You are on page 1of 30

Teoría del circulo de interés, para demandar de nulidad o simulación

Fallo : 5086-11. diecinueve de marzo de dos mil doce. Primera Sala

TEXTOS COMPLETOS: SENTENCIA DE LA CORTE DE APELACIONES: Valparaíso, veintiséis de abril de dos mil once. VISTOS Y TENIENDO PRESENTE: PRIMERO: Que por medio de la presente demanda de simulación de contrato, declaración de nulidad absoluta y reivindicación, los actores pretenden que el Tribunal declare que la verdadera intención de las partes contratantes de un contrato de permuta fue la de celebrar uno de compraventa. Que, en consecuencia, dicho contrato es nulo absolutamente por falta de objeto lícito, careciendo por lo tanto de objeto como de causa y que en virtud de la declaración de nulidad, las partes deberán ser restituidas al mismo estado en que se hallarían si el contrato nulo no se hubiere celebrado, quedando por lo tanto sin efecto todas las inscripciones de dominio que se hubieren practicado en virtud de los contratos celebrados, debiendo la demandada Paz Inmobiliaria proceder a la devolución material y jurídica de los inmuebles objetos de este pleito, restituyendo los frutos naturales y civiles de la cosa e indemnizar y los deterioros que por hecho o culpa suya hayan sufrido los inmuebles. SEGUNDO: Que agregan los actores, que el día 15 de septiembre de 2007 el 17º Juzgado Civil de Santiago, en causa rol 46322002, declaró interdicta por causa de demencia a la madre de los demandantes, doña Marta Piffre Cristi. Previamente, el día 21 de octubre de 2004, se había designado como curadora provisional, general y legítima de los bienes de la interdicta a su hermana, la demandada María Alejandra Lecaros Piffre, la que procedió a realizar una serie de actos y contratos sobre diversos inmuebles destinados supuestamente a la atención y cuidado de su madre y representada, requiriendo para ello de la debida autorización de la justicia para poder enajenarlos, procediendo a realizarlos en pública subasta. TERCERO: Agrega, que con fecha 10 de febrero de 2006, la curadora María Alejandra Lecaros Piffre celebró un contrato de promesa de permuta con el demandado Alfredo Irarrázaval Rozas, comprometiéndose a permutar en la época prefijada en la promesa, el dominio de dos bienes inmuebles eriazos, signados con los nºs. 1 y 2, ubicados en la comuna de Concón, de propiedad de la madre de la demandada, a cambio del derecho de usufructo vitalicio en beneficio de su madre pupila, sobre un departamento de propiedad del demandado Irarrázabal ubicado en la localidad de Concón, siendo entregados dichos inmuebles materialmente en el momento de la celebración de la promesa. La avaluación que las partes acordaron dar al usufructo y la de ambos sitios nºs. 1 y 2 referidos fue de un valor igualitario de $30.000.000 el usufructo y la misma cantidad por los dos lotes de terreno. Que para realizar la promesa y el contrato de permutas prometidos, la curadora demandada requirió la autorización judicial para enajenar los bienes raíces de la incapaz, lo que fue realizado en el 2º Juzgado Civil de Viña del Mar, aduciendo que la pupila no tenía un lugar donde vivir, lo que no sería efectivo. CUARTO: Que añaden los actores, su hermana curadora en los inventarios que realizó al asumir su cargo, jamás señaló la existencia de estos dos sitios eriazos o de derechos sobre ellos y con fecha 27 de julio de 2006 las partes de la promesa María Alejandra Lecaros en representación de su madre interdicta y el demandado Irarrázabal procedieron a celebrar el contrato de permuta prometido respectos de los dos sitios, a cambio del usufructo vitalicio que este último había constituido en la promesa a favor de la madre de los actores, sobre el departamento 472, bodega y estacionamiento del Edificio Costa Brava, de propiedad del demandado Irarrázabal. QUINTO: Que una vez que el contrato de permuta quedó perfeccionado y se produjeron las inscripciones respectivas, el demandado Alfredo Irarrázaval procedió a celebrar un contrato de compraventa por escritura pública de 03 de agosto de 2006, con la Soc. de Arquitectura e Inversiones S.A., de la que es socio y representante legal, sobre los dos sitios citados, estableciéndose como precio el de $35.000.000, para posteriormente a ello celebrar un contrato de compraventa, el 31 de enero de 2007, sobre ambos inmuebles con la otra demandada de autos, la Soc. Paz Inmobiliaria, pactándose el precio en la suma de 7.840 unidades de fomento, el sitio uno, y en 19.593 unidades de fomento el sitio dos, esto es, en aproximadamente $526.494.136 ambos sitios. Debiendo agregarse, que el demandado Irarrázabal había adquirido por adjudicación en remate a los ejecutados, entre ellos los actores y su hermana demandada, como asimismo su madre, un sitio colindante con los adquiridos uno y dos, el que vendió también a la Sociedad Paz Inmobiliaria. SEXTO: Que en consecuencia, agregan los actores, con la actuación del demandado Irarrázabal este se hizo de todos estos terrenos colindantes entre sí, que pertenecían a la familia Lecaros Piffre y a la madre de ellos, a un precio exiguo y aprovechando la circunstancia de ser pareja sentimental de la curadora, proyectando un ambicioso plan de negocios, procediendo a enajenarlos a un precio muy superior al que los había comprado, concluyendo un negocio muy lucrativo a costa de la administración irregular que ejerce la demandada María Alejandra Lecaros Piffre, habiendo realizado una verdadera simulación respecto del contrato de permuta celebrado entre los demandados Alfredo Irarrázabal y María Alejandra Lecaros, por cuanto las partes han tenido como verdadera intención la de celebrar una compraventa, omitiendo la formalidad de la pública subasta, produciéndose un verdadero despojo de los bienes de la señora Marta Piffre Cristi, lo que la ha dejado menesterosa, lo que constituye una causal de remoción de la curadora, al haberse dilapidado sus bienes, produciéndose un peligro inminente de transgresión grave a los derechos en la sucesión. SÉPTIMO: Que según los autores, la simulación consiste en el hecho de crear un acto aparente que no corresponde a ninguno real, o en disfrazar total o parcialmente un acto verdadero bajo la apariencia de otro. Hay simulación, cuando la declaración de voluntad constitutiva de un acto jurídico se dirige por la persona que la hace a otra con la cual se está de acuerdo en no darle eficacia alguna o esconder bajo ese acto aparente otro distinto al realmente querido. Dicha otra persona puede ser una de las dos partes de un acto jurídico bilateral o el destinatario de una declaración unilateral de voluntad recepticia, es decir, la que para producir sus efectos jurídicos necesita ser comunicada a otro u otros sujetos determinados, como por ejemplo el arrendatario al que debe notificarse el desahucio. La declaración aparente es una mera ficción, realizada con el fin de engañar a terceros en que detrás de esta declaración fingida, aparente, existe una contradeclaración oculta, que expresa la verdadera voluntad de lo convenido en la

ficción, cual es la de no celebrar un acto jurídico alguno o la de concluir otro diverso del fingido. OCTAVO: Que el artículo 394 del Código Civil, dentro de las normas relativas a la administración de los tutores y curadores de los bienes del pupilo, establece que "la venta de cualquiera parte de los bienes de pupilo, enumerados en los artículos anteriores, se hará en pública subasta". Es decir queda claro que la enajenación de especies en pública subasta se requiere sólo para la enajenación de ellas, no cuando el acto jurídico se refiera a la permuta que de los mismos se haga. Y esto se explica, porque las solemnidades propias del acto de la subasta no pueden darse cuando la especie objeto de la misma se cambia por otra, como lo es en el caso de la permuta, sólo se requiere al efecto autorización judicial con el fin de cautelar la conveniencia del acto a realizar para los intereses del pupilo. NOVENO: Ahora bien, de acuerdo a la definición de la simulación que se ha hecho precedentemente, los requisitos de existencia de la misma son: a) disconformidad producida deliberadamente entre la voluntad interna y la declarada; b) acuerdo al respecto entre las partes; y c) la intención de engañar a terceros. DÉCIMO: Que respecto de los requisitos relativos a la disconformidad producida entre la voluntad interna y la declarada y el acuerdo a su respecto entre las partes, lo que se traduciría en una venta encubierta a través de la suscripción de un contrato de permuta, debe decirse que en la oportunidad legal pertinente, las partes respectivas intervinientes en los autos impugnados solicitaron autorización al tribunal civil competente, esto es, el 2º Juzgado Civil de la ciudad de Viña del Mar, en causa Rol 129-2005, con el objeto de realizar el contrato de promesa de permuta referido, respecto de los 2 sitios eriazos ubicados en la comuna de Concón de propiedad de Marta Piffre Cristi, en relación al usufructo vitalicio por un inmueble de propiedad del demandado Alfredo Irarrázaval, quedando la resolución que así lo autorizaba ejecutoriada, no habiéndose producido objeción alguna a dicha decisión y cumpliéndose con todos los requisitos legales al efecto, habiéndose entregado los valores consistentes en el precio de los dos sitios y del usufructo vitalicio sobre el departamento por la curadora provisional de su madre interdicta. UNDÉCIMO: Que en relación a lo expuesto en el motivo anterior, es necesario anotar que habitualmente los partícipes en actos simulados procuran realizar dichos actos en forma oculta, evitando toda sospecha, con el objeto que el acto simulado no quede expuesto al examen de algún tercero que pudiera objetar su celebración. En el presente caso la única obligación que le cabía a la curadora para celebrar el contrato de promesa de permuta, era el de solicitar la autorización judicial respectiva al tenor de lo dispuesto en el artículo 891 del Código de Procedimiento Civil, procedimiento, que como se dijo se realizó con todas las formalidades prescritas por la ley. DUODÉCIMO: Que en cuanto al engaño a terceros, los actores han expuesto que esta situación se produjo debido a que el precio de los sitios que en el contrato de promesa se expresó, los que posteriormente fueron transferidos a la Sociedad de la que era representante el demandado Alfredo Irarrázabal Rozas, fue una cantidad irrisoria muy por debajo del valor comercial de los mismos, lo que se vio retratado en el valor que alcanzaron al ser transferidos a la sociedad inmobiliaria demandada. DÉCIMO TERCERO: Que respecto a lo señalado en el acápite precedente, es necesario hacer notar que de acuerdo a la prueba testimonial rendida al efecto por los demandados, no cuestionada por otra emitida por la contraria, los Corredores de Propiedades Ximena Pía Moraga Jacquin y Julio Manuel Costa Alliende, manifestaron que el valor unitario de los sitios 1 y 2 transferidos mediante el contrato de promesa de permuta no alcanzaban a una suma superior a los $25.000.000, los que alcanzaban una real dimensión económica al fusionarse con el predio que estaba al medio de ellos, que era de propiedad del demandado Alfredo Irarrázabal, lo que se hizo, obteniéndose por todo el lote una real apreciación que permitió llevar a cabo el proyecto inmobiliario realizado por la sociedad inmobiliaria demandada. DÉCIMO CUARTO: Que por otra parte, el valor del departamento nº 472 permutado, en conjunto con su bodega y estacionamiento alcanza a la suma de $65.000.000, de acuerdo a lo que se desprende de las escrituras respectivas que obran en autos, por lo que así vistas las cosas una renta sobre él, que obviamente no tenía que desembolsar la interdicta por encontrársele dado en usufructo, hubiera alcanzado un valor muy superior, si hubiera sido dado en arrendamiento por su propietario, de lo que se dejó sentado en el motivo 21º de la sentencia apelada, concluyéndose con esto la equivalencia de los valores entre el precio de los sitios y del inmueble permutados. DÉCIMO QUINTO: Que resulta útil destacar en el análisis del requisito que nos ocupa, que en definitiva lo que se pretende por medio de la demanda es que, obviamente, al dar por establecida la pretendida simulación del contrato que se ha solicitado por los actores, con la consiguiente declaración de nulidad absoluta del contrato de promesa de permuta y la posterior restitución material y jurídica de los inmuebles objeto del juicio, incluidos sus frutos naturales, es acrecentar el patrimonio de la madre de los actores, con el objeto de precaver la obtención de futuros derechos hereditarios en la sucesión de la misma. DÉCIMO SEXTO: Que respecto de lo señalado en el acápite precedente, los actores han sostenido en su libelo que "S.S. debe entender que no se está en ningún caso sacando cuentas a futuro o esperando obtener algún lucro, sino que como hijos de la mujer incapaz, se alza como un imperativo moral proteger a su madre y a su patrimonio, puesto que se encuentran comprometidos no solo los derechos de propiedad de la mujer incapaz, sino que además existe un germen de derechos hereditarios que habilita a mis representados para accionar en contra de todos aquellos que han perjudicado de forma grotesca el patrimonio de la Sra. Georgette Piffre Cristi, partiendo por su propia hija". DÉCIMO SÉPTIMO: Que este germen de derechos hereditarios al cual aluden los demandantes, nos lleva al concepto propio de la acción reivindicatoria intentada, por la que se pretende recuperar el dominio de los tantas veces citados sitios 1 y 2 y que nos lo da el artículo 889 del Código Civil, que nos dice que "la reivindicación o acción de dominio es la que tiene el dueño de una cosa singular, de que no está en posesión, para que el poseedor de ella sea condenado a restituírsela". Es decir, los requisitos son: a) que se trate de una cosa susceptible de ser reivindicada; b) que el actor sea dueño de la cosa que se pretende reivindicar; y c) que el reivindicante esté privado de su posesión y que ésta la ejerza la parte demandada. DÉCIMO OCTAVO: En cuanto al primer elemento en estudio, que se trate de una cosa susceptible de ser reivindicada, efectivamente los dos sitios cumplen con dicho requisito, ya que se trata de cosas corporales inmuebles. En cuanto al dominio de los actores respecto de la cosa a reivindicar. Como bien lo han señalado los demandantes, ellos poseen sólo una eventual expectativa respecto de la cuota hereditaria de la que eventualmente podrían ser dueños al momento de fallecer su madre. Actualmente tienen un germen de derecho, futuro e incierto, una mera expectativa que los hace carecer de la legitimación activa necesaria para demandar, debiendo en este punto decirse, además, que en todo caso les está impedido a los eventuales comuneros de la cosa a reivindicar, hacerlo respecto de los otros comuneros por su cuota, porque carecen de personería para intentarlo, no habiéndose, también, determinado a su respecto la cuota determinada de la que serían dueños, al tenor de lo prescrito en el artículo 892 del código citado, porque al momento de accionar en autos no se encontraban dados los requisitos legales para adquirir algún derecho

en la eventual herencia de su madre como se explicó. DÉCIMO NOVENO: Que por último, habiendo quedado ejecutoriada la resolución del tribunal civil, que en su oportunidad dio la autorización judicial para enajenar los bienes raíces de la madre incapaz de los demandantes, como se dijo, si a juicio de éstos la curadora demandada se había excedido en la ejecución de alguno de sus actos, dilapidando los bienes de su pupila, podría haber sido compelida a dar debida cuenta de ellos, en la oportunidad legal y por el procedimiento pertinente, no siendo el mecanismo adoptado por los actores el adecuado para reclamar de los posibles vicios que han alegado. Por estas consideraciones y lo dispuesto, además, por los artículos 343, 394 y siguientes del Código Civil, se declara que se confirma la sentencia apelada de veinte de octubre último, escrita de fs. 604 a fs. 624. Regístrese y devuélvase. Redacción del Ministro don Alejandro García Silva. Rol Nº 2014-2010.SENTENCIA DE LA CORTE SUPREMA: Santiago, diecinueve de marzo de dos mil doce. VISTO: En estos autos Rol Nº 3689-2008 del Tercer Juzgado Civil de Viña del Mar, sobre juicio ordinario de simulación de contrato, nulidad y reivindicación, don José Antonio Morales Campos, en representación de don Gonzalo y don Juan Ignacio, ambos de apellidos Lecaros Piffre, interpuso demanda en contra de doña María Alejandra Lecaros Piffre, don Alfredo Irarrázabal Rozas, sociedad Arquitectura e Inversiones S.A., representada por este último y contra de sociedad Paz Inmobiliaria Limitada, representada por don Ricardo Paz Daniels. Los actores basaron su pretensión señalando que, con fecha 15 de septiembre de 2005, el Décimo Séptimo Juzgado Civil de Santiago declaró interdicta a doña Marta Piffre Cristi, por causa de demencia. Previamente, el 21 de octubre de 2004, en dicha causa se había designado curadora provisional a la demandada María Lecaros Piffre, misma persona que, por resolución de 20 de enero de 2006, fue designada curadora general legítima y definitiva de la incapaz. Según expusieron los actores, en ejercicio de ese cargo, la demandada en mención ejecutó una serie de actos y contratos, supuestamente destinados a la mantención y cuidado de la interdicta, destacando entre ellos la situación de los Sitios Nº Uno y Dos ubicados en la comuna de Concón, de propiedad de la madre y pupila de la demandada Lecaros Piffre, respecto de los cuales ésta, en la representación investida, celebró contrato de promesa de permuta con el don Alfredo Irarrázabal el 10 de febrero de 2006, respecto de los inmuebles en referencia por el derecho de usufructo vitalicio a favor de la pupila sobre un departamento de propiedad del demandado Irarrázabal ubicado en la comuna de Concón. Explicaron que la razón de la promesa fue que el dominio de dichos bienes fue adquirido conforme a lo dispuesto en el D.L. Nº 2695 y aún no se encontraban inscritos. Agregaron que, para celebrar la promesa y el contrato de permuta prometido, la curadora demandada requirió previamente la autorización judicial para enajenar los bienes raíces del incapaz, conforme al artículo 393 del Código Civil y que le fue otorgada por el Segundo Juzgado Civil de Viña del Mar, por resolución de 19 de enero de 2006, complementada el 24 de enero de 2006 en causa Rol Nº 129-2005. Puntualizaron los demandantes que el 27 de julio de 2006 fue celebrado el contrato de permuta prometido, tras lo cual, el demandado señor Irarrázabal procedió a realizar las correspondientes inscripciones y, luego de ello, el 3 de agosto de 2006, los bienes fueron transferidos por Irarrázabal Rozas a la demandada Sociedad Arquitectura e Inversiones S.A. y, a continuación, ésta última, representada por él mismo señor Irarrázabal, celebró contrato de compraventa con la Sociedad Paz Inmobiliaria Ltda. el 31 de enero de 2007. Hicieron presente que el usufructo constituido, a propósito de la permuta impugnada, fue avaluado en la suma de $30.000.000, en tanto que la venta de Irarrázabal a Sociedad Arquitectura e Inversiones S.A. lo fue en el precio de $35.000.000; sin embargo, las ventas a Paz Inmobiliaria alcanzaron los precios de $150.465.280 (7840 Unidades de Fomento) y $376.028.856 19.593 Unidades de Fomento, respectivamente. El demandado Alfredo Irarrázabal -prosiguieron los actores- era dueño de predio colindante con los sitios Nº 1 y Nº 2, el que había adquirido en subasta judicial en juicio ejecutivo seguido por el Banco de Chile contra Lecaros Piffre, Juan Ignacio y otros, ante el Noveno Juzgado Civil de Santiago, inmueble que luego vendió en una misma oportunidad, pero separadamente, con los sitios Nº 1 y Nº 2 en alusión, a Sociedad Paz Inmobiliaria Ltda. Los demandante afirman que la voluntad de las partes, al celebrar la permuta, fue la de suscribir una compraventa, pero fue omitida la formalidad de venta en pública subasta, por decir relación con bienes de una persona interdicta. Terminaron solicitando tener por interpuesta demanda de simulación de contrato y consecuencial declaración de nulidad absoluta de contrato y acción reivindicatoria y, en tal sentido, declarar que la verdadera intención de las partes contratantes fue la de celebrar una compraventa; que dicho contrato de venta es nulo absolutamente, por adolecer de objeto ilícito y por carecer, tanto de objeto, como de causa; que las partes deberán ser restituidas al mismo estado en que se hallarían si el contrato nulo no se hubiese celebrado; que quedan sin efecto las inscripciones de dominio que se hubieren practicado; que la demandada Paz Inmobiliaria Ltda. deberá proceder a la restitución material y jurídica de los inmuebles objeto del juicio; que ella misma deberá restituir todos los frutos naturales y civiles de la cosa, los percibidos y los que el dueño hubiera podido percibir con mediana inteligencia y q esta demandada deberá indemnizar todos los deterioros que por su hecho o culpa hayan sufrido los inmuebles, reservándose el derecho para pedir la determinación de los frutos y deterioros para la etapa de cumplimiento del fallo y que los demandados deberán pagar las costas de la causa. Los cuatro demandados comparecieron a ejercer su defensa y, contestando la demanda, solicitaron su rechazo. Doña María Lecaros Piffre alegó la falta de legitimación activa de la contraria para deducir la acción de simulación, puesto que la

