, me fuera imposible, según la priesa que me daba mi alma
estos cristianos

no deben nada

á

á poner por obra ésta
tú, padre

,

que á mí

me

parece tan buena

,

como

amado,

la

juzgas por mala.»
la oia, ni

»Esto dijo á tiempo que ni su padre
va
le

nosotros

veíamos; y

así,

consolando yo á Zoraida, atendimos
el

todos á nuestro viaje,
viento de
otro dia
tal

cual

nos

le

facilitaba el propio

manera, que bien tuvimos por
las

cierto de vernos

al

amanecer en

riberas de España.
el

Mas como
,

pocas veces ó nunca viene

bien puro y sencillo, sin ser
le

acompañado ó seguido de algún mal que
salte,

turbe ó sobreel

quiso nuestra ventura, ó quizá

las

maldiciones que

moro

á su hija habia echado (que siempre se

han de

te-

mer, de cualquier padre que sean); quiso, digo, que,
tando ya engolfados y siendo ya casi pasadas
tres

esla

horas de

noche, yendo con

la vela

tendida de alto abajo, frenillados

PRIMERA PARTE. CAPÍTULO
los

XLI.

233

remos, porque

el

próspero viento nos quitaba del trabajo
la luz

de haberlos menester, con
resplandecia
,

de

la luna,

que claramente
bajel

vimos cerca de nosotros un
las velas

redondo,

que con todas
el

tendidas, llevando un poco á orza

timón, delante de nosotros atravesaba, v esto tan cerca,

que nos fué forzoso amainar por no embestirle, y ellos asimesmo hicieron fuerza de timón para darnos lugar que pasásemos.
»

Habíanse puesto

al

bordo del

bajel á

preguntarnos quién

éramos, y adonde navegábamos y de dónde veníamos; pero,
por preguntarnos esto en lengua francesa, dijo nuestro Re-

negado

:

«Ninguno responda, porque

éstos sin

duda son coeste adverti-

sarios franceses,

que hacen á toda ropa.» Por

miento, ninguno respondió palabra; y habiendo pasado un

poco delante, que ya

el bajel

quedaba á sotavento, de imartillería; y, á lo

proviso soltaron dos piezas de
las balas

que pareció,

venian con cadenas

,

porque con una cortaron nuesél

tro árbol por

medio, y dieron con

y con

la vela

en

la

mar; y

al

momento, disparando

otra pieza, vino á dar la

bala en mitad de nuestra barca, de
sin
ir

hacer otro mal alguno; pero,

modo que la abrió toda, como nosotros nos vimos

á fondo,

comenzamos

todos á grandes voces á pedir so-

corro y á rogar á los del bajel que nos acogiesen, porque
nos anegábamos.

Amainaron entonces, v echando
él

el

esquife

ó barca á

la

mar, entraron en

hasta doce franceses bien
,

armados

,

con sus arcabuces y cuerdas encendidas
la

y

así lle-

garon junto á

nuestra; y viendo cuan pocos éramos, y

cómo
usado

se

hundia, nos recogieron, diciendo que, por haber
de no respondelles
el
,

la descortesía

nos habia suce-

dido aquello. Nuestro Renegado tomó
16

cofre de las rique-

234

DON QUIJOTE DE LA MANCHA.
con
él

zas de Zoraida, y dio

en

la

mar,

sin

que ninguno

echase de ver lo que hacia.

En

resolución, todos pasamos

con

los franceses, los cuales,

después de haberse informado

de todo aquello que de nosotros saber quisieron,

como

si

fueran nuestros capitales enemigos nos despojaron de todo

cuanto teníamos, y á Zoraida

le

quitaron hasta los carcajes

que

traia

en los pies; pero no
,

me

daba á mí tanta pesadumla

bre la que á Zoraida daban
tenia de

como me

daba
las

el

temor que

que hablan de pasar del quitar de
al

riquísimas y
valia

preciosísimas joyas

quitar de la joya

que más

y

ella

más estimaba. Pero
tienden á

los deseos

de aquella gente no se ex-

más que

al

dinero, y desto jamas se ve harta su

codicia, la cual entonces llegó á tanto,
vestidos de cautivos nos quitaran
,

que aun hasta

los
les

si

de algún provecho

fueran; y

hubo parecer

entre ellos de que á todos nos arro-

jasen á la mar, envueltos en una vela; porque tenian inten-

ción de tratar en algunos puertos de España con

nombre de

que eran bretones; y

si

nos llevaban vivos, serian castiga-

dos, siendo descubierto su hurto.
el

Mas

el

capitán, que era
dijo

que habia despojado á mi querida Zoraida,
contentaba con
la presa

que

él

se

que tenia, y que no queria tocar en ningún puerto de España, sino irse luego al Océano, y
el

pasar

estrecho de Gibraltar de noche ó
salido;

como
y
así,

pudiese,

hasta

La Rochela, de donde habia
el

tomaron

por acuerdo de darnos

esquife de su navio y todo lo ne-

cesario para la corta navegación

que nos quedaba, como

lo

hicieron otro dia, ya á vista de tierra de España, con la cual

pesadumbres y pobrezas se nos olvidaron de todo punto, como si no hubieran pasado por nosvista todas nuestras

otros: ¡tanto es el gusto de alcanzar la libertad perdida!

,

PRIMERA PARTE. CAPÍTULO
»

XLI.

235
la
el

Cerca de mediodía podría

ser

cuando nos echaron en

barca, dándonos dos barriles de agua y algún bizcocho; y
capitán
,

movido no

sé de
le

qué misericordia,

al

embarcarse

la

hermosísima Zoraida
y no consintió que
vestidos

dio hasta cuarenta escudos de oro

le

quitasen sus soldados estos

mesmos

que ahora

tiene puestos. Entrados en la barca, díel

mosles

las gracias

por

bien que nos hacian
:

,

mostrándonos

más agradecidos que quejosos
siguiendo
la

ellos se hicieron á lo largo,

derrota del Estrecho; nosotros, sin mirar á otro
,

norte que á la tierra que se nos mostraba delante

nos di-

mos
antes

tanta priesa á bogar,

que

al

poner del

sol

estábamos
llegar

tan cerca,

que bien pudiéramos, á nuestro parecer,

que fuera

muy

de noche; pero, por no parecer en

mostrarse escuro, y por ignorar el paraje en que estábamos, no nos pareció cosa segura embesaquella la luna, y
el cielo
tir

en

tierra,

como

á

muchos de
ella,
así

nosotros les parecía, di-

ciendo que diésemos en
lejos

de poblado

,

porque

aunque fuese en unas peñas y aseguraríamos el temor, que de
allí

razón se debia tener, que por
sarios

anduviesen bajeles de co-

de Tetuan, los cuales anochecen en Berbería y amalas costas

necen en

de España, y hacen de ordinario presa,
los contrarios

y

se

vuelven á dormir á sus casas; pero, de
el

pareceres,

que
si el

se

tomó

fué, que nos llegásemos poco á

poco, v que

sosiego del

mar

lo concediese,

desembar-

cásemos donde pudiésemos.
))Hízose así, y poco antes de
la

media noche

seria

cuando

llegamos
junto
al

una disformísima y alta montaña, no tan mar, que no concediese un poco de espacio para
al

pié de

poder desembarcar cómodamente. Embestimos en
salimos á tierra, besamos
el

la

arena,

suelo, y con

muchas lágrimas

236

DON QUIJOTE DE LA MANCHA.

de alegría y contento, dimos todos gracias á Dios, Señor Nuestro por el bien tan incomparable que nos habia he,

cho; sacamos de

la

barca los bastimentos que tenia,

tirá-

y subimos un grandísimo trecho en la montaña; porque aun allí estábamos, y aun no podíamos asegurar

mosla en

tierra,

el

pecho

,

ni

acabábamos de creer que era
sostenia.

tierra

de cristianos

la

que ya nos

«Amaneció más

tarde, á

mi

parecer, de lo que quisiéra-

mos; acabamos de subir toda
allí

la

montaña, por ver

si

desde

algún poblado se descubria ó algunas cabanas de pasto-

res; pero,

aunque más tendimos

la vista, ni

poblado ni pertodo esto, de-

sona ni senda ni camino descubrimos.

Con

terminamos de entrarnos
ser

la tierra

adentro, pues no podria

menos

sino

que presto descubriésemos quién nos diese
que á mí más

noticia della; pero lo
ir

me
,

fatigaba era el ver

á pié á Zoraida por aquellas asperezas; que, puesto
la

que
ella

alguna vez

puse sobre mis hombros
la

más

la

cansaba á

mi cansancio que

reposaba su reposo, y

así,

nunca más
paciencia

quiso que yo aquel trabajo tomase; y con

mucha

y muestras de alegría, llevándola yo siempre de la mano, poco menos de un cuarto de legua debíamos de haber an-

dado

,

cuando llegó

á nuestros oidos el son de

una pequeña

esquila, señal clara

que por
si

allí

cerca habia ganado; y mise parecía,

rando todos con atención

alguno

vimos

al

pié

de un alcornoque un pastor mozo, que con grande reposo

y descuido estaba labrando un palo con un cuchillo. » Dimos voces, y él, alzando la cabeza, se puso ligera-

mente en
que á
y como

pié; y, á lo

que después supimos,
fueron
el

los

primeros

la vista se le ofrecieron
él los

Renegado y Zoraida;
los

vio en hábito de

moros, pensó que todos

,

PRIMERA PARTE. CAPITULO
de
la

XLI.

237

Berbería estaban sobre
el

él;
,

y metiéndose con extraña

ligereza por
gritos del
tierra
»
!

bosque adelante

comenzó
j

á dar los

mayores
la

j

mundo, diciendo: «¡Moros! Moros hay en Moros moros Arma arma »
,
! ¡

,

!

Con

estas voces

quedamos todos confusos y no sabíamos
,

qué hacernos; pero, considerando que
hablan de alborotar
la tierra,

las

voces del pastor

y que la caballería de la costa habia de venir luego á ver lo que era, acordamos que el

Renegado
aunque

se

desnudase

las

ropas de turco, y se vistiese un
le

jileco ó casaca de cautivo,
se

que uno de nosotros
;

dio luego,
a

quedó en camisa
el

y

así

,

encomendándonos
el

Dios, fuimos por

mismo camino que vimos que

pastor

llevaba, esperando siempre

cuándo habia de dar sobre nosno nos engañó nuestro pen-

otros la caballería de la costa; y

samiento, porque aun no habrían pasado dos horas, cuando,

habiendo ya salido de aquellas malezas

á

un

llano, descubri-

mos

hasta cincuenta caballeros, que con gran ligereza, cor-

riendo á media rienda, á nosotros se venian; y

vimos, nos estuvimos quedos aguardándolos.
llegaron
,

como los Pero como ellos
así

y vieron

,

en lugar de

los

moros que buscaban

tanto pobre cristiano, quedaron confusos, y

uno

dellos nos

preguntó

si

éramos nosotros acaso
al

la

ocasión por que un

pastor habia apellidado

arma.

«Sí», dije yo; y queriendo

comenzar
,

á decirle

mi

suceso,

y de dónde veníamos y quién éramos uno de los cristianos que con nosotros venian conoció al jinete que nos habia he-

cho
«

la

pregunta, y dijo, sin dejarme á

decir

más

palabra:

¡Gracias sean dadas á Dios, señores, que á tan buena parte
si

nos ha conducido! porque,

yo no

me
si

engaño,
los

la

tierra

que pisamos

es la

de Vélez Málaga,

va

años de mi

,

238
cautiverio

DON QUIJOTE DE LA MANCHA.
no

me han
tio

quitado de

la

memoria

el

acordarme
sois

que vos, señor, que nos preguntáis quién somos,
de Bustamante,

Pedro

mió.»
esto el cristiano cautivo,

«Apenas hubo dicho

cuando

el

jinete se arrojó del caballo

y vino á abrazar

al

mozo,

dicién-

dole

:

«¡Sobrino de mi alma y de

ya

te

he llorado

mi vida! ya te conozco, y por muerto yo, y mi hermana, tu madre,
que aun viven; que Dios ha sido servido
el

y todos

los tuyos,

de darles vida para que gocen

placer de verte.

Ya

sabía-

mos que

estabas en Argel; y por las señales y muestras de

tus vestidos,

y

los

de todos los desta compañía, comprendo
libertad.

que habéis tenido milagrosa
»

— Así

es,

respondió

el

mozo, y tiempo nos quedará para
entendieron que éramos cristianos

contároslo todo.»

«Luego que
daba con
laga,

los jinetes

cautivos, se apearon de sus caballos, y cada
el

uno nos convi-

suyo para llevarnos á
allí

la

ciudad de Velez

Má-

que legua y media de

estaba.

Algunos

dellos vol-

vieron á llevar la barca á la ciudad, diciéndoles dónde la

habíamos dejado; otros nos subieron á
fué en
las del

las

ancas, y Zoraida

caballo del tio del cristiano. Saliónos á recebir
;

todo

el

pueblo

que ya de alguno

,

que

se se

habia adelantado

sabian la nueva de nuestra venida.
cautivos libres ni
aquella costa está

No

admiraban de ver
la

moros cautivos, porque toda
hecha á ver á
los

gente de

unos y á
la

los otros;

pero

admirábanse de
instante

la

hermosura de Zoraida,

cual en aquel

y sazón estaba en su punto, ansí con el cansancio del camino, como con la alegría de verse ya en tierra de
cristianos, sin sobresalto de perderse;
al

y esto

le

habia sacado
entonces

rostro tales colores, que,

si

no

es

que

la afición

PRIMERA PARTE. CAPÍTULO

XLI.

239

me

engañaba, osara decir que más hermosa criatura no hael

bia en

mundo,

a lo

menos que yo

la

hubiese

visto.

»Fuimos derechos
la

á la iglesia, á dar gracias á Dios por
así

merced recebida; y
allí

como en

ella

entró Zoraida, dijo
los

que
rien.

habia rostros que se parecian á

de Lela

Mase

Dijímosle que eran imágenes suyas; y
le

como mejor

pudo,

dio el
ella las

Renegado
adorase

á entender lo
si

que significaban,

para que

como

verdaderamente fuera cada
la

una de

ellas la

misma Lela Marien que

habia hablado.

Ella, que tiene
claro
dijo.
,

buen entendimiento y un natural fácil y entendió luego cuanto acerca de las imágenes se le
allí

Desde

nos llevaron y repartieron á todos en diferenal

tes casas del

pueblo; pero

Renegado, Zoraida y
los

á

mí nos
sus

llevó el cristiano

que vino con nosotros en casa de

pa-

dres,

que medianamente eran acomodados de

bienes de

fortuna, y nos regalaron con tanto
hijo.

amor como
cabo de
le

á su

mismo
el

»Seis dias estuvimos en Vélez, al

los

cuales

Renegado, hecha su información de cuanto
gremio santísimo de

convenia, se

fué á la ciudad de Granada á reducirse, por
santa Inquisición,
al

medio de

la

la Iglesia; los

de-

mas

cristianos libertados se fueron,

cada uno donde mejor
solos los es-

le pareció.

Solos

quedamos Zoraida y yo, con
que
ella viene;

cudos que
cuales

la cortesía del francés le

dio á Zoraida,

de

los

compré

ese animal en

y sirviéndola yo

hasta agora de padre y escudero, y no de esposo,

vamos con

intención de ver

si

mi padre

es vivo

,

ó

si

alguno de mis her-

manos ha tenido más próspera ventura que la mia; puesto que, por haberme hecho el cielo compañero de Zoraida,

me

parece que ninguna otra suerte

me

pudiera venir, por

,

240

DON QUIJOTE DE LA MANCHA.
la estimara. la

buena que fuera, que más
Zoraida lleva
las

La

paciencia con que

incomodidades que

pobreza trae consigo

V y

el
tal

deseo que muestra tener de verse ya cristiana, es tanto
,

que

me

admira y

me mueve
el

á servirla todo el tiempo

de

mi

vida; puesto
ella sea

que

de que
llaré

mia,

me

gusto que tengo de verme suyo y le turba y deshace no saber si hasi

en mi
el

tierra

algún rincón donde recogella, y
la

habrán

hecho

hacienda y vida de mi padre y hermanos, que apenas halle quién me

tiempo y

muerte

tal

mudanza en

la

conozca,
de

si

ellos faltan.

No
si

tengo más, señores, que deciros
es

agradable y peregrina, júzguenlo vuestros buenos entendimientos; que de mí sé decir

mi

historia, la cual,

que quisiera habérosla contado más brevemente puesto que el temor de enfadaros, más de cuatro circunstancias me ha
;

quitado de

la

lengua.

»

CAPITULO XLIL
Que
trata

de

lo

que ademas sucedió en

la

venta, y de otras muchas cosas

dignas de saberse.

Calló, en diciendo esto,

el

Cautivo, á quien don Fer-

nando

dijo

:

«Por

cierto, señor Capitán, el

modo con que
que iguala
á

habéis contado este extraño suceso ha sido
la

tal,

novedad y extrañeza del
oye; y es de

mesmo

caso

:

todo es peregrino

y raro, y lleno de accidentes que maravillan y suspenden á
quien
los
tal

manera

el

gusto que
el

hemos
dia de

rece-

bido en escuchalle, que, aunque nos hallara

ma-

ñana entretenidos en

el

mesmo

cuento, holgáramos que de

nuevo
los

se

comenzara.»

Y

en diciendo esto, Cardenio y todos

demás

se le ofrecieron

con todo

lo á ellos posible

para

PRIMERA PARTE. CAPÍTULO
servirle,

XLII.

24I

con palabras y razones tan amorosas y tan verdael

deras,

que

Capitán

se

tuvo por bien satisfecho de sus
si

voluntades. Especialmente le ofreció don Fernando que

queria volverse con

él

,

que

él

baria que

el

Marqués su her,

mano,

fuese padrino del bautismo
le

por su parte,

de Zoraida, y que él, acomodaria de manera, que pudiese entrar
el

en su tierra con
debia.

autoridad y

cómodo que

á su persona se

Todo

lo

agradeció cortesísimamente

el

Cautivo; pero

no quiso acetar ninguno de

sus liberales ofrecimientos.
,

media noche y al mediar della llegó á la venta un coche con algunos hombres de á caballo, y pidieron posada; á quien la ventera respondió que no habia

En

esto llegaba

ya

la

en toda

la

venta un palmo desocupado.
sea, dijo

«Pues, aunque eso

uno de
para

los
el

de á caballo que
señor Oidor que

habian entrado, no ha de
aquí viene.
»

faltar

A

este

nombre
hay
es

se

turbó

la

huéspeda, y dijo
si

:

«Señor,

lo

que en

ello

que no tengo camas;
la trae

es

que su mer,

ced del señor Oidor

(que

debe de

traer)

entre en

buen hora; que yo y mi marido nos saldremos de nuestro aposento por acomodar á su merced.

— Sea en buen hora»,
tró

dijo el escudero; pero á este

tiempo

ya habia salido del coche un hombre, que en
luego
las
el oficio

el traje

mos-

con

y cargo que tenia, porque la ropa luenga, mangas arrocadas que vestia, mostraron ser oidor,

como

su criado habia dicho. Traia de la

mano
que

á

una don-

cella, al parecer

de hasta diez y

seis

años, vestida de camino,
á todos

tan bizarra, tan

hermosa y tan
vista;

gallarda,

puso

en admiración su

de suerte que, á no haber visto á
la

Dorotea v

á

Luscinda y Zoraida, que en

venta estaban,

242

DON QUIJOTE DE LA MANCHA.
tal

creyeran que otra

hermosura como

la desta

doncella di-

fícilmente pudiera hallarse.

Hallóse

Don

Quijote
:

al

entrar del Oidor y de la doncella,

y

así

como

le vio, dijo

«Seguramente puede vuestra mercastillo;

ced entrar y espaciarse en este

que, aunque

es es-

trecho y mal acomodado, no hay estrecheza ni incomodidad

en

el

mundo que no
armas y

dé lugar á

las

armas y á

las letras,

y

más

si las

letras traen

por guía y adalid á

la

fermo-

sura,

como

la traen las letras
,

de vuestra merced en esta fer,

mosa doncella

á

quien deben

no sólo

abrirse

y manifestarse

los castillos, sino apartarse los riscos
las

y dividirse y abajarse
Entre vuestra merced,

montañas, para

dalle

acogida.

digo, en este paraíso, que aquí hallará estrellas y soles, que

acompañen
hallará las

el cielo

que vuestra merced
la

trae consigo

:

aquí

armas en su punto, v

hermosura en su ex-

tremo.

»

Admirado quedó
admiraba su

el

Oidor del razonamiento de

Don Quiningunas

jote, á quien se puso á mirar
le

muy

de propósito, y no menos
sin hallar

talle

que sus palabras; y
se

con que respondelle,
vio delante de

tornó á admirar de nuevo cuando

á Luscinda,

Dorotea y Zoraida, que, á
,

las
les

nuevas de

los

nuevos huéspedes
la

y á

las

que

la

ventera

habia dado de

hermosura de

la

doncella , hablan venido á
el

verla y á recebirla; pero
le

don Fernando, Cárdenlo y

Cura

hicieron

más

llanos

y más cortesanos ofrecimientos.
así

En

efecto, el señor

Oidor entró confuso,
,

de lo que veia,
la

como de
ron
la

lo

que escuchaba

y

las

hermosas de

venta dieresolución,
la

bienllegada á la hermosa doncella.
el

En

bien echó de ver

Oidor que era gente principal toda
el talle, el visaje

que

allí

estaba; pero

y

la

apostura de

Don

PRIMERA PARTE. CAPÍTULO
Quijote
le

XLII.

243

desatinaba; y habiendo pasado entre todos corte-

ses ofrecimientos,

y tanteado

la

comodidad de
:

la

venta, se

ordenó

lo

que antes estaba ordenado
en
el

que todas

las

mujeres

se entrasen

camaranchón ya

referido, y

que
así,

los

hom-

bres se quedasen fuera,

como
ella

en su guarda; y
la

fué con-

tento

el

Oidor que su

hija,

que era
hizo de

doncella, se fuese con

aquellas señoras, lo

que

muy buena
con
la

gana; y con

parte de la estrecha

cama

del ventero y

mitad de

la

que
lo

el

Oidor

traia, se

acomodaron aquella noche mejor de
punto que vio
Oidor,
dio

que pensaban.
El Cautivo, que desde
el al

le

saltos el

corazón y barruntos de que aquel era su hermano, preguntó á uno de los criados que con él venian que cómo
,

se

llamaba, y

si

sabia de
el

qué

tierra era.

El criado

le

respon-

Licenciado Juan Pérez de Viedma, y que habia oido decir que era de un lugar de las montañas
dió que se llamaba

de León.

Con

esta relación,

y con

lo

que

él

habia visto, se
,

acabó de confirmar de que aquel era su hermano
seguido
las

que habia

por consejo de su padre; y alborotado y contento, llamando aparte á don Fernando, á Cardenio y
letras
al

Cura,

les

contó

lo

que pasaba, certificándoles que aquel
Habíale dicho también
el

oidor era su hermano.

criado

cómo

iba proveído por oidor á las Indias, en la audiencia

de Méjico; supo también

cómo

aquella doncella era su hija,

de cuyo parto habia muerto su madre, y que él habia quedado muy rico con el dote que, con la hija, se le quedó en
casa. Pidióles consejo
:

qué modo tendría para descubrirse, ó
si
,

para conocer primero

después de descubierto
afrentaría, ó
le

,

su her-

mano, por

verle pobre, se

recebiria con

buenas entrañas.

244
«Déjeseme

DON QUIJOTE DE LA MANCHA.
á

el

hacer esa experiencia, dijo

el

Cura:

cuanto más, que no hay que pensar sino que vos, señor Capitán, seréis
cia

muy

bien recebido; porque

el

valor y pruden-

que en su buen parecer descubre vuestro hermano, no
ni
la

da indicios de ser arrogante

desconocido, ni que no ha

de saber poner

los casos

— Con todo

de
el

fortuna en su punto.

eso, dijo

Capitán, yo querría, no de im-

proviso, sino por rodeos, dármele á conocer.

— Ya
Ya en

os digo, respondió el

Cura, que yo

lo trazaré

de

modo, que

todos

quedemos

satisfechos.»

esto estaba aderezada la cena para el

Oidor y su
se desvió á

hija, y todos se sentaron á la

mesa;

el

Cautivo

un lado, y

las

señoras se retiraron á su aposento.
el

En

la

mi-

tad de la cena dijo

Cura

:

«

Del

mesmo nombre

de vuestra

merced, señor Oidor, tuve yo una camarada en Constantinopla,

donde estuve cautivo algunos años,

la cual

camaque

rada era uno de los

más

valientes soldados y capitanes
;

habia en toda

la infantería

española pero tanto cuanto tenia

de esforzado y valeroso, tenia de desdichado.

— Y ¿cómo
Oidor.

se

llamaba ese capitán, señor mió? preguntó

el

— Llamábase, respondió
era natural de

el

un lugar de

las

Cura, Rui Pérez de Viedma, y montañas de León el cual me
;

contó un caso que con su padre , á

él

y á sus hermanos

,

les

habia sucedido, que, á no contármelo un
dero
jas

hombre

tan verda-

como

él, lo

tuviera por conseja de aquellas que las vieal

cuentan en invierno

fuego; porque

me

dijo

que su pa-

dre habia dividido su hacienda entre tres hijos que tenia, y les habia dado ciertos consejos, mejores que los de Catón; y
se

yo decir que

el

que

él

escogió , de venir á

la

guerra ,

le

ha-

»

PRIMERA PARTE. CAPÍTULO
bia sucedido tan bien,

XLIl.

245
es-

que en pocos años, por su valor y
el

fuerzo, sin otro brazo que

de su

mucha

virtud, subió á

ser capitán de infantería, y á verse en

camino y predicala

mento de

ser presto

maestre de campo; pero fuéle
la
la
,

fortuna
allí

contraria, pues
la

donde

pudiera esperar y tener buena,
libertad

perdió, con perder
la

en

la

felicísima jornada

donde tantos
yo
la

cobraron

que fué en

la batalla

de Lepanto

:

perdí en

la

Goleta, y después, por diferentes sucesos,
allí

nos hallamos camaradas en Constantinopla. Desde
á Argel,

vino

donde
el

que

le

sucedió uno de los
sucedido.
el

más extraños

casos

que en

mundo han

De

aquí fué prosiguiendo

Cura, y con brevedad

dis-

creta contó lo

que con Zoraida

á su

hermano habia sucedido;
Oidor, que ninguna vez
el

á todo lo cual estaba tan atento el

habia sido tan oidor

como
y
la

entonces. Solo llegó

Cura

al

punto de cuando
en
la

los franceses
,

despojaron á los cristianos que

barca venían
la

pobreza y necesidad en que su ca,

marada y

hermosa mora habían quedado de
,

los cuales

no

habia sabido en qué habían parado

ni

si

habían llegado á

España, ó llevádolos

los franceses á Francia.

Todo
allí

lo

que
el

el

Cura decía

estaba escuchando, algo de
los

desviado,

Capitán, y notaba todos
el

movimientos
el

que su hermano hacia,
bia llegado
al fin

cual, viendo

que ya

Cura ha-

llenándosele los

de su cuento, dando un grande suspiro y « ¡Oh señor, si supiéojos de agua, dijo
:

sedes las nuevas que
tan en parte
,

que

me habéis me es forzoso
mi

contado, y

cómo me

tocan

dar muestras dello con estas

lágrimas que, contra toda

discreción y recato,

me
altos

salen

por

los ojos!

Ese capitán tan valeroso que decís,
el

es

mi mapen-

yor hermano,

cual,

como más

fuerte y de

más

246

DON QUIJOTE DE LA MANCHA.

samientos que yo ni otro hermano

menor mió,

escogió

el

honroso y digno ejercicio de
tres

la

guerra, que fué uno de los
dijo

caminos que nuestro padre nos propuso, según os

vuestra camarada en la conseja que, á vuestro parecer, le
oistes.

Yo

seguí

el

de

las

letras
el

,

en

las cuales

Dios y mi

diligencia

me han

puesto en
el

grado que

me

veis.

Mi me-

nor hermano está en

Pirú, tan rico, que con lo que ha
la

enviado a mi padre y á mí, ha satisfecho bien
él se

parte que

llevó,

y aun dado a

las

manos de mi padre con qué
,

y yo ansimesmo he podido con más decencia y autoridad tratarme en mis estudios y llegar al puesto en que me veo. Vive aún mi padre, mupoder hartar su liberalidad natural
riendo con
el

deseo de saber de su hijo mayor, y pide á
la

Dios con continuas oraciones no cierre
hasta que
él

muerte sus

ojos

vea con vida

los

de su hijo, del cual

me mara-

villo, siendo tan discreto,

cómo en
lo supiera,
al

tantos trabajos y aflic-

ciones ó prósperos sucesos se haya descuidado de dar noticia

de

á su padre;

que

si él

ó alguno de nosotros,
la

no tuviera necesidad de aguardar

milagro de

caña para
lastimo es
,

alcanzar su rescate. Pero de lo que yo agora

me

de pensar
le

si

aquellos franceses no le habrán dado libertad

ó

habrán muerto por encubrir su hurto. Esta duda hará
viaje,

que yo prosiga mi

no con aquel contento con que y
tristeza.
\

le

comencé

,

sino con toda melancolía
!

Oh
!

buen

hermano mió y
te

¿

quién supiera agora dónde
,

estás

que yo
á

fuera á buscar y á librar de tus trabajos

aunque fuera

costa de los mios.
viejo

¡Oh! ¿quién

llevara

nuevas á nuestro
las

padre de que tenias vida, aunque estuvieras en
allí te

mazmorras más escondidas de Berbería! que de
caran sus riquezas
,

sa-

las

de mi hermano y

las

mias.

\

Oh

Zo-

»

»

PRIMERA
raida
á

partí:.
j

CAPÍTULO

XLII.
el

247
bien que

hermosa y

liberal!
!
¡

quién pudiera pagar

mi hermano
alma y

hiciste

Quién pudiera

hallarse al renacer de
á todos nos dieran!
el

tu

á las bodas,

que tanto gusto

Estas y otras semejantes palabras decia
tanta

Oidor, lleno de
le

compasión con
,

las

nuevas que de su hermano

ha-

bian dado

que todos

los

que

le

oian

le

acompañaban en dar

muestras del sentimiento que tenian de su lástima. Viendo,
pues,
el

Cura que

tan bien habia salido con su intención y
el

con

lo

que deseaba
tristes;

Capitán, no quiso tenerlos á todos
levantó de la mesa, y entrando
la

más tiempo

y

así, se

donde estaba Zoraida,

la

tomó por

mano, y

tras ella se
el

vinieron Luscinda y Dorotea. Estaba esperando
á ver lo á él

Capitán

que

el

Cura queria hacer, que fué que, tomándole
la otra

asimismo de
el

mano, con entrambos
y
los

á dos se fué

donde
dijo:

Oidor y su

hija

demás

caballeros estaban, y

«Cesen, señor Oidor, vuestras lágrimas, y cólmese vuestro deseo de todo el bien que acertare á desearse, pues
tenéis delante á vuestro

buen hermano y á vuestra buena cuñada. Este que aquí veis es el Capitán Viedma, y ésta la
hermosa mora que tanto bien
dije, los
le

hizo; los franceses que os

pusieron en
la liberalidad
el

la

estrecheza que veis, para que vos

mostréis

de vuestro buen pecho.
él le

Acudió

Capitán á abrazar á su hermano, y
los

puso

ambas manos en

pechos, por mirarle algo más apartado;
le

mas cuando

le

acabó de conocer,

abrazó tan estrecha-

mente, derramando tan
los

tiernas lágrimas de contento,
le

que

más de

los

que presentes estaban

hubieron de acomse di-

pañar en
jeron
,

ellas.

Las palabras que entrambos hermanos
,

los

sentimientos que mostraron
,

apenas creo que

pueden pensarse

cuanto más

escribirse.

24H

DON QUIJOTE DE LA MANCHA.
se dieron

AWi en breves razones
allí

cuenta de sus sucesos,
la

mostraron puesta en su punto
allí

buena amistad de
allí la

los

dos hermanos,

abrazó

el

Oidor
la

á Zoraida,

ofreallí la

ció su hacienda,
cristiana

allí

hizo que

abrazase su hija,

hermosa y

la

mora hermosísima renovaron

las lá-

grimas de todos. Allí

Don

Quijote estaba atento, sin hablar
atribu-

palabra, considerando estos tan extraños sucesos,

yéndolos todos á aventuras de
concertaron que
el

la

andante caballería. Allí
se volviesen

Capitán y Zoraida

con su

hermano

y avisasen á su padre de su hallazgo y libertad, para que, como pudiese, viniese á hallarse en las
á Sevilla,
le ser al

bodas y bautismo de Zoraida, por no
dejar el
allí

Oidor posible

camino que llevaba,

á causa de tener nuevas

que de
,

á

un mes

partía flota de Sevilla á la

Nueva España y

fuérale de grande

incomodidad perder

el viaje.

En

resolu-

ción, todos quedaron contentos y alegres del buen suceso
del Cautivo; y

como ya

la

noche iba

casi

en

las

dos partes

de su jornada, acordaron de recogerse y reposar lo que de
ella les

quedaba.

Don

Quijote se ofreció á hacer

la

guardia

del castillo,
follón

porque de algún gigante ú otro mal andante

no fuesen acometidos, codiciosos del gran tesoro de
castillo

hermosura que en aquel
ronselo los que
le

se

encerraba. Agradeciéal

conocían, y dieron

Oidor cuenta del

humor

extraño de

Don

Quijote, de que no poco gusto rese

cibió. Sólo

Sancho Panza
él se

desesperaba con

la

tardanza del

recogimiento, y sólo

acomodó mejor que

todos, echán-

dose sobre los aparejos de su jumento, que
caros

le

costaron tan

como

adelante se dirá.
las

Recogidas, pues,

damas en su

estancia, v los

demás
se

acomodándose como menos mal pudieron, Don Quijote

,

,

;

PRIMERA PARTE. CAPÍTULO
salió fuera

XLIII.

