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INTRODUCCIÓN

:
En el presente trabajo, pretendo, a grandes rasgos, exponer lo que es Ética y Derecho (libertad y necesidad, determinismo e indeterminismo, bien y mal, etcétera), Axiología (valores) y Teleología (fines) como ramas de la Filosofía (5.1), y El hombre (Antropología Filosófica y Antropología Filosófica Jurídica), la cultura y los valores (5.2) como estudio de los seres humanos desde una perspectiva biológica, social y humanista, ésta se divide en dos grandes campos: la antropología física, que trata de la evolución biológica y la adaptación fisiológica de los seres humanos; y la antropología social o cultural, que se ocupa de las formas en que las personas viven en sociedad, es decir, las formas de evolución de su lengua, cultura y costumbres.

Es fundamentalmente multicultural. Los primeros estudios antropológicos analizaban pueblos y culturas no occidentales, pero su labor actual se centra, en gran medida, en las modernas culturas occidentales (las aglomeraciones urbanas y la sociedad industrial).

Así pues, en contraposición a la creencia transmitida de que los valores fueron olvidados, o al menos tratados muy esporádicamente por las ciencias humanas, intentare poner de manifiesto que la problemática de los valores ha sido continuamente objeto de estudio e interés de las ciencias sociales, y que son éstas las que han posibilitado su reinterpretación y operacionalización en unas coordenadas menos filosóficas, más antropomórficas y más empíricas. Ese antropomorfismo y operacionalización ha permitido que el tema de los valores se integre a otro experto creado por los científicos para proporcionar un modelo explicativo del comportamiento social; Axiología y estimativa jurídica. *Recalco las ideas más importantes para mí “en negrita y

cursiva” para dar énfasis a lo que pudiera llamar idea principal en cada tema.

..Alejandro de la Caña Barrón...

5.1 Ética y Derecho (libertad y necesidad, determinismo e indeterminismo, bien y mal, etcétera), Axiología (valores) y Teleología (fines) como ramas de la Filosofía.
Necesidad y libertad. La necesidad se desprende de la esencia interna de los fenómenos, designa la ley, el orden y la estructura de los mismos. La necesidad es lo que ha de ocurrir obligatoriamente en unas condiciones dadas, mientras que la libertad es el deseo consiente que lleva al hombre a realizar determinadas acciones, con la facultad de tomar una resolución con conocimiento de causa. En el proceso de formación del conocimiento, se forman los conceptos que son las ideas más acabadas de las cosas, los fenómenos o procesos, que reflejan las cuestiones esenciales de ellos. Por ejemplo, un número es un concepto de cantidad, no importa que cosa, es una abstracción que representa un aspecto esencial de las cosas, su cantidad, es decir su unidad como cosa y su diferencia y su similitud con otras. Los conceptos filosóficos, son las llamadas categorías filosóficas, estas son conceptos generales que reflejan los aspectos más esenciales de las cosas, fenómenos y procesos, de los que se ocupa el saber humano, y que son generales porque traspasan las barreras de las ciencias particulares y abarcan a todos los campos del saber. Hay que señalar que, las ciencias particulares tienen también sus propias categorías particulares, como categorías de la medicina, por ejemplo "paciente", de la física "fusión", que son propias de ellas y fuera de su contexto cambian de significado. Las categorías de la filosofía, en cambio son generales como, materia, contenido, movimiento, etc., que serán válidas, conservando su significado esencial en cualquier ciencia, sin considerar por supuesto, las connotaciones singulares que suelen dar los grupos sociales al lenguaje. El hombre interpreta el mundo a partir de conceptos y categorías lo que no implica de ningún modo que el mundo esté determinado por la subjetividad o por la idea, ya que es erróneo pensar que el mundo es un algo sin forma, sin estructura, es

decir, un montón de materiales predispuestos caóticamente, por el contrario, se trata de una existencia regida por leyes e independiente de nuestra conciencia. Según Kant existe un conocimiento distinto del saber instrumental que se propone la ciencia empírico-matemática ya que el conocimiento de la realidad no se reduce meramente a lo que subyace al concepto de naturaleza, o al reino de lo necesario; sino que existe un conocimiento basado en la esfera de la razón el que está constituido por el concepto de libertad, porque la libertad es la categoría racional por excelencia, es decir, que un discurso sobre la libertad es posible en tanto éste no tenga pre atenciones de científico, en otras palabras, existe un ámbito en el cual las causas y los efectos, la ley de causalidad, deja de relacionarse necesariamente, cuyo ámbito es: el reino de la libertad. La libertad y la necesidad se nos presentan como una dualidad, como contradicción y antagonismo. Reino de la necesidad se nos presenta como el reino de la miseria, de la insatisfacción, de la desdicha; mientras la libertad se nos aparece como la superación de la necesidad, como el reino de la felicidad del hombre. En esta óptica se ubica la tradición marxista. La necesidad es ciega sólo en la medida en que no está sometida al concepto. La libertad no consiste en una soñada independencia respecto de las leyes naturales, sino en el reconocimiento de esas leyes y en la posibilidad, así dada, de hacerlas obrar según un plan para determinados fines. Esto vale tanto respecto de las leyes de la naturaleza externa cuanto respecto de aquellas que regulan el ser somático y espiritual del hombre mismo: dos clases de leyes que podemos separar a lo sumo en la representación, no en la realidad. Libertad y Necesidad, es una de las Categorías filosóficas de la Dialéctica de Hegel, que expresan la relación entre la actividad del hombre y de las leyes objetivas de la naturaleza y de la humanidad. La explicación de la libertad y de la necesidad se fundamenta en el reconocimiento de su interconexión dialéctica. La primera tentativa de aclaración de dicha interconexión pertenece a Spinoza, quien definió la libertad como la necesidad de la que se ha tomado conciencia Hegel fundamenta las mutuas relaciones entre la “necesidad y la

