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APLICACIÓN DE LA SUSPENSIÓN DEL PROCESO PENAL A PRUEBA A LOS
DELITOS TIPIFICADOS EN LA LEY PENAL TRIBUTARIA.
Por: Diego G. Barroetaveña
Sumario: I. Breve introducción sobre la suspensión del proceso penal a
prueba introducida por la ley 24.316. Cotejo con otros sistemas afines. II.
Finalidades de la suspensión del proceso a prueba. III. Necesidad de analizar
la aplicación de la suspensión a prueba en el ámbito de los delitos tributarios,
tomando en cuenta que cuando se incorporó aquélla en la legislación penal
estaba vigente el régimen penal tributario instaurado por la ley 23.771, que
en su art. 14 establecía la posibilidad de extinguir la acción penal por
cumplimiento de la obligación fiscal o previsional, instituto que se repite –
más acotado y con algunas modificaciones- en el art. 16 del actual régimen.
IV. ¿En qué delitos de la ley penal tributaria y previsional procede la
suspensión del proceso a prueba? - Condiciones para su admisibilidad. V.
Opinión de la doctrina. VI. Jurisprudencia. VII. Otras cuestiones atinentes a la
suspensión del juicio a prueba. VIII. Colofón.

I.- NUESTRA SUSPENSIÓN DEL PROCESO PENAL A PRUEBA. COTEJO CON
OTROS SISTEMAS AFINES.-

Ha menester establecer, previo a analizar concretamente si el instituto
incorporado por la ley 24.316 en el art. 76 bis del Código Penal -
erróneamente bautizado “probation”- es de aplicación a los delitos
tipificados en la ley penal tributaria, las características de la suspensión del
proceso a prueba instaurado en nuestra legislación penal, confrontándolo
con los sistemas afines vigentes en otros países.-
Inicialmente, cuadra aclarar que si bien en el Título XII del Libro
Primero del Código Penal se hace referencia a “De la suspensión del Juicio a
Prueba”, el Capítulo III del Título IV del Código Procesal Penal de la Nación se
titula “suspensión del proceso a prueba”, enunciado que resulta más preciso,
habida cuenta de que en nuestro régimen lo que se suspende es el trámite



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del proceso penal en cualquiera de sus etapas. De tal modo, lo que diferencia
a nuestra suspensión a prueba del proceso penal de otros sistemas es que
posibilita interrumpir cualquier tramo de la persecución penal, incluso hasta
con posterioridad a la formulación de los alegatos. En este último caso,
supongamos que a una persona se endilga el delito de evasión agravada –art.
2º de la Ley 24.769-, el que dado la escala penal con la que se encuentra
conminado – tres años y seis meses a nueve años de prisión- queda excluido
de la posibilidad de aplicación del mentado instituto, ya que las previsiones
del cuarto párrafo del art. 76 bis -único supuesto en el que podría ser
incluido aquel ilícito y todos los de la ley penal tributaria y de la seguridad
social- requieren que la eventual pena pueda ser de ejecución condicional.
Ahora bien, luego de producida la prueba durante el debate, el representante
del ministerio público fiscal –y la querella, si la hubiere- acusan al incoado por
considerarlo autor penalmente responsable del delito de evasión simple -art.
1º de la Ley 24.769 del Código Penal-, toda vez que se determinó, de
conformidad con el procedimiento reglado en la ley 11.683, que el inculpado
evadió menos de un millón de pesos, pero más –claro ésta- de cien mil pesos,
durante un ejercicio determinado un tributo nacional. De tal modo, al
conferirse vista a la defensa para que alegue –art. 393 del Código Procesal
Penal de la Nación-, aquélla podrá solicitar la suspensión del proceso a
prueba –si su defendido lo desea-, ya que en razón del cambio de calificación
operado por los acusadores, ha sido aquélla la primera oportunidad que ha
tenido el inculpado para requerir el referido instituto
1
. -

1
En ese sentido se ha sostenido que: “Si bien el límite del derecho a solicitar la suspensión del juicio a
prueba subsiste hasta la fijación de debate oral y público, en caso de verificarse una variación, más
beneficiosa para el justiciable, del encuadre legal de los hechos, fundamentales razones de orden práctico
indican la conveniencia de extender la posibilidad de solicitar la aplicación del instituto hasta
inmediatamente después de la finalización del alegato del fiscal de juicio en el debate oral y publico.” (CNCP,
Sala III, Causa Nº 9.777, “Arias, Víctor Gustavo s/ Recurso de Casación”, del 5/12/08, Reg. Nº 1748.08.3, del
voto de la jueza Ángela E. Ledesma). El voto concurrente, en aplicación del principio pro homine, afirmó que
la suspensión del juicio a prueba puede solicitarse -inclusive- hasta la oportunidad prevista en el art. 393
C.P.P.N., si existe un cambio de calificación legal. Por su parte, la disidencia, encarnada en el voto del Dr.
Rafael Riggi, consideró extemporánea la solicitud efectuada con posterioridad a la fijación de la audiencia
del debate. En otro precedente se ha señalado: “En estricta aplicación del principio pro homine,
corresponde admitir la concesión de la probation, aún cuando se hubiera fijado la audiencia del debate.” En
tanto la disidencia entendió que el plazo del derecho a solicitar la suspensión del juicio a prueba se extingue
con el auto de designación de la audiencia de debate oral y público. (CNCP, Sala III, Causa Nº 10.191,
“Torres, Santiago s/ Recurso de Casación”, del 11/06/09, Reg. Nº 748.09.03).



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Cabe reparar en que el art. 293 del Código Procesal Penal de la Nación
no determina expresamente desde y hasta qué momento puede requerirse
la “probation”. Por tanto, a nuestro modo de ver, desde recibida la
declaración indagatoria en la etapa de investigación -o cuanto menos luego
de dictado el procesamiento, toda vez que ese auto fija la imputación con su
correspondiente (aunque provisional) calificación legal-, podrá el encausado
evitar la condena y las implicancias que tal medida puede conllevar, que son
los fines primordiales que el instituto procura evitar, todo ello amén de
impedirse un dispendio jurisdiccional.-
En razón de lo anterior, el régimen instituido por la ley 24.316 se
asemeja más a la denominada diversión -del sistema americano-, cuya
operatividad, de adverso a los sistemas de probation del derecho anglosajón,
no debe esperarse -necesariamente- hasta el momento del dictado de la
sentencia, sino que, por el contrario, procede en cualquier etapa anterior del
proceso. Es que la denominada diversión consiste en la desestimación de los
cargos por parte del fiscal bajo la condición de que el imputado preste su
conformidad para someterse por un período de tiempo determinado a un
programa de rehabilitación sin encarcelamiento, y de que se cumpla con las
obligaciones que al respecto se le impartan. Si la prueba es satisfactoria se
renuncia definitivamente en la persecución penal respectiva, sin ninguna
consecuencia penal. Si, por el contrario, la persona sometida a diversion
incumple alguna de las observaciones, se retoma la prosecución penal contra
él. La diversion -por ende- tiene características comunes con nuestro instituto
porque se aplica a personas imputadas de delitos -y no a condenados por
sentencia firme-. Por tanto, pretende evitar la estigmatización que le
generaría al individuo el pronunciamiento o el registro de una sentencia de
condena, al igual que el de evitar un eventual cumplimiento efectivo de una
pena privativa de libertad.-
En nuestro país, apunta Gustavo Vitale, la suspensión del proceso a
prueba al evitar el proceso penal e impedir -con ello- las eventuales condenas
y penas carcelarias, disminuye la intervención punitiva del Estado, pues la



4
suspensión se aplica a casos que, de otro modo, hubieran ingresado al
sistema formal de persecución punitiva
2
.-
Otra modalidad de suspensión a prueba se corresponde con los
sistemas de probation del sistema anglosajón. Estos regímenes -en sus
diversas variantes- consisten en la paralización del proceso recién en el
momento de su conclusión y en el instante previo al pronunciamiento de la
sentencia, o bien -en los sistemas que distinguen el juicio destinado a
declarar o no la culpabilidad del imputado de aquél que tiene por objeto la
individualización de las penas de las personas declaradas culpables-
inmediatamente después de declarada la culpabilidad y antes de
determinarse la pena a aplicar.-
En los casos de suspensión del pronunciamiento de la sentencia se
evita directamente el antecedente penal, mientras que en el supuesto de
suspensión de la determinación de la pena se emite previamente un juicio de
culpabilidad, pero se soslaya de todas maneras la inscripción registral del
antecedente penal -que en verdad queda incompleto como consecuencia de
la suspensión-.-
Como han señalado ciertos autores, para “(l)a suspensión del
pronunciamiento de la condena Inglaterra exige la previa declaración de
culpabilidad –conviction-, mientras que en EE.UU, juntamente con esta
modalidad, la probation se aplica sin precedente de declaración de
culpabilidad.”
3
.-
Como se puede advertir, el instituto establecido en la legislación penal
Argentina tiene más puntos de contacto con la diversion del sistema
norteamericano.-
Los sistemas de suspensión a prueba han venido teniendo aplicación
no sólo para delitos leves, sino también para ilícitos que tienen mayor
contenido de injusto. Paralelamente, su aplicación no queda reservada -en

2
Gustavo L. Vitale, “Suspensión del proceso penal a prueba”, Editores del Puerto s.r.l., 2da. Edición
actualizada, Buenos Aires, 2004, pág. 43.
3
Eugenio Cuello Calón, “La moderna penología. Represión de delito y tratamiento de delincuentes. Penas y
medidas. Su ejecución”, t. 1, Ed. Bosch, pág. 646.



5
general-, a imputados que carecen de antecedentes penales, sino que
procede aún para personas que registran condenas anteriores
4
. Es que -en
rigor- no hay razón válida alguna que impida la utilización del mentado
instituto a supuestos como los mencionados.-
Cabe rememorar lo expresado por Ruperto Núñez Barbero “(l)a
probation tiende cada vez más a ampliarse, tornándose su aplicación esto
último, independientemente de la gravedad del delito”
5
. Igualmente, y en
relación a la viabilidad de los sistemas de probation a personas con
antecedentes penales, debe tomarse en cuenta el caso de EE.UU, en donde -
la probation- no se reserva para los delincuentes primarios. -
II.- FINALIDADES DE LA SUSPENSIÓN DEL PROCESO A PRUEBA
Cuadra precisar –en este punto- cuáles son las finalidades político
criminales del instituto, ya que esto nos ayudará a desentrañar si sus
postulados son de aplicación en la ley penal tributaria.-
Cabe anticipar -desde ahora- que dos son los propósitos esenciales que
tiene la suspensión a prueba del proceso: 1. evitar el posible
pronunciamiento o la eventual registración de una sentencia condenatoria, y
2. impedir el cumplimiento de penas cortas privativas de la libertad.-
En cuanto al primer cometido, sabida es la dificultad que genera a todo
hombre el registrar una condena penal. Quien tiene un antecedente de
aquella naturaleza -en mayor o menor medida- tendrá dificultades para su
integración social. Su acceso al trabajo -formal o inclusive informal- se verá
obstaculizado, dado los prejuicios que existen en la sociedad para con las
personas que registran antecedentes penales, con las consecuencias que
aquello genera -imposibilidad de manutenerse y de, en caso de tenerse una
familia, solventar sus gastos-.-

4
En nuestra legislación, conforme interpretación de los dos primeros párrafos del art. 76 bis del Código
Penal. En esos supuestos, en los que el delito que se reprocha no supera -en abstracto- los tres años de
prisión, es viable la suspensión del proceso penal a prueba aun cuando el incoado registre antecedentes
penales computables.
5
Ruperto Núñez Barbero, “Suspensión condicional de la pena y “probation”. Problemática acerca de su
naturaleza jurídica”, Ed. Universidad de Salamanca, Ed. Gráficas Europeas, Salamanca, 1970.