249

de

la

venta á hacer
,

la centinela del castillo,

como

lo

habia prometido. Sucedió
el

pues

,

que

,

faltando poco para
tan en-

venir

alba, llegó á los oidos de las
les

damas una voz
le

tonada y tan buena, que

obligó á que todas

prestasen

atento oido, especialmente Dorotea, que despierta estaba, á

cuyo lado dormia doña Clara de Viedma, que

así se

llala la

maba

la hija del

Oidor. Nadie podia imaginar quién era

persona que tan bien cantaba, y era una voz sola, sin que

acompañase instrumento alguno.

Unas veces
que en
tas, llegó á la

les

parecia que cantaban en

el

patio, otras

la caballeriza;

y estando en

esta confusión

muy
:

aten-

puerta del aposento Cardenio y dijo

«

Quien

no duerma escuche; que oirán una voz de un mozo de mulas,

que de

tal

manera canta, que encanta.
respondió Dorotea.

—-Ya lo oimos, señor»,
Y
la

con esto

se fué

Cardenio; y Dorotea, poniendo toda
:

atención posible , entendió que lo que se cantaba era esto

CAPITULO
Donde
se

XLIII.
mozo de
muías, con otros extraños

cuenta

la

agradable historia del

acaecimientos en

la

venta sucedidos.

"

Marinero soy de amor,
sin

Y
De

en su piélago profundo
esperanza
llegar á puerto alguno,

Navego,
"

Siguiendo voy á una

estrella
,

Que
Más Que

desde lejos descubro
cuantas vio Palinuro.

bella y resplandeciente

Yo

Y

así,

no sé á dónde me guía navego confuso,

El alma á mirarla atenta

Cuidadosa y con descuido.
17
II

, !

,

?

250

DON QUIJOTE DE LA MANCHA.
"

Recatos impertinentes
el

Honestidad contra

uso,

Son nubes que

me

la

encubren

Cuando más
"
i

verla procuro.

Oh

clara y luciente estrella,

En cuya lumbre me El punto que te me
Será de mi muerte

apuro
encubras
punto.
••

el

Llegando
no
así,

el

que cantaba á

éste, le pareció á

Dorotea que

seria

bien que dejase Clara de oir una tan buena voz; y
la

moviéndola á una y á otra parte,
:

despertó, dicién-

dole

a

Perdóname

,

niña , que te despierte , pues lo hago

porque gustes de
toda tu vida.»

oir la

mejor voz que quizá habrás oido en

Clara despertó toda soñolienta, y de
entendió lo que Dorotea
ella se lo volvió á decir,
le

la

primera vez no

decia, y húboselo de preguntar:
lo cual

por

estuvo atenta Clara; pero
el

apenas hubo oido dos versos, que

que cantaba iba prositan extraño,

guiendo, cuando

le

tomó un temblor

como

si

de algún grave accidente de cuartana estuviera enferma, y abrazándose estrechamente con Dorotea, le dijo « Ay, se:
¡

ñora de

que

el

mi alma y de mi vida! ¿para qué me despertastes mayor bien que la fortuna me podia hacer por ahora
no ver
ni oir

era tenerme cerrados los ojos y los oidos, para
á ese

desdichado músico.
es lo

— ¿Qué
canta es un

que dices, niña? Mira que dicen que
de muías. de lugares, respondió Clara, y
tanta seguridad, que
si él

el

que

— No

mozo

es sino señor

el

que

le tiene

en

mi alma con
le será

no quiere

dejalle,

no

quitado eternamente.»
las sentidas

Admirada quedó Dorotea de

razones de

la

mu-

:

PRIMERA PARTE. CAPÍTULO
chacha, pareciéndole que
se

XLIII.

25

I

aventajaban en
,

mucho
:

á la dis«

creción que sus pocos años prometian y

así, le dijo

Habláis

de modo, señora Clara, que no puedo entenderos; declaraos

que decís de alma y de lugares, y deste músico, cuya voz tan inquieta os tiene? Pero no me dies lo

más y decidme, ¿qué

gáis

nada por ahora; que no quiero perder, por acudir á vues-

tro sobresalto, el gusto

que recibo de

oir al

que canta; que

me

parece que con nuevos versos y nuevo tono, torna á su canto.


,

Sea en buen hora», respondió Clara; v por no

oille,

se tapó

con

las

manos entrambos
la cual,

oidos, de lo

que también

se

admiró Dorotea,
vio

estando atenta á lo que se canesta

taba

que proseguían en
"

manera

Dulce esperanza mia,
espesuras y malezas,

Oue, rompiendo

SicTues firme la vía

Que

mesma

te finges

y aderezas,

No te desmaye el verte A cada paso junto al de tu muerte. » No alcanzan perezosos
Honrados triunfos ni vitoria alguna, Ni pueden ser dichosos Los que, no contrastando á la fortuna,
Entregan desvalidos

Al ocio blando todos
"

los sentidos.

Que amor
es

sus glorias venda

Caras,

Pues no hay más

gran razón y es trato justo, rica prenda
se quilata por su gusto,

Que

la

que

Y

es cosa manifiesta

Que
"

no

es de estima lo

que poco cuesta.

Amorosas

porfías

Tal vez alcanzan imposibles cosas;

Y
De

ansí,

Sigo de

amor

aunque con las mías las más dificultosas,
la tierra el cielo. "

No

por eso recelo

no alcanzar desde

; ,

252

DON QUIJOTE DE LA MANCHA.
dio fin la voz
,

Aquí
ber
le

todo lo cual encendia
la

el

y principio á vivos sollozos Clara deseo de Dorotea, que deseaba satriste lloro;

causa de tan suave canto y de tan

y

así,

volvió á preguntar qué era lo que le queria decir denántes.

Entonces Clara, temerosa de que Luscinda no

la oyese,

abrazando estrechamente á Dorotea, puso su boca tan junto
del oido de Dorotea,

que seguramente podia hablar
:

sin ser

de otro sentida, y
es

así le dijo

«

Este que canta, señora mia,

un

hijo de

un

caballero, natural del reino de
el

Aragón,

se-

ñor de dos lugares,
padre en
la corte;

cual vivia frontero de la casa de
las

mi

y aunque mi padre tenia
el

ventanas de

su casa con lienzos en

invierno y celosías en

el

verano, yo

no

sé lo
al

que fué

ni lo

que no, que
si

este caballero,

que an-

daba

estudio,

me

vio, ni sé

en

la iglesia

ó en otra parte:

finalmente,

él se

enamoró de mí, y
le

me

lo dio á

entender

desde

las

ventanas de su casa con tantas señas y con tantas

lágrimas, que yo
lo

hube de

creer, y

aun querer,

sin saber

que

me

queria.
las

«Entre

señas que

me

hacia era una de juntarse la una
á entender

mano con

la otra,

dándome

que

se casarla

con-

migo; y aunque yo me holgaría mucho de que ansí fuera, como sola y sin madre, no sabia con quién comunicallo; y
así, lo dejé estar, sin dalle otro

favor

si

no

era,
,

cuando

es-

taba
el

mi padre

fuera de casa y

el

suyo también

alzar

un poco
él

lienzo ó la celosía, y dejarme ver toda, de lo

que

hacia

tanta fiesta,
esto el

que daba señales de volverse
la partida

loco. Llegóse en
,

no de

mi padre la cual él supo y mí, pues nunca pude decírselo. Cayó malo, a lo que
tiempo de
de
, ,
;

yo entiendo de pesadumbre y

así

,

el

dia

que nos partimos
los ojos;

nunca pude

verle para

despedirme del siquiera con

,

PRIMERA PARTE. CAPÍTULO
pero á cabo de dos dias que caminábamos

XLIII.
,

25?

al

entrar de una
vi á la

posada en un lugar, una jornada de aquí,
del

le

puerta

mesón, puesto en hábito de mozo de muías, tan al natural, que si yo no le trujera tan retratado en mi alma, fuera
imposible conocelle. Conocíle, admíreme y alégreme; él me miró á hurto de mi padre, de quien él siempre se esconde

cuando

atraviesa por delante de

mí en

los

caminos y en

las

posadas do llegamos; y

quién es, y considero que por amor de mí viene á pié y con tanto trabajo, muérome de pesadumbre, y adonde él pone los pies pongo yo
los ojos.

como yo

No

con qué intención viene,
le

ni

cómo ha podido

escaparse de su padre, que

quiere extraordinariamente,

porque no tiene otro heredero, y porque él lo merece, como lo verá vuestra merced cuando le vea. Y más le sé decir, que
todo aquello que canta lo saca de su cabeza; que he oido

gran estudiante y poeta; y hay más, que cada vez que le veo ó le oigo cantar, tiemblo toda y me sobresalto, temerosa de que mi padre le conozca y venga en
es

decir

que

muy

conocimiento de nuestros deseos. En mi vida
poder vivir

le

he hablado

palabra; y con todo eso, le quiero de manera, que no he de
sin
él.

Esto es, señora mia, todo lo que os puedo

decir deste músico, cuya voz tanto os ha contentado; que

en sola

ella echaréis

bien de ver que no es

como
dicho.

decís, sino señor

mozo de muías de almas y lugares, como yo os he
dijo á esta sazón

— No

digáis

más, señora doña Clara,

Dorotea (y esto besándola mil veces); no digáis más, digo, y esperad que venga el nuevo dia; que yo espero en Dios de encaminar de manera vuestros negocios, que tengan el
felice fin

que tan honestos principios merecen.

»

,

254

DON QUIJOTE DE LA MANCHA.
señora! dijo doña Clara, ¿qué fin se puede espe-

— jAy
rar,
si

su padre es tan principal y tan rico, que le parecerá
ser criada de su hijo,

que aun yo no puedo

cuanto más es-

posa! Pues casarme yo á hurto de

mi

padre...

no

lo haré

por
se

cuanto hay en
volviese

el

mundo.
:

No

querría sino que este

mozo

y

me

dejase

quizá con no velle, y con la gran disse

tancia del

camino que llevamos,
aunque
sé decir

me

aliviarla la

pena que

ahora
gino,

llevo...

que

este

remedio que

me
le

ima-

me ha
,

de aprovechar bien poco.
por dónde
se

No
este

qué diablos ha
ten-

sido esto

ni

ha entrado
él

amor que

go, siendo yo tan muchacha y

tan

muchacho; que en

verdad que creo que somos de una edad mesma, y que yo no tengo cumplidos diez y seis años que para el dia de San
;

Miguel que vendrá, dice mi padre que

los

cumplo.

No

pudo

dejar de reirse Dorotea,
:

oyendo cuan como niña
«

hablaba doña Clara, á quien dijo

Reposemos, señora,

lo

poco que creo queda de
draremos
,

ó mal

me

noche y amanecerá Dios y meandarán las manos. »
la
,

Sosegáronse con esto, y en toda

la

venta se guardaba un
la hija

grande silencio; solamente no dormían y Maritornes, su criada,
las

de

la

ventera
el

cuales,

como ya

sabian

hu-

Quijote, y que estaba fuera de la venta armado y á caballo, haciendo la guarda, determina-

mor de que pecaba Don
las

ron

dos de hacelle alguna burla, ó á lo
el

menos de
Es , pues ,
al

pasar

un poco

tiempo oyéndole sus
la

disparates.

el

caso

que en toda
sino

venta no habla ventana que saliese
pajar, por

campo
por
,

un agujero de un

donde echaban

la paja

defuera.

A
,

este agujero se pusieron las dos semidoncellas

y

vieron que
su lanzon

Don

Quijote estaba á caballo, recostado sobre

dando de cuando en cuando tan dolientes y pro-

PRIMERA PARTE. CAPÍTULO
caba

XLIIl.
le

255
arran-

fundos suspiros, que parecía que con cada uno se
el

alma; y asimismo oyeron que decia con voz blanda,
:

regalada y amorosa
so,

«

¡

Oh

mi señora Dulcinea
fin

del

Tobo-

extremo de toda hermosura,

y remate de
la

la discre-

ción, archivo del mejor donaire, depósito de

honesti-

dad, y ultimadamente idea de todo lo provechoso, honesto

y deleitable que hay en

el

mundo! y ¿qué
las

fará agora la tu

merced?
caballero

¿Si tendrás
,

por ventura
,

mientes en tu cautivo
,

que

á tantos peligros

por sólo servirte de su votú nuevas della ¡oh lumi-

luntad ha querido ponerse?

Dame

naria de las tres caras! Quizá, con envidia de la suya, la estás

ahora mirando, que, ó paseándose por alguna galería de sus
suntuosos palacios, ó ya puesta de pechos sobre algún bal-

cón, está considerando cómo, salva su honestidad y grandeza, ha de amansar la tormenta que por ella este mi cuitado corazón padece
sosiego á
,

qué gloria ha de dar á mis penas qué
,

mi cuidado, y finalmente, qué
á

vida á
,

mi muerte
salir á

y qué premio
ver á

mis

servicios.

Y

,

sol

que ya debes de

estar apriesa ensillando tus caballos

por madrugar y

mi señora,
rostro

así

como

la veas, suplicóte
al

que de mi parte
no
le

la saludes;

pero guárdate que,
;

verla y saludarla,
celos de
te

,

des

paz en
viste

el

que tendré más

que

tú los tu-

de aquella ligera ingrata que tanto

hizo sudar y cor-

rer por los llanos de Tesalia ó

por

las riberas del

Peneo (que

acuerdo bien por dónde corriste entonces), celoso y enamorado. »

no

me

A

este

punto llegaba
la

Don

Quijote en su tan lastimero

razonamiento, cuando
cecear y á decirle
:

hija de la ventera le
la

comenzó

á

«Señor mió, llegúese acá

vuestra mer-

ced,

si

es servido.»

256

DON QUIJOTE DE LA MANCHA.
cuyas señas y voz volvió

A
cómo

Don

Quijote

la

cabeza, y vio

á la luz de la luna, que entonces estaba en toda su claridad,
le

llamaban del agujero, que á
rejas doradas,

él le

pareció ventana,
las

y aun con
luego en

como conviene que

tengan tan

ricos castillos
el

como

él se

instante se le
la

imaginaba que era aquella venta; y representó en su loca imaginación

que otra vez, como
los señores
solicitarle;
tes
al

pasada, la doncella fermosa, hija de
,

de aquel

castillo

vencida de su amor

,

tornaba á

y con este pensamiento, por no mostrarse descorlas

y desagradecido , volvió
agujero, y
así

riendas á Rocinante y se llegó

como

vio a las dos

mozas,

dijo

:

^*

Lástima os

tengo, fermosa señora, de que hayades puesto vuestras
rosas mientes

amo-

en parte donde no

es posible

corresponderos

conforme merece vuestro gran valor y gentileza, de lo que no debéis dar culpa á este miserable andante caballero, á
quien tiene amor imposibilitado de poder entregar su voluntad á otra que aquella que, en
la
el

punto que sus

ojos la vieron,

hizo señora absoluta de su alma. Perdonadme, buena se-

ñora , y recogeos en vuestro aposento , y no queráis , con significarme

más

vuestros deseos,
si

que yo

me

muestre más
en mí
sea,

desagradecido; y

del

amor que me
que
el

tenéis halláis

otra cosa con que satisfaceros,

mismo amor no

pedídmela; que yo os juro por aquella ausente enemiga dulce

mia, de dárosla en continente,
guedeja de
ó ya los
los cabellos

si

bien

me

pidiésedes

una

de Medusa, que eran todos culebras,

dijo á este

— No ha menester nada punto Maritornes. — Pues ¿qué ha menester,
Don
Quijote.

mesmos

rayos del sol, encerrados en una redoma.

deso

mi

señora, señor caballero,

discreta

dueña, vuestra se-

ñora? respondió

PKIMFRA PARTE. CAPÍTULO

XLIII.
dijo

257
Maritorá este
si

Sola una de vuestras hermosas

manos,

nes, por poder desfogar con ella el gran deseo

que

agujero

la

ha traido, tan
la

á peligro de su
la

honor, que

su

señor padre
oreja.

hubiera sentido,

menor

tajada della fuera la

— Ya
él se

quisiera yo ver eso, respondió
si

Don

Quijote; pero
el

guardará bien dello,

ya no quiere hacer
el

más depuesto
hija.»

sastrado fin
las

que padre hizo en
los delicados

mundo, por haber
su

manos en

miembros de

enamorada

Parecióle á Maritornes que sin duda
la

Don

Quijote daria

habia pedido; y proponiendo en su pensamiento lo que habia de hacer, se bajó del agujero y se fué
le

mano que

á la caballeriza,

donde tomó

el

cabestro del

jumento de

Sancho Panza, v con mucha presteza
á

se volvió á su agujero,
la

tiempo que

Don

Quijote se habia puesto de pies sobre
la

silla

de Rocinante por alcanzar á

ventana enrejada, donde

se

imaginaba
:

estar la ferida doncella;

y

al

darle la

mano,

dijo

«Tomad,
los

señora, esa

mano, ó por mejor

decir, ese ver-

dugo de
á quien

malhechores del mundo; tomad esa mano, digo,
ni

no ha tocado otra de mujer alguna,

aun

la

de

aquella que tiene entera posesión de todo
os la

mi

cuerpo.
la

No

doy para que

la beséis, sino

para que miréis

contex-

tura de sus nervios, la trabazón de sus músculos, la anchura

y espaciosidad de sus venas, de donde sacaréis qué
de ser
la

tal

debe

— Ahora

fuerza del brazo que
lo

tal

mano

tiene.

veremos»,
al

dijo Maritornes;

y haciendo una

lazada corrediza

cabestro, se la echó á la
,

muñeca, y bacerrojo de
la

jándose del agujero
puerta del pajar

ató lo

que quedaba

al

muy

fuertemente.
la

Don

Quijote, que sintió

aspereza del cordel en su

mu-

258
ñeca, dijo:

DON QUIJOTE DE LA MANCHA.

«Más

parece que vuestra merced

me

ralla,

que

no que

me

regala la

mano.

No

la tratéis

tan mal, pues ella
os hace, ni es

no

tiene la culpa del

mal que mi voluntad
el

bien que en tan poca parte venguéis
enojo
:

todo de vuestro

mirad que quien quiere bien no
estas razones
así

se

venga tan mal.
las

»

Pero todas

de

Don

Quijote ya no

escu-

chaba nadie; porque,

como Maritornes

le ató, ella

y

la

otra se fueron, muertas de risa, y le dejaron asido de

ma-

nera, que fué imposible soltarse.

Estaba, pues,

como
el

se

ha dicho, de
el

pies sobre Roci-

nante, metido todo

brazo por

agujero, y atado de la

muñeca

al

cerrojo de la puerta, con grandísimo

temor y cui,

dado que

si

Rocinante

se desviaba á
;

un cabo ó á otro habia
no osaba hacer movi-

de quedar colgado del brazo y

así

,

miento alguno puesto que de
,

la

paciencia y quietud de

Rosi-

cinante bien se podia esperar que estaria sin moverse un
glo entero.

En

resolución, viéndose
se

que ya

las

damas

habian ido

,

Quijote atado, y se dio á imaginar que todo

Don

aquello se hacia por vía de encantamento,
sada, cuando en aquel

como

la

vez pa-

mismo

castillo le

molió aquel moro
su poca discreción
la

encantado del arriero; y maldecía entre

y discurso

,

pues habiendo salido tan mal

vez primera de
él la

aquel castillo, se habia aventurado á entrar en

segunda,

siendo advertimiento de caballeros andantes que cuando han

probado una aventura, y no salido bien con

ella, es señal
así,

que

no

está para ellos

guardada, sino para otros, y

no tienen

necesidad de probarla segunda vez.

Con

todo esto, tiraba
él

de su lazo, por ver
asido
,

si

podia soltarse; mas

estaba tan bien

que todas

sus pruebas fueron en vano.

Bien
se

es

verdad

que

tiraba

con tiento, porque Rocinante no

moviese; y

PRIMERA PARTE. CAPÍTULO
aunque
él

XLIII.

259

quisiera sentarse y ponerse en la silla, no podia

sino estar en pié ó arrancarse la
la

mano.

Allí fué el desear de

espada de Amadis
allí

,

contra quien no tenia fuerza encanel

tamento alguno;
el

fué

maldecir de su fortuna;
el

allí

fué
el

exagerar

la falta
allí

que haria en

mundo
(

su presencia
sin

tiempo que

estuviese encantado

que

duda alguna

se habia creido

que

lo estaba);

allí

el
allí

acordarse de nuevo
fué
el

de su querida Dulcinea del Toboso;

llamar á su

buen escudero Sancho Panza, que, sepultado en sueño y tendido sobre el albarda de su jumento, no se acordaba en
aquel instante de la madre que lo habia parido;
los sabios
allí

llamó á

á

Lirgandeo y Alquife, que le ayudasen; allí invocó su buena amiga Urganda, que le socorriese; y finalmente,

allí le

tomó

la

mañana,
toro,

tan desesperado y confuso,
él

que brael

maba como un

porque no esperaba porque
la tenia

que con

dia

se remediara su cuita;

por eterna, tenién-

dose por encantado; y hacíale creer esto ver que Rocinante

poco

ni

mucho

se

comer

ni

beber ni

movia, y creia que de aquella suerte, sin dormir, habian de estar él y su caballo
influjo

hasta que aquel

mal

de

las estrellas se

pasase, ó hasta

que otro más sabio encantador
ñóse

le

desencantase. Pero enga-

mucho

en su creencia, porque apenas comenzó á ama-

necer, cuando llegaron á la venta cuatro
ballo,

hombres de

á ca-

muy bien

puestos y aderezados, con sus escopetas sobre

los arzones.

Llamaron

á la puerta de la venta,
lo cual visto

que aun estaba cerrada,

con grandes golpes,

por

Don

Quijote desde

donde aun no dejaba de hacer
gante y alta dijo
:

la centinela,

con voz arro-

«Caballeros, ó escuderos, ó quien quiera
á las puertas deste cas-

que

seáis,

no tenéis para qué llamar

,

200
tillo;

DON QUIJOTE DE LA MANCHA.
que asaz de claro
está

que á

tales

horas, ó los que esabrir

tán dentro

duermen, ó no tienen por costumbre de
hasta que
el sol esté

tales fortalezas

tendido por todo
el dia,

el suelo.

Desviaos afuera y esperad que aclare

v entonces ve-

remos

si

será justo ó

no que os abran.

— ¿Qué
tero,

diablos de fortaleza ó castillo es éste, dijo uno,
!

para obligarnos á guardar esas ceremonias

Si sois el

ven-

mandad que nos abran; que somos caminantes, que
á nuestras cabalgaduras y
priesa.
talle

no queremos más de dar cebada
pasar adelante, porque

vamos de

— ¿Pareceos,
respondió

caballeros,

que tengo yo

de ventero!

Don

Quijote.
tenéis talle, respondió el otro; pero sé

—-No sé de qué
que

decís disparates en llamar castillo á esta venta.
Castillo es, replicó

Don

Quijote, y aun de los mejores

de toda esta provincia, y gente tiene dentro que ha tenido cetro en la mano y corona en la cabeza.

— Mejor
la

fuera

al

revés, dijo el caminante,
la

el

cetro en la

cabeza y

corona en
estar

que debe de
de

mano; y será, si dentro alguna compañía de

á

mano

viene,

representantes

los cuales es tener á

menudo

esas coronas

y cetros que
se

decís;

porque en una venta tan pequeña, y adonde

guarda

tanto silencio

como

ésta,

no creo yo que

se alojan personas

dignas de corona y cetro.

Sabéis poco del

mundo,

replicó

Don

Quijote, pues igla

noráis los casos

que suelen acontecer en

caballería

an-

dante.

))

Cansábanse

los

compañeros, que con

el

preguntante veasí, torel

nían, del coloquio

que con

Don

Quijote pasaba; y

naron á llamar con grande furia, y fué de modo, que

,

PRIMERA PARTE. CAPÍTULO
ventero despertó, y aun todos cuantos en

XLIV.
la

26

I

venta estaban;

y

así, se

levantó á preguntar quién llamaba. Sucedió en este
las

tiempo que una de

cabalgaduras en que venian los cuatro

que llamaban
y
triste,

,

se llegó á oler á

Rocinante que
,

,

melancólico
es-

con

las orejas caidas, sostenia sin

moverse á su

tirado señor; y

como

en

fin

era de carne,

aunque parecia

de leño, no pudo dejar de resentirse, y tornar á oler á quien
le

llegaba á hacer caricias; y así, no se

hubo movido

tanto

cuanto, cuando se desviaron los juntos pies de

Don

Quijote,

y resbalando de

la silla,

dieran con
le

él

en

el

suelo, á no que-

dar colgado del brazo, cosa que

causó tanto dolor, que
el

creyó, ó que la

muñeca

le

cortaban, ó que

brazo se

le

arrancaba

:

creyó ademas haber quedado tan cerca del suelo

que con
tierra;

los

extremos de

las

puntas de

los pies

besaba

la le

que era en su perjuicio, porque, entendiendo que
poco para poner
las

faltaba

plantas en la tierra, fatigábase y

estirábase cuanto podia por alcanzar al suelo, bien así
los

como

que están en

el

tormento de

la

garrucha, puestos á toca

no toca; que con
el

ellos

mismos son causa de acrecentar su dolor
la

ahinco que ponen en estirarse, engañados de
les
al

espese es-

ranza que se
tiren
,

representa, que, con poco
suelo.

más que

llegarán

CAPITULO XLIV.
Donde
se

prosiguen

los inauditos

sucesos de

la

venta.

En

efeto, fueron tantas las voces
las

que

Don

Quijote dio,
el

que, abriendo de presto

puertas de la venta, salió

ven-

tero despavorido, y fué á ver quién tales gritos daba, y los

que estaban fuera hicieron

lo

mesmo. Maritornes, que ya

202

DON QUIJOTE DE LA MANCHA.
las

habia despertado á

mismas voces, imaginando
y desató,
sin

lo

que

podia ser, se fué
el

al pajar,

que nadie
él

lo viese,

cabestro que á

Don

Quijote sostenia, y

dio luego en

el

suelo á vista del ventero y de los caminantes, que, lleél, le

gándose á

preguntaron qué tenia, que
el

tales

voces daba.

El, sin responder palabra, se quitó

cordel de la

muem-

ñeca, y levantándose en pié, subió sobre Rocinante,

brazó su adarga, enristró su lanzon, y tomando buena parte
del

campo, volvió
dijere

á

medio galope, diciendo
título

:

«Cualquiera

que

que yo he sido con justo

encantado,

como

mi
yo

señora la princesa
le

Micomicona me dé
los

licencia para ello,

desmiento,
se

le rieto

y desafio á singular batalla.»
cuatro caminantes de
el

Admirados
labras de

quedaron

las

pa-

Don

Quijote; pero

ventero

les

quitó de aquella

Quijote, y que no habia que hacer caso del, porque estaba fuera de juicio.

admiración, diciéndoles quién era

Don

Preguntáronle
venta un
nia

al

ventero

si

acaso habia llegado á aquella

muchacho de hasta edad de quince años, que vevestido como mozo de muías, de tales y tales señas,
las

dando

mismas que

traia el

amante de doña Clara.
la

El ventero respondió que habia tanta gente en

venta,

que no habia echado de ver en
habiendo
visto
:

el

que preguntaban; pero,
el

uno

dellos el

coche donde habia venido
estar sin
:

Oidor, dijo
el

«Aquí debe de
él

duda, porque éste

es

coche que

dicen que sigue

quédese uno de nosotros

á la puerta, y entren los

demás

á buscarle; y aun seria bien
la

que uno de nosotros rodease toda
fuese por las bardas de los corrales.

venta, porque no se

Así se hará», respondió uno dellos; y entrándose los
la

dos dentro, uno se quedó á

puerta, y

el

otro se fué á ro-

PRIMERA PARTE. CAPÍTULO
dear
la

XLIV.

263

venta
se

:

todo lo cual veia

el

ventero, y no sabia atinar

para qué

hacian aquellas diligencias, puesto que bien

creyó que buscaban aquel

mozo

cuyas señas

le

habian dado.

Ya
el

á esta sazón aclaraba

el dia;

y

así

por esto,

como por

ruido que

Don

Quijote habia hecho, estaban todos des,

piertos y se levantaban
tea;

especialmente doña Clara y Dorosobresalto de tener tan cerca á su

que

la

una con
la otra

el el

amante, y

con

deseo de verle, habian podido dor-

mir bien mal aquella noche.

Don

Quijote, que vio que
,

ninguno de

los

cuatro caminantes hacia caso del

ni le res-

pondian á su demanda, moria y rabiaba de despecho y saña; y si él hallara en las ordenanzas de su caballería que lícita-

tomar y emprender otra empresa, habiendo dado su palabra y fe de no ponerse en
el

mente podia

caballero andante

ninguna hasta acabar
con todos y
les

la

que habia prometido,

él

embistiera

hiciera responder

mal de su grado; pero,

por parecerle no convenirle ni estarle bien comenzar nueva

empresa hasta poner
callar

á

Micomicona en

su reino,

hubo de
las

y

estarse

quedo, esperando á ver en qué paraban

diligencias de aquellos caminantes,
al

uno de los cuales halló mancebo que buscaba, durmiendo al lado de un mozo de
ni le buscase, ni

muías, bien descuidado de que nadie
de que
.

menos

le hallase.
le

El

hombre

trabó del brazo y

le dijo

:

«

¡

Por

cierto, se-

ñor don Luis, que responde bien á quien vos

sois el

hábito

que

tenéis,

y que dice bien

la

cama en que

os hallo al re-

galo con que vuestra

madre

os crió!»

Limpióse
al

el

mozo

los soñolientos ojos,

y miró despacio

que

le

tenia asido, y luego conoció
tal

que era criado de su

padre, de que recibió

sobresalto,

que no acertó ó no

»

264

DON QUIJOTE DE LA MANCHA.
;

pudo hablarle palabra por un buen espacio y el criado prosiguió diciendo « Aquí no hay que hacer otra cosa señor
:

,

don Luis, sino

prestar paciencia,

y dar

la

vuelta á casa,
la

si

ya vuestra merced no gusta que su padre y mi señor
al


la

otro

mundo, porque no

se

puede esperar otra cosa de

pena con que queda por vuestra ausencia.

— Pues ¿cómo supo mi padre,
— Un
camino y en
estudiante,

dijo

don Luis, que yo ve-

nia por este

este traje?
el

respondió

criado,
el

á quien distes
lo descubrió,
al

cuenta de vuestros pensamientos, fué

que

movido

a lástima de las

que vio que hacia vuestro padre
así,

punto que os echó menos; y

despachó á cuatro de sus

criados en vuestra busca, y todos estamos aquí á vuestro
servicio,

más contentos de

lo

que imaginar

se

puede por
á los ojos

el

buen despacho con que tornaremos, llevándoos
tanto os quieren.

que

— Eso

será

como yo

quisiere, ó

como

el

cielo lo orde-

nare, respondió don Luis.

— ¿Qué habéis de querer, ó qué ha de
fuera de consentir en volveros
otra cosa.
?

ordenar

el cielo,

Porque no ha de

ser posible

Todas

estas razones

que entre

los

dos pasaban, oyó

el

mozo de muías,
dose de
allí,

junto á quien don Luis estaba; y levantán-

fué á decir lo que pasaba á don Fernando y i
los

Cardenio y á
cuales dijo

demás
aquel

,

que ya vestido

se

hablan

,

á los

cómo
las

hombre llamaba de

don á aquel
le

mu-

chacho, y

razones que pasaban, y

cómo

queria volver

á casa de su padre, y el
lo

mozo no

queria; y con esto, y con
el cielo le

que del sabian de
,

la

buena voz que

habia dado,

vinieron todos en gran deseo de saber

más particularmente

»

PRIMERA PARTE. CAPÍTULO
quién era, y aun de ayudarle
hacer; y
así, se
si

XLIV.
le

265
quisiesen

alguna fuerza

fueron hacia

la parte

donde aun estaba ha-

blando y porfiando con su criado. Salia en esto Dorotea de su aposento, y

tras ella

doña

Clara, toda turbada; y llamando Dorotea á Cárdenlo aparte,
le

contó en breves razones
él

la historia del

músico y de doña
la

Clara, á quien

también

dijo lo

que pasaba de

venida á

buscarle los criados de su padre; y no se lo dijo tan callando,

que
de

lo dejase

de oir doña Clara, de

lo

que quedó tan fuera

sí,

que

si

Dorotea no llegara á tenerla, diera consigo en
dijo á

el suelo.

Cárdenlo
él

Dorotea que

se volviesen al
:

apo-

sento; que
hicieron.

procurarla poner remedio en todo

v

ellas lo

Ya

estaban todos los cuatro que venían á buscar á don
la

Luis dentro de

venta y rodeados á

él,

persuadiéndole que

luego, sin detenerse un punto, volviese á consolar á su padre.

El respondió que en ninguna manera
hasta dar fin á un negocio en que
el

lo

podia hacer,

le

iba la vida, la honra y

alma.

Apretáronle entonces

los criados, diciéndole

que en ninó no

gún modo
quisiese.

volverían sin él, v que

le llevarían, quisiese

«Eso no haréis vosotros,

replicó

don Luis,

si

no

es lle-

vándome muerto; aunque, de cualquiera manera que me
llevéis
,

será llevarme sin vida.

Ya

á esta sazón habían acudido á la porfía todos los
la

más

que en

venta estaban, especialmente Cárdenlo, don Ferel

nando, sus camaradas,
Quijote; que ya
dar
le

Oidor,

el

Cura,

el

Barbero y

Don

pareció que no había necesidad de guar-

más

el castillo.

»

, ;

206
Cárdenlo,
á los

DON QUIJOTE DE LA MANCHA.

como

ya sabia

la historia del
¿

mozo, preguntó
á querer lle-

que

llevarle querían

que

qué

les

movía

var contra su voluntad aquel
c(

muchacho?
los

Muévenos respondió uno de
,

cuatro

,

dar la vida á su

padre, que, por la ausencia deste caballero, queda á peligro

de perderla.»

