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t

:

MADRID,

1874.

ímpkknta de Aiubau y Compañía
Du4uc de Osuna, núm.
3.

(sucesores de Rivadeneyra),
calle uel

>A1A^

CRÓNICA

DEL REY ENRICO
OTAVO DE INGALATERRA,
ESCRITA

POR UN AUTOR COETÁNEO, Y AHORA POR PRIMERA
VEZ IMPRESA É ILUSTRADA,

CON INTRODUCCIÓN, NOTAS Y APÉNDICES,

EL

MARGUES DE MOLfNS.

INDIVIDUO DE NÚMERO DE LA ACADEMIA DE LA HISTORIA

Y DIRECTOR DE LA ACADEMIA ESPAÑOLA

MADRID
1

B R F

R

I

B

1

B

I

I

Ó

K

1

ALFONSO DURAN C/* de S. y er ánimo 2
y

M

DCCC LXXIV

Digitized by the Internet Archive
in

2011 with funding from
University of Toronto

http://www.archive.org/details/crnicadelreyenriOOmadr

AL LECTOR

1^3^
'4-=S\

L Sr,

D, Ladislao

de Velas co. cor-

respondiente de la
y

Academia de

la

^^ Historia

presentó á la misma un ma-

nuscrito que su familia tenía en grande es

timacion , titulado Chorónica del
rico

Rey Enlite-

Otavo de
le

Ingalaterra, en pretensión

del cual se

hablan hecho por algún

rato inglés proposiciones ventajosísimas.
Sr, Velas co y creyendo su

El y

códice completo

único

,

lo ofreció

á

la

Acade^nia bajo ciertas

condiciones.

Pasó
los

este asunto

á informe de una Colos

misión compuesta de

Sres.

Amador
el

de

Ríos , Fernandez-Guerra y

autor de

estas líneas.

Los dos primeros doctísimos

^

VI

i\.l

lector

académicos
destia

,

no atendiendo

más que á su mo,

mismos y oyendo sobrado a su amistad para calificarme d míy

para juzgarse d

me

confiaron la redacción del informe.

La Academia
mente una

no solo dedicó benévola-

y

otra sesión d oir mi pobre tralo

bajo ^ sino que
tes ^

aprobó en todas sus par-

y acordó desde luego la impresión de la Choró nica, dando por suficiente ilustración
informe presentado
^

ó' preámbulo el

y auto^
los

rizándome ademas para adicionarlo con
apéndices
tunos.

y

comentarios que creyese opor-

Agradecido por mi parte á la honra que
la Comisión

me

dispensó en su dia

y

al alto

honor con que la Academia me distingue ^
deseoso de corresponder

y

d uno

y
y

otro

favor

he elegido

el texto

que (entre once consultaauténtico:

dos) he hallado ^más completo

he registrado con más diligencia que buen
éxito archivos públicos y particulares ^ den-

tro
los

y fuera

de España; he sacado de ellos

apéndices

y

notas que cierran este volu^

men 3 y he procurado en fin, atendiendo al estado de fondos de la Academia y merced
,

Al

lector

vii

al Editor de los Libros de antaño, darlo
todo

á luz^ de modo que cuanto antes pueeste antiguo

dan gozar

y

curioso escrito los

aficionados a los estudios históricos.

Acepten éstos y
luntad; pero de
los

el

público mi buena voli-

muchos defectos del

bro no culpen sólo á mi insuficiencia (puesto

que es grande) y sino á las azarosas vi-

cisitudes que sufrió y sin

duda, al escribirlo
,

su autor en el siglo xvi

_y

á la condición

no más tranquila que yo tengo en este xix

que corre , en el cual el ánimo está más preocupado de evitar las cosas presentes que

propenso á investigar las pasadas.

T con

todo , miope será el que en estas

páginas no lea más que devaneos de Enrique Octavo y hazañas de aventureros españoles; ciego el que no descubra
la

per-

manencia del eterno problema

humano y

del carácter distintivo de nuestros compatriotas.

Así yo y ahora sentado en
playas del golfo de
pies el inmutable
siglos

las

quebradas

Gascuña ^ veo á mis
escuadra que conducía

y movedizo Océano , que
la

há surcaba

,

VIII

Al
íi

lector

á Inglaterra

la

pobre

Doña

Catalina y

hija amadísima de los Reyes Católicos ; oigo
el

rugir de las ondas que poco después cor-

taha la nave vascongada que llevaba al desierto de

Tuste al Monarca más poderoso

de

los

tiempos modernos; trazo en mi men-

te el derrotero seguido

por Felipe II, Rey
,

de España é Inglaterra
las

aguas

el

y busco en medio de sepulcro en que se hundió su
admiro y saludo

escuadra invencible. 'Todo ha pasado.

Pero aun
recuerdo

así,

este

mar

y

testigo de las

humanas

vicisitu-

des , valladar

naciones
desaloja
;

y camino del progreso de las El viento lo impele pero no lo
,

la

tempestad

lo
,

agita

,

pero no

lo

muda ;
ven
escollos

estas olas se
la baja

van pero siempre vueldeja á descubierto los

mar
las

y aun

inmundicias del fondo,

pero siempre torna la marea,
arenas de la orilla,
las

y

besa las

y

se hacen navegables
el

playas y hospitalario

puerto

y

allá en el horizonte parece que se oculta el

sepulcro del sol

y

el ocaso

de la historia se-

reno

y

melancólico como la última edad

y

la postrera

esperanza de mi vida.

]^é

Al

'

lector

ix

soledad! ¡que delicioso silencio! ¡qué elocuente lección!

Cámbianse en mares y
el linde

el

mapa
los

el

nombre de

los

de

Estados
el

y
,

el color

que señala las naciones; pero
índole de las

caudal

y

la

aguas no

se trueca

y

el

mo-

vimiento del
no pasa

mar y

de cada una de sus olas

los límites

que

le

trazó

el

dedo del

Omnipotente.

Müdanse
los

en la historia las dinastías de

Reyes y el régimen de los Imperios y el grito de guerra de los pueblos ; pero la pasión
,

tirana de la conciencia
el

,

aspira siem-

pre d rebelarse ;
destino de cada

carácter de las razas ni

se esclaviza ni se altera;

y

el

providencial
el

hombre

^

como

de la hu-

manidad^ eternamente

se cumple.

San Juan de Luz^ Julio 1873.

Mariano Roca

de Togores,

INFORME

ACADEMIA DE LA HISTORIA

L que suscribe ha
del
^'"tJí^^íii

examinado

la

Choronica
'
,

Rey Enrico Otavo de Jngalaterra
al

si

no con profundo detenimiento,

menos

con ínteres y hasta con gusto, y pasa á exponer su dictamen, para que en su vista la Comisión

nombrada por la Academia, y ésta en su caso, juzguen si será importante la publicación de dicho códice
presentado por nuestro correspondiente D. Ladislao de Velasco,

que

es lo

que únicamente

se pre-

gunta á

la

Comisión en

oficio

de 30 de Noviembre

anterior.

El libro de que se trata, encuadernado en per-

gamino y en 4.^, contiene 95 hojas de letra manuscrita muy compacta, perteneciente á época que no hay para qué indagar, porque en las dos últimas

*

Téngase entendido que
Velasco, que no
es el

este

informe

se refiere al

Códice del
esta edi-

Sr.

que ha servido de original ú

ción, sepun adelante se verá.

XII

Informe
la

hojas se declara. Dice en

una

:

«

De

la

mano

}

pluma de Julián de Pliego, y lo hizo en Madrid, años 1659, reinando D. Felipe IV, que Dios guarde años muchos. »
tima, dice
:

Y

en

la

otra hoja, que es la úl-

de Madrid, á 4 dias del mes de Octubre de 1660 años, lo escribió don
villa

((En esta

Sebastian de Soto Antonio Fernandez, sobrino del

doctor D. Sebastian de Soto Fernandez, clérigo
presbítero en
la

iglesia parroquial

de San Sebas-

tian de esta villa de

bre.»

— Hay una
que
es

Madrid, y

lo

firmó de su

nom-

firma. El doctor
el libro, la

D.

Sebastian.

Tiene además
en un ángulo de
Saeiices,

escrito y

medio borrado,
provincia de

primera página, este nombre,
la

de un pueblo de

Cuenca y parece

signatura de biblioteca. Allí mis-

mo
la

se

conserva

el talón

de dos cuartillas cortadas,
portada
si

que podríamos suponer
tapa

la

no resultase en

misma

del libro la estampación de su pri-

mera cara. Asimismo en

la cuartilla

que media entre

el fin
,

del texto y lo que podríamos llamar colofón
leen estos cuatro versos
:

se

El amigo más seguro

Es

el saberse regir,

Que andar

vestido de seda
infeliz.

Es cabo de un

Esto en cuanto á

la

parte material del libro
:

;

en

cuanto á
de

la

literaria diré

que

si

bien se titula
calificarse

Crónica del rey Enrique VIII, no puede
tal. Si

Crónica

es la historia

en que

se observa

Informe
rigorosamente
el

xiii

orden de

los

tiempos, no será

Crónica de Enrique VIII aquella que principia así: ((En el año del Señor de 1530 años»; porque
sabido es que
el hijo

de Enrique VII subió

al tro-

no en 20 de Abril de 1509. El libro se extiende además hasta referir el suplicio del infortunado Almirante Seymour, hermano del Protector Duque de Somerset, realizado el 20 de Marzo de 1549, es
decir, bien entrado ya el breve reinado de

Eduarcapítu-

do VI,
los

hijo y sucesor de

Enrique VIII. Asimismo

en el contexto del escrito son
que truncan
el

muchos

los

orden cronológico; uno comien:

za de esta

manera

ce

Por olvido he dejado de pola

ner

la

muerte de Millor Montagut,
primero.))

cual habia

de ponerse antes en esta leyenda, pues sucedió

mucho

En

efecto, el suplicio de

Monta-

gue sucedió á

fines

cocia y el sitio

de 1540, y la campaña de Esde Boulogne, que el autor habia ya

referido, se realizaron en 1544. Se ve, por tanto,

que esta obra ni comienza ni concluye con
nado de Enrique VIII, ni
rigorosamente cronológica
lo refiere
:

el rei-

de una manera
de historia
se

no

es,
al

pues, su crónica.
título

Menos aun puede
un
escrito

aspirar

en que hablando de Enrique VIII no
la

mienta siquiera

liga

de Malinas,

la victoria

de

Ginegate, llamada

la jornada de las espuelas,

ni se

refieren los suplicios de

gham

,

ni

aun

se

Dudley, Empson y Buckin.. nombra, que yo recuerde, á Juá

lio II, á

León X,

Paulo III, á

los

vecinos Es-

tuardos de Escocia, cuyo rey, Jacobo IV, murió

en

la

batalla de Floddenfield,

ganada por Enrique,

XIV

informe

y á otros mil sucesos y personajes que tuvieron relación con este monarca.

mejor que crónica ó que historia, pudiera llamarse Memorias ^ esto es, relalibro
se trata,

El

de que

ciones de algunos acaecimientos particulares para
ilustrar la historia,

con sujeción á

la

y estas relaciones, hechas, no ley ordinal de los tiempos ó á la

\^y filosófica y universal de los sucesos, sino al punto

de vista individual y arbitrario del autor.

Ahora bien; para avalorar en general las Memorias, y en particular este escrito, han de tenerse
presentes dos cosas
:

primera,

la

posición y carácé importancia

ter del autor; segunda, el

número

de

las noticias

con que adiciona, refuta, confirma
hechos históricos ya conocidos.
tanto,

ó modifica

los

La Academia comprenderá, por

que para

estimar en todo su valor este escrito, se necesita un
previo trabajo de investigación y de compulsa. Investigación, para poner en claro su verdadero autor y el crédito que se

pueda dar

á su relato;

com-

pulsa, para aquilatar lo que por ese relato

mismo

adelante

la

ciencia histórica en el conocimiento de

aquel importantísimo tiempo.

Una
cirse
:

cosa, sin embargo, puede desde luego de-

que

este libro será leido

con interés, tanto

por
to,

el estilo sencillo

y natural con que está escri-

como por

los

sucesos altamente dramáticos que

refiere

En
al

en sus 75 capítulos. ellos, mejor que al historiador, cree uno ver
en
él

testigo; adivina

al

aventurero español,

amigo y narrador de chismes picantes y de lances

Informe
bizarros, católico de buena fe, y sin
sa

xv
embargo
(co-

muy rara), más bien partidario que enemigo del cismático monarca de Inglaterra. Católico, digo,
al autor,

y por eso en contra de Wolsey y de Ana Bolena coincide con las narraciones de Sanderus.
es, sin

No

lleza

como

embargo, tan enemigo de nuestro Rivadeneyra; así

la infeliz

be-

es

que mien-

tras éste

afirma que ((convidó con su cuerpo á Jor-

ge Boleno, su hermano, y tuvo abominable ayun-

tamiento con éb) (libro

i,

cap. xxxiv), el autor del

manuscrito, en sus capítulos xxix y xxx, pinta al infelicísimo hermano de Ana como inocente. Partidario del

Rey supongo asimismo
aun más,
el
si

al

muestra

en sus relatos

y lo que lord cabe,

escritor,

Herbert de Chcrbury,
lo Lviii

más

apologista de los bió-

grafos de Enrique. Así es que concluye el capítu-

con

estas palabras

liberal fuiste

con todo

el

¡Oh buen rey, cuan mundo, en demás para con
:

((

españoles!))

Y al

pruicipio del capítulo lix siguiente
:

vuelve á exclamar
la

((

¡Oh buen

rey,

cómo estimaba

honra
¡

y deseaba que sus súditos la ganaran!» Enrique VIH, buen rey * y amigo de la honra
,

ajena, y liberal además!

De
*

lo

dicho

se

infiere

que á
como
el

la

publicación de

Hume,

inglés y protestante

,

tratase de refutar exla

presamente
ta autoridad

estas palabras, después

de tomar en cuenta
interior y íu

absolu-

de Enrique Vlli en
:

respeto en el

exterior, dice
the appeliation

j^re circiimstances ivhich entitle

hm

in

some degree

to

of a great

prliice

f

ivhile h'n tiranny
otie.

and

Lcn-barity

excludcd him

from

the character

of a good

(Hume,

History oj

Englandf chap. xxxiii, hk

cliaraLter.)

XVI

Informe
sin investi-

semejante códice no puede proccdcrsc
copió, sino en qué tiempo se

gar antes cuanto sea posible, no en qué tiempo se

compuso y quién puespecie de

do

ser su autor.

Séame permitido ensayar como una
investigación sobre estos dos puntos.

Toda
que

historia

ha de escribirse necesariamente en
al

época posterior
refiere.

— Esto

último ó más moderno suceso
es trivial.

— Ahora
la

bien; ¿cuál

es el último suceso, ó

mejor dicho,
el

ultima ejecuel

ción sangrienta narrada en
suplicio del Almirante lord

manuscrito? Es

Seymour, aquel

gallar-

dísimo joven, tercero y último marido de la reina viuda Catalina Parr, sexta mujer de Enrique VIII,

y pretendiente á

la

mano de

Isabel, llamada la

reina virgen, de quien dice nuestro Góngora, mu-

jer de muchos, y de muchos nuera, digna hija de aquel rey, marido de seis mujeres.

Pues bien

;

este gallardo y

ambicioso Almirante

Seymour fué decapitado el 20 de Marzo de 1549. Firmó su sentencia, ya que no la promoviera, su hermano el Protector Duque de Somerset, que
poco después pagó con
la

vida este fratricidio, sien-

do ajusticiado

el

22 de Enero de 1552. Nótese

mucho que de
el

esta última catástrofe

no habla ya
en su tiempo

manuscrito. ¿Es razonable, es siquiera verosímil,
el

que

autor

la

hubiera callado

si

hubiera ocurrido? No, en mi entender. Deduzco,
pues, que en esos dos años y diez meses de intermedio entre el suplicio de uno v otro hermano, se
escribió
el libro.

Informe

XVIÍ

Fn

ese período, lo

Inglaterra fué la

más notable que ocurrió en horrible hambre y carestía ocamotines que
se

sionadas por la enajenación de los bienes eclesiás-

produjeron, y que no pudieron ser sofocados, sino con el concurso
ticoc, así
los

como

de tropas extranjeras y de compañías de aventureros reclutados en Italia, en España y en Ale?7iania para servir en la anterior guerra contra Escocia
tía
'.

En

efecto,
el

habla

de estos motines y de esta caresúltimo capítulo del escrito.
el
al

nüm. 73, referente ya do de Eduardo VI, se titula así: «Cómo
El que lleva
casarse»; y termina con estas palabras:

reina-

los cléri-

gos trabajaron tanto que alcanzaron libertad para
((

y

así el

los más se casan , y algunos ó todos se casaron, y hallóse que habia hartos clérigos que

dia de

hoy

tenían hijos y se casaron con las mujeres.» Si de hoy, según escribe el autor, se casan los

el

dia

cléri-

gos, es claro que ese dia es posterior al reinado de

Enrique VIII y anterior al advenimiento de la reina María Tudor,^su hija, ó loque es lo mismo, en
el

de Eduardo

VI y

bajo el protectorado de Sola Iglesia

merset, verdadero fundador de
na. Esta facultad de casarse
los

anglica-

clérigos fué

dada

en el bilí de 19 de Febrero de 1549, y fué derogada cuando en 30 de Noviembre de 1554 el Reino y el Parlamento se reconciliaron solemnemente
con
la Iglesia católica

ante

el

,

por muchos

títulos

'

Diario de Eduardo VI. Lingard, Hist.,
rey.

t.

III,

cap. vil. Rei-

nado del mismo

XVIII

Informe
la

insigne, cardenal Polo 6 de

Pole.

Luego tamel libro

bién por este camino
está

se

demuestra que

compuesto entre las fechas de 1549 y 1554Hablando de aquel virtuoso y sabio purpurado,
dice
sir

nuestro desconocido autor

que

acogió en

Roma

á su

hermano menor
la
,

Geffrois Pole, único

de su familia escapado á
de Enrique VIII
curó
,

sangrienta persecución

y que por la parte que en ella, más ó menos inocentemente, había tenido, le prola

absolución del Pontífice. (Lo era á

la

sazón

Paulo III, que murió en 1549.) Y que el Cardenal «le envió (á su hermano) á Flándes con carta del

Papa para el Obispo ^, el cual le tiene el dia de hoy consigo y le honra y le da un ducado cada dia, y de comer á él y á dos mozos y á un caballo.»

Muy
sito es

enterado está
lo

el autor

de

lo

que pasa en

Flándes; pero

que cumple más á nuestro propóel

hacernos cargo de que

Cardenal escribió

desde

Roma, de cuya ciudad se ausentó en 1550, después del cónclave, en que su modestia fué parte

para

la

elección de Julio III.
es

Lo que asimismo
que
se refiere

importa saber
el

que ese

dia de hoy, á

escrito, ha de ser naturalmente antes
el

de I55i>
la

en que

delator arrepentido,

sir

Geth-ois de

Pole, pudo volver y volvió desde Bélgica á Inglaterra amnistiado
^.

'

El códice I, 198, de
el

la

Biblioteca Nacional, añade de Lieja;
del

probablemente
t.

hermano

Marqués de Vargas. (Lafuente,

XII, pág. 525.)
-

Burnet,

ct. iii,

186. Lingard,

111

,

cap. vii,

294.

Informe

xix

En resumen

,

el

escrito está
se

clérigos protestantes

hecho cuando los casaban con las mujeres

con quienes hablan tenido hijos, antes del edicto de
los seis artículos
bill

de Enrique VIII, llamado Bloodyel bilí

{\ty sangrienta) es decir,
1

de 19 de Fecatólica

brero de

549,

hasta

la

reconciliación

de 30 de Noviembre de 1554. Precisemos más" está escrito después de
te del

la

muer-

Almirante Seymour, y antes de la de su hermano el Duque de Somerset es decir, desde 20 de
,

Marzo de 1549 á 22 de Enero de 1552. Estrechemos las distancias está escrito cuando
:

el dia de hoy lord

Geffrois de

la

Pole

,

menor

del

cardenal, era huésped de

hermano un obispo

belga (el de Lieja), mediante recomendación de

aquel purpurado, hecha desde
antes de volver el dicho

Roma (1550), y hermano á Londres, indulá

tado por Eduardo

VI muy
se

principios del

51,

esto es, en todo el 1550.

Justamente cuando

padeció una grande hambre

y carestía en Inglaterra, último capítulo del libro. Justamente también cuando estallaron motines
y fueron sofocados con ayuda de tropas asalariadas italianas y españolas; última empresa de estas

en aquella
dos por

isla.

Estos aventureros, mal pagados luego, licencia-

Warwick y perseguidos por
al fin á

sus creencias

religiosas,

hubieron de tomar primero servicio en
Flándes.

Escocia, ó de retirarse

Cabalmente contábam^os en aquella época poco más ó m.énos, y en aquel país, español á la sazón.

XX
con un
ble,

Informe
escritor insigne,

por su posición fidedigno,

por su carácter verídico, por sus virtudes venerapor su
estilo

de historiadores particulares

y por su claridad gran maestro el cual, años adelante,
:

tomó

á su cargo narrar los sucesos á que nuestro
;

códice se refiere

aludo

al

P. Pedro de Rivadela

neyra, que, enviado á Bélgica para establecer

Compañía de
permiso para

Jesús por su santo fundador, llegó á

Lovaina á principios de 1554, recabó de Felipe II la fundación en Bruselas en 1556, y,

muerto ya San Ignacio, fué llamado á
nes del mismo año por
ral
el P.

Roma

á

fi-

Lainez, segundo gene-

de su Orden

,

que en compañía del P. Salmeel

rón volvió á Flándes con

cardenal Carrafa pocos

meses después (1557), y asistió con el Duque de Feria en Inglaterra á la postrera enfermedad de la
reina

María Tudor, publicando

treinta años des-

pués, 1588, su Historia eclesiástica del cisma de In-

glaterra (Varones ilustres de la Compañía).

Ha
sin

de haber, pues, entre ambos escritos, y hay duda, analogías que conviene tomar en cuenta,

siquiera sea someramente.

El secretario de San Ignacio paladinamente declara lo

que

se

propone en su obra

:

<(

Vése

,

dice

en su prólogo, un Rey poderoso, que quiere todo
lo que se le antoja y ejecuta todo lo que quiere; una afición ciega y desapoderada, armada de saña

y poder, derramando la sangre de santísimos varones y profanando y robando los templos de Dios,

y empobreciéndose con
tando
Ja

la

riqueza de ellos
la

;

qui-

verdadera cabeza de

Iglesia

y hacién-

:

Informe
dose á

xxi
ella,

cabeza monstruosa de

todas las

y pervirtiendo maravilla leyes divinas y humanas. »

A

desempeña

el escritor su propósito, tanto,

que con

razón y sin jactancia puede escribir en su epílogo « Visto hemos el principio miserable del cisma de
Inglaterra, y
lidad,

cómo

se

plantó con incesto y carna-

ha regado con sangre inocente, y ha crecido y se sustenta con agravios y tiranías ; el pecado del rey Enrique, etc. »
y
se

El manuscrito de Julián de Pliego no tiene prólogo ni epílogo
;

no pinta tampoco con agradables
;

colores á Enrique

pero buena parte de sus peca-

dos y

tiranía la carga sobre sus Consejeros;

que no

parece sino que habla de algún rey constitucional

con sus ministros responsables
Capítulo
I

al

uso de ahora.
el

del manuscrito.

Como

Cardenal fué

causa de todo el
galaterra.
<(

mal y daño que hay
de Rivadeneyra
la

en el Reino de In-

Capítulo

III,

:

De

las

costum-

bres desemejantes de
villábase él de la
ces,

Reyna y del Rey. Marasantidad de la Reyna algunas ve-

mas

seguia contrario camino, dejándose arre-

batar de sus vicios y pasiones. » Capítulo II del manuscrito :

hizo creyente al Rey ^ que estaba
do mortal.

Cómo el Cardenal mal casado y en pecaeste

Capítulo XIV del
tes

mismo

:

Como

Cardenal^ anle

que

e^l

Rey

casase con la

Ana, trabajo de

casar en

Francia.

«Capítulo V,
gencias que hizo

de Rivadeneyra:
el

De

las

dili-

Rey

acerca del matrimonio

XXII
con
la

Informe
Reyna, y de
lo

que propuso

al

Embajador

de Francia para deshacerlo. »

Como el Rey fué por Parlamento hecho cabeza de Iglesia en su Rey no.
Capitulo VII del manuscrito
:

((Capítulo

II,

de Rivadeneyra
el

:

La primera

ve-

jación que hizo
la

Rey

al clero

de Inglaterra, de
llama-

cual (dice el texto) tomaron ocasión los Conse-

jeros del
se

Rey para que de
la Iglesia

allí

adelante

él se

cabeza de

anglicana.
:

Capitulo XV del manuscrito
sejo
<L

Cómo Crumüel

acon-

al Rey que quitase

los

monasterios del Reyno.
:

Capítulo XXVII, de Rivadeneyra
el

De

la perse-

cución cruelísima que movió
giones.»
((

Rey

á todas las reli-

Capítulo XXXI, del mismo Despoja Enrique
:

los

monasterios. »

En
sables

suma, en
en

el

manuscrito,
el

el

Cardenal, Cromlos

wel, los Ministros,
:

Parlamento, son

respon-

la historia del jesuíta el

Rey toma
si

siem-

pre

la

iniciativa.
el

Por donde

se

ve que

analogía

hay en aún en

relato de

ambos, mayor diferencia hay

las

apreciaciones de uno y de otro.

Pero donde aparece esto con más interés y claridad es en la relación que hace uno y otro autor de la
muerte de Enrique VIII,
actor de
la

el cual,

siendo principal

del chisma^ y

Choronica manuscrita y de la Historia compendiando en su muerte su vida
tal

entera, viene á revelar claramente en
el espíritu

narración

de sus biógrafos. Scame
el

lícito, siquiera

por muestra, copiar
crito
;

capítulo lxvi del manus-

dice así

:.

:

informe
Cómo
rey),
el el Rey hizo testamento estando malo,
el

xxiii

— Muy

pocos dias después que murió

Rey
:

se

sintió

mal

dispuesto, y

Conde Sore (Surcomo era
de su Con. mal dispuesto

hombre
y no

sabio, llamó á todos los señores

sejoydíjoles

«Señores, yo

me

hallo
:

cuándo Dios

me

llamará

por eso yo quiero

ordenar de mi ánima, y quiero satisfacer á mis
criados y el servicio que

me han

hecho.»
:

Y

luego

llamó

al

Secretario Pagete (Paget) y díjole

«Yo

bien que

mis dias son pocos y te quiero satisfacer

de tus
llos

servicios.))

Y
te

luego

le dio,

delante de aque:

señores, seiscientas libras de renta perpetuas
te las

«

Yo

doy y
ellas.

perdono

los dineros

que hablas

de dar por

))

Estas seiscientas libras las habia

comprado
las

el
;

dadas

Pagete á pagar en siete años, y diósey otros señores hablan comprado tam-

bién

él, y á todos las dio dadas. De modo que á muchos señores y criados dio muy muchas rentas. Y mandó á Pagete que se quedase aquella

como

y así lo hizo ; y mandó tomar papel y tinta y ordenó muy muchas cosas, y entre ellas algunas de las que aquí diré. Lo primero dejó decinoche con
él
,

seis

de

los principales

de su Consejo por Goberna-

dores, y

mandó que su hijo fuese coronado por Rey: mandó que si su hijo muriese sin heredero, que su y hija Madama María fuese Reyna y si muriesen los dos, que su hija Isabel heredase el Reyno y
: :

faltando

los
:

tres,

Millor Marqués de Rutelan
le

(Rutland)

y

mandó que

diesen á su hija

Mada;

ma María

siete

mil libras para su mantenimiento
:

y á su hija Isabel cuatro mil libras

y

mandó que

XXIV

Informe

como su hijo fuese de deciocho años, que pudiese entonces hacer á su voluntad, y hiciese en su Reyno
lo

que quisiese
aííos,

:

ocho

que

los deciseis

y que hasta que tuviese los decigobernasen y mandó
:

que ninguno de sus criados fuesen mudados de sus oficios ; y que los gentiles-hombres de su cámara
fuesen de
la
:

cámara de

su

hijo

:

y otras muchas

mandas hizo y desde el dia que se sintió malo en ocho días murió. Y cada dia llamaba á sus grandes, y siempre les rogó fuesen leales á su hijo y un dia
:

antes que muriese, hizo venir allí á su hija

Madapadre

ma María;

y

la

buena señora, como vio
la la

al

tan al cabo, púsose delante de

cama y hincóse
vio, le vinieron

de rodillas; y cuando
las

el

padre

lágrimas á los ojos en grande abundancia y dí((

jola así:
))

Oh,

hija,

muy

contraria te ha sido la

fortuna, y

mucho me

pesa no haberte casado

como

))

deseaba

))cha lo
))

fortuna lo quiso ó mi desdi; y pues tu ha causado, yo te ruego que esfuerces y
^

que seas madre del
dejo tales

pues ves queda peque-

te ño, y yo honrarán y servirán como mereces.» La buena señora, no pudiendo responder del mucho llorar,
))
))

en gobierno del Reyno que

se

esforzó

un poco y
vivirá

dijo

:

«

Yo

espero en Dios

que V.

M.

muchos

dias y

que no

me

hará

tanto mal en dejarme guérfana.'»

Y como el Rey no
hizo señas con
:

pudiese ver á
la

la

buena

seííora llorar,

mano, que de palabra no podia, que se fuese

*

Hay una
en

palabra omitida en

el

manuscrito del

Sr.

Velas-

co

5

los otros

pone de

tu hermano.

Informe
y
así, se fué la

xxv

padre.

Y

luego
:

buena señora, que no vido masa su mandó llamar á la Reyna (Catalina
«Señora, Dios
es servido

Parr) y díjola

que nos

apartemos, yo mando honren y miren como

á todos estos señores que os
si

yo fuese vivo, y si vos, señora, queréis casar, mando que os den siete mil libras para vuestro servicio mientras viviéredes, y
todas vuestras joyas y atavíos.»

Y

la

buena Reyna
llorar,

no pudo tampoco responder del
también mandó que y tomó Dios.»
el

mucho
el

y
á

saliese.

Y

otro dia se confesó

Sancto Sacramento y dio
la

ánima

Muy

diversa es esta escena de
,

que pinta Ri-

vadeneyra y que de puro conocida y popular no hay necesidad de reproducir. Allí Enrique, «atormentado del cruel verdugo de su conciencia, intenta volver á la

comunión de
le

la

Iglesia

;

mas no

mereció hallar quien
dió
al

dijera la verdad. Allí acu-

Rey una

cuadrilla de truhanes y lisonjeros

apartándole de este pensamiento y quitándole el escrúpulo que tenía, porque temían perder los
bienes que
sias.

les

había cabido del despojo de

las igle-

Allí, estando ya al cabo y desahuciado de los

médicos, fué avisado de su peligro y mandó traer una copa de vino blanco, y volviéndose á uno de
sus privados dijo
:

Omnia perdidimus, todo

lo

hemos

perdido; y con unas palabras congojosas y de mortal

angustia,

nombrando algunas veces

á los reli-

giosos

y monjes, se dice que espiró. » Divergencia muy grande hay entre estos dos re:

latos

las

disposiciones testamentarias en cuanto d

XXVI
la

Informe
mencionan acordes
la

sucesión y tutela, las

el

ma-

nuscrito y Rivadeneyra; pero en

parte religiosa

y en el aspecto moral de la escena, disienten abiertamente. Un hecho hay en este punto, sobre todo,

que merecerla
el

ser dilucidado.

¿Confesó y comulgó
el

moribundo

rey,

ó no

lo

hizo?

Rivadeneyra parece negarlo cuando resume
suceso con estas tremendas palabras
:

((

Para que

se

vea que

el fin fue
^.

conforme

al

progreso y discurso

de su vida))
suíta, dice

En cambio Thevet,
textualmente
ses

autor coetáneo,
:

como

el Je-

«Muchos
il

caballeros ingle*.

me han

asegurado qui

eut belle repentencey>

Godwin, obispo anglicano, afirma 3 que guntándole al Rey si queria hablar con algún
siástico, contestó

preecle-

que sólo

con Cranmer, pero que
le al

antes queria dormir

un poco; después del sueño

sobrevino un síncope, y llamando entonces zobispo á toda prisa, cuando éste llegó de Croy-

Ar-

don, donde estaba,
tarle
la

el moribundo sólo pudo apremano, porque was speecbless, estaba sin

habla.

En

contra de esto,

el

célebre Gardiner, obispo

católico de Winchester, en

un sermón predicado

en Londres afirmó que Enrique habia querido volver al gremio de la Iglesia ; y lo documentalmente

'

Lib. 1, cap. XLvn.

^
5

Comograpbic du Lci'aní,
Hislory, pág.

lib.

xvi. Lcoii

,

1554-

207.

Informe
cierto es

xxvii

que en su testamento fundó misas en su-

íVagio de su

alma

^.

El manuscrito, y otros con él, cuentan que dia-

riamente llamaba á sus grandes (no á

los obispos)

y conferenciaba con ellos. En cambio hay quien dice ^ que conservó á su
lado á su confesor
el

obispo de Rochester, que oyó

pecie.

diariamente misa, y que comulgó en una sola esNuestro códice, pues, hace coro con éstos,

cuando afirma que

((

otro dia se confesó y

tomó

el

Sacramento y dio
testimonio valdrá
del testigo
:

el

alma á Dios»; pero semejante

si

más ó menos según la posición fuese, por ejemplo, un médico de

cámara, valdría

mucho y

probaria

el

hecho;

si

fuese

un soldado aventurero ó un particular residente en Inglaterra, no probaria otra cosa que la opinión esparcida en aquellos dias entre las gentes de su trato.

En cuanto
fícil

al

fondo, aduc sub judice

será dar sentencia definitiva;
dias casos de todo

lis est, y dique en nuestros

mismos

punto idénticos pasan
la

á nuestra vista y

no podemos depurar
la

verdad.

Ella se esconde en las profundidades oscuras de
la

conciencia ó en

alteza inescrutable de los jui-

cios

de Dios.

Yo, ademas,

me doy

á entender fácilmente la

razón que entonces
la

asistía,

ó por mejor decir,

pasión que movia á los autores en distintos sen-

'

He

left

money for masses

to

be za'id for deliver'wg kis sou¡

from purgatory {death of the ^ Lingard , lib. in, cap.

king).
vi.

(Hume,

XXXill

,

pág. 364.)

XXVIII
tidos.

Informe
católicos

Los

que escribieron en tiempo en

que el matrimonio de la hija de Enrique VIII con nuestro Felipe II era objeto de sus deseos ó se
habia ya realizado, pintaban
al

padre

como

arre-

pentido del cisma, y casi ansioso de casar á su hija

con

el

Rey

Católico. Los que

andando

los tiempos,

como

Rivadeneyra (en 1588), escribieron

cuando
hija

ya María

Tudor habia muerto

sin hijos,

y cuando

perseguía cruelísimamente á la Iglesia

la

de

Ana Bolena,
dimientos.

ésos pintan la horrenda

muerte del

padre hereje, impenitente y atenaceado por remorAfectos opuestos en cada uno de esos períodos

impulsarán á

los historiadores anglicanos: los unos,

en elogio del fundador de su recien nacida
le

Iglesia,

conceden muerte serena y conciencia tranquila, dentro del protestantismo los otros que escriben
:

,

ya en nuestros dias, admiten sus vacilaciones y remordimientos ', porque en él, no tanto miran
el protestante,

cuanto persiguen

al

déspota ^, del

cual suponen que temeroso por su eterna condena-

ción, cuando se aproximó

la

hora de su muerte,
el

quiso procurarse á toda costa
se adhirió al

eterno descanso y más seguro punto de vista de la cues-

tión

3.

^

Thestrange contrañeties of hu temper and conduct.

(Hume,

ca-

pítulo XXXIII.)
^
»

His

tiratTiiy

and barharky.

(Id., id.)
to

When

the hour

of death ivas approachingy
repose ^

take

care at
¡ht

least

of hh oivn future

and

to

adhere

to

thc safer

úde oj

question.

(Hume,

cap. xxxiii.)

Informe

xxix

Raro y merecido privilegio de nuestra doña Caque en elogiar la pureza de su talina de Aragón vida y la santidad de su muerte anden conformes
,

el príncipe

de

los

ingenios anglicanos, Shakespeare,

y el venerable discípulo de San Ignacio de Loyola. Mayor conformidad todavía se nota en los dos
escritores españoles en euanto á la última despedi-

da de Enrique

VIH

y de su hija María, futura esel

posa de Felipe II.

Ya hemos copiado
el final del
;

relato del

manuscrito; véase ahora
libro
I

capítulo xlvii,
:

de Rivadeneyra
llamar á
el

dice así

'

c(

Y

aun

es-

criben que un dia antes de que

el

Rey muriese?

mandó

la

infanta doña María
la

María dice

manuscrito) y

dijo con
:

(Madama mucha ter-

nura y con lágrimas en los ojos <( Hija, muy con)) traria os ha sido la fortuna ; mucho me pesa de

no haberos casado como deseaba; pero pues no se » ha hecho, ó por mi desdicha ó por vuestra poca
))

afortuna, yo

ruego que os esforcéis y seáis ma))dre de vuestro hermano, que queda niño.»
os

Por mucho que sorprenda
diferencias.

la

identidad del len-

guaje entre estos dos narradores, más luz dan sus

— El

manuscrito
Jesuita lo
,

refiere el

suceso de
fra-

propio caudal,
se
le
:

el

encabeza con esta
fórmula de que

y aun escriben

que

es la

se va-

cuando copia. Aunque en

su prólogo se ha pro-

puesto expresamente seguir el libro del doctor Nicolás SanderOy

aquí no se contenta con hacer
?nortis

la

ver-

sión del

Modus Henrici

de su pág. 244, sino

'

Historia eclesiástica del pritrer chisma de Inglaterra.

d

XXX

Informe
la

que después de poner en castellano aquello de

copa de vino blanco y el omnia perdidimus^ que copia del Sandero, adiciona su relato con el anterior
pasaje que
,

según

él

,

otros

escriben.

En

el libro

anónimo,
dación á

el

moribundo Rey no
los

limita su

recomen-

la

persona de su niño sucesor, sino que

ndica
tales

que

que deja regentes del menor son

que honrarán y servirán, como merece, á su ihija doña María. Elogio éste de los regentes, que, verdadero ó falso, sólo puede ser acepto á quien en
aquel numeroso Consejo de Gobierno tiene cono-

El veneracidos y quizá cuenta con protectores. ble biógrafo de San Ignacio no está en este núme-

y por eso corta redondamente su referencia y cuando ha consignado la recomendación del prínro,
:

cipe Eduardo, que queda niño,

termina brusca-

mente

el capítulo.

Ni
la

es ésta la sola copia

que encontramos
la

;

véase

siguiente descripción de

procesión triunfal de
la

Ana Bolena

desde

la

Torre de Londres á

abadía

de Westminster.
Rivadeneyra, cap. xxiii.
Manuscrito, cap. ^
'

vi.

,

^.,

libro

I.

Salió

la

Ana

de

la

Salió

(Ana)
en
unas
todos

de

la

torre é iba en unas an-

torre de Londres descu-

das descubierta, que to-

bierta

andas
la

do

el

mundo

la

podia

para que

pu-

ver; y antes que ella saliese iba

diesen ver; iba delante

delante toda

la

toda

la

caballería y to-

caballería,

y todos

muy

dos

los señores

de salva

InfoY me
ricamente ataviados
después de todos
,

XXXI

y

los se-

y grandes del reino muy ricamente aderezados;
seguían
las

ñores de salva iban todas
las

damas y

se-

damas y señoras

ñoras con sus acaneas.

en acaneas y carros
triunfantes.

muy
Ana
carmesí
infinita

Y

la

Reyna

iba vesti-

iba

vestida

de

da de una ropa de bro-

una ropa de
,

brocado

cado carmesí, llena de

sembrada de
pedrería.

mucha
se

pedrería. (Nóteel

(Nóla

que

manuscrito

la

tese

que Rivadeneyra
cuello llevaba

llama

la

Reyna.)

llama sólo Ana.)

Y al cuello llevaba un
sartal

Al
hilo

un

de perlas mayores

de perlas mayores

que grandes garbanzos.

que grandes garbanzos.

Y

un joyel de diagrandísima

Y
valor.

un joyel de dia-

mantes de
estima.

mantes de inestimable

Y

llevaba en la cabelos

Y

sobre los cabellos

za, sobre

cabellos,

una guirnalda, amanera
de corona riquísima.

una guirnalda, á manera
de corona, de

muy

ri-

quísimo valor.

Y
unas

en

la

mano

llevaba

Y
flores.

en

la

mano

unas

flores.
al

Y

pasar de la ciula

Y

volviendo de una

dad, siempre volvía

parte a otra,

como quien

cabeza á una parte y á
otra.

saluda
él

al

pueblo; y de
la

apenas hubo diez persaludasen
te

Aquí

fué

una

cosa

sonas que

notable de ver que creo

y dijeccn Dios

guar-

xxxií

Informe
de,

no hubo diez personas
que
cir
la

como

lo solían

de-

dijesen Dios

te

cir á la reina

doña Ca-

guarde , como solian de-

talina,

cuando

la

bendita

Reyna

pasaba.

Como

se

ve,

el

autor del manuscrito refiere de
la

visu y dice

que fué una cosa notable de ver

poca

popularidad de

Ana

,

y añade que cree que no

hubo
se-

diez personas que la saludasen.

— Rivadeneyra,

parándose también aquí de
rus y de Nupti¿e
la

la

pág. 109 de Sande-

Anna

in vigilia pascbalis, transcribe

misma

relación, pero sin dar testimonio propio.

El manuscrito se extiende luego en descripciones

de aparatos y

artificios festivos

;

y lo que es más,

da maliciosa noticia de propinas que ahorró Ana
Bolena y que habia prodigado doña Catalina. Forzoso será, á vista de este paralelo de ambos
escritos, convenir
I

en

la

identidad de su origen.

Tuvo

el

P. Rivadeneyra en la última mitad del

siglo XVI

presente el original del manuscrito cuya

copia se ofrece ahora á nuestra Academia?
creo, á juzgar por el estilo de ambos.
el

—Así

lo

contrario, este

¿Fué, por original compuesto en el comienla vista el

zo del siglo XVII, teniendo ya á
libro de

popular

Rivadeneyra y agregándole noticias, descripciones, diálogos, partes, en fin, sacadas de uno ó muchos escritos particulares contemporáneos,
trazados con harto diverso espíritu
,

que

la

Histo-

ria eclesiástica del Cisma y aderezado todo de un modo novelesco é interesante: Mucho suponer es

Informe
éste.

xxxiii
resol-

—Problemas son que aun no alcanzo á
la

ver, pero que la

de dar á

Academia debe investigar antes estampa el volumen que se le ofrece.
¿

Ya en
tor de lo

uno, ya en otro caso,

quién es

el escri-

que Rivadeneyra copió agregándolo á su

traducción de Sanderus?

¿O

quién es

el

autor pri-

mitivo de

las

interesantes noticias que el colector
al clásico libro del
:

desconocido agregó

Jesuíta

?

Noticias nuevas y curiosas existen
si

para saber

son fidedignas y en qué grado, forzoso es inves-

tigar la persona

de su autor, ó
en Londres
ellos es el

al

menos

su clase.

Numerosa
fiero

era la de mercaderes españoles
^,

en

el

siglo XVI residentes

que ninguno de

y con todo, inautor de esa nar-

ración, ni directamente
epistolar; porque

ni

por correspondencia
,

no creo posible

ni

aun

verosí-

mil, que un

llaman, dejase de tomar en cuenta
subsidios, los empréstitos forzosos,

hombre de negocios, como ahora se los enormes
los frecuentes

cambios en

la ley

de

la

moneda y

los
la

monopolios
ne-

con que

el

déspota inglés paralizó
.

industria y el

comercio

^

Ni puedo persuadirme que un
el rey

gociante espafíol no mentara siquiera aquella gran

suma de

dineros que

Enrique habia dado

g

prestado en tie?npo de necesidad al Emperador, y que fué causa de reclamaciones entre ambos soberanos

'

Véase sobre

esto Acquitatüia

Mcrcatorum Hispania. Ry-

mer, tomo xv, pág. 262. ^ Véase Hume, cap. xxxiii
[Miscellaneous transad ions.)

,

rciiUido

de

Enrique

VIIL

XXXIV
como

Informe
;

especifica Sandoval

cuya suma hace subir
á trescientos

Ginés de Sepúlveda por una parte

mil ducados, y á quinientos mil por otra ^. Menos todavía tengo al autor de estas noticias

por clérigo

y mostrándose tan afecto á historias interesantes y á escenas patéticas, no
;

que á

serlo,

habia de pasar en silencio

la

muerte de Isabel
la

Barton, llamada por antonomasia

monja de
fin

Kent

(21 de Abril de 1534), cuyo trágico

anota

Rivadeneyra ^, y la cual monja, según Herbert de Cherbury, fué una impostora que forjaba profecías políticas,

de

la

y según Sanderus, una mártir digna pública veneración ; en todo caso, con su vida
3 al

y con su muerte unida

martirio de fray Juan

Forest, asado á fuego lento ^(22
las

Mayo
la

1538), y á

quemas de 1539

^' ,

dan testimonio irrecusable
religión y de la

de que aquella mezcla híbrida de
política
se

y aquellas execrables hogueras que tanto echan en cara á María Tudor, eran ya fruta
sabrosa para su Real padre, el fundador del

muy

cisma anglicano, de quien un historiador francés de
aquella edad, con terrible ironía, dice que ejercitaba equitativamente la justicia y condenando á
los

amigos del

*

Sandoval,

llb.

xvi, cap. xxi.

— Sepúlveda,

de Rehuí

gestis

Caroli
*

V^

lib.

vn-xxiii.
lib.
i,

Cuma

de Ivglaterra^

can. xxv.

Lingard,

lil,

capí-

ulo IV, pág. 228.
3

Mamscnío,
Lingard,

cap, xxxvi,
111,

Hume,

xxX!. Supresión de

/os

mo-

nasterios.

cap. v^ pág. 253.

— Apciidicc

^i.

4 Stüwc, 570, 575.

Informe
Papa á
la horca,

xxxv
á la hoguera
^.

y á

los

enemigos

Forest era papista, y, sin embargo, murió quemado.

Pero aun sin tomar en cuenta esta omisión de la monja de Kent, que fuera inverosímil en un cronista eclesiástico

de aquel reinado

,

tengo para

mí que

desde

el siglo

xvi acá no ha de haber

clérigo espa-

ñol alguno que se atreva á llamar á Enrique

VIH
le

buen Rey
apellide

;

bien que

al

presente no
la

falte

quien

liberal,

mudada ya

acepción del vo-

cablo.

Alguno ha querido, para dar
derno,
insistir

valor á este cua-

en lo dicho

,

suponiéndolo redactado

por un capellán de

la infelicísima

y bendita Reina
ella

Catalina de Aragón,

cosa

ai

parecer razonable,

porque en verdad contiene sobre
últimos trabajados aíios
detalles

y sobre sus y sobre su santa muerte

vientes.

nombra á muchos de sus sirUno de ellos, Montoya ^, consigue traer
curiosos, y

de España (Junio de 1527) 3^ en veinte dias de viaje redondo (celeridad entonces milagrosa), y dejar

en poder de su señora, para que en adelante
la

la

muestre (20 de Diciembre 1528),
cedida por Julio II,

dispensa con-

más

explícita y clara en el
el

ejemplar español que en

inglés 4.

El

mismo

^

Véase Lingard,
Probable
es

iii,

cap. v, pág. 289.

^

que este Montoya fuese hijo de Catalina de
las dichas

Montoyay dueña que estaba con
Gales.
5

damas de

la

princesa de

—Archivo de Simancas.

Lista de las damas.

— Apéndice B.

Lingard, in, cap. iv, pág. 144.

4 Lingard, lu, cap. iv, pág. 175.

XXXVI
Montoya
creto al

Informe
logra después llevar con prontitud y se-

Papa Clemente VII, refugiado á la sazón en Orbieto, las cartas de la Reina Catalina, tres dias antes que llegasen los Embajadores del Rey ^
:

cuya diligencia explica
que en
tar
la

la

circunstancia motu propio

bula

Sana ad

aures riostras ha hecho no-

un

ilustre
fiel

académico.

Nombra asimismo

la

Cró-

nica al
to,

lacayo Bastían, borgoñon de nacimiensin

que

es,

querer, causa de un acuerdo del
:

Consejo privado
nuscrito
la

y

casi

contiene

el

mismo ma-

biografía del gentil-hombre Francisco

dechado de española hidalguía, premiado en el testamento de su ama desventurada. Tres documentos éstos, la bula del Papa, el acuerdo del Consejo, y el testamento de la Reina, que
Felipe, noble

confirman y avaloran la verdad del Códice ; tanto más, cuanto que, publicados ya ahora, no es, sin

embargo, probable que corrieran entre
escritores

el

vulgo de

españoles de aquellos dias, aunque bien
los noti-

podrían ser objeto de conversación entre
cieros de la City.

Por

otra parte,

para probar que

el

escrito sea

obra de un capellán de doña Catalina, no es todo
lo

dicho argumento afirmativo, sino de mera in-

ducción, pero
tros negativos?

¿cómo

desvirtuar ó responder esto-

Ni

el

tono paternal de

la

bula de Clemente VII,

ni la presentación inesperada

de

la

copia española

^

Lingard,

obra y lugar citados.
la

— Beauchot

,

artículo

Du

Belhy.)

Jean^ en

BwgrapJñe un^venelle.

)

Informe
de
la

xxxvii
el

dispensa, debida,

según

manuscrito, á

la

diligencia del

Montoya, produjeron otra cosa que su detención en Brujas, donde la Reina le tuvo
la

pensionado para evitar

cólera de Enrique.
;

— Éste

continua su plan de divorcio

se

constituye en Lon-

dres el Tribunal de Campegio y Wolsey, con lo demás que no hace á nuestro propósito narrar. Al

cabo

el

Rey, no tanto
la arroja

se

despide de su legítima
el

mujer, cuanto

de Windsor
la

13 de Julio
la

de

I53i,ymás

bien

recluye que

aloja
'.

en

Hampthill, con pobre y escasa servidumbre Ni su hija siquiera la acompaíía ; por eso
liz

la

infe-

madre

le

escribía dándole consejos

y robustela

ciendo su ánimo juvenil, y anadia que dijese á

buena Lady Sahsbury, su aya, que no
sino

se llega
:

al

cielo

por

el

camino de la adversidad ^
la

y en efecto,
la larga calle

Hampthill fué

primera estación de

de amargura que habia de recorrer.

En
aun
res

otra carta se queja de

que su servidumbre
salir
3
.

es

tan reducida que ni en coche puede
tenía, al parecer, consigo á todos

Pero

los servido;

que
se

el

manuscrito nombra, excepto Montoya
hablaba español.

aun

consolaba con su confesor fray Juan Forest,
i^iglés,

que aunque

— Desde
iii,

allí.

^-

'

Turner,

t.

,

pág. 318.

* Burnet,ii, Records^ pág. 2,43.

Agües Strickland,
(Véase Apéndice
^

iv,

—Audin, — Lingard 127. — Rivadeneyra,
t.

vii, pág. 39.
,

pág. 250.
11
j

lib.

cap.

v.

C.
al

Hearne's Silloge,
iii,

fin

de Tifus Lhius, pág. 77.

— Lin-

gard,

cap. V, pág. 249.
e

XXXVIII
desde Hampthill,
se

Informe
niega
la

Reina á comparecer
divor-

ante el Tribunal de Dimstable, en el cual Cran-

mer

la

condena en rebeldía y pronuncia

el

cio (Viernes, 23
Allí,

Mayo

1533)
la

^.

en Hampthill,
la notifica

visita

el

perjuro paje

1533) ^ la pretendida disolución de su matrimonio, é intenta tomar
(3 Julio

Monjoy y

juramento á su servidumbre de que
adelante

la tratarían

en

como princesa viuda de enferma como estaba, se arrastra

Gales. Catalina,
hasta
el la

estancia

en que pasaba esta escena, y estorba

juramento
al

y ahuyenta con su majestuoso enojo del Rey.

emisario

Nada de

esto refiere nuestro manuscrito,

cuyo

autor, al parecer en

Londres á

la

sazón, contaba
los festejos

personalmente
del triunfo de

los vivas

Ana

y presenciaba Bolena.
la

En Hampthill
rival.
¡

sabe

Reina

la

boda (25 de Ene-

ro 1533) y la coronación (i.° Junio 1533) de su

Cuántos golpes

á su

pobre corazón y débil
energía de

salud

!

Entre tanto, para quebrantar
Reina, es trasladada á Buckden,
é insalubre

la

la

castillo

incómodo

en
;

el

Lincolnshire, á cuatro millas de

Huntingdon el número de

algo debió disminuirse en esta etapa
sus domésticos,
el

y desde luego des-

aparece su confesor

venerable Forest.

En Buckden
'

sabe, tiempos adelante, el suplicio

Rymer,
Audin,

t. t.

xiv, pág. 467.
viT, pág.

^

183.

Informe
de
la

XXXIX

monja de Kent

(21
;

Abril
la

ella

inocentemente creía

1534), en quien supresión de los mo-

nasterios y. el martirio de los Cartujos, de las Brígidas y de los Franciscanos,
ella

que

se

acordaban de

en sus oraciones (5 Mayo 1535); y la degollación del venerable obispo Fisher (22 Junio 1535),

que habia defendido
fm, del Canciller
mejor amigo
^.

sus derechos

;

y

el suplicio,

en

Tomás Moro

(6 Julio

1535), su

Antes he dicho que fray Juan Forest desaparece en Buckden, fundándome en que cuando se presentan en ese castillo Lee,

arzobispo de York,

sucesor de Wolsey, yToustall, obispo de

Durham,

la Reina y de su servidumbre el doble juramento, á Enrique ^ como cabeza de la

para exigir de

y á Ana Bolena como reina de Inglaterra, no aparece, entre aquella familia, el venerable
Iglesia

franciscano.

El manuscrito refiere esta visita
el

como hecha por

arzobispo de Canterbury, lo cual, no siendo cier-

to,

prueba que

el

hace inverosímil que fuese capellán de

autor estaba poco informado, y la Reina.

La

respuesta de ésta fué la

misma que siempre
la

:

((que era católica y

no reconocía en
que
,

tierra otra
;

cabeza de

la Iglesia

el

romano

Pontífice

que

era mujer de Enrique

y que, mientras viviera, no

podia haber otra Reyna ni persuadirla nadie de que

'

State

pci¡>t:)S.

431-480.

— Cartas

del Carel. Polc^

lxxxiXj

Ropcr. 48.
^

Stulc papcrs^

t.

1,

p.íg.

397-404.

XL
su hija era hija de

Informe
pecado y de que
ella

habia vivido diez y ocho años en concubinato.» Sus dos capellanes, Abel y Barcken (nótese bien, ninguno
español), se niegan á jurar, y son conducidos presos
á disposición del inexorable

tribunal de Londres. El manuscrito ni hace de ello mención ni nombra

á estos dos eclesiásticos.

Los demás domésticos, según
se
ligioso,

la

orden de su ama,
al

convienen en decir, en cuanto

juramento

re-

que jurarían todos
sobre los
((juro

lo

que jurara

el gentil-

hombre Francisco Felipe;
la

éste sale al frente,

pone

mano
:

Evangelios y dice en buen casel

tellano

que

Rey

se

ha hecho cabeza de
el

la Iglesia»,

jugando quizá con
notan

vocablo sea he-

cho,

se el

ha hecho. Los prelados ingleses no entienequívoco
ni
la

den

superchería; pero
la resistencia

al.

pedir juramento de fidelidad,

no pue-

de vencerse.

Niéganse todos á jurar á Ana como reina
názaseles con el castigo
tían
:

:

ameser

el

lacayo borgoñon Bas-

protesta

que

los extranjeros sólo
la

pueden

expulsados, y despídesele. Media
la majestad que su carácter y

su virtud

Reina, y con aun á ,

despecho de su desgracia,
el leal

le

conceden, hace que

servidor vuelva á ser llamado desde el cala

mino que ya habia emprendido, y que

cuestión

ó fórmula del juramento se modifique. Este desenlace, á juzgar por el manuscrito, parece novelesco;
el

modo

lo

veremos acreditado con auténticos do-

cumentos recientemente publicados.
Pero nuevo infortunio cae entonces sobre
la

in-

Informe
feliz

xli

esposa; nueva prisión, nueva disminución de

familia, traslación á sitio
sela al castillo

más mortífero:

destína-

de Fortheringay, que parece pre-

destinado á ser calabozo y tumba de reinas mártires.

La española
teme que
se

se

niega á la traslación, y aun se
se

desnudará y

pondrá en cama
tal

^
;

necesario es evitar el escándalo de
elige entonces el castillo de

violencia; se
insa-

Kimbolton, tan
,

y da en Julio de 1535 ^. Con este motivo, ó más bien con

lubre

como

el

de Fortheringay

allí es

traslada-

el

de

la

nueva

reducción de su familia y del pretendido juramento, Catalina escribe al Rey pidiéndole que al menos quedasen en su compañía su confesor, su médico, su boticario, dos criados y las
S.

mujeres que

M.

el

Rey,

su

amadísimo amo

y señor, designa-

se; y estas personas á condición de prestar jura-

mento
jer
;

al

rey Enrique y i su ama, no á otra
:

mu-

éstas son las palabras
to

j4/¿J that they could take

no oath hut only
other
3.

the king

and

to

her, but to none

woman La carta anadia ^\ «Mi médico y mi boticario son paisanos mies el Rey los
:

'

What

to

do

If

she

persisteth in
for in
to

her obstinacy, and that

she will
sick and
Coiincil

we

surely

think

her wilfulness she
put on

may

fall

keep her bcJ, refuslng
y

her clothes.

{Vr'iijy

edited

publicado por Harris Nicolás, pág. 347.)

^
^

Véase Apéndice D.
Pri-vy
Counc'd edited by
sir

Hiuris Nicolás^

páginas 347

n

349.
^ El

Apéndice £, texto de toda

la ca'ta.

.

xLii

Informe
ellos

conoce tan bien como yo:
largos años en
lo

han permanecido

mi compañía, y han tenido ( yo se agradezco) muchos cuidados conmigo porque
;

yo estoy enferma, como

S.

cesito su asistencia para la

sabe bien, y yo nepreservación de este mi

M.

pobre cuerpo, y que pueda vivir tanto tiempo como á Dios plazca.
))Ellos asisten diligente
cio,

y lealmente á mi servirezan asimismo diariamente para que logre
el

durar largo tiempo
))Pero
si

reinado de V.

M.

prestasen otro juramento que aquel que
al

ya tienen hecho

Rey y

á

mí (de servirme), no
vida.

podria yo en adelante fiarme á ellos y viviría en
ascuas
,

sobresaltada por

mi

— Por

esto ruego

al Rey que mirando á su honor y su bondad, al amor que ha existido entre él y yo (cuyo amor ahora mismo es tan leal para él como fué siempre,

así

Dios

me

oiga),

que no use semejante rigor cones tan

migo, ya que mi súplica

razonable »

^

De
dos
sa, la

admirar
y

es

en

este

documento, como en
la
la casi

to-

los actos

escritos

de

desventurada princelocura de su
Católica, digna her-

firmeza de su dignidad y
la

amor. Digna hija de Isabel

mana de doña Juana.
Su confesor,
el

inglés

Abel

",

le

fuá quitado

:

'

Pii'vy Councll.

^

En Simancas

existe

una carta del doctor

Orti/.

,

enviado

español, de fecha de
se martirizará al

20 de Abril 1536, que dice: uQue pronlo Maestro Abel, capellán de la Reina, y á otro
debe ser aquel Earkcn de quien,

capellán suyo, n Éste

como

Informe
los

xliii

dos españoles, médico y boticario, se quedaron. Este confesor, pues, ya inglés, habia susti-

tuido al venerable fray
los

Juan Forest, guardián de franciscanos observantes de Santa María de
á la sazón se hallaba en

Walsingham, que

New-

gate, no sólo acusado, sino condenado á muerte.

— Esta
feliz

noticia fué quizá el último golpe que la inprisión.

Reina recibió en aquella
allí

De
de
la

escribió á éste, su antiguo confesor,
'
,

una

edificante carta

Reina habla

el

y ni de ella ni de esta pena manuscrito.

¿Se puede admitir que un capellán ó un doméstico

de

la

princesa trate de estas cosas sin hacer
ilustre confesor

mención de aquel
Abel, que
lante
?

de

la fe,

Tomás
oportu-

la

siguió al sepulcro pocos

meses ade-

(30 Julio 1536),
la

¿Que no mencione

namente

prisión de fray
la

Juan Forest y su corresel capítu-

pondencia,
I

cual no puede leerse con ojos enjutos?

Oue cuando

habla de este mártir en

lo XXXVI,

omita su cualidad de religioso y de confe-

sor de la

Reina, y

le

llame á secas el doctor Forest?
la

Continuemos:

al

segundo confesor de
el

Reina,

Abel, reemplazó (por orden del Rey)

obispo de

Landaff, llamado Allegua, español, de carácter débil
los

y contemporizador, y ya decrépito años y los achaques ^.

é inútil

por

de su compañero, no

hace

mención

el

manuscrito.

— Véase

Apéndice F.
*

Rivadeneyra

la

incluye.
I

*

Stiíckl.md, pág.

3 5,

t.

IV.

Hume.

:

;

xLiv

Informe
había, pues, á su servicio

No

capellán alguno

español que pudiera ser su cronista y sobreviviría

por largo tiempo, porque

muy

confesor era obispo y viejo. El médico era el licenciado Alcaraz ^,
el el

que habiendo venido, como
sazón

Allegua, con
siglo,

la

Rei-

na en edad provecta, á principios del
ser á la

debia

muy
la

anciano.

— El

boticario se ha-

llaba en idéntico caso.

De

los otros

dos sirvientes
;

no

se

dice en

carta que fuesen españoles
la
los

lo

contrario se podria inferir de que
alegó esta calidad sino en favor de
ros.

Reina no
dos prime-

Teniendo

á la vista el manuscrito no es vioel laca-

lento conjeturar que el uno fuese Bastian,

yo borgoñon, y el otro el gentil-hombre Francisco Felipe, que, según el mismo Códice, por ser tan
leal quedo pobre ; porque el

Rey no

le dio

nada, y bien
asi,

pudiera el Rey compensarle, mas no quiso, y

fué

pobre á su

tierra.

Esto escribía yo, guiado por conjeturas críticas

meramente. Recibido con posterioridad de Inglaterra el

testamento de doña Catalina, hallo en

él

estos legados

ítem, á Francisco Phillipp, 40
ítem, á Phillips

libras.

A y

Antonio,
á Bastian, á cada
se

uno

libras 10.

Mis sospechas

han convertido, también

esta

vez, en realidades.

^

D. Vicente Lafuente.

— Expediente de

divorcio.

— Véase

Apéndice O.

Informe
Al
dejar, pues, el castillo de

XLV
Buckdam, viendo

que ya se la queria separar hasta de las pocas personas que cuidaban de que su pobre cuerpo permaneciese en la tierra hasta que
las violencias

Dios quisiese: sabiendo
Ja fe

que

se

usaban por apartar de

á

María ; y recibiendo á cada paso mártires y amenazas para el nuevos de noticias próximo Parlamento, su ánimo se contristó y tuvo
su hija la Princesa

por cierto su inmediato martirio y aun

el

de

la

hija de sus entrañas. Así lo escribió á su sobrino el

Emperador

^,

y

el

heroico Francisco Felipe, por-

tador de este último mensaje, se separó

de su ama

para no verla más en su última residencia de
bolton, condado de Huntingdon.

Kim-

Engañóse en sus temores; pero fué, en efecto,

Kimbolton el último tormento que doña Catalina sufrió en su prolongado martirio. El alcaide Be-

dingfield,

hombre de
^,

la ralea

de
:

los
allí

son

Lowe
se

fué el ejecutor

Tyrrel y Hudse reclamaron
,

de

la

bendita Reina, extenuada y enferma

las

joyas

con que

habia engalanado en

los dias felices

de

su juventud, preseas algunas heredadas de su pura

madre

Isabel

la

Católica, destinadas ahora (mal

pecado) á ser ornamento de

Ana Bolena
colmó su

Quizá
cáliz;

fué ésta la postrera gota de hiél que

*

Véase en

el

Apéndice
,

H

el

documento de Simancas, documento
del

legajo

863, núm. 49
el
<;o.

y

el

último

Apén-

dice B. * jo

Véase en
,

Apéndice Jel documento de Simancas, legi-

863

núm.

r

XLVI
la

Informe
la

menor, pero no

menos punzante espina de
lo

su

corona terrenal. Así

indica el Códice.
ultrajes,
las

Herida, pues, de tantos
larga dolencia,

consumida de
visto la luz
la ciula in-

envenenada por
ella,

mortíferas bru-

mas del Bedford-Level,
en
el radiante cielo

que habia

de Castilla, nacida en
^,

dad de Cervantes
vitaban
al

sintió

con jubilo que

banquete
^.

celestial y le ofrecían guirnal-

das incorruptibles

Pidió de nuevo

la tantas

veces reclamada
le

visita

de su

hija, y,

por última vez, también
al

fué negada

Entonces escribió
poso, aquella

memorable

Rey, su señor y amadísimo escarta 3^ copiada por to-

dos los historiadores, perdonándole, aconsejándole,
bcndiciéndole
;

tan llena, en fin, de humildad, de
,

amor y de ternura que arrancó lágrimas
Enrique.

al

mismo

Este entonces envió, según unos, permitió que
fuese, según otros, el embajador español Eustaquio

Chapuys
los

á visitar á la enferma...

Pero aquí ocurre una grave contradicción entre
dos escritores españoles, de cuyo

examen tengo

para mí que ha de resultar el verdadero valor del

manuscrito que

se

nos presenta.
,

— Rivadeneyra,
Reina, del mal

en su capítulo xxxiii
aire y

dice « que

la

continuo dolor y

tristeza del corazón,

murió

'

Mariana,

lib.

xxv, cap.

vii.

*

Shakespeare, Henry /'///, Acr.

tv, Scc. 2.*

— Véase Apén-

dice
'

y.
Véase Ap^-iidico K.

Informe

xlvii

dentro de pocos dias (no sin sospechas de veneno),
á los
treinta
seis

de Enero,

el

año de

mil quinientos

Como y cinco, á los cincuenta de su edad. carta de la Reina queda la (que Enrique recibió
no pudo
dejar, por

dicha, y Rivadeneyra copia),

rar

duro que fuese su corazón, de enternecerse y llomuchas lágrimas, y rogó al Embajador que

fuese luego á visitarla de su parte.
priesa que
se dio el

Mas por mucha

Embajador, cuando llegó ya
que

habia espirado. »

Dos aseveraciones

:

i.^,

la

Reina murió

en 6 de Enero de 1535 ; 2.% que el Embajador, español no llegó á verla, porque habia espirado.

La primera,

es

decir, la

fecha,

es

completa-

mente inexacta. Rivadeneyra mismo se contradice; porque habiendo doña Catalina nacido en Alcalá de Henares en i 5 de Diciembre de 1485 *, para
tener cincuenta años era necesario que hubiese

pasado
efecto,

el

15 de Diciembre de 1535; como en muriendo en Enero de 1536 contaba cin-

cuenta años y algunos dias ; pero si, como el venerable Jesuíta escribe, hubiera fallecido en Enero
del 35, le faltarían

más de once meses para

la

edad

que

supone, y que en efecto tenía. Creí esto errata de guarismo ; pero en la edición príncipe^
la

hecha en Madrid por Pedro Madrigal en 1588,
bajo la dirección del autor, en su página
cribe la fecha,
¡

118
letras.

es-

no con números, sino con
!

Cosa singular

Esta fecha de Rivadeneyra

la

^

Mariana, lugar citado.

xLviii
estampa asimismo
Cíiapuys en
la

Informe
el

embajador español Eustaquio
dirigida al

carta

doctor

Ortiz,

agente del Emperador en

Roma, y que está fechada en Londres á 9 de Enero de 1535 {sic). Equivocación de fecha es ésta muy común al comenzar un año, y tanto más disculpable en esta
ocasión, cuanto que el Embajador habia salido de

Londres,

30 de Diciembre del 35, habia pasado algunos dias en Kimbolton, no con
se verá, el

como

espacio ni oportunidad de escribir, y triste y mal
dispuesto

acababa de regresar á Londres, siendo
la

probablemente aquélla

primera carta que

escri-

bía en el recien entrado año de 1536.

Por

ser este

documento en extremo

interesante,

inédito y autógrafo, porque rectifica errores de

Lingard y de otros muchos historiadores ingleses, y á la vez califica de verídico nuestro manuscrito,
lo

copiaremos textualmente más adelante.

Lo
bert,
fin,

cierto es, por el pronto, que Sanderus,

Herla fe-

Hume,
la

Lingard, todos los historiadores, en

antiguos y modernos, están acordes en

cha de

muerte de doña Catalina (7 de Enero en Simancas existe una carta
'^

de 1536).

Más

es

:

del

doctor Ortiz, agente del Emperador en

cha en 10 de Enero de 1536 y Carlos V, en que dice que Chapuys, embajador

Roma, fedirigida al mismo

en Londres,

le

habia escrito en 14 de Diciembre

'

Archivo de Simancas, Estado,
en Apéndice L.

legajo 805,

fól.

76.

Va

Informe

xlix

anterior la indisposición de la Serenísima Reina.

30 de Enero de 1536, remite adjúntala famosa comunicación de Eustaquio Chapuys, con el año de la fecha que
otra
'

En

del

mismo

Ortiz, de

En otra del mismo, de 6 vamos rectificando. Marzo siguiente, dirigida á Juan Vázde (1536)
quez de Molina, dice en
carta
el

párrafo primero
recibí,
:

:

«La

de V. de 21 de Febrero
las

y por ello

manos de vuestra merced deseo saber si después acá vuestra merced recibió las cartas que he escrito de 30 de Enero á Su Majestad y á vuestra merced sobre la sacra muerte y martirio
beso

de

la gloriosa

Reina de Inglaterra, cerca de
lo

la

cual

vuestra
jestad.

merced verá
))

que agora escribo

á

Su

Mala

Finalmente, en esta á que

se refiere, y

con

misma

fecha de 6 de
la

perador que

Marzo de 1536, dice al EmReina fué enterrada como Princesa

á 18 millas de donde estaba, en una abadía que se

llama Iperberu (Peterborough), y que solamente habia enviado allá el Rey algunas señoras que asistiesen al entierro
^.

Puede admitirse como explicación de la fecha de 1535, estampada en la carta de Chapuys^ el que en Inglaterra, hasta el año de 175 1, no se dio el
Bill para la

reforma del Calendario

;

adoptando.

*

Id., leg.

865,

fól.

80.

— Véase Apéndice M.
VIH
a

*

Véase Apéndice N. Carta de E)2rique
Lingsrd, in, cap. v, pág. 251.

Lady Bc-

d'mgfield.

:

L por una parte,

Informe

la corrección gregoriana, y estableciendo, por otra, que en vez de comenzar el año,

como anteriormente,
cl i.°

el

25 de Marzo, principiase
error

de Enero, desde 1752.
esto, ni explica

Pero
del dia,
es

para Rivadeneyra

el

muy

que fue el 7 y no el 6, ni en cuanto al aíío admisible en dos autores espaííoles que es-

criben en español y para lectores españoles. Se equivocó, pues, Rivadeneyra, adelantando un

año y

dia la

muerte de

la

bendita Reina.
lo

¿Anduvo más
jador no
llego

acertado en

de que

el

Emba:

á verla en su última enfermedad?
el

En
la

todo caso no es

único en su opinión

Linque

gard, entre otros, dice que llegó

al dia siguiente

Reina espirase (8 de Enero de 1536), escribe la fecha ; y otros varios escritores asientan ó repiten
el

mismo hecho.
Nuestro manuscrito pinta
la

escena del

modo

siguiente, del cual se infiere lo contrario

«Después que
estaba
fuese

el

Rey supo que

la

bendita Señora

muy

mala, invió á decir
según

al

Embajador que
pensaba que
es-

cuando

quisiese á verla, y que
le

no

la hallarla viva,

hablan escrito que

Embajador quiso verla antes que muriese, y fué con mucha más compañía que la otra vez, y llegó al castillo víspera de Año Nuevo,
taba mala.
el Sr.

Y

y
la

la

bendita Reyna
la

se

holgó

mucho con

él

y con
al

compañía; pero
que no podía
allí

bendita señora estaba tan

^'abo

ser más.

Todavía estuvo

el

Em-

bajador
alegría

hasta víspera de los Reyes, y con la
la

que

bendita señora tenía, parece que se

»

Informe
alivió

li

un poco; y partido que fué eJ Embajador, y llegada ya la hora de dar el ánima á Dios, llamó á su confesor y su médico y dijo estas palabras
:

((Licenciado, ¿qué os parece,

que estoy
se

muy

mala?»
^
:

Y

dijo el licenciado,

que

llamaba Lasaut

«Señora, que habéis de morir.»
señora
:

Y

dijo

la

buena

«Ya lo sé.» Y luego se confesó y tomó el Sancto Sacramento, é hizo una oración á sus criados,
se

que no habia corazón que no rompiese. Ya que
llegaba la hora alzó las

manos

al cielo

y dijo

:

In ma-

nus tuas ^ Domine ^ commendo spiritum meum,,. y dio
el

alma

á Dios.
los detalles


dan

aquí ahora

de esta escena que
iv,

las

relaciones de Agnes-Stricklan (tomo
^.

pág. 104) y de Mrs.

Thomson, pág. 307 Embajador de España, Capucio, «Eustaquio
el

lle-

2

de Enero á Kinbolton (habia salido de
el

Londres con permiso del Rey
lado de Catalina.

30 de Diciembre);

pasó inmediatamente cerca de un cuarto de hora
al

— La
;

enferma conservaba todo

su cabal conocimiento

hablaba en español

muy

á
la

despecho de Bedingfield, que estaba presente á
entrevista y que no entendía palabra de
sación.
la

converá

— Esperaba

éste

que Mr. Vaux,
castellano

quien

buscó (otro encargado de Cromw^ell), entendiese
algo, porque hablaba el
;

pero aquella

'

Véa?e Apéndice

O.
!í¡

^

Véase Audin, Sur

Reforme, tomo vil, páginas 140 v

si-

cnientes, donde copia á estas escritoras.

Lií

Informe
la

tarde

Reina
^

significó su

jador sin testigos.

— De

deseo de ver

al

Embadolien-

cuando en cuando lady
la

Willoughby
te

se

acercaba á

cama de

la

y se chuzaban entre ellas cariííosas palabras. Cuatro dias se pasaron en tan cruel incertidumbre
;

el

médico no perdia
sol

las

esperanzas. Algunos
la

rayos

de

hubieran podido prolongar algo
;

vida de Catalina
fué
ve)
se

pero

ilusoria
^.

{the

y la mejoría amendment was however illusiel sol

no

salió,

El pecho de

la

infeliz

se

cerró,

la

lengua
sonidos

trabó, los labios apenas

murmuraban

inarticulados, el sacerdote no se apartaba de la ca-

becera,

el

7

recibió la

extremaunción

y

el
3
:

mismo
Ho'j 7
.•

dia Bedingfield

pudo

escribir á su corte
las diez^

Esta mañana á cosa de
,

Milady viuda^

ha

recibido la extremaunción

y á

las dos de la tarde

ha entregado su alma á Dios
e?iz^iádnoslo.))

No

tenemos dinero y

En resumen,
el

el P.

Rivadeneyra, San-

derus, Lingard y los historiadores, gente grave,

dicen que no llegó

Embajador

;

las

memorias

fe-

meniles y el poeta Shakespeare, gente ligera, dicen que SI. Y añaden ademas que espiró en su presencia ^.

El códice media entre ambas opiniones, y dice que sí. fué el Embajador, pero que no presenció la

muerte de

la

Reina.

*

Véase

en

Apéndice

P

la

noticia

de

esta

compatriota

nuestra.
* Strype
^
,

tomo

Apéndice

^—

i, pág.

373. Carta original.

* Véase Apéndice R.

'Informe

luí

Oigamos
gable del

,

para resolver, la declaración irrefratestigo.

primero y más veraz

CARTA DEL EMBAJADOR EUSTAQUIO CHAPUYS AL DOCTOR ORTIZ '.
reverendo y magnífico Señor: A 29 del pasado recibí la carta de V. m., de 3 del mismo, y

Muy

con

ella los

recebimientos hechos á

S.

M,, en

Mc-

cina y Ñapóles, que se los tengo en
ced.

mucha merstar

— Con

ésta seré breve, así por

no

bien disdiré, tal,

puesto

como

por

star,

con

lo

que después

que no
el

por do empezar á scribirlo á V. m. por

gran daño y mal que á V. m., á mí y á muchos ha venido yo tuve nuevas que la Serenísima Seño:

ra

Reina staba

cencia
ticas,

muy mala fui al Rey á pedir lime dejase ir allá y, después de muchas pláme la concedió partí luego con la más dili;
, ;

gencia que pude, hallé que su Alteza en aquellos
siete dias

antes,
el

dolor en

rehusando siempre y con mucho estómago no comia ni dormia sino
,

tan poco, que se podia decir ser nada, y teníala
tan
ni

en

consumida y deshecha, que no podia sostenerse plugo á nuestro pié ni sentada en su cama
:

Señor que en cuatro dias, que stuve con su Alteza

mejoró y mostró haber recibido tanto consuelo con mi ida , que todos los dias no cesaba de decirme le
habia

mucho

trado el

serv-do en ello, y que bien habia mosbuen amor que siempre habia conoscidode

'

Archivo general de Simancas.

— Estado,

legajo 065,

f.

75.

LIV

Informe

á su servicio; paresció después á su Alteza
la

me
y
al

volviesse por solicitar que

mudasse de

allí,

médico pareció
otra cosa

lo

dcbia hacer, teniendo

como

te-

nía á su Alteza por fuera de peligro para entonces,

no sobrevenía; hícclo ansí, y en este dia ha venido nueva al ^ty, que al tercero dia dessi

pués que de allí partí, recayó en el mismo mal, y después doce horas murió, que fué antiyer viernes
á 7, dos horas

después de mediodía.
el

Yo

lo

he sen-

tido y siento tan en
ccrlo,

alma, que no

se encares-

tro Seríor

y con esto no sé decir sino que plega á nuesno se haga lo mismo con la Serenísima

Señora Princesa, pues ha querido nuestra mala
fortuna hacernos tanto daño, no diré á V. m.
passc con su
lo

que

Akeza (que

sea

en gloria) hablando

de V. m., de su extremada voluntad á su real ser-

y con tantas obras que puede V. m. creer hice el oñcío de buen amigo y servidor de V. m.
vicio,

Spcro en nuestro Señor, que

si

por su misericordia

quiere guardar á la Serenísima Seííora Princesa,

que será un gran bien para muchos

;

esto es lo que

con
(el

ésta

puedo decir; en
la

lo

demás

me
al

remito á

lo

que verá V. m. en

que escribo

señor

Conde

de Cifuentes, embajador de Carlos

V

en Ro-

ma), y nuestro Señor guarde y prospere la muy reverenda y magnífica persona y casa de V. m. como
dessea.

De

Londres, á 9 de Enero 1535.
del

Servidor de V. m.

— — Eustaquio Chapuys.
la

(Sic.r=

»

Aquí ocurre que

mismo modo que Rivadeel

neyra contradijo su equivocación de fecha en
propio capítulo en que

estampó, ahora

el

Emba-

Informe
jador rectifica
el error

lv
el

de su data en

despacho

mismo en que
los

la escribe.

¿Cómo puede

éste

recibimientos hechos

en Enero del 35 hablar de al Emperador en Mesina

y Ñapóles, cuando no se verificaron hasta 20 de

Octubre y 25 de Noviembre dd mismo año? *. Volviendo al fondo del suceso, según se ve
de verídicos
testimonios de

,

el

principal interesado, que es el Embajador, acredita
los
las

damas y del

poeta, y más aún el de nuestro autor anónimo, y quita la razón á Rivadeneyra: porque Eustaquio
llegó á ver á la

enferma

senció su muerte.

—En

muy

al

cabo,

si

bien no pre-

su virtud, el fallo de laAcaser

demia creo yo que habrá de

que

el

manuscrito

adquiere gran valor, y que el venerable Jesuíta, ya que lo copió en otras ocasiones, hizo mal de no seguirle

en

ésta

;

dado que existe en

su favor la cir-

cunstancia atenuante de que su intento no era de-

purar
bir
la

la

biografía de la bendita Reina, sino escri-

Historia eclesiástica del cisma de Inglaterra.

En Kimbolton,
las

pues, el 7 de Enero de 1536, á
espiró aquella

dos de

la

tarde,

insigne mujer,
la

que completa con su trabajosa vida
lección moral que su

magnífica

madre

Isabel
ella

la

Católica nos
la

ha dejado. Mariana escribe de
entre sus hermanas en presencia
?nejaba á la Reina su

que era

que
se-

y costumbres

más

madre

^.

Yo

pienso que

am-

bas rematan una heroica y sublime enscíianza. Su-

'

Saaduval,

libro xxii, párrafo xlviii.

^

Marianí

,

Hht.^ üb. xxix,

c.ip.

xvu.

Lvi

Informe

bió nuestra Reina desde el pobre castillo de Arc-

valo hasta el excelso trono de dos

mundos

,

mos;

trándose siempre grande, santa

,

intachable

por-

que habia tenido
la

á la

religión por guía.

— Con
la

adversidad por maestra y á
iguales medios su auel mismo caGran Bretaña defensa
,

gusta hija doña Catalina desanda

mino desde
de
la fe,

el

trono de
el

hasta

insalubre castillo de

su último calabozo, mostrándose no

Kimbolton, menos santa,
letra,

no menos grande, no menos intachable, porque
((

sabía también

,

y aun habia escrito de su
llegar al reino
^
.

que no podemos
tura hasta la

de

los cielos sino
la

por cruz y tribulaciones»

Subir desde

desven-

cumbre

del poder sin desvanecerse,
;

cosa gustosa es, aunque no fácil

pero descender

de

la

más elevada prosperidad
sin decaer

hasta el
es

do infortunio
meritoria y

más

ardua.

— Siempre

de ánimo,

más horrenacción más
,

será

por tanto,

más admirable doña
doña Catalina.

Isabel, pero

más inimitable
esta, en

Poco después de
joncillo de

la

muerte de

un

ca-

un pobre
:

escritorio se encontró su tesél

tamento

^

mandaba en

que su cuerpo fuese

enterrado en un convento de franciscanos observantes de Walsingham, donde tantos mártires y penitentes reposaban ; que si su amado Rey, esposo

y señor

lo

permitía, con los vestidos de boda, que

'

Rivadeneyra,

lib.

u

,

cip. v
i

,

al fin.

^ Strypes
dice 5,

Memorid/s, tomo

,

pág.

252.

— Véase

Apcn-

Informe
él

LVII

mismo guardaba,
;

se hiciesen

ornamentos de

igletrajo

sia

que

el

collar de oro, regalo nupcial
se diese

que

de España,

á su hija la

Princesa María.

Legaba ademas mandas á todos
vidar á ninguno.

sus criados, sin ol-

Mrs. Blanche, loo

libras.

Mr. Margery, 40 id. Mr. Whyller, 40 id. Mrs. Mary, mujer de su médico, 40 Al médico, un año de sueldo.

id.

A A A
era?

Francisco Felipe, 40 libras.

maese Juan, su boticario, un año de sueldo.
cada una de
Vivia aún
las

criadas, 10 libras.
al
?

Es notable que no nombra
¿

médico.

¿

Quién

el viejo

Alcaraz
,

El códice, des-

cribiendo su última agonía

dice que llamó á su
;

médico, que
u
la

se

llamaba Lasaut
letra,
es

e:te apellido,

si

es

penúltima

francés al parecer; sin

habla aún del médico español
cera, y el alcaide alude á
cartas.

embargo, Agnes Strickland, tomo iv, pág. 140, que era el de cabe^

él sin

nombrarlo en sus

(Sanderus
es

^,

144.)

Bueno
fué

cumplida. — Aquella

saber que ninguna de tales

mandas

Princesa, á cuyas bodas
trajo

aplaudieron dos

en dote doscientas mil coronas de oro, no pudo dejar de limosna 20 monedas (nobles) á los mendigos, ni obtener la sepultura que destinaba á su cadáver.

mundos y que

Fué

éste,

en efecto, sepultado, no en un con-

'

Véase

el

Ancndicc

O.

Lviii

Informe

el testamento, sino en abadía de Peterborough, obedeciendo, aun después de la muerte, la voluntad de su esposo. El

vento de franciscanos según
la

pueblo convirtió su entierro en verdadero triunfo,

acompañándola con demostraciones de

religiosa

veneración y con lágrimas de filial cariño. El 25 del mismo mes fueron las exequias con escasa concurrencia de cortesanos.
¿

Quién

lo

extrañará
los

?

El

Rey, con

artificios jurídicos, se

apropió
'.

mise-

rables despojos

de

la

repudiada

No
40

pagó uno
libras del
el

siquiera de los legados, ni

aun

las

Francisco Felipe, tantas veces nombrado en
nuscrito y en los documentos oficiales.

ma-

Esto nos trae á

la

memoria aquella famosa exel

clamación que tenemos como firma del códice. ¡Oh
buen Rey, y
cuíui liberal eras con todo
!

mundo, en-

demás para con españoles

Ahora bien. ¿Se puede admitir que un familiar de doña Catalina llame liberal, es decir, generoso, al Rey que de la miserable pensión por él asignada á su mujer, apenas
le

pagó

la

cuarta parte.? ¿Lile

beral, es decir, dadivoso, al

hombre que
al

arranca,
la

viva aún, las joyas nupciales que trajo de

casa

paterna

?

¿Liberal, es decir, franco,
la

hombre que

después de
sólo
fieles

se

muerte de su esposa repudiada, no niega á satisfacer sus reducidas mandas á
,

servidores

sino que con artificios jurídicos

se

queda con

los trajes
la

nupciales y el collar de boda,

ímica herencia de

desventurada?

No:

ni la

Rei-

Véase

el

Apéndice

T.

Informe

lix

na tenía ya á su servicio capellán español, ni nin-

gún doméstico suyo, caracterizado
de ser autor de
la

á la sazón, pue-

llamada crónica.

No

es esto decir

que faltasen en Kimbolton peró remuneradas ó

sonas de

menor importancia,
asistiesen á la

com-

pasivas, que

Princesa, unas impul,

sadas por la identidad de religión
otras; pero
al

por paisanaje

cabo gente menuda, por su edad ó
asistir lo
'

por su empleo, pronta á
cesos

mismo
las

á los pro-

de

Black-Friars

que á

procesiones

triunfales del
los

Strandy de Westminster
3;

% que

á

funerales de Peterborough

no hay que bus-

nombres en documentos de aquel tiempo; bien puede, sin embargo, uno de ellos ser inspirador y aun escritor, quince años adelante , de
car sus
la

crónica que nos ocupa.

La parte de ésta que aparece más detallada, más nueva, más personal, es la historia de las compañías españolas que hacia el fin del reinado de Enrique y aun
el principio
;

ron en Inglaterra
las,

del siguiente permaneciecompañías que, aunque españo-

fueron en parte reclutadas entre los estantes

en aquel reino, y en parte enganchadas de los licenciados de Flándes bajo el superior mando de
,

D. Beltran de
querque.

la

Cueva

,

tercer

duque de Albur-

^
*•

'

Donde Donde Donde

fué juzgada la reina Catalina.
fué coronada

Ana

Solena.

fué sepultada Catalina de

Aragón

Lx

Informe

El diligentísimo, extenso y verídico Sandoval no
dice de ellas
(cY
selas

más que

lo siguiente, lib. xxvi, parr. vi
el

:

habiéndose de partir
la

Emperador de Bru-

para

dieta que tenía echada en Espira, en-

Rey de Inglaterra por sus embajadores á don Hernando de Gonzaga y á Juan Bautista Gastaldo
vió al

para que concertasen con
guerra

él

la

manera de

esta

cómo

se

habia de hacer este año (1544)

Luego que S. M. llegó á Espira, vino D. Hernando de Gonzaga con el despacho (debe decir del Rey) de Inglaterra del cual recibió muchos favores y un aparador muy rico que estimó en más de
,

doce mil ducados
se

y en lo que tocaba á la guerra, acordó hacerla de la manera que se dirá De,

terminóse con
se

el

Rey

(de Inglaterra) que

él

entra-

por su cabo con ejército formado, y
el

el

Empe-

rador otro tanto con
las

suyo, y cada uno con todas
,

fuerzas que pudiese

guerra.

como

si

sólo hiciese la

El de Inglaterra entró por Normandía

en

fin

de

Mayo con

ballos; los

25.000 hombres y 5.000 cainfantes, 12.000 tudescos, los demás
trató, y el

ingleses: los caballos, mitad ingleses mitad alema-

nes

—Y

que

el

por su
rico

Emperador dio licencia fuese, como fue, consejero y general de su campo ; y los esse

Duque de Alburquerque

pañoles estaban

muy

contentos de que
tanto favor á
la

el

rey

Hen-

quisiese hacer

nación cas-

tellana.»

Luego en
esta jornada

el

mismo

libro xxvi, párrafo 29, dice:

((La principal parte de los buenos sucesos que en

de Bolonia tuvo

el inglés,

fué el

Duque

Informe

LXI

de Alburquerquc D. Beltran de la Cueva, de cuyo valor y prudencia estaba muy pagado el rey Henrico, y,

como

dije, pidiólo al

Emperador para ha-

cerle su general en esta guerra ; en la cual el Duque, con su hijo D. Gabriel de la Cueva (que des-

pués
ro)

le

sucedió en

el

estado y fué

un gran caballe-

y con otros muchos deudos, sirvió al rey Henrico con tanto valor, que por su industria ganó á
Bolonia.
glaterra,

quedó con grandísima opinión en Inno sólo el Duque, mas la nación espaííola;
el

Y

y

así

sucedió que deshaciendo

Emperador

su

campo en
los

Bruselas, dejó sólo el tercio de D. Al;

varo de Sande, que habia de pasar á Hungría

demás españoles mandó pasar en España, dándocon pena de la les navios y lo necesario, y orden
,

vida, á cualquiera

que quedase

sin su licencia,

en-

comendándose
que con rigor
barcados,
el

esto al capitán
lo ejecutase.

Juan de Eneto para Luego que fueron emel

Rey de
la

Inglaterra los procuró haber

para servirse de ellos contra
los

Rey de

Francia

;

y
la la

españoles, con

buena gana que tenian de

ejercitar las

armas y gozar de las libertades de vida del soldado, á pesar de su capitán y contra

voluntad del Emperador, dieron consigo en Inglaterra y sirvieron al
la

Rey todo

el

tiempo que duró
de general
el

guerra, haciendo en

ella el oficio
))

dicho

Duque de Alburquerque.

Ginés de Sepúlveda es todavía mucho menos
explícito en los párrafos 38 y su Crónica de Carlos V, en

39 del libro xxiii en donde, tratando del

asedio de Bolonia, ni siquiera

nombra

á los espa-

Lxií
ñolcs

Infurme
,

y

al

Duque de Alburqucrquc como hace

Sandoval.

Pero este concienzudo historiador, en otras ocasiones tan difuso, siempre tan claro, anda en ésta
¿qué

sobrado conciso y aun oscuro; y la razón es obvia le importan al cronista de Carlos ios lan:

V

ces de los aventureros de

del excomulgado Enrique?

Normandía, condotieriy ¿Y quién sabe si el
sus parciales

obispo de Pamplona participaba en su dia del senti-

miento con que

« el

Papa y

murmulos tra-

raban sangrientamente del Emperador por

tos y amistad que tenía con el rey Henrico, y decían que estaba excomulgado por haber comunica-

do con
i.°,

él in s a cris Fyy

Sea de
to de

ello lo

que quiera, Sandoval no dice

:

cuándo y cómo se hizo el conocimiento y traEnrique y el de Alburquerque; 2°, si mesi

diaron entre ambos condiciones y contratos particulares; 3.°,
inglés.
el

Duque vino

solo al servicio del

En

el

párrafo 6.° de Sandoval así parece, porque
el ejército,
el

enumerando
pañoles
al
:

no deja guarismo para
el

es-

en

párrafo 29 dice que fué

Duque

asedio de Bolonia, con su hijo D. Gabriel y

otros

muchos deudos, pero nada más; no habla de
nuestro anónimo amplía y dilucida
el

capitanes ni de compañías.

En cambio
todo esto
llo
:

con cuáles condiciones tomó
el servicio del

caudi-

español

monarca

inglés; cuántos
el

y quiénes

le

acompañaban; por qué medios
los

rey

de Inglaterra

procuró haber

para servirse de

Informe
ellos;

LXIII

y qué quiere decir aquella nebulosa frase de Sandovalj dieron consigo en Inglaterra.
El anónimo enumera
ta
las

fuerzas españolas; cuen-

sus

rencillas interiores (fruto añejo
refiere

movimientos, sus trabajos, sus envidias y de nuestro país);

y nombra sus capitanes y el numero de hombres que cada cual mandaba, y las soldadas que todos recibían; de tal manera, que bien se deja ver

G^t fué
al

león el pintor^

aun cuando aquel
fuese

rela

petido grito
firma, ó

«¡Oh buen Rey!» no

como

menos

la rúbrica, del cronista.
la

Esta convicción mia es resultado de

lectura

de todo

el

códice

,

y

si

bien no puedo, señores Acacopiar alguna parte de un solo

démicos, trasmitírosla con igual procedimiento,

séame

al

menos

lícito

capítulo; y creo yo que en vuestro ánimo ilustrado y peritísimo bastará su forma para que señaléis la época á que pertenece, su fondo para que avaloréis su alcance histórico,

y su contestura, en
al autor.

fin,

para que

me

ayudéis á descubrir
liv.

Del capítulo

ce

Y el Duque (de Alburquer-

que) llegó á Londres en cuaresma, y no partió para

Calés hasta 8 de Julio; y en aquel tiempo tuvo
lugar el
el

Duque de inviar mismo dia que pasó á

España por caballos, y Calés, llegó una nao que
á

le trajo

ventidos caballos, jinetes los mejores que

hallaron en España; y vinieron

muchos

gentilesel

hombres españoles
personas,
el

á servirle,

que bien tenía

Du-

que de gentileshombres y criados ciento cincuenta

muy lucidas gentes. Y cierto
las

era cosa de ver

aparato que llevó y

galanas libreas que hizo.

Lxiv
porque
á

Informe
más de cincuenta gcnlileshombrcs
les

dio casaca de grana y manteos con pasamanos de oro; y toda la otra gente, de parío colorado muy
fino,

con

tiras
el

de terciopelo amarillo. Y, llegando
le

en Calés,
ya

Rey

invió otras mil libras, y así: se

partió en breve, el
el

Rey para

Boloíía,

donde estaba

y

el

Duque de Sofoque, que tenía puesto cerco; Rey llevó más de cinco mil caballos, que era
Tocante
á esto,

placer de verlos.

de

tal

guerra no
el

me

quiero

mucho

alargar;

mas de bien estuvo

Rey
tería

sobre Boloña seis semanas, y fué tanta la ba-

que

le dio,

y otro tanto hacia el

que de dia y de noche jamas paró; Duque de Norfoque sobre
el

Monteruei. Pues volviendo
querque, es verdad que

samente

se hiciese
él

todo lo

Duque de AlburRey mandó que expreque el Duque mandase,
al

y aunque

no era general ni

lo

quiso
él

ser,

tomó

muy mucha
mero que

pena, que cada mañana
la

era el pri-

estaba á

batería (y á

la

noche); y

chas noches venía el

Rey
se

á la tienda del

muDuque

con un caballero que

llamaba Mestre Quene-

beth y un lacayo , y esto era siempre al caer de la noche; y luego salia el Duque con otro lacayo y

una lengua que
hacia
se
la

el

Duque

tenía, y se iban á pasear
allí

marina, porque

estaba una torre que
el

llamaba El ho?nhre
los ingleses,

zñejoy

que fué

primero que

tomaron

y después la baja Boloña. un dia, paseándose el Duque con el Rey, dijo

Y
el

Duque
))

:

a

V. M. sepa que más que haya tomado
si

á

Boloña,
le

los

franceses

son gente de espíritu,
)i

))

harán de aquella parte una fortaleza.

