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Fanzine de Ficción Especulativa Año 2 Número 6 Marzo / Abril 2002

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ISSN: 1578-150x
Beaufort 3
Eduardo Vaquerizo
La Mujer en Llamas
Frank Roger
El taxi
Chus Álvarez
La búsqueda de la verdad
Fabio Ferrera
Seres Blandos
Jose Antonio del Valle
Corriente de Conciencia
Robert J. Sawyer
Final Previsible
Sebastian Font
Genética
J. J. Arnau Moreno
El Anticrítico
Victor Conde
La razón de ser de la Ciencia-
Ficción
Carlos Gutierrez
Argumento
Damon Knight
G. K. Chesterton...
Iván de la Torre
Unas raices y algunas viñas
Mike Resnick
PULSAR 5 | Pág. 2
N O T A L E G A L I M P O R T A N TE
Todos los relatos e ilustraciones, críticas o comentarios, así como cualquier contenido no especificado aquí, conservan todos
los derechos asociados al © de su autor. El autor, único propietario de su obra, cede únicamente el derecho a publicarla en
PULSAR. Si se desea reproducir parte del contenido de PULSAR es obligado el solicitar permiso al autor.
No obstante, los derechos sobre el conjunto de PULSAR son © de Juan Carlos Valero Cerdá y Sebastian Font Martín, y
cualquier manipulación o venta está prohibida y será perseguida por la ley.
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Portada
Pedro Font
Editorial
Juan Carlos Valero
Nuevas Publicaciones
Staff PULSAR Fanzine
Beaufort 3
Eduardo Vaquerizo
La Mujer en Llamas
Frank Roger
El taxi
Chus Álvarez
La búsqueda de la verdad
Fabio Ferrera
Seres Blandos
Jose Antonio del Valle
Corriente de Conciencia
Robert J. Sawyer
Final Previsible
Sebastian Font
Genética
J. J. Arnau Moreno
El Anticrítico
Victor Conde
La razón de ser de la Ciencia-Ficción
Carlos Gutierrez
Argumento
Damon Knight
G. K. Chesterton...
Iván de la Torre
Unas raices y algunas viñas
Mike Resnick
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Revista de Literatura Especulativa
Año 2 - Número 6 - Marzo / Abril 2002
PULSAR es una revista de aficionados ( Fanzine ) editada sin ánimo de lucro y con fines de difusión cultural. Queda terminantemente prohibida la venta o
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ISSN: 1578-150X
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Cumpleaaaños feeeliz ...
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Febrero Marzo Abril Mayo Junio Julio Agosto Septi. Octubre Nov. Dic. Enero Feb. TOTAL
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1 0 0 0 147 279 33 10 83 29 21 6 40 10 658
2 0 0 0 0 0 252 116 119 34 26 9 59 13 628
3 0 0 0 0 0 0 0 346 90 47 0 50 12 545
4 0 0 0 0 0 0 0 0 0 167 62 84 18 331
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Por Juan Carlos Valero
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s curioso, pero ya hace un año que estamos en la calle. Un año de prisas, de sustos y de
impaciencias. Un año de cumplir con lo divertido de la tarea del editor, y con todo lo malo
que lleva consigo y que todo faneditor conoce. Un año de pelear con esas personas que
te dicen que “como puedes estar sacando esto gratis, cobra por ello” y que por mucho que lo
intentas no entienden que es divertido. Y que lo haces porque quieres. Porque aunque parezca
utópico, en este mundo donde pretenden cobrarnos por absolutamente todo, queremos que este
fanzine sea totalmente gratuíto.
Ya lo explicamos en su dia, nosotros movemos parte del proceso de la creación del fanzine, de nuestras
manos a las manos del lector. Tradicionalmente los fanzines cobran ( aunque no siempre es asi ) aquello que
les ha costado la impresion mas un pequeño extra para cubrir los gastos. Nosotros no cobramos nada. En
contrapartida el gasto de impresion, si lo desea, es asumido por el lector. Y si el lector no desea imprimirlo,
basta con que lo lea por pantalla... eso si, advertimos que la revista se compone de tal manera que el mejor
resultado de su lectura se obtiene leyendolo en papel...
Y, logicamente, si hablamos de distribución, tenemos que hablar de lectores. Si, ya lo se, ultimamente no
os bombardeo con estas estadísticas que mas parecen autobombo que otra cosa ( como ya me ha recriminado
alguno que otro... 8)) ), pero creo que es interesante que las veais. Mas si teneis en cuenta que no realizamos
campañas montruosas de publicidad, apenas unos mensajes de aviso en algunos grupos de discusión o listas
de correo. El resto es boca a boca.
Y, a la vista de las cifras, creo que falta ya poco para alcanzar la velocidad de escape.
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Nuevas publicaciones
Por Juan Carlos Valero
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n tan solo un año hemos tenido la suerte, casi el privilegio podríamos decir, de ver
como Victor Conde pasaba de ser uno más de los autores que luchan por publicar, a
formar parte del grupo privilegiado de autores con
obra publicada. “Piscis de Zhintra” es la opera prima de
Victor en el formato de libro. Artifex Ediciones, editorial
amateur que nos deleita ya con su linea editorial en “Artifex
segunda época”, es la editorial que nos ofrece este trabajo
de Victor.
En “Piscis de Zhintra” nos encontramos con las aven-
turas de una chica en una sucesión de escenarios exóticos,
en persecución de un semidios, y con la persecución de sus
enemigos, mercenarios y corporaciones de por medio.
Con una portada de Luis Royo, que podeis observar
en la foto adjunta, la novela está disponible desde este
mes de marzo y puede ser adquirida directamente en arti-
fex ( artifex@aefcf.es ), a través de Dragonlibros ( http://
www.dragonlibros.com ) o mediante la distribuidora Distri-
magen ( http://www.distrimagen.es ).
Tratándose de uno de nuestros colaboradores habitua-
les, y conociendo su gran capacidad literaria, no podemos
por menos que recomendároslo. Eso si, esperamos que este aumento de popularidad de Victor
no lo aleje de nuestro lado 8-)))
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ste ha sido, indudablemente, el año de Angel Torres Quesada.
Angel, a quien tuvimos la oportunidad de conocer en la pasada
HISPACON, y a quien no podemos mas que agradecer su ama-
bilidad y buen hacer literario, nos presenta en “Sombras en la eterni-
dad” un libro que llama a una segunda lectura. Una obra que trata con
los entresijos del tiempo y con una posible ucronía emplazada en la
época de las cruzadas y con los Templarios como hilo conductor. En el
fondo, no deja de tratarse de poner en entredicho el mismo concepto
de realidad... y desde luego no pensamos desvelaros nada mas. Tan
solo recomendárosla y esperar disfruteis de ella como nosotros.
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Beaufort 3
Por Eduardo Vaquerizo
Comentario del autor
Ilustración de Marc Bech
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urante dos días todo era nuevo, alegre, nadie parecía marearse, cabos y nudos, el
suelo que se mueve, las velas, el timón, y yo el patrón tolerante, el lobo mar que
dirige a su tripulación de novatos. Y el mar calmo, viento fuerza Beaufort 3, el
sonido del casco partiendo el agua, el sol alto y el barómetro estable, muy por encima de los 750 milímetros.
Juan y Cristina, Esther y Pedro; yo, todos amigos desde la universidad.
Subieron a bordo en Cartagena, donde tengo amarrado el yate. Costeamos el cabo de gata, mareos,
cabuyería, las maniobras básicas, las ceñidas, los cambios de amura y los atardeceres fabulosos del medi-
terráneo con buen tiempo: el sol hundiéndose con pereza mientras las cervezas y las risas iban y venían y
recuperábamos las intimidades en el gesto, los recuerdos borrados. Los vacíos de tiempo muerto se llenaban
con la mirada dulce de Esther, la sonrisa cínica de Pedro, Juan y sus silencios tan expresivos y Cristina, la
oportunidad que quedo atrás junto con todos aquellos años y que por eso precisamente era más dulce, más
tentadora, un error nostálgico embellecido por el paso del tiempo. Disfruté, tanto tiempo después, de sus ojos
cálidos mirando a la línea del horizonte como si nada más que ellos y el mar cupiesen en el mundo.
Juan fue el que más rápido se acostumbró al mar. Alto y fuerte su cuerpo había ganado en solidez, su
rostro en profundidad, sin embargo su mirada no había cambiado, seguía siendo misteriosa y difícil de mante-
ner. Aprendía más rápido que nadie, a los cinco días de salir ya aparejaba. Siempre tan eficaz, tan modesto,
don perfecto lo llamábamos y él se reía y negaba con la cabeza. Quizás por eso yo nunca estuve cómodo
junto a él. Intuía un secreto orgullo, una empalizada protegida por armas terribles que le daban esa seguridad
interior que no necesita demostrarse. Todos sabían que entre nosotros dos había una rivalidad larvada, una
fría distancia que, a lo largo del tiempo, no solo me había separado de Juan sino también del resto del grupo;
una distancia que desapareció como derretida por un sol interior cuando Cristina y yo pudimos hablar a solas.
Cristina, delgada, tierna, fuerte. Antes que formásemos una pandilla de repetidores mezclados los ociosos, los
locos y los idealistas ella y yo éramos amigos, tímidos amigos que estudiábamos juntos sin importarnos aque-
llos apuntes olvidados que insistíamos en aprender con esfuerzo entre palabras y cálidas risas, unas estúpidas
asignaturas olvidadas cien veces, deglutidas y codificadas hoy en día en indelebles sensaciones de calidez en
la piel del corazón.
Cuando cruzamos el estrecho los dioses que nos acompañaban con sus designios benignos quedaron
atrás, encogidos por el miedo en su viejo feudo mediterráneo, limitados por la frontera en las columnas de
Hércules. Nos dieron la bienvenida la crudeza cachazuda de los dioses atlánticos, terribles ases vikingos eno-
jados con el mundo por ser demasiado suave para sus ansias de lucha.
Sin decir demasiado a los otros, no me perdía ningún parte meteorológico y vigilaba continuamente al
barómetro. Los primeros días teníamos dos rizos de vela fuera y el barco, todos mis ahorros, once metros de
plástico y madera, navegaba veloz en busca de las islas Canarias. Las olas eran grandes y poco arboladas y la
bañera cabeceaba suavemente, casi como un caballo al galope, una delicia. Oscilábamos entre aparejo a topo
Hay cuentos en los que mas de la mitad es el escenario. Se convierte éste en el
protagonista y se come a los personajes e incluso a la trama.
No voy a decir que esa situación sea buena, o recomendable, pero a veces tiene su
gracia. Es lo que me pasó al escribir este cuento, quizá no hay que imaginar nada
lejano y de otro mundo para describir luchas titánicas y terribles, basta un barco
de vela y una tormenta en alta mar.
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y foque grande o ir reduciendo foque y rizos según el viento. Esther era la que peor lo llevaba, se enredaba
con los cabos, el timón era mejor que no lo tocase, pero cocinaba estupendamente. Pedro, su marido, era un
marino no brillante pero sí útil, igual que Cristina a la que solo la limitaba su escasa fuerza.
Me sorprendió que tantos días encerrados en el barco no hubiesen generado ya roces, pero no, estábamos
a gusto, habíamos recuperado los viejos papeles con la alegría de someterse temporalmente a la nostalgia, a
un pasado despreocupado que quizá nunca existió y que generaban una tenue seda en la que envolver todas las
aristas de nuestras relaciones actuales. Esther volvía a ser dicharachera, la despreocupada adolescente entrada
en carnes que había demostrado más de una vez ser la madre a la que todos acudíamos en busca de alegría o
consuelo según las circunstancias. Qué lejos esa imagen de la de una eficaz interventora en una sucursal del
Banco de Comercio. Pedro nunca había sido el número uno en nada, pero siempre estaba ahí, esforzándose,
pegándose de cabeza contra los problemas hasta que conseguía derribar con insistencia cualquier dificultad.
Juan y yo volvíamos a competir, suave y agradable competencia por la frase más ingeniosa, la habilidad más
acerada, quizá también por Cristina que nos miraba a todos como desde dentro de nuestro propio corazón,
riendo en silencio y disfrutando del viaje.
Todo confortablemente igual salvo que a mí me hubiera gustado que Cristina no me huyese y que Juan
buscase menos, mi compañía. Juan, el amigo, el camarada; Cristina, lejos evitando las familiaridades dema-
siado íntimas haciendo más notable que no había nada importante que ocultar. El mar —decía Cristina a
menudo— es como otro mundo. Quizá tenía razón, quizá sacarnos al mar, aislarnos, nos había hecho regresar
realmente al tiempo ya perdido, un simulacro perfecto construido sobre una isla de madera. Me sentía tonto y
todavía joven y apasionado cuando, días antes, aún en la costa, ya me había convencido de ser un viejo harto
de la vida. Me palpitaba el pecho según la miraba recostada sobre la toldilla. Al instante recuperaba su imagen
abrazada a unos libros y una carpeta, mirándome con sus grandes ojos. Me era fácil suprimir lo sucedido desde
entonces, todos estos años ella había estado mirándome sin reposo desde un imaginado espacio inmóvil, ajeno
al tiempo, un espacio dónde permanecía tal y como yo la había deseado hasta aquel viaje revelador.
No hablábamos mucho. Abundaba el silencio y un lenguaje de miradas y tácitas asunciones que nos
mantenían en ese frágil y mudo escenario inventado. Me hubiese fastidiado una actitud paternalista, desem-
polvar el viejo catalogo de “yo hago.. tú haces” “yo estoy con... tú estas con...”. Al fin y al cabo que no hubiese
conseguido mantener una relación no me calificaba de absoluto infeliz. Era problema mío y si se sentían
culpables, todo parejitas y arrumacos, peor para ellos. Todo eso no pasaba por mi cabeza, lo reflejo ahora,
analizando los recuerdos, lo cual es una forma de destruirlos. Entonces solo era feliz, la llanura del mar, azul,
picada de espuma y el viento sobre la cara agitando el poco pelo que me quedaba, todo eso me hacia sonreír
y esa sonrisa parecía que me alimentaba el ánimo y el de todos, porque las cenas eran bulliciosas y alegres,
abriendo latas en las estrecheces del camarote, alguna botella de champaña, el sonido del mar contra la amura.
Las sobremesas tumbados en cubierta y contemplando el atardecer se extendían largo rato dentro de noches
tan amplias como solo el mar es capaz de alojar.
Era todo lo que deseaba, así por siempre.
Pero no hay bien ni mal que cien años dure. El barómetro había estado bajando continuamente en
dirección a los fatídicos 750 milímetros. Aquella tarde navegamos a barlovento, el viento fue refrescando
y a medianoche chillaba sobre la cubierta. Había una corriente en esa zona que se movía contra el viento,
levantando mar gruesa. Teníamos un optimista exceso de trapo, así que le dije a Pedro que tomase un rizo a la
mayor, pero que mantuviese el rizo de trabajo. Aquella noche no dormiríamos, era una locura con ese mar tan
inestable. No había todavía nubes y la luna ardía en cuarto creciente iluminando el cielo con una gran mancha
blanquecina. El mar estaba cubierto de oscuridad y espuma, roto en astillas de brillo lunar. Durante la cena
escuché la radio con aprensión. El parte decía que el tiempo empeoraría, una borrasca tal vez. Yo había estado
en más de una, ellos no y me sentía culpable de su miedo. Se habían acabado las risas y las bromas, salvo las
mías que sonaban un poco forzadas, falsas. A los primeros embates serios de mar contra el casco los sentí más
cerca de mí que nunca. Era su anclaje a la vida en medio de aquella furia salada.
Hacia la una y media decidí tomar otro rizo. Para entonces algunas nubes habían cubierto el cielo. Las
olas habían empezado a barrer la cubierta así que le dije a Cristina y a Pedro que se asegurasen que todo estaba
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sujeto, incluidos ellos mismos. La maldita cubierta hacía aguas. Era de madera, un trabajo artesano, pero
más frágil que el plástico o el aluminio. Estaba construida de tablones machihembrados y los esfuerzos de la
navegación hacia barlovento habían abierto ranuras por las que se colaba el agua hasta el camarote. Esther me
dijo gritando sobre el estruendo del viento que las camas estaban empapadas. Poco me importaba, no íbamos
a dormir aquélla noche.
Establecimos turnos en cubierta y comenzamos la larga noche de vigilia. Me aferraba al timón como
un poseso. Cada poco minutos una ola grande me caía encima y sentía como la lana de mi jersey se iba empa-
pando poco a poco pese al traje de agua. No perdía ojo de la fosforescencia de la brújula y cuando miraba el
velocímetro me daba cuenta que íbamos rápido, muy rápido, casi como si aquello fuese una regata de las que
siempre me había negado a participar. El cansancio me vencía, hubiese tenido que dejar el timón reposar un
par de horas y volver después, eso o variar el rumbo, desarbolar el barco y esperar, pero no, preferí atravesar
la tormenta cuanto antes. Había mucho agua en la bañera y la bomba de achique funcionaba demasiado lenta-
mente para el mar que navegábamos.
Insistí en seguir al timón hora tras hora, ellos no sabían apenas navegar, pero el sueño me vencía irreme-
diablemente, era una locura seguir pilotando y aumentar la posibilidad de cometer un error fatal. Lo pensé, le
di vueltas, ¿podía fiarme de uno de ellos al timón? Habían aprendido como equilibrar las ceñidas, como evitar
los cabeceos bruscos y sujetar el barco para que no rolase demasiado. Decidí que sí, que podía fiarme, pero
solo si era Juan quién tomaba mi relevo. Aceptó su responsabilidad con una sonrisa y un gesto de confianza
que me fastidió. Pero no era momento de rivalidades, necesitaba descansar y el tiempo podía empeorar. Antes
de dejar a Juan el timón, le pedí que cambiase el foque, el que teníamos era demasiado grande. Podríamos
haber pasado sin él, pero le hice ir a cambiarlo quizás como última resistencia, el último poder de un capitán
destronado. Había ya envergado los mosquetones del foque pequeño, trabajo nada agradable en medio de una
mar embravecida y con el barco moviéndose para todos los lados, cuando el estay de boza de estribor partió su
tensor, saltó como una serpiente furiosa y le golpeó en el pecho. Escuché como resonó el golpe y a la escasa
luz de los faroles de posición le vi saltar por la borda, el impermeable amarillo perdiéndose atrás, en la inmen-
sidad de espuma agitada. No llevaba cable de seguridad. Un terror súbito subió hasta mi conciencia mientras
evaluaba todas las posibilidades en medio de una inundación de adrenalina. El estay se había enrollado por
sí solo alrededor de todo la arboladura. No podía subir ni arriar nada, no podía parar, intentar dar una ceñida
con ese viento hubiese significado volcar el barco o partir el palo. No llevaba cable de seguridad ¿Por qué
no llevaba enganchado el mosquetón? ¿Quizás no se lo había dicho suficientemente claro? ¿Acaso no había
mencionado ese hecho sin importancia, esa medida de seguridad rutinaria con mar gruesa?.
No lo recordaba, no lo recuerdo.
Estaba solo sobre la cubierta y aquello ya no era una pequeña dificultad en un crucero de placer. Sabía
que tenía que gritar, llamar a los otros, pero durante una eternidad concentrada en un segundo, no pude
moverme, no escuchaba al viento, no sentía las olas sobre el rostro, todo era un asombro de negritud, de
espuma salvaje ¿Por qué no llevaba enganchado el mosquetón?
Después mi pecho estalló, grité y todos subieron arriba. Dejé en el timón a Pedro y arrié la mayor cor-
tando el estay. El barco se detuvo y quedó al pairo agitado de mala manera por cada ola que arribaba contra él.
Había que largar el ancla de arrastre enseguida no podíamos quedar de costado contra el viento, una ola podría
hundirnos. Pero había algo más urgente. Con manos temblorosas abrí la caja de metal bajo el timón saque la
pistola de señales y lancé una bengala. Luego tomé el bichero de la amura y medio me colgué de la borda.
El mar era un infierno de espuma y negrura. Miré atrás un momento: el reflejo de la bengala me permitió
ver los rostros de los otros, mojados, angustiados, y el de Cristina, ese perfil de nariz recta y los ojos negros,
inundados de lágrimas o de agua, no lo sé.
No lo encontré, por más de media hora en que el barco se movía como una cáscara de nuez sin gobierno,
escudriñé las olas, grité su nombre, lancé bengalas, todo sin éxito. No había más opción, dejé a Esther y
Cristina vigilando el agua e icé la mesana para mantener el yate contra el viento. Luego anoté la posición del
GPS e intenté llamar por radio y dar parte. No pude. El agua que había penetrado en la bañera había mojado
el equipo. Sin decir nada, me aseguré que arriba todos estaban sujetos por los cables de seguridad, que Pedro
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se hacía con el timón y comencé a desmontar la radio, a intentar secarla para que funcionase. Eso era mejor
que detenerse a pensar, que mirarlos a los ojos.
Tras una hora larga e infructuosa Cristina y Esther volvieron al camarote. Cristina lloraba en privado, en
un rincón, como avergonzada de hacerlo. Esther se sentaba a su lado sin decir nada. La radio estaba comple-
tamente inservible pero peleaba por reconstruirla sin ningún éxito, sabiéndolo de antemano, pero incapaz de
levantar la vista y mirarla.
Las horas de aquella noche negra pasaron muy lentas. Subí al timón y mandé a Pedro abajo. Me agarré
a la rueda imaginando, mientras el mar me empapaba con cada ola, cuanto le quedaría de vida, sostenido por
el chaleco y el frío penetrando en la piel, en la carne, clavando sus dientes en los huesos. Y la sed, millones de
litros de agua a tu alrededor y la sed destrozando la mente, hinchando la lengua, Dos, tres días a lo sumo.
A la mañana la borrasca remitió convertida en viento largo y fuerte. Largué un rizo de mayor y el foque
pequeño y comencé a navegar en círculos concéntricos alrededor de la posición estimada en la que había caído
Juan al agua. Todos buscamos entre las olas el naranja del chaleco durante muchas horas, hasta que, a fuerza
de mirar el mar, el universo fue solo espuma y agua, olas interminables.
No encontramos nada.
El día pasó y llegó la noche en calma, sin apenas viento.
Lo lógico hubiera sido reparar el estay y continuar, la tormenta podía volver, pero no quise, ni siquiera
lo plantee. Juan estaba flotando, en algún lugar de aquella inmensidad y casi podía sentir sus pensamientos y
vivir su agonía.
La noche dio paso a un día perfecto, de sol y viento agradables. Los dioses atlánticos parecían compla-
cidos del sacrificio. Todos habíamos perdido la esperanza. Pasé la mañana en cubierta, dormitando mientras
Pedro timoneaba. A la tarde subí al palo, izé un rizo de la mayor y cambie el foque. Comenzamos a navegar
hacia las Canarias. El viento arreció al atardecer. Con tanto viento volábamos. Apretaba los dientes y le exigía
todo al barco, diez nudos por encima de lo que hubiera sido aconsejable. Quedaba a lo sumo, una semana
hasta Las Palmas. Pensaba que quizá antes nos cruzaríamos con otro barco y podríamos informar al servicio
de rescate.
Esther me subió un termo de sopa caliente y yo ni la miré mientras intentaba dejar de pensar en Juan y
navegar cada vez más rápido, llegar y que desembarcasen, que saliesen de mi barco y de mi vida, no volver
a verlos y quizá olvidar así lo que había sucedido. Permanecí al timón todo aquel tiempo, hora tras hora de
aquella segunda noche sin Juan. Masticaba ideas negras y pegajosas como pez, dándoles vueltas y sintiéndolas
atascarse en la garganta.
Cristina subió a cubierta a eso de las cuatro, me sorprendió ver el brillo de la linterna y una silueta
delgada de la que colgaba un impermeable demasiado grande. No me moví, seguí con los ojos obstinadamente
fijos en la brújula. Se apoyó en la limera. No dijo nada, estuvo allí, callada, agarrada y mirando al mar largo
rato. Tuve que levantar la vista, tuve que mirarla y de algún modo, verla más grande, más profunda y poderosa
que el mar que nos rodeaba. Era el ángel de la culpa, de alas más grandes y terribles que la peor de las tormen-
tas. Se acercó agarrándose para no caer. Me tomó la mano que mantenía al timón y me miró de cerca, de muy
cerca. Algo se disolvió, se licuó en mi interior y luego ardió en vapor que quemaba, que irradiaba de mi piel y
cubría todo a mí alrededor hasta construir una capa de conciencia en las cosas que nunca antes habían tenido,
una nueva costra de significado que brillaba sobre el mundo transformándolo.
Ella se retiró enseguida, me soltó y regresó al interior por la escotilla del tambucho.
El cielo y el mar, negrura y sal, y aquel pedazo de madera y yo sobre él. Sonreí.
Pero había algo más; algo sin ojos que me miraba; algo sin oídos y sin nariz que me olfateaba y me oía
respirar agitadamente. Me volví sintiendo como si estuviesen a punto de golpearme con un martillo. No había
nada a babor, a estribor, nada, olas y noche, olas y noche sin fin.
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Hacía falta largar otro rizo de la mayor, aseguré el timón y me puse a trabajar en el palo. Intenté olvidar
esa sensación que se fue apagando según me dominaba la lucha contra el viento y el agua, anudar cabos y
tirar de la vela mojada hacia arriba, sentir el embate de las olas y el sabor salado del aire. Pero bastó acabar
el trabajo para que la amenaza, oscura y concentrada, volviese a mí. Tenía prisa, necesitaba salir corriendo a
ocultarme bajo cubierta, cerrar los ojos y acurrucarme. No podía, estaba el mar, estaba el barco. No cejé, seguí
dando giros de winche, elevando una línea más de rizos en la mayor.
Sin previo aviso, una ola monstruosa, casi tan alta como el propio palo, vino del mar, de la oscuridad
agitada y me cayó encima como un enorme peso muerto desprendido de una inverosímil altura. El aire desapa-
reció, estaba dentro de un agresivo universo acuático repleto de sabor a sal atacándome la garganta. Lo supe
como un disparo justo en el centro del pecho: no llevaba la cuerda de seguridad. Aguanté la respiración mien-
tras, a ciegas, me agarraba al pasamanos del tambucho. Noté como el barco había escorado brutalmente y se
recuperaba con lentitud mientras desalojaba agua como
podía. Casi había volcado. El agua luchó por arrastrarme
pero me aferré al metal hasta que la presión cedió y
pude incorporarme y volver al timón. Aproé al viento
con el tiempo justo, cayó una segunda ola más grande
aún, gigantesca. Se elevó sobre la proa como la cabeza
de una serpiente tallada en la pared de un acantilado,
un reptil de maligno color verde a punto de morder. Se
desplomó un enorme peso muerto de agua marina que
aplastó al barco como una alimaña. Volví a estar sumer-
gido y el barco —mi barco comprado barato, más mari-
nero de lo que yo creía— cabeceó de arriba abajo y salió
a flote con valentía.
Toda la noche siguió igual y el día siguiente. La
borrasca había vuelto.
Terminé de instruir a Pedro y a Cristina en el
manejo del timón. Cristina me miraba siempre atenta,
ya sin lágrimas, también sin reproches, pero aún empa-
pada de pena. Había perdido la sonrisa sustituida por un
abismo que la volvía una sombra épica mientras timo-
neaba y el pelo no paraba de agitarse al viento. Pedro,
duro y terco como una roca, trabajaba sin descanso por
nuestra supervivencia y Esther colaboraba con lo que
podía, y sobre todo llevando el peso de la angustia, pro-
nunciando y hablando de quien no se podía hablar, pen-
sando por todos más allá de la mera supervivencia.
A pesar del trabajo incansable sentía los pelos de la nuca perpetuamente erizado. Algo invisible, grande,
reluciente y aterrador como el brillo de una guadaña en la oscuridad, seguía acechándome. Había sido mala
suerte, una cuerda sin asegurar, un golpe de mar, mala fortuna, la ley de Murphy. Eso quería creer, pero había
una voz interior que siempre dudaba. Él desaparecido, Cristina para tí. El algo que me acechaba se alimen-
taba de esa voz maligna. Era como un pensamiento que se hubiera hecho humo, como un humo que se diluyese
lentamente en agua sucia y esa agua fuese finalmente una mano que mueve la rueda del timón en la dirección
equivocada y casi parte la caña; un viento que recrudece, enreda un foque y lo destroza; una niebla espesa que
envenena el alma con la perpetua sensación de que todo va mal, que alguien espera oculto para acogotarnos
de un golpe seco y fatal que parta maderas y acero.
Era insoportable.
Ni siquiera cuando dormía podía librarme del acoso. Cuando me tendía en el catre era como deslizarse
en un pozo que se ensanchaba, cada vez más profundo, frío y húmedo, hasta que ya no tenía paredes, tocaba
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el fondo del mar y criaturas aún sin nombre me miraban mostrando fosforescencias amenazantes, bocas des-
comunales. Me movía flotando entre helechos abisales y nubes de barro y encontraba recuerdos encallados
en el fango leproso: un libro de cálculo diferencial, un ticket de cine usado, las llaves del coche de mi padre.
Siempre con sorpresa, descubría mirando a la pared de cristal que aquello no era mar abierto, que estaba en la
pecera que el colegio mayor de Cristina tenía en la puerta. Ella pasaba riendo, sola, abrazada a sus libros y yo
la miraba desde el otro lado del cristal. Me despertaba temblando, sin sensación de haber descansado y subía
de nuevo a pelearme con la tormenta. No le hablé a nadie de mis terrores. Me merecía aquello, mi castigo eran
las largas horas al timón sintiendo como aquellos colmillos invisibles se me clavaban lentamente en el alma.
El día fue largo y tenebroso. Cuando llegó la noche apenas supuso diferencia. Pronto no supe, ninguno
supimos, en que día estábamos, cuánto quedaba para llegar. Solo había oscuridad, agua, turnos de tres horas
y el viento gimiendo como una banshee enloquecida. El flamear de la vela, los obenques vibrando, las olas
golpeando el casco y barriendo la cubierta, era el coro de la locura que hora tras hora escuchábamos. Si miraba
al cielo, lo imaginaba bajando como una prensa hidráulica, imparable hasta hacernos sumergir, hundirnos y
estrujarnos contra el mar.
Era el tercer día de Tormenta. Aquella noche la borrasca recrudeció. El cansancio y el permanente estado
de terror me hacían ver sombras corrían justo por el borde del campo visual, extraños reflejos de la luz de
posición sobre la vela que se confundían con la silueta de un hombre.
Parecía que aquel infierno fuese a durar para siempre.
Bajé a dormir unas horas y justo al siguiente turno las cosas se pusieron de nuevo difíciles. No sabíamos
a que dios habíamos ofendido, pero desde luego no tenía buen humor. Empezó a llover y el viento volvió a
aumentar. Esperé un pequeño remanso para cazar la mayor, asegurar el timón y acuartelar el foque.
En el club náutico existía el dicho de que no hay manera de medir lo malo que es el mal tiempo en alta
mar, siempre es peor de lo que uno se imagina. El viento siguió aumentando durante horas hasta que decidí
arriar todas las velas antes de que se desgarrasen. Arriamos la mayor y el foque con la ayuda de todos. Los
relámpagos y los truenos eran terribles. Había que conseguir que el barco empopase solo a las olas y para eso
lo mejor era largar un ancla de capa y dejar la mesana pequeña envergada. Izamos a toda prisa la vela de capa y
el tormentín. Las olas empezaron inmediatamente a atacarnos por la popa con peligro de hacernos transluchar
a cada movimiento del timón. Había decidido intentar aguantar a la capa ese nuevo embate de borrasca pero
era imposible. El viento ya era fuerza 8 y no existía la distinción entre agua y aire, todo era una confusión de
espuma y viento sin ningún horizonte al que someterse.
En medio del esfuerzo de arriar, achicotar, envergar, asegurar, sentía la inminencia de algo enorme, peli-
groso, acumulando fuerzas. No había escapatoria. No lo sentí por mí, sino por Cristina, por Pedro y Esther,
para mí era casi mejor ¿Qué iba a ocurrir después, si conseguíamos llegar a Las Palmas? Solo había incóg-
nitas, y debajo, nadando a mucha profundidad, deseos, esperanzas terribles y obscenas. A Juan no lo iban a
encontrar. Una parte de mi mente —muy tenaz, decidida a pasar por encima de todo— seguía viendo a Cristina
y añorando el tacto de su piel y el terciopelo de su voz, imaginando que el universo era otro y estábamos los
dos juntos, dos tazas de café, unos apuntes sin sentido y mucho tiempo para verla sonreír.
El viento siguió aumentando en rachas huracanadas, no íbamos bien con el ancla de capa, el temporal
nos zarandeaba demasiado. Había que tener cuidado, una vez pasado cierto límite de escora no nos recupera-
ríamos.
Teníamos que cabalgar el viento. No lo había hecho nunca, cuando eres un marino de fin de semana
como yo no se sale a navegar con borrasca. La teoría decía que había que largar vela y dejar que el viento te
empuje a la misma velocidad o un poco menor que la de las olas. Le dije a Pedro y a Cristina que trincasen
la mitad inferior del foque y yo icé unos metros, solo algunos, el puño de driza. La mayor se hinchó, el barco
empezó a orientarse en la dirección del viento y a recibir las olas de popa. Cristina cogió el timón y la ayudé
tras largar diez metros el ancla de capa que actuaría como freno si corríamos demasiado. Así comenzó la
carrera, empujados por la borrasca cabalgábamos las olas una tras otra, subíamos y bajábamos, nos balanceá-
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bamos locamente dando alguna pequeña ceñida para corregir. Cuando superábamos la velocidad de las olas,
amollaba el cabo del ancla hasta notar el descenso de velocidad, luego volvía a soltar y el barco brincaba
veloz.
No había luz de luna bajo aquellas nubes espesas. No veíamos venir las olas y algunas casi nos tapaban
por completo. Si hubiese sido solo el mar hubiera sido soportable. Pero durante toda la tarde, lentamente,
rodando como una gran bola que se acercaba, la sensación crecía y crecía. El viento parecía hablar, las som-
bras eran más espesas que la tinta, la noche se había convertido en una oscura cavidad colmada de terrores
eternos.
