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http://www.archive.org/details/obrascompleta07cerv

OBRAS
COMPLET.'VS

DE CERVANTES
TOMO
VIL

OBRAS
COMPLETAS

DE CERVANTES
ornicAnAS a
s.

a. r.

ei.

sermo.

sr.

inkante

DON SEBASTIAN GABRIEL DE BORBON Y BRAGANZA.

TOMO

VIL

NOVELAS EJEMPLARES;
EDICIÓN riKIGIOA

POR DON CAYETANO ROSELL.

TOMO PRIMERO.

rí^b^^

^
R
I

k6^

MADRID,
IMPKKN'IA OK DON M A
calle
N'

UK

I,

\

A OE N

F.

VR A

,

de

la

Madera, número

S.

1864.

ADVERTENCIA.

Repetidas veces se han dado a luz

ya en

las

colecciones

las Novelas Eje?nplares de Cervantes, más ó menos completas de obras de nuestro autor, ya

sueltas, en

uno ó en más volúmenes
la el

(i).

La

edición príncipe se hizo en

Madrid, por Juan de
tanto, que en 1828
,

Cuesta,

el

año de 1613; pero ha llegado á escasear

señor Salva no conocía en España ejemplar alguno.
refiriéndose á este dato, asegura haber visto en París

Brunet,

sin

embargo,

más de uno
seguida

[plusieurs)^

que

es

como quien

dice varios; y descriljiendo en
la

el libro,

declara que los preliminares tienen xii folios, y

obra 742.

La
de
la

impresión que á nosotros nos ha servido de texto es también de Juan

Cuesta y de Madrid, y

lleva la fecha de 16 14,
el

El ejemplar de que
ser

nos hemos valido, que, por lo que añade

mismo Brunet, debe

no
á

menos

raro, pertenece á

la

biblioteca de la Real

Academia Española, «Es

quien somos deudores de tan singular obsequio.

En una
:

hoja de cubierta,
la

que precede á

la

portada, se lee esta nota manuscrita

primera edi-

ción de ellas (de las Novelas)^ hecha en Madrid, en vida del autor.
Ademas de

— La

(i)

las

dos primeras ediciones,

hemos
:

visto citadas, y algunas de ellas tenido presentes

para nuestro trabajo de confrontación, las que siguen

Del año 1614, una,

muy

rara, de

Pamplona, de Nic. de Acsiayn, que debe
de 1616.
1

ser la tercera, y otra,

de Bruselas, de R. Vclpio y H. Antonio.

De

1

61 5

,

una de Milán

,

y otra de Venecia

,

Otra de Pamplona, por

el

mencionado Acsiayn, en

617, y de

este

mismo año,

otra

hecha en Lisboa

por Antonio Alvarez, á dos columnas, en 4.°

De 1622,

otra de

Madrid,

á

que,

sin

más

datos, alude don Nicolás Antonio.
'

La de Valencia, 1769, por Salvador Fauli , dos volúmenes 8." La de Madrid, de don Antonio de Sancha, 1788, también en dos volúmenes
Otra del mismo Madrid, de 1822, que
es la

8.°

primera de España en que se publicó
el

La

Tia fingida,

tomando

sin

duda

la

que de esta novela hizo en París,

año 1814, don Agustín García de Arrieta.

La de Barcelona, por A. Bergnes y Compañía, 1831, tres volúmenes 16.° Y la de la propia ciudad, por C. y J. Mayol, en 1842.
Prescindimos de
á nuestro proposito.
las varias

traducciones publicadas y reimpresas en diferentes épocas, porque no hacen

VI

ADVERTENCIA.
«

compre en Berlin, año de 1800.
á la segunda hoja está la tasa
,

Pero esta aserción es tan aventurada, que
,

firmada en Madrid
^

á doce dias del fnes de
:

Agosto de mil y

seiscientos

y

trece años

por Hernando de Vallejo, que dice

«Yo
de
los

Hernando de Vallejo, escriuano de
que residen en su Consejo, doy
fe,

Cámara

del

Rey

nuestro Señor,

que auiendose

visto por los señoexern-

res del

un

libro,

que con su

\\cenc\2L fue impresso^

inútuhdo Novelas
le

plares

compuesto por
el

Miguel de Cervantes Saavedra,
no puede

tassaron á

quatro marauedis

pliegos, etc. Si pues en Agosto de 1613 se habia ya
edición de 16 14
la

impreso
Esto,

el libro, la

aspirar al título de primera.

sin

embargo, no
la

hace desmerecer un punto. Lleva privilegio
;

para los reinos de

corona de Aragón
la

y

como hecha

por

el

mismo imprefiel

sor, y cuando tan reciente estaba

primera, debe suponerse que es una

reproducción de ésta, y
defectuosa, será, por
el

si

de

ella difiere

en algo, que, en vez de ser más

contrario,

más

correcta y esmerada.

Muevennos

á

creerlo así las innumerables variantes de que está llena respecto á algunas

ediciones posteriores.

Las principales consisten en intercalaciones y
;

frases

añadidas que llevan éstas

en

la

que quizá tomaron de la primera la falta de ellas , y segunda, prueba mayor corrección y estudio, porque todas ó las más

de sus supresiones están hechas con

mucho

acierto.

Las demás de dichas

variantes se reducen á leves discordancias ó á erratas evidentes,

cuándo en

una, cuándo en otras, que por

lo

mismo hemos procurado
al

rectificar;

mas

para que no se crea que procedemos arbitrariamente,

fin
,

del presente

tomo insertaremos un catálogo
las

,

no sólo de

las

más

notables

sino

aun de

de poca importancia, y de este

modo

se conservará siempre la variedad

de textos.

Doce son
cluimos en

las

novelas que

comprenden

las

antiguas ediciones
el

:

siete inlas otras

el

presente volumen, y reservamos para

que sigue
la

cinco, ademas de

La Tia fingida

^

de que hablaremos en

correspondiente

Advertencia preliminar. El orden en que se suceden es

el

mismo que

sin

duda
otros

les dio

su autor. Algunos lo han alterado en sus reimpresiones; nos-

creemos que hasta esta materialidad debe respetarse, como seguimos
la

respetando los arcaísmos y

ortografía anticuada,

aunque no constante,
la

de algunas voces, porque estas irregularidades constituyen
carácter peculiar de
la

fisonomía y

escritura de cada autor ó de cada época.

A

DON PEDRO FERNANDEZ DE CASTRO,
DE LEMOS, DE ANDRADE
y

DE VILLALBA,
la

Marqués
V

de Sarria, Gentilhombre de la

cámara de Su Majestad, Firey, Gobernado!
encomienda

Capitán General del reino de Ñapóles , Comendador de
de la

Zarxa

de la

Orden de Alcántara.

En

dos errores casi de ordinario caen
la

los

que dedican

sus obras á algún Príncipe. ser

El primero es que en

carta que llaman dedicatoria,
la

que ha de

breve y sucinta,
dilatan en ella
las

muy

de propósito y espacio, va llevados de
la

verdad ó de

la lisonja, se

en traerle á

memoria, no

sólo las hazaíías de sus padres
el

y abuelos, sino
las

de todos

sus parientes,

amigos y bienhechores. Es
las

segundo decirles que

ponen debajo

de su protección y amparo, porque
en silencio aquí
lencia,

lenguas maldicientes y murmuradoras no se

atrevan á morderlas y lacerarlas. Yo, pues, huyendo destos dos inconvenientes, paso
las

grandezas v títulos de

la

antigua y Real casa de vuestra Exce-

con

sus infinitas virtudes, así naturales

como

adquiridas, dejándolas á que los

nuevos Fidias y Lisipos busquen mármoles y bronces adonde grabarlas v esculpirlas,
para que sean émulas á
la

duración de

los

tiempos.

Tampoco
si él

suplico á vuestra Exce-

lencia reciba en su tutela este libro,

porque

que
la

no

es

bueno, aunque
la

le

ponga
,

debajo de

las alas del

hipógrifo de Astolfb y á
los

sombra de
los

clava de Hércules
filo

no

dejarán los Zoilos,

Cínicos,

los

Aretinos y

Bernias de darse un

en su

vituperio, sin guardar respeto á nadie. Sólo suplico que advierta vuestra Excelencia

que
en
la

le

envió,

como

quien no dice nada, doce cuentos, que, á no haberse labrado
al

oficina

de mi entendimiento, presumieran ponerse
allá
el

lado de los

más pintados.

Tales cuales son,

mostrando en algo

van, y yo quedo aquí contentísimo, por parecerme que voy deseo que tengo de servir á vuestra Excelencia, como á mi
etc.

verdadero señor y bienhechor mió. Guarde nuestro Señor,
Julio de 1613.
Criado de -vuestra Excelencia
,

De Madrid,

á

i/\.

de

Miguel dk CkrvXntes Saavedra.

PROLOGO AL LETOR.

Quisiera yo,
escribir este

si

fuera posible, letor amantísimo, excusarme de

Prólogo, porque no
^^uijote,

me

fué tan bien con

el

que puse

en mi

Don

Desto

tiene la

que quedase con gana de segundar con éste. culpa algún amigo de los muchos que en el dis,

curso de mi viaa he granjeado
ingenio,
el

antes con

mi condición que con mi
es

cual

amigo bien pudiera, como
la

uso y costumbre,
le

grabarme y esculpirme en
mi retrato
el

primera hoja deste libro, pues
de Jáuregui
,

diera

famoso

Don Juan
el

ambición satisfecha, y

y con esto quedara mi deseo de algunos, que querrian saber qué

invenciones en rostro y talle tiene quien se atreve á salir con tantas poniendo debajo del la plaza del mundo á los ojos de las gentes;
retrato

«Este que veis aquí, de rostro aguileno, de cabello castade nariz corva, ño, frente lisa y desembarazada, de alegres ojos y aunque bien proporcionada, las barbas de plata, que no há vemte
:

años que fueron de oro, los bigotes grandes,
dientes ni

la

boca pequeña,

los

menudos

ni crecidos,

porque no

tiene sino seis, y ésos

mal acondicionados y peor puestos, porque no tienen corresponextremos, ni dencia los unos con los otros; el cuerpo entre dos algo grande ni pequeño; la color viva, antes blanca que morena;
cargado de espaldas y no
el

muy

ligero de pies

;

éste digo

que

es

rostro del autor de
el

La

Calatea y de

Don

^^ijote de la Mancha,

y del que hizo

J'iaje del

Parnaso, a imitación del de César Ca-

X

PRÓLOGO.

poral Perusino, y otras obras que andan por ahí descarriadas y

quizá sin

nombre de su dueño. Llámase comunmente Miguel üE Cervantes Saavedra fué soldado muchos años, y cinco y
el
:

medio cautivo, donde aprendió

á tener paciencia en las adversi-

dades. Perdió en la batalla naval de

Lepanto

la

mano
él

izquierda,
la tiene

de un arcabuzazo; herida que, aunque parece fea,

por

hermosa

,

por haberla cobrado en
los

la

más memorable y

alta ocasión

que vieron

pasados siglos
las

ni

esperan ver los venideros, milila

tando debajo de

vencedoras banderas del hijo del rayo de
felice

guerra, Carlos V, de

memoria,

n

Y

cuando á

la deste

amigo,

de quien
decir de

me

,

quejo, no ocurrieran otras cosas de

las

dichas que
testi-

yo

me

levantara á

mí mismo dos docenas de

monios, y

se los dijera

en secreto, con que extendiera mi nombre

y acreditara mi ingenio; porque pensar que dicen puntualmente la verdad los tales elogios, es disparate, por no tener punto preciso ni

determinado
fin,

las

alabanzas ni los vituperios.

En
y
sin

pues ya esta ocasión se pasó, y yo he quedado en blanco figura, será forzoso valerme por mi pico, que aunque tartalo será para decir

mudo, no

verdades, que dichas por señas, suelen

ser entendidas.

Y

así, te

digo otra vez, lector amable, que destas

novelas que te ofrezco, en ningún

modo

podrás hacer pepitoria,
ni cosa

porque no tienen pies

ni

cabeza ni entrañas,

que

les

pa-

rezca; quiero decir, que los requiebros amorosos que en algunas
hallarás, son tan honestos
cristiano,

y tan medidos con

la

razón y discurso
al

que no podrán mover á mal pensamiento
las leyere.

descuidado

ó cuidadoso que

Heles dado

el

nombre de
se

ejemplares

,

y

si

bien lo miras , no hay
si

ninguna de quien no

pueda sacar algún ejemplo provechoso; y
te

no fuera por no alargar este sugeto, quizá

mostrara

el

sabroso

y honesto fruto que se podría sacar, así de todas juntas,

como de

cada una de por

sí.

Mi

intento ha sido poner en

la

plaza de nuestra república una
llegar a entretenerse sin

mesa de trucos, donde cada uno pueda

PRÓLOGO.
daño de barras; digo,
los ejercicios

XI
ni del

sin

daño del alma

cuerpo, porque

honestos y agradables antes aprovechan que dañan.

Sí; que no siempre se está en los templos, no siempre se ocu-

pan

los oratorios,
:

no siempre

se asiste á los negocios,
el

por

califica-

dos que sean
descanse
;

horas hay de recreación, donde
las

afligido espíritu
,

para este efeto se plantan

alamedas

se

buscan

las

fuentes, se allanan las cuestas y se cultivan con curiosidad los
jardines.

Una

cosa

me

atreveré á decirte

:

que

si

por algún

modo

alcanle-

zara que

la lección

destas novelas pudiera inducir á quien las

yera á algún mal deseo ó pensamiento, antes

me
:

cortara la

mano

con que

las escrebí

,

que

sacarlas en público
al

mi edad no

está ya

para burlarse con

la

otra vida, que

cincuenta y cinco de los años

gano por nueve más y por la mano. A esto se aplicó mi ingenio, por aquí me lleva mi inclinación, y más, que me doy á entender,
y es así, que yo soy
llana;
el

primero que he novelado en lengua casteella

que

las

muchas novelas que en

andan impresas, todas son

traducidas de lenguas extranjeras, y éstas son mias propias, ni imitadas ni hurtadas
:

mi ingenio

las

engendró, y
la

las

parió

mi pluma,
si la

y van creciendo en los brazos de

estampa. Tras

ellas,

vida

no

me
la

deja, te ofrezco los Trabajos de Pers'iles ,
,

que

se atreve á
las

competir con Heliodoro

si

ya por atrevido no sale con

manos

cabeza; y primero verás, y con brevedad, dilatadas las hazañas de Don fijóte y donaires de Sancho Panza, y luego las

en

Semanas del jardín.
las

Mucho prometo

con fuerzas tan pocas como

mias

;

pero ¿quién pondrá rienda á los deseos.? Sólo esto quiero
:

que consideres
velas
al

que pues yo he tenido osadía de

dirigir estas

no-

gran Conde de Lémos, algún misterio tienen escondido,

que

las levanta.

No

más, sino que Dios
el

te

guarde, y á

rhí

me

dé paciencia para llevar bien
de cuatro
sotiles

mal que han de decir de mí más

y almidonados.

;

AL AUTOR,
POR VARIOS
INGENIOS.

DEL MAR(;)UES DE ALCAÑICES.
Si

en

el

moral ejemplo y dulce aviso,
la

Cervantes, de

diestra grave lira,

En

docta

frásis el

concepto mira
;

El lector retratado un paraíso

Mira mejor que con

el

arte quiso
la

Vuestro ingenio sacar de

mentira

La verdad, cuya llama

sólo aspira

A

lo

que

es voluntario hacer preciso.
las

Al asumpto ofrecidas

memorias

Dedica

el

tiempo

;

que en tan breve suma

Caben todos

sucintos los extremos

Y
Que

es noble calidad de vuestras glorias,
el

uno

se le

debe

á vuestra

pluma,

Y

el

otro á las

grandezas del de Lémos.

DE FERNANDO BERMUDEZ Y CARAVAJAL,
carritirero tiel

Duque

de Sessu.

Hizo

la

memoria

clara

De

aquel Dédalo ingenioso

El laberinto famoso.

Obra

peregrina y rara

;

,

;

,

XIV

AL AUTOR,
Mas
si

tu

nombre alcanzara
pincel,
distintos

Creta en su monstro cruel

Le diera al bronce y Cuando en términos
Mayor

Viera en doce laberintos
ingenio que en
él.

Y
En
la

si la

naturaleza
variedad

mucha

Enseña mayor beldad

Más

artificio

y belleza

;

Celebre con más presteza

Cervantes
Aqueste

raro y sutil

florido Abril,

Cuya

variedad admira

La fama veloz, que mira

En

él

variedades mil.

DE DON FERNANDO DE LODENA.
Dejad
,

nereidas

,

del albergue

umbroso

Las piezas de

cristales fabricadas,

De
Si

la

espuma

ligera

mal techadas.
;

bien guarnidas de coral precioso
Salid del sitio

ameno y

deleitoso,

Driades de

las selvas

no tocadas

Y

vosotras, ¡oh
las

musas celebradas!
:

Dejad

fuentes del licor copioso
traed

Todas juntas

un ramo solo

Del árbol en quien Dafne convertida,
Al rubio dios mostró tanta dureza
;

Que
Hoy

cuando no

lo fuera para

Apolo,

se hiciera laurel, por ver ceñida

A Miguel

ue Cervantes

la

cabeza.

,

POR VARIOS INGENIOS.

XV

DE JUAN DE SOLIS MEJIA,
gentilhombre
eortesiiiio.

Á

LOS I.ETORES.

Oh
i

tu, que aquestas fábulas leíste'

Si lo

secreto dellas contemplaste,
la

Verás que son de

verdad engaste,
disfraz se viste.

Oue

por tu gusto

tal

Bien, Cervantes insigne, conociste La humana inclinación cuando mezclaste Lo dulce con lo honesto, y lo templaste Tan bien, que plato al cuerpo v alma hiciste.

Ya,

Rica y pomposa vas, filosofía; dotrina moral, con este traje
habrá quien de

No
Si

burle 6 te desprecie.

agora te faltare compañía
del mortal linaje

Jamas esperes

Oue

tu virtud y tus grandezas precie.

NOVELAS EJEMPLARES.

LA GITANILLA.
Parece que
los gitanos

mundo
con

para ser

y gitanas solamente nacieron en el ladrones nacen de padres ladrones, críanse
:

con ladrones, estudian para ladrones, y finalmente, salen
ser ladrones corrientes
el

y molientes á todo ruedo; y

la

gana del hurtar y
separables,

hurtar son en ellos

como

accidentes in-

que no

se quitan sino

con

la

muerte. Una, pues,
la

de esta nación, gitana vieja, que podia ser jubilada en
ciencia de Caco, crió una

muchacha en nombre de

nieta

suya, á quien puso
das sus gitanerías y
Salió la tal

nombre

Preciosa, y á quien enseñó tohurtar.

modos de embelecos y trazas de Preciosa la más única bailadora que se
la

hallaba

en todo

el

gitanismo, y

más hermosa y
pregonar
la

discreta

que pu-

diera hallarse,

no entre

los gitanos, sino entre cuantas Jier-

mosas y

discretas pudiera

fama.

Ni

los soles, ni

los aires,

ni todas las inclemencias del cielo, á quien

más

que

otras gentes están sujetos los gitanos, pudieron deslus-

trar su rostro ni curtir las

manos; y

lo

que

es

más, que

la

2

NOVELAS EJEMPLARES.

crianza tosca en que se criaba, no descubria en ella sino ser

nacida de mayores prendas que de gitana, porque era en ex-

tremo cortés y bien razonada; y con todo esto, era algo desenvuelta, pero no de modo que descubriese algún género
de deshonestidad; antes con ser aguda, era tan honesta, que

en su presencia no osaba alguna gitana, vieja ni moza, cantar
cantares lascivos ni decir palabras
la

no buenas; y finalmente,
la nieta tenia,

abuela conoció
el

el

tesoro

que en

y

así

de-

terminó

águila vieja sacar á volar su aguilucho y ense-

ñarle a vivir por sus uñas.
Salió Preciosa rica de villancicos, de coplas, seguidillas

y

zarabandas, y de otros versos, especialmente de romances, que
los

cantaba con especial donaire; porque su taimada abuela
juguetes y gracias, en los pocos años hermosura de su nieta, habian de ser felicítales
así,

echó de ver que y en
la

mucha

simos atractivos é incentivos para acrecentar su caudal; y
se los
faltó

procuró y buscó por todas

las

vias

que pudo, y no

poeta que se los diese; que también hay poetas que se
gitanos y les venden sus obras
les
,

acomodan con
ganancia.
tal

como

los

hay

para ciegos, que

fingen milagros y van á la parte de la
el

De

todo hay en

mundo, y

esto de la

hambre
el

vez hace arrojar los ingenios á cosas que no están en

mapa.
Crióse Preciosa en diversas partes de Castilla, y á los

quince años de su edad su abuela putativa
corte y á su antiguo rancho,
le

la volvió

á la

que

es

donde ordinariamente

tienen los gitanos, en los
la corte

campos de Santa Bárbara, pense

sando en

vender su mercadería, donde todo

com-

pra y todo se vende.

Y la

primera entrada que hizo Preciosa

en Madrid fué un dia de Santa Ana, patrona y abogada de

LA GITANILLA.
la villa,

3

con una danza, en que iban ocho gitanas, cuatro

ancianas y cuatro muchachas, y un gitano, gran bailarin,

que

las

guiaba; y aunque todas iban limpias y bien adereaseo de Preciosa era
los ojos
tal,

zadas,

el

que poco á poco fué ena-

morando

de cuantos la miraban.

De

entre

el

son del

tamboril y castañetas y fuga del baile salió un rumor, que
encarecia la belleza y donaire de
la Gitanilla,

y corrian

los
la

muchachos

á verla y los

hombres
fama de

á mirarla; pero
allí

cuando

oyeron cantar, por ser

la

danza cantada,
la

fué ello,

allí

que cobró

aliento la
los

Gitanilla, y de
la
fiesta,

común

consentimiento de
le

diputados de
la

desde luego

señalaron

el

premio y joya de

mejor danza; y cuando

llegaron á hacerla en la iglesia de Santa María, delante de
la

imagen de Santa Ana, después de haber bailado
sonajas,
al

todas,

tomó Preciosa unas
siguiente

son de

las

cuales,
el

dando

en redondo largas y ligerísimas vueltas, cantó
:

romance

Árbol preciosísimo.

Que

tardó en dar fruto

Años que pudieron
Cubrirle de luto,

Y

hacer los deseos

Del consorte puros. Contra su esperanza,

No muy
üue

bien seguros;
tardarse

De cuyo

Nació aquel disgusto,
lanzó del templo
:

Al varón más justo

Santa tierra estéril,

*

Oue
Toda

al

cabo produjo
abundancia
el

la

Oue

sustenta

mundo;

Casa de moneda, Do se forjó el cuno

,

!

,

4

NOVELAS EJEMPLARES.
Oue dio a Dios hi forma Oue como hombre tuvo;
Madre de una
hija,

quien quiso y pudo Mostrar Dios grandezas

En

Sobre
Sois,

humano curso
ella

:

Por vos y por

Ana,

el

refugio

Do

van por remedio
cierta

Nuestros infortunios.

En
Sobre

Tenéis, no
el

lo

manera dudo,

nieto imperio

Piadoso y justo.

A ser comunera Del alcázar sumo, Fueran mil parientes
Con
¡

vos de consuno.
hija

Qué

Y
A

qué yerno
¡

y qué nieto Al punto
!

ser causa justa,

Cantárades triunfos.

Pero vos, humilde,
Fuistes
el

estudio

Donde

vuestra Hija

Hizo humildes cursos;

Y
A
Oue

agora á su lado
el

Dios

más junto
la

Gozáis, de

alteza

apenas barrunto.
la es-

El cantar de Preciosa fué para admirar á cuantos

cuchaban. Unos decian
otros: «Lástima es

:

«Dios

te

bendiga,

la

muchacha;))

que

esta

mozuela sea gitana; en verdad,

en verdad, que merecia ser hija de un gran señor.» Otros

habia más groseros, que decian

:

«Dejen crecer á
que
se

la

rapaza,
ella

que

ella

hará de

las

suyas

:

á fe

va añudando en

gentil red barredera para pescar corazones.»

Otro más hutan ligera

mano, más

basto y

más modorro, viéndola andar

LA GITANILLA.
en
el baile, le dijo
:

5

uA

ello, hija, á ello;

andad, amores, y

pisad el polvito á tan menudito.))
el

Y

ella

respondió, sin dejar

baile:

«Y

pisarélo

yo á tan menudo.»
y
la fiesta

de Santa Ana, y quedó Preciosa algo cansada, pero tan celebrada de hermosa, de

Acabáronse

las vísperas

aguda y de

discreta y de bailadora,

que

á corrillos se hablaba

della en toda la corte.

De

allí

á quince dias volvió á
sonajas y con

Mabaile

drid con otras tres

muchachas, con

un

nuevo, todas apercebidas de romances y de cantarcillos alegres, pero todos honestos;
las

que no consentia Preciosa que

que fuesen en su compañía cantasen cantares descom-

puestos, ni ella los cantó jamas, y

muchos miraron en
se apartaba della la

ello

y

la

tuvieron en

mucho. Nunca

gi-

tana vieja, hecha su Argos, temerosa no se la despabilasen

y traspusiesen; llamábala
Pusiéronse á bailar á
la

nieta, y ella la tenia por abuela.

de

los

que

las

de Toledo, y venian siguiendo se hizo luego un gran corro,

sombra en

la calle

y en tanto que bailaban,
tantes,

la vieja

pedia limosna á los circuns-

y llovían en
;

ella

ochavos y cuartos,

como

piedras á

tablado que también la hermosura tiene fuerza de despertar
la

caridad dormida.

Acabado
que

el baile, dijo

Preciosa: «Si

me

dan cuatro cuarextremo,
salió

tos, les cantaré

un romance yo
la

sola, lindísimo en

trata

de cuando

Reina, nuestra señora, Margarita
;

á misa de parida en Valladolid y fué á San Llórente
les

dígo-

que

es

famoso, y compuesto por un poeta de
batallón.»
la

los

deUnuesto,

mero, como capitán de
cuando
ces
así
:

Apenas hubo dicho

casi todos los

que en

rueda estaban dijeron á vo-

«Cántale, Preciosa, y ves aquí mis cuatro cuartos;» y
ella cuartos,

granizaron sobre

que

la vieja

no

se

daba

,

,

;

6

NOVELAS EJEMPLARES.
á cogerlos.

manos

Hecho, pues, su agosto y
al

su vendimia,

repicó Preciosa sus sonajas, y

tono correntio y loquesco

cantó

el

siguiente

romance

:

Salió á misa de parida

La mayor Reina de Europa En el valor y en el nombre
Rica y admirable joya.

Como

los ojos se lleva,

Se lleva las almas todas De cuantos miran, y admira

Su devoción y su pompa. Y para mostrar que es parte

Del cielo en la tierra toda, un lado lleva el sol de Austria, Al otro la tierna aurora.

A

A
Un
Que

sus espaldas le sigue

lucero, que á deshora

Salió la

noche
y
en

del dia
la tierra lloran.

el cielo
si

Y

el cielo

hay

estrellas

Que lucientes carros forman. En otros carros su cielo
Vivas
estrellas
el

adornan.

Aquí

anciano Saturno

La

Y

aunque
el

barba pule y remoza, es tardo , va ligero
placer cura la gota.

Que

El dios parlero va en lenguas
Lisonjeras y amorosas

Y

Cupido en

cifras varias,

Que

rubíes y perlas bordan. Allí va el furioso Marte

En la persona curiosa De más de un gallardo joven, Que de su sombra se asombra.
Junto á
la

casa del sol

Va

Júpiter; que no hay cosa

Difícil á la privanza.

Fundada en prudentes

obras.

Va

la

luna en

las mejillas

,

LA GIT ANILLA.
De De
Venus
una y otra humana diosa. casta en la belleza las que este cielo forman.

Pequeñuelos Ganimedes Cruzan, van, vuelven y tornan

Por

el

cinto tachonado

De

esta esfera milagrosa.

Y

para que todo admire

Y

todo asombre, no hay cosa
de liberal no pase
el

Que

Hasta

extremo de pródiga.
con sus
ricas telas

iVIilan

Allí va en vista curiosa.

Las Indias con sus diamantes, Y Arabia con sus aromas. Con los mal intencionados Va la envidia mordedora,

Y

la

bondad en

los

pechos

De

la lealtad

española.
universal.
la

La alegría Huyendo de

congoja,

Calles y plazas discurre.

Descompuesta y casi loca. A mil mudas bendiciones Abre el silencio la boca, Y repiten los muchachos Lo que los hombres entonan. Cuál dice « Fecunda vid
:

Crece, sube, abraza y toca El olmo felice tuyo,

Oue
))

mil siglos te haga sombra,

Para gloria de

misma,

Para bien de Espaiía y honra,

Para arrimo de

la Iglesia,

Para asombro de

Mahoma.

))

Otra lengua clama y dice ((Vivas, oh blanca paloma. Que nos has dado por crias
Águilas de dos coronas,
))

:

Para ahuyentar de los aires
furiosas.

Las de rapiña

;

, ,

!

!

NOVELAS EJEMPLARES.
Para cubrir con sus alas

A

las

virtudes medrosas.

»

Otra, más discreta y grave, Más aguda y más curiosa, Dice, vertiendo alegría Por los ojos y la boca
:

t(

Esta perla que nos diste

Nácar de Austria, única y sola, Oué de máquinas que rompe
j

Qué de designios que corta »! Qué de esperanzas que infunde Qué de deseos malogra Qué de temores aumenta! Qué de preñados aborta En esto se llegó al templo Del fénix santo que en Roma
¡
!

I

j

j

!

))

j

Fué abrasado, y quedó vivo

En

la

A A
la

la

fama y en la gloria. imagen de la vida,

del cielo Señora,

A A

la

que, por ser humilde,
estrellas pisa
la

Las

ahora;

A
la

Madre y Virgen junto,
la

Hija y á

Esposa
,

De

Dios, hincada de hinojos

Margarita así razona:
((Lo que me has dado te doy. Mano siempre dadivosa Que á do falta el favor tuyo.

Siempre

la

miseria sobra.

))Las primicias de mis frutos

Te

ofrezco, Virgen hermosa:
las

Tales cuales son

mira,

Recibe, ampara y mejora. ))A su padre te encomiendo,

Que humano

Atlante, se encorva

Al peso de tantos reinos

Y
En

de climas tan remotas.
))Sé
las

que

el

corazón del Rey

Y

manos de Dios mora que puedes con Dios

,

LA GITANILLA.
Cuanto pidieres piadosa. Acabada esta oración, Otra semejante entonan Himnos y voces que muestran
i>

9

Que
Con

está en el suelo la gloria.
los oficios

Acabados
reales

ceremonias

Volvió á su punto este cielo

Y

esfera maravillosa.

Apenas acabó Preciosa su romance, cuando
auditorio y grave senado que la oia, de

del
se

ilustre

muchas

formó
que no

una voz

sola,

que

dijo

:

u

Torna
»

á cantar. Preciosa;

faltarán cuartos

como

tierra.

Más

de doscientas personas esel

taban mirando

el baile

y escuchando

canto de
allí

las gitanas,

y en

la

mayor fuga

del acertó á pasar por

uno de

los

y viendo tanta gente junta, preguntó qué era, y fuéle respondido que estaban escuchando á la Gitanilla hermosa que cantaba. Llegóse el tiniente, que era
tinientes de la villa,

curioso, y escuchó

un

rato, y por

no

ir

contra su gravedad,

no escuchó

el

romance hasta
la

por todo extremo bien
dijese á la gitana vieja
las gitanillas;

y habiéndole parecido Gitanilla, mandó á un paje suyo
la fin;
al

que

anochecer fuese á su casa con
oyese doña Clara, su mujer.

que queria que
y

las

Hízolo

así el paje,
el

la vieja dijo

que

sí iria.

Acabaron
esto llegó

baile

y

el

canto, y

mudaron

lugar; y en

un paje

muy
es

bien aderezado á Preciosa, y dán^<

dole un papel doblado, le dijo:

Preciosica, canta el
te

romance

que aquí

va,

porque

muy

bueno, y yo

daré otros de
la

cuando en cuando, con que cobres fama de

mejor ro-

mancera

del

mundo.

— Eso aprenderé yo de muy buena gana, respondió Preciosa;

y mire, señor, que no

me

deje de dar los

romances

lO

NOVELAS EJEMPLARES.
dice,
se

que

con

tal

condición que sean honestos; y

si

quisiere

que

los

pague, concertémonos por docenas, y docena
le

cantada y docena pagada; porque pensar que

tengo de

pagar adelantado,

es

pensar lo imposible.
la
el

— Para papel siquiera que me dé
el

señora Preciosa, dijo

paje, estaré contento; y más,

que

romance que no

sa-

bueno y honesto, no ha de entrar en cuenta. A la mia queda el escogerlos,» respondió Preciosa; y con esto se fueron la calle adelante, y desde una reja llaliere

maron unos
reja,

caballeros á las gitanas.
baja,

Asomóse Preciosa

á la

que era
fresca

y vio en una

sala

muy

bien aderezada y

muy

muchos

caballeros que, unos paseándose y otros

jugando

á diversos juegos, se entretenian.

«¿Quiérenme dar
gitana hablaba

barato, ceñores?» dijo Preciosa (que

como
los

ceceoso, y esto es artificio en
la

ellas,

que no naturaleza). que jugaban

A
el

voz de Preciosa y á su rostro dejaron
el

juego, y

paseo los paseantes, y los unos y los otros acu-

dieron á la reja por verla, que ya tenian noticia della, y di-

jeron

:

«Entren, entren

las gitanillas;

que aquí

les

daremos

barato.

— Caro — No,
mano

sería ello,

respondió Preciosa,

si

nos pellizcasen,

á fe de caballeros, respondió uno; bien puedes

entrar, niña, segura

que nadie

te

tocará á la vira de tu zael

pato; no, por el hábito

que traigo en

pecho;» y púsose

la

sobre

uno de Calatrava.
una de
las

"Si tú quieres entrar. Preciosa, dijo
tanillas

tres gi-

que iban con

ella,

entra enhorabuena; que yo no

pienso entrar adonde hay tantos hombres.

— Mira,

Cristina, respondió Preciosa, de lo

que

te has

de guardar es de un

hombre

solo y á solas, v

no de tantos

:

LA GITANILLA.
juntos; porque antes
el ser

I I

muchos

quita

el

miedo y
ser

el re-

está cierta de celo de ser ofendidas. Advierte, Cristinica, y

una cosa
entre

:

que

la

mujer que

se

determina á
ser.

honrada,
es

un

ejército de soldados lo
las

puede

Verdad

que

es

bueno huir de
y no de

ocasiones; pero han de ser de las secretas,

las públicas.

— Entremos,

Preciosa, dijo Cristina; que tú sabes

más

que un sabio.»

Animólas

la gitana vieja,
el

y entraron; y apenas hubo en-

trado Preciosa, cuando

caballero del hábito vio el papel

que

traia

en

el

seno, y llegándose á

Preciosa: c(¡Ay! no

me

le

tomó, y dijo tome, señor; que es un romance
ella,

se le

que

me

acaban de dar ahora, que aun no
¿sabes tú leer, hija? dijo uno.
escribir, respondió la vieja;

le

he

leido.

—Y
—Y

que

á

mi

nieta la

he

criado yo

como
el

si

fuera hija de un letrado.»
el
:

Abrió

caballero

papel, y vio que venia dentro del un

escudo de oro, y dijo
carta el porte dentro;

«En verdad,
este

Preciosa, que trae esta
el

toma

escudo que en

romance

viene.

Basta, dijo Preciosa, que

me ha
con
el

tratado de pobre
á

el

poeta; pues cierto que es

más milagro darme
:

mí un poeta
han de

un escudo, que yo

recebirle

si

esta añadidura

venir sus romances, traslade todo

Romancero general, y
si

envíemelos uno á uno, que yo

les

tentaré el pulso, y

vi-

nieren duros, seré yo blanda en recebillos.»

Admirados quedaron
discreción

los

que oian

á la Gitanica, así de su

como

del donaire

con que hablaba. «Lea, señor,
si

dijo ella, y lea alto;

veremos

es tan
así

discreto ese poeta

como

es liberal..

Y

el

caballero leyó

;

;

, , ,:

,

12

NOVELAS ELEMPLARES.
Gitanica, que de hermosa Te pueden dar parabienes

Por

lo

que de piedra tienes
el

Te

llama

mundo

Preciosa.

Desta verdad me asegura Esto, como en tí verás; Que no se aparta jamas La esquiveza y la hermosura.
Si como en valor subido, Vas creciendo en arrogancia.

No

le

arriendo

la

ganancia

A

la

edad en que has nacido;

Que un basilisco se cria En tí que mata mirando
,

Y

un imperio, que aunque blando,
parezca tiranía.

Nos

Entre pobres y aduares

¿Cómo

nació

tal

belleza?

O
A

¿cómo

crió tal pieza
?

El humilde Manzanares Por esto será famoso
par del

Tajo dorado,

Y

por Preciosa preciado Más que el Ganges caudaloso.

Dices

la

buenaventura

Y

dasla mala contino

Que

no van por un camino
el

Tu
De

intención y tu hermosura.
peligro fuerte

Porque en

mirarte ó contemplarte.

Tu

intención va á desculparte,

Y

hermosura á dar muerte. Dicen que son hechiceras
tu
las

Todas

de tu nación

Pero tus hechizos son

De más De

fuerzas y

más

veras;

Pues por

llevar los despojos

todos cuantos te ven

Haces , oh niña , que estén Los hechizos en tus ojos.

En

sus fuerzas te adelantas

LA GITANILLA.

I

3

Y Y

Pues bailando nos admiras nos matas si nos miras,
nos encantas
si

,

cantas.

De

cien mil

modos hechizas:
retires

Hables, calles, cantes, mires,

O

te

acerques ó

,

El fuego de amor atizas.

Sobre

el

más exento pecho

Tienes mando y señorío , De lo que es testigo el mió,

De

tu imperio satisfecho.

Preciosa joya de amor,

Esto humildemente escribe
El que por
tí muere y vive , Pobre, aunque humilde amador.

«En pobre acaba
ciosa
:

el

último verso, dijo á esta sazón Prelos

mala

señal;

nunca

enamorados han de decir que

son pobres, porque á los principios, á
breza es

mi

parecer, la po-

muy enemiga
te

del

amor.
dijo

— ¿Quién enseña rapaza? uno. — ¿Quién me ha de enseñar? respondió
eso,
lo

Preciosa; jno

tengo yo mi alma en mi cuerpo? ¿no tengo ya quince años?

Y no soy manca,
Los ingenios de

ni renca, ni estropeada del entendimiento.
las

gitanas van por otro norte

que

los

de

las

demás gentes; siempre
consiste en ser agudos

se adelantan á sus años;

no hay gi-

tano necio ni gitana lerda; que
,

como

el

sustentar su vida
,

astutos y embusteros

despabilan

el

ingenio á cada paso, y no dejan que crie

moho

en ninguna

manera. ¿Ven

estas

muchachas mis compañeras, que. están

callando y parecen bobas? pues éntrenles el dedo en la boca, y tiéntenlas las cordales, y verán lo que verán; no hay

muchacha de doce que no

sepa lo que de veinticinco, poral

que tienen por maestros y preceptores

diablo y

al

uso.

14

NOVELAS EJEMPLARES.
les

que

enseña en una hora lo que habían de aprender en

un

año.))

Con

esto

que

la

Gitanilla decia, tenia suspensos á los
le

oyentes, y los que jugaban

dieron barato, y aun los que
la vieja treinta reales,

no jugaban. Cogió
rica

la

hucha de

y más

y más alegre que una pascua de

flores,

antecogió sus

corderas, y fuese en casa del señor teniente,

quedando que

otro dia volveria con su
tan liberales señores.

manada

á dar contento á aquellos

Ya

tenia aviso la señora
ir

doña Clara, mujer

del señor te-

cómo hablan de esperando como el agua
niente,

á su casa las gitanillas, y estábalas

de

Mayo

ella

y sus doncellas y due-

ñas, con las de otra señora vecina suya, que todas se junta-

ron para ver á Preciosa; y apenas hubieron entrado
tanas,
la

las gi-

cuando entre

las

demás resplandeció Preciosa, como
así

luz de una antorcha entre otras luces menores; y
:

cor,

rieron todas á ella
tas la

unas

la

abrazaban
la

,

otras la

miraban

és-

bendecían, aquellas

alababan.

Doña
la

Clara decia:

((Este

que

se

puede decir cabello de oro,

éstos

que son

ojos de esmeraldas.»

La

señora su vecina

desmenuzaba

toda, y hacia pepitoria de todos sus
ras;

y llegando á alabar
barba, dijo
:

miembros y coyuntuun pequeño hoyo que Preciosa tenia
este

en

la

(^i

Ay, qué hoyo! en
miraren.»

hoyo han de

tro-

pezar cuantos ojos

le

Oyó esto un
allí

escudero de brazo

de

la

señora doña Clara, que

estaba, de luenga barba y

largos años,

y

dijo

:

((¿Ese llama vuesa

merced hoyo, señora
es

mia? Pues yo

poco de hoyos, ó ése no

hoyo, sino se-

pultura de deseos vivos; por Dios, tan linda es la Gitanilla,

que hecha de plata ó de alcorza no podria
decir la buenaventura, niña?

ser mejor.

¿

Sabes

LA GITANILLA.

I

5

— De —Y
señor,

tres

ó cuatro maneras, respondió Preciosa.

¿eso

más?
la

dijo

doña Clara por vida
:

del teniente,

mi

que

me

has de decir, niña de oro, y niña de plata,

y niña de perlas, y niña de carbunclos, y niña del cielo, que Denle, denle la palma de la es lo más que puedo decir.

mano

á la niña, y

con qué haga
les

la

cruz, dijo la vieja, y ve-

rán qué de cosas

dice;

que sabe más que un dotor de

melecina.»
halló

Echó mano

á la faldriquera la señora tenienta, y

que no tenia blanca; pidió un cuarto á sus criadas, y ninguna le tuvo, ni la señora vecina tampoco. Lo cual visto
por Preciosa, dijo
buenas; pero
la
las
:

«Todas

las

cruces en cuanto cruces son
el

de plata ó de oro son mejores, y
la

señalar

cruz en

la

palma de

mano con moneda de
la
la

cobre, se-

pan vuesas mercedes que menoscaba
lo

buenaventura, por
cruz primera

menos

la

mia; y

así

tengo afición á hacer
real

con algún escudo de oro ó con algún
lo

de á ocho, ó á

menos de

á cuatro; que soy

como

los sacristanes,

que

cuando hay buena ofrenda

se regocijan.

— Donaire —

tienes, niña, por tu vida, dijo la señora ve:

cina, y volviéndose al escudero, le dijo
treras, ¿tendréis á

«Vos, señor Con-

mano
dotor,

algún real de á cuatro? dádmele,

que en viniendo

el

mi marido,

os le volveré.

tengo, respondió Contreras; pero téngole empe-

ñado en veinte y dos maravedís que cené anoche. Dénmelos,

— No

que yo

iré

por

él

en volandas.
dijo

tenemos entre todas un cuarto,

doña Clara,

maravedís? Andad, Contreras; que ¿y pedis veinte y dos siempre fuisteis impertinente.» Una doncella de las presentes,

viendo

la esterilidad

de

la casa, dijo

á Preciosa

:

«Niña,

¿hará algo

al

caso que se haga la cruz con un dedal de plata?

, ;

:

;

l6

NOVELAS EJEMPLARES.
Antes, respondió Preciosa, se hacen
las

cruces mejores

del

mundo con dedales de plata, como sean muchos. Uno tengo yo, replicó la doncella; si éste basta,

hele

aquí, con condición que también se

me

ha de decir

á

la

buenaventura.

¡Por un dedal tantas buenaventuras! dijo
vieja: nieta,

la

gitana

acaba presto; que se hace noche.»

Tomó

Pre-

ciosa el dedal y la

mano de
de
las

la

señora tenienta, y dijo:

Hermosita, hermosita,

La

manos de
de
las

plata,

Más Que

te quiere tu
el

marido
Alpujarras.

Rey

Eres paloma

sin hiél

Pero á veces eres brava

Como

leona de

Oran
Ocaña.
tris.

O
Y O

como

tigre de

Pero en un tras, en un
El enojo
se te pasa,

quedas como alfeñique

como
Riñes

cordera mansa.

mucho y comes poco
;

Algo

celosita andas

Oue

es juguetón el tiniente,
la vara.

Y

quiere arrimar

Cuando doncella

te

quiso

Uno Que Que
Hoy

de una buena cara

mal hayan

los terceros.

los gustos desbaratan.

Si á

dicha tú fueras monja,
,

tu convento mandaras
tienes de abadesa

Porque

Más

de cuatrocientas rayas.
te lo

No

quiero decir;
,

Pero poco importa vaya Enviudarás otra vez,

Y

otras dos serás casada.

No
Oue

llores, señora

mia;

no siempre

las gitanas

!

LA GITANILLA.
Decimos
el
,

17

Evangelio;
,

No llores señora acaba. Como te mueras primero
Oue
De
el

señor tiniente, basta
el

Para remediar
la

daño

viudez que amenaza.

Has de heredar, y muv presto, Hacienda en mucha abundancia;
Tendrás un hijo canónigo; La iglesia no se señala De Toledo no es posible.
;

Una

hija rubia

y blanca
si

Tendrás, que
Si tu

es religiosa.

También vendrá

á ser perlada.

esposo no se muere
,

Dentro de cuatro semanas
Verásle corregidor

De
¡

Un
i

Burgos 6 Salamanca. lunar tienes qué lindo
;
¡ !

!

Ay Jesús, qué luna clara Qué sol que allá en los antípodas
,

Escuros valles aclara

Más

de dos ciegos por verle

Dieran más de cuatro blancas.

Agora sí es la risica; Ay, que bien haya esa
¡

gracia

!

Guárdate de

las caidas,

Principalmente de espaldas.

Que suelen ser peligrosas En las principales damas.
Cosas hay más que decirte
Si
;

para

el

viernes

me

aguardas,

Las

oirás,

que son de gusto,

Y
Acabó
deseo de todas
así se lo

algunas hay de desgracias.
el

su buenaventura Preciosa, y con ella encendió
las

circunstantes en querer saber la suya, y
ella las

rogaron todas; pero

remitió para

el

viernes

venidero, prometiéndole que tendrían reales de plata para

hacer

las

cruces.

I

8

NOVELAS EJEMPLARES.

En
llas

esto vino el señor teniente, á quien contaron
la Gitanilla
:

maravi-

de

él

las

hizo bailar un poco, y confirmó
las

por verdaderas y bien dadas

alabanzas que á Preciosa

habían dado; y poniendo la mano en la faldriquera, hizo señal de querer darle algo; y habiéndola expulgado y sacudido y rascado

muchas

veces,

al

cabo sacó

la

mano
vos,

vacía

y

dijo

:

«Por Dios, que no tengo blanca; dalde
le
sí,

doña

Clara, un real á Preciosica; que yo os

daré después.
ahí está
el real

— Bueno
?

es eso, señor,

por cierto;

de

manifiesto; no

hemos tenido
de
la

entre todas nosotras

un cuarto

para hacer
real

la señal

cruz, y ¿quiere que tengamos un

— Pues
mejor.))

dadle alguna valoncica vuestra ó alguna cosa;
á ver Preciosa,
:

que otro dia nos volverá

y

la

regalaremos

A

lo cual dijo

doña Clara

«Pues porque otra vez

venga

,

no quiero dar nada ahora á Preciosa.
si

— Antes
volveré acá;

no

me

dan nada,

dijo Preciosa,

nunca más

mas

volveré á servir á tan principales se-

ñores; pero traeré tragado

que no

ahorraréme

la fatiga del esperarlo.

han de dar nada, y Coheche vuesa merced,

me

señor tiniente, coheche y tendrá dineros, y no haga usos

nuevos, que morirá de hambre. Mire, señor
decir (y

:

por ahí he oido

aunque moza, entiendo que no son buenos dichos)
ha de sacar dineros para pagar
las

que de

los oficios se

con-

denaciones de

las residencias

— Así

lo dicen

y

lo

y para pretender otros cargos. hacen los desalmados, replicó el te-

niente; pero el juez

que da buena residencia no tendrá que
el

pagar condenación alguna, y
será el valedor para

haber usado bien su oficio
otro.

que

le

den

— Habla vuesa

merced

muy

á lo santo, señor teniente.

LA GITANILLA.
respondió Preciosa; ándese á eso, y cortarémosle de
rapos para reliquias.
los

I9

ha-

— Mucho
reyes.

sabes. Preciosa, dijo el tiniente; calla,

que yo

daré traza que sus Majestades te vean, porque eres pieza de

para truhana, respondió Preciosa, y yo no lo sabré ser, y todo irá perdido si me quisiesen para dis:

— Querránme
,

creta

aun llevarmehian
los

;

pero en algunos palacios más

mequi-

dran

truhanes que

los discretos;
la suerte

yo

me

hallo bien con
el cielo

ser gitana
siere.

y pobre, y corra

por donde

— Ea,
no

niña, dijo la gitana vieja, no hables más; que has
lo

hablado mucho, y sabes más de
te asotiles tanto,

que yo

te

he enseñado:

que

te despuntarás;

habla de aquello

que

tus años permiten, y

no

te

metas en altanerías, que no

hay ninguna que no amenace

caida.
el

— El

diablo tienen estas gitanas en

cuerpo,» dijo á esta

sazón
la

el

tiniente. Despidiéronse las gitanas,
:

y

al

irse dijo

doncella del dedal

«Preciosa, dime la buenaventura ó

vuélveme mi dedal; que no

me

queda con qué hacer

labor.

— Señora
se la

doncella, respondió Preciosa, haga cuenta que

he dicho, y provéase de otro dedal, ó no haga vainillas hasta el viernes, que yo volveré y le diré más venturas y
aventuras que
las

que tiene un

libro de caballerías.

»

Fué-

ronse, y juntáronse con las

muchas

labradoras que á la hora

de

las

Avemarias suelen

salir

de Madrid para volverse

sus

aldeas, y entre otras vuelven
se

muchas, con quien siempre
porque
la

acompañaban

las

gitanas, y volvian seguras;
le

gitana vieja vivia en contino temor no
Preciosa.

salteasen á su

20

NOVELAS EJEMPLARES.
Sucedió, pues, que
la

mañana de un
las

dia

que volvían
,

á

Madrid
valle

á coger la

garrama con
está

demás

gitanillas

en un

pequeño que

obra de quinientos pasos antes que
ricatraia

se llegue

un mancebo gallardo y mente aderezado de camino; la espada y daga que
a la villa, vieron

eran,

como

decirse suele,

un ascua de oro; sombrero con

rico cintillo

y con plumas de diversas colores adornado.
gitanas en viéndole, y pusiéronsele á mirar

Repararon

las

muy

despacio, admiradas de que á tales horas
estuviese en tal lugar á pié

un

tan her-

moso mancebo

y

solo.
:

El

se

llegó á ellas, y hablando con la gitana

mayor,

le dijo

«Por

vida vuestra, amiga, que
ciosa

me

hagáis placer que vos y Pre-

me

oyais aquí aparte dos palabras,

que serán de vues-

tro provecho.

— Como no
así

nos desviemos

mucho

ni nos tardemos

mu-

cho, sea en buen hora,» respondió
Preciosa, se desviaron de
las otras

la vieja;

y llamando á

en pié

como

estaban,

el

obra de veinte pasos, y mancebo les dijo «Yo vengo de
:

manera rendido

á la discreción y belleza de Preciosa,

que

después de haberme hecho
gar á este punto,
al

mucha

fuerza para excusar lle-

cabo he quedado más rendido, y más

imposibilitado de excusallo. Yo, señoras mias (que siempre
os

he de dar

este

nombre,

si

el

cielo

mi

pretensión favoel

rece), soy caballero,

como

lo

puede mostrar
el

hábito (y
los

apartando

el

herreruelo, descubrió en

pecho uno de

más

calificados

que hay en España) soy
;

hijo de

Fulano (que

por buenos respetos aquí no se declara su nombre); estoy
debajo de su tutela y amparo; soy hijo único, y
pera un razonable mayorazgo;
el

que

es-

mi padre

está aquí en la corte

pretendiendo un cargo, y ya está consultado, y tiene casi

y

LA GITANILLA.
ciertas esperanzas

2
la

1

de

salir

con

él;

y con ser de
la

calidad y

nobleza que os he referido, y de

que

casi se os

debe ya
seíior

de

ir

trasluciendo, con todo eso, quisiera ser

un gran

para levantar á

mi grandeza la humildad de Preciosa, haciéndola mi igual y mi señora. Yo no la pretendo para burlalla, ni en las veras del amor que la tengo puede caber género de burla alguno
:

sólo quiero servirla del

modo que

ella

más

gustare; su voluntad es la mia. Para con ella es de cera

mi alma, donde podrá imprimir lo que quisiere, y para conservarlo y guardarlo, no será como impreso en cera, sino

como

esculpido en mármoles, cuya dureza se opone á
los

la

duración de

tiempos. Si creéis esta verdad, no admitirá
si

ningún desmayo mi esperanza; pero
pre

no

me

creéis,

siem(

me

tendrá temeroso vuestra duda.

Mi nombre

es éste

díjoselo); el

de mi padre ya os lo he dicho;

la casa

donde

vive es en

tal calle,

y tiene

tales

y

tales señas;

vecinos tiene

de quien podréis informaros, y aun de los que no son vecinos también
;

que no

es tan escura la calidad
le

y

el

nombre de
de Palacio,

mi padre y

el

mió, que no
la corte.

sepan en

los patios

y aun en toda
de negar

Cien escudos traigo aquí en oro para

daros en arras y señal de lo que pienso daros; porque no ha
la

hacienda
el

el

que da

el alma.)>

En
recer

tanto que

caballero esto decia, le estaba
le

mirando

Preciosa atentamente, y sin duda que no

debieron de pa-

mal
:
*'

ni sus razones ni su talle; y volviéndose á la vieja,

le dijo

Perdóneme, abuela, de que
que quisieres,

me tomo

licencia para

responder á este tan enamorado señor.
.

— Responde

lo

nieta, respondió la vieja;
o

que yo

que tienes discreción para todo,

Y

Preciosa dijo

:

'Yo, señor caballero, aunque soy gitana pobre, y humil-

22

NOVELAS EJEMPLARES.
cierto
espiritillo
:

demente nacida, tengo un
dentro, que á grandes cosas

fantástico acá
ni

me

lleva

á

me mueven
inclinan su-

promesas, ni
misiones, ni

me desmoronan dádivas, ni me me espantan finezas enamoradas;
la

y aunque de

quince años (que, según

cuenta de mi abuela, para este

San Miguel

los

haré), soy ya vieja en los pensamientos, y

alcanzo más de aquello que

mi edad promete, más por mi
uno ó con

buen natural que por
lo otro, sé

la

experiencia; pero con lo

que

las

pasiones amorosas en los recien enamoraindiscretos,

dos son

como ímpetus

que hacen

salir

á la vo-

luntad de sus quicios, la cual, atropellando inconvenientes,

desatinadamente se arroja
la gloria

tras su

deseo, y pensando dar con

de sus ojos, da con

el infierno
el

de sus pesadumbres.
la

Si alcanza lo

que desea, mengua

deseo con

posesión

de

la cosa deseada,

entendimiento, se
se adoraba. Este

y quizá abriéndose entonces los ojos del ve ser bien que se aborrezca lo que antes
tal,

temor engendra en mí un recato
:

que
sola

ningunas palabras creo, y de muchas obras dudo
joya tengo, que de
la

una

estimo en más que á

la

vida, que es la

mi

entereza y virginidad, y no la tengo de vender á pre-

cio de promesas ni dádivas,
si

porque en

puede

ser

comprada, será de

muy

vendida, y poca estima ni me la
fin será
:

han de

llevar trazas ni

embelecos; antes pienso irme con
al cielo,

ella á la sepultura,

y quizá

que ponerla en peligro
embistan 6 manoseen.
ser posible,

que quimeras y
Flor
es la

fantasías soñadas la

de

la virginidad,

que á

aun con

la

imaginación no habia de dejar ofenderse. Cortada
del rosal, ¡con
la toca,

la rosa

qué brevedad y
huele,
el

facilidad se marchita! Este

aquel

la

otro la deshoja, y finalmente, enSi

tre las

manos

rústicas

se deshace.

vos, señor,

por sola

LA G ir ANILLA.
esta

23
las

prenda venis, no

la

habéis de llevar sino atada con
si

ligaduras y lazos del matrimonio; que

la virginidad se

ha

de inclinar, ha de ser á este santo yugo; que entonces no
seria perderla, sino

emplearla en

ferias

que

felices

ganancias

prometen.

Si quisiéredes ser

mi

esposo, yo lo seré vuestra;

pero han de preceder muchas condiciones y averiguaciones
primero. Primero tengo de saber
si

sois el

que

decis; lue-

go, hallando esta verdad, habéis de dejar
padres y
la

la casa

de vuestros

habéis de trocar con nuestros

ranchos, y to-

mando

el

traje

de gitano,
el

habéis de cursar dos años en

nuestras escuelas, en
tra condición,

cual tiempo
la

me

satisfaré

yo de vuessi

y vos de

mia;

al

cabo del cual,

vos os

contentáredes de mí, y yo de vos, me entregaré por vuestra esposa; pero hasta entonces tengo de ser vuestra hermana

en

el trato,

y vuestra humilde en
el

serviros.

Y

habéis de conser

siderar

que en

tiempo deste noviciado, podria

que co-

brásedes la vista, que ahora debéis de tener perdida, ó por
lo

menos turbada, y

viésedes

que

os convenia huir de lo

que agora seguis con tanto ahinco; y cobrando la libertad perdida, con un buen arrepentimiento se perdona cualquier
culpa. Si con estas condiciones queréis entrar á ser soldado

de nuestra milicia, en vuestra

mano

está,

pues faltando
la mia.».

al-

guna

dellas,

no habéis de tocar un dedo de
el

Pasmóse

mozo

á las razones de
al

Preciosa, y púsose

como embelesado mirando

suelo,

dando muestras que
poco moni

consideraba lo que responder debia. Viendo lo cual ^Preciosa, tornó á decirle: *(No es este caso de tan

mento, que en

los

que aquí nos ofrece

el

tiempo pueda

deba resolverse: volveos,
pacio lo que viéredes que

seííor, á la villa,

y considerad deseste

más

os

convenga, y en

mismo

24
lugar
ir

NOVELAS EJEMPLARES.

me

podéis hablar todas

las fiestas

que quisiéredes,
el

al

ó venir de Madrid.»
:

A

lo

cual respondió

gentilhom-

bre

«Cuando

el

cielo

me

dispuso para quererte, Preciosa

mia, determiné de hacer por
á

cuanto tu voluntad acertase

pedirme, aunque nunca cupo en mi pensamiento que

me
que

hablas de pedir lo que
el

me

pides; pero, pues es tu gusto

mió

al

tuyo se ajuste y acomode, cuéntame por gitano
todas las experiencias que
el

desde luego, y haz de
quisieres;

más

que siempre

me

has de hallar

te sinifico.

Mira cuándo quieres

mismo que ahora que mude el traje, que yo
ir

querria que fuese luego; que con ocasión de

á Flándes

engañaré á mis padres, y sacaré dineros para gastar algunos
dias, y serán hasta

ocho

los

que podré tardar en acomodar
los sabré

mi

partida.

A

los

que fueren conmigo, yo
salga con

enga-

ñar de

modo que

mi determinación;

lo

que pido

es (si es

que ya puedo tener atrevimiento de pedirte y suque
si

plicarte algo),

no

es

hoy, donde te puedes informar

de mi calidad y de

la

de mis padres, que no vayas más á
las

Madrid, porque no querria que algunas de
ocasiones que
allí

demasiadas

pueden ofrecerse,

me

salteasen la

buena

ventura, que tanto

me

cuesta.
:

— Eso
que
la

no, señor galán, respondió Preciosa
la libertad

sepa que

conmigo ha de andar siempre
ahogue
ni turbe la

desenfadada, sin
los celos;

pesadumbre de

y en-

tienda que no la tomaré tan demasiada, que no se eche de ver desde bien lejos que llega
tura;

mi honestidad

á

mi

desenvoles

y en

el

primero cargo en que quiero enteraros,

en

el

de

la

confianza que habéis de hacer de mí; y mirad que los

amantes que entran pidiendo celos, ó son simples ó confiados.
^^

— Satanás tienes en

tu pecho,

muchacha,

dijo á esta sa-

LA GITANILLA.
zon
la

25
las dirá

gitana vieja; mira que dices cosas que no

un

colegial de

Salamanca: tú sabes de amor, tú sabes de celos,

tú de confianzas;
estoy escuchando
latín sin saberlo.

¿cómo

es esto?

que

me

tienes loca, y te

como

á

una persona

espiritada,

que habla


cosas

Calle, abuela, respondió Preciosa, y sepa

que todas

las las

que

me

oye son nonadas y son de burlas, para
veras

muchas que de más

me quedan
al

en

el

pecho.»

Todo cuanto
del
allí

Preciosa decia, y toda la discreción que

mostraba, era añadir leña

fuego que ardia en

el

pecho

enamorado
á

caballero. Finalmente,

quedaron en que de
lugar, donde él

ocho

dias se verian en aquel

mismo

vendría á dar cuenta del término en que sus negocios esta-

ban, y

ellas

habrían tenido tiempo de informarse de

la

ver-

dad que

les

había dicho. Sacó

el

mozo una
los

bolsilla

de bro-

cado, donde dijo que iban cien escudos de oro, y dióselos á
la vieja;

pero no quería Preciosa que
la

tomase en ninguna

manera; á quien
señal

gitana dijo: «Calla, niña; que la mejor

que

este señor

ha dado de

estar rendido, es

haber enen cual-

tregado

las

armas en señal de rendimiento; y

el dar,

quiera ocasión que sea, siempre fué indicio de generoso

pecho

;

y acuérdate de aquel refrán que dice
el

:

«

Al

cíelo ro-

gando, y con

por mí pierdan

mazo dando;» y más, que no quiero yo que las gitanas el nombre que por luengos siglos

tienen adquirido de codiciosas y aprovechadas. ¿Cien escu-

dos quieres tú que deseche, Preciosa, que pueden andar cosidos en el alforza de

una saya que no valga dos
las

reales,

y

tenerlos

allí

como

quien tiene un juro sobre

yerbas de

Extremadura?
tes

Y sí alguno

de nuestros hijos, nietos ó parien-

cayere, por alguna desgracia, en

manos de

la justicia.

20

NOVELAS EJEMPLARES.
la oreja del

¿habrá favor tan bueno, que llegue á
escribano,

juez y del

como

el

destos escudos,

si

llegan á sus bolsas? Tres

veces, por tres delitos diferentes,
el

me
una

he

visto casi puesta

en

asno para ser azotada, y de

la

me

libro

un jarro de
cuarenta

plata,
reales

y de

la otra

una

sarta de perlas,

y de

la otra

de á ocho, que habia trocado por cuartos, dando

veinte reales

más por

el

cambio. Mira, niña, que andamos

en oficio

muy

peligroso y lleno de tropiezos y de ocasiones

no hay defensas que más presto nos amparen y no socorran como las armas invencibles del gran Felipo
forzosas, y
:

hay pasar adelante de su plus

ultra.

Por un doblón de dos
y de to-

caras se nos muestra alegre la triste del procurador

dos los ministros de la muerte, que son arpías de nosotras
las

pobres gitanas, y más precian pelarnos y desollarnos á

nosotras que á un salteador de caminos; jamas, por
tas

más

ro-

y desastradas que nos vean, nos tienen por pobres, que

dicen que somos

como

los

jubones de

los

gabachos de Bel-

monte,

— Por
mino de

rotos y grasicntos,

y llenos de doblones.

vida suya, abuela, que no diga más; que lleva téralegar tantas leyes en favor de quedarse con
las
el

di-

nero, que agote

de

los

emperadores

:

quédese con

ellos,

y buen provecho

hagan, y plega á Dios que los entierre en sepultura donde jamas tornen á ver la claridad del sol,
le

ni

haya necesidad que

le

vean.

A

estas nuestras

compañeras

será forzoso darles algo;

que há

mucho que

nos esperan, y

ya deben estar enfadadas.

— Así verán
ven
al

ellas, replicó la vieja,

moneda
si le

destas,

como
al-

turco agora; este buen señor verá

ha quedado

guna moneda de

plata ó cuartos, y los repartirá entre ellas,

que con poco quedarán contentas.

LA

GI TAN ILLA.

1']

Sí traigo,

>>

dijo el galán,

y sacó de

la

faldriquera tres
gitanillas,

reales de á

ocho, que repartió entre

las tres

con

que quedaron más alegres y más
suelen retular por

satisfechas

que suele que-

dar un autor de comedias cuando, en competencia de otro,
le
las

esquinas victory vktor.
se

En

resoluallí

ción, concertaron,

como
se

ha dicho,

la

venida de

á

ocho

dias,

y que

habia de llamar, cuando fuese gitano,
ellos

Andrés Caballero, porque también habia gitanos entre
deste apellido.

No

tuvo atrevimiento Andrés, que

así le

llamaremos de

aquí adelante, de abrazar á Preciosa; antes enviándole con
la vista el

alma, sin

ella, si así decirse
ellas

puede,

las dejó,

y se

entró en Madrid, y

contentísimas hicieron lo mismo.

Preciosa, algo aficionada,

más con benevolencia que con
de Andrés, ya deseaba in:

amor, de
formarse

la gallarda disposición
si

era el que habia dicho

entró en Madrid, y á
paje poeta de las coplas

pocas calles andadas encontró con

el

y

el

escudo; y cuando

él

la vio,

se llegó á ella, diciendo:
¿leiste

«Vengas en buen hora, Preciosa:
coplas que te di
el

por ventura

las

otro dia?»

A

lo

que Preciosa respondió:

«Primero que

le

responda palabra,

me

ha de decir una ver-

dad, por vida de lo que más quiere.

— Conjuro
— Pues
me
la
si

es ése,

respondió

el paje,

que aunque

el

de-

cirla

costase la vida,

no

la

negaré en ninguna manera.

verdad que quiero que

me

diga, dijo Precio-

sa, es,

por ventura es poeta.

—A
poeta

serlo, replicó el paje,

forzosamente habia de ser por

ventura; pero has de saber. Preciosa, que ese

nombre de
un

muv

pocos

le

merecen, y

así

yo no

lo soy, sino

aficionado á la poesía; y para lo que he menester no voy á

28

NOVELAS EJEMPLARES.
:

pedir ni buscar versos ajenos
tos

los

que

te di

son mios, y ésesto soy poeta,

que
Dios

te

doy agora también, mas no por

ni

lo quiera.
es ser

— ¿Tan malo — No malo,
es

poeta? replicó Preciosa.

dijo el paje;
:

pero

el

ser poeta á solas
la

no

lo

tengo por

muy bueno

hase de usar de

poesía

como

de una joya preciosísima, cuyo dueño no
ni la

la trae

cada dia,

muestra á todas gentes ni á cada paso, sino cuando
la

convenga y sea razón que

muestre.

La

poesía es una be-

llísima doncella, casta, honesta, discreta, aguda, retirada,

y
e

que

se contiene

en

los límites

de

la discreción

más

alta

:

amiga de
la

la soledad, las

fuentes la entretienen, los prados
las

consuelan, los árboles la desenojan,
deleita

flores la alegran;
ella

y finalmente,
nican.

y enseña á cuantos con

comu-

— Con todo
es

eso, respondió Preciosa,

he oido decir que

pobrísima y que tiene algo de mendiga. Antes es al revés, dijo el paje, porque no hay poeta
rico, pues todos viven contentos
te

que no sea
filosofía

con su estado:

que alcanzan pocos. Pero ¿qué

ha movido, Pre-

ciosa, á hacer esta pregunta?

— Hame movido, respondió
tengo á todos ó
villa

Preciosa, porque,
,

como yo

los

más poetas por pobres

causóme mara-

aquel escudo de oro que

me

distes entre vuestros versois poeta, sino afi-

sos envuelto;

mas agora, que

que no

cionado de
lo

la

poesía, podría ser que fuésedes rico,

aunque

dudo, á causa de que por aquella parte que os toca de

hacer coplas, se ha de desaguar cuanta hacienda tuviéredes;

que no hay poeta, según dicen, que sepa conservar
cienda que tiene, ni granjear la que no tiene.

la

ha-

»

LA GITANILLA.

2()

— Pues yo no soy
no soy
hacen
los

desos, replicó

el

paje

:

versos hago, y

rico ni pobre,

y

sin sentirlo ni descontarlo,

como

ginoveses sus convites, bien puedo dar un escudo,
quisiere.

y dos, á quien yo

Tomad,

Preciosa perla, este seél, sin

gundo papel, y
séis
las

este

escudo segundo que va en
si

que

os pongáis a pensar

soy poeta ó no; sólo quiero que pen-

y creáis que quien os da esto, quisiera tener para daros
riquezas de Midas.»

Y

en esto

le

dio

un papel, y tentánel

dole

Preciosa, halló que dentro venia

escudo, y dijo:

«Este papel ha de vivir

muchos

años, porque trae dos almas
la

consigo

:

una

la

del escudo,

y otra

de los versos, que
el

siempre vienen llenos de almas y de corazones; pero sepa
señor paje que no quiero tantas almas conmigo, y
la
si

no saca

una, no haya miedo que reciba

la

otra; por poeta le

quiero, y no por dadivoso, y desta manera tendremos amistad que dure; pues
fuerte

mas ahina puede
la

faltar

un escudo, por

que

sea,

que

hechura de un romance.

— Pues
papel
te

así es,

replicó el paje,

que quieres, Preciosa, que
el

yo sea pobre por fuerza, no deseches
envió, y vuélveme
el

alma, que en ese

escudo, que

como
la

le

toques

con

la

mano,

le

tendré por reliquia mientras

vida

me

durare.

Sacó Preciosa
pel, y

no

le

escudo del papel, y quedóse con el paquiso leer en la calle. El paje se despidió y se
el

fué contentísimo, creyendo que ya Preciosa quedaba rendida, pues con tanta afabilidad le habia hablado.

Y

como

ella

llevaba puesta la mira en buscar la casa del padre de
drés,
sin

An-

querer detenerse á bailar en ninguna parte, en
se

poco espacio

puso en

la

calle

do estaba, que
la

ella

muy

bien sabia; y habiendo andado hasta

mitad, alzó

los ojos

^O

NOVELAS EJEMPLARES.
que
le

á unos balcones de hierro dorados,

habían dado por

señas, y vio en ella á un caballero de hasta edad de cin-

cuenta años, con un hábito de cruz colorada en
de venerable gravedad y presencia;
el
:

los

pechos,

cual apenas también

hubo

visto la Gitanilla,

cuando

dijo

«Subid, niñas; que

aquí os darán limosna.»

A

esta

voz acudieron
el

al

balcón otros

tres

caballeros,

y

entre ellos vino

enamorado Andrés, que cuando
que recibió con su
que
se

vio á

Preciosa perdió la color y estuvo á punto de perder los
sentidos
:

tanto fué

el

sobresalto

vista.

Subieron

las gitanillas

todas, sino la grande,

quedó

abajo, para informarse de los criados de las verdades de
drés.

Anel

Al entrar

las

gitanillas

en
:

la sala,

estaba diciendo

caballero anciano á los
la Gitanilla

demás

«Esta debe de ser sin duda

hermosa, que dicen que anda por Madrid.
,

Ella es

replicó
se

Andrés

,

y sin duda

es la

más hermosa

criatura

que

ha

visto.

— Así

lo dicen, dijo Preciosa

(que lo oyó todo en en-

trando); pero en verdad que se deben de engañar en la

mi-

tad del justo precio: bonita, bien creo que lo soy, pero tan

hermosa como dicen,

ni

por pienso.
hijo, dijo el anciano,

— Por vida de don Juanico, mi
aun
sois

que

más hermosa de

lo

que dicen, linda gitana.

—Y — Ese
llero.

¿quién es don Juanico, su hijo? preguntó Preciosa.
galán que está á vuestro lado, respondió
el

caba-

— En verdad que
A

pensé, dijo Preciosa, que juraba vuesa
:

merced por algún niño de dos años

mirad qué don Juani-

co y qué brinco. mi verdad que pudiera ya estar casado, y que, según tiene unas rayas en la frente, no pasarán tres

»

LA GITANILLA.
años sin que lo esté, y
allá

3I
si

muy

á su gusto,

es

que desde aquí

no

se le pierde

ó se

le trueca.

Basta, dijo uno de los presentes; que sabe la Gitanilla

de rayas.

En

esto las gitanillas

que iban con Preciosa
la

,

todas tres se
las

arrimaron á un rincón de

sala,

y cosiéndose

bocas
Cris-

unas con otras, se juntaron por no ser oidas. Dijo
tina:

la

(Muchachas,
los tres reales es la

éste es el caballero

que nos dio

esta

ma-

ñana

de á ocho.
ellas;

—Así
temos

verdad, respondieron
si

pero no se lo

menlas

ni le
si

digamos nada

él

no nos

lo

mienta; ¿qué sa-

bemos
tres

quiere encubrirse?»

En
lo

tanto que esto entre
las
:

pasaba, respondió Preciosa á lo de
los ojos,

rayas

:

«Lo que

veo con

con

el

dedo

adevino

yo

sé del señor

don Juanico,

sin rayas,

que

es algo

enamoradizo, impetuoso

y acelerado, y gran prometedor de cosas que parecen imposibles; y plega á Dios que no sea mentirosito, que sería
lo

peor de todo.

Un
el

viaje

ha de hacer agora
el

muy

lejos

de

aquí, y uno piensa

bayo, y otro

que

le ensilla; el

hom-

bre pone, V Dios dispone; quizá pensará que va á

Oñez, y

dará en

Gamboa.»

A

esto respondió

don Juan
cosas

:

Gitanica, que has acertado en

muchas

«En verdad, de mi condi-

ción; pero en lo de ser mentiroso vas

muy
sin

fuera de la ver-

dad, porque

me

precio de decirla en todo acontecimiento.

En

lo del viaje largo has acertado,

pues

duda, siendo Dios
partiré á Flánel

servido, dentro de cuatro ó cinco dias

me

des,

aunque

me

amenazas que he de torcer
él

no querria que en
torbase.

me

camino, y sucediese algún desmán que lo es-

Calle, señorito, respondió Preciosa, y encomiéndese á

»

•72

NOVELAS EJEMPLARES.

Dios, que todo se hará bien; y sepa que yo no sé nada de
lo

que digo, y no

es

maravilla que

como
sino

hablo

mucho y
el

á bulto, acierte en alguna cosa, y yo querría acertar en
persuadirte á que no te partieses,

que sosegases

pecho, y

te

estuvieses

con

tus

padres para darles buena
estas

vejez, porque

no estoy bien con

idas

y venidas á

Flándes, principalmente los mozos de tan tierna edad
la tuya.

como
los

Déjate crecer un poco, para que puedas llevar

trabajos de la guerra, cuanto

más que harta guerra
y mira

tienes en
el

tu casa, hartos combates amorosos te sobresaltan
sosiega, sosiega, alborotadito,
lo

pecho:

que haces primero

que

te cases,

tu eres;

y danos una limosnita por Dios y por quien que en verdad que creo que eres bien nacido, y si
el ser

á esto se junta

verdadero, yo cantaré la gala
te

al

venci-

miento de haber acertado en cuanto

he dicho.
el

— Otra vez
en
el

te

he dicho, niña, respondió

don Juan, que

habia de ser Andrés Caballero, que en todo aciertas, sino

temor que

tienes

que no debo de
duda:

ser
la

muy

verdadero;

que en
en
el

esto te engañas sin alguna
la

palabra que yo doy

campo,

cumpliré en
se

la

ciudad y adonde quiera, sin

serme pedida; pues no
toca en
el

puede preciar de caballero quien

vicio del mentiroso.

Mi

padre

te

dará limosna

por Dios y por mí; que en verdad que esta mañana di cuanto tenia á unas damas, que á ser tan lisonjeras como

hermosas, especialmente una dellas, no
ganancia.

me

arriendo la

Oyendo
á las

esto Cristina,
:

con

el

recato de la otra vez dijo

demás gitanas

«¡Ay, niñas! que

me maten
esta

si

no

lo

dice por los tres reales de á

ocho que nos dio
las

mañana.

— No

es así,

respondió una de

dos, porque dijo que

LA GITANILLA.
eran damas, y nosotras no lo somos
;

33
él

y siendo
esto.
,

tan verda-

dero

— No
tina, la

como
es

dice,

no habia de mentir en

mentira de tanta consideración
se dice sin perjuicio

respondió Cris-

que

crédito del

que

la

de nadie, y en provecho y dice; pero con todo esto, veo no nos da
bailar.»
:

nada ni nos mandan
Subió en esto
es tarde,
la

gitana vieja, y dijo

«Nieta, acaba; que

—Y
hija?

y hay

mucho que

hacer y más que decir.

¿qué hay, abuela? preguntó Preciosa; ¿hay hijo ó

— Hijo, y muy
y
ciosa.

lindo, respondió la vieja: ven. Preciosa,

oirás verdaderas maravillas.

— ¡Plega — Todo

á

Dios que no muera de sobreparto!

dijo

Pre-

se

mirará

muy

bien, replicó la vieja; cuanto más,
el

que hasta aquí todo ha sido parto derecho, y

infante es

como un oro. ¿Ha parido alguna
drés Caballero.
Sí, señor,

— —

señora? preguntó

el

padre de

Anparto

respondió la gitana; pero ha sido
le

el

tan secreto,

que no

sabe sino Preciosa y yo y otra perdecir quién
dijo
es.

sona; y así, no

podemos

— Ni aquí

lo

queremos saber,

uno de

los presentes;

pero desdichada de aquella que en vuestras lenguas deposita
su secreto y en vuestra ayuda pone su honra.

— No
sala;

todas

somos malas, respondió Preciosa; quizá hay

alguna entre nosotras que se precia de secreta y de verdadera, tanto cuanto
el

hombre más

estirado

que hay en

esta

y vamonos, abuela, que aquí nos tienen en poco;
ni

pues en verdad que no somos ladronas

rogamos

á nadie.

:

34

NOVELAS EJEMPLARES.

— No

OS enojéis, Preciosa, dijo el padre;

que á

lo

menos

de vos imagino que no se puede presumir cosa mala; que
vuestro buen rostro os acredita y sale por fiador de vuestras

buenas obras. Por vida de Preciosita, que

bailéis

un poco

con vuestras compañeras; que aquí tengo un doblón de oro
de á dos caras, que ninguna
es

como

la vuestra,

aunque son

de dos reyes.»

Apenas hubo oido

esto la vieja,

cuando

dijo:

«Ea, niñas,

haldas en cinta, y dad contento á estos señores.»
sonajas Preciosa,

Tomó

las

y dieron sus vueltas, hicieron y deshicieron todos sus lazos con tanto donaire y desenvoltura, que
tras los pies se llevaban los ojos

de cuantos
así se
el

las

miraban, es-

pecialmente
Preciosa,

los

de Andrés, que
si allí

iban entre los pies de

como

tuvieran

centro de su gloria; pero

turbósela la suerte de manera, que se la volvió en infierno,

y fué
el

el

caso,

que en
la

la

fuga del baile se
el

le

cayó á Preciosa

papel que

habia dado

paje,

y apenas hubo caido,
las gita-

cuando
nas,

le alzó el

que no tenia buen concepto de
al

y abriéndole

punto, dijo

:

«

¡Bueno! sonetico tenemos;
el

cese el baile, y escúchenle;

que según

primer verso, en

verdad que no
ber lo que en
le

es
él

nada necio.» Pesóle á Preciosa, por no savenia, y rogó que

no

le

leyesen y que se

volviesen, y todo el ahinco que en esto ponia
el

eran esFinal-

puelas que apremiaban

deseo de Andrés para

oirle.

mente,

el

caballero le leyó en alta voz, y era éste

Cuando Preciosa

el

panderete toca,

Y

hiere el dulce son los aires vanos,

Perlas son, que derrama

con
la

las

manos,

Flores son, que despide de

boca;

Suspensa

el

alma, y

la

cordura loca

Queda

á los dulces actos

sobrehumanos,

:

,;

LA GITANILLA.
Que,
de limpios, de honestos y de sanos, Su fama al cielo levantado toca.

35

Colgadas del menor de sus cabellos

Mil almas lleva, y á sus plantas tiene Amor rendidas una y otra flecha. Ciega y alumbra con sus soles bellos

Su imperio amor por ellos le mantiene Y aun más grandezas de su ser sospecha.

«Por Dios,
el

dijo el

que leyó

el

soneto, que tiene donaire

poeta que

le escribió.

— No
Mirad
que
san
esas
el

es poeta, señor, sino paje

muy

galán y

muy hom-

bre de bien,)) dijo Preciosa.
lo

que habéis dicho. Preciosa, y

lo

que

vais á decir;

no son alabanzas

del paje, sino lanzas
las

que traspa-

corazón de Andrés, que

escucha. ¿Quereislo ver,

niña? pues volved los ojos, y vereisle desmayado encima de
la silla

con un trasudor de muerte.

No
:

penséis, doncella,
le

que

os

ama

tan de burlas Andrés,

que no

hiera y sobre-

salte el

menor de

vuestros descuidos
al

llegaos á él enhora-

buena, y decilde algunas palabras
al

oido,

que vayan derechas

corazón y

le

vuelvan de su desmayo; no, sino andaos á

traer sonetos
le

cada dia en vuestra alabanza, y veréis cuál os

ponen.

Todo
oyendo
no
se

esto pasó así
el

como

se

ha dicho; que Andrés, en

soneto, mil celosas imaginaciones le sobresaltaron;
la

desmayó, pero perdió
le dijo

color de manera, que vién-

dole su padre,

«¿Qué

tienes,

don Juan? que parece que
ha mudado
el

te vas á des-

mayar, según

se te

color.

— Espérense,

dijo á esta sazón Preciosa;
al

déjenmele decir
se

unas ciertas palabras

oido, y verán

cómo no

desmaya;»

;

;

,

:

^6 y llegándose á

NOVELAS EJEMPLARES.
él, le dijo, casi sin

mover

los labios

:

«¡Gentil

ánimo para gitano! ¿cómo podréis, Andrés, sufrir el tormento de toca, pues no podéis llevar el de un papel?» Y haciéndole media docena de cruces sobre
del;
el

corazón, se apartó

y entonces Andrés respiró un poco, y dio á entender que las palabras de Preciosa le hablan aprovechado. Final-

mente,

el

doblón de dos caras

se le dieron á Preciosa,

y

ella
ellas

dijo á sus

compañeras que

le trocarla

y

repartirla

con

hidalgamente. El padre de Andrés
escrito las palabras

le dijo

que

le dejase

por
las

que habia dicho

á

don Juan, que
las diria

queria saber en todo caso. Ella dijo que

de

muy

buena gana, y que entendiesen que aunque parecían cosa de burla, tenian gracia especial para preservar el mal del
corazón y
los

vaguidos de cabeza, y que
Cabecita, cabecita,

las

palabras eran

Tente en

tí,

no

te resbales,

Y
De
La

apareja dos puntales
la

paciencia bendita.

Solicita

bonita

Confiancita

No te inclines A pensamientos
Verás cosas

ruines

Oue

toquen en milagrosas

Dios delante

Y
«Con
la

San Cristóbal gigante.

mitad destas palabras que
el

le

digan, y con

seis

cruces que le hagan sobre

corazón á

la

persona que tu-

viere vaguidos de cabeza, dijo Preciosa, quedará

manzana.» Cuando

la

gitana vieja oyó

el

como una ensalmo y el emvio

buste, quedó pasmada, y

más

lo

quedó Andrés, que

que

LA GITANILLA.
todo era invención de su agudo ingenio. Quedáronse con

37
el

soneto, porque no quiso pedirle Preciosa, por no dar otro
tártago á Andrés; que ya sabia ella, sin ser enseíiada, lo que
era dar sustos, martelos y sobresaltos celosos á los rendidos

amantes. Despidiéronse

las gitanas,

y

al irse dijo

Preciosa á

don Juan: «Mire,

seííor,

cualquiera dia desta semana es
el irse

próspero para partidas, y ninguno es aciago; apresure
lo

más
y

presto que pudiere; que le aguarda una vida ancha,

libre

muy

gustosa,

si

quiere acomodarse á

ella.

— No

es tan libre la del soldado, á

mi

parecer, respondió
libertada

don Juan, que no tenga más de sujeción que de
pero con todo esto, haré

— Más
Con

como

viere.

veréis de lo

Dios os lleve
cia merece.»

que pensáis, respondió Preciosa, y y traiga con bien, como vuestra buena presen-

estas últimas palabras

quedó contento Andrés, y
:

las

gitanas se fueron contentísimas

trocaron

el

doblón, reparguardiana
por

tiéronle entre todas igualmente,

aunque
lo

la vieja

llevaba siempre parte y
la

media de

que

se juntaba, así

mayoridad,
el

ban en

como por ser ella el aguja por quien se guiamaremagno de sus bailes, donaires y aun de sus
fin el dia
el

embustes.

Llegóse en

que Andrés Caballero

se apareció

una mañana en
una muía de

primer lugar de su aparecimiento sobre

alquiler, sin criado alguno; halló en él á Pre-

ciosa y á su abuela, de las cuales conocido, le recibieron

con
tes

mucho
si

gusto. El les dijo que le guiasen al rancho anel dia, le

que entrase
acaso

y con

él se

descubriesen

las

señas que

llevaba,

buscasen. Ellas, que,
la vuelta,

como
á

advertidas, vi-

nieron solas, dieron

y de

allí

poco rato llegaron

38
á SUS barracas.

NOVELAS EJEMPLARES.
Entró Andrés en una, que era
la

mayor

del

rancho, y luego acudieron a verle diez ó doce gitanos, todos mozos y todos gallardos y bien hechos, á quien ya la
vieja

habia dado cuenta del nuevo compañero que

les

habia

de venir, sin tener necesidad de encomendarles

el

secreto,

que,

como ya

se

ha dicho,

ellos le

guardan con sagacidad

y puntualidad nunca vista. Echaron luego ojo á la muía, y dijo uno dellos «Esta se podrá vender el jueves en To:

ledo.

— Eso no,

dijo

Andrés, porque no hay muía de alquiler
los

que no sea conocida de todos
nan por España.

mozos de muías que
uno de
que
las

traji-

— Par Dios, señor Andrés,
la

dijo

los gitanos,

que

aunque
ceder
al

muía

tuviera

más

señales

que han de pre-

dia tremendo, aquí la transformaremos de
la

manera,

que no
la

conociera

la

madre que

la

parió ni

el

dueño que

ha criado.

— Con
parezcan.

todo eso, respondió Andrés, por esta vez se ha
el

de seguir y tomar

parecer

mió

:

á esta

muía

se le

ha de

dar muerte, y ha de ser enterrada donde aun los huesos no

— Pecado
ha de quitar

grande, dijo otro gitano; ¿á una inocente se
la vida?

No

diga

tal el

buen Andrés, sino haga
le

una cosa

:

mírela bien agora, de manera que se
la

queden

estampadas todas sus señales en
llevar á

mí, y

si

de aquí á

memoria, y déjenmela dos horas la conociere, que me

lardeen

— En ninguna manera
yo temo

como

á

un negro

fugitivo.

consentiré, dijo Andrés, que la

muía no muera, aunque más
ción;
ser descubierto,

me
si

aseguren su transforma-

á ella

no

la

cubre

la tier-

LA GITANILLA.
ra;

39
se-

y

si

se

hace por

el

provecho que de venderla puede

guirse, no

vengo

tan

desnudo á

esta cofradía,

que no pueda

pagar de entrada más de lo que valen cuatro muías.

— Pues
gitano,

así lo

quiere
la

el

señor Andrés Caballero, dijo otro
si

muera

sin

culpa, y Dios sabe

me

pesa, así

por su mocedad, pues aun no ha cerrado, cosa no usada entre muías de alquiler, como porque debe ser andariega,
pues no tiene costras en
las ijadas, ni llagas

de

la espuela.»