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La segunda meta es -sin dudas- una de las más nobles del instituto, ya
que evidencia que el Estado -a través del congreso- ha manifestado su
voluntad contraria al cumplimiento de penas privativas de la libertad de corta
duración.-
Dable es insistir en predicar que la pena de prisión -aun la corta-
excluye al condenado de su profesión, oficio, del seno de su grupo familiar y
de sus vínculos sociales. De adverso, la suspensión del proceso a prueba
impide que personas sin antecedentes y con un positivo pronóstico de
comportamiento padezcan las implicancias del encierro, brindándoles la
oportunidad de conservar su fuente de trabajo y la intangibilidad de su
núcleo familiar de pertenencia. De tal modo, se reemplaza la eventual
prisión por el cumplimiento -de parte del imputado- de una serie de
obligaciones durante un determinado lapso, que va de uno a tres años.
Paralelamente, se evita la estigmatización que provoca en cualquier varón o
mujer el registrar antecedentes penales.-
A más de aquellos designios principales, la suspensión del juicio a
prueba está prevista tanto a favor de la víctima (cuyo perjuicio se procura
reparar en la medida de las posibilidades del imputado), como en beneficio
de este último, quien evitará así el riesgo de ser sometido a juicio y -con ello-
la posibilidad de ser condenado y eventualmente encarcelado. Pero debe
tomarse en cuenta que -asimismo- la sociedad en general se verá
beneficiada, toda vez que determinados conflictos cesarán de una manera
más pacífica, brindando a la presunta víctima la posibilidad -cuanto menos-
de que manifieste si acepta o no la reparación económica ofrecida por el
supuesto infractor, evitándose -paralelamente- el costo económico que
genera para la comunidad todo juicio.-
Sin vacilación alguna, podemos afirmar que uno de los fines principales
de este instituto es fortificar los límites del poder punitivo del Estado. Por
tanto, a la hora de interpretar el régimen del art. 76 bis del Código Penal es
indispensable tener como Norte aquel propósito.-
Por último, no puede soslayarse que el instituto también tiene un fin
pragmático, habida cuenta de que -mediante su utilización- se procura



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descongestionar la justicia penal, a fin de que los escasos recursos con los
que se cuenta sean empleados en la investigación y juicio de los hechos más
graves.-
Para decirlo con palabras de Gustavo Bruzzone: “la premisa debe ser
que todo aquello que colabore a poner freno a la pena estatal debe ser
bienvenido”
6
.-
La búsqueda de reducción del poder punitivo es precisamente el
objetivo que enaltece a este instituto, distinguiéndolo de otros que predican
ser “racionalizadores” o de simplificación del proceso, como ser el
denominado “arrepentido” (establecido como medio para dotar de mayor
eficacia a la investigación), o del juicio abreviado
7
que busca sentencias
rápidas y baratas a costa de garantías supremas. Están al servicio de una
eficacia represiva contraria al Estado constitucional de derecho.-
Es una de las condiciones legales para que el imputado pueda evitar la
continuación del proceso en su contra, el ofrecimiento -en la medida de sus
posibilidades económicas- de reparar el presunto daño causado a la víctima -
art. 76 bis, tercer párrafo del código de fondo-. Si el encausado cumple
satisfactoriamente con tal requisito -en tanto haya sido aceptado por el
damnificado-, se extingue la acción penal y se dicta su sobreseimiento. Caso
contrario, de comprobarse que el incumplimiento ha sido malicioso, la ley

6
Gustavo A. Bruzzone, “Fiscales y política criminal. Una aproximación al proceso de selección de los delitos
que llegarán al juicio oral”, en AA.VV, El ministerio público en el proceso penal, Ed. Ad Hoc, Buenos Aires,
1.993.
7
Por ley 24.825 se incorporó al Código Procesal Penal de la Nación el art. 431 bis que establece el juicio
abreviado. La norma citada prevé que si se estimare suficiente la imposición de una pena inferior a seis años
de prisión, el ministerio público fiscal podrá solicitar que se proceda según aquel articulo, debiendo
concretar pedido de pena. Para que la petición sea admisible deberá estar acompañada de la conformidad
del imputado -asistido por su defensor/ra- sobre la existencia del hecho, la participación de aquél y la
calificación legal asignada al evento. Cuadra resaltar que un gran porcentaje de procesos culminan mediante
este mecanismo, evitándose –de tal modo- la celebración del juicio público, oral y contradictorio que
prescribe nuestra Constitución Nacional. Mediante este procedimiento, sobre la base de datos que fueron
incorporados por la prevención policial o, en el mejor de los casos, por la instrucción judicial, y respecto de
los cuales -en la mayoría de los casos- el imputado no pudo ejercer un adecuado control, se funda una
condena. Cabe resaltar que -a diario- en las facultades, jornadas y congresos resaltamos eufóricos las
garantías -sean materiales o formales- con que cuenta toda persona inculpada de la comisión de un delito.
Sin embargo, también a diario, en los tribunales se condena a varones y mujeres mediante este
procedimiento. Eso sí, con voz “amigable” y “benévola” se les advierte “mira que si vas a juicio tal o cual
tribunal suele imponer penas más severas”.



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determina que debe revocarse la suspensión a prueba y -por ende- continuar
el desarrollo del proceso.-
El incumplimiento de este requisito debe ser malicioso, intencionado.
Por ende, se revocará la suspensión del juicio otorgada si vencido el período
de prueba, y luego de llevada a cabo la audiencia establecida en el art. 515,
segundo párrafo del C.P.P.N
8
, en la que el probado, con la asistencia de su
defensa técnica haya tenido la posibilidad de brindar las razones de porqué
ha incumplido con ese requisito, no se efectiviza la reparación a pesar de ser
aquello realmente factible para el imputado, sobre la base de los datos que
emerjan de un informe socio ambiental actualizado. O sea, si el encausado
ha inobservado aquella carga por circunstancias que no le pueden ser
reprochadas, no corresponde revocar la suspensión dispuesta. Así, verbi
gratia, si el probado se comprometió a abonar al presunto ofendido la suma
de treinta mil pesos, pagaderos en doce cuotas mensuales y consecutivas de
dos mil quinientos, y luego de abonadas las seis primeras sufre un accidente
que lo incapacita para laborar por otros seis meses -supongamos que el
encausado no se encuentre en relación de dependencia y continúe
percibiendo sus haberes, sino que obtiene ingresos económicos de acuerdo a
lo que trabaje-, no corresponde cancelar la “probation”, sino que -en todo
caso- se deberá ampliar el plazo para que, superada la dificultad, cumpla las
imposiciones establecidas. Si la incapacidad para obtener su sustento es
permanente, y cualquier suma dineraria que se le exigiera pudiera atentar su
subsistencia o la de su grupo familiar a cargo, la suspensión del proceso a
prueba deberá considerarse cumplida, extinguirse la acción penal y
sobreseerlo.-
Esta exigencia está orientada no sólo en repararle a la víctima los
daños emergentes del presunto hecho ilícito, sino que también a que el
probado internalice pautas favorables de conducta.-

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El art. 515 del Código Procesal Penal de la Nación establece: “Una vez que el órgano judicial competente
comunicó la resolución que somete al imputado a prueba al tribunal de ejecución, éste inmediatamente
dispondrá el control de las instrucciones e imposiciones establecidas y comunicará a aquél cualquier
inobservancia de las mismas. En caso de incumplimiento o inobservancia de las condiciones, imposiciones o
instrucciones, el tribunal de ejecución otorgará posibilidad de audiencia al imputado, y resolverá acerca de
la revocatoria o subsistencia del beneficio. En el primer caso, practicará los registros y notificaciones
correspondientes y colocará al imputado a disposición del órgano judicial competente.”.



9
El instituto tiende a generar en el imputado ciertos cánones de
conducta que se consideran socialmente positivos -salvo que por las
características del hecho no sea necesario imponer ningún tipo de reglas-
como un modo de conseguir o de mantener mínimas dosis de integración
social de las personas sometidas a proceso.-
Supedita la extinción de la acción penal -cuyo ejercicio quedó
suspendido- al cumplimiento de ciertas condiciones por parte del imputado,
de las contenidas en la lista que describe el art. 27 bis del C.P., incorporado -
también- por la ley 24.316.-
Paralelamente, la ley establece un sistema de garantía de
cumplimiento de esta finalidad, a través de la previsión de un régimen de
revocación de la suspensión acordada para los casos de incumplimiento
reiterado o persistente -además de injustificable- de la regla o reglas de
conducta que pueda haber impuesto el juez o tribunal -su incumplimiento es
causal de revocación y de que continúe el proceso-.-
Pero también, en el caso de las reglas de conducta, cuadra tener
presente idéntica prevención a la que se hiciera respecto del incumplimiento
de la reparación del daño. Por ejemplo, si se imponen reglas de conducta que
dependen para su cumplimiento -necesariamente- de que el probado se
encuentre apto físicamente, cualquier contingencia que haya padecido que lo
imposibilite para llevarlas a cabo conllevará a tenerlas por cumplidas y
extinguir la acción.-
En síntesis, el instituto tiende a la simplificación procesal y de
alternativas al encierro carcelario tradicional divulgado en la legislación
comparada que proponen la sustitución limitada de la prisión como una línea
de avance en las exigencias de una mínima intervención penal.-
En el mensaje de elevación 1440 se la presenta como una alternativa a
la prisión con fines preventivos especiales.-
La Corte Suprema de Justicia de la Nación ha sostenido el 23 de abril de
2008 que: “(e)l criterio que limita el alcance del beneficio del art. 76 bis del
Código Penal a los delitos que tienen prevista una pena de reclusión o prisión



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cuyo máximo no supere los tres años se funda en una exégesis irrazonable
que no armoniza con el principio de legalidad, con el principio político
criminal que caracteriza al derecho penal como la última ratio del
ordenamiento jurídico y con el principio pro homine que impone privilegiar la
interpretación legal que más derechos acuerde al ser humano frente al poder
estatal, pues consagra una interpretación extensiva de la punibilidad que
niega un derecho que la norma reconoce, otorgando una indebida
preeminencia a sus dos primeros párrafos sobre el cuarto, al que deja
totalmente inoperante”
9
.-
El máximo Tribunal Federal ha aplicado los principios de política
criminal que emergen del bloque de constitucionalidad federal, cambiando
substancialmente el criterio sentado con anterioridad, determinando que se
puede aplicar la suspensión a prueba del proceso en los delitos cuyas escalas
penales superen los tres años de prisión, en tanto y cuando -claro está-
pueda corresponder -dado el mínimo de aquéllas- pena de ejecución
condicional
10
.-
Todo imputado de delito que pueda ser condenado condicionalmente
tiene derecho a solicitar la suspensión del juicio a prueba, en tanto y cuanto
se configuren los requisitos establecidos en el art. 76 bis del Código Penal.-
Las finalidades de política criminal atribuidos al mentado instituto -a
esta altura- ya nos permiten afirmar que es factible su aplicación a los delitos
establecidos en la ley 24.769, sin perjuicio de otros argumentos que -en ese
sentido- se brindarán en párrafos siguientes.-
Sin embargo, calificada doctrina formula reparos en la aplicación de la
suspensión del proceso a prueba a delitos de índole económico. Se aduce -
principalmente- que de emplearse el instituto de marras a ilícitos de aquella
especie -que incluye, obviamente, a los tributarios- se verían beneficiados

9
Cfr. CSJN, “Fallos” 331:858 (causa “Acosta, Alejandro E. s/infracción al art. 14, párr. 1º de la ley 23.737” del
23 de abril de 2008)
10
Ha menester rememorar que la Corte Suprema de Justicia de la Nación -conforme integración anterior a la
actual-, en el precedente Ricardo Gregorchuk del 3 de diciembre de 2002, compartió los argumentos
brindados en el fallo plenario Nº 5 de la Cámara Nacional de Casación Penal, “Kosuta, Teresa Ramona s/rec.
de casación” mediante el cual se adoptaba la tesis restringida; es decir que para acceder a la “probation” la
escala penal del delito endilgado no podía superar los tres años de prisión en abstracto.



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quienes tienen mayor capacidad económica, evitándose -por ende- su
condena y -eventualmente- el que vayan a prisión. En tanto, los autores de
pequeños y burdos delitos contra la propiedad que ocasionan -en la mayoría
de los casos- pequeños perjuicios a particulares, son condenados y van a la
cárcel -incluso preventivamente antes de ser juzgados-.-
Coincidimos con aquellos ínclitos doctrinarios en que los delitos
económicos, que la mayoría de las veces requieren de parte de sus partícipes
astutas maniobras y el despliegue de una ingeniería artificiosa, ocasionan
mayores perjuicios, habida cuenta de que -en definitiva- afectan -en mayor o
menor medida- a toda la población. En efecto, si una persona -sea física o
ideal- evade por encima de cien mil pesos, pero sin superar el millón de la
misma moneda –art. 1º de la Ley Penal Tributaria-, con su conducta genera
que el Estado nacional vea mermados sus recursos para afrontar
adecuadamente el gasto público social. Esto se traduce en el deterioro de la
prestación de la salud pública, educación, justicia, etc.. En cambio, los hurtos
y robos –de bajo contenido de violencia- sean simples o calificados, provocan
daños económicos de menor entidad y -en concreto- a un número acotado
de personas.-
Ya nos alertaba el sociólogo Edwin H. Sutherland en el año 1949
respecto de que “El coste financiero del delito de “cuello blanco” es
probablemente varias veces superior al costo financiero de todos los delitos
que se acostumbra a considerar como el problema “delictivo””
11
.-
También coincidimos con el profesor Eugenio Raúl Zaffaroni cuando
señala que el estereotipo -lamentablemente- termina siendo el principal
criterio de selección criminalizante secundaria
12
.-
Asimismo, es una característica de este tipo de delitos que sus autores
-en la mayoría de los casos- se encuentran en una posición económica
acomodada y dominante, y que los hechos -en ocasiones- se hallan
vinculados a casos de corrupción.-

11
Edwin H. Sutherland, “El delito de cuello blanco”, ediciones de La Piqueta, Madrid, 1999, pág. 68.
12
Eugenio Raúl Zaffaroni, Alejandro Alagia, Alejandro Slokar, “Derecho Penal, Parte general”, edit. Ediar,
Buenos Aires, 2000, pág. 9.