interdicta, quien no ha fallecido, es la única que detenta el interés jurídico para accionar y, por ello, los demandantes no tienen la calidad de herederos. En otra línea de argumentación, adujo que en ningún caso se ha actuado en contra de los intereses de la familia, sino en resguardo de los mismos y, al respecto, afirmó que no existió la simulación reclamada por la contra parte. La demandada Paz Inmobiliaria Limitada, por su parte, señaló que los lotes materia de la litis, considerados por separado y unidos a otro que originalmente era de propiedad del demandado señor Irarrázabal, presentaban escaso valor; sin embargo, reunidos, aumentaban de manera ostensible su valor. Reconoció haberlos comprado todos y, juntos, pasaron a ser un solo terreno. Igualmente, aseveró que no ha existido simulación, como también, que a los demandantes falta la legitimación activa para interponer la acción reivindicatoria. Por último, los demandados Alfredo Irarrázabal Rozas y Sociedad Arquitectura e Inversiones S.A., opusieron, también, la excepción de falta de legitimación activa de la contraria para ejercer la acción de simulación y, tal como sus codemandados, arguyeron la inexistencia de los actos simulados pretendidos por los actores, añadiendo que el valor posterior de los sitios Nº 1 y Nº 2 obedece a la existencia de un anteproyecto de edificación contemplando el lote original de propiedad del demandado Irarrázabal, con el que se permite la factibilidad de edificar en altura. Por sentencia de veinte de octubre de dos mil diez, escrita a fojas 604, dictada por la señora juez titular del tribunal aludido en el primer párrafo, se rechazó la demanda. Apelado ese fallo por los actores, la Corte de Apelaciones de Valparaíso, en sentencia de veintiséis de abril de dos mil once, escrita a fojas 662, lo confirmó. En contra de esta última decisión, la parte demandante ha deducido recurso de casación en el fondo. Se ordenó traer los autos en relación. CONSIDERANDO: PRIMERO: Que la nulidad, por razones de fondo, que se postula se sustenta en la vulneración que, en concepto de quienes recurren, se ha producido en la sentencia impugnada de lo dispuesto en los artículos 3º inciso segundo, 393, 394, 1683, 1689, 1712 y 1900 del Código Civil y artículos 1º y 426 del Código de Procedimiento Civil. Explicando la manera cómo se habrían producido tales yerros normativos, expresa que hay desacierto en considerar que la venta en pública subasta judicial sólo se aplica a la venta de los bienes del pupilo y no al caso de una permuta, como sucedió en autos. La enajenación de los bienes raíces del pupilo -prosigue- comprende todo título traslaticio de dominio, como sería la permuta, la dación en pago o la venta, pues no es lógico que la ley exija autorización judicial al curador para poder enajenar bien raíz del pupilo pero sólo para la venta. La pública subasta, en concepto de quien recurre, precisamente persigue que el incapaz no sea despojado de sus bienes. La impugnante enfatiza que, en conformidad al artículo 1900 del Código Civil, las normas de la compraventa se aplican, también, a la permutación, en todo lo que no se oponga a la naturaleza de este contrato, demostrando la clara intención del legislador de asimilar la permuta a la venta, en lo que no resulten incompatibles, justamente, porque ambos son títulos traslaticios de dominio, de todo lo cual obtiene, como conclusión, que la permuta debió realizarse en pública subasta. Hace presente que su parte no fue emplazada en los autos en que se solicitó la autorización judicial para la permuta del inmueble de la litis. De igual modo, destaca que el fallo hace caso omiso de la prueba de presunciones, quedándose en definitiva con lo que se declara en forma literal en los contratos que se impugnan, como también, en lo que declaran dos testigos del demandado, con relación al valor de los inmuebles, olvidándose que, precisamente, esos documentos son los actos y contratos que contienen la voluntad simulada con el objeto claro de sustraerse de la norma que obligaba a enajenar mediante pública subasta. Insiste en que la prueba de presunciones es la prueba más requerida para demostrar la simulación, no obstante lo cual, la sentencia impugnada no la menciona ni en lo más mínimo, pese a haber existido antecedentes en la causa que, a su juicio, habrían ameritado la construcción de presunciones por parte del tribunal, los que describe; SEGUNDO: Que, para un mejor entendimiento del arbitrio de casación interpuesto y de los razonamientos que seguirán, conviene dejar expresados los hechos que los jueces del fondo fijaron en la causa: a) Doña María Alejandra Lecaros Piffre fue designada en calidad de curadora de doña Marta Piffre Cristi; b) Doña Marta Piffre, representada por la curadora recién aludida, y el demandado don Alfredo Irarrázabal celebraron contrato de promesa de permuta y usufructo respecto de los inmuebles sub lite; c) Del mérito de sentencia pronunciada en causa rol Nº 129-05 del Segundo Juzgado Civil de Viña del Mar, consta que doña María Alejandra Lecaros contaba con autorización judicial para celebrar, tanto la promesa de permuta de los bienes de la incapaz señora Piffre Cristi, como el contrato de permuta; d) Tales actos se celebraron encontrándose en vida la interdicta; e) El usufructo constituido por don Alfredo Irarrázabal Rozas a favor de la interdicta señora Piffre Cristi tiene un valor de $65.000.000; TERCERO: Que sobre la base del sustrato fáctico descrito recién, los sentenciadores determinaron que a los actores los amparaba una mera expectativa supeditada a las necesidades de la que sería su causante durante su vida, junto a lo cual, no divisan antecedentes demostrativos de una venta encubierta, toda vez que la interdicta no tenía el dominio de los bienes a la época de la promesa de permuta, sino que los adquirió con posterioridad, en virtud de las normas del Decreto Ley Nº 2695, mientras gozaba del usufructo prometido y autorizado por la justicia ordinaria. Acerca de la excepción de falta de legitimación activa, los jueces del fondo reiteran que los actos referidos en la causa fueron

celebrados en vida de la interdicta y causante, los demandantes sólo tenían una mera expectativa de que esos bienes ingresaran a la masa hereditaria y consideran, además, lo dispuesto en el artículo 467 del Código Civil, según el cual, los frutos de los bienes del interdicto se emplearán principalmente en aliviar su condición y procurar su restablecimiento, siendo ésta, justamente, la situación considerada por el tribunal que autorizó la permuta y posterior enajenación. En cuanto al precio de los bienes materia de la contienda, los sentenciadores tuvieron en cuenta que su precio era muy inferior antes de anexarse al predio intermedio que contaba con un proyecto de edificación en altura y, al mismo tiempo, que el usufructo, por su valor, podía rentar una suma considerable si hubiese sido sometido a arriendo por su propietario. Por estas razones, arriban a concluir que en la especie se cumplió con el justo precio, en adición a lo cual no resultó comprobada la simulación alegada por la demandante. A lo anterior, los jueces del tribunal de alzada añadieron que, en el presente caso, la única obligación que le cabía a la curadora para celebrar el contrato de promesa de permuta, era la de solicitar la autorización judicial respectiva, al tenor de lo dispuesto en el artículo 891 del Código de Procedimiento Civil, procedimiento que se llevó a cabo con todas las formalidades legales. El tribunal de alzada también se detuvo a analizar la prueba testimonial rendida por los demandados, la que no fue contradicha y en la que se destaca lo declarado por los testigos doña Ximena Moraga y don Julio Costa, corredores de propiedades, quienes manifestaron que el valor unitario de los sitios 1 y 2 transferidos mediante el contrato de marras, no superaban la suma de $25.000.000 y que los mismos alcanzaban una real dimensión económica al fusionarse con el predio que estaba al medio de ellos, que era de propiedad del demandado señor Irarrázabal, obteniendo todo el lote una real apreciación que permitió llevar a cabo el proyecto inmobiliario realizado por la sociedad demandada. La Corte considera, por otra parte, que el valor de lo permutado alcanza a la suma de $65.000.000, de acuerdo a las escrituras que obran en la causa, por lo que una renta sobre el mismo, hubiera alcanzado un valor muy superior, concluyéndose con esto la equivalencia de los valores entre el precio de los sitios y del inmueble permutados. El tribunal de apelación profundiza en lo atinente a la excepción de falta de legitimación activa, mirando los presupuestos de la acción reivindicatoria y corroborando su acogimiento, fundado en que los actores aluden a un germen de derechos hereditarios como uno de los fundamentos de su accionar, lo que no hace posible, tampoco, tener por concurrentes los presupuestos de la acción de dominio incoada, a lo que se suma que no fue determinada la cuota de la que serían dueños los demandantes. Finalmente, se tiene en consideración que, habiendo quedado ejecutoriada la resolución del tribunal civil que dio la autorización para enajenar los bienes raíces de la madre incapaz de los demandantes, si a juicio de éstos, la curadora demandada se había excedido en la ejecución de alguno de sus actos, dilapidando los bienes de su pupila, podría haber sido compelida a dar debida cuenta de ellos, en la oportunidad legal y el procedimiento pertinente, no siendo el mecanismo adoptado por los actores el adecuado para reclamar de los posibles vicios que han alegado; CUARTO: Que la cita de las disposiciones legales denunciadas por el recurrente, expuestas en el motivo primero y los argumentos esgrimidos en apoyo de sus afirmaciones en tal sentido, tienen por objeto sustentar, en lo medular: 1º.- que la permuta de los bienes raíces del interdicto, por importar una eventual enajenación, precisa de la subasta pública para llevarse a efecto; 2º.que lo actuado en la gestión en que se solicitó la autorización para prometer permutar y subsecuente permuta, no alcanza a los demandantes, al no haber sido parte ni emplazados en ella; 3º.- que la simulación denunciada por los actores habría fluido meridiana de la prueba de presunciones que el tribunal no consideró, pero que les era posible construir en lugar de haberse limitado al mérito de los instrumentos que contienen la promesa de permuta y la permuta misma, por tratarse, precisamente, de los actos cuestionados; 4º.- que las acciones de nulidad y de reivindicación ejercidas admiten serlo respecto de terceros poseedores y, 5º.que siendo todo ello así, procedía acoger la demanda; QUINTO: Que lo reseñado en el fundamento que precede, en consonancia con el tenor del libelo de casación, pone de manifiesto que el quid de la crítica de ilegalidad dirigida contra la sentencia que se impugna en el recurso, estriba en la necesidad jurídica ineludible en que, a su entender, se encontraban los demandados de haber instado por la permuta en pública subasta de los inmuebles de propiedad de su pupila -interdicta por demencia- que se le había autorizado judicialmente a prometer permutar y permutar, como asimismo, en la comprobación que habría quedado constatada en la litis acerca de la simulación relativa que fundamenta las acciones ejercidas, con los consiguientes efectos anulatorios y restitutorios, incluso en relación a terceros poseedores de lo enajenado a la incapaz; SEXTO: Que, según se ha explicado en lo expositivo y en el motivo tercero, todas las partes demandadas en el pleito plantearon en sus respectivas defensas la falta de legitimación activa de la contraria, excepción que los tribunales de la instancia aquilataron y acogieron por el basamento esgrimido por los demandados al formularla, esto es, porque el interés para accionar como se ha hecho en autos continuaba radicado en la persona de la incapaz a cuyo nombre se permutó, exhibiendo sus descendientes la simple expectativa de que los bienes comprometidos en los negocios objetados llegaran a integrar la masa hereditaria al fallecimiento de aquélla. La preeminencia de ese acogimiento es innegable y no se ve empañada por el hecho de haberse abocado los sentenciadores al examen de los antecedentes para llegar a determinar que, así como falta la legitimación activa de los demandantes, no resultó acreditada la simulación de contrato argüida por éstos. En otras palabras, la sola circunstancia de entender ausente la legitimación para accionar de los actores, tornaba inconducente ahondar en el sustento de la simulación que informaba su pretensión, lo mismo que lo concerniente a la nulidad y reivindicación asociadas a ella, por importar consecuencias jurídicas directamente derivadas de la simulación que hubiera podido ser declarada; SÉPTIMO: Que la circunstancia que el arbitrio de casación no se encamine de manera concreta y puntual a denunciar un error de derecho relacionado a la excepción de falta de legitimación activa a la que se ha hecho lugar, a objeto de enervarla y, de esa manera, dejar a esta Corte en condiciones de sopesar los fundamentos de las acciones ejercidas, deja de manifiesto que los impugnantes han dejado de atacar la determinación de los jueces del mérito que, en definitiva, resultó concluyente para negar lugar a su demanda. En estas condiciones, se hace ostensible el decaimiento de la viabilidad de su recurso, toda vez que sus fundamentos, aun en el caso de ser acertados, se estrellarán contra la excepción de fondo en referencia, que viene acogida. Al respecto, cabe hacer notar que la sola declaración contenida en el libelo de nulidad en cuanto a que, de acuerdo a lo preceptuado en el artículo 1683 del Código Civil, la nulidad puede ser impetrada por todo aquél que tenga interés en ello y que en autos habría quedado "claramente establecido que los demandantes tenían interés jurídico en la declaración de nulidad de la promesa de permuta y posterior permuta de los lotes de terreno objeto del juicio", devela que los actores, al recurrir de casación,

parten de una premisa inexacta, toda vez que de los antecedentes fluye clara la determinación de acoger la falta de legitimación activa en el fallo de primer grado -no modificado en ninguno de sus acápites por el tribunal de alzada- a propósito de la demanda interpuesta en contra de doña María Alejandra Lecaros Piffre, derechamente vinculada a la simulación que se solicitaba constatar. No debe olvidarse que, del modo en que fue planteado el libelo de la demanda corriente a fojas 1, la acción prevalente de las que en el mismo se contienen fue la afincada en la simulación, puesto que en el objeto ilícito ínsito en ella residía el vicio de nulidad absoluta que se pidió, llegando por último y por esa vía, a dar vigor a la acción reivindicatoriainterpuesta conjuntamente, dirigida en forma primordial respecto de la demandada sociedad Paz Inmobiliaria Limitada; OCTAVO: Que, al entender los recurrentes que la legitimación para accionar de nulidad les viene reconocida, en circunstancias que no es así, precisamente porque el fallo los considera carentes de derechos en el patrimonio de su madre interdicta, por hallarse ésta con vida, resulta que sus afanes anulatorios quedan desprovistos del interés jurídico que habrían debido incardinar. Y sobre esto, su recurso nada expresa, al menos, no con apego a las elementales exigencias del artículo 772 del Código de Procedimiento Civil; NOVENO: Que el recurso de casación en el fondo exige que la infracción de ley en que éste se apoye debe haber influido substancialmente en lo dispositivo de la sentencia cuya nulidad se intenta obtener, vale decir, que, a la enmienda de tal vulneración, le siga un cambio diametral del sentido de la solución del asunto controvertido contenida en el fallo. Razonando en sentido inverso: que, aún en caso de resultar detectada una transgresión normativa cometida en la sentencia atacada, si la consecuencia es que el litigante que la denuncia no habría de seguir una suerte distinta a la que ya corre, según lo decisorio de ese fallo, su alegato de casación no puede prosperar. Con lo expresado en el fundamento anterior, sólo queda concluir que, aún en el evento de que esta Corte Suprema hiciera lugar a la casación de fondo impetrada, no habría de variar la posición jurídica en la que se encuentran los demandantes en la actualidad en virtud de la excepción de falta de legitimación activa a la que se ha dado lugar. Lo antedicho es decisivo para concluir que el arbitrio de nulidad en estudio no puede prosperar; DÉCIMO: Que, sin perjuicio de lo precedente, atendido el rol orientador que está llamado a servir esta Corte y dado que en los antecedentes el elemento del interés para accionar ha resultado cardinal para definir la contienda, se observa propicio dejar anotado que, como es sabido, para que un conflicto de intereses llegue a ser conocido y sentenciado por el órgano jurisdiccional, requiere de la confluencia de presupuestos básicos, de los que depende la admisibilidad y posibilidad de existencia del proceso y del surgimiento de la relación procesal. Entre los presupuestos procesales, destaca la titularidad de la acción, vale decir, la asignación que de ella se hace a ciertas personas o sujetos de derecho; instituto que, a su vez, exhibe una faz dual: primero, la detenta el actor y, seguidamente, ha de verse atribuida al sujeto pasivo de la misma, quien, como el anterior, también es su titular, aunque por la vía oposicional e impugnativa. Son sus elementos centrales: la capacidad, el interés jurídicamente protegido (derecho) y la calidad o titularidad del derecho subjetivo; UNDÉCIMO: Que, ahora bien, la nulidad absoluta constituye una sanción civil que cobra vigor ante la omisión de los requisitos prescritos para el valor de un acto o contrato en consideración a la naturaleza de los mismos. Las características esenciales de esta figura sustantiva fluyen de lo dispuesto en el artículo 1683 del Código Civil, en conformidad al cual ella "puede y debe ser declarada por el juez, aún sin petición de parte, cuando aparece de manifiesto en el acto o contrato; puede alegarse por todo el que tenga interés en ello, excepto el que ha ejecutado el acto o celebrado el contrato, sabiendo o debiendo saber el vicio que lo invalidaba; puede asimismo pedirse su declaración por el ministerio público en el interés de la moral o de la ley; y no puede sanearse por la ratificación de las partes, ni por un lapso de tiempo que no pase de diez años". De acuerdo a la norma citada, la prerrogativa que estatuye queda supeditada a la existencia de un interés en la correspondiente declaración de nulidad. De ahí que sea dable colegir que el referido interés corresponde a un requisito de procedencia de la acción, en la medida que atañe precisamente a su titularidad. Al ser así, significa que los jueces están obligados a examinar su concurrencia, inclusive prescindiendo de la actividad procesal que hayan observado los litigantes en la materia. Seguidamente, se hace necesario añadir que, en todo caso, el referido interés ha de ser uno de índole patrimonial, que no sólo debe ser alegado, sino además, acreditado por quien pretende que la nulidad sea declarada y, en fin, que ha de existir al tiempo de producirse el vicio correlativo, es decir, ha de ser coetáneo y no posterior a su verificación, porque sólo de esa manera se produce la necesaria conexión entre ese vicio y el interés que se arguye; DUODÉCIMO: Que el interés sea patrimonial significa que la declaración de nulidad o, más exactamente, la extinción de derechos y obligaciones que ella implica, tenga una consecuencia económica para el que la reclama. Se excluye, por ende, cualquier otro tipo de interés, así sea moral, social o de índole espiritual. Esto, por cuanto la nulidad extingue derechos y obligaciones, lo que repercute, ineludiblemente, en el ámbito patrimonial de los interesados. Sobre el particular se ha dicho: "Para nuestra ley lo único que justifica poner en movimiento la jurisdicción y atacar un acto presuntivamente válido es el provecho o perjuicio económico que de ello se sigue" (Pablo Rodríguez Grez, "Inexistencia y Nulidad en el Código Civil Chileno", Ed. Jurídica de Chile pág. 210). Don Luis Claro Solar, por su parte, enseña: "debe hablarse de interés pecuniario, aunque no lo expresa la ley, porque no cabe en esta materia un interés puramente moral. En los proyectos, incluso en el de 1853, decía que podrá alegarse "por todo el que tenga un interés pecuniario en ello", pero la comisión revisora prefirió la redacción que daba Delvincourt a esta exigencia (que es la que contiene nuestro Código Civil, sin haber entendido dar a la disposición un alcance más amplio que el que antes tenía" ("Explicaciones de Derecho Civil Chileno y Comparado"; T. XII, pág. 606); DÉCIMO TERCERO: Que así, entonces, el derecho a impetrar la nulidad presenta, como un elemento consustancial, la existencia de un interés en quien la invoca en orden a obtener su declaración, entendido como de uno carácter patrimonial, ergo, significativo de un beneficio o perjuicio de índole económica. Lo anterior, dejando a salvo, en todo caso, aquellos casos abarcados por la primera parte del artículo 1683 del Código de Bello, esto es, cuando la nulidad puede y debe ser declarada de oficio por el juez, aun sin petición de parte, cuando aparece de manifiesto en el acto o contrato. Acerca de la existencia de un interés jurídico en quien impetra la nulidad, esta Corte ha dicho: "Que, conforme al artículo 1683 del Código Civil, además de los contratantes, los terceros están facultados para alegar la nulidad absoluta de un acto o contrato. Con

todo, siempre de acuerdo a esa misma disposición legal, tal prerrogativa se establece en términos que queda supeditada a la existencia de un interés en la correspondiente declaración de nulidad. De ahí que sea dable colegir que el aludido interés corresponde a un requisito de procedencia de la acción, en la medida que atañe precisamente a su titularidad. Al ser así, significa que los jueces están obligados a examinar su concurrencia, inclusive prescindiendo de la actividad procesal que hayan observado los litigantes en la materia. Seguidamente, se hace necesario añadir que, en todo caso, el referido interés ha de ser uno de índole patrimonial; que ese interés no sólo debe ser alegado sino que, además, debe ser acreditado por quien pretende la declaración de nulidad y, en fin, que ha de existir al tiempo de producirse el vicio correlativo, es decir, que sea coetáneo y no posterior a su verificación, porque sólo de esa manera se produce la necesaria conexión entre ese vicio y el interés que se arguye". (Nº 1146-01, "Hald y otros con Olivares", 9 de mayo de 2002); DÉCIMO CUARTO: Que, acorde a lo expresado en su demanda y ahora en su recurso de casación, los actores basan su interés para impetrar la nulidad del contrato de permuta de inmueble impugnado en la causa, celebrado mediante escritura pública otorgada el 27 de julio de 2006, en su calidad de hijos de la permutante, -a quien le atribuyen el carácter de vendedora en el contrato que dicen aparente-, quien vive y actuó representada por su curadora, la demandada María Alejandra Lecaros Piffre. A tal respecto, ha de tenerse en cuenta que durante la vida de la causante, existirá entre ésta y aquéllos quienes, en su oportunidad, adquirirán la calidad de herederos -lo que tendrá lugar al abrirse la sucesión, seguida de la delación de la herencia- una relación de la cual dimanan intereses jurídicos, mas no de la entidad de los que se precisan para incoar la nulidad de autos, esto es, el que habría de concurrir en pos de obtener que se deje sin efecto un negocio celebrado por aquella pariente de los actores, en virtud del cual, se enajenan inmuebles que, por ende, no llegará a integrar el activo de la futura comunidad hereditaria que nacerá a la vida jurídica recién con la muerte de ese causante en cuyo nombre se contrató, como sucedió en el presente caso; DÉCIMO QUINTO: Que las reflexiones que anteceden conducen, por fuerza, a concluir que el recurso deducido debe ser desestimado. Y de conformidad, además, a lo dispuesto en los artículos 764 y 767 del Código de Procedimiento Civil, se rechaza, sin costas, el recurso de casación en el fondo deducido en lo principal de fojas 669, por doña Paulina Bórquez Olivares, en representación de los demandantes, contra la sentencia de veintiséis de abril de dos mil once, escrita a fojas 662. Se previene que el ministro señor Muñoz no comparte los fundamentos noveno a décimo cuarto, puesto que el legislador no exige ser titular de un derecho real o personal desconocido para accionar de nulidad y, este interés no necesariamente debe ser patrimonial, de conformidad con las siguientes razones: 1ª) Que, como ya se ha dicho, con arreglo a lo preceptuado en el artículo 1683 del Código Civil, la sanción civil de la nulidad requiere tener asociada la existencia de un interés por parte de quien la reclama, siendo éste uno de los componentes básicos para la procedencia de la acción que la reclame y, es el primer párrafo de la citada norma el que estatuye quiénes se encuentran habilitados para instar por la declaración de nulidad absoluta de un acto o contrato. Como se adelantó, dicho interés puede tener carácter patrimonial, lo que significa que la declaración de nulidad o, más precisamente, la extinción de derechos y obligaciones que ella implica, tenga una consecuencia económica para el que reclama la nulidad. Sin embargo, se hace necesario aquí distinguir entre el interés como causa eficiente o motivación de la acción y los efectos que producirá por repercusión la nulidad declarada. Clásicamente se confunden ambos aspectos, pero ciertamente son distintos, por ello se exige por alguna doctrina que el interés sea exclusivamente patrimonial o económico; 2ª.- Que en este orden de ideas, al tenor de lo preceptuado en el aludido artículo 1683, ha sido ampliamente discutido por la doctrina y jurisprudencia lo referente a la legitimación que la norma impone. Sin querer revisar esta larga controversia de lo que debe entenderse por "interés", resulta necesario detenerse en algunos antecedentes de data reciente en cuanto al punto, es así como, con motivo de la redacción del inciso segundo del actual artículo 38 de la Constitución Política de la República, se analizó el requisito exigido al actor, ponderándose las tres posibilidades que sobre el punto se estimaron de mayor relevancia: acción popular, interés y derecho subjetivo violado; en definitiva se optó por este último concepto, pero esto no es lo relevante, sino que se deja sentado que es diverso el concepto de interés y derecho subjetivo violado. Esta distinción también es posible encontrarla tanto en la doctrina civilista, especialmente en lo relativo a las acciones posesorias y conservativas de los gerentes, comuneros y mandatarios; 3ª.- Que ahondando en la diferencia entre interés y derecho subjetivo, se ha dicho que en este último no existe duda que tendrá una repercusión en su patrimonio la decisión que se adopte, manteniendo su privación o recuperando aquello de lo que fue privado. Sin embargo, en el interés, el acogimiento de la acción puede llevar en alguna forma a mejorar su situación personal, la que se encontraría beneficiada o quedaría en un mejor pie para afrontar una situación particular. Es así como la noción de interés puede admitir diversas graduaciones, las que quedan circunscritas entre el solo interés de la ley, que equivale a una acción popular, y el que se afecte un derecho subjetivo, extremos que, por lo mismo, quedan excluidos de dicha noción. También este concepto jurídico ha suscitado diferentes calificaciones en relación al antecedente que lo origina y el acto o contrato que motiva la demanda, tales como: personal, directo, grave y legítimo. Adentrarse en estas determinaciones ha llevado a establecer la teoría de los "círculos de interés", esto es, el conjunto de personas interesadas, pues resulta evidente que más de una puede tener repercusiones favorables al impugnar un mismo acto o contrato, excluyendo solamente aquellos círculos muy lejanos, llegando a establecerse la noción de "círculo de intereses suficientes", que apunta a la calidad que se esgrime para impugnar el acto o contrato. Tales círculos de interés se ejemplifican en la caída de una piedra en un lago de tranquilas aguas, en que el acto cuya nulidad se solicita es el centro y el interés del actor está representado por las circunferencias que se formarán a su alrededor hasta desaparecer. Todo lo anterior siempre ha sido entregado por el legislador a la jurisprudencia, de forma tal que es ésta la que está habilitada para construir la noción que integre la ley, pero necesariamente sobre la base de la exclusión de la acción popular y el derecho subjetivo violado, puesto que de otra manera se la estaría identificando con una de ellas, circunstancia que ciertamente aquél no ha querido, pues de otro modo lo habría manifestado de manera directa, dado que ninguno de los conceptos le es desconocido. En este sentido la jurisprudencia en materia procesal penal ha podido graduar la intensidad del interés al deducir querella, diferenciando el exigible en el antiguo sistema y el actual, siendo más exigente en este último;