Dilatóse su muerte hasta la noche, y en lo que quedaba

de aquel dia

se hicieron las

ceremonias de
:

la

entrada de

Andrés á
rancho de
juncia, y

ser gitano,
los

que fueron

desembarazaron luego un

mejores del aduar, y adornáronle de ramos y sentándose Andrés sobre un medio alcornoque,

pusiéronle en las

manos un

martillo y unas tenazas, y
le
,

al

son de dos guitarras, que dos gitanos tañian,
dos cabriolas
cinta de seda
;

hicieron dar

luego

le

desnudaron un brazo
le

y con una

nueva y un garrote
y mozas
:

dieron dos vueltas blan-

damente.
gitanas
,

A
le

todo se halló presente Preciosa y otras muchas
,

viejas

que

las

unas con maravilla

,

otras

con amor

miraban

tal

era la gallarda disposición de

An-

drés, que hasta los gitanos le quedaron aficionadísimos.

Hechas pues

las

referidas

ceremonias, un gitano viejo

tomó por
dijo
:

la

mano
las

á Preciosa, y puesto delante de Andrés,
la flor

uEsta muchacha, que es
gitanas que

y

la

nata de toda la

hermosura de

sabemos que viven en España, te la entregamos, ya por esposa ó ya por amiga, que en esto puedes hacer lo que fuere más de tu gusto, porque
la libre

melindres ni á y ancha vida nuestra no está sujeta á muchas ceremonias. Mírala bien, y mira si te agrada, ó si
ves en ella alguna cosa que te descontente, y
si

la ves, es-

40
coge entre
tentare,
las

NOVELAS EJEMPLARES.
doncellas que aquí están la que

más

te

consa-

que

la

que escogieres

te

daremos; pero has de

ber que una vez escogida, no la has de dejar por otra, ni
te
las

has de empachar ni entremeter, ni con
doncellas. Nosotros

las

casadas ni con
la ley

guardamos inviolablemente
solicita
la

de

la

amistad

:

ninguno
la

prenda del otro

;

libres

y

exentos vivimos de
tre nosotros,

amarga
hay en

pestilencia de los celos.

En-

aunque hay muchos
le

incestos,

no hay ningún
,

adulterio

;

y cuando

la

mujer propria

ó alguna

bellaquería en la amiga, no
tigo
;

vamos
y

á la justicia á pedir caslos

nosotros

somos

los jueces

verdugos de nuestras

esposas ó amigas; con la

misma

facilidad las

matamos y

las

enterramos por
animales nocivos
dres
ellas

las
:

montañas y desiertos, como si fueran no hay pariente que las vengue, ni patemor y miedo, y nosotros, como ya he dicho, vieste

que nos pidan su muerte. Con
procuran ser
castas,

vimos seguros. Pocas cosas tenemos que no sean comunes á
todos, excepto la mujer ó la amiga, que queremos que cada

una sea

del

que

le

cupo en suerte
;

;

entre nosotros así hace

como la muerte el que quisiere puede dejar la mujer vieja, como él sea mozo, y escoger otra que corresponda al gusto de sus años. Con estas y con otras leyes
divorcio la vejez

y estatutos nos conservamos y vivimos alegres; somos señores

de

los

campos, de
las

los

sembrados, de
:

las

selvas, de los

montes, de

fuentes y de los rios

los

montes nos ofrecen

leña de balde, los árboles frutas,

las

viñas uvas, las huertas

hortaliza, las fuentes agua, los rios peces,

y

los

vedados ca-

za, sombras las peñas, aire fresco las quiebras, y casas las
cuevas. Para nosotros las inclemencias del cielo son oreos,
refrigerio las nieves,

baños

la lluvia,

músicas

los truenos,

y

LA GITANILLA.
hachas
los

4I

relámpagos

;

para nosotros son los duros terrenos
;

colchones de blandas plumas

el

cuero curtido de nuestros

cuerpos nos sirve de arnés impenetrable que nos defiende;
á nuestra ligereza

no

la

impiden
;

grillos, ni la detienen bar-

rancos, ni la contrastan paredes

á nuestro

ánimo no
,

le

tuer-

cen cordeles
tocas, ni le

,

ni

le

menoscaban garruchas
potros.

ni le

ahogan
dife-

doman

Del
;

al

no no hacemos

rencia cuando nos conviene
mártires que de confesores
tias
;

siempre nos preciamos más de
para nosotros se crian
las

bes-

de carga en
ciudades.

los

las

No

campos, y se cortan las faldriqueras en hay águila ni ninguna otra ave de rala

piña que más presto se abalance á

presa que se

le

ofrece,

que nosotros nos abalanzamos á
terés nos señalen
;

las

ocasiones que algún in-

y finalmente

,

tenemos muchas habilida;

des

,

que

felice fin
el

nos prometen

porque en

la cárcel

can-

tamos, en

potro callamos, de dia trabajamos, y de noche
decir,

hurtamos, ó por mejor

avisamos que nadie viva des-

cuidado de mirar dónde pone su hacienda.

No
la

nos fatiga

el

temor de perder
acrecentarla
,

la

honra, ni nos desvela
,

ambición de
á dar

ni

sustentamos bandos

ni

madrugamos

memoriales, ni á acompañar magnates, ni á
res
tas
;

solicitar favo-

por dorados techos y suntuosos palacios estimamos esbarracas y movibles
los

ranchos

Flándes

que nos da

la

por cuadros y países de naturaleza en esos levantados ris;

cos y nevadas peñas, tendidos prados y espesos bosques, que
á cada paso á los ojos se nos muestran.
rústicos,

Somos

astrólogos

porque como

casi

siempre dormimos
las

al cielo

deslas

cubierto, á todas horas sabemos

que son del dia y

que son de

la

noche

rora las estrellas del

vemos cómo arrincona y barre la aucielo, y cómo ella sale con su compa;

42
ñera
el

NOVELAS EJEMPLARES.
alba, alegrando el aire, enfriando el
la tierra,

agua y hume-

deciendo

y luego

tras ella el sol,

dorando cumbres
ni

(como

dijo el otro poeta)

y rizando montes;

tememos
peral sol

quedar helados por su ausencia cuando nos hiere á soslayo

con sus rayos,

ni

quedar abrasados cuando con

ellos

pendicularmente nos toca.

Un mismo
que á
la

rostro

hacemos

que

al

hielo, a la esterilidad

abundancia; en conclupico,
y

sión,

somos gente que vivimos por nuestra industria y
entremeternos con
el

y

sin

antiguo refrán

:

Iglesia y ó

mar

o

casa Real y tenemos lo que queremos, pues nos contentamos

con

lo

que tenemos. Todo esto os he dicho, generoso manla

cebo, porque no ignoréis
trato

vida á que habéis venido y
el

el

que habéis de
;

profesar,

cual os he pintado aquí en

borrón

que
el

otras

muchas

é infinitas cosas iréis

descubriendo

en
las

él

con

tiempo, no menos dignas de consideración que

que habéis oido.»
Calló, en diciendo esto, el elocuente viejo gitano, y
el

no-

vicio dijo

que

se

holgaba

mucho

de haber sabido tan loa-

bles estatutos, v

que

él

pensaba hacer profesión en aquella

Orden
que

tan puesta en razón y en políticos fundamentos, y

sólo le pesaba

no haber venido más presto en conoci-

miento de tan alegre vida, y que desde aquel punto renunciaba la profesión de caballero y la vanagloria de su ilustre
linaje,

y

lo

ponia todo debajo del yugo, ó por mejor decir,
las leyes

debajo de

con que

ellos vivian,

pues con tan

alta

recompensa

le satisfacían el

deseo de servirlos, entregándole

á la divina Preciosa, por quien él dejarla coronas é
rios,

impe-

y sólo
lo cual

los desearla

para servirla.

A

respondió Preciosa: «Puesto que estos señores

legisladores

han hallado por

sus leyes

que soy tuya, y que

LA GITANILLA.
por tuya
te

43
la ley

me

han entregado, yo he hallado por
es la

de

mi voluntad, que
serlo
si

más

fuerte de todas,

que no quiero

no

es

con

las

condiciones que antes que aquí vinieses,

entre los dos concertamos.
tra

Dos años
la

has de vivir en nues,

compañía primero que de

mia goces porque

no

te

arrepientas por ligero, ni yo quede engañada por presurosa.

Condiciones rompen leyes

;

las

que

te

he puesto sabes
seas

:

si las

quisieres guardar, podrá ser

que sea tuya y tú
la

donde no, aun no
teros,

es

muerta

muía
un

,

mió, y tus vestidos están en;

y de tu dinero no

te falta

ardite

la

ausencia que

has hecho no ha sido aún de un dia, que de lo que del falta
te

puedes servir y dar lugar que consideres

lo

que más

te

conviene. Estos señores bien pueden entregarte

mi cuerpo,
ser li-

pero no

mi alma, que
te vuelves,

es libre,
:

y nació
si

libre,
,

y ha de

bre en tanto que yo quisiere

te

quedas

te

estimaré en

mucho;

si

no

te

tendré en menos, porque á

mi

parecer, los ímpetus amorosos corren á rienda suelta hasta

que encuentran con

la

razón 6 con

el

desengaño

;

y no

querria yo que fueses tú para

conmigo como
la

es el cazador,
la

que en alcanzando

la liebre

que sigue,

coge, y

deja por
á la

correr tras otra que le huye. Ojos

hay engañados, que

primera
á

vista tan bien les parece el oropel
la diferencia

como

el

oro , pero
lo fino á

poco rato bien conocen
Esta

que hay de

lo falso.
la

mi hermosura, que
el sol

tú dices

que tengo, que
el

estimas sobre
si

y

la

encareces sobre

oro, ¿qué sé

yo

de cerca

te

parecerá sombra, y tocada, caerás en que es

de alquimia?

Dos años
la

ponderes

lo

que será

doy de tiempo para que tantees y bien que escojas ó que será justo que
te

deseches; que

prenda que una vez comprada, nadie
ella

se

puede deshacer de

sino con

la

muerte, bien

es

que

44

NOVELAS EJEMPLARES.

haya tiempo, y mucho, para miralla y remiralla, y ver en que yo no me rijo ella las faltas ó las virtudes que tiene
;

por
se

la

bárbara é insolente licencia que estos mis parientes
las

han tomado de dejar
y

mujeres ó castigarlas cuando
pienso hacer cosa que llame

se les antoja;
al

como yo no

castigo,

no quiero tomar compañía que por su gusto

me

deseche.

—Tienes
y
así,
si

razón, ¡oh Preciosa! dijo á este punto Andrés;

quieres que asegure tus temores y

menoscabe
las

tus

sospechas, jurándote que no saldré un punto de
nes que

órde-

me

pusieres, mira

qué juramento quieres que haga,

ó qué otra seguridad puedo darte; que á todo
dispuesto.

me

hallarás

— Los juramentos y promesas
que
le

que hace
se

el

cautivo porella, dijo

den libertad, pocas veces
así

cumplen con

Preciosa; y

son, según pienso, los del amante, que por
las alas

conseguir su deseo prometerá
yos de Júpiter,

de Mercurio y

los ra-

como me prometió
Estigia.
;

á

mí un

cierto poeta,

y

juraba por

la

laguna

No

quiero juramentos, señor

Andrés

,

ni quiero

promesas

sólo quiero remitirlo todo á la

experiencia deste noviciado, y á

se

me

quedará

el

cargo

de guardarme cuando vos

le

tuviéredes de ofenderme.
;

— Sea
me

así,

respondió Andrés

sola

una cosa pido

á estos

señores y compañeros mios, y es, que no

me

fuercen á que

hurte ninguna cosa por tiempo de un mes siquiera, porque
parece que no he de acertar á ser ladrón,
si

antes

no

preceden muchas liciones.

Calla, hijo, dijo

el

gitano viejo; que aquí te industria-

remos de manera, que
le sepas,

salgas

un águila en

el oficio,

y cuando
las

has de gustar del de

modo, que

te

comas

manos

!

LA GITANILLA.
tras
él.

45

¡Ya

es cosa

de burla
al

salir

vacío por la

mañana, y

volver cargado á la noche

rancho

— De
dijo

azotes he visto yo volver á algunos desos vacíos,

Andrés.
se

— No

toman truchas,
de

etc.,

replicó el viejo

:

todas las

cosas desta vida están sujetas á diversos peligros, y las accio-

nes del ladrón

al

las

galeras

,

azotes y horca
se

;

pero no

porque corra un navio tormenta ó
los otros

anegue, han de dejar
la

de navegar. Bueno sería que porque
los caballos, dejase

guerra co-

hombres y cuanto más, que el
los
es tener
si

me

de haber soldados;

ser azotado
las

por justicia, entre nosotros

un hábito en

espaldas,

que

le

parece mejor que

le

trújese en los

pechos y de
el

los

buenos. El toque está

no acabar acoceando
y á
el

aire

en
el

la flor

de nuestra juventud
las espaldas, ni

los

primeros delitos; que
el

mosqueo de
no
lo
el

apalear

agua en
,

las galeras,

estimamos en un canido debajo de nues-

cao.

Hijo Andrés
;

reposad ahora en

tras alas

que

á su

tiempo os sacaremos á volar, y en parte
;

donde no
de lamer

volváis sin presa
los

y

lo

dicho dicho, que os habéis

dedos

tras

cada hurto.

—Pues
tir

para recompensar, dijo Andrés, lo que yo podia

hurtar en este tiempo que se

me

da de venia, quiero repar)>

docientos escudos de oro entre todos los del rancho.

Apenas hubo dicho

esto,

cuando arremetieron
los

á él

chos gitanos, y levantándole en
bros,
le
:

brazos y sobre los

muhom-

cantaban
/

el
,

¡Víctor, victor,

y

el

grande Andrés l^2Íx\2.-

diendo

T viva

viva Preciosa , amada prenda suya ! Las

gitanas hicieron lo

mismo con

Preciosa, no sin envidia de
;

Cristina y de otras gitanillas que se hallaron presentes
la

que

envidia tan bien se aloja en los aduares de los bárbaros y

46
en
las

NOVELAS EJEMPLARES.
chozas de
los pastores
el

como

en palacios de prínci-

pes, y esto de ver medrar
tiene

vecino, que
fatiga.

me

parece que no

más méritos que yo,
el

Hecho

esto,

comieron

lautamente, repartióse
justicia,

renováronse

las

dinero prometido con equidad y alabanzas de Andrés y subieron al
la

cielo la
la

hermosura de Preciosa. Llegó

noche, acocotaron

muía, y enterráronla de modo, que quedó seguro Andrés
ella

de ser por
sus alhajas,

descubierto; y también enterraron con ella

como

fueron

silla,

freno y cinchas, á uso de los

indios,

que sepultan con

ellos sus

más

ricas preseas.
los ingenios

De

todo lo que habia visto y oido, y de

de

los gitanos

quedó admirado Andrés, y con propósito de seguir y conseguir su empresa sin entremeterse nada en sus costumbres ó á lo menos excusarlo por todas las vias que
,

pudiese, pensando exentarse de la jurisdicion de obedecerlos

en

las cosas

injustas
les

que

le

mandasen, á costa de su
sitio

dise

nero.

Otro dia

rogó Andrés que mudasen de
ser

y

alejasen de

Madrid, porque temia

conocido

si allí

esta-

ba;
tes

ellos dijeron

que ya tenian determinado
allí

irse á los

monAniba;

de Toledo, y desde

correr y garramar toda la tierra
el

circunvecina. Levantaron pues
drés

rancho, y diéronle á
él

una pollina en que fuese

;

pero

no

la

quiso, sino irse

á pié, sirviendo de lacayo á Preciosa,
ella,

que sobre otra

contentísima de ver
él ni

cómo

triunfaba de su gallardo es-

cudero, y
bia
i

más

ni

menos de
albedrío.

ver junto á

á la

que ha-

hecho señora de su

Oh

poderosa fuerza deste que llaman dulce dios de
(título

la

amargura

que

le

ha dado

la

ociosidad y

el

descuido

nuestro), y con

qué veras nos

avasallas!

¡cuan sin respeto

nos tratas! Caballero es Andrés, y

mozo, y de muy buen

,

LA GITANILLA.
entendimiento, criado casi toda su vida en
el

47
la

corte y con

regalo de sus ricos padres, y desde ayer acá ha

hecho

tal

mudanza, que engañó
las

á sus criados y á sus amigos, defraudó
él

esperanzas que sus padres en

tenian

,

dejó el

camino

de Flándes, donde habia de

ejercitar el valor
linaje,

de su persona
los

y acrecentar
pies de

la

honra de su

y se vino á postrar á

una muchacha y á
fin era

ser su lacayo,
:

que puesto que

hermosísima, en

gitana
la

privilegio de la hermosura,
sus pies á la voluntad

que

trae al redopelo

y por

melena á

más

exenta.
allí

De

á cuatro dias llegaron á

una aldea dos leguas de

Toledo, donde asentaron su aduar, dando primero algunas
prendas de plata
él ni

al

alcalde del pueblo, en fianzas de

que en

en todo su término no hurtarian ninguna cosa.
las

Hecho

esto, todas

gitanas viejas y algunas

se esparcieron

por todos

los lugares,

mozas y los gitanos ó á lo menos apartados
primera lición de
aquella salida,

por cuatro ó cinco leguas de aquel donde hablan asentado
su
real.

Fué con

ellos

Andrés á tomar
le

la

ladrón; pero aunque

dieron

muchas en

ninguna

se le asentó

;

antes correspondiendo á su

buena san-

gre, con cada hurto que sus maestros hacian se le arrancaba
el

alma, y
sus

tal

vez hubo que pagó de su dinero

los

hurtos

que

compañeros hablan hecho, conmovido de
sus dueños
;

las lágri-

mas de

de lo cual los gitanos se desesperaban

diciéndole que era contravenir á sus estatutos y ordenanzas,

que prohibían

la

entrada á

la

caridad en sus pechos, la cual

en teniéndola, habían de dejar de ser ladrones; cosa que no
les

estaba bien en ninguna manera.

Viendo pues
solo, sin
ir

esto

An-

drés, dijo

que

él

queria hurtar por

en compa-

ñía de nadie; porque para huir del peligro tenia ligereza, y

,

48

NOVELAS EJEMPLARES.
le

para acometelle no

faltaba el

ánimo;
queria.

así

que,

el

premio

ó

el

castigo de lo

que hurtase,

que fuese suyo.

Procuraron

los gitanos disuadirle deste propósito, dicién-

dole que le podrían suceder ocasiones
ria la

donde fuese necesapara defenderse , y
presas.

compañía

,

así

para acometer

como

que una persona

sola

no podia hacer grandes

Pero

por más que dijeron, Andrés quiso ser ladrón solo y señero,

con intención de apartarse de

la cuadrilla

y comprar por su

dinero alguna cosa que pudiese decir que la habia hurtado,

y deste modo cargar
ciencia.

lo

que menos pudiese sobre su conesta industria,

Usando pues de

en menos de un mes

trujo
los

más provecho

á la

compañía que trujeron cuatro de
que no poco
se

más

estirados ladrones della; de

holgaba

Preciosa, viendo á su tierno

amante tan lindo y tan despe-

jado ladrón; pero con todo eso, estaba temerosa de alguna
desgracia; que no quisiera ella verle en afrenta por todo el
tesoro de Venecia, obligada á tenerle aquella

buena voluntad
le hacia.

por

los

muchos

servicios

y regalos que su Andrés en
los

Poco más de un mes
ledo,

se estuvieron

términos de

To-

donde hicieron su agosto, aunque era por el mes de Setiembre, y desde allí se entraron en Extremadura, por ser

tierra rica

y caliente. Pasaba Andrés con Preciosa honestos discretos y enamorados coloquios, y ella poco á poco se iba

enamorando de
él, del

la discreción
si

mismo modo,
:

y buen trato de su amante, y pudiera crecer su amor, fuera cre-

ciendo
ciosa.

tal

era la honestidad, discreción y belleza de su Pre,

A

do quiera que llegaban

él se

llevaba

el

precio y
;

las

apuestas de corredor y de saltar
á los bolos y á la pelota

más que ninguno jugaba
la

extremadamente; tiraba

barra

con

mucha

fuerza y singular destreza; finalmente, en poco

LA GITANILLA.

49

tiempo voló su fama por toda Extremadura, y no habia lugar donde no se hablase de
la

gallarda disposición del gitano

Andrés Caballero y de sus gracias y habilidades, v al par desta fama, corria la de la hermosura de la Gitanilla, y no
habia
villa,

lugar ni aldea donde no los llamasen para rego-

cijar las fiestas votivas suyas,
cijos.

6 para otros particulares rego-

Desta manera iba

el

aduar rico, próspero y contento,

y

los

amantes gozosos con solo mirarse.
el

Sucedió pues que teniendo

aduar entre unas encinas,

algo apartado del camino real, oyeron una noche, casi á la

mitad

della, ladrar sus perros

con

mucho

ahinco y más de lo

que acostumbraban;

salieron algunos gitanos, y

con

ellos

Andrés, á ver á quién ladraban, y vieron que se defendia
dellos

un hombre vestido de blanco,

á quien tenian dos per-

ros asido de

una pierna; llegaron, y quitáronle, y uno de
:

los gitanos le dijo

^<¿

Quién

diablos os trujo por aquí,

hom-

bre, á tales horas y tan fuera de camino? ¿venis á hurtar

por ventura? porque en verdad que habéis -llegado á buen
puerto.

— No

vengo

á hurtar, respondió el

mordido,

ni sé

si

vengo ó no fuera de camino, aunque bien veo que vengo
descaminado; pero decidme, señores, ¿está por aquí alguna
venta ó lugar donde pueda recogerme esta noche, y curar-

me

de

las

heridas que vuestros perros

— No hay

me

han hecho?

lugar ni venta donde

podamos encaminaros,

respondió Andrés; mas para curar vuestras heridas y alojaros
esta

noche no

os faltará

comodidad en nuestros ranchos

:

venios con nosotros, que aunque somos gitanos, no lo pa-

recemos en

la caridad.

-Dios

la

use con vosotros, respondió

el

hombre, y

lie-

JO

NOVELAS EJEMPLARES.
quisiéredes
;

vadme donde
tiga

que

el

dolor desta pierna

me

fa-

mucho.»
Andrés y otro gitano caritativo (que aun demonios hay unos peores que otros, y entre muél

Llegóse á
entre los

chos malos hombres suele haber alguno bueno), y entre
los

dos

le llevaron.

Hacia

la

noche
el

clara

con luna, de ma-

nera que pudieron ver que
rostro y talle
:

hombre

era

mozo, de

gentil

venia vestido todo de lienzo blanco, y atraespaldas y ceñida á los pechos
la

vesada por

las

una como ca-

misa ó talega de lienzo. Llegaron á

barraca 6 toldo de

Andrés, y con presteza encendieron lumbre y luz, y acudió
luego
le

la

abuela de Preciosa á curar

el

herido, de quien ya
los perros,

habían dado cuenta.
,

Tomó

algunos pelos de

friólos

en aceite y lavando primero con vino dos mordedula

ras

que tenia en

pierna izquierda,

le

puso

los pelos

con

el

aceite en ellas,

y encima un poco de romero verde mascabien con paños limpios
:

do

;

lióselo

muy

"y

santiguóle
el

las

heridas, y díjoLe

«Dormid, amigo; que, con

ayuda de

Dios, no será nada.»

En

tanto que curaban

al

herido, estaba

Preciosa delante, y estúvole mirando ahincadamente, y lo

mismo
la
la

hacia

él

á ella

;

de

atención con que

el

modo que Andrés echó de ver en mozo la miraba, pero echólo á que

mucha hermosura de Preciosa se llevaba tras sí los ojos. En resolución, después de curado el mozo, le dejaron solo

sobre un lecho hecho de heno seco, y por entonces no quisieron preguntarle nada de su camino ni de otra cosa.

Apenas

se apartaron del,

cuando Preciosa llamó

á

Andrés

aparte y le dijo: «¿Acuerdaste, Andrés, de
se

un papel que

me

cayó en tu casa cuando bailaba con mis compañeras,
te dio

que, según creo,

un mal rato?

LA GITANILLA.

5

I

alabanza,

— acuerdo, respondió Andrés, y y no malo. — Pues de Andrés,

era

un soneto en

tu

has

saber,

replicó Preciosa,

que

el

que hizo aquel soneto
en
la

es ese

mozo mordido que dejamos

choza; y en ninguna manera
tres veces,

me

engaño, porque

me

habló en Madrid dos ó

y aun

me

dio un
paje,

romance

muy

bueno;

allí

andaba, á mi parecer,
de
los favorecidos
el

como

mas no de
y bien

los ordinarios, sino

de algún príncipe; y
es discreto

en verdad

te

digo, Andrés, que

mozo

razonado y sobremanera honesto, y no
ginar desta su venida y en
tal traje.

qué pueda ima-

— ¿Qué

puedes imaginar. Preciosa? respondió Andrés;
la

ninguna otra cosa, sino que

misma

fuerza que á

mí me

ha hecho gitano,
á buscarte.

le

ha hecho

á él parecer molinero y venir
se

¡Ah, Preciosa, Preciosa, y cómo
te quieres preciar

va descu-

briendo que

de tener más de un rendido!
á este

Y si esto es así,

acábame

á

mí primero, y luego matarás

otro, y no quieras sacrificarnos juntos en las aras de tu en-

gaño, por no decir de tu belleza.
Dios! respondió Preciosa, Andrés, y ¡cuan delicado andas, y cuan de un sotil cabello tienes colgadas
tus esperanzas

— ¡Válame
el

y mi crédito, pues con tanta facilidad
la

te

ha

penetrado
drés:
si

alma

dura espada de
artificio

los celos!

Dime, Antan

en esto hubiera

ó engaño alguno, ¿no su-

piera yo callar y encubrir quién era este

mozo? ¿Soy

necia por ventura, que te habia de dar ocasión de poner en

duda mi bondad y buen término? Calla, Andrés, por tu vida, y mañana procura sacar del pecho deste tu asombro
adonde va ó á
lo

que viene

:

podria ser que estuviese engalo estoy

ñada tu sospecha, como yo no

de que sea

el

que he

^2

NOVELAS EJEMPLARES.

dicho; y para más satisfacción tuya, pues ya he llegado á términos de satisfacerte, de cualquiera manera y con cualquiera intención que ese

mozo venga,
los

despídele luego y
te
le

haz que

se

vaya, pues todos

de nuestra parcialidad

obedecen, y no habrá ninguno que contra tu voluntad
quiera dar acogida en su rancho
;

y cuando esto
salir del

así

no su-

ceda, yo te doy

mi

palabra de no

mió,

ni

dejarme

ver de sus ojos ni de todos aquellos que tú quisieres que no

me
no
si

vean.ií

Y

prosiguiendo adelante, dijo: «Mira, Andrés:

me
te

pesa á

mí de

verte celoso, pero

pesarme ha mucho

veo indiscreto.

— Como
á entender

no

me

veas loco, Preciosa, respondió Andrés,

cualquiera otra demostración será poca ó ninguna para dar

adonde llega y cuánto
los celos
si
;

fatiga la

presunción de

pero con todo eso,
es

amarga y dura yo haré lo que
es lo

me

mandas, y sabré,

que

es posible,

qué

que

este

señor paje poeta quiere, dónde va ó qué es lo que busca;

que podria

ser

que por algún hilo que

sin

cuidado muestre,

sacase yo todo el ovillo con

—^Nunca
el

que temo viene á enredarme.
que imagino,
dijo Preciosa, delas cosas

los celos, á lo

jan

entendimiento
ellas

libre para

que pueda juzgar
los celosos

como

son

:

siempre miran
las

con antojos de

allende,

que hacen
las

cosas pequeñas grandes, los enanos

gigantes, y

sospechas verdades. Por vida tuya y por la mia, Andrés, que procedas en esto y en todo lo que to;

care á nuestros conciertos cuerda y discretamente
así

que

si

lo

hicieres,

que

me

has de conceder

la

palma de
»

honesta y recatada y de verdadera en todo extremo.
esto se despidió de

Con
dia
el

Andrés, y
al

él

se

quedó esperando

el

para tomar la confesión

herido, llena de turbación

LA GITANILLA.
:

r o

alma y de mil contrarias imaginaciones no podia creer sino que aquel paje habia venido allí atraído de la hermosura de Preciosa; porque piensa
el

ladrón que todos son

de su condición. Por otra parte,
le

la satisfacción

que Preciosa
le

habia dado

le

parecía ser de tanta fuerza, que
las

obligaba

á vivir seguro y á dejar en ventura.

manos de

su

bondad toda su

Llegóse

el

dia (que á él le pareció haberse tardado

más

que

otras veces), visitó al

mordido, preguntóle cómo

se lla-

y cómo caminaba tan tarde y tan fuera de camino; aunque primero le preguntó cómo estaba, y si
iba,
se sentia sin dolor de las

maba y adonde

mordeduras.

A lo cual

respondió

el

mozo que

se hallaba

mejor y

sin dolor
;

alguno, y de

ma-

nera que podria ponerse en camino

á lo de decir su

nom-

bre y adonde iba, no dijo otra cosa sino que se llamaba

Alonso Hurtado, y que iba á Nuestra Señora de la Peña de Francia, á un cierto negocio, y que por llegar con brevedad caminaba de noche, y que la pasada habia perdido el camino, y acaso habia dado con aquel aduar, donde los perros

que

le
le

guardaban

le

hablan puesto del

modo que

habia

visto.

No
ma

pareció á Andrés legítima esta declaración, sino

muy

bastarda, y de

nuevo volvieron
:

á hacerle cosquillas en el al-

sus sospechas, y así le dijo

«Hermano,

si

yo fuera juez,

y vos hubiérades caido debajo de
delito, el cual pidiera

mi

jurisdicion por algún

que

se os hicieran las

preguntas que yo

os

he hecho,

la respuesta
:

que

me

habéis dado obligara-á que
sois,
si

os apretara los cordeles
os llamáis ó á

yo no quiero saber quién
;

cómo

dónde

vais

pero adviértoos que

os con-

viene mentir en este vuestro viaje, mintáis con
cia de verdad.

más aparien-

Decis que vais á

la

Peña de Francia, y de-

54jaisla á la

NOVELAS EJEMPLARES.

mano

derecha, más atrás deste lugar donde estamos

bien treinta leguas; camináis de noche por llegar presto, y vais fuera de camino por entre bosques y encinares, que no
tienen sendas apenas, cuanto

más caminos amigo,
:

levantaos

y aprended á mentir, y andad enhorabuena; pero por este

buen
réis,

aviso

que

os doy,

¿no

me

diréis

una verdad? que
¿sois

di-

pues tan mal sabéis mentir. Decidme,
visto

por ventura

uno que yo he

muchas veces en
fama de

la corte entre paje
;

y

caballero , que tenia

ser gran poeta

uno que hizo

un romance y un soneto á una Gitanilla que los dias pasados andaba en Madrid, que era tenida por singular en la
belleza?

Decídmelo; que yo

os prometo, por la fe de cabael

llero gitano,

de guardaros todo
;

secreto

que vos viéredes
la
,

que

os conviene

mirad que

el

negarme

verdad de que
este ros-

no
tro

sois el

que yo digo no
es el

llevarla

camino porque

que yo veo aquí
la

propio que vide en Madrid. Sin

duda alguna que

gran fama de vuestro entendimiento

me

hizo muchas veces que os mirase
;

como

á

hombre

raro é

insigne

y

así se

me quedó

tan estampada en la

memoria

vuestra figura, que os he venido á conocer por ella, aun

puesto en

el

diferente traje en

que

estáis

agora del en que

yo

os vi entonces.

No

os turbéis; animaos,

y no penséis que

habéis llegado á un pueblo de ladrones, sino á un asilo que
os sabrá guardar

y defender de todo
si

el

mundo. Mirad yo
:

imagino una cosa, y

es así

como

lo

imagino, vos habéis

topado con vuestra buena suerte en haber encontrado con-

migo
lla

:

lo

que imagino

es,

que enamorado de Preciosa (aque,

hermosa Gitanica

á quien hicisteis los versos)

habéis ve-

nido á buscarla, por lo que yo no os tendré en menos, sino
en

mucho más

;

que aunque gitano

,

la

experiencia

me

ha

LA GITANILLA.
mostrado adonde
las

SS

poderosa fuerza de amor y transformaciones que hace hacer á los que coge debajo
se

extiende

la

de su jurisdicion y mando. Si esto es

así,

como

creo que sin

duda

es
Sí,

,

aquí está

la Gitanica.
la vi


chas.

aquí está; que yo

anoche,» dijo

el

mordido;

razón con que Andrés quedó

como

difunto, pareciéndole

que habia

salido al

cabo con

la

confirmación de sus sospeel

«Anoche
esa

la vi,

tornó á referir

mozo; pero no me
convenia.
sois el

atreví á decirle quién era,

porque no

me

— De

manera,

dijo

Andrés, ¿vos

poeta que yo

he dicho?

Sí soy, replicó el

mancebo; que no
que hay

lo

puedo

ni lo quiero

negar: quizá podria ser que donde he pensado perderme,

hubiese venido á ganarme,

si

es

fidelidad en las selvas

y buen acogimiento en los montes. Hayle sin duda, respondió Andrés, y entre nosotros los

gitanos

el

mayor
que

secreto del

mundo; con
alguna

esta confianza

po-

déis, señor,
el

descubrirme vuestro pecho, porque hallareis en
veréis sin doblez
:

mió

lo

la Gitanilla es

pasi

rienta

mia y

está sujeta á lo

que yo quisiere hacer

della:

la quisiéredes

por esposa, yo y todos sus parientes gustaremos dello, y lo tendremos por bien; y si por amiga, no usaremos de ningún melindre, con tal que tengáis dineros,

porque

la

codicia por jamas sale de nuestros ranchos.
traigo, respondió el
el

— Dineros

mozo; en

estas

mangas

de camisa, que traigo ceñida por
cientos escudos de oro.
cibió Andrés, viendo
»

cuerpo, vienen cyatro-

Este fué otro susto mortal que reel

que

traer tanto dinero

no era sino

para conquistar ó comprar su prenda, y con lengua ya tur-

bada dijo: "Buena cantidad

es ésa;

no hay sino descubriros.

56
y manos á
la

NOVELAS EJEMPLARES.
labor; que la

muchacha, que no

es

nada boba,

verá cuan bien le está ser vuestra.

— ¡Ay, amigo!
páis
la

dijo á esta sazón el

mozo, quiero que
traje

sees

que

la

fuerza que

me

ha hecho mudar de

no

de amor, que vos decis, ni de desear á Preciosa; que herlos

mosas tiene Madrid, que pueden y saben robar
nes y rendir
sas gitanas;
las

corazo-

almas tan bien y mejor que
la

las

más hermoQuien
es

puesto que confieso que
las

hermosura de vuestra

parienta á todas

que yo he

visto se aventaja.

me

tiene en este traje, á pié y

mordido de perros, no

amor,

sino desgracia mia.«

Con

estas razones,

que

el

mozo

iba diciendo, iba Andrés

cobrando

los espíritus perdidos,

pareciéndole que se encami-

naban á otro paradero del que
salir

él se

imaginaba; y deseoso de

de aquella confusión

,

volvió á reforzarle la seguridad
así él

con que podia descubrirse; y

prosiguió diciendo:

«Yo
via,

estaba en Madrid, en casa de

un

título, á

quien ser-

no como á señor, sino como á pariente;
único, heredero suyo,
ser
el

éste tenia

un

hijo

cual, así por el parentesco,

como por

ambos de una edad y de una condición misma,
que

me
él

trataba con familiaridad y amistad grande. Sucedió

este caballero se

enamoró de una doncella

principal, á quien
si

escogiera de bonísima gana para su esposa,

no tuviera

la

voluntad sujeta,

como buen

hijo, á la de sus padres,

que

as-

piraban á casarle más altamente; pero con todo eso,
via á hurto de todos los ojos,

la ser-

que pudieran con
mios eran

las

lenguas

sacar á la plaza sus deseos
sus intentos; y

:

solos los

testigos de
la

una noche, que debia de haber escogido
el

desgracia para

caso que ahora os diré, pasando los dos
ella

por

la

puerta y calle desta señora, vimos arrimados á

LA GITANILLA.
dos hombres,
al

57
cuando
y á dos

parecer de buen talle; quiso reconocerlos
se

mi

pariente

,

y apenas

encaminó hacia

ellos,

echaron con

mucha

ligereza

mano

á las espadas

broqueles, y se vinieron á nosotros, que hicimos lo

mismo,
penden-

y con iguales armas nos acometimos. Duró poco
cia,

la

porque no duró

mucho
hacia,

la

vida de los dos contrarios,
los celos

que de dos estocadas que guiaron
y
la

de

mi

pariente

perdieron (caso extraño y pocas veces visto). Triunfando, pues, de los que así no
le las

defensa que yo

quisiéramos, volvimos á casa, y secretamente tomando todos los dineros que podimos, nos fuimos á San Jerónimo,

esperando

el

dia

que descubriese

lo

sucedido y

las

presun-

ciones que se

tenian de los matadores.

Supimos que de

nosotros no habia indicio alguno, y aconsejáronnos los pru-

dentes religiosos que nos volviésemos á casa, y que no dié-

semos

ni despertásemos

con nuestra ausencia alguna sospe-

cha contra nosotros; y ya que estábamos determinados de seguir su parecer, nos avisaron que los señores alcaldes de
corte hablan preso en su casa á los padres de la doncella y á la

misma doncella, y que entre otros criados á quien tomaron la confesión, una criada de la señora dijo cómo mi
pariente paseaba á su señora de noche v de dia; y que con

este indicio

hablan acudido á buscarnos, y no hallándonos,
señales de nuestra fuga, se confirmó en toda la

sino

muchas
lo eran,

corte ser nosotros los matadores de aquellos dos caballeros,

que
del

y

muy

principales.

Finalmente, con parecer

Conde, mi pariente, y del de los religiosos, después de quince dias que estuvimos escondidos en el monasterio, mi
camarada, en hábito de
fraile,

con otro

fraile se

fué la vuelta

de Aragón, con intención de

pasiirse á Italia,

y desde

allí

^8

NOVELAS EJEMPLARES.
qué paraba
el caso.

á Flándes, hasta ver en

Yo

quise dividir

y apartar nuestra fortuna, y que no corriese nuestra suerte por una misma derrota; seguí otro camino diferente del suyo,
y en hábito de

mozo

de

fraile, á pié salí

con un religioso,

que

me

dejó en Talavera.

Desde

allí

aquí he venido solo y

fuera de camino, hasta que anoche llegué á este encinal,

donde
por
el

me

ha sucedido

lo

que habéis

visto;

y

si

pregunté

camino de Peña de Francia, fué por responder algo

á lo que se

me

preguntaba; que en verdad que no sé dónde

cae la Peña de Francia, puesto que sé que está

más

arriba

de Salamanca.

— Así
mano

verdad, respondió Andrés, y ya la dejais á derecha, casi veinte leguas de aquí; porque veáis cuan
es
si allá

derecho camino Uevábades,

fuérades.

— El que yo pensaba
á Sevilla, del

llevar, replicó el

mozo, no

es sino

que

allí

tengo un caballero ginoves, grande amigo

Conde, mi

pariente,

que suele enviar

á

Genova gran
con
los

cantidad de plata, y llevo designio que

me acomode
y con

que

la

suelen llevar,

como uno

dellos,

esta estrataallí

gema seguramente podré
Italia,

pasar hasta Cartagena, y de

á

porque han de venir dos galeras

muy
mi

presto á
:

em-

barcar esta plata. Esta es, buen amigo,
si

historia

mirad

puedo decir que nace más de desgracia pura que de
si

amores aguados; pero

estos señores gitanos quisiesen lleSevilla,
si

varme en su compañía hasta
se lo pagarla

es

que van

allá,

yo

muy

bien; que

me doy

á entender
el

que en su
llevo.

compañía

iria

más seguro, y no con

temor que
si
si

llevarán,

respondió Andrés, y

no fuéredes en
va
al

nuestro aduar, porque hasta ahora no sé
iréis

Andalucía,

en otro que creo que habernos de topar dentro de dos

»

LA GITANILLA.
Ó
tres dias,

59
lleváis, facilitareis

y con darles algo de lo que
imposibles mayores.

con

ellos otros

Dejóle Andrés, y vino á dar cuenta á de lo que
el

los

demás gitanos

mozo

le

habia contado y de lo que pretendia,
la

con

el

ofrecimiento que hacia de

buena paga y recomse

pensa.

Todos fueron de parecer que

quedase en

el

aduar:
ella

solo Preciosa tuvo el contrario; y la abuela dijo

que

no

podia

ir

á Sevilla ni á sus contornos, á causa

que

los

años
lla-

pasados habia hecho una burla en Sevilla á un gorrero,

mado

Triguillos,

muy

conocido en

ella,

al

cual

le

habia

hecho meter en una
en carnes, y en
la

tinaja

de agua hasta

el cuello,

desnudo

cabeza puesta una corona de ciprés, esla

perando

el filo

de

media noche, para
ella le

salir

de

la tinaja á

cavar y sacar un gran tesoro que

habia hecho creer

que estaba en

cierta parte de su casa.

Dijo que

como oyó
ella

el

buen gorrero tocar

á maitines, por

no perder

la

coyuntura,

se dio tanta priesa á salir de la tinaja,

que dio con

y

con

él

en

el

suelo, y con

el

golpe y con
el

los cascos se
él

ma-

gulló las carnes, derramándose

agua, y

quedó nadando
al

en

ella

y dando voces que

se

anegaba. Acudieron

mobar-

mento su mujer y

sus vecinos

con luces, y halláronle hala

ciendo efectos de nadador, soplando y arrastrando
riga por el suelo, y

meneando
Tal

los

brazos y

las

piernas con
seíío-

mucha
res,

priesa,

y diciendo á grandes voces: «¡Socorro,
d

que

me

ahogo!

le

tenia el miedo,

que verdaderaél,,

mente pensó que

se

ahogaba. Abrazáronse con
sí,

sacá-

ronle de aquel peligro, volvió en

contó

la

burla de la

gitana, y con todo eso, cavó en la parte señalada

más de un

estado en hondo, á pesar de todos cuantos le decian que era

embuste mió; y

si

no

se lo estorbara

un vecino suyo, que

6o

NOVELAS EJEMPLARES.
él

tocaba ya en los cimientos de su casa,
bas en
el

diera con entramél

suelo,

si le

dejaran cavar todo cuanto
la

quisiera.

Súpose
chos
le

este

cuento por toda
el

ciudad, y hasta los

mucha-

señalaban con

dedo y contaban su credulidad y

mi embuste.
Esto contó
ir

la

gitana vieja, y esto dio por excusa para no

á Sevilla.

Los gitanos, que va sabian de Andrés Caba-

llero

que

el

mozo
el

traia dineros

en cantidad, con facilidad

le

acogieron en su compañía, y se ofrecieron de guardarle v
encubrirle todo

tiempo que
á

él quisiese,

y determinaron

de torcer

el

camino
el

mano

izquierda, y entrarse en la

Mancha y

en

reino de Murcia.

Llamaron

al
él;

mozo y
él

diéronle cuenta de lo que pensaban hacer por

se lo

agradeció, y dio cien escudos de oro para que los repartiesen
entre todos.

Con
:

esta

dádiva quedaron

más blandos que

unas martas

sólo á Preciosa

no contentó

mucho

la

quedada
pero

de don Sancho (que
los gitanos se lo

así dijo el
el

mozo que

se llamaba);

mudaron en
adelante.

de Clemente, y

así le lla-

maron desde

allí

Andrés, y no bien
te,

También quedó un poco torcido satisfecho de haberse quedado Clemenmas Clemente, como
le dijo se
si le

por parecerle que con poco fundamento habia dejado
leyera la

sus primeros designios;

intención, entre otras cosas,

holgaba de

ir al
si

reino

de Murcia, por estar cerca de Cartagena, adonde
galeras,

viniesen

como

él

pensaba que habían de venir, pudiese con

facilidad pasar á Italia.
ojos,

Finalmente, por traerle más ante

los

y mirar sus acciones y escudriñar sus pensamientos,

quiso Andrés que fuese Clemente su camarada, y Clemente

tuvo esta amistad por gran favor que se

le hacia.

Andaban

siempre juntos, gastaban largo, llovían escudos; corrían.

LA ÜITANILLA.
saltaban, bailaban y tiraban la barra mejor
los gitanos,

6l

que ninguno de

y eran de

las

gitanas

más que medianamente

queridos, y de los gitanos en todo extremo respetados.

Dejaron, pues, á Extremadura y entráronse en la Mancha, y poco á poco fueron caminando al reino de Murcia.

En

todas las aldeas y lugares

que pasaban habia

desafíos de

pelota, de esgrima, de correr, de saltar, de tirar la barra,

y

de otros ejercicios de fuerza,
salian

maña y

ligereza,

y de todos

vencedores Andrés y Clemente,

como

de solo

An-

queda dicho; y en todo este tiempo, que fué más de mes y medio, nunca tuvo Clemente ocasión, ni él la prodrés

curó, de hablar á Preciosa, hasta que un dia, estando juntos

Andrés y
ron
*<

ella,

llegó él á la conversación,
le dijo
:

porqué

le

llama-

,

y Preciosa
la

Desde

vez primera que llegaste á nuestro aduar

te

conocí, Clemente, y se
sos

me

vinieron á

la

memoria

los ver-

que en Madrid

me

diste;

pero no quise decir nada, por
á nuestras estancias;
el

no saber con qué intención venias

y

cuando supe tu desgracia,

me

pesó en

alma, y se aseguró

mi pecho, que
bia
así

estaba sobresaltado, pensando que
el

como hanom-

don Juanes en

mundo que

se

mudaban en Andreses,

podia haber don Sanchos que se mudasen en otros

bres.

Hablóte desta manera, porque Andrés
te

me

ha dicho

que que

ha dado cuenta de quién

es,

y de

la

intención con

ha vuelto gitano (y así era la verdad, que Andrés le habia hecho sabidor de toda su historia, por poder comunise

car con

él

sus pensamientos); y
el

no pienses que

te

fué de

poco provecho

conocerte, pues por

mi

respeto y por lo

que yo de
tra

dije, se facilitó el

acogerte y admitirte en nueste

compañía, donde plega á Dios

suceda todo

el

bien

02

NOVELAS EJEMPLARES.
acertares á desearte. Este

que

buen deseo quiero que
la

me

pagues en que no afees á Andrés
le pintes

bajeza de su intento, ni

cuan mal

le está

perseverar en este estado; que,

puesto que yo imagino que debajo de los candados de

mi

voluntad está la suya, todavía
tras,

me

pesarla de verle dar

mues-

por mínimas que fuesen, de algún arrepentimiento.»
esto respondió

A
ca,
era;

Clemente: «No pienses. Preciosa úni-

que don Juan con ligereza de ánimo
primero
le

conocí yo, y primero ojos sus intentos; primero le dije yo quién era, y primero le adiviné la prisión de su voluntad que tú señalas; y él, dán-

me descubrió quién me descubrieron sus

dome
creto

el
el

crédito

que era razón que
él es

me
si

diese, fió de

mi

se-

suyo, y

buen

testigo

alabé su determinación

y escogido empleo; que no soy, ¡oh Preciosa! de tan corto
ingenio, que no alcance hasta dónde se extienden
las

fuerzas

de

la

hermosura; y

la

tuya, por pasar de los límites de los
es disculpa bastante los

mayores extremos de belleza,
res yerros, si es

de
se

mayohacen

que deben llamarse yerros

que
lo

con tan forzosas causas. Agradézcote, señora,
crédito dijiste, y yo pienso pagártelo en desear

que en mi
estos

que

en-

redos amorosos salgan á fines felices, y que tú goces de tu

Andrés, y Andrés de su Preciosa en conformidad y gusto de sus padres, porque de tan hermosa junta veamos en el

mundo

los

más

bellos renuevos

que pueda formar

la

bien
le

intencionada naturaleza. Esto desearé yo. Preciosa, y esto
diré siempre á tu Andrés,

y no cosa alguna que

le

divierta

de sus bien colocados pensamientos.»

Con
ó

tales afectos dijo las

razones pasadas Clemente, que

estuvo en duda Andrés

si las

habia dicho

como enamorado
es tan

como comedido; que

la infernal

enfermedad celosa

:

,

LA GITANILLA.
delicada y de
tal

63
del sol se

manera que en
,

los

átomos

pega
se

y de

los

que tocan á

la

cosa

amada

se fatiga el

amante y

desespera; pero con todo esto, no tuvo celos confirmados,

más

fiado

de

la

bondad de Preciosa que de

la

ventura

suya; que siempre los enamorados se tienen por infelices en

tanto que no alcanzan lo que desean.

En

fin,

Andrés y Cle-

mente eran camaradas y grandes amigos, asegurándolo todo la buena intención de Clemente y el recato y prudencia de
Preciosa, que jamas dio ocasión á que Andrés tuviese della
celos.

Tenia Clemente
los versos

sus puntas de poeta,

como
se

lo

mostró en

que dio á Preciosa, y Andrés
la

picaba un poco,

y entrambos eran aficionados á

música. Sucedió, pues,

que estando

el

aduar alojado en un valle cuatro leguas de
los dos,

Murcia, una noche, por entretenerse, sentados
drés
al

Anla

pié de un alcornoque,

Clemente

al

de una encina,

cada uno con una guitarra, convidados del silencio de

noche, comenzando Andrés y respondiendo Clemente, cantaron estos versos
ANDRÉS.

Con que

Mira, Clemente, esta noche
el dia,

el estrellado
fría

velo

Compite con

De

luces bellas adornado

el

cielo

;

Y

en esta semejanza, alcanza,

Si tanto tu divino ingenio

Aquel

rostro figura
asiste el

Donde

extremo de hermosura.

CLEMENTE.

Donde

asiste el

extremo de hermosura,

adonde la Preciosa Honestidad hermosa Con todo extremo de bondad

Y

se apura,

,

, ,

,

;

,

,

64

NOVELAS EJEMPLARES.
En un sugeto cabe, Que no hay humano
Si

ingenio que

le

alabe,

no toca en divino
alto,

En

en raro, en grave y peregrino.

ANDRÉS.

En

alto,

en raro, en grave y peregrino

Estilo,

nunca usado,
igual
!

AI cielo levantado, Por dulce al mundo, y sin Tu nombre, ¡oh Gitanilla
,

camino.

Causando asombro espanto y maravilla La fama yo quisiera

Que

le llevara

hasta la octava esfera.

CLEMENTE.

Que

le llevara

hasta

la

octava esfera

Fuera decente y justo

Dando á los cielos gusto Cuando el son de su nombre

allá se

oyera,

Y

en

la tierra
el

causara

Por donde

dulce nom.bre resonara

Música en los oidos, Paz en las almas gloria en
,

los sentidos.

ANDRÉS.

Paz en

las

almas

,

gloria

en

los sentidos

Se siente cuando canta
sirena, que encanta adormece á los más apercebidos tal es mi Preciosa, Oue es lo menos que tiene ser hermosa Dulce regalo mió, Corona del donaire honor del brío.

La

Y Y

:

,

CLEMENTE.

Corona
Eres
,

del donaire,

honor

del brío

bella

Gitana
la

,

Frescor de

mañana,
el

Céfiro blando en

ardiente estío

,

LA GITANILLA.
Convierte

65

Rayo con que amor ciego el pecho más de nieve en fuego;
satisface.

Fuerza que ansí la hace, Oue blandamente mata y

Señales iban

dando de no acabar tan presto
la

el libre

y

el

cautivo,
las

si

no sonara á sus espaldas

voz de Preciosa, que
el oiría,

suyas habia escuchado. Suspendiólos

y

sin

moque
para

verse, prestándola maravillosa atención, la escucharon; ella

(no

si

de improviso, ó

si

en algún tiempo

los versos

cantaba

le

compusieron) con extremada gracia,

como
:

si

responderles fueran hechos , cantó los siguientes

En

esta
el

empresa amorosa

Donde

amor entretengo, Por mayor ventura tengo

Ser honesta que hermosa.

La que
Si la

es

más humilde

planta,

subida endereza

Por gracia ó naturaleza,

A

los cielos se levanta.

En

este

mi bajo cobre,
falte

Siendo honestidad su esmalte,

No

hay buen deseo que

Ni riqueza que no

sobre.

No me causa No quererme 6

alguna pena no estimarme;

Oue yo pienso fabricarme Mi suerte y ventura buena.
Haga yo

Oue

á ser
el

lo que en mí es, buena me encamine,

Y

haga

cielo

y determine

Lo que

quisiere después.

Ouiero ver si la belleza Tiene tal prerogativa, Que me encumbre tan arriba, Oue aspire á mayor alteza.
Si las

almas son iguales,
de un labrador

Podrá

la

66

NOVELAS EJEMPLARES.
Igualarse por valor

Con

De

Me
No
Aquí

que son imperiales. mia lo que siento sube á grado mayor,
las la

Porque majestad y amor tienen un mismo asiento.

dio fin Preciosa á su canto, y Andrés y

Clemente

se levantaron á recebirla.

Pasaron entre
las

los tres discretas ra-

zones, y Preciosa descubrió en

suyas su discreción, su

honestidad y su agudeza, de

tal

manera, que en Clemente

halló disculpa la intención de Andrés,
ces

que aun hasta enton-

no

la

habia hallado, juzgando más á mocedad que á

cordura su arrojada determinación.

Aquella mañana
en un lugar de

se levantó el aduar,

y

se fueron á alojar
tres

la jurisdicion

de Murcia,

leguas de la
le

ciudad , donde

le

sucedió á Andrés una desgracia que
la vida,

puso

en punto de perder

y fué, que después de haber dado

en aquel lugar algunos vasos y prendas de plata en fianzas, como tenian de costumbre, Preciosa y su abuela, y Cristina

Clemente y Andrés, se alojaron en un mesón de una viuda rica, la cual tenia una
con otras dos
gitanillas,

y

los dos,

hija de

edad de diez y

siete

ó diez y ocho años, algo más

desenvuelta que hermosa, y por más señas se llamaba Juana Carducha. Esta, habiendo visto bailar á las gitanas y gitanos, la

tomó

el

diablo, y se

enamoró de Andrés

tan fuertesi

mente, que propuso de decírselo y tomarle por marido,
él quisiese,

aunque á todos

sus parientes les pesase;

y

así

buscó coyuntura para decírselo, y hallóla en un corral donde

Andrés habia entrado á requerir dos
y con priesa, por no ser vista,
su
le dijo
:

pollinos. Llegóse á él,

«Andrés (que ya sabia

nombre), yo soy doncella y

rica,

que mi madre no tiene

»

LA GITANILLA.
Otro hijo sino á mí, y este
tiene

67
suyo, y

mesón

es

amén
:

desto,

muchos majuelos y
si

otros dos pares de casas

hasme

parecido bien;

me

quieres por esposa, en

está, respón-

deme

presto; y

si

eres discreto, quédate, y verás

qué vida

nos damos.))

Admirado quedó Andrés de
y con
cella,
la

la

resolución de la Carducha,
:

presteza que ella pedia le respondió

«Señora donlos gitanos
la

yo estoy apalabrado para casarme, y
:

no

nos casamos sino con gitanas

guárdela Dios por

merced

que

me
la

quería hacer, de que yo no soy digno.
la

No
con
viera

estuvo en dos dedos de caerse muerta

Carducha
si

aceda respuesta de Andrés, á quien replicara,
el corral otras gitanas. Salióse

no

que entraban en

corrida

y asendereada, y de buena gana
drés,

se

vengara

si

pudiera.

An-

como

discreto, determinó de

poner

tierra

en medio y

desviarse de aquella ocasión

que

el

diablo le ofrecía; que
sin los lazos

bien leyó en los ojos de

la

Carducha que

ma-

trimoniales se le entregara á toda su voluntad, y no quiso
verse pié á pié y solo en aquella estacada; y así pidió á to-

dos los gitanos que aquella noche se partiesen de aquel lugar.
Ellos,

que siempre

le

obedecían, lo pusieron luego por obra,

y cobrando sus fianzas aquella tarde, se fueron.

La Carducha,
cumplimiento

que vio que en
y que no
le

irse

Andrés

se le iba la

mitad de su alma,

quedaba tiempo para

solicitar el

de sus deseos, ordenó de hacer quedar á Andrés por fuerza,

ya que de grado no podía; y
secreto

así,

con

la industria,

sagacidad y
las alhajas

que su mal intento
ella

le

enseñó, puso entre

de Andrés, que

conoció por suyas, unos ricos corales v

dos patenas de plata, con otros brincos suyos; y apenas habían salido del mesón, cuando dio voces, diciendo que aque-

68
líos

NOVELAS EJEMPLARES.
gitanos le llevaban robadas sus joyas
,

á cuyas voces acudió

la justicia

y toda

la

gente del pueblo. Los gitanos hicieron

alto,

y todos juraban que ninguna cosa llevaban hurtada, y
ellos

que

harian patentes todos los sacos y repuestos de su

aduar. Desto se congojó

mucho

la

gitana vieja, temiendo
dijes

en aquel escrutinio no se manifestasen los
ciosa

de

la

Pre-

y

los vestidos

de Andrés, que

ella

con gran cuidado

y recato guardaba; pero la buena de la Carducha lo remedió con mucha brevedad todo, porque al segundo envoltorio

que miraron

dijo

que preguntasen cuál era
ella

el

de aquel gitano

gran bailador, que

habia visto entrar en su aposento dos

veces, y que podria ser que aquel las llevase. Entendió

An-

drés que por él lo decia, y riéndose, dijo
ésta es

:

«Señora doncella,
si

mi recámara y
en
él lo

éste es

mi

pollino;
lo

vos halláredes
las se-

en

ella ni

que

os falta,

yo os

pagaré con

tenas, fuera de sujetarme al castigo
nes.
el
»

que
de

la ley

da á

los ladro-

Acudieron luego

los ministros

la justicia á desbalijar
el

pollino,

y á pocas vueltas dieron con

hurto, de que quedó

tan espantado
estatua sin

Andrés y tan absorto, que no pareció sino voz, de piedra dura. «¿No sospeché yo bien? dijo

á esta sazón la Carducha; mirad con

qué buena cara

se

en-

cubre un ladrón tan grande.» El Alcalde, que estaba presente,

comenzó

á decir mil injurias á

Andrés y

á todos los

gitanos, llamándolos de públicos ladrones y salteadores de

caminos.

A
á él

todo callaba Andrés, suspenso é imaginativo, y no acala traición

baba de caer en

de

la

Carducha.

En

esto se llegó
:

un soldado bizarro, sobrino
ha quedado
el

del Alcalde, diciendo

«¿No

veis cuál se

gitanico podrido de hurtar?
el

Apos-

taré

yo que hace melindres y que niega

hurto, con ha-

LA GITANILLA.
bérsele cogido en las

69
os echa

manos; que bien haya quien no
si

en galeras á todos. Mirad
ellas,

estuviera mejor este bellaco en

sirviendo á su Majestad, que no andarse bailando de

lugar en lugar y hurtando de venta en monte.

A

fe

de sol-

dado, que estoy por darle una bofetada que
piésp)

le

derribe á mis

y diciendo

esto, sin

más

ni

más

alzó la

mano

y

le

dio un bofetón

tal,

que

le

hizo volver de su embelesamiento

y

le

hizo acordar que no era Andrés Caballero, sino don
al

Juan y caballero; y arremetiendo
teza y

soldado con

mucha presla

más

cólera, le arrancó su
el

misma espada de
él

vaina,
tierra.
el tio

y

se la

envainó en
el
el

cuerpo, dando con

muerto en

Aquí fué
alcalde, aquí
verla
el

gritar del pueblo, aquí el

amohinarse

desmayarse Preciosa, y
el

el

turbarse Andrés de
las

desmayada; aquí
la

acudir todos á

armas y dar

tras

homicida. Creció

dir

Andrés

al

confusión, creció la grita, y por acudesmayo de Preciosa, dejó de acudir á su

defensa; y quiso la suerte que
sastrado suceso,

Clemente no

se hallase al

de-

que con

los bagajes

había ya salido del pue-

blo; finalmente, tantos cargaron sobre

Andrés, que

le

pren-

dieron y

le

aherrojaron con dos

muy
si

gruesas cadenas. Bien
estuviera en su

quisiera el Alcalde ahorcarle luego,

mano;

pero hubo de remitirle á Murcia, por ser de su jurisdicion.

No

le

llevaron hasta otro dia, y en el que

allí

estuvo pasó

Andrés muchos martirios y vituperios, que
Alcalde y sus ministros y todos los del lugar

el

indignado
hicieron.

le

Prendió

el

Alcalde todos

los

más

gitanos y gitanas que pudo,
ellos

porque
ser

los

más huyeron, y entre

Clemente, que temió
la

cogido y descubierto. Finalmente, con

sumaria del
el

caso y con una gran cáfila de gitanos, entraron

Alcalde

y sus ministros, con otra

mucha

gente armada, en Murcia,

70

NOVELAS EJEMPLARES.
el

entre los cuales iba Preciosa y

pobre Andrés, ceñido de

cadenas sobre un
Salió toda

macho y con

esposas y piedeamigo.

Murcia

á ver los presos,

que ya

se tenia noticia

de

la

muerte

del soldado.

Pero

la

hermosura de Preciosa

aquel dia fué tanta, que ninguno la miraba, que no la bendecia, y llegó la

nueva de su belleza á

los oidos

de

la

señora

Corregidora, que por curiosidad de verla hizo que
regidor, su marido,

el

Cor-

mandase que aquella Gitanica no entrase
los

en

la cárcel,

y todos

demás

sí,

y á Andrés

le

pusieron

en un estrecho calabozo, cuya escuridad y
de Preciosa
de
allí

la falta

de

la

luz

le trataron

de manera, que bien pensó no

salir

sino para la sepultura. Llevaron á Preciosa con su
la
la

abuela a que

Corregidora

la viese,

v

así

como

la vio, dijo:
sí,

«Con razón

alaban de hermosa»; y llegándola á

la

abrazó tiernamente y no se hartaba de mirarla, y preguntó á su abuela que qué edad tendria aquella niña. «Quince
años, respondió la gitana, dos meses

más ó menos.

— Esos
la

tuviera agora la desdichada de

mi Costanza;

¡ay,

amigas! que esta niña
Corregidora.

me

ha renovado mi desventura»,

dijo

Tomó
decia
:

en esto Preciosa

las

manos de

besándoselas

muchas

veces, se las
el

Corregidora, y bañaba con lágrimas y le
la

«Señora mia,

gitano que está preso no tiene culpa,
;

porque fué provocado
ronle

llamáronle ladrón y no lo es
rostro,

;

dié-

un bofetón en su
la

que

es tal,

que en

él se

des-

cubre
sois,

bondad de su ánimo. Por Dios y por quien vos señora, que le hagáis guardar su justicia, y que el seél el

ñor Corregidor no se dé priesa á ejecutar en

castigo

con que

las leyes le

amenazan; y

si

algún agrado os ha dado
el

mi hermosura, entretenelda con entretener

preso, porque

»

LA GITANILLA.
en
el

7I

hn de su vida

está el de la mía. El

ha de

ser

mi

esposo,

y justos y honestos impedimentos han estorbado que aun hasta agora no nos habemos dado las manos; si dineros
fueren menester para alcanzar perdón de la parte, todo
nuestro aduar se venderá en pública almoneda, y se dará

aún más de

lo

que pidieren. Señora mia,
le tuvisteis,

si

sabéis

qué

es

amor, y algún tiempo

y ahora
tierna y

le tenéis

á vuestro
al

esposo, doleos de mí, que

amo

honestamente

mió.

En

todo

el

tiempo que esto decia Preciosa, nunca
ni apartó los ojos

la

dejó las

manos

de mirarla atentísimamente,

derramando amargas y piadosas lágrimas en mucha abundancia asimismo la Corregidora la tenia á ella asida de las
;

suyas, mirándola ni

menos, con no menor ahinco y con no más pocas lágrimas. Estando en esto, entró el Cor-

más

ni

regidor, y hallando á su

mujer y á Preciosa tan
así

llorosas

y tan de su
la

encadenadas, quedó suspenso,

de su llanto

como
la
:

hermosura; preguntó

la

causa de aquel sentimiento, y

respuesta que dio Preciosa fué soltar las

manos de

Corre«Señor,

gidora y asirse de los pies del Corregidor, diciéndole
misericordia,
misericordia;
si

muerta;
pena; y

él
si

no tiene culpa,
esto

mi esposo muere, yo soy pero si la tiene, déseme á mí la
menos entreténgase
los
el

no puede
se

ser, á lo

pleito en tanto

que

procuran y buscan
al

medios posibles

para su libertad; que podrá ser que
licia le

que no pecó de ma-

enviase

el

cielo la salud de gracia.»
el

Con nueva

suspensión quedó

Corregidor de oir
si

las

discretas razones de la Gitanilla, y

que ya,

no fuera por
sus lágrimas.

no dar indicios de flaqueza,

le

acompañara en

En

tanto que esto pasaba, estaba la gitana vieja considerando

72
grandes,

NOVELAS EJEMPLARES.
muchas y
diversas cosas, y al cabo de toda esta
:

suspensión y imaginación, dijo
des, señores mios,

«Espérenme vuesas merceestos llantos se
así,

un poco; que yo haré que

conviertan en

risa,

aunque

á

mí me

cueste la vida;» y

con

ligero paso se salió de

donde estaba, dejando

á los presentes

confusos de lo que dicho habia.

En

tanto, pues,

que

ella volvia,

nunca dejó Preciosa

las

lágrimas, ni los ruegos de que se entretuviese la causa de su
esposo, con intención de avisar á su padre que viniese á en-

tender en

ella.

Volvió

la

gitana con un pequeño cofre debajo

que con su mujer y ella se entrasen en un aposento; que tenia grandes cosas que decirdel brazo, y dijo al Corregidor
les

en secreto. El Corregidor, creyendo que algunos hurtos
los gitanos

de

queria descubrirle por tenerle propicio en
al

el

pleito del preso,

momento
les

se

retiró

con

ella

y con su

mujer en su recámara, adonde
dillas

la gitana,

hincándose de ro-

ante los dos,

dijo

:

«Si las

buenas nuevas que os
el el

quiero dar, señores, no merecieren alcanzar en albricias

perdón de un gran pecado mió, aquí estoy para recibir
castigo

que quisiéredes darme; pero antes que

le confiese,

quiero que

me

digáis, señores, primero,

si

conocéis estas

joyas;» y descubriendo un cofrecito, donde venian las de Preciosa, se le

puso en

las

manos

al

Corregidor, y en abrién-

dole, vio aquellos dijes pueriles, pero

no cayó en

lo

que

podian

significar.
la

Mirólos también
cuenta; sólo dijo
:

la

Corregidora, pero

tampoco dio en

«Estos son adornos de

alguna pequeña criatura.

— Así

lo

y de qué criatura sean, dice ese escrito que está en ese papel doblado.» Abrióle
es la

verdad, dijo

la gitana;

con priesa

el

Corregidor, y leyó que decia

:

hlamábase

la

LA GITANILLA.

73

nma

doña Constanza de Acevedo

y

de Menéses ; su madre, doña

Guiomar de Menéses, y su padre don Fernando de Acevedo,
caballero del hábito de Calatrava. Desparecíla día de la
censión del Señor, quinientos

Asmil y

á

las ocho de la ?n anana, del año de
cifico;

y noventa y

traia la

nma
las

puestos estos brin-

cos que en este cofre están

guardados.

Apenas hubo oido
cuando reconoció

la

Corregidora

razones del papel,
la

los brincos, se los

puso á

boca, y dánel

doles infinitos besos, se cayó desmayada.

Acudió

Corre-

gidor á

ella antes

que á preguntar
sí,

á la gitana por su hija, y

habiendo vuelto en

dijo

:

^(

Mujer buena,

antes ángel

que

gitana, ¿adonde está
estos dijes?

el

dueño, digo,

la criatura

cuyos eran

— ¿Adonde,
la tenéis;

señora? respondió la gitana; en vuestra casa

aquella Gitanica que os sacó las lágrimas de los

ojos es su
la

dueño, y

es sin

duda alguna vuestra
el

hija,

que yo

hurté en Madrid de vuestra casa,

dia y hora

que

ese

papel dice.»

Oyendo

esto la turbada señora, soltó los cha-

pines, y desalada y corriendo salió á la sala,

donde habia

dejado á Preciosa, y hallóla rodeada de sus doncellas y criadas, todavía llorando; arremetió á ella, y sin decirle nada,

con gran priesa

le

desabrochó

el

pecho, y miró

si

tenia de-

bajo de la teta izquierda una señal pequeña, á

modo

de lunar

blanco, con que habia nacido, y hallóle ya grande, que con
el

tiempo

se

habia dilatado; luego con

la

misma
era,

celeridad

la

descalzó, y descubrió un pié de nieve y de marfil, hecho

á torno, y vio en él lo

que buscaba, que
el

que

los
el

dos
otro

dedos últimos del pié derecho se trababan
por medio, con un poquito de carne,
la

uno con

cual,

cuando niña,

nunca

se la

habían querido cortar por no darle pesadumbre.

74
El pecho,
la

NOVELAS EJEMPLARES.
los

dedos, los brincos,
el

el

dia señalado del hurto,

confesión de la gitana, y

sobresalto y la alegría

que ha-

bían recebido sus padres cuando la vieron, con toda la ver-

dad confirmaron en
su hija; y
así,

el

alma de

la

Corregidora

ser Preciosa
ella

cogiéndola en sus brazos, se volvió con
la

adonde

el

Corregidor y

gitana estaban.

Iba Preciosa confusa, que no sabia á qué efecto se hablan

hecho con

ella aquellas diligencias,

y más viéndose llevar en

brazos de la Corregidora, y que le daba de un beso hasta ciento. Llegó en fin con Preciosa doña Guiomar á la presencia de su marido, y trasladándola de sus brazos á los del

Corregidor,

le dijo

:

«

Recebid, señor, á vuestra hija Costanza,
:

que
que

ésta es sin
la señal

duda

no

lo dudéis, señor, en
la del

ningún modo;
visto;

de los dedos ¡untos y

pecho he
el

y

más, que á mí

me

lo está diciendo el

alma desde

instante

que mis ojos

la vieron.
el

— No

lo

dudo, respondió

Corregidor, teniendo en sus
efetos

brazos á Preciosa, que los
la

mismos

han pasado por

mia que por

la vuestra;

y más, que tantas puntualidades

juntas
la

¿cómo podían

suceder,

no fuera por milagro? n Toda
que

gente de casa andaba absorta, preguntando unos á otros
seria aquello,

qué

y todos daban bien

lejos del blanco;

¿quién había de imaginar que

la Gitanilla era hija

de sus

señores? El Corregidor dijo á su mujer y á su hija y á la

gitana vieja que aquel caso estuviese secreto hasta que
descubriese, y asimismo dijo á la vieja que
el él la

él le

perdonaba
la

agravio que

le

había hecho en hurtarle

el

alma, pues

recompensa de habérsela vuelto mayores

albricias merecía,

y que sólo le pesaba que sabiendo ella la calidad de Preciosa, la hubiese desposado con un gitano, y más con un

LA GITANILLA.

75
matador; pero

ladrón y homicida. «¡Ay! dijo á esto Preciosa, señor mió,

que

ni es gitano ni ladrón, puesto

que

es

fuélo del

que

le

quitó la honra, y no

pudo hacer menos
mia?»

de mostrar quién era y matarle.

— ¿Cómo?

¿que no

es

gitano, hija

dijo

doña
la his-

Guiomar. Entonces
toria

la gitana vieja

contó brevemente

de Andrés Caballero, y que era hijo de don Francisco de Cárcamo, caballero del hábito de Santiago, y que se lla-

maba don Juan de Cárcamo, asimismo
cuyos vestidos
ella tenia,
el

del

mismo
los

hábito,

de cuando

los

mudó en

de gitano.

Contó también
estaba

concierto que entre Preciosa y don Juan

hecho de aguardar dos años de probación para des-

posarse ó no; puso en su punto la honestidad de entrambos

y

la

agradable condición de don Juan. Tanto se admiraron

desto

como
así,

del hallazgo de su hija,

y

mandó

el

Corregidor
ella lo

á la gitana

que fuese por

los vestidos

de don Juan;
los trujo.

hizo

y volvió con otro gitano, que

En

tanto que ella iba y volvia, hicieron sus padres á Pre-

ciosa cien mil preguntas, á quien respondió con tanta discre-

ción y gracia, que aunque no la hubieran reconocido por
hija, los

enamorara. Preguntáronla
:

si

tenia alguna afición a
le

don Juan

respondió que no más de aquella que

obligaba

á ser agradecida á quien se habiá querido humillar á ser gi-

tano por

ella;

pero que ya no se ¡extenderia á más

el

agra-

decimiento de aquello que sus señores padres quisiesen.
((Calla,

hija Preciosa, dijo su padre
se te

(que

este

nombre
á cargo

de Preciosa quiero que

quede en memoria de tu pér-

dida y de tu hallazgo); que yo,
el

como

tu padre,

tomo

ponerte en estado que no desdiga de quien eres.» Suspiró,
esto. Preciosa, y su

oyendo

madre, como era

discreta, en-

NOVELAS EJEMPLARES.

tendió que suspiraba de enamorada de don Juan, y dijo á su

marido: «Señor, siendo tan principal don Juan de Cárcamo

como

hija, no nos y queriendo tanto á nuestra mal dársela por esposa. » Y él respondió « Aun hoy
lo es,
:

estaria
la

ha-

bemos

hallado, ¿y ya queréis que la perdamos?

Gocémosla

algún tiempo; que en casándola no será nuestra, sino de su
marido.

— Razón

tenéis, señor, respondió ella;
,

pero dad orden

de sacar á don Juan

que debe de

estar

en algún calabozo.

Sí estará, dijo Preciosa;
le

sobre todo, gitano, no

que á un ladrón, matador, y habrán dado mejor estancia.

— Yo

quiero

ir

á verle,
el

como que

le

voy á tomar

la

confesión, respondió

Corregidor, y de nuevo os encargo,

señora, que nadie sepa esta historia hasta que yo lo quiera.»

Y

abrazando á Preciosa, fué luego á

la cárcel

y entró en

el

calabozo donde don Juan estaba, y no quiso que nadie entrase
las

con

él.

Hallóle con entrambos pies en un cepo y con

esposas á las

manos, y que aun no
la estancia escura,

le

hablan quitado

el

piedeamigo. Era

pero hizo que por arriba

abriesen una lumbrera, por donde entraba luz,
escasa; y así

aunque
está la

muy

como

le vio, le dijo

:

«¿Cómo

buena

pieza? que así tuviera yo atraillados cuantos gitanos hay en

España, para acabar con
siera

ellos

en un dia,

como Nerón

qui-

con

Roma

el

sin dar
el
si

más de un
verdad que

golpe. Sabed, ladrón

puntoso, que yo soy
saber, de
Gitanilla
á vos,

corregidor desta ciudad, y vengo á
es es vuestra esposa

una

que viene con vosotros.» Oyendo
Corregidor
los celos

esto Andrés,

ima-

ginó que
ciosa;

se debia

haber enamorado de Presutiles,

que

son de cuerpos

y

se entran

por

otros cuerpos sin romperlos, apartarlos ni dividirlos; pero

LA GITANILLA.
con todo
esto, respondió
:

'J'J

«Si ella
si

ha dicho que yo soy su
lo soy,

esposo, es

mucha

verdad; y

ha dicho que no

tam-

bién ha dicho verdad; porque no es posible que Preciosa

diga mentira.

— ¿Tan
poco
dicho que

verdadera es? respondió

el

Corregidor; no

es

serlo, para ser gitana.
es vuestra esposa,

Ahora

bien,

mancebo;

ella

ha

pero que nunca os ha dado la
es vuestra culpa, habéis

mano; ha sabido que, según
rir

de

mo-

por

ella,

y

hame pedido que
como

antes de vuestra muerte la

despose con vos, porque se quiere honrar con quedar viuda

de un tan grande ladrón

vos.

— Pues

hágalo vuesa merced, señor Corregidor,
respondió Andrés; que
la otra vida,

como

ella lo suplica,

con

ella, iré

contento á

como yo me despose como parta desta con
el

nombre de

ser suyo.
la

— Mucho de — Tanto, respondió
debéis

querer, dijo

Corregidor.

el

preso, que á poderlo decir, no

fuera nada.

En

efeto, seiior Corregidor,
al

mi causa

se

con-

cluya; yo maté

que

me

quiso quitar
si

la

honra; yo adoro
gracia, y sé

á esa gitana: moriré contento

muero en su

que no nos ha de

faltar la

de Dios, pues entrambos habe-

rnos guardado honestamente y con puntualidad lo que nos

prometimos.

— Pues
lo

esta

noche enviaré por vos,

dijo el Corregidor,

y

en mi casa os desposareis con Preciosa, y

mañana

á

medio-

dia estaréis en la horca; con lo que yo habré

cumplido con

que pide

la justicia

y con
el

el

deseo de entrambos.» Agra-

decióselo Andrés, y

Corregidor volvió á su casa, y dio

cuenta á su mujer de

lo

que con don Juan habia pasado,

y de otras cosas que pensaba hacer.

En

el

tiempo que

él

78
faltó, dio

NOVELAS EJEMPLARES.
cuenta Preciosa á su madre de todo
el

discurso de

su vida, y de

habia creido ser gitana y ser nieta de aquella vieja; pero que siempre se habia estimado

cómo siempre

en

mucho más

de lo que de ser gitana se esperaba. Pregunle dijese la

tóle su

madre que

verdad,

si

queria bien á don

Juan de Cárcamo. Ella con vergüenza y con los ojos en el suelo le dijo que por haberse considerado gitana, y que
mejoraba su suerte con casarse con un caballero de hábito

y tan principal como don Juan de Cárcamo, y por haber visto por experiencia su buena condición y honesto trato,
alguna vez
le

habia mirado con ojos aficionados; pero que

en resolución, ya habia dicho que no tenia otra voluntad de
aquella que ellos quisiesen.

Llegóse
de

la

noche, y siendo
esposas y

casi las diez, sacaron á

Andrés
sin

la cárcel sin las

el

piedeamigo, pero no
todo
el

una

gran cadena, que desde
deste

los pies

cuerpo

le cenia.

Llegó

modo,

sin ser visto

de nadie sino de

los

que

le traian,

en casa del Corregidor, y con silencio y recato le entraron en un aposento, donde le dejaron solo; de allí á un rato entró

un

clérigo, y le dijo
dia.

que

se confesase,
:

porque habia de

morir otro

A lo cual

respondió Andrés

«De muy buena
es

gana

Y

si

me me

confesaré; pero

¿cómo no me desposan primero?
cierto

han de desposar, por

que

muy malo

el

tálamo que

me

espera.»

Doña Guiomar, que

todo esto sa-

bia, dijo á su

marido que eran demasiados
los

los sustos

que á

don Juan daba; que
diese la vida

moderase, porque podria ser perParecióle buen consejo
al al

con

ellos.

Corregi-

dor, y así entró á llamar

que
al

le

confesaba, y díjole que

primero hablan de desposar
tana, y

gitano con Preciosa la gi-

que después

se confesarla,

y que

se

encomendase

á

LA GITANILLA.

79

Dios de todo corazón, que muchas veces suele llover sus
misericordias en
ranzas.
el

tiempo que están más secas

las

espe-

En

efeto,

Andrés

salió á
el

una

sala,

donde estaban

sola-

mente doña Guiomar,
criados de casa. Pero

Corregidor, Preciosa y otros dos
á

cuando Preciosa vio

don Juan ceel rostro
el

ñido y aherrojado con tan gran cadena, descolorido

y

los ojos

con muestras de haber llorado,
al

se

le

cubrió

corazón y se arrimó

brazo de su madre, que junto á
:
^^

ella

estaba, la cual, abrazándola consigo, le dijo
tí,

Vuelve en

niña; que todo lo que ves ha de redundar en tu gusto y provecho.» Ella, que estaba ignorante de aquello, no sabia

cómo
dijo

consolarse, y la gitana vieja estaba turbada, y los cir-

cunstantes colgados del fin de aquel caso. El Corregidor
:

«Señor Tiniente-cura,

este gitano

y esta gitana son

los

que vuesa merced ha de desposar.

— Eso no
han hecho

podré yo hacer,
tal

si

no preceden primero

las

circunstancias que para
las

caso se requieren.
¿

¿Dónde
la

se

amonestaciones ?

Dónde

está
el

licencia

de mi superior, para que con

ellas se

— Inadvertencia ha
pero yo haré que
el

haga

desposorio?

sido mia, respondió el Corregidor;

vicario la dé.
el

— Pues

hasta que la vea, respondió

Tiniente-cura,
palabra, porque

estos señores perdonen.))

Y sin

replicar

más

no sucediese algún escándalo,
todos confusos.

se salió de casa,

y

los dejó á

«El padre ha hecho

muy

bien, dijo á esta sazón

el

Cor-

regidor, y podría ser fuese providencia del cielo ésta para

que

el

suplicio de

Andrés

se dilate,

porque en efeto

él

se
las

ha de desposar con Preciosa, y han de preceder primero

8o
amonestaciones
,

NOVELAS EJEMPLARES.
donde
se dará

tiempo

al

tiempo

,

que suele

dar dulce salida á

muchas amargas
Andrés,
si

dificultades;
la suerte

y con todo

esto, querria saber de

encaminase sus
se

sucesos de
llase

manera que

sin estos sustos
¿si se

y sobresaltos

ha-

esposo de Preciosa,

tendría por dichoso, ya siendo

Andrés Caballero ó ya don Juan de Cárcamo?» Así como
oyó Andrés nombrarse por su nombre,
ciosa
dijo
:

«Pues Pre-

no ha querido contenerse en

los límites del silencio

ha descubierto quién soy, aunque esa buena dicha
llara

me

y ha,

hecho monarca

del

mundo,

la tuviera

en tanto, que

pusiera término á mis deseos, sin osar desear otro bien sino
el

del cielo.

— Pues por
esperanza por

ese

buen ánimo que habéis mostrado, señor
á su

don Juan de Cárcamo,

tiempo haré que Preciosa sea

vuestra legítima consorte, y agora os la doy y entrego en
la

más

rica joya de

mi

casa y de

mi vida y
ella os
si

de mi alma, y estimadla en lo que decis, porque en

doy á doña Costanza de Menéses, mi única
os iguala en el

hija, la cual,
linaje. le
>)

amor, no os desdice nada en
el

Atónito quedó Andrés, viendo

amor que

mostraban,

y en breves razones doña Guiomar contó la pérdida de su hija y su hallazgo, con las certísimas señas que la gitana vieja
habia dado de su hurto; con que acabó don Juan de quedar
atónito y suspenso; pero alegre sobre todo encarecimiento,

abrazó á sus suegros, llamólos padres y señores suyos, y besó
las

manos

á Preciosa,
el

que con lágrimas
,

le

pedia

las suyas.

Rompióse
de

secreto

salió la

nueva

del caso
;

con

la salida

los criados
el

que hablan estado presentes

el

cual sabido

por

Alcalde, tio del muerto, vio tomados los caminos de

su venganza, pues

no habia de tener lugar

el

rigor de la

LA GITANILLA.
justicia para ejecutarla en el

8

I

yerno del Corregidor. Vistióse
allí

don Juan
tana
;

los vestidos
las

de camino que

habia traido

la gi-

volviéronse

prisiones y cadenas de hierro en liber-

tad y cadenas de oro, la tristeza de los gitanos presos en
alegría, pues otro dia los dieron en fiado. Recibió
el tio

del

muerto

la

promesa de dos mil ducados que
la

le

hicieron porel

que bajase de

querella y perdonase á don Juan,
le

cual,

no olvidándose de su camarada Clemente,
pero no
le

hizo buscar;
allí

hallaron ni supieron del hasta que desde

cuatro dias tuvo nuevas ciertas que se habia embarcado en

una de dos galeras de Genova, que estaban en

el

puerto de

Cartagena y ya se habian partido. Dijo el Corregidor á don Juan que tenia por nueva cierta que su padre don Francisco de
lla

Cárcamo

estaba proveido por corregidor de aque-

ciudad, y que sería bien esperalle para que con su bene-

plácito y consentimiento se hiciesen las bodas.
dijo

Don Juan
li-

que no

saldría de lo

que

él

ordenase, pero que ante

todas cosas se habia de desposar con Preciosa. Concedió

cencia

el

Arzobispo para que con sola una amonestación
fiestas

se
el

hiciese.

Hizo

la

ciudad, por ser

muy
el

bienquisto

Corregidor, con luminarias, toros y cañas,

dia del des-

posorio; quedóse la gitana vieja en casa, que no se quiso apartar

de su nieta Preciosa. Llegaron

las

nuevas á

la corte del

caso y casamiento de la Gitanilla; supo don Francisco de Cár-

camo
él

ser su hijo el gitano,

y

ser la Preciosa la Gitanilla
él la

que

habia visto, cuya hermosura disculpó con
le

liviandad

de su hijo, que ya

tenia por perdido, por saber

que no

habia ido á Flándes, y
el

más porque

vio cuan bien le estaba

casarse con hija de tan gran caballero y tan rico

como
por

era

don Fernando de Acevedo. Dio priesa

á su partida

82

NOVELAS EJEMPLARES.
ya

llegar presto á ver á sus hijos, y dentro de veinte dias

estaba en

Murcia

;

con cuya llegada

se

renovaron

los

gus-

tos, se hicieron las bodas, se
tas

contaron

las

vidas, y los poe-

de

la

ciudad, que hay algunos y
el

muy

buenos, tomala sin

ron á cargo celebrar

extraño caso, juntamente con
tal

igual belleza de la Gitanilla; y de

manera

escribió el fa-

moso
la

licenciado Pozo, que en sus versos durará la

fama de

Preciosa mientras los siglos duraren.

Olvidábaseme de decir cómo
descubrió á
el

la

enamorada mesonera

la justicia

no

ser

verdad lo del hurto de Andrés
su culpa, á quien no resla alegría del

gitano, y confesó su

amor y
la

pondió pena alguna, porque en
los

hallazgo de
la

desposados se enterró

venganza y resucitó

cle-

mencia.

FIN

DE

I.

A GITANILLA.

EL

AMANTE

LIBERAL.

"¡Oh lamentables
nados defensores! Si

ruinas de la desdichada Nicosia, ape-

nas enjutas de la sangre de vuestros valerosos y

mal afortu-

como

carecéis de sentido, le tuviérades

ahora, en esta soledad donde estamos pudiéramos lamen-

juntamente nuestras desgracias, y quizá el haber hallado compañía en ellas aliviaria nuestro tormento. Esta esperanza
tar

os

puede haber quedado, mal derribados torreones, que otra

vez, aunque no para tan justa defensa

como

la

en que os

derribaron, os podéis ver levantados;

mas yo, desdichado,

¿qué bien podré esperar en

la

miserable estrecheza en que

me

hallo,

aunque vuelva
veo? Tal es

al

estado en que estaba antes deste

en que

me

mi

desdicha, que en

la libertad fui

sin ventura,

y en

el

cautiverio ni la tengo ni la espero.»^

Estas razones decia un cautivo cristiano, mirando desde

un recuesto
y
así

las

murallas derribadas de
ellas,

la

ya perdida Nicosia,

hablaba con

y hacia comparación de sus miserias á
fueran capaces de entenderle
:

las.

suyas,

como

si ellas

propria

condición de afligidos, que llevados de sus imaginaciones,

hacen y dicen cosas ajenas de toda razón y buen discurso.

En

esto salió de

un pabellón ó tienda, de cuatro que

esta-

84

NOVELAS EJEMPLARES.

ban en aquella campana puestas, un turco, mancebo de

muy

buena disposición y
dijo
:

gallardía, y llegándose al cristiano, le
te traen

«Apostaria yo, Ricardo amigo, que

por estos

lugares tus continuos pensamientos.
Sí traen,

respondió Ricardo (que éste era

el

nombre
han

del cautivo);

mas ¿qué aprovecha,

si

en ninguna parte á
,

do vov hallo tregua ni descanso en

ellos

antes

me

los
?

acrecentado estas ruinas que desde aquí se descubren

— Por
si

las

de Nicosia dirás, dijo
cuáles quieres
los ojos

el

turco.