libertad”, sentando la tesis de que ambas se hallan mutuamente vinculadas, de que pueden transformarse la una en la otra y de que la necesidad se manifiesta a través de la libertad, es decir el reconocimiento de la voluntad y conciencia del hombre como lo primario y de la necesidad objetiva como lo secundario en el sentido de la Teoría del Conocimiento. La necesidad existe en la naturaleza y en la sociedad en forma de leyes objetivas. Las leyes no conocidas se manifiestan como necesidad “ciega”. Pero, como se ha visto, existe también una diferencia esencial. En la naturaleza, la necesidad no presupone la actividad de los hombres. En la vida social, en cambio, la actividad de los hombres figura entre las condiciones indispensables para que la necesidad se manifieste y realice. La vida humana consiste en tener que decidir a cada momento sobre lo que vamos a hacer. Aún el no hacer nada es un hacer vital ya que implica el haber optado por una de las posibilidades que se ofrecían. La vida es pues una sucesión ininterrumpida de elecciones, de decisiones, que efectuamos con un margen de libertad, puesto que como decía Recanses Siches “el hombre que no pudiese elegir o preferir, no podría pensar, no podría hacer nada, en suma no viviría”. Al ser hacedores de nuestra vida, nuestros actos son libres y no pueden ser rigurosamente determinados como los de un autómata. La persona no es un robot, un autómata que se determina por tendencias, sino que se auto determina en su intrínseca libertad bajo el signo de los valores. Esta libertad que impregna a la conducta, solo tiene una manera de manifestarse: prefiriendo, o sea, valorando. El decidir implica haber realizado la siguiente

operación: elegir, preferir y valorar. Según Recanses Siches los valores son pues, estructuras esenciales de la vida humana. Este ininterrumpido quehacer implica que las cosas que están en el mundo, no nos son indiferentes, pues al elegir, al preferir adoptamos frente a ella una posición negativa o positiva, a tenor de la cual se nos aparecen como buenos o malos , justos o injustos, útiles o perjudiciales los actos realizados y a realizar.

En síntesis, nos pasamos la vida en una atmósfera de valoraciones que nos presentan como valiosos a los objetos (bienes). El sentido de un objeto cultural depende de que sea vivido y representado por algún sujeto en un peculiar acto de vivencia llamado valoración. Los valores son cualidades o esencias objetivas que se encuentran en los objetos de la realidad cultural. Ejemplo: santidad, bondad, justicia, belleza, utilidad, elegancia, etc. Es además una noción de relación; el valor resulta de una relación de un objeto con un sujeto. El valor es concebible como valor por un sujeto apreciante “Los valores no valen porque los estimemos, sino que los estimamos porque valen”. Aquí sus características 1. No son independientes, pues siempre se hallan encarnados en objetos culturales. 2. Son objetivos, porque existen con independencia de nuestra particular subjetividad ya que el sujeto individual es la medida de los valores. Ellos valen para cualquier sujeto. 3. Bipolares: cualquier valor puede aparecer con signo positivo o negativo (disvalor) Así a lo bueno se contrapone lo malo, bello- feo, justo – injusto, orden – desorden, etc. 4 - Algunos autores admiten que los valores presentan una relación de rango o jerarquía en una tabla de valores, según la concepción del mundo que tenga el investigador. Afta Lión dice, que todo valor es relativo a la existencia, y es por lo tanto la aprehensión de nuestras posibilidades preferidas. Lo valiosos en un determinado sistema, puede ser un disvalor en una situación diferente ya que lo valioso es relativo a la Situación humana. La estimativa Jurídica o Axiología o deontología es la rama de la filosofía jurídica que tiene por objeto desentrañar y analizar en detalle los valores jurídicos, y la valoración jurídica constituye un inexplicable ingrediente de la conducta social.

La justicia es un valor espiritual que no se puede confundir con la satisfacción de un interés. Tiene un carácter absoluto, cuando nos ponemos como juez de jueces. No se confunde con el cumplimiento de la norma. La justicia no es un fin sino un valor de fin, una cualidad que puede o no realizarse y que abre a la existencia humana un futuro indeterminado. No es una virtud, sino consiste en dar a cada uno lo suyo. Es un valor social o bilateral que se da ante situaciones de coexistencia o convivencia, consistente en dar más a los que menos tienen. Es el valor jurídico supremo y central, pero no el único valor.

La justicia es la Creación de igualaciones de libertad, o sea, que para dar a cada uno lo suyo y hacer justicia, hay que darle aquello que le falta a alguien para crear la igualdad frente a quien si lo tiene. Darle mas al que menos tiene para ponerlo en una situación de igualdad y es creación porque es tarea constante, puesto que lo que hoy se iguala, al momento siguiente Puede desnivelarse en la balanza, surgiendo así la injusticia

La Justicia se ha simbolizado con figuras (), números () letras, etc. Procurando reflejar la imparcialidad, igualdad y alteralidad o bilateralidad de este valor. El mundo de los valores, es un mundo que tenemos que construir diariamente, para hacer posible nuestra vida en la tierra. Max Scheler dice que los valores son cualidades independientes de las cosas, que son sus “depositarias”. Los valores dice, no son objetos ideales como los números, no se captan por una intuición intelectual ni observación empírica, sino a través de emociones. La Justicia como todo valor es creación del hombre. La relación de la ética con el derecho puede considerarse desde diversos puntos de vista y tendrá que situarse particularmente en dos planos distintos sobre los que se articula la reflexión moral.

