LITERATURA Reseñas 04/04/14

El libro que anticipó el boom
Entrevistas. La reedición de “Los nuestros”, de Luis Harss, recupera un volumen indispensable para entender la ebullición narrativa de los 60.
POR EZEQUIEL MARTINEZ

HARSS. "Los nuestros" asomó solitario en noviembre de 1966.

¿Quién inventó el boom de la novela latinoamericana? ¿Fue, como sugieren algunos, la agente literaria Carmen Balcells, la poderosa mamá grande que representa a Cortázar, Vargas Llosa, García Márquez y Fuentes, los cuatro pilares más visibles del fenómeno? ¿O fue, como dicen otros, el editor Paco Porrúa, quien desde Sudamericana hacía germinar las páginas de esos mismos autores? ¿Fue la revista Primera Plana, que usó por primera vez la palabra “boom” para referirse a esta camada de narradores? A pesar de las teorías conspirativas, todas las miradas convergen en un libro que asomó solitario en noviembre de 1966 titulado, con cautelosa sobriedad, Los nuestros. Luego de casi cuatro décadas de su primera edición, el libro no había vuelto a ser reeditado hasta ahora, y a excepción del coleccionable “El boom antes del boom”, cuando en el verano de 2011 la Revista Ñ reunió en fascículos aquellos ensayos, el volumen era una pieza de colección casi inhallable. Su autor, Luis Harss –escritor, periodista, académico y ensayista– empezó a concebir Los nuestros como un navegante sin brújula. Entre setiembre de

A la mayoría no los conocía. Dicho esto. se dedicó a entrevistar a diez escritores latinoamericanos que representaban lo más notable de esa nueva narrativa aún inexplorada como conjunto. junto con una dedicatoria a “Camilo Sánchez y Juan Cruz Ruiz. Estos párrafos a la distancia. y una “Nota final” donde cuenta las bambalinas de sus encuentros con cada escritor. Pero la perspectiva no le quita validez al aporte más audaz de Harss: poner la lupa en un puñado de escritores que desdoblaban y profanaban el lenguaje. con advertencias”. y por sugerencia de un editor de Nueva York. João Guimarães Rosa. expertos o especialistas en la materia. ni con las coordenadas que dibujó y que confluyeron en lo que ahí nomás –pero antes que todos– empezaría a conocerse como el boom. El libro se publicó primero en inglés (Into the Mainstream: Conversations with Latin American Writers). Uno iba señalándole a otro. Juan Carlos Onetti. hasta que el seleccionado. y concentrarlos en una serie de ensayos amenos y didácticos. En su “Prólogo arbitrario. algunas cosas muy interesantes. sino simplemente aficionados que se largaron por el camino de la aventura. son los únicos añadidos en esta reedición de Alfaguara. fue completado con Alejo Carpentier. Jorge Luis Borges. una mixtura de conversaciones informales sazonadas con consideraciones críticas y una apuesta al porvenir de todos ellos. le aseguró. Luego Vargas Llosa le mencionó a un tal Gabriel García Márquez –que aún estaba dándole a las teclas de lo que sería Cien años de soledad–. exploraban su matices y colores en un torrente verbal apabullante. Ni con el prólogo (más que eso: un ensayo indispensable para entender los orígenes de la novela latinoamericana). y así llegó a la lista definitiva. uno de los grandes ausentes. anotamos que no somos autoridades. mis amigos”. Miguel Angel Asturias. No se equivocó. . en su breve “Nota a la nueva edición”. El primero fue Julio Cortázar –Harss había quedado muy impresionado con Rayuela–. dejándose guiar por el instinto y la reflexión y fiándose en fin de cuentas en el gusto personal”. y el propio Harss lo tradujo al castellano a pedido de Porrúa. y le dedica un párrafo al final a Guillermo Cabrera Infante. Cuatro décadas después. y fue éste quien le recomendó a un muchacho llamado Mario Vargas Llosa que había publicado.1964 y agosto de 1966. Juan Rulfo y Carlos Fuentes. Harss pide indulgencia: “Pienso con remordimiento en cuántos quedaron afuera por mi ignorancia o por prejuicios del momento”. el autor se ataja: “Hemos tratado de afilar bien la navaja para amputar estrategias e intereses creados. en desorden de aparición. Roger Klein.