— Pues ¿por
— Bien

que

lo diga, repitió se ofrezcan
el

Ricardo,
?

no hay otras que á

por aquí

tendrás que llorar, replicó
;

turco,
,

si

en esas

contemplaciones entras
años, á esta

porque

los

que vieron

habrá dos

nombrada y

rica isla de

Chipre en su tranquili-

dad y sosiego, gozando sus moradores en ella de todo aquello que la felicidad humana puede conceder á los hombres, y ahora
los

ven ó contemplan, ó desterrados

della, ó

en

ella

cautivos y miserables,

¿cómo podrán
las

dejar de

no dolerse de

su calamidad y desventura? Pero dejemos estas cosas, pues

no llevan remedio
si le

,

y vengamos á

tuyas , que quiero ver
la

tienen

;

y

así te

ruego por

lo

que debes á

buena vo-

luntad que te he mostrado, y por lo que te obliga el ser entrambos de una misma patria y habernos criado en nuestra

niñez juntos, que

me
;

digas qué es la causa que te trae tan

demasiadamente

triste

que puesto caso que

sola la del cau-

tiverio es bastante para entristecer el

corazón más alegre del
atrás

mundo,

todavía imagino que de
;

más

traen la corel

riente tus desgracias

porque
las

los generosos

ánimos como
tanto,

tuyo no suelen rendirse á

comunes desdichas
;

que

den muestras de extraordinarios sentimientos

y háceme

»

:

EL

AMANTE
que no

LIBERAL.
eres tan pobre,

85

creer esto, el saber yo

que

te falte
las

para dar cuanto pidieren por tu rescate; ni estás en
torres del

mar Negro, como
la

cautivo de consideración, que

tarde ó

nunca alcanza
la

deseada libertad.
las

Así que, no

habiéndote quitado
libre,
tras

mala suerte

esperanzas de verte

y con todo esto, verte rendido á dar miserables mueses

de tu desventura, no

mucho que imagine que
la libertad

tu

pena procede de otra causa que de
la

que

perdiste;

cual causa te suplico

me

digas

,

ofreciéndote cuanto puedo

y valgo; y quizá para que yo te sirva ha traido la fortuna este rodeo de haberme hecho vestir deste hábito, que aborrezco.
))Ya sabes, Ricardo,

que

es

mi amo

el

cadí desta ciudad

mismo que ser su obispo); sabes también lo mucho que vale y lo mucho que con él puedo juntamente
(que
es lo
;

con esto, no ignoras
morir en
este estado

el

deseo encendido que tengo de no

que parece que profeso, pues cuando

más no pueda, tengo de confesar y publicar á voces la fe de Jesucristo, de quien me apartó mi poca edad v menos entendimiento, puesto que sé que
tar la
tal

confesión

me

ha de cos-

vida; que á trueco de no perder la del alma, daré
la del

por bien empleado perder

cuerpo.

De

todo lo dicho

quiero que infieras y que consideres que te puede ser de algún provecho mi amistad y que para saber qué remedios
,

ó alivios puede tener tu desdicha, es menester que
cuentes,

me

la

como ha menester
la

el

médico

la relación del

enferdel

mo, asegurándote que
silencio.

depositaré en lo

más escondido

A todas estas
«Si así

razones estuvo callando Ricardo, y viéndose
la

obligado dellas y de

necesidad

,

le

respondió con éstas
así se

como

has acertado, ¡oh

amigo Mahamut! (que

86
llamaba
taras
el

NOVELAS EJEMPLARES.
turco), en lo

que de mi desdicha imaginas, acer-

en su remedio, tuviera por bien perdida mi libertad,

y no trocara mi desgracia con la mayor ventura que imaginarse pudiera; mas yo sé que ella es tal, que todo el mundo
podrá saber bien
en
ni
la
él

la

causa de donde procede, mas no habrá

persona que se atreva, no sólo á hallarle remedio, pero
alivio
;

y para que quedes satisfecho desta verdad, te contaré en las menos razones que pudiere pero antes

aun

;

que entre en
digas

el

confuso laberinto de mis males, quiero que
causa que Hazan-bajá,

qué

es la

mi amo, ha hecho

plantar en esta

campaña

estas tiendas

y pabellones antes de

entrar en Nicosia, adonde viene proveido por virey, ó por
bajá,

como

los turcos

llaman á

los vireyes.
,

— Yo
así

te satisfaré

brevemente

respondió

Mahamut

;

y

has de saber que es costumbre entre los turcos, que los
la

que van por vireyes de alguna provincia no entran en
ciudad donde su antecesor habita hasta que
deje hacer libremente al
él salga della,
;

y

que viene
el

la residencia

y en tanto

que

el

bajá

nuevo

la

hace,

antiguo se está en

la

campaña,
ha-

esperando lo que resulta de sus cargos,

los cuales se le

cen sin que
tades,
si

él

pueda intervenir á
lo

valerse de sobornos

y amisla resi-

ya primero no
al

ha hecho. Hecha pues
el

dencia, se la dan
,

que deja
ella se

cargo, en un pergamino

cerrado y sellado y con
Señor, que es
del

presenta á la Puerta del
el

Gran

como

decir en la corte, ante

gran Consejo

Turco

;

la cual vista

por
si

el visir

bajá y por los otros cuael

tro bajaes

menores (como

dijésemos ante
le

presidente del

Real Consejo y oidores), ó
la relación

premian ó

le
si

castigan, según

de

la

residencia; puesto que
el

viene culpado,

con dineros rescata y excusa

castigo

;

si

no viene culpado

EL
y no
le

AMANTE

LIBERAL.
,

87
con dádivas v

premian

,

como
el

sucede de ordinario

presentes alcanza
se

cargo que más se

le antoja,

porque no

dan

allí los
:

cargos y oficios por merecimientos, sino por
los

dineros
los

todo se vende y todo se compra;

proveedores de

cargos roban á los proveidos en ellos y los desuellan.
oficio

Deste

comprado

sale la sustancia
;

para comprar otro

que más ganancia promete
imperio
á lo que
sus
es violento, señal

todo va

como

digo

,

todo este
;

que prometía no

ser durable

pero,

yo creo, y

así

debe de
;

ser verdad, le tienen sobre

hombros nuestros pecados

quiero decir, los de aquellos

que descaradamente y á rienda suelta ofenden á Dios, como yo hago él se acuerde de mí por quien El es. Por la causa
:

que he dicho, pues, tu amo Hazan-bajá ha estado en
campaíia cuatro dias, y
si el

esta

de Nicosia no ha salido,

como
está

debia, ha sido por haber estado

muy

malo; pero ya
se

mejor, y saldrá hoy ó
alojar

mañana

sin

duda alguna, y

ha de

en unas tiendas que están detras deste recuesto, que tú
visto,

no has
es lo

y tu

amo
dijo

entrará luego en la ciudad; y esto
lo

que hay que saber de

que

me

preguntaste.

si

— Escucha pues,
plir lo

Ricardo; mas no

podré

cummi
que

que antes

dije,

que en breves razones

te contaria

desventura, por ser ella tan larga y desmedida, que no se

puede medir con razón alguna. Con todo esto, haré
pudiere y lo que
el

lo

tiempo diere lugar

;

y

así te

pregunto

primero
cella, á

si

conoces en nuestro lugar de Trápana una donla

quien

fama daba nombre de
Sicilia;

la

más hermosa mumás

jer

que habia en toda
las

una doncella, digo, por quien
raros

decian todas

curiosas lenguas y afirmaban los
la

entendimientos que era
tuvo
la

de más perfecta hermosura que
la

edad pasada, tiene

presente y espera tener la que

88
está

NOVELAS EJEMPLARES.
por venir
;

una por quien

los poetas

cantaban que tenia

de oro, y que eran sus ojos dos resplandecientes soles, y sus mejillas purpúreas rosas, sus dientes perlas, sus
los cabellos

labios rubíes, su garganta alabastro;

todo, y

el

y que sus partes con el todo con sus partes, hacian una maravillosa y con-

certada armonía, esparciendo naturaleza sobre todo una sua-

vidad de colores tan natural y perfecta, que jamas pudo la envidia hallar cosa en que ponerle tacha. ¡Qué! ¿es posible,

Mahamut, que ya no me has dicho quién es y cómo se llama? Sin duda creo, ó que no me oyes, ó que cuando en
Trápana
estabas, carecías de sentido.

—^En
Leonisa,

verdad, Ricardo, respondió

Mahamut, que

si

la

que has pintado con tantos extremos de hermosura no
la hija

es

de Rodolfo Florencio, no sé quién sea; que

esta sola tenia la

fama que

dices.

— Esa
go,
la

es,

¡oh

Mahamut!

respondió Ricardo; ésa

es,

ami-

causa principal de todo

mi

bien y de toda

mi desvencuen-

tura; ésa es, que no la perdida libertad, por quien mis ojos

han derramado, derraman y derramarán lágrimas
to
,

sin

y y

la la

por quien mis sospiros encienden por quien mis razones cansan
los oidos

el aire

cerca y lelas

jos,

al cielo

que

escu-

cha y á

que

las

oyen

;

ésa es por quien tú

me

has

juzgado por loco, ó por lo menos por de poco valor y
nos ánimo; esta Leonisa, para
para otro, es
la

me-

leona, y

mansa cordera

que

me

tiene en este miserable estado. Porlo

que has de saber que desde mis tiernos años, ó á
desde que tuve uso de razón, no sólo
la

menos
adoré

amé, mas

la

y serví con tanta solicitud,
ni

como

si

no tuviera en

la tierra

en

el cielo

otra deidad á quien sirviese ni adorase. Sabían

sus

deudos y sus padres mis deseos, y jamas dieron mués-

EL
tras

AMANTE
y
así

LIBERAL.

89

de que

les

pesase, considerando
;

que iban encaminados
veces sé yo que se

á fin

honesto y virtuoso

muchas

lo dijeron á Leonisa, para disponerle la

voluntad á que por

su esposo

me

recibiese,

conociendo mi calidad y nobleza;
los ojos

mas

ella,

que tenia puestos

en Cornelio,

el

hijo de
atil-

Ascanio Rótulo, que tú bien conoces (mancebo galán,

dado, de blancas manos y rizos cabellos, de voz meliflua y de amorosas palabras, y finalmente, todo hecho de ámbar y

de alfeñique, guarnecido de

telas

y adornado de brocados),
el

no quiso ponerlos en mi

rostro,

no tan delicado como

de

Cornelio, ni quiso agradecer siquiera mis
tinuos servicios
;

muchos y con-

aborrecerme

;

pagando mi voluntad con desdeñarme y y á tanto llegó el extremo de amarla, que to-

mara por partido dichoso que
aunque honestos, favores
la

me

acabara á pura fuerza de

desdenes y desagradecimientos, con que no diera descubiertos,

á Cornelio.

Mira, pues,
la

si lle-

gándose á

angustia del desden y aborrecimiento
los celos, cuál estarla

mayor
dos

y más cruel rabia de
tan

mi alma, de

mortales pestes combatida. Disimulaban los padres de
los favores

Leonisa

que á Cornelio hacia, creyendo, como
el

estaba en razón

que creyesen, que atraido
la

mozo

de su

incomparable y bellísima hermosura,
posa, y en ello granjearían yerno

escogerla por su es-

más

rico
le

que conmigo
alcanzarán
la
,

;

y
de

bien pudiera ser

,

si

así

fuera

;

pero no

sin

arrogancia sea dicho, de mejor condición que

mia,
el

ni

más
))

altos

pensamientos, ni de más conocido valor que
el

mió.

Sucedió, pues, que en

discurso de

mi

pretensión al-

cancé á saber que un dia del mes pasado de Mayo, que este
de hoy hace un año,
tres dias

y cinco horas, Leonisa y sus

padres, y Cornelio y los suyos se iban á solazar con toda su

90

NOVELAS EJEMPLARES.
al

parentela y criados
la

jardín de Ascanio, que está cercano á
las Salinas.

marina, en

el

camino de
dijo

— Bien
me

lo

sé,

Mahamut. Pasa
en
él,

adelante, Ricardo,

que más de cuatro

dias tuve

cuando Dios quiso, más

de cuatro buenos ratos.

— Súpelo,

replicó Ricardo, y al
el

mismo

instante

que

lo

una rabia y un infierno de celos con tanta vehemencia y rigor, que me sacó de mis sentidos, como lo verás por lo que luego hice, que fué irme
supe

ocupó

alma una

furia,

al

jardin

donde

me

dijeron

que estaban, y

hallé á la

más de

la

gente solazándose, y debajo de un nogal sentados á Cor-

nelio y á Leonisa,

aunque desviados un poco. Cuál
no
lo sé;

ellos
tal

quedaron de mi

vista

de mí sé decir que quedé

con

la

suya, que perdí la de mis ojos, y

me

quedé como

es-

tatua, sin voz ni

movimiento alguno; pero no tardó mucho
la cólera, la ira,

en despertar
corazón, y

el

enojo á

y

la cólera á la

sangre del
la len-

la

sangre á
las

y

la ira á las

manos y
respeto á

gua; puesto que
recer debido al

manos

se ataron

con

el

mi pala

hermoso
el silencio

rostro

que tenia delante; pero
:

lengua rompió

con

estas razones

«Contenta

estarás,

¡oh enemiga mortal de mi descanso!
la

en tener con tanto sosiego delante de tus ojos

causa que

hará que los mios vivan en perpetuo y doloroso llanto. Llégate, llégate, cruel,
inútil tronco,
llos

un poco más, y enrede tu hiedra

á ese

que

te

busca; peina ó ensortija aquesos cabete solicita;

de ese tu nuevo Ganimédes, que tibiamente
los

acaba ya de entregarte á

banderizos años dése
la

mozo

en

quien contemplas, porque perdiendo yo

esperanza de al-

canzarte, acabe con ella la vida, que aborrezco. ¿Piensas por

ventura, soberbia y mal considerada doncella, que contigo

EL
sola se

AMANTE
mundo
altivo
se

LIBERAL.

9I

han de romper y
el

faltar las leyes

y fueros que en se-

mejantes casos en
cir,

usan? ¿Piensas, quiero de-

que

ese

mozo,

por su riqueza, arrogante por su

gallardía, inexperto

por su edad poca, confiado por su linapoder, ni saber guardar firmeza en sus

je,

ha de querer,

ni

amores,
cen
lo
los

ni estimar lo inestimable, ni

conocer

lo

que cono-

maduros y experimentados años? No lo pienses, si piensas, porque no tiene otra cosa buena el mundo, sino

hacer sus acciones siempre de una

misma manera, porque
los los ricos la

no

se

engañe nadie sino por su propia ignorancia. En
la

pocos años está
bia, la vanidad

inconstancia

mucha, en
y en
los

soberel

en

los arrogantes,

hermosos

des-

den, y en

los

que todo

esto tienen, la necedad,

que

es

ma-

dre de todo mal suceso.
piensas llevar el

Y

tú,

oh mozo, que
qué no

tan á salvo

premio más debido á mis buenos deseos
te levantas dése esel

que

á los ociosos tuyos, ¿por
,

trado de flores donde yaces
tanto la tuya aborrece?

y vienes á sacarme

alma, que

Y

no porque

me
el

ofendas en lo que

haces, sino porque no sabes estimar
te

bien que la ventura

concede; y vese claro que

le

tienes en

poco, en que no

quieres moverte á defenderle por no ponerte á riesgo de

descomponer

la afeitada

compostura de tu galán

vestido. Si

esa tu reposada condición tuviera Aquíles, bien seguro es-

tuviera Ulíses de

no

salir

con su empresa, aunque más

le

mostrara resplandecientes armas y acerados alfanges. Vete,
vete, y recréate entre las doncellas de tu

madre, y

allí

ten

cuidado de tus cabellos y de tus manos, más dispuestas á devanar blando sirgo que á empuñar
))A todas estas
la

dura espada.

)

razones jamas se levantó Cornelio del lugar

donde

le hallé

sentado; antes se estuvo quedo,

mirándome

,

92

NOVELAS EJEMPLARES.
sin

como embelesado,
que
por
le dije lo

moverse; y alas levantadas voces con
se fué llegando la

que has oido,

gente que

la

huerta andaba, y se pusieron á escuchar otros más

improperios que á Cornelio

con

la

tomando ánimo gente que acudió, porque todos ó los más eran sus
le dije; el cual,

parientes, criados ó allegados, dio muestras de levantarse;

mas

antes

que

se pusiese
él,

en pié puse

mano

á

mi espada y
allí

acometíle, no sólo á

sino á todos cuantos

estaban;
le

pero apenas vio Leonisa relucir

mi

espada, cuando

tomó

un

recio

desmayo; cosa que
te

me

puso en mayor coraje y masi

yor despecho; y no

sabré decir

los

muchos que me

acometieron atendian no más de á defenderse,
se defiende de

como quien
suerte y

un loco furioso

,

ó

si

fué

mi buena

diligencia, ó el cielo,

que para mayores males queria guarsiete

darme, porque en efecto herí

ú ocho de buena

los

que

hallé

más

á

mano.

A

Cornelio

le valió

su

diligencia, pues

fué tanta la que puso en los pies, huyendo, que se escapó

de mis manos.
))

Estando en
,

este tan manifiesto peligro, cercado de
,

mis

enemigos

que ya como ofendidos procuraban vengarse

me

socorrió la ventura con

un remedio, que fuera mejor haber

dejado

allí la

vida,

que no, restaurándola por tan no pensado

camino, venir á perderla cada hora mil y mil veces; y fué, que de improviso dieron en el jardin mucha cantidad de
turcos de dos galeotas de cosarios de Biserta,
cala

que en una

que

allí

cerca estaba habían desembarcado, sin ser sen-

tidos de las centinelas de las torres de la

marina, ni descu-

biertos de los corredores ó atajadores de la costa.

Cuando

mis contrarios

los vieron,

dejándome

solo,

con presta celeel

ridad se pusieron en cobro.

De

cuantos en

jardín estaban

EL

AMANTE

LIBERAL.

no

no pudieron

los turcos cautivar

más de

á tres personas

y á

por mi mano con cuatro turcos, que de otras cuatro dejé sin vida tendidos en el suelo. Este asalto hicieron los turcos con su acostumbrada diligencia, y no muy contentos del suceso,
se fueron á

Leonisa, que aun se estaba desmayada; á mí con cuatro disformes heridas, vengadas antes

me

cogieron

embarcar, y luego se hicieron á la mar, y á vela y remo en breve espacio se pusieron en la Fabiana. Hicieron reseña por ver qué gente les faltaba, y viendo que los muertos eran
cuatro soldados de aquellos que ellos llaman levantes, y de los mejores y más estimados que traian, quisieron tomar en


la

venganza, y así mandó entena para ahorcarme.
la

el

arráez de la capitana bajar

)»Todo esto estaba mirando Leonisa, que ya habia vuelto en sí, y viéndose en poder de los cosarios, derramaba

abun-

dancia de hermosas lágrimas, y torciendo sus manos delicadas, sin hablar palabra, estaba atenta á ver si entendia lo que los turcos decian; mas uno de los cristianos del remo le
dijo

en italiano

cómo

el

arráez

mandaba ahorcar aquel
las

cristiano,

señalándome á mí, porque habia muerto en su defensa á
cuatro de los mejores soldados de
galeotas; lo cual oido

y entendido por Leonisa,

piadosa, dijo

al

vez primera que se mostró para cautivo que dijese á los turcos que no
la

ahorcasen, porque perderían un gran rescate, y que les rogaba volviesen á Trápana, que luego me rescatarían. Esta, digo, fué la primera, y aun será la última caridad que usó conmigo Leonisa, y todo para mayor mal mió. Oyendo, pues, los turcos
decia,
le

me

las

razones que

el

cautivo italiano

les

creyeron fácilmente, y mudóles el interés la cólera. Otro dia por la mañana, alzando bandera de naz, volvieron

94
á

NOVELAS EJEMPLARES.
;

Trápana

aquella noche la pasé con
el

el

dolor que imagi-

narse puede, no tanto por

que mis heridas

me

causaban,

cuanto por imaginar

el

peligro en que la cruel
estaba.

enemiga

mia entre aquellos bárbaros
«Llegados, pues,
puerto
la

como

digo, á

la

ciudad, entró en
;

el

una galeota, y
el

la otra se

quedó fuera
,

coronóse

luego todo

puerto y

la ribera

toda de cristianos

y
la

el

lindo

de Cornelio desde
pasaba.

lejos estaba

mirando

lo

que en

galeota

Acudió luego un mayordomo mió

á tratar de
tratase de

mi mi

rescate, al cual dije

que en ninguna manera

libertad, sino de la de Leonisa,

cuanto
tierra,
tar

valia

y que diese por ella todo mi hacienda; y más le ordené, que volviese á
los

y dijese á
la libertad

padres de Leonisa que

le

dejasen á

él tra-

de

por

ella.

Hecho

de su hija, y que no se pusiesen en trabajo esto, el arráez principal, que era un reneseis

gado griego llamado Yzuf, pidió por Leonisa
dos, y por
el

mil escuel

cuatro mil, añadiendo que no daria

uno

sin

otro; pidió esta gran

suma, según después supe, porque
quisiera él rescatarla,

estaba

enamorado de Leonisa, y no
que
se hiciesen

sino darle al arráez de la otra galeota, con quien había de
partir las presas

por mitad, á mí en precio de

cuatro mil escudos, y mil en dinero, que hacían cinco mil,

y quedarse con Leonisa por otros cinco mil y ésta fué la causa por que nos apreció á los dos en diez mil escudos. Los
;

padres de Leonisa no ofrecieron de su parte nada, atenidos
á la

promesa que de mí parte mi mayordomo
,

les

había he;

cho

ni Cornelio

movió

los labios

en su provecho

y

así,

después de

muchas demandas y

respuestas,

concluyó mi

mayordomo en
mil escudos.

dar por Leonisa cinco mil, y por

tres

KL
»

AMAN

1

E

LIBERAL.

95

Aceptó Yzuf

este partido, forzado de las persuasiones de
lo

su

compañero y de

que todos

sus soldados le decian

;

mas

como mi mayordomo no
ción de malbaratar

tenia junta tanta cantidad de di-

neros, pidió tres dias de término para juntarlos, con inten-

mi hacienda

hasta cumplir

el

rescate.

Holgóse desto Yzuf, pensando
sión para

hallar en este

tiempo oca-

que

el

concierto no pasase adelante, y volviéndose

á la isla de la Fabiana, dijo
tres dias, volveria

que llegado

el

término de

los

por

el

dinero. Pero la ingrata fortuna, no

cansada de maltratarme, ordenó que estando desde lo más
alto

de

la isla

puesta á

la

guarda una centinela de

los tur-

cos, bien dentro á la

mar descubrió
de

seis velas latinas,

y en-

tendió,

como

fué verdad, que debian ser ó la escuadra de
las
Sicilia.

Malta ó algunas de

Bajó corriendo á dar
los turcos

la

nueva, y en un pensamiento se embarcaron

que

estaban en tierra, cuál guisando de comer, cuál lavando su
ropa; y zarpando con no vista presteza, dieron
al

agua

los

remos y

y puestas las proas en Berbería, en menos de dos horas perdieron de vista las galeras; y así,
al

viento

las velas,

cubiertos con la

isla

y con

la

noche, que venia cerca,

se

aseguraron

del

miedo que hablan cobrado.
¡oh

A

tu

buena

consideración dejo,
cuál iria

Mahamut amigo! que

consideres

mi ánimo en aquel
;

viaje, tan contrario del

que yo
las

esperaba

y más, cuando otro dia, habiendo llegado
isla

dos

galeotas á la
los

de

la

Pantanalea por

la

parte del mediodia,

turcos saltaron

en tierra á hacer
vi

leíía

y carne,

como

ellos

dicen

;

y más cuando

que
las

los

arráeces saltaron en

tierra,

y se pusieron á hacer

partes de todas las presas
di-

que hablan hecho; cada acción destas fué para mí una
latada muerte. Viniendo, pues, á la partición

mia y de Leo-

96
nisa,

NOVELAS EJEMPLARES.

Yzuf

dio á Fetala (que así se llamaba

el

arráez de

la otra

galeota) seis cristianos, los cuatro para

el

remo, y

dos

muchachos hermosísimos, de nación
ellos,

corsos, y á
lo cual

con

por quedarse con Leonisa, de

se

con-

tentó Fetala; y

aunque estuve presente

á todo esto,
lo

nunca

pude entender
ni entendiera
tala

lo

que decian, aunque sabia
el

que hacian,
Fe-

por entonces

modo

de

la partición, si
:

no

se llegara á

mí y me

dijera en italiano
te
si

«Cristiano,

ya eres mió; en dos mil escudos de oro
quieres libertad, has de dar cuatro mil;

me han

dado;

si

no, acá morir.»

Pregúntele
sino
verla

si

era también suya la cristiana; díjome
se

que no,

que Yzuf

quedaba con
;

ella,

con intención de volera la verdad , porque

mora y

casarse con ella

y

así

me
el

lo dijo

uno de

los cautivos del

remo, que entendia bien

turquesco, y se lo habia oido tratar á

Díjele á

mi amo que

hiciese

Yzuf y á Fetala. de modo como se quedase con

la cristiana,

y que le daria por su rescate solo diez mil escudos de oro en oro. Respondióme no ser posible, pero
la

que haria que Yzuf supiese
por
la cristiana;

gran
del
así,

suma que
interese,

le

ofrecía

quizá, llevado

mudaría de
todos

intención y la rescataría. Hízolo
los
ir

y

mandó que

de su galeota se embarcasen luego, porque se quería
á Trípol de Berbería, de
irse á Biserta
;

donde

determinó
príesA

y

así se

Yzuf asimismo embarcaron con la misma
él

era.

que suelen cuando descubren ó galeras de quien
,
:

te-

mer, ó bajeles á quien robar
parecerles

movióles á darse priesa, por

que

el

tiempo mudaba con muestras de borrasca.
tierra,
al

«Estaba Leonisa en

pero no en parte que yo

la

pudiese ver, sino fué que

tiempo del embarcarnos llega-

mos

juntos á la marina. Llevábab. de la

mano

su nuevo

amo

EL

AMANTE
al

LIBERAL.

97

y SU más nuevo amante, y
puesta desde tierra á
la

entrar por la escala que estaba

galeota, volvió los ojos á
la

mirarme,

y

los

mios, que no se quitaban della,

miraron con tan

tierno sentimiento y dolor,

que

sin saber

cómo,

se

me

puso

una nube ante

ellos,

que

me

quitó la vista, y sin ella y sin
el suelo.

sentido alguno di

conmigo en

Lo mismo me
la

dije-

ron después que habia sucedido á Leonisa, porque
caer de la escala á la
tras ella

vieron

mar, y que Yzuf

se habia

echado
la

y

la

sacó en brazos. Esto

me

contaron dentro de
sin

galeota de
sintiese;

mi amo, donde me hablan puesto
volví de
la otra,

que yo

lo

mas cuando
y que

en

la galeota,

mi desmayo, y me vi solo tomando otra derrota, se apar-

taba de nosotros, llevándose consigo la mitad de

mi alma,

ó por mejor decir, toda
vo, y de nuevo maldije

ella,

cubrióseme

el

corazón de nueá la muerte á

mi ventura y llamé

voces; y eran tales los sentimientos que hacia,

que mi amo, que

enfadado de oirme, con un grueso palo
si

me amenazó

no callaba

me

maltratarla.

Reprimí
la

las

lágrimas, recogí

los suspiros,

creyendo que con

fuerza que les hacia, real

ventarían por parte que abriesen puerta

alma, que tanto
la

deseaba desamparar este miserable cuerpo; mas

suerte,
estre-

aun no contenta de haberme puesto en tan encogido
cho, ordenó de acabar con todo, quitándome
de todo
la
las

esperanzas

mi remedio; y

fué que en un instante se declaró
el

borrasca que ya se temia, y

viento, que de la parte de

Mediodía soplaba y nos embestía por la proa, comenzó á reforzar con tanto brío, que fué forzoso volverle la popa
y dejar correr
el

bajel

por donde

el

viento quería llevarle,

con harto riesgo de
fianza de sus vidas.

los

que en

él

llevaban puesta la con-

98
))

NOVELAS EJEMPLARES.
Llevaba designio
ella
el

arráez de despuntar la
del
el

isla,

y tomar
al

abrigo en

por

la

banda
porque

Norte; mas sucedióle

re-

ves su pensamiento,

viento cargó con tanta furia,
dias, en

que todo

lo

que hablamos navegado en dos

poco

más de catorce horas nos vimos á seis millas ó siete de la propia isla de donde hablamos partido, y sin remedio alguno íbamos
en unas
a embestir en ella, y

no en alguna playa, sino

muy

levantadas peñas que á la vista se nos ofrecían,
inevitable

amenazando de

muerte nuestras

vidas.

Vimos

á

nuestro lado la galeota de nuestra conserva, donde estaba Leo-

y todos sus turcos y cautivos remeros haciendo fuerza con los remos para entretenerse y no dar en las peñas. Lo
nisa,

mismo
á lo

hicieron los de la nuestra con
los

más ventaja y
la
ir

esfuerzo,

que pareció, que

de

la otra; los cuales,

cansados del

trabajo

y vencidos del tesón del viento y de

tormenta,
á vista de

soltando los remos, se abandonaron y se dejaron

nuestros ojos á embestir en las peñas, donde dio la galeota tan

grande golpe que toda
,

se hizo pedazos.
la grita

Comenzaba
que

á cerrar

la

noche, y fué tamaña

de

los

se perdían

y

el

sobresalto de los

que en nuestro
las

bajel

temian perderse, que
se

ninguna cosa de
día ni se hacia
:

que nuestro arráez mandaba
no dejar
la

entenlas

sólo se atendia á

los

remos de
al

manos
tiempo

,

tomando por remedio volver
la

proa

viento y

echar dos áncoras á
la

mar, para entretener con esto algún
cierta tenian
;

muerte que por

y aunque

el

miedo

de morir era general en todos, en

era

muy
el

al

contrario,

porque con
á la

la

esperanza engañosa de ver en
se

otro

mundo

que habla tan poco que deste
la galeota

habia apartado, cada

punto que
las

tardaba en anegarse ó en embestir en
siglo de

peñas, era para

mí un

más penosa muerte. Las

EL

AMANTE

LIBERAL.

ng

levantadas olas que por encima del bajel y de mi cabeza pasaban, me hacian estar atento á ver si en ellas venia el cuerpo

de

la

desdichada Leonisa.

))No quiero detenerme ahora, ¡oh

Mahamut!

en contarte

por

menudo

los sobresaltos, los

temores,

las ansias, los

pen-

samientos que en aquella luenga y amarga noche tuve y pase, por no ir contra lo que primero propuse, de contarte

brevemente mi desventura
y
tales,

;

basta decirte que fueron tantos

muerte viniera en aquel tiempo, tuviera bien poco que hacer en quitarme la vida. Vino el dia con
si

que

la

muestras de mayor tormenta que
el bajel

v hallamos que habia virado un gran trecho, habiéndose desviado
la
,

pasada

peñas un buen espacio, y llegádose á una punta de la isla; y viéndose tan á pique de doblarla turcos y cristianos, con nueva esperanza y fuerzas nuevas, al cabo de seis horas
las

de

doblamos

la

punta, y hallamos más blando

el

mar y más

sosegado, de

modo que más

fácilmente nos aprovechamos

remos, y abrigados con la isla, tuvieron lugar los turcos de saltar en tierra para ir á ver si habia quedado alguna
los

de

reliquia de la galeota

que
cielo

la

noche antes dio en
el

las

peñas;

mas aun no quiso

el

concederme

alivio

que espe-

el cuerpo de Leonisa, que aunque muerto y despedazado, holgara de verle, por romper aquel imposible que mi estrella me puso de juntarme con él, como mis buenos deseos merecian; así rogué á un

raba tener de ver en mis brazos

y

renegado que queria desembarcarse, que
si

le

buscase, y viese

la

mar

lo

habia arrojado á

la orilla;

pero,
al

dicho, todo esto

me

negó
el

el cielo,

pues

como ya he mismo instante
el

tornó á embravecerse
la
isla

viento de manera, que

amparo de

no fué de algún provecho. V^iendo esto Fetala, no

loo

NOVELAS EJEMPLARES.
le

quiso contrastar contra la fortuna, que tanto
así

perseguía; y

mandó poner

el

trinquete

al

árbol y hacer

un poco de

vela; volvió la proa á la
él

mar y

la

popa

al

viento, y

tomando

mismo el cargo
los

del

timón,

se dejó correr

por

el

ancho mar,
su camino.

seguro que ningún impedimento

le estorbarla

Iban

remos igualados en

la crujía,

y toda

la

gente sen-

tada por los bancos y ballesteras, sin que en toda la galeota
se descubriese otra

persona que

la del

cómitre , que por más
al estanterol.

seguridad suya se hizo atar fuertemente
el bajel

Volaba
noches,

con tanta ligereza, que en
la vista
el

tres dias

y

tres

pasando á

de Trápana, de Melazo y de Palermo,

embocó por
los

Faro de Mesina, con maravilloso espanto de
la tierra los

que iban dentro y de aquellos que desde

mi-

raban.
))En fin, por no ser tan prolijo en contar la tormenta co-

mo
tos

ella lo

fué

eij

su porfía, digo que cansados, hambrien-

y fatigados con tan largo rodeo,
de
Sicilia,

como

fué bojar casi toda

la isla

llegamos á Trípol de Berbería, donde á mi

amo

(antes de haber

hecho con

sus levantes la cuenta del
al

despojo, y dádoles lo que les tocaba, y su quinto

Rey, coque denel

mo

es

costumbre)

le

dio

un dolor de costado
él

tal,

tro de tres dias dio

con

en

el infierno.

Púsose luego

virey de Trípol en toda su hacienda, y el alcaide de los
tos

muer-

que

allí

tiene el

Gran Turco (que, como
le

sabes, es here-

dero de los que no

dejan en su muerte); estos dos toma-

ron toda

hacienda de Fetala, mi amo, y yo cupe á éste, que entonces era virey de Trípol , y de allí á quince dias le
la

vino la patente de virey de Chipre, con
hasta aquí sin intento de rescatarme
;

el

cual he venido
él

porque aunque

me

ha dicho muchas veces que

me

rescate, pues soy

hombre

EL
principal,

AMANTE

LIBERAL.

lOl

como

se lo dijeron los soldados

de Fetala, jamas
le

he acudido á

ello, antes le

he dicho que

engañaron

los

que

le

dijeron grandezas de
te

Mahamut, que
tener cosa que

diga

mi posibilidad; y si quieres, todo mi pensamiento, has de saber
via

que no quiero volver á parte donde por alguna

pueda

me

consuele, y quiero que juntándose á la

vida del cautiverio los pensamientos y memorias, que jamas

me
que

dejan, de la muerte de Leonisa,
la

vengan
;

á ser parte para

que yo no
los

tenga jamas de gusto alguno

y

si

es

verdad

continuos dolores forzosamente se han de acabar, ó

acabar á quien los padece, los mios no podrán dejar de hacerlo,
dias

porque pienso
la

darles rienda de

manera, que á pocos

den alcance á

miserable vida que tan contra

mi vo-

luntad sostengo.
))Este es,

¡oh

Mahamut hermano!
si

el triste

suceso mió;
:

ésta es la causa de

mis suspiros y de mis lágrimas
es bastante

mira tú

ahora y considera

para sacarlos de lo profundo
la

de mis entrañas, y para engendrarlos en lastimado pecho. Leonisa murió, y con

sequedad de mi

ella

mi esperanza;

que puesto que

la

que tenia

ella

viviendo, se sustentaba de

un delgado cabello,
se le

todavía... todavía...»
al

y en este todavía

pegó

la

lengua

paladar, de

manera que no pudo ha-

blar

más palabra

ni detener las lágrimas, que,
el

como

suele

decirse, hilo á hilo le corrían por

rostro en tanta

abun-

dancia, que llegaron á
ellas

humedecer

el suelo.

Acompañóle en

Mahamut;

pero pasándose aquel parasismo, causado
el

de

la

memoria renovada en
diciéndole

amargo cuento, quiso Mahas de hacer, amigo,

hamut
mas
es

consolar á Ricardo con las mejores razones que supo;
:

él las atajó,

«Lo que

aconsejarme qué haré vo para caer en desgracia de mi

I02

NOVELAS EJEMPLARES.

y de todos aquellos con quien yo comunicare, para que siendo aborrecido del y dellos, los unos y los otros me

amo

maltraten y persigan de suerte, que añadiendo dolor á dopena á pena, alcance con brevedad lo que deseo, que lor

y

es

— Ahora he

acabar

la vida.

hallado ser verdadero, dijo
lo

Mahamut,

lo

que suele decirse, que

que
el

se sabe sentir se sabe decir,
la len-

puesto que algunas veces

sentimiento enmudece
ello sea,

gua; pero como quiera que
dolor á tus palabras, ora

Ricardo, ora llegue tu

ellas se le

aventajen, siempre has

de hallar en
consejo
;

mí un verdadero amigo ó para ayuda ó para

que aunque mis pocos años y el desatino que he hecho en vestirme este hábito, están dando voces que de
ninguna destas dos cosas que
te

ofrezco se puede

fiar ni es-

perar cosa alguna, yo procuraré que no salga verdadera esta

sospecha, ni pueda tenerse por cierta

tal

opinión.

Y

puesto

que tú no quieras

ni ser aconsejado ni favorecido,

no por

eso dejaré de hacer lo que te conviniere,
cerse con el enfermo,

como

suele hale

que pide

lo

que no

le

dan, y

dan

lo

que

le

conviene.

No
el

hay en toda

esta ciudad quien
ni

pueda

ni valga

más que

Cadí,

mi amo,

aun

el

tuyo, que viene
así,

por visorey della, ha de poder tanto; y siendo esto

cola

mo

lo es,

yo puedo decir que soy

el

que más puedo en

ciudad, pues puedo con mi patrón todo lo que quiero.
esto,

Digo

porque podria

ser dar traza

con

él
el

para que vinieses á

ser suyo,

y estando en mi compañía,
á

tiempo nos dirá
si

lo

que habemos de hacer,
dieres tener consuelo,
á lo

para consolarte
salir

quisieres ó

pu-

y á mí para
la

desta á mejor vida, 6
la deje.

menos
te

á parte

donde

tenga más segura cuando

— Yo

agradezco, contestó Ricardo,

Mahamut, la amis-

EL
tad que
cieres

AMANTE

LIBERAL.
cierto

I07

me

ofreces,

aunque estoy

que con cuanto hiresulte;

no has de poder cosa que en mi provecho
las

pero dejemos ahora esto, y vamos a
lo

tiendas, porque, á
el

que veo,

sale

de

la

ciudad

mucha

gente, y sin duda es
la

antiguo virey, que sale á estarse en
gar á

campaña para dar

lu-

mi amo que
es,

— Así
las

entre en la ciudad á hacer la residencia.

dijo

Mahamut; ven
se reciben;

pues, Ricardo, y verás

ceremonias con que

que

que gustarás de

verlas.

— Vamos
menester,
si

en buen hora, dijo Ricardo; quizá
acaso
el

te

habré

guardián de cautivos de
es

mi amo me

ha echado menos, que
de no

un renegado corso de nación, y

muy

piadosas entrañas.»

Con

esto dejaron la plática,
el

y llegaron á las tiendas á tiempo que llegaba

antiguo bajá,

y

el

nuevo

le salia á

recebir á la puerta de la tienda.
así se

Venia acompañado Alí-bajá (que
dejaba
el

llamaba

el

que

gobierno) de todos

los

genízaros que de ordinario

están de presidio en Nicosia después que los turcos la ga-

naron, que serian hasta quinientos; venian en dos
hileras, los

alas

ó

unos con escopetas y los otros con alfanges desnudos. Llegaron á la puerta del nuevo bajá Hazan, la roel

dearon todos, y Alí-bajá, inclinando
cia á

cuerpo, hizo reverenle

Hazan y
,

él
el

con menos inclinación

saludó

;

luego
subie-

se entró Alí

en

pabellón de Hazan, y los turcos

le

ron sobre un poderoso caballo ricamente aderezado, y trayéndole á la redonda de las tiendas y por todo un buen espacio de
la

campaña daban voces y
,

gritos

,

diciendo en su

lengua: «¡Viva, viva Soliman-sultan, y Hazan-bajá en su nómbrelo Repitieron esto muchas veces, reforzándolas voces y los alaridos, y luego le volvieron á la tienda,

donde

I04

NOVELAS EJEMPLARES.
el

habia quedado Alí-bajá,
cerraron en
ella,

cual con

el

Cadí y Hazan
solos.

se

en-

por espacio de una hora,

Dijo

Madela

hamut

á Ricardo

que
la

se

habian encerrado á tratar de lo que
las

convenia hacer en
jaba comenzadas.

ciudad acerca de
allí

obras que
salió el

allí

De

á

poco tiempo

Cadí á

puerta de la tienda, y dijo á voces en lengua turquesca,
arábiga y griega, que todos los que quisiesen entrar á pedir
justicia, ó otra cosa contra Alí-bajá, podrían entrar libre-

mente; que

allí

estaba Hazan-bajá, á quien
les

el

Gran

Seííor

enviaba por virey de Chipre, que
justicia.
]a

Con

guardarla toda razón y esta licencia, los genízaros dejaron desocupada

puerta de

la tienda,

y dieron lugar á que entrasen
él

los

que

quisiesen.

Mahamut

hizo que entrase con
se le

Ricardo, que
entrada.

por ser esclavo de Hazan no
Entraron á pedir justicia,

impidió

la

así

griegos cristianos

como

al-

gunos turcos, y todos de cosas de tan poca importancia, que las más despachó el Cadí sin dar traslado á la parte, sin
autos,

demandas

ni respuestas;

que todas

las

causas (si no

son

las

matrimoniales) se despachan en pié y en un punto,
ley alguna; y entre

más ajuicio de buen varón que por
aquellos bárbaros,
si

lo son

en esto,

el

Cadí

es el

juez

comlas

petente de todas

las

causas, que las abrevia en la

uña y

sentencia en un soplo, sin que haya apelación de su sentencia para otro tribunal.

En

esto entró

un chauz, que

es

como
el

alguacil,

y

dijo

que

estaba á la puerta de la tienda

un judío, que

traia á

vender
en-

una hermosísima
trar. Salió el

cristiana
,

;

mandó

Cadí que
,

le hiciese
él

chauz

y volvió á entrar luego y con

un ve-

nerable judío, que traia de la

mano

á

una mujer, vestida en

hábito berberisco, tan bien aderezada y compuesta, que no

EL
lo

AMANTE
la

LIBERAL.
rica

I05
ni de

pudiera estar tan bien

más

mora de Fez

Marruecos, que en aderezarse llevan
africanas
,

la ventaja á todas las
,

aunque entren
el

las

de Argel con sus perlas tantas.
;

Venia cubierto

rostro

con un tafetán carmesí por

las

gar-

gantas de los pies, que se descubrian, parecian dos carcajes

(que

así se

llaman
los

las

manillas en arábigo),

al

parecer de

puro oro, y en

brazos, que asimismo por una camisa de

cendal delgado se descubrian ó traslucian, traia otros carcajes

de oro, sembrados de muchas perlas; en resolución, en
el

cuanto

traje, ella

venia rica y gallardamente aderezada.
vista el

Admirados desta primera
antes

Cadí y

los
,

demás

bajaes,
al

que otra cosa

dijesen

ni preguntasen

mandaron

judío que hiciese que se quitase
zolo
así,

el antifaz la cristiana;

hí-

V descubrió un rostro que

así

deslumhró

los ojos

y

alegró los corazones de los circunstantes,

por entre cerradas nubes, después de
ofrece á los ojos de los que le desean
la
:

como el sol que mucha escuridad, se
tal

era la belleza de

cautiva cristiana, y

tal

su brío y su gallardía. Pero en
la

quien con más efeto hizo impresión
habia descubierto, fué en
aquel que mejor que otro
el

maravillosa luz que

lastimado Ricardo,

como

en

conocía, pues era su cruel y amada Leonisa, que tantas veces y con tantas lágrimas por
la
él

habia sido tenida y llorada por muerta. Quedó, á

la

im-

provisa vista de la singular belleza de la cristiana, traspasado

y rendido

el

corazón de Alí, y en
el

el
,

mismo grado y con
sin

la

misma
la

herida se halló
el del

de Hazan

quedarse exento de

amorosa llaga

Cadí, que más suspenso que todos,
de
los

no sabia quitar
encarecer
en aquel
las

los ojos

hermosos de Leonisa.

Y

para

poderosas fuerzas de amor, se ha de saber que
nació en los corazones de los tres

mismo punto

Io6

NOVELAS EJEMPLARES.

una, á su parecer, firme esperanza de alcanzarla y de gozarla;

y

así, sin

querer saber

el

cómo,

ni el

dónde,

ni

cuándo haque

bia venido á poder del judío, le preguntaron el precio

por

ella queria.

El codicioso judío respondió que cuatro mil
ser dos

doblas,

que vienen á
el

mil escudos

;

mas apenas hubo
él los

declarado

precio, cuando Alí-bajá dijo que

daba

por

dinero á su tienda; y que fuese luego á contar el empero Hazan-bajá, que estaba de parecer de no dejarla,
ella,

aunque aventurase en
por
ella las

ello la vida, dijo:
el

^Yo asimismo doy
las

cuatro mil doblas que

judío pide, y no

diera, ni
si

me

pusiera á ser contrario de lo que Alí ha dicho,
él

no

me

forzara lo que

mismo

dirá

que

es

razón que

me

obligue y fuerce, y es, que esta gentil esclava no pertenece

para ninguno de nosotros

,

sino para

el

Gran Señor

sola-

mente, y

así

digo que en su nombre
el

la

compro; veamos

agora quién será

atrevido que

me

la quite.
el

—Yo

seré, replicó Alí,

porque para

mismo

efeto la

compro, y estáme
este presente,

á
la

mí más

á cuento hacer al
llevarla

Gran Señor

por

comodidad de

luego á Cons-

tantinopla, granjeando con él la voluntad del

Gran Señor;
sin

que como hombre que quedo (Hazan, como tú ves)

cargo alguno, he menester buscar medios de tenerle, de lo

que tú

estás

seguro por

tres

años, pues hoy comienzas á
así

mandar y

á gobernar este riquísimo reino de Chipre;

que, por estas razones, y por haber sido yo el primero que ofrecí el precio por la cautiva, está puesto en razón, ¡oh

Hazan! que

me
más

la dejes.

—Tanto
zan,
sin
el

es

de agradecerme á mí, respondió
al

Hahago

procurarla y enviarla

Gran Señor, cuanto

lo

moverme

á ello interés alguno; y en lo de la

comodi-

EL

AMANTE
Heve.»

LIBERAL.
sola

\OJ

dad de

llevarla,

una galeota armaré con
la

mi chusma y

mis esclavos, que

Azoróse con

estas

razones Alí, y levantándose en pié,
^>

empuíió
intentos

el

alfange, diciendo:

Siendo, ¡oh Hazan! nuestros
al

unos, que es presentar y llevar esta cristiana
sido yo
el

Gran Señor, y habiendo

comprador primero,
la dejes á

está

puesto en razón y en justicia que
otra cosa pensares, este alfange

me

mí; y cuando

que empuño defenderá mi

derecho y castigará tu atrevimiento.» El Cadí,que á todo
estaba atento, y que no

menos que

los

dos ardia, temeroso
atajar el

de quedar

sin

la

cristiana,

imaginó cómo poder

gran fuego que

con

la

habia encendido, y juntamente quedarse cautiva sin dar alguna sospecha de su dañosa inse
así,

tención y traidoras entrañas; y

levantándose en pié, se

puso entre
siégate,

los dos,

que también

lo estaban,

y dijo

:

«So-

Hazan, y

tú, Alí, estáte

quedo; que yo estoy aquí,

que sabré y podré componer vuestras diferencias de manera, que los dos consigáis vuestros intentos, y el Gran Señor,

como

deseáis, sea servido,

y obligado á ambos.»
luego, y aun
cieran lo
los
si

A

y quede juntamente agradecido las palabras del Cadí obedecieron

otra cosa

más
el

dificultosa les

mandara, hi-

mismo:

tanto es
secta.

respeto que tienen á sus canas
el

de aquella dañada

Prosiguió pues

Cadí diciendo:
el

(iTú dices, Alí, que quieres esta cristiana para
ñor, y

Gran Secon-

Hazan

dice lo
el

mismo;

tú alegas

que por

ser el prite lo

mero en

ofrecer

precio, ha de ser tuya;
él

Hazan

tradice, y

aunque

no sabe fundar su razón, yo hallo que

tiene la

misma que
esclava

tú tienes, y es la intención,

que

sin

duda

debió de nacer á un

comprar

la

mismo tiempo que para el mismo efeto;

la

tuya, en querer

sólo le llevaste tú

Io8
la ventaja

NOVELAS EJEMPLARES.
en haberte declarado primero, y esto no ha de

ser parte para

que de todo en todo quede defraudado su

buen deseo; y así, me parece será bien concertaros en esta forma: que la esclava sea de entrambos, y pues el uso della ha de quedar á la voluntad del Gran Señor, para quien se

compró,

á él toca disponer della;

y en tanto pagarás tú,

Hazan, dos mil doblas, y Alí otras dos mil, y quédese la cautiva en poder mió, para que en nombre de entrambos
yo
la

envié á Constan tinopla, porque no quede sin algún
así

premio, siquiera por haberme hallado presente; y
ofrezco de enviarla á
cia

me

mi

costa, con la autoridad y decense envia, escribiendo al
la

que

se

debe á quien

Gran Selos

ñor todo

lo

que aquí ha pasado, y
ni pudieron

voluntad que

dos

habéis mostrado á su servicio.»

No

supieron

,

,

ni quisieron contradecirle los

dos enamorados turcos; y aunque vieron que por aquel ca-

mino no conseguían
recer del Cadí,

su deseo, hubieron de pasar por el pa-

formando y criando cada uno allá en su ánimo una esperanza, que, aunque dudosa, les prometía poder lleal fin

gar

de sus encendidos deseos.

Hazan que
,

se

quedaba

por virey de Chipre, pensaba dar tantas dádivas
vencido y obligado,
cer
le diese la cautiva.

al

Cadí, que

Alí imaginó de halo

un hecho que
que

le

teniendo por cierto
cilidad en lo
el

que deseaba, y cada cual su designio, vinieron con faaseguró
salir

con

Cadí quiso, y de consentimiento y vola

luntad de los dos, se

entregaron luego, y pagaron al judío cada uno dos mil doblas. Dijo el judío que no la habia de
dar con los vestidos que tenia, porque vallan otras dos mil
doblas; y así era la verdad, á causa que en los cabellos (que
parte por las espaldas sueltos traia, y parte atados y enla-

£L
zados por
la frente) se

AMANTE
se

LIBERAL.

I09

parecían algunas hileras de perlas, que

con extremada gracia

enredaban con

ellos; las manillas

de los pies y manos asimismo venian llenas de gruesas perlas; el

vestido era una almalafa de raso verde, toda bordada
trencillas

y llena de
el

de oro; en
el

fin, les pareció á

todos que
el

judío anduvo corto en
el

precio que pidió por

vestido,

y

Cadí, por no mostrarse menos liberal que

los

dos ba-

jaes, dijo

que

él

queria pagarle, porque de aquella manera

se presentase al
los

Gran Señor
,

la cristiana.

Tuviéronlo por bien

dos competidores

creyendo cada uno que todo habia de

venir á su poder. Falta ahora por decir lo que sintió Ricardo de ver andar

en almoneda su alma, y
le
el

los

pensamientos que en aquel punto

vinieron, y los temores que le sobresaltaron viendo que

haber hallado á su querida prenda era para más perderla;
si

no sabia darse á entender dando crédito
á sus

estaba

dormido ó despierto, no
que veian; porque
le

mismos

ojos de lo

parecía cosa imposible ver tan impensadamente delante dellos

á la que pensaba

que para siempre

los

habia cerrado.
:

Llegóse en esto á su amigo
conoces, amigo?

Mahamut, y

díjole

«¿No

la

— No conozco, — Pues de que — ¿Qué —Lo que — Pues y no
la

dijo

Mahamut.
que
es

has

saber, replicó Ricardo,
dices, Ricardo? dijo

Leonisa.

es lo

Mahamut.

has oido, dijo Ricardo.
la

calla,

descubras, dijo
la

Mahamut; que

la

ventura va ordenando que

tengas buena y próspera, por-

que

ella

va á poder de mi amo.
dijo Ricardo, ser visto?

— ¿Parécete,
parte

que será bien ponerme en

donde pueda

lio

NOVELAS EJEMPLARES.
dijo

— No,
sobresaltes,

Mahamut, porque no

la

sobresaltes ó

te

que

la

y no vengas á dar indicio de que la conoces ni has visto, que podria ser que redundase en perjuicio

de mi designio.

— Seguiré
en
el

tu parecer,» respondió Ricardo; y así
sus ojos se encontrasen

anduvo

huyendo de que
la cual tenia los

con

los

de Leonisa,

suyos, en tanto que esto pasaba, clavados

suelo,

derramando algunas lágrimas, cuyo valor puLlegóse
el

diera competir con las orientales perlas.
ella,

Cadí á

y asiéndola de

la

mano,

se la

entregó á

Mahamut;
Gran

mandóle que

la llevase

á la ciudad y se la entregase á su se-

ñora Halima, y
Señor. Hízolo
los ojos fué

le dijese la tratase

como

esclava del

así

Mahamut, y

dejó solo á Ricardo, que con
le
al

siguiendo á su estrella hasta que se
los

encubrió
judío, y

con

la

nube de

muros de Nicosia. Llegóse

preguntóle que adonde habia comprado ó en qué

modo

habia venido á su poder aquella cautiva cristiana. El judío
le

respondió que en

la isla

de Pantanalea
al

la

habia comprado

á unos turcos que

allí

habian dado
el

proseguir adelante, lo estorbó

y queriendo venirle á llamar de parte
través;
lo

de

los bajaes,

que querían preguntarle

que Ricardo de-

seaba saber; y con esto se despidió del.

En
lugar

el

camino que habia desde

las

tiendas á la ciudad tuvo

Mahamut

de preguntar á Leonisa en lengua italiana
;

que de qué lugar era

la

cual le respondió

que de
si

la

ciudad

de Trápana. Preguntóle asimismo
aquella ciudad á

Mahamut

conocía en
se

un caballero
lo cual

rico

y noble que

llamaba

Ricardo.
dijo
:

Oyendo

Leonisa, dio un

gran suspiro y

«Sí

conozco, por mi mal.
dijo

— ¿Cómo por vuestro mal?

Mahamut.

EL

AMANTE

LIBERAL.
el

I I 1

— Porque

él

me

conoció á mí por

suyo y por mi desconocisteis

ventura, respondió Leonisa.

— ¿Y por
bién en la
ción
,

ventura, preguntó

Mahamut,

tam-

misma ciudad
liberal

á otro caballero de gentil disposi-

hijo de padres

valiente,

muy

muy ricos, y él por y muy discreto, que

su persona
se

muy

llamaba Cor-

nelio

?

— También
cir

conozco, respondió Leonisa, y podré demás por mi mal que no á Ricardo; mas ¿quién sois vos,
le

señor, que los conocéis y por ellos

me

preguntáis?

Que

sin

duda

el cielo,

condolido de cuantos trabajos y fortunas hasta

aquí he pasado ,

me

ha echado á parte donde ya que no
,

se

acaben, halle con quien


yo

me

consuele en

ellos.

Soy, dijo

Mahamut,

natural de Palermo, que por vatraje

rios accidentes estoy

en este

y vestido diferente del que

solia traer,

y conózcolos porque no há muchos días que
le

entrambos estuvieron en mi poder; que á Cornelio
tivaron unos

cau-

moros de Trípol de Berbería, y le vendieron á un turco que le trujo á esta isla, donde vino con mercancías,
lio

porque

es

mercader de Rodas,

el

cual fiaba de Corne-

— Bien
guardar

toda su hacienda.
se la sabrá guardar, dijo Leonisa,

porque sabe

muy

bien

la

suya; pero decidme, señor,
esta isla?

¿cómo ó
que

con quién vino Ricardo á

— Vino,
con
él dijo

respondió

Mahamut, con un
la

cosario

le

cautivó estando en un jardin de

marina de Trápana, y que habia cautivado una doncella, que nunca me

quiso decir su nombre. Estuvo aquí algunos dias con su amo,

que iba

á visitar el sepulcro de
al

Mahoma, que
la

está en la ciu-

dad de Almedina, y

tiempo de

partida cayó Ricardo

112

NOVELAS EJEMPLARES.

tan enfermo é indispuesto, que su

amo me

lo dejó,

por ser

de

mi

tierra,

para que
si

le

curase y tuviese cargo del hasta su
se le enviase á
allá estuviese;
al sin

vuelta, ó que,

por aquí no volviese,

Conspero
el

tantinopla, que él
cielo lo

me

avisarla

cuando

ordenó de otra manera, pues

ventura de Ri-

cardo, sin tener accidente alguno, en pocos dias se acabaron
los

de su vida, que tanto aborrecía, siempre llamando entre
él

á una Leonisa, á quien

me
la

habia dicho que queria más

que á su vida y á su alma;
habia ahogado

cual Leonisa,

me

dijo

que en

una galeota que habia dado
se
;

al través

en

la isla

de Pantanalea

cuya muerte siempre lloraba y siempre
á término de perder la vida;
el

plañia, hasta

que

le trujo

que

yo no

le sentí
el

enfermedad en

cuerpo, sino muestras de

dolor en

alma.
señor, replicó Leonisa, ese
trató

— Decidme,
en
las pláticas

que

con vos (que,

mozo que decís, como de una patria,

debieron ser muchas), ¿nombró alguna vez á esa Leonisa,

con todo

modo con que á ella y á Ricardo cautivaron? nombró, dijo Mahamut, y me preguntó si habia
el

aportado por esta

isla

una

cristiana dése

nombre, de

tales

y
si

tales señas,

á la cual holgaría de hallar para rescatarla,
se

es

que su amo

habia ya desengañado de que no era tan

rica

como

él

pensaba, aunque podría ser que por haberla

gozado

la tuviese

en menos; que

como no
la

pasasen de tres-

cientos ó cuatrocientos escudos, él los daria de

muy

buena

gana por
afición.

ella,

porque un tiempo

habia tenido alguna

— Bien poca debia de
valiente y

ser, dijo Leonisa, pues

no pasaba

de cuatrocientos escudos; más liberal era Ricardo y más

comedido. Dios perdone á quien fué causa de su

EL

AMANTE
que yo soy
si

LIBERAL.
la sin

II3
él lloró

muerte, que

fui yo;

ventura que
él

por muerta; y sabe Dios
para pagarle con
desgracia
os
el

holgara de que

fuera vivo,

el él

sentimiento que viera que tenia de su

que

mostró de
la

la

mia. Yo, señor,

como ya

poco querida de Cornelio y la bien llorada de Ricardo, que por muy muchos v varios casos he venido á
este miserable estado en

he dicho, soy

que

me

veo y aunque
,

es tan peligroso,

siempre por favor del cielo he conservado

en

él la

entereza de

mi honor, con

la cual

vivo contenta

en mi miseria. Ahora ni sé dónde estoy, ni quién es

mi
que

dueño,

ni

adonde han de dar conmigo mis contrarios ha-

dos; por lo cual os ruego, señor, siquiera por la sangre

de cristiano tenéis,

me aconsejéis en mis trabajos; que puesto que el ser muchos me ha hecho algo advertida, sobrevienen cada momento tantos y tales, que no sé cómo me he de avenir con ellos.» A lo cual respondió Mahamut que él
la dife-

haria lo que pudiese en servirla, aconsejándola y ayudán-

dola con su ingenio y con sus fuerzas; advirtióla de

rencia que por su causa habian tenido los dos bajaes, y

cómo

quedaba en poder
al

del Cadí, su

amo, para

llevarla presentada

gran turco Selim, á Constantinopla; pero que antes que

esto tuviese efeto, tenia esperanza en el verdadero Dios, en

quien

él

creia,

aunque mal

cristiano,

que

lo

habia de dis-

poner de otra manera; y que la aconsejaba se hubiese bien con Halima, la mujer del Cadí, su amo, en cuyo poder
habia de estar hasta que
la

enviasen á Constantinopla; ad-

virtiéndola de la condición de
otras

Halima; y con éstas le dijo cosas de su provecho, hasta que la dejó en su casa y
el

en poder de Halima, á quien dijo
Recibióla bien
la

recado de su amo.

mora, por

verla tan bien aderezada y

114
tan hermosa.

NOVELAS EJEMPLARES.

Mahamut

se volvió á las tiendas
le

á contar á

Ricardo
le,

lo

que con Leonisa

habia pasado; y hallándoal

se lo contó,

todo punto por punto, y cuando llegó

del sentimiento

que Leonisa habia hecho cuando
casi se le vinieron las
el

le

dijo

que era muerto,
Díjole

lágrimas á los ojos.

cómo

habia fingido

cuento del cautiverio de Cor;

nelio por ver lo
cia

qué

ella sentia

advirtióle la tibieza y mali;

con que de Cornelio habia hablado
el afligido

todo lo cual fué
el

píctima para
:

corazón de Ricardo,

cual dijo á

Mahamut aAcuérdome, amigo Mahamut, de un que me contó mi padre, que ya sabes cuan curioso
oiste

cuento
fué, y
á quien

cuánta honra
sirvió

le

hizo

el

Emperador Carlos V,
la guerra.

siempre

en honrosos cargos de
el

Digo que

Emperador estuvo sobre Túnez, y la tomó, con la fuerza de la Goleta, estando un dia en la campaña 7 sn su tienda, le trujeron á presentar una mora

me

contó que cuando

por cosa singular en belleza, y que al tiempo que se la presentaron, entraban algunos rayos del sol por unas partes de
la

tienda y daban en los cabellos de la mora, que con los
del sol, en ser rubios, competian; cosa
se precian

mismos

nueva en

las

moras, que siempre

de tenerlos negros. Contaba

que en aquella ocasión

se hallaron
:

en
el

la tienda,

entre otros

uno era andaluz, y el otro era catalán, ambos muy discretos y ambos poetas; y habiéndola visto el andaluz, comenzó con admiración á de-

muchos, dos

caballeros españoles

cir

unos versos, que

ellos

llaman coplas, con unas conso-

nancias ó consonantes dificultosos, y parando en los cinco versos de la copla, se detuvo, sin darle fin ni á la copla ni
á la sentencia, por

no

ofrecérsele tan de improviso los con-

sonantes necesarios

para acabarla;

mas

el

otro caballero.

:

EL

AMANTE
la

LIBERAL.

II5

que estaba
penso,

á su lado y habia oido los versos, viéndole sussi

como

le

hurtara
las

media copla de

la
;

boca,

la
el

prosiguió y acabó con

mismas consonancias

de que

Emperador

recibió particular contento.
la

Y

esto

mismo

se

me

vino á

memoria cuando
la

vi entrar á la

hermosísima

Leonisa por

tienda del Bajá, no solamente escureciendo

los rayos del sol si la tocaran, bino á

todo

el cielo,

con sus

luces y estrellas.

— Paso,

no más,

dijo

Mahamut;

detente,

amigo Ritanto la

cardo, que á cada paso
raya en
las

temo que has de pasar

alabanzas de tu bella y hermosa Leonisa, que
si

dejando de parecer cristiano, parezcas gentil. Dime,
res, esos

quie-

versos ó coplas, ó

como

tú los llamas;

que des-

pués de oirlos hablaremos en otras cosas que sean de más
gusto, y aun quizá de

más provecho.
Ricardo, y vuélvote á advertir

— En
los

buen hora,

dijo
el

que

cinco versos dijo

uno, y

los otros

cinco

el

otro,

todos de improviso, y son éstos:

Como

cuando

el sol

asoma

Por una montaña baja,

Y Y

de súpito nos toma,

con su vista nos doma Nuestr^ vista y la relaja

;

carcoma Tal es el tu rostro. Aja, Dura lanza de Mahoma,

Como la piedra Oue no consiente

balaja,

Oue

las

mis entrañas

raja.

— Bien
suena y

me suenan al me parece que
decirlos ó
el

oido, dijo
estés

Mahamut, y mejor me

para decir versos, Ricardo,

porque

el

hacerlos requieren ánimos desapa-

sionados.

»

;

lió

NOVELAS EJEMPLARES.
se suelen, respondió

— También
chas,

Ricardo, llorar ende-

como

cantar himnos, y todo es decir versos; pero deaparte
,

jando esto

dime qué piensas hacer en nuestro

negocio; que puesto que no entendí lo que los bajaes trata-

ron en

la

tienda en tanto que tú llevaste á Leonisa,

me
es

lo

contó un renegado de

mi amo, veneciano, que

se halló pre-

sente y entiende bien la lengua turquesca; y lo
nester ante todas cosas es buscar traza

que

me-

cómo Leonisa no

vaya á

—^Lo primero que
que tú vengas
á

mano

del

Gran Señor.
se

ha de hacer, respondió Mahamut,
que más nos conviniere.
los cautivos cristianos
;

es

poder de mi amo; que esto hecho, deslo

pués nos aconsejaremos en

En
zan
,

esto vino

el

guardián de

de

Ra-

y llevó consigo á Ricardo

el

Cadí volvió á

la

ciudad

con Hazan, que en breves
se la dio cerrada

dias hizo la residencia de Alí,

y

sellada, para

que

se

y fuese á Constantinoal

pla;

él

se fué luego,

dejando

muy

encargado
al

Cadí que

con brevedad enviase
de

la cautiva,

escribiendo

Gran Señor
tenia he-

modo que

le

aprovechase para sus pretensiones. Promelas

tióselo el

Cadí con traidoras entrañas, porque

chas ceniza por la cautiva. Ido Alí lleno de
zas, y

falsas

esperan-

quedando Hazan no vacío

dellas,

Mahamut

hizo de

modo que Ricardo
y
el

vino a poder de su amo. Ibanse los dias,

deseo de ver á Leonisa apretaba tanto á Ricardo, que
sosiego.

no alcanzaba un punto de

Mudóse Ricardo
el

el

nombre en

el

de Mario, porque no llegase
él la viese;

suyo á oidos

de Leonisa antes que
toso, á causa

y

el

verla era

muy
,

dificul-

que
los

los

moros son en extremo
los rostros

celosos

y encu-

bren de todos

hombres

de sus mujeres, puesto

que en mostrarse

ellas á los cristianos

no

se les

hace de mal

EL

AMANTE

LIBERAL.
los

WJ
tienen por

quizá debe de ser que por ser cautivos no

liombres cabales.

Avino, pues, que un dia

la

señora Halima vio á su esle

clavo Mario, y tan visto y tan mirado fué, que se

quedó

grabado en
contenta de

el

corazón y

fijo

en

la

memoria; y quizá poco

los

abrazos flojos de su anciano marido, con

facilidad dio lugar á

un mal deseo, y con

cuenta del á Leonisa, á quien ya queria
agradable condición
,

misma dio mucho, por su.
la

mucho respeto cómo el Cadí habia

y proceder discreto, y tratábala con por ser prenda del Gran Señor. Díjole
traido á casa

un cautivo
á sus ojos

cristiano de
visto

tan gentil donaire y parecer,

que

no habia

más lindo hombre en toda
chilibí,

su vida, y que decian

que era

que quiere decir caballero, y de la misma tierra de Mahamut, su renegado, y que no sabia cómo darle á
entender su voluntad, sin que
el

cristiano

la

tuviese

en
se

poco por habérsela declarado. Preguntóle Leonisa cómo
llamaba
el

cautivo, y díjole

Halima que
:

se

llamaba

Ma-

rio; á lo cual replicó

Leonisa
le

«Si él fuera caballero y del

lugar que dicen, yo
rio

conociera;

mas dése nombre Maque del

no hay ninguno en Trápana; pero haz, señora, que
le

yo

vea y hable, que
esperar.

te

diré quién es y lo

se

puede


el

Así será, dijo Halima, porque
la zalá

el

viernes,
le

cuando

esté

Cadí haciendo
le

en

la

mezquita,

haré entrar acá
si

dentro, donde

podrás hablar á solas, y

te

pareciere

darle indicios de

mi deseo,

haráslo por

el

mejor

modo que
pasado dos

pudieres.»

Esto dijo Halima á Leonisa, y no habian
horas cuando
el

Cadí llamó

á

Mahamut

y á Mario, y con

Il8

NOVELAS EJEMPLARES.
eficacia

no menos

que Halima habia descubierto

su

pecho

á Leonisa, descubrió el

enamorado

viejo el

suyo á sus dos

esclavos, pidiéndoles consejos en lo que haria para gozar

de
era,

la

cristiana

y cumplir con

el

Gran Señor, cuya

ella

diciéndoles
al

que antes pensaba morir mil veces que
tales

entregarla
sión
el

Gran Turco. Con
moro, que
que todo
puesto
la

afectos decia su palos

religioso

puso en

corazones de
él

sus dos esclavos,

lo contrario

de lo que

pensaba,

pensaban.

Quedó
la

entre

ellos

que

Mario, como

hombre de
cia,

su tierra, aunque habia dicho que no la cono-

tomase

mano
él

en

solicitarla

y en declararle

la

vo-

luntad suya, y cuando por este
zar,

modo no

se pudiese alcan-

pues estaba en su poder; y esto hecho, con decir que era muerta se excusarían de enla fuerza,

que usarla

de

viarla á Constantinopla.

Contentísimo quedó

el

Cadí con

el

parecer de sus escla-

vos, y con la imaginada alegría ofreció desde luego liber-

tad á

Mahamut, mandándole
;

la

mitad de su hacienda dessi

pués de sus dias
lo

asimismo prometió á Mario,

alcanzaba
á su

que queria, libertad y dineros, con que volviese

tierra rico,

honrado y contento.

Si él fué liberal
,

en pro-

meter, sus cautivos fueron pródigos
canzar
diese
él

ofreciéndole de al-

la

luna del cielo, cuanto más á Leonisa,
hablarla.

como

él

comodidad de

«Esa daré yo á Mario cuanta

quisiere, respondió el Cadí,

porque haré que Halima

se

vaya en casa de sus padres, que son griegos cristianos, por
algunos dias, y estando fuera, mandaré
entrar á
siere,
al

portero que deje
él

Mario dentro de

casa todas las veces que

qui-

y diré á Leonisa que bien podrá hablar con su paile

sano cuando

diere gusto.

)i

Desta manera comenzó á vol-

EL
ver
el

AMANTE
sus

LIBERAL.

II9

viento de

la

ventura de Ricardo, soplando en su favor,

sin saber lo

que hacian

mismos amos.
tres

Tomado,
primero
jer,

pues, entre los

este

apuntamiento, quien
así

le

puso en plática fué Halima, bien
es fácil

como mu-

cuya naturaleza
es

y arrojadiza para todo aquello

que

de su gusto. Aquel

mismo

dia dijo el

Cadí á Ha-

lima que cuando quisiese podria
á holgarse

irse á casa

de sus padres
ella

con

ellos los dias
las

que gustase; pero como
le

estaba alborozada con

esperanzas que Leonisa

habia
al fin-

dado, no sólo no se fuera á casa de sus padres, sino
gido paraíso de

Mahoma
mas

no quisiera
tal

irse;

y

así le

respondió

que por entonces no tenia
la

tuviese lo diria;

voluntad, y que cuando ella que habia de llevar consigo á la

cautiva cristiana.

«Eso no, replicó
del

el

Cadí, que no es bien que

la

prenda

Gran

Seíior sea vista de nadie, y más,

que

se le

ha de

quitar que converse con cristianos, pues sabéis que en lle-

gando
serrallo

á poder del

Gran Señor

la

han de encerrar en

el

— Como
con
ser
ellos;

y volverla turca, quiera ó no quiera.
ella

ande conmigo, replicó Halim.a
ni

no im-

porta que esté en casa de mis padres

que comunique

que más comunico yo, y no dejo por eso de
lo

buena turca; y más, que
no
>.

más que pienso
el

est-.u

en su

casa serán hasta cuatro ó cinco dias, porque
os tengo
sin veros.

amor que

me
la

No

dará licencia para estar tanto ausente y quiso replicar el Cadí, por no darle oca-

sión de engendrar alguna sospecha de su intención. Llegóse

en esto
podia

el

viernes, y él se fué á la mezquita, de la cual

no

salir

en casi cuatro horas; y apenas
los

le

vio

Halima

apartado de

umbrales de casa, cuando mandó llamar á

IZO

NOVELAS EJEMPLARES.
le dejara

Mario; mas no
via de portero

entrar

un

cristiano corso
si

que
le

ser-

en

la

puerta del patio,

Halima no

diera

voces que
si

le dejase;

y

así

entró confuso y temblando

como

fuera a pelear con un

ejército de

enemigos.
traje

Estaba Leonisa del

mismo modo y
al

que cuando en-

tró en la tienda del Bajá, sentada

pié de

una

escalera

grande de mármol, que á
beza inclinada sobre
brazo sobre
la

los

corredores subia; tenia la cala

palma de

mano

derecha, y

el

las rodillas,

los ojos á la parte contraria

de

la
él

puerta por donde entró Mario, de manera que aunque
iba hacia la parte

donde

ella estaba,

ella

no

le

veia.

Así

como

entró Ricardo, paseó toda la casa con los ojos, y no

vio en toda ella sino

un

mudo y

sosegado silencio, hasta
;

que paró

la vista

donde Leonisa estaba
le

en un instante

al

enamorado Ricardo
que
le

sobrevinieron tantos pensamientos,

suspendieron y alegraron, considerándose veinte pa-

poco más, desviado de su felicidad y contento; considerábase cautivo, y á su gloria en poder
sos, á su parecer, ó

ajeno.

Estas cosas revolviendo entre

mismo,

se

movia

poco á poco; y con temor y sobresalto, alegre y

triste, te-

meroso y esforzado,
taba
nisa,
el

se iba llegando al centro

en donde esel rostro

de su alegría, cuando á deshora volvió
los ojos

Leola

y puso

en

los

de Ricardo, que atentamente de
los

miraba.

Mas cuando
Ricardo

la vista

dos se encontraron, con

diferentes efectos dieron señal de lo

que

sus almas hablan

sentido

:

se paró,

y no pudo echar pié adelante;
de

Leonisa, que por

la relación

Mahamut

tenia á Ricardo
la llenó
las es-

por muerto, y

el verle

vivo tan no esperadamente

de temor y espanto, sin quitar del los ojos ni volver
paldas, volvió atrás cuatro ó cinco escalones
,

y sacando una

EL

AMANTE

LIBERAL.

121
veces, y se santi-

pequeña cruz

del seno, la besaba

muchas

guó

infinitas,

como

si

alguna fantasma ú otra cosa del otro

mundo

estuviera mirando.
,

Volvió Ricardo de su embelesamiento

y conoció, por lo
así le

que Leonisa hacia,
dijo
:

la

verdadera causa de su temor, y

«A mí me
ella

pesa, ¡oh

hermosa Leonisa! que no hayan
te

sido verdad las nuevas

que de mi muerte
los

dio

Mahamut,
que consi

porque con
pensar
si

excusara

temores que ahora tengo de
el

todavía está en su ser y entereza

rigor

tino has usado

conmigo. Sosiégate, señora, y

baja, y

te

atreves á hacer lo
llega,

que nunca

hiciste,

que

es llegarte á

mí,

y verás que no soy cuerpo fantástico; Ricardo soy,
el

Leonisa; Ricardo,

de tanta ventura cuanta tú quisieres

que tenga.»
Púsose Leonisa en esto
el

dedo en

la

boca, por lo cual

entendió Ricardo que era señal de que callase ó hablase más

quedo; y tomando algún poco de ánimo,
ella

se fué llegando á
:

en distancia que pudo oir estas razones
así

«Habla paso,

Mario, que

me
la

parece que te llamas ahora, y no trates
te tratare
;

de otra cosa de
ser

que

el

y advierte que podria habernos oído fuese parte para que nunca nos

que yo

volviésemos á ver. Halima, nuestra ama, creo que nos es-

cucha,

la

cual

me

ha dicho que

te

adora;

hame
alma

puesto por

intercesora de su deseo. Si á él quisieres corresponder, apro-

vecharte ha

más para
es forzoso lo

el

cuerpo que para

el

;

y cuando
te

no quieras,
lo

que

lo finjas, siquiera

porque yo

ruego y por

que merecen deseos de mujer declarados.»
Ricardo: «Jamas pensé ni pude imaginar,

A esto respondió

hermosa Leonisa, que cosa que
imposible de cumplirla; pero
la

me

pidieras trujera consigo

que

me

pides

me

ha des-

122

NOVELAS EJEMPLARES.
la

engañado. ¿Es por ventura

voluntad tan ligera, que se

pueda mover y llevar donde quisieren llevarla? ¿ó estarle ha bien al varón honrado y verdadero fingir en cosas de tanto
peso? Si á

te

parece que alguna destas cosas se debe ó
lo

puede hacer, haz

que más gustares, pues

eres señora de

mi voluntad; mas ya
pues jamas
hacer della
cosa que
;

que también
así

me

engañas en esto,
lo

la

has conocido, y

no sabes

que has de
la

pero á trueco que no digas que en

primera

me

mandaste dejaste de

ser

obedecida, yo per-

deré del derecho que debo á ser quien soy, y satisfaré tu

deseo y
se
las

el

de Halima fingidamente,

como

dices,
;

si

es

que

ha de granjear con

esto el bien de verte

y

así

finge tú

respuestas á tu gusto,

que desde aquí
;

las

firma y contí

firma

mi
te

fingida voluntad

y en pago desto que por
parecer, podré hacer,
te

hago,

que

es lo

más que,

el

á

mi

aunque de
te

nuevo

alma, que tantas veces

he dado,

ruego

que brevemente
los cosarios,

me

digas

cómo

escapaste de las

manos de
te

— Más

y

cómo

veniste á las del judío

que
el

vendió.

espacio, respondió Leonisa, pide
te

cuento de

mis desgracias; pero, con todo eso,
algo. Sabrás, pues,

quiero satisfacer en

que á cabo de un dia que nos apartade Yzuf con un recio viento á
la

mos, volvió
isla

el

bajel

misma

de

la

Pantanalea, donde también vimos á vuestra ga-

leota; pero la nuestra, sin poderlo remediar, embistió en las

peñas. Viendo, pues,

mi amo

tan á los ojos su perdición,

vació con gran presteza dos barriles, que estaban llenos de

agua, tapólos

muy

bien, y atólos con cuerdas

el

uno

al

otro;

púsome
con

á

entre ellos, desnudóse luego, y

tomando
el

otro

barril entre los brazos, se ató
el

mismo

cuerpo, y cordel dio cabo á mis barriles, y con grande

con un cordel

'

EL

AMANTE

LIBERAL.
tras
sí.

I23

ánimo

se arrojó á la

mar, llevándome

ánimo para arrojarme, que otro turco
rojó tras

Yo no tuve me impelió y me arni volví

Yzuf, donde

caí sin

ningún sentido,

en

hasta que
la

me

hallé en tierra en brazos de dos turcos,
al

que vuelta

boca

suelo

me

tenian,

derramando gran

cantidad de agua que habia bebido. Abrí los ojos, atónita y
espantada, y vi á Yzuf junto á mí, hecha la cabeza pedazos, que, según después supe,
al llegar

á tierra dio

con

ella

en

las

peñas, donde acabó

la vida.

Los turcos asimismo

me

dijeron

que tirando de
:

la

cuerda

me

sacaron á tierra casi

ahogada
galeota.

solas

ocho personas

se escaparon

de

la

desdichada

lOcho
el

dias

estuvimos en
si

la isla,

guardándome

los turcos

mismo

respeto que

fuera su hermana, y aun más. Esellos

tábamos escondidos en una cueva, temerosos

que no
y
los
la

bajasen de una fuerza de cristianos que está en la

isla,

cautivasen

;

sustentáronse con

el

bizcocho mojado que
la

mar echó

á la orilla, de lo

que llevaban en

galeota, lo

cual salian á coger de noche.

Ordenó

la suerte,

para mayor

mal mió, que
dias habia

la

fuerza estuviese sin capitán, que pocos
la

que era muerto, y en
;

fuerza no habia sino
los turla

veinte soldados

esto se

supo de un muchacho que
la

cos cautivaron

,

que bajó de

fuerza á coger conchas á
á aquella costa

marina.

A

los

ocho

dias llegó

un

bajel de

moros, que
salieron de

ellos

llaman caramuzales; viéronle
estaban, haciendo señas
al

los turcos,

y

donde

bajel,

que

es-

taba cerca de tierra, tanto, que conoció ser turcos los que
los

llamaban;

ellos

contaron sus desgracias, y
el

los

moros

los

recibieron en su bajel, en

cual venía un judío, riquísimo
bajel,

mercader, y toda

la

mercancía del

ó

la

más, era

124

NOVELAS EJEMPLARES.
y alquiceles, y de otras cosas que llevan á Levante, en que ordinariamente
en
el

suya. Era de barraganes

de

Berbería se

tratan los judíos

;

mismo

bajel los turcos se fueron á
al

Trípol, y en

el

camino

me

vendieron
si

judío, que dio por
le

mí dos mil doblas; precio excesivo, el amor que el judío me descubrió.
«Dejando, pues,
cer su viaje, y
el

no

hiciera liberal

los turcos

en Trípol, tornó

el bajel á

ha-

judío dio en solicitarme descaradamente;

yo

le

hice la cara que merecían sus torpes deseos. Viéndose,

pues, desesperado de alcanzarlos, determinó de deshacerse

de mí en

la

primera ocasión que

se le ofreciese

;

y sabiendo
isla,

que

los

dos bajaes Alí y

Hazan

estaban en aquella

donde podia vender su mercaduría tan bien como en Xio,
en quien pensaba venderla,
se vino aquí

con intención de

venderme
que

á alguno de los bajaes, y por eso

me

vistió

de

la

manera que ahora

me ves, por aficionarles la voluntad á me comprasen. He sabido que me ha comprado este
al

cadí para llevarme á presentar

Gran Turco, de que
que

es-

toy no poco temerosa; aquí he sabido de tu fingida muerte,

y

séte decir,
te

si

lo quisieres creer,

me

pesó en

el

alma, y que
rerte

tuve más envidia que lástima; y no por queni

mal, que ya que soy desamorada, no soy ingrata
la tragedia

desconocida, sino porque hablas acabado con
tu vida.

de

— No
no

dices mal, señora, respondió Ricardo,
el

si

la

muerte
;

me

hubiera estorbado

bien de volver á verte

que

ahora en más estimo este instante de gloria que gozo en
mirarte, que otra ventura,
la

como no

fuera la eterna, que en

vida ó en

la

muerte pudiera asegurarme mi deseo. El que
el

tiene

mi amo

Cadí, á cuyo poder he venido por no

mé-

EL

AMANTE
lo es el

LIBERAL.
el

I25

nos varios accidentes que los tuyos, es
tigo,

que para conmigo

mismo para conde Halima hame puesto á
:

mí por

intérprete de sus pensamientos; acepté la empresa,,
el

no por darle gusto, sino por

que granjeaba en
el

la

como-

didad de hablarte; porque veas, Leonisa,
nuestras desgracias nos

término á que

han
que

traido

:

á

á ser

medianera de

un imposible que en
también de
la

lo

me

pides conoces; á mí, á serlo
la

cosa que
la

menos pensé, y de

que daré por
lo

no alcanzarla,
alta

vida,

que ahora estimo en

que vale

la

ventura de verte.

— No
salida se

qué
al

te diga,

Ricardo, replicó Leonisa, ni qué

tome

laberinto donde,
:

como

dices, nuestra corta

ventura nos tiene puestos

sólo sé decir

que

es

menester

usar en esto lo que de nuestra condición no se
rar,

puede espetí

que

es el

fingimiento y engaño; y

así

digo que de

daré á

Halima algunas razones, que

antes la entretengan
al

que desesperen.
seguridad de

de

mí podrás

decir

Cadí

lo

que para
que más

mi honor y de su engaño convenga; y pues yo pongo mi honor en
puedes creer del que
le

vieres

tus

manos, bien

tengo con

la

entereza y verdad que

podían poner en duda tantos caminos
tantos

como he andado y
con presupuesto

combates como he

sufrido. El hablarnos será fácil, y

á

será de grandísimo gusto el hacello,

que jamas

me

has de tratar cosa que á tu declarada preten-

sión pertenezca;

que en

la

hora que

tal

hicieres, en la

misma
él la

me
es

despediré de verte; porque no quiero que pienses que

de tan pocos quilates

mi

valor,

que ha de hacer con
:

cautividad lo que

la libertad

no pudo

como

el

oro tengo
se acrisola,

de

ser,

con

el

favor del cielo, que mientras

más

queda con más pureza y más limpio. Conténtate con que

120

NOVELAS EJEMPLARES.

he dicho que no
que
te

me
,

dará,

como

solia, fastidio tu vista;
te

por-

hago saber, Ricardo, que siempre

tuve por desa-

brido y arrogante
debias
:

y que presumias de tí algo más de lo que confieso también que me engañaba, y que podria ser
la

que

al

hacer ahora

experiencia,

me

pusiese la verdad de-

lante de los ojos el desengaño, y estando desengañada, fuese,

con

más humana. Vete con Dios; que temo no nos haya escuchado Halima, la cual entiende algo de la
ser honesta,
lo

lengua cristiana, ó á

menos de

aquella mezcla de len-

guas que se usa, con que todos nos entendemos.

— Dices muy
dézcote infinito
verte
;

bien, señora, respondió Ricardo, y agrael

desengaño que
la
,

me

has dado, que

le es-

timo en tanto como
y

merced que
quizá
la

me

haces en dejarme

como

tú dices

experiencia te dará á enespeni

tender cuan llana es

mi condición y cuan humilde,
;

cialmente para adorarte
raya á

y

sin

que tú pusieras término

mi

trato, fuera él tan

honesto para contigo, que no
lo

acertaras á desearle mejor.

En

que toca

á entretener al

Cadí, vive descuidada; haz tú lo
tiende, señora,

mismo con Halima, y ente

que después que
tal,

he

visto,

ha nacido en

mí una esperanza
que otra vez

que

me

asegura que presto hemos de

alcanzar la libertad deseada.
te

Y

con esto, quédate á Dios;
la

contaré los rodeos por donde

fortuna

me

trujo á este estado después

que de

me

aparté, 6 por

me-

jor decir,

y quedó Leonisa contenta y satisfecha del llano proceder de Ricaresto se despidieron,

me

apartaron.»

Con

do, y

él

contentísimo de haber oido una palabra de

la

boca

de Leonisa sin aspereza.

Estaba Halima cerrada en su aposento, rogando á

Maho-

ma

trújese

Leonisa buen despacho de

lo

que

le

habia enco-

EL
inendado
con
los
;

AMANTE
la

LIBERAL.

1

27

el

Cadí estaba en
los

mezquita, recompensando

suyos

deseos de su mujer, teniéndolos solícitos y

colgados de

la

respuesta que esperaba oir de su esclavo, á

quien habia dejado encargado hablase á Leonisa, pues para
poderlo hacer
le

daria

comodidad Mahamut, aunque Hael

lima estuviese en casa. Leonisa acrecentó en Halima
deseo y deshonesto amor, dándole

torpe

muy

buenas esperanzas

que Mario haria todo
dejar pasar

lo

que pudiese, pero que habia de
lo

primero dos lunas antes que concediese con
él

que deseaba

mucho más que

ella,

y

este

tiempo y

tér-

mino pedia
para que
le

á causa

que hacia una plegaria y oración á Dios

diese libertad. Contentóse

Halima de

la

disculpa

y de

la relación

de su querido Mario, á quien

ella diera li-

bertad antes del término del voto,

como
le

él

condescendiera

con su deseo; y
el

así

rogó á Leonisa
la dilación
;

rogase dispensase con
ella le ofrecía

tiempo y acortase

que

cuanto

el

Cadí pidiese por su

rescate.
se aconsejó
los

Antes que Ricardo respondiese á su amo,

con
dos

Mahamut
que
le

de qué

le

respondería

;

y acordaron entre

desesperase, y le aconsejase que lo
la llevase á

más

presto que

pudiese

Constantinopla, y que en el camino, ó por grado ó por fuerza, alcanzaría su deseo y que para el
;

inconveniente que se podía ofrecer de cumplir con
Señor, seria bueno comprar otra esclava, y en

el

Gran

el viaje fingir

ó hacer de

modo como
la

noche echarían

Leonisa cayese enferma, y que una cristiana comprada á la mar, diciendo
cautiva del

que era Leonisa,

la

Gran Señor, que

se

habia

muerto
jamas

;

la

y que esto se podia hacer y se haria en modo que verdad fuese descubierta, y él quedase sin culpa
el

con

el

Gran Señor y con

cumplimiento de su voluntad;

128

NOVELAS EJEMPLARES.

su gusto, después se daria traza y que para la duración de conveniente y más provechosa. Estaba tan ciego el mísero

y anciano Cadí, que si otros mil disparates le dijeran, como fueran encaminados á cumplir sus esperanzas, todos los creyera, cuanto
llevaba
la

más que

le

pareció que todo lo que
;

le

decian

buen camino y prometia próspero suceso y así era verdad, si la intención de los dos consejeros no fuera le-

vantarse con el bajel, y darle á él la muerte en pago de sus
locos pensamientos. Ofreciósele al Cadí otra dificultad, á su
parecer,
cer,
ir

mayor de

las

que en aquel caso

se le
le

podian ofre-

y era, pensar que su mujer Halima no
si

habia de dejar
la

á Constantinopla,

no

la llevaba

consigo; pero presto
la cristiana

facilitó,

diciendo que en cambio de

que hablan

de comprar para que muriese por Leonisa, servirla Halima,

de quien deseaba librarse más que de

la

muerte.
la

Con
se lo

la

misma

facilidad

que

él

lo

pensó, con
;

misma

concedieron

Mahamut

y Ricardo

en esto, aquel
viaje
al

mismo

dia dio cuenta el

y quedando firmes Cadí á Halima del
llevar la cristiana

que pensaba hacer á Constantinopla á

Gran Señor, de cuya
parecía

liberalidad esperaba

que

le hiciese
le dijo

gran cadí del Cairo ó de Constantinopla. Halima

que

le

muy

bien su determinación, creyendo que se
casa
;

dejaria á

Mario en

mas cuando

el

Cadí

la certificó
,

que
á

le

habia de llevar consigo y á

Mahamut

también

tornó
le

mudar de

parecer, y á desaconsejarle lo que primero
las

habia aconsejado, con
le

más

eficaces razones
si

que su deseo

supo enseñar.