Primeramente, en el plano de la reflexión ético-normativa el problema de las relaciones entre la ética y el derecho interesa de forma no exclusiva, pero sí prevalente, a la parte penal de la legislación civil o eclesiástica, y no a la que regula la vida diaria de la sociedad. Hay que añadir, sin embargo, que el código penal de la sociedad civil no se interesa por la actitud moralmente buena, por la que se interesa por el contrario el derecho canónico, al que le importa la formación interior de cada creyente y su orientación hacia la santidad.

Además, el código, civil o eclesiástico, no sanciona nunca a nivel de comportamiento todo lo que es moralmente recto o equivocado y - no prevé penas para todas las acciones moralmente equivocadas. Desde este punto de vista, el derecho se interesa de forma casi exclusiva por todos aquellos ámbitos operativos dentro de los cuales hay que defender o garantizar los intereses o los derechos de terceros. Un caso ejemplar: la pena que prevén los diversos códigos para todos los intentos de homicidio, pero no para los intentos de suicidio.

Más aún, se da a veces el caso de que el código de la ley positiva no sólo no castiga, sino que legitima incluso lo moralmente errado, como ocurre en el caso de la legislación sobre el aborto, el matrimonio homosexual, su derecho de estos matrimonios a adoptar hijos y sobre el divorcio. Esto puede suceder bien en un contexto democrático, donde la mayoría determina de forma decisiva la orientación legislativa, bien en un contexto no democrático en el que todo o casi todo depende de la voluntad de uno o de unos pocos. Esta última aclaración nos invita a considerar la relación existente entre la ética y el derecho, también en el plano de la fundamentación de las normas morales o jurídicas. Dentro de esta perspectiva meta-ética se plantea además el problema del momento cognoscitivo o de decisión que está en la base de los juicios morales últimos, de los que dependen también los juicios del derecho: mientras que unos autores (los «cognitivistas») afirman que estos juicios son preexistentes al hombre y que hay que adecuarse a ellos también desde el punto de vista legislativo, otros (los «decisionistas») afirman que la perspectiva ético-jurídica depende sólo de

aquello en lo que converge la mayoría o de aquello que se logra sancionar por un contrato. Creo que conviene recordar, respecto de la ética profesional y de la enseñanza jurídica, ciertas cuestiones relativas a la teoría general del Derecho, acerca de las cuales estoy seguro todos sabemos, pero que constituyen un prólogo o enfoque básico para un tema como éste. Los bienes y valores que el Derecho asegura por sí mismo son el orden, la seguridad y la equidad jurídicas. Estos no son fines en sí mismos; su sentido proviene de otros, superiores, que también se trata de alcanzar; el Derecho es un medio, un instrumento para lograrlo. Así, el valor de lo jurídico es uno, primero, que otorga validez formal al Derecho, y uno más, que estriba en que está para servir a otros valores o fines; por ello, el Derecho posee un doble aspecto valorativo: el que atañe a la legalidad, que es el valor surgido de la observancia de la ley, y la justicia, que se hace posible con el cumplimiento de los valores o fines de los que el Derecho es portador y asegurador. Con todo lo que desde otras profesiones se afirma del carácter artesanal del Derecho, y de su pretendidamente escaso valor científico, la verdad es que la técnica jurídica es la única forma que el hombre ha encontrado al través de la historia, de hacer que los valores que respeta y a los que aspira sean traídos a la vida cotidiana. El Derecho tiene un contenido de múltiples dimensiones, complejo, cuya naturaleza se revela en tres órdenes diversos, pero cercanamente entrelazados y con recíprocas influencias: el Derecho, por cuanto es un hecho social: el Derecho, en tanto norma jurídica; y el Derecho, como valor. En efecto, el Derecho se genera como un fenómeno social, que se manifiesta en forma de reglas jurídicas, para ordenar comportamientos y dictar principios de conducta social, a la vista de determinados valores. El aspecto axiológico o estimativo del fenómeno jurídico revela al Derecho en su sentido ético, por cuanto

se refiere al valor instrumental que posee; dicho de otro modo, en tanto garantiza y porta otros principios superiores. Esta dimensión es la que interesa a la estimativa jurídica o axiología, de la que asimismo se hace referencia como Teoría de la Justicia; su objeto de análisis son los valores que originan y cimientan al Derecho: el estudio de las formas y modalidades en que estos valores se hacen normas jurídicas es el propio de la Política Jurídica o Política del Derecho. En acertada definición, consecuente con lo hasta aquí recordado, se ha dicho que el Derecho es un sistema normativo de la conducta social, producido y garantizado coactivamente por el poder político de una autoridad soberana, que asegura una convivencia satisfactoria, en un ámbito social ordenado, seguro y equitativo, a salvaguardar intereses fundamentales, y cuya validez u

obligatoriedad se condiciona por los valores jurídicos y éticos de los cuales es generador y portador, respectivamente, en un momento y lugar históricos determinados. Ya dije antes que el Derecho se desarrolla en tres ámbitos y facetas: la fáctica, la normativa y la axiológica; se relaciona con la moral, en razón de que el Derecho supone una decisión sobre lo bueno y lo malo, y porque únicamente los valores morales pueden dar origen, en el fondo, a su obligatoriedad. La moral social está constituida por los principios que surgen de la moral ideal o crítica, y respecto de los cuales hay un reconocimiento social y una convergencia de opinión. La moral y el Derecho tienen distintos espacios, pero están muy relacionados entre ellos; esto, porque el Derecho positivo precisa de una justificación moral, como requisito de su obligatoriedad. Una desvinculación total entre Derecho y moral puede ser útil para distinguir y calificar a los sistemas jurídicos, pero no para alcanzar una completa precisión acerca del Derecho. Una abstracción plena del Derecho, hecha aún con fines exclusivamente metodológicos, que separara sus dimensiones fáctica, normativa y axiológica, sólo lograría un enfoque parcial del fenómeno jurídico. Es por esto