4ª.- Que estas elementales argumentaciones dejan en claro que los demandantes podrán encontrarse en una situación mejor para reclamar sus derechos, si la acción de nulidad es acogida y, por lo mismo, tienen el interés que el legislador exige en el artículo 1683 del Código Civil para accionar, relativo a una situación que les afecta personalmente en forma directa, que puede importar una diferencia relevante en su situación patrimonial y en la que está ejerciendo las acciones que el ordenamiento legal prevé, dado particularmente en este caso, por la circunstancia de encontrarse unidos en vínculo de consanguinidad que los une con una de las demandadas y de filiación con la pupila de ésta, propietaria de los inmuebles transferidos a los que toca el pleito. Se sigue así su interés patrimonial en la declaración de nulidad absoluta, por simulación de contrato, y en la acción de reivindicación por las que demandaron, puesto que los actos impugnados habrían adolecido de la formalidad constituida por la pública subasta, por tratarse de los bienes de una persona interdicta, de quien los actores son descendientes, por lo que, podrían llegar a verse favorecidos en el caso de verificarse las restituciones impetradas en el libelo pretensor; 5ª.- Que, en consecuencia, cabe concluir que los demandantes se presentaron revestidos de la legitimación activa de rigor. Regístrese y devuélvase, con su agregado. Redacción a cargo del ministro señor Oyarzún y de la prevención, su autor. Rol Nº 5086-11. Pronunciado por la Primera Sala de la Corte Suprema por los Ministros Sres. Adalis Oyarzún M., Sergio Muñoz G., Guillermo Silva G., Alfredo Pfeiffer R. y Abogado Integrante Sr. Domingo Hernández E.

Fallo : 2914-11. veinticinco de enero de dos mil doce. Primera Sala

TEXTOS COMPLETOS: SENTENCIA DE LA CORTE DE APELACIONES: Antofagasta, a tres de marzo del año dos mil once. VISTOS: Se reproduce la sentencia en alzada con excepción de los considerandos octavo, noveno, décimo y décimo primero que se eliminan y, en su lugar, se tiene además presente: PRIMERO: Que el actor José Luis Escobar Fuentes presentó demanda de nulidad absoluta de la escritura pública de modificación y complementación extendida el 27 de octubre de 2004 ante el Notario de esta ciudad Vicente Castillo Fernández. En subsidio, pidió la inoponibilidad de dicha complementación o modificación; todo en contra de su cónyuge Valentina Guadalupe Méndez Cabrera, respecto de la cual dice que se encuentra separado de hecho desde hace más de siete años. También solicita la cancelación de la subinscripción practicada por el Conservador de Bienes Raíces de Antofagasta el 16 de junio de 2005, al margen de la inscripción de dominio de fs. 344 Nº 472 de 1999, mediante la cual se menciona que Valentina Guadalupe Méndez Cabrera adquirió el inmueble por el artículo 150 del Código Civil. SEGUNDO: Que el conflicto planteado, según el actor, se origina por la facultad ejercida en virtud de la cláusula séptima del contrato de compraventa celebrado entre Margarita Rosa Fuentes Cabezas y la demandada el 25 de abril del año 1997 porque, a juicio del demandante, dicha cláusula estaría constituida por un mandato que a la muerte de la vendedora se extinguió, en consecuencia, faltó la voluntad y consentimiento del mandante generándose la nulidad del acto a la luz del artículo 1.682 del Código Civil, por haberse omitido algún requisito o formalidad que las leyes prescriben para el valor de ciertos actos o contratos, en consideración a la naturaleza de ella, nulidad absoluta a juicio del demandante; quien además menciona el artículo 1.681 del mismo cuerpo legal, por la falta de alguno de los requisitos que la ley prescribe para el valor del mismo acto o contrato, según la especie y calidad o estado de las partes (sic); en subsidio, como se dijo, estima inoponible la modificación y complementación. TERCERO: Que la cláusula en cuestión, señala que "por el presente instrumento, doña Valentina Guadalupe Méndez Cabrera, queda facultada para presentar minutas y suscribir escrituras públicas tendientes a aclarar, rectificar, modificar, complementar y/o ampliar el presente título sin intervención de la parte vendedora". Además en la escritura de compraventa compareció el demandante como representante de la vendedora -con mandato civil- y la demandada como cónyuge de éste en su calidad de compradora, individualizada como casada con José Luis Escobar Fuentes, secretaria. CUARTO: Que no habiéndose precisado el tipo de nulidad, sobretodo en la forma que lo planteó el actor, aparece conveniente avocarse en primer lugar a la nulidad relativa, entendida como la sanción legal prevista cuando se omiten requisitos prescritos por la ley para la validez del negocio, en consideración a la calidad o estado de las personas. Desde este punto de vista, no cabría sino rechazar la nulidad relativa pedida por el actor, desde que la máxima latina "nemo auditur" plasmadas en los artículos 1.682, 1.683 y 1.685 del Código Civil le impide solicitarla, puesto que el actor compareció en la escritura y dada su calidad, no podía menos que saber que le estaba vendiendo a su cónyuge, la que actuaba por lo demás en su calidad de secretaria y así lo hizo ver en el desarrollo de la complementación de la escritura de compraventa cuando acompañó la documentación necesaria justificante de su patrimonio. Asimismo, de conformidad con el artículo 1.684 ya citado, el beneficio sobre la incapacidad de la mujer casada en virtud del artículo 150 es en su favor, y por lo tanto, colude con el marido, quien aparece aprovechándose de su propia torpeza, ya que esta disposición restringe la solicitud de nulidad

relativa o rescisión a aquellos en cuyo beneficio la han establecido; por consiguiente, en todo lo que dice relación con la nulidad relativa y la actuación del actor en la escritura, debe desestimarse. Sin perjuicio de lo anterior, la presentación del cónyuge en la escritura lo hizo sabiendo o debiendo saber el vicio, desde que al comparecer coetáneamente en la misma escritura debió otorgar la autorización para la compra, compareciendo también como administrador de la sociedad conyugal, lo que no hizo, de manera que su actuación ha permitido o tolerado el ejercicio de la facultad que emana del peculio profesional del artículo 150 del Código Civil. QUINTO: Que en lo referente a la nulidad absoluta, primeramente habrá que analizar la naturaleza jurídica de la cláusula, en cuanto si se trata de un mandato como contrato accesorio o forma parte del contrato mismo, en los términos de un acuerdo de voluntades generadoras de obligaciones recíprocas. En este sentido, el mandato tiene elementos esenciales y accidentales y ya la doctrina está acorde que tanto la gratuidad como la representación no son aspectos esenciales del mismo; no así la naturaleza del encargo como elemento distintivo del mandato. Para ello, considerando cualquiera de los tratadistas más destacados en este aspecto, podremos concluir que el contenido de la cláusula no reviste la naturaleza jurídica de un mandato. A saber, según Planiol (David Stitchkin Branover "El Mandato Civil". Editorial Jurídica cuarta edición, página 26) el mandato como contrato tiene por objeto los derechos y más precisamente la celebración de un acto jurídico, porque este contrato "se ha especializado en la ejecución de actos jurídicos hechos por cuenta ajena y su esencia es la concesión al mandatario del poder de obrar jurídicamente para el mandante, de tal manera que la idea del mandato ha llegado a ser inseparable de la idea del acto jurídico". En este sentido, no podría tener la naturaleza jurídica de mandato la cláusula en cuestión, porque no está para la ejecución de un acto jurídico determinado, ni surge para la ejecución de actos jurídicos por cuenta ajena, sino sólo es una facultad anexa al acuerdo de voluntades para que éste pueda tener el pleno valor que las partes acordaron darle (compraventa), por lo tanto, es el ejercicio del derecho mismo que emana del contrato. Según la tesis de Bibiloni (ibíd. ídem, página 27) exige que el encargo objeto del mandato pueda consistir en un acto hecho o prestación cualquiera "hay mandato allí donde una persona encarga a otra la gestión de hechos que le conciernen. Y no precisamente de actos jurídicos. No hay motivo alguno para limitar la gestión. Los hechos corrientes de la vida pueden ser objeto de aquel encargo. La conducción de un hijo al exterior, al hospital, etc., pueden ser objeto de un mandato. La educación de él puede serlo al mismo título que la contratación de una hipoteca". En consecuencia, tampoco la cláusula en comento puede formar parte del mandato porque no existe el encargo para un acto cualquiera, desde que el cometido de que los efectos de la compraventa sean los naturales a ésta, van ínsitos en el contrato y forman parte de la naturaleza y esencia del mismo. Las facultades otorgadas para concretar el mismo, sea en la entrega de la especie o las necesarias modificaciones de la escritura para poder inscribirla, no constituyen un encargo, objeto, hecho o prestación cualquiera distinta al cometido mismo del acuerdo de voluntades que hace nacer la compraventa y que forman parte de ésta. Por último, en las conclusiones del libro en referencia, se indica que lo característico en el mandato es ocuparse del negocio como algo que le es ajeno "como negocio cuyos ingresos y gastos en nada le afectan materialmente; en una palabra, que obre por cuenta y riesgo del mandante"; conclusión que hace evidente que la naturaleza jurídica de esta cláusula séptima hoy común en las escrituras públicas, no es más que la materialización de las facultades de los contratantes para concretar las obligaciones propias que nacen de la compraventa y desde este punto de vista, podría decirse que son elementos de la naturaleza, a la luz de lo dispuesto en el artículo 1.444 del Código Civil, porque se trata de aquellas cosas que no siendo esenciales, se entienden pertenecerle, sin necesidad de una cláusula especial, desde que las aclaraciones, rectificaciones, modificaciones, complementaciones y ampliaciones referentes a la actuación de una parte, en este caso compradora, no dependen ni requieren de la facultad de la vendedora, más aún si refieren sólo la complementación de una manifestación de voluntad irrelevante e intrascendente para la vendedora. SEXTO: Que al haberse demostrado que la naturaleza jurídica de la cláusula séptima no responde a un mandato, la muerte de la vendedora ninguna influencia jurídica ha podido ocasionar en el ejercicio legítimo de la facultad de la compradora de aclarar una situación que a juicio de ésta, no estaba precisada en la escritura, por consiguiente, deberá desestimarse la pretensión del actor. SÉPTIMO: Que finalmente, respecto a la nulidad absoluta propiamente tal, no habiéndose omitido algún requisito o formalidad prescrita por la ley para el valor del negocio referido a la complementación de la escritura, sin que ésta tenga alguna injerencia respecto de la voluntad, causa u objeto de la compraventa, no es posible acoger la misma y por tanto, deberá revocarse la sentencia, rechazándose la demanda. OCTAVO: Que dado los argumentos vertidos y no habiéndose invocado alguna disposición que justifique la inoponibilidad del complemento de la escritura pública, procede rechazar la demanda subsidiaria. NOVENO: Que habiendo resultado totalmente vencido el actor, de conformidad con lo dispuesto en el artículo 144 del Código de Procedimiento Civil, sólo es posible condenarlo a pagar las costas del recurso, porque no obstante carecer de motivos plausibles para litigar -según la forma cómo ha invocado su pretensión frente al razonamiento efectuado en los considerandos precedentes-, no procede condenarlo al pago de las costas de la causa, porque dicha pretensión no ha sido solicitada al haberse evacuado en rebeldía el trámite de contestación de la demanda. Por estas consideraciones y visto además lo dispuesto en los artículos 186 y siguientes del Código de Procedimiento Civil, SE REVOCA, con costas del recurso, la sentencia apelada de fecha treinta y uno de agosto del año dos mil diez, escrita a fojas 56 y siguientes, en la parte que acoge con costas la demanda interpuesta por José Luis Escobar Fuentes en contra de Valentina Guadalupe Méndez Cabrera y ordena cancelar la subinscripción practicada por el Conservador de Bienes Raíces de esta ciudad el dieciséis de junio del año dos mil cinco, que figura al margen de la inscripción de dominio de fojas 344, bajo el Nº 472 del año dos mil nueve referida al complemento según escritura pública otorgada ante el Notario Vicente Castillo Fernández el 27 de octubre de 2004 y, en su lugar, se declara que ello no es procedente, rechazándose la demanda referida, como también la subsidiaria en cuanto pedía declarar la inoponibilidad de la modificación o complementación, sin costas de la causa. Regístrese y devuélvanse.

Rol 786-2010.Pronunciada por la Segunda Sala, integrada por los Ministros Titulares Sr. Enrique Álvarez Giralt, Sra. Laura Soto Torrealba y Sr. Oscar Clavería Guzmán. Autoriza la Secretaria Titular Sra. Claudia Campusano Reinike. SENTENCIA DE LA CORTE SUPREMA: Santiago, veinticinco de enero de dos mil doce. Vistos: En estos autos Rol Nº 222-2010, seguidos ante el Tercer Juzgado Civil de Antofagasta, sobre nulidad absoluta y, en subsidio, inoponibilidad, caratulados "Escobar Fuentes, José con Méndez Cabrera, Valentina", compareció don José Escobar Fuentes, interponiendo demanda en juicio ordinario en contra de doña Valentina Méndez Cabrera y solicitó se declare la nulidad absoluta de la escritura pública de modificación y complementación extendida el 27 de octubre del año 2004, por falta de voluntad o consentimiento y, en subsidio, la inoponibilidad de la misma por falta de concurrencia, ordenando en ambos casos, la cancelación de la subinscripción practicada en el Conservador de Bienes Raíces de Antofagasta, que incorpora la declaración que la demandada adquirió el inmueble en cuestión de conformidad a lo dispuesto en el artículo 150 del Código Civil. Explica que se encuentra casado con la demandada, con quien el 25 de abril de 1997 suscribió una escritura pública de compraventa, en la que él compareció en representación de su madre, doña Margarita Rosa Fuentes Cabezas, quien con el objeto de asegurar el futuro de sus nietos, cedió, vendió y transfirió el dominio del inmueble ubicado en Avenida Pedro Aguirre Cerda Nº 7293 a la demandada, su cónyuge. Asegura que el propósito incuestionable de dicha compraventa, fue incorporar la propiedad al haber social, de conformidad con lo dispuesto en el artículo 1757 Nº 5 (sic) del Código Civil. Así, expresamente se dispuso en dicha escritura que la adquirente -Méndez Cabrera- se encontraba casada con José Luis Escobar Fuentes, practicándose la tradición correspondiente el 11 de febrero de 1999. Según lo reseñado, la propiedad permaneció en esas condiciones, hasta que, luego de fuertes desavenencias conyugales, se produjo la separación de hecho con la demandada, quien en forma subrepticia procedió con fecha 27 de octubre de 2004 a extender una escritura pública denominada "modifica y complementa escritura de compraventa". En dicho instrumento, y no obstante haber transcurrido más de 5 años desde que se practicara la inscripción de dominio, su cónyuge invocando el mandato contenido en la cláusula séptima del contrato original de compraventa, que le permitía "presentar minutas y suscribir escrituras públicas tendientes a aclarar, rectificar, modificar, complementar y/o ampliar el título sin intervención de la parte vendedora" -según reza la estipulación 3ª del escritura de modificación y complementación- adicionó a la primitiva escritura una cláusula décima, cuyo tenor es el siguiente: "Las comparecientes dejan constancia que la compradora, Valentina Guadalupe Méndez Cabrera, concurre a celebrar el acto por sí misma y en virtud de su patrimonio reservado, ello en ejercicio del artículo ciento cincuenta del Código Civil, ya que ésta ejerce un empleo u oficio o industria, separados de los de su marido, considerándose entonces separada de bienes respecto del ejercicio de eses empleo, oficio, profesión o industria y de lo que en ellos obtenga." Seguidamente, con la intención dolosa de apropiarse del inmueble en perjuicio de la sociedad conyugal, con fecha 16 de junio del año 2005 procedió a subinscribir al margen de la inscripción de dominio de fojas 344 Nº 472 del año 1999, la calidad antes expuesta. En estas condiciones, la contraria procedió, a su vez, a enajenar, sin la voluntad del administrador de la sociedad conyugal dicho bien raíz, para su único y particular provecho. Luego, la referida escritura pública de modificación y complementación de escritura pública de compraventa, que sólo benefició a la demandada, se realizó cinco años después que la vendedora y mandante había fallecido, lo que hace que dicho acto sea nulo, de nulidad absoluta o inoponible. En consecuencia, procede se declare la nulidad absoluta de la escritura en cuestión, pues en dicho acto que modifica la compraventa original, faltó la voluntad o consentimiento de la mandante doña Margarita Rosa Fuentes Cabezas, quien a la fecha de la subinscripción había fallecido, hecho que la demandada conocía perfectamente. La parte demandada no evacuó el trámite de contestación a la demanda. Por sentencia de fecha treinta y uno de agosto de dos mil diez, la señora juez titular del tribunal señalado en el acápite primero de esta sentencia, que se lee a fojas 56 y siguientes, acogió la demanda, con costas, declarando la nulidad absoluta de la escritura pública denominada "Modifica y complementa escritura de compraventa", ordenando, subsecuentemente, cancelar la subinscripción practicada el fecha 16 de junio de 2005 por el Conservador de Bienes Raíces al margen de la inscripción de dominio de fojas 344, Nº 472 de 1999, en la que se indica que la demandada adquirió el inmueble en virtud del artículo 150 del Código Civil. Apelado dicho fallo por la parte demandada, una Sala de la Corte de Apelaciones de Antofagasta, por resolución de tres de marzo de dos mil once, rolante a fojas 85, lo revocó, y en su lugar, desestimó tanto la demanda principal como subsidiaria. En su contra la perdidosa interpuso recurso de casación en el fondo. Se ordenó traer los autos en relación. CONSIDERANDO: PRIMERO: Que la nulidad sustancial que se postula por la recurrente se endereza en la vulneración que, a su entender, se ha producido, en la sentencia impugnada de lo dispuesto en los artículos 2116, 2163 Nº 5 y 1682 del Código Civil. En forma preliminar, aclara que su parte, no obstante lo señalado por el sentenciador de alzada, inequívocamente solicitó