A
y
si

esto dijo

don Luis
:

:

«

No
,

hay para qué
y volveré
razón
si

se

dé cuenta

aquí de mis cosas

yo soy

libre

me

diere gusto

no, ninguno de vosotros
á vuestra
ella

me ha
la

de hacer fuerza.
,

—Harásela
cuando

merced

respondió

el

hom-

bre; y

no bastare con vuestra merced, bastará
lo

con nosotros para hacer á
obligados.

que venimos y

lo

que somos

— Sepamos qué
Oidor.

es esto,

de raíz», dijo á este tiempo

el

Pero

el

hombre que
,
:

le

conoció

,

como vecino
el

de su casa

respondió

«¿No conoce
que

vuestra merced, señor Oidor, á

este caballero,

es el hijo

de su vecino,

cual se ha

ausentado de casa de su padre en hábito tan indecente á su
calidad ,

como

vuestra
el

merced puede ver

!

Miróle entonces

Oidor más atentamente, y conocióle,

y abrazándole, dijo:

«¿Qué

niñerías son éstas, señor

don

Luis, ó qué causas tan poderosas, que os hayan movido á
venir desta

manera y en

este traje,

que dice tan mal con

la

calidad vuestra!»

Al mozo

se le vinieron las

lágrimas á los ojos

,

y no pudo

responder palabra. El Oidor dijo á los cuatro que se sosegasen
;

que todo
le

se haria bien

:

y tomando por
le

la

mano

á

don

Luis ,

apartó á una parte y

preguntó qué venida habia

sido aquella.

»

PRIMERA PARTE. CAPÍ lULO

XLIV.

267

Y

en tanto que
la

le

hacia esta y otras preguntas, oyeron
la

grandes voces á

puerta de

venta; y era

la

causa dellas,

que dos huéspedes que aquella noche habian alojado en ella, viendo á toda la gente ocupada en saber lo que los cuatro
buscaban, habian intentado
irse

sin

pagar

lo

que debian;

mas

el

ventero, que atendía más á su negocio que á los ajeal salir

nos, les asió
su

de

la

puerta, y pidió su paga, y
,

les

afeó

mala intención con

tales palabras
;

que

les

movió

á que le

respondiesen con los puños

mano, que

el

le comenzaron á dar tal y pobre ventero tuvo necesidad de dar voces y así
,

pedir socorro.

La
la

ventera y su hija no vieron á otro

más desocupado
la hija

para poder socorrerle, que á
ventera dijo
la
:

Don

Quijote, á quien

de

«

Socorra vuestra merced, señor caballero,
le

por

virtud que Dios
le están

dio, á

mi pobre padre; que dos
á cibera.

malos hombres

moliendo como

A
con

lo

cual respondió

Don

Quijote,
,

muy

mucha

flema

:

«

Fermosa doncella
,

de espacio y no ha lugar por

ahora vuestra petición

porque estoy impedido de entreme-

terme en otra aventura, en tanto que no diere cima á una en que mi palabra me ha puesto; mas lo que yo podré hacer por serviros, es lo
tro padre

que ahora

diré.

Corred y decid á vues-

que

se

entretenga en esa batalla lo mejor que puse deje

diere, y

que no

vencer en ningún modo, en tanto

que yo pido

licencia á la princesa

Micomicona para poder
la

socorrerle en su cuita;

que

si

ella

me

da, tened por cierto

que yo

le

sacaré della.
dijo á esto

^¡Pecadora de mí!
delante
:

Maritornes, que estaba

primero que vuestra merced alcance esa licencia que dice, estará ya mi señor en el otro mundo.

»

208

DON QUIJOTE DE LA MANCHA.
vos, señora, que yo alcance
la licencia

— Dadme
hará
al

que

digo, respondió
caso que

Don

Quijote; que

él esté

en

el

otro

como yo la tenga, poco mundo; que de allí le salo contradiga,

caré á pesar del

mismo mundo que
venganza de
los

ó por lo

menos

os daré tal

que

allá le

hubieren en:

viado, que quedéis
sin decir

más que medianamente

satisfecha»

y

más,

se fué á

poner de hinojos ante Dorotea, pi-

diéndole con palabras caballerescas y andantescas que la su

grandeza fuese servida de darle licencia de acorrer y socorrer al castellano de aquel castillo,

que estaba puesto en una

grave mengua.

La

Princesa se

la dio

de buen talante; y

él

luego,

em-

brazando su adarga y poniendo mano á su espada, acudió á la puerta de la venta, adonde aun todavía traian los dos
huéspedes á mal traer
al

ventero; pero

así

como
la

llegó,

emle

bazó y

se estuvo

quedo, aunque Maritornes y

ventera

decian que ¿en qué se detenia? que socorriese á su seííor y

marido.

«Deténgome,
poner

dijo

Don

Quijote, porque no

me

es lícito

mano

á la espada contra gente

escuderil; pero lla-

madme

aquí á

mi escudero Sancho; que
la

á él toca y atañe

esta defensa

y venganza.
puerta de
la

Esto pasaba en
las

venta, y en

ella

andaban

puñadas y mojicones

muy

en su punto, todo en daño del

ventero y en rabia de Maritornes, la ventera y su hija, que
se

desesperaban de ver
lo

la

cobardía de

Don

Quijote, y de lo

mal que

pasaba su marido, señor y padre. Pero dejémosle aquí; que no faltará quien
el
;

le

socorra, ó
lo

si

no, sufra y calle

que

se

atreve á
atrás

más de

que

sus

fuerzas le permiten

y volvámonos

cincuenta pasos , á

:

PRIMERA
ver

partí:.

CAPÍTULO XLIV.
al

269
le

qué fué

lo

que don Luis respondió
la

Oidor; que

de-

jamos aparte, preguntándole
tan vil traje vestido.

causa de su venida á pié, y de

A
como
«

lo cual el

mozo,

asiéndole fuertemente de
le

las

manos,
el

en señal de que algún gran dolor

apretaba

cora-

zón, y derramando lágrimas en grande abundancia,

le dijo
el

Señor mió

,

yo no
el

sé deciros otra cosa sino

que desde

punto que quiso

cielo, y facilitó nuestra vecindad,

que

yo

viese á

mi señora doña
la

Clara, hija vuestra y señora mia,

desde aquel instante

hice dueño de

mi voluntad; y
no
lo

si la

vuestra, verdadero señor y padre mió,

impide, en

este

mesmo

dia

ha de

ser

mi

esposa.

Por

ella dejé la casa

de mi

padre, y por ella me puse en este traje, para seguirla donde quiera que fuese, como la saeta al blanco ó como el mari-

nero

al

norte. Ella

no sabe de mis deseos más de

lo

que ha
visto

podido entender de algunas veces que desde
llorar

lejos

ha

mis

ojos.
,

Ya, señor,

sabéis la riqueza y la nobleza de
:

mis padres

y

cómo yo

soy su único heredero

si

os parece

que

éstas

son partes para que os aventuréis á hacerme en
si

todo venturoso, recebidme luego por vuestro hijo; que

mi padre,

llevado de otros designios suyos, no gustare deste
,

bien que yo supe buscarme

más fuerza
que
las

tiene el

tiempo

para deshacer y
tades.
»

mudar

las

cosas,

humanas volun-

Calló, en

diciendo esto,
oirle

el

enamorado mancebo, y
así

el

Oidor quedó en
haber oido
el

suspenso, confuso y admirado,
la

de

modo
el

y

discreción con que don Luis le ha-

bia descubierto su pensamiento,

como

de verse en punto
esse

que no sabia

que poder tomar en tan repentino y no
así,

perado negocio; y

no respondió otra cosa sino que

270

DON QUIJOTE DE LA MANCHA.
,

sosegase por entonces

y entretuviese á sus criados

,

que por

aquel dia no

le

volviesen, porque se tuviese tiempo para
las

considerar lo que mejor á todos estuviese. Besóle

manos

por fuerza don Luis, y aun

se las

bañó con lágrimas, cosa
el

que pudiera enternecer un corazón de mármol, no sólo
del

Oidor, que,
le

como

discreto,

ya habia conocido cuan
si

bien

estaba á su hija aquel matrimonio; puesto que,

fuera posible, lo quisiera efetuar con voluntad del padre de

don Luis,
hijo.

del cual sabia

que pretendía hacer de

título á su

Ya

á esta sazón estaban en paz los huéspedes

con

el

ven-

tero; pues por persuasión

y buenas razones de
le

Don

Quijote,
él

más que por amenazas,
quiso, y los criados de
tica del

hablan pagado todo lo que
el fin

don Luis aguardaban

de
el

la plá-

Oidor y

la

resolución de su

amo, cuando

demo-

nio, que no

duerme, ordenó que en aquel mismo punto
el

entró en la venta

barbero á quien

Don

Quijote quitó

el

yelmo de Mambrino, y Sancho Panza los aparejos del asno, que trocó con los del suyo el cual barbero, llevando su ju:

mento

á la caballeriza, vio á

Sancho Panza, que estaba adey
así

rezando no sé qué de
ció,

la albarda;

como

la vio, la
:

cono-

y

se atrevió á

arremeter á Sancho, diciendo

«

¡

Ah

don

ladrón, que aquí os tengo! venga

mi

bacía y

mi

albarda,

con todos mis aparejos, que
Sancho, que
vituperios
se vio

me

robastes.»
los

acometer tan de improviso, y oyó

que

le

decian, con la una

mano

asió de la albarda,
le

y con

la otra

dio

un mojicón
no por

al

barbero, que

bañó

los

dientes en sangre; pero

esto dejó el barbero la presa
tal

que tenia hecha en

el

albarda, antes alzó la voz de
al

ma-

nera, que todos los de la venta acudieron

ruido y pen-

»

PRIMERA PARTE. CAPÍTULO
dencia; y decia
:

XLIV.

27I
que, sobre

c(

¡Aquí del Rey y de

la justicia;

cobrar mi hacienda,

me

quiere matar este ladrón, salteador

de caminos!

— Mentís, respondió Sancho; que yo no soy
Ya
estaba

salteador de

caminos; que en buena guerra ganó mi señor
estos despojos.

Don

Quijote

Don

Quijote delante, con

mucho

contento de

ver cuan bien se defendia y ofendía su escudero; y túvole

desde

allí

adelante por

hombre de pro y propuso en
,

su cose le

razón de armarle caballero en
ofreciese, por parecerle

la

primera ocasión que
él

que

seria

en

bien empleada

la

Or-

den de

la caballería.
el
:

Entre otras cosas que
la

barbero decia en
«Señores,
así esta

el

discurso de

pendencia, vino á decir
la

albarda es mia
si

como
la

muerte que debo

á Dios, y así la

conozco como
establo,

hubiera parido, y ahí está
dejará mentir;
si

mi asno en

el
si

que no
pin-

me
dia

no, pruébensela, y
:

no
,

le viniere

tiparada,

yo quedaré por infame
ella se

que

me

quitó,

me

y hay más que el mismo quitaron también una bacía

de azófar nueva, que no se habia estrenado, que era señora de un escudo.»

Aquí no

se

pudo contener Don Quijote

sin responder,

dos y apartándolos, depositando la y poniéndose entre los albarda en el suelo, porque la tuviesen de manifiesto hasta

que
clara

la

verdad se aclarase, dijo
el

:

«Vean
que
,

vuestras mercedes

y manifiestamente
,

error en

está este

buen escu-

dero

pues llama bacía á lo que fué
el

es

y será

el

yelmo de

Mambrino,
barda no

cual se le quité yo en

buena guerra, y

me

hice señor del con legítima y lícita posesión.

En

lo del al-

me

entremeto; que

lo

que en

ello sabré

decir es,

2/2

DON QUIJOTE DE LA MANCHA.

que mi escudero Sancho

me

pidió licencia para quitar los

jaeces del caballo deste vencido cobarde, y con ellos adornar
el

suyo.

Yo

se la di,

y

él los

tomó; y de haberse convertido
si

de jaez en albarda, no sabré dar otra razón
naria
:

no

es la ordilos sucesos

que como

esas transformaciones se

ven en

de

la caballería.

Para confirmación de
el

lo cual, corre,

San-

cho, hijo, y saca aquí
ser bacía.

yelmo, que

este

buen hombre dice

^Pardiez, señor, dijo Sancho,
,

si

no tenemos otra prueba
dice, tan

de nuestra intención
bacía es
el

que

la

que vuestra merced
el

yelmo de Malino como
que

jaez deste buen

hom-

bre albarda.

— Haz
mento.
»

lo

te

mando,

replicó

Don

Quijote; que no

todas las cosas deste castillo

han de

ser guiadas

por encanta-

Sancho fué

á

do estaba

la

bacía y la trujo; y así
las

como

Don
que
por

Quijote

la vio, la

tomó en

manos y

dijo

:

«Miren

vuestras mercedes ¡con
ésta es bacía,
la

qué cara podrá decir
el

este escudero

y no

yelmo que yo he dicho!
,

Y juro
es el

Orden de

caballería

que profeso

que

este

yelmo

mismo que yo
cosa alguna.

le

quité, sin haber añadido en él ni quitado

— En
él

eso

no hay duda,
señor
le

dijo á esta sazón

Sancho; porque

desde que

mi

ganó hasta agora, no ha hecho con
cuando
este

más de una
si

batalla,

libró á los sin ventura enca-

denados; y
tonces
trance.

no fuera por
bien, porque

baciyelmo, no

lo pasara

en-

muy

hubo

asaz de pedradas en aquel

,

PRIMERA PARTE. CAPÍTULO

XLV.

273

CAPITULO XLV.
Donde
se

acaba de averiguar

la

duda

del

yelmo de Mambrino y de

la

albarda

y otras aventuras sucedidas, con toda verdad.

— ¿Qué

les

parece á vuestras mercedes, señores, dijo

el

barbero , de lo que afirman estos gentiles hombres , pues aun
porfian que ésta

no

es bacía, sino

yelmo!

— Y quien

lo contrario dijere, dijo
si

Don

Quijote... le haré
si

yo conocer que miente,
remiente mil veces.»

fuere caballero, y

escudero, que

Nuestro Barbero, que á todo estaba presente, como
nia tan bien conocido el

te-

humor
el

de

Don

Quijote, quiso es-

forzar su desatino y llevar adelante la burla, para
riesen, y dijo,

que todos

hablando con

otro barbero

:

«Señor bar-

bero, ó quien sois, sabed que yo también soy de vuestro

y tengo, más há de veinte años, carta de examen, y conozco muy bien de todos los instrumentos de la barbería,
oficio,
sin

que

me

falte

uno; y,

ni

más

ni

menos,
es

fui

un tiempo en

mi mocedad soldado, y

también qué

morrión y celada de encaje, y otras cosas licia (digo á los géneros de armas de los soldados)
(salvo

yelmo y qué es tocantes á la mi,

y digo

mejor parecer, remitiéndome siempre

al

mejor enten-

dimiento) que esta pieza que está aquí delante, y que este buen señor tiene en las manos, no sólo no es bacía de barbero, pero está tan lejos de serlo

como

está lejos lo blanco

de lo negro, y
éste,

la

verdad de

la

mentira: también digo que

— No

aunque

es

yelmo, no

es

yelmo

entero.
le

por cierto, dijo
es la babera.

Don

Quijote, porque

falta la

mitad, que

274

DON QUIJOTE DE LA MANCHA.
es», dijo el

— Así

Cura, que ya habia entendido
el

la in-

tención de su

amigo

Barbero

:

y

lo

mismo confirmó Cárel

denlo, don Fernando y sus camaradas; y aun

Oidor,

si

no estuviera tan pensativo con
dara por su parte á
saba
llos

el

negocio de don Luis , ayu-

la

burla; pero las veras de lo

que pen-

le

tenian tan suspenso, que poco ó nada atendía á aque-

donaires.
dijo á esta

«¡Válame Dios!
¿que
es posible

sazón

el

barbero burlado:
ésta

que tanta gente honrada diga que

no

es

bacía, sino yelmo!

Cosa parece

ésta,

que puede poner en
sea.

admiración á toda una universidad, por discreta que
Basta
:

si

es

que

esta bacía es

yelmo

,

también debe de

ser

esta albarda jaez de caballo,

como

este señor

ha dicho.

— A mí
más de
de

albarda

me

parece, dijo

Don

Quijote; pero ya

he dicho que en eso no

me

entremeto.

— De que

sea albarda ó jaez, dijo el

Cura, no

está

en

decirlo el señor

Don

Quijote; que, en estas cosas
le

la caballería,

— Por Dios,
veces que en
él

todos estos señores y yo
señores mios, dijo

damos

la ventaja.

Don

Quijote, que son

tantas y tan extrañas las cosas

que en

este castillo,

en dos

he alojado,

me han

sucedido, que no
lo

me

atreva á decir afirmativamente

ninguna cosa de

que,

acerca de lo que en

él

se contiene, se
él

preguntare; porque

imagino que cuanto en
mento. La primera vez
tado que en
él

se trata va

por vía de encanta-

me

fatigó

mucho un moro encanle

hay, y á Sancho no

fué

muy

bien con
casi

otros sus secuaces;

y anoche estuve cogido deste brazo

dos horas

:

sin saber

cómo

ni

cómo

no, vine á caer en

aquella desgracia. Así que,
tanta confusión, á dar

ponerme yo agora, en cosa de
será caer en juicio

mi parecer,

teme-

»

PRIMERA PARTE. CAPÍTULO XLV.
rario.

275
no
si

En

lo

que toca

á lo

que dicen, que

ésta es bacía, y
lo

yelmo, ya yo tengo respondido; pero en
ésa es albarda ó jaez,
tiva; sólo lo dejo
al

de declarar

no

me

atrevo á dar sentencia defini-

buen parecer de vuestras mercedes:

quizá por no ser armados caballeros,

como yo
los

lo soy,

no

tendrán que ver con vuestras mercedes

encantamentos

deste lugar, y tendrán los entendimientos libres, y podrán

juzgar de

las

cosas deste castillo

como

ellas

son real y ver-

daderamente, y no como á mí

me

parezcan.

— No
que
el

hay duda, respondió á esto don Fernando, sino

señor

Don

Quijote ha dicho
caso
;

muy

bien

,

y que á

nosotros toca

la difinicion deste

y porque vaya con más

fundamento, yo tomaré en secreto
y de
lo

los votos destos señores;

que

resultare

,

daré entera y clara noticia.
tenian del

Para aquellos que

la

humor

de

Don

Quijote,

era todo esto materia de grandísima risa; pero á los

que

lo

ignoraban,
cialmente á
ni

les

parecía

el

mayor

disparate del

mundo,

espe-

los

cuatro criados de don Luis, y á don Luis
á otros tres pasajeros

más

ni

menos, y

que acaso hablan

llegado á la venta, que tenian parecer de ser cuadrilleros,

como
el

en efeto lo eran; pero
allí,

el

que más

se desesperaba era
le

barbero, cuya bacía

delante de sus ojos, se

habia

yelmo de Mambrino, y cuya albarda, pensaba sin duda alguna que se le habia de volver en jaez rico de cavuelto en
ballo; y los

unos y

los otros se reian los votos

de ver

cómo andaba
era albarda ó

don Fernando tomando
dolos
al

de unos en otros, hablansi

oido , para que en secreto declarasen

jaez aquella joya sobre quien tanto se habia peleado;

y des-

pués que hubo tomado

los

votos de aquellos que á

Qu¡jv)te conocían, dijo en alta voz: «El caso es,

Don buen hom-

276

DON QUIJOTE DE LA MANCHA.

bre, que ya yo estoy cansado de tomar tantos pareceres;

porque veo que á ninguno pregunto

lo

que deseo saber, que
ésta sea albarda de

no

me

diga que es disparate

el

decir

que

jumento, sino jaez de caballo, y aun de caballo castizo: y
así,

habréis de tener paciencia, porque, á vuestro pesar y
es jaez,

al

de vuestro asno, éste

y no albarda, y vos habéis

ale-

gado y probado

— No

muy mal

de vuestra parte.
el

la

tenga yo en

el cielo, dijo

pobre barbero,

si

todas vuestras mercedes no se engañan, y

aun

así

parezca

mi ánima

ante Dios
allá

como

ella

me

parece á


:

albarda, y

no jaez; pero

van leyes

y no digo más

y en verdad
si

que no estoy borracho; que no
car no.»

me

he desayunado,

de pe-

No menos
bero que
dijo
lo
:

causaban

risa las

necedades que decia
Quijote,
sino
el

el

bar-

los disparates

de

Don

cual á esta sazón

«Aquí no hay más que hacer,
es

que cada uno tome
san

que

suyo, y á quien Dios se

la dio,

Pedro

se la

bendiga. »

Uno

de

los

cuatro criados dijo

:

«Si ya no es que esto sea

burla pensada, no

me puedo
,

persuadir que

hombres de

tan

buen entendimiento

como

son

,

ó parecen todos los que

aquí están, se atrevan á decir y afirmar que ésta no es bacía, ni aquella albarda;

mas, como veo que

lo

afirman y lo
el

dicen
fiar

,

me

doy á entender que no carece de misterio
lo

por-

una cosa tan contraria de
la

que nos muestra

la

misma

verdad y

misma
mundo,

experiencia; porque ¡voto á

tal

(y arro-

jóle redondo),

que no
al

me

den á mí á entender cuantos hoy

viven en

el

revés de

que

ésta

no sea bacía de bar-

bero, y ésta albarda de asno!

— Bien podria

ser

de borrica, dijo

el

Cura.

PRIMKRA PARTE. CAPITULO

XLV.

— Tanto
des dicen.»

277

monta,
si

dijo el criado;

que

el

caso no consiste
vuestras

en eso, sino en

es

ó no es albarda,

como

merce-

Oyendo

esto

uno de
la
:

los cuadrilleros

que habian entrado,

que habia oido
de enfado, dijo
otra cosa

pendencia y cuestión, lleno de cólera y «Tan albarda es como mi padre, v el que
dijere,

ha dicho ó

— ¡Mentís como
jote;

debe de estar hecho uva.

bellaco villano!» respondió
le

Don Quilas

y alzando
le

el

lanzon (que nunca
tal

dejaba de

ma-

nos),

iba á descargar

golpe sobre
allí

la

cabeza, que, á no
:

desviarse el cuadrillero, se le dejara
se

tendido

el

lanzon

hizo pedazos en

el

suelo, y los

demás

cuadrilleros,

que

vieron tratar mal á su compañero, alzaron la voz, pidiendo
favor á la Santa

Hermandad.
la cuadrilla,
al

El ventero, que era de

entró

al

punto por

su varilla y por su espada, y se puso

lado de sus
á

compa-

ñeros; los criados de

don Luis rodearon
les

don Luis, porque,

con

el

alboroto, no se

fuese; el barbero, viendo la casa

revuelta, tornó á asir de su albarda, y lo

mismo

hizo San-

cho;

Don
él

Quijote puso

mano

á su espada y arremetió á los
sus criados

cuadrilleros;

don Luis daba voces á

que

le deja-

sen á

,

y acorriesen á

Don

Quijote y á Cardenio y á don

Fernando, que todos favorecian á
daba voces,
la

Don

Quijote;

el

Cura

ventera gritaba, su hija se afligía, Maritor-

nes lloraba, Dorotea estaba confusa, Luscinda suspensa, y

doña Clara desmayada. El barbero aporreaba
cho molia
al

á

Sancho San;

barbero; don Luis, á quien un criado suyo se
,

atrevió á asirle del brazo porque no se fuese

le

dio una pule

ñada, que
día;

le

bañó

los dientes

en sangre;

el

Oidor

defen-

don Fernando tenia debajo de

sus pies á

un cuadrillero.

»

,

278
midiéndole

DON QLTI|OTE DE LA MANCHA.
el

cuerpo con

ellos

muy

á su sabor; el ventero

tornó á reforzar la voz, pidiendo favor á la Santa

Herman-

dad

:

de

modo que
,

toda
,

la

venta era llantos, voces, gritos,
,

confusiones

temores

sobresaltos

desgracias
:

,

cuchilladas
la

mojicones, palos, coces y efusión de sangre
deste caos,

y en

mitad

en

la

máquina y laberinto de cosas, se le representó memoria á Don Quijote que se veia metido de hoz y
la discordia del

de coz en

campo de Agramante; y
:

así, dijo

con voz que atronaba
vainen
,

la

venta
,

«

Ténganse todos todos en, ,

todos se sosieguen
»

óiganme todos

si

todos quieren

quedar con vida.

A
do
:

cuya gran voz todos
«

se

pararon

,

y

él

prosiguió dicien-

¿No

os dije yo, señores,

que

este castillo era

encan-

tado, y que alguna legión de demonios debe de habitar en él? En confirmación de lo cual, quiero que veáis por vuestros ojos

otros, la
allí

ha pasado aquí, y trasladado entre nosdiscordia del campo de Agramante. Mirad cómo
se

cómo

se pelea

por

la

espada, aquí por

el

jaez; acullá por el

águila, acá por el yelmo; y todos peleamos, y todos

no nos

entendemos. Venga, pues, vuestra merced, señor Oidor, y vuestra merced, señor Cura, y el uno sirva de rey Agra-

mante y

el

otro de rey Sobrino, y

póngannos en paz; pores

que, por Dios Todopoderoso, que
tanta gente principal,
sas tan livianas.

gran bellaquería que

como

aquí estamos, se mate por cau-

Los cuadrilleros
jote,

,

que no entendían

el frásis

de

Don Qui-

malparados de don Fernando, Cárdenlo y sus camaradas, no querian sosegarse; el barbero sí, porque en y
se veian
la

pendencia tenia deshechas

las

barbas y
,

el
,

albarda; Sancho,
cria-

á la

más mínima voz de su amo obedeció como buen

PRIMERA PARTE. CAPÍTULO XLV.

279

do; los cuatro criados de don Luis también se estuvieron

quedos viendo cuan poco
,

les

iba en

no

estarlo
las

;

sólo el ven-

tero porfiaba

que

se

habian de castigar
le

insolencias de

aquel loco, que á cada paso

alborotaba la venta. Final:

mente,

el

rumor

se

apaciguó por entonces
el

la

albarda se

quedó por jaez hasta
y
la

dia del juicio, y la bacía por
la

yelmo,

venta por castillo en

imaginación de

Don

Quijote.

Puestos, pues, ya en sosiego, y hechos amigos todos a
persuasión del Oidor y del Cura, volvieron los criados de

don Luis

á porfiarle
él

que

al

momento
avenia,
el el

se viniese

con

ellos;

y

en tanto que

con

ellos se

Oidor comunicó con

don Fernando, Cardenio y
dicho.

Cura qué debia hacer en aquel

caso, contándoselo con las razones que don Luis le habia

En

fin, fué

acordado que don Fernando dijese á
él era,

los

criados de

don Luis quién
con
él al

y

cómo

era su gusto

que

don Luis
el

se fuese

Andalucía, donde de su hermano
el

Marqués

seria

hospedado como

valor de

don Luis meintención de

recia;

porque, de otra manera,

se sabia

de

la

don Luis que no volveria por aquella vez
padre,
si le

á los ojos de su

hiciesen pedazos; y creyeron que entendida de

los cuatro la calidad

de don Fernando y

la

intención de don

Luis, determinarian entre ellos que los tres se volviesen á
contar lo que pasaba á su padre, y
vir á
él
,

el

otro se quedase á ser-

don Luis, y á no dejalle hasta que ellos volviesen por ó viesen lo que su padre les ordenaba. Desta manera se
la

apaciguó aquella máquina de pendencias, por
de Agramante y prudencia del rey Sobrino. Pero, viéndose el enemigo de la concordia y
la

autoridad

el

émulo de

paz menospreciado y burlado, y

el

poco fruto que habia

granjeado de haberlos puesto á todos en tan confuso labe-

28o

DON QUIJOTE DE LA MANCHA.
mano, resucitando nue-

rinto, acordó de probar otra vez la

vas pendencias y desasosiegos.

Es, pues,

el

caso que los cuadrilleros se sosegaron, por
la calidad

haber entreoido

de
de

los
la

que con

ellos se

hablan

combatido, y

se retiraron

pendencia, por parecerles

que, de cualquiera manera que sucediese, hablan de llevar
lo

peor de

la batalla;

pero á uno dellos, que fué
,

el

que fué

molido y pateado por don Fernando le vino á la memoria que entre algunos mandamientos que traia para prender á
,

algunos delincuentes
la

,

traia

uno contra Don Quijote

,

á quien

Santa

que dio

Hermandad habia mandado prender por la libertad á los galeotes, como Sancho, con mucha razón,
si

habia temido. Imaginando, pues, esto, quiso certificarse
las

señas, que de

Don

Quijote traia, venian bien; y sacando

del seno

con

el

un pergamino doblado, con papeles dentro, topó que buscaba; y poniéndosele á leer de espacio, porque
lector, á cada palabra

no era buen

que

leia,

ponia

los ojos

en

Don
con
era el

Quijote, y iba cotejando
el rostro

las

señas del

mandamiento

de

Don

Quijote; y halló que sin duda alguna
rezaba.

que

el

mandamiento

Y

apenas se hubo certila

ficado,

cuando recogiendo su pergamino, con
el

izquierda

mostró

mandamiento y con
,

la

derecha asió á
le

Don Qui-

jote del cuello

fuertemente, que no
:

dejaba alentar, y á

grandes voces decia

«

¡

Favor

á la

Santa

Hermandad

!

Y

para que se vea que lo pido de veras, léase este

manda-

miento, donde
caminos.»

se

contiene que se prenda á este salteador de

Tomó
cuanto
el

el

mandamiento

el

Cura, y vio cómo era verdad

cuadrillero decia,

con

Don

Quijote,

el

y cómo convenia en las señas cual, viéndose tratar mal de aquel vi-

»

,

PRIMERA PAR FE. CAPÍTULO XLV.
llano malandrin, puesta la cólera en su
los

28

I

punto y Grujiéndole
le asió al
,

huesos de su cuerpo,

como mejor pudo,
la
allí

cua-

drillero

con entrambas manos tan bien de
de sus compañeros,
la presa.

garganta que

á

no

ser socorrido

dejara la vida an-

tes

que

Don

Quijote

El ventero, que por fuerza

habia de favorecer á
favor.

los

de su oficio, acudió luego á dalles

La

ventera, que vio de nuevo á su marido en pen-

dencias, de nuevo alzó la voz, cuyo tenor llevaron luego

Maritornes y su hija, pidiendo favor
allí

al

cielo

y á

los

que

estaban.
dijo,

Sancho
es

viendo

lo

que pasaba

:

«

¡Vive

el

Señor, que

verdad cuanto mi

amo

dice de los encantos deste castillo,
él
!

pues no

es posible vivir

una hora con quietud en
al

Don Fernando
uno en
el collar

despartió

cuadrillero y á

Don

Quijote,
el

y con gusto de entrambos

les

desenclavijó las

manos, que

del sayo del uno,

y

el

otro en la garganta
esto cesaban los

del otro, bien asidas tenian; pero

no por
les

cuadrilleros de pedir su preso,
sele atado

y que
la

ayudasen a dárasí

y entregado á toda su voluntad, porque
del

con-

venia

al

servicio

Rey y de

Santa

Hermandad, de

cuya parte de nuevo pedian socorro y favor para hacer
aquella prisión de aquel robador y salteador de sendas y de

caminos.
Reíase de oir decir estas razones

Don

Quijote, v con

mucho
¿saltear

sosiego dijo

Venid acá, gente soez y mal nacida: de caminos llamáis al dar libertad á los encadena:

«

dos , soltar

los presos

,

acorrer á los miserables
j

,

alzar los cai-

dos, remediar los menesterosos!

Ah

gente infame, digna,
el

por vuestro bajo y

vil

entendimiento, que

cielo

no

os

comunique

el

valor que se encierra en la caballería andante.

»

282
ni OS

DON QUIJOTE DE LA MANCHA.
dé á entender
la
el

pecado é ignorancia en que
la asistencia,

estáis

en

no reverenciar

sombra, cuanto más

de cual-

quier caballero andante! Venid acá, ladrones en cuadrilla,

que no cuadrilleros; salteadores de caminos con licencia de ¿quién fué el ignorante que la Santa Hermandad, decidme
:

firmó mandamiento de prisión contra un

tal

caballero

como

yo soy? ¿Quién

el

que ignoró que son exentos de todo juy que su ley
es su es-

dicial fuero los caballeros andantes,

pada, sus fueros sus bríos, sus premáticas su voluntad?

¿Quién fué

el

mentecato, vuelvo á decir, que no sabe que
ni
el

no hay ejecutoria de hidalgo con tantas preeminencias
exenciones
dia

como
arma

la

que adquiere un caballero andante

que

se

caballero y se entrega ai duro ejercicio de

la caballería?

¿Qué
,

caballero andante

pagó pecho,

alcabala,
?

chapín de

la reina

moneda

forera , pcitazgo ni barca
le hiciese
? ¿

¿

Qué
cas-

sastre le llevó

hechura de vestido que

Qué

tellano le acogió en su castillo,

que

le

hiciese pagar el es-

cote?

¿Qué

rey no le asentó á su mesa?

¿Qué

doncella no

se le aficionó,

voluntad?

Y

entregó rendida á todo su talante y finalmente, ¿qué caballero andante ha habido,

y

se le

hay

ni

habrá en

el

mundo que no
,

tenga bríos para dar

él

solo cuatrocientos palos á cuatrocientos cuadrilleros
le

que

se

pongan delante!

PRIMERA PARTE. CAPÍTULO

XLVI.

28^

CAPITULO XLVI.
Del
fin

de

la

notable aventura de los cuadrilleros, y
caballero

la

gran ferocidad de nuestro buen

Don

Quijote.

En
diendo
falto

tanto que
el

Don

Quijote esto decia, estaba persuacuadrilleros

Cura

á los

cómo Don

Quijote era

por sus obras y por sus palabras, y que no tenian para qué llevar aquel negocio adepues aunque le prendiesen y llevasen luego le lante

de juicio,

como

lo veian

;

,

,

habian de dejar por loco

:

á lo

que respondió
la

el del

manda-

miento que á

él

no tocaba juzgar de
que por su mayor

locura de

Don Qui-

jote, sino hacer lo

le era

mandado, y que
le

una vez preso, siquiera

le soltasen trecientas.