Al Rey

Informe
le

lxv
más
su provecho;

pareció que

si la

hiciesen sería

pero

salió al revés,

muchas
ras;

cosas dijo el

como adelante se dirá. Otras Duque que salieron verdade-

á

y si el Rey consintiera que se diera el asalto Boloña, la tomaran veinte dias antes que se rinel

dió; pero jamas consintió

Rey, que más que-

ría gastar diez mil libras que perder

un español de
el

los

que tenía.
la

De

que

los

españoles estaban corri-

dos de ver

brecha que estaba hecha, y que

Rey no
Podian

les

queria dar licencia de hacer

el asalto.

ser los españoles

que

el

Rey

tenía con el

Duque

hasta cuatrocientos y cincuenta,

muy

bue-

na gente, y los capitanes eran Juan de Haro con cincuenta españoles. Mora con ochenta españoles,
ííalablanca con otros ochenta, d

Aquí

resultan

sólo

doscientos sesenta
la

;

faltan,

pues, cerca de doscientos á

cuenta, que en mi

entender son

los
la

además
que en

los
el

de

el Duque, y Alejandro, capitán compañía del

que llevaba consigo

capítulo lviii siguiente está comprendiá la anterior.
allí el

do en una reseña semejante
((

Pues durante
(al

el

tiempo que estuvo

Rey

le

mandó dar
que
al

hasta que fueron á
creo

Duque) otros tres mil ducados, y Londres no le hizo dar más; y
se partió
le

tiempo que

hizo dar otros

cuatro mil ducados, de
el

modo que en

todo lo que

Rey

le dio,

en veces, fueron hasta quince mil du-

cados, y perdió el

Duque más de

treinta mil, co-

mo se No

dirá. »

habrá (dicho sea de paso por no ofender
al

vuestra autoridad) nadie que

ver este y otros tro-

Lxvi

Informe
el

zos copiados no recuerde

lenguaje de Avila y

Zdñiga, de Bernal Diaz y de Verdugo, mejor que el atildado aunque vigoroso estilo de Meló, y la manera conceptuosa y profunda de Solís, bien que
el

manuscrito presentado lleve
la

no del albor de

fecha del ocaso y dinastía de Austria '.
la

En cuanto
el testigo

al

fondo del pasaje, bien
frases
:

se

descubre

en aquellas

« Era cosa de ver, era

a Creo Rey», se infiere en dónde estaba el sujeto que escribe, y más aún cuando dice del Rey que venía á la tienda del Duque.» Cierto que si yo hubiera citado narraciones más

placer de verlos»; así

como de

aquella otra

:

que

el

tiempo que

se partió el

(c

subjetivas,

como

aliora se dice, el escritor se

hu-

biera descubierto aun mejor, pero entonces quizá

hubieseis
testigo,

dudado de
el

si

era el relato sincero de

un

6

artificio
tal

dramático de un novelista;
las autografías, lindar

más adelante
este es el

vez os asalte semejante duda, que

achaque de

y aun

confundirse con

las novelas.

Por eso escojo ahora un capítulo en que
cisa

se pre-

una fecha, Julio, y una operación del sitio, la toma de una torre {oldman, hombre viejo) uno y otro hecho no son tan capitales como la impe:

nitencia final de Enrique VIII, ó la muerte de

Catalina de Aragón

,

sino que

más bien pecan de

nimios y poco conocidos ; pero son hechos materiales, al cabo sujetos á comprobación histórica.

'

Luego ha parecido otro códice en
i

la

Biblioteca National,

con fecha de

556.

Informe

lxvii

Llamé, pues, ajuicio á nuestros historiadores; pero, como sabéis, en este punto ó callan ó lo tratan ligera y confusamente. Sepúlveda no mienta siquiera á los españoles; Sandoval parece que lo ha-

ce someramente y mal de su grado. Apelé á los
franceses, malos narradores de nuestra historia,

tanto, que aun en ocasiones en que

hemos sucumsu amis-

bido,

como en

Trafalgar, de puro

fieles á

tad y alianza, ya que no nos

pueden acusar de

desleales ó de cobardes, nos motejan de ineptos y de temerarios. En la ocasión presente, Du-Bellay,

que escribe en sus Memorias el sitio de Boulogne, y que es, como siempre, nimio hasta la pesadez en sus descripciones,
listas

y citas; Du-Bellay, que

debió estar en el cuartel

Real de Enrique VÍÍI en
el

compañía de su hermano
Bellay,

cardenal Juan

Du-

obispo de

París,

activo

negociador de
inglés
';

aquellas paces, el cual visitó el

campamento
nombra

y

la

tienda del

Rey

el

17 de Setiembre de 1544

Du-Bellay,

digo, ni siquiera

á Albur-

querque y á sus españoles. Apelé, en fin, á los historiadores anglicanos, y ellos me acreditaron cómo la alianza de Carlos V
y Enrique VIII se ajustó en 31 de Diciembre de

1543, y
ron
los
la

la

siguientes;

campaña se comenzó en Mayo y Julio cómo en Boulogne y Montreuil asistie-

españoles;

cómo

éstos,

aun después de heal

cha

paz de Crespi, continuaron
;

servicio de
el si-

Inglaterra, durante aquel reinado

cómo en

'

Rymer

,

tomo

xv.

Lxviii

Informe
i

guíente y en los dias 9 y 10 de Setiembre de

547,

en

las batallas

de Talude y de Pinkencleugh, conlas

tribuyeron, bajo

órdenes del protector Somerset,

á derrotar á los escoceses.

((La carga de
toriador
*
,

la

caballería inglesa, dice

un

hislas

fué recibida con tanta firmeza por

lanzas escocesas que los ingleses retrocedieron hu-

yendo; lord Grey, su general, fué herido en

la

boca, y muchas banderas inglesas cayeron en poder de los escoceses ^ ; pero luego no pudieron
estos continuar la persecución

por

las

descargas de

mosquetería de
italianas,

las

tropas mercenarias españolas 6
las cuales,

mandadas por Pedro Gamboa,
al

aunque tuvieron gran pérdida,
reponer
el ejército inglés

cabo lograron

y derrotar con horrible
nos

estrago al

enemigo»

3.

Al par que de esto^

los historiadores ingleses

informan de cómo años adelante en

el de 1550, los , motines, y aun los ejércitos que levantó el hambre y que amenazaron á Londres, no pudieron ser so-

focados sino con ayuda de
italianos,

las

tropas asalariadas de
4.

españoles y alemanes
la torre

Sin

embargo,
las

de aquello de
libreas, ni

y de

las

compañías y de

una palabra.

A

punto estaba yo de creer

que

la torre

era castillo en España^

como dicen

los

'

Lingard

,

iii

,

cap. vii

,

pág. 382.

^
>

Haywood ,282. Leslis, 464, Bucham

,

llb.

XV, véase

el

párrafo de

Hu-

me,

cap. XXXIV.
,

Apéndice

IJ.

* Lingard

pág. 407.

— Hume,

cap. xxxiv.

Informe
franceses, y las

lxix
galas, exageraciones
vista

compañías y

andaluzas, cuando

me

saltó á la

un

testigo

de mayor excepción.
Este testigo irrecusable es nada menos que
el

propio Enrique VÍII,
la

el

cual en carta autógrafa á

reina Catalina Parr, su sexta mujer, dice desde
:'

Bolonia (Rymer, tom. xv, pág. 53)
ó castillo {The
castle

«La

torre

before-natned)

antes

nom-

brado, está en nuestro poder, y según confiamos, no es probable que nos lo vuelvan á quitar los
franceses, pues

hoy empezamos
la

tres bastiones
'.

y ya
in-

tenemos
dicado

tres

minas comenzadas... etc.»
torre, y hasta

Aquí encontramos ya
el

vemos

justo terror que mostraba el hábil Alel

burquerque, y cómo

Rey

seguia sus indicaciones

fortificando aquella primera conquista.

Ufano yo con

tal

descubrimiento, continué

le-

yendo, y á pocas páginas hallé un minucioso diario del asedio de Boulogne , escrito al parecer dia
por dia por un secretario de Enrique VIII.

Copiaré solamente dos breves párrafos
za así el manuscrito ^
:

:

comien-

«Orden con que
nes 25 de Julio de

el

Rey

partió de Callay el vier(y^ aparece la fecha de

1544
los

nuestro manuscrito).
))

Primeramente

timbales pífanos y trompe-

'

Véase apéndice U.

^

Rymer, tomo xv,

pág.

54.

— The

order

hcw

the

íCing
tiuetity

Majesty departcd out of the fifth of july.

Tow

of Callay ou friday the

»

Lxx
tas,

Informe
después
los

reyes de armas, después los baro-

nes, después

Mr. Gartier inmediatamente delante
Alberquek), después

del estandarte real, después el

qucrque
después

(lo escribe

Duque de Alburel Conde

de Ruthlande llevando
S.

M.

el

el pendón real desplegado, armado Rey, de todas armas so-

bre su caballo de

batalla

{upon a great courser),

Lord Habcrde llevando el yelmo y la Rey, después los pajes bien montados y dispuestos y cuando S. M. el Rey salió de las puertas, allí se le incorporó la compañía del Duque de Alburquerque en número de unos cien caballos,
después
el

lanza del

:

de

los

cuales seis estaban caparazonados
oro.

{barded)

con paños de grana y

Ya aparece aquí el puesto preeminente que el Duque ocupaba, inmediato al Conde de Rourhalande llamado á
los hijos
la

sucesión del trono después de
;

de Enrique VIII

tenemos que, en efecel

to,
le

habia llegado á Calais antes que

Rey, y que

acompañaban

cien jinetes ricamente ataviados,
,
,

de ellos de grana y oro ; tenemos en suma la confirmación de cuanto dice nuestro manuscrito.
seis

Más

adelante

el

documento

inglés aduce

un

tes-

timonio igualmente fidedigno, aunque no tan honorífico, de
la

presencia

en Normandía de
así
:

las

compaííías españolas; dice

«Jueves
vino

(el

14 de Agosto),

el

capitán de los es-

pañoles con un centenar de mosqueteros {gunners)
al

campamento

;

su

compañía corria

el

cam-

po diariamente y encontraba, por confidencias {seíison) de muchos franceses que iban con él, gran

Informe
botin escondido en tierra,

lxxi

lienzos y objetos domésticos de

como sacos de lana, mucho valor; al-

gunas veces de tanto, que estos dos españoles abandonaron á su capitán en Montreuil y se vinieron
al

dicho capitán para servir con
tal viaje,

él

;

y fue-

ron ahorcados por
sus capitanes,

y á

los restantes se

mandó por pregón que
pena de

volvieran á incorporarse a
la

vida.»

¡Oh! y con cuánta razón decia el concienzudo obispo Sandoval «que los españoles tenian buena
gana de ejercitar
des de
la

armas y de gozar vida del soldado» ^.
las

las

liberta-

Constan ya, pues, en
tro
i.^,

el libro oficial inglés

cua:

compañías ó grupos españoles por
la

lo

menos

que iba inmediatamente con
la

el

Duque de

Alburquerque en

comitiva del Rey, ricamente

vestida y que se incorporó con S. M. fuera de la puerta de Calláis, la cual regularmente le acom-

pañaría en

la

marcha á Boulogne

;

2.^, ésta

que

por amor

al

botin deserta del asedio de Montreuil,

que estaba

al

mismo tiempo estrechando

el

Duque

de Norfolck, y que se viene á seguir á otro capitán; 3.^ y 4.^, en fin, aquellas con quienes por pre-

gón

se les

mandaba incorporarse
es,

{to their captains)^
la

regresando á su destino pena de

vida.

Imposible
ofrece á la
tas

sin

leer todo el

volumen que

se

Academia, estimar hasta qué punto
otras tantas

es-

breves noticias confirman y ayaloran aquel re;

lato

son

como

piedras miliarias que,

'

Sandoval, üb. xxvi

,

párrafos 28 y 29.

Lxxii
halladas

Informe
de distancia en distancia en una direcla

ción misma, descubren y trazan

dadera vía.
partida.

— Pero volvamos
en
el diario

antigua y ver-

á nuestro

punto de

Hemos

visto

inglés,

como acabo de

analizar, cuatro grupos de españoles en la hueste de

Alburquerque
ñol,

;

y por lo copiado del Códice espacapitanes, á saber, Juan de

conocemos cuatro

Haro, Alejandro, Mora y Salablanca. De notar es que de estos cuatro capitanes,
dentes ya en Inglaterra, dos

resi-

por lo menos llevan

nombres
y

incluidos en la antigua

servidumbre de
délas dufnas

doña Catalina de Aragón.

— En

la lista

caballeros que fueron á Inglaterra con la infanta
allí á su servicio
',

doña Catalina para quedar
se caso

cuando

con

Arturo^ principe de Gales

se

men-

ciona

:

Capellán mayor, Alejandro.
Presentador de tablas,
el

sobrino de Juan de

Mora,
dos de

i

Serán deudos ó descendientes de estos cria-

la

Reina

el

capitán Alejandro y

el

capitán

Mora, de la Crónica? Terminada la camparía de Normandía, y para emprender ó continuar la de Escocia, vienen otros
nuevos enganchados de Flándes, á saber El capitán Gamboa, á quien Enrique VIII con:

empleo de Maestre de Campo, y da facultad regia de hacer, en llegando á Escocia, sus capitanes. Esto es lo que Sandoval quiso decir con aquello de
fiere

'

Archivo de Simancas.

— Apéndice B.

:

Infortne

lxxiii

«el rey Henrico procuró haberlos para su servicio
))

^
virtud, sin duda, de
la

En

autorización regia,
los

aparecen en
guientes
:

Escocia

nombrados

cuatro

si-

El capitán Julián,

el

capitán Cristóbal Diaz,

el

capitán Pedro Negro, y el capitán Villa Sirga. Además hace mención el Códice de un tal Noguera,

que no era capitán, sino favorito del jefe
:

Gam-

y con estos caudillos marcharon unos ochocientos hombres que hablan llegado de arribada á boa

Portmut, y que fueron allí enganchados, previas negociaciones que venian entabladas desde Flándes
;

esto es
:

lo

que Sandoval indica cuando
los caracteres

es-

cribe

dieron consigo en Inglaterra.

Los hechos, y hasta
crito; pero

de aquellos

aventureros, refiere con prolijidad nuestro manus-

de uno, sobre todo,

es casi biógrafo.

Dice
((

así

Capítulo Lix. Cb?no

el

capitán

Julián fué á

Francia y combatió con
de este nieron
tal al

el capitán

Mora.

— El motivo
nuevos enantiguos los

combate consiste en lo servicio de Enrique VIII
:

siguiente. Vilos

ganchados que quedan referidos
diciones á su enganche

los

recibieron con recelo. Los nuevos impusieron con:

los

antiguos las llevaron
el

muy

á mal. Aceptadas,
se

con todo, por
:

Rey,

los

nuevos

presentaron en Escocia

los

antiguos
los

prorumpieron en quejas.

A

pesar de éstas,

Sandoval, lugar citado.

Lxxiv
nuevos
se

Itiforyne

su jefe,

aprovecharon de su posición, y Gamboa, logró el ansiado ascenso á Maestre de
envidiáronle,

Campo
guos, y

:

como

era natural, los anti-

murmuraron
el

sin recato.

El

Gamboa

se

exá

tremó en

uso de su poder, y
:

nombró capitanes

sus parciales los nuevos

apuróse con esto

el su-

frimiento de los antiguos, y unos

mudaron de ban-

dera y otros rom^pieron en provocaciones y desafíos.

Mora

fué de estos últimos. Julián, de puro

pundonoroso y agradecido, tomó la demanda del Gamboa y aceptó el reto, que se verificó en
Francia.

Este duelo está descrito en sentido favorable

al

Julián; pero

los detalles del

lance son tan nimios

que apenas alcanzarla
vista.

á recogerlos

un

testigo

de

Basta por muestra escribir que eljuliaii^ como
que su caballo iba á caer y saltó ?nuy ligeramen-

se sintió
te de él.

Venció

á su adversario y fue aplaudido y
el

premiado. El Mora, por
á la camparía de

contrario, tuvo que irse
el

Hungría (1545), mientras que

Julián y los suyos volvieron á Inglaterra,

donde

fueron muy bien recibidos de Enrique

VIII y

señores ;

y el Rey les demandó que les parecía de la Corte del Rey de Francia, y luego un capitán, que se llamaba D. Alonso, dijo : (( Sepa V. M. que es una de las mejores
que Rey
tiene. »

Y díjolo
lo vio,

sin

hacer mucho acata?niento,

y

el Rey,
:

cuando

miró a D. Alonso como quien

dice

¿ Quién

es este

que tan osadamente habla P
si

Don
sela

Alonso de Ulloa,
tar á

diria yo,

yo hubiera de contesatrevo á aventurar

Enrique, pero dirigiéndome á vosotros,

ñores Académicos, no

me

;

Informe
respuesta.

LXXV

Ni

antes ni después se vuelve á mencio-

nar á este D. Alonso, pero no deja de ser singular
el

tono que aquí
la

nal

y por demás nimia y persoobservación que se estampa. Continuemos.
se usa,
LXiii.

Capítulo

— Como

el capitán

curo de casar al capitán Julián.

Gamboa prola

Este epígrafe, re-

petido en los dos ejemplares que

tiene presentes (el del Sr. Velasco y el del Sr.

Academia Gael otro

yángos), prueba

que tanto
el

el

uno como

amanuense ignoraban

asunto de que escribían,

y no hablan leido previamente el capítulo que copiaban en efecto, en él no se trata de casamiento
:

ni se habla de novia, ni se

nombra mujer alguna
que más pa-

pero ya que del matrimonio de Julián no se haga

mención, su

figura se ve tan al vivo,

rece imagen reflejada en el espejo de la autogra-

que no retrato hecho con prolijidad cariñosa por quien mira de cerca el original.
fía,

Comienza
del

así:

«Como

estuviesen en servicio

todos los capitanes españoles, y Julián quisiese triunfar más que sus fuerzas ni gajes reque,

Rey

rían

cada dia

se

empeñaba; y fué tanto, que no
Al
fin,

osaba algunas veces andar públicamente por miedo

que no
se

le arrestasen.

un dia un milanés, que
le

llamaba Bautista Barón,

arrestó por dosciense viese arresta-

tos

ducados que
el

le

debia, y

como

do, hizo que

sargento fuese con el á casa de
allá.

Gamboa, y fueron
lián
,

Y como

se vio

allí el

Ju-

comenzó á dar grandes pesares y
el

á decir unas

cosas fuera de razón, entre las cuales dijo que era

grandísimo bellaco

que quería servir á herejes,

»

Lxxvi

Informe

hombro y no

y que juraba de se ir, y que con una pica en el tener más de cuatro ducados de paga,

había de servir en otro reino.

No faltó quien presenciase^estas
quien diese cuenta de
cia
ellas al
la

demasías

,

y aun

Consejo de Regen-

que gobernaba en

menor edad de Eduar-

do VI.
sado nada

Llamado el Gamboa ante esta Asamblea y acumenos que de traidor, por consentir en
no ha-

su casa pláticas semejantes, se disculpó de

berlas oido por ser sordo, y xx2itó cfacusar á "JuUa?!^

y no

¿ie

casar á 'Julián,

como

escribieron los co-

piantes equivocadamente.

Con

todo, el resultado de

la

acusación

le

fue

propicio, pues

val de Somerset,

aunque Warwich, ya á la sazón rino le fué muy favorable, terció
el secretario

en

el

asunto, y fué su defensor

Paget,
le

y dejó

el

mismo
ir

Protector, mediante una reprensión,

salvo, sin que de ello pesase á nadie, sino si aca-

so al capitán

Gamboa.
el

Imposible es leer

proceso de este juicio, sus

detalles y apreciaciones,

que

se

refieren

no

sola-

mente
aquel

á hechos, sino á palabras

y pensamientos de aventurero, narrados con naturalidad que
sin

pasma,

concebir

la

sospecha de que

él

sea cronista de sus propias acciones, ó por lo

mismo me-

nos que encomendara
partícipe de sus afanes.

el

relato á un su camarada,

Pero hay por aquella época algún aventurero español de este nombre, conocido y famoso en
¿

aquellas tierras

r

í^

:

Informe
Principio por confesar que
el

lxxvii
nombre de Julián

no

es

de

los raros

en España

;

pero también se

me

concederá que no es tan

común como

Juan, Pedro,

Alonso, Fernando y otros, y no se me podrá negar que si coincide en igualdad de profesión, de grado,

de residencia y aun de carácter con otro ya conocido, será indicio muy atendible de identidad. El
capitán aventurero, temerario, duelista, inexperto,

imprudente,

que pinta
se

casi

autográficamente
á este que

el

manuscrito,
el

parece

mucho

menciona
adelante.

mismo Sandoval pocos
Libro XXXI, párrafo
(tFuc preso
allí

capítulos

más

54. (se refiere á

1554)

(en Dinant),

el

capitán Julián

Romero, que habia poco antes entrado con algunos
españoles, saliendo á tratar de rendirse, que fué su

culpa y su poco saber, porque raras veces moran

en uno valentía y prudencia, si bien adelante mostró este capitán tenerlo todo, pues fué uno de
los

nombrados de nuestro tiempo. »

Tenemos,

pues, en el manuscrito referidos los
los
la

hechos, los dichos, hasta

pensamientos de un

capitán Julián, que asiste á

toma de Boulogne

(1544), que permanece luego y tiene duelos en 1545, que es acusado ante los tribunales en

tiempo del
nados en
el
la

Protector

(1548);

tenemos consigT549, y

mismo
horrible

escrito

sucesos de

apuntada

hambre y carestía de 1550, que coincide con la aun más horrible persecución
á
los

católicos y

con

las rivalidades

de

Warwick y Somersct. Allí hace punto el cronista, ó ]ior lo menos se corta esta parte de su obrar
;

Lxxviir

Informe

mal tiempo, en verdad, para quedarse por aquellas
tierras.

Derribado del poder
Protector del
sido del capitán Julián

el

Duque de

Somcrset,

Rey menor, y que en
;

efecto lo habia

iniciada la reacción de

Warwick sometidos
;

á apasionado juicio de resi-

dencia (15 Octubre

1551) aquellos mismos Siomerset y Paget que hablan salvado del fallo del Consejo á nuestro aventurero capitán Julián, no

es difícil

que

este,

ansioso de mejor fortuna, pa-

sase á Fhíndes, ora á buscar á sus antiguos

amigos
tra-

de Inglaterra,
tar

allí

emigrados, ora más bien á

con

los caudillos

españoles que enganchaban

gente en aquellas provincias.

En

efecto,

leemos en

el

manuscrito, referido

con nimios

detalles, el trato

que

el dia de hoy

daba

un obispo de Flándes á Gcfroy de en su diócesis en 1551 y 52.

Pele, refugiado

No

es

tampoco imposible que

el

capitán ó

el

escritor (dando de mano á uno y otro empleo) permaneciese en Inglaterra 6 en Escocia hasta la

muerte de Eduardo
ya
el

VI

(1553), y que comenzado
las

reinado de doña María, licenciadas
la

com-

pañías mercenarias, y puesta
cos ingleses en
la

mira de

los católi-

boda de su reina con nuestro

Felipe II, que estaba en Flándes, pasase á aquellas tierras

nuestro Julián.
lo

Sea de ello
bla

Sandoval de

tin

que quiera, en 1554 ya nos hacapitán español, Julián RomerOy

de poco saber

dónde

ni

y prudencia^ el cual, sin decir de cómo, viene al socorro de Dinant y es

Informe
allí

lxxix
el

hecho prisionero

;

y nos anuncia

mismo

cronista que

este temerario aventurero será ade-

lante uno de los fiombrados.

En

efecto, según cuenta el

novísimo historiador

de Cuenca, D. Trifon

Muñoz

y Soliva

',

este

capitán, cuya vida antes de 1554 ignora, y que en dicho año estaba en Dinant, toma parte en la batalla

do San Quintin en 10 de Agosto de 1557
Italia,
las

^.

Luego hubo de pasar á

donde, según
guerras de
los

Mendoza en

los

Comentarios de

Países-Bajos 3, mandaba en Julio de 1567, como Maestre de Campo, el tercio de Sicilia, á las ór-

denes (coincidencia singular) del

Duque de Albur-

querque D., Gabriel, á quien ya conocemos por

haber
lo

asistido

con su padre

al

asedio de Boulogne,

mismo que el capitán Julián. este Duque, y bajo el superior mando del de Alba, pasa á Bruselas, y allí, á fines del mismo

Con

año 6j,
Julián

se

nos dice que

:

«

El Maestre de

Campo

Romero, y capitanes, juzgaron
el las

á tres sol-

dados por

caso de procurar que sus soldados

desamparasen

banderas de su

Rey

para
los las

ir

á

Príncipe, y naron á arcabucearlos ó pasarlos por
servir sin licencia á otro

condepicas,

pena que

la

infantería española acostumbra á dar

cuando

el delito del

soldado es de calidad que me-

*

Historia de la ciudad de CucKca.

— Lib.

il, cap.

xv, pág, 623,

* Véase en
^

Apéndice fV c\ párrafo de
I,

Ercilla.

Lib.

II,

capítulos

n

y vu.

Lxxx
rece que toda
ello» ^
la

Inforyne
nación en general
se

resienta de

El historiador D.

Triíbn Muñoz, á quien ya

hemos nombrado, paisano y biógrafo cariñoso del capitán Romero, deja, con todo, una laguna desde
la

batalla de
sin

San Quintín hasta

la

ocupación de

embargo de que este vacío está cii , cierto modo colmado nada menos que por los capítulos de Mendoza que hemos apuntado. AsiFrisia

mismo
que
el

se

declara

Muñoz

ignorante del principio
su carrera,

aventurero de

Huelamo tuvo en

y de cuanto hizo en ella antes de 1554. ¿Estará nuestro manuscrito destinado á llenar este vacío?

En

tal

caso esto sería
la

la

menor ventaja que de
continua,
sí, la

él

reportará

historia.

Muñoz

nar-

ración de

las

hazañas del capitán Julián hasta

en que

fija

su muerte, copiándola
:

1 567, de D. Luis Ca-

brera de Córdoba, que dice ^
la infantería

«En

este

tiempo

y caballería pagada,

caminó en núme-

ro de 6.000 para Flándes á cargo de Julián
ro,

Rome-

y cerca de
valor

Cremona cayó súbitamente muerto
tristeza,

del caballo.
falta el

Dio gran

porque harían gran

y experiencia del que de soldado

llegó á

Maestre de Campo, mereciendo sus hechos
la

y conocimiento de

guerra

los

grados para as-

cender

al

último en que murió y ser capitán ge

neral en grandes empresas. »

'

Mendoza,

lib. 11,

cap.

U-

^

Cap. XXIV.

?

Informe

lxx.xi

¿Será este Julián, que en Lombardía sirve ya de

Maestre de

Campo

á

las

órdenes del duque de Alel

burquerque D. Gabriel,
Julián que en
del

mismo joven
bajo
las

capitán

Normandía

se alistó

banderas

duque de Alburquerque D. Beltran? Ejemplo

de lealtad familiar sería éste
época. ¿Será
el severo jefe

muy común en
tres

aquella

que condena en consejo
soldados en

de guerra

al

ultimo suplicio á

Bruselas (1567) por haber ido á servir sin licencia
á otro Príncipe
,

según hemos visto en Mendoza;

será

,

digo, aquel

mismo

capitán Julián que en

1

544

va, sin licencia del

Emperador, á

servir á otro Prín-

cipe,

como

se infiere

de Sandoval? Contradicción
ni desusada todavía
el

sería ésta, ni

nueva entonces,

ahora. ¿Aquel capitán Julián que, según
crito, fué

manus-

acusado ante

el

Consejo de Regencia por
el

haber dicho que era grandísimo bellaco
ría servir

que que-

á herejes, y que juraba de se ir y que con una pica en el hombro y no tener más de cuatro

ducados de paga había de servir en otro reino, es
el

mismo

Julián de quien

dice Cabrera que ude

soldado llegó á Maestre de

Campo, y que
así.

fué llora-

do porque harían
Pero bueno
es

falta

su valor y experiencia »

Confieso que lo presumo

que sepáis que yo tengo antiguas relaciones literarias con la familia de este Julián.
Hija suya consta que fué aquella doíía Francisca

Romero, que animada del

espíritu

emprendedor

de su padre, y ansiosa también de otro género de fama, alistó en su compañía algunas santas mujc'"cs,

fundó primero, abandonó después, y persi-

LXXXII
guió
al

Informe
el

cabo

celebre convento de

Trinitarias,

hoy sepultura de Cervantes. Romero era también de nombre
de estos barrios, relacionados con
y con
la hija

,

número convecinos
Trinitarias

siderable de novelescos actores y actrices
las

de Julián,

el

capitán de Cuenca.

Por otra parte, no debo ocultar no
ííeza

qué cxtra-

que

me

causa esta repetición de nombres;

Julián se llama uno de los

duda
nistas

el

y sin mejor retratado de los capitanes protago,

más importantes

de
1

esta historia,

que abarca hasta

el

año

de

1

55

á

53

;

Julián se llama el aventurero que
1554. y

principia sus servicios en
hija

muere en 77;
,

de

este Julián

es

la

fundadora

que viene á

Madrid

á establecerse en la parroquia de San Se-

bastian, cerca de esta casa en que estamos, y á
correr aventuras parecidas, en lo piadoso, á
su padre remató en lo bélico.
las

que

^Julián es

también,

y de Cuenca como el anterior, el redactor ó copiante primero del manuscrito del Sr. Velasco, cariñosamente trasladado ademas por otro capellán

de

la

misma parroquia de San Sebastian.
si

Indicios son todos éstos no despreciables, rastro

no muy confuso para averiguar

en verdad

el

mismo

las aventuras de los primeros años de su vida en Inglaterra ; y si son éstas las que con el nombre de Chorcnica hoy se

Julián

Romero

refirió

presentan, ya por

él

mismo

escritas,

ya más bien

por otro compañero ó pariente suyo, quizá sobre
sus noticias redactadas.

Para algunos será obstáculo á semejante creen-

Informe
cia
,

lxxxiii
hemos copiado
á

el retrato

mismo de
;

Julián que

del capítulo lxiii

pero yo

me

doy

entender que

no hilaban tan delgado los aventureros de Flándes; y basta leer, no ya las novelas y comedias, que los pintan muy al vivo, sino sus autógrafos memoriapara convencerse de que pecaban comunmenles
,

y aun se jactaban sin rebozo de gastadores y de entrampados , y de que vivian perseguidores de hete

Esto, y no otra y perseguidos de usureros. cosa, dicen aquellas frases de que Julián quería
rejes

tríunfar

más que

sus fuerzas

y

gajes requerían,

y que

cada dia se empeñaba, y que ?io osaba andar públicamente por miedo que no le arrestasen. En cambio de
esto, el saber el

da y

el

número de maravedises de su deunombre del prestamista, es demasiado saber

para un extraño. Concluyo, pues, diciendo franca-

mente que el estimable manuscrito en cuestión, en mi concepto, no puede ser obra de un mercader, ni de un clérigo, ni de un criado de doña Catalina, sino de un aventurero español y ése amigo y
,

camarada del célebre Julián Romero.

Academia comprenderá que punto y otros de más monta sólo pueden ser esclarecidos con vista de los numerosos documentos
todo caso
la

En

este

que

han publicado en Bélgica, y de los que contengan los archivos de Normandía de Simancas y
se
,

de

la

casa de Alburquerque.

Se ve asimismo que

ha de ser forzoso consultar
nes inglesas, hoy
datos aun

las historias

y coleccio-

muy

ricas para

avalorar otros

más importantes.

El proceso de divorcio de doña Catalina de Ara-

»

Lxxxiv
gon, que
la

Informe.

Academia posee, descubrirá quizá

ulgí»,

y será todo asunto de una Memoria que debe preceder en la edición del códice, si este Informe no
bastase

A

^ más de

esto,

es

necesario acompañarla con

notas breves, que corrijan fechas y apellidos, acla-

ren convenientemente narraciones no
tes,

muy

decen-

época y relativas á ilustres familias inglesas, y pesen todo el valor que realmente tienen hechos y personajes relacionados con
pero propias de
la

nuestra historia patria.

En cuanto
que dice
el reino
:

á

la

necesidad de ordenar
el

las

fechas

ó de salvarlas, basta sólo leer
«

primer capítulo,
i

En

el

año del Señor de

530 años, en

de Ingalaterra, reinando Enrique Otavo y estando en la flor de su edad , determinó, por más

quietud suya y por poder ejecutar sus pasatiempos, de dar el gobierno del reino á un cardenal que entonces había,
el
;

cual era arzobispo de Yorca.

Ahora bien

Tomás Wolsey,

de quien se
al

trata,

fue trasladado del obispado de Lincoln

arzobis-

pado de York en 1514, creado cardenal en 1515, y canciller el mismo año, y no en 1530, como parece inferirse del manuscrito.

En

esta fecha lo

que

acaeció fué su desgracia y su misteriosa muerte,
la

sobrevenida en

abadía de Lcicester

el

20 de

*

Todas

estas fuentes
,

han

sido consultadas por
el

mi

(

bien que

ligeramente)

sin

más

resultado que

importantísimo obtenido

en Simancas. La Academia, además,
informe

me

honró estimando

estt

como

suficiente aclaiacion del texto.

Inforyne

lxxxv

cuando dijo aquellas memorables pace Pluguiese labras que Rivadeneyra consigna ' ofendido yo más á la Maá Dios que no hubiese

Noviembre

,

:

jestad divina que á la

humana

;

pero habiéndome

desvelado toda

mi vida en
^.

servir al

Rey y en

darle

gusto y contento, he ofendido á Dios y he perdido
la

gracia del

Rey »

De

los

nombres propios no hay que hablar, sino
pero
tendencia á escribirlos

que ni uno solo deja de estar desfigurado
es de advertir cierta

como
se in-

suenan
fiere

,

de

lo cual

y de otros textos ingleses

que quien

los repetía,

más atendía
se
:

á lo que

habia oido que no á lo que habia íeido.

Howard, que rigurosamente
traslada

escribe, él lo
es-

fonéticamente Ahuart

cribe buscando la pronunciación

Montague lo Montegut: al

fa-

moso Cardenal, vulgarmente conocido por
italianos

Polus,

que nuestras historias llaman Reginaldo Polo, los y
los franceses

de

la

Pole, cuyo apellido

escriben los ingleses Pole,

él

traduce casi según oye

Pul;

al

Conde de Surrey
Hould-man
(al

le

llama Sorc, old-man
del capítulo lvii), y

lo escribe
así otros

fin

muchos vocablos.

^

Historia del cisma

,

lib. i,

cap. xvji. as diligently as
in

^

Had

y

hut seyued

God

I

ha'vc

sewed

the

King he 'would mt have given me ofcr
not regar divíT

my

sermice to

God

^

but

my grey paim and study; only to my pritice. (Goldid.,

smith,

Henn ^III,

sección 3.^) (Hume...,

Wolsey's death.)

Had
King ,
mies.

y

but

ser-ved

my God with half

the %eal

y served my
to

he ijuo'uld not inmir.e age ha^ve left

me naked

mine ene-

(Shakespeare,

Hemy VIII^

act. lli, esc. 2.^)

k

Lxxxvi
Pues en
de Suffolk
hijo; es
lo

Informe
de

las familias veremos que el Duque enamora de la mujer de su propio causa de que éste muera de pesar, y casado

se

hace apostatar de la fe católica, y convierte en encarnizada partidaria del cisma á la que habia sido digna hija de aquella insigne espala

con su nuera

ííola, doria

María Salinas, ó

sea

Lady Willoughby,

honra de nuestra patria y dechado de religión y de
lealtad.

El Conde de Rochcfort, hermano de

la

reina

Catalina Parr, infama á su propia mujer, y compra
testigos falsos para llevarla al cadalso por adúltera.

Por delación de su hermano

es ajusticiado

Lord

Montague, y por
degollada
lisbury.
la

la

de su hijo es inhumanamente

heroína septuagenaria Condesa de Sa-

También una
se torna

hija desnaturalizada
el

y corrompida

en delatora de su padre,
,

católico

Duque
el

de Norfolk

y espia y denuncia á su hermano

Conde de
Enrique.

Surrey, última víctima del sanguinario

Por donde
sólo

se

ve que entonces en Inglaterra no

no

era la conciencia libre, sino
la

que

ni el

hoel

gar estaba seguro, ni
espionaje ajeno á los
gre
to

delación era delito, ni

más santos vínculos de la La Inquisición no hacia más y quizá ni
la

san-

tan-

en España.

Y
cilla

todo esto está referido con

naturalidad sen-

de

la

época y con lenguaje tan crudo que me-

rece notarse; citaré un solo pasaje entre
está

muchos;

en

el

capítulo lxi

:

a Este

Duque,

dice, sin falta

»

Informe.
tenía otra mujer viva; esta dejó porque
se

lxxxvii
no
se dije-

que tenía dos mujeres, y echó fama que su mujer era puta. » Luego en otro lugar « El Duque,
:

que como dijimos, tuvo dos hijas hermanas del hijo que murió, á las cuales el Duque jamás quiso cograndes, y sin favor del padre fuesen gentilesmujeres, diéronse al

nocer por suyas; y

como fuesen

mundo,
le

tanto que eran

comunes, y

al

padre no

se

dio nada de ello; gran piedad que por falta del
oficio

padre hicieron mal

de sus cuerpos

:

y

la

ma-

dre era viva y no tuvo posibilidad para podelles re-

mediar. Gran cargo de conciencia fué para su padre. Dios lo haya perdonado.

De
ticias,

cosas, en fin, y de personas relacionadas con

España contiene curiosas, detalladas y picantes nocomo he indicado del divorcio y muerte de la reina doña Catalina de Aragón; de la crianza y
juventud de
la
la

reina María

Tudor; de

la

vida de

insigne doña

María

Salinas; de la visita y es-

tancia en Londres del

Duque de Nájera; de
el

la

cooperación del de Alburquerque en

asedio y

toma de Boloña
las

,

y sobre todo de

los

servicios y

auxilios de los aventureros y tropas de

España en

guerras de Escocia, Inglaterra y Normandía.

mi prolijo examen; y á punde terminarlo y resumir mis afirmaciones y conjeturas, cuando un terrible accidente me arrancó de Madrid , y arrancó también de mi alma
llegaba yo en
to estaba

Aquí

todo pensamiento que no fuese
por un hijo que
roca, y
la

el

dolor paternal

se

habia despeñado desde altísima

confianza en Dios, que tiene en su mano.

\
Lxxxviii
así la

Informe

caida del individuo

como

la

caida de

las

na-

ciones.

Felizmente

su

providencia

fué

misericordiosa

conmigo, y libre de cuidado volví á mis estudios. Entre tanto, los dos códices que habia dejado sobre

mi mesa

se

hablan multiplicado;

seis hallé

junto

á ellos encuadernados, y

ademas noticia puntual de otro igual número; uno del Sr. Gayángos, cuatro de la Biblioteca Nacional, uno de esta Academia,
dos de
la

Biblioteca particular de Palacio, otro del

Escorial, otro del Sr.
al verlos

Moreno López.
el

Confieso que

me

desalenté y aun repetí

famoso diJeVelasco,

ma.
Sr.

O

estos libros dicen lo

que

el del Sr.
el

ó no;

si

dicen lo que

el

primero,

manuscrito del
si

Velasco mengua mucho en valor;

dicen otra

cosa,

mi trabajo

resulta baldío.
la

A

pesar de esto, por respeto á

Academia y por
^,

curiosidad del asunto, examine los volúmenes

y
al

puedo decir que

si

bien en verdad quitan valor
el

primitivo ejemplar,

contenido de todos no con-

tradice, antes confirma buena parte de mis raciocinios.

El resumen, pues, de mi informe

se

presenta

ahora a priori deducido y a posteriorí documentado. Del último suceso que consigna el manuscrito de
los

75 capítulos,
los

es

decir, la

muerte del Almi,

rante Seymour y

motines del hambre
se

deduje

yo

la

época en que

habia escrito (1551). Estos

códices recien llegados, que se extienden algunos á

'

Vcasc Apcndicc X.

Informe
la

lxxxix

muerte de Somerset (22 de Enero de 1552), otro á la de Northumberland (22 de Agosto de
1553), otro, en fin, á la boda de Felipe II (25 de Julio de 1554), parece que debian falsear mi conjetura, sin embargo, ya que

no

la

confirman, no

la

destruyen; porque desde luego se ve que estas dos
últimas son adiciones posteriores, por
el estilo,
la letra,

por

y sobre todo por

el

texto.

Es asimismo

notable que varios códices no contengan más que
^ 75 capítulos, y que alguno de ellos remate con la conocida frase final Laus Deo : es

los

dichos

igualmente de reparar que en
otros se

los
si

capítulos que en

añaden hasta

el

xcii,

bien del

estilo y lenguaje, abundan en galicismos, ger en-güesta^ etc., que no existen en los 75 primeros, lo cual parece que induce á creer que los últi-

mismo como dan-

mos
con

se

compusieron en país en que

la

lengua fran-

cesa era
el

más común. Esta conjetura se confirma códice de Palacio, en 4.", marcado 2. G. 6.,
al

que perteneció

colegio de San Bartolomé, el

cual después de los 92 capítulos, que llegan á la

muerte de Somerset, añade otros 20 capítulos en 46 páginas, y los titula así: Tercera parte, j^
compendio de la Chor'onica de Inglaterra^ donde
tiene del reinado
se con-

de Eduardo y de la católica reina

María.
I

Cómo

puede

ser esta parte la tercera

si

no hay

una segunda, y cuál puede llamarse segunda sino
aquellos capítulos del 76 al 92, que

muchos códimarcado
2. B. 2.

'

El de

la

Biblioteca particular de Palacio,

xc
ees

Informe

no contienen, y que están escritos algún tiempo después que los 75 primeros?
I

Es esto contradecir ó más bien avivar
el autor,

la sos-

pecha de que
set

como

partidario de Somer-

y de Paget, padeciese con ellos persecución en tiempo de Warwick? Quizá se ausentase á Bélgica ó
se alistase

en Escocia, donde habia muchos francontinuación de sus Memo-

ceses, escribiese allí la

rias hasta el capítulo 92 y pusiese punto á ellas poco después, según yo mismo he indicado y se-

gún los códices nuevamente presentados insinúan cuando dicen en el capítulo lxxxiv que Otro año
:

después que todos los españoles se habia7i ido del servicio

del Rey pensando de hacer algún acuerdo con los escoceses, etc.

Pues investigando luego yo cuyo pudiese ser
escrito,

el

deduje que no podia ser'su autor ninguno
á la sazón residían

de
de

los

muchos mercaderes que

en Londres, porque no era probable que siendo
tal

profesión callase sobre las

muchas

leyes,

monopolios y empréstitos que la bien entre los códices de la Biblioteca Nacional,
afectaban.
:

Ahora

el

más gallardamente
es

escrito

en caracteres del

si-

glo XVI, señalado con la letra /,

número 145,

dice

que

un

traslado de papeles dejados por su autor en

casa de un mercader, etc. Esta circunstancia

ha sido

bastante para que marginalmente apunte en

mola

neda castellana

el

importe de

las

cantidades que
si

en

el

texto se relatan.
la

Y

digo yo que

de

equivalencia de

moneda habla y

discurre

este

mercader, ¿cómo un autor que

lo fuera

no habia

Informe
siquiera de

xci
de mucha más imes el

mentar

lo

que

es

portancia en este género,

como

cambio de
la

la

moneda misma
pasaba

?

Por cierto que

el tal

Códice dice que

obra

como compuesta por un

letrado valenciano
^.

que fué á Inglaterra con doña Catalina
fuese ya letrado en
jar

Quien Noviembre de 1501 para viahabia de tener en Agosto
el

con

la

Princesa,

de 1553, á que llega meterse en
ellas

Códice, edad poco á pro-

pósito para escribir historias, y
;

menos todavía para
la

porque

es

de saber que dice
le

epístola dedicatoria

que por su desgracia

acaeció

cierta desdicha, por la cual por salvar la vida le fué

forzado dejar

el reino,

y fuese huyendo.

No

consta

tampoco en la larga lista de los criados que fueron con doña Catalina ningún letrado valenciano ^. Dudo, pues, del tal autor letrado; bien es verdad que el mismo copiante lo dificulta cuando
dice en su epístola preliminar
que el
estilo
:

porque me pareció

no era nada de letrado.
sin

Agradezco,
esta noticia, la

embargo,

al

copiante, además de
al fin

que

me

da cuando
:

de

la

dicha

epístola preliminar dice

Escrita en Gante, postrero

de Octubre, mdlvi.

No
María

cabe, pues, duda
;

:

vivia á la sazón la reina

su marido,

Felipe II, acababa de traslaallí,

darse de Inglaterra á Flándes, y

en Gante

mismo, estaba

el

P. Rivadeneyra,

que habia obte-

'

Véase en Apéndice

Z

el

prólogo de esta copla.

^

Véase

el

Apéndice R.

XCII

Informe

nido del Rey cédula de fundación, y que escribía en 2 de Setiembre de 1556 la carta de pésame por
la

muerte de San Ignacio.

Pudo, pues, en tan solemne ocasión ver el original, y aun, si se quiere, la copia que se estaba sacando en
adelante.
la

misma ciudad y en

los

mismos

dias,

para utilizarlo é insertarlo en su libro 32 años

Tenía

yo, pues, razón

cuando pensaba que

el

cronista precedió al Jesuíta.

Deduje asimismo que no era el escrito obra de un eclesiástico, y menos de un doméstico de la Princesa de Aragón, fundado en lo muy partidario

que se muestra de Enrique VIII, y en lo mucho que alaba su generosidad. Confirma ahora esta
el
/,

inducción mia

Códice en

4.*^

de

la

Biblioteca
su capítuel

Nacional, letra
lo Lxxxvi,
folio

número 198, que en
:

85, dice

«Si fuera vivo

rey

Enrico Octavo
capitán Pero
si

le

hiciera por aquel servicio seña-

ladas mercedes... y el
al

General fué parte que dieran

Negro doscientos escudos de con-

tado, y

fuese vivo el Rey, los mereciera de ren-

ta perpetua. »

También
dades entre

colegí que el escritor, en

las

parciali-

Warwick de una
la historia

parte

Paget de

otra, pertenecía á esta

y Somerset y última y la con, :

tinuación de

no hace más que robuste-

cer

la sospecha que inspiró el principio. Hé aquí en prueba cómo termina el capítulo xci hablando

de Paget

:

c(

Creo yo, dice

el autor,

que

si

él vive

hasta que el

Rey (Eduardo VI) venga

á gobernar.

Informe
que tornará
al

xciii

Consejo

;

y fué bien conocido del

rey Henrico Octavo, porque muchas veces dijo no tener otro mejor en su Consejo, ni más sabio y
:

esto espero de lo

ver con el tiempo, que será
;

como Rey en
ción es
tal,

porque su saber y discreque su Príncipe conocerá el gran bien
el reino

que

le

ha dado Dios en tener semejante en su
:

Consejo

arte hubiese muchos

y pluguiese á Dios que de su manera y por el bien que deseo á ;
si

aquel reino. »

Primeramente,

llama á Inglaterra aquel reino,

escribia fuera de allí esta

segunda parte de su

obra.

Bueno
este

es,

en segundo lugar, recordar aquí que
es el

Lord William Paget

amigo inseparable,
de

secretario íntimo y ministro del Protector Somerset,

verdadero fundador, por tanto, con
:

él,

la

Iglesia anglicana
rito

es el

mismo
;

Paget, ultimo favo-

de Enrique VIII, que
testamento

escribió su

muerte y miembro, por tanto, de
asistió á su

aquella que Rivadeneyra llama cuadrilla de truha?ies

y

lisonjeros

que apartaron al Rey del pensamiento

de convertirse.

Es, en

fin,

y quizá en compensación de todo esto

para nuestro escritor, Paget, el

mismo que en

el

juicio y acusación del capitán Julián salió á su de-

fensa en el Consejo.

Saque de estos antecedentes

el

curioso las con-

secuencias que guste; yo he deducido sola una:

que

el escritor tiene

cio que de paniaguado de

menos de hijo de San IgnaLord Paget.
/

xciv
Colegí
tic la

Informe
misma manera que
el

escrito pro-

cedía de un aventurero español, por los curiosos,

nimios y hasta ahora ignorados detalles que da

de

nuestras compañías mercenarias. Pues bien,

los últimos capítulos

son en este particular aun
preciosos
:

más circunstanciados y

allí

consta có-

mo

intervinieron en

los

alzamientos de Norfolk,

y Cornwall; cómo y por qué medios Somerset y Warwick trataban á porfía de atraer cada cual á su partido á los capiSiiffolk (capítulo LXXLx)

tanes españoles (capítulo

lxxx). Cuál parte, lula

cida por cierto, tomaron en

campaña de Esla

cocia (capítulos Lxxxiv y lxxxv; y

defensa y
el

socorro de Haddinton (capítulo lxxxvi) por

ca-

pitán Pero

Negro

:

luego especifica todas

las

en-

vidias, rivalidades, celadas y muertes de

Gamboa

y de los dos Guevaras ; y en fin, hasta nombra, no ya los capitanes, sino los alféreces, soldados y gen-

menuda, como Pérez, Velasco Salmerón, Antonio Vaca, Antonio Eguaras y Lope de Carrion. Por tanto, si primero entrevi á uno de aquellos
te
,

mercenarios

como

historiador de
lo

tales

hechos,

ahora con más razón

presumo y

lo creo,

por lo

menos, inspirador de aquellos comentarios.

En

seguida, descendiendo ya á
el

las

personas,
co-

despierta mi curiosidad con

nombre no muy

de Julián, y guiado mi ánimo por el carácter y hechos singulares del personaje, y por el período de los acontecimientos, casi me aventuré á indicar que
el

mún

capitán Julián mencionado en
el

la

co-

pia de Julián de Pliego era

mismo

celebre capí-

Informe
tan

xcv

1554
fon

conquense, Julián Romero, cuya vida desde en adelante escribió su paisano D. Triaños y servicios
se

Muñoz, y cuyos primeros

Juzguen escondieron á tan diligente biógrafo. alegría cuanmi sería cuál ahora los curiosos
do en
tra
el

códice letra /, núm.

198,

folio
leí

margen del epígrafe del capítulo lix
de
la

52, al en le-

combate de Julián Romero y el capitán Mora.» He aquí con un testigo de mayor excepción, por ser coetáneo, probada la exctitud de mi sos-^
época
esta

anotación

:

« Desafío y

pecha.

Pero á esta
cerca,

lisonja

del

amor propio
la

siguió de
vida,

como de

ordinario acontece en
la

una

humillación de

vanidad.

Yo me
el

habia excedido

arriesgándome á insinuar que

mismo guerrero

fuese cronista de sus propios hechos

, y hé aquí que por documentos de Simancas resulta que apenas

sabía escribir.

— Las

letras

de su firma son tan
;

lar-

gas

como

pudiera ser su espada
cosa

y necesitaría res-

mas de papel para contar la
ro,

más pequeña. Reti-

pues, y desecho por temeraria

mi sospecha

;

pe-

ro en lo que no desisto, antes bien
vista

me

ratifico

con

de

los

códices de 92 capítulos, es en pensar

que
lo

el

autor andaba

muy

cerca del Julián, ó por

menos

era gran apasionado de sus cosas.

— Tan-

que da de su persona noticia completa, y de sus desafíos, procesos, gastos, gajes, hazañas,
to es así,

ascensos, etc., y especifica
ballero (capítulo Lxxxiv) y

cuando cuando

le

arman

ca-

le

ascienden á

capitán jefe de toda

la

tropa (capítulo lxxxv).

xcvi
Tanto como
la

Informe

biografía de Julián dilucidan y adicionan los códices de 92 capítulos la historia de
las

compañías españolas.

— Según
como

los

primeros 75,
al

nuestra tropa interviene

auxiliar en el ase-

dio de Boulogne y en las expediciones Inglaterra bajo Enrique VIII.

norte de

Según
las

los

18 segundos, pesa decisivamente en

campañas de Cornwal y de Escocia durante el protectorado , y á su intervención se deben la derrota de los

amotinados,

la

batalla
:

de Pincken

cleugh y

tanto, que no el socorro de Haddington los confesarlo historiadores mismenos pueden de mos de Inglaterra ^ En los primeros manuscritos recordamos el nom-

bre de Alburquerque, ya de antiguo claro en nuestras crónicas;

en

los

segundos suena,
^,

como en

prelle-

ludio, el

nombre de Spinola
la

que habia de

nar de gloria
los

milicia y las artes en

tiempo de

Felipes españoles.

Por esto, sobre
mia, cuando

la

parte biográfica y militar
la

lla-

maba yo principalmente
se

atención de

la
;

Acade-

interrumpió mi trabajo

por esto

también
que,

la

invoco ahora, con mayor instancia.
estos escritos

Tanto más debemos estimar

cuanto

como he dicho,

el

novísimo historiador de

"

Véase
v.

Lingaid

,

iii,

cap.

vii.

Hume,
,

cap.

xxxv,

el

apéndice
^

Bautista Spinola,
las

gran protector de

hermano de Ambrosio procer gcnovcs, artes y abuelo del otro Ambrosio y de Fe-

derico, generales de nuestros ejércitos.

Informe

'

xcvii

Cuenca, diligente y celoso cual ninguno, da por no sabidos los primeros pasos de Julián Romero
:

y cuanto que de nuestra intervención en aquellas campañas puede depurarse poco, puesto que fueron sustraídos de Simancas en tiempo del rey José los papeles que de tales asuntos trataban, y que no

han
con

sido ni serán devueltos.

Este vacío lo puede llenar nuestra
la

Academia

publicación ilustrada y crítica del presente

Códice, que no debe por más tiempo seguir oscurecido.

Oscurecido digo, y me equivoco; el manuscrito tuvo en su dia tanto valor y logró tal crédito, que

poco de concluido, y mediado aún el siglo xvi, fué diligentemente extractado y copiado con gran
á

primor para
de Guzman,
lige

ser

enviado por

el

correo á D. Diego

V Conde de
la

Albadeliste, según se co-

de

las

armas de
él

portada. Su discreto

comlos

pilador nota en

las
:

mismas excelencias y
f(

propios lunares que yo
al folio Liii

Y

háceme lástima

(dice

vuelto de

la

copia de 1556) de ver que

en todas

las

cosas que trata esta historia está co-

piosa y verdaderísima, según lo que yo he podido

saber de personas que se hallaron en todas ellas

en esto de

seíiialar

y tiempo quedó tan corto, que
:

ninguna parte ni historia

lo

declara, siendo una

cosa que tanto se requiere para el gusto de la historia.»

— (Códice
el XVII se

I,

145 de

la

Biblioteca Nacional.)

A fines del
ra lo utiliza
ra.

mismo

siglo xvi el insigne

Rivadeneyalguno

en su obra maestra del cisma de Inglatermultiplican los ejemplares
,

En

xcviii
de
ellos

Informe
copiado y añadido por
la

el historiador tole-

dano Alonso de
se
filos

Fuente Maldonado.

En

el xviii

adicionan estos códices por

los eruditos

y biblióel

de aquel renacimiento.

En

el

xix,

mis-

mo Mr. Fraude lo cree obra de Lady Dormer, y ofrece venir á España para copiarlo. Si, pues, fué
explotado por nuestros clásicos
curiosos, custodiado en
las
,

copiado por

los

bibliotecas, adicionado
es

por

los

eruditos, y hoy

mismo

codiciado por

historiadores ingleses, ¿por qué no se ha impreso
hasta ahora?

Quizá por
está

el espíritu
el

favorable con que en
el

el

juzgado

Rey de quien
el cual

autor pretende ser

cronista. Sirva de ejemplo el siguiente párrafo del

capítulo Lxxxix;

de paso acredita que esta

segunda parte fué
ral estilo

escrita quizá

en diverso tiempo

y lugar que la primera, pero con el propio natuy amistoso afecto.
:

Dice
que

así

« Por cierto los ingleses perdieron
se les

mucho

el día

y gran daño
á

murió aquel valeroso rey Enrico Octavo; les viene y vendrá cada dia en haber
:

tanta discordia entre los gobernadores

y yo ruego
rey Eduar-

Dios que presto pueda gobernar

el

do, que quedó

muy

niño cuando su padre murió,
el error

porque tengo esperanza que en sintiendo
que
los
le

suyos tienen,

quien

remediará, y no faltará diga que su padre fué un doctísimo homle

bre y que fué buen cristiano ; aunque estuvo algo ciego en la obediencia del Papa ; porque en las
cosas del servicio de
la

Iglesia

jamás consintió que

:

Informe
se quitasen
;

xci>i

aunque dio

licencia

que algunas co-

sas se hiciesen

en inglés, y siempre hizo venerar y honrarel Sanctísimo Sacramento, lo cual, después
lo

de muerto, todo
torne
solia;

quitaron.

Y
y

podría ser que

el

hijo fuese inspirado por el Espíritu Sancto para que
la

obediencia á

la Iglesia

el servicio

como

y notorio está que si fuera el Rey vivo que no consintiera tanto mal y hubiera puesto mejor recaudo.)) ¿A qué no acertáis, señores, en que
funda
juzga
el

escritor este

que Enrique VIII

favorable juicio, y porque «no consintiera tanto

mal y pusiera mejor recaudo)), tratándose de cosas de religión ? Pues es porque era liberal y no le dolia el gasto, y hacia siempre merced á sus capitíines

y soldados. Véase por contraste

lo

que dice
:

el

protestante

Hume juzgando á este
cios

rey

ce

El catálogo de sus vilas

comprenderia muchas de
la

peores cualidades
violencia, cruel-

que afean

naturaleza

humana,

dad, despilfarro, rapacidad, injusticia, obstinación,

arrogancia,

hipocresía,

presunción,

capricho.»

Antes ha hablado de su barbaridad y tiranía ^

^

A

Catalogue of

hh
to

njices

-woidd comprehend many
:

of

the

great quaUties incident

human nature
y

Violence, cruelty^ profusión^
^

rapacityy injusíicey obst'wacy
price.

arrogaticej iigotryy presumption

ca-

Capítulo xxxin.
los

A

este catálogo de

vicios

pueden agregarle

que

se

mencionan en

los siguientes versos

Tyranny^ cniclty, voluptuosas pride
Insütlable, Ucentlousness

and guih

c

Informe

Compárense, pues, estos dos juicios, y dígase ingenuamente si el autor español puede ser eclesiástico,
tir,

y por añadidura criado de aquella reina márprimera y más ilustre víctima de todas esas in-

fernales pasiones conjuradas en su daño; dígase,

en

fin,

si

no trascienden esos

elogios á MesnaderOy

¿iberalmente remunerado.

Pero harto os he molestado para investigar

el

estado y condición del autor. ¿Qué importa esto,
si

hemos averiguado que

sus noticias son nuevas y

ciertas?

No

es mercader, pero nos cuenta,

como
Bole-

testigo presencial, los escasos vítores de

Ana
los

na en
visitar

el

Strand, y

la

numerosa cabalgata que para
mercaCity.

en su prisión á Catalina hicieron
la

deres españoles de

No
la

es eclesiástico,

pero nos señala

el

intermedio

por donde

el pontífice

Clemente VII, enterado de
relatufn est.

extraviada vida del rey Enrique, pudo escribir

Sane ad aures nostras

No
talina,

es

tampoco de
la

la

servidumbre de doña Caésta

pero sobre

muerte de

da preciosas
del ve-

noticias, rectificando errores no

menos que

nerable Rivadeneyra y del veracísimo Lingard.

No

es,

en

fin,

tan caracterizado capitán

como
al

Moneada, Mendoza

ó Colona, pero cuenta

vivo

hechos de nuestros hombres de guerra y campañas de nuestras compañías aventureras, no bien cono-

So $hfírt

tfi'n

monarchy -we can neer decide

On

'V'uhat one 'vice bis luling 'vvish 'u-uas built.

DiBDIN.

Informe
cidas; y por lo
el

ci
parecer, el autor ó

mismo que

es, al

inspirador un soldado mercenario, sabe bien y

dice llanamente cuanto ha presenciado
tor

como

ac-

ó como

testigo,

y lo relata con nimia precisión,

mientras es desordenado é inexacto en cuanto por
referencia escribe.

Aquí
Crónica,
lugar,

salta á
el

la

vista el

más grave error de

la

cual de intento

hemos dejado para
menos

este

porque por
el

solo destruye toda presunción

de que

autor fuese letrado, ni

familiar

de doña
cías,

Catalina. ¿Ouién, con tales circunstanel

ignorada

orden en que
?

se

sucedieron

las es-

posas de Enrique VIII

Suponed, por analogía, una Crónica de Fernan-

do VII de España

,

en donde

se asiente

que

el

mi-

nistro Macanaz (destituido y desterrado en 8 de Noviembre de 1814) contrató el matrimonio de la reina Amalia (1819): ó más todavía, que esta prin-

cesa sajona precedió en el lecho real á
sa Isabel

la

portugue-

de Braganza (muerta en 181
os podria persuadir
tales

8).

Nadie

que semejante

escrito,
le-

plagado de

anacronismos, era obra de un

trado portugués que habia venido en la comitiva

de doña María Antonia, primera mujer de Fer-

nando VII, y que habia permanecido en la corte con ánimo de escribir la crónica del Monarca.
Pues semejantes
analizamos.
á éstos

son los errores de

la

que

En

ella

Cromwell (decapitado en 28

de Julio de
el

i 540) interviene en el casamiento y en proceso de Catalina Howard (Febrero de i 542).

En

ella,

asimismo,

se

supone

á esta

joven reina

la

cii

Informe
la

cuarta esposa de Enrique, predecesora de
ta,

quinlo

Ana

de Cleves, cuando sucedió cabalmente

contrario.

Ana,
la

cuarta mujer, se casó en
el
,

i.°

de

Enero de 1540. Divorciada luego, dejó
el

lecho y
el

trono á

quinta, Catalina
aíío.

Howard

casada

18 de Agosto del propio

Tales descuidos fueran

faltas graves,

ó más bien
;

errores imposibles, para un letrado y un áulico

y

son disculpables en quien, atento

al

ruido de

las

armas, codicioso de
partícipe de los

buena soldada, instruido y chismes de campamento, recuerda
la

aventuras, y no fechas, y pone prolijo esmero en relatos marciales de su tercio ó en lances picantes

de su guarnición. Por estas cualidades, su obra
llena

un vacío en nuestra
la

historia

militar,

me-

rece

atención de
el interés

los

doctos, y despertará, á no
curiosos dentro y fuera

dudarlo,

de

los

de España.

Por esto, en

fin,
las

creo, y

que deben darse

gracias al Sr.

conmigo la Comisión, D. Ladislao de
bien no hay para

Velasco por haber proporcionado ocasión de que
se estudie

este punto; y que

si

qué

se

acepte su ejemplar, menos completo que

otros y

que

el

que

la

Academia posee en

su bibliola es-

teca, esta corporación debe proceder á dar á

tampa

el

códice que crea

más perfecto en

la

forma

ya indicada.

Me

queda, antes de concluir, un deber que
la

lle-

nar: el de daros gracias por
lencia con que

magnánima benevo-

me

habéis oido y el pediros perdón
ella.

por haber aburado quizá de

Informe

ciii

— Quizá

el

detenerme tanto ha sido efecto de que

yo no creo que á ciertos hombres y á ciertos hechos pueda aplicarse esta preterición fria que hoy « Eso pertenece ya á la historia », se usa. Dícese
:

cuando una cosa, de puro vieja y sabida, no inspira ínteres alguno. Y en tal acepción, Enrique VIII y
Catalina, Felipe II é Isabel, San Ignacio y Lutero
sus

no pertenecen aún á ¡a historia; no, porque

cias son

hechos y doctrinas, sus pasiones y sus creende actualidad, y forman parte de ese pael

voroso drama entre
toridad y
la

apetito y

la fe,

entre

la

auá

rebeldía, cuyas escenas pasan

hoy

nuestra vista, y cuyo desenlace nadie prevé.

Confieso, ademas, que deteniéndome tanto en

el

primer encargo que

me

habéis dado,

me he
el

dejado
respeto

llevar del afecto que

más vive en mí

á la institución académica.

Este afecto es

la

única luz de mi juventud, que
;

aun no

se

ha eclipsado en mi memoria

la

única

ocupación de mi edad madura, que no
;

me

parece

ya ociosa y baldía el único asiento en que no tengo por inseguro y escarnecido para pasar el

me
úl-

timo tercio de mi vida.
Vosotros, en vista de todo, resolveréis
lo

mejor

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CRÓNICA

DEL REY HENRICO
OCTAVO DE INGALATERRA.

CAPITULO
Cómo
el

I.

Cardenal fué causa de
el

todo el

mal y daño

que hay en

Rey no

de Ingalaterra.

N

el

año del Señor de mil y quiel

nientos y treinta años, en

Rey-

no de Ingalaterra, reinando el Rey Henrico Octavo, y estando en la
flor

de su edad

,

determinó por más quietud

suya y por poder ejercitar sus pasatiempos, de dar el gobierno de su Reyno á un cardenal

que entonces habia, el cual era arzobispo de Yorca. Este Cardenal era persona no muy

2

Crónica del Rey Ilenrico

docta, pero
cido de

muy

cabido con

el

Rey;
el

era nas-

muy

baja sangre, que su padre fué un
le

carnicero, y luego

dio

el

Rey

sello

do

Chanciller; y todo lo que él mandaba se hacia en el Reyno, y todos los Señores le obedecían.

Vino

á tanto,

que

el

Rey no

se entremetía en

cosa ninguna, y este Cardenal lo hacia todo. Pues como los príncipes desean siempre tener

amistad en los reynos extraños con los que

mandan,

el

Rey
el

de Francia procuro su amisel

tad, tanto que fué causa que

Rey

se confe-

derase con

por que

el

Rey

de Francia, y trabajaba siempre tuviese enemistad con el Em-

perador, y para mostrar él la buena amistad que tenia al de Francia. Cuando el Papa Cle-

mente murió, escribía este Cardenal al Emperador, que se acordase lo que le prometió en Brujas cuando estuvo por embajador, que era, de trabajar de ayudarle á ser Papa y como el Cardenal conociese que el Emperador no lo haría, pensó que por aquella vía podría hacer algún desplacer al Emperador, y así lo mostró cuando invió al faraute Clarencios, en com;

pañía del faraute de Francia, á

le

desafiar, esasí

como

todo

el

mundo

sabe.

Pero en esta
;

criptura no se hablará de los desafíos
diré la malicia

y

bió de

que fundó, y es, que como supoca cosa, todavía holgaba de tener
,

gentes sabias en su compañía

y entre todos

Octavo de Ingalaterra
tuvo un astrólogo que
le

3

dijo: ((Señor, vos

habéis de ser destruido por una mujer.))

Y
^

coera

mo

en aquel tiempo que tenia tanto mando

viva

saba

Reyna Catalina, la que un hombre tan bajo
bendita
le

á la cual pe-

tuviese
;

tanto

mando, no

mostraba ningún amor
el

antes

trabajaba la buena Señora porque
tendiese en su

Rey

en-

Reyno.

Y

el

Cardenal, cono-

ciendo esto, y acordándose de lo que el astrólogo le habia dicho, acordó de inventar una
diabólica cosa,

como

aquí bajo diremos.

CAPITULO
Cómo
el

II.

Cardenal hizo encreyente al Rey^ que

estaba

mal casado y
ESPUES que

en pecado mortal,

el

diablo puso en cael

beza

al

Cardenal de hacer todo
la

mal que pudiese á
na Catalina
,

bendita Rey-

Rey andaba muy
la

y conociendo que el enamorado de una dama de
cual se llamaba
dia

dicha Reyna,

la

loña, fuese al

Rey un
((Señor,
le

que

le

halló

gre y díjole

:

V. M.

sepa,

Anna Bomuy aleque ha mu-

chos dias que
go.))

deseo decir una cosa, y no oso por miedo que no tome V. M. enojo conmiEl Rey, descoso de saber loque era,
:

k

dixo

((Cardenal, decid lo que está en vuestro

4
corazón
,

Crónica del Rey Henrico

que yo os doy
,

licencia.
las

«El malsín
por
el

no fué perezoso
arios

é

hincó

rodillas

M. sabrá que há muchos que está en pecado mortal y vive en adulterio , porque está casado con la mujer
suelo, y dijo: ((V.
del Príncipe de Gales, su hermano.))

Y el
,

Rey,

cuando oyó
gran pena,
antes; y,
si

lo

que

el

Cardenal dijo

hízose

maravillado, y dijo: ((Cardenal, digno sois de
si

así es,

que no

me

habéis avisado

miradlo bien, y, si yo estoy en pecado mortal, nunca Dios quiera
es
así,

no

que
((V.

tal pase.))

Y el Cardenal se lo tornó á certi:

ficar,

y'

para hacer su maldad buena, dijo
lo verá,

M.
el

mo

coy deshaga el engaño.)) Rey, como tengo dicho , estuviese enala
:

Y

Anna Boloña, dijo Pues, Cardenal, ¿qué modo terne para me quitar?)) Dijo el Cardenal: ((Señor, V. M. hable á la Reyna,
morado de
((

y le diga de esta manera: Señora, bien sabéis que fuisteis casada con mi hermano y estu-

medio año con él, y por ley divina, yo no podia tomar mujer de mi hermano. Y, cuando se lo haya dicho verá V. M. lo que responde y, conforme á ello. Nos fundaremos
visteis
,

;

nuestro proceso.))

Al Rey paresció bien
nal;
dita

lo

que

dijo el

Carde-

y luego, ese dia, el Rey habló con la benSeñora y la dijo ((Bien sabéis, señora,
:

cómo, por mandado

del

Rey, mi padre, yo

me

Octavo de Ingalaterra
casé con vos; y, según veo, há que estamos en pecado mortal.

"5

muchos años
pues os co-

Y

nozco por sancta y buena, deshagamos el engaño de nuestras ánimas, y vos, señora, seréis Princesa de Gales; y cumple que nos apartemos.))

Y de
salia,

aquella hora en adelante el
ella.

Rey

se

tuvo por dichoso de se quitar de

La
dónde

bendita Señora, conociendo

la

malicia de

respondió

al

Rey

lo

que aquí bajo

se sigue.

CAPITULO
De
la

IIL
la

respuesta

que

dio

bendita

Reyna

al Rey.

mi buen Henrico, yo bien sé de dónde sale todo esto; y vos, señor, sabéis que
el

Rey Don Her-

nando, mi padre, cuando
posó con
el

me

des-

Príncipe de Gales

,

era

aún

muy

joven, y yo vine á este Reyno harto joven, y el buen Príncipe, después que yo vine, no vi-

Rey Don Hernando envió luego por mí mas el Rey Henrico Séptimo escribió luego al Rey mi padre para que me casase con V. M., y entramvió sino

medio año.

Y mi

padre

el

;

bos fueron de acuerdo, y mi padre invió luego á Roma por la dispensación ; y ansí el Papa la
dio, la cual

en España.))

mi padre dejó muy bien guardada Y el Rey, pensando que no la te-

6

Crónica del Rey Henrico
menester que se vea; que
dispensación.))
las

nía, dijo: «Señora, es

no creo que hay
dita

tal

Y

la

ben-

Señora, visto que

cosas iban de veras,

despachó luego un gentilhombre suyo, que se llamaba Montoya, el cual hizo tan buena diligencia,

que dentro de veinte
la trujo.

dias fué y volvió

á España, y

Y durante
le

este tiempo, el
la

Rey

se

encendió más en los amores de
,

Anna

Boloña

tanto, que se

hacian ya mil años
su

hasta verse

quito, porque

voluntad era
lo

de se casar luego con

Anna, como
la

hizo.

Pues vuelto
ción, y
ría

el el

gentilhombre con

dispensaél

como

Rey
si
:

lo

supo, dijo que

que-

saber de

Roma

aquella dispensación era

buena y verdadera y así mandó que en diez dias no saliese ninguno del Reyno , y durante este tiempo despachó una posta á Roma.
Díjose que invió á ofrecer gran suma de
nero porque de
di-

Roma
y
el al

escribiesen que no hala

bía tal dispensación;

mo
reo
ple

conoció que
,

luego dijo

buena Señora, coRey había despachado cormesmo Montoya: ((Cum-

Montoya, que luego partáis por la posta con mi carta al Papa; y porque los puertos de Dobla son atapados tomad una charrúa flamenca y dadle todo lo que demandare, y
, ,

luego, y trabajad de llegar en Roma antes que la posta del Rey parta de allá. El
pártase

buen Montoya no fué perezoso, que esa no-

Octavo de Ingalaterra

7

che dio cincuenta escudos á una charrúa que se partió con él, é hízolo Dios tan bien, que en dia y medio llegó en la villa de Ambers,
y

un honrado señor, que se llamaba Pero López, le dio trescientos ducados, y se parte;
allí

que llegó en y guióle Dios tan bien,
dia antes

Roma
como
:

un
el

que

la

posta del Rey.

Y

Papa rescibió las cartas de la bendita Señora antes, cuando llegó la posta dijo el Papa ((Ya sé á^lo que venís, y quiero que todo el mundo
sepa que
biré al

dispensación es buena, y yo escriRey, vuestro amo, loque le cumple; y
la

por más quietud, yo inviaré

allá

al

Cardenal

de Campeio.))
luigo lo puso por obra, y despachó á la posta del Rey y al gentilhombre Montoya: y llegada la posta en Ingalaterra, el Rey hubo

Y

gran pesar cuando supo que
advertido y supo que

el

Papa estaba ya
habia ido.
el

Montoya

Y
el

como

la

bendita Señora conosció que

Rey

estaba enojado,

proveyó luego para que

Montoya hombre en Flándes, en una
Brujas, y
ter.
allí

se viniese; y así se

quedó
villa

este gentilse llama

que

se le

daba

lo

que habia menes-

Pues, partido

el

Cardenal de Campeio de
llegó en Ingalaterra, y
se viese
,

Roma, en breve tiempo luego quiso el Rey que
Señora tomó
al

y tomó por

su juez al Cardenal de Ingalaterra; y la bendita

de Campeio, y dieron término

»

8

Crónica del Rey Henrico
litigase y de-

de treinta dias para que cada uno
fendiese su derecho.

CAPITULO
Cómo
la bendita

IV.

Reyna

ella

mesma

defendió su

derecho por falta de letrado.

A bendita Señora, conociendo que no habia de hallar ninguno que
hablase

por

ella

,

invió luego

á

Flándes un hombre con sus cartas para

un docto hombre que
se llamaba el
la

vivia

en Bruel

jas,

que

maestro Luis Vives,
bendita Señora
;

cual tenía gajes de
cribióle

y es-

que viniese para la ayudar. Este Luis Vives hubo gran temor, y no osó ir y como la bendita Reina viese que no osó ir, dijo entonces ((Gracias sean dadas á Dios yo con;
:

;

fío

en

él

que

me

ayudará.
los jueces se asen-

Y

cumplido este tiempo,
la

gran sala de Londres, y allí estaban ocho letrados por el Rey y ninguno por la bendita Reina.
taron á juicio en

En

aquella hora

comenzó

la

pestilencia her-

pina de herejía en aquel Reynoj que
jueces comenzasen á oirá los

como los letrados del Rey

y

bendita Señora aun no habia hablado, y los letrados aleG;aron tantas cosas que sin verla

Octavo de Ingalaterra
güenza ninguna, uno de que
si el

g

los letrados dijo estas

palabras: «Señores, vuestras señorías sabrán,

Príncipe de Gales tuvo conversación

carnal con esta señora, no hay ley divina ni dis-

pensación que valga, y no puede ser válida ; y para que más claro se vea, aquí están dos señores

de gran crédito, que jurarán que una masalia el

ñana que
Señores,
esta

Príncipe de su cámara, dijo

:

muy

alegre salgo, porque he
millas dentro de

estado

noche
el

seis

España.»

Y

luego

letrado mostró los testigos, los cuales

juraron que era verdad; y por su honra no los nombro. La bendita Señora, visto la gran mal-

dad y alevosía, sacó luego
dijo estas palabras
:

la
!

((

¡

Oh

falsos

dispensación y ¿ cómo podéis
el

vosotros jurar tan gran maldad? porque

Rey

Henrico mi marido sabe bien cómo

me

halló. »

Y

sin falta, se

sonó que
el

el

Príncipe fué impovirgen

tente y que la bendita Señora estaba

cuando casó con
visto
el
,

Rey.

Y los

señores jueces,
la

buen derecho que tenía
el

bendita

Señora

y más docto que no
venció por
las

Cardenal de Campeio era
el

muy
le

de Ingalaterra, luego

que

la

Sagradas Escrituras, y hallaron dispensación era muy buena. el Car-

Y
la

denal de Ingalaterra,
su saber
al

visto

que no alcanzaba
los

de Campeio, acordaron

dos de
bendita

dar sentencia otro dia en favor de

Reina

;

y

el

Cardenal de Ingalaterra esa noche

: :

10
se fue al

Crónica del Rey Henrico

Rey y

díjole

:

((

V. M. sepa que yo

estaba engañado y todos nuestros doctores, y es fuerza que se dé sentencia contra V. M. )) El

Rey, oyendo

pudo
de
la

ser

esto, hubo tan gran enojo, que no más; y como estuviese determinado dejar, y estuviese ciego en sus amores

con

la

Anna Boloña, y

tenía pensamiento de

casarse luego con ella, dijo al Cardenal,

muy

enojadamente, que se apartase de delante del

y luego invió á llamar al duque de Norfoque y al de Sofoque y á otros grandes de su consejo,
lo

y díjoles ((Ya, señores, habéis visto en que me ha puesto el Cardenal, y agora, al
:

mejor tiempo,
guir

me

deja.

Yo

determino de se-

mi voluntad, y quiero que vos, duque de Norfoque, mañana, cuando los cardenales se asentaren á dar sentencia, que antes que la den, les digáis que yo mando que no den sentencia.

Y

ansí otro dia el
los

Duque
:

se halló pre-

cardenales se asentaban, y sente cuando antes que ninguno hablase dijo ((Señores, la

voluntad del
cante á lo de
sentencia.))

Rey
la

que no se hable más toReyna, y no quiere que se dé
es,

Y los cardenales,

oyendo

lo

que

el

Duque
más en

dijo,
ello.

luego se levantaron y no se habló
ese dia dijo á la
al

Y
((

el

Rey en
el

Anna Boloña

Hermana,

Cardenal,

mejor tiempo nos ha

dejado, y yo os prometo de no os dejar, que

1

Octavo de Ingalaterra
yo os coronaré por Reyna de mi Reyno.
luego
le dijo ella
:

1

»

Y

((V.

M.

se gobierna por el

Cardenal, y más valdría que se fuese á estudiar, que no que tuviese tanto mando. )) El Rey la
respondió luego:

((Yo os prometo, señora, que por amor de vos yo le quite el poder que Sentencia de Dios, y gran castigo que tiene.
))

da á los malos

;

porque este Cardenal pensaba deshecho por
la

que habia de

ser

bendita

Reyna

Catalina, y fuélo por

Anna
el

Boloña.
le

Y
sello
el

luego invió por de

Cardenal y

quitó el

Gran

Canciller, y le
lo

mandó que en

ninguna cosa de
lante del

temporal no se metiese.

Y
le
li-

Cardenal, visto esto, se hincó de rodillas de-

Rey y

le

demandó en merced que
;

dejase

ir

á su arzobispado

y luego

le

dio

el Rey, y luego se partió, del cual hablaremos á su tiempo.

cencia

CAPITULO
De
como
el

V.
Campeio

Rey

despidió al Cardenal de

y

se casó luego con

Anna

Boloña,

uÉGoque
al

el

Cardenal de Ingalaterarzobispado, llamó

ra se fué á su

cardenal de

Campeio y

díjole

:

((Cardenal, vos os podéis

ir

cuan-

do quisiéredcs

;

porque os hago de saber, que

12

Crónica del Rey llenrico
el

de hoy más

Obispo de Roma no tendrá mas mando en mi Reyno. El buen Cardenal, vista la intención del Rey, determinó de partirse luego y así se fué: del cual, aquí no haremos mención. Y
;

luego

el

Rey mandó

juntar todos los grandes

de su Reyno, ansí temporales
les
:

como

espiritua-

y juntados que fueron, les hizo en breves palabras una plática , y les dijo claro, que ninguno fuese osado de le contradecir, y díjoles
((Señores,

:

ya

sabéis

la

gran

tiranía

que

el

Obispo de
y
es
el

Roma

hace cada año en mi Reyno,
:

mucho

dinero que del saca

mi voluntad

que de hoy más no se saque más. Por eso quiero que se hagan Cortes y por las Cortes
sea anulado.
))

Todos respondieron

á

una voz

que

así lo hiciese,

antes les había
dijese
j

y así le cumplía, porque de dicho que ninguno le contradijeron que era

y aun
el

le

muy

bien

hecho.

Y
tre

luego

Rey mando que
se queria casar

dentro de ocho

dias, todos se juntasen

tanto, que

en Vuestmonster, y encon Anna Bololo tuviesen
el

ña, y

que

les

rogaba que

todos por

bueno. en una

Y

donde hizo

esta plática

Rey, era

villa
:

cerca de Londres, que se llamaba

Grañuche

entonces estaba

allí la

bendita Se-

partióse el ñora y buena Reyna Catalina. Rey luego á una casa suya qtie se llama Ri-

Y

Octavo de Ingalaterra
charrionte, y luego invió por la Anria

13

Boloña

y por todas

damas de la Corte, que no quedaron sino muy pocas con la bendita Reyna; y luego que fueron venidas, mandó al Arzobispo de Canturberi que dijese misa y los casó
las
;

luego.

Aquí hizo

el

Rey de hecho y no de

dere-

cho, y cuando la bendita Señora lo supo, bien pueden considerar el grandísimo pesar que recibiera

en ver que

el

Rey por cumplir

su vo-

luntad hizo cosa tan fea á Dios y al mundo. luego invió á decir á la bendita Señora el

Y

Rey, que desembarazase la casa, y que se partiese y fuese á Quimolton, que eran cincuenta
millas de Londres.
el

Y

la

bendita Señora, visto

mandado del Rey, se partió luego, y fueron con ella todos sus criados viejos, así españoles

como
la

ingleses, y algunas

damas,

las

cuales

la

bendita

Reyna habia
los iba

criado de niñas. Dios sabe
la

tristeza

que todos llevaban, y

bendita

Señora
cia
:

confortando á todos, y les de((Mis verdaderos criados, yo os ruego es,

que yo confio en la misericordia de Dios, pondrá en voluntad al mi buen Hentéis alegres

rico,

para que conozca
))

el

yerro que ahora

ha hecho.

Pues desembarazada que fue la casa, la Arma Boloña dio priesa para tornar á Grañuchc y así se tornaron, y dentro de tres dias , el
i

j

4

Crónica del Rey lie nr ico
saber á
la

Rey hizo
dad para
los

ciudad de Londres

cómo
ciu:

quería pasar con
la

su nueva

Reyna por
la

la

llevará coronará Vuestmonster

ciudadanos,

como
la

supieron

y voluntad del

Rey, aderezaron
y hicieron aquí se dirá.
te,

muy suntuosamenmuchos arcos triunfales, como
ciudad

CAPITULO VL
Como
la

Anna Boloña fué
la

llevada á la torre de

Londres^y de

manera que paso por Londres.

o estuvo

el

Rey en Grañuche más
á

de tres dias con su nueva Reyna,

cuando invió
capitán

hacer

saber

al

de

la

torre de Londres,
ir allá.

para que

la

aderezase, que quería

Y un

lunes, de mañana, se partió de

Grañuche en

una barca de

las

suyas, y llevó consigo á su

Reyna, y fueron tantas las barcas y bateles que partieron para la acompañar, y tantas las damas y señores, que fué de maravillar; porque de Londres á Grañuche hay cuatro millas de
aquella tierra; y
la

ribera es harto ancha, y

no

se veía otra cosa en todo el

camino sino barjunto á
la

cas y bateles, todos entoldados y entapizados,

que era placer de ver.

Y

villa

de

Octavo de Ingalaterra

15

Grañuche

tiene siempre el

Rey muchas de

sus

naos, y todas ellas estaban das y llenas de

muy

bien adereza-

mucha

artillería.

Y más

arriba,

camino de Londres, estaban muchas naos delante de un lugar que se llama Recleo, las cuales estaban también en orden: y más arriba, delante de Sancta Catalina, infinitas naos

y navios y charrúas, y todas orden.

muy
es

bien en

Pues en
increíble
ta
la

la

torre de

Londres,

una cosa

mucha

en rededor.

Y
las

que estaba puesluego que el Rey embarcó
artillería

en su barca, comienzan en Grañuche á disparar tanta artillería,

que

la

barca del

Rey

llegó

adonde estaban
acabasen.

primeras naos, antes

que

Y luego comienzan las naos del Rey, Y
el

y duró tanto, que la barca del Rey llegó á Recleo, que es dos millas, antes que las naos
acabasen.

luego comenzaron
el

las

naos de

Recleo hasta que
lina
;

Rey

llegó á Sancta Cata-

y luego

las

hasta que
tro;

Rey

naos y charrúas comenzaron llegó á la Torre y entró den-

y todos

los señores
las

ron antes que

y damas desembarcanaos y charrúas acabasen.
la

Luego comenzaron en
ciasino que todo
el

Torre, que no pareiba á tierra,

mundo

tanta la que tiró, y las

y fué piezas tan grandes, que

en

Torre ni en Sancta Catalina, que es casi como una villa, no quedó vidriera sana, que
la

6

1

Crónica del Rey líem'ico
caer en

parecía que todas las casas querían
tierra.

Acabada que fue de tirar el artillería comenzaron tantas trompetas, que era cosa de ver: y así^ aquel dia estuvo el Rey en la Torre, y toda la noche con su Reyna; y otro dia,
,

muy
de
la

de maííana

,

el

Rey

se fué

en su barca
la

á

Vuestmonster.

Y á las diez
la

horas salió

Anna

Torre,
el

é iba

en unas andas descubierta?
podia ver; y antes que
la caballería,

que todo
dos

mundo

ella saliese iba

delante toda

y to-

muy

en orden y

muy

ricamente ataviados;

y después de todos

los señores

de salva, iban

todas las damas y señores en acaneas y carros muy triunfantes ; y la Reyna iba vestida de una

ropa de brocado carmesí llena de
drería,

mucha

pe-

y al cuello llevaba un sartal de perlas mayores que grandes garbanzos y un joyel de
diamantes de grandísima estima.
la

Y

llevaba en
á

cabeza, sobre

los cabellos,

una guirnalda
al

manera de corona, de muy riquísimo valor; y
en
la

mano
:

llevaba unas flores, y

pasar de

la

ciudad siempre volvia

la cara á una parte y una cosa notable de ver, á otra que creo que no hubo diez personas que la

y aquí fué
te

dijesen ((Dios

guarde»,

como

solían decir

cuando

la

bendita

Reyna
la

pasaba.

Y

llegada

que fué á

gran calle de Chepa,
allí

junto á una cruz dorada que

estaba, estaba

Octavo de Ingalaterra

17

un arco triunfante muy bien hecho; y la costumbre de aquel Reyno es, que cuando pasa algún Rey por Londres para se coronar, la ciudad le da mil libras de esterlines; y cuando pasa una Reyna le dan dos mil nobles. Y encima
de aquel arco triunfante están los señores de
la

ciudad y hacen
la

una

muy

sutil arte;

que
la

pasando

Reyna
vestido

por debajo, baja luego un

muchacho Reyna una

ángel y dale á bolsa con dos mil nobles.

como

Y

luego que esta

Anna

recibió la bolsa

con

los dineros, la

puso junto de
ella,

en

las

andas.

Aquí mostró

ser persona de baja suerte;

porque
capitán
la

en aquel tiempo que
de la guarda del
bendita

pasaban

el

Rey con

todos los de

guar-

da; iban doce lacayos juntos
la
la

con

ella.

Y cuando
que
los

Reyna pasó

á se coronar, luego
,

dieron los dos mil nobles
la

los dio al capitán

de

guarda para que

los repartiese
la

con

alabarderos y lacayos: lo que

Anna no

hizo,

que se los guardó para sí. Pues pasada ya por Londres, llegó en Vuestmonster, donde el Rey la estaba esperando, y
allí

muchas trompetas y instrumentos. Luego la tomó el Rey en sus brazos y la demandó « Señora , ¿qué os parece de mi ciudad.?)) Dijo la Anna: ((Señor, la ciudad bien me ha parecido, y vi muy muchos bonefué recibida con
:

tes

en

las

cabezas, y oí

muy

pocas lenguas.))
3

i8

Crónica del Rey Henrico

Cosa

es de notar,

que

el

común

siempre

la

quiso mal.

Y

de

la

casa de Vuestmonster fué

llevada á la Iglesia, donde solían siempre coro-

nar los Reyes y Reynas , y fué coronada con gran ciremonia; y de allí fué llevada al palacio

Real, donde se hicieron muy grandes fiestas, que más de ocho dias duraron, y muchas justas y torneos; donde la dejaremos por un poco,
por decir lo que
el

Rey

hizo en

el

Parla-

mento.

CAPITULO VIL
Como
el

Rey fué ^ por Parlamento^ hecho cabeza
de Iglesia en su Reyno.

<^^6>^^A

se

ha dicho,
grandes

cómo

el

Rey mandias, todos

^^v^^dü, ^l^^ílos

que dentro de ocho
Parlamento.

de su Reyno se jun-

i¿ tasen á

Y

juntos que
:

fueron, les hizo
sabéis, señores,

él

mismo esta oración Ya cómo el Obispo de Roma,
((

buidas y perdones, sacaba cada año de este Reyno muchos dineros; y sabéis

con sus

falsas

y pues he conocido su grande abusión, mi voluntad es
se

cómo

hace estimar en

la tierra:

que todos consintáis en

ello,

y es que yo

quiero ser cabeza de Iglesia en mi Reyno: y

Octavo de Ingalaterra

i'q

para esto es menester que todos los espirituales y temporales lo juren; y

de aquí ade-

yo quiero llevarlos frutos, y quiero que de aquí adelante no sea llamado Papa , sino Obispo de Roma, y el que le llamare Papa,
lante

que sea

castigado.))

Y

todos á una voz, así
le

espirituales

como

temporales,

llamaron ca-

beza de Iglesia, después de Dios, en Ingala"
térra.

aquel dia no se entendió en otra cosa, y dentro dedos dias se juntaron los espirituales

Y

Mayor, que se llama Sant Pablo, y concertaron que dentro de un mes fuesen
en
la Iglesia

venidos todos los obispos y abades del Reyno y perlados para le jurar, y de cada monesterio del

Reyno

dos.

Durante este tiempo, fué advertido un Obispo español, que era confesor de la Reyna Catalina, para que también viniese. Era Obispo de Landafe, que es en tierra de Gales y el buen Obispo, conociendo la mala intención, y el mal camino que tomaban, SjC va á la bendita Reyna, y dícele «Señora, mucho me pesa,
: :

que

me

será forzado de dejará

V. M.
al

;

porque
mori:

me

invían á llamar para que jure

Rey por
le dijo

cabeza de

Iglesia, lo cual, señora, antes

que

tal

haga.»

La

bendita Señora,

((Obispo, mirad lo que hacéis, que

más

vale el

ánima, que

los

bienes temporales.))

Y

el

buen

20

Crónica del Rey Henrico
le

Obispo
yo

dijo:

«Señora, V.

M.

vera lo quc

luego se parte para Londres, y fuese á su abadía de Sancta Catalina, que era
haré.))
allí,

Y

abad de
tento.

y mostró que estaba
dia

muy

con-

Y
plata,

fuese

un

á casa de unos españoles
allí

mercaderes, que
ñores, á

estaban, y díjoles

:

«Se-

mí me cumple de vender un poco de
:

y no quiero que sepan que es mió

yo

os lo inviaré esta tarde aquí, y

cumple me hagáis dinero luego de ello.)) Y luego invió un cofre lleno de plata con un criado, que el buen Obispo se fiaba. Y así, se hizo de la plata mil ducados, y dijo: «Quiero que estos dineros, me
hagáis dar en Flándes.))

Y luego fué hecho,
le

sin

que persona

sintiese nada.
fla-

Y

luego invió a llamar un charruero

menco, el cual vino, y cumple que en esta marea

dijo:. «Hermano,
te

charrúa á Gravisenda, y este aquí, irá en compañía de un marinero viejo, y quiero que los llevéis á Flándes y por tu pe:

con tu mozo que veis
partas

na, y porque no te detengas, aquí habrás cuarenta ducados por llevarlos.» El charruero fla-

menco,
el

«Señor, vengan esta noche, que tiempo hace bueno, y en breve los pondré
dijo:

en Flándes.))
a

Y

así se fué
al

luego

el

charruero
y al mari-

Gravisenda á esperar

mancebo

nero.

Octavo de Ingalaterra

21
:

Y

luego

((Anda, ve
rinero,

mandó el Obispo á su criado y cómprame unos vestidos de maque ninguno
lo

y tráimelos,

vea.))

Luego los compró y mandóle: ((Anda, vé y toma un batel para que nos lleve á Gravisenda.))

Y

el

mozo

lo hizo luego,

y á

la

media

noche, que ninguno lo
nero, y

sintió, vistióse

de mari-

muy

secretamente se salen los dos y
el

van á su batel,

cual estaba presto.

Y

esa
la

noche llegaron á Gravisenda, donde estaba
charrúa esperando: y una posada, que era
tenía el
salió del batel

muy

y vase á de mañana. ya

Y

no
tre
((

le

buen señor advertido á su criado, que hiciese honra ninguna: y luego, el maesla

de

charrúa,
si

salió
ir,

y dijo

al

mancebo:
\

Hermano,
la

habéis de

ya es tiempo

por-

que

marea comienza.)) Y luego se partieron para embarcar y al entrar del batel, entró
;

primero
((

mancebo y con un descuido dijo Señor, dame la mano.)) Y allí estaban muel
:

chos bateleros, y como oyeron decir ((Señor)), luego sospecharon lo que era, y vanse á la justicia de la villa, y dijeron lo que habian oido.

Y

luíígo

se
la

fué

con un batel y con gente,
la

antes que
justicia le

charrúa se hiciese á
:

vela, y la

conoció y dijo (CjCómo, señor Obispo! este hábito no dice con vuestra dignidad. ))

Y

luego

le

criadoj el

charrúa, y no curó del cual se fué en la charrúa á Flándes sacó de
la

22

Crónica del Rey Henrtco

y llevó consigo ciertas escrituras de su

amo.

la misma justicia se parte luego con el Obispo á Londres. Así como estaba fue llevado delante del Rey, y el Rey cuando lo vio, le dijo «¿Que' es esto, Obispo? i qué hábitos son éstos?)) Y el buen Obispo le respondió « Yo no soy más obispo; pobre entre en este Reyno, y así, me
:

Y

:

queria

ir

pobre.))

Y

luego

el

Rey

llevar á la

Torre, donde estuvo

ocho meses preso; y á la postre, bajador que allí estaba por el Emperador, que se llamaba Estacio Capucho, fue causa que el Rey lo soltase. Y así se fue este buen Obispo, y salió con su intención, y no juró, como los otros; del cual no hablaremos más en este
nuestro razonamiento.

mandó más de un sefior emle
allí

CAPITULO
Cómo
el

VIH.
¿i

Rey hizo arzobispo de Canturheri capellán del padre de Anua.

un

^|=^^|M|uÉgo que
J?^Kf^\la

el

Rey

fué casado con

Anna Boloña, murió el arzobisMí^^gpodcCanturberi, y la Anna BoloRey, que le hiciese merced de dar aquel arzobispado á un capellán
^y¿iií^3
al

^ ña demandó

Octavo de Inga!aterra
(Je

23

su padre, que se llamaba

Thomas Cranal

mer.

Y

el

Rey

luego lo otorgó, y llamó

capellán, y díjole: «Capellán, yo os hago

merpue-

ced del arzobispado de Canturberi.

))

Ya

den pensar

el

placer que recibió este capellán,

y luego se hincó de rodillas y besó las manos al Rey, y le dijo: ((Dad, arzobispo, las gracias
á la Reyna.))
la

Y

ansí, besólas

manos también

á

Reyna, y

le dijo:

((Cranmer, vos

lo habéis

merecido por

los

buenos servicios que habéis
el

hecho á mi

padre.))

aquí quiero declarar y decir, que fué último obispo que hubo buidas del Papa.

Y

Y

el

Rey
no
le

quiso que inviase por ellas

;

porque aun

habían jurado; y quiso que se hiciese así, por disimular con el Papa. un mercader ge-

Y

novés, que se llamaba Arigo Salbago,

le

pro-

veyó de
Bien
lo

los

dineros que

inviaron á
si

Roma.
quisiera;
Iglesia.

pudiera excusar el Rey,

pues que tan breve se juró cabeza de

Y en

muy

breve tiempo vino

el

perdón de Ro-

ma; pero no fué tan presto, que antes fué jurado el Rey; y sin hacer las ciremonias, que
se solian hacer

cuando algún obispo hacian, fué hecho este capellán, el cual fué uno de los mayores herejes , y mayores enemigos que tuvo el Papa, y toda su vida llora los dineros que
Este arzobispo no es nada letrado ni docto;

dio por las buidas.

24

Crónica del Rey Henrico

más doctos que hay en (¿\ Reyno. Y todos los dias del mundo, estudian dos horas á la mañana y otras dos á la
pero tiene en su casa los
tarde, y siempre se huelga de tener en su casa
los

mayores herejes que hay en
perlados jurasen,

el

Reyno, y
este

este obispo fué el
los

que dio más priesa para que

como diremos en

capítulo.

CAPITULO
Có?no
los

IX.

perlados juraron al
Iglesia.

Rey por cabeza

de

c^-^S'^jv^T^A

se

dijo

cómo

dentro de un mes
perlados; y

se habían de juntar los
así lo hicieron en i^^í^.^ Pablo de Londres.
la

iglesia

de Sant

Y

todos los obis-

pos comenzaron primero , y después todos los perlados, y juraron que de allí adelante,
su

Rey
le

era cabeza de

lo espiritual,
tal.

dos

obedecerían por

Y

y que toconcertaron,

que fuesen Comisarios por todo el Reyno para que lo hiciesen jurar á todos los espirituales de los monesterios é iglesias; y fué ordenado que
el

que no quisiese jurar, que fuese ahorca-

do y descuartizado; y así luego partieron los que fueron asignados por todo el Reyno, y dos de ellos fueron á las iglesias y monesterios de

Octavo de Ingalaterrcí

25

Londres, donde todos, unos por temor y otros de voluntad, juraron, salvo los más de los Cartujos, de los cuales

mos de cómo los como el Chanciller no

hablaremos luego, y direseñores juraron al Rey, y
quiso jurar.