la declaración de nulidad absoluta de la escritura pública de modificación y complementación de extendida el 27 de octubre del año 2004, de manera que los yerros de derecho que denuncia se limitan a la decisión que desestimó la acción de nulidad absoluta. Seguidamente, indica que la sentencia cuestionada transgrede el artículo 2116 del Código Civil, al concluir que la naturaleza jurídica de la cláusula 7ª de la escritura pública de compraventa de 25 de abril de 1997 no corresponde a un mandato. En efecto, la norma en cuestión define lo que debe entenderse por mandato, concepto que permite sostener que la estipulación a la que se alude, en abstracto, detenta el carácter de tal, en que las mandatarias son Margarita Fuentes Cabezas y Valentina Méndez Cabrera; el encargo eventual -objeto del mandato- por cuenta ajena, corresponde a la ejecución de un acto jurídico que afecta a ambos mandantes (comprador y vendedor); consistente en la suscripción de una escritura pública destinada a aclarar, rectificar, modificar, complementar y/o ampliar el título, sin intervención de la parte vendedora. En concreto, dicho mandato se ejecutó mediante la escritura pública de fecha 27 de octubre de 2004, en que la compradora y mandataria por sí y en representación de la vendedora, luego de transcurridos siete años desde el acto jurídico original, con un claro ánimo de defraudar, rectifica la compraventa individualizada, modificándola esencialmente, al alterar el patrimonio de destino de la propiedad, dominio que se transfiere desde el haber de la sociedad conyugal al patrimonio reservado de la mujer casada. El fallo recurrido no considera que su parte solicitó únicamente la nulidad de la escritura pública del año 2004, esto es, del acto jurídico correspondiente al ejercicio concreto del mandado. De esta forma, tanto la cláusula de mandato como el acto jurídico que nace al amparo de ella, corresponden, respectivamente, a un mandato y su ejecución, contrato que recae sobre un acto jurídico determinado, que se practica por cuenta ajena, que altera una situación precisada en la escritura original y, que finalmente, es relevante y trascendente tanto para la vendedora como para terceros, entre ellos, su parte. Refiere que el fallo recurrido desconoce el negocio o acto jurídico que se encomienda a la luz de la cláusula en análisis, pues entiende que la complementación de la escritura pública de compraventa original no dependía ni requería de la facultad de la vendedora, toda vez que se trataría de una manifestación de voluntad irrelevante e intrascendente para ésta. Sin embargo, ello no es efectivo, desde que el objeto del mandato y su ejecución concreta corresponden a un acto jurídico, que se encarga y cumple al suscribir la escritura pública destinada a tener efectos jurídicos concretos. Pero que en los hechos no se centra en la ejecución del contrato de compraventa inicial ejecutado mediante la tradición practicada el 11 de febrero de 1999, a través de la inscripción respectiva. Así la mandataria sólo dirigió su accionar para modificar sustancialmente el alcance del contrato primitivo y con ello, el patrimonio sobre el cual recaía el mismo. En este contexto, la demandada mediante la escritura pública de compraventa de 25 de abril del año 1997, actuó para un patrimonio y en la escritura modificatoria para otro. De esta forma, independiente de la persona, la contraria actúa por cuenta ajena desde que obra para patrimonios distintos, evidenciando su mala fe, puesto que el acto que pretende anular fue llevado a cabo siete años después de otorgado el contrato original. Sin perjuicio de lo anterior, sostiene que la demandada actúa por cuenta ajena desde que el mandato fue otorgado también por doña Margarita Fuentes Cabrera, este hecho resulta inconcuso, ya que ella aparece como vendedora en la escritura de compraventa y en la cláusula séptima entrega mandato en el sentido ya expuesto. Resulta evidente que hay dos mandantes, con lo cual, se actúa por cuenta ajena. Cuestionable, además, resulta la afirmación del fallo impugnado, en el sentido que la actuación de la compradora en la escritura de modificación, trata sólo de aclarar una situación que, a juicio de ésta, no estaba precisada en la escritura y que no depende ni requiere de la facultad de la vendedora, refiriéndose sólo a una complementación irrelevante e intrascendente para la vendedora. Empero, en relación al primer aspecto, resulta inconcuso que la escritura pública original no requería aclaración alguna, puesto que su efecto jurídico innegable era ingresar el bien raíz al patrimonio de la sociedad conyugal, para lo cual se practicó la inscripción correspondiente; el acto posterior no estaba destinado a aclarar nada, pues su objeto fue evidentemente alterar, modificar o cambiar, luego de siete años, el patrimonio al que había ingresado el inmueble. Tampoco es cierto que la escritura no modifica ni complementa aquella original del año 1997, pues entiende el sentenciador que correspondería a una declaración unilateral de voluntad y, por lo tanto, no requería de la aceptación de la vendedora y mandataria. Se trata de una afirmación hipotética -dice- puesto que según se desprende tanto del mandato como de la escritura pública de complementación, la mandataria y demandada, actúa en representación de ambas partes del contrato de compraventa, tal como se desprende de su simple lectura. En este mismo sentido, como acto unilateral de la compradora, no estaba facultada para alterar los efectos del contrato de compraventa. No obstante ello, la sentencia impugnada no se percata que el referido contrato se cumplió cabalmente mediante la tradición respectiva. Entonces, resulta evidente que para alterar dicha inscripción e incorporar la anotación al margen, la demandada sólo pudo acometerlo como representante de ambas partes del contrato bilateral de compraventa, obrando en representación de la vendedora. Por otro lado, aduce el recurso la contravención al artículo 2163 Nº 5 del Código Civil, puesto que según lo latamente analizado, si la cláusula 7ª corresponde a un mandato y la escritura pública de modificación y complementación constituye un acto jurídico por el cual se ejecutó el encargo contenido en el mandato, luego, la muerte de la mandante -según lo dispone la norma citada- pone término al encargo. Finalmente, se denuncia la conculcación del artículo 1682 del Código Civil, al omitirse su aplicación, puesto que habiendo otorgado y suscrito la demandada la escritura que se impugna en virtud de un mandato que se encontraba extinto a esa fecha -por la muerte de la mandante- no existía, entonces, consentimiento de esta última, requisito esencial para la validez del acto de que se trata, por lo que correspondía acoger la demanda, declarando la nulidad absoluta de escritura de modificación y complementación y, consecuencialmente, ordenar la cancelación de la subinscripción a que ésta dio origen; SEGUNDO: Que, para una mejor inteligencia del recurso, es conveniente dejar expresado que los sentenciadores fijaron como hechos de la causa, que adquieren el carácter de definitivos, y a los que habrá de estarse para su decisión y definición, los siguientes:

1.- Con fecha 25 de abril de 1997, el actor en representación de su madre, doña Margarita Fuentes Cabezas, celebró y suscribió un contrato de compraventa, en virtud del cual vendió, cedido y transfirió a la demandada -su cónyuge desde el año 1984- el inmueble de propiedad de su madre y representada, ubicado en calle Pedro Aguirre Cerda Nº 7293 de la ciudad de Antofagasta; 2.- En la cláusula séptima de la escritura de compraventa singularizada en el literal que antecede, se declaró que la compradora -ahora demandada- queda facultada para presentar minutas y suscribir escrituras públicas tendientes a aclarar, rectificar, modificar, complementar y ampliar el mismo título, sin intervención de la parte vendedora; 3.- La compraventa fue debidamente inscrita en el Registro de Propiedad del Conservador pertinente. 4.- Con fecha 3 de julio de 1998 falleció doña Margarita Fuentes Cabezas. 5.- Con fecha 27 de octubre del año 2004 la demandada suscribió una escritura de modificación y complementación de la escritura de compraventa del año 1997, complementándola en el sentido de agregar a la primitiva escritura una cláusula décima, en la que expresa que los comparecientes dejan constancia que la demandada, concurrió a celebrar el acto por sí misma y de conformidad al artículo 150 del Código Civil; TERCERO: Que los jueces del fondo, sobre el sustrato fáctico descrito precedentemente, en resumen, para revocar la sentencia del a quo, y desestimar, en definitiva, la demanda, después de precisar que la acción interpuesta es de nulidad absoluta, determinan que la naturaleza jurídica de la cláusula séptima del contrato de compraventa primitivo no es la de un mandato, porque no se refiere a la ejecución de un acto jurídico determinado, ni surge para la ejecución de actos jurídicos por cuenta ajena, sino sólo constituye una facultad anexa al acuerdo de voluntades, destinada a conferir el pleno valor que las partes acordaron darle a la compraventa, por lo tanto, es el ejercicio del derecho mismo que emana del contrato. Sostienen que la cláusula en comento, tampoco puede formar parte del mandato, porque no existe el encargo para un acto cualquiera, desde que el cometido de que los efectos de la compraventa sean los naturales a ésta, van ínsitos en el contrato y forman parte de la naturaleza y esencia del mismo. Las facultades otorgadas para concretarlo, sea en la entrega de la especie o las necesarias modificaciones de la escritura para poder inscribirla, no constituyen un encargo, objeto, hecho o prestación cualquiera distinta al cometido mismo del acuerdo de voluntades que hace nacer la compraventa y que forman parte de ésta. Por último, indican que lo característico en el mandato es ocuparse del negocio como algo que le es ajeno, conclusión que hace evidente que la naturaleza jurídica de esta cláusula séptima, común en las escrituras públicas, no es más que la materialización de las facultades de los contratantes para concretar las obligaciones propias que nacen de la compraventa y por ello se trata de un elemento de la naturaleza, a la luz de lo dispuesto en el artículo 1.444 del Código Civil, por lo que las aclaraciones, rectificaciones, modificaciones, complementaciones y ampliaciones referentes a la actuación de una parte, en este caso compradora, no dependen ni requieren de la facultad de la vendedora, más aún si refieren sólo la complementación de una manifestación de voluntad irrelevante e intrascendente para esta última. Concluyen, en atención a la naturaleza de la cláusula en cuestión, que la muerte de la vendedora ninguna influencia jurídica ha podido ocasionar en el ejercicio legítimo de la facultad de la compradora de aclarar una situación que a juicio de ésta, no estaba precisada en la escritura, considerando por ello que no se ha omitido algún requisito o formalidad prescrita por la ley para el valor del negocio referido a la complementación de la escritura, sin que ésta tenga alguna injerencia respecto de la voluntad, causa u objeto de la compraventa; CUARTO: Que la cita de las disposiciones legales denunciadas por la recurrente, expuestas en el motivo primero y los argumentos esgrimidos en apoyo de sus afirmaciones en tal sentido, pone de manifiesto que el quid de la crítica de ilegalidad dirigida contra del fallo que se impugna en el recurso, estriba en la interpretación que los sentenciadores confirieron a la cláusula séptima del contrato de compraventa del año 1997, particularmente -según sostiene el arbitrio- al desconocer el mandato implícito en la misma y las consecuencias de la muerte del mandante en su vigencia; QUINTO: Que absolviendo la interrogante que antecede, resulta útil revisar las disposiciones atingentes a la materia y en especial a la situación fáctica que se presenta en autos. En este sentido, conforme con la definición dada por el artículo 2116 del Código Civil: "El mandato es un contrato en que una persona confía la gestión de uno o más negocios a otra, que se hace cargo de ellos por cuenta y riesgo de la primera...", de lo que se infiere que el elemento fundamental que caracteriza el contrato es "la gestión de uno o más negocios". A diferencia de la casi totalidad de las legislaciones, el Código chileno ha empleado tal expresión para determinar en forma precisa el contenido del mandato, lo que ha hecho deliberadamente, como se puede apreciar de la simple lectura, por ejemplo, de los artículos 2119, 2120 y 2121, también relativos al mandato. No cabe duda, por consiguiente, que en concepto de nuestro legislador, es característico y esencial en el mandato que el encargo consista en la "gestión de uno o más negocios", y esto implica, naturalmente, la idea de administrar un negocio ajeno, o sea, gobernar, regir, cuidar y dar término a una operación de interés económico, para lo cual puede ser necesario, en último o en primer término, la ejecución de uno o más actos jurídicos, por lo que hay mandato -considerando el problema solamente desde el punto de vista de su objetocuando se encomienda la ejecución de un negocio jurídico, o el cuidado, administración y ejecución de un asunto de interés económico. (David Stitchkin Branover, El Mandato Civil, Quinta Edición, Editorial Jurídica de Chile, páginas 43 y 44). Esta determinación del objeto corresponde a los términos usados por el legislador y a la interpretación racional de la norma del artículo 2116, a la cual, como ya se vio, aquél le otorgó una connotación diversa de la corriente, puesto que inicia la definición en comento aludiendo a la naturaleza contractual de la vinculación entre las partes y, luego, en relación con su contenido u objeto, lo indica utilizando la palabra "gestión", al igual que las otras disposiciones legales del Código Civil precedentemente aludidas. SEXTO: Que acorde con lo que se viene narrando y con la definición del mandato que contempla el artículo 2116 del Código Civil, son elementos esenciales de éste los que siguen: a) debe tratarse de un contrato, esto es, una convención generadora de obligaciones; b) en razón de este contrato, una persona confía la gestión de uno o más negocios a otra; y c) ésta se hace cargo de los negocios por cuenta y riesgo de aquélla.

De otro lado, en conformidad al artículo 2124 del cuerpo de leyes en comento, el contrato de mandato se reputa perfecto por la aceptación del mandatario y, esta aceptación puede ser expresa o tácita, configurando la última "todo acto en ejecución del mandato". Si no hay concurso de voluntades entre mandante y mandatario, el mandato no se forma y, en consecuencia, este último no queda obligado ni contrae responsabilidad alguna. Así entonces, el primer requerimiento para configurar este contrato no escapa del propio de una serie de relaciones jurídicas que se caracterizan por la necesidad de requerir para su generación, un acuerdo de voluntades. Empero, no basta su sola concurrencia para la determinación del contrato al que se viene en aludir. Serán los restantes requisitos, que el indicado artículo 2116 estatuye, los que determinen la existencia del mandato. La norma en cuestión dispone que en el mandato una persona "confía" la gestión de uno o más negocios a otra. Así, el profesor Stitchkin, citando a su vez al tratadista David Oliva Murillo, señala "Esta expresión viene a asentar uno de los elementos distintivos del mandato: es un contrato de confianza. Interviene aquí un factor subjetivo del que comete el encargo y que consiste en la fe que le inspira el mandatario, tanto por su honestidad cuanto por las cualidades que posea para desempeñar con buen éxito el negocio que le encomienda". Este elemento dice el autor equivale a la "afectio societatis" del contrato de sociedad, que bien puede deducirse del tenor o espíritu del acto, pero cuya ausencia permitiría concluir que no ha existido el propósito de celebrar mandato. (obra ya aludida, página 40). En el contexto anotado, el legislador no ha contemplado un único elemento determinante del mandato, puesto que es necesaria la concurrencia copulativa de todos aquellos referidos y cuyo análisis en conjunto permitirá determinar su existencia. Así, y alumbrado por los requisitos en cuestión, según lo indica el autor citado, la sustancia del mandato consiste en la confianza que una persona deposita en otra para correr los beneficios de los riesgos o la pérdida que le pueda acarrear la gestión de un negocio jurídico o económico que afectara exclusivamente al mandante y que administrará y realizará el mandatario. SÉPTIMO: Que en esta etapa del razonamiento que se desarrolla, corresponde analizar la naturaleza de la cláusula séptima del contrato de compraventa de 25 de abril de 1997 suscrito por doña Margarita Fuentes Cabezas, como vendedora y doña Valentina Méndez Cabrera como compradora, que reza: "Por el presente instrumento, doña Valentina Guadalupe Méndez Cabrera, queda facultada para presentar minutas y suscribir escrituras públicas tendientes a aclarar, rectificar, modificar, complementar y/o ampliar el presente título sin intervención de la parte vendedora"; OCTAVO: Que resulta incuestionable, tal como lo propone el demandante, que la estipulación inserta en el contrato de compraventa aludido constituye efectivamente un mandato. Su finalidad no es otra que la compradora, en nombre y representación de la vendedora -mandante-, pueda tramitar -de ser necesario- las formalidades para el perfecto término del contrato de compraventa que celebraron las partes cuyo objeto era, como todos los de su clase, el convertir a la compradora en dueña del bien raíz materia de la convención, efecto que se logra con la inscripción, conforme a la ley, en el registro conservatorio correspondiente. En el contexto anotado, se está en presencia de un mandante y un mandatario determinado, en que el primero otorga al segundo un cometido especial (artículo 2130 del Código Civil) para que al requerir tanto la inscripción como todo aquello necesario para que ésta surta sus efectos en los términos pactados, se cumpla con lo que a ambos contratantes interesa, según los derechos y obligaciones de que el título sujeto a inscripción da cuenta, mediante la presentación de minutas y suscripción de escrituras públicas tendientes a aclarar, rectificar, modificar, complementar y/o ampliar la escritura de compraventa, es decir, siempre con miras a concretar definitivamente el negocio. No cabe duda que la estipulación en estudio da cuenta de un contrato intuito personae, es decir, celebrado en consideración a la persona, sobre la base de la confianza que inspira el mandatario, cuestión que por lo demás en el caso concreto cobra relevancia, al tenor del vínculo de parentesco que unió a las partes contratantes sea de la escritura pública como del mandato que ésta contiene. No se trata aquí de un mandato que se confiere a un desconocido -también típico en escrituras como la que se trataquien asume su condición de mandatario por el solo hecho de portar la copia autorizada de una escritura, figura que según los autores constituye, en principio, una oferta de mandato dirigida a persona indeterminada y que sólo surte sus efectos como tal, una vez aceptado expresa o tácitamente, haciendo recaer en el mandatario, solo en este evento y una vez iniciada la gestión, las obligaciones y derechos como también las causales de extinción y las particularidades del contrato de mandato (véase a Daniel Peñailillo Arévalo, "Se faculta al Portador de Copia Autorizada"). Sin embargo, la cláusula de la escritura del año 1997 objeto de la litis, demuestra, en primer término -como todo contrato-, la concurrencia de dos partes bien determinadas, cuyas voluntades en orden a celebrarlo son imprescindibles. Así la mandataria aceptó expresamente el encargo al suscribir la escritura de que se trata, encomendado por la vendedora, perfeccionándose entonces la convención, con el consentimiento de la mandante y la mandataria. Esta última, contrae de esta manera, la obligación de cumplir el encargo, que en el caso de autos, al tenor no sólo de la estipulación en cuestión, sino de la generalidad del contrato en que se inserta, consistía en modificar, ampliar y/o restringir el título traslaticio de compraventa. Nada obsta a la conclusión que precede, el asunto específico objeto del mandato, desde que entre otros, se encuentran incluidos entre aquellos materia de esta convención, la ejecución de un negocio jurídico distinto al de carácter económico, que abarca tanto la ejecución de un acto como la celebración de un contrato -a nombre propio o ajeno-. Aquí el mandatario cumple su cometido y le pone término ejecutando el acto o celebrando el contrato. Podrá, entonces, ser objeto del mandato en general, todo acto jurídico que no prohíba la ley celebrar de dicha manera. Incluso la posesión, que constituye un hecho, puede ser asimismo, materia de este contrato. Luego, el encargo en particular conferido en este caso a la compradora y demandada, consistente en modificar, ampliar y/o restringir el título, constituye un acto jurídico determinado por el contexto de la convención en la que se inserta y destinado en cualquiera de sus acepciones a cumplir los fines propios del título translaticio de dominio y la posterior tradición; NOVENO: Que seguidamente, y luego de determinada la naturaleza jurídica de la estipulación séptima aludida, es

menester avocarse a la vigencia post mortem de la misma, para lo cual debe consignarse que el artículo 2165 Nº 5 del Código Civil dispone: "El mandato termina: Por la muerte del mandante o del mandatario." La norma transcrita, nuevamente trasunta el carácter intuito personae de este tipo de contratos, desde que el legislador entiende que el mandatario ha aceptado el encargo en consideración a la persona que lo encomendó y no a sus herederos. La muerte como causal de término es de la naturaleza del contrato de mandato; muerto el mandante surge para con sus herederos un deber de cuidado respecto del mandatario, quien debe proseguir el cumplimiento del encargo si de lo contrario se irrogara perjuicios a la sucesión. Hay ciertos mandatos que no terminan por la muerte del mandante, tales como el mandato judicial, la comisión mercantil y el mandato post-mortem. Además de estos casos excepcionales de subsistencia del mandato, la regla general será que, conocida la muerte del mandante, el mandatario deberá suspender sus funciones. Entonces, mientras la ignore, lo que haya ejecutado en virtud del mandato, será válido y dará derecho a los terceros de buena fe contra los herederos del mandante. Por el contrario, aquello que ejecute conocida su muerte, lo hace responsable de los perjuicios que de ello se siga a los herederos de aquél. Solo de manera excepcional es obligado a finalizar la gestión principiada, si de suspenderla se siguieran igualmente perjuicios para la sucesión del mandante; DÉCIMO: Que del raciocinio que precede, se desprende que efectivamente el mandato termina por la muerte del mandante, salvo las excepciones que la misma ley contempla, dentro de la que no se encuentra la situación de autos, puesto que del tenor de la estipulación séptima, no es posible consignar que estuviera destinada -al momento de pactarse- a ser ejecutada después del fallecimiento del mandante. Ello no obsta a la obligación del mandatario de finalizar la gestión ya iniciada, si la suspensión acarrea perjuicio a los herederos del mandante, evento que a la luz de la cronología de los hechos asentados en este juicio, no concurre en la especie. UNDÉCIMO: Que así las cosas, de las disposiciones anotadas, no cabe duda que la muerte del mandante pone término al mandato, desde que si se revisan las excepciones en que el mandato continúa no obstante su muerte, no puede incluirse el presente litigio en ellas. Ahora bien, distinta es la situación en que concurren mandatos recíprocos, en que ambas partes son mandante y mandatario a la vez, puesto que de fallecer uno de ellos, el mandato subsistiría para el otro, en el entendido que el sobreviviente tiene interés en el cumplimiento del cometido, en atención a la duplicidad de roles que detenta. Empero, la hipótesis planteada precedentemente, contrastada con la redacción apuntada de la estipulación en comento, evidencia -como ya se adelantó- la existencia de un único mandante y mandatario. Conclusión que por lo demás se arriba del examen de la escritura pública de veintisiete de octubre de dos mil cuatro, denominada "Modifica y Complementa Escritura Pública de Compraventa entre Margarita Rosa Fuentes Cabezas y Valentina Guadalupe Méndez Cabrera", que en su cláusula tercera, para justificar la extensión de dicho instrumento, recurre a la regla séptima de la escritura que modifica y no a la novena, que contempla la figura del mandato conferido tanto a la contraparte como a terceros. En este mismo orden de ideas, el profesor Peñailillo en el estudio citado, sostiene que "don Arturo Alessandri Rodríguez, en su estudio sobre la compraventa y la promesa de venta, ha concluido que constituye un mandato al portador de copia autorizada, y partiendo del supuesto práctico de que el portador de copia autorizada será el comprador del mismo contrato, analiza algunos problemas que pueden suscitarse al tratar de efectuarse la inscripción, y los soluciona bajo aquella hipótesis de que el vendedor es el mandante y el comprador el mandatario. Concretamente plantea el problema de la muerte del mandante, sostiene que, sea determinada o no la persona a quien se faculte, el mandato termina, conforme a lo dispuesto en el artículo 2163 Nº 5 del Código Civil." Por otro lado, y aun en el evento de entenderse que por el sólo hecho de detentar el mandatario la calidad de comprador en el contrato sub lite, tiene envuelto un interés en el desarrollo del cometido, tal afirmación no ha sido demostrada en autos, considerando especialmente, que dicho mandato inserto en el contrato de compraventa, bajo el prisma de los antecedentes del proceso, no ha buscado cumplir o alcanzar el objetivo propio de la convención a la que accede, cual es la tradición del dominio, desde que tal finalidad fue conseguida en vida de ambos contratantes; DUODÉCIMO: Que en esta línea de razonamiento, por no tratarse en el caso de autos de un mandato que haya de cumplirse luego de la muerte del mandante, y que por ende, debió extinguirse con la muerte del mismo, y aun cuando no se ha alegado por la demandada la presunta ignorancia de la muerte de su mandante, es útil dejar en todo caso consignado que no es dable suponer ni menos aceptar ignorancia del mandatario del deceso del mandante a la fecha de la escritura complementaria, desde que ésta se suscribió transcurridos más de cinco años desde su muerte, sin que pueda obviarse que la mandataria es la cónyuge del hijo de la mandante, lo que hace suponer que se encontraba en conocimiento de su muerte, por lo que se encuentra en la primera hipótesis prevista por el artículo 2168 del Código Civil. Lo anterior hace posible concluir que, a la época de la escritura cuya nulidad absoluta se demanda, el mandato otorgado por la vendedora ya no existía, de lo que se sigue que dicho contrato se realizó sin el consentimiento de tal parte, lo que se traduce en la nulidad de la convención; DECIMOTERCERO: Que conforme a lo razonado, se hace evidente el error de derecho en que incurrieron los jueces de segunda instancia, al tener por existente un mandato que había terminado por la muerte de la mandante, transgrediendo de esta forma, los artículos cuya vulneración se denuncia por el recurrente. Tal errónea aplicación de la ley ha tenido influencia substancial en lo dispositivo del fallo, pues se determinó que los contratantes celebraron válidamente la convención de que da cuenta el instrumento corriente a fojas 6 y, en razón de ello, se rechazó una acción de nulidad que debió ser acogida, por lo que corresponde hacer lugar a la casación en el fondo interpuesta.