Y llegó, sin avisar, la condensación de toda aquella tensión innatural. Sentí la ráfaga de viento poderoso
cambiando de dirección. Escuché el crujido como una explosión y sentí retemblar las tablas de la cubierta. El
palo partido, la vela, todos los aparejos incluyendo la botavara, pasaron zumbando por encima de nosotros y
quedaron colgando del barco por estribor, escorándonos y haciendo virar la proa hasta ponernos de costado a
las olas. La siguiente ola nos haría volcar. Era una tentación dejarse llevar por el pánico, pero la rabia estaba
ahí circulando por mis venas. Con ganas de reír como un demente cogí mi cuchillo del cinto y corté los cabos,
todo el aparejo se fue al fondo. Corté también el ancla de capa. Sin vela no nos servía nada más que de lastre.
No teníamos nada más que el timón, éramos un corcho al pairo en medio de una inmensidad de montañas
acuáticas que se derrumbaban sobre nosotros. Las olas que habíamos estando dejando pasar lentamente bajo
nosotros cuando rolábamos viento en popa, nos caían encima como martillos escorándonos salvajemente,
forzando la capacidad de la quilla. Al final terminaríamos por volcar, lo estaba viendo venir. Lo mejor era
preparar la balsa y abandonar el barco pero no podía rendirme, todavía quedaban unos dos metros de palo.
Até los restos del foque a la parte de arriba y, lentamente, la vela fue colocando el barco empopado. Era casi
suficiente, tenía que ayudar con el timón todo el rato. Grité y fueron a buscar a Esther. Mejor todos arriba.
Pedro preparó el bote neumático. Resistimos no sé cuanto tiempo, el cansancio era mucho y el viento seguía
gritando incasable, la lluvia tamborileaba sobre la cubierta y las olas no dejaban de venir, siempre imparables,
demoledoras. Miraba sus rostros como reflejos vivos de mi propia impotencia. Estaban demacrados, torpes,
empapados, exhaustos. Quedarían apenas una hora para el amanecer, pero lo mismo daba, no había aurora
posible en aquel infierno. Ni amanecer, ni perdón, debíamos ir al fondo, acompañarlo en su mortaja de algas
y fango. Grité con todas mis fuerzas. Ya no había culpa, solo rabia, solo terror cristalizado en un desafío.
Los desafiaba a que nos venciesen, a que hundiesen aquel cascarón desarbolado, él y quizá los dioses de la
tormenta no eran bastante para vencernos, les dije con la arrogancia de la desesperación.
Entonces llegó la ola, treinta metros de mar alzándose como un castillo de espuma. El barco giró en la
resaca inicial y luché con el timón por conseguir una orientación favorable. Apretaba los dientes hasta que
me dolieron las encías. Llegó el agua, un ariete líquido que barrió la cubierta e hizo crujir el casco. El barco
escoró con rapidez, se resistió luego, pero la ola no terminaba, la presión no cedía. Teníamos 35 o 40 grados de
inclinación en la cubierta y nos agarrábamos a lo que podíamos para no caer al mar. Cristina resbaló y la sujeté
contra mí. La balsa se había soltado y se alejaba. Lentamente llegábamos a la posición de máxima inclinación,
estábamos ya casi al otro lado, el de las algas y las profundidades silenciosas por siempre. Agarré a Cristina
con fuerza y chillé, eché fuera todo la energía que me quedaba en un insulto salvaje. Sí, era culpable de no
haberle dicho que se atase. Sí, incluso había pensado alguna vez que si no hubiera sido por su culpa estaría al
lado de ella. Incluso puede que aquella tarde no le hubiese advertido lo suficiente de la fuerza de una tormenta
en el mar pensando que “ya que era tan listo...” Pero eso no le daba derecho, aún estábamos vivos, no podía
reclamarnos. El barco se movió con una lentitud horrible... 45 grados, 50... pendíamos de un hilo, dos grados
más y volcaríamos. Cristina, tan cerca de mí, me miraba en calma y se apretaba contra mí. Sentí desaparecer
la angustia, cedió, se fue, la ola terminó y lentamente empezamos a recuperar, caímos al otro lado, el barco
osciló de un lado a otro y se recuperó.
La borrasca se calmó poco a poco. Al amanecer no llovía y el viento era un manejable fuerza 3. El sol
abrió huecos entre las nubes e iluminó el destrozado casco del barco. Nos abrazamos, saltamos, reímos sobre
la cubierta astillada.
Ahora, mientras anoto todo esto en un arruinado cuaderno de Bitácora, es mediodía, no queda una nube,
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la visibilidad es alta y el mar esta calmo. Hace unos minutos, desde un barco mercante nos vieron hacerles
señas.
Cuándo veo acercarse la mole del carguero me pregunto: ¿Qué vendrá a continuación? Tendremos que
dar parte de la desaparición de Juan, y luego llegará de nuevo el futuro, ese tiempo que hemos olvidado dentro
del reino intemporal de las olas. Ahora nos abrazamos mientras el carguero se acerca pero ¿Volveríamos a
tener la intimidad recuperada esos días de tragedia? ¿Cristina recordaría en tierra, esa mano, esa mirada que
sentí cuando el barco escoraba y estábamos ya ingresando en la frialdad del mundo submarino?
Soy Eduardo Vaquerizo: escribo, duermo, sueño, voy a trabajar (grr) vuelto a
escribir, sueño escribiendo, no duermo, voy al cine, duermo a veces, escribo lo
que veo, veo lo que escribo, trabajo de nuevo, bebo cerveza Guiness, tomo jamon
pata negra cuando puedo, me rio, duermo, sueño y, de vez en cuando, los amables
chicos de Pulsar me publican algo.
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La mujer en llamas
Por Frank Roger
Comentario de Juan Carlos Valero
Ilustraciónes de cucha / Rut Miralles
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l exquisito perfume a rosas llenaba el aire del atardecer. El sol proyectaba sus últimos
rayos sobre las nubes que flotaban más arriba del horizonte. Hacía cada vez más frío, y las
nubes empezaban a cambiar de color: el naranja claro se convertía lentamente en carmesí
y morado.
Sin embargo, el hombre permanecía en el porche, mirando en silencio y como en un sueño el cielo que oscu-
recía, mirando los vagos movimientos en las tinieblas que lo envolvían todo, hasta que las primeras estrellas
titilantes aparecieron.
Con un suspiro, se sentó en su silla de mimbre, y alargó la mano para alcanzar el vaso de brandy de
la mesa de ébano a su lado. El anochecer había vuelto el líquido ámbar en prácticamente
negro. Levantó el vaso, agitó suavemente el brandy, y tomó un sorbo. Sin pensar en
nada en particular, de repente levantó la mirada—
—y vio a la mujer en llamas por primera vez.
Corría lejos, muy lejos, en el mismísimo borde de su campo de visión, entre
los árboles y arbustos apenas visibles; un instante pensó que podía oír su risa
cantarina resonando en el aire de la noche.
Tuvo que ser su imaginación.
Aquella noche durmió plácidamente.
*
Cuando el sol se puso en un mar de llamas, al día siguiente, se sirvió otro
brandy, y fue directo al porche. No había viento, ni ningún sonido.
Se sentó en su silla de mimbre, mirando silenciosamente los campos
más allá de la valla del jardín durante una media hora. Casi había terminado
su brandy, y sencillamente admiraba el cielo sin nubes, y las estrellas.
Entonces, de repente, miró justo delante de él—
—y vio a la mujer en llamas de nuevo.
Esta vez estaba más cerca, a unos cincuenta metros de él. Notaba que
su corazón latía con fuerza, podía oír claramente la alegre risa de la mujer, se
dio cuenta de que corría descalza. Bajo las llamas temblorosas llevaba un vestido
translúcido que llegaba hasta el suelo. Corría muy rápido, demasiado rápido.
Durmió bien aquella noche. Soñó con el fuego de un hogar, con sus llamas
naranja brillante bailando alrededor de los leños de madera.
*
Recientemente recibimos via correo electrónico varias colaboraciones de Frank
Roger, un escritor Belga que nos informó de estar interesado en publicar en
español. Os mostramos la primera de sus historias aqui, y espero sea de vuestro
agrado.
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A la noche siguiente la estaba esperando, en realidad, sentado en su silla de mimbre, mientras su corazón latía
frenéticamente, y sus ojos rastreaban en la oscuridad. No prestó atención a la casa vacía a sus espaldas ni a
las estrellas sobre su cabeza, y no se dio cuenta del perfume a rosas que inundaba el ambiente. Simplemente
estaba allí sentado, anhelante.
Al fin su paciencia se vio recompensada—
—esta vez estaba mucho más cerca de él; podía verla corriendo, envuelta en
llamas, su pelo largo, rojo, ondeando tras ella.
Al menos ahora sabía sin ninguna duda de quién se reía. Su alegre risa lle-
naba el aire, disipando el perfume a rosas y el frío del atardecer. Se levantó lenta-
mente de su silla, se adelantó unos pasos, y miró fijamente en dirección a donde
ella se encontraba hasta que desapareció de su vista. Su pulso se tranquilizó de
nuevo. Mañana, tal vez mañana. Ella había estado muy cerca hoy.
Volvió a la casa vacía como en trance, corrió las pesadas cortinas de ter-
ciopelo, echó un vistazo a los libros cubiertos de polvo en las estanterías, el
jarrón chino adornado con símbolos mágicos, aspiró el frío aire del atarde-
cer, y buscó refugio entre las sábanas de raso de su cama. ¿Mañana? ¿Tal
vez mañana?
*
La noche siguiente no se molestó en llevar un vaso de
brandy con él. Había una ligera brisa. Se sentó en silencio en
su silla de mimbre, un libro a su lado en la mesa, sin leer.
Cuando el sol cambió a un color más intenso y finalmente
desapareció bajo el horizonte, se puso nervioso e intranquilo. Hoy
la mujer se acercaría mucho,... ¿tal vez justo hasta él?
Apareció de nuevo—
—la vio llegar de lejos, dando brincos por entre los arbustos, echando
su largo y ligero vestido al viento, agitando su melena, las llamas lamiendo todo
su cuerpo.
Su risa resonaba alta y clara, y cuando estaba a sólo un par de pasos de
él, sonrió y susurró, ”Mañana, mañana”, desvió la mirada y escapó de nuevo en una
antorcha de luz y calor. Él secó el sudor de su frente, y la siguió fríamente unos cuantos
pasos vacilantes. Siguió mirándola fijamente durante mucho tiempo, hasta que su
esbelta silueta se encontraba demasiado lejos para ser vista.
Aquella noche no dejó de dar vueltas. Soñó con fuegos forestales, piras
funerarias, y el olor acre del azufre. “Mañana”, había dicho, “Mañana”. Las llamas
lo invadían y, gruñendo, se giraba hacia el otro lado.
*
Cuando la vio corriendo en un remolino de fuego, la noche siguiente,
tiró al suelo su vaso de brandy medio lleno. El preciado líquido se derramó
por toda la mesa y en sus pantalones. Ni siquiera se molestó en limpiar el
desorden.
Levantó la mirada—
—y vio cómo llegaba corriendo directamente hacia él, riendo, con sus brazos extendidos hacia él. Su
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corazón latía ahora con fuerza, y se tambaleaba, pero consiguió recuperar el equilibrio. Entonces él también
alargó sus brazos hacia ella, y cerró los ojos mientras quedaba sumergido en sus llamas, y ella presionaba los
labios abrasadores contra los suyos...
***
Los niños sabían que se habían desviado demasiado de casa, y que era probable que los regañasen por
ello cuando volvieran. Decidieron descansar un rato antes de que partieran en el viaje de vuelta.
Uno de ellos se aventuró a entrar en la casa, pero no vio a nadie. Llamó, pero no hubo respuesta.
Entonces todos entraron.
Con miedo, inspeccionaron toda la casa, pero no se encontraron con nadie.
Pero entonces—
—en el porche encontraron el cuerpo de un hombre. Estaba completamente carbonizado.
Este año se celebrará el
Congreso Nacional de Ciencia Ficción
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El taxi
Por Chus Álvarez
Ilustración de Jose María Serrano Chica
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l taxi paró suavemente, sin salpicar a pesar de los charcos. Eran las tres de la mañana, llovía
hielo y agua y la calle estaba casi desierta. Solo lo vio un mendigo borracho, acurrucado
bajo una caja de embalaje empapada. El coche tenía su banda roja cruzándole el costado,
pero era negro, como los antiguos. Hacía mucho que el borracho no veía uno de esos, ahora los
pintaban de blanco, como las ambulancias. Debían quedar muy pocos como este.
—Suba, jefe.
El conductor le miraba desde detrás del volante. Debía ser una broma. El borracho pegó otro
trago a su cartón de vino. Ya no quedaba mucho.
—Vamos, jefe. Que no tengo toda la noche.
Vale. A ver cuanto tardaba en arrancar y dejarle en paz. El borracho caminó chapoteando entre los char-
cos hasta el coche, forcejeó un par de veces con la puerta y se derrumbó dentro. Los asientos eran de skay y
olía a ambientador de pino. Se estaba seco y caliente.
—Cierre, jefe, que nos vamos.
El conductor tenía acento gallego, pelo negro, bigote recortado. Conducía despacio y suave. Hacía años
que el borracho no montaba en un taxi. La última vez ya bebía, pero aún le importaba que los demás lo supie-
ran. Había pasado todo el camino tocando la botella en el bolsillo de la chaqueta, sin probarla, y después de
bajarse se había escondido en un portal para tomar un trago.
—Mala noche ¿Verdad, jefe? Agua—nieve. No tiene prisa ¿no?
—No tengo prisa.
Cuanto más tardara, mejor. Ya no sentía frío. Pensó en terminarse el vino, pero le dio reparo que el
conductor le viera. Tapó el brick con el jersey sucio. Seguro que además apestaba ¿Cómo no lo notaba el
taxista?
—Yo vengo de la Coruña. Bueno, de un pueblo de cerca. Allí llueve más, pero no hace tanto frío. La
gente no se muere de frío allí. Se los puede llevar el mar, pero no el frío. Mas hacia la montaña es otra cosa,
claro..
El borracho se sentía muy bien ahora. Caliente, cómodo. Se sentía casi sobrio. De nuevo pensó en beber
un trago, de nuevo no se atrevió.
—Mire, pasamos junto a San Antón. Antes era
un colegio.
—Sí, el mío.
—¿Estudió con los curas? ¿Era
de los de pago o de los que entraban
por la puerta lateral?
—De pago, me temo que
de pago.
—Ah, de temer nada, que
no es una vergüenza haber nacido
rico. Como nacer pobre, caray.
Que nacer y morir es cuestión de
suerte y nada más. ¿Vamos por Mala-
saña o prefiere Chamberí?
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—Chamberí, si no le importa.
—Que va, si a mí me da igual Nada de bares de copas ¿No?
—Nada de bares de copas.
El teléfono del taxi empezó a sonar.
—Perdone, jefe. Sí. ¿Un árbol? Son las tres de la mañana, coño. ¿Que hacía fuera a las tres de la mañana
y justo debajo de un árbol? Si, vale. Claro, voy yo, quien si no. No te jode. ¿Puede esperar un poco? Tengo que
terminar con este. Perdone otra vez jefe. Parece que me espera otra carrera hoy. Tendré que darme prisa
El coche empezó a tomar velocidad. Las casas eran borrones a los lados.
—Ya ve, tan a gusto pensando que hoy tendría una nochecita tranquila y va y se cae un árbol. Si es que
los del ayuntamiento no se enteran de nada. Claro, antes tenían a un puñado de asturianos que sabían de esas
cosas, pero ahora... Ya puede estar el árbol muerto de arriba a abajo que esos no se enteren ¿Le molesta la
velocidad jefe?
—No, me gusta.
—Cojonudo.
El hombre echó la cabeza hacia atrás y entrecerró los ojos. Se estaba tan bien ahí dentro... que dure, que
dure.
—Se ha acabado, jefe, lo siento.
Debía haberse quedado dormido. El coche había parado sin que él lo sintiera. Fuera, la llovizna había
dejado paso a una niebla espesa.
—¿Me da un trago, jefe?
Quedaba solo un sorbo. Sin pensar, extendió el cartón hacia el chofer.
— A su salud, jefe
En lugar de vino, una moneda rodó desde el cartón inclinado. Grande, redonda, dorada. Como una
moneda de chocolate. Vio subir y bajar la garganta del conductor, engulléndola.
—Oiga, ¿Lleva usted una guadaña en el maletero?
—No jefe, el taxi sin más. Es más cómodo. Los clientes también lo prefieren.
—Ya.... más moderno, claro.
—Oiga, no quiero meterle prisa, pero es que me está esperando el del árbol... a ver si el pobrecillo está
sufriendo....
—Si, claro....perdone.
Un poco aturdido, el hombre salió al exterior. La niebla era cálida.
—¿Dónde voy ahora?
—De frente, todo derecho. Y tenga más cuidado con la botella la próxima vez, que todo en exceso es
malo.
—Gracias.
— Nada, jefe. A mandar.
El taxi arrancó sin un solo sonido, dejando al hombre muerto detrás. Aún vio al conductor saludarle por
el espejo retrovisor antes de perderse en la niebla. Con algo parecido a un sollozo, se giró y echó a andar en
la dirección que le había indicado el taxista.
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La búsqueda de la verdad
Por Fabio Ferreras
Comentario del autor
Ilustración de cucha / Rut Miralles
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VERDAD NÚMERO UNO:

—Bastante cerca de La Verdad, pero no es suficiente.
Eso fue lo primero que alcancé a escuchar, mientras yacía acurrucado detrás del barril de
vino.
—Necesitamos más, necesitamos todo. Lo que nos diste no nos alcanza.
Ellos eran dos, mientras que el pobre tipo estaba solo, acurrucado como yo pero bañado en su propia
sangre. Su oreja izquierda se pegaba al piso a unos tres metros de él, como tratando de oír si se aproximaba
cualquier clase de ayuda.
—Necesitamos Lo Absoluto, Lo Definitivo. Tus mentiras no nos satisfacen —y dirigiéndose a su com-
pañero—: la otra oreja.
—¿La derecha? —consultó el otro, absurdamente sorprendido.
—Claro. ¿O cuántas te parece que tiene?
El más bajo de los dos —el de sombrero en punta y tripa bamboleante— se limpió la navaja en el panta-
lón negro; una traza roja quedó allí marcada, indeleble, junto a su enorme panza: por poco no se la rebana. Dio
un par de pasos y se detuvo, vacilante. Durante un momento llegué a pensar que algo parecido a la indecisión
le cruzaba por la mirada, pero sin duda que no pudo ser así. Los Castigadores carecen de remordimientos. Y
en el caso de que los tuvieran, yo me encontraba demasiado alejado como para poder distinguir el más mínimo
brillo de piedad en una mirada tan ciega como la de aquel gordo; me acomodé tras el barril y volví a observar la
escena, absorbido por la trama que se desarrollaba en aquella oscura bodega: mi maldito impulso voyeurista.
—¿La otra oreja, estás seguro? —preguntó el gordo— ¿Y si probamos con otra cosa... con las uñas, los
ojos, las pelotas...? Las orejas son puro cartílago; me dijeron que después vuelven a crecer.
—Y a mí me dijeron que vas a reventar como un sapo si no le arrancas la otra oreja. Dale. La Verdad
espera; yo no tengo tanta paciencia como Ella.
—Bueno.
Volvió a ponerse en movimiento, el gordo. La víctima intentó escabullirse al advertir lo que estaba a
punto de sucederle, pero ya ni fuerzas le quedaban. Lo único que logró fue reabrirse las heridas e impacientar
todavía más al Castigador Jefe. Éste le propinó una terrible patada en el costado, que dejó al hombre boca
arriba y sin aire, jadeando y suplicando por el perdón. O al menos eso es lo que imagino: su lengua no estaba
tirada en el piso junto a la oreja porque los Castigadores le obligaron a tragársela.
Comprendí que las cosas habían llegado demasiado lejos. No lo digo por el chabón que se ahogaba con
su propia sangre, gimiendo y llorando, ni tampoco por los dos Castigadores y su Búsqueda de La Verdad. Lo
digo por mí. Porque había llegado el momento de hacer algo; de intervenir en ayuda de uno u otro bando, pero
intervenir.
Aunque me incorporé para que me vieran, se trató de una acción que no sirvió de nada porque el barril
tras el que me ocultaba era más alto que yo, por lo que los demás siguieron sin advertir mi presencia. Tanteé
mi bolsillo trasero derecho con la intención de encontrar algo que pudiera utilizar como arma; encontré un
pañuelo, dos fósforos quemados y un chicle masticado. De frutilla. Por eso lo archivé allí: no me gustan los
chicles de frutilla. No busqué en los demás bolsillos porque los tengo todos agujereados; si alguna vez guardé
Para Jose Ramos, amigo de Pontevedra ( España ), quien pronunció como al
descuido la frase que dio origen a este relato.
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en ellos algo que pudiera usar como arma, ya hacía tiempo que se me había caído.
—Booo fabóoooo... —suplicaba la víctima desde el piso, haciendo uso de su recién adquirido idioma.
Esta vez sí creí comprenderlo... comenzaba a experimentar cierta simpatía por el tipo, así que eso resolvió por
cuál bando debía definirme.
Surgí desde atrás del barril. Hubiera salido de todas formas: el olor del vino estaba empezando a
marearme. Tampoco el vino me gusta.
Pero los Castigadores no me vieron; no sé si ya lo había dicho antes, pero faltaría agregar que la bodega
es enorme y la iluminación muy deficiente; apenas un par de bombillas arrojan un poco de luz en todo el
ambiente: una en la entrada, sobre el portón principal, la otra sobre los dos Castigadores y su presa, cubrién-
dolos como un halo de santidad. Sucede que había cierto toque de misticismo en el aire... pude experimentarlo
en cuanto me incorporé y empecé a caminar.
Que nadie malinterprete mi acción; todo aquello estaba muy lejos del heroísmo o de la necesidad de
hacer justicia. Yo no soy ningún héroe, ni jamás quise serlo. Simplemente se trataba de uno de esos momentos
de tu vida en que tienes que seguir adelante, ignorando consecuencias, o sucumbir bajo tu propia inactividad,
perdiendo para siempre las noches de sueño apacible y el respeto por vos mismo.
Tal como dije, empecé a caminar. Pasé junto a la oreja, la dejé atrás, y fue entonces cuando comprendí
que todo era un error, que las cosas estaban equivocadas, terriblemente equivocadas, y que nada tenía sentido.
Me frené en seco, a sólo dos escasos metros de los Castigadores y su Castigado... y sucedió algo curioso: por
un momento me pareció que ellos no eran tan reales después de todo: en el suelo la víctima y junto a ella los
dos Castigadores, que me miraron y

VERDAD NÚMERO DOS:

le ordené:
—En el estómago; un golpe nomás, como para que se vaya haciendo a la
idea.
El Mondongo se acercó al acusado y le aplicó un tremendo zurdazo en la
barriga, ante el cual éste se dobló en dos y se despatarró en el suelo, no sin antes
expulsar el aire con un soplido ahogado. Saqué mi anotador de «SUCESOS SANCIONA-
DOS» de mi bolsillo trasero derecho: el único sin agujeros de todo el puto uniforme.
—Casi ni necesito preguntarte nada ¿verdad? —comencé, dirigiéndome al acusado al tiempo que bus-
caba una lapicera que sirviera para escribir—. A estas alturas ya nos conocemos bastante, compañero. Todo
el puto día persiguiéndote por este puto barrio mugriento, así que no me vengas ahora conque no sabes lo que
andamos buscando ¿Estamos?
El turro no me respondió; Parecía querer aspirar algo de aire (hay que reconocer que el golpe del Mon-
dongo fue un poco excesivo para tratarse del comienzo del interrogatorio), así que le di un par de segundos de
respiro, aunque más que nada los utilicé para encontrar la puta lapicera. Que no encontré por ningún lado, lo
cual me enfureció bastante.
—Sácale la oreja... este tipo va a aprender a respetarme.
El Mondongo obedeció, y los gritos del acusado resonaron en todos los rincones de la bodega como
los desvaríos de un pastor enloquecido que se revela contra un Dios injusto y caprichoso. Puede parecer una
frase un poco empalagosa, pero se trata del tipo de parrafada que les agrada a mis superiores, de modo que me
apresuré a anotarla en mi libreta antes de que se me fuera de la mente; Acababa de encontrar la puta lapicera.
—Muy bien, ahora sí que nos vamos a entender.
Procedí a hacerle la pregunta.
La carcajada del acusado me sorprendió como pocas cosas lo lograron en mi larga vida de Castigador;
no hacía ni un minuto atrás el tipo estaba tratando de recuperar en sus pulmones el aire que le venía faltando,
y ahora me lo tengo que aguantar enfrente de mí, cagándose de risa como si nada. Me sacó de las casillas. Me
entretuve pateándolo dos minutos completos.
—Mondongo, la lengua. Acabo de decidir que las respuestas va a tener que dármelas por escrito.
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El Mondongo volvió a obedecer, aunque en esta oportunidad creí notar cierta reluctancia en su proceder,
casi como si dudara de mi capacidad de reconocer la manera correcta de llevar a cabo un procedimiento de
Búsqueda tan rutinario como aquel.
El acusado se tragó la lengua. Volví a hacerle la pregunta.
Ahora sí que no hubo risas; lo interpreté como el primer triunfo de la noche. Lo que sí hubo fue un
atropellado farfullar que puede describirse como un intento de comunicación por parte del acusado. El asunto
iba mejorando poco a poco.
—Bastante cerca de La Verdad, pero no es suficiente —le expliqué—. Necesitamos más, necesitamos
todo. Lo que nos diste no nos alcanza.—Durante un momento llegué a pensar que algo parecido a la incerti-
dumbre le cruzaba por la mirada, pero sin duda que no pudo ser así. Esta gente carece de sensatez. Y en el
caso de que la tuviera, el ambiente se encontraba demasiado oscuro como para poder distinguir el más mínimo
brillo de razonamiento en una mirada tan ciega como la de aquel imbécil—. Necesitamos Lo Absoluto, Lo
Definitivo. Tus mentiras no nos satisfacen —y dirigiéndome al Mondongo—: la otra oreja.
—¿La derecha? —cuestionó éste descaradamente, con semejante cara de sorprendido que me hubiera
causado gracia en otras circunstancias.
—Claro. ¿O cuántas te parece que tiene?
—¿La otra oreja, estás seguro? ¿Y si probamos con otra cosa... con las uñas, los ojos, las pelotas...? Las
orejas son puro cartílago; me dijeron que después vuelven a crecer.
—Y a mí me dijeron que vas a reventar como un sapo si no le arrancas la otra oreja. —La situación se
estaba volviendo insostenible. Controlé mi paciencia, pero sólo el pensamiento de encargarme personalmente
del Mondongo cuando esto terminara logró serenarme lo suficiente. Fue entonces cuando comprendí que todo
era un error, que las cosas estaban equivocadas, terriblemente equivocadas, y que nada tenía sentido—. Dale
—dije—. La Verdad espera; yo no tengo tanta paciencia como Ella.
—Bueno.
El acusado intentó arrastrarse por el piso y lo disuadí con una patada en el costillar; sentí que algo blando
y húmedo cedía bajo mi bota negra de Castigador Jefe.
El Mondongo estaba a punto de extirparle la última oreja que le quedaba cuando experimenté la sensa-
ción de ser observado. Me di vuelta y lo que fuera que me hacía pensar que todo era un error se transformó
en
VERDAD NÚMERO TRES:
euforia. Muy atrás quedaron las casas residenciales (o las que todavía se consideraban como tales), los
pocos edificios que aún se dignaban a permanecer de pie y las docenas de plazas inundadas de escombros.
Entrábamos en el reino de los estacionamientos vacíos, de las ventanas ciegas, de los almacenes abandonados
y del enorme cráter donde alguna vez funcionara un Mc Donald's.
La euforia de la persecución.
Todo un día corriendo tras el acusado, de calle en calle, entrando y saliendo de edificios arruinados y
decrépitos. Un día de esos en los que da gusto servir como Castigador. No digo que me haya resultado fácil,
ni mucho menos... la panza me bamboleaba de un lado a otro, entorpeciéndome el avance (por no hablar de
la respiración), y demorando el indudable desenlace. Terribles las miradas de furia que el Jefe me soltaba de
vez en cuando.
Nunca antes vi tan encarnizado al Jefe (y eso que hemos venido trabajando juntos durante varias cam-
pañas); parecía tomarse este caso con demasiado entusiasmo, casi como si se tratara de un asunto de interés
personal. Cuando por fin arrinconamos a la víctima en aquella bodega roñosa, el Jefe, en lugar de serenarse,
fue perdiendo gradualmente la poca paciencia que suele tener: me obligó a extraer una oreja y una lengua.
Empecé a dudar cuando me ordenó extraer la segunda oreja; comprendí que las cosas habían llegado
demasiado lejos. No lo digo por la pobre víctima que se ahogaba con su propia sangre, gimiendo y llorando,
ni tampoco por nosotros dos, pobres Castigadores viejos y nuestra Búsqueda de La Verdad. Lo digo solamente
por mí. Porque había llegado el momento de cuestionar, de poner en duda preceptos que siempre consideré
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básicos, que formaron parte de mi entrenamiento y de mi...
—Booo fabóoooo... —suplicó la víctima desde el piso.
Los ojillos le rodaban enloquecidos, alucinados, desde unas cuencas que parecían hundírsele hasta la
nuca. De repente se clavaron en algo que se encontraba a mis espaldas, algo que sin duda sólo existía en la
fiebre de su delirio. Pero me resultó imposible ignorar esa mirada y negarme al impulso de girar y verificar
que no tenía a nadie detrás de mí, que no
TODAS LAS VERDADES EN UNA:
Vendría ningún tipo de ayuda.
Claro que no.
Estoy solo, y solo me estoy muriendo, porque nadie me va a salvar de ésta.
Sangre en mi garganta y bajando por mis mejillas. Respirar se transforma en todo un reto al que es
necesario superar paso por paso.
En el último minuto de mi vida tengo tiempo suficiente para preguntarme la razón de estar muriendo.
Los Castigadores. Los Castigadores y su estúpida Búsqueda de La Verdad.
Y más allá, todos nosotros, seres comunes, indefensos, que corremos de un lado para el otro, rezando (¿a
quién?) para que los Castigadores no se fijen en uno, para que no te conviertan en su blanco circunstancial.
Ya destrozaron todo lo que había para destruir ¿Acaso dejaron algo?
¿Acaso realmente supieron alguna vez lo que reclamaban?
Lo llaman La Búsqueda de La Verdad, pero también podrían decirle Carrera de Obstáculos, o Siga
Participando.
Es una forma de bautizar algo que ni siquiera saben qué es.
—Booo fabóoooo... (por Dios... ¿soy yo el que balbucea tan lastimosamente?)
La verdadera ironía se encuentra en mi propia situación, que es terminal y desesperada, y consiste en
que, en este minuto final, acabo de percibirla.
A La Verdad.
En mi delirio fantaseo con la llegada de alguien que viene a último momento para salvarme de los Casti-
gadores. Lo imagino surgiendo desde atrás del barril de vino, el que se encuentra al límite de la zona iluminada
de esta bodega-tumba.
Tiene mis propios rasgos, las mismas inquietudes, los mismos gustos y preferencias que tengo yo.
Se hace las mismas preguntas.
Ocurre lo increíble: los demás llegan a percibirlo. Tanto el que parece ser el Jefe como el gordo que lo
acompaña. Alcanzo a notar sus sobresaltos, sus espantados vistazos por sobre el hombro.
Nunca supe si llegaron a verlo porque en ese instante es cuando me apago.
Pero ¡ah, La Verdad! ¡La certeza de que en aquella bodega, a los Castigadores y a mí nos unieron cir-
cunstancias que, sin llegar a conocer nunca, reafirmaron nuestras similitudes! ¡Es allí donde reside el secreto,
la clave que hay que salvaguardar a toda costa!
¡Somos todos tan exactamente iguales que nos esforzamos en subrayar nada más que diferencias!
¿O no es cada uno de nosotros, a su manera, su propio y particular centro del Universo?
No me gusta mucho hablar de mí; lo considero un tema aburrido, por lo que prefiero refer-
irme al relato. Espero que alguien lo haya leído hasta el final. Se trata del primero (tanto
escrito como publicado), de manera que no se le puede pedir demasiado; no sean muy
exigentes con él. Y puesto que soy argentino (y dados los tiempos que corren), no es de
extrañar el tono trágico que lo sobrevuela. Pero igual disfruté escribiéndolo, así que espero
contribuir algún día con otra historia. Veremos.
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Seres Blandos
Por Jose Antonio del Valle
Comentario del autor
Ilustración de cucha / Rut Miralles
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rospector 8 avanzó pesadamente por el corredor que conducía hacia el habitáculo del gran Pensador
5. Pasar de la gravedad 0 del eje del orbe a aquella sensación de aplastamiento que producía la fuerza
centrífuga en la periferia era agotador. Sus pseudópodos trataban de llevarlo lo más deprisa posible a
un lugar donde pudiese formar un apoyo interno que impidiera su colapso. Lo peor era que aquello estaba
acabando con los rizados zarcillos que tanto le había costado emitir de la manera adecuada según la moda.
Había algo antinatural en depender de la gravedad, aunque los pensadores opinaban que una cierta seguridad
a la hora de poder distinguir el techo del suelo ayudaba a que sus procesos mentales se desarrollasen de la
forma adecuada.
Prospector 8 depositó un par de las células de uno de sus pseudópodos en un analizador genético, y una
luz verde le indicó que podía continuar arrastrándose o mejor, trepando hacia su destino. Había algo atávico
en aquel juego de colores. Se vio a los mandos de su pequeña astronave en la que también había cientos de
luces verdes y rojas. El verde significaba que todo iba bien, el rojo que había problemas. Por alguna extraña
convención que no conocía se relacionaba distintas longitudes de onda con situaciones de calma o de peligro.
Una compuerta se abrió a su paso dándole acceso a las habitaciones de Pensador 5, el responsable máximo del
área científica, y haciéndole olvidar de momento sus elucubraciones.