12
Ahora bien, que las agencias de criminalización secundaria –jueces y
fiscales- ejerzan primordialmente su acción punitiva mediante una
orientación selectiva sobre las personas más vulnerables, en muchas
ocasiones condicionada también por el poder de otras agencias, como las de
comunicación social, las políticas, los factores de poder, en tanto esa
burocracia es inoperante frente a los delitos del poder económico -los
llamados de cuello blanco-, no es razón legal para sostener que los delitos
tributarios quedan fuera de la aplicación de la suspensión a prueba del
proceso.-
Es que hay que ser coherentes con la política criminal que se predica. Si
caracterizamos al derecho penal como la última ratio del ordenamiento
jurídico y si propiciamos el principio que impone privilegiar la interpretación
legal que más derechos acuerde al ser humano frente al poder estatal, no
podemos modificar nuestra postura cuando estamos frente a la comisión de
delitos económicos -por más antipáticos que estos nos parezcan-, sin
mancillar aquellos principios.-
La circunstancia de que los burócratas legitimen a diario y sin límites el
uso de la prisión preventiva por presuntos hechos ilícitos menores, colmando
las cárceles con las personas más vulnerables, no comporta que para
compensar esa injusticia se envié a prisión a personas sospechadas de la
comisión de ilícitos tributarios, vedándoles la posibilidad de acceder a
institutos tales como el de la suspensión del proceso a prueba.-
En síntesis, no hay que abusar de la prisión preventiva. Los jueces no
deben avalar la prisionalización generalizada. No es juicioso detener
preventivamente a quienes -más vulnerables- se encuentran imputados de la
comisión de delitos -principalmente contra la propiedad privada- cuando no
se verifican riesgos procesales. Y tampoco es sentencioso condenarlos -
estigmatizándolos de por vida- cuando pueden gozar de institutos
alternativos como el que estamos tratando. Pero tampoco es recto efectuar
una hermenéutica que incremente indebidamente el poder criminalizante en
los delitos económicos.-



13
También hay que destacar ciertas incoherencias del legislador -en
ocasiones debidas a discursos fatalistas de emergencia- en orden a las escalas
penales determinadas para cada delito. La evasión simple sea de tributos o
de recursos de la seguridad social, la apropiación indebida de ellos, etc.,
vienen conminados con pena de prisión que llega a los seis años, en tanto el
robo con fuerza de un modesto artefacto de luz colocado en el frente de una
casa, también tiene idéntica pena máxima. A no confundirse, no pretendo
que se incrementen las penalidades de los delitos tributarios, ya se ocupó de
ello el legislador que en 1996 sancionó la ley 24.769, pese a la advertencia
del –en aquel entonces- diputado José Cafferata Nores durante el debate de
la mentada ley
13
. Pretendo –exclusivamente- que el legislador adecue
razonablemente las escalas penales, teniendo como Norte el contenido de
injusto de cada conducta; aunque repensándolo, es mejor que siga todo
como está, no vaya a ser que -como nos advierte el profesor Zaffaroni- otra
reforma -como suele ocurrir de “emergencia”, es decir bajo presión y a las
apuradas para disipar los discursos y reclamos de momento- provoque más
inconsecuencias que soluciones.-
De otra parte, repárese en que el instituto en análisis no deja sin
respuesta al delito económico, toda vez que la persona imputada -si el fiscal
lo requiere y el juez o tribunal lo entienden necesario- impondrá una serie de
reglas de conductas por un plazo de uno a tres años, que necesariamente
deberá cumplir para que la acción se extinga, amén de reparar el delito en la
medida de sus posibilidades económicas y no cometer ilícitos dentro del
período establecido -entiéndase dictado de sentencia firme durante aquel
plazo-. Será importante, en virtud del bien jurídico afectado en estos delitos,
que se impongan al justiciable reglas de conductas tales que sirvan para que
internalice la importancia del presunto delito cometido -vg. trabajos
comunitarios en un hospital o escuela públicos-, así puede percibir con sus

13 Durante el debate parlamentario de la ley 24.769, el diputado José Cafferata Nores expresó “se está
violando la constitución cuando se pretende utilizar la prisión preventiva como una pena y al
encarcelamiento durante el proceso como una medida ejemplificadora, como mensaje de autoridad frente a
la sociedad, no por un delito probado frente al juez competente, sino por meras sospechas o indicios que
autorizan el sometimiento a proceso. En definitiva, se pretende que por presuntas necesidades políticas del
momento nuestro sistema penal y procesal desconozca los principios que inspiran y deben inspirar la
reglamentación de la constitución por medio de legislación de segundo orden. Poco a poco estamos
cayendo en lo que era el derecho penal en sus peores épocas.”.



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propios ojos cuan necesario era para el Estado contar con esos recursos no
percibidos, de cara a las carencias existentes en aquellos establecimientos de
los suministros -a veces hasta los más indispensables- para hacer frente a los
cometidos específicos de cada uno de aquellos establecimientos. -
Por último, hay que tomar en cuenta que los montos fijados en el año
1997 -ley de convertibilidad mediante-, a excepción de las retenciones de
aportes de la seguridad social, no fueron actualizados. Por ende, los fines de
política criminal que tuvo el legislador que sancionó la ley 24.769 se
desvanecieron con el tiempo, ya que -en la actualidad- evadir -por ejemplo-
ciento diez mil pesos durante el ejercicio de un determinado tributo
nacional, nos da una pauta válida de que no estamos frente a un obligado
poderoso. Es importante recordar lo señalado por el profesor Arístides H. M.
Corti: “Desde ya que dichos delitos deben expresar manifestaciones graves
de delincuencia fiscal estableciendo pisos cuantitativos de evasión superiores
a los nominales actuales, fijados hace más de 10 años y que, salvo en el caso
de las retenciones de aportes previsionales, no fueron actualizados por el
legislador “de jure” no obstante el proceso inflacionario desenmascarado en
el país a partir de la pesificación. No fijar dichos pisos cuantitativos
importaría suceda en los hechos algo similar a la situación que se verifica
respecto de los autores materiales de los delitos convencionales que pueblan
y desbordan las cárceles, casi exclusivamente, con los sectores vulnerables de
la población”
14
.-
III. NECESIDAD DE ANALIZAR LA APLICACIÓN DE LA SUSPENSIÓN A
PRUEBA EN EL ÁMBITO DE LOS DELITOS TRIBUTARIOS
Habida cuenta de que la ley 24.316
15
que incorporó en el art. 76 bis y
ccdtes. del Código Penal la suspensión del juicio a prueba, en su art. 10
establece que “(l)as disposiciones de la presente ley no alterarán los
regímenes especiales dispuestos en las leyes 23.737 y 23.771”, deben
valorarse conjunta y sistemáticamente la suspensión del proceso penal a

14
Arístidis H. M. Corti, trabajo inédito “Aportes para un derecho penal fiscal que encuadre en el bloque de
constitucionalidad federal”.
15
Publicada en el B.O. el 19 de mayo de 1994.



15
prueba y la extinción de la acción penal por cumplimiento de las obligaciones
tributarias y previsionales establecidas tanto en el art. 14 de la ley 23.771/90,
como en el postrer 16 de la ley 24.769/97.-
Cabe -inicialmente- anticipar que tanto la suspensión a prueba del
proceso como la extinción de la acción penal incorporado al régimen penal
tributario son aplicables en la medida en que se cuente con la voluntad del
imputado, lo que constituye un punto común entre ambos institutos.-
Debemos ahora dilucidar si la aplicación de la suspensión del proceso
penal a prueba en el ámbito del régimen penal tributario, altera o no el
régimen específico instaurado en aquél.-
Para brindar una respuesta satisfactoria a este interrogante habrá que
tomar en consideración cuáles son las condiciones requeridas por los arts. 14
y 16, de las leyes 23.771 y 24.769, respectivamente, para la extinción de la
pretensión punitiva estatal, y cuál es la finalidad básica que persigue dicho
régimen legal.-
Para que el art. 14 de la ley 23.771 fuera viable se requería que la
solicitud fuera formulada por el imputado, dado que es un acto
personalísimo, puesto aquél siempre tendrá el derecho a que el proceso
prosiga su trámite ordinario –art. 296 del Código Procesal Penal de la Nación-
ejerciendo su derecho en juicio por ante el tribunal, en audiencia pública y
oral, finalizada la cual se decidirá sobre si cabe hacer un juicio de reproche
del inculpado en orden al hecho que se le enrostró.-
Otra característica de aquel régimen era que necesariamente debía ser
factible la imposición de una pena de ejecución condicional. Por tanto -en
abstracto- el mínimo de la pena del delito endilgado no debía exceder los tres
años de prisión, esto a la luz de las previsiones del art. 26 del Código Penal; o
cuando por la pena requerida por el Ministerio Público Fiscal hubiese sido
probable una pena en suspenso. De otra parte, tampoco debía registrar el
incoado antecedentes penales computables. Es decir, podía suceder que el
ilícito que se le reprochara estuviera conminado con pena que permitiese -de
recaer condena- dejar en suspenso la pena, pero que registrare una condena



16
anterior sin que hubieran transcurrido los plazos señalados en el segundo
párrafo del art. 27 del Código Penal.-
Otro de los requisitos para que fuera admisible el aludido
procedimiento, era que el encausado aceptara la pretensión fiscal o
previsional y cumpliera con las obligaciones -generalmente de dar dinero-
que se le reclamaban y cuya evasión se le endilgaba penalmente. Según dejó
sentado la Corte Suprema de Justicia en el precedente “Sigra”
16
, no es
posible alegar un pago total si el imputado se incorporó a un régimen de
facilidad de cancelación de la deuda y todavía no abonó el total de cuotas.-
Por último, cuadra rememorar que el régimen establecía que la
extinción de la acción penal por esa misma causal se otorgaba por una única
vez.-
En cuanto al art. 16 de la ley 24.769, ha menester tener presente que
el legislador afinó la redacción de su antecesor, al tiempo que lo adecuó al
régimen procesal penal vigente al momento de su sanción.-
Dable es recordar que cuando se sancionó la última ley mencionada,
ya estaba en vigor -en el ámbito federal y nacional- el procedimiento
instaurado por la ley 23.984
17
.-
El nuevo precepto establece un límite temporal para que el imputado
acepte y regularice su situación frente al Fisco, disponiendo que eso debe
acontecer con antelación a formularse el requerimiento de elevación a juicio.
Sin embargo, entendemos que el aludido plazo es simplemente ordenatorio,
dado que carece de toda lógica que superado aquél, se le deniegue tal
posibilidad al encausado que tiene vocación de regularizar su situación frente
al fisco nacional, generándose un dispendio jurisdiccional y -paralelamente-
dificultándose el ingreso de recursos
18
.-

16
Cfr. CSJN, “Fallos” 320:1962 (causa “Sigra S.R.L. s/Ley 23.771 del 25 de septiembre de 1997).
17
Publicada en el B.O. el 9 de septiembre de 1991.
18
Es aplicable al caso -analógicamente- la jurisprudencia citada en la nota (1) respecto del plazo hasta el cual
puede solicitarse la suspensión del proceso a prueba.



17
Asimismo la norma, disipando expresamente las dudas que generó la
redacción anterior y sobre la base de lo sentado por el más alto Tribunal de
la Nación en el referido precedente “Sigra”, exige que el obligado imputado
pague total e incondicionalmente lo reclamado por la Administración Fiscal
de Ingresos Públicos para poder acceder a la extinción de la acción penal por
esta vía.-
De otra parte, por cuestiones de política criminal, el legislador limitó el
empleo de este instituto a los tipos penales de evasión simple -sea de
tributos o de recursos de la seguridad social, prescritos en los arts. 1º y 7º,
respectivamente, de la ley penal tributaria-.-
Por último, de adverso a lo establecido por el régimen anterior, cuadra
señalar que el actual precepto no veda la procedencia del régimen de
extinción de la acción para aquellas personas que registren un antecedente
condenatorio sin que hayan transcurrido los plazos del segundo párrafo del
art. 26 del Código Penal.-
Finalmente, son requisitos de la suspensión del proceso a prueba: 1.
posibilidad de una condena de ejecución condicional para el supuesto
contemplado en el cuarto párrafo del art. 76 bis del Código Penal; 2.
ofrecimiento de reparación a la víctima; 3. que no se trate de un presunto
delito en el que haya participado un funcionario público en el ejercicio de sus
funciones
19
; 4. que el delito no esté conminado con pena de inhabilitación -
último párrafo del art. 76 bis del C.P.-
20
; y 5. que el representante del
Ministerio Público Fiscal preste su conformidad.-

19
La norme alude exclusivamente al funcionario público, por lo cual si un empleado público, conforme
establece el art. 13 de la ley 24.769, en ocasión de su empleo tomase parte en alguno de los delitos
previstos en la referida ley, podría tener derecho a la “probation”.
20
Cuadra señalar, respecto de esta condición, que destacada doctrina -en opinión que compartimos y que la
hemos plasmado en otros lugares- señala que: “El sentido literal del párrafo, si bien no es concluyente,
parece indicar que se trata de la inhabilitación como pena única. El mismo art. 76 bis, CP, cuando se refiere a
la pena de multa (párrafo V), contiene la aclaración respecto del carácter conjunto o alternativo. Si en el
mismo artículo se consideró necesario incluir el carácter conjunto o alternativo expresamente para
determinado supuesto, esa circunstancia también apoya la tesis de que la limitación sólo alcanza la
inhabilitación como pena única.”. (Cfr. Alberto Bovino, “Suspensión del procedimiento penal a prueba en el
Código Penal argentino”, Ed. del Puerto s.r.l., pág. 71. Además, debemos tomar en cuenta que el Procurador
General de la Nación dictó las resoluciones generales Nros. 86/04, 130/04 y 97/09, mediante las cuales
instruyó a los fiscales de las instancias que en los casos en los cuales los delitos, amen de la pena de prisión,



18
Los tres institutos son: a) supuestos de extinción de la pretensión
punitiva del Estado que dependen de la manifestación de la voluntad del
imputado para funcionar; b) que tienden a racionalizar la persecución penal -
liberando recursos judiciales-; c) que procuran evitar el estigma que
representa para el sometido a proceso el pronunciamiento de una sentencia
de condena en su contra y el eventual cumplimiento de una pena carcelaria;
d) que concretan la tan proclamada protección de la víctima, a través de la
obligación de reparar el daño causado por el hecho investigado; y e)
persiguen internalizar pautas favorables de conducta de los imputados -ésta
última finalidad se concreta, en mayor medida, en la suspensión del juicio a
prueba que en la extinción de la acción penal contemplada en el art. 16 del
régimen penal tributario en vigor-.-
Es en relación al régimen derogado de la ley 23.771 donde se han
suscitado los mayores inconvenientes para conciliar la aplicación de la
suspensión del proceso a prueba en el marco de una causa incoada por
delitos tributarios y/o previsionales.-
Por tanto, ha menester dilucidar ¿qué alcance debe acordársele a la
mentada frase “no alterarán los regímenes especiales”? Es decir, precisar si
al escoger el legislador la expresión “no alterarán” se dejó la puerta abierta
para que el instituto mencionado se aplicara en todo aquello que no
modificara la esencia de los regímenes de las leyes especiales citadas, o si la
intención fue excluir lisa y llanamente a dichos estatutos de la posibilidad de
aplicar el instituto del art. 76 bis del Código Penal.-
En esa empresa, como correctamente lo ha predicado Marcelo
Riquert
21
, tres cuestiones hay que tener en cuenta: 1. los antecedentes
parlamentarios, para obtener elementos que nos permitan discernir la
intención del legislador, 2. un examen gramatical del texto, y 3. interpretar la
norma en forma sistemática, en el marco de la nueva ley.-

incluyen la de inhabilitación, prestaran conformidad a la suspensión del juicio a prueba, en tanto y en cuanto
el inculpado hubiere ofrecido abstenerse de seguir con la actividad o función –autoinhabilitarse-.
21
Marcelo Alfredo Riquert, “Cuestiones de Derecho Penal y Procesal Penal Tributario”, Ed. Ediar, Buenos
Aires, 1999.