En

resolución, concluyó que
ir

no

la

llevaba

consigo, no pensaba dejarle
tóse el

en ninguna manera. Contenqueria, porque pensaba saél

Cadí de hacer

lo

que

ella

cudir presto de su cuello aquella para

tan pesada carga.

EL

AMANTE

LIBERAL.

I

29

No
ai

se

descuidaba en este tiempo Hazan-bajá de solicitar
entregase la esclava, ofreciéndole montes de oro;

Cadí

le

y habiéndole dado á Ricardo de balde, cuyo rescate apreciaba en dos mil escudos, facilitábale la entrega con la

misma
la

industria

que
el

él se

habia imaginado de hacer muerta
ella.

cautiva cuando

Gran Turco enviase por

Todas

estas dádivas

y promesas aprovecharon con el Cadí no más de ponerle en la voluntad que abreviase su partida; y así,
y de
las

solicitado de su deseo

importunaciones de Hazan,
el

y aun de

las

de Halima, que también fabricaba en

aire

vanas esperanzas, dentro de veinte dias aderezó un bergantín

de quince bancos, y

gunos

cristianos

armó de buenas boyas moros y algriegos, embarcó en él toda su riqueza, y
le

Halima no
marido que
viesen
á

dejó en su casa cosa de
la dejase llevar

momento, y rogó
intención de
él

á su

consigo á sus padres para que
la

Constantinopla. Era
la

Halima

la

misma que
que en
el

de

Mahamut
se alzasen

:

hacer con

y con Ricardo
les

camino

con

el

bergantín; pero no

quiso declarar su pensamiento hasta verse embarcada, y esto con voluntad de irse á tierra de cristianos, y volverse á lo

que primero habia sido, y casarse con Ricardo, pues era de creer que llevando tantas riquezas consigo y volviéndose
cristiana,

no

dejarla de tomarla por mujer.

En
le

tiempo habló otra vez Ricardo con Leonisa y declaró toda su intención, y ella le dijo la que tenia
este
ella

Halima, que con
los

habia comunicado. Encomendáronse
á Dios, esperaban el

dos

el

secreto, y
;

encomendándose
cual llegado
,

dia de la partida

el

salió

Hazan

,

acompa-

ñándolos hasta

la

dejó hasta que se hicieron á

marina con todos sus soldados, y no los la vela, ni aun quitó los ojos

130

NOVELAS EJEMPLARES.
;

del bergantín hasta perderle de vista

y parece que

el aire

de

los suspiros

que

el

enamorado moro
que
le

arrojaba, impelía
el

con mayor fuerza
alma; mas

las velas

apartaban y llevaban

como

aquel á quien
le

el

amor habia

tanto tiempo

que sosegar no

dejaba, pensando en lo que habia de

hacer para no morir á manos de sus deseos, puso luego

por obra lo que con largo discurso y resoluta determinación tenia pensado; y así, en un bajel de diez y siete bancos,

que en otro puerto habia hecho armar, puso cincuenta

soldados, todos amigos y conocidos suyos, á quien él tenia

obligados con

que

saliesen al

muchas dádivas y promesas, y dióles orden camino y tomasen el bajel del Cadí y sus
si

riquezas, pasando á cuchillo cuantos en él iban,
á Leonisa la cautiva
;

no fuese

que

á ella sola queria
el

por despojo

aventajado á los

muchos haberes que
le

bergantín llevaba.

Ordenóles también que

echasen á fondo, de manera

que ninguna cosa quedase que pudiese dar indicio de su
perdición.

La
el

codicia del saco les puso alas en los pies y

esfuerzo en

corazón, aunque bien vieron que poca de,

fensa hablan de hallar en los del bergantín

según iban des-

armados y

sin

sospecha de semejante acontecimiento.
el

Dos
Cadí

dias

habia ya que

bergantín caminaba, que
el

al

se le hicieron

dos siglos, porque luego en

primero

quisiera poner en efecto su determinación;

mas

aconsejá-

ronle sus esclavos que

convenia primero hacer de suerte
á su

que Leonisa cayese mala, para dar color

muerte, y que esto habia de ser con algunos dias de enfermedad. El no
quisiera sino decir

que habia muerto de repente, y acabar
consumiendo; pero

presto con todo, y despachar á su mujer, y aplacar el fue-

go que

las

entrañas poco á poco

le

iba

EL

AMANTE

LIBERAL.
el

I31

en efeto hubo de condecender con

parecer de los dos.
su intento á

Ya en esto habia Halima declarado mut y á Ricardo, y ellos estaban en
pasar de las cruces de Alejandría ó
al

Mahaal

ponerlo por obra

entrar de los castillos

de

la

Natolia; pero fué tanta

la priesa
la

que

el

Cadí

les

daba,

que

se ofrecieron

de hacerlo en
al

primera comodidad que
seis
el

se les ofreciese;

y un dia,
al

cabo de

que navegaban y
fingimiento de
la

que ya

le

parecia

Cadí que bastaba

enfermedad de Leonisa, importunó á sus esclavos que otro
dia concluyesen con

Halima, y

la arrojasen al

mar amorta-

jada, diciendo ser la cautiva del

Gran Señor.
cumplimiento de

Amaneciendo, pues,

el

dia en que, según la intención de
el

Mahamut
vela y

y de Ricardo, habia de ser

sus deseos ó el fin de sus dias, descubrieron

un

bajel

que

á

remo

les

venia dando caza. Temieron fuese de co-

sarios cristianos,

de

los cuales ni

los

unos ni

los otros

po-

dían esperar buen suceso; porque de serlo, se temía ser los

moros cautivos, y
bertad
,

los cristianos,

aunque quedasen con
;

li-

quedarían desnudos y robados
la libertad

pero

Ricardo con
contentaran.

de Leonisa y

la

y de entrambos se
la

Mahamut

Con

todo esto que se imaginaban, temían

insolencia de la gente cosaria, pues jamas la
tales ejercicios,

que

se

da á

de cualquiera ley ó nación que sea, deja de

un ánimo cruel y una condición insolente. Pusiéronse en defensa, sin dejar los remos de las manos y hacer todo
tener

cuanto pudiesen
les

;

pero pocas horas tardaron que vieron que
,

iban entrando, de

modo que
Viendo
,

en menos de dos se

les

pulos

sieron á tiro de caiíon.

esto,
los
el

amainaron, soltaron
,

remos
dijo

,

tomaron

las

armas

y

esperaron
bajel era

aunque

el

Cadí

que no temiesen, porque

turquesco, y que

132

NOVELAS EJEMPLARES.
haria daño alguno.
el

no

les

Mandó
la

poner luego una bandera
le

blanca de paz en

peñol de

popa, porque

viesen los

que ya ciegos y codiciosos venian con gran
tir el

furia á

embes-

mal defendido bergantin. Volvió en
vio

esto la cabeza

Ma-

hamut, y

que de

la parte

de Poniente venia una galeota,

á su parecer, de veinte bancos, y díjoselo al Cadi, y algunos
cristianos

que iban

al

remo
;

dijeron

que
les

el bajel

que
la

se des-

cubria era de cristianos

todo lo cual

dobló

confusión
te-

y

miedo, y estaban suspensos sin saber lo que harian, miendo y esperando el suceso que Dios quisiese darles.
el

Paréceme que
en Nicosia, toda

diera el Cadí en aquel punto, por hallarse
la

esperanza de su gusto

:

tanta era la conel

fusión en que se hallaba;
bajel
lo

aunque
de

le

quitó presto della

primero, que

sin respeto

las

banderas de paz ni de

que

a su religión debian, embistieron
furia,

con

el

del

Cadí

con tanta
conoció
el

que estuvo poco en echarle á fondo. Luego
los

Cadí

que

le

acometían

,

y vio que eran sol-

dados de Nicosia, y adivinó lo que podia ser, y dióse por
perdido y muerto
;

y

si

no fuera que

los soldados se dieron

antes á robar que á matar,

ninguno quedara con vida; mas

cuando

andaban más encendidos y más atentos en su robo, dio un turco voces, diciendo: «Arma, soldados; que
ellos

un

bajel de cristianos nos embiste.»

Y así

era la verdad, porque el bajel

que descubrió

el

ber-

gantin del Cadí venia con insignias y banderas cristianescas; el cual llegó

con toda furia á embestir
,

el bajel

de

Ra-

zan

;

pero antes que llegase

preguntó uno desde

la

proa, en

lengua turquesca, que qué bajel era aquel. Respondiéronle

que era de Hazan-bajá, virey de Chipre. «Pues ¿cómo,
plicó el turco, siendo vosotros

re-

mosolimanes, embestís y ro-

EL
bais á ese bajel,

AMANTE

LIBERAL.
él el

I

^3

que nosotros sabemos que va en
respondieron que
les

cadí

de Nicosia?
cosa

»

A lo cual
el

ellos
le

no sabían otra

más de que

Bajá

habia ordenado

tomasen, y que

ellos,

como

sus soldados y obedientes, habian

hecho su man-

damiento.
Satisfecho de lo que saber queria
bajel
el

capitán del segundo

que venia

á la cristianesca, dejó de embestir al de

Ha-

zan, y acudió

al del

Cadí, y á

la

primera rociada mató más
le

de diez turcos de

los

que dentro estaban, y luego
;

entró

con grande ánimo y presteza mas apenas hubieron puesto los pies dentro, cuando el Cadí conoció que el que le embestía

no era
el

cristiano, sino Alí-bajá, el

enamorado de Leo,

nisa

;

cual, con el

mismo

intento que

Hazan habia

estado

esperando su venida, y por no ser conocido, habia hecho vestidos á sus soldados como cristianos, para que con esta
industria fuese
las

más cubierto su hurto. El Cadí, que conoció

intenciones de los amantes y traidores,
:

comenzó

á grantrai-

des voces á decir su maldad, diciendo

^*¿Qué es esto,

dor Alí-bajá?
cir turco),

¿Cómo,
salteas

siendo tú mosoliman (que quiere de-

me

como

cristiano?

Y

vosotros, traidores

soldados de Hazan, ;qué
tan grande insulto?

demonio

os

ha movido á cometer
apetito lascivo del

¿Cómo, por cumplir el
ir

que aquí

os envia, queréis

contra vuestro natural señor?»
las

A

estas palabras

suspendieron todos
,

armas, y unos á

otros se miraron y se conocieron

porque todos habian sido

soldados de un

mismo

capitán y militado debajo de una banlas

dera

;

y confundiéndose con
maleficio, se les

razones del Cadí y con su
los filos

mismo
y
se les

embotaron
ánimos
al
:

de

los

alfanges

desmayaron

los

sólo Alí cerró los ojos y los

oidos á todo, V arremetiendo

Cadí,

le

di(')

una

tal

cuchi-

I

:^4

NOVELAS EJEMPLARES.
,

liada en la cabeza

que

si

no fuera por

la

defensa que hi-

cieron cien varas de toca con que venia ceñida, sin
la partiera

dudase

por medio; pero con todo
al

,

le
:

derribó entre los bancruel renegado,

cos del bajel, y

caer dijo

el

Cadí
i

«¡Oh

enemigo de mi divino profeta I y

es posible

que no ha de

haber quien castigue tu crueldad y tu grande insolencia?

¿Cómo,

maldito, has osado poner

las

manos y

las

armas

en tu cadí y en un ministro de

Mahoma?»

Estas palabras

añadieron fuerza á fuerza a
los soldados

las

primeras ,

las cuales oidas

de

de Hazan, y movidos de temor que los soldales

dos de Alí

hablan de quitar

la presa,

que ya

ellos

por

suya tenian, determinaron de ponerlo todo en aventura; y comenzando uno y siguiéndole todos dieron en los soldados
,

de Alí con tanta priesa, rencor y brío, que en poco espacio
los los

pararon tales, que aunque eran
redujeron á

muchos más que

ellos,

número pequeño; pero los que quedaron,

vol-

viendo sobre
los

sí,

vengaron á sus compañeros, no dejando de

de Hazan apenas cuatro con vida, y éstos

muy mal

he-

ridos.

Estábanlos mirando Ricardo y

Mahamut, que
el escotillón

de cuando
la

en cuando sacaban

la

cabeza por

de

cámara

de popa, por ver en qué paraba aquella grande herrería que

sonaba
tos
,

;

y viendo

cómo

los turcos estaban casi todos
,

muer-

y

los vivos

mal heridos y cuan fácilmente

se

podia dar

cabo de todos, llamó

Mahamut
con
ellos

á dos sobrinos de

Halima,

que

ella

habia hecho embarcar consigo, para que ayudasen

á levantar el bajel, y

y con su padre, tomando
buenas boyas,

alfanges de los muertos, saltaron en crujía, y apellidando

«¡Libertad, libertad!» y ayudados de
tianos griegos,

las

cris-

con facilidad y

sin recebir herida, los

dego-

EL
liaron á todos,

AMANTE

LIBERAL.
la

I

35

y pasando sobre

galeota de Alí, que sin de-

fensa estaba, fácilmente la rindieron y ganaron, con cuanto

en

ella venia.

De
mató

los

que en

el

segundo encuentro murieron, fué de

los
le

primeros Alí-bajá, que un turco, en venganza del Cadí,
á cuchilladas.

Diéronse luego todos, por consejo de

Ricardo, á pasar cuantas cosas habia de precio en su bajel y en el de Hazan á la galeota de Alí, que era bajel mayor y

acomodado para cualquier cargo ó
cristianos; los cuales, contentos

viaje,
la

y ser

los

remeros

con

alcanzada libertad y
se ofre-

con muchas cosas que Ricardo repartió entre todos,
cieron de llevarle hasta Trápana, y aun hasta
el

cabo del

mundo,

si

quisiese;
el

y con esto,
se

Mahamut
fueron á

y Ricardo, llenos

de gozo por
la dijeron

buen suceso,
si

la

mora Halima, y
las

que

queria volverse á Chipre, que con

bue-

nas boyas le armarian su

mismo

bajel,

y

le

darian la mitad

de

las

riquezas que habia embarcado;

mas

ella,

que en tanta

calamidad aun no habia perdido
cardo tenia, dijo que queria
irse

el carifio

y amor que á Ride cris-

con

ellos á tierra

tianos, de lo cual sus padres se holgaron en extremo.

El Cadí volvió en su acuerdo, y

le

curaron

como

la

oca-

sión les dio lugar, á quien también dijeron

que escogiese

una de dos

:

ó que se dejase llevar á tierra de cristianos, ó

volverse en su

mismo
le le

bajel á Nicosia.
tales

El respondió que ya
les

que

la

fortuna

habia traido á

términos,

agradecia

la libertad

que
al

á quejarse

daban, y que queria ir á Constantinopla Gran Señor del agravio que de Hazan y de Alí
le

habia recebido; mas cuando supo que Halima

dejaba y se
el

queria volver cristiana, estuvo en poco de perder

juicio.

En

resolución,

le

armaron su mismo

bajel, y le

proveyeron

136
de todas
las

NOVELAS EJEMPLARES.
cosas necesarias para su viaje, y aun le dieron

algunos cequíes de los que hablan sido suyos, y despidiéndose de todos con determinación de volverse á Nicosia, pidió, antes

que

se hiciese á la vela,

que Leonisa

le

abrazase;

que aquella merced y favor seria bastante para poner en olvido toda su desventura. Todos suplicaron á Leonisa diese
aquel favor á quien tanto la queria, pues en ello no
iria

contra
le

el

decoro de su honestidad. Hizo Leonisa lo que
el

rogaron, y

Cadí

le pidió le pusiese las

manos sobre
habiendo

la

cabeza, porque

él llevase

esperanzas de sanar de su he-

rida;

en todo

le

contentó Leonisa.
al bajel

Hecho

esto, y

dado un barreno

de Hazan, favoreciéndoles un lelas

vante fresco, que parecía que llamaba

velas para

en-

tregarse en ellas, se las dieron, y en breves horas perdieron

de vista
estaba

al bajel del

Cadí,

el

cual con lágrimas en los ojos

mirando cómo

se llevaban los vientos su

hacienda,

su gusto, su mujer v su alma.

Con

diferentes pensamientos de los del

Cadí navegaban

Ricardo y

Mahamut; y
sin

así, sin

querer tocar en tierra en

ninguna parte, pasaron á
lanzado
,

la vista

de Alejandría de golfo
necesidad de apro-

y

amainar

velas

y

sin tener

vecharse de los remos, llegaron a

la fuerte isla

de Corfú,

donde hicieron agua, y luego, sin detenerse, pasaron por los infamados riscos Acroceraunos y desde lejos, al segundo
,

dia, descubrieron á

Paquino, promontorio de

la fértilísima

Tinacria, á vista de la cual y de la insigne

isla

de Malta
el

volaron, que no con
leño.

menos

ligereza navegaba
isla,

dichoso

En

resolución, bajando la
la

de

allí

á cuatro dias

descubrieron

Lampadosa, y luego

la isla

donde

se per-

dieron, con cuva vista se estremeció Leonisa, viniéndole á

EL
la

AMANTE

LIBERAL.

I

37

memoria

el

peligro en que ella se habia visto; otro dia

vieron delante de

la

deseada y amada 'patria; renovóse

la

alegría en sus corazones, alborotáronse sus espíritus con el

nuevo contento, que
se

es

uno de

los

mayores que en

esta vida

pueden tener,

llegar después de
al

luengo cautiverio salvo

y sano á su patria, y

que

á éste se le

puede igualar

es el

que

se recibe

de

la vitoria la

alcanzada de los enemigos.

Habíase hallado en
tas

galeota una caja llena de banderelas

y flámulas de diversas colores de sedas, con
la galeota.

cuales

hizo Ricardo adornar
seria,

Poco después de amanecer
la ciu-

cuando

se hallaron á

menos de una legua de

dad, v bogando á cuarteles, y alzando de cuando en cuando
alegres voces y gritos, se iban llegando al puerto, en el cual en un instante pareció infinita gente del pueblo, que ha-

biendo visto

cómo

aquel bien adornado bajel tan despacio

se llegaba á tierra,

no quedó gente en toda

la

ciudad que

dejase de salir á la marina.

En

este entretanto
se

habia Ricardo pedido y suplicado á
la

Leonisa que

adornase y vistiese de
la

misma manera que
así,

cuando entró en

tienda de los bajaes; porque queria hacer
sus padres.

una graciosa burla á
las á galas, perlas

Hízolo

y añadiendo ga-

á perlas, y belleza á belleza, que suele acre-

centarse con

el

contento, se vistió de

modo, que de nuevo
y todos
los cris-

causó admiración y maravilla. Vistióse asimismo Ricardo á
la

turquesca, y lo

mismo

hizo

Mahamut
al

tianos del

remo, que para todos hubo en

los vestidos
las

de los

turcos muertos.

Cuando

llegaron

puerto serian

ocho

de

la

mañana, que

tan serena y clara se mostraba,

que pa-

recía
tes

que estaba atenta mirando aquella alegre entrada. Anel

de entrar en

puerto hizo Ricardo disparar

las

piezas

:

138
de
la

NOVELAS EJEMPLARES.
galeota,
la

que eran un cañón de

crujía y dos falconetes

respondió

ciudad con otras tantas.
la

Estaba toda
bajel;

gente confusa, esperando entrase

el

bizarro

pero cuando vieron de cerca que era turquesco, porde
los

que

se divisaban los blancos turbantes

que moros pa-

recían, temerosos y
las

con sospecha de algún engaño, tomaron
al

armas y acudieron
la

puerto todos

los

que en

la

ciudad
la

son de milicia, y

gente de á caballo se tendió por toda
los

marina; de todo lo cual recibieron gran contento

que

poco á poco

se fueron llegando hasta entrar

en

el

puerto,

dando fondo junto

á tierra; y arrojando en ella la plancha,

soltando á una los remos todos, uno á uno,

como en

pro-

cesión, salieron á tierra, la cual con lágrimas de alegría

besaron una y muchas veces; señal clara que dio á entender
ser cristianos,

que con aquel

bajel se

hablan alzado.

A

la

postre de todos salieron el padre y

dos sobrinos, todos vestidos á la
la

madre de Halima y sus turquesca. Hizo fin y remate
rostro

hermosa Leonisa, cubierto

el

con un tafetán carespec-

mesí; traíanla en medio Ricardo y
táculo llevó tras

Mahamut; cuyo

los ojos

de toda aquella infinita multitud

que

los

miraba.

En

llegando á tierra hicieron
el suelo.

como

los

demás, besándola, postrados por

y gobernador de la ciudad, que bien conoció que eran los principales de todos;
esto llegó á ellos el capitán

En

mas apenas hubo
corrió con los

Ricardo, y brazos abiertos y con señales de grandísimo
llegado,
á
el

cuando conoció

contento á abrazarle. Llegaron con
lio

Gobernador, Corne-

y su padre, y

los

de Leonisa, con todos sus parientes, y de Ricardo, que todos eran los más principales de la
los
al

ciudad. Abrazó Ricardo

Gobernador, y respondió

á to-

»

EL

AMANTE
le

LIBERAL.
la

139

dos los parabienes que
nelio (el cual,

daban; trabó de

mano

á

Corla

como

le

conoció y se vio asido del, perdió

color del rostro y casi

comenzó
la

teniendo asimismo de
tesía os

mano

á

miedo), y Leonisa, dijo «Por corá temblar de
:

ruego, señores, que antes que entremos en
el

la

ciu-

dad y en

templo

á dar las debidas gracias á nuestro Se-

ñor, de las grandes mercedes

que en nuestra desgracia nos

ha hecho

,

me

escuchéis ciertas razones que deciros quiero.
dijese lo

A

lo cual el

Gobernador respondió que
le

que qui-

siese;

que todos

escucharian con gusto y con silencio.
los

Rodeáronle luego todos

más de

los principales,

v

él, al-

zando un poco
«Bien
se os

la

voz, dijo desta manera:
la

debe acordar, señores, de
el

desgracia que

algunos meses há en

jardín de las Salinas

me

sucedió

con
la

la

pérdida de Leonisa; también no se os habrá caido de
la diligencia

memoria

que yo puse en procurar su
la

liber-

tad, pues

olvidándome de
ésta,

mia, ofrecí por su rescate toda
al

mi hacienda, aunque
puede
el

que

parecer fué liberalidad, no
la

ni

debe redundar en mi alabanza, pues

daba por

rescate de

mi alma. Lo que después

acá á los dos ha su-

cedido, requiere para más tiempo otra sazón y coyuntura,

y otra lengua no tan turbada

como

la

mia

:

basta deciros

por ahora que después de varios y extraños acaecimientos,

y después de mil perdidas esperanzas de alcanzar remedio
de nuestras desdichas,
el

piadoso cielo, sin ningún merecila

miento nuestro, nos ha vuelto á
llenos de contento,

deseada patria, cuanto
dellas

colmados de riquezas; y no nace

ni de la libertad alcanzada el sin igual gusto

que tengo, sino

del

que imagino que tiene
así

esta en

paz y en guerra dulce
por ver,

enemiga mia,

por verse libre,

como

como

ve,

el

140

NOVELAS EJEMPLARES.
Todavía

retrato de su alma.

me

alegro de la general alegría

que tienen

los

que

me han

sido

compañeros en

la miseria;

y

aunque
dar
las

las

desventuras y

tristes

acontecimientos suelen

mu-

condiciones y aniquilar los ánimos valerosos, no ha

sido así con el

verdugo de mis buenas esperanzas; porque

con más valor y entereza que buenamente decirse puede,

ha pasado

el

naufragio de sus desdichas y los encuentros de
lo cual
los

mis ardientes cuanto honestas importunaciones; en
se verifica

que mudan

el cielo,

y no

las

costumbres,

que

en

ellas tal

vez hicieron asiento.
le ofrecí

De

todo esto que he dicho
rescate,

quiero inferir que yo
di

mi hacienda en
la vida,

y

le

mi alma en mis
ella,

deseos; di traza en su libertad, y aventuré
la

por

más que por

mia,

y todos éstos, que en
ser cargos

otro sugeto

más agradecido pudieran

de algún

momento, no quiero yo que
en que
te

lo sean; sólo quiero lo sea éste

pongo ahora.»

Y

diciendo esto, alzó
el

la

mano, v

con honesto comedimiento quitó
Leonisa, que fué
la

antifaz del rostro de
tal
:

como

quitarse la

nube que

vez cubre

hermosa claridad

y prosiguió diciendo «Ves aquí, ¡oh Cornelio! te entrego la prenda que tú dedel sol,
las

bes de estimar sobre

cosas

que son dignas de estimarse;
te

y ves aquí tú, hermosa Leonisa,
has tenido en la memoria. Esta
liberalidad, en
la

doy

al

que

tú siempre

quiero que se tenga por
la

cuya comparación dar

hacienda,

la

vida y

honra no
si

es nada. Recíbela,

¡oh venturoso mancebo! recí-

bela, y

llega tu

conocimiento á tanto, que llegue á conoel

cer valor tan grande, estímate por
tierra.

más venturoso de

la

Con

ella te

daré asimismo todo cuanto
el

me

tocare de

parte en lo

que

á todos

cielo nos

ha dado

,

que bien creo

que pasará de

treinta mil escudos; de todo puedes gozar á

EL

AMANTE
felices

LIBERAL.
al

I41
cielo

tu sabor con libertad, quietud y descanso, y plega

que sea por luengos y

años.

Yo

sin ventura,

pues

quedo

sin

Leonisa, gusto de quedar pobre; que á quien
vida
le sobra.»

Leonisa

le falta, la

Y
guno

en diciendo esto calló,
la

como
allí

si

al

paladar se hubiera
,

pegado

lengua; pero desde
:

á

un poco antes que nin-

hablase, dijo

dos trabajos

«¡Válame Dios, y cómo los apretaturban los entendimientos! Yo, señores, con el

deseo que tengo de hacer bien, no he mirado lo que he di-

cho, porque no
beral de lo ajeno

es posible
:

que nadie pueda demostrarse

li-

¿qué jurisdicion tengo yo en Leonisa, para
ofrecer lo

darla á otro?
ser

O

¿cómo puedo
es suya,

que

está tan lejos de

mió? Leonisa
felices

y tan suya, que á

faltarle sus padres,

que
y
si

años vivan, ningún opósito tuviera á su voluntad;
las

se

pudieran poner

obligaciones que

como

discreta

debe de pensar que

me

tiene, desde aquí las borro, las can-

celo y doy por ningunas; y así, de lo dicho

me

desdigo,

y no doy á Cornelio nada, pues no puedo
la

:

sólo confirmo

manda de mi hacienda hecha

á Leonisa, sin querer otra

recompensa sino que tenga por verdaderos mis honestos
pensamientos, y que crea dellos que nunca se encaminaron ni miraron á otro punto que el que pide su incomparable
honestidad, su gran valor é infinita hermosura.»
Calló Ricardo en diciendo esto; á lo cual Leonisa respondió en esta

manera

:

«Si algún favor, ¡oh Ricardo! imaginas

que yo hice

á Cornelio en el

tiempo que tú andabas de mí

enamorado y
guiado por
la

celoso, imagina

que fué tan honesto, como

voluntad y orden de mis padres, que atentos á
á ser

que
si

le

moviesen

mi

esposo, permitian que se los diese;
lo estarás

quedas desto satisfecho, bien

de lo que de

te

142

NOVELAS EJEMPLARES.
la

ha mostrado

experiencia cerca de

mi honestidad y

recato.
fui

Esto digo por darte á entender, Ricardo, que siempre

mia,

sin estar sujeta á otro
es

que

á

mis padres, á quien ahora

humildemente, como

libertad para disponer la

den licencia y que tu mucha valentía y liberalila

razón, suplico

me

dad

me ha

dado.» Sus padres dijeron que se

daban, por-

que fiaban de su mucha discreción que usaria

della de

modo

que siempre redundase en su honra y en su provecho. uPues con esa licencia, prosiguió la discreta Leonisa, quiero que no
se

me

haga de mal mostrarme desenvuelta,
;

á trueque de
!

no

mostrarme desagradecida

y

así

,

oh
i

valiente Ricardo

mi

voluntad, hasta aquí recatada, perpleja y dudosa, se declara

en favor tuyo; porque sepan

los

hombres que no todas
muerte

las

mujeres son ingratas, mostrándome yo siquiera agradecida.

Tuya

soy, Ricardo

,

y tuya seré hasta
te

la

jor conocimiento

no

mueve

á negar la

memano que de mi
,

si

otro

esposo te pido.»

Quedó como

fuera de

á estas razones

Ricardo, y no

supo ni pudo responder con otras á Leonisa, que con hincarse de rodillas ante ella y besarle las

manos, que

le

tomó

por fuerza muchas veces, bañándoselas en tiernas y amoro-

Derramólas Cornelio de pesar, y de alegría padres de Leonisa y de admiración y de contento todos
sas lágrimas.
,

los

los
la

circunstantes; hallóse presente

el

obispo ó arzobispo de
al

ciudad, y con su bendición y licencia, los llevó

dispensando en

el

tiempo,

los

desposó en
la

el

templo, y mismo punto.
la

Derramóse

la alegría

por toda

ciudad, de

cual dieron

muestra aquella noche
dias la dieron

infinitas luminarias,

y otros muchos

muchos juegos y

regocijos que hicieron los

parientes de Ricardo y de Leonisa. Reconciliáronse con la

EL
Iglesia
plir el

AMANTE

LIBERAL.
imposibilitada de

I

43

Mahamut

y Halima,

la cual,

cumHacu-

deseo de verse esposa de Ricardo, se contentó con

serlo de

Mahamut.

A

sus padres y á los sobrinos de

lima dio

la liberalidad

de Ricardo, de

las partes

que

le

pieron del despojo, suficientemente con qué viviesen.

Tola

dos, en fin, quedaron contentos, libres y satisfechos, y

fama de Ricardo, saliéndose de
extendió por todos
los

los

términos de

Sicilia, se

y de otras muchas partes, debajo del nombre del Amante liberal, y aun hasta hoy dura
de
Italia

en

los

muchos

hijos
,

que tuvo en Leonisa, que fué ejemplo
,

raro de discreción

honestidad

recato y hermosura.

FIN DEL

AMANTE LIBERAL.

RINCONETE Y CORTADILLO.

En
los

la

venta del Molinillo, que está puesta en los fines de

famosos campos de Alcudia,

como vamos de

Castilla á la

Andalucía, un dia de
ella acaso

los calurosos del

verano se hallaron en
á quince

dos

muchachos de hasta edad de catorce
el

años

el

uno, y

otro

no pasaba de diez y

siete;

ambos de
medias

buena gracia, pero

muy

descosidos, rotos y maltratados.
las

Capa no
porque
dos
,

la tenian; los

calzones eran de lienzo y
lo

de carne; bien
los del

es

verdad que

enmendaban
traidos

los zapatos,

uno eran alpargates tan
picados y sin suelas
,

como

lleva-

y

los del otro

de manera que más
el

le servian

de cormas que de zapatos. Traia
otro

uno montera
copa y pechos, traia

verde,

el

un sombrero

sin

toquilla, bajo de

ancho de

falda; á la espalda, y ceñida por los

uno una camisa de color de camuza, encerrada y recogida toda en una manga; el otro venia escueto y sin alforjas,
puesto que en
lo
el

seno se

le

parecia un gran bulto, que, á
los

que después pareció, era un cuello de

que llaman va-

lonas, almidonado con grasa, y tan deshilado de roto, que

todo parecia hilachas. Venian en

él

envueltos y guardados
ejercitarlos, se les
las

unos naipes de figura ovada, porque de
habian gastado
las

puntas, y porque durasen más, se

»

146
cercenaron y
los

NOVELAS EJEMPLARES.
dejaron de aquel
talle.

Estaban

los

dos que-

mados

del sol, las uñas caireladas

y

las

manos no muy limel

pias; el

uno

tenia

una media espada, y
los suelen

otro

un cuchillo

de cachas amarillas, que

llamar vaqueros.
portal ó cobertizo
el

Saliéronse los dos á sestear en

un

que

delante de la venta se hace, y sentándose frontero
del otro, el

uno

que parecia de más edad

dijo al

más pequeño:

«¿De qué

tierra es

vuesa merced, señor gentilhombre, y
.f*

para dónde bueno camina

— Mi
no

tierra, señor caballero,

respondió

el

preguntado,

la sé, ni

para dónde camino, tampoco.

— Pues en
merced
del

verdad, dijo

el

mayor, que no parece vuesa

cielo,

asiento en

él;

y que éste no es lugar para hacer su que por fuerza se ha de pasar adelante.
el

— Así
dad en
lo

es,

respondió

mediano; pero yo he dicho vertierra

que he dicho, porque mi
ella

no

es

mia, pues

no tengo en

más de un padre que no me

tiene por hijo,
el

y una madrastra que

me

trata

como

alnado;

camino que

llevo es á la ventura, y

allí le

daria fin

donde

hallase quien

me

diese lo necesario para pasar esta miserable vida.

—Y
de; y

¿sabe vuesa

merced algún
:

oficio?»

preguntó

el

grancorro
tijera

el

menor respondió
liebre

como una

y

salto

uNo sé otro, sino que como un gamo, y corto de
útil

muy

delicadamente.
eso es

y provechoso, dijo grande; porque habrá sacristán que le dé á vuesa merced

—Todo — No

muy

bueno,

el

la
le

ofrenda de Todos Santos porque para
corte florones de papel para el
es

el

Jueves Santo

monumento.
el

mi

corte desa manera, respondió
la

menor, sino

que mi padre, por

misericordia del cielo, es sastre y cal-

RINCONETE Y CORTADILLO.
cetero, y

147

me

enseñó á cortar antiparas, que,

como

vuesa

merced bien sabe, son medias
su propio

calzas con avampiés,

que por

nombre

se suelen

llamar polainas; y cortólas tan

bien, que en verdad que
sino que la corta suerte

— Todo
son
las

me podria examinar me tiene arrinconado.
los
las

de maestro,

eso y

más acontece por

buenos, respondió

el

grande, y siempre he oido decir que

buenas habilidades

más perdidas; pero aun edad tiene vuesa merced para enmendar su ventura. Mas si yo no me engaño y el
ojo
tas,

no

me

miente, otras gracias tiene vuesa merced secrequiere manifestar.
el


los

y no

las

tengo, respondió

pequeño; pero no son para en

público,

como
el

vuesa merced ha

muy

bien apuntado.»

A

lo

cual replicó

grande

:

«

Pues yo

le sé decir

que soy uno de

más

secretos

mozos que en grande

parte se pueden ha-

llar;

y para obligar á vuesa merced que descubra su pecho

y descanse conmigo, le quiero obligar con descubrirle el mió primero, porque imagino que no sin misterio nos ha juntado aquí
hasta
el

la suerte,

y pienso que habemos de

ser,

deste

último dia de nuestra vida, verdaderos amigos. ))Yo, señor hidalgo, soy natural de la Fuenfrida, lugar
ilustres pasajeros
es

conocido y famoso por los contino pasan; mi nombre
es

que por

él

de

Pedro
es

del

Rincón; mi padre
la

persona de calidad, porque

ministro de

Santa Crulos

zada; quiero decir, que es hulero ó buldero,
el

como
y

llama

vulgo. Algunos dias

le

acompañé en

el oficio,
las

le

aprendí
al

de manera, que no daria ventaja en echar

bulas

que

más presumiese en

ello;

pero habiéndome un dia aficionado

más

al

dinero de

las

bulas

que

á las

mismas
él

bulas,

me

abracé

con un talego, y

di

conmigo y con

en Madrid, donde.

148

NOVELAS EJEMPLARES.
las

con

comodidades que

allí

de ordinario se ofrecen
talego, y le dejé con
el

,

en po-

cos dias saqué las entrañas
bleces

al

más doá

que pañizuelo de desposado. Vino
el

que tenia

cargo

dinero tras mí; prendiéronme, tuve poco favor,
se

aunque viendo aquellos señores mi poca edad,
taron con que
las

conten-

me
un

arrimasen

al

aldabilla

y

me

mosqueasen
por

espaldas por

rato, y con

que

saliese desterrado

cuatro años de

la corte.

Tuve

paciencia, encogí los

hom-

bros, sufrí la tanda y
tierro

con tanta

mosqueo, y salí á cumplir mi despriesa, que no tuve lugar de buscar caballas

gaduras.

Tomé
más

de mis alhajas
necesarias,

que pude y
ellas

las

que

me
el

parecieron

y entre
los

saqué estos naipes

(y á este tiempo descubrió

que

se

ha dicho que en

cuello traia), con los cuales he ganado

mi vida por

los

meá la

sones y ventas que hay desde
veintiuna; y aunque vuesa
tratados, usan de

Madrid aquí, jugando
los

merced

ve tan astrosos y mallos
si

una maravillosa virtud con quien

en-

tiende, que no alzará que no quede un as debajo; y

vuesa
el

merced

es

versado en este juego, verá cuánta ventaja lleva
cierto

que sabe que tiene
servir de
la

un

as á la

primera

carta,

que

le

puede

un punto y de once; que con esta ventaja, siendo veintiuna embidada, el dinero se queda en casa. Fuera un embajador
ciertas treel

desto, aprendí de un cocinero de
tas

de quínolas y del parar, á quien también llaman
así

an-

dabola; que
el

como

vuesa merced se puede examinar en

corte de sus antiparas, así

puedo yo

ser

maestro en

la

ciencia villanesca.

Con

esto

voy seguro de no morir de
á

hambre, porque aunque llegue

un

cortijo,

hay quien
y veamos

quiera pasar tiempo jugando un rato, y desto
cer luego la experiencia los dos:

hemos de ha-

armemos

la red,

RINCONETE Y CORTADILLO.
si

1

49

cae algún pájaro destos arrieros que aquí hay; quiero de-

cir,

que juguemos

los

dos á la veintiuna

como

si

fuese de

veras;

que
la

si

alguno quisiere ser tercero,

él será el

primero

que deje

pecunia.
el

— Sea
encubra

en buen hora, dijo
la

otro, y en

merced

muy
le

grande tengo

que vuesa merced

me ha hecho

en darme

cuenta de su vida, con que
la

me ha

obligado á que yo no
es ésta:

mia, que diciéndola más breve,
el

Pedroso, lugar puesto entre Salamanca y Medina del Campo; mi padre es sastre; enseñóme su oficio,
nací en

»Yo

y de corte de
bolsas.

tisera,
la

con mi buen ingenio

salté
el

á cortar

Enfadóme
mi

vida estrecha del aldea y
dejé

desamo-

rado trato de
á ejercitar

mi madrastra;
oficio,

mi pueblo,

vine á Toledo

y en

él

he hecho maravillas; porque

no pende

relicario

de toca, ni hay faldriquera tan escondida,
visiten
ni

que mis dedos no
le estén

mis

tiseras

no corten, aunque

guardando con

los ojos

de Argos; y en cuatro
fui

me-

ses

que estuve en aquella ciudad, nunca

cogido entre

puertas, ni sobresaltado ni corrido de corchetes, ni soplado

de ningún cañuto; bien

es

verdad que habrá ocho dias que
al

una espía doble dio noticia de mi habilidad
cual, aficionado á

Corregidor,

el

mis buenas partes, quisiera verme; mas

yo, que, por ser humilde, no quiero tratar con personas tan
graves, procuré de no

verme con

él;

y

así salí

de

la

ciudad

con tanta priesa, que no tuve lugar de acomodarme de cabalgaduras ni blancas, ni de algún coche de retorno, ó por
lo

menos de un

carro.

Rincón, y pues ya nos conocemos, no hay para qué aquesas grandezas ni altiveces; confesemos
se borre, dijo

— Eso

llanamente que no tenemos blanca

ni

aun zapatos.

I^O

NOVELAS EJEMPLARES.
así,

— Sea

respondió Diego Cortado (que

así dijo el

me-

nor que se llamaba); y pues nuestra amistad, como vuesa merced, señor Rincón, ha dicho, ha de ser perpetua, co-

mencémosla con

santas y loables ceremonias.))
,

Y

levantánél, tierna

dose Diego Cortado, abrazó á Rincón

y Rincón á

y estrechamente; y luego se pusieron los dos á jugar á la veintiuna con los ya referidos naipes, limpios de polvo y de paja, mas no de grasa y malicia; y á pocas manos alzaba
tan bien por
el as

Cortado como Rincón, su maestro.
al

Salió en esto

un arriero á refrescarse
tercio; acogiéronle de
le

portal, y pidió

que queria hacer

buena gana, y en
y veinte y dos

menos de media hora
pesadumbres.

ganaron doce

reales

maravedises, que fué darle doce lanzadas y veinte y dos mil

Y

creyendo

el

arriero

que por

ser

muchachos
mas
ellos,
al

no

se lo defenderían, quiso quitarles el dinero;
el

poniendo
las

uno mano
le

á su

cachas amarillas,

media espada, y el otro dieron tanto que hacer, que duda
lo pasara harto mal.

de

á

no

salir sus

compañeros,

sin

A

esta sazón pasaron acaso

por

el

camino una tropa de
la

caminantes á caballo, que iban á sestear á
calde,
la

venta del Al-

que

está

media legua más adelante;
los

los cuales,

viendo

pendencia del arriero con
les

dos muchachos, los apaci-

guaron, y

dijeron

que

si

acaso iban á Sevilla, que se

viniesen con ellos. «Allá vamos, dijo Rincón, y serviremos
á vuesas mercedes en todo cuanto nos mandaren.))

Y sin

más

detenerse, saltaron delante de las muías y se fueron con
ellos,

dejando

al

arriero agraviado y enojado, y á la ventera

admirada de

la

buena crianza de

los picaros,

que

les

había

estado oyendo su plática, sin que ellos advirtiesen en ello;

y cuando dijo

al

arriero

que

les

había oído decir que los

RINCONETE V CÜKTADILLCX
naipes que traian eran falsos, se pelaba
ir

T51

las

barbas, y queria

á la venta tras ellos á cobrar su hacienda,

porque decía

que era grandísima afrenta y caso de menos valer que dos

muchachos hubiesen engañado

á

un hombrazo tan grande
que

como

él;

sus compafíeros le detuvieron y aconsejaron

no fuese, siquiera por no publicar su inhabilidad y simpleza. En fin, tales razones le dijeron, que aunque no le
consolaron,
le

obligaron á quedarse.
se

En
ban á

esto.

Cortado y Rincón
y aunque

dieron tan buena

maña

en servir á
las

los

caminantes, que lo más del camino
;

los lleva-

ancas
las

se les ofrecian algunas ocasiones
las

de tentar

balijas

de sus medios amos, no

admitie-

ron, por no perder la ocasión tan buena del viaje de Sevilla,

donde

ellos

tenian grande deseo de verse.

Con

todo esto,

á la entrada de la ciudad,

que fué

á la oración, y por la

puerta de

la

Aduana,
no
se

á causa del registro y almojarifazgo

que

se paga,

pudo contener Cortado de no
á las ancas traia

cortar la
la

balija ó

maleta que

un francés de

cama-

rada; y así, con el de sus cachas, le dio tan larga

y profunda

herida, que se parecían patentemente

las

entrañas, y sutil-

mente

le

sacó dos camisas buenas, un reloj de sol y un libro
las

de memoria, cosas que cuando

vieron,
el

no

les

dieron

mucho

gusto.

Y

pensando que pues
la

francés llevaba á las

ancas aquella maleta, no

habia de haber ocupado con tan

poco peso como era

el

que tenian aquellas preseas, quisie-

ran volver á darle otro tiento, pero no lo hicieron, imagi-

nando que ya
lo

lo

habrían echado menos, y puesto en recaudo

que quedaba.
Habíanse despedido, antes que
el salto

hiciesen

,

de

los
las

que
ca-

hasta

allí los

hablan sustentado; y otro dia vendieron

1^2
misas en
el

NOVELAS EJEMPLARES.
malbaratillo que se hace fuera de la puerta del
reales.

Arenal, y dellas hicieron veinte
á ver la ciudad, y admiróles la

Hecho

esto, se fueron

grandeza y suntuosidad de su
rio,

mayor
cuya
pas

iglesia, el

gran concurso de gente del
flota,

porque era

en tiempo de cargazón de
vista les hizo suspirar,

y habia en
el

él seis galeras,

y aun temer
ellas

dia

que sus cul-

les

habian de traer á morar en

de por vida. Echala esportilla

ron de ver los
allí

muchos muchachos de

que por

andaban; informáronse de uno de
si

ellos

qué oñcio era

aquel, y

era de

mucho

trabajo y de

qué ganancia.

Un

muchacho

asturiano, que fué á quien hicieron la pregunta,
el

respondió que

oficio era

descansado y de que no se pa-

gaba alcabala, y que algunos dias salia con cinco y con seis reales de ganancia, con que comia y bebia, y triunfaba como
cuerpo de rey,
libre
la

de buscar

seguro de comer á
llaba en el

quien dar fianzas, y hora que quisiese, pues á todas lo haá
la

amo

más mínimo bodegón de toda

ciudad

,

en

la

cual habia tantos y tan buenos.

No
como

les

pareció mal á los dos amigos la relación del astu-

rianillo, ni les

descontentó

el oficio,
el

por parecerles que venia

de molde para poder usar
la

suyo con cubierta y se-

guridad, por
las casas;

comodidad que

ofrecía de entrar en todas
los

y luego determinaron de comprar

instrumen-

tos necesarios

para usarle, pues lo podian usar sin examen.
al

Y

preguntándole

asturiano qué habian de comprar, les

respondió que sendos costales pequeños, limpios ó nuevos,

y cada uno

tres espuertas

de palma, dos grandes y una pe-

queña, en
en
el

las

cuales se repartía la carne, pescado y fruta, y

costal el

pan; y

él les

guió donde lo vendían; y
lo

ellos,

del dinero de la

galima del francés,

compraron todo, y

RINCONETE Y CORTADILLO.
dentro de dos horas pudieran estar graduados en
oficio,
el

I53

nuevo
los

según

les

ensayaban

las

esportillas

y asentaban

costales. Avisóles su adalid

de

los

puestos donde hablan de

acudir

:

por

las

mañanas

á la carnicería y á la plaza de San

Salvador, los dias de pescado á la pescadería y á la costanilla, todas las tardes al rio, los

jueves á

la feria.

Toda
bien de

esta lición

tomaron bien de memoria, y otro dia
en
la

mañana

se plantaron

plaza de San Salvador, y
los

apenas hubieron llegado, cuando
del oficio,

rodearon otros mozos y espuertas

que por

lo
la

flamante de

los costales

vieron ser nuevos en

plaza; hiciéronles mil preguntas, y á

todas respondían con discreción y mesura.

En

esto llegaron

un medio estudiante y un soldado, y convidados de la limpieza de las espuertas de los dos novatos, el que parecía estudiante llamó á Cortado, y
el

soldado á Rincón.

«En nombre
el ofi-

sea de Dios,» dijeron ambos.
cio, dijo

«Para bien

se

comience

Rincón; que vuesa merced
:

me

estrena, señor mió.»

A

lo cual respondió el soldado

«La

estrena no será mala,

porque estoy de ganancia y soy enamorado, y tengo de hacer

hoy banquete

á unas

amigas de mi señora.
á su gusto;

— Pues cargue vuesa merced
que ayude á
el

que ánimo tengo
si

y fuerzas para llevarme toda esta plaza, y aun
nester
guisallo, lo haré de

fuere

me-

muy buena voluntad.»
de aquel abatido
el

Contentóse
jole

soldado de la buena gracia del mozo, y díél

que

si

queria servir, que

le sacarla

oficio; á lo cual

respondió Rincón que por ser aquel
usaba, no
lo
le

dia

primero que
ver, á lo
le

le

queria dejar tan presto, hasta

menos,
él

contentase,

que tenia de malo ó bueno; y cuando no daba su palabra de servirle á él antes que
el

á

un canónigo. Rióse

soldado, cargóle

muy

bien,

mos-

154
trole la casa

NOVELAS EJEMPLARES.
de su

dama

para que

la

supiese de

allí

adelante,

y

él

no tuviese necesidad, cuando otra vez

le

enviase, de

acompañarle. Rincón prometió fidelidad y buen trato; dióle
el

soldado tres cuartos, y en un vuelo volvió á la plaza, por
les

no perder coyuntura; porque también desta diligencia
advirtió el asturiano, y de

que cuando llevasen pescado me-

nudo, conviene á saber, albures, ó sardinas, ó acedías, bien
podian tomar algunas y hacerles
la salva, siquiera

para

el

gasto de aquel dia; pero que esto habia de ser con toda sa-

gacidad y advertimiento, porque no se perdiese

el

crédito,

que era

lo

que más importaba en aquel

ejercicio.
el

mismo puesto á Cortado. Llegóse Cortado á Rincón, y preguntóle que cómo le habia ido. Rincón abrió la mano y mostróle los tres cuarPor presto que volvió Rincón, ya halló en
tos.

Cortado entró

la

suya en

el

seno, y sacó una bolsilla, que
los

mostraba haber sido de ámbar en
algo hinchada, y dijo
:

pasados tiempos; venia

«Con

ésta

me

pagó su reverencia del

estudiante y con dos cuartos más; tomadla vos. Rincón, por
lo

que puede suceder.»
do vuelve

Y habiéndosela ya dado secretamente,
estudiante trasudando y turbado de
le dijo si

veis aquí

el

muerte, y viendo á Cortado,

acaso habia visto una

bolsa de tales y tales señas, que con quince escudos de oro

en oro, y con

tres

reales

de á dos, y tantos maravedís en
si la

cuartos y en ochavos, le faltaba, y que le dijese

habia

tomado en
prando.

el

entretanto que con

él

habia andado

com-

A lo cual, con extraño disimulo, sin
:

alterarse ni

muque

darse en nada, respondió Cortado

«Lo que yo
si

sabré decir
es

desa bolsa es, que no debe de estar perdida,

ya no

vuesa merced

la

puso á mal recaudo.
pecador de mí, respondió
el

— Eso

es ello,

estudiante.

RINCONETE V CORTADILLO.
que
la

I

55

debí de poner á mal recaudo, pues
dijo

me

la

hurtaron.

— Lo mismo digo yo,
remedio,
si

Cortado; pero para todo hay
el

no

es

para

la

muerte, y

que vuesa merced po-

drá tomar es, lo primero y principal tener paciencia; que de menos nos hizo Dios, y un dia viene tras otro dia, y donde
las

dan

las

toman, y podria

ser

que con
y

el

tiempo

el

que

llevó la bolsa se viniese á arrepentir,

se la volviese á

vuesa

merced sahumada.

— El
cartas de
es

sahumerio

le

perdonariamos», respondió
:

el

estu-

diante; y Cortado prosiguió diciendo

«Cuanto más, que

descomunión hay paulinas, y buena diligencia, que madre de la buenaventura, aunque á la verdad no quiyo
ser el llevador de la bolsa,

siera

porque

si

es

que vuesa

merced

tiene alguna orden sacra, parecermehia á

mí que

habia cometido algún grande incesto ó sacrilegio.

—Y ¡cómo que ha cometido
lorido estudiante;

sacrilegio! dijo á esto el ado-

que puesto caso que yo no soy sacerdote,
el

sino sacristán de unas monjas,
tercio de

dinero de

la bolsa era del

una capellanía que
es

me
dijo

dio a cobrar un sacerdote

amigo mió, y

— Con
y

dinero sagrado y bendito.

su pan se lo

coma,

Rincón á

este

punto; no

le

arriendo la ganancia; dia de juicio hay, donde todo saldrá,
dicen, en la colada, y entonces se verá quién fué
el

como
llejas,

Ca-

atrevido que se atrevió á tomar, hurtar y

menos-

cabar

el tercio

de

la capellanía.

Y

¿cuánto renta cada año,

dígame,

seíior sacristán,
la

por su vida?

— Renta
decir lo
si

puta que

me

parió, y ¡estoy
el sacristán

yo agora para

que renta!» respondió

con algún tanto
si

de demasiada cólera; «decidme, hermano,
no, quedad con Dios; que yo
la

sabéis algo;

quiero hacer pregonar.

1^6

NOVELAS EJEMPLARES.
parece mal medio ése, dijo Cortado; pero ad-

— No me
vierta vuesa
si

merced no

se le olviden las señas

de

la bolsa,
ella;

ni la cantidad

puntualmente del dinero que va en

que
esto

yerra en un ardite, no parecerá en dias del

mundo, y

le

— No hay que temer
la

doy por hado.

deso, respondió
el

el sacristán;

que

lo

tengo más en

memoria que
>^

tocar de las campanas; no

me

erraré en

un átomo.
la

Sacó en esto de
limpiarse
el

faldriquera un pañuelo randado para

sudor, que llovia de su rostro

como
le

de alquitara,

y apenas

le

hubo

visto

Cortado, cuando

marcó por suyo;

y habiéndose ido
en
le
las

el sacristán.

Cortado

le

siguió, y le alcanzó

gradas, donde

le

llamó y

le retiró
,

á una parte, y

allí

comenzó

á decir tantos disparates

al

modo

de lo que

lla-

man

bernardinas, cerca del hurto y hallazgo de su bolsa,
sin

dándole buenas esperanzas,

concluir jamas razón que

comenzase, que
chándole; y
hacia que

el

pobre sacristán estaba embelesado escude entender lo que
tres veces.
le decia,

como no acababa
la cara

le repitiese la

razón dos y

Estábale milos ojos

rando Cortado á
de sus ojos;

atentamente, y no quitaba

el sacristán le

miraba de

la

misma manera,

es-

tando colgado de sus palabras. Este tan grande embelesa-

miento dio lugar á Cortado que concluyese su obra, y

sutil-

mente

le

sacó

el

pañuelo de
la tarde

la faldriquera,

y despidiéndose

del, le dijo

que á
él

procurase de verle en aquel

mismo

lugar, porque

traia entre ojos

que un muchacho de su

mismo

oficio

cillo, le

y de su mismc* tamaño, que era algo ladronhabia tomado la bolsa, y que él se obligaba á sa-

berlo dentro de pocos ó de

muchos

dias.

Con

esto se consoló algo el sacristán, y se despidió de

RINCONETE Y CORTADILLO.
Cortado,
el

I

57
lo

cual se vino

donde estaba Rincón, que todo

habia visto, un poco apartado del; y más abajo estaba otro

mozo de la esportilla, que vio todo lo que habia pasado y cómo Cortado daba el pañuelo á Rincón; y llegándose á
ellos,
les

dijo:

^i

Díganme, señores
razón,

galanes,

¿voacedes son

de mala entrada ó no?

— No
Rincón.

entendemos

esa

señor galán,

respondió

— ¡Qué! ¿no — No somos

entrevan, señores murcios? respondió

el otro.
si

de Teba ni de Murcia, dijo Cortado;
si

otra cosa quiere, dígala;

no, vayase con Dios.
el

— ¿No
señores,
si

lo

entienden? dijo

mozo; pues yo
:

se lo daré á

entender y á beber con una cuchara de plata
son vuesas mercedes ladrones.

quiero decir,
sé para

Mas no

qué

les

pregunto esto, pues sé ya que

lo son;

mas díganme,

¿cómo no han

ido á la aduana del señor
esta tierra almojarifazgo

Monipodio?
de ladrones, señor

— ¿Págase en

la

galán? dijo Rincón.
Si

no

se

paga, respondió

el

mozo,
es su

á lo

menos

regís-

transe ante el señor

Monipodio, que

padre, su maestro

y su amparo; y
obediencia, ó
les

así les
si

aconsejo que vengan

conmigo

á darle

no, no se atrevan á hurtar sin su señal,

que

costará caro.
dijo

—Yo pensé,
así es,

Cortado, que

el

hurtar era oficio libre,

horro de pecho y alcabala, y que si se paga es por ¡unto, dando por fiadores á la garganta y á las espaldas; pero, pues
y en cada tierra hay su uso, guardemos nosotros
el

desta,

que por

ser la
él;

más
así

principal del

mundo,

será el

más

acertado de todo

y

puede vucsa merced guiarnos donde
que va vo tengo barruntos,
se-

está ese caballero

que

dice,

158

NOVELAS EJEMPLARES.
lo

gun

que he oido decir, que
el oficio.

es

muy

calificado

y generoso,

V ademas hábil en

—Y ¡cómo que
dió
el

es calificado, hábil

y suficiente! respon-

el

mozo;

eslo tanto,

que en cuatro años que há que tiene

cargo de nuestro mayor y padre, no han padecido sino cuatro en el finibusterre, y obra de treinta embesados, y de
sesenta y dos en gurapas.

— En

verdad, señor, dijo Rincón, que
volar.

así

entendemos

esos

nombres como

— Comencemos
camino, respondió
conviene saberlos

á andar;
el

que yo

los iré

declarando por

el

mozo, con
el

otros algunos,
la

que

así les

como
la

pan de

boca»; y

así les

fué di-

ciendo y declarando otros nombres de los que

ellos

llaman

germanescos ó de

germanía, en
el

el

discurso de su plática

que no fué

corta,

porque
:

camino

era largo; en el cual dijo

Rincón

á su guía

«¿Es vuesa merced por ventura ladrón?
él,


es

Sí,

respondió
los

para servir á Dios y á

la

buena gente,
el

aunque no de

muy

cursados; que todavía estoy en

año

del noviciado.»

A

lo cual

respondió Cortado
el

:

«Cosa nueva
para servir á

para

mí que haya
la

ladrones en
»

mundo
es

Dios y á

buena gente.

A

lo cual

respondió

el

mozo

:

«Se-

ñor, yo no

me meto

en teologías; lo que sé

que cada uno
la

en su oficio puede alabar á Dios, y más con
tiene dada

orden que

Monipodio

á todos sus ahijados.


se lo

Sin duda, dijo Rincón, debe de ser buena y santa, pues
los ladrones sirvan á Dios.

hace que

— Es
de
la

tan santa y buena, replicó el
arte.

mozo, que no

yo

si

podrá mejorar en nuestro

El tiene ordenado que de
el

que hurtáremos demos alguna cosa ó limosna para
lámpara de una imagen

aceite

muy

devota que está en esta

KINCONETE V CORTADILLO.

1

59

ciudad, y en verdad que hemos visto grandes cosas por esta buena obra; porque los dias pasados dieron tres ansias á un
cuatrero que habia murciado dos roznos, y con estar flaco y cuartanario, así los sufrió sin cantar, como si fueran nada;

y

esto atribuimos los del arte á su

buena devoción, porque sus

fuerzas no eran bastantes para sufrir el primer desconcierto

que me han de preguntar algunos vocablos de los que he dicho, quiero curarme en salud y decírselo antes que me lo pregunten. Sepan voacedes que
del verdugo.

Y porque

cuatrero es ladrón de bestias; ansia es
asnos, hablando con perdón
ras vueltas
;

el

tormento; roznos los
es las

primer desconcierto
el

prime-

de cordel que da

verdugo.

Tenemos más: que

rezamos nuestro rosario repartido en toda la semana, y algunos de nosotros no hurtamos el dia del viernes, ni tenemos
conversación con mujer que se llame María

— De

el

dia del sábado.

perlas

me

parece todo eso, dijo Cortado; pero dí-

game
tencia

vuesa merced: ¿hácese otra restitución 6 otra peni-

más de

la

— En
que
tros

dicha?

eso de restituir no hay que hablar,
es cosa

respondió

el

mozo, porque

imposible

,

por

las

muchas

partes en

se divide lo

hurtado, llevando cada uno de
la

los

minis-

y contrayentes

suya, y

así el

primer hurtador no puede

restituir nada;

cuanto más, que no hay quien nos mande

hacer esta diligencia, á causa que nunca nos confesamos, y si sacan cartas de descomunión, jamas llegan á nuestra noticia,

porque jamas vamos á

la iglesia al

tiempo que

se leen,
el

sino es los dias de jubileo, por la ganancia

que nos ofrece

concurso de

la

mucha

gente.

con solo eso que hacen, dicen esos señores, dijo Cortado, que su vida es santa y buena?

— ¿Y

I

6o

NOVELAS EJEMPLARES.
tiene de mala? replicó el

— Pues ¿qué
ser hereje

mozo; ¿no

es

peor

ó renegado, ó matar á su padre y madre, ó ser

solomico ?

— Eso —Todo
suerte

— Sodomita, querrá decir vuesa merced, respondió Rincón.
digo, dijo el mozo.
es

malo

,

replicó

Cortado

;

pero

,

pues nuestra
vuesa
señor

ha querido que entremos en
el

esta

cofradía,
el

merced alargue

paso; que

muero por verme con

Monipodio, de quien

tantas virtudes se cuentan.
el

— Presto
á la puerta,
éstas

se les

cumplirá su deseo, dijo

mozo; que ya

desde aquí se descubre su casa. Vuesas mercedes se queden

que yo entraré
horas cuando
sea)), dijo

á ver

si

está

desocupado, porque

— En buena

son

las

él suele

dar audiencia.

Rincón; y adelantándose un poco

el

mozo, entró en una
los

casa

no

muy

buena, sino de

muy
les

mala apariencia, y

dos se quedaron esperando á

la puerta.

El salió luego y los llamó, y ellos entraron, y su guía

mandó

esperar en

un pequeño

patio ladrillado,

que de puro
fino.

limpio y aljofifado, parecía que vertia carmin de lo más

Al un lado estaba un banco de
taro desbocado, con
el

tres pies,

y

al

otro

un cánfalto

un

jarrillo

encima, no menos

que

cántaro; á otra parte estaba
tiesto,

una

estera de enea, y en el

medio un

que en

Sevilla

llaman maceta, de albahaca.
las alhajas

Miraban

los

mozos atentamente
el

de la casa, en

tanto que bajaba
se atrevió

señor Monipodio; y viendo que tardaba,
sala baja,

Rincón á entrar en una
patio estaban
,

de dos pequeñas

que en

el

y vio en

ella

dos espadas de esgrima y

dos broqueles de corcho, pendientes de cuatro clavos, y una
arca grande sin tapa ni cosa que la cubriese, y otras tres esteras

de enea tendidas por

el

suelo.

En

la

pared frontera es-

,

RINCONETE Y CORTADIJ^LO.
taba pegada á la pared una

l6l
destas

imagen de nuestra Señora,

de mala estampa, y más abajo pendía una esportilla de palma,

y encajada en

la

pared una almofía blanca, por do coligió de cepo para limosna, y
así

Rincón que

la esportilla servia

la

almofía de tener agua bendita; y

era la verdad.

Estando en

esto, entraron

en

la

casa dos

mozos de hasta
allí

veinte años cada uno, vestidos de estudiantes, y de

á

poco dos de ninguna
,

la esportilla

y un ciego, y
á pasear

sin hablar palabra
el

se

comenzaron

por

patio.

No

tardó

mucho, cuando entraron dos
que
los

viejos de bayeta

con antojos,

hacian graves y dignos de ser respetados, con senlas

dos rosarios de sonadoras cuentas en

manos;

tras ellos

entró una vieja halduda, y sin decir nada se fué á la sala, y habiendo tomado agua bendita, con grandísima devoción se

puso de

rodillas ante la

imagen, y

al

cabo de una buena
el

pieza, habiendo primero besado tres veces

suelo,

y levany
al

tado los brazos y los ojos

al

cielo otras tantas, se levantó

echó su limosna en
patio.

la esportilla,

y

se salió

con

los

demás
el

En

resolución, en poco espacio se juntaron en

palle-

tio hasta

catorce personas de diferentes trajes y ofícios;
los postreros

garon también de

dos bravos y bizarros mozos
la

de bigotes largos, sombreros de grande falda, cuellos á

valona, medias de color, ligas de gran balumba, espadas de

más de marca, sendos

pistoletes

cada uno en lugar de da-

gas, y sus broqueles pendientes de la pretina; los cuales, así

como
dose á

entraron, pusieron los ojos

al

través en

Rincón y Cor-

tado, á

modo

de que

los

extrañaban y no conocian, y llegánsi

ellos, les

preguntaron
y

eran de la cofradía. Rincón

respondió que

sí,

muy
la

servidores de sus mercedes.
el

Llegóse en esto

sazón y punto en que bajó

señor

102

NOVELAS EJEMPLARES.
visto de toda aquella

Monipodio, tan esperado como bien

virtuosa compañía. Parecia de edad de cuarenta y cinco á

cuarenta y

seis

años, alto de cuerpo,

moreno de

rostro, ce-

jijunto, barbinegro y

muy

espeso, los ojos hundidos; venia

en camisa, y por la abertura de delante descubría un bosque: tanto era el vello que tenia en el pecho. Traia cubierta

una capa de bayeta

casi hasta los pies

,

en

los cuales traia

unos

zapatos enchancletados; cubríanle
lles

las

piernas unos zaragüelos tobillos; el

de lienzo, anchos, y largos hasta

som-

brero era de los de la ampa,

campanudo de copa y tendido

Atravesábale un tahalí por espalda y pechos, á do colgaba una espada ancha y corta, á modo de las del perri-

de

falda.

llo; las

manos eran

cortas y pelosas, los dedos gordos, y las
las

uñas hembras y remachadas;

piernas no se

le

parecían,

pero

los pies

efecto, él

eran descomunales, de anchos y juanetudos. En representaba el más rústico y disforme bárbaro del
él la

mundo. Bajó con
manos,
los los

guía de los dos, y trabándoles de
:

las

presentó ante Monipodio, diciéndole

«Estos son

dos buenos mancebos que á vuesa merced dije,
los

Monipodio; vuesa merced

desamine, y verá

mi señor cómo son

dignos de entrar en nuestra congregación.

— Eso
podio.

haré yo de

muy

buena gana», respondió Moni-

Olvidábaseme de decir que
punto todos
los

así

como Monipodio
le

bajó,

al

que aguardándole estaban
los

hicieron una

profunda y larga reverencia, excepto

dos bravos, que á

medio mogate, como entre

ellos se dice, le

quitaron los ca-

pelos, y luego volvieron á su paseo por

una parte del patio,

y por la otra se paseaba Monipodio, el cual preguntó á los nuevos el ejercicio, la patria y padres. A lo cual Rincón res-

RINCONETE Y CORTADILLO.
pondió
:

I

63

«El ejercicio ya está dicho, pues venimos ante vuesa
la patria

merced;

no

me

parece de

mucha

importancia de-

cirla, ni los

padres tampoco, pues no se ha de hacer informa-

ción para recebir algún hábito honroso.»
dió

A

lo cual respon-

Monipodio «Vos,
:

hijo

mió,

estáis

en

lo cierto,
si

y

es cosa

muy

acertada encubrir eso que decis, porque

la suerte

no

corriere

como

debe, no es bien que quede asentado debajo
el libro
tal

de signo de escribano ni en

de

las
tal

entradas

:

«Fula-

no, hijo de Fulano, vecino de

parte,

dia le ahorcaron

ó

le

azotaron
á los

»,

ó otra cosa semejante, que por lo
así

menos suena
y mudar

mal

buenos oidos; y

torno á decir que es provechoso
los

documento

callar la patria, encubrir los padres

propios nombres; aunque para entre nosotros no ha de haber

nada encubierto, y sólo ahora quiero saber
los dos.»
«

los

nombres de

Rincón

dijo el suyo, y
,

Cortado también.
,

Pues de aquí adelante

respondió Monipodio

quiero

y

es

mi voluntad que

vos, Rincón, os llaméis Rmconete, y
,

vos,

Cortado, Cortadillo
á vuestra

que son nombres que asientan
edad y á nuestras ordenanzas, de-

como de molde
los

bajo de las cuales cae tener necesidad de saber el

nombre de
ánimas de

padres de nuestros cofrades, porque tenemos de costumlas

bre de hacer decir cada año ciertas misas por
nuestros difuntos y bienhechores, sacando
la
el

estupendo para
lo

limosna de quien
tales

las dice,

de alguna parte de
dichas

que

se

garbea; y estas

misas,

así

como

pagadas, dicen

que aprovechan

ánimas por via de naufragio; y caen debajo de nuestros bienhechores el procurador que nos
á las tales

defiende,
lástima,
la calle,
el

el

guro que nos avisa,

el

verdugo que nos tiene

que, cuando alguno de nosotros va huyendo por
le

y detras

van dando voces

:

al ladran, al ladrón.

164.

NOVELAS EJEMPLARES.
pone en medio, y
:

deténganle, deténganle, se

se
al

opone

al

raudal de los que

le

siguen, diciendo

«Déjenle

cuitado,

que harta mala ventura

lleva; allá se lo haya, castigúele su
las

pecado.» Son también bienhechoras nuestras

socorridas
las

que de su sudor nos socorren,

así

en

la

trena

como en

guras; y también lo son nuestros padres y madres, que nos

echan

al

mundo, y

el

escribano, que
ni

si

anda de buena, no

hay

delito

que sea culpa,

culpa á quien se dé

mucha

pena; y por todos estos que he dicho, hace nuestra hermandad cada año su aniversario con la mayor popa y sole-

dad que podemos.

— Por

cierto,
es

dijo

Rinconete (ya confirmado con

este

obra digna del altísimo y profundísimo ingenio que hemos oido decir que vuesa merced, señor Mo-

nombre), que

nipodio, tiene; pero nuestros padres aun gozan de la vida;
si

en

ella les

alcanzáremos, daremos luego noticia á esta fese

licísima y
les

abonada confraternidad, para que por sus almas

haga

ese naufragio ó tormenta, 6 ese adversario
la

que vuesa

merced dice, con
no
es

que

se

pompa acostumbrada; si ya hace mejor con popa y soledad, como también
solenidad y

apuntó vuesa merced en sus razones.

^Así se

hará, ó no quedará de

mí pedazo»,
:

replicó

Monipodio; y llamando á la guía, chudo; ¿están puestas las postas?

le dijo

«Ven

acá.

Gantres

Sí, dijo la guía,

que Ganchudo era su nombre;

centinelas

quedan avizorando, y no hay que temer que nos
pues, á nuestro propósito, dijo Monipodio,
el

cojan de sobresalto.

— Volviendo,
ejercicio

querría saber, hijos, lo que sabéis, para daros

oficio

y

conforme

á vuestra inclinación y habilidad.

RINCONETE Y CORTADILLO.

165

—-Yo,
villan
;

respondió Rinconete, sé un poquito de floreo de
el

entiéndeseme

reten

;

tengo buena
de
las

vista para el
las

humillo; juego bien de

la sola,

cuatro y de
el

ocho;

no

se

me

va por pies
la

el raspadillo,

berrugueta y

colmillo;

entróme por

boca de lobo como por mi casa, y atreve-

ríame á hacer un tercio de chanza mejor que un tercio de
Ñapóles, y á dar un
reales prestados.
astillazo al

más pintado mejor que dos
ésas son


flores

Principios son, dijo

Monipodio; pero todas

de cantueso
las

viejas,

y tan usadas, que no hay princi-

piante que no

sepa, y sólo sirven para alguno que sea

tan blanco, que se deje matar de

media noche abajo; pero

andará

el

tiempo, y vernos hemos; que asentando sobre ese
liciones,

fundamento media docena de
que habéis de
se
salir oficial

yo espero en Dios

cofrades,

—Todo hará para vuesa merced y respondió Rinconete. —Y preguntó Monipodio. ¿qué
servir á

famoso, y aun quizá maestro.

á los seíñores

vos. Cortadillo,

sabéis?

— Yo,
mucha

respondió Cortadillo, sé

la treta

que dicen mete

dos y saca cinco, y sé dar tiento á una faldriquera con

— No, — No
de
salir

— ¿Sabéis más?

puntualidad y destreza,
dijo

Monipodio.

por mis grandes pecados, respondió Cortadillo.
os aflijáis, hijo, replicó

Monipodio; que

á puerto

y á escuela habéis llegado, donde ni os anegareis, ni dejareis

muy

bien aprovechado en todo aquello que

más

os

conviniere.

Y

en esto del ánimo, ¿cómo os va, hijos?

— ¿Cómo nos
bien?
las

ha de

ir,

respondió Rinconete, sino

muy

Animo tenemos

para acometer cualquier empresa de

que tocaren

á nuestro arte y ejercicio.

I

66

NOVELAS EJEMPLARES.
Está bien, replicó Monipodio; pero querria yo que
le


boca

también

tuviésedes para sufrir,

si

fuese menester,

media

docena de ansias
es mia.

sin desplegar los labios

y

sin

decir esta

— Ya

sabemos aquí,
ansias
,

dijo Cortadillo, señor

Monipodio,
;

qué quiere decir

y para todo tenemos ánimo porque no somos tan ignorantes, que no se nos alcance que lo que

dice la lengua paga la gorja, y harta
al

merced
título,
si

le

hace

el cielo

hombre

atrevido, por

no darle otro

que

le deja

en

su lengua su vida ó su muerte,

como

tuviese

más

letras

un no que un

sí.

—^Alto, no
dio; digo

es

menester más, dijo á esta sazón Monipo-

que

sola esa razón

me

convence,

me

obliga,

me

persuade y

me
,

fuerza á que desde luego asentéis por cofrase os sobrelleve el

des mayores

— Yo soy dése parecer», dijo
voz
lo

y que

año de noviciado.
los

uno de

bravos, y á una
la plática

confirmaron todos

los presentes,

que toda

hablan estado escuchando, y pidieron á Monipodio que desde luego les concediese y permitiese gozar de las inmunidades de su cofradía, porque su presencia agradable y su

buena

plática lo merecía todo. El respondió
las

que por

darles

contento á todos, desde aquel punto se
tiéndoles

concedía, advir-

que

las

estimasen en mucho, porque eran no pagar
oficios

media nata

del

primer hurto que hiciesen, no hacer
:

menores en todo aquel año; conviene á saber
caudo de ningún hermano mayor á
parte de sus contribuyentes; piar
el

no

llevar re-

la cárcel ni á la casa,

de

turco puro; hacer ban-

quete, cuándo,
á su

cómo y adonde
la parte

quisieren, sin pedir licencia

mayoral; entrar á
los

desde luego con lo que endellos,

trujasen

hermanos mayores, como uno

y otras

RINCONETE Y CORTADILLO.
cosas,

I

67

que

ellos

tuvieron por merced señaladísima, y

las

de-

mas con

palabras

muy

comedidas y corteses

las

agradecieron

y tuvieron en mucho.

Estando en esto, entró un muchacho corriendo y desalentado, y dijo
:

«El alguacil de

los

vagamundos viene
consigo gurullada.
sazón

encaminado

á esta casa, pero

no

trae

— Nadie
Todos

se alborote ni inquiete, dijo á esta

Mo-

nipodio; que es amigo y nunca viene por nuestro daíio.
Sosiégúense, que yo
le

saldré á hablar.»

se sosegaron,
la

que ya estaban algo sobresaltados,
puerta, donde halló
al

y Monipodio salió á
el

alguacil, con

cual estuvo hablando
:

un

rato, y luego volvió á entrar
le

Monipodio, y preguntó
San Salvador?

«¿A quién

cupo hoy

la

plaza de

—A mí,
una
bolsilla
al

dijo el de la guía.
se

— Pues ¿cómo, dijo Monipodio, no
paraje dio
traste,

me

ha manifestado

de ámbar, que esta mañana en aquel

mismo
reales

con quince escudos de oro y dos

de á dos v no sé cuántos cuartos?

—Verdad
yo no
la

es, dijo la

guía, que hoy faltó esa bolsa; pero

he tomado,
levas

ni

puedo imaginar quién
que

la

tomase.
la bolsa

— No hay
sabia della;

conmigo, replicó Monipodio;
la

ha

de parecer, porque

pide

el

alguacil,

es

hace mil placeres

al

año.»

Tornó

á jurar el

amigo y nos mozo que no
diciendo

comenzóse

á encolerizar

Monipodio de manera,
los ojos,
:

que parecia que fuego vivo lanzaba por
«Nadie
se

burle

con quebrantar
le

la

más mínima cosa de
daré entera-

nuestra Orden, que
si

costará la vida; manifiéstese la cica, y
los

se

encubre por no pagar
lo

derechos, yo

le

mente

que

le toca,

y pondré lo demás de mi casa, por-

1

68

NOVELAS EJEMPLARES.
ir

que en todas maneras ha de
de nuevo á jurar
el

contento

el alguacil.

»

Tornó
que
él

mozo y

á maldecirse, diciendo
;

no habia tomado
cual fué poner

tal

bolsa ni vístola de sus ojos
á la cólera de

todo lo

más fuego

ocasión á que toda la junta se

Monipodio, y dar alborotase, viendo que se rom-

pían sus estatutos y buenas ordenanzas.

Viendo Rinconete, pues, tanta disensión y alboroto, parecióle que seria bien sosegarle y dar contento á su mayor,
que reventaba de
tadillo,

rabia;

y aconsejándose con su amigo Corla bolsa del sacristán

con parecer de entrambos sacó

y dijo: «Cese toda cuestión, mis señores; que ésta es la bolsa, sin faltarle nada de lo que el alguacil manifiesta; que

hoy mi camarada Cortadillo
que
al

le

dio alcance

,

con un pañuelo

mismo dueño
el

se le quitó
le

por añadidura.» Luego sacó
lo

Cortadillo
cual

pañizuelo y
dijo
:

puso de manifiesto. Viendo
el

Monipodio,

«Cortadillo

Bueno (que con
se

este

título

y renombre ha de quedar de aquí adelante)
pañuelo, y á mi cuenta se queda
;

quede

con

el

la satisfacion deste
,

servicio

y

la bolsa se

ha de

llevar el alguacil

que

es

de un

sacristán pariente suyo,

frán

que dice

:

«No
dia,

es

y conviene que se cumpla aquel remucho que á quien te da la gallina
della.
»

entera, le des tú
alguacil en

una pierna

Más

disimula este buen
ni

un

que nosotros

le

podemos

solemos dar
la

en ciento.»

De común
el

consentimiento aprobaron todos

hidalguía de los dos modernos, y la sentencia y parecer de
su mayoral,
dillo se

cual salió á dar la bolsa
el

al

alguacil, y Corta-

quedó confirmado con
fuera

renombre de Bueno, bien

como
único

si

don Alonso Pérez de

Guzman

el

Bueno, que
á su

arrojó el cuchillo por los
hijo.

muros de Tarifa, para degollar

RINCONETE Y CORTADILLO.
Al volver, que volvió Monipodio, entraron con mozas, afeitados los rostros, llenos de color
él

i

69

dos

los labios

y de

y señales claras por donde, en viéndolas Rinconete Cortadillo, y conocieron que eran de la casa llana, no se engañaron y en nada; y así como entraron, se fueron con los brazos abiertos, la una á ChiquizManiferro, que éstos eran los nombres de los dos bravos; y el de Maniferro era porque traia una mano de hierro en lugar de otra que le hablan cortado por justicia. Ellos las abrazaron con grande regocijo, y les preguntaron si
traian algo

albayalde los pechos, cubiertas con medios mantos de anascote, llenas de desenfado desvergüenza;

naque y

la otra á

con que mojar

la

canal maestra,
la

a

Pues ¿habia de
la

faltar, diestro

mió? respondió

una, que se llamaba

Ga-

con de colar, atestada de lo que Dios ha sido servido «; y así fué verdad, porque al instante entró un muchacho con una canasta de colar, cubierta con una sábana. Alegráronse todos con la entrada de Silbato, y al momento mandó sacar Monipodio una de las esteras de enea que estaban en el aposento, y tenderla en medio
la canasta

nanciosa; no tardará

mucho

á venir Silbatillo, tu trainel,

del patio,

y ordenó asimismo que todos que en cortando la cólera se
niese.

se sentasen á la

redonda; por-

tratarla

de

lo

que más convi:

de las Santo Crucifijo de Santo Agustín, que no lo dejarla de hacer si nevase y ventiscase. A lo que he venido

que habia rezado á la imagen «Hijo Monipodio, yo no estoy para fiestas, porque tengo un vaguido de cabeza, dos dias há, que me trae loca, y más, que antes que sea mediodía tengo de ir á cumplir mis' devociones y poner mis candelicas á nuestra Señora
al

A

esto dijo la vieja

Aguas y

es,

que anoche

el

Renegado y Centopiés

llevaron á

mi casa

lyO

NOVELAS EJEMPLARES.
colar, algo

una canasta de

mayor que

la

presente

,

llena de

ropa blanca, y en Dios y en

mi ánima que
la

venia con su

cernada y todo, que

los

pobretes no debieron de tener lugar

de quitarla, y venian sudando

gota tan gorda, que era

una compasión verlos entrar ijadeando y corriendo agua de sus rostros, que parecian unos angélicos; dijéronme que
iban

en seguimiento de un ganadero que habia pesado
si

ciertos carneros en la carnicería, por ver

le

podian dar
llevaba.
la

un

tiento en

un grandísimo gato de
la

reales

que

No

desembanastaron ni contaron
de mi conciencia; y
así

ropa, fiados en

entereza

me cumpla

Dios mis buenos deseos,

y nos
la

libre á todos

de poder de justicia, que no he tocado

canasta, y

que

se está tan entera

como cuando

nació.

—-Todo
y estése
le

se le cree,

señora madre, respondió Monipodio,

así la

canasta; que yo iré allá á boca de sorna, y

haré cala y cata de lo que tiene, y daré á cada uno lo que
tocare
,

bien y fielmente

,

como tengo de costumbre.
respondió
traguillo,
la vieja;
si

-^Sea como vos

lo ordenáredes, hijo,

y porque se me hace tarde, para consolar este estómago.

dadme un

tenéis,

—Y ¡qué
ciosa;

tal lo

beberéis,

madre mia!
la

dijo á esta sazón la
la

Escalanta, que

así se

llamaba
la

compañera de

Ganan-

y descubriendo

canasta, se manifestó una bota, á

modo

de cuero, con hasta dos arrobas de vino, y un corcho,
sin

que podria caber sosegadamente y

apremio hasta una
puso en
las

azumbre, y llevándole

la

Escalanta, se

le

manos

á la devotísima vieja, la cual,

tomándole con ambas manos
^i

y habiéndole soplado un poco de espuma, dijo:
echaste, hija Escalanta; pero Dios dará
fi.ierzas

Mucho

para todo»;

y aplicándosele á los labios, de un tirón y sin tomar aliento

RINCONETE Y CORTADILLO.
lo trasegó del

171
:

corcho

al

estómago, y acabó diciendo
es

uDe

Guadalcanal

es,

y aun tiene un
así

no

es

de yeso

el

señorico.

Dios

te

consuele, hija, que

temo que

— No
añejo.

has consolado, sino que ha de hacer mal, porque no me he desayunado. hará, madre, respondió Monipodio, porque es tras-

me

me

—Así
la

lo espero

yo en aquella bendita Virgen
:

»,

respondió

vieja;

y añadió

u

Mirad, niñas,
candelicas de

si

tenéis acaso algún

cuarto para comprar

las

mi devoción; porque
á traer las

con
de
la

la

priesa y

gana que tenia de venir

nuevas

canasta, se

— Yo
de
la

me

olvidó en casa

la escarcela.
el

tengo, señora Pipota (que éste era
vieja), respondió la
:

nombre
le

buena

Gananciosa; tome, ahí

doy dos cuartos
y
se la

ponga
la

al

ruego que compre una para mí, señor San Miguel, y si puede comprar dos,
del
le

uno

ponga

otra

al

señor San Blas, que son mis abogados;
á la señora Santa

quisiera
lo

que pusiera otra
también
la

Lucía (que por

de

los ojos

tengo devoción), pero no tengo

trocado;

mas

— Muy
es

otro dia habrá

donde

se

cumpla con

todos.

bien harás, hija, y mira no seas miserable; que
llevar la persona las candelas de-

de

mucha importancia

lante de

antes que se muera, y

no aguardar

á

que

las

pon-

gan

los

herederos ó albaceas.
dice la

— Bien
do mano
ciese

madre Pipota»,

dijo la Escalanta;

y echan-

á la bolsa, le

dio otro cuarto,

y

le

encargó que

pusiese otras dos candelicas á los santos que á ella le pare-

que eran de

los

más aprovechados y agradecidos. Con
:

esto se fué la Pipota, diciéndoles

((Holgaos, hijos, ahora

que

tenéis

tiempo; que vendrá
perdisteis en la

la

vejez, y llorareis en ella
los lloro,

los ratos

que

mocedad, como yo

y

172

NOVELAS EJEMPLARES.
á

encomendadme
hacer lo

Dios en vuestras oraciones; que yo voy á
vosotros, porque él nos libre

mismo por mí y por
con esto,
se fué.

y conserve en nuestro trato peligroso sin sobresaltos de justicia.»

Y

Ida
la

la vieja, se

sentaron todos
la

Gananciosa tendió
la cesta

y sábana por manteles; y lo primero

al

rededor de

la estera,

que sacó de

fué un gran haz de rábanos y hasta dos

docenas de naranjas y limones, y luego una cazuela grande,
llena de tajadas de bacallao frito
;

manifestó luego medio

queso de Flándes, y una

olla

de famosas aceitunas, y un

plato de camarones, y gran cantidad de cangrejos, con su

llamativo de alcaparrones ahogados en pimientos, y tres ho-

gazas blanquísimas de Gandul. Serian los del almuerzo hasta
catorce,

y ninguno
si

dellos dejó de sacar su cuchillo

de cachas

amarillas,

no fué Rinconete, que sacó su media espada.
la

A
el

los

dos viejos de bayeta y á

guía tocó

el

escanciar con

corcho de colmena.

Mas

apenas habian comenzado á dar
les

asalto á las naranjas,
los

cuando

dio á todos gran sobresalto

golpes que dieron á la puerta; mandóles

Monipodio que

se sosegasen,

y entrando en

la sala baja

y descolgando un

broquel, puesto

mano
«Yo

á la espada, llegó á la puerta, y con
:

voz hueca y espantosa preguntó
dieron de fuera
:

«¿Quién llama?» Respon-

soy; que no es nadie, señor

Monipoá decir

dio; Tagarete soy, centinela desta

mañana, y vengo
desastre.»

que viene aquí Juliana
rosa,

la

Cariharta, toda desgreñada y llo-

que parece haberle sucedido algún
esto llegó la
la

En

nipodio, abrió

que decia, sollozando, y sintiéndola Mopuerta, y mandó á Tagarete que se vol-

viese á su posta, y

que de

allí

adelante avisase lo que viese,
él dijo

con menos estruendo y ruido;

que

así lo haria.

Entró

RINCONETE Y CORTADILLO.
la

I

73

Cariharta, que era una

moza

del jaez de las otras y del

mismo

oficio; venia descabellada
así

y

la

cara llena de tolon-

drones, y

como

entró en

el patio, se

cayó en

el

suelo

desmayada. Acudieron á socorrerla
lanta, y desabrochándola
el

la

Gananciosa y

la

Esca-

pecho,

la

hallaron toda deneel rostro,

grida y

como
sí,

magullada. Echáronle agua en
:

y

ella

volvió en

diciendo á voces

«La justicia de Dios y
le

del

Rey

venga sobre aquel ladrón desuellacaras, sobre aquel cobarde
bajamanero, sobre aquel picaro lendroso, que

he quitado

más

veces de la horca que tiene pelos en las barbas. Desdi-

chada de mí, mirad por quién he perdido y gastado mi mocedad y la flor de mis años, sino por un bellaco desalmado,
facinoroso é incorregible.


más
si

Sosiégate, Cariharta, dijo á esta sazón Monipodio; que
te

aquí estoy yo, que

haré

justicia.