-¿Y bien? –Dijo Pensador 5. El aire de aquel habitáculo era terriblemente aromático, hasta el punto
de que Prospector 8 perdió casi un minuto en el deleite que los hidrocarburos producían en sus corpúsculos
captadores antes de contestar a su interlocutor.
-Oxígeno, su eminencia, estábamos en lo cierto –dijo, tratando de desviar su atención del cargado
ambiente. Una atmósfera como aquella flotando en gravedad 0 era su idea personal de paraíso, aunque aquello
solo estaba al alcance de unos pocos potentados. Por lo general el ambiente de los habitáculos personales era
mucho más ligero, pero en éste se notaban incluso pequeñas concentraciones de exquisitos metales pesados en
suspensión. Sin duda todo lo que una mente de la categoría de la de Pensador 5 necesitaba para llevar a cabo
sus funciones con total comodidad.
-Pero eso es imposible –contestó Pensador 5, haciendo patente su contrariedad mediante la emisión de
un chirrido ultrasónico. El científico abandonó la camilla del solarium en la que había permanecido captando
longitudes de onda, y se acercó a una terminal de la red neuronal que regía el orbe mientras la bóveda que
coronaba el habitáculo se oscurecía.
-Ciertamente –concedió Prospector 8- parece imposible que cualquier ser vivo pueda tener una bioquí-
mica basada en algo tan tóxico como el oxígeno, pero los análisis tisulares de las momias así lo confirman.
Parece que sus células utilizaban el oxígeno para llevar a cabo un transporte de electrones cuyo fin último era
Ultimamente está de moda la evolución (solo hay que mirar las listas de libros
de divulgación) y parece que una de las cosas que tienen en común todos los
divulgadores es decir que el hombre ha detenido su propia evolución al invertir los
términos (dominio del ambiente e incluso de la genética). Se me ocurrió (no
es una idea muy original, me temo)que quizás en el futuro el hombre acabe
modificándose a si mismo para adaptarse a todo tipo de ambientes, y una forma
tan buena como otra es teniendo dominio sobre los genes que nos hacen crecer de
buena o mala manera (hablo del cáncer). El resultado, me temo, es unos seres muy
parecidos a los Xonxo y Xonxa de Superlópez (¿que no habeis leído a Superlópez?
no lo puedo creer) :)
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la fijación de fósforo en moléculas de ATP. Algo similar a lo que llevamos a cabo nosotros mediante la energía
que genera la fusión interna, pero de una forma mucho menos eficiente, por supuesto.
-Vamos, vamos. La obtención de ATP mediante reacciones químicas sería totalmente antieconómica,
usted sabe, aunque tengo entendido que le tiene cierta fobia a los sistemas planetarios, que solo algunas espe-
cies de superficie prácticamente en el límite de lo que se considera seres vivos utilizan sistemas químicos para
obtener energía. Además, el oxígeno aumentaría terriblemente la formación de radicales libres que acabarían
por deshacer cualquier forma de vida.
-Efectivamente –admitió Prospector 8- así parece según el saber almacenado en toda la red de orbes.
Pero ésa no es la única peculiaridad de los seres hallados. Al parecer tenían capacidad para corificar, que
se le supone a cualquier ser pensante, pero lo hacían en su interior y de forma constante lo que, como saben
los estudiantes de primera enseñanza, supone un depósito excesivo de minerales que debe de ser altamente
nocivo. De hecho, nosotros los prospectores solo podemos vivir corificados una parte muy escasa de nuestro
tiempo lo que, como sabéis, limita la exposición al vacío y por tanto nuestras salidas. Además no eran capaces
de emitir ningún tipo de extremidad fuera de sus cuatro miembros fijos por culpa, al parecer, de un ADN
excesivamente restrictivo.
Pensador 5 introdujo un prisma plateado en la terminal y pareció dedicar todo su interés a ésta durante
unos minutos. Los esquemas de complicadas vías metabólicas se sucedieron en la pantalla. La información
que los análisis habían conseguido era algo nunca visto anteriormente, sin embargo había una perfección
en todo ello que le daba credibilidad al asunto. La terminal de la red acabó de escupir su diagnóstico sobre
aquellos seres basándose en extrapolaciones a partir de lo que la red admitía como bases de todo pensamiento
científico.
-Unos seres como los que me describes solo pueden estar diseñados, según la red, para soportar la
gravedad de un planeta y, como sabes, no hay vida inteligente en los planetas. La escasa concentración de
hidrocarburos en la atmósfera es un factor limitante a la hora de lograr la suficiente capacidad mutágena para
obtener una masa neuronal crítica. Lo dice la red. Incluso algunos tienen atmósferas que impiden el paso a
longitudes de onda vitales. ¿Cómo podría haberse desarrollado una civilización en semejantes condiciones?
Pensador 5 se dilató unos instantes en un gesto que los que frecuentaban a los científicos sabían que era
una forma de buscar nuevas conexiones neuronales que les diesen la solución a algún problema. Inspiración,
lo llamaban ellos.
-¿Qué me puedes decir de la antigüedad de la nave? –dijo.
En la terminal apareció ahora un cilindro metálico de unos 500 metros de largo coronado en uno de
sus extremos por lo que parecía un escudo deflector de radiaciones. El efecto de la luz de la estrella binaria del
sistema reflejada sobre la cubierta metálica del cilindro era indescriptible. La nave alienígena se encontraba
rodeada de pequeños vehículos técnicos que revoloteaban a su alrededor como un enjambre de primitivos
insectos. Una toma más alejada les ayudó a comparar el tamaño de la astronave con el del orbe.
-Al parecer los estudios de precipitación meteórica y desgaste de materiales hablan de casi un millar
de siglos estándar. Por otra parte, los impulsores son los más extraños que he visto nunca. Lo más parecido
que recuerdo es un orbe de los pastores de Oort, y por citar una similitud muy remota en cuanto a fuentes de
energía. Al igual que en sus ocupantes parece imposible que pudiesen llegar a cierto nivel tecnológico con el
escaso rendimiento de sus sistemas de propulsión.
-Todo esto es muy extraño. –sentenció Pensador 5.
-Si me permite, –interrumpió el prospector- me atrevería a citar una antigua teoría según la cual la vida
procede de los planetas.
-¡Vamos, vamos! La teoría de la siembra espacial está suficientemente probada y no hay nada que
sustente aquella vieja idea del origen único planetario. No puedo perder mi tiempo con...
-Sin embargo –volvió a interrumpir Prospector 8, y cambió ligeramente su pigmentación al darse
cuenta de su descortesía- los estudios del ADN de las momias indican en lo básico un parecido sorprendente
con nuestro propio material genético si exceptuamos la falta de ciertos genes reguladores. En realidad es sor-
prendente que la expresión de estos genes es fija en ellos. Carecen de nuestro nivel superior de genes regula-
dores y del control endocrino de éste.
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-Cualquier especie planetaria tiene un 99% de su ADN igual al nuestro si descartamos esos genes
reguladores. –Dijo el científico- Eso no es nada nuevo, pero todo el mundo sabe que el nivel superior de
regulación genética no es posible en los seres de superficie que necesitan una estructura estable. En nuestro
caso el control endocrino actúa según nuestras necesidades sobre el nivel superior de genes reguladores que
son los que nos dan la versatilidad adecuada para llegar a ser seres inteligentes. Esa es una de las bases más
sólidas del pensamiento de la red: las formas de vida estáticas que dominan en los planetas nunca han tenido
la variabilidad suficiente para alcanzar la consciencia. La red lo denomina plasticidad sináptica crítica, aunque
quizás eso quede fuera del alcance de un simple prospector ¿no cree?
-¿Nunca se ha preguntado cómo llegaron a construirse los orbes en el espacio? –insistió Prospector 8.
Sabía que se estaba metiendo en un terreno que no era el suyo, quizás aquello tuviese que ver con el ambiente
de aquel lugar, pero estaba convencido de que había datos que no encajaban- ¿Cómo es posible juntar en el
vacío la cantidad suficiente de elementos para crear la vida?
-Usted sabe eso tan bien como yo, la teoría de la formación cometaria lo explica.
-Sí, pero ¿y si estos seres hubieran sido nuestros antepasados? Imagínelos embarcados en un viaje sin
fin desde un sistema planetario a otro, limitados como debían de estar a la vida en la superficie. Después de
todo solo una civilización avanzada podría haber creado naves estelares aunque fueran más lentas que la luz.
-Eso no son más que elucubraciones que no ayudan lo más mínimo al avance de la ciencia. Le prohibo
que continúe con esa línea de pensamiento. –Sentenció Pensador 5-Ahora puede retirarse.
Prospector 8 volvió a cambiar de color denotando vergüenza, emitió un pequeño zarcillo convencional
de despedida y se arrastró pesadamente hacia la compuerta.
Pensador 5 quedó solo en su habitáculo. La bóveda volvió a hacerse transparente y las radiaciones de
la estrella cercana le llenaron de placer. Introdujo un nuevo prisma en la terminal y repasó el informe sobre la
nave alienígena. “Causa probable del fallecimiento de la tripulación: –leyó- invasión del organismo por células
neoplásicas incontroladas con daño fatal multiorgánico durante la hibernación. La proliferación neoplásica
pudo ser producida por el fallo del deflector de radiaciones del impulsor”.
El científico apagó la terminal y se tumbó de nuevo en la camilla del solarium. La bóveda celeste
atrajo ahora toda su atención, su contemplación favorecía el proceso intelectual mediante una extraña cadena
de retroalimentación que comenzaba en sus corpúsculos sensibles a la luz. Era inconcebible que unos seres
incapaces de controlar a voluntad el crecimiento de sus propias células fuesen los precursores del ser humano.
Los rayos ultravioleta empezaron a adormecerle. Antes de que le atrapara el sueño pensó que alguien debía
poner freno de vez en cuando la imaginación de esos prospectores jóvenes.

Pues hace tres años que estoy metido en esto del fandom, ayudo a Javier Álvarez en
el fanzine “La Plaga” y de vez en cuando escribo, más bien poco aunque desde que el
jurado de Salduba dijo que mi cuento “Un asunto de mierda” (Asimov 3) era lo mejor
después de la invención del chicle, pienso que igual debería vencer mi natural pereza.
Bueno, a quien pueda interesar, además he publicado cuentos en el Visiones 2001, La
Plaga nº1, Asimov nº3 y tengo pendientes un par en Ad Astra y otro en la antología
del concurso EMM 2001. El 2001 fue un buen año porque gané el Domingo Santos
y tengo una mención especial del concurso EMM. No es mucho curriculum, pero
recerá, lo prometo.
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Corriente de Conciencia
Por Robert J. Sawyer
Todos los derechos reservados por el autor
Publicado con autorización del autor
Publicado originalmente en la antología “Packing Fraction” editada por Julie E. Czerneda ( Trifolium 1999 )
Ganador del Premio Aurora para el mejor Cuento Corto del Año
Traducción de Graciela Lorenzo y Sebastian Font
Ilustraciones de Marc Bech
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l rugido de la hélice del helicóptero golpeó los oídos de Raji: él hubiese deseado que la
universidad le hubiese proporcionado un hoverjet. La tierra que corría por debajo suyo era
la del escarpado Parque Canadian Shield. Los pinos crecían allí donde hubiese un poco de
tierra; en cambio, el liquen y el musgo cubrían las rocas del Precámbrico por todas partes. Raji
vestía una parca verde con la capucha quitada. Continuó escudriñando el suelo, y...
¡Allí! Un sendero a través de la espesura, de seis metros de ancho y quizás de medio kilómetro de largo:
árboles abatidos, rocas arrancadas de cuajo, y al final...
Increíble. Absolutamente increíble.
Un enorme objeto azul oscuro, con la forma de la punta de una flecha.
Raji lo señaló y la piloto, Tina Chang, inclinó el helicóptero hasta colocarlo sobre la dirección que él le
indicaba. Raji pulsó el control de su micrófono.
—Lo encontramos —dijo, gritando para ser escuchado por encima del ruido del rotor—. Y no es un
meteorito.
Cuando el helicóptero se acercó más, Raji pudo comprobar que la parte delantera de la flecha estaba
aplastada. Estuvo un rato sin hablar, sin saber qué decir. Y entonces anadió:
—Creo que vamos a necesitar la ambulancia aérea de Sudbury.
Raji Sahir era astrónomo en la Laurentian University. No había visto personalmente la bola de fuego
que había cruzado como un rayo, la noche anterior, el cielo de Ontario, flanqueada por luces septentrionales,
pero fueron tantas las llamadas sobre el suceso que saturaron la centralita de la universidad. Él había esperado
recuperar intacto el meteorito: ese campo de la ciencia era en el que centraba particularmente su interés, y el
motivo por el que había venido a Sudbury desde Vancouver veinte años atrás, en 1999. Sudbury estaba situada
encima de un antiguo meteorito de hierro y níquel; la economía de la ciudad se basaba, tradicionalmente, en
las extracciones mineras del metal extraterrestre.
El helicóptero se posó junto a la flecha de color azul oscuro. No había ninguna duda: era una nave
espacial, con su casco aerodinámico diseñado para el reingreso en la atmósfera. A babor tenía marcas blancas
que debía ser algún tipo de escritura, pero en un alfabeto de caracteres triangulares que Raji jamás había visto
antes.
Raji estaba asignado al departamento de biología de la Universidad: enseñaba en un curso titulado "La
Vida En Otros Mundos" el que, hasta ese momento, todo había sido completamente teórico. El y Tina salieron
del helicóptero y se movieron hacia donde el artefacto se había posado. Raji llevaba un contador geiger con
él: había esperado usarlo con un meteorito, pero ahora lo movía sobre el casco de la nave mientras caminaba
alrededor de ella. Los chasquidos eran poco frecuentes: nada mayor que la típica radiación de fondo.
Cuándo llegó hasta la proa de la nave, Raji jadeó. El daño era aún más grave de lo observado desde
el aire. El morro estaba hundido y abollado, y una amplia e irregular fisura amplia hendía el casco profunda-
mente. Si dentro de la nace había habido algún tipo de forma de vida que no respirase aire terrestre, indu-
dablemente en aquel momento debía estar muerta. Y, por supuesto, si la nave hubiese llevado algún tipo de
microbios peligrosos para la vida en la Tierra... Bien, también ellos estarían ya libres, en el aire. Raji se encon-
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tró reteniendo el aliento, y entonces...
—¡Profesor!
Era la voz de Tina. Raji acudió al instante hasta donde estaba ella. La muchacha señaló una muesca
rectangular en el casco, hundida casi dos centímetros en él. En el centro había una manija circular.
Una puerta.
—¿Deberíamos entrar? —preguntó Tina.
Raji buscó en el cielo. No había ninguna señal de la ambulancia aérea. Se lo pensó por un instante, y
luego asintió.
—Sin embargo, saca primero la cámara de vídeo del helicóptero, por favor.
La mujer asintió, y rápidamente se acercó hasta su vehículo, para volver un momento más tarde. Mien-
tras ella encendía la cámara, Raji se inclinó para examinar el tirador de puerta. Era redondo, de unos veinte
centímetros de diámetro. Una barra con bordes acanalados y que sobresalía un poco con respecto a todo lo
demás cruzaba su ecuador. Raji pensó por un momento que, quizás, ese canal estaba diseñado para permitir
que los dedos la sujetara. Pero, si ése era el caso, era indudable que se había construido para una mano de seis
dedos.
Agarró la barra y comenzó a girarla. Tras el primer giro
de 180 grados, pudo escuchar un sonido impactante, como el
de cuatro disparos. El corazón de Raji saltó en su pecho, pero
tuvo que refrenarlo. El panel de la puerta –algo más corto y más
ancho que el de una puerta humana– se liberó repentinamente
y saltó hacia fuera, hacia Raji. Tina se apresuró en ayudarle
a levantarlo, para dejarlo luego suavemente sobre el suelo. La
manija circular era probablemente una manera de abrir el panel
en caso de emergencia. Lo más seguro es que hubiese sido habi-
tual que, en un caso normal, la puerta se deslizara dentro del
casco de la nave: Raji vio un espacio en el lado derecho de la
abertura que le pareció que había sido creado para ello.
Raji y Tina entraron en el interior. Aunque el casco exte-
rior pareciese opaco, el casco interior, por el contrario, parecía
transparente. Raji veía el gris-azulado del cielo formando una
bóveda sobre sus cabezas. Indudablemente, había toda clase de
equipos entre el casco exterior y el interior, de modo que quizás
la imagen era transmitida hacia el interio por medio de haces
de fibra óptica, transfiriendo puntos de luz entrantes desde el
exterior hacia puntos salientes existentes en el casco interior:
la luz era abundante. Raji y Tina siguieron el corto pasillo que
había desde la puerta hasta el hábitat principal de la nave, donde...
Tina jadeó.
Raji sintió que sus ojos se agrandaban.
Allí había un extraterrestre, o bien muerto, o bien inconsciente, per desplomado sobre una silla con
forma de tazón situada en la proa de la nave. La fisura que Raji había visto en el exterior penetraba justo hasta
ahí, creando una amplia brecha en el casco: pudo notar como una brisa fresca soplaba desde afuera.
Raji se aproximó rápidamente hacia la extraña criatura. No había duda alguna en su mente de que ésta
provenía de otro mundo. Era claramente un vertebrado: tenía los miembros rígidos, y estaban cubiertos con
una especie de cuero flexible, gris-verdoso. Lo mismo que cada vertebrado en la Tierra había evolucionado
desde un mismo plan básico de cuerpo, era de esperar que cualquier otro tipo de criatura, por muy ascentral
que fuese, tuviese sus órganos sensoriales arracimados alrededor de la cabeza, y cuatro miembros. De acuerdo,
ha habido otras criaturas que, posteriormente, prescindieron de alguno o de todos sus miembros, pero nunca
ha habido vertebrados terrestres con más de cuatro de ellos.
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Sin embargo esta criatura tenía seis miembros, colocados en tres pares. Raji supuso inmediatamente que
los que estaban en el extremo superior del torso tubular eran brazos, y que los más gruesos del otro extremo
eran piernas. Pero no estaba seguro sobre cómo llamar a los que estaban en el centro, a mitad de camino entre
las caderas y los hombros. Estos eran de una longitud suficiente como para que, si la criatura se agachaba,
pudiesen servir como piernas adicionales. Sin embargo, terminaban en dedos lo suficientemente complejos y
flexibles como para, aparentemente, poder ser también utilizados como manos.
Raji contó los dedos: realmente, había seis de ellos al final de cada miembro. Un vertebrado típico de la
tierra tenía cinco dedos, y no seis. Y ningún animal terrestre había evolucionado jamás con más de cinco. Los
dedos del extraterrestre se ordenaban en cuatro dedos centrales, flanqueados por ambos lados con un pulgar
oponible.
El extraterrestre también tenía una cabeza saliéndole por encima de los hombros: por lo menos, compar-
tía esa parte de la anatomía con las formas terrestres. Sin embargo, ésta parecía ridículamente pequeña para
tratarse de una criatura inteligente. En conjunto, el extraterrestre tenía más o menos el mismo volumen que
Raji, pero su cabeza era apenas del tamaño de una naranja. Tenía dos cosas que podían ser los ojos, cubiertos
por párpados que se cerraban desde los lados, en lugar de hacerlo de arriba abajo, como los humanos. Tenía
también dos orejas, pero estaban colocadas encima de la cabeza y eran de forma triangular, como las de un
zorro.
La cabeza había sido duramente vapuleada. Aunque el extraño estaba sujeto a su asiento, por lo visto
un gran trozo del material del casco le había golpeado, produciéndole un corte en el costado de su cabeza:
los escombros que, probablemente, le habían causado todo ese daño yacían ahora en el suelo, justo detrás la
silla donde yacía aquel ser. Curiosamente, la herida de la cabeza no mostraba signo alguno de hemorragia: sus
bordes estaban mellados, pero secos.
Al principio, Raji no vio nada que pudiese ser tomado como una boca, pero entonces miró con más
atención los miembros intermedios: en el centro de cada palma había una apertura grande, circular. Quizás era
por ahí por donde entraba el alimento. En ese caso, era probable que, en vez de tener sus propios movimientos
peristálticos, la criatura debía doblar sus brazos para transportar la comida hacia su torso.
Eso asumiendo, por supuesto, que el extraterrestre aun hubiese estado vivo: hasta ahora no se había
movido, ni reaccionado de manera alguna, ante la presencia de los dos humanos.
Raji colocó su mano sobre una de las palmas intermedias del extraterrestre para ver si podía detectar
algún tipo de aliento expulsado: nada. Si la criatura aún respiraba, era evidente que no lo hacía por sus bocas.
La carne de la criatura estaba más caliente que el aire de la estancia, y eso significaba que su sangre era
probablemente caliente. Lo que también indicaba que, si el extraterrestre estaba muerto, probablemente no lo
estaba desde hacía mucho tiempo.
A Raji se le ocurrió una idea: si los orificios respiratorios no estaban en las manos intermedias, quizá
estuviesen en las superiores. Lo comprobó mirando una de esas manos, tras extender aquellos dedos medio
apretados, dedos que parecían unidos entre sí por muchos más puntos que en la manos humanas.
Una vez hubo conseguido separar los dedos, pudo comprobar que había unos pequeños orificios de
aproximadamente un centímetro de diámetro en el centro de cada palma. Y que el aire era enviado alternati-
vamente hacia dentro y hacia fuera a través de ellos: Raji pudo sentirlo e la piel de su propia mano.
—Está vivo —dijo entusiasmado. Entonces miró hacia arriba, y pudo ver, a través del casco transpa-
rente, como la ambulancia aérea estaba buscando un lugar dónde aterrizar.
Los dos tripulantes de la ambulancia eran un hombre blanco llamado Bancroft, y una mujer nativa cana-
diense, quien respondía al nombre de Cardinal. Raji se reunió con ellos en la entrada de la nave abatida.
Bancroft le miró, absolutamente aturdido.
—¿Es esto... es esto lo que pienso que es?
Raji sonreía de la oreja a la oreja.
—Por supuesto que lo es.
—¿Quién es el herido? —preguntó Cardinal.
—El piloto extraterrestre —dijo Raji.
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La mandíbula de Bancroft cayó, pero Cardinal sonrió.
—Eso suena fascinante. —dijo, y luego subió rápidamente al hoverjet y cogió uno de los equipos médi-
cos.
Los tres entraron en la nave. Raji los condujo hasta el extraterrestre. Tina había permanecido, en todo
memoento, junto a él: le sostenía la palma de su mano abierta, sujetándola a unos cinco centímetros de los
agujeros respiratorios del extraterrestre.
—Su respiración es bastante irregular —dijo—, y es cada vez más débil.
Raji miró ansiosamente a los dos asistentes de la ambulancia.
—Le daremos oxígeno... —sugirió Bancroft tentativamente.
Raji reflexionó sobre la sugerencia. En la atmósfera de la Tierra, el oxígeno solo está presente en una
proporción de tan solo un 21%. El nitrógeno, que compone el otro 78%, es casi inerte: por lo tanto, era alta-
mente improbable que el gas requerido por el extraterrestre fuese N2. Pero, por otra parte, las plantas aceptan
el bióxido de carbono, exhalando oxígeno. Tal vez suministrarle oxígeno al extraterrestre fuese un error.
“No”, pensó Raji. Ninguna forma de vida basada en la energía había aparecido jamás en la Tierra res-
pirando bióxido de carbono: el oxígeno es el mejor gas para los procesos necesarios de la fisiología animal.
Parecía una apuesta segura el hecho de que si el extranjero estaba aun respirando, fuese el O2 lo que estaba
inhalando. Por tanto, les hizo un gesto a los asistentes de la ambulancia, invitándoles a proceder.
Cardinal tomó uno de los cilindros de oxígeno y Bancroft se movió hasta colocarse cerca del extrate-
rrestre. A continuación sostuvo la máscara facial sobre una de aquellas palmas, y Cardinal abrió entonces la
válvula del tanque.
Raji temíó por un instante que los orificios de la palma de la criatura comenzaran a agitarse espasmódi-
camente, como si estuviesen tosiendo ante un gas tóxico. Pero continuaron abriéndose y cerrándose rítmica-
mente. El oxígeno, al menos, no parecía lastimarle.
—¿Supones que tiene frío? —preguntó Tina.
La criatura tenía la piel desnuda. Raji asintió y Tina salió presurosa hacia el helicóptero, para buscar una
manta.
Raji se inclinó hacia la pequeña cabeza de la criatura, y abrió suavemente, mediante una pequeña
palanca, la unión vertical de los párpados de uno de los ojos. Este era de un color amarillento, como el oro,
pero veteado de venas de un color rojo-anaranjado. Para él fue un alivio ver eso: el color rojo implicaba que
la sangre del extraterrestre transportaba realmente oxígeno por medio de la hemoglobina o de un pigmento
similar, con contenido ferroso
En el centro de aquel ojo amarillo había una pupila cuadrada. La pupila no se contrajo nada en las prue-
bas de respuesta a la exposición a la luz. Y eso significaba que, o el ojo trabajaba de manera diferente al de los
humanos -y la pupila cuadrada ciertamente sugería que podía ser así-, o el extraterrestre estaba profundamente
inconsciente.
—¿Es seguro moverlo? —preguntó Cardinal.
Raji reflexionó.
—No lo sé... esa herida en su cabeza me preocupa. Si tiene algo parecido a una médula espinal humana,
acabará paralizado si no lo movemos adecuadamente —Hizo una pausa—. ¿Qué clase de equipo de explora-
ción habeis traído?
Cardinal abrió su equipo médico. En el interior había un artefacto similar a una linterna, pero con una
gran pantalla de LCD montada en el extremo opuesto a la lente.
—Rastreador Estándar clase tres —dijo.
—Hagámosle una prueba —dijo Raji.
Cardinal movió el explorador sobre el cuerpo. Raji se situó junto a ella, mirando por encima de su
hombro. La mujer señaló hacia la imagen.
—Ese material oscuro es hueso, o, por lo menos, algo tan denso como el hueso —dijo—. Su estructura
es muy compleja: nosotros tenemos 200 huesos, pero este ser tiene al menos dos veces ese número. Y, ¿ves
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eso?: la materia donde los huesos se unen es bastante más oscura, y eso significa que es más densa que los
huesos normales. Apuesto a que estos seres nunca tienen artritis.
—¿Y sobre los órganos?
Cardinal pulsó un control en su aparato, y, a continuación lo movió un poco más.
—Eso de ahí probablemente sea uno. ¿Ves el perfil? Y... Espera un según... Sí, eso es: mira, hay otro
aquí, justo en el lado contrario y que es una imagen en espejo del primero. Simetría bilateral.
Raji asintió.
—Todos los órganos parecen estar duplicados —dijo Cardinal, mientras continuaba moviendo el explo-
rador sobre el cuerpo—. Eso es bastante mejor que lo que nosotros tenemos. Por supuesto, si asumimos que
ellos pueden sobrevivir con uno solo en caso de apuro. ¿Ves ese de ahí, hinchándose y deshinchándose? Es
uno de los pulmones: puedes ver el tubo que se dirige hacia el brazo, en concreto hacia el agujero respirador.
—Si todos los órganos están duplicados —preguntó Raji—, ¿tiene dos corazones?
Cardinal frunció el entrecejo, y continuó explorando.
—No veo nada que se parezca a un corazón —dijo—. No hay nada que bombee, o que golpee, o...
Raji verificó rápidamente el agujero respiratorio que
no estaba cubierto por la máscara de oxígeno.
—Aun respira —dijo, con alivio—. Por lo tanto, su
sangre sigue circulando de algún modo.
—Quizás no tiene sangre —dijo Bancroft, señalando
hacia la herida seca de la cabeza.
—No. No es posible —replicó Raji—. He mirado sus
ojos. He podido ver vasos sanguíneos en su superficie. Y
si tienes sangre, tienes que hacerla circular de algún modo.
Por otro lado, ¿cómo podría llevar el oxígeno que es aspi-
rado hasta los pulmones a las distintas partes del cuerpo?
—Quizás lo mejor que podríamos hacer es tomar una
muestra de sangre —dijo Bancroft—. El cardio-explorador
podría amplificarla.
—Muy bien —contestó Raji.
Bancroft sacó una jeringuilla del equipo médico.
Durante un rato palpó la piel del extraterrestre, y finalmente
encontró lo que parecía un vaso sanguíneo dilatado. Intro-
dujo la aguja y tiró del émbolo. El cilindro del vidrio se
llenó entonces con un líquido más anaranjado que rojo. El
asistente llevó la jeringa con cuidado hacia el explorador y
puso una gota de la sangre en el compartimiento de prueba.
Cardinal movió los controles de la máquina. Final-
mente, la imagen de las células sanguíneas extraterrestres apareció en la pantalla de LCD.
—Dios mío—dijo.
—Increíble —replicó Raji.
Tina se movió, intrigada, hasta poder ver, ella también, la pantalla.
—¿Qué? —preguntó—. ¿Qué pasa?
—Pasa que sus células sanguíneas son mucho más elaboradas que las nuestras. Las células rojas huma-
nas ni siquiera tienen núcleo. Pero éstas sí que lo tienen, y muy claramente. ¿Ves esa mota oscura con forma
de cacahuete que está ahí? Además, también tienen cilios. ¿Ves esas extensiones parecidas a pelos?
—¿Y eso que significa? —preguntó Tina.
—Significa que las células sanguíneas son auto-propulsadas —le contestó Cardinal—: nadan en los
vasos sanguíneos en lugar de ser llevadas por la corriente, como ocurre en nuestro caso. Esa es la razón por
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la que esta criatura no tiene corazón. Y mira todas esas formas y tamaños diferentes: hay mucha más variedad
aquí de la que puedas encontrar en nuestra propia sangre.
—¿Puedes analizar su constitución química? —preguntó Raji.
Cardinal presionó algunos botones en el costado de su explorador. Lo que mostraba hasta entonces la
pantalla de LCD, cambió a una lectura alfanumérica.
—De acuerdo —dijo Cardinal—: es como nuestra sangre... El plasma del extraterrestre consta, en su
mayor parte, de agua. Aunque es mucho más salado que el nuestro.
—El plasma sanguíneo humano se corresponde muy de cerca con la composición química de los océa-
nos de Tierra —le explicó Raji a Tina—. Las células que forman nuestro cuerpo son, básicamente, formas
vivas aún básicamente acuáticas: llevamos un océano en miniatura dentro de nosotros. El extraterrestre viene
de un mundo que tiene más sal en sus mares que el nuestro.
—Hay una gran cantidad de moléculas de proteína —dijo Cardinal—, aunque usan algunos aminoácidos
que nosotros no tenemos. Y... ¡Dios mío! ¡Eso es una molécula compleja!
—¿Qué?
—Ésa, ahí —dijo, señalando una fórmula química que aparecía en la pantalla del aparato explorador—.
Es... ¡increíble!
—¿Qué? ¿Por qué?—preguntó Tina y su tono indicaba que se sentía más bien frustrada por ser la única
del grupo que no disponía de la más mínima instrucción médica o biológica.
—Es un neuro-transmisor —dijo Raji—. Por lo menos, yo creo que lo es, a juzgar por su estructura. Los
neuro-transmisores son las sustancias químicas que transmiten los impulsos nerviosos.
—Y hay gran cantidad de ellos en esta sangre —dijo Cardinal, señalando una figura de la pantalla.
—¿Podrías mostrarme la sangre mientras está aún dentro del cuerpo? —Le preguntó Raji.
Cardinal asintió. Extrajo una finísima fibra óptica desde un lateral de su aparato explorador y la introdujo
en el mismo vaso sanguíneo dilatado del que Bancroft había extraído la muestra de sangre anterior.
En la pantalla LCD del explorador, las células sanguíneas podían ser vistas nadando al unísono.
—Van todas en el mismo sentido —se sorprendió Raji—. Aún sin un corazón que las bombee, viajan
todas en la misma dirección.
—Quizá sea por eso por lo qué hay neuro-transmisores en la sangre —le dijo Bancroft—. Las células
sanguíneas se comunican entre sí usándolos, y por eso se mueven al unísono.
—¿Cómo está la herida de la cabeza? —preguntó Tina—. ¿Porqué si tiene toda esa sangre no hay hemo-
rragia?
Cardinal movió el scanner hacia la pequeña y esférica cabeza del extraterrestre. Los ojos aún permane-
cían cerrados. En la pantalla de LCD el cráneo era claramente visible bajo de la piel, y modificando la escala
de profundidad más allá del hueso del cráneo, el aparato perfiló un órgano que podría ser, presumiblemente,
el cerebro.
—Es tan pequeño... —comentó Raji.
Bancroft señaló la estructura de la nave espacial que había alrededor de ellos.
—A pesar de eso, es, obviamente, muy avanzado intelectualmente.
—Comprobemos esa herida —dijo Raji.
Cardinal recolocó el explorador.
—Parece haber válvulas en los vasos sanguíneos rotos. Y se han cerrado —dijo.
Raji se volvió hacia Tina para explicarle el comentario.
—Tenemos válvulas en las venas para evitar que la corriente sanguínea retroceda. Según parece esta
criatura tiene válvulas tanto en sus venas como en sus arterias —Hizo una pausa y se volvió hacia Cardinal—.
Todavía no sé si podemos, o si debemos, mover al extraterrestre.
—Pues... la botella de oxígeno está casi vacía —dijo Bancroft—. Quién sabe si le estaba haciendo algún
bien, de todos modos, pero...
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—¡Oh, Dios! —exclamó Tina. Aún sostenía su mano cerca de uno de los orificios respiratorios— ¡Ha
dejado de respirar!
—Probemos con respiración artificial —dijo Bancroft.
—¿Quieres decir... soplar en sus manos? —se sorprendió Tina, incrédula.
—Claro —confirmó Bancroft—. Podría funcionar. —Levantó uno de los brazos del extraterrestre, pero
al hacerlo un líquido anaranjado comenzó a brotar del agujero respirador.
—¡Qué asco! —dijo Tina.
Raji también se echó hacia atrás. De pronto, la herida de la cabeza comenzó a sangrar.
—También sangra por las bocas —comentó Cardinal, mirando hacia los miembros intermedios.
—No podemos dejarle morir —urgió Raji—. ¡Haz algo!
