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El  ser humano en su  totalidad tiene  esta imagen, y  en  un  paralelismo doble 

(v,27)  da énfasis  a  esta  verdad.  El  primer  paralelismo  estó  en  forma  de 
cruce (o cruz): 
Dios creó  a  su  imagen 
A su  imagen  Dios creó 
El  segundo paralelismo estó en forma  directa: 
A su  imagen  lo creó 
Varón y  hembra  los creó 
En  este  paralelismo  se  nota  que "varón  y  hembra" equivale  a  "imagen  de 
Dios", 
Esto  quiere decir que la humanidad, o sea, el "hombre" se  compone  de dos 
partes, varón  y  hembra, e  igualmente    la imagel1  de. Dios.  En  el 
capítulodOs, v:-nr,lCfBil5tl"éi-dfé;-q;;Ja mu,;; (en  nuestra  es  la 
"ayuda Idónea".  Hay  entre los dos aspectos de la 
humanidad, En  lugar de "a  ", que tiene otras connotaciones actualmente, 
es  posible traducirlo  emento idóneo" o "complemel1t9,preciso", 
Esta  complementariedad  es  un  aspecto  e..  ..m;üuralezo -del  ser  humano, 
Por   
dela imggen,  La  comunión  que hace  los  dos  uñcJsofa  carne  refleja 
      té
singularidad  de Dios  Trino,  que  un  solo  Dios,  se  refleja  en  el  ser  humano, 
creado para ser  una  sola  carne.  No cabe  duda, los  dos,  varón  y  hembra, 
son  la imagen de Dios. No puede ser que una parte refleje unos aspectos, y 
la otra otros aspectos. Los  dos son  la imagen al mismo  grado, y  juntos. 
LECCIÓN 7
LA SEMEJANZA DE DIOS
JO Pedro 1:15-16
15 sino, como aquel que os llamó es santo, sed también vosotros santos en toda
vuestra manera de vivir; 16porque escrito está: Sed santos, porque yo soy santo.
Comúnmente  se  piensa  que  "imagen"  y  "semejanza"  son  sinónimos  cuando 
decimos que el hombre es la imagen y semejanza de Dios. Es verdad que, en 
cierto sentido, son  sinónimos, pero en otro sentido no lo son.  En  este contexto, 
la  palabra  "imagen"  se  reflere  a  la  naturaleza  del  ser  humano.  Así  fue 
creado. Esto  tiene que ver con lo que es.  Los  animales, peces, plantas y  aves 
también son  creados  pero su  naturaleza  no es  ser  la  "imagen" de Dios.  El 
vocablo "semejanza"  se  reflere a  ciertos  puntos  de similitud,  o  que hay un 
parecido o aflnidad. 
Los  dos conceptos están muy relacionados y,  de cierta manera, mutuamente 
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se  implican,  pero  esta  mutua  implicación  no  anula  la  diferencia  que  hay 
entre  estos  conceptos.  Si  quisiéramos  ser  filósofos  podríamos  decir  que  la 
"imagen"  es  un  concepto  "ontológico"  y  el  concepto  "semejanza"  es  un 
concepto  "ético".  Esto  es,  la  "imagen  habla  de lo  que  el  hombre  es,  y  la 
"semejanza" de lo que hace. la imagen de Dios, o  sea, nuestra  naturaleza, 
es  lo que somos,  pero la semejanza  de Dios,  implícita en  esta  imagen, es  lo 
que tenemos  que realizar. Podemos  decir que la imagen, que somos  por la 
creación,  se  llega  a  realizar en  la  semejanza, en  los  puntos  de similitud  a 
manifestar. 
Estos "puntos de similitud" sirven como norma de nuestra  ética  actualmente. 
Servían  antes  de  la  caída  en  el  pecado,  ya  que  el  hombre  fue  creado 
a  la  semejanza  de  Dios.  Por  eso,  se  emplea  la  palabra  "porque"  en  la 
exhortación  que  leemos  en  I Pedro 1:15-16, que cita  Levítico  11 :44-45  y 
19:2: "Sed  santos  porque Yo  soy  santo".  No dice "tal como  Yo  soy  santo", 
sino "porque Yo  soy santo". 
Es  decir, la razón que Dios da para la obligación de ser santos es porque Él 
es sonto. Tenemos  la obligación ética de ser santos, debido a  que Él  es santo 
y  tenemos  que realizar este "punto de semejanza" en nosotros. 
la santidad es un atributo de Dios. Un atributo de Dios es algo que podemos 
afirmar, en  base a  su  auto-revelación acerca de Él,  como una característica 
de  Él.  No  los  podemos  inventar  ni  llegar  a  pensar  por  especulación  o 
conjetura,  sino  tenemos  que  reflejar  la  clara  enseñanza  de  las  Escrituras. 
