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Si sacamos la vista del modelo de moral divina, podremos poner nuestras mentes sobre los males comunes que

se infligen unos a otros día a día. Montaigne es el héroe de este libro. Él puso la crueldad primero, y su espíritu está en todas las páginas de este libro. Todos los vicios tienen una dimensión personal y una dimensión pública. De esta forma, ellos suponen algo complicado para las democracias liberales para las cuales es difícil trazar los límites de las esferas de conducta de lo privado y lo público. Por ejemplo, la crueldad es intolerable para los liberales porque el miedo destruye la libertad. Es difícil trazar estos límites con la crueldad, está particularmente nos pone de frente con nuestra irracionalidad más que ningún otro vicio. Quizás si ponemos la crueldad a la cabeza de los vicios, el sistema político podría sentirse desorientado. Por eso, es importante estudiarlos y clasificar los vicios, para abrir la pregunta sobre las implicaciones de nuestras decisiones morales. Lejos de ser una amoral libre para todos, el liberalismo es, de hecho, extremadamente difícil y restrictivo, mucho más para aquellos quienes no pueden soportar la contradicción, complejidad, diversidad y el riesgo de la libertad. La idea de su trabajo consiste en explorar las dificultades de pensar los vicios, los cuales nunca se irán. Su significado es difícil de racionalizar La tragedia clásica habría sido impensable sin la crueldad física, pero no hay ni un solo diálogo platónico sobre la crueldad. Odiar la crueldad más que cualquier otro mal envuelve un rechazo radical de las convenciones políticas y religiosas. Esto nos condena a una vida de escepticismo, de indecisión, disgusto y a menudo de misantropía. Además, sólo ha sido intentado raramente. Crueldad es definida como la voluntad que infringe un dolor físico sobre un ser más débil con la finalidad de causarle angustia o miedo. No se trata entonces de que está mal cuando se infringe en contravía de una ley moral o cualquier norma superior, sino que está mal incluso cuando esto es hecho por fieles creyentes o no, cuando se hace contra pecadores o no. Es entender que la brutalidad contra otra creatura no difiere por ser o no un acto de fe. Montaigne lo pensó desde una perspectiva psicológica. Él se miró a sí mismo la encontró repulsiva. Es un vicio que desfigura el carácter humano, no es una transgresión de una norma humana o divina. El horror de la crueldad lo impulsó más a la clemencia que cualquier otro modelo de clemencia que pudieran sugerirle. Lo más importante, esto no fue una decisión aleatoria, ni mucho menos sucedió en el vacío intelectual o histórico. Crueldad y prácticas cristianas. La mentira es una ayuda para la crueldad, más que una violación de la verdad.