EL HOMBRE CREADO EN CRISTO SEGÚN EL NUEVO TESTAMENTO

En el marco de nuestro estudio de Antropología Teológica se nos ha proporcionado oportunamente este articulo para profundizar en el primer tema del contenido de este tratado: la creación, es decir, el hombre en su condición agraciada, creado en Cristo para la comunión con Dios. Es desde esta perspectiva que el presente artículo nos invita a reflexionar y adquirir una mejor comprensión del papel de Cristo en la creación del hombre y del mundo. En cuanto al fundamento bíblico, en el texto de Col 1,15-20, aparecen palabras como: “imagen”, “primogénito”, “primero en todo”, “plenitud”. De la exegesis emergen los temas de: el Padre, Cristo, el mundo, la creación. La parte de Cristo en la creación se describe de tres maneras: singularmente: Cristo es el alfa y el omega, quien produce el universo y por cuyo amor existe y se desarrolla; complexivamente: Cristo no sólo ha producido al mundo en su devenir, sino que además le da unidad haciéndolo subsistir en una unidad estable y estructurada. Y finalmente considerando la triada: dia: causalidad eficiente, en: causalidad formal, eis: causalidad final. Cristo se presenta entonces como autor del mundo, en cuanto que lo ha hecho, lo sostiene y lo purifica. Cristo refleja e irradia la belleza del Padre sobre el mundo. El prólogo del Evangelio de San Juan en su estructura afirma que todo ha sido hecho por medio del Verbo, es decir, que la fiel benevolencia de Dios se ha realizado por medio de Jesucristo y en la función creadora de la Palabra de Dios Según la reflexión especulativa, la causa eficiente es común a las tres personas divinas, de las que de un solo principio procede el universo creado. El Padre: como ingénito, generante e inspirante; el Hijo: como generante y espirante; el Espíritu Santo: como espirado por el Padre y el Hijo. Por tanto, todo ha sido creado por el Padre a través del Hijo en el Espíritu Santo. Entonces el Padre crea todas las cosas en el Verbo, como en su causa ejemplar suprema, y en el Espíritu Santo, en el que el Padre se ama a sí mismo y por ello a toda criatura que participa de su bondad. Sin embargo, la humanidad de Cristo no es causa eficiente de la creación, pues implicaría la naturaleza humana de Cristo antes de la creación. El Verbo se encarna en la plenitud de los tiempos, entonces en la creación se prepara la carne que habría de asumir. Es desde esta perspectiva que el fenómeno humano encuentra su última explicación solamente cuando se le considera a la luz del misterio de la Encarnación. Finalmente, considerando el fundamento bíblico (exegesis) y la reflexión especulativa, nuestros autores llegan a la conclusión de que la relación del fenómeno humano con Cristo no es algo extrínseco a la realidad humana, pues sin Cristo no sería comprendida adecuadamente. Él es el centro y la cima de todo el universo material, más aun, está por encima de los espíritu puros. A mi juicio, pienso que el presente artículo es clave para comprender al hombre creado en Cristo, que nos ha revelado al Padre y que en Él podemos contemplar la belleza y el amor del Padre por nosotros sus creaturas, que en Cristo somos hijos también, haciéndonos partícipes de su bondad, belleza y amor.