19
1.- En cuanto al primer tópico, cuadra recordar que en el mensaje Nº
1440 del Poder Ejecutivo Nacional del 12/08/92, ningún concepto general se
expuso sobre el punto, pero se consideró necesario excluir expresamente de
la aplicación de la suspensión del proceso a prueba el delito previsto en el
art. 14.2 de la ley 23.737. El art. 9º del proyecto decía: “las disposiciones de
los arts. 1 y 2 de la presente ley no serán aplicables en el caso del art. 14,
segundo párrafo de la ley 23737”. Es decir, se propiciaba exceptuar del
régimen que se pretendía establecer -exclusivamente-, al delito de tenencia
de estupefacientes para uso personal.-
De lo anterior se puede extraer una primera conclusión: el proyecto no
dejaba fuera de la propuesta a los delitos previstos en la ley 23.771,
normativa que se hallaba vigente en aquel momento.-
De otra parte, ingresado el proyecto a la Comisión de Legislación Penal,
ha menester recordar que también se presentó un proyecto del diputado
Sodero Nievas, que en el art. 8vo. reproducía igual fórmula.-
Finalmente, el art. 10 tomó su texto de los proyectos de los diputados
Hernández y Manny -arts. 10 y 5, respectivamente, de sus iniciativas-.-
El aludido diputado Hernández -informante de la sesión-, en su
carácter de presidente de la Comisión de Legislación Penal dijo: “se aclara
especialmente que la reforma no implica modificar los regímenes especiales
que tienen la ley de estupefacientes y la ley de derecho tributario”.-
Cabe resaltar -al respecto-, que aquélla fue la única intervención en la
que hay una alusión concreta al tema.-
En síntesis, el proyecto original del Poder Ejecutivo nacional establecía
que el nuevo instituto era inaplicable -exclusivamente- para el delito previsto
en el art. 14.2 de la ley 23.737; pero cabe tener presente que durante el
tratamiento legislativo se reemplazó el texto original del proyecto por la
fórmula “no alterarán”.-
Por tanto, se pasó de una terminología inequívoca a otra que -si bien
imprecisa- a través de una exégesis respetuosa de los principios de legalidad
y de última ratio del derecho penal nos permite concluir que la suspensión



20
del proceso a prueba se aplica para los delitos establecidos en la ley penal
tributaria.-
2. En cuando al segundo punto -como ya lo anticipáramos-, del
adjetivo “inaplicable” enunciado en el proyecto original, se pasó al verbo
transitivo “alterar”. Luego, ateniéndonos al diccionario de la Real Academia
Española, vigésima segunda edición, alterar significa en su primera acepción
cambiar la esencia o forma de una cosa, y, en su cuarta, estropear,
descomponer. Debe entenderse -por tanto- que el espíritu que prevaleció,
tomando en cuenta los postulados de política criminal mencionados en el
mensaje, es el de otorgar un instrumento legal que pueda compatibilizarse
con los regímenes especiales en todo aquello que no los desnaturalice.-
3. Si se analiza sistemáticamente la norma comentada -art. 10-
conglobado en el texto que integra -como acertadamente apunta Riquert
22
-,
tenemos un argumento más para robustecer esta posición. En efecto, la ley
24.316 no trata exclusivamente la incorporación de la suspensión del proceso
penal a prueba -que lo hace desde el art. 2 al 5-, sino que también por vía del
art. 1º agrega al título III de la condena condicional el art. 27 bis del CP, y
aquel artículo -el 10º-, es el último, toda vez que el que le sigue es
simplemente de forma, por lo que es abarcador de toda la ley. El propio
artículo se ocupa en aclararlo al prescribir: “Las disposiciones de la presente
ley…”.-
En evidente contraste, los requisitos y restricciones establecidos para
la procedencia de la suspensión del proceso penal a prueba han sido
estipulados en el mismo artículo que crea dicho instituto -art. 3- en el cual no
se ha vedado el acceso al instituto -inapropiadamente denominado
“probation”- de los delitos previstos en las leyes especiales precedentemente
mencionadas.-
Empero, a más de lo anterior, refuerzan nuestra posición, los principios
de “mínima intervención” -el derecho penal es última ratio legis-; de máxima
taxatividad legal e interpretativa -se prohíbe la analogía in malam partem-;

22
Aut. y ob. cit., pág. 202.



21
principio de interpretación restrictiva, que predica que dentro del alcance
semántico de las palabras legales puede haber un sentido más amplio para la
criminalización o uno más limitado o restrictivo, de lo que se colige que las
dudas interpretativas deben ser resueltas en la forma más limitativa de la
criminalización; el in dubio pro reo; principio de intranscendencia y pro
homine; y principio de igualdad ante la ley, toda vez que de admitirse
exclusivamente la posibilidad de un régimen de extinción de la ley penal -
arts. 14 y 16- sólo para quienes tuvieran capacidad económica para cumplir
con sus obligaciones fiscales, mientras se somete a juzgamiento obligatorio -
con las implicancias que ello puede acarrear- a las personas imputadas que
carecieran de aquéllos, se socava aquel postulado.-
De otra parte, el art. 4 del Código Penal impone la aplicación de este
instituto a la ley penal tributaria, puesto que al no disponerse ni expresa ni
tácitamente lo contrario, las disposiciones del Código Penal rigen para todos
los delitos previstos en las leyes especiales. Sin embargo, el fundamento
recientemente mencionado ha sido el argumento principal al que acudieron
tanto jueces como doctrinarios para justificar la inaplicabilidad de la
suspensión del juicio a prueba en el ámbito de la ley penal tributaria, en
exégesis equivocada -a nuestro modo de ver-, de la norma del art. 10
23
.-
Por último, cabe afirmar que se trata de institutos de distinta
naturaleza que poseen fundamentos y fines diversos.-
En efecto, la suspensión del proceso a prueba -como se indicara en
acápites precedentes- tiene un objetivo preventivo especial. Cumplidas las
eventuales reglas de conducta que se impongan, se declara extinguida la
acción penal.-
En tanto, mediante el art. 16, si el obligado acepta la liquidación o en
su caso la determinación formulada por el organismo recaudador, regulariza
y paga el monto de la misma en forma incondicional y total se extingue

23
“Cuando el artículo 10 de la ley 24.316, dispone la inalterabilidad de los regímenes dispuestos en las leyes
23.771 y 23.737 asegura la prevalencia de la norma especial -en el caso el art. 14 de la ley penal tributaria-
respecto del precepto general del art. 76 bis del Código Penal, en un todo de acuerdo con las prescripciones
del art. 4 del mismo cuerpo de leyes.” (del voto del doctor Raúl R. Madueño, en causa Nº 1688 del registro
de la Sala II de la CNCP, caratulada "Pardo García, Héctor s/ recurso de casación" del l 11 de agosto de 1998)



22
directamente la acción, sin que haya un previo sometimiento a prueba por
parte del imputado.-
Una interpretación contraria carecería de legitimidad constitucional,
pues admitiría una concreta posibilidad de prisión por deudas (violatoria de
los arts. 75.22 de la CN; XXV de la Declaración de Derechos Humanos, 7.7 de
la CADH; y 11 PIDCyP.).-
Queda claro que todo lo anterior es de aplicación para la ley penal
tributaria en vigor -24.769-. Pero respecto de ésta, que fue publicada en el
B.O. el 15 de enero de 1997, pueden añadirse otros fundamentos que
respaldan la posibilidad de aplicar la comúnmente llamada “probation” al
régimen penal tributario.-
En primer término, y más allá de todo lo que se ha señalado respecto
de la interpretación que cabe darle al art. 10 de la ley 24.316, oportuno es
recordar que ésta se refirió a un régimen que fue derogado por el art. 24 de
la ley 24.769.-
En segundo lugar, de haber el legislador tenido la intención de que el
instituto de la suspensión del proceso a prueba no fuera de aplicación al
régimen penal tributario -y sin perjuicio de la constitucionalidad de una
norma de ese tipo- bien pudo haber excluido en la ley especial la posibilidad
de utilizar el art. 76 bis del Código Penal para los delitos allí tipificados. Sin
embargo, no hay ninguna previsión expresa que establezca la prohibición, ni
ninguna alusión se hizo en el debate parlamentario.-
Por último, el precedente “Acosta” de la CSJN –ya mencionado-, al que
cabe sumar los fallos “Lorenzo”
24
y “Norverto”
25
del mismo tribunal -todos
dictados el mismo día-, han zanjado toda duda al respecto.-
IV. EN QUÉ DELITOS DE LA LEY PENAL TRIBUTARIA PROCEDE LA
SUSPENSIÓN DEL JUICIO A PRUEBA

24
Cfr. CSJN in re “Lorenzo, Amalia s/ inf. Art. 292 del Código Penal” del 23 de abril de 2008.
25
Cfr. CSJN, in re “Norverto, Jorge Braulio s/inf. Art. 302 del CP” del 23 de abril de 2008.



23
Hemos llegado a la conclusión de que el instituto instaurado por la ley
24.316 es de aplicación a la ley penal tributaria.-
Corresponde -ahora- que dilucidemos en qué delitos del régimen penal
tributario y previsional puede utilizarse el mentado instituto.-
En esa faena, cuadra aclarar -inicialmente- que dado que las penas con
las que vienen conminados todos los ilícitos previstos en la ley 24.769
superan los tres años de prisión -aún cuando aquellos queden en grado de
conato-, serán de aplicación -exclusivamente- los presupuestos del cuarto
párrafo del artículo 76 bis del código de fondo.-
En este sentido, ha menester recordar -una vez más- que la
jurisprudencia y doctrina que sostenían que los distintos párrafos del art. 76
bis eran complementarios entre sí, fue rechazada por los precedentes del
máximo tribunal de la Nación, citados en el último parágrafo del acápite
precedente
26
.-
Por tanto, es importante señalar cuáles son las condiciones propias de
admisibilidad para esta categoría de delitos.-
En primer término, es imprescindible que la eventual pena pueda ser
de ejecución condicional -es decir que no supere los tres años de prisión (art.
26 del código Penal)-.-
Empero, además, el imputado -para poder acceder a este instituto- no
debe registrar antecedentes penales computables. Es decir, si el incoado
registra una condena penal sin que hayan transcurrido diez años desde su
dictado hasta la fecha de comisión del delito tributario que se le endilga, no
puede acceder a la suspensión del proceso penal a prueba, pese a que se le
impute un ilícito del régimen penal tributario que permita -en abstracto- que
la condena sea en suspenso.-
Habida cuenta de lo anterior, no podrán plegarse a la suspensión a
prueba del proceso las personas a las que se atribuya la comisión de
evasiones agravadas -sea de tributos o de aportes y/o contribuciones de la

26
Cfr. CSJN, Fallos “Acosta”, “Lorenzo” y “Norverto”.



24
seguridad social- o aprovechamiento indebido de subsidios (arts. 2, 8 y 3,
respectivamente, de la ley 24.769), dado que la escala penal para esos ilícitos
parte de tres años y seis meses. Sin embargo, sí podrá otorgárseles -en
principio- a quienes se les atribuya la tentativa de aquellos delitos, toda vez
que el mínimo de la escala penal -operada la reducción conforme criterio
sentado por el plenario Nº 2 de la Cámara Nacional de Casación Penal en la
causa “Villarino, Martín P. s/rec. de casación
27
” del 21 de abril de 1995-
partirá de un año y ocho meses.-
Tampoco podrá someterse a un período de prueba a quien se impute
ser jefe u organizador de una organización o asociación compuesta por tres
o más personas que habitualmente esté destinada a cometer cualquiera de
los delitos tipificados en la ley penal tributaria, puesto que la pena mínima
parte de cinco años de prisión
28
. –
El art. 76 bis séptimo párrafo del Código Penal prevé que la probation
no procederá para el funcionario público que en el ejercicio de sus funciones
hubiese participado en el delito. Por consiguiente, entendemos que el
instituto en análisis no es viable cuando se verifique aquella calidad, en tanto
la participación en el delito sea en el ejercicio o en ocasión de sus funciones.-
Es cierto que alguna doctrina cuestiona la constitucionalidad de la
norma aludida, que excluye de la aplicación de la suspensión del juicio a
prueba a los funcionarios públicos, por entender que se viola el principio de
igualdad ante la ley. Empero, en nuestra opinión, la constitucionalidad que se
alega es bastante discutible. Podrá -a lo sumo- considerarse que la exclusión
es poco fundada, pero no tildarse de inconstitucional a la mentada norma,
dado que la igualdad ante la ley se refiere a desigualdad de trato en

27
Cfr. CNCP, Plenario Nº 2, causa 205 caratulada “Villarino, Martín P. s/ rec. de casación” de 21 de abril de
1995, en el que se dejó sentado que la reducción de la pena en un supuesto de delito tentado debe
realizarse disminuyendo en un tercio el máximo y en la mitad el mínimo de la pena correspondiente del
delito consumado.
28
El art. 15 literales b) y c) del régimen penal tributario prevé: “El que a sabiendas…b) concurriere con dos o
más personas para la comisión de alguno de los delitos tipificados en esta ley, será reprimido con un mínimo
de cuatro años de prisión…c) Formare parte de una organización o asociación compuesta por tres o más
personas que habitualmente esté destinada a cometer cualquiera de los delitos tipificados en la presente
ley, será reprimido con prisión de tres años y seis meses a diez años. Si resultare ser jefe u organizador, la
pena mínima se elevará a cinco años de prisión.”