CAPITULO
Como
los

X.
el

señores juraron al

Rey^y como

Chan-^

ciller

Tilomas

Mur no quiso jurar.
se juntaron todos los se-

AMBIEN

ñores y juraron al Rey por cabeza de Iglesia, como hicieron todos
los perlados;

que jurase
quiso. Este

el

y cuando vinieron á Chanciller Thomas Mur, no

Thomas Mur
lo
le le

doctos hombres, para
el

uno de los más temporal, que había en
era

Reyno.
en

Y

el

Rey

habia dado

el sello

Chanciller, luego que
dijo
alto,

quitó

que todos lo si supiésedes lo que habéis jurado, harto os pesaria, y nunca Dios quisiera que por miedo
de
la

Cardenal, y oyeron: ((Señores,
al

muerte condene mi ánima.))

Y

los seño:

res, como le oyeron hablar de aquella manera ((¿Cómo, señor Chanciller, vos pensáis saber más que todos los perlados del Reyno, y pen»sais, que no queremos nuestras ánimas tan bien

4

'z6

Crónica del Rey
la

He H) ico
les dijo
:

como
res,
si

vuestra?))

Entonces

«

Seño-

vosotros quisierades bien vuestras ánilo

mas, no hubiérades consentido hacer

que

se

ha heeho; y cuanto á mí, yo digo que estoy los seíiores, luego le presto para morir.))

Y

quitaron

el sello

Real y

le

inviaron preso á
al

la
)'

Torre.

Y

luego lo hicieron saber

Rey,
;

cuando lo supo, mostró gran sentimiento porque sabía el Rey que era uno de los más doctos hombres de su Reyno, é invio á decir á los señores, que le dejasen estar, que él esperaba
de
convertir, y que él iria en persona á Torre á le hablar. Grande era el amor que
le

la
él

tenía á este Chanciller;

porque jamás se ha

visto, que el Rey fuese á hablar á ninguno que una vez fué preso para sentenciar. Habíaseme olvidado de decir del obispo de

Rochestre,
juraron
al

el

cual, cuando todos los perlados

Rey, este buen obispo estaba muy malo y no pudo venir al Parlamento, porque

era

muy

viejo, y al fin le hicieron venir,

y ve-

nido que fué, tampoco quiso jurar, y fué llevado á la Torre. Deste obispo hablaremos á su

tiempo, y así tornaremos al buen

Thomas Mur.

Pues como el Rey dijo que le queria hablar, se mete en su barca, y se mete en la Torre, y
llamó delante de
,

á

Thomas Mur,
til

y díjole
es
tu
he-v

estas

palabras:

((Thomas Mur, ¿qué
sabes

pensamiento?

¿No

que yo

te

he

Octavo de Ingalatcrra

27

cho de nada, y por te poner en grande estado te hice mi Chancillcrj y tenía voluntad y tengo de te hacer gran señor ? ¿ Por que no quieres
tú otorgar

con

los otros

han hecho? Yo te que yo te prometo de hacer

y hacer lo que ellos ruego, Mur, que lo hagas,
lo

que

digo.))

El

buen Thomas Mur respondió muy pausadamente y sin ningún temor, y dijo estas palabras
:

((Sefíor,

yo conozco que V.

M. me

ha

hecho muy muchas mercedes, y no piense, señor, que todos los bienes deste mundo me harán perder esta pobre ánima que Nuestro Señor Jesucristo redimió y V. M. sepa, que tengo dos señores, y Dios es el principal para mi
:

ánima, y V.

M.

para

el al

cuerpo

:

pues, señor,
al

¿cuál es mejor, servir
señor del cuerpo?

señor del ánima 6

Y

pues V.

M.

es el del

cuerpo, haga del

lo

que fuere

servido.))

Y
luego
hablar

el

Rey,

mandó
al

esta respuesta, se fuéj y que fuese justiciado, y no quiso
vista

obispo de Rocliestre: y luego los señores se juntaron y dieron sentencia. Mandaron que
él

y

el

obispo de Rochestre fuesen
los

degollados, y dada la sentencia,

tuvieron
se tor-

ocho
él, se

dias,

pensando que

el

buen
la

Mur

naría; pero

como

el

Espíritu Sancto estaba en

le

tuvo firme, y no estimó dio nada deste mundo.

muerte

ni se

Gran

pérdida fué en perder

el

Rey

tal

hom-

2o
brc; y
^(^"j les
si

Crónica del Rey Uenrico
todos los otros señores, cuando
el
el

hizo

razonamiento, hicieran

como

este bendito

Mur, no

vinieran á tantas herejías

como han

venido en aquel Reyno.

CAPÍTULO

XI.
no

CÓ7no 7nurieron once Cartujos mártires^ que
quisieron jurar.

c^S%^]jií^

habernos dicho

cómo

los

Comi-

^/^

sarios fueron á todas las iglesias para

hacer jurar

íy^^^^ Iglesia,
jos.

Rey por cabeza de la y cómo vinieron a los Cartual
el

La noche
:

antes,

Prior dellos juntó todos

hermanos y comenzóles á predicar muy devotamente y su sermón fué tal, que todos juntos como estaban, dijeron que antes mosus
ririan

que jurasen.
los

Y

así lo

prometieron unos

d otros y se dieron paz.

Pues como
dia, el Prior

Comisarios vinieron á otro
:

habló por todos, y dijo «Señores, no trabajéis en hacernos jurar, que todos esta-

mos determinados de
ron los Comisarios
les

morir.))

Y conio
:

lo

oye-

dijeron

((¿Cómo, paal

dres, vosotros queréis ser

más
?

rebeldes

Rey
"\

que todas

las otras

órdenes

No lo

hagáis. »

por lo oir decir a todos uno á uno, los llama

Octavo de Ingalaterra
ron, y el Prior vino luego
ronle
el

zg

un libro de los mandábanle poner, delante de todos, la mano y respondió luego que puso la mano: «Señores, yo os prometo, por todas las virtudes que hay en este libro, que antes consienta mil muertes, que jurar nada de lo que queréis.» Y
;

primero, y pusiéEvangelios delante , y

quitó

la

mano de encima,
luego.
los otros,

e hizo el signo de la

Cruz , y fuese Llamaron á

y por abreviar, los
el

diez dellos juraron lo que

habian de morir

:

Prior dijo, y que y así, todos once fueron lle-

vados á

la

cárcel así
el

como

estaban.

Cuando

Rey

lo

supo,

mandó que

hicie-

sen dellos justicia; y así fueron llevados de dos

en dos en unos farcos, y los llevaron arrastrando hasta la horca, que es tres millas de Londres.

Y

el

Prior iba solo en

un

farco, y
los

los benditos frailes se iban

confesando

unos

á los otros.
cifijo,

El Prior iba abrazado con un Cru-

diciendo

muchas

oraciones.

Llegados ala horca, luego tomaron uno de
primeros y le echaron una soga á la garganta, y el guerrea le demandó perdón y á
los
:

todos los otros pusieron de

modo que
le

viesen

morir

al

primero.
latin,

Y

el

Prior

estaba predi-

cando en

y como vio subir al primero le estaba confortando, y le echó la bendición, y c\ fraile echó al guerrea, y dijo: ((Hermano,

JO
haz tu
do.

Crónica del Rey
oficio.»

lleyírico
la

Puesta

la

soga en

horca,

el

guerrea dio del azote

al

Y

luego, antes que

caballo y quedó colgafuese medio muerto,

cortó

la

soga y

le

desnudó.

Lo

primero que

le

cortó, fue abrirle la barriga y sacarle las tripas

corazón, y arrojóle al fuego que allí habia, y después le cortó la cabeza y le hizo cuatro
y
el

cuartos.

Todo
frayles

esto

estaban

mirando

los

benditos

y siempre decian muchas oraciones, y cuando hubieron acabado al primero, eljerife,

que
vale

es la justicia, dijo á los otros padres:

veis lo

((Ya que ha sido de vuestro compañero; más
^>

que os arrepintáis y seréis perdonados. Todos juntos á una voz, que pareció que el
Espíritu Sancto habló en ellos, dijeron
:

((Jerife,

ya se nos hace tarde vernos con nuestro hermano.))
martirio.
el

Y cada uno se ofrecía el primero al Y por abreviar, todos murieron como
Prior viese a todos sus
alto,

primero.

Como el

hermanos
oyeron
:

muertos, dijo en
he visto
a

que todos

le

((Bendito sea Dios que he visto este dia, y que
ir

mis hermanos á

la gloria.

Y

espero
pres-

en Dios y en su misericordia de ser
to

muy
la

con

ellos.

Y

mucho me
la

pesa que siete de
cual era

mis hermanos temieron
vida perdurable.))
c

muerte,

Luego
v

se hincó de rodillas
dijo:

hizo

u]\^

oración,

«Yo

ruego

á

Octavo de Ingalaterra
Nuestro Señor
ron.»
les

¡^i

ponga en
le

el

corazón

tal

arrepentimiento, que les pese de lo que jura-

Y luego

el

guerrea

echo una soga

al

cuello, y hizo del lo

que de los otros. fenecieron estos once Cartujos, y todos
la

Y

así los
la

cuartos dellos fueron puestos á

puerta de

ciudad

fué y á la puerta de los Cartujos. una cosa de notar, que en más de tres meses
,

Y

estuvieron

muy

enteros,

que

jamas vieron

cuervo
visto

ni grajo

encima

dellos,

como

se habia

en otros cuartos
el

de^

secaron con
tires;

tiempo.

Y

hombres, y ansí se todos murieron már-

porque ninguno dellos estaba muerto
el

cuando

guerrea los abria. Dios los tenga en

su gloria,

amen.

CAPITULO
Como
el

XII.

Rey hizo

su secretario á Crumuel^ que

habia sido secretario del Cardenal de Ingalaterra.

LTANDO

el

Rey

quitó

al

Cardenal

de ser Chanciller, este Cardenal

le

un secretario que se llamaba Crumuel, el cual, cuando el Rey quitó, este Crumuel andaba por todas las

^ tenía

abadías del

Reyno por mandado

del Cardenal,

32
á saber

Crónica del Rey licnrko

que renta tenían. Este Crumuel fue tan diligente, que supo bien registrarlo todo;
y

que fué, y por se congraciar con el Cardenal, le inviaron un gran numero de dineros con el Crumuel; y llegado que fue á Londres con este tesoro, no
los
lo

pobres abades, dudando

falto

quien

lo dijo al

Rey.
traia tantos dineros ro-

Como
bados de

este
las

Crumuel

abadías, y

coma

lo

supo

el

Rey,

robo es

llamó á Crumuel, y le dijo: a Ven acá, ¿qué el que me has hecho en las abadías?))

Y el Crumuel respondió
te
ni
:

luego

muy osadamen-

((V.

M.

sepa que yo no he robado nada

hecho más de lo que fui mandado del Cardenal, mi amo: y los dineros que traigo, los
abades de
voluntad
el

las

abadías los invian de su propia
:

al

Cardenal hacia todo

lo

que

me

M. que que quería, y yo hice mandó: y así, yo traigo treinta mil
Cardenal
y bien sabe V.
lo

libras de esterlines para el Cardenal.))
el

Y

luego

Rey tomó grande
:

afición

con

el

Crumuel,
"^^
))

y dijo desta manera
eres

((Anda, Crumuel, que tú

más

sabio de lo que ninguno piensa.

donde todos pensaban que le mandaria ahorcar, le dio una palmada en el hombro, y le dijo ((Tú serás mi secretario de hoy más.»
:

á

Aquí comenzó á subir este Crumuel, que vino tener más mando que el Cardenal, como

adelante diremos.

Octavo de Ingalaterra

33

Como
tario del

se vio tan presto subido á ser secre-

Rey, y fuese uno de los grandes herejes que hubo en el Reyno, determinó de conservar su estado y procuró de subir y como viese al Rey puesto ya en acrecentar su Corona, un
:

dia le dijo:

«V. M. sepa, que yo
las rentas

traigo

por

memoria todas
las

y tesoros que todas

abadías tienen; y de mi parecer,
la

V. M. derenta á
la

be quitar muchas dellas y aplicar
Corona.))
será lo

«Crumuel, ¿cómo V. M. En yo daré una letra en nombre el Parlamento de V. M., y será, que demande que le den toque
dices?))
,

Y el Rey le dijo:
«Yo

lo diré á

:

das las abadías que tuvieren de tres mil duca-

dos abajo.
la

Y

V.

M.

aplicará

una gran renta á

á

Corona y mandará que los abades se vayan las abadías de más renta. » Y como este Crumuel tenía ya por escrito
,
:

la renta que tenían, y firmado de los abades no se pudieron excusar y fueron grandes necios; porque las dos partes de las abadías ha-

bian firmado que no llegaban á los tres mil

ducados.

Parlamento, y todos á una voz dijeron, que, pues era cabeza
la

Luego echó
la Iglesia,

petición en

el

de

que podia hacer en su

Iglesia lo

que

otorgado; y el Crumuel no fué perezoso, que luego invió persoquisiese.
así le fué

Y

nas de recaudo á las deshacer.

Y

fué

un gran
5

34

Crónica del Rey Henrico

gran

número de plata y renta que tenían, sin otro número que hurtaron los Comisarios. Grande Fué el daño que el Reyno recibió en
este deshacer de abadías.

En
des á

fin,

por cumplir, luego ordenaron que
y como el Rey hizo merceseñores, de los cuerpos de las
;

se quitasen todas

muchos

iglesias, los

cuales todos estaban cubiertos de

plomo, consintieron más presto y no vieron la gran destruicion que venía al Reyno. Porque
sabrán todos los que esto leyeren, que los dos
tercios del

Reyno

se

mantenian con

las

aba-

días; porque tenían muchas posesiones, y dábanlas en alquiler en buen mercado a los la-

bradores; y así tenian sus pastos á buen mer-

cado: y como vino en poder del Rey, y los señores se diesen á comprar las heredades del

Rey, alquilábanlas

muy más

caras á los pobres
á enca-

labradores; por donde se

encomenzó

recer todas las vituallas y lo demás,
dirá.

como

se

CAPITULO
Como
el

XIII.
se

Cardenal fué acusado que
Escocia
,

quería ir en

y de

chino

murió.

A se ha dicho cómo el Cardenal demando licencia al Rey para se ir á
de donde era arzobispo.
partido,

-^Yorca,

Y

i&^^¿nu

fue

cuando

se

descu-

Octavo de Ingala térra
brieron

35

muy muchos, que
cuales,
el

eran sus enemile

gos,

entre los

uno sobre todos

quería

muy

mal,

cual se llamaba Millor

Sans
fuese

:

éste era
al

primo de Millor de Arandel. Arandel y díjole ((Señor, mucho de:

Y

seo tengo de
sabéis,

verme vengado

del Cardenal,

que

que á tan gran sinrazón

me

quitó

más

de mil nobles de renta.
al

Y
el

Rey, y

le

diré

que

yo quiero quejarme Cardenal se quiere
le dijo
:

pasar en Escocia.»

Y

el

Arandel

((

Pri-

mo, quéjate, que yo con él, y yo creo que
así se fue
((


te

que

el

Rey

está

mal

hará dar tu renta.))

Y

V.

M.

Millor Sans y dijo al Rey: sepa, que unos criados mios son veniluego
el

dos de Yorca, y dicen que el Cardenal ha dado á más de doscientos hombres nueva librea, y
se decia

que

llevaba

un estaba mal con él, mandó luego á este Millor Sans Pues yo os mando que toméis cincuenta de mis alabarderos y que me lo traigas aquí, y y si yo hallo que es así, yo le castigaré traedme todo el tesoro que tiene y toda su
:

se queria pasar á Escocia, y que tesoro de dineros.)) El Rey, como

((

:

plata.

Este Millor Sans no fué perezoso, que lue-

go se partió con sus alabarderos, y dentro de ocho dias llegó en Yorca y llegó á tiempo que
:

el

adonde comia

Cardenal estaba comiendo, y subió á y cuando el Cardenal
;

la sala
le

vio,

36
le

Crónica del Rey Ilenrico
dijo:

((Millor Sans,

seáis

bien venido, a
á comer.))

buen tiempo venís, asentaos
Millor Sans
le dijo
:

Y

el

«Cardenal, no es tiempo

de comer tan despacio.))
cincuenta

Y

luego entraron ios
dijeron
:

alabarderos y le
el

a

Señor

Cardenal,
ple

Rey nos
le

envia por vos, y

cumCar:

que luego os llevemos.))

Y cuando

el

denal oyó esto, no

plugo nada, y dijo « Yo me aparejaré, y partiremos luego cuando mandareis.)) Luego, otro gentilhombre que iba

con

él,

se

apodero de toda su

vajilla

,

que era
cin-

harta, y

hallaron en sus cofres
libras

más de

de contado, y todo fué puesto en caballos que partieron de Yorca. á dos

cuenta mil

Y

jornadas de Yorca,

el

Cardenal se sintió malo,

y fué tal su dolencia, que murió aquella noche. Sonóse que tomó alguna ponzoña para morir,
p'or

no venir á otra muerte más vergonzosa. Sentencia de Dios, que este Cardenal tenía

un loco, y un dia que fué el Cardenal á ver una muy rica sepultura, que hacia para se enterrar, su loco fué con él, y dijo ((Señor, ¿para qué trabajas y por qué gastas dineros ? ¿ Piensas de enterrarte aquí? Yo te digo que cuando mueras no tendrás para pagar á los que te en:

terraren.

))

Y

así fue

como
el

su loco lo profetizó,

porque luego que

vio

Millor Sans que era

muerto, no curó del,
enterrar, y se partió.

ni quiso esperar á le ver

Por cierto, más valiera

Octavo de Ingalaterra

37

que hubiera muerto cuando era niño , porque no viniera á tanto mal como vino por su causa,
y fuera mejor para su ánima. Pues, partido el Millor Sans, llegó á
te
la

cor-

y fué luego á besar las manos al Rey, y cuando el Rey supo de su muerte, dijo: a Yo creo que adivinó que yo le queria hacer dar
otra muerte.))

Y

luego

el

Rey mandó tomar al
el

Millor Sans

las rentas

que
del

Cardenal

le

habia

tomado, y
só ser
el

así hizo fin

este Cardenal, que pen-

mayor señor

mundo.

CAPITULO
Como
la
este

XIV.
el

Cardenal^ antes que
le

Rey

casase con

Ana^ trabajo de

casar en Francia,

LVIDADO

se

me

habia de decir

el

casamiento que este Cardenal
bajaba de hacer con
/^¿^í^^que
la
el

tra-

el

Rey y
:

fué,

como

anduviese en pleito con
trató de

bendita Señora, en este tiempo se carteó con

Rey de Francia y
que tramó que
lo
el

que

el

Rey

se

casase con
te,

unaAladama; y

llevólo tan adelan-

jador á Francia.

Y
el

Rey le inviase por embacomo el Rey no hacia otra
le

rosa de

que

Cardenal

aconsejaba,

le

38

Crónica del Rey Henrico
fuese; y mientras que se aparejó
irse, el

mandó que
el

Cardenal para
de

Rey

invió un gentil-

hombre
to

á Francia para

que

le trujiese el retra-

la

Dama.

Y

dióse este gentilhombre

tal priesa,

nal entrase
la figura

que fué y vino antes que el Cardeen PVancia. Y como el Rey viese
la

de

Dama, que
calientes

era fea, y sus
la

amo-

res fuesen

muy

con

Ana

Boloña,

invió luego tras el Cardenal, y le alcanzaron en Cales, que aun no era partido.

Fué una cosa de ver
con tanto triunfo como
fué el pesar

el

gran aparato que

el

Cardenal llevaba, que jamás embajador fue
él

llevaba.

Y

grande
el

que

el

Cardenal recibió, porque

Rey

le

mandaba

tornar.

ña supo que iba para casar

Dama, y

conociese

el

Ana BoloRey con aquella amor que el Rey la tenía,
al
el

Y como la

determinó de hacer todo

mal que pudiese

al

Cardenal; y así lo hizo, porque ella fué causa que

mando.
dicho
:

Y

después vino

como se ha dicho; el Rey le quitase el á morir, como se ha
profecía, que
fué

y así se cumplió destruido por una mujer.

la

Y el

mal aventurado
;

pensó que era la bendita Rcvna Catalina no fué sino la maldita Ana Holoiía.

pero

Octavo de Ingalaterra

39

CAPITULO XV.
C'o7no

Crumuel aconsejó al Rey que quitase
monestertos del Reyno.

los

STE Crumuel siempre inv^entaba
para que
el

Rey

se

hiciese

rico y

acrecentase su Corona.

Y

un

dia

que vio
regocijo, dijo
:

al

Rey en gran
V.

«Le

suplico á

M.

placer y me oiga.»

Y

el

Rey

le

dijo: ((Secretario,

decid vuestra

voluntad.))

Y

luego dijo

:

((V.

M.

debe de sa:

que será bueno deshacer los monesterios porque bastan las muchas perroquias que hay, y tantas divisiones de vestidos, no están en la regla de San Pedro.)) Y el Rey le dijo: ((Cruber,

muel, ¿cómo se

hará?))

Respondió: ((Yo

lo diré

á V, M. Yo inviaré á todos los monesterios á mandar y hacerles saber, que la voluntad de Vuestra Majestad es que anden todos como clérigos. Y después, dende á poco tiempo que anden como clérigos, se podrá más fácilmente

hacer, y sin escándalo; porque

como anden como clérigos, no se verá si han sido frailes. El Rey le dijo á Crumuel: ((Haz, Crumuel,
que
lo

))

que hicieres será hecho.
el

))

Luego

Crumuel

invió á todo*; los

mones-

40
tcrios

Crónica del Rey Henrico
á

mandarles que

la

voluntad del

Rey

era

que anduviesen vestidos como
y
los

clérigos, y
los hábi-

que dentro de un mes todos mudasen
tos:

pecadores de

frailes,

por tener alguna

libertad, se dieron tanta priesa,

que dentro de

ocho dias ya no parecia fraile , que todos andaban como clérigos. Y dentro de medio año, no se sabía que jamas habia habido frailes. cuando Crumuel vio que era tiempo, mandó por todo el Reyno, y concertó que para un diti

Y

señalado los echasen á todos de los moneste-

y así fué hecho. Aquí sacó el Rey un soro en cruces y cálices y vestimentas, de
rios;

telos

monesterios.
sido frailes,

Y los pobres clérigos, que habían no sabían qué se hacer. Y ansí se
dellos al

fueron los
lo

más

Norte, donde hicieron

que adelante diremos.

CAPITULO
Como
el

XVI.
Rey na Anna.

Rey pasó

íi

Cales con su

AN

loco estaba

el

Rey con

su

nueva Rcyna, que determinó de
pasar á Cales y llevarla consigo

para que

el

Rey de Francia

la

viese: y lo puso por obra,

que con gran triunfo

Octavo de Ingalaterra
fué
el

41
:

y y llegado en Cales, el Rey de Francia estaba en Boloña, y vino á Cales, y el Rey le hizo muy grandes recebimientos y muy muasí partió,

Rey

para se hablar con

el

de Francia

chas

y la Reyna Anna gran acatamiento; porque esta
fiestas;

le

hizo

muy

Anna Boloña
la

habia sido criada en Francia en

corte del
al

Rey: y aun
hizo
lo

díjose,

que no queria mal
se dirá.

Almi-

rante de Francia; y todo se puede creer, pues

que adelante
las

Pues acabadas
hizo
al
al

grandes
el

fiestas

que

el

Rey

de Francia, luego

de Francia rogó

Rey, que junto con la Reyna se fuese á Boloña á holgar con él. Y el Rey se lo otorgo; y
ansí partieron en gran triunfo.
Ingalaterra hizo grandes

Y

si el

Rey de

fiestas al

de Francia,

muy

mayores las hizo el de Francia al Rey y á su nueva Reyna. Y estuvo allí tres dias en Boloña, y se partió otra vez á Cales, donde

recibió cartas de su Consejo, haciéndole saber

cómo

todo

se partió luego el

llegado á

Norte estaba levantado. Y así Rey y pasó á su Reyno. Y Londres, luego hizo provisión de
el

gente para inviar

al

Norte. Pero primero
los

di-

remos
dores.

la

causa por qué se alzaron
los

del

Norte, y quiénes fueron

primeros amotina-

;

42

Crónica del Rey Ilenrico

CAPITULO
Cómo
los clérigos^

XVII.
sefueron

que habían sidofrailes^
lo

al Norte ^ y

que hicieron.

OMü

los

pobres

frailes

se

viesen

desabrigados, y que no tenían qué comer, los más dellos se fueron al

Norte, y fueron parte que hiciese levantase contra el Rey y hicieron luego su capitán á un letrado, que se llamaba Asquio. juntáronse en un camran que
el

común

Y

de

uno de aquellos clérigos hizo un sermón, suerte, que en menos de ocho dias estaban más de cuarenta mil hombres juntos; y hicieron sus capitanes. Y este Asquio era su
po, y
tal

general, y sus banderas todas tenian pintadas

Cinco Plagas de Egipto. Y como el Rey lo mandó al duque de Norfoque que con la más gente que pudiese, fuese contra ellos: y este capitán Asquio tenía ya mucha artillería y algunos señores del Norte con él. Pues el
las

supo, luego

Duque
llas

se dio tanta priesa,

que llegó á dos mi-

de los del Norte, y asentaron su real antes que pasasen un rio, el cual fué amparo de to-

dos los que fueron con
vió una noche tanto,

Duque, porque lloque creció más de un
el

Octavo de Ingalaterra
estado en alto
el rio
:

43

otramente los del Norte

los desbarataran.

cuando el Duque vio el gran poder que el capitán Asquio tenía, despachó luego una posta al Rey haciéndole saber, que con quince mil hombres más no bastaba á los desbaratar.
El Rey, cuando esto oyó, usó de una cautela

Y

y escribió una carta

al

capitán Asquio, de gran

que viniese á le hablar, y que para sus rehenes, que le inviaría seis señores de los principales de su Reynoj y que el prometía hacer todo lo que el Asquio pidiese, que justo fuese. luego partieron los
favor, inviándole á rogar

Y

seis señores,

que fueron

:

el

conde de Sore, hijo

duque de Norfoque; y Millor Darse; el conde de Rutelan Millor Villen, hermano del duque de Norfoque; el marqués de Seter; hermano del conde de Sore. Millor Thomas Y la posta partió luego con las cartas del ^&y\ y el buen Duque, cuando vio el buen camino quel Rey tomó, invió sus farautes al capitán Asquio con las cartas y como recibió las cartas y viese que el Rey le hablaba tan amorosamente por sus cartas, luego dio crédito á lo
del
;

,

;

que

el

Rey

le escribió,

y mostró

las

cartas á
él,

los principales

señores que estaban con
el

y

acordaron que

capitán Asquio

fuese;

mas

que

los

rehenes viniesen.
adelante diré.

Buen acuerdo tomaron, como

44

Crónica del Rey Henrico
los rehenes, el

Pues llegados

Duque

invió lue-

go á los señores, y como llegaron al Real de Asquio, se parte y se viene á ver con el Duque,
el

cual
el

le

cartas para

y le dio Rey, todas cautelosas. Así llegó
jira

hizo

muy buena
como
el

donde
dijo

el

Rey
él

estaba, y
le

Rey
:

le vio, se

levantó á

y

echó

los

que todos le venido el mi buen Asquio, que yo quiero que delante de mis Consejos pidas lo que quisieres, que yo lo otorgaré.» Entonces el Asquio dijo ((Señor, V. M. se gobierna por un tirano, que
en
alto,
:

brazos á cuestas, y oyeron uBien sea

Crumuel, que todo el mundo sabe que si no fuese por él, no andarían perdidos al pié de siete mil clérigos, que están en mi compañía. Y es menester que tengan con que vivan pues no tienen oficios.» Y el Rey luego, con una cara muy alegre^ y con palabras llenas de falsedad, se quita una gran cadena de oro, que para
es
;

aquel propósito se habia puesto
echósela
al

al

cuello, y
:

cuello del Asquio,

y díjole

((Yo te

prometo, que eres más sabio que ninguno piensa,

Y

y de hoy más yo te hago de mi Consejo.» luego, en aquel instante, le mandó dar mil
de esterlines,y
le dijo:

libras

((Estas mil libras

habrás cada año, mientras vivieres.»

El desdichado de Asquio, engolosinado con
la
la

cadena y con las mil libras, y con renta cada año, fué convertido.

el sello

de

Y

el

Rev

Octavo de Ingalate?'ra
le

45

Norte y haz que toda la gente se deshaga y vayan a sus casas, y cata aquí un perdón general para todos. Y para que los clérigos tengan que comer, yo los repartiré en las perroquias, y les daré con qué vivan. Por eso, vénganse luego. Y mando, que en Yorca, cada perroquia tome dos dellos y les den diez libras de esterlines á cada uno con que viva; y los otros, yo los repartiré por todas las villas y lugares.)) Y el Asquio, cuando vio el buen recado que llevaba, determinó de partirse
dijo: ((Tórnate al

luego; y

el

Rey

le

mandó, que después que

todo fuese apaciguado, que se viniese, y él prometía que le haría uno de los del su Consejo.

Y

luego se partió, y llegado que fué á su

gente, les hizo un razonamiento de esta
ra: ((Oh,

mane-

hermanos mios y señores, qué Príncipe tenemos tan sabio y virtuoso Porque conoció la buena causa que teníamos, nos ha
!

dado perdón general á todos

;

y á vosotros,

señores clérigos, os quiere dar con que viváis;

y veis aquí un mandamiento para Yorca, para que muchos de vosotros estéis allí en las perroquias
:

y vosotros,

id

luego allá para que seáis
))

repartidos por todas partes.

Como
((j

esto

oyó

toda

la

gente, á una voz dijeron:
))

buen Rey!
el

Y

los
;

rehenes se

Viva nuestro fueron á donde

Duque

estaba

y por abreviar, dentro de

46

Crónica del Rey llenrico
la

cuatro horas, toda
casas,

gente se había ido á sus

que ya estaban cansados y desgastados de sus ganados. Y como el Duque supo que todo estaba apaciguado, con tres mil hombres se fué á la ciudad de Yorca y puso tal recaudo, que otra vez no se alzaron; y después se partió para el Rey, y llevó consigo al capitán

Asquio,

al

cual hacia siempre

Y

los

llegados que fueron al
al xAiSquio
él

mucha honra. Rey, el Rey demanqué señores hablan
;

que

le dijiese,

estado con

y en su ayuda
el Rey los mandó cortar

y

él

dijo al

Rey

que eran, y

invió a llamar, y
las

y al Asquio invió luego preso á la ciudad de Yorca, y le hizo ahorcar de la más alta torre que habia en la ciudad, porque todo el mundo lo
:

venidos, los

cabezas

viese.

Ansí feneció
hecho, dijo
el

este

Asquio

:

y
:

como

fuese

Rey
el

Crumuel, que
yo
;

Crumuel «Bien parece, Reyno no te conoce como
á
tí te

pues

el

que á

hiciere

mal

,

lo

hará á

mí.))

Y
las

el

Crumuel

se hincó de rodillas

y

le

besó

manos.

Y

por abreviar, este Crumuel
el

tuvo

mucho más mando que tuvo
los señores le

Cardenal,

porque todos

obedecían

como
si

al

Rey.
vino,

Si su soberbia

no

le

engañara, y

tuvielo

ra amistad

con

los señores,

no viniera á

que

como

adelante se dirá.

;

Octavo de Ingalaterra

CAPITULO
De
como murió Thomas
chestre.

XVIIÍ.
y
el obispo de

Mur

Ro-

\T>^132A

se

ha dicho
el

cómo

fueron

sen-

tenciados
el

obispo de Rochestre y en aquel insChanciller Mur.

Y

tante,

el

Papa,

por conocer

si

le

darian

la

obediencia, invió un capelo á este

Obispo, conociendo ser tan docto hombre. Co-

Rey lo supo, hubo muy grande enojo y el dia mismo que fué sentenciado á muerte, vino el capelo de cardenal. Mandó el Rey que

mo

el

les
la

cortasen

las

cabezas, y ansí, los sacaron de
al

Torre juntos

cadalso, que está
ver,

allí

junto

á la Torre.

Fué una cosa de

que habia

tanta gente, que tardaron, antes que llegasen,

buen

y venian con ellos más de quinientos alabarderos y primero subieron al buen
rato
;
;

Obispo; y como viese tanta gente, les echó la bendición, y de buena gana hiciera un sermón; pero no le consintieron que dijese nada. Y el buen Obispo, como vio que no le dejaban
hablar, dijo estas palabras

que aquí estáis, yo os por mi ánima, y también os ruego rogueis a

Honrado pueblo, ruego que rogueis á Dios
:

u

j

48

Crónica del Rey

He m- ico

Dios ponga á vuestro Rey en mejor camino que está.)) Luego los guardas se quitaron, y el
bendito

hombre
:

se

hincó de rodillas, y dijo

al

verdugo

«

Haz
el
;

tu oficio.))

Luego

tendió

la

cabeza sobre ción en latin
cortó
la

madero, y antes hizo una oray acabada, luego el verdugo le
tres golpes
:

cabeza en

y ansí dio

el

alma á Dios, que era suya.

buen Mur, que estaba viendo lo que pasó bien puede hombre considerar los tragos que pasarla, y más cuando vio al Obispo descabezado. Entonces dijo «Señores, lo que se ha de hacer, hacedlo luego porque, aunque yo quiera decir algo al co-

Luego subieron

al
:

:

mún, no me

lo

consentiréis: solamente les

ruego, que quando vieren que
pe, todos digan tres veces
el

me

dan

el

gol-

nombre de Jesús,

porque con aquesta voz vaya mi ánima.))
no dijo más, y se tendió luego.

Y
las

Y

cuando

;uardas y el capitán del castillo viesen

su de-

jrminacion,

el

capitán
el

le

dijo:
te

«Señor Thoinvia aquí el

mas Mur, mira que
sacó luego
el

Rey

perdón; deja esta opinión porque mueres.))
pueblo

Y

gran sello del Rey, y todo el deseaba que no muriese el bendito
el

Mur. Como
bajáis;

Espíritu Sancto estaba con
:

él,

dijo estas palabras

«Capitán

,

en balde os

tra-

porque

el
le

verdadero perdón, de mi Seespero, que tiene
el

ñor Jesucristo

poder, y

Octavo de higalaterra
delante veo
el

49

co

llagas

que son las cinPor eso, el verdugo de Jesucristo.
verdadero
sello^
el

haga su oficio.» Luego

capitán

mandó

al

verdugo que
el

le

degollase, visto

que no estimó
al

perdón del Rey.
:

díjole

verdugo y ((Hermano, darás cinco golpes á honor

Y

demandó

de

las

Cinco Llagas.»
el

Y así lo hizo. Y

durante
el

los golpes, todo

común nombraba

nom-

bre de Jesús: ansí su ánima fué acompañada.

Por
este

cierto,

el

Rey

diera gran tesoro

porque

Mur

no quiso,

mudara de propósito; pero Dios porque diese ejemplo á muchos, los
se
el

cuales de secreto son buenos cristianos y les

pesa del gran mal que hay en

Reyno.

CAPITULO
Como juro
todo el

XIX.
los

Común ^ y querían que

extranjeros jurasen.

uÉGO que fueron
sarios por todo el

inviados

Comi-

Reyno

para que

todos jurasen
raron
sin

al

Rey, todos ju-

ningún intervalo, unos

por temor y otros por voluntad. en la ciudad de Londres, como había muchos extranjeros y de diversas naciones, también los inviaron á llamar y los españoles, cuando esto
:

Y

7

50

Crónica del Rey Ilenrico

vieron, fueron luego al

Embajador del Emperador, que se llamaba Estacio Capucho, y dijéronle lo que pasaba y él les mandó y dijo
'•

:

«Señores,
fuera de
la

de

mi consejo, vosotros os
y después yo hablaré á
los

iréis

ciudad por algunos dias, hasta que
;

pase

la furia
ello.))

Crumuel

sobre

Así todos

españoles se fueron,

unos por una parte y otros por otra, y estuvieron al pié de veinte dias fuera. Luego el

Embajador habló con
((

el

Crumuel y

le dijo:

Señor, yo

me

maravillo de vos y de los

Comi-

sarios,

que quieren hacer jurar
sabréis, señor,

á los extranje-

ros,

que

que

si

en España se su-

piese

do

allá fuesen.

que juraban, les costaria las vidas cuanPor eso os ruego, señor, que

pues son pocos, y la cosa no importa mucho, que vos inv'ieis á mandar á los Comisarios, que
dejen los españoles.)) El Crumuel, luego invió

un gentilhombre
casas.

á les

mandar que no llamafueron
lla-

sen á los españoles, y ansí se tornaron á sus

Todos

los otros extranjeros

mados, y de lo que juraron no se que los españoles fueron libres.

dirá,

más de

Octavo de Ingalaterra

51

CAPITULO XX.
Cómo
el

Rey

invió á

mandar

á la

Rey na Cata-

lina que jurase

y no

quiso.

L Rey, no contento con haber he-

cho tan gran pesar

á la

bendita

Reyna y haberla desterrado tan lejos, mandó al arzobispo de Canque jurase. Y así fué; pero llevaba comisión que no la apremiase y como llegó donde estaba la benturberi

que fuese

allá

y

la dijiese

:

dita Señora, el

Arzobispo
le dijo
:

la dijo

á lo

que venía,

y luego
sin

la

Reyna

«Obispo, contentar-

se debria el

Rey

de lo que conmigo ha hecho,

me

inviar á tentar desta

manera

:

bien os

podéis volver,
haré.))

porque

Luego

le dijo el
la

juramento no le Obispo, que era menestal

ter

que jurase á

Anna

Rey mandaba que ella Cuando esto oyó la bendita Señora, le ((Obispo, no me habléis más; porque
tentaciones del diablo son
,

por Reyna, y que el no se llamase Reyna.
dijo
:

éstas,

Reyna moriré.
de tener otra.

Y Y esto

y yo soy Reyna y con derecho el Rey no pueos basta por respuesta.))

Y

la

bendita Señora, conociendo que habian

de hacer jurar á todos los que estaban con

52
ella,

Crónica del Rey Henrico
esa noche les dijo
al
:

«Amados

hijus,

que

vosotros juréis

Rey

por cabeza de Iglesia,

no podéis.)) Y para excusarlos, llamó luego á un maestresala suyo, que se llamaba Francisco Felipe, y le dijo: ((Mañana cuando os quisieren hacer jurar, hablad vos por todos, y todos digan, que lo que vos juráis, que ellos lo juran.

Y
de

podéis jurar que
Iglesia.))

el

Rey

se

ha hecho cabeza

Y como este
le

Francisco Felipe era
:

español, venidos delante del Obispo, dijo

((Se-

ñor Obispo, todos estamos determinados de
jurar.))
lios,

Luego
la

puso un

libro de los

Evange((Yo juro

y puso
el

mano encima y

dijo

:

que

Rey

se

ha hecho cabeza de
lo

Iglesia.

Y

asilo jurarán todos mis compañeros.))
á una

Y

todos

voz dijeron que juraban

que Francis-

co Felipe.
El Obispo dijo luego: ((Es menester que
juréis á la

Reyna Anna por Reyna.)) Entonces,
voz
dijieron,
el Fran((Yo una vez juré á la

todos á una

en especial

cisco Felipe, y dijo:

Reyna, y ella es viva, y mientras ella viviere no conozco otra Reyna en este Ryeno.)) Y el Obispo dijo luego

Reyna

Catalina, mi señora, por

:

((

Yo

os hago saber que los que no quisiéredes
))

jurar, seréis castigados.

Y respondió un
((

laca-

Obispo, mándenos el Rey salir de su Reyno y no nos mande ser ((Y á tí, ¿quién perjuros.)) Y el Obispo le dijo

yo de

la

bendita Señora

:

:

Octavo de Ingalaterra
te

53

manda
que

hablar, habiendo otros de

más maneque
se lla-

ras

tu?))

Y

dijo

luego

el lacayo,
:

maba
te

Bastian, que era borgoííon

((

Yo

por
:

hablo.))

Obispo con enojo le dijo ((Yo mando que salgas luego del Reynoj) El lael

Y

cayo
de
la

se fué luego á hincar de rodillas delante
:

Reyna, y dijo ((Señora, diez y siete años há que os he servido, y agora me pesa que me es forzado de partirme de tan buena Señora; yo la ruego me perdone si no he hecho el servicio

que un buen criado era

obligado.))

Y

le-

la buena Señora le vántase y pártese luego. vinieron las lágrimas á los ojos, y dijo al Obispo:

A

((Yo creo, Obispo, que

el

Rey no os mandó que
la

despidiésedes a mis criados; no lo hacéis bien.»

Luego

el

Obispo, viendo que
invió tras
el

buena Señora
;

tenía razón,

lacayo

pero dióse

tanta priesa en caminar, que

no

le

alcanzaron

hasta Londres, y así lo hicieron volver, y no

quiso
se

Obispo apremiar más á ninguno. Y así partió y dijo al Rey lo que pasaba, y el Rey
el

disimuló en

ello.

54

Crónica del Rey Henrico

CAPITULO
Como
¡a

XXI.
hija^ y de ¡ns

Reyna Anna parto una
fiestas que

se hicieron.

A

se

ha

dicho

como

feynaba
el

la

Anna Boloña: y andando
po
se

tiemel

hizo preñada, de que
estaban

Rey

y todos

muy

contentos y

alegres, y cada dia habia justas y torneos.

Y

vino á parir una hija, y fué tanto el placer que el Rey recibió, que no podia ser más.

Hizo muchas mercedes
tizada con gran
Isabel.

á
:

muchos, y
pusiéronla

fué bau-

triunfo

nombre

Muy

curiosos fueron en criarla, y no

tenía dos años hablaba y andaba como otra de cuatro; y no quiso Dios que esta Anna se

y de noche no quitaba de sí esta hija, y siempre que salia la Reyna ai palacio Real, donde estaba el dosel, hacia

empreñase más, y de

dia

poner un cojin debajo y hacia asentar á la hija en él. el Rey mandó juntar todos sus gran-

Y

des y les dijo desta manera: «Ya sabéis, Se~ ñores, cómo Dios me ha dado esta hija; y pues

yo estaba mal casado con la Princesa de Gales, quiero que ésta sea jurada por Princesa y que sea bastarda mi hija María.)) Todos los seño-

Octavo de Jngalaterra
res,

55

vista su

voluntad, aunque en sus corasentimiento,
dijeron
le

zones

níiostraron

que

Su Majestad

hiciese lo
el

que mejor

parecía.

duque de Norfoque, y dijo: ((V. M. sabed que por Parlamento fué madama María jurada, y por Parlamento se podía
hacer sin escándalo, y los Procuradores de
ciudades y villas consentirán en ello.» dos los señores pareció bien lo que el
dijo; y el
las

Luego habló

Y

á to-

Duque
al

Rey mandó que
al

dentro de un mes
se-

fuesen juntos
cretario

Parlamento, y mandó
hiciese

Crumuel que
Parlamento.

un

escrito

para

dar en

el

CAPITULO XXIL
Como se junto
Parlamento^ y por el escrito que hizo Crumuel^ fué jurada por Princesa Isabel^
el
y

y dada por bastarda^ Aladaina María.

ENTRO
mandó,

del

tiempo que

el

Rey

se juntaron todos los Se-

ñores, así espirituales

como tempo-

rales, y todos los Comunes, en la gran sala de Vuestmonster; y Crumuel no durmió, que hizo un escrito para dar en el Parla-

mento, en que
ííores,

se contenían estas palabras

:

«Se-

ya habrán sabido

cómo

por inspiración

!

56
divina,
la

Crónica del Rey Henrico
Majestad del

Rey se quito del gran pecado en que estaba, y cómo Dios le ha querido dar fruto de gracia, como todos, señores, sabéis: y porque la Majestad del Rey no quiere hacer

nada

sin

daros parte, por

el

grande

amor que

tiene á sus súditos, ha querido

que

os juntéis aquí para haceros saber,

cómo Ma:

dama María

fué hecha en

pecado mortal

pues vosotros, señores,

la j urasteis

y por Princesa,

no sabiendo el intervalo que habia, agora quiere el Rey que sea bastarda y que sea jurada

Madama Isabel por Princesa.» Todos los Señores, como supiesen la voluntad del Rey, esperaron que respondiesen los Comunes, y en buen rato no habló ninguno, que todos tenian
silencio.

Y

como Crumuel

vio que ninguno
:

hablaba, dijo en alto, que todos lo oyeron

((Agora, señores, se verá el
á vuestro

amor que
á

tenéis

Rey, y

la

gana que tenéis de hacer

loque
así

él quiere.))

Entonces todos

una voz,

Señores

hiciese la

como Comunes, dijeron que se voluntad del Rey y que ellos estaban
j

prestos para jurar cuando fuese ordenado,

Oh
muy

ceguedad tan grande y poco temor de Dios

Porque

si el

Rey
el

les

mandara

otras cosas

peores, estaban ya determinados de consentir

todo lo que

y así fué ordenado que fuesen Comisarios por todo el Reyno á
quisiese
:

Rey

lo

hacer jurar.

Octavo de Ingalaterra

57

Grande fué el pesar que sintió la buena Reyna Catalina cuando supo que á su hija
habían jurado por bastarda, y gran sentimiento hizo la misma Madama María. de aquel

Y

dia

en adelante, la bendita Reyna comenzó á caer mala que jamás prevaleció, hasta que
murió,

como

se dirá.

CAPITULO
Cómo
la

XXIII.
Rey
las joyas

Anna demando
de la

al

y corona

Reyna Catalina,

o

podria
las

hombre considerar

ni

pensar

maldades que aquella

Anna
Reyna

inventaba y la gana que tenía de hacer mal á la bendita

un dia dijo al Rey: ((Señor, pues yo soy Reyna, la Princesa de Gales no ha menester corona, ni tampoco las ricas joyas y pedrería que tiene.» El Rey, viendo que la voluntad de Anna era aquélla,
Catalina; y

y como estuviese tan ciego con ésta, invió luego á la buena Señora á que le inviase todas
sus joyas y corona.

Y

la

bendita Señora, por

obedecer

el

mandado

del

Rey, luego dio todas
ricas, y

sus joyas, que fueron
dijo

muchas y muy
ella

que

la

corona, que

no

la tenía,

que

la

58

Crónica del Rey Ilenrico

tenía Millor de Rutelan.

Y dijo
la

la

bendita Se-

ñora

al

:

«Aunque me
ser

quiten

corona, no deja-

yo de

Rey,

y fuéle dicho lo

Reyna.» Luego llevaron las joyas que la bendita Reyna

dijo; y luego
llor

mandó

el

Rey que

fuesen
la

al

Mi-

de Rutelan para que inviase

corona.

Este Millor de Rutelan era un gran señor,

y por ser tan viejo no habia venido á ningún Parlamento, ni venía muchos años habia.

Y

como

vio
:

el
((

palabras

¿

mandado del Rey, respondió estas La Reyna Catalina, mi señora, es
si

muerta?)) Fuéle dicho que no. uPues

no es

muerta, decid

al

Rey, mi señor, que bien sabe

cuándo me dio esta corona á guardar, y cómo juré que no me desharía della, y ansí la he guardado hasta agora y si la Reyna me manda que la dé, la daré; donde no, primero me la
,

quitarán por fuerza.»

Y

ansí, se volvieron los

que habian ido por

ella.

Y como
el

el

Rey

vio la

respuesta que habia dado

buen Rutelan, dio

una grande risada, y dijo: señores, de aquel viejo?))
S.

«¿Qué
Todos

os parece,

dijeron

que
el

M.

deberla de inviarle á llamar; y así,

Rey mandó que
jo,

fuesen á llamarle. Era tan vielitera, por-

que fué menester venir en una
:

que no podia á caballo y ansí vino este buen señor adonde el Rey estaba, que habia más de qijince años que no le habia visto. Todavía dejó el buen señor la corona guardada y el
;

Octavo de Ingalaterra
camino para
jole:
ir

59

á la corte era por
,

donde

la

bendita Señora estaba

y

la

fué á hablar, y díel

((Señora, ya sabrá
la

cómo

Rey me ha
la

inviado á demandar

corona, y yo no

he

querido dar, y agora voy delante del Rey, que me llama; pero yo le prometo, señora, que sí

no me la toman por fuerza, que jamas la dé.)) Oh mi buen RuLa buena Señora le dijo telan! Yo te ruego que hagas lo que el Rey
:

((

j

mandare, y que por amor de mí, no recibas así se partió el buen daño tú ni los tuyos. »
te

Y

viejo, y llegó delante del
le

Rey y

el

Rey, cuando
silla

vio tan viejo, se levantó de su
los

y

le

echó
cabe

brazos á cuestas, y le dijo: ((Millor, seáis bien venido.» le mandó asentar luego

Y

sí,

y

le dijo:

((¿Qué

es la causa, Millor,

que no me has querido inviar la corona? ¿Quieres tú ser más rebelde que todos los del Reyno?)) El buen viejo respondió: ((Señor, V. M. sabe bien que sería traidor, siendo la Reyna Catalina, mi señora, viva, si yo diese su
corona, pues
lo

juré, que mientras ella viviese,

que yo
dijo
:

la guardaría.))

El Rey se

rió otra

vez y

((Bien parece, Rutelan, que tú no sabes lo

que pasa; y pues no lo sabes, yo mismo te lo diré.)) comenzóle á decir cómo habia estado en pecado mortal, y cómo era casado, y su

Y

voluntad era de dar aquella corona, que
nía, á su

él te-

Reyna Anna Boloña. El buen

viejo,

6o

Crónica del Rey Henrico
se hizo

aunque bien sabía loque habla pasado,
:

de nuevas, y respondió uV. M., si se casó, no lo pudo hacer siendo viva mi señora, y yo guardaré la corona y no la dejaré si no me la toman por fuerza, y si ansí me la toman, no
seré perjuro.))

Aquí mostró

el

Rey

((Millor, anda, vete á reposar,

gran paciencia, y dijo: que vienes can-

sado del camino, y después yo te hablaré.)) ansí la tuvo este señor hasta que la bendita

Y

Señora vivió, que no vivió después sino

muy

como se dirá. Y dentro dedos dias Rey al Millor de Rutelan que se fuese á su casa. Por cierto, si el Rey tuviera muchos como este señor, no viniera tanto mal, ni consintieran a su Rey tan asulutamente tan feas cosas como hizo. Y los señores, como vieron que el Rutelan salia con su intención, dijeron al Rey que deberla de quitarle la corona. El Rey les dijo
pocos
días,
el

mandó

:

((Señores, mirad que este buen

hombre

tiene

ya noventa años, y ya es como niño: y ansí determino dejarle, porque no puede durar mucho, y vosotros no sabéis los grandes servicios que hizo al Rey, mi padre, ya mí ha hecho:
y bien sabéis que
si

se la quito

por fuerza,

será menester hacer justicia de

él.))

Como

los

Señores oyeron

lo
les

que

cl

Rey

dijo, bien creo

que

á

algunos

plugo y á otros peso. Aquí

Octavo de In'^alaterra
dio á conocer
sido
el

6i

Rey, que

si

ellos

hubieran

buenos y hubieran tenido temor de Dios, no le hubieran consentido hacer lo que hizo,
ni

hubieran venido tantos males
el dia

ni

herejías

como

de hoy hay.

CAPITULO XXIV.
Cómo
la bendita

Rey na Catalina murió.

UY pocos

días

después que

el

Rey
sus

invió á la bendita

Reyna por

joyas, se sintió mal dispuesta; y su

dolencia fué tal, que hasta

que

murió no tuvo un dia bueno. Y como la buena Señora se sintiese mala, invió a rogar al Embajador Estacio Capucho, para que la fuese
á hablar.

Y

el

sabio, primero quiso

Embajador, como fuese hombre demandar licencia al Rey
:

y ansí, fué á la corte y suplicó al
licencia para
el
ir

Rey

le

diese

á ver á la
:

Reyna Catalina; y
la

Rey

le

respondió

((Embajador, vos

ha-

bréis,

Y
el

y yo os

lo inviaré á decir
el

cuando

iréis.))

ansí se tornó

Embajador, esperando que

Rey le inviase á decir que fuese; mas el Rey no quiso inviarle la respuesta, ni dalle tampoco licencia, aunque invió muchas veces
P'jr ella.

Visto que nu se

la

daban, inviu a de-

02
cir al

Crónica del Rey Ile nr ico

Rey, que
el

él

se partía

y que en

el

camino

esperaba

Y
que

así,

mandado de S. M. el señor Embajador rogó
:

á todos los

españoles mercaderes, que estaban en Londres,

y luego, todos de buena voluntad, se pusieron á punto para ir
le

fuesen á acompañar

con

y fué tan buena compañía, que de los españoles y criados del Embajador, fueron al
él;

pié de cien caballos, todos

muy

bien adereza-

manera que fué tan bien acompañado como si fuera un príncipe: y en todo el camino, con mucha alegría y regocijo, porque lledos, de

vaba á sus ministriles y trompetas, y en cada lugar que entraba, parecía que entraba un príncipe.

Como

el

Rey supo que

era partido, deter-

minó de no le consentir que hablase con la bendita Reyna, y despachó luego un gentilhombre, que
se llamaba

Thomás Bayan, y llegó

una tarde antes que el Embajador, y mandó qué en ninguna manera le dejasen hablar con la Reyna. Y como el Embajador iba despacio,
vio pasar á este gentilhombre, y luego sospe-

chó

que fué; y luego mandó á un criado suyo que se diese priesa; y fué tras del para la bendita Señora saber la verdad y así fué.
lo
:

Y

estaba advertida del señor

Embajador cuando habia de venir con tan buena compañía. Y como vio el mandado del Rey, ya pueden pensar

Octavo de Ingalaterra
si

63

le pesarla.

Y

luego invió un camarero suyo
el

á

rogarle hubiese paciencia, pues
la

quería que

hablase

:

y fué forzado

Rey no al Emba-

jador quedarse cuatro millas del castillo.
aquella noche, la bendita Sefíora invió al

Y

Em-

bajador

mucha

volatería

y mucha venazon, y

muchos

frascos de vino de todas suertes; y le

invió á rogar que hiciese buena jira.

Y

los es-

pañoles que estaban con

él,

dor aquella noche, que
sino para el
rían
ir

el

Embajamandamiento no era
dijeron al

Embajador

sólo,

y que

ellos

que-

allá:
dia,

Otro
sigo

y así, lo pusieron por obra. de mañana, fueron al pié de treinta

caballos, todos

muy

en orden, y llevaron conel

un mancebo, que llevaba

Embajador,
loco, y

muy

gracioso, el cual iba vestido

como

puso colgado del capirote un candado.

Y llegacomo

do junto

al castillo, los

españoles comenzaron á
;

se regocijar

con sus caballos

y

el

loco,

vio á las damas á las ventanas, descabalga del
caballo y vase á meter por la casa del castillo,

dando voces que

le

dejasen

ir

á ellas; y métese

hasta la cinta, y todos los que lo miraron pen-

saron que era simple y dieron voces que se

ahogaba.

Y

luego entraron tres ó cuatro de

aquellos señores á caballo á sacarlo, y siempre

dejasen entrar, y visto que le sacaron, quítase el candado que tenía colga-

daba voces que

le

do del capirote y arrojóle á

las

ventanas, y dijo

04

Crónica del Rey llenrico
lo

en español, que todos
á otra

oyeron: ((Tomad

;

vez

trairé la llave.»

de

la

otra parte de la

candado cavó cava, y unos criados le
el
él.

Y

y

vieron caer y fueron luego por

Luego
el

des-

pacharon un hombre á

la

corte con

candado,
el

y

le

inviaron

al

alguna carta,

Rey, pensando hubiese en donde se hallaron engañados.
á

Pues volviendo
ron á
visitar

mi proposito, luego fue-

las puertas del castillo y salieron gentileshombres, muchos y el Bagan con ellos, y rogaron á los españoles que entrasen ; y así, entraron y vinieron allí todas las damas por

mandado déla Reyna, y en una
ron á estos señores

sala baja die-

mucha

colación.

Y el

loco

vio á una parte del patio, que estaba

un barbe-

ro que servia la casa, y dijo á aquellos señores

que viniesen á ver lo que hacia; y pónese la mano en un carrillo, y comiénzase de quejar, y vase hacia donde el barbero estaba y señálale que le dolia una muela. El barbero, movido á piedad, le hace sentar en una silla y pónele el
dedo en
los

boca, y el loco comienza de apretar dientes y dar grandes voces, y hacer al barla
tal

bero dar voces también, del dolor del dedo que
le

mordia, de

modo, que

á las
las

voces que

los

dos daban, acudieron todas

damas y

genti-

leshombres, donde hubieron un rato de placer.

Otras muchas locuras hizo este mancebo,

que no

se dirán aquí.

Pues acabada de dar

la

Octavo de Ingalaterra

65

colación, aquellos señores españoles se fueron, y con ellos

adonde
lo

el

más de doce gentileshombres, Embajador estaba. Y el señor Em-

bajador les hizo

muy buena

jira,

y contáronle

que había pasado, y holgóse mucho con estos gentileshombres: y así, se partió mostrando mucha alegría, aunque en su corazón bien triste, porque no pudo hablar á la bendita

Señora.

Y

vuelto á Londres, no mostró
;

haber recibido ningún enojo
ó nueve meses después, el
bendita Señora estaba
al

y dentro de ocho
la

Rey supo que

muy

mala. Invió á decir

Embajador que fuese cuando quisiese á verla, y que pensaba que no la hallaria viva, según le habían escrito que estaba mala y el señor Embajador quiso verla antes que muriese, y fué con mucha más compañía que la
:

otra vez, y llegó al castillo, víspera de

Nuevo; y
con
él

la

bendita Señora se holgó
la

Año mucho

compañía; pero la bendita Señora estaba tan al cabo, que no podía ser más. Todavía estuvo el Embajador allí hasta víspera de los Reyes, y con la alegría que la bendita Señora tenía parece que se alivió un poco. Y partido que fué el Embajador, y llegada ya la hora de dar el ánima á Dios, llamó á su
y con
,

confesor y á su médico, y dijo estas palabras: ((Licenciado, ¿qué os parece, que estoy muy

mala?»

Y

dijo el

Licenciado, que se llamaba
9

66

Crónica del Rey Henrico

Lasaut: ((Señora, que habéis de morir.»
la

Y dijo

buena Señora
y tomó
el

:

((Ya

lo sé.»

Y

luego se con-

fesó

Santo Sacramento. Hizo una

oración á sus criados y criadas, que no había

corazón que no rompiese.
la

Y yaque

se llegaba

hora, alzó las

manos

al cielo,

y dijo: In ma-

ñus tuas Domine commendo spiritum meum.
dio
el

Y

alma á Dios.

Luego despacharon postas al Rey, haciéndole saber cómo era muerta, y luego que el Rey supo su muerte, se vistió de amarillo, que en aquel Reyno lo tienen por alegría, y mandó
grandes que fuesen allá, y que fuese enterrada muy suntuosamente.
á todos sus

CAPITULO XXV.
De
como fué enterrada la bendita Señora.

1^^^^ UEs,
dos

partidos los Señores y llega-

al castillo

donde estaba

el

cuer-

m
que
la

po de
ellos

la

bendita Señora, hubo con

gran diferencia; porque los

querían bien, decian que se enterrase
otros

como Reyna, y

como Princesa: y les fué Rey para que les inviase á decir cómo la enterrarían; y el Rey invíó á mandar que fuese enterrada como Princesa, y
forzado de inviar al

Octavo de Ingalaterra

67

que en las armas de España pusiesen las armas así fué hecho, de Gales; pues era Princesa. y fué llevada á una abadía, quince millas de

Y

allí.

Como

la

bendita Señora era bienquista, fué

una cosa notable el pueblo que salia á los caminos á ver las andas adonde la llevaban y todos los señores del Reyno, que allí se halla:

ron, iban vestidos de luto, que de encima de
los caballos arrastraban

por

el

suelo.

Y

así,

fueron todos los criados de

la

bendita Señora

con

luto, y fué enterrada

muy

suntuosamente,

y fueron dichas aquel dia más de trescientas misas; que todos los clérigos de quince millas
al

rededor, vinieron

al

enterramiento

:

y así fué

la

bendita Señora enterrada. Las lamentacio-

nes que hacian los criados, era cosa de gran
piedad.

Y

el

Rey

invió luego por todos los criados

y damas que estaban con ella, para que sirviesen á su nueva Reyna j pero ninguno de
los españoles quisieron servir

demás, de
los otros.

allí

más, y todos los adelante, fueron tan malos como
los españoles,

Y

uno de

que

se lla-

maba Francisco Felipe, tenía en su poder mucha plata y joyas de la bendita Señora y fuéle dicho al Rey, y el Rey invió por él y
;

díjüle:
cesa.))

((Felipe, da lo

que tienes de

la

Prin-

Y

dijo el Felipe,

que era un hombre

68

Crónica del Rey líenrico
osado: aSeñor, V.
la

muy
que

M.

sepa que no tensi

go nada de

Princesa, salvo

me mandáis
El

se lo de, pues á ella viene de derecho.))
se enojó y le dijo
lo
:

Rey
dijo:
la

«No

digo eso, sino

que des

que tienes de tu ama.)) Entonces ((V. M. sepa, que todo lo que tengo de

Reyna, mi señora, que santa gloria haya, lo M., que treinta años que há que la serví y no he recibido ningunos gajes.» Y el Rey, con el enojo que tenía, no le habló más, y él fué forzado de dar lo que tenía, y por ser tan leal quedó pobre, que el Rey no le dio nada, y bien pudiera el Rey compensarle, mas no quiso, y así fué pobre á su tierra.
daré: y mire V.

CAPITULO XXVI.
Cómo
la

Anna Boloña

hacia adulterio ^ y como
supo.

se

'^^ff\

N poco de tiempo después que
bendita

la la

%^ m

Reyna Catalina murió,
Boloña,

^M^Mi^Anna
servicio los

con su

triunfo,

siempre trabajaba por tener en su

más

gentiles

hombres que

hallaba,

fuéle dicho y que fuesen buenos danzantes. cómo en la ciudad de Londres estaba un man-

Y

cebo, que era uno de los mejores tañedores de

monacordio

del

Reyno, y de

los

mejores dan-

Octavo de higalaterra
zantes
:

69

y dijéronle que era hijo de un carpintero pobre, y la Reyna le invió luego á llamar
\

y mandóle que tañese delante della y deman«Señora, á mí dóle cómo se llamaba, y dijo me llaman Marcos.» Y luego la Reyna hizo venir allí á sus miñones, entre los cuales habia uno que se llamaba Mestre Ñores, y otro Mes:

tre

Bruyton, á

los cuales la
al

Reyna

hacia gran

fiesta.

Y

mandó

Marcos que

tañese,

y

el

Mestre Ñores la sacó á danzar, y el Marcos tañia de unos virginales tan lindamente, que

danzando
parece,
al

dijo la

Reyna

al

Ñores

:

((

¿

Qué
,

os

como

tañe tan bien este mancebo?))

Y

tiempo que pasaban cerca del Marcos
:

dijo

pasito el

Ñores «Señora, yo bien querria, si fuese posible, que algunas veces tañese cuando estuviésemos juntos. Y la Reyna se rió, y todo lo marcó bien el Marcos. Y acabada la danza, dijo que queria danzar con el Marcos, y mandó á una dama suya que tañese: y así el Marcos danzó con ella, y danzólo tan bien y con tanta gracia, que en aquella hora la Reyna se enamoró de él, y le dijo « Marcos, yo quie))
:

ro

que mores conmigo.

))

Y

el

Alárcos se

le

hincó de rodillas y le besó las manos j y le mandó dar luego cien nobles para que se vistiese, y otro dia vino el

Marcos muy

bien ade-

rezado, que parecía hijo de algún caballero.

Y jamás

salia

de palacio, y fue parte

la

Reyna

yo
que
el

Crónica del Rey Ilenrico

Rey
al

le

diese cien libras de salario: y de

aquella hora adelante,
x'Vnna

siempre mandaba la Marcos que tañese. Una mañana que la Reyna estaba en su cama invió á llamar al Marcos y mandóle que tañese, estando ella en la cama, y mandó á sus damas que danzasen y luego comenzaron á danzar, y dende á un rato que la Anna vio que las damas andaban muy regocijadas, mandó a una de ellas
;

que tañese, y que siempre danzasen las otras; y como vio que todas estaban danzando y embebidas en la danza, llamó luego al Marcos, y

cama; y allí tuvo tiempo esta Anna de decir al Marcos cómo estaba enamorada de él y el Marcos se
él se

hincó de

rodillas delante

de

la

:

maravilló, y

como
la

era de baja suerte, dio oidos
le

á todo lo que

miró
era

el

quiso decir, y no pecador que no habia dos meses que

Reyna

un pobre, y que el Rey le habia dado muy buena renta, y que le podia dar mucho más y
;

yo soy vuestro criado, respondió: podeisme mandar.)) Y la Señora le mandó que
((Señora,
lo tuviese

secreto, y que ella hallarla para cumplir su deseo.

modo

Y

muy

pocos dias después,

el

Rey

se partió

para Vuinsor, que es veinte y cinco millas de allí, donde estuvo más de quince dias antes

que volviese.

Y

la

Anna, viendo que

tenía

tiempo, se descubrió á una vieja que era de su

Octavo de Ingalaterra
cámara,
la

71

cual, según después pareció, sabía

los secretos
tal

de

la

Reyna

:

y lámala
:

vieja,

en

de estorbárselo,

la dijo

«Déjame, Señora,
todas las vela

que yo buscaré modo y
ces que quisiéredes.))

le traeré

Y

como
le

Anna

estaba

tan deseosa, cada hora se

hacia un año.

Y
la

una noche que todas las damas danzaban, vieja le llamó al Marcos y díjole pasito, que
lo

ninguno
el

oyó: ((Has de venir conmigo.»
conociese que era de
la

Y
cá-

Marcos, como

mara de la Reyna, no fué perezoso; y llévale á una recámara donde dormia la vieja y otra dama, junto á la cámara de la Reyna. Y en la cámara de la vieja habia un retraimiento, como contador, donde la vieja tenía muchas cosas
de confituras y de acitrones, y otras muchas conservas, que algunas veces demandaba la

Reyna; y por
allí,

tenerle

más encubierto

le

metió

y

le dijo:

((Aquí podéis estar hasta que yo

torne por vos, y

mirad que no seáis

sentido.))

Y

y la vieja se volvió á la gran sala, donde danzaban, y hizo señas á la Reyna, la cual luego la entendió; y aunque no era

así le encerró,

muy

tarde, fingió de sentirse
las

muy mala,
:

y aca-

baron

danzas, y luego se retrajo á su cámara y todas las damas con ella y la vieja dijo á la Anna ((Señora, cuando estéis en la
:

cama y

todas las

damas acostadas, me podéis
la trae-

llamar y demandar alguna conserva, y

-2
'

Crónica del Rey Ilenrico
vendrá conmigo Marcos, que está en
luego
el

re, V

contador.

Y

la

Reyna

se

acostó en su

cama

y mandó
sen, las

damas que se acostacuales dormían en una galería junto,
á todas sus

hecha á modo de refitorio; y todas se fueron, que no quedó sino la vieja y la dama que dormía con ella, y también les mandó que se
fuesen á acostar.

Y

cuando vio que todas pola

dían dormir, llamó á
garita,

y díjole «Martraedme un poco de mermelada.»
vieja
:

Y

díjolo bien recio,
la

que

podían oir, y el contador. la vieja fué luego é hizo desnudar

damas de la galería Marcos, que estaba en el
las

Y

Marcos y trujo la mermelada á la Reyna; y la dama que estaba acostada en la cama de la vieja no lo pudo ver, y salió el Marcos, y la vieja le tomó de la mano y le dejó detras de la cama de la Reyna y dijo en alto: a Señoal

ra,

he aquí

la

mermelada.»

Y

luego dijo
á acostar.»

la

Reyna

á la vieja:
la

uAnda, vete

Y
el la

luego que
la

vieja se fué, la
al

Anna

da

vuelta á

cama y

traba del brazo

mancebo,

cual estaba temblando; y hízole entrar en cama, y en breve perdió el Marcos la ver-

güenza.
chas de
;

Y

así la seííora

Anna tuvo

á su placer

aquella noche á este mancebo, y otras

mumodo, que en breve tiempo, este Marla

cos triunfaba, que no habia caballero en

Octavo de Ingalaterra
corte que anduviese

73

más galán, y jamas comiá
al

esta Anna, que no mandase
sirviese.

Amárcos que

la

Aquí
Ñores y

fué

el

diablo grande con ella; porqué

de antes

mostraba grande
al

amor

al

Mestre

otro gentilhombre Bruiton, y después que el Marcos entró en cabida, eran ol-

vidados,

por donde estos
sí.

caballeros sentían

gran pena cada uno por
conociese, llamó
;

Y como

la

Anna

lo

Mestre Ñores y habló pasito con él y créese que le mandó ir á dormir aquella noche con ella, porque el Marcos esperaba que le habia de llamar la vieja, como solia, y la vieja le dijo, que no podía ir aquella noche. Y como el Marcos vio que habló al
al

Mestre Ñores y de antes habia oido habían hablado, sospechó lo que ÍMé..

lo

que
la

Y
viar,

otro día,

el

Marcos

fué llamado de

Reynay mandóle que

tañese, y llamó al Bruiella
el
;

ton y mandóle danzar con
aquella noche; porque
le

sospéchase que también
el

y por abreBruiton fué

Marcos esperaba que
al

llamasen.

Pues otro

día,

en

la Marcos, y no se Reyna lo que sentía en su corazón, y la Reyna se rió; y el Marcos, visto que la Anna di-

noche, la vieja llamó pudo sufrir que no dijese á
la

simulaba, se calló.

Y

aquella noche

le

díó

la

Reyna una

bolsa llena de piezas de oro y le
10

74

Crónica del Rey Henrico

mandó que se aderezase para postar el dia ^z Mayo, que habia de venir el Rey; y el Marcos, otro dia, compró tres caballos los mejores que
se podian hallar
tal

en gran parte y aderezóse de suerte, que no hubo caballero en la corte que

tantos gastos hiciese, ansí en armas

como en

libreas para sus criados y aderezos de caballos.

que todos le tenian, y muchose murmuraba en ver que andaba tan miera la envidia

Mucha

ron y costoso. uno de los criados de la Reyna hubo ciertas palabras con él, y el Marcos
le

Y

amenazó, de que

el

gentilhombre se sintió
se recelaba del el

mucho dello: y siempre
cos, y por estar

Mar-

más seguro,

díjoselo á

la

Anna

el Marcos, y luego ella llamó al gentilhombre y díjole: «Thomas Perse, que así se llamaba, yo te mando que no hayas cuestión con

Marcos, porque yo
algún desplacer.»
ííora,

recibiré enojo

si

se le
:

hace
a

Y

luego

el

Perse dijo

Se-

ya sabe que yo he servido muchos años,
ser maltratado

y no quiero
ayer.j)

de uno que vino
ser

Y

la

Reyna
al

los

mandó
la

amigos

:

y

bien conoció este Perse que

Reyna mostra-

ba

mucho amor
:

que no fuese dijo ((Yo tengo deseo de le hablar.» Y díjole el Crumuel: «Perse, dime lo que quieres.» Dijo entonces el Perse: «Vuestra merced sabrá

Marcos, y no pudo estar luego al secretario Crumuel y le

cómo no

há sino cuatro meses que

el

Marcos

Octavo de Ingalaterra

75

está en la corte, y ya se sabe que no tiene más de cien libras de partido del Rey, y no ha re-

cibido sino

un
tres

tercio de su partido,

y agora ha

comprado

caballos

que

le

cuestan

más

de quinientos ducados, y ha comprado muy ricas armas, y ha dado libreas á sus criados para
el dia

de

las postas,

que no hay señor que haya

hecho otro tanto: y algunos se maravillan de dónde sacó los dineros. Y séle decir más, que muy muchas veces entra en la cámara de la Reyna^ por eso vuestra merced debe mirar
sobre
ello.))

El Crumuel

le dijo

:

((Cállate, Perel

se, y tenlo secreto, que venido

Rey, yo

sasi

bré

bien \ y de aquí adelante mira verás algunas señas, y quién habla con
la

verdad

el

Marcos.))

El Perse no
che, antes que

lo
el

puso en olvido, y una noRey viniese, estando danla

zando
el

las

damas,

vieja llamó al

Marcos, y

Perse miró en
el

ello:

y fué tan avisado en-

tonces

Marcos, que no fué con la vieja, porque vio que el Perse le miraba, y tornó á danzar: y el Perse no pudo nada ver aquella noche; y otro dia de mañana, la Reyna invió á llamar al Marcos, y el Perse supo cómo estaba en la cámara de la Reyna, y fuese luego al secretario Crumuel y dijo lo que la noche antes habia visto, y cómo estaba tañendo en la cámara de la Reyna. Y el Crumuel le dijo Cállate,
:

((

Crónica del Rey Jlenrico
el

que miiñana viene
de

Mayo y

dia de las justas, y

Rey, y otro dia es el dia yo haré de modo

que

se sepa la verdad.

CAPITULO XXVII.
Cómo
el

Crianucl llevo
supo de él

¿i

lo

Londres al Mlircos^ y que pasaba.

^M A

noche antes que
vino
el

se hiciesen las

^^^^ justas

Rey en Grañuche,

y todos

los caballeros se regocija-

^^ ron,
Bruiton andaban
de
la justa,

y Mestre Ñores y Mestre muy ufanos. Pues otro dia

que era el primer dia de Mayo, Crumuel se fué á Londres y llamó al Marcos, y díjole: «Marcos, vente conmigo á comer, y
después de comer nos volveremos.»
cos, no sospechando nada, dijo
:

Y el Mar«Vamos.» Y

llegados en su casa, en Londres, antes que co-

miesen, tomó
le

al

Marcos por

la

mano y metió-

en su cámara, y tenía allí seis gentileshombres de los suyos y como se vio en la cámara, le dijo estas palabras «Adárcos, algunos
: :

dias

há que deseo de

te hablar, y

no he tenido

oportunidad
solo, pero

como

muchos
te

agora; y es que no soy yo señores que me lo han di-

ven andar tan triunfante, y ven que cuatro meses há que no tenias nada, pues
cho, que

;

Octavo de Ingalaterra
tu

77

padre no tiene á gran pena de comer, y agora vemos has comprado caballos y armas,

y has hecho muy galanas invenciones y libreas, que no hay señor de salva que pueda hacer

más; y has dado á sospechar que
habértelo dado alguno es

lo

has hur-

tado ó que alguno te lo ha dado; pues para

no fuese que te lo hubiese dado el Rey ó la Reyna; pues el Rey há más de quince dias que está fuera yo te hago saber, que antes que de aquí vayas,
si

mucho,

has de decir
do.))

la

verdad, ó por fuerza ó por gra-

El Marcos, como vio hablar á Crumuel

y que la cosa iba de veras, no supo decir nada, el Crumuel le dijo «Di la very turbóse.

Y

:

dad de tu grado.))

Y

dijo el

me

lo han emprestado.))

Y
si

Marcos: «A mí dijo el Crumuel:
los

((¿Cómo puede

ser eso,

que

mercaderes

no es sobre plata lí oro, ó rentas, y llevan muy buenos intereses, y tú no tienes nada dello, sino esa cadena que traías? Pésame que no lo quieres decir de tu
presten tantos dineros,
grado.
))

Y
tos,

luego llamó dos mancebos suyos robus-

y demandó una soga y un garrote, y mandóle poner la soga al rededor de la cabeza, que estaba toda llena de nudos, y con el garrote

comenzaron á torcer la soga, de tal modo, que dijo el Marcos Señor secretario, no más, que yo diré la verdad.)) Y luego dijo aVos sa:

((

:

8

7

Crónica del Rey Henrico

que la Reyna me ha dado los dineros.)) Y Crumuel el le dijo: «Marcos, yo sé que la Reyna te ha dado cien nobles, y lo que til has comprado no se compra con mil, y eso gran dádiva es de Reyna para un criado de baja
bréis

suerte
te juro

como

j

y

si

no dices toda

la

verdad,

por vida del

Rey

de te dar tantos tor-

mentos, que tú

la digas.))

Y el Marcos le
ella

dijo:

«Señor, yo os digo de verdad, que
ha dado.)) El Crumuel
le

me

los

mandó

dar otro tantordiré

to de cuerda y el pobre

mento,

le dijo:

«No

Marcos, con el más, señor, que yo
confesó
lo

todo lo que

pasa.)) Y luego

cómo

dor-

mia con
dicho y

ella, la

que arriba habia manera como pasó. El secretario,
y dijo todo

cuando
la

lo

cos, ¿sabes

oyó, fué espantado, y díjole: «Marque otros tengan conversación con

Marcos, por no ser más atormentado, dijo lo que habia visto del Mestre Ñores y el Bruiton, y juró que no sabía más. El Crumuel luego escribió una carta al Rey é invió á la Torre al Marcos.
Reyna, más que tú?»
el

Y

Octavo de Ingalaterra

79

CAPITULO
Cimo Crumuel
y
escribió al

XXVIII.
Rey y cómo
y

la

Reyna

sus meninos fueron presos.

^"^^^^ L
y
i^

Secretario luego escribió
la

al

Rey,

confision del

Marcos

invióla

con un sobrino que se llamaba ?j=^^S^ Richard Crumuel. Y lo que en la carta se contenia, era esto: aV. M. sabrá que yo, doliéndome de su honra y viendo algunas cosas que en su palacio pasaban, determiné de
y saber la verdad y así, V. M. sabrá, que no há cuatro meses cumplidos que

me

certificar

:

Marcos

está en servicio de

V. M., y no

tiene
le

sino cien libras de partido, y toda la corte

ve tan triunfante, y agora, para estas postas, hizo muy muchas costas, que han dado sos-

pecha á algunos señores: y yo, por me certiñcar y saber la verdad, le he desaminado el
:

cual ha hecho esta confision, que V.
verá.))

M.

aquí

Y el ^\,zy cuando
provecho
la

vio

la

confision, no le hizo

comidaj y como príncipe valeroso disimuló j y luego mandó aderezar su barca y se va á Vuestmonster, y mandó que no cesasen

bs

justas, y que,

como

acabase

la fiesta,

pren-

8o

Crónica del Rey Henrico

diesen secretamente al
ton, y al

MestreNores,y al Brui-

Mestre Hihuet, y los llevasen á la Torre. Y la Reyna no supo que el Rey era

y fuese á los miradores adonde las justas se habian de hacer, y demandó donde estaba el Rey, y fuéle dicho que estaba ocupado.

ido,

Y

luego vinieron todos los caballeros que habian de justar, y Mestre Ñores y Bruiton salieron

muy

galanos, y sus criados de

muy

galanas

li-

Reyna miro, y no vio que venía su Marcos, y demandó que hacia que no salia; y
breas.
la

Y

que no estaba allí, y que era ido á Londres, y que no era venido y las postas se comenzaron, donde Mestre Hihuet lo hizo
fuéle dicho
:

mejor que todos. Este Mestre Hihuet era un gentilhombre

muy
lindo

dispuesto, que no habia en la corte

más
la

hombre que

el.

Y
,

acabadas
vino
el

las postas,

estándose desarmando

capitán de

guarda y llamó al Adestré Ñores y al Mestre «Señores, el Rey os llaBruiton, y díjoles ma.» fueron con él , y tenía allí presta una
:

Y

barca, y sin que fuese sentido los llevó luego á

Torre, v vino lué^oel sobrino del Crumuel y dijo al Mestre Hihuet: a Señor, el Secretario, mi señor, os invia á rogar que le vayáis á hablar, el cual se siente un poco mal dispuesto
la

y está en Londres.)) Parece ser que

Y
el

luego fué con

él.

Rey

invió á

Crumuel

Octavo de ingalaterra
para que inviase por
le
el

8i

desaminase.
al

Y

Mestre Hihuet y que llegado á Londres, el Crule dijo
:

muel tomó

Mestre Hihuet aparte, y
sabéis

((Mestre Plihuet, vos

bien

el

grande

amor que siempre
ra os

os tengo y he tenido, y ago-

hago saber que

me

pesaria en las entra-

ñas que vos fuésedes culpante en lo que os

quiero decir.»
el

Y

díjole todo lo

que pasaba; y

Mestre Hihuet fué maravillado, y respondió con grande ánimo, y dijo: ((Señor Secretario, por la fe que debo á Dios y al Rey, mi señor,

que no tengo yo de qué me recelar, porque no le he errado ni por el pensamiento, que bien
sabe
la

Majestad del Rey

lo

que

le dije

antes

que se casase.)) el Crumuel le dijo: ((Pues, Mestre Hihuet, cumple que vayáis á la Torre, y yo os prometo de os ser buen amigo.)) Y
dijo el

Y

Hihuet

:

((Yo

iré

de buena gana, porque,

como

estoy limpio, no temo.))

Y

luego se fué

con él Richard Crumuel, y ninguno sospechó que iba preso. llegado á la Torre le dijo el Richard al capitán de la Torre: ((Señor capi-

Y

tán,

el

secretario
al

Crumuel

os envia á rogar
))

hagáis honra
le

señor Hihuet.

Y
su

el

capitán
la

metió luego en una cámara, encima de

puerta, donde los dejaremos por decir
la

cómo

Reyna

fué presa, y el

Duque,

hermano.

^z

Crómica

íh'l

Rev

llenrico

CAPITULO XXIX.
Cómo
la

Rey na fué presa ^ y
mano.

el

Duque

^

su her-

1^^^

L segundo dia de

Mayo

vino
la

el

^$ ^^^> barca
:

a

Í%^

capitán de
del

la

guarda con

gran

Rey y

cien alabar rderos,

fe®¿ísé¿tí y llegó en Greenwich, y fuese á la Reyna, y le dijo « Señora, el Rey me invia por
vos.))

tán,
dijo:

dónde i
se

Y la Anna, muy maravillada, dijo ((Capiestá el Rey, mi señor » Y luego la ((Señora, está en Vuestmonster.)) Y la
:

í

Reyna

aderezó luego, pensando que

la

lle-

varían á Vuestmonster, y fueron con ella todas
sus damas.
allí,

Y

llegada la barca á la Torre, para
:

y la Reyna dijo ¿ El Rey está aquí?» luego salió el capitán de la Torre y le dijo el de la guarda: ((Capitán, aquí os traigo la Reyna,
(c

Y

que
la

Rey manda que la tengáis tengáis muy bien en guarda.»
el la

prisionera, y

Y

luego
la

el

capitán

tomó

del brazo, y

cuando

Anna

oyó que la tomase por que muchos la oyeron
tré
ella

prisionera, dijo en alto,
:

((

Con más

triunfo en-

aquí otra vez.»

Y
Rey

mandaron quedar con
las otras

dos damas, y todas
el

fueron á Vuest-

monster, donde

estaba, entre las cuales

Octavo de Ingalatcrra
iba

83

una

muy

graciosa, de

la

cual adelante di-

remos.

como el Rey supo que quedaba ya en la Torre, mandó prender al Duque, su hermano de
la

Y

Anna, y
la

llevar á la l'orre
la vieja.

:

y antes
el

hablan prendido á

Y

luego quiso

Rey que

Reyna

fuese desaminada, y fueron

el secretario Crumuel, y el arzobispo de Canturberi, y el duque de Norfoque, y el Chan-

ciller;

y

el

Rey

les

mandó expresamente, que
al

no
ron

la

hiciesen honra ni acatamiento; y así, fue-

y todos rogaron

Obispo que habladijo estas palabras
:

se; y así, él

comenzó y

((Señora,

no hay aquí ninguno, ni en el Reyno, que le pese, después del Rey, mi señor, tanto como á mí de vuestro mal gobierno porque
;

amor de vos estoy en la dignidad que tengo.» La Anna, antes que más hablase, dijo: Obispo y setodos estos señores saben que por
((

ñor, yo sé á qué venis, y no perdáis tiempo,

que yo no he errado al Rey jamas y yo bien que ya estaba cansado de mí, como estuvo de la buena señora Catalina.»
;


lo
el

Y

Obispo dijo: ((No digáis, señora, tal cosa, porque muy claro se ha visto el mal oficio que hacíades; y si queréis ver la confision que ha hecho Marcos, se os mostrará.» Ella, con grande enojo, dijo: ((Andad, que todo es hecho como tengo dicho; porque el Rey, sé yo bien,

84
iinda

Crónica del Rey ¡lenrico

enamorado con Juana Scmar, y no sabe cómo me dejar. Pues haga lo que quisiere, que de mí no se sabrá otra cosa: y cualquiera confision que se haya hecho, es falsa.» Y los señores, viendo que no se sacaría más
della,

determinaron de se
:

ir;

pero todavía

le di-

jo

duque de Norfoque ((Señora, si verdad es que el Duque, vuestro hermano, pecaba con
el

vos,

como
él

se ha dicho, digna sois de gran cas-

tigo, y

también.))
tal
si

que, no digáis
tiene culpa; y

Entonces dijo ella: ((Duque mi hermano no mi hermano me venía á hacosa,

blar á la cámara, podíalo hacer sin sospecha,

porque era mi hermano; y no tienen que le acusar de eso. Yo bien sé que el Rey le ha he-

cho prender porque no quede ninguno de mi parte; y no curéis de estar hablando más conmigo, que no sabréis más.))
fueron y dijeron al Rey lo que habia respondido y el Rey dijo ((Gran corazón
así, se
;
:

Y

tiene; ella pagará.))
blar al

Y

mando que

fuesen á ha-

Duque

por ver lo que respondía.

Y

por-

que se sepa por qué fué preso el Duque, es porque fué dicho al Rey, que muchas noches iba á la Reyna y no llevaba sobre la camisa
sino una ropa de noche.

Y
ni

los señores le fue-

ron á hablar, y dijo: ((Señores, no se la causa por que el Rey me mandó prender, porque

jamás

le

erre

en dicho

en hecho; y

si

Octavo de Ingalciterra
hermana
erró,
:

85
el

que

lo pague.))

Y

luégo^dijo

Chanciller

Duque, no íbades vos muchas noches cíades que las damas se
«

sin

gran sospecha

á su cámara, y hasaliesen
:

cosa de

grande atrevimiento era, y merecéis gran castigo.» El

Duque

respondió

:

((Mira, Chanciller;

porque yo fuese á hablarla cuando se scntia mal dispuesta, que por eso no habia yo de ser
tan malo, que habia de hacer tan gran pecado

y traición

al
:

Rey.»
((Calla,

Y

luego dijo

el

Duque
fin, se

de

Norfoque
lo

Duque, que en

hará

que

el

Rey

quisiere.»

Y

así, le

dejaron; y

luego hicieron dar tormento á
rita

la vieja
el

MargaMestre
y que

y confesó cómo el Marcos, y Ñores, y el Bruiton dormian con
se hacia de tal

ella,

otro; y fuéle

uno no sabía del demandado de Mestre Hihuet,
el le

manera, que

y dijo que jamas,
parte,
si

vio hablar

con

la

Reyna

á

no fuese en público.

Y

el

secretario

Crumuel se holgó; porque amaba
Mestre Hihuet.

mucho
la
la

al

Y
fuese
re;
el

ansí, los seííores

quemada

esa

mandaron que noche y dentro en
la

vieja

Tor-

y llevaron

al

Rey mandó el Duque también y luego fueron sentenciados otro dia el Duque y Mestre Ñores, y
:

confision que hizo, y que todos fuesen degollados, y

Rey

Bruiton y

el

Marcos.

c

86

Crónica del Rey Ilenrico

CAPITULO XXX.
Como
el

Duque y

Not'es^

y Bruiton y
otj-o

Mar

fueron degollados

día.

<^?t^^^

mandado ^,^'^^^que fuese quemada en el gran paíT'^^^tio de la Torre. Hicieron que la Reydijimos
la

cómo

vieja fué

^§^Í^^¿>na

lo

viese

dende una ventana, por

unas rejas de hierro; y la Reyna dijo, que muchos lo oyeron ¿Para qué me hacen tanto pe:

((

sar,

que querría que

me quemasen con
dijo:

ella?))

Y
no

el castillano la dijo:

((Señora, otra muerte

se os dará á vos.»

Y

((No

se

me

da nada

de todo

el

mal que

me

pudieren hacer, porque

me

.negarán que no fui coronada Reyna,

siendo una pobre mujer.))

Y

otro dia sacaron

al

Duque

y á los otros

:

era una cosa de admiración de ver la

mucha

gente que habia: y salieron con ellos más de quinientos alabarderos^ y luego subieron al

Duque y
si

díjole

un caballero: ((Señor Duque,
podéis decirlo.»

jquereis decir algo,

Y

el

Duque
lo

se volvió al pueblo y dijo,
:

que muchos

(cYo os ruego que rogueis á Dios por mí, y por el paso que tengo de ir, que yo no tengo culpa ni jamas supe que mi hermana oyeron
í'ucse ínala
:

v

asi

como

soy sin culpa

,

hua-i

Octavo de Ingalaterra
Dios piedad de mi ánima.))
en
bre
el

8;

Y

luego se tendió

suelo, la cabeza sobre el
le

gurrea

dio tres golpes, y así

madero, y el murió este po-

Duque.
luego subió Mestre Ñores y hizo una
oración, y volvió
al

Y
írran

pueblo:

«No

creo

que haya caballero en la corte del Rey, que más en cargo sea al Rey, mi señor, que yo, y que más ingrato y desconocido haya sido que
yo; y la muerte que

peor; y así, ánima, y digo que yo he sido
tenciado.»

merezco, y ruego á Dios haya piedad de mi
dan yo
la

me

muy
el

bien sen-

Y

así,

se

echó en
Bruiton
dijo
:

suelo y fué

degollado.

Y
á

luego subió

el

:

éste

no habló
luego fue

otra cosa

más de que
al

((

Yo

he ofendido

Dios y

^^y^ y rogad por

mí.))

Y

degollado.

último fué Marcos, y dijo en alto, que todos lo pudieron oir: ((jOh, mal aventurado
el

Y

de mí! no há aún cuatro meses que era un

hombre pobre, y mi buena fortuna me habia subido en estado, y estaba para subir más, si
el

diablo no

me

engañara

:

y no

me

supe con-

gastó, y pensé que jamas se habia de saber ninguna traición ; y así
servar, y la soberbia

me

digo que yo erré y no merezco tan honrada muerte como el Rey me manda dar; y yo de-

mando

á

Dios perdón y

al

Rey, porque yo más

88

Crónica del Rey lienrico
le

que otro

y así os ruego, señores, que luego se echó, y fue rogueis H Dios por mí.»
;

ofendí

Y

degollado
res,

;

y antes que muriese dijo

:

«Seño-

al Mestre Perse, porque fuera muerto si yo no fuera preso porque yo habia puesto hombres para que lo matasen.»
;

yo demando perdón

Y
en

á dicha se halló allí el A4estre Perse, y dijo
alto
:

«Marcos, Dios te perdone y yo te perdono.» A todo esto que se hacia, estaba el buen Hihuet mirando de una ventana de la
el

Torre, y todo

pueblo pensó que también

hablan de sacarle á justiciar, y el dicho Hihuet aquella noche escribió una carta al Re)',

y dióla á un primo suyo para que Rey, el cual la llevó y lo que en
;

la llevase al

ella se

con-

tiene es lo siguiente

:

CAPITULO XXXI.
Cómo Mestre Hihuet
escribió

una carta al Rry^

y cómo fué per donadío.

^^M| A
5)

noche antes que sacasen

al

Du-

^íái
(^^)

que y á los otros á degollar, fué el -wiMm buen Hihuet certificado que no
*

<^i^vJal saldria, y asi tomo papel y tmta, v escribió al Rey lo siguiente: «V. M. sabe que antes que se casase con la Reyna Anna

Octavo de Ingalaterra
Büloña,
:

8y

me dijo ((Hihuet, yo me quiero casar con Anna Boloña ¿qué te parece?» Y yo V. M. que no lodebia hacer, y me predije
;
a'

guntó por qué; y yo dije que era una mala mujer, y V. M., con enojo, me mandó que no no me pareciese en dos años delante del. quiso demandar la causa; y pues que de pala-

Y

bra entonces no lo pude decir, será agora por
escrito.

Y
la

fué

que un

dia

que

ei

padre y

la

madre de

señora

Anna

estaban en

la corte,

ocho millas de Grañuche, como todos saben que allí estaban de asiento , yo tomé aquella noche un caballo, y fui allá, y llegué á tiempo que la Anna Boloña estaba acostada y subí á su cámara, y como me vio, me dijo «Jesús, Mestre Hihuet, ¿qué haces aquí á tal hora?» Yo le dije ((Señora, el corazón atormentado
,
: :

como
tro,

el

mió, ha estado tanto tiempo por vues-

que por vuestro amor
vuestra

me

ha traido aquí
recibiría

ante

presencia,

pensando
lo
ella, á la

consuelo de quien tanto tiempo
tan penado.))
bésela,

ha traido

Y

llegúeme á

cama, y
;

y estuvo queda y callando; púsele la mano en los pechos, y estuvo queda y aun

desmandando más bajo, asimesmo calló. Y queriéndome desnudar, antes que me acabase de desnudar, oí una gran patada encima de la cámara donde ella dormia, y luego la señora se levantó y vistióse una faldilla, y fuese por una

r)0

Crónica del Rey Heurico

escalera arriba,

Y yo

la

que estaba detrás de su cania; estuve esperando más de una hora, y

cuando bajó, no consintió llegase á ella. ))Yo creo que me aconteció como á un gentilhombre en Italia, que andaba perdido, como yo, por una dama, y trájole su ventura á la mesma coyuntura que á mí, y la dama oyó una
patada y se levantó y subió arriba; y aquel gen-

tilhombre fué

más avisado que yo; porque
la

como
poco

fué subida
tras ella,

dama, se subió de

allí á

un

y do con un mozo de establo. Y así creo que me aconteció á mi aquella vez, y si yo fuera tan avisado, viera lo que hizo. ))Y hago saber á V. M. que dentro de ocho
dias después,

hallóla

que se estaba holgan-

yo

la

tuve á mi voluntad; y

si

V. M.j cuando me
jera lo

desterró, se sufriera, le di-

que agora escribo. » luego que el Rey leyó la carta, mandó que luego fuesen a la Torre y le trajesen al Mcstre Hihuet. Y así, vino delante del Rev, y le besó las manos por la merced del perdón, y el Rey le dijo: uHihuet, á mí me pesa que no te quise escuchar cuando me enojé

Y

contigo; y

si

no
el

lo hice, fué

que estaba ciego

con
del

esta mala mujer.))

Y

de aquella hora en

adelante fué

Mestre Hihuet
lo

más

quisto

Rey que nunca
después

habia sido.
invió

Y

muy

poal

cos dias

le

por embajador

Octavo de Ingalaierra

91

Emperador Carlos Quinto, donde sirvió muy bien al Rey; y así, no hay más que hablar
de
él.

CAPITULO XXXIL
Como
la

Annafué

degollada

dias después que el
degollados.

y Duque y
,

lo

que paso cinco
otros

los

fueron

L

Rey mando que

la

Reyna

fuese

degollada; y ocho dias antes haá San Thomé por un guerrea para que le cortase la cabeza con espada, y no con hacha: y desde el dia que inviaron por él, en nueve dias vino; y fuéle dicho á la Reyna que se confesase, que otro dia habia de morir; y ella demandó que la degollasen en la Torre, y que no la viese ningún extranjero y así, fué hecho un cadalso en el gran patio de la Torre. Y otro dia, á las diez horas, la sacaron; y no quiso confesarse, antes mostró un ánimo diabólico,

bian inviado

;

que estaba alegre como

no hubiera de morir: y llegada al cadalso, iba vestida con una ropa de damasco de noche, y una faldilla de damasco
si

colorada, y una cofia de red puesta sobre los
cabellos.

Esta señora era bien dispuesta y tenía el pescuezo largo y vio que estaban encima
:

92
del

Crónica del Rey Henrico
cadalso

muchos gentileshombres,

y

el

guerrea estaba entre ellos

como

gentilhombre,

que no parecía guerrea; y la Anna, cuando se vio en el cadalso, comenzó á mirar por todas partes, que estaba mucho pueblo, que aunque
se justició allí, habia

mucha
,

gente; y no dejacual notó bien

ron entrar á ningún extranjero, salvo uno, que
habia entrado
la

noche antes

el

todo lo que pasó.
á todas partes,

Y

como

esta señora mirase
:

comenzó

á decir estas palabras

((No penséis, buen pueblo, que me pesa de mi muerte, ni tampoco que yo haya hecho cosa
por donde haya merecido esta muerte; más ha
sido

mi gran soberbia y

el

gran pecado que

hice en hacer que
la

el Rey dejase á mi señora Reyna Catalina por amor de mí y yo ruego
;

perdone; y porque todos lo oigáis, digo que todo es falso lo que me han
á
lo

Dios que

me

acusado.
es

Y la principal causa porque muero, que Juana Semar lo causa, como yo fui causa en hacer mal á mi Señora.)) los gentileshombres, que estaban allí, no

Y

le

dejaron que

hablase
el

más.

Ella
le

demandó
fué dicho:

luego dónde estaba

guerrea, y

((Señora, luego vendrá.

Entre tanto, valdrá

más
nada
ella
:

confeséis
; ((

la

verdad, y no estéis tan obstile

porque perdón no

esperéis.»
;

Y

dijo

Ya

se

que no habré perdón

y de

mí no

se sabrá

otra cosa.)^

Y

visto

que no qucria

Octavo de Ingcilaterra

93

confesar, vino el guerrea delante della y púsose de rodillas diciendo: ((Señora, V. M. me

perdone, que yo soy mandado hacer este

ofi-

cio; por esto, poneos de rodillas y haced vuestras oraciones.»
dillas.