Bancroft buscó en el equipo médico y sacó un rollo de gasa. Comenzó a introducirlo en la boca de la
palma de la mano derecha intermedia. Cardinal tomó un rollo de gasa aún más grande y trató de frenar el flujo
sanguíneo que había aparecido en la cabeza.
Pero parecía como si no lo estuviesen haciendo bien: el líquido anaranjado rezumaba también por varios
orificios en el torso que hasta entonces les habían pasado desapercibidos, así como por las plantas de los pies.
—¡Se muere! —exclamó Tina.
La sangre iba acumulándose sobre el suelo de la nave espacial, resbalando por su pendiente de unos
pocos grados.
—Tal vez alguno de nuestros virus ha tenido en él el mismo efecto que el Ébola tiene en nosotros —sugi-
rió Bancroft.
Raji sacudió la cabeza.
—Los virus evolucionan al unísono con sus anfitriones. Encuentro difícil de creer que cualquiera de
nuestros virus o microbios tenga algún tipo de efecto en algo que proviene de otro ecosistema.
—Bien, entonces, ¿qué es lo que le está ocurriendo? —preguntó Bancroft. Y entonces sus ojos se abrie-
ron, enormes. Raji siguió la mirada de Bancroft.
La sangre anaranjada no se estaba acumulando, como era previsible, en la parte más baja del suelo. Per-
manecía, en un charco, en medio del lugar, y sus bordes ondulaban visiblemente. El centro comenzó a secarse.
Mientras los cuatro humanos observaban, la apertura en el centro creció, haciéndose más y más grande. Sin
embargo no era redonda; parecía más bien tener bordes rectos. Al mismo tiempo, el exterior del charco de
sangre tomaba también una forma definida, con sus bordes rectos y paralelos a los del interior.
—Es... Es un triángulo —dijo Tina.
—Es más que probable que el pigmento anaranjado de la sangre esté basado en el hierro —dijo Raji—.
Tal vez tenga propiedades magnéticas, y quizás por eso la sangre se reúne a lo largo de las líneas formadas por
algún tipo de equipo magnético situado debajo del casco...
Pero en ese momento, unos pequeños pares de brazos líquidos comenzaron a extenderse desde los vér-
tices del triángulo central. Los cuatro humanos miraban atónitos, mientras la sangre continuaba moviéndose
sola.
Repentinamente, los seis brazos crecientes giraron en direcciones perpendiculares al movimiento en el
que habían crecido en un primer momento.
Al final, el diseño fue completado: el objeto central era un triángulo rectángulo, y desde cada una de sus
caras partía un cuadrado.
Entonces unas líneas comenzaron a cruzar diagonalmente dos de los cuadrados: en uno de ellos, desde
el ángulo inferior izquierdo al superior derecho; en el otro, desde la esquina superior izquierda hasta la inferior
derecha; y en el tercero...
... El tercero fue perfectamente cuadriculado, como si los modelos de los otros dos cuadrados se hubie-
ran superpuesto uno encima del otro.
—El cuadrado de la hipotenusa —dijo Tina, con la voz repleta de un sentimiento de maravilla— es igual
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a la suma de los cuadrados de los otros dos lados.
—¿Qué? —dijo Bancroft.
—Es el Teorema de Pitágoras —dijo Raji, absolutamente asombrado—. Eso que vemos es un diagrama
que ilustra uno de los principios básicos de la geometría.
—¿Un diagrama hecho con sangre? —preguntó Bancroft, incrédulo.
Repentinamente, Raji tuvo una idea.
—¿Puede tu explorador secuenciar los ácidos nucleicos de esa sangre? —inquirió, mirando a Cardinal.
—No de una manera rápida.
—¿Puede al menos comparar cadenas? ¿Ver si son iguales?
—Sí, eso sí.
—Compara entonces el ácido nucleico de una de las células del cuerpo con el de una de las células de
la sangre.
Cardinal se puso a trabajar de inmediato.
—No coinciden —dijo después de unos minutos.
—Increíble —dijo Raji sacudiendo la cabeza.
—¿Qué? —dijo Tina.
—En todas las formas vivas de la Tierra, el ADN es el mismo en cada célula del cuerpo, incluyendo las
células de la sangre. En todas ellas está el mismo ADN: en los glóbulos rojos, o en los glóbulos blancos. No
importa que hagamos la prueba en animales mamíferos o no mamíferos: el ADN es siempre el mismo para
cada individuo, sea de la especie que sea. Pero, sin embargo, la sangre del extraterrestre no contiene la misma
información genética que su cuerpo.
—¿Entonces?
—¿Es que no lo ves? ¡Esta sangre y el cuerpo que la contenía no están ni siquiera relacionados! Son
formas vivas separadas. Claro que el cuerpo tiene un cerebro diminuto... ¡es tan solo un simple vehículo para
la sangre! Esta es la que es la auténtica la forma viva inteligente: el cuerpo es tan sólo un anfitrión. —Raji
señaló el esquema anaranjado que había sobre la superficie del suelo—. ¡Eso es lo que nos está diciendo, allí,
en el suelo! ¡Nos está diciendo que no nos preocupemos de salvar el cuerpo, que lo que debemos salvar es su
sangre!
—Y es por eso por lo que el anfitrión tiene esas válvulas incorporadas en sus venas y arterias: para
producir el corte inmediato de una posible hemorragia —dijo Cardinal—. Si las células sanguíneas forman
colectivamente una criatura inteligente, es natural que esa criatura no quiera ceder una parte de sí misma para
coagular una herida.
—Claro: y cuando el anfitrión muere, todos sus orificios y sus válvulas se abren para permitir el escape
de la sangre —dijo Bancroft—. El anfitrión no odia a su sangre: no se trata de una esclavitud, sino de una
asociación.
—¿Qué hacemos ahora? —preguntó Tina.
—Reunir toda la sangre y ponerla en un lugar seguro —dijo Raji—. Y, entonces, tratar de comunicarnos
con ella.
—¿Y después?
—Y después esperaremos —dijo Raji, levantando la vista hacia el techo transparente. Estaba oscure-
ciendo: pronto las estrellas serían visibles—. Esperaremos a otros extraterrestres que, sin duda, vendrán en
misión de rescate.
Raji bajó de nuevo la mirada. La sangre extraterrestre formaba ahora un nuevo modelo sobre el suelo: el
perfil de dos grandes círculos separados por unos veinte centímetros de espacio.
—¿Qué trata de decir ahora? —preguntó Cardinal.
Las líneas comenzaron dibujar trazos a través de los círculos. Las líneas del círculo de la derecha pare-
cían más o menos aleatorias, pero repentinamente Raji reconoció las que se dibujaban en el círculo de a
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izquierda: el mapa de las costas norteamericanas. La sangre estaba trazando un dibujo de la Tierra, y de algún
otro planeta, presumiblemente, el mundo de origen del extraño ser.
Mientras los cuatro humanos observaban, los dos círculos se movieron lentamente, aproximándose el
uno al otro, suavemente y de manera que el espacio entre ellos disminuyó tanto que, al final, ambos dibujos
se tocaron suavemente.
Raji sonrió.
—Creo que eso significa que vamos a ser amigos.
PULSAR acepta relatos, críticas, dibujos y colaboracio-
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remitirse dicha presentación y/o introducción,
el relato se publicará sin ellos.
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Final Previsible
Por Sebastian Font
Comentario del autor
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os golpes sonaron contra el cristal esmerilado de la puerta, y sin esperar una respuesta
desde dentro, ésta se abrió para dejar pasar a un hombre de mediana edad vestido con una
camisa blanca arremangada, unos pantalones grises de vestir y un bolígrafo de plástico
transparente sujeto sobre su oreja.
—Dime –dijo el otro hombre, el que estaba tras la mesa de despacho llena de papeles, dejando el bolí-
grafo rojo con el que había estado señalando y haciendo marcas en una hoja de papel lleno de texto, y cen-
trando su atención en el recién llegado.
—Ya está aquí –contestó el primero.
—¡Magnífico! –exclamó el hombre tras la mesa, levantándose y dirigiéndose hacia el otro— Y, ¿qué tal
es, Toni? ¿Tan buena como las anteriores?
Antonio Ruíz, coeditor de la revista de relatos de ciencia ficción “Nuevos Firmamentos” y conocido por
todos como “Toni”, levantó la pequeña resma de papeles que tenía en la mano y la abanicó delante de la otra
persona.
—¿Recuerdas “Los Ojos de Dios”? –preguntó.
Alberto González, el otro coeditor de la revista, dirigió su mirada hacia la estantería de puertas de cristal
donde reposaban, majestuosas, varias estatuas y copas. Imitaciones, como sabía Alberto, pero lo importante
era lo que representaban.
—¿Cómo podría olvidarlo? Es el relato que publicamos del mismo autor, y que lo ganó todo: el Santos,
el Upc, el Nébula, el Hugo... Y porque no lo presentamos a más sitios, que si no...
—Pues olvídalo. Comparado con el nuevo, es una mierda. Si nos decidimos a presentar este, hasta el
Nobel nos llevamos. Seguro.
Alberto sabía que Toni era algo dado a la exageración, aunque sabía perfectamente que su gusto literario
era excelente. Por eso se limitó a cerrar un ojo y, con un gesto humorístico, le preguntó a su amigo:
—¿Seguro? ¿Tanto? Pero, ¿tanto, tanto? ¿Por un simple relato corto?
Toni no sonrió ni un poquito, lo que puso inmediatamente en alerta a Alberto: aquello quería decir que
Antonio no había exagerado... o, al menos, no conscientemente.
Este lanzó la resma de hojas sobre la mesa.
—Leelo tu y opina.
Alberto volvió a dar la vuelta a la mesa y se sentó con un suspiro en su asiento de respaldo acolchado.
—Eso voy a hacer.
—Pero date prisa –añadió Toni—, porque tenemos fuera a Marqués. Lo ha traído él personalmente.
Alberto levantó la vista sorprendido. ¡El autor estaba allí!
Autores y editores, la eterna pelea. ¿De qué lado nos ponemos? A veces, los
escritores tienen que cumplir los caprichosos designios de los editores. Pero en
alguna que otra ocasión, el papel de los editores es, quizás, más importante que
el de los autores, aunque solo sea para proteger la obra de éstos... o alguna que
otra cosa de más importancia.
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—Por los clavos de Cristo, no dejes que se vaya. Agasájalo como si fuésemos millonarios mientras
me leo esto. Dile que me gustaría saludarlo y todo eso, pero que ahora mismo estoy bastante ocupado. Ya
sabes...
—Sí, ya se. No te preocupes, no se irá sin verte. Ya se de que va la historia... ¿tienes el contrato?
—Firmado, sellado y con las pólizas del estado pertinentes. Tranquilo, que Rogelio Marqués no se irá
de esta redacción sin ser uno más de la plantilla... con exclusividad para esta revista.
—Eso espero –dijo Toni, mientras salía de la pequeña habitación y cerraba la puerta tras de sí.
Alberto no perdió un solo segundo: cogió la resma de papeles y comenzó a leer de inmediato.
Media hora después estaba de pie, junto al pequeño espejo que había en el pequeño mueble bar situado
junto a la estantería de los trofeos, atusándose el cabello y colocándose bien el nudo de la corbata. Su corte
de pelo a la navaja no parecía requerir grandes cuidados, pero le molestaba que aquellos rebeldes cabellos
grises de los laterales decidiesen revolucionarse por su cuenta. Cuando terminó todo el proceso de arreglar su
aspecto, clavó su mirada en la imagen que el espejo le reflejaba, y, en particular, en aquellos incisivos ojos
negros.
—Tiene que ser tuyo –susurró—. Escribe demasiado bien como para dejarle colocar algún relato en
alguna otra revista. Es demasiado bueno... y tiene que ser tuyo.
Sonrió, se hizo burla y se sentó de nuevo. Y pulsó el intercomunicador. Solo una vez, no era necesario
más.
Al cabo de un minuto, Toni entraba de nuevo en la sala, acompañado por un pequeño hombre de aspecto
enfermizo, pero que lucía una amplia sonrisa de satisfacción. Ambos estaban hablando, como si no les impor-
tara que su charla se interrumpiese tan solo por cambiar de una a otra estancia, o como si incluso les diera
igual que en la nueva habitación a la que acababan de entrar hubiese más gente.
Alberto se levantó y tendió la mano hacia el escritor. Este sonrió aun más y la estrechó con más fuerza
de la que el editor esperaba.
—¿Cómo vamos, Rogelio? ¿Te ha enseñado este individuo la redacción? ¿Te ha tratado bien, o tengo
que hacerle la vasectomía con unas tijeras? –preguntó Alberto, mientras le indicaba con la mano extendida
una silla al escritor.
Este se sentó y contestó entre risas:
—Si, me lo ha enseñado todo a fondo... Y hasta me ha invitado a eso que vosotros llamais café, en esa
máquina diabólica que teneis. Por eso no creo que necesite una vasectomía: seguro que si es un habitual de
esa máquina, el pobre, a estas alturas, ya será estéril del todo.
Toni soltó una risotada.
—Me parece –dijo— que Rogelio acaba de descubrir el porqué el puñetero café está tan malo. Creo que
llamaré a la empresa y le diré que pongan agua en lugar del residuo tóxico que nos ponen cada semana.
—En fin... hazlo. A ver si así dejamos de brillar por las noches.
El escritor sonreía ampliamente, y Alberto sintió que esa era una buena ocasión para soltar la bomba: a
ver como respondía el autor.
—¿Y, que, Rogelio? ¿Te apetecería tomar ese café tan malo todos los días, por un buen sueldo?
El pequeño personaje miró con sorpresa a Alberto.
—¿Me estás diciendo que quieres que trabaje para la revista? ¿En serio?
—Hombre, pues ya que lo dices... sí. En serio. Totalmente en serio. Creo que... mira, no es tan mala
idea, después de todo.
Rogelio sonrió con suspicacia.
—Eso es lo que me encanta del mundo de los negocios: como se llega a una parte...entrando por una
puerta que no tiene nada que ver con el objetivo final. ¿Cuánto lleva esto preparado?
Alberto no dejó de sonreir ni por un momento.
—A ver, déjame pensar... Yo diría que un par de meses. Tal vez más. ¿Tu que dices, Toni?
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Su compañero siguió en el mismo estilo.
—En realidad, fue desde el año pasado, cuando lo ganaste todo con “Los Ojos”.
El escritor se sorprendió aún más de la sinceridad de ambos coeditores.
—¿Es en serio? –preguntó.
—Mira si lo es –replicó Alberto, y, abriendo un cajón, tomó un papel y lo extendió hacia el escritor,
sobre la mesa.
Rogelio se inclinó sobre el papel y comenzó a leerlo. Luego lo tomó, aun incrédulo y se echó atrás en la
silla, sin dejar su lectura. Finalmente, lo volvió a dejar en la mesa.
—Es un contrato. Con un sueldo cojonudo.
—Y con una cláusula de exclusividad –intervino Toni—. Si vas a trabajar para nosotros, queremos para
nosotros solos todo lo que puedas escribir.
Rogelio le miró.
—Pero... vosotros publicais una revista de relatos cortos de ciencia ficción. ¿Y si quiero publicar una
novela?
Alberto se encogió de hombros, con un gesto de indiferencia.
—Pues... te montamos una editorial –sonrió aun más ampliamente—. Bueno, en realidad, para publicar
algo así en otra editorial solo nos tienes antes que pedir permiso, y, por supuesto, no debes preocuparte por
eso.
—Y, ¿este sueldo que pone aquí es el que me ofreceis? ¿O es que me ha dado algún ataque de fiebre?
—Lo que pone ahí es correcto –dijo Toni.
—Y también te quedarás con lo que te corresponde de los derechos de autor, claro –intervino Alberto—.
Esto es sueldo limpio. Los derechos van aparte.
El autor miraba a uno y a otro con incredulidad. Finalmente sonrió.
—¿Quién de los dos va a sacar la pluma de oro para que firme?
—Me temo que no llegamos a tanto, Rogelio –dijo Alberto, y le tendió un bolígrafo de plástico transpa-
rente.
—Bueno, para lo que voy a hacer ya sirve –dijo éste, y tomo el bolígrafo. A continuación, firmó la hoja
y se la tendió a Alberto.
Este, con gestos de gran ceremonia, cogió la hoja, abrió la caja fuerte que había en la pared, introdujo el
contrato en ella y la cerró con un fuerte golpe, haciendo girar la rueda de la combinación con un manotazo.
—Me siento como si le hubiese vendido mi alma al diablo –comentó el escritor, viendo los gestos ampu-
losos de Alberto, quien se volvió a sentar con una sonrisa en sus labios.
—Y ahora... –comenzó Alberto.
—Ahora –cortó Toni—, lo celebraremos de la mejor manera posible: publicándote algo. El último relato
que nos has enviado es una maravilla –dijo, señalándoselo al escritor sobre la mesa de su socio—. Se lo he
dado a Alberto para que lo lea, y aun no se lo que opina, pero a mi me ha encantado. Es genial... ¿cómo puedes
hacer que todo parezca tan real en un relato de ciencia—ficción? Dan ganas de conocer a tus personajes... Pero
no es solo eso: las situaciones parecen reales, las descripciones son tan vívidas... Parece que conocieras todo
eso de primera mano.
—Bueno –dijo el autor, y añadió sin humildad alguna—. Uno, que es bueno.
—Eso es cierto –intervino Alberto—. Lo que te permitirá escribir un nuevo relato para este número...
porque no vamos a publicar éste –dijo, señalando la resma de papeles que había encima de la mesa—
—¿Cómo? –dijo Rogelio
—¿Cómo? –preguntó, tan incrédulo como el autor, Toni.
Alberto sonrió.
—Parece que hay eco en esta habitación. Que—no—vamos—a—publicar—este—cuento –dijo, remar-
cando cada palabra.
PULSAR 5 | Pág. 37
—Pero... ¡si es excelente! ¡Mejor que “los ojos”! –exclamó Toni.
Alberto le dirigió una mirada de fastidio, lo que puso inmediatamente en alerta al coeditor de la revista.
—Si que lo es. Pero no podemos publicarlo. Tengo mis motivos.
Toni bufó, pero no intervino de nuevo. Conocía a Alberto, y sabía que cuando decidía algo, sus buenos
motivos tenía. Y que, cuando lanzaba esa mirada, era mejor no preguntas cuáles eran esos motivos.
Pero el escritor no conocía tan bien al editor como su amigo, así que adoptó una postura desafiante:
—Toni tiene razón. Este es uno de los mejores escritos que he hecho: es de lo más real y complejo que
jamás he escrito.
—Cierto –contestó Alberto—. Pero no vamos a publicarlo.
El escritor bufó, desairado.
—Pues me lo llevaré a otra revista.
—No puedes –replicó el editor sin pensarlo dos veces—. Recuerda lo que acabas de firmar. El con-
trato.
El escritor comenzó a ponerse rojo de ira.
—¡Es el mejor relato que nadie haya escrito jamás en este planeta! –gritó.
—Por eso –casi susurró Alberto—. Digamos que, si tuviera que darte un motivo por el que no te publi-
camos el relato, sería porque es... demasiado real.
—¡Eso es una tontería! –bramó el escritor— ¡Si algo caracteríza en mis obras es esa sensación de rea-
lismo que les doy!
—Eso es cierto –se atrevió a intervenir Toni—. Es casi como si hubiese vivido eso que explica en ellas.
El autor miró un momento a Toni... y sonrió misteriosamente. Luego se sentó y dijo, susurrando.
—No, casi no.
Los dos coeditores lo miraron, espectantes ante semejante cambio de actitud.
—¿Sabeis guardar un secreto? –preguntó el escritor— Prometedme que esto que os voy a enseñar no lo
direis nunca a nadie.
Ambos coeditores se miraron, interrogantes, y asintieron en silencio.
—Casi no –repitió el autor—. He vivido esas situaciones.
Y a continuación, se introdujo su dedo meñique en la boca, por un lado, y tiró de la comisura, separando
la piel hacia un lado.
Toni saltó hacia atrás, asustado, cuando vió lo que aquel trozo de piel humana falsa había estado escon-
diendo; cuando pudo ver la auténtica piel del escritor, la que se escondía tras su falsa apariencia humana:
verde, con manchas rojas, húmeda y escamosa, como la de una salamandra.
—¡Dios! –exclamó Toni— ¡Es un extraterrestre de verdad!
Rogelio soltó la comisura de la boca, que volvió a cubrir elásticamente aquella zona de la cara auténtica
que había quedado al descubierto y se puso a sonreirle
Hasta que oyó el bufido que emitió Alberto. Ambos se giraron hacia él.
—En fin... me esperaba algo más inteligente de quien se supone que es todo un autor de ciencia ficción.
El autor, aun extrañado por la frialdad con la que Alberto había reaccionado ante su secreto, le pre-
guntó:
—¿No lo has entendido aún? ¡Soy un extraterrestre de verdad, y por eso escribo tan bien relatos de
ciencia ficción! ¡Porque no me invento nada, porque son historia para mi! ¡Historia que conozco, situaciones
que he vivido!
El editor se reclinó en su asiento, y comenzó a balancearse de lado a lado.
—Eso, arréglalo. Explícalo encima. ¿Sabes que es lo que acabas de hacer, tu, todo un famoso escritor
de ciencia ficción, toda una promesa de la literatura?
Toni miraba a su socio con absoluta incredulidad. El autor, aun muy pagado de si mismo, pero tan
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sorprendido como el coeditor de la revista, contestó suavemente:
—No.
—A eso que has hecho se le llama crear un “final previsible” –contestó Alberto—. Cualquier lector
medianamente avezado hubiese podido imaginar, si todo esto fuese un relato de ciencia ficción como los que
publicamos en nuestra revista, que escribías tan bien porque eres un extraterrestre, y que nos acabarías dando
una sorpresa a nosotros, los pobres coeditores. Es algo que cualquiera habría supuesto, y por eso sería todo tan
previsible –Bufó una vez más y añadió—. No me esperaba algo así de una persona que se supone que escribe
tan bien como tu.
El escritor estaba con la boca abierta de par en par. Y Toni también.
—Déjame que lo arregle. Déjame que te enseñe como se hace un buen final.
Y, diciendo esto, lanzo un pequeño triángulo de metal dorado, lleno de grabados, sobre la mesa.
El autor, al ver aquello, saltó de la silla como si le hubiese picado una serpiente.
—¡Eres un gnavick! –bramó— ¡Eres un maldito gnavick! ¡Maldita sea!
Y salió de la estancia dando un terrible portazo.
Alberto sonreía.
Toni aun estaba confuso por todo eso. Así que se sentó en la silla que había ocupado el escritor y le
preguntó a su amigo:
—¿Qué ha sido todo eso?
Alberto se puso serio de repente.
—Dejame que te lo explique –dijo el coeditor— Pero, como has hecho con Rogelio, prométeme a mi
también que nada de lo que hablemos saldrá de aquí jamas.
Antonio asintió en silencio.
—¿Cuánto tiempo hace que nos conocemos tu y yo, Toni? –le preguntó a su amigo.
—Dejame ver... –El coeditor meditó durante unos instantes—. Debe hacer ya más de veinticinco años.
—Mas o menos –contestó Alberto—. ¿Y recuerdas que quién fue la idea de crear la revista de ciencia
ficción?
—Tuya –dijo, esta vez sin vacilar, Toni.
—En efecto –respondió Alberto, y luego añadió—. Quizás has creído durante todo este tiempo que lo
había hecho porque me gustaba la ciencia ficción. Bueno, pues no: lo he hecho porque tenía una misión que
cumplir. Y porque era al frente de una publicación como la nuestra donde mejor podría cumplirla... como ha
sido el caso.
—¿Una misión? –le preguntó su amigo.
—Sí: evitar que se publiquen determinadas cosas que no sería conveniente que la gente conociese. Ya
sabes: secretos de estado, militares, y cosas así.
—Espera, espera... –interrumpió Toni— Nosotros somos una revista de ciencia ficción. ¿Qué secretos
gubernamentales o militares podríamos ofrecer? En todo caso... ¡serían todos inventados! ¡Serían de ficción!
Alberto sonrió tristemente.
—No, me temo que no. Y ya lo hemos visto. A algunos “listos”, como nuestro amigo Rogelio, seguro
que se les ocurría poner la mayor cantidad de ese tipo de cosas en sus relatos para mejorarlos y venderlos más
fácilmente, como de hecho ha hecho en su última obra, la que le he dicho que no vamos a publicar. Es que...
es muy fácil escribir cosas que ya han pasado. Y si encima, para escribirlas, dispones de datos que son de
dominio público allá donde sucedieron, pero que han sido clasificadas como de alto secreto para fuera de esos
lugares, pues... algo hay que hacer. ¿No te parece?
—No te entiendo –replicó, cada vez más confuso, Toni—. De verdad que no te entiendo. ¿Me estás
diciendo que hay toda una serie de hechos que han pasado en otros mundos, que para esos mundos son como
nuestra historia, pero que para la Tierra están prohibidos?
—Eso mismo.
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—Pero, ¿porqué?
—Porque la raza humana aun está en plena evolución. Y no es conveniente que se sepan determinadas
cosas por adelantado. Y esa es mi misión, la de cualquier gnavick: que los inmigrantes que vienen a la Tierra,
esos que por lo general viven de escribir lo que para el resto de los terrestres es ficción científica, puedan irse
de la lengua... en demasía. Es por eso que nosotros, los gnavicks, solemos trabajar como editores de ciencia
ficción: para tener controlados a todos esos comodones, que en realidad escriben historia estelar y que la
venden como ciencia ficción, sin inventarse en realidad ni una coma, como hacen los escritores decentes.
—Espera, espera... –interrumpió Toni en este punto— ¿Me estás diciendo que eres una especie de
censor galáctico? ¿Qué es cierto que Rogelio es un extraterrestre? ¿Y como? ¿Cuándo te asignaron una misión
así? ¿Te secuestró un Ovni, o algo así?
La sonrisa de Alberto se llenó de tristeza.
—Lo has prometido, ¿recuerdas? –dijo justo antes de introducirse el dedo meñique en la boca y tirar de
la comisura hacia un lado.

H
acer una revista de aficionados es un tarea
complicada. Eso, a muchos de vosotros que
a buen seguro os habéis liado la manta al
hombro alguna vez, no os sonará a nuevo. Por eso
esta página va dedicada a aquellos que nunca se han
involucrado en la realización de un Fanzine.
Para que estas páginas puedan llegar a vues-
tras manos el proceso se inicia con la selección de
los textos que vosotros nos remitáis. Después, una vez
sugeridas las correcciones, remitidas a vosotros, reci-
bidas las contestaciones, sugeridas de nuevo ( aaggg...
) y vueltas a recibir.... pues un servidor se sienta
delante del ordenador y comienza la tarea de unir
todos vuestros relatos, todas vuestras ideas y sugeren-
cias en un... como os diría... en un “algo” que intenta
ser homogéneo y dar una buena imagen.
El trabajo, gustosamente, lo asumimos.
Maquetar la presentación, corregir los textos
de los que a buen seguro se escapará algún gazapo,
tirar una y mil hojas de prueba hasta poder por fin
decir, orgullosos: ya está lista.
Convertirla a un formato electrónico, colgarla
de Internet y ponerla a vuestra disposición SIN QUE
SE TENGA QUE PAGAR NI UNA PESETA POR
ELLO.
Y no es que seamos ángeles benefactores. Pero
creemos que es una idea maja que puede prosperar, y
para ello os escribo este artículo, para deciros en qué
podéis ayudarnos. Y es muy sencillo:
NECESITAMOS DE VUESTROS TRABA-
JOS
Vuestro relatos, vuestros comentarios, las crí-
ticas de aquellos libros o películas de Ciencia Ficción
o Fantasía que hayáis visto / leído. Todo ello tiene
un valor incalculable para nosotros ya que es de ese
material del que nos alimentamos. Si vosotros, que
nos leéis ahora, nos proporcionáis el material necesa-
rio, nosotros asumiremos con gusto la tarea de con-
vertir todo vuestro trabajo en un fanzine del que
podamos sentirnos orgullosos.
¿ Nos ayudareis ?
PULSAR
NECESITA DE TU AYUDA
35 y subiendo. Aunque me estoy planteando volver a los 25, y cuando me pregunten la
edad, decir solo algo así como 10, presuponiendo que quien me lo pregunta ya sumará
por su cuenta esos 10 a los 25 a los que se sobreentiende que hay que añadir. O no. Pero
si no lo hace, ese será su problema. ¡Ah! Y me sigue gustando escribir y leer ciencia fic-
ción. Y si es divertida, mejor que mejor. Y ahora, después de este desbarre, me voy a tomar
mi medicación...
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Genética
Por J.J. Arnau Moreno
Comentario del autor
T
E
A
T
R
O
ESCENA I
EN EL CENTRO DE LA ESCENA, DOS SILLONES CONTIGUOS, CON UNA MESITA ENMEDIO.
DETRÁS, UN MUEBLE BAR Y UNA VITRINA. SE OYEN PASOS Y VOCES QUE SE ACERCAN A LA
ESCENA. ENTRAN DOS HOMBRES.
Mario.- Bien, Víctor, tu laboratorio es impresionante, no sé cómo has conseguido montartelo en casa con lo
que cobras por dar clases en la Universidad.
Víctor.- Sabes muy bien, mi querido amigo, que mientras consigo el doctorado tengo la obligación de dar
clases, lo que me proporciona unas horas diarias de acceso al laboratorio para desarrollar lo que verdadera-
mente me interesa: la investigación.
SE SIENTAN, UNO AL LADO DEL OTRO. VÍCTOR SACA DE LA MESITA UNOS PUROS, OFRE-
CIENDO UNO A SU AMIGO. LE DA FUEGO, Y SE PONE A FUMAR ÉL TAMBIÉN.
Mario.- Gracias. Pero eso no explica lo de tu laboratorio.
Víctor.- Bueno, digamos que me traigo trabajo a casa...
Mario.- Ya, y los materiales para trabajar...
Víctor (interrumpiéndole ).- ¡Exactamente, sabía que tú, como amigo mío, lo comprenderías!
Mario.- Bueno, no exactamente, y menos aún sin saber qué es lo que investigas.
Víctor.- Genética. Ingenieria.
Mario.- Vaya, un campo “interesante”; pero desde que a comienzo de siglo se dieron los primeros intentos
de clonación y, posteriormente, se descifró el genoma humano, parece que decayó bastante el boom de esa
ciencia, ¿no?.
Víctor ( riéndose con ganas).- Ja, Ja...no, mi querido amigo, está mucho más desarrollada de lo que tú
crees...por cierto, ¿te apetece una copa?.
Mario.- Sí; un coñac, gracias.
Víctor (llamando a alguien fuera de escena).- ¡Nerón!
Mario (extrañado).- ¿Nerón?, ¿quién es Nerón?.
Cuando me presenté como colaborador, dije que ahora hacía teatro- nada
relacionado con la sf- ; Sebastián lo cogió al vuelo y me dijo- "oye, acabamos de
publicar una poesía...y no se prodigan las obras de teatro en las revistas de SF.
Molaría un sainetito corto, de un acto sobre un tema de SF---y a nivel de fanzine
sería algo absolutamente original.
Pues bueno, esto fue lo que salió. Tranquilos, tengo relatos más..."normales".
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Víctor.- ¡Oh!; digamos que es mi...ayudante.¡Sí, eso, uno de mis ayudantes!.
ENTRA UN HOMBRE; TODO EN ÉL DEBE DAR SENSACIÓN DE PERRUNO, DESDE SUS GESTOS-
PERO SIN EXAGERAR- HASTA SU “DOCILIDAD”.
Nerón.- ¿Sí, jefe?.
Víctor.- Nerón, sírvenos unas copas de coñac.
Nerón.- Enseguida, jefe-
VA HACIA LA VITRINA Y SACA DOS COPAS. DEL MUEBLE BAR SACA UNA BOTELLA, DE LA
QUE LLENA LAS COPAS, DEJÁNDOLAS ENCIMA DE LA MESITA, ENTRE LOS SILLONES.
Víctor.- Gracias, Nerón, puedes retirarte.
SALE NERÓN DE ESCENA, HACIENDO LIGERAS REVERENCIAS CON LA CABEZA.MIENTRAS,
MARIO HA ESTADO OBSERVANDO MUY ASOMBRADO.
Víctor.- Bueno, como te iba diciendo, la IG está mucho más desarrollada de lo que tú y el resto del mundo
creéis.
Mario (sin salir de su asombro aún).- ¿Sí?; entonces , ¿porqué no hemos oído nada de sus “supuestos” logros
desde hace...casi un siglo.
Víctor.- Patentes.
Mario (sin comprender) .- ¿Qué?.
Victor.- Sí, patentes. Te lo explicaré... en muy pocas palabras.
Mario.- ¡Hombre, te lo agradezco profundamente!
Víctor (sin captar la ironía).- Sí, sí, vale. Bueno: las empresas farmaceuticas y laboratorios privados pagan
unas fortunas para que no salgan a la luz las terapias genéticas, ni los experimentos de clonación...
Mario.- ¿Algo así como cuando a finales del siglo XX las compañías petrolíferas compraban las patentes de
motores que funcionaban sin necesidad de usar derivados del petróleo para no perder el negocio?.
Víctor.- ¡¡Exactamente!!
Mario.- ¡Pero eso es...!
Víctor.- ¿Amoral?. Sí, tal vez, pero tú mismo has reconocido que eso ya se practicaba hace tiempo...y en
todos los ámbitos de la vida. Además, eso nos viene muy bien a muchos...y, por cierto, sale más rentable este
arreglo que lanzar un nuevo producto, o una nueva terapia, al mercado.
Mario.- ¡Pero, toda la gente que se podría...!
Víctor.- ¿Salvar?. Sí, pero ten en cuenta que mientras, la investigación sigue; y las farmas no podrán pagar
indefinidamente...yo les calculo unos cinco años...en ese tiempo.
Mario.- ¿Qué, cuanto se habrá avanzado?; porque no me digas que la clonación...
Víctor.- ¡Oh, eso está totalmente superado!