«Con todo
llevar, ni

eso, dijo el

Cura, por

esta

vez no

habéis de

aun

él dejará llevarse, á lo

que yo entiendo.»
decir, y tantas locuras
él

En
supo

efeto, tanto les

supo

el

Cura

Don

Quijote hacer, que más locos fueran que no
si

los cuadrilleros,
así,

no conocieran

la falta

de

Don

Quijote; y

tuvieron por bien de apaciguarse, y aun de ser medialas

neros de hacer

paces entre

el

barbero y Sancho Panza,

que todavía
mente,

asistian

con gran rancor á su pendencia. Finalde justicia, mediaron
la

ellos,

como miembros
,

causa

y fueron arbitros della

de

tal

modo que ambas
,
,

partes quesatisfe-

daron

,

si

no

del todo contentas
las

á lo

menos en algo

chas, porque se trocaron

albardas, y no las cinchas y jáá lo del

quimas; y en
el

lo

que tocaba
sin

yelmo de Mambrino,
le

Cura, á socapa y
al

que

Don

Quijote lo entendiese,
,

dio

barbero por

la

bacía ocho reales

y

el

barbero

le

hizo

una cédula del recibo, v de no llamarse á engaño por entón-

284

DON QUIJOTE DE LA MANCHA.
amén. Sosegadas, pues,
principales y de
estas

ees, ni por siempre jamas,

dos

pendencias, que eran
restaba

las

más

más tomo,

que
,

los criados

de don Luis se contentasen de vol-

y que el uno quedase para acompañarle donde don Fernando le queria llevar; y como ya la buena suerte y
ver los tres

mejor fortuna habia comenzado á romper lazos, y á
tar dificultades

facili-

en favor de los amantes de
quiso llevarlo
al

la

venta y de los
felice su-

valientes della

,

cabo y dar á todo

ceso; porque los criados se contentaron de cuanto

don Luis

queria, de que recibió tanto contento doña Clara, que nin-

guno en aquella sazón
el

la

mirara

al

rostro

,

que no conociera

regocijo de su alma. Zoraida,
,

aunque no entendia bien
se entristecía

todos los sucesos que habia visto

y alegraba á

bulto, conforme veia y notaba los semblantes á cada uno,

especialmente de su español , en quien tenia siempre puestos
los ojos,
le

y

traia

colgada
la

el

alma. El ventero, á quien no se
el

pasó por alto
al

dádiva y recompensa que
el

Cura habia
el

hecho

barbero, pidió

escote de

Don

Quijote, con

menoscabo de
saldría

sus cueros y falta de vino, jurando
el

que no
sin
lo
el

de

la

venta Rocinante ni

jumento de Sancho,
último ardite.

que

se le

pagase primero hasta
el

el

Todo

apaciguó

Cura, y

lo

pagó don Fernando; puesto que
voluntad, habia también ofrecido
sosiego,

Oidor, de
paga; y de

muy buena
tal

la

manera quedaron todos en paz y
la

que

ya no parecía

campo de Agramante, como Don Quijote habia dicho, sino la misma paz y quietud del tiempo de Otaviano, de todo lo cual, fué común
venta
la discordia del

opinión

,

que

se

debian dar

las

gracias á la

buena intención y

mucha

elocuencia del señor Cura y á la incomparable libe-

ralidad de

don Fernando.

PRIMERA PARTE. CAPÍTULO
Viéndose, pues,

XLVl.

285

Don

Quijote libre y desembarazado de

tantas pendencias , así de su escudero

como

suyas

,

le

pareció
aquella

que

seria bien seguir su

comenzado

viaje,

y dar

fin á

grande aventura para que habia sido llamado y escogido; y así, con resoluta determinación se fué á poner de hinojos
,

ante Dorotea, la cual no

le

consintió que hablase palabra

hasta que se levantase; y él, por obedecella, se puso en pié

y

le dijo

:

«

Es común proverbio, fermosa señora, que

la di-

buena ventura y en muchas y graves cosas ha mostrado la experiencia que la solicitud del neligencia es
la
,

madre de

gociante trae á buen
cosas se muestra

fin el pleito

dudoso; pero en ningunas
las

más

esta

verdad que en

de

la

guerra,

adonde

la

celeridad y presteza previene los discursos del enela vitoria antes

migo, y alcanza
en defensa.

que

el

contrario se
,

ponga

Todo
la

esto digo

me

parece que

y preciosa señora porque estada nuestra en este castillo ya es sin
,

alta

provecho, y podria sernos de tanto daño, que lo echásemos de ver algún dia; porque ¿quién sabe si, por ocultas espías

y diligentes, habrá sabido ya vuestro enemigo

el

gigante de

que yo voy
ficarse

á destruille, y dándole lugar, le tendrá de forticastillo

en algún inexpugnable

ó fortaleza, contra
la

quien valiesen poco mis diligencias y

fuerza de

mi

in-

cansable brazo! Así que, señora mia, prevengamos,

como

tengo dicho, con nuestra diligencia sus designios, y partámonos luego á la buena ventura; que no está en más de tenerla vuestra grandeza

como

desea, de cuanto yo tarde de

verme con vuestro contrario.»
Calló, y no dijo

más Don Quijote, y esperó con mucho
al estilo

sosiego la respuesta de la fermosa Infanta, la cual, con ade-

man

señoril y

acomodado

de

Don

Quijote,

le res-

;

286

DON QUIJOTE DE LA MANCHA.
:

pondió desta manera

«

Yo

os agradezco

,

señor caballero

,

el

deseo que mostráis tener de favorecerme en bien
así

mi gran

cuita,

como

caballero á quien es anejo y concerniente fa-

vorecer los huérfanos y menesterosos; y quiera el cielo que el vuestro y mi deseo se cumplan, para que veáis que hay
agradecidas mujeres en
sea luego;
el

mundo

:

y en

lo

de

mi

partida,

que yo no tengo más voluntad que

la vuestra.

Disponed vos de mí á toda vuestra guisa y talante; que la que una vez os entregó la defensa de su persona, y puso en
vuestras

manos

la restauración la

de sus señoríos, no ha de

querer

ir

contra lo que

vuestra prudencia ordenare.

—A

la

mano
se

de Dios, dijo

Don

Quijote

:

pues

así es

que

una señora

me

humilla, no quiero yo perder

la

ocasión

de levantalla y ponella en su heredado trono. La partida sea luego, porque me va poniendo espuelas al deseo, y al cami-

no ,

lo

que suele decirse

,

que en

la

tardanza está

el

peligro

y pues no ha criado el cielo ni visto el infierno ninguno que me espante ni acobarde, ensilla, Sancho, á Rocinante, y
apareja tu

jumento y

el

palafrén de la Reina, y despidámo-

nos del castellano y destos señores, y vamos de aquí luego
al

punto.»

Sancho, que á todo estaba presente,
cabeza á una parte y á otra
:

dijo,

meneando

la

«

¡

Ay

señor, señor! y

¡cómo
sea

hay más mal en
dicho de

el

aldegüela que se suena!

Con perdón

las tocas

— ¿Qué mal puede haber en ninguna
las

honradas.

aldea, ni en todas

ciudades del
villano!
Si vuestra

mundo, que pueda
merced
se enoja,

sonarse en

menoscabo

mió,


llaré
,

respondió Sancho, yo ca-

y dejaré de decir lo que soy obligado,

como buen

PRIMERA PARTE. CAPÍTULO
escudero, y

XLVI.

287

— Di

como debe un buen
que
quisieres, replicó

criado decir á su señor.

lo

Don
si

Quijote,

como
si

tus

palabras no se
tienes, haces

encaminen

á

ponerme miedo; que
yo no
le

tú le

como

quien eres, y

tengo, hago

como quien

soy.

— No
lo es

es eso

¡pecador fui yo á Dios! respondió Sancho,

sino que yo tengo por cierto y por averiguado que esta se-

ñora, que se dice ser reina del gran reino

Micomicon, no
que
ella dice,

más que mi madre; porque,

á ser lo
los

no
la

se

anduviera hocicando con alguno de

que están en
»

rueda, á vuelta de cabeza y á cada traspuesta.

Paróse colorada, con

las

razones de Sancho, Dorotea

(porque era verdad que su esposo don Fernando, alguna
vez, á hurto de otros ojos, habia cogido con los labios parte
del

premio que merecian

sus

deseos

,

lo cual

habia visto

Sancho, y parecídole que aquella desenvoltura más era de dama cortesana que de reina de tan gran reino) y no pudo
,

ni quiso responder palabra á

Sancho, sino dejóle proseguir
:

en su plática, y
si al

él

fué diciendo

«Esto digo, señor, porque,

cabo de haber andado caminos y carreras, v pasando malas noches y peores dias, ha de venir á coger el fruto de
nuestros trabajos
el

que

se está

holgando en
ensille á

esta venta,
,

no

hay para qué darme priesa
el

á

que

Rocinante albarde

jumento y aderece

el

palafrén; pues será mejor
»
el

que nos

estemos quedos, y cada puta hile, y comamos.

¡Oh válame Dios, y cuan grande que
recibió

fué

enojo que

Don

Quijote, oyendo

las

descompuestas palabras de

su escudero!

Digo que fué

tanto, que con voz atropellada
los ojos, dijo
:

y tartamuda lengua, lanzando vivo fuego por
<

¡Oh

bellaco villano, mal mirado, descompuesto, ignoran-

288
te,

DON QUIJOTE DE LA MANCHA.
infacundo, deslenguado, atrevido, murmurador y mal-

diciente! ¿Tales palabras has osado decir en

mi presencia y
Vete de

en

la destas ínclitas señoras,

y

tales

deshonestidades y atre!

vimientos osaste poner en tu confusa imaginación

mi

presencia, monstruo de naturaleza, depositario de
,

men-

tiras

almario de embustes ,

silo

de bellaquerías

,

inventor de

maldades, publicador de sandeces, enemigo del decoro que
se

debe á

las

reales personas; vete,
ira. »

no parezcas delante de
las cejas,
el

mí, so pena de mi hinchó
los carrillos,

Y

diciendo esto, enarcó

miró á todas partes, y dio con
el
:

pié

derecho una gran patada en

suelo, señales todas de la ira
á cuyas palabras

que encerraba en sus entrañas

y furibundos

ademanes quedó Sancho tan encogido y medroso, que se holgara que en aquel instante se abriera debajo de sus pies
la tierra

y

le tragara;

y no supo qué hacerse, sino volver

las

espaldas y quitarse de la enojada presencia de su señor.

Pero

la discreta

Dorotea, que tan entendido tenia ya
:

el

humor

de

Don

Quijote, dijo, para templarle la ira

«No
las

os

despechéis, señor Caballero de la Triste Figura, de

san-

deces que vuestro buen escudero ha dicho , porque quizá no
las

debe de decir

sin ocasión, ni

de su buen entendimiento
testi-

y

cristiana conciencia se

puede sospechar que levante

monio
que,

á nadie

:

y

así, se

ha de creer,

sin

poner duda en

ello,

como en

este castillo,

según vos, señor caballero, de-

cís, todas las

cosas van y suceden por
ser, digo,

modo

de encanta-

mento; podria

que Sancho hubiese

visto,

por esta

diabólica vía, lo

que

él

dice que vio, tan en ofensa de

mi

honestidad.

— ¡Por

el

omnipotente Dios juro,
la

dijo á esta sazón
el

Don

Quijote, que

vuestra grandeza ha dado en

punto, y

»

PRIMERA PARTE. CAPÍTULO
que alguna mala visión
se le

XLVI.
este

289
pecador de

puso delante á

Sancho que
,

le

hizo ver lo que fuera imposible verse de otro
el

modo que
la

por

de encanto no fuera! que sé yo bien, de
,

bondad

é inocencia deste desdichado

que no sabe levan-

tar testimonios á nadie.

— Ansí
ducille al

es

y ansí será, dijo don Fernando; por lo cual
seííor

debe vuestra merced,

Don

Quijote, perdonalle y re-

gremio de su gracia,

sicut erat in principio y antes
»

que

las tales visiones le

sacasen de juicio.
él

Don

Quijote respondió que
,

le

perdonaba, y
,

el

Cura

fué por Sancho

el

cual vino

muy humilde
amo, y
le

y hincándose y des-

de rodillas, pidió

la

mano

á su

él se la dio,

pués de habérsela dejado besar,
ciendo
:

echó

la

bendición, dihijo
, ,

«Agora acabarás de conocer, Sancho,
otras

ser ver-

dad
las

lo

que yo

muchas veces

te

he dicho de que todas

— Así Sancho, yo, por manta, que realmente — No respondió Don
lo creo
dijo

cosas deste castillo son hechas por vía de encantamento.

excepto aquello de

la

sucedió

vía ordinaria.
si así

lo creas,

Quijote; que

fuera,
ni

yo

te

vengara entonces, y aun agora; pero ni entonces
,

agora pude

ni vi en

quién tomar venganza de tu agravio.

Desearon saber algunos qué era aquello de
ventero
les

contó punto por punto

la

manta, y el volatería de Sancho
la

Panza, de que no poco
se corriera

se rieron todos,
le

y de que no menos

Sancho,

si

de nuevo no

asegurara su

amo que

era encantamento; puesto que jamas llegó la sandez de San-

cho
sin

á tanto,

que creyese no

ser

verdad pura y averiguada,
lo
,

mezcla de engaño alguno,

de haber sido manteado y no por fantasmas soña-

por personas de carne y de hueso
das ni imaginadas,

como

su señor lo creia y lo afirmaba.

290

DON QUIJOTE DE LA MANCHA.
dias eran

Dos

ya pasados, desde que toda aquella
la

ilustre

compañía estaba en
tiempo de

venta; y pareciéndoles que ya era

partirse, dieron

orden para que,

sin

ponerse

al

trabajo de volver
jote á su aldea
,

Dorotea y don Fernando con
la

Don Quila

con

invención de
el

la libertad

de

Reina

Micomicona pudiesen

Cura y

el

Barbero llevársele,

como

deseaban , y procurar la cura de su locura en su tierra. Y lo que ordenaron fué, que se concertaron con un carretero de

bueyes

,

que acaso acertó á pasar por
:

allí

,

para que lo llevase

en esta forma

hicieron una
ella

como

jaula de palos enrejados,

capaz que pudiese en
jote;

caber holgadamente

Don Quilos criael

y luego don Fernando y sus camaradas, con

dos de don Luis y los cuadrilleros, juntamente con

Bar-

bero, todos por orden y parecer del Cura, se cubrieron los rostros y se disfrazaron, quién de una manera y quién de
otra, de

modo que

á

Don

Quijote

le

pareciese ser otra gente

de

la

que en aquel

castillo

habia

visto.
él

Hecho
estaba

esto,

con

grandísimo silencio y descansando de
Llegáronse á

se entraron

adonde

durmiendo

las

pasadas refriegas.
libre

él,

que

y seguro de
le

tal

acontecimiento
bien
las

dormia; y asiéndole fuertemente,
nos y los pies, de
salto,

ataron
él

muy

ma-

modo que cuando

despertó con sobre-

no pudo menearse ni hacer otra cosa más que admiy suspenderse de ver delante de
la

rarse

tan extraños visajes;

y luego dio en

cuenta de

lo

que su continua y desvariada
y que sin podia menear

imaginación

le

representaba, y se creyó que todas aquellas

figuras eran fantasmas de aquel encantado castillo,

duda alguna ya estaba encantado
ni defender,
ria el

,

pues no se

todo á punto

como

habia pensado que sucede-

Cura, trazador desta máquina. Sólo Sancho, de todos

PRIMERA PARTE. CAPÍTULO
los

XLVI.
su

29

I

presentes,

estaba en su

mismo

juicio y en

misma
la

figura; el cual,

aunque

le faltaba

bien poco para tener

misma enfermedad de
ser su boca, hasta ver

su

amo, no

dejo de conocer quién

eran todas aquellas contrahechas figuras;

mas no osó desco-

su
el

amo,

el

en qué paraba aquel asalto y prisión de cual tampoco hablaba palabra, atendiendo á ver
allí

paradero de su desgracia, que fué, que trayendo

la

jaula, le encerraron dentro, y le clavaron dos

maderos tan

fuertemente, que no se pudieran romper á dos tirones.

Tomáronle luego en hombros, y oyó una voz temerosa, todo cuanto
bero (no
el del

al

salir del

aposento se
el

la

supo formar

Bar-

albarda, sino
!

el

otro),
te

que decia:«iOh Cala prisión
la

ballero de la Triste Figura

no

dé afincamiento

en que vas, porque

así

conviene para acabar más presto
te

aventura en que tu gran esfuerzo

puso ,

la cual se la

acabará

cuando

el

furibundo león manchego con
,

blanca paloma
las al-

tobosina yoguieren en
tas cervices al

uno ya después de humilladas
,

blando yugo matrimonesco

de cuyo inaudito

consorcio saldrán á luz del orbe los bravos cachorros que

imitarán
antes

las
el

rapantes garras del valeroso padre; y esto será

que

seguidor de
las

la fugitiva

ninfa faga dos vegadas

la visita

de

lucientes imagines con su rápido y natural
el

curso.

Y

oh
i

más noble y obediente escudero que tuvo
,

espada en cinta , barbas en rostro
te

y olfato en

las

narices

!

no

desmaye

ni descontente ver llevar así, delante de tus ojos

mesmos,

á la flor de la caballería andante;
del

que presto,

si

al

Plasmador

mundo
te te

le

place, te verás tan alto y tan sulas

blimado, que no promesas que

conozcas; y no saldrán defraudadas
tu

parte de la sabia

buen señor; y aseguróte, de Mentironiana, que tu salario te sea pagaha fecho

292
do, como

DON QUIJOTE DE LA MANCHA.
lo verás

por

la

obra; y sigue

las

pisadas del vale-

roso y encantado caballero; que conviene que vayas
paréis entrambos
:

donde

y porque no me es lícito decir otra cosa, á Dios quedad; que yo me vuelvo adonde yo me sé»; y al
acabar de
la

profecía, alzó la voz de punto, y disminuyóla
los sabidores

después con tan tierno acento, que aun

de

la

burla estuvieron por creer que era verdad lo que oian.

Quedó Don Quijote consolado con
porque luego coligió de todo en todo
y vio que
le

la

escuchada profecía,
de
ella,

la significación

prometian

el

verse ayuntado en santo y debido
del

matrimonio con su querida Dulcinea
felice vientre saldrian los

Toboso, de cuyo

cachorros, que eran sus hijos, para
esto bien
dijo
:

gloria perpetua de la

Mancha; y creyendo
seas,

y

fir-

memente,

alzó la voz, y

dando un gran suspiro,
que tanto bien
al

«¡Oh

tú, quien quiera

que

me

has pronos-

ticado! ruégote

que pidas de mi parte

sabio encantador

que mis cosas tiene a cargo, que no
prisión

me

deje perecer en esta

donde agora

me

llevan

,

hasta ver cumplidas tan ale-

gres é incomparables promesas

como

son

las

que aquí

se

me

han hecho; que, como
de

esto sea, tendré por gloria las penas

mi

cárcel,

y por

alivio estas cadenas

que

por duro campo de batalla este lecho en
sino por

me ciñen, y no que me acuestan,

cama blanda y tálamo

dichoso.

Y

en

lo

que toca

á la consolación de

Sancho Panza, mi escudero, yo confio

de su bondad y buen proceder que no
ni

me

dejará, en

buena
la

en mala suerte; porque, cuando no suceda, por

suya

ó por

mi

corta ventura, el poderle yo dar la ínsula, ú otra
,

cosa equivalente

que

le

tengo prometida
;

,

por

lo
,

menos

su salario no podrá perderse
está

que en mi testamento que ya que
se le

hecho, dejo declarado

lo

ha de dar, no con-

»

PRIMERA PARTE. CAPÍTULO
forme á sus muchos y buenos dad mia.

XLVII.

203

servicios, sino á la posibili-

Sancho Panza
besó entrambas

se le inclinó

con

mucho comedimiento
sola
la jaula

y

le

las

manos, porque

una no pudiera, por
en hombros

estar atadas entrambas.

Luego

sacaron
el

aquellas visiones

,

y

la

acomodaron en

carro de los bueyes.

CAPITULO

XLVII.
Don
Quijote de
la

Del extraño modo con que fué llevado encantado

Mancha, con

otros famosos sucesos.

Cuando Don Quijote

se vio

de aquella manera, enjaulado

y encima del carro, dijo: «Muchas y

muy

graves historias
ni

he yo leido de caballeros andantes; pero jamas he leido
visto ni oido

que
el

á los caballeros encantados los lleven desta

manera, y con

espacio que prometen estos perezosos y

tardíos animales;
aires

porque siempre

los suelen llevar

por

los

con extraña ligereza, encerrados en alguna parda y escura nube ó en algún carro de fuego, ó ya sobre algún hipógrifo ó otra bestia semejante; pero que

me

lleven á

agora sobre un carro de bueyes... ¡vive Dios, que

me pone

en confusión

!

Pero quizá

la caballería

y

los

encantos destos

nuestros tiempos deben de seguir otro
los antiguos;

camino que siguieron

y también podria ser que,
el

como yo

soy nuevo
el

caballero en

mundo, y

el

primero que ha resucitado

ya

olvidado ejercicio de

la caballería

aventurera, también nue-

vamente

se

hayan inventado otros géneros de encantamentos
llevar á los encantados.

y otros modos de

¿Qué

te

parece

desto, Sancho, hijo?

— No

yo

lo

que

me

parece, respondió Sancho, por

»

294
no

^^^ QUIJOTE DE LA MANCHA.

ser tan leido

como

vuestra

merced en

las

escrituras an-

dantes; pero, con todo eso, osarla afirmar y jurar
visiones

que

estas

que por aquí andan, que no son del todo

católicas.

¡Católicas,

mi
,

padre! respondió
si

Don

Quijote.

¿Cómo

han de

ser católicas

son todos demonios , que han tomado

cuerpos fantásticos para venir á hacer esto y á ponerme en
este estado?

Y

si

quieres ver esta verdad, tócalos y pálpalos,

y verás
sisten

cómo no

tienen cuerpos sino de aire
la apariencia.

,

y

cómo no con-

— Par Dios,
y
este diablo,

más de en

señor, replicó Sancho, ya yo los he tocado;
solícito, es rollizo

que aquí anda tan

de car-

nes, y tiene otra propiedad

muy

diferente de la

que yo he

oido decir que tienen los demonios, porque, según se dice,
todos huelen á piedra azufre y á otros malos olores; pero
éste huele á

ámbar de media

legua.

»

Decia

esto

Sancho por
oler á lo

don Fernando, que, como tan señor, debia de
que Sancho
decia.

«No

te maravilles

deso, Sancho amigo, respondió

Quijote, porque te hago saber que los diablos saben

Don mu-

cho; y puesto que traigan olores consigo, ellos no huelen nada porque son espíritus y si huelen no pueden oler
,
; ,

cosas buenas

,

sino malas y hediondas

;

y

la

razón es , que

como

ellos,

donde quiera que están, traen
pueden recebir género de
el

el infierno

con-

sigo, y no

alivio

alguno en sus

tormentos, y

buen olor
ellos

sea cosa

que

deleita

y contenta,
si

no

es posible

que

huelan cosa buena; y
dices huele á

á

te

paen-

rece que ese

demonio que

ámbar, ó tú

te

gañas

,

ó

él

quiere engañarte con hacer que no le tengas por

demonio.

Todos

estos coloquios pasaron entre

amo y

criado; y te-

PRIMERA PARTE. CAPÍTULO

XLVII.

295
viniese á

miendo don Fernando y Cárdenlo que Sancho no
caer del todo en la cuenta de su invención
,

á quien

andaba
la

ya

muy

en

los alcances,

determinaron de abreviar con
al

partida; y llamando aparte
sillase á

ventero,

le

ordenaron que en-

Rocinante y enalbardase el jumento de Sancho, y lo hizo con mucha presteza. Ya en esto el Cura se habia
concertado con
lugar, dándoles
los cuadrilleros

que
dia.

le

acompañasen hasta su
del ar-

un tanto cada

Colgó Cardenio
la

zón de

la silla

de Rocinante, del un cabo

adarga y del

otro la bacía, y por señas

mandó

á

Sancho que subiese en

su asno, y tomase

las

riendas á Rocinante, y puso á los dos
;

lados del carro á dos cuadrilleros con sus ballestas
tes

pero an-

que

se

moviese

el

carro, salió

Maritornes á despedirse de

Don

ventera con su hija y Quijote, fingiendo que llola

raban de dolor de su desgracia; á quien

Don

Quijote dijo:

«No

lloréis,

mis buenas señoras; que todas
los

estas desdichas

son anejas á

que profesan

calamidades no

me

que yo profeso; y si estas acontecieran no me tuviera yo por falo
,

moso

caballero andante; porque á los caballeros de poco
les

nombre y fama nunca
no hay en
sí, el

suceden semejantes casos, porque
los valerosos

mundo

quien se acuerde dellos; á

que tienen envidiosos de su virtud y valentía á muchos

príncipes y á

muchos
los

otros caballeros,

que procuran por
la virla ni-

malas vías destruir á

buenos. Pero, con todo eso,

tud es tan poderosa, que por

sola, á pesar

de toda
,

gromancia que supo su primer inventor Zoroástres
vencedora de todo trance, y dará de

saldrá

luz en

el

mundo,

como
mas,

la
si

da

el

sol

en

el

cielo.

Perdonadme, fermosas da-

algún desaguisado, por descuido mió, vos he fecho;
le

que, de voluntad y á sabiendas, jamas

hice á nadie; y

»

,

296
rogad á Dios

DON QlIiyOTE DE LA MANCHA.

me

saque destas prisiones, donde algún mal

intencionado encantador
libre,

me
la

ha puesto; que

si

dellas

me

veo

no

se

este castillo

me me

caerán de

memoria

las

mercedes que en
,

habedes fecho, para

gratificallas

servillas

y

recompensallas

como
el

ellas

merecen.
del castillo esto pasaban
se despidieron

En

tanto que las
el

damas

con

Don

Quijote,

Cura y

Barbero

de don Fer-

y del Capitán y de su hermano y todas aquellas contentas señoras, especialmente de Dorotea

nando y

sus camaradas,

y Luscinda. Todos se abrazaron y quedaron de darse noticia de sus sucesos diciendo don Fernando al Cura dónde habia
,

de escribirle, para avisarle en lo que paraba

Don

Quijote;

asegurándole que no habria cosa que más gusto
saberlo; y
viese

le diese

que
él

que

él

asimismo

le avisarla
así

de todo aquello que

que podria darle gusto,

de su casamiento
,

como
le

del

bautismo de Zoraida y suceso de don Luis

y vuelta de Lus-

cinda á su casa. El Cura ofreció de hacer cuanto se

man-

daba con toda puntualidad. Tornaron á abrazarse otra vez,

y otra vez tornaron á nuevos ofrecimientos. El ventero se llegó al Cura y le dio unos papeles, diciéndole que los habia hallado en
se halló la novela del

un aforro de
que

la
,

maleta, donde

Curioso impertinente
allí,

y que pues su

dueño no habia vuelto más por
que pues
deció
decia
ser
;

se los llevase todos;

él

no sabia

leer,

no
,

los queria.
al

El Cura se lo agra-

y abriéndolos luego vio que y coligió que

principio de lo escrito
,

:

Novela de Rinconete y Cortadillo
,
,

por donde entendió
Curioso imper-

alguna novela

pues

la del

tinente habia sido

buena, que también

lo seria aquella,
;

pues

podria ser fuesen todas de un

mismo

autor y

así

,

la

guardó

con prosupuesto de

leerla

cuando tuviese comodidad.

,

PRIMERA PARTE. CAPÍ EULÜ
Subió á caballo, y también su amigo
antifaces,
te),
el

XLVII.

297

Barbero (con sus

porque no fuesen luego conocidos de
el

Don

Quijo-

y pusiéronse á caminar tras
la

carro.
:

Y
como
tras

orden que llevaban era ésta

iba primero el carro
los cuadrilleros,

guiándole su dueño; á los dos lados iban
se

ha dicho, con

sus ballestas; seguia luego
la

Sancho

Panza sobre su asno, llevando de
de todo esto iban
el

rienda á Rocinante; de-

Cura y

el

Barbero sobre sus propias
se

ha dicho, con grave y reposado continente, no caminando más de lo que permitía
los rostros,
el

muías, cubiertos

como

paso tardo de los bueyes.

Don

Quijote iba sentado en

la

jaula, las
verjas,

manos

atadas, tendidos los pies, y arrimado á las
si

con tanto silencio y tanta paciencia, como
carne, sino estatua de piedra: y
así,

no fuera

hombre de
á

con aquel

espacio y silencio caminaron hasta dos leguas, que llegaron

un

valle,

donde

le

pareció

al

boyero ser lugar acomodado

para reposar y dar pasto á los bueyes; y comunicándolo con
el

Cura, fué de parecer
él

el

Barbero que caminasen un poco

más; porque
de
allí

sabia

que detras de un recuesto que cerca

mostraba, habia un valle de más yerba y mucho mejor que aquél donde parar querían. Tomóse el parecer del
se

Barbero, y

así,

tornaron á proseguir su camino.

En

esto volvió el
seis

Cura

el

rostro, y vio

que á sus espaldas

venian hasta

ó siete hombres de á caballo, bien puestos
los cuales
la

y aderezados, de

fueron presto alcanzados, porque
los

caminaban, no con

flema y reposo de

bueyes, sino

como
allí

quien iba sobre muías de canónigos, y con deseo de

llegar presto á sestear á la venta,
se parecía.

que menos de una legua de
perezosos, y sa,

Llegaron

los diligentes á los

ludáronse cortesmente; y uno de los que venian

que en

re-

298

DON QUIJOTE DE LA MANCHA.
demás que

solución era canónigo de Toledo y señor de los
le

acompañaban, viendo

la

concertada procesión del carro,

cuadrilleros,
á

Sancho, Rocinante, Cura y Barbero, y más

Don

Quijote enjaulado y aprisionado, no pudo dejar de

preguntar qué significaba llevar aquel hombre de aquella

manera; aunque ya
signias

se

habia dado á entender, viendo

las

in-

de

los cuadrilleros,

que debia de

ser

algún facine-

roso salteador, ú otro delincuente cuyo castigo tocase á la

Santa Hermandad.

Uno

de los cuadrilleros, á quien fué hecha
así
:

la

pregunta,

respondió

«

Señor
él,

,

lo

que

significa ir este caballero desta
lo
«

manera, dígalo

porque nosotros no
la plática,

sabemos.»
vuestras

Oyó Don

Quijote

y

dijo

:

Por dicha,

mercedes, señores caballeros, ¿son versados y peritos en esto de la caballería andante ? Porque si lo son comunicaré con
,

ellos

mis desgracias; y

si

no, no hay para qué

me
el

canse en
el

decillas. »

Y

á este

tiempo habian ya llegado
los

Cura y

Barbero, viendo que

caminantes estaban en pláticas con

Don

Quijote de

la

Mancha, para responder de modo que
artificio.

no fuese descubierto su

El Canónigo, á lo que
«

Don

Quijote dijo, respondió:

En

verdad , hermano , que sé más de libros de caballerías
las

que de
que en

súmulas de Villalpando

:

así

que,

si

no

está
lo

más
que

esto,

seguramente podéis comunicar conmigo

quisiéredes.

— Ala mano de Dios,
la virtud

replicó

Don

Quijote; pues

así es,

quiero, señor caballero, que sepades que yo voy encantado

en esta jaula, por envidia y fraude de malos encantadores;

que
los

más

es

perseguida de

los

malos que amada de

buenos. Caballero andante soy, v no de aquellos de cu-

PRIMERA PARTE. CAPÍEULO
memoria,

XLVII.

200

VOS nombres jamas la fama se acordó para eternizarlos en su

mesma
la
el

sino de aquellos que, á despecho y pesar de la envidia y de cuantos magos crió Persia, bracmanes

India, ginosofistas la Etiopia, ha de poner su

nombre en

inmortalidad, para que sirva de ejemplo v dechado en los venideros siglos donde los caballeros andanla
,

templo de

tes

vean

los

pasos que han de seguir

,

si

quisieren llegar á la

cumbre y

— Dice verdad

alteza honrosa de las armas.
el

señor

Don

Quijote de

la

Mancha,

dijo

á esta sazón el

Cura; que él va encantado en esta carreta, no por sus culpas y pecados, sino por la mala intención de

aquellos á quien la virtud enfada,
es, señor, el Caballero de la

y

la valentía enoja.
si

Este

Triste Figura,

ya

le oistes

nombrar en algún tiempo, cuyas
moles, por más que

valerosas hazañas

y gran-

des hechos serán escritos en bronces duros y en eternos
se canse la envidia

márla

en escurecerlos , y

malicia en ocultarlos.»

Cuando
mejante

el

Canónigo oyó hablar
estuvo por hacerse
lo

al

preso y

al libre

en se-

estilo,

no podia saber

que

le

cruz, de admirado, y habia acontecido; y en la misma
la

admiración cayeron todos

los

que con
se
:

él

venian.
la

En
plática

esto
,

Sancho Panza, que
,

habia acercado á oir
«

para adobarlo todo

dijo

Ahora
que

,

señores

,

quié-

ranme bien ó quiéranme mal por
ello es
,

lo

dijere, el caso

de

que

así

va encantado mi señor
quieren hacerme á

Don

Quijote

como mi

mí entender que va enpues yo he oido decir á muchas personas que los encantados ni comen, ni duermen, ni hablan, mi amo, si
cantado
,

madre.