que existen tantas definiciones distintas del Derecho; los autores que ponen el énfasis en alguna de sus tres dimensiones, sin vincularlas suficientemente entre ellas, arriban a conceptos incompletos, aunque no necesariamente equivocados. Ello explica que la llamada teoría tridimensional del Derecho haya tenido éxito; en efecto, parece dar cuenta de la realidad del Derecho en una forma más cabal. La importancia de las vinculaciones entre el Derecho y la moral no se agota en un debate teórico, de mera especulación jurídica, porque dichas relaciones están estrechamente referidas a la necesidad de dar una respuesta a las cuestiones humanas más importantes que conlleva la práctica del Derecho. La tarea de la moral es de juzgar la selección, ordenación y descarte de intereses, que orientan las actitudes de los hombres en lo individual y lo social; así, se producen y se sostienen las razones para adoptar obligatoriamente las conductas dispuestas por las reglas jurídicas, que en numerosas ocasiones significan optar por determinados intereses, o prescindir de algunos de ellos. La apreciación moral del Derechos no tiene como propósito dudar de su exigibilidad, sino orientarlo hacia normas más justas, hacia sistemas jurídicos en los que cada vez menos baste la validez formal, y se procure siempre la justificación de los contenidos; en síntesis, se trata de “moralizar el Derecho, no de legalizar la moral”. Si el Derecho es un instrumento creado por y para los hombres, debe estar al servicio de sus más valiosas causas. Así, el Estado de Derecho, entendido a la vez formal y materialmente, que es como debe ser percibido, no es simplemente un Estado legal o legaloide, como lo fueron, recordémoslo, la España de la dictadura franquista y la Alemania del nacional socialismo fascista de Hitler o la URSS de Stalin. Sus leyes, en los tres casos, se produjeron ciertamente conforme a los mecanismos establecidos para crearlas. Pero en un genuino Estado de Derecho no se es, ni se podría ser, indiferente al contenido de las normas, que para constituirlo deben incluir los derechos humanos y sus garantías, producto de una larga lucha de los hombres; un poder con facultades limitadas, y dividido para su ejercicio, con el mismo fin de salvaguarda de la libertad; un poder judicial independiente, autónomo y digno,

capaz de enjuiciar los actos de autoridad que violen los derechos de los individuos, y de dictar justicia conforme a Derecho en otras controversias que se someten a su consideración; y unas normas jurídicas, preferiblemente escritas, pero en todo caso bien claras y precisas, y difundidas ampliamente para su conocimiento general. En los casos mencionados, de Franco y de Hitler, y en muchos otros más desafortunadamente, las leyes existían, pero no consignaban los derechos humanos y la libertades, que se violentaban; no limitaban al poder, ni lo dividían para su ejercicio, sino lo concentraban; tampoco garantizaban un poder judicial independiente, ni constituían normas que fuesen en función de estos principios básicos. Debe insistirse en que crear y mantener un verdadero Estado de Derecho exige un esfuerzo colectivo permanente, que naturalmente debe ser encabezado por los abogados; se trata, de una lucha por el Derecho, misma que, por la altura de fines que significa, ennoblece a quien la emprende. El Derecho coexiste en la sociedad con otros sistemas normativos o reglas de conductas, tales como la moral y la religión; éstas y el Derecho coinciden en ciertos de sus contenidos, pero garantizan su observancia de diferente manera; en efecto, sólo el Derecho puede, legítimamente, emplear la coacción. La producción del Derecho es un fenómeno dinámico y complejo, que adopta, desincorpora, afirma o modifica valores, principios y aspiraciones. La cuestión de la justicia, como valor y exigencia ética fundamentales, requiere del examen o análisis ético del Derecho, que tiene que ver con su aspecto axiológico. La justicia o injusticia de una norma jurídica no implica el cuestionamiento acerca de su eficacia, sino respecto de su validez y obligatoriedad. El Derecho posee una doble vertiente axiológica, ya que al lado de la significación que tiene la existencia misma del Derecho en una comunidad, en razón de que ordena las conductas sociales y genera seguridad e igualdad jurídicas, es conducto y garantía de otros altos valores, precisamente para cuyo servicio el

Derecho prescribe una ordenación social, y produce seguridad jurídica y equidad. El orden, la seguridad y la igualdad jurídicas tienen carácter instrumental, porque con ellos el Derecho crea un espacio social de paz, de libertad y de igualdad; pero sólo adquieren sentido en función de unos, distintos, valores superiores. Así, el otro aspecto axiológico del Derecho deriva de estos principios, que lo orientan y proporcionan la razón de ser del orden, de la seguridad y de la equidad, las que Derecho provee. Los valores que primeramente asegura el Derecho dan a éste su validez formal; pero conviene insistir en que estos sólo adquieren su trascendencia a la luz de otros, los que le dan sentido; entre éstos están el respeto a la vida e integridad humanas, la libertad, la educación, la salud y el bienestar social. Los denominados derechos sociales tienen por esta razón un sentido y un alto valor; lo tiene el bienestar social, que deriva del cumplimiento de esos derechos por parte del Estado. Este tiene una clara obligación de diseñar políticas sociales, tal como las laborales, agrarias, de vivienda o ecológicas, que se correspondan con las normas jurídicas que consignan los derechos sociales respectivos. Es obvio que son distintas las exigencias al Estado para que respete y cumpla las normas constitucionales que contienen derechos individuales, de las que se requieren para que honre los derechos sociales, y asimismo sus formas y vías de ejercicio. Tanto el individualismo como el socialismo históricos fueron doctrinas