SE OYE UN GRAN RUIDO AL FONDO. ENTRA UN HOMBRE, CON UNA GRAN CAJA, QUE LLEVA
SIN NINGÚN ESFUERZO; SUS ACCIONES DEBEN SER ...SIMIESCAS, SOBRE TODO EN SUS
GESTOS.TAMBIÉN LO ES, AUNQUE SIN PASARSE, SU ASPECTO.
Víctor (dirigiéndose a Mario).-Perdona un momento.-AL RECIÉN LLEGADO- Mon, deja ese material
en el laboratorio, y luego ves con Nerón...Ah, y dile a Yaita que venga.-EL LLAMADO MON SALE DE
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ESCENA, SILENCIOSAMENTE, CON LA CAJA EN UN HOMBRO, Y BALANCEANDO EL OTRO
BRAZO, SEMIENCORVADO.
Víctor.- Otro ayudante mío. Bueno, como te contaba, la clonación está totalmente superada...ahora experi-
mentamos con animales a los que damos características humanas.
Mario (totalmente sorprendido).- ¡Dios mío, estáis jugando a dioses!...eso es...¡monstruoso!.
Víctor (totalmente en calma).- ¿Porqué, se lo has preguntado a ellos?.
EN ESE MOMENTO ENTRA YAITA, UNA PRECIOSA JOVEN CON AIRES FELINOS EN SU MANERA
DE ANDAR Y SUS GESTOS.
Víctor.- ¡Ah, querida! , te presento a mi amigo Mario. Ven, siéntate aquí conmigo.
ELLA VA HACIA ÉL, PERO SE SIENTA EN EL SUELO, CON LA CABEZA APOYADA EN EL
REGAZO DE VÍCTOR, QUE EMPIEZA A ACARICIARLE LA CABEZA...¡Y ELLA EMPIEZA A RON-
RONEAR !
Víctor (a Mario).- ¿Sabes que muchos médicos recomiendan los ronroneos de los gatos como terapia para
muchas dolencias, sobre todo de huesos?: estimula el crecimiento óseo..por la frecuencia de las vibraciones.
Bueno, a lo que iba: hoy has conocido a tres ejemplos de mi investigación.
Mario (cada vez más confundido con lo que está viendo y oyendo).- ¡No me digas...!
Víctor.- Sí; Yaita, Mon y Nerón...y algunos más que no fueron viables...son el resultado de incorporar genes
humanos a distintos animales, y luego desarrollarlos como humanos
Mario.- ¡Increíble!. Pero, ¿no dan problemas?.
Víctor.- ¡Oh, no, nos cuidamos muy bien de eso!; no dejamos que se desarrolle su inteligencia más allá de
entender ordenes, y de poder articular unas pocas frases...además, son estériles.
Mario.- ¿Genéticamente?.
Víctor.- Desgraciadamente - para ellos - no. No podíamos truncar esa línea de genes sin alterar algunas otras
que nos interesaba conservar; por eso dejamos que se desarrollara, y los suprimimos quirúrgicamente durante
la adolescencia- variable en cada raza-, cuando ya habían desarrollado las características que nos interesa-
ban.
Mario.- Sigo pensando que es monstruoso...
Víctor (interrumpiéndole).- Pero amigo mío, ¿ no ves lo beneficios que sacará la humanidad cuando lo demos
a conocer?: podemos realizarlo en sentido inverso: añadir genes de animales seleccionados a las personas
para mejorarlas.
Mario.- No sé, es muy confuso todo...así, de golpe...
Víctor.- Sí, pero piénsalo bien, porque necesito que me ayudes; por eso te he enseñado mi laboratorio. Tus
conocimientos de leyes y de asesoría de empresas nos vendrán muy bien cuando esto se dé a conocer: nece-
sitaré una empresa jurídicamente constituida para canalizar la parte no científica: reclutar trabajadores, selec-
cionar candidatos...contabilizar ingresos...Esa empresa muy bien puede ser la tuya; sé que colaboráis finan-
ciando otras investigaciones de la Universidad...las que se pueden dar a conocer, claro, ja, ja...
Mario.- No sé que decir, así de golpe.
Víctor.- Sí, lo comprendo; vete a casa, descansa, piénsalo y en un par de días me contestas...pero yo de tí
no dejaría pasar esta oportunidad; ten en cuenta que te lo digo como amigo tuyo. Bueno, ahora tengo que
descansar: ha sido un día muy duro de clases, je, je, je. Yaita, acompáñalo la puerta, y luego vete con Nerón
y Mon. Buenas noches, Mario.
Mario.- Buenas noches.
PULSAR 5 | Pág. 43
MARIO Y YAITA SALEN DE ESCENA. VÍCTOR ACABA SU COPA, APAGA EL CIGARRO, SE ACO-
MODA EN EL SILLÓN, Y SE EMPIEZA A DORMIR.
SE AMORTIGUAN LAS LUCES, HASTA CASI OSCURIDAD. A UN LADO DEL ESCENARIO, SE
ENCIENDE UN FOCO, Y VEMOS A YAITA, NERÓN Y MON, MIRANDO A VÍCTOR Y HABLANDO
ENTRE ELLOS.

ESCENA II
Yaita.- Miradlo, ahí está, con la conciencia tranquila...o sin conciencia; no se ha dado cuenta en todo este
tiempo que ya no somos sus "animalitos".
Mon.- Sí, en todo este tiempo no se ha dado cuenta de que hemos aprendido; gracias a sus libros, a sus conver-
saciones, a que no nos concediese la menor importancia, hemos desarrollado un poco nuestra inteligencia.
Nerón.- Ya nunca seremos como los humanos, pero al menos ya no somos simples animales.
Mon.- Es cierto; estábamos hartos de servir de reclamo en sus zoológicos, hartos de que se experimentara
con nosotros porque eramos parecidos a ellos...
Nerón- Hartos de simular este maldito servilismo; la memoria genética de mi raza canina está harta de ser
considerada sirvientes de los humanos: traeme la pipa, traeme las zapatillas, vé a por el periódico...¡estamos
hartos!.
Yaita.- Sin embargo, los gatos, no podemos quejarnos de eso; siempre hemos hecho lo que queríamos con los
humanos; íbamos a que nos dieran de comer, si hacía frío entrábamos a calentarnos, si nos apetecía desapa-
recíamos durante días sin dar explicaciones a nadie..¡sólo nos fastidiaba ese dichoso ronroneo de satisfacción
que se nos escapa de vez en cuando y nos delata!.
Nerón.- Pero el súmun de todo fue cuando nos esterilizó. ¡Eso fue la gota que colmó el vaso !.
Yaita.- Sí, tenemos que vengarnos, como habíamos pensado, y tiene que ser hoy, antes que se decubra todo
esto.
Mon.- Sí, hoy.
Yaita.- Nerón, trae el cuchillo de cocina. Món, agárralo, que no pueda moverse del sillón.
NERÓN SALE DE ESCENA, MIENTRAS YAITA Y MÓN VAN HACIA VÍCTOR, QUE CONTINÚA
DORMIDO. MÓN SE SITÚA DETRÁS DEL SILLÓN, Y RODEA A VÍCTOR CON SUS LARGOS
BRAZOS; ÉSTE DESPIERTA, FORCEJEA, Y PÁRA CUANDO VÉ A ESCASO CENTÍMETROS DE SU
CARA LA DE YAITA. SE ENCIENDEN LAS LUCES DE ESCENA.
PAUSA.
ENTRA NERÓN CON EL CUCHILLO, Y VÍCTOR SE GIRA HACIA ÉL. ASUSTADO. VUELVE A
MIRAR A YAITA.
Yaita.- ¿Qué, sorprendido?. No te esperabas esto de tus animalitos, ¿ verdad?- MÓN Y NERÓN SE RÍEN-
Mientras tú estabas enfrascado en tus experimentos, torturando más y más de nuestros congéneres, nosotros
observábamos y aprendíamos.
Víctor (tartamudeando).- Pero, pero,pe..yo, yo no los torturaba..era...ah... era por un buen fin, yo...
Nerón (colocando el cuchillo cerca de la caa de Victor).- Sí, para enriqueceros tú y tus compinches. Lo hemos
oído, nos hemos dado cuenta; hemos desarrollado poca, muy poca inteligencia, pero la suficiente para darnos
cuenta de lo que pasa.
Yaita.- Ahora ha llegado tu hora; ahora nos servirás tú a nosotros.
Víctor.- Pero, la Universidad, las clases...
Yaita.- Oh, tranquilo, pasarán semanas hasta que se preocupen de tí, y luego, aún podemos mantenerlos
alejados un tiempo más, lo suficiente para que pruebes tu propia medicina y desees no haber empezado esta
PULSAR 5 | Pág. 44
pesadilla.
Víctor.- Pe..pero, pasado el tiempo, la policía...
Nerón.- ¿Y qué te crees, que no podremos escapar?; ¿qué somos al fin y al cabo sino animales?.
Yaita- Es cierto; no somos ni más ni menos que una gata, un gorila y un perro, ¿quién nos vá a dar alcance
cuando tengamos que huir ?.
Víctor.- No, yo no quería que...
VAN DESVANECIÉNDOSE LAS LUCES. VICTOR INTENTA FORCEJEAR, PERO NO MUEVE LO
MÁS MÍNIMO A MON; DESPUÉS DE UN RATO, DEJA DE MOVERSE Y SOLLOZA. LOS OTROS
EMPIEZAN A REÍRSE.
CUANDO SÓLO UNA LUZ ENFOCA AL GRUPO:
Yaita.- ¡Oh!, y eso de esterililizarnos por las buenas, sin necesidad...Nerón, el cuchillo.
SE APAGA LA LUZ: GRITO DESGARRADOR DE VÍCTOR. AL MISMO TIEMPO, SE OYE ALGUIEN
LLAMANDO A LA PUERTA...
¿FIN?...
Bueno, esta es la primera presentación que hago para la revista. Decir que me llamo
Javi, y que hasta hace no mucho editaba mi propio fanzine en papel, y colaboro en otras
publicaciones: He hecho guiones para un programa de TV local, así como para una
radio libre. Actualmente, tengo mi grupo de teatro,en el que escribo, dirijo, actúo, etc...
en sucesivas colaboraciones ya me iré presentando más detenidamente.
Fantasymundo.com es una de las páginas que enlazan directamente con nosotros. Os reco-
mendamos encarecidamente su visita si quereis estar al dia de las ultimas novedades en
Fantasía.
http://www.fantasymundo.com
Las noticias de
Noticias extractadas de la página web de BEM ( http://www.bemmag.com ) con permiso de los autores
Fallece Chuck Jones
A los 89 años y víctima de un paro cardíaco fallecía el pasado 22 de febrero, en su casa de Corona del Mar, California, el maestro
de la animación Chuck Jones.
Creador de personajes tan populares como El Correcaminos y El Coyote, Marvin el marciano, Bugs Bunny y el Pato Daffy, Jones realizó
más de 300 películas animadas (las más populares para la Warner Bros.), tres de las cuales fueron galardonadas con sendos Oscars,
además del honoríÞco que recibió en 1996 por el conjunto de su obra.
Puede ser consultada una amplia biografía en su página web.
25 de febrero de 2002 (12:38:27)
Exposición en Internet de portadas de ciencia Þcción de la época dorada.
Las dos exposiciones permiten apreciar portadas correspondientes al año 1926 de la clásica revista norteamericana Amazing Stories
y algunas de la primera época de la colección Nebulae, de EDHASA y son un disfrute para los sentidos y una visita obligada para los
amantes de la ciencia Þcción de corte más clásico.
Ediciones Silente ya había expuesto hace unas semanas otra exposición de portadas clásicas de la Saga de los Aznar. La noticia al respecto,
publicada en BEM, puede ser visitada aquí.
Las portadas de Amazing Stories pueden ser disfrutadas aquí, y las de Nebulae primera época, aquí.
Nuevo universo compartido de Carlos Saiz Cidoncha.
El autor de la inolvidable Memorias de un merodeador estelar, Carlos Saiz Cidoncha, ha hecho público a través de Silente, uno de
sus proyectos más interesantes: ofrecer un mundo imaginario, salido de su propio universo literario desarrollado en tantas novelas de
ambiente galáctico, para que quienes lo deseen puedan habitarlo a través de relatos e historias libremente ambientados allí.
El planeta Krum está disponible para la creación literaria.
«En un entorno de lucha y violencia, de magia y brujería, de hazañas y traiciones, entre los habitantes de Krum no faltaba la
esperanza».
25 de febrero de 2002 (12:15:54)
Convocado el XII Certamen literario "Villa de Iniesta" 2002.
BASES PARA EL XII CERTAMEN LITERARIO “VILLA DE INIESTA” 2002
A continuación reproducimos la siguiente nota que nos han hecho llegar del Ayuntamiento de Iniesta:
"La consolidación del certamen literario “Villa de Iniesta” es ya una realidad desde hace varios años, por la expectación que levanta, por
el número de autores participantes, más de trescientos en las últimas ediciones, por la calidad de las obras premiadas, y por lo que ya
representa el Certamen en el calendario cultural de esta localidad manchuela.
Organizado por la Biblioteca Municipal de Iniesta, y patrocinado por el Ayuntamiento iniestense, la Junta de Comunidades y la Diputación
de Cuenca, ha sido presentada y hecha pública oÞcialmente la convocatoria del XII Certamen Literario “Villa de Iniesta”.
BASES
1ª.- Podrán concurrir a este Certamen todas las personas mayores de 18 años, nacidas o con residencia en España, siempre que sus
trabajos estén escritos en castellano.
2ª.- Se establecen dos modalidades: Cuento o Narración Breve y Poesía.
3ª.- Las obras serán originales e inéditas y no deben estar premiadas en otros concursos.
4ª.- El tema de los trabajos será libre.
5ª.- La extensión mínima será de 50 versos y máximo 100 (pueden ser poemas o conjunto de poemas), en la modalidad de poesía, y
máximo 10 folios mecanograÞados a doble espacio y por una sola cara en la modalidad de Cuento o Narración Breve.
6ª.- Los originales no irán Þrmados y se presentarán por triplicado con un título o lema y acompañados de un sobre cerrado que
contenga los datos personales del autor.
7ª.- No podrán presentarse más de dos obras por persona, en cada modalidad, y deberán ir en sobres distintos.
8ª.- El plazo de admisión de originales Þnaliza el 31 de marzo de 2002 y deberán ser remitidos a la Biblioteca Pública Municipal,
C/Alarcón, 2, 16235 Iniesta (Cuenca). Telf.: 967-545139. E-mail: bpm.iniesta@local.jccm.es
9ª.- Las entidades organizadoras del concurso designarán la composición del jurado, el cual seleccionará de entre los originales recibidos
aquéllos que, a su juicio, reúnan los mayores méritos literarios, teniendo facultad para declarar desierta la concesión de los premios
en cualquiera de las modalidades.
10ª.- Se establecen los siguientes premios, en cada una de las modalidades: 1º: 80.000 pts (contravalor en euros) y diploma; 2º:
40.000 pts (contravalor en euros) y diploma.
11ª.- Se establece, además, un tercer premio dotado con 15.000 pts (contravalor en euros) en cada modalidad para el primer clasiÞcado
local, en el caso de que ningún autor local haya obtenido uno de los dos premios.
12ª.- Ningún autor podrá optar a premios iguales o inferiores a los obtenidos en convocatorias de años anteriores.
13ª.- Ningún autor podrá obtener más de un premio en cada modalidad y los trabajos premiados quedarán en propiedad de la
organización, la cual podrá gestionar su publicación o edición en revistas o periódicos locales.
14ª.- Los autores premiados serán avisados con antelación y se propondrá su asistencia al Acto de Entrega de premios en el transcurso
de la Feria del Libro, que se celebrará el día 28 de abril de 2002.
15ª.- La no-asistencia injustiÞcada a dicho acto dará lugar a la pérdida del premio en metálico, que se acumulará a los premios de
la convocatoria del año siguiente.
16ª.- Los trabajos no premiados se destruirán una vez realizado el fallo del Jurado, y después de la entrega de premios no se mantendrá
correspondencia con los autores de las obras presentadas.
17ª.- El hecho de participar en este concurso implica la aceptación de sus Bases. Todas las incidencias no previstas en ellas serán
resueltas por el Jurado desde el momento de su constitución".
Para cualquier consulta o veriÞcación de las bases, se ruega escribir o contactar directamente con los organizadores..
24 de febrero de 2002 (11:37:34)
Precandidatos al Premio Bram Stoker
Lista completa de precandidatos al Premio Bram Stoker en sus principales categorías, para obras publicadas durante el 2001. La lista
deÞnitivas de candidatos será hecha pública a Þnales de marzo.
MEJOR NOVELA
From the Dust Returned, de Ray Bradbury.
The InÞnite, de Douglas Clegg.
The Living Blood, de Tananarive Due.
American Gods, de Neil Gaiman.
House of Pain, de Sephera Giron.
Evil Whispers, de Owl Goingback.
Straight On ‘Til Morning, de Christopher Golden.
The Beast That Was Max, de Gerard Houarner.
The Lost, de Jack Ketchum.
Dreamcatcher, de Stephen King.
Black House, de Stephen King y Peter Straub.
A Night in the Lonesome October, de Richard Laymon.
The Nature of Balance, de Tim Lebbon.
The Association, de Bentley Little.
Wire Mesh Mothers, de Elizabeth Massie.
Fireworks, de James A. Moore.
A Lower Deep, de Tom Piccirilli.
The Vampire Vivienne, de Karen E. Taylor.
Teeth, de Edo van Belkom.
Hosts, de F. Paul Wilson.
MEJOR RELATO LARGO
"The God of Dark Laughter" de Michael Chabon (The New Yorker).
“The Sheriff of Pensie Avenue” de Geoff Cooper (Bum Piss and Other City Scents).
“A to Z, in the Sarsaparilla Alphabet” de Harlan Ellison (The Magazine of Fantasy & Science Fiction).
“Demolition” de Nancy Etchemendy (The Magazine of Fantasy & Science Fiction).
“The Folks”, de Ray Garton (Cemetery Dance).
“Heretics” de Greg F. Gifune (Heretics).
“Diving the Coolidge” de Brian A. Hopkins (Historical Hauntings).
“The Tumbleweed Rustlers Snack & Save” de Brian A. Hopkins (Crime Spree).
“Earthworm Gods” de Brian Keene (No Rest for the Wicked; 4x4).
“The Rest of the Wrong Thing” de Poppy Z. Brite y Caitlin R. Kiernan (Wrong Things).
“The Unfortunate” de Tim Lebbon (As the Sun Goes Down).
“Holy Rollers” de James Newman (DarkTales)
“Natural Selection”, de Weston Ochse (DarkTales)
“Blood Money” de Norman Partridge (The Man with the Barbed-Wire Fists).
“The Distance Travelled” de Brett A. Savory (Prime).
“The Bird Catcher” de S.P. Somtow (The Museum of Horrors).
“Cinema Surrendari” de Robin Spriggs (Wondrous Strange).
«Ladylove and the Old Nick of Time» de Robin Spriggs (Wondrous Strange).
“In These Final Days of Sales” de Steve Rasnic Tem (Wormhole Books).
“A Game of Colors” de John Urbancik (Yard Dog Press).
“Middle Passage” de Matthew Warner (Extremes 3: Terror on the High Seas).
“Deadfellas” de David Whitman (DarkTales).
MEJOR RELATO CORTO
"Black Roses and Hail Marys" de Maria Alexander (Chiaroscuro).
“King of Shadows” de Maria Alexander (Gothic.net).
“I Am Your Need” de Mort Castle (Brainbox II: Son of Brainbox).
“Weaver’s Spell” de Kristy Dark (The Gallows).
“Lamed Vov” de d.g.k. goldberg (Extremes 2: Fantasy & Horror from the Ends of the Earth).
“Eleven Minutes in September” de Brian A. Hopkins (Brainbox II: Son of Brainbox).
“How Do We Say Goodbye?” de Gerard Houarner (Gothic.net).
“El Cura” de Michael T. Huyck, Jr. (Extremes 2: Fantasy & Horror from the Ends of the Earth).
“Lest Ye Become” de Brian Keene (Poddities; No Rest for the Wicked; A Darker Dawning; HorrorÞnd).
“The Haunt” de Jack Ketchum (Cemetery Dance).
“Reconstructing Amy” de Tim Lebbon (As the Sun Goes Down).
“Twenty-three Snapshots of San Francisco” de Seth Lindberg (Twilight Showcase).
“When We Was Flab” de Mark McLaughlin (HorrorÞnd).
“The Pit” de Kurt Newton (Poddities)
“Holy Mother of God” de Weston Ochse (Gothic.net).
“Experiment in Human Nature” de Monica O’Rourke (HorrorÞnd; Rare).
“Blind Mouths” de Judi Rohrig (Cemetery Dance).
“The Hoor’s Revenge” de Larry Santoro (Blood and Donuts).
“Jimmy Dale” de Brett A. Savory (Gothic.net).
“Quickie” de Harry Shannon (Alternate Realities; Bad Seed).
“Whose Puppets, Best and Worst, Are We?” de David B. Silva (Cemetery Dance).
“Whisper” de Ray Vukcevich (The Magazine of Fantasy & Science Fiction)
MEJOR GUION
Los otros, de Alejandro Amenabar (Miramax).
EL señor de los anillos: La comunidad del anillo, Philippa Boyens, Peter Jackson y Frances Walsh (New Line Cineman).
Hearts in Atlantis, de William Goldman (Castle Rock/Warner Bros).
From Hell, de Terry Hayes y Rafael Yglesias (20th Century Fox).
Harry Potter y la piedra Þlosofal de Steven Kloves(Warner Bros).
Mulholland Drive, de David Lynch (Universal Studios Canal).
Hannibal, de David Mamet y Steven Zaillian (MGM).
Memento, de Christopher y Jonathan Nolan (Newmarket).
The Gift de Billy Bob Thornton y Tom Epperson (Paramount).
“The Body” (Buffy the Vampire Slayer) de Joss Whedon (Fox).
“Once More, With Feeling” (Buffy the Vampire Slayer) de Joss Whedon (Fox).
22 de febrero de 2002 (11:34:20)
Anticipos de Terminator 3
Arnold Schwarzenegger explicó a Associated Press que existirá una hembra cyborg (la desconocida Kristanna Loken) en la inminente
Terminator 3.
"Ella podrá controlar cualquier máquina o artefacto mecánico, incluído yo mismo", dijo el actor de origen austríaco. "De este modo mi
personaje aparece algunas veces como un malvado y otras como un Terminator dispuesto a salvar el mundo".
El título deÞnitivo de la película parece ser Terminator 3: Rise of the Machines, y ya se ha decidido que se ruede íntegramente en la
ciudad norteamericana de Los Angeles. Inicialmente se había especulado con la posibilidad de que el rodaje se efectuara en Vancouver,
pero esa opción fue Þnalmente descartada.
El director será Jonathan Mostow, los interiores se rodarán en los L.A. Center Studios y los exteriores en diversas localizaciones
de los alrededores de la ciudad.
El estreno está previsto para el verano de 2003 y el presupuesto con que contará es de entre 165 y 180 millones de dólares americanos,
de los cuales unos 30 serán para los bolsillos de Schwarzenegger (ver noticia anterior al respecto aquí).
21 de febrero de 2002 (10:58:06)
Posible versión cinematográÞca de Una mirada a la oscuridad
La Warner Brothers habría adquirido los derechos cinematográÞcos de la novela (considerada semi-autobiográÞca) de Philip K. Dick Una
mirada a la oscuridad, para la productora de Steven Soderbergh y George Clooney, Section 8.
El argumento del libro narra la historia de Bob Arctor, un hombre al borde de la demencia a causa de las drogas cuyas alucinaciones
le impiden distinguir entre la realidad, su trabajo como oÞcial de narcoticos, y su alter ego, Fred, que vive un estilo de vida propio
de un drogadicto.
No se ha determinado aún quién la dirigiría, aunque según aÞrman fuentes de la productora, podría realizarse con actores o bien
mediante técnicas de animación por ordenador.
21 de febrero de 2002 (10:43:03)
Para fanáticos de Star Trek
Según publica la revista PC World, EarthLink y Viacomo, subsidiaria de Paramount Digital Entertainment, se han aliado para crear
un ISP temático sobre la popular serie de ciencia-Þcción televisiva, Star Trek. Su nombre: StarTrek.Net.
Entre las características que incluye el ISP destaca la posibilidad de disponer de una dirección de correo electrónico propia StarTrek.net
(además de la dirección de correo electrónico de EarthLink) y opciones de personalización del escritorio, además de acceso al contenido
de Star Trek creada exclusivamente para usuarios.
El servicio esta disponible para los usuarios en los Estados Unidos y Canadá a través de conexiones vía módem y de banda ancha. El
ISP de StarTrek.net cuesta lo mismo que el servicio regular de EarthLink, y sus usuarios se pueden registrar a través de los sitios web
de EearthLink y la página de Star Trek de Paramount.
StarTrek.net es el último intento de Earthlink de competir con sus grandes rivales, el servicio MSN de Microsoft y el más grande
ISP de Estados Unidos, America Online. Mientras que MSN cuenta actualmente con 7,7 millones de suscritores mundiales, y AOL
anda próximo a los 33 millones, EarthLink tiene sólo 4,8 millones de suscriptores de pago, según el informe del cuarto trimestre
publicado a Þnales de enero.
20 de febrero de 2002 (11:49:29)
Cambio de Þrma y novedades
El prolíÞco escritor catalán Juan Antonio Fernández, cuyo nombre en castellano es casi igual que el del escritor malagueño Juan Antonio
Fernández Madrigal, ha decidido catalanizar su nombre de cara a publicar tanto en castellano como en catalán, evitando al mismo tiempo
posibles confusiones entre los lectores. Eso quiere decir que, a partir de ahora, todos los trabajos que publique este autor residente en
Argentona los Þrmará con su nombre catalán: Joan Antoni Fernàndez.
Por lo que respecta a próximas publicaciones de este autor, está prevista la publicación de dos relatos en la revista Pulpmagazine, uno
en principio para el 7, un artículo sobre ciencia Þcción y cómic que saldrá en Maelstrom nº2, y le han aceptado una historia larga en la
revista 2001 aunque dada su extensión no se sabe aún en qué número aparecerá.
También aparecerá una historia suya en la antología que Espiral-ciencia Þcción está preparando para su número 25 (y que saldrá el
próximo més de abril), y tiene una novela en cartera de Ediciones Silente que lleva el título de Democracia cibernética.
Por último decir que está previsto que publique en la colección Albemuth un relato que fue Þnalista al Premio Alberto Magno.
19 de febrero de 2002 (11:14:46)
Congreso británico de ciencia Þcción: HeliCon 2.
Jersey es una de las Islas del Canal y un destino turístico de primer orden (además de ser un conocido paraíso Þscal) y fue la sede del
congreso británico de ciencia Þcción (Helicon I) y la EuroCon de 1993.
Este año celebrará, del 29 de marzo al 1 de abril, HeliCon 2 el cogreso nacional británico (aunque perdió la EuroCon que fue a parar
a la república checa -ver noticia al respecto aquí-).
Los invitados de honor en esta ocasión serán el escritor norteamericano Harry Turtledove, el británico Brian Stableford y el aÞcionado
inglés Peter Weston.
Ya existe una primera versión del programa del congreso que puede ser consultado aqui.
Los precios de inscripción se mantendrán invariables hasta Þnales de febrero, cuando está previsto que suban.
19 de febrero de 2002 (10:46:36)
Nueva novela de Carlos Saiz Cidoncha.
Según nos informan fuentes cercanas al escritor, Carlos Saiz Cidoncha (Ciudad real, 1939), el veterano y galardonado autor español ha
contratado con una conocida editorial (que aún no puede revelarse) la publicación de su última novela.
Después de un cierto tiempo dedicado a una importante investigación de tipo histórico (el Dr. Cidoncha además de escritor del género es
un conocido especialista en temas militares e históricos) regala a su público Una ruta en el cielo, título provisional.
Se trata de una Space Opera (ciencia Þcción de aventuras) con el sello inconfundible de su autor: grandes aventuras, lectura ágil y
amena, muy divertida y llena de guiños al lector conocedor del género.
18 de febrero de 2002 (12:18:19)
Conßictos en Francia.
Según publica la web de Ediciones Silente, está previsto que hoy lunes día 18, ocho escritores franceses de la colección Línea Negra, de
Editorial Mango (Michel Steiner, Eric Cristy, Olivier Thiebaut, Jean-Hugues Oppel, Caryl Ferey, Alexandre Dumal, Francis Mizio, junto con
la exdirectora de la colección, Hélene Bihery) ocupen la sede de Ediciones Mango, para protestar, exigir su puesta al día de derechos
y demandar explicaciones.
Los escritores convocados desean transmitir con esta acción directa un mensaje claro a todos los editores denunciando la usual falta de
valoración y de respeto con la que se maltrata a este colectivo.
El detonante de esta acción parece haber sido la entrega en saldo de un numeroso grupo de títulos de la editorial Mango a las cadenas
Fnac, Alpage, Amazon y otras, realizado sin avisar y vulnerando todo acuerdo previo.
Los escritores afectados señalan estar hartos del incumplimiento de contratos, de la falta de la más elemental cortesía, diálogo y hasta
el cinismo que parece presidir el trato de los responsables de esta editorial con los autores. «No somos objetos [a los que se pueda
almacenar], no somos un simple código de barras».
18 de febrero de 2002 (11:50:47)
Presentación en Madrid de Los cazadores de nubes y otros relatos
El próximo jueves día 21, a las 19,30 h, se presentará el libro Los cazadores de nubes y otros relatos, en la librería Framauro
c/Luna, nº 24 de Madrid.
El libro, ha sido editado por Equipo Sirius dentro de la serie Polígono de la colección Tau, y recoge el relato ganador y los Þnalistas del
Premio Pablo Rido que concede la Tertulia de Madrid.
En el acto de presentación estarán presentes Ramón Muñoz, autor del relato ganador "Los cazadores de nubes", Luis G. Prado, que
ha escrito la introducción y Jorge Ruiz, editor
17 de febrero de 2002 (11:57:43)
Nuevas técnicas de venta de libros por Internet.
Más de 90.000 personas abren todos los días su correo electrónico para leer un capítulo de un libro.
El objetivo primordial de Chapter-a-Day (Un capítulo por día), que tiene dos años de antigüedad, es brindar a la gente un vehículo para
intentar que retome el hábito de la lectura, e introducirla a libros que, de lo contrario, quizás nunca leería.
Los asociados reciben gratis diariamente un texto que puede leerse en cinco minutos.
Las "lecturas" son consecutivas, de modo que al llegar al Þn de semana, los socios habrán leído tres capítulos completos de determinado
libro. Pero para seguir leyendolo, será preciso luego comprar el libro o sacarlo de la biblioteca. Todos los lunes se inicia una obra
nueva en cada club del libro.
El sitio, que cuenta con siete clubes del libro gratuitos, vende miles de títulos por mes y está resultando ser todo un fenómeno social.
Chapter-a-Day también ha creado clubes de lectura para muchas escuelas, universidades, y más de 479 sistemas de bibliotecas públicas de
América del Norte, que representan en conjunto más de 3.000 bibliotecas aÞliadas.
Al principio, los editores se mostraron escépticos y no querían darle a la web fragmentos gratis de dos o más capítulos. Pero la masa de
lectores no paraba de crecer y las ventas demostraban que, gracias a dichos fragmentos, se estaban vendiendo muchos más libros.
Según aÞrman fuentes del propio sitio, actualmente han accedido a este sistema el 90 por ciento de las principales editoriales
norteamericanas.
15 de febrero de 2002 (11:44:22)
¿Se cancela Futurama?
Según aparece en la web www.gotfuturama.com y en otras páginas y foros dedicados a la magníÞca serie de animación de Matt Groening,
La Fox ha decidido no contratar más episodios de los que ya están en producción, y ha invitado a los dibujantes y guionistas a
buscarse otro trabajo.
Los aÞcionados a la serie se han movilizado en masa en contra de su cancelación. Más información en www.gotfuturama.com, o bien
en "La peor página de Futurama" (www.bender.es.fm).
14 de febrero de 2002 (12:23:34)
Dan Defensor (Dare Devil) al cine.
Según publica Sci Fi Wire, está a punto de comenzar a rodarse una película basada en Dare Devil, más conocido en España durante
muchos años como Dan Defensor.
La versión cinematográÞca del célebre superhéroe ciego contará con Ben Afßeck en el papel protagonista, que se tendrá que enfrentar ni
más ni menos que con Colin Farrell (como Bullseye), Jennifer Garner (como Elektra) y Michael Clarke Duncan (Kingpin).
Está previsto el inicio del rodaje para el próximo 25 de marzo.
14 de febrero de 2002 (12:05:42)
Novedades en Star Trek: Némesis.
Se conÞrman aparicíones estelares en Star Trek: Némesis, la próxima aventura del capitán Piccard y su tripulación.
Los seguidores de la popular serie podrán disfrutar con los cameos que diversos actores, que habían tenido preponderancia en la serie
de televisión, realizarán en este nuevo Þlm.
Según explica Rick Berman, productor de la película, podremos volver a ver a Kate Mulgrew interpretando a Kathryn Janeway, a Wil
Wheaton como Wesley Crusher y a Whoopi Goldberg que retomará su papel de Guinan.
Otras noticias relacionadas con esta película pinchando aquí.
13 de febrero de 2002 (11:37:34)
El señor de los anillos consigue 13 candidaturas a los Oscar.
El señor de los anillos ha recibido ni más ni menos que trece candidaturas para los mayores premios cinematográÞcos del planeta, los
Oscar, perÞlándose de esta forma como la gran favorita de este año.
Ha recibido las nominaciones en las siguientes categorías: mejor actor secundario (Ian McKellen), mejor dirección artística, mejor
vestuario, mejor director (Peter Jackson), mejor película, mejor montaje, mejor maquillaje, mejor fotografía, mejor banda sonora original,
mejor canción (Enya), mejor sonido, mejores efectos visuales y mejor guión adaptado.
Por su parte, Harry Potter y la piedra Þlosofal ha recibido bastantes menos candidaturas: mejor dirección artística, mejor vestuario
y mejor banda sonora original.