Cuéntanos tu agravio; que

estarás tú en contarle

que yo en hacerte vengada; dime
si así

has habido algo con tu respeto; que

es,

y quieres

venganza, no has menester más que boquear.

— ¿Qué

respeto? respondió Juliana; respetada

me

vea yo

en
jas,

los infiernos, si

más
los

lo fuere

de aquel león con

las

ove-

y cordero con

hombres; ¿con aquel habia yo de coPrimero

mer más pan

á manteles ni yacer en uno?
estas carnes,

me

vea
la

yo comida de adivas

que

me

ha parado de

manera que ahora

veréis»; y alzándose al instante las faldas

hasta la rodilla, y aun
cardenales. «Desta

un poco más,

las

descubrió llenas de

manera, prosiguió,

me

ha parado aquel
á la

ingrato del Repolido,
parió; y ¿por
di

debiéndome más que
lo

madre que

le le

qué pensáis que
ello
?

ha hecho? ¿Montas que
;

yo ocasión para

No

por cierto

no

lo

hizo más sino

porque estando jugando y perdiendo,

me

envió á pedir con

174

NOVELAS EJEMPLARES.
no
le

Cabrillas, su trainel, treinta reales, y

envié

más de

veinte y cuatro,

que

el

trabajo

ganado, ruego yo á

los cielos

y afán con que yo los habia que vaya en descuento de mis
él

pecados; y en pago desta cortesía y buena obra, creyendo

que yo

le sisaba

algo de la cuenta que

él allá

en su imagina-

ción habia hecho de lo que yo podia tener, esta
sacó
al

mañana me
entre unos

campo,

detras de la huerta del Rey, y
la petrina, sin

allí,

olivares,

me

desnudó, y con

excusar ni recoger
le

los hierros,

que en malos
que

grillos

y hierros

vea yo,

me

dio

tantos azotes,
historia son

me

dejó por muerta; de la cual verdadera

buenos testigos estos cardenales que miráis.»
á levantar las voces, aquí volvió á pedir jus-

Aquí tornó
ticia
,

y aquí

se la

prometió de nuevo Monipodio y todos

los

bravos que
solalla,
las

allí

estaban.

La Gananciosa tomó
le

la

mano

á con-

diciéndole que ella diera de

muy buena gana

una de

mejores preseas que tenia, porque

hubiera pasado otro

tanto con su querido; «porque quiero, dijo, que sepas, her-

mana

Cariharta,

si

no

lo sabes,

que á

lo

que

se quiere bien

se castiga;

y cuando estos bellacones nos dan y azotan y acosi

cean, entonces nos adoran;

no, confiésame una verdad,
castigado y bru-

por tu vida

:

después que

te

hubo Repolido
la llorosa; cien

mado, ¿no

te

hizo alguna caricia?

— ¿Cómo una? respondió
diera él

mil

me

hizo, y
él

un dedo de

la

mano porque me

fuera con

á su

posada, y aun

me

parece que casi se

le saltaron las

lágrimas

de los ojos después de haberme molido.

— No hay dudar en
él

eso, replicó la
te

Gananciosa, y Horaria
tales

de pena de ver cuál

habia puesto; que estos

homsi

bres y en tales casos, no
les

han cometido

la

culpa, cuando

viene

el

arrepentimiento; y tú verás, hermana,

no

RINCONETE Y CORTADILLO.

1

75

viene á buscarte antes que de aquí nos vamos, y á pedirte

perdón de todo

lo

pasado, rindiéndosete

como un
si

cordero.

— En verdad,
él

respondió Monipodio, que no ha de enel

trar

por estas puertas

cobarde embesado,

primero no
delito.

hace una manifiesta penitencia del cometido

¿Las
Cari-

manos habia

de ser osado ponerlas en

el rostro

de

la

harta ni en sus carnes, siendo persona que puede competir

en limpieza y ganancia con
delante? que no lo puedo

la

misma Gananciosa, que
encarecer.

está

más

— jAy!
malo

dijo á esta sazón la Juliana,

no diga vuesa mer-

ced, señor Monipodio, mal de aquel maldito, que con cuan
es, le quiero
el

más que
al

á las telas de
las

mi corazón, y

han me vuelto

alma
la

cuerpo

razones que en su abono

ha dicho mi amiga
por
ir

Gananciosa, y en verdad que estoy

á buscarle.

— Eso no
porque
se
le verás

harás tú por

mi

consejo, replicó la Gananciosa,

extenderá y ensanchará, y hará tretas en

en cuerpo muerto. Sosiégate, hermana; que antes de
venir tan arrepentido

como mucho
no
vi-

como he

dicho, y
le

si

niere, escribirémosle

un papel en coplas, que

amargue.

— Eso
cribirle.

sí, dijo la

Cariharta; que tengo mil cosas que es-

—Yo
se

seré el secretario

cuando sea menester,

dijo

Monihombre

podio; y aunque no soy nada poeta, todavía,

si el

arremanga,
las pajas,

se atreverá á

hacer dos millares de coplas en

daca

y cuando no salieren

como deben, yo tengo

un barbero amigo, gran poeta, que nos hinchirá las medidas á todas horas, y en la de agora acabemos lo que tenía-

mos comenzado
Fué contenta

del
la

almuerzo, que después todo
Juliana de obedecer á su

se andará.»
así

mayor; y

lyÓ

NOVELAS EJEMPLARES.
el

todos volvieron á su gaudeamus, y en poco espacio vieron

fondo á

la canasta

y

las

heces
las

al

cuero; los viejos bebieron

sine fine, los

mozos adunia,

señoras los quiries. Los viejos

pidieron licencia para irse; diósela luego Monipodio, en-

cargándoles viniesen á dar noticia con toda puntualidad de

todo aquello que viesen ser

útil

y conveniente á

la

comu-

nidad y

al

resguardo y acrecentamiento de aquella cofra-

día; respondieron

que

ellos lo tenian

bien en cuidado, y

fuéronse. Rinconete, que de suyo era por extremo curioso,

pidiendo primero perdón y licencia, preguntó á Monipodio

que de qué servian en

la cofradía

dos personajes tan canos,

tan graves y apersonados.

A

lo cual

respondió Monipodio
se lla-

que aquellos, en su germanía y manera de hablar,

abispones , y que servian de andar de dia por toda la ciudad, abispando en qué casa se podia dar tiento de noche,

maban

y en seguir
de
la

los

que sacaban dinero de

la

Contratación ó casa

moneda, para ver dónde
lugar

lo llevaban,
la

y aun dónde

lo
la

ponian; y en sabiéndolo, tanteaban
tal

groseza del

muro de

casa, y diseñaban

el

más conveniente para hacer
facilitar la

los

guzpataros (que son agujeros) para
resolución, dijo que era la gente de

entrada

;

en

más ó de

tanto provecho

que habia en su hermandad, y que de todo aquello que por su industria se hurtaba llevaban el quinto, como su Majes-

hombres de y que con todo esto, eran mucha verdad y muy honrados, y de buena vida y fama, temerosos de Dios y de sus conciencias que cada dia oian
tad de
los tesoros;
,

misa con extraña devoción; y hay dellos tan comedidos, especialmente estos dos que de aquí se van ahora, que se contentan con
les

mucho menos

de lo que por nuestros aranceles
los

toca.

Otros dos que hay, son palanquines,

cuales,

RINCONETE Y CORTADILLO.

I

77

como
lidas

por

momentos mudan
las

casas, saben las entradas y sa-

de todas

de

la

ciudad, y cuáles pueden ser de pro-

vecho, y cuáles no.

—Todo me parece
ser de algún

de perlas, dijo Rinconete, y querría
cofradía.

provecho á tan famosa
favorece
el

— Siempre
Monipodio.
Estando en

cielo á los

buenos deseos»,

dijo

esta plática, llamaron á la puerta; salió
:

Moni-

podio á ver quién era, y preguntándolo, respondieron «Abra voacé, sor Monipodio, que el Repolido soy.» Oyó esta voz
Cariharta, y alzando
al

cielo la suya, dijo
le

:

«No

le

abra vuesa

merced, señor Monipodio, no
peya, á ese tigre de Ocaña.
»

abra á ese marinero de Tardejó por esto

No

Monipodio de
le abria, se

abrir á Repolido; pero viendo la Cariharta

que

levantó corriendo y se entró en la sala de los broqueles, y cer-

rando

tras sí la

puerta, desde dentro á grandes voces decia:
á ese gesto de por

«Quítenmelo de delante

demás,

á ese

verdugo de inocentes, asombrador de palomas duendas.»
Maniferro y Chiquiznaque tenian á Repolido, que en todas

maneras queria entrar donde no
le

la

Cariharta estaba; pero
:

como

dejaban

,

decia desde afuera

«

No
la

haya más

,

enojada

mia; por tu vida que

te sosiegues, así te veas casada.

— ¿Casada yo,
qué
tecla toca;
lo seria

malino? respondió

Cariharta; mira en

ya quisieras tú que

lo fuera

contigo, y antes

— Ea, boba,

yo con una notomía de muerte que contigo.
replicó Repolido,

acabemos ya, que

es tarde;

y mire no se ensanche por verme hablar tan
tan rendido; porque, vive el dador,
si

manso y venir
la

me

sube

cólera

al

campanario, que sea peor

la recaida

que

la caida;
al

humíllese,
diablo.

y humillémonos todos, y no demos de comer

»

178

NOVELAS EJEMPLARES.
le

te llevase

—Y aun de cenar donde nunca más mis — ¿No digo yo? Repolido;
os
dijo
se

daria yo, dijo la Cariharta,
ojos te viesen.

porque

por Dios, que voy

oliendo, señora trinquete, que lo tengo de echar todo á doce,

aunque nunca

venda.»

A

esto dijo

Monipodio

:

«En mi

presencia no ha de haber demasías; la Cariharta saldrá, no

por amenazas, sino por amor mió, y todo
las riñas

se

hará bien; que

entre los que bien se quieren son causa de
las paces.

mayor

gusto cuando se hacen
Cariharta mia!
el

¡Ah

Juliana, ah niña, ah

sal

acá fuera, por

mi amor; que yo haré que

Repolido

te
él

pida perdón de rodillas.
eso haga, dijo la Escalanta, todas seremos en

— Como

Si esto

su favor y en rogar á Juliana salga acá fuera.

ha de
la

ir

por via de rendimiento que güela á
el

menoscabo de
á

persona, dijo

Repolido, no
si

me

rendiré

un

ejército
la

formado de esguízaros; mas

es

por via de

que
llas
,

Cariharta gusta dello, no digo yo hincarme de rodi-

pero un clavo

me

hincaré por

la frente

en su servicio.

Riyéronse desto Chiquiznaque y Maniferro; de lo cual se
enojó tanto
el

Repolido, pensando que hacian burla del,
infinita cólera
la
:

que

dijo

con muestras de

«Cualquiera que

se riere ó se pensare reir

de lo que

Cariharta contra mí,

ó yo contra

ella,

hemos dicho ó dijéremos, digo que miente
veces que se riere ó lo pensare,

y mentirá todas

las

como ya

he dicho. » Miráronse Chiquiznaque y Maniferro de tan mal garbo y talle, que advirtió Monipodio que pararia en un gran

mal

si

no

lo
:

remediaba; y

así,

poniéndose luego en medio

dellos, dijo

«No

pasen más adelante, caballeros; cesen aquí

palabras mayores, y desháganse entre los dientes; y pues las

que

se

han dicho no llegan

á la cintura, nadie las

tome por

sí.

RINCONETE Y CORTADILLO.

— Bien seguros
no
se dijeron
si

IJQ

estamos, respondió Chiquiznaque, que
semejantes monitorios por nosotros;

ni dirán

que
el

se

hubiera imaginado que se decian, en inanos estaba

pandero, que lo supieran bien tañer.

— También
el

tenemos acá pandero, seor Chiquiznaque,
si

replicó

Repolido, y también,

fuere menester, sabremos
el

tocar los cascabeles, y ya he dicho que

que

se huelga,

miente; y quien otra cosa pensare, sígame, que con un palmo de espada menos hará el hombre que sea lo dicho

dicho )>; y diciendo esto, se iba á
Estábalo escuchando
la

salir

por

la

puerta afuera.

Cariharta, y cuando sintió que se
:

iba enojado, salió diciendo

«Ténganle, no

se vaya,

que hará

de

las

suyas; ¿no ven que va enojado, y es un Judas Macarelo
la valentía?

en esto de

Vuelve acá, valentón del

mundo

y de

y cerrando con él, le asió fuertemente de la capa, y acudiendo también Monipodio, le detuvieron. Chiquiznaque
));

mis ojos

y Maniferro no sabian
de
los los

si

enojarse ó

si

no, y estuviéronse que-

dos, esperando lo que Repolido baria; el cual, viéndose rogar
la

Cariharta y de Monipodio, volvió diciendo
á los

:

«Nunca

amigos han de dar enojo

amigos ni hacer burla de amigos, y más cuando ven que se enojan los amigos. No hay aquí amigo, respondió Maniferro, que quiera

enojar ni hacer burla de otro amigo; y pues todos somos

amigos, dense

las

manos
den

los

amigos.»

A

esto dijo

Monipoy Diéronseá

dio: «Todos voacedes han hablado

como buenos amigos,
»

como
las

tales

amigos
la

se

las

manos de amigos.

luego; y
él

Escalanta, quitándose un chapin,

comenzó

tañer en

como

en un pandero;
allí

la

Gananciosa tomó una

es-

coba de palma, nueva, que

se halló acaso,

y rascándola,

hizo un son, que, aunque ronco y áspero, se concertaba con

:

,

I

8o
chapín.

NOVELAS EJEMPLARES.
Monipodio rompió un
los

el del

plato y hizo dos tejo-

letas,

que, puestas entre

dedos y repicadas con gran lige-

reza, llevaban el contrapunto al chapin y á la escoba.

Espantáronse Rinconete y Cortadillo de

la

nueva inven-

ción de la escoba, porque hasta entonces nunca la hablan
visto.

Conociólo Maniferro, y

díjoles

:

¿

Admíranse de
presta y
el

la

escoba? pues bien hacen; pues música

más

más

sin

pesadumbre

ni

más barata no

se

ha inventado en

mundo;
ni

y en verdad que
el

oí decir el otro dia á
la

un estudiante que

Negrofeo que sacó á
el

Arauz
,

del infierno, ni el

Marión,
si

que subió sobre
á caballo sobre

delfín

y

salió del

mar como

viniera

una muía de

alquiler, ni el otro

gran músico

que hizo una ciudad que tenia cien puertas y otros tantos
postigos, nunca inventaron mejor género de música, tan
fácil

de deprender, tan mañera de tocar, tan sin

trastes, cla-

vijas ni

cuerdas, y tan sin necesidad de templarse, y aun voto
la

á tal,

que dice que

inventó un galán desta ciudad, que se

pica de ser un Héctor en la música.

—^Eso creo yo muy bien, respondió Rinconete; pero
lo
la

es-

cuchemos
rece

que quieren cantar nuestros músicos, que paGananciosa ha escupido, señal de que quiere

que

cantar»; y así era la verdad, porque

Monipodio

le

habia rousaban;

gado que cantase algunas

seguidillas de las
la

que
,

se

mas
sutil

la

que comenzó primero fué

Escalanta

y con voz

y quebradiza cantó
Tengo

lo siguiente
lo

Por un sevillano, rufo á
socarrado todo
el

valon

corazón.

Siguió la Gananciosa cantando

:

¿

Por un morenico de color verde, Cuál es la fogosa que no se pierde

r

RINCONETE Y CORTADILLO.

15
al

1

Y

luego Monipodio, dándose gran priesa
:

meneo de

sus tejoletas, dijo

Riñen dos amantes, hácese
Si el

la

paz;

enojo es grande, es

el

gusto más.

No

quiso

la

Cariharta pasar su gusto en silencio, porque
,

tomando

otro chapin
:

se

metió en danza, y acompañó á

las

demás, diciendo

Detente, enojado, no

me

azotes más;

Oue
«Cántese á
se

si

bien lo miras, á tus carnes das.

lo llano, dijo á esta
,

sazón Repolido, y no
;

toquen hestorias pasadas

que no hay para qué

lo

pa-

sado sea pasado, y tómese otra vereda, y basta.»
Talle llevaban de no acabar tan presto
tico,
si

el

comenzado cán-

no sintieran que llamaban á

la

puerta apriesa, y con

ella salió

Monipodio
cabo de

á ver quién era, y la centinela le dijo

cómo
ticia,

al

la calle

habia asomado

el

alcalde de la jus-

y que delante del venian el Tordillo y el Cernícalo, corchetes neutrales. Oyéronlo los de dentro, y alborotáronse
todos, de

manera que
al

la

Cariharta y la Escalanta se calzaron

sus chapines

revés, dejó la escoba la Gananciosa,

Moni-

podio sus tejoletas, y quedó en turbado silencio toda la música; enmudeció Chiquiznaque, pasmóse el Repolido y suspendióse Maniferro, y todos, cuál por una y cuál por otra
parte, desaparecieron, subiéndose á las azoteas

y tejados, para
disparado ar-

escaparse y pasar por ellos á otra calle.

Nunca

cabuz á deshora

ni trueno repentino espantó así á
,

banda de

descuidadas palomas

como puso

en alboroto y espanto á

toda aquella recogida compaííía y buena gente la nueva de
la

venida del alcalde de

la justicia;

los

dos novicios, Rin-

conete y Cortadillo, no sabian qué hacerse, y estuviéronse

I

82

NOVELAS EJEMPLARES.

quedos, esperando ver en qué paraba aquella repentina borrasca,
el

que no paró en más de volver

la

centinela á decir

que

alcalde se habia pasado de largo, sin dar muestra ni resabio

Monipodio, llegó un caballero mozo á la puerta, vestido, como se suele decir, de barrio Monipodio le entró consigo, y mandó
de mala sospecha alguna.
estando diciendo esto á
;

Y

llamar á Chiquiznaque, á Maniferro y
los

demás no

bajase alguno.

Como

se

Repolido, y que de hablan quedado en el
al

patio Rinconete y Cortadillo, pudieron oir toda la plática

que pasó Monipodio con
dijo á

el

caballero recien venido,
se

el

cual

Monipodio que por qué
que

habia hecho tan mal lo

que

le

habia encomendado. Monipodio respondió que aun
lo

no sabia
á

se

habia hecho, pero que

allí

estaba

el oficial

cuyo cargo estaba su negocio, y que él daria muy buena cuenta de sí. Bajó en esto Chiquiznaque, y preguntóle Monipodio
si

habia cumplido con

la

obra que se

le

encomendó

de

la

cuchillada de á catorce.
la

«¿Cuál? respondió Chiquiznaque, ¿es
cader de la Encrucijada?

de aquel mer-

—-Esa
que yo
le

es, dijo el caballero.
lo

— Pues,
con
sible

que en eso pasa, respondió Chiquiznaque,
la

es

aguardé anoche á

puerta de su casa, y

él

vino

antes de la oración; llegúeme cerca del,
la vista,

marquéle

el

rostro

y

vi

que

le tenia tan

pequeño, que era impoél

de toda imposibilidad caber en

cuchillada de catorce

puntos, y hallándome imposibilitado de poder cumplir lo

prometido y de hacer

lo

que llevaba en mi

destruicion...
el

— Instrucción, querrá
llero,

vuesa merced decir, dijo

caba-

que no destruicion.
quise decir, respondió

— Eso

Chiquiznaque

;

digo que

»

RINCÜNETE Y CORTADILLO.
viendo que en
la

I

83

estrecheza y poca cantidad de aquel rostro no cabian los puntos propuestos, porque no fuese mi ida en
balde, di la cuchillada á

un lacayo suyo, que

á

buen seguro

que

la

pueden poner por mayor de marca.
quisiera, dijo el caballero,

— Más
al

que
la

se le

hubiera dado

amo una

de á
se

siete

que

al

criado

de catorce.

En

efeto,

conmigo no

ha cumplido como era razón, pero no im-

porta; poca mella
seííal
:

me

harán

los treinta
las

ducados que dejé en
esto,

beso á vuesas mercedes

manos»; y diciendo
para
irse
;

se quitó el

sombrero y volvió
le

las espaldas

pero

Monipodio
diciéndole
nosotros
:

asió

de
se

la

capa de mezcla que

traia puesta,

«Voacé

detenga y cumpla su palabra, pues
la nuestra

hemos cumplido
ventaja
;

con
,

mucha honra
y no ha de

y

con

mucha

veinte ducados faltan

salir

de aquí voacé sin darlos, ó prendas que

lo valgan.

— Pues
— ¡Qué
dice
:
«

¿esto llama vuesa

merced cumplimiento de paal

labra, respondió el caballero, dar la cuchillada

mozo, haChiquiz-

biéndose de dar

al

amo?
la

bien está en

cuenta
se

el

seííor! dijo

naque; bien parece que no

acuerda de aquel refrán que
,

Quien bien quiere

á Beltran

bien quiere á su can.
á propósito ese

— Pues ¿en

qué modo puede venir aquí

refrán? replicó el caballero.

— Pues ¿no
Beltran es
el

es lo

mismo, prosiguió Chiquiznaque,
á Beltran,

decir:

«Quien mal quiere
y dando

mal quiere
le

á su can?»

Y

así,

mercader, voacé
al

quiere mal, su lacayo es su
,

can

,

can

,

se

da á Beltran
;

y

la

deuda queda

lí-

quida y trae aparejada ejecución

por eso no hay más sino

pagar luego, sin apercebimiento de remate.

— Eso

juro

yo bien, añadió Monipodio, y de

la

boca

me

:

184
quitaste,

NOVELAS EJEMPLARES.
Chiquiznaque amigo, todo cuanto aquí has dicho;

y

así

voacé, señor galán, no se meta en puntillos con sus

servidores y amigos, sino

trabajado, y

si

fuere

tome mi consejo y pague luego servido que se le dé otra al amo, de

lo
la

cantidad que pueda llevar su rostro, haga cuenta que ya se
la están

curando.
sea, respondió el galán,

— Como eso
tiano;

de

muy

entera vo-

luntad y gana pagaré la una y la otra por entero.

— No dude en

esto, dijo

Monipodio, más que en

ser cris-

que Chiquiznaque
allí le

se la dará pintada,

de manera que

parezca que

nació.

— Pues con

esa seguridad y

promesa, respondió
los veinte
la

el

caba-

llero, recíbase esta

cadena en prendas de

ducados

atrasados y de cuarenta

que ofrezco por

venidera cuchi-

llada; pesa mil reales, y podria ser

que

se

quedase remata-

da, porque traigo entre ojos que serán menester otros cator-

ce puntos antes de
vueltas

mucho.» Quitóse en

esto

una cadena de
al

menudas
al

del cuello, y diósela á

Monipodio, que

tocar y

peso bien vio que no era de alquimia.

Monipo-

dio la recibió con

mucho
;

contento y cortesía, porque era
ejecución quedó á cargo de Chi-

en extremo bien criado

la

quiznaque, que sólo tomó término de aquella noche. Fuese

muy

satisfecho el caballero, y luego

Monipodio llamó

á to-

dos los ausentes y azorados; bajaron todos, y poniéndose

Monipodio en medio
traia

dellos, sacó
la

un

libro de

memoria que

en

la capilla

de

capa, y dióselo á Rinconete que le-

yese, porque él no sabia leer. Abrióle Rinconete, y en la

primera hoja vio que decia
('

Memorial de
primera
al

las cuchilladas que se

han de dar esta semana.

'iLa

mercader de

la

Encrucijada; vale cincuenta

»

»

:

RINCONEIE Y CORTADILLO.

I

85

«escudos; están recebidos treinta á buena cuenta. Secutor,
))

Chiquiznaque.

«No
lante,

creo que hay otra, hijo, dijo Monipodio; pasa ade:

y mira donde dice
la

Memorial de

palos.))

Volvió
crito
:

hoja Rinconete, y vio que en otra estaba espalos.

Memorial de

Y

más abajo decia

:

«Al bodegonero de
))tía,

la Alfalfa

doce palos de mayor cuaná

á escudo cada

uno; están dados

buena cuenta ocho;

»el

término

seis dias.

Secutor, Maniferro.
dijo

«Bien podia borrarse esa partida,
esta

Maniferro, porque

noche traeré finiquito
hijo? dijo

della.


)i

— ¿Hay más,
Sí, otra,

Monipodio.
así
el

respondió Rinconete, que dice

«Al

sastre

corcovado, que por mal nombre se llama

Silguero, seis palos de

mayor

cuantía, á pedimiento de la Secutor,
el

))dama que dejó

la gargantilla.

— Maravillado
esa partida en ser

Desmochado.»
está
dis-

estoy, dijo
;

Monipodio, cómo todavía
estar

sin

duda alguna debe de

mal

puesto

el

Desmochado, pues son dos
le

dias pasados del tér-

mino, y no ha dado puntada en

esta obra.

— Yo

topé ayer, dijo Maniferro, y
el

me

dijo

que por

haber estado retirado por enfermo

corcovado, no habia

cumplido con su débito.

— Eso creo yo bien,
tan

dijo

Monipodio, porque tengo por
si

buen

oficial

al

Desmochado, que
él

no fuera por tan

justo impedimento, ya

hubiera dado cabo con mayores

empresas.

— No, — Pues pasad
dice
:

¿Hay más, mocito?
señor, respondió Rinconete.
adelante, dijo

Monipodio, y mirad donde
»

Memorial

de agravios comunes.

:

l86

NOVELAS EJEMPLARES.

Pasó adelante Rinconete, y en otra hoja halló escrito
«

Memorial

de agravios comunes

;

conviene á saber

:

redo-

))

mazos, untos de miera, clavazón de sambenitos y cuerpublicación de nibelos, etc.»

nnos, matracas, espantos, alborotos y cuchilladas fingidas,
»

«¿Qué

dice

más abajo?

dijo

Monipodio.
la casa...
es,

— Dice,

dijo

Rinconete, imto de miera en

— No
es

se lea la casa,

que ya yo

dónde

respondió

Monipodio, y yo soy el tuautem y esecutor de y están dados á buena cuenta cuatro escudos, y
ocho.

esa niñería,
el

principal

— Así

es la
;

verdad, dijo Rinconete, que todo eso está
:

aquí escrito

— Tampoco
que basta que
blico
,

y aun más abajo dice
se lea, dijo

clavazón de cuernos.
la

Monipodio,

casa ni adonde;

se les

haga

el

agravio, sin que se diga en pú;

que

es

gran cargo de conciencia

á lo

menos más
una vez,

querría yo clavar cien cuernos y otros tantos sambenitos,

como

se

me

pagase
á la

mi

trabajo,

que

decillo sola

aunque fuese

madre que

me

parió.
el

si

hecho y pagado, dijo Monipodio; mirad hay más; que si mal no me acuerdo, ha de haber ahí un
está eso
;

— El — Ya

esecutor desto es, dijo Rinconete,

Narigueta.

espanto de veinte escudos
es la

está

dada

la

mitad, y
todo
el

el

esecutor

comunidad toda, y
al

el

término

es

mes en que
falte

estamos, y cumpliráse
tilde,

pié de la letra, sin

que

una

y será una de

las

mejores cosas que hayan sucedido en

esta

ciudad de muchos tiempos á esta parte.

Dadme

el li-

bro,

mancebo; que yo

que no hay más, y

también

que anda

muy

flaco el oficio; pero tras este
lo

tiempo vendrá

otro, y habrá

que hacer más de

que quisiéremos; que no

RINCONETE Y CORTADILLO.
se

I

87

mueve

la

hoja sin

la

voluntad de Dios, y no hemos de

hacer nosotros que se vengue nadie por fuerza; cuanto más,

que cada uno en su causa suele
gar
las

ser valiente,
él

y no quiere pa-

hechuras de

la

obra que

se

puede hacer por sus

manos

—-Así

es, dijo á esto el

Repolido. Pero mire vuesa mer-

ced, seííor Monipodio, lo que nos ordena y va haciendo tarde, y va entrando
el

manda; que

se

calor

más que de

paso.

— Lo que

se

ha de hacer, respondió Monipodio,

es

que

todos se vayan á sus puestos, y nadie se

mingo, que nos juntaremos en
partirá todo lo

este

mude hasta el domismo lugar, y se re-

que hubiere caido,

sin agraviar á nadie.

A

Rinconete
hasta
el

Bueno y á Cortadillo se les da por distrito, domingo, desde la Torre del Oro, por defuera de la
el
el

ciudad, hasta

postigo del Alcázar, donde se puede traba-

jar á sentadillas

con sus

flores

;

que yo he

visto á otros de

menos

habilidad que ellos

salir

cada dia con más de veinte

reales en

menudos, amén de

la plata,

con una baraja
distrito os

sola,

y esa con cuatro naipes menos. Este

enseñará

y aunque os extendáis hasta San Sebastian y Santelmo, importa poco, puesto que es justicia mera mixta

Ganchoso
que nadie

;

se entre
la

en pertenencia de nadie.» Besáronle

la

mano

los

dos por

merced, y ofreciéronse á hacer su
recato.

oficio

con toda diligencia y

Sacó en esto Monipodio un papel doblado de de
la

la capilla

capa, donde estaba

la lista

de

los cofrades,
el

y dijo á

Rinconete que pusiese

allí

su

nombre y

de Cortadillo;

mas porque no habia
vase, y en
el

tintero le dio el papel para
los escribiese,

que

lo lle-

primer boticario

poniendo: «Rin-

conete y Cortadillo, cofrades; noviciado, ninguno; Rinco-

I

88

NOVELAS EJEMPLARES.
d;

nete, floreo; Cortadillo, bajón

y

padres y patria. Estando en esto, pones, y dijo u Vengo á decir á vuesas mercedes
:

mes y año, callando entró uno de los viejos abisel dia,

cómo agora

topé en Gradas á Lobillo

el

de Málaga, y díceme que viene

mejorado en su arte de
quitará
tratado
el

tal

manera

,

que con naipe limpio

dinero

al

mismo

Satanás, y que por venir mal-

no viene luego
el

á registrarse

y á dar

la sólita

obe-

diencia; pero que

domingo

será aquí sin falta.

— Siempre
jores y

se

me

asentó á mí, dijo Monipodio, que este
las

Lobillo habia de ser único en su arte, porque tiene

me-

más acomodadas manos para
uno buen
oficial

ello,

que

se

pueden

desear; que para ser

en su oficio, tanto ha
le ejercita,

menester
el

los

buenos instrumentos con que
le

como

ingenio con que

aprende.
el

— También
en
se
la calle

topé, dijo
al

viejo,

en una casa de posadas,

de Tintores,
allí

Judío, en hábito de clérigo, que

ha ido á posar
la

por tener noticia que dos peruleros
si

viven en

misma

casa, y querría ver

pudiese trabar juego
allí

con

ellos,

aunque fuese de poca cantidad, que de
;

podria

venir á
la

mucha

dice también

que

el

domingo no

faltará

de

junta, y dará cuenta de su persona.

— Ese

Judío también, dijo Monipodio,
:

es

gran sacre y
visto,

tiene gran conocimiento
lo

dias

há que no

le

he

y no
le

hace bien
la

;

pues á

fe

que

si

no

se

enmienda, que yo
el

deshaga
las

corona; que no tiene más órdenes
el

ladrón que

que tiene

turco, ni sabe

más

latin

que mi madre. ¿Hay

más de nuevo?

— No, — Pues

dijo el viejo, á lo

menos que yo
dijo

sepa.

sea en

buen hora,

Monipodio; voacedes tomen

esta miseria

(y repartió entre todos hasta cuarenta reales), y

RlNCONl-TE Y CORTADILLO.
el

I

89

domingo no
Todos
le

falte nadie,
las

que no
gracias
;

faltará

nada de

lo corri-

do.))

volvieron

tornáronse á abrazar Re-

polido y la Cariharta,

la Escalanta con Maniferro, y la Gananciosa con ChieiLiiznaque, concertando que aquella noche,

después de haber alzado de obra en

la casa, se
iria

viesen en la
al reir

de

la

Pipota, donde también dijo que

Monipodio

gistro de la canasta de colar, y

que luego habia de

á

cumplir y borrar

la

partida de la miera.

Abrazó

á

Rinconete

y

á Cortadillo, y echándoles su bendición, los despidió, en-

cargándoles que no tuviesen jamas posada cierta ni de asiento,

porque

así

convenia á

la

salud de todos.

Acompañólos
no

Ganchoso hasta
faltasen el

enseñarles sus puestos, acordándoles que
á lo

domingo, porque,

que creia y pensaba,
esto, se fué,

Molas

nipodio habia de leer una lición de posición cerca de
cosas concernientes á su arte.

Con

dejando á

los

dos compañeros admirados de lo que habian visto.

Era Rinconete, aunque muchacho, de

muy buen

enten-

dimiento y tenia un buen natural, y como habia andado con su padre en el ejercicio de las bulas, sabia algo de buen
lenguaje, y dábale gran risa pensar en los vocablos que habia oido á
dita
git ,

Monipodio y á los demás de su compañía y bencomunidad; y más cuando, por decir per modiim siiffra-

y que sacaban el estupendo^ por decir estipendio, de lo que se garbeaba; y cuando la Cariharta dijo que era Repolido como un mari;

habia dicho por

modo

de naufragio

nero de Tarpeya y un tigre de Ocaña, por decir Hircania,

con otras mil impertinencias
cia

;

especialmente

le

cayó en gra-

cuando

dijo

que

el

trabajo

que habia pasado en ganar
el

los veinte

y cuatro reales, lo recibiese
;

cielo en descuento
la

de sus pecados

y sobre todo,

le

admiraba

seguridad que

I^O

NOVELAS EJEMPLARES.
al cielo

tenían y la confianza de irse

con no

faltar á sus

de-

vociones, estando tan llenos de hurtos y de homicidios y
ofensas de Dios
ta,
;

y

reíase

de

la otra

buena

vieja

de

la

Pipo-

que dejaba

la

canasta de colar hurtada, guardada en su

casa, y se iba á poner las candelillas de cera á las imágenes,

y con
le

ello

pensaba
la

irse al cielo

calzada y vestida.

No

menos

suspendía

obediencia y respeto que todos tenían á

Mo-

nipodio, siendo un

hombre bárbaro,

rústico y desalmado;

consideraba lo que había leído en su libro de memoria, y finalmente, exagelos ejercicios en que todos se ocupaban
;

raba cuan descuidada justicia había en aquella tan famosa

ciudad de Sevilla, pues casi

al

descubierto vivía en ella gente

tan perniciosa y tan contraria á la

misma

naturaleza

;

y pro-

puso en

de aconsejar á su compañero no durase

mucho

en aquella vida tan perdida y tan mala, tan inquieta y tan
libre

y disoluta; pero, con todo esto, llevado de sus pocos años y de su poca experiencia, pasó con ella adelante algunos meses, en
los cuales le
así se

sucedieron cosas que piden más
deja para otra ocasión contar su

luenga escritura, y

vida y milagros, con los de su maestro Monipodio, y otros
sucesos de aquellos de la infame academia, que todos serán

de grande consideración
aviso á los

,

y que podrán servir de ejemplo y

que

los leyeren.

FIN DE RINCOKETE Y CORTADILLO.

LA ESPAÑOLA INGLESA.

Entre

los

despojos que los ingleses llevaron de

la

ciudad

de Cádiz, Clotaldo, un caballero inglés, capitán de una
escuadra de navios, llevó á Londres una niña de edad de
siete años,

poco más ó menos, y esto contra la voluntad y sabiduría del conde de Essex, que con gran diligencia hizo
buscar
la

niña para volvérsela á sus padres, que ante
la falta
las

él

se

quejaron de
tentaba con

de su hija, pidiéndole que pues se conlas

haciendas, y dejaba libres

personas, no

fuesen ellos tan desdichados, que ya que quedaban pobres,

quedasen

sin

su hija,

que era

la

lumbre de
la

sus ojos

y

la

más hermosa
el

criatura

que habia en toda

ciudad.

Mandó

Conde echar bando por toda
ni

su armada, que, so pena de

la

vida, volviese la niña cualquiera

que

la tuviese;

mas ninle

gunas penas

temores fueron bastantes á que Clotaldo
la tenia

obedeciese, que

escondida en su nave, aficionado,
á la incomparable
la niña.

aunque cristianamente,
Isabela,
se

hermosura de

que

así se

llamaba

Finalmente, sus padres

quedaron

sin

ella,

tristes

y desconsolados, y Clotaldo

alegre sobre

modo

llegó á Londres, y entregó por riquísimo
la

despojo á su mujer á

hermosa

niña.

192

NOVELAS EJEMPLARES.
la

Quiso

buena suerte que todos

los

de

la casa

de Clotaldo

eran católicos secretos, aunque en lo público mostraban se-

guir la opinión de su reina. Tenia Clotaldo un hijo, llamado

Ricaredo, de edad de doce años, enseñado de sus padres á

amar y temer
de
la

á Dios, y á estar

muy

entero en

las

verdades

fe

católica.

Catalina,

la

mujer de Clotaldo, noble,

cristiana

y prudente señora, tomó tanto amor á Isabela,
si

que como
y
la

fuera su hija la criaba, regalaba é industriaba;
,

niña era de tan buen natural
le

que con

facilidad aprendia
los regalos

todo cuanto

enseñaban.

Con

el

tiempo y con
le

fué olvidando los que sus padres verdaderos

habian hecho;
ellos

pero no tanto, que dejase de acordarse y de suspirar por

muchas
perdia

veces; y

aunque iba aprendiendo

la

lengua inglesa, no

la

española, porque Clotaldo tenia cuidado de traerle

á casa secretamente españoles

que hablasen con

ella.

Desta
la

manera,

sin olvidar la suya,

como

está dicho,

hablaba

lengua inglesa

como

si

hubiera nacido en Londres. Después
las

de haberle enseñado todas

cosas de labor
la

que puede y

enseñaron á leer y escribir más que medianamente; pero en lo que tuvo extre-

debe saber una doncella bien nacida,

mo
son

fué en tañer todos los instrumentos que á una mujer
lícitos,

y esto con toda perfecion de música, acompale

ñándola con una voz que

dio

el cielo

tan extremada, que

encantaba cuando cantaba.
y puestas sobre la natural suya, poco á poco fueron encendiendo el pecho de Ricareestas gracias, adquiridas

Todas

do, á quien ella

como

á hijo de su señor queria y servia.

Al

principio le salteó

amor con un modo de

agradarse y

com-

placerse de ver la singular belleza de Isabela, y de consi-

derar sus infinitas virtudes y gracias, amándola

como

si

LA ESPAÑOLA INGLESA.
fuera su

I

93

hermana,

sin

que sus deseos

saliesen de los términos

honrados y virtuosos. Pero

como

fué creciendo Isabel, que

va cuando Ricaredo ardia, tenia doce años, aquella benevolencia primera, y aquella complacencia y agrado de miralla, se volvió

en ardentísimos deseos de gozarla y de po-

seerla,
los

no porque aspirase á esto por otros medios que por
la

de ser su esposo, pues de

incomparable honestidad de

Isabela (que así la llamaban ellos)

no

se podia esperar otra

cosa, ni aun
la

él

quisiera esperarla
la

aunque pudiera, porque

noble condición suya y

estimación en que á Isabela

tenia,
raíces

no consentian que ningún mal pensamiento echase
en su alma. Mil veces determinó manifestar su vo-

luntad á sus padres, y otras tantas no aprobó su determinación, porque
él

sabia

que

le

tenian dedicado para ser esposo

de una

muy

rica

y principal doncella escocesa, asimismo
ellos;

secreta cristiana,

como

y estaba claro, según
(si este

él

decia,

que no habian de querer dar á una esclava
se

nombre

podia dar á Isabela) lo que ya tenian concertado de dar

á

una señora; y así perplejo y pensativo, sin saber qué camino tomar para venir al hn de su buen deseo, pasaba una
vida tal, que
le

puso á punto de perderla; pero parecién-

dole ser gran cobardía dejarse morir sin intentar algún gé-

nero de remedio á su dolencia, se animó y esforzó á declarar su intento á Isabela.

Andaban

todos los de casa

tristes

y alborotados por

la

enfermedad de Ricaredo, que de todos era querido, y de sus padres con el extremo posible, así por no tener otro,

como porque
ni él

lo

merecía su
le

mucha

virtud y su gran valor y
la

entendimiento; no
osaba
ni

acertaban los médicos

enfermedad,

queria descubrírsela.

En

fin,

puesto en romper

1^4
por

NOVELAS EJEMPLARES.
las dificultades

que

él se

imaginaba, un dia que entro

Isabela á servirle, viéndola sola, con
o-ua

desmayada voz y len-

turbada

le diio

:

«Hermosa

Isabela, tu valor, tu

mucha
;

virtud y grande

hermosura

me
el

tienen
las

como

ves

si

no

quieres que deje la vida en

manos de

mayores penas que

pueden imaginarse, responda
no
es otro

tuyo á mi buen deseo, que

que

el

de recebirte por

mi

esposa á hurto de mis
lo

padres, de los cuales

temo que, por no conocer

que yo

conozco que mereces,

me han

de negar

el

bien que tanto

me

importa. Si

me

das la palabra de ser mia, yo te la doy

desde luego,

como

verdadero y católico cristiano, de ser tuyo;
á gozarte,

que puesto que no llegue que con bendición de

como no

llegaré hasta

la Iglesia

y de mis padres sea, aquel
á dar-

imaginar que con seguridad eres mia será bastante

me
gue

salud y á
el felice

mantenerme

alegre y contento, hasta que lle-

punto que deseo.»
dijo Ricaredo, estuvo

En

tanto que esto

escuchándole

Isabela, los ojos bajos,

mostrando en aquel punto que su

honestidad se igualaba á su hermosura, y á su
creción su recato; y
nesta,
así,

mucha

dis-

viendo que Ricaredo callaba, ho:

hermosa y
el

discreta, le respondió desta suerte

«Des-

pués que quiso
á cuál destos

rigor ó la clemencia del cielo (que
lo atribuya)

no

extremos

quitarme á mis padres,
las in-

señor Ricaredo, y darme á los vuestros, agradecida á
finitas

mercedes que
saliese

me han
la

hecho, determiné que jamas
así sin ella tendria,

mi voluntad

de

suya; y

no por

buena, sino por mala fortuna,

la

inestimable merced que

queréis hacerme. Si con su sabiduría fuere yo tan venturosa,
ellos

que os merezca, desde aquí

os ofrezco la voluntad

que

me

dieren

;

y en tanto que esto se dilatare, ó no tuere.

»

LA ESPAÑOLA INGLESA.
entretenga vuestros deseos saber que
los

1

95

mios serán eternos

y limpios en desearos

el

bien que

el

cielo

puede daros.
y discretas ra-

Aquí puso
zones, y
allí

silencio Isabela á sus honestas

comenzó

la

salud de Ricaredo, y

comenzaron

á revivir las esperanzas de sus padres,

que en su enfermedos cortésmente,
el

dad muertas estaban. Despidiéronse

los

él

con lágrimas en

los ojos, ella

con admiración en
de Ricaredo,
el

alma de

ver tan rendida á su

amor

la

cual, levan-

tado del lecho,

al

parecer de sus padres por milagro, no
ocultos sus pensamientos
el
;

quiso tenerles

más tiempo

y

así

un dia

se los

manifestó á su madre, diciéndole en
si

fin

de

su plática, que fué larga, que

no

le

casaban con Isabela,

que

el

negársela y darle la muerte era todo una

misma
al

cosa.
cielo

Con
las

tales

razones, con tales encarecimientos subió

virtudes de Isabela Ricaredo,
la

que

le

pareció á su

madre

que Isabela era

engañada en

llevar á su hijo

por esposo.

Dio buenas esperanzas

á su hijo de disponer á su padre á
lo

que con gusto viniese en
así

que ya

ella

también venia

;

y

fué, que diciendo á su marido las

mismas razones que
le

á ella habia
lo

dicho su hijo, con facilidad

movió

á querer

que tanto su hijo deseaba, fabricando excusas que imel

pidiesen

casamiento, que casi tenia concertado con

la

doncella de Escocia.

A

esta

sazón tenia Isabela catorce,

y Ricaredo veinte años, y en esta tan verde y tan florida edad, su mucha discreción y conocida prudencia los hacia
ancianos.

Cuatro

dias faltaban para llegarse aquel en el cual los pa-

dres de Ricaredo querian

que su

hijo inclinase el cuello al

yugo santo

matrimonio, teniéndose por prudentes y dichosísimos de haber escogido á su prisionera por hija, tedel

»

196
niendo en más

NOVELAS EJEMPLARES.
la
la

dote de sus virtudes que la
escocesa se
les ofrecía; las

mucha

ri-

queza que con
ya a punto,

galas estaban

los parientes

y

los

taba otra cosa sino hacer á la
cierto,
ilustre

amigos convidados, y no falReina sabedora de aquel conlos

porque

sin su

voluntad y consentimiento, entre
;

de

sangre no se efectúa casamiento alguno
la licencia,

pero no du-

daron de

y

así se

detuvieron en pedirla. Digo,

pues, que estando todo en este estado, cuando faltaban los
cuatro dias hasta
gocijo
taldo,
el

de

la la

boda, una tarde turbó todo su re-

un ministro de

Reina, que dio un recaudo á Clola

que su Majestad mandaba que otro dia por
la

ma-

ñana llevasen a su presencia a su prisionera
Cádiz. Respondióle Clotaldo que de
lo

española de

muy buena
el
,

gana haria

que su Majestad

le

mandaba. Fuese

ministro, y dejó

llenos los

pechos á todos de turbación
decia la señora Catalina,
esta niña á la católica,
si

de sobresalto y miesabe la Reina que yo

do, "i

Ay,

he criado á

y de aquí viene á inferir

que todos

los desta casa es lo

somos

cristianos!

Pues

si la

Reina

le

pregunta qué

que ha aprendido en ocho años que há
¿qué ha de responder
la cuitada,

que

es prisionera,

que no
lo

nos condene, por

más

discreción que tenga?))
le

Oyendo

cual Isabela, le dijo:
ese

«No

dé pena alguna, señora mia,
el cielo

temor

;

que yo confio en

que

me

ha de dar pa-

labras en

aquel instante, por su divina misericordia, que

no sólo no os condenen, sino que redunden en provecho
vuestro.

Temblaba Ricaredo

,

casi

como

adivino de algún mal

suceso. Clotaldo buscaba

modos que pudiesen dar algún

ánimo á su mucho temor, y no los hallaba sino en la mucha confianza que en Dios tenia, como buen cristiano,

LA ESPAÑOLA INGLESA.
y en
la

1

97

prudencia de Isabela, á quien encomendó
las vias

mucho
el

que por todas
por católicos
;

que pudiese excusase

el

condenarlos
es-

que puesto que estaban prontos con

píritu á recebir

martirio, todavía la carne enferma rehu-

saba su amarga carrera.
Isabela estuviesen seguros

Una

y

muchas

veces

les

aseguró
lo

que por su causa no sucederia
;

que temían y sospechaban porque aunque ella entonces no sabia lo que había de responder á las preguntas que en tal
caso le hiciesen
,

tenia viva y cierta esperanza

que había de

responder de

modo
,

que,

como

otra vez había dicho, sus

respuestas les sirviesen de abono. Discurrieron aquella

noche

en muchas cosas

especialmente en que
,

si

la

Reina supiera

que eran

católicos

no

les

enviara recaudo tan

manso

;

por

donde
sin

se

podía inferir que sólo querría ver á Isabela, cuya

igual
,

hermosura y habilidades habrían llegado á sus
á todos los

oídos

como

de

la

ciudad

;

pero ya en no habér-

sela presentado se hallaban culpados,

de

la cual

culpa hael

llaron sería bien disculparse

con decir que desde

punto

que entró en su poder
posa de su hijo Ricaredo

la
;

escogieron y señalaron para es-

pero también en esto se culpaban,
sin licencia

por haber hecho

el

casamiento
les

de

la

Reina,

aunque

esta culpa

no

pareció digna de gran castigo.

Con
vestida

esto se consolaron, y acordaron

que Isabela no fuese

humildemente como

prisionera, sino

como

esposa,

pues ya lo era de tan principal esposo

como

su hijo.

Re-

sueltos en esto, otro día vistieron á Isabela á la espaíiola,

con una saya entera de raso verde acuchillada, y aforrada en
rica tela de oro,

tomadas

las

cuchilladas con unas eses de
collar y cin-

perlas, y toda ella

bordada de riquísimas perlas;

tura de diamantes y con abanico á

modo

de

las

señoras da-

1^8

NOVELAS EJEMPLARES.
españolas; sus

mas

mismos

cabellos,

que eran muchos, ru-

bios y largos, entretejidos y sembrados de diamantes y perlas, le

servian de tocado.

Con

este

adorno riquísimo, y con

su gallarda disposición y milagrosa belleza, se mostró aquel
dia á

Londres sobre una hermosa carroza, llevando colgados
las

de su vista

almas y

los ojos

de cuantos

la

miraban. Iban
la

con

ella

Clotaldo y su mujer y Ricaredo en

carroza, y
esta

á caballo

muchos

ilustres parientes suyos.

Toda

honra

quiso hacer Clotaldo á su prisionera, por obligar á la Reina
la tratase

como

á esposa de su hijo.
la

Llegados, pues, á palacio, y á una gran sala, donde

Reina estaba, entró por

ella Isabela,

dando de

la

más her-

mosa muestra que pudo caber en humana imaginación. Era la sala grande y espaciosa, y á dos pasos se quedó el acompañamiento, y
reció lo
la

se adelantó Isabela,

y

como quedó

sola, pa-

mismo que

parece

la estrella

ó exhalación que por

región del fuego en serena y sosegada noche suele

mo-

verse, ó bien ansí

como

rayo del sol, que

al salir

del dia, por

entre dos montañas se descubre.

Todo

esto pareció,

y aun

cometa que pronosticó
los

el

incendio de más de un alma de

que

allí

estaban, á quien

amor

abrasó con los rayos de

los

hermosos

soles de Isabela; la cual, llena de

humildad y
á esta su

cortesía, se fué á

poner de hinojos ante

la

Reina, y en lengua
las

inglesa le dijo
sierva,

:

^'Dé vuestra Majestad
se tendrá

manos

que desde hoy más

por señora, pues ha sido

tan venturosa,

que ha llegado

á ver la

grandeza vuestra.»
sin

Estúvola

la

Reina mirando por un buen espacio,

ha-

blarle palabra, pareciéndole,

como

después dijo á su cama-

rera,

que tenia delante un
las

cielo estrellado, cuyas estrellas

eran

muchas

perlas y diamantes

que Isabela

traia, su bello

LA ESPAÑOLA INGLESA.
rostro y sus ojos
ravilla
el sol

I

Qy

y

1'^

luna, y toda ella una nueva
la

ma-

de hermosura. Las damas que estaban con

Reina

quisieran hacerse todas ojos, porque no les quedase cosa por

mirar en Isabela; cuál alababa
color del rostro, cuál
la
tal

la

viveza de sus ojos, cuál

la

gallardía del cuerpo, y cuál la dul-

zura de

la

habla, y

hubo que, de pura

envidia, dijo:
el traje.))

"Buena

es la

española, pero no

me
la
:

contenta

Después que pasó algún tanto
haciendo levantar á Isabela,
doncella;

suspensión de

la

Reina,

le dijo

"Habladme en

esparíol,

entiendo bien, y gustaré dello)); y volviéndose á Clotaldo, dijo "Clotaldo, agravio me habéis
le
:

que yo

hecho en tenerme

este tesoro

tantos aííos

há encubierto;

mas
tais

él es tal,

que

os

habrá movido á codicia. Obligado es-

— Señora,
guardado

á restituírmele, porque de derecho es mió.

respondió Clotaldo,

mucha verdad
si

es lo es

que

vuestra Majestad dice; confieso
este

mi culpa,
la

lo

haber

tesoro á

que estuviese en
los ojos

perfecion que

con venia para parecer ante

de vuestra Majestad; y ahora que lo está, pensaba traerle mejorado, pidiendo licencia á vuestra

Majestad para que Isabela fuese esposa de mi
alta

hijo

Ricaredo, y daros,

Majestad, en

los

dos

todo

cuanto puedo daros.

— Hasta
le faltaba

el

nombre me contenta, respondió

la

Reina; no

más

sino llamarse Isabela la española, para que no
ella;

me

quedase nada de perfecion que desear en

pero ad-

vertid, Clotaldo,

que

que

sin

mi

licencia la teníades pro-

metida

á vuestro hijo.

Así es verdad, señora, respondió Clotaldo; pero fué en
los

confianza que

muchos y

relevados servicios que yo y mis

pasados tenemos hechos á esta corona alcanzarian de vues-

200
tra

NOVELAS EJEMPLARES.
Majestad otras mercedes más dificultosas que
las

desta
hijo.

licencia; cuanto

más, que aun no

está

desposado mi

— Ni

lo estará, dijo la
lo

Reina, con Isabela, hasta que por

mismo

merezca; quiero decir, que no quiero que para
ni

esto le

aprovechen vuestros servicios

de sus pasados;

él

por

mismo

se

ha de disponer
la

á servirme y á

merecer por

esta

prenda, que ya

estimo

como

si

fuese

mi

hija.» se volvió

Apenas oyó
á hincar de

esta última palabra Isabela,
la

cuando

rodillas ante

Reina, diciéndole en lengua
tales

castellana: cLas desgracias

que

descuentos traen, sere-

nísima señora, antes se han de tener por dichas que por
desventuras; ya vuestra Majestad
hija; sobre tal

me

ha dado nombre de

prenda, ¿qué males podré temer, ó qué bie-

nes no podré esperar?»

Con
la

tanta gracia y donaire decia
se le aficionó

cuanto decia Isabela, que

Reina

en extremo,
la

y mandó que

se

quedase en su servicio, y se

entregó á
enseñase
la

una gran señora, su camarera mayor, para que
el

la

modo

de vivir suyo. Ricaredo, que se vio quitar

vida

en quitarle á Isabela, estuvo á pique de perder
así,

el juicio;

y

temblando y con sobresalto
:

se fué á

poner de

rodillas

ante la Reina, á quien dijo
jestad

«Para

servir

yo

á vuestra

Ma-

no

es

menester incitarme con otros premios que con

aquellos que mis padres y mis pasados

han alcanzado por

haber servido á sus reyes; pero pues vuestra Majestad gusta

con nuevos deseos y pretensiones, querría saber en qué modo y en qué ejercicio podré mostrar que
la sirva

que yo

cumplo con

la

obligación en que vuestra Majestad

me

pone.

— Dos
del

navios, respondió la Reina, están para partirse en

corso, de los cuales he

hecho general
á vos capitán
,

al

barón de Lansac;
la

uno

dellos os

hago

porque

sangre de do

»

LA ESPAÑOLA INGLESA.
venis

20

1

me

asegura que ha de suplir
la

la falta
,

de vuestros años;
os

y advertid á
ella á

merced que

os

hago pues
sois,

doy ocasión en

que correspondiendo á quien

sirviendo á vuestra

reina, mostréis el valor de vuestro ingenio y de vuestra per-

sona, y alcancéis

el

mejor premio que, á mi parecer, vos

mismo
su

podéis acertar á desearos.
ella

Yo misma

os seré guarda

de Isabela, aunque

da muestras que su honestidad será

más verdadera guarda. Id con Dios; que pues vais enamorado, como imagino, grandes cosas me prometo de vuestras

hazañas; felice fuera

el

rey batallador que tuviera en
el

su ejército diez mil soldados amantes, que esperaran que

premio de

sus victorias habia de ser gozar de sus amadas.
si

Levantaos, Ricaredo, y mirad
á Isabela
,

tenéis ó queréis decir algo
ser vuestra partida.

porque mañana ha de

Besó
la

las

manos Ricaredo
le

á la

Reina, estimando en

mucho

merced que

hacia, y luego se fué á hincar de rodillas

ante Isabela, y queriéndola hablar, no pudo, porque se le puso un nudo en la garganta, que le ató la lengua, y las

lágrimas acudieron á los ojos

,

y

él

acudió á disimularlas lo

más que

le

fué posible; pero con todo esto, no se pudieron
la

encubrir á los ojos de
téis,

Reina, pues

dijo

:

«No

os afren-

Ricaredo, de

llorar, ni os tengáis

en menos por haber

dado en

este trance tan tiernas muestras de vuestro corazón;
es pelear

que una cosa

de quien bien se

enemigos, y otra despedirse quiere. Abrazad, Isabela, á Ricaredo, y

con

los

dadle vuestra bendición; que bien lo merece su sentimiento.))
Isabela,

que estaba suspensa y atónita de ver

dolor de Ricaredo, que
tendió lo que
la

como
le

á su esposo le

humildad y amaba, no enla

Reina
sin

mandaba,

antes

comenzó

á der-

ramar lágrimas, tan

pensar lo que hacia, y tan ciega y

202
tan sin

NOVELAS EJEMPLARES.
movimiento alguno, que no parecia sino que lloraba
de
los

una

estatua. Estos afectos
,

dos amantes, tan tiernos

y tan enamorados

hicieron verter lágrimas á

muchos de
sin
los

los

circunstantes, y sin hablar

más palabra Ricaredo, y
haciendo Clotaldo y
se salieron
la

ha-

berle hablado alguna á Isabela,

que

con

él

venían reverencia á

Reina,

de

la sala,

llenos de

compasión, de despecho y de lágrimas.
Isabela

Quedó
dase
las

como huérfana que
la

acaba de enterrar sus

padres, y con temor que la nueva señora quisiese que

costumbres en que
quedó, y de
allí

primera

la

habia

mucriado. En

fin, se

á dos dias Ricaredo se hizo á la vela,

combatido, entre otros muchos, de dos pensamientos, que
le

tenían fuera de

:

era el

uno considerar que

le

convenia
el

hacer hazañas que

le

hiciesen merecedor de Isabela, y
si

otro que no podía hacer ninguna,

habia de responder á
la

su católico intento, que

le

impedia no desenvainar

espada

contra católicos, y

si

no

la

desenvainaba, habia de ser no-

tado de cristiano ó de cobarde, y todo esto redundaba en
perjuicio de su vida y en obstáculo de su pretensión. Pero,

en

fin

,

determinó de posponer

al

gusto de enamorado
al

el

que

tenia de ser católico, y en su corazón pedia
rase ocasiones

cielo le

depacris-

donde con

ser valiente

cumpliese con ser

tiano, dejando á su reina satisfecha y á Isabela merecida.
Seis dias

navegaron
derrota de

los dos navios
las islas

con próspero viento,

siguiendo

la

Terceras, paraje donde nunca
las

faltan ó naves portuguesas

de

Indias Orientales, ó algu-

nas derrotadas de las Occidentales.
les

Y al cabo de los seis dias,
el

dio de costado un recísimo viento, que en

mar Océano
se

tiene otro

nombre que en
el

el

Mediterráneo, donde

llama

mediodía;

cual viento fué tan durable y tan recio, que sin

LA ESPAÑOLA INGLESA.
dejarles

203

tomar

las islas,

les

fué forzoso correr á España, y

junto á su costa, á

la

boca del estrecho de Gibraltar, descu-

brieron tres navios, uno poderoso y grande, y los dos pequeños. Arribó la nave de Ricaredo á su capitana, para saber

de su general

si

queria embestir á los tres navios que se desella llegase, vio

cubrían; y antes que á

poner sobre

la

gavia

mayor un
ó que

estandarte negro, y llegándose
la

más

cerca,

oyó que

tocaban en
ras
el

nave clarines y trompetas roncas, señales cla,

general era muerto

ó alguna otra principal per-

sona de

la

nave.

Con
de
la

este sobresalto llegaron á poderse hablar,

que no

lo

hablan hecho después que salieron del puerto; dieron voces

nave capitana, diciendo que

el

capitán Ricaredo pasase

á ella,

porque

el

General

la

noche antes habia muerto de una

apoplegía.
se alegró,

Todos
no por

se entristecieron, si
el

no fué Ricaredo, que

daño de su general, sino por ver que

quedaba
la

él libre

para
,

mandar en

los

dos navios; que

así

fué

orden de
el

la

Reina

que faltando

el

General

,

lo fuese

Ri-

caredo,
halló

cual con presteza se pasó á la capitana,
el

donde

que unos lloraban por
el

general muerto, y otros se

alegraban con

vivo; finalmente, los unos y los otros le
le

dieron luego la obediencia, y

aclamaron por su general
á otra cosa dos de

con breves ceremonias, no dando lugar
los tres navios

que hablan descubierto,
las

los cuales, desvián-

dose del grande, á

dos naves se venian.
ser galeras turquescas,
;

Luego conocieron
lunas que en
las

por

las

medias

banderas traian

de que recibió gran gusto
si

Ricaredo, pareciéndole que aquella presa,

el

cielo se la

concediese, seria de consideración, sin haber ofendido á nin-

gún

católico.

Las dos galeras turquescas llegaron á recono-

204

NOVELAS EJEMPLARES.
no
traían insignias de In-

cer los navios ingleses, los cuales

glaterra, sino de España, por desmentir á quien llegase á

reconocerlos, y no los tuviesen por navios de cosarios. Cre-

yeron

los turcos ser

naves derrotadas de

las

Indias, y que con

facilidad las rendirían.

Fuéronse entrando poco á poco, y de

industria los dejó llegar Ricaredo hasta tenerlos á gusto de

su artillería, la cual

mandó
la

disparar á tan

buen tiempo, que
las galeras

con cinco balas dio en

mitad de una de

con
á la

tanta furia, que la abrió por

medio toda, dio luego
sin

banda, y comenzó á

irse a

pique

poderse remediar.

La

otra galera, viendo tan

mal suceso, con mucha

priesa le dio

cabo, y

le llevó

á poner debajo del costado del gran navio;

pero Ricaredo, que tenia
sallan

y entraban

como

si

suyos prestos y ligeros, y que tuvieran remos, mandando cargar
los

de nuevo toda

la artillería, los

fué siguiendo hasta la nave,

lloviendo sobre ellos infinidad de balas.
abierta, así

Los de

la

galera

como

llegaron a la nave, la desampararon, y con

priesa y celeridad procuraban acogerse á la nave; lo cual visto

por Ricaredo, y que la galera sana se ocupaba con la rendida, cargó sobre ella con sus dos navios, y sin dejarla rodear
ni valerse de los
se

remos,

la

puso en estrecho, que

los turcos
la

aprovecharon asimismo del refugio de acogerse á
ella, sino

nave,

no para defenderse en

por escapar

las

vidas por

entonces. Los cristianos, de quien venian armadas las galeras,

arrancando

las

branzas y rompiendo

las

cadenas,

mez-

clados con los turcos, también se acogieron á la nave, y

como

iban subiendo por su costado, con la arcabucería de
iban tirando

los navios los

más, que á

los cristianos

como al blanco; mandó Ricaredo que

á los turcos

no

nadie los

tirase.

Desta manera

casi

todos los

más turcos fueron muer-

LA ESPAÑOLA INGLESA.
tos, y
los

205
que

que en

la

nave entraron, por

los cristianos

con

ellos se

mezclaron, aprovechándose de sus mismas arla

mas, fueron hechos pedazos; que

fuerza de los valientes
los

cuando caen,
y
así,

se pasa á la flaqueza

de

que

se levantan;

con

el

calor

que

les

daba

á los cristianos pensar

que

los navios ingleses

eran españoles, hicieron por su libertad

maravillas. Finalmente, habiendo

muerto

casi todos los tur-

cos, algunos españoles se pusieron á bordo del navio, y á

grandes voces llamaron á los que pensaban ser españoles,
entrasen á gozar
el

premio

del vencimiento. Preguntándoles

Ricaredo en español que ¿qué navio era aquel? respondieron

que era una nave que venia de

la

India de Portugal, car-

gada de especería, y con tantas perlas y diamantes, que valia más de un millón de oro, y que con tormenta habia arribado
á aquella parte, toda destruida

y

sin artillería,

por haberla

gente enferma y casi muerta de sed y de hambre; y que aquellas dos galeras, que eran del cosario
la la

echado á

mar,

Arnaute Mami,

el

dia antes la habian rendido, sin haberse

puesto en defensa, y que á lo que habian oido decir, por no poder pasar tanta riqueza á sus dos bajeles, la llevaban á
jorro para meterla en el rio de Larache,
cerca.

que estaba

allí

Ricaredo

les

respondió que

si

ellos

pensaban que

aquellos dos navios eran españoles, se engañaban, que no

eran sino de

la

señora Reina de Inglaterra; cuya nueva dio
,

qué pensar y qué temer á los que la oyeron pensando, como era razón que pensasen que de un lazo habian caido en
,

otro; pero Ricaredo les dijo

que estuviesen

ciertos

que no temiesen algún daño, y de su libertad, con tal que no se pues posible se

siesen en defensa.

«Ni

ponernos en
este navio

ella,

responarti-

dieron; porque,

como

ha dicho,

no tiene

,

2o6

NOVELAS EJEMPLARES.

Hería, ni nosotros armas; así que, nos es forzoso acudir á la

gentileza y liberalidad de vuestro general, pues será justo

que quien nos ha librado del
turcos, lleve adelante tan gran

insufrible cautiverio de los

merced y
partes,

beneficio, pues le
infinitas,
li-

podrá hacer famoso en todas

las

que serán
vitoria

donde

llegare la

nueva desta memorable

y de su

beralidad,

más de nosotros esperada que temida.»
las

No

le

parecieron mal á Ricaredo
los

razones del español
les

y llamando á consejo

de su navio,

preguntó cómo

haria para enviar todos los cristianos á España, sin ponerse
á peligro de algún siniestro suceso,
si el

ser tantos les

daba

ánimo para
uno
á

levantarse. Pareceres á su navio, y así

hubo, que

los hiciese pasar

uno

como

fuesen entrando debajo

de cubierta, matarles, y desta manera matarlos á todos, y llevar la gran nave á Londres sin temor ni cuidado alguno.

A

esto respondió Ricaredo:

«Pues que Dios nos ha hecho

tan gran

merced en darnos

tanta riqueza,

no quiero corres-

ponderá con ánimo
lo

cruel y desagradecido, ni es bien
la

que

que puedo remediar con
;

industria, lo remedie con la

espada

y

así

soy de parecer que ningún cristiano católico
los

muera, no porque
á

quiero bien, sino porque
esta

me

quiero
ni á

mí muy bien, y querría que
que en
ella
el

hazaña de hoy,

ni á vosotros,

me

habéis sido compañeros, nos
valientes, el
la

diese,

mezclado con

nombre de

renombre
la

de crueles, porque nunca dijo bien
lentía.

crueldad con

va-

Lo que
en

se

ha de hacer ha de pasar

es,

que toda

la artillería

de

un navio
sin dejar

destos se
el

á la gran nave portuguesa,

navio otras armas ni otra cosa más del bastila

mento, y no lejando

nave de nuestra gente,

la

llevaremos

á Inglaterra, v los españoles se irán á

España.»

,

LA ESPAÑOLA INGLESA.
Nadie osó contradecir
V algunos
le

207

lo

que Ricaredo habia propuesto,

tuvieron por valiente y
le

magnánimo

y de buen

entendimiento; otros
católico

juzgaron en sus corazones por más
esto Ricaredo, pasó

que debia. Resuelto, pues, en
la
;

con cincuenta arcabuceros á
y con
tas
las

nave portuguesa, todos alerta
halló en la nave casi trecienlas

cuerdas encendidas
las

personas, de
el
el

que hablan escapado de

galeras; pi-

dió luego

registro de la nave, y respondióle aquel

mismo
el

que desde

borde

le

habló
el

la

vez primera, que

re-

gistro le habia
ellos se

tomado

cosario de los bajeles,
el

que con

habia ahogado. Al instante puso

torno en orden

maraviy acostando su segundo bajel á la gran nave, con llosa presteza y con fuerza de fortísimos cabrestantes pasaron
la artillería del

pequeño

bajel á la

mayor nave

;

luego
pasar

haciendo una breve plática á
al bajel

los cristianos, les

mandó

desembarazado, donde hallaron bastimento en abun-

dancia para más de un mes y para más gente; y así como se iban embarcando, dio á cada uno cuatro escudos de oro
españoles, que hizo traer de su navio, para remediar en
parte su necesidad
cerca,

cuando llegasen

á tierra,

que estaba tan
allí

que

las altas

montañas de Avila y Calpe desde

se

parecían.

Todos
hacia, y
los

le
el

dieron infinitas gracias por

la

merced que

les

último que

se iba á
el

embarcar fué aquel que por
:

demás habia hablado,
que no que
patria, y

cual le dijo

-

Por más ventura

tuviera, valeroso caballero,
terra,
es

que

me

llevaras contigo á Ingla-

me

enviaras á España, porque
seis dias

aunque
no

mi

no habrá sino

que

della partí,

he de

hallar en ella otra cosa

que no sea de ocasiones de
que en
la

tristezas y soledades mias. Sabrás, señor,

pérdida

2o8

NOVELAS EJEMPLARES.

de Cádiz, que sucedió habrá quince años, perdí una hija,

que

los ingleses
el

debieron de llevar á Inglaterra, y con

ella

perdí

descanso de
la

mi
,

vejez y la luz de mis ojos, que desvisto cosa

pués que no
sea.

vieron

nunca han

que de su gusto

El grave descontento en que
hacienda, que también

me

dejó su pérdida y la

de

la

me

faltó,

me

pusieron de

mamás

nera, que ni
cía,

más quise

ni

más pude

ejercitar la

mercanel

cuyo

trato

me

habia puesto en opinión de ser
la

rico

mercader de toda

ciudad; y

así

era la verdad, pues

fuera del crédito, que pasaba de
llares

muchos centenares de milas

de escudos, valia mi hacienda, dentro de

puertas

de mi casa, más de cincuenta mil ducados.

y no hubiera perdido nada, como no hubiera perdido á mi
Tras
esta general desgracia,

Todo

lo perdí,

hija.

y tan particular mia, acu-

dió la necesidad á fatigarme hasta tanto que no pudiéndola
resistir,

mi mujer y

yo, que es aquella

triste

que

allí

está

sentada, determinamos irnos á
los

las Indias,

común

refugio de

pobres generosos

;

y habiéndonos embarcado en un na-

vio de aviso seis dias há, á la salida de

Cádiz dieron con

el

navio estos dos bajeles de cosarios, y nos cautivaron, donde
se

renovó nuestra desgracia y
»

se

confirmó nuestra desven-

tura.

Y

fuera

mayor
habia

si

los

cosarios

no hubieran tomado

aquella nave portuguesa, que los entretuvo hasta haber su-

cedido lo que

él

visto.

Preguntóle Ricaredo
dióle

cómo

se

llamaba su

hija.

Respon-

que

Isabel.

Con

esto acabó de confirmarse Ricaredo
el

en

lo

que ya habia sospechado, que era, que
el

que

se lo
al-

contaba era

padre de su querida Isabela; y sin darle
le dijo

gunas nuevas della,
á él y á su

que de

muy buena
ser

gana

llevarla

mujer á Londres, donde podría

que hallasen

LA ESPAÑOLA INGLESA.
nuevas de
la

200

que deseaban; hízolos pasar luego á su capitana, poniendo marineros y guardas bastantes en la nao portuguesa. Aquella noche alzaron velas, y se dieron priesa á
apartarse de las costas de España,

porque

el

navio de los

cautivos libres (entre los cuales también iban hasta veinte
turcos, á quien también Ricaredo dio libertad, por mostrar

que más por su buena condición y generoso ánimo se mostraba liberal, que por forzarle amor que á los católicos tuviese) rogó á los españoles
se ofreciese,

que en

la

primera ocasión que

diesen entera libertad á los turcos, que asi-

mismo

se le

mostraron agradecidos.

El viento, que daba señales de ser próspero y largo, comenzó á calmar un tanto, cuya calma levantó gran tor-

menta de temor en

los ingleses,

que culpaban

á Ricaredo

y á su liberalidad , diciéndole que los libres podían dar aviso

en España de aquel suceso, y que si acaso había galeones de armada en el puerto, podían salir en su busca, y ponerlos en aprieto y en término de perderse. Bien conocía Ricaredo que tenian razón
;

pero venciéndolos á todos con
;

buenas razones

,

los

sosegó

pero más

los

quietó

el

viento,
las

que volvió á

refrescar de

modo, que dándole en
la vista

todas

velas, sin tener necesidad
lias,

de amainallas ni aun de templade Londres,

dentro de nueve dias se hallaron á
él

y cuando en
faltaban.

vitoriosos volvieron, habria treinta

que del

No
les

quiso Ricaredo entrar en

el

puerto con muestras de

alegría, por la

muerte de su general, y así mezcló las señaalegres con las tristes unas veces sonaban clarines rego: ;

cijados, otras trompetas roncas
res alegres
14

unas tocaban

los

atambotristes

y sobresaltadas armas, á quien con señas

y

210

NOVELAS EJEMPLARES.
los pífanos;

lamentables respondían
puesta
al

de una gavia colgaba,

revés,

una bandera de medias lunas sembrada; en

otra se veia

un luengo estandarte de tafetán negro, cuyas
el

puntas besaban
rios

agua. Finalmente, con estos tan contrael rio

extremos entró en
la

de Londres con su navio, porél

que

nave no tuvo fondo en
la

que

la sufriese

;

v

así se

quedó en

mar

á lo largo.
el

Estas tan contrarias muestras y señales tenian suspenso
infinito

pueblo que desde

la ribera les

miraba. Bien cono-

cieron por algunas insignias que aquel navio

menor

era la

capitana del barón de Lansac,

mas no podian alcanzar cócambiado con aquella podequedaba
;

mo

el

otro navio se hubiese

rosa nave

que en

la

mar
el

se

pero sacólos desta
todas armas,

duda haber
ricas

saltado en el esquife,

armado de

y resplandecientes,

valeroso Ricaredo, que á pié, sin

esperar otro
ble vulgo

acompañamiento que aquel de un innumerale

que

seguia, se fué á palacio,

donde ya

la

Reina,

puesta á unos corredores,

estaba esperando le trujesen la

nueva de

los

navios. Estaba

con

la

Reina y con

las

otras

damas

Isabela, vestida á la inglesa, y parecia tan bien

como

á la castellana.

Antes que Ricaredo llegase, llegó otro, que

dio las nuevas á la Reina de
tóse Isabela,

cómo Ricaredo

venía.

Alboro-

oyendo

el

nombre de Ricaredo, y en aquel
y buenos sucesos de su venida.

instante temió y esperó malos

Era Ricaredo
porcionado
;

alto

de cuerpo, gentil

hombre y
,

bien pro,

y

como

venía armado de peto

espaldar

gola

y brazaletes y escarcelas, con unas armas milanesas de once
vistas,

grabadas y doradas, parecia en extremo bien á cuan-

tos le

miraban.

No

le

cubria

la

cabeza morrión alguno, sino

un sombrero de gran

falda, de color leonado,

con

mucha

LA ESPAÑOLA INGLESA.
diversidad de plumas terciadas á la valona
los tiros ricos, las calzas a la esguízara.
;

211
la

espada ancha,
este

Con

adorno, y
le

con

el

paso brioso que llevaba, algunos hubo que
las batallas,

comla

pararon á Marte, dios de

y otros, llevados de

hermosura de su

rostro, dicen

que

le

compararon

á

Venus,
se

que para hacer alguna burla
bia disfrazado.

á

Marte, de aquel

modo

ha-

En

fin, él llegó

ante la Reina. Puesto de rodillas, le dijo:

«Alta Majestad, en fuerza de vuestra ventura y en conse-

cución de mi deseo, después de haber muerto de una apoplegía
el

general de Lansac, quedando yo en su lugar, merced

á la liberalidad vuestra,

me

deparó

la suerte

dos galeras turallí

quescas, que llevaban remolcando aquella gran nave que
se parece.

Acometílas, pelearon vuestros soldados

como siem:

pre; echáronse á fondo los bajeles de los cosarios

en

el

uno

de

los nuestros,

en vuestro real nombre, di libertad a los cris;

tianos

que
á

del poder de los turcos escaparon

sólo truje con-

migo
de

un hombre y á una mujer,
la

esparíoles,

que por su

gusto quisieron venir á ver
es
las

grandeza vuestra. Aquella nave
India de Portugal,
los turcos,
la
la

que vienen de

la

cual por

tormenta vino á dar en poder de
trabajo, ó

que con poco

por mejor decir,

sin

ninguno,

rindieron, y según
ella

dijeron algunos portugueses de los

que en

venian, pasa

de un millón de oro

el

valor de la especería y otras

mer-

cancías de perlas y diamantes que en ella vienen.

A

ninguna

cosa se ha tocado, ni los turcos habian llegado á ella; por-

que todo
tra

y yo lo mandé guardar, para vuesMajestad; que con una joya sola que se me dé, quedaré
lo

dedicó

el cielo,

en deuda de otras diez naves;
jestad

la

cual joya ya vuestra
es á

Ma-

me

la

tiene prometida,

que

mi buena

Isabela.

,

212

NOVELAS EJEMPLARES.
ella

Con

cual él

quedaré rico y premiado, no sólo deste servicio, sea, que á vuestra Majestad he hecho, sino de otros
parte del todo

muchos que pienso hacer por pagar alguna
casi infinito

que en

esta joya vuestra

Majestad
la

me

ofrece.


que
ni

Levantaos, Ricaredo, respondió

Reina, y creedme
la

si

por precio os hubiera de dar á Isabela, según yo

estimo, no la pudiérades pagar ni con lo que trae esa nave,

con

lo

que queda en
ella es

las

Indias

;

dóyosla porque os

la

prometí, y porque
vuestro valor sólo

digna de vos, y vos

lo sois della;
las

la

merece. Si vos habéis guardado

jo-

yas de la nave para mí, yo os

he guardado

la

joya vuestra

para vos; y aunque os parezca que no hago
veros lo que es vuestro, yo sé que os

mucho en volhago mucha merced

en ello; que

las

prendas que se compran á deseos, y tienen
el

su estimación en
vale
,

alma

del

comprador, aquello valen que
la tierra
;

una alma que no hay precio en
Isabela es

con que apre-

cialla.

vuestra

,

veisla

allí

cuando quisiéredes

podéis tomar su entera posesión, y creo será con su gusto,

porque
céis;

es discreta,
la

y sabrá ponderar

la

amistad que

le

ha-

que no

quiero llamar merced, sino amistad, porque
el

me

quiero alzar con

nombre de que yo

sola

puedo ha-

cerle mercedes.

Idos á descansar, y venidme á ver

maña-

na, que quiero

y traedme esos dos que decis que de su voluntad han querido venir á

más particularmente

oir vuestras hazañas,

verme, que

se lo

quiero agradecer.»
las

Besóle
le hacia.

las

manos Ricaredo por
la

muchas mercedes que
y
las

Entróse

Reina en una

sala,

damas rodea-

ron á Ricaredo, y una dellas, que habia tomado grande amistad con Isabela, llamada la señora Tansi, tenida por la
discreta, desenvuelta

más

y graciosa de todas,

dijo á

Ricaredo:

»

LA ESPAÑOLA INGLESA.

21 3

«¿Qué

es esto,

señor Ricaredo? ¿qué armas son éstas? ¿Penvuestros

sábades por ventura que veníades á pelear con

enemigos? Pues en verdad que aquí todas somos vuestras
amigas,
si

no

es la

señora Isabela, que

como

española, está

obligada á no teneros buena voluntad.

— Acuérdese
como yo
lor

ella,

señora Tansi, de tenerme alguna; que

esté en su

memoria,

dijo

Ricaredo, yo sé que

la

voluntad será buena, pues no puede caber en su

mucho

va-

y entendimiento y rara hermosura
»

la

fealdad de ser des:

agradecida.

A

lo cual respondió

Isabela

u

Señor Ricare-

do, pues he de ser vuestra, á vos está tomar de
satisfacion

mí toda
las

la

que quisiéredes para recompensaros de

ala-

banzas que

me

habéis dado y de

las

mercedes que pensáis

hacerme.
Estas y otras honestas razones pasó Ricaredo con Isabela

y con

las

damas entre
,

las

cuales habia

una doncella de pe-

queña edad,
allí

la

cual no hizo sino mirar á Ricaredo mientras

estuvo; alzábale las escarcelas, por ver qué traia debajo

dellas, tentábale la espada,

y con simplicidad de niña quería
de espejo, llegándose á mirar de
se

que

las

armas

le sirviesen

muy

cerca en
dijo:

ellas;

y cuando

hubo

ido, volviéndose á las
ser

damas,

«Ahora, señoras, yo imagino que debe de
la

cosa hermosísima

guerra, pues aun entre mujeres parecen

bien los hombres armados.

—Y
calle.
))

¿cómo

si

parecen? respondió

la

señora Tansi;
el sol se

si

no, mirad á Ricaredo, que no parece sino que
bajado á
la tierra,

ha
la

y en aquel hábito va caminando por
la

Rieron todas del dicho de

doncella y de

la

dispara-

tada semejanza de Tansi, y no faltaron

murmuradores que

tuvieron por impertinencia

el

haber venido armado Rica-

2 14

NOVELAS EJEMPLARES.

redo á palacio, puesto que halló disculpa en otros, que dijeron que

como

soldado lo pudo hacer, para mostrar su ga-

llarda bizarría.

Fué Ricaredo de
che

sus padres, amigos, parientes y conoci-

dos con muestras de entrañable

amor

recebido. Aquella no-

se hicieron generales alegrías

en Londres por su buen

suceso.

Ya

los

padres de Isabela estaban en casa de Clotaldo,
,

á quien Ricaredo habia dicho quién eran

pero que no
él

les

diesen nueva ninguna de Isabela hasta que
diese. Este aviso
los criados

mismo

se la

tuvo

la

señora Catalina, su madre, y todos
casa.

y criadas de su

Aquella misma noche, con
ojos

muchos
dias

bajeles, lanchas
se

y barcos, y con no menos

que lo

miraban,

comenzó

á descargar la
la

gran nave, que en ocho
otras riquísimas

no acabó de dar

mucha pimienta y

mercaderías que en su vientre encerradas tenia.

El dia que siguió á esta noche fué Ricaredo á palacio,
llevando consigo
al

padre y madre de Isabela, vestidos de

nuevo

á la inglesa, diciéndoles
la

que

la

Reina queria

verlos.

Llegaron todos donde

Reina estaba en medio de sus day favocon aquel mismo

mas, esperando

á Ricaredo, á quien quiso lisonjear

recer con tener junto á

á Isabela, vestida

vestido

que

llevó la vez primera,

mostrándose no menos

hermosa ahora que entonces. Los padres de Isabela quedaron admirados y suspensos de ver tanta grandeza y bizarría
junta.

Pusieron
el

los ojos

en Isabela, y no

la

conocieron,

aunque
les

corazón, présago del bien que tan cerca tenian,
á saltar en el

comenzó

pecho, no con sobresalto que

les entristeciese,

sino con

un no

qué gusto, que

ellos

no acertaban a entenderle.

No

consintió la Reina que Riella; antes le

caredo estuviese de rodillas ante

hizo levantar

LA ESPAÑOLA INGLESA.
y sentar en una
nían; inusitada
silla

215
allí

rasa,

que para solo
la altiva

esto

puesta tela

merced para

condición de

Reina;
la silla

y alguno dijo: «Ricaredo no

se

sienta

hov sobre
él

que

le

han dado, sino sobre
:
*<

la

pimienta que

trujo.»

Otro
se

acudió y dijo

Ahora

se verifica lo

que comunmente

dice, que dádivas quebrantan peiías, pues las que ha traido

Ricaredo han ablandado

el

duro corazón de nuestra Reina.))
está tan bien ensillado,

Otro acudió y
de dos

dijo

:

«Ahora, que

más

se atreverán á correlle.»

En

efeto, de aquella

nueva honra que
la

la

Reina hizo

á

Ricaredo, tomó ocasión

envidia para nacer en

muchos

pechos de aquellos que mirándole estaban; porque no hay

merced que

el

Príncipe haga á su privado, que no sea una
el

lanza que atraviesa
saber de Ricaredo
talla

corazón del envidioso. Quiso

la

Reina
la

menudamente cómo habia pasado
Dios y á

ba-

con

los

bajeles de los cosarios; él la contó de
la

nuevo,

atribuyendo

vitoria á

los

brazos valerosos de

sus soldados, encareciéndolos á todos juntos, y particulari-

zando algunos hechos de algunos que más que
hablan señalado
;

los otros se

con que obligó á

la

Reina á hacer á todos
y cuando llegó á

merced, y en particular á
decir la libertad que en

los particulares;

nombre de
:

su Majestad habia dado

á los turcos y cristianos, dijo

«Aquella mujer y aquel

hom-

bre que

allí

están (señalando á los padres de Isabela) son los

que
tra

dije ayer á vuestra

Majestad que, con deseo de ver vues-

grandeza, encarecidamente
ellos

me

pidieron los trújese con-

migo;

son de Cádiz, v de lo que ellos

me

han con-

tado, y de lo que en ellos he visto y notado, sé que son

gente principal y de

valor.))

Mandóles

la

Reina que

se llegasen cerca; alzó los ojos

2l6

NOVELAS EJEMPLARES.
que decían
si

Isabela á mirar los

ser españoles,

y más de Cá-

diz, con deseo de saber
dres.

por ventura conocían á sus paella

Así

como

Isabela
el

alzó los ojos, los puso en

su

madre, y detuvo
la

paso para mirarla más atentamente, y en

memoria de

Isabela se

comenzaron

á despertar unas

con-

fusas noticias,

que

le

querían dar á entender que en otro

tiempo

ella

habia visto aquella mujer que delante tenia. Su
la

padre estaba en

misma

confusión, sin osar determinarse á
le

dar crédito á la verdad que sus ojos

mostraban. Ricaredo

estaba atentísimo á ver los efetos y movimientos
las tres

que hacian

dudosas y perplejas almas, que tan confusas estaban entre el sí y el no de conocerse. Conoció la Reina la susel

pensión de entrambos , y aun

desasosiego de Isabela , por-

que

la vio trasudar
el cabello.

y levantar

la

mano muchas
la

veces á

comser

ponerse

En

esto deseaba Isabela

que hablase

que pensaba

su madre; quizá los oidos la sacarían de la duda en que sus
ojos la hablan puesto.