Por estas consideraciones, y visto, además lo dispuesto en las normas legales citadas y en los artículos 764, 767 y 785 del Código de Procedimiento Civil, se acoge, sin costas, el recurso de casación en el fondo, deducido en el principal de fojas 92 por el abogado Guillermo Núñez González, en representación del demandado, contra la sentencia de tres de marzo de dos mil once, que se lee a fojas 85, la que se invalida y se reemplaza por la que se dicta a continuación, separadamente y sin nueva vista. Regístrese. Redacción a cargo del ministro señor Sergio Muñoz G. Rol Nº 2.914-11 Pronunciado por la Primera Sala de la Corte Suprema por los Ministros Sres. Adalis Oyarzún M., Sergio Muñoz G., Guillermo Silva G., Carlos Cerda F. y Abogado Integrante Sr. Jorge Lagos G. SENTENCIA DE REEMPLAZO: Santiago, veinticinco de enero de dos mil doce. En cumplimiento de lo dispuesto en el artículo 785 del Código de Enjuiciamiento Civil, se pronuncia la siguiente sentencia de reemplazo: VISTOS: Se reproduce el fallo en alzada, y se tiene además, presente: 1º.- Que según se indicó en lo expositivo del fallo de casación que antecede, el que se da por reproducido, la acción de nulidad enderezada en este proceso por don José Escobar Fuentes, tiene por objeto que se declare la nulidad del contrato denominado "Modifica y Complementa escritura de compraventa entre Margarita Rosa Fuentes Cabezas y Valentina Guadalupe Méndez Cabrera", celebrado con fecha 27 de octubre de 2004 y su correspondiente inscripción, mediante el cual, la demandada procedió a modificar el patrimonio al que ingresó el inmueble objeto de la compraventa del año 1997, insinuando ser la representante de la vendedora, en virtud del mandato otorgado en la escritura de compraventa aludida. 2º.- Que no cabe duda que la demandada tenía conocimiento de la muerte de la vendedora al momento de suscribir la escritura pública modificatoria, según se deriva no solo de la declaración de los testigos que comparecieron al proceso y de la confesional ficta de la demandada, sino que también, de la relación de parentesco que unía a las partes del contrato de compraventa, por lo que solo cabe aplicar lo expresamente dispuesto en el artículo 2168 del Código Civil, sin que puede asilarse la demandada en la norma de excepción contenida en el artículo 2173 del mismo cuerpo de leyes, para darle validez al instrumento cuya nulidad se pretende; 3º.- Que, por otra parte, con arreglo a lo preceptuado en el artículo 1683 del Código Civil, la sanción civil de la nulidad se encuentra supeditada a la existencia de un interés por parte de quien la reclama; que constituye un presupuesto esencial para la procedencia de la presente acción y es el primer párrafo de la citada norma el que estatuye quiénes se encuentran habilitados para instar por la declaración de nulidad absoluta de un acto o contrato. Semejante interés puede tener carácter patrimonial, ha de ser acreditado y existir al tiempo de producirse el vicio al que adscribe la pretensión anulatoria, esto es, debe ser coetáneo y no posterior a su advenimiento. Como se adelantó, dicho interés puede tener carácter patrimonial, lo que significa que la declaración de nulidad o, más precisamente, la extinción de derechos y obligaciones que ella implica, tenga una consecuencia económica para el que reclama la nulidad. Sin embargo, se hace necesario aquí distinguir entre el interés como causa eficiente o motivación de la acción y los efectos que producirá por repercusión la nulidad declarada. Clásicamente se confunden ambos aspectos, pero ciertamente son distintos, por ello se exige por alguna doctrina que el interés sea exclusivamente patrimonial o económico. 4º.- Que en este orden de ideas, al tenor de lo preceptuado en el aludido artículo 1683, ha sido ampliamente discutido en la doctrina y jurisprudencia la legitimación que la norma impone. Sin querer revisar esta larga controversia de lo que debe entenderse por "interés", resulta necesario detenerse en algunos antecedentes de data reciente en cuanto al punto, es así como, con motivo de la redacción del inciso segundo del actual artículo 38 de la Constitución Política de la República, se analizó el requisito exigido al actor, ponderándose las tres posibilidades que sobre el punto se estimaron de mayor relevancia: acción popular, interés y derecho subjetivo violado, en definitiva se optó por este último concepto, pero esto no es lo relevante, sino que se deja sentado que es diverso el concepto de interés y derecho subjetivo violado. Esta distinción también es posible encontrarla tanto en la doctrina civilista, especialmente en lo relativo a las acciones posesorias y conservativas de los gerentes, comuneros y mandatarios. 5º.- Que ahondando en la diferencia entre interés y derecho subjetivo, se ha dicho que en este último no existe duda que tendrá una repercusión en su patrimonio la decisión que se adopte, manteniendo su privación o recuperando aquello de lo que fue privado. Sin embargo, en el interés el acogimiento de la acción puede llevar en alguna forma a mejorar su situación personal, la que se encontraría beneficiada o quedaría en un mejor pie para afrontar una situación particular. Es así como la noción de interés puede admitir diversas graduaciones, las que quedan circunscritas entre el solo interés de la ley, que equivale a una acción popular, y el que se afecte un derecho subjetivo, extremos que, por lo mismo, quedan excluidos de dicha noción. También este concepto jurídico ha suscitado diferentes calificaciones en relación al antecedente que lo origina y el acto o contrato que motiva la demanda, tales como: personal, directo, grave y legítimo. Adentrarse en estas determinaciones ha llevado a establecer la teoría de los "círculos de interés", esto es, el conjunto de personas interesadas, pues resulta evidente que más de una puede tener repercusiones favorables al impugnar un mismo acto o contrato,

excluyendo solamente aquellos círculos muy lejanos, llegando a establecerse la noción de "círculo de intereses suficientes", que apunta a la calidad que se esgrime para impugnar el acto o contrato. Tales círculos de interés se ejemplifican en la caída de una piedra en un lago de tranquilas aguas, en que el acto cuya nulidad se solicita es el centro y el interés del actor está representado por las circunferencias que se formarán a su alrededor hasta desaparecer. Todo lo anterior siempre el legislador lo ha dejado entregado a la jurisprudencia, de forma tal que es ésta la que está habilitada para construir la noción que integre la ley, pero necesariamente sobre la base de la exclusión de la acción popular y el derecho subjetivo violado, puesto que de otra manera se la estaría identificando con una de ellas, circunstancia que ciertamente aquél no ha querido, pues de otro modo lo habría manifestado directamente, dado que ninguno de los conceptos le es desconocido. En este sentido la jurisprudencia en materia procesal penal ha podido graduar la intensidad del interés al deducir querella, diferenciando el exigible en el antiguo sistema y el actual, siendo más exigente en este último. 6º.- Que estas elementales argumentaciones dejan en claro que el demandante podrá encontrarse en una situación mejor para reclamar sus derechos, si la presente acción es acogida, por lo mismo tiene el interés que el legislador exige en el artículo 1683 del Código Civil para accionar, el que dice relación con una situación que le afecta personalmente de manera directa, que puede importar una diferencia relevante en su situación patrimonial y en la que está ejerciendo las acciones que el ordenamiento legal prevé, dado particularmente en este caso, por la circunstancia de encontrarse unido en matrimonio con la demandada y compradora del inmueble en cuestión, bajo régimen de sociedad conyugal, quien al momento de comparecer a la celebración del contrato de compraventa, no hizo referencia alguna a que obraba de conformidad a lo dispuesto en el artículo 150 del Código Civil, debiendo entenderse entonces, que el bien de que se trata forma parte del haber de la sociedad conyugal y respecto del cual, el actor detenta su administración, en su calidad de jefe de la misma. Se sigue así su interés patrimonial en la declaración de nulidad absoluta de la escritura pública que se pidió en la demanda, puesto que este acto dice relación con un bien social, presupuesto que lo habilita para deducir esta acción, por cuanto le importa que el patrimonio social no sufra mermas, que a la larga redundarían en su propio perjuicio, ante la disminución de la cuantía del haber social; 7º.- Que, habiéndose determinado que el actor es legitimario activo para deducir la presente acción de nulidad absoluta, corresponde determinar si se verifican los presupuestos necesarios para acoger la acción respecto de la escritura pública otorgada con fecha 27 de octubre de 2004. Al respecto se debe señalar que la nulidad absoluta es la sanción impuesta por la ley a la omisión de los requisitos prescritos para el valor de un acto o contrato en consideración a la naturaleza de ellos y no a la calidad o estado de las partes que los ejecutan o acuerdan. El referido acto en su cláusula tercera señala: "La compareciente viene en complementar la escritura pública de compraventa señalada en la cláusula primera, en virtud de la cláusula séptima de la escritura anterior, donde a la compradora se la faculta para presentar minutas y suscribir escrituras públicas tendientes a aclarar, rectificar, modificar, complementar y/o ampliar el presente título sin intervención de la parte vendedora. Agregando a la escritura anteriormente señalada una cláusula décima, al siguiente tenor: "DÉCIMO: Las comparecientes dejan constancia que la compradora, Valentina Guadalupe Méndez Cabrera, concurre a celebrar el acto por sí misma y en virtud de su patrimonio reservado, ello en ejercicio del artículo ciento cincuenta del Código Civil, ya que ésta ejerce un empleo u oficio o industria, separados de los de su marido, considerándose entonces separada de bienes respecto del ejercicio de eses empleo, oficio, profesión o industria y de lo que en ellos obtenga. Ello se acredita en este acto, con respecto del marido y terceros, con todos los medios de prueba que establezca la ley y especialmente con los documentos que se señalaran y que se insertan en esta escritura." Al respecto, el mandato a que hace referencia es el contendido en la cláusula séptima del contrato de compraventa celebrada entre doña Margarita Fuentes Cabezas y la demandada, que como se dijo en el motivo undécimo del fallo de casación, terminó con la muerte de la mandante, ocurrido el 3 de julio de 1998. De esta manera, quien aparece modificando el contrato en calidad de vendedor había fallecido, y sin el consentimiento no puede formarse ninguna convención entre partes. "En efecto, el consentimiento es un requisito que se exige en todo acto jurídico, en consideración a su naturaleza de tal, de su calidad de voluntario, por lo cual es esencial, para que sea eficaz, que el o los interesados manifiesten su voluntad de generarlo. En consecuencia, la falta de voluntad o de consentimiento es una causal de nulidad absoluta que queda comprendida en el artículo 1682 del Código Civil" (La Nulidad y Rescisión en el Derecho Civil Chileno, Pablo Rodríguez Grez, Editorial Jurídica de Chile, página 393). 8º.- Que conforme lo que se ha venido reseñando, es posible concluir que en la escritura modificatoria de 27 de octubre de 2004 faltó la voluntad de la vendedora y consecuentemente, atento lo prescrito en los artículos 1681 y 1682 del Código Sustantivo, el consentimiento en el contrato no se ha producido, por lo que corresponde hacer lugar a la demanda principal y declarar nula la escritura denominada "modifica y complementa escritura de compraventa", otorgada y suscrita por la demandada en la fecha precitada. Y visto, además, lo dispuesto en las normas legales citadas y en los artículos 186 y siguientes del Código de Procedimiento Civil, se confirma, la sentencia apelada de treinta y uno de agosto de dos mil diez, escrita a fojas 56. Regístrese y devuélvase. Redacción a cargo del ministro Muñoz. Rol 2914-11. Pronunciado por la Primera Sala de la Corte Suprema por los Ministros Sres. Adalis Oyarzún M., Sergio Muñoz G., Guillermo Silva G., Carlos Cerda F. y Abogado Integrante Sr. Jorge Lagos G.

Fallo : 937-2009.-

veintinueve de octubre de dos mil diez. Primera Sala

TEXTOS COMPLETOS: SENTENCIA DE LA CORTE DE APELACIONES: Temuco, quince de diciembre de dos mil ocho. VISTOS: Se reproduce la sentencia en alzada de fecha 24 de Julio del 2008 del Juzgado de Letras de Carahue, que rola a fs. 75 a 79 de autos con excepción de su considerando décimo tercero y décimo cuarto que se eliminan y teniendo además presente: En cuanto al recurso de casación en la forma: 1.-Que, conjuntamente con la apelación, en lo principal de su presentación de fojas 83 la actora, interpuso recurso de casación en la forma, basada en que el fallo recurrido adolecería del vicio contemplado en el artículo 768 N 5, esto es, el haber sido pronunciada la sentencia con omisión de cualquiera de los requisitos enumerandos en el artículo 170 del Código de Procedimiento Civil, en relación con las exigencias establecidas en el artículo 170 Nº 4 y 5 del mismo cuerpo legal, que dispone que la sentencia debe contener las consideraciones de hecho o de derecho que sirven de fundamento a la sentencia y la enunciación de las leyes, y en su defecto de los principios de equidad, con arreglo a los cuales se pronuncia el fallo; 2.-Que el recurrente afirma que la sentencia recurrida no cumpliría con esta exigencia legal toda vez que no contiene consideraciones que analicen la prueba rendida en autos. 3.-En seguida, el recurso señala como este vicio influye en lo dispositivo del fallo, y le producen un perjuicio reparable sólo con la invalidación de la sentencia. 4.-Que, una de las limitaciones establecidas expresamente por el legislador consiste en que, aún en el evento de encontrarse acreditada en autos la causal legal invocada, no obliga a la invalidación si de los antecedentes queda de manifiesto que el recurrente no ha sufrido un perjuicio reparable sólo con esa anulación, sino que las deficiencias denunciadas pueden corregirse mediante la apelación formalizada también en la instancia, ni dicha anomalía ha tenido influencia en lo dispositivo del fallo. 5.-. Atendido lo anterior esta Corte desestimará el recurso de casación en la forma interpuesto, sin perjuicio de pronunciarse sobre los aspectos en él planteados al resolver el recurso de apelación deducido conjuntamente. En cuanto al fondo: 6.-Que consta del documento de fs. 47 que don Emiliano Antonio Aguayo Gaete con fecha 15 de Marzo del 2007 declara ante el Ministerio Público de Carahue que su abogado estaba en conocimiento que doña Virgilia Bustos Gaete había fallecido cuando se celebró la escritura. Que esta declaración acompañada con las formalidades legales no fue objetada. 7.-Que por lo mismo es un hecho de la causa el conocimiento que tenía don Emiliano Antonio Aguayo Gaete al tiempo de concurrir a otorgar la escritura de venta cuya nulidad ha sido demandada de la muerte de la vendedora y mandante doña Virgilia Bustos Gaete, no siendo posible por ende que este invoque para la validez del contrato de compraventa impugnado el artículo 2173, del Código Civil conforme al cual si el mandato expira por una causa ignorada del mandatario, lo que éste haya hecho en ejecución del mandato será válido y dará derecho a terceros de buena fe contra el mandante, toda vez que es innegable que el mandatario tenía conocimiento de la muerte de la mandante al tiempo de cumplir con el mandato. 8.-Que las obligaciones nacidas de vínculos contractuales son transmisibles por herencia a los herederos de los contratantes, excepto las de carácter personalísimo, por lo mismo el derecho adquirido en virtud de una promesa recíproca de compraventa no es intransmisible ni por su naturaleza, ni por disposición de ley, y en consecuencia en el caso de un incumplimiento del contrato de promesa bilateral de compraventa concordado entre doña Virgilia o Virginia Bustos Gaete y don Emiliano Antonio Aguayo Gaete emana una acción personal de éste en contra la sucesión de la misma representada por el cesionario de los derechos y actor de esta causa. La obligación de cumplimiento no se extingue por la muerte de la Sra. Virgilia o Virginia Bustos Gaete. Por ende la sucesión de la Sra. Virgilia o Virginia Bustos Gaete, conformada a la fecha por la actora en calidad de cesionaria de los derechos hereditarios por ella generados, sigue obligada al cumplimiento específico de la promesa de compra y venta y al respeto de las condiciones en que la misma fue pactada. 9.-Que la demandada señala que de la simple lectura del contrato de promesa se desprende la intención de esta ultima de transferir el dominio de la propiedad a don Emiliano Aguayo Gaete, existiendo como único impedimento la prohibición legal de enajenar por cinco años que afectaba al inmueble. De allí que el precio se pagó íntegramente al tiempo de la promesa, y que la promitente vendedora otorgara mandato irrevocable al promitente comprador para que haciendo uso de la figura del autocontrato en cinco años, esto es una vez concluido el plazo de la prohibición legal concurriera a suscribir el contrato de compraventa. 10.- Es pues clara la intención de la promitente vendedora en cuanto a la promesa se cumpliera a todo evento, al punto tal que se faculta incluso para sanear a través del procedimiento del DL. 2695 y para agregar la posesión de ella, y que establece claramente que el mandato que otorga tiene carácter irrevocable. 11.- Que el pacto de irrevocabilidad es absolutamente lícito, tanto porque se trata de un derecho establecido por la ley, que de acuerdo al artículo 12 del Código Civil es posible renunciar, con tal que sólo mire al interés individual del renunciante, como porque la ley en ciertos casos ha prohibido expresamente el pacto de irrevocabilidad, por lo que la regla general sería la

licitud del referido pacto. 12.-Que, mayor abundamiento, si el mandato está además otorgado en interés también del mandatario o de terceros, al no intervenir únicamente la voluntad del mandante y al existir una relación causal en donde entran en juego otros intereses apreciables, que se apoyan en la estabilidad de la representación, la regla general de la revocabilidad se modifica en aras de la seguridad jurídica y de los principios generales del derecho. El mandato en tal caso se torna efectivamente irrevocable. Así lo reconoce el artículo 241 del Código de Comercio que establece un principio que se ha transformado de aplicación general en la práctica jurídica, excediendo el ámbito mercantil, al señalar que el comitente no puede revocar a su arbitrio la comisión aceptada cuando su ejecución interesa al comisionista o a terceros. 13.- Que se entiende que el contrato interesa a un tercero, siempre que forma parte de un contrato al que accede como condición prevista por las partes para darle cumplimiento total o parcial, dándose aplicación a la norma del artículo 1545. Para que opere esta situación, no basta que el negocio interese al tercero, es necesario que mandante y tercero hayan previsto y querido que el negocio se lleve a efecto a través del mandatario que han escogido. 14.-Que la irrevocabilidad es una verdadera modalidad del acto jurídico al que modifica en sus efectos normales, determinando su modo de ser, en que el elemento fundamental en la determinación de la existencia de la irrevocabilidad es la presencia de un interés legítimo de un sujeto distinto del representado, para cuya protección es menester mantener el efecto representativo. 15.-Que es de toda evidencia que en el presente caso el mandato esta dado en directo beneficio del propio mandatario, ya que a través de él se busca concretar la promesa de venta hecha en beneficio de esta, cuyo precio incluso se ha pagado al tiempo de suscribir el contrato prometido, cuestión esencial para entender la importancia de la irrevocabilidad, que en este caso es además un elemento de la esencia del mandato a la luz de lo señalado en el artículo 241 del Código del Comercio. 16.- Que esta situación al implicar un apartamiento de las reglas generales de cesación del mandato, fundado en la existencia de un interés legítimo distinto al del representado, que debe ser protegido; implica que todo mandato irrevocable conlleva en si mismo una vigencia post-mortem, y como tal vincula a los herederos del mandante los que son obligados por esta modalidad pactada por su causante. 17.-Que el artículo 2169 del Código Civil dispone que no se extingue por la muerte del mandante, el mandato destinado a ejecutarse después que ella acontezca, caso en el cual los herederos suceden en los derechos y obligaciones del mandante, caso que puede ser constreñido al albaceazgo, sino que a todas aquellas situaciones que el mandante genera una cláusula post morten, implicando con ello que la voluntad del mandante se manifiesta en el sentido a que aún después de su muerte se ejecuten uno o más actos especialmente determinados, como así precisamente debe ser entendida un mandato en que se ha pactado la cláusula de irrevocabilidad, máxime cuando el mandato ha sido establecido no sólo en interés del mandante, sino que también del mandatario y un tercero, y se pretende por ende que el mismo sea cumplido a todo evento. 18.- Que en el presente caso se estima que la forma como fue establecido el mandato en el contrato de promesa que rola a fs. 24 y siguientes de autos, esto es en que se mandata para que se ejecute en el plazo de cinco años, plazo en el cual implícitamente se considera la muerte de la mandante, que se otorga al mismo un carácter irrevocable, en que se recibe ya el pago del precio, en que el mandatario del vendedor es el propio futuro comprador, a quien se autoriza para que comparezca según la figura del auto contrato, en que se autoriza a sanear bajo la figura del DL.2695 de 1979, en que se faculta al promitente comprador agregar la posesión del promitente vendedor si opta por sanear a través del procedimiento citado, son todas indicativas de la voluntad de la mandante doña Virgilia o Virginia Bustos Gaete de que el mandato se ejecute a todo evento, incluso en caso de su propio deceso, expresión que si bien no menciona, debe ser entendida como implícita en todo mandato irrevocable, por la razones ya expresadas. 19.-Que dado lo antes expuesto y conforme citado artículo 2169 del Código Civil, el mandato estaba vigente al tiempo de suscribirse el contrato de compraventa impugnada, la cual no puede, por lo mismo, ser considerada nula, y produce plenos efectos respecto de las partes, entre los que deben ser considerados los sucesores de la promitente vendedora, calidad que tiene el actor y de terceros. Y visto, además, lo prevenido en los artículos 12, 1545, 1800, 2144, 2169, 2173, del Código Civil; artículo 241 del Código de Comercio y, 186, 188 170 y 171, 768 Nº 5 del Código de Procedimiento del Código de Procedimiento Civil SE CONFIRMA la sentencia de fecha 24 de Julio del 2008 del Juzgado de Letras de Carahue, que rola a fs. 75 a 79 de autos. Regístrese y devuélvase. Redacción del Abogado Integrante señor Roberto Contreras Eddinger. Rol Nº 1.534-2008.Pronunciada por la Primera Sala, Presidente Ministro Sr. Archibaldo Loyola López, Ministro (S) Sr. Luis Torres Sanhueza, y Abogado Integrante Sr. Roberto Contreras Eddinger. SENTENCIA DE LA CORTE SUPREMA: Santiago, veintinueve de octubre de dos mil diez. VISTOS: En estos autos Rol Nº 12.973 del Juzgado Civil de Carahue sobre juicio ordinario de nulidad de contrato, caratulado "De Amestica Oliveros, Marco Antonio con Aguayo Gaete, Emiliano Antonio", por sentencia de veinticuatro de julio de dos mil ocho, escrita a fojas 75, la señora Juez Suplente del referido tribunal rechazó la demanda de nulidad de contrato y reivindicación y acogió la demanda reconvencional de reivindicación, sólo en cuanto el demandado reconvencional deberá restituir al demandante reconvencional el inmueble reclamado, dentro de tercero día de ejecutoriada la sentencia, bajo apercibimiento de lanzamiento de él y de todos sus ocupantes.