¿Cómo

y

no

le

van á

la

mano, hablará más que
al

treinta procuradores!»
:

Y

volviéndose á mirar

Cura, prosiguió diciendo

«¡

Ah

300

DON QUIJOTE DE LA MANCHA.
le

señor Cura, señor Cura! ¿pensará vuestra merced que no

y pensará que yo no calo y adivino adonde caminan estos nuevos encantamentos? Pues sepa que

conozco

,

se
le le

enco-

nozco, por más que
tiendo, por

se

encubra

el rostro;

y sepa que

en-

más que disimule
puede

sus embustes.
,

En
si

fin,

donde
es-

reina la envidia no

vivir la virtud
el

ni

adonde hay

caseza, la liberalidad.

¡Mal haya

diablo! que

por su reestu-

verencia no fuera, ésta fuera ya la hora que
viera casado con la infanta
,

mi señor

Micomicona y yo
Triste Figura,
es

fuera conde
así

por lo menos, pues no se podia esperar otra cosa,

de de

la

bondad de mi señor,
por ahí, que

el de la
;

como
más

la

grandeza de mis servicios
se dice
la

pero ya veo que
la

verdad lo que
lista

rueda de

fortuna anda

que una rueda de molino, y que los que ayer estaban en pinganitos hoy están por el suelo. De mis hijos y de mi mujer

me

pesa; pues cuando podian y debian esperar ver entrar

á su

padre por sus puertas, hecho gobernador ó visorey de
le

alguna ínsula ó reino ,
llos.

verán entrar hecho

mozo
es

de caba-

Todo

esto

que he dicho, señor Cura, no

más de
pida

por encarecer á su paternidad haga conciencia del mal tratamiento que á mi señor se
le

hace

;

y mire bien no

le

Dios en

la otra

vida esta prisión de

cargo de todos aquellos socorros

mi amo, y se le haga y bienes que mi señor Don
punto
el

Quijote deja de hacer en este tiempo que está preso.

— Adóbame
¡

esos candiles, dijo á este
sois

Barbero:

¿también vos, Sancho,

de

la cofradía
le

de vuestro

amo?

Vive

el

Señor que voy viendo que
,

habéis de tener

com-

pañía en

la jaula,

como él, por lo ría! En mal punto

y que habéis de quedar tan encantado que os toca de su humor y de su caballeos empreñastes de sus

promesas, y en

PRIMERA PARTK. CAPÍ JULO
mal hora
se os entró

XLVll.

:>o

1

en

los cascos la ínsula

que tanto

deseáis.


soy

Yo no

estoy preñado de nadie, respondió Sancho, ni
dejarla

hombre que me
ínsula deseo

empreñar

del

Rey que

fuese; y

aunque pobre, soy
y
si
,

cristiano viejo,

y no debo nada á nadie;
;

otros desean otras cosas peores

y cada uno
venir á

es hijo

de sus obras, y debajo de ser

hombre puedo

ser papa,

cuanto más gobernador de una ínsula, y más, pudiendo ganar tantas mi señor, que le falte á quien dallas.
Vuestra merced mire

cómo

habla, señor Barbero; que no

es

todo hacer barbas, y algo va de Pedro á Pedro. Dígolo
,

porque todos nos conocemos

y á mí no

se

me

ha de echar
la

dado

falso;

y en esto del encanto de mi amo. Dios sabe

verdad; y quédese aquí, porque es peor meneallo. » No quiso responder el Barbero á Sancho, porque no descubriese con sus simplicidades lo que
él

y

el

Cura tanto pro-

curaban encubrir; y por este mismo temor habia el Cura dicho al Canónigo que caminase un poco delante; que él le
diria el misterio del enjaulado,

con otras cosas que

le

diesen

gusto. Hízolo así

el

Canónigo, y adelantándose con

sus cria-

dos y con

él

,

estuvo atento á todo aquello que decirle quiso

de

la

condición, vida, locura y costumbres de
el

Don Qui-

jote, contándole

Cura brevemente
el

el

principio y causa de

su desvarío, y todo

progreso de sus sucesos, hasta haberle
el
si

puesto en aquella jaula, y
varle á su tierra, para ver

designio que llevaban de

lle-

por algún medio hallaban re-

medio

á su locura.
los criados

Admiráronse de nuevo
la

y

el

Canónigo de

oir

peregrina historia de

Don

Quijote, y en acabándola de

oir, dijo:

«Verdaderamente, señor Cura, yo hallo por mi
la

cuenta que son perjudiciales en

república éstos que

lia-

302

DON QUIJOTE DE LA MANCHA.
libros

man

de caballerías; y aunque he leído, llevado de un
,

ocioso y falso gusto

casi el principio

de todos los más que
leer nin-

hay impresos, jamas

me

he podido acomodar á

guno

del principio

al

cabo; porque
ellos
,

me
que

parece que, cual
cosa, y

más, cual menos, todos
tiene
á

son una

mesma
el

no

más

éste

que aquél
,

ni estotro

otro.

Y según
que son

mí me parece

este

género de escritura y composición cae

debajo de aquel de

las fábulas

que llaman

milesias

,

cuentos disparatados, que atienden solamente á deleitar, y no á enseñar, al contrario de lo que hacen las fábulas apólogas,

que

deleitan y enseñan juntamente.

Y puesto

que

el

principal intento de semejantes libros sea el deleitar, no sé

yo cómo puedan conseguirle, yendo llenos de tantos y tan
desaforados disparates
cibe
;

que

el

deleite

que en

el

alma

se

con-

ha de

ser
las

templa en

hermosura y concordancia que ve ó concosas que la vista ó la imaginación le ponen
de
la

delante; y toda cosa que tiene en
tura,

fealdad y descompos-

no nos puede causar contento alguno. Pues ¿qué herpartes

mosura puede haber, ó qué proporción de
y del todo con
las

con

el

todo

partes, en

un

libro ó fábula

donde un
gigante
si

mozo de diez y seis años da una cuchillada á un como una torre, y le divide en dos mitades como
de alfeñique!

fuera

Y ¿qué

cuando nos quieren pintar una
la

batalla,

y después de haber dicho que hay de
gos un millón de combatientes ,
roe del libro
,

parte de los enemi-

como

sea contra ellos el hé,

forzosamente
el tal

,

mal que nos pese habemos de
el

entender que

caballero alcanzó la vitoria por sólo

valor de su fuerte brazo!

Pues ¿qué diremos de

la facilidad

con que una reina ó emperatriz heredera

se confia

en

los

brazos de un andante y no conocido caballero!

¿Qué

inge-

,

PRIMERA PARIE.
nio
,

C

API] ULü XLVII.
,

303

si

no

es del

todo bárbaro é inculto

podrá contentarse
la

leyendo que una gran torre, llena de caballeros, va por

mar

adelante,

como nave con
las

próspero viento, y hoy anotierras

chece en Lombardía, y mañana amanece en
Preste Juan de

del

Indias, ó en otras que ni las describió

Tolomeo
diese

ni las vio
los

Marco Polo!
libros
así,

Y

si

á esto se

me

respon-

que

que

tales

componen

los escriben

como
la

cosas de mentira, y

que

no están obligados

á mirar en

delicadezas

ni verdades, responderles-hia

yo que tanto

mejor, cuanto más parece verdadera, y tanto más agrada, cuanto tiene más de lo gustoso y posible. Hanse
es

mentira

de casar

las

fábulas mentirosas con

el

entendimiento de

los

que

las

leyeren, escribiéndose de suerte, que facilitando los

imposibles, allanando los tropiezos, suspendiendo los áni-

mos, admiren, suspendan, alborocen y entretengan de modo, que anden á un mismo paso la admiración y la alegría
juntas; y todas estas cosas no podrá hacer
la verisimilitud
el

que huyere de
la perfe-

de

la

imitación

,

en quien consiste
visto

cion de lo que se escribe.
ballerías

No
el

he

ningún

libro de ca-

que haga un cuerpo de fábula entero, con todos sus

miembros, de manera que

medio corresponda
medio; sino que
los

al

princi-

pio, y el fin al principio y al

componen

con tantos miembros, que más parece que llevan intención
de formar una quimera ó un monstruo
figura proporcionada.
las
,

que de hacer una
el estilo

Fuera desto, son en
los

duros, en

hazañas increíbles, en

amores

lascivos, en las corte-

sías

mal mirados, largos en

las batallas,

necios en las razo-

nes, disparatados en los viajes, y finalmente, ajenos de todo
discreto artificio, y por esto dignos de ser desterrados de la

república cristiana

como

gente

inútil. »

304
El Cura

DON QLIIJOTE DE LA MANCHA.
le

estuvo escachando con grande atención, y parecióle hombre de buen entendimiento y que tenia razón

en cuanto decia; y

así, le dijo

que, por ser

él

de su

misma
habia

opinión, y tener ojeriza á los libros de caballerías,

quemado
y contóle

casi todos los
el

de

Don

Quijote, que eran muchos;

escrutinio
al

que

dellos habia

hecho, y

los

que

habia condenado

fuego, y dejado con vida, de que no
dijo

poco

se rió el

Canónigo; y

que, con todo cuanto mal
en
ellos

habia dicho de

tales libros, hallaba

una cosa buena,

que era

el

sujeto

que ofrecian para que un buen entendiellos;

miento pudiese mostrarse en
espacioso
correr la

campo, por donde

sin

porque daban largo y empacho alguno pudiese

pluma, describiendo naufragios, tormentas, reen-

cuentros y batallas, pintando un capitán valeroso, con todas las partes que para ser
tal

se requieren

,

mostrándose
,

prudente

,

previniendo

las astucias

de sus enemigos

y elo-

cuente orador, persuadiendo ó disuadiendo á sus soldados,

maduro en

el

consejo, presto en lo determinado, tan va-

liente en el esperar

como

en
,

el

acometer; pintando, ora un
ora un alegre y no pensado
dis-

lamentable y trágico suceso
acontecimiento;
creta
allí

una hermosísima dama, honesta,

y recatada; aquí un caballero cristiano, valiente y co;

medido

acullá
,

un desaforado bárbaro fanfarrón acá un prín;

cipe cortés
lealtad

valeroso y bien mirado ; representando

bondad y

de vasallos, grandezas y mercedes de señores...

«Ya
vez

puede mostrarse astrólogo, ya cosmógrafo excelente, ya
músico, ya inteligente en
le

las

materias de estado, y

tal

vendrá

ocasión
las

de

mostrarse

nigromante,

si

quisiere.

Puede mostrar
la valentía

astucias de Ulíses, la piedad de
las

Eneas,

de Aquíles,

desgracias de Héctor, las traicio-

PRIMERA PARTE. CAPÍTULO
nes de Sinon,
la

XLVIII.

oqc
de Ale-

amistad de Euríalo,

la liberalidad

jandro,
jano,

el

valor de César, la clemencia y verdad de Tra-

la fidelidad

de Zopiro,

la

prudencia de Caten, y

final-

mente, todas aquellas acciones que pueden hacer perfecto á un varón ilustre, ahora poniéndolas en uno solo, ahora dividiéndolas en muchos; y siendo esto hecho con apacibilidad de
estilo

y con ingeniosa invención, que
la

tire

lo

más

que fuere posible á

verdad, sin duda compondrá una tela
lizos tejida,

de varios y hermosos
tal

que, después de acabada,
el fin

perfecion y hermosura muestre, que consiga
,

me-

jor que se pretende en los escritos

que

es

enseñar y deleitar
la escritura des-

juntamente, como ya tengo dicho; porque
atada destos libros da lugar á que
el

autor pueda mostrarse

épico, lírico, trágico, cómico, con todas aquellas partes que

encierran en

las

dulcísimas y agradables ciencias de
:

la

poesía y de la oratoria
birse en prosa

que

la

épica tan bien puede escri-

como

en verso.

CAPITULO
Donde
prosigue
el

XLVIII.
de caballerías, con otras cosas

Canónigo

la

materia de

los libros

dignas de su ingenio.

— Así
dijo el

es,

como

vuestra

merced

dice,

señor Canónigo,

Cura; y por esta causa son más dignos de reprehen-

sión los

que hasta aquí han compuesto semejantes
ningún buen discurso,

libros,

sin tener advertencia á

ni al arte

y

reglas por

donde pudieran guiarse y hacerse famosos en
lo

prosa,

como
á lo

son en verso los dos príncipes de

la

poesía

griega y latina.

— Yo,

menos,

replicó

el

Canónigo, he tenido

cierta

306

DON QUIJOTE DE LA MANCHA.
él

tentación de hacer un libro de caballerías, guardando en

todos los puntos que he significado; y

si

he de confesar

la

verdad, tengo escritas más de cien hojas; y para hacer la experiencia de si correspondian á mi estimación, las he co-

municado con hombres apasionados desta leyenda, dotos y discretos, y con otros ignorantes, que sólo atienden al gusto
de oir disparates
,

y de todos he hallado una agradable aproasí

bación; pero, con todo esto, no he proseguido adelante,

por parecerme que hago cosa ajena de mi profesión, por ver que
es

como

más

el

número de

los

simples que de los

prudentes; y que, puesto que es mejor ser loado de los pono quiero cos sabios que laureado de los muchos necios
,

sujetarme

al

confuso juicio del desvanecido vulgo, á quien,
parte, toca leer semejantes libros.

por

la

mayor
lo

«Pero

que más
el

pensamiento

manos, y aun del de acabarle, fué un argumento que hice
le

me

quitó de

las

conmigo mesmo, sacado de
imaginadas

las

comedias que ahora

se reasí

presentan, diciendo: «Si estas que ahora se usan,

las

como
vulgo

las

de historia, todas ó

las

más son conoaprueba

cidos disparates y cosas que no llevan pies ni cabeza, y con

todo eso,

el

las

oye con gusto, y
lejos

las tiene

y

las

por buenas, estando tan

de serlo; y
las

los autores

que

las
así

componen y
han de
ser,

los actores
así las

que

representan dicen que
el

porque

quiere

vulgo, y no de otra

nera, y que las que llevan traza y siguen la fábula
arte pide,

macomo el
las

no sirven sino para cuatro

discretos

que

en-

tienden, y todos los demás se quedan ayunos de entender
su artificio, y que á ellos les está mejor ganar de
los

comer con

muchos que no opinión con
mi
libro, al

drá á ser de

mismo vencabo de haberme quemado las celos

pocos

;

esto

PRIMERA PARTE. CAPÍTULO
jas

XLVIII.

307
el

por guardar

los

preceptos referidos, y vendré á ser

sastre del Cantillo.

Y

persuadir á los actores

aunque algunas veces he procurado que se engañan en tener la opinión

que tienen

y que más gente atraerán y más fama cobrarán representando comedias que sigan el arte, que no con las
,

disparatadas, ya están tan asidos y encorporados en su parecer,

que no hay razón

ni evidencia

que del

los

saque.»
:

«Acuerdóme que un dia dije á uno destos pertinaces «Decidme, ¿no os acordáis que há pocos años que se representaron en España tres tragedias, que

compuso un famoso
que admiraron,
las

poeta destos reinos,

las

cuales fueron tales,

alegraron y suspendieron á todos cuantos

oyeron,

así

simples

como

prudentes,

así del

vulgo

como de
se

los escogi-

dos, y dieron
las

más dineros

á los representantes ellas tres so-

que
»

treinta de las mejores
el

que después acá

han hecho?

Sin duda, respondió

actor que digo, que debe de

decir vuestra
»

merced por

la

Isabela , la Filis y la Alejandra.

— Por

esas digo, le repliqué yo;
si

y mirad

si

guardaban

bien los preceptos del arte, y

por guardarlos dejaron de
el

parecer lo que eran, y de agradar á todo

mundo
,

:

así

que,

no
llos

está la falta

en

el

vulgo que pide disparates sino en aquecosa. Sí,

que no saben representar otra

que no fué

disni se

parate

ha

ingratitud vengada

,

ni le tuvo la
,

Numancia,

halló en la del

Mercader amante

ni

menos en La Enemiga

favorable, ni en otras algunas que de algunos entendidos

poetas han sido compuestas

,

para ganancia de los que
sas

las

para fama y renombre suyo y han representado»; y otras coparecer, le dejé algo confuso,

añadí á éstas, con que, á
ni

mi

pero no satisfecho

convencido, para sacarle de su errado

pensamiento.

308

DON QUIJOTE DE LA MANCHA.
materia ha tocado vuestra merced
el
,

— En
tal,

señor Canó-

nigo, dijo á esta sazón

Cura, que ha despertado en mí un
las

antiguo rancor que tengo con

comedias que agora
los libros

se usan,

que iguala

al

que tengo con
la

de caballerías;
parece á

porque, habiendo de ser
llo,

comedia, según

le
las

Tu-

espejo de la vida
la

humana, ejemplo de
las

costumbres é
son es-

imagen de

verdad,

que ahora

se representan

pejos de disparates, ejemplos de necedades é imágenes de
lascivia.

Porque ¿qué mayor disparate puede
salir

ser,

en

el

su-

jeto

que tratamos, que
del

un niño en mantillas en
,

la pri-

mera escena
y un

primer acto

y en

la

segunda

salir

ya hecho

hombre barbado!
liente

Y

¿qué mayor que pintarnos un viejo va-

mozo

cobarde, un lacayo retórico, un paje con-

sejero,

un rey ganapán y una princesa fregona! ¿Qué diré, pues, de la observancia que guardan en los tiempos en que
las

pueden ó podian suceder
que he
visto
la
si

acciones que representan, sino

comedia que

la

primera jornada comenzó en
la tercera se

Europa,
y aun,

segunda en Asia,

acabó en África,

fuera de cuatro jornadas, la cuarta acabara en
así se

América, y
del

hubiera hecho en todas
es

las

cuatro partes

mundo!

Y

si

que

la

imitación es lo principal á que
es posible

ha de atender

la

comedia, ¿cómo

que

satisfaga á

ningún mediano entendimiento que, fingiendo una acción que pasa en tiempo
del

rey Pepino y Cario
la

Magno,
le

al

mismo que en
que fué
el

ella

hace

persona principal

atribuyan

emperador Heraclio, que entró con
el

la

cruz en

Jerusalen, y

que ganó

la

Casa Santa, como Godofre de

Bullón, habiendo infinitos años de lo uno á lo otro! y fun-

dándose

la

comedia sobre cosa fingida

¡atribuirle verdades

de historia, y mezclarle pedazos de otras, sucedidas á dife-

,,

PRIMERA PARTE. CAPÍTULO
rentes personas y tiempos
,

XLVIII.

309

y

esto

no con

trazas verisímiles
!

sino con patentes errores, de todo punto inexcusables

Y es lo

malo que hay ignorantes que digan que
y que
á las
lo

esto es lo perfecto,
si

demás

es

buscar gullurías. Pues ¿qué,

venimos
ellas!

comedias divinas! ¡Qué de milagros fingen en

¡qué de cosas apócrifas y mal entendidas, atribuyendo á un
santo los milagros de otro
á hacer milagros, sin
!

Y aun

en

las

humanas

se atreven

más

respeto ni consideración que pa-

recerles
ellos lo

que

allí

estará bien el tal milagro
la

y apariencia (como

llaman), para que

venga

á la

comedia.

Que

gente ignorante se admire, y todo esto es en perjuicio de la
las

verdad y en menoscabo de
de
los

historias, y

aun en oprobio

ingenios españoles; porque los extranjeros, que con

mucha
rates

puntualidad guardan

las leyes

de

la

comedia, nos

tie-

nen por bárbaros é ignorantes, viendo
de
las
el

los

absurdos y dispa-

que hacemos; y no
permitiendo que
la

seria bastante disculpa desto

decir

que

principal intento que las repúblicas bien orde,

nadas tienen
es

se

hagan públicas comedias
re-

para entretener

comunidad con alguna honesta
de
los

creación, y divertirla á veces

malos humores que

suele engendrar la ociosidad; y que, pues éste se consigue

con cualquier comedia, buena ó mala, no hay para qué poner leyes, ni estrechar á los que
á

que

las

componen y representan hagan como debian hacerse pues como he dilas
;

,

cho, con cualquiera se consigue lo que con

ellas se

pretende.

A

lo cual responderla
sin

yo que

este fin se

conseguida

mucho

mejor,

comparación alguna, con
no
tales;

las

comedias buenas
la

que con
artificiosa

las

porque, de haber oido
el

comedia
las

y bien ordenada, saldria

oyente alegre con

burlas, enseñado con las veras,

admirado de

los sucesos, dis-

3IO

DON QUIJOTE DE LA MANCHA.
,

creto con las razones
los

advertido con los embustes
el vicio,

,

sagaz con
la vir-

ejemplos, airado contra
;

y enamorado de
la

tud

que todos
el

estos afectos

ha de despertar

buena come-

dia en

ánimo

del

que

la

escuchare, por rústico y torpe
es

que

sea;

y de toda imposibilidad

imposible dejar de ale-

grar y entretener, satisfacer y contentar, la comedia que
todas estas partes tuviere,
reciere dellas,

mucho más que
mayor

aquella que ca-

como por
las

la

parte carecen éstas que

de ordinario agora se representan.
los poetas

Y

no tienen

la

culpa desto
dellos

que

componen; porque algunos hay
lo

que

conocen

muy

bien en

que yerran, y saben extremadalas

mente

lo

que deben hacer; pero, como

comedias

se

han

hecho mercadería vendible, dicen (y dicen verdad) que los representantes no se las comprarían, si no fuesen de aquel
jaez;

y

así, el

poeta procura acomodarse con lo que
le

el re-

presentante, que

ha de pagar su obra,

le pide.

Y

que

esto

sea verdad vese por

muchas

é infinitas

comedias que ha
reinos, con

compuesto un

felicísimo ingenio destos

tanta

gala, con tanto donaire, con tan elegante verso, con tan

buenas razones, con tan graves sentencias, y finalmente,
tan llenas de elocución y alteza de estilo,

que tiene lleno
al

el

mundo
gunas,

de su fama; y por querer acomodarse

gusto de los
llegado allas

representantes, no han llegado todas,
al

como han

punto de

la

perfección que requieren. Otros

componen

tan sin mirar lo

que hacen, que, después de

representadas, tienen necesidad los recitantes de huirse y
ausentarse, temerosos de ser castigados,

como

lo

han sido

muchas veces por haber representado
inconvenientes cesarían, y aun otros

cosas en perjuicio de
:

algunos reyes y en deshonra de algunos linajes

y todos

estos

muchos más, que no

PRIMERA PARTE. CAPÍTULO
digo, con que hubiese en
la corte
las

XLVIII.

311

una persona inteligente
se re-

y discreta que examinase todas

comedias antes que

presentasen, no sólo aquellas que se hiciesen en

la corte,

sino todas las que se quisiesen representar en España; sin la cual aprobación, sello y firma, ninguna justicia en su lugar
dejase representar

comedia alguna.

Y

desta manera, los colas
,

mediantes tendrían cuidado de enviar

comedias á

la corte,
las

y con seguridad podrían representallas
cían

y aquellos que

componen mirarían con más cuidado y
,

estudio lo que hael

temerosos de haber de pasar sus obras por
lo

riguroso

examen de quien
pretende,
los
,

entiende; y desta manera se harían bue-

nas comedias, y se conseguirla facilísimamente lo que en
ellas se
la
así el

entretenimiento del pueblo,
el

como

opinión de

ingenios de España,

interés

y seguridad

de
si

los recitantes

y

el

ahorro del cuidado de castigallos.
,

Y
los

se diese

cargo á otro

ó á este

mismo que examinase
, ,

libros

de caballerías que de nuevo se compusiesen
salir
,

sin

duda

podrían

algunos con

la

perfecion que vuestra merced

enriqueciendo nuestra lengua del agradable prey cioso tesoro de la elocuencia, dando ocasión que los libros
viejos se escureciesen á la luz de los

ha dicho

nuevos que saliesen para
los ociosos,

honesto pasatiempo, no solamente de
los

sino de
el

más ocupados; pues no
la

es posible

que

esté

continuo
se

arco armado, ni

condición y flaqueza
«

humana
el

puede

sustentar sin alguna lícita recreación.

A
al

este

punto de su coloquio llegaban
el

Canónigo y
ellos

el

Cura, cuando adelantándose

Barbero, llegó á
es el lugar

y

dijo
dije
los

Cura

:

«

Aquí, señor Licenciado,

que yo

que era bueno para que, sesteando nosotros, tuviesen
bueyes fresco y abundoso pasto.

312

DON QUIJOTE DE LA MANCHA.
lo

— Así me
dole
al

parece á mí», respondió
lo
,

el él

Cura; y dicién-

Canónigo
ellos

que pensaba hacer,
sitio

también quiso

quedarse con

convidado del
y
así

de un hermoso valle

que a

la vista se les ofrecía;

por gozar del,

como

de

la

conversación del Cura, de quien ya se iba aficionando, y por saber más por menudo las hazañas de Don Quijote,

mandó
que no

á algunos de sus criados
lejos

que

se fuesen á la venta,

de

allí

estaba, y trujesen della lo
él

que hubiese

de comer para todos, porque

determinaba de sestear en

aquel lugar aquella tarde, á lo cual uno de sus criados res-

pondió que
en
de
la la
«

el

acémila del repuesto, que ya debia de estar

venta, traia recado bastante para no obligar á tomar

venta más que cebada.
así es, dijo el
,

Pues

Canónigo, llévense
la

allá

todas

las

ca-

balgaduras

y haced volver

acémila.

»

En

tanto que esto pasaba, viendo Sancho que podia ha-

blar á su

amo

sin la

continua asistencia del Cura y
la

el

Bar-

bero, que tenia por sospechosos, se llegó á
iba su

jaula

donde

amo, y

le dijo

:

«

Señor, para descargo de

mi concienlos ros-

cia, le quiero decir lo

que pasa cerca de su encantamento,
,

y

es

,

que aquestos dos que vienen aquí encubiertos

tros, son el

Cura de nuestro lugar y

el

Barbero; y imagino

han dado
dia

esta traza de llevalle desta
,

manera, de pura envise les adelanta

que tienen

como

vuestra

merced

en ha-

cer famosos hechos. Presupuesta, pues, esta verdad, sigúese

que no va encantado
lo cual, le

embaído y tonto para prueba de quiero preguntar una cosa; y si me responde,
,

sino

;

como
juicio.

creo que

me

ha de responder tocará con
,

la

mano

este
el

engaño, y verá cómo no va encantado, sino trastornado

PRIMERA PARTE. CAPÍTULO

XLVIII.

— Pregunta
Don
luntad
;

313

lo

que

quisieres, hijo,

Sancho, respondió

Quijote; que yo

te satisfaré

y responderé á toda tu voallí

y en

lo

que
el

dices

que aquellos que
el

van

,

y vienen

con nosotros, son
tos

Cura y

Barbero, nuestros compatrioellos

y conocidos, bien podrá ser que parezca que son
lo sean

mesmos; pero que
creas en
es
,

realmente y en efeto, eso no

lo

ninguna manera. Lo que has de creer y entender que si ellos se les parecen como dices debe de ser que
,
,

los

que

me

han encantado habrán tomado
es fácil á los

esa apariencia v
la figura

semejanza, porque

encantadores tomar
las destos

que

se les antoja;

y habrán tomado

nuestros ami-

ocasión de que pienses lo que piensas, y ponerte en un laberinto de imaginaciones, que no aciertes

gos para darte á

á salir del

aunque

tuvieses la soga de Teseo; y

también

lo

habrán hecho para que yo vacile en mi entendimiento, y no sepa atinar de dónde me viene este daíio; porque, si por

una parte

me

dices

que

Cura de nuestro pueblo, y sé de mí que fuerzas humanas, como no fueran sobrenaturales,
res

me acompañan el Barbero y el por otra yo me veo enjaulado, y

no fueran bastantes para enjaularme, ¿qué quiela

que diga ó piense, sino que
á cuantas

manera de mi encantalas

mento excede
que
tratan

yo he leido en todas

historias

de caballeros andantes que han sido encanta-

dos! Ansí que, bien puedes darte paz y sosiego en esto de
creer que son los

que

dices;

porque

así

son

ellos

como yo
di;

soy turco

:

y en

lo

que toca

á querer

preguntarme algo,

que yo
iíana.

te

responderé, aunque

me

preguntes de aquí á

ma-

— ¡Válame Nuestra Señora! respondió Sancho, dando una
gran voz
:

y ¿es posible que sea vuestra merced tan duro de

^14

DON QUIJOTE DE LA MANCHA.

celebro y tan falto de meollo, que no eche de ver que es

pura^verdad

digo, y que en esta su prisión y desgracia tiene más parte la malicia que el encanto Pero pues
la

que

le

!

,

así es,

yo

le

quiero probar evidentemente
así

cómo no

va en-

cantado. Si no, dígame,
así se

Dios

le

saque desta tormenta, y

vea en

los

brazos de

mi

seríora

Dulcinea cuando me-

nos se piense...

— Acaba de conjurarme,
que
quisieres;

lo

que ya

te

Quijote, y pregunta he dicho que te responderé con
dijo

Don

toda puntualidad.

— Eso
me

pido, replicó Sancho; y lo que quiero saber es,

que

diga, sin añadir ni quitar cosa ninguna, sino con

toda verdad,

como

se espera

que

todos aquellos que profesan
las

las

han de decir y la dicen armas como vuestra merced
la
,

profesa, debajo de título de caballeros andantes...

— Digo que no mentiré en cosa
Quijote
sas
:

alguna, respondió

Don
can-

acaba ya de preguntar; que en verdad que
salvas, plegarias

me

con tantas

y prevenciones, Sancho. Digo que yo estoy seguro de la bondad y verdad de
así,

mi amo; y
gunto
,

porque hace

al

caso á nuestro cuento, pre,

hablando con acatamiento

si

acaso

después que

vuestra
esta

merced va enjaulado, y á su parecer, encantado en jaula, le ha venido gana y voluntad de hacer aguas ma-

yores ó menores,

como

suele decirse.
,

— No
más
,

entiendo eso de hacer aguas

Sancho

:

aclárate

si

quieres que te responda derechamente.
posible

— ¿Es

que no entiende vuestra merced de hacer
la escuela destetan á los
si

aguas menores ó mayores! Pues en

muchachos con

ello.

Pues sepa que quiero decir,

le

ha

venido gana de hacer lo que no se excusa.

PRIMERA PARTE. CAPÍTULO

XLIX.

315
ago-

— Ya, va
ra la

te
:

entiendo, Sancho.

Y muchas veces, y aun
;

tengo

sácame deste pehgro que no anda todo limpio.

CAPITULO XLIX.
Donde
se trata del discreto

coloquio que Sancho Panza tuvo con su señor

Don

Quijote.

^

¡

Ah

!

dijo

Sancho
el

,

cogido

le

tengo

:

esto es lo

que yo

deseaba saber con
¿podria negar lo

alma y con la vida. Venga acá, Señor: que comunmente suele decirse por ahí,
está de

cuando una persona
tiene fulano,

mala voluntad

:

«No

qué

que

ni

come,
le

ni

bebe, ni duerme, ni responde
,

á propósito á lo
está

que

preguntan

que no parece sino que que
los

encantado?»
,

De donde
,

se viene á sacar
,

que no

comen

ni

beben

ni

duermen

ni

hacen

las

obras naturales

que yo digo, que tienen
la

estos tales están encantados; pero

no aquellos

cuando

se lo

gana que vuestra merced tiene, y que bebe dan, y come cuando lo tiene, y responde á
le

todo aquello que

preguntan.

— Verdad
ya
te
,

dices,

Sancho, respondió

Don

Quijote; pero

he dicho que hay muchas maneras de encantamentos;

y podria ser que con el tiempo se hubiesen mudado de unos en otros y que agora se use que los encantados hagan todo lo que yo hago aunque antes no lo hacian de manera que
,
:

contra

el

uso de los tiempos no hay que argüir, ni de qué

sacar consecuencias.

Yo

sé ó

tengo para mí que voy encan-

tado, y esto

me

basta para la seguridad de

mi conciencia;
y co-

que

la

formaria

encantado, y

muy grande, si me dejase estar en
el

yo pensase que no estaba
esta jaula, perezoso

barde, defraudando

socorro que podria dar á

muchos me-

3l6

DON QUIJOTE DE LA MANCHA.
que de mi ayuda y amparo deben hora de ahora precisa y extrema necesidad.
,

nesterosos y necesitados

tener á la

— Pues con todo
mi poder
nuevo
á

eso, rephcó Sancho, digo que, para
,

ma-

yor abundancia y satisfacion

seria bien

que vuestra merobligo con todo
,

ced probase á saHr desta cárcel (que yo
á facilitarlo
,

me

y probase de subir sobre su buen Rocinante, que también pasacarle della)

y aun á

rece que va encantado, según va de malencólico y triste; y

hecho

esto,

probásemos otra vez
si

la suerte

de buscar más

aventuras; y

no nos sucediese bien, tiempo nos queda
la jaula,

para volvernos á

en

la cual

prometo,

á ley de

buen

y

leal

escudero, de encerrarme juntamente con vuestra mersi

ced,

acaso fuere vuestra

merced
con

tan desdichado, y yo tan

simple , que no acierte á

salir

lo

que digo.

— Yo

soy contento de hacer lo que dices, Sancho, her-

mano,

replicó

Don

Quijote; y cuando tú veas coyuntura
libertad,

obedeceré en todo y por todo; pero tú, Sancho, verás cómo te engañas en el

de poner en obra

mi

yo

te

conocimiento de mi desgracia.»
andante y mal andante escudero, hasta que llegaron donde, ya apeaestas pláticas se entretuvieron el caballero
el

En

el

dos, los aguardaban

Cura,

el

Canónigo y

el

Barbero.

Desunció luego

los

bueyes de

la carreta el

boyero, y dejólos
sitio
,

andar á sus anchuras por aquel verde y apacible

cuya

frescura convidaba á quererla gozar, no á las personas tan

encantadas
discretos

como Don Quijote, sino á los tan advertidos y como su escudero, el cual rogó al Cura que perun
rato de la jaula;

mitiese que su señor saliese por
si

porque

no

le

dejaban

salir,

no

iria

tan limpia aquella prisión
tal

como

requeria la decencia de un

caballero

como

su amo.