Y

así, la

Anna

se

puso de ro-

Y

la

espada estaba debajo de un manojo
la

de pajas; y

pobre señora no hacia sino mi-

rar a todas partes,

y

el

guerrea estaba siempre

delante della y

le

decia en francés: ((Señora,

no temáis, que yo esperaré loque mandardes.))

Y dijo la señora

:

((Esta cofia habéis ue quitar.))
la

Y
da;

señalábala con

mano
lo

izquierda

;

y ya esguerrea

taba advertido aquél que habia de dar la espa-

y porque

ella
la

no

sospechase,

el

volvió hacia

escalera por do habia subido,
la espada.))

diciendo: ((Tráiganme
ra

Y

la

seño-

cuándo vendrían con la espada, y todavía tenía la mano en la cofia, y con la mano derecha hizo el guerrea señal que le diesen la espada: y sin que la señora advirtiese, el guerrea le echó la camiraba hacia
la

escalera esperando

beza en

el

suelo.

Y así

feneció aquella señora,
la

que jamas vino

ni

quiso confesar

verdad.
la iglesia,

Y

luego fue llevado su cuerpo á
la

dentro de

dias después

muy pocos Torre, y enterrada. murió el padre, de puro pesar del
Dios
los

Y

Duque, su

hijo, y della:

perdone.

94

Crónica del Rey llenrico

CAPITULO
Como
el

XXXIII.

Rey

se caso con

yuaná

Sanar

UY pocos dias después que la Reyna Anua fué degollada, el Rey mandó juntar sus grandes y les
dijo: ((Señores,

ya sabéis que fue

jurada Isabel,

de Anna, por Princesa, y como deshicimos á María, mi hija; y si yo muriese sin haber algún hijo varón, habria
la hija

gran revuelta en mi Reyno.

Y

á la causa, vo

quiero casar, y tengo muy buena voluntad á Juana Semar, y yo os ruego que lo tengáis

me

voz dijeron lo haga, porque á todos nos parece una buena doncella, y esperamos en Dios habréis
por
bueno.))

Y

todos á una

:

((V.

M.

fructo con

ella.))
al

No

fué menester

más, que

otro dia llamó

arzobispo de Canturberi é

hizo venir á

la

señora Juana Semar delante de

todos, y se desposó con ella y se veló, y se hi-

cieron

muy

grandes

fiestas.

Esta buena Señora habla sido de antes criada de
la

bendita

Rcyna Catalina, y en

su co-

razón siempre quiso

mucho

á la

Madama María
hiciese

:

y luego rogó al
á

buena hija Rey que le

merced de hacer venir

Madama Ma-

Octavo de htgalaterra
lía á la corte,

95

porque
:

la

quería honrar y tener

como
y
la

quien era
ella,

y

el

Rey mandó que

luego

fuesen por

y invió más de treinta caballos, trajeron con gran triunfo á palacio.

Y

buena Reyna su venida, la salió á recebir á la gran sala, y luego la abrazó v besó, y la tomó de la mano, y no consintió que

cuando supo

la

se hincase

Y
en

el
la

de rodillas, y la llevó á su cámara. Rey, cuando supo que era venida, entró
la
:

cámara de

Reyna
el

,

y

hincó de rodillas

y

Rey

la

buena hija se echó la bendición
la
:

y le vinieron las lágrimas á los ojos, y le dijo «Hija, ya ha pagado la que os hizo tanto mal y causó que yo no os viese en tanto tiempo. sepan que el Rey no la vio en más de
)>

Y

tres arios.

Y

luego
al

la

buena Pvcyna se hincó

de rodillas, y dijo

como

la

Rey: «Señor, V. M. sabe Reyna Anna fué mala, y no es razón
sea Princesa.))

que su

hija

Y

luego

el

Rey

mandó pregonar que ninguno
allí
:

fuese osado, de

adelante, de llamarla Princesa, sino

ma Isabel y así jamas fué llamada sino ma Isabel. Y la buena Reyna siempre tenía á Madama María en su compañía, y siempre
que
á
la

MadaMada-

salia

de su cámara
esta

la traia

de

la

mano.

Y

causa,
:

Reyna

era

muy

querida de

todos

y

el

Rey siempre mostró muy
dias pasaron
,

gran

amor

á su hija María.

Muy pocos

que

la

buena Rey-

96

Crónica del Rey Herir ico

na se sintió preñada, de que se hicieron

muy

grandes fiestas; y fué el Rey aconsejado que, pues tenía la Reyna hermanos y gentileshombres, que á uno dellos se diese

Ducado de Somorset, que habia sido del hermano de Anna Boloña. Y el Rey luego hizo Duque al hermano mayor: y la buena seííora tenía tres herel

manos, y

a los otros dio rentas,

dalos cuales

hablaremos á su tiempo.

Y justamente á
na señora se

nueve meses que la buecasó, vino á parir; y cuando eslos

mandar á Londres que hiciesen procesiones , para que Dios lo alumbrase con bien la cual estuvo de parto tres dias, y parió un hijo el más lindo que jamas se vio. Y por su nacimiento se hicieron muy grandes fiestas; y dentro de dos dias que nació, se sonó que la Reyna era muerta, de que se hizo muy gran sentimiento. Y algunos quieren decir que la criatura que parió era tan grande que fué menester abrir á la madre. Esto no lo afirmo, más de que se sonó. Y el Rey de ninguna mujer que tuvo hizo tanto sentimiento como hizo por esta buena
taba de parto, fué inviado á
:

,

señora.

Y

fué enterrada
el

Mucho

fué

con gran solemnidad. sentimiento que hizo la buena

señora de

Madama María;
las
el

que todas
hasta que

y el Rey mandó damas quedasen con ella; y así,

Rey

se casó otra

vez, siempre

Octavo de Ingalaterra
tuvo
las
si

97

damas en

su servicio, y

la

honraban

como

fuera Reyna.

CAPITULO XXXIV.
Como
Príncipe fué bautizado y jurado por Príncipe, y quienes fueron sus padrinos.
el

TRO

buena Reyna Juana fué enterrada en la Iglesia Madia

que

la

yor de Vuestmonster, fué mandado

que fuese entapizada, y el obispo de Rochestre fué el que le bautizo ; y el obispo de Canturberi y el Duque, su tio, fueron los padrinos; y Madama María, su hermana,
la

madrina.

Era tanta

la

gente que iba en
:

las calles,

que

era cosa admirable

y á la criatura llevaba la

duquesa de Sofoque: y de Palacio hasta la iglesia hubo tantas antorchas, que no tenian
cuenta; y todas

damas fueron a pié y también la Duquesa, que llevaba el niño y más de veinte farautes iban con bastones en las manos
las
:

haciendo plaza; y
los

si

dijésemos los atavíos de

señores y damas, sería nunca acabar.
el

Y

Obispo, con muy muchos perlados, estaban prestos. Al tiempo que le metieron en la iglesia, todos cantaron Te
llegados á la iglesia,

98

Crónica del Rey Henrico
^

Deiim lauclamus
los

que á todo

el

mundo movió

corazones de alegría.
pusieron

Y

así fué baut¡zado>

y

le

nombre Eduardo.
llegase a Palacio era ya casi de no-

Antes que
che; pero
cia de dia.
las

luminarias eran tantas, que pareel

Y

Rey

estaba á

la

puerta del Pa-

lacio, y luego le echo la bendición y le tomó en sus brazos y besó y todos oyeron lo que
:

el

que fué estas palabras: ((Hijo, yo ruego á Dios que antes que yo muera te vea
dijo,
))

Rey

coronar por Rey.
á los ojos.

Y
le

le

vinieron las lágrimas
la

Y

luego

tornó á tomar

Du-

quesa, y se subió á la cámara con él, y una mujer muy gentil, de un caballero, le tomó

luego,

la

cual

le

crió

muy

bien.

Y

mandó

el

Rey que
le veia el

se criase

en Palacio; y todos

los dias

Rey.

Y

mandó

á su hija
;

Madama

María que
quince dias,
el

tuviese cuidado del

y dentro de fué jurado por Príncipe por todo

Reyno; y todos rogaban á Dios le guardase. Grande era el cuidado que la buena Señora tenía de su hermano; y el Rey cada dia iba á verle, y á su hija y como todas las damas estuviesen con Madama María, entre ellas habia una doncella que se llamaba Catalina Cahuart; y no tenía más de quince aííos, y no habia que estaba en la corte un año, y no habia más dispuesta dama, ni más hermosa en la corte, ni
;

en gran parte del Reyno.

Y

el

Rey, hasta en-

Octavo de Ingaíaterra
tónces, no habla mirado en
ella
i

99

y aquella tarallí

de que fué á ver

al

PríncipCj estando
el

Maella,

dama María, con

todas las damas,

Rey mi-

ró esta doncella, y luego se enamoró de y se casó, como aquí diremos.

CAPITULO XXXV.
Cómo
el

Rey

se casó con

Catalina Cahuart.

p^j,^^^ A os dijimos cómo el Rey iba cada ;<?^^|^^dia á verá su hijo. Y undia, en la ^¿ tarde, entró cuando todas las damas estaban, y llamó á aquella doncella, y
ella

vino delante del, y

las

rodillas

en
el

el

sue-

lo,

estaba esperando á ver lo que

diria.

Y

luego

el

Rey

la

tomó de

la

Rey le mano, y

hizo levantar, y dijo: «Catalina, no quiero que de aquí adelante hagas eso más, antes quiero

que todas las damas, y los de mi Reyno, se hinquen de rodillas delante de tí y yo te quiero hacer Reyna.» Esta dama, cuando oyó al
:

cabeza y hizo una gran reverencia, y no respondió nada: y el Rey la besó y se fué; y llamó luego á sus
lo

Rey

que

dijo, bajó la

grandes y les dijo: ((Señores, ya sabéis cómo estoy viudo, y yo he menester compañía, y quiero que me aconsejéis. )) Esto dijo, porque

100

Crónica ddl Rey Herir ico
él
el

quería saberlas voluntades dellos,qucya
tenía determinado de hacer lo que hizo.

Y

duque de Norfoque fué el primero que habló, y dijo: uV. M. debe informarse si hay alguna hija de algún gran señor en otros Reynos, y
trabajar de haberla.))

Algunos fueron del parecer del Duque, y otros dijeron que S. M. hallarla en el Reyno alguna que le contentase. Entonces dijo el
l^Qy
:

((Señores, yo os hago saber que ya he

que quiero tomar.)) Y todos callaron la que nombrarla; y luego dijo: ((Bien conocéis á Catalina Cahuart; ésa es la
visto la

hasta saber

que tengo voluntad de tomar.))
pondieron:
((Si

Y

todos res-

V. M.

lo tiene

en voluntad,
;

todos seremos

muy

contentos dello

que

lo
el

que á V.

M.

aplace, aplace á nosotros.))
dia se quería casar, y

Y

Rey

al

dijo

que otro

manle

obispo de Londres que para otro dia

viniese á casar.

Pues otro dia fué velado con gran triunfo,
y se hicieron

muy
el

grandes

fiestas.

Esta señora tenía dos hermanos
tiles

muy

gen-

Mestre Cahuart y el otro Jorge Cahuart. El uno dellos era caballero, y al Jorge Cahuart hizo gentilhombre de su cámara; y les dio buenas renhombres:

uno

se llamaba

tas.

El Rey estaba
la

muy

contento con esta se-

ñora,

cual,

como

se vio

Reyna, no hacia

la

Octavo de Ingalaterra
cuenta, que
:

loi

buena Reyna Juana, de Madama María y esto fué más por ser niña, que porque le faltase amor. Y todas las damas hala

cían tanto acatamiento á
á la

Madama María como
Reyna
era niña,

Reyna y aunque
:

la

mos-

tró enojo

damas, y díjolo al Rey, y el Rey mandó luego á su hija que se fuese á tener casa aparte, y mandó que llevase al Prín-

con

las

cipe consigo, y así lo hizo.

Y

mientras esta

Reyna
ron

vivió

no volvió más

á la corte; y todos

tenían casa juntos, el Príncipe y ella; y tuvie-

grande estado y criados, como pertenecía; y la buena hermana le tuvo en guarda más de tres años.

muy

Pues volviendo á la Reyna Catalina, viéndose sola con las damas, comenzó á reynar en
ella

mucha
le

que

y no tuvo el Rey ninguna hiciese gastar en vestidos y joyas tanto
soberbia
;

como

ésta,

que cada
la

dia sacaba

nuevas inven-

ciones.
loquilla.

Fué

Y el

más hermosa que tuvo y la más diablo, que no duerme y siempre
puso en
se casase
el

trabaja de hacer mal,
esta

corazón de
el

Reyna que amase cual, antes que el Rey
daba
bien,

á un gentilhombre,

con

ella, an-

muy enamorado
como
se dirá.

della, y

ella le

quería

102

Crónica del Rey Henrico

CAPITULO XXXVI.
Cómo fué quernado un
doctor^

y

la

causa por que.

ÓMO

sea

que

el

Rey

era cabeza de

Iglesia,

hubo muy muchos que

¡juraron contra su voluntad, y en-

muchos, se escapó un doctísique se llamaba doctor Forest, el cual, cuando hicieron jurar en Londres á totre

mo hombre

dos los perlados, este se partió de

allí

en aquel

tiempo y se fué cincuenta millas de Londres. cuando los Comisarios vinieron allá, luego

Y

se partió para
se

Londres otra vez, de modo que excusó y no juró. Pues cómo continuaron algunos días después
juramento, un gentilhombre vino
al

del

doctor

buen Doctor
á

Forest y díjole que se queria confesar, y el le oyó de penitencia, y vínole
decir en coníision
la
:

a

Padre, á mí
al

me mueRey
por

ve

conciencia después que juré

cabeza de Iglesia, y me arrepiento.)) El buen Doctor, no pensando en la malicia del penitente, le dijo: ((Hijo, Dios no

demanda
el

sino

arrepentimiento, y
bre dijese más,
al

tal le

podéis vos tener, que

Dios os perdonará.))
le

Y antes que

buen hom((No

dijo: ((Padre, ¿vos jurastes
:

Rey?))

Y

el

buen hombre respondió

Octavo de Ingalaterra
por cierto, que antes
rar tal cosa.))
:

lo^

me

dejaré

quemar que ju-

mal hombre., Y luéo-o o se levantó el

y dijo «No quiero más saber.)) vase derecho al arzobispo de Canturberi, y acusóle ; y luego inviaron por él, y vino de-

Y

lante del Arzobispo, y el

buen hombre
?

dijo:

((Señor,

i

para qué

me

llamáis
si

»

Y fuéle dicho,
al

que
no.

del querian saber

habia jurado
tal

Rey ó
él

Y

luego dijo

:

((Nunca Dios

quiera que

yo

tal jure.))

Y

comenzó

á disputar

con

y

con más de ocho clérigos que
qué
le

se hallaron pre-

sentes, y a todos los hacia callar,

que no sabian
invió

responder.
la

Y
era

luego fué llevado á
al

cárcel y

el

Arzobispo á llamar
fué traido el

obispo Latemar, que

un gran hereje y muy docto; y otro dia buen Doctor delante del Obispo, y el Obispo dijo: ((Señor Arzobispo, yo no quiero hablar con el doctor Forest sino delante del

Consejo del Rey, y en una plaza,
el

para que todo

mundo
dijo:

oiga

cómo

le

venzo.))
el

Y

el

Arzobispo

«Yo
lo

lo diré

en

Con-

sejo, y veré lo

que responden.))

que pasaba, y Crumuel dijo, antes que ninguno hablase: «A mí me parece que en Esmithfil se hagan dos
luego fué y díjoles
cadalsos
;

Y

porque

allí

cabrá
allí,

mucha

gente; y to-

dos nosotros estemos

pasa; y mándese poner

allí

y oiremos lo que una horca y mu-

1

04

Crónica del Rey Henrico
s¡ el

cha k-ña; y
otros.))

doctor Forest no se quisiere
para ejemplo de

convertir, sea

quemado vivo

ordenado, y luego fue mandado hacer los cadalsos , el uno junto del otro ; y

Y así fué

en

el

uno fue puesto un pulpito, y en

el

otro

una silla. Y junto á los cadalsos se hizo un andamio para los señores del Consejo, que dél podian ir á los dos cadalsos. Y fué dado un pregón por toda Londres para que fuesen á oir el sermón del Latemar y comenzó á las ocho hasta duró las once. mañana de la y Y venidos los señores y asentados cada uno en su lugar, trujeron al buen viejo doctor Forest,
:

que podia tener sesenta y cinco años, y sílbenle en el cadalso y asentóse en la silla; y luego subió el obispo Latemar en el pulpito y comenzó de predicar un gran rato; y todo lo notaba bien el buen Doctor. Y cuando hubo
predicado bien una hora, dice
palabras:
el

Obispo

estas

«Doctor Forest, muy maravillado estoy de tí, porque te tengo por uno de los doctos de todo el Reyno, y me han dicho que eres Papista no lo creo si de tu boca no lo u Latemar, muoyó.)) El buen Doctor le dijo chos años ha que me conoces, y más me maravillo yo de tí, que por la pompa del mundo has querido dañar tu ánima ; v acuérdate bien de lo que me escribiste contra el Emperador, cuando fué contra Roma y contra el Papa; y
:
:

Octavo de Ingalaterra
por tu boca
rejes;

105

misma

decías que todos eran he-

y sabes bien que todos ios doctores lo

consultamos y nos pareció mal, y hallábamos que todos estaban descomulgados. ¿ Entonces,

Latemar, qué eras
pondió
el

tú, Papista
u

ó hereje?)) Res-

Latemar:

Yo

no soy hereje, antes

te hago saber que entonces estaba engañado,

y agora estoy alumbrado del Espíritu Sancto.
si

Y

tú quieres llamarte á

mismo,

serás

alumLate-

brado, porque agora estás ciego.)) «j

Oh

buen Doctor, cómo pienso que hay otro en tu corazón pero como de un pobre estudiante , el Rey te ha hecho obispo, dices eso. Abre, abre tus ojos, y toma ejemplo
mar, dijo
el
!

en aquel sancto obispo de Rochestre y bendito Thomas Mur, que renunciaron los bienes

mundanos y quisieron
las ánimas.))

morir, antes que perder
el

Respondió
la

Latemar

:

((

j

Oh,
tiene

Dios, cuan grande es

abusión del Obispo de

Roma! porque
porque veas
la

muy muchos años que

ciegos á los hombres.

Mira, doctor Forest,

abusión que tenía y las falsedades con sus sanctos, aquí trairán luego un

Obispo de Roma.» Y en aquel instante se hizo un gran rumor, y era que trujeron un sancto de madera que ocho hombres no le podian traer; y era tan grande, que parecia un gigante; y luego le subieron en el cadalso donde estaba el doctoí
ídolo de los del
14

io6

Crónica del Rey Henrico
le

Forest, y tres hombres tenian harto en

tener

empinado. Este sancto habian traido de Gales,

que

le

tenian en una iglesia; y según se dijo,
si

todos los que robaban y hurtaban,
á ofrecer parte

traian allí

dello,

el

clérigo los absolvia.

Y

llamábase

el

sancto en inglés Darbel Ga-

darn^ que quiere decir Darbel allegador,

Y

luego dijo

el

Latemar

:

«Mira, doctor

Forest, éste es

uno de

los ídolos del
el

Obispo de

Roma; y

para mí, creo que
al

clérigo debiade

dar la mitad

Obispo de Roma.))

Y

el
:

buen
«La-

Doctor, cuando esto oyó, se
temar, yo no

riyó, y dijo

me

maravillo que haya pasado eso

que dices; porque los clérigos son tan codiciosos que inventan eso y mucho más, pero no creas que el Papa consienta tal cosa.))

En
tanto,

estas disputas estuvieron
:

mucho

tiempo;

que dijo el Crumuel « Sefior Obispo, yo creo que en balde os trabajáis con ese obstinado; más vale que
el

le

quemen.)) Entonces dijo
si

doctor Forest

:

«Señores,

yo tuviera voel

luntad de perder mi ánima, no fuera menester

de venir á estos términos.» Entonces dijo

Crumuel
los tres los

:

«Llévenle luego.))
el

Y siempre tenian
os ruego

hombres
le

sancto de madera, y dijo á

que que no

tenian:
le

«Hermanos, vo
luego habló
el

me

echéis á cuestas, que aun no es

venida mi hora.))

Y

obispo La-

temar, y dijo

:

«Hermano

Forest, yo te ruego

Octavo de Ingalaterra
que'tii te tornes,

107

muy

y mira que el Rey te dará bien con qué vivas; porque yo sé muy
si

bien que,
doctrina á

tú quieres, eres bastante de dar

muy
.((

muchos.)) Entonces

dijo el

Latemar, todos los tesoros d.ú buen Forest: mundo no me harán mover de la voluntad que estoy; y mucho deseo hablar con uno de los
señores que aquí están.
))

buen duque de Norfoque se levantó para ir á hablar con él, y el Crumuei le dio voces y dijo: «Señor Duque, tornaos á sentar, y si quiere decir algo, dígalo alto, que
Entonces
el

todos lo oigan.»

Y

luego se tornó á sentar

el

Duque. Gran misterio de Dios que un hombre tanto mando, que un Duque de los más nobles del Reyno le obedeciese. Y cuando vio el doctor Forest que no le dejaron hablar con ninguno, hizo la señal de
civil tuviese
la

lo

Ji y dijo: «Señores, de este cuerpo haced que quisiércdes.)) Y luego le bajaron y le
horca, y ataron con una cadena por medio del cuerallí

llevaron
le

muy

cerca, que estaba

la

po, y así le colgaron por medio, y rogó

que

le

dejasen las

manos

sueltas.

Y

comienza á pollegó á los pies

nerle fuego por debajo,
los

y

como

encogió un poco, luego los dejó caer y así

se fué

quemando.
la

Y

el

bendito hombre, dánlos

dose con

mano derecha en
al cielo,

pechos, y

al-

zando

las

manos

y diciendo muchas

io8

Crónica del Rey llenrico
la

oraciones en latin; y

postrera palabra que

habló, fué: Domine^ miserere mei.

Y

como

lle-


el

el

fuego á los pechos, no habló más y dio
á Dios.

ánima

Y
allí

luego que
el

hicieron encender
él,

el

fuego,

echaron

sancto de palo en

y se

quemo.

Y

aconteció un milagro, que

el

fuego no aca-

bó de quemar el cuerpo, y á medio dia vieron una paloma, blanca como la nieve, encima de la cabeza del bendito muerto; y estuvo un gran
rato,

que muy mucha gente lo vio; y después de comer fué quitado y le enterraron en un hospital, y así feneció este buen Doctor.

CAPITULO XXXVII.
Cómo
la

Reyna fué acusada por adúltera
se

con

un

gentilhombre que
ron presos.

llamaba Culpeper^ y fue-

o muchos dias después que
se

el

Rev

casó con esta Catalina Cahuart,
del

Rey, que se llamaba Culpeper, antes que esta

un gentilhombre
señora se casase andaba

muy enamorado della, V ella le queria bien. Pues como este Culpeper lo viese, hubo muy gran pesar, tanto, que andaba muy malo y no osaba hablar, y todas
las

veces que iba á Palacio y via á

la

Rey-

Octavo de Ingalaterra

109

na no hacia que sospirar, y con los ojos daba á conocer á la Reyna la pena que pasaba.
esto continuó harto tiempo, y la

Y

Reyna
el

algudiablo

nas veces miraba en ello; y tanto, que
entró luego en ella, y

viese que era que el Rey era viejo, gentil hombre y joven, y y como de antes le tenía buena voluntad, co-

como

menzóle á demostrar buena cara y darle á conocer por señas, que se alegrase. Y el gentil
hombre, como conociese que la Reyna le miraba piadosamente, comenzóse á alegrar; y todas las veces que
la

Reyna podia

le

mostraba

buen semblante.

Y
dia,

tanto entró

el

diablo en los dos, que
escribir

el

Culpeper determinó de

una carta, y un

danzando con
la

la

Reyna,

se atrevió á se la

mano, y la Reyna disimuló con ella, y cuando se vio en su cámara la leyó. Lo que en ella se contenia, no lo sé, más de que
poner en
la

respondió por carta, y en ella le invió á decir que tuviese paciencia, que ella
le

Reyna

buscarla
dia,

modo

para cumplir sus deseos.
la dio;

Y otro

danzando, se

y el Culpeper andaba

tan lozano,

que no podia ser más. Este Culpeper era un hombre de gran renta, por donde aunque hacia grandes gastos, no
se

sospechaba nada. Y'

la

gran deseo de verse con

Reyna, como tuviese él en parte donde se
el

pudiesen holgar, un dia que

Rey

se fue á

1

1

o

Crónica del Rey Ilenrico

una casa suya, quince millas de Londres, y
los

más de

su corte,

la

Reyna, como estaba

deseosa, apartó aparte á una

dama que

ella

mostraba gran amor, y díjole: ((María, que así se llamaba, yo te querría decir un secreto; pero

no oso por miedo que no me descubras.» Y la dama luego respondió, como buena que era: ((Señora, todo lo que me dijéredes tendré secreto; masque no sea cosa que toque al Rey, mi señor.)) Y la Reyna, viendo la respuesta que dio la dama, no la quiso decir nada, y disimuy dijole: ((Yo te hago saber que no es cosa que toca al Rey, y yo te lo diré otro dia. de aquella hora en adelante, no

ella,
))

con

Y

mostró

el

amor que
el

solia.

Y como
ta,

diablo estaba ya con ella, descu-

brióse á otra

dama,

la

cual era algo su parien-

y díjole: ((Juana, mucho deseo tengo déte hacer bien, y yo te prometo de hacer con el Rey

que

te

case

muy

honradamente.))

Y dióle

unos

vestidos de su cuerpo,

muy

galanos, y algunas
le dijo:

joyas.

Y

cuando vio su tiempo,

((Jua-

na, yo te ruego que

hagas por

tengas secreto, y que lo que te diré, y verás que te harc

me

mucho
lo

bien.))

La dama

dijo: ((Señora, decid
secreto.)^

que mandáredes, que yo os tendré
á

Y

la Reyna le muchos dias que amo

dijo: ((Hágote saber que ha

casar con

él

Culpeper, y pensé de antes que el Rey se casase con-

1

Octavo de Ingalaterra

1 1

migo; y yo paso mucha pena por él, y si tu me quieres ayudarj yo te haré gran señora; y ya sabes que el Rey va muchas veces fuera; y de aquí á tres dias yo iré á Richamontey el Rey ha de ir a Rionsirche y allí yo quiero que el Culpeper me hable de noche , y tu, es menester que me ayudes.» Esta dama, como oye;

se á la

Reyna

lo

que

dijo,

y viese

el

gran mal

que le podia venir de ello, dijo: ((Señora, mal camino tomáis, y yo no dejaré de decirlo por
todos los bienes del

mundo, y luego
tio del

se fué al

duque de Somorset, le lo que pasaba.

Príncipe, y díjo-

Cuando
dices,

el

Duque

lo

oyó, hubo

muy

gran-

dísimo pesar, y dijo á la Juana: «Mira lo que porque si no parece ser verdad, tu mo-

rirás.»

Y

dijo la

Juana:

((

Señor Duque, haced

prender

al

Culpeper y veréis que será verdad.»
se fué luego al
le

Y

el

Duque
dama

Rey

y díjole

lo

que

habia dicho, y él recibió tan gran pesar, que en más de una hora no pudo
la

hablar; y luego
peper.

mandó que

fuese preso

el

Cul-

Reyna, cuando vio que la dama lo habia de descubrir, no supo qué se hacer; y biea quisiera avisar al Culpeper, pero no tuvo tiempo, que el Duque invió por él, y le hizo
Pues
la

luego prender, y también á
dirá.

la

Reyna, como

se

2

1

1

Crónica del Rey Ile nr ico

CAPITULO XXXVÍII.
Cómo
la

Reyna fué

presa^ y el Culpeper.

S^M^c^vJuES como

el

Rey mandase

al

du-

^l^^^^que de Somorset que prendiese al Culpeper, luego invió por él, y i&^^^^allí estaban diez ó doce de la guarda del Rey; y

como

llegó el

Duque,

le

mandó

luego hizo venir prender y llevar á la Torre. una barca y fué á la Reyna con cuarenta alabarderos, y díjole: «Señora, es menester que vengáis conmigo.)) la pecadora se fué con él,

Y

Y

y

mandó

á las

damas que

se

quedasen con

la

Duquesa, su mujer, en Palacio, hasta que el Rey mandase otra cosa. Y la Reyna fué llevada á la Torre; y luego lo hicieron saber al Rey, y mandó que luego se supiese la verdad. Y fué el secretario Crumuel con el Duque y el duque de Norfoque á la Torre, y trujeron al
Culpeper delante dellos, y demandáronle que por qué habia sido traidor al Rey; y él respondió que no habia hecho ninguna traición, y que no habia hecho por qué le tuviesen preso.

Y el
no

Duque

de Somorset

le dijo

:

((Culpeper,
la

te

consientas dar tormento, y confiesa

verdad.))

Y

el

Culpeper, viendo que

le

querian

3

Octavo de Ingalaterra

1

1

dar tormento, dijo: «Señores, no curéis de

procurar de saber más de que
tó la cosa del

el

Rey me

qui-

mundo que más yo amaba,
á ella;

y

mándeme ahorcar; porque que ella me quiere bien, y yo
hasta
el dia

os sé decir, señores,

aunque
:

de hoy no he tenido parte della
,

y antes que el Rey se casase con ella yo pensé de la haber por mujer; y como vi que no llevaba remedio, pensé morir, como todos,
señores, sabéis que estuve

muy

malo.

Y

la

Reyna bien barruntó que yo estaba mal con-

comenzóme á demostrar algún favor; y yo como lo conocia, y el diablo que me entento, y

gañó,

un

dia

danzando con

ella

tuve lugar

de dalle una carta, y dentro de dos dias me respondió que ella buscarla modo de me con-'
tentar.

Otra cosa yo no sé; os prometo,
la

se-

ñores,

fe

de caballero.»

Y

dijo el

Duque:
la

«Culpeper, harto has dicho para perder
beza.»

ca-

Y
díjole

fuéronse luego á

la

Reyna y
el

halláron-

la casi
:

muerta

;

y luego habló

((Señora,

¿qué

es

esto

Crumuel, y que os acu-

san

?

Maravillados estamos que no tomastes

ejemplo en
dejastes

Anna Boloña, y que tan presto os vencer del diablo. » La Reyna, no penel

sando que
dijo:

Culpeper hubiese dicho nada,

((Duques y señores, yo no sé la causa por que me han preso, que yo tomaré el Sa~
«5

114

Crónica del Rey Henrico

cramento que jamas conocí hombre carnalmente que al Rey, mi señor.» Y luego le dijo
el

Duque:
la

((Señora, no es menester de neel

gar lo que queríades hacer, que

Culpeper ha

confesado

verdad

;

y

la

dama

á quien vos os

descubristes ha dicho lo que teníades concerla Reyna tado; y por eso merecéis morir. dijo: ((Pues si por eso merezco muerte, dén))

Y

la

mela y no sepáis más.)) Y así, llevaron al }Lty confision del Culpeper, y lo que la Reyna
El Rey bien quisiera que
la

dijo.

Reyna

se

sal-

vara, y que al Culpeper degollaran ; pero todos los grandes dijeron: ((V. M. sepa, que ella

merece con

la

muerte, porque ya os erró en
,

el

pensamiento
la obra.))

y

si

pudiera

,

también errara
entonces: ((Pues

Y

el

Rey

dijo

mando que luego mueran

los dos.))

CAPITULO XXXIX.
Cómo la Reyna fué degallada^ y
el Culpeper.

ISTO que los Señores dijeron

al

Rey que
te, luego
allí,

la

Reyna merecía muerde

se fué veinte millas

les

por

el

y los Señores inviaron á Caguerrea de allí; y la noche antes que

3

Octavo de Ingalaterra
muriese, fué á
ella se ella

1

1

que la confesó, y puso en orden para con Dios ; y otro
clérigo
la

un

dia,

de mañana,
la

sacaron

al

mismo

lugar

donde

Anna

fué degollada, y dejaron entrar
ver.
al

á todos los

que quisieron

Y

subida en el cadalso se volvió
:

pueblo,

Hermanos, para el paque era mucho, y dijo so en que voy que yo no erré al Rey ; mas es verdad que mucho antes que el Rey me tomac(

se,

yo amaba

al

que yo hubiera hecho lo que
al

Culpeper; y pluguiese á Dios él queria; porque

tiempo que

el

Rey me
lo
:

queria tomar,

él

me

aconsejaba que dijese que estaba prometida con
él
:

y

si

yo hiciera

que

él

queria,

él

no mu-

riera ni

yo tampoco y yo quisiera tener a él más por marido, que ser señora del mundo: mas el

me engañó, y la codicia de pompa y pues yo me tengo la culpa, así lo padezco, y me pesa que muere ó morirá por mi causa el
mi pecado
j

Culpeper.))
jole
:

{(

Yo
la

guerrea, y díte ruego que despaches en hacer
tornóse á ver
al

Y

tu oficio.))
dillas

Y así,

el

guerrea se
,

le

hincó de ro:

demandó perdón y ella dijo ((Yo muero Reynaj pero más quisiera morir mujer
y
de Culpeper, y Dios perdone mi ánima, y, buen luego pueblo, yo os ruego rogueis por mí.))

Y

se hincó de rodillas, y dijo ciertas oraciones; y luego el guerrea hizo su deber, que cuando no
se cató, le quitó la cabeza.

Y luego

fué llevada

6

1 1

Crónica del Rey Ilenrico
de
la

á

la iglesia

i'orre, y enterrada

junto á

la

Revna Anna.

Y otro dia después, sacaron
re al

fuera de

la

Tor-

Culpeper, y como se vio en el cadalso, se volvió al pueblo, y no dijo más de que le
rogó rogasen á Dios por
la

y no dijo más y noche de antes se habia confesado; y luego
él,
;

fué degollado, y su cabeza fué puesta en la

puente de Londres, y su cuerpo enterrado en el barquín y así fenecieron estos dos amantes.
;

CAPITULO
C'ojno el

XL.

arzobispo de Caniurberi predicó que no
lo

habia purgatorio^ y la causa por que

predico.

L secretario

Crumuel siempre
sacase dineros

tra-

bajaba de buscar cosas nuevas para

que

el

Rey

;

y para
lo

traer

mejor á su propósito

que

habia pensado, fué al arzobispo de Canturberi,

y díjole: «Señor, yo querría mucho que vos predicásedes un dia al pueblo, de tal manera,

que
del

el

pueblo fuese contento de dar
sabéis

las

memo-

rias al

Rey; porque Reyno tienen las

que

los
el
el

dos tercios

Iglesias.)) Y
iré

Arzobispo
viernes a
y yo

dijo:

((Señor secretario, yo
la

Jvóndresy predicaré en

Iglesia

Mayor,

7

Octavo de higalaterra
diré de tal

1

1

manera, que en breve vengamos á

nuestro propósito.))

Y

venido

el

viernes, se fué

á Sant Pablo. Esto era en

Cuaresma; y subido en el pulpito, comienza su sermón, y dijo: ((Buen pueblo, grande es la abusión que habernos tenido hasta agora, y todo lo ha causado
el

Obispo de Roma; y esto ha sido por sacar los dineros que sacaba cada ario con sus bul-

das,

tomaba sacaba un ánima del Purgatorio; y yo os hago saber que todo es abusión, y yo haré bueno que después que sale el ánima del cuerpo, que va derecha al Paraíso ó al infierno. Pues si así es, ¿qué menester habemos nosotros de misas de finados, ni tener clérigos para que las digan? Y este dinero que se saca para tal cosa, más vale que se dé á pobres, y todos los que son doctos vengan á mi casa y allí haremos una congregación, y yo les mostraré lo que digo,
dando á entender que
el

que

las

ser verdad.))

Otras cosas de grandes herejías

dijo, las cuales

no

diré por evitar escándalo.
se ha-

Y

acabado su sermón, otra cosa no
el

blaba en Londres sino en

sermón; y como
tres dias
le-

son gentes

muy

mudables, en breve dieron

crédito á aquella herejía.
se juntaron

Y dentro de
muy

en casa del Arzobispo muchos

trados y doctos,
putas.
bía

donde hubo
las

grandes dis-

Y

al fin

vinieron todos á hallar que ha-

un lugar donde

ánimas estaban en re-

ii8
poso.

Crónica del Rey Ilenrico

Rey, pues todas las memorias que era cabeza de habian dejado los antepasados. Y aunque se concertó, no se pudo hacer tan presto, ni fue en vida del Rey Henrico. Y fue mandado predicar por todo el Reyno, cómo no habia Purgatorio; y Crumuel dio priesa, y tanta, que en breve todo el Reyno concedió á que se diese,
concertaron que diesen
Iglesia,
al

Y

como
y
diré

se dirá, y dello

hablaremos á su tiempo:
trabajó de casar
al

cómo Crumuel
Reyno.

Rey,

fuera del

CAPITULO
de Clebes.

XLI.
con

Cómo Crumuel trabajó de casar al Rey

una

o muchos dias después que
hizo cortar
Catalina
la

el

cabeza á
el

la

Rey Reyna
que

Cahuart,

secretario
dias

Crumuel habia muchos
se carteaba

con el duque de Clebes, y supo cómo tenía una hermana , y que era gentil mujer, y pensó luego de trabajar que el Rey se casase con ella. Y luego invia á un gentil-

hombre suyo que
y dióle cartas para

se
el

llamaba Phelippe Holi,

Duque,

y

mandóle que

Octavo de Ingalaterra
trújese en pintura la figura de la

1

19
del

hermana

Duque, y en breve tiempo fué allá el Phelippe Holi, y el Duque le hizo mucha honra. leídas las cartas del Secretario, fué puesto por

Y

obra á

lo

que

iba el Phelippe Holi, y luego
la figura,

un
el

buen pintor sacó
ñora, y escribió
figura

en breve, desta seal

el

Duque

Secretario con

Phelippe Holi; y cuando

el

Secretario vio
,

la

y vio que era linda dama
el

holgóse

mu-

cho

dello.

Y
((V.

un dia que vio que

Rey
con

estaba
él,

muy
figura

alegre, el

Crumuel

se apartó

y
la

le dijo:

M.
yo

sepa que

le

quiero mostrar

de una linda dama.))
rio,
la

Y

el

Rey

dijo: «Secretala

quiero
el

ver.))

Y

luego

hizo traer,

y cuando
dijese
tra

Rey la vio, le demandó que le qué dama era, y el Crumuel dijo: ((Vuesla

Majestad sepa que es
y éste es

hermana

del du-

que de Clebes, que
Clebes
,

se llama

Madama Anna

el

retrato della.))

Y
el

el
el

Rey
traje

dijo entonces:

((Bien parece

que en

muestra ser de aquellas
rio le

partes.))

Y

Secreta-

dijo:

((Si

V.

M.

se ha

de casar, ésta
pareció bien, y
sale

vendrá á propósito.» Al
dijo:

Rey

le

((Vén acá Crumuel, ¿dónde

que tú

tienes acá
((

su figura?)) Y el Crumuel dijo: V. M. sepa que yo invié expresamente por ella, y si no fuera hermosa , no se la mostrara á V. M.)) Entonces dijo el Rey: ((Pues yo

120

Crónica del Rey Ilenrico
allá,

quiero inviar
la

y

si

veo que

me

cumple, vo
el

demandaré.))

El Crumuel, cuando oyó
se

lo

que

Rey

dijo,

holgó mucho, y secretamente despachó una
al

posta

que el go proveyó de
piese

Duque avisando Duque vio el aviso

lo

que pasaba.

De

del Secretario, lue-

inviar fuera

estaba desposado con ella,

un caballero que porque no se su-

que estaba desposada, y dióle tales negocios que hacer en Alemania, que no tornó; y allá murió de pesar cuando supo que su esposa era ida en Ingalaterra
,

como

adelante di-

remos.

Luego
concertar
el

el

Rey llamó un
con

caballero suyo y

le

invió á Clebes
el

muy
;

honrada compañía á

casamiento

Duque

le

y llegado en Clebes, hizo gran fiesta y en breve con-

certaron

el

casamiento.

Y

el

caballero se

lla-

maba Mestre Bagan; y luego invió al Bagan a hacer saber al Rey el concierto, y el Rev
invió sus cartas para que la Señora viniese, y mandó al Bagan que viniese con ella , y el

Duque

luego

la

invió

con gran fausto y muy
gentilesasí, esta

acompañada; y el Rey invió muchos hombres que viniesen con ella. Y

señora pasó por Brabante y por Flándes hasta Cales, por tierra; y allí estaban muchas naos
del

Rey

esperándola para pasar á Dobla.
el

Y

no tardó en

pasaje sino cinco horas, y en

:

Octavo de Ingalatcrra

121

Dobla estábanla esperando todas las damas muy principales del Reyno, y muchos sefíores.

Y

luego fué

el

Rey

avisado de

cómo

era

lle-

gada, y luego se puso en camino de Londres y tardó seis dias; y el dia de Año Nuevo salió el

Rey

á la recibir,
se os

como

aquí diremos.
el

No

podria contar

placer que

el

Crumuel miento, aunque después
se dirá.

tenía por haber hecho este casale salió al

revés,

como

CAPITULO XLH.
Como fué
recibida esta señora^ y
los

gastos que el

Crumuel hixo hacer.

o habian pasado muchos dias que

Crumuel hizo con

el

Rey que

Londres la franquía de sus costumes y que no pagasen más que ingleses por espacio de siete años, y para hacer mayor recibimiento á
diese á los extranjeros de
esta señora, invió á llamar á los principales de
las

naciones que en Londres estaban, y díjoles
al

«Señores, yo deseo que mostréis

Rey

el

amor que

merced que os hizo y que le saliésedesá honrar y acompañar para el recibimiento de su nueva Reyna.)) Y
le tenéis,

en pago de

la

i6

122

Crónica del Rey Henrico
respondieron
:

los extranjeros le

((Señor, noslo

que pudiéremos.)) Y así, se fueron y ordenaron entre todos que saliesen vestidos de sayos de camino, de terciopelo, y cada uno llevase un criado
bien vestido, y que todos llevasen gorras coloradas con plumas blancas; desta manera

otros lo

comunicaremos y haremos

acordaron todas

las

naciones de extranjeros, sal-

vo

los

alemanes, que salieron de otra manera.
luego llamo
los
el

Y

Crumuel

al

Mayre de
Guar-

Londres y todos

Aldramanes y

á los

dianes de todos los oficios, y hizo que saliesen

también; y por abreviar, sin duda salieron más de tres mil caballos; y fué linda cosa de ver las
invenciones y triunfo que los ciudadanos varon.
lle-

Y

el

dia de

Año Nuevo,

á las

ocho horas,

sa-

Londres para irá Grañuche, que era tres millas de allí; y encima de Grañuche estaba un campo que tomaba más de tres millas, y allí los hizo poner el Crumuel en orden, unos de una parte y otros de otra, que parecia una
lieron de
calle

que duraba más de

tres millas.

Y

no pa-

Crumuel sino una posta que iba de arriba abajo con un bastón en la mano. Tardó en llegar esta Señora hasta Grañurecia el

che, que eran casi
bien mirado que
el

las

cuatro de

la tarde,

y fué

Rev venía junto
triste.

della, y

mostró en su cara que venía

Díjoseque

Octavo de Ingalaterra

123

aquella noche durmió con ella en Rochestre, y créese no la halló como quisiera.

Y

llegados en

Grañuche,

disparó tanta artillería,

naos y la villa que era cosa de espanto;
las

y todos los ciudadanos y extranjeros se volvieron á la ciudad; y otro dia, de mañana, el
arzobispo de Canturberi dijo misa y los casó.

Esta señora de Clebes hacia siempre

mu-

cha honra á

Madama María
como
solia
;

:

y fué notado, que

de aquella hora en adelante,
tró tan alegre
lo

el

y

Rey no se mosluego el Rey hizo

que aquí

se dirá.

CAPITULO
Chmo
el

XLIII.

Rey

invió á Clebes á un gentilhombre^
esta señora estaba desposada.

y como supo que

OMO

el

Rey anduviese malcon-

tento con este casamiento, secre-

tamente llamó á un gentilhombre
suyo que se llamaba Mestre Bagan, y díjole:

cuando estés yo te haré dar dineros hartos y procura de saber qué nuevas hay ajlá, y sábeme si esta mujer que tengo habia sido antes casada, y hazlo
;

«Bagan, tú irás á Clebes, y allá, finge que vas á Alemania y

de manera que no sepan á qué

vas.))

Y

luego

124-

Crónica del Rey Henrico
en Clebes

se partió este gentilhombre y llegó

en breve, y fué adonde

el

Duque
jira

estaba, y el
le

Duque

le

hizo

muy buena

y

demandó

que dónde iba, y dijo: ((Señor, yo voy en Alemania y he querido venir aquí á le besar
las manos.))

Y
muy

dentro de tres dias que estuvo
familiar

allí,

se hizo

y gentilcshombres del Duque, y determinó de convidar á muchos de ellos: se emborracharon, y uno de
aquellos caballeros dijo
le
:

con

los caballeros

((Señor Bagan,
del

¿cómo
?))

va

al

Rey con
:
:

la

hermana

Duque

El

Bagan

dijo

((Señor,

muy

bien.»

Y
el

luego dijo

este caballero

((Gran tuerto hizo

Duque

á

((

un caballero que estaba desposado con ella, el cual de'pesar no há un mes que murió en Alemania, cuando supo que el Duque se la habia quitado para dar al Rey.)) Este Bagan, cuando esto oyó disimuló entonces, y otro dia, de mañana, tomó aquel caballero aparte, y díjole Señor, yo os ruego que me digáis cómo fué que el Duque quitó á la señora Anna Clebes.» el caballero le dijo: ((Señor, vos sabréis que
:

Y

al

tiempo que
sobre
el

el

Duque

Crumuel habló al casamiento, el Duque, sin que
secretario

ninguno

lo supiese, invió á

Alemania

á su es-

poso desta señora, y cuando nosotros supimos el casamiento con el Rey, nos maravillamos, y
nos

mandó expresamente que ninguno

fuese

Octavo de Ingalaterra
osado de escribirlo
Li Seííora
al

125

caballero, su esposo; pe-

ro no faltó quien se lo hizo saber, después que
fué partida: y

como
((Señor,

lo

supo, hubo

tanto pesar, que en breve tiempo murió.» El

Bagan entonces
rcdes
ir

le dijo:

si

vos quisié-

á Ingalaterra,

yo

me

profiero de hace-

ros dar

muy buenos
Rey, porque

gajes del

y

mucho
el

querria que

Rey, mi Señor, me diésedes una carta

para

se holgaría de saber esto.))

Este caballero era pariente del que murió, y dijo: Señor Bagan , todas las veces que el
((

^^y quiera saber esto, otros muchos hay con el Duque que lo saben, y yo lo escribiré de
buena gana
dijo; y por
al

Rey.))

Entonces
al

el

Bagan

le

demandó cómo

se llamaba
lo

caballero, y se lo

yo no

saber no lo pongo aquí.

Y luego el Bagan fingió que se iba á Alemania,
y se parte y vuelve
saba.
al

Rey, y dícele

lo

que pa-

Y
le

el

ofreciéndosele

Rey escribió luego al caballero mucho y rogándole que por ex-

tenso
la

que habia pasado, y no tardó posta mucho que llegó en Clebes y dio las
avisase lo

cartas al caballero, y luego el caballero le advirtió

de todo

lo

pasado y

le certificó,

que

si

fuese menester lo haria firmar á
lleros.

muchos cabamaá la

Y

luego que

el

Rey

recibió la carta fué

ravillado, y

no pudo estar que no llamó
dijo: ((Señora,

Rcyna, y

le

yo quiero saber de

126

Crónica del Rey Henrico

vos una verdad, y yo os prometo m¡ fe, que si me lo decís, que yo lo haga de tal suerte con
vos,

que

seáis contenta.»

Y

luego

le

demandó
dijese
el.
si

que

le dijese

qué tanto tiempo habia estado
el

desposada con
era vivo

caballero,
la
:

cuando
yo

y que le desposaron con

Esta
pero

señora luego dijo

«Señor, V.

M.

sepa que es
él,

verdad que

fui

desposada con

cuando el Duque me habló de casarme con V. M., me dijo que era muerto, y yo no sé
otra cosa.))

Y
muy

luego

el

Rey

invió al

Duque una

carta

enojado, y díjole que se maravillaba

mu-

cho del darle mujer de otro, y que bien sabía que habia dejado á la Reyna Catalina porque habia sido mujer de su hermano, y que le hacia saber que de allí adelante no sería más su mujer. Y el Duque, cuando supo que el Rey lo sabía, luego sospechó que el Bagan habia venido por saberlo y pensó de se excusar que como el caballero escribió no habia tal cosa.

Y

al

Rey

lo

que pasaba, y
al

el

extenso todo, y viese el
excusa, respondió
se S.

Rey lo escribió por Duque que no habia
se maravilla-

Rey que no

M., que él era obligado de poner á su hermana en honra, y que le hacia saber que el
casado con
ella.

caballero era muerto, y que bien podia quedar

Y

el

Rey cuando

recibió esta carta

llamó

:

Octavo dd
luego
al

Ifizalciterra
dijo
:

127
acá, Cru-

Crumuel y

le

«Vén

muel, ¿por qué me has hecho hacer tan gran pecado que por amor de mí se ha muerto un si sabías tií que AnnaClebes era caballero? desposada, ¿por qué me la has hecho tomar?))

Y

Y

Secretario ya sabía todo lo que pasaba, y Dios sabe que le pesaba que el Rey lo llevase
el

tan adelante, y determinó de hablar

muy

osa-

damente, y nada más de que
dijo
:

«

V.

M.

sepa que yo no sabía
escribió,
dijo
:

el

Duque me
ver.»

y

las

cartas,
las

puede V.
ver.))
el

M.

Y el Rey

«Yo
el

quiero

Y en ellas no se halló

cosa por

donde

Rey

pudiese quejarse de Crumuel,

tenerla, visto

M. puede muy bien que su primero esposo es muerto, y también que si V. M. la deja, todo el mundo tendrá que decir que toca tantas mucual determinó y dijo: «V.

jeres.))

Rey se enojó por esto, y con el enojo le mandó que se fuese de delante; y así el Secretario se fué con gran pesar; y el Rey dijo
el

Y

luego

«Yo

duque de Norfoque y al de Somorset determino de quitarme de Anna Clebes, y Crumuel no me engañará más.)) El duque de
al

Norfoque siempre estaba mal con este Secretario, y como vio que el Rey estaba enojado con él, luego habló al duque de Somorset, y
dijo
:

«Duque, agora

es

tiempo de quitar
el

civil

gente de entre nosotros, y ya veis que

Rey

128

Crónica del Rey Henrico

consejo; nosotros

ha reñido con Cruiiiucl y uus ha demaiidaJu le aconsejemos que lo haga,

y que no se gobierne de Crumuel tanto.)) desto se dirá adelante, y diré como el Rey determinó de la dejar. luego el duque de Nur-

Y

Y

foquey

el

de Somorset
la dejar,
))

le

dijeron

:

((

V.

M.

hará

muy

bien en

pues era desposada con

otro primero.

CAPITULO XLIV.
Có?nQ el

Rey

la dejó

y

le

dio renta con que

viviese.

uÉGO
I

el

Rey

hizo juntar los se-

ñores de su Consejo, y díjoles: ¡((¿Qué os parece que debo hacer

su

de Anna Clebes; pues el Duque, hermano, me engaño?)) Entre ellos hubo mu-

chos pareceres, y al fin se acordó que el Rey la diese con que se mantuviese, y el Rey dijo:

«Por cierto, pues ella me dijo la verdad de lo que pasaba; yo quiero que tenga siete mil libras cada año para que tenga casa y de hoy más soy viudo.)) Todos dijeron que S. M. de:

cía bien,
tario
la

y así se hizo: y a todo esto el Secreno hablaba palabra, donde primero era

primera voz.

Y

el

Rey

la dijo

:

((Señora, vos

Octavo de Ingalaterra
estáis libre

129
lo

de mí, y vos, haced de vos

que

quisiéredes.))

Esta señora mostró

muy buena
le

no

le

pesaba.

Y

luego

cara y que fué asignada su ren,

ta en Cornualla, sobre las minas del estaño

y

lué^o o todas las

damas

della se fueron

á

MaY,

dama María, y algunas
nueve
millas de

se fueron
le

con

ella.

Londres,

dio el

Rey una

muy

linda casa, y luego se

fué á ella y llevo

consigo todos los criados que trujo consigo.

Después que esta señora se vio en su casa, apartada del Rey, viendo que no habia otro remedio, determinó de darse á placer; y cada dia
iba á caza.

Y

su

hermano
ir;

el

Duque, cuando
ella;

supo que

el

Rey

la

habia dejado, invió por

mas
cía
las

no, y

quedó en el Reyno pareque jamas habia sido Reyna, ni tampoco damas la hacían aquel acatamiento que
ella

no quiso

y

así, se

muchas veces venía

á Palacio, y

solian.

Y

muchas veces

fué requerida de granella;

des señores del

Reyno

para se casar con

pero no quiso jamas casarse por no disminuir
del ditado en
la

que estuvo en

ser

Reyna, donde

dejaremos por decir loque sucedió después.

1

jo

Cróíiua Jdl Rey Henrico

CAPITULO XLV.
Corno Crurnuel fue preso ^ y de
lo

que

le

acusaron.

üMO

los

señores duques de Nor-

foque y de Somorset viesen que el Rey estaba enojado con Cru-

muel, determinaron de juntamente^
hablar
al ^cy-y

fuese tio del
ro,

y dijo a) grandes del Reyno están maravillados
:

duque de Somorset como Príncipe, fué el que habló primeRey u V. M. sabrá que todos los
y
el
,

cómo
no

da V.

M.

tanto

mando

al

Secretario; y

que el duque de Clebes dio gran dinero para que hiciese el casamiento que hizo: y V. M. se debe aconsejar, de hoy más,
puede
ser sino

con gente de su sangre v con quien tenga voluntad de la honra de V. iVI. Y si verdad es

que

recibió dinero, diño es de gran pena.»
el

Y

duque de Norfoque y dijo: « Señor, V. M. haga lo que fuere servido; que sus silditos somos mas nos parece que la intención de Crumuel no es buena, y sepa Vuestra Majestad que todos cuantos grandes somos
luego habló
;

en
él;

el

del

Reyno, no tenemos tantos criados como que yo haré bueno que en todas las partes Reyno traen su librea y dicen que son sus

Octavo de Ingalaterra

131

criados, y debajo desto hacen mil agravios.»

Y

marqués de Seter, que se allí á las pláticas «Pues yo sé bien que en su casa armas para más de siete mil bres, y esto no nos parece bien, y con el
luego dijo
el
:

halló tiene

homfavor

de V.

M., no
la

puesto en
ta

y vemos que ha guarda de V. M. más de cuarennos estima
:

que han sido sus criados; y de la cámara de V. M. son más de cinco que son criados, y muy cabidos; y muchas cosas se han visto que se leen en el mundo; y, según va, podria hacer que quisiese, y salir con ello y V. M. no debe de darle tantas alas para que después halo
:

ga de hecho.)) El Rey,
del,

como
:

estaba

enojado

y viendo que estos señores lo decian tan afectuosamente, díjoles « Señores yo os rue,

go que os

sufráis,
el

que

á fe

que yo

halle causa

para le quitar

mando.))

Estos señores Duques, luego comunicaron

con otros señores del Consejo del Rey, y un caballero dijo al duque de Somorset: ((Señor, vuestra señoría sabrá que no há muchos dias

qu^ yo comí con
y
el

el

Embajador

del

Emperador,

secretario

de los

Crumuel también: y hablando Reyes y Príncipes, el Crumuel dijo,
dijo, sé

que
seré
irá

lo

oyeron todos: ((Aun espero que algún dia

Rey; y luego

á Costantinopla y

me

que el Emperador dará un Reyno.» El
al

Duque, cuando ovo

esto, fuese

duque de

132

Crónica del Rey Henrico
y ((Duques, yo
al

Norfoquc y díjoselo, y juntos fueron
clijéronselo.

Rey

El

Rey entonces

dijo:

os

mando que mañana, en saliendo del Parlamento y como hayáis comido, hagáis al capitán
la

de

le prenda secretamente y le lleTorre; y esto se haga sin que otro lo sepa: y yo me iré á comer con el obispo de Huinchestre; y yo os hago saber que me ha

guarda que
la

ven á

dado gran sospecha que

se queria alzar

con

el

Reyno y matarme; porque no há muchos dias que sin vergüenza ninguna, me demandó á mi hija María por mujer, Los Duques dijeron:
))

((Gran atrevimiento tuvo, y V. M. le debe castigar.)) el Rey dijo: ((Hágase lo que yo

Y

mando y después veremos si merece muerte se le dará.)) Y mandó que como fuese preso,
;

fuesen á su casa y tomasen todo lo que en
hallasen.

ella

Los señores no fueron perezosos, que
dia fueron todos al

otro

Parlamento, y el duque de Norforque habló con el capitán déla guarda secretamente, y le mandó que, después de comer, al entrar en Consejo, que viniese y
llevase al Secretario á la Torre.
se maravilló, y díjole el
ravilléis,

Y
:

el capitán

Duque

((No os mala

que
al

el

Rey

lo manda.))

Y como siembo-

pre iban
vuelta,
rio y

Parlamento á V^uestmonstcr, á

que iban á comer

á Palacio el Secretael

todos los

Duques,

viento Ikvó

el

Octavo de Ingalaterra
líete al Secretario,

133
eii tier,

de

la

cabeza, y cayó

ra

:

y

la

costumbre

es

en aquel

Reyno

que

cuando á un señor se le cae el bonete, todos los que van con él se quitan los suyos y como
;

el

viento

le

quitó

el

suyo, los otros señores

tuvieron los suyos en las cabezas, y luego dijo Crumuel: «Gran viento ha sido éste que

me

el bonete, y no veo ninguno de los que haya caido.» vuestros los señores disi-

quitó

Y

mularon con

lo

que

dijo, y el

Crumuel

lo tu-

vo por mal agüero.

Y
todo
lian;

llegados á Palacio, luego comieron.
el

En
no
solos

tiempo que comieron,
el

los señores

tuvieron pláticas con

Secretario

como

señores se fueron á
el
lia

y luego que hubieron comido, todos la cámara de Consejo.

Y

Secretario, siempre

que habia comido,

se so-

poner á una ventana arrimado á

oir los

pleiteantes; y

como

los señores se fueron á la
el

camarade Consejo,
solia,

y no estuvo casi
los

quedó como un hora, cuando se fué
Secretario

donde

señores estaban; y

como

los

vio

asentados, dijo: «Gran priesa habéis tenido, señores, en asentaros.))

Y su silla estaba allí
y
los señores

vacía
res-

donde

se solia asentar,

no

pondieron nada.
asientes ahí,
traidores

Y

como
le dijo:

se iba á sentar, el

duque de Norfoque
no

«Crumuel, no

te

que no

es tu lugar ése;

poique

se asientan entre señores.»

\

lué-

134

Crónica del Rey lienrico

go

dijo: a
el

Yo

no soy traidor.» Y, diciendo esto,
la

entró

capitán de
:

guarda y tomóle del

brazo, y díjolc Sed preso.» « ¿ Por qué: », dijo él: «Allá lo sabréis», dijo el capitán. luego
((

Y

demandó por
fuéle

Rey, que le queria hablar, y dicho que no era tiempo, y que se acorel
él

que hizo la ley. Sentencia de Dios, porque él fué el primero que hizo
fué el

dase que

que

el

Rey no

hablase á ninguno que fuese

acusado por

traidor.
el

Y
y

luego se levantó

dijo:

duque de Norfoquej «Esperad, capitán, que traidores no

han de

traer Jarretera.))
le

Y quitósela,
mandó
el

tomaron; y el nía un batel presto, y por una puerta
seis alabarderos

y luego capitán tefalsa fue

llevado á

la

Torre.

Y luego

Consejo

á un caballero, que se decia ser Quenebet, que fuese á su casa con cincuenta alabarderos, y que todo lo que hallasen lo tomasen por inventario, y que se estuviese por el Rey. Y cuando este caballero fué á la casa del

más de trescientos criados aguardando á su amo; y como los criados viesen que su amo tardaba, y ya el Quenebet estaSecretario, estaban

ba en
ya su

la casa, les fué

dicho que se fuesen, que
la

amo

estaba aposentado en

Torre. Los

pobres criados, cuando lo oyeron, se fueron á
<iu

casa, V,

como

llef^aron v A'ieron los alabar-

Octavo de Ingalaterra
deros del
el

135

Rey

á la puerta, bien

pueden pensai

pesar que hubieron.

Aquí el Rey se vio muy bien con ellos, que les mandó dar lo que era suyo, y mandó á los
señores que entre ellos tomasen los criados, y
el

Rey tomó muchos

dellos,

porque no andu-

viesen perdidos.

Y

luego se sonó

cómo

estaba preso, y de

aquella hora en adelante, ninguno fué osado de
traer su librea, ni decir

antes, habia más, en
tos de su librea,

el

que era su criado. De Reyno, de mil quinien-

y teníase por dichoso quien

se podia llamar su criado.

Torre á los principales de su Consejo para que le desaminasen , y el duque de Sofoque fué el primero que habló, y díjole «Crumuel, mucho debes de quejarte de tí mismo y de tu soberbia, que te ha traido á lo que estás. Di, Crumuel, no te bastaba que de ser hijo de un herrero hablas subido á mandar todo el Reyno y á tenernos á todos debajo de tu mando, sino que el diablo pusiese en tu cabeza y te diese tanto atrevimiento que osases demandar al Rey su hija, la cual, por su bondad, merece al mayor Príncipe del mundo? Muy alto pusiste tu pensamiento v no se cree otra cosa
luego
el

Y

^^y

invió á la

:

¿

,

sino que querías usurpar

el

Reyno y

hacerte

Rey: y

tu lo dijiste

un

dia en casa del

Emba-

136
jador.
i

Crónica del Rey Henrico

no sabes que si el Emperador ganaba Reynos, que tiene vasallos que lo merecian mejor que tú, y que tú no has hecho servicio al Emperador
ingrato desconocido! tú

Oh

para que te hiciese Rey.

A

la fe,

de creer es

que loque hemos dicho, si tú pudieras haber á Madama María, fácilmente podias despachar al Rey, y por eso habias puesto tú tantos criados tuyos con el Rey para hacer después tu hecho más seguro y, pues se sabe no te cabe excusarte, que te será mejor que digas la verdad, y da gracias á Dios que el Rey ha mandado que no te den tormento, y si no lo mandara,
;

se te diera tal, cual

no

se dio en

ninguno.

Y

luego todos los
le

muchos dias á señores comenza-

ron á hablar, y cada uno
y palabras

decia lo que queria,

do oyó

al

muy injuriosas. Y el Crumuel, cuanDuque y á los otros, respondió lo

que

sigue.

CAPITULO XLVI.
Cómo respondió Crumuel^ y
se

supo que quiso

ma-

tar al duque de Norfoque.

(^m^K^ N^;^RUMUEL,

Visto

.....
las

mjurias que

, le

[^J^decian y conociendo que no podia
J^escapar, habló dcsta manera: ((Du-

que,

yo pusiera en efecto lo que queria una vez hacer, tú no me maltrataras agora.»
si

Octavo de Ingalaterra

137
el

Y

para que se sepa

lo

que fué, es que

Crumuel hizo prender un gentilhombre, que
duque de Norfoque, y fué acusado por traidor: y como estuviese en la Torre preso, este Crumuel se fué á él, y díjole: ((Mestre Dartenal , que así se llamaba, si tú quieres decir que el Duque te mandó hacer lo que te acusan, yo te prometo de te salvar la
era pariente del
la causa vida y de te hacer de gran renta.)) era, que se dijo que el Dartenal quiso dar pon-

Y

zoña

al

Príncipe.

Y

se de hacer todo el

Crumuel deseamal que pudiese al duque
el

como

de Norfoque, se dijo que ésta fué la causa que hizo prender á este Dartenal, pensando que

con amenazas haria decir que el Duque se lo habia mandado; pero jamas este gentilhombre quiso decirlo, antes respondió al Crumuel, y le dijo: ((¡Oh, Secretario, tú no sabes que sería el mayor traidor que hay en el mundo, y que jamas los hubo en mi linaje Por eso no trabajes, que antes moriré; y tengo esperanza en Dios que no tendrás poder para le hacer mal, y espero de ver el dia que Dios te ha de cas!

tigar.))

Y
tenal

cuando prendieron

al

Crumuel,
;

este

Dar-

Torre y como fuese pariente del Duque, no le habian aún dado tormento para que confesase lo que le acusaban. Y el Duque habia demandado al Rey, en
aun estaba en
la
18

138

Crónica del Rey líenrico
le

merced, que
le

tuviesen
la

preso, que

con

el

tiempo se sabría

verdad.

Y

luego

el

Duque

Dartenal, y, delante de todos, dijo lo que habernos dicho, y dijo al Crumuel: c( Agora me veré vengado de tí; pues
venir
allí al

mandó

que me has hecho estar aquí tanto tiempo, y Dios me ha oido mi oración.)) Y todos los se«Cuando otra cosa no hubiese ñores dijeron
:

hecho, por ésta merecía morir.»
el

Y

luego dijo

Crumuel

:

«Señores, no curéis de más saber,
la

que yo tengo

culpa, pues no
:

me vengué
de

de
lo

algunos de vosotros

y que quisiere, que yo he merecido
el

Rey haga
la

no

me

muerte, y pesa sino que no he visto la de vos-

otros antes.»
soltar al
lo

Y,

luego, los señores
al

Dartenal y se fueron
el

que pasaba; y
lo

mandaron Rey, y dijeron Rey mandó que luego fue-

se degollado: y así, hablaremos luego del, y di-

remos

que sucedió después.

Octavo de Ingalaterra

139

CAPITULO
le

XLVII.
fué luego al Rey y
le

Corno el arzobispo de Canturberi fué avisado que

querían prender^ y

se

perdonó,

uÉGO que
sonó que
beri

el

Crumuel

fué preso, se

el

arzobispo de Cantur-

sería inviado á la
le

Torre.

Y
le

un caballero que
avisó y
le dijo
:

quería bien,

((Señor Arzobispo, ¿qué hacéis
?

que no miráis por vos
medio,
el

que

si

no ponéis

re-

Rey

os hará inviar á la Torre.))

Arzobispo demandó luego su barca, y vase derecho á Palacio y entra en la cámara del Rey, y luego se hincó de rodillas, y dijo el
el

Y

Rey: ((Obispo, ¿á qué dijo ((Señor, yo vengo
:

vienes?))
á pedir

Obispo perdón á Vuesel

Y

tra

Majestad
le dijo
:

,

si

en algo tengo

errado.))

Y

el

Rey
ja

((Obispo, aquí

me han dado
libro

que-

en que que habéis hecho publicar un él hay muchas herejías; y si así es, yo habré gran pesar.)) Y el Obispo dijo: ((Señor, es verdad, y doy gracias á Dios que el secreen

Crumuel es vivo, nombre de V. M. que
tario
las

el

cual

me mandó

en

lo hiciese predicar

por

perroquias; y así es verdad, que Dios sabe
se hizo contra

que

mi voluntad.)) La herejía

140

Crónica del Rey Henrico
se hacia predicar,

que

no

la diré

por quitar es-

«Obispo, vete á tu casa, que yo creo bien que son hechos de Crumuelj y no te dé pena.)) Este Obispo siempre se trabajó de tener al
cándalo.
el

Y

Rey

dijo:

Rey

contento.
al

que y

á hablar

Y, otro dia, fué mandado al DuObispo mesmo que fuesen á la Torre con el Crumuel y le dijesen cómo

otro dia habia de morir.

Y
al

Obispo, porque

el

Duque

lo supiese

habia sido culpante, dijo

y el que no y Secretario «Señor
: :

así, fueron

Crumuel, yo

os ruego que digáis cuantos dias

son pasados que
hiciese predicar
dello.))

me
tal

enviastes á decir que yo

El Crumuel

dijo

cosa y se hiciesen libros « Señor Obispo, pue:

de haber dos meses, y, por cierto, yo

lo

mandé.))
te

Y

el

Duque

le dijo:

«j

Oh, Crumuel! yo

digo que Dios no es servido que tú vivas más,

y bien parece que aprendiste del que fuera excusado su nacimiento, que fué el Cardenal y
:

hacemos saber que mañana perderás la cabeza.)) Y el Crumuel dijo: «Haz todo el mal que pudieres; y te digo que vendrá dia que tendréis por bueno esto que yo hice predicar.)) Y el Duque dijo «Ese dia tú no verás.» Y parece que este Crumuel fué profeta, porque después fué muy peor y ruego yo á Nuestro Señor ponga remedio porque no perezcan tanasí, te
:
:

tas

ánimas.

;

Octavo de Ingalaterra

141

Y
el

luego se fueron

el

Duque y

el

Obispo, y
aquella

Crumuel quedó muy pensativo toda

noche.

Y
Y

llegados al Rey, le dijeron todo lo

que el Crumuel había dicho. Y, de aquella hora en adelante, siempre el Rey amó más á este luego fué 'mandado, que so pena de Obispo.
la vida,

todos aquellos libros fuesen
si

quema-

dos, y

se hallasen

en poder de alguno, que
se
,

quemaron pero no no se dieron tanta priesa en los quemar como después en los imprimir; pero no fue en la vida del Rey, sino en el tiempo que gobernaba el Protetor.
sería castigado.

Muchos

todos, según se ha visto; porque

CAPITULO
Como Crumuelfué

XLVIII.
y de
lo

degollado ^

que dijo

en el cadaho.

que el Duque dijo al Crumuel que habia de morir, fue mandado á los Jerifes de Londres que fuesen á la Torre y que le

TRO

dia

sacasen á degollar.

Y

luego fueron, y fué sa-

cado de

la

Torre con más de mil alabarderos
recelaban de alguna revuelta.

porque

se

Y

si

todos los que antes hablan dicho que eran sus
criados y traian su librea,
allí

estuvieran, se-

142

Crónica del Rey Ilenrico
era querido de baja gente, ya pudieran alla

gun

borotar

ciudad.
al

Y

llegado que fué
al

cadalso, y subido arri:

ba, se vuelve

pueblo y dijo

«

Gut

pipel^

que
allí
:

quiere decir, buen pueblo^ yo os ruego que rogueis á Dios por mí.»

Y

vio
la

que estaban

muy muchos
que,

señores de

corte, y díjoles

((Señores, todos debéis de

tomar ejemplo en mí,
el

como

sáb;eis,

de un pobre hombre,
,

Rey

y yo no contento con esto ni con tener el Reyno á mi mandado, presumí en mayor estado y mi so:

me

habia hecho un gran señor

berbia me ha dado el pago, y yo os digo que yo soy justamente condenado. vosotros, señores, sabed conservar el bien que tenéis, y jamas dejéis reynar soberbia ni envidia en vosotros, y servid á vuestro Rey, que es uno de

Y

los

mejores del

mundo
el

lardonar á sus vasallos.»
llos
el

y que mejor sabe gaY, entre todos aqueá

señores, vio

Crumuel

Mestre Hihuet,

caballero que habia estado preso por
la

amor
j

llamóle, y díjole quédate á Dios, y yo gentil Hihuet, rueges á Dios por mí » Mucho fué

de

Reyna Anna, y

:

((

Oh,

te
el

ruego

!

amor

que siempre tuvo con este Mestre Hihuet. el Hihuet no le pudo responder, tantas eran
las

Y

lágrimas que lloraba.

Todos
ver que
el

aquellos señores se maravillaban en

Mestre Hihuet hacia tanto

senti-

:

Octavo de Ingalat erra
miento.

143

Y

como

el

Crumuel

fuese

hombre

muy

y dijo en alto: ((¡Oh, porque si yo no fuese más llores; no Hihuet, culpante que tu eras cuando fuiste preso, no todos los sesería venido a lo que estoy!» ñores querían mucho al Hihuet; y así, disimularon, y otro pudiera ser que le prendieran por saber si sabía de alguna traición que el Crusabio, miró en ello

Y

muel hubiese inventado.

Y, acabadas estas
so y vio al guerrea

razones, se volvió

al

cadaldíjole

que estaba presto, y
si

«Yo

te

ruego, que
la
el

es posible,

del

primer

golpe cortes

cabeza porque yo no pene
guerrea
le

mucho.))

Y

demandó perdón; y

luego se hincó de rodillas y tendió la cabeza sobre el madero, y el guerrea acertó, que de un
golpe de hacha se
la

cortó.

Y

así feneció este

Crumuel,

el

cual fuera mejor que
él

jamás huto-

biera nacido, porque

fué el

que inventó

das las malas setas que tienen agora.

144

Crónica del Rey Henrico

CAPITULO XLIX.
Como
el

Rey

hizo su secretario

ci

Mestre Hu-

risel^

que fué secretario del

CrumueL

UÉGO que el Rey mandó degollar á Crumuel, llamó á Mestre Hurisel,

que era secretario de Cru:

muel, y díjole aVén acá, Hurisel, yo se bien que tú sabes todos mis secretos, y siempre Crumuel me dijo bien de tí; por eso, yo
quiero que seas mi secretario.
))

Sospéchase que este Hurisel descubrió

al

duque de Clebes y el secretario Crumuel: si fué ó no, no se supo de cierto. Este secretario fué uno de los sabios hombres que hubo en el Reyno; y el Rey le queria mucho, tanto, que en breve vino á tener gran mando. Y, como fuese sabio, determinó de tener siempre amistad con
lo
el

Rey

que pasaba entre

los señores;

bienes del,

y fué tanta, que todos decian mil tanto, que en este tiempo vino á
diese el oficio de Chanciller al

morir
ron
al

el

Chanciller, y todos los señores dije-

Rey que
el

Secretario; y

Rey luego

le

dio el sello gran-

de de Chanciller. Hizo

tan bien su oficio, que
el

todos decian mil bienes del, tanto, que

Rey

todo lo que hacia era por consejo deste Chan-

Octavo de Ingalaterra
ciller
;

145

y
tal

si

Crumuel hubiera

tenido los serlo"

res contentos
rir

como

éste

,

jamás viniera á mo-

de

manera.
Sinete,

Y

luego hizo su secretario á Pajete, que

era el Clerque del

como

se dirá.
,

Y
su-

cuando

el

Rey

le

ponia á alguno afición

le

bia á la cumbre: y luego hizo á este Hurisel conde de Sudamton, y siempre continuó su
oficio de Chanciller, hasta del cual

que

el

Rey murió,

hablaremos á su tiempo.

CAPITULO
Chno
el

L.

Rey hizo su

secretario á Pajete.

uÉGO que
Clerque

el

Rey

hizo Chanciller

á Hurisel, llamó á Pajete,

del Sinete, y le dijo:

que era ((Yo

quiero que seas

mi

secretario.»

, y habia sido clérigo, y fué capellán del obispo de Huinchestre ; pero díjose que no habia

Este Pajete fué un hombre de baja suerte

cantado misa, y por ser gran escribano y buen latino, el Obispo le hizo haber el oficio del
Sinete, y determinó de
tes se casó

no

ser de la iglesia; an-

con una dama.

Este Pajete era
dia dijo al

Rey

:

((

grande hereje, y un Sefior, yo me maravillo de la
19

muy

:

146

Crónica del Rey Herí rico
el

abusión que ha habido en

Reyno con

tanta

que piedra, y V.
idolatría

se

hace á

los

sanctos de

M.
las

debe de mandar

palo y que los qui-

ten.» El

Rey

le dijo:

«Pajete, los sanctos no

hacen mal en

iglesias.))

((Oue adornan
la

la

iglesia es verdad, señor,

pero
íe

pobre gente es

con una candelilla de cera que ponen , que no en dar al pobre que va por la calle limosna.)) El Rey dijo; ((Pajete, tú no puedes juzgar las voluntades de
tan simple, que tienen
las personas.))

más

Cuando
fuese
al

el

Pajete vio que
,

el

Rey

respondia

de aquella manera

callóse por aquella

vez y

arzobispo de Canturberi, y díjole

((Señor Obispo, vos debrlades de hacer

que todo el servicio de la Iglesia se hiciese en inglés porque la gente lo entiendan.)) Al Obispo le
pareció

muy

bien; pero no quiso hacer nada

Rey, y díjoselo: y el Rey dijo: ((Obispo, eso bien me parece, mejor que lo que Pajete me aconsejaba.)) Y el Obispo dijo: ((Señor, el Pajete es el que me lo rogó que lo dijese á V. M.)) Aquí mostró el Obispo gran amor al Pajete. Y luego el Obispo mandó que
sin dar parte al

se hiciese, y se trasladasen luego las letanías y los maitines, y que del dia de Mayo, en adelante,

todo se dijese en inglés
horas en inglés
al
:

las

y vísperas, y todas y cuando decían las letanías
:

cantadas

pueblo

,

le

pareció

muy

bien.

Octavo de Ingalaterra
í
.

147

Señor, haz que Obispo se predique que ninguno ponga candela á los sanctos, y que se dejen de tantas idolatrías.»
el

Y

Pajete dijo

al

:

((

por consejo del Pajete, y cada dia inventaban más herejías; pero no tuasí fué predicado,

Y

vieron poder mientras

el

Rey
al

vivió
,

:

y

si

el

Rey

diera

la

obediencia

Papa

no

se ha-

llara otro

mal en

él, tocante á herejía;

y en

su vida inventaron de quitar el agua bendita

y el pan bendito, y jamas consintió que la misa se dijese en inglés como agora , que no

hay misa ni bien ninguno,
lante.

como

se dirá ade-

CAPITULO
Como
el

LI.

Rey

se casó con

la

Rey na Catalina,

y cómo demandó

consejo dello,

UY pocos
dejó á

dias después

que
,

el

Rey

Madama

de Clebes

deter-

les

:

casarse, y llamó á todos grandes de su Consejo y díjo((Señores, yo deseo compañía, y estoy
los

minó de

ya escarmentado de tomar mujeres mozas, y determino de casarme con una viuda que vosotros, señores, conocéis; y es la mujer,

que

fué,

de A4illor Latimar.» Esta señora, había ya
dio año que estaba viuda, y venía

me-

muchas ve-

:

148

Crónica del Rey llenrko

María, porque tenía con ella mucho amor, y porque la Reyna Catalina la casó de antes con un caballero de su cáees á ver á

Madama

mara

:

y antes de casarse con

el

Rey

había

tenido dos maridos.

Y

todos los señores dije-

ron: ((V.

M.

mos en

el

ha bien escogido, y no conoceReyno viuda más honesta qne ésta,

y bien puede tener hijos.)) Y, el Rey, invió luego por
((Miladi Latimar, yo quiero
jer.
))

ella,

y díjole:

que

seáis

mi mu-

le:

Esta señora se hincó de rodillas, y alijó((V. M. es mi señor, y téngole de obede-

cer.))

Y
se

dias
esta

ordenó que para de ahí á cuatro casaria. Y, el Rey, hizo hacer para
así,

Reyna todos

vestidos nuevos y
dia, el obispo de

muy

ri-

cos.

Y, venido
y
los

el

Londres

dijo misa,

casó; y no hicieron ningunas ñestas como con las otras mujeres; y mandó el Rey que viniese la Anna de Clebes á las
tró

bodas; y, esta señora de Clebes, jamas mosque estuviese triste porque el Rey la de-

jase, ni porque se casó

con esta señora, antes

gran placer; y no hizo como la bendita Reyna Catalina que luego se retrajo

mostró

muy

al castillo

donde murió.
que
esta

Díjose

señora de

Clebes dijo

((¡Qué buena carga ha tomado
talina!))

Madama Ca-

Esto

dijo,

porque

do, que jamas se vio

Rey era tan gorhombre como él, que
el

Octavo de Ingalaterra
tres

149

hombres, por grandes que fuesen, cabrían

en

compás de su jubón. Esta señora Reyna fué más reposada que
el

ninguna de

las otras

jóvenes que

bla tenido; y

como

sabía

más

del

Rey mundo,
el

ha-

an-

daba siempre á placer del Rey, y no tenía ninguna fantasía, y siempre hacia mucha hon-

Madama María y grandes y tenía muy
ra á
,

á las

mujeres de
á

los

estrechas

sus da-

Díjose que era mujer de treinta y seis así, el Rey estaba muy contento con años.
mas.

Y

ella

:

donde

la

dejaremos

,

por decir
el

lo

que
casó

más aconteció, después que
con esta señora.

Rey

se

CAPITULO
Como
el

LIl.
\

Rey hizo una
Normayidía
gente.

?nuy
,

grande armada y
él con

la tnvio a

y después paso

mucha

o
se
al

muchos

dias después
la

que

el

Rey

casó con

Reyna Catalina, vino
al

Reyno don Fernando de GonRey, de

zaga por embajador
|)arte del

Emperador, y no se tuvo en el Reyno más de diez dias. Y luego hizo el Rey hacer

mucha gente

de

á pie

v de á caballo, y co-

150

Crónica del Rey Henrico
los

juntaban los inviaban luego á Cales: y en breve tiempo, ¡nvió más de quince mil hombres y invió por capitán dellos
al

mo

Duque

de

Norfoque, y con

él

fue su hijo

el

conde Sore.

Y

como

fueron juntos en Cales, parten con

muy buena
do toda

ordenanza camino de Boloña; y

por donde iban, fueron quemando y destruyenla tierra.

El Rey de Francia tenía mucha gente de
guerra en Boloña; pero no para poder
á la
resistir

mucha
les

del

Rey de

Ingalaterra.

Ya
y

los

de

Boloña
fuertes

fué

forzado

cerrarse

hacerse

en

la villa,

pensando que aquella gente
villa

iba á los cercar; y todos pasaron cerca de

loña y fueron á poner cerco á otra
adelante, que se llamaba Monteruel.

Bomás

Y

luego hizo

Duque
más de
y hizo

el Rey otra armada, y ¡nvió al de Sofoque, por Capitán General, con

diez mil hombres.
el

Y

pasaron á Cales,

Rey que

fuesen á poner cerco á Bo-

loña, y luego se aprestó el

mismo Rey

para
:

pasar con

muy mucha

gente, y

muy

lucida

y

mediante este tiempo, sucedió

lo

que aquí

diré.

Octavo de Ingalaterra

151

CAPITULO
Cerno paso por el
de

Lili.
el

Reyno de Ingalaterra

duque

Nágera.
este

EDIANTE
íinviaba

tiempo que
gente,
el

el

Rey
de

esta

duque

Nágera, habiendo licencia del Em-perador y no pudiendo pasar por
Francia, á causa de
la

guerra, determinó de

pasar por Ingalaterra, y llevó consigo

muy

buena gente; y llegó en Cales y hizo embarcar toda su recámara, y gente, y caballos, y acémilas
el
:

y

al

tiempo que

batel, vinieron á él

embarcar en unos hombres á demanse iba á

dar tres dineros de cada cabeza.

Y

porque se

sepa,

la

costumbre

es

que ningún extranjero

puede embarcar en Cales, que no pague tres dineros, que es un tributo por cada cabeza.

Y

el

Duque hubo

tanto pesar de ver que

le

que-

rían hacer
si

pagar aquel tributo, que juró que

su gente no fuera embarcada, y su recámara,
se volviera.

que

Y

le

fué forzado de pagar los

tres dineros.

Pues pasado en Ingalaterra y llegado en Londres, invió un gentilhombre suyo á que le tomase una posada en Londres, y fué á posar en casa de un español que estaba allí casado.

152

Crónica del Rey íienría

Y, luego que llegó, pensó de ¡r á besar las manos al Rey y partirse luego para Plemua. Y como el Rey supo que era llegado á Londres,
invió luego á decir que fuese bien venido á su

Reyna, y el Chanciller, y el secretario Pajete, y Mestre Ouenebet, y dijéronle lo que el Rey les mandó: que, porque se sintia mal dispuesto, que le

Reyno.

Y

fué un

hermano de

la

perdonase, y que él le inviaria á llamar para le hablar, y que entre tanto, que holgase: y cada día le inviaba presentes; y era visitado de los
señores.

que el Rey no le queria hablar tan presto, mostró grande enojo, pensando que el Rey no hacia cuenta del. Y
el

Y

como

Duque

viese

luego

le

fué dicho que no se fatigase, que an-

tes lo hacía el

fuéle dicho

Rey por hazerle más honra. Y que como el Rey sabe que un se-

ñor de salva viene á su Reyno, acostumbra de
hacer aquello por hacer juntar sus grandes y mostrar su estado.

Y
al

así

estuvo diez dias que no fué á hablar
este tiempo, vinieron a su corte

Rey; y en

todos los señores del Reyno, y díjose que el Rey tomó consejo de sus señores para si haría

que
la

Duque quedase con él para ayudarle en guerra. Y fuéle dicho cómo había en breve
el

devenir

á pasar por allí

el

duque de Albural

querque, y que era hombre,

cual se

le

en-

Octavo de Ingalaierra
tendía

153
:

más de

la

guerra, que
el

al

de Nágera

entonces propuso

Rey de

le

y hacer quedar

cuando viniese. Pues, al cabo de diez dias, el Rey invió á decir al duque de Nájera que ya eran venidos
fué

muy muchos de sus el Duque advertido á

caballeros

:

y luego

los sefíores

que ha-

bía de hacer honra, y llegado al Palacio, en
el

gran patio y sala, estaban tantos gentiles hombres, con tantas cadenas de oro, que fué

cosa de ver.

Y subido á la primera cámara,

esla

taban todos los alabarderos del
otra

Rey; y en

cámara estaban infinitos alabarderos muy ataviados y con tantas cadenas de oro, que el Duque se maravilló y en la otra cámara de
:

presencia, estaban todos los duques, y condes,

y marqueses, y arzobispos, y obispos. go salió el arzobispo de Canturberí, y

Y

lue-

tras él

dos obispos; y luego el duque de Somorset y todos los señores, cada uno por su grado.

Y

luego tomaron en medio,

duque de Somorset y el arzobispo de Canturberí al duque de Nágera, y estuvieron hablando con él un gran rato; tanto, que el Duque se cansaba.
el
,

Y
tre

después

salió el secretario Pajetc

y

Mes-

Quenebet, y le dijeron que el Rey le rogaba que no se fuese. Y luego entró al Rey, que
estaba asentado en su
silla

hecho poner otra

silla

de Pontifical y había junto cabe él, y el Rey
20

154

Crónica del Rey llenrico

be levantó al
sintió

Duque, y
besase
las

le

abrazó, y no

le

con-

que

le

asentar.
y, al

Y

manos, y allí le hizo estuvieron hablando un gran rato,
partir, ciertos

tiempo que se queria

caba-

lleros

que iban con

el

Duque, besaron

las

ma-

nos

al

Rey.
la

Y
muy

así se despidió del

contento de ver
el

Rey, y el Duque vino manera que tenían y,
:

por abreviar,
allí tres

Duque

se partió luego y

tomo

naos que fuesen á Plemua, para le pasar, donde estuvo algunos días esperando las naos. un dia se amotinó toda la gente de la

Y

de Plemua, y fué milagro no matar á cuantos con el Duque iban^ y fué forzado que el Duque inviase al Rey á hacer saber el mal
villa

tratamiento que

go

allá

hacían: y el Reyinvió lueun caballero, el cual hizo gran castigo
le

con ellos. Y, durante este tiempo, llegó en Londres el duque de Alburquerque. También iba para pasar en España, lo cual diremos aquí bajo, y de lo que sucedió antes que el Rey pasase á Cales.

Octavo de Inga!ai erra

155

CAPITULO
Como vino
el

LIV.
la

duque de Alhurquerque á

ciu-

dad de Londres.

el duque de Nájera Plemua llegó el duque de Alhurquerque á la ciudad

NTES que

partiese de

,

el

de Londres, y fué á posar donde duque de Nájera habia posado \ y otro tan-

to le aconteció

con
le

el

Rey, como
el

al

duque

de Nájera, que

tuvo

Rey

diez dias, antes

que
dres

le

fuese á ver.

El duque de Alhurquerque trujo á Longente y estado; porque el de Nájera hahia inviado muchos de los suyos
de Flándes, por mar. Pues

muy mucha

como

estuviese el

Duque

diez dias, antes que inviase á llamarle,

créese que durante este tiempo el

Rey

invió

una posta
al

Emperador, á Duque que quedase con
al

le
él

rogar escrihiese
aquella guerra.

Y, por

ahreviar,

él

fué recihido

como

el

du-

que de Nájera: y después que estuvo hablando un gran rato con el Rey, Don Gabriel, el

Duque, y otros caballeros, besaron las manos al Rey y al tiempo que el Duque se despidió del Rey, el Rey le dijo: ((Señor Duhijo del
:

1

56

Crónica del Rey IJen rico

que, no

me

despido de vos, porque otra vez

quiero hablaros.»
posada, y luego mandó hacer provisión para su partida, y mandó
así, se volvió á su

Y

tomar

tres ulcas

que estaban

allí,

que iban

á

Lisbona, y prometióles cincuenta ducados para que le echasen en España.

Y,
no
se

otro dia que estuvo con
el

el

Rey, vino

á

hablarle

secretario Pajete, y, por entonces,
lo

supo

que
,

fué,

pero

como no

diese

priesa á su partida

luego los suyos sospecha-

ron lo que después sucedió.

Y, por

disimular

con

ellos,

mandó hacer

provisión de vituallas

y hacer establos en las ulcas para los caballos; y así, de dia en dia se estaba. Y, á cabo de seis
dias, el

Rey

invió otra

vez por

él; y,
el

cuando
le

volvió, declaró á los suyos,
bla rogado

cómo

Rey

ha-

que quedase para pasar con él á Boloña. Y cuando los suyos lo supieron, les pesó; pero como le conocían, entre sí lo murno tardó, que luego vino una posmuraban. ta del Emperador y carta para el Duque, don-

Y

de
el

el

Emperador
en
la

le

invió á rogar quedase

con

Rey.

Y

carta decia: «Señor tio, yo he re-

cibido cartas del Rey, mi tio, en que

me

ruega

os escriba quedéis con

él

para esta guerra; diél, lo hacéis

go que
mí.»

lo

que hiciéredes por
el

por

Y, cuando

Duque

vio que habla de

Octavo de Ingalaterra
quedar,

157

mandó que
que

despidiesen

las ulcas:

y así

se perdió lo

se

hizo en

ellas,

y mandó

darles doscientos ducados.

Y,

por abreviar, cada dia iba
los seiiores,
le

el

Duque

á
la

Consejo con
guerra.

tocante á lo de

Y

luego

invió el

Rey

mil libras

de esterlines para dar libreas á sus criados, y, porque se sepa la verdad, bien estuvo el Rey
hasta el
te

mes de Junio que no

invió la gen-

que adelante habemos dicho.

Y

el
,

Duy no
:

que arribó en Cuaresma á Londres
partió el

Rey

para Cales hasta 8 de Julio
el

y

en aquel tiempo tuvo espacio
inviar á
dia

España por
el

caballos.

Y

Duque de el mesmo

que pasó

Rey

á Cales, llegó

una nao que

le trujo

veintidós caballos jinetes, los mejores

en España: y vinieron muchos gentileshombres españoles á le servir, y bien tenía el Duque de gentileshombres y criados

que

se hallaron

ciento cincuenta personas,

muy

lucida gente:

y cierto, era cosa de ver el aparato que llevó, y las galanas libreas que hizo, que á más de
cincuenta gentileshombres
les dio

casacas de

grana y manteos con pasamanos de oro, y toda
la otra

gente de paño colorado

muy
le

fino,

con

tiras

de terciopelo amarillo.
llegado en Cales
el

Y

Rey,

invió otras

mil libras.

Y

así, partió el

Rey en

breve para Boloña,

1^8

Crónica del Rey Iloirico
el

donde ya estaba

duque de Sofoque, que

tenía puesto cerco.

Y

el

Rey

llevó

más de
quiero
el

cinco mil caballos, que era placer de ver.

Tocante

á esto desta guerra,

no

me

mucho

alargar,

más de que bien estuvo
seis

Rey
la

sobre Boloña
batería que

semanas

:

y

fué

tanta

le dio,

que de

dia v de
el

noche,

ja-

mas paró

y otro tanto hacia foque sobre Monteruel.
;

duque de Nor-

duque de Alburquerque, es verdad que el Rey mandó que expresamente se hiciese todo lo que el Duque mandase; y aunque él no era General, ni lo quiso ser, tomó muy mucha pena, que cada mañana, él era el primero que estaba á la batería y á la noche, y muchas noches, venía el Rey á la tienda dej Duque con un caballero, que se llamaba Mestre Ouenebet, y un lacayo; y esto
Pues, volviendo
al
:

siempre era

al

caer de

la

noche.

Y luego salía el
el

Duque con
la

otro lacayo, y se iban á pasear hacia
allí

marina, que por

estaba una torre, que se

llamaba El

Hombre

Viejo, que fué

primero
la

que tomaron
Boloña.

los ingleses,

y después

baja

Rev, dijo el Duque: u V. M. sepa, que aunque haya tomado á Boloña, si los franceses son genle harán de aquella parte una te de espíritu un
dia,

Y

paseándose

el

Duque con

el

,

fortaleza.))

Al Rev

le

pareció que

si la

hicie-

Octavo de Ingalaterra
sen, sería

159
al

más

su provecho; pero salió

revés,

como

adelante se dirá.
el

Otras muchas cosas dijo
lieron verdaderas:
se diera el asalto á

Duque que

sa-

y si el Rey consintiera que Boloña, la tomara veinte

días antes
el

que

se rindió; pero

jamas consintió

Rey.

Y

decia, que

más

quería gastar diez

mil libras de pólvora, que perder un español

de los que tenía, de que los españoles estaban
corridos en ver la bresa
^

que estaba hecha, y
el

que

el

Rey no

les

queria dar licencia de dar

asalto.

Podían ser

los españoles

que

el

Rey
:

tenía,
el

hasta cuatrocientos cincuenta, con los que

Duque

tenía; toda

muy buena

gente

y

los

capitanes eran, Juan de

Haro con una com-

pañía de

cien españoles.

Mora con
el

otra de

ochenta españoles, Salablanca con otra de otros ochenta españoles. Pues durante
estuvo
allí el
al

tiempo que

Rey,

le

mandó

dar otros tres mil

ducados
dres

Duque, y

hasta que fueron á

Lon-

hizo dar más: y creo que al tiempo que se partió le hizo dar otros cuatrocientos

no

le

ducados: de modo, que en todo
le dio,

lo

que

el

Rey

fué,
el

en veces, mil quinientos ducados,

y perdió
se dirá.

Duque más

de treinta mil,

como

i6o

Cr única

del

Rey ¡Ion

ico

CAPITULO
Cútno el

LV.
Do-

Rey

se

partió de Boloíia y pasó a
el

bla^

y hizo que

Duque fuese

con

él.

ISTO los de Bolüña que no se podían

más
les

sostener, y sospechando
,

que
supieran
la

darían asalto

determinasí

ron de se dar á partido; pero

paz que
el

el

Rey de Francia

había

Emperador, no se rindieran, y hubiera sido mucho mejor para el Rey de Ingalaterra ; porque Boloña fué destruicion del Reyno.
Pero, volviendo
cosas
al

hecho con

proposito, y estando las
al

como

dicho tengo, arribo

Rey,
el

del

Rey

de Francia, Mosiur de Arras,

cual trujo

muchas nuevas, de
hacer paz con
el

cómo Rey de

el

Francia.

antes se rindió Boloña
partido
;

al

Emperador quería Y la noche Rey, que se dio a
:

y

el

y fué que salieron con todo su bagaje Rey les dio más cien carros para su bagaje,

y salieron con sus banderas desplegadas; y jamas se pensó que tanta gente estaba dentro,

porque
fueron.

les

habían muerto

mucha
la

:

y así

se

Pues como

el

Rey supo

paz que quería

Octavo de Ingalaterra
hacer
el

i6i

Emperador, respondió á Mosiur de
si el

Arras, que

Emperador quería hacer paz,
él la

que
dia

la hiciese,

que

haria

cuando

le

plu-

guiese.

Y

así se fué

Mosiur de Arras: y otro
el

que
seis

se entregó

Boloña,

Rey

invió

más

de

mil hombres para ayudar á los que es-

taban en Monteruel.

Y
llegó
taba,

como Mosiur
en

de Arras fué por
el

la

posta,
es-

muy

breve adonde

Emperador

y del modo que se hizo la paz, no se supo, más de que el Rey de Francia con toda
su armada dio la vuelta para Monteruel.
ingleses,

Y los
el real

cuando

lo supieron,

levantan

el Rey, de Monteruel y vanse á Boloña. como vio lo que pasaba, determinó secreta-

Y

mente de pasarse á Dobla, y luego invió al Mestre Quenebet para que llamase al Duque para pasar con él. Y como le dijo que el Rey se queria embarcar, dijo al Quenebet: ((Decid al Rey que S. M. se pase, que yo me pasaré mañana, en dando recaudo á mi gente.» Y el Quenebet dijo, las lágrimas en los ojos: ((Duque, yo no osaré parecer delante del Rey, si vuestra señoría no va conmigo.» Y el Duque, viendo que no habia otro remedio, llamó á su hijo Don Gabriel que se fuese con él, y á su camarero y un paje, y se fué: y cuando
llegó á la baja Boloña, ya el

esperando, y se

Rey le estaba embarcaron luego. Y, en obra
21

1

62

Crónica del Rey Henrico
pasó á Dobla, y allí se detuvo esperando á su gente, que mandó á

de
el

seis. horas,

Duque su mayordomo que luego se pasasen todos. Y como se supo que el Rey era pasado, todos
de modo, que
los criados del
la

los señores dieron priesa á pasar;

Duque no

hallaro^n pasajes para

gente, y determinaron de se ir á Cales con los caballos, para tomar allí pasa-

mitad de

la

je; y
las

no embarcaron

allí

en Bolofia más de

acémilas y bagajes que no pudieron llevar llegados á Cales, tampoco hallaron á Cales.