25
situaciones similares. Variadas razones justifican el tratamiento particular de
los funcionarios del Estado. Casi invariablemente las investigaciones
judiciales en las que se encuentran imputados funcionarios públicos
tropiezan con una serie de dificultades intrínsecas y extrínsecas que dificultan
-incluso- que el proceso arribe a la fase del juicio. Por tanto, consideramos
razonable la exclusión.-
Sí -en cambio- resulta esencial para que no proceda la “probation”, que
la conducta sea llevada a cabo “en el ejercicio de sus funciones”. Empero, al
respecto, dable es tener presente que el art. 13 de la ley 24.769 establece
igual requisito para que opere la agravante, toda vez que la aludida norma
reza: “Las escalas penales se incrementarán en un tercio del mínimo y del
máximo, para el funcionario o empleado público que en ejercicio o en ocasión
de sus funciones tomase parte de los delitos previstos en la presente ley.”. Por
tanto, ambos preceptos -necesariamente- irán de la mano. Es decir, si un
funcionario público toma parte -en el ejercicio de sus funciones- en la
comisión de alguno de los tipos penales contemplados en el régimen penal
tributario, su conducta queda abarcada -al mismo tiempo- en la exclusión del
séptimo párrafo del art. 76 bis del CP. En tanto, si se tiene la calidad de
funcionario pero el delito tributario no es cometido en ejercicio u ocasión de
aquél, no opera la agravante del art. 13 de la LPT y, por ende, tampoco queda
exceptuado de la aplicación de la suspensión del proceso penal a prueba
29
.-
Asimismo, según contempla el último párrafo del art. 76 bis del Código
Penal, la suspensión a prueba del proceso penal no es admisible respecto de
los delitos reprimidos con pena de inhabilitación. Sin embargo, cabe señalar
que conforme ha entendido la doctrina y jurisprudencia mayoritaria (cabe
mencionar como excepción el criterio sentado por la Cámara Nacional de
Casación Penal en el plenario Nº 5 Teresa Kosuta), la exclusión opera sólo
cuando se trate de delitos reprimidos con pena de inhabilitación como
sanción única (casos de los arts. 264, 273 y 274 del código de fondo).-

29
Se puede brindar el siguiente ejemplo: Un director de determinado ministerio nacional es imputado de la
comisión del delito de evasión -art. 1º LPT-, habida cuenta de que -mediante ocultaciones maliciosas- ha
eludido –por encima de cien mil pesos- el pago del tributo a los bienes personales correspondiente al
ejercicio 2007. En el caso, estamos frente a un funcionario público; sin embargo su participación en el delito
no ha sido en ejercicio de aquella función.



26
Por ende, en la hipótesis del art. 15, apartado a) de la ley 24.769, será
factible la aplicación de la suspensión del juicio a prueba, en tanto y en
cuanto quien tomare parte de la comisión de alguno de los delitos tipificados
en la referida ley, mediante los actos que aquella norma describe, no tenga la
calidad de funcionario público y haya ofrecido abstenerse de proseguir con la
actividad reglada de que se trate (abogado, contador público, escribano) por
el plazo que se fije que -como ya se dijo- va de uno a tres años.-
Cuadra tener presente que la norma del art. 13 de la Ley Penal
Tributaria también incrementa la escala penal en un tercio para el empleado
público que tome parte en la comisión de un ilícito tributario con más
inhabilitación perpetua para desempeñarse en la función pública. -
Ahora bien, como lo apuntáramos precedentemente, el art. 76 bis,
séptimo párrafo se refiere exclusivamente al funcionario público como
excluido de la suspensión a prueba del proceso. Por tanto, de una primera
mirada, podría sustentarse que el empleado que ha tomado parte en la
comisión de alguno de los delitos prescritos en el régimen penal tributario
tendría expedito el ingreso a este instituto.-
Sin embargo, podrían formularse reparos a esta propuesta. En efecto,
el art. 77 del Código Penal establece que: “Para la inteligencia del texto de
este Código, se tendrán presentes las siguientes reglas. *…+ Por los términos
“funcionario público” y “empleado público”, usados en este Código, se
designa a todo el que participa accidental o permanentemente del ejercicio
de funciones públicas, sea por elección popular o por nombramiento de
autoridad competente.”. Por ende, parece que el código de fondo equipara
ambos términos y, como consecuencia, la suspensión del proceso a prueba
no sería viable -tampoco- cuando se trate de un empleado público.-
A favor de este criterio, se aduna que por la ley 24.759, el Estado
nacional incorporó a su legislación la Convención Interamericana contra la
Corrupción. En el art. 1 de dicho instrumento se establece una definición
específica de funcionario público para el ámbito penal, que adopta análogo
criterio al que se contempla en el art. 77 CP. Así, en el mentado convenio se
expone “el funcionario o empleado del Estado o de sus entidades incluidos



27
los que han sido seleccionados, designados o electos para desempeñar
actividades o funciones en nombre del estado o al servicio del Estado, en
todos su niveles jerárquicos [...]”.-
A más de lo anterior, cabe tomar en cuenta los postulados del art. 1º
de la ley 25.188 de Ética Pública, que -en lo que aquí interesa- señala que:
“(t)oda actividad temporal o permanente, remunerada u honoraria, realizada
por una persona natural en nombre del estado o al servicio del estado o de
sus entidades, en cualquiera de sus niveles jerárquicos.”.-
De tal manera, parece que la postura administrativista que distingue
entre empleado y funcionario público no tiene cabida en el ámbito penal.-
Sin embargo, consideramos que bien puede interpretarse que el art. 77
del código de fondo -solamente- establece una equiparación entre
funcionario y empleado público en cuanto al medio para acceder a ellas; pero
eso no implica –necesariamente- que no pueda tenerse como guía el criterio
administrativista, teniendo como Norte . Además, hay que tomar en cuenta
que cuando el legislador ha querido incluir o excluir al empleado público, lo
ha expresado manifiestamente. Así, por ejemplo, el citado art. 13 de la ley
penal tributaria. Es más, la inclusión de los empleados públicos en la norma
que incrementa en un tercio la pena del delito en que se toma parte, fue
debatido específicamente durante el debate parlamentario de la ley 24.769.-
Ahora bien, si entendemos que existe diferencia entre funcionario y
empleado y que la suspensión a prueba procede en este último caso, aún nos
queda un escollo por superar.-
En efecto -como ya dijéramos- el régimen penal tributario en los
supuestos en que participe un funcionario o empleado público en la comisión
de alguno de los delitos que tipifica, además de la pena principal que
prescriba el ilícito de que se trate, prevé pena de inhabilitación perpetua.
Pero, debemos tener en cuenta que el último párrafo del art. 13 establece:
“En tales casos se impondrá además la inhabilitación perpetua para
desempeñarse en la función pública”. Como fácilmente puede advertirse, la
referida norma ciñe la inhabilitación a la función pública. Sin embargo,



28
algunos autores consideran que aún así, la inhabilitación para los empleados
procede, por aplicación del art. 20 bis inc. 1 del CP., que podrá ir de seis
meses a diez años.-
Igualmente, ha menester tener presente que conforme estatuye el
segundo párrafo del art. 20 ter del Código Penal, el condenado a
inhabilitación especial perpetua puede ser rehabilitado transcurridos cinco
años, cuando acredite que se ha comportado correctamente, ha remediado
su incompetencia o no es de temer que incurra en nuevos abusos y, además,
ha reparado los daños en la medida de sus posibilidades.-
Entonces, si admitiéramos que la “probation” procede para los
empleados públicos, podrá otorgárseles a quienes reúnan esa calidad y hayan
tomado parte en la comisión de alguno de los delitos tributarios, en tanto y
cuanto ofrezcan abstenerse de seguir en el empleo público durante el tiempo
de suspensión que se fije. -
Finalmente, oportuno es señalar que, a nuestro modo de ver, el
instituto de la “probation” procede aún para los delitos tipificados en los arts.
1º y 7º de la LPT, para los cuales la mentada ley diseñó un régimen de
extinción propio. Es necesario aclarar esto, habida cuenta de que parte de la
doctrina sostiene que la suspensión a prueba del proceso se utilizará -
exclusivamente- para los restantes delitos tipificados en la mencionada ley,
dado que las evasiones simples en materia tributaria y de los aportes y
contribuciones de la seguridad social cuentan con el instituto establecido en
el art. 16.-
Resta sólo formular una aclaración, si el imputado del delito de evasión
simple -pese a contar con recursos económicos suficientes para afrontar el
pago total e incondicional de la deuda que le reclama la administración
tributaria- solicita la suspensión del proceso penal a prueba y ofrece como
reparación económica una suma que dista mucho de la reclamada y que no
guarda proporción con su patrimonio, corresponde que el tribunal rechace la
petición, por ser la suma ofrecida irrazonable.-



29
Otra condición de procedencia de la “probation” para los supuestos del
cuarto párrafo del art. 76 bis del código sustantivo, es que el representante
del Ministerio Público Fiscal preste su conformidad. Este requisito obedece al
mayor contenido de injusto que tienen los delitos comprendidos en aquel
párrafo. Repárese en que -en estos casos- la escala penal máxima del delito
se ubicará por encima de los tres años, lo que es demostrativo de que
estamos en presencia de un delito más grave.-
Esta condición de admisibilidad es la que -hoy en día- concita mayores
dificultades de interpretación. En efecto, en la doctrina y jurisprudencia -
puede sostenerse- que hay tres posiciones: 1. quienes entienden que sólo
tendrá ese carácter el dictamen que acoge favorablemente la suspensión; 2.
los que consideran que la oposición del representante del Ministerio Público
Fiscal al otorgamiento del instituto previsto en el art. 76 bis del Código Penal,
por vía de la ley 24.316, es vinculante para el juez o tribunal; 3. quienes creen
que -en ambos supuestos- el dictamen del fiscal es vinculante para el órgano
jurisdiccional.-
En nuestra opinión, el dictamen favorable del fiscal al otorgamiento de
la “probation” -en tanto y cuanto se ciña a los presupuestos legales de
admisibilidad- es vinculante para el juez o tribunal, dado que es aquél -por
manda del art. 120 de la Constitución Nacional y de la ley 24.946
30
- el titular
exclusivo de la acción penal. -
Así como sin acusación fiscal en el debate oral no es legítimo para el
tribunal condenar; del mismo modo, sin voluntad del fiscal de mantener el
ejercicio de la acción penal -acogiendo favorablemente el pedido de
suspensión del proceso a prueba- no sería legítimo continuar con la
tramitación del proceso, salvo -repetimos- que no se configuren los requisitos
legales
31
.-

30
Ley Orgánica del Ministerio Público.
31
Por aplicación analógica -in bonam parte- del criterio sustentado por la Corte Suprema de Justicia de la
Nación en Fallos, 325:2019 “Tarifeño”, 317:2043 “García”, 318:1234 “Cattonar” y 327:120 “Mostaccio”.