PRIMERA PARTE. CAPÍTULO XLIX.
Entendióle
ría lo
el

317
gana ha-

Cura, y
si

dijo

que de

muy buena

que

le

pedia,

no temiera que, en viéndose su señor
las

en libertad, habia de hacer de
gentes
le viesen.

suyas, y irse

donde jamas

«Yo

le fio

de

la

fuga, respondió Sancho.
dijo el

Canónigo, y más si él me da la palabra, como caballero, de no apartarse de nosotros hasta
que sea nuestra voluntad.

— Y yo y todo, —

doy, respondió
:

Don

Quijote, que todo lo estaba esel

cuchando

cuanto más que

que

está

encantado,

como
se
le

yo, no tiene libertad para hacer de su persona lo que quisiere;

porque

el

que

le

encantó

le

puede hacer que no
si

mueva de un

lugar en tres siglos; y

hubiere huido,

hará volver en volandas»; y que, pues esto era así, bien podían soltalle y más siendo tan en provecho de todos y del
,
:

no

soltalle, les

protestaba que no podría dejar de fatigalles
allí

el olfato, si

de
la

no
el

se desviaban.

Tomóle

mano

Canónigo, aunque

las

tenia atadas,
él

y palabra, le desataron, de que se alegró infinito, y en grande manera de verse fuera de

y debajo de su buena

fe

la

jaula; y lo primero que hizo, fué estirarse todo

el

cuerpo,

y luego se fué donde estaba Rocinante, y dándole dos pal-

madas en
dita

las

ancas, dijo
flor

:

«Aun

espero en Dios y en su ben-

Madre,

y espejo de

los caballos,

que presto nos

hemos de
tas,

ver los dos cual deseamos, tú con tu señor á cuestí,

y yo encima de

ejercitando

el oficio

para que Dios

me

echó

al

mundo.»

Y

diciendo esto

Don
lo

Quijote,

se
ali-

apartó con Sancho en remota parte, de donde vino
viado, y con

más

más deseos de poner en obra

que su escu-

dero ordenase.

3l8
Mirábalo

DON QUIJOTE DE LA MANCHA.
el

Canónigo, y admirábase de ver

la

extrañeza

de su grande locura, y de que en cuanto hablaba y respondia mostraba tener bonísimo entendimiento
;

solamente ve-

nia á perder los estribos,

como

otras veces se

ha dicho, en
des-

tratándole de caballerías.

Y

así,

movido de compasión,
la

pués de haberse sentado todos en
rar el repuesto del

verde yerba para espe:

Canónigo,

le dijo

«

¿Es posible, señor
la

hidalgo,

que haya podido tanto con vuestra merced

amarga y ociosa letura de los libros de caballerías, que le hayan vuelto el juicio de modo, que venga á creer que va
encantado, con otras cosas deste jaez, tan
daderas
lejos
la

de ser ver-

como

lo está la

mesma

mentira de

verdad?

Y
se

¿cómo

es posible

que haya entendimiento humano que
el

dé á entender que ha habido en

mundo
,

aquella infinidad

de Amadises y aquella turbamulta de tanto famoso caballero
,

tanto emperador de Trapisonda
,

tanto Félixmarte de
,

Hircania

tanto palafrén

,

tanta doncella andante

tantas

sierpes, tantos endriagos, tantos gigantes, tantas inauditas

aventuras, tanto género de encantamentos, tantas batallas,
tantos desaforados encuentros, tanta bizarría de trajes, tantas

princesas enamoradas

,

tantos escuderos condes

,

tantos

enanos graciosos, tanto
jeres valientes
,

billete, tanto
,

requiebro, tantas

muque

y finalmente

tantos y tan disparatados casos

como

los libros
los leo,

de caballerías contienen ? en tanto que no pongo

De mí
la

sé decir

cuando

imaginación en

pensar que son todos mentira y liviandad,

me

dan algún

contento; pero cuando caigo en la cuenta de lo que son,

doy con
fuego
res
,

el

mejor dellos en

la
le

pared, y aun diera con
tuviera , bien

él

en

el

si

cerca ó presente

como merecedo-

de

tal

pena, por ser

falsos

y embusteros y fuera del trato

PRIMERA PARTE. CAPÍTULO
que pide
la

XLIX.

319

común

naturaleza, y

como

á inventores de nue-

nuevo modo de vida, y como á quien da ocasión que el vulgo ignorante venga á creer y tener por verdaderas tantas necedades como contienen. Y aun tienen
vas sectas y de

tanto atrevimiento, que se atreven á turbar los ingenios de
los discretos

y bien nacidos hidalgos

,

como

se

echa bien de
le

ver por lo que con vuestra merced han hecho, pues
traido á términos
traerle sobre

han
y

que sea forzoso encerrarle en una

jaula

un carro de bueyes, como quien
vean. Ea, señor
al el

trae ó lleva

algún león ó algún tigre de lugar en lugar, para ganar con
él

dejando que

le

Don

Quijote, duélase de
discreción, y sepa

mismo, y redúzgase

gremio de
cielo fué

la

usar de la

mucha que

servido de darle,

em-

pleando

el

felicísimo talento de su ingenio en otra letura,

que redunde en aprovechamiento de su conciencia y en au-

mento de
en

su honra.

Y

si

todavía, llevado de su natural in-

clinación, quisiere leer libros de hazañas y de caballerías,
lea
la sacra

Escritura

el

de

los

Jueces, que

allí

hallará

verdades grandiosas y hechos tan verdaderos

Un
lez
,

Viriato tuvo Lusitania; un César,

Cartago; un Alejandro, Grecia;
Castilla;

como valientes. Roma; un Aníbal, un Conde Fernán Gonzá-

un Cid, Valencia; un Gonzalo Fernandez,

Andalucía; un Diego García de Paredes, Extremadura; un

Garci Pérez de Vargas, Jerez; un Garcilaso, Toledo; un

don Manuel de León,

Sevilla;

cuya lecion de sus valerosos

hechos puede entretener, enseñar, deleitar y admirar á los más altos ingenios que los leyeren. Esta sí será letura digna
del

buen entendimiento de vuestra merced, señor Don Quimió; de
la

jote

cual saldrá erudito en la historia,

enamorado

de

la

virtud, enseñado en la bondad, mejorado en las eos-

320

DON QUIJOTE DE LA MANCHA.

tumbres, valiente sin temeridad, cuerdo sin cobardía; y todo
esto para

honra de Dios, provecho suyo y fama de

la

Man-

cha, do, según he sabido, trae vuestra merced su principio

y origen.»
Atentísimamente estuvo

Don

Quijote escuchando

las ra-

zones del Canónigo; y cuando vio que ya habia puesto
á ellas
le dijo
,

fin

después de haberle estado un buen espacio mirando,
:

«

Paréceme, señor hidalgo, que
se

la plática

de vues-

tra

merced

ha encaminado

á querer

darme
el

á entender

que no ha habido caballeros andantes en

mundo, y que
,

todos los libros de caballerías son falsos , mentirosos
res, é inútiles para la república;

dañado-

y que yo he hecho mal en leerlos, y más mal en creerlos y peor en imitarlos, habiéndome puesto á seguir la durísima profesión de la caballería

andante que

ellos enseñan...

negándome que no ha habido
Gaula, ni de Grecia,
ni todos

en

el

mundo Amadises,
es al pié

ni de

los otros caballeros

de que de

las escrituras

están llenas.

—Todo
A
tra

la letra,
el

como

vuestra

merced

lo

va

relatando», dijo á esta sazón
lo cual

Canónigo.

respondió

merced diciendo
pues

Don Quijote: «Añadió también vuesque me hablan hecho mucho daño ta-

les libros,

una jaula, y
leitan

me hablan vuelto el juicio y puéstome en que me seria mejor hacer la enmienda y mumás verdaderos y que mejor de-

dar de letura, leyendo otros

— Así — Pues
que
se

y enseñan.
es, dijo el

Canónigo.

yo, replicó

Don

Quijote, hallo por

mi cuenta

el sin

juicio y el encantado es vuestra
á decir tantas blasfemias contra
el

merced, pues
una cosa tan
el

ha puesto

recebida en

mundo

y tenida por tan verdadera, que

PRIMERA PARTE. CAPÍTULO
que
la

XLIX.

32

I

negase

,

como
y
le

vuestra

merced

la

niega , merecería

la

mesma pena que
cuando
á nadie
los lee

vuestra

merced

dice

que da á

los libros

enfadan; porque querer dar á entender
el

que Amadis no fué en

mundo,

ni todos los otros
las

caballeros aventureros de
será querer persuadir

que están colmadas
el sol

historias,

que

no alumbra,

ni el hielo

en-

fria, ni la tierra sustenta.

Porque ¿qué ingenio puede haber
persuadir á otro que no fué verdad

en
lo

el

mundo que pueda
la infanta

de

Florípes y

Güí de Borgoña, y
tal

lo

de Fierael

brás con la puente de Mantible, que sucedió en

tiempo

de Cario
es

Magno? que

¡voto á
es

que

es tanta

verdad,

como
ni

ahora de dia!

Y

si

mentira, también lo debe de ser

que no hubo Héctor
los

ni Aquíles, ni la guerra de
el

Troya,

doce Pares de Francia, ni

rey Artus de Ingalaterra,
le

que anda hasta ahora convertido en cuervo, y
su reino por
es

esperan en

momentos.
la historia

Y también

se atreverán á decir
la

que
de-

mentirosa

de Guarino Mezquino y

de

la

manda
rote,
á la

del santo Grial,
la

don Tristan y

de y que son apócrifos los amores reina Iseo, como los de Ginebra y Lanzacasi se

habiendo personas que

acuerdan de haber visto

dueña Quintañona, que fué

la

mejor escanciadora de

vino que tuvo la

Gran Bretaña.
decia una

Y

es esto tan ansí,

que

me

acuerdo yo que
dre,
lla,

me

mi agüela de

parte de
:

mi paar-

cuando veia alguna dueña con tocas reverendas «Aquenieto, se parece á la
la

dueña Quintañona»; de donde
ella,

guyo yo que

debió de conocer

ó por lo menos debió

de alcanzar á ver algún retrato suyo. Pues ¿quién podrá
negar no ser verdadera
galona
,

la historia

de Fierres y
la

la linda

Malos

pues aun hasta hoy dia se ve en

armería de

Reyes

la clavija

con que volvia

el

caballo de

madera sobre

»

322
quien iba
el

DON QUIJOTE DE LA MANCHA.
valiente Fierres por los aires,
carreta!

que

es

un poco

mayor que un timón de
silla

Y

junto á
el

la clavija está la

de Babieca, y en Roncesvalles está

cuerno de Rol-

dan, tamaño

como una grande

viga; de donde se infiere

que hubo doce Pares, que hubo Fierres, que hubo Cid, y Bernardo del Carpió y otros caballeros semejantes, destos que dicen
las

gentes que á sus aventuras van. Si no, díes

ganme también que no
el

verdad que fué caballero andante

valiente lusitano

Juan de Merlo, que fué
ciudad de Arras con
el

se

combatió en

la

Borgoña, y famoso señor de
á
la

Charní, llamado Mosen Fierres, y después en
Basilea con

ciudad de

Mosen Enrique de Remestan,

saliendo de enlas

trambas empresas vencedor y lleno de honrosa fama; ni

aventuras y desafíos que también acabaron en Borgoña los
valientes españoles

ciendo á

los hijos

Fedro Barba y Gutierre Quijada, vendel Conde de San Folo. Niegúenme asilas

mesmo que no

fué á buscar

aventuras á Alemania don

Fernando de Guevara, donde
caballero de la casa del

se

combatió con Micer Jorge,
de Austria. Digan que fueel

Duque

ron burla

las justas

de Suero de Quiñones,

del Faso; las

empresas de

Mosen

Luis de Falces contra don Gonzalo de
,

Guzmán

,

caballero castellano

con otras muchas hazañas
los

hechas por caballeros cristianos destos y de
tranjeros, tan auténticas y verdaderas,
el

reinos ex-

que torno á decir que

que

las

negase carecería de toda razón y buen discurso.
el

Admirado quedó

Canónigo de

oir la

mezcla que

Don

Quijote hacia de verdades y mentiras, y de ver

la noticia

que tenia de todas aquellas cosas tocantes y concernientes á
los

hechos de su andante caballería; y vo negar, señor

así,

le

respondió:

«No puedo

Don

Quijote, que no sea ver-

,

PRIMERA PARTE. CAPÍTULO
dad algo de
lo

XLIX.
,

323

que vuestra merced ha dicho
los caballeros

especialmente
asi-

en lo que toca á

andantes españoles; y

mesmo
el

quiero conceder que

hubo doce Pares de Francia;
verdad dello

pero no quiero creer que hicieron todas aquellas cosas que
arzobispo Turpin dellos escribe; porque
la

es,

que fueron caballeros escogidos por

los reyes

de Francia,

á

quien llamaron Pares, por ser todos iguales en valor, en
(

calidad y en valentía

á lo

menos

,

si

no

lo eran

,

era razón
se
los

que

lo fuesen)

,

y era

como una

religión de las

que ahora

usan, de Santiago ó de Calatrava, que se presupone que

que

la

profesan han de ser ó deben ser caballeros valerosos

valientes y bien nacidos; y
,

como ahora

dicen Caballero de

San 'Juan ó de Alcántara decian en aquel tiempo Caballero de los Doce Pares, porque fueron doce iguales los que para
esta religión militar se escogieron.

En

lo

de que hubo Cid

no hay duda,

ni

menos Bernardo
,

del Carpió; pero de

que

hicieron las hazañas que dicen

creo que la hay

muy
la

grande.

En
de

lo otro

de

la clavija,

que vuestra merced dice,
Babieca en

del

conde

Fierres, y
los

que

está junto á la silla de

armería

Reyes, confieso mi pecado; que soy tan ignorante 6

tan corto de vista, que,

aunque he

visto

la

silla,

no he

echado de ver
vuestra

la clavija,

y más siendo tan grande

como

— Pues

merced ha dicho.
allí

está sin

duda alguna,

replicó

Don

Quijote;

una funda de vay por más señas, dicen que está metida en queta, porque no se tome de moho.

— Todo puede

ser, respondió el

Canónigo; pero, por

las

Ordenes que recebí, que no

me

acuerdo haberla visto; mas,

puesto que conceda que está

allí,

no por eso

me

obligo á

creer las historias de tantos Amadises ni las de tanta turba-

,

324

DON QUIJOTE DE LA MANCHA.
ni es

multa de caballeros como por ahí nos cuentan,

razón

que un hombre como vuestra merced, tan honrado, de tan
buenas partes y dotado de tan buen entendimiento,
se

dé á

entender que son verdaderas tantas y tan extrañas locuras

como

las

que están

escritas

en

los disparatados libros

de ca-

ballerías.

CAPITULO
De
las

L.
el

discretas altercaciones

que

Don

Quijote y

Canónigo tuvieron, con

otros sucesos.

— ¡Bueno

está eso!

respondió

Don

Quijote. Los libros

que están impresos con

licencia de los Reyes, y

con apro-

bación de aquellos á quien se remitieron, y que con gusto general son leídos y celebrados de los grandes y de los chicos, de los pobres y de los ricos, de los letrados é ignorantes
,

de

los

plebeyos y caballeros
,

,

finalmente , de todo género
¡

de personas

de cualquier estado y condición que sean ,

ha-

bían de ser mentira, y

más llevando
el

tanta apariencia de verlos

dad, pues nos cuentan

padre, la madre, la patria,

pa-

rientes, la edad, el lugar

día por día,

que

el tal

hazañas, punto por punto y caballero hizo ó tales caballeros hicie-

y

las

ron! Calle vuestra merced, no diga

tal

blasfemia, y créame;

que
si

le

aconsejo en esto lo que debe de hacer
el

como
como

discreto;

no, léalos, y verá

gusto que recibe de su leyenda. Si
si

no, dígame, ¿hay mayor contento que ver,

dijése-

mos que aquí ahora
,

se

muestra delante de nosotros un gran
,

lago de pez hirviendo á borbollones

y que andan nadando
,

y cruzando por

él

muchas

serpientes

culebras y lagartos

y otros muchos géneros de animales feroces y espantables

PRIMERA PARTE. CAPÍTULO

L.

325
:

V que del medio del lago sale una voz tristísima que dice
«

,

caballero

,

quien quiera que seas que
,

el

temeroso lago

estás

mirando,

si

quieres alcanzar

el
el

bien que debajo destas
valor de tu fuerte pelicor;

negras aguas se encubre, muestra

cho, y arrójate en mitad de su negro y encendido que,
si

por-

así

no

lo haces,

no

serás

digno de ver

las altas

ma-

ravillas
las

que en
,

encierran y contienen los siete castillos de

siete fadas
el

que debajo desta negrura yacen

apenas

caballero no ha acabado de oir la
sin
el

¿y que voz temerosa,
!

»

cuando,

entrar

más en cuentas consigo,
sus fuertes armas,

sin

ponerse á

considerar

peligro á que se pone, y aun sin despojarse

de

la

pesadumbre de

encomendándose

á

Dios y á su

seííora, se arroja

cuando no
tre

se

en mitad del bullente lago, y cata, ni sabe dónde ha de parar, se halla enlos Elíseos

unos floridos campos con quien

no tienen que

ver en ninguna cosa!
))Allí le
el sol

parece que

el

cielo es

más transparente, y que
una

luce con claridad
,

más

viva. Ofrécesele á los ojos

apacible floresta

de tan verdes y frondosos árboles , que aleel

dulce y no aprendido canto de los pequeños, infinitos y pintados pajarillos, que por los intricados ramos van cruzando. Aquí gra á
la vista

su verdura, y entretiene los oidos

descubre un arroyuelo, cuyas frescas aguas, que líquidos
cristales

parecen

,

corren sobre menudas arenas y blancas pe-

drezuelas, que oro cernido y puras perlas semejan. Acullá

ve una artificiosa fuente, de jaspe variado y de

liso

mármol
las

compuesta; acá ve otra,

á lo brutesco

ordenada, adonde

menudas conchas de
mezclados entre

las

almejas con

las torcidas casas,

blan-

cas y amarillas, del caracol, puestas
ellas

con orden desordenada,
y de con-

pedazos de

cristal luciente

,

326

DON QUIJOTE DE LA MANCHA.

trahechas esmeraldas, hacen una vanada labor; de manera

que

el

arte

,

imitando á

la

naturaleza
le

,

parece que

allí

la

vence. Acullá de improviso se

descubre un fuerte

castillo
las alél

ó vistoso alcázar, cuyas murallas son de macizo oro,

menas de diamantes,
es

las

puertas de jacintos; finalmente,
,

de tan admirable compostura que
está
,

,

con

ser la materia
,

de

que
cos

formado no menos que de diamantes
, ,
,

de carbun,

de rubíes

de perlas de oro y de esmeraldas

es

de más

estimación su hechura.
ber visto esto
,

Y

¿hay más que ver, después de hapor
la

que ver

salir

puerta del castillo un buen
si

número de

doncellas, cuyos galanos y vistosos trajes,
,

yo

me
tan

pusiese ahora á decirlos
,

como
al

las historias

nos los cuen-

seria

nunca

acabar...

y tomar luego,

la

que parecía prin-

cipal de todas,

por

la

mano

atrevido caballero que se

arrojó en el ferviente lago, y llevarle sin hablarle palabra

dentro del rico alcázar ó castillo, y hacerle desnudar
su

como

madre

le

parió, y bañarle con templadas aguas, y luego

untarle todo con olorosos ungüentos, y vestirle

una camisa

de cendal delgadísimo, toda olorosa y perfumada, y acudir
otra doncella y echarle

un mantón sobre

los

hombros que
,

por lo menos menos, dicen que suele valer una ciudad, y aun más ¿ Qué es ver pues cuando nos cuentan que tras
!

,

,

todo esto
sas
¿

le

llevan á otra sala,

donde

halla puestas las

meolosilla

con tanto concierto, que queda suspenso y admirado!
el

Qué

verle echar
!

agua
¿

á

manos toda de ámbar y de
,

rosas flores distilada

Qué

el

hacerle sentar sobre una

de marfil!

¿Qué

verle servir de todas las doncellas, guarsilencio
!

dando un maravilloso
cia de manjares, tan

¿

Qué

el traerle

tanta diferenel

sabrosamente guisados, que no sabe

apetito á cuál deba de alargar la

mano

,

á cuál

no

!

¿

Qué

oir

,,

PRIMERA PARTE. CAPÍTULO
la
la

L.

027
quién

música que en tanto que come suena,
canta ni adonde suena?
las

sin saberse

Y

después de
el

la

comida acabada
costumbre)

y

mesas alzadas, ¡quedarse
(quizá

caballero recostado sobre

la silla

mondándose

los dientes

como

es

y entrar á deshora por la puerta de la sala otra mucho más hermosa doncella que ninguna de las primeras, y sentarse
al

lado del caballero , y comenzar á darle cuenta de qué cas-

tillo es

aquél, y de

cómo
al

ella está

encantada en

él,

con otras

cosas,

que suspenden

caballero, y

admiran á

los leyentes

que van leyendo su
en esto pues dello
,

historia!

No

quiero yo alargarme más

se

puede colegir que cualquiera parte que

se lea

de cualquiera historia de caballero andante ha de cau-

sar gusto

y maravilla á cualquiera que
le

la leyere

:

y vuestra

merced créame, y como otra vez
bros , y verá
le

he dicho,

lea estos li,

cómo

le destierran la
si

melancolía que tuviere
la

v

mejoran

la

condición,

acaso

tiene mala.

De mí

decir

que

,

después que soy caballero andante , soy valiente
liberal, bien criado,

comedido,

generoso, cortés, atrevido,

blando, paciente, sufridor de trabajos, de prisiones, de encantos; y

aunque há tan poco que
y no

me vi
mi
la

encerrar en una jaula

como

loco, pienso, por el valor de

brazo, favoreciéndome
fortuna, en pocos dias
el

el cielo,

me

siendo contraria
,

verme rey de algún reino adonde pueda mostrar
señor,
el

agradefe,

cimiento y liberalidad que mi pecho encierra; que, mia

pobre está inhabilitado de poder mostrar

la virtud la

de liberalidad con ninguno, aunque en

sumo grado
el

posea;

y

el

agradecimiento que sólo consiste en

deseo es cosa
esto querría

muerta,

como

es

muerta

la fe sin

obras.

Por

que

la

fortuna

me

ofreciese presto alguna ocasión

donde

me
á

hiciese

emperador, por mostrar mi pecho, haciendo bien

;

328

DON QUIJOTE DE LA MANCHA.
este

mis amigos, especialmente á

pobre de Sancho Panza,

mejor hombre del mundo, y querria darle un condado, que le tengo muchos dias há prometido,

mi escudero, que

es el

sino

que temo que no ha de tener habilidad para gobernar
así. »

un estado

Estas últimas palabras oyó Sancho á su

amo,

á quien dijo:

«Trabaje vuestra merced, señor
ese

Don

Quijote, en darme

condado, tan prometido de vuestra merced como de mí
le

esperado; que yo

prometo que no

me

falte á

habili-

dad para gobernarle; y cuando
cir

me
,

faltare,

yo he oido deen arrenda-

que hay hombres en
los

el

mundo que toman
y
les

miento

estados de los señores

dan un tanto cada
el

año, y ellos se tienen cuidado del gobierno, y
está á pierna tendida,
rarse de otra cosa;

señor se

gozando de

la renta

que

le

dan, sin cu-

y

así

haré yo, y no repararé en tanto más

cuanto, sino que luego

me
y

desistiré

de todo, y hayan.

me

gozaré

mi

— Eso, hermano Sancho,
al

renta

como un duque,
gozar
el
,

allá se lo

dijo el

Canónigo, entiéndese
al

en cuanto

la renta;

empero

administrar justicia,
la

ha de atender
y buen juicio
tar;

señor del estado; y aquí entra

habilidad

que

si

y principalmente la buena intención de acersiempre irán errados ésta falta en los principios
,

los

medios y
,

los fines';

y

así suele
al

Dios ayudar

al

buen deseo

del simple

como

desfavorecer

malo

del discreto.

— No

el

sé esas filosofías,

respondió Sancho Panza; mas sólo
el

que tan presto tuviese yo

condado como
,

sabria regirle

que tanta alma tengo yo como otro, y tanto cuerpo como

que más

,

y tan rey

seria

yo de mi estado como cada uno
lo

del suyo,

y siéndolo, haria

que quisiese, y haciendo

lo

que quisiese, haria mi gusto, y haciendo mi gusto,

estaria

PRIMERA PARTE. CAPIFULO

L.

329

contento, y en estando uno contento, no tiene más que desear,

y no teniendo más que desear, acabóse; y el estado venga, y á Dios y veámonos, como dijo un ciego á otro.

— No son malas — Pero con todo
A
lo cual

filosofías ésas,

eso,
»

como tú dices, Sancho. hay mucho que decir sobre esta
no

materia de condados.
replicó

más que
plos,

decir; sólo

Don Quijote « Yo me guío por muchos
:

qué haya

y diversos ejem-

que podia

traer á este propósito, de caballeros de

mi

profesión, que, correspondiendo á los leales y señalados servicios

que de sus escuderos habian recebido,

les

hicieron

notables mercedes, haciéndolos señores absolutos de ciuda-

des y ínsulas; y cuál
á tanto grado,

hubo que

llegaron sus merecimientos
rey.

que tuvo humos de hacerse
esto,

Pero ¿para

qué gasto tiempo en
plo
el

ofreciéndome un tan insigne ejem-

grande y nunca bien alabado Amadis de Gaula, que
la ínsula

hizo á su escudero conde de
sin escrúpulo

Firme!

Y así puedo yo,

de conciencia, hacer conde á Sancho Panza,
los

que

es

uno de

mejores escuderos que caballero andante

ha tenido.»

Admirado quedó
dicho, del

el

Canónigo de

los

concertados dispa-

rates (si disparates sufren concierto)

que

Don
la él

Quijote habia

modo con que

habia pintado

aventura del ca-

ballero del lago, de la impresión
pérfidas mentiras de los libros
le

que en

habian hecho

las

que habia

leido, y finalmente,

admiraba

la

necedad de Sancho, que con tanto ahinco deel

seaba alcanzar

condado que su amo
los criados del

le

habia prometido.
la

Ya

en esto volvian
la

Canónigo, que á

venta

habian ido por

acémila del repuesto; y haciendo
la

mesa

de una alhombra v de

verde yerba del prado, á

la

sombra

»

330

DON QUIJOTE DE LA MANCHA.
allí,

de unos árboles se sentaron, y comieron
yero no perdiese
la

porque

el

bo-

comodidad de aquel

sitio,

como queda

dicho; y estando comiendo, á deshora oyeron un recio es-

truendo y un son de esquila, que por entre unas zarzas y espesas matas, que allí junto estaban, sonaba; y al mismo
instante vieron salir de entre aquellas malezas

una hermosa
:

cabra, toda la piel
ella

manchada de negro, blanco y pardo
al

tras

venia un cabrero dándole voces y diciéndole palabras á

su uso, para que se detuviese ó
tiva cabra,

rebaño volviese. La fugise vino á la gente,

temerosa y despavorida,
allí

como
si

á favorecerse della, y

se detuvo.

Llegó

el

cabrero, y asiéndola de los cuernos,
le dijo
:

como
j

fuera capaz de discurso y entendimiento,
rera, cerrera,
tos dias

«

Ah

ceres-

manchada, manchada! y ¿cómo andáis vos

de pié inquieto!

¿Qué

lobos os espantan, hija?
¿

¿No
sino

me
que

diréis
sois

qué

es esto

,

hermosa ? Mas

qué puede

ser ,

hembra, y no podéis

estar sosegada?

que ¡mal haya
imitáis!

vuestra condición y la de todas

aquellas

á quien

Volved, volved, amiga; que,
estaréis
ras;

si

no tan contenta,

á lo

menos

segura en vuestro aprisco ó con vuestras compañesi

que

vos,

que

las

habéis de guardar y encaminar, an-

dáis tan sin guía
ellas
!

y tan descaminada, ¿en qué podrán parar

Contento dieron

las

palabras del cabrero á los que las
al

oyeron, especialmente
vuestra,
ciéis

Canónigo, que

le dijo

:

«Por vida

hermano, que

os soseguéis

en volver tan presto esa

un poco, y no os acucabra á su rebaño; que pues
,

ella es

hembra, como vos

decís,

ha de seguir su natural
á estorbarlo.

distinto,

por más que vos os pongáis

Tomad

ese

bocado y bebed una vez, con que templaréis

la cólera,

»

PRIMERA PARTE. CAPÍTULO
y en tanto descansará
la

L.

331
,

cabra
los

con

la

punta del cuchillo

decir esto v el darle y lomos de un conejo fiambre,
»
:

el

todo fué uno.

Tomólo y
luego dijo
:

agradeciólo

«No

bebió y sosegóse, y querría que, por haber yo hablado con esta
el

cabrero;

alimaña tan en seso,

me

tuviesen vuestras mercedes por

hombre
las

simple; que en verdad que no carecen de misterio

palabras que le dije. Rústico soy, pero no tanto, que no

entienda
bestias.

cómo

se

ha de

tratar

con

los

hombres y con

las

— Eso —A
lo

creo yo

muy

bien, dijo

el

Cura; que ya yo
las

de

experiencia que los montes crian letrados, y
los pastores encierran filósofos.

cabanas de

menos, señor,

replicó

el

cabrero, acogen

homla to-

bres escarmentados; y para

que

creáis esta verdad,
sin ser

y

quéis con la

mano, aunque parezca que

rogado

me

convido,

si

no os enfadáis

dello, y queréis, señores,

un breve

espacio prestarme oido atento, os contaré una verdad que
acredite lo
la

que

ese señor (señalando al

Cura) ha dicho, y
tiene este

mia.

A

esto respondió

Don

Quijote

:

«

Por ver que

caso un no sé qué de

sombra de aventura de

caballería,

yo

por mi parte os oiré, hermano, de
lo

muy

harán todos estos señores, por

lo

buena gana, y así mucho que tienen de

discretos y de ser

amigos de curiosas novedades, que suslos sentidos

pendan, alegren y entretengan

pienso que lo ha de hacer vuestro cuento.

como sin duda Comenzad, pues,
,

amigo; que todos escucharemos.

— Saco

la

mia,

dijo

Sancho; que yo

á aquel

arroyo

me
tres

voy con

esta

empanada, donde pienso hartarme por

»

:

332
dias;

DON QUIJOTE DE LA MANCHA.
porque he oido decir
á

mi

seííor

Don

Quijote que

el

escudero de caballero andante ha de comer, cuando se
ofreciere , hasta

le

no poder más

,

á causa que se

les suele ofre-

cer entrar acaso por

una

selva tan intricada,

que no aciertan

á salir della en seis dias;

y

si el

proveídas

las

alforjas, allí se

hombre no va harto ó bien podrá quedar, como muchas
dijo

veces se queda,

hecho carne momia.
lo cierto,

— Tu
la

estás

en

Sancho,

Don

Quijote

:

vete
sase

adonde quisieres y come
tisfecho, y sólo

lo

que pudieres; que yo ya estoy
al

me

falta
el

dar

alma su refacción, como

daré, escuchando

cuento deste buen hombre.
las

— Así

la

daremos todos á
al

nuestras», dijo

el

Canónigo.

Y

luego rogó

cabrero que diese principio á lo que pro-

metido habia.
El cabrero dio dos palmadas sobre
el

lomo

á la cabra , que

por

los

cuernos tenia, diciéndole

:

«Recuéstate junto á mí,

manchada; que tiempo nos queda para volver á nuestro
apero.

Parece que

lo

entendió

la

cabra, porque en sentándose su

dueño,
rándole
el

se tendió ella junto á él
al

con

mucho

sosiego, y
lo

mique

rostro

,

daba á entender que estaba atenta á
el

cabrero iba diciendo,

cual

comenzó

su historia desta

manera

!

PRIMERA PARTE. CAPIIULO

LI.

333

CAPITULO
Ouc
trata

LI.
los

de

lo

que contó
á

el

cabrero á todos
(Quijote.

que acompañaban

Don

((

Tres leguas deste
es

valle está
ricas

una aldea, que, aunque peestos contor-

queña,

de

las

más

que hay en todos

nos, en la cual habia un labrador

muy

honrado, y tanto,
lo era

que, aunque
él

es anejo al ser rico el ser

honrado, más

por

la

virtud que tenia, que por la riqueza que alcanzaba;
le

mas
una

lo

que

hacia

más dichoso, según
que
conocia y

él

decia, era tener

hija de tan

extremada hermosura, rara discreción, do-

naire y virtud,

que

el

la

la

miraba
el cielo

se
la

adminatu-

raba de ver

las

extremadas partes con que

y

raleza la hablan enriquecido. Siendo niña fué

hermosa, y
seis

siempre fué creciendo en belleza, y en
años fué hermosísima.

la

edad de diez y

La fama de

su belleza se

comenzó

á

extender por todas

las

circunvecinas aldeas... ¿qué digo yo
si

por

las

circunvecinas no más,

se extendió á las apartadas

ciudades, y aun se entró por

las salas

de

los reyes

y por

los

oidos de todo género de gente, que,

como

á cosa rara ó

como

á

imagen de milagros

,

de todas partes á verla venian

«Guardábala su padre y guardábase ella; que no hay candados, guardas ni cerraduras que mejor guarden á una doncella,

que

las

del recato propio.

La

riqueza del padre y
así del

la

belleza de la hija
forasteros, á

movieron

á

muchos,

pueblo
él,

que por mujer

se la pidiesen;

mas

como como á

quien tocaba disponer de tan rica joya, andaba confuso, sin
saber determinarse á quién la entregarla de los infinitos que
le

importunaban; v entre

los

muchos que

tan

buen deseo

334

^ON QUIJOTE DE LA MANCHA.
muchas y grandes
el

tenían, fui yo uno, á quien dieron

espe-

ranzas de buen suceso, conocer que

padre conocia quién
sangre,
el in-

yo era,
en
la

el ser

natural del

mismo pueblo, limpio en
la

edad floreciente, en

hacienda

muy

rico,

y en

genio no menos acabado.