Y

pasaje, y fuéles forzado inviar á

Dunquerque

embarcaron los caballos y muchos cofres que el Duque habia dejado en Cales, con toda la más de su plata y joyas, la cual tenía en guarda un gentilhombre que se llamaba Mestre Palmer: de modo, que
por dos charrúas, y
allí

todos los gentileshombres iban

muy

tristes,

que más
allí

quisieran quedar en Cales y esperar

al

Duque.

Y

parecia que adivinaban lo
le-

que sucedió; pues partidos de Cales, á tres guas en la mar, toparon con una nao de la

ar-

mada

francesa, y tomáronles cuanto llevaban,
les

y sin falta perdió allí el Duque y los suyos más de tres mil ducados de valía, que solo un jaez de oro valia
:

que no

dejaron nada

más de

mil ducados.

Y

los franceses
las

metie-

ron á los españoles en una de
y así llegaron

charrúas,

en Dobla; y

la

otra charrúa,

:

Octavo de Ingalaterra
con
los

163
:

caballos y la resta, llevaron consigo
ir

y llegados en Francia, dejaron

la

charrúa.

Pues cuando

el

Duque

vio su gente robada,

como hombre magnánimo disimuló; y luego se fué para Londres, donde estuvo más de
dos meses, que no
luntad
le

mostraban tan buena vo-

como

cer, pues el

de antes; y así lo dieron á conoRey no le hizo recompensa de su

hacienda que perdió, y se partió harto mal contento.

Otras muchas cosas pasaron, que por evitar

prolijidades

no

las digo.

Por

cierto,

muy

mal recompensó el Rey al Duque de los muchos y buenos servicios que hizo. Y bien se puede creer, que si por su industria y consejo

no fuera, que jamas

y bien se le dio á porque jamas le quiso volver nada de
le
le

Rey tomara á Boloña conocer al Rey de Francia,
el

que tomó, y dijo que el Rey de Ingalaterra no tomó á Boloña, sino el duque de Alburlo

querque.

cuando el Duque pasó por Francia, hubo menester demandar salvo conducto y bien se lo dijeron los franceses que les habia tomado á Boloña. De lo que pasó en Francia, no lo sé, más de que el señor Duque, hasta el
;

Y

dia de hoy,

no hubo recompensa de la mucha pérdida que hubo, ni en Francia cobró nada.

104

Cró)iica del

Rey

¡lenrico

CAPITULO
Como cuando

LVI.
del

llego la
^

armada

Rey

de Francia
;

Alonteruel

los

ingleses eran idos

y de una

encamisada que

los

franceses hicieron.

UEGO que
traer los

el

Rey

se pasó

,

mandó

que estaban sobre Monteruel y dejó buen recaudo en Boloña; y hizo que la gente se
los franceses vinieron á

pasase, y

cuando

MonBolo-

teruel, ya estaban todos los ingleses en

quedó por capitán en Boloña Millor ña. Gre, y con él quedaron los capitanes españoles, y muy buena gente escogida; y toda la resta se pasó en el Reyno.
Pues, los franceses,

Y

como

viesen que los in-

gleses eran retirados, determinaron de se ver

con

ellos,

y luego comenzaron á inventar de
;

y despresto hicieron una encamisada de al pié de tres mil hombres, y una noche vinieron sobre Boloña, y fué con tal desus ardides

nuedo, que tomaron á

los ingleses

descuidados

y mataron muchos
en
la

dellos, los cuales estaban

baja Boloña.

Y

antes que se pudiesen
franceses se

revolver

ni recocjer los ino;leses> los
la

señorearon casi de toda

baja Boloña, en don-

;

Octavo de Ingalaterra
de estaban dos banderas de españoles.
capitanes eran
el
el

165

Y

los

capitán Salablanca, y el otro Haro, los cuales recogiede capitán Juan
la

ron luego toda su gente y se juntaron á
alta
ellos.

Boloña

Y

y muy muchos ingleses con como en la alta Boloña se sintió la
,

gran revuelta,

el

capitán

demando qué cosa

era, y fuéle dicho cómo un gran ejército de franceses eran venidos en una encamisada, y

que hacían gran daño.
El Capitán
les

comenzó de animar y

dijo:

((¿Cómo, señores, tan amedrentados estáis? Volved, volved con ánimo, que yo saldré á os fa-

vorecer, y no quede francés ninguno.)) luego salió con más de quinientos hombres,

Y

muy
de

bien en orden, y dan sobre los franceses,
suerte,

tal

que

los pusieron

en huida.

Y

sucedió también á los ingleses que llovia, y los franceses no podian tirar con sus arcabuces

y los ingleses, con sus flechas, mataban

muy
prisa

muchos
dellos

dellos;

y fué
ir

tal

el

alcance y

la

que se dieron de

tras ellos,
:

que de

tres mil

no escaparon ciento

y trujeron

mumu-

chos presos, y vuélvense á Boloña con esta
victoria, y entre los españoles trujeron

chos más presos que
los presos

los

ingleses; y

aun de

que

traian, les

mataban

los ingleses.

Como

eran bisónos, que jamas habian estado
les

en guerra, que aquella vez, no se

daba na-

i66
da

Crónica del Rey Henrico
les

así, los mataban sin que los españoles ; y pudiesen defender.

Cierto ellos recibieron gran daño aquí, en
les

tomar sus presos; y fué de tal suerte, que se amotinaron todos, y el General tuvo harto que hacer en los apaciguar: y los capitanes españoles le dijeron al General ((¿Cómo, se:

ñores, pensáis que estamos nosotros en ser-

que ganamos al mes? Pues creed, señor, que si servimos, es con esperanza de tomar algunos
vicio del

Rey por

cuatro ducados

presos y haber rescate dellos.

))

Y

el

Salablan-

ca dijo: ((Señor, á
ballero,

mí me han muerto un caque sacara por lo menos cinco ó seis

mil escudos de rescate.))

El General,

como

vio que tenian

mucha

ra-

zón
tos,

los españoles, les

rogó que fuesen conten-

y que por su buen servicio que habian hecho, les querían pagar; y les dio luego tres
pagas, de que quedaron satisfechos.

los ca-

pitanes les dio allende de sus pagas, á cada

uno

cien escudos.

Y luego el General mandó pregola vida,

nar que ninguno, so pena de

fuese osa-

do de hacer mal
los españoles,

á preso
allí

ninguno que tuviesen

y de

adelante tomasen.

Entonces los españoles, de los que quedaron, sacaron un buen rescate

no ganaron nada en la dad, esto puedo decirlo y

y los franceses encamisada. en ver:

Y

es así,

que jamas ga-

Octavo de Ingalaterra
naron franceses con ingleses tierra nada. No sé lo que con
ni
el

167

por

mar

ni

por

tiempo vendrá,

pero hasta agora así se ha visto, y yo les aconsejaría á los franceses, tenerlos siempre por

amigos; pero esto está dudoso, porque de muchos años acá, están mal franceses é ingleses:

y quereislo ver?

la

mejor palabra que
:

el inglés

sabe decir del francés es
quiere á^cw^ francés perro»

french dog^ que

CAPITULO
Como
el

LVII.
una grande ax-

Rey

de Francia hizo

?nada por rnar^ y la intención para que la hizo.

isTO por

el

Rey de Francia que la
le

fi^ encamisada no
bien, á
la

habia sucedido

primavera basteció más

de trescientas velas. Y esto no lo pudo hacer tan secreto que no fuese mucho

tiempo antes avisado

el

Rey de

Ingalaterra.

Y

luego se sonó que esta armada iba sobre

isla

Duyque, y
mió en
este

el

Rey

de Ingalaterra no se

dur--

tiempo, que proveyó todas sus

naos y inviólas á isla Duyque muy bien armadas. en todas podían ser hasta sesenta

Y

velas.

Después que

la

armada de Francia estuvo

1

68

Crónica del Rey lienrico

presta,
isla

con

el

primer tiempo, parte

la

vuelta de

Duyque; que en verdad,

sin las galeras, eran

sas,

trescientas grandes y pequeñas: y de las inglecomo digo, hasta sesenta; pero puédese

creer, en verdad, que una valia

más que

cinco.

La
allí

intención de los franceses fué, según des-

pués se vio, de saltar en

una

fortaleza,
al

si

Duyque y hacer pudiesen, para hacer muisla
:

cho daño

Reyno. Y sin falta, si la hicieran, fuera gran daño para el Reyno y bien se cree que venian de acuerdo, para que si no pudiesen, hacer lo que hicieron en Bolonia, como
Pues llegada
que,
las galeras
la

adelante se dirá.

armada

á vista de isla

Duy-

iban delante y los ingleses se pusieron en orden de guerra y viérades venir
:

unas

tras

otras á las francesas,
las galeras

que parecia
la

una procesión, y
te.

siempre delan-

Y

las inglesas

estaban todas de

una parte

ancladas en hilera, que era placer de ver; y los ingleses tenian unas pinazas hechas á modo

de galeras,

las

cuales iban de una parte á otra.

Y el Rey de Ingalaterra estaba junto á una isla, con hasta cuatro mil hombres; y luego invió á mandar con una de aquellas pinazas que los
ingleses estuviesen quedos y dejasen entrar to-

armada y los franceses de la otra parte del puerto, comenzaron á entrar, y como vieron que los ingleses no les acometían, entran sin
da
la
:

;

Octavo de Ingalaterrá

J69

bingun temor y todas se ponen en ordenanza y como era sobre tarde, todos estuvieron quedos; y los franceses de la parte de la isla, echaron gente a tierra. Créese que más fué para ver el sitio que habia para edificar, que no para robar algunas casillas que
allí

habia.

Y las galeras,
pero no
:

de rato en

rato, tiraban á las inglesas,

les hacian mal, que estaban algo apartadas

sin

falta las inglesas quisieran mezclarse con ellas
si

no tuvieran
la

el

vieron toda

Rey. así estunoche, cada uno sobre aviso, y
del
el

mando

Y

haciendo su vela y recelándose de su enemigo.

Y, en
to; y,

esclareciendo
á

alba, los franceses se

comenzaron

hacera

la

vela y salir del puer^

como

vieron esto, los ingleses comienzan
ir

á alzar las velas para

tras ellas.

Entonces,
la

por mala guarda y gran descuido de
se perdió
tenía,
diar;
el
allí la

gente,
el

más

principal nao

que

Rey

aojos

vistas,

que no
ella

la

pudieron remegente, y

y perecieron en
los lindos

muy mucha

capitán también, que se llamaba Piter Caro;

hombres que se podia hallar, y muy valiente hombre. Díjose que como se hizo á la vela con descuido, dejaron los portaloles de un lado abiertos adonde se metian gruesas piezas de artillería ; y con descuido,
,

uno de

dieron

la vuelta al beme. é hizo tanto aorza, que entraba tanta agua, que el beme no pudo

dar á

la

banda, y así se anegaron.
^^

170

Crónica del Rey Iknrico
franceses
al

Los
echaron
así: fué

quieren decir

que
;

ellos la

hondo con el artillería pero no fue gran daño de tan hermosa nao y de
allí

tanta gente que se perdió

en

ella.

Como
la

los franceses se hicieron á la vela,

dan

vuelta á

Boloña;y
llegad(^s
la

aquella era su intención,

y no otra: y la marina de

que fueron á

la

parte de

otra parte de la entrada, echa-

ron tantos bateles á tierra, y dándose tal maña, que dentro de quince dias, sin que los ingleses
lo

pudiesen defender, hicieron
tal fué,

una fortaleza;

y
á

que después dio ocasión que dieron

Boloña de balde los ingleses. Y en verdad que si el Rey quisiera creer al buen duque de Alburquerque, que no la dieran

como
dose

se dio

después

;

porque un dia andán-

Duque paseando con el Rey, junto al Hombre Viejo, que los ingleses llaman de
el

Houbnan^ y seis dias antes que Boloña se rindiese al Rey, dijo el Duque al Rey: ((Mire V. M. que si los franceses son hombres de espíritu, en tomando V. M. á Boloña, le harán de aquella parte una fortaleza por donde podría hacer

mucho

daño.)) El

esto oyó, dio una gran risada,
la,

Rey, cuando y dijo « Hágan:

que tanto más será mi provecho.)) Más le valiera, cierto, que el Rey mandara después de
la

tomada Boloña hacer

fortaleza,

que no que
el

los franceses la hicieran, y

que tomara

con-

Octavo de Ingalaterra
sejo del

171

duque de Alburquerque, que á fe que era hombre de más experiencia en la guerra que el Rey: y si el Rey lo hiciera, no sucediera loque adelante se dirá.

CAPITULO
Como
el

LVIII.
en-

Rey

invtó

mucha gente á Escocia ^y^
ochocientos españoles.

tre ellos^

más de

mismo año que se hizo el fuerte en Boloña, el Rey de Ingalaterra juntó muy mucha gente
N
este

y invióla á Escocia, y por Capitán General invió al Conde de Huaruique. Mediante el tiempo

que

se hacia la gente, acudie-

ron en Ingalaterra muchos soldados españoles,

y

la

ventura quiso que en ciertas naos, que

iban á España, iban

más de mil españoles
ellos
si

;

y

como no
inviaron

les

acertó tiempo, estuvieron en las
dias,

dunas algunos
al

y

cansados de
les

la

mar,

Rey

á saber

queria recibir en

su servicio.

El Rey, cuando
allá
;

lo

supo, invió un caballero

y cuando llegó, ya las naos eran partidas; y quiso la ventura que llegaron en Plemua, y como el Rey lo supo, tornó á inviar aquel caballero, el cual fué parte para

que

saliesen

más

172

Crónica del Rey Jlenrico

de setecientos dellos en tierra: y luego proveyó el Rey que fuesen á la vuelta de Escocia.

Mediante
capitán

este

tiempo, vino

á

Londres

el

Gamboa con

otros capitanes y
al

muchos

Rey como era un buen capitán, de que el Rey se holgó mucho dello, y luego le mandó llamar, y como fué delante del Rey, le besó las manos y los otros capitanes, y el Rey le dijo: ((Gamboa, seáis
soldados; y fuéle dicho

bien venido, yo quiero que vos pidáis

el oficio

que queréis tener en mi servicio.» Aquí mos-

Gamboa ser hombre de guerra, que dijo: M. que once años he servido al Emperador de capitán, y lo que á V. M. demando es que me haga Maestre de Campo de todos
tró el
((

Sepa V.

los españoles

que están y estuviesen en

servi-

cio de

V.

M.))

Y

el

Rey luego

se lo otorgó,

de que después sucedió harta malicia y envidia entre los españoles, como aquí diré.

Pues hecho Maestre de Campo, luego le mandó el Rey que se aparejase para ir á Esque dentro de ocho dias se partió; y llegado que fué en Escocia, allí hizo sus capitanes, y se halló con obra de ochocientos españoles, toda muy buena gente, adonde
cocia, y así lo hizo,

hubieron muchas escaramuzas entre ellos y los escoceses, de que cuando fueron conocidos los españoles entre los escoceses, braron
les

co-

mucho

miedo.

Octavo de Ingalaterfa

173

En

verdad, este viaje los ingleses hicieron

grandes hechos y ganaron todos mucha honra. Pues acercándose el invierno, el Capitán

General guarneció
ras,

muy

bien todas sus fronte-

y hizo que el Maestre de Campo Gamboa repartiese su gente, y así fué hecho. el

Y

Maestre de Campo y los capitanes se vinieron con el general á Londres, donde fueron muy bien recibidos del Rey.

Razón

es

que

se sepa

que antes que

el

Gamlos

boa viniese estaban en servicio del Rey cuatro capitanes, cada

uno con cien españoles,

cuales eran

el

capitán

Juan de Haro, y
Mora, y
el

el

ca-

pitán Alejandre, y el capitán

capiel

tán Salablanca.

Y

como

ellos supieron

que

Rey

habia hecho Maestre de

Campo
el

á

Gam-

boa, concibieron envidia contra

Maestre de
ca-

Campo, y

así lo
el

mostraron,

Pues venido

como se dirá. Maestre de Campo y los

pitanes delante del Rey, les dijo: ((Señores,

mi

voluntad es que todos los españoles, que están

en

el

Norte, vengan luego á Cales.»

Y

así, el

Maestre de
go, y
el

Campo

proveyó que viniesen luelas

General invió á
les
:

naos que estaban

en Escocia para que menester para pasar

diesen las que habian

y en

muy

breve tiempo

vinieron á Cales, y luego mandó el Rey al Maestre de Campo que hiciese que los españoles fuesen con

más de cinco

mil ingleses á

174

Crónica del Rey Ucnrico

San Juan de Rus, y que estuviesen allí mientras que el Rey hizo edificar una fortaleza. Y
asi,

estuvieron en
la fortaleza,

campaña

hasta que fué aca-

bada
del

Rey

y cada dia venian las galeras de Francia, y de la mar tiraban adonel

de se hacia

fuerte, pero aprovechóles poco,

que todavía

se acabó.

Ya

he dicho los capitanes espafioles que

estaban en servicio del Rey; y no faltó quien dijo al Maestre de Campo la malicia que tenian contra él; y
él,

como

lo supo,

determinó

de

les quitar la

gente, y

despecho, en

muy

el capitán Mora, con breve tiempo, se pasó en

Francia con su gente; y también lo hiciera Juan de Haro, si no le fueran á la mano. El
capitán Alejandre estaba en Sanduche con su
gente, y
allí

el

estuvieron hasta que

capitán Salablanca en Bernehud, y el Rey les mandó des-

pedir, pues

acabado
invió á

el

fuerte de San
le

Rus,
y
le

el

Rey

Gamboa á
él

Juan de mandar despagar,

pidiese todos los españoles; y les

mandó

invió á decir que

y otros

seis capitanes

más que

se viniesen á la corte.

De modo

que

el

Gamboa, con
:

dulces pala-

bras, dijo á toda la gente

a

Señores, ya veis

somos despedidos, vamonos á Flándes, y yo iré con vosotros.)) De este modo, por abreviar, se fueron^ y el con ellos, hasta que se vio en San Tomé con ellos. Y como él los tuvo en tier-

Octavo de íngalaterra
ra del

175

posta y los capitanes, y vuélvense á íngalaterra: y ventdos á
la

Emperador, toma
el

Londres,

Rey comenzó luego
al

á les hacer

Maestre de. Campo, y díjole: «Gamboa, yo quiero que vos quedéis en mi servicio, y para que no estéis solo, esmercedes, y llamó

coged seis capitanes que queden con vos; y á vos yo os doy mil ducados cada un año por
vida,

y mando que se os den cien
decir,

libras per-

petuas.))

Mora invió desde Francia á desafiar á Gamboa, y el capitán Julián tomó la mano, como se dirá en
Olvidóseme de

cómo

el

capitán

otro capítulo adelante.

Y

así,

antes que

el

Rey

les

hiciese merce-

combate de Julián y Mora. El capitán Juan de Haro también se amotinó, y fuéle dicho al Debite de Cales que se queria pasar con su gente en Francia, y invió trescientos ingleses por él, que estaba una legua de Cales; y fué de tal suerte, que no queriendo venir al mandado del Debite, los ingleses le mataron,
des, fué el

y á más de veinte de los suyos. Oh Juan de Haro, cómo tuviste mal conj

sejo en te querer
ra bien

ir;

porque en verdad,

él

fue-

recompensado del Rey por los buenos que habia hecho! Dios le perdone, que por mal consejo erró, y, sin falta, pensó,
servicios

como

fué

el

primero que estuvo en servicio

176
del

Crónica del Rey llenrico

Rey, que
;

le

hicieran á

el

y así se dijo que el prometido: no quiso su hado, y

po

Maestre de CamDebite se lo habia
así feneció de-

sastradamente.

Pues volviendo

á las

mercedes que

el

Rey

hizo, ya he dicho que al

Gamboa

dio mil du-

cados por vida y cien libras perpetuas, y á Julián dio seiscientos ducados, y á Cristóbal Diez dio cuatrocientos ducados, y á Pero Negro
dio cuatrocientos ducados, y á Villasirga dio

cuatrocientos ducados, y á
cientos ducados, porque
le

Noguera

dio tres-

fué dicho al

que aquél era cuerpo y espíritu de Al capitán Salablanca también diera su entretenimiento, sino que sus pecados quisieron

Rey Gamboa.

que matase un español en aquel instante que el Rey hacia las mercedes, y harto alcanzó con
haber
el

perdón, y todavía

le

mandó

dar dos-

cientos ducados.

Y

al

capitán Alejandre dio

otros doscientos ducados, y también hubiera

un
era

dia habito, sino

que fué dicho

al

Rey que

soberbio, y que en Sanduche habia muerto dos de sus soldados, por despecho.,

muy

A

Rey a cada uno doscientos ducados. ¡Oh buen Rey, cuan liberal fuiste para todo el mundo, y más para
otros capitanes dio también
el

españoles!

Octavo de Jngalaterra

177

CAPITULO
Cómo
el capitán

LIX.

batió con el capitán

yulian fué en Francia y comMora. {^Desafío y com-

bate de yulian

Romero y

el capitán

Mora.)

A
ra
'^í-^

se ha dicho

cómo

el

capitán
á

Moal

invió

de

Francia

desafiar

^^^^capitan Gamboa, y cómo al desafío vino el capitán Julián y tomó la quistion por el Gamboa. Y así, fué aceptado el dey en este instante se hallaron todos estos señores en Cales, y allí se halló un casafío,

ballero del

Rey, que
el

se llamaba Sir

ArequeneJuaceptaá le su-

bet, el cual se ofreció de ser padrino del
lián.

Y

como

do

el

desafío, se fué al

plicar les diese

Mora supo que habian Rey de Francia campo; y el Rey se lo
los

otorgó,

y dio salvoconducto para todos
sen
ir

que quisiepregonar

á ver

el

combate; y
el

así lo hizo

en su corte.

Pues venido ya
para
el

tiempo, digo, acercándose
Julián se aderezó para
ir;

combate,

el

Maestre de Campo, y el y capitán Cristóbal Diez, y el capitán Pero Neasí,

fueron con

él el

gro, y otros hartos gentileshombres españoles

y caballeros. Sir Arequenebet era ido á Londres á proponer lo que era menester, y el Rey
13

178

Crónica del Rey Herir ico

Henrrico Octavo, cuando supo que se habia de hacer el combate, ¡nvió al Julián mil angelotes para

que

se pusiese
I2

en orden. jOh buen

Rey, cómo estimaba

honra y deseaba que

sus súditos ganasen honra!

Pues llegados en Francia, y venido el día del combate, los padrinos y jueces vieron que cada uno tuviese las armas iguales. Las armas
con que combatieron fueron á caballo, y cada uno con su espada y sendos estoques y dagas,
y las armas por
las

espaldas abiertas con sen-

dos agujeros, que podía caber dos puños por
el

agujero de cada arnés.

Y
el

este ardid inven-

taron los franceses, porque

Mora

tenía

uno

de los buenos caballos y ligeros de toda Fran-

no combatieron con lanza: y como el Mora tenía el caballo tan ligero, pensó que
cia.

Y

por

las espaldas

podria herir con

el

estoque á

Julián, y así vencerle.

Visto por los jueces que tenian
iguales,

las

hicieron seña á las trompetas

armas que

sonasen, y luego arremetió el uno contra el otro; y á los primeros golpes que se dieron

con las espadas, al Julián le cayó la suya de mano, y luego echó mano de su estoque; y

la

el

Mora no fué perezoso, que
y tomó
su estoque; y

le

tiró su
el

espada
caballo
le

como
mas

tuviese
al
el

tan ligero, andaba rodeando
herir por las espaldas;

Julián por

Julián no ers

Octavo de Ingaíaterra
perezoso; y visto por determinó de matarle
el
el

179
podía,

Mora que no

caballo, y así lo hizo,
los pechos,

que le dio una estocada por dende a un rato vino á caer.
tante,

que
ins-

Y

en aquel

pensando
al

el

Julián hacer otro tanto, arel

remete
el

Mora, y
que no

Mora
pudo
la

fué tan ligero

con

caballo,
el

le

herir; y cayóle al
;

Julián

y no fué tan presto caido, cuando su caballo cayó; y ví-

estoque de

mano

nole también

al

Julián, que

como

sintió

que

su caballo iba á caer, saltó
del;

muy
de

ligeramente
le

y

el

Mora no tuvo tiempo

atropellar,

por amor del caballo que estaba en tierra; y el Julián, por no ser atropellado, y viéndose que

no tenía más que
caballo; y el

la

daga, amparábase con su
al

siempre

al

rededor del, y él rededor de su caballo, y habia más
así,

Mora andaba

de tres horas que andaban

y

el

Mora

dijo

voz: ((Julián, ríndete, que yo no te quiero matar.)) el Julián no respondió palaen
alta

Y

bra;

y ya no habia una hora de sol, y pues-

to el sol, el Julián era vencido.

Y

como

vio

que el Mora andaba pompeándose, esperando á que el sol cayese, el Julián en aquel tiempo no dormía, y pónese detras de su caballo, la

una

rodilla

en

el

suelo, y
las

con su da-

ga tuvo tiempo de cortar

correas de sus

espuelas y echólas de sí; y miró que su estoque estaba cerca y arremetió á le tomar, y le

i8o

Crónica del Rey Henrico
antes que
el

tomó

Mora

le

pudiese atrepellar.

En

este tiempo, aquel caballero
la

que era paandaba,

drino del Julián, viendo

cosa

cómo

estaba tan triste, que quisiera no haber venido

y dijo á los capitanes españoles: ((Señores, nuestro hombre va perdido.» Entonces dijo el
allí;

capitán Cristóbal Diez: ((Cómo, señor, aun
el dia

no

es acabado, y

yo espero en Dios que
se florea

Julián saldrá vencedor.» El caballero dijo: ((¿No
veis, señor,

que

el

Mora

y espera que

el sol caiga.''»

Ellos, en esto platicando, vieron

Julián habia
el

tomado su estoque, y

cómo el vieron cómo

arremetió, y tuvo tiempo el Julián de dar una estocada al caballo del Mora, y el caballo,

Mora

como se sintió herido, comenzó á dar saltos; y el Mora tuvo temor que con la herida que

tenía su caballo cairia y le tomaria debajo, y determinó de se apartar un poco y apearse;

pero

el

Julián,

como

se viese á pié

y

ligero,

sin espuelas, fué corriendo tras él,

y

al

y tiempo
él

que
le

el

Mora

se quería apear, se abraza
él

con
la

de

tal suerte,

que dio con

en

tierra,
:

y con
el

daga
se

cortó los lazos del yelmo

y

Mora
mano,
que

rindió luego, y el Julián le

tomó

del brazo,
la

y
le

con
do

la

espada de su enemigo en

trujo al rededor del
el

mundo

vio

campo cómo era

tres veces,

to-

su rendido.

Aquí

vieran las alegrías que los españoles

Octavo de Ingalaterra
hicieron; y el caballero, su padrino,
allí

i8i

que hasta

había estado

muy

desmayado.

Y

no fué
pesar

tanta la alegría de ellos, cuanto fué

el

que el Rey y toda su corte recibió en ver que su hombre, de vencedor casi, fué vencido. Y luego el Rey invió muchos caballeros á sacar al capitán Julián al campo, con gran triunfo, y el Rey le echo una cadena de oro al cuello que pesaba más de setecientos escudos, y el Delfín le dio un sayo con estampas de oro que valia más que la cadena del Rey, y otros señores le hicieron otros muchos presentes. Créese, pues esto se di6 al Julián, que muy mucho más diera al Mora si venciera, el cual muy amenguado se salió luego de Francia y se
fué,

según se cree, á Hungría.

Y

dende á pocos

dias, el Julián

y todos los

otros se despidieron del

Rey y volvieron á Ingalaterra, donde fueron muy bien recibidos del Rey y sefiores. Y el Rey les demandó, que qué les parecia de la corte del Rey de Francia
:

y luego un capitán que se llamaba
so, dijo
:

Don

Alon-

((Sepa

V. M. que

es

una de

las

melo
:

jores cortes que

Rey

tiene.»

Y

díjolo sin ha-

cer

mucho

acatamiento.

Y

el

Rey, cuando

oyó, miró

al

Don
al

Alonso,

como

quien dice

((;Ouién es éste que tan osadamente habla?))

Y

volviéndose

bien venidos, y fuese

Gamboa, le el Rey

dijo que fuesen

luego á Stí-cáma-

l82
ra,

(tronica del
allí

Rev

I lenrico

y

demandó que quien

era aquel español

que
y

así alababa la corte del

Rey de

Francia,

fuéle

dicho que era uno de sus capitanes.

Entonces ordenó el Rey las mercedes, que tengo dicho, á Gamboa y á los otros; y este Don

Alonso también hubiera su
tan atrevido; y así, quedó
otros en su servicio.

diabito,
el

si

no fuera
y los

Gamboa

CAPITULO

LX.
del

Cómo fué degollado Millor Montagut^ hermane cardenal Polo^ que está en Roma.

I^OR

olvido he dejado de decir de la
,

muerte de Millor Montagut
leyenda
tes.

la

^^Icual habia de poner antes en esta
;

pues sucedió

mucho
,

an-

Y por ser cosa que
la

no era razón quedase
poner
al fin

en olvido, acordé de
cosas

y otras

más que han pasado. Y sabrán que el secretario Crumuel siempre procuró de hacer mal
que eran de sangre Real, porque ellos le querian mal, y que no estaba engañado; porque sin falta este señor de Montagut quería muy mal á este Cruá todos los señores
le parecía á él

muel, porque

via

que hacia tan poca estima
el

de los señores. Y,undia,

Crumuel imaginó

:

Octavo de Jngalaterra
lo

183

que

se sigue.

Y

fué que

como

este Millor
,

de IVIontagut tuviese un hermano cardenal
estuviese en
cartear con él; y

Roma, como

y de parecióle que se debia
el

Rey

estuviese mal
la

con

el

Cardenal, pensó de buscarle

muerte,

y fuese al Rey, y díjole: ((V. M. sepa que sospecho que Millor de Montagut se cartea

con

el

Cardenal, su hermano; y

si

V.

M. me
le dijo:

da licencia, yo lo sabré.))

Y

el

Rey

uCrumuel, yo te mando que lo hagas.)) Y Crumuel hizo luego prender á un hermano del Millor, que se llamaba Sergil Espul, el cual era un hombre de muy poca renta. Y,

como

le

tuvo preso,
si

le

dijo:
la

«Sergil Espul,

hágote saber que

no dices
si la

verdad, que te

haré dar tormento, y
to

dices,

yo

te

prome-

haga con
vivas.))

el

Rey que
dijo este

te

dé harta renta con

que
el

Y

gentilhombre: ((Señor

Secretario, ¿qué es lo que tengo que decir?))

Y

Crumuel

le dijo:

((

Lo que
que
el

quiero saber es

que
tro

me

digas

qué

es lo

Cardenal, vues-

hermano, ha
;

escrito á Millor de

Monta-

gut y á vos

porque sé que no ha ocho dias
del,

que habéis recibido cartas
digáis la verdad,

y cumple que
))

y no

recibiréis daño.

Este buen señor, no pensando que en

lo

que decia perjudicaba á su hermano, dijo Por cierto, señor, que mi hermano el Cardenal, lo que ha escrito, no ha sido daño para
((

»

184

Crónica del Rey Ilenrico

ninguno.

Y

como hermano
al

y persona que nos

quiere bien, ha escrito que

habemos hecho

muy mal

en haber jurado

Rey

por cabeza

de Iglesia: y yo os digo que nos escribió que más valia que perdiésemos los bienes que

ánimas; y bien pienso que Millor, mi hermano, ha escrito á Roma para haber el

no

las

perdón.
El Crumuel, cuando esto oyó, se fué luego
al

Rey, y

le dijo:

((V.
el

M.

sepa que

el

Millor

trabajaba por haber

perdón del Papa, porIglesia;

que os ha jurado por cabeza de
esto

y

si

no se
el

castiga,

V. M. sepa que todos haluego fuese preso
el

rán otro tanto.))

Y
en

Rey mandó que

Millor de Montagut; y así, lo fué, y le llevaron la Torre, y dentro de siete dias le llevaron
á Vuestmonster,

delante de los señores, y
le

luego habló

el

Crumuel, y
el

dijo:

((Millor,

muy
que

maravillado está

Rey de vos en

pro-

curar haber perdón del Papa, y bien mostráis
el

juramento que

hicistes fué falso y

con

cautela, y sospéchase que queréis hacer algu-

na traición, pues os desdecís del juramento, y no parece bien cartearos con el Cardenal,
pues sabéis que es traidor
dijo entonces: ((El
le
al

Rey.)) El Millor
ni

Cardenal no es traidor,

hay en su linaje; y si está en Roma, vese fuera de vuestras manos, y no le podéis hacer

Octavo de Ingalaterra
mal.))
¿

185
vos,

Entonces

dijo el

Crumuel: ((Pues

para qué procuráis de haber perdón y jurastes falso?» El Millor, no sabiendo lo que su herma-

no habia dicho,
perdón.))

dijo

:

((Yo no procuro haber
el

Y

entonces

Crumuel
:

invió por el

hermano á la Torre, y, delante de todos, dijo Crumuel al Sergil Espul ((Aquí, delante de vuestro hermano y del Consejo del Rey, decid lo que en la Torre me dijistes.)) Este señor,

como

lo

habia confesado, dijo
el

:

((Señor, es ver-

dad que

Cardenal mi hermano nos escribió
el

afeándonos

pecado que habíamos hecho, y
los

mi hermano Entonces todos
contra
el

escribió por haber el perdón.))

señores dijeron que

el

Millor de Montagut merecía morir, pues iba

mandamiento del Rey. Y así, fue condenado sin más información, y dentro de
tres dias le sacaron á degollar.

Este gentilhombre, cuando supo que habian condenado á su hermano, y cuál habia sido la causa, súpitamente, estando en la Torre, arremetió á un mancebo, que tenía una daga, para se la tomar y matarse con ella; pero el

mancebo tuvo más
le

fuerza.

Y,

de aquella hora,

guardaron en

la

Torre con muy
el

buena

guarda, porque no se matase.

Y

luego que Millor fué degollado,

muel se fué un dia á la hermano y díjole Ya
:

CruTorre y habló con el

((

veis

cómo

el

Rey

ha

j86

(y ó nica

del

Rey

-I le nr ico

querido hacer justicia de vuestro hermano

,

y,

por amor de mí, no

la

han hecho de vos,

y, á

mi intercesión,
terlines de la

el

Rey

os da mil libras de es-

renta de vuestro

hermano para

como viese este vos y vuestros herederos.» señor que le cumplia disimular, y no llevase
ya remedio, mostró que tenía placer con
renta que
el la

Y

Rey

le

daba.

Y

luego

le

hizo

el

Crumuel

soltar,

v anduvo más de dos años que
:

no parecía sino que anduvo espantado y como morase cuatro millas de Chechestre, un dia vio allí en Chechestre una nao flamenca, y
determino de meterse en
y pasó en Flándes, y dejó la mujer y hijos que tenía y de Flándes se pasó en Roma, y fuese á los pies
ella,
:

hermano, y díjole: ((Señor, no merezco llamarme vuestro hermano, pues he sido la causa de la muerte de nuestro herdel Cardenal, su

que su hermano habia pecado de ignorancia, le perdonó y le llevó á los pies del Papa, y alcanzóle el
el

mano.»

Y

Cardenal,

como

viese

perdón, y le absolvió del pecado. luego el Cardenal le invió á Flándes con

Y

cartas del

Papa para

el

obispo de Lieja
le

,

el

cual

le

tiene el dia de

hoy consigo, y

honra,
él

y le da un ducado cada dia, y de comer á dos mozos y un caballo. Estos señores hermanos eran
los

y

más

cerla

canos herederos del Rcyno, y parientes de

Octavo de Ingalaterra
rosa blanca.

187
el

Y

luego que

el

Rey supo que
ido,
le

hermano

del

Cardenal era

quitó toda

su renta, y el día de hoy no tiene su mujer y hijos más de lo que ella tenía de su patrimonio,

con

lo cual se

mantiene.
al

Y

si el

Rey pu-

diese haber á sus
le

manos

Cardenal 6 á éste,

haria

lo

que hicieron del hermano; pero

ellos se

guardarán.

CAPITULO
Como
el duq4ie. de

LXI.

Sofoque

fué causa que murió

su hijo de pesar.

L

duque de Sofoque fué un hom-

bre de bajo estado, y por ser muy lindo hombre, y valentísimo, y uno

de los mejores justadores del Reyno, entró tanto en gracia con
el
le

Rey Henrisubió hasta

co Octavo, que poco á poco

que

le

hizo duque de Sofoque.

Y

por ser

digno de memoria, diré aquí parte de su vida.

Como
el

el

Rey

quisiese

mucho

á este

Duque,

y estando en aquel favor, sucedió que murió

Rey

de Francia,

el

cual estaba casado con

una hermana del Rey Henrico, el cual acordó de inviar por la Reyna, y dijo al Duque: ((Duque, aprestaos para ir por la Reyna, mi

1

88

Crónica del Rey Henrico
á Francia.» El

hermana,
tó,

Duque

luego se apres-

y fué con gran fausto y muchos criados, y en Francia hizo grandes gastos, y justó con los

señores de Francia, y no hubo caballero que

mejor justase que
ufana en ver que

el.

Y

la

Reyna
lo

estaba

muy

el

Duque

hacia tan vale-

rosamente, y dentro de quince dias, que llegó

en Francia,

la

Reyna

se aprestó para partir; y

así, se partió, y en breve llegaron á Londres.

Y el Rey hizo gran recibimiento á la
su

Reyna,

hermana; y cada

se hizo
el

muy

triunfaba, y servidor de la Reyna, tanto, que
dia el

Duque

Rey determinó
Reyna.

de se

la

dar por mujer, y lo

dijo á la
se, fué

Y

como

ya

la

Reyna

le

ama-

contenta dello, y se casaron. Este Duque, sin falta, tenía otra mujer, y la dejó porque no se dijese que tenía dos mujeres.

muy

Echó fama que
la

su

mujer era puta y
digo, casó

le

hacia adulterio, y hubo testigos falsos, y fué

causa que

dejó; y,

como

con

la

Reyna. Tenía
ella;

este

Duque

y

el hijo le

dos hijas y un hijo con parecia mucho, y por eso le
;

amaba.

Y con la Reyna no tuvo hijos
la

y cuan-

Reyna Catalina, do el Rey dejó á esta señora Reyna, mujer del Duque, amaba mucho á la Reyna Catalina, y la Reyna á ella. Y tanto fué el pesar que hubo esta señora en ver que el Rey habia dejado á la Reyna Catabendita

Octavo de Ingalaterra
lina,

189

que cayó mala, y fué murió dello.

tal

su dolencia, que

Mediante

este tiempo, el
la

Duque

trabajó de

desposar su hijo con

hija de Milari

Hulebi,

que era española, y habia ido á Ingalaterra con la bendita Reyna, la cual la casó con un señor que
una
se

llamaba Millor de Hulebi, hombre de
mil ducados de renta.

más de quince

Y

tuvo

hija, la cual,

como

digo,

el

Duque

procu-

ró de haber para su hijo; y así, los desposaron.

El hijo era mozo de deciseis años y ella de quince: y mediante este tiempo, como digo, de pesar murió la Reyna, mujer del Duque; y
el
ri

Duque, como

fuese cada dia á casa de Milala

Hulebi, enamoróse de

esposa de su hijo,

y determinó de tomarla para
hijo
;

y quitarla
el viejo

al

y

así lo hizo.

Y

el hijo,
;

cuando
y

lo vio,

tomó
se

tanto pesar, que murió
la

casó-

con
Este

moza.
tenía en Francia, mientras
la

Duque
lo
la

Reyna

vivió, treinta mil

como murió,
ducados de

ducados cada año; y perdió, y cobró los quince mil
la

Milari Hulebi,

cual

murió

dentro de medio año que

con su
esta

hija.

Este
el

Duquesa,
el

el Duque se casó Duque hubo un hijo con cual salió muy lindo mucha-

cho. Esta

Duquesa
cual

fué casada seis años

con

el

Duque,

Duque murió cuando
isla

la

gran

armada de Francia sobre

Duyque, de una

190

Crónica del Rey Henrico
le

dolencia que

tomo, que en

tres dias

murió.

Y
fué

mientras

el

Duque
las

fué vivo, esta

Duquesa

muy buena cristiana,
una de

se tornó

y después que murió, grandes herejes del Reyno,

que

muy mucho

antes que se quitasen las misu

sas, ella solia

decir cada dia dos misas en

casa, y ella fué la primera
las

que
tres

las

quitó, y no
la

consintió decir más.
a

Y

veces en

se-

mana, hacia

un capellán que tenía que pre-

dicase; y toda su gente oia el sermón.

Y

este

capellán era un grande hereje, y ^^ quiero declarar aquí las herejías que predicaba, por
evitar

escándalo, pues todo
se

el

mundo
el

sabe

mundo. Pues tornando á la Duquesa, el tiempo que fué buena cristiana, la bendita Princesa Madama María la quiso mucho; y como supo que había quidel

que en aquel Reyno hoy todas las herejías

mantienen

dia de

tado

las

misas, jamás

la

consintió que

la

fuese

á ver ni hablar.

El Duque, como dijimos, tuvo dos

hijas,
el
:

hermanas del Duque jamás

hijo
las

como

y fuesen grandes, y sin favor del padre, y fuesen gentiles mujeres, diéronse al mundo

que murió, las cuales quiso conocer por hijas

tanto,

que eran comunes; y

al

padre no se

le

dio nada dello.

Gran piedad que por

falta del
;

padre hicieron maleficios de sus cuerpos

y

la

madre era viva y no tuvo

posibilidad para las

Octavo de Ingalaterra
ayudar.

191
fue para el

Gran cargo de conciencia
Dios
le

padre

:

haya perdonado.

CAPITULO
Corno el conde de Rochefort
,

LXIl.
por amores que tu-

vo con la hija de M'tllor Cohan^ acusó a su

mujer por adúltera y Coba na.

la dejo

^

y caso con

la

STE conde de Rochefort era herma-

no de

la

Reyna Catalina,
el

la

mujer
aquel

última que tuvo

Rey.

En

tiempo vino á
Millor Coban,
la

la

corte una hija de

más linda moza de todo el Reyno; y este Conde era muy lindo hombre y uno de los más miñones de la corte; y era
casado y tenía una bien linda mujer: y como vino á la corte la Cobana, hízose su servidor,
tanto,

que jamás

se

vio las locuras y gastos

que hacia por amor

della.

Y
sin
tera.

un dia determinó de dejar su mujer, y vergüenza ninguna la acusó que era adúl-

cho.

Y Y

la

buena de su mujer

se defendia

mu-

qué hizo este Conde, sino comprar
la

dos criados suyos que jurasen que
visto holgar

habian

con un caballerizo del Conde, el cual no habia un mes que se habia partido del

192

Crónica del Rey Henrico
para
¡r

que era de Gales, y lindo hombre. Y no estuvo en su tierra ocho dias, que de unas fiebres murió; y como el
á su tierra,

Conde

Conde supo que
aquella malicia
j

era

muerto

,

pensó luego

y,

como

digo, dio

muchos
la

di-

neros á estos criados que jurasen
visto holgar

habían
tan

con

él;

y llevólo

el

Conde

adelante, que por la ley queria hacer justicia
della.

Y

no habia un año que

se habia

hecho

en

el

Parlamento que toda mujer de señor de

que fuese acusada por adultera, y se lo probasen, que muriese por ello. Y así el Consalva,

de

la siguió,

y

sin falta se hiciera justicia della,

sino que el

Conde

se fué á ella
la

y

le dijo:

«Mi-

verdad, y yo os perra, dono, y os daré todas vuestras rentas que trujistes con vos.»

Condesa, confesad

La Condesa,
cierto,
la

si

era culpante,
se

no

se

supo de

más de que

sospechó, pues su ma-

acusaba; y jamás quiso la pobre señora rido confesar que habia hecho tal adulterio; y fue
sentenciada á que
la

cortasen

la

cabeza. Por

cierto grande fué el diablo; pues

pudo hacer

que

Conde hiciese tal cosa: y como el Conde fuese hermano de la Reyna Catalina, la buena Reyna se fué á los pies del Rey, y no se quiso levantar hasta que el Rey la otorgó una merced, y fué que le demandó la vida de la Condesa. Y el Rey la dijo: ((Señora, ya
el

; ;

Octavo de Ingalaterra
sabéis

193

que está puesto por
su marido no
la

ley

que toda mujer

de estado que sea hallada en adulterio debe
morir,
si

perdona.))

Y

luego

dijo la Reyna: « V. M. es más que la ley, y yo trabajaré que mi hermano la perdone.))

Y

el

Rey

la dijo:

((Señora,

si

vuestro hermano

es contento, yo la perdono.))

Y

luego

la

bue-

na Reyna invió á llamar á su hermano, y le dijo: ((Hermano, ¿qué pensáis de hacer? ¿Queréis ser cruel

falsos testigos

y hacer matar á la Condesa por que han jurado contra ella? Yo

os prometo, hermano, que no será
sáis,

como

pen-

que yo haré dar tormento á los testigos y espero en Dios que se sepa la verdad.)) El Conde, que oyó hablar asina ala Reyna,
dijo
:

((

Señora, yo no sé

más de

lo

que

la

han

acusado, y yo soy el deshonrado, y es menester que se haga justicia por mi honra.)) lue-

Y

go

la

Reyna
la

invió hacer prender los testigos

los cuales

noche antes

el

Conde

los invió

á su tierra,

que eran de Cornualla.

Y

como
((Her-

no

los hallaron, se

sospechó que habian sido

falsos.

Y luego la Reyna dijo al Conde:

mano, gran aparencia hay para que sea falso testimonio lo que á la Condesa se ha levantado, y cumple que la perdonéis.)) Y el Conde dijo: ((Señora Reyna, yo no puedo hacer más de lo que la justicia hace.)) Y la Reyna dijo:
((Mirad, hermano:
el

Rey

es justicia, y él
25

me

194
lia

Crónica del Rey Ilcnrico
la

hecho

merced de
y
si

la

Condesa.» El Con-

de dijo: ((Señora, contra

no puedo
sar,

ir,

que manda el Rey queréis que yo la perdone,
lo

soy contento con que nos habemos de desca-

y que

ella
la

diga que

me

hizo maleficio.»

((Conde, dijo
veis

que

la

Reyna, no tenéis razón, que Condesa no quiere decir tal cosa;

pero yo haré que os deseaseis.»

Y

así, fué traida la

Condesa delante de

la

Reyna, y públicamente se dieron por quitos el uno del otro. Gran ceguedad de Conde, que por amores de una dama quiso dejar su mujer, la cual después que se quitó de su marido, no se vio que hiciese cosa que fea fuese.

Conde luego comenzó a trunfar como solia, y servir á su dama de tal modo, que la demandó á su padre, Millor Coban, y se la dio
el

Y

por mujer; y ansí cumplió su deseo. Plegué á Dios cumpla mejor con Dios.

Octavo de Ingalaterra

195

CAPITULO
Como
el

LXIII.
procuro de deshacer

capitán

Gamboa

al capitán Julián,

üMo
Rey
sus

estuviesen

en servicio

del

todos los capitanes españoles,

y Julián quisiese trunfar más que
fuerzas
;

ni

gajas

requerian,

cada dia se empeñaba

y fué tanto, que no osaba andar algunas veces públicamente, por

un dia, un milanés, que se llamaba Bautista Varón, le arrestó por doscientos ducados que le debia. Y como se viese arrestado, hizo que el sargento fuese con él a casa del Maestre de Campo Gamboa; y fueron allá, y como se vio allí
le

miedo que no

arrestasen.

Al

fin

el

Julián,

comenzó

á dar grandes pesares,

y

decir cosas fuera de razón, entre las cuales di-

jo, que era grandísimo bellaco
servir á herejes, y

que quería que juraba de se ir y que con una pica en el hombro y no tener más de cuatro ducados de paga habia de servir en otro
el
,

Reyno: y

dijo otras cosas
le

que fueran bien exque
el

cusadas, de que no

vino bien después, dello.

Y

al fin

fué menester

Gamboa

hi-

ciese responder por los doscientos ducados; y no faltó quien fué a acusar al Julián delante

;

J9O

Crónica del Rey llenrtco

del Consejo.

Y

luego los señores del Consejo
al

inviaron á llamar

Gamboa,

y

como

fué de-

lante del Consejo, le dijeron:
sois

((Gamboa, diño

de gran pena, y habéis caido en traición pues habéis consentido que en vuestra casa se

haya dicho mal del Rey y de su Consejo.» El

Gamboa, como
((

era sordo y se lo dijeron, dijo:

Señores, yo no he sido en ninguna traición,

y si yo oyera en mi casa decir mal del Rey ó de su Consejo, yo lo castigara.» los seño-

Y

res

pensaron luego que
en vuestra casa
allí

como
tal

era sordo,

que

no habria oido nada, y dijeron: ((Pues Julián
dijo
tal

y

cosa.»

Y el Gam-

boa hizo
oido
tal

un gran juramento que no habia cosa, y así era verdad, que cuando el
el

Julián lo dijo, estaba
ra.

Gamboa

en su cámale

Y

luego inviaron á llamar á Julián, y
:

dijeron mil perrerías, y Julián dijo ((Señores, yo no he dicho nada por que sea tan mal tratado.»
esto,
lián

Y

le

dijeron: ((Pues vos dijistes esto y

el Juy hay testigos que lo oyeron.» lo negaba. Y fué llamado un mercader

Y

que al presente se halló en casa del Maestre de Campo, el cual habia oido todo lo que habia pasado; y antes que este mercader fuese
delante del Consejo,
el

Gamboa

le

habló y

le

rogó acusase

al

Julián todo lo que
las gajas.

pudiese,

porque

le

quitasen

Y

el

mercader,

como

viese

la

malicia del

Octavo de Inga lat erra

197

«Señor Gamboa, yo no soy malsín, ni quiero hacer mal donde puedo hacer bien.)) Y no quiso hablar con el Gamboa más.

Gamboa,

dijo:

Y, como
nes y
dijo
el

digo, los señores inviaron a llamar

este mercader^ y allí estaban todos los capita-

Julián.

Y
al

al

mercader á hablar
en
alto,

tiempo que entraba Consejo, ^1 Gamboa

el
le

que los otros lo oyeron: « Señor, yo os ruego que favorezcáis al señor Julián, porque en vuestro dicho está de le hacer mal 6 bien.)) Gran Dios, que cautelosamente dijo aquello Gamboa, y no habia tres horas que

muy

afectuosamente rogó que

le

acusase y

hiciese de

modo que
le

le

quitasen las rentas.

Y

pareció
el

al

Julián y á los otros capitanes que
favorecía.
el

Gamboa

Pues entrado
sejo, el

mercader delante del Conduque de Somorset le habló y le dite hallaste

jo:

«Aquí nos han dicho que

en

casa de

Gamboa cuando
Rey y

Julián dijo

muy mu-

chas cosas del
te

su Consejo; y nosotros

tenemos por hombre de bien, y creemos nos dirás la verdad, y es menester que lo jures.)) Y luego le hicieron poner las manos so-

bre los Evangelios, y juró de decir verdad. los señores tenian puesto por escrito lo que
habia dicho y
el mercader dijo: yendo en casa del «Señores, es verdad que yo Maestre de Campo Gamboa, entré á tiempo

Y

mucho más,

y

198

Crónica del Rey Ilenrico
el

que entraba
tos;

capitán Julián con dos sargen-

y

el

Julián, con enojo que tenía de se ver

preso, dijo en alto que lo pude oir:

Muy

poco

en cargo soy

Rey, ni á la Reyna, ni á MadaConsejo; y más querría, con perdón, un cagajón, que no lo que me pueden
al

ma María,
hacer; y

ni al

más

querría servir á otro por cuatro
tesoro.))

ducados, que aquí por un
res le dijeron:

Y

los seño-

«¿No le oistes decir que él una vendría con pica en el hombro contra estos herejes ? » El mercader dijo entonces « Se:

ñores,

allí

habia tantas voces entre los solda-

dos, que podria haber dicho tal cosa, y con las

voces no lo entendí, y como yo iba a otras cosas que me cumplían, no paré mientes en
ello.))

Entonces Huaruyque,
quisiere,

el

Almirante, que era
:

dijo

conde de «Señores, dejémosle ir adonde
el

que seiscientos ducados que tiene, servirán parados gentileshombres prisioneros.)) Entre ellos hubo más de cinco que dijeron
otro tanto; y entonces dijo
te: «Señores,
el

secretario Paje-

no es de mirar en palabras que la persona diga con pasión, en demás que en lo que ha dicho no es crimen; y bien se sabe el servicio que ha hecho al Rey, y no es menester dar mal por mal más bien, y de mi
;

consejo,

le

llamen vuestras señorías, y se lo

afeen y den mandamiento para que otro dia

Octavo de Ingalaterra
no diga mal, y amenacen que
castigado.))
si

199
hace
el
seríí

lo

Y

luego

le

llamaron, y

de Somorset
te

le dijo: «Julián, por lo

duque que á tí

han acusado merecias castigo; pero el Rey es tan buen Príncipe, que no mira á palabras dichas con enojo; y mira que te mandamos que no te desmandes más á decir lo semejante,

porque serás castigado

;

y agora serás per-

donado.)) El Julián, sin responder más, hizo

una gran reverencia: y luego le mandaron que se fuese; y si á alguno pesó que no fuese despedido, fué
al

Gamboa.

CAPITULO LXIV.
Como
el conde

S ore fué acusado por
hermana propia.
dias

traidor^

de su

o muchos

después que elRey

vino de Boloña y se casó con la última mujer, fué acusado de trai-

dor

el

conde Sore,

hijo del

du-

que de Norfoque.
hija, la cual íué

Y

este

Duque

tenía una

casada con un hijo bastardo

del

Rey, que fué duque de Yorca. después que enviudó, no se quiso casar, y era una de las lindas damas que habia en el Reyno. Y co-

Y

mo

era joven, sospechóse

cuerpo.

Y

tenía

que era mala de su dos hermanos, el uno era

200
el

Crónica del Rey líenrico
el

conde Sore y
dia fué á su

otro Millor

Tomás.
el

Y como
Conde^

se doliesen de la honra,

en especial
díjole:

un
si

hermana y

«Hermana,

mucho me

pesa de lo que oyó decir de vos; y así es, yo os prometo que jamas os hable,

antes seré vuestro mortal enemigo.))

La Du-

quesa no hizo cuenta de

Conde

le dijo,

antes se
el

que su hermano el daba á buen tiempo.
lo

Antes que
siempre
la

hermano supiese nada
la

della,

vesitaba y

quería

mucho

y co-

municaba sus cosas con ella. Y parece ser que este Conde hizo hacer una pintura, en que en ella puso las armas de su
padre, y las del Rey junto, y una Jarretera al rededor, y donde en la Jarretera del Rey
dice:
inglés:

oni
T'el

suet qui male PENSA,pusoen dandus^ que quiere decir: Has-

ta entonces asina.

Y

acabada

la

pintura,

man-

al

pintor echar una tela por cima, pin-

tada,

que no pareciese que habia otra pintura.

no tan constante para tener su secreto, díjoselo á su hermana; y la hermana díjolo al

Y

Duque,

su padre; y

el

Duque tomó
por

al

Conde
y
el

aparte, y hirióle

muy malamente
((

ello;

Conde respondió:
soy

Padre, ya sabéis que estas
las tuvieron,

armas, nuestros antepasados

y yo

muy mejor que
El padre

todos ellos, y no os pese
:

dello.))
si

le dijo

((Hijo, ya sabes que
te

el

Rey

lo sabe,

que

puede acusar por

:

Octavo de Jngalaterra
traidor y á
secreto.))

201

mí también, y no descubras este El Conde le dijo: ((Padre, ninguno

vos y mi hermana; pues del pintor yo estoy seguro; porque es un italiano^

no
el
el

lo sabe sino

cual es ido en

Italia.))

Y

así era verdad;

y

padre dijo: ((Hijo, plega á Dios que no nos
dello,

venga mal
llor

Tomás,

y no lo sepa tu hermano Mique es joven, y podríalo decir á
te

quien nos acusase; y yo aquí, que lo quiero ver.))
((Señor,

ruego, traímelo

Y

el

Conde
que

le dijo

no

es posible de lo ver,
))

está otra

pintura encima.

Pues como este Conde estuviese enojado

con
ella

la

hermana, y
el

la

hubiese amenazado, y

no

se dejase de sus pasatiempos,

no mi-

rando

gran daño que á su padre y hermanos
al

venía, fuese

Rey y

dijo: ((V.

M.

sabrá que

mi hermano el conde Sore ha hecho tal pintura, y no sé á qué intención (y díjole del modo que estaba hecha). ((Y como yo lo supe, quise decirlo, á V. M., porque sepa del su intención.)) Y el Rey, como fuese muy sabio, díjole: ((Duquesa, ios á vuestra casa, que no va

mucho en
al

ello.))

Y

ida,

llamó luego á Pajete y
díjoles
:

duque de Somorset, y

((

¿

Qué

os

parece del conde Sore, que presume de tomar

mis armas, diciendo que
luego dijo
el

le

pertenecen?))

Y

Duque:

((Si así es,
la

V.

iM. le ha-

ga luego prender, y sépase

verdad.))
26

202

Crónica del Rey llenrico

Y luego el Rey mandó al capitán de la guarda,
que muy secretamente, viniendo
lacio, le prendiese.
el

Conde

á Pa-

Y

el
el

capitán otro dia, des-

pués de comer, vio que
lacio;

Conde entraba

á Pa-

y andaba

el

capitán paseándose en

la

gran

sala de abajo,

gran sala
jole:
((

y en unos corredores junto á la tenía doce alabarderos prestos, y dí-

Serior

Conde,

seáis bien

venido, queria
el

os rogar

me
le

fuésedes buen señor con

Duque,

vuestro padre, en una cosa que he menester
del,

y yo

suplico

me

oya.))

Y así,
le

le llevó al

corredor, y luego los alabarderos
le

tomaron y
;

metieron en una barca sin ser oido
la

y fué

llevado á
hasta
la
el

Torre, que no

se

supo en Palacio

noche.

Y

Duque,

su padre, cuando lo supo, pen-

só morir de pesar; y, otro dia,

mandó el Rey al

duque de Somorset y á otros grandes, que fuesen á saber del Conde, la intención que tenía cuando hizo aquella pinsu padre, y
al

Duque,

^&y. no fueron llegados estos señores á la Torre, cuando luego llegó el secretario Pajete, para que también quedase preso el Duque, su padre; porque la hija, como supo que su hermano estaba preso, vino al Rey, y díjole ((Pues V. M. sepa que mi padre lo sabía.» Y así, llegó Pajete, y dijo al duque de Somorset y á los otros señores, que el Duque no

tura, la cual fué traida luego delante del

Y

:

Octavo de Ingalaterra
lo

203
todos enal

oyó, lo que

el

Rey mandaba.

Y

traron en una cámara, y inviaron á llamar

que entró, le rogaron que dijese la verdad de lo que le era demandado y él dijo: ((Señores, decid á lo que venis, que

Conde;

y, luego

:

((Pues, Conde, dijo el duyo diré la verdad.)) que de Somorset, vuestra hermana os acusa que tenéis una pintura, y en ella puesto las ajrmas del Rey, y un letrero á vuestro modo.
¿

Qué

pensábades en

esto?))

El Conde respon-

dió: ((Señores, vosotros sabréis

que todos mis

antepasados han tenido estas armas, y el Rey Henrico Séptimo las quitó al Duque, mi padre.))

Y

los señores le dijeron:

((Conde, ¿y

el

letrero

que

que

así

qué significa?)) ((Señores, estará hasta que venga á luz.))
pusistes,
los señores se

Luego

miraron

el

uno

al

otro,

y el padre no habia hablado palabra, y luego le inviaron á la cámara donde estaba, y llamaron al capitán del castillo, y todos le mandaron en

nombre
así,

del

Rey que
allí.

prendiese

al

Duque; y
la

quedó

Y
Rey

los señores se
el

fueron

al

Rey con

conel

fesión que

Conde habia hecho, y luego
el

delante de su Consejo hizo quitar

pa-

ño que estaba delante de las armas, y vieron el letrero que decia Hasta entonces asina. Y
:

el

Rey

le

Y

el

mandó hacer luego pedazos. Conde, aquella noche, habló con un

2c)4

Crónica del Rey Henrico

criado suyo, del cual se fiaba
((Martin
,

mucho, y
te

díjole

:

que

así se

llamaba, yo

ruego que

me
se

traigas

una daga

muy

secretamente.»

Y

el

criado dijo que lo haria.

Y

dejaban que tuvie-

un mozo, y el padre dos. Este Conde estaba en una cámara hacia el rio, y vio que por un retrete se podria salvar, si mataba á dos hombres que dormían en aquella cámara del retrete y la marea llegaba allí , y á bajamar quedaba seco; y á media noche era bajamar.
:

Y
que

el

criado estuvo pensando

mucho en

lo

mandó., y determinó de llevar la daga, y metida en las calzas la llevó, que no lo vio ninguno; y diósela, y díjole: ((Señor,
el
le

amo

apartóle aparqué mandáis que yo haga ?» Vete, y en Sancta Catalina ten te, y díjole un batel, cueste lo que costare, y espérame allí, que á la media noche espero de ser con¿
:

Y

((

tigo;

y vete á mi hermano, y dile que le ruego que me invie cincuenta nobles, y que te los dé á tí, y no sepa nada que has de tomar
batel, ni lo

de

la

daga.

criado se fué, y puso la daga encima del cielo de la cama, por mandado del amo, y
el

Y

fuese

al

hermano

del

Conde y demandóle

los

dineros, y luego se los dio; y fue luego y proveyó del batel, y dijo á los bateleros: ((Her-

manos, yo vendré aquí á media noche para ir con vosotros, y yo os ruego que me esperéis

Octavo de Ingalaterra
aquí.))

205

Y
ir

che, dijo
quería

cuando el Conde vio que era de noque se sentia mal dispuesto, y que se á dormir; y los guardas, que dormian
porque nosotros habecastillo,

de noche en su cámara, dijeron: ((Señor, vuestra señoría se acueste,

y no podemos venir que no sea media noche pasada. El Conrnos de
ir

á rondar

el

cuando aquello oyó, ya pueden ver si pesaria; y disimuló, y pensó que idos ellos podria mejor escapar, y cada momento se
de,

le

se
le

cama, y va á ver si la marea era baja, y vio que seria bien media noche, antes que fuese. como vio que
hacia un año: y levantóse de su

Y

eran
vio

las

doce, quitó
la

que

cobertor del retrete y marea era baja, á dos pies, y no
el
;

y métese en el retrete y comienza á bajar, y en aquel instante entran los guardas y ven que no estaba en la cama, y corren al retrete, y uno dellos le alcanzó del brazo, y como el Conde no se pudo ayudar,
quiso
los
las

más esperar

guardas dieron voces, y otras guardas.
si le

así,

acudieron

allí

Créese que

mo
so,

tomaran en la cámara cole tomaron en el retrete, según era animoque con la daga los matara antes que se
si

supiera; y
las

esperara otra noche,

el

matara
le

guardas.

Y

como

vinieron las guardas,

echaron unos

grillos á los pies, y

luego se suel

po otro dia por tuda Londres.

Y

criado que

:

2o6
tenía

Crónica del Rey Henrico

tomado el batel, con los dineros se fué luego, que no se supo más del. Y luego mando el Rey que por justicia se viese, y si merecia muerte, que le cortasen la cabeza. Y
porque todo
el

mundo

lo

viese, vinieron

á

Londres

los jueces, á la casa

de

la villa.

Y ja-

más
allí,

que ningún señor fuese sentenciado sino en Vuestmonster. doce señores de
se vio

Y

salva se juntaron.

Pues

el

buen Conde fué sacado con más
los
la

de trescientos alabarderos de

vado delante de
espanto de
calles.

ver

Torre, y llejueces; y fué una cosa de gente que estaba por las
la

Pues asentados

los

jueces y los doce

señores, luego hablaron los abogados del Rey,

y dijeron: ((Señores, por cualquiera de las cosas que el Conde ha hecho merece muerte;
la

una, querer usurpar

las

armas del Rey, que

se sospecha se

queria hacer Rey,
la

haber rompido
culpante.))

y la otra cárcel, donde mostró ser

Conde, con un ánimo varonil, dijo: ((Vosotros sois falsos, y por ganar una
pieza

Y el

de oro condenaréis á vuestro padre;

armas del y yo no quise jamás usurpar las Rey, porque bien se sabe que mis antepasados las tenian; y vayan á la Iglesia de Norfoque, y veránlas allí, y son nuestras de uno de los letrados quinientos años.))

más de
le dijo
la

Y

((Conde,

¿

por qué hicistes

el

letrero

en

Jar-

:

Octavo de Ingalaterra
retera?))

207
el

Y,

el

Conde
si

dijo: u
le
si

Yo no

puse

moasí^

te del

Rey, que
que

pusiera pudiera haber

alguna sospecha; y

puse hasta entonces

no

tenéis

me

alegar dello, que todos estos

señores que aquí están saben los grandes sery yo tenía voluntad de hacer, y por ellos esperaba que el Rey por aquello puse el me tornaría las armas.
vicios
,

que mi padre ha hecho

Y

mote.))

Y

luego habló

el

secretario Pajete

«Callad, Conde, que vuestro pensamiento era

hacer traición, y como el Rey es viejo, pensábades de haceros Rey.)) Entonces dijo el

Conde

(Y
te

qué tienes que hablar?)) cachapol quiere decir porqueron ) «Y más valdría callar, que el Reyno jamás es:

W¿ Tíí, cachapol^

:

tuvo bien, después que
les

el

Rey puso

tan cevile

como
que

tu en Gobierno.))

Y

porque

llamo

porqueron, fué que su padre habia sido sargete,

es tanto

como

porqueron.

Y
habló
de,
.•por

el
el

Pajete,

muy

vergonzado, calló; y luego
:

Conde de Huaruyque, y díjole
sois
la

((

Con-

si

no

culpante, ni pensábades mal,
cubierta delante de las ar-

qué echastes

mas, y por qué procurastes de salvaros rompiendo la cárcel ?)) El Conde dijo: ((Si procuré

de

me

salir,

fué por

no venir

á lo

que estoy
al

agora; y vos, señor Conde, sabéis que aunque

hombre tenga derecho, acreminan siempre
caido.))

2o8

Crónica del Rey Henric'j

Entonces todos los señores se juntaron eti una cámara, y demandaron si habia otra acusación contra él,

más de

aquéllas; y fuéles di-

cho que no
seis

y así estuvieron dentro más de horas, de que hubo entre ellos gran dife;

rencia; y fué menester que
te fuese al

el

secretario Paje-

Rey.

Y

así,

fué,

y cuando volvió,

entró donde estaban

los

señores, y después

que

el

Pajete llegó, estuvieron

más de una

hora; y después salieron y fueron delante del fueron llamados todos doce por sus juez.

Y

nombres, y todos respondieron que el duque de Somorset responderia por todos; y luego se dio un pregón, que todo el mundo tuviese silencio, y demandó el juez mayor: «Señores, qué decis del conde Sore, es culpante ó no ?» ¿ el Duque dijo en alto, que todo el pueblo

Y

oyó: ((Culpante es y debe morir.» No hubo dicho esto, cuando el pueblo hizo muv
lo

grande rumor, que en gran rato no callaron,

aunque les daban voces ; y luego tuvieron otra vez silencio. Estonces el conde de Sore dijo: ((Señores, ¿en qué lo habéis hallado que tengo culpa? por cierto no la hallaréis tal ley; pero yo sé que el Rey tiene gana de quitar la noble sangre de

cabe

sí,

y servirse de

vil

gente.))

Creyóse que cuando el Pajete entró, que Rey invió á mandar que le condenasen.

el

Y

Octavo de Ingalaterra
luego
él,

209

íe

llevaron á

la

Torre,
:

la

hacha contra
pesar

que

es señal de morir

fué cosa de gran
el

lástima las

cosas que iba diciendo, y

que todo

el

pueblo tuvo.

dia le sacaron á degollar,

Y, por abreviar, otro y allí habló muchas
ha-

cosas, y dijo que jamás habia pensado de

cer traicionj y no le dejaron que hablase má?. así, le degollaron, y fué enterrado en la ca-

Y

pilla del

Barquin

sen

al

padre, el

y mandó el Rey que dejacual estuvo preso en la Torre,
;

hasta que murió.

Y

luego se entregó

el

Rey

en
el

ducado de Norfoque; y fué mandado que padre no supiese de la muerte del hijo; mas
el
al

después lo supo; y fué dada licencia

hijo

menor para que
cuando
diesen
gastar.

entrase

á
el

hablar

ai

padre
dia

quisiese.
al

Y

mandó

Rey que cada

Duque una

libra

de esterlines para

Este Duque, cierto hizo
vicios al

muy

grandes ser-

prisión

;

Rey, y fué gran daño al Reyno de su* porque si él estuviera en su prospe-

ridad,

no consintiera tantas herejías como el dia de hoy hay en el Reyno: y así, no hablaremos más dellos, por contar lo que más sucedió en el Reyno.

27

210

Crónica del Rey lie nr ico

CAPnULO
Có?no el

J.XV.
los clérigos,^

Rey

dió

una orden á

muy
lo

estrecha^ por donde no hahia ninguno que
quístese ser.

lOMO

las

herejías cada dia se pu-

,bl¡casen

más, y

los clérigos

inven-

tasen de tener libertad para se ca-

cían, el
lo vio

y muchos, sin temor, lo habuen obispo de Huinchestre, cuando
sar,
el

y via

gran mal que se hacia, fuese

al

Rey, y
Iglesia,

díjole: aSeíior,

V. M.

es

cabeza de
la

y

si

no remedia, habrá gran mal, y

Iglesia se perderá.))

Y

el

Rey

dijo: ((Obispo,

mal

me

luego

al

parece, y yo pondré remedio.)) invio arzobispo de Canturberi para que

Y

hiciese saber á los clérigos y perlados,

que

el

que fuese hallado con mujer ó en adulterio,

que perdiese

el

beneficio por

la

primera vez,

y por segunda, que muriese por ello; porque los que han de comulgar cada dia no han de
tener escrúpulo de pecado.

Y

así fué predica-

do; y los clérigos cuando vieron el mandamiento, se reformaron mucho; y así estuvieron hasta que el Rey murió,

Y
mar,

un
al

dia dijo

un doctor, que
:

se
«

llamaba

Go-

obispo de Canturberi

Señor, gran

1 :

Octavo de Ingalaterra
estrecheza es
la

2

1

que

ios clérigos tienen, y ba-

góos saber, que de aquí á veinte años no habrá
clérigo en el
((

Reyno.

))

Y
el

el

Obispo

dijo

¿Cómo

será eso?))

Dijo

Doctor:

«Yo os lo

diré:
los
si

vayan á Oxoniay á Cantabrijia, que son dos colegios donde más estudiantes hay, y

de los ciento, los noventa no dijeren que no

quieren ser clérigos, á causa del mandamiento,

yo quiero ser castigado.»

Y
gos.
tar.

luego

el

Obispo invió

allá,

y en cada cocléri-

legio habia

más de dos
ellos diez

mil estudiantes, y no

hubo entre

que quisiesen ser
lo

Y Y
:

volviéronse los que fueron á pregun-

como

el

Obispo
dijo

vio,
al

dijo:

((Yo

me
mar

maravillo.»

Y

entonces

doctor

Go-

((Es menester haber paciencia,

que yo
se

trabajaré en lo remediar.»

Y

así estuvo, hasta
los clérigos

que después vino á que todos
casaron,

como

se dirá.

CAPITULO LXVI.
Cómo
el

Rey

se sintió

mal

dispuesto^ y hizo su

testamento.

UY pocos
el

dias después que murió conde Sore, el Rey se sintió mal dispuesto; y como era hombre

sabio,

llamó á todos los señores

de su Consejo, y díjoles: «Señores, yo

me

ha-

212
ilü

Crónica del Rey ílenrico

mal dispuesto, y no se cuando Dios me llamará; por eso yo quiero ordenar mi ánima,
y quiero satisfacer á mis criados
el

servicio

que

me han

hecho.))
al secretario

Y

luego llamó

Pajetc, y díjole

:

((Pajete,

vén acá, yo sé bien que son

muy

po-

cos mis dias, y te quiero satisfacer de tus servicios.»

Y
c(

luego

le

dio delante de aquellos se-

ñores seiscientas libras de renta perpetuas, y
díjole
:

Yo

te las

doy y

te

perdono

los dine-

ros

que habias de dar

dellas.))
el

Estas seiscientas
Pajete, á pagar

libras, las habia

comprado

en

siete años, y dióselas dadas.

Y otros muchos
como
el,

señores habian comprado también
á

y

todos lo dio dado; de modo, que á

muy

muchos de sus criados dio mucha renta. Y mandó al Pajete que aquella noche quedase
con
el, y así lo hizo; y

mandóle tomar papel

y tinta, y ordenó muy muchas cosas, y aquí diré algunas dellas.

Lo

primero, dejó deciseis de los principales

de su Consejo por gobernadores, y mandó que su hijo fuese luego coronado por Rey; y man-

dó que
hija

si

su hijo muriese sin heredero, que su
fuese

Madama María

Reyna; y

si

murieel

sen los dos, que su hija Isabel heredase

Reyno; y
á su hija

faltando los tres, que fuese Millor

marqués de Rutelan.

Y

mandó que
siete mil

le

diesen

Madama María

libras para

Octavo de Ingalaierra

213

su mantenimiento, y á su hija Isabel cuatro mil libras. mandó que como su hijo fuese

Y

de deciocho años, que pudiese entonces hacer
su voluntad, y
quisiese; y
hiciese en su

Reyno

lo

que

que hasta que tuviese deciocho

años, que los deciseis gobernasen.

Y

mandó

que ninguno de sus criados fuesen despedidos ni mudados de sus oficios; y que todos los o-entileshombres de su cámara, fuesen de la

cámara de su
hizo.

hijo; y

otras

muchas mandas
malo en ocho
sus gran-

Y
dias,

desde

el dia
:

que se

sintió

murió

y cada dia llamaba á
les

des,
hijo.

y siempre

rogaba fuesen leales á su

Y, un

dia antes

que muriese, hizo venir

yllí á

Madama
como

ñora,

María, su hija; y la buena Sevio al padre tan al cabo, fuese delas rodillas;

lante de la
el

cama y hincó
las

y cuando
le

padre

la vio,

lágrimas en abundancia
((j

vinieron á los ojos, y dijo ansina:

Oh

hija!

muy contraria te ha sido la fortuna, y mucho me pesa que no te casé como deseaba; y pues
mi desdicha no lo quiso, yo te ruego, hija, que te esfuerces y que seas madre de tu hermano; pues ves que queda pequeño y yo dejo tales en gobierno del Reyno, que te honrarán y servirán como
tu fortuna lo quiso, ó
:

mereces.))

La buena Señora, no pudiendo responder del mucho llorar, se esforzó un poco?

214
y
tlijo:
(i

Crónica del Rey Henrico

Yo

espero en Dios que V.

M.

vivi-

rá muchos dias, y que no me hará tanto mal en dejarme tan presto huérfana.» como el

Y

Rey no pudiese ver á la buena Señora llorar, hizo señas con la mano que de palabra no
,

pudo, que se fuese.
ñora, que no vio

Y

así, se fue la

buena Sedíjo-

Y
le:

más á su padre. luego mandó llamar á la Reyna, y

((Señora, Dios es servido que nos aparte-

mos, y yo mando á todos estos señores que os honren y miren como si yo fuese vivo; y si vos, señora, os quisieredes casar, mando que
os den siete mil
cio
libras

para

vuestro servi-

mientras viviéredes, y todas vuestras jo-

yas y atavíos.))

Y

la

buena Reyna no pudo

tampoco responder
bién
le

del

mucho

llorar,

y tam-

mandó que

se saliese.

Y

otro dia se confesó y

tomó

el

Sancto Sa-

cramento, y dio el ánima á Dios. antes que muriese, habia mandado

Y
el

un

dia
al

Rey

duque de Somorset que fuese por el Príncipe, que estaba quince millas de Londres; y así, fué con más de trescientos caballos, y fuéle dicho antes que viniese, que el Rey era muerto. Y'

luego

le trajo

á la ciudad, y fue llevado

con gran trunfo á la 'Forre; y túvose secreta la muerte del Rey hasta que el Príncipe fué coronado por Rey, como se dirá.

Octavo de Ingalaterra

21

CAPITULO
Cómo
el

LXVII.

Príncipe fué llevado á Vuestmomter^ á
coronar^ con

gran trunfo.

S^'^^^l^i^A se ha dicho

^^vV^^ morsct

,

duque de Sopor mandado del Rey, fué
el

cómo

Sl^_^\^por el Príncipe. Y como el Rey S^^í^i^ murió, acordaron que antes que se
divulgase su muerte fuese coronado.
se hicieron grandes aparatos

Y

así,

en

la

ciudad de

Londres y en
ter;

la

gran casa de Vuestmons-

y fué llevado con el mayor trunfo que jamas Príncipe fué llevado y por las calles
;

de Londres estaban todos los oficios en or-

den

;

y fué tanta

la

gente que estaban en

las

y ventanas, que era cosa de espanto. Y, junto á la gran Jí de Chepa, estaba puesto un
calles

cadalso, y

encima un arco trunfante que parecía al modo del cielo, y, por un artificio, se abría por medio y bajaba un muchacho como ángel; y al tiempo que el Príncipe pasó por debajo dióle una bolsa con mil libras de estarlines; y al tiempo que se la dio, dijo el
Príncipe
:

«

:

Para qué

me dan
la

esto

?

))

tuvo fuerzas para tener
y díjole
el
la

bolsa en las

no manos;
lo dio

Y

Duque,

su tio,
la

que

iba

junto dé),

que era

manera de

ciudad.

Y

luego

2i6
al

Crónica del Rey Henrico
la

capitán de

guarda, que todo
el

el

mundo

se

maravilló; creyóse que

no

se lo

mandó.
arcos trun-

Y
fales,

por do pasaba habia

muchos

que tuvo harto que ver: y, por abreviar, fué hasta la iglesia de Vuestmonster. Y la costumbre es que, como el Rey viene para pasar
el A4ayre toma la espada en la mano, y aquel dia va con él delante; v cuando come, el Mayre le sirve la primera vez de vino, y dáselo en una gran copa de oro: y como el Rey ha bebido, el Mayre se lleva la copa, que

por Londres,

es

suya de derecho.

Y

de

la Iglesia

hasta
ir

la

casa donde habia de

comer,

le

hicieron
al

á pié.

Y

por

las

calles

estaban puestos,

luengo, paños finos (que
al

por lo menos habia más de veinte parios
luengo).

Y

como

el

Rey acabó

de pasar, no
el
sí.
;

fueron vistos estos parios, porque
podia cortar dellos lo llevaba para

que más
en espeanla

Otras muchas ciremonias hicieron
cial,

que todo
sala,

el

tiempo que

el

Rey comió,
á

duvo un caballero armado y
gran

caballo en

de arriba abajo, y á voces decia: ((Si hay alguno que quiera contradecir que al Rey

Eduardo no le pertenece el Reyno, venga, que yo se lo combatiré.)) Y todo el tiempo que el Rey está comiendo, ha de andar de arriba abajo diciendo esto; y luego que ha comido, le llevan
á Palacio;

y entrando en

la

puerta,

el

por-

Octavo de Ingalaterra
tero
le

217

traba de la ropa; y

como
y
el

el

Rey sube

arriba, se la invian luego;
el

camarero tiene

otro dia jubón, y las calzas. que fué coronado, fué publicada la muerte del
sayo, y
el

Y

Rey, su padre, de

la

cual hablaremos.

CAPITULO
Chno
se

LXVÍII.
los

publico la muerte del Rey^ y

grandes

aparatos que hicieron.

TRO

dia

que
la

el

Rey Eduardo
del

fue

coronado, fué publicada á son de

trompeta

muerte

Rey, su

padre, y fué

Reyno que en
misas; y toda

las

mandado por todo el iglesias se dijesen muchas
los caballos,

la

corte se vistió de luto, y fue-

ron hechas tantas gualdrapas, para

de luto, que fueron cosa admirable.

Y

fué

lle-

vado

cuerpo á Vuinsor á enterrar; y fué hecho un busto y estatua á semejanza del Rey,
el

y llevado encima de un carro todo cubierto de
luto; recia

y la estatua parecia el Rey propio, y paque iba vivo; y del carro tiraban ocho catodos encubertados de luto, y todos
las

ballos,

sembrados con
de
las

armas

del

Rey. Y, delante

andas, iban más de mil caballos enluta28

dos; y los que iban en ellos, también; y llevaban

8

2

1

Crónica del Rey Henrico
la

cada uno una antorcha en

mano; y de cada

lugar sallan los clérigos con cruces y agua bendita, que echaban sobre las andas. pué-

Y

dese creer que iban

muy muchos

caballeros

enlutados con sus caballos, que era cosa de
ver.
sia

Y

el

aparato, que estaba

hecho en

la igle-

de Vuinsor, de candelas y de antorchas de cera, era cosa increíble.

Y
más
bar.

fué

sepultado en

la

capilla
la

donde

los

reyes

estaban enterrados; y

sepultura

era tan costosa,

que

lo decir sería

nunca aca-

Y

antes que fuese enterrado, hizo un

sermón el obispo de Londres, que á todos los que lo oyeron hizo gran sentimiento de la muerte del Rey; y allí nombró todos sus nobles hechos, y muchas de las mercedes que
hizo en su tiempo.
señores quedaron
dijeron

Y, acabado
allí

el

sermón,

los

cuatro dias, adonde se
;

y fué mandado limosnero que hiciese limosna, y vínose á
misas

muy muchas

al la

de

ciudad de Londres, y en un cementerio grande la Iglesia Mayor vinieron muchos pobres, y

á cada

uno

les dio
el

dos gruesos, que son ocho
se fué á todos

dineros.

Y

mismo limosnero

y dio cinco sueldos á cada pobre, que habia muchos; y de allí se fué á muy muchas casas de pobres envergonzados, y dio
los hespitales,

una

libra á

cada uno: y otras muchas limos-

nas hizo.

Octavo de Ingalaterra

219

Y
muy

el

tesorero hizo luego pagar á todos los

criados que tenía el Rey, de que todos fueron

contentos.

Por cierto mucho perdieron
los extranjeros,

en su muerte, en especial
contento
del.

que

jamás extranjero fué á hablarle que fuese desPues como
estas

cosas fuesen acabadas,
,

muchos
cios
el

Reyno y de fuera tenían negoen corte; y como el Rey dejó deciseis en
,

del

gobierno, era menester que todos se junta-

sen para despachar los negocios, de que era

gran pena para los pleiteantes.

Y

el

Pajete,

como

fuese

hombre de gran
que
le

espíritu y cono-

ciese el bien

podia suceder dello, un dia
:

que estaban todos juntos, dijo ((Señores, gran trabajo me parece que tienen los pleiteantes;
porque no se despacha nada
sin

que todos

estéis

juntos: y de mi parecer, señores, se deberla

de hacer entre nosotros un principal, que fuese

Y

Protetor, y que despachase los negocios. esto no lo puede ser mejor que el duque

de Somorset, que está aquí; pues veis, señores,
es tio del

Rey y persona que

lo

merece más

que

otro.))

Y

decir esto,

no hubo acabado el Pajete de cuando todos á una voz, y por
suya, dijeron: ((El señor Pajete
es

más quietud
habla

muy bien, y

muy mucha

razón que to-

dos

le

obedezcamos, y tengamos por gober-

nador.))

220

Crónica del Rey I le nr ico
hora, de
le

Y, de aquella
de
la

mancomún le llamaron
hicieron

Protetor, y también

gobernador

persona del Rey.
u

Y

el

Duque, cuando

esto vio, dijo:

Señores, gran honra es esta

que

me

hacéis.»

Y luego

fué sonado por el Pa-

lacio y por toda la ciudad, cómo el duque de Somorset era Protetor; y luego fué aposentado

en

los palacios del
él.

Rey, y todos

los pleiteantes
el

acudian á

Y,

de aquella hora en adelante,

Protetor se hizo tan ufano, que fué una cosa

de espanto
do,

;

porque se puso en tan gran esta-

y comenzó de hacer tales gastos, que aunque fuera Rey, no hiciera más ; y mejor

que se hubiera moderado. Y fué tan codicioso, que en obra de dos años y medio que fué Protetor, se sonó que estaba el Rey pofuera

bre y él muy rico. comenzó de edificar unas casas, que el Rey no las tenía tan buenas; y

Y

muy
;

pocos de
y hízose

los pleiteantes iban

con-

tentos del

muy tirano, y pocos alcan;

zaban derecho de cosa que demandasen
lo

y

si

alcanzaban, era tarde y con grandes costas. Este Protetor tenía una mujer que era
él,

más soberbia que
al

v gobernó de
ella

tal

manera

Protetor, que hacia cuanto

como

queria; y se vio en tan grande estado, y ella pre-

sumia más que Lucifer, le pareció, que pues su marido mandaba el Reyno, que ella habia
de ser más estimada que
la

Reyna, y presu-

Octavo de Ingalaterra
mió de
y
ella,
ir

221

delante della: y adelante se dirá las
la

grandes diferencias que hubo entre
tor fué

Reyna

y diremos como el hermano del Protehecho Almirante.

CAPITULO LXÍX.
Como Mestre Semar ^ her?nano
del Protetor^fué

hecho Almirante.

UY pocos

dias

después que

el

Dual

que fué Protetor, habló luego
sabéis

Consejo, y díjoles: «Señores, ya

Semar há muchos

cómo mi hermano Mestre dias que sirve, y cómo el
si

Rey

siempre

le

quiso bien, y,

presto, le hiciera gran bien.

Y

no muriera tan también sabéis,

señores, que
es ya

el

señor conde de Huaruyque

tiempo que descanse, y que tenga otro oficio de más descanso; y mi hermano es joven, y este oficio es bueno para él; por eso, señores, si mandáis, el señor Conde será Condestable,

y mi hermano Almirante.)) Todos dijeron á una voz, que el señor Pro-

tetor decia bien; y así, se confirmó, y fué Al-

mirante.

Y

luego pensó
le

el

Protetor, pues era

Almirante, de
algunos de

casar; y secretamente habló

los señores,

y díjoles:

«Yo

deseo

:

222

Crónica del Rey lienrico

de poner en gran estado á m¡ hermano, y pues

Reyna'es aun joven y m¡ hermano gentilhombre, deseo que se case con ella. Y el Chanciller dijo que sería gran bien si se pula

con ella ; porque gozarla de las siete mil libras que tiene la Reyna. Y luego dijo el arzobispo de Canturberi: ((Señor, á mi me parece será menosprecio del Rey, habiendo sido su mujer y Reyna, venir agora á ser mujer del Almirante. Todavía, señor Protetor, podéis hacer en ello lo que pudiéredes, que yo no lo estorbaré.)) Y el Duque dijo: ((Señores,
diese acabar

que yo he dicho ha sido por saber vuestras voluntades y yo conozco que es gran prelo
;

sunción

5

pero ya sabéis que es

tio del

Rey, y
honra.))

cuanto en más alto estado

esté, es

más

Y

luego dijo

el

secretario Pajete: ((Señor

Du-

que, esto yo

lo

tomo

á cargo; y

como

vuestra

señoría sabe, mi mujer nunca sale de con la

Reyna, y ella podrá hacer mucho en así, no se habló más entre ellos.

ello.»

Y

el Duque llamó al Almirante y díjole ((Hermano, yo he hablado con los señores del
,

Y

Consejo y he platicado de casaros con la Reyna; por eso, de aquí adelante, andad muy galano y mostraos muy servidor suyo. Y el Almirante no
fue perezoso, que de
allí

adelante anduvo

muy
el

lozano
zosc

;

y

como

fuese

muy
la

gentilhombre, hí-

muy

servidor de

Reyna; y como

:

Octavo de higalaterra
Pajete hubiese

223

tomado á su cargo aquel negocio, aquella noche habló á su mujer, y díjole: ((Señora, cumple que vos trabajéis con la Reyna que quiera tomar al señor Almirante por marido, y en esto es menester que os veáis muy sesudamente.)) La mujer le respondió: ((Señor, yo haré mi deber, y espero que en
breve daré
la respuesta.))

Y
y con
la

un

dia,
la

después de comer, que

la

Reyna
ella,

estaba en

gran sala de Palacio con todas

sus damas, y

Madama María
el

estaba con

de Pajete, que se halló
la

allí

acaso, hablaba

Reyna; entra

Almirante, tan galano,

que todos aquellos señores tuvieron qué decir del, y le loaban por uno de los lindos hombres de la corte, como lo era. Y la de Pajete, que hablaba con la Reyna, dijo pasito á la oreja:

((¿Qué
parecía

le

parece á vuestra alteza de
?
))

la

dispo-

sición del Almirante

La Reyna

dijo

que

le

Y las mujeres ¡cómo en aquel Reyno son presto mudables! Y la de Pajete diju
muy bien.
:

á la

Reyna

((Señora, por el

mal que os quiero,

deseo fuese vuestro marido.))

Y

la

Reyna

dijo

((Yo quisiera que me cupiera en suerte de que fuera mi marido; pero púsome Dios en
tal

estado,

que disminuir
le dijo:

sería vergüenza.))

Y

la

de Pajete

((Señora, vos jamás po;

déis dejar de llamaros

tan lindo

Reyna y por cobrar hombre, debria la persona de bajar-

224

Crónica del Rey Henrico

se; no obstante que bien sabe

que

es tio del

Rey; y pluguiese

á

Dios que fuere ya hecho.))

la de Pajete al Almirante, y vino, y humillóse delante de la Reyna, y díjole la de Pajete: Señor Almirante, ¿qué
((

Y

luego llamó

no tomáis mujer?)) Y él, como se viese delante de la Reyna, muy vergonzosamente dijo ((Señora, aun no hay tiempo perdido, y yo espero en Dios que hallaré gracia en una señora que amo y deseo servir.» Y
hacéis que
:

como
más.

lo

acabó de decir,

vio que lo dijo

miró y vergonzosamente, y no habló
la

Reyna

le

Y
tase

luego entró

el

Duque, y tuvo
el

la

Reyna

tiempo de decir

á la de Pajete,

que cuando
le

hablase otra vez con

Almirante,

pregun-

que quién era aquella señora. Duque vino, púsose á hablar con
la

Y
la

como

el

de Pajete tuvo tiempo de hablar
la

Reyna, y al Almi-

y demandóle Almirante: ((Señora,
rante,

la

y dijo el que es no tengo yo
,

quistion

ánimo para

nombrarla.))

Y

viendo esto,

la

de
lo

Pajete le dijo: ((Señor Almirante, bien

me

podéis decir, que yo os prometo de ayudaros

en todo
blado de

lo

que pudiere; no
le dijo,

Entonces

cómo

el

me neguéis nada.)) Duque le habia hahora en adeella.

la

Reyna;

y, de aquella

lante, habia puesto su

corazón en

Y

la

de Pajete

le

dijo: ((Señor Almirante, de loar

I

Octavo de Ingalaterra
sois en

225
alto.

haber puesto

el

corazón tan

Y

yo os prometo de trabajar de os hacer alegre.»

Y
go
lo

no hablaron más

,

fué de

con la Reyna, la que el Almirante

y como el Duque se de Pajete la dijo luedijo,

y

la

Reyna

fué

luego vencida, y dijo luego á la de Pajete: ((Pues si el Almirante me ama, yo no le des-

amo y para venir en efecto, será menester que el Duque me hable sobre ello, y yo os prome;

to

que haré de manera que

el

Almirante que-

de contento.))

Y dijo
el
el

aquella noche á su mari-

do

lo

que pasaba,
al

cual

fué

muy

alegre,

y

luego lo dijo

Duque.

Y,

otro dia,

Duque

lo platicó

con

la

Rey-

na; y, por abreviar, concertó el casamiento, y luego el obispo de Canturberi los desposó, y
otro dia se supo por todo Londres.
se llamó

Y

siempre
el

Reyna
honraba
el

hasta que murió, y

Almi-

rante

la

hablaba con
lla

Reyna y siempre la bonete en la mano. Y, de aqueá
,

como

hora en adelante, este Almirante se puso en
fantasía

mayor
dirá.

que de antes, como después

se

29

2 2Ó

Crónica del Rey Henrico

cAPrruLO Lxx.
Como había gran envidia
entre
la

mujer del Protetor^ y como

Rey na y Reyna murió.
la

la

j paso

mirante se casó con

un año después que el Alla Reyna, que

hubo muy mucha envidia entre la Reyna y la del Protetorj la cual, como viese que ya la Reyna era mujer del hermano menor de su marido, determino de no hacer el acatamiento que solia á la Reyna. Y como la Reyna lo viese, hubo gran pesar, ¿Cómo, señor, y dijo al Almirante, su marido por haberme yo casado con vos, la mujer de vuestro hermano me menosprecia y presume de ir delante de mí? No lo consentiré, que yo soy Reyna, y tendré el nombre mientras viva, y yo os prometo que si otra vez hace lo que ayer, que yo le tire atrás.)) El Almirante, que oyó esto, le pesó en el ánima; lo uno, porque su hermano no hiciese más estima de la Reyna, y lo otro, porque no quisiera que entre ellas hubiera enojo. Y díjoselo al Duque, y como el Duque se gobernase más al apetito
:

((

de su
u

mujer, en

tal

de apaciguarlo, dijo:

Hermano,

;vos no sois mi

hermano menor, y

n
:

Octavo de Ingalalerra

227

yo no soy Protetor, y no sabéis vos que vuestra mujer antes que se casase con el Rey no
era tanto

como mi mujer?
el

Y

pues es vuestra

mujer, yo quiero que mi mujer vaya delante.

Aquí mostró
créese que
si

hizo que

Protetor gran soberbia, y la Reyna casase con su

hermano, que fué más por ensalzar á su mujer, visto que él era Protetor. Y cuando el Almirante oyó lo que su hermano dijo, le pesó, y
díjole
:

((Señor hermano, á
ellas.

mí me pesa que
yo os digo que
la

haya enojo entre

Y

Reyna
más.

está determinada de

no

lo consentir,

por eso á

mí no me eche

culpa.»

Y

no pasó

Y

otro dia, estando en Palacio, y cuando so-

lian ir á la capilla á oir sus maitines,

vino

la del
el lu-

Protetor, y adelantóse, y fuese á sentar en gar de
la

Reyna; y como
lo

la

Reyna
á

lo vio,
le

no

pudo
((

sufrirlo

y tomóla del brazo, y

dijo

Esto yo

merezco en abajarme

tomar un

Almirante, siendo Reyna.»
allí

Y como estuviesen
Y
de aquel dia en

otras señoras,

no consintieron que hubieellas.

se

más enojo entre
la del

adelante
el la

Protetor procuró de hacer todo
,

mal que pudiese á su hermano y también Reyna dijo al marido: «¿Cómo, señor, vos
sois

no

también

tío del

Rey, como
él

el

Pro-

tetor?

Pues ¿por qué ha de tener

tantos ofi-

cios de Protetor y de guarda del

Rey, y man-

2

28
el
al

Crónica del Rey

llenr'tco

da

den
de

Reynor Vos debéis de Rey en guarda. »

trabajar que o^

Y
la

el

Almirante, dando crédito

á las palabras

Reyna, y como habia muchos dias que era uno de los del Consejo, dijo un dia que el Duque su hermano no estaba allí: «Señores, yo deseo tener al Rey en guarda, porque mi

hermano harto

tiene

que hacer en gobernar.»
:

Y
si

los señores le dijeron

«

Señor Almirante,
el

nosotros lo hablaremos con
lo hicieron.

Protetor.»
el

Y así

Y

luego conoció

Protetor que

era guarda del

Rey, que
el

trabajaria de le ha-

cer mal.

Y, de
al

aquella hora en adelante, entró
Protetor, y determinó de
se dirá.

gran malicia en

deshacer

hermano, como

Pues como la Reyna viese la poca estima que se hacia de ella, tomó tanto pesar, que cayó mala y tal fue el pesar y su dolencia, que en breve tiempo murió. Grande fué la pérdida del Almirante en perderla y más que
i

,

perdió

las siete

mil libras cada año

:

y

como

es-

taba puesto en

tan gran estado y no tuviese

rentas para lo sostener, acaeció lo que aquí

abajo diré.

Octavo de Inga la térra

229

CAPITULO LXXÍ.
CómOy después de muerta
la

Reyna^

el

Almirante

mantuvo muchos

robos que se hacían en la

mar,

üMO
ly

el

Almirante se

viese viudo

quito de todas sus rentas, cada

dia venían á él mil quejas de gran-

des robos que se hacian en

la

mar;

y antes que la Reyna muriese hacia justiciapero, de aquella hora en adelante, él mantuvo
todos los robadores y ladrones por
la

mar, que

jamás hacia
los

justicia de cosa
le

que importase.
lo

Y

robadores
la

daban
el

la

mitad de

que tomatanto,

ban en

mar, y así se hacia

muy rico;
la

que
la

se concertó

con

Maestre de

casa de

moneda de
dirá,

Bristol, y luego dio á hacer
se halló,

mone-

da, y fué de

tal suerte, que como se que tenía ya en su poder más de doscien-

tos mil ducados.
dijo

un

dia al

siempre se hacia pobre; y Consejo, que se maravillaba mule

Y

cho de su hermano, de no

hacer dar renta,

como

á tio del

Rey que
lo

era.