La parte demandante recurrió de casación en la forma y apeló en contra del referido fallo, y una de las Salas de la Corte de Apelaciones de Temuco, en sentencia de quince de diciembre de dos mil ocho, que se lee a fojas 105, rechazó el recurso de casación en la forma y lo confirmó. En contra de esta última decisión el actor ha deducido recurso de casación en la forma y en el fondo. Se ordenó traer los autos en relación. CONSIDERANDO: EN CUANTO AL RECURSO DE CASACIÓN EN LA FORMA: PRIMERO: Que sostiene el recurrente que la sentencia, en primer lugar, incurrió en el vicio estatuido en el numeral 4º del artículo 768 del Código de Procedimiento Civil, por cuanto no se ajusta a la parte petitoria del recurso de apelación y por otro lado, señala que el demandado estaba en pleno conocimiento del fallecimiento del mandante al momento de concurrir a otorgar la escritura de venta, pero manifiesta después, extendiéndose a puntos no solicitados, que la forma como fue establecido el mandato en el contrato de promesa, esto es, para que se ejecute en el plazo de cinco años, implícitamente consideraba la muerte de la mandante. Además, le otorgó al mismo un carácter irrevocable en que el mandatario del vendedor es el propio futuro comprador, por lo que estima que el mandato estaba vigente al tiempo de suscribirse el contrato de compraventa impugnado, el cual no puede, por lo mismo, ser considerado nulo, y produce plenos efectos respecto de las partes, entre los que deben ser considerados los sucesores de la promitente vendedora, calidad que tiene el actor. En consecuencia, el fallo termina planteando una defensa nueva a los presuntos intereses del demandado, con un celo que el contrato no pretende. SEGUNDO: Que según ha determinado uniformemente esta Corte Suprema, el fallo incurre en ultra petita cuando, apartándose de los términos en que las partes situaron la controversia por medio de sus respectivas acciones o excepciones, altera el contenido de éstas cambiando su objeto o modificando su causa de pedir. La regla anterior debe necesariamente relacionarse con lo prescrito en el artículo 160 del Código antes citado, de acuerdo al cual las sentencias se pronunciarán conforme al mérito del proceso y no podrán extenderse a puntos que no hayan sido sometidos expresamente a juicio por las partes, salvo en cuanto las leyes manden o permitan a los tribunales proceder de oficio. Por consiguiente, el vicio formal en mención se verifica cuando la sentencia otorga más de lo que las partes han solicitado en sus escritos de fondo -demanda, contestación, réplica y dúplica- por medio de los cuales se fija la competencia del Tribunal o cuando se emite pronunciamiento en relación a materias que no fueron sometidas a la decisión del mismo, vulnerando, de ese modo, el principio de la congruencia, rector de la actividad procesal. TERCERO: Que de la lectura del libelo pretensor se desprende que el actor solicitó declarar la nulidad absoluta del auto contrato de compraventa, celebrado el 8 de noviembre de 2004, por el demandado por sí y aduciendo representación de doña Virginia Bustos, que había muerto el 31 de agosto de 1999. A su vez, el demandado alegó que ignoraba el referido fallecimiento, que el demandante carece de titularidad para ejercer la acción de nulidad y que en el contrato de compraventa su parte actuó en sujeción al contrato de promesa y mandato otorgado por doña Virginia Bustos. CUARTO: Que en tales condiciones la sentencia recurrida resolvió que el actor no es titular de la acción de nulidad absoluta y que el mandato con que actuó el demandado estaba vigente al tiempo de suscribirse el contrato de compraventa, por lo que no puede ser considerado nulo. En consecuencia, no se advierte que se haya extendido a puntos no sometidos a la decisión del tribunal, por cuanto, precisamente, falló la controversia de acuerdo a la discusión de las partes y al recurso elevado a su conocimiento y resolución. A mayor abundamiento debe señalarse que una cuestión muy diversa y que no cabe dentro del marco del vicio invocado, lo constituye la fundamentación de la sentencia y las consideraciones que llevaron a decidir de determinada manera la controversia. QUINTO: Que el recurrente, en segundo lugar, invoca la causal Nº 5 del artículo 768 del Código de Procedimiento Civil, en relación con el artículo 170 Nº 4 del referido Código, la que hace consistir en que: a.- la sentencia de primer grado en sus considerandos 11º y 12º, razona sobre la base del pleno desconocimiento del mandatario -demandado- acerca de la muerte de la mandante al momento de concurrir a otorgar la escritura de venta, a diferencia del fallo de segundo grado, que en sus fundamentos 6º y 7º llega a la conclusión diametralmente opuesta, esto es, el pleno conocimiento del mandatario acerca de la muerte de la mandante al momento de concurrir a otorgar la escritura de venta. Así, sostiene, nos encontramos frente a considerandos que son abierta y manifiestamente contradictorios, que se anulan entre sí, quedando la sentencia desprovista de los razonamientos necesarios que hubieran permitido al sentenciador arribar a una justa y adecuada decisión. b.- la sentencia recurrida confirma el fallo de primer grado, a pesar de desechar el principal argumento de la defensa del demandado, esto es, el desconocimiento del fallecimiento de la mandante al momento de concurrir a otorgar la escritura de venta. Sin embargo, nada dice y ningún análisis efectúa acerca de las peticiones concretas sometidas al conocimiento y decisión del sentenciador, no contiene ninguna consideración que pudiera explicar los motivos que llevaron al sentenciador a desestimar los diversos fundamentos de la demanda y apelación, ni hay precisión ni análisis de las probanzas que se esgrimieron, ni razones jurídicas que sirvieron de sustento a su rechazo. SEXTO: Que, en relación al primer fundamento de la causal alegada, no se observa la contradicción denunciada, por cuanto los considerandos 11º y 12º del fallo de primer grado señalan que según las argumentaciones del mandatario éste desconocía la muerte de Virginia Bustos, sin embargo, los considerandos 6º y 7º de la sentencia recurrida, establecen como un hecho de la causa, luego de analizar la prueba instrumental, que el mandatario conocía la muerte de la mandante.

SÉPTIMO: Que respecto al vicio señalado en la letra a) del motivo quinto, de conformidad con lo dispuesto en el Nº 5 del artículo 768 del Código de Procedimiento Civil, es causal de casación en la forma no haber sido extendida la sentencia en la forma que establece el artículo 170 del mismo Código. Por su parte, el Nº 4 de esta última norma prescribe que las sentencias definitivas de primera o de única instancia y las de segunda que modifiquen o revoquen en su parte dispositiva las de otros tribunales, contendrán las consideraciones de hecho y de derecho que le sirven de fundamento. OCTAVO: Que, sobre la causal esgrimida como fundamento del recurso de nulidad formal, es necesario precisar que como lo ha resuelto esta Corte, las consideraciones de hecho y de derecho que deben contener las sentencias definitivas han de abarcar las diversas peticiones que se proponen en el litigio, basadas en distintas causas de pedir, que son el fundamento inmediato del derecho deducido en juicio y que se caracterizan por los hechos jurídicos en que se apoya cada una de esas acciones. Por ende, la causal aludida se configura cuando en la sentencia se omiten las consideraciones de hecho y de derecho que sirven de fundamento al fallo, sin embargo, no tiene lugar cuando aquéllas existen, pero no se ajustan a la tesis postulada por el demandante, cual es la situación de autos. En efecto, en el caso de marras la parte recurrente hace descansar esta aparente inobservancia de motivaciones, específicamente, en una equivocada valoración de las probanzas que menciona y que fueron rendidas en el proceso -consistente en prueba documental- aseverando que tal impropia ponderación condujo a que se rechazara la demanda. NOVENO: Que por otra parte, el fallo que se revisa, satisface cabalmente el requisito legal mencionado, ya que en la sentencia de segunda instancia se establece en el considerando séptimo los hechos de la controversia que han de servir de base a los razonamientos jurídicos que posteriormente conduzcan a emitir una decisión que dirima la contienda y, por su parte, en los siguientes considerandos contiene toda la argumentación a la que se alude precedentemente y que sustentan la declaración efectuada en esa instancia. De este modo, del análisis de la resolución que se censura, se comprueba que ésta reúne todas y cada una de las exigencias que menciona el artículo 170 del Código de Enjuiciamiento Civil, especialmente aquélla signada en el Nro. 4 de la disposición aludida, por lo que necesariamente ha de concluirse que ésta no adolece de la causal de anulación en comento. DÉCIMO: Que, en consecuencia, resulta manifiesto que el fallo atacado por la vía de la casación en la forma no ha incurrido en los vicios que se le atribuyen, motivo para desestimar el recurso. EN CUANTO AL RECURSO DE CASACIÓN EN EL FONDO: DÉCIMO PRIMERO: Que el recurrente señala que la sentencia recurrida se ha dictado con infracción a las siguientes disposiciones legales: I.- Primer error de derecho: infracción a los artículos 2163 Nº 5, 2168, 2169 y 2173 del Código Civil. De acuerdo con estas normas el mandato termina por la muerte del mandante, salvo las excepciones que la misma ley contempla, dentro de las cuales no se encuentra la situación de autos. Así, siendo un hecho de la causa que el mandatario tenía conocimiento de la muerte del mandante, de acuerdo con el artículo 2173 del referido Código, el mandato es nulo y además, no tiene aplicación el artículo 2169 del mismo cuerpo legal, porque en ninguna parte del instrumento se señaló expresamente que el encargo podría ejecutarse después del fallecimiento del mandante. II.- En segundo lugar, se infringen los artículos 706, 1545, 1546, 1560, 1815 en relación con los artículos 682, 683 y 894 inciso segundo del Código Civil, por cuanto al quedar establecido como hecho de la causa el pleno conocimiento del demandado de la muerte de la mandante, significa que este ejecutó el mandato sabiendo de la existencia de un vicio, es decir, faltando a la buena fe que debe inspirar en todo contrato. Además, ese mismo conocimiento intento ocultarlo ante los jueces de la instancia, por lo que esta mala fe no sólo estuvo presente al momento de concurrir a otorgar el contrato de compraventa, sino que además, lo celebró sabiendo de la existencia de una heredera universal de la mandante, quien no concurrió a la firma del contrato de promesa ni al contrato de compraventa ratificando lo obrado. III.- En tercer lugar se vulneran los artículos 1681, 1682 y 1683 del Código Civil, por cuanto el considerando décimo sexto del fallo de primer grado, desconoce a su parte el derecho para impetrar la acción de nulidad atendida su calidad de abogado, sin embargo, no reparó que no fue el actor quien celebró el contrato ni tampoco la causante de la herencia que se le concedió como cesionario. La sentencia desconoce a su parte su calidad de cesionario del derecho real de herencia, conforme a la escritura pública de uno de marzo de 2006 celebrada con la única heredera universal de la causante y heredera universal del dueño del predio, por lo que al ocupar la misma calidad jurídica que tenía la cedente, pasó a constituirse en el único heredero universal de los bienes quedados al fallecimiento de doña Virginia Bustos y de su cónyuge fallecido y padre de su cedente, cuyo único bien inventariado era el predio materia de autos, de modo que su parte tiene derechos e interés patrimonial para impetrar la acción de nulidad absoluta del contrato de compraventa al igual que la acción reivindicatoria. IV.- En cuarto lugar, alega transgresión a los artículos 1698 y 1700 del Código Civil, porque se encuentran acompañados un conjunto de documentos que no fueron objeto ni de análisis ni de valoración. Así, se encuentra agregado el contrato de promesa y no obstante los términos claros y explícitos de éste, los sentenciadores incorporan un elemento nuevo, como es que el contrato estaba llamado a verificarse después de la muerte de la mandante. Además, nada se dice de la calidad de heredera universal de la cedente del actor, hija de doña Virginia Bustos, cuya posesión efectiva fue declarada por la autoridad competente, olvidándose que la poseedora del predio era su verdadera dueña y cedente del actor, doña Olivia Aguayo, quien no concurrió, no consintió ni ratificó la promesa ni la consecuente compraventa impugnada y fue quien recibió el precio de la herencia y único bien hereditario de parte del actor en la suma de $25.000.000, muy diferente al que estipula la promesa. DÉCIMO SEGUNDO: Que para resolver este recurso, es menester tener presente las siguientes circunstancias y antecedentes del proceso: a.- Que don Marco Antonio de Amestica Oliveros dedujo demanda en contra de don Emiliano Aguayo Gaete, con el objeto de declarar la nulidad absoluta del contrato de compraventa de 8 de noviembre de 2004 y su consecuente inscripción, como asimismo, la reivindicación o restitución jurídica del inmueble, más la indemnización de perjuicios y restitución de los frutos,

cuya especie y monto se reserva para la etapa de cumplimiento, con costas. Expresa que es el único y universal heredero de los bienes quedados al fallecimiento de doña Virginia Bustos Gaete, como cesionario del derecho real de herencia de su única hija Olivia Aguayo Bustos, siendo el único bien inventariado el predio del que actualmente tiene la posesión material. Agrega, que el demandado ha intentado adueñarse del inmueble, por cuanto sabiendo que su cuñada Virginia Bustos había fallecido, concurre a la Notaria y celebra un contrato de compraventa, por el que procede a auto venderse el predio, insinuando ser el representante de su cuñada muerta, falso título que inscribió. Por tanto, de acuerdo con el artículo 2163 Nº 5 del Código Civil, cualquier mandato que pudiera existir, terminó el día de la muerte de doña Virginia Bustos, de manera que el contrato de compraventa es nulo porque aparece celebrado por una persona que había fallecido hace cinco años, transgrediéndose el principio básico para la existencia de un contrato, esto es, que lo celebre una "persona". b.- Que, contestando la demanda, el demandado solicitó su íntegro rechazo, sosteniendo que en cuanto a la acción de nulidad, celebró con Virginia Bustos un contrato de promesa de compraventa, que en su cláusula cuarta señala que la promitente vendedora otorgó mandato especial e irrevocable al demandado para que en su nombre y representación compareciera a la celebración del contrato definitivo. Además, su parte ignoraba completamente el fallecimiento de Virginia Bustos, de manera que atendido el artículo 2173 del Código Civil, lo realizado por el mandatario es válido. Agrega, que el actor no es titular de la acción de nulidad, porque al momento de celebrarse el contrato de compraventa el 8 de noviembre de 2004, el demandante no tenía ningún tipo de interés en su celebración. Finalmente, en cuanto a la acción reivindicatoria, es el propio demandante quien se encuentra en posesión material de la cosa. c.- Además, el demandado deduce demanda reconvencional de reivindicación fundada en que es dueño del inmueble que está siendo ocupado por el demandado reconvencional. d.- El tribunal de primera instancia rechazó la acción interpuesta y acogió la demanda reconvencional de reivindicación, sentencia que fue confirmada por la Corte de Apelaciones de Temuco. DÉCIMO TERCERO: Que, corresponde en primer término, determinar la existencia de la infracción de las leyes reguladoras de la prueba que denuncia el recurso. Debe consignarse, como lo ha reconocido reiteradamente esta Corte, que se entienden vulneradas las normas reguladoras de la prueba, fundamentalmente, cuando los sentenciadores invierten el onus probandi, rechazan las pruebas que la ley admite, aceptan las que la ley rechaza, desconocen el valor probatorio de las que se produjeron en el proceso cuando la ley le asigna uno determinado de carácter obligatorio o alteran el orden de precedencia que la ley le diere. Se ha repetido que ellas constituyen normas básicas de juzgamiento, que contienen deberes, limitaciones o prohibiciones a que deben sujetarse los sentenciadores. Luego, los jueces del fondo son soberanos para apreciar las pruebas, dentro del marco establecido por las normas pertinentes. DÉCIMO CUARTO: Que en relación a la infracción del artículo 1698 del Código Civil, se observa que el recurrente la hace consistir en no haberse valorado un conjunto de documentos acompañados al proceso, sin embargo, nada señala de cómo se habría alterado el onus probandi, por lo que tal alegación no será acogida. Además, se debe agregar que esta norma se infringe cuando la sentencia obliga a una de las partes a probar un hecho que corresponde acreditar a su contraparte, lo que a la luz de los antecedentes, se observa, no ha ocurrido. DÉCIMO QUINTO: Que deberá también ser desestimada la denuncia de trasgresión al artículo 1700 del Código Civil, toda vez que del análisis del fallo recurrido se colige que los jueces del fondo en ningún momento negaron el carácter de instrumento público a aquellos allegados al proceso por ambas partes, ni tampoco el valor probatorio que ellos pudieran tener. Así, al fundamentar el recurrente esta infracción, en que los sentenciadores incorporaron un elemento que no formaba parte del contrato de promesa, que nada se dijo de la calidad de heredera universal de la cedente del actor y que la poseedora del predio era su verdadera dueña y cedente del demandante, se observa entonces, que el propósito final de las argumentaciones que vierte el recurrente a ese respecto para expresar el error de derecho que atribuye a la sentencia recurrida, consiste en promover que se lleve a cabo por esta Corte una nueva valoración de las probanzas, distinta de la ya efectuada por los jueces del mérito, actividad que resulta extraña a los fines de la casación en el fondo. DÉCIMO SEXTO: Que de la forma analizada con antelación procede concluir que no ha existido en el caso sub-judice vulneración a las reglas reguladoras de la prueba, motivo por el cual los hechos fijados por los jueces del fondo resultan inamovibles, no siendo posible impugnarlos por la vía de la nulidad que se revisa, por lo que ha de estarse a ellos para su definición y decisión. DÉCIMO SÉPTIMO: Que, por consiguiente y teniendo en cuenta lo colegido precedentemente resultan ser hechos de la causa, que adquieren el carácter de definitivos y, de acuerdo a los cuales corresponde resolver los demás errores de derecho que se han reclamado, los siguientes: a.- Que con fecha 19 de enero de 1999 y mediante resolución de fecha 30 de diciembre de 1998 se concede la posesión efectiva de la herencia intestada quedada al fallecimiento de don Feliciano Aguayo Gaete a su cónyuge doña Virginia Bustos Gaete, inscrita en el año 1999. Con fecha 15 de febrero de 1999, es decir, 26 días después de concedida la posesión efectiva, doña Virginia Bustos celebra contrato de promesa de compraventa con el demandado Emiliano Aguayo Gaete, respecto del único inmueble recaído en la posesión efectiva anterior y que es objeto de la litis, y en su cláusula segunda se estipula que el contrato se efectuará en el plazo de cinco años contados desde la fecha de la presente escritura. Con fecha 8 de noviembre de 2004, el demandado celebra el contrato prometido, inscrito en el mismo año, aun cuando la promitente vendedora había fallecido el 31 de agosto de 1999. Asimismo, con fecha 1 de marzo de 2006, el demandante compra a doña Olivia Aguayo Bustos el derecho real de herencia