30
No debe soslayarse que el tribunal debe efectuar -en todos los casos-
un control de legalidad. Por tanto, en el caso de que el acusador público
prestara su conformidad a la suspensión del proceso, pese a que al imputado
se le achaque la comisión -verbi gratia- del delito de evasión agravada -art. 2º
Ley Penal Tributaria, que viene conminado con pena de tres años y seis
meses a nueve de prisión-, corresponde que el órgano jurisdiccional declare
la nulidad del dictamen por no encontrarse reunidos los aludidos requisitos
para su procedencia.-
En igual sentido, precisan los profesores Eugenio Raúl Zaffaroni,
Alejandro Alagia y Alejandro Slokar que: “el dictamen del fiscal es vinculante
cuando solicita la suspensión del juicio pero no a la inversa, salvo que no se
cumplan los requisitos (control de legalidad por parte del tribunal)
32
.-
Ahora bien, aún cuando el fiscal se oponga a la suspensión del proceso,
es deber ineluctable del juez o tribunal controlar si el dictamen fue fundado y
motivado. Empero ¿qué debe entenderse por dictamen fundado y/o
motivado?
En tren de cavilar sobre esta cuestión, podemos brindar algunos
ejemplos. El fiscal rechaza la solicitud de suspensión del proceso a prueba
alegando que por las características del hecho investigado es más
conveniente el juzgamiento del imputado. El representante del Ministerio
Público Fiscal aduce que pese a que el delito viene conminado con pena
mínima que permitiría la suspensión de la pena, habida cuenta de que él va a
requerir una pena superior a los tres años, sobre la base de las
características personales del imputado, rechaza la “probation”. ¿Puede
aseverarse -en los casos presentados- que se cumple con el requisito de
motivación?
Si entendemos que la disconformidad fiscal válida es aquella que se
funda -exclusivamente- en los presupuestos legales de admisibilidad, resulta
claro que en ninguno de los ejemplos presentados los rechazos tuvieron

32
Cfr. auts. cits., “Derecho Penal, parte general”, pág. 929.



31
como fundamento aquellos requisitos. Cabe reparar en que -en sendos
casos- se encontraban reunidas las demás exigencias. -
En ese sentido, apunta Carlos Edwards que: “(l)o que el fiscal debe
manifestar por medio de su dictamen, efectuando una interpretación
sistemática de ese canon, es si se verifican todos los presupuestos
establecidos por la ley para la procedencia de la suspensión del juicio a
prueba; si dichos presupuestos están comprobados, el fiscal no podría
oponerse al otorgamiento de la ‘probation’”. Añade a continuación que: “(e)l
fiscal solamente verifica la existencia de los presupuestos de procedencia
[……]; más que un consentimiento es una ‘comprobación o verificación’ de
admisibilidad que efectúa el fiscal.”
33
.-
Norberto R. Aued y Mario A. Juliano rechazan el efecto vinculante del
dictamen del fiscal cuando éste se opone a la suspensión, destacando que
esa pretensión legal de obligatoriedad de juzgamiento importaría un
indebido desplazamiento de la potestad jurisdiccional hacia el fiscal y el
abandono del control de legalidad
34
.-
De su parte, señala Gustavo Vitale que una disconformidad fiscal
infundada (o no fundada en la inexistencia de un presupuesto legal de
procedencia) no puede -en ningún caso- impedir la suspensión del proceso a
prueba. El catedrático de la Universidad Nacional de Comahue -
seguidamente- nos da un ejemplo: “(s)i en un proceso penal se investiga un
delito de lesiones leves y el fiscal se opone a la suspensión sólo por entender
que, a su juicio, por las características del caso es más conveniente el
juzgamiento, ello no impedirá la suspensión del proceso a prueba, sino que,
por el contrario, el juez deberá disponerla igualmente (en la medida en que se
encuentren cumplidos los presupuestos legales de admisibilidad), pues la
oposición no se ha fundado, como debiera, en su falta de concurrencia)”
35
.-

33
Carlos Edwards, “La probation en el Código Penal argentino, ley 24.316”, Ed. Lerner, Córdoba, 1994, págs.
57 y 58.
34
Norberto R. Aued y Mario A. Juliano, “La probation y otros institutos del derecho penal”, Ed. Universidad,
Buenos Aires, 2001, pág. 47.
35
Cfr. aut. cit., “Suspensión del proceso penal a prueba”, 2da. edición actualizada, Editores del Puerto s.r.l.,
págs. 266/267.



32
Sin embargo, no parece ser el expuesto precedentemente el criterio
que propugna la jurisprudencia de la Cámara Nacional de Casación Penal.-
En efecto, el mentado tribunal ha señalado que: “(s)e advierte que en
el caso ha mediado oposición del representante del Ministerio Público Fiscal
para la concesión del instituto de la suspensión del juicio prueba […..] Al ser
éste un requisito para su procedencia -pues la ley en forma clara establece
que debe haber acuerdo fiscal (art. 76 bis, cuarto párrafo del Código Penal)-
entiendo que en lo que al agravio de la defensa se refiere, la resolución
recurrida se encuentra ajustada a derecho, no advirtiéndose los pretendidos
vicios que alega la recurrente.”. Se añade –seguidamente- “Pero además,
considero que tampoco corresponde acoger favorablemente las críticas que
se esbozan en punto a la falta de razonabilidad de la oposición fiscal. Ello así,
desde que el contenido de la posición del órgano acusador responde a un
análisis de oportunidad sobre la prosecución de la acción en el caso
concreto….”. Con cita de Alberto Bovino, continúa “…la opinión del fiscal - su
‘consentimiento’- se debe limitar a la formulación de un juicio de
conveniencia y oportunidad político-criminal, en un caso concreto acerca de
la continuación o suspensión de la persecución penal [...] El juicio de
oportunidad del acusador acerca de la conveniencia de suspender el
procedimiento, por otro lado, se debe limitar a las razones político-criminales
que el ministerio público puede legítimamente tener en cuenta para tomar su
decisión. Esto implica una doble exigencia: a) se debe tratar de razones
político-criminales referidas a la conveniencia de la persecución respecto a
este caso en particular; y b) esas razones deben ser razones que, según el
ordenamiento jurídico, puedan ser tomadas en cuenta para una decisión de
ese carácter...” (Bovino, Alberto, “La suspensión del procedimiento penal a
prueba en el Código Penal argentino”, Del Puerto, Buenos Aires, 2005, pág.
160/161). Luego se agrega, “….si el fiscal se opone a la concesión de la
medida por razones legítimas de política criminal vinculadas al caso, la
decisión del acusador no puede ser cuestionada por el tribunal, y, en
consecuencia, impide la suspensión del procedimiento en ese caso concreto.
Ello pues la discreción reconocida legalmente ha sido atribuida,
inequívocamente, al titular de la acción penal estatal: el ministerio público...”



33
(op. cit., pags. 161/162). Así, a la luz de las consideraciones antedichas,
considero que las razones brindadas por el fiscal general al oponerse a la
concesión del instituto se encuentran adecuadamente fundadas y
precisamente constituyen un juicio de oportunidad sostenido en razones de
política criminal vinculadas con el caso concreto.”. Por último, se adiciona,
con cita de la Dra. Eleonora Devoto que “(l)a eventual oposición deberá estar
fundada en razones de ‘oportunidad y conveniencia’ porque sólo de ese
campo podrá provenir la ‘decisión fiscal’ que acota la jurisdicción. Sobre esta
base de razonamiento, el juez no podrá cuestionar en tales casos el criterio
del fiscal y su control se limitará a la consideración de su dictamen como acto
procesal válido, es decir, fundado y no arbitrario..” (Devoto, Eleonora A.
“Probation e institutos análogos”, segunda edición, Hammurabi, Buenos
Aires, 2005, pág. 200).”
36
. -
En otro precedente se señaló que: “La oposición del Ministerio
Público Fiscal, sujeta al control de logicidad y fundamentación por parte del
órgano jurisdiccional, es vinculante para el otorgamiento del beneficio [..] el
carácter vinculante de la oposición fiscal deriva de que a esa parte le incumbe
la promoción y el ejercicio de la acción pública por mandato del artículo 120
de la Constitución Nacional; y en particular, de que esa facultad privativa se
encuentra expresamente prevista no sólo en el artículo 76 bis del código de
fondo y en el Código Procesal Penal de la Nación (artículos 65 y cc.), sino
también -en consonancia con la referida norma constitucional- en la Ley
Orgánica del Ministerio Público (n 24.946), cuando señala entre las funciones
que corresponden al Ministerio Público (Título II, Sección I, artículo 25): "a)
Promover la actuación de la justicia en defensa de la legalidad y de los
intereses generales de la sociedad; [...] b) Representar y defender el interés
público en todas las causas y asuntos que conforme a la ley se requiera; [...] c)
Promover y ejercer la acción pública en las causas criminales y correccionales.
Por ello, cuando el fiscal expresa su oposición a la suspensión del proceso, "...

36
CNCP, causa n 10213, caratulada “Muñoz Aimara, Alex y otro s/recurso de casación”, Reg. 631/09 del 21
de mayo de 2009.




34
no ejerce jurisdicción sino que manifiesta su voluntad de continuar ejerciendo
la acción. Y puesto que la suspensión del proceso a prueba no es otra cosa
que la suspensión del ejercicio de la acción penal, el tribunal, que carece de
poderes autónomos para su promoción y ejercicio, tampoco tiene poder de
decisión sobre la suspensión de ese ejercicio. Por ello, depende de la
conformidad fiscal" (Luis M. García "Suspensión del Juicio a Prueba", en
Cuadernos de Doctrina y Jurisprudencia Penal, Ed. Ad Hoc, 1996, pág. 365)”.
[…….] Como se observa, la circunstancia que la ley exija la conformidad del
Ministerio Público Fiscal como requisito ineludible para la concesión del
régimen de la suspensión del proceso a prueba resulta consecuente con la
propia naturaleza jurídica del instituto y al rol de ese órgano en la nueva
estructura constitucional instaurada en la Nación a partir de la reforma
introducida en el texto de la Ley Suprema en el año 1994. Por otro lado, no
está de más mencionar que “rige también aquí la carga para los fiscales de
motivar las conclusiones de sus dictámenes sobre el particular (artículo 69 del
Código Procesal Penal de la Nación); y que, sin duda alguna la forma en que
se expiden está sujeta al control de su legalidad y fundamentación” (conf.
fallo plenario n 5, ya citado).”
37
.
Por tanto, parece que el criterio de la Cámara Nacional de
Casación Penal es que si el representante del Ministerio Público Fiscal
formuló oposición a la concesión de la suspensión del proceso a prueba, y su
dictamen fue fundado y no arbitrario, y se efectuó un análisis de
oportunidad sustentado en razones de política criminal, el juez o tribunal
tiene vedado otorgar la “probation”, toda vez que su acuerdo es un requisito
para la procedencia del instituto, conforme establece el art. 76bis, cuarto
párrafo del Código Penal.-
Sin embargo, consideramos que el criterio sustentado por la
Cámara de Casación Penal debe ser interpretado adecuadamente. En efecto,
el ministerio público fiscal tiene que brindar razones válidas y suficientes de

37
CNCP, causa n 7105 caratulada “León, Jesús Emanuel s/ recurso de casación”, 2 de octubre de 2006, Reg.
1101.




35
política criminal, pues -sino- la suerte del imputado quedaría exclusivamente
en manos de una de las partes del proceso. Cuadra advertir que de
denegársele al órgano jurisdiccional la posibilidad de otorgar la suspensión
del proceso penal a prueba cuando el fiscal alega razones de política criminal,
se ingresa en un terreno peligroso. Se corre el riesgo de que se invoquen
razones de política criminal, cuando -a decir verdad-, la oposición puede
deberse a meros prejuicios o a la subjetividad de cada fiscal, de cara al hecho
en concreto.-
Es indudable que la política criminal se encuentra a cargo del
Ministerio Público Fiscal. Por ende, ha menester recordar cuáles han sido las
instrucciones emanadas del Procurador General de la Nación.-
El 14 de agosto de 2009, el Dr. Esteban Righi dictó la Resolución
General Nº 97. Con antelación -también en lo concerniente a la suspensión a
prueba del proceso-, el mismo magistrado había dictado las Resoluciones
86/04 y 130/04. Por tanto, la resolución de primera cita fue dictada con
posterioridad a los fallos Acosta (Fallos, 331:858) y Noverto (N. 326 XLI)
ambos de fecha 23 de abril de 2.008.-
La resolución 97 ratifica la resolución 86/04, en la que se
propiciaba la utilización de la denominada tesis amplia en materia de
aplicación del instituto de suspensión del proceso a prueba, concluyendo que
ha sido una respuesta racional frente al congestionamiento de expedientes
que sobrellevan los órganos jurisdiccionales que celebran juicios orales y -
además- que ha coadyuvado a evitar la estigmatización del delincuente
primario no reiterante, favoreciendo en forma notoria el acercamiento de la
víctima a la resolución del conflicto y conformando una salida de mayor
calidad del sistema. Se señala que el más alto Tribunal ha aclarado -en los
precedentes supra mencionados- el universo de casos susceptibles de ser
resueltos mediante la aplicación del citado instituto.-
Cuadra tener presente que el dictado de la aludida resolución
fue promovido por el proyecto de instrucción general elevado a
consideración por la Secretaría General de Coordinación Institucional,



36
tendente a generar criterios de actuación para elevar el nivel de eficiencia en
la investigación de los casos de corrupción.-
Por tanto, parece que -en principio- la recomendación pone la
mira en las causas penales en las que se investigan hechos de corrupción, a
fin de cumplir con lo establecido por los arts. 15 a 26 de la Convención de las
Naciones Unidas contra la Corrupción y artículos VI, VIII, IX y XI de la
Convención Interamericana contra la Corrupción.-
Sin embargo, en la aludida resolución, sobre la base de los
precedentes Acosta, Norverto y Lorenzo del más alto Tribunal de la Nación,
se agrega que se torna adecuado establecer algunos criterios de política
criminal tendentes a complementar las pautas establecidas en el art. 76 bis
del Código Penal, con el objeto de determinar bajo qué parámetros se regirá
la utilización de ese instituto respetando su naturaleza de método alternativo
de resolución de conflictos. De tal modo, señala que nada obsta a que, más
allá de las excepciones a la procedencia de la suspensión del juicio a prueba
previstas por la ley, se puedan establecer otras basadas en criterios de
política criminal, derivadas del cumplimiento de las obligaciones asignadas al
Ministerio Fiscal de velar por los intereses generales de la sociedad y la
facultad expresamente otorgada por la Ley Orgánica de diseñar a través de
instrucciones de carácter general la política de persecución penal del
organismo –arts. 1, 33 y cctes. de la ley 24.946-.
En esa línea, párrafos infra, el Jefe de los Fiscales federales y nacionales
recomienda a los representantes del Ministerio Público Fiscal que al
momento de dictaminar tomen en cuenta las particularidades del caso
concreto y funden su dictamen en ellas, y se opongan al beneficio cuando: 1.
se trate de un hecho que requiera de la realización del debate por la
conveniencia del control de los actos de gobierno por parte de la ciudadanía,
y 2. se vea afectada la obligación del Ministerio Público Fiscal de velar por el
impulso de la acción penal, particularmente en aquellos supuestos en que
deberá llevarse a cabo el juicio oral y público con respecto a otros imputados
a los cuales no les corresponde el beneficio.-