Podemos  afirmar que Dios  es  santo  precisamente  porque  Dios  dice  que  es 
santo. El  hecho de que Dios es santo es la razón por la que tenemos que ser 
santos. la santidad nos conviene porque es un  punto de similitud entre Dios y 
la criatura  que Él  hizo a  su  imagen. la santidad, entonces, es una obligación 
ética para nosotros, y  tenemos que esforzarnos para realizarla. 
No es  así con  todos los  atributos de Dios. Algunas de las características  que 
podemos afirmar como verdaderas no son "puntos de semejanza". Solamente 
los  atributos  que llamamos  los comunicables  lo son.  los  atributos  que Dios 
ha  reservado  para Sí,  o  sea,  para el  Creador solamente,  son  los  atributos 
que llamamos los "incomunicables". Se suelen listar como la aseidad de Dios 
(su  auto-existencia  o  independencia),  su  inmutabilidad (siempre es  idéntico 
consigo mismo), su infinidad (eternidad, en cuanto a tiempo, y omnipresencia, 
en cuanto a espacio, y simplicidad y singularidad (es uno y no compuesto de 
partes). Estos  atributos no son  "puntos de semejanza"  del hombre con  Dios. 
Puede  haber  mós  atributos  de  este  tipo  u  otras  maneras  de expresarlos, 
pero aquí no estamos  estudiando  la Doctrina  de Dios,  sino  la  del hombre. 
Pero, sirven como ejemplos de los atributos incomunicables. 
los atributos comunicables, los que nos  interesan como "puntos de similitud", 
son  los  que encontramos en el hombre  creado a  la imagen  de DIos.  Estos, 
por supuesto, no son  originales del ser humano, sino existen en el ser humano 
como  reflejo  o  eco  de  estos  atributos  que  son  originales  y  perfectos  en 


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26 30 Doctrinas esenciales del cristianisrnq . Gemid Nyenhuis
Dios. En los cientos de años que los teólogos tienen meditando en el
asunto no han podido agotar las ramificaciones e implicaciones de esta
verdad. Sin embargo, es tema importante, aunque inagotable, en cuanto al
entendimiento del ser humano.
Sin dar la impresión de que son todos o aun la mayoría de estos atributos,
tenemos que empezar mencionando algunos, que parecen indiscutibles, ya
que los encontramos en las Escrituras. Son importantes porque si parte de
nuestro deber ético es realizarnos como la imagen de Dios, estos puntos nos
servirán como guías, pautas y criterio para el trabajo. Estos que podemos
mencionar son: conocimiento, santidad, bondad, sabiduría, amor, justicia,
veracidad y soberanía. Estos ocho contienen, cada uno, sub-clasificaciones,
por ejemplo, el amor incluye la gracia, la misericordia y la longanimidad.
La Justicia también ha de considerarse bajo distintos sub-puntos. De la misma
manera la sabiduría de Dios incluye su inteligencia y su entendimiento.
Algunos teálogos clasifican estos atributos entre los morales, los intelectuales
y los espirituales. Este procedimiento parece legítimo si tomamos estas
distinciones como pautas para examinar y entender el reflejo de Dios en
el ser humano. Alguna clasificación es necesaria, pues si no lo hacemos no
tendría fin la lista de atributos particulares que deben presentarse en el
ser humano. Pero, como ya notamos, la iglesia tendrá que pensar y estudiar
algunos siglos más para comprender y explicar la parte de la creación que
constituye el ser humano.
No debemos pensar que tener una lista de atributos nos da conocimiento
sobre el ser humano, sino más bien, cada atributo es una medida para
conocer al ser humano no solamente en cuanto a lo que es, sino más bien en
cuanto a cómo ha de desarrollarse como la imagen de Dios.
Todos los atributos son "sociales", es decir, tienen que ver" con nuestras
relaciones con Dios y con nuestros semejantes. Cada uno de estos atributos
implica la existencia de los otros y nuestra relación con ellos. Un buen lugar
para empezar a entenderlos por medio de la práctica es en el matrimonio.
En especial tenemos que recordar que uno de los atributos comunicables
es la "soberanía" (esto no es "señorío"). Es decir que Dios nos ha dado, al
crearnos a su imagen y semejanza, un poder para decidir, para elercitar
nuestrá voluntad sobre áreas determinadas por Él y restringidas por la
revelación de su voluntad. Nuestra soberanía es limitada, pero somos
responsables de ejercerla bien de acuerdo con la voluntad revelada
de Dios. En el matrimonio, por ejemplo, hay muchas áreas, limitadas por
supuesto, en que podemos ejercer nuestra soberanía. La soberanía no es de
uno sobre el otro (o viceversa) sino sobre dónde vamos a vivir, el horario de
nuestras actividades y el color de los muebles. Y somos responsables ante
Dios por estas decisiones.
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