Otras películas fantásticas nominadas han sido Monstruos S.A., candidata a mejor película de animación, mejor banda sonora original y
mejor edición de sonido y Shrek, candidata a mejor película de animación y mejor guión adaptado.
La gran perdedora fantástica de las candidaturas ha sido el Þlm de Steven Spielberg A.I., que sólo ha conseguido dos candidaturas, a
mejor banda sonora y a mejores efectos visuales.
La ceremonia de entrega de los Premios de la Academia tendrá lugar el domingo 24 de marzo de este año, en el Kodak Theatre
de Hollywood.
Se pueden consultar todas las candidaturas visitando la página web de la organizacion.
12 de febrero de 2002 (16:36:33)
Pulpediciones presenta sus novedades de febrero.
Esto es lo que ofrece Pulpediciones a sus lectores en febrero:
-Colección Aelita nº 2: Más allá del Sol, de George H. White.
-Colección Omeán nº 0: Una princesa de Marte, de E.R. Burroughs.
-Colección Omeán nº 1: Dioses de Marte, de E.R. Burroughs (remaquetación/reedición)
-PulpMagazine nº 6, con el siguiente sumario:
Relatos:"Skylark (y III)", de E. E. Doc Smith, "Las aventuras del Alcaudón: Vade Retro", de José Carlos Canalda, "La academia:
Regreso a la Tierra", de Lorenzo Luengo, "El beso de Zayat", de Sax Rohmer, "El asteroide gimiente", de Murray Leinster y ¿Amigas?,
Roberta Ghidalia.
Artículos y secciones Þjas: "Y seguimos creciendo" , Editorial, "¿Quién ha destruído Tokio? por Alfonso Merelo, "El Space-Opera", por
Román Goicoechea Luna, "El Profesor Hasley", por José Carlos Canalda, "El arte" de Albert Robida, "Damero número 4": por Carles
Quintana i Francia, "El esoterismo en la ciencia-Þcción", por Mario Moreno Cortina, "Biblioteca básica de horror, por Román Goicoechea
Luna, "Crónica de entrega del premio ESPIRAL 2001", por Ricardo Manzanaro, "Regresar, ¿adonde?", de Burton Hare, Mario Moreno
Cortina, "Transportes espaciales", por Carles Quintana Fernández, y "Grandes series de Doc Smith: Skylark y Los hombres de la lente",
por A. Jaureguízar.
13 de febrero de 2002 (12:36:37)
Premio Gigamesh de ensayo 2001.
Ha resultado ganador en esta edición del Premio Gigamesh de ensayo 2001 el trabajo "De Zaratustra a Valis; la búsqueda de Dios a través
de la ciencia Þcción", de Raúl David González y Diana Catalán.
Por otra parte, el jurado ha decidido mencionar el ensayo "El sonido de la gota o el apogeo de la literalidad: una lectura de la prosa
Buzzatiana", de María Beatriz Cóceres.
Los textos ganadores serán reproducidos en futuros números de la revista Gigamesh.
13 de febrero de 2002 (11:02:33)
Los premios Locus ya pueden votarse on line.
Los XXXII Premios Locus ya están votándose.
Considerados como un buen termómetro para los premios Hugo, se votan entre los suscriptores a dicha revista norteamericana en las
siguientes categorías: Mejor novela de ciencia Þcción, mejor novela de fantasía, mejor primera novela, mejor novela corta, mejor relato,
mejor cuento corto, mejor revista (comercial o no), mejor director, mejor antología, mejor colección de relatos de un autor, mejor editor,
mejor artista (aÞcionado o profesional), mejor libro de no Þcción relacionado con el género y mejor libro de ilustración.
Se puede votar hasta el 1 de mayo próximo, e incluso a través de su web en la siguiente direccion.
Los ganadores de los premios Locus se darán a conocer en la WesterCon en Los Angeles (EEUU) del 4 al 7 de julio de 2002.
12 de febrero de 2002 (09:55:42)
Convocado el Premio UPC de ciencia Þcción 2002
Bases del Premio UPC de novela corta de ciencia Þcción 2002
1-Pueden optar al Premio las narraciones inéditas que se puedan encuadrar dentro del género de la ciencia Þcción.
2-Las obras presentadas, escritas en catalán, castellano, inglés o francés, deben ser enviadas por duplicado, mecanograÞadas a doble
espacio y tendrán una extensión aproximada entre 70 y 115 hojas de 30 lineas de 70 caracteres. No se devolverán los originales
recibidos.
3-El autor debe Þrmar su narración con un lema o seudónimo y adjuntar un sobre cerrado que contenga los siguientes datos: nombre
completo, número de identiÞcación personal (DNI o similar), dirección y teléfono o fax de contacto. En la parte exterior de este sobre se
hará constar el título de la narración y el lema o seudónimo de la Þrma. Los miembros de la UPC señalarán también esta condicion con la
indicación "Miembro UPC" en el exterior de dicho sobre.
4-Los originales deben dirigirse a:Consell Social de la UPC, EdiÞci NEXUS, Gran Capità 2-4, 08034 Barcelona. Tel 93 401 63 43. Fax 93
401 77 66. E-mail consell.social@upc.es. En el sobre escribir claramente: "Premi UPC de ciència-Þcció 2002".
5-El plazo de presentación de los originales de la edición de 2002 acaba el 14 de septiembre de 2002. La decisión del jurado, que será
inapelable, se hará pública antes de Þnalizar el año 2002.
6-De acuerdo con la opinión del jurado, se condererá un premio de 6.000,00 euros y, si el jurado lo cree oportuno, una mención
especial de 1.500,00 euros. Opcionalmente, se podrá conceder también una mención de 1.500,00 euros a la mejor narración presentada
por un miembro de la UPC.
7-El premio, que se concederá anualmente, podrá ser declarado desierto.
8-Los ganadores de los premios y menciones ceden los derechos de la primera edición en castellano y en catalán a la UPC y renuncian a
cualquier otra remuneración económica procedente de dichas ediciones.
9-La novela ganadora será publicada por la UPC a través de Ediciones B en solección "NOVA-ciencia Þcción".
10-El jurado de la edición de 2002 está formado por LLuís Anglada, Miquel Barceló, Josep Casanova, Jordi José y Manuel Moreno.
La participación en el Premio UPC de ciencia Þcción 2002 supone la aceptación de estas bases.
Para cualquier aclaración o conÞrmación de estas bases, se puede visitar la página web del premio.
11 de febrero de 2002 (12:15:10)
Premio Axxón 2001: Mundos diferentes.
Los ganadores del Premio Axxón 2001: Mundos diferentes, en las diveras categorías han sido los siguientes:
Novela de fantasía (incluyendo terror):
Primer premio: Más Allá del Sueño: El Medallón, de Víctor Manuel Ánchel (España).
Cuento de fantasía (incluyendo terror):
Primer premio: "El Interruptor", de Carlos Donatucci (Argentina).
Mención: "Mis hombres, mis ángeles", de Carlos A. Almirón (Argentina).
Novela de Ciencia Ficción:
Desierto
Cuento de ciencia Þcción:
Primer premio: "La duna del 40° aniversario", de Alejandro Alonso (Argentina).
Segundo premio: "Por la vía sentimental", de Alexis Javier Winer (Argentina).
Mención: "El vampiro", de Diego Escarlon (Argentina).
Los Jurados en esta edición fueron Anibal Gómez de la Fuente, Carlos Daniel J. Vázquez y Eduardo J. Carletti.
10 de febrero de 2002 (12:44:49)
La llegada, lo último de Joe Haldeman, nos llega de la mano de Nova.
Este es el argumento de La llegada:
"A Þnales de 2054, la astrónoma Aurora "Rory" Bell descubre un mensaje procedente del espacio exterior en el que se anuncia la
llegada de una nave extraterrestre.
Tras viajar a velocidades casi lumínicas, la nave ha empezado a decelerar para, según cálculos realizados, llegar a la Tierra el día
de Año Nuevo.
Ante el fenómeno de una imprevista llegada de extraterrestres poseedores de una tecnología inimaginable o, tal vez, como sugiere un
político, del mítico Segundo Advenimiento de Jesucristo, las reacciones humanas son variadas e imprevisibles."
La llegada, escrita el 2000, ha sido publicada por Ediciones B dentro de su colección Nova. Cuenta con 222 páginas, su precio es de
€16,50 y la traducción ha corrido a cargo de Rafael Marín.
7 de febrero de 2002 (19:21:11)
Harry Potter y la piedra Þlosofal en DVD y video en mayo.
Harry Potter y la piedra Þlosofal podrá encontrarse en formato DVD y video a partir del mes de mayo, amparado por una campaña de
marketing que podría rondar los 25 millones de USD (unos €28 millones), según ha anunciado la Warner Brothers.
La versión en video contendrá cinco minutos de rodaje extra mientras que los dos discos de DVD ofrecerán una hora adicional de material,
incluyendo escenas suprimidas de la versión en pantalla grande así como un completo tour (de 360º) por Hogwarts, la habitación común
de GryfÞndor, el gran vestíbulo y otras curiosidades.
7 de febrero de 2002 (11:23:38)
Se reedita Rebelión en Telura.
La editorial Edebé acaba de publicar la novela Rebelion en Telura, de José Antonio Suárez, como nº 12 de su colección Nómadas,
destinada a lectores de todas las edades.
Se trata de un space opera que transcurre en el siglo XXV, y narra las aventuras de Meldivén y Lérad, dos transportistas galácticos que se
ven obligados a hacer de todo para llegar a Þn de mes, y que se ven envueltos a su pesar en un conßicto de enormes proporciones.
La novela cuenta con 347 páginas en su edición en castellano y ha sido también traducida al catalán.
7 de febrero de 2002 (12:26:39)
Ilustraciones de ciencia Þcción clásica recuperadas.
La web deSilente ha incluido una galería de imágenes de la edición histórica de la Saga de los Aznar (editorial Valenciana 1953-58).
Las portadas han sido restauradas y dispuestas de forma que se pueda observar con facilidad una de las mejores muestras de las
ilustraciones de ciencia Þcción en España.
Los dibujantes Tomás Porto, José-Luis Macías y José Luis Lozano trazaron en estos trabajos la imágen misma del sentido de la maravilla y
puede aÞrmarse que su obra gráÞca para la colección"Luchadores del espacio" constituye hoy todo un clasico del fantástico español.
6 de febrero de 2002 (12:12:53)
Nueva novela de la colección Espiral ciencia Þcción
Acaba de aparecer Mendietta, del escritor barcelonés Ángel Luis M. Barreras. Una novela en la que, según escribe Juan José Aroz en
la presentación del libro, "el autor ha pretendido plasmar unos personajes, que huelan, que se palpen y que se muevan empujados
por los ideales que nos motivan a todos, como puedan ser el sexo, la dominación, el dinero y los sentimientos, además del deber,
el honor o la amistad."
Es un libro de 258 páginas, atractiva portada en color y un p.v.p. de €10.
El próximo título de Espiral ciencia Þcción será una antología especial que recogerá los mejores relatos presentados al pasado premio
Espiral ciencia Þcción 2001, centrado en el tema de la globalización.
Se editará en el mes de abril próximo coincidiendo con la semana del "Día del Libro", y además del ganador, Juan Antonio Fdez.
Madrigal (Málaga) y los otros dos Þnalistas, Ignacio Sanz Vallas (Madrid) y Daniel Pablo López Rodríguez (Madrid), incluirá a los cuatro
con "Mención del Jurado", Manuel Díez Román (Barcelona), Amalur de-Orube Alvarez (Bilbao), Fco. Javier Maldonado Franco (Leganés,
Madrid) y Gaizka Fernández Soldevilla (Bilbao).
También entrarán siete escritores que, en opinión del editor, han sido destacados, Luis Ángel CoÞño (Oviedo), Juan Antonio Fernández
(Argentona, Barcelona), Rafael Rius (Madrid), Javier Lachica (Tres Cantos, Madrid), Fermín Sánchez Carracedo (Barcelona), Luis AstolÞ
(Madrid) y Lorenzo Luengo (Torrelodones, Madrid).
Se puede visitar la web de Espiral ciencia Þcción pinchando aqui.
5 de febrero de 2002 (11:55:46)
John Williams dirigirá en la Gala E.T.
Según publica Variety, John Williams dirigirá una orquesta de 100 músicos en la gran gala conmemorativa del vigésimo aniversario de
E.T., que tendrá lugar en el Shrine Auditorium de Los Angeles (donde, por cierto, también se celebra tradicionalmente la ceremonia de
entrega de los Oscar), el próximo 16 de marzo.
El acto será en beneÞcio de los Special Olympics, los Juegos Olímpicos de deportistas con disminuciones físicas o psíquicas.
E.T. se reestrenará en la pantalla grande el 22 de marzo próximo, con nuevo metraje, retoques infográÞcos (como el ya conocido de
sustituir las pistolas de los policías por radios) y una banda sonora mezclada de nuevo.
Al margen de ello, Williams -que el 8 de febrero celebrará su 70 aniversario- dijo a un periódico de Los Angeles que ha acabado
la grabación en Londres de 110 minutos de música para la segunda película de la próxima película de Star Wars, Episodio II: El
ataque de los clones.
5 de febrero de 2002 (11:18:32)
Ya está a la venta el Volumen 11 de Valis (antes El Melocotón Mecánico).
Sumario de Valis 11.
Relatos:
"Muro de cristal, ojo de la noche", de Algis Budryss.
"Goodbye, Amanda Jean", de Wilma Shore.
"…Y nació un tal Jesús", de Mariano Sanz Elorriaga.
"El buhonero", de Fernándo Rena Galán.
"La muerte de Ossian", de Samuel Sebastián.
"La máquina", de María Palacios.
"El molino de la umbría", de Alejandro Valiente.
"Un ruido de armas", de Amadeo Berce.
"El hielo cuántico no existe", de Juan Antonio Fernández.
"La búsqueda", de Juan Miguel Gonzálvez Craviotto y Raúl Gonzálvez del Águila.
Artículos:
"Hispacón 2001", por Raúl Gonzálvez.
"El club de la SF: Abducciones en la oÞcina", por Francisco Fernández.
"Estrellas de neutrones", por Juan Jesús García Mesa.
"La nueva Ciencia Ficción", por Francisco Ontanaya.
"Psicohistoria y Caos", por Jorge Balej.
Secciones:
"Nuevo Bestiario", por Antonio Martín Infante.
Poesía: "La balada del programador de COBOL" y "Lamento por un replicante".
Comentario de Libros: La Doctora Freaky Responde.
Publicaciones Recibidas.
Correo del Lector.
Además incluye el suplemento: Dark Star, revista audiovisual: Comentarios de películas; Cara a Cara: La comunidad del anillo; Así se
hizo: El señor de los anillos; Clásicos del cine de Þcción: Planeta Salvaje.
El formato de Valis es A4 y cuenta con 104 páginas y portada color. Su precio es de sólo 2.75 €.
Pedidos, comentarios y suscripciones: melmek@terra.es o bien en la web siguiente.
5 de febrero de 2002 (10:55:50)
Axxón 111 ya en línea.
Fieles a su cita mensual con los aÞcionados a la ciencia Þcción y la fantasía, la revista electrónica de ciencia Þcción y fantasía decana
en castellano, Axxón, ha puesto otro número en la Red, el 111, que se irá conÞgurando a lo largo del mes en curso y se cerrará
el próximo día 28.
El 110, así como muchos de los anteriores, pueden ser bajados en ZIP para leer con el navegador que se desee.
Axxón, está dirigida y editada por Eduardo J. Carletti, con la ayuda de muchos colaboradores y es un punto de referencia sobre la ciencia
Þcción y la fantasía que se hace en la otra orilla del océano.
Puede visitarse la web de Axxón pinchando aqui.
4 de febrero de 2002 (13:42:36)
Stephen King anuncia que deja de escribir.
Según ha publicado la prensa escrita, Stephen King anunció su retirada como escritor.
El indiscutible rey de los best-sellers de terror declaraba que "Ya he contado lo que tenía que contar, y no quiero ser como otros que
a los 80 años continúan dale que te pego".
King tiene sólo 54 años, pero el año pasado estuvo a punto de morir después de ser atropellado por una camioneta y padece una
enfermedad degenerativa incurable que eventualmente podría dejarle ciego.
Aunque el escritor de Maine se retire y pase más tiempo viajando y estando con sus nietos, como él mismo ha declarado, sus lectores
no notarán inmediatamente su ausencia ya que tiene entregados a sus editores varios libros aún inéditos que hacen cola en la imprenta.
Uno de historias cortas está a punto de salir a la luz, y después vendrá la obra From a Buick 8, escrita hace unos años. Además, está
trabajando en la terminación de las últimas tres novelas de la serie Dark tower.
Stephen King no tendrá ningún tipo de diÞcultades Þnancieras para llevar una jubilación dorada, ya que sus ingresos anuales entre
contratos con la editorial y derechos de autor suman unos cuarenta millones de dólares al año.
3 de febrero de 2002 (10:48:55)
Los otros, gran vencedora en los Premios Goya.
Alejandro Amenábar revivió ayer la edición de 1997, cuando conquistó siete Goyas con Tesis. El director, guionista y músico madrileño
ganó esta vez un galardón más, un total de ocho Goyas para su tercera película, Los otros, Þlme de corte fantástico rodado íntegramente
en inglés y protagonizado en su principal papel por la actriz australiana Nicole Kidman, que no asistió a la ceremonia.
La película conquistó los Goyas más importantes: Mejor Película, Mejor Director, Mejor Fotografía y Mejor Guión, hasta un total de ocho
bustos. Recordemos que los premios Goya están considerados como los Oscar españoles.
El Goya a la mejor actriz principal fue para Pilar López de Ayala por su trabajo en Juana la Loca, venciendo a la propia Kidman y el
mejor actor para Eduard Fernández por Faust 5.0.
Puede visitarse la web oÞcial de la película ganadora pinchando aqui.
3 de febrero de 2002 (13:21:37)
¿El Þn de la infancia al cine?
Science Fiction Wire publica que Kimberly Peirce está en avanzadas negociaciones con la Unversal Pictures/Beacon Pictures para dirigir
una adaptación a la gran pantalla del clásico de la ciencia Þcción El Þn de la infancia, del escritor británico aÞncado en Sri Lanka
Arthur C. Clarke.
Como se recordará, El Þn de la infancia fue publicada en 1953 y su argumento es que unas gigantescas naves espaciales aparecen
súbitamente sobre el cielo de cada ciudad importante de la Tierra, cuyos tripulantes informan a la Humanidad que están allí para llevarla a
una nueva era de paz y prosperidad. Fue publicada en nustro país por EDHASA.
2 de febrero de 2002 (10:34:04)
Candidaturas al premio British Science Fiction Association 2001.
Candidatos al premio BSFA 2001.
Mejor novela
*American Gods, de Neil Gaiman.
*Pashazade, de Jon Courtenay Grimwood.
*Bold as Love, de Gwyneth Jones.
*The Secret of Life, de Paul McAuley.
*Chasm City, de Alastair Reynolds.
*Lust, de Geoff Ryman.
Mejor relato
*"Under the Saffron Tree", de Cherith Baldry (Interzone 166).
*”First to the Moon”, de Stephen Baxter y Simon Bradshaw (Spectrum SF 6).
*”Children of Winter”, de Eric Brown (Interzone 163).
*”Myxamatosis”, de Simon Ings (Interzone 165).
*”Wind Angels”, de Leigh Kennedy (Interzone 171).
*”Isabel of the Fall”, de Ian MacLeod (Interzone 169)
Mejor obra gráÞca
*"Roach Motel", de Dominic Harman (portada Interzone 166).
*"Portada de Omegatropic", de Colin Odell (Baxter).
*"Portada de Gridlocked”, de Steve Rawlings (Asher).
*”Heart of Empire, CD-Rom”, de Bryan Talbot.
*”Portada de Pashazade", de The Whole Hog (Grimwood).
Mejor obra de no Þcción
*Omegatropic,de Stephen Baxter (BSFA).
*Terry Pratchett, de Andrew M Butler (Pocket Essentials).
*Tim Burton, de Michelle LeBlanc y Colin Odell (Pocket Essentials).
*Storming the Bastille, de Justina Robson
*The Best Introduction to the Mountains, de Gene Wolfe (Interzone 174).
Los Premios BSF los votan los miembros de la Asociación británica de ciencia Þcción y los asistentes al congreso británico anual (más
conocido por EasterCon o Congreso de Pascua).
Los resultados se anunciarán en la 2002 EasterCon, este año denominada HeliCon, que tendrá lugar en la isla de Jersey del 29 de
marzo al 1 de abril de 2002.
Se puede acceder a la web de la HeliCon a través de nuestra sección de enlaces.
2 de febrero de 2002 (10:50:04)
Antología de relatos de Star Trek Últimas Fronteras 2002
Antología de relatos de Star Trek Últimas Fronteras 2002.
1.Podrá enviar su obra cualquier persona, pertenezca o no a una asociación de Star Trek.
2.Podrá presentarse cualquier narración inédita siempre que la historia se desarrolle en el Universo de Star Trek, en cualquiera de sus
variantes. Los recopiladores serán quienes decidirán, en último
término, si el relato enviado cumple los requisitos mínimos de ambientación.
3.Se seguirá considerando como inédita cualquier narración que
haya sido publicada en formato electrónico; página web, cd-rom, etc.
4.Puesto que se trata de una edición local para España, se
admitirán únicamente relatos escritos en castellano y por autores españoles.
5.Se admitirá un sólo relato por autor.
6.Los relatos tendrán una longitud máxima de 9.000 palabras, sin incluir el título.
7.El plazo de presentación terminará el 30 de Junio del 2002.
8.Las obras se harán llegar por medio de correo electrónico, indicando claramente el nombre y dirección postal del autor, a la dirección de
correo electrónico: cag@apdo.com.
9.El autor conservará el copyright de su obra. No obstante,
concederá el permiso para su publicación en la recopilación Últimas Fronteras 2002,
cuya edición será única y limitada a 100 ejemplares. En caso de una
segunda o posterior edición, los autores deberán dar su conformidad.
10.Dado que la presente edición se realiza sin ánimo de lucro, los autores no percibirán ninguna remuneración por sus obras. No
obstante, cada autor
que ceda un relato y sea publicado, tendrá derecho a un ejemplar gratuito. Si se producen dos o más ediciones, cada autor tendrá
derecho a un ejemplar
por cada edición.
11.Los relatos no publicados en la actual edición, Últimas Fronteras 2002,
podrán serlo en posteriores ediciones, Últimas Fronteras 2003, 2004, etc, siempre que los autores den su conformidad.
12.Los derechos de la edición de Últimas Fronteras 2002 pertenecerán al Club Star Trek de Madrid. (C.S.T.M.)
13.El hecho de participar en esta antología supone la aceptación de
todas y cada una de las bases.
31 de enero de 2002 (12:20:35)
La versión en DVD de El señor de los anillos tendrá más metraje.
Peter Jackson, el director de la versión cinematográÞca de la célebre obra de J.R.R. Tolkien, declaró hace unos días que está preparando la
edición para DVD de la primera parte de la trilogía, y que las previsiones apuntan a que esta contenga 30 minutos más de duración que la
versión que se puede ver actualmente en las pantallas de cine.
En las nuevas escenas se podrá ver, por ejemplo al actor neozelandés Ray Henwood interpretando a un hombre del Pueblo del Lago
en la escena de Rivendell.
Según Jackson, esta versión DVD se distribuirá antes del estreno de la segunda película de la trilogía, previsto para las próximas
Navidades.
31 de enero de 2002 (10:59:17)
Estrellas para Shrek II
Mike Myers, Eddie Murphy y Cameron Diaz volverán a ceder sus voces para el doblaje de Shrek II.
Myers dará voz al terrible -pero con un gran corazón- ogro verde, Murphy será de nuevo Donkey y Cameron Diaz será la voz de
la princesa Fiona.
Shrek II está previsto que se estrene el 2004 y estará escrita por Ted Elliott y Terry Rossio, autores del guión del original Shrek.
29 de enero de 2002 (12:10:16)
Tron 2.0
Según ha manifestado el que fuera su director, Steven Lisberger, habrá continuación de la mítica película Tron. Su título (provisional)
sería Tron 2.0 y también sería dirigida por él.
Tron (1982) fue la primera película que se atrevió a mezclar imágenes reales con animaciones generadas por ordenador, aunque pasó
bastante desapercibida en su momento. Ha sido con el paso de los años y los avances en ese campo cuando se ha empezado a
reivindicar como pionera en esta técnica.
19 de enero de 2002 (10:55:21)
Varias bandas sonoras de películas fantásticas entre los candidatos a los
Grammy.
Hay diversas bandas sonoras de películas fantásticas entre los candidatos a alguno de los Premios Grammy, anunciados el pasado 4 de
enero en Beverly Hills (California, EEUU). Estas son las candidatas:
John Williams por A.I., Tan Dun por Crounching Tiger, Hidden Dragon y Danny Elfman por El planeta de los simios son candidatas
a la mejor banda sonora.
La música de Shrek es candidata como mejor banda sonora de recopilación.
Los ganadores se darán a conocer el próximo 27 de febrero en la cerenomina de entrega de los 44 Premios Grammy.
14 de enero de 2002 (13:57:32)
Vuelve Babylon 5 al Canal 33
Según nos informa Televisió de Catalunya, el Canal 33 volverá a emitir completa la serie Babylon 5 debido a los buenos índices de
audiencia conseguidos estos meses pasados.
Así pues, mañana dia 15 empezará a emitirse el primer episodio de la primera temporada y está prevista su emisión cada martes y
miércoles a las 20,05 h y también los jueves que no emitan baloncesto, a la misma hora.
Esta será una nueva oportunidad para todos aquellos que no pudieron seguir esta prestigiosa serie norteamericana en su primer pase.
14 de enero de 2002 (11:47:39)
Fallece el dibujante John Buscema.
John Buscema nació el 11 de diciembre de 1927 en Brooklyn, New York, y comenzó su carrera en la Marvel en 1948, que por aquel
entonces se llamaba Timely Comics, compañía que abandonó en 1958 para dedicarse a la publicidad.
Fue el propio Stan Lee quien, en 1966 le volvió a llevar a la Marvel para trabajar de nuevo con superhéroes, dibujando personajes tan
famosos como Conan, los 4 Fantásticos, La Masa y Thor.
En 1996, tras casi 50 años de carrera, John Buscema decidió retirarse del mundillo del cómic, aunque siguió haciendo diversos trabajos
y colaboraciones puntuales.
En el otoño del 2001 le fue diagnosticado cáncer, enfermedad de la que falleció el pasado dia 10 de enero.
13 de enero de 2002 (13:19:55)
Exposición del dibujante Ciruelo Cabral en Mataró.
El dibujante argentino aÞncado en Sitges (Barcelona), Ciruelo Cabral, protagonizará una exposición monográÞca a partir del 11 de
enero en Mataró
(Barcelona) organizada por el Patronato Municipal de Cultura del
Ayuntamiento,en la sala nueva del Foment mataroní.
Los dibujos de Ciruelo son conocidos por sus caballeros, dragones, elfos y otros seres fantásticos, además de suscitar el interés del
director George
Lucas, para quien parece ser diseñará algunos de los personajes de la segunda parte de la película Willow.
La exposición de Ciruelo coincidirá con la celebración de la VIª Trobada de ciència-Þcció de Mataró, que se celebrará, tal y como ya
hemos avanzado en esta web, en el Foment Mataroní los
días 25, 26 y 27 de enero, con una especial dedicación en esta edición a la Fantasía, aprovechando el reciente estreno de El señor
de los anillos.
Las ilustraciones de Ciruelo Cabral pueden disfrutarse en su web Ciruelo
1 de enero de 2002 (18:58:56)
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El Anticrítico
Por Victor Conde
Comentario de autor
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El señor de los anillos: La comunidad del anillo.
E
stamos ante un acontecimiento largamente esperado para el género fantástico, la proyec-
ción de la primera de las tres entregas de la adaptación cinematográfica de la obra cumbre
de Tolkien. Muchos expresaron su temeridad en meses pasados ante las supuestas liberta-
des que los cineastas se pudieran tomar con la historia, y hasta hubo quien se rasgó las vestiduras
cuando se enteró de que un personajillo secundario como Tom Bombadil no tenía su lugar en el plot. Bueno,
déjenme advertirles antes que nada que no soy un purista, y entiendo perfectamente la necesidad de adecuar
la trama a las reglas cinematográficas. De hecho, aquellos que defienden una adaptación reglada y milimétrica
de la historia al formato cine, página a página, no hacen sino expresar su ignorancia respecto al medio: la
literatura no es cine, el cine no es literatura. Cada una tiene sus propias reglas y limitaciones. Aclarado esto,
vayamos con lo siguiente.
Peter Jackson nunca será un cineasta innovador y revolucionario, en el sentido como lo fueron Orson
Wells o Stanley Kubrick. Más bien lo podríamos definir como un arquitecto del canon, un artesano que sigue a
la perfección las reglas del cine estándar y logra un buen ritmo y nivel en sus obras. Esto se hace patente en “La
comunidad del anillo” cuando nos fijamos en la tendencia que expresa el director a repetir fórmulas una y otra
vez para ilustrar los sentimientos o las acciones de los personajes.
Por ejemplo, cada vez que un personaje muere o cae herido, el
sonido se va, la cámara se ralentiza y la acción se detiene como
estupefacta ante lo que ella misma está contando. Esto está muy
bien, pero el espectador avezado se da cuenta de que Jackson
recurre a ello muy repetidamente, como si en una película tan
importante para su carrera no quisiera arriesgarse estilísticamente
más de lo debido, y recurriera a la fórmula clásica. Esto es algo
que suele dar problemas, ya que trabajar de fórmula nunca ha sido
bueno para el séptimo arte, pero en este caso Jackson logra man-
tener el pulso y no nos aburre.
Es inevitable comparar esta versión en imagen real con la
realizada por Ralph Bakshi en los setenta, toda una maravilla del dibujo animado que fue injustamente vili-
pendiada por los puristas a los que me refería al principio, evitando que los productores diesen vía libre a la
continuación y el díptico se completase. Vistas ambas en perspectiva, yo no me quedaría ni con una ni con
la otra, sino con una mezcla de las dos. Hay momentos que están mejor resueltos en una y peor en la otra,
y viceversa. Me viene ahora mismo a la mente la escena en que los hobbits se encuentran por primera vez
con un Nazgul, y se refugian bajo un árbol caído. En la película de Bakshi, el momento es sobrecogedor:
Frodo siente la tentación de ponerse el anillo y, mientras lo va acercando a su dedo tembloroso, la película
Hola a todos. Me llamo Víctor Conde y soy fan de la CF y el fantástico. Voy a
hablaros en los siguientes párrafos de las últimas novedades en cine fantástico,
dando exclusivamente mi opinión personal e intransferible, tan vana y absurda
como la de cualquiera. ¿Preparados?
PULSAR 5 | Pág. 60
va encadenando planos progresivamente más cortos hacia el rostro oscuro del demonio, que huele el poder
del maligno artefacto, subrayado todo por la magnífica música de Rosenman. Jackson acorta la duración de
esta misma escena, omitiendo la música y haciendo que sea Sam el que intervenga para que Frodo no se
engarce el anillo. Esto refuerza los lazos entre los personajes ante el espectador, ya que éste se da cuenta de
que verdaderamente Sam está al cuidado de su amigo, y que no sólo lo dice. Son formas diferentes de resolver
la misma situación, cada una con sus aciertos y sus inconvenientes.
Otro punto de comparación entre ambas versiones es la música. En correos electrónicos y breves rese-
ñas anteriores dije que no me había gustado la que Howard Shore ha compuesto para la versión Jackson.
Pero como buen cinéfilo que soy, me la compré y la escuché atentamente. Y descubrí sus virtudes, por lo
que ya no me parece tan mala; sin embargo
es justo reconocer que Rosenman, que por
otro lado me parece un compositor bastante
mediocre, logró para la versión Bakshi el
momento cumbre de su carrera, una par-
titura gloriosa con infinidad de matices y
que, como todas las buenas piezas sinfóni-
cas, alcanza una identidad propia incluso
desligada de las imágenes. Tal vez el oscu-
rantismo de Shore le venga mejor a la ver-
sión con actores, ya que el principal logro
de ésta es darse cuenta, internamente, de
que la historia que está contando no es una
aventurita de hadas y gnomos buenos.
Tal vez por encima de las virtudes
de la prosa de Tolkien (algo cargante a
veces), lo que más ayudó a esta historia a
afianzarse en la mente colectiva fue, preci-
samente, lo mal que lo pasan los protago-
nistas. Esta es una aventura de sufrimiento,
como todas las grandes aventuras, en la que
los protagonistas lo pasan fatal, y lloran y
pierden a sus seres queridos y no hacen más
que recibir palos hasta el final, en que su
victoria se erige en una suerte de catarsis
de todo el sufrimiento acumulado. Tolkien
era muy listo, e hizo muy bien en convertir
en personaje central de su cuento precisa-
mente al que menos preparado estaba para
soportar tanta tortura: el joven, inexperto e
inocente hobbit, con el que todos nos podemos identificar. Él no es un guerrero de leyenda, fuerte y aguerrido
e invencible como sus compañeros de reparto. Él es pequeño, patizambo e inútil para cualquier acción física
que no sea cantar y fumar hierba en pipa. Pero tiene un corazón muy fuerte, mucho más que otros que se
quebrantan a mitad de la historia (el famoso Boromir), y ahí es donde radica su poderío. Se nota la educación
cristiana ortodoxa del autor y su gusto por el sufrimiento semi masoquista de los cristianos. Por muy grandes
y heroicos que sean sus compañeros, al final el destino del mundo está en las manos del ser más pequeño e
insignificante de todos. Qué listo era Tolkien, sí señor.