que le correspondía en el inmueble en su calidad de heredera de la causante Virginia Bustos y con fecha 9 de marzo de 2006, doña Olivia Aguayo Bustos solicita posesión efectiva de la herencia quedada al fallecimiento de su madre y que había vendido al actor, señalando como único bien el inmueble y como único heredero al actor, en su calidad de cesionario, posesión efectiva que fue inscrita en el año 2006. (considerando quinto del fallo de primer grado) b.- Que en la compraventa celebrada con fecha 8 de noviembre del año 2004, donde comparece el demandado en doble carácter, por una parte como comprador; y por otra, como mandatario de la vendedora, doña Virginia Bustos Gaete. Esta compra se efectúa en atención al contrato de promesa de venta entre doña Virginia Bustos y el demandado de fecha 15 de febrero de 1999, en el cual el promitente vendedor en su cláusula segunda promete vender al demandado, el predio individualizado. Agrega que tal convenio se efectuará en el plazo de cinco años contados desde la fecha de la presente escritura, en razón del tiempo faltante para que expire la prohibición de enajenar que afecta al predio en cuestión. En la cláusula cuarta de dicho contrato, la promitente vendedora otorga mandato especial, tan amplio y bastante como en derecho se requiere al demandado, para que en su nombre y representación, comparezca en la celebración del contrato definitivo de venta y en la enajenación correspondiente. Agrega, que el mandato tiene el carácter de irrevocable y que el contrato de venta definitivo revestirá la figura jurídica del "auto contrato". (motivo séptimo del fallo de primer grado) c.- Que don Emiliano Antonio Aguayo Gaete al tiempo de concurrir a otorgar la escritura de venta cuya nulidad ha sido demandada, tenía conocimiento de la muerte de la vendedora y mandante doña Virginia Bustos Gaete. (fundamento séptimo de la sentencia de segunda instancia) DÉCIMO OCTAVO: Que los sentenciadores para rechazar la demanda razonaron de la siguiente forma: 1.- "Que el demandante, antes de adquirir la cesión de derechos por parte de la heredera de doña Virginia Bustos Gaete, doña Olivia Aguayo Bustos, contrato efectuado en el año 2006, debió haber advertido que la propiedad estaba inscrita a nombre del demandado, pues éste adquirió por compra venta en el año 2004, motivo por el cual entiende que no es titular de la acción de nulidad absoluta por cuanto en su calidad de abogado celebró el contrato de cesión de derechos debiendo saber el vicio que invalidaba supuestamente la compra venta." (considerando décimo sexto del fallo de primer grado) 2.- "Que no es posible que el demandado invoque para la validez del contrato de compraventa impugnado, el artículo 2173 del Código Civil conforme al cual si el mandato expira por una causa ignorada del mandatario, lo que éste haya hecho en ejecución del mandato será válido y dará derecho a terceros de buena fe contra el mandante, toda vez que es innegable que el mandatario tenía conocimiento de la muerte de la mandante al tiempo de cumplir con el mandato." (motivo séptimo del fallo recurrido) 3.-"Que es de toda evidencia que en el presente caso el mandato esta dado en directo beneficio del propio mandatario, ya que a través de él se busca concretar la promesa de venta hecha en beneficio de esta, cuyo precio incluso se ha pagado al tiempo de suscribir el contrato prometido, cuestión esencial para entender la importancia de la irrevocabilidad, que en este caso es además un elemento de la esencia del mandato a la luz de lo señalado en el artículo 241 del Código del Comercio. Que esta situación al implicar un apartamiento de las reglas generales de cesación del mandato, fundado en la existencia de un interés legítimo distinto al del representado, que debe ser protegido; implica que todo mandato irrevocable conlleva en sí mismo una vigencia post-mortem, y como tal vincula a los herederos del mandante los que son obligados por esta modalidad pactada por su causante." (considerando décimo quinto y décimo sexto) 4.-"Que en el presente caso se estima que la forma como fue establecido el mandato en el contrato de promesa que rola a fojas 24 y siguientes de autos, esto es en que se mandata para que se ejecute en el plazo de cinco años, plazo en el cual implícitamente se considera la muerte de la mandante, que se otorga al mismo un carácter irrevocable, en que se recibe ya el pago del precio, en que el mandatario del vendedor es el propio futuro comprador, a quien se autoriza para que comparezca según la figura del auto contrato, en que se autoriza a sanear bajo la figura del Decreto Ley 2695, en que se faculta al promitente comprador agregar la posesión del promitente vendedor si opta por sanear a través del procedimiento citado, son todas indicativas de la voluntad de la mandante doña Virgilia o Virginia Bustos Gaete de que el mandato se ejecute a todo evento, incluso en caso de su propio deceso, expresión que si bien no menciona, debe ser entendida como implícita en todo mandato irrevocable, por la razones ya expresadas. Que dado lo antes expuesto y conforme citado artículo 2169 del Código Civil, el mandato estaba vigente al tiempo de suscribirse el contrato de compraventa impugnado, el cual no puede, por lo mismo, ser considerado nulo, y produce plenos efectos respecto de las partes, entre los que deben ser considerados los sucesores de la promitente vendedora, calidad que tiene el actor y de terceros." (fundamento décimo octavo y décimo noveno). DÉCIMO NOVENO: Que útil resulta revisar las disposiciones atingentes a la materia y en especial a la situación fáctica que se presenta en autos. En este sentido el artículo 2165 Nº 3 del Código Civil dispone: "El mandato termina: Por la muerte del mandante o del mandatario." Por otro lado, el artículo 2169 del mismo cuerpo legal, señala: "No se extingue por la muerte del mandante el mandato destinado a ejecutarse después de ella. Los herederos suceden en este caso en los derechos y obligaciones del mandante.". VIGÉSIMO: Que de las normas transcritas precedentemente, se desprende que efectivamente el mandato termina por la muerte del mandante, salvo las excepciones que la misma ley contempla, dentro de la que no se encuentra la situación de autos. En efecto, el mandato contenido en la cláusula cuarta del contrato de promesa de compraventa señala "La promitente vendedora por el presente instrumento otorga mandato especial, tan amplio y bastante como en derecho se requiere, a don Emiliano Aguayo Gaete, para que en su nombre y representación, comparezca en la celebración del contrato definitivo de venta y en la enajenación correspondiente. Al efecto, el mandato tiene el carácter de irrevocable, implica así, que el contrato de venta definitivo revestirá la figura jurídica del "Auto Contrato", en razón de que en él, sólo comparecerá don Emiliano Aguayo Gaete, el que actuará en dos calidades, esto es, como vendedor y comprador."

De esta manera, tanto de los términos de la referida cláusula como de los hechos asentados en el motivo décimo séptimo, no se observa que el mandato conferido al demandado por la promitente vendedora haya estado destinado a ejecutarse después de la muerte de la mandante. VIGÉSIMO PRIMERO: Que conforme a lo razonado, se hace evidente el error de derecho en que incurrieron los jueces de segunda instancia, al tener por existente un mandato que había terminado por la muerte de la mandante y de esta forma, haber transgredido los artículos contenidos en el primer capítulo del recurso de casación. Tal errónea aplicación de la ley ha tenido influencia substancial en lo dispositivo del fallo, pues se determinó que los contratantes celebraron validamente la convención de que da cuenta el instrumento corriente a fojas 5 y, en razón de ello, se rechazó una acción de nulidad que debió ser acogida, por lo que corresponde acoger la casación en el fondo interpuesta, resultando innecesario hacerse cargo de las restantes infracciones alegadas. Por estas consideraciones y visto, además, lo dispuesto en las normas legales citadas y en los artículos 764, 765, 767 y 805 del Código de Procedimiento Civil, se rechaza el recurso de casación en la forma y se acoge el recurso de casación en el fondo deducidos por la parte demandante en lo principal y primer otrosí de la presentación de fojas 110, contra la sentencia de quince de diciembre de dos mil ocho, escrita a fojas 105, la que se invalida y se reemplaza por la que se dicta acto continuo, sin nueva vista, pero separadamente. Regístrese. Redacción a cargo del Ministro señor Araya. Rol Nº 937-2009.Pronunciado por la Primera Sala de la Corte Suprema, por los Ministros Sres. Adalis Oyarzún M., Sergio Muñoz G., Sra. Margarita Herreros M., Sres. Juan Araya E. y Guillermo Silva G. SENTENCIA DE REEMPLAZO: Santiago, veintinueve de octubre de dos mil diez. En cumplimiento a lo dispuesto en el artículo 785 del Código de Procedimiento Civil, se dicta la siguiente sentencia de reemplazo. VISTOS: Se reproduce el fallo en alzada, con excepción de los considerandos noveno, décimo tercero, décimo cuarto, décimo quinto, décimo sexto, décimo séptimo, décimo octavo, décimo noveno, vigésimo y vigésimo primero que se eliminan. Asimismo del fallo casado se mantienen los motivos sexto y séptimo. Y teniendo en su lugar y además presente: PRIMERO: Que según se indicó en el raciocinio décimo primero del fallo de casación que antecede, el que se da por reproducido, la acción de nulidad enderezada en este proceso por don Marco de Amestica tiene por objeto que se declare la nulidad del contrato de compraventa celebrado con fecha 8 de noviembre de 2004 y su correspondiente inscripción, por medio del cual, el demandado procedió a auto venderse un bien raíz que individualiza, insinuando ser el representante de la vendedora. Por su parte, el demandado señala que actuó al tenor del mandato otorgado en la promesa de compraventa celebrada con la vendedora. Agrega, que ignoraba el fallecimiento de ésta última al suscribir la compraventa y que el actor no es titular de la acción de nulidad. SEGUNDO: Que en cuanto al desconocimiento que alega el demandado de la muerte de la vendedora al momento de celebrar el contrato de compraventa, en la parte mantenida del fallo casado, se encuentra establecido como un hecho de la causa que el demandado sí conocía del fallecimiento de la mandante y vendedora, por lo que no le es posible invocar el artículo 2173 del Código Civil, para darle validez al contrato de compraventa materia de autos. TERCERO: Que, por otra parte, con arreglo a lo preceptuado en el artículo 1683 del Código Civil, la sanción civil de la nulidad se encuentra supeditada a la existencia de un interés por parte de quien la reclama; que constituye un presupuesto esencial para la procedencia de la presente acción y es el primer párrafo de la citada norma el que estatuye quiénes se encuentran habilitados para instar por la declaración de nulidad absoluta de un acto o contrato. Semejante interés debe tener carácter patrimonial, ha de ser acreditado y existir al tiempo de producirse el vicio al que adscribe la pretensión anulatoria, esto es, debe ser coetáneo y no posterior a su advenimiento. Que el interés sea patrimonial significa que la declaración de nulidad o, más precisamente, la extinción de derechos y obligaciones que ella implica, tenga una consecuencia económica para el que reclama la nulidad. Se excluye por tanto cualquier otro tipo de interés, así sea moral, social, espiritual. Ello por cuanto la nulidad extingue derechos y obligaciones y esto repercute en el campo patrimonial. "Para nuestra ley lo único que justifica poner en movimiento la jurisdicción y atacar un acto presuntivamente valido es el provecho o perjuicio económico que de ello se sigue." (Pablo Rodríguez Grez, Inexistencia y Nulidad en el Código Civil Chileno, Editorial Jurídica de Chile, página 210). CUARTO: Que en la especie, el interés del actor es evidente desde que es el cesionario de los derechos hereditarios de Olivia Aguayo Bustos, quien con fecha 9 de marzo de 2006, solicita la posesión efectiva de la herencia quedada al fallecimiento de su madre -Virginia Bustos Gaete- y que había vendido al actor, señalando como único bien el inmueble sublite y como único heredero al demandante, en su calidad de cesionario, posesión efectiva que fue inscrita a fojas 744 Nº 718 el 7 de julio de 2006. Así, conforme al artículo 688 del Código Civil la condición de heredero se adquiere por el solo fallecimiento

del causante, y de acuerdo al artículo 1683 del mismo Código, tales personas tienen interés patrimonial en la declaración de nulidad absoluta del contrato que se pidió en la demanda, puesto que este acto dice relación con el bien hereditario, de todo lo cual se sigue que se encontraba habilitados para deducir esta acción, por cuanto le "importa mucho que el patrimonio de su causante no sufra mermas, que a la larga redundarían en perjuicio de ellos, pues la cuantía de la herencia disminuiría." (La Nulidad y Rescisión en el Derecho Civil Chileno, Arturo Alessandri Besa, Tomo I, Segunda Edición, Editorial jurídica EdiarConosur Ltda, página 556). QUINTO: Que, habiéndose determinado que el actor es legitimario activo para deducir la presente acción de nulidad absoluta, corresponde determinar si se verifican los presupuestos necesarios para acoger la acción respecto del contrato de compraventa celebrado el 8 de noviembre de 2004. Que, al respecto se debe señalar que la nulidad absoluta es la sanción impuesta por la ley a la omisión de los requisitos prescritos para el valor de un acto o contrato en consideración a la naturaleza de ellos y no a la calidad o estado de las partes que los ejecutan o acuerdan. Que el referido acto en su cláusula segunda señala: "Que el compareciente don Emiliano Aguayo Gaete en su carácter de mandatario de doña Virginia Bustos Gaete, en nombre y representación de ésta, vende, cede y transfiere al mismo compareciente don Emiliano Aguayo Gaete, el bien singularizado en la cláusula anterior, quien declara que lo acepta y declara para sí." Al respecto, el mandato a que hace referencia es el contendido en la cláusula cuarta del contrato de promesa de compraventa celebrada entre doña Virginia Bustos Gaete y el demandado, que como se dijo en el motivo vigésimo del recurso de casación terminó con la muerte de la mandante, ocurrido el 31 de agosto de 1999. De esta manera, quien aparece vendiendo había fallecido, por lo que no hay vendedor y sin el consentimiento no puede formarse ninguna convención entre partes, por ser el requisito que genera la compraventa, de conformidad con lo dispuesto en el artículo 1793 del Código Civil, al ser un contrato en que una de las partes, se obliga a dar una cosa y la otra a pagarle en dinero. "En efecto, el consentimiento es un requisito que se exige en todo acto jurídico, en consideración a su naturaleza de tal, de su calidad de voluntario, por lo cual es esencial, para que sea eficaz, que el o los interesados manifiesten su voluntad de generarlo. En consecuencia, la falta de voluntad o de consentimiento es una causal de nulidad absoluta que queda comprendida en el artículo 1682 del Código Civil" (La Nulidad y Rescisión en el Derecho Civil Chileno, obra citada, página 393). SEXTO: Que conforme lo que se ha venido reseñando, es posible concluir que en el contrato de compraventa faltó el consentimiento de la vendedora y consecuentemente, atento lo prescrito en los artículos 1681 y 1682 del Código Sustantivo corresponde, hacer lugar a la demanda principal y declarar nulo el contrato de compraventa de 8 de noviembre de 2004. SÉPTIMO: Que tampoco en este caso y atendido lo razonado precedentemente se está en la hipótesis del artículo 1815 del Código Civil, por cuanto no se puede hablar de venta de cosa ajena si nadie ha concurrido por el vendedor. OCTAVO: Que, en cuanto a la solicitud del actor de que se le deben resarcir los perjuicios materiales y morales, por ser el demandado un poseedor inscrito de mala fe, que le ha ocasionado conflictos y problemas, privándolo de los beneficios de bonificaciones forestales, no se le dará lugar, por no haberlos acreditado. Además, tampoco se accederá a restituir los frutos y mejoras, porque el propio demandante, reconoce que él tiene la posesión material de la propiedad. En cuanto a la demanda reconvencional de reivindicación. NOVENO: Que la acción reivindicatoria es la que se concede al dueño de una cosa singular, de manera que al haberse acogido la demanda de nulidad del contrato de compraventa, se sigue que el demandado no es dueño del inmueble reclamado, por lo que no cumple con el requisito reseñado, de manera que la demanda de reivindicación deberá ser rechazada. Y visto, además, lo dispuesto en las normas legales citadas y en los artículos 186 y siguientes del Código de Procedimiento Civil, se revoca, en lo apelado, la sentencia de veinticuatro de julio de dos mil ocho, escrita a fojas 75, y en su lugar se decide: I.- Que se acoge la demanda deducida en lo principal de la presentación de fojas 17, sólo en cuanto, se declara la nulidad absoluta del contrato de compraventa del predio ubicado en el lugar Los Laureles, comuna de Carahue, celebrado por escritura pública de 08 de noviembre de 2004, entre doña Virginia Bustos Gaete y don Emiliano Aguayo Gaete, debiendo cancelarse la inscripción de dominio que rola a fojas 985, Nº 927, del Registro de Propiedad del año 2004 del Conservador de Bienes Raíces de Carahue. II.- Que se rechaza la demanda reconvencional, interpuesta en el segundo otrosí de fojas 32. Se previene que el ministro señor Muñoz y la ministra señora Herreros, tienen, además presente, que el interés de que trata el legislador excede el simplemente patrimonial, sobre la base de las siguientes argumentaciones, expresadas en la sentencia dictada en los autos Rol 3770-04, de fecha 20 de agosto del 2007: "Que, el artículo 1683 del Código Civil dispone que la nulidad absoluta debe ser alegada "por todo el que tenga interés en ello", legitimación que ha sido ampliamente discutida en la doctrina y jurisprudencia. Sin querer revisar esta larga controversia de lo que debe entenderse por "interés", resulta necesario detenerse en algunos antecedentes de data reciente en cuanto al punto, es así como, con motivo de la redacción del inciso segundo del actual artículo 38 de la Constitución Política de la República, se analizó el requisito exigido al actor, ponderándose las tres posibilidades que sobre el punto se estimaron de mayor relevancia: acción popular, interés y derecho subjetivo violado, en definitiva se optó por este último concepto, pero esto no es lo relevante, sino que se deja sentado que es diverso el concepto de interés y derecho subjetivo violado. Esta distinción también es posible encontrarla tanto en la doctrina civilista, especialmente en lo relativo a las acciones posesorias y conservativas de los gerentes, comuneros y mandatarios. Que ahondando en la diferencia entre interés y derecho subjetivo, se ha dicho que en este último no existe duda que tendrá una repercusión en su patrimonio la decisión que se adopte, manteniendo su privación o recuperando aquello de lo que

fue privado. Sin embargo, en el interés el acogimiento de la acción puede llevar en alguna forma a mejorar su situación personal, la que se encontraría beneficiada o quedaría en un mejor pie para afrontar una situación particular. Es así como la noción de interés puede admitir diversas graduaciones, las que quedan circunscritas entre el sólo interés de la ley, que equivale a una acción popular, y el que se afecte un derecho subjetivo, extremos que, por lo mismo, quedan excluidos de dicha noción. También este concepto jurídico ha suscitado diferentes calificaciones en relación al antecedente que lo origina y el acto o contrato que motiva la demanda, tales como: personal, directo, grave y legítimo. Adentrarse en estas determinaciones ha llevado a establecer la teoría de los "círculos de interés", esto es, el conjunto de personas interesadas, pues resulta evidente que más de una puede tener repercusiones favorables al impugnar un mismo acto o contrato, excluyendo solamente aquellos círculos muy lejanos, llegando a establecerse la noción de "círculo de intereses suficientes", que apunta a la calidad que se esgrime para impugnar el acto o contrato. Todo lo anterior siempre el legislador lo ha dejado entregado a la jurisprudencia, de forma tal que es ésta la que está habilitada para construir la noción que integre la ley, pero necesariamente sobre la base de la exclusión de la acción popular y el derecho subjetivo violado, puesto que de otra manera se la estaría identificando con una de ellas, circunstancia que ciertamente no ha querido el legislador, pues de otro modo lo habría manifestado directamente, dado que ninguno de los conceptos le es desconocido. En este sentido la jurisprudencia en materia procesal penal ha podido graduar la intensidad del interés al deducir querella, diferenciando el exigible en el antiguo sistema y el actual, siendo más exigente en este último. Que estas elementales argumentaciones dejan en claro que el demandante podrá encontrarse en una situación mejor para reclamar sus derechos, si la presente acción es acogida, por lo mismo tiene el interés que el legislador exige en el artículo 1683 del Código Civil para accionar, el que dice relación con una situación que le afecta personalmente de manera directa, que puede importar una diferencia relevante en su situación patrimonial y en la que está ejerciendo las acciones que el ordenamiento legal prevé." Regístrese y devuélvase, con sus agregados. Redacción a cargo del Ministro señor Juan Araya Elizalde y la prevención, de sus autores. Rol Nº 937-2009.Pronunciado por la Primera Sala de la Corte Suprema, por los Ministros Sres. Adalis Oyarzún M., Sergio Muñoz G., Sra. Margarita Herreros M., Sres. Juan Araya E. y Guillermo Silva G.

Fallo : 6.766-2008.treinta y uno de mayo de dos mil diez. Primera Sala

TEXTOS COMPLETOS: SENTENCIA DE LA CORTE DE APELACIONES: Temuco, dos de octubre de dos mil ocho. A fojas 32: Téngase presente. VISTOS: Atendido el mérito de los antecedentes, de los que consta que el recurrente no compareció como legítimo contradictor, de conformidad a lo dispuesto en el artículo 823 del Código de Procedimiento Civil, se declara INADMISIBLE el recurso de apelación deducido a fojas 24 y siguientes, en contra de la resolución de veintisiete de noviembre de dos mil siete, escrita a fojas 18 y siguientes, recurso concedido a fojas 27. Regístrese y devuélvase. ROL Nº 50-2008.Pronunciada por la Segunda Sala. Presidente Ministro Sr. Julio César Grandón Castro, Ministro Sr. Fernando Carreño Ortega y Abogado Integrante Sr. Roberto Contreras Eddinger. SENTENCIA DE LA CORTE SUPREMA: Santiago, treinta y uno de mayo de dos mil diez. VISTOS: En estos autos voluntarios rol Nº 9.357 del Juzgado de Letras de Nueva Imperial compareció Rodrigo Gajardo Toro, abogado, en representación de José Fredy Godoy Godoy, solicitando se ordene la inscripción judicial del contrato de compraventa celebrado entre el ejecutado Queupul Conejeros Leufuman y el requirente, y suscrito en representación del primero por el magistrado, producto de lo obrado en proceso rol Nº 11.626 del mismo tribunal, a lo cual se negó el Conservador de Bienes Raíces de la Comuna de Nueva Imperial, como, además, la cancelación de las inscripciones a nombre

de terceras personas, previa notificación al Conservador mencionado. Evacuando en informe el Conservador de Bienes Raíces Suplente de Nueva Imperial expresa que la inscripción de dominio a favor de Queupul Conejeros Leufuman, quien comparece representado por el magistrado del tribunal en la escritura pública correspondiente, se encuentra cancelada por una nueva inscripción, la que está dispuesta para mantener la historia de la propiedad raíz, cual es la especial de herencia a favor de la sucesión, la que se encuentra actualmente vigente. En tales condiciones y atendido el hecho expuesto, no existe identidad física de la persona del vendedor que figura como titular de la inscripción de herencia, circunstancia que motivó el rechazo de la inscripción. El Magistrado de primer grado, por sentencia de veintisiete de noviembre de dos mil siete, escrita a fojas 18, acogió la solicitud y ordenó al Conservador de Bienes Raíces de Nueva Imperial, practicar la inscripción del inmueble sub lite a nombre de José Fredy Godoy Godoy, conforme a la escritura pública de veinticuatro de noviembre de mil novecientos noventa y nueve, cancelando las inscripciones que obren a nombre de terceras personas. Comparece Leonardo Alfredo Pino Conejeros a fojas 24, quien luego de notificarse de la sentencia deduce recurso de apelación, el que sustenta en el hecho que la decisión le causa agravio a sus intereses, puesto que la propiedad se encuentra inscrita a su nombre, puesto que adquirió los derechos hereditarios de los sucesores de Queupul Conejeros Leufuman a título oneroso, no fue notificado de la solicitud y que el procedimiento seguido en los autos rol Nº 11.629 fue declarado abandonado por sentencia judicial ejecutoriada. El recurso de apelación fue concedido por el tribunal de primera instancia. Sin embargo, la Corte de Apelaciones lo declaró inadmisible, motivando su determinación en que "el recurrente no compareció como legítimo contradictor, de conformidad a lo dispuesto en el artículo 823 del Código de Procedimiento Civil". En contra de la expresada sentencia se recurre de casación en la forma y en el fondo por la parte apelante. CONSIDERANDO: I.- En cuanto al recurso de casación en la forma. PRIMERO: Que el recurso formal se sustenta en la causal prevista en el artículo 768 Nº 5, en relación con el artículo 170 Nº 6, ambos del Código de Procedimiento Civil, esto es, en haber sido pronunciada la sentencia con infracción a uno de los requisitos previstos en la ley, que en el caso de autos consiste en no haber resuelto el recurso de apelación, puesto que fue declarado inadmisible, desde el momento que, como interesado, ha podido comparecer en cualquier momento ejerciendo sus derechos. SEGUNDO: Que resulta suficiente para desestimar el recurso lo expuesto por el recurrente, quien sostiene que el recurso de apelación fue declarado inadmisible por la Corte de Apelaciones de Temuco, circunstancia que consta del proceso, según se expresó en la parte considerativa de esta sentencia, por lo cual ha existido el pronunciamiento que reclama, cuyo mérito no es procedente impugnar por esta vía formal, de manera que se procederá en consecuencia. II.- En cuanto al recurso de casación en el fondo. TERCERO: Que mediante el recurso de casación en el fondo se denuncia la vulneración de los artículos 700, 724 y 728 del Código Civil y los artículos 686, 696, 702, 703, 706 y 707 del de Procedimiento Civil. Mediante un procedimiento judicial no contencioso seguido ante el Juzgado de Letras de Nueva Imperial, se ha solicitado se disponga la inscripción judicial de un título traslaticio del dominio de un bien raíz y la cancelación las inscripciones de dominio a nombre de terceras personas, en torno a lo cual su parte formuló oposición, interponiendo recurso de apelación en contra de la sentencia de primera instancia que acogió la petición. Su parte se opuso a la inscripción por cuanto mediante un procedimiento voluntario se pretende privar de sus derechos, parecer que la Corte de Apelaciones hace suyo al declarar inadmisible la apelación interpuesta por su parte. Se infringe el artículo 728 del Código Civil, el cual trata de la forma de transferir la propiedad, en que efectivamente indica, entre tales modos, la sentencia judicial. La doctrina como la jurisprudencia nacional, se dice, están contestes en que ello no puede ocurrir por la vía de un procedimiento voluntario y sin el emplazamiento de los interesados. Tal determinación, además, vulnera las demás disposiciones denunciadas como infringidas, al desconocer la posesión inscrita, legalmente adquirida y que se ordena cancelar. La incorrecta aplicación de las normas influye substancialmente en lo dispositivo del fallo, pues de haberlo hecho correctamente se debió declarar admisible la apelación e improcedente la inscripción y cancelación mediante un procedimiento no contencioso. CUARTO: Que ha quedado claramente expuesto en el recurso, que la infracción de ley que se impugna es la determinación adoptada en un procedimiento judicial no contencioso que accede a la solicitud de inscripción de un título traslaticio de dominio y ordena la cancelación del vigente, circunstancia que resulta de la declaración de inadmisibilidad del recurso de apelación de la sentencia que así lo dispuso. Sin embargo, la sentencia de la Corte de Apelaciones de Temuco no se pronunció sobre el fondo, sino que únicamente argumentó en su determinación la falta de legitimación activa de quien recurría y declaró la inadmisibilidad del recurso de apelación. En efecto, la única decisión adoptada por la Corte de Apelaciones fue la declaración de inadmisibilidad del recurso de apelación y era ésta la que podía ser validamente impugnada. Es una sentencia interlocutoria que pone término al juicio y no tiene la naturaleza de sentencia definitiva de segunda instancia, puesto que no decide el asunto controvertido. En tal virtud ha debido ser su fundamento el impugnado, no la consecuencia que trae aparejada, aspectos que llevan a desestimar el recurso de casación en el fondo.