reduccionistas; en el primer caso, nunca se dio cabal cuenta del aspecto social del hombre, y en el segundo, de su valor individual como persona. La Constitución Mexicana expresa en sus normas la dimensión completa del hombre, que es tanto individual como social. Cuando las normas de un sistema jurídico muestran su doble aspecto axiológico, es posible dar al Derecho el adjetivo de justo. La legalidad no es indefectiblemente ocasión de la justicia; si un sistema jurídico se limita a su propio carácter instrumental, y no atiende a los valores superiores en razón de los cuales se justifica, tal ordenamiento tendrá validez formal, pero no

podrá calificarse de justo. La injusticia de una norma o de un ordenamiento jurídico en su totalidad, no supone su abrogación o derogación automáticas, ni que sus reglas, normalmente, dejen de ser observadas, así sea con base en argumentos exclusivamente de prudencia. La legalidad es una condición necesaria, pero no suficiente, para que las normas jurídicas tengan plena validez. El segundo aspecto axiológico del Derecho, por sí mismo, tampoco garantiza la eficacia de los valores que conlleva, porque éstos requieren de la ordenación, seguridad e igualación que son resultantes de la instrumentación que realiza el Derecho. La justicia no se reduce ni a la legalidad ni a la Ética; está en la realización jurídica, es decir práctica, de los valores de que el Derecho es portador, en beneficio de la sociedad. La justicia da sentido y orientación a las acciones que crean y aplican el Derecho, armonizando la convivencia y acrecentando la colaboración social que se estiman mejores, por un grupo social y en un entorno cultural determinados. Un sistema jurídico puede calificarse como justo al ser considerado en los textos jurídicos, si de ese examen se llega a la conclusión de que hay correspondencia entre los valores que el Derecho genera, y los que conduce, desde otros ámbitos, a la vida cotidiana. Pero si en la aplicación del propio Derecho hay fallas, podrían no alcanzarse sus fines. Esta es razón para que los integrantes de los poderes judiciales sean independientes, pero asimismo muy bien preparados; interpretar la ley es un problema, y ustedes lo saben, de difícil solución; no puede ser resuelto por profesores de gramática o filólogos, y se requieren largos años de preparación y experiencia jurídica para lograrlo. En las facultades de Derecho tenemos el deber de hacerlo posible. Justicia y equidad son términos complementarios; este último se refiere al valor jurídico que permite al Derecho ajustar y equilibrar las particularidades que presenta cada caso real; así, se trata de un principio que hace posible la integración de un ordenamiento jurídico.

La equidad se traduce en una búsqueda de armonización, que lleva al Derecho a concertar los criterios y principios que determinan la justicia, cuya idea, así como la de legitimidad jurídica, se concretan en la época actual en el reconocimiento y respeto de los Derechos Humanos. La referencia a los Derechos Humanos equivale a apuntar a principios de una alta significación moral y jurídica, mayor aún que la de otros valores, y que por lo mismo se constituyen en medidas o ideales de justicia. Los valores morales de los que surgen los Derechos Humanos se manifiestan como principios éticos; entre otros, los de libertad, autonomía, dignidad e igualdad humanas. Les es común una premisa básica, la de que los seres humanos son fines en sí mismos, valiosos esencialmente, razón por la cual todas las personas son acreedoras a un trato digno y requieren de libertad para realizarse, según sus propias decisiones, en vida que estimen mejor y más satisfactoria. El hombre y su dignidad deben estar al centro y constituir la última finalidad de un sistema jurídico. Así es en el caso del ordenamiento mexicano, lo que obliga a todos a actuar de tal manera que la libertad, la grandeza y la igualdad humanas no se queden en las palabras, sino que se den los hechos. Muy desafortunadamente, la enorme desigualdad en la distribución de la educación y la cultura y en las condiciones sociales y económicas, tiene en una verdadera postración a más de la mitad de los mexicanos. Es una exigencia ética respetar el Derecho y definir una política económica y social conjunta y al servicio de los hombres, para que lo más pronto posible se revierta esta situación, que es una ofensa intolerable al sentido de justicia de los ciudadanos, y particularmente de los juristas. Mucho se puede hacer y preparar, a este respecto, en una escuela de Derecho.

5.2 EL HOMBRE (ANTROPOLOGÍA FILOSÓFICA Y ANTROPOLÓGICA FILOSÓFICA JURÍDICA) LA CULTURA Y LOS VALORES.
5.2.1 ANTROPOLOGÍA FILOSÓFICA: Significa el conocimiento del hombre a la luz de la Filosofía. La Antropología Filosófica considera al hombre completo (alma y cuerpo) desde las causas radicales de la entidad propia del hombre, o sea, una sabiduría acerca del hombre (antroposofía).

5.2.2 ANTECEDENTES HISTÓRICOS: Grecia. Los filósofos buscaron al principio naturaleza pero también estuvieron interesados en los temas teológicos y (psicológicos; estos primeros pensadores a pesar de sus carencias, comenzaron a perfilar las nociones de alma, vida y animación. SÓCRATES. Fundó la Ciencia y encabezó los pasos del saber filosófico sobre el hombre. El oráculo de Delfos: " Conócete a ti mismo". PLATÓN: El hombre es básicamente alma espiritual y pensante. Dividió el alma humana en tres partes: apetito concupiscible, apetito irascible y la inteligencia.

ARISTÓTELES: Es el primer sistematizador de la Antropología Filosófica. Sostiene que el alma (forma) y el cuerpo (materia), constituyen el compuesto humano, el alma es única en cada hombre, tienen varias facultades y realiza diversas actividades: vegetativas, sensitivas y racionales. No cualquier alma es apta para cualquier cuerpo. Pasando el tiempo, el Helenismo y la Cultura Latina (estoicismo, epicureísmo, hedonismo, escepticismo, neoplatonismo) no lograron superar las alturas alcanzadas por Sócrates, Platón y Aristóteles en la Antropología Filosófica. KANT: Imprime su fuerte huella en la Antropología. Su antropología se refiere al hombre concreto y sensible, las críticas tratan del yo y especialmente del hombre moral ubicado por encima de la sensibilidad. La Filosofía Kantiana se resuelve en Antropología. Dice Kant: las preguntas que condensan la Filosofía pueden resumirse así: ¿Qué puedo saber?, ¿Qué debo hacer?, ¿Qué debo esperar? Y ¿Qué es el hombre? A estas preguntas contestan respectivamente la Metafísica, la Moral, La religión y la Antropología.