Hace tiempo, en esta misma sección anticritiqué (o más bien me ensañé, lo admito) con una peliculilla
llamada Dungeons and Dragons, producción de Joel Silver, que llegó a nuestras pantallas con mucha antela-
ción a la trilogía de Jackson. La temática es similar, pero el tratamiento totalmente opuesto, muy lúdico, infan-
til e intrascendente. En aquella ocasión dije que para dignificar un género no hay nada mejor que tomárselo
en serio, y creo que ahora que podemos ver ambos filmes y compararlos, la diferencia salta por sí sola a la
vista. La grandeza de ESDLA estriba en que se toma lo que narra en serio, prescindiendo de las referencias
PULSAR 5 | Pág. 61
graciosas y dotando al conjunto de cierta truculencia. La influencia de Cervantes en el género queda relegada
a un segundo plano, y Tolkien nos presenta una aventura de héroes, una gesta de las que tanto embargaban
a don Quijote, dejando aparte recochineos y rechiflas españolas. Cervantes se rió del género de las grandes
gestas, y Tolkien se lo tomó en serio. Ambos nos legaron grandes obras siendo fiel cada uno a sus premisas, y
hay que respetarlas en su justa medida.
Me gusta poner el dedo en la llaga Una cosa de la que se ha hablado mucho es del conservadurismo
(y tal vez de un cierto aire reaccionario) que se destila de la obra del surafricano. Sí, es cierto que los elfos,
máxima expresión de las bondades de la vida, son altos, rubios y guapos (los europeos perfectos, vamos), y
que los orcos y las criaturas del mal son bajitos, feos y negros (los africanos de las historias decimonónicas).
Se impone tal vez un canon de separación entre ambos mundos, así como del papel de las mujeres en la trama.
En las novelas de Tolkien las mujeres son meras comparsas que se dedican a ser frágiles y hermosas y esperar a
sus maridos encerradas en sus castillos, al más puro estilo de la
dama medieval convencional. Arwen es la única que se escapa,
pero precisamente por eso es presentada en el libro como una
marimacho renegada y despreciada por los suyos, sin duda un
personaje a total contracorriente con el resto. Pero el signo de
los tiempos es lo que es, y hoy en día estamos dispuestos a
admitir (yo desde luego que sí) que la mujer puede ser fuerte
sin perder su feminidad, y precisamente por eso nos tragamos a
la Arwen guerrera y a la Arwen doncella de voz susurrante que
Jackson nos presenta casi de sopetón.
¿Podemos calificar a Tolkien de racista? ¿O de machista?
¿O era simplemente un hijo de su tiempo? Dejaré que lo madu-
ren tranquilamente ustedes...
Víctor Conde es programador de sistemas y novelista. Su paso por el fandom ha
incluido en el último año la publicación en revistas especializadas y fanzines (Artifex
Segunda Época, Axxón on line, Ad Astra, el Sitio, Púlsar, Gigamesh...), en la antología
Visiones 2001, y está a punto de publicar dos novelas casi consecutivas a mediados del
próximo año en colecciones nacionales.
Si te gusta la Fantasía y la Ciencia-Ficción...
y quieres disfrutarla en compañía de otros muchos...
Únete a la Asociación Española de Fantasía y Ciencia-Ficción.
http://www.aefcf.es
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La razón de ser de la Ciencia-Ficción
Por Carlos Gutierrez
Comentario de autor
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upongamos que una persona se halla recorriendo un camino. En cierto punto se encuentra
con una bifurcación. Obviamente no puede andar por ambos caminos a la vez, de modo que
debe escoger solo uno.
Después de un rato de caminar por la ruta que escogió, se encuentra con otra bifurcación. De
nuevo hace una elección y continua su camino. Si suponemos que esto continua de la misma
forma (una bifurcación en cada camino) nos damos cuenta de que después de n bifurcaciones que
encuentre esta persona existen 2
n
caminos posibles.
Cuanto más camine más rutas posibles existirán. Por ejemplo después de 4 bifurcaciones habrá un total de 16
caminos posibles, después de 8 bifurcaciones 256 caminos posibles, y así sucesivamente.
La humanidad se ha enfrentado siempre a una situación similar a la de este caminante. A cada momento esta-
mos escogiendo entre múltiples alternativas que nos conducen por situaciones diferentes. Las sumas de las
elecciones que todos hacemos determinan el rumbo de la humanidad (aunque por supuesto las decisiones de
ciertas personas tienen más peso que las de otras).
La historia humana se puede ver como una constante ramificación de acontecimientos. En ciertos puntos clave
se presentan disyunciones que llevan al desarrollo humano por sendas completamente diferentes.
Por ejemplo supongamos que los conquistadores españoles a su llegada a América se hubiesen encontrado
con unos indígenas dotados con armas de fuego. En ese caso que hubiese pasado ¿La historia se habría desa-
rrollado de la misma forma?. ¿Cómo seria el mundo de hoy?
Otro ejemplo. Que tal si los doctores Shockley, Bardeen y Brattain nunca hubieran inventado el transistor. ¿El
desarrollo tecnológico sería el mismo que el que gozamos hoy en día?. Seguramente no.
También podríamos pensar que habría pasado si el hombre primitivo no hubiese inventado un sistema de
caza organizada para competir con otros cazadores como lobos y felinos. ¿Se habría extinguido la especie
humana?, en ese caso ¿quién seria la especie dominante del planeta?. Tal vez los chimpancés, aunque no
parece muy probable.
Así como el rumbo que tomó la historia en el pasado determina nuestro presenta, las elecciones que hagamos
en este tiempo van a afectar de modo irrevocable el mundo del mañana.
Actualmente se están definiendo muchos aspectos cruciales que sin duda configuraran las características del
Este ensayo surgió a través de un ejercicio de mi clase de ciencia-ficción en el que
debíamos tratar de contestar la siguiente pregunta: ¿Cuál es el aporte o la utilidad
de la Cf.? La verdad es que yo no había pensado antes en ello, simplemente la veía
como literatura de evasión. Ahora sé que es mucho más que eso.
PULSAR 5 | Pág. 63
futuro. Por ejemplo en los últimos años la biotecnología ha avanzado a pasos gigantescos. Gracias a ello es
posible hacer gran cantidad de cosas que hace unos años eran impensables.
De las decisiones que al respecto se tomen hoy (tanto en el aspecto técnico como en el legislativo) dependerá
el uso que se le dé a esa tecnología en el futuro.
Otro ejemplo. En la actualidad se desarrollan muchas investigaciones alrededor del tema de la robótica y la
inteligencia artificial. Quienes trabajan en estos temas aseguran que los robots actuales tienen una complejidad
y una inteligencia comparable a la de un insecto. ¿Qué sucederá en el futuro?, ¿Habrá robots tan inteligentes
como un mamífero?, ¿o tan inteligentes como un humano?. Lo que suceda será consecuencia de las investiga-
ciones actuales.
Ante tantos interrogantes y futuros posibles que nos plantea la ciencia es apenas natural que haya surgido un
genero literario (y también cinematográfico) que se especializa en responder a esa clase de preguntas.
La ciencia-ficción cumple una función muy importante ya que se dedica a
explorar las eventualidades del futuro. La ciencia-ficción explora esos futuros
posibles que en algún momento podrían materializarse en una realidad tangible
para nosotros o para nuestros descendientes.
El escritor de ciencia-ficción lo que hace es plantarse una pregunta sobre algún
aspecto posible pero aun no existente. Luego a través de una historia (en lo posi-
ble entretenida y lo mejor contada posible) intenta dar una respuesta a esa pre-
gunta que se planteo.
Por ejemplo, el tema de los robots es muy recurrente en la ciencia-ficción. En la
actualidad los robots son muy simples, y salvo algunas labores industriales muy
especificas, aun no se han integrado a la sociedad ni hacen parte de nuestra vida
diaria.
Veamos la respuesta que dan dos autores de ciencia-ficción distintos a la pre-
gunta ¿qué pasaría si los robots alcanzaran un nivel de desarrollo muy supe-
rior?.
En la novela “Sueñan los androides con ovejas eléctricas” de Philip K. Dick (llevada al cine por Ridley
Scott como “Blade Runner”)se nos muestra un mundo donde se han desarrollado unos androides (Nexus-6,
también llamados replicantes) que se ven exactamente como un ser humano. Son indistinguibles a simple
vista. A estos robots solo se les permite permanecer en las colonias Terrestres donde son usados en las duras
tareas de colonización.
En la Tierra existen policías especiales llamadas (especie de caza recompensas) que se dedican a retirar (es
decir destruir) a los robots que escapan hacia la Tierra. Dado el parecido de los robots con los humanos no es
una tarea fácil.
La idea principal de la historia es que si se pueden fabricar robots tan parecidos a los humanos, entonces es
necesario replantear lo que entendemos por humano: “ El propósito de la historia fue que en su trabajo de
cazar y matar replicantes, Deckard (el protagonista de la historia) se va deshumanizando progresivamente,
mientras los replicantes son percibidos como cada vez más humanos. Deckard debe cuestionarse lo que está
haciendo, y realmente, ¿cuál es la esencial diferencia entre él y los replicantes, y quién es él si no hay ninguna
diferencia?"
1
.
Otro autor que a abordado el tema de los robots es Isaac Asimov. Él a escrito una serie de novelas ("Las
PULSAR 5 | Pág. 64
bóvedas de acero", "El sol desnudo", "Los robots del amanecer" y "Robots e imperio") que se desarrollan en
un "universo" donde los humanos habitan varios planetas de diversos sistemas estelares.
En estos mundos las personas viven rodeados de robots (en algunos casos la proporción es de cientos de robots
por cada ser humano) que se encargan de absolutamente todas las tareas rutinarias y molestas. Dejando así
libres a las personas para los trabajos intelectuales.
El resultado de este tipo de sociedad es un mundo donde las personas se aíslan unas de otras y donde desapa-
rece la habilidad de las personas para enfrentar retos y para colonizar más planetas. El resultado: un estanca-
miento del progreso de la sociedad.
De este modo Asimov nos muestra uno de los tantos futuros posibles de la humanidad, por lo menos en cuanto
a lo relacionado con la relación humano-robot.
Aparte de esta indagación por el futuro, la ciencia-ficción también puede cumplir otra función muy
importante: se trata de mostrarnos los
mundos que podrían ser.
Las circunstancias del pasado han configu-
rado nuestra realidad de un modo irrever-
sible. Sin embargo la ciencia-ficción puede
hacer y responder preguntas del tipo: ¿qué
habría pasado sí....?
Personalmente solo conozco dos ejemplos
de este tipo de aproximación de la cien-
cia-ficción, ambos del mismo autor. En la
novela "El hombre en el Castillo" (Gana-
dora del premio Hugo en 1963) de Philip
K. Dick, el autor parte de una pregunta muy
interesante: ¿Qué habría pasado si las fuer-
zas del eje hubiesen derrotado a los aliados
en la segunda Guerrea mundial?
En esta novela el autor nos presenta un
mundo absolutamente creíble donde Alema-
nia y Japón se han repartido el mundo. Los
norteamericanos son ciudadanos de segunda
clase en su propio país y deben rendirle
pleitesía a alemanes y japonés. Los alema-
nes se han lanzado a la exploración espacial
a la vez que arrasan con África y extermi-
nan hasta al ultimo judío (o mejor dicho a
todo el no ario).
De este modo Philip K. Dick nos muestra un mundo que aunque no es "real", es un mundo que "podría"
haberlo sido. En su momento las circunstancias de la segunda guerra mundial podrían haber resultado en una
derrota de los aliados. Con lo cual podríamos estar viviendo el mundo descrito en "El hombre en el castillo" y
yo tal vez estaría comentando en un ensayo un libro de ciencia-ficción en el que los aliados derrotan al eje...
Existe un cuento de este mismo autor titulado "La fe de nuestros padres" (Visiones Peligrosas II, Antología
de Harlan Ellison. Ed Orbis, 1980). Esta historia se desarrolla en mundo donde la China Comunista derrota
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a los Estados Unidos en una guerra. De este modo se impone sobre los Estados unidos el sistema político,
económico y social Chino.
Como se puede ver este es un mundo que también "podría haber sido" pero que nunca se materializo. Ahora
es imposible puesto que el comunismo agoniza y China se traslada a una economía de mercado.
Mi conclusión es que la ciencia-ficción es útil como genero literario en la medida en que nos muestra no
solo los mundos que pueden ser, sino también los mundos que pudieron haber sido.
La historia humana solo puede recorrer un camino, pero la ciencia-ficción se encarga de mostrarnos como
pueden ser o podrían haber sido esas otras alternativas.
Aunque de cualquier modo no importa si lo que plantea la ciencia-ficción le resulta útil a la sociedad o no pues
es un genero muy apasionante, entretenido y además sumamente estimulante para cualquiera que tenga alguna
cercanía con la ciencia.
Carlos A. Gutierrez. 21 años. Colombiano. Si todo sale bien seré todo un Ingeniero Electró-
nico para mediados del 2002 (¡6 meses después de lo previsto!). Soy un gran fanático de la
ciencia-ficción, leo todo cuanto llega a mis manos. Ahora estoy empezando a escribir y espero
pasar pronto de los ensayos sobre ciencia-ficción a los cuentos de ciencia-ficción.
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Argumento
Por Damon Knight
Publicado con permiso del autor
De “Creating Short Fiction” 1981,1997 Damon Knight
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uizás conozcan esta historia, aunque aquí la tienen por si ya la han olvidado: había un
hombre que vivía en una pensión, y que tenía la costumbre de quitarse los zapatos por la
noche y dejarlos caer al suelo, uno por uno, haciendo una meditada pausa entre medio. El
inquilino que vivía justo debajo se había quejado de eso muchas veces. Una noche, tras que dejar
caer ruidosamente el primer zapato, el hombre recordó repentinamente aquellas quejas, así que
colocó suavemente el segundo zapato sobre el suelo.
Pasaron veinte minutos cuando un agonizante gemido subió desde el piso inferior: “Por el
amor de Dios, ¡deja caer ya el otro zapato!”
De una u otra manera, el argumento de cada cuento nos hace esperar la caída del otro zapato:
esperamos la resolución de un conflicto, la solución de un enigma, la explicación de un misterio,
o, únicamente, el final de un modelo preestablecido. Y es esta anticipación, más que cualquier otra
cosa, lo que nos hace seguir leyendo.
Un argumento, pues, es una serie de acontecimientos imaginarios diseñados para crear una sensación de
intensa anticipación, ya sea en forma de ansiedad (en un cuento de conflicto o misterio), o de curiosidad (en
un cuento sobre enigmas). Si usted puede construir una serie de sensaciones como éstas, entonces es que está
usted creando un argumento.
En un cuento con argumento la conclusión final toma la forma de una resolución, de una revelación, de
una decisión, de una explicación, o de una solución.
La resolución es el fin de un conflicto debido a la victoria final de una u otra parte. La revelación
representa la aparición de algo previamente escondido. En un cuento de decisión, la conclusión viene cuando
el personaje central se decide finalmente sobre algo importante y difícil. La explicación, obviamente, propor-
ciona la conclusión en un cuento de misterio. Y la solución proporciona el final de un enigma.
EL CUENTO DE RESOLUCIÓN
Para hablar de este tipo de historias, debemos mencionar una estructura ideal que rara vez encontramos,
en su forma completa, en una ficción corta. Su nombre es "esqueleto de argumento". Dicho esqueleto tiene
cinco huesos:
1. Un personaje central creíble y simpático.
2. Un problema difícil de resolver, que debe ser solucionado urgentemente.
3. Sus tentativas para resolver el problema, que, naturalmente, fallan y convierten su propia situación en
una aún más desesperada.
4. La crisis final, que le proporciona su última oportunidad de ganar.
5. Y la resolución exitosa, conseguida gracias al coraje, a la ingeniosidad, etc., del personaje central.
La versión inversa de este argumento es el cuento en el que el personaje central es el malo de la historia;
el cuento finaliza con su derrota en vez de con su victoria.
"La lluvia," por W. Somerset Maugham, tiene una estructura argumental completa si se toma a Miss
Thompson como personaje central. Miss Thompson es una bronca prostituta, forzada por una cuarentena a
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permanecer en Pago Pago mientras efectuaba su vuelta a casa desde Honolulu a Apia. El misionero, Mr.
Davidson, amenaza con causarle problemas al gobernador, a no ser que él la deporte al continente, donde a
ella le aguarda una sentencia que la condena a prisión: tan grave y urgente es el problema de Miss Thompson.
En primer lugar, ella trata de resolverlo apelando al gobernador y al Dr. Macphail. Cuando estas tentativas
fallan, ella se rinde a Mr. Davidson y permite que él salve su alma. Ella se transforma en una mujer cambiada,
totalmente recatada, y por completo transformada. Pero entonces seduce a Davidson, quien acaba se cortán-
dose la garganta debido a su remordimiento y su horror ante tal acto. Al día siguiente ella vuelve a vestirse y
maquillarse a su viejo estilo, y su ronca risa resuena de nuevo.
Algunos manuales de literatura insisten en que ésta es la única estructura de ficción popular que pro-
porciona el éxito, aunque, de hecho, a pesar de que muchos cuentos cortos comienzan de esta manera, casi
todos ellos carecen del tercer elemento (las tentativas fallidas) y del quinto (la victoria del personaje central
por sus propios esfuerzos). El tercero se deja fuera porque es demasiado difícil de incluir en un cuento corto.
Y el quinto, porque esa repetición puede hacerlo aburrido. Cuándo un cuento tiene sólo dos conclusiones
posibles, es difícil sorprender al lector con cualquiera de ellas; cuando la historia tiene tan sólo una conclusión
convencional (el triunfo del héroe), eso es aún más difícil.
No obstante, la mayoría de los argumentos de los cuentos se construyen alrededor de alguna clase de
conflicto o de competencia cuyo resultado final es, como mínimo, dudoso. El comienzo del cuento suele expo-
ner los términos de dicha competencia. El cuerpo central es el concurso mismo. Y la conclusión es el resultado
final. (Y aquí tenemos la estructura de puente otra vez). Si esto ocurriese siempre así, la mayoría de las tramas
de estas historias serían intolerablemente previsibles. En la práctica, lo que acontece generalmente es que el
autor suele usar la estructura del conflicto para desorientar al lector, haciendo que el verdadero significado del
cuento resulte ser algo enteramente diferente a lo que él había previsto de antemano.
El conflicto es tan solo una manera de exponer nuestro propio carácter: aprendemos más cosas sobre
la gente cuando ésta está bajo estrés; sabemos así cosas de ellos que nunca averiguaríamos de cualquier otro
modo. Además, establecer un conflicto es una manera conveniente y sencilla de mantener al lector interesado.
Pos supuesto, hasta que, como autor, lo dirijas exactamente hacia donde esté lo que en realidad querías reve-
lar.
EL CUENTO DE REVELACIÓN
Podemos observar que incluso en el cuento de Maugham, que tiene un esqueleto argumental completo,
la conclusión de la historia no se narra donde debería hacerse por su propia naturaleza, sino que se presenta
con posterioridad, dándole un aire de la revelación. Incluso con mayor frecuencia, dicha revelación reemplaza
a la resolución. En "Man from the South" de Dahl Roald, por ejemplo, el argumento se refiere a un extraño
hombrecito que se juega su coche nuevo contra el dedo meñique izquierdo de un joven marinero, apostándole
que el mechero de éste último no encenderá diez veces seguidas. Para ello, ata la mano del marinero a una
tabla situada entre ellos, con el dedo meñique extendido y con un cuchillo suspendido sobre él, mientras el
marinero hace chasquear su encendedor. Cuando el marinero llega hasta ocho, la esposa del hombrecito entra
y detiene el concurso. Él no ningún tiene coche que apostar, les cuenta a los espectadores: él no posee nada,
de hecho, porque ella se lo ganó todo hace mucho tiempo. Entonces, ella coje las llaves del coche de la mesa,
y los espectadores de la apuesta pueden ver que en su mano sólo quedan un pulgar y otro dedo.
Cualquiera de las conclusiones que estábamos esperando eran desilusionantes (el hombre pequeño le
corta el dedo al marinero, o el marinero gana la apuesta, entra en el coche y se va). En realidad, el conflicto
con que el cuento comienza es tan sólo una farsa, un trabajo de desorientación. Lo que en realidad estábamos
esperando es el tercer final, el sorprendente.
En otros cuentos, no hay pretensión alguna de crear un conflicto dramático; la revelación en ellos lo es
todo. Un ejemplo es "The Lottery" de Shirley Jackson, sobre un antiguo ritual realizado cada año en una aldea
Nueva Inglaterra. Se realizan una serie de sorteos: primero por familias. Más tarde por casas y después por
individuos, hasta que una sola persona, una mujer, es escogida. Todo este proceso ocupa la casi totalidad del
cuento, justo hasta los últimos párrafos. Y es sólo entonces, cuando los villanos comienzan a apedrear a la
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mujer hasta su muerte, averiguamos de qué trataba esa lotería realmente.
Es necesario observar que en este cuento, aunque no exista ningún conflicto en el sentido más usual,
vemos crecer la tensión porque existe una selección que se estrecha continuamente, y también porque, como
lectores, sabemos que estamos más cerca de la revelación del significado de la lotería. La conclusión es, pues,
que si se crea una tensión creciente, no importa si hay o no hay conflicto.
Otro ejemplo de tensión creciente en un cuento que carece de argumento convencional es "Juventud,"
de Joseph Conrad, sobre un barco que se hunde en una tempestad, y en el que el viejo capitán parece tener un
problema, hablando sobre el esqueleto del argumento. Sin embargo el narrador no parece tener ninguno: éste
no tiene poder de elección en los hechos en ningún momento, excepto al final, cuando puede escoger entre
tratar de mantenerse cerca de los otros barcos, o irse por sus propios medios. Así, el narrador se convierte en
la figura central, y es en quien nos interesamos intensamente; el papel del viejo capitán se convierte entonces
en algo casi fortuito.
FINALES TRAMPOSOS
Los cuentos muy cortos con conclusiones sorprendentes se llaman cuentos de final tramposo. William
Sydney Porter ("O. Henry") escribió centenares de estos cuentos e hizo carrera con ellos. Un ejemplo es su
historia de una viuda, dueña de una panadería, que comienza a sentir románticas sensaciones hacia un hombre
más bien andrajoso que entra en el establecimiento todos los días para comprar una hogaza de pan viejo. En
un impulso ella coje un pan, lo abre y disimula en él una untada de mantequilla con la que espera sorprenderlo.
Él regresa posteriormente, furioso: resulta ser un arquitecto que usa la miga de pan viejo para borrar las líneas
de lápiz de sus dibujos, y ella acaba de arruinar seis meses de su trabajo.
Los cuentos con final tramposo ya no gustan a los críticos, pero los redactores y editores todavía suelen
comprarlos. Casi la mitad de los cuentos cortos de misterio pueden entrar en esta categoría.
EL CUENTO DE DECISIÓN
Los cuentos de este tipo se refieren, generalmente, a intereses o lealtades divididas. En "The Steel Cat,"
de John Collier, un hombre inventa la mejor trampa para ratones: el ratón camina sobre un travesaño para
obtener el cebo. Este se inclina, el ratón cae en una jarra de agua y se ahoga. El inventor ha viajado por todo
el país, haciendo demostraciones de su trampa con la ayuda de su amado ratón mascota, aunque sin éxito.
En Chicago le muestra la trampa a un comprador que queda inmediatamente impresionado, pero que llega a
sospechar del mal funcionamiento de ésta cuando comprueba que el inventor trata de rescatar a su mascota.
El inventor se da cuenta de que el comprador no creerá del todo en la trampa hasta que vea al ratón muerto.
Finalmente, el angustiado inventor permite que éste se ahogue.
Una de las dificultades existentes en un cuento de decisión es si la elección que encara el personaje
puede parecer demasiado sencilla: aceptar la oferta de boda de su amante, o permanecer en el hogar, teniendo
una relación afectiva más pobre, por ejemplo. El lector puede pensar que la chica protagonista es idiota tan
solo por vacilar en esta elección; el final fallará porque es obvio. El truco consiste en hacer la elección real-
mente difícil, y en hacer todo lo posible para que el lector no conozca por adelantado ni sospeche siquiera cual
será la decisión final del personaje.
EL CUENTO DE EXPLICACIÓN
Un ejemplo es "My Kinsman, Major Molineux," de Nathaniel Hawthorne, donde un hombre joven,
nativo del país, es enviado a un pueblo colonial de Nueva Inglaterra, a buscar fortuna con su pariente, el Major
Molineux, un oficial de la Corona. El protagonista recibe tan solo extrañas respuestas cuando pregunta por su
pariente, mientras hombres en vestidos de manera curiosa, y con las caras pintadas están en las calles. Uno de
éstos personajes le dice al joven: "Espera aquí una hora, y el Major Molineux pasará". Al final, una ruidosa
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procesión de antorchas aparece, y en el medio de ella está el Major Molineux, encima de un pequeño carro
abierto, embreado y emplumado. El misterio se explica: el cuento ha terminado.
EL CUENTO DE SOLUCIÓN
La mayoría de los “cuentos de misterio” son realmente cuentos sobre enigmas. La diferencia estriba
en que un misterio se explica por el transcurrir de una serie de acontecimientos, mientras que un enigma se
resuelve gracias la intervención de por los personajes. En "The Two Bottles of Relish," de Lord Dunsany
sabemos que ocurrió un asesinato, pero nadie es capaz de resolver cómo se han deshecho del cuerpo. Los
hechos son éstos: el asesino dice ser vegetariano. Sin embargo, compró dos botellas de condimento para carne
seis días atrás. Dos semanas después de la desaparición de la víctima, tala diez árboles y los corta en trozos
de dos pies de largo, aunque nunca los usa como leña: no los quema. Tras el asesinato, no abandona su hogar.
El suelo que hay debajo, y alrededor de su casa, no ha sido tocado. Quizás ya has adivinado la solución que
el detective aficionado del cuento logra alcanzar. Pero, ¿qué ocurre con los árboles? ¿Por qué los cortó? La
última línea del cuento da la respuesta:
"Simplemente" -dijo Linley-, "por gusto"
Los lectores de cuentos de enigma piden novedades constantemente: las viejas soluciones ya no funcio-
nan. Es probable que un autor no intente escribir un cuento de enigma a menos que tenga cierta preferencia
hacia esa clase de cosas, y que haya leído lo suficiente sobre el tema como para tener alguna idea de lo que
otros escritores ya han hecho.
Los cuentos sobre la aproximación de un desastre inevitable son la excepción a la regla de que un cuento
de argumento debe tener un final que sea, de alguna manera, sorprendente. Dos ejemplos son "Nightfall," de
Isaac Asimov, y "Billenium," por J. G. Ballard. En ambos podemos ver exactamente hacia dónde se dirige
el cuento: no existe el elemento de sorpresa, y a pesar de todo, estos cuentos obligan a nuestra atención a
centrarse en ellos, en el mismo sentido en que puede hacerlo el presenciar un desastre natural. En "Nightfall,"
los habitantes de otro planeta se vuelven locos y queman sus ciudades cuando las estrellas aparecen por pri-
mera vez en mil años. En "Billenium," dos hombres jóvenes, habitantes de un futuro mundo superpoblado,
descubren un olvidado apartamento de alquiler. ¡Un lujo sin precedentes! Por eso, van invitando uno a uno a
todos sus amigos a compartirlo, y así van dividiendo cada vez más el espacio hasta que, finalmente, están tan
amontonados como lo está el resto de la gente en todas partes.
A veces la conclusión inevitable aparece, como ocurre en The War of the Worlds de Wells, como una
solución conejo-en-la-chistera, tan transparente que el sentido de que lo que tiene que ocurrir inevitablemente
ocurrirá permanece: si no es así esta vez, lo será, sin duda, la próxima (Los marcianos acabarán destruyéndo-
nos. O puede que no.)
En cuentos de esta clase, adoptar una actitud más bien desconectada hacia los personajes es probable-
mente algo bueno: el lector debe ser capaz de sentarse y observar como los personajes se mueven inevitable-
mente hacia su destino, sin quedar íntimamente implicado en ello. (Los desastres son entretenidos sólo cuando
les suceden a otras personas)
DEFECTOS COMUNES DEL CUENTO DE ARGUMENTO Y QUÉ HACER ACERCA DE ELLOS
Síntoma: la línea del cuento es vaga, parece ir a cualquier parte.
Diagnóstico: el Autor empezó a escribir el cuento sin alguna idea clara sobre la dirección que debía
tomar.
Tratamiento: Da a tu personaje central motivaciones más fuertes y ponle las cosas cada vez más difíciles.
Reescríbelo todo sin mirar la versión anterior.
Síntoma: el cuento es confuso. Hay demasiados personajes, o es demasiado largo.
Diagnóstico: el Autor no acaba de decidirse sobre qué personaje debe contar su historia, o no encuentra
la manera de enfocar la narración en el personaje central.
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Tratamiento: reduce arbitrariamente el número de personajes principales a tres o cuatro. Planifica las
situaciones y ordénalo todo de nuevo.
Síntoma: la estructura del argumento parece estar completa, pero el cuento parece que es curiosamente
insustancial.
Diagnóstico: el Autor se ha olvidado que debemos cuidar a los personajes principales y que nos debe
importar lo que les sucede. Cuentos como éstos son, a menudo, escritos por jóvenes (generalmente varones)
que creen que deben crear argumentos mecánicamente, simplemente para conseguir ver publicadas sus obras.
Debemos tener en cuenta que en la mayoría de las ficciones populares, en aquellas donde la trama es muy
importante, los personajes son aun más importantes: si no crees en tus propios personajes y no te sientes
profundamente cerca de ellos, tampoco ningún lector lo hará.
Tratamiento: Esto no es, en absoluto, un problema de trama. Vuelve con tus personajes y constrúyelo
todo de nuevo desde ahí.
Síntoma: el final desilusiona.
Diagnóstico: (1) el Autor falla al desorientar al lector: la conclusión desilusiona porque es obvia. O (2)
el Autor falla al planear cual y como debe ser el camino que nos lleve hasta la conclusión, deseando que algo
de lo que ha puesto en el camino resulte efectivo, y en su desesperación se clava en una conclusión que resulta
ser débil, no pertinente o ilógica.
Tratamiento: es inútil tratar de retocar la conclusión en sí misma: cualquier final clavado seguirá estando
clavado. Vuelve a la situación inicial y planifica de nuevo todo ese camino.
EL CUENTO SIN ARGUMENTO
Un cuento con argumento tiene una estructura de esqueleto que puede ser extraída y examinada: la his-
toria tiene sentido si dices lo que sucede en ella. Esto no es cierto en los cuentos sin argumento. Podemos
considerar, por ejemplo, "Big Two-Hearted River" de Ernest Hemingway: es fácil decir lo que sucede en este
cuento. El narrador se baja de un tren en un campo desierto y camina hacia lo profundo del bosque, donde
hace campamento y duerme. A la mañana siguiente captura un saltamontes que le sirve como el cebo, toma su
desayuno y pesca en el río. Captura una trucha y la limpia. Podemos seguir ampliando esta lista simplemente
agregando más y más detalles, pero aunque incluyamos la más pequeña cosa que sucede durante el relato, no
tenemos indicación alguna de lo que el cuento quiere significar.
La fuerza de "Big Two-Hearted River" reside, en parte, en su simbolismo (el río es la vida del narrador, y
pesca la hace en su parte superior, lo que representa el paraíso perdido de su niñez). También existen poderosos
cuentos sin argumento en los cuales el simbolismo tampoco participa: "The Death of Ivan Ilych" de Tolstoy
es, simplemente, la crónica de la vida de un hombre. Podemos decir lo mismo de "Good Neighbor Rosicky."
de Willa Catre. En estos cuentos, nuestros sentimientos son movilizados profundamente. Pero no por el drama
que narran, sino por el íntimo significado que representa la existencia de un ser humano. Son cuentos de
iluminación más que de revelación: toman la forma de "esto es lo que la vida es".
Las distintas formas de cuento que hemos estado discutiendo no son pequeñas cajas rígidas donde cada
trabajo de ficción debe ser moldeado e incrustado; en realidad, podríamos decir que son categorías ideales,
de ejemplo. En la práctica literaria, los distintos elementos de cada una de ellas son mezclados de muchos
modos distintos: la misma historia puede ser en parte de resolución, en parte de solución, y en parte de ilumi-
nación (podemos comporbarlo, por ejemplo, en The Maltese Falcon, de Dashiell Hammett). Cuando el escritor
entienda esas formas simples, ya podrá mezclarlas y combinarlas, con el objetivo de hacer otras mucho más
sofisticadas. No existe un final para los cuentos que pueden ser escritos, porque las posibles combinaciones
de la viejas formas nunca podrán ser agotadas... Y porque los buenos escritores siguen inventando cada día
nuevas formas.
Creating Short Fiction, 3ª edición, fue publicado por St. Martin's Griffin, ISBN 0-312-15094-6. Escriba
al autor a dknight@efn.org
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G.K.Chesterton: El Padre Brown y otros horrores...
Por Iván de la Torre
Comentario de autor
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. K. Chesterton fue ensayista, novelista, cuentista y poeta. También,fue el creador de
un detective particular, protagonista de una saga cuya recopilación mas conocida es “El
candor del padre Brown”.
Pero vayamos a Chesterton el hombre, para luego intentar entender a Chesterton el escritor
y ver que tiene que ver todo esto con los géneros que nos interesan, especialmente el terror y la
fantasía.
Palabras mas, palabras menos.
“El mundo era muy viejo, amigo mío, cuando tu y
yo éramos jóvenes.”
Carta a Edward Bentley
Gilbert Keith Chesterton nació en Londres un 29 de mayo de 1874.
“Nací de padres respetables, pero honrados; es decir, en un mundo donde la respetabilidad no era toda-
vía una palabra ofensiva, sino que conservaba alguna leve conexión filológica con la idea de ser respetado”.