37
Posteriormente, se añade que sin perjuicio de las excepciones
precedentes, a la hora de prestar su consentimiento para los casos no
incluidos, el fiscal deberá considerar conjuntamente con la concurrencia de
los requisitos formales fijados por el art. 76 bis del código Penal vinculados al
tipo de delito, la carencia de antecedentes y la reparación del daño, la
razonabilidad del ofrecimiento de llevar adelante tareas comunitarias, tanto
en lo que respecta al tiempo de realización como al lugar en el que se
llevarán a cabo. El fiscal deberá tener en cuenta a la hora de expedirse el
sentido del instituto como solución alternativa de conflictos y contemplar los
intereses de las partes involucradas, a cuyos efectos deberá considerar -entre
otras cosas- particularmente las características del caso.-
Es oportuno traer a colación un fallo reciente de la Corte Suprema de
Justicia de la Nación, en el que declaró inadmisible el recurso extraordinario
presentado por la defensa, en la causa J. P. Tripputti. En dicho expediente, el
Superior Tribunal de Justicia de la provincia de La Pampa rechazó el recurso
de apelación presentado por la defensa del imputado contra el
pronunciamiento que no hizo lugar a la solicitud de suspensión de juicio a
prueba. Contra esa decisión se interpuso recurso extraordinario. El más alto
tribunal, pese al dictamen del Sub Procurador Eduardo Ezequiel Casal,
mediante el cual opinó que se debía declarar procedente el recurso
extraordinario y dejar sin efecto la sentencia apelada, declaró inadmisible el
mentado recurso.-
En el caso, el tribunal de la Provincia de La Pampa consideró que
correspondía denegar la suspensión del juicio a prueba en virtud de diversos
motivos. En primer término, aludió a la oposición fundada del representante
del Ministerio Público Fiscal; en segundo lugar, a que la pena para el delito
endilgado -homicidio culposo por la conducción imprudente de un
automotor- excedía el límite de tres años contemplado por la norma; y,
como último impedimento, que el delito enrostrado prevé también la pena
de inhabilitación.-
El agravio de la defensa se basó en dos ejes principales: 1. que la
interpretación de la ley efectuada por el tribunal infringía el principio de



38
igualdad, habida cuenta de que excluye de la posibilidad de evitar la
imposición de una pena a los delitos imprudentes, que revisten una gravedad
menor que la de ciertos delitos dolosos que sí permiten la aplicación de ese
beneficio, 2. que la exigencia de conformidad del fiscal es inconstitucional
porque supone una intromisión en la competencia de las provincias para
organizar sus procesos criminales y porque otorga al Ministerio Público
facultades jurisdiccionales. Consideró que -en el caso- la oposición del fiscal
había sido arbitraria y basada en apreciaciones que no se compadecen con el
estado actual de la doctrina y la jurisprudencia.-
Es interesante adentrarse en el dictamen del Sub Procurador, toda vez
que el mencionado magistrado acompañó a la defensa en el recurso. Señaló
el doctor Casal -inicialmente- que pese a que la resolución mediante la cual
se denegó la suspensión del juicio a prueba se relaciona con la interpretación
del derecho común, toda vez que lo decidido propone una exégesis
irrazonable de la norma aplicada, procede habilitar la instancia
extraordinaria. Hizo mención a la interpretación asignada por la Corte
Suprema en el precedente Acosta. Empero -asimismo- resaltó que en el caso
la denegatoria de la “probation” se basó además en la aplicación del último
párrafo del citado artículo, interpretado por el tribunal a quo en el sentido de
que no procede la suspensión del juicio a prueba en el caso de delitos
reprimidos con pena de inhabilitación, sea esta única, conjunta o
alternativa.-
Es importante destacar que el Sub Procurador se remite a las
resoluciones PGN Nº 24/2000, puesta en vigencia por la resolución PGN Nº
86/2004 -a las que se aludiera en parágrafos precedentes-, que -en lo que
aquí interesa- sostiene que la inaplicabilidad del instituto respecto de los
delitos amenazados con pena conjunta o alternativa de inhabilitación llevaría
a realizar una interpretación irrazonable de la ley en tanto permitiría su
aplicación para los delitos de mayor gravedad cometidos en forma dolosa.-
Concretamente, en punto a si la falta de conformidad del fiscal puede
justificar como argumento autónomo la denegación del instituto, señaló que
la decisión del a quo se fundó en la aplicación a contrario sensu del cuarto



39
párrafo del artículo 76 bis del Código Penal que establece que “(s)i las
circunstancias del caso permitiesen dejar en suspenso el cumplimiento de la
pena, y hubiese consentimiento del fiscal, el tribunal podrá suspender la
realización del juicio”, añadiendo -a renglón seguido- que no correspondía en
esa instancia determinar cual debía ser la interpretación del requisito del
consentimiento del fiscal en atención al carácter de derecho común de la
norma que lo contiene, aclarando que el representante del Ministerio Público
sustentó su opinión contraria a la procedencia de la suspensión del proceso
penal a prueba solamente en virtud de la inteligencia del art. 76 bis del
Código Penal que se estima arbitraria, agregando -por último- que carece de
razonabilidad otorgar al parecer del fiscal un efecto vinculante para el
tribunal, pues ello significaría consagrar en la práctica la exégesis que ha sido
descalificada.-
Si bien la declaración de inadmisibilidad del recurso extraordinario -a
nuestro ver- no implica modificar en un ápice el criterio sustentado por la
Corte en los precedentes Acosta, Lorenzo y Norverto, no deja de llamarnos la
atención que el más alto Tribunal de la Nación, tomando en cuenta que el
propio titular de la acción pública abonaba el agravio de la defensa, no haya
declarado admisible el recurso, más allá de lo que -luego- resolviera sobre el
fondo.-
De otra parte, es importante resaltar -en cuanto al carácter vinculante
o no del dictamen del fiscal- que el Sub Procurador destacó que el
representante del Ministerio Público se opuso a la concesión de la
suspensión del proceso a prueba exclusivamente por considerar que no
correspondía su otorgamiento, habida cuenta de que el delito que se le
endilgaba al imputado -homicidio culposo por la conducción imprudente de
un automotor- venía conminado con pena de inhabilitación especial, y el
último párrafo del art. 76 bis -según su opinión- veda tal posibilidad. Es esta
precisa circunstancia por la que considera que ese parecer -contrario a la
exégesis que se la ha dado a la norma- no puede tener poder vinculante.-



40
No es ocioso recordar, que las resoluciones generales del Procurador
de la Nación no son obligatorias para los tribunales, sí en cambio lo son -a
nuestro modo de ver- para los fiscales de las instancias anteriores.-
A los requisitos propios del cuarto párrafo del art. 76 bis del Código
Penal, se deben agregar las exigencias comunes para disponer la suspensión
del proceso a prueba, a saber: 1. Petición por parte del imputado (es un
derecho personalísimo), 2. Ofrecimiento de reparación a la víctima, 3.
Abandono a la víctima de los bienes presumiblemente decomisables, 4. Que
se trate de un delito de acción pública, 5. Que no se trate de un funcionario
público que haya participado en ejercicio de sus funciones, en la ejecución de
un delito que exija esa calidad de autor, y 6. Que el delito investigado no esté
reprimido con pena de inhabilitación.-
Para el mantenimiento de la suspensión acordada se requiere la
invariabilidad del juicio de posible condena condicional.-
Se exige que después de haberse dispuesto judicialmente, no se tome
conocimiento de circunstancias que modifiquen “la estimación acerca de la
condicionalidad de la ejecución”
38
.
Otro caso, es que se tome conocimiento de una condena que obstaría
la pena de ejecución condicional -dictada con anterioridad a la comisión del
hecho que motivo la suspensión y sin que haya transcurrido el plazo previsto
en el art. 27, segundo párrafo del C.P.-.-
El único supuesto en el que se habilita la revocación de la probation, es
cuando se han conocido circunstancias que obstaculizaban la procedencia de
aquella modalidad de la condena.-
V. OPINIÓN DE LA DOCTRINA
La doctrina mayoritaria considera que la suspensión del proceso penal
a prueba se aplica en los delitos tipificados en la ley penal tributaria y
previsional, cuyas penas mínimas no excedan los tres años de prisión.-

38
Por ejemplo, cuando se tomara conocimiento, luego de haberse otorgado la suspensión del juicio a
prueba, que el hecho incriminado, en lugar de una evasión simple, dado el monto evadido configura una
evasión agravada. En estos supuestos, no cabe otra cosa que revocar la probation.



41
Así, Gustavo Vitale sostiene que: ”(l)os arts. 14 y 16 de las leyes penales
en materia tributaria y previsional serán aplicables para quienes tengan
verdadera posibilidad de pagar, mientras que aquellos que no tuvieran
posibilidad de cumplir con la obligación fiscal (por falta de medios
económicos) tendrán la opción de solicitar la aplicación en su favor del
régimen de la suspensión del proceso penal a prueba [….]. Ello salvará la
violación al principio constitucional de igualdad ante la ley (art. 16 CN) que se
producirá en caso de admitirse la aplicabilidad del régimen de extinción de la
acción penal de los arts. 14 y 16 sólo para quienes tuvieran capacidad
económica para cumplir con sus obligaciones fiscales, mientras se postula el
juzgamiento obligatorio de aquellos que carecieran de ella.”. Añade el
catedrático de la Universidad Nacional del Comahue que: “(e)n lo casos en los
que la suspensión del proceso penal a prueba es aplicable al ámbito penal
tributario y previsional (por la falta de capacidad de cumplimiento parcial o
total de la obligación fiscal), de ningún modo resulta alterado el régimen
especial dispuesto en la ley 23.771 (y luego en la 24.769).”
39
.-
Igual criterio predica Eleonora Devoto cuando señala que: “Entonces,
siguiendo el orden expuesto […] Ante el cambio señalado realizado durante el
trámite legislativo y teniendo en cuenta la dirección señalada por la Corte
Suprema de Justicia de la Nación, parece imponerse la necesidad de permitir
la aplicación del instituto de la “probation” siempre que la conciliación de los
fines perseguidos por la normativa especial y tal instituto no implique un
supuesto contra legem.”
40
.-
Milita –también- en esta línea, Marcelo Alfredo Riquert, quien sostiene
que: “No hay prohibición expresa ni restricción aparente para aplicar la
suspensión del juicio a prueba respecto de los tipos penales consagrados en el
Ley 24.769 que encuadren en las regulaciones del art. 76 bis y ss. del Código
Penal.”
41
.-

39
Cfr. aut. y ob. cit., págs. 419 y 420.
40
Eleonora A. Devoto, “’Probation’ e institutos análogos”, segunda edición actualizada y ampliada, Ed.
Hammurabi, Buenos Aires, 2005, pág. 107.
41
Aut. y ob. cit., pág. 212.



42
Julio César Báez sustenta que: “Si el legislador hubiese querido
consagrar la imposibilidad de aplicación del instituto de la ‘probation’ para
delitos tributarios, hubiese acudido a una expresión apodíctica y no a otra tan
laxa que es –como dijéramos- ‘no alterar’ con la cual, en nuestro modo de ver
las cosas, ha consagrado una suerte de complemento entre el régimen de
extinción propio previsto en la ley penal tributaria y el otro regulado en la
suspensión del juicio a prueba.”
42
.-
Algunos autores limitan la aplicación de la suspensión a prueba del
proceso a los casos en los que no se puede utilizar el instituto propio de la ley
penal tributaria –art. 16-
43
.-
Se inscriben –entre otros- en la postura contraria: Francisco D’Albora
44

que considera que la ley penal tributaria tiene su régimen propio y Oscar
Eduardo Romera
45
.-
VI. JURISPRUDENCIA
Consideran que es aplicable la suspensión del juicio a prueba en la ley
penal tributaria -entre otros-, los tribunales orales en lo penal económico Ns.
1, 2 y 3.-
El primero de de los mencionados, en las causas “Pardo García, Héctor
s/ley 23.771”, “Dos Ramos, Joaquín; Dos Ramos, Adelino C.; y Boretti,
Marcelo Luis”, del 07 de junio 2.006, y “Elias, Jorge R. s/ley 23.771”. -
El segundo, en causas “Perrota” y “Piaskowski”. En tanto el de última
mención, en la causa “Fernández, José s/inf. a la ley 23.771”.-
El Tribunal Oral en lo Federal Nº 1 de la ciudad de Rosario, por el voto
de la mayoría de sus integrantes, el 3 de julio de 2007, en causa Bobba, R.O.
sostuvo que: “(f)rente a un ofrecimiento razonable de reparación por parte de

42
Julio César Báez, “Probation para delitos tributarios”, publicado en La Ley 2007-E.326.
43
En tal sentido Jorge Buompadre.
44
Francisco D’Albora, Código Procesal Penal de la Nación. Anotado. Comentado. Concordado”, 8va. edición
corregida y ampliada por Nicolás F. D’Albora, Ed. Abeledo Perrot, pág. 504.
45
Oscar Eduardo Romera, “Régimen Penal Tributario y de la Seguridad Social”, Ed. Ábaco de Rodolfo
Depalma, pág. 94.