La Reina

dijo á Isabela

que en lengua
le dijesen

española dijese á aquella mujer y á aquel

hombre

qué causa

les

habia movido á no querer gozar de
les

la libertad

que Ricaredo

habia dado, siendo

la libertad la

cosa

más

amada, no
madre,

sólo de la gente de razón,
della.

mas aun de

los ani-

males que carecen
la

Todo

esto

preguntó Isabela á su

cual, sin responderle palabra, desatentadamente
se llegó á Isabela,

y

medio tropezando

y

sin
la

mirar á respeto,

temores ni miramientos cortesanos, alzó

mano

á la oreja
allí

derecha de Isabela, y descubrió un lunar negro que
nia, la cual señal

te-

acabó de certificar su sospecha; y viendo
ella,

claramente ser Isabela su hija, abrazándose con
gran voz, diciendo
:

dio

una

«¡Oh

hija de

mi corazón! ¡Oh prenda

LA ESPAÑOLA INGLESA.
cara del alma mia!
»

21^
se

Y sin

poder pasar adelante,

cayó destierno
otras

mayada en

los

brazos de Isabela. Su padre, no

menos

que prudente, dio muestras de su sentimiento, no con
palabras que con derramar lágrimas
,

que sesgamente su ve-

nerable rostro V barbas

le

bañaron.
el

Juntó Isabela su rostro con
los ojos á su

de su madre, y volviendo
le

padre, de
el

tal

manera

miró, que

le
allí

dio á en-

tender
tenia.

el

gusto y

contento que de verlos
tal

su alma

La Reina, admirada de
estas vistas,

suceso, dijo á Ricaredo:
se

«Yo pienso, Ricaredo, que con vuestra discreción
denado
y no

si

han or-

os diga

que han sido acerta-

das, pues

sabemos que

así suele

matar una súbita alegría

como mata una
bela

tristeza»;

y diciendo esto, se volvió á Isa-

y

la

apartó de su madre, la cual, habiéndole echado
rostro, volvió en
sí,

agua en

el

y estando un poco más en

su acuerdo, puesta de rodillas delante de la Reina, le dijo:

«Perdone vuestra Majestad mi atrevimiento; que no cho perder
los

es

musir-

sentidos con la alegría del hallazgo desta

amada prenda.
cual, de la

Respondióle

la

Reina que tenia razón

,

viéndole de intérprete, para que lo entendiese, Isabela,

la

manera que

se

ha contado, conoció á

sus padres,

y sus padres á
palacio, para

ella, á los cuales

mandó

la

Reina quedar en

que despacio pudiesen ver y hablar á su hija y regocijarse con ella; de lo cual Ricaredo se holgó mucho, y de nuevo pidió á la Reina le cumpliese la palabra que le
habia dado de dársela,
merecerla,
le
si

es

que acaso
le

la

merecia; y de no

suplicaba desde luego

mandase ocupar en
que deseaba.

cosas que le hiciesen digno de alcanzar lo

Bien entendió

la

Reina que estaba Ricaredo satisfecho de
valor,

mismo

V de su

mucho

que no

liabia necesidad

de

21 8

NOVELAS EJEMPLARES.
calificarle;

nuevas pruebas para
cuatro dias
le

y

así le dijo

que de

allí

á

entregaría á Isabela, haciendo á los dos la

honra que

á ella fuese posible.
la

Con

esto se despidió Rica-

redo contentísimo, con

esperanza propincua que llevaba

de tener en su poder á Isabela, sin sobresalto de perderla,

que

es el

último deseo de
el

los

amantes.
la ligereza

Corrió

tiempo, y no con

que

él

quisiera;

que

los

que viven con esperanzas de promesas venideras,
el

siempre imaginan que no vuela
sobre los pies de
la

tiempo, sino que anda
fin, llegó el día,

pereza misma. Pero, en
fin

no donde pensó Ricaredo poner
hallar en Isabela gracias nuevas

á sus deseos, sino
le

de

que

moviesen

a quererla
él

más,

si

más

pudiese.
la

Mas

en aquel breve tiempo, donde

pensaba que

nave de su buena fortuna corría con prósel

pero viento hacia
vantó en su

deseado puerto,

la

contraria suerte le-

mar
el

tal

tormenta, que mil veces temió anegarse.

Es, pues,

caso,

que

la

camarera mayor de
hijo, de

la

Reina, á

cuyo cargo estaba Isabela, tenia un
y dos años, llamado de su estado,
el

edad de veinte
la

conde Arnesto. Hacíanle
de su sangre,
el

grandeza

la alteza

mucho

favor que su

madre con

la

Reina

tenia; hacíanle, digo, estas cosas,

más

de lo justo arrogante, altivo y confiado. Este Arnesto, pues,
se

enamoró de
los ojos

Isabela tan encendidamente,
el

que en

la

luz
el

de

de Isabela tenia abrasada

alma; y aunque en

tiempo que Ricaredo había estado ausente, con algunas señales le había descubierto su deseo,

nunca de Isabela fué

admitido; y puesto que la repugnancia y los desdenes en los principios de los amores suelen hacer desistir de la empresa
á los

enamorados, en Arnesto obraron
le

lo contrario los

mu-

chos y conocidos desdenes que

dio Isabela, porque con

LA ESPAÑOLA INGLESA.
SU hielo ardia, y con su honestidad se abrasaba, y

219

como

vio

que Ricaredo, según
á Isabela, v

el

parecer de la Reina, tenia merecida
se le

que en tan poco tiempo

habia de entregar

por mujer, quiso desesperarse; pero antes que llegase á tan

infame y tan cobarde remedio, habló á su madre, diciéndole pidiese á la Reina le diese á Isabela por esposa; donde
no, que pensase que
la

muerte estaba llamando á

las

puertas

de su vida.

Quedó
y

la

camarera admirada de
la

las

razones de su hijo,

como

conocia

aspereza de su arrojada condición, y la
le

tenacidad con que se

pegaban

los deseos

en

el

alma, te-

mió que
ceso.

sus

amores habian de parar en algún

infelice su-

Con

todo eso,

como madre,

á

quien

es natural desear

hijos, prometió al suyo de hablar y procurar el bien de sus á la Reina, no con esperanza de alcanzar della el imposible

de romper su palabra, sino por no dejar de intentar,
en
salud

como
Reina,

desahuciada,
Isabela

los

últimos
,

remedios.

Y
la

estando

aquella
tan

mañana

vestida
se

por orden de

ricamente, que no
la

atreve la
al

pluma

a contarlo, y

habiéndole echado

misma Reina
que
traia la

cuello una sarta de
las

perlas de las mejores

nave, que

apreciaron

en veinte mil ducados, y puéstole un anillo de un diamante, que se apreció en seis mil escudos y estando alborozadas las
,

damas por

la fiesta

que esperaban

del cercano desposorio,

entró la camarera

mayor

á la Reina, y de rodillas le suplicó

suspendiese

el

desposorio de Isabela por otros dos dias, que
sola

con

esta

merced

que su Majestad
las

le hiciese,

se tendría

por satisfecha y pagada de todas servicios merecía y esperaba.

mercedes que por sus

Quiso saber

la

Reina primero por qué

le

pedia con tanto

220

NOVELAS EJEMPLARES.

ahinco aquella suspensión, que tan derechamente iba contra
la

palabra que tenia dada á Ricaredo; pero no se la quiso

dar la camarera hasta que le

hubo otorgado que

haria lo

que

le

pedia

:

tanto deseo tenia la Reina de saber la causa

de aquella demanda.
lo

Y así,

después que

la la

camarera alcanzó

que por entonces deseaba, contó á

Reina

los

amores

de su hijo, y

cómo temia que
si

si

no

le

daban por mujer á

Isabela, ó se habia de desesperar, ó hacer algún

hecho

es-

candaloso; y que

habia pedido aquellos dos dias, era por

dar lugar á que su Majestad pensase qué medio seria á propósito y conveniente para dar á su hijo remedio.

La Reina

respondió que

si

su real palabra no estuviera de por medio,

que
la

ella hallara salida á tan

cerrado laberinto, pero que no
las

quebrantaría, ni defraudaría
el ínteres

esperanzas de Ricaredo

por todo

del

mundo.
el cual, sin

Esta respuesta dio la camarera á su hijo,
tenerse

de-

un punto, ardiendo en amor y en

celos, se

armó de
se pre-

todas armas, y sobre

un fuerte y hermoso caballo

sentó ante la casa de Clotaldo, y á grandes voces pidió que
se

asomase Ricaredo

á la ventana, el cual á aquella sazón
ir

estaba vestido de galas de desposado, y á punto para
lacio

á pa-

con

el

acompañamiento que
las

tal

acto requería;

mas hauna

biendo oído
del

voces, y siéndole dicho quién las daba, y
sobresalto se
dijo
: :

modo que venía, con algún ventana, y como le vio Arnesto,
atento á lo que decirte quiero

asomó

á

^

Ricaredo, estame

la

Reina,

mi

señora, te
te hiciesen

mandó
gadas

fueses á servirla
la

y á hacer hazañas que
cual piensas haber

merecedor de
las

sin

par Isabela; tú fuiste, y volviste carel

naves de oro, con

comprado
te la

y merecido á Isabela; y aunque la Reina,

mi señora,

LA ESPAÑOLA INGLESA.

221

ha prometido, ha sido creyendo que no hay ninguno en su corte que mejor que tú la sirva, ni quien con mejor título

merezca

á Isabela; y en esto bien podrá ser se
así,

haya en-

gañado; y

allegándome á

esta opinión,
ni tú has

que yo tengo
tales

por verdad averiguada, digo que

hecho cosas

que que

te

hagan merecer

á Isabela, ni

ninguna podrás hacer
la

á tanto bien te levante;
si

y en razón de que no

me-

reces,

quisieres contradecirme, te desafío á todo trance

de muerte.»

Conde, y desta manera le respondió Ricaredo: «En ninguna manera me toca salir á vuestro desafio, señor Conde, porque yo confieso, no sólo que no merezco á IsaCalló
el

bela, sino

que no
así

la

merece ninguno de

los

que hoy viven

en

el

mundo;

que, confesando yo lo que vos decis, otra

vez digo que no
por
el

me

toca vuestro desafío

;

pero yo

le

acepto
«

atrevimiento que habéis tenido en desafiarme.

Con
ir

esto, se quitó de la ventana, y pidió apriesa sus armas.

Alborotáronse sus parientes y todos aquellos que para
á palacio habian venido á acompañarle.

De

la

mucha
le

gente

que habia
las

visto al

conde Arnesto armado, y

habia oido
la

voces del desafío, no faltó quien lo fué á contar á
la

Reina,

cual

mandó

al

capitán de su guarda que fuese
se dio
salia

á prender al

Conde. El capitán

tanta priesa, que

llegó á

tiempo que ya Ricaredo

de su casa, armado
vio
al

y puesto á caballo.

Cuando

el

Conde

capitán

,

luego

imaginó á
y alzando
el

lo
la

que venia, y determinó de no dejar prenderse,
voz contra Ricaredo, dijo
: :

*'Ya ves, Ricaredo,

impedimento que nos viene

si

tuvieres

gana de

casti-

garme, tú

buscarás; y por la que yo tengo de castigarte, también te buscaré y pues dos que se buscan fácilmente
;

me

,

222
se hallan
,

NOVELAS EJEMPLARES.
dejemos para entonces
la

ejecución de nuestros

deseos.

— Soy contento», respondió Ricaredo.
En
pondió
esto llegó el capitán
se diese preso

con toda su guarda, y
daba, pero no para que
la

dijo al

Conde que
el

en nombre de su Majestad. Resse
lo lle-

Conde que

vasen á otra parte que á

la

presencia de

Reina. Contentóse
la

con esto

el

capitán, y cogiéndole en

medio de

guarda,

le

llevó á palacio ante la

Reina,

la

cual ya de su camarera
su hijo tenia á Isa-

estaba informada del

amor grande que

bela, y con lágrimas habia suplicado á la
al

Reina perdonase
entrar

Conde. Llegó Arnesto ante
él

la

Reina,

la cual, sin

con
á

en razones,
torre.

le

mandó

quitar la espada y llevar preso

una

corazón de Isabela y de sus padres, que tan presto veian turbado el mar de su
estas cosas
el

Todas

atormentaban

sosiego.
el

Aconsejó

la

camarera

á la

Reina que para sosegar

mal que podia suceder entre su parentela y la de Ricaredo, que se quitase la causa de por medio, que era Isabela,
enviándola á España, y
efetos
así

cesarían fácilmente todos los
estas

que debian de temerse; añadiendo á

razones,

decir

que Isabela era

católica, y tan cristiana,

que ninguna
la

de sus persuasiones, que hablan sido muchas,
dido torcer en nada de su católico intento.
dió la Reina que por eso la estimaba en
sabia guardar la ley

hablan porespontan bien

A lo cual
,

más pues

hablan enseñado, y que en lo de enviarla á España no tratase, porque su hermosa

que sus padres

la

presencia y sus

muchas

gracias y virtudes le

daban

mucho

gusto, y que sin duda, si no aquel dia, otro, se la habia de dar por esposa á Ricaredo, como se lo tenia prometido.

LA ESPAÑOLA INGLESA.

223
la

Con
que ya

esta resolución de la
le

Reina quedó

camarera tan

desconsolada, e|ue no
le

replicó palabra, y pareciéndole lo
si

habia parecido, que

no era quitando

á Isabela
la ri-

de por medio, no habia de haber medio alguno que

gurosa condición de su hijo ablandase

ni

redujese a tener
las

paz con Ricaredo, determinó de hacer una de

mayores

crueldades que pudo caber jamas en pensamiento de mujer
principal, y tanto

como

ella lo era;

y fué su determinación
la

matar con tósigo á Isabela; y como por
la
lla

mayor

parte sea

condición de

las

mujeres ser prestas y determinadas, aque-

misma

tarde atosigó á Isabela en una conserva

que

le

dio, forzándola

que

la

tomase, por ser buena contra

las ansias

de corazón que sentia.

Poco espacio pasó después de haberla tomado, cuando
Isabela se
le

á

garganta, y á ponérsele denegridos los labios y á enronquecérsele la
á
la la

comenzó

hinchar

lengua y

voz, turbársele los ojos y apretársele
cidas seríales de haberle

el

pecho; todas conolas

dado veneno. Acudieron

damas
la

á la Reina, contándole lo

que pasaba, y certificando que

camarera habia hecho aquel mal recaudo.

No

fué menester

mucho
bela,

para que

la

Reina

lo creyese,

y

así

fué á ver á Isa-

que ya

casi estaba espirando.
,

Mandó

llamar

la
,

Reina
la

con priesa á sus médicos

y en tanto que tardaban

hizo

dar cantidad de polvos de unicornio, con otros

muchos

antídotos que los grandes príncipes suelen tener prevenidos

para semejantes necesidades. Vinieron los médicos y esfor-

zaron

y pidieron á camarera qué género de veneno
los
,

remedios

la
le

Reina hiciese decir

á la

habia dado, porque no
ella, la

se

dudaba que otra persona alguna, sino
lo

hubiese en-

venenado. Ella

descubrió, v con esta noticia, los médicos

224

NOVELAS EJEMPLARES.

aplicaron tantos remedios y tan eficaces, que con ellos y con el ayuda de Dios, quedó Isabela con vida, ó á lo menos

con esperanza de tenerla.

Reina prender á su camarera y encerrarla en un aposento estrecho de palacio, con intención de castigarla
la

Mandó

como

su delito merecía, puesto que ella se disculpaba dial cielo
,

ciendo que en matar á Isabela hacia sacrificio

qui-

tando de
las

la tierra á

una

católica,

y con

ella la

ocasión de

pendencias de su hijo. Estas
le

tristes

nuevas, oidas de Riel

caredo,

pusieron en términos de perder

juicio

:

tales

eran

las

cosas

que hacia y

las

lastimeras razones con
el

que

se

quejaba. Finalmente, Isabela no perdió la vida; que

quedar

con

ella la

naturaleza lo

conmutó en

dejarla sin cejas, pes-

tañas y sin cabello, el rostro hinchado, la tez perdida, los

cueros levantados y los ojos lagrimosos. Finalmente, quedó
tan fea,

que como hasta

allí

habia parecido un milagro de

hermosura, entonces parecía un monstruo de fealdad. Por

mayor desgracia

tenian los que la conocían, haber quedado
si

de aquella manera que
todo esto, Ricaredo se
dejase llevar á su casa, del cuerpo al alma, y

la

hubiera muerto

el

veneno.

Con

la

pidió á la Reina, y le suplicó se la
el

porque
si

amor que

la tenia

pasaba

que

Isabela habia perdido su belleza,
infinitas virtudes.

no podia haber perdido sus
«Así
es, dijo la

Reina; lleváosla, Ricaredo, y haced cuenta
caja de
la

que

lleváis

una riquísima joya, encerrada en una
Dios sabe
si

madera

tosca.

quisiera dárosla

como me

enel

tregastes; pero pues

no
la

es posible,

perdonadme: quizá
tal delito satisfará

castigo

que diere á

cometedora de

en

algo
á la

el

deseo de la venganza.»
la

Muchas

cosas dijo Ricaredo
la

Reina, disculpando á

camarera, y suplicándola

LA ESPAÑOLA INGLESA.
perdonase, pues
las

22

¡J

disculpas

que daba eran bastantes para
le

perdonar mayores insultos. Finalmente,

entregaron á

Isabela y á sus padres, y Ricaredo los llevó á su casa, digo, á la de sus padres.

A

las

ricas perlas

y

al

diamante añadió

otras joyas la Reina, y otros vestidos tales,
el

que descubrieron
duró dos meses

mucho amor que

á Isabela tenia, la cual

en su fealdad, sin dar indicio alguno de poder reducirse á
su primera hermosura; pero al cabo deste tiempo
á caérsele el cuero

comenzó

y

á descubrírsele su

hermosa

tez.

En
por
la

este

tiempo

los-

padres de Ricaredo, pareciéndoles no

ser posible

que Isabela en

volviese, determinaron enviar

doncella de Escocia, con quien primero que con

Isabela tenian concertado de casar á Ricaredo; y esto sin

que
de
la

él

lo supiese,

no dudando que

la

hermosura presente

nueva esposa hiciese olvidar

á su hijo la ya pasada de

Isabela, á la cual pensaban de enviar á
dres, dándoles tanto

España con sus pa-

haber y riquezas, que recompensasen

sus pasadas pérdidas.

No
la

pasó mes y medio, cuando, sin sabiduría de Ricaredo,
se
le

nueva esposa
quien

entró por

las

puertas,

acompañada
la Isa-

como

ella era,

y tan hermosa, que después de

bela que solia ser, no habia otra tan bella en toda Londres.

Sobresaltóse Ricaredo con la improvisa vista de la doncella,

y temió que

el

sobresalto de su venida habia de acabar la
así,

vida á Isabela; y

para templar este temor se fué
hallóla en
dijo
:

al

lecho

donde Isabela estaba, y
delante de los cuales

compañía de

sus padres,

le

Isabela de

mi alma, mis

padres, con

el

grande amor que

me

tienen, aun no bien

enterados del

mucho que yo

te

tengo, han traído á casa
ellos

una doncella escocesa, con quien
'5

tenian concertado

»

220

NOVELAS EJEMPLARES.
lo

de casarme antes que yo conociese lo que vales; y esto, á

que creo, con intención que
borre de

la

mucha

belleza desta doncella

mi alma

la

tuya, que en ella estampada tengo. Yo,

Isabela, desde el punto

que

te quise, fué

con otro amor de

y paradero en el cumplimiento del sensual apetito; que puesto que tu corporal hermosura me
aquel que tiene su
fin

cautivó los sentidos, tus infinitas virtudes
el

me

aprisionaron

alma, de manera que

si

hermosa

te quise, fea te

adoro, y
ella

para confirmar esta verdad,
la

dame
la

esa

mano»; y dándole

derecha, asiéndola
la fe católica,

él

con

suya, prosiguió diciendo:

«Por

que mis

cristianos padres

me

enseñaron,

la cual, si

no

está en la entereza
el

que

se requiere,
es la

por aquella

juro que guarda

Pontífice

romano, que

que yo en

mi corazón
que nos

confieso, creo y tengo; y por el verdadero Dios,

está

oyendo,

te

prometo, ¡oh Isabela, mitad de mi
lo

alma! de ser tu esposo, y levantarme á
la alteza

soy desde luego,

si

tú quieres

de ser tuyo.
las

Quedó

suspensa Isabela con

razones de Ricaredo, y

sus padres atónitos y pasmados. Ella

no supo qué
la

decir, ni

hacer otra cosa que besar muchas veces

mano

de Ricale

redo, y decirle con voz mezclada con lágrimas que ella

aceptaba por suyo y se entregaba por su esclava. Besóla

Ricaredo en

el

rostro feo,
él

no habiendo tenido jamas atre-

vimiento de llegarse á
Isabela solemnizaron
fiestas del

cuando hermoso. Los padres de
las

con tiernas y muchas lágrimas
les dijo

desposorio; Ricaredo
la

que

él

dilatarla el

casamiento de

escocesa,

que ya estaba en casa,

del

modo

que después verian, y cuando su padre

los quisiese enviar á

España
le

á todos tres

,

no

lo rehusasen

,

sino que se fuesen y
los

aguardasen en Cádiz ó en Sevilla dos años, dentro de

LA ESPAÑOLA INGLESA.
cuales, les daba su palabra de ser con ellos,
si

227
el cielo

tanto

concedia de vida, y que si deste término pasase, tuviesen por cosa certísima que algún grande impedimento,
le

tiempo

ó

la

muerte, que era
le

lo

más

cierto, se habia opuesto á su
le

camino. Isabela

respondió que no solos dos años

aguar-

daria, sino todos aquellos de su vida, hasta estar enterada

que

él

no

la tenia;

porque en

el

punto que esto supiese,

seria el

mismo de

su muerte.

Con

estas tiernas palabras se

renovaron

las

lágrimas en

todos, y Ricaredo salió á decir á sus padres

cómo

en nin-

guna manera no
escocesa
,

se casaria, ni daria la

mano
y á
así
,

á su esposa la

sin

haber primero ido á

Roma
ellos

á asegurar su conlos parientes

ciencia. Tales razones

supo decir á

que habian venido con Clisterna, que
escocesa
,

se

llamaba

la
las

que como todos eran

católicos

fácilmente

creyeron, y Clisterna se contentó de quedar en casa de
su suegro hasta que Ricaredo volviese,
el

cual pidió de

término un año. Esto

así

puesto, Clotaldo dijo á Ricaredo

cómo determinaba
dres,
si

enviar á España á Isabela y á sus pales

la

Reina

daba licencia; quizá

los aires

de

la

patria apresurarían y facilitarían la salud,

que ya comen-

zaba á tener. Ricaredo, por no dar indicio de sus designios, respondió tibiamente á su padre

que hiciese

lo

que

mejor

le

pareciese; sólo le suplicó
las

que no quitase
le

á Isabela

ninguna cosa de

riquezas que la Reina

habia dado.
li-

Prometióselo Clotaldo, y aquel
cencia á
la

mismo

dia fué á pedir

Reina,

así

para casar á su hijo con Clisterna,

como
se

para enviar á Isabela y á sus padres á España.
la

De

todo

contentó

Reina, y tuvo por acertada

la

determinación

de Clotaldo; y aquel

mismo

dia, sin

acuerdo de letrados y

228
sin

NOVELAS EJEMPLARES.
poner á su camarera en
sirviese
tela

de juicio,

la

condenó en

que no

más
al

su oñcio, y en diez mil escudos de oro
el desafío, le

para Isabela, y

conde Arnesto, por

desterró

por

seis

años de Inglaterra.

No

pasaron cuatro dias, cuando ya Arnesto se puso á
salir

punto de

á cumplir su destierro, y los dineros estu-

vieron juntos.

La Reina llamó
Italia

á

un mercader
el

rico

que

habitaba en Londres y era francés,

cual tenia corresal

pondencia en Francia,

y España,

cual entregó los

diez mil escudos, y le pidió cédula para que se los entregasen
al

padre de Isabela en Sevilla ó en otra plaza de España.

El mercader, descontados sus intereses y ganancias, dijo á la Reina que las daría ciertas y seguras para Sevilla, sobre
otro mercader francés, su correspondiente, en esta forma:

que

él escribiria

á París

,

para que

allí

se hiciesen las cédulas
las

por otro correspondiente suyo, á causa que rezasen
de Francia, y no de Inglaterra, por
el

fechas
la

contrabando de

dos reinos, y que bastaba llevar una letra de aviso suya, sin fecha, con sus contraseñas, para que
los

comunicación de

luego diese

el

dinero

el

mercader de

Sevilla,

que ya

estarla

avisado del de París.

En

resolución, la Reina

tomó

tales sela

guridades del mercader, que no dudó de ser cierta

paga;

y no contenta con

esto,

mandó

llamar á un patrón de una

nave flamenca, que estaba para partirse otro dia á Francia,
á sólo

tomar en algún puerto
España

della testimonio, para

poder

entrar en

á título de partir de Francia,

y no de In-

glaterra; al cual pidió

encarecidamente llevase en su nave á

Isabela y á sus padres, y con toda seguridad y

buen

trataá

miento
llegase.

los pusiese

en un puerto de España,

el

primero

do

El patrón, que deseaba contentar á

la

Reina, dijo

LA ESPAÑOLA INGLESA.
que

229
Sevilla.

haría, y

que

los los

pondría en Lisboa, Cádiz ó

Tomados, pues,
habia dado,

recaudos del mercader, envió

la

Reina

á decir á Clotaldo no quitase á Isabela todo lo que ella le
así

de joyas

como
la

de vestidos. Otro dia vinieron

Isabela y sus padres á despedirse de la Reina,

que

los recibió

con

mucho amor.

Dióles

Reina

la

carta del
el

mercader y

otras dádivas

de dineros y regalo para

viaje.

Con

tales

razones se lo agradeció Isabela, que de nuevo dejó obligada
á la Reina para hacerle siempre mercedes; despidióse de
las

damas,

las

cuales,

como ya
de

estaba fea, no quisieran que
la

se partiese, viéndose libres

envidia que á su

hermo-

sura tenian, y contentas de gozar de sus gracias y discreciones.
la

Abrazó

la

Reina á
al

los tres,
la

y encomendándolos á

buena ventura y

bela la

nave, y pidiendo á Isaavisase de su buena llegada á España, y siempre de
patrón de

su salud, por la via del mercader francés, se despidió de
Isabela y de sus padres, los cuales aquella

misma

tarde se

embarcaron, no

de Clotaldo y de su mujer y de todos los de su casa, de quien era en todo extremo bien
sin lágrimas

querida.

No

se halló á esta despedida presente Ricaredo,

que por no dar muestras de tiernos sentimientos, aquel dia
hizo que unos amigos suyos
le llevasen á caza.
el

Los regalos
viaje

que

la

señora Catalina dió á Isabela para
los

fueron

muchos,
las

abrazos infinitos,
la

las

lágrimas en abundancia,

encomiendas de que

escribiese sin

número, y

los

agradecimientos de Isabela y de sus padres correspondieron á todo; de suerte que, aunque llorando, los dejaron
satisfechos.

Aquella noche se hizo

el bajel

á la vela, y

habiendo con
ella los re-

próspero viento tocado en Francia, y tomado en

230

NOVELAS EJEMPLARES.
allí

caudos necesarios para poder entrar en España, de
treinta dias entró por la barra de

á

Cádiz, donde

se

desem-

barcaron Isabela y sus padres, y siendo conocidos de todos
los

de

la

ciudad, los recibieron con muestras de

mucho cony
los

tento. Recibieron mil parabienes del hallazgo de Isabela

de

la libertad

que hablan alcanzado,

así

de

los

moros que

hablan cautivado (habiendo sabido todo su suceso de los
cautivos que dio libertad la liberalidad de Ricaredo),

como

de

la

que hablan alcanzado de
Isabela en este

los ingleses.

Ya

tiempo comenzaba

á dar

grandes es-

peranzas de volver á cobrar su primera hermosura. Poco

más de un mes estuvieron en Cádiz, restaurando
jos de la navegación,
salia cierta la

los trabasi

y luego
los diez

se

fueron á Sevilla, por ver

paga de

mil escudos, que librados so-

bre

el

mercader francés
buscaron y
le

traian.

Dos

dias después de llegar á

Sevilla le

hallaron, y le dieron la carta del
él la

mercader francés de
y
dijo

la

ciudad de Londres;
le

reconoció,

que hasta que de París
no podia dar
el

viniesen las letras y carta de

aviso

dinero, pero que por

momentos aguarque estaba monja

daba

el aviso.

Los padres de Isabela alquilaron una casa prin-

cipal frontero de Santa Paula, por ocasión

en aquel santo monasterio una sobrina suya, única y ex-

tremada en

la

voz,

así

por tenerla cerca,
si

como por haber
la

dicho Isabela á Ricaredo que
llarla

viniese á buscarla, la ha-

en Sevilla, y

le

diria su casa su

prima

monja de

Santa Paula, y que para conocella no habia menester más de preguntar por la monja que tenia la mejor voz en el monasterio,

porque

estas señas

no

se le

podian olvidar.
los avisos

Otros cuarenta dias tardaron de venir

de París,
los diez

y á dos que llegaron,

el

mercader francés entregó

LA ESPAÑOLA INGLESA.

23

I

mil escudos á Isabela, y ella á sus padres, y con ellos, y con

algunos más que hicieron

,

vendiendo algunas de

las

muchas
mer-

joyas de Isabela, volvió su padre á ejercitar su oficio de

cader, no sin admiración de los que sabian sus grandes pérdidas.

En

fin,

en pocos meses fué restaurando su perdido

crédito, y la belleza de Isabela volvió á su ser primero, de
tal

manera, que en hablando de hermosas, todos daban
la

el

lauro á

Española Inglesa, que tanto por este nombre
la

como
Por

por su hermosura era de toda
la

ciudad conocida.
de Sevilla escribieron

orden del mercader

fi-ances

Isabela y sus padres á la Reina de Inglaterra su llegada, con
los

agradecimientos y sumisiones que requerían

las

muchas

mercedes della recebidas; asimismo escribieron á Clotaldo y á su señora Catalina, llamándolos Isabela padres, y sus padres
señores.

De

la

Reina no tuvieron respuesta; pero de Clo-

taldo y de su

mujer

sí,

donde

les

daban

el

parabién de

la

llegada á salvo, y los avisaban
dia después

cómo

su hijo Ricaredo, otro

que

ellos se hicieron á la vela, se
allí

habia partido
ir

á Francia, y de

á otras partes,

donde

le

con venia

para

seguridad de su conciencia; añadiendo á éstas, otras razones

y cosas de

mucho amor

y de muchos ofi"ecimientos

;

á la

cual carta respondieron con otra no

menos

cortés

y amorosa

que agradecida.

Luego imaginó

Isabela que

el

haber dejado Ricaredo á

Inglaterra, seria para venirla á buscar á España, y alen-

tada con esta esperanza, vivia la

más contenta

del

mundo, y

procuraba vivir de manera, que cuando Ricaredo llegase á
Sevilla, antes le diese en los oidos la

fama de

sus virtudes
salia

que

el

conocimiento de su
el

casa.

Pocas ó ninguna vez

de su casa sino para

monasterio; no ganaba otros jubileos

232

NOVELAS EJEMPLARES.
el

que aquellos que en

monasterio se ganaban. Desde su

casa y desde su oratorio andaba con el pensamiento, los vier-

nes de Cuaresma, la santísima estación de la Cruz, y los siete

venideros, del Espíritu Santo; jamas visitó

el rio, ni

pasó á

Triana, ni vio

el

común

regocijo en

el

campo de Tablada v

puerta de Jerez,

el dia, si le

hace claro, de San Sebastian,

celebrado de tanta gente, que apenas se puede reducir á nú-

mero; finalmente, no vio regocijo público
Sevilla
:

ni otra fiesta en

todo lo libraba en su recogimiento y en sus oracio-

nes y buenos deseos, esperando á Ricaredo.

Este su grande retraimiento tenia abrasados y encendidos
los deseos,

no

sólo de los pisaverdes del barrio, sino de to;

dos aquellos que una vez la hubiesen visto

de aquí nacieron
dia.

músicas de noche en su calle, y carreras de
dejar verse, y desearlo
terceras,

Deste no
de
las

muchos, crecieron

las alhajas

que prometieron mostrarse primas y únicas en soy no
,

licitar á Isabela,

faltó

quien se quiso aprovechar de lo

que llaman hechizos
tes; la

que no son sino embustes y dispara-

pero á todo esto estaba Isabela
la

como

roca en mitad de
las olas ni los

mar, que

tocan, pero no la

mueven,

vientos.

Año
cua de

y medio era ya pasado, cuando
los

la

esperanza propin-

dos años por Ricaredo prometidos
allí

comenzó con
le tenia

más ahinco que hasta
cuando ya
le

á fatigar el corazón de Isabela; y

parecía que su esposo llegaba, y que
le

ante los ojos, y

preguntaba qué impedimentos

le

habían

detenido tanto

;

cuando ya llegaban
ella le
le

á sus oidos las disculpas
le

de su esposo, y cuando ya

perdonaba y

abrazaba

y

como

á

mitad de su alma
la

recebia, llegó á sus

manos

una carta de

señora Catalina, fecha en Londres cincuenta

:

»

LA ESPAÑOLA INGLESA.
dias habia
:

233

venia en lengua inglesa; pero leyéndola en es-

pañol

,

vio

que

así

decia
:

«Hija de mi alma

Bien conociste á Guillarte,
él al viaje

el

paje de
te avisé
el se-

»Ricaredo; éste se fué con
II

que por otra

que Ricaredo

á Francia y á otras partes habia

hecho,

>^gundo dia de tu partida; pues este
))de

mismo

Guillarte, á cabo

diez y seis meses que no habiamos sabido de
el

mi

hijo,

nentró ayer por nuestra puerta con nuevas que
))nesto

conde Ar-

habia muerto á traición en Francia á Ricaredo.

Con-

«sidera, hija, cuál quedariamos su padre y

yo y su esposa

"Con
i>en

tales

nuevas;

tales

digo, que aun no nos dejaron poner

duda nuestra desventura. Lo que Clotaldo y yo te roga))mos otra vez, hija de mi alma, es que encomiendes muv
I'

de veras á Dios
neficio el

la

de Ricaredo; que bien merece este bete

»

que tanto

quiso

,

como

tú sabes.

También pe-

))

dirás á nuestro

Señor nos dé á nosotros paciencia y buena

n

muerte; á quien nosotros también pediremos y suplicare-

))

mos

te

dé á

y á tus padres largos años de vida.
la

Por

la letra

y por

firma no

le

quedó que dudar

á Isa-

bela para no creer la muerte de su esposo; conocia

muy

bien

al

paje Guillarte, y sabia
ni

que era verdadero, y que de
la

suyo no habria querido,

tenia para qué, fingir aquella

muerte, ni menos su madre

señora Catalina

la

habria

fingido, por no importarle nada enviarle nuevas de tanta
tristeza; finalmente,

ningún discurso que hizo, ninguna

cosa que imaginó,

le

pudo

quitar del pensamiento no ser

verdadera

la

nueva de su desventura.
leer la carta, sin

Acabada de

derramar lágrimas

ni

dar

señales de doloroso sentimiento,

cer con sosegado pecho, se

con sesgo rostro, y al parelevantó de un estrado donde es-

234

NOVELAS EJEMPLARES.
un
oratorio, y hincándose de
crucifijo, hizo voto

taba sentada, y se entró en
rodillas ante la

imagen de un devoto
lo

de

ser

monja, pues

podia

ser,

teniéndose por viuda. Sus pa-

dres disimularon y encubrieron con discreción la
les

pena que

habia dado
la

la triste

nueva, por poder consolar á Isabela

en

amarga que

sentia; la cual, casi

como

satisfecha de su

dolor, templándole con la santa y cristiana resolución

que

habia tomado,

ella

consolaba á sus padres, á los cuales desle

cubrió su intento, y ellos

aconsejaron que no
los

le

pusiese

en ejecución hasta que pasasen

dos años que Ricaredo

habia puesto por término á su venida; que con esto se confirmarla la verdad de la

muerte de Ricaredo, y

ella

con más

seguridad podia
seis

mudar de

estado. Así lo hizo Isabela, y los
los

meses y medio que quedaban para cumplirse
los

dos

años,

pasó en ejercicios de religiosa y en concertar la
el

entrada del monasterio, habiendo elegido

de Santa Paula,

donde estaba su prima.
Pasóse
el

término de

los

dos años

,

y llegóse
la

el

dia de to-

mar
los

el

hábito, cuya nueva se extendió por
vista á Isabela,

ciudad, y de

que conocían de
fama,

y de aquellos que por
la

sola su

se llenó el

monasterio y

poca distancia que
á sus
los

del á la casa de Isabela habia; y

convidando su padre

amigos, y aquellos á otros, hicieron á Isabela uno de

más honrados acompañamientos que en semejantes
habian visto en
Sevilla.

actos se

Hallóse en

él el

Asistente y

el

Provi-

sor de la Iglesia y Vicario del Arzobispo, con todas las se-

ñoras y señores de título que habia en

la

ciudad
la

:

tal

era el

deseo que en todos habia de ver
Isabela,

el sol

de

hermosura de

que tantos meses
las

se les

habia eclipsado; y
el

como
ir

es

costumbre de

doncellas que van á tomar

hábito

lo

LA ESPAÑOLA INGLESA.
posible galanas y bien compuestas,

235
quien en aquel

como

punto echa

el resto

de

la bizarría

y se descarta della, quiso

Isabela ponerse lo
tió

más

bizarra que le fué posible; y así se visla

con aquel vestido mismo que llevó cuando fué á ver á
se

Reina de Inglaterra, que ya

ha dicho cuan
el

rico y

cuan

vistoso era. Salieron á luz las perlas y

famoso diamante,

con

el collar

y cintura, que asimismo era de

mucho

valor.

Con
pié,

este

adorno y con su gallardía, dando ocasión para
ella, salió

que todos alabasen á Dios en

Isabela de su casa á

que

el estar

tan cerca del monasterio excusó los coches
la

y carrozas;

el

concurso de
los

gente fué tanto, que
les

les

pesó

de no haber entrado en
gar de llegar
otros
se
al cielo,

coches, porque no
:

daban lu-

al

monasterio

unos bendecian á sus padres;
la

que de tanta hermosura
verla; otros,

habia dotado; unos

empinaban por

habiéndola visto una vez,
el

corrian adelante por verla otra; y
tró en esto,

que más

solícito se

mos-

y tanto, que muchos echaron de ver en
los
la

ello, fué

un hombre vestido en hábito de
de cautivos, con una insignia de

que vienen rescatados
Trinidad en
la
el

pecho,

en señal que han sido rescatados por
dentores. Este cautivo, pues,
al

limosna de sus re-

tiempo que ya Isabela tenia
convento, donde habian sa-

un pié dentro de
lido á recebirla,

la portería del

como

es uso, la Priora

y

las

monjas con

la

cruz, á grandes voces dijo: «Detente, Isabela, detente; que

mientras yo fuere vivo, no puedes tú ser religiosa.»

A

estas

voces, Isabela v sus padres volvieron los ojos, y vieron que

hendiendo por toda

la

gente, hacia ellos venia aquel cautivo,
la

que habiéndosele caido un bonete azul redondo que en
cabeza
traia,

descubrió una confusa madeja de cabellos de

oro ensortijados, y un rostro

como

el

carmin v como

la

236

NOVELAS EJEMPLARES.
que luego
le

nieve, colorado y blanco; señales

hicieron co-

nocer y juzgar por extranjero, de todos. En efecto, cayendo y levantando, llegó donde Isabela estaba, y asiéndola de la

mano,

le dijo:

«¿Conócesme, Isabela?

Mira que yo soy Ricaredo,

tu esposo.
si


el

conozco, dijo Isabela,

ya no eres fantasma que

viene á turbar

mi

reposo.» Sus padres le asieron y atenta-

mente

le

miraron, y en resolución conocieron ser Ricaredo
el

cautivo,

cual con lágrimas en los ojos, hincando las

rodillas delante

de Isabela,

le

suplicó que no impidiese la

extrañeza del traje en que estaba su buen conocimiento, ni
estorbase su baja fortuna

que

ella

no correspondiese

á la

palabra que entre los dos se habian dado. Isabela, á pesar

de
su

la

impresión que en su memoria habia hecho

la carta

de

madre de Ricaredo, dándole nuevas de

su muerte, quiso

dar

más

crédito á sus ojos y á la verdad que presente tenia;
el

y

así,

abrazándose con
sois

cautivo,

le

dijo

:

(Vos sin duda,

señor mió,

aquel que sólo podrá impedir
sois sin

mi

cristiana

determinación; vos, señor,

duda
:

la

mitad de mi

alma, pues
en

sois

mi verdadero esposo

estampado os tengo

mi memoria y guardado en mi alma. Las nuevas que de vuestra muerte me escribió mi señora y vuestra madre, ya
que no

me

quitaron
este

la

vida,

me

hicieron escoger la de la
vivir

religión,

que en

punto queria entrar á

en

ella;

mas pues Dios con
otra cosa, ni

tan justo

impedimento muestra querer
que por mi parte
se

podemos

ni conviene

im-

pida

:

venid, señor, á la casa de mis padres, que es vuestra,
os entregaré

y

allí

mi

posesión por los términos que pide

nuestra santa fe católica.»

Todas

estas razones

oyeron

los circunstantes,

v

el

Asis-

LA ESPAÑOLA INGLESA.

237

tente y Vicario y Provisor del Arzobispo, y de oirías se ad-

miraron y suspendieron, y quisieron que luego

se les dijese

qué

historia era aquella,

qué extranjero era aquel y de qué
todo lo cual respondió
el

casamiento trataban.
Isabela, diciendo

A

padre de

que aquella

historia pedia otro lugar
así

y

algún término para decirse; y

suplicaba á todos aquellos

que quisiesen saberla, diesen
tan cerca; que
allí

la

vuelta á su casa, pues estaba

se la contarían

de
la

modo, que con

la

verdad quedasen satisfechos, y con

grandeza y extrañeza

de aquel suceso admirados.

En
ñores,
le

esto,
este

uno de

los presentes alzó la voz,

diciendo

:

u

Se-

mancebo
es

es

un gran cosario inglés, que yo

conozco, y

aquel que habrá poco

más de dos años
que yo

tomó

á los cosarios de

Argel

la

nave de Portugal que vees él,
le

nia de las Indias;

no hay duda sino que
él

conozco
nir a

,

porque

me

dio libertad y

dineros para ve-

España, y no sólo á mí, sino á otros trecientos cau-

tivos.»

Con

estas razones se alborotó la gente,

y

se avivó el

deseo que todos tenian de saber y ver la claridad de tan intricadas cosas.

Finalmente,

la

gente más principal, con
,

el

Asistente y aquellos dos señores eclesiásticos

volvieron á
tristes,

acompañar

á Isabela á su casa, dejando á las

monjas

confusas y llorando por lo que perdian en no tener en su

compañía

á la

hermosa

Isabela; la cual, estando en su casa,

en una gran sala della hizo que aquellos señores se sentasen;

y aunque Ricaredo quiso tomar
toria
,

la

mano

en contar su hisla

todavía

le

pareció que era mejor fiarlo de

discreción de Isabela, y no de la

lengua y suya, que no muy exper-

tamente hablaba

la

lengua castellana.
las

Callaron todos los presentes, y teniendo

almas pen-

238

NOVELAS EJEMPLARES.

dientes de las razones de Isabela, ella así
el

comenzó

su cuento;

cual le reduzco yo á que dijo todo aquello que, desde el

dia

que Clotaldo

la

robó de Cádiz hasta que entró y volvió

á él, le habia sucedido;

contando asimismo

la batalla

que

Ricaredo habia tenido con
bia usado con los cristianos
se

los turcos, la liberalidad
,

que ha-

la

palabra que entrambos á dos
la

hablan dado de ser marido y mujer,
las

promesa de

los

dos años,

nuevas que habia tenido de su muerte, tan

ciertas, á su parecer,

que

la

pusieron en

el

término que ha-

blan visto de ser religiosa. Engrandeció la liberalidad de la

Reina,

la cristiandad

de Ricaredo y de sus padres, y acabó
lo

con decir que
pués que
salió

dijese

Ricaredo

que
el

le

habia sucedido des,

de Londres hasta

punto presente donde

le

veian con hábito de cautivo y con una señal de haber sido
rescatado por limosna. ^(Así es, dijo Ricaredo, y en breves

razones sumaré los inmensos trabajos mios.

«Después que

me

partí de

Londres por excusar

el

casa-

miento que no podia hacer con Clisterna, aquella doncella
escocesa católica con quien ha dicho Isabela que mis padres

me

querían casar; llevando en

mi compañía

á Guillarte,
las

aquel paje que

mi madre
alegró

escribe

que llevó á Londres

nuevas de mi muerte; atravesando por Francia, llegué á

Roma, donde se los pies al Sumo
necesarios
la

mi alma y
,

se fortaleció

mi

fe.

Besé

Pontífice

confesé mis pecados con

el

may de
la

yor penitenciario, absolvióme dellos, y dióme los recaudos
,

que diesen

fe

de

mi

confesión y penitencia

,

reducción que habia hecho á nuestra universal madre

Iglesia.

Hecho

esto, visité los lugares tan santos

como

in-

numerables que hay en aquella ciudad santa, y de dos mil
escudos que tenia en oro, di los mil y seiscientos á un

cam-

LA ESPAÑOLA INGLESA.
bio,

239
tal

que

me
con

los libró los

en esta ciudad sobre un

Roqui,

florentin;

cuatrocientos que

me

quedaron, con in-

tención de venir á España,

me

partí para

Genova, donde

habia tenido nuevas que estaban dos galeras de aquella señoría, de partida para España.

Llegué con Guillarte, mi

criado, á

un lugar que

se

llama Aquapendente, que vi-

niendo de

Roma

á Florencia, es el último

que tiene

el
al

Papa,

y en una hostería ó posada donde

me

apeé, hallé

conde

Arnesto, mi mortal enemigo, que con cuatro criados, disfrazado y encubierto,
tólico, entendí

más por

ser curioso
sin

que por

ser ca-

que iba á Roma. Creí

duda que no

me
á
el

habia conocido; encerréme en un aposento con

mi

criado,

y estuve con cuidado y con determinación de
otra posada en cerrando la noche.

mudarme
porque

No

lo hice así,

descuido grande que noté que tenian

el

Conde y
:

sus criados

me

aseguró que no

me

habian conocido

cené en mi apo-

sento, cerré la puerta, apercebí

mi

espada,

encomendéme

á

Dios, y no quise acostarme. Durmióse mi criado, y yo sobre una silla me quedé medio dormido; mas á poco después
de
la

media noche
:

me
el

despertaron para hacerme dormir

el

eterno sueño

cuatro pistoletes,

como

después supe, dis-

pararon contra

Conde y

sus criados, y

dejándome por

muerto, teniendo ya á punto
al

los caballos, se

fueron, diciendo

huésped de

la

posada que

me

enterrase, porque era
el

hom-

bre principal.

Mi
,

criado, según dijo después

huésped,

despertó

al al

ruido

y con

el

miedo
:

,

se arrojó

por una ventana

que

caia

patio, y diciendo
á

u
i

Desventurado de mí, que

han muerto
con
él

mi

señor!

»>

se salió del

mesón, y debió de

ser

tal

miedo, que no debió de parar hasta Londres, pues
el

fué

que llevó

las

nuevas de mi muerte.

240
«Subieron
los

NOVELAS EJEMPLARES.
de
la hostería,

y halláronme atravesado con
;

cuatro balas y con
tes,

muchos perdigones

pero todas por par-

que de ninguna fué mortal

la herida.

Pedí confesión

y todos los sacramentos, como católico cristiano; diéronmelos, curáronme, y no estuve para ponerme en camino en dos
meses,
al

cabo de

los cuales vine á

Genova, donde no

hallé

otro pasaje sino en dos falugas, que fletamos yo y otros dos
principales españoles, la

una para que fuese delante descu-

briendo, y la otra donde nosotros fuésemos.

Con

esta se-

guridad nos embarcamos, navegando tierra a tierra, con intención de no engolfarnos; pero llegando á un paraje que

llaman

las

Tres Marías, que

es

en

la costa

de Francia,

yendo nuestra primera faluga descubriendo,
lieron de
la

á deshora sa-

una cala dos galeotas turquescas, y tomándonos

una

la

mar y

la otra la tierra,
el

cuando íbamos

á embestir

en

ella,

nos cortaron

camino y nos cautivaron. En en-

trando en la galeota nos desnudaron hasta dejarnos en carnes
;

despojaron

las

falugas de cuanto llevaban, y dejáronlas

embestir en
llas les

tierra, sin echarlas á

fondo, diciendo que aque-

servirían otra vez de traer otra galima;
ellos á los despojos

que con
los

este

nombre llaman
toman.
))Bien se

que de

cristianos

me

podrá creer

si

digo que sentí en

el

alma

mi

cautiverio, y sobre todo, la pérdida de los recaudos de

Roma, donde

en una caja de lata los traia, con

la

cédula

de los mil y seiscientos ducados; mas la buena suerte quiso

que viniese á manos de un
los

cristiano cautivo español,

que

guardó; que

si

viniera á poder de los turcos, por lo

me-

nos habia de dar por

mi

rescate lo
era.

que rezaba

la

cédula,

que

ellos averiguarían

cuya

Trujéronnos á Argel, donde

LA ESPAÑOLA INGLESA.
hallé

24I
la

que estaban rescatando
:

los

padres de

Santísima Tri-

nidad

hablélos, díjeles quién era, y movidos de caridad,

aunque yo era extranjero,

me

rescataron en esta forma:
los ciento

que dieron por mí trecientos ducados,
los docientos

cuando volviese

el bajel

de

la

luego, y limosna á res-

catar al padre de la redención,

que

se

quedaba en Argel,

empeñado en cuatro mil ducados que habia gastado más
de
los

que

traia;

porque á toda

esta misericordia

y liberali-

lidad se extiende la caridad destos padres,

que dan su

bertad por la ajena, y se quedan cautivos por rescatar los
cautivos.

Por añadidura
con
los

del bien de
la

mi

libertad, hallé la
al

caja perdida,

recaudos y
habia
los

cédula; mostrésela
,

bendito padre que
nientos ducados

me

rescatado

y

ofrecíle

qui-

más de

de

mi

rescate para

ayuda de

su empeño.
))Casi

'

un año

se tardó

en volver

la

nave de

la

limosna,

y

lo

que en

este

año

me
que

pasó, á poderlo contar ahora,

fuera otra nueva historia; sólo diré que fui conocido de

uno de

los veinte turcos
,

di libertad

con

los

demás

cris-

tianos ya referidos

y fué tan agradecido y tan

hombre de

bien, que no quiso descubrirme; porque, á conocerme los
turcos por aquel que habia echado á fondo sus dos bajeles,

y quitádoles de
presentaran
al
al

las

manos

la

gran nave de

la

India, ó

me

Gran Turco, ó me quitaran

la

vida; y de

presentarme

Gran Señor, redundara no
el

tener libertad en

mi

vida.

Finalmente,

padre redentor vino á España con-

migo y con
se partió

otros cincuenta cristianos rescatados.
allí

En Va-

lencia hicimos la procesión general, y desde

cada uno

donde más
estos

le

plugo, con

las insignias

de su liber-

tad,

que son

hábitos.

Hoy

llegué á esta ciudad con

,

242

NOVELAS EJEMPLARES.

tanto deseo de ver á Isabela,

mi

esposa,

que

sin

detenerme

á otra cosa, pregunté por este monasterio,

donde
él

me

ha-

bian de dar nuevas de

mi

esposa.

Lo que
mi
»

en

me

ha suce-

dido ya se ha visto

;

lo

que queda por ver son

estos recaudos

para que se pueda tener por verdadera
tanto de milagrosa
esto, sacó de
los

historia,

que tiene
diciendo
se
el

como de

verdadera.

Y luego, en
los vio,

una

caja de lata los recaudos

que decia, y
junto con

puso en

las

manos

del Provisor,

que

señor Asistente, y no halló en ellos cosa que

le hiciese

du-

dar de la verdad que Ricaredo habia contado.

Y

para más

confirmación della, ordenó
á todo esto el

el cielo

que

se hallase presente
la

mercader florentin, sobre quien venia
el

cé-

dula de los mil y seiscientos escudos,

cual pidió que le
la

mostrasen

la

cédula, y mostrándosela, la reconoció y
él

aceptó

para luego, porque

muchos meses habia que

tenia aviso

de esta partida.

Todo esto fué

añadir admiración á admiración
dijo

y espanto á espanto. Ricaredo

que de nuevo ofrecía
el

los

quinientos ducados que habia prometido. Abrazó
tente á Ricaredo
doseles á todos

Asis-

y á sus padres de Isabela y á

ella,

ofreciénlos

con corteses razones. Lo mismo hicieron

dos señores eclesiásticos, y rogaron á Isabela que pusiese

toda aquella historia por escrito
el

,

para que

la leyese

su señor

Arzobispo, y

ella lo

prometió.

El grande silencio que todos los circunstantes hablan te-

nido, escuchando

el

extraño caso, se rompió en dar alaban-

zas á Dios por sus grandes maravillas;

y dando, desde

el

ma-

yor hasta

el

más pequeño,

el

parabién á Isabela, á Ricaredo

y á sus padres,

los dejaron;

y

ellos

suplicaron
dias

al

Asistente

honrase sus bodas, que de

allí

á

ocho

pensaban hacer.
dias,

Holgó de hacerlo

el

Asistente, y de

allí

á

ocho

acom-

LA ESPAÑOLA INGLESA.
panado de
los

243
ellas.

más

principales de la ciudad, se halló en

Por

estos rodeos

y por

estas circunstancias, los padres

de

Isabela cobraron á su hija y restauraron su hacienda, y ella,

favorecida del cielo y ayudada de sus muchísimas virtudes,
á

despecho de tantos inconvenientes, halló marido tan prin-

cipal

como

lo era

Ricaredo, en cuya compañía se piensa que
las casas

aun hoy vive en

que alquilaron frontero de Santa
los

Paula, que después

las

compraron de

herederos de un
Cifuentes.
la virtud

hidalgo húrgales, que se llamaba

Hernando de

Esta novela nos podria enseñar cuánto puede

v

cuánto
de por

la
sí,

hermosura, pues son bastantes, juntas y cada una
á

enamorar aún hasta
sacar de las

los

mismos enemigos, y de

cómo
tras,

sabe

el cielo

mayores adversidades nues-

nuestros mayores provechos.

FIN DE LA ESPAÑOLA INGLESA.

»

EL LICENCIADO VIDRIERA.

Paseándose dos caballeros estudiantes por

las

riberas del

Tórmes, hallaron en
á

ellas,

debajo de un árbol, durmiendo,

un muchacho de hasta edad de once años, vestido como

labrador:

mandaron

á

un criado que

le

despertase; despertó,

y preguntáronle de dónde era y qué hacia, durmiendo en aquella soledad; á lo cual el muchacho respondió que el

nombre de
que que

su tierra se le habia olvidado, y

que iba á

la ciu-

dad de Salamanca á buscar un amo á quien
le diese estudio.
sí,

servir por solo

Preguntáronle

si

sabia leer; respondió
los
el

y escrebir también. «Desa manera, dijo uno de
,

caballeros

no

es

por

falta

de memoria habérsete olvidado

nombre de

tu patria.
el

Sea por lo que fuere, respondió
ni el de

muchacho; que

ni

el

della

mis padres sabrá ninguno hasta que yo

pueda honrarlos

— Pues

á ellos y á ella.
el

¿de qué suerte los piensas honrar? preguntó

otro caballero.

— Con mis

estudios, respondió el

muchacho, siendo
los

fa-

moso por

ellos;

porque yo he oido decir que de

hom-

bres se hacen los obispos.

246

NOVELAS EJEMPLARES.
le

Esta respuesta movió á los dos caballeros a que
biesen y llevasen consigo, dio de la
criados

reci-

como

lo hicieron,

dándole estu-

manera que

se usa dar

en aquella universidad á los
se

que

sirven. Dijo el

muchacho que

llamaba

Tomas

Rodaja, de donde infirieron sus amos, por
el

el

nombre y por

vestido,

que debia de

ser hijo de algún labrador pobre.

A.pocos dias le Tomas muestras

vistieron de negro,

y á pocas semanas dio
,

de tener raro ingenio sirviendo á sus amos

con tanta fidelidad, puntualidad y diligencia, que con no faltar un punto á sus estudios, parecía que sólo se ocupaba
en servirlos; y

como

el

buen

servir del siervo

mueve

la

voera

luntad del señor á tratarle bien, ya

Tomas Rodaja no
la

criado de sus amos, sino su compafiero. Finalmente, en ocho

años que estuvo con ellos, se hizo tan famoso en

universi-

dad por su buen ingenio y notable habilidad, que de todo género de gentes era estimado y querido. Su principal estudio
fué de leyes; pero en lo que más se mostraba era en letras

humanas; y

tenia tan felice

memoria, que era cosa de
que por

es-

panto, é ilustrábala tanto con su buen entendimiento, que

no era menos famoso por
Sucedió que se llegó
el

él

ella.

tiempo que sus amos acabaron sus

estudios, y se fueron á su lugar, que era

una de

las

mejores
es-

ciudades de

la

Andalucía; lleváronse consigo á
algunos dias pero
;

Tomas, y
la

tuvo con

ellos

como

le

fatigasen los deseos

de volver á sus estudios y á Salamanca (que enhechiza
luntad de volver á.ella á todos los que de
su vivienda han gustado), pidió á sus
verse. Ellos, corteses
la

vo-

apacibilidaü de

amos

licencia para vol-

y

liberales, se la

dieron, acomodán-

dole de suerte, que con lo que le dieron se pudiera sustentar tres años.

EL LICENCIADO VIDRIERA.

247

Despidióse dellos, mostrando en sus palabras su agradecisemiento, y salió de Málaga (que ésta era la patria de sus de Anñores), y al bajar de la cuesta de la Zambra, camino
vestido tequera, se topó con un gentilhombre á caballo,

bizarramente de camino, con dos criados también á caballo.
Juntóse con
él,

y supo

cómo

llevaba su

mismo

viaje; hicie-

lanron camarada, departieron de diversas cosas, y á pocos
ces dio
las

Tomas

muestras de su raro ingenio, y

el

caballero

era capidio de su bizarría y cortesano trato, y dijo que alférez estaba tán de infantería por su Majestad, y que su compañía en tierra de Salamanca. Alabó la vida

haciendo
de
la

la

soldadesca, pintóle
las

muy

al

vivo la belleza de la ciula

dad de Ñapóles,

holguras de Palermo,

abundancia de

Milán,
de

los festines

de Lombardía,

las

espléndidas comidas

las hosterías;

dibujóle dulce y puntualmente el aconcha,

li polastri patrón; pasa acá, manigoldo; venga la macarela, cielo de la vida libre e limacarroni; puso las alabanzas en el

del soldado,

y de

la libertad

de

Italia;

pero no

le dijo

nada

asaltos, del esdel frió de las centinelas, del peligro de los

panto de

las batallas,

de la hambre de

los cercos,

de la ruina

de

las

man y
son
la

minas, con otras cosas deste jaez, que algunos las totienen por añadiduras del peso de la soldadesca, y
carga principal
della.

En

resolución

,

tantas cosas le

dijo, y tan bien dichas,

que

la discreción

de nuestro

Tomas

Rodaja comenzó á titubear, y

la

voluntad á aficionarse á

aquella vida, que tan cerca tiene la muerte.

conEl capitán, que don Diego de Valdivia se llamaba, de tentísimo de la buena presencia, ingenio y desenvoltura

Tomas,

le

rogó que

se fuese
él le

con

él á Italia, si

queria por
si

curiosidad verla; que

ofrecia su

mesa, y aun

fuese

,

248

NOVELAS EJEMPLARES.

necesario, su bandera, porque su alférez la habia de dejar
presto.
vite,

Poco fué menester para que Tomas
bueno ver á

tuviese el en-

haciendo consigo en un instante un breve discurso, de
seria
Italia

que
ras

y Flándes y otras diversas

tier-

y

países, pues las luengas peregrinaciones

hacen á

los

hombres
tar tres

y que en esto, á lo más largo, podia gasó cuatro años, que añadidos á los pocos que él tediscretos,

nia,

no
si

serian tantos,

que impidiesen volver á sus
la
irse

estudios.

Y

como

todo hubiera de suceder á

medida de su eusto,
con
él á Italia,

dijo al capitán

que era contento de

pero

habia de ser con condición que no se habia de sentar debajo

de bandera ni poner en
á seguir su bandera.

lista

de soldado, por no obligarse
el así

Y

aunque
que

capitán le dijo que no im-

portaba ponerse en
pagas que á
la

lista,

gozarla de los socorros y

compañía
que

se diesen,

porque

él le daria licen-

cia todas las veces
ir

se la pidiese,

«Eso

seria, dijo

Tomas,
así,

contra

mi conciencia y contra
ir

la del

señor capitán, y

más quiero

suelto

que obligado. don Diego, más
es

— Conciencia

tan escrupulosa, dijo

de religioso que de soldado; pero,

como

quiera que sea, ya

somos camaradas.»
Llegaron aquella noche á Antequera, y en pocos dias y grandes jornadas se pusieron donde estaba la compañía, ya
acabada de hacer, y que comenzaba á marchar la vuelta de Cartagena, alojándose ella y otras cuatro por los lugares que
les

venian á mano. Allí notó

Tomas

la

autoridad de los cola solicitud

misarios, la

comodidad de algunos capitanes,
la industria

de los aposentadores ,
las

y cuenta de

los

pagadores

quejas de los pueblos, el rescatar de las boletas, las inso-

lencias de los bisónos, las pendencias de los huéspedes, el

EL LICENCIADO VIDRIERA.
pedir bagajes

249
la

más de

los necesarios,

y finalmente,

nece-

sidad casi precisa de hacer todo aquello que notaba y
parecía.

mal

le

Habíase vestido

Tomas

de papagayo, renunciando
lo

los

há-

bitos de estudiante,
se suele decir.

v púsose á

de Dios

es Cristo,

como
unas

Los muchos

libros

que tenia

los redujo á

Horas de nuestra Señora y un Garcilaso
en
las

sin

comento, que

dos faldriqueras llevaba. Llegaron más presto de lo
la vida

que quisieran á Cartagena, porque
tos es

de los alojamien-

ancha y

tosas. Allí se
allí

topan cosas nuevas y gusembarcaron en cuatro galeras de Ñapóles, y
varia,

y cada dia

se

notó también

Tomas Rodaja

la

extraña vida de aquellas
las

marítimas casas, adonde lo más del tiem.po maltratan

chinches, roban los forzados, enfadan los marineros, destruyen
los ratones

y fatigan

las

maretas. Pusiéronle temor
el

las

grandes borrascas y tormentas, especialmente en

golfo de

León, que tuvieron dos, que
la otra los volvió á

la

una

los

echó en Córcega, y

Tolón

,

en Francia.

En

fin

,

trasnocha-

dos, mojados y con ojeras, llegaron á la

hermosa y bellísima

ciudad de Genova, y desembarcándose en su recogido
drache, después de haber visitado una iglesia, dio
el

man-

capitán

con todos sus camaradas en una hostería, donde pusieron en
olvido todas
las

borrascas pasadas, con

el ^prt^&ntQ

gaudeamus.

Allí conocieron la suavidad del Treviano, el
del

grande valor

monte Frascon,
los

la

Ninerca

del Asperino, la generosidad
las

de

dos griegos, de Candía y Soma, la grandeza del de
la

cinco viñas,
la

dulzura y apacibilidad de
la
la

la

señora Garnacha,

gran rusticidad de

chéntola, sin que entre todos estos
bajeza del romanesco.

señores osase parecer

Y

habiendo

hecho

el

huésped

la

reseña de tantos y tan diferentes vinos,

250
se ofreció

NOVELAS EJEMPLARES.
de hacer parecer
allí, sin

usar de tropelía, ni

como

pintados en

mapa,

sino real y verdaderamente, á Madrigal,

Coca, Alaejos, y
Guadalcanal y

á la imperial

más que
que

real

ciudad, recámara

del dios de la risa; ofreció á Esquivias, á i\lanis, á Cazalla,
la

Membrilla,

sin

se olvidase

de Riva-

davia y de Descargamaría. Finalmente,
el

más vinos nombró

huésped, y más

les dio,

que pudo tener en sus bodegas

el

mismo Baco.
Admiráronle también
al

buen Tomas

los rubios cabellos

de

las

genovesas, y
la

la

gentileza y gallarda disposición de los
la

hombres,

admirable belleza de
las casas

ciudad, que en aquellas

peñas parece que tiene

engastadas

como diamantes
compañías que
este

en oro. Otro dia se desembarcaron todas

las

hablan de

ir al

Piamonte; pero no quiso Tomas hacer
allí

viaje, sino irse

desde

por

tierra á

Roma y á Ñapóles, como
Lo-

lo

hizo, quedando de volver, por la gran Venecia y por

reto, á

divia

Milán y al Piamonte, donde dijo don Diego de Valque le hallarla, si ya no los hubiesen llevado á Flán-

des, según se decia. Despidióse

Tomas

del capitán de

allí

á

dos dias, y en cinco llegó á Florencia, habiendo visto pri-

mero
la

á

Luca, ciudad pequeña, pero

muy

bien hecha, y en

que, mejor que en otras partes de
los españoles.

Italia',

son bien vistos

y agasajados

Contentóle Florencia en extremo,
asiento

así

poi su agradable

como por
calles;

su limpieza, suntuosos edificios, fresco rio

y apacibles
tió á

estuvo en

ella

cuatro dias, y luego se par-

Roma,

reina de las ciudades y señora del

mundo. Vi-

sitó sus

templos, adoró sus reliquias y admiró su grandeza;
las

y

así

como por

uñas del león se viene en conocimiento
así él

de su grandeza y ferocidad,

sacó la de

Roma

por sus

EL LICENCIADO VIDRIERA.

25

I

despedazados mármoles, medias y enteras estatuas, por sus rotos arcos y derribadas termas, por sus magníficos pórticos
señales de su grany anfiteatros grandes; claras y manifiestas deza; por su famoso y santo rio, que siempre llena sus már-

genes de agua, y

las beatifica

con

las

infinitas

reliquias de

cuerpos de mártires que en

ellas

tuvieron sepultura; por sus

puentes, que parece que se están mirando unas á otras, y por sus calles, que con solo el nombre cobran autoridad sobre
todas las
la

demás de

las otras

ciudades del

mundo:

la via

Apia,
le

Flaminia,

la Julia,

con otras de

este jaez.

Pues no

ad:

miraba menos
el

la división

de sus montes dentro de
el

misma

Celio,

el

Quirinal y

Vaticano, con
la

los otros cuatro,

cuyos nombres manifiestan

grandeza y majestad romana.
la

Notó también
majestad del
gentes y

la

autoridad del colegio de los cardenales,

Sumo Pontífice, el naciones. Todo lo miró y
la estación

concurso y variedad de notó y puso en su punto.
las siete iglesias
el
,

Y

habiendo andado

de

y confe-

sádose con un penitenciario y besado

pié á su Santidad,

lleno de agnusdei y cuentas, determinó irse á Ñapóles, y por
ser

tiempo de mutación, malo y dañoso para todos los que en él entran ó salen de Roma, como hayan caminado por tierra, se fué por mar á Ñapóles, donde, á la admiración

que

traia

de haber visto á

Roma,

añadió
al

la

que

le

causó
la

ver á Ñapóles, ciudad, á su parecer y

de todos cuantos

han

visto, la
allí

Desde

mejor de Europa y aun de todo el mundo. se fué á Sicilia, y vio á Palermo, y después á
le

Mesina; de Palermo
de Mesina
el

pareció bien

el

asiento y belleza, y

puerto, y de toda la

isla la

abundancia, por

quien propiamente y con verdad es llamada granero de Itafué á Nuestra lia. Volvióse á Ñapóles y á Roma, y de allí

252

NOVELAS EJEMPLARES.

Señora de Loreto, en cuyo santo templo no vio paredes ni
murallas, porque todas estaban cubiertas de muletas, de
mortajas, de cadenas, de grillos, de esposas, de cabelleras,

de medios bultos de cera, y de pinturas y retablos, que da-

ban manifiesto indicio de

las

innumerables mercedes que

muchos habian

recibido de la

mano

de Dios, por interce-

sión de su divina

Madre, que

aquella sacrosanta

imagen

suya quiso engrandecer y autorizar con

muchedumbre de
le

milagros, en recompensa de la devoción que
llos

tienen aquelos

que con semejantes doseles tienen adornados
el

muros

de su casa. Vio
lató la

mismo
los

aposento y estancia donde se re-

más

alta

embajada, y de más importancia, que vieron
cielos

y no entendieron todos
dos los moradores de

y todos

los ángeles

y to-

las

moradas sempiternas.

Desde

allí,

embarcándose en Ancona, fué á Venecia, ciu-

dad que, á no haber nacido Colon en
en
él

semejante, merced
la

al cielo

y

al

mundo, no tuviera gran Hernando Corel

tés,

que conquistó

gran Méjico para que

la

gran Venecia

tuviese en alguna

manera quien
parecen en

se le opusiese. Estas dos facalles,

mosas ciudades agua
:

se

las

que son todas de
antiguo;
la

la

de Europa, admiración del
del

mundo

de
ri-

América, espanto
queza era

mundo

nuevo. Parecióle que su
sitio

infinita, su

gobierno prudente, su

inexpug-

nable, su abundancia

mucha,

sus contornos alegres, y finalla

mente, toda

ella,

en

y en sus partes, digna de
las

fama

que de su valor por todas

partes del orbe se extiende,
esta

dando causa de acreditar más
famoso arsenal, que
es el

verdad

la

máquina de su
las galeras,

lugar donde se fabrican

con otros bajeles que no tienen número.

Por poco fueran

los

de Calipso los regalos y pasatiempos

EL LICENCIADO VIDRIERA.
que halló nuestro curioso viajero en Venecia, pues

253
casi le

hacian olvidar de su primer intento. Pero habiendo estado

un mes en

ella,

por Ferrara,

Parma y

Plasencia volvió á

Milán, oñcina de Vulcano, ojeriza del reino de Francia;
ciudad, en
fin,

de quien se dice que puede decir y hacer;
la

haciéndola magnífica

grandeza suya y de su templo, y su
las

maravillosa abundancia de todas
necesarias.

cosas á la vida

humana
rece-

Desde

allí

se fué á Aste,

y llegó á tiempo que

otro dia

marchaba

el tercio á el

Flándes.

Fué muy bien

bido de su amigo

capitán, y en su compañía y camarada

pasó á Flándes, y llegó á Ambéres, ciudad no
maravillar que
las

menos para

que habia

visto en Italia.

Vio á Gante y á
las ar-

Bruselas, v vio que todo

el país se
el

disponia á tomar

mas para

salir

en campaña
el

verano siguiente; y habiendo

cumplido con
visto,

deseo que

le

movió

á ver lo

que habia

determinó volverse á España y á Salamanca á acabar

sus estudios,

y como

lo

pensó, lo puso luego por obra, con
al

pesar grandísimo de su camarada, que le rogó,

tiempo del

despedirse, le avisase de su salud, llegada y suceso.
tióselo así
sin

Prome-

como
visto

haber

y por Francia volvió á España, á París, por estar puesta en armas. En fin,
lo pedia,

llegó á Salamanca,

donde fué bien recebido de
ellos le hicieron,

sus amigos,

y

con

la

comodidad que

prosiguió sus estu-

dios hasta graduarse de licenciado en leyes.

Sucedió que en este tiempo llegó á aquella ciudad una

dama de todo rumbo y manejo. Acudieron luego
gaza y reclamo todos
los pájaros del lugar, sin

á la aña-

quedar vadeaquella

mécum que no

la

visitase.

Dijéronle á

Tomas que

dama
ver
si

decia que habia estado en Italia y en Flándes, y por
la

conocia, fué á visitarla; de cuya visita v vista quedó

254
ella

NOVELAS EJEMPLARES.
enamorada de Tomas; y
él, sin

echar de ver en ello,

si

no era por fuerza y llevado de otros, no queria entrar en su casa. Finalmente, ella le descubrió su voluntad y le ofreció
su hacienda; pero,

como

él

atendia

más

á sus libros
al

que a
gusto

otros pasatiempos, en

ninguna manera respondia

de

la

señora,

la

cual, viéndose desdeñada,

y

á su parecer

aborrecida, y que por medios ordinarios y
día conquistar la roca de la voluntad de

comunes no po-

Tomas, acordó de
y
aconse-

buscar otros modos, á su parecer más eficaces y bastantes para
salir

con

el

cumplimiento de

sus deseos;

así,

jada de una morisca, en un membrillo toledano dio á

Todaba

mas unos
cosa que

destos
le

que llaman hechizos creyendo que
,

le

forzase la voluntad á quererla;

como

si

hubiese

en
zar

el

mundo

yerbas, encantos ni palabras suficientes á for-

el libre

albedrío; y así, las
se

que dan
,

estas bebidas

ó co-

midas amatorias
lo

llaman venéficas

porque no

es otra cosa

que hacen, sino dar veneno
mostrado
la

á quien las

toma, como

lo

tiene

experiencia en

muchas y
el

diversas oca-

siones.

Comió en tan mal punto Tomas momento comenzó á herir de pié y
viera alferecía, y sin volver en

membrillo, que

al

de

mano como

si

tual

estuvo

muchas horas,

cabo de

las

cuales volvió

como

atontado, y dijo con lengua

turbada y tartamuda que un membrillo que habia comido
le

habia muerto, y declaró quién se

le

habia dado.
la

La

jus-

ticia,

que tuvo noticia del caso, fué
ella,

á

buscar

malhechora;

pero ya

viendo

el

mal suceso,

se liabia

puesto en cobro,

y no pareció jamas.
Seis

meses estuvo en

la

cama Tomas, en

los cuales se

secó

V se puso,

como

suele decirse, en los huesos, y mostraba

EL LICENCIADO VIDRIERA.
tener turbados todos los sentidos; y

255
le

aunque

hicieron los

remedios posibles, sólo
pero no
la
la del

le

sanaron la enfermedad del cuerpo,

más

entendimiento, porque quedó sano, y loco de extraña locura que entre las locuras hasta entonces se

habia

visto.

Imaginóse

el

desdichado que era todo hecho de

vidrio, y
él,

con

esta imaginación,

cuando alguno

se llegaba á

daba

terribles voces,

pidiendo y suplicando con palabras
le

y razones concertadas que no se
brarian;

acercasen, porque le que-

los otros y verdaderamente él no era como hombres; que todo era de vidrio, de pies á cabeza. sin Para sacarle de esta extraña imaginación, muchos,

que

real

le abraatender á sus voces y rogativas, arremetieron á él y no se quezaron, diciéndole que advirtiese y mirase cómo

que el pobre braba; pero lo que se granjeaba en esto era luego le tomaba se echaba en el suelo, dando mil gritos, y

un desmayo,

del cual

no volvia en

cuando volvia, era renovando las que otra vez no le llegasen. Decia que
y
le

en cuatro horas, y plegarias y rogativas de

le

hablasen desde lejos
les

preguntasen

lo

que quisiesen

,

porque á todo
ser

res-

ponderia con
drio, y
til

más entendimiento, por
el

hombre de

vi-

no de carne; que

vidrio, por ser de materia su-

alma con más prontitud y terrestre. Quieficacia que no por la del cuerpo, pesada y que decía, y sieron algunos experimentar si era verdad lo
y delicada, obraba por
ella el
así le

preguntaron muchas y

difíciles cosas, á las cuales res-

ingepondió espontáneamente con grandísima agudeza de más letrados de la nio; cosa que causó admiración á los
universidad y á los profesores de
la

medicina y

filosofía,

viendo que en un sugeto donde
naria locura

se

contenia tan extraordi-

como

era

el

pensar que fuese de vidrio, se encer-

256
rase tan

NOVELAS EJEMPLARES.
grande entendimiento, que respondiese á toda pre-

gunta con propiedad y agudeza. Pidió Tomas le diesen alguna funda, donde pusiese aquel
vaso quebradizo de su cuerpo , porque
tido estrecho
al vestirse

algún ves-

no

se

quebrase y
;

así le

dieron una ropa parda

y una camisa
y
se ciñó

muy

ancha, que

él se vistió

con

mucho

tiento

con una cuerda de algodón.
el

No

quiso calzarse zale

patos en ninguna manera, y

orden que tuvo para que

diesen de

comer

sin

que

á él llegasen, fué

poner en

la

punta

de una vara una vasera de orinal, en
cosa de fruta de
ni
rio,
las

la cual le

ponian alguna

que

la
;

sazón del tiempo ofrecia. Carne

pescado no lo queria
y esto con
las

no bebia sino en fuente ó en
las calles,

manos; cuando andaba por

iba por la mitad dellas,

mirando

á los
le

tejados,
;

temeroso

no

le

cayese alguna teja encima y
el

quebrase

los veranos

dormia en
tia

campo

á cielo abierto, y los inviernos se
el

me-

en algún mesón, y en

pajar se enterraba hasta la

garganta, diciendo que aquella era la más propia y más se-

gura cama que podian tener
tronaba, temblaba

los

hombres de

vidrio.

Cuando
campo,
pero

como un azogado y

se salia al
la

y no entraba en poblado hasta haber pasado

tempestad.
;

Tuviéronle encerrado sus amigos

mucho tiempo

viendo que su desgracia pasaba adelante, determinaron de

condescender con lo que
andar libre, y
así le

él les

pedia, que era le dejasen

dejaron, y él salió por la ciudad, caulos
;

sando admiración y lástima á todos
Cercáronle luego
detenia y
les

que
él

le

conocian.
la

los
le

muchachos

pero

con

vara los

rogaba

hablasen apartados, porque no se
vidrio, era
la

quebrase; que por ser

hombre de

muy

tierno y

quebradizo. Los muchachos, que son

más

traviesa

gene-

EL LICENCIADO VIDRIERA.
ración del

257

mundo,
él

á despecho de sus ruegos y voces, le cosi

menzaron
drio,

á tirar trapos y aun piedras, por ver

era de vi-

como

decia; pero él daba tantas voces y hacia tales
los

extremos, que movia á

hombres

á

gasen á los muchachos porque no

le

que riñesen y castitirasen. Mas un día,
:

que

le fatigaron

mucho,

se volvió á ellos, diciendo

^¿Qué

muchachos, porñados como moscas, sucios como chinches, atrevidos como pulgas? ¿Soy yo por ventura el monte Testacho de Roma, para que me tiréis tantos

me

queréis,

y

ovCZ^^^-*-'

tiestos

y tejas?»
oirle reñir
los

Por

y responder á todos,

le

seguían siempre

muchos, y

partido antes

muchachos tomaron y tuvieron por mejor oirle que tirarle. Pasando pues una vez por la
le dijo

Ropería de Salamanca,
señor Licenciado, que

una ropera: «En mi ánima,

me

pesa de su desgracia; pero ¿qué

haré, que no puedo llorar?» El se volvió á ella, y

muy meet

surado

le dijo

:

FiliíS

Rierusakm, plorate super vos
el

super

filios vestros.

Entendió
:

marido de

la

ropera

la

malicia del
así

dicho, y díjole
cia él

«Hermano Licenciado
,

Vidriera (que

de-

que

se

llamaba)

más

tenéis de bellaco
él,

que de

loco.

— No
nada de
estaban á

me

da un ardite, respondió

como no
común

tenga

necio.))
la casa llana

Pasando un dia por
la

y venta

,

vio

que

puerta della muchas de sus moradoras, y dijo
del ejército de Satanás,

que eran bagajes
en
el

que estaban alojados

mesón

del infierno. Preguntóle

uno que qué consejo y

consuelo daria á un amigo suyo, que estaba

muy

triste

por:

que su mujer
u

se le

habia ido con otro.

A

lo cual respondió
le

Dile que dé gracias á Dios por haber permitido

llevasen

de casa á su enemigo.

2^8

NOVELAS EJEMPLARES.
irá á buscarla? dijo el otro.
el hallarla

— Luego ¿no — Ni por
hallar

pienso, replicó Vidriera, porque sería

un perpetuo y verdadero testigo de su deshonra. Ya que eso sea así, dijo el mismo, ¿qué haré yo para

tener paz con

mi

mujer.?» Respondióle

:

«Dale

lo

que hu-

biere menester, déjala

que mande

á todos los de tu casa,
tí.»

pero no sufras que

ella te

mande

á

Díjole un

mucha-

cho

:

«Señor Licenciado Vidriera, yo
azota

me
los

quiero desgarrar de

mi padre, porque me
«Advierte, niño, que
hijos

muchas

veces.»

Y

respondióle

:

los azotes

que

padres dan á los
la

honran, y

los

del

verdugo afrentan.» Estando á
ella

puerta de una iglesia, vio que entraba en

un labrador

de los que siempre blasonan de cristianos viejos, y detras
del venia

uno que no estaba en
el

tan

buena opinión como
al

el

primero, y
ciendo
:

Licenciado dio grandes voces

labrador, di-

«Esperad,

Domingo,

a

que pase

el

sábado.»

De

los

maestros de escuela decia que eran dichosos, pues trataban

siempre con ángeles, y que fueran dichosísimos si los angelitos no fueran mocosos. Otro le preguntó que qué le
parecía de
las

alcahuetas.

Respondió que no

lo eran las apar-

tadas, sino las vecinas.

Las nuevas de su locura y de sus respuestas y dichos

se

extendieron por toda Castilla, y llegando á noticia de un
príncipe ó señor que estaba en
la corte,

quiso enviar por él,

y encargóselo á un caballero amigo suyo, que estaba en Sa-

lamanca, que
le dijo
:

se lo enviase;
el

y topándole

el

caballero un dia,

«Sepa

señor Licenciado Vidriera que un gran per-

sonaje de la corte le quiere ver, y envia por él.»

A

lo cual

respondió

:

«Vuesa merced

me

excuse con ese señor; que

no soy bueno para palacio, porque tengo vergüenza y no

EL LICENCIADO VIDRIERA.
sé lisonjear.»

259

Con

todo esto,

el

caballero le envió á la corte,
:

y para traerle usaron con él desta invención pusiéronle en unas arguenas de paja, como aquellas donde llevan el vidrio, igualando los tercios

con piedras, y entre paja puestos

algunos vidrios, porque se diese á entender que

como

vaso de

vidrio le llevaban. Llegó á Valladolid, entró de noche, y des-

embanastáronle en
de quien fué
venido
el

la

casa del señor que habia enviado por él,
:

muy

bien recebido, diciéndole
¿

«

Sea

muy
:

bien
ca-

señor Licenciado Vidriera.

Cómo

ha ido en

el

mino? ¿Cómo va de salud?»
camino hay malo, como
pulsos con

A

lo cual

respondió

Ningún
á la

se acabe, sino es el

que va

horca; de salud estoy neutral, porque están encontrados mis

mi
que

celebro.»

Otro

dia,

habiendo visto en muchas

alcándaras
tería, dijo

muchos
la
;

neblíes

y azores y otros pájaros de volaechaba

caza de altanería era digna de príncipes y

grandes señores

pero que advirtiesen que con
el

ella

el

gusto censo sobre

provecho á más de dos mil por uno. La

caza de liebres dijo que era

muy

gustosa, y

más cuando
por

se

cazaba con galgos prestados.
El caballero gustó de su locura, y dejóle dad, debajo del amparo y guarda de un
salir

la ciu-

hombre que

tuviese

cuenta que

los

muchachos no

le

hiciesen mal, de los cuales
seis dias,

y de toda

la corte

fué conocido en

y á cada paso,
las

en cada calle y en cualquiera esquina, respondia á todas
preguntas que
estudiante
si

le

hacian, entre

las

cuales le preguntó un

era poeta, porque le parecia
lo cual respondió
:
i<

que

tenia ingenio

para todo.

A

Hasta ahora no he sido

tan necio ni tan venturoso.

venturoso», dijo

el

entiendo eso de necio y estudiante, y respondió Vidriera: "No
ni tan venturoso.

— No

he sido tan necio, que diese en poeta malo,

:

200

NOVELAS EJEMPLARES.
serlo

que haya merecido

bueno.» Preguntóle otro estudiante
los poetas.

que en qué estimación tenia á
la

Respondió que á

ciencia en

mucha, pero que

á los poetas en ninguna.

Re-

plicáronle
infinito

que por qué decia aquello. Respondió que del
poetas que habia, eran tan pocos los
así,

número de

buenos, que casi no hacian número; y

como

si

no

hubiese poetas, no los estimaba; pero que admiraba y reverenciaba
la ciencia
;

de

la poesía,

porque encerraba en
se sirve
,

todas las ciencias

porque de todas

de todas se

adorna y pule, y saca á luz sus maravillosas obras, con que llena el mundo de provecho, de deleite y de maravilla.

Añadió más

:

«Yo bien
se

en lo que se debe estimar un
acuerda de aquellos versos de

buen poeta, porque
Ovidio que dicen
Cura
:

me

Deúm fuerunt

olim Regurnque poetce
tulere chori.

:

Prcsmiaque antiqui magyia
Sanctaque majestas^
Vatibus
:

et erat

vener ahile notnen

et largce scspe

dabantiir opes.

Y
los

menos

se

me

olvida la alta calidad de los poetas, pues
los

llama Platón intérpretes de
:

dioses, y de ellos dice

Ovidio

Est Deus in nobis

:

agitante calescimus

illo.

Y

también dice
At
sacri vates
^

et

Divmn

cura voca?nur.

«Esto se dice de
los churrulleros,

los

buenos poetas; que de
se

los

malos, de
la idio-

¿qué

ha de decir, sino que son

tez y la arrogancia del

mundo?»
la

Y

añadió más

:

«¿Qué

es

ver á

un poeta destos en

primera impresión, cuando
las salvas

quiere decir un soneto á otros que le rodean,
les

que

hace diciendo
,

:

«

Vuesas mercedes escuchen un sonetillo

F,L

LICENCIADO VIDRIERA.
que
á

26
parecer,

I

que anoche

á cierta ocasión hice,

mi

aunque
en esto

no vale nada, tiene un no

qué de bonito»?
las

Y

tuerce los labios, pone en arco

cejas, se

rasca la fal-

driquera, y de entre otros mil papeles mugrientos y dio rotos, donde queda otro millar de sonetos, saca
el

meque

quiere relatar, v
do.

al fin le

dice con tono melifluo y alfeñica-

Y

si

acaso los que

le

escuchan

,

de socarrones ó de ignovuesas mercedes no han
así será

rantes,

no

se le alaban, dice:
el

O
le

entendido

soneto, ó yo no

he sabido decir; y

bien recitarle otra vez, y que vuesas mercedes le presten más atención, porque en verdad, en verdad, que el soneto
lo

merece»; y vuelve

como primero

á recitarle

con nuevos

ademanes y nuevas pausas. Pues ¿qué es verlos censurar los unos á los otros? ¿qué diré del ladrar que hacen los cachorros
los

y modernos á

los

mastinazos antiguos y graves? y ¿qué de
ilustres

que murmuran de algunos
la

y excelentes sugetos,
la poesía,

donde resplandece

verdadera luz de

que tomán-

dola por alivio y entretenimiento de sus

muchas y graves
la al-

ocupaciones, muestran

la

divinidad de sus ingenios y

teza de sus conceptos, á despecho y pesar del circunspecto

ignorante, que juzga de lo que no sabe y aborrece lo que

no entiende, y del que quiere que
rancia que se arrima á los sitiales?)

se

estime y tenga en

precio la necedad que se sienta debajo de doseles, y la igno-

Otra vez
tas

le

preguntaron qué era

la

causa de que los poe-

por

la

mayor

parte eran pobres. Respondió que porque
su

ellos

quedan, pues estaba en
la

mano

ser ricos,

si

se sabían

aprovechar de

ocasión que por
las

momentos

traian entre las

manos, que eran

de sus damas, que todas eran riquísitenian los cabellos de oro, la trente

mas en extremo, pues

262
de plata bruñida, de marfil,

NOVELAS EJEMPLARES.
los ojos

de verdes esmeraldas,
la

los dientes

los labios

de coral, y

garganta de

cristal trans-

parente, y que lo que lloraban eran líquidas perlas; y más, que lo que sus plantas pisaban , por dura y estéril tierra que
fuese, al
era de

momento producia jazmines y
algalia
;

rosas;

que su aliento

y que todas estas cosas eran señales y muestras de su mucha riqueza. Estas y

puro ámbar, almizcle y

otras

cosas

decia de los malos poetas; que de los buenos
los levantó

siempre dijo bien, y

sobre

el

cuerno de

la luna.

Vio un dia en
pintadas de mala

la

acera de San Francisco unas figuras
dijo

mano, y

que

los

buenos pintores

imitaban

la

naturaleza, pero que los malos la vomitaban.
dia,

Arrimóse un

con grandísimo

tiento,

porque no
:

se

que-

brase, á la tienda de

un
si

librero,

y

díjole

«Este oficio
falta
:

me
p

contentara

mucho,

no fuera por una

que

tiene.

Preguntóle

el librero se la dijese.

Respondió
el
si

uLos melin-

dres que hacen

cuando compran

previlegio de

un

libro,

y

la

burla que hacen á su autor

acaso le

imprime

á su
tres

costa, pues en lugar de mil y quinientos,

imprimen

mil libros, y cuando

el

autor piensa que se venden los

suyos, se despachan los ajenos.» Acaeció este

mismo
el

dia

r que pasaron por
gón
:

la

plaza

seis

azotados, y diciendo

pre-

«Al primero por ladrón», dio grandes voces á
:

los

que

estaban delante del, diciéndoles

«Apartaos, hermanos; no

comience aquella cuenta por alguno de vosotros»; y cuando el pregonero llegó á decir «Al trasero», dijo «Aquel debe
: :

de ser

el

fiador de los

muchachos. »

Un muchacho

le dijo

:

«Hermano
hueta.
))

Vidriera,
:

mañana
«

sacan á azotar á una alca-

Respondióle

Si dijeras

que sacaban

á azotar á

un

alcahuete, entendiera que sacaban á azotar un coche.»