Es la entidad propia del hombre, el punto de vista de las causas últimas la esencia o naturaleza del hombre, de sus operaciones o hábitos.

La antropología Filosófica busca llegar a la raíz de la realidad vital del hombre, determinar la estructura substancial que manifiestan los fenómenos; o también la existencia y naturaleza de los principios que cimentan y posibilitan las actividades anímicas, y que dan razón de la unidad y el orden de las múltiples actividades vitales; fundamenta la existencia humana el de dónde vengo, qué soy, qué sentido tiene mi existencia y cuál es mi destino.

La Antropología Filosófica pertenece a la Filosofía de la Naturaleza. La cuestión medular de la Antropología Filosófica es: ¿cómo debe ser en general un ente, y en particular el hombre para que tenga actividad vital?

La Antropología Filosófica inicia su investigación por lo común y esencial de los vivientes, el alma es lo más común y esencial de los seres vivientes, su conocimiento es central y necesario. Distinción no es necesariamente oposición ni antagonismo. En cuanto a la dignidad y profundidad del saber, la Antropología Filosófica es superior a la Psicología Experimental porque la naturaleza o esencia substancial de algo es más noble que sus fenómenos. En consecuencia, hay mayor necesidad de una guía filosófica para el Psicólogo experimental, que una necesidad de "guía experimental" para el filósofo.

El método de la Antropología Filosófica comienza con la experiencia, primero de sus evidencias, después emplea el análisis y las síntesis mentales, define de modo propio, clasifica, prueba, refuta, y en particular recurre a la introspección. En sentido amplio la introspección es la mirada que el hombre orienta a su interior o a la conciencia para considerar la naturaleza y el desarrollo de los actos psíquicos. Tomás de Aquino afirmaba que la ciencia del hombre posee certeza porque la podemos experimentar en nosotros mismos.

Por muchos títulos, la Antropología Filosófica es una ciencia excelente y sublime; posee una altísima dignidad porque el hombre es lo más perfecto que hay en el universo. En cuanto a la vida práctica, la Antropología Filosófica resulta quizá el saber más servicial de todos cuantos desarrolla el hombre: es la ciencia directiva y orientadora de todos sus conocimientos y de todas sus actividades. La auténtica filosofía está a disposición de la vida humana, vivir filosofando y filosofar viviendo con toda intensidad.

Toda actividad humana depende del conocimiento, cuanto la actividad humana se aparta de la verdad o la ignora, sus actos y libertad se corrompen. Si existe un fin de nuestros actos querido por sí mismo, y los demás por él, ese fin no solo será bien, sino bien soberano.

Nuestros tiempos, que ofrecen las maravillas de una civilización técnica sorprendente e inconmensurable, reclaman angustiosamente la presencia y orientación de una sabiduría de lo humano, una antroposofía, que recupere la dignidad humana y el puesto directivo del ser del hombre en el universo; la técnica es para el hombre, no el hombre para la técnica; el hombre más vale por lo que es que por lo que fabrica.

A lo largo del siglo XVIII, los estudiosos de la Ilustración francesa, como Anne Robert Jacques Turgot y Jean Antoine Condorcet, comenzaron a elaborar teorías sobre la evolución y el desarrollo de la civilización humana desde sus albores. Estos planteamientos antropológicos y filosóficos chocaban con el relato bíblico de la creación y con los dogmas teológicos que afirmaban que determinadas culturas y pueblos no occidentales habían caído en desgracia divina y, por ello, habían degenerado hacia una situación denominada peyorativamente „primitiva‟. El hallazgo de un fósil en Neandertal (Alemania) en 1856 y los restos del hombre de Java (Homo erectus) en la década de 1890, proporcionaron pruebas irrefutables del larguísimo proceso de evolución del hombre. En la abadía Boucher

de Perthes, en las proximidades de París, se descubrieron también diversos utensilios de piedra que corroboraron que el proceso evolutivo de la prehistoria humana tal vez se remontara a cientos de miles de años atrás. Desde un principio, la arqueología se convirtió en una compañera inseparable de la emergente disciplina antropológica.

La antropología surgió como campo diferenciado de estudio a mediados del siglo pasado. En Estados Unidos, el fundador de dicha disciplina fue Lewis Henry Morgan, quien investigó en profundidad la organización social de la confederación iroquesa (véase Confederación iroquesa). Morgan elaboró en su estudio La sociedad primitiva (1877) una teoría general de la evolución cultural como progresión gradual desde el estado salvaje hasta la barbarie (caracterizada por la simple domesticación de animales y plantas) y la civilización (iniciada con la invención del abecedario). En Europa, su fundador fue el erudito británico Edward Burnett Tylor, quien construyó una teoría sobre la evolución del hombre que prestaba especial atención a los orígenes de la religión. Tylor, Morgan y sus contemporáneos resaltaron la racionalidad de las culturas humanas y

argumentaron que en todas las civilizaciones la cultura humana evoluciona hacia formas más complejas y desarrolladas.

