Lo normal en el Islam

Si es raro, no es Islam, dijo Yusuf el transportista de Sevilla. Los maestros desconcertantes 176
11/06/2002 - Autor: Seyyed az-Zahirí - Fuente: Webislam

Lo normal en el Islam no equivale necesariamente a lo más usual o corriente, es decir: no es el resultado de realizar una estadística sobre los usos de los hombres en un determinado contexto, con lo cual estamos considerando como "anormal" todo comportamiento heroico o toda muestra de compasión y entrega. Para la mayoría de los occidentales lo "raro" es lo "otro": unas costumbres diferentes a las de la mayoría de los occidentales, a pesar del hecho evidente de que ellos son una minoría en el mundo. Este concepto de normalidad es la validación de la mediocridad (la media) como valor normativo, como algo socialmente vinculante. Por el contrario, lo normal en el Islam equivale a la fitrah, la naturaleza primordial del ser humano. La muestra más evidente del estado de fitrah la tenemos en el animismo de los niños, que considera a todo lo que los envuelve como algo vivo. Los niños, como los malaika, son los seres espirituales por excelencia. El sentido de la inmediatez del Creador es mayor entre ellos que entre los adultos, pues no difieren su experiencia de la realidad ni necesitan realizar ningún acto de adoración o de conciencia para habitar el mundo como teofanía. No necesitan nombrar a Al-lâh para estar cerca de Él, pues todos los seres nacen en el Yanna, un estado paradisíaco que puede ser mantenido mediante la adoración, la apertura a lo real y la conciencia de la Unicidad sin fin de lo existente. Revestirnos de las cualidades de la naturaleza es realizar en nosotros el mandato divino, vivenciar los Nombres o Atributos con los cuales Al-lâh se muestra en la existencia. Todo eso pasa por mantener nuestros sentidos libres de toda contaminación. El instinto del hombre, si no es desviado, le conduce a la mayor nobleza, a recuperar como adulto esa "constitución mejor" en la cual hemos sido creados. "En verdad, creamos al hombre en la constitución mejor" (95:4), a lo cual Al-lâh inmediatamente añade: "... y luego lo reducimos a lo más abyecto" (95:5).

etc. La práctica del Islam. y del asombro a la postración hay solo un paso. por tener embotados los sentidos. los actos rituales que nos mantienen vinculados con la naturaleza de las cosas. Si el hombre no se postra es a causa de su ceguera. Permanecer en el asombro como receptores y actuar en el mundo como propagadores de la rahma es ejercer el califato. y luego ver salir el sol cada mañana. Levantarse al fajr. nos ha sido arrancada (desarraigo). pero esas sombras no son las apariencias sino las imágenes creadas por el hombre: la proyección es nuestra falta de receptividad. por la proyección de nuestro ego sobre el mundo. conducen a la purificación de nuestra sensibilidad. su deseo de retornar desde ese estado de abyección hasta la fuente de todo lo creado. en un trayecto idéntico al que nosotros mismos realizamos cada día. al reconocer todo lo que existe como Signo devuelve los objetos y los seres a su condición primera. sino un modo de mantenernos dentro de la naturaleza. hacernos recipientes de las formas y colores. Todas las prácticas del Islam tienen un sentido físico preciso. para postrarse ante el Creador de los cielos y la tierra. Si las salat-s son sólo cinco es (entre otras razones) porque no basta con vivir boquiabiertos. El deseo de estar constantemente en estado de postración se manifiesta en la receptividad del creyente hacia todo aquello que lo rodea. Todo en la Creación se nos presenta como algo que el hombre debe reintegrar al Uno mediante el reconocimiento de los lazos. una sensación de pertenencia al propio telos de la tierra. de los efectos y las causas. Para estar en la luz no hay que apartarse del mundo sino habitarlo plenamente. Por ejemplo: la salat está relacionada con el ciclo de la luz durante el día. El carácter profundamente telúrico del Islam nos es necesario en cuanto a seres vivientes en un mundo cuya tecnificación nos vela. frente al estancamiento de una vida en la cual la adoración se ha desterrado. La ‘ibada (prácticas de adoración) es una tendencia innata al individuo. desarrollar nuestra sensibilidad al máximo. La ‘ibada no es algo externo. la reducción del todo a nuestro pequeño mundo. cubriendo el mar de grasa y convirtiendo todo en la naturaleza en un objeto inerte. una serie de ritos arbitrarios. sino que debemos participar activamente en ese mundo que hemos contemplado. Las abluciones nos mantienen en contacto con el aspecto fluido de la rahma.Somos seres de luz atrapados en las sombras. de las cualidades.. es algo que nos da una fuerza numinosa. utilitario. antes del alba. y es análoga a la receptividad del niño. la rendición total ante esa Majestad y esa Belleza. Los adultos debemos realizar un acto de conciencia e introducir una serie de prácticas en nuestra vida para poder mantenernos en ese estado: debemos seguir una determinada tradición para no caer en la dispersión a la cual somos conducidos por el desarrollo de nuestra fantasía. y acabar con nuestra manía de juzgarlo todo desde nuestra precariedad de criaturas. La contemplación consciente de la naturaleza nos conduce al asombro por la Majestad y la Belleza de la Creación. tal y como nos es accesible a la mirada. según nuestros miedos y la frustración de nuestro anhelo de dominio. a mantenernos abiertos al carácter simbólico de todo lo creado. un ahondamiento consciente en ese asombro: el deseo de participar activamente en esa Creación maravillosa. cuya curiosidad se desborda en energía. En el adulto esa energía es canalizada por la ‘ibada. que con él se .

Lo normal es que cada ser aspire a vivir según su naturaleza más noble. la artificiosidad de las costumbres. sino acto trascendente. con su sentido orgánico de la existencia. y podemos comprender el signo coránico según el cual: "Al-lâh está más cerca del hombre que su vena yugular" Según la cosmovisión coránica. No existe ninguna gradación en la experiencia de la divinidad. y que cada uno debe cumplir mediante la sumisión a Al-lâh y la suma atención al propio desarrollo. todo —absolutamente todo— posee vida. incluso en un mundo en el cual el asesinato y la injusticia se hubiesen generalizado. Para el musulmán. Lo normal para el Islam son todas las vías o cosmovisiones tradicionales. Si puede decirse que el Islam esa animista es porque no discrimina en su seno ninguno de los estadios de la experiencia espiritual.establecen. Webislam . lo raro en el Islam no es necesariamente lo complejo. El encontrarse con un fuerte componente animista en una tradición unitaria y profética de raíz semita desconcierta a muchos orientalistas. como algo extraño a la naturaleza humana. La atención al mundo que se nos reclama no es. En ese sentido. sino una mayor o menor sensibilidad para captar la inmediatez y la presencia de Al-lâh en nuestras vidas. de la Unicidad de lo existente. Es aquí donde se rompen los límites entre trascendencia e inmanencia. que se mantiene vinculado a su entorno. que atañe a lo que para cada uno ha sido escrito. para acceder al límite y lugar que nos es propio (arraigo). mera cortesía. y actúe en consecuencia. sino lo que se ha distanciado de si mismo. entonces. Traza un arco que incluye todas las formas de acercarse a la divinidad. estos permanecerían como una anomalía. y el cuidado es ya algo personal y concreto. la representación y la separación mediática entre el hombre y su Señor. de los ciclos de la naturaleza. El ser humano en fitrah es aquel que mantiene una relación directa con el mundo como teofanía. desde las más sofisticadas e intelectuales hasta las más físicas o "primitivas".