:

EL LICENCIADO VIDRIERA.
Hallóse
jole
:

263

allí

uno

destos

que llevan

sillas

de manos, y dí-

¿De nosotros, Licenciado, no tenéis qué decir? No, respondió Vidriera, sino que sabe cada uno
más pecados que un confesor
:

de

vosotros
ferencia

;

mas

es

con

esta di,

que

el

confesor los sabe para tenerlos secretos
las

y

vosotros para publicarlos por

tabernas.

>>

Oyó
gente
señor
le

esto

un mozo de muías, porque de todo género de
:

estaba escuchando contino, y díjole

De

nosotros,

Redoma, poco

ó nada hay que decir, porque somos
la

gente de bien y necesaria en

república.»

A

lo cual res-

pondió Vidriera

:

«La honra
de

del

amo

descubre

la del

criado;

según esto, mira á quién

sirves,

y verás cuan honrado eres
ruin canalla que sustenta la

mozos
tierra.

sois vosotros

la

más

Una

vez, cuando no era de vidrio, caminé una joralquiler, tal,

nada en

una muía de
,

que

le

conté ciento y

veinte y una tachas

todas capitales v enemigas del género

humano. Todos
rufianes, su

los

mozos de muías
es

tienen su punta de
es

punta de cacos y su
así

no

de truhanes

;

si

sus

amos (que

llaman

ellos á los

que llevan en

sus muías)
las

son boquimuelles, hacen más suertes en ellos que

que

echaron en esta ciudad
los

los

años pasados;

si

son extranjeros,
religiosos,
los

roban;

si

estudiantes, los maldicen;

si

reniegan; y

si

soldados, los tiemblan. Estos y los marineros,

y carreteros y arrieros, tienen un
nario y sólo para ellos
:

modo

de vivir extraordi-

el

carretero pasa lo

más de

la

vida

en espacio de vara y media de lugar, que poco más debe

de haber del yugo de
la

las

muías á

la

boca

del carro; canta

mitad del tiempo, y

la otra

mitad reniega; y en decir:
si

«Háganse

á zaga», se les pasa otra parte; y

acaso

les

queda

por sacar alguna rueda de algún atolladero, más se ayudan

264

NOVELAS EJEMPLARES.
tres

de dos pésetes que de
gentil é inurbana,

muías. Los marineros son gente
el
,

que no sabe otro lenguaje que
;

que

se
la

usa en los navios

en
en

la

bonanza son diligentes

y en

borrasca perezosos

;

la

tormenta mandan muchos y obey su rancho, y su pasa-

decen pocos; su Dios

es su arca

tiempo ver mareados

á los pasajeros.
las

Los

arrieros son gente

que ha hecho divorcio con
las

sábanas y se ha casado con

enjalmas; son tan diligentes y presurosos, que á trueco de no perder la jornada, perderán el alma su música es la
;

del mortero, su salsa la

hambre,

sus maitines levantarse á

dar sus piensos, y sus misas no oir ninguna.»

Cuando
volviéndose

esto decia, estaba á la puerta de
al

dueño,
si

le dijo

:

un boticario, y «Vuesa merced tiene un sa-

ludable oficio,

no fuese tan enemigo de sus candiles.
soy enemigo de mis candiles?», pre:

— ¿En qué modo
guntó
el

boticario; y respondió Vidriera
aceite
,

«Esto digo, porla del

que en faltando cualquiera
está

la

suple

candil

que

más

a

á quitar

mano; y aun tiene otra cosa este oficio, bastante el crédito al más acertado médico del mundo.»
que recetaba
que

Preguntándole por qué, respondió que habia boticario que
por no decir que faltaba en su botica
lo
el

médico, por

las

cosas

que

le

faltaban ponia otras

á su
así;

parecer tenian la

misma

virtud y calidad, no siendo
al

y con esto

la

medicina obraba

revés de lo

que habia de

obrar. Preguntóle entonces

uno que qué

sentia de los

mé-

dicos
te?7iy

,

y respondió esto

:

Honora medicum propter
:

necessitaest

eteiiim creavit
,

eum Altissimus

a Dea enim

omnis

me déla

et

a Rege accipiet donationem. T>isciplina medid exal-

tavtt caput illius, et in conspectu

magnatum

collaudabitur.
nofi

Altissimus de térra creavit medicinam y et vir prudens

EL LICENCIADO VIDRIERA.
abhorrevit illam. «Esto dice, dijo,
el

265

Eclesiástico^ de la

meá la
la

dicina y de los buenos médicos, y de los malos se podria
decir todo
al

revés, porque
ellos.

no hay gente más dañosa

república que

El juez nos puede torcer ó dilatar

justicia, el letrado sustentar

por su interés nuestra injusta
la

demanda,

el

mercader chuparnos

hacienda; finalmente,

todas las personas con quien de

necesidad tratamos, nos
la

pueden hacer algún daño; pero quitarnos
sujetos al

vida sin quedar

temor

del castigo,

ninguno
sin
la

:

sólo los

médicos nos

pueden matar y nos matan desenvainar otra espada que

temor y á pié quedo, sin de un recipe; y no hay des-

cubrirse sus delitos, porque al

momento

los

meten debajo

de

la tierra.

Acuérdaseme que cuando yo

era

hombre de

carne, y no de vidrio,

como

agora soy, que á un médico

destos de segunda clase le despidió un
rarse

enfermo por cu-

con otro, y

el

primero de

allí

á cuatro dias acertó á

pasar por la botica donde recetaba
al

boticario

que cómo

le

iba al

y preguntó enfermo que él habia deel

segundo

,

jado, y que si le habia recetado alguna purga el otro médico. El boticario le respondió que allí tenia una receta de

purga, que

el

dia siguiente habia de
al

tomar

el

enfermo

;

dijo

que

se la

mostrase, y vio que

fin della

estaba escrito:

swnat

dilucido,

y dijo

:

«Todo

lo

que

lleva esta

purga

me

contenta, sino es este diluculo, porque es

húmido demasialos oficios se
;

damente. «

Por

estas

y otras cosas que decia de todos

andaban
con todo

tras él, sin

hacerle mal y sin dejarle sosegar

pero
si

esto,

no

se

pudiera defender de los muchachos,

su guardián no

le

defendiera.

Preguntóle uno qué baria
:

para no tener envidia á nadie. Respondióle

"Duerme; que

206
todo
el

NOVELAS EJEMPLARES.
tiempo que durmieres,
serás igual al

que envidias.»
salir

Otro

le

preguntó qué remedio tendría para

con una

comisión que habia dos años que
«Parte á caballo y á
ñale hasta salir de
la
la

la pretendía.
la lleva,

Y

díjole

:

mira de quien
ciudad, y

y acompáella.ii

así saldrás
él

con

Pasó

acaso una vez por delante donde
sión
,

estaba

un juez de comi,

que iba de camino á una causa criminal

y llevaba

mucha gente consigo y dos y como se lo dijeron, dijo
juez víboras en
el

alguaciles; preguntó quién era,
:

«Yo

apostaré que lleva aquel
la tinta

seno, pistoletes en

v rayos en

las

manos, para

destruir todo lo

que alcanzare su comisión.

Yo

me

acuerdo haber tenido un amigo que en una comisión cri-

minal que tuvo dio una sentencia tan exorbitante, que excedía en

muchos

quilates á la culpa de los delincuentes. Pre-

gúntele que por qué habia dado aquella tan cruel sentencia

y hecho tan manifiesta
otorgar
la

injusticia.

Respondióme que pensaba

apelación, v que con esto dejaba

campo

abierto

á los señores del

Consejo para mostrar su misericordia,

mo-

derando y poniendo aquella su rigurosa sentencia en su punto y debida proporción. Yo le respondí que mejor fuera
haberla dado de manera que
les

quitara de aquel trabajo,
11

pues con esto

le

tuvieran á
la

él

por juez recto v acertado.

En

la

rueda de
le

mucha

gente que,

como

se

ha dicho,

siempre

estaba oyendo, estaba
al

un conocido suyo en háno

bito de letrado,

cual otro le llamó señor Licenciado, y
el tal

sabiendo Vidriera que
tenia ni

á quien llamaron licenciado
le dijo:

aun

título

de bachiller,

«Guardaos, comfrailes

padre, no encuentren con vuestro título los

de

la re-

dención de cautivos, que os
lo cual

le

llevarán por mostrenco.»

A

dijo el

amigo: «Tratémonos bien, señor Vidriera,

EL LICENCIADO VIDRIERA.
pues ya sabéis vos que soy
letras.»

267
y de profundas
sois
las

hombre de
:

altas

Respondióle

\'^id riera

«Ya yo

que

un Tánalcanzáis

talo en ellas,

porque
»>

se os

van por

altas,

y no
la

de profundas.
sastre, viole

Estando una vez arrimado á

tienda de un
díjole
:

que estaba mano sobre mano, y
estáis

«Sin

duda, señor maese, que

en camino de salvación.
el sastre.

— ¿En qué — ¿En qué
y añadió
fiestas
; :
<'

lo veis? lo

preguntó

veo?

respondió Vidriera; véolo en que,

pues no tenéis qué hacer, no tendréis ocasión de mentir»;

Desdichado

del sastre

que no miente, y cose

las

cosa maravillosa es, que casi en todos los deste oficio

apenas se hallará uno que haga un vestido justo, habiendo
tantos

que

los

hagan pecadores. »

De

los zapateros decia

que

jamas hacian, conforme á su parecer, zapato malo, porque
si al

que
así

se le

calzaba venia estrecho y apretado,
ser,

le

decian

por ser de galanes calzar justo, y que en trayéndolos dos horas, vendrian más anchos que alparhabia de
gates; y
nir,
si le

que

venian anchos, decian que
la gota.

así

habian de ve-

por amor de

Un muchacho
le

agudo, que escribia

en un oficio de provincia,
tas

apretaba

mucho con pregunlo

y demandas, y

le traia

nuevas de

que en

la

ciudad

pasaba, porque sobre todo discantaba y á todo respondia.
Este
le dijo

una vez

:

«Vidriera, esta noche se murió en
á ahorcar.»

la

cárcel

un Banco que estaba condenado
:

A lo

cual

respondió
el

El hizo bien á darse priesa á morir antes que

verdugo

se sentara sobre él.»

En

la

acera de San Franallí,

cisco estaba un corro de genoveses, y pasando por dellos le llamó, diciendo
:

uno

«Llegúese acá
:

el

señor Vidriera

y cuéntenos un cuento.)) El respondió «No quiero, porque no me le paséis á Genova.» Topó una vez á una ten-

208

NOVELAS EJEMPLARES.

dera que llevaba delante de

una

hija suya

muy

tea, pero

muy
dre
:

llena de dijes, de galas y de perlas, y díjole á la

ma-

«Muy

bien habéis hecho en empedrarla, porque se

pueda pasear.»

De
ban á

los pasteleros dijo
la dobladilla, sin
el

que habia muchos años que jugales llevasen la

que

pena porque ha-

bian hecho

pastel de á dos de á cuatro, el de a cuatro de

á ocho, y el de a

ocho de

á

medio

real,

por solo su albemil males
:

drío y beneplácito.

De

los titereros decia

decia

que era gente vagamunda y que trataba con indecencia de las cosas divinas, porque con las figuras que mostraban en
sus teatros volvian la devoción en risa,

y que

les

acontecia

envasar en un costal todas ó
viejo

las

más
él á

figuras del

Testamento
los

y nuevo, y sentarse sobre
;

comer y beber en
,

bodegones y tabernas
llaba de

en resolución
les

decia que se maravi-

cómo

quien podia no

ponia perpetuo silencio

en sus retablos, ó

los desterraba del reino.
él

Acertó á pasar una vez por donde
diante vestido

estaba

un come:

como un

príncipe; y en viéndole, dijo
salir al

«Yo

me

acuerdo haber visto á éste

teatro enharinado el

rostro y vestido

un zamarro

del revés, y con todo esto, á
fe

cada paso, fuera del tablado, jura á

de hijodalgo.

— Débelo — Así
gentiles
dellos

de ser, respondió uno; porque hay

muchos

comediantes que son

muy

bien nacidos y hijosdalgo.

será verdad, replicó Vidriera; pero lo
la farsa es

que menos
sí,

ha menester

personas bien nacidas; galanes

hombres y de expeditas lenguas. También que en el sudor de su cara ganan su pan con

sé decir

inlleva-

ble trabajo,

tomando contino de memoria, hechos perpe-

tuos gitanos de lugar en lugar, desvelándose en contentar

KL LICENCIADO VIDRIERA.
á Otros,

269

porque en

el

gusto ajeno consiste su bien propio.
oficio

Tienen más: que con su
por

no engaíían á nadie, pues

momentos

sacan su mercaduría á pública plaza. El

trabajo de los autores es increíble, y su cuidado extraor-

dinario, y

han de ganar mucho para que
les sea

al

cabo del año

no salgan tan empeñados, que

forzoso hacer pleito
las re-

de acreedores; y con todo esto, son necesarios en
públicas,

como

lo son las florestas, las

alamedas y

las vistas

de recreación, y
recrean.
»

como

lo son las cosas

que honestamente

Decia que habia sido opinión de un amigo suyo
servia á

que

el

que

una comedianta, en

sola

una
á

servia á

muchas damas
á

juntas,

como

era á

una reina,

una ninfa,

una diosa, á una fregona, á una pastora, y muchas veces caia la suerte en que sirviese en ella á un paje y á un
lacayo; que todas estas y
santa.

más

figuras suele hacer

una

far-

Preguntóle uno que cuál habia sido

el

más dichoso

del

mundo. Respondió que Nemo; porque Nemo

novit patrem;
;

Nemo

sine crimine vivit

;

Nemo

sua sor te contentus

Nemo me-

ascendit in ccelum.

De

los

diestros dijo

una vez que eran
la

maestros de una ciencia ó arte, que cuando
nester no la sabian, y

hablan

que tocaban algo en presuntuosos,

pues querían reducir á demostraciones matemáticas, que
son infalibles, los movimientos y pensamientos coléricos de sus contrarios. Con los que se teñian las barbas tenia particular enemistad
bres,
;

y riñendo una vez delante del dos
éste

homistas
:

que

el

uno era portugués,
las

dijo

al
:

castellano,

asiéndose de

barbas, que tenia
rostro... á lo

muy

teñidas

Por
Otro

barbas que teño no
(lOlhav,

cual acudió Vidriera y dijo

homen, naon

digáis teño, sino tino.»

traia

270
las

NOVELAS EJEMPLARES.

barbas jaspeadas y de

muchas

colores, culpa de la
las

mala

tinta; á

quien dijo Vidriera que tenia

barbas de mula-

dar overo.

A

otro,

que

traia las barbas

negras, por haberse descuidado, y los
dijo

por mitad blancas y cañones crecidos, le

que procurase de no porfiar

ni reñir

con nadie, porque

estaba aparejado á que le dijesen que mentia por la mitad

de

la

barba.

Una
casarse

vez contó que una doncella discreta y bien entensí

dida, por acudir á la voluntad de sus padres, dio el

de
del
las

con un

viejo todo cano, el cual la
al rio

noche antes

dia del desposorio se fué, no
viejas, sino á la

Jordán,

como

dicen

redomilla del agua fuerte y plata, con que renovó de manera su barba, que la acostó de nieve y la le-

vantó de pez. Llegóse
cella

la

hora de darse

las

manos, y

la

don-

conoció por

la pinta

y por

la tinta la figura,

y dijo á
hablan

sus padres

que

le diesen el

mismo

esposo que ellos
le le

le

mostrado; que no queria otro. Ellos

dijeron

que aquel

que tenia delante era

el

mismo que

hablan mostrado y
testigos

dado por esposo. Ella replicó que no era, y trujo

cómo
él,

el

que

sus padres le dieron era

lleno de canas, y

que pues

el

un hombre grave y presente no las tenia, no era
el te-

y se llamaba á engaño. Atúvose á esto, corrióse
el

ñido, y deshízose

casamiento.
la

Con
tajas

las
;

dueñas tenia

misma

ojeriza

que con

los escalas

bechados

decia maravillas de su pennafoy, de

mor-

de sus tocas, de sus muchos melindres, de sus es;

crúpulos y de su extraordinaria miseria

amohinábanle sus

flaquezas de estómago, sus vaguidos de cabeza, su

modo

de hablar con más repulgos que sus tocas, y finalmente,
su inutilidad v sus vainillas.

Uno

le

dijo:

«¿Qué

es esto.

EL LICENCIADO VIDRIERA.
señor Licenciado, que os he oido decir mal
oficios,

27

I

de muchos

y jamas lo habéis

dicho de
lo cual

los

escribanos, ha:

biendo tanto que decir?»
vidrio,

A
que

respondió
ir

«Aunque de
la

no soy tan
las

frágil,

me

deje

con
á

la corriente del

vulgo,

más veces engañado. Paréceme
los

mí que
de
se
los

gra-

mática de

murmuradores y
;

el la, la, la

que can-

tan, son los escribanos
á otras ciencias
si

porque,
por
la

así

como no

puede pasar

no

es

puerta de la gramática, y
canta,
la
así los

como

el

músico, primero

murmura que
mal de

mal-

dicientes, por

donde comienzan á mostrar

malignidad de
y alguaciles
el

sus lenguas, es por decir

los escribanos

y de los otros ministros de

la justicia,

siendo un oficio

del escribano, sin el cual andarla la verdad por el

mundo
el

á

sombra de
siástico
:

tejados, corrida y maltratada; y así dice

Ecle-

In

manu Dei
no

potestas hominis est

,

et

super factem

ser iba imponet honorem. Es el escribano persona pública, y
el

oficio del juez

se

puede

ejercitar

cómodamente

sin el

suyo. Los escribanos han de ser libres, y no esclavos ni hijos

de esclavos; legítimos, no bastardos ni de ninguna mala

raza nacidos. Juran, secreto, fidelidad y que no harán escritura usuraria; que ni amistad ni enemistad, provecho ó

daño

les

moverá

á no hacer su oficio con
si

buena y

cristiana

conciencia. Pues

este oficio tantas

buenas partes requiere,

¿por qué se ha de pensar que de más de veinte mil escribanos que hay en España se lleve
si

el

diablo

la

cosecha,

como
gente

fuesen cepas de su majuelo?
lo crea;

No

lo quiero creer, ni es bien
es la

que ninguno

porque, finalmente, digo que

más
que

necesaria que habia en las repúblicas bien ordenadas, y
si

llevaban demasiados derechos, también hacian

demaun

siados tuertos, y

que destos dos extremos podia

resultar

»

272
medio, que
dijo

NOVELAS EJEMPLARES.
les hiciese

mirar por

el virote.»

De

los alguaciles

que no era mucho que tuviesen algunos enemigos,
suya en guarda y comer á tu costa. Tachaba

siendo su oficio ó prenderte, ó sacarte la hacienda de casa,

ó tenerte en
la

la

,

negligencia é ignorancia de los procuradores y solicita-

dores, comparándolos á los médicos, los cuales,

que sane ó

no sane

el

enfermo,

ellos llevan su

propina; y los procurael

dores y solicitadores lo
pleito

mismo,

salgan ó no salgan con

que ayudan.
la

Preguntóle uno cuál era
la

mejor

tierra.
:

Respondió que
c<

No pregunto temprana y agradecida. Replicó el otro eso, sino que ¿cuál és mejor lugar, Valladolid ó Madrid?»

Y

respondió

:

«

De Madrid

los

extremos

,

de Valladolid

los

medios.

—No
«

lo entiendo», repitió el

que

se lo

preguntaba; y dijo:
los entresuelos.

De Madrid cielo Oyó Vidriera que
la

y suelo
dijo

,

de Valladolid

un hombre

á otro

que

así

como
en-

habia entrado en Valladolid habia caido su mujer

muy

ferma, porque
driera
celosa.
:

habia probado

la tierra.

A

lo cual dijo
si

Vi-

((Mejor fuera que se la hubiera comido,

acaso es

))

De

los

músicos y de

los correos

de á pié decia que

tenian las esperanzas y las suertes limitadas , porque los unos
la

acababan con llegar á serlo de á caballo

,

y

los otros

con

alcanzar á ser músicos del Rey.
cortesanas, decia que todas ó las

De

las

damas que llaman
corteses
traian á

más tenian más de
iglesia, vio

que de

sanas.

Estando un dia en una
viejo, á bautizar á

que

enterrar á

un

mujer, todo á
eran

un niño y á un mismo tiempo, y dijo que
batalla,

velar á
los

una

templos
los

campos de
las

donde

los viejos

acaban,

niños

vencen v

mujeres triunfan.

EL LICENCIADO VIDRIERA.
Picábale una vez una avispa en
el

273
no
se la

cuello, y

osaba

sacudir por no quebrarse; pero con todo eso, se quejaba.

Preguntóle uno que

cómo

sentia aquella avispa,

si

era su

cuerpo de vidrio, y respondió que aquella avispa debia de ser murmuradora, y que las lenguas y picos de los murmuradores eran bastantes á desmoronar cuerpos de bronce, no

que de

vidrio.

Pasando acaso un

religioso
:

muy
:

gordo por

donde

él estaba, dijo
el

uno de
»

sus oyentes

^>De ético, no se
«

puede mover

padre.

Enojóse Vidriera y dijo
:

Nadie

se

olvide de lo que dice el Espíritu Santo
tos meos))\

Nolite tangere chris-

y subiéndose más en cólera, dijo que mirasen en ello, y verian que de muchos santos que de pocos años á esta parte habia canonizado la Iglesia y puesto en el número de los bienaventurados
,

ninguno

se

llamaba

el

capitán
ni el

don

Fulano, ni

el secretario
tal

don Tal de don Tales,

Conde,

Marqués ó Duque de
fray

parte, sino fray Diego, fray Jacinto,

Raimundo, todos

frailes

y religiosos; porque

las reli-

giones son los Aranjueces del cielo, cuyos frutos de ordinario
se

ponen en

la

mesa de Dios. Decia que
las

las

lenguas de los

murmuradores eran como
menoscaban todas
las

plumas

del águila,

que roen y

de

las otras

aves que á ellas se juntan.
:

De

los gariteros

riteros

y tahúres decia milagros decia que los gaeran públicos prevaricadores, porque en sacando el

barato del que iba haciendo suertes , deseaban que perdiese y

que pasase
V
él

el

naipe adelante, porque

el

contrario las hiciese,
la

cobrase sus derechos. Alababa

mucho

paciencia de un

tahúr, que estaba toda una noche jugando y perdiendo, y

con

ser

de condición colérico y endemoniado, á trueco de
se alzase,

que su contrario no
lo
18

no descosia

la

boca, y sufria
las

que un mártir de Barrabas. Alababa también

concien-

274
cias

NOVELAS EJEMPLARES.
de algunos honrados gariteros, que ni por imaginación

consentian que en su casa se jugase otros juegos que polla

y cientos; y con esto, á fuego lento, sin temor y nota de
malsines, sacaban
al

cabo del mes más barato que

los

que
lle-

consentian los
var,

juegos de estocada, del reparólo,

siete

y

y pinta en la del punto. En resolución, él decia tales cosas, que si no fuera por los grandes gritos que daba cuando
le

tocaban 6 á

él se

arrimaban, por
el

el

hábito que traia, por
bebia, por

la
el

estrecheza de su comida, por

modo con que

no querer dormir sino

al

cielo abierto en el verano,

y

el

invierno en los pajares,

como queda
del

dicho, con que daba

tan claras señales de su locura,

ninguno pudiera creer sino

que era uno de

los

más cuerdos

mundo.
tenia gracia

Dos
un

años, ó poco más, duró en esta enfermedad; porque

religioso de la

Orden de San Jerónimo, que
los

y ciencia particular en hacer que

en cierta manera hablasen, y en curar

mudos entendiesen y locos, tomó á su cargo
le

de curar á Vidriera, movido de caridad, y

curó y sanó, y

volvió á su primer juicio, entendimiento y discurso; y así

como
las

le vio

sano,

le vistió

como

á letrado, y le hizo volver

á la corte, adonde,

con dar tantas muestras de cuerdo como

habia dado de loco, podia usar su oficio y hacerse faél.

moso por

Hízolo

así,

y llamándose

el

Licenciado Rueda,

no Rodaja, volvió á

la corte,

donde apenas hubo entrado,
le vie-

cuando fué conocido de

los

muchachos; mas como
le

ron en tan diferente hábito del que solia, no

osaron dar

grita ni hacer preguntas; pero seguíanle, y decian unos á

otros

:

c(¿Este

no

es el loco Vidriera?

A fe que es

él;

ya viene

cuerdo, pero también puede ser loco bien vestido
vestido
:

como mal

preguntémosle algo, y salgamos desta confusión.»

EL

LICENCIADO VIDRIERA.

275

Todo

esto oia el Licenciado, y callaba, y iba
sin juicio.

más confuso y
á los hombres,

más corrido que cuando estaba
Pasó
el

conocimiento de
el

los

muchachos
al

y antes que

Licenciado llegase

patio de los Consejos,

llevaba tras de
tes.

más de docientas personas de
donde

todas suer-

Con

este

acompañamiento, que era más que de un
al

catedrático, llegó

patio,

le

acabaron de circundar

cuantos en

él

estaban. El, viéndose con tanta turba á la
la

redonda, alzó

voz y dijo
el

:

«Señores, yo soy

el

Licenciado

Vidriera, pero no
da. Sucesos

que

solia;

soy ahora

el

Licenciado Rue-

y desgracias que acontecen en

el

mundo

por per-

misión del cielo

me

quitaron

el

Juicio, y las misericordias

de Dios

me
Yo

le

han vuelto; por

las

cosas

que dicen que

dije

cuando loco, podéis considerar
cuerdo.

las

soy graduado en leyes

que diré y haré cuando por Salamanca, adonde es-

tudié con pobreza, y adonde llevé segundo en licencias; de do
se

puede

inferir

que más

la virtud

que

el

favor

me
la

dio

el

grado que tengo. Aquí he venido á este gran mar de
para abogar y ganar
la vida;

corte

pero

si

no

me
,

dejais,

habré veni-

do abogar y granjear la muerte; por amor de Dios, que no hagáis que el seguirme sea perseguirme y que lo que alcancé
por loco, que es
solíades
el

sustento, lo pierda por cuerdo.
las

Lo que

preguntarme en

plazas

,

preguntádmelo ahora en
según dicen,

mi

casa, y veréis

que

el

que

os respondia bien,

de improviso, os responderá mejor de pensado.» Escucháronle todos, V dejáronle algunos. Volvióse á su posada con

poco menos acompañamiento que habia llevado.
Salió otro dia, y fué lo
sirvió de nada. Perdia

mismo; hizo

otro sermón, y no
cosa; y viéndose

mucho y no ganaba
la

morir de hambre, determinó de dejar

corte y volverse á

276

NOVELAS EJEMPLARES.
las

Flándes, donde pensaba valerse de

fuerzas de su brazo,

pues no se podía valer de
efeto, dijo, al salir de la

de su ingenio; y poniéndolo en corte: ('¡Oh corte, que alargas las
las

esperanzas de los atrevidos pretendientes, y acortas
virtuosos encogidos; sustentas

las

de los
truha-

abundantemente á

los

nes desvergonzados, y matas de

hambre

á los discretos verla

gonzosos!» Esto dijo, y

se fué a

Flándes, donde
las letras, la

vida que

habia comenzado á eternizar por
nizar por las armas, en
tán Valdivia, dejando

acabó de eterel

compañía de su buen amigo

capi-

fama en su muerte de prudente y va-

lentísimo soldado.

FIN DEL LICENCIADO VIDRIERA.

LA FUERZA DE LA SANGRE.

Una noche
del rio, en

de

las calorosas del

verano volvian de recrearse

Toledo, un anciano hidalgo, con su mujer, un
seis

niño pequeño, una hija de edad de diez y
criada.

años, y una

La noche
,

era clara, la hora las once, el

camino

solo

y

el

paso tardo

por no pagar con cansancio

la
la

pensión que

traen consigo las holguras

que en

el rio

ó en

vega
la

se to-

man

en Toledo.

Con

la

seguridad que promete

mucha

justicia

y bien inclinada gente de aquella ciudad, venia el buen hidalgo con su honrada familia, lejos de pensar en desastre

que sucederles pudiese; pero como

las

más de

las

des-

dichas que vienen no se piensan, contra todo su pensa-

miento

les

sucedió una, que

les

turbó

la

holgura y

les

dio

que

llorar

muchos

años.

Hasta veinte y dos tendria un caballero de aquella ciudad, á quien
la

riqueza, la sangre ilustre, la inclinación tor-

cida, la libertad demasiada y las compañías libres le hacían

hacer cosas y tener atrevimientos que desdecían de su calidad y le daban renombre de atrevido. Este caballero, pues

(que por ahora, por buenos respetos, encubriendo su nombre,
le

llamaremos con

el

de Rodolfo)

,

con otros cuatro amigos

278

NOVELAS EJEMPLARES.

suyos, todos mozos, todos alegres y todos insolentes, bajaba

por

la

misma

cuesta que
el

el

hidalgo subia. Encontráronse los
ovejas con el de los lobos, y con

dos escuadrones,

de

las

deshonesta desenvoltura, Rodolfo y sus camaradas, cubiertos los rostros
,

miraron

los

de

la

madre y de

la hija

y de

la

criada. Alborotóse el viejo,

y reprochóles y afeóles su atre-

vimiento;

ellos le

respondieron con muecas y burla, y sin
la

desmandarse á más, pasaron adelante. Pero

mucha
el

her-

mosura
cadia,

del rostro
así
tal

que habia

visto Rodolfo,

que era

de Leohidalgo,

que

quieren que se llamase

la hija del

comenzó de
zarla, á pesar

manera

á imprimírsele en la
,

memoria, que

le llevó tras sí la

voluntad
los

y despertó en

él

un deseo de go-

de todos

inconvenientes que sucederle pusus

diesen; y en

un instante comunicó su pensamiento con

camaradas

,

y en otro instante se resolvieron de volver y ro-

barla, por dar gusto á Rodolfo;

que siempre

los ricos

que

dan en
lifique

liberales hallan

quien canonice sus desafueros y caasí, el
el

por buenos sus malos gustos; y
el

nacer

el

mal

propósito,

comunicarle, y
el

el

aprobarle, y

determinarse

de robar á Leocadia, y
Pusiéronse
las

robarla, casi todo fué en

un punto.

los

pañizuelos en los rostros, y desenvainadas

espadas, volvieron, y á pocos pasos alcanzaron á los que
las

no habían acabado de dar gracias á Dios, que de
de aquellos atrevidos
les

manos

habia librado. Arremetió Rodolfo
ella,

con Leocadia, y cogiéndola en brazos, dio á huir con
la

cual

no tuvo fuerzas para defenderse, y
quién

el

sobresalto le

quitó la voz para quejarse, y aun la luz de los ojos, pues

desmayada y
la

sin sentido, ni vio

la llevaba ni

adonde
lloró su

llevaban.

Dio voces

su padre, gritó su

madre,

hermanico, arañóse

la criada;

pero ni

las

voces fueron oidas.

.\

LA FUERZA DE LA SANCÍRE.
ni los gritos
los

279
el llanto, ni

escuchados,

ni

movió

á

compasión

araños fueron de provecho alguno; porque todo lo cu-

bría la soledad del lugar v el callado silencio de la noche, y
las

crueles entrañas de los malhechores. Finalmente, alegres

se

fueron

los

unos, v

tristes se

quedaron

los otros.

Rodolfo

llegó á su casa sin

impedimento alguno, y
la

los

padres de

Leocadia llegaron á
rados
los
:

suya lastimados, afligidos y desespe-

ciegos, sin los ojos de su hija, que eran la lumbre de
;

suyos

solos

,

porque Leocadia era su dulce y agradable
sin saber
si

compañía; confusos,

seria bien dar noticia de su
el

desgracia á la justicia, temerosos no fuesen ellos

principal

instrumento de publicar su deshonra. Veíanse necesitados
de favor,

como

hidalgos pobres; no sabian de quién que-

jarse, sino de su corta ventura.

Rodolfo, en tanto, sagaz y astuto, tenia ya en su casa y en su aposento á Leocadia, á la cual, puesto que sintió que
iba

desmayada cuando

la llevaba, la

había cubierto

los ojos
la lle-

con un pañuelo, porque no viese
vaba, ni
la

las calles

por donde
el

casa ni

el

aposento donde estaba, en
él tenia

cual,

sin ser visto

de nadie, á causa que

un cuarto aparte

en

la

casa de su padre,

que aun
el

vivia,

y tenia de su estan-

cia la llave

y

las

de todo

cuarto (inadvertencia de padres

que quieren tener sus

hijos recogidos), antes

que de su des-

mayo
que

volviese Leocadia, habia

cumplido su deseo Rodolfo;

los

ímpetus no castos de

la

mocedad, pocas veces ó ninrequisitos

guna reparan en comodidades y
citen y levanten.

que más

los in-

Cieíjo de

la

luz del entendimiento, á escuras robó la

me-

jor prenda de Leocadia; y

como

los

pecados de
allá la

la sensuali-

dad por

la

mayor

parte no tiran

más

barra del término

250
del

NOVELAS EJEMPLARES.
dellos
,

,

cumplimiento

quisiera luego Rodolfo
le

que de

allí

se desapareciera

Leocadia, y

vino á

la

imaginación de po-

desmayada como estaba; y yéndolo á poner en obra, sintió que volvia en sí, diciendo: «¿Adonde
nerla en la calle así
estoy, desdichada?

¿Qué
el

escuridad es ésta?

¿Qué
toca?

tinieblas
el

me

rodean? ¿Estoy en

limbo de mi inocencia ó en

infierno de mis culpas? ¡Jesús!

¿Quién
,

me

¿Yo en

cama? ¿Yo lastimada?

¿

Escuchaisme madre y señora mia?
sin

¿Oisme, querido padre? ¡Ay,
advierto que mis padres

ventura de mí! que bien

migos

me

escuchan y que mis enetocan. Venturosa seria yo si esta escuridad du-

no

me

rase para siempre, sin

que mis

ojos volviesen á ver la luz

del

mundo, y que
él

este lugar

donde ahora

estoy, cualquiera
es

que

fuese, sirviese de sepultura á

mi honra, pues
que

me-

jor la deshonra que se ignora, que la honra

está puesta

en opinión de

las gentes.

Ya me

acuerdo (¡que nunca yo
la

me

acordara!) que há poco que venia en

compañía de

mis padres, ya

me

acuerdo que

gino y veo que no es bien que

me saltearon, ya me imame vean las gentes. ¡Oh, tú,
conmigo (y en
si

cualquiera que seas, que aquí estás
nia asido de las

esto te-

manos

á
,

Rodolfo ) ,
te

es

que tu alma admite

género de ruego alguno
de

ruego que ya que has triunfado
al

mi fama,

triunfes

también de mi vida; quítamela

mo-

mento, que no

es bien

que

la

tenga

la

que no tiene honra!

Mira que
tarme; y

el

rigor de la crueldad
se

que has usado conmigo en
piedad que usarás en

ofenderme,

templará con

la

ma-

así,

en un

mismo punto
las

vendrás á ser cruel y pia-

doso conmigo.

Confuso dejaron

razones de Leocadia á Rodolfo, y
ni sabia

como mozo poco experimentado,

qué decir

ni

qué

%

LA FUERZA DE LA SANGRE.
hacer; cuyo silencio admiraba
las
el

28

I

más

á Leocadia, la cual con
si

manos procuraba desengañarse
que con
la

era fantasma ó

sombra
le

ella estaba;

pero

como
le

tocaba cuerpo, y se

acor-

daba de

fuerza que se

habia hecho viniendo con sus

padres, caia en la verdad del cuento de su desgracia; y con
este

pensamiento, tornó á añudar

las

razones que los

muchos
:

sollozos y suspiros habían interrumpido, diciendo

«Atrete

vido mancebo, que de poca edad hacen tus hechos que

juzgue, yo

te

perdono

la

ofensa que

me

has hecho, con sólo

que

prometas y jures que, como la has cubierto con esta escuridad, la cubrirás con perpetuo silencio, sin decirla á na-

me

die.

Poca recompensa

te

pido de tan grande agravio; pero
sabré pedirte, ni tú querrás darvisto tu rostro
,

para

será la

mayor que yo

me. Advierte en que yo nunca he
vértele,

ni quiero

porque ya que

se

me acuerde de mi
ni guardar en la
el

ofensa, no quiero

acordarme de mi ofensor

memoria

la

imamis

gen del autor de mi daño; entre mí y
quejas, sin querer que las oiga
el

cielo pasarán
el

mundo,

cual no juzga

por
la

los sucesos las cosas

,

sino

conforme
te

á él se le asienta en

estimación.

No

cómo

digo estas verdades, que se

suelen fundar en la experiencia de
discurso de
siete;

muchos
los

casos y en el

muchos años, no llegando

por do

me

doy

á entender

que

el

mios á diez y dolor de una misma
unas veces exage-

manera

ata y desata la

lengua del

afligido,

rando su mal, para que

se le crean, otras veces
:

no diciéndole,

porque no
calle

se le

remedien

de cualquiera manera, que yo

ó hable, creo que he de moverte á que

me

creas ó
el

que

me

remedies, pues

el

no creerme será ignorancia, y
alivio.

remediarme imposible de tener algún
esperarme, porque
te

No

quiero deses éste:

costará poco

el

dármele, y

282

NOVELAS EJEMPLARES.
el

mira, no aguardes ni confies que

discurso del tiempo

temple

la justa saíia

que contra

tengo, ni quieras

amon-

tonar los agravios; mientras

menos me

gozares, y habién-

dome ya gozado, menos
cuenta que

se

encenderán tus malos deseos; haz

me

ofendiste por accidente, sin dar lugar á nin-

gún buen
6 que
calle,
allí
si

discurso; yo la haré de

que no nací en

el

mundo,
la

nací, fué para ser desdichada.
la Iglesia

Ponme

luego en

ó á lo menos junto á

Mayor, porque desde
también has de juel

bien sabré volverme á

mi

casa; pero

rar

de no seguirme, ni saberla, ni preguntarme
el

nombre

de mis padres, ni
tan ricos

mió, ni

el

de mis parientes, que á ser

como

nobles, no fueran en
si

tan desdichados.
la

Respóndeme

á esto, y

temes que

te

pueda conocer en

habla, hágote saber que, fuera de
sor,

mi padre y de mi confeno he hablado con hombre alguno en mi vida, y á po,

cos he oido hablar en tanta comunicación
tinguirles por el sonido de la habla.»

que pueda

dis-

La
tras

respuesta que dio Rodolfo á las discretas razones de

la

lastimada Leocadia no fué otra que abrazarla, dando mues-

que queria volver
deshonra.

á confirmar,

en

él

su gusto, y en

ella su

Lo

cual visto por Leocadia, con
se

más

fuer-

zas de las
pies,

que su tierna edad prometía,
las

defendió con los
la

con

manos, con

los dientes

y con

lengua, di-

ciéndole:

«Haz

cuenta, traidor y desalmado hombre, quien

quiera que seas, que los despojos que de
los

has llevado son
sin

que pudiste tomar de un tronco ó de una coluna

sentido,

cuyo vencimiento y triunfo ha de redundar en tu infamia y menosprecio; pero el que ahora pretendes no le
has de alcanzar sino con

mi muerte. Desmayada me

pisaste

V aniquilaste; mas ahora, que tengo bríos, antes podrás

ma-

LA FUERZA DE LA SANGRE.
tarme que vencerme; que
si

283
sin resistencia

ahora despierta,

concediese con tan abominable gusto, podrias imaginar que

mi desmayo

fué fingido cuando te atreviste á destruirme.»

Finalmente, tan gallarda y porfiadamente se resistió Leocadia, que las fuerzas y los deseos de Rodolfo se enflaquecieron
;

y

como
el

la insolencia

que con Leocadia habia usado

no tuvo otro principio que de un ímpetu lascivo, del cual

nunca nace

verdadero amor, que permanece, en lugar del

ímpetu, que
á lo

se pasa,
tibia

quedó en

él, si

no

el

arrepentimiento,

menos una

voluntad de segundalle.

Frió, pues, y cansado Rodolfo, sin hablar palabra alguna,

dejó á Leocadia en su

cama y en

su casa, y cerrando

el

apo-

sento, se fué á buscar á sus camaradas, para aconsejarse con
ellos

de lo que hacer debia. Sintió Leocadia que quedaba

sola

y encerrada, y levantándose del lecho, anduvo todo
las

el

aposento, tentando
llaba puerta por
la

paredes con

las

manos, por ver

si

ha-

do

irse

ó ventana por do arrojarse. Halló

puerta, pero bien cerrada, y topó una ventana, que pudo

abrir,

por donde entró

el

resplandor de
las

la

luna, tan claro,

que pudo distinguir Leocadia que
el

colores de unos damascos
la

aposento adornaban. Vio que era dorada

cama, y
y
los

tan ricamente

compuesta, que más parecía lecho de prínsillas

cipe que de algún particular caballero; contó las
escritorios, notó la parte

donde

la

puerta estaba, y aunque

vio pendientes de las paredes algunas tablas,

no pudo alcanera grande,

zar á ver las pinturas que contenían.

La ventana

guarnecida y guardada de una gruesa reja; la vista caía á un jardín, que también se cerraba con paredes altas; dificultades

que

se

opusieron á
lo

la

intención que de arrojarse á
la

la calle

tenia.

Todo

que vio v notó de

capacidad v ricos ador-

;

284

NOVELAS EJEMPLARES.
le

nos de aquella estancia,

dio á entender que

el

dueño

della

debia de ser

hombre

principal y rico, y no

como

quiera,
á la

sino aventajadamente.

En un
la

escritorio

que estaba junto
el

ventana vio un crucifijo pequeño todo de plata,

cual

tomó y
ni

se le

puso en

manga

de

la ropa,

no por devoción

por hurto, sino llevada de un discreto designio suyo;
esto, cerró la

hecho
al

ventana

como

antes estaba, y volvióse
el

lecho, esperando qué fin tendría

mal principio de su

suceso.

No

habria pasado, á su parecer, media hora, cuando sin-

tió abrir la

puerta del aposento, y que á

ella se llegó
le

una
los

persona, y sin hablarle palabra, con un pañuelo
ojos,
sintió

vendó

y tomándola del brazo,

la

sacó fuera de la estancia, y

que volvia
cual,

á cerrar la puerta. Esta persona era á sus

Ro-

dolfo, el

aunque habia ido á buscar

camara-

das, no quiso hallarlos, pareciéndole que no le estaba bien

hacerlos testigos de lo que con aquella doncella habia pasado
antes se resolvió en decirles que, arrepentido del

mal hecho
mitad del

y movido de sus lágrimas,
camino.

la

habia dejado en

la

Con

este acuerdo, volvió tan presto á

poner á Leohabia pedido,

cadia junto á la Iglesia

Mayor, como

ella se lo

antes que amaneciese, y el dia le estorbase de echarla, y le
forzase á tenerla en su aposento hasta la
el

noche venidera, en

cual espacio de tiempo, ni

él

queria volver á usar de sus

fuerzas, ni dar ocasión á ser conocido. Llevóla, pues, hasta
la

plaza que llaman de Ayuntamiento, y

allí,

en voz trocada
le

y en lengua medio portuguesa y castellana,

dijo

que

se-

guramente podia

irse á

su casa, porque de nadie seria se-

guida; y antes que ya
él se

ella tuviese

lugar de quitarse

el

pañuelo,
visto.

habia puesto en parte donde no pudiese ser

LA FUERZA DE LA SANGRE.

285

Quedó
donde
la

sola Leocadia, quitóse la venda, reconoció el lugar

dejaron, miró á todas partes, no vio á persona; pero
la siguiesen, á

sospechosa que desde lejos

cada paso se detelejos

nia, dándolos hacia su casa,

que no

muy

de

allí

estaba;

y por desmentir

las espías, si

acaso la seguían, se entró en
allí

una casa que halló abierta, y de

á poco se fué á la suya,

donde halló á
sin tener

sus padres atónitos

y

sin desnudarse,

y aun

pensamiento de tomar descanso alguno. Cuando

la vieron, corrieron á ella

con

los

brazos abiertos, y con lá-

grimas en
salto

los ojos la recibieron.

Leocadia, llena de sobre-

y alboroto, hizo

á sus padres
allí

que

se retirasen

con
les

ella

aparte,

como

lo

hicieron, y

en breves palabras
las

dio

cuenta de todo su desastrado suceso, con todas
tancias del, y de la

circuns-

ninguna noticia que

traia del salteador

y robador de su honra; díjoles lo que habia visto en el teatro donde se representó la tragedia de su desventura la ventana,
:

el jardín, la reja, los escritorios, la

cama,

los

damascos, y á

lo

último
se

les

mostró

el crucifijo

que habia

traído, ante

cuya

imagen
nes
,

renovaron

las

lágrimas, se hicieron deprecacio-

venganzas y desearon milagrosos castigos. Dijo asimismo que aunque ella no deseaba venir en conose pidieron
si

cimiento de su ofensor, que

á sus padres les parecía ser

bien conocerle, que por medio de aquella imagen podrían,

haciendo que
las

los sacristanes dijesen
la

en

los pulpitos

de todas
tal

parroquias de

ciudad, que

el

que hubiese perdido

imagen

la hallaría

en poder del religioso que
la

ellos señalasen;

de y que así, sabiendo el dueño aun la persona de su enemigo.

imagen,

se sabria la casa

y

A

esto replicó el padre

:

«Bien habías dicho, hija,

si

la

malicia ordinaria no se opusiera á tu discreto discurso, pues

286
está claro

NOVELAS EJEMPLARES.
que
el

esta

imagen hoy en

este dia se

ha de echar

menos en

aposento que dices, y

el

dueño
él

della

ha de

te-

ner por cierto que la persona que con

estuvo se

la llevó;

y de llegar á su noticia que la tiene algún religioso, antes ha de servir de conocer quién se la dio al tal que la tiene,

que no de declarar
hacer que venga por
las

el

dueño que

la

perdió; porque puede
el

ella otra, á

quien

dueño haya dado

señas; y siendo esto así, antes

quedaremos confusos que

informados, puesto que podamos usar del

mismo

artificio

que sospechamos, dándola

al religioso

por tercera persona.

Lo que
ella;

has de hacer, hija, es guardarla y encomendarte á
ella

que pues

fué testigo de tu desgracia, permitirá que
justicia;

haya juez que vuelva por tu

y advierte, hija, que

más lastima una onza de deshonra pública que una arroba
de infamia secreta; y pues puedes vivir honrada con Dios en público, no te pene de estar deshonrada contigo en secreto.

La verdadera deshonra
la

está en el pecado,
el

y

la

verdala

dera honra en

virtud; con

dicho, con

el

deseo y con

obra se ofende á Dios; y pues tú ni en dicho ni en pensamiento ni en hecho le has ofendido, tente por honrada,

que yo por

tal te

tendré, sin que jamas te mire sino
»

como

verdadero padre tuyo.

Con

estas

prudentes razones consoló

su padre á Leocadia; y abrazándola de

nuevo su madre, pro-

curó también consolarla. Ella gimió y lloró de nuevo, y se
redujo á cubrir
la

cabeza,

como

dicen, y á vivir recogida-

mente, debajo
nesto

del

amparo de

sus padres,

con vestido tan ho-

como

pobre.
la

Rodolfo en tanto, vuelto á su casa, echando menos

ima-

gen del
no

crucifijo,

imaginó quién podia haberla llevado; pero

se le dio

nada, y

como

rico,

no hizo cuenta

dello, ni sus

LA FUERZA DE LA SANGRE.
padres se
la

287
que
él se

pidieron

cuando de

allí

á tres dias,

partió á Italia, entregó por cuenta á

una camarera de su ma-

dre todo lo que en

el

aposento dejaba.

Muchos
á Italia,

dias habia

que tenia Rodolfo determinado de pasar

y su padre,

que habia estado en

ella, se lo

persuadia, diciéndole que no

eran caballeros los que solamente lo eran en su patria; que
era menester serlo también en las ajenas.

Por

estas

y otras

razones se dispuso la voluntad de Rodolfo de cumplir la de
su padre,
el

cual le dio crédito de

muchos
él,

dineros para Bar-

celona,

Genova,

Roma

y Ñapóles; y

con dos de sus ca-

maradas,

se partió

luego, goloso de lo que habia oido decir

á algunos soldados de la
lia

abundancia de

las hosterías

de Ita-

y Francia, y de

la

libertad

que en
:

los

alojamientos tenian
li

los españoles.

Sonábale bien aquel

Eco

¡moni polastn

,

pi-

cioni, presuto et sáldete,

con otros nombres deste jaez, de

quien

los

soldados se acuerdan cuando de aquellas partes

vienen á éstas, y pasan por la estrecheza é incomodidades de las ventas y mesones de España. Finalmente, él se fué

con tan poca memoria de
cedido,

lo

que con Leocadia

le

habia su-

como

si

nunca hubiera pasado.

Ella en este entretanto pasaba la vida en casa de sus padres con el recogimiento posible, sin dejar verse de persona

alguna, temerosa que su desgracia se
la frente.

la

hablan de leer en
hacer por

Pero á pocos meses vio
allí

serle forzoso
:

fuerza lo que hasta
vivir retirada

de grado hacia

vio

que

le

convenia

y escondida, porque se sintió preñada; suceso

por

el

cual las en algún tanto olvidadas lágrimas volvieron

á sus ojos, y los suspiros y lamentos

comenzaron de nuevo
buena
del

á herir los vientos, sin ser parte la discreción de su

madre

á consolarla.

Voló

el

tiempo, y llegóse

el

punto

288

NOVELAS EJEMPLARES.
que aun no
se osó fiar
la

parto, y con tanto secreto,
tera.

de

la

par-

Usurpando
los

este oficio la

madre, dio á

luz del

un niño de

hermosos que pudieran imaginarse.

mundo Con el
con
se

mismo
aldea,

recato y secreto

que habia nacido,
al

le

llevaron a una
los cuales,

donde

se crió

cuatro años,
le

cabo de

nombre de sobrino,
criaba,
si

trujo su abuelo a su casa,

donde

no

muy
(

rica, á lo

menos muy virtuosamente.

Era

el

niño

á quien pusieron

nombre Luis por llamar,

se así su abuelo)

de rostro hermoso, de condición mansa,
las

de ingenio agudo, y en todas

acciones que en aquella
ser

edad tierna podia hacer, daba señales de
padre engendrado; y de
tal

de algún noble

manera su

gracia, belleza

y

dis-

creción enamoraron á sus abuelos, que vinieron á tener por

dicha

la

desdicha de su hija, por haberles dado
iba por la calle Uovian sobre
él

tal nieto.

Cuando
ciones
le
:

millares de bendila

unos bendecían su hermosura, otros
el

madre que
que
siete

habia parido; éstos

padre que

le

engendró, aquellos á
de
los

quien tan bien criado
le

le criaba.

Con
el

este aplauso
la

conocian y no conocian, llegó

niño á

edad de

años, en la cual ya sabia leer latin y romance, y escribir

formada y

muy buena letra;
si

porque

la

intención de sus abuele

los era hacerle virtuoso

y sabio, ya que no
y
la virtud

podian hacer
las

rico;

como

la sabiduría

no fuesen

riquezas

sobre quien no tienen jurisdicion los ladrones ni la que lla-

man

fortuna.
el

Sucedió, pues, que un dia que

niño fué con un recaudo

de su abuela á una parienta suya, acertó á pasar por una
calle

donde habia carrera de caballeros

:

púsose á mirar, y

por mejorarse de puesto, pasó de una parte á otra á tiempo

que no pudo huir de

ser atropellado de

un

caballo, á

cuyo

LA FUERZA DE LA SANGRE.
dueño no fué posible detenerle en
pasó por encima del, y dejóle
suelo,
la furia

289
de su carrera
tendido en
:

como muerto,
la

el

derramando mucha sangre de
con no

cabeza. Apenas esto

hubo sucedido, cuando un
rando
llo

caballero anciano,

que estaba mide su caba-

la carrera,

vista ligereza se arrojó

y fué donde estaba
le

el

niño, y quitándole de los brazos

de uno que ya

tenia, le puso en los suyos, y sin tener

cuenta con sus canas ni con su autoridad, que era mucha,
á paso largo se fué á su casa,

ordenando á sus criados que
al

le

dejasen, y fuesen á buscar

un cirujano que
,

niño curase.

Muchos

caballeros le siguieron

lastimados de la desgracia
salió la

de tan hermoso niño , porque luego
pellado era Luisico,
el

voz que

el atro-

sobrino de

tal

caballero,

nombrando
cua-

á su abuelo. Esta voz corrió de boca en boca, hasta que llegó
á los oidos de sus abuelos
les, certificados

y de su encubierta madre,

los

bien del caso,

como

desatinados y locos sa-

lieron á buscar á su querido; y por ser tan conocido

y tan
los

principal

el

caballero que le habia llevado,
les

muchos de

que encontraron

dijeron su casa, á la cual llegaron á
el

tiempo que ya estaba

niño en poder del cirujano.

El caballero y su mujer, dueños de la casa, pidieron á los

que pensaron

ser sus padres

que no

llorasen

ni alzasen la

voz á quejarse, porque no

le seria al

niño de ningún prove-

cho. El cirujano, que era famoso, habiéndole curado con

grandísimo tiento y maestría,
herida

dijo

que no era tan mortal

la la

como

él al

principio habia temido.

En

la

mitad de

cura volvió Luis en su acuerdo, que hasta
sin él,

allí

habia estado

y alegróse en ver á sus
,

tios, los cuales le

pregunta-

ron, llorando

que cómo
el

se sentia.

Respondió que bueno, sino
la

que

le dolia
"j

mucho

cuerpo y

cabeza.

Mandó

el

médi-

290

NOVELAS EJEMPLARES.
él,

co que no hablasen con
zose así, y su abuelo

sino que le dejasen reposar

;

hí-

comenzó

á agradecer al señor de la

casa la gran caridad que con su sobrino habia usado.

A

lo

cual respondió

el

caballero

que no tenia que agradecerle,
al

porque

le

hacia saber que cuando vio

niño caido y atrorostro de
le

pellado, le pareció que habia visto

el

un

hijo
á

suyo, á quien

él

queria tiernamente, y que esto

movió

tomarle en sus brazos y traerle á su casa, donde estaria todo
el

tiempo que

la

cura durase, con

el

regalo que fuese posidijo lo

ble

y necesario. Su mujer, que era una noble señora,

mismo, y hizo aún más encarecidas promesas. Admirados quedaron de tanta cristiandad
pero
las la

los

abuelos;

madre quedó más admirada, porque habiendo con
miró atentamente
aposento donde su hijo estaseñales conoció

nuevas del cirujano sosegádose algún tanto su alborotado
el

espíritu,

ba, y claramente por

muchas

que aquella

era la estancia do se habia dado fin á su honra y princi-

pio á su desventura; y aunque no estaba adornada de los

damascos que entonces tenia, conoció
vio la ventana de la reja

la disposición della,

que caia

al

jardín, y por estar cersi

rada, á causa del herido, preguntó

aquella ventana ressí;

pondía á algún jardín, y fuéle respondido que

pero

lo

que más conoció fué que aquella era
tenia por

la

misma cama que
el

tumba de

su sepultura; y más, que

propio escritraído, se

torio, sobre el cual estaba la

imagen que habia

estaba en el

mismo
la

lugar. Finalmente, sacaron á luz la verlos

dad de todas sus sospechas
contado cuando

escalones, que ella habia

sacaron del aposento, tapados los ojos;
allí

digo, los escalones que había desde

á la calle,

que con

advertencia discreta contó; y cuando volvió á su casa, de-

LA FUERZA DE LA SANGRE.
jando á su hijo,
ro;
los volvió á

29
el

1

contar y halló cabal

númedio por

y confiriendo unas señales con otras, de todo punto
por verdadera su imaginación
,

certificó

de

la cual

extenso cuenta á su madre, que
si el

como

discreta, se

informó
tenia

caballero

donde su nieto estaba, habia tenido ó
el

algún hijo, y halló que

que llamamos Rodolfo
el

lo era,

y

que estaba en Italia; y tanteando

tiempo que

le dijeron

que habia faltado de España
años que
el

,

vio que eran los

mismos

siete

nieto tenia.

Dio

aviso de todo esto á su marido, y entre los dos y su

hija acordaron

de esperar lo que Dios hacia del herido

,

el

cual dentro de quince dias estuvo fuera de peligro, y á los
treinta se levantó, en todo el cual

tiempo fué visitado de
la

la

madre y de

la

abuela, y regalado de los dueños de

casa

como

si

fuera su

mismo

hijo; y algunas veces,
así se

hablando con
la

Leocadia doña Estefanía, que
caballero, le decia

llamaba

mujer

del

que aquel niño
Italia,

se parecia tanto á
le

un hijo

suyo que estaba en

que ninguna vez

miraba, que

no

le

pareciese ver á su hijo delante.

De

estas razones

tomó
las

ocasión de decirle una vez que se halló sola con ella,

que con acuerdo de sus padres habia determinado de decirle,

que fueron
('El dia,

éstas

ú otras semejantes.

señora, que mis padres oyeron decir que su so-

brino estaba tan mal parado, creyeron y pensaron que se les habia cerrado el cielo v caido todo el mundo á cuestas
:

imaginaron que ya

les faltaba la

lumbre de

sus ojos y el bá-

culo de su vejez, faltándoles este sobrino, á quien ellos quieren

con amor de
al

tal

manera, que con muchas ventajas
á sus propios hijos;
la llaga

excede

que suelen tener otros padres
decirse suele

mas como

que cuando Dios da

da

la

me-

292

NOVELAS EJEMPLARES.

dicina, la halló el niño en esta casa, y yo en ella el acuerdo

de unas memorias

,

que no

las

podré olvidar mientras

la

vida
lo

me

durare.

Yo, señora, soy noble, porque mis padres han sustentado su honra

son, y lo han sido todos mis antepasados, que con una
dianía de los bienes de fortuna

mefe-

lizmente donde quiera que han vivido...»

Admirada y suspensa
las

estaba doña Estefanía, escuchando

razones de Leocadia, y no podia creer, aunque lo veia,

que tanta discreción pudiese encerrarse en tan pocos años,
puesto que, á su parecer,
la

juzgaba por de veinte, poco más
las

ó menos; y sin decirle ni replicarle palabra, esperó todas

que quiso

decirle,

que fueron aquellas que bastaron para
el

contarle la travesura de su hijo, la deshonra suya,
el traerla

robo,

á aquel aposento, las señales en

que habia conopara cuya confir-

cido ser aquel

mismo que sospechaba;
pecho
:

mación sacó

del

la
a

imagen

del crucifijo

que habia
de

llevado, á quien dijo
la

Tú, Señor, que

fuiste testigo

fuerza que se

me

hizo, sé juez de la enmienda que se
te llevé,

me

debe hacer

:

de encima de aquel escritorio

con

propósito de acordarte siempre

mi

agravio, no para pedirte

venganza del, que no
dieses algún consuelo

la

pretendo, sino para rogarte
llevar

me
des-

con que

en paciencia

mi
el

gracia.
))Este niño, señora,

con quien habéis mostrado
es vuestro

extre-

mo

de vuestra caridad,
el

verdadero nieto. Permi-

sión fué del cielo

haberlo atropellado, para que, trayéndole

á vuestra casa, hallase
hallar,
si

yo en

ella,

como

espero que he de

no

el

remedio que mejor convenga con mi desel

ventura, á lo

menos

medio con que pueda
el

sobrellevarla.»

Diciendo esto, abrazada con

crucifijo,

cayó desmayada

LA FUERZA DE LA SANGRE.
en
los

29^

brazos de Estefanía,
la

la

cual, en ñn,

como mujer

y

noble, en quien
natural

compasión y misericordia suele
el

ser tan

como

la

crueldad en

hombre, apenas

vio el desel

mayo de Leocadia, cuando
derramando sobre
esparcirle otra
él

juntó su rostro con

suyo,

tantas lágrimas,

que no fué menester

agua encima para que Leocadia en
dos desta manera, acertó á entrar
traia á Luisico
el

volviese.

Estando
ro,

las

el

caballe-

marido de Estefanía, que
el

de

la

mano, y

viendo

llanto

de Estefanía y
le

desmayo de Leocadia,
do procedia.

preguntó á gran priesa

dijesen la causa de

El niño abrazaba á su madre por su prima, y á su abuela

por su bienhechora, y asimismo preguntaba por qué lloraban. «Grandes cosas, señor, hay que deciros, respondió Estefanía á su marido,

cuyo remate

se acabará

con deciros que

hagáis cuenta que esta desmayada es hija vuestra, y este niño

vuestro nieto. Esta verdad que os digo
niña, y
la

me

ha dicho

esta

en

el


plicó
llanto

ha confirmado y confirma el rostro deste niño, cual entrambos habemos visto el de nuestro hijo.

Si
el

más no

os declaráis, señora,

yo no os entiendo», re-

sí Leocadia, y abrazada del crucifijo, parecia estar convertida en un mar de
;

caballero.

En

esto volvió en

todo lo cual tenia puesto en gran confusión

al

ca-

ballero, de la cual salió, contándole su

mujer todo aquello
creyó por divina
tes-

que Leocadia

le

habia contado, y

él lo

permisión del cielo,

como

si

con muchos y verdaderos

tigos se lo hubieran probado.

Consoló y abrazó á Leocadia, besó

á su

nieto, y aquel
,

mismo
to

dia despacharon un correo á Ñapóles

avisando á su

hijo se viniese luego,

porque

le

tenian concertado casamiental

con una mujer hermosa sobremanera, y

cual para

él

294
convenia.
sen

NOVELAS EJEMPLARES.

No

consintieron que Leocadia ni su hijo volvie-

más

á la casa de sus padres, los cuales, contentísimos del
hija,

buen suceso de su
ello.

daban

infinitas gracias á

Dios por

Llegó

el

correo á Ñapóles, y Rodolfo, con la golosina

de gozar tan hermosa mujer

como

su padre le significaba,
,

de

allí

á dos dias que recibió la carta

ofreciéndosele ocasión

de cuatro galeras que estaban á punto de venir á España,
se

embarcó en

ellas

con sus dos camaradas, que aun no

le

hablan dejado, y con próspero suceso, en doce dias llegó á
Barcelona, y de
allí

por

la

posta en otros siete se puso en

Toledo, y entró en casa de su padre, tan galán y tan bizarro, que los extremos de la gala y de la bizarría estaban en
él

todos juntos. Alegráronse sus padres con la salud y bienhijo.

venida de su

Suspendióse Leocadia, que de parte essalir

condida

le

miraba, por no
le

de

la traza

y orden que

doña Estefanía

habia dado. Los camaradas de Rodolfo

quisieran irse á sus casas luego, pero no lo consintió Estefanía, por haberlos menester para su designio.

Estaba cerca

la

noche cuando Rodolfo
la

llegó,

y en tanto

que

se

aderezaba

cena, Estefanía llamó aparte los

camadebian

radas de su hijo, creyendo sin

duda alguna que

ellos

de ser los dos de

los tres

que Leocadia habia dicho que

iban con Rodolfo la noche que la robaron, y con grandes

ruegos

les

pidió le dijesen

si

se

acordaban que su hijo ha-

bia robado á
el

una mujer

tal

noche, tantos años habia; porque
el

saber la verdad desto importaba la honra y

sosiego de

todos sus parientes; y con tales y tantos encarecimientos se
lo

supo rogar, y de
robo no
les

tal

manera

les

asegurar que de descubrir
ellos

este

podia suceder daño alguno, que

tu-

vieron por bien de confesar ser verdad que una noche de

LA FUERZA DE LA SANGRE.

29;^

verano, yendo ellos dos y otro amigo con Rodolfo, robaron

en

la

misma que

ella señalaba, á

una muchacha, y que Rola

dolfo se habia venido con ella mientras ellos detenían á la

gente de su familia, que con voces

que otro dia
su casa
;

les

querian defender, y habia dicho Rodolfo que la habia llevado á
les

y sólo esto era lo que podian responder á lo que

preguntaban.

La

confesión destos dos fué echar la llave á todas
tal

las

du-

das que en
llevar al
tes

caso se podian ofrecer; y así determinó de
éste.

cabo su buen pensamiento, que fué
se sentasen á cenar, se entró

Poco an-

que

en un aposento á solas
retrato en las

su

madre con Rodolfo, y poniéndole un nos, le dijo: ^Yo quiero, Rodolfo hijo,
que
que

ma-

darte

una gustosa

cena con mostrarte á tu esposa; éste
to, pero quierote advertir
lo

es su

verdadero retra-

le falta

de belleza

le

sobra de virtud

:

es

noble y discreta y medianamente rica,
la

y pues tu padre y yo te es la que te conviene.»

hemos escogido, aseguróte que
retrato, y dijo
ser pródigos
lo

Atentamente miró Rodolfo
pintores,

el

:

«Si los
la

que ordinariamente suelen
los rostros

de

her-

mosura con
con
éste, sin

que retratan,
el

han sido también
y bueno que

duda creo que

original debe de serla mises

ma fealdad;
los hijos

á la fe, señora y

madre mia, justo

obedezcan á sus padres en cuanto
es

les

mandaren,

pero también
sus hijos
el

conveniente y mejor que

los

padres den á
el

estado de que

más gustaren; y pues
le

del

ma-

trimonio

es

nudo que no

desata sino la muerte, bien será

que
dos.

sus lazos sean iguales y de unos

mismos

hilos fabrica-

La

virtud, la nobleza, la discreción y los bienes de la
el

fortuna bien pueden alegrar

entendimiento de aquel á

296
quien
le

NOVELAS EJEMPLARES.
cupieron en suerte con su esposa; pero que
los
la feal-

dad della alegre

ojos del esposo,

paréceme imposible.

Mozo
el

soy, pero bien se

me

entiende que se compadece con
el

sacramento del matrimonio

justo y debido deleite que

los

casados gozan, y que si él falta, cojea el matrimonio y desdice de su segunda intención. Pues pensar que un rostro

feo,

que

se

ha de tener
en
la

á todas horas delante de los ojos,
la

en

la sala,

mesa y en

cama, pueda

deleitar, otra

vez digo que lo tengo por casi imposible. Por vida de vuesa

merced, madre mia, que

me

dé compañera que

me

entre-

tenga y no enfade; porque, sin torcer á una ó á otra parte,

igualmente y por camino derecho llevemos ambos á dos el yugo donde el cielo nos pusiere. Si esta señora es noble,
discreta y rica,

como

vuesa merced dice, no

le faltará es:

poso que sea de diferente

humor que

el

mió

unos hay

que buscan nobleza, otros discreción, otros dineros, y otros hermosura, y yo soy destos últimos; porque nobleza, gracias al cielo

y á mis pasados y á mis padres,

ellos

me

la

dejaron por herencia; discreción,

como una mujer no

sea

necia, tonta ó boba, bástale que ni por aguda despunte ni

por boba no aproveche; de
padres
la

las

riquezas, también las de mis
ser

me
de

hacen no

estar

temeroso de venir á

pobre

:

hermosura busco,
la
la

la belleza

quiero, no con otra dote que
si

con
trae

honestidad y buenas costumbres; que

esto

mi

esposa, yo serviré á Dios con gusto y daré buena
)i

vejez á mis padres.

Contentísima quedó su madre de
fo,

las

razones de Rodol-

por haber conocido por
:

ellas

que iba saliendo bien con

su designio

respondióle que ella procuraria casarle confor-

me

su deseo; que no tuviese pena alguna; que era fácil des-

»

LA FUERZA DE LA SANGRE.
hacerse los conciertos que de casarle con
estaban hechos.
la

297
aquella señora

Agradecióselo Rodolfo, y por ser llegada hora de cenar, se fueron a la mesa; y habiéndose ya senella el

tado á

padre y

la

madre, Rodolfo y
al

sus dos

camara-

«¡Pecadora de mí, y qué bien que trato á mi huéspeda! Andad vos, dijo á un
das, dijo doíia Estefanía

descuido

:

criado, decid á

la

señora doña Leocadia que sin entrar en
honestidad, nos venga á honrar esta

cuentas con su

mucha
que

mesa, que
servidores.

los

á ella están todos son

mis hijos y sus

Todo

esto era traza suya, y de todo lo

que habia de hasalir

cer estaba avisada y advertida Leocadia.

Poco tardó en

Leocadia, y dar de

la

improvisa y más hermosa muestra

que pudo dar jamas compuesta y natural hermosura. Venia
vestida, por ser invierno, de

una saya entera de terciopelo

negro, llovida de botones de oro y perlas, cintura y collar de diamantes; sus mismos cabellos, que eran luengos y no

demasiadamente rubios,

le

servian de adorno y tocas, cuya

invención de lazos y rizos, y vislumbres de diamantes que

con

ellos se entretejian,

turbaban

la

luz de los ojos que los
traia

miraban. Era Leocadia de gentil disposición y brío;

de

la

mano

á su hijo, y delante della venian dos doncellas,

alumbrándola con dos velas de cera en dos candeleros de
plata.

Levantáronse todos á hacerla reverencia,
allí

como
se

si

fue-

ra

alguna cosa del cielo que

milagrosamente

habia

aparecido.

Ninguno de

los

que

allí

estaban embebecidos mi-

rándola, parece que, de atónitos, no acertaron á decirle palabra.

Leocadia con airosa gracia y discreta crianza se humilló

á todos, y
sí,

tomándola de

la

mano

Estefanía, la sentó junto á

frontero de Rodolfo. Al niño sentaron junto á su abuelo.

298

NOVELAS EJEMPLARES.
la

Rodolfo, que desde más cerca miraba
belleza de Leocadia, decia entre

:

incomparable

«Si la mitad desta hertiene escogida por esdel

mosura tuviera

la

que mi madre
el

me

posa, tuviérame yo por
¡

más dichoso hombre
que veo!
¿es

mundo.
iba

Válame Dios! ¡qué

es esto

por ventura algún
en esto se
le

ángel

humano

el

que estoy mirando?»

Y

entrando por

los ojos, á

tomar posesión de su alma,
la cual,

la

her-

mosa imagen de Leocadia,
que á
raba,

en tanto que
sí al

la

cena

venia, viendo también tan cerca de
la luz

que ya queria más
le

de

los ojos

con que alguna vez á hurto
imaginación
lo

mi-

comenzó

á revolver en su

que con

Rodolfo habia pasado. Comenzaron á enflaquecerse en su

alma

las
,

esperanzas que de ser su esposo su

madre

le

ha-

bia dado

temiendo que á
las

la

cortedad de su ventura hablan

de corresponder

promesas de su madre. Consideraba cuan

cerca estaba de ser dichosa ó sin dicha para siempre; y fué
la

consideración tan intensa y los pensamientos tan revuel-

tos,

que

le

apretaron

el

corazón de manera, que comenzó

á sudar y á perderse de color en

un punto, sobreviniéndole
la

un desmayo, que

le

forzó á reclinar

cabeza en

los

brazos
la

de doña Estefanía, que

como

así la vio,

con turbación

recibió en ellos. Sobresaltáronse todos, y dejando la mesa,

acudieron á remediarla; pero
sentirlo fué

el

que dio más muestra de
ella,

Rodolfo, pues por llegar presto á

tropezó

y cayó dos veces.
el

Ni por
sí;

desabrocharla ni echarla agua en
el

rostro volvía en
se
le

antes

levantado pecho y

el

pulso,

que no

hallaban, iban dando precisas señales de su

muerte, y

las criadas

y criados de casa,

como menos conLeo-

siderados, dieron voces y la publicaron por muerta. Estas

amargas nuevas llegaron

á los oidos de los padres de

LA FUERZA DE LA SANGRE.
cadia, que para

299
doña Estefa-

más gustosa ocasión
con
el

los tenia
la

nía escondidos; los cuales,

cura de
el

parroquia, que

asimismo con

ellos estaba,

rompiendo

orden de Estefa-

nía, salieron á la sala.

Llegó

el

cura presto, por ver

si

por algunas señales daba

indicios de arrepentirse de sus pecados, para absolverla dellos;

y donde pensó hallar un desmayado, halló dos, porque ya
taba Rodolfo puesto
el

es-

rostro sobre el

pecho de Leocadia.

Dióle su madre lugar que á

ella llegase,

como
le

á cosa

que

habia de ser suya; pero cuando vio que también estaba sin
sentido, estuvo á pique de perder
el
sí,

suyo, y

perdiera,

si

no viera que Rodolfo tornaba en
de que
le

como

volvió, corrido

hubiesen visto hacer tan extremados extremos;

pero su madre, casi
le dijo
:

como
los

adivina de lo que su hijo sentia,

«No

te corras, hijo,

de

los

extremos que has he-

cho, sino córrete de

que no

hicieres

cuando sepas

lo

que no quiero tenerte más encubierto, puesto que pensaba
dejarlo hasta

más

alegre coyuntura.

Has de
los

saber, hijo de

mi alma, que

esta

desmayada que en

brazos tengo, es

tu verdadera esposa; llamo verdadera, porque yo y tu padre
te la

teniamos escogida; que
esto

la del retrato es falsa.»

Cuando

oyó Rodolfo, llevado de su amoroso y en-

cendido deseo, y quitándole el nombre de esposo todos los estorbos que la honestidad y decencia del lugar le podian
poner,
se

abalanzó
estaba

al

rostro de Leocadia, y

juntando su boca
alma,

con

la della,

como esperando que
la

se le saliese el
las las

para darle acogida en

suya.

Pero cuando más
el

lágrimas
voces se

de todos por
,

la

lástima crecian, y por
los cabellos

dolor

aumentaban y

y barbas de

la

madre y padre de
los

Leocadia, arrancados, venian á menos, y

gritos de su

300

NOVELAS EJEMPLARES.

hijo penetraban los cielos, volvió en

Leocadia, y con su

vuelta volvió la alegría y el contento
los circunstantes se

,

que de

los

pechos de

habia ausentado.

Hallóse Leocadia entre los brazos de Rodolfo , y quisiera con honesta fuerza desasirse dellos; pero él le dijo «No,
:

señora, no ha de ser

así;

no

es bien

que pugnéis por apar»

taros de los brazos de aquel

que

os tiene en el alma.

A esta
su

razón acabó de todo en todo de cobrar Leocadia sus sentidos, y acabó

doña Estefanía de no
al

llevar

más adelante

determinación primera; diciendo
sase á su hijo

cura que luego despoasí;

con Leocadia. El

lo

hizo

que por haber
la

sucedido este caso en tiempo cuando, con sola

voluntad

de

los contrayentes, sin las diligencias

y prevenciones justas
el

y santas que ahora se usan, quedaba hecho

matrimonio,
el

no hubo

dificultad

que impidiese

el

desposorio;

cual he-

cho, déjese á otra pluma y á otro ingenio más delicado que
el

mió

el

contar la alegría universal de todos los que en

él

se hallaron; los abrazos

que

los

padres de Leocadia dieron
al

á Rodolfo, las gracias

que dieron

cielo

y á sus padres,
los
la

los

ofrecimientos de

las partes, la

admiración de

camaradas

de Rodolfo, que tan impensadamente vieron,

misma no-

che de su llegada, tan hermoso desposorio, y más cuando
supieron
,

por contarlo delante de todos doña Estefanía, que
la

Leocadia era

doncella que en su compañía su hijo habia

robado, de que no menos suspenso quedó Rodolfo; y por
certificarse dijese

más de aquella verdad, preguntó

á Leocadia le

alguna señal por donde viniese en conocimiento enlo

tero de

que no dudaba, por parecerle que sus padres
bien averiguado.
:

lo tendrian

Ella

le

respondió

«Cuando vo recordé y

volví en

mí de

LA FUERZA DE LA SANGRE.
Otro

30

I

desmayo,

me
lo

hallé, señor,

en vuestros brazos sin
al

honra; pero yo
del

doy por bien empleado, pues

volver
bra-

que ahora he tenido, asimismo

me
si

hallé

en

los

zos del de entonces, pero honrada; y
baste la de

esta señal

no basta,

una imagen de un
si

crucifijo
la

,

que nadie
le

os la

pudo

hurtar sino yo,

es

que por
tiene

mañana

echastes

menos,

y

si

es el

mismo que
lo sois

mi

señora...
seréis los

— Vos
Vino
la

de mi alma, y lo

años que Dios

ordenare, bien mió»; y abrazándola de nuevo, de nuevo
volvieron
las

bendiciones y los parabienes que

les dieron.

cena, y vinieron músicos que para esto estaban

prevenidos. Vióse Rodolfo á

mismo en

el

espejo del ros-

tro de su hijo; lloraron sus cuatro abuelos

de gusto; no que-

dó rincón en toda
del

la casa la

que no fuese

visitado del júbilo,

contento y de

general alegría; y aunque la noche
,

volaba con sus ligeras y negras alas

le

parecía á Rodolfo

que iba y caminaba, no con
grande era
el

alas, sino

con muletas

:

tan

deseo de verse á solas con su querida esposa.
la

Llegóse, en fin,

hora deseada, porque no hay

fin

que

no

le

tenga. Fuéronse á acostar todos;
,

quedó toda

la casa

sepultada en silencio

en

el

cual no quedará la verdad deste
la ilustre
,

cuento, pues no lo consentirán los muchos hijos y descendencia que en Toledo dejaron
dos venturosos desposados, que
,

y agora viven
felices

estos

muchos y
de la

años go-

zaron de
todo por

mismos, de
cielo y por
el

sus hijos y de sus nietos, permitido

el

La Fuerza

Sangre, que vio

derramada en
lo

suelo

el

valeroso, ilustre y cristiano abue-

de Luisicü.
FIN

DE LA FUERZA DE LA SANGRE.

EL CELOSO EXTREMEÑO.

No
salió

há muchos años que de un lugar de Extremadura
el cual,

un hidalgo, nacido de padres nobles,

como un
al fin

otro pródigo, por diversas partes de España, Italia y Flán-

des anduvo gastando,

así los

años

como

la

hacienda; y

de muchas peregrinaciones (muertos ya sus padres y gastado su patrimonio), vino á parar á la gran ciudad de Sevilla,

donde halló ocasión
lo
,

muy

bastante

para acabar de

consumir

poco que

le

quedaba. Viéndose pues tan falto
,

de dineros

y aun no con muchos amigos

se

acogió

al

rese

medio

á

que otros muchos perdidos en aquella ciudad
es el pasarse á las Indias, refugio

acogen, que

y amparo de

los desesperados

de España, iglesia de

los

alzados, salvolos

conducto de

los

homicidas, pala y cubierta de

jugadores

(á quien llaman ciertos los peritos en el arte),

añagaza ge-

neral de

mujeres libres, engaño

común
llegado

de muchos y reel

medio

particular de pocos.

En

fin,

tiempo en que
el

una flota se

partia para Tierra- Firme,

acomodándose con

almirante della, aderezó su matalotaje y su mortaja de esparto, y

embarcándose en Cádiz, echando
la flota, v

la

bendición á Eslas velas al

paña, zarpó

con general alegría dieron

304

NOVELAS EJEMPLARES.
soplaba;
les
el

viento, que blando y próspero

cual en pocas

horas

les

encubrió
llanuras

la tierra,

y

descubrió
las

espaciosas

del

gran padre de

anchas y aguas, el mar
las

Océano.
Iba nuestro pasajero pensativo, revolviendo en su
ria los

memo-

muchos y

diversos peligros
,

que en

los

años de su

peregrinación habia pasado
el

y

el

mal gobierno que en todo

discurso de su vida habia tenido; y sacaba de la cuenta

que á

mismo

se iba

tomando, una firme resolución de

mudar manera de

vida, y de tener otro estilo en guardar la

hacienda que Dios fuese servido de darle, y de proceder

con más recato que hasta
taba

allí

con

las

mujeres.

La

flota es-

como en calma cuando

pasaba consigo esta tormenta
el

Felipe de Carrizales, que éste es

nombre

del

que ha dado

materia á nuestra novela. Tornó a soplar

el

viento, impe-

liendo con tanta fuerza los navios, que no dejó a nadie en
sus

asientos

;

y

así

le

fué forzoso á Carrizales dejar sus
los

imaginaciones, y dejarse llevar de solos

cuidados que

el

viaje le ofrecía, el cual fué tan próspero,

que

sin

recebir

algún revés ni contraste, llegaron

al

puerto de Cartagena.

Y

por concluir con todo

lo

que no hace á nuestro propósilas

to, digo

que

la

edad que tenia Felipe, cuando pasó á

Indias, seria de cuarenta y
ellas

ocho años, y en veinte que en

estuvo, ayudado de su industria y diligencia, alcanzó

a tener

más de

ciento y cincuenta mil pesos ensayados.

Viéndose pues rico y próspero, tocado del natural deseo que todos tienen de volver á su patria, pospuestos grandes
intereses

que

se le ofrecían,

dejando

el

Perú, donde habia

granjeado tanta hacienda, trayéndola toda en barras de oro
y plata, y registrada, por quitar inconvenientes, se volvió

EL CELOSO
á

EXTREMEÑO.

•^OC

España

:

desembarcó en Sanlúcar; llegó

á Sevilla tan lleno

de años

como

de riquezas; sacó sus partidas sin zozobras;

buscó sus amigos, hallólos todos muertos; quiso partirse á
su tierra,

aunque ya habia tenido nuevas que ningún pasi

riente le habia dejado la muerte; y

cuando iba

á

Indias

pobre y menesteroso

le

iban combatiendo

muchos pensalas le

mientos, sin dejarle sosegar un punto en mitad de
del

ondas

mar, no menos ahora en

el

sosiego de la tierra
si

com-

batían,

aunque por diferente causa; que
que no

entonces no
rico;

dormia por pobre, ahora no podia sosegar de
pesada carga es
la

que tan
ni
la

riqueza

al

está

usado á tenerla
al

saber usar della,
tiene.

como

lo es la
el

pobreza

que contino
la

Cuidados acarrea
los

oro, y cuidados

falta

del;

pero

unos

se

remedian con alcanzar alguna mediana

cantidad, y los otros se
alcanza.

aumentan mientras más parte

se

Contemplaba Carrizales en
beral, sino en lo

sus barras,

no por miserable,
á ser li-

porque en algunos años que fué soldado aprendió

que habia de hacer

dellas, á causa

que

te-

nerlas en ser era cosa infructuosa, y tenerlas en casa,

cebo

para los codiciosos y despertador para los ladrones. Habíase

muerto en

él la

gana de volver

al

inquieto trato de
á los años

las

mer-

cancías, y parecíale que,

conforme
la vida,

que

tenia, le

sobraban dineros para pasar
tierra,
los

y quisiera

pasarla en su
ella

y dar en

ella su

hacienda á tributo, pasando en

años de su vejez en quietud y sosiego, dando á Dios lo
al

que podia, pues habia dado

mundo más
la

de lo que debia.

Por
era

otra parte, consideraba

que

estrecheza de su patria
el

mucha, y

la

gente

muy

pobre, y que
las

irse á vivir á

ella era

ponerse por blanco de todas

importunidades que

^OÓ
los

NOVELAS EJEMPLARES.
pobres suelen dar
al

rico
el

que tienen por vecino, y más

cuando no hay otro en
serias.

lugar á quien acudir con sus mi-

Quisiera tener á quién dejar sus bienes después de sus
este deseo

dias

,

y con

tomaba
la

el

recíale que aun podia llevar

pulso a su fortaleza y pacarga del matrimonio; y en
,

viniéndole este pensamiento,

le

sobresaltaba un tan gran

miedo, que

así se le

desbarataba y deshacía,

como hace
el

á la

niebla el viento,

porque de su natural condición era

más

celoso

hombre

del

mundo, aun

sin estar casado,

pues con

sólo la imaginación de serlo, le
celos, á fatigar las sospechas

comenzaban

á ofender los

y á sobresaltar

las

imaginacio-

nes, y esto con tanta eficacia y vehemencia, que de todo en

todo propuso de no casarse.

Y

estando resuelto en esto, y no lo estando en lo que ha-

bia de hacer de su vida, quiso su suerte que pasando

un

dia

por una

calle, alzase los ojos
,

y viese á una ventana puesta

una doncella

al

parecer de edad de trece á catorce años , de

tan agradable rostro y de tanta hermosura,

que

sin ser

po-

deroso para defenderse,
flaqueza de sus
así

el

buen

viejo

Carrizales rindió la

muchos años
la

á los pocos de Leonora, que

era

el

nombre de

detenerse,

comenzó
lo

á

hermosa doncella; y luego, sin más hacer un gran montón de discursos,

y hablando consigo mismo, decia: «Esta

muchacha

es

her-

mosa, y á
de ser rica;
sospechas.

que muestra
niña
:

la

presencia desta casa, no debe

ella es

sus pocos años
ella;

pueden asegurar mis

Casarme he con

encerraréla, haréla á mis

mañas, y con esto no tendrá otra condición que aquella que yo le enseñare; y no soy tan viejo, que pueda perder la esperanza de tener hijos que

me

hereden.

De
el

que tenga dote

ó no, no hay para qué hacer caso, pues

cielo

me

dio para

F,L

CELOSO F.XTKKMKÑO.

-¡^OJ

todos, y los ricos no han de buscar en sus matrimonios ha-

cienda, sino gusto; que

el

gusto alarga

la

vida, y los dis-

gustos entre los casados la acortan. Alto, pues; echada está
ta suerte,

y ésta

es la

que

el cielo

quiere que yo tenga.»
al

Y

así,

hecho

este soliloquio,

no una vez, sino ciento,
los

cabo de algunos dias habló con

padres de Leonora, y

supo cómo, aunque pobres, eran nobles, y dándoles cuenta
de su intención y de
les

la

calidad de su persona y hacienda,
le

rogó

muy

encarecidamente

diesen por mujer á su hija.
lo

Ellos le pidieron

tiempo para informarse de
le

que

él

también
le

tendría para enterarse ser

que decia, y verdad lo que

de su nobleza
las partes,

habian dicho. Despidiéronse, informáronse
así

y hallaron ser

lo

que entrambos dijeron; y
ducados
tal

finalmente,

Leonora quedó por esposa de Carrizales, ha:

biéndola dotado primero en veinte mil
taba de abrasado
dio
el

es-

el

pecho

del celoso viejo, el cual, apenas
le

de esposo, cuando de golpe

embistió un tropel

de rabiosos celos, y comenzó, sin causa alguna, á temblar y á tener mayores cuidados que jamas habia tenido. Y la pri-

mera muestra que dio de
rer

su condición celosa, fué no quela

que

sastre

alguno tomase

medida

á su esposa de los

que pensaba hacerle; y así, anduvo mirando cuál otra mujer tendría, poco más ó menos, el talle y
vestidos

muchos

cuerpo de Leonora, y halló una pobre, á cuya medida hizo
hacer una ropa, y probándosela á su esposa, halló que le venia bien, y por aquella medida hizo los demás vestidos, que
fueron tantos y tan ricos, que los padres de
tuvieron por
la

desposada se
tan

más que dichosos en haber acertado con
hija.

buen yerno para remedio suyo y de su

La niña
las

estaba
ella

asombrada de ver

tantas galas, á causa

que

que

en

^o8

NOVELAS EJEMPLARES.

SU vida se habia puesto no pasaban de una saya de raja y

una

ropilla

de tafetán.
señal

La segunda

que dio Felipe, fué no querer juntarse
la

con su esposa hasta tenerla puesta casa aparte,
rezó en esta forma
:

cual ade,

compró una en doce mil ducados
la

en

un barrio principal de
jardin

con muchos
la calle,

ciudad, que tenia agua de pié y naranjos; cerró todas las ventanas que
al cielo,

miraban á
de todas
Sevilla

y dióles vista
el

y lo mismo hizo

las otras

de casa; en

portal de la calle,

que en

llaman casapuerta, hizo una caballeriza para una

muía, y encima della un pajar y apartamiento, donde estuviese el que habia de curar della, que fué un negro viejo y
eunuco. Levantó
las

paredes de
la casa

las

azoteas de

tal

manera,
por
lí-

que

el

que entraba en
sin

habia de mirar

al cielo

nea recta,
la

que pudiese ver otra cosa; hizo torno, que de
al

casapuerta respondía
la casa,

patio;

compró un

rico

menaje

para adornar

de

modo que

por tapicerías, estrados
asi-

y doseles ricos, mostraba ser de un gran señor; compró

mismo

cuatro esclavas blancas, y herrólas en

el

rostro, y

otras dos negras bozales; concertóse
le trújese

con un despensero que

y comprase de comer, con condición que no durella, sino hasta el torno,

miese en casa ni entrase en

por

el

cual habia de dar lo que trújese.