A mediados del siglo XIX se crearon, además, importantes fundaciones de arqueología científica, sobre todo a cargo de arqueólogos daneses del Museo Nacional de Antigüedades, Septentrionales en Copenhague. A partir de unas excavaciones sistemáticas llegaron a descubrir la evolución de los utensilios y herramientas durante la edad de piedra, la edad del bronce y la edad del hierro. El fundador de la escuela funcionalista de antropología, Bronislaw Malinowski, afirmaba que las organizaciones humanas debían ser examinadas en el contexto de su cultura y fue uno de los primeros antropólogos en convivir con los pueblos objeto de su estudio, los habitantes de las islas Trobriand, cuya lengua y costumbres aprendió para comprender la totalidad de su cultura.

La antropología aplicada nació en el siglo XIX con organizaciones como la

Sociedad Protectora de los Aborígenes (1837) y la Sociedad Etnológica de París (1838). Estas instituciones se preocuparon por despertar en Europa una conciencia contraria al tráfico de esclavos y a la matanza de pueblos indígenas americanos y australianos.

Gran parte de la investigación antropológica se basa en trabajos de campo llevados a cabo con diferentes culturas. Entre 1900 y 1950, aproximadamente, estos estudios estaban orientados a registrar cada uno de los diferentes estilos de vida antes de que determinadas culturas no occidentales experimentaran la influencia de los procesos de modernización y occidentalización.

Parentesco y organización social Uno de los descubrimientos importantes de la antropología del siglo XIX ha sido que las relaciones de parentesco constituyen el núcleo principal de la organización social en todas las sociedades. En muchas de ellas, los grupos sociales más importantes comprenden clanes y linajes. En las sociedades basadas en el parentesco, los miembros de un linaje, clan o demás grupos afines suelen ser descendientes de un antepasado común. Este concepto es un factor unificador, pues dota a grandes masas de individuos de cierta cohesión para afrontar actividades guerreras o rituales, lo que les hace sentirse diferentes de sus vecinos y enemigos. Por ejemplo, entre las hordas centroasiáticas que durante siglos atacaron a las sociedades europeas, o entre los aztecas o mexicas del continente americano, la compleja organización militar se sustentaba en el parentesco patrilineal.

Existen dos posturas radicalmente diferentes para explicar la evolución cultural. Los evolucionistas del siglo pasado defendían que en las distintas sociedades se producen procesos muy similares de desarrollo cultural debido a la unidad psíquica fundamental de toda la humanidad. Así, los procesos paralelos hacia la estratificación social y las minorías gobernantes se explican como efectos de las cualidades psíquicas y mentales de los individuos. Claude Lévi-Strauss fue un defensor tardío de este enfoque, sin hacer hincapié en el carácter evolucionista.

La postura contraria encuentra la clave en las condiciones materiales de vida: en las fuentes de energía, las tecnologías y los sistemas de producción de los grupos humanos; además, resalta las influencias ambientales en el desarrollo de los complejos sistemas culturales, ya que se han visto favorecidos por determinadas características geográficas y climáticas. Por ejemplo, el Oriente Próximo prehistórico era rico en animales de caza y plantas silvestres que resultaron especialmente aptos para su domesticación y aclimatación.

Fabelo establece que por valor se entiende “la significación positiva que se refleja en la conciencia social de los objetos, leyes, categorías y fenómenos de la realidad objetiva”.

Los problemas ocurren cuando existe una ruptura significativa entre los sistemas de valores pertenecientes a las tres esferas o planos:

1. Los valores objetivos de la realidad social. 2. Los valores socialmente instituidos. 3. Los valores de la conciencia.

Los primeros como parte constitutiva de la realidad social; de esta manera la actividad humana, sus tendencias, los objetos, fenómenos, procesos y sujetos adquieren una u otra significación social, en la medida en que favorece o no el desarrollo de la sociedad. Fabelo les llama sistema objetivo de valores y lo considera como dinámico, cambiante y dependiente de las condiciones históricoconcretas.

Los segundos como el reflejo de esa realidad en la conciencia de los hombres. Está incluido en este grupo el sistema subjetivo de valores de los individuos en dependencia del grado de correspondencia entre intereses personales del sujeto con los intereses de la sociedad y también de las influencias educativas y culturales.

Los terceros como el sistema de valores socialmente instituido y reconocido oficialmente, que puede ser resultado de la generalización de una de las escalas subjetivas existentes en la sociedad o la combinación de varias de ellas. La problemática de los valores surge partir de los planteamientos filosóficos de que existe algo más que la Realidad del Ser, de la Naturaleza, y la Realidad Psíquica o Naturaleza del Hombre. Junto a la Filosofía del Ser y la Filosofía antropológica aparece un nuevo campo de especulación y pensamiento: es el mundo de lo ideal.

Es una tarea difícil y compleja introducirse en el tratamiento que la literatura científica ha dado a la problemática de los valores. La dificultad comienza cuando se revisan los textos científicos y se comprueba que el término de valor, como tal, aparece raramente en las formulaciones generales sobre la acción social. Si nos guiamos por esta primera impresión habría que estar de acuerdo con la creencia generalizada de que el tema de los valores no ha sido un concepto clave en las llamadas ciencias sociales, para comprender y explicar la complejidad que encierra la acción social, y en este sentido tendríamos que afirmar que los valores han tenido un tratamiento humano (Williams, 1977).

Esta primera impresión puede llegar a ser correcta si nos limitamos al aspecto más formal y terminológico del concepto de valores. Un análisis que no se centre tanto en buscar la terminología y lenguaje tradicional de la concepción de los valores nos llevaría a modificar esa primera impresión: si bien es cierto que el tema de los valores como tal es esporádico e irregular en las ciencias sociales, no es menos cierto que la problemática recogida bajo tal término ha sido objeto de estudio e interés en la gran mayoría de las ciencias preocupadas por explicar el comportamiento individual y colectivo: el tema de la conducta orientativa y selectiva de individuos y grupos es una de las dimensiones del ser humano que ha sido planteada tanto por la Psicología como por la Sociología y la Antropología. Ahora bien, es verdad que tal dimensión orientativa se ha enfocado desde conceptos muy distintos del de valor (p. ej., intereses o necesidades e incluso

creencias en la Psicología, normas y costumbres en la Antropología, ideología en la Sociología, etc.). Sin embargo, el hecho de que se haya abordado desde una terminología diferente no valida la afirmación de que los valores no hayan sido tema de interés de las ciencias humanas, simplemente nos obliga a analizar los factores que propiciaron la dificultad de mantener el término de valores para plantear esa dimensión del ser humano.