De conformidad a lo expuesto y lo normado en los artículos 767, 772, 785, 805 y 806 del Código de Procedimiento Civil, se rechazan los recursos de casación en la forma y en el fondo interpuestos por el abogado Rodrigo Moretti Oyarzún en contra de la resolución de la Corte de Apelaciones de Temuco, de fecha dos de octubre de dos mil ocho, escrita a fojas 33, sin costas. Acordada con el voto en contra del Ministro señor Muñoz, quien fue de parecer de acoger el recurso de casación en la forma y tener por no interpuesto el recurso de casación en el fondo, dictando sentencia de reemplazo que declare admisible el recurso de apelación y disponga su vista y fallo por la Corte de Apelaciones de Temuco, por las siguientes consideraciones: 1º.- Que los magistrados de la instancia efectivamente declararon inadmisible un recurso de apelación y no emitieron pronunciamiento sobre el fondo de la controversia, de lo cual no existe duda alguna. De igual modo el recurrente sostuvo el recurso de casación en la forma en el hecho que no se resolvió el recurso de apelación, pero este fue decidido al ser declarado inadmisible. Sin embargo, la determinación de los magistrados de la Corte de Apelaciones tiene un efecto formal y otro material, el primero es el destacado, pero el segundo y de mayor relevancia es por el cual se mantiene la determinación del juez de primera instancia, que hizo lugar a disponer la inscripción de un título traslaticio de dominio y cancelación de la inscripción vigente a nombre de terceros mediante un procedimiento judicial no contencioso. En definitiva se concluyó la tramitación de un recurso de apelación, pero sin lugar a dudas por razones de fondo, al negar la calidad de legítimo contradictor al apelante, quien comparecía y se oponía a lo resuelto, dado que incluso en el procedimiento contradictorio, quien ha permanecido rebelde puede hacerse parte en el juicio en cualquier momento aceptando lo obrado, con mayor razón, en un procedimiento voluntario, quien no ha sido emplazado puede comparecer y aceptar lo obrado, impugnando lo resuelto, puesto que incluso podía hacerlo solicitando la nulidad de lo obrado conforme lo autorizan los artículos 78 y siguientes del Código de Procedimiento Civil. 2º.- Que el artículo 823 del cuerpo de leyes antes referido dispone: "Si a la solicitud presentada se hace oposición por legítimo contradictor, se hará contencioso el negocio y se sujetará a los trámites del juicio que corresponda", agregando en el inciso siguiente: "Si la oposición se hace por quien no tiene derecho, el tribunal, desestimándola de plano, dictará resolución sobre el negocio principal". De lo normado por el legislador se puede advertir que no ha limitado la oportunidad en que se puede formular oposición por quien tiene el carácter de legítimo contradictor y se autoriza únicamente a rechazar de plano la oposición de quien no tiene derecho comprometido. Es así como ambas circunstancias han sido transgredidas en autos. 3º.- Que respecto del interés que otorga el carácter de legítimo contradictor, se esgrimen en el derecho procesal tres posibilidades: acción popular, interés y derecho subjetivo violado, con lo cual se deja sentado que es diverso el concepto de interés y derecho subjetivo violado. Esta distinción también es posible encontrarla tanto en la doctrina civilista, especialmente en lo relativo a las acciones posesorias y conservativas de los gerentes, comuneros y mandatarios. Ahondando en la diferencia entre interés y derecho subjetivo, se ha dicho que en este último no existe duda que tendrá una repercusión en su patrimonio la decisión que se adopte, manteniendo su privación o recuperando aquello de lo que fue privado. Sin embargo, en el interés el acogimiento de la acción puede llevar en alguna forma a mejorar su situación personal, la que se encontraría beneficiada o quedaría en un mejor pie para afrontar una situación particular. Es así como la noción de interés puede admitir diversas graduaciones, las que quedan circunscritas entre el sólo interés de la ley, que equivale a una acción popular, y el que se afecte un derecho subjetivo, extremos que, por lo mismo, quedan excluidos de dicha noción. También este concepto jurídico ha suscitado diferentes calificaciones en relación al antecedente que lo origina y el acto o contrato que motiva la demanda, tales como: personal, directo, grave y legítimo. Adentrarse en estas determinaciones ha llevado a establecer la teoría de los " círculos de interés", esto es, el conjunto de personas interesadas, pues resulta evidente que más de una puede tener repercusiones favorables al impugnar un mismo acto o contrato, excluyendo solamente aquellos círculos muy lejanos, llegando a establecerse la noción de "círculo de intereses suficientes", que apunta a la calidad que se esgrime para impugnar el acto o contrato. 4º.- Que estas elementales argumentaciones dejan en claro que la recurrente, a lo menos, podrá encontrarse en una situación mejor para reclamar sus derechos, si al conocer del recurso de apelación éste es acogido, por lo mismo tiene el interés que el legislador exige, pero, por el hecho de ser titular de la inscripción actualmente vigente respecto de la propiedad, tiene a lo menos un derecho subjetivo comprometido, que, en su caso, puede significar que sea titular de un derecho real sobre la propiedad, circunstancia que le otorga el carácter de legítimo contradictor, a la luz de lo dispuesto por el artículo 823 del Código de Procedimiento Civil para acudir en defensa de sus derechos, puesto que el proceso voluntario dice relación con una situación que le afecta personalmente de manera directa, que puede importar una diferencia relevante en su situación patrimonial y en la que se están ejerciendo acciones que tienen por objeto desconocerla. Regístrese y devuélvase, con sus agregados. Redacción del Ministro señor Muñoz. Rol Nº 6.766-2008.Pronunciado por la Primera Sala de la Corte Suprema por los Ministros Sres. Milton Juica A., Sergio Muñoz G., Sra. Margarita Herreros M., Sr. Juan Araya E. Abogado Integrante Sr. Jorge Medina C.

Fallo : 3.770-04.veinte de agosto de dos mil siete. Primera Sala

TEXTOS COMPLETOS: SENTENCIA DE LA CORTE DE APELACIONES: Santiago, ocho de julio de dos mil cuatro. Vistos: Se confirma la sentencia apelada de veintiuno de julio de dos mil, escrita a fs. 162 y siguientes, con costas del recurso. Regístrese y devuélvase. Rol Nº 6.989-2000.SENTENCIA DE LA CORTE SUPREMA: Santiago, veinte de agosto de dos mil siete. VISTOS: En estos autos rol Nº 2178-1999 del Décimo Segundo Juzgado Civil de Santiago sobre juicio ordinario, caratulados "Orellana López, Beatriz Rosa con Mechasqui Montenegro, Leonardo Andrés y otros" la juez titular de dicho tribunal, por sentencia de 21 de Julio de 2000, escrita a fojas 162 y siguientes, rechazó la demanda en la que se solicitaba la nulidad de la sociedad "Inversiones Luis Mechasqui y compañía o MMC y Cía." por carecer la demandante de legitimación activa para accionar, con costas. Se recurrió de apelación y la Corte de Apelaciones de Santiago, en sentencia de fecha 8 de Julio de 2004, escrita a fs. 312 confirmó la de primera instancia, con costas del recurso. Contra este último fallo la demandante ha interpuesto recurso de casación en la forma y en el fondo y que se lee a fs. 313 y siguientes; concedidos los recursos se ordenó traerlos en relación por resolución de fecha uno de diciembre de 2006. TENIENDO PRESENTE: EN CUANTO AL RECURSO DE CASACIÓN EN LA FORMA: PRIMERO: Que el recurso de casación en la forma se funda en haberse pronunciado la sentencia recurrida con la infracción del artículo 768 Nº 5 del Código de Procedimiento Civil en relación con el artículo 170 Nº 5 del mismo cuerpo legal al no analizar, estudiar examinar o ponderar los fallos recaídos, de primera y segunda instancia en la causa rol Nº 5353-1999 del Décimo Séptimo Juzgado Civil de Santiago sobre declaración de sociedad regular de hecho caratulada "Orellana López, Beatriz Rosa con Mechasqui Montenegro, Leonardo y otros", acompañados en segunda instancia. SEGUNDO: Que para que pueda prosperar un recurso de casación en la forma es necesario que se cumplan los requisitos esenciales establecidos por la ley toda vez que se trata de un recurso de derecho estricto. El artículo 767 del Código de Procedimiento Civil luego de establecer las causales de procedencia del recurso de casación en la forma dispone que "el tribunal podrá desestimar el recurso de casación en la forma, si de los antecedentes aparece de manifiesto que el recurrente no ha sufrido un perjuicio reparable sólo con la invalidación del fallo". TERCERO: Que la parte recurrente solicita además de que se deje sin efecto el fallo, dictar sentencia de reemplazo en la que: "1) Se revocará el fallo apelado, de fecha 21 de Julio de 2000 y escrito de fs. 162 a 183 y 2) En su lugar, se declarará que se acoge en todas sus partes la demanda de lo principal de fs. 1.-" CUARTO: Que en la demanda de autos se pide esencialmente declarar: "Que la sociedad Inversiones Luis Mechasqui y Compañía, MMC y Cía., es simulada" y "Que dicha sociedad es nula de nulidad absoluta", formulando otras peticiones que son consecuencia de las dos anteriores. QUINTO: Que el a-quo al recibir la causa a prueba y determinar los hechos sustanciales, pertinentes y controvertidos fijó, a fs. 90, lo siguiente: Si existe por parte de los demandados disconformidad entre la voluntad real y la declarada al celebrarse el pacto de la sociedad "Inversiones Luis Mechasqui y Compañía" y si esta disconformidad lo ha sido en virtud de un concierto entre las partes, en forma deliberada y consciente con la intención de enajenar a terceros. SEXTO: Que la actora no rindió prueba para acreditar la concurrencia de "causa simulada" que habría hecho posible acoger las peticiones de la demanda de autos, reproducidas en el fundamento cuarto de este fallo, por lo que no podría acogerse la demanda de simulación de contrato. En consecuencia la parte recurrente no ha sufrido un perjuicio reparable sólo con la nulidad solicitada, por lo que el tribunal hará uso de la facultad contemplada en el inciso penúltimo del artículo 768 del Código de Procedimiento Civil y rechazará el recurso. EN CUANTO AL RECURSO DE CASACIÓN EN EL FONDO: SÉPTIMO: Que el recurso se funda en la infracción del artículo 1683 del Código Civil según el cual la nulidad absoluta puede alegarse por todo el que tenga interés en ello y es el error en que se habría incurrido por los sentenciadores al sostener que quien "impetra la declaración de nulidad absoluta debe tener un interés "regularmente constituido y actual" esto es, el derecho subjetivo de que se es titular, debe existir al momento en que promueve la acción". Se sostiene por la recurrente que "El principal error de derecho, consiste en creer que el interés de la demandante sólo estará "regularmente constituido" una vez y desde, que sea "reconocido por sentencia judicial".

OCTAVO: Que según don Carlos Anabalón Sanderson "la acción, según la acepción más socorrida, es el medio que se valen las partes ante la justicia para hacer reconocer y amparar un derecho que afirman poseer y haber sido desconocido o violado", y dice el mismo autor que "Toda acción se pone en ejercicio por la demanda judicial, es su vehículo obligado, y para intentar una acción por este medio se requiere: 1º que exista un derecho comprometido, y vemos entonces que el derecho nace o existe antes que la acción, con independencia de ésta." (Derecho Procesal Civil Chileno, tomo tercero fs. 9 y 10. Ediciones Seminario 1976). NOVENO: Que de lo antes expuesto se desprende que el "interés" exigido por el artículo 1683 del Código Civil debe ser "legítimo", esto es, que se funde en un derecho "actual" o sea, que exista al momento de intentarse la acción. DÉCIMO: Que la demandante funda su derecho a la acción en una demanda interpuesta por ella en contra de los señores Luis Alejandro, y Leonardo Andrés Mechasqui Montenegro y doña María Elena Josefina Montenegro Cabrera, seguida ante el Décimo Séptimo Juzgado Civil de Santiago, acción que a la fecha de la interposición de la demanda de autos se encontraba en tramitación en primera instancia como lo expresa la propia recurrente en su libelo de fs. 1. UNDÉCIMO: Que está en lo cierto la juez de primera instancia, y lo que confirmó la Corte de Apelaciones, el sostener que: "la demandante no tenía a la fecha de celebración del contrato de sociedad cuya nulidad se pretende, ni a la fecha de interponer la acción que motiva la tramitación de estos autos, un derecho subjetivo o una posición jurídica reconocida que se viera amenazada por la realización de dicho contrato, de suerte tal que tampoco es posible considerar que hubiere sufrido un perjuicio con el acto aparente, ya que no existía el interés, como se exige, al tiempo en que se habría producido, eventualmente, la infracción motivante de la nulidad, razón por la que la demandante carece de legitimidad activa, requisito de procesabilidad necesario para accionar. DUODÉCIMO: Que por lo antes expuesto se rechazará el recurso de casación en el fondo. Por estas consideraciones y lo dispuesto en los artículos 764, 766, 768 y 808 del Código de Procedimiento Civil, se rechazan los recursos de casación en la forma y en el fondo interpuestos, en lo principal y otrosí de fojas 313, por Rosalva Soledad Avila Soto, en representación de Beatriz Rosa Orellana López, en contra de la sentencia de fecha ocho de julio de dos mil cuatro, escrita a fojas 312. Acordada, la decisión que rechaza el recurso de casación en la forma, con el voto en contra del Ministro señor Muñoz y de la Ministra señora Herreros, quienes fueron de parecer de acogerlo y reponer la causa al estado que el tribunal no inhabilitado que corresponda realice una nueva vista de la causa y decida el recurso de apelación interpuesto, ponderando todos los antecedentes probatorios tenidos a la vista, en especial el proceso solicitado tener a la vista como trámite indispensable. Para sostener su opinión tienen en consideración los fundamentos expresados en la sentencia de casación recaída en los autos rol Nº 4245-04, de esta Corte. Por otra parte y sin entrar a discutir la procedencia de la facultad prevista en el artículo 768 del Código de Procedimiento Civil, no resulta oportuno ni conveniente que sea esta Corte de Casación la que realice un análisis y ponderación tanto de la acción como de los elementos de juicio reunidos en autos, labor reservada a los jueces de la instancia y de cuya revisión incluso esta Corte debe prescindir, labor que al ser genérica, mantiene el vicio reprochado. Así se llega a emitir juicio sobre el fondo, no obstante que los magistrados de la instancia sólo habían estimado que la actora no reunía los requisitos de legitimación para interponer la acción. Se previene que el Ministro señor Muñoz y la Ministra señora Herreros fueron de parecer de rechazar el recurso de casación en el fondo, por las siguientes consideraciones: 1º.- Que ante la obligación de emitir pronunciamiento respecto del recurso de casación en el fondo, se debe hacer el análisis sobre la base de lo que han sido las alegaciones de las partes, lo resuelto por los magistrados de la instancia y respecto de los errores de derecho denunciados, por cuanto a tales extremos se circunscribe la controversia ante esta Corte de Casación. En efecto, el recurso de casación en el fondo se ha sostenido exclusivamente en la infracción al artículo 1683 del Código Civil, pero no se ha insistido en la transgresión de otras normas, como tampoco se ha fundado en otros errores de derecho, por lo que de aceptarse el recurso no se llega necesariamente a acoger la acción de simulación interpuesta, como se verá más adelante. 2º.- Que, según se ha dejado expuesto en el fallo, el artículo 1683 del Código Civil dispone que la nulidad absoluta ser alegada "por todo el que tenga interés en ello", legitimación que ha sido ampliamente discutida en la doctrina y jurisprudencia. Sin querer revisar esta larga controversia de lo que debe entenderse por "interés", resulta necesario detenerse en algunos antecedentes de data reciente en cuanto al punto, es así como, con motivo de la redacción del inciso segundo del actual artículo 38 de la Constitución Política de la República, se analizó el requisito exigido al actor, ponderándose las tres posibilidades que sobre el punto se estimaron de mayor relevancia: acción popular, interés y derecho subjetivo violado, en definitiva se optó por este último concepto, pero esto no es lo relevante, sino que se deja sentado que es diverso el concepto de interese y derecho subjetivo violado. Esta distinción también es posible encontrarla tanto en la doctrina civilista, especialmente en lo relativo a las acciones posesorias y conservativas de los gerentes, comuneros y mandatarios. 3º.- Que ahondando en la diferencia entre interés y derecho subjetivo, se ha dicho que en este último no existe duda que tendrá una repercusión en su patrimonio la decisión que se adopte, manteniendo su privación o recuperando aquello de lo que fue privado. Sin embargo, en el interés el acogimiento de la acción puede llevar en alguna forma a mejorar su situación personal, la que se encontraría beneficiada o quedaría en un mejor pie para afrontar una situación particular. Es así como la noción de interés puede admitir diversas graduaciones, las que quedan circunscritas entre el sólo interés de la ley, que equivale a una acción popular, y el que se afecte un derecho subjetivo, extremos que, por lo mismo, quedan excluidos de dicha noción. También este concepto jurídico ha suscitado diferentes calificaciones en relación al antecedente que lo origina y el acto o contrato que motiva la demanda, tales como: personal, directo, grave y legítimo. Adentrarse en estas determinaciones ha llevado a establecer la teoría de los "círculos de interés", esto es, el conjunto de personas interesadas, pues resulta evidente que más de una puede tener repercusiones favorables al impugnar un mismo acto o contrato, excluyendo solamente aquellos círculos muy lejanos, llegando a establecerse la noción de "círculo de intereses suficientes", que apunta a la calidad que se esgrime para impugnar el acto o contrato. Todo lo anterior siempre el legislador lo ha dejado entregado a la jurisprudencia, de forma tal que es ésta la que está habilitada para construir la noción que integre la ley, pero necesariamente sobre la base de la exclusión de la acción popular y el derecho subjetivo violado, puesto que de otra manera

se la estaría identificando con una de ellas, circunstancia que ciertamente no ha querido el legislador, pues de otro modo lo habría manifestado directamente, dado que ninguno de los conceptos le es desconocido. En este sentido la jurisprudencia en materia procesal penal ha podido graduar la intensidad del interés al deducir querella, diferenciando el exigible en el antiguo sistema y el actual, siendo más exigente en este último. 4º.- Que estas elementales argumentaciones dejan en claro que la demandante podrá encontrarse en una situación mejor para reclamar sus derechos, si la presente acción es acogida, por lo mismo tiene el interés que el legislador exige en el artículo 1683 del Código Civil para accionar, el que dice relación con una situación que le afecta personalmente de manera directa, que puede importar una diferencia relevante en su situación patrimonial y en la que está ejerciendo las acciones que el ordenamiento legal prevé. 5º.- Que no obstante tales razonamientos coincidentes con los del recurrente, impiden a los previnientes hacer lugar al recurso, puesto que no ha indicado mayores errores de derecho, no ha denunciado la vulneración a las leyes reguladoras de la prueba ni de disposiciones sustantivas que puedan llegar a estos jueces a considerar que los supuestos fácticos no corresponden con las pruebas aportadas, para luego aplicar correctamente tales normativas y las que regulan la institución de la simulación; que de hacerlo estos sentenciadores excederían los extremos del recurso, como también si hicieran uso del accionar de oficio, pues éste se refiere a subsanar ciertos y determinados errores u omisiones en la interposición de la impugnación, pero no puede llegarse por la revisión de un requisito de legitimación de la acción a precisar las acciones y defensas, analizar la prueba, valorarla individual y comparativamente, establecer los hechos que se deducen particularmente de cada medio e integralmente en la causa, resolver las alegaciones o defensas y emitir pronunciamiento sobre la acción. Regístrese y devuélvase con sus agregados. Redacción del abogado integrante Fernando Castro A. y del voto disidente el Ministro Sr. Sergio Muñoz G. Rol Nº 3.770-04.Pronunciado por la Primera Sala de la Corte Suprema por los Ministros Sres. Milton Juica A., Sergio Muñoz G., Sra. Margarita Herreros M. y Sr. Juan Araya E. y Abogado Integrante Sr. Fernando Castro A.