Hecho

esto, dio parte de

su hacienda á censo, situada en diversas y buenas partes;
otra puso en el
se le ofreciese;

Banco, y quedóse con alguna para lo que hizo asimismo llave maestra para toda la que suele comprarse en junto
el

casa, y encerró en ella todo lo

y en sus sazones para
dolo todo
así

la

provisión de todo

año; y tenién-

aderezado y compuesto, se fué á casa de sus

suegros, y pidió á su mujer, que se la entregaron, no con

EL CELOSO
pocas lágrimas
pultura.
,

EXTREMEÑO.
pareció que
la

309
llevaban á la se-

porque

les

La

tierna
así,

Leonora aun no sabia
llorando con sus padres,

lo
les

que

la

habia aconte-

cido; y

pidió su bendición,

y despidiéndose dellos, rodeada de sus esclavas y criadas,
asida de la

mano

de su marido, se vino á su casa, y entrando

en
la

ella, les

hizo Carrizales un sermón á todas, encargándoles

guarda de Leonora, y que por ninguna via ni en ningún modo dejasen entrar á nadie de la segunda puerta adentro,

aunque fuese

el

negro eunuco; y á quien más encargó

la

guarda y regalo de Leonora, fué á una dueña de

mucha

prudencia y gravedad, que recibió como para aya de Leonora y para que fuese superintendente de todo lo que en
y para que mandase á las esclavas y á otras dos doncellas de la misma edad de Leonora, que para que
la casa se hiciese,

se entretuviese

con

las

de sus mismos años asimismo habia

recebido. Prometióles que las tratarla y regalarla á todas de

manera que no
de
fiesta

sintiesen su encerramiento,

y que

los dias

todos, sin faltar ninguno, irian á oir misa, pero tan
la luz

de mañana, que apenas tuviese
metiéronle
les

lugar de verlas. Pro-

las criadas

y esclavas de hacer todo aquello que

mandaba,
la

sin

pesadumbre, con pronta voluntad y buen
los

ánimo; y

nueva esposa, encogiendo
ella

hombros, bajó
la

la

cabeza, y dijo que

no tenia otra voluntad que

de su

esposo y señor, á quien estaba siempre obediente.

Hecha
su casa,

esta prevención
á

,

y recogido

el

buen extremeño en

comenzó

gozar

monio,

los cuales á

como pudo los frutos del matriLeonora, como no tenia experiencia de
el

otros, ni eran gustosos ni desabridos; y así pasaba

tiempo

con su dueña, doncellas y esclavas, y

ellas,

por pasarle

me-

310
jor,

NOVELAS EJEMPLARES.
dieron en ser golosas, y pocos dias se pasaban sin hacer
la

mil cosas, á quien
brábales para esto

miel y

el

azúcar hacen sabrosas. Solo
la

en

grande abundancia

que habian
voluntad de

menester, y no menos sobraba en su
dárselo, pareciéndole

amo

que con

ello las tenia entretenidas

y

ocupadas,

sin tener lugar

donde ponerse
á lo igual
ellas,

á pensar en su en-

cerramiento.
se entretenia

Leonora andaba
en
lo

mismo que

con sus criadas y y aun dio con su sim-

plicidad en hacer

muñecas y en

otras niñerías,

que mostra-

ban

la

llaneza de su condición y la terneza de sus años; todo

lo cual era

de grandísima satisfacción para

el la

celoso marido,

pareciéndole que habia acertado á escoger
se la

vida mejor que

supo imaginar, y que por ninguna via la industria ni la malicia humana podia perturbar su sosiego; y así sólo se
desvelaba en traer regalos á su esposa, y en acordarle le pidiese todos cuantos le viniesen
seria servida.
al

pensamiento, que de todos

Los

dias

que iba

á misa, que,

como

está dicho, era entre

dos luces, venian sus padres, y en
hija delante de su

la iglesia

hablaban á su

marido,

el

cual les daba tantas dádivas,
hija por la estrecheza en

que aunque tenian lástima de su que
vivia, la

templaban con

las

muchas dádivas que Carri-

zales, su liberal yerno, les daba.

aguardaba á que
antes, por
lo

el

Levantábase de mañana, y despensero viniese, á quien de la noche
el

una cédula que ponian en
traer otro dia,
las

torno, le avisaban
el

que habia de

y en viniendo

despensero,

salia

de casa Carrizales,

más

veces á pié, dejando cerra-

das las dos puertas, la de la calle y la de
las

dos quedaba

el

negro. Ibase á sus
la vuelta,

enmedio, y entre negocios, que eran
v encerrándose, se

pocos, y con brevedad daba

EL CELOSO

EXTREMEÑO.

3II

entretenía en regalar á su esposa y acariciar á sus criadas,

que todas

le

querian bien, por ser de condición llana y agra-

dable, y sobre todo, por mostrarse tan liberal con todas.

Desta manera pasaron un año de noviciado, y hicieron profesión en aquella vida, determinándose de llevarla hasta el
fin

de

las

suyas; y así fuera,

si el

sagaz perturbador del géoiréis.

nero

humano no Dígame ahora
el

lo estorbara,
el

como ahora

que

se tuviere

por más discreto y recasu seguridad podia haber

tado, qué

más prevenciones para

hecho

anciano Felipe, pues aun no consintió que dentro

de su casa hubiese algún animal que fuese varón.

A
él

los ra-

tones della jamas los persiguió gato, ni en ella se oyó ladrido

de perro

:

de dia pensaba, y de noche no dormia;

era la

ronda y centinela de su casa, y el Argos de lo que bien queria; jamas' entró hombre de la puerta adentro del patio;

con sus amigos negociaba en
paíios

la

calle;

las

figuras de los

que

sus salas y cuadras adornaban, todas eran

hemlas

bras, flores y boscajes.

Toda

su casa olia á honestidad, relas consejas

cogimiento y recato; aun hasta en
largas noches del invierno en la

que en

chimenea

sus criadas con-

taban, por estar

él

presente, en ninguna ningún género de

lascivia se descubría.

La

plata de las canas del viejo á los

ojos de la honesta

y recatada Leonora parecían cabellos de
el
el

oro puro, porque
se les

amor primero que
alma,

las

doncellas tienen
la cera.

imprime en
le

como

el sello

en

Su de-

masiada guarda

parecía advertido recato; pensaba y creía
las

que
se

lo

que

ella

pasaba, pasaban todas

recien casadas.

No

desmandaban

sus pensamientos á salir de las paredes de

su casa, ni su voluntad deseaba otra cosa
la

más de
á

aquella que

de su marido quería; sólo

los dias

que iba

misa veíalas

312
calles,

NOVELAS EJEMPLARES.
y esto era tan de mañana, que
si

no era
se vio

al

volver de

la iglesia,

no habia luz para

mirallas.

No
ni

monasterio

tan cerrado, ni monjas
tan guardadas; y

más recogidas,

manzanas de oro

con todo esto, no pudo en ninguna ma-

nera prevenir ni excusar de caer en lo que recelaba; á lo

menos en pensar que habia

caido.

Hay
quien

en Sevilla un género de gente ociosa y holgazana, á
suelen llamar gente de barrio; éstos son
los

comunmente

los hijos

de vecino de cada collación y de

más

ricos della;
traje

gente baldía, atildada y meliflua, de

la cual,

y de su

y

manera de
entre
sí,

vivir,

de su condición y de

las leyes

que guardan

habia

mucho que

decir, pero por buenos respetos

se deja.

Uno

destos galanes, pues,

que entre

ellos es lla-

mado

virote,

mozo

soltero (que á los recien casados llaman
la
le

mantones), acertó á mirar
viéndola siempre cerrada,
vía dentro, y
cia,
la

casa del recatado Carrizales, y

tomó gana de

saber quién vila

con tanto ahinco y curiosidad hizo
lo

dihgen-

que de todo en todo vino á saber
la

que deseaba. Supo
el

condición del viejo,

hermosura de su esposa, y
lo cual le

modo
for-

que tenia en guardarla; todo
ver
si

encendió

el

deseo de

seria posible

expugnar por fuerza ó por industria

taleza tan guardada; y

comunicándolo con dos

virotes

y un

mantón,

sus conocidos y particulares amigos, acordaron

que

se pusiese

por obra; que nunca para

tales

obras faltan con-

sejeros

y ayudadores.
el

Dificultaban
ficultosa

modo que

se tendría

para intentar tan di-

hazaña; y habiendo entrado en bureo muchas ve-

ces, convinieron

en esto

:

que fingiendo Loaysa, que
la

así se

llamaba

el

virote,

que iba fuera de
los ojos

ciudad por algunos

días, se quitase

de

de sus amigos,

como

lo hizo;

y

EL CELOSO EXTREMEÑO.

3]-^

puso unos calzones de lienzo limpio y camisa limpia, pero encima se puso unos vestidos tan rotos
esto, se

hecho

y remendados, que ningún pobre en toda
traia tan astrosos; quitóse

la

ciudad

los

un poco de barba que

tenia, cu-

brióse

un ojo con un parche, vendóse una pierna estrecha-

mente, y arrimándose á dos muletas, se convirtió en un pobre tullido, tal, que el más verdadero estropeado no se le
igualaba.

Con
de
el la

este talle se

ponia cada noche, á

la

oración, á

la

puerta

casa de Carrizales,

que ya estaba cerrada, quedando
las

negro, que Luis se llamaba, cerrado entre

dos puer-

tas.

Puesto

allí

Loaysa, sacaba una guitarrilla algo grasicnta

y

falta

de algunas cuerdas, y

como

él

era algo músico, co-

menzaba
dando
la

á tañer algunos sones alegres

y regocijados,
esto se

mu-

voz, por no ser conocido.

Con

daba priesa

romances de moros y moras á la loquesca, con tanta gracia, que cuantos pasaban por la calle se ponian á escuá cantar

charle, y siempre, en tanto

que cantaba, estaba rodeado de
los

muchachos; y Luis
las

el

negro, poniendo
la

oidos por entre

dos puertas, estaba colgado de

música del virote, y

diera un brazo por poder abrir la puerta y escucharle

más

á

su placer

:

tal

es la inclinación

que

los

negros tienen á ser
los

músicos.

Y

cuando Loaysa queria que

que

le

escucha-

ban

le

dejasen, dejaba de cantar y recogia su guitarra, y
iba.
al

acogiéndose á sus muletas, se

Cuatro ó cinco veces habia dado música
por solo
él la

negro (que
se

daba), pareciéndole que por donde

habia

de comenzar á desmoronar aquel edificio, habia y debia ser por el negro; y no le salió vano su pensamiento, porque
llegándose una noche,

como

solia, á la puerta,

comenzó

á

,

314

NOVELAS EJEMPLARES.
el

templar su guitarra, y sintió que

negro estaba ya atento
:

y llegándose

al

quicio de la puerta, con voz baja dijo

«

¿Será
sed,

posible, Luis,

darme un poco de agua, que perezco de
porque no tengo

y no puedo cantar?

— No,

dijo el negro,

la llave

desta puer-

ta, ni

hay agujero por donde pueda

dárosla.

— Pues ¿quién — Mi amo, respondió
hombre
vos, que
del

tiene la llave.? preguntó Loaysa.
el

negro, que

es el

más

celoso

mundo; y
pedis el

si él

supiese que yo estoy ahora aquí

hablando con nadie, no

seria

más mi

vida; pero ¿quién sois

— Yo,

me

agua.''

respondió Loaysa, soy un pobre estropeado de
á la

una pierna, que gano mi vida pidiendo por Dios

buena

gente, y juntamente con esto, enseño á tañer á algunos morenos y á otra gente pobre, y ya tengo tres negros, esclavos

de

tres veinticuatros, á

quien he enseñado de modo, que
baile y en cualquier ta-

pueden cantar y tañer en cualquier
berna, y

— Harto mejor
lo

me

lo

han pagado

muy

rebien.

os lo pagara yo, dijo Luis, á tener lugar
es posible, á

de tomar lición; pero no
saliendo por la

causa que

mi amo, en
entre dos

mañana,

cierra la puerta de la calle, y cuan-

do vuelve hace
puertas.

mismo, dejándome emparedado

— Por Dios,

Luis, replicó Loaysa (que ya sabia
si

el

nom-

bre del negro), que

vos diésedes traza á que yo entrase

algunas noches á daros lición, en menos de quince dias os
sacarla tan diestro en la guitarra,

que pudiésedes tañer

sin

vergüenza alguna en cualquiera esquina; porque os hago
saber que tengo grandísima gracia en
el

enseñar, y más, que
habilidad, y á lo

he oido decir que vos tenéis

muy buena

:

EL CELOSO

EXTREMEÑO.
el

315
la

que siento y puedo juzgar por
atiplada, debéis de cantar

órgano de

voz, que es

— No canto mal, respondió
cha? pues no

muy

bien.
el

negro; pero ¿qué aprovees la

tonada alguna, sino
Por un verde prado,

de

la estrella

de

Venus, V

la

de

y aquella que ahora se usa, que dice

A
La

los hierros

de una reja
asida.

turbada

mano

— Todas
con
las

esas son aire, dijo

Loaysa, para
las del

las

que yo os

podria enseñar; porque sé todas

moro Abindarraez,
que
las

de su

dama

Jarifa,

y todas
,

las

se

cantan de
la

la

historia del gran Sofí

Tomunibeyo con
tales,
tales

de

zarabanda

á lo divino,

que son

que hacen pasmar á

los

mismos
tanta fa-

portugueses; y esto enseño con
cilidad,

modos y con
sal,

que aunque no

os deis priesa á

aprender, apenas

habréis

comido

tres

ó cuatro moyos de

cuando ya

os veáis

músico corriente y moliente en todo género de

guitarra.»

A
eso,

esto suspiró
si

el

negro, y dijo:

«¿Qué aprovecha todo

no

— Buen
llaves

cómo meteros

en casa?
las

remedio, dijo Loaysa; procurad vos tomar

á vuestro
las

amo, y yo
cera;

os daré

un pedazo de cera,
queden señaladas que
os

donde
las

imprimáis de manera, que
la

guardas en

que por

la

afición

he tolas

mado, yo haré que un
llaves,

cerrajero,

amigo mió, haga

y

así
al

podré entrar dentro de noche, y enseñaros melas
tal

jor

que

Preste Juan de

Indias; porque veo ser gran

lástima que se pierda una

voz

como

la

vuestra, faltánsepáis, her-.

dole

el

arrimo de

la

guitarra;

que quiero que

316

NOVELAS EJEMPLARES.
Luis, que la mejor voz del

mano

mundo
el

pierde de sus

quilates

cuando no

se

acompaña con
conviene

instrumento, ora

sea de guitarra ó clavicímbano, de órganos ó de arpa; pero
el

que más

a vuestra

voz

le

es el

instrumento de
los

la guitarra,

por ser

el

más mañero y menos costoso de
eso, replicó el negro; pero no
las llaves

instrumentos.

— Bien me parece
ser,
las suelta

puede

pues jamas entran
de
la

en

mi poder,

ni

mi amo

mano; de

dia y de

noche duermen debajo

de su almohada.

— Pues haced
gana de
ser

otra cosa, Luis, dijo Loaysa,

si

es

que

te-

neis

músico consumado; que

si

no

la tenéis,

no hay para qué cansarme en aconsejaros.

—Y

¿cómo

si

tengo gana? replicó Luis, y tanta, que
salir

ninguna cosa dejaré de hacer, como sea posible
ella, á trueco

con

— Pues

de

salir

con

ser

músico.

así es, dijo el virote,

yo os daré por entre

estas

puertas, haciendo

vos lugar,

quitando alguna tierra del

quicio, digo que os daré unas tenazas y un martillo, con

que podáis de noche quitar
loba con

los clavos

de

la

cerradura de
á

mucha

facilidad, y

con

la

misma volveremos

poner

la

chapa, de

modo que no

se

eche de ver que ha sido

desclavada; y estando yo dentro encerrado con vos en vuestro pajar, ó

donde dormis,

me

daré

tal

priesa á lo

que tengo

de hacer, que vos veáis aún más de lo que os he dicho, con

aprovechamiento de mi persona y aumento de vuestra suficiencia;

y de

lo

que hubiéremos de comer no tengáis cui-

dado, que yo llevaré matalotaje para entrambos y para más de ocho dias; que discípulos tengo yo y amigos que no me
dejarán

mal

pasar.

KL CELOSO EXIREMENO.

— De
que con

317

la

comida, replicó
ración que
las

el

negro, no habrá que temer;
los relieves

la

me

da mi amo, y con

que

me

dan

esclavas,

sobrará comida para otros dos.

Venga

ese martillo y tenazas

que

decis;

que yo haré por
le

junto á este quicio lugar por donde quepa, y

volveré á

cubrir y tapar con barro; que puesto que dé algunos golpes en
quitar la chapa,

mi amo duerme

tan

lejos desta
si

puerta, que será milagro ó gran desgracia nuestra

— Pues

los oye.

á la

mano

de Dios, dijo Loaysa, que de aquí á
para poner en

dos dias tendréis,

Luis, todo lo necesario

ejecución nuestro virtuoso propósito; y advertid en no co-

mer

cosas flemosas, porque

no hacen ningún provecho, sino

mucho daño
gro,

á la voz.

— Ninguna
como
el

cosa

me

enronquece tanto, respondió

el

ne-

vino; pero no
el suelo.

me

lo quitaré

yo por todas

cuantas voces tiene

— No digo
hijo Luis,

tal, dijo

Loaysa, ni Dios

tal

permita

:

bebed,
el

bebed, y buen provecho os haga; que

vino

que

se

— Con medida
jarro
las

bebe con medida jamas fué causa de daño alguno.
lo

bebo, replicó

el

negro: aquí tengo un

que cabe una azumbre justa y cabal; éste me llenan esclavas, sin que mi amo lo sepa, y el despensero á sola-

po

me

trae

una

botilla,

que también cabe

justas dos

azumeso

bres, con

que

se

suplen

las faltas del jarro.

— Digo,
— Andad
dejéis

dijo Loaysa,
la

que

tal

sea

mi

vida

como

me

parece, porque

seca garganta ni gruñe ni canta.
el

con Dios, dijo

negro; pero mirad que no

de venir á cantar aquí

las

noches que tardáredes en

traer lo

que habéis de hacer para entrar acá dentro; que ya
los

me cómo

dedos por verlos puestos en

la guitarra.

oi8

NOVELAS EJEMPLARES.
si

— Y ¡cómo
dicas nuevas.

vendré! replicó Loaysa, y aun con tona-

— Eso

pido, dijo Luis, y ahora no

me

dejéis

de cantar
lo

algo, porque

me
el

vaya á acostar con gusto; y en
señor pobre que
le

de

la

paga, entienda

he de pagar mejor que

un

rico.

— No

reparo en eso, dijo Loaysa; que según yo os en-

señare, así

me

pagaréis; y por ahora escuchad esta tonadilla;

que cuando

esté dentro veréis milagros.
el

— Sea en buen hora», respondió
la

negro.

Y

acabado

este

coloquio, cantó Loaysa un romancito agudo, con que dejó
al

negro tan contento y satisfecho, que ya no veia
puerta.
se quitó
el traer

la

hora

de abrir

Apenas
ligereza

Loaysa de

la

puerta, cuando con

más

que

de sus muletas prometia,

se fué á dar

cuenta á sus consejeros de su buen comienzo, adivino del

buen
el

fin

que por

él

esperaba. Hallólos, y contó lo que con
los instrusi

negro dejaba concertado, y otro dia hallaron
tales,

mentos,
de palo.

que rompían cualquier clavo como

fuera

No

se

descuidó

el

virote de volver á dar
el

música
el

al

ne-

gro, ni

menos tuvo descuido
lo

negro en hacer
le diese,

agujero

por donde cupiese

que su maestro

cubriéndolo

de manera, que á no ser mirado con malicia y sospechosa-

mente, no
le

se

podia caer en

el

agujero.

La segunda noche
los clavos
la

dio los instrumentos Loaysa, y Luis probó sus fuerzas,
casi sin

y
la

poner alguna,
la

se halló
las

rompidos

y con

chapa de

cerradura en

manos; abrió

puerta, y
le

recogió dentro á su Orfeo y maestro, y cuando
sus dos muletas y tan andrajoso,

vio con

y tan fajada su pierna,

KL CF.LOSO

KXTRKMENO.
el

319
el

quedó admirado.
no

No

llevaba Loaysa

parche en

ojo, por

ser necesario, y así
le

como

entró, abrazó á su buen dis-

cípulo y

besó en
las

el

rostro,

y luego

le

puso una gran bota y otras cosas

de vino en
dulces, de

manos, y una

caja de conserva
alforjas

que llevaba unas

bien proveídas; y de-

jando

las

muletas,

como

si

no tuviera mal alguno, comenzó

á hacer cabriolas, de lo cual se

admiró más

el

negro, á quien

Loaysa dijo: «Sabed, hermano Luis, que mi cojera y estropeamiento no nace de enfermedad, sino de industria, con
la

cual gano de comer, pidiendo por
della y de

amor de Dios, y ayula

dándome
do, en
el

mi música paso

mejor vida del

mun-

cual todos aquellos

que no fuesen industriosos y
lo veréis

tracistas

morirán de hambre, y esto

en

el

discurso

de nuestra amistad.

— Ello
ver su

dirá, respondió el negro; pero

demos orden de
se

volver esta chapa á su lugar, de

modo que no

eche de

mudanza.
hora», dijo Loaysa; y sacando clavos de sus
la

— En buen
alforjas,

asentaron

cerradura de suerte, que estaba tan bien

como

de antes, de lo cual quedó contentísimo
al

subiéndose Loaysa
gro, se

aposento que en

el

negro; y pajar tenia el neel

acomodó

lo

mejor que pudo. Encendió luego Luis

un

torzal

de cera, y sin más aguardar, sacó su guitarra
al

Loaysa, y tocándola baja y suavemente, suspendió
bre negro de manera, que estaba fuera de

po-

escuchándole.

Habiendo tocado un poco, sacó de nuevo colación, y dióla á su discípulo, y aunque con dulce, bebió con tan buen
talante de la bota,
la

que

le

dejó

más fuera de sentido que
lición

música.

Pasado esto, ordenó que luego tomase
el

Luis, y

como

pobre negro tenia cuatro dedos de vino

320

NOVELAS EJEMPLARES.
le

sobre los sesos, no acertaba traste, y con todo eso,
creer Loaysa
lo

hizo

que ya sabia por
el

lo

menos dos

tonadas, y era
la

bueno que

negro

se lo creia,

y en toda

noche no
sin

hizo otra cosa que tañer con
las

la guitarra

destemplada y

cuerdas necesarias.

Durmieron
obra de
las

lo

poco que de
de
la

la

noche

les

quedaba, y á

seis

mañana

bajó Carrizales y abrió la
la

puerta de enmedio, y también

de

la calle,
allí

y estuvo es-

perando

al

despensero,
el

el

cual vino de

á

un poco, y
al

dando por

torno

la

comida,

se volvió á ir,

y llamó

ne-

gro que bajase á tomar cebada para la muía y su ración; y en tomándola, se fué el viejo Carrizales, dejando cerradas

ambas

puertas, sin echar de ver lo que en la de la calle se ha-

bía hecho; de que no poco se alegraron maestro y discípulo.

Apenas

salió el

amo

de casa, cuando

el

negro arrebató

la

guitarra, y

comenzó

á tocar de tal

manera, que todas
:

las

criadas le oyeron, y por el torno le preguntaron
esto, Luis?

«¿Qué

es
la

;De cuándo
la

acá tienes tú guitarra, ó quién te

ha dado?

— ¿Quién me
sico

ha dado? respondió Luis;
el

el

mejor

mú-

que hay en

el

mundo, y
más de
seis

que

me

ha de enseñar en

menos de

seis dias

mil sones.
la

— No
—Y

— Y ¿dónde
está

está ese
lejos

músico? preguntó

dueña.

muy
le

de aquí, respondió
el

el

negro, y
á

si

no fuera por vergüenza y por
señor, quizá os
des de verle.

temor que tengo
fe

mi

enseñara luego, y á

que os holgáse-

¿adonde puede
si

él

estar,

que nosotras

le

podamos

ver, replicó la dueña,

en esta casa jamas entró otro

hom-

bre que nuestro dueño?

»

KL CELOSO

EXTREMEÑO.

32

1

— Ahora — Por
nio
el

bien, dijo

el

negro, no os quiero decir nada

hasta que veáis lo que yo sé y él

me ha
si

enseñado en

el

breve tiempo que he dicho.
cierto, dijo la duefia,
te

que

no

es

algún demote

que

ha de enseñar, que yo no

quién

pueda

sacar

músico con tanta brevedad.
dijo
el

— Andad,
gún
dia.

negro; que

le

oiréis

y

le

veréis al-

— No puede
nemos ventanas

ser eso, dijo otra doncella,

porque no

te-

á la calle para

poder ver

ni oir á nadie.

— Bien
si

está, dijo el

negro; que para todo hay remedio,

no

es

para excusar

la

muerte; y más

si

vosotras sabéis ó

queréis callar.

— Y ¡cómo que callaremos, hermano
las esclavas;

Luis! dijo una de

callaremos más que

si

fuésemos mudas, porpor oir una buena
el

que

te

prometo, amigo, que

me muero

voz; que después que aquí nos emparedaron, ni aun

canto

de

los pájaros

habemos

oido.

Todas

estas pláticas estaba

escuchando Loaysa con gran-

dísimo contento, pareciéndole que todas se encaminaban á
la

consecución de su gusto, y que la buena suerte habia tomado la mano en guiarlas á la medida de su voluntad. Desel

pidiéronse las criadas con prometerles

negro que cuando

menos
con

se

pensasen

las

llamaria á oir una

muy

buena voz;
hablando

v con temor que su
ellas,
las dejó,

amo

volviese y

le

hallase

y

se recogió á su estancia y clausura.

Quisiera tomar lición, pero no se atrevió á tocar de dia,

porque su

amo no

le

oyese;

el

cual

vino de

allí

á

poco
se

espacio, y cerrando las

puertas, según su

costumbre,
el

encerró en casa.

Y

al

dar aquel dia de

comer por

torno

322
al

NOVELAS EJEMPLARES.

negro, dijo Luis á una negra que se lo daba, que aque-

lla

noche, después de dormido su amo, bajasen todas

al

torno

á oir la

voz que

les

habia prometido, sin
dijese esto,

falta-

alguna. Ver-

dad

es

que antes que

habia pedido con muchos

ruegos á su maestro fuese contento de cantar y tañer aquella

noche

al

torno, porque

él

pudiese cumplir

la

palabra

que habia dado de hacer
da, asegurándole
ellas.

oir á las criadas

una voz extrema-

que

seria

en extremo regalado de todas
el

Algo

se

hizo de rogar
al fin dijo

maestro de hacer
lo

lo

que

él

más deseaba; pero
Abrazóle

que haria

que su buen

dis-

cípulo pedia, sólo por darle gusto, sin otro interés alguno.
el

negro y dióle un beso en

el carrillo,

en señal

del contento

que

le

habia causado

la

merced prometida, y

aquel dia dio de comer á Loaysa tan bien

como

si

comiera

en su casa, y aun quizá mejor, pues pudiera ser que en su
casa le faltara.

Llegóse

la

noche, y en

la

mitad

della, ó

poco menos, coque

menzaron

á cecear en el torno, y luego entendió Luis

era la cáfila, que habia llegado; y llamando á su maestro,

bajaron del pajar con

la

guitarra bien encordada y mejor
las

templada. Preguntó Luis quién y cuántas eran

que

es-

cuchaban. Respondiéronle que todas, sino su señora, que

quedaba durmiendo con su marido, de que
sa;

le

pesó á Loay-

pero con todo eso, quiso dar principio á su designio y contentar á su díscipulo, y tocando mansamente la guitarra,
tales

sones hizo, que dejó admirado
las

al

negro y suspenso

el

rebaño de

mujeres que
lo

le

escuchaba.

Pues ¿ qué diré de
tocar
la el

que

ellas sintieron
el

cuando

le

oyeron

Pésame

de

ello,

y acabar con

endemoniado son de

zarabanda, nuevo entonces en España?

No quedó vieja

por

EL CKLOSO
bailar ni

EXTREMEÑO.
pedazos, todo á
la

323
sorda v
avi-

moza que no

se hiciese

con

silencio extraño,
si

poniendo centinelas y

espías,

que

sasen

el viejo

despertaba.

Cantó asimismo Loaysa
el

coplillas

de
las

la

Seguida y con que acabó de echar

sello al
al

gusto de

escuchantes, que ahincadamente pidieron

negro

les

dijese

quién era tan milagroso músico. El negro
el

les dijo

que

era

un pobre mendigante,
la

más galán y
y que no

gentil

hombre
en

que habia en toda
ciese

pobrería de Sevilla. Rogáronle que hi,

de suerte que

ellas le viesen

le

dejase

ir

quince dias de casa; que
rian

ellas le regalarían

muy
no
les

bien y da-

cuanto hubiese menester. Preguntáronle qué

modo

habia tenido para meterle en casa.
palabra; á lo

A

esto

respondió

demás

dijo
el

que para poderle ver hiciesen un

agujero pequeño en

torno, que después lo taparían con

cera, y que á lo de tenerle en casa, que él lo procurarla.

Hablólas también Loaysa, ofreciéndoseles á su servicio

con tan buenas razones, que
sallan de ingenio

ellas

echaron de ver que no

de pobre mendigante. Rogáronle que otra

noche viniese

al

mismo

puesto; que

ellas

harían con su se-

ñora que bajase á escucharle, á pesar del ligero sueño de su
señor, cuya ligereza

no nacia de sus años, sino de
Loaysa que
si

sus

mu-

chos celos.

A

lo cual dijo

ellas

gustaban de

oirle sin sobresalto del viejo,

que

él les

darla unos polvos

que

le

echasen en

el

vino, que le harian dormir con pesado
del ordinario.
si

sueño

mucho más tiempo

«¡Jesús, valme, dijo una de las doncellas, y

eso tuese
las

verdad, qué buena ventura se nos habia entrado por
puertas sin sentillo y sin merecello!

No

serian ellos polvos

de sueño para
para
la

él,

sino polvos de vida para todas nosotras y
la

pobre de mi señora Leonora, su mujer, que no

324

NOVELAS EJEMPLARES.
un
solo

deja á sol ni á sombra, ni la pierde de vista

mo-

mento. ¡Ay, señor mió de mi alma! traiga esos polvos, así Dios le dé todo el bien que desea. Vaya, y no tarde; tráigalos, señor mió;

que yo

me

ofrezco á mezclárselos en

el

vino y á ser

miese

el

escanciadora; y pluguiese á Dios que durviejo tres dias con sus noches, que otros tantos
la

tendríamos nosotras de gloria.

— Pues
carle á

yo

los traeré,

dijo

Loaysa, y son

tales,

que no
provo-

hacen otro mal

ni

daño

á quien los
le

toma, sino

es

sueño pesadísimo.» Todas

rogaron que

los trújese

con brevedad, y quedando de hacer otra noche con una barrena el agujero en el torno, y de traer á su señora para

que

le viese

y oyese,

se despidieron;

y

el

negro, aunque era

casi el alba, quiso

tomar

lición, la cual le dio

Loaysa, y
el

le

hizo entender que no habia mejor oido que
cuantos discípulos tenia, y no sabia
el

suyo en
ni lo

pobre negro,

supo jamas, hacer un cruzado.

Tenían

los

amigos de Loaysa cuidado de venir de nolas

che á escuchar por entre

puertas de la calle, y ver

si

su

amigo

había menester alguna cosa; y hacendó una señal que dejaron concertada, conoció Loaysa
les

decía algo ó

que estaban á

la

puerta, y por

el

agujero del quicio

les dio

breve cuenta del buen término en que estaba su negocio,
pidiéndoles encarecidamente buscasen alguna cosa que pro-

vocase á sueño, para dárselo á Carrizales; que
decir

él

había oido

que habia unos polvos para

este efeto. Díjéronle

que

tenían

un médico amigo, que

les daría el

mejor remedio que

supiese,

es

que

le

había; y animándole á proseguir la

empresa, y prometiéndole de volver la noche siguiente con todo recaudo, apriesa se despidieron.

EL CELOSO EXTREMEÑO.

-^

2

^

Vino

la

noche, y

la

banda de
ellas

las

palomas acudió
la

al

re-

clamo de

la guitarra.

Con

vino

simple Leonora, te-

merosa y temblando de que no despertase su marido; que

aunque

ella,

vencida deste temor, no habia querido venir,

tantas cosas le dijeron sus criadas, especialmente la dueíía,

de

la

suavidad de

la

música y de

la gallarda disposición del

músico pobre (que

sin haberle visto, le
la

alababa y

le

subia

sobre Absalon y sobre Orfeo), que

pobre señora, con-

vencida y persuadida dellas, hubo de hacer lo que no tenia ni tuviera jamas en voluntad. Lo primero que hicieron fué
barrenar
el

torno para ver

al

músico,

el

cual no estaba ya

en hábitos de pobre, sino con unos calzones grandes de tafetán leonado, anchos á la marineresca,

un jubón de

lo

misla

mo

con

trencillas

de oro, y una montera de raso de

misma

color, con cuello

almidonado con grandes puntas y
le

encaje; que de todo vino proveído en las alforjas, imagi-

nando que

se

habia de ver en ocasión que

conviniese

mudar de

traje.

Era mozo y de gentil disposición y buen parecer, y como
habia tanto tiempo que todas tenian hecha
al

la vista á

mirar

viejo de su

amo,

parecióles

que miraban á un ángel. Po-

agujero para verle, y luego otra, y porque le pudiesen ver mejor, andaba el negro paseándole el cuerpo
níase
al

una

de arriba abajo con

el

torzal de cera encendido; y después
visto, hasta las negras bozales,

que todas
Loaysa

le

hubieron

tomó

la guitarra,
las

y cantó aquella noche tan extremada-

mente, que
así á la vieja

acabó de dejar suspensas y atónitas á todas,
,

orden v

como á las mozas y todas rogaron traza cómo el señor su maestro entrase
más

á Luis diese
allá

dentro,

para oirle v verle de

cerca, v no tan por brújula

como

326
por
el

NOVELAS EJEMPLARES.
agujero, y sin
el

sobresalto de estar tan apartadas de
el

su señor, que podia cogerlas de sobresalto y con

hurto

en

las

manos,

lo cual

no sucedería

así si le

tuviesen escon-

dido dentro.

A
sarla

esto contradijo su señora

con muchas veras, diciendo

que no
en

se hiciese la tal cosa ni la tal entrada,
el

porque

le

pe-

alma, pues desde

allí

le

podian ver y oir á su
dijo la

salvo y sin peligro de su honra.

«¿Qué honra?

due-

ña;

el

Rey

tiene harta

:

estése vuesa

merced encerrada con

su Matusalén, y déjenos á nosotras holgar

como

pudiére-

mos; cuanto más, que

este señor parece tan
lo

honrado, que

no querrá otra cosa de nosotras más de
siéremos.

que nosotras qui-

— Yo,

señoras mias, dijo á esto Loaysa, no vine aquí
el

sino con intención de servir á todas vuesas mercedes con

alma y con

la

vida, condolido de su no vista clausura y

de los ratos que en este estrecho género de vida se pierden.

Hombre

soy yo, por vida de

mi

padre, tan sencillo, tan

manso y de tan buena condición y tan obediente, que no haré más de aquello que se me mandare; y si cualquiera de
vuesas mercedes dijere: "Maestro, siéntese aquí; maestro,
pásese
allí;

echaos acá, pasaos acullá»,

así lo

más doméstico y enseñado perro que
Francia.

salta

como el por el Rey de
haré

Si eso

ha de

ser así, dijo la ignorante

Leonora, ¿qué

medio

— Bueno,

se dará para entrar acá

dentro

el

señor maeso?

dijo

Loaysa; vuesas mercedes pugnen por sa-

car en cera la llave de esta puerta de

enmedio, que yo haré
otra, tal

que mañana en
servir.

la

noche venga hecha

que nos pueda

EL CELOSO EXTREMEÑO.

^27
se sacan
las

toda

— En porque — No por — Así
la casa,

sacar esa llave, dijo

una doncella,

de

es llave maestra.

eso será peor, replicó Loaysa.

es

verdad, dijo Leonora; pero ha de jurar este se-

ñor, primero,

que no ha de hacer otra cosa, cuando
lo
le

esté acá

dentro, sino cantar y tañer cuando se

mandaren,
pusiéremos.

y

que

ha de

— — No
besarla,

y quedito donde Sí juro, dijo Loaysa.
estar encerrado

vale nada ese

juramento, respondió Leonora; que
la

ha de jurar por vida de su padre, v ha de jurar

cruz v

que

lo

veamos

todas.

— Por
la

vida de

mi padre
la la

juro, dijo Loaysa, y por esta

señal de cruz,

que

beso con

mi boca
doncellas

sucia»; y haciendo

cruz con dos dedos,

besó tres veces.
las
:

Esto hecho, dijo otra de

«Mire, señor, que
el

no

se

le

olvide aquello de los polvos, que es

tuautem

de todo.»

Con
dos

esto cesó la plática de aquella

noche, quedando to-

muy

contentos del concierto.

Y

la suerte,

que de bien

en mejor encaminaba los negocios de Loaysa, trujo á aquellas

horas, que eran dos después de la media noche, por

la

calle á sus

amigos,

los cuales,

haciendo

la señal

acostumbrales

da, que era tocar una trompa de París, Loaysa
les

habló y
habia

dio cuenta del término en que estaba su pretensión, y
pidió
si

les

traian los polvos, ó otra cosa,

como

se la

pedido, para que Carrizales durmiese; díjoles asimismo lo

de

la llave

maestra. Ellos
la

le

dijeron

que

los polvos,
tal

ó un

ungüento, vendria
untados
fundo,
los pulsos

siguiente noche, de

virtud,

que

y

las sienes

con

él,

causaba un sueño prodos dias,
si

sin

que

del se pudiese despertar en

no

328

NOVELAS EJEMPLARES.
que
se

era lavándose con vinagre todas las partes

habían
la

untado; y que se les diese harian hacer con facilidad.

la llave

en cera, que asimismo

Con
lo

esto se despidieron, y
la

Loaysa
que-

y su discípulo durmieron
ver

poco que de

noche

les

daba, esperando Loaysa con gran deseo
si

la

venidera, por

se

le el

cumplia

la

palabra prometida de la llave.

Y

puesto que
él

tiempo parece tardío y perezoso á los que en esperan, en fin corre á las parejas con el mismo pensael

miento, y llega
ni sosiega.

término que quiere, porque nunca para

Vino pues
al

la

noche y

la

hora acostumbrada de acudir
las

torno, donde vinieron todas

criadas de casa, grandes

y chicas, negras y blancas, porque todas estaban deseosas
de ver dentro de su serrallo
al

señor músico; pero no vino

Leonora, y preguntando Loaysa por ella, le respondieron que estaba acostada con su velado, el cual tenia cerrada la
puerta del aposento donde dormia, con llave, y después de

haber cerrado,
señora
les

almohada, y que su habia dicho que en durmiéndose el viejo, haria
se la

ponia debajo de

la

por tomarle

la llave

maestra y sacarla en cera, que ya
allí

lle-

vaba preparada y blanda, y que de de ir á requerirla por una gatera.

á

un poco habian

Maravillado quedó Loaysa del recato del viejo; pero no

por esto

se le

desmayó

el

deseo, y estando en esto, oyó la
al

trompa de
le

París.

Acudió

puesto

,

halló á sus

amigos que
,

dieron un botecico de ungüento de la propiedad que
díjoles

le

habian significado; tomólo Loaysa, y

que esperasen
Volvióse
al

un poco, que

les daria la

muestra de
la

la llave.

torno, y dijo á

la

dueña, que era

que con más ahinco

mostraba desear su entrada, que

se lo llevase á la señora

EL CELOSO

EXTREMEÑO.

329

propiedad que tenia, y que procurase untar á su marido con tal tiento, que no lo sintiese, v
la

Leonora, diciéndole

que veria maravillas. Hízolo
gatera, halló

así la

dueña, y llegándose á

la
el

que estaba Leonora esperando, tendida en
el

suelo de largo á largo, puesto
la

rostro en la gatera.

Llegó
la

dueña, y tendiéndose de
el

la

misma manera, puso
le dijo

boca

en

oido de su señora, y con voz baja
la

que

traia el

ungüento, y de
Ella

manera que habia de probar su
la

virtud.

tomó

el

ungüento, y respondió á
la llave

dueña cómo en
porque

ninguna manera podia tomar

á su marido,

no

la tenia

debajo de

la

almohada, como
la

solia, sino entre los

dos colchones y casi debajo de

mitad de su cuerpo; pero
él

que
cia,

dijese al

maeso que
no

si el

ungüento obraba como

de-

con facilidad sacarian
,

la llave todas las

veces que quicera.
el

siesen

y

así

seria necesario sacarla en

Dijo que

fuese á decirlo luego, y volviese á ver lo que

ungüento

obraba, porque luego luego

le

pensaba untar á su velado.
él

Bajó
sus

la

dueña

á decirlo al

maeso Loaysa, y
la llave

despidió á

amigos, que esperando

estaban.

Temblando y

pasito,

y casi sin osar despedir el aliento de la boca, llegó Leonora á untar los pulsos del celoso marido, y asimismo
untó
las

le
le

ventanas de

las narices,

y cuando á

ellas le llegó,

parecia que se estremecia, y ella
el

quedó mortal, pareciénhurto.

dole que la habia cogido en

En

efeto,

como

mejor pudo

le

acabó de untar todos

los lugares

que

le dije-

ron ser necesarios, que fué lo

mismo que

haberle embalsa-

mado

para

la sepultura.
el

Poco espacio tardó
fiestas señales

alopiado ungüento en dar maniel

de su virtud, porque luego comenzó á dar

viejo tan grandes ronquidos,

que

se

pudieran oir en

la calle;

330
música á

NOVELAS EJEMPLARES.
los oidos

de su esposa más acordada que

la del

maeso de su negro; y aun mal segura de lo que veia, se llegó á él y le estremeció un poco, y luego más, y luego otro poquito más, por ver si despertaba; y á tanto se atrevió,
que
le

volvió de

una parte

á otra sin

que despertase.

Como
no tan
estaba

vio esto, se fué á la gatera de la puerta, y con voz

baja

como

la

primera llamó á
le dijo
:

la

dueña, que

allí la

esperando, y
rizales

«Dame
á

albricias,

hermana; que Car-

duerme más que un muerto.
¿á

— Pues
la

qué aguardas
el

tomar

la llave,

señora? dijo

dueña; mira que está

músico aguardándola más há

de una hora.

— Espera, hermana, que ya voy por
nora; y volviendo á la

ella»,

respondió Leo-

cama, metió
llave de

la

mano

por entre

los
el

colchones, y sacó
viejo lo sintiese; y

la

enmedio

dellos, sin

que

tomándola en sus manos, comenzó á dar

brincos de contento, y sin

más

esperar, abrió la puerta y la
la

presentó á la dueña, que la recibió con

mayor
al

alegría del

mundo. Mandó Leonora que
le

fuese á abrir

músico, y que

trújese á los corredores,
allí,

porque

ella

no osaba quitarse

de

por lo que podia suceder; pero que ante todas cosas

hiciese

que de nuevo

ratificase

el

juramento que habia
ordenasen
,

hecho de no hacer más de
si

no

le

y que quisiese confirmar y hacer de nuevo, en ninguna
lo
ellas le

que

manera

le abriese.
si

«Asi será, dijo

la

dueña, y á

fe

que no
la

ha de entrar
seis veces.

primero no jura y rejura y besa

cruz

— No

le

pongas

tasa, dijo

Leonora; bésela

él,

y sean

las

veces que quisiere; pero mira que jure por la vida de sus

padres y por todo aquello que bien

quiere,

porque con

1

EL CELOSO EXTREMEÑO.

33

esto estaremos seguras, y nos hartaremos de oirle cantar y

tañer, que en

mi ánima que

lo

hace deUcadamente; y anda,
la

no

te

detengas más, porque no se nos pase
))

noche en

pláticas.

Alzóse
se

las faldas la
el

buena

duefía, y con
la

no

vista ligereza

puso en

torno, donde estaba toda
la

gente de casa es-

perándola, y habiéndoles mostrado
tanto
el

llave

que

traia,

fué
á

contento de todas, que
:

la alzaron

en peso,

como

catedrático, diciendo

«¡Viva, viva!» y

más cuando
la llave,

les dijo

que no habia necesidad de contrahacer

porque

se-

gún
la

el

untado viejo dormia, bien se podian aprovechar de
las

de casa todas

veces que la quisiesen.
dijo

«Ea pues, amiga,

una de

las

doncellas, ábrase esa

puerta y entre este señor, que há

mucho que

aguarda, y
ver.
le

démonos un verde de música, que no haya más que

— Más ha de haber que

ver, replicó la
la otra

dueña; que

hemos de tomar juramento, como

noche.

El es tan bueno, dijo una de

las esclavas,

que no

re-

parará en juramentos.)!

Abrió en esto
ta,

la

dueña

la

puerta, y teniéndola entreabierlo

llamó á Loaysa, que todo
el

habia estado escuchando

por

agujero del torno;

el

cual, llegándose á la puerta,
la

quiso entrarse de golpe;

mas poniéndole

dueña

la

mano

en

el

pecho,

le dijo

:

«Sabrá vuesa merced, señor mió, que
las

en Dios y en mi conciencia, todas

que estamos dentro

de

las

puertas desta casa somos doncellas

como

las

madres

que nos parieron, excepto mi señora, y aunque yo debo de
parecer de cuarenta años, no teniendo treinta cumplidos,

porque

les faltan
si

dos meses y medio, también

lo

soy, mal

pecado; v

acaso parezco vieja, corrimientos, trabajos y

332

NOVELAS EJEMPLARES.

desabrimientos echan un cero á los años, y á veces dos, se-

gún

se les antoja;

y siendo esto

así,

como
como

lo es,

no

seria

razón que á trueco de oir dos ó

tres

ó cuatro cantares, nos aquí se encieres

pusiésemos á perder tanta virginidad
ra;

porque hasta

esta negra,

que

se

llama Guiomar,

don-

cella.

Así que, señor de

mi corazón, vuesa merced nos ha

de hacer, primero que entre en nuestro reino, un

muy
lo

so-

lemne juramento de que no ha de hacer más de
otras le

lo

que nos-

ordenáremos; y

si le

parece que es
lo

mucho

que

se le pide, considere

que

es

mucho más
al

que

se aventura;
,

y
le

si

es

que vuesa merced viene con buena intención
el

poco

ha de doler

jurar;

que

buen pagador no

le

duelen

prendas.

— Bien y
de en
las

rebien ha dicho

la

señora Marialonso, dijo una

doncellas; en fin,
cosas

como
si

las

como

se

debe; y

persona discreta y que está es que el señor no quiere

jurar, no entre acá dentro.))

A

esto dijo

Guiomar

la

negra, que no era

muy

ladina

:

«Por mí, más que nunca jura, entre con todo diablo; que

aunque más jura,

si

acá estás, todo olvida.»
la

Oyó con
rialonso
,

gran sosiego Loaysa

arenga de

la

señora
:

Ma«

y con grave reposo y autoridad respondió

Por

cierto, señoras

intento fué, es

hermanas y compañeras mias, que nunca mi ni será otro que daros gusto y contento en
así

cuanto mis fuerzas alcanzaren, y
arriba este

no

se

me

hará cuesta

juramento que

me

piden; pero quisiera yo que
tal

se fiara algo de

mi

palabra, porque dada de

persona

como yo
rentigia;

soy, era lo

mismo que hacer una

obligación cua-

y quiero hacer saber á vuesa merced que debajo del sayal hay ál, y que debajo de mala capa suele estar un

KL CELOSO EXTREMEÑO.

333 buen varón; y

buen bebedor; mas para que todas estén seguras de mi buen
deseo, determino de jurar
así,

como

católico y

juro por

la

intemerata eficacia, donde más santa y lar-

y por las entradas y salidas del santo Líbano monte, y por todo aquello que en su proemio encierra la verdadera historia de Carlomagno, con la muerte
se contiene,

gamente

del gigante Fierabrás, de

no

salir la

ni pasar del

juramento

hecho y

del

mandamiento de
pena que
si

más mínima y desechada
y desde entonces para

destas señoras, so

otra cosa hiciere ó quisiere
,

hacer, desde agora para entonces

agora, lo doy por nulo y no hecho ni valedero.»

Aquí
una de

llegaba con su juramento
las

el

buen Loaysa, cuando
le

doncellas, que con atención
:

habia estado escusí

chando, dio una gran voz, diciendo

^'Este

que

es jurasi

mento para enternecer

las

piedras;

mal haya yo,

más

quiero que jures, pues con solo lo jurado podias entrar en
la

misma sima de Cabra»; y
Luego

asiéndole de los gregüescos,
las

le

metió dentro, y luego todas
redonda.

demás

se le pusieron á la
la

fué una á dar las nuevas á su señora,
al

cual estaba haciendo centinela

cuando

la

mensajera

le

sueño de su esposo, y dijo que ya subia el músico, se ale-

gró y se turbó en un punto, y preguntó si habia jurado. Respondióle que sí, y con la más nueva forma de juramento

que en su vida habia
ra, asido le
lle

visto.
¡

«Pues

si

ha jurado,

dijo

Leono-

tenemos.

Oh, qué

avisada que anduve en hace-

que jurase!» En

esto llegó toda la caterva junta, y el
el

músico en medio, alumbrándolos
negra.

negro y Guiomar

la

Y

viendo Loaysa á Leonora, hizo muestras de ar-

rojársele á los pies para besarle las

manos. Ella, callando y

por señas,

le

hizo levantar, y todas estaban

como mudas,

sin

334

NOVELAS EJEMPLARES.
que su señor
las

osar hablar, temerosas

oyese

;

lo cual

con-

siderado por Loaysa, les dijo que bien podian hablar alto,

porque
tal

el

ungüento con que estaba untado su señor tenia

virtud, que fuera de quitar la vida, ponia á un

hombre

como muerto.
«Así lo creo yo, dijo Leonora; que
si así

no fuera, ya

él

hubiera despertado veinte veces, según
ligero sus

le

hacen de sueño

muchas

indisposiciones; pero después

que

le

unté,

ronca

— Pues

como un

animal.

eso es así, dijo la dueña,

vamonos

á aquella sala

frontera,
cijarnos

donde podremos

oir cantar aquí al señor y rego-

un poco.
dijo

— Vamos,
respondió

Leonora; pero quédese aquí Guiomar
si

por guarda, que nos avise

Carrizales despierta.»

A lo cual

Guiomar

:

«Yo, negra, quedo; blancas van; Dios
donde habia un

perdone

á todas.»
la

Quedóse

negra; fuéronse á

la sala,

rico estrado, y
das.

cogiendo
la

al

señor en medio, se sentaron tovela,

Y

tomando

buena Marialonso una
al

comenzó
una decia

á
:

mirar de arriba abajo

bueno

del músico, y

ujAy, qué copete que tiene tan lindo y tan rizado!» otra:
Uj

Ay, qué blancura de

dientes! ¡mal

año para piñones mon:

dados, que más blancos ni más lindos sean!» otra

«¡Ay,

qué

ojos tan grandes y tan rasgados, y por el siglo de

mi

madre, que son verdes, que no parecen sino que son de
esmeraldas!
»

Esta alababa

la

boca, aquella los pies, y todas
pepitoria. Sola

juntas hicieron del una

menuda anatomía y
le

Leonora callaba y
talle

le

miraba, y
esto la

iba pareciendo de mejor
la

que su velado.

En

dueña tomó

guitarra que
ro-

tenia el negro, y se la puso en las

manos de Loaysa,

;,

,

EL CELOSO
gándole que
la

EXTREMEÑO.
coplillas

335

tocase, y

que cantase unas

que en:

tonces andaban

muy

validas en Sevilla,

que decian

Madre^

la

mi madre

Guardas me

ponéis.

Cumplióle Loaysa su deseo. Levantáronse todas, y comenzaron á hacer pedazos bailando. Sabia la dueíia
coplas, y cantólas con
éstas
:

se
las

más gusto que buena voz, y fueron
la ?ni

Aladre ,

madre

,

Guardas me ponéis ^ue si yo no me guardo ,

No me guardareis.
Dicen que está con gran razón
la

escrito,

Y

Ser

privación
:

Causa de apetito Crece en infinito Encerrado amor;
Por eso
es

mejor
encerréis
;

Que
^ue
Por

no
si

me
.,

yo

etc.

Si la

voluntad

no

se guarda,
la

No

la

harán

guarda
:

Miedo 6 calidad Romperá en verdad Por la misma muerte,
Hasta hallar
la

suerte
;

Oue
^ue

vos no entendéis
si yo.,

etc.

Quien

tiene

costumbre

De ser amorosa, Como mariposa
Se
irá tras

su lumbre,

Aunque muchedumbre

De

guardas

le

pongan

«

,

,

,

,

336

NOVELAS EJEMPLARES.

Y
De

aunque más propongan hacer lo que hacéis
;

^e
La La

si

yo^ etc.
tal

Es de

manera

fuerza amorosa,
á la

Que

más hermosa

vuelve en quimera fuego

El pecho de cera,

De De

la

gana

Las manos de lana
fieltro los pies
si
j

^ue
Ada I

yo no

me guardo

,

?ne

guardareis.

Al

fin

llegaban de su canto y baile
la

el

corro de

las

mozas,
la

guiado por

buena dueña, cuando llegó Guiomar

censi

tinela, toda turbada, hiriendo de pié y de

mano, como
:

tuviera alferecía, y con voz entre ronca y baja dijo

u

Des-

pierto señor, señora; señora, despierto señor, y levantas y
viene.

Quien ha

visto

banda de palomas
lo

estar

comiendo en

el
al

campo

sin

miedo

que ajenas manos sembraron, que

furioso estrépito de disparada escopeta se azora y levanta , y

olvidada del pasto, confusa y atónita cruza por los aires;
tal se

imagine que quedó

la

banda y corro de
la

las

bailadoras

pasmadas y temerosas, oyendo

no esperada nueva que

y procurando cada una su disculpa, y todas juntas su remedio, cuál por una y cuál por otra parte, se fueron á esconder por los desvanes y rincones de

Guiomar habia

traido;

la casa,

dejando solo

al

músico,

el

cual, dejando la guitarra

y

el

canto, lleno de turbación, no sabia qué hacerse. Torcía
sus

Leonora

hermosas manos; abofeteábase
la

el

rostro, aunfin,

que blandamente,

señora Marialonso.

En

todo era

EL CELOSO EXTREMEÑO.
confusión, sobresalto y miedo; pero
astuta y reportada, dio orden
la

337

dueña,

como más
en un
la
las

que Loaysa

se entrase

aposento suyo, y que ella y su señora se quedarían en sala; que no faltarla excusa que dar á su señor, si allí
hallase.

Escondióse luego Loaysa, v
si

la

dueña

se

puso atenta

á escuchar

su

amo

venia, y no sintiendo

rumor alguno,

cobró ánimo, y poco á poco, paso ante paso, se fué llegando al aposento donde su señor dormia, y oyó que roncaba como

primero, y asegurada de que dormia, alzó

las faldas

y vol-

vió corriendo á pedir albricias á su señora del sueño de su

amo,

la cual se las

mandó de muy

entera voluntad.
la

No
ella se

quiso la buena dueña perder

coyuntura que
las

la

suerte le ofrecía de gozar primero

que todas,
el

gracias
así,

que

imaginaba que debia de tener

músico; y

dicién-

dole á Leonora que esperase en la sala en tanto que iba á

llamarlo, la dejó, y se entró donde

él

estaba, no

menos con-

fuso que pensativo, esperando las nuevas de lo que hacia el
viejo

untado

base de la

ungüento, y quejácredulidad de sus amigos y del poco advertimiento
:

maldecía

la falsedad del

que habia tenido en no hacer primero
otro, antes de hacerla en Carrizales.

la

experiencia en

En

esto llegó la dueña,
el

y

le

aseguró que

el viejo

dormia

á

más y mejor. Sosegó

pecho, y estuvo atento á muchas palabras amorosas que
Marialonso
le dijo,

de

las

cuales coligió la mala intención

suya, y propuso en
su señora.

de ponerla por anzuelo para pescar á
dos en sus pláticas,
las

Y

estando

los

demás

criadas,

que estaban escondidas por
de aquí, otra de
allí,

diversas partes de la casa,
si

una

volvieron á ver

era verdad

que su

amo

habia despertado, v viendo que todo estaba sepultado
la sala

en silencio, lleo;aron á

donde habian dejado

á su se-

338
ñora, de
dole por
la
el

NOVELAS EJEMPLARES.
cual supieron el sueño de su

amo, y preguntándonde estaban, y
se llegaron

músico y por
el

la

dueña,

les dijo

todas, con

mismo
la

silencio

que hablan traido,

á escuchar Dor entre las puertas lo

que entrambos trataban.
negra;
el

No
que

faltó

de

junta

Guiomar
su

la

negro

sí,

por-

así

como oyó que

amo

habia despertado, se abrazó

con su guitarra y
con
la

se fué á

esconder en su pajar, y cubierto

manta de su pobre cama, sudaba y trasudaba de miedo; y con todo eso, no dejaba de tentar las cuerdas de la guitarra tanta era ( encomendado él sea á Satanás ) la afi:

ción que tenia á

la

música. Entreoyeron

las

mozas

los relas

quiebros de
pascuas
:

la vieja,

y cada una
llamó
vieja,

le

dijo el

nombre de

ninguna

la

que no fuese con su epíte-

to y adjetivo de hechicera y de barbuda, de antojadiza, y

de otros que por buen respeto se callan; pero lo que más
risa

causara á quien entonces
la

las

oyera, eran las razones de

Guiomar
la

negra, que por ser portuguesa, y no
la

muy
En

la-

dina, era extraña

gracia con que la vituperaba.

efeto,

conclusión de

la plática

de

los

dos fué que
ella

él

condecendele

ria

con

la

voluntad della, cuando

primero

entregase

á toda su voluntad á su señora.

Cuesta arriba

se le

hizo á

la

dueña ofrecer
el

lo

que

el

múle

sico pedia; pero á trueco

de cumplir
los

deseo que ya se

habia apoderado del alma y de

huesos y médulas del

cuerpo,

le

prometiera

los

imposibles que pudieran imagi-

narse. Dejóle, y salió á hablar á su señora;

y como vio su

puerta rodeada de todas

las criadas, les dijo

que

se recogie-

sen á sus aposentos, que otra noche habria lugar para gozar

con menos ó con ningún sobresalto del músico; que ya
aquella noche
el

alboroto

les

habia aguado

el

gusto.

EL CELOSO EXTREMEÑO.
Bien entendieron todas que
la vieja se

^^9

quería quedar sola;
las

pero no pudieron dejar de obedecerla, porque
á todas.

mandaba
una

Fuéronse

las

criadas, y ella acudió á la sala á perá la voluntad de Loaysa, con

suadir á

Leonora acudiese

larga y tan concertada arenga, que pareció

que de muchos

dias la tenia para este efeto estudiada. Encarecióle su genti-

leza, su valor, su donaire y sus

muchas

gracias; pintóle de

cuánto mas gusto
los del

le serian los

abrazos del amante

mozo que
le

marido

viejo, asegurándole el secreto
éstas,

y

la

duración del

deleite,

con otras cosas semejantes á
la

que

el

demonio

puso en
tivos

lengua, llenas de colores retóricos, tan demoíítra-

y

eficaces,

que movieran, no
la

sólo el corazón tierno y
el

poco advertido de

simple é incauta Leonora, sino

de

un endurecido mármol. ¡Oh dueñas, nacidas y usadas en el mundo para perdición y total ruina de mil recatadas y buenas
intenciones!

¡Oh

luengas y repulgadas tocas, escogidas para

autorizar las salas y los estrados de señoras principales, y cuan al revés de lo que debíades, usáis de vuestro casi ya

forzoso oficio!
la

En

fin,

tanto dijo la dueña, tanto persuadió
se

dueña, que Leonora
se perdió,

rindió,
tierra

Leonora

se

engañó y
las

Leonora

dando en

con todas
el

prevenla

ciones del discreto Carrizales, que dormía

sueño de

muerte de su honra.

Tomó

Marialonso por

la

mano

á su señora, y casi

por

fuerza, preñados de lágrimas los ojos, la llevó donde Loaysa
estaba, y echándoles la bendición con

una

risa falsa

de de-

monio, cerrando
ella se

tras sí la
el

puerta, los dejó encerrados, y
estrado,
()

puso á dormir en

por mejor decir, á es-

perar su contento de recudida; pero,

como

el

desvelo de
el

las

pasadas noches la venciese, se quedó dormida en

estrado.

34©

NOVELAS EJEMPLARES.
fuera en esta sazón preguntar á Carrizales, á no

Bueno

saber que dormía, que adonde estaban sus advertidos recatos, sus celos, sus advertimientos, sus persuasiones, los
altos

muros de su

casa, el

no haber entrado en

ella, ni
el

aun

en sombra, alguien que tuviese nombre de varón;

torno

estrecho, las gruesas paredes, las ventanas sin luz, el en-

cerramiento notable

,

la

gran dote en que á Leonora habia
la
el

dotado, los regalos continuos que

hacia,

el

buen

trata-

miento de sus criadas y esclavas,
todo aquello que
él

no

faltar

un punto á

imaginaba que hablan menester y que podian desear. Pero ya queda dicho que no habia para qué
preguntárselo, porque dormia
nester; y
si él

más de aquello que fuera mehombros, enarcar

lo oyera,

y acaso respondiera, no podia dar
los
las cejas

mejor respuesta que encoger
y decir
:

«Todo aqueso

derribó por los fundamentos la as-

tucia, á lo
la

que yo creo, de un mozo holgazán y vicioso, y malicia de una falsa dueña, con la inadvertencia de una
persuadida.
»

muchacha rogada y
tales
,

Libre Dios á cada uno de

enemigos contra

los cuales

no hay escudo de prudenque
corte.
tal
,

cia

que defienda,
,

ni espada de recato
,

Pero con todo esto
el

el

valor de Leonora fué
le

que en
fuerzas

tiempo que más

le

convenia,

mostró contra

las

villanas de su astuto engañador, pues

no fueron bastantes á

vencerla, y

él se

cansó en balde, y

entrambos dormidos.
del

Y

en esto

quedó vencedora, y ordenó el cielo que á pesar
ella

ungüento, Carrizales despertase, y como tenia de cosla

tumbre, tentó
ella á su

cama por
,

todas partes, y no hallando en

querida esposa

nito,

con más ligereza

cama despavorido y atóy denuedo que sus muchos años prosaltó

de

la

metían; y cuando en

el

aposento no halló á su esposa, y

le

EL CELOSO EXTREMEÑO.
vio abierto, y

341
los

que
el

le faltaba la llave

de entre

colchones,
salió al

pensó perder

juicio; pero reportándose

un poco,

corredor, y de
llegó á la sala

allí,

andando pié ante pié por no
la

ser sentido,
sola, sin

donde

dueña dormia, y viéndola
la

Leonora, fué

al

aposento de
lo

dueña, y abriendo

la

puerta
vio lo
:

muy

quedo, vio

que nunca quisiera haber

visto;

que diera por bien empleado no tener

ojos para verlo

vio a

Leonora en brazos de Loaysa, durmiendo tan

á sueño suelto
el

como

si

en

ellos

obrara

la

virtud del ungüento, y no en

celoso anciano. Sin pulsos quedó Carrizales con la

amarga

vista de lo
le

que
ca-

miraba;

la

voz

se le

pegó á

la

garganta, los brazos se

yeron de desmayo, y quedó hecho una estatua de mármol frió; y aunque la cólera hizo su natural oficio, avivándole
los casi

muertos

espíritus,

pudo tanto

el

dolor, que no le
la

dejó tomar aliento.

Y con

todo eso, tomara
si

venganza que

aquella grande maldad requeria,

se hallara

con armas para

poder tomarla; y así determinó volverse á su aposento á tomar una daga, y volver á sacar las manchas de su honra
con sangre de sus dos enemigos, y aun con toda aquella de toda la gente de su casa. Con esta determinación honrosa y necesaria volvió
,

con

el

mismo

silencio

y recato que
el

habia venido, á su estancia, donde
tanto
el

le

apretó

corazón

dolor y la angustia, que sin ser poderoso á otra
el

cosa, se dejó caer desmayado sobre

lecho.

Llegóse en esto
enlazados en
la

el

dia, y cogió á los

nuevos adúlteros

red de sus brazos. Despertó Marialonso, y quiso acudir por lo que, á su parecer, le tocaba; pero viendo

que era tarde, quiso dejarlo para
rotóse

la

venidera noche. Albo-

Leonora viendo

tan entrado el dia, v maldijo su des-

»

342
cuido y
el

NOVELAS EJEMPLARES.
de
la

maldita dueña, y

las

dos con sobresalta-

dos pasos fueron
dientes
le
al cielo

donde estaba su esposo, rogando entre
le

que

hallasen todavía roncando, y cuando

vieron encima de la

cama

callando, creyeron que toda-

vía

obraba

la la

untura, pues dormia, y con gran regocijo se

abrazaron

una

á la otra. Llegóse
le

Leonora

á su marido,

y asiéndole de un brazo,
ver
si

volvió de un lado á otro por

despertaba, sin ponerle en necesidad de lavarle con

vinagre,

como
el

decian era menester para que en

volvieáe.

movimiento volvió Carrizales de su desmayo, y dando un profundo suspiro, con una voz lamentable y desmayada dijo u Desdichado de mí, y á qué tristes términos
:
i

Pero con

me ha traido mi fortuna!» No entendió bien Leonora
como
le vio

lo

que

dijo su esposo;

mas

despierto y que hablaba, admirada de ver que

la virtud del

ungüento no duraba tanto como hablan

sig-

y poniendo su rostro con el suyo, teniéndolo estrechamente abrazado, le dijo «¿Qué tenéis,
nificado, se llegó á él,
:

señor mió, que

me
la

parece que os

estáis

quejando?»
el

Oyó

la

voz de

dulce enemiga suya

desdichado viejo,
atónito y

y abriendo

los ojos

desencajadamente

,

como
al

belesado, los puso en ella, y con grande ahinco, sin
pestaña, la estuvo
le dijo
:

emmover

mirando una gran pieza
placer, señora,

,

cabo de

la cual

«Hacedme
el

que luego luego enviéis

á llamar á vuestros padres de

mi

parte, porque siento

no

qué en

corazón, que

me

da grandísima fatiga, y temo
la vida,

que brevemente
antes Sin

me ha

de quitar

y querríalos ver

que

me

muriese.
ser

duda creyó Leonora
que

verdad

lo

que su marido

le

decia, pensando antes

la fortaleza del

ungüento, y no

EL CELOSO EXrUEMEÑO.
lo

343

que había

visto, le tenia

en aquel trance; y respondién-

dole que haria lo que la mandaba,
al

mandó
;

al

negro que luego

punto fuese á llamar á sus padres

y abrazándose con su

esposo, le hacia las mayores caricias que jamas le había he-

cho, preguntándole qué era lo que sentía, con tan tiernas y

amorosas palabras,

como

fuera la cosa del
el

mundo que
se

más amaba. El
zada que

la

miraba con

embelesamiento que
le

ha

dicho, siéndole cada palabra 6 caricia que
le

hacia,

una lan-

atravesaba

el

alma.
á la gente de casa y á

Ya

la

dueña habia dicho
,

Loaysa

la

enfermedad de su amo

encareciéndoles que debia de ser de
las

momento, pues

se le

habia olvidado de mandar cerrar
el

puertas de la calle cuando

negro sahó á llamar á

los pa-

dres de su señora; de la cual

embajada asimismo

se

admi-

raron

,

por no haber entrado ninguno dellos en aquella casa
hija.

después que casaron á su

En
la

fin, todos
la

andaban
causa de

callala in-

dos y suspensos, no dando en
disposición de su

verdad de

amo,

el

cual de rato en rato tan profunda

parecía y dolorosamente suspiraba, que con cada suspiro arrancársele el alma. Lloraba Leonora por verle de aquella
suerte, y reíase él

con una

risa

de persona que estaba fuera

de

sí,

considerando
los padres

la falsedad

de sus lágrimas.

En

esto lle-

garon

de Leonora, y
,

como
y

hallaron la puerta de

la calle

y la del patio abiertas

la casa

sepultada en silen-

cio y sola,
salto.

quedaron admirados y con no pequeño sobreal

Fueron

aposento de su yerno, y halláronle,
los ojos

como
la cual

se

ha dicho, siempre clavados

en su esposa, á
los

tenia asida de las

manos, derramando

dos

muchas

lágri-

mas

:

ella
él

poso;

con no más ocasión de verlas derramar á su espor ver cuan fingidamente ella las derramaba.

:

344
Así

NOVELAS EJEMPLARES.

como
el

sus padres entraron, habló Carrizales y dijo:

«Siéntense aquí vuesas mercedes, y todos los demás dejen

desocupado
Hiciéronlo

aposento, y sólo quede

la

señora Marialonso.»

y quedando solos los cinco, sin esperar que otro hablase, con sosegada voz, limpiándose los ojos, desta
así,

manera

dijo Carrizales

«Bien seguro estoy, padres y señores mios, que no será menester traeros testigos para que me creáis una. verdad que
quiero deciros
se os
:

bien se os debe acordar (que no es posible
la

haya caido de

memoria) con cuánto amor, con cuan

buenas entrañas, hace hoy un año, un mes, cinco dias y nueve horas, que me entregasteis á vuestra querida hija por
legítima mujer mia; también sabéis con cuánta liberalidad
la

doté, pues fué

tal la

dote, que

más de

tres

de su

misma

calidad pudieran casar con opinión de ricas; asimismo se os

debe acordar

la diligencia

que puse en

vestirla

y adornarla

de todo aquello que

ella se acertó

á desear y

yo alcancé á

saber que le convenia.
res,

cómo, llevado
sin

Ni más ni menos habéis visto, señode mi natural condición, y temeroso del

mal de que

duda he de morir, y experimentado, por mi

mucha
teis

edad, en los extraños y varios acaecimientos del

mundis-

do, quise guardar esta joya, que yo escogí y vosotros
,

me
las

con

el

mayor

recato que

me
las

fué posible. Alcé

mu-

rallas desta casa,
las

quité la vista á
,

ventanas de

la calle,

doblé

cerraduras de las puertas

púsele torno

como

á

monaste-

rio

de monjas, desterré perpetuamente della todo aquello
dile criadas

que sombra ó nombre de varón tuviese;
clavas

y es-

que

la sirviesen;

ili

les

negué á
igual,

ellas ni á ella

cuanto

quisieron pedirme; hícela

mi

comuniquéle mis más

secretos pensamientos y entregúela toda

mi hacienda. To-

»

EL CELOSO EXTREMEÑO.
das éstas eran obras para que,
si

345

bien lo considerara, yo vi-

viera seguro de gozar sin sobresalto lo

que tanto
á

me

habia

costado, y ella procurara no

darme ocasión

que ningún

género de temor celoso entrara en mi pensamiento; mas

como no
tigo

se
la

puede prevenir con diligencia humana
voluntad divina quiere dar á
los

el

cas-

que

que en
no

ella

no

ponen

del todo en todo sus deseos y esperanzas,
las

es

mu-

cho que yo quede defraudado en
haya sido
el

mias, y que yo mismo fabricador del veneno que me va quitando la
la

vida. Pero,

porque veo
las

suspensión en que todos estáis,

colgados de

palabras de

mi boca, quiero

concluir los lar-

gos preámbulos desta plática con deciros en una palabra lo

que no

es posible decirse

en millares dellas

:

digo, pues, se-

ñores , que todo lo que he dicho y hecho ha parado en que
esta

madrugada

hallé á ésta, nacida en el

mundo

para perá

dición de

mi

sosiego y fin de

mi

vida (y esto

seíí alando

su esposa), en los brazos de un gallardo mancebo, que en la
estancia desta pestífera

dueña ahora

está encerrado.

Apenas acabó
Leonora

estas

últimas palabras Carrizales, cuando á

se le cubrió el

corazón, y en

las

mismas
la

rodillas

de su marido se cayó desmayada. Perdió

color Mari-

alonso, y á las gargantas de los padres de Leonora se les
atravesó un nudo, que no les dejaba hablar palabra. Pero

prosiguiendo adelante Carrizales, dijo

:

«La venganza que
las

pienso tomar desta afrenta no es ni ha de ser de

que

ordinariamente suelen tomarse; pues quiero que

así

como

yo

fui

extremado en

lo

que hice,

así sea la

venganza que

tomare, tomándola de mí mismo

como

del

más culpado

en este delito; que debiera considerar que mal podian
padecerse en uno los quince años desta

comlos

muchacha con

,

34^
ochenta mios.

NOVELAS EJEMPLARES.

Yo

fui el

que,

como gusano

de seda,
te

me
el

fabriqué la casa donde muriese; y á

no

culpo, ¡oh

niña mal aconsejada! (y diciendo esto, se inclinó y besó
rostro de la

desmayada Leonora); no
viejas

te

culpo, digo, por-

que persuasiones de

taimadas y requiebros de mozos

enamorados fácilmente vencen y triunfan del poco ingenio que los pocos años encierran; mas, porque todo el mundo
vea
el
,

valor de los quilates de la voluntad y fe con

que

te

quise

en

este

último trance de
el

mi

vida quiero mostrarlo de
si

modo, que quede en
dad,
al

mundo

por ejemplo,

no de bon-

menos de simplicidad jamas oida
cual

ni vista; y así, quiero

que

se traiga

luego aquí un escribano para hacer de nuevo
el

mi
y

testamento, en

mandaré doblar
,

la

dote á Leonora,

le

rogaré que después de mis dias

que serán bien breves

disponga su voluntad, pues lo podrá hacer sin fuerza, á casarse

con aquel mozo, á quien nunca ofendieron

las

canas
salí

deste lastimado viejo;

y

así

verá que

si

viviendo jamas

un punto de
hago
lo

lo

que pude pensar

ser su gusto, en la

muerte

mismo, y quiero que le tenga con el que ella debe de querer tanto. La demás hacienda mandaré á otras obras
pías,
vir

y

á vosotros, señores
lo

mios, dejaré con qué podáis vila

honradamente

que de

vida os queda.

La venida

del

escribano sea luego, porque la pasión que tengo

me

aprieta

de manera, que á más andar
la vida.»

me

va acortando los pasos de

Esto dicho,

le

sobrevino un terrible desmayo, y se dejó

caer tan junto de Leonora, que se juntaron los rostros: ¡ex-

traño y

triste

espectáculo para los padres, que á su querida
!

hija y á su

amado yerno miraban

No

quiso la mala dueña

esperar á las reprensiones que pensó le darían los padres de

EL CELOSO EXTREMEÑO.

347

SU señora; y así se salió del aposento, y fué á decir á Loaysa

todo lo que pasaba, aconsejándole que luego

al

punto

se

fuese de aquella casa; que ella tendria cuidado de avisarle

con

el

negro

lo

que sucediese, pues ya no habia puertas

ni

llaves

que

lo impidiesen.
el

Admiróse Loaysa con

tales

nuevas,

y tomando

consejo, volvió á vestirse

como

pobre, y fuese
visto suceso

á dar cuenta á sus

amigos

del extraño y

nunca

de sus amores.

En
el

tanto, pues,

que

los

dos estaban transportados,

el

pa-

dre de Leonora envió á llamar á un escribano amigo suyo,
cual vino á tiempo que ya habian vuelto hija y yerno en

su acuerdo.

Hizo

Carrizales su testamento en la

manera que

habia dicho,

sin declarar el yerro
le

de Leonora, más de que
si

por buenos respetos

pedia y rogaba se casase,
él la

acaso

él

muriese, con aquel mancebo que
creto.

habia dicho en sede su
«Vivid

Cuando

esto

oyó Leonora,
el

se arrojó á los pies
el

marido, y saltándole
vos

corazón en

pecho,

le dijo

:

muchos años, mi señor y mi
estáis

bien todo; que, puesto caso
las

que no
dijere,

obligado á creerme ninguna cosa de
el

que os

sabed que no os he ofendido sino con

pensamien-

to»;

y comenzando á disculparse y á contar por extenso la verdad del caso, no pudo mover la lengua, y volvió á desmayarse. Abrazóla,
así

desmayada,

el

lastimado viejo, abra-

záronla sus padres, lloraron todos tan amargamente, que

obligaron y aun forzaron á que en
escribano que hacia
el

ellas les
el

acompañase

el

testamento, en

cual dejó de

comer
que

á todas las criadas de casa, horras las esclavas y el negro,

y

á la filsa

de Marialonso no
salario;
al

le

mandó

otra cosa
el

la

paga de su

mas

sea lo

que fuere,
le

dolor

le

apretó

de manera, que

seteno dia

llevaron á la sepultura.

34^

NOVELAS EJEMPLARES.
viuda, llorosa y rica; y cuando Loaysa
él sabia

Quedó Leonora

esperaba que cumpliese lo que ya

que su marido

en su testamento dejaba mandado, vio que dentro de una

semana

se entró

monja en uno de

los

más recogidos mocasi

nasterios de la ciudad; él,

despechado y
los

corrido, se
tristísi-

pasó á

las Indias.

Quedaron

padres de Leonora

mos, aunque
dejado y
laron con lo

se

consolaron con lo que su yerno

les

habia

mandado por
mismo, y
la

su testamento. Las criadas se consolas esclavas

y esclavo con

la libertad,

y

la

malvada de

dueña, pobre y defraudada de todos sus
el

malos pensamientos; y yo quedé con fin deste suceso, ejemplo y espejo de
fiar

deseo de llegar

al

lo

poco que hay que

de llaves, tornos y paredes, cuando queda la voluntad libre; y de lo menos que hay que confiar de verdes y pocos
años,
si les

andan

al

oido exhortaciones destas dueñas de

monjil negro y tendido, y tocas blancas y luengas. Sólo no

qué fué

la

causa que Leonora no puso

más ahinco en

desculparse y dar á entender á su celoso marido cuan limpia

y

sin ofensa

habia quedado en aquel suceso; pero
lengua, y
la priesa

la

turba-

ción
rido

le ató la

que

se dio á

morir su ma-

no dio lugar á su disculpa.

FIN DEL TOMO PRIMERO DE LAS NOVELAS EJEMPLARES.

NOTAS.

NOTAS.

I

Portada.

La

portada de

la

edición de las Novelas de

Cerv^Ántes que nos ha
la

servido de texto, y de que ya

hemos hablado en

Advertencia preliminar

de este tomo, dice

así

:

NOVELAS

EXEM PL ARES
DE MIGVEL DE
»

Ceruantes Saauedra.

DIRIGIDO

A

DON PEDRO FERNAN-

dcz de Castro, Conde de Lemos, de Andrade, y de Villalua, Marques de Sarria, Gentilhombre de la Cámara de su Magestad. Virrey, Gouernador, y Capitán general del Revno de Ñapóles Comendador de la Encomienda de la Zar9a de la Orden de
,

Alcántara.

El

mismo escudo
la

y

emblemas de
mera edición

pri-

del

Año

fiI

jóte,

que, tratando de

6 14.

ésta,
critos.

quedan ya des-

Con

priuliego [sic) de Castilla y de los

Rcvnos de
la

la

Corona

de Aragón.

EN MADRID,

por luán de

Cuesta.
librero del

Véndese en casa de francisco de Robles,

Rev Nuestro Señor.

352
En
la

NOTAS.
Dedicatoria no se dice conde de

Lemos
el

,

sino «

A Don

Pedro

Fernandez, de Castro, de

Lemos»,

etc.

Lleva

Prologo al Letor antes

que dicha Dedicatoria; y la Tabla de las Novelas (y el libro, por consiguiente) sólo comprende doce, pues no se contaba aún con la Tia
Fingida.
2

Pág.

I ,

lín. 8.

En nombre de

nieta.

Con nombre, debiera decir, y
3

así lo

han enmendado algunos.

Pág.

I

,

lín. 9.

A

quien puso nombre Preciosa.

En
4

ediciones posteriores se dice: «á quien puso

/)5r

nombre Preciosa )i;

y está bien
Pág.
I
,

hecha

la

corrección.

lín. II.

La más

única bailadora.

Única equivale aquí á famosa, ó cosa parecida, porque único es de suyo
harto superlativo.
5

Pág.

I ,

línea última.

Ni

curtir ¡as

manos.
otras ediciones.

((Sus
6

manos», dicen
lín. 7.

Pág. 2,

Y
7

finalmente.
la y.
>

Sobra
Pág.
3

lín-

H-

La imagen de Sanca Ana.

«De
8

la gloriosa
lín. 3.

Santa Ana», se lee en otras ediciones.

Pág. 5,

A tan

menudo.
esta palabra para

Acentuamos
Pág.

que resulte

el

verso del estribillo puesto

en boca de Preciosa.
9
5
,

líneas 7 y 8.

Volvió á Madrid.

Otros han añadido
10
Pág. 5,
lín.

:

como tenia de costumbre ;

mas para nada hace

falta.

14.

Se ¡a despabilasen.

Nuestro texto dice
11

:

«se

le

despauilassen.))

Pág. 5,

lín. 27.

Como

capitán de batallón.
la

((Del batallón»,

edición de 1614.

NOTAS.
12
Piig.

353

6, lineas i8 y 19.

La noche

del dia

Oue

el cielo

y

la tierra lloran.

El Viernes Santo del año 1605, nacimiento de Felipe IV.
13
Pág. 9
,

lín.

20.

Hasta

la fin.

«Hasta
14

el fin»,

según otras ediciones.
3.

Pág. 10, líneas 2 y

Y
más
I

docena cantada

y

docena pagada.
la

Así nuestro texto; pero otros suprimen
exacta.
lín.

segunda j, que es locución

5

Pág. 10,

27.

Entra enhorabuena.
(K

En

hora
,

hueno)).,

dice

la

edición que seguimos.

16

Pág. II

Hn. 12.

¡A-^ !
((

no

me

le

tome

,

señor.
la

3^

no

me

le

tome, señor )), según

edición mencionada.

17

Pág. 12, línea penúltima.

Los hechizos en tus ojos.

Y
18

no

((tus
lin.

hechizos en tus ojos»,
1

como

se lee

en

la

misma.

Pág. 13,

1.

De

tu imperio satisfecho.
la

((De su imperio satisfecho»,
sentido.
19
Pág. 13,
lín.

edición de 1614; pero es un contra-

23.

Y

no soy manca

ni renca.
.^

Es decir coja, ó más bien desriñonada mente han impreso otros.
20
Pág.
I

no

ronca.,

como

disparatada-

3, lín. 31.
lo
:

Y
21

verán

que verán.

Quizá
En una

lo

que

serán.

Pág. 14, línea primera.

hora.

((O en un hora», conforme á nuestro texto.
22
Pág. 19,
lín.

14.

Que

te

despuntarás.
:

La

edición de 16 14
23

((te

dispuntarás.))
VII

.

354
23
Pág. 20,
lín. 2.

NOTAS.
la

Coger

garrama.
dijera
:

Como
24

si

á limpiar bolsillos ó á aliviar bolsas

j

porque garrnfmi

.,

en lenguaje de germanía, equivale á hurto, ratería ó
Pág. 22,
lín. 13.

estafa.

La

gloria

de sus

ojos.

Más
traste
25

bien de su gozo, de sus gustos, o cosa parecida, para que conlas pesadu?nhres
lín. 15.

con

que dice luego.

Pág. 23,

Vuestra humilde en serviros.

Falta, al parecer, criada, ó el humilde está en lugar de un sustantivo

que indique
26
Pág. 24,

la idea
27.

de servidumbre.

lín.

En que

quiero enteraros.
estaros.,

La
27

reimpresión de Cuesta dice
lín. 2.

pero es yerro evidente.

Pág. 30,

Y vio en e/la a un caballero. En ellos., debiera decir.
28
Pág. 30, línea penúltima.

Qué

brinco.
el

Brinco, en
29

sentido de dije 6 joya pequeña.

Pág. 33, línea última.

Ni rogamos Otra
30

á nadie.

errata sin

duda, en lugar de robamos

Pág. 35, líneas i8 y 19.

Que no

le

hiera y sobresalte.
:

La
31

edición de 1614
3.

{(hieran y sobresalten.

^)

Pág. 36, líneas 2 y

El tormento de

toca.

Dábase

á los reos para

que declarasen
de gasa
fina.

,

y consistia en hacerles beber

agua mezclada con unas
32
Pág. 42, líneas 5 y
6.

tiras

P erpendicularmente. En otras ediciones, como
33
Pág. 45,
lín. II.

en

la

citada: (iparticularinente.^-)

El ser azotado.

Y

no «el que

es

azotado», que pone

la

misma.

NOTAS.
34
Pág. 48
,

355

lili.

2.

Oucria que Fuese suyo,
((¿"ó/o

suyo)), dicen otras.

35

Pág. 52, líneas 22 y 23.

Antojos de allende.

Anteojos de aumento 6 de larga
36
Pág. 57, líneas 9 y 10.

vista.

De

los

que

así

no quisiéramos (de

los

que no quisiéramos triunfar

así).

edición de 16 14 pone aquí , en lugar de así ; quizá deberia decir de los que así nos insultaron^ ó cosa por el estilo.
37
Pág. 57, líneas 17 y 18.

La

:

Estábamos determinados de

seguir.
la

La
38

edición antigua suprime

palabra determinados.

Pág. 58,lín. 13.

Casi veinte leguas.

Antes ha dicho (página 54, línea 2) que más
39
Pág. 62,
lín.
1 1.

atrás y treinta leguas.

La

prisión de su voluntad.

«La
40

pasión de su voluntad», que dice

la

edición segunda de Cuesta,

parece impropio.
Pág. 70,
lín. 2.

Piedeatnigo.

Horquilla de hierro que se ponia á los reos debajo de

la

barba para que
salían á la ver-

no pudiesen bajar güenza.
41
Pág. 73,
lín.

la

cabeza

ni

encubrir

el

rostro

cuando

29.

Cuando

niña.
:

La
42

edición antigua
74,
lin.

Candando niña.

»

I'ág.

10.

Llegó en

fin

con Preciosa.

((Con la preciosa carga))., siguiendo la edición de 161
43
I'ág.

4 y

otras.

74,

lin.

19.

Puntualidades.

Y
44

otras ediciones
lín.

:

((particularidades.))

Pág. 74,

27.

En

hurtarle e/ alma.
:

\ en otros textos

^(la

mitad de su alma.

»

2S^
45
Pág- 75
>

NOTAS.
'ín-

12-

Dos años de

probación.
^

«De
46

aprobación))
lín.

según otros.

Pág. 75,

19.

A

quien respondió.
:

Varios han impreso
47
Pág. 76,
lín. 9.

u á que.y^

En

algún calaboz.o.

Posteriormente se ha añadido en otras ediciones el siguiente trozo, que, 6 se suprimió en la segunda, o no figuro ni aún en la primera, porque, ademas de inconveniente é inútil, es poco digno de Cervantes {(eyi
:

algún

calabozo^ dice,

metido, pasando

las

penalidades que se pueden

considerar de sus prisiones, las humedades y sabandijas inmundas, que inquietan á los pobres pacientes, que están esperando salga el dia, para gozarle y verse libres de tanta opresión y mala vecindad
48
Pág. 79,
lín. 13.

como padecen.»

Y

la gitana vieja estaba turbada.

Obsérvese que no ha hecho antes mención de
Corregidor, Preciosa y dos criados de casa.
49
Pág. 81
,

ella, sino

contrario, ha dicho que solamente estaban en la sala doña

que, por Guiomar,

el

el

líneas 6 y 7.

Porque

bajase.

Es
50

decir,
,

porque

desistiese de la querella.

Pág. 81

líneas

18719.

Concedió

licencia el Arzobispo.

Seria el de Valencia, porque
51

Murcia no

era á la sazón arzobispado.

Pág. 82, líneas 11 y 12.

A

quien no respondió pena alguna.
si

Respondió, por resultó ó se impuso, voz usual en la curia de aquella época.
52 Pág. 96,
lín. 3.

no

es

equivocación, debia ser

De

nación

corsos.

La
53

edición de 1614
lín- 13-

:

KUor'zos.)-\

Pág- 99»

Un

buen espacio.
:

Otras ediciones

((

un buen

trecho.

))

NOTAS.
54
Pág. 100, líneas 17 y 18.

357

Bojiir casi toda la

isla

de

Sicilia.

Bojar es dar
propiedad
;

la

vuelta á una

isla

6 cabo
la

;

está