Y

fué acordado

entre todos los señores mil quinientos ducados

cada año, más de
bía menester,

que

tenía'; y fuéle
,

dado
lo ha-

luego un año adelantado

aunque no

según pareció.

2^^o

Ozónica del Rey lleurico
el

Pues como

Almirante

se viese rico y fa-

voreciese a los robadores, venían cada dia

muy

muchas quejas
le

al Consejo, y fuélcs forzado de llamar y decirle que por qué no ponia recau:

doj y dijo

((Señores, yo invio agora tres naos

para guardar que los

mercaderes no reciban

daño; y

les

mil libras

prometo que he gastado más de de lo que me han dado.)) Y así fue
salieron, ellas
los

verdad, que aprestó tres naos
lucígo

pobres mercaderes y mareantes lo pagaban; que se halla, que en obra de un año,
los ingleses

que modo, que

buenas: y hacían más mal; de

muy

robaron más de cuatro mil ducados

en

la

mar.
al

Pues, tornando
cedió

Almirante, un dia dijo

al

Protetor lo que aquí abajo se dirá, de que su-

mucho

mal, y fue causa que murió.

CAPITULO
Cómo
el

LXXII.
la hija del

Almirante demandó

Rey por

mujer ^ y

lo

que sucedió después.

lOMo
dia

el

Almirante se viese cada
próspero con
al

muy

lo

que

le

daban, un dia dijo

Consejo:

((Señores, pues soy tío del

Rey,
y,

sena razón que yo casase honradamente;

Octavo de Ingalaterra
pues fui casado con
la

231

Reyna, no
;

sería

mucho

que me diésedes á Madama Isabel pues yo mejor que otro la merezco.)) Y cuando los señores esto oyeron, le respondieron: «Señor Almirante, en este caso podéis hablar
tor,
al

Prote-

y

si él

acuerda en querello, nosotros sere-

mos

contentos.))
el

le

luego á su hermano, y dijo: «Señor, yo he hablado con los señores

Y

Almirante se

fue'

del Consejo,

y he demandado á

Madama

Isa-

bel, y

me han

inviado á vos. Por eso, señor

hermano, sedme buen señor; y también queria que fuésedes de acuerdo que yo tuviese en
guarda
le
al

Rey.))
:

respondió
el

Y cuando esto vio el hermano, «Hermano, ver se ha en ello.» Y
al

luego

Protetor habló

Consejo, y díjoles có-

mo

su

hermano queria
los

ser guarda del

Rey.

Y

cuando
otros; y
el

señores lo oyeron, se miraron unos á

como

ya

el
:

Protetor estuviese mal con

hermano, dijo «Señores, no sé qué pensamiento es el de mi hermano, y mirad bien en

ello,

que el espíritu me da que no tiene buen pensamiento en demandar á Madama Isabel

y después querer ser guarda del Rey. El diablo es grande, podria matar al Rey y á Madama

María, y quedarse con el Reyno.» Y ello es que estaban en esta plática, y entra en el Consejo el Chanciller, que no estaba allí, y dijo, sin que supiese nada de lo que pasaba
:

2^2
((Señores, drá,

Crónica del Rey llenrico
si

no se pone remedio, gran daño ven-

que

les

hago saber que

las tres

naos que

el

Almirante invió fuera, no hacen que robar á
toda ropa; y deben de llamar
ra saber
si

al

Almirante pa-

es

él

en

el

consentimiento dello.»
la

Y
luego

como

los

señores estaban en

pláti-

ca de arriba, dióles mal concepto, y inviaron vino luego, y díjole á llamar al Almirante.

Y

el

Duque,

su

hermano: ((Almirante,
los

grandes quejas vienen cada dia de

muchos

robos que se hacen, y se dice claramente que vos los mantenéis, y que las tres naos que enviastes
sois

hacen

mucho mal;

y

si

así es,

digno

de gran pena.

Y

todos estos señores sa-

ben que no há muchos dias que estábades pobre, y no podíades sostener el estado que sosteníades cuando era viva
la

Reyna y
;

á la causa

os dimos mil quinientas libras, y dijistes haberlas gastado en aderezar las tres naos; y agora

vemos que

pues esto
dineros.))
el

mayor gasto que jamás; no se puede hacer sin gran suma de Y el Almirante, cuando oyó lo que
tenéis
le

Protetor

dijo,

respondióles: ((Señores,

quiero que sepáis que yo tenía dineros y tengo, y

merezco tener más estado del que tengo, y si en la mar se hace mal, yo no tengo culpa; y yo proveeré que las naos vuelvan.))

Y

dos dias después que esto paso, trujeron

á Londres preso

uno de

los

que robaban por

Octavo de Ingalaierra
la

233
el

mar, que se halló haber robado por

valor

de quince mil ducados.

Y como fué

traido de-

lante de los señores del Consejo,

fué desami-

nado y confesó que de todo lo que habia robado habia dado al Almirante la mitad y súpose que en Bristol habia mercaderes que lo
:

compraban.

Y

como

el

Protetor esto oyó,

luego dijo á los señores que se debia castigar,

y fué acordado entre ellos que fuese llevado así, le prendieron y propreso á la Torre.

Y

veyeron á Bristol para saber
hallóse,

lo

que pasaba, y

vado
habia

la

que de más de veinte presas habia llemitad. Y también fué acusado que él

mandado hacer en Bristol muy mucha moneda, por donde se hacia tan rico.

Y

fueron luego á su casa y hallaron que te-

nía en

moneda blanca más de
la hija del
,

cien mil libras;

y deseaba casar con
ría

como

esto vieron los señores, y viesen

que

tener

al

Rey en guarda

Rey, y que quepensaron que sin
el

falta le

queria matar.

Y

todos los señores di-

jeron
do, y

al

Protetor: ((Señor, vos tenéis

man-

como

señor que

sois,

haced

justicia.))
le

Y

como

su malicia reinase, determinó de

des-

pachar.

Y

fueron un dia á

la

Torre

á le desa-

minar, y no se halló que quisiese confesar nada. la causa lo refirieron todo al Protetor, y

A

luego dijo á su

hermano que debia morir hom-

bre que mantenía tantos hurtos.

Y

así fué de30
.

234

Crónica del Rey lienrico
ú
la

terminado, y dentro de tres dias fué sacado degollar; y sin falta él no muriera, sino que

mujer del Protetor dio gran
marido: ((Señor,
re,
si

prisa, y dijo á su

vuestro
él el

hermano no muemuerte.»

Protetor más, y así fenecio este gentilhombre, porque viesen todos

yo os digo que No hubo menester
el

será vuestra

que

Protetor hacia justicia del, siendo su

hermano.

Y

todo cuanto tenía fué dado

al

Rey, y

to-

dos los pobres mercaderes que fueron robados

no hubieron nada; y fueron castigados los ladrones, y otra satisfacción no hubieron de muy
gran suma de mercaduría que fué robada.

CAPITULO
Cóino
los

LXXIIÍ.
qu?

clérigos

trabajaron tanto^ hasta
se casar.

hubieron libertad para

^S^^^^Í'K n otro capítulo dije el estrecho mandamiento que el Rey puso á f'Sil — Pj^
^'-í^

i'fe^kK los

cléripos.

Y

á la

causa,

muy
y
tra-

^'^j>':f^¿^í pocos querían ser clérigos;

bajaron tanto, que un dia se juntaron

más de

treinta dellos, y se fueron en casa del arzobispo

deCanturberi,y dijéronle: ((Señor, maravillados

Octavo de Ingalaterra
estamos de vos, pues
reclamar
al

235

sois vicario nuestro,

no

Consejo por nosotros, que veis que nos vamos muriendo, y no hay ninguno

que quiera
vuestra

ser clérigo, á causa de
el

la

mucha
está en

estrecheza que

Rey nos

puso.

Y

mano

remediarlo.»

Y

dijo el

Arzodeis
li-

bispo: ((¿Que queréis vosotros que yo haga?»

Y

ellos dijeron:

((Queremos que nos
el

bertad para que nos casemos los que quisié-

remos; pues sabéis que en

Viejo Testamen-

Grecia se casan, y no hay en ley que no lo podamos ser, y más vale, que no que estemos amancebados, como el dia de hoy hay muchos en el mundo.» Y el Arzobispo les dijo: ((Señores, yo no puedo deshacer lo que el Rey hizo, si no fuese que todo el Consejo otorgato todos los clérigos eran casados, y en
se

en ello; y para satisfaceros, yo lo diré al Consejo, y veré lo que responden.» otro así, se fueron aquella vez todos.

Y

Y

dia fué

el

Arzobispo

al

Consejo, adonde
el

se

trató entre ellos
las

que

se quitasen los altares de

iglesias

;

pues se habia quitado

Sacra-

mento.
lante,
al

Y se

trató que, de aquella hora en adela

ningún clérigo pudiese mostrar

hostia

pueblo, y que cuando quisiese consumir, que diese parte de la hostia á otro, y que si no

habia ninguno que

la

tomase con

él,

que no

la

tomase

él

tampoco

ni la

consagrase.

Y

ordc-

236

Crónica del Rey Ile nr ico
dijo entonces el

nado esto,

Arzobispo: «Seel

ñores, ya saben

cómo

hasta aquí los clérigos han

estado en gran sujeción por

mandado
esto,
si

del
les
la

Rey; y pues agora hemos ordenado
hostia

parece, pues cualquiera otro puede tomar

con

el

clérigo,

que
,

los clérigos

tengan

y que se casen y se les haga un estrecho mandamiento, que el que fuere casado
libertad

y se hallare en adulterio con otra, que sea
bien castigado. »
((Señor

muy
:

Los señores todos
vos
el

dijeron

Obispo, a

toca esto, y vos
dijo:

lo

podéis hacer.))

Y

Obispo

«Señores, yo

no haré nada
y os
lo

sin vuestro consejo,

y

si

sois
ello,

servidos, yo haré

un mandamiento para
si

mostraré

;

y

os pareciere bien, se pu-

blicará,

donde no, se romperá.)) Y fuese el Arzobispo, y hizo luego lo que aquí se sigue « El Rey Eduardo y su noble Consejo han ordenado y dado licencia á todos
:

los clérigos de todo su

Reyno, así viejos como mozos, que se quisieren casar, que lo hagan y manda el Rey, como cabeza dellos, que después que hubieren tomado mujer y se vieren en libertad, que ninguno no sea osado de tener conversación carnal con otra mujer ni moza,
:

so pena de perder su beneficio, y toda su ha-

cienda, y tres años en cárcel: y los que no se
quisieren casar,
rio,
si

fueren hallados en adultela

que pierdan por

primera vez veinte

li-

Octavo de Ingalaterra
bras, y
si

237

no las vale, la mitad de lo que tuviere; y la segunda vez que pierda su beneficio, y sea desgraduado, y pierda cuanto tiene.)) Y
corno hizo este escrito, llevólo
al

Consejo, y

todos dijeron que estaba bien, y que fuese divulgado: y así, lo fué. Y, por abreviar, dentro

de dos meses hubo tantos casados, que ya no
se via cuál era clérigo; y se pusieron

como

le-

gos; de modo, que alcanzaron lo que quisieron.

Y

así, el dia de

hoy

los

más

se casan,

y

algunos obispos se han casado, y hallóse que habia hartos clérigos que tenian hartos hijos,

y se casaron con

las

madres.

CAPITULO LXXIV.
Como
los

clérigos^
el

por gratides

celos

que tenían^
se

causaron

mandamiento que aquí

dirá.

OMo
res,

los clérigos tuviesen

ya muje-

y los seglares muchos se burlaban dellos, y conociesen que eran

muy

celosos,

un

dia los clérigos se
el

fueron á Laubet, donde estaba

Arzobispo de

Canturberi, y uno dellos que llevaba aprendido lo que habia de decir, porque entre más de
veinte clérigos de los casados lo habian con-

238

Crónica del Rey Ilenrico
si

certado, dijo: ((Señor,

vuestra señüiia no

pone remedio, como pastor, habrá mucho daño en el Reyno; que le hacemos saber que se hacen
el

dia de

hoy tantos maleficios en

la

ciudad de Londres y en el Reyno, tocante al pecado de la lujuria, y tan sin vergüenza, que
casadas y solteras y mozas, sin vergüenza ni

temor de Dios, se andan de taberna en taberna, y de un mal lugar en otro. Y aunque muy

muchas quieran

no pueden, por la mucha disolución que se hace. Y si no se remedia en breve, vuestra señoría verá que cada
ser buenas,

uno tomará
las

lo

que
dijo:

se le antojase; y así,

harán

mujeres comunes.»

Y

el

Arzobispo, cuan-

do esto oyó,

((¿Qué remedio queréis vosotros, señores, que yo ponga?» Uno dellos,

que era doctor, dijo: ((Señor, si vuestra señoría manda, yo predicaré el domingo que viene en Londres delante del Mayre y los Aldramay vuestra señoría lo puede oir, y después se puede dar una orden y una reformación.» El Obispo dijo que iria
nes,

y diré

tales cosas

^

á oir su sermón, y se reformase.

que holgaría que

la

gente

domingo, este doctor subió en el pulpito y comienza su sermón; v al cabo de una hora que predicaba, dijo: ((Señor MayPues venido
el

re y Maestres, señores
el

m.il

que

el

dia

Aldramanes, grande es de hoy se hace en esta ciu-

Octavo de Inga Ial erra
dad,

239
no se po;

más que en todo
la

el

Reyno; y
libertad

si

ne remedio, seremos peores que turcos

por-

que con

muy mucha
el

que

el

dia

de

hoy tiene

pueblo, así en hablar
vicios

como en

y pasatiempos, que jamás fué tanto en el Reyno. Y les parece que el pecado de la lujuria es venial, y así
casados

obrar, se dan á tantos

como

solteros, y casadas

todos andan tan sin

y solteras, vergüenza unos con otros.
:

Y un casadodiceal otro
noche y toma
ello
la

mia.

—Y

— Dame tu mujer
si

esta

queréis saber que

esto sea verdad, haced buenas pesquisas sobre

y castigadlo, porque va

muy

disoluto.
:

Y
po-

para mejor lo saber, os daré buen consejo
déis

tomar dos hombres de bien de cada perrocha y hacerlos juntar, y mandar que todos los de la perrocha vayan allí donde estos diputados estuvieren, y á cada uno particular-

mente demandar y pesquisar la vida que tiene; y así se sabrá el gobierno que hay en ellos.»

Y
re,

así,

acabado su sermón, luego
á

se fué el
el

Arzobispo de Canturberi

comer con

May-

y después de comer hablaron muy largo sobre ello, y fué concluido que el Mayre hiciese á cada

Aldraman de su guarda, que

se

asentase con los diputados y con los clerques

de

las

perrochas, y inviasen á llamar los veci-

nos.

Y

dentro de cinco dias que
tal la

el

sermón

se

hizo, se juntaron; v fué

información que

240
se hizo,

Crónica

¿iel

Rey

llenrico

que

se hallaron

tantas mujeres casa-

das y solteras que hacían maleficio, v

muy

muchos hombres casados y por
taban amancebados.

casar que es-

Entonces
luego
al

el

Mavrc, como supo tanta
al

disolu-

ción, hízolo saber

Arzobispo, y

él

invió
:

Mayre para que hiciese castigo dellos y el Mayre entró tan rigurosamente, que cada dia llevaban muchas mujeres casadas y mozas
á la ribera,
las

y

allí las

hacian entrar en una

silla,

metian debajo del agua y las sacaban á aly gunas seis veces; á otras más, á otras menos:
y halláronse tantas, que ya les pesaba de haberse puesto en ello, que muy muchas queda-

ban deshonradas, donde antes estaban en buena reputación. Y fué tal la pesquisa, que se
mujeres de arte y de estado; y este castigo duró más de quince parecióle al A-layre que también habia dias.
hallaron

muy muchas

Y

de castigar á

los

hombres. Y, cuando no

se

cataron, fueron presos
pales,

muchos y muy

princi-

y otros se*ausentaron por no venir á la vergüenza de los otros. Y á los hombres los

llevaban encima de un carro, y de las ventanas hubo los echaban agua y otras suciedades.

Y
,

algunos que fueron

al

Mayre

á le decir

que

no tenía razón de hacer tanto castigo y que podria pagarlo cuando saliese de su oficio; pero por eso no dejó de hacerlo, aunque habia

Octavo de Ingalaterra

241

hombres que daban hartos dineros porque no
les

avergonzasen.

en este instante, se holgaban y glorificaban, en especial los que estaban recien no falto casados, y con gentiles mujeres.
clérigos,

Los

Y

quien dijo á tres clérigos que estaban mirando

cómo avergonzaban á un hombre de bien y se burlaban: «¡Oh bellacos! por amor de vosotros se hace esto, pues espero de ver el dia

que holgaréis de cubrir la corona; porque antes que tuviésedes libertad de casaros, no dejábades mujer á vida, y no se hacia tanta cuenta de este pecado, y trabajábades de po-

y agora que tenéis esta libertad, por miedo que no os
;

ner los cuernos á vuestros vecinos

pónganlos cuernos que vosotros solíades poner,
habéis inventado todo esto.» Otras

cosas pasaron y se hicieron en

el

muchas Reyno, que

aquí no se dirá más de que
los clérigos fueron ocasión

como
que

tengo dicho,

muy muchas

mujeres y hombres fueron avergonzados.

242

..,

Crónica del Rey HeHrico

CAPrruLO Lxxv.
Cómo hubo gran
carestía en el

Rey 710^ y

la

causa

dcUo.

ENTRO de ocho
rante

días

que

el

Almiel

fué justiciado,
á

todo

co-

mún comenzó
:el

murmurar contra
el

Protetor,

haciéndole saber, v

diciendo, que no podian creer que
te fuese

Almirandieron, y fué taná decir

culpante de

la

muerte que

le

otras cosas
to el

muchas que se decían. Y murmur, que el común comenzó

que no era maravilla que Dios les inviaba tanta carestía, visto el mal gobierno que habia.

Y

porque sepan

la

causa por que se perdía

el

Reyno,

sin falta eran los

señores que gober-

naban, los cuales se apoderaron de

muy mu-

chos parques y de

muy muchos

prados que

eran comunes para los pobres labradores; y como ellos se apoderasen dellos, hacían para

ganar á los pobres labradores dineros de

lo

que antes no pagaban nada. Y de allí comenzó que la lana y todas las vituallas se encarecieron, en especial el carnero; que como los señores se viesen con las posesiones, luego se dieron á comprar ganado, y la pobre gente,

Octavo de Ingalaterra
por no
lo

243
;

poder sostener,

lo

vendían

de

modo

que ya había señor que de primera.no tenía ningún ganado, y hallábase tenía cinco ó seis mil cabezas, y hacian pagar al doble, que de
antes solían, á los carniceros.

Y vino á

tanto,

que un buen carnero, que no solia valer que ocho gruesos de aquella moneda, vino á valer diez sueldos, y más: era cosa de espanto; y la
vaca por
el

consiguiente.

Y

los señores,

no cayendo en

el

daño que

ellos hacian, inviaron á

llamar á los carniceros

de Londres: y venidos delante dellos, les preguntaron que dijesen por la causa que vendían y todos los carniceros estaban callando, y á cabo de un rato, uno dellos hablcS
la

carne tan cara

:

y dijo: ((Señores, no os maravilléis dello; y remedio en ello , vendrá gran si no ponéis

daño en

el

Reyno y gran

revuelta; y mirad,

lo diré claro;

aunque soy un pobre hombre, os y más quiero que se sepa que fui castigado por atrevido, que no que la pobre
señores, que

gente lo padezca.» El Protetor
a

le dijo

luego:
lo

Yo

te

ruego que sin temor nos declares

que

sientes.))
la

Y luego
?

dijo: «Señores, ¿queréis
la

saber

verdad

vosotros tenéis

culpa, y

oidrne, y

no os

alteréis.))

Y luego

miró á un se-

ñor que se llamaba Señor de los Cinco Puertos, V por su nombre Millor Guardyn, y díjole «A vos, señor, pongo por testigo; pues sabéis que
:

¿44
lio

Crónica del Rey Henrico
en Oucntc delante de compré doscientos carnefui

háuclu) diasque yo
le

vuestra señoría y
ros,

y
\

me

llevó de ellos á diez sueldos de cada

pues para tornarlo á vender y dar provisiones al pueblo, habría menester de ganar.

uno

Y

bien sabéis, señor, que tomastes todos los co-

munes que habia en Ouentc; y ala pobre
gente
le

fué forzado de venderos sus ganados.
ni penséis

Pues, señores, no os alteréis
Millor Guardyn solo.»
ra

que
la

es

Y

luego volvió

ca-

contra

el

secretario Pajete, ydíjole: ((Pues

vos, señor Secretario, ya se sabe los

comunes

que tenéis tomados en Nordamton, que la pobre gente se queja que no tiene donde apacentar su ganado y aquí está un vecino que
;

y por estar el ganado tan caro, no compró nada y los pobres dan excuvino ayer de
allá,
;

sas

que vos

les

no penséis,
los

tomado sus pastos; pues señor, que todos están libres, que
habéis
hacéis otro tanto; por eso,

más de vosotros

señor, remediadlo, que se pierde
calló,

el Reyno.» Y que no dijo más. Por cierto, palabras fueron de notar, ho\-

de gran reprehensión para los señores.

Y

bien

considerado, quiso imitar

al

villano del

Da-

nubio cuando habló
llaron.

al

senado.

Y

luego los
"^c

señores se miraron unos á otros, v

maravi-

Como

aquel carnicero habia hablado tan

Octavo de Ingalaterra

245

osadamente, no supieron qué responder, más
de

que

les

mandaron que

se

fuesen
les

,

que

ellos

pondrían remedio. Pero

como

tocaba

á todos, y fuesen codiciosos, no hicieron cuenta

dello,
lo

Y

luego fué divulgado por todo

el

que dijo el carnicero; y hubo tanto murmur y amotinacion entre el común, que luego comenzaron los de Quente, y una noche

Reyno

se juntaron
á los
ellos

más de quinientos villanos y fueron parques de Millor Guardyn, y dieron con en el suelo, y abrieron los campos que
allí
si

de antes solian tener, y llevaron do, y pusiéronse en armas para
quisiere estorbar.

su gana-

alguno los

Y cuando lo

supieron los se-

ñores en
parte del

la

corte, consideraron

que en cada
si

no lo remediaran; y luego les inviaron á decir que se apaciguasen , y que lo que habian hecho era bien hecho, y que no alborotasen más y se
harian otro tanto

Reyno

fuesen a sus casas.
ron, y de
allí

Y luego los

villanos se fue-

adelante tuvieron los prados que

y no fué esto hecho tan secretamente que no se supo en todo el Reyno; y luego sucedió lo que adelante se dirá.
solían tener:

246

Crónica del Rey Henrico

CAPITULO LXXVl.
Cvino el Protetor fué á

Madama Mana

a amolo

nestarla que quitase el Sacratnenio^ y
ella respondió.

que

üMo

por todo

el

Reyno hubiesen
el

quitado los Sanctos y
to, parecióle al

Sacramenla

Protetor y á los se-

ñores del Consejo que
hacia mal en no lo quitar; y así,
el

Princesa

determinó

mismo
la

Protetor de

ir

en persona adonde es-

buena señora, que era quince millas de Londres, y quiso de hecho quitárselo. Y la buena señora, cuando esto vio, le dijo: ((Duque, ¿qué queréis hacer?» ((Quiero, señora, que
taba

vos quitéis lo que todo

el

Reyno ha
\

quitado,

que

es estos Sanctos y el

Sacramento y que de
los otros.))
le

aquí adelante hagáis

como

La buey poder

na señora, con gran enojo, en

dijo:

((Duque,

¿á vos quién os ha dado tanto
el

mando

Reyno de mi hermano?»
((

Y

dijo el
el

Du-

que:

Yo

tengo mando, que todo

Consejo

buena señora le dijo: ((Yo bien creo eso que decis, mas mi
ha hecho Protetor.»
la

me

Y

hermano no manda tal cosa y bien sabéis Duque, que el Rey, mi padre mantuvo
;

vos,
este

,

Octavo de Ingalaterra

247

Sancto Sacramento con gran veneración, y después que vos habéis tomado el mando, se

Reyno. Y yo hago lo que mi padre me mandó, y lo que una buena cristiana debe hacer; y lo haré hasta que el Rey, mi
va perdiendo
el

hermano, venga á ser de edad y entonces haré aquello que mi conciencia me dijere y no haréis. Duque, de meteros en mis cosas, ni
;

;

mandar en mi casa.)) El Duque, como vio lo que la Princesa dijo, le pareció que si hacia algo por fuerza,
que le seria mal contado; y así, se fué. Y la buena señora llamó luego á todos sus criados,
y
les dijo
:

((Criados mios, ya sabéis que todos

han sida siempre muy buenos cristianos; y así, creo que vosotros lo sois dígolo, porque si hay alguno entre vosvuestros antepasados
:

no le parezca bien lo que yo hago, lo diga, que yo le daré licencia y le pagaré su salario.)) Todos á una voz dijeron: ((Señora,
otros que

nosotros por

muy buenos

cristianos nos tene-

mos, y no vemos cosa mala que se haga en vuestra casa, y desta manera nos habemos
así, todos el y así queremos morir.)) dia de hoy hacen veneración al Sancto Sacra-

criado,-

Y

mento, y cada dia
casa, y todos son

se dicen tres misas en su

muy buenos

cristianos.

Pues

el

Duque, cuando

llegó en Londres, di-

jo á los señores lo que había

pasado con

la

24^

Crónica del Rey lienrico

Princesa, y acordaron de callar y disimular.

\\

un
su

dia, la

Princesa determinó de
la

ir

á ver al

Rey,

hermano, y de

ciudad de Londres salieron

más de trescientos caballos á la recibir, y entre ellos muchos extranjeros, y no salió ninguno
de
la corte.

Esta señora siempre fué

muy amada

del

común
en
la

y de extranjeros; y luego que llego ciudad otro dia fué á Palacio para ha,

blar al

Rey

venía,
la

y el Consejo, como supo que metiéronse á Consejo y mandáron;

esperar.

Y

la

buena señora, cuando vio
ella
,

la

poca cuenta que hacia de
la

sin

más

se

detener, se fué á

cámara donde estaban en
:

Consejo, y entra dentro, y díjoles
esto, señores,

«
?

¿
¿

Qué

es sa-

vosotros conoceisme
hija del rey

No

béis

que soy

Henrico Octavo y

hermana

del rey Eduardo?

¿Cómo

hacéis tan

poca cuenta de mí?
to huérfano, y

Y

yo os digo que ha sido

gran piedad que mi hermano quedase tan pres-

que su Reyno quedase en tal gobierno, y yo espero en Dios que veré el dia que os pesará de lo que hacéis.» Y no les dijo
más, y salióse, y fuese derecha á la cámara del Rey, el cual se holgó mucho con ella. Y la

buena señora le dijo: u Hermano, mucho pesa que no sentis ni alcanzáis lo que yo.»
luego entró
el

me

Y
di-

Protctor allá dentro, y
del,

la

bue-

na señora no hizo cuenta

v

el

Rey

le

Octavo de Ingalaterra
jo: ((Tío, bien seáis venido
;

249
huel-

mucho me

go con

la

señora, mi hermana, y desearía es-

tuviese siempre aquí.))

El

Duque no

habló

nada, y la buena señora dijo: ((Señor hermano, yo holgara dello, y sería mejor para vuestra

ánima; y espero en Dios que, en sabiendo el Protelo que pasa, pondréis remedio.» tor se salió, que parece que no tuvo ánimo de hablar. Gran daño es por cierto para el

Y

buen Rey en no estar su hermana siempre cabe él. Plega á Dios que ella viva hasta que torne á convertir al Rey y su Reyno. Y cuando hubo estado un gran rato se fué. Y otro día se fué donde solia estar: y si algún bien viene al Reyno, es por las oraciones buenas della.

CAPÍTULO LXXVII.
Como fué
preso el obispo de Huinchestre^ y
lle-

vado en

la Torre.

w1
Londres.

E cuantos perlados hay en Ingalaterra,

no hubo ninguno que con-

tradijese tanto á los herejes
el

como

Y

obispo de Huinchestre y el de primero diré del de Huinchestre.
el

Pues como

buen Obispo viese

las

gran-

32

250

Crónica del Rey Henrico
el

des herejías que cada dia se inventaban en

Reyno, pesábale mucho; pero como
el

viese

que

el principal mantenedor, y desconde Huaruyque pués el y otros muchos señores del Consejo del Rey, y también conociese

Protetor era

la

gran invidiaque
él,

el

arzobispo de Canturberi

tenía contra

nada podia hacer. Este obispo
el

de Canturberi un dia habló con
otros señores
cia,
:

Protetor y los

;

y díjoles Huinchestre trabaja de nos contradecir á todos,

y su habla fué fundada en mali«Señores, yo veo que el obispo de

y presume saber más de la Sagrada Escritura que todos, y yo deseo que un dia predicase delante del Rey, y que vuestras señorías se lo
mandasen.)) Entonces habló
el

secretario Pael

jete, y dijo: ((Yo sé bien que querrá predicar, si el Rey no se

Obispo no

lo manda.))

Este Pajete habia sido criado del obispo de
Huinchestre, y
el el

mismo Obispo
el

le

puso con

Rey.

Y

como
le

Protetor oyó lo que dijo

el

Pajete, dijo: ((Dejadme, que yo hablaré al

Rey

para que

mande

predicar.))
el

Y

luego se
invió á

lo dijo al

Rey, de modo que

Rey

que estaba en su obispado predicando y amonestando que no se moviesen á las grandes herejías que inllamarle; el cual habia
dias

muchos

ventaban.

Y

como
J

vino delante del Rey,

le dijo: ((Pa-

1

drino,

dónde has estado?)) Muchos

dias ha

Octavo de Ingalaterra
;

251

que 110 te he visto y pues eres venidoj yo te ruego que sermonees mañana \ y venme á ver más á menudo.)) Como el buen Obispo viese que aquello no salia del Rey, dijo a Yo haré lo que V. M. me manda, aunque sé que á mu:

chos pesará de

oir

mi sermón.»

Y

otro dia vino

muy mucha
;

gente á

la

cor-

te para oir el

sermón

y, puesto

en

el

pulpito,

comienza
le

á predicar de tal suerte,

que bien

quisieran los señores

no haber comenzado á
del

mandar predicar, por amor

mucho pue-

blo que le vino á oir.

Y

todo su sermón fué

en alabanza del Sancto Sacramento, y dijo muy claro que todos cuantos hablasen en contra,

que eran

grandes herejes, y que él lo mantendría contra todos, hasta traerlos al fue:

muy
((

go, y dijo

Bien sé que no habrá ninguno que

con derecho quiera contradecirlo, pero con el favor y poco temor de Dios lo querrán sostener y mucho me pesa que la Majestad del Rey está mal informado, y que no tiene edad para lo conocer y ver el gran mal que en su
j

que el Rey, su padre, viviera algunos años más, y también fuera bueno para todo el Reyno;
se publica; y fuera
él,

Reyno

bueno para

porque sé bien que

mal como hay

el dia

no consintiera tanto de hoy.)) Otras muchas
él

cosas les predicó; tanto, que todos los señores
se indignaron contra él,

y díjoles más: «To-

252

Crónica del Rey Henrico

en inventar dos vosotros, señores, hacéis mal que el Rey cosas nuevas en la Iglesia, hasta él podrá hasea de edadj y digo que entonces
cer en
ella

como

cabeza.

Y

lo

que, seBores,
del

hacéis, es contra el

mandamiento
los
le

rico Octavo.)) Estas palabras

Rey Henfavorecieron mu-

cho

al

Obispo, porque

señores no pudie-

ron hallar

deshacer; y sin más Torre, donde consejo le inviaron luego á la le quitan sus renestá el dia de hoy; pero no pié, y él es servido tas y toda su casa está en muy bien, á su costa, en la Torre. Plega á Dios su propósito; esperanza hay

modo

para

que

salea

con

conoce que si el Rey llegase á ser de edad, y lo que pasa, que lo enmendará. de Los señores, en especial el arzobispo no bien lo querrian deshacer, pero
Canturberi,

Dios osan, porque no hallan causa.
conserve en
lo

le

ayude y

que

está.

Octavo de Ingalaterra

253

'CAPITULO LXXVIÍl.
Cómo fué preso
ladrones.
el obispo de

Londres^ y la causa
los

por qué ; y como fué

llevado á la cárcel de

N

buen tiempo después que
los señores

el

obispo de Huinchestre fué preso,

como
el

conociesen que

obispo de Londres sostenia lo

que

de Huinchestre, y también predicase en alabanza del Sanctísimo Sacramento, y conel

tradijese

á todos los

herejes que
los

predicaban
le

contra

el

Sacramento,

señores un dia

mandaron que predicase delante del Rey, porque le queria oir. También conoció este buen Obispo la malicia,

y dijo:

a

Señores

,

yo soy

muy

contento

de predicar.))
era docto

Y

dicase nada del
,

que no preSacramento, sino que, pues
luego
le

dijeron

les: ((Señores,
el

que doctrinase al pueblo. Y díjosi Dios es servido que suba en
que
el
el

pulpito, predicare aquello

Espíritu

Sancto pusiere en mi corazón.»
siguiente fué
á
la

Y

domingo

corte á

predicar y tuvo

muy
tal,

grandísima audiencia; y fué su sermón que en gran tiempo en la corte no se hiz(';

254
tal,

Crónica del Rey Henrico
sino fuese
el

del obispo de
el

Huinchestre.
Espíritu Sanc-

Y

por espiración divina, que
,

to hablaba en él
oís,

dijo

:

a

Hermanos que me
este pulpito por

yo soy venido aquí en
los señores del

mandado de

Consejo

del

Rey,

para que predicase

mandado que no hablase en
cramento, y yo,
Iglesia
los

y doctrinase ; y fuéme el Sanctísimo Sapastor vuestro, pues
la

como

me

obliga á lo decir, digo

que todos

que no creyeren en el Sanctísimo Sacramento del altar serán dañados y condenados á las penas infernales. Catad, hermanos míos, que os lo amonesto y os lo digo, pues soy
obligado á os lo decir, pues soy pastor; y mirad que de buenas ovejas no os tornéis cabro-

nes; y os amonesto que estéis firmes en

la

fe

de Cristo, y veneréis al Sanctísimo Sacramento y á todos los Sacramentos de la Sancta Madre
Iglesia.))

Y otras muchas
si

cosas les predicó exal

celentes, y

no fuera por no alborotar
le oia, le

muy

mucho

pueblo que

hicieran bajar del

pulpito antes que acabara su sermón.

no fué bajado, cuando fué llevado de más de veinte alabarderos muy vituperosamente
preso, y llevado en
la

Y

cárcel

de los ladrones,

donde

le

tienen

el dia

taron su casa, y no

le

de hoy; y luego le quidan para sus costas más

que un escudo cada

dia.

A muy

muchos bue-

nos cristianos pesó desta prisión dcstos dos

Octavo de Ingala térra
obispos
j

255

Dios

los

mantenga en su buena opi-

nión; y muy muchas veces los van á hablar para que conformen con ellos, pues que tie-

Sacramento, y todavía están firmes, y dicen que antes morirán que ellos dicen que su consientan en tan gran mal.

nen quitado

el

Y

Rey no

es de edad, y

que cuando sea de edad

que son obligados, y que hasta entonces no les molesten más, porque bien les pueden matar, pero no dirán contra lo que han predicado, pues es la verdadera verdad; y
ellos dirán lo

así, los dejan.

Espero en Dios vendrá tiempo
,

que salgan con su verdad

y

los

malos serán

confundidos, y que Dios no lo consintirá para siempre.

CAPITULO LXXIX.
Como quitaron
las misas
el

que dan

y los altares^ y del modo Sacramento.

A habemos dicho cómo

los

cléri-

gos se casan; y como quitaron las misas no lo declaré; y así, lo declararé en

este

capítulo.

Sabrán que como
las

hubiesen quitado los sanctos de

iglesias

y también el Sancto Sacramento, y usábase en cada perrocha que le tenían en medio del altar; pues se concertó que, de
allí

ade-

¿56

Crónica del Rey Henrico
la

lante, no se llamase misa, sino
fior; y

cena del Se-

de

la

se el

el clérigo

que para aquello bastaba que en medio que vinieiglesia se pusiese una mesa, y cuando que quisiese recibir aquella cena, estuviese revestido, y que al tiempo
tomase,
la

que

él le

le

diese á los otros.

Y

orde-

nóse que

no se consagrase hasta que hubiese allí alquisiese consumir, y que si que guno que quisiese tomar aquella cena, e le entonces le consagrase y que el clérigo uno, á cada diese la mitad y si fuese más de
hostia
j

uno un pedazo. conftsio n Pues ordenado esto, hicieron una el sageneral en inglés, que el clérigo dice, y quieren que le cristán responde, y todos los
tomar
se hincan de rodillas.

Y

dicha

la

con-

da á cada uno un pedazo de en el cáliz que hostia, y después le dá á beber les da Li dicen que es consagrado, y cuando cuerpo del Sehostia dice estas palabras: uEl
fision, el clérigo les

por mí, guarñor, que padeció en la f por tí y amén.» ^ de tu ánima para siempre jamás del da el cáliz, dice: a La sangre

cuando

le

tí y por mí, Señor, que fué derramada por amén.)> guarde tú ánima para siempre jamás, les echa le han acabado de tomar,

Y
la

cuando
la

bendición y se van
Epístola y
el

;

rigo

cléy antes ha dicho el Evangelio en inglés, y

ciertas oraciones.

De modo, que

desta

mane-

Octavo de
ra lo usan,

hgala térra

257

y dicen los maitines y vísperas en inglés, y las letanías; y en un paso dellas dicen ((Délas abusiones y falsedades del Obispo
:

de

Roma,
Otras

líbranos, Señor.»

muy muchas
no
las

herejías dicen,

que por

evitar escándalo

digo aquí

;

pero quiero

decir los

muchos males y grandes daños que

han venido después que han sucedido tantas herejías ; que todo el mundo sabe que no había Reyno en la cristiandad más rico, ni más abundoso de todas cosas y cuando tenían sus
:

abadías y monesterios, el

Rey

próspero, y todo el Reyno de balde, y abundoso de dinero:
do, con haber quitado
el

estaba rico y y todas las cosas

y
el

el

dia

de hoy no hay tierra más perdida en

mun-

Rey un gran pozo

de oro de rentas que eran de las abadías, y muy mucha plata, y con haber quitado todas
las

memorias de

los finados,

grandísimo tesoro.

Y

que esto fué un bien se sabe que en el
;

Reyno

habia cincuenta mil perrochas

pues

aunque no hubiese más que diez ducados en cada una, una con otra de renta, esto el Rey lo tomó; y en las más habia más de cien ducados; y dentro de un año hizo dineros dello, que lo vendió á sus súditos, y vino á montar un innumerable número de dineros: y con tener los primeros frutos de las iglesias, y con haber sacado de todos sus súditos, en tres
33

258

Crónica del Rey lienrico

años, cuatro veces dineros, que fué no |x>co de
oro; y con haber deshecho todo su buen dinero

y buena plata, han venido agora que hacen la más falsa moneda que en parte del mundo, que
el

grueso de

allá

que

es cuatro dineros,

que so-

lian valer veinticinco

maravedís en buena mo-

neda, agora de valor no vale siete maravedís; y el oro es muy peor, y de antes oro y plata era
la mejor del mundo. Y de esto no hay nada, que todo es consumido, y el Rey está pobre. Por cierto ha sido gran plaga; y esto ha sucedido de ocho años acá, y cada dia va de peoí en peor, y todas las cosas son tan caras, que por tiempo creo no habrá extranjero que quiera contratar en aquel Reyno. Plega al Reden-

tor del

mundo

á su santa fe
el

remedio y los convierta para que puedan tornar á cobrar
invie

nombre que

tenían; que se solia llamar tiertierra

ra

de ángeles, y agora se podrá llamar

de diablos.

Y
zan
ron
;

quiérenlo ver, ellos mismos lo profeti_

porque no há mucho tiempo que hicieallí

una comedia, y fué cuando quitaron todos los sanctos; y se contenia que representaban á Dios, que estaba asentado en y venía uno y entraba donde estaba, y miraba á todas partes y no via ninguno, que á Dios solo; y le preguntaba:

una

silla

solo,

«

:

Cómo

es esto^ Señor,

que

estáis solo

r

¿

Qué

Octavo de Ingalaterra
es de todos tus sanctos?»

259

Y respondióle: «No
España, á Francia,

están aquí, que son idos

á

á Flándes, á Italia y á Portugal; y así están
repartidos.))

Y

díjole el

hombre: ((Pues que
ir

estas solo,

no quiero aquí quedar, quiero

á

buscar más compañía.))
te

Y

vase de

la otra

par-

y ve un hombre muy feo asentado en una silla, y mira y ve que estaba solo, y que era
Lucifer, y demándale
:

((

¿

Cómo

es

posible

que estás solo
blos?))

?

¿

Qué

son de todos tus diasolo, que te
»

Y

dijo:

((Hanme dejado

hago saber que tienen tanto que hacer en In-

que no pueden venir, y así, me han dejado solo.)) De manera que ellos mismos progalaterra,

fetizan ser tierra de diablos. Dios, por su pie-

dad,

la

torne tierra de sanctos.

CAPÍTULO LXXX.
Como
se

levantaron

¡os

de Norfoque y Sofoque j y

toda la tierra de Cornualla.

uÉGO que
cho
los

de Norfoque y Sofoque supieron lo que hablan helos

de Quente, uno que se

llamaba Antonio Quit, que era
rico villano de Sofoque, estando

un domingo

en

la

perrocha con sus vecinos, dijo: ((¿Qué

es esto,

hermanos? ¿Nosotros por qué no ha-

200

Crónica del Rey Ilenrico

remos otro tanto como los de Quente ? Y por mí os digo que más quiero morir, que no que
los señores

nos tengan en tan gran sujeción.))
él

Y

luego se juntaron con

en menos de dos dias
dellos levantados
;

más de doscientos, y habia más de diez mil

(3uit su capitán.

Y, como

y hicieron á este Antonio era verano, fueron

de lugar en lugar y no dejaron parque ni campo cerrado, que todos los. abrieron. no

Y

hacían mal á ningún labrador, y tomaron todo el ganado de los señores para sus mantenimien•

tos
el

y los señores, cuando oyeron esto y vieron gran daño que se hacia, inviaron allá más
;

de dos mil hombres de guerra que en aquel

tiempo estaban en manes,
italianos

la

ciudad de Londres; de ale-

Y

no fueron llegados
;

y españoles, más de cuatro mil. allá, cuando los villanos
y

los desbarataron
tos,

como

se hallasen ya tan-

y se viesen tan fuertes, determinaron de proseguir, y no dejaron casa de ningún señor,
en aquellas
tierras, á

que no fueron, y por fuerza

les

res hacían

hacían dar dineros y vituallas; y a los señoir con ellos por fuerza; y de tal ma-

nera fué, que no tenían otra voz entre ellos
sino que querían que todo fuese

común. Y, estando desta manera, vino nueva

al

Protetor

cómo

en Cornualla se habían levan-

tado un caballero que se llamaba Mestrc Arandcl, V

cómo

este tenía

más de

treinta mil

hom-

Octavo de Ingalaterra
bies para venir contra los señores; y
la

261
causa

que éstos
blan Ido

se hablan levantado, era

porque ha-

muchos comisarlos
las
la

á quitar los Sacra-

mentos de
aquélla fué

iglesias,

causa.

Y

y no lo consintian; y este señor Arandel In-

vió á decir á los señores que antes morirían

todos que consintir
fuertes, y

tal

cosa.

Y hicléronse muy
de Plemua

tomaron mucha

artillería

y de otros fuertes del Rey, y hicieron todas sus banderas coloradas, y en ellas pusieron el

Sancto Sacramento.

De manera
la fe,

que éstos

se le-

vantaron en favor de

y

los otros

de Nor-

foque y Sofoque, porque querían que todo fuese

común.

Y

luego los señores inviaron á Cornualla

al

conde de Huaruyque con diez mil hombres
de guerra
bien en orden, y entre ellos habla más. de tres mil extranjeros. como

muy

Y

los

de Cornualla

oyesen que venía, deter-

minaron de le dar batalla, y esperaron en el campo. Y el Conde no iba sino seis millas cada
gente holgada; y por el camino tomaba mucha gente, unos por fuerza
día,
la

por llevar

y otros por grado; y llego una noche una milla

dellos,

y

como

los de

Cornualla no fuese

gente de guerra, aunque eran valientes
bres y bien armados, esa

hom-

noche

dijo

un capial

tán italiano, que se llamaba Spindola,
((Señor,

Conde:

nosotros

no

venimos cansados, v

2b2

Crónica del Rey Henrico

nuestros enemigos pensarán que queremos reposar;

de mi parecer debemos hacer ademan
el real,

que queremos asentar aquí
reposar, y

para que

si

tienen espías les digan que determinamos de
si

á vuestra señoría parece, podeellos al

mos
los

romper del descuidados, y podríamos
ser

con

alba y tomarlos desbaratar

en breve.))

Al Duque

le

pareció que

el

consejo era

bueno, y mando pregonar que todos reposasen, porque dentro de tres dias querian dar la batalla

á los Corneses; y el pregón se dio, y las espías

que allí estaban hácenlo saber á los Corneses, y fué causa que los tomaron descuidados.

Esa noche,

el

Conde

invió á llamar á todos

los capitanes, y

mandóles que avisasen á sus gentes para que al alba diesen sobre los enemigos, y así fué hecho.

Y,

por abreviar,

al escla-

recer

el

dia fueron sobre ellos, y los
tal

tomaron

maña, que antes que desarmados, y diéronse se pudiesen recoger, mataron más de seis mil
dellos, y los otros

muy

echaron á huir, y fué una gran mortandad. Y piadosamente se cree
el

que hubo muy muchos en

Reyno que

les

pesó porque fueron desbaratados, porque venían con tan buena demanda.
tándolos,
fin
el

Y, en desbaraadelante, y
al el

Conde

siguió
,

más

hizo lo que quiso

y luego hizo quitar
iglesias,

Sacramento de todas

las

y no tarda-

Octavo de Jngalaterra
ron

263
los

mucho que

los

más fueron peores que
los

otros.

de Norfoque y Sofoque siempre estaban fuertes, y todos comían á descricion, y habian determinado de ir

Mediante

este tiempo,

hasta Londres.

Y,

los

de Londres, cuando lo

supieron, pusieron grandes guardas; y á cada

puerta de

la

ciudad estaban más de cien

hom-

bres armados y tres piezas gruesas de artillería; y al rededor de las murallas una infinidad

de mosquetes.
tales guardas,

Y, como

estaban á las puertas

no venía persona á pié ni á caballo que no fuese desaminado; y tuvieron tal á guarda, que tomaron más de diez espías.

Y

las

puertas de

la

ciudad fueron puestas horcas,

y

las

ahorcaron porque todos

sen los viesen ahorcados.

De

que viniemodo, que en
los

breve

lo

poner fuego á Londres, y así
decir.

supieron los villanos y juraron de lo inviaron á

Y, de aquella

hora que lo supieron, fué ordeseis

nado que cada noche anduviesen
ciudad.

Aldrala
la

manes, con cada cien hombres, recorriendo

Y

así,

en más de quince dias velaron

ciudad más de seiscientos hombres por todas
partes, y de dia las puertas,

como

dijimos.

Y
dado

como
fin

el

conde de Huaruyque hubiese
lo dejase

en Cornualla, y
io

todo apaci-

guado,

más

presto que pudo, con toda su

264

Crónica del Rey Henrico

gente, vino sobre los villanos, y sucedióle tan
bien,

que en breve los desbarató.

Y fué maravilla

que no mataron más de doscientos caballeros
y gentileshombres que los villanos tenian por fuerza en su compañía, y les hacian que les
diesen vituallas.

Y, cuando

los desbarató el

Con-

de, el capitán destos villanos,

que

se llamaba

Rey, mandó que fuesen delante
la batalla.

los señores á

Créese que aquello fué después su

destruicion, que

como

pasaba, y fué bien

Conde supo lo que avisado dello, mandó que al
el

primer escuadrón que venía delante, que no
les hicieren

mal.

Y sin falta fueron avisados los

señores

y así , acometieron muy denodadamente, y los del Conde diéronles pasada, y luego vuelven todos sobre los villanos, y así
;

los desbarataron.

Y

el

Rey Quit, que

así se llamaba,

cuando
le llevó

vio que los suyos iban desbaratados, volvió la
rienda y fuese huyendo.

Y

su pecado

en casa de un criado de un señor de

los

que

andaban por fuerza, y este criado era carretero, y tenía cargado un carro de vitualla para
llevar al
dijo:

campo de los
te
le

villanos; y

((Yo

ruego, hermano, que
vio,

como llegó, le me ayudes.))
:

Y
el

el

carretero que

le dijo

((

eres tú, que así vienes huyendo?))

— ((Porque

¡

Quién

conde de Huaruyque nos ha desbaratado.» El

carretero que esto oyó, fué bien avisado, y di-

Octavo de Ingala térra

265

jóle: ((Señor capitán, apeaos y venid dentro de

mi casa, que yo os tendré secreto.)) Y luego se apeó y demandóle ((Los señores que an:

daban con vos, ¿qué se hicieron ? son desbaratados, porque iban en

))

— «También
se

la delantera.))

Y

el

carretero no dijo más, y

le

mandó que

asentase y reposase, y que si queria comer se lo el Quit, descuidado, no daria; y así lo hizo.

Y

pensando que
se

el

carretero hiciera lo que hizo,

echó á reposar.

Y

el

carretero, cuando esto

vio, se
:

fué v

llamó á otro su compañero, y díjole ((Hermano, nosotros seremos ricos si podemos
prender á este diablo amotinador y llevarle luego se concertaron y fueá Londres.))

Y

Quit, y como estuviese descuidado durmiendo, llegáronse á él con una cuerda, y átanle los pies y las manos, y díjole el carretero: ((Yo te prometo, Quit, que tu pagarás la muerte de mi amo.)) El Quit pensó con buenas palabras de engañarlos para que le soltasen, y ofrecióles muchos dineros: v
ron donde estaba
el

como Dios no

quiso que este Ouit hiciese

mal, y de que lo tuvieron bien atado, su caballo y dos caballos de los carros , v toda
la

más toman

noche caminaron tanto, que llegaron con él á ocho millas de Londres, y hiciéronlo saber á los señores del Consejo, y luego inviaron doscientos hombres por él, y fué llevado á la Torre.
34

26b

Crónica del Rey Henrico
del

Y los señores
forzados

Consejo mandaron á los carserian bien rereteros que no se fuesen, que compensados. Y todos los señores que estaban con los villanos, estaban los más en
Londres, entre
los cuales

estaba

el

amo

de

con aquellos carreteros, el cual trabajó recomñores del Consejo para que fuesen
los se-

hecho. pensados del buen servicio que hablan era Y, como de primero dijimos, este Ouit posesiones; un rico villano y de muy buenas
les dieron patente á y los señores del Consejo las tierras del los dos para que hubiesen todas fué mandado que al primero diesen los Quit.

Y

un tercio dos tercios de la hacienda, y al otro primero doscientos sueldos y luego dieron al
:

así se fuede contado, y al otro cien libras. hombres fueron riron; donde eran dos pobres

Y

cos.
e
ra

Y así
de

feneció

el

Quit, y fué mandado que

tierhiciesen cuatro cuartos, y llevado á la donde se hablan amotinado , para ejemplo.

Y

allí

adelante no tuvo

la

ciudad

más

hubiese que temer; y los señores, porque no las más amotinamiento en el Reyno, inviaron á campos y tierras que antes tierras, y todos los los labradores, y eran comunes las tornaron á que ningún señor tuviese de cuafué

mandado

tro mil cabezas de

ganado arriba, y en menos que valia un buen carnero de dos meses vino hubo ocho gruesos, como de antes, y no
á

:

Octcivo de higalaterra

ib']
lo

más amotinamiento y aquí diremos después más sucedió.
:

que

CAPITULO LXXXI.
Gimo
el

conde de

Huaruyque
y lo

riño con el Profe-

tor^

que sucedió.

conde de Huaruyque hubiese desbaratado todos los de Cornualla y Sofoque y Norfoque, un dia fué á la corte acompañado con
el

OMO

muchos
él, así

capitanes de los que habian ido con

ingleses

como
el

extranjeros, y luego se

entró á hablar con

Protetor, y díjole

:

((

Se-

ñor Protetor, estos capitanes y sus gentes han servido muy bien al Rey, y es menester que
vuestra señoría
les

haga mercedes por sus
el

buenos
jas,

servicios.))

Y

Protetor

le

respondió

«Señor Conde,
y
el

ellos

han sido pagados sus ga-

no está para hacer mercedes.)) Y el Conde, cuando esto oyó, dijo: ((Señor Duque, para los que han hecho
está pobre, y

Rey

tan señalados servicios
res

como
el

todos estos seño-

que han apaciguado

Reyno, que estaba

todo levantado, no es menester excusas, y es menester que se les hagan mercedes, y grandes.))

Y

el

Protetor dijo; ((Señor Conde, no se

2b8

Crónica del Rey Henríco

de,

puede hacer más, que no lo hay.)) Y el Concomo es un hombre de gran ánimo, dijo muy enojadamente: «¿Cóino, señor Protetor,

con palabras y con decir que no lo hay pensáis de excusaros? pues no será así. Y no me maravillo, señor Duque, que el Rey esté pobre, gastando vos los dineros que gastáis en edificar; y

más cuidado mirar lo que cumple
Dios y todo rades hecho
perdiera
el

tenéis dello,
al

Rey

ni a

que no de su Reyno; y
vos hubié-

el
la

mundo

sabe que

si

provisión que cumplía, que no

Boloña; y

Rey los fuertes que perdió junto á si más tenéis el mando vos, lo aca-

que oyó que el Conde habló tan osadamente, y le afrentaba, le dijo «Conde, no tenéis razón de decir lo que habéis dicho, y yo lo merezco en
baréis de perder todo.» El Protetor,
:

haberos sido yo tan favorable.)) El
respondió: ((Mayor
la

Conde

le

tengo yo y todos los señores en haberos dado tanto poder y mando, y
si

mucho

lo

tenéis

vos, destruiréis el

Revno.))

Y

no quiso

estar allí

los capitanes

con

él,

más y sálese y todos con más de doscientos
,

soldados

;

y vase á Londres.

Y

esa

noche
allí

se
á

fue á casa del marqués de Seter, y de

casa del conde de Rutelan, y hízoles juntar,
y otros

muchos

señores que estaban en

Lon-

dres, y díjolcs: ((Señores, grandísima vcrgüen-

Octavo de Ingalaterra

269

za es nuestra, y gran mengua, que cada dia nos vienen nuevas que perdemos los fuertes que
el

y ganado, y todo por falta del Protetor, que es tan escaso, que antes lo dejará todo perder,

Rey ha hecho

que

se

deshaga de

los dineros.»

Y
les

díjoles lo

que habia pasado con él, y súpotan bien hablar, que acordaron entre ellos
el

de quitarle
dado.

mando

,

pues ellos se

le

habian

Y

estando en esta plática, entra un gen-

tilhombre del Protetor, y dijo
ñor, el Protetor,

mi señor, os le vais á hablar mañana.» Y conociese que no le queria para bien , dijo uDecid al Protetor que yo iré cuando me plu:

Conde ((Semanda decir que el Conde, como
al
:

guiese.»

Y

así, se fué.

Y

sin falta el Protetor habia
la

pensado, en viniendo á

corte, de le hacer
:

prender y inviar á la Torre y como llegó su gentilhombre y le dijo lo que pasaba, sospe-

chó luego que

se

juntaban para contra

él.

Y

el

Conde secretamente habló
que hube con

á los capi-

tanes extranjeros, y díjoles: ((Señores, ya habéis visto el enojo
el

Protetor,

y todo porque seáis bien recompensados; y así,
os ruego tengáis vuestra gente para
biere menester.»
si

os hu:

Y los capitanes dijeron
casa y al

«Se-

ñor Conde, todos estamos á vuestro servicio.»

Y

como

el

Protetor se temiese, luego sin otro
la

acuerdo, hizo mudar

Rey, y de-

2;o

Crónica del Rey I leu rico
ir

terininó de se

a V^uinsoí'

con

el

Rey, y

dijo

á todos los criados del
béis

Rey:

((Señores, ya sa-

que

el

conde de Huaruyque quiere venir

con mano armada, y temo que quiere matar al Rey por eso nos vamos á Vuinsor, por tener á nuestro Rey más guardado.» Por cierto, mal
i

acuerdo tomó

el

Protetor en llevar

al

K^y
le

allí,

porque
dería lo

si

fuera

con

él á

Londres, no

suce-

por

el

que le sucedió. Y como iba con el Rey, camino hizo que el Rey fuese armado,

y llevase su espadilla sacada, y decia por el camino ((Mis vasallos, vosotros no me ayuda:

¿

réis

contra los que

me
a

quieren matar?))

Y

to-

dos decian á voces:

Señor, todos moriremos

con

vos.))

Y así, se

hablan juntado más de diez
de acuerdo

mil hombres con los del Rey.

Y
con

como
el

los señores ya estaban

conde de Huaruyque, determinaron de

juntarse en una iglesia, que se llamaba Sancto

Tomás

de Abacar: y allí estaban en Consejo; y estando en Consejo, vino una posta al Alayre de Londres, del Protetor, que les inviaba a

demandar que le inviasen dos mil hombres para defender al Rey. Y luego el Mayre y Aldramanes se fueron donde estaban los señores, y
les dijeron:

((Señores, ¿qué es vuestra inten-

ción, que

el

Protetor nos invia á demandar

dos mil hombres.'')) El
les dijo:

Conde habló

((Señor

Mayre

luego, y y señores, estad que-

Octavo de Ingalaterra

27

r

Jos y no hagáis mudanza, que os hacemos saber que lo que hacemos y nos habernos juntado, es para buscar

candaHcemos el Rey; que el Protetor

modo y manera que no escomún para sacar nuestro
se ha alzado

con

él

en

Vuinsor, y tiene diez mil hombres de guerra; y pues tenéis libertades, no las perdáis, que nosotros trabajaremos de haber nuestro Rey.))

Y

el

Mayre y
la

los

Aldramanes

se

van y junsi

tan en Consejo en

su ciudad, y dieron por

respuesta á

posta del Protetor, que ellos,

fuese menester, todos morirían por su

Rey, y
él,

que ellos vian que se habia alzado con
que darían ayuda á
los señores para

y

haber á su

Rey en
que

libertad; y que bien sabía el Protetor las libertades de Londres era guardar su

ciudad, y que al Rey podían servir de sol á sol, y que se maravillaban del haber llevado á su

Rey

tan lejos.

Y

despacharon

la

posta con

aquella respuesta.

Y

como

los señores salieron

del Consejo, luego se apoderaron de la Torre,

y el Conde iba á dormir cada noche allá, y acordaron entre todos, que otro dia fuese pre-

gonado por traidor

el

Protetor.

272

Crónica del Rey Ilem'ico

CAPITULO LXXXÍI.
Como
el Protetor

fué pregonado por
se dio

traidor^ y

cómo

á prisión.

,oMo fué acordado que ifuese dado por traidor,
ifarautes

el

Protetor

luego

dos

íUos

con dos trompetas, y con un Clerque del Consejo, que
anduvieron por
la

se llamaba Chalanjer,

ciu-

dad, y fué publicado por traidor, que queria

matar

al

todos a

Rey. El común, cuando esto oyó, voz llena decian muera el traidor, y

quien más mal podia decir, más decia.
de

Y

fué

tal suerte, que en menos de ocho dias estaban en Londres más de trescientos señores con más de quince mil hombres.

Y

como
él,

el

Protetor supo que querian
si

ir

contra

y que
al

se ponia
él

en defensa
estaria
los

,

venía

gran daño

Reyno, y

en danjer,

acordó de inviar á decir á
se sigue: ((Señores,

señores lo que
estáis

yo veo que todos

determinados de venir contra mí, y yo no sé la causa por que alborotáis todo el Reyno.

que no os mueva pasión ni indignación que contra mí tengáis, porque vo no he hecho por qué vengáis armados conos ruego, señores,

Yo

Octavo de Ingalaterra
tra

2'/'^

mí; y porque yo soy limpio de lo que me levantan , yo me iré en persona á presentar á
la

prisión; y vuestro

Rey aquí
él sin

está

bueno y

sano, y podéis venir por
seííores,

alboroto.»

Y los

cuando oyeron lo que el Protetor invió á decip, dijeron que se presentase á la Torre, y que ellos irian por su Rey. Y luego
el

Protetor se vino á

la
si

Torre. Cierto tuvo

buen consejo, porque

fueran los señores co-

mo

querían

ir,

fuera gran daño al
él.

gran danjer para

Y

Reyno y
la

luego que se fué a
,

Torre, fué luego acordado
se apaciguase,

porque

el

pueblo

de traer
el

al

Rey por Londres.
mandado

Díjose en Londres, pero no se supo de verdad, que una noche
á la guarda del

Protetor habia

que su

Rey que no curase de velar, guarda velarla; y como estuviesen en

obispo de Canturberi y Pajete , los cuales tenian más de trescientos hombres, y lo
el castillo el

supieron, sospecharon que no hiciesen daño

al

Rey, y fuéronse aquella noche á la cámara deJ Rey, y como los vio el Rey, les dijo « Señores, ¿qué hacéis aquí á tal hora?» Y dijo el
:

Obispo: ((Señor, cumple que estemos

aquí.))

Y

otro dia se dio

el

Protetor: sospechóse que
al

queria hacer algún mal
creer.

Rey; pero no
ya en
la

es de

Y

como

los señores tuviesen

Torvoces

re al Protetor, y viesen

que

el

común
35

á

274

Crónica del Rey I le nr ico
fué luego traido á
^

demandaban su Rey,
dres con gran triunfo
él

Lon-

que bien entraron con

más de dos

mil caballos; y todo el pueblo se

alegró en

ver su

Rey.

Y

así, fué

llevado á

Vuestmonster, y
tes á sus tierras.

los señojes inviaron sus
'

gen-

CAPITULO LXXXIIL
Cómo
los

señores

se

juntaron en Vuestmonster^

y

lo

que allí concertaron.

UF.GO que los señores mviaron sus

gentes á sus tierras, se juntaron

en Vuestmonster, y fué acordado entre ellos que, de allí en adelante,

no hubiese ninguno que tuviese mando para en cosas del Reyno, sino que todos en general lo hiciesen

como

el

Rey

lo

habia dejado en

testamento. Luego,

el

conde de Huaruyque,

que presumió más que todos en querer mandar, hizo una plática á todos los señores, y díjoles: ((Bien sabéis, señores, la pena que he tomado en apaciguar el Reyno, y la mucha que han así extranjeros tomado muchos capitanes como naturales; por eso es menester que sean
,

luéeo fué recompensados de sus trabajos.» ordenado, entre los señores, que fuesen hechas

Y

Octavo de Ingalaterra
mercedes á todos
jos.
los capitanes

275

por sus traba-

Y

al

capitán Espindola le dieron
j

muy

buena renta con que se mantuviese de modo, que todos quedaron muy contentos. Durante este tiempo, el Protetor estaba
Torre, y cada dia se decia, hoy 6 mañana le sacarán á cortar la cabeza > mas la mujer del Protetor, como fuese muy
siempre en
la

que le cumplia humillarse, una mañana se va en casa del conde de Huaruyque , y sin mostrar gravedad ninguna se hincó de rodillas delante ¿tX Conde, y le dijo: ((Señor Conde, muy maravillada estoy que
sabia y viese

entre vos, señor, y mi marido, haya habido palabras por donde viniésedes á tener enojo,
visto

que siempre

le

oí decir

que

el

^Qy no

más prudente hombre, ni más sabio en su Reyno que vos, señor j y que por una pasión le hayáis hecho pregonar por traidor, no ha parecido bien á Dios ni al mundo; y pues en vuestras manos está de lo enmendar, y pues
tenía

no
réis

se

ha hecho traición, yo os ruego que mitio del

Rey; que aunque el Rey no tiene agora tanto saber, que con el tiempo se
que es
podrá saber
sa de la
la

verdad ; y

si

vos, señor, sois cau-

con

el

muerte del Duque, mi marido, el Rey tiempo podria saber la verdad.» El

Conde, en todo este tiempo, no pudo hacer que la Duquesa se levantase, y más por fuer-

276

Crónica del Rey Henrico
la

za que por su voluntad,
silla,

hizo sentar en una

y el Conde la respondió :(( Señora Duquesa, bien sabéis vos que yo fui causa que cl

Duque, vuestro marido,
sabéis

fuese Protetor; y bien
ja-

que después que fué Protetor, que

más

el

Reyno

fué tan

perdido

como

agora

que ha gastado en sus edificios más de doscientos mil ducados, que es una cosa increible; pues estos dineros ¿ dónde
está; y de cierto se dice
los

ha sacado sino del tesoro del Rey?

Y

por

su falta

hemos perdido

los

fuertes en Boloña,

que costaron hacer un tesoro, y otras cosas de grandes importancias que se han perdido en
aplicar

Escocia; y todo por su escaseza y por querer el tesoro para sí, y por no pagar la

gente y no proveer como es razón , que por la menor cosa de éstas merece muerte.» La

Duquesa
náis;

dijo

entonces: «Señor, no ha sido

tanta la falta del

Duque como

vos

la

acrimi-

por eso, los enojos aparte, yo os ruego en
le seáis

amor de hermandad, que
porque sé bien que
si

buen amigo,
el

vos, señor, queréis, nin-

guno

será contra él.»

Entonces

Conde

le

dijo: ((Señora, ios á vuestra casa,

que yo harc

muy

mejor; y

si el

Duque
quiso

quisiera,

no fuera

nada de esto.»

La Duquesa no
que
le

le

más

enojar,

mas de
la

suplicó le diese licencia de hablar á
la

Condesa; y luego entró en

cámara

della,

don-

Octavo de Ingalaterra
de pasaron
se

277
rogó qu

muy muchas
al
ai

razones, y

la

aquella noche hablase

Conde
rico

para que fue-

buen amigo

Duque, su marido; y sacó un

joyel de diamantes

muy

y diósele á

la

Condesa, y le suplicó le tomase por tener memoria de hacer lo que la rogaba. La Condesa le rehusó, pero al fin le tomó.

Y
le

otro dia volvió
la

la

Duquesa

al

Conde y
ir
:((

rogó que

diesen licencia para
el

á ver al

Duque, su marido; y
yo hablaré
luego
la
el al

Conde

dijo

Señora,
))

Consejo y haré mi posible. Conde se fué al Consejo y dijo lo que

Y

Duquesa pedia, y los señores, como tuviesen al Conde en más que á ninguno, le dijeron: ((Señor Conde, vos podéis mandar. o Gran poder tienen dádivas, que de aquella noche que la Condesa habló al Conde, perdió tcdo
rincor que con
el

Duque
Conde
ir

tenía.

Plegué á Dios
al

que no

le

cueste caro algún dia
el

Conde.
:

Y
fué
la

luego dijo

á la

Duquesa

((Se-

ñora, vos podéis
redes á ver al

todas las veces que quisié-

Duque, vuestro marido.»

Y

así,

hablase
fué
al
:

Duquesa; y cada dia iba una vez, y como al Duque, una mañana la Duquesa se

Rey y hincó
((Señor,

las

rodillas

delante del, y

díjole

V.

M. me
((

haga una merced.»
:

el Rey, como la viese, le dijo ((Señora tia, qué demandáis ? » Lo que pido, señor, es que ¿

Y

perdonéis

al

Duque, vuestro

tio.»

Y

el

Rey

278
dijo:

Crónica del Rey Henrtco
c(Tia,
el

Duque, ¿dónde

está?»

Y

la

Duquesa dijo: «Señor, está en la Torre prelos de vuestro so, y si V. M. no le perdona,
Consejo
tonces
:

le

quieren matar.»

Y

el

Rey

dijo en-

«Jesús, á mí me han dicho que el Duque estaba mal dispuesto; yo quiero saber preso.» Y qué es la causa por que le tienen de Canturluego invió á llamar al arzobispo
beri y le dijo: «Padrino,

¿qué
le dijo

es del
:

mi

tio ?»

Y el Arzobispo
:

Duque, «Sepa Vuespreso.))
,

Torre tra Majestad que está en « Qué mal ha hecho el Rey' dijo
la
¿

Y

preso?))

Arzobispo dijo Majestad, que si Dios no lo
el

Y

:

que está «Sabrá Vuestra remediara, que
los

todo

el

Reyno

se perdiera

;

porque todos

todos penseñores estaban puestos en armas y no se diesamos que os querían matar, y si él el Rey daño.» ra á prisión, hubiera gran

Y

dijo:

mal el «Padrino, á mí nunca me hizo voluntad Duque, y pues él se fué de su propia tiene culpa.)) Ená la Torre, señal es que no
tonces dijo
el

Arzobispo: «V.

M.

no sabe

lo que hacen.)) todo, y los señores saben bien al DuRey dijo entonces: «Yo quiero ver

El

que, mi

tio.)>

Y

dijo el

Arzobispo: «V.

M.

lo

está el manpuede hacer, y en vuestras manos Y el Rey dar que muera ó que le salven.)) «Yo no quiero que el Duque, mi tío, dijo
:

muera.

))

Octavo de Ingalaterra

279

Y
le al

luego invió á decir á los señores de su
le

Consejo que
algún daño

hiciesen tanto placer de traertio,

Duque, su
le

quería verj y que si habia hecho, que él se lo perdole

que

naba; y que

les

rogaba, pues era
le

la

primer cosa
él

que
le

les

pedia, que luego

soltasen; y que
el

perdonaba.

Y

luego habló

conde de

Huaruyque, y dijo: «Señores, es menester que hagamos bien por mal ; y pues la voluntad del Rey es que el Duque sea perdonado, y es la primera cosa que nos pide, se le debe otorgar.» Y todos dijeron «Salga el Duque, que es mucha razón.)) Y luego inviaron al capitán de la guarda con los más de los alabarderos del Rey
:

con

la

gran barca á

la

Torre, y trajeron

al

Duque con mucho fausto, y le llevaron delante del Rey. Y el Duque se hincó de rodillas y le besó las manos y el Rey le abrazó y lloró
,

con

él

de placer, y luego

le

abrazaron todos

los señores.

Y

el

Conde

le

mostró
les

muy

gran-

de amor. Quiera Dios que no
dia á aquellos señores.

pese algún

Y, de

aquella hora en

adelante, el

Duque no

entró en Consejo

más

con

los señores.

28o

Crónica del Rey Henrico

CAPITULO LXXXIV.
Cómo tornaron
que
se

en

Ingalaterra todos

los

herejes

hablan huido; y diré

de un

doctor

Bornes.

STE capítulo había de escribir mu-

cho más antes, y por ser cosa
ñalada lo quiero escribir
al

se-

cabo:

y fué que en

la Iglesia

de los

Au-

gustinos de Londres habia un doctor que se

llamaba doctor Barnes, y era en tiempo que habia aún frayles. Este Barnes era muy gran
predicador, y todo
oirle
el

mundo

iba tras él para

cuando predicaba. Esto fué dos años antes que el Cardenal inventase tanto mal como después sucedió.

Y

como

todo

el

pueblo

le iba

á oir, algunas veces

se dejaba decir,

mezclado con buenas doctrinas,
el

algunas herejías, entre las cuales predicaba,

que después que
go iba
al

ánima

salia del

cuerpo, lue-

más

paraíso 6 al infierno y que no habia lugares; de modo que decia que no habia

otra herejía decia mayor, que Nuestra Señora no era más que otra mujer, y

purgatorio.

Y

otras cosas

muy

pestíferas;

de

modo que

lo

dijeron

Rey, y mandó que fuese preso; pero hubo tan buenos amigos, que le avisaron.
al

Octavo de Ingalaterra

281

Y

estaban unas huleas de Dansique, y metióse en ellas, y se partió y estuvo en Alemania mucho tiempo. Y, como supo lo que pasaba
allí

en

el
;

Rey no de

Ingalaterra, determinó de tor-

y para tornar escribió al arzobispo de Canturberi; y como el dicho Obispo fuese uno de los que mantenian los herejes, le escribió
nar

que

y así, tornó en Ingalaterra, donde continuó algunos años y el Obispo le daba mucho favor y en mucho tiempo no quiso
viniese;
: :

predicar; y al fin, por ruego de

muchos, predicó;
oir

y todo
todo de
el

el

mundo

iba á

le

otra vez;

el

cual se metió tanto en predicar herejías, que

mundo no

hablaba de otro sino en decir

las

Y,
tre el

abusiones del Papa y de los clérigos. en este tiempo, habia grande envidia en-

arzobispo de Canturberi y el obispo de Huinchestre; y un dia determinó el de Huinchestre de
ir

a oir al doctor Barnes, y estuvo

muy

bien atento á las palabras que predicaba;
al

y otro dia se fué

Rey, y

díjole

:

«Señor,

V. M. sepa que si consiente que el doctor Barnes predique mucho, que todo el Reyno se perderá, y se tornarán tan herejes, que no conocerán á Dios ni á V. M.)) Y dijo el Rey: u Yo le haré predicar delante de mí, y yo quiero
oir lo

que

predica.))

Y

así, fué llamado á

que
osala

predicase delante del Rey, y predicó

muy
36

damente, que era gran abusión en tener

:

282

Crónica del Rey Henrico
Sacramento, y que no debria de quedar consagrado más de lo que el

Iglesia ni el

haberle ni

que decia misa ; y que era gran abusión en mostrar la hostia ni el cáliz al pueblo. El Rey, cuando esto oyó, le mandó prender: y cuando esto predicó era lunes de Semana Sancta, y dijo el Rey, que si no se desdecía y predicaba que habia predicado falso, que le haria quemar. Y fuéle mandado

clérigo consagraba el dia

que

el

segundo dia de Pascua predicase en

el

Espital.

Y
en
el

porque sepan que fué mandado predicar
Espital, sabrán
los tres dias

que cada año acostumdia.

bran

de Pascua, que tres docto-

res predican

cada uno su

Y

aquella Pas-

cua fué mandado que predicasen otros dos más el uno era muy buen cristiano , y el otro tan gran hereje como el Barnes, el cual fué también acusado de herejía, y
él

le

fué

mandado que

también se desdijese en público.

Y

estos

sermones se hacian fuera de Londres , en un Espital adonde puede caber muy mucha gente, y esto se hace cada año.

Pues venido
allí

el

segundo
el

dia de

Pascua,
;

el

primero que predicó fué
estaban

doctor Barnes

y

muchos obispos y perlados, y muy mucha gente; y más fueron por oir cómo se

desdecia que por otra cosa,

Y después que hudijo

bo predicado más de una hora,

estas

pa-

Octavo de Ingalaterra
labras:

283

mandado que predique hoy, para que demande perdón de lo
señores soy

«Yo

que he predicadoj así, digo, señores, que lo oya Dios y todo el mundo, que demando perdón, y sé que yo he ofendido á algunos perlados

que me oyen, y les demando perdón ; y porque vea que me perdonan, les ruego que todos
alcen
la el

mano

arriba.»

Y
las

en aquel instante

todo

pueblo alzaron

dos los perlados, salvo
tre,

el

manos arriba y toobispo de Huinchesle

que abajó

la

cabeza en señal de que

per-

donaba.

Y
lo

no

dijo

que

se desdecia de lo

que

habia predicado delante del Rey; y fuéle dicho

que pasó, y el Rey mandó que no se hablase más, que pondría remedio. Otro dia predicó el otro hereje, y dijo: ((Señores, yo demando ni más ni menos perdon como el doctor Barnes. Y, por abreviar, tampoco se desdijo. el último dia predicó el buen cristiano, y en su sermón acusó á los dos
al

Rey

Y

primeros, y dijo: ((Señores, al doctor Barnes y al cura Destepene fué mandado que predi-

casen contrario de
dicado, y

las herejías

que habian presido su ser-

me

parece que

más ha

no para desdecirse dellas, como les fué mandado. Por donde digo, señores, que merecen ser quemados.» Y este buen hombre predicó mucho en favor del Sacramento, y metióse tanto en
para sostener sus grandes herejías, que

món

284
su

Crónica del Rey llenricc
del

sermón, que predicó en favor

Papa.
el

Y

acabados

los tres

sermones,

los

mandó

Rey prender

á todos tres, y

mandó que luego

fuesen quemados en Smitfil.

Y

así, los lleva-

ron á todos tres á quemar
cristiano

,

y los llevaron aral

rastrando, a los dos herejes en un saco y

buen

en otro, de manera que aquel dia
otro por ser buen cristiano.

fueron quemados tres clérigos, los dos por herejes,

y

el

Y

no

le

quemaran si no predicara en favor del Papa, y cuando los iban a quemar, el doctor Barnes
iba confortando
al

otro, y le decia: ((Alégrate,
la gloria.»

hermano, que hoy seremos en

Y lleel

gados que fueron adonde estaba

la

leña,

mismo Barnes se abrazó con un manojo de paja y mandó que pegasen fuego y así fué
;

,

quemado, y su compañero. Y el buen hombre, antes que le llegase el fuego, siempre decia sus oraciones y no hizo movimiento, que luego fué quemado y si se desdijera de lo que
;
:

habia predicado en favor del Papa,

le

perdo-

naran j y no quiso, que dijo que por fuerza habia de haber una cabeza en la cristiandad
toda.

Octavo de Inga/aterra

285

CAPITULO LXXXV.
Cómo
el

capitán Gainhoa estaba

mal

con

los

ca~

pitan es españoles»

TRO año, después que todos
del

los es-

pañoles se habían ido del servicio

se

Rey, pensando de hacer algún acuerdo con los escoceses, y no hizo, fué forzado que fuese á Escocia una

armada, y determinaron de haber alguna banda de españoles. los señores del Consejo

Y

inviaron á llamar á

Gamboa, y

dijéronle

:

«El

Rey ha menester algunos españoles.» Y el Gamboa dijo: ((Señores, yo haré lo que pudiere.»

Y

también mandaron á

los otros capi-

tanes que hiciesen algunos, los cuales respon-

dieron: ((Señores, ¿para cuándo los queréis?»

Y

les fué

dicho que eran menester dentro de
:

un mes. Y dijeron ((Señores, nosotros serviremos con nuestras personas, pero españoles no los habremos tan presto.» Y el Gamboa daspachó luego á un alférez, que se decia Pérez, á Flándes; y dentro de treinta

y dos dias trujo hasta ciento veinte hombres,
los

y
ir

más borgoñones.
al

Y venidos, los mandaron

y todos los otros capitanes fueron y sirvieron muy bien en aquella jorna;

luego

Norte

286
da.

Crónica del Rey Henrico

Y

venido

el

invierno, se tornaron los capi-

Londres, y quedó el Pérez con la gente en guarnición; y según parece, muchos
tanes á

de ellos se amotinaron y se pasaron en Escocia, y también se pasó el alférez Pérez, el cual,

según se supo después, habia recibido cartas de la Rcyna de Escocia para que se pasase.

Y la
un
tuvo

Reyna
el

le

invió á guardar una villeta con
se

castillo

llamaba Hedinton, y allí esPérez con la gente, hasta que los in-

que

gleses la ganaron.

Pues pasados, y sabido por

el

Consejo, hu-

bieron gran enojo, y llamaron al Gamboa y á los otros capitanes, y afeáronselo mucho los
señores, y los capitanes españoles, viendo que
se

quejaban dellos, dijeron: «Señores,

si

vues-

tras señorías tienen memoria, nosotros dijimos

que no podíamos servir con españoles, y sabrán que los que se han pasado son borgoñones, y
el

alférez

con
salir

podíamos
gente.))

y porque vimos que no con honra, rehusamos de hacer
ellos;

El Gamboa, cuando esto oyó, le pesó, hubo grande enojo con los capitanes espay
ñoles, y, de aquella hora en adelante, los quiso

mal, y procuró de hacerles todo el daño que pudo ; pero no salió con su mala intención.

Y
ra

venida

la

primavera,

al

sonido de

la

guer-

habían venido hartos españoles, y todos los recogió el Gamboa, v invió al Norte, y invía-

y

Octavo de Ingalaterra

2^6^

do habla ya otro alférez, y hizo despedir todos los borgoñeses que habían quedado, los cuales
se pasaron en Escocia

como
él

los otros.

Y estaNorte,

ba

el

Protetor para partir
llegó á

mismo

al

cuando
se

Londres un gentilhombre, que llamaba Carlos de Guevara, y llevo cartas
el

de favor para
tán
llos

Gamboa, y

dijo

:

«Señor capi-

Gamboa, yo puedo

traer trescientos cabalo

borgoñones en servicio del Rey, y queria

supiese el Protetor.))

Y

como

el

Gamboa

es-

tuviese mal con los capitanes españoles, y por les hacer despecho, se fué luego con el Guevara
al

Protetor y Consejo, y díjoles

cómo

aquel ca-

ballero se ofrecía traer trescientos caballos en
servicio del

Rey.

Y el Consejo le respondió que
el

ya era tarde; porque se partía
go.

Protetor lue-

Y el Guevara, como vio que no le daban la
si

conduta, dijo: «Señores,

vuestras señorías

mandan, yo

serviré

con

los míos,
el

y seré aquí

dentro de veinte

días.))

Y

general, que era el

conde de Huaruyque,
ra,

le dijo:

«Señor Gueva-

vos podéis

Y así,

y seréis bien venido.)) se despachó el Guevara, y el Gamboa
ir

mostró gran placer y gran amitsad á este Carlos de Guevara, que le hubiera sido mejor que no le hubiera conocido, como adelante se dirá.

Noestuvoel Guevara más que veintitrés días, volvió con quince caballos muy bien en orden,
y ya eran todos partidos, y
el

Protetor,

Cuando

288

Crónica del Rey llenrtco
al

vino, llegado en Londres, se fué

Conseja,

y

le

dijeron

que pensaban venía
el dia

tarde.

Todaven-

vía el

Guevara

se parte luego, y fué su

tura que llegó en Escocia
ses habían

que

los ingle-

ganado

la

jornada, y luego se fué á

presentar delante del

estaban alegres,
fué

Conde, y como todos que hablan ganado la jornada,
le

muy

bien recibido y

pagaron luego

tres

meses por veinte caballos.
tó al

Y el Guevara presenel

Conde un caballo flamenco muy bueno, y siempre el Conde le mostró muy buena voluntad; y

acabada

la

jornada,

Protetor hizo
caballeros,
á Cristóbal

muchas mercedes, y hizo muchos
entre los cuales hizo á

Gamboa,

Diez, á Julián,
chos ingleses.

á Villa Sirga y á otros,

mu-

Y
teras,

como

se acercase el invierno, dejó el
las

Protetor bien proveídas

fortalezas

favor del

y volvióse á Londres; y el Gamboa, que siempre andaban jun-

y fronGuevara, con

tos, se fué al general y

demandó conducta de

gente de pié, y ofrecióse de traer una banda. luego le fué dada.

Y

En

este

tiempo vino de España una

flota

de lanas, y venía allí en ella un mancebo que se llamaba Pedro de Salcedo, v escribió una
carta
al

capitán Cristóbal Diez. Se fué luego
y díjoselo; y
el

al general,

Conde

le dijo:

((Ca-

pitán, es

menester que

lo digáis al

Maestre de

Octavo de Ingalaterra

289

Campo, porque él tiene cargo de los españoles.» Y el Conde invió por el Gamboa, y díjole lo

que

el

capitán Cristóbal

Diez habia

jo á

dicho; y el él primero, dijo

Gamboa, de
:

pesar que no se lo di-

«Señor Conde, Cristobal Diez no tiene poder de traer tres hombres.» riñó con el Cristóbal Diez, diciendo que le

Y

quería quitar su oficio. Bien pensó

el

Gamboa
mano.
el

de hacer todo
bal Diez,

el

mal que

le era

posible al Cristóle iba á la
el

porque de continuo
se fué á

Y

luego que salieron de con

Conde,

un mercader que era amigo del Salcedo, y díjole: a Señor, yo os ruego que luego escribáis á Pedro Salcedo que traiga todos los españoles que pudiere, y que yo le haré mi alférez.» Y luego fué escrito al Salcedo, y dentro de treinta dias trujo hasta ciento treinta hombres, muy buena gente; y trujera

Gamboa

más de

trescientos, sino

que

el

capitán

Gueva-

ra estaba

en Selanda

veinte hombres.
dres, el

Y

y allegó otros ciento venido con ellos á Lon,

Consejo les invió á unos villajes junto de Londres. Era tanta la amistad que habia entre el

Gamboa

y el Carlos de Guevara, que no habia cuenta de los otros capitanes españoles. Visto
esto, los capitanes

procuraron también de estar
estu-

mal con

él.

Y antes que fueron al Norte,
más de dos meses y
;

vieron en los villajes

des-

37

290

Crónica del Rey Henrico

pues fué llamado

que se manas habían de poner los ingleses cerco en Hendinton, donde estaba el Pérez, que había sido su alférez. Y llegados allá, la combatieron tanto, que al fin la tomaron, y fueron presos los borgoñones y el Pérez. Y el Gamboa, porque el Consejo viese que hacia justicia, hizo
ahorcar
al

Cjamboa, y les mandaron fuesen luego, porque dentro de tres seel

Pérez y á más de treinta más.
los ingleses le

Pues, tomado aquel fuerte,
fortificaron

mucho, y gastó el Rey en hacer un muchos dineros y los escoceses con ayuda de más de tres mil franceses el año sicastillo
;

,

,

guiente

le

cercaron: y diré lo que sucedió, en

otro capítulo.

Los capitanes españoles determinaron de decir al Protetor, que pues eran criados del Rey, que ellos irian á servirle debajo de bandera de general y que no querían ir con el

Gamboa; y

así, aquella

jornada,

el

Gamboa no
la

tuvo que hacer con

ellos.

Y

siempre duraba

no
se

amistad del Guevara y el Gamboa. Como el invierno, se volvieron á Londres; y á
el

vila

primavera,

Guevara
el

riñó

con
y

el

Gamboa, no
Guevara de

sabe por qué; pero sospechóse que se ha-

bían concertado

Gamboa
al

el

hurtar lo que pudiesen
te,

Rey; y fué de tal suerera platico y el Guevara bisoño, sospechóse que le engañó el Gam-

que como

el

Gamboa

Octavo de Ingalaterra
boa
;

291

y
le

el

de y

Guevara dijo lo que

,

con enojo,

se fué al

Con-

se sigue.

CAPITULO LXXXVI.
Cómo por
lo

que dijo Guevara^ quitaron á
boa su
oficio.

Gam-

L Carlos de

Guevara

,

como

tu-

viese tanta cabida
dijo
al
:

((Señor,

con el general, le yo deseo de servir

Rey con
S.

yo suplico á V.

gente de á caballo, y que me favorezca, porque

con gente de á

pié el
S.

Rey

es engaííado

;

porque
al

hago saber á V.

que

Gamboa

ha robado
la

Ray más

de cinco mil ducados; y con
el

gente

de á caballo, siendo española, será
jor servido.)) £1 general le dijo
:

Rey me-

((Guevara, yo

haré mejor para que hagáis cien caballos, y si es verdad que Gamboa ha hecho tal cosa, es

digno de gran pena.))

Y
El

llamó

al

Gamboa, y

le

dijo:

((Gamboa,
al

aquí sois acusado que habéis robado

Rey.))

Gamboa
al

dijo: ((Señor

Conde, yo no he

Rey, sino servido muy lealmente, y quien quiera que me acusa miente falsamente, porque yo siempre he dado muestra de mi
robado
gente en cada paga.» El Guevara, que estaba
allí,
le

dijo:

((Lo que yo he dicho

al

señor

292

(yónica del Rey ¡lenricc

Conde, yo lo combatiré, que no fue muestraque no pasastes más de cincuenta soldados más de los que teníades y m¡ alférez, que era todo
;

vuestro, sin que yo supiese nada os
soldados.» El, cuando vio que
((Esto
le

daba mis
:

acusaba, dijo

merezco yo por haber favorecido á rapaces.)) Y el Conde, porque no pasase más entre ellos, los

mandó que

tieron aquella vez
se fué al

Y así, se parmuy enojados. Y el Conde
callasen.
al

Consejo, y fué parte para que quitasen á Gamboa su oficio de
Protetor y

Maestre de Campoj y luego mandaron al capitán Julián, hecho capitán de aquella gente, que
recogiese todos los españoles que pudiese, y
le

dieron

la

capitanía; y
al

mandaron

á

Pero Negro

que fuese
tenía el

Norte y tomase toda la gente que Gamboa allá; de modo que así lo qui-

taron á

Gamboa.
mandaron
los
al

Y luego

Guevara, que

hiciese

los cien caballos,

que hiciese

caballos

y también á Cristóbal Diez, que pudiese. Bien
se
el

pueden pensar que los capitanes españoles holgaron cuando vieron que habian quitado

mando

á

Gamboa;

pues cada capitán trabajó

de hacer su mejor.

Y

Pero Negro

se fué,

con

cartas de favor del Consejo, y

Gamboa; y
el

el Julián llevó

tomó la gente del más de doscientos
al

españoles, que cada dia iban á servir

Rey; y

Guevara hizo de

su gente de a pié y de otros

Octavo de Ingalaterra
que
se le llegaron, cien caballos bien

293
en orden;

y Cristóbal Diez hizo hasta ochenta,
linda gente.

muy

y ya los escoceses y franceses hablan puesto cerco en Hendinton, y la combatían muy reciamente. Y,
así, los
;

Y

inviaron á Escocia

ocho

dias antes
el

que

se partiesen los capitanes,

viniendo

Gamboa
el
:

de

la

corte y yendo

el

Guevara, pasa junto
acatamiento, y llamó y le dijo

del sin le

hacer ningún
lo vio, le
?))

Gamboa, cuando
,
¿

((Decid

vos conocéisme

Dijo
el

sí el

Gamboa
dijo

Guevara, y en diciéndolo le echó el brazo por encima del pescuezo
:

y

en alto á sus criados

((Matad este bella-

hubo dicho, cuando le dio un criado de Gamboa con un palo, de palos y el Guevara , que vio que su partida era el presente, se fué: y luego se supo en la corte, de que
co.))

Y

no

lo

;

el

Protetor y
la

el

general hubieron gran enojo.
le

El Guevara,

como
el

fué forzado de se partir

con
del

gente, no tuvo tiempo para se vengar

Gamboaj y

Gamboa,

de aquella hora en

adelante, procuró de matar al
se dirá.

Guevara, como

294

Crónica del Rey Henrico

CAPITULO LXXXVII.
CÓ7no por la industria del capitán Pero Negro^
no se perdió Hendinton aquella vez.

rí5*^S^\7yr5?

A

se

ha dicho

cómo

los

escoceses

^,^>/2y~y

franceses

teman cercada a Henla

^JJ^ P^jldinton,

y

combatían cada

dia.

^^ijsY como los de dentro se viesen sin pólvora y que eran tan reciamente combatidos, acordaron de lo hacer saber al general de
los ingleses,

que estaba veinte leguas de ellos, é inviaron una espía, y fué dichosa, que pasó sin

embarazo.

Y

ses y dijo la

Real de los insleo o necesidad que tenian, el general
lleo-ó al

como

llamó luego á los capitanes, así ingleses
extranjeros, y díjoles la necesidad
les

como

que habia, y

rogó

le

diesen su consejo.

No

habia entre ellos, según se halló, seis
;

mil hombres

y

los

que tenian

el

cerco eran

más de

diez mil; y

entre ellos.

Al

fin el
si

capitán Pero

hubo muchos pareceres Negro dijo:
dais trescientos caballos,
el

((Señor general,

me

yo

le

daré socorro y pasaré, á pesar de todo,

Real; y podemos llevar cada uno un saquetillo de hasta diez ó doce libras de pólvora, colgado

de los arzones de los caballos

;

y yo espero de

:

Octavo de Ingalaterra
les

295
el

hacer alzar

el

cerco.»

Y

como

general

que el capitán Pero Negro se ofrecía de tan buena gana y que llevaba deseo de servir al Rey, le dijo: ((Señor capitán, ¿qué gente
vio

queréis llevar?» Dijo

:

((Señor,

dadme doscien-

tos ingleses y cien españoles.» luego los juntaron todos

Y

muy

se ofrecieron de servir de

buena,

lucidos, y y fuéles dado

uno diez libras de pólvora en saquetillos, y así parten por el camino. El buen Pero Negro los iba animando, y como se vio cerca del Real de los enemigos y en un campo, juntó Señotoda la gente, y díjoles desta manera
á cada
:
((

res,

ya sabéis que

el

general nos ha inviado á
si

nosotros antes que á otros por escogidos, y

no salimos con nuestra empresa nos será gran vergüenza; y pues estamos juntos, os ruego,
señores, que
si

pensáis de volver

la

rienda

cuando nos veamos delante de nuestros enemigos, que antes os volváis de aquí; y por mí os juro, que aunque todo el poder de Escocia
esté junto,

que no volveré

atrás;

que más quietal

ro ganar honra,

que no que digan que tomé

empresa y que después fui cobarde.» Todos á una voz le dijeron: ((Señor capitán, seguid
vuestra empresa, que antes moriremos que volver atrás.» El capitán, que aquello oyó, les dijo
((Señores, ya

que todos llevamos arcabuces; mi parecer es, que en llegando en el
veis

296
Real
los
le

Crónica del Rey Hem'ico
disparemos todos, cada uno donde
pareciere, de

mejor

modo que

nuestros ene-

migos nos teman y piensen que somos muchos más; y encomendémonos á Dios, y seguidme.)) Y da de las espuelas al caballo, y al galope se
va, y todos los otros tras él,

que parecía que

iban

más

de dos mil caballos.
llegaron al Real y iban en tropel,

Y
los

como

enemigos fueron puestos en gran miedo,
el

con
ta
ni

sobresalto y

como oyeron

disparar tan-

arcabucería; y sin haber ningún enbarazo pérdida dellos, pasaron. como se vieron

Y

delante del castillo, dan voces que los abriesen;

y

los ingleses,
;

pensando que era algún engaño,

no abrian
de los

y primero reconocieron que eran como el capitán Pero Negro suyos.

Y

vio la puerta abierta, dijo en alto á toda su

gente: «Señores,

todos haced

como

yo.))

Y

apéase y toma su saquete de pólvora, y saca la espada y corta las piernas á su caballo; y
todos los otros hicieron lo mismo, y entraron
dentro.

Fué muy
vio que en
ballos,

lindo ardid de guerra,
el castillo

que como
los ca-

no podian entrar

y también que no habia vitualla, y porque sus enemigos no los gozasen, fué hecho.

Y

el

ardid de guerra

fué tal,

que fué ocasión

que dentro de tres dias alzaron el Real; porque como se vieron dentro, de dia y de noche

Octavo de Ingalaterra
tiraba tanta artillería, y

297
enemigos

como

los

vieron tantos caballos muertos, acordaron de

no esperar
ron
les tiraban

el

mal olor que darian.
;

Y

proba-

de los quitar de allí

mas
,

los del castillo

tanta arcabucería

que no osaban
de se
ir

llegar

i

de

modo que determinaron
de
allí,

á

un fuerte que los escoceses tenian. Y no fueron idos, cuando el capitán Pero Negro salió con trescientos hombres
siete leguas

á

y hizo hacer echaron todos

grandes cavas, y dentro los caballos, y fueron bien cu-

muy

biertos de tierra, porque

no hediesen.

Luego hizo
hubieron
vivo
el

saber

el

capitán Pero

Negro
si

al

general lo que habia sucedido, de que todos

muy

gran placer. Por cierto

fuera

Rey Henrico Octavo,
el

le hiciera

por

aquel servicio señaladas mercedes.

Y, como
y dejaron
así,

invierno vino, se fué

el

capitán

muy

bien proveída á Hendinton.

Y

Londres; y el general fué capitán Pero Negro doscientos escudos de contado; y si fuera vivo
se volvieron á

parte

que dieran
los

al

el

Rey,

merecía de renta perpetua.
el

Y

más
por-

grande fué

pesar que tenía

el

Gamboa,

que eran tan bienquistos

los otros capitanes.

3^

198

Crónica del Rey Henrico

CAPITULO LXXXVII.
Corno el Ga?nhoa procuro de hacer
los

de Guevara^ y el

matar al CarGuevara mato al Gamboa.

OMo

todos los capitanes españoles
al

estuviesen en Escocia sirviendo

Rey, y
de
su

el

Gamboa

se viese quito

oficio,

y viese que por

amor de Guevara
de inviar á matar
cuales el

estaba malquisto, determinó
al

un dia llamó á dos soldados que andaban en Londres, á los
Guevara.

Y

Gamboa
el

hacia cada dia mil bienes
el

:

llamábase

uno Velasco, y

otro Salme-

rón j y díjoles: ((Hermanos, ya veis el mal que me ha venido por Carlos de Guevara yo os
:

hago saber que
go, sin que

me

queria vengar

del.))

Y

lueir

más

les hablase, se

ofrecieron de

á Escocia á le matar.