Con todas estas mismas partes la pidió también otro del mismo pueblo, que fué causa de suspender y poner en ba»

lanza la voluntad del padre, a quien parecia que con cual-

quiera de nosotros estaba su hija bien empleada; y por salir desta confusión, determinó decírselo á Leandra (que así se

llama

la rica

que en miseria

me

tiene puesto), advirtiendo
la

que, pues

los dos

éramos iguales, era bien dejar á
:

volun-

tad de su querida hija el escoger á su gusto

cosa digna de

imitar de todos los padres que á sus hijos quieren poner en
estado.

No

digo yo que
las

les

dejen escoger en cosas ruines y

malas, sino que se

propongan buenas, y de las buenas, que escojan a su gusto. No sé yo el que tuvo Leandra; sólo
que
el

padre nos entretuvo á entrambos con
le

la

poca edad

de su hija y con palabras generales, que ni
nos desobligaban tampoco. Llámase

obligaban, ni

mi competidor Ansel-

mo

y yo Eugenio porque vais con noticia de los nombres de las personas que en esta tragedia se contienen, cuyo fin
,

,

aun

está pendiente;

pero bien se deja entender que ha de ser

desastrado.

»En
Roca,

esta sazón vino á nuestro

pueblo un Vicente de
del

la

hijo de

un pobre labrador
las Italias

mismo

lugar,

el

cual

Vicente venia de

y de otras diversas partes, de ser

soldado. Llevóle de nuestro lugar, siendo

muchacho de hasta
allí

doce años, un capitán que con su compañía por
á pasar
,

acertó

y volvió

él

mozo

,

de

allí

á otros doce

,

vestido á la

PRIMERA PARTE. CAPITULO

LI.

33C

soldadesca, pintado con mil colores, lleno de mil dijes de
cristal

y

sutiles

cadenas de acero.

Hoy

se

ponia una gala v

mañana

otra; pero todas sutiles, pintadas, de

poco peso v
es maliciosa,

menos tomo. La gente labradora (que de suyo
y dándole
el

misma malicia) lo notó, y contó punto por punto sus galas y preseas, y halló que los vestidos eran tres de diferentes colores con sus ligas y mecaso lugar, es la
,
,

dias;
si

pero
se los

él

hacia tantos guisados é invenciones dellos, que

no

contaran, hubiera quien jurara que habia hecho

muestra de más de diez pares de vestidos v de más de veinte
plumajes
:

y no parezca impertinencia y demasía esto que de

los vestidos

voy contando; porque

ellos

hacen una buena

parte en esta historia.

«Sentábase en un poyo, que debajo de un gran álamo está
en nuestra plaza, y pendientes de
tierra
las
allí

nos tenia á todos, la boca abierta,

hazañas que nos iba contando.
,

No

habia

en todo

el

orbe que no hubiese visto

ni batalla

donde

no

se

hubiese hallado; habia muerto más moros que tienen

Marruecos y Túnez, y entrado en más singulares desafíos, según él decia, que Garcilaso, Diego García de Paredes, y
otros mil
ria
,

sin

que nombraba; y de todos habia salido con Vitoque le hubiesen derramado una sola gota de sangre.
,
,

Por otra parte mostraba señales de heridas que aunque no
,

se divisaban

,

nos hacia entender que eran arcabuzazos dados

en diferentes reencuentros y faciones. Finalmente, con una

no

vista arrogancia
le

llamaba de vos á sus iguales y á
,

los

mis,

mos que

conocían

y decia que su padre era su brazo

su

linaje sus obras,

y que, debajo de ser soldado, al mismo Rey no debia nada. Añadiósele á estas arrogancias ser un poco
á lo rasgado,

músico y tocar una guitarra

de manera que

^36

DON QUIJOTE DE LA MANCHA.

decían algunos que la hacia hablar; pero no pararon aquí
sus gracias,

que también
el

la tenia

de poeta; y

así,

de cada

niñería

que pasaba en

pueblo, componía un romance de

legua y media de escritura,
))Este soldado, pues,

que aquí he pintado,

este

Vicente

de

la

Roca,

este bravo, este galán, este

músico,

este poeta,

fué visto y mirado

muchas

veces de Leandra, desde una venla plaza.

tana de su casa que tenia la vista á
oropel de sus vistosos trajes
,

Enamoróla

el

encantáronla sus romances (que

de cada uno que componía daba veinte traslados), llegaron
á sus oidos las hazañas

finalmente (que
ella se

así el

habia referido , y diablo lo debia de tener ordenado),
él

que

de

mismo

vino á enamorar del antes que en

él

naciese presun-

ción de solicitalla; y

como
la

en

los casos

de amor no hay nintiene

guno que con más
de su parte
el

facilidad se

cumpla que aquel que

deseo de

dama, con

facilidad se concerta-

ron Leandra y Vicente; y primero que alguno de sus muchos pretendientes cayese en la cuenta de su deseo, ya ella
teníale

cumplido, habiendo dejado

la casa
,

amante padre (que madre no
aldea con
el

la tiene)

de su honrado y y ausentádose de la
triunfo desta

soldado, que salió con

más

emque

presa que de todas las

muchas que

él se aplicaba.

«Admiró
padre

el

suceso á toda

la aldea,

y aun á todos

los

del noticia tuvieron;
el

yo quedé suspenso, Anselmo atónito,

triste, sus

parientes afrentados, solícita la justicia,

los cuadrilleros listos.

Tomáronse

los
al

caminos, escudriñácabo de
tres dias

ronse los bosques y cuanto habia, y
llaron á la antojadiza

ha-

Leandra en una cueva de un monte,

desnuda en camisa,

dineros y preciosísimas joyas que de su casa habia sacado. Volviéronla á la presencia
sin

muchos

PRIMERA PARTE. CAPÍTULO
del lastimado padre,

LI.

337

preguntáronle su desgracia, confesó sin
la

apremio que Vicente de
de
la

Roca

la

habia engañado, y debajo

palabra de ser su esposo, la persuadió que dejase la
;

casa de su padre

que

él la llevaria
el

á la

más

rica

y más vistosa
era
le

ciudad que habia en todo
póles; y

universo

mundo, que
la

Ña-

que

ella,

mal advertida y peor engañada,
le

habia

creido, y robando á su padre, se

entregó

misma noche

que habia

faltado; y

que

él la

llevó á
la

encerró en aquella cueva donde

un áspero monte, y la habian hallado. Contó
le
:

también cómo
cuanto tenia, y

el

soldado, sin quitalle su honor,
dejó en aquella cueva, y se fué

robó

la

suceso

que de nuevo puso en admiración á todos. Dura
de creer
la

se nos

hizo

continencia del

mozo; pero

ella lo
el

afirmó con

tantas veras,

que fueron parte para que

desconsolado pariquezas que le
la

dre se consolase, no haciendo cuenta de
llevaban, pues
le

las

habian dejado á su hija con

joya que,

si

una vez
El

se pierde,

no deja esperanza de que jamas
,

se cobre.

mismo
que

dia

que pareció Leandra

la

despareció su padre de

nuestros ojos, y la llevó á encerrar en un monesterio de una
villa

está aquí cerca, esperando
la

que

el

tiempo gaste
hija se puso.

al-

guna parte de

mala opinión en que su

Los

pocos años de Leandra sirvieron de disculpa de su culpa, á
lo

menos con

aquellos que no les iba algún interés en que
los

ella fuese

mala ó buena; pero

que conocian su discreción

y

mucho
,

entendimiento, no atribuyeron á ignorancia su pela natural inclinación

cado sino á su desenvoltura y á
mujeres, que por
dispuesta.
la

de

las

mayor

parte suele ser desatinada y mal

«Encerrada Leandra, quedaron
íj;os,

los ojos

de Anselmo cieles

á lo

menos

sin tener cosa

que mirar que contento

338
diese; los

DON QUIJOTE DE LA MANCHA.
mios en
tinieblas, sin luz

que ninguna cosa de

gusto

les

encaminase.

Con

la

ausencia de Leandra crecia

nuestra tristeza, apocábase nuestra paciencia, maldecíamos
las galas

del soldado y

abominábamos

del

poco recato

del

padre de Leandra. Finalmente, Anselmo y yo nos concertamos de dejar el aldea y venirnos á este valle, donde él,

apacentando una gran cantidad de ovejas suyas propias, y yo un numeroso rebaño de cabras también mias pasamos
,

,

la

vida entre los árboles, dando vado á nuestras pasiones, ó
la

cantando juntos alabanzas ó vituperios de
dra, ó suspirando solos, y á solas

hermosa Leanel cielo

comunicando con

nuestras querellas.
))A imitación nuestra, otros

muchos de

los

pretendientes
,

de Leandra se han venido á estos ásperos montes

usando

el

mismo
sitio

ejercicio nuestro, y son tantos,

que parece que

este

se

ha convertido en

la

pastoral Arcadia, según está
;

colmo de pastores y de
no
se oiga el

apriscos
la

nombre de
y ligera;
:

y no hay parte en él donde hermosa Leandra. Este la mal-

dice y la llama antojadiza, varia y deshonesta; aquél la con-

dena por
justifica

fácil

y vitupera

absuelve y perdona, y tal la uno celebra su hermosura, otro reniega
tal la

de su condición;

y,

en fin, todos

la

deshonran y todos
la

la

adoran; y de algunos se extiende á tanto

locura, que hay

quien se queje de desden sin haberla jamas hablado, y aun
quien se lamente y sienta
los,
la

rabiosa enfermedad de los cedi-

que

ella

jamas dio á nadie; porque, como ya tengo

cho, antes se supo su pecado que su deseo.

No

hay hueco

de peña, ni margen de arroyo, ni sombra de árbol, que no
esté

ocupada de algún pastor que sus desventuras á
:

los aires

cuente

el

eco repite

el

nombre de Leandra donde quiera
,

PRIMERA PARTE. CAPÍTULO
que puede formarse; Leandra resuenan
dra
los

LII.

330

montes, Lean-

murmuran

los

arroyos , y Leandra nos tiene á todos sus-

pensos y encantados, esperando sin esperanza y temiendo sin saber de qué tememos. Entre estos disparatados, el que

muestra que menos y más juicio tiene

es

mi competidor
qué que-

Anselmo,

el

cual, teniendo tantas otras cosas de

jarse, sólo se queja de ausencia,

y

al

son de un rabel, que

admirablemente toca, con versos donde muestra su buen entendimiento, cantando se queja.
fácil,
la

Yo

sigo otro

camino más
mal de

y á mi parecer,

el

más acertado, que

es decir

ligereza de las mujeres, de su inconstancia, de su doble

trato, de sus

promesas inciertas, de su

fe

rompida, y

finallos

mente

,

del

poco discurso que tienen en saber colocar
:

pensamientos é intenciones que tienen
sión
,

y ésta fué

la

oca-

señores

,

de

las

palabras y razones que dije á esta cabra
ser

cuando aquí llegué; que, por

hembra,

la

tengo en poco,
es la historia

aunque

es la

mejor de todo mi apero. Esta
si

que prometí contaros;
seré en serviros corto
ella
:

he sido en

el

contarla prolijo, no

cerca de aquí tengo

mi majada, y en

tengo fresca leche y muy sabrosísimo queso, con varias y sazonadas frutas, no menos á la vista que al gusto agradables.»

CAPITULO
De
la

LII.
cabrero, con
la

pendencia que

Don

Quijote tuvo con

el

rara aventura

de

los

diciplinantes, á quien dio felice fin á costa de su sudor.

General gusto causó

el

cuento del cabrero

á todos los

que

escuchado

le

habían

;

especialmente

le recibió el

Canónigo,
le

que con

extraria curiosidad notó la
lejos

manera con que

habia

contado, tan

de parecer rústico cabrero, cuan cerca

»

340

DON QUIJOTE DE LA MANCHA.
así, dijo

de mostrarse discreto cortesano; y

que habia dicho
letrados.
se
:

muy

bien

el

Cura en

decir

que

los

montes criaban
el

Todos

se ofrecieron á

Eugenio; pero

que más
le

mosa

tró liberal

en esto fué

Don
,

Quijote, que
si

dijo

Por

cierto ,

hermano cabrero

que

yo

me

hallara posibilitado

de poder comenzar alguna aventura, que, luego, luego,
pusiera en

me

camino porque vos

la

tuviérades buena; que yo

sacara del monesterio (donde sin

duda alguna debe de
la

estar

contra su voluntad) á Leandra, á pesar de

Abadesa y de

cuantos quisieran estorbarlo , y os

la

pusiera en vuestras

ma-

nos para que hiciérades della á toda vuestra voluntad y talante,

guardando empero

las leyes

de

la caballería,

que man-

dan que á ninguna doncella

le sea

fecho desaguisado alguno.

Aunque yo
poder tanto

espero en Dios, Nuestro Señor, que no ha de
la la

fuerza de un encantador malicioso, que no

pueda más

de otro encantador, mejor intencionado; y

para entonces os prometo

mi

favor y ayuda

,

como me

obliga

mi

profesión

,

que no

es otra sino

de favorecer á

los desvali-

dos y menesterosos.

Miróle
pelaje

el

cabrero; y
,

como
,

vio á

Don

Quijote de tan mal
,

y catadura

cerca de

tenia

:

y preguntó al Barbero que que tal « Señor ¿ quién es este hombre

admiróse

,

talle tiene

— ¿Quién
bro de

y de

tal

manera habla?
ser, respondió el
la
,

ha de

Barbero, sino

el fa-

moso Don Quijote de
enderezador de tuertos
los gigantes

Mancha, desfacedor de
amparo de
las

agravios,
,

el

doncellas

el

asom-

— Eso me semeja, respondió
en
los libros

y

el

vencedor de
el

las batallas?

cabrero, á lo que se lee
,

de caballeros andantes
vuestra

que hacian todo eso
dice; puesto

que de

este

hombre

merced

que para

PRIMERA PARTE. CAPÍTULO
mí tengo, ó que
vuestra

LII.

341

merced

se burla,

ó que este gentil

hombre debe de

tener vacíos los aposentos de la cabeza.
bellaco, dijo á esta sazón

Sois

un grandísimo
sois el vacío

Don Quiestoy

jote,

y vos

y

el

menguado; que yo

más

lleno

que jamas

lo estuvo la

muy hideputa

puta que os parió.»

Y

diciendo y haciendo, arrebató de un pan que junto á

tenia, y dio

con

él al

cabrero en todo
narices;

el

rostro

con tanta

furia,

que

le

remachó
,

las

mas

el

cabrero, que no

sabia de burlas

viendo con cuántas veras

le

maltrataban

,

sin

tener respeto á la alhombra ni á los manteles, ni á todos
aquellos

que coiniendo estaban,

saltó sobre

Don

Quijote; y

asiéndole del cuello con entrambas

manos, no dudara de

ahogalle,
asiera

Sancho Panza no llegara en aquel punto, y le por las espaldas, y diera con él encima de la mesa,
si

quebrando

platos,

rompiendo
ella estaba.
el

tazas, y

ciendo cuanto en

Don

derramando y esparQuijote, que se vio libre,
cual, lleno de sangre
el

acudió á subirse sobre
rostro,

cabrero,

el

molido á coces de Sancho, andaba buscando á gatas
la

algún cuchillo de

mesa para hacer alguna sanguinolenta
el el

venganza; pero estorbáronselo
el

Canónigo y

el

Cura; mas

Barbero hizo de suerte que

cabrero cogió debajo de

á

Don

Quijote, sobre

el

cual llovió tanto

número de mojiCura,

cones, que del rostro del pobre caballero llovia tanta sangre

como
otros

del suyo.

Reventaban de

risa el

Canónigo y

el

saltaban los cuadrilleros de gozo, zuzaban los unos á los

como hacen

á los perros

cuando en pendencia están
porque no
le

trabados; sólo Sancho

Panza

se desesperaba,

se

podia desasir de un criado del Canónigo, que

estorbaba

que

á su

amo no

ayudase.

En

resolución, estando todos en reojocijo y fiesta, sino los

,

342

DON QUIJOTE DE LA MANCHA.
el

dos aporreantes, que se carpían, oyeron
peta tan
les

son de una trom-

triste,

que

les

hizo volver los rostros hacia donde
el

pareció que sonaba; pero

que más

se alborotó

de

oirle

fué

Don
:

Quijote,

el

cual,

aunque estaba debajo

del cabrero,

harto contra su voluntad y
le dijo «

más que medianamente molido
(que no
es posible

Hermano demonio

que

dejes de

serlo, pues has tenido valor

y fuerzas para

sujetar las mias),

ruégote que hagamos treguas no más de por una hora,

porque

el

doloroso son de aquella trompeta que a nuestros

oidos llega,

me

parece que á alguna nueva aventura

me

llama.» El cabrero, que ya estaba cansado de moler y ser

molido,

le

dejó luego; y
el

Don

Quijote se puso en pié, volel

viendo asimismo

rostro

adonde

son se oia, y vio á des-

hora que por un recuesto bajaban muchos hombres, vestidos
de blanco á

modo

de diciplinantes.
las

Era

el

caso que aquel año hablan
,

nubes negado su ro-

cío á la tierra

y por todos

los lugares

de aquella comarca se

hacian procesiones, rogativas y diciplinas; pidiendo á Dios
abriese las

manos de

su misericordia y les lloviese; y para
allí

este efecto, la

gente de una aldea que

junto estaba, ve-

nia en procesión á

una devota ermita, que en un recuesto de

aquel valle habia.

Don

Quijote, que vio los extraños trajes

de

los diciplinantes, sin pasarle

por

la

memoria

las

muchas

veces que los habia de haber visto, se imaginó que era cosa

de aventura, y que á él solo tocaba, como á caballero andante, el acometerla; y confirmóle más esta imaginación
pensar que una imagen que traian, cubierta de luto, fuese

alguna principal señora, que llevaban por fuerza aquellos
follones y

descomedidos malandrines.

Y como

esto le cayó

en

las

mientes, con gran ligereza arremetió á Rocinante,

»

PRIMERA PARTE. CAPÍTULO

LIl.
el

343
freno y
el

que paciendo andaba, quitándole del arzón
adarga, y en un punto
le

enfrenó, y pidiendo á Sancho su

espada, subió sobre Rocinante y embrazó su adarga, y dijo

en

alta

voz á todos

los

que presentes estaban

:

«Agora, valeel

rosa

compañía, veredes cuánto importa que haya en
caballeros

mundo
ballería;

que profesen

la

Orden de

la

andante cade aquella
los

agora digo que veredes en
allí

la libertad

buena señora, que

va cautiva,

si

se

han de estimar

caballeros andantes.»

Y

en diciendo esto, apretó
las tenia,

las suelas

á Rocinante, por-

que espuelas no
tirada

y á todo galope (porque carrera
la

no

se lee

en toda esta verdadera historia que jamas

diese Rocinante) se fué á encontrar

con

los diciplinantes;

bien que fueron
nelle;

el

Cura y

el

mas no

les

fué posible,

Canónigo y Barbero á deteni menos le detuvieron las vo:

ces

que Sancho

le

daba, diciendo

«¿Adonde

va, señor

Don

Quijote?
tan á
ir

¿Qué demonios
es

lleva en el

pecho, que

le inci-

contra nuestra

fe católica?

Advierta ¡mal haya yo!

que aquélla

procesión de diciplinantes, y que aquella sela
:

ñora que llevan sobre
la

peana

es la

imagen benditísima de

Virgen

sin mancilla

mire, señor, lo que hace; que por
se lo sabe.»

esta vez se

puede decir que no

Fatigóse en vano Sancho, porque su

amo
la

iba tan puesto

en llegar á los ensabanados y en librar á

señora enlutada,
si

que no ovó palabra; v aunque

la

oyera, no volviera,
á la procesión,

el

y paró á Rocinante, que ya llevaba deseo de quietarse un poco, y con turbada y ronca voz dijo «Vosotros, que quizá por no
se lo
:

Rey

mandara. Llegó, pues,

ser

buenos os encubrís

los

rostros

,

atended v escuchad

lo

que deciros quiero.

344

^^^ QUIJOTE DE LA MANCHA.
se

Los primeros que
llevaban; y

detuvieron fueron los que

la

imagen
las le-

uno de

los

cuatro clérigos que cantaban

danías, viendo la extraña catadura de

Don

Quijote,

la fla-

queza de Rocinante, y
y descubrió en
ñor caballero,
se

otras circunstancias de risa
le

que notó
:

Don

Quijote,

respondió, diciendo

«Se-

si

nos quiere decir algo, dígalo presto, porque
las

van estos hermanos abriendo

carnes, y no

podemos,
si

ni es

razón que nos detengamos á oir cosa alguna,
breve, que en dos palabras se diga.
lo diré, replicó

ya no

es tan

— En una
luego
al

Don

Quijote, y es ésta

:

que
lá-

punto
triste

dejéis libre á esa

hermosa señora, cuyas

grimas y

semblante dan claras muestras que

la lleváis

contra su voluntad, y que algún notorio desaguisado le habedes fecho; y yo, que nací en el mundo para desfacer se-

mejantes agravios, no consentiré que un solo paso adelante
pase, sin darle la deseada libertad que merece.»

Con
que

estas razones

cayeron todos

los

que

las

oyeron en

Don

Quijote debia de ser algún

hombre

loco, y

tomála

ronse á reir
cólera de

muy de gana, cuya Don Quijote, porque,
las

risa

fué poner pólvora á

sin decir

más palabra,

sa-

cando
las

la

espada, arremetió á

andas.

Uno

de aquellos que
al

llevaban, dejando la carga á sus compañeros, salió

en-

cuentro de

Don

Quijote, enarbolando una horquilla ó baslas

tón con que sustentaba

andas en tanto que descansaba;
le tiró

y recibiendo en

ella

una gran cuchillada que
la
la

Don

Quijote, con que se
cio,

hizo tres partes, con

el

último terQuijote

que

le

quedó en

mano,

dio

tal

golpe á

Don

encima de un hombro (por
que no pudo cubrir
el el

el

mismo

lado de la espada,
fuerza), que

adarga contra
al

la villana

pobre

Don

Quijote vino

suelo

muy mal

parado.

PRIMERA PARTE. CAPÍTULO
Sancho Panza, que jadeando
le

Lll.

345

iba a los alcances, viénle diese

dole caido, dio voces á su apaleador que no

otro palo,

porque era un pobre caballero encantado, que no habia he-

cho mal á nadie en todos
tuvo
al

los dias
las

de su vida; mas lo que deel

villano

no fueron

voces de Sancho, sino
así,

ver

que

Don
le

Quijote no bullia ni pié ni mano; y
la

creyendo

que

habia muerto, con priesa se alzó
la

túnica á la cinta,

y dio á huir por

campaña como un gamo.
los

Ya
jote

en esto llegaban todos
él

de

la

compañía de

Don Qui-

adonde

estaba;

mas

los

de

la

procesión, que los vieron

venir corriendo, y con ellos los cuadrilleros con sus ballestas,

temieron algún mal suceso, y hiciéronse todos un remolino
al

rededor de

la

imagen; y alzados

los capirotes,

empuñando
el asalto,
si

las diciplinas,

y

los acólitos los ciriales,

esperaban

con determinación de defenderse, y aun ofender,

pudie-

sen, á sus acometedores; pero la fortuna lo hizo mejor que
se pensaba,

porque Sancho no hizo otra cosa que
él el

arrojarse

sobre

el

cuerpo de su señor, haciendo sobre
del

más doloroso

y risueño llanto

mundo, creyendo que
el

estaba muerto.

El Cura fué conocido de otro cura que en
nia,

la

procesión ve-

cuyo conocimiento puso en sosiego

concebido temor
al

de

los

dos escuadrones. El primer Cura dio

segundo en dos
así él

razones cuenta de quién era

Don

Quijote, y
si

como

toda
el

la

turba de los diciplinantes fueron á ver

estaba

muerto

pobre caballero, v oyeron que Sancho Panza, con lágrilos ojos, decia
:

mas en
sólo

«¡Oh

flor

de

la caballería,

que con

un garrotazo acabaste

la carrera

de tus tan bien gasta-

dos años!
la
él,

¡Oh honra

Mancha

de tu linaje, honor y gloria de toda y aun de todo el mundo, el cual, faltando tú en
sin

quedará lleno de malhechores,

temor de

ser castiga-

34^

DON QUIJOTE DE LA MANCHA.
!
¡

dos de sus malas fechorías

Oh

hberal sobre todos los Ale-

jandros, pues por solos once dias de servicio
la

me

tenias

dada

mejor ínsula que

el

mar

ciñe y rodea!

¡Oh humilde con
sin tacha,

los

soberbios y arrogante con los humildes, acometedor de

peligros, sufridor de afrentas,

enamorado

imitador

de

los

buenos, azote de

los

malos, enemigo de
es

los ruines;

en

fin, caballero

andante, que

todo lo que decirse puede!»

Con
y
las

las

voces y gemidos de Sancho revivió
:

Don

Quijote,

primeras palabras que dijo fueron

«El que de vos vive

ausente, dulcísima Dulcinea, á mayores miserias que éstas
está sujeto.

Ayúdame, Sancho amigo,

á

ponerme sobre
la silla

el

carro encantado ; que yo

no estoy para oprimir

de

Ro-

cinante, porque tengo todo este

— Eso haré yo de muy buena gana, señor mió,
dió Sancho
:

hombro hecho

pedazos.

respon-

y volvamos á nuestra aldea en compañía destos
allí

señores, que su bien desean, y
otra salida,

daremos orden de hacer

— Bien

que nos sea de más provecho y fama.
dices,

Sancho, respondió
el

Don

Quijote

:

y será

gran prudencia dejar pasar
agora corre.»

mal

influjo de las estrellas

que

El Canónigo y

el

Cura y Barbero

le dijeron

que haria

muy
Don

bien en hacer lo que decia: y así, habiendo recebido grande

gusto de

las

simplicidades de Sancho Panza, pusieron á
el

Quijote en

carro

como

antes venia.
el

La

procesión volvió á

ordenarse y á proseguir su camino;

cabrero se despidió de
el

todos; los cuadrilleros no quisieron pasar adelante, y
les

Cura
le

pagó

lo

que

se les debia; el

Canónigo pidió
si

al

Cura

avisase el suceso de
si

Don

Quijote,

sanaba de su locura ó

proseguía en

viaje.

En

fin,

y con esto tomó licencia para seguir su todos se dividieron y apartaron, quedando soella,

PRIMERA PARTE. CAPITULO
los el

LII.

347

Cura y Barbero, Don Quijote y Panza, y el Rucio y Rocinante, que á todo lo que habia visto estaba con tanta

paciencia

como

su amo.

El boyero unció sus bueyes y acomodó á

Don

Quijote

sobre un haz de heno, y con su acostumbrada flema siguió
el

camino que
que acertó

el

Cura quiso; y

á cabo de seis dias llegaron
la

á la aldea de
dia,

Don

Quijote, adonde entraron en

mitad del
la

á ser

domingo y
á ver lo

la

gente estaba toda en
el

plaza, por mitad de la cual atravesó
jote.

carro de

Don Qui-

Acudieron todos

que en

el

carro venia; y cuando

conocieron á su compatrioto quedaron maravillados, y un muchacho acudió corriendo á dar las nuevas al Ama y á la

y amarillo, y tendido sobre un montón de heno, y sobre un carro de bueyes.

Sobrina, de que su

tio

y su

seíior venia flaco

Cosa de lástima fué
las

oir los gritos

que

las

dos buenas selas

ñoras alzaron,

bofetadas que se dieron,

maldiciones

que de nuevo echaron

á los malditos libros de caballerías,

todo lo cual se renovó cuando vieron entrar á

Don

Quijote

por sus puertas.

A
él

las

nuevas de

la

venida de

Don

Quijote, acudió

la

mu-

jer de

Sancho Panza, que ya habia sabido que habia ido con

sirviéndole de escudero; y así
le

como
si

vio á Sancho, lo priel

mero que

preguntó fué que

venia bueno

asno

:

San-

cho respondió que venia mejor que su amo.
^(¡

Gracias sean dadas á Dios, replicó

ella,

que tanto bien

me
á

ha hecho! Pero contadme agora, amigo, ¿qué bien ha-

béis sacado de vuestras escuderías?

¿Qué saboyana me

traéis

mí? ¿qué zapaticos

á vuestros hijos?

— No

traigo nada deso, dijo Sancho,

mujer mia; aunque

traigo otras cosas de

más momento y consideración.

,

348

DON QUIJOTE DE LA MANCHA.
recibo yo

— Deso
tradme
corazón
siglos
,

mucho gusto,

respondió

la

mujer: mos-

esas cosas

de más consideración y más
quiero ver para que se

momento,
alegre este
los

amigo mió; que
que tan

las

me

triste

y descontento ha estado en todos

de vuestra ausencia.

— En
estad

Panza y por ahora contenta; que siendo Dios servido de que otra vez
casa os las mostraré, mujer, dijo
:

salgamos en viaje á buscar aventuras, vos

me

veréis presto

conde

,

ó gobernador de una ínsula

,

y no de

las

de por ahí

sino la mejor

que pueda

hallarse.

— Quiéralo
mos
menester.
lo entiendo.

así el cielo,

marido mió; que bien
¿qué
es eso

lo

habe-

Mas decidme,
miel para
la

de ínsulas? que no

— No es
á su

la

boca del asno, respondió Sancho:
te

tiempo
seíioría

lo verás,

mujer, y aun

admirarás de oirte

lla-

mar

— ¿Qué
la

de todos tus vasallos.
es lo

que decís, Sancho, de señorías,
Teresa Panza; que
así se

ínsulas
la

v

vasallos!» respondió
jer

llamaba

mu-

de Sancho, aunque no eran parientes, sino porque se usa

en

Mancha tomar las mujeres el apellido de sus maridos. «No te acucies, Teresa, por saber todo esto tan aprisa:
que
te

basta
así

digo verdad, y cose

la

boca; sólo te sabré decir,
el

de paso, que no hay cosa más gustosa en

mundo que
más que
se

ser

un hombre honrado escudero de un
es

caballero andante,
las

buscador de aventuras. Bien
hallan no salen tan á gusto

verdad que
el

como
,

hombre

querría; porque

de ciento que se encuentran
lir

las

noventa y nueve suelen saal-

aviesas

y

torcidas. Sélo

yo de experiencia, porque de

guna he
eso, es

manteado, y de otras molido; pero, con todo linda cosa esperar los sucesos atravesando montes, essalido

PRIMERA PARTE. CAPÍTULO
cudriñando

LIl.

349

selvas, pisando peñas, visitando castillos, alojando
sin

en ventas á toda discreción,
el

pagar, ofrecido sea

al

diablo

maravedí.»

Todas

estas pláticas

pasaron entre Sancho Panza y Teresa
el

Panza, su mujer, en tanto que
Quijote
le

Ama
,

y Sobrina de
le

Don

recibieron y le desnudaron
él

y

tendieron en su

antiguo lecho. Mirábalas

con ojos atravesados, y no acaestaba. El

baba de entender en qué parte

Cura encargó
tio,

á la

Sobrina tuviese gran cuenta con regalar á su
tuviesen alerta de que otra vez no se les
lo

y que esescapase, contando

que habia sido menester para
las

traelle á su casa.

Aquí

alzalas

ron

dos de nuevo los gritos
los libros
el

al cielo, allí se
allí

renovaron

maldiciones de

de caballerías,

pidieron

al cielo

que confundiese en
tas sas,
el

centro del abismo á los autores de tanellas

mentiras y disparates. Finalmente,

quedaron confu-

y temerosas de que

se

hablan de ver

sin su
:

amo y
así

tio

en

mismo punto que
Pero
el

tuviese alguna mejoría

y

fué

como

ellas se lo

imaginaron.
autor desta historia, puesto que con curiosidad y

diligencia

ha buscado

los

hechos que

Don

Quijote hizo en

su tercera salida, no ha podido hallar noticia dellos, á lo

me-

nos por escrituras auténticas; sólo
las

la

fama ha guardado en
Quijote, la tercera vez
se halló

memorias de
salió

la

Mancha que Don

que

de su casa, fué á Zaragoza, donde

en unas y
allí le

famosas justas que en aquella ciudad

se hicieron,

pasaron cosas dignas de su valor y buen entendimiento. Ni

de su

fin

v acabamiento pudo alcanzar cosa alguna, ni
si

la al-

canzara ni supiera,

la

buena suerte no

le

deparara un an-

tiguo médico, que tenia en su poder una caja de plomo, que

(según

él

dijo) se habia hallado en los cimientos derribados

:

35°

DON QUIJOTE DE LA MANCHA.
la

de una antigua ermita que se renovaba, en

cual caja se ha-

bian hallado unos pergaminos, escritos con letras góticas,

pero en versos castellanos, que contenian muchas de sus hazaíias,

y daban noticia de
la

la

hermosura de Dulcinea

del

To-

boso, de

figura de Rocinante, de la fidelidad de
la

Sancho

Panza y de
se
el

sepultura del

mismo Don

Quijote, con dife:

rentes epitafios y elogios de su vida y costumbres

y

los

que

pudieron leer y sacar en limpio fueron

los

que aquí pone

fidedigno autor desta nueva y jamas vista historia. El cual
la

autor no pide á los que
trabajo

leyeren, en premio del inmenso

que

le

costó inquirir y buscar todos los archivos
le

man-

chegos por sacarla á luz, sino que

den

el

mismo

crédito

que suelen dar
validos

los discretos á los libros
el

de caballerías, que tan
esto se tendrá por bien
si

andan en

mundo; que con
y
se

pagado y

satisfecho,
,

animará á sacar y buscar otros,

no tan verdaderos

á lo

menos de
la caja

tanta instrucción y pasa-

tiempo. Las palabras primeras que estaban escritas en un per-

gamino que

se halló

en

de plomo eran estas

LOS ACADÉMICOS DE LA ARGAMASILLA, LUGAR DE LA MANCHA, EN VIDA Y MUERTE DEL VALEROSO DON QUIJOTE DE LA MANCHA,

HOC SCRIPSERUNT.
EL MONICONGO, ACADÉMICO DE LA ARGAMASILLA,

A LA SEPULTURA DE DON OUIJOTE.
Epitafio.