43
un acusado de delito fiscal, no puede negarse el otorgamiento de la
probation, ya que se cumple así con el loable fin de la ley 24.316, esto es, la
rehabilitación de los que incursionaron en el delito y que se evite el estigma
de una condena” (del voto de la jueza Laura I. Casidoy, al que adhirió el juez
Carlos Vera Barros).-
La causa Walter Perrota que tramitara por ante el Tribunal Oral en lo
Penal Económico Nº 2, por recurso de casación interpuesto por la querella,
ingresó a la Sala II de la Cámara Nacional de Casación Penal. Dicho órgano
jurisdiccional confirmó –por el voto de la mayoría de sus integrantes- la
suspensión del proceso a prueba otorgada por el Tribunal en lo Penal
Económico Nº 2
46
.-
Ha menester transcribir los pasajes más destacados del voto de la
jueza Ángela E. Ledesma, al que adhirió el juez Gustavo Mitchel. Señaló la
aludida magistrada que: “De los textos de las leyes 24316 y 24769 no surge
que se encuentre prohibida la aplicación de la suspensión del juicio a prueba
para ninguno de los supuestos previstos en la actual ley penal tributaria ni en
la anterior”, añadiendo –luego- que “(e)ntiendo que no puede efectuarse una
interpretación analógica, a efectos de concluir que este tipo de delitos se
encuentre excluido del beneficio en cuestión, ya que no hay una previsión
expresa que establezca la prohibición. De lo contrario se vulneraría el
principio de legalidad previsto en los arts. 18 y 75 inc. 22 de la C.N.”. La
disidencia, en la mencionada causa, estuvo a cargo del juez Juan E. Fégoli,
quien sostuvo que: “(l)a hipótesis de aplicación de la ‘probation’ no
comprende a las leyes especiales, ello así toda vez que prevalecen estas
normas –en el caso la nro. 24.769- que ya contiene un régimen de suspensión
del trámite y de suspensión y sustitución de la pena estrechamente vinculada
a las características propias de los delitos que acuña.“.-
Las suspensiones del proceso a prueba otorgadas a Pardo García y
Piaskowski por los tribunales en lo Penal Económico Ns. 1 y 2,

46
Cfr. CNCP, Sala II, causa 8046 caratulada: “Perrota, Walter s/ recurso de casación”, del 9 de mayo de
2008.



44
respectivamente, fueron recurridas -en sendos procesos- por la parte
querellante -la Administración Federal de Ingresos Públicos-.-
El primero de los mencionados ingresó a la Sala II de la Cámara
Nacional de Casación Penal. Sostuvo en su voto el doctor Madueño que:
“Desde tal perspectiva, e ingresando al tratamiento del agravio traído a
estudio, puede trazarse una línea divisoria entre el instituto reglado por el
mentado art. 14 y la suspensión del juicio a prueba legislada en los arts. 76
bis y siguientes del código sustantivo. Así, en función del principio rector
supra señalado, la extinción de la acción respecto de los delitos tipificados por
la ley 23.771 exige que el infractor dé total cumplimiento a la deuda fiscal, de
donde el pago de la acreencia adquiere un lugar preponderante, pues sólo de
esa forma se salvaguarda la integridad de la hacienda pública que la ley
protege y cuya lesión provocó la evasión del tributo. Bien sostiene Chiara
Díaz, que el accionar evasivo está en principio acreditado al menos para los
organismos de recaudación, pero la incriminación y castigo son resignados en
función de ciertas condiciones, fundamentalmente del pago de la obligación
fiscal. (Confr. Carlos Alberto Chiara Díaz, “Ley Penal Tributaria y Previsional
Nº 24.769", Buenos Aires, 1997, pág. 311). Criterios valorativos que difieren
sustancialmente con la suspensión del proceso a prueba; adviértase que a
diferencia del anterior, este instituto tiende a la rehabilitación de quiénes han
incursionado en el delito evitándoles el estigma de una condena, para lo cual
se someten voluntariamente a un programa de reglas de conducta bajo el
control del Juez de Ejecución que le proporcionará guía y asistencia a través
del oficial de probation, donde la reparación del daño sólo procede en la
medida de lo posible, de forma tal que virtualmente se sitúa en un segundo
plano de importancia en relación con las razones de política criminal que
inspiraron el dictado de la norma. No se exige la reparación integral como
requisito sine qua non para su procedencia; quedando de todos modos
expedita la acción civil en caso de rechazo del ofrecimiento indemnizatorio
por parte del damnificado. De adverso, en materia impositiva la extinción de
la acción penal opera con el cumplimiento íntegro de la obligación fiscal, lo
que sin duda responde a presupuestos y principios jurídicos que difieren
sustancialmente de los que gobiernan los aspectos reparatorios del daño



45
causado por el delito a que se refiere el art. 29 del Código Penal. En este
sentido la solución legislativa se acerca a las previsiones del art. 64 del Código
Penal texto según ley 24.316 que extingue la acción con el pago de la multa
en el supuesto de delitos exclusivamente sancionados con esa especie de
pena.”.-
En tanto el fallo de segunda cita ingresó a la Sala III del referido órgano
jurisdiccional. Se sostuvo en ese precedente que: “Es que la interpretación
del artículo 10 de la ley 24.316, debe hacerse según lo dispone el artículo 4
del Código Penal de la Nación, el que establece la aplicación de las
disposiciones generales de ese código a todos los delitos previstos en leyes
especiales, en cuanto éstas no dispusieran lo contrario. En efecto, la
aplicación del artículo 76 bis es totalmente incompatible con la llamada ley
tributaria” (voto del juez Tragant al que adhirió el juez Rafael Riggi; disidencia
de la jueza Ángela Ledesma).-
También, cuadra destacar, el precedente Nanut
47
. En este fallo el juez
Tragant dijo: “Que el hecho por el cual el Sr. Fiscal requirió a fs. 701/705 la
elevación de la causa a juicio respecto de Daniel Nanut fue calificado como
delito de evasión simple (artículo 1 de la ley 24.769)….. Siendo ello así,
resulta aplicable en el presente caso la doctrina fijada por esta Cámara
Nacional de Casación Penal en el Plenario Nro. 5 in re "Kosuta Teresa
Ramona”, que impide otorgarle el beneficio de la suspensión del juicio a
prueba. Al respecto, cabe poner de resalto que nuestro más Alto tribunal ha
avalado la doctrina plenaria allí establecida al expresar en los autos
“Gregorchuk” (G.663.XXXVI rta. el 3/12/02) que “comparte y hace suyos los
argumentos expuestos por la Cámara Nacional de Casación Penal en el fallo
plenario "Kosuta, Teresa Ramona s/ recurso de casación" de fecha 17 de
agosto de 1999, en lo que atañe a cuál es el criterio interpretativo para
establecer el límite de la escala penal que habilitaría la viabilidad del
instituto, así como también en lo que respecta a su improcedencia en aquellos
supuestos en que respecto del delito imputado esté prevista pena de
inhabilitación como principal, conjunta o alternativa”. Que en el presente

47
Cfr. CNCP, causa Nº 7800, “Nanut, Daniel s/rec. de casación” del 13 de julio de 2007, Reg. 978.



46
caso la pena sobre la que debe examinarse la procedencia del instituto
previsto en el art. 76 bis y siguientes del Código Penal es la de reclusión o
prisión cuyo máximo en abstracto no exceda de tres años. La postura de este
Tribunal, como se dijo anteriormente es la establecida en el referido fallo
plenario ....”.-
La Sala “A” de la Cámara Nacional en lo Penal Económico, en fecha
reciente
48
, reconsideró el criterio sentado en los precedentes “Zabala” y
“Consultora Umplugged S.A. s/inf. Ley 24.769”
49
, y revocó la resolución del
Juzgado en lo Penal Tributario Nº 3, mediante la cual no se hacía lugar a la
probation, pese a que -si bien en forma condicional- el fiscal había
consentido la solicitud de suspensión del juicio a prueba.-
Aludiendo a los precedentes del más Alto Tribunal nacional, aunque
con la aclaración de que aquellos fallos no se hacen cargo expresamente de
la salvedad establecida por el art. 10 de la ley 24.316, la mentada Cámara
sustenta que si bien el citado artículo se refiere a la Ley Penal Tributaria por
su número, 23.771, y aunque quepa entender que sus términos sean
extensivos a la sancionada posteriormente, resulta preferible, conforme la
interpretación legal denominada “pro homine”, desechar aquella extensión y
entender –en cambio- que lo dispuesto por el art. 10 de la ley 24.316 no
concierne a lo establecido por la ley 24.769.-
VII. OTRAS CUESTIONES A TENER EN CUENTA.-
La Administración Federal de Ingresos Públicos, conforme lo establece
el art. 23 de la LPT, se encuentra facultada para asumir durante el proceso el
rol de querellante. Por tanto, deberá ser notificada del día y hora en que se
celebrara la audiencia establecida en el art. 293 del rito penal. Durante la
audiencia, tomará conocimiento del ofrecimiento de reparación formulado
por el imputado. De aceptarlo, el probado deberá cumplir la reparación como
condición de la extinción de la acción. El querellante debe decir si acepta o no

48
Cfr. CNPE, Sala “A”, en causa Nº 59.556, caratulada “Total Mader S.R.L. s/infracción Ley 24.769”, Reg. 391,
folio 541, del 28 de agosto de 2009.
49
Cfr. CNPE, Sala “A”, en causa Nº 58.939, caratulada “Consultora Umplugged S.A. s/inf. Ley 24.769”, Reg.
166, Folio 224, del 16 de abril de 2009.



47
la propuesta. De no aceptarlo -lo que no es vinculante para el órgano
jurisdiccional- tendrá habilitada la acción pertinente para ver realizado su
reclamo, y el imputado no deberá hacer entrega de lo ofrecido.-
Si el representante del Ministerio Público Fiscal prestó conformidad al
otorgamiento de la suspensión a prueba del proceso, empero la querella se
opuso a su concesión, y el tribunal hizo lugar a la solicitud del imputado, la
AFIP se encuentra legitimada para recurrir en casación y ante la Corte
Suprema de Justicia de la Nación, mediante el correspondiente recurso
extraordinario.-
Tanto el auto que deniega como el que concede la suspensión del
proceso a prueba son susceptibles de recurso de casación
50
y,
eventualmente, del extraordinario, conforme lo ha dejado sentado la C.S.J.N.
en los autos “Zunino, Edy” del 9 de marzo de 2004 y “Fiscal c/Vega, Adrián”
del 20 de diciembre de 2005.-
VIII. COLOFÓN
No hay prohibición expresa ni restricción aparente para aplicar la
suspensión del juicio a prueba respecto de los tipos penales consagrados en
la ley 24.769 que encuadren en las regulaciones del art. 76 bis y ss. del
Código Penal. De los textos de las leyes 24.316 y 24.769 no surge que se
encuentre prohibida la aplicación de la suspensión del juicio a prueba para
ninguno de los supuestos previstos en la actual ley penal tributaria ni en la
anterior. No es juicioso efectuar una interpretación analógica, a efectos de
concluir que este tipo de delitos se encuentre excluido del beneficio en
cuestión.-
La suspensión a prueba del proceso procede en todos los delitos de la
ley 24.769, siempre y cuando las penas con las que vienen conminados los

50
En la hipótesis que se deniegue -por parte del órgano jurisdiccional- la suspensión del proceso a prueba,
entra en juego el precedente “Casal” de la Corte Suprema de Justicia de la Nación (Fallos, 328:3399), habida
cuenta de que se debe garantizar a todo inculpado la posibilidad de la doble instancia judicial, conforme los
postulados de las convenciones internacionales de derechos humanos y lo sentado por la Corte
Interamericana de Derechos Humanos en el precedente “Herrera Ulloa vs Costa Rica”, del 2 de julio de 2004.
Cuadra recordar -asimismo- que la Comisión Interamericana consideró que el art. 8.2.h CADH, a diferencia
de su equivalente en la Convención Europea sobre Derechos Humanos, consagra ampliamente el derecho de
apelación a favor del inculpado respecto de todo auto procesal importante y no -exclusivamente- en orden a
la sentencia.-



48
tipos penales permitan -de recaer condena- que ésta sea de ejecución
condicional, y -además- se encuentren reunidos los restantes requisitos
establecidos para los supuestos del cuarto párrafo del art. 76 bis. del Código
Penal.-
Si el delito que se incrimina se encuentra conminado -además- con
pena de inhabilitación, el instituto contemplado en el art. 76 bis del código
de fondo será viable si el encausado ofrece abstenerse de proseguir con la
actividad reglada cuyo ejercicio -presuntamente delictual- facilitó la comisión
de alguno de los ilícitos tipificados en la ley penal tributaria.-
No se otorgará la probation –en ningún caso- a los funcionarios
públicos que en ejercicio o en ocasión de sus funciones tomen parte en la
comisión de los delitos tipificados en la ley 24.769.-
Si se tratare de un empleado público que ha tomado parte en la
comisión de alguno de los delitos tributarios, en ejercicio o en ocasión de su
empleo, cabría la posibilidad de que el instituto analizado le sea otorgado,
siempre y cuando ofrezca abstenerse de continuar en el empleo público
durante el plazo por el cual se le conceda la suspensión a prueba.-
En todos los casos, el dictamen favorable del ministerio público fiscal a
la concesión de la probation es vinculante para el tribunal, salvo que no se
configuren las restantes exigencias para su procedencia.-
El dictamen del fiscal mediante el cual no acuerda la concesión
de la probation, sólo será vinculante para el tribunal si se alegan razones de
política criminal legítimas, válidas y suficientes, puesto -sino- la suerte del
imputado quedaría exclusivamente en manos de una de las partes del
proceso, importando -por ende- un indebido desplazamiento de la potestad
jurisdiccional hacia el fiscal.-
El inculpado, para acceder al instituto de marras, deberá ofrecer la
reparación de los daños presuntamente generados, en la medida de sus
posibilidades económicas. No debe equipararse la mentada reparación a una
indemnización de índole civil.-



49
El incumplimiento reiterado y malicioso de tal carga conlleva a que la
suspensión a prueba sea revocada y -por ende- prosiga el proceso.-
Asimismo, la inobservancia reiterada e injustificada de la reglas de
conducta que se hayan impuesto, implica -también- la revocatoria de la
probation.-
Tanto el auto mediante el cual se otorgue o se deniegue el instituto
contemplado en el art. 76 bis del Código Penal, son susceptibles de recurso
de casación y extraordinario federal.-