Al terminar sus primeros estudios se matriculó en una escuela de arte, donde aprendió técnicas de dibujo
y pintura que habrían de servirle en su labor como crítico de arte. Entre 1892 y 1900, estudió literatura en
Londres y trabajó como editor, especializado en literatura espiritista y teosofía. El ocultismo estaba de moda
y Chesterton se aficionó a las reuniones de los “creyentes”. Años mas tarde renegaría de estas experiencias
y abrazaría la fe católica. Ambos hechos se reflejarían en la saga del padre Brown y en toda su obra, que
empezaría en 1900, cuando colaboraba en periódicos, primero como crítico de arte, y luego como articulista
político. Su carácter combativo lo llevaría a enfrentarse con sus amigos, especialmente con G. B. Shaw. Lo
que no impediría que este dijera: “El Sr. Chesterton narra e imprime las mentiras más extravagantes. Toma
incidentes ordinarios de la vida humana —los lugares comunes de la vida de la clase media— y les da un
perfil monstruoso, extraño y gigantesco. Llena los jardines suburbanos con los más improbables asesinatos;
y no sólo inventa los asesinatos, sino que también triunfa al descubrir a un asesino que jamás cometió los
asesinatos. Yo hago mucho de la misma cosa. Promulgo mentiras en forma de obras teatrales” El éxito de la
saga del Padre Brown ocultaría el resto de su obra, donde hay títulos tan notables como “El hombre que fue
Jueves” (1908), “La esfera y la cruz” (1910), “The Ballad of the White Horse” (1912) y “Man the Everlasting”
(1925). Chesterton murió en 1936, año en que apareció su autobiografía.
La obra de un creyente: El candor del Padre Chesterton.
“—Padre —dijo Flambeu, con aquella voz grave e infantil que tan raras veces se le oia— ¿Que hace-
“Innecesario hablar de la magia y del brillo de Chesterton."
Jorge Luis Borges
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mos?
La respuesta de su amigo fue tan rápida como un disparo:
—Dormir —dijo el Padre Brown— Dormir. Hemos llegado al termino del camino. ¿Sabe usted lo que
es el sueño? ¿Sabe usted que todo el que duerme cree en Dios? El sueño es un sacramento, porque es un acto
de fe y es un acto de nutrición. Y necesitamos un sacramento, aunque sea de orden natural. Ha caído sobre
nosotros algo que muy pocas veces cae sobre los hombres, y que es acaso lo peor que le puede caer encima.
Los abiertos labios de Craven se juntaron para preguntar:
—¿Que quiere usted decir?
El sacerdote había vuelto ya la cara hacia el castillo cuando contesto:
—Hemos descubierto la verdad, y la verdad no hace sentido.”
La honradez de Israel Gow.
El libro Padre Brown sobre Chesterton (1937), habla del origen del singular cura y de Chesterton, su
pasado como concurrente a reuniones de mediums y su presente como catolico fervoroso: “[el Padre Brown]
fue un personaje de la vida real; existió en la comedia humana, donde se llamo John O’ Connor. Alcanzó
la dignidad de monseñor; llego a ser chambelán privado de Su Santidad Pío XI, y, tal como en una de sus
aventuras del Padre Brown convierte a Flambeu, fue él quien llevo a la inmensa mole humana de Chesterton
hasta la Iglesia Católica”.
Las historias del Padre Brown entran en el género policial protagonizadas por un sacerdote de aspecto
insignificante. Convertido en detective por casualidad, el padre Brown se mete en tramas complicadas donde
su pequeña figura apenas adquiere relieve: su aspecto pobre y descuidado no inspira mayor desconfianza y
apenas si parece poder con su sombra y su inmenso paraguas. A pesar de ello, sera él quien resuelva esos
misterios extraños y oscuros, llenos de alusiones terribles. La saga del Padre Brown es fantástica de una
manera sutil, con el descanso que da saber que todo lo que se nos da para imaginar desaparece bajo una expli-
cación realista... sin embargo, estos horrores apenas esbozados que vislumbramos en un segundo espantoso
merecen releerse y colocarse al lado de los libros de Machen o Lovecraft, desprendidos de su explicación
lógica. Borges, uno de los más famosos apólogos de Chesterton, señaló este hecho: “Es licito afirmar que
G. K. Chesterton hubiera podido ser Kafka. El hombre que escribió que la noche es una nube mayor que el
mundo y un monstruo hecho de ojos hubiera podido soñar pesadillas no menos admirables y abrumadoras
que la de El Proceso o la de El Castillo. De hecho, las soñó y busco su salvación en la fe de Roma...” Estas
historias no son terribles ni apuntan al horror puro, pero hay algo en su clima que lo presagian; los escenarios
y los personajes forman un teatro donde suceden hechos inexplicables: la magia e incluso el demonio apare-
cen como únicas soluciones... hasta que el padre Brown deduce la verdad. Chesterton cuenta historias, historia
donde esboza la idea de un hombre asesinado por sus sirvientes mecánicos (El hombre invisible); de un libro
que produce la muerte de quien lo lea (El maligno influjo del libro); o de un extraño aristócrata que muere
en su castillo donde lo acompañaba un criado retardado que es el único que lo ha visto los últimos años y
no quiere decir que ha sucedido con el oro que ha desaparecido sin dejar rastros, especialmente en imágenes
religiosas que: “no están simplementes sucias ni han sido rasguñadas o rayadas por ocio infantil o por celo
protestante, sino que han sido estropeadas muy cuidadosamente y de un modo muy sospechoso. Donde quiera
que aparecía en las antiguas miniaturas el antiguo nombre de Dios, ha sido raspado laboriosamente. Y solo
otra cosa ha sido raspada: el halo en torno a la cabeza del niño Jesús... —¿Que quiere usted decir? —Quiero
decir que el diablo puede estar sentado en el torreón de este castillo en este mismo instante...” (La honradez
de Israel Gow).
U otra, donde una héroe histórico es mostrado bajo un perfil extraño y aterrador al descubrir el padre
Brown la verdad tras el mito. Como le diría a su amigo Flambeu: “La historia que usted acaba de forjar es
limpia, por lo menos —explicó el pequeño—. Es una historia grata, pura, honrada, tan blanca y tan franca
como esa luna. Después de todo la locura y la desesperación son cosas harto inocentes. Hay cosas mucho
peores, Flambeu.” (La muestra de la espada rota).
En sus historias del Padre Brown, Chesterton deja que veamos por la cerradura cosas mucho peores
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de lo que son realmente: sombras agitándose en la noche hasta que, como un fósforo de piedad, la solución
aparece, haciendo que el miedo salga por la ventana junto a las tinieblas. Sin embargo, lo que atrae es ese
ambiente de terror y fantasía que se filtra como una corriente de viento frío en el estómago a medida que la
historia transcurre y nos convencemos de que algo tenebroso se oculta ahí, ante nuestros ojos. Como bien dijo
Borges: “Cuando el género policial haya caducado, el porvenir seguirá leyendo estas paginas, no en virtud
de la clave racional que el padre Brown descubre, sino en virtud de lo sobrenatural y monstruoso que antes
hemos temido”.
Pesadillas católicas: mas allá del padre Brown
“El Sr. Chesterton toma hechos que se creerían
ordinarios y los hace gigantescos y colosales para reve-
lar su esencia milagrosa”
George Bernand Shaw.
Chesterton fue también un tejedor de otras pesadillas; pesadillas donde pregunta si acaso un hombre
tiene tres ojos, o un pájaro tres alas; donde habla de un muerto que descubre en el paraíso, de los espíritus de
los coros angélicos que tienen sin fin su misma cara o de un árbol que devora a los pájaros y que da plumas en
lugar de hojas. Para el lector acostumbrado a Machen, Poe o Lovecraft convendría hechar una mirada a este
extraño católico que supo soñar extraordinarias pesadillas de las que solo encontró salvación en su fe; para
este fin, la Saga del Padre Brown es un buen comienzo.
—Los mejores cuentos policiales. Selección de Adolfo Bioy Casares y Jorge Luis Borges.
Eméce. 1962.
—Antología de la literatura fantástica. A. Bioy Casares, J. L. Borges y Silvina Ocampo. 1965.
—La maga. Número Especial dedicado a Borges. 1996.
—Borges Oral. Jorge Luis Borges. Alianza Editorial. 1998.
—Biblioteca Personal. Jorge Luis Borges. Alianza Editorial. 1998.
—Otras inquisiciones. Jorge Luis Borges. Alianza Editorial. 1998.
—Textos Cautivos. Jorge Luis Borges. Alianza Editorial. 1998.
—El candor del Padre Brown. G. K. Chesterton. Losada. 1996.
—El candor del Padre Brown. G. K. Chesterton. Biblioteca Pagina 12.
—Los mejores casos del Padre Brown. G. K. Chesterton. A—Z editora. 1994.
—¿Estamos de acuerdo? G. K. Chesterton y G. B. Shaw. Traducción realizada por la Universidad Autó-
noma Metropolitana.
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Unas raices y algunas viñas
Por Mike Resnick
Reproducido con permiso del autor
Traducción de Graciela Inés Lorenzo y Sebastian Font
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ien: estoy sentado aquí, en Winnipeg, radiante y enfundado en mi traje de etiqueta, y
preguntándome una vez más cuantos fans me han llamado “Señor Resnick” en lugar de
“Mike” desde que comenzara la WorldCon, hace ya tres días.
No me siento como un “Señor”. Siento que solo soy un “fan” que hace algunas trampas para
poder sentarse aquí, con el resto de los profesionales, esperando que Bob Silverberg anuncie el
nombre del ganador del premio Hugo al Mejor Editor. Entonces, lee los nombres de los candida-
tos: Datlow, Dozois, Resnick, Rusch, Schmidt.
En un momento, abre el sobre del ganador y lee el nombre: Kris Rusch. Y, de pronto, me encuentro
subiendo al escenario. Bob está seguro de que yo he creído haber escuchado mi nombre, y parece estar con-
siderando la posibilidad de sujetar el Hugo contra su pecho y echar a correr (aunque, la verdad, ésa es la
respuesta típica de todos los profesionales cuando están cerca de un Hugo). Finalmente, suspira y lo extiende
hacia mí, y yo comienzo mi discurso de agradecimiento hacia Ed Ferman y los votantes.
¿Qué estoy haciendo yo aquí, recibiendo el Hugo otorgado a una dama que tiene la mitad de mi edad y
el doble de mi talento, y que es demasiado bella como para que pensemos siquiera en hacerle algún tipo de
jugarreta? ¿Porqué demonios no me dediqué a algo más simple, como la política?
* * *
Bien. Todo esto empezó en 1962, fecha que, por extraño que parezca, no es exactamente el año pasado;
no importa lo que pensemos al respecto. Carol y yo nos habíamos conocido en la Universidad de Chicago en
el 60. En nuestra primera cita fuimos al teatro, y terminamos en el café del Hotel Morrison, conversando sobre
ciencia ficción hasta que nos echaron, a eso de las 5 de la mañana. Fue la primera vez que ambos nos dimos
cuenta de que existía más gente que había leído en alguna ocasión las locas aventuras de Buck Rogers (aunque
tuvimos que haberlo supuesto, ya que continuaron editándolo mes a mes, y la venta de dos únicos ejemplares
por número difícilmente podrían haber sido suficientes para mantener a sus editores en el negocio)
Sigamos: se desarrolla el año 1962, y también lo hace la futura ganadora del Campbell llamada Laura...
Pero el segundo gran evento del año llega cuando Ace Books, bajo la redacción de Don Wollheim, comienza
a piratear un montón de novelas de Edgar Rice Burrouhgs, y toda la generación de esos tiempos comienza
a aprender más y más cosas sobre Tarzán, Frank Franzetta, John Carter, Roy Krenkal y David Innes, todo al
mismo tiempo.
Pero lo más importante, lo que dio, incuestionablemente, forma a mi vida adulta, fue que uno de aquellos
libros tenía un mensaje en la contraportada ensalzando las virtudes de ERB: un texto firmado por Camille
Cazadessus, editor de ERB-dom. De acuerdo, no es necesario ser un genio para deducir que ERB-dom, al
menos en el contexto en el que me encontré esa nota, se refería, obviamente, a Edgar Rice Burroughs.
Para Mimosa

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¿Toda una revista dedicada a uno de mis escritores favoritos? Apenas pude esperar hasta el día siguiente:
esa mañana cogí el metro hacia la ciudad y pasé por la Post Office News, la tienda de revistas más grande de
Chicago. Busqué a ERB-dom en las mismas estanterías donde estaban Time, Life, Look Newsweek y Playboy.
No estaba allí. Miré donde estaban Analog, Galaxy y F&SF. Nada. Tampoco estaba junto a Forbes, Fortune o
Bussiness Week.
No pude evitarlo por más tiempo: me acerqué hasta el mostrador y le dije a la persona allí que estaba
buscando una revista llamada ERB-dom; él comprobó su listado y me respondió que “tal animal no existe”.
Le cogí por el brazo, le arrastré hasta donde estaban los libros en rústica, busqué los de Burroughs, abrí
la portada para mostrarle la solapa interior y le solté un poderoso “¡Aha!”
Entonces él prometió dedicarse su tiempo a encontrar quién publicaba esa revista, para abastecerse de
ella. Y yo regresé a nuestro ático subterráneo (léase apartamento casi en el subsuelo de la ciudad) a esperar
ansiosamente aquellas “Buenas Nuevas”.
Que nunca llegaban.
Di la lata, incesantemente, en la Post Office News. Di la lata en mi librería local. Di la lata en la biblio-
teca pública. Incluso le di la lata a mi madre (esto puede parecer contraproducente, pero ella ha estado dán-
dome la lata a mi durante veinte años: lo que es justo, es justo)
Finalmente, cuando miré mi reloj, vi que este ya marcaba mediados del 62, y yo aun no tenía señal
alguna de ERB-dom. De modo que escribí al editor, a la atención de la Srta. Cazedessus (Vale, de acuerdo:
yo, hasta ese momento, no había oído hablar nunca de un tipo que se tuviese por nombre “Camille”), quien
estaba a cargo de Ace Books... Y un mes más tarde los primeros cinco ejemplares de ERB-dom llegaron por
correo. Aquellos fueron los primeros fanzines que nunca antes hubiese visto, y venían acompañados de una
larga y amistosa carta que utilizaba constantemente la misteriosa palabra “WorldCon”.
Al cabo de dos meses, yo ya había escrito tres largos artículos para el sexto número de ERB-dom, y
me acabé convirtiendo en su editor asociado. Hubo una WorldCon en Chicago ese verano, tan solo a veinte
minutos de metro del lugar en que vivíamos... pero a la futura ganadora del Campbell le dio por elegir el
17 de agosto para nacer, y no pudimos ir. A los ocho días de su nacimiento (es una niña), decidí perdonarla
finalmente, y se la enseñé amorosamente a sus abuelos. Ella vomitó sobre la espalda de mi camisa hawaiana
(lo que, visto retrospectivamente, pudo haber sido un comentario editorial). Eso ocurrió veintisiete años antes
de que yo me decidiera a volver a tocarla, pero ésa es otra historia.
También ocurrieron otras cosas en el 62: nosotros vivíamos en la esquina de las calles North Shore y
Greenview, en el área de Rogers Park, en Chicago. Justo enfrente, tan solo cruzando la calle, había un viejo
edificio de apartamentos donde se reunía un extraño grupo de hombres y mujeres, cada tercer sábado del mes.
Solían tener cabello largo, y la mayoría de ellos un sobrepeso de cuarenta kilos de más... o de veinte kilos de
menos. Y, muy frecuentemente, llevaban libros bajo el brazo. Creímos en aquellos días que eran miembros
de SNCC o de CORE, dos de las más populares organizaciones de por entonces, que se encontraban allí para
evitar el reclutamiento de sus miembros, y que aquellos libros eran tratados pacifistas... o listas en las que
figuraban los nombres y las direcciones de los grupos de izquierda que les habían ayudado alguna vez.
Tuvimos que viajar a Washington D.C. un año después, y asistir a la Discon I, para saber que no eran un
grupo de personas que trataban de escapar del reclutamiento (bien, no del todo, en todo caso), sino un montón
de fans de Chicago que se habían estado reuniendo a veinticuatro metros de la puerta delantera de nuestra casa
durante casi dos años.
* * *
Vuelvo sobre mis pasos, encuentro mi asiento, y le doy el Hugo de Kris Rusch a Carol, porque yo tam-
bién estoy nominado en la categoría de Mejor Relato Corto, y creo tener una buena oportunidad para ganarlo.
Y se que cuando corra a aceptar el premio, si aun llevo aquel Hugo, la gente se extrañará. Además, Charles
Sheffield está sentado a nuestro lado, y está nominado para Mejor Novela Corta, y se está poniendo muy
nervioso: creo que quiere acariciar el Hugo para tener suerte, o quizás está pensando en escapar con él y
cambiar el nombre de la placa más adelante. (De hecho, estoy convencido de que si no gana el suyo, ni Kris
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ni yo veremos este Hugo nuevamente. Probablemente Charles lo negará, pero no olvidemos que el muy bien
remunerado trabajo de Charles es decirle mentiras al gran público)
Guy Gavriel Kay comienza entonces a leer la lista de los nominados, y de pronto me doy cuenta de que
no estoy en absoluto nervioso, que esto, para mí, ya es habitual: he sido nominado para nueve Hugos en los
últimos seis años. Y he ganado un par. Las WorldCon son eventos llenos de regularidad: te muestras, firmas un
millón de autógrafos, te sientas a comer en cada ocasión con un editor diferente al que le defines lo que vale
la pena hacer el año siguiente, y entonces te pones tu traje de etiqueta y te sientas a esperar si ese año vas a
ganar otro Hugo.
Esto ha pasado a convertirse en una rutina anual, y algunas veces te sorprendes pensando: ¿fue siempre
así?
Entonces recuerdas en tu primera WorldCon, y te das cuenta de que no, de que no siempre fue así...
* * *
Siendo novatos, fuímos las víctimas de una creencia falsa: los fans que conocimos (seis o siete de ellos)
nos dijeron que la WorldCon tendría lugar el fin de semana del Día del Trabajo. Y nosotros creímos lo que nos
dijeron.
El problema, por supuesto, fue su definición de “fin de semana”: cogimos el tren que salía de Chicago el
viernes por la mañana, y llegamos a la planta baja de nuestro hotel en Washington D.C. la mañana del sábado,
a las 9:00 horas. Para entonces, la convención ya estaba a la mitad.
(Las cosas eran diferentes entonces: el horario no aparecía en los catálogos de la convención. De hecho,
no había catálogos de la convención. Tampoco aparecía esa información en Analog, ni en ningún otro lugar. Si
sabías que las WorldCon existían, eso era porque podías estar a mitad del camino de convertirte en un auténtico
fan)
Caz (que ciertamente no era, para nada, una damisela) nos esperó y nos lo mostró todo. Llevaba traje
y corbata, como yo; aun pasarían varias WorldCon antes de que los hombres usaran camisa, sin chaqueta ni
corbata, incluso durante las veladas. Y todas las mujeres –las cuales constituían, como mucho, el 10% de los
expositores, y del resto más de la mitad eran las esposas de los escritores- llevaban falda. Si veías a alguna
persona con barba –una rareza relativa- sabías que, o era un profesional, o era Bruce Pelz.
Cuando llegamos al salón de ventas, donde no había más de veinte distribuidores (que vendían sola-
mente libros, revistas y fanzines; nada de los cachivaches que predominan hoy en día sobre las mesas) yo
pensé que me había muerto y que había entrado al cielo: Aquella exposición tenía obras de Finlay, y de Freas,
y de Emsh, y de Margaret Brundage; solamente faltaba, del puñado de artistas a quienes conocía y admiraba,
J. Allen St. John.
Realizaron una subasta: existía un pequeño catálogo en el que se decía cuándo sería subastado tal o cual
objeto, y, en consecuencia, sabías en qué sesión podías obtener lo que deseabas. Stan Vinson, un famoso
coleccionista de la obra de Burroughs con quien había estado manteniendo correspondencia durante un año,
compró una portada de Franzetta por setenta dólares. Unos amigos me dijeron que estaba loco; se suponía que
las ilustraciones nunca volverían a subir de precio, y que nadie pagaría, de nuevo, tanto por un Franzetta. Yo
compré un boceto de Finlay por dos dólares, y un manuscrito autografiado por Sturgeon por tres dólares y
cincuenta centavos.
Por la tarde decidimos ir a las mesas de debate. Yo no sabía nada sobre ellas y como neófito que era, cogí
un lápiz y una libreta. Aquellas mesas de debate no son lo que tenemos hoy en día, o, al menos, en aquella
ocasión no lo parecían a mis inexpertos y maravillados ojos y oídos.
Por ejemplo, hubo una mesa redonda en la que participaron Willy Ley, Isaac Asimov, Fritz Leiber, L.
Sprague de Camp, Ed Emsh y Leigh Bracket, y cuyo tema fue “¿Cuál debería ser el aspecto de un BEM?”
(Tengo una copia de los “Procedimientos Discon”: la transcripción de todas las charlas de la convención -que
fue publicada por Advent-, y hasta el día de hoy, siempre que necesito crear un nuevo tipo de ser extraterrestre,
releo lo que se dijo en aquella mesa e, invariablemente, obtengo algo que me sirve)
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Hubo una charla con Fred Pohl, con un novato llamado Budrys y con una editora hermosísima (aunque
no tanto como aquélla para quien acepté el Hugo) llamada Cele Goldsmith... y con el mismísimo JOHN CAM-
PBELL EN PERSONA que versó sobre “Cómo escribir historias basadas en las ilustraciones de la portada”,
lo que era una práctica habitual en aquella época, y cuya lectura aún conserva su poder de fascinación.
Un viejo dulce y de traje blanco se dio cuenta de que éramos novatos y se pasó media hora con nosotros,
yendo con nosotros de un lado a otro, haciéndonos sentir como en casa y diciéndonos que éramos todos una
gran familia, e incluso nos invitó a todas las fiestas que hubo esa noche. Solo entonces se alejó para recoger el
primero de los Premios Salón de la Fama de First Fandom jamás concedidos. Cuando le preguntaron si estaba
trabajando en algo en aquel momento, respondió que acababa de enviar un manuscrito a Skylark DuQuesne,
y recibió la segunda mayor ovación que yo haya escuchado jamás en una WorldCon. (Como curiosidad diré
que la mayor ocurrió treinta años después, cuando Andy Porter decidió regresar de una ausencia de doce años
y ganó el Hugo al mejor fanzine semi profesional en 1993)
Ya que no conocíamos a nadie, y éramos realmente tímidos (con el paso del tiempo he aprendido a
compensar esta inclinación... podría decirse que amarga y largamente), cenamos solos, y vimos el carnaval,
que en aquellos días era un auténtico baile de disfraces, y no una competición como lo es ahora. Había una
banda, y todos bailaban; Unos pocos llevaban disfraces, y, de vez en cuando, alguno pasaba por el escenario,
porque se sabía que al final del baile se anunciaría quien sería el ganador.
Entonces llegó el Beer Blast. En aquellos viejos tiempos, aún no se exhibían películas. (Creo que las
películas aparecieron por primera vez en una WorldCon en 1969, y no con el objetico de enseñar a la gente
quienes eran los nominados al Hugo, ni para dar placer a los cinéfilos, sino para ofrecer a los niños un lugar
donde dormir, y que así dejaran de molestar) Esa noche tampoco entregaron los Hugo. (Una cena podía llegar
costar cinco dólares por persona, y los encargados de la comida en la convención eran capaces de incrementar
el precio de la misma hasta en tres dólares por persona, por un pollo reblandecido, y solo porque era servido a
la 1:00 PM, más de seis horas después). También había un único itinerario que hacer. (Los itinerarios múltiples
aparecieron ocho años más tarde, y los programas nocturnos aún mucho después)
Bien. Con todas las cosas que aun no tenían a su disposición, era evidente que los organizadores nece-
sitaban una manera de entretener a los congresistas durante la noche. De modo que lo que ocurría era lo
siguiente: cada comité de recepción, uno diferente por noche, (Y por aquella época solo tenían un año de
anticipación para prepararse) invitaba a toda la convención a una “fiesta de la cerveza”. Todos nos metimos en
un solo salón –sé que en la lista de los asistentes yo tenía el número seiscientos, pero también estuve allí y juro
que no había más de cuatrocientas personas presentes; los otros doscientos tenían que haber sido los exposi-
tores, o los mozos, o los botones-, y el correspondiente comité de recepción nos invitaba a, prácticamente,
consumir un pequeño lago de cerveza, con o sin palitos salados... Y entonces el comité rival hacía lo mismo la
noche siguiente. (Luego tenías que votarles –si eras capaz de salir de la cama- el domingo por la mañana, al
estilo de una reunión de negocios: un simpatizante hablaba acerca de su postulante, ensalzando las maravillas
de su comité. Luego, un profesional hablaba sobre el lugar escogido por su comité, generalmente ensalzando
la calidad de los restaurantes donde habías acabado. Esa charla sobre los mejores restaurantes acabó, invaria-
blemente, robándonos gran parte del día)
Cuando la fiesta de cerveza terminaba, todos desaparecían. La gente de Burroughs, todos ellos tiesos
como las flechas de Tarzán, se fueron a la cama. Nosotros recordamos que Doc Smith nos había hablado
de unas fiestas, de modo que recorrimos aquellos corredores vacíos, esperanzados y deseando encontrarlas,
preguntándonos si las fiestas realmente existían, y podríamos hacer para encontrarlas.
Bajamos un piso, volvimos a subir por la escalera de incendios, y repetimos el recorrido. Y una vez más.
Ya estábamos a punto de irnos cuando una puerta se abrió, y un pequeño hombre con barba, y otro delgado
y casi calvo, los dos con gruesas gafas, miraron nuestras credenciales y nos preguntaron si queríamos entrar
a beber. No sabíamos quién demonios eran, pero como también tenían credenciales, supusimos que también
formaban parte de la convención. Y como no parecían querer asaltar a una inocente pareja de Chicago... deci-
dimos unirnos a ellos.
Por un lado, estaban los que nos habían ofrecido la entrada a la enorme suite, y cuyos nombres eran Del
Rey y Blish. En el interior, usando una pajarita y en nada diferente a un pingüino con su traje negro, estaba
Isaac Asimov. Randy Garrett vestía algo hecho todo de satén y, que parecía de otro siglo. Bob Silverberg se
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veía joven e increíblemente aseado. Sam Moskowitz hablaba con Ed Hamilton y Leigh Bracket en un rincón;
todo eso sucedía varios años antes de su operación de cuello, y aun era perfectamente posible, aunque bastante
improbable, que alguno de los que estábamos allí pudiese escucharle.
Y todos y cada uno de ellos vinieron hacia nosotros para hablarnos y para hacernos sentir como en
casa.
Un poco más tarde, entró otro joven simpatizante. Era mucho más joven que yo. Yo tenía entonces vein-
tiuno; Jack Chalker solamente tenía diecinueve. Nos sentamos por allí, y discutimos sobre varios temas. Y
entonces ocurrió algo raro, algo que, personalmente, me pareció completamente extraño.
Alguien nos preguntó a Jack y a mí que qué queríamos hacer con nuestras vidas. (No, ésa no es la parte
extraña; las personas siempre suelen preguntar eso)
Y ambos respondimos que lo que queríamos era escribir ciencia ficción.
Y... ¿saben qué? Me di cuenta de que, por primera vez en mi vida, nadie se rió de esa respuesta.
Y fue entonces cuando supe que volvería a las WorldCon durante el resto de mis días.
* * *
Guy Gavriel lee la lista de nominados, abre el sobre, y el ganador es Connie Willis. Y yo soy el segundo
nuevamente: por octogésimotercera vez (sí, ya lo sé: he perdido solamente setenta y seis Hugos y Nebulas
contra ella, pero me siento como si fueran ochenta y tres). Todos me dicen que soy el vencedor moral, porque
he sido derrotado habiendo escrito relatos cortos, y que Connie ha ganado con una novela corta que David
Bratman, en su infinita sabiduría, ha decidido cambiar a la categoría de relato corto... Y yo me quedo pensando
que una victoria moral y sesenta centavos te pagan un café en el oeste de Nueva York y al este de California.
Y que desearía que Connie no me gustase tanto, y así podría odiarla un poco durante el fin de semana del Día
del Trabajo. Y mi cabeza fabrica frases publicitarias del tipo “Destrocen a Connie Willis”, lo cual es mucho
más fácil que destrozar a los Yankees. Y me pregunto si Tanya Harding me prestaría su guardaespaldas durante
unos días... Y para entonces ya estoy en la Fiesta que se hace para los Perdedores del Hugo, y de pronto ya no
me importa haberlo perdido: hace treinta y un años que fui a mi primera WorldCon, y se que ésta es mi reunión
anual de familia. Me estoy encontrando con amigos a quienes solo veo una o dos veces en el año... o, si son de
los buenos, hasta en cinco ocasiones. Y todos tenemos una sensación de comunidad que ha perdurado durante
dos tercios de mi vida. Los Hugo son muy buenos, y yo estoy orgulloso de los que he ganado (e incluso estoy
orgulloso de los que he perdido), pero cuando todo ya ha sido dicho y hecho, los premios son solo objetos de
metal... Y mis amigos son personas. Y las personas son de lo que trata la vida.
Me encuentro que, para mi sorpresa, todos con quienes hablo, casi todos ellos viejos amigos a los que
abrazo, y con quienes desde ya planeamos vernos en la siguiente WorldCon, son fans. Algunos, como yo,
escriben para vivir; unos pocos pintan; la mayoría hace otras cosas. Pero todos compartimos una historia
común de fan, un lenguaje común propio de los fan, y unos intereses comunes como fans... y me doy cuenta
de que incluso he disfrutado de la reunión de negocios este año, y eso que tienes que estar muy bien metido en
el fandom para disfrutar viendo como Ben Yalow se esfuerza por conseguir una venta.
* * *
Muchos profesionales ya no van a las WorldCon. Ahora prefieren la World Fantasy Con: es más
pequeña, más íntima, está limitada a setecientos cincuenta miembros... y aunque no es algo que sea oficial,
todo el mundo sabe que existe un cartel virtual de “No Se Admiten Fans” en la puerta.
Probablemente, yo no voy por eso mismo. Es cierto que las WorldCon han cambiado. Que la gente
que lee y escribe ciencia ficción es probablemente una minoría con intereses especiales en estos días, que las
películas malas coparán la ceremonia del Hugo... pero los auténticos fans están ahí. Y eso solo significa que
tienes que trabajar un poco más duro para atraparles.
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Es algo que he tratado de hacer con los nuevos escritores a quienes he ayudado a entrar en este terreno:
con la creciente súper estrella Nick DiChario, con Barb Delaplace, con Michelle Sagara, con Jack Nimers-
heim y con todos los otros. No se trata sólo de enseñarles a hacer, de una buena historia, algo mejor. No se
trata de enseñarles como deben encontrar un editor mediante el cual obtener un cheque para poder comer...
sino de entender la compleja y simbiótica relación entre los aficionados y los profesionales.
Algunos de ellos, como Nick, la buscaron y la encontraron. Otros, como Barb, deambulan entre Trek-
kies, o Wookies, o Beasties, que no leerán otra cosa que novelas de las cuales son más espectadores que lec-
tores, novelas cuyo único logro literario consiste en contar historias de segunda mano en universos de tercera
mano... y aún hay quien se pregunta de qué demonios hablo. Cuando eso sucede, cojo a esa persona y la
arrastro hasta una suite del CFG, o hasta una fiesta de la NESFA, y cuando se encuentra con el fandom que yo
conozco, inesperadamente entiende porqué todos nosotros seguimos viniendo a la WorldCon.
* * *
Ahora estoy sentado en el aeropuerto, esperando entrar en el avión que nos llevará de Winnipeg a Min-
nesota. Creo que hay tres personas normales en el vuelo; todos los demás venimos de una WorldCon. Larry
Niven está allí. Y Connie Willis. Y, posiblemente, una docena más de profesionales. Por eso, uno de los temas
de conversación mientras esperamos el avión es qué nombres serían portada de Locus si el avión se estrellara...
y cuantos otros serían incluidos en una lista de letra pequeña en la página treinta y siete, y cuántas bromas
sobre esquelas podrían aparecer en la tira de Charlie Brown. El tema gira hacia “a quién rescatarías si el avión
se estrellase”: Si a Connie, a Larry y a mi, porque “queréis más historias nuestras”, o si a Scott Edelman y a
mi, porque “queréis que os estemos tan agradecidos que os compraremos vuestras próximas veinte historias”.
(Esto demuestra las ventajas de ser capaces de hacer más de una cosa a la vez)
Bien, en cualquier otro grupo ésta sería una discusión morbosa. Pero por el hecho de ser fan, y casi
por definición “brillante e ingenioso”, esa fue la más deliciosa conversación que escuché en todo ese fin de
semana... y una vez más me encontré pensando en qué habría sido de mi vida si Ace no hubiese enviado
aquella carta a Caz, treinta y dos años antes.
De nuevo vuelvo a otra convención, a la WorldCon de 1967. Yo era aún muy joven, y muy cínico, mitad
y mitad. Lester del Rey se puso a decir su discurso de Invitado De Honor, y, mirando hacia las mesas –el
discurso del IDH y los premios Hugo se celebran en cada WorldCon, desde 1976, en el transcurso de una
cena-, dijo: “Todas las personas de este mundo que me importan están aquí esta noche”
Y yo pensé entonces: “Qué cosa tan débil de decir. Qué estrecha (muy estrecha) vida ha vivido este
hombre. Qué pequeño círculo de amigos tiene”.
Bien, yo mismo he vendido setenta y dos libros de ciencia ficción –entre novelas, colecciones y antolo-
gías-, y he ganado algunos premios. He pagado alguna de mis deudas... Y no me cuesta asumir que, hasta
algún tiempo después de mi muerte, no seré el Invitado De Honor en la WorldCon.
Ya he vivido mucho (siempre con la ayuda de Carol, os lo puedo asegurar): he realizado varios viajes a
África. He criado veintisiete perros pastores campeones. He sido dueño, e hice funcionar, el segundo criadero
de perros más grande del país. Soy el padre de una hija de la que cualquier padre estaría orgulloso. He estado
un montón de sitios, he hecho un montón de cosas. Creo que no he llevado, para nada, una vida “estrecha”.
Por eso, si en alguna ocasión me tengo que levantar para decir mi discurso como Invitado De Honor,
miraré a mi alrededor, como hizo Lester, y, como soy una persona razonablemente honesta, no diré lo que él
dijo.
Aunque seguro que diré: “Salvo tres o cuatro excepciones, todas las personas de este mundo que me
importan están aquí esta noche.”
PULSAR
Fanzine de Ficción Especulativa
Este Fanzine se terminó de componer en La Llagosta el día 3 de Marzo del 2002