La confusión que ha generado esta primera impresión se debe fundamentalmente al hecho de que la problemática encerrada en el concepto de valor se inició desde planteamientos filosóficos y especulativos: la Axiología de finales del siglo XIX, precisamente en un momento intelectual en el que empezaba a darse un perfil de aquellos conocimientos que podrían considerarse como científicos. Ello obligó a las ciencias sociales a recoger dicha problemática y replantearla en términos, en un lenguaje y con un tratamiento que se adecuaran a las formulaciones y exigencias de lo que la época intelectual del momento entendía por conocimiento científico.

Son factores estrictamente académicos y de modas científicas los que han propiciado que la problemática de los valores se haya tratado desde conceptos y terminología diferentes. Esto ha llevado a muchos científicos a intentar delimitar y definir conceptos similares al de valor (gran parte de la literatura ha estado obsesionada por encontrar atributos diferenciales entre valores y términos como los de normas, costumbres, motivos, actitudes, etc.) (Williams, 1977). El problema no es tanto delimitar conceptos, lo cual no significa que no sea importante hacerlo, como el romper con la creencia generalizada de que la problemática de los valores ha estado ausente de la literatura del comportamiento humano. El romper con esa posición heredada posibilitará ver cuál ha sido la conceptualización de los valores en las ciencias sociales y ayudará a perfilar una concepción adecuada al momento histórico, social y científico de nuestra época.

Este nuevo campo, aunque no es reductible ni al mundo físico ni al de las esencias de Platón, ni a la realidad psíquica, se intentó integrar por las diferentes orientaciones filosóficas a uno de los dominios ya establecidos: así, para unos (la axiología objetiva), el mundo de lo ideal, de lo deseable era un aspecto más, aunque diferencial, de la realidad física; para otros, como Scheler, pertenece al campo de las esencias, de las ideas, y, por último, para otros (como en el subjetivismo axiológico) es una dimensión del sujeto humano, una cualidad psicológica (Nadjer, 1975).

La incorporación de esta polémica al campo de las ciencias sociales se realizó desde posiciones muy diferentes, pero en el fondo recogieron, a su estilo, la problemática ya planteada por las orientaciones confrontadas de la Axiología. Tal incorporación posibilitó romper con los viejos planteamientos, acercando la problemática de los valores a la característica esencial del ser humano: su capacidad de representar simbólicamente la realidad (física y social) y su afán de transformarla. Los valores aparecen así como proyectos ideales de comportarse y existir que se adecuan a las coordenadas histórico-sociales y que a la vez las transcienden.

El problema de los valores es un problema moderno que ha sido abordado por filósofos como Scheler, Nietzsche, Windelband, Rickert, Wojtila, Weber, entre otros, pero que por la evanescencia de su específica naturaleza, resulta campo abierto y prácticamente inédito, para el discurso radical.

El ángulo de análisis que presenta el autor es desde la metafísica del ser, en donde encuentra una relación de fundamentación vinculatoria entre ser, bien y valor, teniendo los valores como fundamento próximo al bien trascendental y como fundamento último al ser, con lo cual todo lo que existe es bueno y valioso, enfoque que difiere de los planteamientos que circunscriben el tratamiento de lo valioso, al ámbito de la moral, asunto que considera un error porque la filosofía de los valores trasciende el universo ético, ya que lo valoral puede ser dicho en

variados sentidos, de aquí que los valores en su versatilidad pueden presentarse como paradigmas o bien como virtudes a vivir. Si son paradigmas, serán principios regulativos de carácter perfectivo sin imperio sobre la voluntad pero sí, con un cierto imperio político sobre la inteligencia que los presenta como modelos, que no significa como esencias separadas ni construidas a priori, sino destellos de la perfección del ser que -por serlo- se manifiestan en su valía universales por lo que resultan atractivos, apetecibles.

Valor es entonces, el brillo, el resplandor del ente, bajo la razón de bien. Si son virtudes, se tornan cualidades adquiridas con esfuerzo que hacen a quien las conquista un hombre mejor.

CONCLUSION
Entiendo a la Axiología, Estimativa Jurídica y Antropología Filosófica como una disciplina indispensable para llegar al conocimiento de la persona humana, engloba conocimientos esenciales que son fundadores de las bases que en un principio ayudarán a conocer, entender, comprender y posteriormente influir en el hombre. Esta parte de la Filosofía nos parece de trascendental importancia ya que se enfoca al estudio del único ente capaz de filosofar, es decir, de cierto modo estudia el origen de la Filosofía. El problema del hombre es abarcado por esta disciplina y hablamos de trascendentalidad porque parte de la importancia de esto radica en encontrar un sentido a la vida del hombre, en no caer en el vivir por vivir y el explotar o potenciar las capacidades naturales del hombre y no hacerle vivir vegetativamente sino como persona que es. Incluso yo creo que es el primer paso a dar para convivir y trabajar con las personas y hasta del mismo "conócete a ti mismo". La problemática de los valores surge partir de los planteamientos filosóficos de que existe algo más que la Realidad del Ser, de la Naturaleza, y la Realidad Psíquica o Naturaleza del Hombre. Junto a la Filosofía del Ser y la Filosofía antropológica aparece un nuevo campo de especulación y pensamiento: es el mundo de lo ideal.

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