Y

el

Gamboa, que

vio

su oferta, les dijo: ((Hermanos, yo os daré
caballos y dineros para que vayáis, y os tendré

como hermanos
ner en obra
lo

toda mi

vida.)) Ellos,

por po-

que prometian,

se parten luégoi
el

y llegados á Escocia,
hacia

como

vieron que

Gueles
el

vara tenía tan buena gente, y supiesen que

mucho

bien, y se viesen

con caballos,

Salmerón

dijo al

Velasco: ((Hermano, ¿quién

Octavo de Ingalaterra
diablos nos

299
te-

pone á nosotros en ruido? Pues

nemos buenos caballos y estamos bien en orden, más vale que nos hagamos sus hombres
de armas, y
si

lo

hace bien con nosotros, des-

engañarle hemos.))

Y

luego hablaron con un

Guevara, que también se llamaba Guevara, el cual fué parte que el Carlos de Guevara los tomó en su compañía,
pariente del Carlos de

y

les dio

dobles pagas.
tanta amistad

Y

comenzaron á tener

con

el

Carlos de Guevara, que un dia, delante del

«Señor capitán, mirad por vos; porque os hacemos saber que Gamboa quiere inviar á vos hacer matar; y nosotros, porque os queremos bien, os avisamos dello y os ayudaremos hasta la muerte.)) Y el Guevara, porque le avisaron, les dio á cada uno treinta ducados; y dentro
de cinco dias
le

otro Guevara, su primo, le dijeron:

tornaron á

decir:

((Señor

Guevara, ya os tenemos dicho que miréis por

Guevara: ((Señores, ¿qué consejo me dais?)) El Salmerón le dijo: ((Señor, yo diré: nosotros somos venidos de Londres, Velasco y yo, y no sospecharán nada
vos.))

Entonces

dijo el

de nosotros; y vos, señor, podéis ir, y nosotros iremos con vos, y secretamente podemos estar
encubiertos, y
dijo el
si

le

podremos

matar.))
:

Y

luego

Guevara,

pariente del capitán

((Señor,

queréis estar en paz y no vivir con sospe-

300

Crónica del Rey llenrico

cha, lo debemos poner por obra.»

Mal

consejo,

porque en
se,

tal

de

le

aconsejar que no lo hicie-

puso más fuego.
el

Y
partir

capitán
la

Guevara determinó luego de
al

por

posta, y llevo consigo

pariente

y á

los

cierto, por estos dos se

dos soldados Salmerón y Velasco. Por puede decir con verel

dad que fueron dobles traidores; porque

Gamboa
mismos
ra,
el

les

habia hecho

mucho

bien, y ellos

se habian ofrecido á

matar

y después fueron
diablo fué grande

á matar al

GuevaGamboa. Y
al

con

ellos,

ó lo causó los
diablo puso en

pecados del Gamboa.

El Guevara, después que
de una

el

su corazón que fuese, hizo hacer cuatro sayos
friseta roseta , y toma la posta y llega Londres. Sospechóse que el conde de Huaen

ruyque supo que era venido
cada noche
salian,
la

allí.

Y muy secretres dias,

tamente estuvieron en una posada

mudaron de
salieron,

y y el dia que le mataron se posada que estaban á otra.

Y

que podian
la

ser las

ocho de

la

noche,

y junto de
sia,

casa del

Gamboa

habia una igle-

y todos se pusieron en el cimenterio: díjose que habia con ellos más de quince hombres,

mas todos armados.
el

Y como
le

el

Guevara
tres

vio

que

Gamboa

venía, que

tenía bien es-

piado, sale del cimenterio, y los otros

compaíicros, y pónense delante de

la

posada

Octavo de ingalaterra
del
se

301

Gamboa.

Y

aquella tarde llovía, y por \\o

mojar iban

el

uno
las

tras el otro,

debajo de
dos

los cobertizos

de

casas

;

y

los

mozos

iban delante del con dos antorchas, y detras del Gamboa iba el capitán Villa Sirga y un

gentilhombre español que se llamaba Antonio

Vaca, y otros cinco mozos. Y como digo, iban en hilera por la lluvia; y el Guevara con los compañeros, las espadas sacadas, arremeten al Gamboa; y sin que pudiese decir, ay ¡ Dios valme^ todos cuatro le dan juntamente de estocadas. Y, según pareció, creo que cada uno le daria tres ó cuatro estocadas porque tenía
,

el le

malogrado trece

muy

malas, que cada una

malogrado de Villa Sirga iba tras él, echó mano á la espada y también le dieron á él una mortal estocada, y luego echaron á huir el Guepasaba de una parte á otra.
el
;

Y

como

vara y los otros.

A

Villa Sirga quiso

Dios bien, que con
,

te-

ner una estocada por

las tripas

que

le

pasaba

á los lomos, vivió hasta otro dia á las ocho
horas, que se confesó y

grado de

Gamboa

y el malono tuvo tiempo de hablar
;

comulgó

palabra. Sentencia de

Dios, y cada uno debe mirar lo que jura, y guárdese de no se echar maldición, porque el Gamboa tenía esta mala
costumbre, allende de otras muchas, que cuan-

do qucria afirmar una gran mentira, y porque

302
le

Crónica del Rey Henrico

diesen crédito, decía: aPlega á Dios que á
si

malas estocadas muera,
digo.))
la

no

es verdad

loque
gi-

Por

cierto ellas
las

fueron

muy

malas, que

menor de

que

tenía, podia

matar un

gante.

Y

los

que
allí

le

mataron se fueron luego á su

posada, y

estuvieron escondidos hasta otro

dia á las seis de la tarde,

que fueron presos.

Y

luego que los mataron, se supo por todo
dres y en la corte.

Lon-

Y

los seííores del
la justicia

Consejo

inviaron á mandar á

gran pesquisa y se res; y luego se dio un pregón por toda
los

muy

que hiciesen buscasen los matadola

ciu-

dad de Londres, que quien quiera que tuviese
hecho, encubiertos, y no los descubria, que moriría por ello si los descu-

que

lo habian

Guevara se pudiera muy bien escapar; y créese que tuvo buena esperanza de que aunque lo supiesen no moriría y
briesen. Por cierto el
;

así

pareció, pues

él

mismo confesó
que

haberle

muerto.

Y

como

se

supo que Carlos de Gueel

vara lo habia hecho, pensóse

señor

conde de Huaruyque
salió al revés,

le hiciera

perdonar, pero

como

se dirá.

Octavo de Ingalaterra

303

CAPITULO LXXXVIII.
Cómo
el Carlos de

Guevara fué ahorcado^ y
co?npañero5.

^us

E creer es que estaba pronostica-

do que Carlos de Guevara había de ser ahorcado, porque un año
antes que hiciese este delito, yen-

do

y yendo por la ribera de Londres abajo en un batel, en compaíiía de dos
á Flándes,

un mancebo español y un paje, caida la noche, y siendo muy escuro, el batel dio contra una charrúa tan gran golpe, que se abrió el batel y anegáronse el mancebo español y un paje y uno de sus criados y el otro, asido en una tabla, le llevó el rio abajo y de una nao fué socorrido y el Guevara trabó de una soga de la charrúa, y al golpe que
criados suyos y
; ;

dio el batel, los charrueros ayudaron al
vara,

Gue-

que no

se ahogó.

Y los bateleros, que samodo que
que
el

bian nadar también, se salvaron; de

podemos bien

decir,

que ha de morir

ahorcado, no morirá ahogado.

Tornando al propósito, preso que fué el Guevara y sus compañeros, y llevados á la cárcel de los ladrones, mandó luego el Conse-

304

Crónica del Rey Henrico

jo que se hiciese justicia; y así, fueron llevados con cadenas de hierro atados de dos en dos,
delante del juez del Reyno. Por cierto fué cosa de ver las gentes que estaban por las calles,
la ley y fueron á oir la sentencia que se daba. de aquel Reyno es que doce hombres han de condenar ó salvar al que hace el delito; y si

Y

son extranjeros

los

que

le

hacen, danle

seis

extranjeros y seis ingleses; y son llamados para escoger los seis, veinticuatro.

Pues como
del

el

Carlos de Guevara se viese

delante del juez, habló luego un procurador

«Señor juez, yo demando en nombre del Rey justicia, y acuso á Carlos de Guevara, porque violó la calle del Rey y ma-

Rey, y

dijo:

tó dos criados del

Rey,

el

uno Pero de

Gam-

boa y
tonces

el
:

otro Villa Sirga.))
((

Y

el

juez dijo en-

¿

Qué decis, Carlos

de Guevara, á lo

que te demandan?)) El Guevara respondió, que no entendia inglés, y que le diesen lengua para que hablase por él. Y luego fué llamado un mercader que se llamaba Antonio de Guaras, el cual hablaba buen inglés, para que declarase lo

que
el

el

Carlos de Guevara dijese.

Y

luego dijo
es verdad
si

Guevara: «Señor juez, digo que

que yo maté á Pero de Gamboa.

Y

maté tuve razón, porque me habia afrentado y procuraba de me matar.)) Aquí se puede creer, que si no pensará de escapar, que no
le

Octavo de Ingala térra
confesara
el delito. ((Así bien, dijo,

305

Señor juez,

maté, y estos señores que tenéis preel Antonio de Guaras sos no tienen culpa.»

yo solo

le

Y

declaró luego

al

juez

lo

que

el

Guevara habia

dicho, y luego fué puesto por escrito. Fué mal avisado, porque en su dicho con-

denó á
hecho.

los otros

en confesar que

él

lo habia

Y

luego el letrado dijo: ((Señor juez,

también demando justicia de Guevara, y Salmerón y Velasco, que fueron, juntos con el

Guevara, matadores de Pero de Gamboa y Villa Sirga.)) luego dijo el juez ((¿Qué respon-

Y

:

déis vosotros a lo
el

que os acusan?»

Y respondió

Salmerón, y dijo: ((Señor juez, nosotros no sabemos de tal violencia; y pues aquí ha con-

Guevara que le mató, nosotros no merecemos pena, pues no lo hicimos.» Y luego demandó el juez á Antonio de Guaras que declarase lo que el Salmerón
fesado Carlos de

habia dicho, y luego se lo declaró, y el juez le dijo: ((¿Vosotros queréis os someter ala
justicia del

y el juez dijo: ((Pues vosotros habréis todo el derecho del Reyno.» luego mandó el juez aun sargento que llamase á voces á los veinticuatro
sí,

Reyno?» Dijeron que

Y

diputados, á cada uno por su nombre.

Y

así,

tuaron llamados doce extranjeros y doce ingleses, todos muy hombres de bien, y díjoles
el

juez

al

Salmerón, y Guevara y Velasco:
39

3o6
((¿Veis

O'ónica del Rey Henrico
aquí veinticuatro hombres de bienf

dellos escoged seis extranjeros y seis ingleses,

porque

ellos

han de condenaros ó

salvaros.))

Y

luego, de los veinticuatro, fueron escogi-

dos los doce; y luego
trados del

mando

el

juez á

los leel

Rey que mostrasen por dónde

Salmerón, y Velasco y Guevara eran culpantes de la muerte del Gamboa y Villa Sirga.
I-»uégo los letrados dijeron
:

«Señor juez, aquí
éstos

hay

muy buenas

pruebas

cómo

fueron

los matadores.))

Y luego fué llamado á voces un

gentilhombre español que se llamaba Antonio

Vaca, y le fué tomado juramento, y el Antonio Vaca dijo en alto, que todos lo podian oir ((Señor juez, yo venía en compañía de los
:

y Villa Sirga, y venía detras de ellos, y los mozos llevaban dos antorchas encendidas, y vi á estos cuatro seño-

malogrados de

Gamboa

espadas sacadas y con aquellos sayos que tienen vestidos; y vi que dieron de estocadas al Gamboa, y pienso
res
las

que aquí están con

que cada uno le dio tres ó cuatro veces; y para el juramento que tengo hecho, que estos

mesmos le mataron.)) Y calló, y luego salió un mozo de los que llevaban las antorchas, y
tomado juramento, y dijo: ((Señor juez, para el juramento que tengo hecho, que yo vi al Carlos de Guevara y á otros tres que aquí están, que arremetieron á mi amo; y antes que
fuéle

Octavo de Ingala térra
pudiese hablar palabra,
es?

307
dijo,

más de que

¿qué

y dióle,y los otros también ; y luego cayó mi amo en el suelo, y yo saqué mi espada y di aquella cuchillada que tiene Salmerón en la frente.» así
dijo: esto es;

Y

Guevara

Y

era verdad,

que tenía un emplasto puesto.
y luego á los doce hombres que se en;

Otras hartas probanzas se hicieron
el

juez mandó

trasen en una cámara, y que ya habian oido los testigos, y que diesen un fin en ello. lue-

Y

go fueron encerrados todos
ellos

doce, y entre hubo grandes diferencias, que los extranlos

jeros decian que

no

se hacia derecha justicia,
los

pues no daban letrado para que hablase por
delincuentes.

Y en

las diferencias pasaron

más

de cuatro horas, y los extranjeros alegaban que pues el Guevara habia confesado que él

mesmo

le

habia muerto, que no debian pade-

cer los otros.

Y

invió á decir]el

que tardaban tanto, les juez que diesen fin; sino, que
visto

los dejarla encerrados allí hasta otro dia.
los ingleses dijeron:
u

Y

Señor, ya se ha visto
se atreviera á

claro que el
al

Guevara no
solo,
si

matar

Gamboa
se

también
les

Villa Sirga,

no fueran con él; y sabe que el Guevara no mató al sino éstos; y no hay excusa que
éstos

pueda

salvar, pues la confision del

ra los condena.))

Y

sin

falta,

si

el

GuevaGuevara
la

negara, y no confesara haberlo muerto,

en-

3o8

Crónica del Rey llenrico

questa pudiera ser que los librara, por ser partes los testigos.

En

fin, los

doce hombres se concertaron, y

uno de

los ingleses
;

tomó

la

mano

de hablar

y salieron fuera, donde el juez estaba, y luego el juez los hizo llamar uno á uno por sus nombres, y cada uno respondió.
por todos

Y

acabado de responder todos
dijo el juez: {(¿Quién habla

los

doce hombres,

por

los otros?))

Lue-

«Yo, señor)) a ¿ Pues qué decis de Salmerón, y Velascoy Guevara?)) ((Digo, señor, que son culpantes.)) No hubo acabado de decirlo, cuando el Salmerón y los otros comengo
dijo el inglés
:

zaron á dar tan grandes voces y hacer tal rumor, que si se hallaran sueltos, como estaban
atados, hicieran harto daño.

Y

el

juez mandó

'

apaciguasen y oirian lo que restaba de decir; y luego callaron, y el juez dijo estas pa-

que

se

labras

:

((Carlos de Guevara, ya veis que

no

ha sido menester enquesta para tí, pues tú has confesado el delito; dígote que te pongas
bien con Dios, porque

mañana

morirás.))

El

Guevara, que
alzó las

lo

oyó, no respondió palabra, y
besó.

manos
y
la

al cielo

con

ellas,

Y

y hizo la señal de la \ luego dijo el juez:

((Salmerón, y Velasco, y Guevara, ya habéis visto que por justa ley sois condenados, en-

comendaos
morir.))

á

Dios, que también habéis de

1

Octavo de Ingalaterra
Entonces dijeron á voces
Dios,
justicia.))
:

309

«Justicia, señor
le

Y

el

juez demandó que
el

de-

clarasen lo que decian, y así lo hizo

nio de Guaras, y
ellos

el

juez dijo:

Anto«Decidles que

habrán

la justicia

que han merecido.))

Y
la el

luego

mandó que
el

los llevasen á la cárcel.

Y
ma

cárcel

juez se fué, y aquella noche fué á un presbítero Olivario, que estaba en
el

Reyno,

cual los confesó; y esa noche mis-

se juntaron cuantos
así españoles

extranjeros habia en
italianos,

Londres,
plicar

como

y fuele

ron á casa del conde de Huaruyque á

su-

que no

se hiciese tan presto la ejecu-

ción, y que diesen al

dias de tiempo para que ordenase sus cosas. Esto que

Guevara quince

hicieron los extranjeros, lo hicieron con buen
celo,

pensando que de

la

corte del

Emperador

vendria alguna carta de favor. Entonces dijo
el

conde de Huaruyque,
:

las

lágrimas en los

ojos

«Señores,

mucho me

pesa que no puedo
el

ayudarlo, porque os hago saber que
sejo ha
el

Con-

mandado que mueran mañana, y todo
el

mundo no

aconsejado

excusará; y cierto fué mal Guevara en confesar que lo hilos

zo; por eso, señores, no perdáis más tiempo, que no hay otro remedio.))

Y

así, se

fueron todos aquellos señores,

y

otro dia de mañana, á las nueve horas, fueron
los jerifes

de Londres con muchos alabarderos

310
2L

Crónica del Rey Ilenrico
y hicieron venir un carro; y los el Carlos de Guevara
carro,

la cárcel,

sargentos subieron por

y por

los otros, y bajáronlos, atadas las
el
el

y antes que subiesen en
dijo al
((

manos; un jerife

Guevara: Señor Guevara, el Rey me manda que haga justicia de tí, y yo te hago saber que te tengo de llevar á Smitfil adonde está puesta una horca, y allí te haré poner; y estarás tanto, hasta que des el espíritu á Dios. Y te hago saber que te tengo
de llevar por delante de

y

allí te

haré cortar

la

oido tu sentencia.))

Y

la casa de Gamboa, mano derecha; y ya has

luego dijo á los otros:
el

((A vosotros llevaré juntamente con

Carlos

de Guevara, y estaréis tanto en el Guevara.))

la

horca como
carro, y
allí

Y
se

luego les hizo entrar en

el

hallaron

Lope de Carrion y Antonio de
los cuales

Guaras, dos mercaderes españoles,
iban en el carro
otros,

animando

al

Guevara y á
la

los

que a

fe sirvieron

por buenos fraires; y,
casa del

en

muy

breve, llegaron delante de

Gamboa. Y luego subió el gurrea y tomó la mano derecha del Carlos de Guevara, y púsola sobre la rueda del carro, se la cortó.

y con una hacha
allí

Y

muy

cerca de

era

el

lugar

donde estaba
y luego
el

horca; y por dar fin, á todos cuatro fueron puestas sogas á los pescuezos
la

gurrea dio del azote

al

caballo y que

1

Octavo de Ingalaterra

3

1

daron colgados. Dios haya habido piedad de
ellos

y los tres merecieron aquella muerte y peor; porque fueron dobles traidores, y fueron
;

Guevara hizo aquel delito; y cierto, él no lo hiciera si no fuera por el mal consejo de los otros, y considerara que por amor del Gamboa habia venido a ser capitán, y por amor del se puso mal con todos los otros
causa que
el

capitanes españoles.

Este Guevara era de los lindos mancebos

que

se podian hallar; y

como

digo, habia veni-

do en gran cabida con los señores, en espesu destruicial con el conde Huaruyque. cion fué confiarse tanto del, porque después que hubo hecho el delito, se pudiera muy bien salvar, porque estuvo más de un dia escondido, con confianza que el Conde habria el per-

Y

don y sabía muy bien el Guevara que el Conde estaba mal con el Gamboa. Y así, como arriba tengo dicho, confeso que él por sus ma:

nos

le

habia muerto.

Más

le valiera

negarlo, y

pudiera ser se alargara

más

su vida en prue-

bas, y mediante aquel tiempo se pudiera sal-

var; pero yo pienso que los pecados de los
otros fueron ocasión que
él

pagase también;
los otros

porque se

dijo haber

hecho

muchos

males. Dios los haya perdonado.

312

Crónica del Rey líenrico

CAPITULO LXXXIX.
Como
los

ingleses tornaron

á Boloña al Rey

de Francia.

\]>^ A se ha dicho como echaron la culpa al Protctor de la perdida de los iuisj^
1^1, fuertes; y cierto
^¿,
si

tuvieran tan buen

recaudo

como
la

el

buen Rey Enri-

co Octavo pusiera, no
se dirá.

dieran,

como

aquí

Y

fué,

que sabido por
los
el

el

Rey

de Francia

la

poca gente que
fué San

guardaba, invió

ocho mil hombres: y

al pié de primero que tomaron

Juan de Rus, que es á tres leguas de Boloña, en el camino de Cales: y después tomaron al Hombre Viejo, que en inglés se llama Houlman; y después tomaron el otro fuerte, que estaba en un recuesto de la otra parte
de Boloña.

Y

los franceses

tenian de

la

otra

parte del agua otro fuerte que ellos hablan

hecho, de

modo que ya no
y

podia venir ningu-

na provisión á Boloña, que los franceses no
hiciesen

mucho daño;
;

como

los ingleses vie-

sen que no era posible

la

sostener, determinalos franceses, co-

ron de hacer paz

y también
la

nociendo que

si

por fuerza

tomaban,

les eos-

Octavo de Ingalaterra
taria hartas

313

ros,

muertes de hombres y muchos dinedeterminaron de ofrecer dineros, y, al fin,

acordaron de dar cuatro mil escudos, y pusieron los franceses condición que no rompiesen nin-

gún
á

edificio

que hubiesen hecho. Por

cierto, los

ingleses podian hacer

Boloña
,

:

una lamentación y decir «Excusado fuera tu fundamento.»

Porque por cierto, sin errar en ello , costó al Rey más de seis millones de oro; y quedó su Reyno destruido por muchos años; y Dios sabe la mucha gente que murió ; y después, por
descuido y mal gobierno, vinieron á darla por los dineros dichos.

Por cierto
dia

los ingleses

perdieron

viene y vendrá cada dia en haber tanta discordia entre los
rico
les

que se les Octavo, y gran daño

murió aquel valeroso

mucho el Rey Hen-

gobernadores; y yo ruego á Dios que presto pueda gobernar el Rey Eduardo, que quedó

muy
que

niño cuando

su padre murió,

porque
el
;

tengo esperanza
los

que en sintiendo
,

error

suyos tienen

él

lo

remediará

y no

faltará

quien

le

diga

cómo

su padre fué un

doctísimo hombre, y que fué muy buen cristiano, aunque fué ciego en quitar en la obediencia al

Papa

;

porque en
licencia

las

cosas del servicio
se quitasen,

de

la Iglesia

jamás consintió que

aunque dio

que algunas cosas se hisiempre hizo venerar y
40

ciesen en inglés.

Y

314
honrar
al

Crónica del Rey Henrico
Sanctísimo Sacramento,
lo quitaron.
lo cual, des-

pués de muerto, todo

Y podría

ser

que
y

el

hijo

fuese

inspirado por el
la

Espíritu
la Iglesia
si

Sancto para que torne
el servicio
el

obediencia á

como
vivo,

solía;

y notorio está, que

que no consintiera tanto mal y hubiera puesto mejor recaudo, porque era liberal y no le dolía el gasto, y hacia siempre mercedes á sus capitanes y soldados.
fuera

Rey

CAPITULO XC.
Cómo fué preso y
degollado el Protetor y otro^
caballeros.

OTORio
los

es á

todo

el

mundo como
el

señores que gobiernan en
inviaron

Reyno
viaba
la

embajadores

á

Jarretera

Francia, y se dijo que el Rey inal de Francia que fuese así,
:

no
los

se

mas de cuanto estuvieron embajadores en Francia más de dos meses.
supo de
cierto,

Y, durante
les, los

aquel tiempo,

el

Rey

de Francia in-

vió otros embajadores á Ingalaterra, á los cua-

señores que gobernaban, les hicieron

gran

fiesta.

Sospechóse que

la

principal embaja-

da fué á los sobornar para que moviesen guerra
al

f^mperador,

Y

mientras

allá

estuvieron estos

Octavo de Ingalaterra
señores embajadores, fueron

315

muy

festejados del

conde de Huaruyque y del Gran Maestre, más que de los otros señores. Y, según parece, no pudieron hallar entrada en los otros señores j
y así, se volvieron en Francia, Y, muy pocos dias después, el
cia

Rey

de Fran-

Emperador y, antes que el Emperador supiese nada, armó naos por la mar, las cuales tomaron de los súditos del Emperador mucha suma de mercaderías y tanto, que en muchos años no se restauraron
rompió con
el
j

\

los súditos.

Pues, tornando á nuestro propósito,
se

el

Rey
fran-

informó de

los

embajadores, quiénes de los

señores de Ingalaterra se mostraban

más
el

ceses que no imperiales, y dijeron que

con-

de de Huaruyque y el Gran Maestre. Sospechóse que el Rey escribiese al Conde y al Gran

Maestre, que se guardasen, que el Protetor con ayuda del conde de Arandel y otros, trabajaban de
los matar.

Que

sea verdad ó no,

no
fué

se supo de cierto, pero cosa es

que podia
Protetor

ser.'

Otros quisieron decir que

el

aconsejado que fuese en persona armado y que él mismo matase al Conde esto lleva camino,
:

porque cierto
ta á

el

Protetor recibió grande afrenla

causa del Conde, y pienso que

malicia

reinaba siempre, y sé cierto que el Protetor fué á casa del Conde y entró en su cámara j y, co-

3i6

Crónica del Rey Henrico
se vio dentro,

mo
liera

no tuvo ánimo para hacer
si

á lo que iba; y bien creo que

lo hiciera se sa-

como el Conde lo vio tan de mañana en su cámara, como hombre animoso, se echó una ropa acuestas, y dijo Señor Du¿qué madrugada que, es ésta?» El Duque se
con
ello.
:

Y

((

embazó y

«Señor Conde, venía á os hablar para cosas que á mí me tocan, y en siendo
dijo:

vestido, en Palacio os las diré.»
el

Y

así, se fué

Protetor; no porque con gran sospecha.

el

Conde no quedase

Y así, fué luego
llegó á
él

á Palacio, y un caballero se
:

«Señor Conde, mirad por vos.)) el Conde no hubo menester más, y entra luego en Consejo con los señores, y dijo: «Señores, tan gran traición como ésta no se
y
le dijo

Y

debe consentir; porque

les

hago saber, que

si

Dios no
á

me quisiera

bien, yo fuera hoy

muerto

manos

del Protetor; por eso, señores, véase

y hágase justicia; y si esto no se castiga, procurará de nos matar á todos.))

Los señores acordaron de
decir,

ir al

como llegaron delante del dijeron, el Rey respondió « Señores,
y
:

Rey á Rey y
si el

se lo

se lo

Pro-

tetor ha ofendido, hágase lo

que

la ley la

manda.»

Y
del

luego inviaron
le

al

capitán de

guarda, con

prendieron; y, ese mismo dia prendieron á cuatro caballeros de los principales
gente, y

Rcyno,

v otro dia

al

conde de Arandel.

Octavo de Ingalaterra

317

Este conde de Arandel es uno de los nobles
del

Reyno,

el

cual fué

muy

contrario del Pro\

tetor la primera
el

vez que fué preso y después, Protetor trabajó de le tener siempre por

amigo; y como viese ésta amistad el conde de Huaruyque fué causa que le prendiesen también para saber si fué él en el consejo de ma,

tar al

Conde.
luego, los señores del Consejo quisieron

Y

dar tormento á aquellos caballeros; pero ellos

no consintieron, y confesaron que ellos habian aconsejado al Duque; y jamás confesaron que el conde de Arandel fuese del consejo; de

modo que condenaron
lleros y al Protetor

á aquellos cuatro caba-

también.

Y otro dia sacaron

á degollar á los
tres dias al

cuatro caballeros, y dentro de Protetor, el cual dijo en el cadalso
sangre de los justos reclama

estas

palabras: «Señores, ésta, sentencia de
es;

Dios

y

la

;

por-

que yo fui muy cruel contra el Almirante , mi hermano, el cual después que fué sentenciado
escribió á los señores del Consejo y á mí,
:

que

le

oyésemos ; y yo no lo consentí y así, agora tampoco me han querido oir los señores. Yo
os ruego
le

que rogueis
la

á

Dios por

mí.))

Y

así,

cortaron

cabeza.
la

Díjose que se
esto porque
la

cortaron

muy

de mañana, y

gente no se alborotase.
á los tres

Dios

le

haya perdonado, y

también. Del con-

8

31

Crónica del Rey Henrico
dt"

puede probar nada, y creo qne aun el diade hoy está preso. pocos dias después, un caballero hizo un delito de muerde
se

Arandel no

Y

te,
al

y casi todos

los
le

señores del Consejo fueron

Rey

para que

perdonase
«
¿

,

y

el

Rey

res-

pondió
para mi

muy pausadamente;
tio

Como, señores, no hubo ninguno que me rogase,

y para éste venis todos? digo que se haga lo que la ley manda.)) Aquí conocieron los señores

que
así,

el

Rey
allí

quería bien á su tio y
los señores

le

pesó

de su muerte.

Y así, el caballero fué justiciado.
adelante
,

Y

de

no

se atre-

vieron á demandar perdón por ninguno.

CAPITULO

XCI.
qué.

Como Millor Bajete fué preso ^ y por

LGUNOS

dias antes

que muriese

el

Protetor, los señores del

Consejo

inviaron a Millor Pajete por

em-

bajador, y díjose, que allende de
otras

muchas cosas que
que
le dijo

el

Emperador habló
á los se-

con

él, fué

que escribiese

ñores que tratasen bien á Madama María, y que no le quitasen la misa, ni el Sancto Sacra-

mento,

ni los

sanctos de su capilla. El Pajete,
lo

según después pareció,

prometió

al

Empe-

Octavo de Ingalaterra
rador, y díjose
ral

319

que

el

Pajete lo escribió gene-

y particular al Consejo. No se sabe más de vuelto el cuanto algunos dias disimularon.

Y

Pajete

al

Reyno

fué

muy

bien recibido del
los

Consejo, porque sabían que era uno de
sabios del

Reyno. así, era mayordomo del Rey y gobernaba toda la casa. Mediante estos tiempos, los señores, cada dia hacian novedades en el Reyno y no se la promesa Emperador, hecha al de acordando determinaron de ir de hecho á quitar la capilla
;

Y

á

Madama María,

que la jamás pudieron convertirla á
ellos tienen.

y lo pusieron por obra, de buena señora se sintió mucho dello; y
la

mala seta que

escribió al

Y como el Emperador lo supo, Rey y á su Consejo que se maraviMadama María
su devo-

llaba dellos quitar á

demás que el Pajete se lo habia prometido. Y, cuando los señores vieron esta carta, no sabiendo qué excusa dar, y para dorarlo, prendieron al Pajete, diciendo que el Pajete lo
ción, en

habia prometido solo, sin consejo del Consejo,

y que ellos no supieron nada. Así, que
Pajete,

el

señor

como

era

hombre muy
Consejo

sabio, daba sus
,

excusas

lícitas

excusándose con todos
el

pero

créese que todo

lo sabía;

de
el

modo
Pajete

que

si

pudieran hallar ocasión contra

y por dar su disimulación, le cortaran la cabeza; pero súpose defender; y así, después le sol-

320

Crónica del Rey Henrico

taron. Díjose le habían quitado todas sus rentas

y privado

del Consejo.

En

verdad, en esto

tuvieron mal consejo en

le quitar del,
el

porque

todos juntos hablan de considerar
tenía y tiene, y

saber que

que su consejo

les

podria

mu-

cho aprovechar. Creo yo que si él vive hasta que el Rey venga á gobernar, que tornará al Consejo y fué bien conocido del Rey Henrico Octavo,
:

porque muchas veces dijo no tener otro mejor
en su Consejo,
ni

más

sabio.

No pongo

duda,

y esto espero de lo ver con el tiempo, que será como Rey en el Reyno, porque su saber y
discreción es tal, que su príncipe conocerá
el

gran bien que

le

ha dado Dios en tener seme-

jante en su Consejo.

Y

pluguiese á Dios que
el

de su manera y arte hubiese muchos, por bien que deseo á aquel Reyno.

Deograc'ias.

APÉNDICES,

4'

APÉNDICE

A.

A great
ees,

wooden

idol, rever ed in

Wales, called Dar-

vel Gathering, zúas brought to London, and cut in pie-

and by a cruel rejineinent
to

in

vengeancewas employzúas

ed as a fuel

burn friar Foresta who

punished

for denying the suprema cy
resies.

and for some pretended he~

Un ídolo muy grande de madera, reverenciado en Gales, y llamado Darvel Gathering, fué traído á Londres y hecho pedazos; y por un cruel refinamiento de venganza, se empleó como leña para quemar al fraile Forest, el cual fué ajusticiado
«.

por haber negado
Iglesia)

la

supremacía (del Rey en

la

y por supuestas herejías. »

(rlUME

,

XXXI

,

Supresión de

los

monasterios.)

Habla en

este lugar

de

la

destrucción de

las

imágenes del culto, y refiriéndose á las cruces que se ponian en las salidas de los pueblos y en las encrucijadas de los caminos, que nosotros
líu?nilladeros,
fica

llamamos
vene-

y que

el

historiador protestante cali-

de

ídolos,

hace mención de aquella

muy

rada que habia en Gales.

324
Nótese,
á fuer
sin

Apéndices
embargo, que
califica
el

\

mismo

autor que
las santas

de protestante

de ídolos

imágenes, no puede menos, como historiador, de
llamar cruel y refinada venganza
ligioso,
el

suplicio del re-

y supuestas

y

es decir, falsas, las herejías

de

que

el

mártir fué acusado.

APÉNDICE

B.

Lista de las

Damas y
servicio^

Caballeros que fueron á Ingla-

terra con la infanta doña Catalina , para quedar
allí

á su

cuando

se casó

con Arturo Prin-

cipe de Gales,

Dama
Manuel.

de honor y Camarera mayor, doña Elvira

cámara, Juan de Cuero y su mujer. Para servir en el retrete, Catalina de Cardones.
Para regir
la

María Mudarra, dueña de doña Elvira, para que
estuviese con ella.

Dos mozas de
virla.

la

dicha doña Elvira

,

para ser-

DAMAS.

Hija de D. Pedro de Mendoza, hermano del
Cardenal.

Doña Francisca de Silva. Doña Beatriz hija de doña Blanca. Doña María, hija de Salazar. Doña Inés, hija de doña Jnes, ama de
j

la

seño-

ra Princesa.

326

A-pén dices
las

Catalina de Montoya, dueña que estaba con
dichas damas.

Dos

esclavos para servir á las dichas damas.

MOZAS DE CÁMARA.
Hija de Inés Albornoz,
Sobrina del Tesorero Morales.

Lavandera,

la

mujer de Andrés Martínez.
OFICIALES.

Pero Manrique,

Mayordomo y Camarero mayor.

El Comendador Alonso de Esquí vcl, Maestresala.

El hijo de Pero Manrique, Caballerizo mayor y

Maestro de

los pajes.

El hijo de doña Francisca de Silva, Copero mayor y Trinchante.

Pasamonte, Secretario.

CAPILLA.

Confesor.

Capellán mayor, Alixander.

Limosnero,

el

Ingles.

Capellán y Sacristán, Pero de Morales, Capellán de
la

Reina.
PAJES.

El hijo de Pero Suares. El hijo de düíía Blanca.

Apéndices
El hijo de Gamarra.
El hijo de Diego de Vargaí

327

MOZOS DE CAPILLA,
Pero Vclasco.

Juan Sarmiento.
REPOSTEROS DE CAMAS DE ESTRADOS Y DE
CAPI[,r,A

Medina.
Sasedo.
Vadillo.

HOMBRES DE CÁMARA.
Zaballos,
el

de

la

señora Princesa.

Criado de Alixander.
Sobrino de Juan de Cuero.

MOZOS DE ESPUELAS.
Morales.
Vitoria.

Calderón.
El sobrino de Perazxona.

OTROS OFICIALES.
Sarmiento, Veedor.

Copero, Salvador.
Repostero de plata y cerero-, Sarabia; y par ayudante de plata, Pedro de Solorzano.

328

apéndices

Aposentador, Lope de Solorzano.
Cocinero,
dores.

Hernando de Vega, con dos

servi-

Presentador de tablas, sobrino de Juan de Mora.

Escribano de cámara, Francisco de Nurueña.

Despensero, Juan Daza.
Panadero, Andrés Martínez.
Barrendero.

Dos escuderos que doña
lar

Elvira habia de señala

para que acompañasen á Firmado.

— Miguel

Reina y á

las

damas.

de Almazan.
Simúticas.)

{^Archivo general de

:

APÉNDICE

B

-.

suma inteligencia del digno archivero de Simancas, D. Francisco Diaz, podemos adicionar la anterior lista con algunos nom-

Merced

al infatigable

celo y

bres importantes contenidos en el siguiente
crito.

es-

Copia de un documento que dice

asi

Las personas que están fuera de la corte, que saben las cosas del primero y segundo matrimonio
de
la

serenísima reyna de ynglaterra, son

las

si-

guientes.

Catalina, exclaua que fué de
le

la

dicha reyna, que

hazia la cama, esta casada con un morisco que
se halló
la

hace vallestas en valdeyzcarria, esta

quan-

do

la

primera vez

se

juntaron en vno

dicha rey-

na y su marido enrrico. Iten, catahna fortes, monja en
rera de la

la

madre de

dios

de toledo, sobrina del tesorero morales, era cama-

Reyna que en

ella fiaua

mucho.
victoria; esta

Doíía maria de rojas, mujer de don aluaro de

mendo9a, bibc cerca de najara o cabe
dormía en
la

cama de

la

reyna después que murió
4a

330

Apéndices

arturo, primero marido de la reyna.

Iten,
rero de

la
la

mujer de Juan de cuero, que fue camareyna, biue en madrid.

Iten, formizedo, criado de alonso de esquivel,

vezino de seuilla, que fue maestrasala de
señora reyna.

la

dicha

Iten, tamayo, escribano, ante quien pasó

el

ma-

trimonio de

la

señora reyna con el rey enrrico, y

dio fee del, el qual bibia con el embaxador, doctor

de

la

puebla

con

el

y agora tiene su asiento en seuilla marques de tarifa, y fue con el á jerusalen.
,

Iten , se ha de repreguntar á

frai

diego hernandez,

confesor que fue de

la

reyna, de que secretario o
la

escrivano estava refrendada ó asignada
ra de los capítulos

escriptu-

que

se hizieron cerca del sese

gundo matrimonio que
qual
el

hizo con enrrico
al

,

la

dize que dio, y entregó

ar9obispo de

chestre y

Cantuaria, chanciller mayor, y al obispo de vnal conde de soroy por mandado de la reyna
al

tiempo que

se veló

con enrrico

'.

'

No

tiene fecha

,

pero está entre papeles del año 1531. [Ary

chivo general de Simancas

Estado ,

leg.

22,

f.

143.)

APÉNDICE

B

3.

Extracto del expediente seguido

e?i

Zaragoza entre
jy

doña Catalina de Aragón
su marido Enrique

,

reina de Inglaterra ,

VIII

^

ausente y en rebeldía^
ó

para cumplimentar un exhorto

letras remisoriales

de Ro?na sobre la validez del matrimonio de aquellos

monarcas; extractado de la copia que

se hallo

en el archivo del monasterio de Veruela, publicado

por

el dignísimo académico

cuya buena amistad y generosa erudición
obligadísimo.

D. Vicente Lafuente á me declaro
,

Lleguemos ya al examen de los testigos, parte más curiosa y principal de este proceso.
El primero que declaró fue
el

la

magnífico señor

D. Juan de Ubeda
del casamiento de

,

caballero de Zaragoza, el cual

seguía la corte de los Reyes Católicos, aun antes

doña Catalina

,

en cuyo servicio
de donde,

pasó á Inglaterra.

El matrimonio se ajustó en Granada

,

según

el

testigo,

partió la Princesa, llevando

un

gran dote en vestidos, joyas y otras riquezas, multis

variisque vestibus et sericéis et auratis aliisque jo-

calibus {jocalias^ palabra aragonesa equivalente ajo-

332

Apéndices

vas) et orna7íient¡s ^ qu(S vix sti?nari poíerant , ut tan-

tam decebat
entrega,
el

regina??!.

Iban con

ella,

para hacer

la

Mallorca,

el

Arzobispo de Santiago y el Obispo de Conde de Cabra con su madre y dos
otros

hermanos suyos y
bus. Salieron

muchos

ricos caballeros y

señoras nobles, equitibus auratis y fcemi?itsque nobili-

de

la

Coruña en
,

el

mes de Octubre

con una fuerte escuadra
el

en

la

cual fué también

declarante en compañía de su tio el licenciado
el

Alcarraz, que era

médico de

la

Infanta

;

desem-

allí

barcaron en un puerto que llama Jrta??iura, y de fueron á Londres el rey Enrique salió con su
:

hijo á esperar á

la Infanta más de una jornada, y la un gran palacio, en un parque delicioso {pretoriuM quodda?n a??ienu??i), en donde se hizo la

llevaron á

boda, y algunos dias después fueron á misa á la iglesia de San Pablo con gran pompa y aparato. La descripción del raquítico príncipe Arturo

nada deja que desear, pues dice que jamas vio un
joven más débil y
c(

flaco.

Q^uod dictus do??iinus princeps Arthurus fuit et
ajiicte,,

erat et debilissi?ne nature et
letudinarius
y

quodque erat vadicitque

??iacilentus
,

et

lassus

eum ha-

buisse me?nbra ita exilia

ut nu?nqtia?n viderit homi-

ne?n habentefn crura ac reliqua Tnembra ita tenuia si-

cut

illu?n.i>

Los españoles

se

quedaron pasmados
la

al

ver aquel

esqueleto vestido, y

Princesa

misma lamentaba

entre los españoles su desdichada suerte.

En

vano

creyeron algunos que

el

Príncipe lograrla restable-

cerse, pues Alcarraz los desengañó, asegurándoles

Apéndices
que
el

333

Príncipe durarla poco, pues estaba tísico
:

rematado, dicicndoles

Hec

ita vires sint ei dene-

gate üd cognosce?idam femina?n sicut lapidi frígido , ct

quod numqua??! zñderit bominem
ingenii

ta?n dehilis yiature et

(¡también tonto!) quodque erat in ultima spe-

cié pthisis.

desgraciada Princesa era

La fama de haber quedado intacta y doncella la común entre los españoles é ingleses, y tenida por todos como cosa cierta
Muerto que VIII
el

é indudable.

príncipe Arturo,

el

rey D. Enrila

se

apoderó de todo, habiéndose visto

necesidad, pues

Princesa reducida á un estado de gran estrechez y los caballeros españoles reclamala

ban

dote de

ella.

Este hecho feo consta por

la

declaración de aquel testigo presencial, que dice:
Serenissimus dof?iinus Enricus ejus pnter
^

AngUe
dicti

rex y recepit in sua pot estáte omnia que erant
principis fila sui
,

queque antedictus jilius dicte domine

principi uxorique prebuerat ^ qua de re prefacta domi-

na princeps máxima fuit npprensa

necesítate.

No
falta

es

solamente este testigo quien depone esta

de delicadeza y galantería cometida con la desdichada y joven Princesa , pues la confirman
otros varios declarantes.

Omitiendo
la

otras

declaraciones,
,

vienen luego

de D. Juan de Lanuza
la

de

comendador mayor Orden de Calatrava en Aragón, el cual
al

no declaró
al

tenor de los anteriores en lo relativo
la

príncipe Arturo, pues ni estaba en
,

corte ni

fue con la comitiva á Inglaterra

pero

dio noti-

334
cias

Apéndices

muy

curiosas acerca

de

los

amores de Enrifué, en

que

VIH

y de doña Catalina, cuando más ade-

lante, por

mandato

del

Rey Católico,
el

el

año de 15 12, á

llevar unas cartas á su nieto el

príncipe D. Carlos.

Mandóle

Rey

á Lanuza que

pasase también por Inglaterra y diese otra carta suya á la reina doña Catalina, ya casada con En-

rique VIII. Así que esta señora recibió

la carta

de su padre

,

la

guardó en su seno, sobre
mejor dejar en

lo cual el

Rey
quam
dicte

le

dijo varios requiebros delante del declaranlatin.

te, los cuales será

Et

post-

dictus anglie

Rex

dictam epistolam in pectorf
se

Regine reccnditafn vidlt , dixit

haber e celum

de dicta epistola, propterea quod ea in r espine uxoris sue pectore erat , in
dicens y

ut prospiceret
,

qumn jocatus est ad hunc testem quam pulchra decoraque esset
et tale?n
et

dicta domina Regina

regem , qualis
habebat

ipse erat,

qui fiorentam decore
qui talem

pulchritudine adeptus erat, et
esse feli-

dominam

in sua potestate
leiticie
,

cem^ aliaque multa magne ba galice locutus
est.

que premissa ver-

Más
pasión
al
,

adelante
el

declara

el

mismo Lanuza que
á

por entonces

doña Catalina con que esto era público en la corte y que ni
,

Rey amaba

Rey

ni á
el

ninguno de aquel
escríápulo.

país se le ocurría sola

bre ello

menor

A

verdad,

el

hecho

mismo de haber

tenido cuatro hijos de aquel
lo

maca-

trimonio indicaba

El magnííico Sr.

mismo bien claramente. Mossen Pedro de Ariola,
Arturo, y fué
el

ballero de Zaragoza, declara que estaba en Inglaterra al

morir

el príncipe

que

lie

Apéndices
vó á
los

335
la cual car-

Reyes Católicos

la

carta de la Princesa en

que avisaba
encargaba á

el fallecimieeto

de aquél
se

,

ta era de creencia

(como entonces

decia), pues
al

sus padres diesen

crédito
,

portador

acerca de lo que dijera de palabra

precaución ne-

cesaria en aquellos tiempos, en que las

comunica-

ciones eran tan difíciles, y que una de las cosas que tuvo que decir, fué precisamente que la Princesa quedaba intacta, juntamente con otras varias
noticias, que fueron

muy

sensibles á aquellos

mo-

narcas, ac de
tibus exponit
,

aliis

rebus sui status , cuas dlctis paren-

quod graviter molesteque tulerunt.
Sr.

El magnífico
llero
lo

Mossen Antón Ferriol, cabade Zaragoza, tampoco pudo declarar más que
se decia
la

que de público y notorio de los Reyes Católicos, en

en

la

cámara

cual tenía entrada.

Algo más declaró Mosen Juan Vinyol, vecino de Zaragoza, el cual pasó á Inglaterra el año 1510,
en compañía y servicio de D. Luis Carroz, que fué allá de embajador, y vio por tanto al rey D. Enrique,
el

cual estaba á

la

sazón

muy enamorado

de

doña Catalina.

Vidit quod dictus serenissimus dominus

Enricus , modernus anglie rex , dictatn serenissimam re~

ginam conjugem suam sumfnopere

diligebat^ et

una erat

eum

illa

y

veluti vir cu7n sua uxore y

asserens puhlice

ser?none gallico serenitas sua, beatum es se eo

quod

tarn

pulchra angela potiretury

et flores ipsius

adeptus erat.
la

Ha

habido empeño en decir que
favorecen.

malograda

reina doña Catalina era fea, y los retratos en ver-

dad no

la

Si la

retrataron de vieja
,

,

na-

da tiene de particular que

después de

los

disgus-

33^
tos

Apéndices
le

que

dio su marido,
;

no quedasen

rastros

de su
el

pasada belleza

pero

los

aragoneses que fueron

año de 15 12
del

á Inglaterra,

en compañía del nieto
la

Rey

Católico, D. Juan de Aragón,

hallaron

bellísima, hasta el punto de asegurar

D. Hernando

López. Benedit que había quien aseguraba que era
la

qui dicerent illud nemini videri
totius
tín

mujer más hermosa del mundo, non defuisse mirandum quia erat
,

mundi feminarum pulcherrima, y D. Agusde la Puente la llama hermosa como otra Eleet

na , pulchra

decora ut altera Elena.

A
les,

este testimonio, sacado porelilustre
las

académi-

co español, de

declaraciones de testigos españo-

apologista y

pudo añadir la más autorizada del testigo inglés, amigo de Enrique, Lord Herbert, que
el día

dice textualmente, retratando á Catalina
su coronación. There
pete with Katharine
res

de

werefew zvomen who could comwhen in her prime. Pocas muje-

hubieran podido competir con Catalina en su
son menos curiosas

primavera.

No

las

declaraciones que se
castella-

tomaron en Deza á D. Juan de Gamarra,

no, Justicia mayor y corregidor de Logroño, Calahorra, Alfaro y sus territorios. Este fué también en
ella
la

comitiva de doña Catalina
^,

,

desembarcó con

en Artamira
el

que Ubeda,

y describió la boda lo mismo sobrino del médico Alcarraz. Pero

Gamarra

era paje de doña Catalina y sostenía bue-

nas relaciones con doña Francisca de Cáceres, ca-

'

La declaración de Ubeda

dice

:

j^^ud Artaynuram Plitnouth-

Apéndices
marera de
la

337

y desnudaba; de modo que su declaración desciende hasta los pormenores de alcoba, y á noticias que apenas
Princesa, que
la vestía

pueden darse ni aun en latin. La noche de la boda Gamarra estuvo de servicio en la antesala vio con
,

extrañeza que

el

Príncipe salió de
,

la

alcoba

muy

temprano,
cisca

satis

no

calló

mane surrexit y la camarera Franlo sucedido, haciendo ambos al Prín-

cipe objeto de irrisión, dictum dominum principem
irridefttes.

Dos

señoras y un francés figuran ademas entre
:

los declarantes

la

magnífica señora doíía Violante

de Albion, que habia sido vice-camarera de doña
Isabel la Católica, y doña Isabel Fabra, viuda de

D. Fernando de Espes, camarero de D. Fernando
el

Católico, las cuales declararon lo que de pu-

blico se dijo entonces en la

cámara de

los

Reyes

de España. El francés era
rans
za
, ,

el

honrado Juan d'Asca-

natural de Oloron y domiciliado en Zarago-

estuvo en Inglaterra de 1510 á 1516, y testificó también haber oido, como cosa pública,
el cual

la

impotencia del príncipe Arturo. Este bearnés

vio bautizar á

un

hijo de Enrique

VIH

y doña

Catalina, con gran
les

pompa, como Príncipe de Ga-

y Conde d'Aquet, si bien murió luego. También éste testificó que por entóneos el Rey estaba

muy enamorado
mucho
:

Reina y que vehementer amari et magno in
de
la

la

apreciaba

pretio haheri.

43

APÉNDICE B
Lo que
se

4.

ha de preguntar á
la

las

personas que

tienen noticia de

screnisima reina doña catalina
rrey enrrico, su marido, son

de Inglaterra con
las siguientes
:

el

Primeramente
señora

si

saben de algunas escrituras o
al

contrataciones tocantes

dicho matrimonio de
el

la

Reyna de

Inglaterra con

rrey enrrico, su

marido, y en cuyo poder se hallaran. Iten, que tanto tiempo estuvo casada

la

dicha
si

señora Reyna con arturo, principe de gales, y
los del

consejo del rrey de Inglaterra sobre acuerse

do provcyan que no

juntasen

la

dicha señora

Reyna y arturo, su primer marido, en vno, por ser el muy flaco y muydañoso a su salud tal ayuntamiento.
Iten,
flaco
si

el

dicho arturo era de poca edad y

muy

y delicado y muy feble y de flaca conplesion, y que no era para muger y parecia por su aspecto impotente para ser casado.
Iten,
si

se platicó

entre todos los del palacio,
gleses,

y se tuuo por cosa muy cierta así españoles como inla

que

el

dicho arturo no avia conocido a

dicha señora Reyna, y que avia quedado virgen

Apéndices
quando murió
ron no
se

339
se

dicho arturo, y cuando hallaron seríales ni insignias en
el

vela-

las sava-

nas de a ver perdido su virginidad.

muerto arturo, la dicha señora Reyna quedo muy enferma y tollida y echaua por la boca muchos humores, y que sobre su enfermedad se
Iten, que

hizo junta de muchos y grandes médicos, los quales después de aver visto su dolencia e indispusi^ion
e tenido entera

información della, dixieron que

la

causa de su mal era destar virgen y no aver sido

conocida de arturo, y que si casase con persona que tuviese habilidad para mujeres que sanarla, y asi fue que después que caso con el Rey enrrico, su marido,

quedo

muy

sana e gorda y con

muy buen

co-

lor y dispusÍ9Íon.

Iten, quando se velo con
rido la dicha señora
asi se

el

rrey enrrico, su

ma-

Reyna estaua entera y virgen, dixo publicó entre todos los cortesanos y y y de palacio y se tuuo por cierto, y asi lo dixo y publicó el dicho rrey enrrico su marido.
Iten
,

quel dicho enrrico tenia
la

muy Grand
la

deseo

de casar con

dicha señora Reyna, y luego que

murió su padre enbió embaxadores á
ñora Reyna rrogandole que
se velase

dicha
el,

se-

con

y dio

mucha

priesa en ello hasta lo efectuar.
la

Iten, que

abuela del dicho enrrico y los del
al

consejo de Inglaterra aconsejaron

dicho enrrico
se casase

y profiaron
la

mucho con hermana del Rey de
la

el

para que

con

franela y que

no

se casase

con

contra

dicha señora Reyna, y quel dicho enrrico, el parcsccr de todos, se determinó de casar

34<^)

Apéndices
la

con

dicha señora Reyna su esposa,

como

lo

hizo

y puso. Iten, que declaren
ber alguna cosa de
lo
'.

las

personas que podran
se

sa-

sobredicho para que

tome

información dellas
Estado^ leg. 22,
fol.

{Archivo general de Simancas,

144.)

*

No

tiene fecha, pero está entre papeles del

año 1531.

APÉNDICE B
And
mother,
it

5.

as touching the going

of Francés Phillips

into

Spain, faining the

same

to

be for visiting of his

now

sickly

and

ancient , your Highness taketh
it is

surely in the right that

chiefly

for
,

disclosing of
to divise

the secret matter unto the

Emperor

and

meaness and ways,
be empeched.

how your

State Papers,

—Tomo

entended purpose might
i, p.

220.

)

APÉNDICE
Mucho
las

C.

querría, buena hija, que conociésedes

entrañas con que os escribo esta carta, que

cierto
jores.

ninguna he escrito con más amorosas

ni

me-

Porque ya voy entendiendo que Dios os

quiere

mucho, y

le

suplico que, por su bondad, lo

lleve adelante y os guarde.

Agora, hija, vos habéis de comenzar á ir adelante en los trabajos, que yo os seguiré de buena
y no estimo un pelo todos los que nos pueden venir, porque cuando hubieren hecho lo peor que pudieren, entonces confio que estaremos
voluntad
,

mejor.

Dad mis encomiendas
:

á la

buena Condesa

de Salisbcry

decidle de mi parte que tenga buen
llegar al reino de
los

ánimo, porque no podemos
cielos sino por cruz

y tribulaciones. Hija, do quiera que fuéredes, no tengáis cuidasi

do de enviarme recaudos; que

yo tuviere

tad, yo os buscare ó enviare por vos.

— Vuestra

liber-

querida madre, Catalina Reina.

(Rivadencyra,

lib.

ii

,

cap. v.

APÉNDICE
With
and

D.

sofne difjiculty the hoiise

hold was madc up,

the Bishop qf

Landnff, an oíd spanish priest

of the ñame of Allequa, who had accompanied Kathcriñe rom Spain, was suffered to remain with her.

f

(Strickland,

t.

iv,pág. 134.)
se

Con
aun
ñol,
el

dificultad

organizó su servidumbre

;

y

obispo de Landaff, viejo eclesiástico espa-

llamado Allequa (equivocación por Ateca),

que habia acompaííado desde España á Catalina,
se consintió

con dificultad

[suffered)

que permane-

ciese

con

ella.

APÉNDICE
As
to

E.

my physicia?t a?id apothecary they be my countrymen : the King knoweth them as well as I do. 7hey have continued many years with me, and bave

(/ thank them) taken great pains ivith
o/ten times sickly

well.

— And I

,

as the king^s grace doth

me ; for 1 am know right
as long

require their attendance for the pre-

servation of ?ny poor hody
as
it

pleaseth God.

— They
,

,

that

I may Uve

have been faithful and

diligent in

the king^s roy al estáte long

my servke and ais o da'.ly do they fray that may endure. But if they

take any other oath than they have taken to the king

and me
for

{to

serve

in so doing

?né), I shall never trust them again^ I would Uve continua lly in fear of my

Ufe with them.
his high

— Wherefore

I
,

trust the

King,

of

honour and goodness

and for the great

love

that hath been between him and

me [which
it

love in

now

is

as faithful to hi?n as ever
,

vvas

so take

me I Goa
re-

to record)

vvill not use extremity

with

me,

my

quest being so reasonable.

{Privy Council papers.)

Mi medico
tas; el

y mi boticario son mis compatrio-

Rev

los

conoce tan bien como yo. Ellos

Apéndices
han pennanecido largos
sado (yo
les

345

afios conmigo, y han padoy gracias) muchos cuidados conmigo porque yo estoy á menudo enferma, como

Su Majestad sabe
y que pueda

bien.

—Y yo

necesito su asisten-

cia para la preservación de este
vivir tanto
fiel

mi pobre cuerpo, tiempo como á Dios plazca.

y diligentemente á su servicio, rezan asimismo diariamente para que pueda durar
Ellos están
largo tiempo el reinado de

Su Majestad.

Pero

si

prestasen otro juramento que aquel que

ya tienen hecho

al Rey y á mí (como su ama) , no podría ya fiarme á ellos, y vivirla en adelante en

mi vida. esto ruego al Rey por su honor y en caridad, por el grande amor que ha existido entre él y yo (y cuyo amor en mí ahora mismo es tan leal hacia él como fué siempre, así Dios me oiga), que no use semejante rigor conmigo, ya que mi súascuas sobresaltada por

Por

plica es tan razonable.

44

APÉNDICE F^-— Alixandfr.

Cualquiera que haya leido con mediana atención
los

91 capítulos de

la

Crónica^ no podrá

haber reparado en

los
,

retratos que en cada

menos de uno

de

ellos se distinguen

no ciertamente por acadécon aparato

micas posturas, por valiente dibujo, ó por vivo colorido. Fotografías son todas obtenidas

imperfecto y por artífice poco diestro ; guardan sin embargo el parecido , y no tienen contorno, ni

sombra, ni color que no sea producido por
ginal.

el ori-

De

aquí

la

tentación que
las

me

ha asaltado de no

contentarme con
en
muestra

imágenes de reyes y capita-

nes, princesas y cortesanas que el fotógrafo tiene
la
,

y de penetrar curiosamente en su
allí

estudio. Registrando

sus carteras,

me

propuse

presentar á los lectores las pruebas nada

menos

que de
Pero de

los confesores
la

de doña Catalina.

primera dificultad que

me
de
la

ocurrió fué
los servido-

que, como hemos visto en
res
la

la lista

Princesa (apéndice B),

plaza de con-

fesor estaba vacante en el viaje de S.

A. desde Es-

paña. Verdad es que á renglón seguido leemos ca-

Apéndices
fellan mayor Alixander ; y

347
aquel que ansioso
al

como

de descargar su conciencia acomete
fesor

primer conlo

que

se

le

depara, estamparé aquí
los

que

de este clérigo nos dicen

legajos de Simancas.
este

Por otra parte, no necesitaba en

tiempo
vi-

doña Catalina, joven de quince años, llena de
dos pilotos de

da, de alegría y de esperanza, esos experimentala

conciencia, médicos de cabecera
le

en

las

enfermedades del alma. Ni

faltaban tam-

poco en su comitiva prelados desempeñar tal cargo.
Sabido es que
tras

ilustres

que pudieran

muchas

dificultades
la hija

zamientos, emprendió su viaje

de

los
;

y aplaReque,

yes Católicos embarcándose en la

Coruña
',

acometida

la

escuadra por un furioso vendaval,

hubo de

y que, zarpando de nuevo el lunes 27 de Setiembre de I 501 á las 5 de la tarde, con breve aunque peli-

entrar de arribada en

Laredo

grosa travesía, llegó á

Plymouth
le

á las tres de la

tarde del sábado siguiente (2 de

Octubre de 1501),
habia anunciasi

en donde, según ya Enrique VII
biera sido el Salvador del

do, fué recibida con no menor regocijo que

hu-

mundo.
de describir
fiestas

Buena ocasión fuera
ceremonias, pero
brevedad.
las

ésta

y
la

omitiremos en gracia de

No

puede, sin embargo, callarse que
el

la

princesa española, á todos, y á su suegro

primero,

'

Carta de Juan de Alcaraz. Simancas. Estado. Tratados to»
j

Incr/íJtcrra

legajo

4.^^, fól.

14.

^T^

34B

Apéndices

adoiiró, tanto por sus belleza,
bles y dignos

como por

sus agrada-

modales

'.

El

12 de

Noviembre hizo

su solemne entrada

en Londres, habiéndole antes salido á recibir su

prometido
ñóla
caballeros

el

príncipe de Gales, Arturo.

Acompa-

multitud
,

de

obispos,

grandes

dignatarios,

y sobre todo un pueblo entusiasta colas

mo
se

hasta entonces no se habia visto nunca. El 14 velaciones en la catedral de San
el

celebraron

Pablo, oficiando
tiendo
los

lores

eclesiásticos

primado de Canterbury y asisy del reino. Nuestro

arzobispo de

Santiago

D. Alonso de Acevedo,

nuestro Obispo de Mallorca, el

Conde de Cabra y
el

todos los embajadores de España aumentaban con
el

esplendor de sus trajes y aparato
fiesta.

lucimiento
ella

de aquella

Las curiosas relaciones de
,

no

mencionan al capellán Alixander pero sin duda hubo de presenciarla. Iba á decir que era ésta la primera y última ocasión de júbilo para la nueva esposa, pero no me
atrevo á asegurarlo. El aspecto de su prometido,
especie de esqueleto vestido, cuya vidriosa mirada,

cuyo terreo color y anhelosa respiración, más presagiaban lutos que placeres, habían de preocupar tristemente á la nueva esposa ^. Con razón, en verdad, todo aquel aparato festivo desapareció breve-

mente, como decoración de

teatro.

Regresaron á

'

Carta de Enrique VII^ 28 Noviembre
t.

1

501.

S. E.

T.

c.

I.,l. 4.°,
*

15.

Hume,

Lir.gaud^ 88.

— Lafuente,

j4pendice (B).

Apéndices
España
los prelados

349

y proceres que habían acompañado á Catalina; volvieron á sus diócesis y á sus feudos los lores de Inglaterra y la pobre española
,

puede decirse que desde aquel momento quedó
sola.

No

tardó el avaro Enrique

VII en quererla

des-

pojar hasta de sus joyas para hacerse pago del úl-

timo plazo del dote

y sobre esto y sobre la consumación del matrimonio (en lo cual nos referimos
^
,

al

apéndice B), y sobre
se verificó el 21

el

viaje á Gales,

que

al

cabo

de Diciembre de 1501,

se

entablaron reyertas y disputas, que ya desde entonces

comenzaron

á turbar la paz del

nuevo hogar.

La pobre niña

ni tenía siquiera el consuelo de ver

unidos y acordes á sus consejeros, los embajadores de España; D. Fernando, Duque de Estrada, se
ponia de su parte

como recien venido que era y nombrado especialmente para aquella boda el doc,

;

tor

Puebla
la

,

embajador ordinario desde años

atrás,

era ya á

sazón más bien un cortesano de Enri-

que VII

*

que un representante del Rey Católico.
el

Cosa singular,

capellán Alixander es de

la

par-

cialidad de éste último, y da armas contra su señora, tomando falsamente el nombre de sus augustos padres. O-uo

{Enrique

FU)

siendo

muy

interrogale

do

,

de declarar habia sido Alixander el que esto

dixoy con parecer é inducimiento del doctor {la Puebla).

*

Carta de D. Pedro de Ayala de 1501.
i.''
1.

Bergenroth, 1868,
5.", fol. 46.

documento

Simancas, Tratados con Inglaterra^

350

/apéndices

Así termina D. Pedro de Ayala una acusación

que hace á Alixander en carta á
fines

la

reina Isabel, á
el

de 1501

,

traducida é inserta en

volumen

primero de

los

despachos publicados por Bergen-

roth, ya citado.

Las sospechas que maliciosamente
ban
al

se

mostralos

oido

las

camareras de doña Catalina, y

pronósticos que frunciendo las cejas y aduciendo
textos latinos adelantaban los médicos de cámara,

y

las

sombrías preocupaciones que concibió

la

no-

via al ver por primera vez al

escuálido Príncipe

de Gales, tuvieron realización pronta y funesta. El 2 de Abril de 1502 murió Arturo, dejando á
su

ción

pobre bella y abandonada esposa en la situamás difícil que pueda darse. Doncella y viu-

da, rica para ser codiciada, y pobre á punto de vender sus joyas para comer. Huérfana para la
ternura, y con dos padres durísimos para
diencia.
la

obe-

Perdida

la patria

y

la

familia de

los

Re-

yes Católicos, en que habia nacido, no admitida

aún en que
se

la patria

y en

la

familia de los Tudores, á

habia enlazado.

Comenzó Enrique VII
casi

inlla-

mediatamente una campaña que
marse cómica,
si

pudiera

no

fuera por tan altos personajes

desempeñada, y por tan trágicos sucesos seguida,
para apropiarse el cuantioso dote de su nuera.

Pero Fernando

V

no

le

iba en zaga en suspicacia

y diligencia ; así es que, apenas pasado un mes de la muerte del Príncipe, mandaba desde Toledo
(10

Mayo

1502) áD. Fernando Duque de Estrada,
extraordinario para que reclama-

como embajador

Apéndices
se, primero, los cien mil escudos
las

351
de dote
;

segundo,
la

posesiones patrimoniales asignadas á
la

viude-

dad; y tercero,
á

persona de su hija para traerla

España \ Pero ¡cosa singular y que hace más al caso presente! La infeliz viuda no encontraba ni en el antiguo representante de España, doctor Puebla, ni
en
el jefe espiritual
las

defensa contra
gro.

de su casa, Alixander, guia y arterías y la codicia de su sue-

Lástima

es

que no conserven nuestros archi-

vos las cartas que mediaron entre estos astutos personajes, y que vinieron á poder de los Reyes Católicos ; pero su tenor se infiere claramente por la

respuesta de Sus Altezas, por

seco con que tratan al
las

tono desabrido y embajador ordinario y por
el

medidas que

se

proponen tomar con

el

intri-

gante capellán.

El 14 de Junio (1502) escriben desde Toledo á

Estrada

:

((

Entre

las

otras letras nos

enviaron una

de mano de Alixander, capellán mayor, que él escribió al doctor de la Puebla de que os envia,

mos
él

traslado.
el

Por

él veréis

qué dice, y

el fin

que

y

Doctor parece que tienen. Estad en
,

ello so-

bre aviso porque no danyen
guiere que sea sentado lo

y cuando á Dios pludel casamiento, porque
es

no

es

razón que

tal

hombre como

aquel Alixancreen-

der quede

allá, darle eis

nuestra carta de

cia, que aquí va para él,

queremos
'

servir

de

él

y decidle que porque nos aquá en otra cosa, que luego
fól.

S. E.

T.

c.

I.,

1.

3.^

17.

352
se

Apéndices
y mostréis que sabéis cosa alguna de lo contela

venga
le

á nos, y tened

manera que

así lo faga,

no

nido en

dicha carta, ni que lo sabemos

:

y co-

municad sobre esto con doña Elvira por proveer en ello como conviene, y á vos y á ella pareciese ^.»

Con

fecha del dia siguiente (Toledo, 15 de Ju-

nio) decían

secamente

al

embajador ordinario Pueel

bla, que habiendo llegado

nuevo embajador no
;

necesitaban escribirle largamente

que pidiese

al

Rey Enrique mudase
sitio

á

la

Princesa de Gales del
si-

donde habia muerto
^.

su marido; porque su

tuación era insalubre

Y

el

dia propio,

1

5

de

Junio, decian los Reyes Católicos al

mismo Estrada hablando de Puebla, que estando disuelto el matrimonio, la dote debia volver al padre y á la madre que
la

dieron

,

según estaba claramente espe-

cificado por los cánones y las leyes;

y que
la

el

doctor

Puebla no podria alegar nada
se

en contrario. Claro
conducta del

ve aquí

el

enojo de los Reyes y

tornadizo Embajador.

El doctor Puebla no era hombre de tomar á pe-

cho

estas

embajada.

sequedades, y siguió buenamente en la En cuanto al clérigo Alixander, me doy

á entender que, á pesar de las cautelosas y termi-

nantes prevenciones del

Rey

Católico, tuvo

maña

para quedarse en Inglaterra, y que tal hombre y como era aquel Alixander se guardaría bien de vol^

^

S. E. S. E.

T.
T.

c.

I.

,

Icg. 4.°, fól. 27.
Icg.

^

c. I.

,

4°,

fól.

14.

Apéndices

353

ver á España á entregarse en manos del ofendido

Fernando V.

Lo

cierto es

que no

se

encuentra por acá rastro

alguno de su persona, mientras en Inglaterra suena

mucho
ra,

su apellido en todo aquel reinado, y figu-

según luego veremos, un sirviente, sobrino ó

hijo natural suyo,

como

otro de los capitanes es-

pañoles

al servicio

de Enrique VIII, de Somerset y
la

de Paget.

Miserable condición
curecerse en

de este eclesiástico, os-

medio de

tanta luz, perder el

rumbo
,

que otros con tanta energía supieron seguir
viendo tan cerca del fuego de
las

la fe,

y vino recibir de
ni

hogueras del martirio ni temple

calor ni

claridad siquiera.

45

APÉNDICE F^

El confesor Allequa.

Sea que este capellán Alexander ejerciese

eJ car-

go de confesor, ó que no
bable que durara mucho.

lo ejerciera,

no

es

pro-

El

Rey

Católico, que tan mal juicio tenía de

él,

y que sabía que su hija ignoraba la lengua inglesa, ni habia de consentir que tal ho?nbre com.o Alexander dirigiese su conciencia
sin confesor,
,

ni

la

habia de dejar

nómbrenlo ó no

las listas

de Siman-

cas.

Mis Agnes
talina,

Strickland, en su Vida de doña Caviejo

menciona á un sacerdote español, ya

en 1534, del cual dice terminantemente que habia acompañado desde España á Catalina y que tenía
por nombre Allequa
'.

Esto último no es error,
la firma.

si-

no equivocada lectura de

Otro erudito inglés, á quien por mediación de

mi

ilustre

amigo Mr. Layard

,

gado por varias noticias que
te,

me reconozco oblime tiene comunica,

das, copia del episcopologio de Landaff lo siguien-

1517, 1537: Gcorge Athegua

ou de Allica,

*

Véase apéndice D.

Apéndices
ou de Jtlieu, a spaniard vvho carne
to

355
England vvith
de Ateca,
cerca de

Katherin of Aragón.

Ahora bien,
llamado
así
,

este sujeto es Fr. Jorge

por ser natural de dicha

villa,

Calatayud

en el reino de Aragón
hábito de dominico en
la

^
el

Tomó

el

convento de

San Pedro Mártir de
bellas disposiciones fué

dicha Calatayud. Por sus
la

enviado á estudiar á

uni-

versidad de París, en

donde

se distinguió tanto,
el

que,

llegada la ocasión, fué elegido para

confesonario

de doña Catalina,

como más

adelante veremos,

copiando
Si vino
ses

al

veracísimo P. Diago.
la

con

Princesa,

como
la

los autores inglela servi-

afirman, no consta
ésta (Ap.

en
;

nómina de

dumbre de

B)

pero no es razón en con-

que sí, porque la Orden de Predicadores tenía como el privilegio de
trario, antes bien se infiere

ocupar semejantes puestos.

No duró
que

,

sin

embargo, en

él, Fr. Jorge, sea por-

los trabajos

que cayeron sobre aquella familia

se le hiciesen intolerables á su salud y carácter;

sea porque su genio

{quied

and

timid) tranquilo y

tímido no conviniese á la Princesa, activa y denodada; sea porque sus doctrinas, sobrado fáciles y tolerantes, no acomodaran á penitente más severa

y escrupulosa ; sea en fin (y á esto me inclino en vista de su vida y adelantos futuros) porque
,
,

desde luego se dedicase á plegarse y complacer

al

*

Hernando del Castillo,
su

Historia general de Santo Dowi*ti

go y de

Orden

,

tomo iv,

pág.

59.

'¿^(j

yipéndices
á su

Rey de Inglaterra y
cesa.

prepotente favorito

el

obispo Fox, grandes perseguidores de nuestra Prin-

Como

quiera que sea

,

el

hecho

es

que

,

según
",

carta de Catalina á su padre, de 22 Abril 1506

en aquella fecha no tenía confesor, y por consiguiente, no lo era el P. Ateca.
;

Dónde

se hallaba éste

?

¿

Habia regresado á

su

convento de España, ó á sus conocidos y célebres colegios de París en que habia estudiado, ó habia
ido á buscar quietud y paz á Blak Friars de dres ? Ni se sabe, ni importa.

Lonlos

Era regla en
frailes

las

órdenes monásticas,

que

no viajasen

ni

aun

visitasen solos: llevaban

siempre un compañero, y acontecía que, á medida que el religioso estaba cargado de años, de digni-

dad, de ciencia, su adlátere

solia carecer
?ii

de

tales

dotes y ser mozo sin sufciencia
cie

autoridad: espe-

de ayudantes de aquellos caudillos monacales.

No

hay por qué extrañar que

al

ausentarse el re-

verendo maestro Ateca quedase

compañero,
tuviese

ni

que

éste fuese

hermano menos docto, ni que
tras él su

temperamento diverso,
;

ni
le

que

siguiera

conducta opuesta
vista la escasez

ni

,

en

fin

,

que

reemplazase,

sidad que

la

de confesores españoles y la necePrincesa, piadosísima y mortalmente
ellos.

enferma, tenía de

'

Documento 459 de Bergenkoth.

APÉNDICE

F 3._Fr. Diego Hernández.

Conjeturas y nada más son estas que apuntamos;

pero

ellas

nos hacen sin mayores explicaciones com-

prensible el Ítem que en el proceso de divorcio
(pág.

328 de nuestros apéndices)
:

se

encuentra y

dice
c(

Se ha de preguntar á Fr. Diego Hernández,
la

confesor que fué de

Reina

,

de qué secretario ó
la escritura

escribano estaba refrendada ó signada

de

los capítulos

que
se

se

hicieron cerca del segundo

matrimonio que

hizo con Enrique, etc.»

Tenemos, pues, aquí oficialmente un Fr. Diego Hernández ó Fernandez denunciado como confesor

de

la

Princesa. ¿Ouién era éste, y cuándo vino

á su servicio?

Fray Diego Hernández
artículos

es

nombrado en

varios

con

el

aditamento de Valladolid , sea por-

que fuera aquella ciudad su patria, sea más bien
por diferenciarlo de otro Fr. Diego Hernández,

que ilustraba

al

mismo tiempo
Gabriel v
la

la

provincia fran-

ciscana de San

universidad de Sala-

35^
manca
,

Aféndíces
en que
el

ambos

religiosos
el

estudiaban
hábito en

*.

El nuestro,

dominico, tomó

el

célebre convento de San Esteban de aquella ciu-

dad

^,

en donde brillaba á
,

la

sazón Fr. Diego Dcza,
lu-

protector de Colon

gar el

y en cuyos claustros tuvo examen de aquel grande hombre.
1

506 no habla quizá venido á Inglaterra, ó más bien que no ejercía el
Inferimos que en Abril de
cargo de confesor, puesto que doña Catalina pedia
á su padre, á
religioso
la

sazón en Ñapóles, la enviase un
5.

con

este objeto

No
la

era en verdad apetecible

el

puesto.

Desde

muerte de Arturo (2 Abril 1502) hasta que Enrique VIII, ya rey y en la plenitud de sus derechos, se veló con Catalina de Aragón, viuda
el

de su hermano (Junio, 1507), fué ésta

juguete

de

la tortuosa

,

interesada y doble política de los

gabinetes de Inglaterra y España. Fernando el Católico

no consultaba para
en
sus

la

boda de

su hija la fe-

licidad de ésta, quería sólo allegar
la sirviese

un aliado que

guerras de Italia ó en sus con-

quistas de
lo, tener

con

Navarra, ó dado que no pudiera lograrel reembolso de la dote un buen
políti-

auxilio para el tesoro español, en todo tiempo necesitado.

Enrique VII, por su parte, con

ca igualmente cautelosa, con codicia

más desen-

^

Valddingus

,

Annales Minorum.
Historia de su orden,
li-

^

Padre Hernando del Castillo,
i ,

bro
^

cap. XLii, páginas
;

Bergenroth

vül. I,

173 y 176. documento 459.

Apéndices
frenada y con palabra menos segura
,

359
no pensaba
,

más que en apoderarse
casándola con

del caudal de su nuera

ora

el príncipe

Enrique, niño

á la sa-

zón

,

ora por cualquier otro

medio

,

sin

excluir el

veneno, como

luego veremos.

Difícil cargo el del sacerdote católico, dar luz

en tanta oscuridad, consuelo en tanta

aflicción,

compañía y apoyo en tanto desamparo. Por desgracia, el que es objeto de estos apuntes,

mozo de edad

de carácter y quizá sobrado imprudente y entremetido en conducta no era el hombre que el caso requería ^.
,

liviano

,

En cuanto

á la joven princesa de Gales,
la

hubo de
la rei-

padecer nuevo infortunio con

muerte de
la

na de Inglaterra Isabel de York, que
trataba
rido,

como

hija

,

desdeñada

ella

miraba y misma de su ma-

á cuya entronización habia poderosamente

cooperado. Éste, viudo ya, no pensó en otra cosa

que en aspirar á

la

mano de

su nuera, ó por mejor

decir, en apoderarse por este

medio de

su dote.

La

víspera

la

queria casar con el príncipe Enrique,
,

á pesar de su infantil edad
re aceptar por esposa
,

al dia siguiente la

quie-

á pesar de que se acercaba á

treinta años la diferencia entre ambos.

Pero habia

en España otra Isabel

,

incapaz de indignidad seme-

jante, y sin contar con su marido, que estaba ausente, por

1 1

sola, desde Alcalá, patria

de

su hija,

escribe en

de Abril

al

embajador Estrada, que,

aunque

el

doctor Puebla andaba en ello, semcjan-

'

Simancas

,

E. T.

c.

I.

,

Cartai de Fuemaüda.

360
te

Apéndices
,

proyecto era cosa diabólica nunca vista
;

y que

sólo el escucharlo lastimaba los oidos
al

que diga
Reyes,

Rey de

Inglaterra que pierda toda esperanza de
los

que en ningún caso puedan consentirlo

y añade luego al Embajador que apresure el regreso de doña Catalina á España para lo cual man,

da desde luego buques, porque
te

si

antes semejanla

viaje podía ser

útil,

ahora, muerta ya

Reireali-

na de Inglaterra, en cuya compañía debia

zarse la boda de los principes de Gales, su hija

no

podia estar honrosamente sino en compañía de su

madre, siendo además

el

Rey tal hombre como era ^

Pero

la

que

así tan
el

ba, estaba en
el siguiente,

noble y santamente se explicaúltimo año de su vida. Muerta en

doña Catalina permaneció en Inglalas

terra, el

donde tomaron otro giro

intrigas;

porque
cuna,

rey Enrique

comenzó

á tratar la

boda del niño
la

príncipe Carlos (luego Carlos V), casi en

con su

hija la princesa
el

María

cuando murió Felipe

y más adelante, Hermoso, la boda del
;

mismo

rey Enrique

VII con doña Juana. Pero; qué

tiene que ver todo esto, puede preguntarse, con

nuestro dominico Fr. Diego Hernández, ó cuál
era la vida de éste
?

Poco habrá estudiado

las

costumbres de

la

Edad

Media y
el

la

vida interior de las dinastías cristianas,
la

que ignore

parte que

tomaban

los eclesiásti-

cos y singularmente los confesores en semejantes

'

S. E.

T.

c. 1.,

1.

4.0,

fól.

60.

Apéndices
casos.

36 1
el

En

la

corte de

que hablamos,
el

principal

agente de estos negocios y

primer ministro de

obispo de WinchesEnrique Tudor, ter, Ricardo Fox, mal avenido desde el principio
era el fastuoso

con

la

austera vida de la princesa española.

La
mi-

casa y modo de toda, era como

vivir del confesor y de la familia
la

de Catalina, reducida á que

tal

seria, que no puede pagar un solo maravedí de sa-

lario á sus servidores

^

;

se

ve por necesidad
;

abandonada por

éstos,

uno

tras otro ^
los

que en

las

inútiles reclamaciones

que hace á

embajadores

y á su propio padre, tiene que decir que sus servidores viven de limosna
,

que llevan

trajes

remen-

dados y ella está casi desnuda 3; y que aun frecuentemente tiene que vender alhajas de su cámara para

comer, cuando está mala, algún dia de viernes; por-

que

el

Rey, que

se jacta

de mantenerla por caridad

y no por obligación, no quiere permitir que le den cosa de carne, y aun tiene por hereje á quien la co-

me

^.

Bello espectáculo á

la

verdad,

el

de esta pobre

huérfana, hija de dos reyes, viviendo en una insalubre casa, cubierta de ropas raidas, sin tener á veces bocado

y alegre y contenta estudiando idiomas, entreteniéndose con la música y no ocupándose de su propios males, sino de la fortuna ó des,

dicha de

los

que

la

acompañan

,

ya reclamando de

'

Bergenroth
Id.
,

,

doc. 446.

^
*

444
449.

y 449-

Id.,

4 Simancas, E. T.

c. I.,

1.

5.",

\ó\.

59.

46

362
su padre que

yípéndices pague
ú los emisarios

que

le

envia

',

ya pidiéndole dote para sus damas ^, ya procuran-

do á éstas, como á dofía María de Salinas, á doña María de Rojas 3^ y más adelante á Catalina Parr,
enlaces ventajosísimos.

Todo
los

esto, sin
le

embargo, no era bastante
la

;

ma-

yores dolores

aguardaban con ver

división de

embajadores de España, ó con

sufrir la ingra-

titud de

muchos de

sus servidores, la insolencia de

algunos, el extravío y mala conducta de otros.

Ademas del doctor Puebla y del Duque de Estrada, vino á Inglaterra, en Octubre de 1502, el comendador de Haro Gómez de Fuensalida con misión especial

de

tratar el

casamiento de doña Catalina

4.

Así

como el doctor Puebla era dócil y lisonjero instrumento de los caprichos de Enrique VII, este
otro, altanero y orgulloso, de jo con el
tal

manera

se

condu-

Rey, que

S.

A. acabó por no querer

5. Ni era esto lo peor, sino que promismo cediendo al tenor con la casa y servidumbre de doña Catalina, hubo de encontrar en su camino á aquella camarera doña Francisca de Cáceres, á quien hemos visto en relaciones con el paje Gamarra, burlándose libremente, en la noche de

verle ni oirle

boda, del príncipe Arturo. (Expediente de divorcio^

'

Bergenroth,
,

doc. 459.

* Id.
^

446.
420.
c.

Id.

,

4 S. E. T.
5

J.

,

1.

4.^
59.

rol.

25.

Id., leg.

5.^

r61.

Apéndices
página 335). Moza esta tal Francisca, por de mucha cuenta y alegre trato.

363
lo visto,

Lo que hubo

en

la

materia, quédese para el contratamos. El

fesonario, puesto que de confesores

resultado fué que
casa

la
;

Reina tuvo que echar de su
que
el

á la camarera

aun á casarla con un mercader, Francisco Grimaldo, que
á la suya y

Embajador la llevó su mesa; que más adelante logró
el

habia venido de España con
vivia

Embajador y que

en su intimidad, y que para esta boda de conciencia, la caritativa y buena Princesa de Gales,

privada

como

estaba de todo recurso, dio por

via de

dote una cédula ó promesa de cantidad

crecida.

El mercader marido quiso, no

mucho

después,

como ahora
plazo de
la

se dice,

realizar estos valores,
se

y aun

amenazó para hacerlo con que
dote de
la

quedaria con un

Princesa, que el

Embajador
la

tenía en su poder. El padre Fr. Diego, sabedor del

caso y de

cómo

iba en lenguas el honor de

casa
el

de su señora, advirtió á ésta de ello; ofendióse
dio una y otra queja á España

orgulloso Fuensalida, insolentóse con el religioso,
^ y puso de este un grano de acíbar á la copa
,

modo, por
pañola.

su parte,

que habia de apurar hasta

las

heces

la

princesa es-

Ésta, á su vez, noticiaba cuando podia, aunque
sin fruto, á su

padre Fernando

V, cuanto

pasaba:

que cada
'

dia sus disgustos eran

mayores, que sus

Simancas, E. T.

c.

I.,

1.

5/', fól.

150.

364
damas están
que
el

Apéndices
sin

ropa, que ha perdido su salud
Inglaterra
se lo

',

Rey de

no

le

quiere dar un

maravedí aunque
los oJGS,

ha pedido con lágrimas en

que sus criados están próximos á pedir

limosna y ella casi desnuda ^, que sus residencias, ya de Chelthenham, ya de Fulham, ya de Ewell,
ya de Roodstock, son húmedas, estrechas, insalubres
3
;

que poco á poco van desapareciendo sus

criados por falta de paga, y que aun los que quedan, por esta razón, se le hacen muy graves de sufrir por
sus atrevimientos y como el jefe déla

Cuero

,

que

es

causa de que otros
seis

cámara Juan de no hagan su deber 4;

que ha estado más de

meses enferma. Por

cierto que de esta enfermedad, de que hay larga

mención en

el

expediente de divorcio (apéndice B),
el

da cabal razón

médico de

la
al

Princesa Juan de

Alcaráz, cuando en su carta

Rey, 15 de Abril
la

1507, dice

:

Oue aunque

la salud de la Princesa se
,

ha mejorado en

ocasiones anteriores

mejoría ha sido
males de que

más

bien

aparente que re aly porque

los

adolesce son ocasionados

por padecimientos morales que
médicos.

no están al alcance de
se funda

los

La

única esperanza

en su paternal solicitud (de

Fernando Vj.

Catalina buscaba ademas otro remedio y aun á lo lejos abrigaba otra postrera esperanza ; el

Doña

remedio era su devoción cada vez mayor

;

la

espe-

'

2 Diciembre 1505. Bergenroth
S. E.

,

documento 448.

^
5

T.
T.

c.

I., 1.
I.,
1.

5.°, fól.

46.

S. E. S.

c.

5.0, tul. 8z.
5.", fol

\

E.T.

c. I.,

1.

9/'

Apéndices
ranza consistía en buscar en el claustro y en

365
Ja

pe-

nitencia la felicidad que el trono y el amor le negaban. Por esto sentia congoja de no poder reme~
diar la necesidad y haber de presenciar la perse-

cución de su confesor, del cual dice

le

tengo por el

mejor que nunca mujer de mi manera creo que tuvo,
así en vida

y santa doctrina

,

como en muy buenas

le-

tras

*.

No
del

es

extraño que cuando hable de

las reyertas

embajador Fuensalida con este religioso, diga

á su padre que quería más morir que no ver lo que ha pasado y pasa cada dia de este E?n bajador y y no creeré que V. A. me tiene por fija si no lo castiga ^ ; y
se

ligioso se vuelva al claustro y la

comprende además que, temerosa de que el reabandone , afirme
la

candorosamente á su padre que
para mis trabajos
zo que
casi
'el

mayor ayuda que

tengo, es la

buena consolación y esfuer-

me

da, porque crea V,

A. que ya me veo tal que,
mió a vuestra
soy su hija

como desesperada, envió
3

este criado

Alteza

para

suplicarle que se acuerde

como

y

lo

que por su servicio he pasado, y cómo de continuo
,
,

se me acrecienta y no me deje asi padecer porque , según me veo temo de 7ní no haga alguna cosa que ni el
,

Rey de Inglaterra
más, me
por
mi.
lo

ni vuestra

Alteza, que
sino

es

mucho

puedan estorbar,

que forzadamente
el fin de estos
,

haya de enviar para que haga

pocos dias que

me quedan sirviendo

á Dios

que para mi

'

S. E. S. E.

T.
T.

c. c.

I.,
I.,

1.

5>,

fól.

59.

^

1.

5.0, fól. 60.

Juan de Ascutia.

366
ser (i el

Apéndices
mayor bien que en
aquí á
la hija

el ni un do
los


tia

de

me podrá venir Reyes Católicos, á
la

'.

la

carnal de Carlos V, rcclusa, enferma, pobre,

desesperada, buscando su consuelo en
su

piedad y
se sien-

esperanza en
las

el

claustro.

¡Oh! y ¡cómo
las

ten en
tes

habitaciones de

Richemond

corrien-

que parten del monasterio de Ávila, en que
la

nuestra Isabel rehusa

corona
se

Yustc, donde Carlos

V

y desembocan en viste la mortaja!
,

Son además tan razonables
sus

estos proyectos

de

retirarse al claustro, según la vida

que llevaba, que

mas íntimas y familiares amigas los realizaron: D.^ Elvira Manuel entró en las Huelgas de Valladolid (Haro, Nobiliario, tomo i, pág 97); D.^ Beatriz, la dama, en las de Burgos, y Catalina Fortes, en Madre de Dios de Toledo y que andando los
:

tiempos

los

Cardenales aconsejaban á

la

Princesa

que realizase su antiguo proyecto.
Entre tanto
los

el

Rey

Católico

se

cuidaba poco de

toda costa

lamentos de Catalina, estudiaba y preparaba á la invasión de Navarra y no buscaba en
la

Inglaterra

felicidad de su hija,

sino el instru-

mento de

su ambición. Enrique
al

VII, á su vez,
á

viejo y cercano

sepulcro,

muda

cada paso de

propósito, no se cree ligado por palabra ni por do-

cumento, bien que las bodas del príncipe de Gales, Enrique y Catalina, hayan sido ajustadas en 24
de Setiembre
i

502 y 28 de Junio

i

503

-, y

que

el

'

S. E.

T.

c.

1.,

1.

5/', íol. 59.
j.

*

Auj)iN, llistonn de Enñriur l^lll^ cip.

Apéndices

367

instrumento público existiese en poder del confesor Fr.

Diego ^ El primer Tudor

á

nada

se cree obligado,

y ne-

gocia el casamiento de Enrique con princesas francesas
;

y á un mismo tiempo
al

se

niega á

la

boda

concertada,
ción de
la

reembolso de
;

la

dote y á

la restitu-

dando lugar á este magnífico arranque, que no podemos menos de trascribir tal cual lo escribía Fernando el Católico á su embaPrincesa
'^'.

jador Fuensalida
el

Alo

que decis que en caso de que

Rey de Ingalaterra no
que no

quisiere hacer este casamiento

que, aunque yo {^Fernando

V) pida á

la Princesa de
,

Gales , mi hija

,

me

la entregaran

yo no veo

razón porque

el casamiento no se

haga, ni podria creer

que el Rey de Ingalaterra deshiciere el dicho casamiento, porque demás de venir contra su fe , seria to-

enemigos mortales y perpetuos á mi y á la reina doña Juana, mi hija, y á todos nuestros reinos
,

mar por

y

creed que en tal caso

,

lo

que Dios no quiera

que venga, yo tengo tanto amor á la Princesa de
les
,

Ga-

mi hija, y tengo en tanto su persona y su honradez.,
es la

que

mia, que por

el estado de todos los

he de poner mi persona y reinos de la Reina, 7nihija,y
ella

mios , y en tal caso con
cer la guerra al

muy mayor voluntad iria á haturco.

Rey de Ingalaterra que al
o

T

creed que en este caso
de guardar verdad
o se

el

Rey de Ingalaterra me ha
el mundo sobre ello.

ha de hundir

Nuestro Fr. Diego Hernández intervenía en

to-

'

Apéndice B.
S. E.

^

T.

c. I., leg.

806,

fól.

10.

368
das estas cosas

Apéndices
más de
lo

que hubieran querido

Puebla y Fucnsalida, doblemente puntillosos en su calidad de españoles y de diplomáticos. Y en que
intervenía no cabe duda, porque de ello testifican

en son de queja

los

embajadores
el

^,

y lo alega co^.

mo
Yo,

título de

buen servicio
la

mismo confesor

á decir verdad, tengo el

hecho por razonable;

puesto que se trata de

validez ó nulidad de un

sacramento, de su consumación ó eficacia, cosa
parece por todo extremo racional ponerla en manos de teólogos
;

pero
el

el

mal estaba en que ese
y en que esa

sacramento era

del matrimonio, y en que ese
,

matrimonio

traia

consigo una dote

dote estaba en parte pagada, y adeudada en parte,

y en que habia dos consuegros, uno que quería que lo pagado se restituyese y otro que lo prometido
,

ve, internacional y de maravedises, que habia de negociarse con el
se

se le pagase.

Asunto, como

Lord Htgh Treasurer, tesorero mayor, ó como 6 con
el

si

di-

jéramos ministro de Hacienda, conde de Surrey,

primer ministro de Estado Ricardo Fox, de extraííar, pues, que
los

obispo de Winchester.

No
nes y

es
las

tales reclamacio-

quejas y casi mendicidad de la maltrataministros de su
los

da Catalina indispusieran á
gocios de
Princesa.

suegro con Fr. Diego, agente ó gerente de
la

ne-

Aquí

salta á la

vista la in-

'

Simancas, Patronato Real. E. T.
Simancas. Estado. Patronato
153.

c.

I., Icg.

5/', fól. 150.
1.,

^
lio

Real

T.

c.

Icg. 5.",

fo-

Apéndices
justicia

369

de

los

que quieren dar fuerza retroactiva
y de que un confesor ¡cosa extraña!

a la secularización del
se escandalizan

poder público, y

se asustan

pida que no se deje morir de

hambre

á su peni-

tente, y llaman á esto ingerencia de

la Iglesia

en

e}

Estado. Olvidan estos tales el tiempo y

la

nación

de que hablan. Enrique VII, de quien ahora tra-

tamos,

se

gobernó, como

se

ha dicho, por

los

con-

sejos del obispo de Huntonia. Enrique VIII puede

decirse que no tuvo
el

más que dos grandes
,

ministros,

cardenal Wolsey primero

el

arzobispo

Cranmer

luego.

La misma Ana Bolena tenía por director á Rolando Lee, obispo de Dunkam. Gardiner, celebre
al

prelado de Winchester, sin ser extraño

Gobier-

no en tiempo de Eduardo VI,
en
el

es casi el arbitro
la

reinado de María. ¡Y cuánta parte tenian á
las

sazón en

cosas de

España

los

dominicos Deza

y Talavera, y

los franciscanos

Agapida y Cisneros!

Que

el

hecho
;

era fruto de los tiempos, cosa es ave-

riguada

que en destruirlo hayamos ganado habrá
;

quien dude

por lo menos

me doy

á

entender

que

la

hacienda pública no estaba peor entonces
los

en manos de

teólogos que ahora en las de los
los secretos
los

economistas; que

de Estado no

se trans-

piraban más, confiados á
cetilleros,

obispos que á los ga-

y hasta en

las

propias cosas militares,
si

pienso yo que habrá duda de

el

sitio

de Oran,

mandado por un

fraile,

fué

menos

glorioso que

otros asedios que ahora vemos.

Volviendo á Fr. Diego

,

escribia

de su propio
la

puño y ponía en

cifra la

correspondencia de
47

370
Princesa con
la

/Jpén dices
corte de España. Se csíor/aba para
el

remediar

la

pobreza,

hambre,

la

desnudez,

la

ignominia de que
plearse en tales

abrumar, y el emcosas, bien que el mozo Fr. Diese la quería
el

go
se

lo

hiciese con poca discreción y miramiento,

habrá de confesar que era en
debido, y

carácter del re-

ligioso

en aquella época común: era
situación de aquella familia
valerse
la

ademas en
necesario.
Catalina.?
el

la especial

¿De quién habia de

infeliz

Los dos embajadores de España eran para

caso poco adecuados, el uno patrocinado y casi

subdito de su suegro Enrique, el otro tan antipáti-

co al mismo, que ni aun ser recibido conseguía.

¿Habia de emplear á

los

individuos de su serviella

dumbre Los unos frir el hambre y la
.?

se

apartaban de

por no su-

miseria, los otros,

como Juan

de Cuero y algunos, llegaban hasta insolentarse con su señora. ¿Habia de buscar auxilio y con-

en tiempos y circunstancias en que era temible que un veneno sirviese de carta de pago al resto de su dote ; y en que el
sejo de gentes extraíías,

rey Fernando podia decir,

como en

su carta de

Valladolid de 7 de Agosto 1508, que eran capaces
(las

gentes del Rey) de envenenarla para coger la

herencia , y que el

mal

trato á que está expuesta

,

el

mal modo

con que se la trata y la codicia de Enrique^
'?

todo da lugar á sospechar esto

Género de crimen que, por atroz que sea, no solamente ocurría al ánimo suspicaz del monarca
*

S. E.

T.

c.

1.,

1.

5.", fol.

lio.

Apéndices

371

aragonés, sino que para muchas gentes vulgares y

de Inglaterra revestía cierto carácdesde que una calumnia aviesa ó ter expiatorio una política tenebrosa habian reunido en una mis-

aun

escritores

:

ma

razón de Estado

la

ejecución del último Planla

tagenet

Duque de Warvick y

boda de

la

prin-

cesa de Gales Catalina de Aragón.

Ésta vivia ya en Richmond, en

el

palacio real,
las

y

se

alimentaba
;

como de limosna de

cocinas de
el

su suegro

se hacia por tanto más factible
el

aten-

tado
la

^,

en

cual ella sola no pensaba, preocupada á

sazón,
la

de

más que de sus propios males y peligros, pena de no ver por meses enteros á su proel

metido esposo,

bizarro galán,

devoto y

dis-

creto príncipe Enrique, objeto ya de todo su amor:

y ofendida de su despego, á pesar de vivir en misma casa y por mera malevolencia del Rey ^.

la

La muerte de

éste (25 abril 1509)
,

cambió, co-

mo

por encanto

la situación

de Catalina y de su
á ésta,
^

familia,

¿Quién habia de pronosticar

cuando

(en 9 de

Mayo) escribía, como desesperada desde Richmond á su padre, el espectáculo que tres medespués
se le ofrecía?

ses

Eran los más hermosos dias de Junio de 1509. La gran población de Londres, no cabiendo en
sus calles y plazas, llenaba los campos y cubria el Támesis de tiendas y de bateles empavesados. Por

todas partes en cifras y divisas se veian juntas, co-

S. E.

T.

c. I.,

1.

