EKAI CENTER
Por las razones que vamos a exponer, en opinión de EKAI Center, los empresarios vascos
no deberían permanecer silenciosos ante la propuesta de bancarización de las cajas vascas.
El gravísimo riesgo que esta propuesta supone para el tejido económico vasco debería ser
puesto de relieve y transmitido a nuestros responsables políticos antes de que sea
demasiado tarde.
A pesar de lo que en algunos círculos se está haciendo creer, las cajas de ahorros no son
una figura del pasado. Al contrario, los países que defienden su tejido productivo saben
perfectamente que el futuro del mismo depende de disponer de un sector financiero
fuerte y enraizado en el tejido socio-económico.
CAJAS DE COOPERATIVAS
TOTAL
AHORROS DE CRÉDITO
1
Los porcentajes son aproximados, teniendo en cuenta las variaciones en función de las distintas variables que se adopten como
referencia.
2
Desde 1999, con frecuencia se las incluye entre las cooperativas de crédito.
Tanto las cajas de ahorros como las cooperativas de crédito se engloban en estos países
dentro del concepto de “entidades financieras enraizadas”. No son en absoluto restos del
pasado, sino el resultado de una apuesta colectiva, social, económica y política, por un
sistema financiero “enraizado”, como base necesaria para el desarrollo socio-económico a
medio plazo.
No es casualidad que sean precisamente los países que han defendido su industria, que
han defendido su economía real, aquellos que han defendido este carácter “enraizado” de
su sistema financiero, asegurando que un peso mayoritario del mismo se mantiene en
cooperativas de crédito o cajas de ahorros.
Las pequeñas y medianas empresas de estos países son en buena parte financiadas por
estas entidades financieras “enraizadas”, con cuotas de mercado superiores a las de la
competencia.
Evidentemente, estas diferencias no siempre son fáciles de delimitar en el día a día o ante
casos concretos, pero son evidentes en el medio y largo plazo y en las grandes cifras. Las
entidades financieras enraizadas apuestan por el tejido socio-económico, apuestan por la
economía real de una forma sustancialmente más clara que la banca privada.
Todos estos países “centrales” admiten una cuota de mercado –minoritaria- de la banca
privada, pero conocen muy bien los riesgos de descapitalización, de desvío de capital hacia
inversiones especulativas, de desincentivación de las inversiones productivas, de reducción
de la financiación de las pymes, de dependencia de agentes económicos externos, etc. que
supone dejar en manos exclusivamente de la banca privada una cuota sustancial del
sistema bancario.
Es cierto que algunas, muy pocas, grandes empresas, pueden obtener una determinada
rentabilidad de la estrategia de bancarización de las cajas vascas y acceso al mercado de
capitales. Pero el caso del 99,9% es exactamente el contrario.
Si algo se ha hecho bien en este país durante las últimas décadas, ha sido precisamente el
esfuerzo de mantenimiento de nuestra capacidad productiva industrial, defendiéndolo
frente a las tentaciones de desmantelamiento o de relajación en las que han caído los
países que se han dejado llevar por la deriva especulativa.
No tendría ningún sentido que ahora, después de tantas décadas de esfuerzo, de un día
para otro, y por oscuros intereses personales o de grupo, se diera un giro de 180 grados a
esta estrategia de desarrollo productivo, para desenraizar las bases de nuestro sistema
financiero, que no son otra cosa sino las bases de nuestro sistema económico.
En efecto, si hay algún consenso entre las políticas económicas anti-crisis occidentales, es
el de la necesidad de asegurar una reorientación de los sistemas financieros desde la
inversión especulativa hacia la economía real, hacia la inversión productiva.
No es tolerable que, justo en este momento, nuestro país adopte una decisión estratégica
exactamente en sentido contrario3: una decisión de desenraizamiento de la base de
nuestro sistema financiero para poner nuestras estructuras financieras –y el núcleo básico
de nuestros recursos financieros- al servicio de “oportunidades estratégicas” de inversión
financiera en otros entornos, que se sustituya la estrategia de compromiso de las cajas con
el tejido socio-económico del país por una estrategia de expansión geográfica del sector
financiero. No es tolerable por la sociedad vasca, ni es tolerable, muy especialmente, por
los empresarios vascos. Las organizaciones empresariales deberían ser lo suficientemente
valientes para enfrentarse a esta situación con la rapidez y eficacia necesarias.
3
Por supuesto, sin perjuicio de las diferentes opiniones que puedan existir sobre la conveniencia o no de introducir determinadas
mejoras en la configuración institucional de las cajas de ahorros.
Las organizaciones empresariales tienen necesariamente que mantener un equilibrio entre
la defensa de los intereses de las empresas por un lado y los inevitables compromisos y
relaciones con los agentes políticos.
Éste es uno de esos momentos en los que –a la vez con toda la prudencia, pero también
con toda la contundencia necesaria- es necesario hacer frente a determinados
posicionamientos políticos por el futuro del país y por el futuro de nuestro tejido
productivo.