El calvatrueno que adornó á

la

Mancha
\

De más

despojos que Jason á Creta
la

El juicio que tuvo

veleta

Aguda, donde

fuera mejor ancha-,

; ;

;

PRIMERA PARTE. CAPÍTULO
El brazo que su fama tanto ensancha,

LII.

35I

Que
Oue

llegó del

Catay hasta Gaeta
y más discreta en broncínea plancha
los

La Musa más honrada
o;rabó versos

;

El que á cola dejó

Amadises,

Y

en

muy

poquito á Galaores tuvo,

Estribando en su amor y bizarría El que hizo callar los Belianises

Aquel que en Rocinante errando anduvo.

Yace debajo

desta losa

fria.

DEL PAKIAGUADO, ACADÉMICO DE LA ARGAMASILLA, IN LAUDEM DULCINEA DEL lOBOSO.
Soneto.

Esta que veis, de rostro amondongado.
Alta de pechos y

Es Dulcinea,

reina del
el

ademan brioso. Toboso,
uno y otro lado

De

quien fué

gran Quijote aficionado.
el

Pisó por ella

De la gran Sierra Negra, y el famoso Campo de Montí'el, hasta el herboso
Llano de Aranjüez, á pié y cansado, Culpa de Rocinante. Oh dura estrella
¡
!

Que

esta

manchega dama y

este invito

Andante caballero, en tiernos años Ella dejó, muriendo, de ser bella; Y él, aunque queda en mármoles escrito. No pudo huir de amor, iras y engaños.

DEL CAPRICHOSO, DISCRETÍSIMO ACADÉMICO DE LA ARGAMASILLA, EN LOOR DE ROCINANTE, CABALLO DE DON (QUIJOTE DE LA MANCHA.
Soneto.

En

el

soberbio trono diamantino.

Que

con sangrientas plantas huella Marte

el Manchego su estandarte Tremola con esfuerzo peregrino.

Frenético,

,

!

;

,

352

DON QUIJOTE DE LA MANCHA.
Cuelga

Con que
¡

las armas y el acero fino, destroza, asuela, raja y parte:
!

Nuevas proezas
nuevo
si

pero inventa

el arte

Un

Y

nuevo Paladino. de su Amadis se precia Gaula,
estilo al

Por cuyos bravos descendientes Grecia Triunfó mil veces, y su fama ensancha.
á Quijote le corona el aula Belona preside, y del se precia, Más que Grecia ni Gaula, la alta Mancha.

Hoy

Do

Nunca
Excede

sus glorias

el

olvido

mancha

Pues hasta Rocinante, en ser gallardo.
á Brilladoro y á Bayardo.

DEL BURLADOR, ACADÉMICO ARGAMASILLESCO A SANCHO PANZA.
Soneto.

Sancho Panza es aqueste, en cuerpo chico, Pero grande en valor milagro extraño Escudero el más simple y sin engaño
:
¡
!

Que tuvo el mundo, os juro y certifico. De ser conde no estuvo en un tantico.
Si

no

se conjuraran

en su daño

Insolencias y agravios del tacaño Siglo, que aun no perdonan á un borrico.

Sobre

él

anduvo (con perdón
tras el

se

miente)

Este manso escudero,

manso

Caballo Rocinante y tras su dueño. Oh vanas esperanzas de la gente
¡ i

Cómo

pasáis

Y

al fin paráis

con prometer descanso, en sombra, en humo, en sueño!

DEL CACHIDIABLO, ACADÉMICO DE LA ARGAMASILLA EN LA SEPULTURA DE DON QUIJOTE.
Epitafio.

,

Aquí yace

el

caballero

Bien molido y mal andante A quien llevó Rocinante Por uno y otro sendero.

;

:

PRIMERA PARTE. CAPÍTULO
Sancho Panza
el

LII.

3^3

majadero
él,

Yace también junto á Escudero el más fiel

Que

vio

el trato

de escudero.

DEL TIQUITOC, ACADÉMICO DE LA ARGAMASILLA EN LA SEPULTURA DE DULCINEA DEL TOBOSO.
Epitafio.

,

Y

Reposa aquí Dulcinea; aunque de carnes rolliza,

La volvió en polvo y ceniza La muerte espantable v fea Fué de castiza ralea, Y tuvo asomos de dama
Del gran Quijote
fué llama,

Y
por estar carcomida

fué gloria de su aldea.

Estos fueron los versos que se pudieron leer; los demás,
la letra, se

entregaron á un académico,

para que por conjeturas los declarase. Tiénese noticia que
lo

ha hecho

a costa de

muchas

vigilias
,

y

mucho

trabajo,

y
la

que tiene intención de
tercera salida de

sacallos á luz

con esperanza de

Don

Quijote.
cantera con miglior plettro.

Forsfi oltri

FIN DEL

TOMO

II

DEL OUIJOIE.

14

NOTAS.

NOTAS.

1

Página

I ,

línea última.

Por

]a

punta del
la

pié.

Léase «por
vuelve

planta del pié»,

como

corrigió

don Diego Clemencin,
la

advirtiendo atinadamente que en

el

capítulo xxxii de

Segunda Parte

Don
\2.

Quijote á tratar de Roldan, y dice que ano podia ser ferido

sino por
2

planta del pié izquierdo».
6.

Pág. 2, líneas 5 y

Por

las

señales

que halló en

X-í

fontana.
.

Las primeras ediciones ^\c&n fortuna Parece que debe
usada en tiempo de

Cervantes

alguna vez, en lugar áe fuente.
el

fuente, que nacia de una gruta, se refiere

autor

;

voz una y Fray Luis de León,
ser fontana
.^

A

en

la

bellísima oda que principia

¡^ué descansada vida I
su

escribió, en la es-

trofa

décima

:

Por ver y acrecentar

hermosura,

Desde
Hasta
3

la

cumbre

airosa

Una. fontana pura.
llegar,

corriendo se apresura.

Pág. 2

,

líneas antepenúltima y penúltima. el

Ni

para qué tengo de enturbiar

agua clara destos arroyos...

Como

antes se lee

:

parece que debe seguir
yerro casual de

¿para qué quiero yo tomar trabajo de desnudarme? el mismo sentido de pregunta, y que hubo de ser
se ve en las ediciones
el

pluma ó de imprenta poner, como
agua
,

primeras
4
Pág. 3

:

ni tengo para qué enturbiar
líneas 8 y 9.
él

etc.

,

Lo más que

hizo fué rezar y encomendarse á Dios.

Aquí
en
ella,

difiere la

primera edición notabilísimamente de
el

las

demás. Léese
:

copiando
el

mas que
rosario,

trozo con su propia ortografía, lo que sigue «Lo hizo, fue rezar, y encomendarse a Dios pero que haré de
:

que no

le tengo.-'

En

esto

le

vino

al

pensamiento,

como

le

haria,

»

»

»

25^

NOTAS.

y fue, que rasgó una gran tira de las faldas de la camisa, que andauan colgando, y diole honce ñudos, el vno mas gordo que los demás, y esto le siruio de rosario, el tiempo que alli estuuo, donde rezó un millo de

Aue Marias. La segunda
en esta forma
:

edición y

la

de 1608 de Juan de
el

la

Cuesta traen

el

pasaje

hizo, fue rezar, y assi lo haré yo. siruieronle de rosario vnas agallas grandes de vn alcornoque, que ensartó, de que hizo vn diez.

«Lo mas que

Y

Cervantes escribió desde Valladolid á Juan de la Cuesta, encargándole que reformara de esta manera el texto, ó lo corrigió así el censor del libro, ó lo varió el impresor. La falta de rosario de Don Quijote hubo de parecer mal al fingido Alonso Fernandez de Avellaneda, cuando en
el

O

primer capitulo de su ^tinta Parte del Ingenioso Hidalgo

Don pajote
:

de la

Adancha

^

y

muy

al

principio, escribió, refiriéndose á su héroe

((Co-

menzó, tras esto, á ir á misa con Cervantes debió creer conveniente
tro caballero,
:

su rosario en las

manos.» También

presentar provisto de rosario á nues-

porque en su Segunda Parte, capítulo XLVí, al principio, dijo ya de él ((Asió un gran rosario que consigo contino traia, y con gran prosopopeya y contoneo salió á la antesala. Se ha tomado parte de lo que en el respectivo lugar trae la primera
edición, y parte de lo que se corrigió en pudo entonces, y hoy pudiera, desagradar.
5

la

segunda, omitiendo

lo

que

Pág. 4, líneas 9 y 10 de

la prosa.

A

la

dolorosa y tímida Eco.

Las demás ediciones
Aludiéndose á
la

Cervantes
de agua
6
:

le

A la dolorosa y húmida Eco. » remedadora Eco, ninfa de tierra, no parece natural que aplicara el calificativo de húmeda^ más propio de las ninfas
:

((

titnida le

convendría mejor, porque

el eco

habla siempre de lejos.

Pág. 4, líneas penúltima y última.

Si,

como

tardó dos días, tardara dos semanas.
^

Tres dias

dicen todas

las

ediciones

;

pero los dias fueron solamente dos
la

^
:

como
uno.

consta del texto. Sancho llegó á

venta

al

otro dia de su
la

En

este

mismo

se
;

puso en camino para volver á
al

marcha Sierra, con el
:

dia.
7

Cura y con el Barbero y Son dos ó poco más.
,

siguiente se reunió

con

Don

Quijote

otro

Pág. 6, líneas 11 y 12.

Les contó de

la

suerte que quedaba,
las

y cómo llevaba

la

carta á la señora Dulcinea.
:

Después de quedaba traen
turas que
le

demás ediciones

estas palabras

«las aven-

hablan sucedido.

s\

»

NOTAS.
Se han suprimido en esta edición, porque Cerv-^Ántes
las

359
inutilizó de
cont(')

hecho, escribiendo más adelante que Sancho

otras
lo

cosas de su

amo,

la libertad

de los galeotes,
,

la

pérdida del Rucio, y
el

que

les

habia
la

acontecido con Cardenio
maleta.

callando

manteamiento y

el

hallazgo de

Expresándose en diferentes lugares después lo que refirió Sancho y lo que ocultó al Cura y al Barbero, de las aventuras de su amo y de las suyas propias, claro es que se debió y se debe omitir la contradictoria

cláusula
el

les cofitó...

las
le al

aventuras que

le

habían sucedido^ porque
ora á

ora se refiera

pronombre

mismo Sancho Panza,

Don Qui-

jote, el hallazgo de la maleta fué aventura ocurrida á los dos, y de ésa no habló palabra Sancho, según luego se dice ; y según lo dicho primero (y en esta edición omitido) se debia entender que Sancho no la habia calla-

do
8

:

contar las aventuras quiere decir contarlas todas.
Pág. 8, líneas 6 y 7 del último párrafo.

Tras esto, contó asimismo

otr/i<:

cosas de su
:

amo.
las

amo.))

Primera y segunda edición de Cuesta «Contó asimesmo La tercera de Cuesta u Contó asimismo) etc.
:
,,

cosas de su

Sancho habia contado ya

los

amores de

Don

Quijote con Dulcinea
;

(que era Aldonza Lorenzo) y lo de la carta para ella Sancho contó después los proyectos de su amo para llegar á ser, cuando menos, monarca
:

luego entre esto y aquello no contó Sancho las cosas de su amo (esto es, todas sus aventuras y todos sus propósitos), sino cosas distintas de las que
habia dicho antes y habia de manifestar después
9
Pág. 8
,

,

otras ó varias.

linea última.

Sin 'ínsulas ni tnsulos ; que ya no

¡os quería.

Texto constantemente seguido
queria.

:

«Sin

ínsulos ni

ínsulas;

que ya no

las

No
mero
10

es imposible
lo

que Cervantes antepusiera

los

insulos á las ínsulas;

pero lo natural,
la

más oportuno,
la

lo

más probable

es

que escribiera

pri-

palabra propia, y luego
lin.

de invención burlesca.

Pág. 10,

10, contando de abajo arriba.

Dio

el

Cura en un pensamiento.
ediciones
:

dFino el Cura en un pensamiento.)) tomo presente, al medio, hallará el lector las palaLe vino al Cura un pensamiento)); y más abajo «El Barbero vino bras en todo aquello que el Cura quiso.»
las otras
la

En En
:

página 12 del

((

:

idea

Aparece, pues, que venir en un pensamiento equivale á convenir con una que otro tiene; por lo cual, en el caso de nuestra nota deberemos

»

,

360
leer, 6 bien
le

NOTAS.
vino al Cura un pensamiento

samiento ; ."^^xo
11

nó vino
4 y
5
,

el

ú bien dio el Cura en un penCura en un pensa?niento^ que era suyo.
^

Pág. 10, líneas

contando desde

la

última.

Fingiendo

ser el

Cura una
:

doncella.

Las damas ediciones

«

Fingiendo ser
el

ella
al

una doncella.
artículo el la abreviatura C.^

Probablemente seguida en

borrador

(hoy de compañía)^ y por eso entenderían
12
Pág. II, título del capitulo.

ella^

en lugar de

el

Cura.

De cómo

si/üeroii

con su intención

el

Cura y

el

Barbero.

No
te
,

se refiere en este capítulo, sino en los últimos de esta

Primera Parsalir.,

c(¡?no

salieron con su intención
:

,•

se trata de có?no quisieron

ó cómo
aquí.

siguieron con su intención
13 Pág. 13, lineas 2 y
3

algo parecido habría escrito
h. división

Cervantes

después de

de párrafo.

Para acertar dónde habia dejado á su señor.

Se han omitido ya lugar en
la

las

palabras el lugar antes del adverbio
lo

:

como

se halla

primera línea del párrafo, parece que
si

hubiera borrado

Cervantes
mirlo y
14
el

después,

hubiese visto

las

pruebas de su obra. El supri-

conservarlo importan, poco.

Pág. 16, soneto.

Se nos dice en
cielo), dejando

él

que

la

amistad se subió en

el

cielo (quiere decir al
la
:

en

la tierra

una apariencia suya. Se ruega á
la

amistad que
así

no permita
la

al

engaño vestirse
la

librea de la propia amistad

con que
el

apariencia de

amistad, que se quedó entre los hombres, era
el

enga-

ño.

Entonces, en

segundo verso del segundo cuarteto, no

se

debe leer
sino la

la justa

paz

cubierta con un velo.,
la falsa

como

las

demás ediciones traen,
qué
disfrazarse. Parece

falsedad [ó

fa%) cubierta

con tu velo, ^ovi\\ie falsedad equivale á

engaño., y \z

paz

ni engaría
la

ni tiene para
:

que

el

pensamiento de
trea, se sube al

composición es éste
allí

la

diosa de la amistad,

como As-

Olimpo, y desde

señala á los

hombres, para que no

se dejen deslumhrar, la falsa deidad

que ocupa su puesto. Cárdenlo, enprincipio se le mostró

gallado por don Fernando, que

al

muy amigo

y
la

después

le

quitó

la

dama, ruega

á la amistad verdadera

que torne á
el

tierra, para arrancar el velo á la

amistad fingida, pues de no venir, voleste

veria nuestro globo al caos.
la

De

modo

entendido, no ofrece
la

soneto

oscuridad que

le

halló

Clemencin, por no conocer

errata del verso
al

enmendado. Ouizá blante engañoso de

escribirla
la

Cervantes

la

astuta faz., aludiendo

sem-

amistad aparente.

6

NOTAS.
15

361

Hág. 16, línea última

,

y primera de la página 17.

Le rogó y

propuso.
:

Dicen las demás ediciones «Le rogó y aunque ahora el verbo persuadir tenga otra
tos casos le daba

persuadto^^

^

y así se debe leer,

Cervantes
el

,

significación en
la

después de impreso todo

texto de

que en cierque no he reparado hasta edición pequeña y casi todo el de
significación de la

ésta grande. Persuadir^ usado

como
.^

activo, significa á veces en las obras

de

Cervantes

instar vivamente

porfiar.,

tratar de persuadir ; usado

como

recíproco, vale tanto
1

como

creer ^ convencerse.

Pág. 17,

al

medio.
el

Han

procurado sacarme desta á mejor. (Hállase impreso antes

sustantivo vida.)
y)

Texto
17

ordinario
lín. 3.

:

((Han procurado sacarme desta á me]o\: parte.

Pág. 18,

Mi

descompostura.
.,

Así quizá deberá leerse, y no desenvoltura como en las ediciones primeras. Más que desenvolturas eran los atropellos cometidos por Cardenio

con

los pastores, y

aun con

Don

La

desenvoltura de Cardenio, según

Quijote y Sancho, cuando estaba furioso. él mismo dice ( página 21 ), no se ex-

tendia á
18

más que
lín. 8.

á besar á Luscinda una

mano.

Pági 18,
Toffiarnis.

Parece más propio de

Cervantes
las

este tiempo del verbo

que

el

futuro

simple tomaréis., impreso en
19
I'ág

demás

ediciones.

18,

lín.

12
/o

No
En
20

hacer otra cosa de
las

que
:

él quisiese.

demás ediciones
la

«

No

hacer otra cosa de

la

que

el

quisiese.»

Pág. 19, á

mitad.

Que

desease.
:

Léase
21

«Oue
-\-

deseaba.

)^

Pág. 19,

lín.

2 después de

la carta.

Y

Otro

como éste

fué.

«Y

éste fué)i, es lo

que dicen aquí

las

ediciones primeras.

No

obstante,

los billetes

fueron dos: uno, que leyó don Fernando, poco después de
vista del

cual se decidió don

haber visto á Luscinda; y otro, que vino dentro del Amadis., en Fernando á pedir, con el necesario sigilo, la

mano de

aquella dama.

^

362
22
Fág. 21
,

NOTAS.
lín. 2.

No
Las
23

qué

fué.

tres ediciones
,

de Cuesta

:

u

No

se

qué

se

fué.»

Pág. 21

líneas 7 y 8.

Las veces que

la

buena fortuna
:

íi

mi

diligencia lo concedía.
la

Texto común
cedia. »

a

Las veces que

buena fortuna^ mi
diligencia consigue

dilÍ2;encia lo

con-

Parece que
por eso
24
la

la

fortuna concede y
la

la

:

se ha sustituido

preposición á
la

conjunción.

Pág. 22, después de

mitad.
lo hacia (escribir

Presente,

iv'

pocas veces
el

Luscinda á Cárdenlo
al

).

Parece necesario

adverbio ya

^

porque

principio de sus amores,

Cárdenlo habia escrito á Luscinda no pocas veces, y ella le habla contes« Ay, cietado. Recordará el lector aquellas palabras del capítulo xxiv
:
j

los

,

y cuántos billetes
!

la escribí!

¡Cuan regaladas y honestas respuestas

tuve
2!;

))

Pág. 23

,

lín. 12.

En

tanto que

zX

premrado y nuevo correo. (Léase apreíurado ó presuroso.)

Las demás ediciones dicen el agradecido... correo; y así se deberla leer, no fuera usado como activo, hasta por el mismo Cervantes. El servicio que aquel buen hombre hacia, merecia ser agradecido por Cárdenlo; pero correo agradecido no quiere decir, en el uso cosi

este participio pasivo

mún,

correo que se agradece., correo agradecihle

.,

sino correo que agradece.,
sabia esto

agradeciente ó agradecedor.

Como Cervantes

mucho mejor
correo.,

que yo, debo creer que no escribió en este lugar agradecido y nuevo y no seria extraño que hubiese escrito agradecihle.
26
Pág. 24,
lín. 7.

El propio

dia.

El mismo dia hubo en efecto de ser; de

lo contrario,

como
la
la

el

señor

Clemencin observó, hubiera tardado Cárdenlo en llegar á Luscinda más tiempo que el portador de la carta. Este
doce del dia, y tardó en el viaje diez y seis horas luego Cárdenlo á las cuatro de la madrugada del dia siguiente.
:

residencia de
recibió á las

se la entregó á

A

las

cinco del

propio dia., lo

camino, y debió llegar á casa de Luscinda como á las nueve de la noche, hora muy á propósito para que Luscinda estuviese á la reja. No pudo, pues, llegar otro dia como se lee en las ediciones primeras y se ha corregido propio dia porque propio tiene dos oes como otro.
tarde, se pondría Cárdenlo en
;
,

más

NOTAS.
27
Pág. 2S,
al

363

medio.

Mis

traidores enemigos.

Texto

ordinario

:

«Mis

mayores enemigos.))

llama enemigos Cardenio en toda su relación sino á don Fernando y Luscinda parece, pues, que no tenia otros, mavores ni menores. A Lus:

No

cinda acaba de calificar de traidora

(

línea 6 después de la división de párla

rafo); á don Fernando apellidó traidor en

último párrafo: parece, pues, que mejor pudo emplear
el calificativo traidores

página 19, línea tercera del Cervantes aquí

que

el

de inayores.
la

28

Pág. 28, líneas 11 y 12, contando desde

última.

De
lee
29

tni

mismo.

Eso parece que deberia escribir Cervantes, y no en las demás ediciones,
Pág. 30,
lin.

de

mi mano., como se

8, contando desde abajo.

Sin tener otro deseo ni intento.

Las demás ediciones: «Sin tener otro discurso ni intento.» Tener disno parece locución de Cervantes deseo ó designio seria más propio.
curso ¿G procurar acabar la vida
:

30

Pág. 31

,

lín. 8.

Mi

miserable y extraña vida.
las otras

En
31

ediciones
,

:

«Miserable y extrema.
la

^'<

Pág. 34, líneas 10 y 11

contando desde

última.

Les sirvieron de peine unas manos.

En
32

el

texto ordinario

:

((Les sirvió de peine unas manos.))

Pág. 36, líneas 14 y 15.

Medio para remediarlas.

Texto
33

ordinario

:

k(

Remedio para remediarlas.»

Pág. 37, líneas 16 y 17.

Cristianos viejos rancios, pero tan ricos...

Parece que pide

el

sentido que se lea ricos

,

y no rancios

,

como

se lee

las demás ediciones. «Tan ricos., nombre de hidalgos», parece más lógico y natural que «tan su riqueza les va adquiriendo nombre de hidalgos y aun de

en

que su riqueza les va adquiriendo
rancios.,

que

caballeros».

La
34

ranciedad no lleva obligatoriamente consigo
Pág. 38, líneas 18 y 19.

la

riqueza de los cristianos.

Cuan

sin

culpa he venido.
sin

«Cuan

culpa me he venido», se lee en

las

demás ediciones; y en

364
verdad que
decir
el
^

NOTAS.
pronombre me según
lo

que da de

sí la

narración de

Do-

rotea, no parece necesario ni propio. Si cree

que no tiene culpa, no debe
si

«me
me

he venido de
al

un buen estado

á otro infeliz», sino ((he venido». es

Se

le

olvidaria

autor borrar ese monosílabo,

que

lo escribió

;

por-

que
35

el

indica una espontaneidad ajena del caso.
al

Pág. 38,

medio.

Y

de nuestras criadas.

Texto

ordinario

:

«

Y

de otras criadas.

»

Realmente no
36
Pág. 39
,

se

ha hablado antes de
contando de abajo
arriba.

criafit/s

^

aunque

de criados.

líneas 6 y 7,

Como

si

fuera don Fernando

mi mortal enemigo.
el

Falta en las
37
Si

demás ediciones

nombre

propio.

Pág. 40,

al

medio.

yo

quisiese

poner en buena manera seguro impedimento...
:

ellos

me

casarían.

Las demás ediciones
inconveniente... ellos
Si

«Si yo quisiese poner en alguna
»

manera algún

me

casarian.
:

Cervantes

quiso decir

«mis padres
el

me

casarian,

al

menor deseo
el

que yo mostrase de

atajar las pretensiones de

ordinario está bien. Pero nótese que

don Fernando», casamiento de Dorotea no

texto

se podia

considerar como alguna ínanera de inconveniente para los galanteos de don Fernando, sino como el estorbo, impedimento ú obstáculo mayor. Dorotea entonces no deseaba casarse con don Fernando ni con otro.
38
Pág. 41,
lln. 7.

En

la

soledad y silencio deste encierro.
:

la

Texto ordinario «En la soledad deste silencio y encierro. » Don Diego Clemencin creyó que Cervantes escribirla la frase como hemos impreso, aprovechando su observación.
Pág. 42,
al

39

medio.

No

hay pensar que de mí alcance cosa alguna.
otras ediciones
:

Las

«No
:

es

pensar.»
el

Nota de Clemencin
sar ó no hay pensar.
»

«Puede creerse que

original diria no

es

de pen-

En
40

nuestra edición pequeña se ha impreso
,

:

no esperes.

Pág. 43

lín.

13.

T con
Falta

palabras eficacísimas y juramentos.
la

conjunción en

el

texto

común.

,

NOTAS.
41
Pág. 47,
lin.

365

17.

Se kíician corrillos.

En

la

primera y segunda edición de Juan de
tercera
«

la

Cuesta

:

«Se hace

eti

corrillos, n

En

la

:

Se hacen.

»
,

No
ó no.
42

podia hablar Dorotea en presente

porque se

referia á lo

que ha-

bía visto

meses antes

,

e ignoraba

si

aun

se hablarla de ello en corrillos

Pág. 47, líneas lo y 11, contando desde

la

última de

la plana.

Llegando íu madre á desabrocharle

el

peclio.

Las demás ediciones

:

«Llegando su

esposo... »
(

Fué
43

su madre., según dijo Cárdenlo.
,

Véase

la

página 28, línea 2.)

Pág. 47, línea última, y pág. 48

línea primera.

Por que

se

habría quitado
:

la vida.

En

la

primera edición
el

«Por que

se habia quitado la vida.»

Parece mejor
tar el suicidio,

tiempo condicional, porque Luscinda no llegó á inten-

aunque habia sentido impulsos de cometerlo.
,

44

Pág. 48

,

lín.

9

contando desde

la

última.

Esto que supe puso en bando mis esperanzas.

Se infiere del pasaje, que Dorotea concibió ó cobró alguna esperanza (y era muy natural) cuando supo que el matrimonio de don Fernando

con Luscinda no
contra
él
:

se habia

consumado, y que

la

desposada habia protestado
la

esto, ó cosa no

poner esperanzas en bando.

muy En el
;

distinta,

debe querer decir

locución de

tercer capítulo de

El Viaje

del

Parnaso

se

dice de un ejército de poetas
Llegóse en

fin

á

la

Castalia fuente,
.se

Y

en viéndola, infinitos
al cristal

arrojaron.

Sedientos,

de su corriente.

Otros, más advertidos,

las

sabrosas

Aguas gustaron poco á poco, dando
Espacio
al

gusto á pausas melindrosas.
el

El brindes y

caraus

se

puso en bando

Porque

los

más de bruces, y no á sorbos.

El suave licor fueron gustando.

Caraus es voz tomada del alemán (gar-aus)^ equivalente

á

dad

fin

^

apu-

rad

la copa^ bebedlo todo.

¿Brindaron en aquella ocasión
la

los poetas,
;

ó no

hubo

brindis.?

Claro es que no habían de agotar

fuente

pero, de bro-

366
ma,
Sea
bien se pudo decir
lo
:

NOTAS.
«Ea, señores,
hasta dejar á Castalia en seco.»
,

que fuere

,

si

poner en bando esperanzas equivale á producirlas
^

sus-

citarlas ó levantarlas

entonces poner en bando brindis equivaldrá también á
cierta

brindar^

uno y otro con

solemnidad 6 confianza,

como

la

que pueden

ofrecer las disposiciones de un bando, ó con la vehemente agitación de los

que
45

se alborotan en bandos.
Pág. 49, Im. II.

Con mi

huida.
lo

Parece preferible á venida^ que es
nes.

que

se lee

en

las

demás impresio-

Nuestro autor,
el

sin

embargo, usó
ir.

varias veces en esta obra el verbo

venir con
46
Pág. 49,

significado de
4
después de
la

lín.

división de párrafo.

De

fni

edad.

Texto
47

corriente
lín.

:

«

De

la edad. »

Pág. 49,

6, contada desde abajo.

Con

fuertes v justas palabras.
:

Texto corriente «Con feas y justas palabras. » Clemencin uSi eran justas no podian ser feas.
:
.,

ron duras, ásperas, desabridas,
48
Pág. 50,
lín.

como

la

Quiso decir que fuemala conducta del zagal merecia.
\)

8, contando desde

la

última de

la

plana.

Mis fuerzas ó mis

despegos.

Como
no
se

se trata

de un pecado, parece que á
,

las

negativas de cometerlo,
despegos traen las

debe llamar disculpas

que

es lo

que en lugar de

ediciones antiguas.
49
Pág. 52
,

También

estarian en su lugar desdenes 6 desvíos.

al

medio.

Me

hallé presente á los desposorios

de don Fernando.

Sinrazones

.,

leemos en

el

texto ordinario.
;

Cardenio presenció
sente á ninguna de las

los desposorios

de don Fernando mas no se hallo predemás sinrazones que le hizo su poco escrupuloso
los desposorios
:

amigo. Dorotea dijo que había Cardenio visto

á esto, y

no

más, contesta Cardenio.
50
Pág. 52,
lín.

14

del párrafo segundo.

Dejé

la

casa v

la

ciudad.

Texto

usual

:

«

Dejé

la

casa y

la

paciencia.

»
:

No
el

escribirla paciencia el autor,

cuando acababa de poner
»

u

No

tuvo

alma sufrimiento para ver tantas desventuras juntas.

NOTAS.
51

367

Pág.

153, lin. 2.

No

pudo.

Texto

ordinario

:

«No puede. »

Pudiese ó no, don Fernando ya se habia casado.
52
Pág. 53,
lin.

13.

Y

aun.

l'exto
53

común
lín. 3

:

u

Y

que. n
la división

Pág. 54,

después de

de párrafo.

Saliéronle

al

encuentro.
el

Serian solos

Licenciado y

el

Barbero

los

que saliesen

al

encuentro á

Sancho, Dorotea y Cárdenlo se quedarían donde estaban antes los cuatro. No convenia (creo yo) por entonces que viera Sancho ni á Cardcnio ni
á Dorotea.

En

la

misma página,
(el

tras el

último punto.

Contó

Cura) luego á Cárdenlo

y á

Dorotea

lo

que tenían pensado.

Debemos
con
él
,

suponer, por

lo

que adelante

se verá,

que

el

Cura y

el

Bar-

bero dejaron con algún pretexto solo á Sancho donde se habían encontrado
y se volvieron á conferenciar con Dorotea y Cárdenlo.
misma página,
cerca del
fin.

En

la

Dijo Dorotea que

ella haría la

doncella menesterosa...

Si Sancho hubiera oido estas expresiones y las que siguen hasta el segundo párrafo de la página 55, no hubiera podido creer después que Do-

rotea era
54

la

Princesa Micomicoiía.
lin. 6.

Pág. 55,

En

favor jnicstro.
:

Las demás ediciones
Nuestro., escribió

«

En

favor

;///'«.

»

Cervantes, porque puso en
)>

seguida

:

«A

vosotros se

os ha

comenzado
la

á abrir puerta para vuestro remedio, y á nosotros se nos

ha facilitado
55

que habíamos menester.

Pág. 55, lineas 12 y 13.

En un

instante se adornó.

Claro es que se

retirarla para ello á lugar

oportuno.

En

el

capítulo xxviii

(página 36 de este volumen) se dijo que Dorotea recogió sus cabellos y se calzó con toda honestidad. No se expresa aquí d(Hide cambió Dorotea
de traje
;

algo debe

faltar.

^68
56

NOTAS.

Pág. 55, líneas 11 y 12, contando desde abajo.

El que más se admiró fué Sancho Panza.
Si

Sancho hubiese

visto á

Dorotea vestida de hombre, algo

se hubiera

admirado también, y no hubiera dejado de preguntar quién era aquel zagal tan hermoso. Si Sancho hubiese visto á Cardenio en el mismo traje en
dias antes le vio y anduvo con él á puñadas, algo debía también haber dicho, pensado ó sentido, que el autor debió referir. Nada de esto hay es

que

:

preciso creer que faltan varios trozos en este capítulo, y que Sancho no vio á Dorotea sino cuando estaba ya vestida de dama, ni vio á Cardenio
sino

con

el traje

que dejo Dorotea.

Si á pesar del disfraz le

conoció destal

pués, ya se comprende que procurarla no preguntar palabra acerca de
persona, por temor de que resultase de
los cien
la

información tener que volverle

escudos que halló en
la

la

maleta. El texto, para su mejor inteli:

gencia, se pudiera leer en

uVínosele á

la

forma siguiente (página 54, línea 5) memoria á Cardenio, como por sueños, la pendencia

que con
Dorotea

Don
lo

decir por qué causa fué

Quijote habia tenido, y contóla á los demás; mas no supo la cuestión. Contó luego el Cura á Cardenio y á

que tenian pensado para remedio de

Don

Quijote, á
la

lo

menos

para llevarle á su casa; á lo cual dijo Dorotea que ella haria

doncella

el Barbero; y más, que tenia allí vestidos con que y que la dejasen el cargo de saber representar todo aquello que fuese menester para llevar adelante su intento, porque ella

menesterosa mejor que
hacerlo
al

natural

,

habia leido
las

muchos
es

libros de caballerías,

y sabia bien

el estilo

que tenian

doncellas cuitadas, cuando pedian sus dones á los andantes caballeros.
ttPues

no

menester más,
la

dijo el

obra; que sin duda
sin pensarlo
,

buena suerte
,

se

á vosotros

señores

,

se

Cura, sino que luego se ponga por muestra en favor nuestro, pues tan os ha comenzado á abrir puerta para
lo

vuestro remedio, y á nosotros se nos ha tacilitado
nester.
«

que habíamos mecierta telilla
cajita

"Sacó luego Dorotea de su almohada una saya entera de
rica, y
llar

una mantellina de otra
:

vistosa tela verde, y de

una

un co-

y otras joyas

todo aquello, y más, dijo que habia sacado de su casa

sión de habello menester.
lás

para lo que se ofreciese, y que hasta entonces no se le habia ofrecido ocaEn esto oyeron voces y el Cura y Maese Nico;

conocieron que
el

el

que

las