5.0, fól.

59.

*

BlRGENROTH,

doc. 5 1 4.

372

Apéndices

mo en ramillete, las rosas blancas y encarnadas de York y de Lancáster, y en grímpolas y estandartes se hermanaban los viejos leopardos de Inglaterra con
los
las

leones de Castilla, y las arpas de

Irlanda con

encarnadas barras de Aragón.

En
zaba

el palacio
1 1

de Greenwich, en efecto,
^,

se realiel

el

de Junio, dia de San Bernabé

tantos

años há proyectado enlace de Enrique y Catalina.

La ceremonia
Warran
,

se

efectuó según el ritual

romano

prescribe para las doncellas, y no para las viudas.
el

reino, bendijo á

arzobispo de Canturbery y canciller del la virgen esposa y veló á los nueel

vos consortes, según
lina

católico rito. Llevaba Catalas

vírgenes ^, y el rubio y largo cabello suelto sobre su espalda realzaba á la vez la pureza de sus facciones y la majestad de
su ademan.

un vestido blanco como

Nuestro Fr. Diego, confesor y canciller de Catalina, dio principio en aquella ceremonia leyendo en alta voz la bula de Julio II de i.° de Julio de
1504, Auctoritas superna Ro7nani pontifcis en que dispensa el parentesco de los cónyuges, y la ter,

minó depositando en manos del arzobispo Warran, canciller mayor, del obispo de Winchester Fox»
secretario del sello, y de

Thomas Howard, conde
los

de Surrey, tesorero mayor,
niales de

contratos matrimo-

que era custodio

el religioso 5.

'

Bernaldez, cura de Sarrford
,

los Palacios, cap. clxiii.

^
^

pág. 480.

Pág. 328 de nuestros apéndices.

Apéndices

373

Diez dias después, el 21, Enrique y Catalina, en el coimo de la felicidad se embarcaron en Greenroth y subieron por el Támesis hasta la Torre de
,

Londres á descansar en

los

aposentos lujosamente
la

adornados. El 29, con gran ceremonia, dejaron

Torre y atravesaron, para llegar á Wetsminster, las estrechas calles de la City, cubiertas de tapicería y de grana. Cornhil
para
ta se

habia engalanado

como

las fiestas religiosas,
la calle

Oíd Change,

y desde aquel punto hasestaba llena de hermosas

jóvenes que tenian en
res.

las

manos

ramilletes de flo-

La Reina iba en una
sí las

litera tirada

por caballos

blancos, atrayendo á

miradas de todos por sus

adornos y por sus personales gracias. Pocas mujeres la hubieran podido aquel dia disputar el galar-

dón de la belleza , según escribe Lord Herbert de Shrewbury, gran chambelán de Enrique VIII, su
amigo, y testigo y cronista presencial á quien copiamos ^ En la magnífica iglesia de Westminster, sentado Enrique en
la silla

de piedra de San Eduardo,

rodeado de

y grandes de su reino, después de haber sido ungido rey, según el rito católos prelados

lico,

puso por su

mano

la

corona Real sobre

la

ca-

beza de CataHna, y dio

el

beso, no de paz, sino de

amor, á
nupcial

la

santa Princesa á quien pocos dias antes
el anillo

por su exclusiva autoridad habia puesto
:

todo, según el

mismo

escribe, cu7n in-

credibile totius ?iostri regni gaudio^ excultatione et ap-

'

Meddehill,

mss.

,

cap.

163, pág. 236, Agnes Strichlanp

y Audin.

374

Apéndices

plausu \ Por su autoridad decimos, ¿y quien puede ponerlo en duda? Enrique VIII habia firmado,

niño aún y por obediencia á su padre, una protesta contra este tratado matrimonial. Joven y rey era inducido por sus consejeros á tomar esposa en
la

corte de Francia ó de Ñapóles
la

;

su voluntad

fué única y exclusivamente

que anuló aquella

protesta y desoyó estos consejos.

Oue

ello es ver-

dad, que no conoce la historia monarca de com-

plexión

más

absoluta.

La Providencia

le

dio una

voluntad de hierro y un cuerpo de atleta. Enrique VII, su padre, le trasmitió, no como quiera,

un reino, sino una verdadera autocracia. El pueblo
aclamándole con frenético entusiasmo, como que
legitimaba el uso que de ella hiciere. Su voluntad,

pues, durante toda su vida, y más aún al principio de su reinado, era en su casa precepto, en su gobierno ley, en su nación culto
;

movida por

las tres

palancas del carácter, de la soberanía y de
laridad.

la

popu-

Esta alteración en

la

vida de

la

reina Catalina

alcanzó,

como
él

era natural, á su confesor,
se

nomSi-

brado

,

según
,

firma en documentos de

mancas

canciller de la

Reina

^, y

según algunos,

aunque en mi entender con poco fundamento,
obispo sardense
3.

Lo que

tengo por cierto es

*

MS.
S. E.

del Vaticano.

^
^

T. C.J.,

leg. 5.°,fól.

153.
Historia de K^íune

Fernando del Castillo,
y

Domingo y

Je

su orden

páginas 173

j

176

y siguientes.

Apéndices

375

que escribió de su puño y cifró la correspondencia entre Enrique y su suegro, pasando por sus manos
y respuestas de unos y de otros, el secreto de palacio y del reino, quanta secreta de domo
las cartas

vestra et regno lestro cognosco ,

como él
el

escribía im-

prudentemente

^.

Peso grande es para

el

subdito

secreto del

Príncipe, que pone recelo en quien lo confia, y envidia en quien lo
nora.

presume

,

y odio en quien
la

lo ig-

Fray Diego

,

mientras fué confesor de
Princesa,

pobre

y como desesperada

pudo

ser objeto

de

chismes domésticos ó de cuentos diplomáticos:

Reina, y su secreto es negocio de Estado. Antes su caida era posible, peahora llega á canciller de
la

ro dependia del

Rey

Católico, ahora su ruina es

inevitable y está en

manos de Enrique

;

antes se

trataba de confidencias, ahora de delaciones.

Sus adversarios reclutaron en contra suya á Lord

Wiliam Compton, amigo

particular del

fidente de sus ya principiados

Rey y condevaneos la misma
:

condesa de Surrey atribula á malquerencia del
confesor
el

disfavor que

aquellos
esto
,

dias

le

mos-

traba la Reina.

Ademas de

otro cierto Pedro

Morales, capellán de doíía Catalina, que habia
venido de España en compañía de Alixander, y que tenía á título de criado á un mozo de su mis-

mo

apellido,

no servidor, sino
,

hijo natural suyo^

según Fr. Diego aseguraba
'

practicaba contra éste

Simancas, documento antes

citado.

376
el

Apéndices
es

antiguo adagio de que ¿quién

tu e?icmigo? el de

tu ofcio.

ítem, otro repostero de camas y estrados, Diego Vadillo, fué sorprendido por el Fr. Diego y por

un lacayo llamado Jofré, en Windsor, en los aposentos de la Reina en compañía de una criada de
palacio,

en aquello que
,

los ingleses

llaman criminal

conversation y como es natural, culpó al confesor de curiosidad temeraria y guardó al fraile el rencor de quien en tales gatuperios ha sido cogido.

Con

estos antecedentes

no es mucho que
los

los

chismes llegaran á ser clamores, y
gadas hasta

clamores se

formularan en acusaciones, y las acusaciones, lleel Rey, fueran parte á que éste en la

mesa y ante los circunstantes se burlase del fraile; y lo que es más, ordenase contra Fr. Diego un exdijéramos inquisitorial, en que Obispo de Winchester, el Conde de Surrey, y testigos de acusación el Vadillo y el Morales. El acusado no fué oido, ni la sentenpediente,
si

como

fueron jueces

el

cia formulada

;

intimósele

meramente de orden

del

del

Rey que saliese del reino y volviese á los dominios Rey de Aragón necesariamente por mar esto
,

es, sin pasar por los

dominios de Castilla en Flán-

des, ni por los de Enrique en Francia.
fraile

Y como

el

no

se diese bastante prisa, se le

hubo benépeliel

volamente de advertir que su vida corria
gro.

Escapóse con esta admonición

Fr.

Die-

go, á lo que parece, á Francia, reclamó en balde,

y vínose

al

cabo á Espaíía á vegetar en su celda-

Aquí

lo

hallamos en 20 de

Mayo

de 1529 ben-

Apéndices

377
la

diciendo, con licencia del Obispo de Falencia,
iglesia

y claustro del convento de dominicos de
^.

Tordesillas

Más
go en
talina,
el

adelante, en 1531, era citado

como

testi-

expediente de divorcio de Enrique y Caseguido en los tribunales eclesiásticos de
^.

España

En
veces

cuanto á su obispado
le

s arden se

,

que muchas
3^

atribuye

el

cronista de su orden

no ha-

llamos fundamento

para aceptarlo, porque él no se

firma así y porque en el episcopologio de

Sarum
Ed-

hallamos que de 1502 á 1524 ocupó

la

silla

mundo Audley y que de
,

1

524 (en que ya Fr. Die-

go no estaba en Inglaterra) á 1534 fué ocupada por el cardenal Lorenzo Campegio.

Nuestro dominico vivió luego oscuramente, y se ignora el año en que murió en San Pablo de Valladolid,

donde fué sepultado. Cuanto aquí decimos está fundado en documentos de Simancas muchos de ellos inéditos. Con todo damos la preferencia al siguiente, traducido
,

ya por Bergenroth (núm. 603), porque su sencillez

á

la

convence y encanta, y porque retrata al vivo infeliz doíía Catalina, peor tratada hoy por

algunos que lo fué por su marido.

'

*
'

Hernando del Castillo, lib. Véase apéndice B , pág. 328.
Obra
citada, páginas

i, cap.

xxxv,

pág. iii.

173 y 176,

48

378

Apéndices

Carta autógrafa de

¡a

señora Princesa de Gales á
^

Su J/teza, fecha en Richamonte
de
I

á 9 de

Marzo

509.

Muy alto y muy poderoso señor Por una carta, que vuestra alteza al enbaxador escreuyó, vy cómo está determynado envyar aquí
:

un perlado para que se dé fyn á los negocyos por lo qual beso las manos á vuestra alteza, que sygan, {sic) Las cosas de aqua, syempre se enpeoran y my vyda
,

se ace

ynconportable
se

,

no puedo

aliar

ya manera
e

como

sufra

que

las

que asta aquí
,

tenydo
fortuna
,

agora ya no

me
los

aprovechan

porque

my

quyere que

que vuestra alteza aquí envya

al

serbyr, por más sufycyentes que sean, ayan de estropezar en lo que toca á su serbycyo, que es

my
vo-

remedyo y estado de benyr. Este enbaxador, ya
creo sabe vuestra alteza quánto está fuera de
la

luntad del

que no
que
así

le

Rey de Inglaterra, y en tanta manera, quyere ver ny oyr, no porque él no sea
mas por no
le

fyel á lo que creo,

saber tratar, por-

como

el

dotor de Puebla tenía demasiada
los

dulgura en lo que cumpyla en
el

negocyos para con
él

Rey, éste otro a tomado sobrado rygor con
los

y

con

suyos,

mayormente en
ellos,

este caso

donde yo
se aze,

tengo de quedar sujeta á

no me puede aproy
lo

vechar syno

lo

que con medyana razón

por esto yo suplyco á vuestra alteza no olvyde

Apéndices
que muchas vezes
le

379

tengo escryto, que es mandar

presto envyar aquí el remedyo,

como más

fuere ser-

vydo, y con determynacyon de la manera en que vuestra alteza quyere que yo vyva, porque por my

ynposyble tengo poder sufryr
sado y pasa,
las

lo

que asta agora

e
^

pa-

así

de los desabrymyentos del

^cy y de

maneras que conmygo tyene, especyal después
se a

que su hyja
tylla,

desposado con

el

príncipe de Cas-

que

le

parece que no tyene necesydad ya de

vuestra alteza, pues syn su cosyntymyento esto se

echo y pyensa azérmelo entender con muchos desamores, aunque en lo secreto, syn confesarlo,
a

bien conoce que en no tener
tra alteza, le
falta
la

la

voluntad de vuesesto

mayor y myjor parte, y

me
tra

causa tanta pena por ser en deservycyo de vuesalteza, que,
la

aunque otra no tuvyese, no me

dexa que

pase syn azérselo saber, y

Dyos

sabe

lo que yo recybo en enojar á vuestra alteza con

syenpre screvyrle tantas desventuras y nccesydades;

mas acordándome que, como su hyja, no puedo acabar conmygo de no le avysar para que lo mande rcmedyar como á su estado y scrvycyo pertenece, y

asymysmo para dezyrle cómo ya my necesydad es tanta que no sé de donde me pueda sostener, porque hasta aquí me [sic) cámara se a vcndydo lo que no e podydo escusar ny sé de donde lo pueda aver, porque el Rey á mí mysma, pocos dyas á, me dyxo, ablandóle yo sobre mys necesydades c9mo no era oblygado á dar de comer á los myos ny aun á my propya persona syno que el amor que me tenía
,

,

no

le

da va lugar á que otra cosa yzycsc. Por esto

380

J-péndices

verá vuestra alteza de qué manera estoy, quando

con sólo

el

comer
;

se

me amenaza, que
las cosas

casy

me

le

dan por lymosna

y una de

que más syento
están,

es ver á todos los

myos tan perdydos como

que, aunque todos no

me
lo

ayan servydo como de-

byeran, tengo pena por

que toca á

my

concyen-

cya no los poder pagar y despedyr á los que me son causa de muchos enojos, especyal á Juan de Cuero,

que

se

me

aye

muy

grave de sufrvr sus atre-

vymyentos, porque
lo

es causa

de que otros no agan

por

que han de ayer, y esto tcngolo de desymular la necesydad que á vuestra alteza he dycho é
,

más congoxa me da es no poder en nynguna manera remedyar la de my confesor, porque le tengo el myjor que nunca mujer de my
sobre todo, lo que

manera creo que tubo,

así

en vyda y santa dotryna,
,

como en muy buenas letras como á vuestra alteza muchas veces e escryto. Péname mucho no le poder tener, como á su ofycyo y my estado requyere,

por

my

estrema necesydad

,

en

la

cual él syem-

pre

me

a servydo, y con tanto trabajo y

pena que
leal-

nyngun
sejos

otro lo cumplyera, y esto con

mucha

tad, así en su ofycyo,

como en

todos, buenos con-

y exemplos, y en pago desto no me parece que es razón dcxe de azer saber á vuestra alteza
el

quán malamente
en
lo qual

enbaxador

se a

vydo

(nV)

con

él,

mucho me

a enojado,

porque en este

caso a ydo contra el servycyo de vuestra alteza, y la causa a sydo porque el enbaxador ha tomado
tanta alycyon con este mercader

Francyscodc Gry-

maldo, que aquí truxo consvgo y con una

my

crya-

1

'

Apéndices

38

da Francysca de Cáceres, en tanta manera que ellos
al

fyn con su fabor se uvyeron de casar contra

toda

my

voluntad

;

mas como

estoy de tal manera,

de

de desymular por la honra y honestidad vyme en tanto estrecho, que di vna cédula de suma de dy ñeros ámás no poder, y byen
buelo
{sic)

my

casa, y

creo sy vuestra alteza supyese

lo

que á

ello

me

movyó, si toda mi cámara le mandara no me culpara, mas antes me lo ternía á echo, de cuya hyja
y por el enojo que esta mujer me a echo yo la eché de my casa y el enbaxador de vuestra alteza la a tomado en la suya y á su mesa, que
soy:

aun por

lo

que toca á su ofycyo en representar

la

persona de vuestra alteza no
echo.

me

a

parecydo byen

Ame

echo tantos syn sabores con este mer-

cader cada dya, queryendo darme á entender que

querya yr y llebar el dynero del dote sy no le enpe9ava á dar algo de lo que le prometí, de lo qual
se

no

le

debo nada

sy

byen

se

myra my

letra,

my mó

confesor desto todo meavysó,

el

y porque enbaxador to-

y de que conoce quán syn razón esto a echo, por cscusarse dyce agora que el dyél:

tema con

cho

my

confesor se ponga á entender en su enba-

xada, y esto por vyda de vuestra alteza, que es el mayor juramento que yo puedo azer, no es así,
sino porque le envyé a

demandar

la

capytulacion

para ver un punto de que tenía necesydad, porque
el
la

Rey

noqu);cre que

le

vea,

á pedyr, y él

con

este

fuéme forjado en vyárseenojo hase dexado dezyr

tantas cosas, que por
alteza,

no ser para escrebyr á vuestra no dyré más sino que no a myrado byen su

382
scrvycyo
ni la

apéndices
honra de

verdad en
teza lo

ellas;

my casa, y no dycyendo por lo qual yo suplyco á vuestra alcomo no
así se

mande

escrevyr dándole á entender

es servydo ni

contento que

aya con

my

con-

fesor, á la qual,

por

me

acer vuestra alteza señalada

merced

,

le

escryva otra teniéndole en servycyo de

la manera que me a servydo y mandándole que lo contyne syenpre y que no me dexe, porque el, con estas cosas que el enbaxador con él a pasado, ca-

da dya

me pyde lycencya, y creo en nynguna manera aquí quedará sy vuestra alteza para ello no le
fuerza, y porque

me

arya

mucha

falta tal lo estorve

perso-

na, yo suplyco á vuestra alteza se
criba
este
al

y

es-

Rey

,

como
le

vuestra alteza a
él,

mandado

á

padre que esté conmygo, que

por amor de
tratar

vuestra alteza,

quycra mandar

muy byen

y faborecer, y á sus perlados les tenga vuestra alteza en servycyo, su estada aquí, porque la mayor

ayuda que para mys travajos tengo
consolacyon y esfuerzo que él vuestra alteza que ya me veo
desesperada
,

es la

buena

me
tal,

da; porque crea

que, casy

como

envyo

este
le

cryado

myo

á vuestra al-

teza para suplycarle se

acuerde como soy su hyja

y lo que por su servycyo e pasado, y

como con
padcr
éste

ty-

no
lo

se

me
lo

acrccyente y no

me dexe

así

{sic),

syno de

que fuere más servydo luego con
escrevyr, porque, sygun
,

me

mande

de mí no aga alguna cosa que
terra,

ny vuestra

jHiedan estorvar,

veo, temo Rey de Inglaalteza, que es mucho más, me lo syno que forcadamcnte por mí

me

ny

el

aya de cnvyar para que liaga

el

fvn dcstos pocos

Apéndices
dias

38;^
á

que

me quedan

syrvyendo

Dyos

,

que para

será el

mayor byen que en

el

mundo me podrá

venyr, y en guardar á vuestra alteza, cuya vyda y muy real estado nuestro Señor guarde y acreyente, como yo deseo; de Ryxamonte á ix de Mar90.
,

Suplyco á vuestra alteza luego mande despachar á
este

que aunque

mensajero y le mande dar para la buelta, porlo que fué menester para la yda uve de
así

algo de my cámara, y syempre, aun para comer, quando no

mandar vender

lo

ago

me

syento

bien dyspuesta y es tyempo de pescado, porque
carne,
la

aunque

esté para

moryr, en casa del Rey no quyen
la

dará, porque tyene por erejes á

come.

Humyl

servydora de vuestra alteza que sus manos

vesa, la Pryncesa de Gales.

— Su

rübryca.

APÉNDICE
Ya conocen

F4._Fr. Jorge de Ateca.

nuestros lectores á aquel reverendo
,

padre Fr. Jorge de Ateca

que recien venida doña

Catalina fué su confesor, y que á no dudarlo fue sustituido por el otro dominico padre Fernandez,

de que acabamos de hablar.

A
ble

la

huida de
se apeló

éste

tenemos por más que proba-

que

nada nos
él

lo indican los

de nuevo á Fr. Jorge, y más que términos en que habla de

nuestro Fr. Francisco Diago, cronista diligentí,

simo y veraz
provincia,
el

de su propia orden y de
al
^

la

misma
padre

cual, refiriéndose

convento de Caque
el

latayud y sus hijos notables, dice

Ateca era tan letrado
gioso de

v

de tan buenas costumbres^
cofifesor

que pidiendo en Inglaterra por

á algún relilos

España^ doña Catalina, hija de
después con Enrico

Reyes

CatüliroSy

casada primero con Arturo rey (sic) de

/¡que Ila isla,

y

VIH,

hermano de

Arturo,

se echo

mano de

él.

Llego no ?nucho después á
hiciese an-

ser obispo de la ciudad de

Andafé para que
Ir,

dar y ir adelante la fe de Cristo contra vantaban las herejías , etc.
'

cual

se le-

Diago,
II, cap.

Historia de

Aragón
267.

en la orden de

Predicadora,

li-

bro

xcn,

fól,

Apéndices

385
al historiador

Nc
el

tomando nosotros en cuenta
el

dominico,

de escribir Landaff, y juego de palabras de anda fe , y el llamar rey al
bizarro

modo

príncipe Arturo, lo cual acredita que sabía poco de
Inglaterra, queda siempre la aseveración de que
Fr. Jorge llegó al obispado no

mucho después que
i

al 7,

confesionario, y
es

como

su pontificado data de
la regia

5

1

de

inferir

que ese llamamiento á
fuese

penies-

tenciaría

no

muy

anterior.

De

ello

debe

tar enterado el historiador del

mismo hábito que
los

Ateca, que escribe, como aquel que alcanzó á

que
del

le

conocieron, en
el

los

sitios

en que vivió y

murió

Obispo de Landaff. Se deduce asimismo

modo de decir, que Diago se refiere á un segundo nombramiento de confesor en tiempo de Enrique VIII, ó que ignora
cipe Arturo.
el

primero en

el del prín-

No
á este

será el último
pacífico

:

entre tanto dejemos en paz

religioso

y pongamos

la

vista

en

más noble y

resucito personaje.

49

APÉNDICE

F5.

— Fr.

Juan Forest.

Ocurrían

estas

cosas en los primeros años del

reinado de Enrique

VIH.

Los tiempos borrascosos no hablan llegado todavía, pero ya aparecían en el horizonte nubes que

contristaban

ánimo de Catalina; Enrique estaba ausente. ¿Qué más dolor que la ausencia para quien
el

ama?
Expuesto ademas en Francia á
guerra, quizá á
las

los rigores

de

la

seducciones de otras mujeres.
asistir á fiesta

Catalina había hecho voto de no

pú-

blica, ni usar insignias reales durante la

ausencia

del

amado
la

esposo.

Ayunaba siempre
las vigilias

los

miércoles
la

y viernes, y á pan y agua

de

Virgen.
carne,

Durante
ni

separación ofreció no probar
,

la

hacer más de una comida Pasaba
las

ni

dormir más de cuade
sus

tro horas.

veladas en compañía de otras
el oficio
la

devotas damas, recitando

Virgen,

al

mismo tiempo que preparaba con
vendajes, bálsamos,

manos
los

hilas,

ungüentos para
ausencia del

los heridos.

Bien era todo eso necesario, porque
ses,

escoce-

aprovechando

la

Rey, amagaban

yípén dices
al

-^87

reino por

la

frontera del Norte, y allí, nuestra

doña Catalina, envió

mayor golpe de tropa
esforzada, se puso á
día con
tuallas.
la

Conde de Surrey con el posible é ella, como Reina
al
;

la

resistencia ', á todos acu-

La

hombres, caballos, dinero, municiones, vihija de la Reina Católica mostraba bien
la

sangre de que descendía y

escuela en que se

habia educado.

En

aquello del voto de

la

no

asistencia á con-

curso público y del no uso de las joyas, fué, con

todo, necesario usar dispensa con

la

ocasión que

aquí apuntamos.

Hay en

el

llamado Walsingham, levantado á
aguas en

condado de Norfolk un pueblecito orillas de un ria-

chuelo, que á poco más de dos leguas vierte sus

mar del Norte agrupado ademas al rededor de un antiguo santuario que le da nombre, Santa María de Walsingham, de gran celebridad
el
,

en Inglaterra. Allí

se

veneraba un sepulcro,
el

tradi-

cionalmente reputado nada menos que por
Santísima Virgen. Así es

de

la

romerías que á

él

peregrinaciones y se dirigían, aventajaban á las célas

que

lebres del sepulcro

de Santo

Tomas

Cantuariense.

El

mismo Enrique VII, que,
,

á pesar de su prola

verbial avaricia

habia sido gran devoto de

Or-

den franciscana, fundando, entre otros, los monasterios de Greenwich y Richmond, habia enriquecido
el

de Santa María de Walsingham con

la

'

Cura de

los Palacios

,

Historia de

los

Reyes Católicos

,

c.\

pítulo CCXLIII.

388

Apéndices
hoy

fábrica de la Igle:ia, cuyas ruinas son todavía

objeto de curiosidad y embeleso de anticuarios y
artistas.

A

este santuario, pues,
se

ceremonia
implorar

con gran publicidad y organizaba una peregrinación para

el auxilio del cielo

en favor de Enrique y

de

las

armas inglesas ^
las

Eran

últimas semanas de primavera de 1513;
el

Norv\^ich era
la

punto de reunión de
la

la

corte y de
el

gente más granada de

romería

;

pero

pue-

blo todo del país y de los condados colindantes había concurrido á los lugares circunvecinos.

Desde
Reina
con
li-

Norwich
en su

hasta el punto en que se veian las torres
la

del monasterio,
litera
:

comitiva fué á caballo,

la

allí

echaron todos pié

á tierra,

geras excepciones, y se ordenó procesionalmente
la

marcha. Era de ver aquella larga cadena de
los

gente desfilando por

azafranares y sembrados
el

de Walsingham

:

cada pueblo llevaba
la

estandarte

de su blasón, cada gremio
patrono. Brillaba, dice
el

imagen de su santo

códice de un archivo

particular que copiamos, el gremio de los pesca-

dores de arenques de Yarmouth, con tres redes de

oro extendidas en forma de pabellones sobre

la

imagen de San Andrés, que llevaba

el

aspa en una

mano

y un pez en la otra ; coros de niños y grupos de mujeres cantaban acá y allá, ora los himnos, ora las letanías de la Iglesia, ora la canción siguien-

^

Debemos

la

relación, cuyo extracto hacemo";, á una ilustr;
está prohibido revelar.

Lady, cuyo nombre nos

! ,.

, ,,

,,

Apéndices
te,

389
menos
licencias po-

que

,

como

se

verá, con

las

sibles

traducimos.
La Rosa
real

de Inglaterra

En
La

Francia quiere brotar,
la trujo

Dios

omnipotente

flor,
,

que es Rey, salvará.

Rosa
Dice

Rosa , noble Rosa
,

Tu nombre
,

que

es

noble asaz

la flor

de Inglaterra
majestad.

Y
Tu
En

del

Rey

la

El Abril con sus escarchas
desarrollo detuvo
j

Francia se abrirá pronto

Su invicto y rojo capullo. Rojo , que habrán de temerlo
Sus enemigos ocultos,

Y en
Ha

Francia, de sus amigos
el triunfo.

de coronar

Y

San Jorge el Patrón te guia Dios, adonde le plazca,
\

Plante tus tallos

oh

rosa

Vencedores sobre Francia.

Por

tí,

¡oh Rey! toda Inglaterra
,

Oraciones reza y canta

María y Jesús te guien , Dios te ampare en las batallas. Galán San Jorge Patrono,

Campeón
Salva

de Nuestra Señora

,

á nuestro rey

Enrique

Dia y noche, á todas horas.
Enrique, que
es nuestro rey,

Flor de Inglaterra y corona

Por eso

es tu
,

nombre noble,
regia

Rosa

,

Rosa

Rosa

^

The Rosse

wollc en to Fianwse spring

,

, ,

39 o

Apéndices

La Reina iba, según el manuscrito, inmediatamente, acompañada de su padre confesor, de su capellán mayor, del embajador de España

Ruy Gó-

mez de

Fuensalida y del anciano Marqués de Rutland, deudo cercano de la familia real. Seguíanla,
entre otras damas inglesas, nuestras compatriotas

doña Elvira Manuel, su camarera, y doria María de Salinas, luego Lady Willoughby, y cerraban la

marcha algunos escuderos y caballeros, que de los condados vecinos hablan acudido para su real cus-

más de doscientos jinetes, mercaderes españoles de Londres que habían acompañado al
todia, y
,

Embajador,
El eclesiástico inglés habla
el
,

de noble

linaje,

de que
la

manuscrito de Simancas, limosnero de

And

Almythy God hym thydcr bring save this flowr wyche ys our King Thys Rosse this Rosse , this ryall Rosse
,

Wyche ys callyd a nobyll thing The flowr of England, and soydour King
This apryll schowyrs wyche as fulswet Hat bound Thys Rosse not zct ful blowne j Yn France he woll his levys schote Hys ryztg to conquer , his henmys to Knowe Thys Rosse , that is of color rede Wyll seke his henmys both far and wy de And with his bemys he woll Fransse lyth Sent Jorge Protector he hys good gyd God sent this flowyr wer he wold be

To

spreyd hys flowrs to hys rejoysing,

Hyngland for hym schal pray and syng. Jhesu and Mary, full of myzth

Yn AU

France

to

have thc vyctory;

Good

be his gyde in

al!

his

ryzth

j

Swet sent Jorge owr Ladyes Knyte Save King Hary bothe by clay and nygth.

Apéndices

3q i

Reina, habia cuidado de dar un noble de limosna á
cada pobre durante todo
caritativa Princesa.
el tránsito,

obra pía que
la

quiso inútilmente perpetuar en su testamento

Llegada que fué á
te

la

población, entró brevemen-

con sus damas en casa de Lady Elisabeth Burth,
,

condesa de Clare
real,
la

y

allí

se

desnudó del manto
se

que entregó á su camarera, y
la

despojó de

corona, que puso en manos de Lord Rutland:
descalzasen, y así cu-

hizo que sus doncellas

y sin más adorno que el largo, sedoso y dorado cabello, que le pasaba de la cintura y envolvía el esbelto cuerpo, se presentó á las aclamaciones de los circunstantes, y
bierta sólo del sayal franciscano,

fué recibida canónicamente por

la

numerosa comu-

nidad. Ofició el obispo de Ely, predicó

un conde su
bien,

ventual franciscano, y

como en

el discurso
al

elocuente oración hubiese de nombrar

aventurado fray Diego, de Alcalá de Henares, lo
hizo con tan correcta pronunciación castellana, que
la

bendita Reina no pudo

menos de levantar
fijarlos
la

sus
el

hermosos, redondos y serenos ojos y

en

predicador. Sorprendióle que, teniendo

voz enflor

tera y argentina, como de un hombre en la de su edad su figura demacrada y penitente
,

casi

parecía de un

hombre de

sesenta años.

reverendo Fr. Juan Forest: quiso verle, terminada la misa, y como enviara á buscarle con

Era

el

un su gentil-hombre

,

recibió por
él

respuesta que

aguardase su Alteza, porque

estaba con personas

de mayor respeto. ¿Quiénes eran éstas? Los Icpro-

392
sos del hospital,

Apéndices
que pocos años antes, cabalmente
nacimiento de doña Catalifundado, y que aun hoy es casa

en

el

que

siguió al del
allí
^.

na, había sido

de beneficencia
y en

Allí fué á buscarlo la caritativa Princesa
tal

,

y

allí,

ocasión, hizo el conocimiento del que hael

bla de ser

más constante de
si

sus confesores

y

uno de

los

más

ilustres mártires del sacerdocio briel

tánico. Piense el lector

entusiasmo de

los pe-

regrinos creceria y estallaría en aplausos y bendi-

ciones á

Reina y á la exortacion del elocuente franciscano en el atrio del
la vista

de

la caritativa

hospital.

Allí es de creer que continuó Fr. Juan algunos

años más, siendo luego elegido guardián del con-

vento, y es probable que no

lo dejase hasta la elecla

ción de Fr. Jorge Ateca, en 15 17, para Landaff.

sede de

Pero dado que
otros, cuyos

la

Reina confesase

á veces

con

nombres no hemos

podido descubrir,

Forest es indudablemente el director de su conciencia, y su padre espiritual {ghostly Father) des-

de esta época hasta
y de

el

proceso de divorcio.

Debe

consignarse así, no sólo para honra del religioso
la

Reina, sino por respuesta á aquellos que
tal

pretenden que

genero de vida entibia

los

más

puros afectos domésticos y torna el y el carácter intolerante. Si el ejemplo de

ánimo apocado
la hija

de confesión de Hernando de Talavcra

,

conquis-

'

Boiic/iknií de

Múityrci Augliia.

Apéndices

393

tadora de Granada, amante y paciente esposa de Fernando V, no fuera testimonio de lo contrario,
la

conducta de su hija,
de

la

confesada del padre Fo-

rest, la autora
tir

la victoria

de Hedenfeld
lo daria

,

la

már-

esposa de Enrique VIII, nos

aún más

elocuente.

Durante la ausencia de su marido, dice un historiador contemporáneo, su mujer gobierna el reino
con
feliz

prudencia. Esta joven,

fiel

á sus prácticas

piadosas, merece, con todo, ser estudiada, no sólo

en

ellas, sino
allí

en su correspondencia con Wolsey.
á la verdad todo el fuego de la san-

Muéstrase

gre española. Está enfermo Enrique, ella se ator-

menta,
orgullo
el

se inquieta
;

y pierde el sueño. Enrique es su
ella felicidad

sin

Enrique no hay para
la

en

mundo. Al saber
escribe,

jornada de Newgate se arel

rebata de alegría, y en
le
si

exceso de su entusiasmo
le

que semejante victoria
la

honra más que
*.

hubiera conquistado

corona de Francia

Ex-

pansiones del corazón son éstas que es necesario

conocer y tocar para tener cabal idea del carácter de Catalina ; la cual no es, como quieren pintar los
historiadores protestantes, una beata absorta siem-

pre en éxtasis místicos de oración, sino, por
trario, el tipo

el

conla

de

la cristiana,

de

la

esposa y de

Reina.

Mejor, en verdad,
inglés

la retrata el
:

gran dramático

cuando escribe

))Vé, sigue tu

modo de

ser [go thy vz'ays)^ Cata-

'

EUisy páginas 83 y tZ.

SO

:

394
lina

Aphi dices
(usa
el

diniinurivo cariñoso Kate). Si hay un

hombre en

el

mundo

que declarase poseer mejor

esposa, que en nada sea ya crcido por haber
rido en esto.

men-

))Tú eres

la sola

por tus raras cualidades, por tu

noble dulzura, por tu mansedumbre,
ta,

como de sanpor tu conyugal gobierno obediente aun en el y
tus virtudes soberanas
si

mando;
te

y piadosas á
las

la

vez

proclaman,

pudieran, reina de

reinas ter-

restres.
í)Ella
la

nobleza verdadera,

ha nacido de noble raza y cual conviene á se ha conducido conmigo '.»
la la

Enrique en tanto
Se

tenía olvidada.

En

Calais

da á galantear á

mujer de Sir Gilbert Fail-

bois,
á

que, poco después, dejó aquella ciudad y vino Inglaterra á habitar una casa de recreo pertene-

ciente á su real amante, llamada (según el gusto de
la

época) Jerichó, situada en

el

condado de Essex,

cerca de

New

Hall, hoy convento del Santo Se-

pulcro y casa de educación de señoritas.
'

Todo

el

Ky

Hen.

Go

thy ways , Kate
i'th'world
,

The man

who
in

shall report

he has

A

better wife, let

him

nought be

tiusted,

(For speaking

false in that:
,

Thou

art, alone

Ifthy rare qualities

sweet gentleness,
,

Thy meckness
Obeying
in

saint-like

wife-like government
parts

commanding and thy
earthly queens.

Sovereign and pious else, could speak thee out)

The queen of And like her
,

— She

is

noble born;

true nobility, she has

Cairied herself towards me.

Shakespeare,

lltruy

VIH. Acto

ii,

cfcena 4.*

Apéndices

395

mundo

hablaba de

las

frecuentes vásitas <^ue el

hacia á su dama. Sola Catalina parecía

Rey ignorarlas ^

Así seguían

las cosas

por

los aííos

de 1527, cuan-

do

se principió

á hablar de dos grandes escándalos.
á

Del uno censuraban
otro

voz en cuello todos

los

príncipes, todas las naciones de la cristiandad. Del

murmuraban muy de quedito

los

maldicientes

de Londres, y no osaban hablar sino al oido las gazmoñas (prudes) ladíes de Inglaterra, y sin embargo (misterios de
la

historia y de la política)

,

del

primero apenas ha quedado rastro; del segundo duran todavía las terribles consecuencias. El saco
de

Roma es el uno, y el otro que VIII con Ana Bolena.

los

amores de Enri-

No

conviene á nuestro propósito, meros bióimperiales, ó entrar en detalles de los

grafos de Forest, explicar el gran atentado de Bor-

bon y de
su propia

los

galanteos del marido de Catalina con una

dama de
preten-

mujer

:

importa

decir que

el

dido teólogo coronado en Inglaterra, siguiendo en
esta ocasión,

como en
la

otras

muchas, su gusto peel

dantesco, celebró una grande asamblea para juzgar teológicamente
ofensa recibida por

Papa,

de quien

él á la

sazón era protector y aliado. En-

tre los teólogos

que más

se

distinguieron en esta

ocasión, brillaron, por su elocuencia y su doctrina,

Latimer, obispo de Worcester, y
Forest.

el

franciscano

Envióse un ejército en parte asalariado por

las

^

u'líiva '<ír¡ik¡,7tt(J

,

tomo

IV, pág. 915.

]()6
cajas de
se

/Ip en dices

Enrique en íavor del Pontífice. Enviáronal

también embajadores para mostrar

Papa

los

supuestos escrúpulos del esposo de Catalina y sus

prentensiones de divorcio.

Para abreviar, siguió este negocio como todo

el

mundo

sabe. Llegó Enrique á punto de querer obsu

tener de

mujer, por

la

violencia,

la

separación
la

que no habia podido recabar del Papa con
cresía
;

hipo-

fué menester ante todo aislarla, aterrarla,

como

si

fuera eso posible en quien lleva siempre
la

consigo

compañía de su conciencia y cuenta confiadamente con la protección de Dios. Persi-

guióse,

como
la

era natural,
la

al

poderoso cardenal

Polo para que no
ra

protegiera, al sabio Vives paal

que no
la

aconsejara,

santo Forest para que

no

consolase.

Pero todo esto hipócritamente,

según Enrique tenía por aquel tiempo de costumbre. Para encarcelar al confesor se dieron por
tivo
las

mo-

doctrinas ultramontanas ó papistas, que

tiempos atrás habia mostrado en su conferencia con

Latimer

eo pretextu, in

quod Hugoni cuidam Lat'wiero
debacel

h ¿erético ^ Uberius
canti restitisset

'.

Papam cora?n ipso Rege Dos años habia pasado

po-

bre religioso en dura y horrible cárcel, entre ladrones y facinerosos, cuando llegó á noticia de la reina Catalina, á la sazón en Kimbolton, que habia sido

condenado
los

á ser

vo

:

y no pudiendo resistir

ahorcado y quemado vial dolor, le dirigió una

carta,

que todos

autores copian,

como Riva-

'

VVAPnnvGUb

,

yJ/irJt's i/iiiionoi!

,

tomo xvi,

pág. 865.

Apéndices

397

dcneyra, y que concluye con estas ticrnísimas paEl Señor sea con vos , padre ?nio de mi alma, labras
:

acordaos de

?ní

siempre ,

e?i

la tierra

y en

el cielo de-

lante de Dios. Vuestra hija desconsoladísima Catalina.

La

contestación que el religioso dio por
la

medio

de un sirviente de
vorecía, no es

prisión, que seducido le fa-

menos

tierna ni

menos digna. Estas

Son sus ultimas frases:

De

vos y señora, hija ?nia

a?nantisima, vivo y muerto siempre tendré cuidado y suplicaré al padre de las misericordias, que á la medida de
consuelos.

vuestros dolores sea la de vuestros gozos

y

Envió á V.

M. mi

rosario

,

porque, á

lo

que

dicen, no

me quedan mas que

tres dias de vida.

En
los

efecto, esta carta se escribía en

Newgatc

(Portanova) donde no permanecen sino pocos dias

condenados. ¿Por cuál accidente sucedió que

muriese

mucho

antes

la

consoladora que

el

senten-

ciado, y que mediando entre ellos esta correspondencia en 1535, Forest, que no contaba sino tres
dias de vida
,

alcanzase á ver otros tres años?
el

Algo nos levanta

velo de este misterio el veel

nerable Rivadeneyra cuando apunta en
siguiente que una criada de la Reina
le

párrafo

escribió el

continuo llanto en que estaba su señora por la muerte

que á él se que
si

le

aparejaba, rogándole encarecidamente

queria que viviese la Reina, procurase escaparse
:

de tal muerte

ella respondió reprendiéndola y dicien-

do que no hahia la criada aprendido de su señora á escribirle lo que le escribía. El velo se levanta todavía

más, hoy conocemos
carta y la carta

á la

persona que escribía esa

misma. La dama era Elizabeth lianí-

398

Apéndices
,

mond
de
la

que

,

por

y á

nombre de Dorotea Lichla

iield, trasmitía al

encarcelado confesor

voluntad

Reina.

Si es posible, decia,

de cualquier

modo que

sea,

que os escapéis con auxilio de algunos amigos, yo
os

ruego que no nos dejéis huérfanas, porque temo
la

ademas que mi señora

Reina, conmovida por tan

funesta desgracia, caiga en grave enfermedad y

muera

al

cabo. Si feri possit aliquo modo

^

ut amico-

rum quorumdam

opera evadas ^ queso ^ ne nos te or-

batas ve lis relinquere; time o enim

m Domina mea Re-

gina tam funesto commota casu in gravem incidat mor-

bum

y

mortem incurrat
te salutat

,

etc.

Soda mea Dorothea
que pasaban á
fines

Lichflde que

ex animo.

Todos
de 1535,

estos antecedentes,

me

hacian inexplicable que Forest no

subiese al patíbulo hasta el 22 de

Mayo
la

de 1538;

y

me

decia yo
la

:

¿

Insistiría quizá

Princesa de

Aragón con

firmeza propia de su raza en procu-

rar la cv^asion de su confesor,

máxime

teniendo,
la cárcel

como

consta, de su parte sirvientes de

que entretenían la correspondencia y algunos amigos decididos? {quorumdam amicorum,) ¿Cedería al
fin el religioso

á poner en salvo su vida por no ar-

riesgar la de su señora? ¿Podría al cabo escapar,

como escapó
libró Geofrois

Luis Vives, de Inglaterra y

como

se

de

la

Pole de

la

matanza de toda su

familia?
estas

Algo en mi entender, y aun mucho, aclara
la sencilla

dudas

narración del capítulo xxxvi
se

de nuestra Crónica. Allí no

da á Forest ni
la

la cali-

dad de

fraile ni el

dictado de confesor de

Reina.

Jífendices
Allí se refiere que,
tos, se

399

con viajes cautamente dispuesla

había evadido de

cuestión del juramento.

Los seides de Cromwell,
todavía
cos.

sin

embargo, perseguían
estos mise-

más cautelosamente

á los sacerdotes católi-

Vuelto Forest á Londres, uno de
y á
vez que otros pecados,
:

rables, fingiéndose penitente, se acerca al confe-

sonario
cir

,

la

le

viene á de-

en confesión

«Padre, á mí
al

ciencia después que juré

me mueve la conRey por cabeza de
le

y sando en
Iglesia

me
la

arrepiento.» El

buen Forest, no pendijo: «Hijo,

malicia del penitente,

Dios no demanda sino arrepentimiento, y tal le podéis tener que Dios os perdonará.» Y antes que
el

confesor dijese más,

el

penitente dijo: «Padre,
Forest respondió: c(No
dejaré

¿vos jurastes al Rey?»

Y

por cierto, que antes
tal

me

cosa. »

Y

luego se levantó el

quemar, que jure mal hombre y dila la

jo: ((No quiero

más
la

saber. »

A

traición siguió

inmediatamente

denuncia, á

denuncia

la

cár-

cel, á la cárcel el suplicio.

Pero con circunstancias

notables referidas en la Crónica. Levantáronse dos

tablados frente
el

uno

á otro.
el

En uno
el

habia de subir

mártircatólico, en otro

ya protestante Latimer.
acto,

El consejo del

^ty
el

presenciaba

como

el

Rey mismo

autorizó en otra ocasión una ejecución

semejante con

maestro de escuela Lambert;

la
la

disputa sobre fe que
Crónica.

medió

está

referida

en

Aquí
el

interesa sólo consignar

que Forest

,

según

inédito cronista, echa en cara á su contrincante

el

haber mudado de opinión desde que otra vez

400
con
él

A'péndices

mismo

habia discutido

sobre

el

saco de

Roma.
Se infiere, pues, que
el

confesor de

la

Reina

fué encarcelado por primera vez (1533), para au-

mentar
to de

el

aislamiento de ésta
;

,

y con mero pretexarreció la persecu-

papismo

que cuando

se

ción de Catalina y se exigió
fué,

el juramento (1535) Catalina, trasladado á Newde como partidario
allí,

gate y sentenciado; que de

por industria de

la

Princesa, y casi á despecho suyo, pudo evadirse
:

ésta es la laguna

de más de dos años que San-

derus y los historiadores dejan entre la sentencia y la ejecución, y que la Crojúca llena ahora. En fin,
Forest, preso de nuevo y condenado por supuestas herejías
,

consiguió en Smithfield

la

palma del

martirio. Norfolk, católico y presente en el consejo, quiso, á lo que parece, mediar en la controversia entre

dió, y el
brilló

Latimer y Forest. Cromwell lo impiconvencimiento del católico franciscano
la

con
,

misma

luz que el del sacramentarlo

Lambert
ron
al

con

la luz

de

la

hoguera

,

pero con un
Arrastra-

refinamiento

de crueldad, según

Hume.
allí

pobre viejo á una horca
ciñendo
se
al

cerca dispues-

ta, colgáronle á ella

cuerpo una cadelas

na de hierro, como
el

suspenden

calderas en

hogar de

los

labradores,
,

encendieron debajo

formidable hoguera

pero de

modo que

pudiese

asarle lentamente sin matarle de pronto.

No

bas-

taba sin duda á los verdugos atormentar lenta y cruelmente el cuerpo era también necesario que
,

el

alma padeciese.

Una

plebe fanática c

inmunda

, ,

;

1

Apéndices

40

injuriaba al mártir con calumniosas canciones. Ri-

vadeneyra

se refiere á ellas:

mejor y más convenien:

te nos parece copiar alguna

Fraile Forest, fraile Forest,

Ese villano impostor,
QvLt se

empeña en que

le

quemen

Pues con terca obstinación,

Al Rey, cabeza de

Iglesia,
^.

Y

el

Evangelio negó

Esta música infernal,

acompañada
las

del estallido
,

de
ios

las

llamas, no dejaba oír ni

exortaciones
al

ni

lamentos del mártir. Encogió éste

principio

las piernas,

pero arrepentido luego de su flaqueza,

las dejó caer.
la

Entonces, para avivar

lo material

de

llama y lo intenso del dolor moral, arrojaron
la

en

hoguera un gran

crucifijo

de suma venera-

ción en Gales, y que para este efecto habian traído expresamente á Londres. Su vista debió horrorizar,

pero alentar también

al

mártir, viéndose morir

misma llama que consumía la imagen de su Dios. Dábase con la diestra golpes de pecho, levantó ambas manos al cielo clamando en estentóen
la

reo grito:

DOMINE, MISERERE MEI.y
á
los

como

llegó elfuego

pechos, no habló

más y

dio el

alma

á Dios.
'

Forest the friar,
liar
;

That infamous

Thatwilfully will be dead In his contumacy The gospel doth deny ,

The King

to be

supreme head.
cap. xvii.

AuDtN, Enrique VIII,

402
Dícese que
del mártir, y
las

Apéndices
llamas no consumieron
el

cuerpo

que una paloma blanca vino aquel
¿

dia á posarse sobre su cabeza,

Es esto piadosa

creencia de gente vulgar, ó es

la

paloma símbolo
á

de aquella nobilísima dama española doña Isabel
de Carvajal, que fué expresamente á Inglaterra
recoger los restos de los mártires

con
lo

ellos el ya rico tesoro

enriqueció , y que de nuestras iglesias? Ni
fria

sabemos, ni imporra averiguarlo. El hecho,

é históricamente narrado, es bastante para dar á

conocer

la

tolerancia del protestantismo en su cuna,

las altas virtudes

de

la

princesa española, primera

víctima del cisma de Inglaterra, y sobre todo, el heroico aliento del que fué su padre espiritual y su

mejor consejero.

APÉNDICE

F

6.

— Tomas Abel ó Aele.
el

En

el

momento que

venerable franciscano
la

Forest fué, por decirlo así, arrancado de

ser-

vidumbre de la reina Catalina y arrojado á una prisión de malhechores y ladrones, la pobre Princesa
al

hubo de tener gran
¡os

dificultad para reemplazar
los

santo anciano, á quien ella habia descubierto

secretos

íntimos pensamientos de la conciencia y y del alma durante largo tiempo. Por una parte , ella

no habia confesado nunca, sino en español
which language she has ever
confessed),

(in

según escri-

bía Sussex al Consejo privado; por otra parte, los
eclesiásticos españoles, antes residentes

en Ingla-

terra,

andaban escondidos ó prófugos, porque, co-

mo

decia Luis Vives, creian acertadísimo meterse

en su casa {consultisimum judicabi

domum

rediré'),

Y
como

citamos

al

eminente humanista valenciano,
eclesiástico,

no en calidad de
testigo

que no

lo era, sino
las

de mayor excepción para juzgar

vicisitudes de aquellos tiempos.

Con

todo, dos eclesiásticos habia aún

al

lado de

Catalina, jóvenes ambos, instruidos
rara coincidencia, de igual

uno y
:

otro,

y por

nombre
,

Tomas

Barker,

franciscano

como

el P.

Forest

y quizá su

compa-

404
ñero, era el

^ipén dices

uno;

el

otro era

lomas Abel

ó Able,

eclesiástico secular,

de noble familia inglesa, alumla

no aventajadísimo de

universidad de Oxford, en

donde habia recibido los grados de Bachiller y de Maestro en artes en 1516. Ordenado luego, entró en la servidumbre de Catalina para desempeñar la
plaza de capellán y limosnero, vacante, que habia
ejercido antes que
él
,

y desde

la

venida á España,

aquel capellán, llamado

El inglés, nunca nombrado,

y de quien

,

cartas en el

sin embargo, se conservan noticias y archivo de Simancas (Estado lega:

jo 806, folio 9).

Admitido en

la

servidumbre de
que-

Catalina, fué maestro suyo de varias lenguas y de

música, á cuyos estudios era
la desgracia

muy dada

la hija

ridísima de Isabel la Católica.

Y

cuando sobrevino

y fué

la

bendita Reina abandonada

por

el

débil Ateca y separada del virtuoso Forest,

Abel tuvo que remplazarlos con sumo honor y no poco riesgo. Así con la Reina estaban estos dos eclesiásticos, según hemos dicho en el informe,
cuando
to al
se exigió á toda la

servidumbre
la Iglesia;

el

juramen-

Rey como cabeza de

y negándose á
el fran-

prestarlo los dos jóvenes, fueron trasladados á las

cárceles de Londres.

En

ellas

permaneció

ciscano hasta que

le

dejaron morir de hambre.
él sin

Rivadeneyra alude á
cuentes términos

nombrarlo. Waldin-

gus (tomo XVI, pág. 418) lo refiere en estos elo:

Thoma7n vero Berchiamum
licet

ri?ie-

rum

etiam docüssimurriy

adhuc juvenem, fame

cavit, in carcere londine7isi qui

Nova Porta

dicitur

III Nonas Augusti,

1531;.

Apéndices
Entre tanto Abel
sa,
,

405

que

es

quien más nos intere-

no descansa en

la

defensa de su fe y de su rei-

na.

Con

este propósito escribe
et

una obra
la

titulada

De

non disolvendo Henrict

Catharin¿e matrimonio^
ira del

que, como
agravó
las

rey y persecuciones del confesor; dando para

es natural, exacerbó

nuevos rigores ó motivo 6 pretexto un incidente

que debemos ligeramente tomar en cuenta.

Había á

la

sazón en

Elizabeth Barton, conococida

Kent una mujer llamada comunmente por la

Santa doncella de Kent, de quien se decia que tenía visiones sobrenaturales, y que hacia milagros y profecías, en las cuales llegaron á creer, no sólo
las

gentes vulgares, sino hombres tan
el

eminentes

como Tomas Moro,
Profesó en
terbury, y
el
allí se

Warham y otros. convento del Santo Sepulcro de Canarzobispo
hallaba cuando el famoso expe-

diente de divorcio de Enrique VIII. Declaróse la

monja de Kent en favor de Catalina, y corrió

la

voz

de que habia profetizado que en
que Enrique
se casase
ser rey á los ojos

el

momento en

con otra mujer dejarla de
,

de Dios
profecía

y que perderla corona
se

y vida en término de un mes. Enrique se casó con

Ana

Bolena, y

la

no

cumplió. Instru-

yóse inmediatamente causa sobre el tenor del pronóstico, y se envolvió

en

ella,

con motivo ó

sin

él,

á las gentes que podian estorbar, ó contrariar
quiera, los
les

si-

desmanes del tirano
los

:

á los desafectos se
les

supuso crédulos; á
rebeldes.

crédulos se
fué

persiguió

como
tró,

Tomas Abel
el

uno de
los

estos.

¿En-

en efecto, en

número de

que creian á

4o6
Enrique tirano en
ser religioso?

Apéndices
el

momento en que
ésta á su

dejaba de

¿O meramente
monja? ¿Era

prestó crédito á las

visiones de la

vez una im-

postora ó una ilusa? Problemas son éstos que no

hay para qué
la

resolver, y son

también hechos que
dias.

historia repite

aún en nuestros

Cuéntase de Napoleón que consultaba con crédito á

Mme. Lenormand. De
se

Fr. Luis

de Granada
ni

sabemos que
tora
:

dejó engañar por una monja impos-

en nuestros dias conocemos muchos que

son Napoleones ni Luises de Granada, y andan
desalados y cariacontecidos por los golpes de
las

mesas que hablan y por las revelaciones espiritistas. Si Abel creyó que el disoluto y excomulgado
Enrique no era rey
ó como
tiempos
religiosa
si

muy

acepto

al

corazón de Dios,

hoy dijéramos, muy digno del sufragio universal, no hay para qué extrañarlo en aquellos
:

si

la

pobre Catalina dio algún crédito ala
ella, la infidelidad

que condenaba, como

del

amado

esposo, no hay por qué maravillarse. ¡Es

tan natural creer con facilidad lo que se desea con

vehemencia!
si la

En
es

todo caso, para que veamos que
antigua,
la

superchería

crueldad no es

mo-

derna, y para que podamos colegir que la criminalidad de Abel no fué muy grande, importa consig-

nar que

la

desventurada monja de Kent fué conla

denada por

Estrellada y ejecutada en de Tyburn el 21 de Abril 1534. Abel, sin embargo, no fué sentenciado más que á confiscación de

Cámara

bienes y á prisión arbitral, según la voluntad del Rey. Pero no perdonaba éste tan fácilmente ni al

Apéndices

407
li-

defensor de su inocente esposa, víctima de su
bertinaje, ni
dito
fiel

menos

al

confesor de Jesucristo, subla
,

de su vicario en

tierra.

Por esto, desarreciarse el

pués de muerta ya Catalina
rigor de su cárcel.

Abel vio
el

En

ella

escribió una sentida

carta á su maestro y
rest
*,

compañero

venerable Fo-

y logró

la

fortuna de precederle en el mar-

tirio,

siendo

al
i

cabo ejecutado en Smithfield en
536, es decir, pocos meses después

30 de Julio de
de
la

muerte de su señora. El joven y virtuoso sacerdote fué arrastrado desde la cárcel al patíbulo,
colgado
trañado.
allí

en una horca, y antes de espirar desenéste,

Horrendo espectáculo

como
la

la

hoguera de
de
los

Forest, cien veces repetido ante

vista

grandes y príncipes, y con aplauso y carcajadas del
fanático pueblo. Cosas que deberian siquiera recor-

dar

los

que tanto nos echan en cara
las corridas

los

autos de fe

y hasta

de toros.

*

Waldingus, tomo

xvi

,

pág. 392.

APÉNDICE F 7._El

Obispó de Landaff.

Según queda dicho, aquel Fr. Jorge de Ateca fué
de Landaff en Gales en 15 17, en sazón en que habian ya comenzado, si no los

promovido

á la silla

martirios de Catalina, los escándalos de Enrique.
otro consorte se desavinieron y fué incoado resueltamente el expediente de divorcio, fué

Cuando uno y

aquel prelado uno de los pocos que implo-

raron á Catalina que cediese de su derecho {and

had implored Katherine to yield to expediency). Más adelante, cuando en Windsor los cardenales Camjante á

pegio y Wolsey se presentan con pretensión semela altiva y virtuosa española, cuya noble

respuesta ha eternizado la historia en sus anales y Shakespeare en sus versos, el obispo de Landaff fué

uno de

los

cuatro que sirvieron de comparsa
las cosas
el

á

aquel mensaje. Siguieron

por mal camino;

pronuncióse en abierta herejía

de

los

Rey, y exigióse eclesiásticos que con juramento le recono-

ciesen
so, el

como

jefe

de

la Iglesia.

En

tal

compromila apostasía,

vividor Prelado ni se lanza á

como Cranmer y los más, ni acepta el martirio, como Fisher y los menos. Disfrazado de marinero,
de noche, furtivamente
trata

de ponerse en salvo»

Apéndices
segur, por

409
Así es descu-

primera vez nos describe con inimitable
Crónica en su capítulo
vii.

verdad

la

bierto y escarnecido por el tirano Enrique, el cual se da por muy contento de resolver con la persona

de aquel pobre

fraile

extranjero y viejo, una
la

difi-

cultad que ocupaba seriamente á
sejo privado
:

sazón

al

Con-

dar á doña Catalina reclusa, enferma,
eclesiástico

moribunda, un

que pudiera hacer me-

nos daño que otro [vvill do
ir

less

harm than any

other),

ganando tiempo

{to tarry),

y

ser su padre espiri-

tual {ghostly Father).

Cómo

desempeííó su cargo en

los

supremos moDios pue-

mentos de aquella infelicísima
de saberlo. enferma

reina, sólo

En

el

parte oficial de su muerte, inserla

to en estos apéndices, sólo consta que recibió
la

extremaunción. Hernando y Diago nada dicen. Nuestra Crónica cuenta que se confesó y tomó
el

Santo Sacramento. Esto

es lo

probable, por no
del

decir lo evidente.

La dignidad mayor ó menor
la eficacia del

Ministro nada quita á

en

el

Sacramento, y caso presente, no sólo no quita, sino que auel

menta

dolor, es decir,

el

mérito de

la

mártir,
á

que vuela á su Dios perdonando y bendiciendo
están lejos y á los que
^-

todos, á sus verdugos y á sus carceleros, á los que
la

rodean.

Qué
le

el

amado de

importa que Enrique sea su verdugo? Es su corazón , el padre de su hija adora-

da, y
I

Qué
el

perdona y le bendice. importa que Fr. Jorge sea
contemparizador,
el

el

consejero dé-

bil, el obispo

servidor ingrato?

Es

ministro de Jesucristo, y en sus labios suena

41o
la

Apéndices
el

voz de Dios, y de sus manos recibe

pan de
ahogar

vida.

Enrique habia llenado su objeto
aquel corazón que tanto
le

:

aislar,

amaba

;

quitarle todo

consuelo y todo consejo, por la intriga ó la calumnia primero en el P. Hernández, por la seducción luego en Alexandre y Fr. Jorge, por
ra
la

hogue-

y

la

En
te al

cabo en Forest y Abel. cuanto á nuestro obispo, gobernó poco tiemhorca
al
al

po después su diócesis, puesto que
de
la

año siguienescapa á su

muerte de Catalina, ya
la

la
^

ocupó Roberto
se

Holgate. El español
país.

renuncia

y

Copiaremos
el

las

últimas noticias que
el

de

él

apunta

referido Diago,

cual dice así

:

((Hizo

(en Landaff ) lo que

pudo

el

buen obispo, y viendo
herejías) cundía tanto,
la

que

el

cáncer de

ellas (las

determinó de dar consigo en
dor Carlos V, para explicarle

corte del empera-

las

miserias y calaesta jorna-

midades de
da, llegó á

tierra tan infeliz.

Haciendo
le

la

ciudad de Zaragoza, del reino de Arapedían
los

gón, donde viendo que no sólo

derechos

de su recámara, que no era mucha, sino aun ciertas velas benditas

que en nuestra Señora de Monla

serrate

le

habían dado para

Emperatriz, dijo:

La

maldición de San Pedro y de San Pablo caiga so-

bre la casa del que tan sinrazón

me
tal

hace.

Y

al

día

si-

guiente amaneció ardiendo de

manera en
cobro
la

fue-

go,
dclla.

que

fue

harto

ponerse en
se

gente

Aunque

para que

entendiese que aquc-

'

Storez Cathciirali

of Great Brittñn.

Apéndices
lio

411

sucedía por orden del cielo, quiso Dios no reci-

biese daíio ninguna de las de los lados, siendo ver-

dad que corria grande viento. Llegó

el

obispo á

Calatayud, y fué Dios servido de llamarlo allí para su reino, en el monasterio donde habia tomado el
hábito.

Murió cerca
de
la capilla

del aíío de mil y quinientos y
la

cuarenta, y está enterrado en medio de
al salir

iglesia,

mayor

'.»

^

DiAGO,

Historia de la

Orden de Santo Domingo, fundado» de^

convento de Calatayud.

APÉNDICE

G.

En
cluye

la lista

de

la

servidumbre que acompañó á
se in-

doña Catalina desde España (apéndice B) no
el

personal de lo que se llama en términos

palaciegos

La facultad.
el

Pero en

archivo de Simancas (Patronato

real.

Tratados con Inglaterra, legajo 4, folio 9) hay una Carta del licenciado Juan , físico de la princesa de
Gales, dirigida
al

Rey

Católico y fechada en Rii

chamonte
firma

á

1

5

de Abril de

genroth con número

507, que inserta Ber517, en la cual este facultativo

'Johns

liccJí'i

(Johanes Licenciatus).

Tenemos, pues, aquí

su

nombre.
la

En
y en

ella refiere la larga

enfermedad que

Prin-

cesa ha padecido, casi desde su llegada á Inglaterra,
el

contexto y en

el

estilo se

descubre

el

mis-

mo

corresponsal que en 4 de Octubre de 1501 se

dirigia á la

Reina Católica para darle cuenta de

la

llegada triunfal de su hija á las costas británicas.

Está
io,

tal

documento en

el folio

14 del mismo Icgala

V con título de Carta del licenciado Alear az á

Apéndices
muy poderosa Reina
de

413
?ni

España^

señora.

Lo

tra-

duce Bergenroth con número 305.

Tenemos, pues, averiguado

el

nombre, apellido

y condición del médico. De esto mismo da cuenta su sobrino D. Juan de

Ubeda, que

lo

acompañó
los

al viaje,

y cuya declara-

ción insertamos, pág. 332.
¿

Pero vivia aún en y

últimos tiempos de Cata-

lina,

la siguió en sus distintas residencias?

Esta era una duda que

me

asaltaba, y que
el

no

habia podido resolver cuando presenté
á
la

informe

Academia.

Un

documento hallado después
;

la

resuelve ne-

gativamente

y como

se

verá en

el

apéndice O,

acredita que, por lo menos, ya en 1532 asistía á la

abandonada esposa de Enrique otro médico que
Alcaraz, precisamente
Crónica menciona.
el

mismo que

la

presente

APÉNDICE

H.

Párrafo de Carta autógrafa del Dr. Ortiz.

Las postreras cartas que escriui a V. magt. fueron de primero y viij de setiembre y xxiiij de octubre , de las quales no sé que V. magt. las aya Recebido, y después en xiiij de octubre escriuio el embaxador de V. magt. como la serenísima Reina
serenísima prin9esa están buenas, y envió vn criado suyo, el qual en ^inco de nouiembre partió

y

la

de aqui a su magt. con cartas de
na,
las

la

serenísima Rey-

quales dice su alteza que enbia

como
el

pos-

treras y vltimo testamento,

porque según

estado

en que esta y las ordenaciones que se dize que hauian de hazer en el parlamento deste nouiembre,
parece que
si

nuestro señor no pone otro
ella

Remedio

de su mano, que serán

y

la

serenísima princesa

sentenciadas a martirio, el qual esta aparajada su
alteza a Recibir por testimonio

de nuestra sancta

fe

catholica

,

como

le

Recibió
;

el

Cardenal Rophense
la

y na que aunque

los otros sanctos mártires
la

y solamente

da pe-

muerte

sea semejante,

con protan

funda humildad dize que su vida no
sancta y semejante a
los otros
la

a sido

del cardenal
,

Rophense y
tiene grand
se

sanctos mártires

y ansi

mismo

tristeza por la multitud

de animas que cada dia

condenan.

APÉNDICE

1.

Otro párrafo del mismo Dr. al Emperador.

El enbaxador de V. magt. todauia escriue

como

no tiene lÍ9en9Ía para poder
sona que vea a
la

visitar

o enbiar per-

que están con

la

serenisima princesa, y que los serenisima Reyna son mas guar-

das y exploradores que no siervos, porque son jurados en favor de la ana que no llamen á su alteza Reina ni
la

su alteza, por
esta dos años

siruan con cerimonia de Reyna; y no darles ocasión deste pecado, se
sale
le

que no

9a

si

quisiese salir

no

de una cámara, y que quiseria permitido, y que no de sus criados antiguos

manda un ducado
sino solamente
el

ni tiene

confesor y medico y boticario, y
Inglaterra
él

siempre

el

Rey de
la

demanda
se

á los

que

se

quisieren juntar con

que

aparten de

la

obe-

diencia de

sancta sede apostólica, y el que antes

avie apelado al concilio,

huye del y querrie que

nunca

se hiziese.

Roma 16 Diciembre 1835,

simancas,

/««-o-,

S63

^f-A,

1^1^

y

50.

APÉNDICE

J.

Shakespeare, Henr'tq. VIII, act. iv

,

esc. ii.

Kath.

No? Saw you not, even now, a'blessed troops Invite me to a'banquet whose bright faces Cast thousand beams upon me, llke the sun? They promised me eternal happiness; And brought me garlands, Grifñth, which I
:

feel

I

am

not worthy yet to wear

:

I

shall,

Assuredly.
CiitaUna.
;

No ? No
¿

habéis visto ahora

mismo un
?

coro bien-

aventurado invitarme á un banquete
blantes esparcían sobre

Sus fúlgidos semluz brillante
felicidad
,

mí mil

rayos de

como
han

el sol.

Me

han prometido eterna
,

me

traido guirnaldas, Griffith

que, según yo pienso,
lo seré ciertamente.

aun no soy digna de usar

Pero

APÉNDICE
Cíirtíi de

K.

Catalina Je Aragón á su marido

Enrique

FUL

«Señor mió y rey mió y marido amantísimo El amor tan entrañable que os tengo me hace escribi:

ros

en esta hora y agonía de muerte, para amonestaros y encargaros que tengáis cuenta con la salud
sas

eterna de vuestra alma

perecederas desta

más que con todas las covida y más que con todos los

regalos y deleites de vuestra carne, por la cual á

mí me habéis dado

tantas penas y fatigas, y vos habéis entrado en un laberinto y piélago de cuida-

dos y congojas. Yo os perdono de buen corazón todo lo que habéis hecho contra mí, y suplico á

Nuestro Señor que
os

él

también

os

perdone.

Lo que
la

ruego es que miréis por María, nuestra hija,

cual os encomiendo, y os pido que con ella hagáis
oficio

de padre.

Y

también

os

encomiendo mis

tres

criadas, y que las caséis honradamente, y á todos los demás criados, para que no tengan necesidad:

y demás de lo que se les debe, deseo que se les dé el salario entero de un año. Y para acabar, vo os
53

8

4

1

Apéndices
prometo, señor, que no hay cosa mortal

certifico y

que mis ojos más deseen que á vos.»

Dos
envió

traslados hizo la

Reina de
al

esta carta

;

el

uno
el

al

Rey y

el otro

embajador del Emperasi

dor, que era Eustacio Capucio, rogándole que

Rey no cumpliese
acordase ó hiciese

lo
al

que

ella le suplicaba, él se lo

Emperador que

lo

cumpliese.

APÉNDICE

L.

Párrafo de carta autógrafa del doctor Ortiz
al Emperador.

Eustacio chapuis, embaxador de V. Magt., escrive de xiiij de deze.

como

la

Sma. Reyna avie

estado algo indispuesta,

y á esta causa

pudo en-

biar su secretario á visitar á su alteza; tuvo opor-

tunidad de escreuirme vna carta, cuya copia enbio aquí á V. Magt., porque por
las infinitas gracias
ella

vea V. Magt,

dar á nuestro señor por

que siempre V. Magt. deve la soberana merced que á
á

V. Magt.
gida y
te

a

echo en dar

V. Magt.

tia

tan esco-

amada suya, y en quien
de
la

tan admirablemen-

a

fabricado y fabrica sus divinas virtudes en
sancta enpresa
fe,

esta

donde con tanta
testi-

constancia tiene á su alteza armada para, en

monio de

su gloria y honrra, batallar contra todo el
el

exército del infierno,

qual mediante

el

Kty de

Inglaterra y sus consiliarios,

como

ministros su-

yos, tan descubiertamente extiende sus vanderas y

420
hace guerra

Apéndices
á la iglesia.

De Roma

,

á x

de Enero

de MDxxxvi.

De V.

S.

C. C. Mat.

muy

humil y

muy

obediente siervo y vasallo que

sus imperiales

manos besa El doctor Ortiz.
Simancas
,

Estado, leg, 865,

fól.

76.

APÉNDICE M.
Carta autógrafa del Dr. Ortiz á tiendo ¡a que en 9 de Enero de \S'^(> le
tncio
S.

M., remiEusde

escribió
'i^o

Chapuis

y

fecha en

Roma

^

á

Enero

de 1536.
Sra. 9c. Ca.

Magt.

Por

la

copia que enbié á V. Magt. de

la

última
la

carta de xiii de

deziembre que Rcccbí de
dios
,

Sma.

y gloriosa

Mártir, muy amada de

anglaterra,

Reyna de podrá fácilmente V. Magt. aver comla

prehendido
tudes que

la

soberana

cendrada perfecion y heroicas virmano de dios en todo el

tiempo pasado de su probación y áspera tribulación tinje ' fabricadas en su ánima, y quán
claro conocimiento tinie de la cruenta batalla en

que contra

los

enemigos del infierno batallaua,

ofreciendo á Dios por su honrra y testimonio de
nuestra sancta fe cathólica todo lo que de dios tinje

Rccebido en

este

mundo, como son Reino,

esta-

do y vida^ lo qual con tan gran perseverancia y tan constantemente a pospuesto desnudándose dello
,

por estar perfectamente unida con dios, y ya que

'

Tiene.

4-22
]a

Apéndices

divina providencia de dios tinje á su alteza tan
su-

excelentemente exercitada y prouada con tan
larga christiana batalla a tenido,

blimes victorias que contra El enemigo en esta su

no Restaua

otra

cosa sino que
alteza la

como soberano Juez

diese ya á su

palma y aureola de todos los Triunphos con que a vencido al enemigo en su larga y grave batalla, como, según V. Magt. verá por esta carta
que aquí enbio
,

de nueve de enero

,

de Eustacio

Chapuis, embaxador de V. Magt, su divina clemencia ya a hecho haziendo en el cielo ver,

dadera patrona y abogada muy favorecedora de V. Magt, en el acatamiento y divino juizio de
dios por el

favor y ayuda que aquí en

la tierra

V. Magt

a

dado á su alteza

en

el

humano

juizio

y Tribunal de la iglesia, y aunque de la muerte temporal de tan excelente sancta es permitido á
la flaqueza humana tener algún como V. Magt. muy bien sabe,

sentimiento, pero
este sentimiento a

de da

ser

muy moderado,

por

la

Razón y lumbre de
la

nuestra sancta fe cathólica, de forma que no impiel

perfecto conocimiento de
spiritual,

Razón y grande
que V. Magt.

gozo
ced
tirio

y

las gracias infinitas

es obligada á dar á dios por tan inestimable

mer-

como
de
la

á

V. Magt. a hecho en el glorioso marSma. Reyna de anglaterra colocando
,

á su alteza tan
el

cercana parienta de V. Magt. en

bien aventurado

número de

sus sanctos mártires,
el

porque aunque V. Magt., mediante

emperador,

y por muchos diversos antecesores y por muchos grandes capitanes, a alcanzado de dios muy
seiior,

mi

Apéndices

423

grandes y heroicas victorias y gloriosos Triunphos, en verdad ninguno dellos alcanzó tan grand victoria

y triunpho para

clarificar á

V. Magt. y
la

á toda

su genealogía

como ha alcan9ado

muy amada

de dios, mártir patrona y abogada mia, la Sma. Reyna de anglaterra, y porque sería muy notable
ingratitud tan sublimada
es esta
tia,

merced de
la

dios,

como

que V. Magt. a no entenderla y Reconozerla perfectamente, hazciendo las gracias y loores que se deven á por cierto tengo dios por tan soberano beneficio
su
;

Recebido en

Sma. Reyna,

yo que V.
fe

Sra.

Magt. Retrayda en

el

secreto

si-

lencio de su spíritu, considerará con su cathólica

atentamente esta gran merced de dios, y viendo cómo el humano consejo no puede impedir
gracia y

muy

merced que la divina providencia, por su infinita bondad de sí mesma ordenó de dar á su muy amada mártir la Sma. Reyna, y las granla

des virtudes, dones y gracias que nuestro señor la a comunicado, Recebirá V. Magt. El fructo spiritual

que de semejante misterio
los celestiales

grand parte de
da mártir

devc coger y Thesoros que nuestro
se

señor a descubierto y Repartido con su
la

muy ama-

Sma. Reyna,
el

tia

de V. Magt. y porsentimiento quita un
,

que muchas vezes

humano
la

poco de
te

la libertad

de

Razón

para perfectamenlos

poder dignamente considerar

misterios

de

dios, y entonces se deue usar de la lecion que excita y despierta al

entendimiento

;

podrá V. Magt.

leer aparte,
la

si

pluguiere á V, Magt., esta copia de
la

carta postrera que en Respuesta de

de su

al-

424

Apéndices

tcza auia enbiado á la
la

Sma. y señora abogada mía, Reyna de anglaterra, porque yo más por mi conconfortación de mis cartas, tenía costumbre

solación que no porque su alteza tuviese necesidad

de

la

de escrevir largamente á su alteza en semejantes
materias, y esta carta postrera no creo que vino á
sus
la

manos, porque estaua ya leyendo en

el libro

de

vida el inestimable abismo de los altos consejos

y juicios secretos
mite que
los

de dios, con que dispone y periniquos se atierren en este mundo cumla

pliendo sus malvadas voluntades en
opresión de
plido
los sanctos,
el

corporal

para que después de cum-

término y peso de su iniquidad, sean eternalmente condenados en los tormentos del infierno,

y consumado

y los sanctos, siendo por ellos do-

lados y fabricados

como

piedras preciosas y

miem-

bros verdaderos de nuestro Señor Jesucristo, se in-

geran en

el edificio

de su sagrado cuerpo místico,

en

el

qual ingeridos perpetuamente, gozen con sus
la

coronas en

perfecta participazion de dios. Sra.
la

Ce. Ca. Magt., nuestro señor acreciente

vida de

V. Magt. y su imperial estado, y perpetúe su Real

muchos y muy bien aventurados tiempos. De Roma, á xxx de Enero de mdxxxvi. De V. S. C. C. Mag. muy humil y muy obediente siervo y vasallo, que sus imperiales manos besa, El doctor Ortiz. Su ríibrica.
sucesión por

Sobre de Ja carta.

—A

la

Sacra Cesárea Cathólica

Magt.

,

la

Emperatriz y Reyna nuestra señora.
Simancas, EstaJo,
Icg.

860,

ful.

So.

APÉNDICE
Carta de Enrique

N.
hija de

VIH

á

Gracia

,

Lord

Marny, y mujer

de Beddingjield,

Tened entendido que habéis

sido designada co-

mo

una de

las

principales plañideras {jnourneri):
el

Os enviamos con

portador

yardas de paño ne;

gro para dos dueñas nobles de vuestro séquito

yardas para ocho oficiales de vuestra casa [yeomen,) y queda á vuestro cargo que estos lutos sean

y en cuanto al cuidaremos velo ó toca de lino, de enviaros antes
aderezados en tiempo oportuno
:

del dia prefijado cuanto fuere necesario.

Dado en

nuestro castillo de Greenwich,
(de 1536). (Mr.

el

lo de Enero
pág. 309.)

Thomsom, tomón,

5+

APÉNDICE

O.

Observaremos previamente que
parece cuestión de
las

esto del
ó

médico
se

más graves

interesantes.

De

lo

apuntado en
el

el

apéndice G, resulta, como

médico que acompañó á la Princesa desde España fué el licenciado Juan de Alcaraz. ¡ Pero vivia aún cuando la Reina fué trasladada á su última residencia de Kimbolton? Sin duda
ha visto, que

documento de 1527 aparece como su físico de cámara un doctor Victoria, valencianoLo que consta después por carta de la misma
no, pues en

señora á su marido, es que

le

querian quitar su

médico y su

boticario, y

que ambos eran paisanos

suyos {my countrymen).

En

la

misma

carta añade

que

si

la

apartan de

tales facultativos, paisanos

suyos, estaría siempre

en brasas [in fear) por su vida {of ?ny Ufé).

Resulta asimismo que aunque

se

accedió á
se

la

permanencia del facultativo español,
to take

procuró

introducir otro {that he had moved her (Catherine)

some more counsel of physician).
ella se resistió,

Consta que

confiándose sólo á

la

voluntad de Dios. {But her (Catherine) reply was:

Apéndices

427
physician hut
)

€y wHl

in no

wise have any other
pleasure of God. »

whülly commit

to the

Consta, en

fin,

que Chapuys dejó á
,

la

Reina

la

víspera de la Epifanía

estando/z/^T^ de peligro ^ seliv),

gún dicho del médico (pág.
bargo,
al tercer dia

y que,

sin

emy
el

de

la

partida de este embaja-

dor, la enferma recayó de súbito y

murió

diplomático,
palabras
«
tro
:

al

referirlo,

añade

estas misteriosas

Y

con esto no
se

sé decir sino
lo

que plega á nuesla

Señor no

haga

mismo con

serenísima se;?<?

ñora princesa (María Tudor).» Entiéndase bien
se

haga

lo

mismo.

el

Sanderus y Rivadeneyra descubren ya algo más velo cuando escriben que murió no sin sospecha

de veneno.

res antiguos del

Aquí involuntariamente recuerda uno los temoRey Católico y las futuras trageEnrique VIII.
la
¿

dias de las esposas de

Pero está relacionada con todo esto

personael

lidad del

médico

?

¿

Quién

es ese

que aparece en

manuscrito y cuál es su verdadero nombre ? En la copia de 1556 (Códice I- 1 45 de la Biblioteca Nacional), que es la

más antigua,
embajador),

folio 24,
la

dice

:

«Y

en partiéndose

(el

Reina

comenzó de cada

dia á irse desfalleciendo, y cono//;;

ciéndolo ella, hizo llamar á su confesor y á

médico que tenía, y díjole parece? yo me siento mala.
ñora
lo

:

— Señora, todos hemos de morir. Y
entendió bien y confesóse

— Licenciado, qué —Y respondió
¿

os
:

el le

la

bendita se-

», etc.

428

Apéndices
Folio

El Códice Í-146, ya
la

22,

refiere

que «llegada

fesor y á su médico, y dijo estas palabras

— Licen¿que parece, muy mala? — Y que llamaba La Saut — Señora, que habéis de Dijo buena señora — Ya
:

hora de dar

el

ánima

á Dios, llamó á su con-

ciado,
el

os

estoy

dijo

licenciado,

se

:

morir.

la

:

lo sé yo,

y confesóse luego»,
de dar
su

etc.
:

El Códice del Sr. Gayángos dice

«Y llegada la hora mó á su confesor y

el

ánima

á Dios, lla-

— mala. — Y — Señora,
bras
:

medico y dijo estas palaLicenciado, ¿ qué os parece ? que estoy muy
dijo el licenciado,

que

se

llamaba La-

saut
la

:

buena señora
El códice

:

— Ya
Sr.

que habéis de morir.
lo sé.

— Y luego

—Y

dijo

se confe-

só», etc.
I1

98 de

la

Biblioteca, folio 21 vuelal anterior,

to, es

exactamente igual

Lasaut.
al

El Códice del
anterior, Lasaut.

Velasco exactamente igual

El Códice

I-

1

48 de

la

Biblioteca, folio 28, dice

:

«Y

llegada ya la hora de dar el alma á Dios,
:

llamó un confesor y su médico, y dijo estas palabras (( Licenciado, ¿qué os parece? estoy muy mala.

Y díjole
ñora
:

el

licenciado

:

señora, que habéis de morir.

— Ya

lo sé.

— Y luego

— Ya dada —Y
es se

la

sentencia,

dijo la

buena

se-

confesó », etc.

Este no designa el médico.

Tenemos, pues, que aunque varios códices no nombran el facultativo, todos lo califican de su médico, un médico que tenía ^ y que parece, pues» que era de cámara y no extraño.

Apéndices

429

Pero como todos estos códices no son más que
copias de un
tarse sino
testigo.

mismo original no han de compucomo la declaración repetida de un solo
,

Contra

ella

habia

el

recuerdo de aquel

li-

cenciado Juan de Alcaraz, y del otro doctor Vic-

y esto pesaba en mi ánimo cuando vino el siguiente documento fehaciente de Simancas, que
toria

quita toda duda.

En una
fíicha

copia de una cédula de

la

Emperatriz,

en Segovia, á
:

de Octubre de

1532,

se

dice lo siguiente

«Doctor Ortiz, nuestro predicador
tras letras

:

Vi vuesla

de

i.°

xxi de agosto y el traslado de

carta que screvistes al

emperador

é

Rey,

my

se-

ñor, y la oreginal del licdo lasao,

médico de

la se-

renísima Reyna de angalaterra,

my muy
la

cara é
escri-

muy amada
bió en
vicio la
latin

tia,

y

el traslado

de

que

os

tomas abelo, y tengos en mucho serlarga Relación que me enbiais, así de las

cosas que
ra

han pasado en

esa corte y

en angalater-

como en lo de la causa matrimonial, y he holgado mucho de auerse dado la sentencia en consistorio

por nuestro
la

muy

santo padre y cardenales
etc.

en favor de

dicha serenísima Reyna»,

No
el

cabe, pues, dudar.

En 1532,

el

médico era

licenciado Lasao, y queda también ahora acreditada de verídica esta Crónica.
Si este

Lasao tuvo ó no parte en
lo

el

envenena-

miento de Catalina,
nos parece verosímil.

ignoramos, y estamos polo del

quísimo inclinados á creerlo. Ni aun
¿

veneno
tantas

Qué más veneno que

430
clima

yípéndices

pesadumbres y tan largo encierro y tan mortífero
?

Hay una
rosa, que á

hoy muy numetodo rey ó personaje, bueno ó malo, le
raza de historiadores
,

imputa toda especie de crímenes. Yo,
tales escritores, declaro

á pesar

de

que

ni

creo á Enrique, á

pesar de su crueldad, envenenador, ni á Catalina,
á pesar de su devoción,

gazmoña.

APÉNDICE

P.

Indicaremos

la

opinión que con vista de

los

no-

viliarios y genealogistas españoles ó ingleses hemos formado acerca de doña María de Salinas, ó sea

Lady Willoughby. Era hija de D. Diego López Sarmiento, repos-

mayor de los Reyes Católicos, quinto señor y primer Conde de Salinas, por merced de los mismos en 1470, y de aquí viene la denominación de
tero

aquella seíiora á quien se daba por apellido
lo

el títu-

de su padre,

como hoy mismo

se dice

que Na-

con Eugenia Montijo, y no es tan común, aunque sí más exacto, llamarla doña
poleón III
se casó

Eugenia de Guzman.

Venía

este

D. Diego Sarmiento de

los célebres

Adelantados de Galicia; era sobrino del arzobispo
de Santiago, D. Alonso de Acevedo, que fué á
la

entrega de doña Catalina, y padre del cardenal D. Pedro Sarmiento.

del quinto

Doña María Mendoza de la Cerda, hermana Conde y primer Duque de Mcdinaceli,
madre, según otros,
la la

era, según unos, la

abuela

de nuestra doña María,
cendía de
las casas reales

cual, por. tanto, des,

de España

Francia y Na-

varra, y aun también de

Gastón de Foix, aunque

432
no
de]

Apéndices
Marqués de Saluccs
y en
filología

(Salinas),

como

supo-

ne un genealogista inglés.
ra inverosímil

Lo

cual en historia fue-

absurdo.

Tanto
nada.

el

Conde de

Salinas
las

como

el

Duque

de

Medinaceli, firmaron

capitulaciones de Gra-

Cuando años adelante
ciudad
el

se
la

contrató en aquella

matrimonio de

infanta doña Catalina

con

el

príncipe de Gales,

nuestra doña
las

María

(criada probablemente con

jóvenes de su clase

á inmediación de

la

Reina Católica) halló acomola

do en
casi

la

servidumbre de

princesa, compuesta

en totalidad de deudos suyos.

Cuando enviudó doíía Catalina por la temprana muerte de Arturo, y fué abandonada casi por todos, á causa de la estrechez y miseria á que se vio
reducida
:

doña María permaneció con

ella,

menos

ya

como servidora que como hermana. Cuando mejorando de fortuna pasó
se

á nuevas

nupcias y
lord

casó con Enrique VIII, su amiga dola

ña María tuvo suerte semejante, dando

mano

á

William Willoughby d'Eresby.
1527, cuando comenzaron
,

En

los

desórdenes del

Rey, enviudó doña María
de pila

quedándole por todo

consuelo una hija de siete años, que habia sacado
la

Reina, dándole su nombre Catalina Wi-

lloughby, y que, andando los tiempos, fué cuarta mujer de Carlos Brandon, Duque de Suffolk '.

^

Dugdale

Hkeivise
office^

informat'wn given by

the^

Mr.

Huntcr,

Augmentatmi

véase pág. 189.

Apéndices

433
doña María en
al

Con
los

respecto á

la

asistencia de
la

últimos

momentos de
que
cita
*.

Reina, traducimos
así

pié de la letra á
tos históricos

Audin, que extracta

documen-

La
na

noticia del riesgo

que amenazaba á Catali-

súbitamente en Londres y llegó á los oidos de una noble dama que habia acompañado á la Reina, cuando la infanta, soltera aún, abandose esparció

España, su hermosa patria, y su padre y su madre, para venir á casarse con el príncipe Artu-

la

ro.

Al punto

la

Condesa de Willoughby monta

á

con nadie, y parte á toda prisa á Kimbolton. El tiempo es rigoroso; el frió horricaballo, sin contar
ble
,

pésimo

el

camino

:

¿pero qué

le

importa

al

ánal

gel aquel? El i.°
castillo,
cio, el

de Enero, ya de noche, llega
frió,

extenuada de hambre, de

de cansansu-

cuerpo lastimado de una caida que ha

frido en el camino.

¿Que importa
[sic)

eso más?
así se

Pide ver á

la

duquesa

viuda, porque

ve forzada á mentir á su propia conciencia, para

poder

llegar hasta la

agonizante á quien en breve

llamará su Reina, su señora amadísima. Bedingfield

no quiere consentirle que entre en
nes de S.

el

aposento de

Catalina sin expresa orden del Rey.

—Tiene órde;

M.,

dice ella calentándose con aire indila

ferente en la gran fogata de

chimenea
la

pero

tiempo habrá de

leerlas

mañana con
la

luz del dia,
el

después que haya visto á

viuda

,

porque
el

tiemle

po urge, añade resueltamente. En
Audin, Hhtsirc He Uenri VIII y tomo

camino

ha-

'

ii, cap. xi.

55

4j4

Apéndices

bian asegurado que no hallarla en Kimbolton más

que un cuerpo inanimado y frió. Sus súplicas fueron tan expresivas, que el carcelero se dejó enternecer. Alabado sea Dios; vedla ya junto al lecho

de su amiga, cuya
llegar sus labios á

mano
la

estrecha
la

;

vedla inclinada

boca de
el

moribunda, que

parece reanimarse

al oir

eco de su lengua ma-

terna, cuya armonía detiene dulcemente su alma,

pronta ya á levantar

al

cielo su vuelo.

La Condesa no
dingfeld se

orden del Rey ^ y Bearrepintió tardíamente de haber sido
tenía tal

burlado

;

pero ya entonces,

¿cómo

arrancarla del

lecho de Catalina?

Eustaquio Chapuis, embajador de España, llegó
á

Kimbolton

el 2

de Enero, etc

De cuando en cuando Lady Willoughby
caba
ellas
al

se acer-

lecho de

la

doliente, y mediaban entre
^.

dulcísimas palabras

El 7 de Enero recibió Catalina
ción

la

Extremaun-

A las dos de la

tarde entregó su alma á Dios.

¿Qué

sucedió á su amiga doña María?

No

he-

mos podido

adquirir de ello noticias en Inglaterra,
los servicios

cuyos escritores atienden más á referir

que Catalina Willoughby, Duquesa de SufTolk y
protestante, hÍ7.o á
la

reforma.

'

?f^e nekiier Stiiv lier aga'in ñor

heheld ar.\ of her

lettert.

Stry-

te's

Memoria/s.

^

Agncs Snickland, tomo

iv, pág. 142.

Apéndices

435

Hablan, ademas, de otra hermana de doña María,

que casó con un Guevara y dejó descendencia
Lincolnshire, cosa

en

el

muy
^

conciliable con las

noticias de nuestra Crónica

En cuanto
rehuyen
la

á los escritores españoles, parece
:

que

cuestión

el

minucioso Oviedo cuenta

entre las hijas del primer

que él conociOy y sin

Conde de Salinas á dos embargo, no nombra más que
tres
:

una, doña Beatriz.

López de Haro cuenta
nuestra
to^

hijas,

dama en

esta

forma

Doña

y nombra á María Sarmien-

monja.
I

Es

esto

una evasiva común en
la

los genealogistas
?

cuando ignoran

descendencia de una persona

¿Es que sabiéndola Haro, pero escribiendo en
1

62 1, cuando más encarnizamiento habia contra
cisma de Ingalaterra, no quiso denunciar las re-

La

laciones
tante,

que mediaban entre

la

heroína protes-

Lady Willoughby, y

las principales casas

de

nuestra nobleza?

El mismo embajador de Inglaterra, D. Diego
Sarmiento, Conde de Gondomar, no se daria por

muy

satisfecho del parentesco.
fin, lo

¿Es, en

de monja una verdad? Por

lo

menos no es inverosímil. La casa de la reina Catalina era casi un convento. Ella misma amenazó en sus cartas tomar este partido cuando viuda, y si casada no lo consintió,
á pesar de las sugestiones de

Wolsey y Campeggio,

'

Véase pág 299.

436

Apéndices
la

fué por no dar apoyo á

pretensa nulidad de su
los

matrimonio, perjudicando

derechos de su

hija.

De

sus pocas servidoras, tres nada
esta resolución.

menos consta

que adoptaron

La camarera doña
religiosa

Elvira

Manuel, que murió

en

las

Huelgas de Valladolid.
Catalina de

La dama doña

Mendoza

y

la

moza
el

de cámara Catalina Fortes, que entraron en
vento de Madre de Dios en Toledo.

con-

Pero
doso.

lo cierto

como

cierto, ]o

dudoso como duel claustro,
la

^ue María Sarmiento

muriese en

con mayor razón que sus compañeras, por

con-

ducta de su hija, es probable, pero dudoso.

Que

fué por su descendencia tronco de ilustres

casas inglesas, y por su heroica lealtad y constancia honra y modelo de damas españolan, es... cierto.

APÉNDICE

Q.

Carta del alcaide Bedingfeld

escrita desde Kimboltojí

al Consejo privado.

This 7 th

(sic)

day of January about ten o clock, the lady do-

wager was aneled with the holy ointment and before 2 of the
clock after noon, she departed to
ney, beseeching you of ayed, wyth

God
all

Sir

J.

have no mo-

speed.

(CromwcU's correspondence.)
Mss. su the Chapt House Westen.

,

.

;: ,


;

!

:

APÉNDICE

R.

Los siguientes versos de Shakespeare indican
Chappuis.
Kath.

la

creencia de que Catalina murió en presencia de

Jn which Ihave commended

to his goodness

The model of our chaste lowes his young daughter The dews of heaven fall thick in blessings on her
Beseeching him
,

to give

her virtuous breeding

(She

is

young and of a noble modest nature
j

Ihope she will deserve well)

and a

little

To

love her for her mother's salce, that loved
dearly,

him,

Heaven knows how
Is, that his

My

next poor petition

noble grace would have some pity

Upon my wrrtched women, that so long Have foUow'd both my fortunes faithfully.

Of which

there

is

not onc,
lie)

I

daré

avow,
deserve

(And now Iwhould not

but

vi-ill

For virtue , and true beauty of the soul For honesty, and de cent carriage

A

right good husband

,

let

him

be a noble
that shall have thcm.

And, sure, The last is,

those
for

men are happy my men they
\

are the poorest,

But poverty couldnever draw them from me,

That they may have

their vvages duly paid

thcm,

And
If

something over

to

remember me by

:

Heaven had
able

pleased to have given
\ve

me

longer

lifc,

And

means

had not parted

thus.

:

!

,;

,

,

Apéndices
These
are the

43 g
and
,

whole contents

:

good

my

lord

By

that you love the dearest in this world
christian peace to souls departed
te

As you wish

Stand these poor people's friend and urge

King

To
Cap.

do

me me

this last right.

By heaven

,

I

wiU;

Or

let

lose the fashion

KatL

I

thank you honest
all

lord.

man Remember me
oí a
is

In

humílity unto his highness

Say, his long trouble
:

now

passing

Out of this world tell him in death-I bless'd him, Mine eyes grow dim. Farewell, For so I will.

My

lord.

Griffith, farewell.

— — Nay, Patience,
must
I

You must
Cali in

not leave

me

yet. I

to bed

more women.

—When
j

am

dead, good wench,

Let

me

be used with honour

strew

me

over

With maiden
I

flowers that all the world

was

a chaste wife to

my

grave

:

may know embalm me,

Then

lay

me

forth

:

although unqueen'd yet like

A
I

queen, and danghter to a king inter

me

can no more.

King, Henry VIII. Acto

iv, scene 2.^

(Katerine expired in the presence of Capucius and lady
lloughby, with the utmost calmness.)

Wi-

Agnes Strickland.
Kath
(á Capucius).

Señor, os suplico humildeesta carta á

mente que entreguéis
Capucius.

mi

señor,

el

Rey-

Lo

haré, señora.

Kath.
des
¡

En

esta (carta)

recomiendo
castos

á sus

bondahija.

la

imagen de nuestros

amores, su

Así desciendan sobre ella

como

rocío abundante

las

bendiciones del ciclo!

;

440
Yo conjuro
tuosa
al

Apéndices Rey
á que
le

dé una educación

\\r

de naturaleza noble y moconfio desta, y que crecerá en el bien. (^uc la ame un poco al menos en memoria de su madre»
Ella es joven y

que

le

amó

á el, el cielo sabe

cuan tiernamente.

Mi
cia se

siguiente pobre súplica es que Su

Noble Gra-

compadezca un tanto de mis pobres mujeres,

que tanto tiempo

me han

seguido fielmente en to-

das mis vicisitudes.

No

hav entre
la

ellas

una

sola,

me

atrevo á declararlo (y en esta hora no quisiera
,

mentir), que por su virtud

verdadera belleza

del alma, por su honestidad y recato, no merezca
hallar

un buen esposo (sea en buen hora un noble),
los

y cierto que han de ser dichosos
las

sujetos

que

posean.

Mi
nunca
rios

última súplica concierne á mis servidores

son los más pobres, pero su pobreza no ha logrado
alejarlos
es

de mí.

Que

se les

paguen

sus sala-

debido, y alguna cosa más, para que se acuerden de mí. Si al cielo hubiere placido con-

como

cederme más larga vida y mayores recursos, no nos hubiéramos separado así (tan pobremente). Esto es
todo lo contenido en esta carta, y á vos, Capucio, mi buen señor, yo os ruego, por cuanto más améis

en este mundo, y si queréis el eterno descanso de los que han partido de él, sed el amigo y protector
de esta pobre gente, y obtened del Rey que

me

conceda esta última
Cnp, Por

justicia.

el cielo, seííora,
la

que yo

lo

haré, ó he

de perder hasta
Kíitb.

estampa de hombre.

Gracias, honrado Capucio. Rccordadme

Apéndices
con toda humildad ante su Alteza
aquella que tanto
le
;

441
decidle que

ha importunado
haré

está ahora para
le

ausentarse de este

mundo

Decidle que yo

ben-

digo

porque
Sr.

así lo

Mis

ojos se cierran

Adiós,
tu

(Capucio) Griffth, adiós.

Tú,

Patiencia,

no debes abandonarme todavía

mi cama

Llamad más mujeres

Debo ir á Cuando haya
se

muerto, mi buena hija, cuida de que

me

trate

con decoro. Esparce sobre mi cadáver
nales, para que el

flores virgi-

mundo

reconozca que fui una

casta esposa hasta la tumba.